UNIVERSIDAD DE BUENOS AIRES FACULTAD DE FILOSOFÍA Y LETRAS DEPARTAMENTO DE FILOSOFÍA GNOSEOLOGÍA SEGUNDO CUATRIMESTRE 2022 HORACIO BANEGA CLASE 4 bis (optativa) Clase Parágrafo 9 de la Crisis Unidad 1 La Crisis de las Ciencias Europeas y la Fenomenología Trascendental Husserl fue invitado a dar una conferencia en la Unión de Cultura de Viena que presentó el 7 de Mayo de 1935. Tuvo que repetir la conferencia el 10 de Mayo. El título de la conferencia fue “La filosofía y crisis de la humanidad europea”. La conferencia duró dos horas y media. En Noviembre del mismo año, 1935, el Círculo Filosófico de Praga invitó a Husserl a dar dos conferencias diferentes, una en la Universidad alemana y otra en la Universidad checa en Praga. Estos son los comienzos del trabajo editado luego como la Crisis. El congreso de 1934 ya se había transformado en un campo de batalla entre los visitantes alemanes demócratas y totalitarios. La invitación para que Husserl participara al año siguiente fue llevada personalmente por Jan Patoçka, secretario del Círculo de Praga, a Friburgo, en la Navidad de 1934. Esta invitación fue como un rayo de luz en medio de la oscuridad que rodeaba a Husserl luego del surgimiento del nazismo, según palabras de Mohanty (2011: 386). Husserl quiso hablar de la crisis que padecía Europa y conectar este tema público, real y urgente para todos los europeos, con su profundo compromiso con la fenomenología trascendental. En un nivel superficial, entonces, las conferencias de París, por una parte, y las de Praga y Viena, por la otra, no podrían ser más diferentes. Las Meditaciones Cartesianas se comprometían con la fundamentación y sistematización – por segunda vez- de la fenomenología trascendental, mientras que las conferencias de la Crisis buscaban diagnosticar la situación histórica de Europa en el contexto de la crisis de racionalidad que había sucedido, y ofrecer la esperanza de superar la crisis con la ayuda de un nuevo concepto de racionalidad. Sin embargo, a pesar de los fuertes contrastes, ambas Conferencias estaban fuertemente conectadas. La idea de una comunidad de egos trascendentales, de la intersubjetividad trascendental, que es con lo que termina la V MC, tenía que desarrollarse en un nivel más mundano, y se tenían que rehabilitar las estructuras mundanas en lo trascendental. En una carta a su antiguo estudiante Mahnke, Husserl le dice que las MC consistían solo de “presentaciones, preparaciones, esbozos, bosquejos de algunas extensas líneas” [Vorweisung, Vorbereitung, Skizze, Zeichnung einiger grossen Linien] del trabajo concreto y diferenciado que había estado haciendo. [Briefwechsel, III, 484-486, carta del 17 de Octubre de 1932]. En su carta a Landgrebe, datada el 11 de Julio de 1935, Husserl le dice que se debería comprender su posterior trabajo sobre “yo y los otros” y sobre la “comunidad familiar” [ Heimgenossenschaft] como un modo del yo, la “comunidad extraña” como un modo del alter ego, como continuación de la V MC [Briefwechsel, IV, 335]. Según Mohanty, estas afirmaciones van en contra de los intérpretes que consideran que hay un fuerte quiebre entre la fenomenología trascendental de tipo cartesiana y la fenomenología trascendental a la que se llega por el mundo de la vida, tal como se presenta en la Crisis. La Conferencia de Praga y el texto principal de la Conferencia sobre la Crisis El manuscrito original de la Conferencia de Praga no se conservó completo. Pero la parte impresa que apareció en el Journal de Belgrado Philosophia estaba disponible, y por supuesto una gran cantidad de textos que Husserl compuso en años anteriores y posteriores a la Conferencia. Estos textos constituyen el cuerpo principal de la Conferencia sobre la Crisis, que se divide en tres partes. La parte I tiene el mismo título que la Conferencia de Praga. La crisis de las ciencias como expresión de la crisis radical de la vida de la humanidad europea Husserl comienza preguntándose si es de verdad que hay una crisis de las ciencias en el momento en que ellas han llegado a tener un rigor cada vez más extremo y un éxito de modo general y global. Se superaron los límites de la física clásica, y se lograron suficientes construcciones de teorías matemáticas, incluso si estas disciplinas todavía no llegaron a sus formas teóricas finales. También las ciencias humanas obtuvieron cierto desarrollo, poniendo aparte a la psicología, e incluso parecen encontrarse en mejor situación cuando se las compara con la filosofía. Aclaremos que Husserl no se quiere comprometer con el tema de la fundamentación de las ciencias en el sentido usual, no se quiere comprometer con la cientificidad de las ciencias en el sentido estándar. Más bien, lo que él está buscando es qué sentido