See discussions, stats, and author profiles for this publication at: https://www.researchgate.net/publication/347966102 La modernización de la prensa diaria a través de la cobertura noticiosa. El caso de El Comercio de Quito (1935-1945) Chapter · December 2020 CITATION READS 1 60 1 author: Katerinne Orquera Universidad Andina Simón Bolívar Sede Ecuador (UASB) 15 PUBLICATIONS 13 CITATIONS SEE PROFILE All content following this page was uploaded by Katerinne Orquera on 29 December 2020. The user has requested enhancement of the downloaded file. CARLOS R. SÁNCHEZ SILVA COORDINADOR ~ EDITOR HISTORIAS IBEROAMERICANAS Índice PALABRAS PREVIAS ~5 Francisco José Ruiz Cervantes INTRODUCCIÓN GENERAL ~7 Sangre, sudor y prensa. Historias iberoamericanas ~9 Carlos R. Sánchez Silva I. ACERCAMIENTOS GENERALES ~15 Jaime Olveda Legaspi, La función de la prensa en el siglo XIX ~17 Juanita Darling, Los medios de comunicación social como textos de filosofía ~26 Martha Isabel Gómez Guacaneme, Anatomía, formas de composición y series iconográficas en los cabezales iconotextuales mexicanos ~43 Patricia Vega Jiménez, La noticia sensacionalista de guerra ¿Fuente histórica? ~75 II. PRENSA, SOCIEDAD Y POLÍTICA ~93 Carlos R. Sánchez Silva, Los mexicanos ante la muerte de Juárez. El caso de la elite política oaxaqueña ~95 Alma Benavides, Discursos en la prensa mexicana: los revolucionarios cubanos en México (1956) ~115 Orfilia Damiano Obando y María Margarita Espinosa Blas, Prensa y caricatura: la crisis de los misiles de 1962 en la sátira caricaturesca de El Universal de México y El Tiempo de Colombia ~139 Laura Roque Valero, Resistir y rechazar, la respuesta del periódico cubano 5 de Septiembre a la crisis de 1993 ~160 Areli Adriana Castañeda Díaz, 06-02-00. Crónica de un allanamiento desde la experiencia estética de una imagen fotoperiodística ~188 III. PRENSA Y LITERATURA ~209 Susana María Delgado Carranco, Acercamiento a dos hombres de letras de la primera mitad del siglo XIX: Agustín Pomposo Fernández de San Salvador y Juan Wenceslao Sánchez de la Barquera ~211 Íñigo Fernández Fernández, Ideas fundamentales para comprender el concepto de “pasiones” en la prensa católica mexicana de mediados del siglo XIX ~229 IV. LA PRENSA Y LOS ESTUDIOS DE GÉNERO ~247 Gabriela Sánchez Medina, Escritoras posrevolucionarias. Prosa escrita por mujeres en la prensa michoacana de 1920 a 1950 ~249 Gloria Arminda Tirado Villegas, Estudiantes y profesionistas a través de la prensa poblana, 1970-1971. Un acercamiento de género ~267 V. LA PRENSA Y SUS EXPRESIONES ESTATALES ~289 Mónica Eugenia Moreno Rubio, Historia y sociología: la prensa de la segunda mitad del siglo XIX como herramienta histórica para explicar la legitimación del orden social en la ciudad de Querétaro ~291 Adriana Pineda Soto, La prensa del porfiriato michoacano: una fuente historiográfica ~314 VI. LA PRENSA Y LOS ESTUDIOS DE CASO ~337 Xóchitl Martínez González, Editores, redactores, colaboradores e impresor de “Aurora, periódico científico y militar” (1835-1842) ~339 Alejandra López Camacho, “Que el lujo no satisface cuando hay que manducar”. Prensa y cocina en torno al Segundo Imperio Mexicano. La Sombra y La Cuchara (1864-1866) ~357 Rodrigo Antonio Vega y Ortega Baez, El Minero Mexicano, El Propagador Industrial y la conformación del museo de la Sociedad Minera Mexicana, 1873-1877 ~375 Brenda Verónica Chavelas Sánchez, La formación del colono dentro de los Sistemas Nacionales de Riego en Irrigación en México (1930-1936) ~400 Lourdes Cruz González Franco, La casa del sorteo del periódico Excélsior: una lectura del imaginario de modernidad en la sociedad mexicana. Anotaciones preliminares ~425 Sarelly Martínez Mendoza, El tema del periodismo chiapaneco en La Nueva Estrella de Oriente ~454 Katerinne Orquera Polanco, La modernización de la prensa diaria a través de la cobertura noticiosa. El caso de El Comercio de Quito (1935-1945) ~473 La modernización de la prensa diaria a través de la cobertura noticiosa. El caso de El Comercio de Quito (1935-1945)* Katerinne Orquera Polanco Universidad Andina Simón Bolivar, Sede Ecuador Instituto Francés de Estudios Andinos (IFEA) [email protected] Introducción E l Comercio de Quito, fundado en 1906, fue el primer diario que se imprimió en la ciudad y aún circula en la actualidad. Nació como una empresa familiar y se mantuvo así por 108 años, hasta su venta en 2014.1 A mediados de los años treinta del siglo XX pasó a una segunda administración, luego que sus fundadores dividieron sus bienes. A partir de entonces, Carlos Mantilla Jácome se convirtió en el propietario exclusivo del impreso e incluyó en la gerencia a sus dos hijos, Carlos y Jorge Mantilla Ortega, con quienes ideó un plan de modernización que llevó al periódico a convertirse en el más importante de la ciudad y a estar entre los más destacados no sólo del país, sino de Latinoamérica. Esta decisión empresarial fue de tal magnitud que cambió la estructura de la empresa, la cual pasó de un diario matutino a un grupo de comunicación con dos impresos y una radio a su haber, justamente, mientras el Ecuador atravesaba la mayor crisis nacional del siglo XX por la caída de los niveles de vida, la agitación social y la inestabilidad política; escenario en el que Quito crecía aceleradamente a causa de la migración interna que incrementó la conflictividad social, lo que se reflejó en diversos choques étnicos y de clase, como lo ha explicado Guillermo Bustos.2 * 1 2 La versión previa de este artículo fue presentada en el XI Encuentro Internacional de Historiadores de la Prensa y el Periodismo en Iberoamérica y se realizó gracias a los fondos de la beca “IFEA-UMIFRE 17 MEAE/CNRS USR 3337 América Latina”, otorgada por el Instituto Francés de Estudios Andinos (IFEA). De acuerdo al portal empresarial Organizaciones Muñoz-Ugarte diario El Comercio fue comprado por el empresario mexicano Remigio Ángel González por unos 45 millones de dólares. “Se vendió periódico El Comercio”, El Universo, Guayaquil, 31 de diciembre de 2014, https://www.eluniverso.com/noticias/2014/12/31/nota/4389051/se-vendio-periodico-comercio. Guillermo Bustos, “Quito en la transición: Actores colectivos e identidades culturales urbanas (1920-1950)” en Quito a través de la historia, Quito, Dirección de Planificación del I. Municipio de Quito, Consejería de Obras Públicas y Transporte-Junta de Andalucía, 1992, p. 165; Guillermo Bustos, “La politización del ‘problema obrero’. Los trabajadores quiteños 473 La forma en que El Comercio logró consolidarse en ese conflictivo espacio social es el interés del presente artículo, específicamente en lo referido a la cobertura noticiosa local, nacional e internacional; aunque el plan de modernización de los editores también tuvo que ver con otros ámbitos del impreso, como la tecnología y la circulación, los cuales no serán abordados en este texto por razones de espacio. La investigación sigue la línea de la historia cultural que busca entender el peso específico del diario en la sociedad en la que circuló, pues hasta el momento sólo se han producido crónicas institucionales de este impreso, que si bien son valiosas por su aporte descriptivo, no evidencian su conexión e influencia en diversas relaciones sociales.3 El presente caso de estudio tiene como marco de interpretación los trabajos de Julio Ramos y Ángel Rama sobre el significado del periodismo en la región a inicios del siglo XX, las categorías de “productores culturales” y “campo de conocimiento” desarrolladas por Raymond Williams y Pierre Bourdieu, respectivamente; y la exposición sobre el ámbito social en la época de referencia desarrollada por los historiadores Guillermo Bustos y Eduardo Kingman; asimismo, busca mantener un diálogo con autores que han trabajado este tema en otros países, especialmente Colombia, Argentina y México, de los cuales se ha obtenido la mayor cantidad de información. La principal fuente primaria de esta investigación es el diario El Comercio, especialmente las ediciones publicadas entre 1935 y 1945 en los meses de enero, las cuales resultan de mayor interés porque el diario festejaba sus aniversarios el primer día de ese mes, lo que volvía a la fecha propicia para referirse a sí mismo, sus actividades y sus logros. Además, se han revisado los diarios El Debate de Quito y El Universo de Guayaquil, en busca de similitudes y contrastes. La cobertura local de noticias. Los cronistas como descubridores de la novedad Entre mediados de los años treinta y cuarenta del siglo XX circularon en Quito varios diarios matutinos: El Comercio, que se autodenominaba 3 entre la identidad ‘pueblo’ y la identidad ‘clase’ (1931-34)” en Simón Pachano (ed.), Antología. Ciudadanía e identidad, Quito, FLACSO, 2003, p. 189. Entre los libros publicados por periodistas del diario están Jorge Fernández, Tránsito a la libertad. Biografía de Diario “El Comercio”, Quito, Editorial “El Comercio”, 1956; César Larrea Velásquez, El Comercio. Diario independiente. 