Universidad tecnológica de ciudad Juárez
TSU en Terapia física, área rehabilitación
Mayo - Agosto 2025
Alumnas: Karla Mariana Bugarin García
TFM51
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Las actividades recreativas y movilidad en el adulto mayor, Armas et al. (2021)
manifiestan que el propósito del envejecimiento activo es prolongar la vida saludable
con mejor calidad para todas las personas mayores, incluidas aquellas que son
frágiles, tienen discapacidades físicas y necesitan cuidados. Gatica et al. (2022)
concluyen los adultos mayores que realizan actividades recreativas están
físicamente activos y con fuerza lo cual les permite mantener la movilidad adecuada
para afrontar esa etapa.
Además, Castillo et al. (2023) destacan lo importante de realizar actividades
recreativas en la tercera edad, porque estas actividades forman parte crucial y
fundamental para la contribución de tener una vejez saludable. La falta de
participación en dichas actividades el adulto mayor va perdiendo sus capacidades
físicas, cognitivas, y aislamiento social, estas condiciones pueden llevar a un
incremento de enfermedades, y por ende puede llevar a la mortalidad temprana.
“Según cifras de la OMS (2021), cada año se producen 684.000 caídas mortales en
todo el mundo, lo que la convierte en la segunda causa de muerte por lesiones no
intencionadas, por detrás de los accidentes de tráfico. Las caídas en las personas
mayores son muy recurrentes. La prevalencia de caídas en personas de 60 años o
más es del 23,7% para Ha y al. (2021) o bien del 26,5%
Más precisamente, una prevalencia del 17,9% para una sola caída y del 5,8% para
caídas recurrentes (Ha et al., 2021). Entre las personas de 65 años o más, alrededor
del 26% 35% se caen cada año (Blake et al., 1988; Herman et al., 2006
Estas cifras ascienden al 32%-42% para las personas mayores de 70 años o más
La frecuencia de caídas aumenta con la edad, pero también con el nivel de
fragilidad. Las personas mayores que viven en residencia de ancianos se caen con
más frecuencia que las que no viven en residencia. Alrededor del 30%-50 % de las
personas que viven en centros de atención a largo plazo se caen cada año, y el
40% de ellas experimentan caídas recurrentes.” (Molin, 2023)
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Jara en el 2019 dice El proceso de envejecimiento conlleva transformaciones
significativas en el sistema nervioso central, manifestándose a través de
modificaciones estructurales, funcionales y patológicas. Entre los cambios más
relevantes se encuentra la atrofia cortical, particularmente acentuada en las
regiones frontales, temporales y parietales. Esta reducción volumétrica cerebral
tiene consecuencias directas sobre la capacidad cognitiva.
A nivel funcional, se observa un deterioro progresivo de las funciones
ejecutivas, que se traduce en:
1. Mayor dificultad para realizar tareas que requieren atención alternante
2. Lentificación en los tiempos de respuesta
3. Reducción en la velocidad de procesamiento de información
4. Pérdida de control inhibitorio
5. Dificultades en la ejecución de actividades instrumentales de la vida diaria
Factores de riesgo cardiovascular y su relación con el deterioro cognitivo
1. Hipertensión
Arterial
(HTA)
La presión arterial elevada se asocia con:
•
Déficits en atención sostenida
•
Deterioro de habilidades visuoespaciales
•
Alteraciones en procesos perceptuales
•
Menor capacidad de memoria y aprendizaje
•
Reducción en habilidades psicomotoras
•
Deterioro de funciones ejecutivas
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Estos efectos se deben principalmente a la disminución del flujo sanguíneo
cerebral y alteraciones metabólicas, especialmente en regiones frontales,
temporales y áreas subcorticales.