tienen las ciencias para la existencia humana. En tanto que las ciencias excluyeron al punto de vista subjetivo de sus dominios de investigación, entonces es claro que no tienen para decirnos nada sobre el sentido de nuestras vidas, o sobre el modo de modelar su proyección. Esta exclusión fue liderada por la psicología y las otras ciencias la siguieron en tal exclusión. No hay lugar para los valores en un mundo de meros hechos. De esta manera, la ciencia no puede responder la pregunta por el sentido de nuestra existencia. Husserl procede a mostrar que esta situación no fue siempre así. Esta situación comenzó a surgir en el Renacimiento europeo, en tanto es la época en que la ciencia comenzó a tener autonomía porque sus leyes empezaron a ser válidas sin necesitar incluir la subjetividad y, por su parte, el racionalismo filosófico comenzó a ser la filosofía sin más, liberado de las coacciones del mito y de la tradición. Descartes es la figura en esta reconstrucción que nos propone Husserl. Puesto que a la transformación teórica siguió la transformación práctica, la existencia humana activa y el mundo circundante se intentaron reformar de acuerdo a las nuevas normas filosóficas. Aquí hay que tener en cuenta que Husserl entiende por “filosofía” la ciencia de la totalidad de las cosas, no una disciplina teórica en particular. Esta filosofía así entendida tiene que ser un sistema teórico riguroso que tratará con problemas de hecho tanto como con problemas de derecho, con problemas temporales tanto como con problemas eternos. La concepción positiva de la ciencia es lo que queda de esta gran idea, un concepto residual [Restbegriff] que queda cuando todas las cuestiones más importantes y fundamentales se excluyen de las ciencias. Esto quiere decir que todas las cuestiones de “razón”, todas las preguntas metafísicas, incluyendo la cuestión de “dios” (que es el concepto de la razón absoluta en tanto fuente teleológica de toda razón en el mundo), se excluyen, puesto que exceden las cuestiones de hecho. Husserl estaba impresionado por los intentos de reforma educativa de acuerdo con ideales filosóficos, que tuvieron lugar en el Siglo XVIII, y comenta en relación a la Oda a la Alegría de Schiller, con cierto pesar: “No podemos pensar un contraste más grande que aquel, respecto de nuestra situación actual”.1 La diferencia se debe a la disolución de la idea de una filosofía universal (con sus tres componentes: unidad de todos los entes, un ordenamiento racional de las regiones del ser, y el problema del ser en general) en las manos de una metodología orientada según las ciencias positivas. Lo que Husserl encuentra inexplicable es la relación entre los dominios separados de ser que cada ciencia positiva tematiza como su dominio de objetos y la unidad de la razón. Puesto que la razón determina lo que es, ¿puede un dominio de lo que es, con sus propias verdades separadas de todas las demás, separarse a su vez de la razón? Con la disolución de la unidad de la razón, cada ciencia positiva separada pretende autonomía pero no tiene recursos para comprender su propia génesis histórica a partir de la propia filosofía. La crisis de la razón es inevitablemente una crisis de las ciencias, de su racionalidad, de su cientificidad. El colapso 1 Crisis (Iribarne), 54. de la fe en la razón conduce también al colapso de la fe de la humanidad europea en sí misma. La razón da sentido a todo, incluyendo el sentido de la verdad científica. Ambas colapsan juntas, la racionalidad y la verdad científica. Husserl nos pide que aprendamos de la historia, que miremos atrás a los comienzos de esta época, para observar y contemplar como fue posible que la humanidad europea haya llegado adonde había llegado. Husserl procede a investigar el surgimiento de la era moderna con Descartes. Esta historia nos muestra el telos hacia una razón universal en la que India o China serían tipos antropológicos, en una muestra de etnocentrismo muy difícil de sostener actualmente de la misma manera, pero que parecía típico de la intelectualidad europea de los años 30 del siglo pasado. La idea de razón que Husserl analiza y considera positivamente también se ha tornado difícil de sostener contemporáneamente. Orígenes de la oposición moderna entre objetivismo filosófico y subjetivismo trascendental Husserl comienza por examinar la naturaleza de la transición de la geometría, matemáticas y física antiguas hacia sus transformaciones modernas efectuadas por Galileo con el objetivo de encontrar una respuesta al problema implícito en el título de esta parte de la clase. La geometría euclidiana ya apuntaba al objetivo ideal de una teoría deductiva, fundada en una base axiomática y desarrollada en una serie de deducciones