Mensajero Colección «Psicología» 6 KEN J. ROTENBERG La psicología de la confianza Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra solo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley. Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos) si necesita reproducir algún fragmento de esta obra (www.conlicencia.com / 91 702 19 70 / 93 272 04 47). Grupo de Comunicación Loyola • Facebook / • Twitter / • Instagram Título original: The Psychology of Trust Publicado originalmente en el Reino Unido y en los Estados Unidos, en 2018, por Routledge, un sello de Taylor and Francis Group. 2 Park Square Milton Park Abingdon, Oxon OX14 4RN y 711 Third Avenue New York, NY 10017 © Ken J. Rotenberg, 2018 Traducción: José Pérez Escobar © Ediciones Mensajero, 2019 Grupo de Comunicación Loyola Padre Lojendio, 2 48008 Bilbao – España Tfno.: +34 944 470 358 [email protected] gcloyola.com Diseño de la cubierta: Vicente Aznar Mengual, SJ ISBN: 978-84-271-4340-1 Índice Agradecimientos 1. Entender la confianza ¿Una crisis puntual o algo que afecta a todo? 2. Mentira y confianza Sexo, mentiras y cintas de video 3. La confianza es el resultado de un equilibrio delicado 4. Desarrollar la confianza ¡Los padres pueden conseguirlo! 5. La confianza en las relaciones románticas ¿Cuántos matices hay en tu confianza romántica? 6. La confianza y la salud ¿El camino hacia el bienestar? 7. La confianza en la policía ¿Confías en la policía? 8. La confianza en el lugar de trabajo Los aspectos visibles e invisibles de la confianza 9. La confianza y la política El rey desnudo 10. El terrorismo y la desconfianza hacia el exogrupo A partir de las Torres Gemelas 11. Confianza y fe religiosa ¿Confiamos en Dios? 12. Construir la confianza Recursos Bibliografía Agradecimientos Me gustaría dar las gracias a mi esposa, Carole, por el gran apoyo que de ella he recibido durante la escritura de este libro, que está dedicado a ella, como también a mi hijo David, a mis hijastros Claire y Gemma, y a mis nietastros Amber, Lucas Jack, Jessica y Ruby. También quiero dedicarlo a la Dra. Lucy Betts, una valiosa colega que ha colaborado en nuestra investigación y nuestras publicaciones sobre la confianza. Aprecio mucho su competencia y su dedicación. Finalmente, quiero expresar mi gratitud a mi colega Pamela Qualter por el apoyo que me ha dado para trabajar sobre la confianza. 1 Entender la confianza ¿Una crisis puntual o algo que afecta a todo? Especialistas de numerosas disciplinas y de todas las partes del mundo sostienen que la confianza es la piedra angular de la sociedad y que es esencial para su supervivencia. Esta visión ha sido defendida en filosofía (O’Hara, 2004), ciencias políticas (Uslander, 2002), sociología (Misztal, 1996) y psicología (Rotenberg, 2010; Rotter, 1980). La confianza entre individuos de culturas diferentes (confianza intercultural) es considerada fundamental para la supervivencia de sociedades multiculturales (Misztal, 1996; Uslander, 2002). La importancia de la confianza pone de relieve el peligro, documentado, de la creciente falta de confianza en la sociedad contemporánea. Un grupo de autores coinciden en afirmar que la confianza está en crisis en la sociedad actual. Guiado por sus descubrimientos, basados en el uso de su «Barómetro de la confianza», Richard Edelman (2015) afirma: «Por primera vez desde la gran recesión, la mitad de los países que hemos evaluado han caído en la categoría de “los que desconfían”». Sostiene que esto se debe a «la incapacidad de instituciones fundamentales para responder con soluciones efectivas a problemas como la crisis de los refugiados, las violaciones de datos personales, la caída del mercado bursátil chino, el ébola en África occidental, la invasión de Ucrania, el escándalo de los sobornos de la FIFA, la manipulación de los datos de emisiones por parte de VW, la enorme corrupción en Petrobras y la manipulación de los tipos de cambio por parte de los bancos más grandes del mundo». Según los medios públicos, Gran Bretaña «está sufriendo una enorme pérdida de fe en sus instituciones: la confianza en todos los políticos ha caído al mínimo histórico» (Slack, 2016). Además, una serie de estudios informan que la confianza del pueblo estadounidense ha disminuido durante la última década (Zizumbo-Colunga, Zechmeister y Seligso, 2010). La investigación académica no ha escapado a la «crisis» de confianza y hay informes de que un número sustancial de resultados presentados en las revistas son inexactos y sesgados (véase Walia, 2015). El grueso de los datos que apoyan la idea de que