PALABRAS DE HUMANISMO MARIO BRICENO IRAGORRY ' v*>' fe : ; . f :; *':V ■l *,'-í'v<V BIBLIOTECA DE TEMAS Y AUTORES TRUJILLANOS CARACAS / 1983 11 - . - O- *•> MARIO BRICEÑOIRAGORRY PALABRAS DE HUMANISMO P r o l o g o , S e l e c c ió n y B ib l io t e c a de RAFAEL RAMON CASTELLANOS 11 BIBLIOTECA DE TEMAS Y AUTORES TRUJILLANOS CARACAS / 1983 BIBLIOTECA NACIONAL CARACAS-VENEZUELA BIBLIOTECA DE TEMAS Y AUTORES TRUJILLANOS Caracas, 1983 Depósito Legal: Is 81-32 97 PROLOGO Mario Brieeño Iragorry es el recuerdo para mis actos y mis normas de hombre que transita un camino de acción, de dura faena y de esperanzas. Mario Brieeño Iragorry es la lección para mi sed de aprendizaje, enhorabuena ince­ sante y compacta. Mario Brieeño Iragorry es la otra faz de la venezolanidad: la faz que da al futuro, la del cultivo de hontanares necesarios para la compenetración sobre el fundamento de nuestra “identidad nacional”. Alguna vez hube de decir en recuerdo del maestro, desde la tierra he­ roica del solar guaraní, hace ya cuatro lustros, lo que hoy puedo ratificar con énfasis: corporatura ciclópea la de don Mario en las disciplinas estéticas. Unción de ancestro his­ pano y análisis sin rebuscamientos crearon en él una pa­ sión sublime con la cual dejó constancia de un nacionalis­ mo sin escollos, ardiente de celo creativo, cual columna ba­ sáltica para que las generaciones nuevas calculen y pesen el poderío de un Mensaje sin Destino que acaso él ya sabía que iba a calar en lasfibras más profundas y vigorosas del hombre americano, sensible a todo rumbo cierto y a toda obra de patriotismo aleccionador. Su palabra, como la espada toledana, como la canoa de rudo tronco indivisible que en el pulso del indio quebrantó el poderío de mares y de ríos, como la oración definitiva para consentir la mano firme y afanar hacia un futuro extraordinario, lo mismo se da defuego y calicanto, de ner­ vadura inmarcesible, en los asuntos de historia, en la pe­ dagogía de los Responsos, en la biografía desnuda mal 9 beldad catequizadora; en la novela de los últimos años, en la permanenciafilosófica del Ideario Político y de sus pa­ negíricos a la ciudad antigua donde aprendió a analizar cada palabra de los añejos códices y a descifrar cada signo de las páginas descoloridas y centenarias que escribanos muy djoctos dejaron archivadas, y por qué no también, su palabra juvenil adherida al poema y ala crónica periodís­ tica de la provincia venezolana, su verbo que años más tar­ de le serviría para expresar que no existe historia grande sin haber desmenuzado y haber incursionado en los entretelones de la pequeña historia parroquial. Hipérbole de la necesidad de ser nosotros mismos, de sentir el pasado lejano como aliento para estudiar lo posi­ tivo que nos sea útil en el presente y nos dé margen para escribir modelos de actividad en el futuro, es lo que debe­ mos trazar en las actuales circunstancias. Así habremos siempre de ser prototipos, sin ingenuidad, del sano na­ cionalismo preconizado por Briceño Iragorry y habremos de cubrirnos con el manto de luz de las ideas del Libertador a fin de entender el trabajo de equipo social como una nece­ sidad para escalonar posiciones en la permanente bús­ queda de un destino mejor para la patria y de una escuela de acción para los entes generacionales que la alimentan o que están obligados a alimentarla en cuanto a que prospere y sea rica, moral y materialmente, dentro de un afán de co­ lumbrar acciones singulares en el alma colectiva de los ve­ nezolanos. Briceño Iragorry, que nadó en Trujillo el 15 de sep­ tiembre de 1897 y falleció en Caracas, recién regresado del largo exilio, el 6 de junio de 1958, es, por excelencia, el maestro de lajuventud venezolana. Bajo su tolda se pueden arropar cien generaciones. Viene desde lejos sembrando el grano pródigo y en los abrevaderos de su docencia pueden solazarse de generosidad creadora, de numen combativo, 10 de genialidad y de sabia matriz de amor nacionalista, todo cuantos saben que se puede vivir sobre una tierra a la cual se debe amar y bajo un cielo que cobije lo mismo a Cristo o a Judas, al santo o al ateo, al pastor dogmático o al líder ma­ terialista, pragmático y soberbio. Esa misión se la trazó él desde su juventud. Vio pasar la piqueta demoledora a lo que servía de remembranza co­ lonial o indígena, y esa piqueta alguna vez se acurrucó en el alma, en el cerebro, en el corazón y en la poquedad de ru­ tas de muchas gentes y así, con lentitud pero grotescamen­ te, aupada la especie con una corriente inmigratoria —po­ sitiva mas no deformación filosófica—se empeñó en diluir la secuencia de génesis de nuestra nacionalidad, y bande­ ras foráneas, y concierto de ideas extravagantes, comenza­ ron la impronta deformadora de la conciencia venezolanista. Había, por lo tanto, necesidad imprescindible de tomar las mejores armas y volver a posar los pies sobre la tierra para cantar loores a los orígenes patrios y despertar del le­ targo a los arúspices de la grandeza bolivariana, anquilo­ sados en el sueño del chauvinismo o del antichauvinismo. Esa prédica la tomó en sus manos, la multiplicó en su voz y la escribió con trazos magistrales el insigne trujillano a quien, por sólo este empeño, jamás se le podría apartar de la historia misma del país y aún del continente y cada un día habrá de adicionarse en su haber un análisis inmanen­ te en el concierto de los estudios nacionalistas para colo­ carlo en la peana que la patria le adeuda. Pedro Pablo Bamola, académico notorio, historiador, profesor universitario, compañero de Briceño Iragorry en múltiples actividades de docencia y de emporio comunita­ rio, habría de decir de él que “toda la obra de su pluma, pues, fue de escritor maestro. No importa el género en que por su contenido o por la particular forma externa pueda clasificarse: oratorio, histórico, periodístico, epistolar; 11 porque todo ello en su esencia, en su finalidad íntima, y aun en el tono de su redacción, es manifiesta y comunicati­ va prosa didáctica; mas no ciertamente, de un didactismo rutinario de maestro otoñal, que simplemente repite con­ ceptos porqu# sí, porque tal es su acostumbrado deber; sino de un maestro apóstol, que cada día y en cada página que daba a las prensas, reflejaba la misma ilusión y voluntad de quien cada vez anhela, y con igual empeño, hacer el bien, despertar una reflexión o un entusiasmo, o lanzar un des­ tello cuando en rededor veía que para muchos reinaba gran oscuridad”. Sí, ese fue, o mejor ese es, y así lo podemos colocar en prominente pedestal, Mario Briceño Iragorry el promotor de nuestra grandeza nacionalista. Otro ilustre coterráneo, Arturo Uslar Pietri, hubo de decir que él era “ante todo, un apasionado de Venezuela. Se interesó por la historia co­ mo una búsqueda de las raíces de la nacionalidad, y en compañía de aquel gran malogrado de Caracdolo Parra León, fue de los primeros en tratar de reconquistar y reivindicar nuestro pasado colonial, con el empeño de co­ nocer y abarcar mejor el alma colectiva. Su actitud ante la historia tenía cierto matiz emocional y subjetivo. Le pare­ cía que conociendo mejor el pasado se podía ser más vene­ zolano, y que el pasado vivo desembocaba en el presente en las formas significativas y profundas de la tradición. En este aspecto Mario Briceño Iragorry alcanzó las mayores alturas de su don de escritor,que había llegado a un estilo sentencioso y elegante, en que el sabor de lo castizo ponía cierto encanto peculiar”. Un apasionado de Venezuela fue Briceño Iragorry, pe­ ro un apasionado que es un dador sublime, un individuo de entrega total a la pedagogía formativa de ideólogos de la li­ bertad dentro de los cánones bolivarianos, pero con la mi­ rada hacia las dimensiones de una justa interpretación del 12 pasado —ya aborigen o castizo—para asimilarlo como me­ dida de longitud espiritual al porvenir, en el cual debere­ mos afincar los testimonios de lo positivo del ayer, capaces los mismos, de desarraigar las entelequias, de anonadar las falsas posturas de libertad e independencia, de anquilosar lafragua herida de tormentos diabólicos; enfin: capaz de dar —que en dar está la gloria de la enseñanza popular y múltiple—. Estos pormenores acaso son los que llevaron a otro humanista, Luis Beltrán Guerrero, a manifestar de Briceño Iragorry pensamientos sublimes: “Prosa sabia en efectos, —apunta— dueña de eruditos recursos e interna­ mente abastecida por plétora de afectos, entre los cuales el primero, el amor a la patria chica, no es en ningún caso re­ gionalismo restringente y exclusivista, que seria estúpido el suponerlo, sino cimiento de un nacionalismo de buena ley. La Venezuela agrícola y sencilla que, en medio de la pobreza, fue dueña de su libertad y de su auto­ determinación internacional es nostalgia reivindicadora en este abanderado de nuestra cultura, quien, llegada la hora de la serenidad, se ha recogido en su tienda de pensa­ dor y de artista, para darnos, en los últimos tiempos, las reservas mejores de su mente y de su corazón. Hombre que sabe lo que es y de dónde viene él y su pueblo, sus preo­ cupaciones por el porvenir de la nación son fruto natural de ese conocimiento, maduradas y a veces enrojecidas ante los soles del presente ”. Así es como el maestro dejó escuela propia. Cada uno de sus libros son el modelo adecuado a la realidad. En sus escritos sueltos por revistas y periódicos del continente, en­ cuentra el lector una atildada, nítida y suave caricia con celo de amor entrañable al terrón natal y alas gentes hu­ mildes de todas las dimensiones periféricas del orbe. Y en sus discursos, conferencias, alocuciones, charlas y diserta­ ciones se suman las dos concepciones para otear el horizon­ te, para abonar la tierra, para estabilizar la conducta y la 13 pasión por la solemnidad venezolanista. Por ello Juan Beroes escribiría en alguna oportunidad que “la evolución ideológica de Mario Briceño Iragorry, basada en su con­ cepción acaso más bien cristiana que propiamente católica de la vida, tiene un sólido punto de apoyo: su vigorosa huhumanidad, canalizada a través de los cauces de una rica formación humanística, y se proyecta en dos direcciones que se interpenetran y complementan mutuamente: su creación intelectual y su acción política. Lo que pudiéra­ mos llamar proceso de recuperación ideológica de ese hombre singular quefue Mario Briceño Iragorry arr ranea de su contacto permanente con la dolorosa realidad venezo­ lana. Su pasión de historiador le permitió encontrar el verdadero sentido de nuestro destino nacional. Y por ese camino penetró decidido en la madeja palpitante de las su­ cesivas frustraciones que han conducido a Venezuela a su dramática postración. La clave de su esfuerzo creador y de su acción política, que irá in crescendo, está sólidamente vinculada a su apasionada fidelidad al espíritu de la tra­ dición nacional. Pero no era, sin embargo, un tradicionalista. No hubiera podido llegar muy lejos por ese camino tan árido y estrecho. Para él la tradición no significaba monótona y esterilizadora rutina. La tradición en su más fecundo y complejo contenido resultaba de actualizar lo perdurable del pasado, y a través del sórdido presente pro­ yectarlo al porvenir, única manera de que el pasado no se convierta en lastre pesado e inútil. Al fin de sufecunda jor­ nada deja una clara y limpia herencia, su encendida pa­ sión de una patria venezolana profundamente nacionalis­ ta y ampliamente universal y humana”. Mas dentro de esta tónica es que he ido amasando el amor por la obra del sabio. Nada más elocuente que mis ancestros campesinos, mi orgullo de ser hijo de humildes cultivadores de la tierra y déla sencillez parroquiales, pa­ ra sentirme hermanado a él, y por ello hice alguna vez, du­ 14 rante la dictadura del General Marcos Pérez Jiménez, en 1955, en articulo publicado en un diario caraqueño, el compromiso ineludible de seguir siempre tras su rumbo, de tratar de asimilar su filosofía, de empeñarme en la supe­ ración para ser un proselitista de su manera de amar la patria y de hacerla amar por los demás. Y a ello me llamó la lectura, al azar, de algunos de sus artículos publicados en una revista que élfundar a en Caracas en marzo de 191+3 con un título marinero y de riesgos entre tempestades y ciclones, Bitácora, y como al azar también, encontré ubi­ carlo en su exilio de Madrid, a través de los servicios posta­ les, terminé por ser su súbdito respetuoso que de correspon­ sal anónim o, me sentía también tocado por los dioses para tener sus mensajes y leer sus cartas manuscritas, que con­ servo, atesorándolas. Cuando en abril de 1958 regresó del exilio, uno de mis pocos pedimentos al doctor Numa Quevedo, entonces Mi­ nistro de Relaciones Interiores en el régimen democrático que se iniciara el 23 de enero del mismo año, fue que me hi­ ciese incluir en la nómina de personalidades que se trasla­ darían a Curazao para acompañar al maestro hasta tierra venezolana. Y mi petitorio fue satisfecho con creces. Reconozco siempre y recalco ahora la bondad de ese Mi­ nistro e insigne político que, dicho sea de paso, amaba entrañablemente al hombre Briceño Iragorry, al ductor Briceño Iragorry, al trujillanísimo Briceño Iragorry, al humanista Briceño Iragorry. Ya habíamos programado muchos trujillanos uno o va­ rios actos de desagravio al titán ahora victorioso de la li­ bertad y de la democracia que retoñaban en su patria. Ar­ turo Cardozo, Miguel Angel Burelli Rivas, Mario Briceño Perozo, Joaquín Gabaldón Márquez, Angel Mancera Galletti, Numa Quevedo, Mariano Picón Salas, Francisco Gabaldón Mazzarri, Alberto Bustamante, Antonio 15 Sánchez Carrillo, Pascual Venegas Filardo, José Antonio Román Valedllos, Antonio Pérez, J.L. Salcedo Bastardo, Ana Luisa Lovera, Ramón Losada Aldana, Pormpeyo Már­ quez, José María Machín, Enrique Aristeguieta Gramcko, Julio Castro Guevara, Luis Villalba, Villalba, Alfredo Puy ana Mancera y muchos otros comenzamos lafaena de cre­ ar un universo emotivo para el gran homenaje. Apenas se pudo llegar al emporio. Al amanecer del 6 de junio del mis­ mo año de 1958 la noticia de su muerte súbita paralizó al mundo intelectual, a la Venezuela revolucionaria, a la ju­ ventud inquieta de vocaciones y periplos. El Adalid había dejado de existir apenas cuando comenzaba su lección de patria en la cátedra universal de sus tareas magistrales, en donde, corno lo ha escrito el poeta y educador Antonio Cortes Pérez, vivía en un “magisterio tan hermoso y fecun­ do de venezolanidad, de nacionalismo edificante y libera­ dor”, con “luminosas directrices para hacernos al logro de nuestra filosofía educacional, de una escuela y de una uni­ versidad a la medida de nuestras necesidades, recursos y de las aspiraciones mejores del país ”. Los dos meses de su lucha que desvivió al regreso del ostradsmo y de los maltratos que recibiera en el exterior incoados por el fuete servil y amañad/), no pudieron ano­ tarse en ningún calendario con cifras segúndales para el reposo. Para él parecía que fuera la necesidad vital de ex­ poner todo lo que sabía, de dejar impresa la huella profun­ da de sufilosofía, de sembrar en tierra digna, de responder con frutos nobles, su verbo incólume, lo que lo transforma­ ba en un ser de acero, como un roble, como una inmensidad para laborar. Por ello quizás no tuvo tiempo de oírle a su corazón los palpitos mostrencos —los palpitos de todo el mundo inmaculado que llevaba allí dentro— que lo si­ tuaron al amanecer de ese 6 de junio por encima de la Ve­ nezuela gloriosa y única, por encima de la patria íntima, volando con sus edecanes vernáculos, con sus edecanes del 16 Cid, con sus edecanes diáfanos todos, hacia lo ignoto. Mas desde algún lugar resolvió regresarse y por aquí anda siempre, de ámbito en ámbito, sin socorridas poses, alumbrando la nacionalidad, la patria vieja en la patria nueva, la patria de hoy en la patria de mañana. Y desde entonces, año tras año, mi promesa silenciosa, adentrada en la sangre con armonía de sueño laxo, me ha llevado a ponerme en cada 6 de junio mis mejores pensa­ mientos y mis acabadas concepciones de honor, de firmeza y de sinceridad, para evocarlo. Algo nuevo encuentro siempre en homenaje suyo. Alguna imprecación para sus detractores mando menos, pero siempre una remembran­ za que se pasea por mi modesta labor de hombre público, aficionado a las letras y ala historia. En 1981 terminé la bibliografía completa del grandilocuente paisano. Por allí circula en ya tres ediciones. En 1982 seleccioné, anoté y le puse de “entrada”unas largas meditaciones a un libro que denominé Presencia e imagen de Trujillo, en el que tanto empeño puso la doctora Dora Maldonado de Falcón, gobernadora de nuestra región natal. Allí están incluidos todos los trabajos del consejero inherentes al paisaje histó­ rico, geográfico y humano de una prestigiosa comarca de nuestros Andes. “Coyuntura increíble —dije entonces— y patética la de este venezolano columnar, Mario Briceño Iragorry, quien creció enamorado de la tierra natal y se formó acrecentando la bondad para repartir por doquiera el orgullo de ser hijo de las entrañas ariscas de las trave­ sías andinas de Trujillo. Mas, ya en la madurez intelec­ tual y humanística, como reputado escritor de dimensión continental, siguió aferrado al meollo de los caminos que encontraba para sus lecciones de patria arriba, desde la cuna natal y a través de sus coterráneos, desde la historia y de la geografía, todo lo cual amalgamó con sello compacto de homogeneidad, con ecuménica sensibilidad pedagógica, en una magistral lección de identidad nacional irrever­ 17 sible. Mario Briceño Iragorry fue un doctrinante indemne, de bruñidez metodológica y un alumno probado y fervoro­ so del respeto al pretérito lejano para ir hilvanando la alegría de la tierra y desde ella buscar el afincadero para otear los senderos, aconsejar la palabra verdadera, y en la lejanía colocar sobre los hombros del futuro lo indulgente de la conciencia vernácula del nativo, lo sensible de las in­ novaciones traídas por el conquistador y el colonizador, y la comprensiva y sapiente filosofía del pueblo mestizo, zambo, mulato o negroide, comprendedor de un ciclo vital de principios éticos que no caducan jamás y que es la vani­ dad sublime bajo la cual, airosa la mirada, flemático el rostro, corpulentas las ideas, avizoramos que vienen los años del mañana y ya tenemos lo necesario de los años de atrás para llevar el mensaje hacia otras dimensiones de contienda a las cuales tenemos que incorporamos a través del panorama cósmico para alumbrar la patria, fijar posi­ ciones y defender los valores tradicionales frente a la foraneidad de pensamientos que puedan distorsionar el sentido nacionalista que nos ha de amparar siempre. Presencia e imagen de Trujillo es un libro forjado con materiales que don Mario escribiera en diferentes eta­ pas de su vida, pero donde una norma ecléctica, pragmáti­ ca, solidaria —todo a la vez— queda establecida: nació a la literatura,al ensayo y ala historia para clamar por el na­ cionalismo creador, por la fe en la tradición que desgaja entuertos y que en el futuro presiente y sabe que la historia se repite y que la experiencia invoca porvenir y sustenta­ ción de metas. En este año de 1983, como homenaje al paladín que vive en emergencia de auxilio para una juventud a la que hay que sustentarle amor y fe republicanos y tradidonalistas 18 pensamientos aunados a augurios de futuro y esperanza, confeccioné, dentro de las parámetros de rigurosa selec­ ción, le hice anotaciones, aclaratorias y le calcé un prologuillo con mi nombre a Discursos académicos. Tribuna patria e historia, recopilación gallarda para uncirnos el nombre de la tierra natal, y por los escalonas de esta, el nombre de Venezuela, y hasta el de la América eminente­ mente nuestra, pues para asimilar un concepto de Ramón Losada Aldana diremos que “entre los escritores venezola­ nos es Mario Briceño Iragorry quien mejor, y con impon­ derables motivos, nos ha presentado la historia como inge­ niera permanente de la nacionalidad. Efectivamente, la historia ha entretejido los trabajos y los días, las volunta­ des y los esfuerzos, las luchas y los sacrificios, lafe, la espe­ ranza y el amor de las generaciones. En su decurso se ha estructurado una economía social determinada, se ha uni­ ficado un territorio, se ha fijado una población. Sobre su carrera determinante se ha configurado una diferenciada sicología colectiva, una cultura propia, una subjetivafiso­ nomía política, un idioma específico y un particular complejo de tradiciones. De lo que resulta que si en el plano de la individualidad el niño es el padre del hombre, en el plano de la colectividad la historia es la madre de las na­ cionalidades. Y así como no se puede conocer y amar al hombre sin conocer y amar su infancia, tampoco se puede conocer y amar a Venezuela sin conocer y amar su histo­ ria. Esto nos explica la causa por la cual el nacionalismo conduce a la profundización en la historia. Y también 7ws explica el carácter venezolanista de la obra histórica y so­ ciológica de don Mario”. Ahora, este volumen, Palabras de humanismo, es co­ mo una prolongación del anterior. Su contenido está en­ marcado dentro de las mismas disciplinas ecuménicas. Se diría que encierra igual majestad y singulares tesis de enumeración de postulados nacionalistas y un quehacer 19 incesante alrededor del enfoque del ente de la tradición ha­ cia las composturas científicas de avanzada, en donde el hombre actual ya ha conquistado no solamente la superfi­ cie del satélite de nuestro planeta sino que ha incursima­ do, desde modernísimas naves tripuladas, sobre imposibles metas como Marte y factores conexos más allá de la atmós­ fera. . Partimos en el escogimiento del increíble discurso de incorporación como Individuo de Número de la Academia Nacional de la Historia, pronunciado el 25 de enero de 1930 con el título de El conquistador español. Los funda­ dores de Nuestra Señora de la Paz de Trujillo. Pieza oratoria de primer orden con la cual ocupa el sillón letra “B ” que perteneciera en los días iniciales de tan docta cor­ poración a Vicente Coronado, como miembro fundador de acuerdo a la resolución del 21 de noviembre de 1888, distin­ guido historiador natural de Puerto Rico donde viera la luz el 27 de octubre de 1830 para morir en Caracas el 23 de marzo de 1896; sillón que después fuera del eminente médi­ co, filósofo y farmaceuta Rafael Villavicencio, nacido en Caracas en 1838 y fallecido en la misma ciudad el 28 de agosto de 1920, habiendo sido elegido para tal curul el 27 de mayo de 1896. A este lo sucedería el etnólogo, ensayista, antropólogo y médico Lisandro Alvarado, hijo de El Tocu­ yo, Estado Lara, donde vino a la luz el 19 de setiembre de 1858, habiendo dejado de existir el 10 de abril de 1929, ra­ zón por la cual fue escogido el 22 de junio siguiente, para sucederlo, el doctor Briceño Iragorry. Comienza su referida intervención el nuevo académico con un elogio categórico del protagonista al cual sucede en tan benemérita posición, no sin antes hablar de los pocos 20 méritos suyos para ocupar el sitial que había honrado el tocuyano distinguido, y luego encara el tema ai decir que “conAlvarado declina aquel ciclo de nuestros estudios his­ tóricos cuya máxima representación fue Juan Vicente González, cuando la masa del historiador tomaba su inspi­ ración en el brillante paisaje ideal que sus propias fanta­ sías creaba para enmarcar los hechos reales y que para la validez de la verdad se hallaba viciada en mucho por la coetaneidad con los personajes y sucesos historiados”. Y aquí pues está planteada la temática de la historia clásica, “ampulosa”aveces, pero normativa de una época. Mas pronto aclara en forma metodológica el asunto al expresar que el doctor Alvarado se desembaraza de la his­ toria romántica “en que más se brillaba por lajuerza lite­ raria que por el vigor de la verdad” y se acerca a “sufrir una necesaria evolución donde se marcará la influencia de las escuelas surgidas con Herder, Spencer, Taine, Rossi y Lebon. Las nuevas corrientes científicas que ya habían sentado cátedra en nuestra Universidad la llevarían los historiadores al campo de nuestro pasado y al examen po­ sitivista de los hechos caídos en los dominios del tiempo”. Repasa la vida del sabio y aprovecha para insistir en unos postulados en los cuales siempre se caracterizó Briceño Iragorry como hombre de hazañas y de justificaciones: ese su mirar los hechos históricos hacia atrás, sin per­ derles detalles, para verlos en el presente y acoplarlos ha­ cia elfuturo, no como una revivencia simplista del pasado sino como una lección imperecedera de la necesidad de la valoración de nuestros anales para aprovechar los recur­ sos de la experiencia tendidos a lo largo de diferentes eta­ pas políticas y sociales. “Porque Alvarado —apunta Briceño Iragorry— representó un momento decisivo de la evolu­ ción de nuestros estudios de Historia; él no consideró el pa­ sado como la sucesión de hechos caprichosos ni como la 21 obra de los hombres necesarios; estudió el hecho histórico en el marco de la relatividad social; era un sociólogo más que un filósofo de la Historia y fue a la síntesis después de un ensayo detenido de los hechos”. Pero Briceño Iragorry pasa también por la vida de Arístides Rojas “un historiador que descuidó en mucho el rigor de los métodos científicos”, nos dice. Pasa por otros investigadores de la misma concepción y habla de la deshilvanadón de esta disdplina, dtando de paso a los nuevos expositores, entre quienes aparecen José Gil Fortoul, Laureano Vcdlenilla Lanz, Pedro Manuel Arcaya, Angel César Rivas y otros. Concluida la motivación que invoca al Lisandro Alvarado digno de un sillón académico en la corporadón citada, avanza hacia la médula de su ensayo, es decir, el análisis del conquistador español, en donde es­ tablece un parangón con la opinión sustentada desde 1921 por Rufino Blanco Fombona, quien por este año habría de publicar en Madrid su estudio El conquistador español. Ensayo de interpretación. La tesis de entrambos es coin­ cidente. Más apasionado Blanco Fombona ribetea con ma­ yor énfasis el aporte de España a América y Briceño Ira­ gorry ensalza la conquista, la colonizadón y habla de los hombres del ayer lejano que desembocan en los rebeldes que nos darían la Independencia sin dejar de ser hijos de espa­ ñoles, nietos de españoles y sin despotricar ni ofender, ni conculcar el destino de la Madre Patria. Y se revuelve don Mario hada los detalles de su tesis de tradicionalismo, de acercamiento entre partes distintas de la vida histórica de los pueblos en donde es común el espíri­ tu de aprovechar la concatenadón de factores variados pa­ ra vivir el pasado, traerlo hasta los días actuales y levan­ tar ideas firmes condescendientes con las generaciones que comienzan y que en el porvenir habrán de ver como se sol­ ventan escollos, cuyos modelos imperfectos eran testimonio 22 de actualidad en la lejana comarca colonial o indígena o aún en los albores de la segunda mitad del siglo XX. “Estudiar, pues, —nos refiere— el desarrollo de esta clase social (el conquistador) y las figuras de los capitanes que al fundar ciudades y mantener su hora en ellas, dieron ori­ gen a nuestra nacionalidad, puede decirse que es una vía certera que nos llevará a una buena comprensión de nuestras fuentes sociales. Paraformar mañana una sínte­ sis que encierre el cuadro integral de nuestro desenvolvi­ miento como miembros de la historia, precisa comenzar el examen de aquellos hombres portentosos que dominando la intemperie y sojuzgando la semibarbarie aborigen, forma­ ron el cuadro social de donde surgió la República de que hoy nos gloriamos. El conquistador que trajo el derecho y pidió sí prerrogativas y el misionero que paseó la cruz entre la selva y sobre el llano, son los obreros de este edifi­ cio perdurable”. Salta Briceño Iragorry de la relación de aquella ignota época de conquista, bien analizada con justiprecio de las bondades y los errores, al meollo colonial y entre él alas genealogías de los ochenta y un compañeros de Diego Gar­ cía de Paredes, o de Francisco Ruíz que penetraron hasta el territorio donde surgiría la ciudad de Nuestra Señora de la Paz de Trujillo, con sus mudanzas y sus avatares. Pe­ ro de estas genealogías acomete hacia pequeñas lecciones de patria y potestad a través de los descendientes de aquéllos, invocando aspectos de la guerra de independencia, de la República de Colombia la grande, de la Venezuela que arranca en 1829, de los movimientos sucedáneos hasta la Revolución Federal, la época del Septenio, etc. Pero dejemos que sea don Luis Alberto Sucre, otro ilustre académico, quien nos defina la certera observación de la investigación de Briceño Iragorry sobre El conquis­ tador español y los fundadores de Nuestra Señora de la 23 Paz de Trujillo, sin escaparse de la introducción sobre la filosofía de la historia y los viejos y los nuevos valores en esta recia disciplina universal. “Al hacer —nos dice— el doctor Briceño Iragorry el elogio de estilo a su sabio ante­ cesor, traza una ligerareseña de la marcha seguida por los estudios históricos en nuestro país. En ella nos presenta al doctor Alvarado como el primero entre nosotros que apli­ cará a la historia los modernos métodos de crítica científi­ ca, cambiando así el rumbo seguido por don Juan Vicente González, la más alta cumbre de nuestros historiadores de la vieja escuela romántica, y por el doctor Aristides Rojas, el historiador poeta, que no ciñéndose cd documento escri­ to, buscó sus temas en la tradición y en “sus cacharros”, dándole a sus trabajos forma leyendaria para que mejor se grabasen en lamente popular, cumpliendo así con la inten­ ción didáctica que se impusiera desde sus primeros escri­ tos. Sin embargo, por inexplicable concatenación de los hechos y las cosas Jue don Aristides quien despertó en nuestra juventud la afición por la búsqueda de la verdad pasada, en los viejos papeles de los archivos, para anali­ zarlos y someterlos luego a la crítica, cada cual según su criterio personal y la índole de sus estudios y aficiones. “La nueva escuela hace indispensable, según el doctor Briceño Iragorry, una revisión en nuestra historia, tanto colonial como de la República. “La justificada admiración que siente el doctor Briceño Iragorry por aquellos hombres fuertes que había creado la Colonia y que tan acertadamente nos señala co­ mo la célula original —por la sangre, ideas y sentimien­ tos— de las clases dirigentes que iniciaron la Independen­ cia, hace que entre ellos escoja el tema principal de su dis­ curso. “No mira él doctor Briceño Iragorry al Conquistador 24 bajo el solo aspecto qwe lo ha visto la mayor parte de nuestros historiadores: el hombre cruel, de insaciable codi­ cia, que no ceja ante ningún crimen por satisfacerla. En el Conquistador encuentra un nuevo tipo humano, mezcla del guerrero monje de las Cruzadas, que combate por la cruz, y del argonauta que se aventura en busca del dragón guardián del famoso vellocino. Nosotros, como Briceño Iragorry, creemos en la complejidad del Conquistador, pues, él no representa la uniforme acción oficial: en la Con­ quista no se siguió un plan, porque ella no fue la obra del gobierno español, sino de España misma; a ella acudieron, sin que el gobierno interviniese nada más que para dar su venia, representantes de todas las clases sociales de la Es­ paña de aquella época, capitaneados por hombres que ve­ nían a conquistar a su costa; ya en otros trabajos lo hemos dicho: Vinieron en esa expedición hombres de espada y de pluma, de aquellos célebres tercios que dominaban en Flandes y en Italia al par que contenían en Viena la invasión asiática, soldados capaces de todos los heroís­ mos, así como también, según Cervantes, de cargar la conciencia, tomando lo que se encuentre si la paga no llega; hombres salidos de aquellas universidades que como las de Salamanca y Alcalá, difundían la luz de sus aulas por todo el orbe conocido; representativos de la España que dio capitanes como el Duque de Alba y don Juan de Austria y poetas, prosadores y filósofos que se llamaron Fray Luis de León, Teresa de Jesús, Lope de Vega y Luis Vives, maestros de aquellas gene­ raciones de insignes escritores que hicieron conocer su siglo como el de oro de la literatura española. Y tam­ bién vinieron allí representantes de la sombría España de la Inquisición, y déla pintoresca España moruna, la de las nocturnas serenatas y las dueñas complacientes, la de las rejas, los toros y los espadachines fanfarro­ nes; todos unidos por una común ambición de gloria y bienestar. 25 “Este sistema de conquistafundamenta los derechos y justifica las grandes aspiraciones del Conquistador, y más tarde las de sus descendientes, a intervenir directa­ mente en el gobierno de los países ganados y conservados por ellos; intervención que el gobierno de la Metrópoli fue cercenándoles lentamente, lo que nos explica quefueran las clases dirigentes, los descendientes de conquistadores, los que iniciaran la idea de la independencia. “De ese heroico desfile, de los hombres fuertes que crearon la Colonia, elige el doctor Briceño Iragorry para su estudio de incorporación, el grupo de los quefundaron a Trujillo, su ciudad natal; los persigue sin descanso en los viejos documentos, les arranca sus más íntimos secretos y analiza sus más ocultas acciones para darnos a conocer sus biografías, en las que hace extensos estudios genea­ lógicos de verdadero mérito; y de unos pocos que nos nombran historiadores y cronistas, eleva a ochenta y uno el número de estos creadores de ciudades, que sin su inteli­ gente acucia hubieran permanecido perdidos y olvidados en los anaqueles de los archivos. Esa labor es digna de todo aplauso. Los estudios genealógicos son un poderoso auxi­ liar de la historia y piden en su aparente sencillez un crite­ rio sereno, una ilustración extensa y un método de investi­ gación inspirado en la verdad y la justicia, que no se extra­ víe entre el ramaje del árbol simbólico. Estas cualidades las posee, como dijimos ya, nuestro nuevo colega, a quien me complazco en dar la bienvenida en nombre de la Acade­ m ia”. En Palabras de Humanismo hemos incluido también el Elogio de Virgilio, discurso que leyera el doctor Briceño Iragorry en su carácter de profesor de literatura anti­ gua en la Escuela de Filosofía y Letras de la Universidad Central de Venezuela, al conmemorarse el segundo milena­ rio del nacimiento del eximio y clásico poeta, hermosa 26 pieza que define bien la pasión de Briceño Iragorry por los valores substanciales de la humanidad. Lo inicia con un epígrafe de George Sarton, nos los entrega después como campesino que recibió del medio ambiente formativo “la savia intensa y la frescura que forman el fondo de su obra”. Increíble monografía en donde aúpa emociones pa­ ra definir al “último poeta humano”, nacido en la tierra de Ande, pequeña población de Mantua, el 15 de octubre del año 70 antes de la venida de Cristo, y cuyo nombre de pila fuePublio Virgilio Marón. Trasmontamos luego con la prosa epopéyica de Briceño Iragorry hacia uno de esos motivos que él con tanta sa­ biduría estudió afondo para domeñar a través del cristal de su entendimiento los más sonados espejismos éticos: Elogio de Cervantes a Diego García de Paredes, incluido en una pequeña obra publicada en Mérida en 1920 de reconocimiento a un destacado hombre de ciencias de la región andina, y cuyo título es Elogio del Dr. Eloy Pare­ des. Briceño Iragorry, como en las mejores oportunidades que le brindaba la tribuna para tales reminiscencias, hace una breve apología de su ciudad natal, Trujillo, incursiona en la vida y la obra del fundador de la pequeña “villa” y entra de lleno a un estimable ensalzamiento de la tareafecunda del doctor Paredes. Miremos la historia en función delpresente y del fu­ turo es el título de la intervención del maestro en la sesión solemne del Congreso Nacional, el 5 de julio de 191+5, en conmemoración de nuestro día nacional. “Las palabras —dijo— no sonfonemas vagorosos que pueden lanzarse sin previa meditación del contenido conceptual que las legiti­ ma. Si los Padres de la Patria se sentían poseedores defa­ cultades ilímites en orden a las cosas atigentes a la dicha del pueblo, ello arrancaba de un proceso ético por medio del cual lograron la certidumbre de estar plasmando el destino 27 de una nación”. Y apoco agrega: “Miremos la historia en función de presente y de futuro. Entre el pasado y la rea­ lidad actual no hay posibilidades de distingo. Se trata de la ola creciente de la sociedad que busca nuevas formas de expresión para sus anhelos dejusticia, de libertad y de cul­ tura”. En 19U1 aBriceño Iragorry, que se desempeñaba como Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario de Venezuela en Panamá y Centro América en general, le corresponde en San José de Costa Rica, el 26 ele marzo de 19Ul, agradecer su designación como miembro de la So­ ciedad de Geografía e Historia de Costa Rica, oportunidad en que desarrolla el tema La hora actual marca un nuevo acento a nuestro deber social, pues “si bien seguimos oyendo las lecciones de la Historia como capaces, desde un punto de vista objetivo, de modificar nuestros mismos juicios presentes, la realidad nos obliga a obrar libremen­ te, no como investigadores del pasado, sino como construc­ tores de una Historia que habrá de pedir razón y cuenta de nuestros hechos de hoy”. Para el 28 de octubre de 1938 le toca a Briceño Ira­ gorry en la misma ciudad antes mencionada, hacer una ex­ posición en el homenaje promovido por la radiodifusora “La Voz del Trópico”, con motivo del “Día de Simón Bolí­ var”, en donde concretó las ideas sobre el tema Triunfo y tragedia del Libertador. Luego leeremos sus palabras al recibir del doctor Faccio una joya numismática como es la medalla que “el Perú restaurado en Ayacucho” obsequio al Padre de la Patria en 1825, y desde las dianas de esta pe­ queña pieza de retórica vemos una brillante y laudablefae­ na en la vida de tribuno de Briceño Iragorry: el discurso que pronunciara en Barquisimeto el 10 de setiembre de 194-2 con motivo de la clausura del Tercer Congreso Ma­ riano Nacional; discurso lleno de mística, elevado en la 28 piedad como reclamo y meta del acto de contrición y, ade­ más, tierna biografía de la tradición católica española, de la conquista y colonización del Nuevo Continente y déla catéquesis como conducta ejemplar en el ámbito social en que palpitamos y sentimos las mejores realizaciones enhebradas a lafe. El perfeccionamiento de la vida integral del pueblo es el discurso que Briceño Iragorry hubo de pronunciar pa­ ra agradecer el alto honor de que sus congéneres del primer cuerpo legislativo de la nación lo hayan signado para pre­ sidir las sesiones ordinarias y extraordinarias del Congreso Nacional en 191+5, habiendo tenido lugar el acto soberano el día 19 de abril. Vale la pena el análisis de este documento principalísimo para el estudio del acontecer po­ lítico nacional. Allí están las bases de todos los adelantos que en materia legal puso enjuego el sabio gobierno del Ge­ neral Isaías Medina Angarita, por voluntad propia y em­ pujado, a veces, a tan elocuentes manifestaciones, por sus distinguidos compañeros del Partido Democrático Venezo­ lano. “Nuestro pueblo —voceó—bien afincado en la estribería patrimonial de la historia, quiere vivir su hora presen­ te, lleno de pensamientos creadores y firme en el propósito de adecuar su organización política al lógico imperativo de las concepciones sociales y económicas, que procuran li­ quidar los saldos retardados de viejas estructuras en que predominaron los intereses del individuo sobre la propia justicia de la sociedad”. Mas el político habla también de la Ley de régimen agrario, la de participación de la mujer en las justas electorales, así como que abolidas quedarán, también por esta reforma, “las vallas opuestas a la expre­ sión del pensamiento que consagró la actual Constitución de la República. Esencia de la democracia son lajusticia y la libertad, y a éstas no se llega cuando un grupo de hombres restringe el derecho que integralmente toca al pueblo para exponer lo que, en uso de su facultad de pen­ 29 sar, cree sea su verdad. La coacción impuesta a la expre­ sión del pensamiento político y filosófico de los pueblos, representa, además de un abuso de poder, un estado de es­ pasmo mental ante el propio valor de las convicciones que se intenta defender y el arraigo en los hombres dirigentes, de antiguos conceptos que sostuvieron como tesis irrefu­ table que la dicha de los pueblos está vinculada a la rigidez de sus instituciones El doctor Briceño Iragorry estuvo alfrente de los desti­ nos del Estado Bolívar, como Presidente del mismo, por designación firmada por el Primer Magistrado Nacional el 20 de noviembre de 191+3, cargo que desempeñara hasta el 8 defebrero de 191+5. Al dejar dicho destino habría de publi­ car un rimero de intervenciones en tan pródiga tierra, con el título Palabras en Guayana. No hemos dejado fuera ni uno de estos documentos, pues creemos que conforman una faceta interesante en la campaña de hombría de bien del ágil escritor trujillano. En cada pieza podemos ver el ím­ petu de sus ideas, la obra realizada, la acción del hombre empeñado en ser útil y en dejar constancia permanente de su paso por destinos calificados en la biología administra­ tiva de la patria. Todavía queda dispersa mucha prosa del maestro. Nos faltaría presentar otro volumen que ya hemos seleccionado y en donde aparecen sus artículos en las revistas Bitácora y Crónica de Caraca», así como algunas colaboraciones en los diarios El Nacional y El Universal, apenas de su par­ ticipación en ellos en 1958, pero lo que escribió para los mismos dichos periódicos en otras épocas, para La Esfera, Ahora, Ultimas Noticias, Revista Nacional de Cultura, Boletín del Archivo General de la Nación, Elite, Boletín de la Academia Nacional de la Historia, Boletín de His­ toria y Antigüedades de la Academia Colombiana de Historia y en muchos otros medios de comunicación escri­ 30 ta, darían dos densos volúmenes, en los cuales ya hemos co­ menzado a poner espacio, dedicación y tiempo. Así habre­ mos de regalar para muchas generaciones la figura completa y colosal del patriarca de las letras nacionales que más ha dado por fomentar y despertar motivaciones hacia una justa, clara y poderosa interpretación de nuestra identidad nacional. Rafael Ramón Castellanos 31 “EL CONQUISTADOR ESPAÑOL. LOS FUNDADORES DE NUESTRA SEÑORA DELA PAZDE TRUJILLO” () Señor Director de la Academia: Señores académicos: Debo ante todo significaros mi profundo agradecimiento por la altísima honra que me habéis conferido al traerme el seno de esta docta Corporación. Sin títulos que justifiquen la generosidad de vuestra elección, pues apenas en edad juvenil carezco de la obra que reclame como premio la silla que me ofrecéis, he pensado que acaso vosotros en la imposibilidad de hallar uno que con legítimos títulos reemplazase el eminente desaparecido que dio lustre al sitial que hoy me corresponde, fijasteis vuestras miradas en aquellos jóvenes que estudian con fervor nuestro pasado y que con el titubeo de la obra inicial, tal vez vuestros ojos avizores prometan una labor definitiva para el futuro: movidos a generosidad pensasteis que tal vez podría alguno de ellos con estudiosa perseverancia y con el oportuno consejo vuestro, realizar más tarde una obra que justificase la largueza de vuestra elección, y creo que por verme a mí con más frecuencia en la Biblioteca de este instituto dedicado a cazar el dato antiguó y a inquirir de vosotros la verdad de nuestra historia, tuve la fortuna de ser el escogido para llenar el vacío que dejó la muerte del doctor Lisandro Alvarado en el seno de la Academia, donde ya en mayor re­ lación con vosotros tendré oportunidad de nutrir mi espíritu. Y tal vez, señores, el contraste de la elección que habéis hecho sea tam­ bién como un raro homenaje que la Academia rinde al ilustre desaparecido; seré entre vosotros la sombra que haga resaltar el cuadro que enmarca la glo­ ria del sabio. Generoso y amplio, siempre presto a la enseñanza útil y a la observación oportuna, el espíritu de Alvarado estuvo abierto en actitud diri­ gente para todos aquellos que acudíamos a la fuente de su vasta erudición () Discurso de recepción como Individuo de Número, en la Academia Nacional de la Historia, el 25 de enero de 1930. Caracas, Imp. Parra León Hnos., 1931.164 p., 22 cm. 35 científica. En edad madura, su ánimo supo conservar el fresco vigor y la lige­ ra alegría de la juventud, y a pesar de la gravedad de sus estudios y del peso de la ciencia, fue siempre camarada amable para quienes penetraron su noble intimidad. Humilde y generoso, su espíritu tal vez sonríe desde la in­ mortalidad que ahora es patrimonio suyo, al ver que el destino cede el pues­ to que con mil títulos ilustró en este recinto académico, a quien pobre de méritos sólo tiene una firme voluntad de trabajar y mejorarse. El, que du­ rante el diario trajín de la vida desdeñó honores y buscó por festiva filosofía posponer su nombre al de otros que no pesaban lo que el suyo, no os recla­ mará desde la tumba el desacierto de vuestra amable lección. Más dicen en elogio de Alvarado los ecos de su fama que mi humilde palabra, y aún la Academia recuerda el cálido homenaje consagrado a su me­ moria por el ilustre doctor Gil Fortuol cuando se inauguró el retrato que ha­ ce perpetua su presencia en la galería de vuestra biblioteca, y aún más que su fama y que el elogio aquél, se recuerda el dolor clamoroso que levantaron su invalidez y su muerte irremediables. Múltiple la obra de Alvarado, en el campo histórico se distinguió no só­ lo por sus valiosos trabajos de etnografía y lingüística americanas, sino por haber iniciado la moderna metodología en el estudio de nuestro pasado na­ cional. Sus trabajos “ Neurosis de Hombres Célebres” y “ Los delitos políti­ cos en la Historia de Venezuela’’ marcan el tránsito de la historia romántica a la crítica científica, que en manos de los nuevos historiadores servirá de ba­ se para severos estudios de nuestros anales patrios. Con Alvarado declina aquel ciclo de nuestros estudios históricos cuya máxima representación fue Juan Vicente González, cuando la musa del historiador tomaba su inspira­ ción en el brillante paiseje ideal que su propia fantasía creaba para enmarcar los hechos reales y que para la validez de la verdad se hallaba viciada en mucho por la coetaneidad con los personajes y sucesos historiados. Refirién­ dose a Juan Vicente González uno de vosotros ha dicho con admirable preci­ sión; “La mirada del Héroe (el Libertador) se posó sobre aquella arcilla mise­ rable, transformándola en oro de los más puros quilates. Fue como la vela de sus armas’’. Pero si esta vez la mirada de Bolívar supo levantar para su culto la intención devota del gran escritor, cuántas veces los ojos de otros hombres con igual intensidad hicieron crecer en el historiador la fogosidad de pa­ siones y de odios que desviaron su criterio: de oído fácil al murmullo poé­ tico, González no se resignó a los cuadros truncos cuando historió nuestros 36 hombres y para dar complemento al paiseje, ideó aquello que a su juicio da­ ba lincamientos precisos al suceso. Aquella historia romándea, en que más se brillaba por la fuerza literaria que por el vigor de la verdad, empezó con Alvarado en las postrimerías del siglo último a sufrir una necesaria evolución, donde se marcará la influencia de las escuelas surgidas con Herder, Spencer, Taine, Rossi y Lebón. Las nuevas corrientes científicas que ya habían sentado cátedra en nuestra uni­ versidad, las llevarán los historiadores al campo de nuestro pasado y al exa­ men positivista de los hechos caídos en los dominios del tiempo. Y fue allí, en la ilustre casona —cuyos cimientos había echado en 1673 el Ilustrísimo se­ ñor Antonio González de Acuña y que en 1721 y 1722 Felipe V e Inocente XIII habían elevado a la categoría universitaria— donde formó Alvarado el criterio evolucionista que lo llevó a afiliarse a los postulados de la escuela psisociológica italiana; en sus aulas oyó en Ernst y a Villavicencio: del primero obtuvo su especial predilección por las ciencias naturales y por los estudios etnográficos, del otro su concepto materialista del mundo y de la historia. Incansable trabajador, Alvarado abordó diferentes problemas y ensayó en distintos campos de la actividad intelectual: tradujo a Lucrecio, su filóso­ fo favorito: catalogó diferentes familias lingüísticas de nuestros aborígenes: vertió al castellano la obra de Humboldt sobre nuestras regiones equinoc­ ciales: estudió con admirable esmero las glosas de nuestro idioma, ya desde el punto de vista de las deformaciones del castellano, ya considerando el va­ lioso aporte prestado a nuestras formas vernáculas por los dialectos indíge­ nas; investigó nuestros minerales, nuestra fauna y la flora de la República y como un capítulo de nuestra historia nacional, escribió la Historia de la Guerra Federal, con criterio en el cual a pesar de que procura conservarse en los límites de una neutra investigación, se advierte su poca afición hacia la ideología conservadora con que pretendió consustanciarse una de las dos oli­ garquías que llenaron la República desde el año 30 hasta el 64. Si en verdad en esta última obra, que muchos han querido ver como apuntes para una labor posterior, falta algunas veces la investigación de la casualidad y se limita el historiador en no pocas ocasiones a exponer la suce­ sión simplista de los hechos cumplidos, cuando aborda el estudio de los fe­ nómenos sociales que influyeron en la génesis de la gran revuelta, se aprecia un criterio que dista mucho del que privó entre sus antecesores. Porque Al- 37 varado, como lo hemos dicho, representó un momento decisivo en la evolu­ ción de nuestros estudios de historia: él no consideró el pasado como la suce­ sión de hechos caprichosos ni como la obra de los hombres necesarios: estu­ dió el hecho histórico en el marco de la relatividad social, era un sociólogo más que un filósofo de la historia y fue a la síntesis después de un examen detenido de los hechos. Iniciado con Alvarado el período de la metodología científica en nuestros estudios históricos, la cual han venido aplicando con diferentes cri­ terio Arcaya, Gil Fortoul, Vallenilla Lanz, Angel César Rivas y tantos otros, ha sucedido como es lógico una revisión en nuestro pasado, tanto colonial como republicano, y a cuya mayor seguridad ha contribuido grandemente el progreso tomado en nuestros últimos años por la ciencia del documento. Como un contraste puede decirse que la Eurística nació entre nosotros con un historiador que descuidó en mucho el rigor de los métodos científi­ cos. Se trata de don Arístides Rojas. Herrera Toro fue un gran psicólogo cuando llevó al lienzo la amable figura de don Arístides: como símbolo suyo no buscó ni un libro, ni un pergamino, ni un escudo: unas orquídeas del Avila puso como módulo que, junto a la gravedad del historiador, indicase la fuerza de su espíritu, una mata de parásitas que bien pudiera ser un tiesto de claveles o la reja solemne de la hiedra que glisa el pedestal de su busto en esta ilustre casa académica y que admirablemente representan el espíritu de Rojas: fue antes que todo un poeta de la ciencia y de las cosas y cuando se adentró en los dominios de la historia lo hizo llevado de aquella su pasión poética, y cuando hurgó pergaminos y expedientes seculares no fue a ellos con la rigidez del crítico sino animado del deseo de captar toda la poesía que se duerme en los viejos legajos, donde entre el polvo y la polilla viven las musas del pasado. El se acercó a los manuscritos de antaño con la devoción amorosa con que el enamorado busca la reja florida, escudos, monedas, pla­ tos, pergaminos, campanas ,y lápidas, al igual de los viejos papeles sirvieron para llevar al espíritu de Rojas la nota poética de la historia que habla, de la historia que, no siendo disciplina, eleva el espíritu hacia las construcciones legendarias. Porque Rojas no escudriñó el pasado para criticarlo sino para levantar sobre él el ala de la imaginación todopoderosa. Sin embargo con don Arístides empiezan los estudios de nuestros archivos oficiales y tanto a él como a Ernst debemos la iniciación de nuestros 38 museos, auxiliares admirables de la ciencia histórica. Rojas hizo nacer la pa­ sión por el documento antiguo y por el dato olvidado, que después en Iandaeta Rosales será una peregrinación constante en pos del pormenor oculto, muchas veces errado por falta de método apropiado, y que especialmente en Febres Cordero ha llegado a adquirir la amable virtualidad de un culto ver­ náculo. Sólo don Aristides podrá hallarse igualado el amable celo y la cuida­ dosa perseverancia con que don Tulio ha seguido la historia a través de las hojas amarillentas de los viejos archivos de Occidente: podría decirse que en su celda de trabajo habla a diario con los viejos personajes revividos por su acucia, y a los cuales ha sabido poner, también como Rojas, un poco de le­ yenda que los lleve con mayor presteza a la conciencia popular. Estas circunstancia obliga a decir que sólo con la generación presente, representada por brillantes historiadores, empieza la labor de un síntesis his­ tórica que partiendo de la crítica del documento, se eleva a través de la her­ menéutica científica, hacía la explicación integral de los sucesos y convenci­ dos los nuevos historiadores del peligro de las conclusiones categóricas y con­ siderando como provisional la investigación de aquellos hechos cuyas fuentes todas no se tienen a la mano, han dado a nuestros estudios el carácter de una disciplina experimental. La introducción de estos métodos, dando nuevos aspectos a la crítica de inducción, avanza a la vez hacia posiciones sintéticas que engloban y yuxta­ ponen sucesos considerados hasta ayer como contradictorios. Un ejemplo lo da la evolución de la crítica bolivariana: elevada a un vértice de gloria na­ cional la figura portentosa del Libertador, después de la reacción que contra su persona iniciaron los políticos del año 25, se dio comienzo y se trabaja aún en ello, a la labor de alzar aquellas figuras beneméritas que quedaron en un plano decaído cuando se hizo la exaltación bolivariana, por cuanto lo que a una historia unilateral fue imposible hacer en un momento dado, puede lograrse después, cuando se estudia el fenómeno psicosociológico desde las múltiples posiciones alternas que permitan apreciar la validez de todo el conjunto y la concatenación de todas las circunstancias causales. Este movimiento oscilatorio define también la crítica de nuestro pasado colonial, con la circunstancia muy apreciable de que este último abarca los países de filiación ibera en América. La literatura posterior a nuestra lucha de Independencia resumió la reacción de una colectividad que acababa de 39 romper una tradición secular. No intentaremos nosotros el estudio de las causas sociales que movieron a los criollos a realizar su separación de la Metrópoli, pero sí anotaremos que efectuada ésta sucedió en la República in­ dependiente un período de olvido de su pasado colonial, maldecido en el fragor de la lucha por aquellos mismos que se habían levantado al calor de sus instituciones y que habían logrado los beneficios de sus sistema. Porque no fueron hombres nuevos, ni fue un estrato social que hubiese quedado re­ miso a la conquista, quienes hicieron la independencia; fueron las mismas clases de la Colonia, los hombres dirigentes que se habían formado a través de tres siglos de evolución social en Tierra Firme, los que suscitaron el fragor de la contienda y realizaron el milagro de la autonomía republicana. La psicología de los hombres nuevos de la República, que no eran sino los hombres viejos de la Colonia y la de generaciones sucedáneas de aquéllos, desconoció de plano la obra de España en América, y considerando la Patria no como una entidad social nacida desde antaño, sino como una entidad po­ lítica surgida de la guerra, estableció una honda separación entre los dos pe­ ríodos, Colonia y República, exaltó ésta y condenó aquélla, se inclinó ante los hombres portentosos que habían dirigido la lucha separatista y desdijo de los hombres fuertes que habían creado la Colonia. ¿Pero de dónde venía aquella recia voluntad que en un momento dado de su evolución histórica rompió con la Madre Patria para constituir naciones independientes... ? No eran ni el indio ni el negro de Africa quienes se rebe­ laban contra el gobierno de la Metrópoli: si éstos fueron a la guerra estu­ vieron unas veces bajo una y otras veces bajo otra de las banderas militares y si entraron lo hicieron no como entidad que delibera sino como fuerza nu­ mérica. Fue la clase llamada de los criollos, formada por los descendientes de los conquistadores, a la que se unió después el mestizaje y aún los pardos ele­ vados por matrimonios superantes, aquella clase integrada por hombres que, lejos de las Cortes formaron una ideología nueva, autónoma, absorbente y de tendencias exclusivistas laque engendró la idea separatista. Los sociólogos han estudiado bien el poco significado que en la forma­ ción de las nuevas clases dominantes tuvieron los elementos aborigen y afri­ cano. Al ponerse frente a frente la semibarbarie indiana y el elemento es­ pañol, éste impuso su psiquis imperativa. El decaído estado de las tribus que poblaban esta región del Nuevo Mundo no les permitió aportar ningún ele­ 40 mentó cultural a la formación de la nueva estructura social, ni fueron tampo­ co, como lo dice Gil Fortoul, las tribus más abocadas a la civilización las que desaparecieron más rápidamente, pues éstas, que no lo eran las de Aragua y Caracas sino las de Coro, Trujillo y Mérida, pasaron rápidamente al régimen de la encomienda donde pudieron conservarse mezclándose con el elemen­ to dominante. Durante la Colonia sólo una fuerza matriz impuso líneas precisas al me­ dio social: el carácter individualista de los conquistadores, llevados por la misma legislación de Indias a la categoría de clase privilegiada a la que se confió la dirección de los asuntos administrativos y políticos de las nuevas ciuda­ des. Fueron ellos quienes a costa de largos sacrificios, exponiendo la vi­ da en las penalidades de aquella lucha admirable, a través de ignorados de­ siertos y en medio de selvas inexploradas, sentaron las bases sociales de las nuevas colectividades y de los pueblos que acá en América reviven la autono­ mía de las antiguas agrupaciones sociales de España. “El conquistador español es tipo único en la historia de la humanidad; su advenimiento a la escena del mundo significa el de un nuevo y portentoso arquetipo humano, suma de valores que no habían encontrado cabida hasta entonces en un mismo pecho de hombres y que ninguna fuerza había logra­ do inyectar todavía unidos en un sólo torrente en el proceso de la historia. Es la reencarnación integral y conjunta, sublimada en intensidad y del argo­ nauta griego, del legionario romano y del cruzado medioeval.” Como el griego ellos llevan en la pupila avizora una visión que domina la larga curva marina, que ora está en el mar, ora en el verde desierto de las llanuras solita­ rias; como el romano admirable tienen la fuerza de un vigor fraguado duran­ te ocho siglos de descansar sobre las armas, junto a los caballos que ‘‘paravan dentro de las cámaras donde dormían con sus mujeres, porque luego que oían dar el apellido touiesen presto” sus arreos para ganar la jornada inter­ minable; del cruzado medieval aquella pasión místico-militar que tuvo por norte la Cruz del Salvador, que ahora quieren ver crecida en las Indias con las misma fecundidad que le presta la tierra salvaje y opima. En la soledad de las llanuras de América y en medio de la espesa monta­ ña cargada de peligros, ellos quintaesenciaron su vocación guerrera y encen­ dieron aún más su ingénita bravura, ‘‘que después de todo era la única con­ dición de sus empresas y la garantía de sus éxitos’’ y que muchas veces, como 41 lo apunta Lugones, llegó a los límites de la insana crueldad. A este elemen­ to orgánico de resistencia y de acometividad sin iguales, se unían con mayor fuerza su espíritu religioso y su fe inquebrantable, y convencidos de que no sólo luchaban por dilatar su propia personalidad sino el imperio de Cristo, lograron aquella fiereza que, haciéndoles invencibles, perfila sus figuras en el cuadro de la historia con líneas de leyenda que hacen pálidas las homéricas empresas. Apacentada la tierra agria que presenció el desfile de sus huestes ba­ talladoras, cambiaron la lanza por los arreos de la industria. Inclinados sobre el surco fecundo enseñaron al indio nuevos cultivos de frutos traídos de Es­ paña, y prestando su apoyo al abnegado religioso se dieron a la obra de ins­ truir al aborigen y borrar de su espíritu la grosera idolatría. De la encomien­ da venían al pueblo, donde unidos laboraban por el progreso de la nueva co­ lectividad, dejaban la espada para entrar al Cabildo y allí revestidos del de­ recho de creadores de pueblos, discutían las mismas ordenanzas reales y con­ vencidos de que con ellos habían nacido prerrogativas ante las cuales debían ceder los propios intereses de la Corona, no tuvieron escrúpulo en ‘‘acatar para no cumplir” lo mandado por la autoridad de los reyes. Duros y crueles lo vemos a través de la blanda filosofía que una crítica tendenciosa ha querido aplicar al estudio de nuestro pasado español, sin me­ dir el vértigo que por aquella época convulsionaba la sociedad occidental, y que especialmente en España, después de la Reconquista, constituía un esta­ do psicopatológico con características de contagio que tomó formas de obse­ sión sistematizada: la dulce locura de la Cruz que elevó los espíritus del me­ dievo español a sublimes alturas como en San Juan de la Cruz y en Santa Te­ resa de Jesús, al posesionarse de aquellos hombres cuya línea de conducta la marcaba su bravura sin límites, adquirió pecualiares formas de rudeza que espanta a los espíritus modernos. También vino a la América el aventurero que sólo tuvo por norte la sed de oro y que autorizado por la Cédula que permitió esclavizar los indios sal­ vajes, hizo de este ejercicio el fin de sus empresas. Pero no fueron tales todos los que vinieron ni era sólo de España aquella pasajera práctica esclavista, y si hoy aparecen abultados en la historia los hechos delictuosos de los salteadores, se de­ be, no a la crítica extraña, sino al mismo celo de la Corona. Y mientras España prestando oídos a las quejas que elevaban al Consejo de In­ 42 dias los prelados de América y los misioneros, que para mayor éxito afearon la conducta de los conquistadores, fulminaba contra éstos reales provisiones, Estados tenidos hoy por más civilizados, Inglaterra a la cabeza, miraban con la mayor indiferencia los horrores que practicaban sus colonos, y en cambio para dar cebo a su envidia contra el poderío español, echaron a la mar naos sin leyes que trajeron a las Indias el fuego destructor contra los estableci­ mientos de España. Señores: Como lo hemos anotado, la reacción antiespañola que sucedió entre nosotros a la guerra de Independencia, ha hecho que se estudie la obra de la Madre Patria con un criterio negativo, a punto de olvidarse que las propias raíces de nuestra nacionalidad se alimentaron con la sangre de los primeros conquistadores. Si bien es cierto que entre éstos no vinieron Mayorazgos ni Grandes de España, sí entraron a la conquista segundones e hidalgos noto­ rios que adiestrados en el ejercicio de las armas trajeron su espíritu noble y ca­ balleresco, y para premiar el vigor de sus hazañas los reyes dispusieron que tanto los del estado llano como aquéllos fueran tratados por razón de las conquistas practicadas, como hijosdalgos de solar conocido, y dispusieron que en la provisión de oficios reales y demás dignidades se tuviese en cuenta su condición de tales o de herederos de los conquistadores. Y fueron éstos quienes a través de los tres siglos de Colonia constituyeron la clase dirigente que se educó en América y Europa y que, llegando a sentir en sí la misma energía de la Madre Patria, declaró su derecho de Independencia política y realizó una gesta digna de sus progenitores. Estudiar, pues, el desarrollo de esta clase social y la figura de los capita­ nes que al fundar ciudades y mantener su hogar en ellas, dieron origen a nuestra nacionalidad, puede decirse que es una vía certera que nos llevará a una verdadera comprensión de nuestras fuentes sociales..Para formar maña­ na una síntesis que encierre el cuadro integral de nuestro desenvolvimiento como miembros de la historia, precisa comenzar por el examen de aquellos hombres portentosos que dominando la intemperie y sojuzgando la semibarbarie aborigen, formaron el cuadro social de donde surgió la República de que hoy nos gloriamos. El conquistador que trajo el derecho y pidió para sí prerrogativas y el misionero que paseó la cruz entre la selva y sobre el lla­ no, son los obreros de este edificio perdurable. 43 Nosotros, admiradores de aquellos hombres de recia contextura y de vo­ luntad de hierro, para seguir las huellas marcadas por su paso en nuestra re­ gión nativa, hemos estudiado con los escasos documentos que actualmente poseemos, la figura de aquéllos que desde El Tocuyo, en la expedición orde­ nada por el Cabildo el año de 1557, se adentraron en la provincia de los cuycas y dieron más tarde fundación a la ciudad de Nuestra Señora de la Paz de Trujillo. Al examinar sus acciones y al contemplar las ejecutorias ganadas por ellos y después por sus hijos y antes de venir a las Indias por sus ascendientes en la Madre Patria, llegamos a convencernos de la calidad de sus personas, muy distantes de ser comprendidas en el menguado concepto que expresó Cervantes en una de sus Novelas Ejemplares y el cual se destruye de plano al considerar que el glorioso autor del Quijote había pedido un nombramiento para América, pues no pensaría entonces el insigne manco que hallaría en las In­ dias el salvoconducto que buscaban los homicidas comunes ni la iglesia donde se guarecían los alzados de España. Gente de mala ralea vino a la América y mujeres libres que aquí como allá buscaban las caricias de los hombres fuertes y solitarios, pero no son éstas ni lo fueron aquéllos quienes constituyeron la regla de las expediciones: nobles hijosdalgos, soldados de li­ naje, segundones sin fortuna, geógrafos, poetas, damas de calidad, prelados ilustres formaron el grueso del pasaje de las naos intrépidas que sobre el Atlántico trajeron a las Indias el alma de la raza española “ cuya nota central el ethos, revela su fin ético con esa voluntada de vivir para la gloria, en la tierra y en el cielo, que desborda del espíritu de don Quijote, cuyo realismo es idealista y mana del Escorial, que trasfunde en su masa arquitectónica el ideal místico de unidad religiosa y bienaventuranza divina” y que si sabe poner la nota ligera en la canción de amores, se eleva como por hilo sutil en la meditación callada y hace de piedra la faz, severa como la de una escultura gótica, ante la solemnidad del dolor y de la muerte. LOS FUNDADORES DE TRUJILLO Ninguno de los historiadores de Venezuela da los nombres de los seten­ ta infantes que entraron en 1557 a la provincia de los cuycas al mando del capitán Diego García de Paredes; y al referirse a la expedición del capitán Francisco Ruiz en el año siguiente de 1558, se limita Oviedo y Baños a seña­ lar los nombres de sólo treinta y nueve de los ochenta compañeros de este úl­ timo, diciendo además, que la mayor parte de ellos había entrado el año 44 anterior con García de Paredes i. Animados del deseo de conocer a los capitanes que después de once años de lucha dieron definitiva instalación a la ciudad fundada por García de Pa­ redes, hemos rastreado sus huellas a través de los documentos del Archivo de Sevilla que reposan en copia en esta Academia de la Historia y de las proban­ zas contenidas en los distintos expedientes de Encomiendas que existen en el Archivo Nacional, amén de otras piezas antiguas que han llegado a nuestras, manos y de los datos que se conservan en los Papeles de don Felipe Francia, que enriquecen la biblioteca de la Academia. Hasta ochenta y uno 2 hemos logrado elevar el número de las personas que estuvieron en la conquista de aquélla tierra y que contribuyeron a dar fundación a la ciudad de Trujillo, sin que sean éstos todos los que llevaron a cabo aquélla larga empresa. Para conocerlos de un modo integral nos hallamos con grandes obstáculos: en pri­ mer lugar desconocemos el nombre de los capitanes que murieron en la pri­ mera entrada, y después, ignoramos el de aquéllos otros que se fueron ausentando de la región en el decurso del largo período que abarca la funda­ ción. Nuestra labor ha consistido en estudiar los compañeros de Ruiz que nombra Oviedo y Baños y que son los siguientes: Alonso Pacheco, Francisco Graterol, Bartolomé Escoto, Alonso Andrea de Ledesma, Tomé de Ledesma, su hermano, Sancho Briceño, Gonzalo Osorio, Francisco Infante, Francisco de la Bastida, Jerónimo de Carmona, Gaspar Cornieles, Diego de la Peña, Juan de Segovia, Lucas Mexia, Agustín de la Peña, Pedro Gómez Carrillo, Luis de Villegas, Juan de Aguirre, Juan de Baena, Francisco Moreno, Gaspar de Lizana, Lope de Encina, Luis de Castro, Juan Benites, Francisco Terán, Andrés de San Juan, Vicente Riveros, Juan de Miranda, Rodrigo Castaño, Francisco Jarana, Pedro García Carrasco, Luis Quebradas, Juan de Bonilla, Hernán Velásquez, Francisco Palacios, Pedro González de Santa Cruz, Este­ ban de Viana y Gregorio García, y en sumar a éstos el nombre de los otros conquistadores que hemos venido conociendo por medio de las probanzas consultadas y el de los vecinos de los años de 69 y 70 que al hacer declara­ ciones se refieren en ellas a sucesos anteriormente efectuados. 1. 2. OVIEDO Y BAÑOS repite en su lista a Francisco Ruiz. En una probanza levantada por descendiente de Juan de Villegas y Francisco Pacheco se nombra a éstos como fundadores de Trujillo, pero hemos supuesto que se trata de un error, pues por la época de la fundación Villegas ya había muerto, según el señor Sucre en “Gobernadores y Capitanes Generales”. En nuestro con­ cepto, los descendientes de Villegas confundieron con la empresa que dio funda­ ción a Trujillo, la jornada exploradora de minas que realizó a Boconó el capitán Villegas después del descubrimiento de Ruiz Vallejo, la cual no estudia ninguno de nuestros historiadores. 45 De algunos nos ha sido imposible hasta el presente obtener datos abun­ dantes, de otros hemos logrado aún conocer su genealogías de una manera completa. Y al enumerar en el presente trabajo los nombres de los descen­ dientes de gran parte de ellos, lo hemos hecho en el deseo de que pueda ad­ vertirse el movimiento social de la Colonia y la significación que lograron los descendientes de los conquistadores, elevados a la categoría de clase privile­ giada de acuerdo con la Cédula Real datada en el Bosque de Segovia el 13 de julio de 1573, según la cual se hacían “Hijosdalgos de solar conocido a ellos y sus descendientes de legítimos para que en el pueblo que poblaren y otras cualesquiera pane destas Indias sean Hijosdalgos e personas nobles de Linaje y Solar conocido y por tales sean habidos e tenidos e gozen de todas las honras e primicias e puedan hacer todas las cosas que todos los hombres Hi­ josdalgos y Caballeros destos Reinos de Castilla según fueron Leyez y cos­ tumbres de España pueden y deben haber y gozar’’. I JUANDEAGUERRE Oviedo y Baños señala el nombre de este conquistador entre los compa­ ñeros de Francisco Ruiz, pero no lo hemos visto figurar en ninguna de las ac­ tuaciones que hemos podido tener a la mano respecto a los orígenes de Trujillo, ni lo señalan tampoco los historiadores de otras empresas. n JUANDEBAENA También lo señala Oviedo y Baños como entrado en 1558, pero su nombre no lo hemos encontrado en los documentos estudiados. En la ciudad de Trujillo figuró a fines del siglo XVI el Escribano Miguel de Baena que acaso sea hijo de este conquistador. m FRANCISCO DE LA BASTIDA Este conquistador era natural de Villanueva de Barcarrota en extrema­ 46 dura e hijo de Don Rodrigo de la Bastida y Doña Teresa de Amaya, hijosdalgos de limpio solar. Entró a la repoblación de Trujillo con Francisco Ruiz se­ gún lo dice Oviedo y Baños, donde habían estado primero con García de Pa­ redes, quién lo llamó del Nuevo Reino, donde se hallaba por entonces. Cuando se separó del Gobierno de la ciudad el fundador García de Pa­ redes, quedó con el mando de la gente el capitán de la Bastida como Te­ niente de Gobernador, oficio que nuevamente le confirió en 1564 el Gober­ nador Bernaldes. Por haberse ignorado el nombre de la autoridades que sus­ tituyeron a la Bastida en el mando de Trujillo hasta 1572, se había venido considerando a este conquistador como el que hizo el traslado final de la ciudad. Sólo hizo su traslado desde BoconC a la Sabana de Carvajal, dándole el nombre de Trujillo de Medellín, en 1565. La Bastida fue también en Trujillo Alcalde Ordinario y Regidor y tuvo encomienda de indios timotes en el sitio de Xaxón o sea el actual pueblo de J ajó. Casó con Ana Briceño Samaniego, hija del conquistador don Sancho Briceño y tuvieron a. II.— Alguacil Mayor Cristóbal Verdugo de la Bastida, quien en 1648 levantó probanza de los servicios y méritos de sus progenitores y de los suyos propios, para oponerse a la encomienda declarada vaca que poseía en térmi­ nos de la ciudad el capitán Cristóbal Hurtado de Mendoza. Por aquella se sabe que el Alguacil Verdugo de la Bastida asistió durante dos años a la re­ ducción de la provincia de Nirgua en tiempo del Gobernador Sancho Alquiza y que siendo en Trujillo Alcalde de la Santa Hermandad persiguió una banda de negros cimarrones que infestaban las vías públicas y siguiéndolos hasta ‘‘El Empalado’’, los llevó a Trujillo donde fueron castigados. Fue tam­ bién Alcalde Ordinario de la ciudad de Trujillo. II.—Rodrigo de la Bastida Briceño, Alcalde Ordinario de Trujillo en 1657, casado con María Fernández de Graterol (v. descendencia de Martín Fernández de Quiñones )„Padres de II.—Francisca de la Bastida. III.—Miguel de la Bastida. 47 III.—Sargento mayor y capitán a guerra Sancho Briceño de Gratcrol, nacido el 28 de abril de 1610 y bautizado el 24 de mayor del mismo año, lla­ mado el “ Sargento Mayor” por antonomasia, quien gozaba de un regimien­ to perpetuo en el Cabildo de Trujillo. El Gobernador Pedro León Villarroel lo nombró su teniente en la Nueva Zamora de Maracaybo y fue también va­ ria veces Alcalde Ordinario de La Grita. Por Cédula Real de 1622 le fueron confirmados en encomienda los indios jajones. Murió en 1678. Casó con la merideña Luisa Alonso de Rosales, hija del capitán Sebastian Alonso de Ro­ sales, quien había estado en las guerras de Flandes, y de Isabel de Trexo. Esta es hija del conquistador Miguel de Trexo y Paniagua, compañero de Rodrí­ guez Suárez en la primera fundación de Mérida, venido en socorro de la ciudad de Trujillo cercada por los naturales y después compañero de Alonso Pacheco en la pacificación de la laguna y fundación.de Ciudad Rodrigo de Maracaybo, y de María de la Parra, hija del conquistador Gonzalo García de la Parra y de Brígida Díaz de Alvear. El linaje de Trexo era oriundo de la ciudad de Roma, según lo dice Flores de Ocaris y usaba por armas las si­ guientes: en campo de oro una torre de plata sobre aguas de azur y a cada la­ do de la torre tres limas de plata. Padres Briceño y doña Luisa de IV.—Gertrudis Briceño, bautizada el 10 de agosto de 1638. IV.—Feliciano Briceño, bautizado el 10 de julio de 1640. IV.—Licenciado Sebastián Rosales, bautizado el 25 de mayor de 1643. IV.—Licenciado José Rosales. IV.—María Briceño Rosales, mujer de Juan Ramírez de Segovia. IV.—Pedro Berdugo, bautizado el 20 de agosto de 1643, casado con Paula de Albarrán. Padres del de V.—Contador Sebastián Berdugo, casado con Luisa de Briceño. Padres VI.—Luisa María Berdugo, mujer de Martín de Betancourt. Padres de VII.—Francisca Antonia Betancourt, casada con Angel Rangel, aboga­ do de la Real Audiencia y Alcalde Ordinario de la ciudad de Mérida del 48 Nuevo Reino de Granada. IV.—Capitán Rodrigo Briceño de la Bastida, nacido el 19 de diciembre de 1634, Alcalde Ordinario de la ciudad de Trujillo, casado con Ana Graterol Saavedra (v. descendencia de Francisco de Graterol). Padres de V.—Manuela María, bautizada el 19 de agosto de 1669V.—Luisa de Graterol, mujer del Alguacil.Mayor Angel Felipe de Segovia (v. descendencia de Juan de Segovia.) V.—Francisco de la Bastida Graterol. V.—Maestre de Campo Lorenzo Briceño de la Bastida. V.