Sancho, su diablo y los tapices por el revés: la heterodoxia de Kafka Maria Fernanda de Abreu Universidade Nova de Lisboa ¿No se ha escrito ya todo lo que se podría decir sobre Sancho Panza? No puedo dejar de tener presente, cada vez que acometo la tarea de escribir sobre el Quijote, esas implacables y socarronas palabras de José María Casasayas diciendo que casi todo lo «nuevo» que se decía ya estaba dicho. Y sin embargo… ya lo sabemos, él mismo creó esta Asociación para que siguiéramos diciendo lo ya dicho. Aunque unos y unas siempre esperaremos aportar algo... En 1982, Flores proporcionó a los estudios «sanchopancinos» una utilísima sistematización, más o menos catálogo, con su Sancho Panza Through Three Hundred Seventy-five Years of Continuations, Imitations, and Criticism, 1605-1980.1 ¿Está allí todo? No lo está, por supuesto, ni podría estarlo. No está, por ejemplo, el texto que provocó las reflexiones que voy a desarrollar a continuación. Flores no recoge el texto de Kafka; lo refiere, sin embargo, en nota, en el apartado «Sancho in the Age of the Professional Critic»; ahí, para «other sweeping or idiosyncratic interpretations of Sancho’s character, his relationship with his master, or Don Quixot as a whole», nos remite a una larga lista de indicaciones bibliográficas, donde alude a una obra de Siegfried Kracauer (Oxford, 1969), con la indicación «(Kracauer quotes also a remark by Franz Kafka concerning Sancho, p. 217)».2 En 1991, Eduardo Urbina con su El sin par Sancho Panza: parodia y creación vino a poner de relieve un aspecto fundamental y determinante, macrotextual —la parodia— que nos obligaba a reinterpretar cada uno de los comportamientos y palabras de Sancho en ese marco global y no, como advierte, uno u otro episodio per se. Con anterioridad, como todos sabemos y no hago más que recordar, interpretaciones sólidas y eruditas nos habían dado a ver, entre otros, los orígenes literarios, cultos y populares, folclóricos, de la creación cervantina de Sancho; también carnavalescos; su naturaleza cómica, burlesca, satírica, bufonesca; su ser de listotonto, simple o necio-discreto, más o menos erasmiano. Sin hablar de los que se han dedicado a clamar las virtudes humanas de Sancho, su bondad, generosidad, lealtad —este campo ya más recorrido por textos críticamente más impresionistas y mucho menos excelentes—. Y sin embargo y a pesar de que muchas de aquellas 1. Flores, R. M., Sancho Panza Through Three Hundred Seventy-five Years of Continuations, Imitations, and Criticism, 1605-1980, Newark, Delaware, Juan de la Cuesta, 1982. 2. Ibid., nota 97, pp. 84-85. Ortodoxia4.indb 287 23/07/11 20:07 288 Maria Fernanda de Abreu voces, no todas pero sí muchas, son claramente y, a veces, de forma explícita, «en defensa de Sancho» —creo que podría hoy aquí empezar con palabras semejantes a las que hace treinta años usó Mancing Howard:3 Todo el mundo conoce bien al Sancho Panza de la primera parte de la obra maestra de Cervantes. Sancho es el glotón, el cobarde, el puro materialista, en fin, el hombre «de muy poca sal en la mollera», según la descripción de Cervantes en el Capítulo 7 al introducirle en la novela. Sólo en la segunda parte empieza Sancho a cambiar, a aprender, a evolucionar como persona humana. Pero considerar así a Sancho Panza es responder al mito del personaje y no al personaje textual. Lo que yo quisiera sugerir en esta ponencia es que Sancho es, desde el principio, mucho más inteligente e intelectualmente capaz de lo que solemos creer. Para ilustrar estas cualidades intelectuales de Sancho, quisiera analizar el estilo retórico de un discurso suyo en el Capítulo 20 de la primera parte. Se trata de la temerosa noche de los batanes. Es cierto que también en estos 30 años no se ha dejado de intentar mostrar las «cualidades intelectuales de Sancho». Su mismo amo, de hecho, nos avisa respecto a ellas repetidas veces, tal como había alertado a los mismísimos Duques, en su palacio: Por otra parte, quiero que entiendan vuestras señorías que Sancho Panza es uno de los más graciosos escuderos que jamás sirvió a caballero andante; [...] duda de todo y créelo todo; cuando pienso que se va a despeñar de tonto, sale con unas discreciones que le levantan al cielo. (II, XXXII, 811-12).4 Pero ¿de qué nos sirven las palabras del amo si es también él quien repetidamente increpa a Sancho, acusándolo de tener “el más corto entendimiento que tiene ni tuvo escudero