necesarias. Husserl reconoce que este objetivo presenta una teoría completa deductivamente y que, en consecuencia, es evidente para la razón. Pero la geometría euclidiana y la matemática antiguas sólo tomaban en cuenta dominios finitos y ellas se clausuran deductivamente de modo finitario. No se ocupaban de dominios infinitos que requerirían, a su vez, teorías que pudieran ser completas y metateóricamente consistentes. La posibilidad de un domino infinito, que para nosotros está tan evidentemente conectado con el concepto de espacio geométrico, no se reconoció en la Antigüedad. El espacio ideal, que para nosotros es infinito, y sin embargo llega a ser el tema de una teoría unificada, cerrada, no estaba disponible para la Antigüedad. La idea de una entidad infinita, racional, con una ciencia racional que la determinaría sistemáticamente, era una “novedad inaudita”. Aquí el mundo infinito es un mundo de entidades, cada una de las cuales se puede determinar completamente por una ciencia racional. Esto es verdadero no sólo del espacio ideal, sino también de las matemáticas formales –todo guiado por la idea de que la totalidad del ser es una totalidad racional. A partir de esto, y a lo largo de su desarrollo, surge la idea de una ciencia matemática universal. Ahí comenzó la eficacia de la idea de un horizonte matemático infinito. El hombre moderno llegó a concebir la totalidad completa de entes como una ciencia matemática universal de la naturaleza, la ciencia galileana. La naturaleza misma llegó a ser una multiplicidad matemática. Husserl se ocupa, entonces, del sentido de esta matematización de la naturaleza y de los pensamientos que la motivaron. La idea que se extiende como la fundamentación auto-evidente de la ciencia galileana, bajo la interpretación descriptiva de Husserl, es la creencia de que justo en el mundo subjetivorelativo de apariencias radican las estructuras de la geometría pura, universal, evidente, la forma pura espaciotemporal, que se puede construir en estructuras puras ideales. Y Galileo todavía no era un físico en el sentido contemporáneo, en tanto no estaba pensando con símbolos que no tenían nada que ver con contextos intuitivos. Galileo consideró obvio que las formas puras ideales de la geometría pura tienen su aplicación en el mundo de la experiencia sensible. La transición entre la teoría pura y el mundo empírico era tan evidentemente confiable que no se distinguía, incluso, entre el espacio puro de las matemáticas y el espacio del mundo tal como lo experienciamos. Husserl nos pide que notemos muy cuidadosamente la idea de las matemáticas de Galileo, pero también nos pide que notemos cuál es la presuposición oculta de su física. La idea motivante era que las puras formas matemáticas (tales como línea recta y plano geométricos, y otras figuras geométricas) se pueden transformar por la fantasía en formas sensibles, esto es, en efecto, que se pueden concebir los dos dominios (el de las formas puras y el de las formas sensibles) conectados por formas concebibles que se insertan gradualmente entre ambos dominios (como más o menos “recto”, más o menos “plano”, más o menos “curvo”) Las cosas percibidas se caracterizan por tipicidades, por identidades y similaridades (con otras cosas) que varían del más al menos en sus identificaciones y por duraciones temporales. Lo mismo es verdadero de las formas y aspectos abstractos de las cosas: también se caracterizan por una gradualidad de más-o-menos. El interés práctico usual cotidiano se satisface por tal aproximación de más-o-menos. Una línea más-o-menos recta es todo lo que necesitamos para nuestros objetivos cotidianos. Pero hay intereses, tales como los intereses tecnológicos, que requieren una aproximación mucho más exacta. En tanto el interés técnico llega a ser más sutil, se necesitan aproximaciones cada vez más cercanas, de modo que se puede hablar de un horizonte abierto de perfeccionamientos concebibles. Tenemos entonces una Vervollkommenungspraxis, la práctica de lograr una perfección mayor apuntando a las formas – límite. Este tipo de consideración conduce a Husserl a distinguir entre una praxis real (tal como hacer escalas de medición más sutiles) y una praxis ideal. La última, por un proceso de pensamiento puro, permanece exclusivamente en el dominio de las puras formas limitantes, usando métodos de idealización y construcción que han llegado a ser procesos disponibles intersubjetivamente. Procederé a definir lo que Husserl entiende por los procedimientos de formalización, generalización e idealización.2 La formalización es esa especie de abstracción que sucede cuando la propiedad similar obtenida es una propiedad de cualquier objeto concebible. Por lo tanto, los universales