—Maestre de Campo Sancho Briceño de la Bastida, bautizado el 20 de enero de 1667, quién falleció en Trujillo el 23 de diciembre de 1723 se­ gún declaración del Alcalde José de Asuaje en el acto de la apertura de su testamento, en el cual dijo que había visto “ su cuerpo amortajado con el havito de tercero del serafín franco en un ataúd en la sala’’ de su morada. Casó con Manuela Pacheco y Mesa (v. descendencia de Alonso Pacheco). Padres de VI.—Rodrigo de la Bastida Briceño, ya muerto cuando testó su padre. VI.—Sancho Nicolás Briceño. VII.—Nicolás Francisco Briceño. VI.—Juan José Briceño Pacheco nacido en Trujillo en 1690 y casado con su prima Catalina Briceño de Toro. Padres de VII.—Sancho Antonio Briceño, Maestre de Campo, Regidor y Alférez Real de Trujillo, quién como Alcalde de primer turno formó parte del Cabil­ do que en 17 86 dio carácter oficial a la escuela que había fundado en aquella ciudad el Obispo Martí. Cuando este ilustre señor estuvo de visita en Trujillo estrechó amistad con el Alferez Briceño, quién lo acompañó en sus viajes por los pueblos de aquella provincia, lo cual no fue óbice para que el 49 Obispo llamase seriamente la atención a Briceño por mantener pública con­ cubina en menosprecio de las leyes del matrimonio. Casó con Josefa Angulo y tuvieron larga descendencia. V.—Alférez Real Rodrigo Hipólito de la Bastida Briceño, casado en Mérida con Francisca Isabel de Toro. (v. descendencia de Diego de la Peña). Padres de VI.—Regina Briceño de Toro. (v. descendencia de Pedro Luis Villora). VI.—Petronila Briceño Toro, segunda mujer de Juan José Briceño Pacheco. VI.—Catalina Briceño de Toro, ya nombrada. VI.—Capitán Pedro Briceño, casado con Gertrudis Quintero Príncipe. Padres de VII.—Antonio Nicolás Briceño, el Viejo, nacido en Trujillo el año de 1736. Vistió una beca de colegial en el Real y Magnífico Colegio Seminario de Señora Santa Rosa de Santa María de Caracas el día 23 de setiembre de 1753, la cual apuntó el 3 de junio de 1757, después de haber recibido los grados de bachiller en artes y de bachiller en cánones, con los que obtuvo de la Audiencia de Santo Domingo el título de abogado. El 59 ya tenía oficio de protector de naturales y como tal defendía a los indígenas por el. aumento de tributos. En 1767 era Alcalde Ordinario de Trujillo y después como Administrador de las Reales Cajas organizó las rentas de Trujillo. Luchó contra los Comuneros de Mérida, cuyo movimiento se debeló debido al influjo de Briceño. Era persona de grandes recursos económicos y suya era la casa que se compro para oficina de la Factoría, sobre cuyas ruinas se decre­ tó en 1927 la construcción del nuevo palacio de Gobierno del Estado Trujillo por iniciativa tomada por nosotros como Secretario de Gobierno de aquélla entidad federal, obra que aún no ha sido comenzada. En 1786 formó el cen­ so de la ciudad de Trujillo y en 1801, en unión de Jacobo Antonio Roth fundó el pueblo de Motatán: “Tenía todos los modales de un gran señor, di­ ce Dávila, bastón de oro y marfil, con grandes borlas, peluca empolvada que bien cuadraba a su nobleza y prestancia de gallardo fundador, y rica indu­ mentaria’’. Murió en Mendoza el 21 de setiembre de 1804. Había casado 50 con su prima hermana Francisca Briceño Toro, hija de los ya nombrados Juan José Briceño Pacheco y Petronila Briceño Toro y entre otros hijos tuvieron a VII.—Antonio Nicolás Briceño, apodado “El Diablo’’, quien nació el 29 de abril de 1782 en el pueblo de Mendoza. Hizo en Mérida sus estudios hasta el año de 1799 en que teniendo vistos latinidad, retórica, el trienio de filosofía, siete meses de sagrada teología y un año de derecho canónico y civil se pasó al Seminario de Caracas donde obtuvo el grado de bachiller en artes el 20 de abril de 1800 y de bachiller en derecho pontificio el 28 de julio de 1802. En la Audiencia de Santa Fe se recibió de abogado en 1804, sin hacer incorporación por no tener concluida la pasantía, la cual una vez completada le dio derecho a incorporarse ante la Audiencia de Caracas en 1805. Ejerció con brillo su profesión de abogado y en 1811 fue al Primer Congreso Constituyente en representación de la Provincia de Mérida. Fogoso patriota, tomó parte activa en los acontencimientos de aquel año memorable y perdida la primera República, se fue a la Nueva Granada en solicitud de recursos para invadir a Venezuelá lo que hizo con la graduación de coman­ dante déla Caballería de Venezuela. Caído prisionero fue ejecutado en Barinas en 1813, el 15 de junio, por las armas realistas. Su figura ha pasado a la historia con tintes de tragedia: la crueldad a que lo llevaron las urgencias y exaltaciones de las guerra, hizo que sus medios de lucha fueran de una efica­ cia dolorosa: cabezas de españoles como hojas de servicio para ganar ascensos que hacen contraste con la clemencia que invocaba en el seno del Congreso. Américo Briceño Valero, José Domingo Tejera y Vicente Dávila han con­ sagrado extensos estudios a este procer y mártir de nuestra Independencia 3. III.—María Briceño de Escoto, bautizada el 17 de diciembre de 1611. III.—Rodrigo, Briceño bautizado el 22 de abril de 1613. II.—Francisco de la Bastida, casado con Francisca Núñez de la Pena. Padres de III.—Francisca, bautizada el 10 de marzo de 1613Í 3. Con motivo de sus estudios sobre este personaje, tanto Tejera como Dávila han publicado árboles de los descendientes de Don Rodrigo de la Bastida Briceño (II) que aquí dejamos de incluir por no-parecemos necesario al fin que nos propone­ mos. 51 III.—Jacinto, bautizado el 6 de junio de 1613. II.—Juana, bautizada el 14 de julio de 1615. III.—Isabel, bautizada el 15 de marzo de 1618. III.—Catalina, bautizada el 25 de enero de 1624. III.—Baltazar, bautizado el 20 de enero de 1629. II.—María de la Bastida, mujer de Pedro de Asuaje Saavedra, hijo éste de Sebastián Saavedra y de Magdalena Asuaje. Padres de III.—Ana de Asuaje, bautizada el 18 de febrero de 1610. III.—Juana de Asuaje, bautizada el 8 de octubre de 1611. III.—Blas de Asuaje, bautizado el 26 de febrero de 1613. III.—Pedro de Asuaje, bautizado en julio de 1616. III.—Agustín de Asuaje, bautizado el 26 de mayo de 1618. III.—Alonso de Asuaje. III.—Rodrigo de Asuaje, bautizado el 27 de julio de 1608, casado con Gerónima Salido (v. descendencia de Diego de la Peña). Padres de IV.—Catalina Asuaje, mujer de Lorenzo Férnandez Graterol (v. des­ cendencia de Martín Fernández Quiñones ). IV.—Presbítero Pedro de Asuaje Salido, bautizado el 25 de mayo de 1643 y después cura beneficiado de Trujillo, Vicario foráneo en aquella ciudad, juez eclesiástico y de diezmos, Vicario del Monasterio Regina Angelorum y examinador sinodal del Obispado. IV.—Diego de Asuaje, bautizado en la misma fecha. IV.—María de Asuaje, bautizada el 30 de mayo de 1647. 52 IV.—Blas de Asuaje Salido. II.—Juan de la Bastida, casado con Juana de Herrera. Padres de III.—Melchora de la Bastida. II.—Pedro de Amaya, encomendero en Trujillo, casado con María Ro­ jas de Infante (v. descendencia de Francisco Infante). Padre de III.— Blas, Francisca, Ana y Paula de Amaya. II.—Isabel Briceño, mujer del capitán Francisco Gómez Cornieles (v. descendencia de Gaspar Cornieles.) II.—Inés de la Bastida, mujer de Gerónimo de la Raga. Padres de III.—Mauriciade la Raga, bautizada el 18 de junio de 1608. II.—Beatriz, de la Bastida, mujer de Hernando Gallardo, Alcalde de Trujillo. Padres de III.—Simón Gallardo, bautizado el 6 de noviembre de 1619. Armas primitivas del linaje: de sínople, una torre cuadrada de plata aclarada de oro, a la diestra un león también de oro, atado con cadena de azur a la puerta de la torre; a la siniestra una bastida del mismo metal apoya­ da del muro de la torre, coincidiendo con una ventana y gentes de armas con lanzas de azur con sus hierros de oro que entran y salen de la torre. IV JUAN BENITEZ VA1ERA (v. descendencia de Juan Morón de Cadenas). V DOMINGO BLAS A éste se señala en 1568 como vecino de la ciudad y fue mandado en­ 53 tonces por Alonso Pacheco el repartimiento de Juan Guillén de Saavedra a confiscar las armas y el caballo de Juan de la Mota, marañón de los Lope de Aguirre que allí estaba oculto. VI ALONSO BOLAÑOS Fue de los que entraron con el capitán Diego García de Paredes el año de 1557 y figuraba como vecino de la ciudad deTrujillo en 1569. Probable­ mente se pasó al Nuevo Reino y como vecino de éste acaso sea el mismo Alonso Bolaños que cayó preso cuando Drake tomó a Cartagena, como se lee en la carta de Pedro Fernández de Burgos a la audiencia de Panamá que publica González Palencia en su edición del Discurso de Castellanos. VII JUAN DE BONILLA A este conquistador lo nombra Oviedo y Baños entre los compañeros de Ruiz en la expedición de 1558 y nosotros en un principio lo confundimos con el capitán Juan de Bonilla que en Coro fue Alcalde en 1544 y que en unión de Bernardino Manso asumió el gobierno de la Provincia a la muerte del Gobernador Rembolt y el cual acaso sea padre de este conquistador. Ahora con mejor estudio sabemos que se trata de dos personajes distintos. Fundada la ciudad de Trujillo fue en ella procurador general en 1567, ma­ yordomo en 1568 y Regidor en 1570. Tuvo encomienda de indios y debió quedar ésta por los lados de Carache, donde se recuerda su nombre en la Lo­ ma de Bonilla Casó con Guiomar de Tolosa y tuvieron entre otros al II. Presbítero Juan de Bonilla. VIII SANCHO BRICEÑO Era natural de Arévalo, Provincia de Avila en Castilla la Vieja y venía del matrimonio de Pedro Briceño y de María Alvarez de la Caxel, vecinos de 54 aquella villa. Don Pedro había entrado a la conquista de las Indias y estuvo en el Nuevo Reino con Lebrón según Ocariz. Fue tesorero en Santa Fe, don­ de según Castellanos, ...el que primero fabricó molino el tesorero fue Pedro Briceño, antiguo capitán y señalado Por el hecho de que entre los descendientes de Don Sancho aparece el apellido Berdugo, se supone que fueron padres de Don Pedro el licenciado Briceño y Berdugo y María Claramonte y Avila, vecinos de la Villa de Arévalo en el año 1460. Don Sancho entró con Alfmger a la conquista de Venezuela y en la ciudad de Coro fue Alcalde Ordinario: Acompañó a Jorge Spira en sus expe­ diciones y se halló en la famosa batalla de los Omeguas con Felipe de Hutten. Al regreso de esta expedición se halló presente en la muerte del conquis­ tador ordenanda por Juan de Carvajal, y él mismo debió haber estado a pun­ to de morir, pues Herrera erróneamente dice que fue ahorcado por el Gober­ nador. Con Juan de Villegas fue a la toma de posesión de la Laguna de Tacarigua y con Damián del Barrio se halló en busca de minerales de oro el año de 51. Acompañó a Villegas en la fundación de Nueva Segovia y recibió indios en encomienda en el Valle de las Damas. Acompañó a Francisco Ruiz en la reconquista de los cuycas y repobla­ ción de la Nueva Trujillo, donde fue Maese de Campo y avecindado estaba en aquella ciudad cuando fue electo para ir de primer procurador de la Pro­ vincia de Venezuela ante la Corte de España. Las instrucciones dadas a Briceño están datadas en la Nueva Segovia por febrero de 1560 y las suscribieron Cristóbal de Albornoz, Damián del Barrio, Cristóbal Antillón y Pedro de Campo, por ante el escribano público y de Cabildo que lo era Bernardo Heslín. En ellas se encomendaba pedir: 1) prolongación de la merced de sacar sólo del oro el derecho decimal; 2) que 55 de no haber derechos reales para el salario de los clérigos de la Nueva Segovia, se pagasen del Cabo de la Vela; 3) merced y limosna de cuadro o quinientos pesos para comprar ornamentos destinados a la Iglesia de Nueva Segovia; 4) que a falta de Gobernador, cuando ocurriese su muerte, gober­ nasen los alcaldes ordinarios de cada ciudad sin que la Audiencia de Santo Domingo pudiese proveer interinos; 5) merced de veinticinco mil marave­ díes anuales para el pago de un sacristían en la Nueva Segovia. A más de es­ tas gracias, en la petición que formuló el negociador se agregó: 6) cédula pa­ ra que haya un cura en la Nueva Trujillo; 7) que los encomenderos no sean quitados de sus encomiendas sin ser antes vencidos en juicio, y obtuvo ade­ más: 8) cédulas dirigidas a los provinciales de las regiones de San Francisco y Santo Domingo de la Española, para que enviasen misioneros a la Provincia de Venezuela: 9) permiso para introducir ciertas piezas de negros para el laboreo de las minas; y 10) merced para que viniese todos los años uno navio de registro a la Borburata que sólo pagaría la mitad de los derechos de entra­ da y salida. Entre las Cédulas que alcanzó el negociador es notable por sí sola la que confiaba el gobierno de las nuevas ciudades a sus alcaldes cuando ocurría la muerte del Gobernador de la Provincia, y la cual, según Depons, sirven para demostrar más la habilidad del procurador que la previsión de quienes con­ cedieron tal prerrogativa. Si Briceño careciese de otras ejecutorias en los ana­ les de Venezuela, la simple obtención de esta Cédula sería suficiente para consagrar su nombre con relieve eminente. Excepcional en el derecho que definía la Ley XII, libro V, título III de la Recopilación de Indias —según la cual la interinaria correspondía en primer término a los Tenientes Genera­ les— aquélla Cédula dio fisonomía propia a la nacientes vida política de Ve­ nezuela y, restaurando en la Colonia el decaído prestigio de los antiguos ca­ bildos españoles, preparó las ciudades para futuros ejercicios de República. Admirable espectáculo el que ofrecía la Gobernación a la muerte de los personeros del Rey, cuando las ciudades desligadas del poder centralista que se resumía en aquéllos, seguían gobernándose al unísono por sus autoridades locales...! Dos corrientes políticas se hallaban en potencia en aquélla merced: la preminencia del municipio sobre el orden absorbente de la metrópoli que representaban los Gobernadores y sus Tenientes y el derecho de ios criollos a gobernarse por sí propios. Fue como la real aceptación de la idea autonomis­ 56 ta que los conquistadores introdujeron al país y que más tarde se moldearía en un programa de independencia política de la Madre Patria. Con ella el ca­ rácter arrogante de colonizador tuvo fírme base sobre que afianzar su de­ recho de gobierno propio sirviéndose de aquel extraño privilegio más tarde depondrá y encarcelará Gobernadores. Al mismo tiempo, por el ejercicio oportuno durante más de cien años del derecho de constituirse los distintos Alcaldes en Gobernadores independientes, abrió sentidos políticos que estratificados en la conciencia pública, surgirán a su debido tiempo para dar delineamientos federalistas a la primera constitución republicana, y que des­ pués de las disputas de los años 30 y 58, triunfarán en la carta de 1864, cuan­ do los cansados centuros de Páez cedieron ante la fuerza de las hordas surgi­ das nuevamente con toda la barbarie del desierto y aparentemente legitima­ das por la republicana moderación de Falcón, para de nuevo desaparecer en el personalismo del septenio. Después de su regreso de la misión que lo llevó a España, no hemos hallado datos de la actuación de Briceño, sólo en los libros de la Real Hacien­ da de aquélla época (1564)) aparece pagando derechos de fundición de oro y también como deudor de aquélla por reales oficios servidos en El Tocuyo. Durante su permanencia en la cuidad de Coro casó con Antonia Samaniego, hija de Juan Cuaresma de Meló, regidor perpetuo de aquella ciudad y antiguo mayordomo de los Duques de Medina-Sidonia y de Luisa Samaniego. De sus hijos conocemos a: II.—Francisco Berdugo, quien estuvo en Nirgua en el reducimiento de los indios de aquella provincia y fue Alcalde Ordinario de Trujillo en 1601 y Procurador General, casado con Melchora Valera. II.—Juan Briceño. II.—Inés Mariana, monja del Regina Angelorum. II.—Ana Briceño, mujer de Francisco de la Bastida (v. descendencia de éste ). II.—Francisca Berdugo, mujer del capitán Lucas Mexia de Vilches (v. descendencia de éste). 57 Armas: de azur, un águila de oro picada y armada de gules, bordura de oro con ocho aspas de San Andrés de azur. IX FRANCISCO CAMACHO Este conquistador, a quien hemos visto nombrado también Hernández Camacho, entró de veinte años a la conquista de Indias y estuvo con el capi­ tán Diego Fernández de Serpa en la Maracapana, cuando éste pretendió ha­ cer una entrada a la Provincia de Guayana. Cuando Gutierre de la Peña llegó a la Isla de Margarita, se hallaba en ella de vecino el conquistador Camacho y por entonces se pasó a la Gobernación de Venezuela. Acompañó al Gober­ nador Juan de Villegas en el castigo de los indios coyones de Burere y estuvo también con el capitán Damián del Barrio en la reducción de los jiraharas de las minas de San Pedro. Tomó parte Camacho en la primera expedición que se formó el año de 1557 para ir a reducir los cuycas al mando del capitán Diego García de Pare­ des, y a más de sus armas y caballo, llevó gran cantidad de ovejas y ganado mayor. Perdida la primera empresa de Paredes, volvió a entrar el año si­ guiente con el capitán Francisco Ruiz y llevado de su espíritu industrioso, hizo nuevo acopio de ganado. Puede por tanto considerarse a Camacho co­ mo el fundador de la industria pecuaria en el Estado Trujillo. Se le adjudica­ ron indios en el primer repartimiento y estaban éstos en jurisdicción del ac­ tual Distrito Boconó, junto a la encomienda de Tomás Davoin y entraban el Principal Paraca y su gente en la dicha encomienda. El año de 1560 era Regidor de la ciudad de Trujillo del Collado, cuando se acusó a García de Paredes de haber ofrecido a las autoridades de Mérida la jurisdicción de la provincia de los cuycas, por lo cual hizo largo viaje hasta Coro donde se hallaba el gobernador a fin de noticiarlo de los propósitos del teniente. En 1561 tuvo comisión de Gutierre de la Peña para ir a la Borburata a solicitar noticias acerca del Tirano Lope de Aguirre, y vuelto con ellas al cam­ po del Rey, estuvo entre los doce hombres que acompañaron a García Pare­ des en el asalto del invasor. 58 En 1569 fue electo por los cabildantes de Trujillo, donde también había sido Alcalde Ordinario, para Regidor de la ciudad, oficio del cual hizo deja­ ción por tener que retirarse con Alonso Pacheco a la jornada de la Laguna, para cual suministró moneda al jefe y a los soldados. Rematada felizmente aquella empresa con la fundación de Ciudad Rodrigo, fue allí Alcalde Ordi­ nario el propio año de 69 y recibió encomienda de indios parautes, pero con tan mala suerte que a poco lo mataron los naturales. Camacho era vecino de Aracena de la Provincia de Huelva y a su familia escribió el año de 1567 y después de darle razón de la tierra, donde pesar de lo duro no se pasaba hambre, le ordenó que se viniera a las Indias en unión de Alonso González, pues a él le era imposible, por el temor que tenía de darse a la mar hallándose como se hallaba enfermo de una inflamación que le había hecho reventar la cabeza con necesidad de sacarle “ tres pedazos de casco” . Cuando llegó a Trujillo la familia de Camacho, ya éste había muerto y sostuvo una litis con Alonso Pacheco en reclamo de los indios que aquél ha­ bía tenido en jurisdicción de la ciudad, encomendados por Chaves a Pache­ co. Como hija de Camacho y su mujer María González, sólo conocemos a II.—Catalina González, casada con Hernando Alonso de Umbría, que fueron los únicos venidos de España al llamado de su padre en unión de sus hijos: III.—María Camacho. III.—Juan Camacho. II.—Elvira González, mujer de Bartolomé Mexía. Armas: de oro, dos bandas de gules en forma de cruz y orla de oro y bandas de gules. 59 X FRANCISCO CALDERON Vecino de la ciudad de Trujillo en el año de 1568. En la residencia que se tomos a Andrés de San Juan el año de 1571, dijo este conquistador que era de cuarenta años de edad. Fue Teniente de Mazariego en la ciudad de Santiago de León de Caracas y como tal confirmó y repartió encomiendas. En 1574, por haber enfermado el capitán Francisco Infante, salió de or­ den del Gobernador a recorrer la tierra con cierto número de soldados y algu­ nos indios de naciones amigas. Atravesó el valle de Tácata y se fue seguiendo las riberas del Río Tuy, hasta el sino de Súcuta y hallando la tiena despoblada de naturales resolvió dar fundación a un asiento español en el Valle de Ocumare, a las riberas del Río Tuy. Pero contrariado por sus compañeros, quienes pusieron de manifiesto que el establecimiento de un pueblo por aquellos contornos iba en mengua de la recién fundada ciudad de Caracas, se sucedió una serie de disgustos que llevaron a Calderón a prender a los principales de sus compañeros, entre ellos a Sebastian Díaz, Juan de Gámez y otros cinco más, a quienes prentendió enjuiciar como capataces de la rebe­ lión. Una vez que regresaron a Caracas, los ofendidos elevaron quejas ante el Gobernador, quien destituyó a Calderón del oficio de teniente suyo. XI RODRIGO CASTAÑO Este conquistador estuvo presente en la toma de posesión de la Laguna de Tacarigua con Juan de Villegas y entró a la conquista de los cuycas con Diego García de Paredes como se lee en la probanza que levantó en Trujillo el capitán Francisco Camacho en 1568 y recibió indios en encomienda cerca del antiguo Resguardo de Indígenas de Santana. 60 XII LUIS DE CASTRO Oviedo y Baños cita el nombre de este conquistador entre los compañe­ ros de Francisco Ruiz el año de 1558. Estuvo en el desbarate del Tirano Aguirre, y después se avecindó en la ciudad del Tocuyo, donde tuvo en en­ comienda parte de los indios que habían vacado por dejación que hicieron Gaspar de Olea y Pedro Maldonado, los cuales le encomendó el Teniente de Gobernador Francisco Pacheco. El 11 de mayo de 1570 se hallaba en la casa de la morada del capitán Francisco Ruiz en la dicha ciudad del Tocuyo, cuando llegó a ella el Alcalde Diego de Escorcha a reclamar a Castro que había vendido una botija de vino sin medida y a notificarle que estaba de hecho condenado a la pérdida del precio. Castro replicó al Alcalde y, subido de palabras, le dijo que aquéllo estaba mal mandado, y al punto Escorcha exclamó: “ ¿Malmandado?, vos a la cárcel’’. No alegó más el condenado, limitándose sólo a recordarle que era apenas por una año que estaba en ejercicio de la Alcaldía y que en la pró­ xima ocasión lo sería él probablemente. Intervino el Teniente de Justicia Ma­ yor Francisco Carrizo, y puesto en libertad Castro, se siguió después un juicio en que se alegó la falta de competencia del Teniente. De España vino casado con Gineza Muñoz Montes de Oca y como hijos suyos se conoce a II.—Ana de Castro, mujer de Gracián de Alvarado, hijo éste de Diego Gómez de Alvarado, tesorero de la Real Hacienda de la Provincia y de Leo­ nor de Oviedo y Aguado, quienes vineron casados de la ciudad de Burgos y Montañas de León, trayendo consigo el nombrado hijo. Padres de III.—Gradan de Alvarado, nacido en el Tocuyo, casado con Francisco de Villegas, quienes tuvieron a IV.—Francisco de Alvarado, quien casó con Ana de Heredia. III.—Alférez Luis de Alvarado Muñatones, Alcalde Ordinario del To­ cuyo en 1671. 61 III.—Leonor de Alvarado, mujer que fue de Francisco de Piña Ludueña. Este era natural de la ciudad de Gibraltar en la Andalucía y sirvió al Rey en la Nueva Zamora de Maracaybo y también en la pacificación de los indios alzados de la Provincia de Nirgua y asistió a todas las acciones de guerra que hubo en la Gobernación durante diez años. Era hijo de Alvaro de Piña Jaimes y de Francisca de Medina. Don Alvaro viene del matrimonio de Lucía Jaimes y de Gonzalo de Piña Ludueña, padres también del Goberna­ dor Gonzalo Piña Ludueña. Don Gonzalo era hijo de Doña Inés de Ludueña y de Alvaro González de Piña, nieto legítimo éste de Pedro González de Pi­ ña, naturales todos de la misma ciudad de Gibraltar. Don Pedro fue Alcalde y Capitán General de la ciudad de Tarifa, Doncel y Caballerizo Mayor del Rey Don Alfonso XI, Señor de la Villa de Piña y fue en compañía de Don Enrique de Guzmán, Conde de Niebla, del Almirante de Casulla y del Prior de San Juan a la toma de Gibraltar. Sostuvo y defendió esforzadamente el si­ tio peligroso que quedaba cerca de Nuestra Señora de Europa, en la parte de Berbería y ganada la victoria contra los moros, por la cual se reconquistó a Gibraltar, el Rey le hizo merced de las casas grandes que estaban cerca de la Iglesia Mayor y le dió para su capilla la mezquita de los moros con sus patios y claustros. Dice López de Ayala en su Historia de Gibraltar, que en el Cabil­ do de Gibraltar que hizo en 1502 la entrega de la ciudad a Garcilaso de la Vega de orden del Rey, figuraban como regidores, Francisco de Piña y Alva­ ro de Piña, y como jurado Lope de Piña. Padres don Francisco y Leonor de: IV.—Francisca de Piña Ludueña, mujer que fue de Luis de Escalona Córdova, vecino de El Tocuyo (v.descendencia de Andrés de Villa Lón). IV.—Clérigo Jacinto de Piña Ludueña. II.—Marcos Castro, casado con Magdalenajiménez Medrano. Padres de II.—Luis de Castro, quien testó en Caracas el año de 1671 y fue casado en primeras nupcias con Catalina González. Padres de IV.—Luis de Castro. IV.—Juana de Castro, mujer del Alférez Manuel de Navarrete. En segundas nupcias casó con Aldonza Feliz de Aguilar, hija de Alonso 62 Feliz de Aguilar, Teniente Gobernador en la ciudad de Trujillo, y de Ana de Rojas, hija de García González de Silva y de Beatriz de Rojas. (Cft. docu­ mentos arriba indicados ) Tuvieron por hijos a IV.—Alonso y Marcos Ostro. Armas de Castro: de plata, seis róeles de Azur, y tres puesto en pal. XIII JUANDECARMONA Oviedo y Baños nombra a Jerónimo de Carmona entre los compañeros de Ruiz en la expedición que entró a la conquista el año de 1558 y nosotros hemos supuestos que se trata de una confusión con este conquistador, por ser tan semejantes las abreviaturas antiguas de ambos nombre. Sin embargo quedaría imprecisa la información de Oviejo y Baños pues en una declara­ ción rendida por Juan de Carmona dijo éste que no se hallaba en la Gober­ nación de Venezuela por la época del desbarate del Tirano Aguirre, circuns­ tancia que no permitiría identificarlo con el Jerónimo que nombra el histo­ riador. Pero como en ningún documento aparece el nombre de Jerónimo de Carmona, ni se le señala tampoco en empresas de guerra o de paz en la histo­ ria primitiva de Venezuela, hemos insistido en creer que el nombrarlo Oviedo y Baños quiso referirse a Juan de Carmona, aunque éste no hubiera entrado en las primeras expediciones, pero hecho notable después por sus servicios en la conquista, a lo que se une la imprecisión de que adolece ¡a lis­ ta de conquistadores que trae el historiador nombrado. En la ciudad de Trujillo fue el capitán Carmona regidor en los años de 1567 y 1571 y procurador general en 1568. Y estuvo como capitán de cierta gente que fue enviada a la Provincia de Nirgua a someter los indios rebeldes a la conquista, empresa ésta en que supo distinguirse por el valor y la cons­ tancia conque luchó contra los naturales. En la composición que hizo el Gobernador Piña Ludueña adquirió tierras, que debieron quedar por la parte alta de la ciudad donde se perpetúa su nombre en la comarca de Carmona. Como hijos del capitán Carmona podemos anotar a: 63 II.—Mariana de Carmona, mujer de Asuero de Canso de Donlebu. Padres de III.—Diego de Canso. III.—Gaspar Méndez. III.—Inés González. III.—Mariana Carmona. III.—Juan de Carmona. III.—Bartola Canso. III.—Francisco, bautizado el 16 de mayo de 1614. II.—Capitán Pedro Carmona. II.—Martín de Carmona. II.—Juan de Carmona, casado con María Serrano de López, quien era viuda de Pedro Hernández Tirado, vecino de la Española, pues en el expe­ diente formado para recibir órdenes Pedro Tirado, hijo de Doña María, se dice que era hijo de Hernández Tirado. Padres Carmona y su mujer Doña María de III.—María, bautizada el 27 de octubre de 1611. III.—Diego, bautizado el 3 de agosto de 1613. III.—Bernardo, bautizado el 2 de octubre de 1616. III.—Adriana, bautizada el 4 de agosto de 1618, casada con Jacinto de Viltres. Padres de IV.—Ludovina Viltres, bautizada el 13 de junio de 1646. III.—Gabriel, bautizado el 21 de setiembre de 1623. 64 III.—Laurearía, bautizada el 14 de abril de 1626. III.—Feliciana, bautizada el 27 de febrero de 1629II.—Damiana Carmona, mujer de Andrés Ramos. XIV GASPAR CORNIELES Oviedo y Baños señala el nombre de este conquistador entre los compa­ ñeros de Ruiz en la segunda expedición. Estuvo antes en la fundación de la ciudad del Tocuyo con el Gobernador Carvajal. Por documentos primitivos se sabe que antes de la definitiva fundación de la ciudad de Trujillo fue a la Corte en solicitud de mercedes para ella y su Iglesia, cuyo contenido hasta el presente no se conoce. El año de 1568 fue Alcalde Ordinario de la ciudad. El Dr. Vicente Dávila en la genealogía de los Briceño, dice que la mu­ jer de Cornieles se llamaba Beatriz Robles, pero en el documento de consti­ tución del Mayorazgo que fundó su hijo Don Francisco Gómez Cornieles, se lee que era Ana Gómez Cúmel el nombre de la madre de éste. Del matrimonio de Cornieles vienen: II.—Diego de Robles, quien figura entre los primeros pobladores de la ciudad de Trujillo y estuvo con Pacheco en la fundación de Maracaybo, don­ de fue electo en 1569 uno de los primeros regidores de la nueva ciudad. II.—Gaspar Cornieles, Alcalde Ordinario de Trujillo en 1598. II.—Francisco Gómez Cornieles, capitán de caballos, Alguacil Mayor y Regidor de Trujillo, casado con Isabel Briceño (v. descendencia de Francis­ co de la Bastida). Estos obtuvieron por Real Cédula de 8 de noviembre de 1610 facultad para vincular sus bienes en Mayorazgo a favor de su único hijo varón y sus descendientes. En aquél se preferían los varones por mayoridad y 65 a falta de éstos las hembras y quedaban excluidos los derechantes que toma­ sen órdenes sagradas de votos solemnes. Vasta extensión de tierras compren­ día de mayorazgo, muchas de ellas rematadas por Gómez Cornieles en la composición que hizo Diego Osorio en 1595 y entre ellas entraban los “ Llanos de Cornieles’’, sobre cuya propiedad hay ruidoso pleito hoy en la Corte de Casación, sostenido por distinguidos compañeros del autor. En sesión del Cabildo de Trujillo de 14 de setiembre de 1748 se declaró vacante el mayorazgo por haber muerto su último titular y constituido en patrono, de acuerdo con sus constituciones, aquel cuerpo entró a admi­ nistrarlo, pero sin llegar a fundar las capellanías que se prevenían. En la pri­ mera Constitución republicana que se dió la Provincia de Trujillo se ordenó en su título IX, capítulo II, que el cuerpo superior por medio de una comi­ sión librada en persona imparcial, averiguase el monto de los bienes de aquella institución, para hacer los establecimientos piadosos que estaban or­ denados. En tal estado quedaron las cosas hasta que el Gobierno de la Re­ pública ordenó que se vinculasen dichos bienes al Colegio de Varones que se creó en 1832, el cual posteriormente dispuso de ellos para beneficio de particulares. Fue también el capitán Gómez Cornieles protector material del Con­ vento Dominico de Nuestra Señora de la Candelaria y quien levanto la Igle­ sia de éste, para cumplir un voto hecho cuando se hallaba en peligro de pere­ cer por habérsele desbocado el caballo en que corría cintas en las fiestas patronales de Trujillo y el cual, como por milagro, se detuvo cuando iba a lanzarse por la peña donde se levantó aquel templo. En ella eran sepultados los Mayorazgos, y dice la leyenda popular que en la cripta de la Iglesia se les enterraba sentados en ricas sillas doradas y adornadas de sus joyas. Padres Gómez Cornieles y Doña Isabel de III.—Francisco Cornieles Briceño, Alcalde Ordinario de Trujillo en 1636 y también de Maracaybo. Fue el primer titular de Mayorazgo y casó con Josefa Pacheco Maldonado. (v. descendencia de Alonso Pacheco). III.—Mariana Cornieles Briceño mujer de su primo el capitán Pedro Covarrubias Cornieles. Padres de IV.—Isabel, bautizada el 3 de diciembre de 1607. 66 IV.—María, bautizada el 25 de marzo de 1608. IV.—Antonio, bautizado el 13 de abril de 1625. II.—Beatriz de Robles Cornieles, mujer de Martín Fernández Mieres. XV TOMAS DAVOIN En los documentos primitivos de la ciudad de Trujillo se llama a este conquistador Tomé Buy, de Vuyn o Avoin, y por la data de la encomienda de Francisco Camacho, otorgada por García de Paredes en año de 1560, se sabe que ésta colindaba con la que Davoín tenía en el valle de Boconó, de donde se deduce que fue de los primeros que entraron a aquella jornada, pues ninguno de los historiadores señala su nombre. Se le cita también como pacificador y poblador de Mérida. En una declaración rendida por Davoín el año de 1576 dijo que era has­ ta de cuarenta y cinco años y que hacía veintiuno que estaba en la Goberna­ ción de Venezuela. También dijo que primero había sido vecino de la Isla de Margarita. Con sus armas y caballo estuvo en el desbarate del Tirano Lope de Aguirre y acompañó a Alonso Pacheco a la fundación de Ciudad Rodrigo de Maracaybo. El escribano Rodríguez de Espejo declaró que había conocido en la ciudad de Trujillo a Tomás Davoín y que era ‘‘persona muy honrada y de ca­ lidad” . El año de 1571 era Alguacil Mayor de la ciudad de Trujillo y el 76 for­ maba en el Cabildo con el cargo de Alcalde Ordinario. Era natural del Reino de Portugal y casó en Trujillo con Juana Escoto, viuda de Francisco de Graterol, quien aún vivía por el año de 1617, ya cente­ naria, pues entró a la Gobernación casada con su primer marido el año de 1534. Padres de II.—Felipa de Mora, mujer del licenciado Bartolomé Suárez de Men­ doza, natural de las Islas Canarias, quien el año de 1600 fue a la Corte de 67 Madrid y llevó ante ella la representación de la ciudad de Mérida del Nuevo Reino de Granada y ejerció después el oficio de Teniente General del Gober­ nador Sancho Alquizas. Padres de III.—Magdalena, baudzada el 31 de julio de 1611. III.—Beatriz Suárez. III.—Bartolomé Suaréz Davoín, vecino de Trujillo y Alcalde Ordinario de ella en 1634, a quien Sancho Alquiza en méritos de los servicios de sus progenitores dio en encomienda los principales e indios que vivían en Acambu y el principal Aruaje y el cacique Duaxara en la Quebrada Meun, en tér­ mino del actual Distrito Boconó. Casó con Leocadia de Trexo y Paniagua. Padres de IV.—Simón Suárez Paniagua, nacido en Mérida el 27 de octubre de 1632, sucesor de su padre en la encomienda, casado con Margarita Paredes. Padres, de V.—Bartolomé Ignacio Suárez Paniagua, bautizado el 14 de setiembre de 1670. IV.—Bartolomé Suaréz Paniagua, Alcalde Ordinario de Trujillo, casa­ do con Juana de Saavedra. Padres de: V.—Micaela, bautizada el 17 de diciembre de 1640. IV.—Presbítero Miguel Suárez Davoín, bauuzado el 18 de mayo de 1634, cura de Trujillo. Diego Suárez de Trexo, Alcalde Ordinario de Trujillo en 1698. III.—Lucía Velásquez. III.—Presbítero Tomás Suárez Davoín, cura de Trujillo en 1627. III.—Raimundo Suárez Davoín, Escribano Real y Público de la Nueva Valencia del Rey en 1642. 68 II.— María de Mora. II.—Paulo de Brito, Alcalde Ordinario de la ciudad de Trujillo en 1611, casado con María Soler, (v. descendencia de Pedro Gómez Carrillo). Padres de III.—Tomás Pereira. III.—María Pereira. III.—Francisca Pereira, bautizada el 7 de marzo de 1613. II.—Mariana Pereira, bautizada el 18 de febrero de 1617. II.—Juan Alvarez Davoín, Alcalde Ordinario de la ciudad de Trujillo en 1630 y también de Maracaybo, casado con María de Saavedra, hija del conquistador de Mérida, capitán Hernando de Cerrada. Padres de: III.—María Alvarez Davoín. III.—Clara Alvarez Saavedra bautizada el 20 de agosto de 1608. III.—CapitánTomás Davoín Pereira, casadocon Petronila de Alarcón. III.—Catalina Alvarez Davoín. III.—Juan Alvarez Davoín, el Mozo. III.—Inés y Margarita Alvarez, bautizada el 2 de marzo de 1613 y el 14 de junio de 1614, respectivamente. XVI FRANCISCO DIAZ Este personaje sólo aparece como vecino de la ciudad de Trujillo en 1569. 69 XVII GERONIMO DELGADO Otro vecino de la ciudad de Trujillo en el propio año de 1569 que apa­ rece declarando sobre sucesos acaecidos en época anterior. XVIII BARTOLOME DE ESCOTO (v. descendencia de Francisco de Graterol). XIX MARTIN FERNANDEZ DE QUIÑONES Era hijo este conquistador del capitán Martín Fernández Angel de las Islas y de Juana Mexia, y aparece en la ciudad de Trujillo como Alcalde Ordi­ nario el año de 1562. Con fecha 23 de junio de 1560 dirigió el Rey Cédula refrendada de Francisco de Eraso a la Audiencia de Santa Fe en que hacía especial recomen­ dación de los hijos del capitán Martín Fernández para que se les diesen corregi­ mientos y se les hicieran mercedes en aquella jurisdicción, ya que su padre había prestado importantes servicios en estas Indias en compañía del adelantado Pedro Fernández de Lugo y del licenciado Jim énez de Quesada, “ teniendo siempre a su cargo oficios muy principales’’. Acompañó Fernán­ dez de las Islas ai capitán Quesada en la fundación de Santa Fe y fue tam­ bién de los fundadores de Tunja y Vélez. El capitán Fernández de Quiñones se encontró en la conquista de Valle de La Grita y fundación de la ciudad de Altamira de Cáceres. Cuando vacó la escribanía pública de Trujillo por dejación que hizo Luis de Palacios, fue re­ matada por aquél en cuatrocientos pesos de oro fino, pero como no era Escri­ bano Real y la Audiencia de Santo Domingo le ordenó que pasase a ella para que rindiese examen, hizo en su calidad de Alcalde Ordinario de Trujillo en 1594, presentación de su yerno Luis Pérez de Linares para dicho oficio. 70 Casó con María de Graterol. (v. descendencia de Francisco de Graterol). Tuvieron a: II.—Catalina Fernández, mujer del nombrado Luis Pérez de Linares. Este era natural de la Villa de Madrid e hijo de Alvaro Pérez de Linares y de Francisca Olivares, ambos cristianos rancios y de muy limpio solar. Padres de: III.—Alvaro Pérez de Linares, clérigo presbítero. III.—Nicolás Pérez de Linares, bautizado el 8 de junio de 1626. III.—Alférez Blas Pérez de Linares, quien sirvió a su costa y minción en la ciudad de Maracaybo con el gobernador Diego Osorio en la defensa de la ciudad contra los filibusteros holandeses y fue al castigo de los indios jiraharas alzados en los llanos de Monay. Después estuvo en la sojuzgación de los indios de Apure y Sarare y en cierta ocasión se le dio orden para que fuese a descubrir un pueblo de negros malhechores y asesinos “ que estaban en el pueblo de Cumbicalembe” . En Trujillo fue alférez de la Compañía Espa­ ñola y Alcalde de la Santa Hernadad, y en 1643 ejercía oficio de Escribano Público. En su testamento otorgado en Caracas el año de 1658 declaró que había casado con María de Balecillo, hija de Gonzalo de Amaya y de Juana Balecillo. Tuvieron a: IV.—José Linares y Olivares, clérigo presbítero, quien por haber reci­ bido órdenes de manos de ilustrísimo Señor Fray Antonio Gonzáles de Ani­ ña fue suspendido en virtud de las declaraciones hechas por el Obispo a la hora de su muerte, con necesidad de recurrir ante el Ilustrísimo Sr. Baños y Sotomayor para tenerlas nuevamente. Fue cura doctrinero del Pueblo de San Lázaro. IV,—Catalina Linares y Olivares, bautizada el 11 de setiembre de 1649. IV.—Juan Pérez y Linares, bautizada el 5 de junio de 1652. IV.—Pedro Linares y Olivares, bautizado el 23 de agosto 1656. IV.—Blas Pérez de Linares, bautizado el 5 de diciembre de 1666. 71 II.—María Fernández de Graterol, mujer de Rodrigo de la Bastida Briceño. (v. descendencia de Francisco de la Bastida). II.—Diego Hernández. II.—Mariana Mexia. II.—Martín Fernández de Graterol, quien obtuvo encomienda de In­ dios del Gobernador Ruy Fernández de Fuenmayor. II.—Lorenzo Fernández de Graterol, Alcalde Ordinario de Trujillo. Ca­ sado con Ana de Saavedra. Padres de: III.—Miguel Fernández de Graterol, bautizado el 7 de octubre de 1622 y Alcalde Ordinario de Trujillo en 1643. III.—Paula Graterol, bautizada el 10 de junio de 1624. ID.—Capitán Lorenzo Fernández de Graterol, bautizado el 1 de junio de 1640 y Alcalde Ordinario de Trujillo en 1677, casado con Catalina de Asuaje. (v. descendencia de Francisco de la Bastida). Padres de IV.—Josefa María Fernández de Graterol, quién fue casada y velada en Trujillo el año de 1680, a la edad de 13 años, pues había nacido el 8 de se­ tiembre del 67, con el capitán Carlos Luis de la Parra, (v. descendencia de Gerónimo de la Parra.) El acto tuvo lugar en la Iglesia del Monasterio Regi­ na Angelorum y ofició en él el Ilustrísimo Señor Fray Antonio González de Acuña. IV.—Jacobo Fernández de Graterol, bautizado el 24 de diciembre de 1659. IV.—José Fernández de Graterol, bautizado el mismo día. IV.—Rodrigo Fernández de Graterol, bautizado el 15 de febrero de 1662. IV.—Ignacio Fernández de Graterol, bautizado el Ló de abril de 1668. 72 IV.—Protacio Fernández Graterol, bautizado el 26 de junio de 1671 y Alcalde Ordinario de Trujillo en 1696 III.—Juan Fernández de Escoto, bautizado el 21 de mayor de 1641, quien casó con María Valera. Padres de: IV.—Ana Margarita, bautizada el 6 de agosto de 1665. III.—Lucía Fernández de Graterol, bautizada el 27 de diciembre de 1644. II.—Clérigo Pedro Graterol de Quiñones. II.—Licenciado Bartolomé Escoto, deán de la Santa Iglesia Catedral de Caracas, a cuya muerte se suscitó ruidoso juicio de competencia entre el pro­ visor sobremonte y el alcalde Lázaro Vásquez de Rojas, que hizo necesaria la solicitud de reales provisiones, venidas en favor de la jurisdicción eclesiástica. XX ANDRES DE FONSECA Vecino de la ciudad de Trujillo en 1569, año en que aparece dando declaración de sucesos anteriormente acaecidos. En el caso de haberse radica­ do en la ciudad de Trujillo no creemos que sea el genitor del linaje Fonseca de aquella provincia, pues éste desciende del portugués Gaspar de Reina Fonseca avecindado en Trujillo a fines del siglo XVI. XXI CRISTOBAL GAITAN DE SAN MARTIN Figura entre los conquistadores de Trujillo que se nombran en las pro­ banzas primitivas que hemos consultado y fue encomendero en el valle de los timotes. En la ciudad de Trujillo era Alguacil Mayor el año de 1571. Casó con Catalina Hernández Guadalupe y como hijos suyos conoce­ mos a: 73 II.—Cristóbal de San Martín, casado con Francisca Valera. II.—Ana Ponce de San Martín, mujer de Diego de la Peña, quienes tu­ vieron a: III.—Catalina Ponce de San Martín. III.—Mariana Ponce de San Martín. III.—Marta de la Peña, mujer del capitán Luis Díaz, natural de la Villa de Palmesa en el Reino de Portugal y quien ejercía en Trujillo de comercian­ tes, por lo cual practicaba viajes a Maracaybo, Cartagena y Nueva España en solicitud de géneros. Padres del: IV.—Alférez Antonio Díaz Saldaña, quien fue a la defensa de la ciudad de Maracaybo contra los corsarios el año de 1666. IV.—María Día, bautizada el 14 de abril de 1613. IV.—Isabel Díaz, bautizada el 27 de febrero de 1614. IV.—Francisca Díaz Saldaña, bautizada el 11 de octubre de 1614, casa­ da con Francisco Morillo. Padres de: V.—Manuela, bautizada el 7 de junio de 1643. V— Petronila, bautizada el 10 de noviembre de 1645. V.—Margarita, bautizada el 10 de noviembre de 1643. IV.—Diego Díaz, bautizado el 21 de setiembre de 1620. IV.—Luis Díaz, bautizado el 16 de octubre de 1622. IV.—Leonor Díaz, bautizada el 11 de diciembre de 1624, casada con el Alférez Gerómino de Valecillos. Padres de: V.—Jacinto, bautizado el 8 de setiembre de 1645. 74 V.—Isabel, bautizada el 8 de noviembre de 1648. V.—Juan, bautizado el 10 de mayo de 1652. V.—Lucía Valecillos. V.—Josefa Valecillos. V.—María Valecillos. V.—Francisca, bautizada en abril de 1671. IV.—Josefa Díaz, bautizada el 17 de diciembre de 1628. II.—Juana de San Martín. II.—Francisco de San Martín. XXII GREGORIO GARCIA En cierta declaración rendida en Trujillo por este conquistador, dijo que había entrado en la primera expedición que comandó el capitán García de Paredes y Oviedo y Baños lo señala entre los compañeros de Francisco Ruiz. A su cargo estuvo durante el gobierno de García de Paredes señalar los términos de las primeras encomiendas adjudicadas por aquél y se separó de la ciudad el año de 1561 con ocasión de ir a Barquisimeto al desbarate del Ti­ rano Aguirre, jornada en que tuvo oficios de alférez. Al año siguiente de 62 fue electo alcalde ordinario de la ciudad de El Tocuyo, de donde nuevamente se trasladó a Trujillo donde fue regidor en 1570. En la residencia que se tomó a las autoridades de Chávez el año de 71 dio cierta declaración contra Juan de Segovia y también contra Juan Morón de Cadenas, y en su descargo Segovia llevó a los autos la prueba de la ene­ 75 mistad que le desunían de García, a quien había obligado a pagar una carga de sal que debían a un soldado de nombre Juan Rodríguez y lo pinta con fuertes brochazos que hacen de él una figura singular. En medio de aquel ambiente de desavenencias que caracterizó los pri­ meros años de la fundación de Trujillo, Gregorio García se destaca como un representativo de las bravas pasiones que distanciaron a los conquistadores y que contribuyeron con los indios y fieras del monte, a que la ciudad andu­ viese de sitio en siuo, en hombros de su habitantes, como si se tratase de una jornada de beduinos en cálido desierto. Para alejarse de aquel enredo de discordias que reinaba entre los con­ quistadores y librarse de los cargos que le hacían —entre ellos el de huir de la justicia— Gregorio García había tomado el camino del campo, donde man­ tenía su habitación y sus armas de guerra. Sólo de tarde en tarde, cuando te­ nía necesidad de provisiones que no le daban las selvas silenciosas, jinete en viejo caballo y armado de aguda lanza, que le hacían memorar la propia fi­ gura del Tirano Aguirre, según palabras de Segovía, se presentaba lleno de desazón a la ciudad naciente, donde era mirado con ojos de espanto. Practi­ cadas las diligencias del caso, y sin cruzar palabras con los vecinos, fuera de las necesarias que dirigía al ventero, pinchada espuelas al triste y cansado ro­ cín y sólo con su lanza, que lo convertía en terror de los caminos solitarios, se volvía callando al secreto de la montaña que cobijaba su indócil natural. XXIII GUTIERRE GARCIA Este declaró que había entrado a la conquista de los cuycas con el capi­ tán Diego García de Paredes y era vecino de la ciudad de Trujillo al año de 1569XXIV PEDRO GARCIA CARRASCO Lo nombra Oviedo y Baños entre los compañeros de Ruiz el año de 1568 y siendo después Regidor de la nueva ciudad de Trujillo, hizo viaje en 76 unión de Francisco Camacho hasta la ciudad de Coro con el fin de noticiar que García de Paredes había ofrecido la jurisdicción de la tierra a las autori­ dades del Nuevo Reino de Granada. XXV DIEGO GARCIA DE PAREDES Veintiocho años tenía este capitán cuando el Cabildo de la ciudad del Tocuyo le encomendó la conquista de los cuycas. Era hijo del famoso Diego García de Paredes que acompañó al Gran Capitán en portentosas hazañas y cuyas proezas, de ser escritas por otro cronista, empalidecerían las de los Aquiles y Roldanes, al decir de Cervantes. Nació en Trujillo de Extremadura y pasó a las Indias con Hernán Cor­ tés, a quien acompañó en la conquista de México, después estuvo con Pi­ zarra en el Perú, y también en Panamá con el presidente Gasea. Estuvo en el Nuevo Reino, y entrado a la Gobernación de Venezuela, asistió con Juan de Villegas a la fundación de Nueva Segovia de Barquisimeto, donde fue electo para uno de sus primeros regidores y tuvo indios en en­ comienda en el Valle de las Damas. Sucedida la muerte de Villacinda en 1557, los alcaldes de la ciudad del Tocuyo asumieron el mando de la Provincia de acuerdo con lo ordenado en el testamento del Gobernador, y “ por no tener las manos vacas’’, resol­ vieron la conquista de la rica provincia de cuycas, descubierta el año de 1549 por el Maese de Campo Diego Ruiz Vallejo de la cual se esperaba obtener oro y mucho algodón. La empresa fue encomendada a García de Paredes, joven capitán que a su arrogante empuje unía el prestigio del nombre de su padre, y con setenta infantes, cuyos nombres ningún historiador ha señalado, doce caballos y bas­ tantes indios de servicio tomó la ruta de los cuycas, donde dio fundación aquel mismo año de 57 a la Nueva Trujillo, en recuerdo de la ciudad donde tuvo nacimiento. Venido al Tocuyo a dar cuenta del feliz resultado de su empresa, los in­ 77 dios atacaron la naciente ciudad, lo que hizo volver precipitadamente a su fundador, quien a pesar de la dura defensa que llevó a cabo, tuvo que regre­ sar al Tocuyo a buscar refuerzos de hombres, por haber perecido algunos es­ pañoles. Por entonces había venido con provisiones de la Audiencia de Santo Domingo a gobernar la Provincia Gutierre de la Peña, quien, por estar mal quisto con García de Paredes, dio poderes a Francisco Ruiz para continuar la jornada empezada por aquél. De seguido llegó el licenciado Pablo Collado a sustituir a Peña, y este último Gobernador, advertido de la ofensa que se había hecho a García de Paredes, le renovó poderes para continuar en su fundación en la Provincia de los cuycas y para remitir preso a Ruiz. Camino de su ciudad tomó Paredes, y reconocido por el Cabildo, volvió a darle el nombre de Trujillo que Ruiz le había cambiado por el de Mirabel, pero agregándole, para halago del Gobernador, la desinencia del Collado. Siendo duro aquel sitio primitivo, que estaba en cercanía del actual pueblo de Escuque, resolvió hacer su traslado hacia las riberas del Boconó, en sitio que aún no se precisa, pues si la tradición dice que fue en el lugar llamado “ La Encomienda” , parece que lo fuera cerca del mismo pueblo de Boconó, y se dedicó especialmente a la busca de minerales de los cuales, según decla­ ración de Francisco Ortiz en 1562, se hallaron buenos yacimientos, pues él ‘‘vio oro a su negro en las manos” y García de Paredes declaró que por incu­ ria de Collado no se explotó como debía. A mediados de 1560 se hallaba en el Tocuyo en espera del provisor que iba a visitar los cuycas, cuando se recibió una orden de Collado, que estaba en Coro, dirigida a Francisco Ruiz, teniente de El Tocuyo, para que notifica­ se a Paredes que regresase a su ciudad, donde permaneció hasta mayo de 1561, en que se pasó a Mérida en el Nuevo Reino de Granada. Se acusó por entonces a García de Paredes de que pretendía dar la jurisdicción de la ciudad a las autoridades del Reino de Granada, cosa justiciable por su desa­ venencia con Collado y debido, creemos nosotros, a la pusilanimidad del go­ bernador, a quien Juan de Castellanos llamaba Pablo Faldetas, por su modo indeciso y sus acciones de poco. En Mérida, ciudad que pagaba con el buen recibimiento que ofrecía a Paredes, la generosa hospitalidad que éste dio a Juan Rodríguez Suárez en su ciudad de Tru­ jillo, se hallaba el año de 1561 el fundador -de ésta, cuando 78 con voces espanto se anunció la proximidad del Tirano Aguirre. Noble y ge­ neroso, García de Paredes prestó al Gobernador Collado, que no las tenía to­ das consigo y preparaba su fuga hacia Trujillo, el auxilio de su espada, reite­ radas veces pedido por el Gobernador y se vino con la gente que organizó en aquella ciudad Pedro Bravo de Molina, al campo del rey, y en unión de este último capitán, de Gutierre de la Peña y de Francisco Ruiz dirigió las opera­ ciones. Aguirre, viendo ya su mala suerte Y el ímpetu de tal caballería, Poco apoco se ve hacia sufuente, Y en su alcance ya Diego García quien en unión de doce compañeros, penetró bravamente en el fuerte, hasta dar fin al terrible invasor. De los importantes servicios prestados.en tan oportuna ocasión a los in­ tereses reales, levantó larga probanza en el Tocuyo, y en ella hemos leído que el capitán García de Paredes, no desligado de la ciudad que había fun­ dado, se decía vecino de ella, cuando en realidad no lo era sino de Mérida, pero sin agregar la desinencia aquélla que le puso para agrado de Collado, pues ahora la llaman Trujillo de Salamanca, tanto él como los vecinos, ofen­ didos acaso de que su ciudad recordase al pusilánime Gobernador. Con los recaudos hizo viaje a España en solicitud de reales mercedes y el Rey le dio como premio la Gobernación de Papayán en el Nuevo Reino de Granada. A la mar se hizo con destino a su provincia el año de 1563, pero deseoso de verse con el capitán Luis de Narváez, a quien creía ocupado en la conquista de los caracas, tuvo la temeridad de desembarcar en Catia la Mar con escasos compañeros y habiendo sido atacado por una escuadra de indios que comandaba Guanauguta, teniente de Guaicaipuro, éstos lo flecharon de muerte. Tal el fin del valiente conquistador que dio fundación a la primitiva ciudad de Trujillo y quien por sus hechos y la distinción de su persona, fue uno de los más distinguidos capitanes que figuró en la conquista de Vene­ zuela. No dejó él la ciudad en el sitio que actualmente ocupa, pero debe lla­ marse su fundador, como lo entendieron sus mismos compañeros de con­ quista. 79 XXVI CRISTOBAL GOMEZ CARRILLO El capitán Cristóbal Gómez Carrillo, hermano del conquistador Pedro Gómez, estaba casado con Isabel de Cerrada, hermana de Hernando de Cerrada, poblador de Mérida. En el reparto de indios que hizo en 1552 el fundador de la Nueva Segovia de Barquisimeto, se adjudicaron indios en Buría a Cristóbal Gómez, que debe ser el mismo en que nos ocupamos. Ha­ bía entrado con el Gobernador Pérez de Tolosa y fue en la expedición que exploró la entrada de la Laguna de Maracaybo y estuvo en descubrimiento de minas. Padres de: II.—Clérigo de mayores Lucas Carrillo. II.—María Carrillo, mujer del capitán Martín Méndez Cabrita. Este era natural de la ciudad del Faro en el Reino de Portugal y procedía del matri­ monio de Blas Martínez Cabrita y de Isabel Rodríguez Viegues. Don Blas era hijo de Francisco Martínez Cabrita, confidente y compañero del infante don Fernando, más tarde Rey Católico de España, en la guerra de Africa contra los moros, y doña Isabel lo era de Juan Viegues. La Audiencia de Santo Domin­ go despachó real provisión para amparar al capitán Méndez Cabrita el año de 1634 en virtud de la hidalguía de su linaje, probada con ejecutorias hechas en Portugal. Méndez Cabrita estuvo en conquistas en el Nuevo Reino de Granada y contribuyó a la pacificación de los indios pijaos.y después en la Gobernación de Venezuela prestó importantes servicios en el allanamiento de la Provincia de Nirgua. En Trujillo fue Alcalde Ordinario y tesorero de la Real Hacienda y como persona benemérita recibió del Gobernador Sancho Alquiza, el año de 1610, en encomienda los ‘‘principales e indios de nación cuycas que viven en la quebrada llamada de San Sebastián, cuyos principales se llaman don Pedro y Diego Hernández y buscuy y el principal diaguito hijo del principal bohote con todos su sujetos de nación timotes que viven en el asiento llamado exambux y niriguajar’’. Padre de: II.—Pablo Méndez Cabrita, bautizado el 19 de febrero de 1621, casado con Juana de Avendaño. Padres de: IV.—María Méndez Cabrita, bautizada el 25 de abril de 1643, casada con Domingo de Velazco. Padres de: 80 V.—María Velazco, bautizada el 15 de abril de 1664. V.—Petronila Velazco, bautizada el Io. de julio de 1665. V.—José Velazco, bautizado el 20 de febrero de 1667. V.—Manuel Velazco, bautizado el 26 de abril de 1670. IV.—Juana Méndez Cabrita, bautizada el 16 de julio de 1646. IV.—Blas Méndez Cabrita, bautizado el 15 de mayo de 1647. III.—José, bautizado el 3 de marzo de 1612. III.—Dr. Juan Méndez Cabrita, cura de Maracaybo. ID.—Miguel Méndez Cabrita, bautizado el 6 de octubre de 1614, Regi­ dor perpetuo de la Ciudad de Trujillo, a quien el Gobernador Núñez Meleán despachó título de capitán de infantería, casado con Inés de Losada, hi­ ja está del capitán Juan Ochoa de Losada, Alférez Mayor de la Ciudad del Tocuyo en 1628 e hijo de Juan de Oñate y Ochoa y de Inés de Losada, hija ésta de Diego de Losada, segundón del señor de Rionegro y fundador de Ca­ racas y de Gineza Núñez. Padres de: IV.—Inés de Losada Cabrita, bautizada el 13 de junio de 1646, mujer de Hernando Hurtado de Mendoza, (v. descendencia de Alonso Andrea de Ledesma). II.—Juan de Cerrada. Armas de Carrillo: de gules, un castillo real de oro. XXVII PEDRO GOMEZ CARRILLO El capitán Pedro Gómez Carrillo entró, según Oviedo, en compañía de Francisco Ruiz el año de 1558 y recibió indios en el primer repartimiento. 81 Fue Regidor el año de 1569 y posteriormente Alcalde Ordinario de la ciudad. Casó el capitán Gómez Carrillo con la española Catalina Castañeda y tuvieron a: II.—Mariana Carrillo, mujer que fue del capitán Baltasar Soler 4, quien era ya vecino de Trujillo por 1578. Este era hijo de Pedro Soler, hijos­ dalgo de solar conocido y natural de Constanti lugar cercano a Tarragona, quien había casado en San Cristóbal de Tenerife con Juana Padilla. El capi­ tán Baltazar había sido antes de venir a las Indias capitán de infantería en Villaflor de Tenerife y en cierta ocasión, habiendo tenido noticias de que al Puerto de Montaña Roxa de la dicha isla habían llegado seis naos inglesas y echado mucha gente a tierra, salió a su defensa a la cabeza de su compañía, y adelantándose sólo con siete infantes, se encontró con los ingleses y después de desbaratarlos los obligó a reembarcarse con perdida de mucha gente y de gran material de guerra. En otra ocasión, hallándose en la misma isla, supo que otro corsario inglés había desembarcado y penetrado con cincuenta hombres armados de sus coceletas y arcabuces a la villa de Adije, obligando a sus vecinos a refugiarse en la montaña y el capitán Soler con sólo tres infantes les dio rostro, y acometiéndolos con voces de “ Santiago y a ellos” , “ Santiago y a ellos” , les obligó a bajar hasta la playa a embarcarse a todas prisa, siguiéndoles el capitán Soler mientras los ingleses dejaban las armas. Venido a Tierra Firme el capitán Soler estuvo en compañía del Gobernador Diego Osorio en la defensa de la ciudad de Maracaybo contra los corsarios en 1594 y como para que su recuerdo quedase una vez más unido a la intermi­ nable historia de corsarios y piratas, dice Castellanos en su “ Discurso del ca­ pitán Francisco Drake” , que cuando en el Nuevo Reino se ignoraba la ver­ dad de las fechoría del corsario en Santo Domingo. Antonio Joven, hombre qual cumplía, Corregidor de Tunia, tuvo carta de Baltasar Soler, que residía en Venezuela, por la cual aparta la dubda que antes della se tenía 4. 82 A Baltazar Soler se cita como Maestre de Campo en la jomada que descubrió el Río Pamplona (Cfr. Archivos de Sevilla And. de Sto. Dom. 53. 4, 3. Sig. mod. Leg. 43. Copias citadas). pues afirmava por negocio cierto ser cierta la ruina de aquel puerto. Como de la persona de quien era vino la carta triste y avissada, pero su relación no de manera que deshiziese la preñez pasada, más antes se quedaba tan entera cerca de la grandeza del armada pues promontorios, puntas, cabos varios tenia ocupados los corsarios. Fue también con el capitán Juan Pacheco Maldonado al sometimiento de los zapatas y demás tribus rebeldes de la laguna de Maracaybo. En Trujillo fue Alcalde y Teniente de Gobernador. Padres de: III.—Juan Soler. III.—María de Soler, mujer de Pablo de Brito. (v. descendencia de To­ más Davoín )„ III.—Mariana Soler, mujer del capitán Juan Domínguez Albarrán 5. Padres de: IV.—Baltazar Soler, bautizado el 7 de noviembre de 1626. III.—Juana Soler, mujer del capitán Rodrigo Fernández Saavedra, na­ tural de La Palma (Canarias), hijo éste de Alonso Fernández y Saavedra y de Magdalena Asuaje, naturales de las Islas y de casa ilustre. Padres de IV.—Magdalena Saavedra, mujer del capitán Francisco de Graterol Be­ tancourt. (v. descendencia de Francisco de Graterol). IV.—Baltazar Soler Saavedra. 5. El capitán Juan Domínguez de Albarrán debe ser el mismo a quien se confirmó una encomienda en el Portillo de Carora, el año de 1627, hijo de Benito Martín de Albarrán y Sevilla. Aud. de Sto. Dom. 53,4,1, Sig. mod. Leg. 41), 83 de: II.—Bernadina Carrillo, mujer del Alcalde de Diego de Martos. Padres III.—Catalina de Martos, casada con Diego Alonso Alcón. Padres de: IV.— María Alcón, bautizada el 18 de setiembre de 1629. IV.—Margarita Martos, bautizada el 28 de marzo de 1609, quien casó con Juan de Monguía Betancourt. Padres de: IV.—Juan Monguía, bautizado el 12 de abril de 1640. III.—María Martos Carrillo, bautizada el 20 de marzo de 1614, mujer de Marcos Verde Betancourt. Padres de : IV.—Cristóbal Verde, bautizado el Io. de julio de 1640. IV.—Bernardina Verde, bautizada el 29 de diciembre de 1641. IV.—Gerónimo Verde, bautizado el 8 de enero de 1645. III.—Jacinto Martos Carrillo, bautizado el 24 de setiembre de 1615. III.—Salvador de Martos Carrillo, bautizado el 17 de enero de 1617, quien casó con Mariana de Betancourt. Padres de: IV.—Blas Martos Carrillo, bautizado el 18 de mayo de 1640, quien casó con Juana de la Jara. Padres de: V.—Salvador de Martos Carrillos, bautizado en enero de 1673. IV.—Cristóbal Martos Carrillo, bautizado el 27 de abril de 1642, casa­ do con Isabel Gómez. Padres de: V.—Antonia Martos Gómez, bautizada el Io. de setiembre de 1664. 84 XXVIII ALONSO GONZALEZ Este capitán fue de los que entraron con Diego García de Paredes y tu­ vo indios en el primer repartimiento, como se lee en la data de encomienda de Lucas Mexia de Vilches. Figura como Alcalde Ordinario de la ciudad el año de 1567 y más de tarde, en 1570, como vecino de la ciudad de El Tocu­ yo. Era natural de Lober, lugar de la Provincia de Zamora en España, a don­ de hizo viaje el año de 1568. XXIX PEDRO GONZALEZ DE SANTACRUZ Según Oviedo y Baños entró con Jorge Spira el año de 1534 y después lo señala este mismo historiador como compañero de Francisco Rjiiz en la expe­ dición de 1558. El año de 1567 era Teniente de Gobernador en la ciudad de Trujillo, nombrada ya por entonces de Nuestra Señora de la Paz, según lo hemos leído en una actuación escrita en aquella fecha. El distinguido histo­ riador Dr. Amílcar Fonseca, nos dice que cuando la ciudad estuvo en el Valle de Catalina, cerca de Pampán, ya llevaba esta denominación, considerada por entonces, según el dicho de Oviedo y Baños y demás historiadores, como la que adptó la ciudad al ser llevada al valle de Mucas durante el Gobierno de Alonso Pacheco. En el año en que fue González de Santacruz justicia mayor de la ciudad de Trujillo, fue a ella, enviado por las autoridades de Santo Domingo, el juez Pedro Gutierrez, con orden de prender y castigar a Alonso González, Fracisco de Graterol, Francisco Camacho y Alonso Pacheco, a quienes se acu­ saba de abusos cometidos en la reducción de los naturales. Mas los vecinos de Trujillo, todos a una, interpusieron su influencia ante el juez dicho e infor­ maron sobre la calidad de los servicios prestados por los incursos, a quienes se dejó en paz. En 1570 estaba el capitán Santacrui avecindado en la ciudad del Tocu­ yo en unión de su esposa Juana de Agreda. 85 XXX FRANCISCO DE GRATEROL Este conquistador era natural de la ciudad de Venecia y según declara­ ción firmada en Madrid el 29 de diciembre de 1612 por Pedro Priule, emba­ jador de la serenísima Señoría de Venecia ante la Corte de Madrid, pertene­ cía a la casa de Graterol de aquélla república “ que es de los buenos antiguos y principales dúdanos” y muy “ honrada y limpia de cualquier género de mancha así de judío como de moro. ’’ Entro a la Gobernación de Venezuela en la expedición de Jorge Spira el año de 1534, y después de haber acompañado a éste, a Hutten y a Villegas en distintas jornadas, se halló presente en la fundación en la Nueva Segovia de Barquisimeto. Oviedo y Baños lo nombra entre los compañeros de Ruiz en la expedi­ ción de 1558 y fundada la ciudad, fue en ella Regidor el año de 1560 y Alcal­ de Ordinario el de 61, y como tal condujo en unión del otro Alcalde, Alonso Pacheco, el contigente que de la nueva ciudad fue a la de Barquisimeto al desbarate del Tirano Aguirre. Se lee en los documentos primitivos, que muerto el Tirano, Graterol le cortó una de las manos, que llevó a la ciudad de Trujillo como bélico trofeo, para enterrarla en la plaza mayor. Vino casado de España con Juana de Escoto, de hidalgo linaje y natural del Puerto de Santa María, y la cual, según las probanzas levantadas por sus descendientes, fue una de las primeras damas que mantuvieron hogar en la nueva ciudad. Esta, una vez viuda, casó con el conquistador Tomás Davoín, de donde se deduce que Graterol murió muy al principio de tal vez antes de la definitiva instalación de la ciudad. Como hijos suyos conocemos a: II.—BARTOLOME DE ESCOTO, conquistador y fundador de la ciudad de Trujillo, señalado por Oviedo y Baños entre los compañeros de Ruiz en su entrada del 58. Erróneamente nosotros habíamos considerado es­ te conquistador como hermano de doña Juana, pero un estudio mejor de la materia nos ha permitido establecer que fue nacido en Venezuela e hijo de 86 don Francisco. Era vecino de Trujillo en 1595, fecha en que aparece comprando tierras para su hermano el beneficiado Pedro de Graterol. II.—Angela de Graterol, mujer del capitán Alonso Pacheco (v. descen­ dencia de éste). II.—María de Graterol, mujer de capitán Martín Fernández de Quiñonez (v. descendencia de éste). II.—Capitán Cristóbal de Graterol, casado con Francisca Peraza de Be­ tancourt, hija ésta de Pedro de Alarcón Betancourt y de Elvira Peraza de Ayala, e hija ésta de Hernán Peraza de Umpiérrez, vecino de la Gran Cana­ ria y de María de Ayala, natural de los Reinos de España. Pedro de Alarcón Betancourt, era descendiente de monsieur Juan de Betancourt, Caballero de la Flor y Tabla de Francia y conquistador de las Canarias, de las que ganó cuatro: Lanzarote, Fuerteventura, Hierro y la Gomera. Padres de: III.—Juana Betancourt Graterol, mujer del capitán Pedro de Segovia (v. descendencia de Juan de Segovia). III.—Francisco de Graterol, Teniente Gobernador en 1637, casado con Magadalena Saavedra (v. descendencia de Pedro Gómez Carrillo). Padres de: IV.—Juana Graterol, bautizada el 16 de julio de 1618. IV.—Gerónima Graterol, bautizada el 14 de setiembre de 1623. IV.—Capitán Francisco de Graterol Saavedra, bautizado el 6 de julio de 1626, quien fue como capitán de la gente que de Trujillo salió en 1656 a la defensa de Maracaybo contra los piratas franceses. Casó con Manuela Cabrita y tuvieron a: V.—Nicolás Graterol, bautizado el Io. de mayo de 1664. IV.—Nicolás Graterol, bautizado el 29 de setiembre de 1627. IV.—Gerónimo de Graterol, bautizado el 8 de octubre de 1631. IV.—Rodrigo de Graterol, bautizado el 10 de noviembre de 1633. 87 IV.—Alférez Real Diego de Graterol Saavedra, bautizado el 3 de enero de 1637, Alcalde Ordinario de la ciudad de Trujillo en los años de 1674, 1675 y 1683 y Gobernador en ella con tal carácter durante los años de 74 y 75 en virtud del privilegio obtenido por Sancho Briceño y por muerte del Go­ bernador Dávila Orejón Gastón. El Rey le hizo mereced del nombramiento de Capitán de Campana, que ante había tenido donjuán Pacheco de Men­ doza, y como tal acudió a la defénsa de la Laguna y especialmente a la de Gibraltar, de la Provincia de Mérida en 1692. IV.—Ana de Graterol Saavedra, bautizada el 15 de enero de 1646, mu­ jer del Alférez Real Rodrigo Hipólito de la Bastida Briceño. (V. descenden­ cia de Francisco de la Bastida ). II.—Francisca de Graterol, mujer del fundador Marcos Valera (v. des­ cendencia de Juan Morón de Cardenas). II.—Petronila de Graterol, mujer del capitán Andrés Sanz. Este era na­ tural del Reino de Aragón en España y vino en unión de otros soldados en barco que se armó con su propia ayuda. Primeramente estuvo en la ciudad del Espíritu Santo de la Grita, donde prestó importantes servicios en la paci­ ficación de los naturales. En Trujillo fue Teniente de Gobernador por Diego Osorio y Sancho Alquiza, Procurador General, Regidor Perpetuo, capitán de Infantería Española, Teniente de Tesorero de la Real Hacienda y Alcalde Or­ dinario y como tal, Gobernador de la ciudad en unión de otro Alcalde por haber muerto el 6 de julio de 1603 el Gobernador Suárez del Castillo. El 9 de mayo de 1597 el Gobernador Diego Osorio dio al capitán Sanz nombra­ miento de Justicia y Juez poblador con poderes para poblar pueblos con los indios reducidos de la doctrinas de San Juan Baustista de Carache y Burbusay y con atribuciones para señalar el sitio y la forma de la población. Por tal nombramiento debe considerarse a este capitán como fundador del actual pueblo de Carache. También tuvo poderes del mismo Gobernador para ir a la repoblación de San Juan de Guillena. Armas de Sanz: escudo cortado, en el primero de azur un lucero acompañado de seis estrellas de plata, en el de abajo de plata, dos brazos vestidos de gules, llevando en las manos sendas palmas de sínople. Padres de: III.—María Sanz de Graterol, mujer del capitán Juan Mexia de Narváez (v. descendencia de Lucas Mexia de Vilchez). 88 III.—Capitán Francisco Sanz de Graterol, casado con María de Gaviria, hija del capitán Francisco de Altuve y Gaviria y de Juana de Bedoya (v. este linaje en Pedro Luis Villora). Padres de: IV.—Capitán Andrés Sanz de Gaviria, bautizado el 15 de julio de 1638, encomendero en Santiago del Burrero. Alcalde Ordinario y Sargento Mayor de la ciudad de Trujillo, casado con Margarita Valera y Alarcón (v. descendencia de Juan Morón de Cadenas). Esta llevó al matrimonio como le­ gítima paterna la cantidad de siete mil quinientos sesenta y tres pesos, según lo declaró en su testamento el capitán Sanz de Gaviria. Padres de: V.—Juana de Santa Bárbara quien abrazó religión y había sido bautiza­ da el 15 de abril de 1659. V.—Presbítero Francisco Sanz Valera, bautizado el 25 de diciembre de 1661, sacristán mayor de la Matriz en 1684. V.—Diego Ignacio Sanz, bautizado el 15 de noviembre de 1662. V.—Inés Josefa Sanz, bautizada el 2 de mayo de 1662. V.—Juana Nicolás Sanz, bautizada el 18 de abril de 1665. V.—Mauricia Sanz Valera. III.—Sargento mayor Gerónimo Sanz de Graterol, Teniente de Gober­ nador el año de 1667, casado con Lucía de Olivares. Padres de: IV.—Micaela Sanz, bautizada el 9 de octubre de 1632. IV.—Gerónimo Sanz Graterol, bautizado el 17 de octubre de 1637, y Alcalde Ordinario de la ciudad en 1692. IV.—Bartolomé Sanz Graterol, bautizado el mismo día. IV.—Licenciado Pedro de Graterol, provisor del Obispado y Visitador General en Trujillo el año de 1595. A la muerte del limo. Sr. Fray Pedro Mártir Palomino asumió el gobierno de la Diócesis en su carácter de Pro­ 89 nombre del Rey, una nueva ciudad o pueblo sujeto a la Gobernación de Ve­ nezuela. Con suficiente acompañamiento de soldados y provisiones entró Guillen de Saavedra a aquella dura jomada, y a vuelta de pocos meses tenía fundado un pueblo al que dio el nombre de San Juan de Guillena, pero con tan mala suerte para el fundador que pasado poco tiempo los indios se rebe­ laron y le dieron muerte, con lo que se ocasionó la despoblación del nuevo asiento y la vuelta de los naturales a su estado de rebelión, el cual hicieron llegar hasta Riohacha donde mataron un fraile y muchos soldados españoles, lo que obligó al Gobernador Osorio a dar poderes al capitán Pedro Sánchez de Miranda para ir a la nueva reducción de los alzados y repoblación de San Juan de Guillena. También se había hallado anteriormente el capitán Guillén en unión de Gonzalo de Piña Ludueña cuando esté dio fundación en 1592 a la villa de San Antonio de Gibraltar. Los Saavedra procedían de una noble casa española establecida en An­ dalucía en tiempos del Rey D. Fernando III de Castilla y estuvo representada en la conquista de Indias por ilustres vástagos. Dice Ricardo de Lafuente al estudiar los Saavedra de Buenos Aires: “No hubo hueste castellana en el Nuevo Mundo que no llevara algún Saavedra dispuesto a prestar el concurso de armas para ensanchar los dominios de su Rey y ganar adeptos para su fe’’. De su unión con Fabiana Nava nació: II.—Cristóbal de Nava Saavedra, natural de Maracaybo casado con Ma­ ría Juana de Barrenechea, hija ésta del capitán Juan de Tolosa Barrenechea, conquistador en el Nuevo Reino y de Brígida Yarza, ambos oriundos de Guipúzcoa. Padres de: III.—Capitán Juan Guillén de Saavedra Barrenechea, natural de Mara­ caybo, quien con poderes del Gobernador Fernández de Fuenmayor defen­ dió la ciudad de la Nueva Zamora de los piratas que la asaltaron en 1641. Casó éste con Mauricia Gertrudis Boscán, hija de Juan Boscán de Carrillo y de Mariana Valenzuela. Boscán de Carrillo era hijo de Juan Boscán y Francis­ ca Carrillo, y Mauricia viene del matrimonio de Antonio Valenzuela y Agus­ tina Castellanos. Padres de: IV.—Regidor Cristóbal de Nava Saavedra, casado con María Cano de 92 Velazco (v. descendencia de Juan Rodríguez de Porras). Padres de: V.—Francisco Guillen, casado con Micaela Pinedo. Esta es hija de José de Pinedo, Regidor de los guásimos y capachos, y de Andrea Caicedo, cuyos padres eran privados en la Corte del Virrey y de Santa Fe. Padres de: IV.—Sebastián José Guillén, casado con Asención Lezama. Esta era hija de Custodio Lezama y de Alejandra Cedeño. Don Custodio era hijo de Juan Bautista Lezama, natural de Bilbao, hijodalgo y Mayorazgo de su familia y de Catalina Pino. Y doña Alejandra viene del matrimonio de José Cedeño Cisneros, Alféarez Real y de María Hernández Cuenca, naturales de Sevilla. III.—Lucía Guillén de Saavedra, mujer del capitán Miguel Luis Villora (v. descendencia de Pedro Luis Villora). XXXII JUAN DE HERRERA Testigo que en 1569 aparece refiriéndose a sucesos acaecidos con ante­ rioridad a aquella fecha. XXXIII JUAN HIDALGO Este conquistador estuvo según Oviedo y Baños en la fundación de la Nueva Segovia y lo hemos visto figurar en las probanzas primitivas como fundador de Trujillo. En 1567 era vecino de El Tocuyo en unión de su esposa Beatriz González y fue Alcalde de El Tocuyo en 1562. En el reparto de in­ dios que hizo Juan de Villegas después de la fundación de Barquisimeto, se le adjudicaron indios en cercanías de Río Claro y en la data de su encomien­ da se lee que tenía Hidalgo por entonces diecisiete años de haber entrado a la Gobernación y que había acompañado a Spira y a Hutten en sus expedi­ ciones. Fue también con Alonso Pérez de Tolosa a la jornada de la culata de la Laguna y con Villegas a los distintos descubrimientos de minas. 93 nombre del Rey, una nueva ciudad o pueblo sujeto a la Gobernación de Ve­ nezuela. Con suficiente acompañamiento de soldados y provisiones entró Guillen de Saavedra a aquella dura jomada, y a vuelta de pocos meses tenía fundado un pueblo al que dio el nombre de San Juan de Guillena, pero con tan mala suerte para el fundador que pasado poco tiempo los indios se rebe­ laron y le dieron muerte, con lo que se ocasionó la despoblación del nuevo asiento y la vuelta de los naturales a su estado de rebelión, el cual hicieron llegar hasta Riohacha donde mataron un fraile y muchos soldados españoles, lo que obligó al Gobernador Osorio a dar poderes al capitán Pedro Sánchez de Miranda para ir a la nueva reducción de los alzados y repoblación de San Juan de Guillena. También se había hallado anteriormente el capitán Guillén en unión de Gonzalo de Piña Ludueña cuando esté dio fundación en 1592 a la villa de San Antonio de Gibraltar. Los Saavedra procedían de una noble casa española establecida en An­ dalucía en tiempos del Rey D. Fernando III de Castilla y estuvo representada en la conquista de Indias por ilustres vástagos. Dice Ricardo de Lafuente al estudiar los Saavedra de Buenos Aires: “ No hubo hueste castellana en el Nuevo Mundo que no llevara algún Saavedra dispuesto a prestar el concurso de armas para ensanchar los dominios de su Rey y ganar adeptos para su fe” . De su unión con Fabiana Nava nació: II.—Cristóbal de Nava Saavedra, natural de Maracaybo casado con Ma­ ría Juana de Barrenechea, hija ésta del capitán Juan de Tolosa Barrenechea, conquistador en el Nuevo Reino y de Brígida Yarza, ambos oriundos de Guipúzcoa. Padres de: ID.—Capitán Juan Guillén de Saavedra Barrenechea, natural de Mara­ caybo, quien con poderes del Gobernador Fernández de Fuenmayor defen­ dió la ciudad de la Nueva Zamora de los piratas que la asaltaron en 1641. Casó éste con Mauricia Gertrudis Boscán, hija de Juan Boscán de Carrillo y de Mariana Valenzuela. Boscán de Carrillo era hijo de Juan Boscán y Francis­ ca Carrillo, y Mauricia viene del matrimonio de Antonio Valenzuela y Agus­ tina Castellanos. Padres de: IV.—Regidor Cristóbal de Nava Saavedra, casado con María Cano de 92 Velazco (v. descendencia de Juan Rodríguez de Porras). Padres de: V.—Francisco Guillén, casado con Micaela Pinedo. Esta es hija dejóse de Pinedo, Regidor de los guásimos y capachos, y de Andrea Caicedo, cuyos padres eran privados en la Corte del Virrey y de Santa Fe. Padres de: IV.—Sebastián José Guillén, casado con Asención Lezama. Esta era hija de Custodio Lezama y de Alejandra Cedeño. Don Custodio era hijo de Juan Bautista Lezama, natural de Bilbao, hijodalgo y Mayorazgo de su familia y de Catalina Pino. Y doña Alejandra viene del matrimonio de José Cedeño Cisneros, Alféarez Real y de María Hernández Cuenca, naturales de Sevilla. III.