en el mundo” (I, 25)? Y convence don Quijote a tantos y en tan gran medida que hasta el mismo «traductor desta historia» ha de refrendarle la expresión al admirarse, en el cap. 5 de la Segunda Parte, con el «estilo» de Sancho tan otro, dice, «del que se podía prometer de su corto ingenio» (II, 5). En verdad, a pesar de que, como he dicho, no pocas voces se han levantado en su defensa, en particular durante los últimos cien años, y bajo perspectivas y presupuestos diversos, la concepción de Sancho Panza sigue siendo, en la mayor parte de sus lectores, víctima de dos paradigmas interpretativos que tuvieron éxito y que determinaron la circulación receptora de la figura del labrador-escudero. Así, en la imagen que de él circula, Sancho es: 1. el materialista, contrapuesto al idealista don Quijote, el paradigma construido por los románticos alemanes y seguido por muchos otros; 2. el simple y gracioso, de la tradición «cómica», igualmente vigente, desarrollada y argumentada esta interpretación hasta nuestros días. Una imagen, pues, que ni la ya vieja idea de quijotización de Sancho ha logrado eliminar, aunque sí dulcificar. Como ciertamente todos o casi todos nosotros, heredé esta idea (crítica y popular) de un Sancho tonto, glotón, materialista, en fin, ese de «poca sal en la mo3. «La retórica de Sancho Panza», Actas del Séptimo Congreso de la Asociación Internacional de Hispanistas, Giuseppe Bellini (ed.), Roma, Bulzoni Editore, 1980, pp. 717-723. 4. Cito, siempre, por la edición de Luis Andrés Murillo, Madrid, Castalia, 1978. Ortodoxia4.indb 288 23/07/11 20:07 Sancho, su diablo y los tapices por el revés: la heterodoxia de Kafka 289 llera» con el que uno de los autores de la historia del Quijote nos lo presenta en su primera entrada en escena, como he recordado con las palabras de Mancing. Una construcción que fue refrendada y definitivamente solidificada, en términos nada menos que epistemológicos e ideológicos, por los romanticismos europeos, que de este modo la consagraron y canonizaron, convirtiendo a Sancho en elemento constitutivo de un binomio esencial. Difícil, pues, me resultó confiar en los sentimientos y percepciones que mi primera lectura del texto cervantino despertó en mí, los cuales ponían en duda la imagen recibida y habrían de acercarme irremediable y obsesivamente al personaje. La presente ponencia intenta dar cuenta de una reflexión sobre la figura de Sancho Panza que desde hace largos años, pues, alimento, que se ha ido desarrollando en las relecturas del Quijote, en lecturas de textos ficcionales o ensayísticos sobre aquél y en los intentos de alertar a los alumnos en clase. A ella dio nuevo aliento el sorprendente comentario de Kafka. Presenté el inicio de esta reflexión en el congreso de 2005 de Buenos Aires; y solo en una publicación reciente, en portugués, la he plasmado y desarrollado en texto impreso, con el título «Sancho Pança, um homem de condição livre»,5 que aquí retomo, amplío y diversifico en la argumentación aducida. Partía yo, pues, de ese «Sancho Panza, ein freier Mann» (subrayo), de Kafka y recordaba tanto palabras que don Quijote le dirige a Sancho —«Maravillado estoy, Sancho, de la libertad de tu condición: yo imagino que eres hecho de mármol, o de duro bronce, en quien no cabe movimiento ni sentimiento alguno. Yo velo cuando tú duermes; yo lloro cuando cantas» (II, 68:552)— como de autopresentaciones del mismo Sancho; él es, según sus mismas palabras, tan expresivamente libres, alguien que no está «preñado de nadie»: «Yo no estoy preñado de nadie —respondió Sancho al barbero— ni soy hombre que me dejaría empreñar, del rey que fuese» (subrayo) (I, 47: 562-3). (Don Quijote, recordémoslo, está «preñado» de literatura caballeresca…). «Abrid camino, señores míos, y dejadme volver a mi antigua libertad» (II, 53). Roland Barthes usó, en su inolvidable Lección,6 la metáfora del niño que va dando vueltas alrededor de la madre para hablar del lector. Y aquí me tienen, pues, dando vueltas alrededor de ese personaje que cada vez más me parece todo menos ese «simple» al que nos ha acostumbrado el cliché durante siglos repetido y tan convincentemente construido por la crítica. En aquel primer texto, que ahora me conviene referir, en una primera parte tengo en cuenta algunos ensayos y respectivas interpretaciones del personaje de Sancho Panza que creo que son fundamentales en la historia más reciente de su recepción, desde los trabajos de Dámaso Alonso y Raymond Willis, publicados respectivamente en 1968 y 1969, hasta los más recientes de Fr. Márquez Villanue5. In Almeida, Isabel, Rocheta, Maria Isabel, Amado, Teresa (org.), Estudos para Maria Idalina Rodrigues, Maria Lucília Pires, Maria Vitalina Leal de Matos, Lisboa, Departamento de Literaturas Românicas, Faculdade de Letras da Universidade de Lisboa, 2007, pp. 713-729. 