Profesorado de Educación Secundaria en
Lengua y Literatura
Entre Sombras y Suspiros
ANTOLOGÍA
Cátedra
Literaturas Latinoamericanas II
Profesora
Silva Sofrás Natalia
IARA MAILEN BALENA
NOVIEMBRE 2023
Contenido
Eslabón temático
2
S/N
3
Fragmento de La Tierra del Fuego
3
Elegía en la muerte de un ovejero
3
S/N
4
Serie Rigor Mortis 34: Qué choto
5
Desafecto
5
Serie Rigor Mortis 36: Trabajo a casa
6
S/N
6
NOTA DE DIARIO IV
7
Aullidos del viento
7
Inédito
8
S/N
10
Los sonetos de la muerte
11
Invocación, Una de tantas
13
Un Niño Perdido
15
Referencias
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Eslabón temático
La Patagonia, con sus paisajes desolados y hostiles, ha sido escenario de tragedias,
expediciones infructuosas y desapariciones enigmáticas. Sus extensas llanuras y majestuosas
montañas parecen ocultar los secretos más sombríos y profundos relacionados con la muerte.
Los escritores patagónicos han quedado cautivados por esta presencia constante y lúgubre,
plasmando en sus obras reflexiones sobre la fragilidad de la existencia y la inhospitalidad del
territorio. Esta antología tiene como objetivo explorar las diversas maneras en que la muerte se
refleja en la literatura de la región, ya sea a través de poesías melancólicas, reflexiones filosóficas e
incluso en comedias.
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S/N
Imagino un lugar blanco
Como bañado en leche acuosa.
Los ojos cerrados
Quiero dormir morir
Y hacerlo.
El corazón azul de tanta sangre.
CUPER
Infamia Trascendental, 2010
Fragmento de La Tierra del Fuego
[…]"El viento soplaba con fuerza, y la lluvia caía en diagonal. El gaucho avanzaba a tientas,
con la cabeza gacha, tratando de protegerse con su poncho. De repente, un rayo iluminó el cielo, y el
gaucho vio a lo lejos una luz. Pensó que era la estancia, y se dirigió hacia ella. Pero cuando llegó, se
dio cuenta de que se había equivocado. Era una choza abandonada, sin techo ni paredes. El gaucho
decidió refugiarse allí, y se acurrucó en un rincón. Pero la tormenta arreció, y el viento arrancó el
poncho de sus manos. El gaucho intentó recuperarlo, pero fue en vano. Entonces, se dio cuenta de
que estaba perdido. La lluvia y el viento lo azotaban sin piedad, y no tenía adónde ir. Se arrodilló en
el barro, y se encomendó a Dios. Pero la muerte lo sorprendió antes de que pudiera terminar su
oración. El gaucho cayó de bruces en el barro, y su cuerpo quedó allí, inmóvil, bajo la lluvia y el
viento."
SYLVIA IPARRAGUIRRE
Norma, 2006
Elegía en la muerte de un ovejero
El viento en la alborada
sopla con tristeza y con frío.
El ovejero muerto
yace en la pampa solitaria.
La luna se ha escondido
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detrás de las nubes negras.
El ovejero muerto
yace en la pampa solitaria.
El viento en la alborada
sopla con tristeza y con frío.
El ovejero muerto
yace en la pampa solitaria.
FRANCISCO COLOANE
Austral, 1952
S/N
Callar, callan los muertos
y los eunucos. Nosotros
ya no tenemos derecho.
El silencio el olvido no nos pertenecen.
Jorge Money
(Búsquenlo: vive)
Mi nombre es un verbo
mi hija una flor
y necesito
necesito
me cito:
Quiero que me cremen y me tiren al Limay dentro de una
botella de cerveza. Quiero que me encremen que me
fumen y aspiren.
4
TOMÁS WATKINS
Doble Zeta, 2015
Serie Rigor Mortis 34: Qué choto
CHELO CANDIA
Desafecto
Imposible soportar
lo insoportable.
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Congelamiento total.
