CSN, 18/09/1957, Colalillo, Domingo c. España y Río de la Plata (Cía. de seguros),
Fallos: 238:550
HECHOS:
En un juicio iniciado contra una compañía de seguros con motivo de un accidente de
tránsito, fue desestimada la demanda porque el accionante no había probado que el
conductor tenía registro habilitante en el momento del siniestro. Antes de notificado el
fallo, se agregó la prueba, no obstante lo cual el juez de la causa decidió que se hiciera
saber la sentencia dictada, sobre la que no podía introducir variación alguna. La
Cámara confirmó el fallo. Interpuesto recurso extraordinario federal, su denegatoria
motivó la queja. La Corte Suprema de Justicia de la Nación dejó sin efecto la sentencia
recurrida.
SUMARIOS:
1. La condición necesaria de que las circunstancias de hecho sean objeto de
comprobación ante los jueces no excusa la indiferencia de éstos respecto de su
"objetiva verdad", pues a fin de juzgar un hecho no cabe prescindir de la
comprobación del modo de su existencia que en materia civil incumbe a los
interesados.
2. El proceso civil no puede ser conducido en términos estrictamente formales,
pues no se trata de cumplir ritos caprichosos, sino de desarrollos de
procedimientos destinados al esclarecimiento de la verdad jurídica, que es su
norte.
3. La ley procesal vigente dispone que los jueces tendrán, en cualquier estado del
juicio, la facultad de disponer las medidas necesarias para esclarecer los hechos
debatidos. Y tal facultad no puede ser renunciada, en circunstancias en que su
eficacia para la determinación sea indudable. En caso contrario la sentencia no
será la aplicación de la ley a los hechos del caso, sino precisamente la
frustración ritual de la aplicación del derecho.
4. Si bien es propio de los jueces de la causa determinar cuándo existe negligencia
procesal sancionable de las partes, así como disponer lo conducente para el
respeto de la igualdad en la defensa de sus derechos, ni una, ni otra de estas
consideraciones son bastantes para excluir de la solución que debe darse al caso,
y su visible fundamento de hecho, porque la renuncia consciente a la verdad es
incompatible con el servicio de la justicia.
5. La alegación de que la sentencia carece de fundamentos bastantes para
sustentarla, autoriza la concesión del recurso extraordinario.
6. Es arbitraria, a los efectos del recurso extraordinario federal, la sentencia que
rechazó la demanda contra la aseguradora por no haberse acreditado que el
conductor tenía registro habilitante al momento del siniestro, si omitió toda
consideración del documento oficial agregado a la causa antes de notificado el
fallo por razón de la oportunidad de su incorporación, aun cuando la solución
del pleito podía depender de la existencia y autenticidad de la licencia en
cuestión.
TEXTO COMPLETO:
Opinión del Procurador General de la Nación.
La pretensión de que en el sub judice se ha desconocido la garantía que la Constitución
Nacional (1), acuerda al derecho de defensa no ha sido articulada oportunamente como
cuestión federal.
El recurso extraordinario es, por tanto, improcedente y correspondería no hacer lugar a
esta queja deducida por su denegatoria. - Setiembre 6 de 1957. - Sebastián Soler.
Buenos Aires, setiembre 18 de 1957.
Considerando: Que de las constancias de autos resulta que, conforme "con los términos
en que quedó trabada la litis, la cuestión fundamental a resolver (por el a quo) consistía
en determinar si, a la fecha del accidente, carecía o no del registro habilitante
correspondiente", como se expresa en la sentencia recurrida.
Que la demandada ofreció como prueba las constancias del acta policial labrada en
ocasión del accidente, de las que surgía que en el momento del hecho el conductor
"carecía de registro". El accionante, a su vez, solicitó que se librara oficio al Intendente
municipal de la Ciudad de Buenos Aires a fin de que informara "si en los registros de la
Dir. Gral. de Tránsito de la misma, figura extendida habilitación para la conducción de
vehículos automóviles" a nombre de la persona que realmente conducía el vehículo del
actor en el momento del accidente. Reiterado el oficio, por falta de contestación del
primero, la Dir. de Tránsito manifestó que había demorado la contestación treinta y siete
días con motivo de la búsqueda realizada en los registros respectivos y que no le era
posible informar porque "los libros, padrones y ficheros de conductores habilitados se
llevan por el número de la respectiva licencia y no por el nombre y apellido de sus
titulares".