identificados de esta manera son tales que pertenecen a todos los géneros y especies de objetos y a todo existente posible individual. La formalización puede ocurrir directamente a partir de nuestra experiencia y de la variación imaginativa de objetos, como a partir de las generalizaciones ejecutadas por abstracción esencial pura o empírica, o por medio de aritmetizar las esencias exactas producidas en las idealizaciones. La abstracción formalizante aísla los aspectos a priori que pertenecen a cualquier objeto. La generalización es esa forma de abstracción que aprehende las esencias morfológicas, esto es, que aprehende géneros y especies no exactos. Las generalizaciones que consideran géneros y especies se pueden dirigir hacia objetos que existen independientemente, por ejemplo, árboles, o hacia momentos no independientes de esos objetos. En otras palabras, es posible aprehender un universal sustantivo en el nivel de especie o género, por ejemplo, árbol en general y planta en general, o podemos aprehender universales adjetivales en el nivel de especie o género, por ejemplo, verde en general y color en general. Sin embargo, en el caso de universales sustantivos, es posible todavía un nivel más alto de generalidad que es el nivel de la región. De este modo, el reconocimiento de estructuras de similitud entre objetos fundamenta los conceptos regionales, genéricos y específicos, esto es, la conciencia de los objetos universales región, género y especie. Abstraemos lo que es similar de esos objetos, focalizando nuestra atención no en la multiplicidad de aspectos similares sino en el aspecto idéntico en virtud del cual son similares. Por ello logramos captar los objetos ideales que llamamos universales. Estos conceptos no se forman de manera exacta, pueden ser de algún modo vagos 2 Cfr. Drummond, J.J., Historical Dictionary of Husserl's Philosophy; No. 81, s/d, Scarecrow Press, 2008. y ser aprehensiones imprecisas de un elemento idéntico en todos los objetos que poseen la característica similar y se ordenan bajo el universal. Cuando nuestras abstracciones se basan solamente en ejemplares actuales, mundanos, así como los percibimos o recordamos, llegamos al nivel de una generalización empírica, un concepto empírico, esto es, un concepto de cosa material o de un árbol o de verde. Cuando nuestras abstracciones se basan no sólo en ejemplares actuales, sino que consideramos sistemáticamente, por medio de la variación eidética, casos posibles tanto como actuales, llegamos al concepto a priori, ideal, de una esencia. La idealización es un tipo de abstracción que, como la generalización pero no como la formalización, otorga acceso a objetos abstractos que tienen un determinado contenido material. A diferencia de la generalización, sin embargo, la idealización no se focaliza en las similitudes entre objetos para abstraer una identidad que los tipifique a todos ellos. En vez de eso, los objetos similares se ordenan de un modo que forman una progresión. Lo que caracteriza a esta progresión es una aproximación asintótica hacia un límite que no es él mismo realizado en ningún miembro de la progresión. En otras palabras, el límite existe en una dimensión diferente; no es real sino que es, más bien, ideal, y su idealidad difiere de la idealidad obtenida por generalización empírica y de la esencia pura. El giro de la atención hacia el límite ideal como tal aprehende lo que Husserl llama una “esencia exacta”. Esta idealización es la que mencioné en la tercera noción de verdad en la clase respectiva. Siguiendo con el texto de Husserl, entonces, de esta manera el mundo de las objetividades ideales, como todos los mundos culturales, se capta en tanto corporizado en un cuerpo físico, tal como un documento escrito. Esta práctica matemática logra una exactitud no disponible para la práctica empírica, real. En tanto se distinguen de las cosas empíricas, los objetos matemáticos admiten determinación en su identidad y precisión de modo absoluto. Las formas geométricas elementales tales como una línea recta, un triángulo o un círculo se construían siguiendo un método que era intersubjetivo y universal. A partir de estas estructuras elementales se construían formas más y más complejas. Pero siempre continuaba una retroreferencia hacia el mundo circundante intuitivo, precientífico. Las formas en este mundo circundante podían ser determinadas por la medición. Pero las formas empíricas de cualquier nivel de complejidad, aunque dadas como hechos experienciados, todavía no son “intersubjetivas para todos y cada uno”. No obstante, la medición técnica ayuda, descubriendo la posibilidad práctica de elegir algunas formas básicas como medidas, para determinar la relación entre estas medidas y