70 años de la vida nacional 1906-1976, Quito, Diario El Comercio, OFFSETEC, 1976; Jorge Ribadeneira, El Comercio: 100 años de historia y testimonios, Quito, El Comercio, Ediecuatorial, 2006; Fabián Corral et al., Testigo del siglo: El Ecuador visto a través de diario El Comercio, 1906-2006, Quito, El Comercio, 2006. 474 independiente, pero de tendencia liberal; El Debate, de propiedad del Partido Conservador, que circuló hasta 1942, cuando fue clausurado por el gobierno; El Día, diario liberal, pero sin afiliación al partido; y La Tierra, de tinte socialista, que se convirtió en diario en noviembre de 1945, aunque tuvo como antecendente a La Tierra, diario de la mañana, que circuló como diario durante cinco semanas, entre fines de 1933 y principios de 1934.4 En aquellos años, los diarios eran los medios de comunicación más importantes de la ciudad, pues la radio aún era incipiente, los noticieros de cine estaban poco desarrollados y la televisión no existía. Sin embargo, hasta ese momento, ninguno de los diarios mencionados era estrictamente noticioso, sino que todos estaban orientados al debate y a la literatura. Al mismo tiempo, la cultura popular se consolidaba, precisamente por la circulación de la prensa, la influencia del cinematógrafo y de las transmisiones radiales que, en medio de la crisis económica y social, modificaron las actividades de ocio y orientaron a la población hacia espectáculos públicos como el box, el circo y el juego de pelota, donde lo propio y lo ajeno se indiferenciaron, en una sociedad que estaba atravesada por la distinción y la separación, pero que difundía como sus valores la filosofía política y el positivismo científico, como ha evidenciado Eduardo Kingman.5 Este proceso, con sus peculiaridades, fue similar al vivido en toda la región, donde “la atracción y el mimetismo ejercido por la vida burguesa exigían a los más voluntariosos esforzarse por escalar en la pirámide social. Y esa escalada solo era posible a través de una culturización fuerte”, como explican Jesús Timoteo Álvarez y Ascensión Martínez Riaza en su investigación sobre la prensa iberoamericana.6 El proceso de urbanización que vivió Quito desde inicios del siglo XX fortaleció a los sectores medios, que el diario El Comercio había escogido como su público objetivo y de quienes buscó recoger “la nueva preocupación educacional, la corriente hacia la técnica, la industria y el comercio”, a las que consideraba como propias de esa capa social, según recoge Jorge Fernández en la primera biografía del impreso, publicada en 1956.7 Pero no sólo su público pertenecía a los sectores medios, de ahí provenían también sus cronistas, reporteros y corresponsales, cuya educación fue producto del modelo de modernización impulsado desde fines del siglo XIX 4 5 6 7 Irving Iván Zapater, “Los diarios quiteños en el período de la postguerra (1944-1960)” en El Ecuador de la postguerra, Quito, Banco Central del Ecuador, 1992, pp. 635 y 654. Eduardo Kingman, “Apuntes para una historia del gremio de albañiles de Quito. La ciudad vista desde los otros” en Eduardo Kingman (comp.), Historia social urbana. Espacios y flujos, Quito, FLACSO, Ministerio de Cultura, 2009, p. 376; Eduardo Kingman, “Estudio introductorio. Lo urbano, lo social: la historia social urbana” en Eduardo Kingman (comp.), Historia social urbana. Espacios y flujos, Quito, FLACSO, Ministerio de Cultura, 2009, p. 28. Jesús Timoteo Álvarez y Ascensión Martínez Riaza, Historia de la prensa hispanoamericana, Madrid, MAPFRE, 1992, p. 16. Fernández, Tránsito, p. 39. 475 por los Estados nacionales de América Latina, que promovieron una relativa democratización de la escritura y facilitaron la proliferación de escritores de esa capa social, como lo ha señalado Julio Ramos.8 En este ambiente, el plan de modernización de El Comercio planteó convertirlo en un diario noticioso, siguiendo el modelo norteamericano que a partir de la I Guerra Mundial presentaba noticias más breves y graficadas con fotografías, al tiempo que enviaba la opinión a las páginas interiores y aumentaba la publicidad.9 Esta estrategia ya había sido puesta en marcha por otros diarios de la región, en medio de un debate sobre lo que debía primar en los impresos, si la información o la literatura. Ángel Rama recoge el disgusto de Rubén Darío, quien ejerció este oficio durante toda su vida, sobre el proceso de cambio: “los que han impulsado por este camino el periodismo actual son los yanquis. Ellos, por su mercantilismo y por su aprecio del tiempo, han hecho que el telegrama se anteponga al editorial; han establecido el reinado de la información sobre la doctrina”.10 Era, asegura Ramos, una pugna de poder por la expansión de la industria cultural11 en la cual los periódicos-empresa optaron por un público más extendido y variado, dando mayor peso a la información y al entretenimiento que a la opinión y al debate, para lo cual aumentaron el número de corresponsales y reporteros en sus filas, como lo ha explicado Alejandra Laera en su estudio sobre el periodismo argentino.12 Al imponerse la lógica de un diario moderno, El Comercio requirió establecer un nuevo tipo de red intelectual que recogiera información necesaria para producir noticias sobre lo que pasaba en la ciudad, ámbito de inmediata intervención del impreso. Con ese propósito, en 1935, se creó la Jefatura de Información, de la cual dependía todo lo que se publicaba en el diario, así como su presentación y ubicación dentro del periódico.13 En 1939, esta Jefatura tenía un equipo de nueve personas que cubrían las siguientes fuentes informativas: Administración Pública, a cargo de cuatro personas; mientras que Política, Bancos y Contraloría, Policía, Parlamento y Deportes tenían asignado un cronista por cada una; pero apenas tres años más tarde, en 1941, a esta Jefatura habían ingresado dos cronistas deportivos 8 9 10 11 12 13 Julio Ramos, Desencuentros de la modernidad en América Latina. Literatura y política en el siglo XIX, México, Fondo de Cultura Económica, 1989, p. 101. Álvaro Acevedo Tarazona y Juliana Villabona Ardila, “Prensa y violencia. El deber y el conservatismo en Santander (19301946)”, Justicia Juris, vol. 12, núm. 1, enero-junio 2016, Barranquilla, p. 87, http://dx.doi.org/10.15665/rj.v12i1.890. Rubén Darío citado por Ángel Rama, Rubén Darío y el modernismo, Caracas, Barcelona, Alfadil, 1985, p. 70. Ramos, Desencuentros, p. 110. Alejandra Laera, “Cronistas, novelistas: la prensa periódica como espacio de profesionalización en la Argentina (18801910)” en Carlos Altamirano (ed.), Historia de los intelectuales en América Latina. I. La ciudad letrada, de la conquista al modernismo, Buenos Aires, Kats, 2008, p. 499. Inti-Kari, “Laboriosa, complicada y llena de accidentes, es la ruta que sigue el ‘original’ en diario moderno”, El Comercio, Quito, 1 de enero de 1941, p. 5, Archivo Biblioteca Aurelio Espinosa Pólit (en adelante: ABAEP). 