Lágrimas de fatiga
Frío perdón.
Perdón preciso.
Perfecto frío.
NADINE ALEMÁN
POL, 2009
Serie Rigor Mortis 36: Trabajo a casa
CHELO CANDIA
S/N
La joven que se ha muerto
no tendrá una flor.
La piedra será su memoria.
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La rosa roja
un disparo en su boca.
Larga sombra de luna
esta noche en el río.
LILIANA CAMPAZZO
Limón, 2006
NOTA DE DIARIO IV
Los muertos tienen mañanas amarillas. Ellos en sí mismos amarillan sus días. Inmersos en su
tibieza de últimos soles no se dan cuenta de la histeria del cementerio. A ellos como a los vivos la
gravedad les tira del cuerpo hacia abajo. Hacia la tierra. Nosotros como ellos podríamos dejarnos
caer. Y embarrar. Tengo ideas amarillas y experiencia de caída en las que algo se rompe y desarma.
También hay caídas blandas que no fracturan nada en el ser. Algunos pensamientos me vienen
desde afuera y me transforman el cuerpo. El amor me punza. Las luces delicadas de las personas
aparecen con intención de sanar. Pero hay cosas que me retienen la vida: cuando no puedo hablar.
ni caminar. ni comer. ni dormir. ni entender. ni explicar. ni llorar. Llorar y estar desnudo constituyen
una misma pureza. La desnudez es un diamante y un epitafio. No hay ningún cuerpo mudo. Ni
siquiera los cuerpos de los muertos pueden enmudecer, el acto de colorear la muerte es estar
hablando. Los pensamientos que vienen atraviesan una sed que comienza a brillar. Son dos los soles
que despiertan y uno de ellos me muerde la piel. Pareciera que todo se pausa cuando es de noche y
adquiero la forma de un pensamiento. Después me encuentro amorfa e insomne. Hay despertares
que no puedo adoptar. Sitios precisos que no puedo habitar. Días que me caminan sin llevarme. a
nada. y a ningún lugar.
PRISCILA VALLON
Aullidos del viento
En aquellas frías hondonadas
tristes osamentas, aun teñidas de barro y sangre.
Nubes oscuras de grises aullantes
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velos de sombra para una matanza.
Pétrea estepa de espacio infinito
muda testigo del llanto y del dolor.
Salvajes desvelos y cantos de muerte
en tierras de olvido y mares de pasión.
Memorias que esperan,
cañadones aislados con fosas precarias
de rojas banderas y hombres hermanos
que en tiempos pasados,
gritaron futuros de austera redención.
ROBERTO HILSON FOOT
Inédito
"Cuando me muera deberé cruzar el río"
Cuando me muera deberé cruzar el río
Qué perro hará de guía si no tengo
un perro flaco que olerá mi cobardía
irá a mi lado
Y estará la vieja en la balsa
Le entregaré dos llankas
para que me cruce
Las piedras arrancadas de cuajo
de mi garganta
de mi estómago
crecidas en los dolores
en los gritos que no pude gritar
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cuando se agrandaban mis ojos
y hacía que vivía
Entregaré esas piedras
y no habrá más
seguro lágrimas
porque no pude encontrarle el secreto a esta vida
porque me fui
detrás de los fantasmas
buscando tramas
y arañas
y cántaros
y hojas
reconocerá la vieja su valor?