2. Diabetes
Mellitus
tipo
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y
Síndrome
Metabólico
Estas condiciones incrementan significativamente el riesgo de deterioro
cognitivo, particularmente en personas con elevados niveles de:
•
Interleucina-6
•
Factor de necrosis tumoral alfa (TNF-α)
•
Homocisteína
El ejercicio como estrategia neuroprotectora
La evidencia científica demuestra que:
•
El ejercicio aeróbico regular complementa el tratamiento farmacológico en
hipertensos, ejerciendo efectos neuroprotectores
•
Programas de ejercicio de resistencia de al menos 6 meses de duración
reducen significativamente los niveles de marcadores inflamatorios
asociados al deterioro cognitivo
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El programa de ejercicio físico moderado (revitalización geriátrica) aplicado
durante seis meses en adultos mayores de 60 años demostró tener un impacto
positivo significativo en las funciones cognitivas, incluso en individuos sin deterioro
cognitivo previo. Los resultados revelaron mejorías en:
•
Memoria inmediata y visual (evidenciado en el test de Rey y Benton).
•
Funciones ejecutivas (atención, control inhibitorio y flexibilidad cognitiva,
medidos con el test de Stroop).
•
Velocidad de procesamiento y habilidades visuomotoras (evaluadas con el
test del trazo).
Además, se observó una curva de aprendizaje parabólica en las tareas de memoria,
lo que sugiere que el ejercicio no solo mejora el rendimiento inicial, sino también
la retención a largo plazo.
Implicaciones Clínicas
1. Prevención del deterioro cognitivo: El ejercicio aeróbico moderado puede ser
una herramienta accesible y no farmacológica para preservar la salud
cerebral en el envejecimiento.
2. Calidad de vida: La mejora cognitiva se traduce en una mayor autonomía
para actividades diarias y bienestar general.
3. Protocolos de intervención: Programas estructurados de 3 sesiones
semanales de 50 minutos (como el estudiado) son viables y efectivos.
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El ejercicio físico como herramienta clave en el manejo de la presión arterial
Ramirez Villada en el 2015 dice que la hipertensión arterial constituye un problema
de salud lobal cuya prevención y tratamiento requiere un enfoque multifactorial. La
evidencia científica demuestra claramente que el ejercicio físico regular ejerce
efectos beneficiosos sobre los valores de presión arterial, tanto en personas sanas
como en aquellas con hipertensión establecida.
Factores de riesgo como el sedentarismo, el sobrepeso, el consumo excesivo de
sodio, alcohol y tabaco incrementan significativamente la probabilidad de desarrollar
hipertensión. Ante este panorama, la modificación del estilo de vida se erige como
piedra angular del tratamiento, siendo el aumento de la actividad física uno de sus
componentes fundamentales.
Las guías actuales recomiendan principalmente el ejercicio aeróbico de intensidad
moderada (40-60% del VO2 máximo), con una frecuencia ideal de 30 a 60 minutos
diarios. Este tipo de entrenamiento ha demostrado mejorar la función vascular y
reducir significativamente los valores de presión arterial. Para quienes optan por
intensidades más vigorosas, se sugiere reducir la duración a 20 minutos por sesión
y la frecuencia a 3 veces por semana.
El entrenamiento de fuerza complementa estos beneficios, particularmente cuando
se realiza a intensidades entre el 40-80% de 1RM. Los protocolos más efectivos
incluyen 2-3 sesiones semanales con 6-12 ejercicios por sesión y 8-20 repeticiones
por serie. Curiosamente, este tipo de ejercicio muestra mayor efectividad en
personas prehipertensas que en hipertensos establecidos.
Los programas combinados (aeróbico + fuerza) han demostrado especial eficacia,
particularmente en la reducción de la presión diastólica. En poblaciones específicas
como mujeres posmenopáusicas, este enfoque integral no solo mejora los valores
de presión arterial, sino que también reduce la rigidez arterial y aumenta la fuerza
muscular.
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Es importante destacar que, contrario a antiguas creencias, ningún estudio ha
demostrado que el ejercicio físico aumente la presión arterial en reposo. Sin
embargo, persisten interrogantes sobre las intensidades óptimas de entrenamiento,
lo que subraya la necesidad de continuar investigando con estudios aleatorizados y
controlados.
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