—Lucía Guillén de Saavedra, mujer del capitán Miguel Luis Villora (v. descendencia de Pedro Luis Villora). XXXII JUAN DE HERRERA Testigo que en 1569 aparece refiriéndose a sucesos acaecidos con ante­ rioridad a aquella fecha. XXXIII JUAN HIDALGO Este conquistador estuvo según Oviedo y Baños en la fundación de la Nueva Segovia y lo hemos visto figurar en las probanzas primitivas como fundador de Trujillo. En 1567 era vecino de El Tocuyo en unión de su esposa Beatriz González y fue Alcalde de El Tocuyo en 1562. En el reparto de in­ dios que hizo Juan de Villegas después de la fundación de Barquisimeto, se le adjudicaron indios en cercanías de Río Claro y en la data de su encomien­ da se lee que tenía Hidalgo por entonces diecisiete años de haber entrado a la Gobernación y que había acompañado a Spira y a Hutten en sus expedi­ ciones. Fue también con Alonso Pérez de Tolosa a la jornada de la culata de la Laguna y con Villegas a los distintos descubrimientos de minas. 93 XXXIV FRANCISCO INFANTE El capitán Infante era natural de la ciudad de Teledo y vino a la Gober­ nación de Venezuela en la expedición de Jorge Spira, a quien acompañó en distintas jornadas. Cuando alistó el capitán Francisco Ruiz la gente que de­ bía acompañarlo en su entrada a la provincia de los cuycas, fue entre ella con sus armas y caballo el capitán Infante. El año de 1561 se ausentó de la ciudad para asistir el desbarate del Tirano Lope de Aguirre, acción en que supo distinguirse muy valientemente. Definitivamente se separó de la ciudad de Trujillo cuando se pregonó la conquista de los caracas, jomada en que actuó como uno de los más distin­ guidos hombres de armas, y fundada la ciudad de Santiago de León de Cara­ cas, fue uno de los primeros Alcaldes Ordinarios. En Trujillo tuvo indios en el repartimiento que hizo en 1565 el Teniente de Gobernador Francisco de la Bastida. Casó en Caracas, donde fundó su hogar, con Francisca de Rojas y tu­ vieron a: II.—Ana Infante de Rojas, mujer de Francisco Tostado de la Peña. II.—Luisa Infante de Rojas, mujer de Sancho de Mendoza. II.—María Infante de Rojas, mujer del trujillano Pedro Amaya de la Bastida/(v.descendencia de Francisco de la Bastida). II.—Francisca de Rojas, mujer de Andrés Vázquez Bocanegra (5os. abuelos del Mariscal de Ayacucho ). II.—Francisco Infante el Mozo, casado con Francisco de Ponte y Paz (5os. abuelos del Libertador ). II.—Blas Infante de Rojas, Alcalde de la Santa Hermandad en Caracas en 1608. H.—Bonifacio, Antonia y Lucas Infante de Rojas. 94 XXXV FRANCISCO JARANA Oviedo y Baños señala el nombre de este conquistador entre el de los compañeros de Ruiz, pero no conocemos ningunas referencia posterior sobre su actuación. XXXVI DOMINGO JORGE Lo hemos visto señalado como testigo en'probanzas del año de 1569 re­ firiéndose a hechos anteriormente sucedidos. XXXVII JUAN JUAREZ MONGON Se le nombra en probanzas primitivas, y según datos del doctor Amílcar Fonseca fue Corregidor de naturales durante el Gobierno de García de Pare­ des, oficio en el cual se distinguió por sus extrema crueldad. XXXVIII ALONSO ANDREA LEDESMA El nombre de este conquistador sobresale entre las hazañas admirables del siglo XVI como el de uno de los más valientes capitanes que vinieron a la conquista de la Provincia de Venezuela. Oviedo y Baños lo enumera entre los compañeros de Ruiz en la expedi­ ción de 1558 y, fundada la ciudad de Trujillo, mantuvo en ella su casa hasta que fue anunciada la conquista de los caracas en la que supo alcanzar mayor gloria por su valor temerario. Fundada la ciudad de Santiago de León al año de 1567, se avecindó en ella y recibió indios en encomienda, entre ellos al principal Batuta, y fomen­ tó la cría en los llanos de Cura. 95 Su vida terminó gloriosamente el año de 1595. Ocuparon a Caracas los filibusteros ingleses y “ aquel anciano, dice don Luis Alberto Sucre, en quien los años no lograron dejar el veneno del escepticismo, aquel hombre generosos que viendo su patria, amenazada sin atender al cuidado de su vi­ da, enristra la lanza, y solo, en su viejo caballo de batalla, acomete al inva­ sor, sembrando la muerte y el espanto en cuantos admirados le rodean. La bala de un arcabuz tronchó su vida. ¿Inútil sacrifio? ¡No! ¡Quedó el ejemplo! Trocóse en marcha fúnebre la triunfal que tocaban los clarines ene­ migos, y en hombros de sus soldados tributándole los más altos honores mi­ litares, condujo Preston el cadáver del héroe... ’’. “ ¡Quedó el ejemplo...!” Bolívar y Páez no harán sino imitar aquella fiereza y aquella constancia que el noble anciano puso como remate a la obra portentosa de su vida de conquistador: ya este suelo era suyo con la misma intensidad con que después lo sintieron los libertadores. Nuevo bautizo de patria había sido para sus vidas el sudor de la lucha y la sangre vertida en la conquista de la tierra donde dejaron para siempre sus cuerpos cansados y lar­ ga descendencia que perpetuaría el vigor de sus esfuerzos. El capitán Alonso Andrea de Ledesma era natural de Trujillo en Extre­ madura y casó con Francisca Mateos y de sus hijos podemos enumerar los si­ guientes: II.—Alonso Andrea el Mozo, casado con Leonor Velásquez, hija ésta de Manuel Velásquez de Mendoza y Teodora de Torres, vecinos de la ciudad de la Laguna de Tenerife. Padres de: III.—Capitán Diego Velásquez de Ledesma III.—Beatriz Juárez de Mendoza, casada con Francisco Piñango, Alcal­ de Ordinario de Caracas en 1630. II.—Francisca de Ledesma, bautizada en el Tocuyo en 1566, esposa de Pedro Montemayor, de los fundadores de Caracas. II.—Ana Beatriz de Ledesma, bautizada el 8 de enero de 1579, mujer de Juan de Maluenda. Padres de: III.—Francisco, bautizado en Caracas el 28 de octubre de 1597, 96 III.—Agueda, bautizada el 15 de febrero de 1602. II.—Tomé de Ledesma, bautizado el 11 de marzo de 1580. II.—Luisa de Ledesma, bautizada el 23 de noviembre de 1581. II.—Francisco de Ledesma, casado con Leonor Vásquez Bocanegra. II.—Bartolomé de Ledesma, bautizado el 5 de mayo de 1585. II.—Isabel de Ledesma, mujer del capitán Tristán Muñoz. Padres de: III.—Olaya Muñoz. III.—Ana Muñoz, mujer del capitán Santiago Conde Losada, natural del Reino de Galicia, quienes no tuvieron sucesión. III.—Juana Muñoz, mujer de Cristóbal González. Padres de: IV.—Juana González. III.—Valentín Muñoz. III.—Francisca Muñoz. II.—Diego de Ledesma, casado con María Rodríguez. Padres de: II.—Tomé, Diego y Ana Ledesma. III.—Mariana Ledesma, mujer que fue del capitán Blas Tafalles, Alcal­ de de la Santa Hermandad en Trujillo el año de 1607. Así lo declara en su probanza el Dr. Cristóbal Hurtado de Mendoza, aunque no hayamos halla­ do el nombre de éste entre los hijos del capitán Andrea de Ledesma, de­ biendo advertir que en un bautizo celebrado el año de 1570 de una niña de Ledesma, no se precisa el nombre de ésta. Padres de: III.—Gerónimo Tafalles. III.—María de La Paz. 97 III.—Capitán Pedro Tafalles, Alcalde Ordinario de Trujillo en 1645, casado con Antonia Jácome. Padres de: IV.—Felipa y María, bautizadas el 10 de mayo de 1649. III.—Mariana Tafalles. III.—Capitán Blas Tafalles, encomendero en la ciudad de Trujillo. III.—Juan Tafalles, bautizado el 10 de mayo de 1610. III.—Catalina Faxardo, mujer de Cristóbal Hurtado de Mendoza. Este recibió primera tonsura en Trujillo el año de 1607 de manos del Ilustrísimo Señor Alcega, pero dejada la carrera eclesiástica, fue después Alcalde Ordi­ nario y de la Santa Hermandad. Era hijo del capitán Hernando Hurtado de Mendoza y de María Estrada, hija ésta del capitán Juan Márquez, de los fun­ dadores de Mérida y de Damiana Noble, quien venía del matrimonio de Juan de Umpiérrez, encomendero en Trujillo y Regidor en 1571 y Alguacil Mayor en 1578, quien era también de los fundadores de Mérida, donde dijo que estaba avecindado el año de 1568 y de Antonia Jácome. A igual de Mi­ guel de Trexo fue uno de los conquistadores de Mérida que ayudaron a la fundación de Trujillo. El capitán Hernando Hurtado de Mendoza era natu­ ral de la ciudad del Puerto de Santa María en los Reinos de España e hijo de Cristóbal Mendoza, hijodalgo de solar conocido y Alcalde de la ciudad del Puerto y de Beatriz Acosta. Vecino de Trujillo, fue en aquella ciudad perso­ na de valer y méritos. Con el Gobernador Diego Osorio estuvo en la defensa de la ciudad de Maracaybo contra los corsarios y depués fue con el capitán Juan Pacheco Maldonado al vencimiento de los zaparas, aliles y demás tribus rebeldes de la Laguna. En Trujillo fue Alférez Real y Alcalde Ordinario y tu­ vo encomienda en la Cañada de Mendoza. El Gobernador Osorio le des­ pachó título de Infantería española y en 1589 levantó probanza de hidalguía en la ciudad de Caracas. Padres don Cristóbal y doña Catalina de: IV.—Jacinto Hurtado de Mendoza, sucesor de su padre en la encomien­ da que tenía en la Puebla de San Pablo de Bomboy. IV.—Clara de Ledesma, sin sucesión. IV.—Hernando de Mendoza, bautizado el 16 de diciembre de 1624, 98 cuya casa fue una de las que se destruyeron cuando Gramont incendió la ciudad de Trujillo, casado con Inés de Losada (v. descendencia de Cristóbal Gómez Carrillo ).Padres de: V.—Juana Mendoza, bautizada el 7 de abril de 1665. V.—Buenaventura Hurtado de Mendoza, bautizado el 14 de julio de 1665, Alcalde Ordinario de Trujillo, casado con Beatriz Constanza Barreto Montilla (v. descendencia de Pedro Luis Villora). Padres de: VI.—José Cristóbal Hurtado de Mendoza, casado con Angela María Valera Barreto. Padres de: VII.—Luis Bernardo Hurtado de Mendoza, casado con Gertrudis Eula­ lia Montillo Briceño (v. descendencia de Pedro Villora ) Padres de: VIII.—Dr. Cristóbal Mendoza, primer Presidente de Venezuela, naci­ do en la ciudad de Trujillo el 23 de junio de 1774 y no el 24 de julio como se ha venido diciendo. IV.—Ana de Mendoza, nacida el 26 de julio de 1627. IV.—Josefa de San Francisco, bautizada el 26 de marzo de 1630, monja del Regina Angelorum. IV.—Pedro Márquez de Mendoza, bautizado el 5 de julio de 1632. IV.—Cristóbal de Mendoza. IV.—Francisca, bautizada el 6 de octubre de 1638. IV.—Matías de Mendoza, bautizado el 20 de abril de 1645. XXXEX TOMEDELEDESMA Era hermano del conquistador Alonso Andrea y lo' señala Oviedo y Ba­ ños entre los compañeros de Ruiz. Estuvo en la fundación del Tocuyo y asis­ 99 tió al desbarate del Tirano Aguirre y después entró con Diego de Losada a la conquista de los indios de la provincia de Caracas. Estaba casado con Isabel de Araya y murió en Caracas sin sucesión. XL GASPAR DE LEON Era vecino de la ciudad de Trujillo el año de 1568 y aparece dando dadaración sobre hechos anteriormente pasados en aquella ciudad, donde estaba avecindado aún por 1573. Casó con Elena de Figueredo, quien tuvo encomienda en Momo (?) y Niquitao, la que a su muerte fue confirmada a su hermana María Magdalena Figueredo. (Cfr. documentos arriba citados.) XLI GASPAR DE LIZANA En los documentos primitivos se llama Linaza a este conquistador y lo menciona Oviedo y Baños entre los compañeros de Ruiz el año de 15 58. En una de las jornadas de Spira dice Castellanos que la gente de éste distinguió numerosos escuadrones de indios que venían al encuentro de los conquistadores y dispuestos a caer sobre treinta soldados bien armados de és­ tos, quienes al ver los naturales los arremetieron con gritos de "¡Santiago y a ellos!” , y agrega Dos de a caballo hay en la zavana Un Damián de Barrios y unLizana, que debe ser el mismo conquistador de los cuycas. Tuvo indios en el primer repartimiento, los cuales le fueron quitados por una sentencia dada en su contra, y era: el principal Bugio en la hondo­ nada de Carache con toda su gente, los Principales Burcuy, Bombas y Bajan que viven en Visupite y Bubiyu, el principal Pitahay y último en ceder ante la conquista hispana y todos los demás indios que vivían cerca de Burate y el bravo cacique Carachy, de nación jirahara, el mismo que mostró “ grandes alborotos” cuando Ruiz Vallejo descubrió la provincia de los cuycas. En 100 1564 figuraba en Barquisimeto haciendo fundición de cierta cantidad de oro. XLII ANTONIO LOPEZ Entró con el Capitán Diego García de Paredes según propia declaración y figuraba después como vecino de la ciudad de Trujillo en 1569. XLffl JORGE LOPEZ En 1571 hizo declaraciones referentes a sucesos acaecidos en época pri­ mitiva. XLIV ANDRES MACHADO El Maestre Andrés Machado actuó también en la fundación de la ciudad de Trujillo. de donde se desavecindó después de 1569. En 1571 declaró en la Nueva Segovia acerca de los hechos que le imputaron a Andrés de San Juan, referentes a la venta de ciertas piezas de indios y dijo ser de treinta y cinco años. Cuando Juan de Salas trajo el refuerzo que había ofrecido a Diego de Losada en sus capitulaciones de El Tocuyo, venían con él el Maestre Andrés Machado. Aistió a la fundación del Pueblo de Nuestra Señora de Caraballeda, y allí fue uno de los primeros alcaldes. En 1597 figura como encomendero en Torrequemada, sitio del Munici­ pio Maiquetía, y como tal sostuvo pleito con María de Zabala sobre la perte­ nencia de unos indios. 101 XLV LUCAS MEXIA DE VILCHES El Capitán Lucas Mexía de Vilches era natural de la villa de la Guardia en el Reino de Jeán, donde su padre don Juan de Feria, descendiente de Rodrigo Mexía, Señor de Santa Fornia, había sido tercer Alcalde por sucesión y tenía fundado hogar con Inés de Narváez, dama de rancio linaje de cris­ tianos. No sabemos presisar cuándo entró a la Gobernación de Venezuela pero Oviedo y Baños lo señala entre los compañeros de Ruiz en la reconquista de los cuycas y él mismo dijo que había entrado en la primera expedición de Ca­ pitán García de Paredes. Este le otorgó encomienda el año de 1560 y entra­ ban en ella los indios que estaban en el cabo de la loma de Siquisay y Calde­ ra que decían de Paquira, que fue por donde salió la gente que comió la fru­ ta con que se emborracharon, dice la data, el principal Bohote con los demás indios y principales y doce casas más que quedaban en la quebrada donde se le había despeñado el caballo al mismo Lucas Mexía y treinta casas más en el río de Boconó, sucesivas a la encomienda de Alonso González. De Trujillo se ausentó alrededor del año de 1562 para ir a la conquista del Nuevo Reino de Granada, y en unión del Capitán Gutierre de O baile y de Antonio de Toledo fue a la población de las villas de Palma y Ronda habiéndo sido Regidor de la primera en 1563, donde también tuvo ciento se­ tenta casas de indios en repartimiento. Vuelto a la ciudad de Trujillo fue en ella Regidor el año de 1567 y Al­ calde Ordinario en 1571. El 70 le dio el Gobernador Chávez título de juez de resistencia y como tal actuó en la ciudad de Trujillo. Nuevamente figura como Regidor en el año de 1578, en que levantó probanza de sus méritos y servicios por ante el Alcalde Ordinario y con citación del Promotor Fiscal. Casó con Francisca Berdugo, hija de don Sancho Briceño y como hijos suyos conocemos a: II.—Ana Mexía de Vilches. mujer que fue de Alonso Sánchez de Oviedo, Alcalde Ordinario de la ciudad de Trujillo en 1596. Este era hijo de Capitán Francisco Sánchez Chico, natural de la Villa de Santa Olaya, quien 102 había casado en el puerto de la Borburata con Beatriz de Oviedo y Aguado, natural de la ciudad de Toro en Castilla la Vieja. Padres de: de. III.—Gaspar de Oviedo y Narváez, casado con María de Quirós Padres IV.—María de Oviedo y Bernardos, mujer de Sancho de Heredia. Padres de: V.—Fernando de Heredia, vecino de Barquisimeto, casado con Ana Le­ al Armella. Padres de: VI.—Rosa de Heredia, mujer de Buenaventura Castillo, natural de Bar­ quisimeto. III.—Marcos de Oviedo, casado con Isabel de Suazola. Esta era hija de Fernando de Urquelaegui y de María de los Ríos, quien a su vez lo era de Ambrosio Ríos 6 y de Luisa de los Ríos, hija ésta de Gonzalo de los Ríos, te­ sorero de la Real Hacienda de la Provincia de Venezuela y de María Sánchez de Ayala. Padres de: IV.—Beatriz de Oviedo, mujer de Antonio Vázquez de Calderón, quien era hijo de Lorenzo Vásquez, venido con los Welser en 1528, y de Ma­ ría Salazar. Lorenzo lo era de Antonio Martín Monje y de Leonor Vásquez Calderón y María Antillano, hija ésta del regidor Cristóbal Antillano con­ quistador de El Tocuyo y Nueva Segovia. N III.—Isabel de Oviedo Y Narváez, mujer de Esteban del Castillo (v. descendencia de Jerónimo de la Parra). III.—María de Oviedo, mujer de Luis Viegas Gudiño (v. descendencia de Luis Viegas). II.—Capitán Juan Mexía de Narváez, Regidor Perpetuo y Alcalde Ordi­ nario de Trujillo, casado con María Saenz de Graterol (v. descendencia de Francisco de Graterol) Padres de: 6. En rigor, Ambrosio Ritz, hijo de Joaquin Ritz, conquistador de Coro y Nueva Se­ govia. 103 III.—Pro. Juan de Vilches y Narvaez, bautizado el 9 de diciembre de 1613. III.—Juana de Vilches y Narváez, mujer del capitán Andrés Marín Granizo, natural de Gojar en Andalucía. Padres de: IV.—Francisco Marín de Narváez, quien en su testamento declaró que era padre en dama de calidad de: V.—Josefa Marín de Narváes, mujer que fue de Pedro Ponte de Andra­ de. Padres de: VI.—María Petronila Ponte, mujer de Juan de Bolívar. Padres de: VII.—Juan Vicente Bolívar y Ponte, casado con María de la Concepción Palacios. Padres de: VIII.—EL LIBERTADOR. III.—Lucas Vilches y Narváez, bautizado el 30 de abril de 1607. III.—Andrés Vilches y Narváez, bautizado el 7 de noviembre de 1609. III.—Sancho Vilches y Narváez, bautizado el 14 de setiembre de 1618. III.—Francisca Vilches y Narváez, bautizada el 17 de enero de 1622. III.—Ana Vilches y Narváez, bautizada el 19 de julio de 1625 III.—José Vilches y Narváez, bautizado el 2 de julio de 1627. III.—Francisco Vilches y Narváez, bautizado el 14 de agosto de 1631. Alcalde Ordinario de Trujillo en 1670 y 1673. III.—Juan Vilches y Narváez, bautizado el*15 de octubre de 1634. III.—María Vilches y Narváez, bautizado el 5 de febrero de 1636. III.—María Vilches y Narváez, bautizado el 20 de julio de 1638. 104 III.—Inés Mexía, casada con el capitán Juan Ramírez de Cegarra. Este había estado en Lepanto con Don Juan de Austria y venido a América ejer­ ció oficios de república en Santa Fe de Bogotá. En Mérida fue Corregidor y avecindado en Trujillo fue Alcalde Ordinario varias veces. Los Cegarra usa­ ban por armas: dos burelados en par de cuatro verguetas haciendo oposición a sendos grupos de losanges, en el diestro del Jefe; en el siniestro una cruz de Jerusalén que cubre todo el campo: en la diestra de la punta nueve leoncillos rampantes y en la siniestra cinco torrecillas. Estas armas labradas en piedra adornan el portal de la casa solariega del Dr. Victoriano Márquez Bustillos, ex Presidente de Venezuela, en la ciudad de Trujillo, y la cual había pertene­ cido, antes de formar parte del Convento Regina Angelorum, al capitán Fe­ liciano Cegarra de Guzmán. Padres Guzmán y Doña Inés de: III.—Mariana Cegarra, bautizada el 5 de octubre de 1608. III.—Pedro Ramírez de Cegarra. III.—Capitán Juan Ramírez de Cegarra, Alcalde Ordinario y de la San­ ta Hermandad, casado con María de Escoto, quienes tuvieron al: IV.—Alférez Real Feliciano Cegarra de Guzmán, bautizado el 5 de agosto de 1636, encomendero en Niquitao y Alcalde Ordinario de Trujillo en 1667, año en que salió con fuerzas a defender la ciudad de Maracaybo contra el filibustero Morgan. Casó con Ana de Albarrán Saavedra y tuvieron entre otros a: V.—Juana Agustina Cegarra, bautizada el 7 de setiembre de 1677. XLVI JUAN DE MIRANDA Oviedo y Baños señala a este capitán como entrado el año de 1558 con Francisco Ruiz y después aparece como escribano de Cabildo en 1567. De sus hijos podemos anotar a: II.—Cristóbal de Miranda, casado con Ana de Betancourt. Padres de: III.—Juan de Miranda, bautizado el 17 de abril de 1618. 105 XLVII FRANCISCO MORENO Oviedo y Baños nos da también el nombre de este conquistador entre los expedicionarios de 1558, pero ningún rastro hemos obtenido de su perso­ na. XLVIII JUAN MORON DE CADENAS Vino casado de España este conquistador con Isabel Flores y debió ha­ ber entrado a la conquista de los cuycas alrededor del año de 1563, pues en unas actuaciones levantadas en Barquisimeto en 1562 figura como apodera­ do de Diego García de Paredes y ya en 1564 recibía título encomendero de indios en Trujillo por el Teniente de Gobernador Francisco de la Bastida. En las elecciones del año de 1567 fue nombrado Alcalde Ordinario de la ciudad de Trujillo y en 1571 Regidor. Cuando el capitán Alonso Pacheco salió a la pacificación de la Laguna, llevó al capitán Morón como Maese de Campo, y fundada la Ciudad Rodri­ go de Maracaybo fiie en ella uno de sus primeros Alcaldes y como tal se diri­ gió al Rey con los demás cabildantes para pedir que fuera mantenido en sus oficios al capitán Pacheco, pues grave como estaba el Gobernador de la Pro­ vincia Pedro Ponce de León, bien podría el que viniese a sustituirle nombrar nuevo teniente para la dicha ciudad. Ya el año de 1573 había muerto este capitán, pues por entonces el Go­ bernador Mazariego confirmó a su hijo Marcos Valera la encomienda de que gozaba su padre. En su matrimonio con Isabel Flores tuvo nueve hijos, de los cuales cono­ cemos los siguientes: II.—DON MARCOS VALERA, quien fue como Alférez Real a la con­ quista de los indios de la Laguna y tuvo encomienda de indios timotes. En unión de su hermano Juan Benítez se halló entre la gente que rebeló el mo- 106 vimicnto encabezado por el Rey Miguel contra la ciudad de Barquisimeto. Con sus armas y caballo estuvo en la derrota del Tirano Lope de Aguirre y en compañía del capitán Juan de Carmona fue el sojuzgamiento de los indios rebeldes de la provincia de Nirgua. El año de 1596 el gobernador don Diego Osorio declaró vacías las tierra de la encomienda de los timotes por no estar bien sus títulos, y después de haber adjudicado parte de ellas a los in­ dios en repartimiento, remató otras en Marcos Valera, entre éstas la mesa donde posteriormente se alzó el pueblo de Valera, que perpetúa el nombre de este conquistador, Casó con Francisca de Graterol (v. descendencia de Francisco de Graterol) Padres de: III.—N. Valera, mujer que fue del capitán Juan de Telles. Padres de: IV.—Pedro Telles, casado con Elvira Segovia (v. descendencia de Juan de Segovia). Padres de: V.—Fernando Telles, bautizado el 26 de setiembre de 1628. IV.—Luis Telles, bautizado el 26 de enero de 1631. IV.—Josefa Telles, bautizada el 8 de abril de 1635. IV.—María Melchora, bautizada el 27 de noviembre de 1639. IV.—Otra María Melchora, bautizada el 8 de abril de 1641. III.—Diego Valera Graterol, quien remató en cuatro mil pesos de oro puro el oficio de Alguacil Mayor de Trujillo y fue en ella Provincial de la Santa Hermandad. Casó con Laureana de Alarcón, hija ésta de Fernando de Alarcón Ocón y de Inés de Cerrada y Mexía, hija ésta del capitán Hernando de Cerrada y de Juana Mexía, hija ésta del capitán Martín Fernández de las islas y de Juana Mexía. Don Fernando de Alarcón era hijo de Bartolomé de Alarcón, natural y Antequera y Teniente Gobernador de la Villa de Cáceres en el Nuevo Reino de Granada y de Magdalena Daza de Eraso, hija ésta del conquistador Pedro de Madrid, de los fundadores de Santa Fe de Bogotá y de su esposa María Magdalena de Alcántara. Bartolomé de Alarcón era hijo de Gonzalo de Ocón y de Catalina Torres y don Gonzalo venía del matrimo­ nio de Fernando de Alarcón y de Catalina Ocón, naturales y vecinos de An­ 107 tequera, ambos “ nobles hijosdalgos notorios de casa y solar conocidos” se­ gún dicen las probanzas levantadas en Tunja por don Bartolomé de Alarcón en los años de 1375 y 1584 con receptoría de la Real Audiencia de Santa Fe. Padres de: IV.—Margarita Valera, mujer de Andrés Sanz de Gaviria. (v. descen­ dencia de Francisco Graterol.) IV.—Fernando Manuel Valera de Alarcón, bautizado el 22 de abril de 1640, Alcalde Ordinario de Trujillo en 1660 y capitán de una de las compa­ ñías que combatieron al pirata Gramont el año de 1678, casado con Angela Francisca Pacheco Mendoza (v. descendencia de Alonso Pacheco). Padres de: V.—Diego Valera y Pacheco, quien casó con María Barreto y Montilla, hija del Alférez Gaspar Barreto Betancourt (v. descendencia de Pedro Luis Villora). Padres de: VI.—Angela María Valera y Barreto, casada con José Cristóbal Hurtado de Mendoza (v. descendencia de Alonso Andrea de Ledesma). II.—BALTAZAR VALERA, también de los fundadores de Trujillo, y quien ya había muerto por 1595, año en que Don Diego Osorio vendió al capitán Miguel de Montilla unas tierras cerca de Miquía, en el asiento donde Valera solía tener su ganado. II.—JUAN BENITEZ VALERA, conquistador de los cuycas, a quien se­ ñala Oviedo y Baños entre los compañeros de Ruiz en la expedición de 1558. Estuvo en la conquista de los indios de la Laguna de Maracaybó y fundación de Ciudad Rodrigo. En Trujillo fue Mayordomo de Propios en 1571 y enco­ mendero de indios timotes. Vino casado de España con María Flores y Tu­ vieron a: III.—Ana Valera, mujer del conquistador Pedro Luis Villora (v. descen­ dencia de éste). III.—Juan Benítez Valera, casado con María de Mieres. Padres de: IV.—Catalina Benítez. 108 IV.—Francisco Cobo. IV.—Alonso Benítez. III.—María Valera, mujer de Gonzalo de la Rocha Figueroa, hijo éste de Alonso Esteves de Figueroa, Fiscal de la Real Audiencia de Santo Domin­ go. Padres de: IV.—Juana de la Rocha, bautizada el 14 de junio de 1610, mujer que fue del Alférez Gonzalo de Hocer Mogollón 7. Este era natural de los reinos de España y en Trujillo ejerció oficios de Regidor Perpetuo y una vez viudo de ésta su segunda esposa, siguió la carrera eclesiástica. Padres de: V.—Juan de Hoces, bautizado el 10 de octubre de 1648. V.—Pro. Sancho de la Rocha, cura del Portillo de Carora. V.—Isabel de la Rocha Figueroa, mujer del médico Alférez doctor Cristóbal Rodríguez de Espina, Alcalde de Carora en 1678, quien había ce­ lebrado en 1669 un convenio con los principales vecinos de Trujillo, según el cual éstos se obligaban pagarle mil pesos anuales, en dos plazos, y aquél a 7. Addenda. En sus interesantes trabajos genealógicos ‘‘Los ascendientes del Ilustre hijo de Carora, Benemérito General de División Jacinto Lara” y “Al mar­ gen del Arbol Genealógico del General Pedro León Torres”, publicados cuando ya se concluía la impresión de estos últimos pliegos, el acucioso escritor don José M. Zubillaga Perera se refiere a don Gonzalo de Hoces Mogollón y dice que era oriundo de Badajoz en la Extremadura y de claro abolengo, y el cual es¡ascediente de aquellos ilustres próceres. Aunque se ve que el señor Zubillaga tomó sus datos de documentos primitivos, acaso en éstos hubo algún error, pues no fue, «orno él dice, don Gonzalo de Hoces de los primeros fundadores de Trujillo. Una prueba la tenemos en la partida de bautizo de su hijo Juan, quien lo recibió de manos del Padre Juan de Angulo Salazar, con licencia de los Curas de Tngillo, el 10 de oc­ tubre de 1648, como se lee en la página 93 de este estudio y conformes en esto con los datos que directamente hemos tomado del segundo Libro de Bautizo de la Matriz de Truiillo. Ochenta años habían corrido desde la fundación de la ciudad, y aün después de viudo don Gonzalo se metió presbítero, lo que indica una edad cónsona con el sagrado ministerio, que no da cabida para aceptar que hubiera es­ tado en la fundación de la ciudad, aunque por entonces hubiera tenido sólo quince años, como sucedió con muchos conquistadores. Por lo demás nos ha complacido vivamente la lectura de los hermosos estudios del señor Zubillaga Perera, por cuanto son una nueva y hermosa prueba de nuestra tesis presente: la fortaleza de los hombres que hicieron la República no era sino la continuidad, por el juro de he­ rencia, de la ciclópea entereza nuestros abuelos venidos de allende el oceáno. (Cfr. “El Heraldo Americano”. Caracas, número de octubre-noviembre de 1929.) 109 prestar la asistencia médica necesaria a ellos y a sus familiares y domésticos, con obligación de hacerles dos visitas cada día y de no hacer ausencia de la ciudad sin consentimiento de los firmantes del convenio. El plazo de la obli­ gación fue de diez años y no entraba entre las del doctor Rodríguez Espina la de suministrar medicinas, que habían de pagarse por separado en la botica que el efecto montaría dicho doctor. Fue éste el primer médico de la ciudad de Trujillo, pero si bien era su principal y más solícita diligencia procurar que la muerte no diezmase la población de la ciudad, en cambio su condi­ ción de espadachín y de esposo ofendidó lo llevó a duelo mortal que dejó sin vida al Mayorazgo Pedro Cobarrubias y Comieles. Padres de: V.—María Rodríguez Espina, bautizada el 13 de abril de 1667. V.—Bárbara Rodríguez Espina, bautizada el 9 de abril de 1673, mujer de Jiian Alvárez del Real. V.—Nicolás Rodríguez Espina. V.—Juana Angela Rodríguez Espina, quien intentó ruidosa juicio contra Pío Asuaje el año de 1745, a fin de obligarlo a casarse con su esclava Marcelina, de cuya virginidad había dado cuenta el joven Pío. Tremenda mujer era Doña Juana Angela y no agotó ningún recurso judicial ni aún de palabras, aunque éstas fueran de subidos colores, para lograr su intento, aunque Blas Asuaje, como curador de su hijo Pío, alegó distintas y apreciables razones como decir1‘que en tanta esclava que le an parido las maiores no se encontrara una q aia sido casada’’, pues ‘‘la casa de dha. Dajuana An­ gela no den« clausura ni a la calle no al río por cuia casa andan sus criadas co­ mo quieren’’ y trajo a cuenta el viejo derecho de Castilla desde los reyes don Juan y don Enrique y probó que el menor no había dado palabra de matri­ monio a Marcelina, y sólo le había ofrecido “libertar la prole por que no quedara esclaua” . Todo esto y mucho más llevó a los autos don Blas, pe­ ro imposible era vencer la tenacidad, la futía, la bélica actitud de la Señora, a quien la contraparte irónicamente llamaba “Doña Juana Angela Matrimo­ nial” , y al fin la empecinada casamentera logró sentencia en que se dispuso que Diego Pío de Asuaje ‘'se case con la dha María Marcelina por palabras de presente que hagan verdadero matrimonio... y en su defecto le dé la canti­ dad de trescientos ps. para q: se pueda ahorrar y libertad de la esclavitud en que se halla... lo q: ejecutara so la pena de excomunión mayor late sense ipso facto incurrenda” , la cual fue dada en Caracas por el Vicario General del 110 Obispado Don Angel Barrera, abogado de los Reales Consejos, Decano de la Real y Pontifica Universidad de Caracas, examinador Sinodal, Consultor y Comisario del Santo Oficio yJuez Provisor. m .—Isabel Benítez, mujer de Francisco Núfiez de la Peña. Padres de: IV.—Francisco Núñez de la Peña. IV.—Mariana Núñez de la Peña. IV.—Francisca Núñez de la Peña. IV.—María Núñez de la Peña. IV.—Melchora Valera Núñez. IV.—Martín Núñez de la Peña. IV.—Domingo Núñez de la Peña. II.—Inés de Valera, mujer del capitán Hernando Terán (v. descenden­ cia de Francisco Terán). II.—María Valera, mujer de Francisco Morales. Padres de: de: III.—María Benítez, mujer que fue del capitán Hipólito León. Padres IV.—Francisco de Ramos Valera, capitán de caballos, Alcalde Ordinario y de la Santa Hermandad en El Tocuyo y también Procurador General, casado con María de Linares y Torrelias. Esta era hija del capitán Felipe Linares y Torrelles y de Aldonza Santoya. El capitán Linares y Torrellas casó des­ pués con la viudad de Gonzalo Osorio Pimentel. Linares había servido en Es­ paña a su Majestad en diferentes jornadas y de orden del Rey salió a las In­ dias en persecución del pirata Drake. Estuvo en la Florida, y en Santo Do­ mingo ejerció el cargo de capitán y sargento mayor de toda la gente de a pie y de a caballo de la dicha ciudad. Le file conferido el nombramiento de Go­ bernador de Cumaná por renuncia que hizo Pedro Pérez de Almazán, pero por haber fallecido el licenciado Cristóbal de Ovalle, Presidente de la 111 Audiencia de dicha isla, los Oidores admitieron la solicitud de! portugués Ramiro Núñez, a quien se le dio título en menoscabo de los derechos ya ad­ quiridos por Torrellas. Siguió a la Margarita en la pista del corsario, dicen las probanzas, y de allí se pasó a El Tocuyo, donde ejerció oficios de Alcalde Or­ dinario y Alférez Real. Padres de: V.—Juan de Linares Valera, casado con Petrona Falcón de Míreles, hija ésta de Gervasio Falcón de Míreles 8 XLIX RODRIGO MUÑOZ Según cierta probanza levantada en Trujillo en 1569 se sabe que este conquistador entró a la provincia de los cuycas en 1558 con Diego García de Paredes. Se desavecindó de la ciudad para mantener casa en El Tocuyo en unión de su esposa Urzula Sánchez, en quien tuvo a: II.—Francisca y a Urzula Muñoz. L HERNANDO NAVARRO En la probanza de servicios que levantó en la ciudad de Trujillo el año de 1569 el conquistador Francisco Camacho, declaro Hernando Navarro que había entrado a la conquista de los cuycas con el capitán Diego García de Pa­ redes y que perdida la primera empresa, volvió a entrar el año siguiente con el capitán Francisco Ruiz. Ni Castellanos ni Oviedo y Baños, como tampoco lo demás historiado­ res, señalan el nombre de este conquistador en otras jornadas de Venezuela y nosotros creemos poder identificarlo con el soldado Hernando Navarro que acompañó ajiménez de Quesada en la fundación de Santa Fe y que era veci8 112 AcLdenda. Gervasio Falcón de Míreles, a quien se le confirmó en 1646 una enco­ mienda en El Tocuyo, estaba casado con Ginesa de Escorcha y Villegas, hija de Francisco Fernández de Escorcha y María de Villegas. (LXX, 143 Cfr. Archivos de Sevilla. Aud. de Sto. Dom. 53, 4, 3, Sig. mod. Leg., 43. copias citadas). no de la ciudad deTunja el año de 1551, donde también se hallaban por en­ tonces Francisco Ruiz y Diego de la Peña. Fue Mayordomo de Propios en la ciudad de Trujillo el año de 1570. LI LOPE DE NEIRA Figura entre la lista de compañeros de Ruiz que trae el historiador Oviedo y Baños un López de Encira que nosotros hemos supuesto que sea una alteración del nombre de este conquistador, pues Encira ni aparece en Trujillo ni aparece en ninguna otra ocasión fuera de la que señala dicho his­ toriador. Por documentos primitivos consta que Neira entró con el capitán Gar­ cía de Paredes, quien le dio indios en el repartimiento que hizo en 1560, año en que era Alguacil Mayor de la ciudad. En la encomienda se le daba ‘‘La mitad de la quebrada que dizen de San Sebastian con todos sus principales e indios que le cupieren en la mitad de la dha quebrada y en el valle de Boconó el principal bonbas con veinte y dos casas pobladas las doce que tiene el dho principal y otras diez que están más arriba que eran de bofote y bucis más treinta casas en el Río de Boconó abaxo suseciue de tomas de buyn mas quinse casas en la chapa junto a Jerónimo de la Parra’’. Según se declara en cierta probanza levantada por sus descendientes, entró también a la conquista de los caracas con el General Diego Lozada y tuvo encomienda de indios en Santiago de León. Y en cierta ocasión en que se alzaron los indios de Bucandó, en juridicción del actual dictrito Boconó, fue a su castigo hasta traerlos de paz. Casó con María de Lara y una hija suya fue esposa del: II.—Capitán Luis Juárez, de los conquistadores y fundadores de Carora con Juan de Salamanca y quien siendo vecino de Pamplona en el Nuevo Reino salió de cabo de cierta gente enviada a someter los indios de Ocaña. Padres de: III.—Mencia Suárez, mujer de Hernando Rodríguez Barrios. Padres de: 113 IV.—Bartolomé Barrios, bautizado el I o. de mayo de 1607, quien acompañó el año de 1666 al capitán Francisco de Graterol Saavedra en la de­ fensa de Maracaybo, casado con Francisca de Villora. Padres de: V.—Bartolomé Barrios, bautizado el 19 de abril de 1634, casado con Juana de Paredes. Padres de: VI.—Josefa Barrios Paredes, bautizada el 26 de abril de 1661. VI.—Marta Paredes, bautizada el 26 de diciembre de 1662. IV.—Francisco Barrios Paredes, bautizado el 12 de marzo de 1663IV.—Juan Rodríguez Barrios, bautizado el 3 de julio de 1609, casado con Catalina de Santiago. Padres de: V.—María Santiago, quien testó en el Valle de Nuestra Señora Santa Ana el año de 1692 e hizo declaración de haber sido casada con Rafael Her­ nández, natural de Trujillo, quien hacía diecisiete años que la había aban­ donado. En su testamento se redujo a disponer de algunos fustanes, escasas vacas y unos pocos burros. V.—Juana Santiago, bautizada el 6 de mayo de 1666. V.—Luis Rodríguez Barrios Palomino. V.—Juan Rodríguez. V.—Mencia Juárez, mujer de Juan Carrillo Betancourt, quienes tu­ vieron a: V.—Isabel María Carrillo. IV.—Luis Rodríguez Barrios, quien en 1618 tenía recibidas órdenes menores y seguía la carrera eclesiástica en el estudio de Trujillo. IV.—Maria Barrios, bautizada el 2 de febrero de 1612. IV.—Catalina Barrios, bautizada el 29 de setiembre de 1614. 114 IV .— Juan Barrios, bautizado el 8 de octubre de 1617. IV.—Hernando de Barrios, bautizado el 12 de julio de 1625, quien ca­ só con Ana Valera. Padres de: V.—Juana Barrios Valera, bautizada el 28 de marzo de 1661. V.—María Barrios Valera, bautizada el 30 de marzo de 1661. LII FRANCISCO NIETO Oviedo y Baños no nombra a este conquistador entre los compañeros de Ruiz en la segunda expedición, no pudiendo precisarse cuando entró en aquella empresa. El Padre Castellanos al señalar los compañeros de Benalcázar el año de 1550, cita al capitán Martín Nieto, quien ya había estado en la Maracapana con Gerónimo de Ortal y también con Federman en distinguidas empresas, y dice así: Llevó también, por ya saber quien era, Al Capitán llamado Martín Nieto, I a Don Francisco su hijo mestizo, Que muchas honorosas cosas hizo. El año de 1571 fue Escribano del Cabildo de la ciudad de Trujillo y ac­ tuó en el juicio de residencia que tomó Trejo con poderes de Francisco de San Juan y después, el año de 1578, aparece en Caracas actuando de Escriba­ no Público. LUI FRANCISCO ORTIZ Entró este capitán a la conquista de Venezuela en la expedición que trajo Ambrosio Alfinger en 1528 y fue Regidor de la ciudad de Trujillo el año de 1561. En 1545 era Alcalde de Ordinario de la de Coro. 115 Debe haber muerto en los primeros al años de la pacificación, pues en la residencia que se tomó a las autoridades de Chávez se habla de los bienes pertenecientes a un menor hijo suyo, que estaba entonces al cuidado de Juan de Segovia. LIV GONZALO OSORIO PIMENTEL Este era sobrino del conquistador Diego de Losada, a quien tocó hacer la fundación definitiva de la ciudad de Caracas, en el sitio donde habían fra­ casado los intentos de Fajardo y Rodríguez Suárez. Estuvo en la conquista de los cuycas con Francisco Ruiz como lo dice Oviedo y Baños y de ella se ausen­ tó para ir al Nuevo Reino, donde se hallaba cuando la invasión de Aguirre, y vuelto a la Gobernación de Venezuela, se alistó para venir a la fundación de Santiago de León, donde fue uno de los primeros alcaldes en el año de 1567, para ausentarse de ella y radicarse en El Tocuyo definitivamente. Había venido a la Gobernación en 1550 con el oficio de Veedor de Mi­ nas y asistió con Villegas a la fundación de la Nueva Segovia, donde recibió indios en encomiendas. Casó con Ana de Villegas, hija de Juan de Villegas y de Ana Pacheco, la cual viuda casó en segunda nupcias con Felipe Linares de Torrellas. Armas de Osorio: escudo coronado de tres veneras en medio de dos pe­ destales o arranques de garitas que avanzan en forma de conos invertidos, bocelados en espiral y sembrados de hilos de perlas en sus estrías. LV ALONSO PACHECO Dice Oviedo y Baños que este conquistador entró con Jorge Spira el años de 1534 a la Gobernación de Venezuela y que después asistió con aquél a la jornada a Mal País, donde figura interponiendo su valiosa autoridad pa­ ra evitar la muerte del teniente Velasco. Tal noticia, repetida también por nosotros en la nota sobre Pacheco que pusimos en nuestro trabajo ‘ ‘Historia de la fundación de la ciudad de Trujillo” se halla en contradicción con lo 116 que dicen documentos originales que hemos consultado. En la probanza que levantó el capitán Diego García de Paredes sobre los sucesos de Aguirre, fi­ gura como testigo Alonso Pacheco, quien declaró que era de treinta y ciño años de edad y posteriormente en Trujillo, en la probanza de servicios de Francisco Camacho dijo que era de cuarenta años poco más o menos. Con tal edad por entonces, podría fijarse la fecha de su nacimiento alrededor del año de 1527 por lo que se ve que es imposible que hubiese entrado con Spira y menos aún que poco tiempo después fuese capitán señalado y de influencia. En la probanza que el mismo conquistador levantó en la ciudad de Tru­ jillo el año de 1576 dijo que tenía veintiocho años poco más o menos de estar en la Gobernación de Venezuela, o sea desde 1548, año en que Oviedo lo se­ ñala como Regidor de la Borburata. En mismo Pacheco dijo que había visto a Camacho en la Maracapana con el capitán Fernández de Serpa y en probanza que corre en la encomien­ da de su nieto Antonio Vásquez Coronado, se dice que antes de venir a Ve­ nezuela estuvo en la conquista de Cubagua. Antes de entrar a la conquista de los cuycas debió haber estado en el Nuevo Reino, pues así se desprende de lo que declara en la probanza de Gar­ cía de Paredes. Oviedo y Baños cita su nombre entre los compañeros de Ruiz y según los documentos primitivos, ya había estado en la primera expedición de García de Paredes. En 1561 ejercía en la nueva ciudad de Trujillo de Co­ liado el oficio de Alcalde Ordinario y como tal preparó la gente que de aquella ciudad salió para Barquisimeto a batir al Tirano Lope de Aguirre. El año siguiente de 62 era Regidor. En 1568, ya existente la denominación última de Nuestra Señora de la Paz de Trujillo para la ciudad ambulante que había fundado Diego García de Paredes, efectuó en su carácter de Teniente de Gobernador en ella, el traslado final al vallecito de Mucas, donde pudo poblarse, conforme dijo un testigo en 1576, gracias al buen gobierno de este capitán. Este dato nos ha permitido llamarle fundador material de la actual ciudad de Trujillo, pues el título histórico corresponde al capitán Diego García de Paredes, como lo en­ tendieron los mismos conquistadores. En aquel años de 1568 el Gobernador de la Provincia que lo era Don 117 Pedro Ponce de León, dió poderes al capitán Pacheco para que saliese a la conquista y población de la Laguna de Maracaybo, empresa que se había abandonado desde que Nicolás Federman despobló el caserío que Ambrosio Alfinger había instalado el año 1529. En enero del 69 salieron Pacheco y su gente de la ciudad de Trujillo y después de haber sometido gran cantidad de indios de la región, dio fundación a la Gudad Rodrigo de Maracaybo cerca del sitio donde estuvo Alfinger a mediados del año mismo 69, como se lee en carta que el Cabildo de la recién instalada ciudad dirigió por agosto al Rey. En 1570 se pasó a El Tocuyo desde donde escribió al Rey por conducto de la Audiencia de Santo Domingo respecto a la empresa en que se ocupaba y de los provechos que traería la apertura de la vía fluvial para el Nuevo Reino. Estuvo también en Trujillo donde recibió indios en encomienda del Gober­ nador Chávez, para trasladarse nuevamente a su Gudad Rodrigo, donde es­ tuvo hasta 1573 como se lee en cierta probanza que levantó Mazariego res­ pecto al estado de la conquista del Lago. Habiéndole matado los indios cuarenta soldados españoles, desamparó la problación, mas de seguido el Gobernador Mazariego dio encargo a Pedro Maldonado, quien había estado en Ciudad Rodrigo con Pacheco, para que fuese a continuar la empresa de éste. Maldonado redujo de nuevo los indios y cambió a la ciudad su nombre primitivo por el de Nueva Zamora de Maracaybo, que se hizo perdurable en la Colonia, pero las razones apuntadas son suficientes para que se tenga a Alonso Pacheco como fundador primitivo de la actual ciudad de Maracaybo. Avecindado después en la ciudad de Trujillo, ejercía, como se lee en la litis que sostuvo con los descendentes de Francisco Camacho, una influencia poderosa sobre el Cabildo y particulares, y allí fue Alcalde Ordinario nueva­ mente el año de 1577. Como a todos los conquistadores, a Pacheco puede imputarse dureza y crueldad en la conquista, pero nunca el cargo que le hace en la nota 83 del II tomo de su edición de Oviedo y Baños el historiador Fernández Duro. La­ mentable es la confución que el eminente geógrafo establece en su predicha nota, pues dice que Francisco de Montejo después de haber sojuzgado a Yucatán, envió a Gaspar Pacheco con el objeto de ensanchar la conquista del Golfo Dulce entre Honduras y Guatemala, y que Pacheco después de haber atravesado la provincia de Cochua, dejó la jornada a cargo de su sobrino Alonso Pacheco y que éste penetró otra provincia denominada Chetimal y FUE CORRIENDO LA TIERRA FIRME EN GRAN EXTENSION HASTA LLEGAR A LA LAGUNA DE MARACAYBO. De todo punto imposible re­ 118 sulta tal jornada, ni es tal Alonso el mismo Alonso Pacheco Maldonado que en Venezuela fundó la ciudad de Maracaybo. Hubo en la conquista de Nueva España un Pacheco de este mismo nombre como se lee en Herrera, quien refiere que el año de 1555 el Virrey Luis de Velasco ordenó a Francisco de Ibarra que de la gente que traía consi­ go eligiese un capitán que fuese a desbravar los indios feroces y en cumpli­ mientos de tal orden envió Velasco al capitán Alonso Pacheco para que poblase en el valle de Guadiana la villa de Durango y le dio para ello cierta cantidad de vacas, yeguas, ovejas, maíz, pólvora y municiones ya los tres me­ ses el mismo Gobernador fue a perfeccionar la fundación. Y existió también un Gaspar Pacheco por el año de 1531, fundador de la Villa de San Ildelfonso en el Reino de Mixtecas hombre duro que se valía en sus empresas de bra­ vas jaurías que azuzaba sobre los indígenas. Más no deben confundirse éstos con el Pacheco Maldonado que estuvo en Venezuela, pues ello no lo permite la cronología que hemos señalado en la vida de Pacheco, quien figura en nuestra Gobernación desde 1548 en distintas empresas Es a aquel Pacheco, fundador de la Villa de Durango a quien debe refe­ rirse el Fray Lorenzo Bienvenida que cita Fernández Duro, no sin paliar un tanto el cargo de ferocidad que aquél le hace, como refiriéndose a nuestro Pacheco, a lo que se suma la circunstancia de que el nombrado fraile no es­ tuvo en Venezuela sino en la Provincia de Yucatán. Casó Don Alonso Pacheco con Angela de Graterol, hija del conquista­ dor de Trujillo Francisco de Graterol, y como descendientes suyos conocemos a: II.—María Pacheco, mujer del capitán Juan Román (v. descendencia de éste). II.—Capitán Juan Pacheco Maldonado, el famoso vencedor de los zapa­ ras, quien el año de 1609 levantó en Caracas probanzas de ser caballero eje­ cutoriado y de sus méritos y servicios. Este nació en la ciudad de Trujillo de Venezuela en 1578 y fue en su ciudad Alférez Real y Sargento Mayor, y co­ mo tal salió en 1595 a reducir y castigar ciertos indios jiraharas que se habían alzado en las bocas del río Motatán y que habían penetrado en los Llanos de Monay e incendiado algunos establecimientos españoles. El año de 1600 fue Alcalde Ordinario de Trujillo y por haber muerto durante su oficio el Gober­ 119 nador Gonzalo de Piña Ludueña, asumió en aquella ciudad el carácter de Gobernador, de acuerdo con la prerrogativa alcanzada para la Gobernación por Don Sancho Briceño. En 1606 el Gobernador Sancho Alquiza le nombró su Teniente y como tal fue a someter los indios taos, aliles, parautes, quiriquires y zaparas que hacía catorce años que estaban levantados contra la autoridad de los españo­ les, con gran mengua del comercio y de la tranquilidad de aquella región, pues habían dado muerte a más de doscientos blancos y quemado hasta se­ tenta fragatas que hacían el comercio en aquellas costas y que llevaban pro­ visiones para las armadas de flota y para las ciudades de Santo Domingo, Santa Marta, Pamplona y Cartagena. En bergantines armados a su costa y minción emprendió la peligrosa jornada que terminó con la reducción del cacique de los zaparas llamado Nigale, quien había sido antiguo criado del capitán Alonso y para lo cual se valió de inteligente ardid que puso en burla la contumacia del aborigen, dispuesto a hacer caer en sus redes al valiente ca­ pitán. A los aliles tomó más de cien canoas e hizo tres entradas en el río Zulia infestado por los beliciosos quiriquires, que habían incendiado la ciudad de San Antonio de Gibraltar en el Nuevo Reino de Granada. La importancia del servicio que representaba para la república la enérgi­ ca actitud de Pacheco Maldonado, se halla comprobada en la carta real de fecha 23 de mayo de 1608 en que su Majestad le decía que “esta agradecido de seruicio tan ymportante y muy cierto de que con el mismo cuydado y celo que hasta entonce acudiría en adelante a todo lo que toca a su magestad’’, y también por los memoriales dirigidos por las audiencias de Santa Fe y Santo Domingo, por el Gobernador Sancho Alquiza y por las ciudades de Mérida, Tunja, Nueva Zamora y Cartagena en que pedían de premio para Pacheco un hábito militar, mil ducados de renta y un mejor gobierno. A la Audiencia de Santa Fe dirigió Cédula el Rey en que ordenaba que se utilizase a Pacheco Maldonado en gobernaciones y corregimientos y se le diesen dos mil ducados de renta en indios vacos por dos vidas, y la Audiencia dispuso despacharle título de Gobernador de los muzos y colimas, cargos que ejerció con prudencia y acierto y con gran beneficio de la explotación de esmeralda. Terminado su ejercicio, el Juez que le tomó residencia lo declaró por ’’bueno, limpio y rrecto governador y que por su modo pasifico y pru­ dente podia su magestad seruirse de su persona en mejores oficios’’, y la mis­ 120 ma audiencia dijo al Rey en carta de 18 de junio de 1619 que Pacheco era “ hombre noble y benemerito” . Posteriormente, en 1622, cuando se elevó el antiguo Corregimiento de Mérida a la categoría de Gobernación, el Rey la confió por ocho años a Pacheco Maldonado como premio a sus continuos y útiles servicios. Casó este capitán con Juana Mexía de Cerrada, hija del poblador de Mérida Hernando de Cerrada y tuvieron a: III.—Lucas Pacheco, quien murió en Salamanca cuando concluía sus es­ tudios superiores. III.—Hernando Pacheco, bautizado el 15 de junio de 1614. III.—Alonso Pacheco, capitán por el Rey, fallecido una jornada antes de llegar a Santa Fe, a donde iba a reunirse con su esposa, Doña María de Borja, hija del Presidente de aquella Audiencia, Don Juan de Borja, con quien había casado por poder. Don Juan era hijo natural de Don Fernando de Borja, el Tuerto, Comendador de la Orden de Alcántara e hijo éste de San Francisco de Borja. II.—María de Aguila Pacheco Mexía, casada con Juan Manuel Manri­ que de Meneses y Padilla, Marqués de Marianela, Caballero de la Orden de la Llave Dorada y de la Militar de Santiago , Gentilhombre del Archiduque Alberto y del Consejo de Guerra de los Estados de Flandes, nombrado Go­ bernador de la Provincia de Venezuela en 1623. Después fue Castellano de la Fortaleza de Perpiñán y Capitán General del mismo lugar, Capitán de un tercio en la guerra contra Francia, y por último, hasta su muerte, Goberna­ dor Militar de Murcia, Lorca y Cartagena del Levante. Padres de: IV.—Lorenzo Meneses Pacheco, quien por falta de herederos legitima­ rios nombró por suyos a sus primos los Tovar Bañez, a Antonio para el Maquesado y a Manuel Felipe y a Ortuño para los bienes. III.—Juana Pacheco Mexía, quien casó dos veces. Primero lo hizo con Francisco de la Torre Barreda, natural de San Vicente de la Barquera, en las montañas de Larco, Obispado de Burgos, Caballeros del Hábito de Calatra- 121 va, Corregidor de Tunja y después Gobernador de Cartagena, quienes en su matrimonio precrearon como única hija a: IV.—Josefa de la Torre Barreda, bautizada en Trujillo el 24 de se­ tiembre de 1640, casada con Ortuño Tovar. Casó en segundas nupcias Juana Pacheco con Manuel Felipe de Tovar, Caballero de la Orden de Santiago, Regidor Perpetuo de Caracas y AlcaldeGobernador de estas ciudad el año de 1675 y quien fue vecino también de Trujillo. Su padre Don Martín Tovar, había sido Castellano de Jaca y recibió el Hábito de Santiago en la Iglesia de Upén el año de 1623. Era natural de Villacastín y fue capitán de caballos coraza, capitán de infantería en Milán y Flandes, Maestre de Campo en Aragón y Jefe de la Frontera de Perpiñán y casado Don Martín con Melchora Mendieta, natural de Medina del Campo. Don Manuel Felipe vino a Caracas con su tío el Ilustrísimo Señor Don Fray Mauro de Tovar, Obispo de Venezuela y procedía de la vieja casa de los Tovares que llevan por armas las siguiente: de azur, una banda de oro engalonada entre dos cabezas de dragones de sínople. Padres de: IV.—Antonio de Tovar Bañez, nacido en la ciudad de Trujillo y quien sirvió en Caracas la plaza de capitán de infantería y también de caballos cojl*za. Regidor Perpetuo de Caracas y quien por Real título despachado el 27 de agosto de 1684 recibió el Hábito Militar de Santiago que vistió en la Catedral de Caracas. Casó con Francisca Mixares de Solórzano. Padres de: V.—Francisca Manuela de Tovar, casada con José de Oviedo y Baños. Don José era natural de Santa Fe en el Nuevo Reino de Granada y fue en Ca­ racas Regidor Perpetuo y Alcalde Ordinario y Teniente General de todas las mili­ cias del país, hermano del Padre Juan Antonio de Oviedo y Baños, Rector del Colegio del Espíritu Santo de la ciudad de los Angeles de Nueva España y del licenciado Diego Antonio de Oviedo y Baños y célebre Don José en los anales de la Bibliografía histórica de Venezuela por ser autor de la magní­ fica obra “ Historia de la Conquista y Población de la Provincia dé Vene­ zuela” , tantas veces citada en este estudio. Don José era hijo de Ju an Anto­ nio de Oviedo y Rivas, natural de la ciudad de Salamanca y de Josefa de Ba­ ños y Sotomayor, natural de Lima. Juan Antonio de Oviedo fue Juez de es­ tudios en la Universidad de Salamanca por título que le despachó el Cance­ lario Fray Pedro de Godoy, Obispo de Osma, el 21 de agosto de 1663. Fue Fiscal de la Audiencia de Santa Fe por Cédula de 29 de julio de 1664 y fue 122 allí Asesor del Obispado por el limo. Sr. Juan de Arquinao y a su muerte el Rey hizo especial recomendación de sus hijos al Virrey del Perú, Marqués de Malagón. Era hijo de Ju an de Oviedo y Rivas y de Catalina de Tapia Godines, de Salamanca. Josefa de Baños, era hija de Don Diego de Baños y Sotomayor, natural de la villa de San Esteban de Gormaz y de María Maroja, de Valladolid y hermana del limo. Sr. Diego de Baños y Sotomayor, quien co­ mo Obispo de Caracas formuló las constituciones del Seminario de Santa Ro­ sa de Santa María de Santiago de León de Caracas, fundado por su paisano el limo. Sr. González de Acuña. Don Diego Baños era abogado de la Real Cancillería de Valladolid y el Rey le hizo Relator de la Audiencia de Lima y posteriormente, el año de 1649, los Inquisidores de la ciudad de los Reyes le dieron título de abogado de los presos del Santo Oficio y en 1652 fue nombrado Oidor de la Audiencia de Santa Fe. Padres Don José y Doña Fran­ cisca de: VI.—Rosa de Oviedo y Baños, casada con Pedro Juan Ruiz de Arguinzonis y Mendoza (v. descendencia de Juan Rodríguez de Porras). IV.—Teresa de Tovar y Pacheco, mujer que fue de Juan de Sólorzano Monasterios, Primer Marqués de Mixares, Alcalde Ordinario y de la Santa Hermandad y Alférez Real de Caracas, hijo éste de Juan Francisco Mixares de Sólor­ zano y Rojas, natural de Caracas, Caballero de Hábito de Alcántara y de Catalina Hurtado Monasterios. Recibió en el Convento de Santa Ana del Orden de San Bernardo de la Villa de Madrid y el año de 1645 los caballeros hijosdalgos del lugar de Sólorzano, Merindad de Trasmiera, los eligieron pra Regidor del referido lugar. Porres y Toledo le dio poderes amplios para in­ quirir los malos tratamientos que se daban a cienos indios de Barquisimeto y habiéndose dispuesto una salida contra los indios caribes, mantuvo en la ex­ pedición que se armó al efecto un soldado a su costa. En 1667 fue nombrado Juez General de Llanos. Era hijo de Pedro Mixares de Solórzano, natural del Valle de Sólorzano y de Francisco Díaz de Rojas, natural de Caracas. Don Pedro Mixares sirvió al Rey en los Estados de Nápoles, Flandes y en Lombardía y estuvo en el sitio de Nebón donde fue herido de un mosquetazo. En 1605 pasó a la América en la armanda que comandaba el General Luis Fajar­ do y por enfermedad se quedó en la Isla de Margarita, de donde pasó a la Provincia de Nueva Encija de los Cumanagotos, en persecusión de un pirata holandés. De allí vino a la Gobernación de Venezuela, donde Sancho Alquiza los nombró Sargento Mayor de Caracas e instructor de Milicias. El I o. 123 de abril de 1608 fue designado para el comando de dos fragatas que se arma­ ron para ser despachadas de La Guayra hacia el Gibo Codera a fin de hacer desalojar un navio holandés que infestaba aquellas playas. Catalina Hurtado de Monasterios era hija legítima de Mariana de Mendoza, natural de Caracas y de Bartolomé Monasterios, de Cordejuela en la Encarnación, Señorío de Viscaya, capitán de infantería,Regidor Perpetuo y Alguacil Mayor del Santo Oficio en la ciudad de Caracas, Caballero de Hábito de Santiago posteriomente Corregidor de lea y Pisco en el Valle de Valverde del Perú. Padres de: V.—Francisco Felipe de Solórzano, casado con Melchora Catalina de Tovar y Sólorzano, hija de los ya nombrados Antonio Tovar Bañez y Francis­ ca Mixares de Sólorzano. III.—Angela Pacheco Mexia, bautizada en su casa por causa de urgencia el 3 de noviembre de 1601, laque casó con el Maestro de Campo Juan deUrbina Velásquez de Mendoza. Padres de : IV.—Maestre de Campo Juan de Urbina Pacheco. IV.—Juana, bautizada el 15 de mayo de 1635. IV.—Josefa, bautizada el 14 de abril de 1637. III.—Josefa Pacheco Maldonado Mexia, mujer del Mayorazgo Francisco Cornieles Briceño. El año de 1644 pagaba Doña Josefa a las Reales Cajas en la ciudad de Trujillo la cantidad de mil ochenta pesos por derechos de me­ dias annata de las tierras de sus encomiendas, conforme a lo ordenado por el licenciado Juan Melgarejo Ponce de León, Oidor y Alcalde de Corte más antiguo de la Real Audiencia de Santo Domingo y Comisario General de las medias annatas y papel sellado. Viuda y sus hijos Doña Josefa se metió mon­ ja en el Convento de Concepcionistas de Caracas. III.—Juan Pacheco Maldonado Cerrada, bautizado el 6 de diciembre de 1607. Alférez Real y Alcalde Ordinario de la cuidad de Trujillo el año de 1647. Casó con Manuela Velásquez de Mendoza, hija de Juan Velásquez de Mendoza, y de María Gordón de Almazán. D onjuán Velásquez viene del matrimonio de Antonio de Velásquez yjuana Mendoza y Ayala, hija ésta de 124 Juan Urbina de Mendoza y María Cogollos. Donjuán Urbina es hijo de Don Fernando de Mendoza y de María Urbina y Don Fernando lo es de Lope de Mendoza, Caballero de la Banda e hijo de Lope González de Mendoza, Marquéz de Almazán. María Gordón de Almazán es hija del capitán Pedro González y de María Silvestre,' hija del capitán Pedro Gordón de Almazán, natural de Extremadura y de los fundadores de la ciudad de Carora y de Ma­ ría González, quien viene del matrimonio de Juan Esteban González y Ma­ ría Silvestre, naturales de Usagre en Extremadura. Padres de: IV.—Angela Francisca Pacheco, bautizada el I o. de octubre de 1664, casada con el capitán Fernando Manuel Valera y Alarcón (v. descendencia de Juan Morón de Cárdenas). IV.—María Josefa Pacheco, casada con el capitán Ignacio de Rivas (v. descendencia de Diego de la Peña). IV.—Juan Pacheco de Mendoza, nacido en la ciudad deTrujillo el año de 1632, Alférez Real, capitán a guerra y Alcalde Gobernador de aquella ciudad el año de 1654 por la vacancia que sucedió al separarse del Gobierno de la Provincia el Gobernador Quero de Figueroa y Alcalde otras veces más en la misma ciudad. Casó con Inés de Mesa y Arismendi, hija del licenciado Alonso de Mesa Lugo y Cabriera, natural de Canarias y de Juan de Arismen­ di, hija de Ju an de Arismendi y de María de Alarcón y Cerrada, hija a su vez de Inés de Cerrada, (hija de Hernando de Cerrada) y de Hernando de Alar­ cón Ocón (v. este linaje en Juan Morón de Cárdenas). Padres de: V.—Juan Jacinto Pacheco y Mesa, bautizado el 12 de diciembre de 1671, casado en Caracas en Francisca Tovar y Mixares. Padres de: VI.—Antonio Pacheco y Tovar, Maestre de Campo de las Milicias de Blancos de Caracas y Sargento Mayor de ellas, a quien su Majestad el Rey Don Felipe por Real Cédula de 20 de febrero de 1732 hizo merced de título de Castilla con la denominación de Conde de San Javier. V.—Manuela María Pacheco y Mesa, bautizada el 30 de agosto de 1665, mujer que fue del Maestre de Campo don Sancho Briceño de la Bastida (v. descendencia de Francisco de la Bastida). IV.—Alonso Pacheco Velásquez, bautizado el 9 de noviembre de 1645, 125 quien casó con Blasia de Mesa. Padres de: V.—María Teresa Pacheco, bautizada en abril de 1667. V.—Joaquín Pacheco y Mesa, bautizado en el pueblo y doctrina de San Miguel el 26 de julio de 1668, Alcalde Ordinario de Trujillo en 1693, casado con Brígida de Rivas Pacheco (v. descendencia de Diego de la Peña). Padres de: VI.—Licenciado Presbítero Alonso Pacheco Rivas, Vicario de Caracas. V.—Alonso Pacheco y Mesa. V.-Juana Pacheco, baudzada el 17 de octubre de 1670. V.—Inés Pacheco. V.—Francisco Tiburcio Pacheco, bautizado el 17 de abril de 1673. V.—Rosa María Pacheco y Mesa, mujer de Lorenzo de Rivas Pacheco. (V. descendencia de Diego de la Peña 9). II.—Alférez Real Alonso Pacheco Graterol, Alcalde Gobernador de la ciudad de Trujillo en 1624 por deposición del Gobernador de la Provincia Gil de la Sierpe. II.—Inés Pineda Pacheco, mujer del capitán Juan Vásquez Coronado. Este era natural de Salamanca y obtuvo real permiso para pasar a las Indias y en él se hacía mandón especial de los importantes servicios y de la nobleza de sus mayores. Era hijo de Antonio Vásquez Coronado, hijo éste de Juan Vásquez Coronado, quien había heredado la vara de Alguacil Mayor en la Chancillería de Valladolid y estuvo entre los gentilhombres que acompaña­ ron al Rey Felipe II cuando éste pasó a la Corte de Inglaterra a celebrar sus bodas. Era hijo de Gonzalo Vásquez, de quien heredó el Alguacilazgo y her­ mano éste del Comendador Juan Vásquez, Caballero de Hábito de San 9 126 El Dr. VICENTE DAVILA en “ Proceres Trujillanos” tiene en el árbol de los Pachecos otras ramas de este linaje*. Juan, del Consejo de Guerra de D onjuán de Austria y su Teniente en Cam­ paña. Juan Vásquez Coronado, tío del que vino a la ciudad de Trujillo, tuvo título de Adelantado en la Provincia de Costa Rica. Los Coronado llevan por armas flores de lis de plata en campo de azur. Donjuán Vásquez Coronado, fue Alcalde Ordinario de Trujillo en 1601, 1616 y 1629 y su linaje tuvo una señalada figuración en aquella ciudad durante el siglo XVII, ora en cargos políticos, ora como personas de bienes y de letras. Padres Coronado y Doña Inés de: III.—Alonso Vásquez Coronado, bautizado el 23 de setiembre de 1614 y quien recibió las sagradas órdenes del presbisterado de manos del limo. Sr. Tovar el año de 1642. III.—Gonzalo Manuel Vásquez Coronado, bautizado el 23 de se­ tiembre de 1616 y Alcalde Ordinario de Trujillo en 1646, casado con María Valderrama y Becerra. Padres de: IV.—Capitán Juan Vásquez Coronado, bautizado el 17 de octubre de 1648 y Alcaldes Ordinario de Trujillo en 1692, casado con María y Velásquez. Padres de: V.—Inés Melchora Vásquez, bautizada el 26 de agosto de 1672. V.—Sebastian Vásquez Coronado, quien casó con Catalina de Arrechederra viuda ésta de Juan Iguiñiz e hija del Castellano Juan de Arechederra y de Luisa de Tovar y Mixares, hijas ésta del segundo matrimonio de Manuel Felipe de Tovar con María Mixares de Solórzano. Doña Luisa, viuda de Arechederra, había casado con Don Francisco de Berroterán, Gobernador de Venezuela y Marqués del Valle de Santiago. IV.—Inés Vásquez Coronado, bautizada el 23 de febrero de 1658. IV.—Juan Vásquez Coronado, bautizado por el limo. Sr. Mauro de To­ var el 26 de enero de 1653. IV.—Nicolás y Alonso Vásquez Coronado, bautizados el 15 de abril de 1658. IV.—María Vásquez Coronado, bautizada el 4 de agosto de 1664. 127 IV.—Sancha Vásqucz Coronado, bautizada el 18 de agosto de 1674. IV.—Gonzalo Vásquez Coronado, bautizado el 29 de junio de 1666, familiar del Santo Oficio, casado con Josefa Valladares. IV.—Teresa Vásquez Coronado. III.—Antonio Vásquez Coronado, Alcalde de Trujillo en 1632, y Alcal­ de Gobernador por haber muerto el Gobernador de la Provincia Don Pedro León Villarroel en 1651. III.—Juán Vásquez Coronado, bautizado el 19 de abril de 1608, Fraile Francisco del Convento de San Antonio de Padua de la Recolección de Tru­ jillo. III.—Sancha Vásquez, monja del Regina Angelorum. La casa de Pacheco tenía su solar primitivo en el Condado de Castañeda en el Reino de Portugal y fue el primero en pasar a Castilla el año de 1396, durante el Reinado de Don Enrique III. Diego López Pacheco, casado con María de Miranda, quienes tuvieron a Francisco Pacheco Pinedo, casado con Catalina Jiménes quienes son los padres del conquistador Alonso Pacheco Maldonado. Dicho linaje procede de Junio Pacieco, hombre principal citado por Aulo Hircio al tratar de las guerras béticas en tiempos de Julio César y la casa de Castañeda usaba por armas dos calderas jironadas de oro y gules con cuellos de sierpes en las asas, sobre campo de plata, y son las mismas que aún figuran en el edificio que ocupa en esta ciudad la Imprenta Nacional, mora­ da de los Pacheco Tovar durante la Colonia. LVI LUIS DE PALACIOS Era Escribano de profesión y como tal figura en la ciudad de Trujillo el año de 1567, después en la de Coro en 1570 para de nuevo servir el mismo oficio en la ciudad de Trujillo, del cual hizo dejación el año de 1594. Oviedo y Baños nombra un Francisco Palacios entrado con Ruiz que probablemente sea una confusión con el nombre de este conquistador. 128 LVII JERONIMO DE LA PARRA Este conquistador era natural de la Villa de la Parra en Extremadura y entró en la primera expedición con el capitán Diego García de Paredes, quien le encomendó indios en el primer repartimiento. En la data de enco­ mienda del conquistador Lope de Neira se cita la de la Parra como lindero de aquélla. Oviedo y Baños trae su nombre y el de su hermano Juan como com­ pañeros de Losada en la conquista de los caracas. Estaba casado con la extre­ meña doña Ana Ruiz y fueron vecinos de El Tocuyo. Padres de: II.—Juan Ruiz de la Parra. Teniente Gobernador en la ciudad de la Nueva Zamora de Maracaybo y Carora por Diego Osorio. Acalde Ordinario de Barquisimeto y encomendero de los chispas, sayones y camagos, casado con Elvira Martínez. Padres de: III.—Gaspar Ruiz de Cárdenas, Alcalde Ordinario y Alguacil Mayor de Barquisimeto y encomendero de los caquetíos por el Gobernador Sancho Al quiza, casado con Ana Francisca del Barrio, hija ésta de Esteban Mateos y de Ana Pérez. Don Esteban viene del matrimonio del conquistador Damian del Barrio y Francisca Hernández y era oriundo del Reino de Granada en España y después de haber servido al Rey en la Península, pasó a las Indias con la expedición de Jorge Spira en 1534. Estuvo con Felipe de Hutten y con Juan de Villegas, y con Ruiz Vallejo fue al descubrimiento de los indios cuycas y figuró en muchas jornadas más durante la conquista de este país. Padres de: IV.—Sargento Mayor Juan Ruiz de la Parra, Teniente Tesorero de la Re­ al Hacienda de El Tocuyo en 1652 casado con Isabel Castillo, hija ésta del ca­ pitán Pedro Castillo y de María Baptista. Padres de: V.—Esteban del Castillo, casado con Isabel de Oviedo (v. descendencia de Lucas Mexis de Vilches). Padres de: VI.—Ju an del Castillo, casado con Ana de Velasco. V.—Carlos Luis de la Parra, casado con Josefa Fernández de Graterol. (v. descendencia de Martín Fernández de Quiñones). 129 Lvra AGUSTIN DE LA PEÑA El capitán Agustín de la Peña figura entre los individuos que enumera Oviedo y Baños como compañeros de Francisco RuÍ2 el año de 1558. Era hijo del Mariscal Gutierre de la Peña y de su mujer María López de Mendoza, y casado con Beatriz de Castro fundó su hogar en El Tocuyo. Padres de: II.—María Ginesa de la Peña, mujer que fue del trujillano Manuel de Silva, Alguacil Mayor de El Tocuyo, quien fue acusado de haber envenenado al Ilustrísimo Señor Fray Domingo de Salinas, Obispo de Venezuela. Vestida la causa correspondiente, aquél llevó a los autos la prueba de su inocencia, pero, agrega Don Luis A. Sucre, el nuevo Gobernador Suárez del Castillo in­ formó al Rey que por aquel entonces “ a andado la justicia como de com­ padres” . Padres de: III.-Ginesa de la Peña,vecina de El Tocuyo,casada en primeras nupcias con Luis de Gomara y en segundas con Juan de Acosta. III.—Sargento Mayor Luis de Silva. III.—Juan de Silva. III.— Capitán Gutierre de la Peña Langoyo, vecino de El Tocuyo. III.—Pbro.Bartolomé de Silva Langoyo,Vicario de El Tocuyo y Notario del Santo Oficio, fallecido en la ciudad de Trujillo el año de 1663, donde otorgó carta de codicilo por ante el Alcalde Ordinario Francisco de Vilches y Narváez. III.—María Bartola de Silva y Peña, casada con el Maese de Campo To­ más de Torralba Sotomayor, Regidor y natural de El Tocuyo e hijo del capi­ tán Bartolomé Torralba y Magdalena Sotomayor (v. este linaje en Juan Rodríguez de Porras). Padres de: IV.—Luisa de la Peña, mujer del capitán Francisco Martín Arroyo, Te­ niente de Gobernador y Justicia Mayor dé Barquisimeto en 1653, Alcalde Ordinario de El Tocuyo en 1664 y Teniente de la Real Hacienda en 1671. 130 IV.—María de Torralba, mujer de Juan Colmenares Betancourt (v. des­ cendencia de Francisco de San Juan). IV.—Pbro. Licenciado Juan Tomás de Torralba Almodovar. IV.—Josefa de Torralba Almodovar, mujer del capitán Luis Pérez de Hurtado,Alcalde Ordinario de El Tocuyo,Capitán de Milicias de la misma ciudad y encomendero por título que le despachó el Gobernador Marcos Xedler de Calatayud y Toledo e hijo de Diego Pérez Hurtado de Molina, na­ tural de la Villa de Cabra en Andalucía y de Agustina Torrellas Sotomayor. Padres de: V.—María Pérez Hurtado, esposa que fue del capitán José Antonio Gil de la Hita, quien era natural del Reino de Aragón e hijo legítimo de Sebas­ tián Gil y de Francisca Segín, caballeros infanzones e hijosdaldgos noto­ rios. Gil de la Hita sirvió por muchos años la plaza de soldado en la ciudad de Milán y fue a la ciudad de Trujillo con el socorro que El Tocuyo mandó a los trujillanos cuando la invasión del Pirata Gramont. Padres de: IV.—Capitán Antonio Gil, casado con Teresa de Escalona. Padres de: IV.—José Antonio Gil de la Hita, casado con María Domínguez Gon­ zález Yépez. Padres de: VIII.—Tomás Gil de Yépez, quien vistió en 1743 una beca seminaria en el Tridentino de Caracas,la cual apuntó en 1749-Recibió el presbistaado, estudió Filosofía y se graduó de Bachiller en 1754. Siguió los cursos de Cáno­ nes y Leyes, recibiéndose de Doctor en la primera rama en 1754 y de Bachiller en Leyes en la misma fecha. Desempeñó desde entonces la cátedra del instituto en la Real y pontificia Universidad. Recibió los títulos de licen­ ciado y doctor en Leyes en 1557 y dejó la cátedra para desempeñar el curato de El Tocuyo, su ciudad natal, donde murió. Fue éste el primer estudiante que recibió el grado de doctor en Derecho en nuestra Universidad. (Datos del Dr. Rafael Domínguez). Vü.—Laurencia Ana Gil de la Hita, quien en primeras nupcias casó con el capitán Tomás de Mendoza y después con el licenciado José Hurtado de Molinay Laris, abogado de la Real Audiencia de Santo Domingo. 131 V.—Maestre de Campo Juan Pérez Hurtado casado con Ana Francisca de Arguinzonis y Laris, hija ésta de Pedro de Arguinzonis y Laris (v. descen­ dencia de Juan Rodríguez dePorras). Padres de: VI.—Luisa Josefa Pérez Hurtado, casada con el Maestre de Campo Luis de Escalona Colmenares (v. descendencia de Andrés de Villa Lón). VI.—Licenciado Juan Pérez Hurtado de Mendoza y Don Diego Hurta­ do de Mendoza. VI.—Licenciado Luis José Hurtado de Molina y Laris, ya nombrado. Armas de Peña: las nuevas concedidas a su padre el Mariscal Gutierre de la Peña por Cédula Real de 6 de junio de 1563: escudo cortado; arriba en campo de gules una bandera negra con dos espadas (la bandera del Tirano Aguirre vencido por Gutierre de la Peña), partido de oro con un león rampante de gules; bajo, de plato, tres peñascos de su color, en el medio un ár­ bol de sínople con un escúdente de gules con un sol de oro colocado al lado izquierdo del árbol. Detrás de los peñascos dos ondas de azur y plata. LIX DIEGO DE LA PEÑA El capitán de la Peña, citado por Oviedo y Baños entre los individuos que acompañaron a Ruiz en su entrada a la provincia de los cuycas el año de 1558, era hijo de Diego de la Peña y de Leonor Nieto, vecinos de Baltanás y se hallaba en la Isla de Margarita en 1527 cuando se trasladó a la Corte como procurador de sus vecinos. En 1558 se hallaba avecinado en la ciudad de Tunja, de donde pasó a la Gobernación de Venezuela en compañía del ca­ pitán Ruiz para entrar a la jomada de los cuycas. El año de 1560, por octubre, en su carácter de Alcalde de la ciudad de Trujillo recibió y despidió al Juez Alonso de Esperanza, enviado por la Audiencia de Santa Fe a prender al capitán Juan Rodríguez Suárez y cuenta Fray Pedro Simón que el Alcalde trujillano invocó una piadosa ignorancia como subterfugio para no entregar al asilado. Nuevamente figuró como Al­ calde el año de 1570 y el 73 y 74 desempeñó oficios de Teniente de Goberna­ dor y como tal repartió indios en encomiendas. Después se pasó a la ciudad 132 de Mérida, que había ayudado a fundar su hijo Diego de la Peña el Mozo y en ella actuó como Escribano Público y dejó su descendencia. En el Nuevo Reino había casado con Luisa Izarra y como hijos suyos co­ nocemos a: II.—Paula de Peña Izarra, mujer que fue del capitán Bartolomé de Vilches Riolid, quien era natural de Jaén. Padres de: III.—María de Vilches Riolid, mujer que fue de Francisco de Uzcátegui, primero de este apellido que se avecindó en.la ciudad de Mérida y natural de Señorío de Vizcaya. Padres de: IV.—Francisco de Uzcátegui Riolid. II.—Gerónima de la Peña Izarra, mujer del capitán Gonzalo García de la Parra, quien era hijo del capitán García de la Parra, conquistador señala­ do en el Nuevo Reino y de los fundadores de Mérida y de Brígida Díaz de Alvear. Esta Doña Brígida debe ser deudo del capitán Jorge Celi de Alvear, pariente éste del Duque de Medinaceli, quien también se hallaba emparen­ tado con García de la Parra, pues era su esposa Bárbara García de la Parra y Vargas. Padres de: III.—Gerónima de la Peña Parra, mujer de Hernando García de Ribas Tesorero de la Real Hacienda de Trujillo en 1636. Padres de: IV.—Capitán Ignacio de Ribas, Alférez Mayor en 1670, bautizado en Trujillo el 5 de agosto de 1636, casado con María Josefa Pacheco de Mendo­ za (v. descendencia de Alonso Pacheco). Padres de: V.—Brígida, bautizada en abril de 1667, casada con Joaquín Pacheco y Mesa (v. descendencia de Alonso Pacheco). V.—Isabel María, bautizada el 16 de enero de 1670. V.—Lorenzo de Ribas Pacheco, casado con Rosa María Pacheco y Mesa. III.—Ana Durán de la Parra, quien fundó una Capellanía de dos mil pesos en Mérida a nombre de sus hermanas Doña Brígida y Doña Juana. 133 III.—Catalina Duran de la Parra, mujer que fue de Diego Salido Pache­ co, comisionado para la prisión del Gobernador Gil de la Sierpe. Era hijo del capitán Bartolomé Salido Truxillo, hijosdalgo notorio, natural de Anterquera, quien obtuvo real receptoría para levantar probanza de los señalados servicios que había hecho en la conquista del Nuevo Reino y quien entró en la Provincia de los cuycas con el conquistador Juan Maldonado, segundo fundador de Mérida, de Inés Pacheco Caravajales, la cual lo era del capitán Diego García Pacheco, primer conquistador de Santa Marta y de “ prosapia generosa” y de la'‘religiosísima señora” Francisca de Caravajales.Cuando entró al Nuevo Reino el Mariscal Jorge Robledo en unión de su esposa María de Carajales, ésta. Trajo consigo cándidas doncellas Deudas cercanas suyas principales, I aquí tenemos hoy a los dos dellas Con el renombre de Caravajales, Con hijos de valor y hijas beüas, I en todas parte de virtud cabales: I son Doña Francisca, gran cristiana, I DoñaLeonor quefue su hermana. según lo dice el Padre Castellanos en sus “ Elegías” . Flores de Ocariz dice que las doncellas que trajo Doña María eran hermanas suyas. De este matri­ monio vienen: IV.—El maestro Don Bartolomé Salido. IV.—Gerónima Salido, mujer del trujillano Rodrigo de Asuaje (v. des­ cendencia de Francisco de la Bastida). IV.—Andrea Salido, mujer que fue del ya nombrado Francisco de Uzcátegui Riolid. Padres de: V.—Catalina Uzcátegui Salido, mujer de Francisco de Toro Holguín. Este era natural de Llerena e hijo del capitán Francisco de Toro y de María Gómez Manzano, hija ésta del Re^idpr Juan Gómez Manzano, natural de Baeza y de Isabel Micaela Osorio. Esta es hija del capitán Gonzalo Sánchez Osorio, conquistador de Vélez y Tunja y de Isabel González de la Parra. 