Que en atención a tal respuesta, el accionante solicitó que se librara nuevo oficio en
razón de que había podido averiguar que el número de registro de que se trataba era el
de 2.630.314. Librado el oficio, la Dir. de Tránsito respondió que la licencia de
conductor con el número indicado no pertenecía a esa comuna, "por cuanto el número
más alto otorgado hasta la fecha es el 448.500". La sentencia de 1ª instancia, haciendo
mérito fundamental de que el accionante no había probado que el conductor tenía
registro habilitante en el momento del accidente, desestimó la demanda. Después de
dictada esta sentencia y antes de notificada, el actor presentó un nuevo escrito
manifestando que, en virtud de la dificultad existente para obtener el informe solicitado
sobre la existencia de la licencia para conducir automóviles, el conductor había pedido
un nuevo registro por haber extraviado el original, el que acompañaba a los autos y
hacía notar que "en la constancia de la foja 11 del mismo figura como fecha en que se
concedió la licencia original el 23 de julio de 1948", es decir, más de dos meses antes
del accidente. El juez de la causa decidió que se hiciera saber la sentencia dictada, sobre
la que no podía introducir variación alguna. Contra dicha sentencia, ambas partes
dedujeron recurso de apelación, el actor por el fondo del asunto y la demandada en
cuanto se había desestimado la defensa de prescripción por ella alegada.
Que, presentados los memoriales por las partes, con amplia fundamentación de su
respectivo punto de vista sobre los diversos aspectos de la litis y, en particular, sobre la
pertinencia o impertinencia de la prueba agregada por el actor después de dictarse la
sentencia, la Cám. de Apelación, en el fallo de que se ha recurrido ante esta Corte,
confirmó la sentencia de 1ª instancia con el explícito fundamento de que "la sola
agregación del documento de fs. 66, acompañado extemporáneamente a los autos, con
posterioridad a la sentencia dictada", era insuficiente para modificar lo decidido por el
inferior.
Que el caso presenta ciertamente características singulares. Y es propia de tales
situaciones la obligación de los jueces de ponderar con mayor rigor la aplicación de los
principios jurídicos pertinentes, a fin de no incurrir, con daño para la justicia, en una
aplicación sólo mecánica de esos principios.
Que con arreglo a la jurisprudencia de esta Corte, es condición de validez de un fallo
judicial que él sea conclusión razonada del derecho vigente con particular referencia a
las circunstancias comprobadas de la causa (Fallos: 236:27 [1] y otros).
Que la condición necesaria de que las circunstancias de hecho sean objeto de
comprobación ante los jueces, no excusa la indiferencia de éstos respecto de su objetiva
verdad. Es, en efecto, exacto que, por lo regular, a fin de juzgar sobre un hecho, no cabe
prescindir de la comprobación del modo de su existencia, que en materia civil incumbe
a los interesados. Y también es cierto que esa prueba está sujeta a ciertas limitaciones,
en cuanto a su forma y tiempo, pues es exacto que de otro modo los juicios no tendrían
fin.
Que, sin embargo, el proceso civil no puede ser conducido en términos estrictamente
formales. No se trata ciertamente del cumplimiento de ritos caprichosos, sino del
desarrollo de procedimientos destinados al establecimiento de la verdad jurídica
objetiva, que es su norte.
Que concordantemente con ello la ley procesal vigente dispone que los jueces tendrán,
en cualquier estado del juicio, la facultad de disponer las medidas necesarias para
esclarecer los hechos debatidos. Y tal facultad no puede ser renunciada, en
circunstancias en que su eficacia para la determinación de la verdad sea indudable. En
caso contrario la sentencia no sería aplicación de la ley a los hechos del caso, sino
precisamente la frustración ritual de la aplicación del derecho.