476 adicionales, un cronista-reportero de El Comercio, otro de El Comercio y Últimas Noticias y uno exclusivo del vespertino, dando un total de catorce personas asignadas para cubrir las fuentes informativas de la ciudad.14 Los nuevos cronistas y reporteros eran entrenados en el oficio por el propio diario, que, en 1941, reportaba esa instrucción como una de las principales actividades a las que se había dedicado en los últimos años, con el propósito de contar con profesionales “filtrados y tenaces”, a quienes “en su continuo vaivén haráseles pronta la memoria y sagaz el poder asociativo”.15 El entrenamiento que recibían esos jóvenes productores culturales,16 como lo señala Arno Burkholder de la Rosa para el caso de Excélsior de México, buscaba desarrollar su capacidad para conseguir rápidamente noticias y expresarlas de manera interesante.17 Este nuevo tipo de periodista se distinguía del hombre de pluma, llamado entonces redactor, porque recogía información en las calles; y, aunque en la actualidad reportero y redactor puedan considerarse como sinónimos, en esa época no ejercían las mismas funciones. La forma en que los jóvenes de la clase media quiteña se enrolaban en el oficio es relatada por Juan Paz y Miño, periodista de la época, quien explica que su oportunidad llegó cuando era estudiante del colegio Mejía y Ricardo Álvarez, y su profesor, cronista parlamentario de El Comercio, le propuso ser su ayudante. Pero sólo logró ingresar en la planta del diario cuando consiguió una exclusiva. En ese momento fue parte de “las oficinas de redacción, corrección de pruebas, talleres y, desde luego, en medio de esa bohemia que caracterizó al pasado quehacer periodístico”.18 Es el mismo Paz y Miño quien explica la práctica cotidiana del oficio de conseguir noticias en los años cuarenta: los chicos de la prensa debían estar preparados para caminar y hasta correr durante todo el día por la ciudad y así alcanzar a estar al mismo tiempo en todas partes. Y debían desarrollar, para las jornadas nocturnas cuando hacía tanto frío y se daba forma al periódico que saldría en la madrugada del 14 “Lo que hacemos ‘El Comercio’ y ‘Últimas Noticias’ ”, El Comercio, Quito, 1 de enero de 1939, p. 11, primera sección; “Cuerpo principal de redactores de ‘El Comercio’ y ‘Últimas Noticias’ ”, El Comercio, Quito, 1 de enero de 1941, p. 3; “Personal de la Empresa ‘El Comercio’ ”, El Comercio, Quito, 1 de enero de 1941, p. 6, tercera sección, ABAEP; Fernández, Tránsito, p. 132. 15 “ ‘El Comercio’ en los últimos 10 años”, El Comercio, Quito, 1 de enero de 1941, p. 2, ABAEP. 16 La categoría “productores culturales” es desarrollada por Raymond Williams para distinguir a quienes “no pueden ser razonablemente definidos como intelectuales, pero que contribuyen de forma evidente a la cultura general” por estar implicados en sus prácticas directas y en la producción y reproducción del orden social y de la cultural en general. En el presente caso de estudio se usa para referirse a cronistas, reporteros, traductores y demás involucrados en la producción intelectual del periódico. Raymond Williams, Sociología de la cultura, Barcelona, Paidós, 1994, p. 201. 17 Arno Burkholder de la Rosa, “El periódico que llegó a la vida nacional. Los primeros años del diario ‘Excélsior’ (1916-1932)”, Historia Mexicana, vol. 58, núm. 4, abril-junio de 2009, p. 1373. 18 Paz y Miño, Juan, p. 375. 477 día siguiente, buen humor, camaradería y un hígado resistente al “combustible” que se servía en toda oficina de redacción, tanto para abrigar como para “producir inteligencia”.19 De acuerdo con Luis Silva, otro periodista del período de referencia, el oficio se elegía como un servicio social, pues “su diario laborar era de enorme sacrificio. Entonces el lápiz y la máquina de escribir eran nuestros instrumentos de trabajo, y el acudir a las fuentes”.20 Mientras que Paz y Miño se pregunta: “qué movía a esos hombres (porque entonces era una profesión casi exclusivamente de hombres) inquietos, sagaces, intrépidos y bohemios” a escoger el mundo de “las deleitosas mortificaciones de vivir entre el papel, la tinta y la noticia”. Y se contesta: “el afán de servicio a la comunidad. Esa motivación hizo del periodismo de la segunda mitad del siglo XX una profesión prestigiosa, respetada, confiable, con credibilidad total”.21 Como se puede ver, el periodismo fue una profesión que no ofreció a sus ejecutantes la posibilidad de una sustancial ganancia económica, pero a cambio les brindó la posibilidad de acumular capital simbólico, con prácticas distintivas que buscaron colocar su visión del mundo como la legítima y, de esa manera, lograr el reconocimiento de su autoridad para opinar sobre el sentido social de los hechos.22 De manera similar a lo que sucedía con los periodistas mexicanos de inicios de siglo estudiados por Pablo Piccato, “lo más importante para dar autoridad a su voz era su integridad como hombres de honor, lo que sólo podía validarse a los ojos de la opinión pública”.23 En el caso de Quito, nuevamente es Paz y Miño quien da cuenta de ese sentimiento en sus memorias: ¿Un legado? No he podido levantar bienes materiales. He permanecido en el honor, en la honestidad, en la pulcritud y en tareas extrañas a ese tipo de cosas así transferibles con notario. […] Aquí están mis manos vacías. Aquí está mi frente limpia. Consérvenlas delante del testimonio de todos ustedes. […] Estoy seguro de no haber ofendido o causado daño y, por lo mismo, no me arrepiento de cuanto he dicho o hecho. Jamás intenté ser protagonista de la noticia: procuré ser testigo imparcial y comunicador objetivo. Sólo he servido a la verdad y he practicado con estrictez las normas de nuestro Código de Ética Profesional.24 19 20 21 22 Paz y Miño, Juan, p. 20. Testimonio de Luis Silva en Paz y Miño, Juan, p. 61. Paz y Miño, Juan, p. 20. Pierre Bourdieu, Razones prácticas. Sobre la teoría de la acción, Barcelona, Anagrama, 1994, p. 151; Pierre Bourdieu, Meditaciones pascalianas, Barcelona, Anagrama, 1999, p. 244. 23 Pablo Piccato, The Tyranny of Opinión. Honor in the Construction of the Mexican Public Sphere, Durham, Londres, Duke Universitity Press, 2010, p. 94. Traducción propia. 24 Paz y Miño, Juan, pp. 306-307 y 377. 478 Además de la relación laboral, una parte importante de la vida periodística era la socialización informal que se realizaba sobre todo en las cantinas, el espacio de relacionamiento preferido por los varones de clase media en Quito, como lo muestra el estudio sobre la vida cotidiana de Cecilia Durán, dado que escenificaba la vida bohemia; y ganó popularidad cuando las chicherías y guaraperías fueron cuestionadas por insalubres, pero más que nada porque permitió la diferenciación de los mestizos respecto a lo indígena.25 Es así que el periodista Raúl Andrade, al describir la vida política de aquellos años, recuerda que realizaba sus búsquedas de información en los mentideros, los cafés y las cantinas, mientras los quiteños vivían la tensa calma de que algo ocurría o alguien conspiraba.26 Como se desprende de la descripción realizada hasta aquí, otra característica del periodismo de aquellos años fue que se constituyó como un campo estrictamente masculino. La Unión Nacional de Periodistas, sindicato creado al final del período, al hablar sobre la participación femenina en el oficio señalaba que aunque la mujer ecuatoriana había participado con acierto en varios aspectos como la educación, el servicio social, la enfermería y otros, en el periodismo “no ha incursionado en la medida que sería de desear”.27 Las razones de esa exclusión parecerían ser similares a las expuestas por Piccato en el caso de México, donde fueron excluidas debido a que el oficio se practicaba en entornos públicos de homosociabilidad, donde la amistad era el vínculo más fuerte y ellas sólo ocupaban posiciones subordinadas, a menudo identificadas con la prostitución.28 De todas maneras, existió una excepción: María Luisa Calle, cronista de diario El Día entre 1928 y 1943. De acuerdo con Fernando Jurado y Nelson Falconí, ingresó a ese diario a los 27 años de edad, cuando Ricardo Jaramillo, dueño del impreso y amigo de su padre, el famoso periodista Manuel J. Calle –apodado el tuerto–, le dio el puesto de secretaria, con un sueldo de 50 sucres mensuales. Pese a su cargo nominal y al salario inferior al del resto de periodistas, era cronista del impreso y cuando el director era encarcelado, pasaba a ser su directora. En un inicio firmó con el pseudónimo Radio Escucha pero luego usó su propio nombre. En 1945 dejó el país para irse a vivir a Chile.29 Antes de cerrar el tema de los cronistas y reporteros, se debe precisar que junto a ellos trabajaban otros productores culturales, como los correc25 Cecilia Durán, Irrupción del sector burócrata en el Estado ecuatoriano: 1925-1944. Perspectiva a partir del análisis de la vida cotidiana de Quito, Quito, Abya-Yala, 2000, p. 93. 