otras formas empíricas, y por ello precisamente determinar las formas de estos cuerpos empíricos con alguna precisión intersubjetiva. Este acto empírico de medición junto con su formación práctica, objetivante, podía idealizarse –por un cambio de actitud hacia una actitud puramente teórica- y transformarse en un procedimiento puramente geométrico. De este modo, el arte o la técnica de medición preparó el camino para la posibilidad de una geometría universal. La idea matemática de límite se puso en relación con estructuras empíricas intuidas de las cosas empíricas. Sin darse cuenta completamente, este logro ya estaba disponible para Galileo. La geometría se aplicaba, en su pensamiento, a la física. Donde fuere que hubiera un método para la medición de formas geométricas –así pensaba Galileo de acuerdo a Husserl- podemos superar la validez de las aprehensiones subjetivas, y por eso mismo somos conducidos a una verdad idéntica, no relativa, que se puede observar por todos. Descubrimos un ser-en sí verdadero presentado en la forma de hechos empíricamente dados. Es importante notar cómo Husserl –y bajo su interpretación, Galileocomprende la posibilidad de la geometría aplicada, esto es, cómo las determinaciones geométricas puras (de distancias, aspectos, tamaños, etc.) se leen en las formas empíricas concretas que se dan originariamente como formas de cualidades sensibles, tales como colores, sonidos y olores. Lo que la matemática hace para tornar posible un conocimiento preciso de la naturaleza empírica y de los proceso empíricos es un trabajo doble. En primer lugar, por medio de una idealización de las formas espacio-temporales del mundo, la matemática crea un mundo de objetos ideales. El espacio y el tiempo del mundo de la vida se transforman en un mundo objetivo disponible para todos, esto es, una totalidad infinita de idealidades. El mundo subjetivo relativo de la experiencia cotidiana se transforma en un mundo objetivamente determinable. En segundo lugar, se hace posible un nuevo tipo de conocimiento del mundo empírico de las cosas, un conocimiento “aproximado”, una anticipación inductiva del modo en que las cosas cambian y van a cambiar en el espacio y en el tiempo. Esto da lugar a la pregunta: ¿puede esta aplicación de la geometría a las formas espaciotemporales empíricas de las cosas del mundo de la vida extenderse a otros aspectos de las cosas, a sus propiedades reales y relaciones causales, a la plenitud [Fülle] material de las cualidades sensibles? ¿Puede una determinación constructiva similar extenderse hasta ellas? Husserl encuentra en esta posibilidad un cumplimiento de la antigua concepción del conocimiento filosófico, que también inspiró a Galileo. Si las cualidades sensibles no son en sí mismas directamente matematizables, ¿es posible matematizarlas indirectamente? La matematización indirecta de las cualidades sensibles es imposible incluso si estas cualidades sí admiten “graduaciones” de “más o menos”, ya que no se pueden medir con exactitud creciente. La exactitud le pertenece a la geometría de las formas ideales a la que se aproximan las mediciones empíricas. En el caso de la plenitud sensible, no hay tal geometría. La configuración de las cualidades es muy diferente de la configuración de las propiedades extensivas (longitud, profundidad, etc.), que conducen a una forma – mundo. Las cualidades no son idealizables, el concepto de aproximación no tiene en este caso el mismo significado, ni siquiera similar.3 Sin embargo, la matematización indirecta es todavía posible en la medida en que estas cualidades, de un modo peculiar, están conectadas con las otras formas (entre otras, la forma espacio-temporal). También está la forma causal universal, tal que todo cambio, sea de una estructura formal o de las cualidades sensibles, debe tener su causa en un cambio correlativo en el dominio de las estructuras formales. Toda cualidad sensible –color, sonido, sabor, calor en su especificidad puede servir como un índice de ocurrencias en el dominio de la estructura formal. Ésta, como sabemos, permite su idealización, que hace posible una matematización indirecta del mundo concretamente experienciado. Las experiencias aparentemente desconectadas de las cualidades entonces se pueden matematizar indirectamente. De esta manera, llega a ser suficiente para Galileo que las matemáticas puras se pueden aplicar universalmente al mundo concreto. Cada cualidad sensible experienciada llega a ser ahora un índice para un proceso infinito de divisibilidad al infinito. El mundo concreto entero llega a ser por ello penetrado por infinitos, no sólo de estructuras, sino también de cualidades específicas. De esta manera llegamos a una hipótesis general de que una