6. Leçon («leçon inaugurale de la chaire de sémiologie littéraire du Collège de France», proferida el 7 de enero de 1977 y publicada en Paris, Ed. Du Seuil, 1978. Ortodoxia4.indb 289 23/07/11 20:07 290 Maria Fernanda de Abreu va, M. Molho y A. Redondo. Literariamente, evoco poemas de Miguel Torga y de Gabriel Celaya, de 1936, los del portugués y de 1955, el del español. Y destaco a R. S. Willis, quien importa particularmente para mi búsqueda por hacernos más clara la modernidad existencial del co-protagonista del Quijote, ampliamente desarrollando y argumentando la idea de que en él se encuentran «todas las complejidades, contradicciones y conflictos del individuo contemporáneo, tal como nosotros lo concebimos y es recreado por nuestros autores en sus novelas».7 Recojo trabajos más recientes, ya posteriores a 2000, que vuelven sobre la figura de Sancho Panza. Destaco dos disertaciones que se proponen desarrollar tesis y argumentaciones sobre algún aspecto del personaje hasta ahora no puesto de relieve o analizado. Empiezan también sus autores por presentarnos nuevas sistematizaciones de las interpretaciones anteriores. Así, ya en este siglo: José María Arbizu, en 2001, que antes de exponer su tesis de «Sancho, primer intérprete de don Quijote» nos propone una clasificación de las lecturas que se han hecho de la figura de Sancho. Arbizu sintetiza esas interpretaciones en tres grandes categorías: las «versiones subsidiarias» (estructural, paródico-creativa, socio-cultural, psicológica y tipológica), las «versiones de contraste» (el antihéroe) y las «versiones globales» (racional, psicológica-existencial, existencial-religiosa, existencial, singularidad, mítica, genial y transcendente). En su misma interpretación de Sancho, éste es descrito según un conjunto de características tales como la «consciencia de la valía» propia, relacionada con la «dignidad personal y a la capacidad de acción» y a la conciencia de la «dignidad personal», la «afirmación propia» (paradigma ofrecido, sobre todo, en el episodio de la Isla Barataria), la «identidad», la «singularidad», la «abertura dimensional» y, finalmente, la «libertad», seguida de «dialéctica» (pp. 187-203). La «libertad» de Sancho consiste, en esta lectura, en su «identidad-autenticidad» y en la «universalidad del operar», manifestada, sobre todo, en su autonomía, en el comer y en el hablar libremente ante el amo y otros personajes. A su vez, también William Worden, en 2002, en su Sancho Panza and the Reading of Don Quixote: The Squire as Reader, Critic, Narrator, and Writer of the Novel,8 antes de pasar a desarrollar y argumentar el objetivo de su tesis, que consiste declaradamente en sacar a Sancho de la sombra del amo, a la que la crítica lo ha remitido, y por ello en «olvidar», entre otros, el protagonismo de la función de gracioso y mostrarlo como lector, crítico y narrador, en su Introducción resume lo que ha sido «Sancho through four centuries of Quixote criticism» (en especial, pp. 8-19). Dando relieve a los trabajos dedicados a la génesis literaria de Sancho, en particular los de Francisco Márquez Villanueva, Maurice Molho y Eduardo Urbina (a los cuales, creo yo, habría que añadir la lectura de Agustin Redondo, inscribiendo a Sancho en la tradición carnavalesca), resume Worden las interpretaciones anteriores. 7. «Sancho Panza: prototipo para la novela moderna». Haley, George (ed.), El Quijote de Cervantes, Madrid, Ed.Taurus, col. «El escritor y la crítica», 1980, pp. 320-338. 