26 Javier Ponce, “Raúl Andrade, sátira y ficción”, Kipus. Revista Andina de Letras, núm. 19, 2005, p. 14. 27 Unión Nacional de Periodistas, UNP 1940-1972, Quito, s. e., 1973, p. 45. 28 Piccato, Tyranny, p. 79. 29 Fernando Jurado y Nelson Falconí, Quito, viejas placetas y rincones históricos, Quito, Imprenta Don Bosco, 2011, p. 190. 479 tores de pruebas y los revisores de titulares, quienes fueron los responsables de articular el texto original con la versión impresa. De acuerdo con una nota de El Comercio, publicada en 1941, el camino que seguía un original para la publicación era el siguiente: el artículo aprobado por el Jefe de Información pasaba a la mesa del Jefe de Correctores, quien ponía los títulos y asignaba el tamaño del tipo que debía llevar el texto; luego, pasaba a la mesa de pruebas para recibir “el primer bautismo de tinta” y convertirse en una prueba de galera, que después de una segunda revisión retornaba a la sala de Composición y a la mesa de Pruebas, donde iniciaba el “recorrido”, que implicaba levantar lingotes sin errores e iniciar un segundo recorrido al “gancho”, donde los ejemplares eran rotulados para su archivo. 30 Por supuesto, el trabajo del impreso no estaba completo sin la parte gráfica, cuya sección de trabajo contaba, en 1939, con un caricaturista; un fotograbador que tenía dos ayudantes; dos fotógrafos; y un encargado de información gráfica, un equipo de siete personas, que casi igualaba al número de cronistas, que llegaban a nueve.31 Las labores de estos productores culturales definían los tiempos de impresión del diario en su etapa final, pues de sus habilidades dependía tanto la graficación de las noticias y los comentarios como la pauta de la publicidad de los anunciantes que debía incluir la correcta producción de clisés. Los cambios emprendidos por El Comercio a partir de 1935 se fueron notando poco a poco en sus ediciones diarias, cuyas primeras páginas se reservaron para la publicación de información –con por lo menos una nota graficada mediante una fotografía– al tiempo que dejaron de incluirse otro tipo de formatos, como artículos históricos o literarios, así como los comentarios contenciosos contra otros impresos que se mantenían en El Día y El Debate. Además de aumentar, las noticias pasaron a ser más atractivas gracias al uso de títulos y subtítulos de diversos tamaños. La información más recurrente de la primera página era la relacionada con la cuestión obrera, seguida de la provisión de servicios básicos, la política, la economía y los asuntos internacionales, sobre todo la Guerra Civil Española y la II Guerra Mundial, aunque, de manera ocasional, también se publicaban temas policiales.32 Una vez que el diario había establecido la base de trabajo de cronistas y reporteros, decidió ampliar esa red intelectual a todo el país, para lo cual contrató a varios corresponsales para que reportaran las novedades desde diversas ciudades, tema del que se trata en el siguiente acápite. 30 Inti-Kari, “Laboriosa”. 31 “Lo que Hacemos”. 32 Análisis de diario El Comercio, Quito, entre 1933 y 1945, ABAEP. 480 Los corresponsales. El servicio informativo al interior de la república A inicios de los años cuarenta El Comercio definía al corresponsal como “un señor que se encuentra distante o que es enviado a otras tierras tras de la noticia”.33 Si bien los servicios corresponsales habían sido parte de la actividad del diario desde sus inicios, sólo se activaban cuando un hecho específico lo requería y, al finalizar el evento, concluía el trabajo. Y aunque la primera oficina permanente de corresponsalía se creó en Guayaquil, en 1914, su principal función era servir de nexo con el exterior, dado que el servicio de noticias telegráficas y cablegráficas llegaba hasta ese puerto y debían retransmitirse hasta Quito bajo responsabilidad del impreso.34 Al igual que en el caso de los cronistas y reporteros, fue el plan de modernización de mediados de los años treinta el que llevó al diario a contar con una red de corresponsales permanentes, justamente en la época en que las relaciones entre Quito y el territorio nacional se habían intensificado gracias a la ampliación del mercado facilitada por el tren que unió la capital con el puerto principal, lo que aumentó el tráfico de personas y mercancías, y redundó en un mayor flujo cultural entre esos espacios, como lo ha explicado Kingman.35 Esta red de corresponsales inició con un grupo de nueve hombres públicos, conocidos y respetados en el país y en sus respectivos lugares de origen por sus habilidades de escritura; estos eran: César Burbano, Víctor Manuel Guzmán, Luis Anibal Vega, Alcibiades Morales, Luis Alberto Falconí, Jaime Silva del Pozo, Wilfrido Loor, Simón Plata Torres y Rafael Riofrío.36 El valor que el diario le dio a su aporte noticioso se evidencia en la edición especial del 1 de enero de 1936, cuando presentó monografías preparadas por ellos sobre cada una de sus localidades, las cuales estaban acompañabadas con tres tipos de fotografías: las zonas emblemáticas del lugar, las de sus autoridades locales y las de los propios corresponsales del impreso, por lo que la revisión de algunos de sus perfiles ayuda a definir el tipo de delegado ideal que buscaba El Comercio. De este grupo de intelectuales, cuatro tenían el oficio de periodistas: Luis Alberto Falconí, Víctor Manuel Guzmán, Alciviades Morales y Jaime 33 Licenciado Kauterio, “Agrado y desagrado del periodismo”, El Comercio, Quito, 1 de enero de 1941, p. 3, segunda sección, ABAEP. 34 Fernández, Tránsito, pp. 105 y 115. 35 Eduardo Kingman, La ciudad y los otros. Quito 1860-1940. Higienismo, ornato y policía, Quito, FLACSO, FONSAL, Universitat Rovira y Virgili, 2008, p. 234. 36 El Comercio, Quito, 1 de enero de 1936, pp. 4-21, ABAEP. 