inductividad universal regula y rige el mundo percibido. Esto no era para Galileo una hipótesis sino una verdad suficiente. Se necesitaba usar esta verdad auto-evidente para hacer posible la física moderna. Se necesitaba un método para la medición de procesos, que se indicaban por cambios en las cualidades sensibles. Lo que se necesitaba era un método de investigación de la presuposición Husserl parece haberse olvidado de que había escrito lo siguiente, aunque no lo había publicado: “Las series continuas y el continuo son conceptos bien diferenciados. Las series de las magnitudes absolutas de un sistema completo continuo configuran una serie continua, pero no un continuo. Por otra parte ocurre frecuentemente que las mismas especies del género lógico más bajo en sentido aristotélico se den por una parte discretamente y conduzcan al concepto de su orden continuo, mientras que por otra parte se den en forma de un continuo. Así configuran los matices de gris una serie continua. Por otra parte podrían ser unidas en forma de un continuo para formar un todo. En el primer caso cada matiz se da por sí mismo, en caso contrario sólo como límite de uno o dos segmentos que limitan del continuo de matices. Del mismo modo en colores de otra serie ‘recta’. Del mismo modo se comporta en los sonidos, en los olores y en los sabores. Por otra parte, especies espaciales y especies temporales (puntos de lugar y puntos temporales) sólo se dan como límites y de ninguna otra manera podría imaginárselos.”, Hua. XXI, 213-214. Aritmética de la serie continua simple, incluida en el texto nro. 15, Aritmética de las series y de las magnitudes de tipo seriales, contenido en la Filosofía del Cálculo, Hua. XXI, 209-214, elaborado entre 1889 y 1891, casi 34 años antes de la Conferencia de Praga. Parece claro que Husserl dispone de los instrumentos para matematizar la plenitud sensible: la propiedad de la densidad de la serie de los números racionales le es suficiente, sin tener que apelar a la propiedad de continuidad de la serie de los números reales, cursivas mías. O dicho de otra manera: con los números racionales le es suficiente para dar cuenta del continuo experienciado que no es el continuo de los números reales. 3 esencial de una objetivación matemática, esto es, que fuera capaz de determinar el dato real, concreto, en la estructura de causalidad universal. Eso sería la física moderna. Galileo fue el descubridor de los métodos matemáticos de medición y determinación de los datos dados en la experiencia universal. Descubrió el modo en expresar matemáticamente en fórmulas la interconexión causal real. Las cualidades empíricas inexactas se usaron como datos empíricos, y la medición llegó a ser una práctica que medía su propia exactitud a la luz de su perfección creciente. El método llegó a ser un método capaz de mejorar continuamente a partir de sí mismo. Toda medición llegó a ser una aproximación hacia un objetivo ideal. Las leyes causales de la naturaleza se expresaron en dependencias funcionales entre números. La motivación galileana fue guiada por una hipótesis, que a pesar de siglos de confirmación, todavía sigue siendo una hipótesis –de acuerdo a Husserl. La ciencia natural, por su verdadera esencia, vive en y a través de hipótesis y confirmaciones infinitas. El ad infinitum pertenece a la verdadera naturaleza de las ciencias naturales. En este proceso, sin lugar a dudas hay más y mejores teorías. La verdadera naturaleza permanece como el polo distante de teorías infinitamente múltiples. Nótese que este infinito es muy diferente del infinito de aproximación a una línea recta perfecta. Ahora Husserl procede a interrogar al significado preciso de las fórmulas usadas por las ciencias naturales, el significado originario de las cantidades en las coordinaciones funcionales. Una vez que se ha llegado a tales fórmulas, se es capaz, con su ayuda, de anticipar la causa prácticamente deseada de la experiencia en el mundo percibido de la vida actual, concreta. Por ello la matematización llega a tener sentido en la vida práctica. Sin embargo, se nos conduce a creer, equívocamente, que el verdadero ser de la naturaleza radica en estas fórmulas matemáticas. Sin embargo, las relaciones numéricas parecen estar totalmente disociadas de toda la realidad intuitiva. La geometría se aritmetizó, el dominio entero de las formas puras es pensado como medible idealmente, y los tipos de medición se expresan numéricamente. Esta aritmetización conduce a un vaciamiento del sentido de las fórmulas; las idealidades espaciotemporales de la geometría se transforman en fórmulas numéricas y algebraicas, conduciendo a una transformación de sentido inconsciente y sin reflexión del método empleado, en el transcurso de