8. Tesis presentada en el Department of Hispanic Studies at Brown University, Mayo 2002 (texto policopiado). Ortodoxia4.indb 290 23/07/11 20:07 Sancho, su diablo y los tapices por el revés: la heterodoxia de Kafka 291 En fin, concluyo aquella primera parte convencida de que, como señor de una libertad responsable, solo Kafka parece haberlo visto. Con lo cual, en el posterior desarrollo analítico y argumentativo, me empeño prioritariamente en aportar «pruebas» de la condición libre de Sancho, en diferentes episodios y discursos. También allí en cierto momento me preguntaba a quién, a quiénes, a qué poderes y saberes podrían molestar las «lindezas» predicadas por Sancho. Y parto de esa investigación para los aportes —«las vueltas»— de la presente ponencia. Siempre enmarcada por el comentario de Kafka y orientada por aquella pregunta. Kafka: Sancho Pansa, ein freier Mann ... Hasta donde llegan mis conocimientos, fue, pues, en la primera década del siglo XX cuando Kafka vio en Sancho lo que, según la historia de las interpretaciones del personaje, nadie había visto antes: Sancho, «un hombre libre y responsable»: ein freier Mann. Verantwortlichkeitsgefühl. Se trata, en efecto, de un texto de publicación póstuma (Kafka, recordémoslo, murió en 1924), que vino a ser conocido como «Die Wahrheit über Sancho Pansa», de octubre de 1917, y cuyo título es de la responsabilidad del editor.9 Transcribo el texto original: Sancho Pansa, der sich übrigens dessen nie gerühmt hat, gelang es im Laufe der Jahre, durch Beistellung einer Menge Ritter —und Räuberromane in den Abend— und Nachtstunden seinen Teufel, dem er später den Namen Don Quixote gab, derart von sich abzulenken, dass dieser dann haltlos die verrücktesten Taten aufführte, die aber mangels eines vorbestimmten Gegenstandes, der eben Sancho Pansa hätte sein sollen, niemandem schadeten. Sancho Pansa, ein freier Mann, folgte gleichmütig, vielleicht aus einem gewissen Verantwortlichkeitsgefühl, dem Don Quixote auf seinen Zügen und hatte davon eine große und nützliche Unterhaltung bis an sein Ende.10 Las traducciones del texto de Kafka a distintas lenguas, que reproduzco en anexo, presentan curiosas diferencias, provocadas, sin duda, por su complejidad. Así, mientras traducciones al castellano (Argentina y España) dicen que Sancho Panza logró, con el paso del tiempo, «mediante la composición» de una cantidad de novelas de caballería y de bandoleros, alejar de sí a su demonio, la traducción francesa de la edición crítica atrás referida, dirigida por Marthe Robert, dice que Sancho lo logró «en dévorant»; lo mismo ocurre en la traducción inglesa, aducida por W. Worden: «by devouring». Worden desarrolla su tesis de Sancho como lector a partir, precisamente, de esta traducción inglesa del texto de Kafka, que denomina como «Kafka’s parable about Sancho».11 Tenemos, pues, en las traducciones en español a Sancho como escritor; en éstas, como lector (en ambos casos, de cuentos de caballeros andantes y de bandoleros). En otras traducciones al inglés, encontramos: by feeding him a great number of romances of chivalry and adventure o by supplying 9. Según la información que encontramos en Oeuvres Complètes de Franz Kafka, édition critique établie sous la direction de Marthe Robert. Illustrations de L. Mitelberg, tome cinquième, Paris, Cercle du Livre Précieux, p. 193. 10. Miniaturen, «Die Wahrheit über Sancho Pansa», http://worldlibrary.net/eBooks/Wordtheque/de/ aaackv.txt (Acceso el 7 de Septiembre 2007). 11. Worden, W., op. cit., p. 24. Ortodoxia4.indb 291 23/07/11 20:07 292 Maria Fernanda de Abreu a lot of romances of chivalry and adventure. (by supplying —proveer; by feeding him— alimentar). En el original: durch Beistellung einer Menge Ritter —und Räuberromane. Cuando ya tenía la presente ponencia en su última versión, tuve conocimiento de un ensayo de Saúl Yurkievich donde el añorado hispanoamericanista comenta las palabras de Kafka a partir de una de aquellas traducciones al castellano: «El zafio y bonachón escudero se troca en empeñoso escritor que, con el correr de los años, consigue componer una cantidad considerable de novelas [...]».12 Curiosa, sorprendente y, sin duda, compleja es la interpretación que Kafka nos propone de la figura de Sancho, hasta entonces siempre considerada subsidiaria de la de don Quijote, su amo y maestro. En ella, encontramos la propuesta de varias ideas matriciales para la lectura del libro de Cervantes, entre otras: la idea de don Quijote como un «Diablo» de Sancho Panza —seinen Teufel— que éste logró alejar de sí y a quien habría bautizado con el nombre con el que vino a consagrarse; la idea de que este «diablo», de este modo creado por Sancho, se lanzó, entonces, «a las más locas aventuras», que no hicieron ningún daño a nadie; finalmente, la idea de que Sancho Panza, «un hombre libre» y con «sentido de responsabilidad», siguió serenamente a don Quijote, con el cual, además, logró grande y útil entretenimiento hasta el final de sus