134 Juan de Toro y Exparciegas,segundo abuelo del capitán Francisco de Toro había ganado en juicio contradictorio, el año de 1519, en la Chancillería de Granada, ejecutoria de nobleza de su linaje. En la probanza que levantó don Cristóbal Mendoza en la ciudad de Trujillo el año de 1795, se dice, y así lo repetimos nosotros en la Genealogía de éste,que la mujer de Gonzalo Sánchez Osorio era de nombre Constanza Rodríguez de la Parra, hija de Juan Rodríguez Parra, fundador de Santa Fe, pero Flores de Ocariz dice que este último no tuvo hijos, y señala como su mujer a la aquí nombrada. Padres de: VI. Francisca Isabel de Toro, mujer de Alférez Real Rodrigo Hipólito de la Bastida Briceño (v. descendencia de Francisco de la Bastida). II.—Diego de la Peña Izarra, casado con Catalina Cerrada, hija ésta del conquistador Hernando de Cerrada, según lo dice Febres Cordero en sus “ Décadas” y también con Cecilia Gaviria Bohorques. De este último matri­ monio nacieron: III.—Diego de la Peña Gaviria, casado con Leonor de Bohorques Dávila. Padres de: IV.—Isabel de la Peña Bohorques, casada con Cristóbal de Ribera y Solaguren, Alcalde Ordinario de Mérida en 1734 y 1739. IV.—Cecilia de la Peña y Bohorques, casada con Carlos de Riberas y Solaguren, Alcalde Ordinario y Depositario de la ciudad de Mérida en 1723 y Al­ calde de la Santa Hermandad en 17 3 5. IV.—Presbítero doctor Francisco de la Peña y Bohorques, Familiar del Santo Oficio, Vicario y Juez Eclesiástico de Mérida y Capellán de las Monjas Clarisas de aquella ciudad el año de su muerte que lo fue el de 1639. Lo ase­ sinó Don Gregorio de la Rivera, cuñado de sus hermanas arriba nombradas, con motivo de haberse refugiado su esposa Doña Josefa Ramírez en el Mo­ nasterio de Santa Clara huyendo de las persecuciones de Don Gregorio. Sentenciado a la última pena el criminal, su nombre se hizo popular en los Estados de Occidente y aún de Colombia, donde su ánima es invocada con fe para recuperar las cosas perdidas. La historia de este suceso, que desde su ho­ ra inicial que envuelto en el manto de la más curiosa leyenda, sirvió de oca­ 135 sión a Don Tulio Febrcs Cordero para una interesante monografía publicada en 1923. II.—Eugenio de la Peña Izarra. II.—Francisco de la Peña. II.—Gerónimo de la Peña. II.—Eugenia de la Peña Izarra. Armas: de gules, un medio muro de plata sobre unas peñas y tres estrellas de oro superando el muro. LX FRANCISCO PEREZ Entró este conquistador en unión de García de Paredes el año de 1557 y estuvo ausente de la ciudad el 67 por hallarse con Losada en la conquista de los caracas. El año de 1569 era de nuevo vecino de la ciudad de Trujillo y declaró entonces ser de edad de cuarenta años en el proceso probatorio de servicios de Francisco Camacho. En dicho año era Alguacil Mayor y el 70 fi­ gura como Procurador General. LX LUIS QUEBRADAS Este conquistador lo señala Oviedo y Baños entre los compañeros de Francisco Ruiz y de la data de la encomienda de Francisco Camacho, otorga­ da por García de Paredes en 1560 se deduce que tuvo repartimiento y ya de­ bía haber muerto por entonces, según se desprende del texto de aquélla y del hecho de que en la residencia del año 1571 se hablase de los bienes de un hijo menor de Quebradas que estaba bajo la custodia de Juan de Segovia, y se llamaba: II.—Alonso Quebradas, casado con Angela de Biñas. Padres de: 136 III.—Melchor de Quebradas. III.—Mariana de Biñas. III.—Esteban Quebradas. III.—Pedro Quebradas. III.—Francisco Quebradas. III.—Luis Quebradas. LX II PEDRO RAPAZO Se nombra a este sujeto en una probanza del año de 1569 como estante en la ciudad ya de algún tiempo por la calidad de la declaración en que se le cita. LX III VICENTE RIVEROS En 1571 declaró este conquistador en la ciudad de El Tocuyo que hacía quince o diez y seis años que vivía en la Gobernación de Venezuela y que era de edad de treinta y cinco años. Con Diego García de Paredes entró en la expedición del año 1557 y Oviedo y Baños lo cita entre los compañeros de Ruiz en la expedición de és­ te. Avecinado en la ciudad de El Tocuyo,el Gobernador Pedro Ponce de León le encomendó los indios que había vacado por dejación que hizo el ca­ pitán Alonso Andrea de Ledesma y ejercían allí el comercio en una tienda de ropa. Juan de Castellanos cita un Riveros en compañía de Juan Guillén entre 137 la gente que tenia Ortal en la Maracapana, que acaso sea este mismo con­ quistador. Casó con Catalina de Miranda y tuvieron en El Tocuyo a: II.—Catalina de Miranda. II.—Juan de Rjveros LXIV DIEGO DE ROBLES (v. descendencia de Gaspar Comieles). LXV JUAN RODRIGUEZ DE PORRAS El capitán Juan Rodríguez de Porras era natural de Zamora en España procedía de las casas solariegas de los Porries (Porras) de origen francés que estaban en el Reino de León y de los Rodríguez de Salamanca.En 1588 el Rey de Armas, Don Diego de Urbina, le expidió certificación de las de su fami­ lia. Juan Rodríguez de Porras era hijo del capitán Cristóbal Rodríguez y nieto de Juan Núñez y de Beatriz González, quienes entraron a la Goberna­ ción de Venezuela con el Gobernador Carvajal según las probanzas y con Federman el capitán Rodríguez, según Oviedo y Baños. Fue este capitán quien primero fundó hato de ganado en los Llanos de Venezuela y estableció su comercio con el Nuevo Reino, pues las piezas que Ruiz llevó eran de Cubagua. Estuvo Rodríguez de Porras en varias empresas en el Nuevo Reino de Granada y en Santa Fe contrajo matrimonio con Elvira Gutiérrez de Céspe­ des, hija de Luis Gutiérrez, Regidor de Santa Fe y Alcalde de la Santa Her­ mandad en 1598, Administrador de las Salinas de Zipaquirá y Corregidor de Bogotá y Encomendero de Ibuna y Cocayna y de María de Céspedes. Luis Gutiérrez era hijo de Rodrigo Gutiérrez y de María de Rodríguez, de limpia familia y usaba por armas una torre de plata en campo de azur. Doña María era hija de Lucas de Céspedes y de su mujer Francisca Pérez Xixona y había 138 ganado esta ejecutoria de nobleza en la Chancillería de Granada el año de 1566. Estuvo en la conquista del Dorado con Pedro de Silva y fue Corregidor de Santa Fe e hijo a su vez d e ja r ía Ruiz y de Diego de Céspedes, hermano éste del famoso conquistador Juan de Céspedes, la primera figura, dice Raimundo Rivas, después de Quesada en la conquista del Reino de los Chibchas. Procedían éstos de noble linaje y habían nacido en Argamasilla del matrimonio de Lope de Céspedes y de María Ruiz, naturales de Almodóvar del Campo, hijo Don Lope de Diego de Céspedes, natural de Alcolea y del María González, hijosdalgos notorios. Extinguida la descendencia del ilustre compañero de Quesada, vino a perpetuarse por sus colaterales entre quienes figuran los descendientes de Elvira Gutiérrez, aunque Flores de Ocaris deja de nombrarla al estudiar esta familia. El capitán Rodríguez de Porras estuvo en la primera expedición que con García de Paredes entró a la conquista de los cuycas, y Oviedo y Baños no lo señala entre los compañeros de Ruiz que volvieron a entrar en 1558. El año de 1569 era Alcalde Ordinario de la ciudad de Trujillo, de la cual se de­ savecindó para ir a radicarse en El Tocuyo, donde viudo contrajo nuevas nupcias con Beatriz de Castro, ésta nieta del Mariscal Gutierre de la Peña. En El Tocuyo fue Teniente de Gobernador, Alférez Real y Regidor Per­ petuo y de allí se trasladó a Trujillo en 1580 con el fin de levantar probanza de los servicios que había prestado en la conquistas de aquella provincia, lo cual hizo ante el Alcalde Juan Guillén de Saavedra y con presentación de los testigos Juan de Bonilla, Francisco de la Bastida, Hernán Velásquez y Lucas Mexia, quienes declararon sobre la calidad de su persona y la importancia de sus acciones. De su matrimonio con Elvira Gutiérrez, vienen: IV.—Elvira Rodríguez de Porras, nacida en El Tocuyo. II.—María Rodríguez de Porras, nacida en El Tocuyo. II.—Catalina Rodríguez de Porras, mujer de Ambrosio de la Peña Men­ doza, hijo del Mariscal Gutierre de la Peña. Padres de: III.—Francisco de la Peña Mendoza,poblador de San Felipe de Austria, quien servio sin sueldo por más de doce años la plaza de soldado en la pro­ vincia del Dorado y estuvo de Alférez por más de tres años en la ciudad de Cumaná. 139 ID.—María de Mendoza, mujer del Maestre de Campo Andrés Velasco, natural de la ciudad de Simancas. Padres de: IV.—Casilda de Velasco, mujer de José de Cano y Avila, quien era hijo de Francisco Cano, Alcalde de Trujillo en 1607 y de Francisca Avila y Alvarado. Padres de: V.—María Cano de Velasco, mujer del Regidor Cristóbal de Nava (v. descendencia de Juan Guillénde Saavedra). III.—Inés de la Peña Mendoza, mujer del capitán Alonso de Freita y Andrade. Este era natural de la ciudad de Lisboa en el Reino de Portugal e hijo de Ñuño Freirá de Andrade, Maestre del Orden Militar del Cristo, Sir­ vió al Rey en la Provincia de Riohacha en el tiempo de su conquista. Fue Te­ niente de Tesorero y también de la Santa Cruzada en la ciudad de El Tocuyo y asistió con gente armada a diferentes acciones de guerra. Con vino y otras provisiones ayudó a las tropas que partieron a la reducción de los indios alza­ dos de Nirgua y en cierta ocasión en que se recogió un socorro para el erario real contribuyó con la cantidad de doscientos pesos fuertes y por los servicios suyos y de sus progenitores, el Rey Don Felipe IV mandó dar Real Cédula di­ rigida al Gobernador Núñez Meleán para que le honrase y distinguiese. Padres de: IV.—Ambrosio de Mendoza. IV.—Francisca yJuana Mendoza. IV.—Alonso de Mendoza, quien al año de 1640, siendo apenas de diez y siete año,condujo desde la ciudad de El tocuyo hasta Caracas una escolta de gente armada que puso a la orden del Gobernador Ruy Fernández de Fuenmayor para que sirviese de resguardo a la ciudad en tiempo en que se espera­ ba la entrada de un corsario inglés. Al año siguiente se le destinó para ir a la defensa de la ciudad de Maracaybo y de su barra atacadas por los piratas. En 1642 acompañó al Gobernador en su campaña contra la facción pirata de Curacao y estuvo en las fuerzas que desalojaron a los corsarios de la Isla de Bonaire. Cuando los filibusteros atacaron el Puerto de la Guayra, se halló allí presente dedicado a la formación de trincheras y cestones. El Gobernador Diego Franco de Quero y Figueroa le despachó título de encomendero de los indios coyones, de que obtuvo real confirmación por Cédula datada en 140 Aranjuez el 15 de abril de 1655. El Gobernador Vera Moscoso le despachó tí­ tulo de Sargente Mayor de las milicias de El Tocuyo y Pedro de Porras y Toledo le instituyó con el oficio de Teniente suyo en aquélla misma ciudad, donde además fue Alcalde Ordinario y de la Santa Hermandad. Casó con Francisca de Torralba, hija de Bartolomé de Torralba y de Magdalena Sotomayor y Hervás. Don Bartolomé era natural de la Villa de Cañete en Andalucía y ejerció la plaza de Capitán de Infantería en la ciudad de El Tocuyo.Don Fran­ cisco de la Hoz Berrío le dio título para someter los indios coyones que se ha­ bían sublevado y hacían intransitables las vías públicas y posteriormente lo encargó del castigo de los naturales rebeldes de Nirgua, que habían acometi­ do contra las ciudades de Nueva Segovia y El Tocuyo,comisión que desem­ peñó con gran constancia y múltiples trabajos. Había venido a las Indias en compañía de su hermano Fray Francisco de Torralba, del Orden de San Fran­ cisco. Era hijo de Antón Díaz de Almodovar y de Antonia Torralba. Don Antón era hijo de Francisco Ruiz de Almodavar y de María Gómez la Puli­ da, hijo Don Francisco de Don Benito Ruiz de Almodovar y de Francisca Ruiz. Doña Antonia Torralba era hija de Fernando Rodríguez y de María Díaz de Torralba. Doña Magdalena de Sotomayor y Hervás era hija de Juan de Hervás y de Catalina Aguirre y Sotomayor. Donjuán de Hervás era natu­ ral de la ciudad de Cuenca en Castilla la Nueva y pasó a España a la Isla de Santo Domingo con su pariente Lope de Vega Portocarrero, Presidente de aquella Audiencia y de allí a la ciudad de Santa Ana de Coro. Después se avencindó en El Tocuyo donde fue Alcalde Ordinario y de la Santa Herman­ dad, Tesorero de la Santa Cruzada y Administrador de la Real Hacienda y encomendero por el Gobernador Don Diego Osorio. Era hijo de Luisa de Ecija y de Ju an de Hervás, y éste de Francisco de Ortega y de Ana Hervás Catalina de Aguirre era hija de Antonio de Aguirre y de Agustina Villegas, hija ésta de Juan de Villegas, Gobernador de Venezuela, natural del Valle de Toranzo en la Ciudad de Segovia y de Juana Pacheco su mujer. Don Antonio era hijo de Juan Gutierre Aguirre y de Catalina Sotomayor, naturales de Santo Domingo de la Calzada en Logroño. Este hizo levantar ejecutoria de hidalguía y nobleza como descendiente de la casa infanzona y solariega de Aguirre de Villareal. En 1555 fue de Gentilhombre del Conde de Alcaudete a la ciudad de Mostagán en el Reino de Argel, donde resultó herido y pri­ sionero de los moros hasta que se rescató por el precio de trescientos duca­ dos. Vino a la América con el General Pedro Melendez Márquez, quien lo nombró cabo de escuadra en la Florida. De allí pasó al Nuevo Reino de Gra­ nada y se avecindó después en el Pueblo de Nuestra Señora de los Remedios. De orden del Presidente de la Audiencia del Nuevo Reino, Dr. Venero de 141 Lciba, fue a descubrir un camino hacia el Perú por el Valle de Neiba y los Pi­ raos, que hasta entonces no había podido encontrarse, lo que logró Aguirre a costa de grandes sacrificios de un tesón a toda prueba.Avecindado en El Tocuyo recibió título de Teniente y de Capitán de Infantería por el Gober­ nador Pimentel para ir a reprimir un alzamiento de los cumanagotos, chacopatas, taquires, píritus, querrecrepes y palenques que estaban sublevados en el Oriente con grandísimo perjuicio para la pesca de perlas, comisión que cumplió muy cabalmente. Después estuvo en la pacificación de los indios de la Provincia de Nirgua y tuvo por Don Diego Osorio encomienda de los in­ dios de Humucaro y la Ciénaga. Era hijo de Gutierre Ochoa y Aguirre y de Aldonza Negrete de Arriatan naturales de Villarreal donde estaba la casa so­ lariega de este linaje, que llevaba por armas las siguientes: en campo de oro una encina de sínople y al pie un jabalí atacado por un perro de sus mismos colores. Padres de: V.—Inés de Mendoza y Sotomayor, casada con Diego Felipe Ruiz Vale­ ro. V.—Francisca de Mendoza y Sotomayor, mujer de Alonso Arias de Es­ calona (v. descendencia de Andrés de Villa Lon). V.—Elena de Mendoza y Sotomayor. V.—Nicolás Francisco de Mendoza. V.—Magdalena de Mendoza Sotomayor, mujer del capitán Pedro Ruiz de Arguinzonis. Este era hijo de Alférez Pedro Ruiz de Arguinzonis y Laris de Doña Francisca Ladrón de Guevara, Arguinzonis y Laris era natural de la ante Iglesia de Berris, Merindad de Durango en el Señorío de Vizcaya y era hijo de Juan Martínez de Arguinzonis y de Marta de Obandía y Laris, señores de Arguinzonis. Pasó a las Indias el año de 1628 y fue Regidor Perpetuo y Alcalde Gobernador de Caracas el año de 1677. Doña Francisca era hija del capitán Juan de Guevara y de María Rebolledo. Juan de Guevara era hijo de Juan Guevara Samaniego y de Juana Díaz de Rojas, hijo este último de Juan Ladrón de Guevara, natural de Lorca en el Reino de Murcia, quien caso en Coro con Luisa García de Samaniego, hija legítima del Teniente Bartolomé García y de Luisa Samaniego, hija ésta de Juan Cuaresma de Meló y de Luisa Samaniego,a quien algunos genealogistas llaman Francisca .Juan Ladrón de 142 Guevara sirvió al Rey la plaza del Capitán de Infantería en Extremadura y pasó a la Isla de Santo Domingo con su Hermano Iñigo Guevara, de la Or­ den Militar de Santiago, nombrado Oidor de aquella Audiencia. Padres de: VI.—Pedro Juan Ruiz de Arguinzonis y Mendoza, Alférez de la Com­ pañía de Criollos de Caracas y después Capitán de Infantería Española de la misma ciudad. El año de 1719 fue electo Alcalde de la Santa Hermandad. En unión de sus hermanos sacó probanza de hidalguía que le fue despachada por la Chancillería de Valladolid el año de 1740. Casó con Rosa de Oviedo y Baños (v. descendencia de Alonso Pacheco), y tuvieron a: VII.—Francisca Javiera de Arguinzonis, casada con Juan Luis de Escalo­ na (v. descendencia de Andrés de Villa Lon). VI.—Ana Francisca de Arguinzonis Mendoza mujer que fue de Juan Pérez Hurtado (v. descendencia de Agustín de la Peña). VI.—Ju an Ruiz de Arguinzonis. VI.—Alonso Ruiz de Arguinzonis. IV.—Baltazar Ruiz de Arquinzonis. IV.—Francisco de Freire y Mendoza, Procurador General y Alcalde Or­ dinario de la ciudad del Tocuyo, quien estuvo en la defensa de la Barra de Maracaybo, casado con Juan Betancourt Colmenare (v. descendencia de Francisco de San Juan). Padres de: V.—Pbro. Dr. José de Mendoza Colmenares, Rector de la Iglesia Ca­ tedral. V.—Juan de Mendoza Colmenares, Capitán de Infantería, Regidor Per­ petuo,Alcalde Ordinario y Administrador de la Real Hacienda dé El Tocuyo, casado con Manuela Gómez Lucena,natural de El Tocuyo e hija del capitán Miguel Gómez Lucena, natural de Lisboa e hijo éste de Francisco Gómez Saa y de Isabel Lucena. Esta lo era de Juan Lucena, Ayuda de Cámara de la Casa Real, Veedor y Contador por su Majestad Don Felipe II y de Brígida de Mo­ ros. Isabel de Lucena era hermana de Fray Antonio de Lucena, religioso 143 franciscano y Definidor de la Provincia de Caracas, Francisco Gómez de Saa era era hijo de Francisco Gómez y María Saa, naturales de la Villa de Valla­ dares en el Reino de Portugal. Armas de Rodríguez: en campo de oro cuatro palos de gules, bordura de azur con ocho cruces de Jerusalén de plata. LXVI FRANCISCO ROMAN No sabemos precisar si este conquistador entró con Ruiz o Paredes a la conquista de los cuycas, pero el año de 1562 figuraba en la ciudad de Trujillo como Alcalde Ordinario y pregonada la conquista de los caracas, vino a ella con Diego de Losada. Actuó como Escribano Público en 1560 y su apellido lo hemos visto tomada por Riveros y por Ramos en copias de algunas datas de encomienda de aquella época. L X V II JUANROM AN Era vecino de Plamplona el año de 1558 y cuando Juan Rodríguez Suárez emprendió la jornada hacía la Sierra Nevada vino como uno de sus más fíeles amigos, Fundada la ciudad de Mérida, fue electo uno de sus pri­ mero Regidores. Como el fundador no tenía poderes para aquella conquista, diputó una comisión de cuatro de los suyos para que se trasladarse a Santa Fe e informase a la Audiencia del resultado de la empresa y entre ella iba Ro­ mán, mas llegados a la ciudad de Pamplona, Juan Maldonado que ya tenía provisiones para prender a Rodríguez Suárez, detuvo y encarceló a los emisa­ rios de éste. Rendida la indagatoria del caso, se les dio la ciudad por cárcel y Román fue escogido para ir de vaquiano en la expedición de Maldonado, di­ ce Otero D ’Costa en su “ Cronicón Solariego’ ’ , pero en un documento que este mismo historiador publica se lee que Román era vecino de Pamplona por 1559 y dio información por ante el Alcalde respecto a los bienes de Rodríguez Suárez, por lo que puede decir que no volvió a Mérida con Maldonado. 144 Cuando Juan Rodríguez logró evadirse por segunda vez de la Cárcel de Santa Fe y tomó la ruta del Río de Oro, según el romance que copia Otero D‘Costa: Allegóse a la encomienda do lo esperaba Román —¡Román, apréstame el potro ¡mi potro el de guerrear! —¡Aquí lo teneís señor! —¡Aquí lo tenéis Don Juan! Aprestados he también los arreos de batallar. De allí salieron Rodíguez Suárez y Juan Román con otros oficiales y veinte indios toneros. Atravesaron el río Zulia y la región del Táchira, pasa­ ron por Mérida y fueron a dar a Trujillo en octubre de 1560, fecha que des­ pués se corrobora con una declaración dada por Román. Ausentado de Trujillo el fundador de Mérida, quedóse en aquella ciudad Juan Román, quien al año siguiente asisto al desbarate del Tirano Lo­ pe del Aguirre con sus armas y caballo. El año de 1564 Francisco de la Bastida, Teniente de Gobernador en la ciudad, le encomendó los indios que habían vacado por una sentencia dada contra su primer poseedor Gaspar Lizana. En 1569 era Regidor de la ciudad de Trujillo y dijo por entonces que era de edad de treinta y ocho años. Casó en Trujillo con María Pacheco, hija del conquistador Alonso Pacheco y tuvieron a: II.—Pbro. Pedro Román Maldonado. II.—Olaya Pacheco, mujer que fue del capitán Juan García Montero. Este acompañó al capitán Gómez de Rojas en una expedición que fue desde la Isla de Margarita a la de Trinidad y avencindado en Trujillo obtuvo el año de 1595 encomienda del Gobernador Diego Osorio, en la cual entraban el cacique Alonso Busci, el Principal Bohote, el Principal Bijeo, el principal Pitahay, y los principales Mitieis, Momoitatu, Estabanda y Mitubu con sus de­ 145 más indios en Boconó. García Montero de ochenta años en 1648, declaró que había acompañado al Ilustrísimo Señor Alcega a su regreso de Trujillo por ser peligrosa la travesía de la Provincia de los Nirguas. Padres d e: III.—Clemente Montero, sucesor de su padre en la encomienda. III.—Regidor Jacinto Montero, quien estuvo el año de 1666 en la de­ fensa de Maracaybo contra los piratas. III.—Pbro. Antonio Montero. III.—Isabel García. III.—Mariana de la Paz. III.—Juana Sánchez. III.—Catalina García. III.—Olaya Pacheco. LX Y III FRANCISCO RUIZ Natural de la Villa de Cáceres en Castilla, entró a la Conquista de In­ dias con Cedeño el año de 1536 y después de acompañarlo en distintas jorna­ das, siguió a las órdenes de Pedro Reinoso a la muerte de aquél. El año de 1546 era vecino de la Isla de Cubagua cuando recibió comi­ sión de la Real Audiencia de Santo Domingo para salir a descubrir un cami­ no hacia el Nuevo Reino, lo que hizo en compañía de sesenta soldados espa­ ñoles, ochenta caballos, negros y un lote de ganado que iba a venderse al Nuevo Reino, pues su carestía era promesa de lucro para tal comercio. Penoso debió haber sido el viaje de estos conquistadores por los Llanos de Venezuela, desguazando ríos desbordados, como se lee en la probanza, lo que dio por resultado la pérdida de muchas piezas de ganado, teniendo 146 que sufrir guazabaras de la naciones indígenas por donde pasaban. Dos años duró aquella expedición sin resultado práctico por entonces. Se quedó el capitán Ruiz en el Nuevo Reino, y el año de 1551 estaba avecindado en la ciudad de Almoguer, de donde salió en compañía de otros valientes capitanes a prestar socorro a la ciudad de Popayán. El de 1558, que fue el mismo de su entrada a la Gobernación de Vene­ zuela, se hallaba en la ciudad de Tunja, donde levantó probanza de los im­ portantes servicios prestados al Rey en la conquista de las Indias. Gutierre de la Peña le dio comisión en aquel mismo año para ir a la con­ quista de la provincia de los cuycas, empresa en que había fracasado el capi­ tán García de Paredes por la resistencia que opusieron las tribus de la región. Con ochenta oficiales, muchos de ellos ya conocedores de la región y sufi­ cientes indios de servicio,salió el capitán Ruiz de la ciudad de El Tocuyo y rumbo al Occidente penetró en la rica Provincia de los cuycas. Primero rancheó en el Valle de Boconó, acaso con deseos de fundar en aquel regalado sitio, pero un día que había enviado varios soldados a recorrer la tierra le anunciaron la presencia de tropa española en aquellos términos. Era la gente de Juan de Maldonado, quien después de fundar la ciudad de Mérida, había salido a reconocer la región y el que, con imperio irrazonable, quiso que Ruiz abandonara lo ocupado, pero éste sin ceder en nada respon­ dió que ya aquella tierra estaba tomada por la Gobernación de Venezuela; después de una discusión levantó sus tiendas y fue en busca del sitio donde García de Paredes el año anterior había pasado la Nueva Trujillo, y con el propósito de hacer firme su ocupación, refundo la ciudad, pero cambiándole su primitivo nombre por el de Miravel. Juan Maldonado que no había cedido en su propósito de sumar a Méri­ da la provincia de los cuycas, siguió recorriendo la tierra y nuevamente volvió a encontrar la gente de Ruiz en la sabana de los Truenos, donde ya alterados los ánimos de los capitanes, estuvieron a punto de irse a las manos contra la opinión de los prudentes, lo que hubieran hecho a no ser por la oportuna in­ tervención de una tempestad que llevó los propósitos de todos hacia un arreglo pacífico: se quedaba Ruiz con las tierras bajas y correspondía a la ciudad de Mérida las que desde Esnujaque suben hasta las cumbres heladas. 147 En el gobierno de la ciudad se hallaba ocupado el fundador, cuando se presentó a ella el capitán Diego García de Paredes restituido por Collado a la conquista de los cuycas y con mandamientos de prisión para Ruiz. Remiti­ do éste a El Tocuyo fue puesto en libertad y nombrado Teniente de Goberna dor en ella, para recibir después órdenes de prender a García de Paredes. Si­ nuosidades del blanco temperamento del Gobernador Faldetas, como lo lla­ maba Castellanos. A Barquisimeto pasó al desbarate del Tirano Aguirre,acción que le cuparte muy principal al lado de su rival de conquistas. Después vino con Diego de Losada a la conquista de las caracas y funda­ ción de Santiago de León para irse a El Tocuyo donde era vecino por 1571. Posteriormente se trasladó a la ciudad de Mérida en el Nuevo Reino, donde fijó su residencia definitiva y allá lo vemos en 1589 dirigiéndose al Cabildo con súplica de tierras, para lo que invocaba sus servicios y largos años, consagrados de éstos más de cincuenta a la conquista de Indias. En 1599 otorgó escritura de donación de dos solares para la fábrica del Convento de San Agustín. Estaba casado con Ana Morales y como hijos suyos conocemos a: II.—Ana Ruiz, mujer del conquistador Juan de Segovia (v. descenden­ cia de éste). II.—Cristóbal Ruiz Morales, casado con Juana Celi de Alvear, viuda de Pedro de Mogollón Obando e hija del capitán Jorge Celi de Alvear y Bárba­ ra García de la Parra, sobrina ésta del Capitán Gonzalo García Zorro. LX IX ANDRES DE SANJUAN Al capitán Andrés de San Juan lo nombra Oviedo y Baños entre los compañeros de Ruiz el año de 1558. Era natural de Jerez de la Frontera y cuando se pregonó la conquista de los caracas vino a ella con Diego de Losa­ da, para regresar a la ciudad de Trujillo, donde fue Escribano del Cabildo el año de 1568. 148 Fue Alcalde de la ciudad de Jerez de Nirgua el año de 1570 y en la resi­ dencia que tomó el Gobernador Mazariego se le hicieron cargos por la venta de ciertas piezas de indios jiraharas, cosa que estaba fuera de ley. Figura en Caracas como Escribano Público el año de 1573 y después el 97 como regidor de San Sebastián de los Reyes. Casó con Catalina Díaz, y como hijos suyos conocemos a: II.—Antonio de San Juan. II.—María de San Juan y Rojas, a quien casaron sus padres cuando sólo tenía diez años con Benito Hernández de los Ríos, vecino de la ciudad de San Sebastián de los Reyes, pero por su poca edad y por haber muerto de se­ guido su esposo, no fue al lecho nupcial sino con su segundo esposo el capi­ tán Juan Rengel de Mendoza. Doña María otorgó testamento en Caracas el año de 1660 y en él declaró que a más de cuatro hijos que ya habían muerto, dejaba los siguientes: III.—Capitán Andrés de San Juan Macías. III.—Alférez Pedro Rengel de Mendoza. III.—Catalina Rengel de Rojas. III.—Ana Rengel de Rojas. LX X FRANCISCO DE SAN JUAN El capitán Francisco de San Juan , a quien tembién hemos visto firmado Francisco Jiménez de San Juan, entró probablemente con el Gobernador Juan de Carvajal el año de 1545, pues en una declaración que dio en la Borburata el año de 1552 donde actuaba de Escribano Público, dijo que era de edad de veintiocho años y que había entrado a la Gobernación hacía siete. Estuvo con aquel Gobernador en la fundación de la ciudad de El Tocuyo 149 y acompaño al capitán Juan de Villegas a la fundación del Puerto de la Borburata y toma de posesión de la Tacarigua, donde actuó como Escribano. En 1551 era vecino de la ciudad de Coro y después de haber asistido a varias expediciones y entradas a distintas regiones, fue a la conquista de los cuycas y fundación de la ciudad de Trujillo, donde actuó como Teniente de Gobernador el año de 1562. Anunciada la presencia del Tirano Lope de Aguirre en la Gobernación de Venezuela, el capitán San Juan fue con sus armas y caballo a aquella jor­ nada y después en El Tocuyo ejerció su oficio de Escribano Público. Durante el Gobierno de Mazariego fue Teniente suyo en las ciudades de Ei Tocuyo,Caroia y Trujillo y como tal Teniente tuvo poderes para recidenciar las autoridades del período anterior.Tomó las de las autoridades de El To­ cuyo y con poderes suficientes mandó a Trujillo al Juez Juan de Texo. Avecindidado en El Tocuyo,sirvió en dicha ciudad la Escribanía Pública hasta el año de su muerte ocurrida en 1579. Fue casado con María de la Peña, hija del Mariscal Gutierre de la Peña y de María López de Mendoza, de la casa de los Duques del Infantado y Dama de Honor de Doña Isabel, tercera esposa del Rey Don Felipe II. Ocurrida la muerte de su marido, de seguido Doña María levantó probanza de sus servi­ cios y méritos y también de los de su padre el Mariscal, a fin de poder justifi­ car las mercedes que pedía para beneficio de sus hijos, por haber quedado muy pobre. Entre éstas solicitó título de Escribano para su hijo mayor Don Francisco, mozo de veinte años con bastante “ habilidad e principios para osar y exercer los officios de escriuano publico y de cabildo” . Como hijos del capitán San Juan figuran: II.—Francisco San Juan, casado con Luisa de Villegas, hija ésta de Fran­ cisco Pacheco, quien lo era del Gobernador Juan de Villegas y de Juana Pacheco. Padres de: III.—Beatriz de Villegas, casada con Fernando Aranguren, natural del Señorío de Vizcaya,hombre noble y principal,vecino de la ciudad de El Tocu­ yo, quien sirvió en él allanamiento de la Provincia de Nirgua. Padre de: 150 IV.—Blas de Aranguren Salazar, quien se opuso en 1672 a una enco­ mienda de Indios en jurisdicción del valle de Quíbor. III.—María de Villegas, mujer del Maestre de Campo Francisco Fernán­ dez de Escorcha. Padres de: IV.—Francisco Fernández de Escorcha, encomendero de los indios coyones según título despachado por el Gobernador Portes y Toledo, casado con Aldonza Linares de Valera. Padres de: V.—Agustín Fernández Escorcha. En primeras nupcias había casado Francisco Fernández de Escorcha con María de Aguilar. Padres de: V.—Alférez Francisco Pacheco de Escorcha. II.—Catalina San Juan, mujer de Lorenzo García. Padres de: III.—Bartolomé García San Juan. II.—Juan de Angulo. Casó con Beatriz Treviño, y tuvieron a: III.—Francisco de Angulo Treveño, a quien le fue confirmada una en­ comienda en El Tocuyo el año de 1644.Casó con Isabel Martínez.(Cfr. Archivos de Sevilla. Aud. de Sto. Dom. 53-4-3. Sig. mod. Leg. 42.— Co­ pias citadas). II.—Isabel de San Juan, mujer de Pedro Colmenares, natural éste de la Villa de Carrión de los Condes en los Reinos de España y de los primeros conquistadores de Venezuela, quien con sus armas y caballo estuvo en la destmcción del Tirano Aguirre. Figura un capitán Pedro Colmenares en la fundación de Bogotá, fallecido antes de 1563, hijo de otro Pedro Colmena­ res, natural de Carrión de los Condes, quien fue reconocido como pariente por el Duque de Cesa. Este capitán Colmenares había casado con María Na­ va Olivares y Coalla y tuvieron como único hijo a Luis de Colmenares, quien por 1576 estaba casado con Isabel de Silva Collantes. Padres de: III.—Juan Colmenares, casado con Juana Peraza de Betancourt, nieta 151 ésta del Conde de la Gomera. Padres de: IV.—Tomás de Colmenares Betancourt, casado con Leonor Gámez de la Peña. Padres de: V.—Juana de Colmenares, mujer de Luis de Escalona y Piña (v. descen­ dencia de Andrés Villa Lon). IV.—Juan de Colmenares Betancourt, bautizado en Trujillo el 2 de ju­ lio de 1609, casado con María Torralba y Sotomayor (v. descendencia de Agustín de la Peña). Padres de: V.—Juana de Colmenares, mujer del Capitán Francisco Freire de Men­ doza (v. descendencia de Juan Rodríguez de Porras). IV.—María de Colmenares, bautizada en Trujillo el 2 de enero de 1611. II.—Gutierre de la Peña. II.—Diego de la Peña San Juan. II.—Magdalena y Juana San Juan. II.—María de San Juan,bautizada en El Tocuyo el año de 1566,quien casó con Juan Torres Maldonado, vecino de Santiago de León de Caracas y el cual estuvo en la defensa del Puerto de la Guayra contra los piratas ingleses. Era natural de Sevilla y venía del matrimonio de Pedro de Torres Maldonado y de Inés de Rivera. En su testamento otorgado en Caracas el año de 1656 declaró que una vez viudo había vuelto a casar con María Román de la Vega, de quien tuvo a Pedro y a Inés. Padres de: III.—Andrés Torres Maldonado, quien casó con Magdalena de la Peña, hija de Juan Delgado y de María Polanco. Padre de: IV.—Luis de Torres Maldonado, encomendero de los indios coyones en el pueblo de la Santa Cruz del valle de Guárico, jurisdicción de El Tocuyo. 152 LXX1 JUAN DE SEGOVIA El capitán Juan de Segovia, según Oviedo, entró con Ruiz en la expedi­ ción del año de 1558 y fue a Barquisimeto al desbarate del Tirano Lope de Aguirre. En 1569 ejerció oficios de Teniente Gobernador en la ciudad de Trujillo y en 1570 al hacerse las elecciones cadañeras, resultó electo Alcalde Ordina­ rio. Fue de los primeros encomenderos de indios y los tuvo en el valle de Boconó, por donde corre la quebrada de Segovia que recuerda su nombre. En la recidencia que sé tomó el año de 1571 fue penado por permitir que su ga­ nado perjudicase las sementeras de sus vecinos. De duro y cruel fue tildado también en esta residencia el capitán Segovia, pues se le acusó de haber cor­ tado pies y manos a sus indios. Una descendiente de este capitán, Doña Ana Ruiz Segovia, donó las tierras que en aquel hermoso valle sirvieron para aumento del primitivo pueblo y doctrina de San Alejo, hoy la rica ciudad de Boconó. Estaba casado este capitán con Doña Ana Ruiz Morales, hija del con­ quistador Francisco Ruiz, quien ya viuda, figura como testigo el año de 1617 en la ciudad de Trujillo, en que declaró que era como de setenta años poco más o menos y que no firmaba por no saber hacerlo. Padres de: II.—Capitán Pedro de Segovia, Regidor Perpetuo y Alcalde de la ciudad de Trujillo el año de 1618, casado con Juana Betancourt Graterol. Padres de: III.—María, bautizada el 25 de agosto de 1611, casada con Juan Fer­ nández de Saavedra. Padre de: IV.—Rodrigo Fernández Saavedra, bautizado el 2 de mayo de 1639. IV.—Magdalena Fernández Saavedra, bautizada el 17 de diciembre de 1640. IV.—Juan a Fernández de Saavedra, bautizada el 15 de enero de 1646. 153 IV.—Margarita Fernández de Saavedra, bautizada el mismo día. IV.—Tomasa Fernández de Saavedra, bautizada el 21 de junio de 1657. III.—Antonio Ruiz de Segovia, bautizado el 8 de mayo de 1607, Alcal­ de de Trujillo en los años de 1665 y 1672, casado con Agustina Saavedra. Padres de: IV.—Juana Segovia, bautizada el 24 de febrero de 1639. IV.—María Segovia, bautizada el 27 de diciembre de 1644. I'7.—Pedro Francisco Segovia, bautizado el 7 de enero de 1646. IV.—Pedro Segovia, bautizado el 3 de agosto de 1653. IV.—Antonio Segovia, bautizado el 20 de diciembre de 1657. IH.—Licenciado Juan de Segovia Betancourt, Clérigo Presbítero. III.—Margarita Segovia Betancourt, bautizada el 4 de abril de 1609. II.—Hernando de Segovia, Escribano Público y Alcalde de Trujillo en los años de 1640 y 1643, casado con Francisca de Betancourt. Padres de: III.—Ana de Segovia, bautizada el 16 de setiembre de 1611. III.—Hernando de Segovia Betancourt, bautizado el 30 de agosto de 1615, casado con Francisca de la Bastida Valera. Padres de: IV.—Juan de Segovia, bautizado el 28 de abril de 1639. IV.—Angel Felipe de Segovia, Alcalde Ordinario en depósito el año de 1697, casado con Luisa de Graterol. IV.—Miguel de Segovia, bautizado el 25 de febrero de 1644. IV.—Josefa de Segovia, bautizada el 3 de mayo de 1646. III.—Francisca de Segovia, mujer de Francisco Fernández Carrasquero. Padres de: IV.—Simón Fernández Carrasquero, bautizado el 8 de noviembre de 1635. IV.—Josefa Carrasquero y Segovia, casada con Pedro Blanco de Ville­ gas. Padres de: V.—Francisca Blanco, bautizada el 24 de febrero de 1673. III.—Elvira de Segovia, casada con Pedro Telles (v. descendencia de Juan Morón de Cadenas). II.—Francisco Ruiz, casado con Iseo de León, hija ésta de Pedro de Alarcón y Elvira Peraza de Ayala. Padres de: III.—Pedro Ruiz, bautizado el 15 de diciembre de 1611. III.—Juan de Segovia, Clérigo. III.—Francisco Ruiz. III.—Melchora Ruiz, bautizada el 11 de enero de 1614. III.—Lucía de Segovia, mujer de Acacio Luis Méndez, encomendero de in­ dios en Boconó y Alcalde en depósito en 1644, quien otorgó testamento en la ciudad de Trujillo en 1662. Era natural de la Isla de Tenerife e hijo legíti­ mo de Matías Luis y de María Méndez. Padres de: IV.—Pedro Méndez Segovia, bautizado el 6 de julio de 1643, sucesor de su padre en la encomienda. IV.—Ju n a Ruiz de Segovia. IV.—Marcos Méndez de Segovia. IV.—Matías Luys de León. 155 IV.—Nicolás Méndez de León. IV.—María de Segovia. IV.—Luisa de León. IV.—Isabel Méndez de León. III.—Domingo Ruíz Segovia, bautizado el 15 de febrero de 1616. III.—Francisca Ruíz Segovia, bautizada el 6 de noviembre de 1618. LXXII FRANCISCO TEERAN Erradamente señala Oviedo y Baños a este conquistador como entrado con Ruiz el año de 1558, pues por entonces, como veremos, se hallaba en el Nuevo Reino de Granada. Compañeros de Juan Rodríguez Suárez, fue en­ carcelado con éste en Santa Fe, logrando escaparse cuando aquel capitán lo hizo felizmente por segunda vez, y en su compañía vino al Río de Oro a jun­ tarse con Juan Román para emprender la ruta de Mérida y Trujillo, donde se avecindó después que Rodríguez Suárez se ausentó de la ciudad. Allí fiie Al­ guacil Mayor en 1567, Procurador General en 1569 y Alcalde Ordinario en 1575. Casó con Matea González, hija del capitán Martín de Trujillo en 1607 casado con Inés Valera (v. descendencia de Juan Morón de Cadenas). Padres de: III.—Roque Terán Oviedo, bautizado en Trujillo el 8 de junio de 1609Este estuvo en la ciudad de Maracaybo el año de 1666 entre los trujillanos que fueron a socorrer aquella ciudad atacada por los piratas y obtuvo con­ firmación de la encomienda de que gozaba su padre en el valle de Carache y en la cual entraban los indios Jerónimo Zofuet, hijo del Principal Pedro Cubaha y Gonzalo Disfut, Bombas, Toneque, Busis y Burrachambú. Casó con Juana Santoyo de Torrellas y tuvieron a: 156 IV.—Gertrudis Terán Santoyo, casada con el capitán Migue Montilla (v. descendencia de Pedro Luis Villora). III.—María Terán. III.—Francisca Terán, bautizada el 10 de octubre de 1612. III.—Inés Valera, nacida el 24 de diciembre de 1614. III.—Antonia Terán, bautizada el 21 de enero de 1618. LXXIII GERONIMO DETOVAR Este figura también en la conquista de los caracas y en cierta ocasión Diego de Losada le ordenó ir con cuarenta hombres a emboscarse en el cruce de dos caminos para dar una sorpresa a los indios que acababan de matar cierta cantidad de soldados españoles, y dio la gente de Tovar tal embestida a una partida de más de cincuenta naturales, que sólo pudo salir con vida el cacique Popuere, y esto con pérdida de un brazo. Regresó a la ciudad de Trujillo y en ella figura como Regidor el año de 1569. LXXIV BALTASAR VALERA (v. descendencia de Juan Morón de Cadenas). LXXV MARCOS VALERA (v. descendencia de Juan Morón de Cadenas). 157 LXXVI HERNAN VELASQUEZ Oviedo y Baños lo nombra entre los compañeros de Francisco Ruiz el año de 1558, pero por declaración posterior de este conquistador sabemos que no vino a entrar sino promediada la conquista por 1569-E1 año de 1569 era Alcalde Ordinario de la ciudad de Trujillo y declaró entonces que tenía cuarenta años poco más o menos. De nuevo fue Alcalde Ordinario en 1578 y 1580. LXXVII ESTEBAN DE VIANA Oviedo y Baños nombra a este conquistador entre los compañeros de Ruiz, pero no hemos visto su nombre en documentos ni referencias poste­ riores. LXXVIII LUISVIEGAS Entre los compañeros de Ruiz que enumera Oviedo y Baños aparece un Luis de Villegas que en un principio creíamos era hijo del Gobernador Don Juan de Villegas de este mismo nombre que en la ciudad de México levantó probanza de servicios. Pero al estudiar las encomiendas y documentos primi­ tivos de Trujillo nos hemos hallado con Luis Viegas, Vilgas o Villegas otras veces, y hemos deducido que se trata del mismo personaje. Este estuvo algún tiempo en Cubagua y en la Margarita y dijo haber entrado a la conquista de los cuycas con el capitán Alonso Pacheco. Nosotros hemos entendido de esta declaración que se refiere a haber entrado a la Gobernación de Venezuela con Alonso Pacheco, quien estuvo en la Maracapana y Cubagua. Se halló Luis de Villegas o Viegas en la jornada que dio muerte al Tira­ no Lope de Aguirreyel año de 1570 fue Alguacil Mayor de la ciudad de Tru­ jillo. 158 Casó este conquistador con una hija del fundador Gaspar Cornieles y como descendientes suyos conocemos a: II.—Luis de Vilgas o Villegas, casado con María de Oviedo. Padres de: III.—Juan Vilgas o Villegas, bautizado el 9 de enero de 1617. III.—Luis Villegas Gudiño, a quien le fueron encomendados indios por el valle de Carache. Padres de: IV.—Francisco Sánchez Osorio, a quien le confirmó esta encomienda el Gobernador Franco Quero de Figueroa. III.—Juan Gudiño, casado con Catalina Hernández. Padres de: IV.—Luis Villegas. IV.—Juan Gudiño. II.—Doña N. Villegas, mujer de Juan Rodríguez Coello. LXXIX ANDRES DE VILLA LON El capitán Andrés de Villa Lon figura también entre los fundadores de la ciudad de Trujillo, y antes había tenido comisión para ir a sojuzgar los in­ dios rebeldes de la Provincia de Guataquero.De Trujillo se pasó a El Tocuyo donde fue Regidor y fundó hogar. Era natural de Castilla la Vieja y estaba casado con Ana Vásquez Pantigoso, hija de Francisco López Triana y de Ca­ talina Vásquez Pantigoso, ambos de Cómares en el Reino de Sevilla. Padres de: II.—Ana Vásquez Pantigoso, mujer del capitán Luis de Escalona, na­ tural de la ciudad de Antequera e hijo de Juan Luis de Escalona y de Catalina Córdova, del mismo lugar. Padres de: III.—María de Escalona, mujer que fue de Alonso Arias Reinoso, hijo 159 legítimo del capitán Antonio de Reinoso, natural de Horcajo, jurisdicción de la Villa de Buitrago en Castilla y de los primeros pobladores de la ciudad de Mérida en el Nuevo Reino de Granada y Elena Arias Valdez, que lo era de Beatriz Valdez, hija de Leonardo Gruber Welsar y María Valdez, y del licen­ ciado Arias de Villacinda, naturales de Valencia en la Provincia de León. Don Alonso testó en la ciudad de El Tocuyo,el año de 1635,y fue en ella Ca­ pitán de Infantería, Regidor Perpetuo y Alcalde Ordinario varias veces. Poseyo la encomienda de indios de Quíbor y la Montaña y obtuvo ejecutorias de hidalguía para sí y sus descendientes, que le fueron despachadas bajo el sello de plomo en la Chancillería de Valladolid el 31 de diciembre de 1609. Padres de: IV.—Leonardo Arias Reinoso. IV.—Antonia Arias Reinoso. IV.—Alonso Arias Reinoso de Escalona, casado con Francisca de Men­ doza Sotomayor (v. descendencia de Juan Rodríguez de Porras). IV.—Luis de Escalona Córdova, Alguacil Mayor del Santo Oficio en la ciudad de El Tocuyo,quien después de viudo se metió Presbítero y fue Comi­ sario de la Santa Inquisición yJuez Eclesiástico de aquel partido. Había casa­ do con Francisca de Piña Ludueña y Arecio, hija ésta de Francico de Piña Ludueña Arecio y de Leonor de Alvarado Muñatones (v. descendencia de Luis de Castro). Padres de: V.—Maestre de Campo Luis de Escalona y Piña, Capitán de Infantería y Alcalde Ordinario de El Tocuyo muchas veces,y siéndolo en 1687 lo designó el Cabildo, en “ consideración de sus distinguidos méritos y notoria instruc­ ción” para asistir al Sínodo Diocesano que presidió el Ilustrísimo Señor Diego de Baños y Sotomayor. Diego Meló Maldonado por título despachado el 16 de setiembre de 1687 lo nombró Maestre de Campo del Tercio de In­ fantería española de aquella ciudad de El Tocuyo. Casó con Juana de Colme­ nares (v. descendencia de Francisco de San Juan). Padres de: VI.—Maestre de Campo Luis de Escalona Colmenares, casado con Luisa Josefa Pérez Hurtado (v. descendencia de Agustín de la Peña), padres de: VII.—Juan Luis de Escalona, casado con Francisca Javier de Arguinzonis 160 (v. descendencia de Juan Rodríguez de Porras). LX XX PEDRO LUYS VILLORA 10 El capitán Pedro Luis Villora, natural de Alarcón e hijo de Luis López y de María Villora, fue de los primeros fundadores de Trujillo como se lee en las encomiendas de la época. Casó con Ana Valera, hija de Juan Benítez Valera (v. descendencia de Juan Morón de Cadenas) y tuvieron a: II.—Melchora Villora Valera, mujer de Melchor Hernández. Padres de: III.—Mariana Hernández, bautizada el 13 de jimio de 1608. III.—Isabel Hores, bautizada el 2 de julio de 1610, mujer de Francisco Martínez Cisneros. Este otorgó testamento en la ciudad de Trujillo el año de 1635 y dijo en él que era hijo de Ju an Martínez y de María Cisneros, vecinos de la Villa de Agreda en Castilla la Vieja, raya de Aragón. Padres de: IV.—Francisco Martínez Cisnero, bautizado el 9 de noviembre de 1631. IV.—María Cisneros, bautizada el 27 de enero de 1632, sin descenden­ cia. IV.—Simón Martínez. IV.—Elena Flores, bautizada el 30 de mayo de 1634, mujer del capitán Juan Tolosa. Este dijo en cierta probanza hecha el año de 1687 que hacía por entonces más de treinta que estaba al servicio de su Majestad en las Indias. Primeramente estuvo en el presidio de Cartagena donde atendió seis años la plaza de soldado ‘ ‘con quince ducados de ventaja’ ’, habiendo salido en dife­ rentes ocasiones por cabo principal de sesenta soldados a correr la costa del Negrillo hasta el puerto de Santa Marta a desalojar los enemigos corsarios que estaban escondidos en sus ensenadas para así robar mejor las embárca­ lo No hemos podido esclarecer si el Luys de este nombre es de pila o apelativo fami­ liar. 161 ciones. Después sirvió en la Armada de Barlovento y pasó a Maracaybo en ocasión en que la saqueaba el Pirata y tuvo nombramieto de Gibo Principal de cierta gente. Pasó a Coro a prestar socorro a las reales arcas y de allí a la ciudad de Trujillo, donde se hallaba cuando en el año de 1678 se anunció que el pirata Gramont se encontraba en la Barra de Maracaybo y dispuso el Teniente de Gobernador José de Barroeta que el capitán Fernando Manuel Valera de Alarcón saliera con su compañía a esperar al invasor en los Llanos de Cornieles y en ella fue el capitán Tolosa como Cabo de una escuadra de veinticinco hombres. Algún tiempo permanecieron en aquel sitio, con gran mengua de la gente por lo insalubre del lugar, hasta que noticiado el Te­ niente del rumbo del Pirata, dio orden al capitán Valera de Alarcón de que pasase a Sabana Larga a preparar trincheras para esperar en aquel sitio al in­ vasor. Nuevamente se movilizó la compañía de este lugar, para ir a atrinche­ rarse en el sitio de La Puerta, donde se esperó al enemigo, pero habiendo lle­ gado a vista de trincheras y cogido éste la eminencia de un cerro que dominó la espalda de los de Trujillo, el Teniente les ordenó retirarse en unión de la otra compañía que comandaba el capitán Rafael de Contreras, con lo que se perdió la acción. Entrado, después de tres meses de estas operaciones a la ciudad de Trujillo el corsario francés, la robó y la incendió, habiendo perdi­ do Tolosa en aquella ocasión sus papeles de servicio, sus alhajas y una casa que valía unos mil pesos 11. Padres Tolosa y doña Elena de: V.—Isabel María Tolosa, mujer del capitán Jacinto de Bargas Betan­ court, vecinos del Pueblos de Humucaro en 1721. V.—Lorenzo Luis, bautizado el 8 de setiembre de 1672. II.—Melchor Hernández, bautizado el 11 de diciembre de 1611. III.—Juan, bautizado el 18 de marzo de 1614. 11 162 Gramont penetró en la provincia de Trujillo desde el puerto de Gibraltar siguien­ do el antiguo camino de los aborígenes que venía a d ar h asta Mendoza, pasando por La Puerta y la fila de Tomón y el cual utilizado primitivamente por ios españoles. Aún hay rastros, según nos informa el historiador y Agrimensor Público Américo Briceño Valero, del rumbo de esta vía. Era tan corto su de­ sarrollo, que refiere la tradición que a la hora de vísperas de una fiesta solemne en Mendoza, advirtió el sacristán la falta del vino y despachó entonces el Padre Rosario un indio que fuera a comprarlo al puerto de Gibraltar y como regresó con el alba lo atribuyeron a milagro los ntoradores, ya olvidados de la existencia de aquella vía. II.—Capitán Miguel Luys Valera, quien heredó la encomienda que fue conferida a su padre. Diego Osorio en 1595 la declaró vaca y repartidas sus tierra compró de ellas cierta cantidad el capitán Miguel por el precio de veinticuatro pesos de oro fino. Casó con la maracaybera Lucía Guillen de Saavedra (v. descendencia de Juan Guillen de Saavedra). Padres de: III. Juana Valera Guillen, casada con Miguel de Montilla Garaz. Alfé­ rez Real y natural de Antequera. Padres de: IV.—María Montilla y Valera,mujer del Alférez Real Gaspar Barreto Betancourt y Quintana, natural de la ciudad de Gáldar en la Gran Canaria y venía de matrimonio del licenciado Juan Barreto Betacourt y Ana María Sánchez, hija ésta de Alonso Naranjo y Agueda Sánchez. El licenciado era hijo de Luis Barreto de Quitana y de Constanza Merentes de Betancourt, descendiente de don Juan de Bencort, Caballero de la Flor y Tabla de Francia. Padres de: V.—Juana Barreto bautizada el 6 de abril de 1665. V.—Ana Barreto, bautizada el 31 de julio de 1668. V.—Gaspar Barreto, bautizado el 21 de setiembre de 1670. V.—María Mayor Barreto, casada con Diego Valera Pacheco (v. descen­ dencia de Alonso Andrea de Ledesma). V.—Beatriz Constanza Barreto, casada con Buenaventura Hurtado de Mendoza (v. descendencia de Alonso Andrea de Ledesma). V.—Laura Barreto Montilla, casada con Mateo Carvajal y Sierraalta. Es­ te era natural de Tunja en el Nuevo Reino de Granada e hijo de Lope Carva­ jal y de Ana Sierraalta y Reinoso. IV.— Alférez Real Cristóbal Montilla y Valera casado con Ana Lescano y Moxica. Este era hija de Diego Lescano Moxica, natural de El Tocuyo y de Ana Torralba, hija ésta de Bartolomé Torralba Almodovar y de Magdalena Sotomayor. Diego Lescano Moxica, Regidor Perpetuo de El Tocuyo, recibió confirmación de su encomienda de San Miguel de Cubiro el año de 1629. 163 Era hijo de Alférez Fernando de Lescano nieto de Francisco Fernández de Es­ corcha y bisnieto de Diego de Escorcha. (Cfr. Archivos de Sevilla, Aud de Sto. Dom. 54-4-2. Sig. Mod. Leg. 42. Documentos citados), (v. descenden­ cia de éstos en el linaje de Juan Rodríguez de Porras). Padres de: V.—Alférez Miguel de Montilla, bautizado el 20 de noviembre de 1646, casado con Gertrudis Terán Santoyo (v. descendencia de Francisco Terán). Padres de: VI.—Alférez Miguel de Montilla, casado con Esperanza Pérez Rodrí­ guez. En octubre de 1725 Don Pedro Tamarón, cura Rector de la Parroquial de la Nueva Valencia del Rey y Juez Visitador de Testamentos, Cofradías, Obras Pías y otras causas ordinarias en la ciudad de Trujillo, declaró nulo es­ te matiimonio por el impedimento que resultaba de hallarse los contrayentes ligados entre sí por “ afinidad en segundo grado por copulla ylisita qe. tubo con una prima hermana de la dha Esperanza Rodríguez y esta también se hallaba con el suso dho en el mismo grado por copula ylisita qe. tubo con Juan de los Santos primo hermano del dho Alférez” . Hecho el depósito de Esperanza y encarcelado el tenorio se le condenó a dejar los “ términos y li­ mites de toda esta jurisdizn, sin poder Bolver a ella en sus pies o ajenos so la pena de excomunión mayor en que desde ahora para entonces se declara por incurso’ ’ . VI.—Juan Montilla Terán, casado con Josefa Altube. Esta era hija de Miguel de Altube y de Francisca de Soto Rodríguez. Miguel es hijo de Fran­ cisco de Altube Bedoya, quien lo es de Francisco Altube Gaviria y Doña Juana Bedoya, hija ésta de Miguel Baltazar Bedoya de los fundadores de Mérida y de Mariana Cerrada, hija de Hernando Cenada, conquistador de Mérida. Don Franciso Altube Gaviria es hijo del capitán Pedro García de Ga­ viria y de María Ruiz de Quesada, hija ésta de Antonio Díaz y Polonia Ruiz de Quesada, naturales de los Reinos de España. El capitán García de Gaviria era hijo de Mariana de Olareaga y de Antón de Gaviria, hijo éste de Pedro García de Gaviria y de Sancha de Altube, naturales de Mondragón. Padres de: VIII.—Antonio Montilla Altube, casado con Regina Briceño Toro (v. descendencia de Francisco de la Bastida). Padres de: VIII.—Gertrudis Eulalia Montilla Briceño, casada con Luis Bernardo 164 Hurtado de Mendoza (v. descendencia de Alonso Andrea de Ledesma). LXXXI HERNANDO DE VIRUES El nombre de éste lo vemos figurar en la ciudad de Trujillo el año de 1565 sirviendo oficios de Escribano Público y hemos supuesto que sea el mis­ mo Bartolomé Fernández de Virues que cita con encomio Castellanos en su Elogio de la Isla de Margarita. No menos preciaras saber quien era Bartolomé Fernández de Virues, I el bien quisto Jorge de Herrera: Hombres de más valor que lo que crees, Que las musas tenían de su banda. FUENTES CONSULTADAS MANUSCRITOS Documentos del Archivo de Sevilla consultados en las copias reposan en la Biblioteca de la Academia Nacional de la Historia: Probanza hecha en la ciudad de El Tocuyo a pedimentos del licenciado Pablo Collado. 1562 Est. 47/Caj. 3/leg. 44-1. Peticiones de Sancho Briceño en nombre de la Provincia de Vene­ zuela.— Est 54/Caj. 4 Ley 23. Información de Servicios y hechos en el descubrimientos de un camino por tierra al Nuevo Reino por el capitán Francisco Ruiz. Est. 52/Caj. 1/Leg. 11 . Información presentada por el capitán Diego Garda de Paredes contra el licenciado Pablo Collado. Est. 47/Caj. 3/Leg. 44-1. 165 Carta de Alonso Pacheco al Consejo y Oidores de Santo Domingo. Est. 54/Caj. 4/Leg. 29. Cartas escritas por la Audiencia de Santo Domingo a su Magestad desde 1557 a 1571. Est. 53/Caj. 6/Leg. 5/Lib. 2/Fol. 577. Carta del Gobernador de Venezuela en que da cuenta a su Magestad de los sucesos acaecidos en la población de Maracaybo. Est. 54/Caj. 4/Leg. 15. ResidenciadePedroPoncedeLeónyotros. Est. 47/Caj. 3/Leg. 46-3. Representación de Juan Vázquez Coronado vecino de Trujillo. Est 54/Caj. 4/Leg. 20. Probanza de méritos y servicios de Sancho Briceño. 1551. Est. 54/Caj. 4/leg. 7. Petición de mercedes del capitán Andrés Guillarti, Regidor de la Nueva Zamora. Est. 54/Caj. 4/Leg. 30. Información de méritos del mariscal Gutierre de la Peña y de Francisco de San Juan formada en El Tocuyo a petición de María de la Peña. Est. 54/Caj. 4/ Leg. 29. Información y probanza de Juan Rodríguez de Porras vecino de la ciudad de El Tocuyo. Est. 54/Caj. 4 / Leg. 29. Probanza de servicios hecha de parte de Alonso Sánchez de Oviedo en la Nueva Segovia. 1587. Est. 54/Caj. 4/Leg. 29- 2 . Título de Alférez Real ajuan Pacheco Maldonado. Est. 54/Caj. 3/Leg. Repartimiento de los indígenas de la Nueva Segovia hecha por Juan de Villegas. 1552. Título de Escribano de la ciudad de Trujillo despachado a Luis Pérez de Linares. 166 El capitán Alonso Pacheco sólita el título de Regidor Perpetuo de Trujillo. 1576. Est. 54/Caj. 4/Leg. 29. Título de encomendero despachado por el Gobernador Sancho Alquiza a Martín Méndez Cabrita. Est. 54/Caj. 4/Leg. 30. Papeles de Felipe Francia (Academia Nacional de la Historia). Archivo Nacional: Autos y diligencias hechas sobre los indios de Tonoho que vacaron por muerte del Alférez Baltazar Soler-1637. Encomienda de indios de Boconó a favor de Bartolomé Castellanos.— 1672. Encomienda de Roque Terán en el Valle de Coche. — 1650. Encomienda de Francisco Sanz Gaviria.— 1691. Visita de la encomienda de indios que pertenece a Mateo Ruiz de Godoy en el sitio de Visupite.— 1662. Encomienda de Alonso Pacheco Mexia en el valle de Bomboy.— 1662. Vacante de la encomienda que poseía en el valle de San Lázaro Don Francisco de Graterol y oposición de Andrés Sanz de Gaviria.— 1662. Encomienda de D. Diego de Asuaje Salido en el Valle de Tonoho.— 1642. Vacante de la encomienda que poseía en Niquitao Feliciano Cegarra.— 1665. Cristóbal de Graterol y Roque Terán sobre la encomienda del Valle de Carache.— 1663. Visita de la encomienda que posee en el valle de Boconó el capitán An­ tonio Vásquez Coronado.— 1662. 167 Visita de la encomienda que tenía en segunda vida en el valle de Boconó Pedro Méndez de Segovia.— 1662. Diego Jacinto Valera sobre nombramiento de sucesor a la encomienda de Antonio Díaz Saldaña.— 1687. Conf. de la encomienda de José Viloria en el valle de Escuque.— 1662. Visita de la encomienda del capitán Francisco Graterol Betacourt en el valle de San Cristóbal.— 1662. Visita de la encomienda que poseía en segunda vida Clemente Montero en el sitio de la Quebrada.— 1663. Visita de los indios y encomienda que posee en segunda vida María Melchora Telles en términos de la ciudad de Trujillo.— 1662. Visita de la encomienda que en segunda vida tiene el capitán Francisco Sánchez Oviedo en el valle de Carache.— 1662. Vacante de la encomienda de indios que poseía en Boconó y Niquitao PedroRuiz de Segovia.— 1683. Visita de la encomienda de Feliciano Cegarra del Guzmán en Niquitao .— 1662. Encomienda de indios de Cristóbal de Graterol.— 1666. Encomienda de Blas Pérez de Linares.— 1648. Encomienda de Juan Mexia de Ledesma, en el pueblo de San Roque. Limpiezas de sangre: Pedro Juan de Arguinzonis y Laris.— Tomo VII, Pág. 11.— Alférez Miguel Jerónimo de Graterol.— Tomo II, pág, 264.— Tesorero Sebastián Guillén de Saavedra.— Tomo 15.— Miguel Méndez Cabrita.— Tomo I, 32.— Alférez Miguel Montilla Valera.— Tomo IV.— 285.—Josefa de laTorre Barreda.— Tomo III, 147. Títulos de Abogado: Incorporación de Antonio Nicolás Briceño.— 168 1805.— Tomo VI. Libros de la Real Hacienda de Trujillo.— 1595. Probanza levantada en la ciudad de Trujillo el año de 1648 por Cristó­ bal Verdugo de la Bastida de sus méritos y de los servicios de su padre Fran­ cisco de la Bastida y de su abuelo Sancho Briceño, acompañado de informa­ ción de servicio de Miguel de Trexo. Papeles de Mario Briceño Iragorry: Testamento del Presbítero Juan de Silva.— Trujillo, 1663.— Testa­ mento de Francisco Martínez Cisneros.— Trujillo, 1635.— Testamento de Cristóbal Hurtado de Mendoza.— Trujillo, 1657.— Testamento de Andrés Sanz de Gaviria.— Trujillo, 1685.— Título de tierras a favor del beneficiado Pedro de Graterol.— Trujillo, 1595.— Don Antonio Nicolás Briceño, Pro­ tector de Naturales, pide se haga justicia a los indios de la Mesa de Esnujaque.— Trujillo, 1781.— El Alférez Miguel de Montilla sobre la posesión de unas tierras en el valle de Santana.— Trujillo 1718.— José del Pino pide an­ te las autoridades de la ciudad de Mérida se le dé el tratamiento de Don a que tiene derecho.— Mérida, 1808. Otros archivos: Libro de Bautizos de la Santa Iglesia Matriz de Trujillo.— 1607.— Juicios matrimoniales.— Archivo de la misma Iglesia. Libro de matrículas del Real y Magnífico Colegio Seminario de Señora Santa Rosa de Santa María.— Expediente de grado de Antonio Nicolás Bri­ ceño.— Archivo de la Universidad Central de Venezuela. Información hecha por Luis Hernández Barrios para recibir sagradas ór­ denes.— Trujillo, 1618.— Archivo Arzobispal de Caracas. Primer Libro de Bautizos de Santiago de León de Caracas.— Archivo de la Catedral. Oposición a la Canongía Doctoral del Doctor Rafael Escalona.— Pape­ les don Luis Alberto Sucre. 169 Probanza levantada pot el Dr. Cristóbal Mendoza.— Trujillo, 1795.— Papeles de don Jerónimo Martínez Mendoza A. BIBLIOGRAFIA: Agitado.—Historia de Venezuela.—Edic. Caracas. Arcaya, Pedro M.— Historia del Estado Falcón.— Caracas.— 1920.—Estudios de Sociología Venezolana, Madrid. Boletines del Archivo Nacional: Encomiendas de El Tocuyo.— Re­ al Hacienda.—Recidencias. 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Sobre el mérito de la labor experimental y por encima de las disciplinas técnicas, ha colocado, como emblema mejor para significar el espíritu de lor tiempos, junto al nombre de grandes filósofos, el de poetas excelentes, y al estudiar la segunda mitad de la centuria que precedió a nuestra era actual, escribe: “ Es hermoso invocar a Virgilio en el umbral de este capítulo. Es hermoso y adecuado, por­ que Virgilio fue sin duda la figura más grande de una época esencialmente romana - la edad de oro de Roma’ ’ (i). “ Hermoso y adecuado” es también que nosotros invoquemos el nombre del poeta en este día de octubre, cuando las letras universales ce­ lebran el segundo milenario de su nacimiento. “ Virgilio! —diremos con nuestro gran romántico Juan Vicente González— Este es el poeta de la lati­ nidad entera, el que dio nueva forma al gusto, a las pasiones, a la sensibili­ dad, el que adivinó en la hora decisiva del mundo, lo que el porvenir ama­ ría. La edad media lo convirtió en mágico; él dio la mano a Dante en su viaje al infierno. Papas, santos, herejes, mágicos, llevan el nombre de Virgilio, in­ teligencia amable y melan«. jlica, amigo de los campos, de la soledad y de la sombra, los corazones le soñaron virgen dulce y púdico, para quien la luz era el torbellino. ¡Desgraciado el hombre que no nutrió los juveniles años con su armonioso néctar!” (2). (75) Leído como Profesor de Literatura Antigua en la Escuela de Filosofía y Letras de la Universidad Central, en la oportunidad del II milenario del poeta. Tomado de Virutas Caracas, 1951, pp. 5-18. ( 1) George Sarton. Introduction to the History of Science, Vol. I. From Homero to Omar Khayyam.—Carnegite Institution published. Pág. 219. ( 2) Juan Vicente González. Manual de Historia Universal. 1863. Pág. 219. 177 Nació Virgilio Publio Marón (3) en Andes, pueblo de Mantua, llamado hoy Piétola, el año 70 antes de la venida de Cristo. Según algunos fue alfare­ ro su padre, tahonero según otros, pero los más concuerdan para decir que era soldado sin origen que ‘ ‘comprando bosques y criando abejas’ ’ (4), logró formar un pequeño peculio. Maia o Maga Polla, llamábase la madre, hija de un tal Magius, nombres éstos que contribuyeron a sostener la leyenda que hizo de él un personaje misterioso, mitad mago y hierofante, a punto de que sus versos, desde tiempos de Adriano y de Severo, se recitasen con el temor maravilloso que infunden los textos sagrados. Humilde la cuna, fueron pas­ tores los compañeros de su infancia, y a orillas del Mincio, consagrando su primera diligencia a los ricos panales, que producen el “ celeste don de la aé­ rea miel” —aerii mellis celestia dona— (5) hizo taciturno su natural y amó la scledad, interrumpida apenas, no por la lira de Apolo, sino por el frigio ca­ ramillo del pastor enamorado, en ... aquelflorido campo mió, quefue a la triste Mantua malquitado que pace blancos cisnes en el río, que abunda enfuente pura, en verde prado; y cuanto corta el diente en luengo día, repara en breve noche el aguafr ía (6). El campo supo trasmitirle con savia intensa, la suavidad y la frescura que forman el fondo de su obra, en especial de las Eglogas; y también, por el aislamiento en que su infancia discurrió, entre agrias peñas y en medio de rudas labores agrícolas, su propensión a la melancolía, que tan justo expresa nuestro insigne Bello: ‘ ‘No sabe dar dulces sonidos al caramillo sino cuando toca tonadas tristes; entonces él es poeta verdadero y original; si toma las ideas de Teócrito, es para darles una expresión, una vida, de que Teócrito no era capaz” (7). (3) La forma Virgilio apareció en el siglo V. La mejor ortografía es Virgilio. (4) M. Bouchot. Historia de la Literatura antigua. Madrid. España Moderna. Pág. 187. (5) Geórgicas. Lib. IV. 1. (6) Geórg. Lib. II. Traducción de Fray Lms de León. (Son de este mismo traductor la de los demás versos que se citan). (7) Andrés Bello. Obras. Tomo VI. Pág. 147. 178 Sus biógrafos fijan en temprana edad los comienzos de su educación en Cremona, bajo el consejo del griego Partemio, a quien deja a los diez y seis años para trasladarse a Milán, donde vistió la toga viril el mismo día de la muerte de Lucrecio, “ como si las musas —dice Lebeau— hubieran querido señalar a su joven favorito como el poeta a quien pasaba la herencia de un gran genio’ ’ (8). Allí oyó filosofía en la escuela del epicúreo Sirón, alabado por Cicerón. El año 701 de la fundación de Roma, o sea el siguiente de su re­ sidencia en Milán, se trasladó a la Ciudad Eterna, como ha sido comprobado por las investigaciones de críticos alemanes, contra la opinión derivada de una falsa interpretación de la Egloga I, opuesta a la afirmación hecha por San Jerónimo en sus adiciones a la Crónica de Eusebio. En Roma asistió a la escuela del retórico Epidio, y como éste, al decir de Suetonio, fuese también preceptor de Marco Antonio y de Octavio, “ no es improbable que desde en­ tonces el futuro Emperador conociese y apreciase al estudioso aldeano’ ’ (9). Se ignora cuando Virgilio regresó a su solar nativo, donde hallábase el año 711, fecha en que AsinioPolión pasó por Mantua en viaje a España. His­ toriador, crítico y amparo de poetas, al adivinar el numen del mantuano, lo aplaude y estimula: Mi musa pastoril ha contentado a Polio; apacentad con mano llena, musas, una ternera a vuestro amado (io). Después de la batalla de Filipos el poeta y los suyos fueron arrojados de su predio, puesto como retribución de guerra en cabeza de los veteranos, por lo que Virgilio hizo viaje a Roma para solicitar la devolución de sus tierras que ...viéndolas diré maravillado: ay tierras (¡ay dolor!) mal empleadas! ¿ Tan buenas posesiones un soldado maldito? ¿ Y tales mieses tendrá unfiero? (8) Ibidem. (9) Miguel Antonio Caro. “Nuevos estudios sobre Virgilio” Obras completas. Tomo II. Pág. 235. (10) Egloga III. 179 Ved para quien hubimos trabajado! M ira a qué miserable y lastimero estado a los cuitados ciudadanos condujo el obstinado pecho entero (11) En Roma encuentra a Pollón y al gran Mecenas, que se deleitan con sus Eglogas, y obtienen de Octavio para el poeta, no sólo la restitución de los campos usurpados, sino su regreso con más anchos linderos. De esta primera época de su vida datan las Bucólicas, en las q u e aparece “ colocado ya a tanta altura sin q u e le hayam os visto su b ir” (12) y con las cuales, por m edio de la imitación de Teócrito, abría para la latinidad un gé­ nero aún sin cultivar, en el que, com o acertadamente lo anota C aro , si en verdad tienen gran parte las reglas del m odelo griego, no menos influye el amor a la naturaleza que lo indujo“ a trillar solitario la escondida senda de la poesía pastoral” (13). Y fue tal el mérito de la obra nueva y tanta la adm i­ ración que ha despertado, que aún se duda sobre el m ayor o m enor precio del original con relación a los cantos virgilianos. Mas si en verdad las Eglogas fueron ensayos en que el crítico, como dice Bello, advierte sin ojo zahori negligencias e imperfecciones, en cambio eleva a cum bre m aravillosa (14). Critican algunos, niegan otros que fuera oficial la inspiración de este poema, pero ¿es m engua para el poeta contribuir con su num en a la gran deza de la patria? Veinte años de guerra civil habían asolado las cam piñas itálicas y ale­ jado las actividades del cultivo del agro:urgía,para reparar los malefi­ cios de Latona, enseñar de nuevo a las m anos que habían soportado durante largo tiempo el peso de la bélica rodela, el m anejo de la esteva que guiaría la apertura de los surcos, y nadie m ejor que V irgilio, agricultor de origen, para dictar al pu eblo en verso puro las reglas que lo orientasen en las rústicas acti­ vidades. N o era ya el desafío inútil que dirigían las palom as de C aonia a las águilas voraces, sino el “ laurel de los com bates que cedía a los trofeos de la palabra” (15) para que ésta restañase las heridas la p atria. Como aqu el rey (11) Egloga I. (12) Bouchot Op. cit. (13) Caro. Op. cit., 239 (14) Bello. Loe. cit. (15) Quint. et Juven. 180 nigromante que había recibido de la Sibila las reglas del tiempo y del gobier­ no, se presentaba Virgilio enseñando a los pueblos latinos los dones de la tierra y el secreto de Lo quefecunda el campo, el conveniente romper del duro suelo, el sazonado juntar la vid al olmo, y juntamente como se cura el buey, como el ganado y déla escasa abeja diligente su industria y saber mucho no enseñado... (16) En las Geórgicas ya no habla sólo el lirismo de quien creció entre el me­ lancólico gemir de las yuntas bajo el peso del arado, sino el maestro que se dirige al pueblo " a quien toca reparar las pérdidas padecidas por la guerra” (17), por medio del cultivo de la tierra, maldecida en la fraterna lucha, y en la que ...el labrador con corvo arado, los hierros de los dardos irá hallando, y en los vacíos yelmos arrastrando encontrará con el legón pesado, y rotos los sepulcros allí espesos, con pasmo m irará los grandes huesos (18). El sino de Lucrecio cede ahora integralmente a la obra del mantuano: sobre el estudio filosófico de las cosas que aquél había intentado, Virgilio abre un sentido nuevo de utilidad y de deleite que el otro no abordó: a la fría reflexión sobre la naturaleza, sobrepuso la alabanza de los trabajos que hacen benéficos los campos y los prepara para que fructifique ‘ ‘la pingüe oli­ va, grata a la paz” —pinguem et placitam Pací nutritor olivam— (19) y como una manifestación de su espíritu hondamente religioso, se desvía de la nega(16) G eórg.I. (17) Caro. “ Don Andrés Bello” Op. cit. T. III. Pág. 130. (18) Geórg. D. (19) Geórg. II. 181 tiva posición del epicureo, y recomienda a quienes deseen opimos frutos, que veneren a los dioses ante todo —in primis venerare déos— (20 ). Y sobre esta grata misión de paz que hace de las Geórgicas un heraldo nacional de buena nueva, Virgilio obtiene para su obra un otro relieve defi­ nitivo: la fijación de líneas integrales para la verdadera poesía didáctica, ya trajinada por Lucrecio y por Horacio. No a éstos sino a la musa del pastor del Mincio, habrán de ocurrir en adelante quienes intenten enseñar por medio del verso deleitoso. Es en la fresca y siempre rica fuente virgiliana, donde abreva nuestro máximo poeta Andrés Bello, cuando en una posición seme­ jante quiere enseñar a los pueblos de América la vía ancha del campo que podrá curarles de los dolores de la guerra, y tan feliz fue en su “ Silva” el príncipe de los poetas americanos, que no sin razón escribe Menéndez y Pelayo: “ En los cantos de Bello llegan a nosotros los sones de la avena virgiliana y de la flauta de Sicilia, armoniosamente mezclados con el yaraví amoroso” (2i).Detengámonos,pues,en nuestra marcha hacia el monumento que señala el apogeo de la gloria del mantuano: un doble deber de justicia nos obliga a dejar un gajo de los laureles con que honramos al máximo poeta de la latini­ dad, sobre el nombre de nuestro vernáculo cantor, a quien corresponde el mérito de haber restaurado en letras castellanas la escuela didascàlica, des­ pués de haberse obscurecido la musa de las Geórgicas durante la extinción de la orden de los Jesuítas, “ rama de flores y de frutos, ésta, combatida hoy por las violencias revolucionarias, por ciencias díscolas y abanderizadas, por pro­ fesiones exclusivas y descaminadas en su afán de lucro” (22) y de las cuales habían salido, antes de su eclipse pasajero, los más insignes cultores de este género. Pero aun con fruto tanto no estaba satisfecha la aspiración del poeta y sobre dar a la posteridad la más perfecta obra de la poesía latina, consagra ca­ torce años al poema inmortal en que canta al piadoso Eneas, traedor, en sus bajeles desmantelados, de los penates que, caída Troya, eligen al Lacio para solar más ancho. Hesíodo y Teócrito ya tenían paralelos en la latinidad: era necesario crear en la lengua de Roma una epopeya que igualase las de Home- 182 (20) Geórg. 1.33— (21) Menéndez y Pelayo. Antología. Tomo II. Pág. CLI. (22) Caro. Op. cit. ro. El poeta de las Bucólicas y de las Geórgicas, cambiando el tablado de la acción, no cantará ahora las delicias del agro, sino el ronco fragor de la trage­ dia. No ha visto en su infancia, como Esquilo, “ el relámpago de la espada de Harmodio brotar entre el mirto verdeante’ ’ (23), ni como Horacio ha ido, para sufrir reveses, a los campos de batalla. Del fondo de sí mismo, de su imaginación profunda de poeta, poderosa como la de un Dios, hará surgir los elementos que son necesarios para el canto.La Eneida no es sólo epopeya nacional en que se construye para Roma una genealogía divina; es el poema de la humanidad total y de los pueblos fraternizados: en ella aparece Roma, no como ciudad enmurada para su coservación exclusivista, sino como centro perdurable hacia el cual convergen las aspiraciones de pueblos sin fronteras, redimidos por el valor y la justicia. Más que epopeya guerrera, es un canto filosófico-religioso de trascendencia universal, donde el poeta que entrevio la futura edad de oro en medio de los coloquios pastoriles, anuncia la luz del cielo —lumine vitae— después de la expiación de antiguas culpas. Al héroe homérico que lucha con fiereza humana, opone la piedad del vencido Eneas, blando hasta las lágrimas, quien si no pudo salvar las murallas troyanas, logró en cambio mayor imperio para sus deidades tutelares. Para fijar las líneas definitivas de su poema inmortal, Virgilio cruzó los mares rumbo a la materna Grecia, maestra severa del gusto antiguo, con quien Roma porfiaba a sobresalir en las artes del ritmo y de la línea, ora riva­ lizando a sus poetas, ora completando con curvas armoniosas la recta severi­ dad de su arquitectura perdurable. La ausencia de Virgilio fue propicia oca­ sión para que Horacio en su Oda tercia, revelase la ternura que lo inclinaba hacia el taciturno vate: Bajel que de Virgilio E l precioso depósito nos debes, Que a tufe se confía, Salvo a las playas áticas le lleves, Y guardes la mitad del alma mía (24). Augusto lo encuentra en Grecia a su regreso de Asia y ambos empren­ den en la misma nave el retorno a la Ciudad del Tíber. Aún por entonces no (23) St. Vfetor. L a s dos carátulas. Tomo I. Pág. 61. (24) Odas. Traducción de don Javier de Burgos. 183 había concluido Virgilio su poema, cuando tenaz dolencia lo invade en ple­ na travesía, obligando a echar anclas en la rada de Brindis, donde murió el primero de octubre del año diez y nueve antes de nuestra era (25). En su tes­ tamento el poeta dispuso que fueran entregados al fuego los manuscritos de La Eneida,por considerar la obra imperfecta aún. Pero ¿quién era capaz de cumplir aquel fúnebre mandato?... Augusto habría condenado a la execra­ ción perpetua a quien hubiese querido convertir en cenizas el canto admi­ rable que había arrancado quejidos a Octavia; cuando a ruegos suyos leyó Virgilio en el palacio imperial los primeros libros, donde aparece aquella tierna alusión al infeliz Marcelo: manibus date liliaplenis, que sirve de tema a un lienzo inimitable de Rosetti; hubiera sido como si entre las tinieblas de Ilion el fuego devorase los penates del Lacio, cúya era la gloria que en ellos se cantaba. Desaparecido el poeta, nunca como entonces estuvo más presente entre quienes habían tejido guirnaldas para honrarle. Aquel pueblo lleno de su­ perstición pagana que le rindiera en vida honores de emperador, lo elevó a la fábula y en su nombre se hicieron sortilegios. La leyenda recordó su infancia nutrida por divinidades agrestes y el augurio que en sueños tuvo Maia antes de darlo al mundo: de su seno vio brotar un ramo de laurel, que sembrado por ella llegó a adquir la forma de árbol umbroso (26). Pronto un motivo sur­ ge más fuerte que éstos para sublimar al vate: en bajeles que venían del Asia, como las naves de Eneas, llegaban al Txber hombres nuevos que traían la pa­ labra de un Dios desconocido — el deus ignotus del antiguo Areópago—; hombres humildes son que se ocultan bajo tierra, porque ofende a la paganía el claror de su doctrina: alguno tuvo entre sus manos la Egloga IV con que Virgilio honró a Polión, y saltó de gozo al imponerse que la Sibila, como un profeta de la antigua Ley, había anunciado la venida de Cristo: L a postrimera edad de la Cumea, y la doncella virgen ya llegada, y toma el reino de Saturno y Rhea, Los siglos toman a la edad dorada; (25) Aunque algunos dan distinta fecha, nosotros seguimos ésta por ser la que hemos hallado en más serios autores. (26) Virgilio. Obras completas. Traducción y prólogo de don Eugenio de Ochoa. Pa­ rís 1877. Pág. XXXV. 184 de nuevo largos años nos envía el cielo, y nueva gente en sí engendrada. M ira el redondo mundo, mira el suelo, m iralam ar tendida, el aire y todo, ledo esperando el siglo de consuelo. ¡Oh, si el benigno hado de tal modo mis años alargase, que pudiese tus hechos celebrar y bien del todo! Poeta cristiano y profeta de la Buena-Nueva, lo llamaron entonces. San Pablo mismo, dice la leyenda, al visitar la tumba de Virgilio en Ñipóles, llo­ ró por no haber podido bautizarle: ‘ ‘Cómo te hubiera yo convertido si te hu­ biera hallado vivo, !oh, el más grande de los poetas” Y en su honor se cantó en Mantua hasta corrido el siglo XVI, un himno en la liturgia de San Pablo (27). Isaías pagano, Virgilio es absorbido por la cultura cristiana. A más de esta vaga profecía que Rossignol y Sainte-Beuve se empeñan en destruir (28), y que aún ocupa a profesores eminentes, en el fondo del pensamiento del mantuano se respiran sentimientos de paz y de piedad que denotan un espí­ ritu digno de la fe cristiana. Su vida misma, nunca alterada en su dulce sobriedad y en la pureza de hábitos que le valió el dictado de Perthenia, lo eleva a un nivel que reclama la alabanza. La edad media lo hizo mago y su nombre se enredó en los conjuros sibi­ linos. Dante lo encuentra en el camino del Infierno y con él peregrina en busca de Beatriz, y si lo elige de guía para el viaje desconocido es por ser él “ mar de inteligencia, cuyas ideas entre todos los poetas latinos se aproximan más al cristianismo’ ’ (29). Honrar a Virgilio es cónsono con el espíritu del tiempo. Representativo de la totalidad latina que soñó materializada bajo el escudo de la loba roma- (27) Caro. XIX. “ Centenario de Virgilio” . Op. cit. (28) Sainte-Beuve. L o s Cantores de la Naturaleza. Madrid 1919. (29) Seiger. Historia del Renacimiento. 