TEMA II.4
LAS DIFICULTADES EN LA ORACION PERSONAL
I. NUESTRO LLAMADO A LA ORACIÓN
1. DIOS QUIERE QUE TODOS SUS HIJOS VIVAMOS UNA RELACIÓN DE AMISTAD, ES
DECIR DE AMOR RECÍPROCO Y COMPROMETIDO CON ÉL.
a. Por eso, nos llama incansablemente al encuentro con él en la oración.
b. “Orar es una necesidad vital: si no nos dejamos llevar por el Espíritu caemos en la
esclavitud del pecado Cf. Ga 5, 16-25. ¿Cómo puede el Espíritu Santo ser «vida nuestra», si
nuestro corazón está lejos de él?
La oración y la vida cristiana son inseparables porque se trata del mismo amor yde la
misma renuncia que procede del amor CEC 2745
c. Sin embargo, es evidente que muchas veces tenemos dificultades para llevar una vida de
oración estable y vigorosa. Por eso es importante que consideremos alguna de las cosas que
pueden estorbar nuestra vida de oración.
El Espíritu Santo quiere ayudarnos a superar esas dificultades, pero sólo puede hacerlo
cuando entendemos lo que está sucediendo y ponemos en práctica los fundamentos de la
vida de oración.
En esta enseñanza vamos a considerar ocho dificultados comunes que, con frecuencia, estorban
la comunicación amorosa y abierta que Dios quiere tener con cada uno de nosotros.
II. DIFICULTADES COMUNES PARA HACER NUESTRA ORACIÓN PERSONAL
1. LA PRIMERA DIFICULTAD ES LA FALTA DE TIEMPO.
a. En la actualidad es común encontrar hermanos que no hacen su oración personal porque
tienen demasiadas ocupaciones o responsabilidades en el trabajo, la familia, la Iglesia, la
Comunidad, etc.
b. Está claro que para nosotros que lo primero debe ser nuestra relación con Dios. De ella
depende el éxito de todo lo que hagamos.
POR TANTO, DEBEMOS PEDIRLE AL SEÑOR LA SABIDURÍA PARA ESTABLECER
PRIORIDADES Y REORGANIZAR NUESTRAS VIDAS, RENUNCIANDO O DELEGANDO
ALGUNAS DE ESAS ACTIVIDADES QUE NOS PROVOCAN LA INCAPACIDAD PARA ORAR Y
NOS ESTÁN ROBANDO LA PAZ.
2. LA SEQUEDAD.
a. El Catecismo de la Iglesia Católica nos dice que otra dificultad, especialmente para los que
sinceramente quieren orar, es la sequedad CEC 2731,
Cuando experimentamos la sequedad no sentimos gusto por la oración. Sin embargo, la
sequedad es el momento en que nuestra fe es más pura, la fe que semantiene firme junto a Jesús en su
agonía y en el sepulcro. Cf. CEC 2731.
b. La oración es un don de la gracia y una respuesta decidida por nuestra parte. Supone siempre
un esfuerzo. Es un combate contra nosotros mismos y contra las astucias del Tentador que hace
todo lo posible por separarnos de la oración, de la unión con Dios
Oramos como vivimos porque vivimos como oramos. El que no quiere actuar habitualmente
según el Espíritu de Cristo, tampoco podrá orar habitualmente en su Nombre.
El «combate espiritual» de la vida nueva que el Señor nos ha dado es inseparable del
combate de la oración. Para tener éxito en este combate, lo que necesitamos es una mayor
conversión Cf. CEC 2725.
3. LAS DISTRACCIONES.
a. Las distracciones consisten en pensamientos o imaginaciones que desvían nuestra atención
del Señor Jesús.
b. Es importante que durante la oración, no tratemos de encontrar el motivo de nuestras
distracciones.
Dice el Catecismo que salir a la caza de la distracción es caer en sus redes; basta con que volvamos
a concentrarnos en ella.
Las distracciones nos descubren las cosas o personas a las que nuestro corazón está apegado. Esta
humilde toma de conciencia debe empujarnos a ofrecernos al Señor para ser purificados por Él.
El combate de la oración se decide cuando elegimos a quién queremos servir CEC 2729
c. Debemos ser pacientes con nosotros mismos y estar dispuestos a volvernos a poner en
presencia de Dios cuantas veces sea necesario. Tengamos cuidado con el orgullo que hace que
no queramos volver a empezar otra vez y nos hace caer en la tentación de que no podemos orar.
d. También es importante que no tratemos de orar mientras no nos hayamos tomado el tiempo
suficiente para calmarnos y eliminar de nuestra mente el ruido que producen nuestras
preocupaciones y actividades diarias.
4. LA FALTA DE PERSEVERANCIA EN NUESTRA ORACIÓN.
a. Muchas veces, cuando estamos empezando, oramos durante algunos días o algunas semanas
y dejamos de hacerlo antes de que se forme en nosotros el hábito de estar en contacto con
Dios.