la confianza está en crisis procede de encuestas realizadas en ámbitos populares, que, normalmente, evalúan puntos de vista generales. Los datos aportados por las encuestas son cuestionables, pero cumplen la doble función de expresar la preocupación pública por la confianza (es decir, la ansiedad relacionada con ella) y de moldear la opinión pública al respecto. Los resultados de las encuestas transmiten un mensaje sencillo a un público expectante: ¡La confianza está en crisis y está en declive! Implícita en los informes de las encuestas está la idea de que el mundo se ha vuelto más corrupto y menos fiable. Es muy difícil confirmar o negar esta conclusión porque carecemos de pruebas. Es justo decir que la corrupción y la falta de confianza han estado presentes a lo largo de la historia humana (Maquiavelo da testimonio de ello a finales del siglo XV). Lo que está claro es que el acceso a la información revela que la falta de confianza de la gente es mayor que en ningún otro momento de la historia de la humanidad. Gracias a la tecnología y a las redes sociales, todo cuanto se hace se transmite a millones de personas –en un abrir y cerrar de ojos– y es sometido al escrutinio público. Este cambio ha desembocado en una oportunidad sin igual para evaluar críticamente el comportamiento de las personas, detectar la falta de confianza y expresar la falta de confianza en los demás, especialmente en quienes tienen relevancia pública. El hecho de poner el acento en las «crisis» en la confianza desvía lamentablemente nuestra atención de la idea de que es esencial para la interacción social diaria y para la formación y el mantenimiento de las relaciones interpersonales (véase Rotenberg, 2010). Desde mi perspectiva, la confianza es análoga a la materia oscura del universo físico. La materia oscura es una sustancia extensa, pero difícil de detectar, que vincula a los planetas y el material terrestre. Similarmente, la confianza es una fuerza predominante, aunque a menudo callada, que conecta a las personas y garantiza las relaciones sociales y el funcionamiento social en la sociedad moderna. Sin ella, estoy seguro de que no existiría nuestro «universo» social. Puede que lo anterior parezca muy radical, pero una atenta observación muestra que incluso los actos sociales más elementales implican la presencia de la confianza. Por ejemplo, el otro día fui a almorzar al comedor universitario. Compré comida para llevar y un refresco. No había bandejas para poner la comida, así que dejé el refresco en el mostrador mientras llevaba la comida a una mesa a la vuelta de la esquina. Cuando volví al mostrador me di cuenta de que el refresco había desaparecido. Tal vez uno de los nuevos estudiantes sedientos que se apiñaban por allí se lo apropió; nunca lo sabré. En esta situación, había confiado en que los demás, tanto por creencias como por hábitos, no me robaran la bebida. Lamentablemente, mi confianza fue violada. Sin embargo, al día siguiente olvidé el refresco junto al puesto de los tiques y un estudiante que estaba a mi lado en la fila me llamó la atención sobre mi olvido y lo recogí. Mi confianza se renovó –aunque es probable que el problema de acordarme de recoger mi bebida no haya desaparecido–. Lo esencial aquí es que hay millones de actos sociales que implican confianza. Una vez que la confianza se conceptualiza adecuadamente y evitamos verla solo como algo que está en crisis, entonces llegamos a comprender la abrumadora prevalencia de la confianza en nuestro mundo social. No es necesario afirmar que la confianza está en crisis para considerarla digna de investigación, aunque la visión de la crisis puede estimular esa actividad. Pero empecemos por el principio, preguntándonos qué es la confianza. Las definiciones del diccionario son un comienzo. Definiciones comunes de la confianza El uso de la palabra «confianza» [trust en inglés] en el discurso común se remonta al siglo XIII, al inglés medieval. Se piensa que probablemente es de origen escandinavo, similar al nórdico antiguo traust (trust) y al inglés antiguo trēowe (fiel) (diccionario Merriam-Webster). Sin embargo, la palabra «confianza» se remonta a mucho tiempo antes cuando la contemplamos en el contexto de la religión. La confianza en Dios se encuentra tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento (Benner, 2004) y también en el Corán. En tiempos actuales, el uso religioso de la confianza se muestra en la frase «In God We Trust» [En Dios confiamos], que es el lema oficial de los Estados Unidos y aparece en muchas de sus monedas y billetes (véase capítulo 11). A parte de los fideicomisos [trusts] que encontramos en el mundo de la banca y de las finanzas, la «confianza» es definida en los diccionarios como una «creencia de que alguien o algo es fiable, bueno, efectivo, etc.» (Merriam-Webster) y «creer que alguien es bueno y honesto y no te hará daño, o que algo es seguro y fiable» (Cambridge English). Este libro se centrará en la confianza en alguien como parte del ámbito de la confianza interpersonal. Por razones prácticas excluimos el tratamiento de la autoconfianza, como también omitimos el término «interpersonal» por razones de brevedad. Los elementos de las definiciones comunes de la confianza se encuentran (con toda razón) en sus conceptualizaciones académicas. Es importante tener en cuenta que la conceptualización de la confianza en los escritos académicos varía considerablemente según la teoría, el marco, el modelo o el enfoque adoptados por el investigador. Este hecho contribuye a los problemas que tienen los investigadores con diferentes enfoques para relacionarse con los conceptos de los demás. Estas diferencias contribuyen a la divergencia a la hora de decidir si un estudio y unos hallazgos son aceptados o no por la comunidad académica y son publicables. En ese contexto, describiré a continuación los diferentes enfoques sobre la investigación de la confianza. Enfoques en la investigación de la confianza Teoría psico-social La teoría psico-social de Erikson (1963) es considerada una de las fuentes de la psicología contemporánea. La explicación de la confianza que se da en esta teoría es la que más se cita en los textos de introducción a la psicología y de psicología del desarrollo. De acuerdo con esta teoría, el desarrollo está formado por una secuencia de ocho etapas de desarrollo psico-social. En cada etapa se produce un conflicto que puede resolverse de un modo psicológicamente positivo o negativo. La resolución en una etapa afecta a la capacidad del individuo para resolver las etapas posteriores. La primera etapa está formada por el binomio «confianza frente a desconfianza», y se desarrolla desde el nacimiento hasta los 18 meses de edad. Según Erikson (1963), durante este período, la confianza es una emoción que depende de si el niño se siente apreciado y se satisfacen sus necesidades. Si el niño encuentra calor y acogida en quien le cuida, adquiere una confianza fundamental. Por el contrario, si el niño encuentra falta de calor y rechazo, entonces adquiere una desconfianza fundamental. El niño que consigue una confianza básica es capaz de retrasar la gratificación y de ejercer el control sobre sus funciones corporales (por ejemplo, las intestinales). Según esta teoría, la emoción de la confianza durante la infancia afecta profundamente al curso del desarrollo. Teoría del apego Bowlby (1980) y otros especialistas como Ainsworth (p. ej., Ainsworth, 1989) propusieron la teoría del apego. Según esta teoría, los niños desarrollan formas de apego diferentes como resultado de la naturaleza de la crianza y de la sensibilidad de su cuidador, sobre todo de la madre. Como resultado de las interacciones y de la calidad del apego, el niño construye un modelo operativo interno, MOI, [o IWM, Internal Working Model, en inglés] en el que aparecen representados el cuidador, el yo del niño y la relación entre ambos. El MOI crea un marco cognitivo-afectivo que afecta posteriormente al funcionamiento psicosocial. La confianza se ha conceptualizado en la teoría y la investigación del apego de dos modos. En primer lugar, la confianza se ha entendido como el uso que hace el niño de su cuidador como una base segura que constituye una parte integral de la calidad del apego (Waters y Deane, 1985). En segundo lugar, se ha propuesto que los niños con apego seguro, frente a los de apego inseguro, desarrollan un MOI que incluye expectativas sociales caracterizadas por una sensación de confianza en los demás y por pensamientos positivos sobre las intenciones del comportamiento de otras personas (Cohn, 1990). Desde mi perspectiva, el estilo de apego es un constructo complejo y multidimensional, y sería un error concebir la confianza como sinónimo de apego. Teoría de Piaget Piaget (1965) examinó las evaluaciones de los niños sobre la mentira, entre otros comportamientos, como prueba para verificar el desarrollo moral. Los niños pequeños (de 7 años o menos) demuestran un realismo moral (objetividad moral) y por lo tanto no tienen en cuenta las intenciones que guían la comunicación. Los niños pequeños consideraban que los errores que causaban