la práctica teórica. Esta formalización culmina en una teoría de las multiplicidades que encarna la teoría, que ahora distingue la matemática de la inducción pura. Semejante transición, de la matemática material [sachhaltiger - cósica] a la teoría pura lógico – formal, conduce, a pesar de su valor teórico, a un tipo de pensamiento técnico en el que se pierde el sentido originario de la matematización. Ocurre una transformación y desplazamiento de sentido que son peligrosas, según Husserl. El sentido completo de las fórmulas radica en su ser meros caminos, pero ahora pretenden ser ellas mismos los objetivos a ser logrados. La totalidad de la física matemática, incluyendo la física experimental, se mueve en el interior de esta transformación de sentido. Husserl claramente está pensando, en estas indicaciones, no en la física de Galileo, sino en desarrollos más contemporáneos. Sin embargo, ya Galileo notifica un desplazamiento del mundo de la vida cotidiano por el mundo construido matemáticamente. Si la geometría surgió originariamente del acto de medición de los campos para sembrar, la geometría de las idealidades ya se había apartado de este comienzo en la vida práctica. La idealización ya había distanciado gradualmente a la geometría de la fuente originaria de sentido. Galileo no cuestionó este vaciamiento de sentido. No se dio cuenta de que la aplicación de la geometría pura al mundo de la vida real no era inteligible en sí misma sino que ocultaba en sus pretensiones un complicado desplazamiento de sentido. La reflexión filosófica sobre esta situación termina con la naturaleza idealizada, pero no indaga retrospectivamente por el mundo de la vida precientífico en el que todos los significados tienen, en el largo plazo, su fuente. Los símbolos de la ciencia natural recubren este mundo de la vida como con un “ropaje de ideas” [Ideenkleid] –como un resultado de considerar como mundo verdadero a lo que es el producto de un método. ¿Cómo pudo ser posible tal ingenuidad? Este tipo de reflexión conduce a Husserl a indicar que Galileo, el descubridor de la naturaleza matemática, también es el genio que pudo encubrir el problema subyacente. Su teoría entera de la naturaleza es ocultamiento-descubrimiento [Entdeckung-Verdeckung], que se ha considerado como una verdad simple. Como una consecuencia de su matematización de la naturaleza, Galileo tuvo que mantener que las cualidades sensoriales específicas son meramente subjetivas. Esto implica una devaluación del dominio completo de verdades de la vida precientífica, incluso si estas verdades, a pesar de su subjetividad, apuntan al ser-en-sí trascendente que radica atrás de ellas. Conectada con esta consecuencia, se debe mencionar una auto-interpretación por parte del físico. Esta auto-interpretación consiste en la pretensión de que estamos en posesión de capacidades innatas para aprehender el ser verdadero, el ser en sí, anterior a toda experiencia, con la ayuda de las idealidades matemáticas. Aunque las idealidades matemáticas no se consideraran como a priori, las leyes naturales se consideraron como inductivamente determinadas y en consecuencia no a priori. Husserl detecta una oscuridad profunda en el modo en que se distinguen estas dos legalidades, por una parte las idealidades puras, matemáticas, espaciales, y por otra parte las legalidades y leyes probables, naturales, específicas, inductivas, cuando la naturaleza misma se considera en última instancia como siendo un sistema matemático. La misma oscuridad se refleja en la distinción entre matemática pura y matemática aplicada, entre existencia matemática y la existencia de la realidad que se estructura matemáticamente –en otro nivel, entre multiplicidad pura matemática y espacio. Todo esto es consecuencia de la pérdida y ocultamiento del sentido mundano-vital originario de la ciencia. El técnico del método no puede reflexionar sobre tales oscuridades desarrolladas históricamente. Toda la discusión anterior culmina en una reflexión sobre el método seguido por Husserl mismo. Él está reflexionando sobre la génesis histórica de las ciencias, y a través de ella, reflexiona sobre el origen de la época moderna. Está trazando la motivación originaria que ha conducido a la concepción hegemónica de la naturaleza. Esta concepción fue primero perfeccionada por Galileo, que es por lo que Galileo se considera como el advenir de la idea moderna de ciencia. Pero, ¿qué es lo que va primero, una comprensión sobre el origen o una comprensión de las ciencias naturales en su aspecto presente? No hay lugar a dudas de que Husserl no tiene otro modo de proceder salvo en zig-zag, de adelante hacia atrás y de atrás hacia adelante: reflexión sobre el sentido originario y sobre todos