481 Silva del Pozo, de entre quienes se examinan los dos primeros casos.37 Falconí –designado corresponsal en Riobamba, ciudad situada en la Sierra Centro del Ecuador y entonces paso obligado entre Quito y Guayaquil– firmaba como Lucas Noespinto y era un reconocido articulista de El Comercio que también publicaba, de manera ocasional, en otros impresos del país; había participado en dos intentos de mantener un diario en su ciudad natal, uno de los cuales fue financiado por él mismo; aunque estos proyectos no lograron mantenerse en el tiempo, Falconí nunca abandonó el oficio.38 Su criterio respecto al significado social del periodismo quedó expresado en una carta publicada por El Comercio en 1937: La prensa –especialmente el diarismo– es lo que deben anhelar los pueblos cultos. […] El que obtengan la presea de la intelectualidad. El que reflejen en el cielo que las circunda las producciones mentales de sus coterráneos dilectos. Riobamba, si por hoy no tiene diarismo local –no obstante haberlo poseído durante dieciocho años seguidos, con “Los Andes” y “La Razón”– está vigorosamente vinculada al diarismo capitalino y al porteño. Tan vinculada que “El Comercio” ha tenido la gentileza de establecer su redacción en la capital de Chimborazo, confiriéndome el honor de representarlo. […] Deseoso, por sobre todo, de hacer labor patriótica. […] Hacer conocer sus esfuerzos materiales e intelectuales. Sus bellezas panorámicas. Sus florecientes industrias. Sus anhelos de vialidad. Su sentir –esto particularmente– en relación con sus justas tendencias de engrandecimiento.39 Víctor Manuel Guzmán, quien firmaba como Florián del Río, fue nombrado corresponsal en Ibarra, ciudad de la Sierra Norte, donde mantuvo durante 45 años el periódico El Ferrocarril del Norte, desde el cual impulsó la extensión de la línea férrea que unía Guayaquil y Quito hacia las poblaciones del norte de la capital, para conseguir un mayor desarrollo comercial y productivo de la zona. Además, en los años de referencia, marcados por una predilección hispanista entre la mayoría de articulistas de El Comercio, reivindicó la herencia indígena en la construcción de la memoria histórica del país y, específicamente, impulsó la construcción de una estatua a Atahualpa, durante la celebración del centenario republicano, aunque 37 Gobierno provincial de Cotopaxi, “Algunos valores humanos de Cotopaxi”, https://www.cotopaxi.gob.ec/index.php/201509-20-00-13-36/simbolos/item/36-algunos-valores-humanos-de-cotopaxi; “Hace 50 años”, El Heraldo, Ambato, 2 de abril de 2015, http://elheraldo.com.ec/heraldo/index.php?fecha=2015-04-02&seccion=Editoriales&noticia=52981. 38 Irving Iván Zapater, “Introducción” en Luis Alberto Falconí, Lucas No Espinto vuelve a la carga, t. I, Quito, Consejo Nacional de Cultura, 2010, pp. 10 y 20-27. 39 Lucas Noespinto, “Crónicas de Lucas Noespinto, redactor de ‘El Comercio’ en Riobamba”, El Comercio, Quito, 8 de enero de 1937. P. 3, ABAEP. 482 no logró que se concretara la edificación de la escultura, como consta en el estudio de Bustos sobre la conmemoración.40 Mientras que los corresponsales de las dos ciudades de frontera eran abogados: en Tulcán, límite con Colombia, se designó al doctor César Burbano, quien también perteneció al grupo literario Renovación; en la década de los diez fue delegado por el gobierno del Ecuador para investigar los conflictos limítrofes entre las dos naciones, producto de lo cual escribió Breve estudio histórico de los límites entre el Ecuador y Colombia.41 En Loja, frontera con Perú, se contrató a Rafael Riofrío, quien en 1929 también había publicado un estudio histórico: Loja en la campaña Colombo-Peruana; colaboró, entre otras publicaciones, en Revista Literaria; El deber cívico, órgano de la Unión Comercial; y La Coronación, revista de los Comités de Caballeros, que trabajó por la canonización de la imagen de la Virgen del Cisne.42 También eran abogados el corresponsal de Manabí, Wilfrido Loor, de tendencia falangista, dedicado a la historia y ministro de las Cortes de Justicia de Guayaquil y Quito; y Luis Aníbal Vega, que reportaba desde Latacunga, quien dedicó su vida a la docencia, y entre los cargos públicos que ocupó estuvo la gobernación de su provincia; mientras que el corresponsal de Esmeraldas, Simón Plata Torres, había seguido la carrera militar, la cual abandonó para dedicarse al comercio, fue un destacado liberal que también ocupó varios cargos públicos provinciales y escribió sobre temas históricos, pero es recordado, sobre todo, por su empeño en la construcción de la carretera Esmeraldas-Quito, la cual consideraba como una necesidad para el desarrollo regional.43 Como se puede ver, en la descripción de los perfiles de estos primeros 40 Roberto Morales, “Cronología del periodismo en Ibarra” en Monografía de Ibarra, Ibarra, Sociedad Cultural “Amigos de Ibarra”, 2008, pp. 194-195; Víctor Manuel Guzmán, “Víctor Manuel Guzmán el propulsor del ferrocarril” en Con Amor a Imbabura blogspot, http://conamoraimbabura.blogspot.com/2010/06/mis-memorias-intimas.html; Guillermo Bustos, El culto a la nación. Escritura de la historia y rituales de la memoria en Ecuador, 1870-1950, Quito, Fondo de Cultura Económica, Universidad Andina Simón Bolívar, Sede Ecuador, 2017, pp. 351-352. 41 “Oficinas y corresponsalías de la República”, El Comercio, Quito, 1 de enero de 1941, p. 6, tercera sección, ABAEP; Oswaldo Acosta Ordóñez, “Ricardo del Hierro: El Patricio carchense”, La Hora, Quito, 29 de noviembre de 2002, http://lahora. com.ec/index.php/noticias/show/1000124121/-1/home/goRegional/Loja#.VzCVI2ThAvc; César Burbano, Breve estudio histórico de los límites entre el Ecuador y Colombia, Tulcán, Imprenta de Emilio Ortiz, 1916, Repositorio Casa de la Cultura Ecuatoriana, http://repositorio.casadelacultura.gob.ec/bitstream/34000/18452/2/LBNCCE-Burbano-1986-PUBCOM.pdf. 42 “Sr. Dr. Rafael Riofrío E. Corresponsal de ‘EL COMERCIO’ ”, El Comercio, Quito, 1 de enero de 1936, p. 20, ABAEP; Pío Jaramillo Alvarado, Historia de Loja y su provincia, Loja, Consejo Provincial, 1989, https://books.google.com.ec/books?id=f1hKAQAAIAAJ&q=rafael+riofr%C3%ADo+Rectificaciones+hist%C3%B3ricas&dq=rafael+riofr%C3%ADo+Rectificaciones+hist%C3%B3ricas&hl=en&sa=X&ved=0ahUKEwi48_Xr1M_MAhUJox4KHRUPBWwQ6AEIIjAB; Periodismo Lojanos’s Weblog, “Antecedentes que originan el primer periódico en Loja”, https://periodismolojano.wordpress.com/2008/01/28/ antecedentes-que-originan-el-primer-periodico-en-loja. 43 Efrén Avilés Pino, “Loor Wilfrido, Dr.” en Enciclopedia del Ecuador, http://www.enciclopediadelecuador.com/personajes-historicos/5131-2/; “Simón Plata Torres, propulsor de la vía Quito-Esmeraldas”, La Hora, Quito, 21 de septiembre de 2010, http://lahora.com.ec/index.php/noticias/show/1101021184/-1/Sim%C3%B3n_Plata_Torres,_propulsor_de_la_v%C3%ADa_Quito_-_Esmeraldas.html#.VzHkqWThAxo. 483 corresponsales, en su contratación no fue relevante su posición ideológica, sino más bien su capacidad para la escritura, evidenciada en la publicación de periódicos y de libros, así como su habilidad de obtener información valiosa por su relacionamiento con personas de diverso estrato social, que iban desde autoridades provinciales hasta agentes sociales con diversos tipos de posiciones ante el Estado. El aporte noticioso de estos productores culturales le dio al impreso varias ventajas respecto a los otros diarios de la ciudad: amplió su cobertura informativa y, con ello, el número de lectores, al tiempo que incluyó como sus colaboradores a intelectuales locales, quienes –por primera vez– podían expresar las necesidades de sus localidades en un diario capitalino de alta circulación, lo cual significaba ponerlas en conocimiento del centro político y económico, es decir, tener la posibilidad de convertirlas en asuntos nacionales. Sí bien, la red inició con los nueve corresponsales mencionados, en cinco años ya llegaban a 44 las personas designadas para obtener noticias en todo el país. Guayaquil, Riobamba, Tulcán, Latacunga, Esmeraldas, Ibarra y Loja pasaron a tener dos corresponsales cada una, dado el volumen de información que generaban, siendo Loja la única ciudad donde una mujer, María Pilar Maldonado, trabajaba como corresponsal de El Comercio en el período de estudio. Los demás periodistas estaban designados en diversos puntos de interés noticioso: nueve en la Sierra Norte; once en la Sierra Centro; ocho en la Costa y dos en la Sierra Sur.44 En 1941 El Comercio informaba que la ampliación de las corresponsalías había implicado triplicar el personal de cada una de sus dependencias para “recoger en sus páginas el palpitar cuotidiano de todos los pueblos del conglomerado ecuatoriano”.45 La distribución geográfica de estas delegaciones habría atendido a la densidad poblacional del Ecuador de esos años que, según un reporte de la Dirección Nacional de Estadística de 1940, tenía –además de Quito y Guayaquil como las ciudades más pobladas– 50 mil habitantes en Cuenca, 26 mil en Riobamba, 20 mil en Ambato, 18 mil en Loja, Vinces y Latacunga, respectivamente; así como 17 mil en Jipijapa y 16 mil en Chone.46 Es decir, que, a inicios de los años cuarenta, esta era la red periodística más importante de Quito, y una de las más completas del país, pero siguió creciendo de tal manera que para mediados de la década el número de corresponsales había subido a 86 personas. Esto quiere decir que, en 44 “Oficinas”; “Personal de administración de ‘El Comercio’ ”, El Comercio, Quito, 1 de enero de 1941, p. 4, segunda sección; “La organización y el trabajo administrativos de la empresa ‘El Comercio’ ”, El Comercio, Quito, 1 de enero de 1941, p. 2, ABAEP. 