días. De esta fascinante interpretación, que constituye, a la vez, una reconstrucción de la personalidad de Sancho, planteada por Kafka en aquellas líneas, retuve yo, sobre todo, en mi anterior ensayo, la idea de «hombre libre» (Sancho Pansa, ein freier Mann) y de su «sentido de responsabilidad» (Verantwortlichkeitsgefühl). Mi objetivo consistió, entonces, en destacar algunos momentos del libro, en los cuales pude observar, según creo, un fuerte empeño textual en la representación de lo que llamé «la libertad» de Sancho (siguiendo sus mismas palabras al respecto) y en determinar y describir sus manifestaciones. No destaqué allí lo que ahora enfoco prioritariamente: la idea de Quijote como el diablo (Teufel) de Sancho. Podríamos decir que el comentario de Kafka contiene una percepción psicoanalítica del personaje (estamos en Austria, 1914), aunque no deje de referir sus orígenes literarios (durch Beistellung einer Menge Ritter —und Räuberromane), su procedimiento narrativo-textual primordial (las aventuras— Taten aufführte) y su objetivo de entretenimiento (eine große und nützliche Unterhaltung). La heterodoxia fundamental de Kafka está, ya se ve, en poner a Sancho como, en alguna medida, creador de don Quijote, su padre, si osamos nombrar esta inversión de la relación de parentesco entre ambos personajes, así tantas veces afirmada: don Quijote, padre de Sancho. Habría, por supuesto, que saber más sobre el comentario de Kafka: unos lo llaman parábola, el editor (y no Kafka, parece) lo llamó «la verdad sobre Sancho Panza». Parece claro que del comentario de Kafka no podemos decir lo que dice Flores sobre gran parte de la crítica del siglo XX: que, «frecuently, then, critics and writers are merely citing commonplaces and basing their theories not on the text of Don 12. «Tres ficciones que simulan ser verdades», Revista de Estudios Cervantinos, nº 9, octubre/noviembre 2008, www.estudioscervantinos.org , Guanajuato (México). Ortodoxia4.indb 292 23/07/11 20:07 Sancho, su diablo y los tapices por el revés: la heterodoxia de Kafka 293 Quijote itself, but on what other critics have said before them. The same arguments are repeated ad nauseam».13 No hemos, pues, de dispensar, una y otra vez la lectura que nos haga ver las menudencias del texto (tarea que algunos designan con la expresión inglesa «close Reading») a la luz de las más diversas, plurales y cuando posible entrecruzadas perspectivas. Por supuesto que, como exige Urbina, leyendo esos episodios no como algo aislado sino teniendo en cuenta todo aquello que la crítica ha venido mostrando y convenciéndonos de lo que mostraba: desde los orígenes literarios del personaje hasta su concretización paródica. En este sentido, propongo la relectura de los primeros capítulos del libro de 1615, no con el objetivo de observar la osada autorreflexividad y la dimensión metaliteraria del texto, una y otra vez alabada por la teoría literaria contemporánea, sino para recoger aquellos elementos más explícitamente relacionados con la preparación de la segunda salida de Sancho. Recordemos. Sancho entra en escena, en el capítulo 2, pugnando «por entrar a ver a don Quijote» contra la sobrina y el ama que «le defendían la puerta» y le acusan de ser él «y no otro, el que distrae y sonsaca» a su «señor». Ya sabemos cómo responde Sancho defendiéndose con el argumento de que «él» fue quien le sacó de su casa «con engañifas», lo cual hará que, por fin, solos señor y criado, aquél le manifieste a éste su pesar contraponiéndole que él tampoco se quedó en sus «casas; juntos salimos, juntos fuimos y juntos peregrinamos». Y, cambiando de asunto —«dejemos esto aparte por agora», dice el señor—, viene esa pregunta fundacional que pone en marcha la larga secuencia, constituida por los capítulos 2, 3 y 4 sobre la recepción del libro de 1605, con los comentarios sobre los personajes, sus aventuras, el hacer del historiador y los aciertos y desaciertos del autor e incluso informaciones sobre ediciones, circulación del libro y traducciones; pregunta que, por supuesto, llevará también a Sansón Carrasco hasta el lugar de la acción: … y dime, Sancho amigo: ¿qué es lo que dicen de mí por ese lugar? ¿En qué opinión me tiene el vulgo, en qué los hidalgos y en qué los caballeros? ¿Qué dicen de mi valentía, qué de mis hazañas y qué de mi cortesía? ¿Qué se platica del asunto que he tomado de resucitar y volver al mundo la ya olvidada orden caballeresca? Sugiero