daño eran mentira y censurables, aunque las consecuencias de la mentira no fueran intencionadas. Por el contrario, los niños mayores mostraban una moralidad subjetiva al dar un peso considerable a las intenciones que guiaban la comunicación y consideraban que la comunicación incorrecta era una mentira cuando se trataba de engañar a los demás. En contra de las conclusiones de Piaget, la investigación contemporánea muestra que también los niños pequeños tienen en cuenta las intenciones para determinar qué es mentira, aunque la utilización que hacen los niños de las intenciones para determinar la mentira aumenta en complejidad con el desarrollo (Peterson, Peterson y Seeto, 1983). Los niños mayores y los adultos consideran que mentir perjudica a la confianza en las relaciones sociales. Creencias generalizadas sobre la confianza Julian Rotter es uno de los pioneros en la investigación sobre la confianza. Es responsable (en parte) de por qué yo me embarqué en el estudio de la confianza, una tarea que ha ocupado mi vida académica. Hace muchos años, Rotter dio una conferencia sobre la confianza en el Departamento de Psicología de la Universidad de Waterloo, a la que yo asistí. Rotter (1980) era muy consciente de que la confianza es una cuestión fundamental en los dilemas a los que se enfrenta la sociedad moderna. Guiado por la teoría del aprendizaje social, propuso que las experiencias de los refuerzos prometidos negativos o positivos conformaban las expectativas de los individuos sobre aquellos comportamientos que se generalizan a través de los agentes sociales. Como consecuencia, los individuos establecían expectativas generalizadas estables sobre en qué medida puede confiarse en las declaraciones orales o escritas de otras personas. Estas expectativas generalizadas podrían adquirirse aprendiendo directamente del comportamiento de los agentes sociales (padres, profesores, compañeros, etc.) y a partir de las afirmaciones verbales sobre otras personas hechas por individuos relevantes o por fuentes de comunicación de confianza. El enfoque sobre la confianza de Paul Harris y sus colegas Me refiero a este enfoque como teoría de adquisición del conocimiento, TAC [o KAT Knowledge Acquisition Theory, en inglés]. Según Harris (2007), la confianza guía la adquisición de conocimiento y de creencias por parte de los niños con respecto a una amplia gama de entidades y conceptos abstractos (religión, datos científicos, historia) con los que no tienen un contacto personal. Los niños adquieren conocimiento y creencias dependiendo de la información proporcionada por los agentes sociales. Harris sostiene que los niños no son meros consumidores de información, sino que, ya desde muy pequeños, evalúan la validez de ese conocimiento. Capital social Según el enfoque del capital social, la confianza es una cualidad establecida entre los miembros de la sociedad, o entre las redes sociales, que une a los individuos y promueve normas de cooperación recíproca. La cooperación resulta beneficiosa tanto para los individuos mismos como también para los que no participan en la interacción (Cozzolino, 2011). El capital social es considerado como un constructo multidimensional que se aplica a las relaciones con la familia y los amigos, entre los vecinos, entre los ciudadanos en una sociedad, en el estado y en las instituciones (Rostila, 2010). Confianza romántica Son dos los enfoques existentes sobre la confianza romántica: el enfoque del apego y el enfoque de la fe romántica. Desde la perspectiva del apego, Hazen y Shaver (1987) consideran que el amor experimentado en una relación romántica adulta es un proceso de apego similar al que se encuentra en la infancia. Estos autores conceptualizaron los patrones infantiles de apego –seguro, evitativo, ansioso-ambivalente– como formas de apego romántico entre los adultos. Se descubrió que la distribución de los tres patrones de apego era similar a la encontrada en la infancia. Basándose en informes retrospectivos realizados por adultos sobre su infancia, los investigadores identificaron una continuidad entre la calidad del apego durante la infancia y la calidad del apego romántico durante la adultez. Desde la perspectiva de la fe romántica, Rempel, Holmes y Zanna (1985) identificaron tres tipos de confianza en las relaciones románticas de los adultos: predictibilidad (comportamiento coherente frente a incoherente), confiabilidad (honestidad y empatía atribuidas) y fe (sensibilidad y cuidado ocurra lo que ocurra en el futuro). Según la investigación de Rempel et al. (1985), la confianza