Que, desde luego y por vía de principio, es propio de los jueces de la causa, determinar
cuándo existe negligencia procesal sancionable de las partes así como disponer lo
conducente para el respeto de la igualdad en la defensa de sus derechos. Pero ni una ni
otra consideración son bastantes para excluir de la solución a dar al caso, su visible
fundamento de hecho, porque la renuncia consciente a la verdad es incompatible con el
servicio de la justicia.
Que en el caso de autos, la sentencia que rechaza la demanda omite toda consideración
del documento oficial agregado a fs. 66, por razón de la oportunidad de su
incorporación al juicio. Y aun cuando la solución del pleito puede depender de la
existencia y autenticidad de la licencia en cuestión, el fallo se limita a comprobar la
extemporaneidad de su presentación.
Que, en tales condiciones, el tribunal estima que la alegación de que la sentencia de fs.
89 carece de fundamentos bastantes para sustentarla, autoriza la concesión del recurso
extraordinario.
Por ello, y habiendo dictaminado el Procurador General, se declara procedente el
recurso extraordinario deducido a fs. 93.
Y no siendo necesaria más substanciación, se deja sin efecto la sentencia recurrida. Y
vuelvan los autos al tribunal de su procedencia a fin de que la sala que sigue en orden de
turno, previos los trámites que correspondan con arreglo a derecho, dicte nueva
sentencia de acuerdo con lo dispuesto en el art. 16, primera parte de la ley 48 (2) y lo
resuelto por esta Corte. - Alfredo Orgaz. - Manuel J. Argañarás. - Enrique V. Galli. Carlos Herrera. - Benjamín Villegas Basavilbaso.
(*) Durante mucho tiempo se ha querido diferenciar, en el régimen de la prueba, la
verdad formal, de la "verdad real", y se ha atribuido la primera al dominio natural del
proceso civil, y la segunda al dominio del proceso criminal. Por eso, la confesión en
juicio civil es probatio probatissima; pero no en derecho penal procesal, pues no basta
confesarse autor de un delito para tener esa confesión por prueba decisiva. Pero esto,
que es de todos sabido, tiene relación con el caso fallado por la Corte Suprema
revocando, con toda justicia, un fallo que prescindió de una prueba por consideraciones
de índole puramente formal, dando al procedimiento legal un carácter que lo divorcia de
la función esencial del juez.
Los puntos del fallo -que constituyen los del sumario que precede- han sido definidos
con sentido realmente de justicia, y debieran ser tenidos como norte por los jueces.
Solamente cuando las pruebas tardías son producto de la estrategia de los litigantes,
puede rechazarlas el juez; pero en el caso ocurrente eso no ha sucedido. La parte ha sido
diligente, y la burocracia como siempre.
Habrá que recordar una vez más aquello de Fiat justitia et ne pereat mundus, según
ajusta corrección de Jorge Hegel, a la máxima originaria.
El fallo de la Corte coloca un importante puntal en la construcción jurisprudencial de la
doctrina de la arbitrariedad como causa para la admisión del recurso extraordinario.
Desde hace algún tiempo el "procesalismo" abunda en doctrinas y en filigranas que a
veces hacen pensar si Cónsolo no tenía razón cuando dijo que era la "tomba del diritto.".
El formidable jurista defendía la justicia.
Esperemos que el fallo que motiva estas líneas sea un jalón definitivo en el
afianzamiento de la justicia, y no sólo de la verdad objetiva, sino también en la
subjetiva, porque es imposible que un juez no forme en espíritu la convicción de la
justicia ante una prueba evidente que está donde debe estar, aunque haya llegado tarde
para un artículo, pero no para la potestad del juez, que es lo esencial y que no altera la
seguridad jurídica, sino que la une a la justicia. - Próculo.
(1) Anales de Leg. Argentina, 1852-1880, p. 9.
(1) Rev. LA LEY, 86:436, fallo núm. 40.499.
(2) Anales de Leg. Argentina, 1852-1880, p. 364, con nota.