185 na, simboliza una idea que presta líneas de integración humanitaria. Pode­ rosos están aún los penates que salvó Eneas, no en el goce del imperarium que se mide por la anchura de los horizontes materiales, sino por el poder de la idea, que avanza más que las espadas. La civilización del Lacio, espaciada sobre Europa por el vuelo de las águilas capitolinas y venida a América entre las velas intrépidas de la Conquista, espera aún una hora nueva de plenitud. Roma, que puso desde Constantino, como prenda de p az, sobre la voracidad de sus aves de conquista una señal de cruz, representa para el mundo el futu­ ro que vislumbraron las pupilas de Eneas: el equilibrio de los pueblos por la religiosidad y la virtud. 186 ELOGIO DE CERVANTES A DIEGO GARCIA DE PAREDES (71) Señores: “ I este Diego García de Paredes, fue un principal caballero, natural de la ciudad de Trujillo, en Extremadura, valentísimo soldado, y de tantas fuer­ zas naturales, que detenía con un dedo una rueda de molino en la mitad de su furia; y puesto con un montante en la mitad de una puente, detuvo a to­ do un innumerable ejército que no pasase por ella e hizo otras tales cosas, que si como él las cuenta y las escribe él mismo con la modestia de caballero y de coronista propio, las escribiera otro libre y desapasionado, pusieran en olvido las de los Héctores, Aquiles y Roldanes” , (i) tal dice en “ El Quijote” don Miguel de Cervantes y Saavedra, al querer refírirse al famoso capitán es­ pañol, caballero de Fernando V, oficial de la guardia del Papa Alejandro VI, vencedor varias veces de los Orsini en Italia, compañero en andanzas del Gran Capitán don Gonzalo de Córdova y padre del conquistador de su mismo nombre: Don Diego García de Paredes, venido a derras americanas por los años de 1550, gobernador que fue de El Tocuyo y luego fundador de la lla­ mada por un olvido cronista ciudad portátil, (i) Nuestra Señora de la Paz de Trujillo en Venezuela. Quiso el ilustre extremeño,ávido de luchas,desde su gobierno en El To­ cuyo,emprender la conquista de los cuicas y con la bizarría que era peculiar a su sangre, internárase hacia occidente en busca de hazañas conque saciar la inquietud de su espíritu aventurero. Funda a Trujillo en varios sitios hasta hacerlo radicalmente en el que actualmente existe. Llevó allí rica semilla es­ pañola: noblezas y dineros que más tarde hicieron de la ciudad re(71) En ElogiodeDr. Eloy Paredes. Mérida, Tip. El Lápiz, 1920,p. 1-15. (1)—Don Quijote: 1.1., pág. 422. (1)—Diccionario Enciclopédico Hispano Americano, Montaner y Simón, Editores, t. IX, pág. 144. 189 cién fundada, la más bella de la colonia; hubo pompa española éntre el si­ lencio de sus muros, “ edificios que hubieran barillado en ciudades europe­ as’ ’ (2), y toda la gala que ostentaran las más célebres ciudades de América, al punto de abrir los instintos criminales del ladrón e incendiario francés Pedro Gramont, quien redújola a ruinas miserables, ruinas en las que ha dormido tantos años, y de las cuales se levanta con trabajo. Parece que el fuego del pirata galo hubiera ardido sus más remotas entrañas y llevado la más desoladora esterilidad a su existencia. Pero aún queda en ella, luciendo la austeridad de limpísimas heráldicas, la piedra española que soportó la gentileza del señorío de su siglo, y desafiando al tiempo, como un símbolo de la entereza de sus primeros habitantes, aún en el fondo soledoso de su iglesia, viven —y puede decirse que tienen vida— dos hileras de cedros secu­ lares del antiguo valle cuicas: enormes y solemnes, y sobre esa esterilidad progresiva en su vida externa, sobre ese estancamiento en que ha vivido tan­ tos años, flota con marcada intensidad, con fuerza que hase agotado ya en casi todos los pueblos de Venezuela, el espíritu hidalgo de la española noble­ za que allí fuera a asentarse; y conforme a la ley sociológica que establece corrientes de intercambio familiar entre el campo y la ciudad, entre “ La Ciudad y las Sierras’ ’ , como diría Queiroz, en virtud de la cual el burdo y obscuro campesino que ayer era peón en las tierras de un señor y que hoy co­ sechó bastante café y mucho trigo, viénese a la ciudad a darse ínfulas de aris­ tócrata, mientras el señor de ayer, arruinado por la fuerza del tiempo, va a hundir su miseria en la soledad misericordiosa de la selva, estableciendo así un flujo renovatriz, sino de las fuerzas sociales en un sentido amplio, sí de las fuentes económicas de la colectividad ciudadana, conforme a esa ley, de­ cimos, podéis ver refugiadas en los campos trujillanos, familias de limpísimo solar ibero, que en otro tiempo fueron prez de su señorío, y cuando pregun­ táis por Covarrubias y Berdugos y Cornieles y Barrigas que fueron flor de aristocracia en la Colonia, sólo os responde la voz torpe de un pobre campe­ sino, que en medio de su pobreza, luce el claro azul de unos ojos europeos y la blancura de un cutis en un perfil distinguido. Flor de ciudades, esa de García de Paredes ha sabido dar mucho de su espíritu noble y caballeroso y acaso mañana, cuando surja a nueva vida, más intensa y más amplia, con sus hermanas, estas ciudades frías y desoladas de los Andes, pueda decirnos có­ mo fue antes del fuego criminal del pirata francés. Perdonadme, señores, que haya distraído vuestra atención hablándoos (2)—Historia de Venezuela, Baralt y Díaz, 1.1, pág. 196. 190 de mi ciudad natal, pero ella es el fruto primero y el más viejo que ha dado a Venezuela esta larga familia de García de Paredes: fundador de pueblos el hijo del famoso capitán español de que nos habla Cervantes, sus parientes más lejanos serán fundadores de Patria y de Repúblicas. Miembros de esta larga familia que sólo se apellida Paredes, Diego García legitima lo claro de su estirpe y de ella es el Coronel Juan Antonio Paredes y Angulo, del señorío de esta muy noble ciudad de Santiago de los Caballeros, de los fundadores, con Rodríguez Picón, Talavera, Uzcátegui y otros, de esta Ilustre Universi­ dad de San Buenaventura, primo del valiente procer de la Independenciajosé de la Cruz Paredes, uno de los 150 héroes que acompañaron a Páez en las Queseras, y abuelo este José de la Cruz del infortunado General Antonio Pa­ redes, flor de los últimos militares venezolanos, asesinado villanamente de orden del expresidente Castro, frente a la soledad inmisericorde del caudalo­ so Orinoco; gobernador también varias veces de Mérida el Coronel Paredes y padre, entre otros hijos, de Ignacio, que lució su heroísmo en el campo glorios de Ayacucho, contribuyendo a sellar la libertad de América y de este Doctor Eloy Paredes y Fernández Peña, en cuyo homenaje este ilustre recinto universitario viste de gala como en sus mejores días. Hijo del predicho Coronel Paredes y de la honorable matrona doña Jo ­ sefa Fernández Peña (i), hermana del Arzobispo del mismo apellido, la lim­ pieza de su cuna ofrécele elevado sido en esta sociedad, de la cual fue miembro importantísimo. Mas no al mérito de su linaje, ni al brillo de su fortuna privada, debiérale el papel que hubo de representar en el tinglado de la vida pública. Andan por ahí quienes creen que de la clareza de una es­ tirpe y de la posesión de unas no inmaculadas monedas, viene el sitio que ha de corresponderles en las sociedades en que actúen: un solo elemento se im­ pone sobre todas las barreras posibles, en la evolución intrasocial del indivi(1)—“(Aquí un sello) Pro. M. Estevan Arias cura en propiedad de la Catedral de Méri­ da, Rector del Colegio de S. Buenavra etc. Certificó en la mejor forma de Dre: que en uno de los libros Parroquiales de mi... en que se asientan las partidas de Bautismo, al fol. 38 se halla una cuyo tenor es el siguiente.—En la Ciudad de Mérida a 28 de Mzo. de 1814 el Sor. Prebendado Dr. Buenaventura Arias, con licencia, bautizó solemnemente, puso oleo y crisma y dio bendición conforme al Ritl. Rmno. en la Iglesia de las Monjas a un Ni­ ño de opso días nacido a quien puso pr. nombre Eloy, hijo legítimo de D. Juan Anto. Pa­ redes y Da. Jo se fa Fernández: abuelos paternos Dn. José Antonio Paredes: matemos Dn. Gerónimo Fernández Peña y Da. Manuela Angulo. Fue su padno. el Pro. Dn. Angel Ma. Briceño, a quien advirtió su oblign. Doy fé M. Salvador León.—Y por ser conforme a su original a que me remito doy la presente a petición de la parte. Mérida Nove. 8. de 1826—M. Estevan Arias. Dros. Oxaris (una rúbrica)” . 191 dúo y este elemento es el talento efectivo. Túvolo el Dr. Paredes y aconseja­ do por su tío el Arzobispo, fuélo a cultivar en las Universidades de Santa Fe y de Caracas, de donde regresara a ésta a optar a los títulos de Maestro en Filo­ sofía en 1832 y de doctor en Gencias Políticas en 1839 (2). Hombre de altísi­ mos vuelos, de vasta ilustración y de talentos no comunes, a lo que unía la más acrisolada pulcritud, la profesión de abogado hubo de ofrecerle, a más de medios para numerosos proventos, motivo para lucir el caudal de su sabi­ duría en alegatos y en informes. No debía de faltar nunca en el ejercicio pro­ fesional abogados como el Dr. Paredes: ellos dignifican de por sí el sagrado ministerio de la abogacía y su recuerdo debe siempre servir de ejemplo a aquellos en cuyas manos está hoy la suerte de huérfanos y viudas, de hacen­ distas y burgueses, debe servir de ejemplo, sí, para no ultrajar con prácticas vedadas el brillo de la justicia y el imperio augusto de la ley, santa cuando es inflexible y da a cada quien lo que es suyo e infamia escrita cuando los mer­ caderes del templo la pliegan a caprichos y a mezquindades asquerosos. Ejer­ ció la profesión el Dr. Paredes y ocupó a la vez la Magistratura judicial, sien­ do para 1842, año de su matrimonio con la señorita Josefa María Méndez (i), Juez de 1* Instancia en esta ciudad. Ya en ese cargo el Dr. Paredes hubo de probar a sus conciudadanos las altas virtudes que siempre le adornaron y la ciencia de que era poseedor, la cual desde 1840 ofrecía a la juventud estu­ diosa desde la Cátedra de Derecho Público y de Gentes (2 ) que regentó por diez y seis años en este ilustre Instituto, largo período durante el cual ocupó dos veces el Rectorado y así mismo las Cátedras de Matemáticas y de Derecho Práctico y Leyes Nacionales, " a las que ocurría la juventud, como a fuente pura, a aprender sus sabias lecciones y a nutrir su espíritu con los preceptos (2)—E l doctor Paredes recibió sus grados en la Universidad de esta ciudad, en el si­ guiente orden: Bachillerato en Filosofía, 1832; Maestro en Filosofía, el mismo año; Bachiller, Licenciado y Doctor en Ciencias Políticas, en 1834 el primero y en 1889 los dos últimos.—Anuario de la Universidad de los Andes: 1.1, pág. 82 y 87. (1)—De su matrimonio con la señorita Josefa María Méndez nacieron los siguientes hijos: Josefa Antonia, Eloy Antonio, Juan Evagelista, Magdalena, Teolinda, Pablo Ma­ ría, Manuela, Ana María, Antonio, Pablo y Juana. En 1866 caso en segundas nupcias con la señora María Berti de Anselmi, de cuya unión nacieron los siguientes hijos: Jose­ fa, Elisa Matilde, Elbano Italo, Eloy, Clorinda, Elena y Luis Buenaventura. (2)—El doctor Paredes ejerció el Rectorado de la Universidad de los Andes, por po­ cos meses, en 1843 y después, desde el 52 al 55. L a Cátedra de Matemáticas, del 43 al 47: la de Derecho Público v de Gentes, del 40 al 56 y la de Derecho Práctico y Leyes Na­ cionales, del 4b al 56. Fue también presidente y varias veces miembro de la Junta de Inspección y Gobierno del mismo Instituto .—Anuario de la Unversidad délos Andes, t. I., pág. 90 y siguientes. 192 de la ciencia’ ’ , conforme lo consigna la Junta de Gobierno de esta Universi­ dad, en el acta de la sesión extraordinaria celebrada para ella, con motivo de la muerte del ilustre Maestro (i). Porque en verdad no fue sabiduría de hoja­ rasca la que poseyó el Dr. Paredes, sino sólida ciencia e ilustración vastísima. Y ved, ahí, y ello sólo bastaría a consagrar la memoria de Paredes, grabadas sobre el mármol que sirve de sostén a su austera figura, las palabras de nuestro máximo Don Cecilio Acosta: “ El señor Dr. Paredes, por la extensión de sus miras, por su poder de concentración y generalización y por su extensa ciencia legal, era un verdadero jurisconsulto. Tal es la idea que tengo de él —continúa el excelso Acosta— que al leer sus juicios y dictámenes, me pare­ cía que leía a Scott, a Kent, o a Mackintosh. Para su ingenio no había nada nuevo ni nada extraño en estos estudios, que llegó a abarcar en toda su esfe­ ra, desde el derecho municipal al civil, de este al político y del político al de gentes, en que fue maestro” (2). Mas el fruto real de esa sabiduría, hase per­ dido: un tratado de Filosofía, otro de Derecho Constitucional y uno de Ma­ temáticas, en los cuales el Dr. Paredes hubo de verter todo el acervo de sus claros conocimientos, hanse perdido en el más doloroso olvido, olvido que no sólo cubre estas valiosas obras, sino que ha ido tragándose el trabajo de mucho de nuestros mejores hombres de letras, como que él se une muy bien a la indiferencia con que nuestro ambigüo y viciado medio ve la obra de los hombres de talento, condenados en nuestra patria a ser aplastados por la garrulería y el bluff de cuatro o más advenedizos que se abrogan la represen­ tación del pensamiento nacional (3). Mas no eran, señores, en el estrecho campo de abogar en estrados por intereses particulares ni en la cátedra a que supo darle brillo con sus talentos, donde estaba destinado a actuar Paredes: hombre de carácter, de acción, de altos principios republicanos, sus actividades debían desplegarse en un me­ dio más amplio que aquellos, en el cual la abnegación de su espíritu público (1)—Archivos de la Universidad. -N° 9 Libro de Actas de la Ju n ta de I. y Gobierno.— Enero de 1873 a mayo de 1883, pág. 163. (2)—Cecilio Acosta: Obras, t. V., pág. 307. (3)—Entre los pocos manuscritos que quedan del Dr. Paredes en el archivo de su fa­ milia, existe uno, de poca extensión, ya que fáltanle no pocas páginas, curioso— por el importante asunto que trata, sobre la formación de las lenguas primitivas y otros puntos de mérito filológico. Consérvanse también algunas cartas de interés, del Arzobispo Fer­ nández Peña, de Cecilio Acosta, de los Monagas y de muchas otras personas sobresalien­ tes en la política, el foro y las letras patrias. 193 habría a la vez de prestar mejores servicios a la sociedad en que actuaba. Clareaban los primeros años de la República, había el fuego de los partidos y el Dr. Paredes fue por sus altas virtudes personales, toco hacia donde conver­ gieron las simpatías colectivas.Pronto su nombre apareció al frente del lla­ mado en Mérida partido de arriba, nombre que si le vino de estar en su ma­ yor parte integrado por elementos radicados en la parte alta de la ciudad, pudiera creerse a la vez que tuvo su origen en la alta mentalidad que le guiaba. Fue a la política por el brillo de la justicia y de los derechos conculca­ dos, no por mezquinas ambiciones personales. “ Soldados del deber, y de al­ ma templada en el fuego sagrado del patriotismo, peleó las grandes batallas en que se decide la suerte de las sociedades; y Mérida en sus conflictos terribles, en sus horas solemnes, en esos momentos de arrebato en que pare­ ce que todo peligra, le vio siempre como caudillo valeroso, guiando a sus conciudadanos que le seguían llenos de fe y de entusiasmo” , así se expresa de él el Dr. Gabriel Picón Febres, en párrafos dignos de su nombre (i). Lar­ gos años de lucha recuerda la historia política de esta ciudad, en que el Dr. Paredes, secundado por su numeroso partido, hizo frente a las mayores emergencias locales: opuso su palabra, como remedio ígneo, a los abusos de un gobierno: enseñó desde su tribuna en la plaza pública el derrotero que en un momento dado hubo de seguir la política local para contrarrestar opro­ bios del gobierno central, y después de sufrir la injusticia de una detención, después de pasar días desolados en el silencio de un calabozo, su presencia ante el pueblo era más enérgica, su amor a la Patria y a los principios re­ publicanos más intenso. I fue tal la fe que supo inspirar a sus conciudadanos, tal la seguridad que estos tuvieron del carácter y el civismo de Paredes, que aún en Mérida se recuerda con el colorido y el entusiasmo que ello merece, la actitud altamente republicana.de altruismo y abnegación ejemplares,toma­ da por él cuando Petit, investido de autoridad militar, penetró sin ningún derecho en territorio de la Provincia y quiso después aumentar sus desatinos pretendiendo hacer suyos los dineros de la Laguna de Urao, renta entonces del Estado. Paredes no era nada en el gobierno de Mérida, ejercía a la sa­ zón— 1855—la Gobernación Provincial el ciudadano Pablo A. Celis (i). La (1)—Artículos Necrológicos a la memoria del Dr. Eloy Paredes. Juan de Dios Picón Grillet, Editor—Mérida, 1880. (1)—La Constitución de 1830 autorizaba a los gobernadores de Provincia para es­ tablecer el régimen de las fuerzas acantonadas en su jurisdicción y según leyes vigentes en esa ápoca, ninguna fuerza armada podía penetrar en territorio provincial sin la correspondiente autorización del Gobierno local. En 1855 el General Nativida Petit, con 194 necesidad conflictiva porque cruzaba la dignidad de la Provincia pedía el auxilio de una cabeza como la de Paredes y la energía de un brazo como el suyo. Se le llamó a la Jefatura de Cantón y de aquí, en breves horas pasó a ocupar la gobernación provincial. El momento era de vida o muerte para la existencia del honor constitucional de la Provincia y el pueblo supo interpré­ talo así: siguiendo las órdenes del nuevo Gobernador, armados todos los ciudadanos con armas más bien de trabajo que de luchas, enfretósele a la fuerza numerosa de Petit, hasta hacerlo prisonero en breves horas de com­ bate. Fue el triunfo del patriotismo y del civismo de Paredes sobre el vanda­ laje de la fuerza militar. El expuso en su condición de simple ciudadano, sus intereses y su vida, para hacerse cargo del gobierno, y arrasar de ese modo con los que querían ultrajar la dignidad del territorio provincial. Es el sacrifi­ cio del repúblico, del patriota, en aras del bien aún y de la salud ciudadana. Hombre de la talla enorme de Don Cristóbal Hurtado de Mendoza, en la primera República, Paredes encarna las más altas aspiraciones sociales, los más puros sentimientos del pueblo que lo sigue “ lleno de fe y de entusias­ mo” , conforme a las citadas palabras de Picón Febres. La Justicia y el De­ tropas nacionales, llegó a San Cristóbal, sin que mediase cumplimiento de las formalida­ des legales. Súpolo el Gobierno de la Provincia y ordenóle la m ás rápida desocupación del territorio. Petit desobedeció estas órdenes y siguió marcha sobre esta ciudad de Mérida, realizando actos de vandalaje a su paso: saquearon y robaron las poblaciones y en Bailadores llegaron hasta libar en los vasos sagrados de su iglesia.(Dabos de Don Tulio Febres Cordero). Ya en esta ciudad la fuerzas de Petit, el Gobierno siguió reiterándole la orden de desocupar la Provincia, entregando a la vez las armas que portaban, órdenes siempre desatendidas por Petit, quien, informado de existir en poder del Gobierno, vein­ te mil bolívares de la renta de la Laguna de Urao, pidió su entrega de mano militar. En este angustioso estado de cosas fue llevado el Dr. Paredes al Gobierno de la Provincia y al frente del pueblo, armado como pudo, atracó la columna de Petit durante los días 10 y 11 de Febrero, poniéndolos prisioneros. El eminente trujillano, Doctor Ricardo de Labastida, en un folleto que no hemos tenido a la vista, historia estos angustiosos días y ha­ ce honor a la actitud del Doctor Paredes, al cual se refieren los siguientes versos de Labastida: E dice el gallardo, de algún su abolorio membrando fazañas: “ Juro a vuesarcedes por este que empuñó. (mostrando el bastón) que honores e vida e Constitución, mañana Domingo en cobro veredes no fuera mi alcurnia, Fernando paredes” 195 rccho, a cuyo estudio dedicó los mejores años de su vida, no fueron para él idealidades especulativas de filósofos y tratadistas. Entidades vivientes, ejes del mundo moral y sociológico, fueron para él sagradas normas de vida y de conducta, a las que hubo de ofrecer todas las energías de su espíritu. Profun­ do y erudito en Derecho de Gentes y en teoría constitucional, su política fue obra de engrandecimientos ciudadanos, de luchas en pos de la adquisición de los más sagrados fueros individuales, que él quiso siempre para la colecti­ vidad a que servía. Política personal fue la suya, mas no fue personalismo por meros intereses propios: sobre el triunfo de su persona, estaba el de su mente y el de sus pulquérrimos sentimientos de patriota. I vedlo en esta ac­ ción que acabo de referirme: ella sólo basta para consagrar en la vida de la Historia el recuerdo de un hombre con delineamientos máximos. De la masa popular, acaso de las fajinas agrícolas a que dedicárase desde 1846, fue traído como Cincinato el romano a ocupar la primera Magistratura provin­ cial, porque había la fe de que él conjuraría el inmenso peligro que amena­ zaba el honor del pueblo. ¿Se niega? No; nunca sus energías y su carácter en­ contraban un momento más oportuno que este para servir con entusiasmo a la causa de los suyos. Lo hace con desinterés, con abnegación ejemplares, y alejada de la ciudad la nube fatídica de la tormenta, vuelto el claror de la paz y la tranquilidad a los ánimos populares, entrega el gobierno que se le confió y se retira a seguir laborando en cosas útiles, en el silencio venerable de su hogar y en el augusto recinto universitario donde aún ejercía el profesorado, pues jamás en sus aspiraciones políticas estuvo la del mando como una nece­ sidad personal y los cargos públicos fuéronle únicamente ocasión de servir a sus conciudadanos. Ulteriormente, cuando ejerció la Presidencia de este Es­ tado, de 1868 a 1870, ya federado, (i) o mejor dicho descentralizado, pues el sentido recto del verbo castellano federarse no concuerda con el que hubo de (1)—En el libro de Centenario de Mérida, recopilación hecha de orden del Gobierno, por el señor D. Manuel Vicente Núcete, a la página 275, aparece la lista de los gobernan­ tes de Mérida, y en ella figura el Dr. Paredes como Gobernador en 1855 y como Presi­ dente del Estado de 1868 a 1870, pero nos merece m ás crédito la lista que aparece publi­ cada en la Gaceta Oficial de Los Andes. Número Extraordinario del 28 de octubre de 1895, en la cual a más de estas dos ocasiones, se menciona a Paredes como Gobernador en 1858 (abril a junio) y en 1863 (febrero a agosto). Ejerciendo el Gobierno provisional­ mente, durante este último período, fue reducido a prisión, junto con su Secretario y otros ciudadanos notables, de orden del General Jo sé Ignacio Pulido, el 18 de agosto, im­ putándosele una revolución contra el General Falcón, revolución que nunca fue justifica­ da. El Dr. Paredes fue conducido preso a Trujillo “ con todo el aparato que se acos­ tumbra para los más insignes criminales” , diré una hoja de la época. El Je fe de Opera­ ciones, (Pulido) no pudo comprobar la calumnia con que se pretendió denigrar “ su bien conocida reputación, su amor al orden y sus deseos de paz y bienandanza” , reza la mis­ ma hoja, realizando en cambio otros actos del horror en esta ciudad, donde Julián Aveli- 196 tener en la revolución venezolana— entonces, digo, pudo probar Paredes que su presencia en el gobierno nunca obedeció a fines personales ni a sed de mando: descontentos, ya que en ninguna época los faltan, enemigos políti­ cos del Dr. Paredes, diéronse a la labor de fraguar planes para derrocar su go­ bierno y al efecto reuníanse por las esquinas aquí llamadas de “ Las Cuatro Tiendas” , en sitio oculto al cual dieron el nombre de “ Club Liberal” , queriendo acaso imitar los de los revolucionarios franceses. Súpolo Paredes y una noche, sin más compañía que su bastón y su capa española, dirigióse al sitio donde estaban sus enemigos. Llama a la puerta y anunciando, mándanlo pasar adelante. Con la serenidad propia de su carácter, se introduce hasta el medio de la sala donde minutos antes hablábase con calor de la ma­ nera de arrojarlo del poder y sin que mediase ningún saludo, los impreca: “ Queréis quitarme el poder, yo lo sé, anheláis la Magistratura que sobre mí pesa; yo respeto vuestras ambiciones, mas decidme, y cuál de vosotros es el capaz de reemplazarme para entregarle el bastón de la Magistratura: Decid­ me, ¿cuál és? pues yo no quiero que vuestras ambiciones vayan a hacer derra­ mar una gota de sangre merideña” . Sólo esas austeras palabras, propias en labios de un repúblico de la talla de Paredes, bastaron para abortar todo pro­ yecto revolucionario, y sus enemigos, absortos ante la virtud ciudadana del Presidente que querían derrocar, acompañáronle en cuerpo hasta las puertas de su meritísimo hogar y fueron pacíficos amigos del gobierno que antes odiaran. Cualquiera en Mérida conoce esta historia, expresiva de suyo del ca­ rácter de este procer del civismo. Ella de por sí es una alta lección de moral política y de austeridad republicana; no el “ yo tampoco quiero mando” , ri­ dículo y cobarde de Emparáh, el sincero desprendimiento de Paredes —hombre de valor y de carácter elevados— demuestra a cabalidad que en el sabio profesor de Derecho Político de esta Universidad, bullía un alma de grandes lincamientos cívicos. Sabio en Historia, hermanado con la lectura de los hechos de los grande varones de otras edades, acaso aprendiera en Esparta y en Roma, repúblicas, las normas que deben guiar a los Magistrados: en otros este aprendizaje fuera estéril, pero herencia de héroes y patriotas corría por sus venas, a la cual era lógico que sirviese de abono esa enseñanza gran­ diosa (l). no Arroyo, hubo de hacer derramar más de una lágrim a a sus víctimas. Explica estos su­ cesos la hoja a que hemos hecho referencia, intitulada “ A la Nación” , firmada por “ Muchos merideños” a 11 de noviembre de 1863 y editada en la Imp. de Juan de Dios Pi­ cón Grille*;. (1)—Comprobante de esta buena fe que siempre acompañó al Doctor Paredes en el 197 Os diré también, señores, de otro rasgo del Dr. Paredes, que como los anteriores prueba a saciedad el alto concepto del derecho y del deber que animaba su espíritu. Consolidado el triunfo liberal y existente ya la autono­ mía de los Estados, regía los destinos de éste el General Domingo Trejo, el año de 1866. Llamó Trejo a la Secretaría de su Gobierno al Dr. Paredes: éste en cambio hubo de ofrecerle el alto valor de su tino político y el prestigio de su nombre. Temeroso el Presidente de algún movimiento contra su gobier­ no, solicitó la venida a este Estado de parque y un cuerpo de ejército acanto­ nado en Barquisimeto, lo cual hizo sin oír la opinión de su Secretario, el Dr. Paredes, y cosa que, dada la paz que disfrutaba el Estado, dañaba su autono­ mía y su vida constitucional. Conociendo Paredes la venida de las fuerzas, cuando éstas estaban en Mucuchíes, dice a Trejo ordene su regreso, mas éste no lo acata. ¿Qué hizo Paredes? Renuncia la Secretaría de Estado y subleván­ dose contra el Gobierno que violaba la letra del Pacto Federal, toma las rien­ das del Poder y ordena al ejército que se acercaba a Mucurabá la más rápida desocupación del territorio de Mérida. La lucha se emprende, Trejo se une a la tropa llamada de Barquisimeto y la presencia del Dr. Paredes en el Go­ bierno del Estado fiie una simple ilusión del momento, pues la Presidencia la ocupó en seguida el Vicepresidente General Avelino Briceño, pero queda en la historia del civismo regional como un símbolo de máximas virtudes patrióticas y republicanas, virtudes que rara vez se reúnen de un modo tan enérgico y fecundo como en el espíritu recto del Dr. Eloy Paredes. Señores; Os he hablado hasta ahora de cómo descolló Paredes en la esfera políti­ ca de la Provincia y de sus sacrificios por el bienestar social de Mérida. Hay aún un radio donde su actuación será más amplia, donde el político, el tri- ejercicio de la magistratura, es el siguiente párrafo de su proclama de diez y siete de no­ viembre de 1868, al hacerse cargo del Gobierno, durante el período a que hemos hecho referencia: “ Pero las circunstancias son siempre difíciles y yo no he podido negar mi co­ operación: porque mi alma se abre de nuevo a la esperanza: porque ese nombramiento no fue solicitado por mí: porque el pueblo quiere de veras se le muestre el camino del ho­ nor y de la libertad, ya olvidado: porque la revolución regeneradora y la asam blea en su noble propósito, no deben encontrar estorbos ni ciudadanos indiferentes: porque creo contar con el apoyo de mis conciudadanos que siempre me han dado pruebas de confian­ za: porque amo con todo mi corazón este suelo en que nací y en que mi espíritu se iluminó con las primeras nociones de la verdad y la justicia; y en fin: porque soy venezolano y quiero tomar parte en las glorias de Venezuela así como he llorado sus desgra­ cias” .—Mérida.—Imp. de Juan de Dios Picón Grille?.—Calle de la Igualdad.—1868. 198 buno y el jurisconsultor sobresaldrá un tanto más: el Congreso Nacional. Al Congreso han ido siempre en Venezuela muchos hombres mediocres, muchos hombres ceros, pero esos pasan como toda caravana, sin hacer nada, sin dejar el más débil recuerdo de que hubiesen siquiera pasado. Pero cuan­ tos hombres de valor han ido hasta él, han sabido dejar en cambio la huella de su talento y de su patriotismo. Varias veces fue al Congreso el Dr. Pare­ des, pero entre éstas vale la pena de recordar su presencia como diputado por Mérida a la Gran Convención Nacional reunida en Valencia el 58, des­ pués de derrocado el régimen siniestro de los Monagas. Como la de los pri­ meros hombres de la República allí presentes, la actitud de Paredes fue de las más decididas y enérgicas, y en medio al temor que a algunos infundiera la vecindad de la flota inglesa, venida en auxilio de Monagas, pretextando dar cumplimiento a su protocolo,que ante los ojos del derecho,ningún cumplimiento merecía de parte de Venezuela; en medio de este temor, Pa­ redes está con las barras que piden venganza contra el tirano derrocado, y cuando el Presidente de la Convención falta a sus sesiones temiendo san­ cionar el acuerdo que degradaba a Monagas, declarándolo a la vez reo de lesa patria, Paredes, como Vicepresidente, no titubea en firmarlo, y esa firma honra su memoria de repúblico. En esos congresos a que asistiera hubo de oiría para después decir: “ La elocuencia del Doctor Paredes era como la de Guizot: grave pero sin severidad; amena pero sin falsos adornos; y las flores que llevaba no eran nunca las de la oratoria, sino las que producía el pensa­ miento mismo. No tomaba las cuestiones por el lado de la lucha, sino por el lado de la patria... No buscaba agradar sino convencer, y creía haberlo hecho todo, cuando bajaba de la tribuna, después de haber dejado una convicción formada o un principio establecido’ ’ (i). Esas sus grandes virtudes de hombre público lleváronle a que sus colegas de Convención, en el 58 a que me he re­ ferido, se fijaran en él para candidato a la Presidencia Provisional de la Re­ pública. Callan esta candidatura G il Fortoul y González Guinán, pero es lo cierto, y ello lo dice la tradición histórica, acaso más fiel que muchos de nuestros apasionados historiadores, que el 5 de enero del 59, fecha en que se efectuó la elección de Presidente, en sesión de las 12 de la noche, los enemi­ gos de Paredes, partidarios de Julián Castro, valiéranse de sucio ardid de co­ madres para imposibilitar a sus contrarios. Paredes no fue electo, de haberlo sido sabe Dios qué suerte hubiese tenido la República, pero su prestigio no fue del momento, y diez años más tarde, Margarita, tierra que nunca pisó (1)—Cecilio Acosta, Op. Cit. 199 Paredes, pero hasta donde llegó la fama de su nombre, lo presentó a la Re­ pública como candidato a la Primera Magistratura Nacional (2). Un día cualquiera —el 8 de abril de 1880— cayó para siempre. Se alejó súbitamente de la vida, sin que la más leve hoja del camino hubiese manchado la albura apostólica de su túnica. Su cerebro se hundió en la nada irremediable, su labio tribunicio, de donde salió muchas veces el latigazo para el tirano, quedó cárdeno e inmóvil y si al bajarlo al corazón insaciable de la tierra, cualquiera —como lo hizo él años atrás con el cadáver del Dr. Agustín Chipia— lo hubiese gritado mil veces, mil veces el silencio habría respondido a su voz angustiada. Mas algo del individuo no muere con él. En el mundo no parecen sino los anónimos y cuando en el oleaje perpetuo del vivir el hombre consigue para sí un nombre, este nombre habrá de salvarlo del hambre insaciable de la tumba. A su muerte, don José Vicente Núcete escribió: “ Cuando la posteridad abra los anales de Mérida, hallará páginas luminosas en que todo es gloria; y el foco, Paredes” (i). No mentía Núcete, que algo como magnífico luminar ha sido el recuerdo del Dr. Paredes para esta su sociedad natal. Su nombre lo ha sobrevivido y hoy está de nuevo entre nosotros, no en la humana carne, suerte imposible de Lázaros míticos, sino en el mármol hecho alma, en el mármol que es para los grandes hombres el único consuelo de inmortalidad, ante la infinita amargura de la vida, estéril y ardua. En los claustros de esta ilustre y desgraciada Universi­ dad andina regó la miel de su ciencia, su boca fue como oráculo de sabiduría para innúmeros alumnos y hoy vuelve a ella activamente como antes, a ense­ ñar estas nuevas generaciones que se levantan. La taciturnidad del mármol no habrá de impedir que él ocupe de nuevo su sitio de enseñanza, desde la inmovilidad de piedra en que hoy vive, sabrá decirle a las generaciones que se paseen por estos amplios corredores, muchas cosas útiles: de cómo es gran- (2)—En la tarde del 5 de enero del 59, debiéndose realizar tal día a las 12 de la noche, la elección del Presidente de la República, los enemigos de Paredes, con la ayuda que ofrecíales acaso el Gobierno, compraron el servicio de los hoteles de Valencia, logrando a la hora de la comida, servir en las viandas a los diputados partidarios de Paredes, una hierba tóxica que hubo de imposibilitarlos consecuencialmente, para concurrir a la se­ sión de la noche. Los historiadores patrios callan ésto, pero existen aún personas que dan fé de ello. (1)—Artículos Necrológicos ya citados. 200 de el hombre cuando dedica su existencia a la ciencia, al honor, a la Patria y a sus conciudadanos (2). (2)—En este trabajo, el cual emprendimos sin mayor número de datos, en el deseo de corresponder a la honrosa designación que nos hiciere el Dr. Carbonell, no hemos prentendido nunca hacer la biografía del ilustre patricio merideño, obra que habrá de reali­ zar alguien m ás tarde, pues la vida de hombres como éste no debe dejarse nunca en olvi­ do, ya que ella servirá de estímulo y de ejemplo a muchos. Hemos querido únicamente detallar unos de los muchos importantes gestos de Paredes en su vida política, a los cuales unimos algunos datos cronológicos, en espera de que sean útiles al ftituro biógra­ fo. 201 MIREMOS LA HISTORIA EN FUNCION DE PRESENTE Y DE FUTURO () En este momento, más que en cualesquiera otros de mi modesta direc­ ción parlamentaria, siento avivarse mi gratitud para los distinguidos colegas que, por medio de sus votos generosos, me elevaron a la honorificencia de este sitio. Convierto la mirada hacia el pasado glorioso de la Patria, y me siento moralmente sustituto del egregio patricio Don Juan Antonio Rodrí­ guez Domínguez, Presidente del Congreso de las Provincias Unidas de Ve­ nezuela, que en tal día como hoy declararon su independencia de la Corona española y juraron defender la causa de la libertad americana. Y miro con los ojos del recuerdo a la pléyade inmortal de varones que entonces se juntaron, bien lastrados de responsabilidad, para fijar las líneas fundamentales de la República, y en sus sitios de antaño encuentro a los nuevos ciudadanos a quienes corresponde proseguir la obra trascendental de los Padres de la Na­ ción. Si el 5 de julio tiene para los venezolanos una significación genésica, pa­ ra los hombres que nos sentamos en los bancos del parlamento adquiere, además, un valor de encuentro con el propio destino de la Patria. Para no­ sotros esta fecha no es la mera conmemoración festiva del día natal de la Re­ pública. Es el día de nuestra propia fiesta y de nuestro propio examen de conciencia. La República, como entidad moral y como organización de las fuerzas sociales del País, fye fraguada en el seno del Congreso Nacional, bajo el consejo experto y desinteresado de hombres ungidos del encargo de expre­ sar la voluntad del pueblo. Bien se sabían ellos personeros del destino de la Patria y sobre sus hombros sentían el peso de responsabilidad tanta como pa­ ra autorizarles a decir con justeza, por boca de su Presidente y con palabras que, con orgullo hago mías para repetirlas en este nuevo aniversario de la In­ dependencia, cómo “ nuestras facultades son ilimitadas en todo aquello que propenda a la felicidad de nuestros comitentes” . ( ) Palabras en la sesión solemne del Congreso Nacional el 5 de julio de 1945. De Con­ memoración del díanacional, Caracas, Tip. del Comercio, 1945, p. 7-12. 205 Pero, las palabras no son fonemas vagarosos que pueden lanzarse sin previa medición del contenido conceptual que las legitima. Si los Padres de la Patria se sentían poseedores de facultades ilímites en orden a las cosas atigentes a la dicha del pueblo, ello arrancaba de un proceso ético, por medio del cual lograron la certidumbre de estar plasmando el destino de una Na­ ción. Ese tono interior, esa altitud de superación personal que autorizaba a los Congresantes de 1811 para creerse intérpretes de la felicidad del pueblo y que dio contornos definitivos a sus pensamientos y a sus hechos, está recla­ mándolo permanentemente de nosotros la Nación. Nosotros no somos simples sucesores cronológicos de aquellos hombres admirables. Nosotros so­ mos los personeros a quienes la República ha escogido para proseguir la obra de creación inciada en el seno del Congreso memorable que dio a la Patria, con sus definidos lincamientos republicanos, sus primeras normas legislati­ vas. Por ello, este acto, más que función conmemorativa, es el propio en­ cuentro de nuestro deber personal con el destino del pueblo de Venezuela. Mal piensan quienes juzgan que la fábrica de la República está ya concluida y que nosotros somos huéspedes felices a quienes está permitido lucrar con las conquistas de los mayores. La República, de lo contrario, es es­ fuerzo incesante y trabajo sin reposo, que pide de sus constructores una per­ severancia responsable. Y a la cabeza de los mil obreros que trabajan en la consolidación y perfeccionamiento del gran edificio social, estamos nosotros, en grave actitud dirigente, para decir nuestra palabra decisiva en todo lo que se refiera a la suerte de la Patria. Si obscuras épocas hicieron del Congreso Nacional un Cuerpo insufi­ ciente, con la sola misión de dar apariencia funcional a la República, hoy de­ bemos volver nuestro pensamiento hacia la propia edad de su aparición his­ tórica y soldar definitivamente la cadena tradicional que nos hace sucesores de los grandes varones que supieron fundar los estribos de la República. Miremos la historia en función de presente y de futuro. Entre el pasado y la realidad actual no hay posibilidades de distingo. Se trata de la ola cre­ ciente de la sociedad que busca nuevas formas de expresión para sus anhelos de justicia, de libertad y de cultura. Estos actos no están destinados a hacer pinturas laudatorias de persona­ jes antiguos. Estos actos están destinados a dar nueva vida al pensamiento 206 antiguo y siempre nuevo de los hombres. Independencia, justicia y digni­ dad, dijeron ayer en este mismo Congreso los Mirandas y los Roscios, los Ala­ mos y los Paúles, los Pagólas y los Cabreras, los Maneiros y los Peñalveres, e independencia, justicia y dignidad deben decir hoy en el Congreso de Vene­ zuela los hombres que comprendan que aquellas voces no son patrimonio de una historia muerta sino fuerza viva y motriz de una historia de vigencia in­ declinable. Aquí no estamos reunidos para sólo agradecer a los Padres de la Patria su glorioso sacrificio y el aporte de su pensamiento a la formación de las ins­ tituciones nacionales. Aquí estamos reunidos para jurar una vez más la fe de nuestros compromisos históricos con la libertad. Aquí está en nosotros el pueblo de Venezuela, el mismo pueblo que empezó la Independencia en 1811 y que aspira a gustarla en forma definitiva. Aquí estamos ante nuestra propia conciencia de legisladores para examinar nuestro deber frente a las necesidades y mandatos de la Patria y frente a las necesidades y mandatos de un mundo nuevo que pide mayor contenido de humanidad en las normas sociales. Aquí no somos hombres de bandería, ni políticos que miramos al interés de nuestros conceptos diferenciales. Aquí estamos con la vista puesta en la inmortal bandera donde se fraguan los colores fundamentales que son emblema aglutinante de la Patria. Sobre los intereses particulares, consulta­ mos los intereses de la unidad nacional y sobre las disyuntivas de los parti­ dos, colocamos el voto de servir a la democracia venzolana, clamante del de­ sinterés de los ciudadanos y urgida de mayor sentido responsable por parte de quienes tenemos el encargo precioso de velar del destino de la República. No con frases de pulida retórica debemos honrar la memoria de aquéllos que en tal día como hoy declararon solemnemente la Independencia de la Patria. El mejor homenaje a su memoria esclarecida consiste en regular nuestros ac­ tos presente? por los principios de dignidad y responsable patriotismo que informaron su pensamiento creador. No alabarlos como glorias muertas, ni menos aun asombrarnos desde planos de inferioridad personal ante la gran­ deza de sus actos, sino decirles, con fe en nosotros mismos, que sus sitios no están vacíos en los grandes cuadros directivos de la República. Para ello, de­ bemos no sólo hacer nuestros, los ideales que les dan ejemplaridad en el marco vivo de la historia; sino adoptar, para la actitud operante, la misma conducta decisiva y valiente que les Jlevó a las grandes realizaciones de la po­ lítica. Con la mente puesta en la majestad del suceso que conmemoramos, me 207 es por demás honroso el privilegio de abrir esta sesión solemne del Congreso, en la cual llevará la palabra de orden nuestro eminente compañero, el dipu­ tado doctor Rafael Pizani, quien, con la austeridad de su palabra magistral, hará el elogio y ponderará el significado vital de la máxima efemérides de la Patria. Creo, además, interpretar el pensamiento unánime de la representación nacional, al expresar al ciudadano Presidente de la República, aquí presente para honrar nuestra sesión solemne, que el Congreso Nacional siente bien seguros su integridad y sus fueros esenciales al amparo del régimen político que vive la República. En esta era de dignificación democrática, los poderes públicos, desde sus radios privativos, se empeñan por elevar la noción dife ren Ja l de sus funciones y buscan de coincidir armónicamente en la obra co­ mún de servir a una Patria que será tanto más grande cuanto mayores sean la altitud moral de sus ciudadanos y la dignidad de los organismos que tienen el encargo de servirla. Usted, ciudadano Presidente, debe a la vez sentirse más honrado en el prestigio de la magistratura, cuando ve que su gobierno tiene el apoyo franco de un parlamento que se sabe responsable de la misión histórica que le cumple en estos decisivos momentos de la República y que ha hecho del respeto a su propia dignidad de cuerpo una consigna insosla­ yable. Con esa consigna, el Congreso de 1945 considera que rinde justo ho­ menaje a sus antecesores de 1811. Con la dignidad de sus actos de hoy, los senadores y diputados de la República procuran que no estén vacíos los si­ tios que honraron ayer los Padres de la Patria. Señores!. 208 LA HORA ACTUAL MARCA UN NUEVO ACENTO A NUESTRO DEBER SOCIAL () Honor inmerecido habéis querido ofrecer a un modesto estudiante de historia americana. Sin títulos justificativos de la largueza del homenaje que me hace Socio Honorario de esta flamante institución, lo recibo, en cambio, como cordial tributo que la fraternidad costarricense quiere rendir en mi persona y en las muy ilustres de Monseñor Navarro y de Vicente Lecuna, a la Academia de la Historia de Venezuela, en cuyo seno ocupo humilde sitio por el favor de quienes quisieron prematuramente dar aliento a mis escasos esfuerzos en la investigación de nuestros anales. Cuando callan las manifestaciones del pensamiento en el plano de la realidad social, se abren, por reverso, como remanso de paz y murada ciudadela para la inquietud del espíritu, los anchos y pacíficos campos del pasado, libres de las miradas contumeliosas de la política. En su ensayo sobre Tito Livio enlaza Taine el progreso de la literatura histórica en aquella edad roma­ na, con el silencio que a las voces libres habían impuesto la ruina de la Re­ pública y la violenta aparición de los Césares. La musa que no halla presente la libertad para cantarla, se acoge a la evocación de los tiempos, para mante­ ner el recuerdo de las grandes virtudes de aquéllos que otrora silpieron de­ fenderla. Si en verdad la gesta de la Independencia venezolana, cuyo propio re­ mate fue la Independencia de Sur América, constituye un áureo filón inaca­ bable para el estudioso de historia, también es cierto que nuestros ya pasa­ dos sistemas de minoridad política servían de valla a experiencias intelec­ tuales que preferentemente debieron encaminarse a realizaciones sobre el suelo social. Esto explica que nuestro medio fuera por demás propicio a las investigaciones del pasado, y que nuestra intelectualidad, desoyendo () Palabras como Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario de Venezuela en Panam á y Centro América, al ser recibido como socio honorario de la Sociedad de Geografía e Historia de Costa Rica. San José, 26 de marzo de 1941. 211 muchas vcccs las propias condiciones temperamentales, se diera con fervor al examen de aquellos hechos que no rozaran sino mediatamente, al través de la causación y del contraste, con la realidad que afloraba en forma de barrera para la libre expresión del pensamiento. En cambio, la hora actual marca un nuevo acento a nuestro deber so­ cial. Si bien seguimos oyendo las lecciones de la historia como capaces, des­ de un punto de vista objetivo, de modificar nuestros mismos juicios presen­ tes, la realidad nos obliga a obrar libremente, no como investigadores del pasado, sino como constructores de una historia que habrá de pedir razón y cuenta de nuestros hechos de hoy. Este concepto dinámico de realidad operante da.'una significación de ámbito mora! a los estudios históricos. A los rígidos ^moldes de la eurística sustituye un vuelo de alas que lleva el pensamiento a enfrentarse consigo mismo, en un proceso dialéctico del cual surja la síntesis guiadora. Viendo hacia el pasado para hacer nuestro balance contradictorio con el tiempo y medir así los errores y los aciertos de nuestros antepasados, logramos posibili­ dades de mejor estructurar la obra en que hoy estamos comprometidos. La justicia del ayer lleva a mirar hacia el juicio futuro que merezcan nuestros ac­ tos. La gloria del pasado compromete las acciones presentes y nos obliga im­ perativamente a no vivir de prestigios que se rigidizaron sobre un fondo de tiempo. Nuestra libertad no está garantizada por la espada inmóvil del héroe hecho bronce en las estatuas, donde parece anquilosarse la historia de viejo tipo romántico. Nuestra libertad necesitamos ganárnosla diariamente, por el esfuerzo constante que sumemos al que realizaron las pasadas generaciones. Como el pan que pedimos al Padre cada día, sin acudir a las reservas de quienes pudieron por nosotros trabajar, la libertad debí ser ganada con es­ fuerzo presente, debe estar húmeda del sudor de la hora que vivimos. La historia resulta desde esta dual posición como un examen de con­ ciencia y como un acto de fe en nuestros destinos de hombres, obligados a dignificar y mejorar los tesoros de la tradición que formaron nuestros Padres. Examen de conciencia y acto de fe como en las prácticas penitenciales, que ponen de resalto su profundo sentido religioso. Porque la historia es una prolongada meditación sobre la suerte del espíritu que informa la cultura. Estas razones me permiten decir que hoy en mi Patria, como en esta 212 Patria vuestra y como en todo pueblo consciente de su destino, la historia se está haciendo, no sólo entre la polilla de vetustos anaqueles, sino en plena calle llena de sol y movimiento, por hombres que libran la batalla civil, que conduce a la exaltación de los ideales de justicia y libertad que Dios ha pro­ puesto como estímulo en nuestra carrera hacia lo perfecto e infinito. En tal labor de realizaciones sociales nos junta el imperativo de nuestro común deber de pueblos libres, obligados a la guarda y acrecentamiento del patrimonio de dignidad que labraron heroicamente nuestros mayores. Marcharon ellos unidos, no sólo desde los tiempos gloriosos y ya idos para siempre de la vieja España imperial, cuando un Vásquez de Coronado, con el prestigio de su rancio solar, venía a poblar a Costa Rica y otro Vásquez de Coronado, su sobrino, iba a poblar en Venezuela mi nativa ciudad de Trujillo, y cuando (¿por qué negarlo?) en el fondo de los barcos negreros venían aherrojados como carga de dolor y de impiedad, los esclavos africanos que sumaron después su empuje y su valor para la formación del fornido mesti­ zaje americano, sino también desde los siglos sin anales en que las culturas precolombinas de Centro América se extendieron como marea vivificante, hasta las empinadas cimas de mis Andes venezolanos, para dejar en el barro iluminado de su cacharrería el símbolo augural de nuestro conjunto destino. Esta fusión de razas, de dolores y de esperanzas que es nuestro conti­ nente, debe empujarnos a la estructuración del gran ideal americano de Bo­ lívar, el visionario que permanece firme en todos los caminos, así se le niegue, se le traicione o se le posponga, hoy lo mismo que ayer, ya que es es­ ta condición esencial de la verdadera gloria. Entre las palmas del Domingo del triunfo popular y el aleluya de la Pascua, es necesario a todo Redentor un Viernes Santo. Bolívar aún escucha el rugido maldiciente de los doctores de la ley, el cuchicheo de los testigos falsos y la culpable complacencia de los que obran sin medir la responsabilidad de sus propios actos. No podía, señores, terminar sin esta cita del Padre de mi Patria, al evo­ car los destinos de nuestra América, que él quiso una y fuerte, sin más fron­ teras que las anchas playas de sus mares, fecundos de caminos para comuni­ car nuestra pujanza y nuestro espíritu a los hombres, por el odio, cansados, del viejo mundo. Qué bellas páginas de historia podrían escribir mañana nuestros hijos, si esta generación de encrucijada endilgara sus esfuerzos hacia la realización de la justicia porque claman, con voces sin respuestas, los 213 hombres que caen vencidos ante el bárbaro empuje de la fuerza que busca de quebrar las tablas de nuestros valores morales. Recibid, señores, el testimonio de mi cabal reconocimiento por el sin­ gular honor conque vuestra munificencia ha querido condecorar a quien só­ lo tiene el derecho de pediros que le paguéis con la misma moneda de cariño el mucho que profesa a esta privilegiada porción de nuestra gran Patria americana... Señores. 214 TRIUNFO Y TRAGEDIA DEL LIBERTADOR () SEÑORES: Al cultivado espíritu celo americanista del distinguido intelectual hon­ dureno, Lic. don Luis Suárez, Director de la Radiodifusora «La Voz del Tró­ pico», debemos la grata oportunidad de este expresivo homenaje al Liberta­ dor, en que me cabe el alto honor de alternar con la palabra autorizada de los Excmos. Señores Ministros de Guatemala, El Salvador y Nicaragua y del muy digno Señor Representante del Ministerio de Educación Pública de Cos­ ta Rica, quienes unen sus voces de personeros de la noble patria ístmica para rendir cálido tributo de admiración a aquél que puede llamarse en plenitud de justicia el Primer Ciudadano de la ideal Patria Americana. Porque no es la gloria sola del guerrero que luchó cual ningún otro por consolidar la Inde­ pendencia de la América española, ni tampoco el prestigio sin par del le­ gislador que echó las bases de cinco nacionalidades americanas, lo que nutre las raíces del árbol opimo del bolivarismo, que cubre con suave sombra el ideal de los pueblos jóvenes de aquende el Atlántico. Se acude a Bolívar, cuando se trata de abrir senderos hacia la compresión de nuestras varias co­ lectividades, porque él integró en la hora plenaria de nuestra América, el apostolado filosófico de la unión de los pueblos recién salidos de la medieval matriz de la Colonia, y consustanció, a la par, la idea democrática, que es y será, pesia el vaivén de la curva histórica de los estados americanos, el sustratum de nuestra libre existencia republicana. Para la realización del máximo ideal unitivo de la América, por medio de un acoplamiento de pueblos que conjunten sus intereses, en orden a mantener la paz y la libertad del Nuevo Mundo, y el cual ha expuesto en for- ( ) Palabras como Encargado de Negocios de Venezuela en el homenaje promovido por la Radiodifusora «L a Voz del Trópico» de San Juan de Costa Rica, el día del Liberta­ dor. San José, Costa Rica, Imp. Lehmann, 1938. 217 ma sobria y brillante el Excmo. Sr. Ministro de Guatemala, Lic. don Alfonso Carrillo, Bolívar, utilizando el ímpetu de nuestro levantisco atavismo hispá­ nico, labró de previo en el espíritu de las multitudes integrantes de aquéllos, la necesaria fisonomía democrática que condujera, por medio de una síntesis armónica, a la idea esencial de la igualdad de las naciones americanas. Profesó el Libertador principios de filosofía social que resisten con brillo la revisión impuesta por el tiempo y reclamada por la varia orientación que sufren los métodos políticos enderezados al logro de la felicidad humana. Para que los pueblos gozasen la «gloria de vivir en el movimiento de la liberdad», norte de su vida de guerrero y de filósofo, Bolívar consultó la historia y oteó las profundidades del espíritu colectivo. Sociólogo, indagó las leyes que presidieron la formación de las naciones; pensador sutil, hizo la crítica de los sistemas aplicados al gobierno de éstas: legislador, buscó la fórmula jurídica que fuese poderosa de solventar los contrastes que surgen en la aplicación de principios antinómicos, obedientes, a pesar de las contrarias finalidades, a profundas razones de naturaleza. El no descuidó el carácter paradojal de la democracia: igualdad en lo facultativo de ser los hombres desiguales, igual­ dad en el derecho de perfeccionar, por medio de la «educación, la industria, las artes, los servicios, las virtudes,» lo que físicamente pueda ser desemejan­ te. Fue la suya, como se aprende en el Discurso de Angostura, democracia congruente con las categorías resultantes del ejercicio social de esa misma li­ bertad desigualadora. Al revisar su ideario, para ubicarlo en el grado corres­ pondiente de la gran curva de la cultura, hallamos sus líneas generales, fres­ cas y al día en lo que dice al derecho de los hombres libres. Enemigo de la demagogia, que conduce a la nulificación de la dignidad individual, sus ideas las repite en esta hora de crisis de la democracia universal, uno de sus más constantes defensores. Es Tomás Mann quien proclama que «la verdade­ ra democracia no puede estar nunca carente de cierto elemento de aristocra­ cia, pero de aristocracia no tomada en el sentido del nacimiento y del privile­ gio, sino de aristocracia del espíritu». Tal el módulo que distinguió la obra político-filosófica de Bolívar. Hizo suyo el dogma clásico de la perfectibili­ dad del género humano, y dejó descansar en el grado de perfección obteni­ do, la única fuerza que desigualara a los hombres. La consustanciación del Libertador con este dùplice carácter de la de­ mocracia, constituye el triunfo y la tragedia de su vida. El fue la Revolución, pero la Revolución superó sus fuerzas. Buscó para los ciudadanos de Colom­ bia la Grande, y para todos los hijos del continente colombino, según lo 218 expresa en su discurso admirable, «la gloria de vivir en el movimiento de la libertad», mas la Revolución, que no sigue el cauce en que se mueve el sose­ gado espíritu de los filósofos, rompiendo los canales de lo racional y sin que intentasen ninguna nueva y legítima conquista social, preparó, tal como él lo ha­ bía previsto, el descenso de la libertad a la tiranía, que en los últimos años de Colombia, por copia de abusos y Ucencias, culminó en lo demagógico, con amenaza de destruir las instituciones Ubres. Cansado de luchar contra los enemigos de la Independencia de América, ahora lucha contra los veteranos que se han tornado en enemigos de la «suprema Ubertad social», amenazada de muerte, tanto cuando se sella por el autoritarismo personalista la racional expansión de la individualidad, como al dejar sin medida el ejercicio de los derechos personales. No son ya las dianas de Carabobo y de Junín quienes arrullan sus vigilias desoladas; ni es la carrera homérica sobre el potro guerre­ ro, a cuyo ímpetu va dibujando la geografía del Nuevo Mundo; ni menos aún el demonio interior que se expande al través de la fe basáltica de Casacoima y Pativilca; son, en cambio, las desemejables voces de aquéllos que pi­ den la ruptura de los diques donde se contienen las avenidas de las aguas, sobre las cuales navega a sus anchas, empujada de ásperos vientos, la nave desmantelada de las discordias intestinas. Sus noches, que debieran ser de blando descanso, las interrumpe el silbo aleve de la infeliz intriga; se oye cuchichear entre las sombras que aquéllos que temen la autoridad que pre­ venga a la tormenta; se le calumnia de tirano y de déspota y se ultraja su dig­ nidad austera de Padre de la Patria, hasta obUgarle exclamar ante los Repre­ sentantes de Colombia, con palabras informadas del dolor y la desesperanza, en el propio momento en que se desviste la clámide del Magistrado; «No es­ cuchéis, os ruego, la vil calumnia ni la torpe codicia, que por todas partes agitan la discordia.. .No seáis los asesinos de la Patria y vuestros propios ver­ dugos». Raíz y fuerza del triunfo y la tragedia bolivariana fue esa límpida no­ ción suya de lo que son la Ubertad y la democracia, como esencia de la vida cívica, pero libertad y democracia que, sin anular los legítimos derechos de la personaUdad humana y moviéndose en armonía con la sistemática requerida para su propia vitalidad, permitan, al amparo del Estado y de su poder racionaUzador, el juego natural de los individuos en el seno de la justicia so­ cial. Ningún mortal las amó tanto como Bolívar, capaz de «arrostrarlo todo, porque la anarquía no las reemplace». En sus vigiUas sin límites, durante las frías y largas noches de Santa Fe, acaso buscara aUvio en la lectura de sus 219 autores favoritos. Montesquieu está abierto siempre sobre su mesa de traba­ jo, sostenidas por las despabiladeras las ágiles hojas proféticas. El visionario arrima hacia el circulo de luz de la candela parpadeante, las páginas que tienen, sobre el pensamiento del filósofo, la huella humana de las prolonga­ das consultas, y al acaso tropieza con la sentencia de Eucrates en los «Diálogos de Sylla»: «Los Dioses que han dado a la mayoría de los mortales una ruin ambición han juntado tantas desgracias a la libertad como a la ser­ vidumbre, pero cualquiera que sea el precio de esta noble libertad, es nece­ sario pagarlo a los Dioses». Bolívar no puede estar exento de cancelar tal deuda; él es el profeta de la nueva vida de América; él ha sacrificado la flor de sus años y la placidez de una vida burguesa, a la noble causa de hacer libres a los antiguos colonos españoles y de unirlos en una gran confedera­ ción de Estados; él ha enseñado con verbo maravilloso que aquél no es hombre a quien falta el ejercicio de la libertad, hasta hacer emblema de su vida, como exergo trágico, la divisa de «Libertador o muerto». El debe pagar la deuda de los Dioses, y en la noche desvelada, degustando la amargura que embarga su espíritu inmenso y compenetrado de que «difícilmente los mor­ tales reconocen al hombre puro», acepta, como responsabilidad inseparable de su destino de Padre de pueblos, el propio ultraje a la calumnia vil, y guiado acaso por su avizora visión augural, contempla el porvenir de nuestros pueblos y entiende entonces, con dolor desmesurado, mayor aún que el pre­ sagio de la soledad San Pedro Alejandrino, cómo llegaría para nuestra Amé­ rica la hora infeliz en que su nombre glorioso de Libertador, fuera invocado por los apóstoles de la inverecundia y por los desertores de la justicia, como escudo que amparase a los enemigos de la libertad y del sosiego del espíritu. Y ese voto secreto, que pudiera decirse su alianza con las generaciones futuras, corresponde a los hijos de América vivirlo y animarlo con todo el sentido realístico de lo bolivariano: debemos a los Dioses un tributo colecti­ vo por la libertad; estamos obligados, cual estuvieron nuestros Padres, a de­ fender el decoro y el vigor de la heredada democracia, por su fragilidad urgi­ da, según Renán, de un diario plebiscito, y cuya idea fundamental es el hombre como fin político en si mismo, el hombre en la plenitud de sus atri­ butos esenciales, que, saltando sobre viejas técnicas jurídicas y para anchar el ejercicio de sus privilegios inmanentes, ha hecho ya, conforme al hermoso decir de Politis, su aparición en el forum del Derecho Internacional. Para la racional efectividad de esos derechos, quiso Bolívar que se unieran los pueblos de América en una vasta democracia de naciones, que garantice la 220 paz y la justicia en nuestro continente, cuna ayer y, a pesar de largas noches sin estrellas, abrigo siempre de la Libertad. ■ RECUERDO DE AYACUCHO... UNA RELIQUIA DEL LIBERTADOR EN CENTROAMERICA () Doctor Fació: Estimo como uno de los momentos más de mi misión en Costa Rica éste en que recibo de usted la Medalla que «el Perú restaurado en Ayacucho», ofreció como prenda la gratitud al Libertador. Fue conservada esa joya, de inestimable mérito, entre los más gratos te­ soros de la ilustre familia Fació, cuyo fundador en América prestó valioso apoyo a la obra portentosa de la libertad de Nuevo Mundo, y para el cual só­ lo pidió de recompensa que fueran reconocidos sus servicios como pequeño aporte a la causa de la Humanidad y la Justicia. Cargado de laureles regresaba del Sur el Libertador, y ante el acto mag­ nífico de desprendimiento del egregio patricio, que se adelantó a la fama de usted y a la fama de su padre, el inolvidable don Justo Fació, en la obra de dar lustre a su apellido, no halló por testimonio mejor para perpetuar su reco­ nocimiento, que la propia joya que en su pecho de capitán de la Libertad ha­ bía colocado la gratitud del pueblo peruano, recién salido del abismo a don­ de fue lanzado por las luchas entre bastardos y anárquicos intereses que ha­ bían hecho nugatoria la obra inicial de San Martín. Consecuente U., con la tradición de desprendimiento que fundó su be­ nemérito antecesor, se deshace hoy de esta reliquia invalorable para que vaya ella a juntarse, en el Museo donde mi Patria conserva con filial veneración las prendas que pertenecieron al Libertador, con la espada que el Perú ofreció a quien le dio Libertad e Independencia. Bien estarán en grata intimidad am- ( ) PA LA BRAS del doctor Mario Briceño Iragorry, Encargado de Negocios de Vene­ zuela en Centroamérica, por las que agradece, a nombre del Gobierno de su país, una va­ liosa donación. 225 bas joyas. Al esplendor de los brillantes que delatan la magnitud del recono­ cimiento, se sumará la timidez de los orientes de estas perlas; al dolor de la piedra que se concreta en maravillosa síntesis iridiscente, hará para el dolor surgido del fondo de las aguas en el milagro lilial de la perla nobilísima; eran la roca abrupta y la inquieta onda marina, acordes con los hombres en aquella hora ejemplar del mundo, cuando en Europa la voz de Lord Byron aquietaba a los espíritus que habían sufrido el vendaval de Napoleón, quienes enviaban sus ofrendas a aquél que batalló sin descanso por ver rea­ lizada en nuestra América la obra portentosa de la Libertad y lajusticia, por­ que aún claman confundidos ante la eterna maldad de los hombres, las na­ ciones y los individuos. Murió en espacio reducido el aplauso frenético y se deshojaron «así como enjambre vistoso de abejas de gloria», para evocar la mura amable de Don Justo, los laureles y laS rosas conque fue coronada la frente del héroe sin par, más perlas y diamantes, en su éxtasis de luz, sigue diciendo, cual si les diese el dolor de donde nacen dignidad de voz humana, cómo es grato honrar a quien sirvió con desprendimiento ejemplar la única causa que debiera poner inquietud en el cerebro y el músculo de los hombres: la causa sagrada del hombre libre. En nombre de mi Gobierno y en el mío propio, me es sobrado placente­ ro expresar a U., doctor Fació, el más profundo agradecimiento por esta inapreciable donación conque la familia de U. enriquece los tesoros de nuestro Museo Bolivariano y que me da particularmente la grata emoción de este momento inolvidable; agradecimiento que por un indeclinable deber, en exuemo grato, hago extensivo a mi querido amigo, el ilustre costarricense don Manuel Francisco Jiménez, quien con ejemplar devoción bolivariana se dio a la obra de identificar sobre documentos incuestionables la autenticidad de la histórica Medalla. Al gratísimo recuerdo que siempre guardaré del ho­ gar gentil y acogedor del Licenciado Jiménez y su encantadora esposa, se agre­ ga de manera espléndida el de esta hora en que, reunidos felizmente en él, recibo de manos de U ., para llevarla en su nombre a mi Patria, esta reliquia que recuerda la gratitud de un pueblo a quien le dio la Libertad y la gratitud del Libertador para quien puso su fortuna y su entusiasmo al servicio de la Libertad. 