que nos paremos aquí y que nos preguntemos: ¿quién es este señor del ama y de la sobrina? ¿Don Quijote o Alonso Quijano? ¿Quién es este él de Sancho («él me sacó de mi casa»)? ¿Quién es este yo que le pregunta a Sancho qué dicen de su valentía, qué de sus hazañas y qué de su cortesía? ¿Don Quijote o Alonso Quijano? Es cierto que, en todos los momentos, nuestro narrador lo nombra como don Quijote. Pero bien pudiera ser que, tal como su héroe, también él distraiga a sus lectores con engañifas. Pues: ¿quién es el que tomó el asunto «de resucitar y volver al mundo la ya olvidada orden caballeresca»? ¿Se trata de don Quijote o de quien lo inventó, precisamente con el fin de resucitar y volver al mundo la ya olvidada orden caballeresca? En efecto: ¿a quién «le pareció convenible y necesario, así para el aumento de su honra como para el servicio de la república, hacerse 13. Flores, R. M, op cit., p. 77. Ortodoxia4.indb 293 23/07/11 20:07 294 Maria Fernanda de Abreu caballero andante»? ¿A quién si no a Alonso Quijano? Lo que propongo, pues, es que recuperemos el nombre y la condición del hidalgo manchego, el señor de su ama, el hermano de la madre de su sobrina, vecino del cura, del barbero y del labrador Sancho Panza, ese que, al principio del libro, se construye el personaje de caballero andante, ese que a sí mismo se otorga el nombre de don Quijote, habiendo tardado en ello ocho días. Ese mismo que, al final, y de nuevo por voluntad propia, renegando del rol y del nombre de Quijote, vuelve a querer ser y llamarse Alonso Quijano. ¿A quién si no a éste —y no al otro— exhortará Sancho llorando y con emocionadas e inolvidables palabras: «!Ay! no se muera vuestra merced señor mío, sino tome mi consejo»? Mas ¿qué derecho tengo yo, lectora quizás no tan desocupada como reclamaba Cervantes, sino quizás impertinente, a ver en escena a Alonso Quijano cuando su autor insiste en decirme que allí está don Quijote? ¿Qué razones pudieron llevar a Kafka a ver a don Quijote como el diablo de Sancho Panza? Qué razones textuales, quiero decir, porque, a pesar de las dificultades de interpretación que el comentario de Kafka pueda plantear y que, de hecho, plantea, no tengo la menor duda de que el texto cervantino le proporcionó los elementos motrices de sus afirmaciones, por heterodoxas que estas puedan parecernos. Como me parece ver, «claramente visto», en este inicio de la Segunda Parte a Alonso Quijano, el hidalgo manchego, que tenía en su casa a un ama y a una sobrina, que se daba a leer libros de caballerías con tanta afición y gusto, a quien se le asentó «de tal modo en la imaginación que era verdad toda aquella máquina de aquellas sonadas soñadas invenciones que leía, que para él no había otra historia más cierta en el mundo» (I,1) y que decidió por parecerle «convenible y necesario» hacerse caballero andante, e «irse por todo el mundo con sus armas y caballo a buscar las aventuras», etc… etc… De él nos contó todo esto y con estas palabras el autor en el inicio de 1605; ahora, en el inicio de 1615, ¿no es él quién pregunta a Sancho: «¿Qué dicen de mi valentía, qué de mis hazañas y qué de mi cortesía? ¿Qué se platica del asunto que he tomado de resucitar y volver al mundo la ya olvidada orden caballeresca?». Digo Alonso Quijano y dudo. Quizás un Alonso Quijano ya distinto del de 1605. Y me pregunto: ¿cuánto de la piel de don Quijote se le habrá pegado ya a la piel de Alonso Quijano? De la mala fortuna de sus aventuras, por ejemplo. ¿Cuánto de uno en el otro? ¿Cuánto de uno llevando al otro hacia la muerte? ¿Por qué en este inicio de 1615 es Sancho y no él quien sugiere que hagan una nueva salida? «Lo que yo sé decir es que si mi señor tomase mi consejo, ya habíamos de estar en esas campañas deshaciendo agravios y enderezando tuertos, como es uso y costumbre de los buenos andantes caballeros». Es, pues, Sancho quien sugiere que hagan una nueva salida, en II, 4. Y no «para granjear fama de valiente, sino del mejor y más leal escudero que jamás sirvió a caballero andante». Es don Quijote quien «se lo ha de batallar todo» —y es esta la condición que pone Sancho—; las aventuras serán del otro y no suyas. Llegados al final del capítulo 4 con la decisión tomada de partir hacia una nueva salida, Sancho va a ocupar un lugar protagonista en todo el capítulo 5, desde el incipit, llamada la atención del lector hacia ese protagonismo a través de las palabras del traductor Ortodoxia4.indb 