5. NO ESTAR EN PAZ CON DIOS Y CON NUESTROS HERMANOS
a. Si tratamos de entrar en comunicación con Dios, pero hay algo que no está bien en la relación
con Él o con nuestros hermanos, nuestra oración solo nos va a producir insatisfacción y
malestar.
Nuestras relaciones con los demás son una parte esencial de nuestra vida cristiana. Si
tenemos problemas en nuestro trato con los hermanos también los tenemos en nuestro
trato con Dios.
b. Necesitamos confesar nuestros pecados. Por eso dice el Salmo 32: “Mientras callaba, se
consumían mis huesos gimiendo todo el día, pues día y noche tu mano pesaba sobre mí;
desapareció mi fuerza como la humedad en tiempo seco.
Pero reconocí ante ti mi pecado, no te oculté mi falta; pensé: ‘Confesaré al Señor mis culpas’,
y tú perdonaste mi falta y mi pecado” Sal 32, 3-5.
c. No vamos a encontrar la paz en nuestro corazón si tenemos algún pecado que no hemos
confesado o del que no nos hemos arrepentido. En cambio, si reconocemos nuestros pecados,
Dios, que es justo y fiel, perdonará nuestros pecados y nos purificará de toda maldad 1 Jn 1,9.
ENTONCES ES CUANDO REALMENTE HACEMOS A UN LADO LOS OBSTÁCULOS A
NUESTRA ORACIÓN.
En la Carta a los Efesios nos dice San Pablo; “No causen tristeza al Espíritu Santo de Dios, que
es como un sello impreso en ustedes para distinguirlos el día de la liberación. Que desaparezca
de entre ustedes toda agresividad, rencor ira,indignación, injurias y toda clase de maldad. Sean
más bien bondadosos y compasivoslos unos con los y perdónense mutuamente, como Dios los
ha perdonado por medio deCristo Ef 4,30-32.
6. NUESTRA ADICCIÓN A CONVERSACIONES Y PENSAMIENTOS MALOS OINÚTILES.
a. El Señor nos llama a vivir su misma vida. En su Carta a los Efesios, dice San Pablo:
Ef 5,1-4.
b. El Espíritu Santo quiere ir transformando todas las áreas de nuestra vida por medio de la
oración. Quiere ayudarnos a cambiar ciertas maneras de hablar, de pensar, de vestir y de
comportarnos.
Está claro que no podemos progresar en la oración si no renunciamos a todo lo que
entristece a su Espíritu. La vulgaridad, las palabras gruesas, las bromas o conversaciones
maliciosas son cosas que entristecen al Espíritu de Dios que vive en nosotros.
7. NO ENTENDER EL PAPEL QUE DESEMPEÑAN EL SUFRIMIENTO Y LOS FRACASOS
EN NUESTRA VIDA.
a. Las pruebas son medios muy concretos que emplea el Señor para hacernos crecer en la vida
de Dios.
Por eso, la Sagrada Escritura nos dice: “Consideren como alegría perfecta, hermanos míos, el
estar rodeados de pruebas de todo género. Sepan que su fe, al ser probada produce paciencia,
y la paciencia logrará su objetivo, de manera que sean perfectos e íntegros, sin que les falte
nada” St 1,2-4.
Cuando le entregamos nuestra vida y empezamos a conocerlo, amarlo y servirlo, “sabemos,
además, que todo contribuye al bien de los que aman a Dios, de los que él ha llamado según
sus planes” Rm 8,28.
El Señor nos está prometiendo que todo lo que suceda en nuestra vida, tanto las cosas positivas
como las negativas, son para nuestro bien. Lo único que nos pide es que veamos su voluntad en
todas las cosas y que confiemos en El.
8. NO SABER QUÉ HACER ANTE NUESTRA DEBILIDAD Y LIMITACIONES
a. Esto puede desalentarnos en nuestra respuesta al llamado que Dios nos ha hecho.
A este respecto, decía San Pablo: “Precisamente para que no me valore más de la cuenta, tengo
una espina clavada en mi carne, un representante de Satanás encargado de hacerme sufrir
para que no me enorgullezca.
He rogado tres veces al Señor para que apartara esto de mí, y otras tantas me ha dicho: ‘Te
basta mi gracia, ya que la fuerza se pone de manifiesto en la debilidad’. Gustosamente, pues,
seguiré enorgulleciéndome de mis debilidades, para que habite en mí la fuerza de Cristo.
Y me complazco en soportar por Cristo debilidades, injurias, necesidades, persecuciones y
angustias, porque cuando me siento débil, entonces es cuando soy fuerte” (2 Co 12,7-10).
El poder de Dios se manifiesta más en nosotros cuando somos débiles. Es decir,
aceptamos su misericordia con más confianza, sin desesperarnos, cuando reconocemos
que somos débiles y nuestra debilidad nos lleva a depender más de Él.
b. Cuando los sentimientos de indignidad y desaliento nos conducen a perder laesperanza, con
frecuencia son distintas variantes del orgullo.
Por tanto necesitamos hacer a un lado la falta de esperanza debida a nuestros sentimientos
de incapacidad y dejar de confiar en nuestros propios recursos, como nuestra educación,
nuestra personalidad, etc.,