45 “Varias valiosas adiciones ha introducido ‘El Comercio’ en 1940”, El Comercio, Quito, 1 de enero de 1941, p. 6, ABAEP. 46 Jorge Ribadeneira, “La voz de la Capital”, El Comercio, Quito, 17 de agosto de 2014, http://www.elcomercio.com/opinion/ opinion-voz-capital-radio-quito.html. 484 menos de diez años, entre 1936 y 1944, El Comercio multiplicó por nueve su cobertura noticiosa nacional. La información que enviaban los corresponsales se consignaba en el periódico en una sección diferenciada del diario que desde enero de 1936 se publicaba bajo el título “Información de provincias”, nombre que mantuvo hasta 1940, cuando pasó a llamarse “De Provincias”; un año más tarde se denominaba “Informaciones de toda la república, enviadas por nuestros corresponsales”, siguiendo el formato que el diario usaba para la información internacional.47 La página de información de provincias no tenía una regularidad exacta, pero se publicaba una o dos veces por semana, y cuando estas noticias no eran parte de una sección determinada, se colocaban en otras páginas del diario. Si bien, este tipo de notas eran normalmente firmadas por “Corresponsal”, en algunos casos tenían iniciales o pseudónimos que identificaban al periodista. Las de Tulcán las rubricaba “Marco”, las de Zaruma “Corresponsal Blum”, algunas del Oriente eran suscritas por “V. T. M.”, las del Puyo por “D. E. P.”, las de Guano por “Corresponsal Capac” y las de Sangolquí por Ángel María Larrea.48 Para entender lo que significaron estos cambios en el espacio público de Quito entre las décadas del treinta y cuarenta, se realizó una comparación con la información de provincias que publicaba El Debate. Su corresponsalía más activa era la de Guayaquil, seguida por las de Imbabura y Carchi, pero eran notas sueltas y esporádicas. Otros reportes se recibían de las poblaciones cercanas a Quito y, aunque se publican notas de otros sectores del país, estas eran más bien escasas, es decir, no se pueden comparar con el volumen de noticias que publicaba El Comercio, que, como se ha dicho, contaba con páginas de esa información, por los menos dos veces por semana.49 La poca cantidad de información sobre provincias del diario conservador puede atibuirse al hecho de que no era un periódico noticioso, sino ideológico, por lo cual su principal objetivo era el debate de los acontecimientos y no la publicación de noticias, como en el caso de El Comercio. En esa medida, es pertinente hacer la comparación con otro diario noticioso del Ecuador: El Universo de Guayaquil, donde la mayor cantidad de noticias generadas por un corresponsal provenía de Quito, centro político de la república. A mediados de los años treinta la cobertura de otras localidades se centraba en El Oro, limítrofe con Guayas, provincia donde circulaba el diario, de la cual se publicaba información de manera constan47 Análisis de El Comercio, Quito, entre 1936 y 1944, ABAEP. 48 Entre otros, los nombres de los corresponsales pueden encontrarse en los siguientes ejemplares: El Comercio, Quito, 25 de enero de 1939 y El Comercio, Quito, 8 de enero de 1940, 5, ABAEP. 49 Análisis de El Debate, Quito, entre 1935 y 1942, ABAEP. 485 te en una sección diferenciada. A partir de los años cuarenta, la cantidad de información recogida por corresponsales se amplía a todo el país pero, en comparación de lo que sucedía en El Comercio, estas noticias se publicaban en la sección editorial y no se distinguían con un título.50 Este diario reportaba en 1936 que su red de corresponsales estaba compuesta por 103 personas, pero sólo 82 estaban activos y, de entre ellos, dos eran mujeres.51 Como dejan ver las comparaciones realizadas, El Comercio tenía una cobertura noticiosa muy superior a la de los otros diarios de Quito y su red de corresponsales era, cuando menos, del mismo tamaño de uno de los diarios modernos de Guayaquil. Esto le llevaba a afirmar, ya en el año de 1944, que “desde la ciudad más densa hasta el más pequeño poblado, cuenta con servicios de Agencias de circulación y Corresponsalías, que unifican el criterio informativo de los ecuatorianos preparándolos para la cooperación al encuentro del progreso del país”,52 comentario que da cuenta de la ampliación de la capacidad informativa y del crecimiento del mercado publicitario de este bien cultural. La ampliación de la red de corresponsales también constituyó la concreción de uno de los objetivos intangibles de El Comercio, registrados en su primera biografía: “constituirse en voz y conciencia de la nacionalidad”, para lo cual se propuso “traducir y vivir la inquietud de lo nacional, percatándose y promoviendo los intereses seccionales como factores indispensables al progreso colectivo”.53 Esta idea se hizo realidad al crear la red de corresponsales, identificados entre sí por la ejecución de una tarea específica al interior de un espacio común más amplio que incluía a otros productores culturales, quienes se autoidentificaron como reproductores de contendios de la realidad, como lo ha señalado Edwin Arango, para el caso de El Diario de Pereira.54 Sin embargo, El Comercio no terminó sus esfuerzos de cobertura en el ámbito nacional, sino que los extendió también al exterior, para lo cual contrató los servicios de agencias noticiosas norteamericanas que le permitieron traer el mundo a los ojos de los lectores quiteños, siendo el único impreso que contó con dichos servicios en los años de referencia, tema que es objeto de análisis del próximo apartado. 50 Análisis de El Universo, Guayaquil, entre 1935 y 1945, ABAEP. 51 Jefe de la Secc. de Correspondencias, “Los corresponsales de El Universo”, El Universo, Guayaquil, 17 de septiembre de 1936, p. 5, ABAEP. 52 “Servicios de agencias y corresponsalías de ‘El Comercio’ en el territorio nacional”, El Comercio, Quito, 14 de enero de 1944, p. 10, ABAEP. 53 Fernández, Tránsito, p. 108. 54 Edwin Arango Restrepo, “Caudillos, titulares y campañas. Diarismo y política 1946-1948”, tesis de maestría, Pereira, Colombia, Universidad Tecnológica de Pereira, 2014, p. 64. 486 Las agencias de información. Noticias mundiales: pronto y completas Una vez que el diario fortaleció las áreas de cobertura noticiosa local y nacional decidió hacerlo también en el ámbito internacional. En 1937 El Comercio contrató los servicios de la agencia de noticias norteamericana Associated Press (AP) impulsado por la necesidad de obtener noticias actualizadas de la Guerra Civil Española. De acuerdo con Fernández, en ese momento se volvió preciso “no sólo una más abundante corriente noticiosa, sino más responsable, más identificable que la que se proporciona mediante la recepción por radio […] desde entonces puede contarse con una noticia responsabilizada, identificada en su fuente y en su conductor”.55 Hasta ese momento el diario había obtenido sus noticias internacionales de All American Cables que desde 1909 proveía información telegráfica de la agencia Havas, de origen francés; a lo que se sumaba un radiotransmisor que los editores habían mandado a construir a fines de los años veinte para captar las señales de radios norteamericanas.56 La contratación de AP significó varios cambios en El Comercio, entre ellos, incluir en la planta a técnicos y traductores, que trabajaban