226 MARIA, CARACAS Y LA UNIDAD DE LA PATRIA () Para hacerse digno de pronunciar palabras dirigidas a la gloria de Aquel a quien había visto en milagrosa forma, Isaías logró la gracia de que el Angel de Dios purificase con fuego sagrado sus labios pecadores. ¿Dónde el carbón encendido que limpie las humanas impurezas de mi boca, cuando he de ala­ bar el nombre inefable de María y he de poner en resalto su presencia bené­ fica en las páginas gloriosas de la Historia de la Patria? ¿Por dónde a mí la honra de participar con mi oscura palabra en el piadoso e ilustre Congreso destinado a exaltar a la Madre de Dios, cuando se celebra el III Centenario de su milagrosa aparición a indígena rebelde, que resitía las luces de la fe cris­ tiana?... No diré que a sola la generosidad de ilustre Obispo amigo deba el privilegio de ocupar sitio reservado al verbo de egregios varones vestidos de la autoridad de la virtud y del saber cristianos. Razón que escuda mi flaca presencia en la apoteosis de la Reina de los Cielos, la encuentro fácil con de­ cir que para alabar a Aquélla, no han de escucharse solamente las voces seve­ ras de los sabios y los santos y la plegaria tierna de vírgenes espíritus. El hombre caído, el hombre que tiene la dolorosa experiencia del pecado, debe también levantar su voz estremecida, por idóneo testimonio de la fuerza mi­ sericordiosa de María. Desde la edad apostólica, cuando Cristo mismo predicaba a los discípu­ los, junto a la fe inmoble y violenta de Andrés, convivía la incrédula obstina­ ción de Tomás, y a la par de la fiel dulzura de Juan, caminaba la insistente negación de Pedro. Para definir el sentido reparador de la nueva moral, Jesús incluyó en el pequeño círculo de mujeres que acompañaban a María, a la arrepentida Magdalena, una vez limpio con lágrimas de fuego el reato de sus culpas. No encarnó, tampoco, el Verbo para venir a pasarla con los Santos, que ángeles sin número tenía en el Cielo a su servicio; vino, en cambio, a ( ) Texto del discurso de Clausura del III Congreso Mariano Nacional, celebrado ei. Barquisimeto el 10-IX-MCMLII 229 buscar comercio con almas necesitadas de remedio. Además, la casa de María no es fragante jardín murado, donde sólo penetran, a través de severa porte­ ría, almas vestidas de los angélicos ornamentos que las distinguen por invita­ das a las nupcias espirituales. María, de lo contrario, a la puerta sin aldabas de generosa hospedería, está diciendo a los transeúntes enfermos y desnudos cómo son excelentes las medicinas y los manjares y cómo son de ricos los ata­ víos que regala sin precio el doctor de las Almas. Mediadora de la gracia, ella toma el sitio de Abigaíl cuando precisan ra­ zones para desarmar la justa cólera de David. Más cercana a la humanidad dolorosa, sirve de permanente vínculo entre el mundo caído y la divinidad inefable, y cuando de la sombría conciencia del hombre tomado por la culpa ha desaparecido toda huella de fe religiosa, queda, sin embargo, oculta aún con calor, siquiera mortecino, la ceniza del Ave María. Con la triste expe­ riencia de una vida llena de dolor, de debilidad y de vicio, lo dijo un gran poeta de nuestra América: «Si en la juventud los poetas ateos borran de su espíritu la definición de Dios, siguen, en cambio, creyendo en los Angeles y en María Santísima». Díjolo así poeta de alto numen, que a pesar de haber defendido ciertos valores del espíritu, no tuvo fuerza para luchar por su pro­ pia salvación. Cuando Jesús dio comienzo a su vida de milagros, aparece en la acción unido con María. En las bodas de Canaan el maestresala sufre la angustia de los odres vacíos. Ya no queda vino para la fiesta nupcial. Unas bodas sin abundancia de vino son el sonrojo del esposo. María intuye la tortura del ser­ vidor, y suavemente se acerca al oído del Hijo para decirle: «No tienen vi­ no.» Luego, los invitados regustan los mostos de vides milagrosas, derrama­ dos por invisibles ángeles sobre el agua insípida de las agotadas ánforas. Se abre la vida pública de Jesús con las palabras de María que pide vino. María, en el drama del Evangelio, comienza, como Madre del Señor, por solicitar socorro para el necesitado. María impetra la generosidad del Hijo hacia quien tiene exhaustas las cántaras. Su misión es pedir. Su fino oído está pen­ diente de la voz pedigüeña. Los ángeles y los santos son sus mejores amigos, pero son tantos los pecadores que han visto repletos de deliciosos néctares los odres antaño vacíos del espíritu, que en la glorificación de la gran Reina tiene sitio obligado el sordo metal de voces recordatorias de la complacencia que a María proporcionan los pecadores que la invocan. No estarán, señores, colmos mis odres para invitar a una gran fiesta, pe­ 230 ro, cuando pareciéronme más enjutos, María, invocada por mí en la soledad apretada de mi noche de pecado, dejó caer en ellos la gota de amor que re­ mozó viejos mostos y dio nueva vida a mi espíritu sin fe. Para la gran fiesta que la Patria le consagra en estos días —llamados a figurar con singular claridad en la historia de nuestra cultura religiosa—, bien está, pues, que aporte yo también el cántaro modesto donde, si no el Rancio y el Falerno que enri­ quecen la despensa de los privilegiados, al menos se guarda el vino claro de la gratitud hacia la que hizo el milagroso despejo de las tinieblas antiguas. No se me ha traído, tampoco, a este sitio de preeminencia para cantar las virtudes de María en el orden de la redención del género humano, ni para alabarla como Madre de Dios, ni para exaltar las claras tinieblas de sus dog­ mas. He venido, con mis modestos arreos de historiador, sólo a recordar lo que bien sabido se tienen quienes han ahondado en los anales de la Patria. La Historia del cielo la trocaré con Historia de la tierra. Nada diré de los deli­ quios de María cuando holgaba ante la presencia del Creador que sacaba los mundos del caos y ponía en equilibrio los manantiales de las aguas. La pre­ destinación de María, como deshacedora de la culpa de Eva, es tema reserva­ do a quienes puedan traducir a la lengua común de los hijos de los hombres el lenguaje secreto de los ángeles. En cambio, la predestinación de nuestra tierra para asiento de una cultura cristiana y para hogar permanente de hombres dignos y libres, está enlazada a hechos que se explican sin el arrimo forzado de las divinas letras. Más valedera la apreciación en el campo de las artes plásticas que en el área de la genuina realidad religiosa, se ha dicho que la mística de Oriente fue la mística de la Resurrección, mientras en Occidente el patetismo del hecho religioso buscó como centro de mayor interés ascético el drama de la Crucifixión. La alegría del triunfo ocuparía por ello en el proceso meditati­ vo del santo y del monje occidentales un sitio menor que el consagrado a la vía dolorosa que tiene su climax radiante en la tragedia del Calvario. De ro­ dillas, sobre el áspero montículo de gólgotas ideales, el hombre europeo que siguió la agonía de Jesús y armonizó los trenos del Stabat Mater, para acom­ pañar a María en su inenarrable dolor, escuchó, también, las palabras del Redentor cuando confiaba a la Madre la protección del género humano. Sin esperar el anuncio de la Resurrección, los hijos de los hombres vieron en María su puerta de esperanza. En el testamento de Jesús, ella ha recibido la mejor parte. Según la ley de los hombres, era ella la única heredera. La Iglesia, los 231 Sacramentos, la Llave de los Gelos, han sido entregados a los Apóstoles. Ma­ ría recibió las almas. A María se confió el dolor de los hombres. Estos saben que para ver el rostro de Jesús iluminado por los resplandores de la Resurrec­ ción, María ha de enjugar previamente las lágrimas que enturbian la mirada de los hijos del pecado. España, en especial, fue privilegiada por la gracia de una viva devoción mañana, con raíces en los propios días de la presencia de Santiago en suelo hispánico. Toda la Historia cristiana de la Península está vinculada de algún modo al culto de María. Cuando la Virgen de Zaragoza era festejada en todo su esplendor el año de gracia de 1942, llegaba a playas americanas la carabela de Colón, puesta bajo el patrocinio de Santa María y salida de Palos después de haber velado brújula y bauprés en las vísperas de Nuestra Señora de las Nieves. Stella maris, lumbre de los nautas, tenía por fuerza que ser invocada María por los hombres impávidos que se aventuraban a descorrer las tinieblas del mar desconocido. El viaje del gran Almirante discurrió entre dos fechas marianas, que hicieron mirar a los Reyes Católicos como fruto de la interce­ sión de María el éxito feliz de la jornada. Por ello, cuando arribaron a los puertos de España los primeros panes fulgurantes del oro extraídos por los conquistadores de la entraña generosa de nuestro continente, fueron remiti­ dos de inmediato a Roma —cabeza visible de la cristiandad— para iluminar con sus ricos destellos los muros y los cimborios de Santa María la Mayor, donde se venera a la Virgen como Reina de las Nieves. La exuberante geografía que fue surgiendo ante los ojos de Colón se tor­ nó en geografía mariana. Al océano que sosegó en la playa para el tranquilo arribo de sus naves lo nombró Mar de Nuestra Señora; en Haití bautizó un golfo con el nombre de María; más allá invocó a la Virgen en el misterio de su Imaculada Concepción para designar una rada placentera. Colón daba un valor penitente a las vísperas festivas. No salió de Palos, en su primer viaje, el 5 de agosto. Prefirió anticiparse para celebrar en alta mar la refrescante festi­ vidad de las Nieves. El I o de agosto de 1948 tocó en su tercer viaje tierra de Venezuela. Al día siguiente festaja la Iglesia a Nuestra Señora de los Ange­ les. Ya en nuestro mundo venezolano, el Almirante recuerda su cordón de terciario franciscano, y en el jubileo de la Porciúncula, frente a tierra que mi­ ra como la «más hermosa del mundo», no encuentra para ella nombre mejor que el de Tierra de Gracia. Con el nombre dulce de María en labios de su Descubridor y con atina­ 232 do bautizo que invoca sus gracias infinitas, surge nuestra Patria a los planos de la Historia. Llena de Gracia llamó a María el Angel cuando anuncióle la maternidad divina. Colón, como el Angel, contempló también la gracia sobre la tierra verde y alegre que henchía de esperanza su corazón alucinado. Mujer de la Gracia es el tratamiento que da a María el mensajero de la Anun­ ciación. Ella misma es toda Gracia. Ella es la Gracia. Ahora, quien siente que María es eje del mundo que surge de los mares, le consagra la gracia de la tierra descubierta. Ella fue en los principios testigo de la voz de Dios que señalaba confines a las aguas. Desde entonces había visto ella el horizonte es­ peranzado de nuestras tierras. Tierra de María. Tierra de Gracia. Y cae cabal el nombre. Antes, el Almirante sólo había dado con el mundo risueño de las islas del Caribe. Ahora, las anclas de sus expertas carabelas surgen en tierra firme. En la Tierra de Gracia comienza el continente americano. En él viene a tomar nuevo y ancho espacio la vieja cultura que tiene por signo beneméri­ to la Cruz de Cristo. Aventura comercial y política, la Conquista del Nuevo Mundo es tam­ bién una Cruzada. Europa, a la voz de Pedro el Ermitaño, se había volcado hacia el Oriente en busca del Sepulcro del Salvador. España desde Covadonga había sido una permanente Cruzada por liberar a la Península de la pre­ sencia del invasor agareno. Ahora el mundo tiene una nueva dimensión geo­ gráfica, y hacia las recién aparecidas Indias occidentales emproa la vieja con­ ciencia conquistadora del Reino de Cristo. Si Europa tiene un fornido valor actualista en el orden del mundo, en América está el futuro del Reino, agrandado en horizontes que se confunden con las playas inefables hacia donde, con Cristo por piloto, vuelan las naves del espíritu. Ya no será po­ sible recuperar el Sepulcro de Jerusalén para una cristiandad realista, que busca huellas materiales de la vida mortal de Jesús; tampoco se podrán ganar los caminos de leyenda por donde se va a los secretos montes que guardan el Santo Graal. No se busca ahora ni sepulcros, ni cálices vacíos. La rosa de ma­ rear ha marcado otros rumbos a los argonautas de Cristo, y en el mundo nuevo los misioneros tendrán anchos mares donde lanzar las redes siempre exhaustas de los viejos Apóstoles. Para tejer estas redes ha meditado, ha so­ ñado, ha llorado, ha sangrado, ha agonizado durante quince siglos la con­ ciencia religiosa de España. Hagamos una pausa, señores y pensemos en lo que a España sin tiempo, sin marco, sin política, debe nuestro mundo ame­ ricano. La conquista de América no sólo coincidió con el triunfo de la España 233 católica sobre la España musulmana; a poco de descubierto nuestro conti­ nente, el mapa espiritual de la cristiandad europea se escindió en dos gran­ des bloques, que definen el curso de la nueva política de las naciones. El cis­ ma de Occidente inició una larga lucha entre quienes prosiguieron en la legí­ tima obediencia a la Cátedra de Pedro y los que, guiados de una viciosa apli­ cación de la libertad de conciencia, convirtieron la Reforma en convulso campo, donde todos los días se abría la flor de un nuevo sofisma herético. España, en cambio, permaneció inconmovible, a pesar de las brisas heterodo­ xas que tocaron a los firmes muros de las universidades y conventos, y que lograron, a despacho de la fe nacional, plantar efímeras iglesias en Sevilla y en Valladolid. Esa consistencia religiosa del español vino, junto con su vo­ luntad de señorío, en el pecho y en las manos de quienes portaban los pen­ dones conque se daba lincamiento al nuevo imperio. El repudio que los reformados tuvieron para los aún no definidos dog­ mas marianos y, en general, para toda expresión de culto a María, levantó por contrapartida el tono de la devoción hispánica para la Madre de Dios. La contrarreforma tiene, por ello, un profundo signo hiperdúlico, y éste vino, por distingo de conciencia, a extenderse en la nueva España americana, co­ mo vino, a la inversa, a tomar impulso en la Nueva Inglaterra el odio lutera­ no y calvinista contra los rancios valores y contra los crecientes progresos del mundo español. Cuando empiezan a fundarse nuestras ciudades, las advocaciones de María Santísima se toman por nombre de las nuevas comunidades. Marcelo de Villalobos llama La Asunción a la afortunada ciudad que funda como ca­ beza de su gobierno en la primorosa isla de Margarita; Juan de Carvajal, así tenga de bronce el corazón, guarda en él una ceniza devota que le hace dar el nombre de Pura y Limpia Concepción a la ciudad de El Tocuyo; la Nueva Valencia luce en su heráldica las alas del Arcángel que anunció a María el misterio de la Encarnación del Verbo; Trujillo no sosiega en su ambulancia hasta tanto sus pobladores invocan el patrocinio de María bajo la advocación, hoy tan sentido por los hombres, de Nuestra Señora de la Paz; y esta afortu­ nada dudad de Nueva Segovia, que recoge con garbo la falda pespunteada de siglos, para inclinarse ante la Patrona de Venezuela, que viene a presidir la fiesta de sus cuatrocientos años, tiénela de protectora bajo las advocaciones del Carmen y de la Divina Pastora. La toponimia de las nuevas provincias de la España morena de estos ma­ 234 res es una verdadera liturgia lauretana. El uso de nombres más fáciles y simples ha hecho olvidar las aguas del bautizo primitivo; más, en buscando las viejas datas, Carora se convierte en la Madre de Dios de Carora; Ciudad Bolívar, en Nuestra Señora de las Nieves de Angostura; Quíbor toma su alti­ vo nombre de Nuestra Señora de Altagracia; y Nirgua nos da el regusto casti­ zo que encierra su atribución original de Nuestra Señora del Prado de Talavera. Y lo que sucede en las ciudades, ocurre también en los pueblos de Mi­ sión y de Doctrina. Estos son más humildes y tienen mayor disposición, sus componentes humanos para el ejercicio de las virtudes. Llegó el sutil Padre Vitoria a avenirse con que hubiese alguna parte de licitud en la conquista de las Indias, en cuanto con ella se ofrecían al indio idólatra los caminos de Cris­ to. Por ello, el Rey, al patrocinarla, asumía la tutela del indígena, del mismo modo como para lucrar con ellas, asumía el dominio de la mina y la pro­ piedad de las tierras vacías. Si los campos y los montes fueron propiedad rea­ lenga, las almas de los indios fueron, por el contrario, carga realenga. Meno­ res de edad, y a tal título necesitados de atención especial, los aborígenes fueron confiados a los Misioneros y a los Curas de Doctrina, que dirigían la parte espiritual de la Encomienda. En éstos descargaba el Rey el peso recaído sobre su conciencia de Soberano. Así su voluntad hiciera Leyes, el Rey se sa­ bía servidor de sus súbditos y obligado a cuidar por su dicha. En 1469, las Cortes de Ocaña lo habían tratado de mercenario, a quien se pagaba una sol­ dada para que vigilase el reino mientras el pueblo dormía. Era correcto el principio de las encomiendas, mas la conquista, como la historia pasada y presente de nuestros pueblos, no estuvo en manos de ángeles, sino de hombres que creyeron mostrarse más enteros cuando rendían parias a la violencia que cuando transitaban las vías de la justicia. Dura, señores, fue la obra catequística, pues el indio, dolido por la pér­ dida del antiguo señorío, resistió las voces de la luz e insistió en la defensa de su primidvo mundo religioso. En ayuda de los hombres, acudió al Cielo y descendió María. En México, reino o provincia mayor del nuevo imperio his­ pánico, la Madre de Dios bajó a boca de la conquista al cerro de Tepeyac y dijo al indio Juan Diego que era voluntad suya que ahí mismo se le erigiese un templo. A la voz del milagro de las rosas, la fe se convirtió en piedras de sillería y la Guadalupe tuvo trono seguro desde el cual dirigió la evangelización del indio mexicano, primero, y más tarde guió el paso de las tropas que pusieron cese al gobierno de los virreyes y el paso del pueblo que arrojó a las intrusas autoridades austríacas. La vida religiosa de Nueva España tuvo su 235 centro de gravedad en la gran basílica y el mundo religioso del México mo­ derno continúa ofreciendo su plegaria enternecida a la Virgen de los indios. Generosa con toda la América, María se dignó aparecer en otros lugares del nuevo continente. Justamente nosotros estamos celebrando el III Cente­ nario del milagro de los Cospes. La noche del 8 de septiembre de 1652 el modesto rancho aborigen se tornó templo de mayor magnificencia que el propio templo de Salomón. María bajó aquella noche a nuestro suelo para iluminar la ceguera de quien se negaba al dulce yugo de su ley de amor; y ahí mismo, como testimonio de su ilimitada misericordia, quedó en manos del pecador, convertida en frágil documento, que al correr de los tiempos ha llegado a ser corazón y palanca de la religiosidad nacional. Regalo sin precio, si bien fue advertido de inmediato por las solícitas autoridades religiosas, se mantuvo por siglos en el ámbito generoso de llanos y comarcas occidentales. En su célebre templo de Guanare, esperó largo tiempo nuestra Virgen Morena a que la fe del pueblo le diese el sitio de ex­ celencia que le corresponde en el orden mariano de la Patria. Virgen Morena he dicho, porque en verdad no se compadece con la intención de María, los lindos colores con que modernos artistas quieren representarla. Ella bajó pa­ ra que el indio y el mestizo la tuviesen por Madre legítima. En su amor por nuestro mundo, quiso que se la viese más cercana a nuestro pueblo, y para ello debió de haber lucido aquella noche espléndida el trigueño color que distingue a nuestro tipo nacional. Durante el curso del año, en sólo dos días la perpendicularidad del sol de los trópicos exime de sombra lateral a los cuerpos. Larga ha sido la maña­ na para que nosotros llegásemos al esplendor de esta hora de fe mañana. Hoy, en cambio, asumiendo cabal posición de hombres ascios, vemos desapa­ recer de nuestro alrededor viejas sombras y el bohío del contumaz cacique de los Copes se torna en campo luminoso donde cabe la República. María presi­ de como dueña y señora de las almas. Una luciente corona de autoridad regia envía el Padre de los fieles para ser colocada sobre el minúsculo dibujo don­ de se compendia su majestad de Madre del Altísimo. Hay luz de fe aún para iluminar los sitios donde se ocultan aquellos que resisten la alegría del triun­ fo. Estamos alumbrados, señores, por los mismo resplandores del viejo mi­ lagro coromotano. Mas no sólo en el rancho indígena de Coromoto, sino en 236 múltiples sitios de Venezuela, se tuvo por prodigio la presencia de la Reina de los Gelos. A Maracaibo la imagen de la Chiquinquirá llegó entre fulgores de milagro; también se cuentan extraordinarios sucesos en tomo a la apari­ ción en Mérida de Nuestra Señora del Espejo; en las montañas de Trujillo, la dura piedra se hizo blanda para retener las líneas de la Virgen de Durí. Pes­ tes, hambres y temblores llevaron hasta sus altares del Centro y de Occiden­ te, de Oriente y del Sur la súplica enternecida de los fieles. Hierro y fuego de piratas saciaron durante la Colonia en sus ingenuas imágenes el odio protes­ tante contra la catolicidad del imperio español «Haciendo pedazos las imáge­ nes y crucifijos y quebrando los retablos a arcabuzazos», dice el Obispo Agreda que entraron en su Iglesia de Coro, el año 1567, los luteranos que comandaba Nicolás Valier. Lo mismo debieron de hacer en las modestas iglesias de la Caracas de 1595 los piratas de Amyas Preston. Iugual hubo de haber ocurrido en Maracaibo, en La Asunción, en La Guaira, en Santo To­ más, en Cumaná, cuando filibusteros y corsarios tomaban las ciudades. Eran gajes de la persecución de ingleses y holandeses contra la fidelidad de España a la Silla de San Pedro; era, en cifras religosas, el testimonio de la lucha que los países anglosajones mantenían por despojar a la Corona de Castilla de sus dominios ultramarinos, y que al curso de las aguas del tiempo se convertiría en pacífica guerra de carteles y de concesiones conque pasan al servicio de potencias extranjeras las inmensas riquezas de nuestro suelo. El Obispo Agreda ha debido mirar con espanto sobre el suelo de su mo­ desta Catedral la imagen descabezada de María Santísima, y dispersos acá y allá los miembros destrozados del Crucifijo. La profanación la reparó, sin embargo, con las preces ordenadas por la liturgia de la Iglesia, y luego a poco siguieron en su esplendor antiguo los oficios del templo. Hoy, en cambio, nosotros, como pueblo, miramos con ojos impávidos el pacífico arribo de los nuevos piratas que buscan descabezar la Historia y la Libertad de los países nutridos por España con su fe y su cultura, sin advertir, ilusos, que no son susceptibles una y otra de hábiles remiendos, como los venerables iconos, y olvidados, también, de que no hay preces litúrgicas capaces de reparar el quebranto ocurrido en la conciencia de los pueblos que se avienen al vasalla­ je insolente. Si en todas las poblaciones de las antiguas Provincias que hoy integran felizmente la unidad venezolana hubo constancia en la piedad mariana, Ca­ racas levanta la cabeza para exhibirse como espejo de devoción a la Madre de 237 Dios. Los templos de Altagracia, las Mercedes, Candelaria y la Pastora, testi­ fican la permanencia de un culto, al que hicieron para la devoción a la Copacabana, a la Soledad, a la Virgen del Rosario y a Nuestra Señora de Balbanera, con asiento principal en San Pablo, San Francisco, San Jacinto y en la Er­ mita del Calvario, mientras la Señora del Carmen y la Inmaculada Concep­ ción recibían diarias preces en los beateríos de Carmelitas y Concepcionistas. Tiempo hubo en que bailes, jaranas y comedias fueron sustituidos por el público rezo del Rosario en las calles caraqueñas y por la frecuente represen­ tación de autos religiosos. El Cabildo, como voz y corazón de la ciudad, dio sitio preeminente en su recinto a la sugestiva imagen de Nuestra Señora de la Luz y luego obtuvo merced de Carlos III para agregar a las armas de la ciudad el exergo que recuerda la inmaculada concepción de María. Ocurría aquello por i 766, cuando gobernaba la Diócesis el bueno e ilustre Obispo don Diego Antonio Diez Madroñero, de quien se recuerda el empeño que puso por la reforma del clero y de los fieles, y a quien memoran diariamente los que saben que de orden suya tocan las campanas de los templos a las horas canónicas, para recordar a los fieles el anuncio del Angel a la Virgen María. Lleno de piadosa fruición, convocó el Obispo a un certamen en que los pin­ tores humedecieron sus pinceles en los finos esmaltes de los teólogos, para hacer digna representación de la Virgen María en su nuevo y dulce título de Señora de Caracas. Dos apenas han llegado hasta nosotros de los muchos proyectos que debieron someterse al escogimiento del Obispo. Frente a la Iglesia Catedral y expuesta a la constante veneración del pueblo, aún se vio por 1876 la imagen de Nuestra Señora de Caracas, que en buena hora el Mu­ nicipio actual ha sacado de olvidado sitio, para exhibirla en su recinto oficial, junto con las mazas y los pendones que representaron la soberanía antigua. Deliciosa pintura, de inspiración ingenua y primitivo gusto, en ella aparece la Virgen con el Niño, rodeada por los Patronos de la Ciudad, de la Catedral y de la Universidad. Pueblo, Letras e Iglesia, unidos con aquel sen­ tido de realidad jerárquica que San Pablo dio al Alma, a la Psiqué y al Soma como elementos constitutivos del hombre. La Ciudad delibera y cuida del curso vegetativo de la vida, la Universidad enseña, la Iglesia señala los cami­ nos del mundo superior. Junto con los grandes Patronos, figuran también San Rafael y Santa Rosalía, abogados de enfermedades y de pestes. Desde su encumbrado trono de ángeles y nubes, la Virgen dirige la mirada complaci­ da sobre la tranquila ciudad de los techos rojos, cuyas armas eleva hasta sus pies de Reina un querubín risueño. Señora de las almas, aquella imagen sig- 238 nifica el imperio de María sobre la ciudad afortunada, que aún usa como sig­ no de excelencia el cognomento de Mariana. Todos los títulos ceden ante los derechos de quien es jurada en las gra­ ves universidades, cuando los doctores reciben las ínfulas del grado. Caracas es la ciudad de María. Ciudad Mariana de Santiago de León de Caracas se la dice cuando se trata de darle mayor rango. A pesar de que se destruyan sus muros antiguos y de que se intente cambiar las propias líneas de su concien­ cia tradicional, la augusta Patrona la mira con los mismos buenos ojos con que el anónimo pintor de 1766 púsola a contemplar las piadosas procesiones que cruzaban las calles entonando alabanzas a su gloria. Nada de aquella dulce y risueña Caracas quedará en breve en el orden material de la ciudad. Pero, sobre las nubes pasajeras y constantes, permanecerá nuestra Señora de Caracas y, bajo corona de nieblas, durará el Avila, versátil de apariencia e inmutable en su recio señorío sobre el valle que agoniza. Luego, para indicar que el patronazgo de Caracas cubriría también a la nación, el 8 de septiembre de 1777, día de la Natividad de la Virgen y ani­ versario de la aparición coromotana, Carlos III sanciona la Cédula que da ori­ gen y fija líneas políticas a nuestra nacionalidad geográfica. Hasta entonces, lo que hoy es nuestra Patria no había tenido más unidad que ser parte del imperio español de las Indias, junto con la de pertenecer al distrito judicial de Santa Fe o de Santo Domingo. En lo gubernamental, los actuales Estados Zulia, Mérida, Táchira, Apure y Barinas, componían la Provincia de Mérida de Maracaibo, dependiente del vecino virreinato, al cual también estaban unidas, a la hora de la integración, las Provincias de Guayana, de Trinidad, de Nueva Andalucía y de Margarita. Venezuela era apenas un pequeño terri­ torio rodeado por dependencias granadinas. La Cédula de 8 de septiembre de 1777 sometió a Caracas las provincias periféricas y creó la unidad gloriosa de la Patria. Por ello, el día de la Natividad de María, que es el mismo día de su aparición milagrosa en el obscuro y humilde bohío de los Cospes, es tam­ bién el día natal de la Nación Venezolana. ¿Podrá existir vínculo mayor que la coincidencia de estos hechos, para decir que es la nuestra República ligada a los misterios marianos? La unidad de nuestra Patria arranca de una fecha singular en el orden de la devoción a la Madre de Dios. La ya vieja Tierra de Gracia se hizo un 8 de septiembre tierra sin solución para los valores de la venezolanidad nativa. Y si al amparo 239 de María surgió Venezuela como unidad política en 1777, seis años más tar­ de, una mujer caraqueña, que podía llamarse varona por virtud del parto, dio a luz a quien sería el Simón Macabeo de la libertad de América. Esa mu­ jer, bendecida también en la Historia por la gracia del hijo, llevaba por nombre el mismo nombre que las armas de Caracas alaban cuando invocan el misterio de la Concepción Inmaculada de María. Coincidió, señores, con el jubileo de la Porciúncula la aparición ante los ojos de Colón de la verde tierra de nuestro Oriente maravilloso. Después, ya cuajados de historia los pueblos y cuando se avecinaba la mayoridad políti­ ca, metiéronse, como en cinturón de gracia fraternal, todas las Provincias dentro de la organización político-administrativa que tiene a Caracas por ca­ beza. Asumió así María un patrocinio sobre nuestra República, que la benig­ nidad del Pontífice reinante acaba de proclamar solemnemente. Los más ca­ ros valores de la nación se hallan vinculados a una fecha de excelencia mariana. Por aquella Cédula, cuya trascendencia he ponderado insistentemente como historiador y como político, los tachirenses y los cumaneses se llamaron venezolanos al igual de los hijos de Caracas, de Valencia, de Barquisimeto y de Trujillo. La vieja solera de la venezolanidad sedimentada en la primitiva provincia de Caracas, desde entonces dio tono por igual a hermanos que arrancaban de ouos procesos de formación civil. La Virgen del Valle de los alegres orientales y la Virgen de la Consolación de los laboriosos taribenses, unieron el milagro de sus mantos, iguales y diversos, para cubrir indistinta­ mente a los hijos de uno y otro extremo de la nueva Patria. Diferentes las re­ giones por las variantes del suelo y aún por el propio modo de las voces, ha­ rían para siempre una unidad sin distancia, donde caben apenas, para dife­ renciar su entusiasmo en el amor de la historia común, los meros distingos que, por el múltiple fervor de sus devotos, hacen de variada apariencia la in­ moble majestad de la Reina de los Cielos. Nacida para la relación política en el propio día de la Natividad santísi­ ma de María, Venezuela tiene voz mayor para pedirle la constancia de su protección en el orden de la tranquilidad doméstica y en el orden de la co­ munidad exterior. Ella iluminó con la aurora de su sonrisa de niña la fecha gloriosa en que fue creada su unidad política; ella habrá de mantenerla per­ petuamente en el goce de la integridad de su historia, en el goce de su liber­ tad de pueblo y en el goce de su generosa riqueza. Una y entera en el disfru­ te de su tradición de país que habla español y reza a Jesucristo. Entera y alti­ 240 va para defender la conciencia de sus hijos y para luchar contra quienes hoy pretenden descabezar su historia y desviar su destino de pueblo. Altiva y re­ cia, frente a los actuales perpetuadores de la hazaña pirática, que antaño de­ jaba sin cabeza en nuestros viejos templos las imágenes dulces e ingenuas de María... 241 EL PERFECCIONAMIENTO DE LA VIDA INTEGRAL DEL PUEBLO () Ciudadanos senadores: Embargado por la emoción que constituye para mi espíritu de patriota verme en sitial que honraron hombres cuya memoria es parte del patrimonio espiritual de la República, sean mis primeras palabras para testimoniar a us­ tedes mi profundo agradecimiento por la altísima honra que me han conferi­ do, al designarme para la dirección del Cuerpo durante el lapso constitu­ cional que se inaugura. Grave es la responsabilidad que me depara la elec­ ción; y si no estuviese cierto de que el patriotismo y las luces de mis ilustres colegas de Cámara son prenda de buen suceso para las labores del Parlamen­ to, no me hubiera atrevido a asumir el peso que implica la suprema ma­ gistratura legislativa de la República. Sube de punto la responsabilidad y el mérito de la elección que me dis­ tingue, si se considera que esta reunión nuestra, acontece en uno de los mo­ mentos más graves de la vida de la Nación. Tanto en el orden de su discurso interno, cuanto en el que dice a su existencia de relación internacional, nuestra República encara problemas que ahondan hasta la propia raíz del concepto institucional y que miran en proyección de futuro hacia horizontes de dimensiones imprevisibles para el sociólogo y para el estadista. En lo que se relaciona con nuestra realidad interna y positiva de pueblo, hoy más que ayer se encuentra el Parlamento ante una definida y clara no­ ción humana, que hace difícil y grave la función deliberativa. No digo, con frase vaciada en moldes demagógicos, que Venezuela se ha echado a andar por las vías de su verdadero perfeccionamiento político. La Nación siempre estuvo de camino; y si hubo épocas sombrías en que pareció que su fuerza ( ) Discurso de apertura de la Cám ara del Senado en sus sesiones de 1945. Cara­ cas, Imp. Nacional, 1945.17 p. 22 cm. 245 creadora se apagara ante la violenta interferencia de una política negativa, ello no empecía para que en el subsuelo social se realizase la química silen­ ciosa que preparaba rica savia para la fecundidad del gran árbol de la Re­ pública.— (Aplausos).— Movimiento paciente de la historia, que a veces no puede aflorar en realizaciones positivas, la voluntad del pueblo es potencia que trabaja en toda dirección, ora en el brazo que lucha, ora en la voz que clama, ora en el sentimiento que padece, ora en el pensamiento que refle­ xiona, ora en el verbo que instruye o que admonita. Mas, en el momento que vivimos puede decirse que se pronuncia una coincidencia de posibles. Los órganos del Poder Público han auscultado el impulso nutricio que viene de abajo y, lejos de interponer como en pasados tiempos la violencia oblite­ rante de la fuerza, han puesto toda la energía que aquélla al servicio de las voces y de los brazos y de los pensamientos que exprimen el potencial histó­ rico del pueblo venezolano.—(Aplausos). Nosotros tenemos un grave compromiso frente a los intereses de la Na­ ción, y por él nos sentimos reponsables de la marcha de la República. Hay frente a nosotros, que constituimos uno de los órganos del Poder Público, un pueblo que sigue el curso de nuestras deliberaciones con la vigilante aten­ ción de quien sabe que aquí estamos en representación suya, para ocuparnos en su servicio y para remover los obstáculos que se oponen al alcanzamiento del desuno integral que le corresponde en el seno de la civilización universal. Nuestro pueblo se cansó del viejo canto de las sirenas políticas que, por­ fiando en adormir su ímpetu y en callar las voces que se redondeaban hacia las frases reivindicatorías, se valieron de la apología de sus pretéritas virtudes del afanoso ditirambo de nuestras glorias pasadas. Nuestro pueblo sabe que fue fraguado al calor de una epopeya que no debe ser motivo de evocación romántica, sino ardoroso acicate de realizaciones positivas. Nuestro pueblo, bien afincado en la estribería patrimonial de la historia, quiere vivir su hora presente, lleno de pensamientos creadores y firme en el propósito de adecuar su organización política al lógico imperativo de las concepciones sociales y económicas, que procuran liquidar los saldos retardados de viejas estructuras en que predominaron los intereses del individuo sobre la propia justicia de la sociedad. Y toca a nosotros, legítimos representantes de la Nación y sus voce­ ros indiscutibles, dar forma a esas voces y asegurar por medio de instrumen­ tos idóneos, los derechos que el pueblo defiende y las aspiraciones que son el numen de su acción y el estímulo de su esperanza. 246 Para satisfacción nuestra, habremos de sancionar en las sesiones que se inauguran, entre otras, dos leyes que el pueblo venezolano ha venido espe­ rando con impaciencia. La que reforma parcialmente la Constitución Na­ cional y la de régimen agrario. Por la primera se reconoce al ciudadano el de­ recho de intervenir directamente en la elección de la Cámara de Diputados y se da a la mujer facultad de votar en las elecciones edilicias. Esta reforma que, desde el punto de vista de los principios, es sano retomo a fórmulas constitucionales que durante regimenes anteriores fueron preteridas ante la pesadez del hecho de fuerza, dará mayor contenido de soberanía a los cuer­ pos deliberantes y, en el Municipio, será oportunidad grata para que a la ac­ ción del hombre se acople la intuición creadora de la mujer. Nada más lógico que allí tome impulso inicial la experiencia electoral de nuestras mujeres. A los concejos ellas llevarán su indiscutible vocación organizativa y, con mayor tino que los hombres, cuidarán de los problemas que tocan al Munici­ pio como órgano representativo de la vida familiar de la ciudad. Su instinto creador prestará a la vez nueva fuerza al instituto municipal, para defender sus derechos de célula fundamental de la República, frente a las sordas corrientes que intentan menoscabar sus privilegios autonómicos. Abolidas quedarán, también, por esta reforma, las vallas opuestas a la expresión del pensamiento, que consagró la actual Constitución de la Re­ pública. Esencia de la democracia son la justicia y la libertad, y a éstas no se llega cuando un grupo de hombres restringe el derecho que íntegramente toca al pueblo para exponer lo que, en uso de su facultad de pensar, cree sea su verdad. La coacción impuesta a la expresión del pensamiento político y fi­ losófico de los pueblos, representa, demás de un abuso de poder, un estado de espasmo mental ante el propio valor de las convicciones que se intenta de­ fender y el arraigo en los hombres dirigentes, de antiguos conceptos que sos­ tuvieron como tesis irrefutable que la dicha de los pueblos está vinculada a la rigidez de sus instituciones. La República es mezcla, adición, concieno de opiniones que reclaman, en orden a la fecundidad de la acción, tolerancia social y política para las distintas opiniones que, buscando ampliar el espacio de su contenido esencial, se ven forzadas al sigilo de la conspiración, cuando no hallan posibilidad para sus legítimas aspiraciones. La lucha de opinión, que hace fácil la permanente crítica de los sistemas y eleva en consecuencia, el tono de la vida política, reclama la efectividad de recursos que aseguren el desarrollo del pensamiento individual. De hoy más 247 no habrá leyes que expongan a salir del territorio nacional, como parias y leprosos, a aquellos ciudadanos que, disidiendo del pensamiento guberna­ mental, no conformen su acción al programa restricto de quienes se crean en posesión de verdades que inalterablemente han de guiar la marcha económi­ ca y política de la sociedad.—(Grandes aplausos).— Las ideas se combaten con ideas y para el buen éxito de la contienda, el Poder Público está en el de­ ber de garantir por igual el derecho de exponerlas y propagarlas que asiste a los ciudadanos cuando, juzgándolas por certeras, las profesan como eficaces para servir de coadyuvantes al progreso sinuoso de la historia. Con miras a hacer efectiva la seguridad personal, en cuanto roce con la libre expresión del pensamiento, habrá de introducir ante las Cámaras la fracción del Partido Democrático Venezolano, una reforma que modifique el juicio de responsabilidad provocado por el abuso de esa misma libertad. A nadie escapa la justicia de la pena que pueda caer sobre quien ocasione da­ ños a tercero por la imputación de hechos infamantes o lesivos. Mas, la de­ tención preventiva que acuerda nuestro derecho procesal y la lerdeza de los recursos concedidos, dan a estos juicios un carácter de sombría severidad, apenas justificable en el caso de los grandes criminales y que ha despertado en el pueblo alarma y duda respecto a sus propios derechos. Otras buenas reformas contiene el proyecto constitucional, ya aceptado por las asambleas estatales, pero otras más reclaman de futuras gestiones le­ gislativas el progreso democrático de la Nación. Ciertos debemos estar de que al renovarse por mandato directo del pueblo la Cámara de Diputados, éstos promoverán, como legítima consecuencia de su directa unción popular, una reforma encaminada a que el Presidente de la República sea elegido por sufragio directo de quienes representan en instancia definitiva la base sobe­ rana del Estado, como organización que persigue un determinado fin huma­ no .— (Grandes y prolongados aplausos). Preocupado el Gobierno de la República por el perfeccionamiento de la vida integral del pueblo, someterá a nuestra deliberación el proyecto de Ley Agraria, que habrá de transformar el régimen de la tierra y, con él, la estruc­ tura existencial del campesinado nacional.— (Aplausos).—Esta reforma constituye por sí sola el coronamiento de la labor evolutiva que la nueva po­ lítica gubernamental se ha impuesto por norma de acción. El Partido De­ mocrático Venezolano, surgido a la realidad como expresión de la teoría de 248 Gobierno que propicia el ilustre Presidente Medina Angarita, proclamó en sus bases programáticas la urgencia de reformar las condiciones del agro ve­ nezolano y a él toca, por ocupar la mayoría de las curules parlamentarias, discutir con mayor entusiasmo el proyecto elaborado por el Ejecutivo. Creo que no me aventuro en campos paradógicos al proclamar que la sanción de la ley de mérito, será el tercer paso definitivo que la República dé desde 1811, en orden a su liberación definitiva. Si los Padres de la Indepen­ dencia realizaron la obra maravillosa de dar líneas precisas al pueblo, como comunidad organizada en el concierto de las naciones libres, y definieron para él derechos sagrados frente a la explotación y el tutelaje de la Metrópoli y frente a las pretensiones de las clases privilegiadas; y si la célebre Ley de 24 de marzo de 1854 abolió definitivamente la esclavitud de los hombres como instrumentos laborables al servicio de grupos insistentes en mantener la exclusividad de los frutos de la riqueza y del trabajo, la Ley Agraria que en breve empezaremos a discutir, libertará la tierra venezolana del monopolio que sobre ella vienen ejerciendo determinados sectores y elevará la masa tra­ bajadora que secularmente la ha hecho fecunda con el riesgo de su esfuerzo, a la categoría de independencia que reclama el ritmo armonioso de la justicia social.— (Muchos aplausos).— Porque la tierra, como madre nutricia y pro­ vidente, reclama sus propios derechos y pide que la acción de los hombres que la trabajen se regularice por medio de normas técnicas que consulten el imborrable carácter vegetal de la cultura y encaminen sus productos a la sa­ tisfacción prudente de las necesidades de la comunidad. Estos pasos a que habrá de dar impulso nuestra labor del presente año, corresponde al grado de inquietud que ha logrado nuestra democracia y a las líneas del progreso de la República, ya firmemente encauzada en su ordena­ miento interno hacia la conquista de una conciencia política que avive en los miembros de la sociedad el espíritu de creación y la alegría de vivir. La más apasionada oposición al presente régimen político no osaría negar las venta­ jas adquiridas por el pueblo, ni llegaría hasta desconocer el clima de libertad creado durante los últimos años por la acción dirigente del Gobierno. Nuestros viejos hábitos dictatoriales han sido sustituidos por prácticas re­ publicanas que vienen desplazando el poder autocràtico que gravitaba sobre el Ejecutivo. La formación del Partido Democrático Venezolano, del cual so­ mos componentes la mayoría de los parlamentarios, representa, pesia los de­ fectos de un movimiento que se resiente de la carencia de base revolucionaria 249 conque nacen los partidos, el paso más largo dado por el Jefe del Estado en la senda de reintegrar al pueblo atribuciones que, por sedimentación hiscorica, se habían acumulado en el Ejecutivo. La pesada secuela del personalismo político, contra el cual se elevan los imperativos cívicos del progreso y los de­ rechos inherentes a la personalidad ciudadana, dio al gobernante, en el terreno de los hechos, atribuciones pasivamente aceptadas por el pueblo co­ mo características de nuestra propia idiosincrasia social, y de las cuales el ac­ tual régimen ha querido deshacerse, para retornarlas, en saludable propósito de república, a la libre iniciativa del pueblo. El juego de los partidos políticos garantizado, tanto por nuestro ordena­ miento legal, cuanto por la propia actitud democrática de los hombres del Gobierno, constituye una de las más efectivas conquistas alcanzadas por el país en estos sus últimos años de vida civil; y esa conquista debemos, no mal­ baratarla por el planteamiento de disyuntivas capaces de dislocar las líneas de unidad que reclama nuestro destino de pueblo, sino, de lo contrario, con­ vertirla en reposada fuerza dialéctica que sirva para mejorar nuestros hábitos sociales y nuestra manera de vivir como Nación. Preciso es pensar, con verda­ dero análisis responsable, que nuestro país ha sido víctima de una concep­ ción interesada y casi doméstica de la política. Nuestra estructura histórica, con una economía de ámbito mezquino y poco estable, hizo que se mirase hacia las funciones de Gobierno con un pronunciado sentido de lucro y de avaricia personal. No se tuvo la política como posibilidad de poner nuestros recursos morales al servicio de la Nación, sino como oportunidad propicia de subordinar los grandes intereses sociales al requerimiento de sórdidos intereses de grupo. El aprovechamiento de la cosa pública fue el grande incentivo y el ideal predominante de una política que terminó por convertir los recursos del país en regalía de las clases que detentaron el poder y, que, como deriva­ ción fatal, produjo el escepticismo del pueblo y la relajación de sus propios resortes morales. La razón édca que debe mover las acciones humanas, fue sustituida por una filosofía del éxito, que no parando mientes en el examen de los medios, estableció el divorcio entre el hecho político y el hecho moral. Nuestro pueblo pasó a ser un pueblo sin fe en la autoridad de quien, lejos de confiar en la acción creadora que le está encomendada por la propia natura­ leza y por el mero fin del ordenamiento estatal, llegó a desesperar en forma lamentable. Se vivió de la asechanza y del temor político. Se ha dudado aún de las buenas intenciones de los magistrados. Se ha llegado a poner en tela de juicio hasta la eficacia de la verdad como sistema social. La fe, que es afin- 250 co de creación y ala para el vuelo del espíritu, fue sustituida por la técnica pesimista de un disolvente maquiavelismo, que sólo miró a los beneficios hedonistas de la acción política. Pero el pueblo de Venezuela ha reclamado otra cosa y otra cosa ob­ tendrá como fruto del esfuerzo de la nueva concepción política que anima a sus hombres y que se espacia en el ámbito nacional con sentido creador y aglutinante, para defensa de los derechos que, en el orden físico y moral, le conciernen por su invalorable contenido humano. Este trabajo de perfeccionamiento interno de la República coincide, co­ mo fresca esperanza en la realización de los grande ideales de la cultura y co­ mo carga mayor en el orden de la responsabilidad pública, con el declive del momento convulsivo que ha vivido la humanidad. Ya está definitivamente asegurada sobre el campo bélico la victoria de los países que han venido luchando heroicamente por la defensa y la realización de las ideas democráti­ cas. El mundo ha presenciado la obscura rebelión de las fuerzas reaccionarias contra la línea ascensional que determina el progreso de la sociedad. En los campos de batalla del mundo, y bajo la apariencia de complejos intereses políticos y económicos, se ha debatido el porvenir de la propia criatura hu-. mana, que creyó perdida su tabla de valores. Las contrarrevoluciones que, apoderándose del Estado alemán y del Estado italiano, hicieron de éstos, so color de comenticios ideales de orden y respeto social, baluarte y ariete para la defensa de un concepto antihumano de la vida y de la historia, polariza­ ron la culminación de un propósito regresista en la ancha curva de la civiliza­ ción occidental. El hombre no ha combatido por meros campos de influen­ cias económicas y políticas, así éstas se injerten en la mecánica internacional, como estorbo para la recta aplicación de los principios de equidad y de igual­ dad entre los pueblos. El mundo se ha movido por una idea integral de per­ feccionamiento de las condiciones de vida del hombre, y más allá de los cre­ dos nacionalistas y del propio dolor de los pueblos que aún se ven uncidos al coloniaje, se han hecho sentir fuerzas de contenido ecuménico, que asida­ mente porfían por dar derramada amplitud al área de posibilidades de la persona humana. No se ha luchado sólo por intereses momentáneos de pueblos, ni por el equilibrio de regiones y mercados, sino por una paz que, interpretando el recto valor de la filosofía democrática, desarme, moral y fí­ sicamente, la terrífica coalición de las clases corrompidas por el dinero y por el miedo a la reforma de las estructuras sociales, y que se esfuerzan en hacer 251 valederas sus ambiciones esclavistas y la actitud indeferente que les permite mirar el propio dolor humano como substancia de su culpable alegría. Cumpliendo sus compromisos internacionales y fiel a la tradición de so­ lidaridad americana que desde los días alborales de la República distingue a nuestra política exterior, Venezuela ha estado fírme y resuelta al lado de los países en guerra contra el hiderismo, y con ellos ha hecho notorios sacrificios de su propia economía y con ellos ha aportado un esfuerzo beligerante a la obra de defensa del continente y la obra mayor de alimentar con los recursos de su suelo la máquina de guerra que se ha opuesto a los planes de los ene­ migos de la cultura. Nuestro país supo ocupar en tal forma su sitio indiscu­ tible en el ordenamiento internacional y ha llevado su voz esperanzada de pueblo joven y amante de la libertad, a las reuniones donde se erigen di­ rectrices para la nueva textura de los pueblos. Nuestra política exterior, aleja­ da de estridencias y ademanes impropios de su tradición de seriedad y come­ dimiento, ha estado a tono con la inquietud del mundo, bien sabida de que el problema de los pueblos no se resuelve en el ámbito restricto de las na­ cionalidades ni al calor de ideologías excluyentes, sino en la mesa redonda donde hombres de distintas lenguas y diversos credos buscan, como elemen­ to conjugante, la lengua de la justicia y el credo de la libertad, para procla­ mar la necesidad de que sean respetados, para una paz duradera, el derecho integral de los hombres y el derecho integral de las comunidades en que aquéllos se agrupan para la mejor realización de su destino humano. Un trabajo profundo e intenso de reconstrucción compete realizar en el orden del mundo, pero ese trabajo sobrepasará la obra mecánica de recons­ truir ciudades y racionalizar las fuentes de producción y de consumo, para mirar al hombre en sí mismo, levantar su fe llena de angustias e iluminar las espesas tinieblas que lo llevaron a dudar de los mismo valores del espíritu. Nuestra propia reunión coincide con la Conferencia de San Francisco, donde los representantes de las naciones, unidas en la lucha conra las bárbaras fuerzas del nazifachismo, zanjarán los cimientos de la arquitectura venidera de los pueblos. En esta reunión culminarán para una nueva política de las naciones, los grandes lincamientos que, arrancando de la Carta del Atlántico, en Yalta cerraron la gran parábola de un orden donde, sobre los añejos intereses de los estados, se mirará a los intereses fundamentales de los hombres que los integran, y donde se marcarán, por medio de una nueva organiza­ ción de la colectividad de las naciones, los rumbos del mundo que habrá de 252 alzarse sobre el caos tetánico de la devastación y los conflictos. Más de un sig­ no grato anuncia la cercanía de la hora feliz de la humanidad en que la ma­ rea creciente de la democracia marque la liquidación de los intereses insa­ ciables del capitalismo de carteles, que ha hecho presa de las fuentes mun­ diales de producción, y levante, a la par, el estandarte de los derechos que le­ gítimamente corresponden a los hombres como factores de hechos económi­ cos, intelectuales y morales, y a los pueblos como áreas históricas donde aquéllos se juntan para compartir el pensamiento de comunidad en su desti­ no dé miembros de la gran familia humana. Sobre las ruinas de una civilización materialista, que olvidó el significa­ do creador de la cultura y subordinó al hecho económico las conquistas y el valor del espíritu, habrá de erguirse un lozano concepto social, potente de vallar la subversión de valores que dio fuerza leviatánica a la guerra e hizo temblar en sus meras bases el legado que trabajó a través de los siglos el pen­ samiento universal. Urge para ello fijar ecuables posiciones, donde aparezca lo económico como sistema de medios enderezados a hacer efectivo el triun­ fo de la verdad sobre el engaño, de la razón sobre la fuerza, de la justicia sobre la iniquidad, de la autoridad sobre el poder, de la belleza sobre lo uti­ litario, de la paz sobre la discordia; mundo nuevo donde el hombre aventaje a la máquina y lejos de mirar en ésta un émulo inmisericorde al servicio voraz del capitalismo, la aprecie y admire con orgullo, como expresión de la inteli­ gencia que busca de hacer más leve el trabajo humano y más largos y fecun­ dos los ocios que el hombre consagre a la búsqueda de su mundo interior. —(Muchos aplausos). Como una de esas grandes contradicciones que con frecuencia nos pre­ senta la historia, el momento ortivo de la paz y del mundo nuevo, no habrá de presenciarlo quien más se afanó por su conquista. Pocos días hace que los pueblos amantes de la justicia y de la libertad, sintieron una profunda con­ moción ante el fallecimiento inesperado del ilustre Presidente Roosevelt. Con el egregio mandatario americano murió el máximo campeón de la de­ mocracia universal y el mejor amigo de los pueblos de América. Ciudadano honorífico de todas las naciones que luchan por la permanencia de los idea­ les de dignidad humana, Roosevelt iluminó los caminos de la nueva huma­ nidad; y toca a nosotros realizar un esfuerzo titánico para que la antorcha mantenida en alto por sus manos creadoras, siga alumbrando los destinos del hombre nuevo. Roosevelt muerto adquiere valor aún mayor que el Roosevelt 253 vivo, que hasta ayer no más absolvía las distancias intercontinentales para co­ municarse con los hombres que con él tuvieron el peso supremo de los desti­ nos del mundo. Ya no es el ser común, sometido a las contigencias diarias de los accidentes y a la contradicción mezquina de las pasiones. Hoy es una lec­ ción y un símbolo que pertenece a la humanidad. Su naturaleza frágil pudo perecer por el exceso de trabajo, m as, su mano fírme y certero pulso seguirán guiando el gobernalle.—(Aplausos).—Nosotros, pasajeros de la nave, nece­ sitamos para ello asirnos a los rumbos ya fijados por el gran capitán. La hu­ manidad no ve por muertos a sus grandes artífices. Ella sabe mantener la fuerza permanente de sus enseñanzas, para que continúe la obra fecunda de ductores del espíritu. Con firme confianza en la fuerza de los ideales rooseveltianos, evoquemos, para honrarla, lá memoria del más insigne de los contemporáneos. Ciudadanos senadores: A nosotros atañe, en el radio de nuestros respectivos países, forjar los instrumentos inmediatos en que cristalicen, para la juricidad operante, los principios que hagan posible aquel mundo en el seno de una democracia progresista, donde, por medio de un fornido proceso de cultura, que consul­ te el acervo espiritual de nuestra historia, se levante el acento intelectual y moral del pueblo venezolano y, donde por una recta justicia social, vale de­ cir, justicia cristiana, se dé por fenecido el ciclo sombrío de los mercaderes y dejen de ser las ventajas egoístas móvil eficaz en la política de los hombres. Toca también a nuestro empeño mirar a la estructura de los nuevos or­ denamientos que preparen al país para la obra colectiva de reconstrucción del mundo. Si graves han sido los problemas de la guerra, de mayor grave­ dad habrán de ser los que se avecinan con el anuncio de la paz en que aflora­ rá en perdurables realidades de bienestar, la angustia y la experiencia de la crisis. Paz habrá en contraposición con la lucha feroz, pero esa paz no ha de significar el retorno quietista a un orden sin violencias. De lo contrario, acaso sean más duros el encuentro de los intereses y la disyuntiva de las aspira­ ciones de los hombres. Para valorizar nuestro esfuerzo de hoy, preciso será acentuar el concepto de lo contradictorio que vive en el subsuelo social y la reciedumbre de las medidas que se tomen con miras a lograr la síntesis crea­ dora que permite a Venezuela ganar de nuevo su lugar puntero entre los pueblos de América, para dejar de ser en el campo internacional una cifra sin 254 más mérito que aquél que le trasmita su obligada conformidad con intereses a los imperativos de la dignidad moral y a los reclamos de las específicas ne­ cesidades que constituyen su fisonomía de nación.—(Aplausos). Ciudadanos senadores: Con el pensamiento de servir en el radio de nuestras posibilidades a la obra de superación colectiva que reclama el propio decoro de la Patria y per­ suadidos de que nuestros actos deben ordenarse a hacer de mayor lustre la gloriosa tradición de la República, tantas veces invocada y tantas veces traicionada, busquemos que las luces del Altísimo alumbren nuestras men­ tes, para prestigio de las sesiones que, en este nuevo aniversario de nuestra máxima Revolución, declaro solemnemente inauguradas.— (Grandes aplausos). 255 PALABRAS EN GUAYANA Alocución Inaugural a los Habitantes del Estado ( ) Un favorable designio del ciudadano Presidente de la República me pone hoy al frente de los destinos públicos del Estado Bolívar y ello es motivo jus­ tificado del patriótico orgullo que embarga mi espíritu. Sobre el honor que significa la confianza conque me distingue el Primer Magistrado de la Na­ ción, el muy señalado de verme a la cabeza de uno de los más importantes y ricos pedazos de la gran Patria venezolana. Y digo pedazo porque entiendo a Venezuela, no como fusión de entidades distintas, sino como una cifra in­ tegral en que las delimitaciones estatales no tienen más función que sistema­ tizar el ejercicio de la administración pública. Materialmente no había convi­ vido antes con vosotros, pero conmigo ha vivido la idea permanente de una sola Venezuela y jamás he acido que no esté la Patria por entero en el más lejano y diverso sitio del vasto territorio que cobijan los gloriosos colores mitandinos. Siento sobre mí la responsabilidad de administrar los intereses de una feraz región, cuyos problemas y necesidades son tan grandes como grandes son sus recursos inexplorados. Sé que esos problemas, a los que se suman los recientemente surgidos por el desbordamiento del Orinoco, son vuestra pre­ ocupación y el tema de vuestras patrióticas meditaciones. A ellos, a cambio de una orientadora experiencia, sumaré un interés que porfiará a igualar el vuestro y con el cual buscaré ponerme a tono con la preocupación muy espe­ cial que respecto a ellos anima al Presidente Medina. Enmarcado en los cuadros dirigentes del Partido Democrático Venezo­ lano, la designación conque me ha favorecido el Presidente de la República, me depara feliz oportunidad de hacer prácticos los ideales de república que inspiran nuestro movimiento político. Bien conoce Venezuela el contenido ( ) A los habitantes del E stado Bolívar al posesionarse como Presidente del Estado. To­ mada de Palabras de Guayana. 1945, p .11-12. 259 programático del nuevo Partido, que en sí no es sino la propia teoría del Go­ bierno que realiza su gran animador, General Isaías Medina A. A sus normas ceñiré mis actos de magistrado y por medio de su cumplimiento procuraré hacer digna y responsable la función pública y práctica la idea de que es fe­ cundo el orden cuando se encamina a mantener en alto el supremo respeto a la dignidad humana y grata la libertad cuando su ejercicio se ajusta al respe­ to y la garantía del orden y del equilibrio social, fin primordial de la autori­ dad. Bolivarenses: Dos cosas os pido como ayuda eficaz en mis labores presidenciales: la una, que vuestro ponderado espíritu de colaboración quiera prestarme los medios de realizar una eficaz obra de gobierno, con que pueda corresponder a la confianza que en mí ha depositado el Presidente Medina y satisfacer a la vez mis fervientes deseos de serviros; y la otra, que critiquéis lealmente mis actos cuando juzguéis que me desvíe del cumplimiento de mi deber de ma­ gistrado. Compatriotas: Recibid con mi saludo más cordial, la promesa que os hago de ser al frente de vuestros destinos públicos un obrero más en la tarea de abrir cami­ nos al porvenir espléndido que espera a esta magnífica región donde guarda la Patria sus inacabables reservas. Y sea muy señalado el acatamiento de mi saludo para los altos poderes del Estado, para la suprema Jerarquía Eclesiásti­ ca y para hs Autoridades Militares que garantizan el orden y el respeto a las instituciones sociales. Ciudad Bolívar, 27 de noviembre de 1943. 260 PALABRAS ALA POLICIA MUNICIPAL DEL DISTRITO HERES o En mi carácter de cabeza de la policía estatal, a quien compete dirigirla y vigilarla, me siento obligado a hacer presente mi palabra en el día con­ sagrado por el Municipio para honrar vuestros servicios. Esta fiesta de recien­ te institución en Venezuela, expresa el nuevo concepto de la función del po­ licía, como guardian del orden, de la justicia y de la libertad. Corresponde a los cuerpos de Seguridad Pública el mantenimiento in­ mediato de la paz social. De nada valen buenos jueces, ni celosos admi­ nistradores, ni magistrados que estudien los problemas de los pueblos, sin el orden de equidad que descansa sobre la eficiencia del modesto funcionario policial, como agente a quien toca hacer efectiva, en forma rápida y en el pe­ queño ámbito de los intereses personales, la justicia que a cada hora recla­ man los hombres. Y esta justicia es, en términos generales, respeto y seguri­ dad para el desarrollo de las facultades inherentes a la dignidad humana. Al agente del Orden Público está encomendada la defensa y protección de las personas. Es la propia ley que, en su función familiar, busca el bienestar de la sociedad. Tiene de tutor y de maestro el policía. Tiene de padre diligente y severo. Tiene de médico, de abogado y de conductor. A él está confiada la suerte menuda de los habitantes. A él corresponde una función de sacrificio heroico en el seno de la fraternidad de los pueblos. Cuando los gobiernos han tomado por el atajo de la arbitrariedad, el policía, mal dirigido y peor empleado, ha sido el azote de los pueblos. El po­ licía no ha correspondido entonces al propio valor conceptual del vocablo. Ha pasado a ser algo distinto del policía que hoy está festejando el pueblo, con elocuentes pruebas de comprensión de lo que representa la constante y modesta obra realizada por los legítimos guardianes del orden social. ( ) De Palabras en Guayaría, p. 13-15. 263 Y esta fiesta tiene otro significado educador. Indica cómo entre el ciudadano y la autoridad debe existir un ancho sentido de comprensión. La autoridad es la propia función creadora de la sociedad y debe mantenerse, por lo tanto, en permanente actitud de vigilancia cerca de las necesidades del común. Y al policía toca ser el medio que realiza ese inmediato enlace entre los órganos que tienen el cuidado de la comunidad misma. La fuerza y el valor de la ciudad, como organización social, descansa y se hace sensible a través de la institución policial. La ciudad tiene un profundo valor de familia. La ciudad en sus orígenes fue la expansión del hogar primi­ tivo y del culto permanente a los dioses familiares. Se diferenciaban los hombres en Grecia y en el Lacio, no por la lengua y las costumbres civiles, si­ no por los distintos dioses que ellos adoraban. Tenían eminente valor de fra­ ternidad religiosa, de culto interno, de contenida liturgia. Y el Municipio fue la expresión de esa fuerza de solidaridad, fue el centro donde gravitaban las necesidades de todos y cada uno de los componentes sociales. Allí ejer­ cieron los hombres su inmediato derecho de autodeterminación y de defen­ sa. Allí se oyó la voz autonómica de las personas que formaban la ciudad. Alli se discutía el derecho de los hombres libres y se daban líneas formativas al proceso encaminado a mantener en vigencia el goce de los privilegios que integran la dignidad física y moral de las personas. Ese gobierno, en un recto sentido democrático, se llamó gobierno de policía. Gobierno de la ciudad y del pueblo. Gobierno en que se mira a atender y satisfacer las necesidades populares. Y esa función, en la completa vida de los pueblos modernos, está encomendada aún a los agentes del or­ den público, al policía que hoy festejamos con cívico regocijo y cariñoso celo. Por eso, esta fiesta tiene claro valor familiar. Es fiesta de la ciudad. Es fiesta en que se hace presente el propio fuego del gran hogar social. Y como evocación de la antigua fraternidad que buscaba en los dioses el centro de gravedad diferencial para la fisonomía de la ciudad, se ha comenzado este día con un acto de profundo alcance religioso y se ha honrado el fugo iri­ discente de la bandera nacional, como expresión del aliento que reclama to­ da obra de Patria. Señores oficiales y agentes: Yo os saludo con íntima complacencia en este día vuestro y os exhorto a 264 haceros cada vez más dignos de la confianza y la gratitud de la ciudad, que pide y agradece de vosotros la defensa del orden, el respeto de la libertad in­ dividual y el mantenimiento de la seguridad de las personas. Vuestro constante esfuerzo está compensado por el aprecio que de él hace la comunidad que se apresta a festejaros, y vuestra conducta ejemplar corresponde al tono que anima esta hora civil de la Patria, llamada a efectiva realización en el fecundo campo de la historia. Propicios son los tiempos y desde el Capitolio Federal una voluntad honesta y firme empuja la marcha de la Nación por los limpios caminos de la dignidad y del deber. Ciudad Bolívar, Diciembre 2 de 1943. 265 PALABRAS EN HOMENAJE AL LIBERTADOR (17 de diciembre de 1943). ( ) Ha venido en estos últimos años haciéndose de rigor la conmemoración del tránsito del Padre de la Patria. Esta fecha por su aparente aspecto fú­ nebre estuvo segregada de las grandes festividades patrióticas. Se creyó que era un día de duelo, sólo memorable entre clarines a la sordina, con bande­ ras plegadas y dobles de campanas. Se pensó que este día estaba dedicado a honrar con pensamientos tristes el Bolívar yacente, que en el calvario de San Pedro Alejandrino cerraba con un arco de dolor la gran curva de su existencia portentosa. En cambio la fecha del tránsito es la festividad de la gloria. Cayó defini­ tivamente para la vida cuotidiana de lo material la formidable contextura del héroe, pero Bolívar no murió en su función de Libertador, Bolívar no pasó a ser difunto para la Patria que sigue mirando en él al Padre máximo. Durante muchos años Bolívar fue para Venezuela un gran muerto. Un muerto que dejó cuantiosa herencia en la cual todos hemos creído tener nuestra parte para dilapidarla. Y la propia evocación de su memoria ha teni­ do mucho de apoteosis huera, mucho de falso e interesado orgullo patrióti­ co. Se ha buscado a Bolívar como complemento de nuestra insuficiencia y co­ mo vestidura capaz de cubrir la carencia de actos creadores. No debemos negar que esa manera de juzgar al Libertador tiene su jus­ tificación crítica tanto en la gloria portentosa y ofuscante del Héroe, cuanto en el propio concepto que surge del errado estudio y de la consideración de la historia como elemento muerto, como memoria llamada sólo a vivir en el plano evocativo del recuerdo y de la pasiva contemplación. Mas, la historia tiene un contenido de vitalidad permanente. La histo( ) De Palabras en Gvayana, p. 17-19 269 ria no es pozo de donde se extraen valores convencionales, sino río crecedero, cuyas fuentes precisa estudiar y guardar por su constante proyección de futu­ ro. La historia no es ayer. La historia es hoy. La historia es un día que no acaba y sus grandes personajes son seres que viven en la permanencia de la acción creadora. De nada vale la memoria de un Bolívar muerto a cuyas esta­ tuas ofrende la Patria el homenaje de flores pasajeras. Bolívar está vivo. Bolí­ var debe estar vivo en la mente de los hombres, porque él es el arquetipo de las grandes virtudes ciudadanas. Jamás se han hecho los pueblos de manera definitiva. Se vive en continua actividad de crear y al esfuerzo de ayer precisa sumar el nuevo esfueizo de hoy. Nuestra independencia y nuestra libertad no la ganaron en forma definitiva los Padres de la Patria. Ellos abrieron el gran cauce de la vida republicana y a nosotros toca a cada nuevo instante ga­ narnos nuestra propia libertad y nuestra propia independencia. Para esa constante defensa de la dignidad social y para estar en acto de continuada creación cívica, ninguna ayuda más eficaz que la memoria de los héroes que fabricaron claros ejemplos con el sacrificio de sus vidas. Ellos reclaman como homenaje digno, la continuación de su esfuerzo en nuestra lucha diaria. Ellos se quieren vivos en la obra de las generaciones nuevas. Ellos quieren actos que nos tengan a tono con la idea de que fueron artífices. Ellos quieren ser historia actuante. De nada vale el ditirambo a la memoria de Bolívar si con nuestros actos desdecimos su memoria. De nada vale contemplar la historia que tiene por centro su pensamiento vulcànico, si no echamos a caminar esa misma histo­ ria. Si no buscamos superar el esfuerzo de los creadores de la Patria. Un héroe muerto nada vale como factor social. Los héroes, como poten­ cial humano, han de permanecer vivos en la tarea de animar la sociedad. Y vivos los reclaman nuestras propias necesidades morales. De brazo con ellos, guiados de su espíritu de sacrificio, debemos hacer nuestros caminos de hoy. Nuestros caminos hacia el triunfo perenne de las ideas que ellos pusieron en función de futuro. Hoy la Patria conmemora la fecha en que Bolívar dejó de existir entre sus contemporáneos. Lejos de ser éste un día de dolor, es día de gloria y de patriótica emoción. Porque Bolívar sólo fue difunto para los hombres que en 1830 apenas veían su tamaño de humana relatividad. Para nosotros, Bolívar 270 es y debe ser nuestro contemporáneo; Bolívar debe vivir su permanencia creadora en nuestra vida diaria. Aquella voz cargada de angustia que desde este mismo sitio en que me toca el honor de hablaros, dirigió a Venezuela y al mundo de América su portentoso Mensaje de febrero de 1819, no fue sellada por la muerte. Esa voz está viva en el Nuevo Mundo. Oídos sordos no quieren escucharla, mas, si queremos entenderla, medios nos sobran de sen­ tir su vigencia. ¡Mentira que muriera Bolívar en San Pedro Alejandrino! To­ mó su voz el metal sordo y angustiado de las postrimerías, para que tuviesen mayor fuerza animadora las últimas palabras de su evangelio de dignidad humana. Bolívar no se ha ido. El aparece cuando los hombres lo llaman para las grandes empresas de la libertad y la justicia. Y cuando los hombres le dan cita con palabras honestas e intención de verdad y sacrificio. Limpiemos nuestras mentes y hagamos dignas nuestras obras para una fecunda reapari­ ción de Bolívar. Si nos decimos amantes de su gloria, vivamos de nuevo en el esfuerzo de una Patria que corresponda a la grandeza de su ejemplo. Vientos propi­ cios corren de Oriente a Occidente y nuevos modos de vida hacen fácil en nuestra República la realización de los grandes ideales que fueron numen de sus actos. ¡Que Bolívar reviva en nosotros su vida de Libertador! ¡Que Bolí­ var no prosiga su existencia estática en los bronces y oleografías de antaño! ¡Que no sea tema para conversar y discutir en las academias! ¡Que esté en nosotros, al lado de los magistrados, junto a los profesores, en el corazón de los hombres del pueblo, como fuerza que anime la permanente juventud de la Patria! ¡Señores! 271 DISCURSO INAUGURAL DE LA SOCIEDAD ECONOMICA DE AMIGOS DE GUAYANA () Es para mí motivo de profunda satisfacción abrir este acto con que se instala solemnemente la Sociedad Económica de Amigos de Guayana, creada en fecha reciente por el Gobierno que me honro en presidir. Cuando asumí el ejercicio de la Primera Magistratura de este importan­ te Estado, declaré que bien me daba cuenta de la responsabilidad de dirigir la marcha de la más vasta región del País, cuyos problemas y necesidades son tan grandes como grandes son sus recursos inexplorados. Esa responsabili­ dad, como es lógico en la república democrática, no ha de pesar sólo sobre los organismos de la administración pública, sino que, a la vez, ésta debe sentirse ayudada en forma eficaz, sin que ello implique renuncia de deberes ni abordamiento de funciones extrañas, por la cooperación de los ciudadanos que se interesan en el progreso social. Esa cooperación, ese espíritu de ini­ ciativa, esa conciencia responsable de lo que es la acción de la comunidad en el orden de las actividades públicas, ha procurado el Gobierno del Estado que sea sistematizada al través de las labores de la Sociedad que hoy se insta­ la. Grato en la historia de la cultura nacional es el recuerdo de la antigua Sociedad Económica de Amigos del País, y, aunque duela decirlo, vigentes y clamorosas de remedio están las causas que llevaron a los egregios repúblicos de 1829 a consumir aquella inolvidable asociación que dio impulso al progreso de la Patria. Como entonces, la República vive hoy una hora de res­ ponsabilidad ante sus grandes problemas. En todas formas y en frases del más enérgico metal, el Presidente Medina ha proclamado la necesidad de en­ cararlos con firmeza y voluntad indeclinable. Como compete a las necesida­ des de la época y cuadra a su espíritu joven y audaz, el Presidente ha venido alentando las fuerzas vivas del país para emprender una vigorosa cruzada ( ) De Palabras en Guayana, p. 21-24. 275 que levante el tono de nuestra vida social y nos lleve al logro de los medios que hagan la deseada felicidad común. Esa aldabada y esa voz de fe debe te­ ner su respuesta en la multánime voluntad venezolana. Las repúblicas no son la obra sola de los hombres que las dirigen. Las repúblicas son la suma de vo­ luntades conscientes de ciudadanos libres en torno a los principios que eri­ gen, previa consulta de las necesidades de la justicia y del progreso, los en­ cargados de dirigir las sociedades. Y esas voluntades, a fin de realizar obra perdurable y eficaz, deben apartarse de las posiciones recoletas y sumarse y multiplicar su eficacia por medio del trabajo común. Por ello son buenas es­ tas asociaciones, que juntan a los hombres para discutir en mesa redonda los problemas atingentes a la comunidad. No ha faltado quienes consideren la creación de esta Sociedad como expresión de un candoroso idealismo de parte del Ejecutivo de Bolívar. De mí puedo deciros que el calificativo ni me enfada ni me arredra. Personal­ mente tengo una fe pánica en las ideas. Soy hombre idealista que cree en el poder invencible de los principios. Es necesario echar a andar ideas para que después aparezcan los hechos que las realicen. Una idea es un anticipo de fu­ turo. Una idea es un mundo en forma. Y esta Sociedad es la idea que in­ tegrará las fuerzas de Guayana. Esta Sociedad aspira a ser el canal que dé cur­ so fecundo a la angustia permanente de un pueblo que quiere realizarse a sí mismo. Esta Sociedad ha de ser como tribuna que preste mayor ámbito a las voces clamantes de una región que, a pesar de sus inagotables recursos, no ha logrado sobreponerse a la provisionalidad de la vida azarosa de campamento que distingue la explotación de sus riquezas y a la actitud de espanto que causa en ciertos ánimos asustadizos la búsqueda de soluciones para los innú­ meros problemas que erizan el panorama económico del Estado. Se ha criticado también la Sociedad, por cuanto muchos dudan de la ca­ pacidad cooperativa de los llamados a formarla. Yo, en cambio, tengo fe en el espíritu público de los hombres de Guayana y espero que ellos sabrán ha­ cer honor a esa confianza. Y tengo fe porque he advertido en cada guayanés con quien me ha sido dado desde antaño el honor de la amistad, una pro­ funda inquietud por los problemas de la región. Y lo que sé de la vida mise­ rable del minero de El Callao, de la azarosa aventura del purgüero de La Paragua, de las penalidades del recogedor de sarrapia en el Caura, del afanoso madrugar del lavador de arenas diamantíferas en Santa Elena y en San Pedro, de la “ pusana” que aduerme la voluntad del hombre de la llanura 276 adentro, lo he escuchado lejos de aquí de labios de guayaneses que sientan su cátedra de maravillosa geografía donde quiera que encuentran con quien platicar acerca del porvenir que duerme en los grandes bosques y en las desli­ mitadas sabanas y en la poderosa corriente de los ríos y en el corazón genero­ so de esta tierra de milagros que espera el supremo milagro de la voz que la ponga a andar, sin advertir que esa voz está en el fondo del espíritu de los propios hombres que desesperan. Pero esa voz, para hacerse oír, requiere el estímulo de las voces afines. Necesitan las voces aisladas de quienes rumian desde su posición indivi­ dualista el dolor de un anhelo torturante, que un esfuerzo común y desinte­ resado unifique la energía capaz de transferir su potencia creadora a las capa­ cidades dispersas. La Sociedad Económica de Amigos de Guayana debe reali­ zar esa fecunda tarea de conjugar los ánimos, a fin de que surja la voz que anuncie el despertar de este gran pedazo de la Patria. Yo traje a Guayana una consigna que unánimemente me dieron mi Partido y el Presidente de la República. Servir. Servir es la misión del ma­ gistrado. Y servir es la misión del ciudadano. Yo quiero ser fiel a la consigna de mis superiores. Y para bien cumplirla, he pedido a los ciudadanos que me toca el honor de presidir desde la función pública, que conmigo sirvan a la obra de estudiar los grandes problemas del Estado. De esta Sociedad he hecho un cuerpo autónomo, que se dirija por sí mismo, como corresponde a ciudadanos libres y como corresponde, y perdonad que califique mis propios procederes, a quien cree, aún superticiosamente, en el deber que toca al ma­ gistrado de respetar y de exaltar a toda hora la dignidad del ciudadano. Para instalar la Sociedad, me limité, con la certera ayuda de mi eficaz colaborador en la Secretaría General, Dr. Carlos Tinoco Rodil, a escoger apenas cincuen­ ta nombres representativos de las diferentes esferas sociales de Bolívar, entre los tantos que son prez del conglomerado local; porque juzgamos ambos que dejando a la iniciativa de los fundadores la escogencia de la mayoría de los miembros, ganaba en autonomía el Instituto y se daba mayor oportunidad a la acción particular que se propone promover y fomentar. Hoy la Sociedad está formada y su Consejo Directivo constituido por hombres representativos que sabrán dar impulso a la idea de encauzar la in­ quietud creadora de los hombres del Estado. Precisa una acción enérgica que se adelanta a preparar los caminos para las nuevas jornadas de la Patria. 277 Vive Venezuela un momento de gravidez excepcional. El mundo espera la reconstrucción que se anuncia con el final de la tormenta bélica y a nuestra República afluirán hombres sedientos de paz y animosos de trabajo. Vendrán los capitales y las máquinas que queden baldíos después de la fati­ ga de la producción de guerra. Y hombres, máquinas y capitales urgen para que esta estupenda región realice su opulento destino. Para que El Dorado que ofuscó a los abuelos conquistadores aparezca más acá de los horizontes como una realidad que haga el bienestar de nuestros hijos. En este gran pe­ dazo de la Patria venezolana, donde la tierra es ancha y caben millones de hombres deseosos de trabajo y de concordia, consolidará, como ayer consoli­ dó en ella la segunda república que ganó la independencia, la esperada eta­ pa progresista de la democracia que garantice, con la independencia política y moral, la independencia económica de los venezolanos. En Guayana duer­ me el porvenir de Venezuela. Y como antaño se extrajeron de sus campos granos y ganados para avituallar los centauros de la libertad, ogaño reserva la energía de sus aguas, la bárbara amplitud de sus sabanas, el oro, el hierro y los diamantes de sus minas, las resinas y semillas de su infierno selvático, los peces de sus grandes ríos, las maderas de sus tupidos bosques para el trabajo de los hombres remozados en un mundo nuevo de igualdad, de justicia y de paz ¡despertemos en nosotros mismos las voces que anuncien el filo de la aurora y entreguémonos a la obra de forjar la nueva Patria! No olvidemos que por Angostura ha pasado, en su hora más grave, el meridiano de la Re­ pública. Dormidas están sus fuerzas, dormidas y hostiles estuvieron hasta que Piar dominó en San Félix la contumacia de La Torre y Bermúdez tremo­ ló los colores mirandinos, con vivas a la República, en la áspera roca de An­ gostura. Se necesitó que en Guayana surgiera pleno el ímpetu de la indepen­ dencia, para que Bolívar pudiera, sobre el caballo inmortal de la victoria, ir a regar, como cantó el poeta, con tibias aguas del Orinoco las cumbres heladas del Chimborazo. La gran unidad venezolana, norte de nuestros afanes de patriotas, reclama que Guayana se levante con toda su potencialidad creado­ ra, para fraguar como en 1817, 1818 y 1819 la máquina que asegure el por­ venir y la paz de los hombres de Venezuela. Señores: Creed que es para mí motivo de singular orgullo declarar solemnemen­ te instalada la Sociedad Económica de Amigos de Guayana y deber inelu­ dible, a la vez, expresar la gratitud de mi Gobierno a las distinguidas perso- 278 ñas que acogieron entusiastas y pusieron a caminar la idea de esta institu­ ción. Enero 2 de 1944. 