Subiremos con mi perro
La balsa se deslizará en la tarde
hacia el oeste
Arribaremos
Y tiene que estar allí mi hermana menor
tiene que estar
no puede ser la muerte una nada para un pájaro
para quien ha pintado con pinceles el fuego
Ella tendrá cicatrices visibles en los ojos
sus ojos más certeros aún
hurgarán en mí
hasta sacarme las espinas
me dibujará el rostro con sus dedos
una huella de choique
arderá el fuego sobre piedras azules
comeremos corazones palpitantes
y mi hermana pintará un kultrun en el aire
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con la sangre
Después no sabré
si soy un caballo
a un resuello
si es el viento una trutruka
y saldremos galopando
a desparramar las estrellas del río
y en el movimiento circular
sabré de una vez
qué es ser un guerrero que corre libre hacia la muerte
qué visiones lo ardían
Regresaremos al mallín
y habrá la gente alrededor del fuego
Entonces me recordaré
de ellos tan lejos
y moriré de nuevo
de los barrios planes de vivienda
creciendo en vértigo
en la ciudad con horizonte
las bolsas de nylon y las estrellas allí
entre los cables del alumbrado público
LILIANA ANCALAO
S/N
la casa se muere dice la casa tiembla cierra las ventanas pierde el sentido de las horas esa
casa ya no es mi casa grita condenada está la casa que se muere a destiempo entre las horas de la
noche que pueden ser día y abre la puerta cuando nadie entra se ilumina en plena tarde y se arranca
el pasto raíz a raíz se muere la casa se muere dice ahora deja que el agua se le filtre por el techo se
empañe el espejo frente al sol no se cuida hasta las cortinas dejó caer no le importan las piedras
perforando vidrios mi casa muere se muere está mal no reconoce mis perfumes se quita los clavos y
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caen cuadros las fotos que la muestran recién pintada y descascara colores que bien le hacen se deja
golpear por el viento y la tierra que pasa por los huecos se muere la casa se muere nomás y el
hombre de esa casa muere también amurado a las paredes las sombras que allí están lo miran caer
frotar las manos en el revoque quitar uno a uno los adornos del dormitorio levantar la alfombra
orinada por los gatos lo miran caer al hombre de esa casa que muere en cada ladrillo ve los días que
ahora lo llevan a esa misma casa plena de sol de pasos apurados a los aromas del laurel el hombre es
una hoja de laurel ahora arrojado al medio del salón donde levanta el piso desde abajo y lo ven caer
también como a esa casa que se muere cerrar la puerta lo ven escuchar decir se muere la casa se
muere no baila el hombre están ausentes la música las manos que lo llevan el vestido que lo guía no
baila y grita dice que la casa se le muere que ya no soporta su peso que anoche dejó caer silencio en
el patio y que la lluvia lo ahoga en ese silencio el hombre de esa casa también escucha a las paredes
abrirse dicen que el hombre de esa casa que muere con él en él recién habitada persigue sombras en
paredes que no están en el pasto seco del jardín pero está muerta la casa en la imagen que
encuentra está sin pintura sin ladrillos cortinas está muerta la casa dice el hombre que se mira desde
la ventana.
ANDRÉS CURSARO
Los sonetos de la muerte
I
Del nicho helado en que los hombres te pusieron,
te bajaré a la tierra humilde y soleada.
Que he de dormirme en ella los hombres no supieron,
y que hemos de soñar sobre la misma almohada.
Te acostaré en la tierra soleada con una
dulcedumbre de madre para el hijo dormido,
y la tierra ha de hacerse suavidades de cuna
al recibir tu cuerpo de niño dolorido,
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Luego iré espolvoreando tierra y polvo de rosas,
y en la azulada y leve polvoreda de luna,
los despojos livianos irán quedando presos.
Me alejaré cantando mis venganzas hermosas,
¡porque a ese hondor recóndito la mano de ninguna
bajará a disputarme tu puñado de huesos!
II
Este largo cansancio se hará mayor un día,
y el alma dirá al cuerpo que no quiere seguir
arrastrando su masa por la rosada vía,
por donde van los hombres, contentos de vivir...
Sentirás que a tu lado cavan briosamente,
que otra dormida llega a la quieta ciudad.
Esperaré que me hayan cubierto totalmente...
¡y después hablaremos por una eternidad!
Sólo entonces sabrás el por qué no madura
para las hondas huesas tu carne todavía,
tuviste que bajar, sin fatiga, a dormir.
Se hará luz en la zona de los sinos, oscura:
sabrás que en nuestra alianza signo de astros había
y, roto el pacto enorme, tenías que morir...
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III
Malas manos tomaron tu vida desde el día
en que, a una señal de astros, dejara su plantel
nevado de azucenas. En gozo florecía.