294 23/07/11 20:07 Sancho, su diablo y los tapices por el revés: la heterodoxia de Kafka 295 que antes señalé: un aviso que pone de relieve la calidad del discurso de Sancho, tal y tanto que el traductor «le tiene por apócrifo». Y no solo nuestro narrador por tres veces se refiere a ello; también por boca de Teresa su mujer se destacan las «arengas retóricas» de Sancho. En el capítulo siguiente, escuchamos la plática entre Quijote y el ama. Pero el escudero vuelve en el capítulo 7 para, con determinación, decirle a su amo que «ya tiene reducida a su mujer para ir con su merced adonde quisiere llevársele». ¿Pero no es, por fin y con todo, él, Sancho, quien lleva a su amo? Aún sin lograr que éste le señale salario no sólo sí se dignará irse con don Quijote sino que será él quien programe y dirija la primera aventura: la del encuentro con las tres labradoras a las afueras del Toboso (final del cap. 9 y cap. 10). Siguiendo varios pasos: 1º. «Señor [...] mejor será que nos salgamos fuera de la ciudad, y que vuestra merced se embarque en alguna floresta aquí cercana, y yo volveré de día y no dejaré ostugo en todo este lugar donde no busque la casa, alcázar o palacio de mi señora [...] y hallándole, hablaré con su merced y le diré donde y como queda vuestra merced esperando que le dé orden y traza para verla, [...]»; 2º. «El consejo que ahora me has dado le apetezco y recibo de bonísima gana» —dijo don Quijote; 3º. el largo y dramático soliloquio en forma de autointerpelación (pregunta-respuesta) donde Sancho desarrolla argumentos para engañar a don Quijote; 4º. la transmutación por parte de Sancho de las tres labradoras en «las más galanas señoras» y una de ellas en la princesa Dulcinea; 5º. ante la reacción del amo —que dice no ver «sino a tres labradoras sobre tres borricos»— la rápida respuesta de «adelantarse a recibirlas», hincando ambas rodillas en el suelo y dirigiendo un discurso caballeresco a Dulcinea. Con ello, Sancho saldrá contentísimo de su enredo, nos dice el Narrador, tan delicadamente habiendo engañado a su amo. El criado maneja con suma eficacia las situaciones y el lenguaje, para cuadrarlos con sus objetivos. Su amo, sin embargo, que «lleno de tristes y confusas imaginaciones» está, al principio de esta secuencia, incapaz de transmutar a la labradora en su deseada Dulcinea, sale de ella reconociendo que «en efecto, nació para ejemplo de desdichados y para ser blanco y terreno donde tomen la mira y asesten las flechas de la mala fortuna». De aquí en adelante, o sea, durante todo el libro de 1615, no dejará Sancho de intentar que don Quijote no le quite a Alonso Quijano las ganas de seguir inventándose otro —un ser-para-la-vida— en forma de caballero andante o de pastor si fuere el caso. ¿Por qué razón? ¿Debido a ese «sentido de responsabilidad» que Kafka ve en él? ¿A la necesidad de seguir a su Diablo? —pregunto siempre tras las huellas de las palabras de Kafka. He de terminar. Por ello, solo me doy la ocasión de, volviendo al texto, recordar las palabras de Sancho en uno de los momentos más atormentados de su soliloquio: –¡Oxte, puto! ¡Allá darás, rayo! ¡No, sino ándeme yo buscando tres pies al gato por el gusto ajeno! Y más, que así será buscar a Dulcinea por el Toboso como a Marica por Rávena, o al bachiller en Salamanca. ¡El diablo, el diablo me ha metido a mí en esto; que otro no! Ortodoxia4.indb 295 23/07/11 20:07 296 Maria Fernanda de Abreu Anexo: las traducciones del texto de Kafka, referidas Sancho Panza, que por lo demás nunca se jactó de ello, logró, con el correr de los años, mediante la composición de una cantidad de novelas de caballería y de bandoleros, en horas del atardecer y de la noche, apartar a tal punto de sí a su demonio, al que luego dio el nombre de don Quixote, que éste se lanzó irrefrenablemente a las más locas aventuras, las cuales empero, por falta de un objeto predeterminado, y que precisamente hubiese debido ser Sancho Panza, no hicieron daño a nadie. Sancho Panza, hombre libre, siguió impasible, quizás en razón de un cierto sentido de la responsabilidad, a don Quixote en sus andanzas, alcanzando con ello un grande y útil esparcimiento hasta su fin (1953, Argentina). Con el correr del tiempo, Sancho Panza, que por otra parte, jamás se vanaglorió de ello, consiguió mediante la composición de una gran cantidad de cuentos de caballeros andantes y de bandoleros, escritos durante los atardeceres y las noches, separar