279 MENSAJE A LA ASAMBLEA LEGISLATIVA EN LAS SESIONES DE 1944 () Motivo de honrosa satisfacción constituye para mí el hecho de concurrir ante ustedes, los representantes del pueblo de Bolívar, para rendirles cuenta de la gestión realizada durante el pasado año de 1943 por el Ejecutivo del Es­ tado, a cuya cabeza me hallo desde el 27 de noviembre último, por distin­ ción muy señalada que en mí hizo el General Isaías Medina A ., Presidente de la República. Muy pocos son, por ello, los actos de gobierno de que debo cuenta per­ sonal. Corresponde la casi totalidad de la gestión gubernamental a las admi­ nistraciones de los distinguidos compañeros que ocuparon la Presidencia du­ rante el año que pasó: Coronel Carlos Meyer, doctor Gumersindo Torres y doctor José Nicomedes Rivas, inspirados todos en la nueva política democrá­ tica y progresista que dirige desde el Capitolio Federal el Presidente Medina. La obra realizada por mis antecesores, la hallarán ustedes consignada en la Memoria y Cuenta que presentará a esta Cámara mi eficaz y distinguido colaborador en la Secretaría General de Gobierno, ciudadano doctor Carlos Tinoco Rodil. La mía es corta por demás, y a ella me referirá muy brevemen­ te en este Mensaje. En mi alocución inaugural expresé al pueblo del Estado que sentía sobre mí la responsabilidad de dirigir la marcha político-administrativa del más vasto pedazo de la República y pedí, para la eficacia de mi gestión, la colaboración de los ciudadanos interesados en el progreso del Estado. Con el fin de metodizar las iniciativas particulares y hacer que su aporte contribuya de manera efectiva a orientar la administración pública, el Ejecutivo decretó con fecha 30 de noviembre la creación de la Sociedad Económica de Amigos de Guayana, que fue solemnemente instalada el día 2 del mes en curso. Para ( ) De Palabras en Gvayana, p. 25-33 283 su sostenimiento el Ejecutivo aplicó la cantidad de un mil quinientos bolíva­ res (Bs. 1.500,00) mensuales y le destinó la biblioteca adquirida por el Go­ bierno del Dr. Gumersindo Torres, de la viuda del ilustre analista de Guayana, Dr. B. Tavera Acosta. Confía este Gobierno en que la Sociedad que se ha creado sea un instrumento de positivo alcance en el desarrollo de las activida­ des del Estado y por ello la recomienda a la consideración de ustedes. Si algo ha faltado en Venezuela, y parece que especialmente en esta rica región del Orinoco, es el acoplamiento de las voluntades de los particulares en orden a los grandes problemas sociales. Secuela acaso de nuestros viejos gobiernos de tipo personalista que, imponiendo sobre el pueblo el peso om­ nímodo del poder, destruyeron el libre impulso de la comunidad. Distinta es hoy la posición del Gobierno, y las autoridades de la República lejos de obstruir iniciativas buscan la unificación de las fuerzas sociales. En su recien­ te alocución del Año Nuevo el Presidente Medina Angarita manifestó al pueblo de Venezuela sus deeos de ‘ ‘cooperación y comprensión para que en la forma más ventajosa y eficiente, la Nación pueda cumplir la difícil tarea de desenvolver atinadamente su espléndido destino’ ’ . Porque de nada valen en realidad los buenos propósitos de la Administración Pública, si ésta no encuentra en el conglomerado social el suficiente apoyo cooperativo que ha­ ga fácil la acción creadora de la autoridad. Nos hemos acostumbrado, quizá por esa antigua actitud suspensiva de la opinión, a esperarlo todo de íos go­ biernos, sin pensar en el deber social de caminar y de hacer, y en la obliga­ ción indeclinable que cumple al ciudadano, desde cualquier posición en que actúe, de servir los intereses sociales. Una vieja técnica venezolana obligó a muchos ciudadanos a asumir posiciones aisladas y negativas frente a la obra del Gobierno. Mas, el momento que vive la Nación no permite que supervi­ va esa actitud de inhibición. La política, como lo proclama nuestro Partido, es el deber de poner nuestras capacidades morales e intelectuales al servicio de los intereses de la comunidad, y no buscar que las posibilidades sociales sean puestas al servicio de nuestros intereses personales. Desde ese punto de vista, la política adquiere su verdadero carácter de creación social y el hombre que mida su responsabilidad ha de sentirse en el deber de cooperar a la acción común del mejoramiento de la República. No hay ni debe haber divorcio o diferencia entre el pueblo y los órganos del Gobierno. De existir distingos entre sus intereses, llegaríamos a la conclusión de que algo anormal sucede en la estructura social, o abuso de la autoridad y olvido de sus deberes hacia la fuente de donde arranca su legítima existencia, o abulia o in­ 284 comprensión, por enfermedad o falta de cultura, de parte de la propia masa social. Fiel a las consignas de mi Partido, en cuyas bases programáticas se halla contenida la teoría del Gobierno que dirige el General Medina Angarita, y seguro de la comprensión constructiva del pueblo guayanés, yo he pedi­ do a éste su decidida cooperación para abocarnos juntos a la obra de progreso que reclama esta rica región de la Patria. Como no escapa a la comprensión y juicio de ustedes, los escasos días que llevo al frente del Gobierno del Estado los he dedicado al estudio del medio social en que me toca actuar y nada en firme puedo presentar como gestión de mi Gobierno. En el deseo de atender las más pronunciadas necesidades sociales, me fi­ jé en el problema rural y de población, que es acaso el que más urgentes re­ medios está reclamando en el Estado. El indio necesita ser protegido e incor­ porado a las actividades de la cultura. Mejor que yo, ustedes saben de las condiciones en que viven estos restos de nuestra población aborigen y de có­ mo el áspero e inhumano trato del hombre blanco presente, ha obligado al indígena a guardar una actitud defensiva que lo mantiene en los estadios ve­ getales de la cultura. En el Código de Policía del Estado hallé una olvidada disposición que crea el Visitador de Indígenas, y, con la cantidad de ocho­ cientos bolívares (Bs. 800,00), mensuales, proveí dicho cargo y designé para su desempeño al profesor Gilberto Antolínez, considerado como una de las mayores autoridades venezolanas en indigenisrño. Mirando hacia el problema de la tierra, tan unido al de la rehabilitación de los hombres trabajadores, dispuso el Gobierno que presido la creación de una Oficina de Difusión y Protección de la Pequeña Propiedad, que tendrá a su cargo facilitar a los interesados la obtención gratuita de las tierras a que se refieren las generosas disposiciones contenidas en los Capítulos V y VI de la Ley de Tierras Baldías y Ejidos, y al mismo tiempo la defensa del pequeño propietario que no pueda, para proteger sus derechos, sufragar los gastos de justicia. No escapará a la comprensión y experiencia de ustedes la importan­ cia de esta medida, así no alcance tamaño ante el vasto y organizado plan de política agraria que estudia el Gobierno Nacional, conforme al lincamiento expuesto por el Presidente Medina Angarita en su Mensaje al Congreso Na­ cional del año pasado y del cual se espera la transformación de nuestra eco­ nomía rural. Para este servicio se acordó una erogación mensual de setecien­ 285 tos bolívares (Bs. 700,00) destinados al sueldo de un mecanógrafo y a los gas­ tos generales de la Oficina, encomendada ya, con carácter ad - honorem, al Dr. Reinaldo Sánchez Gutiérrez. En orden a sistematizar el servicio de las Obras Públicas del Estado, mi Gobierno decretó con fecha 24 de diciembre la creación de la Dirección de Obras Públicas del Estado,a cuyo cargo correrá la ejecución y administración de las que decrete el Ejecutivo y la supervigilancia de las que se efectúen por sistema de contrato. Esta Oficina estará a cargo de un Ingeniero-Director, un Inspector a la orden del Ingeniero y un Depositario General y del personal subalterno que en cada caso se señale para la mejor ejecución de los trabajos. Como sueldo se fijaron, respectivamente, las cantidades de un mil, quinien­ tos y cuatrocientos bolívares mensuales para el pago de dichos empleados. Al estudio de esta Oficina se propone someter el Gobierno varios pro­ yectos de obras de utilidad general que contempla realizar de conformidad con las posibilidades económicas del Estado que, por la ley de distribución humana que rige el reparto del Situado Constitucional, no están de acuerdo con las necesidades de la más grande región del país, desprovista de caminos y con problemas cuya solución, por lo costoso de las erogaciones, caen en el radio de aquéllos que compete a la previsión federal. La escasez de pobla­ ción, desproporcionada, en forma paradójica, con la vastedad del territorio, reduce la cuota del Situado Constitucional a una cantidad que hace difícil a las autoridades estatales abocarse a obras de mayor empuje. Ojalá mañana una mejor distribución de las rentas del país, permita atender en debida for­ ma las necesidades ingentes que pesan sobre el hombre aislado de estas sel­ vas, mayores que las del campesino que habita las cercanías de centros urba­ nos, ya que el humano recambio de la riqueza pública pide la estimativa de los hombres por lo que ellos necesitan como individuos más que por su valor de masas organizadas y productoras. Da actualmente pasos el Gobierno del Estado para adquirir en los ale­ daños de Ciudad Bolívar una finca apropiada para el acondicionamiento de un centro educativo donde puedan hallar protección los menores desampa­ rados que constituyen uno de los más notorios problemas sociales de la capi­ tal. Posee el Estado el terreno llamado ‘ ‘La Dinamita’ ’ , impropio para el fin que se persigue, por cuanto está enclavado en una zona malárica. Como na­ da produce, fuera de la necesidad de vigilarlo, y como pudiera su venta ser 286 beneficiosa, pido a la Asamblea Legislativa la debida autorización para enagenarlo, si ello fuere útil a los intereses del Estado. En el deseo de prestar ayuda material e intelectual a las clases trabajado­ ras, dispuso el Gobierno, con la debida autorización del Municipio, la cons­ trucción de bateas en el antiguo local del Matadero y el debido acondiciona­ miento de éste, a fin de proporcionar a las personas que derivan la subsisten­ cia del trabajo de lavar ropa, practicar éste en condiciones de seguridad e hi­ giene y se ocupa actualmente el Ejecutivo en el estudio de un plan económi­ co de Biblioteca Popular que preste facilidades para que los obreros que va­ yan a esperar oportunidades de trabajo en la hermosa alameda del río, puedan aprovechar su tiempo vacío en la lectura de obras que ayuden la for­ mación de su criterio ciudadano. El Ejecutivo con fecha 4 del corriente mes, ha dictado un decreto por el cual se ordena erogar la cantidad de seiscientos treinta mil doscientos noven­ ta y un bolívares (Bs. 630.291,00) como contribución del Estado a las obras de enmuramiento del Orinoco. Sería abultar de nuevo la nota del dolor co­ lectivo que ocasionó la trágica inundación del año pasado, hacer aquí la rese­ ña de los daños causados y pintar la angustia que vivió no sólo el Estado, sino la Nación entera. Yo personalmente estaba lejos del teatro de la tragedia, pero mi corazón, como el de todos los venezolanos, estuvo pendiente de la angustia de los hermanos de este Estado. Ahora nos toca, sin volver al dolor de ayer, mirar lo que hay que hacer para reparar perjuicios y evitar la repeti­ ción del daño. Con palabra esperanzada lo proclamó el Presidente Medina, cuando al recibir el justo homenaje que el pueblo de Caracas le ofreció a su regreso de la histórica gira a los países bolivarianos,anunció al pueblo su pro­ pósito inmediato de seguir a esta ciudad a imponerse de los alcances de la devastación. Y Ciudad Bolívar vio al Presidente, confundido con el pueblo, en la rápida curiara que sustituyó al automóvil para el recorrido de la ciudad inundada. Y oyó su palabra de fe y su promesa de obras que eviten futuros peligros. Fruto del estudio consciente y metódico que emprendieron al efec­ to los Departamentos de Obras Públicas y de Sanidad, es el plan que ya em­ pieza a hacerse práctico con los trabajos a cuya consecución va dirigido el Decreto de mérito. Dicho plan comprende la desecación de la laguna y las cloacas de la población, cuyo financiamiento harán los Despachos de Obras Públicas y de S.A.S. y los muros de defensa de la ciudad, que se empezarán con los recursos del Estado, para ser acabados por el Despacho de Obras Públicas. 287 La Junta Nacional de Socorros, constituida para atender a los damnifi­ cados de las inundaciones que flagelaron distintas regiones de la República, estudia aún la manera cómo sería distribuida la cantidad acordada al Estado para ayudar a las personas pobres cuyas habitaciones destruyó o perjudicó la inundación en esta ciudad, Caicara, La Urbana y demás poblaciones afecta­ das. En asocio con la Junta Local, que designó el Gobierno del Estado en decreto de 28 de julio, aquel organismo ha prestado eficaz ayuda a la obra de protección de las personas que quedaron sin alojamiento y que alcanza­ ron a más de siete mil. Ante la dificultad de enumerar las personas que se hicieron acreedoras de la gratitud social, por el espíritu de cooperación que supieron mostrar en los dolorosos momentos que vivió el Estado, habré de limitarme a señalar los nombres de las personas que presidieron la Junta Local, Excmo. Sr. Dr. Mi­ guel A. Mejia y Dr. Juan Gambús, en quienes el Ejecutivo expresa una vez más el agradecimiento que sería imposible hacer en forma nominal a quienes con ellos supieron cumplir los deberes de la solidaridad humana en aquellos difíciles momentos de dolor, no sin hacer constar el espíritu de sacrificio que distinguió al Cuerpo de Policía Municipal del Distrito Heres y la abnegación con que luchó contra el peligro de las aguas la disciplinada tropa del Batallón “ Mariño” acantonado en esta plaza. Y aunque ello sea pedir aplausos para quien oculta sus merecimientos tras no aprendida mo­ destia, haría un acto de justicia la Asamblea Legislativa de Bolívar al tomar buena nota de la manera cómo supo cumplir su deber mi distinguido ante­ cesor en la Presidencia, Dr. José Nicomedes Rivas, secundado a toda hora por su inmediato colaborador en la Secretaría, Dr. Carlos Tinoco Rodil, y por el entonces Gobernador del Distrito Heres, ciudadano Antonio Bello V. Como anexo a este Mensaje va una relación de los principales decretos por los cuales se ordenan obras públicas y se crean servicios sociales. Mas, creo necesario hacer mención especial del decreto dictado por la Administra­ ción Meyer con fecha 14 de enero, por el cual se creó el Dispensario de El Palmar, servicio que ha venido funcionando con excelentes resultados y al cual se acaba de dotar con un pequeño instrumental quirúrgico. A fin de dar la debida estabilidad a este servicio, se estudia la adquisición de un local donde funcione con mayor eficiencia. En el orden asistencial, el Gobierno ha proseguido los trabajos de construcción del nuevo Hospital de Upata y del Dispensario de Caicara y se propone continuar las obras de ensanche del 288 Hospital Ruiz, el cual acaba de ser dotado de un servicio moderno de esterili­ zación, de que venía careciendo. Se propone el Ejecutivo dar mayor impulso a los servicios de protección a la niñez y mira a ampliar el radio de acción de la Casa Materno - Infantil que funciona en esta capital y al establecimiento del servicio de Comedores Escolares, en que vienen ocupándose a la vez varias instituciones privadas de esta capital. En la lista de decretos a que me refiero, encontrarán ustedes el que se dictó con fecha 28 de setiembre para legalizar el funcionamiento en el Esta­ do del Partido Democrático Venezolano. Corresponde este movimiento al grado de madurez que han alcanzado en estos últimos años las instituciones democráticas de la República; y ya lo dijo su gran animador, el General Isaías Medina A ., en el momento de constituirse el núcleo que desde la capi­ tal de la República expandió la idea programática del nuevo Partido, que era necesario un instrumento capaz de elevar los principios y hacer permanentes las instituciones, expuestas a seguir la suerte momentánea de las personas. El Presidente Medina, al promover la formación del Partido Democrático Ve­ nezolano, ha dado el paso más avanzado en el desarrollo de la vida institu­ cional del país, y como tal lo han declardo los mismos partidos políticos in­ dependientes, que, haciendo uso de la libertad de que hoy gozan los hombres en Venezuela, contribuyen al juego cívico de la democracia que es esencia de la República. Esa democracia y esa libertad están garantizadas en la forma más amplia en el territorio del Estado. Me complace proclamar desde este sitio al cual he venido a rendir cuenta de las labores del Gobierno, que en la jurisdicción de Bolívar podrá haber injusticias surgidas de desacuerdos sociales que escapan a la órbita gubernamental, pero no se cometen injusticias al amparo de una culpable tolerancia de los dirigentes del gobierno. Respetar y exaltar la dig­ nidad del hombre venezolano es norma de la política que hoy impera en Ve­ nezuela; respetarla y exaltarla por medio de la libertad que garantizan las le­ yes; respetarla y mantenerla por medio del orden que hace posible la tran­ quilidad social. Por ello es consigna indeclinable de mi Gobierno que el ciudadano que se acerque a los funcionarios del Estado debe recibir de éstos la viva impre­ 289 sión de que tratan con servidores del público y no con fantasmas de viejos tiempos en quienes prevalece la idea de que la autoridad es el ejercicio de una fuerza que ha de hacerse sentir por medio de actos violentos sobre el conglomerado social. Y si adhesiones busca particularmente mi Gobierno, las procura por medio de la técnica democrática de hacer sentir a los ciudada­ nos el valor entitivo de su propia personalidad. Pido para mi autoridad el respeto que merece quien está en permanente trance de respetar la ciudada­ nía de sus gobernados y no el falso homenaje debido a quien pretende hacer­ se temer por medio de actos lesivos de la dignidad humana. Se ocupa el Ejecutivo en dar una mejor organización al servicio de la Educación Primaria a fin de que, concentradas prudencialmente, puedan las escuelas que funcionan en distintos puntos de la capital proporcionar a la población escolar la enseñanza progresiva que le permita optar los debidos certificados. Problema fundamental y cuya resolución se propone encarar este Go­ bierno, es el de la Cárcel Pública del Estado. No necesito ponderar ante uste­ des el lamentable e indeficiente estado en que se halla este establecimiento y la vida incómoda e insalubre que llevan los reclusos. A más de las pequeñas mejoras posibles de hacer al edificio, el Ejecutivo ha procurado ir al mejora­ miento moral de los detenidos y al efecto nombró el preceptor que prevee el reglamento carcelario, se dispuso la formación de una biblioteca y servicio de prensa y, por último, de acuerdo con la competente autoridad eclesiásti­ ca, se estableció un capellanato a cuyo cargo estarán los servicios religosos del penal. Junto con el trabajo manual a que se dedican los detenidos, muchos de los cuales logran con su fruto el mantenimiento de sus propios fa­ miliares, se dan los pasos para crear un pequeño conjunto orquestal y pro­ porcionarles juegos cónsonos con la moral del establecimiento. Ello, levanta y promueve sentimientos de paz y de concordia en el espíritu de quienes de­ ben ser objeto de la acción reeducadora del Estado. Estudia el Ejecutivo la reforma de algunas leyes que reclaman enmien­ das, tanto desde el punto de vista de facilitar la propia administración cuan­ to desde el valor de principios legales fundamentales que aparecen en ellas desfigurados. Una vez concluidos los respectivos proyectos, me será honroso someterlos a la consideración de ustedes. El Estado ha atendido durante el año al pago de sus obligaciones presu­ 290 puestarias, y hasta junio inclusive prosiguió apartando la cantidad destinada a formar las “ Reservas del Tesoro” . Rebajada de ciento cincuenta y dos mil trescientos setenta y cuatro bolívares (Bs. 152.374) a ciento veinte y seis mil quinientos ochenta y cuatro bolívares (Bs. 126.584) desde julio de cuota del Situado Constitucional, y a fin de no ir a una rebaja de salarios públicos, se dispuso cesar en dicho apartado. El saldo favorable del Tesoro, que en 31 de diciembre de 1842 fué de quinientos cuarenta y ocho mil seiscientos sesenta y un bolívares con veinte céntimos (Bs. 548.661,20), alcanzó el 31 de di­ ciembre de 1943 a la cantidad de ochocientos veintidós mil setecientos cin­ cuenta y siete bolívares con noventa céntimos (Bs. 822.757,90), representa­ da en la siguiente forma: Dinero depositado en el Banco de Venezuela en Caracas, de los apartados del Situado Constitucional......................................................... Dinero depositado en el Banco de Venezuela aquí, a la cuenta de Apartado Legislativo.......... Dinero depositado en el Banco de Venezuela aquí, a la cuenta de Apartado Censo Electoral. Dinero depositado en el Banco de Venezuela aquí, a la cuenta de movilización corriente.. . . En la caja de seguridad de la Oficina de la Tesorería................................................................... En anticipo por contrato de obras............................... Total..................................................................... Bs. 630.291,00 ” 12.828,05 ” 3.883,00 ” 154.000,00 ” ” 20.012,05 1.743,80 Bs. 822.757,90 A dicha suma de ochocientos veintidós mil setecientos cincuenta y siete bolívares con noventa céntimos (Bs. 822.757,90) precisa rebajar la cantidad de quince mil setecientos setenta y cinco bolívares (Bs. 15.775,00) por obli­ gaciones de presupuesto pendientes de cobro. Como he dicho, dio frente el Estado durante el año a todas sus obliga­ ciones administrativas y presupuestarias, y aun más: erogó por concepto de defensa del Orinoco, obras de salvamento de personas y bienes, ayudas para el abrigo y alimentación de la población damnificada, la muy apreciable su­ ma de sesenta y dos mil trescientos sesenta y ocho bolívares con veinte cénti­ mos (Bs. 62.368,20). 291 Las relaciones del Estado con los organimos superiores de la Federación y con las autoridades de los demás Estados de la Unión, se han mantenido en forma de la mayor comprensión y colaboración, como corresponde al uná­ nime voto de servir los intereses de una Patria, cuya división en secciones po­ líticas autónomas ha perdido el valor aislacionista que tuvo con lo histórico para ser sólo una lógica distribución del mismo trabajo que se endereza a ha­ cer grande y feliz el destino de la República. Igual pie de cordialidad ha mantenido el Gobierno en sus relaciones con las autoridades eclesiásticas del Estado; y en la medida de sus recursos ha prestado ayuda para el mantenimiento de los templos, y de modo espe­ cial para alzar los techos derruidos de la Catedral de esta ciudad. Ciudadanos diputados: Al terminar esta breve reseña de los actos del Gobierno de Bolívar du­ rante el año de 1943, debo expresar mi complacencia por cumplir un man­ dato que testimonia el carácter responsable de la función pública y dejar constancia una vez más del orgullo que para mí constituye dirigir los desti­ nos de esta importante porción de la República; y con mis saludos respe­ tuosos a ustedes, los legítimos personeros de la voluntad del pueblo de Guayana, les expreso los votos muy sinceros porque el mayor éxito acompañe sus patrióticas deliberaciones. Gudad Bolívar, enero 15 de 1944 292 PALABRAS EN HOMENAJE A LUCILA PALACIOS () Yo agradezco infinitamente esta amable oportunidad que se me ofrece para tomar parte en una fiesta íntima de la cultura de Guayana y celebro to­ marla, porque las distinguidas promotoras del justiciero homenaje a Lucila Palacios dan con ello oportunidad para la presencia de una voz que, asu­ miendo el sentir de otros grupos de la intelectualidad del país, sea el testi­ monio de adhesión que a este acto han de prestar los numerosos admiradores de la insigne escritora guayanesa. En el movimiento de la cultura venezolana contemporánea se ha hecho sentir de manera singular el magnífico aporte de la mujer. Parece que ésta quisiera levantarse, con toda la fuerza mágica de un gran destino, para decir palabras nuevas que orienten el espíritu en medio de la crisis de la moral y de la inteligencia que ha puesto en peligro el curso mismo de la civilización. En el Segundo Fausto hablan las madres de voz solemne en medio de las trébe­ des sagradas donde se forjan los espíritus. En aquel dialogar fecundo, simbo­ lizó Goethe el ímpetu misterioso de la misión que toca a la mujer en el or­ den del mundo. Alguien ha dicho con ligeros fines de poesía, ya que no de exégesis teológica, que el misterio de la Encarnación expresa el infinito has­ tío de un Dios masculino que quizo compartir con la más perfecta obra de sus manos creadoras, el don de la misericordia y del amor universal. La mu­ jer, levantada sobre el viejo concepto sarraceno de la sumisión al hombre, quiere probar, no que ella sea su igual, pues esto hoy nadie lo discute, sino que posee una fuerza distinta y una voz diferente de la voz y de la fuerza de los hombres, y cuyo acento ductor ha de sentirse fuera del ámbito estrecho en que la antigua distribución social quiso enmarcar su influencia maravillo­ sa. La cultura es la obra de buscarse el hombre a sí mismo en el amplio con( ) Pronunciadas en la Escuela “ Zea” de Ciudad Bolívar. De Palabras en Guayana, p. 35-42. 295 cepto humano que integra el binomio creador de la especie. Y a pesar de las angusdas de la hora bárbara del mundo, parece que esa búsqueda será fe­ cunda por el aporte dirigente que, a la par del hombre, presta la mujer en el nuevo orden de la sociedad. Junto a los hombres que hoy dirigen la batalla de la luz contra las tinieblas que intentaron ocultar las grandes conquistas de la historia, dos insignes mujeres, en su elevada jerarquía de esposas de jefes de Estado, sirven en forma ejemplar la causa imperecedera de la justicia y de la libertad. La señora Chiang Kai Shek y la señora Roosevelt, expresan la fuerza y la capacidad creadora de China y Estados Unidos con tanta jusdcia como sus ilustres esposos. Son el símbolo de la otra ala que permanecía dor­ mida para el vuelo certero del espíritu. Concretan en esta hora aciaga de tra­ gedia todo el esfuerzo de su sexo por el triunfo del progreso humano. Resu­ men la angustia creadora de la mujer nueva que, desde el infierno negro de los socavones carboníferos hasta la cátedra luminosa del periódico y del libro, juntan sus energías para la victoria. Por más que ellos sean dulces frutos, no ando a la husma de sufragios del sector femenino, lo que pudiera ser parte a tildar de lisonjeras mis pa­ labras; pero si algo me esperanza en la idea de que se acerca un mundo me­ jor, es la creadora influencia de la mujer nueva, no la de aquel tipo híbrido e infecundo que quiere dejar sus arreos femeninos para sustituirlos por los bár­ baros atributos de la masculinidad. El mundo no necesita de amazonas ar­ madas de hachas que ayuden a la destrucción de la especie. El mundo necesi­ ta que la mirada espiritual de la mujer adivine los senderos para que es torpe la pupila de los hombres y sea así más claro y más amplio el panorama de la vida. No sólo se requiere la dulcedumbre que destila el corazón de la mujer, sino también la luz maravillosa de su inteligencia intuitiva, con la cual alumbre en anticipo aquellas zonas donde no penetra la ruda comprensión de los hombres. Precisa no olvidar que así como una mano de mujer dirigió nuestros primeros pasos materiales en la vida, manos de mujeres han de per­ manecer en la obra de guiar la conciencia humana en su tránsito por la selva laberíntica de la existencia. Lo que sucede en el gran escenario de las naciones, sucede también en el seno de la Patria. La mujer venezolana ha sentido la responsabilidad de su misión histórica y ha salido del viejo marco de las amables abuelas que forja­ ron el corazón y el espíritu de nuestros mayores, para unirse a los hombres en una actitud más recia de cultura. Desde el hogar marcaron ayer los rümbos 296 de los hijos, pero, advertidas de la necesidad permanente de su lección al la­ do de los hombres, se han echado a la calle para librar con ellos la batalla de la dignificación social. Y nuestras mujeres, con el nuevo sentido de responsa­ bilidad de su misión, vienen jugando un papel preponderante en el progreso de la cultura patria. No podría evocar aquí el nombre de todas las mujeres que hoy dan lustre a la intelectualidad del País en el libro, en la escuela, en la prensa, en las asociaciones culturlaes, en las profesiones científicas, en las funciones públicas, en la asistencia social. No podría callar las más para ala­ bar las menos. A todas las alabo en la persona de nuestra insigne homenaje­ ada. Lucila Palacios, celebrada no sólo en nuestra patria, sino más allá de sus fronteras, representa el esfuerzo constante de superación de la mujer venezo­ lana. Allí está su obra literaria para proclamarlo. Bastaría "Orquídeas Azu­ les” para sentar un prestigio literario. “ Aristófanes, Maeterlink y Rostand hubieran, dice Crema, aplaudido con gusto este poema’ ’ , donde con técnica exquisita, se ponen a vivir las potencias dormidas de la gran selva de Guayana. Bastarían las “ Orquídeas” si no tuviésemos para juzgarla en toda su po­ sibilidad creadora, obras como “ Tres palabras y una Mujer” y “Juan se dur­ mió en la calle” capaces de hacer la fama de un escritor. Trabajadora admi­ rable: de modestia que bien contrasta con la brillantez de su estilo y con el certero enfoque artístico y ambiental de sus obras; de espíritu generoso, inclinado siempre al servicio de las clases desafortunadas, nuestra festejada ha sabido hacerse un nombre que es orgullo del pensamiento de su genera­ ción. Bien hace Guayan a en celebrar a la hija ilustre que pone en alto el pres­ tigio de las letras regionales. Esta fiesta confirma mi fe en las virtudes sociales de este pueblo, noble y hospitalario. Guayana sabe estimar y exaltar sus va­ lores, y alabando la obra de Lucila Palacios crea estímulos para el esfuerzo de la juventud del Estado. Esta fiesta es a manera de cita íntima para compartir la alegría del éxito de quien ha sabido regresar con frescas palmas al viejo huerto solariego. Yo, especialmente, he sentido una grata emoción al ver co­ mo el pueblo hace suyo unánimente el triunfo de la hija preclara. Y mi con­ fianza en lo que puede dar el mancomunamiento de las voluntades aisladas hasta hoy, crece ante esta alegría, ante este entusiasmo, ante este espontáneo sentimiento que une los corazones y los espíritus en la hora en que se galar­ dona a quien consagra sus mejores esfuerzos a la honra y al prestigio de estevasto pedazo de la Patria que lleva por nombre el nombre glorioso de Bolí­ var. 297 PALABRAS PARA HONRAR A UNA MAESTRA () Señorita Mejía: Motivo de especial complacencia constituye para mí el honroso encargo con que me ha favorecido el Señor Ministro de Educación Nacional, de poner en el pecho de usted la Medalla de Honor de la Instruc­ ción Pública. Señores: Sencillo galardón es esta prenda con que la República honra a quienes sirven la causa de la cultura, pero cuando viene a premiar una vida meritísima de sacrificios, parece que adquiriera la virtud de asumir el gran­ dor del esfuerzo callado cuya exaltación se procura con ella. Modesto símbolo, esta medalla representa la gratitud de las genera­ ciones hacia quienes han consagrado su vida a abrir caminos al espíritu. Ella compendia el reconocimiento anónimo de todos los que han recibido el be­ neficio de la obra dirigente del educador; ella materializa, en el permanente metal consagratorio, las voces de aquéllos que no pueden llegar, por su larga dispersión en el espacio, a expresar el agradecimiento hacia el maestro hu­ milde que rompió la tiniebla original de sus conciencias. Y sobre todo significado de justicia hacia la obra callada del educador, ella sirve a exaltar la propia función dinámica del maestro. Ella tiene la vir­ tud de hacer presente la obra que se oculta en la humildad de la tarea del magisterio. Se pensó preparar una velada de tipo antiguo, con números de música y recitación de sonetos alusivos al maestro, para expresar el contentamiento del Magisterio por el acto de justicia con que el Gobierno de la República distingue la labor meritísima de la profesora Mejía. Mas, el Ejecutivo del Es­ tado, honrado con el encargo de hacer entrega a la señorita Mejía de la Me- ( ) De Palabras de Guayaría, P. 43-45. 301 dalla con que el Gobierno Nacional premia su larga y densa labor educa­ cional, creyó propicia la oportunidad de dar al servicio infantil esta modesta biblioteca, para rendir a la vez un homenaje a la maestra agraciada. Al poner sobre su pecho la joya que hace notoria la gratitud de la Nación para los ser­ vidores de la Instrucción, he sentido que cumplía un deber de justicia con un pasado heroico; y digo heroico, por cuanto el maestro de escuela realiza en la aparente quietud del aula una obra de contornos semejantes a la de quienes en el campo de batalla perfilan las líneas de las repúblicas. El maestro de es­ cuela es también héroe de una batalla permanente, silenciosa y fecunda. El perfila las líneas espirituales de los hombres que mantienen las Repúblicas. El crea el alma de los pueblos, al dar forma y abrir caminos a la comprensión de los hombres. Cuando honramos la labor del maestro de escuela, pagamos con precio de hoy, una obra cumplida. Un pasado fecundo llamado a dar frutos perma­ nentes. Y la permanencia de esos frutos ha querido el Gobierno del Estado que se exprese de manera tangible, en el hecho simbólico de que sea la seño­ rita Mejía quien abra las puertas del kiosko donde se guardan los libros que habrán de servir de alimento a los niños que asisten a las escuelas de Ciudad Bolívar. Ella cumplirá así una misión de futuro. Ella asumirá permanente función de educadora. Ella será futuro en la propia hora en que recibe la Me­ dalla que premia su heroico pasado de educadora. Y este parque, que hasta ayer fue mero lugar abierto a los juegos caprichosos de los niños, será en ade­ lante manera de escuela al aire libre que ostentará, como homenaje a la edu­ cadora que hoy honramos, su nombre benemérito. Y al exaltar el Ejecutivo en esta forma el nombre de la profesora Mejía, exalta en ella la labor callada y humilde del maestro. Y al escoger una fecha clásica de nuestro calendario patriótico para hacer esa consagración, ha querido expresar una vez más el concepto de que los grandes días de la Patria, más que para recordar fríamente la gloria del pasado, han de ser oca­ sión propicia para mirar al porvenir. No son flores que mueran con el último rayo del sol del mismo día lo que la República pide como ofrenda al pie de la estatua, en sus grandes conmemoraciones. La República pide hechos, pide propósitos, pide pensamientos. Y nada más lógico que hoy, lejos de darnos a recordar románticamente los acontecimientos del 19 de abril de 1810 y ala­ bar el relativo significado del índice negador de Madariaga, nos demos a la 302 obra de honrar en vivo a los actuales forjadores de la Patria. No podemos vi­ vir de la antigua Epopeya, como se creyó en otros tiempos. Necesitamos ha­ cer nuestra nueva Epopeya. La Epopeya de la cultura y de la paz, que se fabricará en el modesto taller de la escuela. Necesitamos edificar en los hombres una nueva conciencia y un nuevo sentido, a fin de que la Patria ad­ quiera los contornos que para ella imaginaron los Padres de 1810. Y como ofrenda a ellos, debemos realizar constantemente la obra que agrande nuestras posibilidades. Y esa obra está en manos de quienes pueden enseñar caminos al futuro. Señorita Mejía: Ya he tenido el honor de colocar sobre su pecho la Medalla que honra su obra pasada de educadora. Ahora pongo en sus manos la llave de esta hu­ milde biblioteca, cuyas puertas abrirá al servicio público, como testimonio de que su obra de maestra no se detendrá nunca. Usted seguirá enseñando en el parque que hará memorable su nombre de trabajadora. Y los niños alegres que ayer sólo venían a jugar en columpios y en argollas, podrán acer­ carse a la puerta de este kiosko para obtener lecturas que iluminen su pensa­ miento y agranden su fantasía. Lecturas que les enseñen a soñar. A idealizar. A mirar sobre el ras de la tierra. Porque los hombres, para fundar obra per­ durable, necesitan haber soñado. El 19 de abril de 1810 había sido soñado antes por los patriotas que echaron a Empáran. Bolívar aprendió a soñar. Y antes de haber ayudado a fraguar en las veladas sigilosas de la Cuadra del Guaire el pensamiento que reventó en aquella espléndida mañana de abril, él había soñado con la libertad de América, y su cabeza, llena de imágenes, había sido sostenida, frente a la Roma nutricia, por las manos de un Maestro de Escuela. Señores. 303 () Señor Coronel Rueda: El Ejecutivo del Estado Bolívar ha querido reunir esta noche en tomo a esta mesa cordial, a distinguidos representantes de la Capital guayanesa para rendirle homenaje en la oportunidad de ausentarse usted de entre nosotros, después de haber ejercido durante algunos meses el comando militar de esta plaza. Para mí personalmente, es ésta una ocasión en que se mezcla la más sin­ cera pena al más señalado regocijo. Pena por alejarse el cumplido caballero en quien he hallado uno de mis mejores amigos; satisfacción, por verle as­ cender en el servicio de las armas y tener la certidumbre de que en el coman­ do de la Brigada que se confía a su experto mando y a su probada lealtad de soldado, sabrá poner una vez más de resalto sus distinguidas virtudes de mi­ litar y de patriota. Pero más que significación de aprecio personal, este acto expresa la pro­ funda simpatía del Gobierno estatal hacia quien ha sido cerca de él el inme­ diato personero de la institución a que compete la guarda de la integridad nacional y el mantenimiento del orden de la República. Personero inme­ diato del Ejército, el homenaje que rendimos a usted, Coronel Rueda, testi­ monia el alto aprecio que la nueva Venezuela sabe hacer de las armas encar­ gadas de protejer las instituciones sociales y de velar porque sean cumplidas las leyes del país. En la época leyendaria en que se forjó la Patria como unidad indepen­ diente, nuestro Ejército supo llevar los colores gloriosos de nuestra bandera hasta el sur de nuestra América, como aurora iluminada de libertad. Hoy, ( ) De Palabras en Gvayana, p. 47-48 307 del mismo Ejército, sometido durante épocas dolorosas que no habrán de re­ petirse en nuestra historia, a la situación de minoridad que imprime el des­ potismo, hemos mirado salir los soldados de la nueva cruzada de nuestra li­ beración cívica. Hombres forjados en las recias disciplinas de las armas han encabezado el movimiento renovador de nuestra Patria y dando ellos con su ejemplo patriótico, sentido de elevación y desinterés al ejercicio de las armas, han elevado la función del soldado al recto concepto de garantía del orden de la sociedad. Sobre la antigua creencia de que eran los fusiles y las espadas instrumentos de opresión para garantizar la voluntad de un hombre contra la libre determinación de los ciudadanos, se yergue, magnífica, la recta no­ ción de servicio en pro de la libertad y la justicia, como norte de la función de Gobierno, Y si ayer el Ejército fue prenda y baluarte de intereses despóti­ cos, hoy de su seno salen voces nuevas que se suman, para hacerlas rea­ lizables, a las grandes ideas de reconstrucción civil de la República. Cumplido militar, de académica cultura y severo don de mando, el ac­ tual Jefe del Ejército, General Isaías Medina Angarita, ha sabido guiar los destinos de la Patria, marcando a ésta su rumbo, no con el ofuscante relam­ paguear de una espada, sino con el cívico bastón que durmió empolvado du­ rante los oscuros períodos dictatoriales. Con la misma gallardía republicana de Carlos Soublette, el actual Magistrado nacional ha sabido dar claro ejemplo de que la primera misión del soldado es respetar y hacer crecer la personalidad del ciudadano. Por ello nuestro Ejército constituye hoy la más sólida garantía de la de­ mocracia y por ello los hombres que se interesan por el porvenir cívico del país, admiran y aprecian su conducta, con el mismo fervor con que todos los hombres libres del mundo admiran y aprecian la gloriosa jornada de los Ejér­ citos que libran en el Viejo Mundo la batalla decisiva de la libertad. Allá an­ te la fuerza de la barbarie se vierte la sangre fresca de la juventud que pre­ fiere la muerte a la vida con cadenas; acá, en la paz del cuartel, junto con la técnica que educa el brazo, el espíritu se nutre de conceptos morales que avaloran el pensamiento de los guardianes de la Ley. Señores: Al invitaros a hacer votos por los éxitos continuos de nuestro distin­ guido amigo el Coronel Rueda y por su dicha personal y la de su digna com­ 308 pañera, os pido saludar conmigo al cumplido militar que viene a sustituirle en sus delicadas labores, Comandante Félix Edmundo Martínez; y os pido a la vez que me acompañéis a elevar esta copa por el progreso de nuestra Insti­ tución Armada y por la salud personal de su ilustre Comandante en Jefe, General Isaías Medina Angarira, siempre vigilante porque el soldado vene­ zolano de hoy sea fiel trasunto del glorioso soldado que ayer derramó su sangre generosa para regar el árbol fecundo de la libertad de América. 309 PALABRAS EN LA INAUGURACION DE LA RADIODIFUSORA “ LA VOZ DE GUAYANA” n Señores: Es para mí motivo de señalada complacencia tomar la palabra como personero del Estado Bolívar en el momento inaugural de la radiodifusora católica “ La Voz de Guayana” . Ciudad Bolívar tiene desde hoy una voz más para hacer sentir su presencia en el concierto de la cultura patria, para hacer conocidas sus necesidades sociales y para recordar, también, que aquí duer­ me el porvenir de la Patria venezolana. Este invento preclaro, que permite absolver distancias a la voz, repre­ senta una de las más vigorosas conquistas de la civilización. Este invento acerca al hombre a la propia divinidad. “ En el principio era el Verbo. Y el Verbo era D ios” , nos recuerda el visionario de Patmos. Dios era la Palabra. Dios es la Palabra. Y los hombres dominan la escala zoológica, por el don di­ vino de la palabra, que testimonia el espíritu. Y la invención del sistema de comunicaciones radiadas, dando un insoñado ámbito de acción a nuestra voz, aumenta en grado eminente la fuerza creadora del pensamiento del hombre. De la tribuna solitaria de la cámara de trasmisión, surge la palabra que va a ser escuchada por invisibles oyentes. Va al través de los aires, como mensaje fecundo, portador de consignas nuevas, capaces de elevar la con­ ciencia hacia planos de mejoramiento, y capaces también, cuando es tomada por la pasión y el error, de subvertir virtualmente el orden social. Porque la palabra, como sirve para la enseñanza de los buenos caminos, sirve, en labios irresponsables, para destruir el propio equilibrio de la moral. Por ello el mérito de la Radiodifusora que inauguramos acrece en razón de estar dedicada a expandir el pensamiento cristiano. Por esta Estación se predicará la doctrina capaz de salvar al mundo de la permanencia de la ( ) De Palabras en Guayana, p. 49-51 313 guerra. Por esta estación rodará aquella palabra permanente que enseñó a los hombres hace dos mil años los caminos que destruyen el odio. Por esta estación se harán escuchar sin reservas las consignas que enseñan los amplios caminos de la caridad y la justicia y las normas que deben regir en una so­ ciedad que, diciéndose cristiana, está de suyo obligada a mostrar por medio de hechos notorios, la eficacia de la doctrina y a no mantenerse, como hasta ahora, en la práctica de procederes que son la mera negación de los ideales cristianos. Yo me siento honrado de la invitación que se sirvió hacerme el Ilustrisimo señor Cardozo. Me enorgullece que sea mi palabra, con la del Excelentí­ simo señor Obispo Diocesano, mi antiguo maestro Monseñor Mejía, de las primeras en oirse por medio de este nuevo servicio cultural, y ella va en pri­ mer término a saludar al pueblo guayanés, cuyos destinos me es honroso pre­ sidir, y a expresarle una vez más la fírme fe que me acompaña de que el por­ venir de esta hermosa región comprendía el propio porvenir de la Patria ve­ nezolana. Pero para despertar las grandes potencias que duermen en esta maravillosa porción de la Patria, precisa el mancomunamiento de las volun­ tades nativas en un propósito de hacer que, sobre el azaroso clima psicológi­ co que distingue a quienes están hechos a buscar la riqueza en forma de aventura, se marque una intención sedentaria de fundar bases para una eco­ nomía de mayor ámbito. Que el gentilicio guayanés no sólo exprima el justo orgullo de ser parte de esta comunidad gratísima, donde se guardan los más ricos tesoros de la tierra, donde las selvas y las aguas lucen su más bella bar­ barie, donde la historia se abrió en caminos firmes y anchos hacia la definiti­ va consolidación de la República, donde los hombres han brillado por su ta­ lento singular y donde las mujeres exhiben en grado máximo el poder embrujador de la simpatía y de la belleza; sino que, sobre este orgullo, se yerga el limpio blasón de calificar a miembros de una sociedad que pone en alto el concepto del trabajo común en pro de los intereses colectivos y que posee clara conciencia de saberse en permanente vigilia por el progreso y la cultura. Y con mi saludo al pueblo que me honro en presidir, vaya el que en su nombre dirijo al ilustre Presidente Medina y a sus dignos colaboradores en el Gobierno y a mis colegas los gobernantes de los otros Estados de la Unión; y vaya por mis labios, también, el fraternal saludo de Guayana a los herma­ nos de la ancha Patria venezolana, vibrante por igual, e íntegramente, en el alma curtida de fortaleza del pescador de Margarita, y en el espíritu, todo amplitud, del sabanero de Cojedes, y en el corazón sufrido del obrero de Ca- 314 bimas, y en el callado montañés del Occidente, y en el alegre azuceneio de Galipán. ¡Una la Patria en la consigna de hacer cada vez más fácil y digna en ella la vida de los hombres! ¡Una la Patria en la acción maravillosa de enla­ zar, para el común esfuerzo creador, el impulso de quienes tienen a marcado orgullo sentirse unidos por las franjas estrelladas de la bandera mirandina! Señores. 315 () ¡Señores! Con profundo recogimiento patriótico nos reunimos una vez más para conmemorar el natalicio de Simón Bolívar. No sólo los hombres de Vene­ zuela, sino también los ciudadanos libres del mundo, festejan en esta fecha gloriosa la memoria de quien fiié símbolo y brazo de la libertad de un Conti­ nente. Celebrar el recuerdo de Bolívar no es rendir culto frío a una vida pro­ digiosa que se hundiera en la noche de la historia. En Bolívar alabamos la idea permanente de la independencia de nuestros pueblos y alabamos al ma­ yor apóstol de la dignidad del hombre americano. En Bolívar ponderamos a nuestro primer filósofo y a nuestro más grande escritor público. Por muchos años nuestra vida de nación se nutrió del recuerdo estático de Bolívar, como si su gloria bastase a suplir nuestra deficiencia de actos pre­ sentes. Tuvimos en el Libertador una fuente inagotable de motivos para el canto heroico y para la exaltación de hazañas sin ejemplo, pero en cambio descuidamos la lección viva de su vida ejemplar. Hoy, una revaluación de la historia nos lleva a mirar los héroes como figuras llamadas a animar nuestra acción presente. Los héroes que forjaron en recia lucha las líneas de la Patria, viven con nosotros en constante obra animadora y buscan en nuestros actos de hoy la superación de su esfuerzo creador. Es el homenaje que debemos a su memoria. Cantarlos y ponderar por medio de fatigada hipérbole sus exis­ tencias magníficas, nada representa como obra de Patria. Debemos ahondar su pensamiento más que porfiar en la alabanza de sus actos. Ellos pasaron, pero en cambio sobreviven las ideas que dieron ímpetu a su obra maravillo­ sa. La memoria de Bolívar adquiere en nuestros tiempos un valor y un sig­ nificado de renovación. Su ideario siempre joven insufla aliento creador y da ( ) De Palabras en Guayaría, p. 53-57 319 fuerza vivificante a esta generación de encrucijada a quien há tocado el dolor de presenciar una de las más dolorosas crisis del pensamiento universal. Cuando hemos visto insurgir, con potencia de tormenta, voces que intentan el retomo del hombre en la curva de su perfeccionamiento moral, la memo­ ria de aquéllos que lucharon por la dignificación de sus conciudadanos, se al­ za en el horizonte como símbolo estupendo que da aliento a quienes se man­ tienen fieles a las consignas del espíritu. Desde esa posición de idealidad educativa y de ejemplo llamado a fruc­ tificar en actos nuevos, el culto de los héroes constituye una reserva energéti­ ca que los pueblos están en el deber de fomentar y enaltecer. Amar a Bolívar es una promesa de fidelidad a los grandes pensamientos que lo hacen perma­ nente en el campo de la historia viva, de la historia que prosigue actuando para acabalar la línea del perfeccionamiento humano. Desgraciadamente muchos han buscado la gloria de Bolívar como rica vestimenta, capaz de cubrir intenciones egoístas; y su culto no ha pasado muchas veces de mera palabrería para engañar al pueblo. De otra parte se elevó el recuerdo del Li­ bertador a cimas inaccesibles que rompían su justa proporción humana y se dieron a su figura contornos de leyenda que cerraron a los hombres los cami­ nos de su propio encuentro creador. Encuadrado en el silencio esotérico de los intérpretes antojadizos, se hizo del Padre de la Patria una figura de mi­ lagro negada a la crítica de cada tiempo y de cada escuela. Culto falso y pobre que, a pesar de la facundia del elogio, distancia al pueblo de la verda­ dera función que a Bolívar corresponde en nuestro proceso social. Toda una larga tradición de bolivarianismo se ha fundado en el erradizo criterio de quienes creen que invocar la plenitud creadora del Libertador, sea suficiente para dar buenos sentidos a las cosas. Una recta y fecunda concep­ ción de lo que es la función constante de Bolívar en el campo social, nos obli­ ga a obrar, por lo contrario, como si fuera él quien buscase nuestra potencia actual para proseguir su inconclusa tarea de forjador de pueblos. N i nuestra libertad ni nuestra independencia fueron ganadas en forma definitiva por el esfuerzo de los héroes. Ellos reclaman la acción nueva de las generaciones a quienes toca proseguir y perfeccionar la obra de los Padres de la Patria. Los héroes piden, para que sobreviva su propio pensamiento creador, la conti­ nua cooperación de los hombres del momento. Con estos conceptos por numen, debemos dar espaldas a la vieja técnica 320 de festejar a Bolívar en la misma forma en que se conmemoran los Santos del Cielo. Debemos apartarnos de la idea de que Bolívar puede hacer milagros con su solo nombre. Bolívar sí puede hacer milagros, si nosotros le prestamos nuestra ívoluntad de hoy ; si lejos de empeñarnos en el estéril ditirambo y en el culto de la vieja historia sentimental, hacemos consigna nuestra el deber de proseguir la obra maravillosa que él echó a andar en el nuevo mundo. Si nos esforzamos porque la historia reviva en nuestros actos con toda la poten­ cia que guardan los siglos. El pensamiento de Bolívar precisa mirarlo en sus alcances finales. Hombre dialéctico, siempre en trance de tornar en tesis las últimas conclu­ siones de la política, no desdeñó la contradicción cuando ella iba a dar re­ ciedumbre a sus propósitos. Si en un momento crítico de la vida de Colom­ bia desdijo aparentemente de sus convicciones estructurales de demócrata y revolucionario, lo hizo porque en su concepto lo primero era salvar la inde­ pendencia de la República como entidad política, para después, sobre ese re­ cio marco, darse a la tarea de perfeccionar el mundo de los derechos persona­ les. Antes la casa, segura y libre; después el goce de la libertad entre los mu­ ros infranqueables para extrañas fuerzas. Y si hoy apareciera en su propia fi­ sonomía de filósofo y guerrero, pondría su pensamiento y su espada victo­ riosa al servicio de la causa invencible del hombre libre, que lucha en el ancho campo de batalla del mundo por la permanencia de aquellas ideas que hacen práctica la dignidad humana. Aquéllos sueñan quimeras quienes dicen que el Libertador hoy miraría mejor hacia las fuerzas reaccionarias que en nombre de un orden caduco de injusticia se oponen el progreso indesviable de la personalidad en el campo del derecho y la equidad. Con el pueblo clamante de justicia estaría nuestro Libertador, codo con codo, librando la inacabable batalla por el triunfo de los principios que hacen gra­ ta la vida y aún aceptable la muerte. Y con el pueblo deben estar quienes se digan intérpretes del pensamiento vulcánico del grande hombre. Con el pueblo que se levanta en esta hora definitiva del mundo para hacer reali­ zables las ideas que fueron norte de su hazaña libertadora. No es alabarle en su gloria indiscutible ni afanarse en la búsqueda del dato que más amerite su pasada existencia de legislador y de guerrero, lo que cumple a una recto de­ voción bolivariana. Amar a Bolívar es sentir y practicar sus ideales de desprendimiento, de libertad y de justicia. Amar a Bolívar es proseguir la obra que él dejó inacabada en el orden del perfeccionamiento de nuestras naciones. Bolívar pide vivir en nuestro discurso y en nuestros actos. Bolívar 321 no se resigna a la segunda muerte a que le condenan quienes, con su nombre glorioso, lucran fama para interesada obra libresca o ribetes de patriotismo para intenciones personalistas. Bolívar quiere vivir en el pueblo nueva vida de plenitud creadora que haga eficaz su sacrificio de mortal. Bolívar quiere que se interprete su pensamiento en la recta amplitud que significa darse al servicio de los hombres. Aquí estaría diciendo, de estar en figura entre nosotros, las mismas buenas palabras con que orientó la conciencia política de América desde este sitio afortunado que da a la ciudad la gloria de ser la segunda cuna de Bolí­ var.Si las brisas de El Avila y el murmurio del Anauco arrullaron la infancia inquieta del héroe, en cambio, en el árido peñón de Angostura y agitada su melena por los aires bravios que hacen temible al Orinoco, exhibió ante el mundo su figura ejemplar de legislador y de creador de pueblos. En este mismo recinto feliz, su palabra se alzó para pedir la creación de Colombia, hacia cuyo recuerdo van los hombres presentes con un esperanzado deseo de hacer más vigoroso y fecundo nuestro destino de pueblos. En Angostura más que en Carabobo y Boyacá, crece la figura de Bolívar con contornos que le dan derecho a vivir en los anales del pensamiento universal. Batallas gana el arrojo y la fiereza, patrimonio también de los Boves y Zuazolas; en cambio Bolívar, al dar cuenta de su gestión de Libertador y proponer la forma y la estructura del nuevo estado político que surgía del meditado esfuerzo bélico, se irguió en este propio sitio con arreos que le enciman sobre el nivel de los hombres y le dan sitio en el banquete inmortal de los filósofos. La circunstancia feliz de haber librado el héroe su máxima batalla en el recinto de la vieja Angostura, hasta entonces baluarte del empeño coloniza­ dor de España, da lustre singular a esta ciudad, cuyo onomástico hoy conme­ moramos. ‘ ‘ ¡ Angostura! tú fuiste el punto desde donde Bolívar movió la pa­ lanca que arrojó más allá del Atlántico al Ibero. Angostura, tú te llamas Bo­ lívar!” , clamó con su fastuoso verbo la musa romántica de Juan Vicente González, cuando el Congreso de 1846 dio a la ciudad el glorioso nombre de Bolívar. “ ¡Angostura, tú te llamas Bolívar” , Tú, señora de tío “ tan grande e tan fondo e de tierra tan fermosa’ ’ , posees hoy un nombre que vale sobre los encantos y las riquezas conque te dotó la naturaleza! Tienes por divisa el nombre de Bolívar ¿qué más quieres por timbre y por presea, ciudad feliz? La gloria de la fecha bolivariana ha hecho olvidadizo el significado mu­ 322 nicipal de la efemérides. En este día de Bolívar la ciudad debiera festejarse a sí misma con profundo sentido de comunidad organizada. Es el día de su fiesta familiar, propicia a la exaltación de los viejos valores que dan calor a sus anales. Otras ciudades de la Patria celebran su día natal, muchas veces in­ cierto por falta de precisión en sus orígenes. Caracas ha escogido por suyo el día de su nombre colonial; Tocuyo y Guanare rememoran la vieja fundación española; otras festejan su Patrón cristiano. Viven en ellas el recuerdo de la vieja vida española y de la permanente fe religiosa. La vieja Angostura, por singular privilegio republicano, prefirió a la estrella conque debía figurar en los colores de la Patria, el propio nombre de Bolívar. Y si por el brillo de la memoria universal del héroe epónimo, la ciudad ha descuidado festejarse a sí misma en esta data de su nombre, es tiempo de que el Municipio asuma el deber de buscarse por medio de la propia evocación de sus anales y por el meditado examen de sus atributos públicos. Fiesta de la ciudad, ella llama a la memoria de su dilatado lustre y promueve la acción de la colectividad ha­ cia la búsqueda de un vigoroso espíritu de cooperación ciudadana que haga posible la realización de su gran destino humano. Que esta fecha, señores, dedicada a honrar la memoria del Padre de la Patria, sea en esta ciudad de Bolívar ocasión de pensar en forma constructiva y anhelosa en el magnífico futuro que está reservado a esta rica porción del pueblo patrio, donde tomó impulso creador el movimiento que hizo posible la independencia y la liber­ tad del país y donde busca apoyo la palanca económica que habrá de hacer realizar las promesas y los votos por una Venezuela donde la vida sea grata por el disfrute de los atributos de independencia y libertad que hacen digna la existencia humana y cuya general consecución es norte de la política progresista que dirige desde el Capitolio Federal el ilustre Presidente Medina Angarita. Sirviendo a estas ideas de Patria grande, probaremos nuestra adhe­ sión y nuestro afecto a la memoria de Bolívar, y seremos obreros, como lo filé él, en la fábrica maravillosa de la República. Seremos obreros del mundo nuevo, donde la aurora, que hace distante la intensidad de nuestros sueños, ilumine, por la libertad y la justicia, la vida de los hombres. ¡Señores! 323 ALOCUCION SOBRE LIBERTAD ELECCIONARIA () Concluirá mañana en el Estado Bolívar la más trascendental jornada cí­ vica de estos últimos años de República. Para el ejercicio del derecho de sufragio que al ciudadano venezolano garantiza la Carta Fundamental de la Nación, se ha abierto en esta Entidad Federal el debate electoral para la escogencia de concejales y de diputados a la Asamblea Legislativa durante el pe­ ríodo de 1945-1948. En cualquier otra república este suceso tendría el significado de un simple hecho que entra en el juego natural de la democracia. En Guayana adquiere el valor singular que le da la circunstancia de ser el primer torneo contradictorio de la opinión pública que se lleva a efecto durante el presente siglo. Legalizados recientemente para su libre desarrollo los partidos políticos en que se agrupan las varias opiniones de los ciudadanos, el Estado ha veni­ do presenciando la edificadora disputa por medio de la cual el pueblo expre­ sa su opinión respecto de las personas que tomarán su defensa en el Munici­ pio y en la Legislatura Estatal. Hecho hermoso que testimonia cómo se empi­ na el hombre venezolano al amparo de la política democrática que dirige el ciudadano Presidente de la República, General Isaías Medina Angarita, quien trabaja con ahinco porque “ cualquiera que sean los hombres que ejer­ zan transitoriamente el poder, la voluntad soberana del pueblo se cumpla perdurablemente’ ’ . La grandeza y el bienestar de los pueblos no se significan por solas obras materiales. Grandes se hacen las naciones cuando sus individuos se sienten en plena posesión de sus derechos morales y políticos. En ocasión por demás grata y memorable para mí, cuando entregué al Concejo del Distrito Heres ( ) De Palabras en Guayana, p. 63-65 327 el instrumento legal que le devolvió al Municipio guayanés su interferida autonomía, hube de expresar que para vivir su vida profunda los ciudada­ nos, necesitan, en un ancho plano de cultura, que en los sitios por donde ha­ cen el tráfico cuotidiano que los lleva al cumplimiento de sus deberes de hombres, no tropiecen con la contradicción arbitraria de la autoridad, ni con la voz alzada que procura mantener una rectoría sin fundamento. Y pláceme proclamar que durante mi ejercicio presidencial los hombres de Bolívar han marchado por las anchas vías del derecho, sin hallar jamás la interdicción arbitraria del poder. Tengo a orgullo proclamar que todos los ciudadanos del Estado se sienten seguros en el goce de sus derechos persona­ les y que tanto yo como los funcionarios que me acompañan en la labor pública, hemos sido respetuosos en todo momento de la ciudadanía de nuestros gobernados, y hemos recibido con ecuanimidad republicana las crí­ ticas y aún los desmanes de quienes, abusando del clima de tolerancia que impera en la República, han disentido de nuestros actos de gobierno. Place al actual Ejecutivo de Bolívar haber contribuido con sus actos al crecimiento del espíritu cívico del noble pueblo guayanés, hasta verlo culmi­ nar en esta jornada electoral, que bien indica como se confía en la acción protectora de la autoridad pública. Libertad y seguridad han tenido por igual los partidos políticos que luchan por el triunfo de sus respectivos candidatos. El pueblo ha mostrado, si no una madurez definitiva para el ejercicio del voto, sí una preocupación y un celo que bien dicen de su vocación y de su amor para la democracia. Ello es parte a que todos nos sintamos satisfechos y orgullosos de nuestro destino cívico. Y yo como magistrado me felicito de este triunfo y felicito al pueblo que ha sabido conquistarlo. Ciudadanos electores: Mañana iréis a las urnas a consignar libremente, como libre ha sido vuestra inscripción en el censo, el voto que exprese vuestra voluntad ciuda­ dana. El Gobierno, al garantizar una vez más el ejercicio de vuestros de­ rechos, os recuerda también el deber de ejercitarlo en medio del mejor de los órdenes posible. Es la libertad la esencia de la vida ciudadana; mas, para que ésta brille en su debida forma, precisa que sean respetados los derechos aje­ 328 nos. No es el orden un homenaje reclamado por la fuerza de que se halla in­ vestida la autoridad. El orden es la garantía de los derechos del pueblo. Y esa comprensión invoco como la mejor y más clara prueba de vuestra altitud ciudadana. Es necesario pensar que si estos procesos públicos soliviantan los ánimos y promueven las disidencias personales, ellos son pasajeros accidentes en la vida de los ciudadanos. Pensad que, concluido el debate electoral, a cu­ yo calor han surgido irreflexivas las ofensas, debéis de proseguir el grato con­ vivio de la amistad, que hace plácida la vida y útil la actividad humana. Compatriotas: Yo os invito a ir a los comicios de mañana con la clara conciencia de que ejerceréis el más noble de vuestros derechos políticos y de que unos y otros contendientes tenéis la misma razón de pensar lo mejor de vuestros candida­ tos y de desear honradamente su triunfo definitivo. El Gobierno con firmeza defenderá vuestra libertad y mantendrá el orden que reclama vuestra propia dignidad ciudadana. Pueblo de Guayana: No olvidéis que vuestra voluntad está fraguando el porvenir de la Na­ ción y que, sobre los intereses transitorios de los hombres, se hallan los inte­ reses permanentes de la Patria, clamante de la responsable y serena reflexión de los ciudadanos. De mí sé deciros que, sobre el triunfo de mi propio Parti­ do, más me interesa el triunfo de nuestras instituciones republicanas. Gudad Bolívar, 21 de octubre de 1944. 329 MENSAJE EN LA INAUGURACION DE LA BIBLIOTECA PUBLICA DE CIUDAD BOLIVAR Amigos de Bolívar: Hace pocos meses os dirigí, como última palabra de mi actuación entre vosotros, mi despedida de magistrado. Hoy os envío mi cordial saludo de amigo y de venezolano preocupado por los problemas de Guayana, tanto co­ mo cualesquiera de quienes han visto discurrir la vida al socaire de los vientos bravios del Orinoco, junto al rumor salvaje de los bosques preñados de ver­ dura o en medio de las pampas sin límites que prometen fecunda cosecha de riqueza. No la vanidad de ver rematada y en servicio una obra cultural ini­ ciada por mi administración en el Estado, hubo de moverme para aceptar con verdadera complacencia, la invitación que me hizo mi distinguido ami­ go y compañero el Dr. Carlos Tinoco Rodil, hoy Presidente del Estado y mi eficaz y leal colaborador cuando ayer tuve la honra de estar al frente de los destinos de Guayana. Quería tomar parte principal en esta fiesta de la cultu­ ra regional que es fiesta también de la cultura de la Patria, pero mis obliga­ ciones como Presidente del Congreso Nacional me han impedido el placer de asistir a ella personalmente y habré de limitarme a expresar por medio de este cordial mensaje el saludo que de viva voz pensé dirigiros. Yo puse el aceite para esa lámpara que hoy enciende en suelo guayanés el Gobierno del Estado, y lógico era mi deseo de gozar las primicias de su luz. Por lo exiguo de los recursos fiscales, no decreté caminos que lleven a la selva los frutos de la civilización; en cambio, quise encender llamas que ilu­ minen otros caminos, de piso más ancho y de tránsito más fácil. Reclaman los pueblos obras de proyección cierta en el campo del proceso material; pe­ ro, junto con éstas, una lógica acción directiva impone la formación de una conciencia cultivada, que levante el propio nivel de los ciudadanos y los ca­ pacite para la realización de sus anhelos de mejoramiento. Desde el recinto de esa noble ciudad proclamó Bolívar la consigna de las grandes necesidades de los pueblos. “ Moral y luces” dijo ser los fundamen- 333 tos de toda obra de Gobierno, y moral y luces sigue pidiendo la República. Moral que oriente la acción de la política y luces que alumbren la conciencia de los hombres. Para levantar el mismo nivel económico de los ciudadanos, precisa que éstos ilustren la mente y mediten sobre sus propios derechos y sobre los deberes que les incumbe en el ordenamiento social. Ayer las masas se agitaron sin concierto en pos de anchar el radio de sus posibilidades. Bus­ caron en su lucha contra las viejas estructuras, armas de agresión sangrienta y fueron con ellas a los campos de batalla para decidir la suerte de sus posi­ ciones contrincantes. Hoy la batalla se libra con armas más nobles y de efica­ cia más certera. Son las ideas quienes dan el predominio a los hombres. En los pocos años de efectiva vida democrática que lleva la República, hemos visto pasar la dirección de los pueblos de manos de quienes ostentaban como título mejor su destreza en atizar tumultos y en gobernar guerrillas, a manos de aquéllos que, por medio de disciplinas culturales, han sabido erigirse en rectores de pensamiento. La vieja política de los caciques de la violencia ha cedido el paso a los hombres que han ganado una actitud dirigente en gracia de su preparación intelectual. A abastar la mente del pueblo y a prepararlo para el manejo de sus ar­ mas de combate, se encaminan estas casas, donde se fragua el acero de las nuevas espadas y donde se iluminan los caminos que conducen a los nuevos campos de batalla. Las bibliotecas públicas y los centros de expansión cultu­ ral no son, como piensan algunos espíritus ligeros, lugares de frívolo solaz para una minoría favorecida. Por lo contrario, estos sitios son a manera de vertientes donde mana permanentemente el hilo de agua que hace fecundo el suelo del espíritu y adonde el pueblo viene, ya con odres pulidos, ya con cántaras de modesta arcilla, a saciar su sed de saber y a lustrar el basamento de su mundo interior. Gudad Bolívar tiene ya un hogar permanente para la cultura del pueblo y un taller abierto para los trabajadores que se afanan por servirla. El Gobierno ha puesto la parte exterior de la obra. Ahora cumple al pueblo po­ ner su voluntad y su entusiasmo para hacer prácticos los fines perseguidos. Está la casa abierta y la mesa luce limpios manteles. Genios benéficos están dispuestos a servir las viandas apenas las pida el invitado; porque es la volun­ tad de quienes vengan quien señala la bondad y el mérito del nuevo nutri­ mento. Allí se puede exclamar, con la frase evangélica: ¡Pedid y se os dará! ¡Vuestra hambre y vuestra sed de saber son la medida! 334 De mí sé deciros que la mayor satisfacción que esa obra podrá propor­ cionarme en el futuro, es saber que nuevos Gobiernos se vean precisados a agrandarla, porque el edificio resulte insuficiente para los reclamos del servi­ cio. No por mera fórmula sino por cumplir un deber que me impone el sen­ timiento, quiero testimoniar mi enhorabuena al Gobierno que preside mi generoso amigo, el Dr. Tinoco Rodil. Ella ha puesto en el remate de esa obra entusiasmo aún mayor que el que por ella mostró desde su inicio y a él cabe el mérito de abrirlo al servicio del público; y con mis parabienes al Gobier­ no, mi gratitud por el honor que me hizo al invitarme a tomar parte en esa fiesta inolvidable de la cultura guayanesa. Sin que falten mis palabras más cordiales para el pueblo de Bolívar, en cuyo seno disfruté de la más ancha hospitalidad y al cual me siento unido con vínculos de afectuosa preocupa­ ción. En el Gobierno de esa promisora región de la República aprendí a amar más, en todo su valor integral y constructivo, a la gran Patria venezolana. Por un fenómeno de contraste, al ponerme al frente de los intereses de una re­ gión por demás distante de la mía nativa, sentí que se borraban las distancias y las fronteras interiores de la República y supe, con intensidad mayor que la proporcionada por la reflexión y los estudios, que es una la Patria, uno su destino, uno y sin fronteras el amor que a ella debemos y una sola la preocu­ pación que nos debe mover en la lucha permanente por alcanzar la meta de sus grandes destinos. ¡Señores! Caracas, mayo 4 de 1945. 335 VENGO A DEVOLVER AL CONCEJO LAS ATRIBUCIONES QUE LE CERCENABA EL EJECUTIVO (*) Honorables personeros de la ciudad: Señores, señoras: Yo debía esta visita al Concejo Municipal del Distrito Heres. Me sabía en falta por haber tardado en retornar el saludo que por vuestro medio me dió la ciudad cuando asumí la Presidencia del Estado Bolívar. Pero yo no quería venir hasta vosotros con las manos vacías, a haceros una visita de pro­ tocolo. Desde que llegué a esta tierra maravillosa, donde duerme olvidada otra Venezuela, y donde, a la admiración de primorosas sonrisas de mujer, he sumado el asombro de contemplar las masas magníficas del oro extraído de su suelo y el milagro de luz que encierran los diamantes vírgenes de sus minas, supe de las condiciones precarias del Municipio, deformado por una organización que le cercenaba sus derechos tradicionales, y como justamente traía la pluma húmeda en la tinta con que acababa de escribir, como prefa­ cio a las Actas del Cabildo de Caracas, la apología del Municipio capitalino, y con ella la apología del antiguo régimen municipal venezolano, me di a la obra de redactar el articulado que hoy devuelve al Municipio de Guayana el goce de su inmanente autonomía. El Ejecutivo del Estado, en cuyo desempeño me acompaña con sus luces mi distinguido colega el Dr. Carlos Tinoco Rodil, tuvo, para lograr esa refor­ ma, el apoyo decidido y entusiasta de los patriotas legisladores de Bolívar, quienes el veinticinco del pasado enero sancionaron la nueva Ley Orgánica que devuelve al Concejo sus facultades de autodeterminación rentística y ad­ ministrativa. Para mí personalmente este acto constituye un grato momento en mi vi( ) Palabras al entregar al Municipio de Cuidad Bolívar, la ley que le devuelve su auto­ nomía. Ciudad Bolívar, Tip. L a Empresa, J . Suegart, 1944.8 p., 20, cm. 339 da pública. Devoto de los estudios históricos, preferentemente me he dedi­ cado a la investigación de nuestro pasado colonial, no para indagar las corre­ rías de los conquistadores y las hazañas de los guerreros que empezaban en­ tonces a fatigar con su violencia el suelo de la Patria, sino para seguir el de­ sarrollo de la instituciones que después culminaron en la fábrica de la Re­ pública. Y en la apretada madeja de la Colonia hallé, como torre que orien­ taba el proceso de la cultura cívica, el viejo Municipio español, renaciente y entero en su vigor rebelde, a pesar de los mandobles que le asestaran Carlos I y sus absorbentes consejeros flamencos. Aprendí que la organización social de Venezuela y sus Provincias se realizó en torno al viejo Cabildo y supe que allí, como sobre firme yunque, se forjó el espíritu arisco de la naciente na­ cionalidad. Hogar de la Patria nueva, allí se caldeó el espíritu de los hombres que sentían el crecimiento de su fuerza autonómica y pesaban su responsabi­ lidad histórica de creadores de nuevos pueblos. Sancta sanctorum, altar don­ de la ciudad guardaba sus penates, el Cabildo fué el centro de todas las acti­ vidades del común y el refugio de su propia dignidad social. Cerebro y cora­ zón, brazos y pies, por él caminó y por él obró y por él pensó y por él amo el pueblo antiguo, confundidas en sus sentimientos las clases sociales que pug­ naban, unas por mejorar, otras por mantener la exclusividad de sus privile­ gios. Fuerza del pueblo, razón de su existencia soberana, fué preciso que los cabildos alzaran la voz vindicatoria y que salieran en manos de sus oficiales los simbólicos pendones, para que el fermento revolucionario inchara los músculos del pueblo y diera tono eficaz al clamor de quienes buscaban liber­ tad e independencia. Del Cabildo, donde dormía la pujanza del viejo Con­ cejo castellano, sacaron los héroes de abril la antorcha con que se prendió el fuego sagrado en el nuevo altar de la República. De mano en mano, al correr de los siglos, ella había pasado como consigna de libertad. No se había roto la tradición de los hombres que en los albores del Siglo XVI gustaron en Es­ paña las libertades municipales. Callaron allá las voces rebeldes, pero, como en las fiestas de Prometeo, fué pasando de unos a otros hombres la llama sagrada que habría de iluminar el solemne sacrificio por la libertad, con que en América se vengaría la traición de Villalar. En la historia me hice municipalista y municipalista me hice también al considerar que es el Concejo la palabra permanente de la ciudad que quiere dirigir sus propios intereses, como expresión de la autonomía de sus habitan­ 340 tes. En mis estudios de ayer y en mis estudios de hoy he exaltado el valor del Municipio como célula eficaz de la República y aun he recibido la aleve contradicción del enemigo por mi empeño en hacer ver que sólo pueden mantenerse libres las instituciones democráticas allí donde la voz del pueblo se expresa de pleno en sus concejos. Empujado por esos mis principios polí­ ticos di mi nombre al Partido Democrático Venezolano, entre cuyas consig­ nas figura la defensa de los derechos inherentes a la dignidad humana y al mantenimiento del principio de que su goce es privilegio inmanente del pueblo y no graciosa concesión del gobernante. Elevado en mi Partido a una posición dirigente, he venido a Bolívar animado del propósito de que mis ac­ tos correspondan a los principios de la democracia progresista que aquél pro­ pugna y que en lo nacional está realizando su gran animador el ilustre Presi­ dente Medina, cuya ha sido la idea de devolver a los hombres de Venezuela los derechos que las permanentes dictaduras habían transferido en forma anormal, y casi aceptada por el pueblo, a los representantes del Poder Ejecu­ tivo. Y como magistrado siento que cumplo hoy un acto que conceptúo so­ lemne en la vida de las instituciones de Bolívar. Vengo a devolver al Concejo las atribuciones que le cercenaba el Ejecutivo en virtud de un instrumento legal que contradecía la propia Ley fundamental de la República. Ha sido és­ ta que os entrego, honorables munícipes, la primera Ley de las sancionadas por el legislador en sus importantes sesiones de este año, a la que he puesto el Cúmplase que le da vigor. Y lo he puesto con un doble orgullo: el de ser­ vir a la dignificación de la función pública y el de poder comprobar ante mi propio fuero interno que me mantengo, como hombre público, fiel a los principios que he proclamado en el libro, en la cátedra, en la tribuna y en la prensa. Escasa en proyecciones materiales habrá de ser mi labor de Presidente de Bolívar. Vosotros sabéis que cada necesidad de Guayana representa la in­ versión de un ejercicio fiscal: mas, esa deficiencia en obras materiales procu­ rará compensarla con obras de otro tipo que invisiblemente sirvan al progre­ so del Estado. Siempre he acido con Epicteto que no se hacen grandes los pueblos levantando los techos y sus viviendas, sino el alma de sus habitantes, y en esa labor de dignificación social estará presente en todos los momentos de mi vida pública. N o necesitan los pueblos grandes plazas, ni anchas calles, ni costosas carreteras para que vivan su vida profunda los ciudadanos. 341 Necesitan, en cambio, que en los sitios por donde hagan el tráfico cuoti­ diano que los lleva al cumplimiento de sus deberes de hombres, no en­ cuentren la contradición arbitraria de la autoridad ni la voz alzada que pro­ cura mantener una rectoría sin fundamento. No saldrán de las exiguas arcas del Estado las monedas para la fábrica de las obras que emprenderá mi Go­ bierno. Esas monedas están en el pueblo. Esas monedas, de oro más aquila­ tado que el oro escondido en la entraña fecunda de esta tierra prodigiosa, es la propia conciencia responsable que anida en el espíritu del pueblo guayánés. Codo con codo con él, garantizándole sus derechos y exaltando la libre expresión de sus ideales de renovación y de cultura, habréis de verme perma­ nentemente en el empeño de cumplir mi deber de primer servidor de los in­ tereses del Estado. Señores munícipes: Asumís de nuevo el ejercicio de la plena autonomía de la ciudad y con vosotros los miembros de los demás Concejos del Estado. Ayer vuestras deli­ beraciones dependían del apoyo arbitrario que pudiera darle el Ejecutivo. Hoy se cumplirán por ministerio de vuestra voluntad de personeros del pueblo. Vuestra tradición es gloriosa y los anales de Guayana recuerdan la actitud levantisca de los regidores que abrían el Cabildo, para discernir, con el concurso directo del pueblo, sobre la suerte de la ciudad, encontrada a ve­ ces con los intereses de los gobernadores. Discutían entonces los cabildos con los representantes de la autoridad política. Y hacían bien en discutir. En primer lugar la República, en la reali­ dad de su estructura, es un concepto dialéctico y en segundo lugar, aquellas autoridades tenían distintos orígenes y diversos fines. El Municipio era lo de acá. Representábala nueva Patria americana. Tipificaba la creciente autono­ mía de las nuevas Provincias que pugnarían por la independencia. El Gober­ nador era el Rey. Representaba el ombligo que ataba la nueva nacionalidad al claustro de la materna Patria. De esa pugna surgió la Patria nuestra. Una en su contenido espiritual y una en sus propósitos de cultura. Hoy es otro nuestro proceso. Son independientes los poderes.’Existen los círculos que de­ terminan sus respectivos radios de acción, mas, todos buscan, como los siste­ mas planetarios, un centro fijo que los une en su independencia, que los ata en su libertad, y los uniforma en su diversidad: el pensamiento de lograr una Patria mejor. En él estamos empeñados todos y con ese propósito por nu- 342 mcn, la función Pública, lejos de disidir, marchará ordenadamente al bien común. Señores! Ciudad Bolívar, febrero 2 de 1944. 