progresa desde la predictibilidad a la confiabilidad y, finalmente, a la fe, a medida que se desarrolla la relación romántica. Teoría de juegos Los juegos se han utilizado para analizar la confianza desde el mismo comienzo de la investigación sobre el tema (p. ej., Deutsch, 1958). En la investigación contemporánea, el juego implica un intercambio entre dos jugadores cuya cooperación y deserción se evalúan mediante una cantidad de dinero asignada a uno de los jugadores (Montague, King-Casas y Cohen, 2006). Durante el intercambio, un jugador (el inversor, jugador A) recibe una cantidad de dinero o puntos (como representación del dinero). El inversor puede quedarse con todo el dinero o decidir «invertir» una cantidad con el otro (el socio o jugador B); al enviarse al otro jugador triplica su valor, y este decide entonces qué porción debe devolver al inversor. Se ha descubierto que los inversores tienden a hacer ofertas iniciales sustanciales a los socios de modo que la división se considere justa (p. ej., dados 20 euros, el inversor puede invertir 10 euros con el socio). Teorías del contacto y del intercambio social Estas teorías aplicadas a la confianza se encuentran en diferentes disciplinas: psicología, criminología, sociología y ciencias de la organización. La confianza es considerada como el producto de intercambios de resultados benéficos entre individuos guiados por prácticas de ecuanimidad y reglas de justicia (p. ej., Schoorman, Mayer y Davis, 2007). El marco de bases, dominios y dimensiones de objetivo [BDT, Bases, Domains, and Target Dimensions] Mis colegas y yo mismo propusimos el marco BDT (Rotenberg, 2010), según el cual la confianza consta de tres bases (fiabilidad, emoción, honestidad), tres dominios (cognitivo-afectivo, conductual-dependiente, conductual-comprometido) y dos dimensiones de objetivo (familiaridad, especificidad). Las tres bases son: (1) la fiabilidad, que consiste en el cumplimiento de las palabras o de las promesas; (2) la emoción, que consiste en evitar provocar daño emocional y ser receptivo a la revelación y el mantenimiento de la confidencialidad; y (3) la honestidad, a saber, decir la verdad y comprometerse en un comportamiento guiado por una intención benevolente, no por una malevolente. Los tres dominios son: (1) cognitivoafectivo, es decir, las creencias y los sentimientos de los individuos en que las demás personas demuestran las tres bases de la confianza (p. ej., creencias de confianza); (2) conductual-dependiente, que consiste en que el comportamiento de los individuos se apoya en que los demás van a actuar de un modo fidedigno según las tres bases de la confianza; y (3) conductual-comprometido, que implica que los individuos se comportan siguiendo las tres bases de la confianza (p. ej., integridad). Las bases y los dominios se extienden a través de dos dimensiones de objetivo: la familiaridad, desde lo altamente familiar hasta lo menos familiar, y la especificidad, desde los otros específicos a los otros más generales. Finalmente, el BDT específica que la confianza es un proceso recíproco en el que las creencias y los comportamientos de confianza son replicados por los socios en díadas. Estos intercambios recíprocos desembocan en una historia social común de los socios. Resumen Este capítulo comenzó abordando la cuestión de si la confianza era un factor en una crisis o una teoría de todo. Hemos incluido definiciones comunes de la confianza y terminamos con resúmenes de varias teorías y enfoques sobre el tema de la confianza. 2 Mentira y confianza Sexo, mentiras y cintas de video La función de la mentira y de las violaciones de la confianza en las relaciones interpersonales adultas en la sociedad contemporánea está descrita con mucho acierto en la película Sexo, mentiras y cintas de video dirigida por Steven Soderbergh en 1989. En esta provocadora película, Ann (Andie MacDowell) ya no tiene relaciones sexuales con su marido John (Peter Gallagher), que, sin el conocimiento de ella, ha estado teniendo relaciones con Cynthia (Laura San Giacomo), la hermana de su mujer. La dinámica de la película gira en torno a la visita que les hace un viejo amigo de John, un trotamundos llamado Graham (James Spader). Graham tiene la rara fijación sexual de grabar a las mujeres describiendo sus experiencias sexuales. Con el tiempo, Cynthia y Ann, cada una por su lado, hacen sus grabaciones. Graham también confiesa en una grabación que solía mentir compulsivamente y que este hábito destruía sus relaciones románticas. Accidentalmente, Ann se entera de que John tiene