a tal punto de sí a su demonio, a quién luego llamó Don Quixote, que éste se lanzó inconteniblemente a las más locas aventuras; sin embargo, y por falta de un objeto preestablecido, que justamente hubiera debido ser Sancho Panza, hombre libre, siguió de manera imperturbable, tal vez en razón de un cierto sentido del compromiso, a Don Quixote en sus andanzas, y obtuvo con ello un grande y útil solaz hasta su muerte. (Franz Kafka, Obras Completas, Editorial Teorema, 1983, Barcelona, España). Sancho Panza, qui ne s’en est d’ailleurs jamais vanté, réussit au cours des années, en dévorant des histoires de brigands et des romans de chevalerie pendant les nuits et les veillées, à détourner entièrement de soi son démon. Il fit si bien que celui-ci — qu’il appela plus tard Don Quichotte — se jeta désormais sans frein dans les plus folles aventures : elles ne nuisaient à personne faute d’un objet prédestiné qui aurait dû être précisément Sancho Pança. Sancho Panza, peut-être mû par certain sentiment de responsabilité, Sancho Pança, qui était un homme indépendant, suivit calmement Don Quichotte dans ses équipées et en tira jusqu’à son dernier jour une grande et utile distraction. (Oeuvres Complètes de Franz Kafka, édition critique établie sous la direction de Marthe Robert. Illustrations de L. Mitelberg, tome cinquième, Paris, Cercle du Livre Précieux, p. 193). Without ever boasting of it, Sancho Panza succeeded in the course of years, by supplying a lot of romances of chivalry and adventure for the evening and night hours, in so diverting from him his demon, whom he later called Don Quixote, that his demon thereupon freely performed the maddest exploits, which, however, lacking a preordained object, which Sancho Panza himself was supposed to have been, did no one any harm. A free man, Sancho Panza philosophically followed Don Quixote on his crusades, perhaps out of a sense of responsibility, and thus enjoyed a great and profitable entertainment to the end of his days. (Kafka, Franz. The Complete Stories and Parables. Ed. by Nahum N. Glatzer. New York: Schocken Books, Inc., 1971). Ortodoxia4.indb 296 23/07/11 20:07 Sancho, su diablo y los tapices por el revés: la heterodoxia de Kafka 297 Bibliografía Abreu, Maria Fernanda de, «Sancho Pança, um homem de condição livre», en Almeida, Isabel, Rocheta, Maria Isabel, Amado, Teresa (org.), Estudos para Maria Idalina Rodrigues, Maria Lucília Pires, Maria Vitalina Leal de Matos, Lisboa, Departamento de Literaturas Românicas, Faculdade de Letras da Universidade de Lisboa, 2007, pp. 713-729. Arbizu, José María Arbizu, Sancho, primer intérprete de don Quijote. «Mi escudero os dirá quien soy», Salamanca, Publicaciones Universidad Pontificia, 2001. Alonso, Dámaso, «Sancho-Quijote; Sancho-Sancho», en Haley, George (ed.), El Quijote de Cervantes, Madrid, Ed.Taurus, col. «El escritor y la crítica», 1980, pp. 313-319. [Original en Del siglo de oro a este siglo de siglas, Madrid, Gredos, 1968]. Celaya, Gabriel, «A Sancho Panza». Cantos Iberos, 1955. Cervantes, Miguel de, El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, vol. I-II, edición, introducción y notas de Luis Andrés Murillo, Madrid, Castalia, 1978. Flores, R. M., Sancho Panza Through Three Hundred Seventy-five Years of Continuations, Imitations, and Criticism, 1605-1980. Newark, Delaware, Juan de la Cuesta, 1982. Kafka, «Die Wahrheit über Sancho Pansa», http://worldlibrary.net/eBooks/Wordtheque/de/aaackv.txt Mancing, Howard, «La retórica de Sancho Panza», Actas del Septimo Congreso de la Asociación Internacional de Hispanistas, Giuseppe Bellini (ed.), Roma, Bulzoni Editore, 1980. Romero Flores, Hipólito, Biografía de Sancho Panza, filósofo de la sensatez, Barcelona, 1952. Willis, Raymond S., «Sancho Panza: prototipo para la novela moderna» en Haley, George (ed.), El Quijote de Cervantes, Madrid, Ed. Taurus, col. «El escritor y la crítica», 1980, pp. 320-338 [Original inglés en Hispanic Review, vol. 37, 1969] Worden, William, Sancho Panza and the Reading of Don Quixote: The Squire as Reader, Critic, Narrator,and Writer of the Novel. Tesis presentada al Department of Hispanic Studies at Brown University, May 2002 (texto policopiado). Yurkievich, Saúl, «Tres ficciones que simulan ser verdades», Revista de Estudios Cervantinos, nº 9, octubre/noviembre 2008, www.estudioscervantinos.org Ortodoxia4.indb 297 23/07/11 20:07
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