las 24 horas del día.57 Como lo ha explicado Laera para el caso argentino, en ese momento el manejo de lenguas y la traducción se convirtieron en destrezas del periodista en vías de profesionalización.58 Asimismo, ese servicio permitió al diario ganar la preferencia de los lectores, dado que sus dos páginas centrales estaban dedicadas a la información internacional, bajo el título “Servicio informativo del exterior por The Associated Press, especial para ‘El Comercio’”.59 Una prestación de alto valor, pues era el único diario de Quito que proveía las noticias del exterior actualizadas, cosa aún más relevante si se considera que en el Ecuador nunca existió una agencia nacional de noticias.60 La contratación de los servicios de la agencia norteamericana repercutió en los otros diarios de Quito, como se desprende de las constantes quejas de El Debate respecto a la falta de apoyo de los católicos y conservadores en la compra de ese impreso, al que sus editores preferían por representar sus propios principios ideológicos. Estas quejas se evidencian en 55 56 57 58 59 Fernández, Tránsito, pp. 151-153. Fernández, Tránsito, p. 117. Fernández, Tránsito, p. 151. Laera, “Cronistas”, p. 500. Entre 1937 y 1940 en El Comercio se pueden encontrar los encabezados de la información internacional que usualmente corresponde a las dos páginas centrales del diario, ABAEP. 60 Álvarez y Martínez Riaza, Historia, p.197. 487 un artículo titulado “Los ‘quisiera’ de un periodista católico”, publicado en 1937, que apelaba a nociones religiosas para enfrentarlas a los atractivos de la prensa moderna: Yo quisiera que, así como en un tiempo se repartía a los pobres la sopa en los conventos, así se distribuyera hoy a las puertas de las iglesias el periódico católico. Yo quisiera que los testadores creyentes dejaran legados píos para difusión de la Prensa católica. […] Yo quisiera que en el libro de cuentas de cada casa se hallase esta partida: ‘Para la suscripción a la Prensa católica… Y quisiera que mis compañeros en la fe se penetraran de esta verdad: “Nuestro gran enemigo es la mala Prensa”.61 Mientras tanto, El Comercio mantenía su empeño de conseguir información del exterior, de tal manera que al año siguiente de la contratación de la AP, ya contaba con los servicios gráficos de King Feautures Syndicate, Editor’s Press Service (Nueva York) y Opera Mundi Press Service (París);62 lo cual da cuenta de que el plan de modernización del diario no se restringía a la contratación de una agencia internacional, sino que incluía un complejo de actividades que le proveía de diversos servicios adicionales a los noticiosos: fotografías, tiras cómicas y crónicas que alimentaban el conocimiento de los periodistas sobre el ejercicio del oficio en otras partes del mundo.63 En 1939 el diario informaba que la sección de Informaciones Extranjeras estaba conformada por 19 personas: un redactor-jefe, quien tenía a cargo cinco traductores; un jefe de radioperadores, que trabajaba con doce técnicos, y un ayudante de radiocomunicaciones.64 De acuerdo con lo recogido en la primera biografía del diario, El Comercio consideró que esta etapa de avance empresarial era coincidente con el progreso general del país, luego de la quiebra del cacao; y atribuyó su propio progreso al esfuerzo de buscar las técnicas necesarias para innovar su producción, esfuerzo que se replicaba de diversas formas en el país, que buscaba diversificar su producción y comenzar el reajuste de su adversa fortuna.65 Para 1940 El Comercio adicionó a los servicios internacionales los de la United Press (UP), que ofrecía un sistema automático de recepción en morse para acceder a noticias en español.66 En su edición de aniversario 61 62 63 64 65 66 Louis Veillout, “Los ‘quisiera’ de un periodista católico”, El Debate, Quito, 5 de noviembre de 1937, p. 7, ABAEP. El Comercio, Quito, 5 de enero de 1938, Contraportada, ABAEP. “Varias valiosas”. “Hacemos”; “Departamento de traductores y radio-operadores”, El Comercio, Quito, 1 de enero de 1941, p. 6, tercera sección. Fernández, Tránsito, p. 154. Fernández, Tránsito, p. 155. 488 de 1941 aseguraba que la nueva contratación se motivó en el febril interés de sus lectores por obtener información actualizada de la II Guerra Mundial, necesidad que buscó satisfacer con la información y el análisis que enviaban las dos grandes agencias noticiosas norteamericanas, escritos por “notables periodistas internacionales”.67 La diferencia entre las dos agencias, según informaba el propio diario en esa época, era que AP tenía su central en Nueva York, desde donde emitía boletines noticiosos en inglés, mediante estaciones transmisoras de distintas frecuencias que enviaban información a los diarios suscriptores las 24 horas del día, a una velocidad de entre 500 y 600 palabras por minuto, para evitar que “otros diarios o personas inescrupulosas aprovechen de los mismos, sin ser afiliados y sin abonar el costo que demandan”. Estas grabaciones eran entregadas a la sección de traducción y, donde mediante dictáfonos, copiaban el contenido a una velocidad normal.68 Mientras que la UP tenía su central de difusión en Buenos Aires, donde varias estaciones transmisoras se encargaban de difundir los programas noticiosos en español, cuya recepción dependía de aparatos que evitaban tanto el ruido como que los no afiliados recibieran las noticias. Esta información era receptada en Quito por siete operadores y dos grabadores-sintonizadores que pasaban la información a la oficina de Redacción de Noticias Extranjeras, para su correcta elaboración. La complejidad de los aparatos que se usaban para recibir la información requirió que se adecuara un piso entero del edificio de El Comercio para montar antenas, receptores automáticos, dictáfonos, discos cilíndricos, cepillos, tornos y aparatos auxiliares, los cuales facilitaban la recepción de 36.000 palabras por día.69 Este fue el camino por el que el diario de una capital andina se unió, a principios de los años cuarenta, a lo que Manuel Castells denomina flujos de información mundial, los cuales usan la tecnología de la comunicación y el procesamiento de información para unir diversos lugares del mundo, desde donde diversas personas se vinculaban con el propósito de generar contenidos.70 La tarea de quienes transformaban esa información en noticias para el consumo del público quiteño era descrita por Alfredo Pachel, uno de los traductores del diario durante la época de referencia, en los siguientes términos: 67 68 69 70 “Varias valiosas”. “Los servicios de informaciones extranjeras de ‘El Comercio’ ”, El Comercio, Quito, 1 de enero de 1941, p. 6. “Servicios”. Manuel Castells, Comunicación y Poder, Madrid, Alianza, 2011, p. 63. 489 “Los del cable” –denominación casa adentro– son los traductores. El sonido de las señales morse se acumula, en promiscua monotonía con el tic-tac de la máquina de escribir, en palabras inglesas que son recogidas en “cuartillas” de un metro veinte, a las que el traductor da el nombre familiar de “sábanas”. A las ocho de la noche de todos los días los traductores están ya frente a sus máquinas. Las emisoras de Nueva York transmiten sin cesar lo que ocurre en el mundo. Las “sábanas” son 20, 25, 30. Cada noticia tiene un número de orden y una misma puede tener varios agregados en despachos posteriores. La primera tarea es, pues, la de unir todas las partes de una misma noticia. Al alcance del traductor hay un diccionario, un atlas y hasta un “Who is Who”. […] El traductor no tiene noches de farra ni se enferma, ni se distrae. Tiene siempre ante sí, como un fantasma, la visión de dos páginas en blanco en la edición del día siguiente. Ha de verter al castellano, con exactitud irreprochable, el texto en inglés. […] Cuando han silenciado las máquinas la mayor parte del diario, la del traductor continúa impasible su tecleado como de ametralladora.71 Como se puede notar, la II Guerra