los desplazamientos de sentido y auto-comprensiones, por una parte, y comprensión del estado actual de la ciencia, por la otra. Husserl entiende que solo la reflexión sobre el origen histórico nos permitirá superar la ingenuidad, la ingenuidad filosófica, que subyace a la ciencia contemporánea con su filosofía objetivista. En otras palabras, esta ingenuidad se superará por un retorno a la ingenuidad del mundo de la vida precientífico y por una reflexión sobre él. Todas tales reflexiones son naturalmente críticas. Husserl añade: “por razones existenciales”, pero no explica lo que quiere decir en dicha frase. Pero da algunas indicaciones de que tal reflexión histórica servirá la causa de la libertad. Luego Husserl procede a indagar por el origen del dualismo moderno entre mente y materia. Una vez que la naturaleza llegó a ser un “mundo teóricamente clausurado de cuerpos”, el mundo-en-sí se dividió entre naturaleza y la mente. Descartes fue el primero en anunciar este dualismo, y propuso una psicología completamente científica, completamente liberada de los prejuicios de la época anterior. Husserl lleva a cabo una crítica de la psicología naturalistafisicalista para mostrar el modo en que un motivo trascendental emerge a partir de esta crítica. Bajo la lectura de Husserl, ahí comienza a prevalecer en la filosofía moderna un racionalismo que denomina “racionalismo fisicalista”, que considera al mundo en sí como una unidad racional, sistemática, toda particularidad perteneciendo a su ser, determinable racionalmente. La forma de este sistema es puramente matemática. Pero al mismo tiempo, esta determinación sólo se logra por medios inductivos. Uno se siente confiado en moverse de lo conocido hacia lo desconocido. Al mismo tiempo, hay una aproximación progresiva de los datos dados hacia el ideal matemático. Como una consecuencia, el hombre adquiere un dominio cada vez superior sobre el mundo práctico circundante. Finalmente, este dominio se extiende sobre otros humanos, incluyendo a uno mismo, como partes del mundo circundante. Como consecuencia de este racionalismo universal, todas las otras ciencias naturales, incluyendo la ciencias naturales biológicas y concretas, llegan a ser, en el largo plazo, física. Acá yacen, según Husserl, las dificultades iniciales de este naturalismo fisicalista. Junto con los éxitos notables de las ciencias, fue cada vez más imposible dar cuenta de estos verdaderos logros epistémicos. La evidencia que logra el científico en sus resultados no puede ser tema de ninguna otra ciencia, incluyendo la psicología naturalista. Es lo que se conoce contemporáneamente como el problema de la normatividad, que no admite ninguna naturalización fisicalista débil o fuerte. Esta dificultad inicial, bajo la lectura de Husserl, abre el camino al subjetivismo trascendental. La tensión entre el objetivismo universal y el subjetivismo trascendental y su natural implicación recíproca problemática caracterizan la historia del pensamiento moderno, indicado por el surgimiento de la “teoría del conocimiento”. Esta tensión y el desarrollo resultante de la filosofía trascendental apunta hacia la forma final en la fenomenología de Husserl, en particular la psicología fenomenológica. Husserl demuestra esto a través de una reflexión histórica que no es del tipo más usual, sino que es profundamente teleológica. La reflexión comienza identificando el objetivo, la “institución originaria”, el comienzo teleológico de la historia espiritual europea. De alguna manera es una historia de la génesis de sentido que se ocultó sedimentado en las épocas pasadas. La intuición de Husserl es que dicha sedimentación es posible de ser reactivada. Esto es, el motivo originario sigue vivo en las generaciones subsiguientes en formas sedimentadas, a ser reactivadas e interrogadas para revivirlas con su sentido histórico oculto. De esta manera, el pasado entero se “presentifica” como viviente, lo que hace posible una crítica responsable de la tradición entera desde adentro de la misma. Lo que ahora aparecen como prejuicios son “oscuridades que derivan de la sedimentación tradicional”. La filosofía las comprenderá y por ello llegará a ser libre de ellos en tanto prejuicios. Semejante reflexión histórica no se puede evaluar a través de la cita textual de los filósofos del pasado. Lo que se necesita es presentificar, tornar vivo, sus intenciones secretas, y por ello ganar un punto de vista total del proceso histórico. Sin lugar a dudas, esta historia no es una historia de meros hechos y eventos a ser deducidos de documentos, sino más bien una historia intencional del modo en que un telos primario, originario, se desplegó a sí mismo.
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