343 LA FIESTA DE LA NACIONALIDAD () Señores: He acid o deber mío justificar ante el público el Decreto Ejecutivo de fecha 9 de agosto último, por medio del cual mi Gobierno dispuso celebrar, como festivo, el 8 de septiembre, en conmemoración del día en que Orlos 111 de España, sancionó la Cédula que acó la Gran Capitanía General de las Provincias Unidas de Venezuela. Esta fecha ha pasado inadvertida en el recuento de los grandes fastos de la Patria. Mas, ella tiene en nuestro calendario nacional importancia que no se queda a la zaga de ninguna otra. Y acopla significado de presencia perdu­ rable. Por desconocer su historia integral, nuestro pueblo ha olvidado que fué en tal fecha cuando se estructuró Venezuela. El 8 de septiembre de 1777 hizo nuestra Patria su aparición como entidad política, si bien subordinada al gobierno metropolitano de la Península, en cambio una y ancha en sus fronteras geográficas y una y estrecha en la comunidad de sus intereses so­ ciales y económicos. El 8 de septiembre de 1777, como escribí en otra ocasión, es el ante diem del 19 de abril. Sin la integración política que surgió de la Cédula carlina. Venezuela no sería lo que es hoy. Pequeñas repúblicas independien­ tes, fáciles presas de las grandes potencias imperialistas, hubieran sido las Provincias que se unieron en virtud de la Cédula de 1777 y que, en 1810, al reabsorber el pueblo la soberanía que detentaba Fernando VII, se volvieron a unir por medio del Pacto Federal que formó la primera República. Y se jun­ taron en 1811 las Provincias para constituir la Confederación independiente, en razón de la gravedad histórica que había sido creada por la unión de 1777, y en virtud de esta unión las fuerzas revolucionarias de Caracas busca( ) De Palabras en Guayevna, p. 59-62 347 ron expandirse hacia las provincias que, como Guayana y Maracaibo, no ha­ bían podido sumarse desde sus origenes al movimiento de la independencia. ¿Qué era Venezuela antes de la integración política de 1777? Una serie de Provincias sin unidad, que dependían de Santa Fe o de Santo Domingo en lo judicial o militar. Esta maravillosa Provincia de Guayana estaba some­ tida al Gobierno de Santa Fe y con ella las Provincias de Maracaibo, Nueva Andalucía y Margarita. La primitiva Venezuela la integraba el territorio que hoy ocupan los estados Miranda, Guárico, Aragua, Carabobo, Yaracuy, Coiedes, Portuguesa, Lara, Falcón y Trujillo y el Distrito Federal. Cada Provin­ cia tenía su Gobernador y Capitán General propio, que recibía órdenes del Presidente o del Virrey de Santa Fe o del Presidente de la Audiencia de San­ to Domingo. Tenían las Provincias en común la centralidad de su Gobierno en la Península y la uniformidad de su cultura. Las necesidades de la defensa contra los corsarios juntaba transitoriamente la acción de los distintos go­ biernos y, más tarde, la continuidad de intereses económicos que produjo la Guipuzcoana, con sus factorías en Venezuela, Cumaná, Maracaibo y Guaya­ na, refluyó en el propósito de unir las Provincias bajo un comando único, co­ mo pudo haberse hecho en 1742. Para mejor gobernar las diferentes provincias, Carlos III dictó su famosa Cédula de 8 de septiembre de 1777. Por ella se creó la Gran Capitanía Gene­ ral de las Provincias Unidas de Venezuela. Por ella recibieron bautizo de venezolanidad las diferentes porciones autónomas que dependían del Gobier­ no de Santa Fe y que fueron sometidas a la dirección política de Caracas. Ese día nació la unidad venezolana. Desde entonces los hombres del Táchira y Guayana, de Maracaibo y de Barinas, de Apure y Nueva Esparta, de Mérida y Cumaná, de Anzoátegui y Monagas, se llamaron uniformemente venezo­ lanos como los demás habitantes de la unión, y desde ese día el Gobernador y Capitán General de Caracas impartió órdenes que tanto se cumplían en Upata como en Bailadores. Si valor profundo en nuestra vida social tienen el 19 de abril y el 5 de julio, no es menor, por si no es más, el que posee esta fecha del 8 de septiembre, que nos aprestamos a conmemorar en el Estado Bolívar. Es la fecha de la unidad nacional. Es la fecha de la integración de la Patria. No se trata, como han entendido algunos espíritus negativos, de un otro lirismo del Presidente de Bolívar. Se trata de una conmemoración en que vá envuelto un claro sentido de realidad nacional. No se busca festejar una efemérides más, sino aprovechar una fecha, para exaltar nuestra na­ 348 cionalidad y fomentar un mayor sentido de comprensión y de fraternidad entre las distintas regiones de la República. El 8 de septiembre es el día natal de la gran Patria venezolana. Ese día apareció el gentilicio común ante el cual los cognomentos regionales de an­ dino y guayanés, de margariteño y de zuliano deponen su fuerza localista y disolvente. No se es hijo de Guayana o de Mérida, no se es hijo de Cumaná o de Falcón. Se es hijo de Venezuela. Se es ante todo y sobre todo venezolano. Y la fraternidad venezolana que va desde el Roraima hasta el Río de Oro, surgió el 8 de septiembre de 1777. Y para exaltar aquélla, debemos meditar en el significado credor de la fecha. A mí, personalmente, me llena de orgullo que bajo mi Gobierno, en esta hermosa porción de la Patria, se celebre por vez primera en Venezuela la fecha de su unidad política. Ya desde el libro y desde la cátedra había venido pidiendo esta conmemoración justiciera y esta oportunidad de efervorizar nuestros sentimientos por la mayor unidad de la República. Hasta hoy he­ mos festejado como sólo día nacional la fecha de la Independencia, olvida­ dos de la data del natalicio. Y ello da una idea trunca de nuestra historia. Tanto como si contásemos nuestra existencia personal a partir de la autono­ mía que se gana con la mayoridad y no desde la fecha del nacimiento. ¿Y nuestra vida anterior, y nuestra formación y nuestro crecimiento, no forma, acaso, parte de nosotros mismos? En esto parece que no parasen mientes aquéllos que dicen que entre la República y la Colonia existe un hiato o un abismo insalvable. Ellos son los enemigos de la historia. Ellos niegan con su parcial manera de ver el pasado, el ámbito que hace vigorosa las raíces so­ ciales. Sin solera histórica, la Patria carecerá de fuerzas para henchir los espí­ ritus nuevos en la obra de realizar su destino humano. Sin la robustez de nuestros derechos en el tiempo, careceríamos de personalidad que nos auto­ rice a participar en la obra de la comunidad universal de la cultura. No intentamos, tampoco, crear un día más de ocio para satisfacernos en el mero recuerdo de hechos pasados. Entendemos la historia como fuente de donde nos es posible extraer elementos creadores de futuro. Y estos hechos que evocamos al considerar la natividad de la unión venezolana, los mira­ mos, como capaces de avivar nuestro propio sentido constructivo de hoy. Pa­ ra sumarnos en forma definitiva a la obra de realizar nuestro destino de pueblo llamado a pesar en el concierto universal, debemos empezar por dar 349 mayor vigor a las lincas que hacen común y uno nuestro interior destino de nación. Del pueblo a la región y de ésta a la unidad superante de la naciona­ lidad, que nos preste fisonomía inequívoca entre los países y las naciones que sirven de marco a los grandes cuadros humanos. Por ello es útil festejar esta fecha de nuestra unidad nacional, ya que su recuerdo es propicio para exaltar el valor de lo nuestro. Y lo nuestro se forjó entonces. Nuestro destino in­ tegral de pueblo arranca del momento inicial en que a la acción gubernativa y política se fijó unidad territorial. La República de 1811, quesedió leyes in­ dependientes en Caracas; y la República de 1819, que se reconstruyó sobre el recio esfuerzo liberador de esta Guayana; y la República de 1830, que en Va­ lencia reasumió sus líneas definitivas, buscaron como marco la extensión ge­ ográfica que había sido definida por la Cédula de 1777. Eran la expresión de la nacionalidad venezolana que aquella definió para orgullo y gloria nuestra. Y por el momento político que vivimos, considero de especial oportuni­ dad esta patriótica conmemoración. He correspondido al ilustre Presidente Medina Angarita una recia labor de unificación nacional. El ha proclamado la necesidad de vivir y pensar en venezolano, para poder lograr la fuerza que defienda nuestra autonomía interior de pueblo y nuestra inalienable sobera­ nía de nación. Ser nosotros mismos, para bastarnos en nuestras necesidades y poder ir al auxilio de los otros hombres que luchan por la dignidad y la justi­ cia. Porque exaltar la nacionalidad no implica posiciones recoletas en el con­ cierto de los pueblos. La nacionalidad es vínculo fecundo que nos une para la creación social y no erizada frontera que aísla nuestra vida de pueblo. Estas, señores, las razones que han movido al Gobierno de Bolívar a fes­ tejar dignamente el centésimo sexagésimo séptimo aniversario de la fecha en que venezolanos se llamaron todos los hombres que viven sobre la ancha porción que constituye nuestro territorio nacional. Y no dudo de que muy en breve el tricolor de la Patria sea saludado en el alba de cada 8 de sep­ tiembre por todos los habitantes de Venezuela, con las notas marciales del “ Gloria al Bravo Pueblo” . Porque ese himno glorioso suena igual para todos los hijos de la Patria en razón de los lazos indestructibles que se crearon por la Cédula de 1777. 350 LA UNIVERSIDAD DE COSTA RICA () Ya instalada solemnemente la Universidad de Costa Rica, en acto signi­ ficativo que marcará época en los anales de la cultura de esta egregia porción de la gran patria americana, mes es muy grato y por demás honroso hacer lle­ gar hasta ella, en la persona de su ilustre Rector y en la de los decanos de su Facultades, el saludo muy cordial que mi medio le envía el Consejo Universi­ tario de la Universidad Central de Venezuela. Vieja de más de dos siglos, mi Universidad, sin la ranciedumbre de otras ilustres casas universitarias de nuestra América, tiene a orgullo haber formado en su seno no sólo a Miranda, Precursor de la Independencia de nuestro continente indoespañol, y a Bello, Padre del Derecho de Gentes americano, pero además a la pléyade de patriotas que dieron contorno per­ durable al ímpetu revolucionario que inició en Caracas el 19 de abril de 1810 el movimiento separatista de las antiguas colonias españolas. Palpita en mi Universidad de manera intensa el más hondo sentido de cooperación americana. Orgullosa de que sus hijos hayan llevado la lumbre de la cultura a otros centros de América, como Bello a Chile y Esparragoza a Guatemala, ella ha sabido mantener también, junto al brillo de la ciencia y de las letras que esplende en los Vargas, los Avila, los Mendoza, los Gual, los Urbaneja, los Michelena, los Sanojo, los Herrera, los Acosta, los Aveledo, los Feo, los Dominici, los Guzmán, los Rangel, lo Razatti, los Risquez, los Duarte, los Ugueto, los Parra, los Alvarado, los Calcaño, los Aguerrevere, los Arcaya, los Gil Fortoul, los Rivero, los Gil Borges, los Iturbe, los Navarro, los González Rincones, los Carbonell, los Cuenca, los Tejera y tantos otros que dan prestigio a nuestra cultura varnácula, ha sibido mantener, digo, como aporte a la rebeldía que impida el estancamiento de la conciencia y de sus formas de expresión, el fuego patriótico de su estudiantado que, desde los ( ) Palabras como delegado especial de la Universidad Central de Venezuela a la inaugu­ ración de la Universidad de Costa Rica. San José, C osta Rica, 7 de marzo de 1941. 353 día trágico de la Guerra a Muerte, con los intrépidos muchachos que acom­ pañaron a Rivas al sacrificio de La Victoria, hasta estos felices años de nobles batallas civiles, mantiene en su neta pureza el acento de fe en los ideales de la justicia y del derecho. Mi Universidad, abriendo sus sentidos sobre la reducida misión de ofre­ cer recursos para la intersada formación profesionista, ahondadora de dife­ rencias en la mecánica social, mira con ojos avisores a los dilatados problemas del espíritu, y, con profunda esperanza humanista, siente que su mandato no se halla limitado por los hitos de la geografía política, sino que, en cam­ bio, debe juntarse a la misión unánime que cumplen las otras universidades de América, obligadas a estructurar una nueva conciencia para estos pueblos de destinu grato, donde subliman y unifican su vigorosa savia nutricia las distintas razas que pueblan del planeta. La Universidad Central de Venezuela, transformación de la antigua Re­ al y Pontificia Universidad que, sobre los recios estribos del Seminario de Santa Rosa de Santa María, fundaron Felipe V e Inocencio XIII, ha recibido con júbilo fraternal la buena de la reinstalación de la casa universitaria de Costa Rica, y, aunque modesta la persona de su representante, ha querido hacerse presente en su fiesta inaugural. Un poco de tierra me cupo el honor de echar sobre la piedra fundamental de su Aula Magna, mas, al arrojarla, sentí que la pulsación de mi sangre venezolana daba vida en concordancia con mi gentilicio a la materia silenciosa e inerte, y tuve entonces la concien­ cia de que con ella sumaba un aporte de mi Patria a la obra de la nueva Uni­ versidad de Costa Rica. Era de ustedes la tierra, pero, en cambio, es misión del espíritu dar vida diferencial y perdurable a la materia. Por ser la última que se instala en suelo americano y por coincidir su inauguración con este momento grávido de inquietudes y rezumante de anhelos de confraternidad, en su fiesta natal se han hecho oír las voces de los centros universitarios de nuestro continente. Su iniciación exprime, pues, el voto unitivo de la nueva cultura democrática de América, llamada a concretar la fórmula ecuménica que absuelva a nuestros hijos de los viejos conceptos disgregantes que en nombre de prejuicios raciales, de exclusivis­ mos nacionalista, del desbordado autoritarismo y de ideologías intolerantes, buscan de impedir que amanezca el alba en que sobre la faz de nuestro mundo, por la aparición conjugante del hombre integral —Uno por la justi- 354 cia, Uno por la cultura y Uno por cl amor— no se aprecien los elementos for­ males que distinguen a los pueblos. Entonces las Patrias se alzarán sobre el religioso concepto telúrico de aras consagradas por las cenizas de nuestros padres y sobre la mezquina definición de lotes territoriales encerrados entre fronteras que engendran rivalidades, disputas y guerras, para ser sólo las áre­ as a nosotros señaladas por Dios para realizarnos en función humana. Para hacer sensible en actos nuestra potencial espiritual!,.. Señores. 355 PALABRAS PARA UN IMPRESOR () Celebró intensamente la participación con que he sido distinguido en el homenaje que los trabajadores de la Tipografía Americana consagran a la respetable memoria de su fundador. Con ello no sólo se me permite rendir en mi condición de escritor el tributo de gratitud que los obreros del pensa­ miento debemos a los centros donde se da forma gráfica a nuestras ideas, si­ no expresar también la profunda satisfacción que constituye ver cómo el afecto de los obreros rodea la memoria de quien supo imprimir al taller la acusada fisonomía de fraternidad que debiera tener toda empresa de traba­ jó ­ la rectitud y la justicia que fueron prenda de la conducta de don Pedro Valery Risquez se ponen de resalto en el espontáneo homenaje que tributan a su memoria los obreros que, bajo su experta dirección, formaron no ya los brazos, sino el propio espíritu de esta empresa ejemplar. Modelos de patro­ nos, el señor Valery no tomó como exclusiva ocasión de lucro la circunstancia de ser propietario de unas máquinas. El sabía que los instrumentos de enri­ quecimiento se mueven y aprovechan por la fuerza armoniosa de hombres que le suman su energía creadora, y lejos de ver en sus obreros mecánicos aditamentos que se ajustan a las máquinas, miró en éstas invenciones mate­ riales que se humanizan al color del esfuerzo de los hombres de trabajo. Y como era rectilínea su conducta, sintió en todo momento, sobre el vínculo del patrono que dirige la voluntad a la mejor utilización de la energía del trabajador, el vínculo humano que hace igual, por el ansia de justicia, las as­ piraciones de todos los hombres. Con el constante espíritu que le animó en favor de sus compañeros de trabajo, sembró a la vez en éstos la conciencia de cumplimiento del deber y celo que constituyen el capital invalorable del tra- ( ) De recuerdos del cincuentenario de la Fundación de la “ Tipografía Americana” 19 de marzo de 1897 -19 de marzo de 191,7. Publicado con motivo del primer ani­ versario del fallecimiento de don Pedro Valery Risquez, acaecido en Caracas el 29 de julio de 181,6. Caracas, Tip. Americana, 1947, p. 22-24. 359 bajador. Lo que pudo lucrar con la cooperación material de sus empleados, lo gustó en vida, al igual de cualquier otros patrono; mas, el fruto de los principios que lo llevaron a mirar el taller como comunidad de fraternos in­ tereses, aparece hoy en las voces agradecidas de quienes al rendirle homenaje merecido, testimonian el anhelo de que su presencia permanente, no en efi­ gie sólo, sino en espíritu, sea garantía de que en el taller prosigan las mismas normas de unidad y afectuosa comprensión que él erigir por puntales de la casa. El propósito que animó a los obreros para la realización de este simpáti­ co acto, puede decine que tiene también un sentido oculto de homenaje a ellos mismos.En la evocación del fundador rinden pleitesía a la obra callada, silenciosa y sufrida de aquellos que durante cincuenta años trajeron su diaria y angustiosa aportación a la obra de hacer el lustre y prestigio de la casa. A todos ellos quiero rendir el tributo de justicia que les debe la cultura na­ cional ¿Qué sería del pensamiento de los hombres son la labor anónima de estos modestos y sencillos obreros que lo ponen en letras de imprenta? Si to­ dos los trabajadores manuales merecen el respeto y la gratitud de la so­ ciedad, quienes dan forma material a las ideas y les ponen alas para el fecun­ do vuelo a través del tiempo y los espacios, tienen un sitio singular en el escalofón de los obreros. Ellos se confunden con los propios artífices del pensa­ miento en la labor de convertirlo en guiadora antorcha. Sin su paciente contribución, la obra del escritor quedaría reducida a la infecunda inquietud del músico que careciese de instrumentos para hacer sentir la tempestad de voces que le agrandan el espíritu. Sea, pues, este homenaje oportunidad gratísima para que los obreros que generosamente lo iniciaron, piensen en el mérito singular de su misión social y en el deber de fraternal concordia que les señaló como numen de tra­ bajo el digno fundador cuya memoria estamos exaltando. Y sea también motivo de orgullo justo para la distinguida familia Valery Risquez recoger las palmas que el recuerdo del progenitor recibe de los nobles y agradecidos obreros que trabajaron bajo sus órdenes. ¿Y por qué no sacar de ámbito restricto de la fiesta una lección también que sirva a la propia sociedad?... Cuando disiden y pugnan en posiciones contradictorias los intereses del capital y del trabajo bien vale la pena mirar hacia estos ejemplares. Ellos están diciendo que si hay fórmulas capaces de 360 sosegar las diferencias, por cuanto éstas toman cuerpo en el espíritu voraz de los patronos que miran en el trabajador la simple posibilidad de acrecer su lucro y en la actitud resentida del obrero que sólo ve en el dueño de los ins­ trumentos de producción un enemigo que aprovecha su fuerza de trabajo. Ubicados en estos irreductibles extremos quienes gobiernan el capital y quienes aportan la energía creadora que lo hace redituar, son prenda de que jamás llegará el momento pacífico de la comprensión. Pero la vida íntima y compleja trama de interese que pide soluciones de justicia. La riqueza social lejos de estar únicamente constituida por las cifras potenciales del dinero que duerme en máquinas y bancos, es productos y mezcla de estos inmóviles va­ lores y de la riqueza viva que producen el cerebro y el músculo de los hombres de trabajo. No mercancía que se compra, sino capital activo que se suma al poder material de la riqueza amonedada, el trabajo humano debe ser mirado con derechos semejantes a los que corresponden a los tenedores del dinero. Los unos son dueños de símbolos de trabajos realizado, los otros llevan en sí mismo el trabajo que busca la posibilidad de realizarse en nuevos valores. ¿Dónde la diferencia entre el capitalista y el trabajador? ¿Este últi­ mo no es propietario, al igual de aquél, de una fuerza sin la cual ningún pro­ vecho rendirían las máquinas ni ningún fruto produciría la tierra? ¿No acu­ mulan también los obreros la potencia de un capital? ¿Por qué no llamar a ambos indistintamente capitalistas?...Entre ellos hay,sin embargo una dis­ tinción radical. Y esa diferencia halla explicación justa en la jerarquía que se­ ñala la pericia y en la facultad de orientar armoniosamente la comunidad obrera hacia el mejor logro de la empresa. Mientras más clara sea la comprensión de estas relaciones, mayor justicia habrá en el seno del taller o de la fábrica. Esa la lección que se aprende en este acto de homenaje. El se­ ñor Valery Risquez se sintió en medio del común de sus empleados como el obrero mayor a quien la experiencia daba título para guiar y gobernar y a quien por ello correspondía la suprema responsabilidad de la empresa. No se prevalió de su original condición de aportador de riqueza amonedada para mirar en sus servidores meras posibilidades de enriquecimiento. Miró a lo humano que da continuidad al esfuerzo social y buscó que la justicia tuviera altar en medio de las angustias del trabajo. Si él fue justo en sus soluciones con los antiguos compañeros de lucha, hoy éstos quieren serlo también con su memoria. Una lección de intelegencia y comprensivo espíritu vocea hacia la calle la actitud reconocida de los empleados de esta empresa. ¡Ojalá sea entendida mejor de como ha intentado explicarla mi palabra! 361 MENSAJE A LA ASAMBLEA LEGISLATIVA EN LAS SESIONES DE 1945 () Es para mí motivo de singular satisfacción dar a los personeros del pueblo de Bolívar mi patriótico saludo en la oportunidad de venir a cumplir el precepto constitucional que me ordena rendir cuenta de las actividades del Ejecutivo estatal durante el año de 1944. Y ese saiudo aumenta en entusias­ mo al considerar que el mandato que legitima vuestra presencia en el seno del Cuerpo Legislativo lo alcanzasteis del pueblo en justa electoral que testi­ monia la madurez cívica de esta importante región de la Patria. Como expre­ sión de avance de las instituciones republicanas en nuestro país, debemos señalar, por ser hecho que lo determina con claridad y robustez indiscu­ tibles, el libre juego de los partidos que hoy canalizan la opinión pública. Norma y clave del edificio político de la nueva Venezuela, ha sido el empe­ ñoso esfuerzo del General Isaías Medina Angarita, Presidente de la Repúbli­ ca, porque ésta salga de los viejos sistemas que miraron el poder como privi­ legio reservado a cuadros exclusivistas y a grupos sostenidos por la mancomu­ nidad de intereses personales. Doloroso proceso el de nuestra historia re­ publicana, donde se advierte cómo, al aflorar a la realidad cívica la libertad, esencia del espíritu y nervio y razón de la vida pública, el poder conspiró pa­ ra callarla. Hoy las normas de la política son otras y el Gobierno, por lo contrario, propicia y apoya la formación de grandes cuadros donde se conju­ guen las disímiles opiniones de los ciudadanos. Los viejos grupos de ayer forcejearon por detener las regalías del mando, han cedido en sus aspira­ ciones exclusivistas, para que, en el puesto suyo, aparecieran partidos con bases populares, donde se siente el palpitar de la voluntad general. Y el Es­ tado Bolívar vio en los comicios del pasado octubre el fruto de esta nueva po­ lítica de dignificación ciudadana. Vosotros sois el más claro testimonio de es­ ta conquista cívica. Miembros de un partido que apoya al Gobierno, obtu­ visteis vuestras actas electorales en reñida y limpia lucha sobre el acho campo de la vuluntad popular, sin que la autoridad presionara por vuestro éxito. Y ( ) De Palabras en Guayana, p. 69-84 365 si el pueblo votó por vosotros, sabiéndoos miembros del partido que ejerce el poder, fue porque a vuestros méritos personales sumó el prestigio de un Go­ bierno cuyo propósito es el engrandecimiento de la Patria y el respeto a la dignidad ciudadana. A mí particularmente me cabe el honor y la satisfacción de haber estado a la cabeza del pueblo de Guayan a cuando se realizó la justa electoral de oc­ tubre. En ella hubo libertad y garantías para los partidos contendientes y en ella supo probar la autoridad su ecuanimidad y tolerancia ante las críticas acerbas y las ligeras imputaciones de los contrarios. Palpó también el pueblo, en el curso de aquella jornada cívica, la sinceridad de la consigna de nuestro Partido al proclamar que los derechos políticos son patrimonio inmanente de los ciudadanos y no regalías de las autoridades, porque fieles a las normas del régimen que sustenta aquél y a las orientaciones que imprime a su Gobierno el General Medina Angarita, las autoridades del Estado Bolívar han hecho mística creadora de la idea de dignificar la función pública. El Gobierno de Bolívar, en cuya dirección me acompaña con sus luces y espíritu patriótico, el doctor Carlos Tinoco Rodil, eficaz Secretario de Go­ bierno, ha querido realizar en el seno de este importante conglomerado so­ cial, una verdadera labor de educación política y para ello he empezado por mejorar los cuadros del Gobierno y de la Administración. Propósito insosla­ yable de nuestra labor gunbernamental ha sido hacer sentir al pueblo que las autoridades están constituidas para servirle y no para recibir la sumisión y el homenaje de los gobernados. El viejo concepto del mandonismo y de la ar­ bitrariedad, se ha sustituido por la recta noción del respeto a los derechos ciudadanos y por un espíritu de amplia comprensión de las disyuntivas so­ ciales. No ejercen postizas rectorías ni buscan ventajas personales con el ejer­ cicio del poder, las autoridades de Bolívar; por lo contrario, han procurado ellas ceñir su acción a la defensa de los derechos del ciudadano y al levanta­ miento del tono social. Un país como el nuestro, estrangulado para la expan­ sión de su personalidad creadora, por sistemas que mantuvieron un divorcio entre el pueblo y sus órganos dirigentes, necesita para su debida educación cívica, la transformación de los métodos de gobierno. Esa obra ha empezado felizmente entre nosotros y empeño del Ejecutivo que me toca el honor de presidir, ha sido crear la noción recta de que la autoridad es un órgano que impulsa, dirige y orienta las actividades sociales y no una fuerza que detiene el empuje libre de los ciudadanos. 366 En este orden de fijar límites ecuables a la función pública, el Gobierno ha procurado mantener la debida diferenciación y responsabilidad de los funcionarios que ejercen el Poder, materia un tanto delicada, ya que nos he­ mos acostumbrado a ver como remedio de nuestros males políticos, la dopción de posiciones extremas y muchos han creído que el verdadero antídoto contra el viejo sistema que supeditó al Ejecutivo los demás órganos del Poder Público, sea reaccionar en forma pugnaz contra ese Ejecutivo, sin pensar que la acción de los órganos de la autoridad pública debe realizarse por medio de un proceso armónico de cooperación. Son independientes los poderes. Exis­ ten los círculos que determinan sus radios respectivos de acción, mas, todos buscan, como los sistemas planetarios, un centro fijo que los una en su inde­ pendencia, que los ate en su libertad y los uniforme en su diversidad: el pen­ samiento de servir unos mismos intereses y unos mismos fines sociales. Por el estatuto que sancionó este Honorable Cuerpo en sus sesiones or­ dinarias del año pasado, las municipalidades del Estado reasumieron el ple­ no ejercicio de la autonomía que les había sido interferida por leyes ante­ riores, dictadas bajo el imperio de una concepción ejecutivista de la autori­ dad. Y pláceme informaros que durante el año de que os doy cuenta, los concejos del Estado Bolívar han hecho completo uso de sus derechos privati­ vos, sin que jamás hayan sentido la acción interferente del Ejecutivo, siempre dispuesto, de otra parte, a prestarles todo el apoyo que han requeri­ do para el normal desarrollo de sus actividades y para el debido cumplimien­ to de sus funciones sociales. Y cuando en el seno de ello, en uso de las atri­ buciones legales, se ha dejado oír la voz del Ejecutivo Municipal, ésta ha te­ nido el tono republicano de órgano que promueve un recto fin de coo­ peración y no el viejo metal arbitrario de la autoridad que quiere imponer su voluntad sobre los representantes del común. En cuanto dice al Poder Judicial, también logró éste mayor indepen­ dencia por la Ley Orgánica que la Cámara dictó en sus sesiones de 1944 y ba­ jo la égida de esa independencia ha realizado sus delicadas e importantes funciones. Y juzgo grato, aunque ello no sea motivo de especial honor para un Gobierno democrático a quien incumbe respetar el principio de la auto­ determinación de los poderes, consignar en ese documento que no hay una sola decisión de los jueces de Bolívar que haya tenido como mira especial sa­ tisfacer un deseo del Ejecutivo. Ha habido justicia limpia, libre y expedita, lo mismo para el alto que para el bajo, y a la facilidad de ella ha prestado to­ 367 do su apoyo mi Gobierno. Acaso muchos que juzgan el valor de los gobier­ nos por el montón de ladrillos de las obras materiales, no hagan mérito de las conquistas logradas en el orden del mejoramiento moral. Por lo contra­ rio, las Repúblicas no se hacen con piedras y cemento, como cualesquiera obras destinadas al abrigo o al solaz del hombre. Las repúblicas se hacen por medio de obras de cultura, de libertad y de justicia que garanticen el de­ sarrollo de la personalidad y el goce de los derechos inmanentes del ciudada­ no. La Administración judicial, eje de la vida social, ha sido objeto de la pri­ mordial atención del Gobierno y no solamente en el Estado sino fuera de él, se comenta y alaba la manera cómo es vigilada para la conservación de su pu­ reza y el logro de su perfeccionamiento. El ciudadano Procurador General del Estado, Dr. Rafael Angel Gabaldón, quien ha sido celoso y eficaz cola­ borador del Ejecutivo en la obra de velar por la cabalidad de la justicia, os enviará pormenorizada cuenta de la labor realizada a este respecto en el año de la cuenta. Junto al problema de la justicia, toca hablaros del problema de la penalidad. Bien conocéis el lamentable estado de la Cárcel Pública. Creo que alguno de vosotros, cuando ella fue prisión política, sufrió el rigor de su incomodidad material. El Ejecutivo del Estado, halagado por una errónea información acerca del accesible costo de una nueva cárcel, pensó en la cons­ trucción de un edificio moderno en el sitio de “ La Granja” y encomendó el estudio de la obra a la Compañía “ Riego’ ’ , mas, los planos y cálculos eleva­ ron el presupuesto de ella a la cantidad de ochocientos mil bolívares (Bs. 800.000). Para emprenderla, sería requerido, no ya un contrato que obligue al Estado durante algún tiempo apreciable, sino, además, la consecución de un empréstito para la propia base de aquél. No es lógico ni justo, que, sobre la deficiencia de la cárcel, se agregue el hecho de estar allí hacinados, contra la lógica penalista, hombres, mujeres y niños. La necesaria vigilancia del ca­ so, obliga a medidas que muchas veces se dificultan por las restricciones ma­ teriales. De acuerdo con la Ley de Régimen Cancelario que la Cámara dictó el año pasado, se organizó el Patronato de Presos y se elaboró la ficha médico-psíquico-social para la investigación de los reclusos. El Patronato, confiado a distinguidas personas de la localidad, no ha tenido la acogida que merece una obra social de tamaños alcances. Yo, particularmente, no culpo a nadie de esta indiferencia ante obras de interés social promovidas por el Gobierno. Para explicarla, hallo como factor fundamental el divorcio que re­ gímenes anteriores establecieron entre los órganos gubernamentales y la pro­ pia sociedad, solicitada apenas, en forma de imperio, para vestir caprichos del Magistrado. Eso creó una conciencia indiferente, como justa reacción an­ 368 te las formas ejecutivistas, y esa indiferencia pesa aún, como lógica secuela, sobre un gran número de ciudadanos. Anteriormente os hablé de la necesidad de la cultura para la fábrica de la República. Y quiero volver a ella en la forma más enfática. Muchos problemas tiene el Estado, algunos inabordables por su magnitud, acorde con la vastedad de su suelo y con el porvenir que le está reservado. Pero de todos, el mayor es la indeficiencia del pueblo en el orden de la economía y de la cultura. Hay pobreza material y hay pobreza intelectual. Falta trabajo, falta abrigo, falta asistencia. Ello nadie lo niega. Pero faltan, por encima de todo, medios idóneos que expandan la ilustración. El pueblo necesita instru­ mentos culturales que le capaciten para la propia defensa de su derecho a co­ mer completo. A mi Gobierno se le critica el señalado empeño que ha pues­ to en obras que procuran la cultura. A mí me han sonado dichas críticas co­ mo un contraeco de la frase, erróneamente imputada a Carlos IV, de que no era conveniente educar a los americanos para poder mantenerlos en la servi­ dumbre. Pero ¿a quién conviene mantener en retrasado grado de cultura al pueblo de Guayana? Busco el sitio de donde hayan podido salir tales voces, y no lo hallo, así muchas veces las hayan repetido hombres que se dicen cono­ cedores de las necesidades populares. La mayor falacia de los enemigos del pueblo consiste en hacer creer a éste que son enemigos suyos aquéllos que en realidad se preocupan por dar claridad a su porvenir. Esa es la vieja táctica de los exploradores de la ignorancia popular. No sé de dónde hayan insurgido esas voces que critican mi administración por haber fundado la Biblioteca In­ fantil “ María Antonia Mejía” y la Biblioteca Obrera “ Manuel Felipe Mo­ res’ ’ y por dedicar preferente atención a la Biblioteca Pública y Auditorium de esta ciudad. Desearía ignorarlas, porque ellas acaso desconozcan que el Estado Bolívar, a pesar del prestigio cultural de esta importante capital, no figura con lectores en las estadísticas de bibliotecas de la República. Hoy, puedo deciros con satisfacción, que la Biblioteca “ Manuel Felipe Flores” , le­ vantada con un costo de trece mil ciento seis bolívares con setenta y cinco céntimos (Bs. 13.106,75), en el Paseo Falcón, donde sirve, además, de obra de ornato, ha llegado en el mes de diciembre a ver desfilar por ella más de quinientos lectores, en su mayoría obreros. La construcción de la Biblioteca Pública y el Auditorium, decretada el 19 de abril del pasado año, se contrató con la Compañía ‘ ‘Riego” por la cantidad de ciento seis mil seiscientos vein­ tiséis bolívares (Bs. 106.626,00), de la cual se le ha pagado hasta el 31 de di­ ciembre último la suma de noventa y dos mil bolívares (Bs. 92.000,00). En 369 breve estará concluido este importante edificio, llamado a ser sede de un in­ tenso movimiento cultural. En orden a preparar su funcionamiento se creó, por Decreto de fecha 5 del presente mes, La Sociedad de Amigos de la Cul­ tura de Guayana, que refunde las actividades de la antigua Sociedad Econó­ mica de Amigos de Guayana y asume, además, la dirección de los servicios de Biblioteca, Museos, Deportes, Certámenes, Conciertos y otras actividades de expansión cultural. Dados la preocupación y méritos de las personas de­ signadas para integrar esta institución, es de esperar que ella será base para un permanente y amplio movimiento de expansión de la cultura en el Esta­ do, en todas sus manifestaciones esenciales. Acaso una de ellas, sea, según los planes que someterá la Secretaría de Gobierno a la Directiva ya nombra­ da, la creación de círculos de lectura, que mejoren las condiciones culturales de los obreros y a la vez se ordenen a servir el plan de alfabetización que ha emprendido el Ministerio de Educación Nacional. En este mismo empeño de mejorar las condiciones intelectuales del conglomerado guayanés, se ha dado comienzo, en el terreno cuya expro­ piación acordó esa Asamblea el año pasado, a la construcción de un edifico para educación y protección de menores desamparados. Se celebró contrato con la Compañía “ Riego” , para la administración de la obra, por un costo de ciento setenta mil bolívares (Bs. 170.000,00). No muy tarde estará concluido el edificio, y en él funcionará un internado para cuarenta niños, becados por el Estado en la proporción de ocho por cada Distrito. Allí recibi­ rán la educación primaria, y con ella orientación agro-pecuaria y artesanal. Los feraces terrenos que rodean el edificio serán cultivados por los alumnos, a quienes, una vez liquidados los gastos de producción, tanto de los frutos agro-pecuarios como de las obras artesanales, se les abrirá una cuenta de ahorros que les permita la formación de un pequeño peculio con que tomar mañana una actividad útil en el orden de la economía social. Para la dota­ ción de esta obra, el Ministerio de Agricultura y Cría y el Instituto Venezola­ no del Niño, que será su supervisor, han ofrecido el más amplio apoyo. El Estado ha procurado sumar su esfuerzo a la preocupación educativa del Ejecutivo Federal. Las escuelas públicas que subviene el erario estadal, han sido vigiladas por la autoridad competente y se le han hecho las mejoras por éstas indicadas. Se ha estimulado a los maestros y a los alumnos. Como homenaje a la benemérita educadora María Antonia Mejía, se dio su nombre al Parque y Biblioteca Infantil de esta ciudad. El Estado acordó también una 370 medalla de oro para premiar los largos y abnegados servicios de la maestra MaríaNatera Pineda y en estos propios días ha honrado a la anciana maestra Doña Nieves Martínez, noble octogenaria que aun dedica su tiempo a la en­ señanza de niños de primeras letras. Con estos homenajes a maestros humil­ des y trabajadores, mi Gobierno ha querido honrar al Maestro en general, destacando lo que valen en el conjunto social esos hombres y esas mujeres de espíritu heroico, que forman el carácter y abren la mente de los ciudadanos. Prestó su ayuda el Estado a la celebración de la Convención del Magisterio reunida en la ciudad de Maracaibo y ha dado su apoyo y su aliento a los gru­ pos que reúnen y canilizan las nobles actividades estudiantiles. En el curso del año se concluyó el moderno Hospital de Upata, al cual, como homenaje a la ilustre memoria del médico guanayes, Dr. Eduardo Ox­ ford, se dió por nombre el de tan destacado cultor de la medicina vernácula. Dicho Hospital aún no ha empezado a funcionar, por no haberse recibido todo el material médico-quirúrgico requerido y cuya adquisicón contrató el Gobierno con la firma J.D . Colimodio, de Caracas, por la cantidad de trein­ ta y un mil trescientos cincuenta y siete bolívares con cinco céntimos (Bs. 31.357,05), de la cual se ha pagado la suma de tres mil cuatrocientos bolíva­ res. En la conclusión de dicho edificio se invirtieron en el año, treinta mil trescientos noventa y un bolívar con noventa y cinco céntimos (Bs. 30.391,95). Como obra asistencial, se concluyó también en el año el Hospital de Ca­ racas, al que se le dió el grato nombre de Agosto Méndez, como homenaje debido a quien dió lustre a las letras y fue benefactor decidido de esta comu­ nidad. El Estado estudia la posibilidad de poner en inmediato servicio esta obra benéfica, en cuya conclusión se invirtió la cantidad de sesenta y siete mil novecientos sesenta y un bolívares con noventa céntimos (Bs. 67.961,90). Como informé a la Cámara en el Mensaje anterior, la cantidad de seis­ cientos treinta mil doscientos noventa y un bolívares (Bs. 630.291) a que as­ cendían las Reservas del Tesoro, se invirtieron totalmente en la construcción de las obras de defensa de la ciudad, en la parte comprendida desde el cruce de la calle Zaraza con el Paseo la Alameda hasta el sitio de La Carioca. Los trabajos los efectuó la Compañía “ Riego” S.A ., por contrato celebrado con este Estado y el Gobierno Nacional, quien aportó para su conclusión la canti­ dad de ciento treinta y nueve mil trescientos noventa y cinco bolívares con 371 setenta y cinco céntimos (Bs. 139.395,75). Esta obra de vital importancia pa­ ra la Capital, asegura a la ciudad contra posibles inundaciones del Orinoco, y si el Estado aplicó a ella el total de sus reservas, lo hizo consciente de prestar un invalorable servicio a la comunidad bolivarense. Actualmente el Ministe­ rio de Obras Públicas estudia el proyecto de obras de defensa de la parte oc­ cidental y entra en sus planes la total desecación de la Laguna del Pueblo, cuya atención ha reclamado durante el año la inversión de treinta y dos mil quinientos cincuenta y un bolívares con ochenta y cinco céntimos (Bs. 32.551,85). Urgente necesidad comporta el arreglo de las calles de la ciudad capital, y el Estado, en el radio de sus posibilidades presupuestarias, ordenó la repa­ ración de la calle Guzmán Blanco, con un costo de veintiún mil seiscientos veintisiete bolívares con diez céntimos (Bs. 21.627,10); la de la calle Orino­ co, con un costo de once mil doscientos veintiocho bolívares con cincuenta céntimos (Bs. 11.228,50); la de la calle Venezuela, con un costo de seis mil setecientos catorce bolívares con cincuenta céntimos (Bs. 6.714,50); la de la calle Santa Ana, con un costo de dos mil trescientos ochenta y cinco bolívares (2.385,00); la de los Paseo “ El Porvenir” y ‘ ‘ 5 de Ju lio” , con un costo de dos mil treinta y dos bolívares con veinticinco céntimos (Bs. 2.032,25); la de la Avenida ‘ ‘Tachira’ ’ , con un costo de tres mil ochocientos cuatro bolívares con sesenta céntimos (Bs. 3.804,60), amén de pequeñas reparaciones de calles en general y de plazas y parques de la población. Ha contribuido el Estado a la refacción de la Iglesia Catedral de esta ciudad, con la cantidad de once mil doscientos sesenta y cinco bolívares (Bs. 11.265,00). Las clases menesterosas no han encontrado cerradas las puertas del Go­ bierno. No se ha dado debida forma a la asistencia social por carencia de me­ dios materiales que permitan la construcción de casas para ancianos y niños, puedan dar amplitud a los servicios que prestan las rudimentarias organiza­ ciones existentes. Pero, en forma oportuna el Estado ha atendido a las perso­ nas necesitadas que han impetrado su ayuda. Las medicinas suplidas a los servicios asistenciales y las que se han distribuido indiviudalmente, ocasiona­ ron una erogación en el año, de diez y siete mil setecientos cinco bolívares con sesenta y cinco céntimos (Bs. 17.705.65), y en socorros distribuidos en la misma forma, se erogó la suma de siete mil cuatrocientos sesenta y cuatro bolívares con treinay cinco céntimos (Bs. 7.464,35). 372 El orden público se ha mantenido inalterable en todo el territorio del Estado y ni la natural exaltación que acompañó al proceso eleccionario de oc­ tubre, fue parte a que se registran desórdenes de ninguna especie. Los fun­ cionarios que me acompañan en el ejercicio de la autoridad han sido celosos en el cumplimiento de su deber y han sabido atender la consigna fundamen­ tal de que el orden no es la quietud impuesta por la fuerza y el temor, sino la armonía que surge de la debida comprensión de los derechos y deberes del pueblo y sus dirigentes. A fin de facilitar la administración civil del impor­ tante caserío minero “ El Perú” , cuya autoridad estaba, por error, confiada al comisario de la mina que el Reglamento de la materia faculta a las empre­ sas para proponer a la autoridad civil del Municipio, este Gobierno acordó la creación de una SubPrefectura dotada por el erario estatal y provista de un funcionario que designa libremente el Prefecto del respectivo Municipio. Igual dotación os pido que hagáis para los caseríos Palúa y Pozo Verde del Municipio San Félix, pues no es cónsono con la dignidad nacional, que per­ sonas que ejercen funciones policiales fuera del recinto de las minas estén su­ peditadas a recomendaciones y pagas de empresas particulares, harto más si éstas son de nacionalidad extraña a la nuestra. Para facilitar la acción administrativa en el vasto territorio minero de la Gran Sabana, y para hacer expedita la justicia, dependiente del Juzgado Mu­ nicipal de El Dorado, se ha pensado en la creación de un Municipio con el territorio señalado a la SubPrefectura de Santa Elena de Uairén. Al efecto, este Gobierno ha insinuado al Concejo de Roscio tomar ante esta Cámara la iniciativa de ley, y aún le ha sugerido recabar para la nueva entidad política el nombre de Municipio Urdaneta, en homenaje a la memoria del ilustre patricio, cuya muerte se conmemora este año en su oportunidad centenaria. Vínculos singulares tiene con Guayana el héroe magnífico de la retirada de Valencia: además de su acción organizativa en lo militar y de su presencia en la Asamblea de 1819, él vino a este Estado en 1842 con el cargo de Goberna­ dor, para aquietar los ánimos exaltados por la furia de las pasiones que ulti­ maron al General Heres. Urdaneta honra, con Centurión y Dalla Costa, el elenco de las autoridades que han dirigido la marcha de este Estado. Las efemérides patrias fueron debidamente celebradas en el territorio del Estado y de modo especial en esta capital. El ejecutivo quiso dar verdade­ ro contenido popular a la conmemoración de las grandes fechas de la na­ cionalidad, confinada en mucho a formalistas actos oficiales y buscó al 373 pueblo, para que éste, con su júbilo sano y fresco, prestase su sentido pro­ fundo de entusiasmo a las festividades. Alguien habló de demagogia intere­ sada del Gobierno, sin pensar que, promoviendo en el pueblo la alegría en los grande días de la Patria, se le ayuda a formar y robustecer su propia con­ ciencia cívica. Así aprenden los ciudadanos que la Patria es patrimonio co­ mún y ancha casa, cuya guarda corresponde por igual a todos los hijos, y que la memoria de los Padres que la crearon es tesoro y orgullo que todos deben guardar y festejar. Quiso el Ejecutivo borrar de la conciencia atormentada y descreída del pueblo, la idea antigua de mirar las fechas patrias como “ Fiestas del Gobierno’ ’ , constituido por sí y ante sí en el sólo representante de la voluntad y del regocijo de la Patria. Eso pudo suceder cuando la autori­ dad temía que la participación directa del pueblo en las grande festividades de la Patria, pudiera ser ocasión de que aquél se volviera contra el régimen en forma tumultuaria. Hoy es otra la situación de la República y es el Go­ bierno quien quiere absolver las distancias que otrora separaron a la autori­ dad de las masas humildes y trabajadoras, que son el verdadero basamento de la Patria. En el orden de las festividades patrias, me cupo el honor y la satisfac­ ción de declarar festivo para el Estado, por vez primera en la República, el día 8 de setiembre, como recuerdo de la fecha que en 1777 marcó el proceso unitivo de la nación venezolana. Ese gran acontecimiento había pasado inadvertido de pueblo y autoridades, sin aprovechar su intenso contenido moral para hacer más cierta la obra de aglutinación de las varias regiones de la Patria. La fecha en que guayaneses y zulianos, andinos y margariteños se llamaron venezolanos por igual, es la hora decisiva de la formación de la Patria, cuya grandeza y perpetuado buscamos como todo lo que nos una pa­ ra vencer las remoras que suelen surgir de un mal concepto de lo regional. Sano y necesario es el regionalismo cuando él se encamina a exaltar los valo­ res y a mejorar la posibilidad de la provincia. En este sentido yo me siento tan regionalista de los guayaneses como el tenido por más amante de esta hermosa región de la República y quise servir esos intereses cuando inicié una Sociedad que viniera, no a dar lustre a mi acción personal de magistra­ do, sino a servir de tribuna que proclamase ante el resto del país y ante sus propias fuerzas dirigentes, la necesidad de mirar hacia el fecundo suelo don­ de duerme otra Venezuela. Así entiendo el regionalismo, dinámico, cons­ tructor,preocupado por la solución de los interses locales y sabedor,además de que esos intereses locales son piezas pequeñas en el juego de los grandes 374 intereses de la Patria venezolana, donde todos debemos ser iguales y unos mismos para sobrellevar el trabajo de su fábrica y gustar el deleite de sus triunfos. Decretó mi Gobierno la conmemoración del próximo 31 de mayo de 1946, por ser el centenario de la fecha en que el Congreso Nacional dió a la antigua Angostura del Orinoco el glorioso nombre de Bolívar. Justo es que la ciudad, y con ella el Estado que lleva su nombre, recuerden con satisfacción el hecho favorable de haber sido ésta la ciudad escogida por el Congreso para usar nombre que las demás capitales de la Patria hubieran deseado para pres­ tigio y patriótico solaz. Demás de significar dicha exaltación un recuerdo a la importancia de la ciudad donde se levantó para su segunda vida institucional la República de Venezuela, es la fecha oportunidad favorable para que la propia ciudad exalte su tradición y extraiga de ella la fuerza requerida por confiar en su futuro. Como parte de la celebración de dicho centenario, el Gobierno decretó un concurso para premiar una obra de geografía econó­ mica del Estado Bolívar, destinada a hacer ver a propios y extraños las gran­ des posibilidades de esta vasta porción del suelo nacional. Decretó el Ejecutivo del Estado la celebración del centenario del ilustre civilizador guayanés D onjuán Bautista Dalla Costa, ejemplo de Magistrado y hombre público que supo mantener en alto el prestigio de la Patria. Y el 15 de febrero pasado se celebraron en el Estado los actos consagrados a honrar la memoria del benemérito patricio a quien debe Bolívar servicios eminentes. Con el propósito de mantener el recuerdo de los grandes sucesos cumplidos en este suelo, el Gobierno ordenó la publicación, a manera de tetraplas, de los borradores y textos primitivos del discurso pronunciado por el Libertador el 15 de febrero de 1819, y que ha hecho famoso el viejo nombre de esta ciudad. El trabajo está para terminar, y me ocupo activa­ mente, con la inteligente colaboración de los ciudadanos Br. Héctor Núñez Santodomingo y Domingo Martínez, en armar las páginas del libro que lo contendrá. También ordenó el Ejecutivo del Estado colocar una lápida con­ memorativa en la casa donde se imprimió el primer número del “ Correo del Orinoco’ ’ . Dos insignes valores sociales, rendidos por el peso del trabajo y de los 375 ejidos de El Callao y después de escrupuloso y meditado estudio de los ante­ cedentes históricos de la cuestión, se dirigió al ciudadano Presidente de la República en busca de una fórmula que restablezca la autonomía del Muni­ cipio sobre el suelo donde se mueve la colectividad callaense. Preocupado por todo aquello que interesa a la nación, el General Medina Angarita orde­ nó el estudio cabal de la materia al Procurador General de la Nación, a quien este Gobierno ha enviado los recaudos solicitados. Durante el año de cuenta, el Estado recibió destacados e ilustres hués­ pedes. Para inspeccionar las obras de defensa de la ciudad, estuvo por dos ve­ ces entre nosotros el Ministro de Obras Públicas, Dr. Manuel Silveira, a quien este Gobierno agasajó como es debido. Vinieron hasta este Estado, co­ mo parte de la invitación que les hizo el Presidente Medina Angarita duran­ te su viaje a Estados Unidos, las misiones Kaiser y Higgins, interesadas en ex­ tender el radio de sus grandes empresas hasta estas ricas regiones de la patria. Ambas regresaron ciertas de que la potencialidad económica que duerme en este Estado está llamada a influir poderosamente en el porvenir de la Re­ pública. Llamada a recordarse en los anales cultos de Guayana, fue la visita hecha durante el cursó del año de cuenta por el ilustre profesor españlo Don Fernando de los Ríos, honra y prez de las letras de ambos mundos. Vino el egregio profesor con el fin de conocer esta región, de riquezas leyendarias, y, como buen sembrador de cultura, dictó en esta sala brillante conferencia que promovió en los oyentes la más cálida y entusiasta admiración. Desde este mismo sitio el maestro español recomendó al pueblo que le oía, la necesidad de darse a una verdadera obra de cultura que sea capaz de mantener viva la llama que ilumine el futuro de la patria. Con el objeto de mejorar la legislación del Estado, el Gobierno designó una comisión que estudiase las leyes vigentes y como fruto de dicho estudio, el Ejecutivo, en uso de sus atribuciones legales, ya ha empezado a someter a vuestra consideración varios proyectos que mejoran alguna de las actuales le­ yes. Por resolución de fecha 7 de agosto y previo el examen de los documen­ tos exigidos por la Ley de la materia, se autorizaron las libres actividades en el Estado del Partido Unión Popular Venezolana. Con esta legalización su­ 378 ben a tres los grupos políticos en que se canaliza la opinión del Estado y que mantienen el espíritu de continua dialéctica que hace posible el progreso de las intituciones sociales. Las relaciones del Gobierno con los órganos superiores de la Admi­ nistración Federal, se han mantenido en el mejor pie de colaboración e inte­ ligencia y lo mismo puedo deciros de las que existen con las demás entidades políticas que forman la Unión Venezolana. Magnífica armonía ha reinado también con las autoridades eclesiásticas que ejercen el gobierno espiritual del Estado y el Gobierno ha ayudado, en su función de Vice Patrono de la Iglesia Católica, las obras destinadas al cul­ to. Elementos destinados a la guarda del orden y de la integridad nacional, los Jefes y Oficiales de la Guarnición acantonada en el Estado, han dado en todo momento ejemplo de disciplina y de respeto a las instituciones. La cor­ dialidad de las relaciones entre las autoridades militares y el Gobierno del Estado, las hizo éste presente en las oportunidades de ser relavados del man­ do de las tropas de esta ciudad los coroneles Angel María Sánchez y Pedro Felipe Rueda, antecesores del actual jefe de ellas, comandante Félix Ed­ mundo Martínez Tejadas, cuando ofreció a aquellos pundonorosos militares homenaje de aprecio a la hora de dejar esta plaza. Con el agasajo de dichos oficiales, quiso, además, la autoridad civil, rendir el homenaje a que es acreedora la institución que mantiene con decoro la tradición de las armas de la República y que en el actual momento de transformación cívica del país ha prestado su respaldo leal y consciente a la permanencia de las instituciones legales de la Patria, en forma tan digna y eficaz que la ha hecho merecedora de la íntegra confianza del pueblo venezolano. Ciudadanos diputados: Ya habéis dado comienzo a vuestras labores legislativas con la conside­ ración de las reformas parciales introducidas por el Congreso Nacional a la Constitución de la República y las cuales han sido sometidas a vuestro refe­ réndum. Huelga que os hable de la importancia capital que dichas reformas representan para el porvenir de la democracia venezolana. Nuestro partido las inició en el Parlamento Nacional y todas nuestras organizaciones sec­ 379 cionales les dieron su más amplio respaldo. El país está vivamente interesado en esas reformas, que rompen trabas y crean nuevos derechos al ciudadano. Justo es que desaparezca la disposición que veda la propaganda de determi­ nadas ideas políticas. Ello es limitativo de la libertad de expresión y pare­ ciera indicar, además, que ya una generación de hombres halló de manera definitiva las fórmulas indiscutidas que deben guiar la sociedad, cuando ésta es mezcla, contradicción, movimiento y análisis que obliga a dar cabida, en el plano de los hechos, a las ideas de todos los tiempos y de todos los hombres; y si éstas mañana pudieran producir alteraciones en el orden público, fuerzas tiene la Nación para mantenerlo. Con la desaparición de las vallas a la expresión del pensamiento, se borrará de nuestra carta fundamen­ tal la facultad atribuida al Ejecutivo Federal para extrañar del territorio na­ cional a los propios venezolanos, en razón de sus ideas políticas, principio contrario a la esencia del estado democrático y a la recta noción de conviven­ cia humana. Las reformas contemplan la posibilidad de que la mujer vote para las elecciones municipales y ello constituye una justa conquista de­ mocrática. No ya mirando lo que la mujer ha dado en el orden del progreso general de la cultura moderna, basta ver lo que ella viene haciendo en nuestro país para justificar esta reforma, que sumará a los cuadros de la ad­ ministración al aporte eficaz de una mentalidad y un juicio nuevo. Se modi­ fica el sistema de voto para diputados al Congreso, confiándolo directamen­ te al pueblo y ello representa un progreso definitivo en el orden del ejercicio del sufragio. Derecho y función éste al propio tiempo, el pueblo ha proba­ do, que tiene madurez y reflexión para ejercerlo. Abordan también las refor­ mas de la nacionalización de la justicia, con lo cual esta rama tan delicada de la administración pública recibirá una transformación que permitirá la esta­ bilización en el orden del servicio personal y la movilidad en el orden del ser­ vicio geográfico, garantías de jueces buenos por la práctica y el escalafón y buenos porque se libran de nexos locales que suelen torcer la marcha de la equidad. Con vuestro voto a estas reformas, no sólo serviréis las consignas de nuestro partido, sino los grandes interese de la democracia venezolana. Ciudadanos diputados: Os he hecho un ligero resumen de las principales actividades del Go­ bierno del Estado Bolívar durante el año de 1944. Pobre será la labor de la administración, errores y deficiencia puede haber en ella, pero una cosa quiero que me reconozcáis: he trabajado de buena fe en el servicio de los in- 380 tcreses del Estado y he puesto mi entusiasmo en promover una obra de cul­ tura, cuyos frutos, por seruendos, no gustaré. He hecho cumplir las leyes sin violencia. He procurado la armonía social. Tengo la satisfacción de no haber apoyado una sola arbitrariedad ni prestado el nombre del Gobierno para un solo negocio de interés personal. Tengo la satisfacción íntima de que todos los habitantes de Guayana se han sentido cómodos en el ejercicio de su per­ sonalidad durante el tiempo de mi Gobierno. He oído las críticas hechas a mis actos de magistrado con la ecuanimidad de quien sabe que, al hacerlas, el pueblo ejercita un derecho inmanente a la dignidad social. En la Memoria y Cuenta que os presentará el ciudadano Secretario Ge­ neral, hallaréis el pormenor de los actos del Gobierno y en las cuentas que os presentará el ciudadano Tesorero General, el movimiento de los fondos públicos. Las posibilidades de éstos, disminuidos por las exenciones acorda­ das en el año y por el aumento de los servicios públicos, fueron mejoradas, a partir de julio, con la cantidad de once mil novecientos ochenta y dos bolíva­ res (Bs. 11.982,00), como aumento del situado constitucional. Esta cantidad fue atribuida al Capítulo de Fomento y Obras Públicas y a la dotación de nuevos servicios asistenciales. El 31 de diciembre último la existencia en Caja ascendía a la cantidad de veinticinco mil trescientos cincuenta y dos bolívares (25.352,00). Ciudadanos diputados: Vosotros representáis la voz de un Partido que es la voluntad mayoritaria de la Nación y en el cual he venido trabajando con fe y entusiasmo desde la hora en que el ilustre Presidente Medina Angarita tuvo la feliz y patriótica idea de dar fisonomía cierta al juego de la opinión pública. Los votos de ese partido os han traído a ocupar las curules legislativas de este importante y ri­ co Estado de la Unión Venezolana. El pueblo espera mucho de vuestro entu­ siasmo y patriotismo y al saludaros de nuevo, impetro al Todopoderoso el efluvio de luces que ilumine vuestras delicadas labores. Ciudad Bolívar, enero 15 de 1945. 381 CON LOS MAESTROS DE GUAYANA Nada puede ser más satisfactorio para mí espíritu que este agasajo de despedida con que me honra el magisterio de Ciudad Bolívar. Durante el ejercicio del Gobierno, yo he tenido momentos de amargura y de contradic­ ción. He sufrido al ver impotente la administración para remediar las gran­ des necesidades sociales. He sufrido al considerar que dejo a los menesterosos con su misma miseria. He sufrido al esforzarme por mantener entre las aspi­ raciones y disidencias de mis gobernados aquella actitud que los escolásticos llamaron coincidencia de los contrarios y a cuya realización debe específica­ mente encaminarse la autoridad. Mas, cuando sufría con éstos y tantos otros problemas de la política y de la administración, jamás pensé que a la hora de ausentarme de esta hermosa tierra, por siempre vinculada a mis afectos, pu­ diera recibir un homenaje tan espontáneo, tan honroso y tan consolador. Vosotros sois los personeros permanentes de la cultura y en nombre de ésta habéis querido agasajarme, dando importancia desmedida a la modesta obra por mí iniciada en pro de la ilustración del pueblo de Guayana. Vo­ sotros venís en nombre de los libros que he procurado poner al alcance del pueblo, para decirme que no es un mero idealismo propender a la mejora in­ telectual de las masas. Como si hubiera adivinado la contradicción callejera que se alzó contra la llamada irónicamente ‘ ‘política de libros” del Presiden­ te Briceño Iragorry, el eximio maestro Don Fernando de los Ríos, con la autoridad de su gran palabra, proclamó ante el pueblo de esta ciudad que las masas, para defender sus derechos, necesitan de previo mejorar sus condi­ ciones culturales. Y, justamente, eso quise yo para el pueblo de Bolívar. Al crear bibliotecas, no pensé nunca en el concepto pueril que de la ilustración tienen aquéllos que imaginan ser la lectura vano ejercicio de niñas ociosas, de literatos inútiles y de vagos y malentretenidos. Pensé, muy por el contra­ rio, servir a la causa del pueblo iluminando sus caminos. No llegarán jamás ( ) De Palabras en Guayana, p. 85-87 385 los hombres sufridos y explotados a tener instrumentos idóneos para la reivindicación de sus derechos, si antes no realizan una obra de desbastar su ignorancia. Ayer se hacían las revoluciones sólo con bayonetas afiladas. A la opresión de los señores, se respondía con la fuerza del músculo agitado por el odio legítimo de las clases explotadas. Hoy la revolución se hace con el arma pacífica de la cultura. Llevar un libro a las manos del obrero, es ofrecerle la mejor espada con que pueda defender mañana sus derechos cercenados; es indicarle el camino claro y tinoso que le hará ganar la victoria contra la injus­ ticia. Esto parece que no supieron entenderlo algunos que, diciéndose ami­ gos y representantes de la causa popular, tuvieron censuras para mi labor de preferir, sobre cualesquiera otras, la de expandir la ilustración entre el pueblo. Nunca negué la realidad dolorosa de la deficiente vida del obrero, pero entiendo a la vez que, para su solución no basta la sola labor asistencial que pueda promover un Gobierno con recursos para ello: al lado de la obra oficial se necesita el propio esfuerzo, debidamente canalizado de la voluntad popular, y ésta jamás logrará imponerse si antes no conoce las vías que le puedan conducir con éxito a la meta de sus justas aspiraciones. Entre el pueblo se habla de una revolución salvadora. Y o quise poner en sus manos la tea capaz de procurar el anhelado incendio transformador. Yo he procurado que el pueblo mejore, por una inmersión de cultura, las propias condiciones de combate para la garantía de un triunfo perdurable. Por eso, este homenaje colma mi espíritu de la más profunda satisfac­ ción. Generosamente, vosotros los maestros y profesores de G udad Bolívar, que nada me debéis en lo personal, habéis querido testimoniarme vuestra simpatía, por medio de este acto inolvidable. Como vosotros, aunque no con vuestro espíritu de abnegación, también yo he sentido la fruición de verme en una cátedra frente a espíritus nuevos y, como vosotros, he gustado el de­ leite de sentirme trasmisor de conocimientos a la juventud. En mí esa fun­ ción ha sido pasajera. En vosotros es una virtud constante, que os eleva sobre el común de los mortales. Vosotros sois los constructores de la nueva huma­ nidad. Vosotros sois las manos con que Dios plasma a diario, para el logro de su obra de perfección espiritual, el barro doliente de nuestra rebelde natura­ leza. Vosotros conocéis los caminos que conducen a la culti ra y la justicia, y sabéis mejor que nadie los dolores, las congojas y las miserias del pueblo. Por eíio, vuestra simpatía me llena de gozo y de justo orgullo. Sois para mí la voz del pueblo que, con sentido profundo, reconoce a sus amigos. De vosotros recibo la mejor palabra que pueda llevarme de esta Guayana embrujadora, 386 cuyas angustias de hoy para siempre sentiré por mías. Y sobre la generosidad de vuestras palabras me habéis galardonado con una medalla que para mí vale más que todo el oro que guarda la entraña fecunda de esta tierra y la cual usaré como el más claro blasón de mi vida pública. ¡Gracias, mil gracias, mis buenos y dadivosos amigos! 387 \ ALOCUCION DE DESPEDIDA Conciudadanos: Ya estáis gratamente impuestos, porque ello honra el gentilicio guayanés, de que por una acertadísima designación del ciudadano Presidente de la República, mi respetado amigo General Isaías Medina Angarita, la Presiden­ cia de este Estado ha sido confiada a las luces, rectitud y patriotismo de mi distinguido amigo y compañero doctor Carlos Tinoco Rodil, quien fue mi eficaz y leal colaborador en la Secretaría General de Gobierno y a quien en breve haré entrega del poder que durante catorce meses he tenido el honor de ejercer. Pero antes de separarme del mando, he querido dirigiros mi salu­ do de despedida y expresaros una vez más la profunda complacencia que pa­ ra mí constituye haber regido los destinos de esta importante porción de la gran Patria Venezolana, cuyos anales gubernaticios tienen por lustre figuras de las dimensiones históricas de Manuel Centurión, Tomás de Heres, Rafael Urdaneta yJu an Bta. Dalla-Costa. Escasa en proyecciones materiales es la obra de mi Gobierno. Bien cono­ céis la exigüedad de los recursos del Estado, cuyas reservas fiscales apliqué to­ talmente a las defensas de la ciudad contra posibles inundaciones del Orino­ co. No da, pesia su costo, brillo dicha obra a mi administración, ni mañana recordaréis por ella mi nombre de magistrado. He concluido y dotado obras de anteriores administraciones, que contaron con mayores recursos, y he ini­ ciado otras, que constituyen para su acabamiento compromisos del erario. Pero no aspiro a que en el futuro mantengan ellas memoria de mi paso por la Presidencia de Bolívar, ni pretendo tampoco que me recordéis por haber rea­ lizado esfuerzos encaminados a revivir la antigua tradición de cultura de Guayana. Aspiro, en cambio, a que penséis bien de mí cuando analicéis se­ renamente el proceso de las libertades públicas en esta vasta y rica región del ( ) De Palabras en Guayana, p. 89. 391 país, pues propósito fundamental e indeclinable de mi Gobierno lo consti­ tuyó el pensamiento de que los poderes y los hombres de Guayana gozasen en todo momento de los privilegios inherentes a la dignidad política y social. Todos vosotros sois testigos de mi empeño porque los diferentes órganos del Poder Público se muevan en el radio de su debida independencia y autono­ mía y puedo proclamar, como cosa que nadie se atrevería a rebatir, que tanto el Poder Legislativo, como el Judicial y el Municipal han gozado durante mi actuación de Magistrado de la más cabal libertad en el cumplimiento de sus funciones privativas. Y con la independencia de los poderes, he procurado alentar el goce de los derechos ciudadanos. Libertad ha habido en el Estado para todas las manifestaciones de los derechos constitutivos de la dignidad humana. He gobernado sin violencias. He respetado en la forma más completa la libertad de mis gobernados. He escuchado con ecuanimidad los ataques que se han hecho a mi persona. He tolerado, hasta ser motejado de lenidad, la actitud de quienes han llegado a confundir el derecho de juzgar al magistrado con los excesos a que conduce la falta de cultura. En todos los momentos de mi vida de autoridad tuve presente que el pueblo, para su educación cívica, más necesita del ejemplo respetuoso de quienes lo dirigen, que de teorías y de enseñanzas predicadas en forma especulativa desde la cá­ tedra, el periódico y el libro. Colmaría mi anhelo de defensor de la causa del pueblo, saber mañana que mi esfuerzo por servirle a este respecto no quedó defraudado. De los actos de mi Gobierno soy el sólo responsable. El bien o el mal que haya podido hacer apenas lo comparto con los funcionarios que me han acompañado en el ejercicio del poder, pues no me ha movido nunca el pro­ pósito de satisfacer intereses privativos de grupos o personas. Las puertas de la Casa Presidencial han estado abiertas para oír a todos los ciudadanos, y cerca del gobierno, para ayudarle con sus luces y experiencias y dejarle a la vez saber las necesidades de los pueblos, han estado los hombres de buena voluntad, ya de mi partido, ya de partidos extraños al gobierno, que quisieron espontáneamente colaborar en mis tareas de magistrado. Bolivarenses: Más de un año he convivido con vosotros. Mi mano amiga ha estrechado con igual cordialidad la mano del poderoso y la mano ruda del obrero. He podido, por este doble contacto conocer a fondo el alma de Guayana y saber 392 de sus anhelos y dolores. También he palpado la necesidad urgente de las di­ versas colectividades y he visto en lo futuro el porvenir que espera a esta re­ gión de maravillosas y escondidas riquezas. Con vosotros he sufrido la angus­ tia de los grandes problemas sociales y económicos que claman por la justa solución, y para servirlos en el radio de su estudio, busqué el mancomunamiento de las fuerzas vivas del Estado. No se hacen obras con sólo buenas in­ tenciones, bien lo sé, mas, el vigor de éstas sirve a abonar la inquietud que siempre tuve por las cosas del Estado. Y no termina con la conclusión de mi mandato presidencial, la preocupación que me merecen los problemas de es­ te hermoso pedazo de la Patria. Conmigo se van las inquietudes de esta tierra y mañana en la prensa, en el libro, en el Parlamento, ellas tendrán en mí otra voz que las pregone y otra voluntad que trabaje por hallarles solu­ ción. Compatriotas: Errores, desaciertos, fallas han tenido mis actos de magistrado. Soy yo el primero en comprenderlo. Pero ninguna omisión ha sido culpable y ningún error obedece a mezquinos intereses. No me he servido del mando para pro­ vecho personal y de la tierra del oro regreso a mi hogar familiar tan pobre co­ mo lo era cuando asumí el Gobierno de Bolívar. Llevo en cambio un caudal de experiencia venezolana y un amor más ancho para mi patria. He conocido esta tierra prodigiosa donde duerme el porvenir de Venezuela, donde me he sentido tan venezolano como en mi solar nativo y donde he alternado con un pueblo cuyos sentimientos sencillos promueven hacia él la mayor simpatía. A ese pueblo quiero dar las gracias por las atenciones que me dispensó y ellas no van indiscriminadas, como letra muerta de un protocolo oficial. Gracias tengo para todos por igual, desde aquéllos que, con el Dr. Carlos Tinoco Ro­ dil, me ayudaron en las labores del Gobierno, hasta el humilde hombre del pueblo, respetuoso y bueno, cuyos dolores fui impotente de remediar. Gra­ cias para los altos poderes de la jerarquía eclesiástica y para los jefes pundo­ norosos de la fuerza pública. Gracias para los compañeros de partido que me prestaron el apoyo de sus conocimientos y ayudaron mi Gobierno con la per­ suasión de su palabra orientadora del pueblo. Gracias para la prensa amiga que apoyó y defendió los actos de mi Gobierno y gracias para la prensa de oposición que sirvió a indicarme posibles yerros y que, con su permanente crítica y a veces injustos ataques, me sirvió de ocasión para probar mi profun­ do respeto a la libertad ciudadana. 393 Amigos de Bolívar: Al despedirme de vosotros formulo mis mejores votos porque futuros gobiernos puedan realizar la obra de progreso que a mí no me fue dado lle­ var a cabo entre vosotros y porque sobre el grato hogar guayanés reine siempre la paz y la concordia social. De mí sé deciros que, terminada la fun­ ción presidencial con que me honró mi ilustre amigo el Presidente Medina Angarita, se aleja de vosotros un amigo permanente de Guayana, que bien sabe medir la satisfacción que para este Estado representa ver hoy al frente de sus destinos un hijo de la tierra, de las aquilatadas condiciones morales e in­ telectuales del joven Presidente en cuyas manos resignaré el encargo de regi­ ros y quien sabrá mantener las consignas progresistas de la actual política que dirige el Presidente de la República, General Isaías Medina Angarita. Ciudad Bolívar, febrero 8 de 1945. 394 BIBLIOTECA DE TEMAS Y AUTORES TRUJILLANOS Dirige: Dr. Rafael Ramón Castellanos 1. SOBRE EL CAUCE DE UN PUEBLO. UN SIGLO DE HISTORIA TRUJILLANA. 1830-1930. Arturo Cardozo(1963). 2. HUMORISMO TRUJII1ANO. Manuel Isidro Molina (1966) 3. NOSTALGIA DEL CAMINANTE. Rafael Angel Barroeta (1978) 4. DESPERDICIOS DE HISTORIA Y GEOGRAFIA. Julio Febres Corde­ ro G. (1981) 5. PRESENCIA E IMAGEN DE TRUJILLO. Mario Briceño Iragorry. ( 1981). 6. TAPICES DE HISTORIA PATRIA. Mario Briceño Iragorry. (1982). 7. EMOCIONARIO DE LAIN SANCHEZ. Pedro Pablo Paredes. (1982) 8. HISTORIA DEL ESTADO TRUJILLO. Mario Briceño Perozo. (1983) 9. ECONOMIA Y POLITICA EN TRUJILLO, DURANTE EL GUZMANCISMO. Felipe S. Colmenter V. (1983). 10. DISCURSOS ACADEMICOS, TRIBUNA, PATRIA E HISTORIA. Mario Briceño Iragorry. (1983) 11. PALABRAS DE HUMANISMO. Mario Briceño Iragorry. (1983) INDICE Pág. Prólogo....................................................................................................... “ El conquistador español. 7 Los fundadores de Nuestra Señora de la Paz de Trujillo’ ’ .............................................................................. 33 Elogio de Virgilio...................................................................................... 175 Elogio de Cervantes a Diego García de Paredes.................................... 187 Miremos la historia en función de presente y de futuro....................... 203 La hora actual marca un nuevo acento a nuestro deber social............... 209 Triunfo y tragedia del Libertador........................................................... 215 Recuerdo de Ayacucho.. .una reliquia del Libertador en Centroamérica.......................................................................................... 223 María, Caracas y la unidad de la Patria................................................... 227 El perfeccionamiento de la vida integral del pueblo.............................. 243 Palabras de Guayana................................................................................ 257 Palabras a la Policía Municipal del Distrito Heres.................................. 261 Palabras en homenaje al Libertador....................................................... 267 Discurso inaugural de la Sociedad Económica de Amigos de Guayana............................................................................................... 273 Mensaje a la Asamblea Legislativa en las sesiones de 1944................... 281 Palabras en homenaje a Lucila Palacios................................................... 293 Palabras para honrar a una maestra......................................................... 299 Palabras en honor del coronel Pedro F. Rueda...................................... 305 Palabras en la inauguración de la Radiodifusora “ La Voz de Guayana” ............................................................................... 311 Voz y presencia de Bolívar........................................................................ 317 Alocución sobre libertad eleccionaria..................................................... 325 Mensaje en la inauguración de la Biblioteca Pública de Bolívar........... 331 Vengo a devolver al Concejo las atribuciones que le cercenaba el Ejecutivo................................................................................................. .....337 La fiesta de la nacionalidad..................................................................... .....345 La Universidad de Costa Rica.........................................................................351 Palabras para un impresor....................................................................... .....357 Mensaje a la Asamblea Legislativa en las sesiones de 1945........................363 Con los Maestros de Guayana................................................................. .....383 Alocución de despedida.................................................................................389 Obras publicadas...................................................................................... .....395 Este libro ‘ ‘Palabras de H um anism o” fue impreso *n los talleres litografíeos de Servicio Gráfico Editorial S.A . El cuidado de la edición estuvo a cargo de la Dirección de Publicaciones de la Presidencia de la República que dirige el Dr. Rafael Ramón Castellanos. La edición consta de 3-000 ejems. Caracas, junio de 1983
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