Mundial constituyó una nueva oportunidad para que El Comercio demostrara la relevancia de las contrataciones de las agencias de noticias internacionales, que le facilitaban emitir noticias de manera inmediata, mientras El Debate aún tomaba sus noticias de Centraleuropa y Transocean, agencias de las que se había servido El Comercio en los años previos a la contratación de las agencias norteamericanas, lo que hace presumir que eran las noticias que llegaban por el servicio de telégrafo estatal.72 Para 1941 mantenía una página denominada “Noticias y comentarios procedentes del exterior”, con dos subtítulos: “De origen alemán e italiano” y “De origen inglés o norteamericano”. Pero, al igual que en el caso de la cobertura interna, la cantidad de información que emitía no era comparable con el volumen de las noticias contenidas en las dos páginas centrales de El Comercio.73 En cuanto tiene que ver con la tendencia ideológica a la que se adscribió cada uno de estos diarios, El Comercio tuvo una posición favorable a los Aliados y El Debate a los gobiernos nacional-socialistas, lo cual es visible no sólo en su parte editorial, sino también en la noticiosa, al ana- 71 Alfredo Pachel, “La función de un traductor de cables en un diario moderno”, El Comercio, Quito, 1 de enero de 1941, p. 7, segunda sección, ABAEP. 72 Análisis de El Debate, Quito, 1939-1940 y de El Comercio, Quito, 1935, ABAEP. 73 “Noticias Radiográficas del Exterior”, El Debate, Quito, 1 de enero de 1939, p. 6; “Comentarios Internacionales. Servicio especial para ‘El Debate’ ”, El Debate, Quito, 5 de enero de 1939, p. 6; “Servicio de prensa británico”, El Debate, Quito, 18 de agosto de 1940, p. 4; “Carta semanal de noticias inglesas. (Servicio King-Hall)”, El Debate, Quito, 26 de agosto de 1940, p. 4; “Noticias y comentarios procedentes del exterior”, El Debate, Quito, 2 de enero de 1941, contraportada, ABAEP. 490 lizar las fuentes de las que cada uno de estos diarios obtenía las noticias que publicaba. Lo que significó la II Guerra Mundial para El Comercio, a nivel noticioso, es expresado por el periodista César Larrea en el libro de conmemoración de los 70 años del impreso, cuando recuerda: 1944 halla al periódico en un alto sitio dentro del diarismo nacional. Desde que estalló la II guerra en Europa, en septiembre de 1939; luego de la declaratoria de guerra de EE.UU. y su intervención en el conflicto mundial, en diciembre de 1941, la información cablegráfica de las dos principales agencias UP y AP era utilizada con sentido práctico y presentada en forma novedosa y atrayente, incluso usando a veces color en titular de primera página. Al hacer un balance de su actividad, se halla que la circulación nacional de EL COMERCIO estaba sobre otros periódicos con altas cifras.74 Como se evidencia de lo dicho hasta aquí, la comunidad de lectores de El Comercio valoró la experiencia de inmediatez que le ofrecía este impreso, complementada por las emisiones del vespertino Últimas Noticias y de la Radio Quito, considerados como los principales medios de aquellos años, precisamente por el valor que se le daba a la actualidad informativa internacional, en los momentos en que las guerras suscitadas en Europa y la incertidumbre que generaron en todo el mundo volvieron a esa información un bien de alto valor social. Conclusiones El plan de modernización emprendido por El Comercio de Quito en 1935, que incluyó la ampliación de la cobertura noticiosa, significó dar mayor espacio a la participación de cronistas, reporteros, corresponsales y traductores de noticias en su actividad cotidiana. La contratación de este personal, dedicado específicamente a producir noticias, requirió impulsar conocimientos especializados en el campo periodístico, relacionados con la práctica diaria de recolectar información mediante el contacto diario con determinadas fuentes informativas y producir noticias, de acuerdo al modelo periodístico norteamericano, cosa que se facilitó por la experiencia sobre ese medio que habían adquirido los hijos del editor en sus estancias universitarias. La ampliación de la cobertura noticiosa fue un proceso impulsado en 74 Larrea, Comercio, p. 44. 491 un corto lapso de tiempo –tres años aproximadamente– que tuvo efectos inmediatos porque logró que en menos de una década El Comercio se convirtiera en el diario más importante de la ciudad y uno de los más fuertes de la región; lo cual dependió, en parte, de la creación de una comunidad de ejecutantes del oficio, en diversos niveles de cobertura, que implicó invertir en la contratación de mayor número de personal y en incrementar su infraestructura, lo que fue recompensado con el aumento de la circulación y los anunciantes, dada la preferencia de los lectores por la cantidad de información actualizada que presentaba el diario. La estrategia de ampliación noticiosa fue la parte visible del plan de modernización de El Comercio, pues se plasmó en las ediciones diarias del impreso, gracias a lo cual superó a los otros diarios que circulaban entonces en Quito, al presentar material escrito y gráfico que los lectores no podían obtener de otras fuentes, en un espacio público donde circulaba gran cantidad de periódicos de opinión, pero donde la información era escasa, lo que le permitió también tener éxito con otros dos emprendimientos de la época: el vespertino Últimas Noticias y Radio Quito, los cuales, con sus particularidades, mantenían como principal eje de trabajo la producción informativa. La estrategia para acceder a mayor cantidad de información local, nacional e internacional, para producir noticias, valiosa y exitosa en sí misma, tuvo efectos que fueron más allá de ese propósito. La calidad que tenía el impreso lo convirtió en uno de los bienes con mayor fuerza al interior de un mercado cultural que El Comercio mismo ayudó a activar al recoger en sus páginas las noticias que se producían en todo el país, con lo cual apoyó la idea de una comunidad nacional que se reconocía en sus páginas y le permitía contar con un espacio simbólico en el que la comunidad periodística tuvo un espacio para expresar su proyecto de país, donde disputó con los actores políticos la visión legítima sobre lo que debía ser la nación. 492 Fuentes y bibliografía Fuentes primarias Archivo Biblioteca Aurelio Espinosa Pólit (ABAEP) Diario El Comercio. Quito, 1935-1945. Diario El Debate. Quito, 1935-1942. Diario El Universo. Guayaquil, 1936-1945. 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SÁNCHEZ SILVA LIDER DEL CUERPO ACADÉMICO “HISTORIA, LITERATURA Y CULTURA DE OAXACA, SIGLOS XVI-XXI” SANGRE, SUDOR Y PRENSA. HISTORIAS IBEROAMERICANAS Primera edición, Oaxaca, México, 2020 DR © UABJO-IIHUABJO DR ©Carlos R. Sánchez Silva, Coordinador-editor [email protected] ©Cada autor por su texto ©Cada autor por sus fotografías ISBN: 978-607-8498-91-8 Esta obra, dictaminada por pares académicos, se realizó con fondos del PROFEXCE-2020 asignados a la UABJO y al IIHUABJO en particular. Forma parte de la Colección Ensayos. Este libro no puede ser reproducido, total o parcialmente, sin la autorización, por escrito, del coordinador-editor. Tiraje efectivo: 200 ejemplares Salvo se indique lo contrario, las viñetas que abren cada sección, así como la que abre y cierra cada ensayo fueron tomadas del Códice Florentino de fray Bernardino de Sahagún, Florencia, Italia, Secretaría de Gobernación/AGN, 1979. La imagen de la portada (muestra No. 653) como las que acompañan algunos ensayos fueron tomadas de la obra Establecimiento tipográfico de Ignacio Cumplido. Libro de muestras, México, Instituto Mora, 2001. Se terminó de imprimir en el mes de noviembre de 2020 en los talleres de Carteles Editores-Proveedora Gráfica de Oaxaca, S.A. de C.V., oficinas ubicadas en Colón 605-4, Centro Histórico, Oaxaca. librosdeoaxaca.blogspot.com | [email protected] View publication stats
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