Malas manos entraron trágicamente en él...
Y yo dije al Señor: —"Por las sendas mortales
le llevan ¡Sombra amada que no saben guiar!
¡Arráncalo, Señor, a esas manos fatales
o le hundes en el largo sueño que sabes dar!
¡No le puedo gritar, no le puedo seguir!
Su barca empuja un negro viento de tempestad.
Retórnalo a mis brazos o le siegas en flor".
Se detuvo la barca rosa de su vivir...
¿Que no sé del amor, que no tuve piedad?
¡Tú, que vas a juzgarme, lo comprendes, Señor!
GABRIELA MISTRAL
Invocación, Una de tantas
Lloro en esta noche
mirando la ampolleta,
y veo pececitos de luz.
Acercate, papá,
pescámelos,
Vos fuiste y sos
el gran pescador.
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Cálzate esas botas largas
de persistencia
y pescame las lágrimas
una a una.
Soy todo un río por mis ojos
cargados de peces que me pesan.
Levántate, papá.
Levántate, Vital,
que tengo tanto sueño
como vos.
Sentate a la vera
de mi pena meandro
y encontrame el pozón
que nunca hallaste en mí,
que siempre me creí
tu mejor río,
y eso que te miraba
con estos ojos profundos...
De nada sirvió,
fuiste a buscar tu mejor pieza
allí
al fondo del caño
de esa "Tala" calibre 22
que me taló
para toda la vida
la felicidad.
Acercate, papá,
de una vez y para siempre,
pescame estas lágrimas
una a una,
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hoy soy todo tu río
por mis ojos
GERARDO BURTON
Un Niño Perdido
Un niño se ha perdido en las riberas del rio…
Un niño se ha perdido en los cerros del mal.
Pasó la noche solo, tiritando de frío.
Pasó los días solo, no le vieron pasar.
Lo llamaron por los bosques,
Lo buscaron por caminos.
Entre campos, entre montes,
Entre rocas y raudal.
Un niño se ha perdido sin sollozos ni gritos.
Un niño se ha perdido sin poderlo encontrar.
Se fue siguiendo al vuelo de algún pajarillo,
que en vuelo rasante se hizo ave rapaz.
Se lo llevó con sus garras,
Para devorarlo en su nido.
Se lo llevo entre las patas,
aquel infame animal.
Un niño se ha perdido en los campos de estío,
Un niño se ha perdido y no ha vuelto a jugar.
Junto a sus juguetes, dejó su gran cariño,
dejó su risa alegre y su mirada angelical.
Un niño se ha perdido al costado del camino,
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Un niño se ha perdido, no le vieron caminar.
No ha vuelto a cantar, ni soñar su destino,
No ha vuelto a volar cometas de paz.
Lo buscaron por los montes y los campos de rocío,
Lo buscaron por los pueblos, las escuelas y el desván.
Un niño se ha perdido dejando un gran vacío,
Un niño se ha perdido de los brazos de mamá.
Dicen que lo vieron allá en el Paraíso…
Jugando a hacer la ronda, con otros de su edad.
Dicen que lo oyeron, entonando bellos himnos
¡Mientras agitaba sus alas de bondad!
JULIO CESAR CORVALAN
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Referencias
Alemán, N (2009) Letal Intensidad. POL.
Ancalao, L. (2005) Inédito, extraído de la revista El Camarote N° 5, marzo, Viedma (Río
Negro)
Burton, G. (2003) Invocación, Una de tantas. Piedrapalabra.
Campazzo, L. (2006) Yuyo Seco. Limón.
Coloane, F. (1952) Elegía en la muerte de un ovejero. Editorial Austral.
Cuper. (2010) Doma latina. Editado por Infamia Trascendental.
Cursaro, A. (2006) Estación/Tierra/Nada.
Iparraguirre, S. (2006). (Fragmento) La Tierra del Fuego. Editorial Norma
Watkins, T. (2015) Bien de consumo. Ediciones Con Doble ZZ.
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