una aventura con su hermana. Piensa que John no merece su confianza y pone fin al matrimonio. A continuación, Ann y Graham comienzan a desarrollar una relación íntima. El tema de la película que es las mentiras y el engaño impregnan las relaciones íntimas de los adultos, lo que socava la confianza y pone fin a las relaciones. La película sugiere que la revelación confidencial en una grabación de video puede ayudar a las personas a afrontar y resolver los problemas sexuales. ¿Es demencial lo que plantea esta película o se trata de una acertada descripción de la vida real? ¿Con qué frecuencia mienten las personas? Serota, Levine y Boster (2010) pidieron a una amplia muestra de estadounidenses que informaran en línea sobre cuántas veces habían mentido a cinco tipos de personas (amigos, familiares, compañeros de trabajo, conocidos y desconocidos) durante las últimas veinticuatro horas. Se les pidió que informaran estrictamente de todas las mentiras, independientemente de si eran obvias o sutiles, egoístas o para proteger a otros. Se descubrió que, según lo dicho por los participantes, mentían una media de dos veces al día. También se averiguó que solo un porcentaje muy pequeño contaba muchas mentiras: casi la mitad de todas las mentiras estaban protagonizadas por solo un 5 % de la muestra. En efecto, parece que hay unos pocos mentirosos prolíficos. También resultó que era más probable que mintieran a familiares y amigos que a conocidos o a totalmente desconocidos, y que la frecuencia de las mentiras disminuía con la edad a lo largo de la vida adulta. En un estudio parecido, DePaulo, Kashy, Kirkendol, Wyer y Epstein (1996) pidieron a 77 estudiantes universitarios y a 70 personas no universitarias que llevaran la cuenta durante una semana de las mentiras que decían. Según el resultado, los universitarios decían una media de dos mentiras por día, mientras que los no universitarios solo decían una por día. ¿Qué tipo de mentiras dicen las personas? Una investigación realizada mediante una encuesta (Northrup, Schwartz y Witte, 2013) mostró que el 33 % de los hombres y el 19 % de las mujeres admitían ser infieles. La infidelidad variaba desde aventuras de una noche hasta relaciones frecuentes (véase el capítulo 5). DePaulo, Ansfield, Kirkendol y Boden (2004) descubrieron que las aventuras sexuales eran el tipo más frecuente de mentiras graves. La gente decía mentiras importantes sobre la muerte y las enfermedades graves, así como sobre la violencia y el peligro, pero con menos frecuencia que sobre las aventuras sexuales. Esos investigadores encontraron que las mentiras serias eran sobre actos prohibidos, dinero o trabajos, hechos y sentimientos personales, y lo relacionado con la propia identidad. Según los hallazgos, la gran mayoría de las mentiras serias habían sido concebidas para encubrir los malos comportamientos y evitar el castigo. Estos resultados de la investigación sugieren que la película Sexo, mentiras y cintas de video no está lejos de la verdad sobre las relaciones íntimas. En una investigación sobre la mentira cotidiana o las llamadas mentiras piadosas, DePaulo et al. (1996) descubrieron que los individuos admitían que mentían abiertamente con más frecuencia que implicarse en mentir exagerada o sutilmente (p. ej., eludiendo u omitiendo detalles relevantes). La gente decía con mayor frecuencia mentiras positivas, es decir, fingir que algo o alguien les gustaba más de lo que realmente les gustaba. En un estudio relacionado, DePaulo y Kashy (1998) encontraron que los individuos decían menos mentiras en la interacción social, y que se sentían más incómodos mintiendo en interacciones con personas cercanas que con otras. ¿Por qué mienten las personas? Se ha propuesto que mentir tiene una función en la evolución de varias especies, incluida la humana. La capacidad de las especies para engañar es esencial para evitar a los depredadores y asegurarse la comida (véase Alcock, 2001). Hay pruebas de que tanto los seres humanos como los primates ejercen el engaño táctico. Este engaño implica participar en maniobras sociales, incluyendo la formación de coaliciones y alianzas, para conseguir un objetivo (véase Hall y Brosnan, 2017). Un punto controvertido es si el comportamiento «engañoso» de otras especies es instintivo o intencionado, es decir, si es un resultado de la comprensión de estados mentales y emocionales. La comprensión de las motivaciones para mentir ha sido obtenida por los estudios con el método del diario llevados a cabo por DePaulo et al. (1996). Estos investigadores encontraron que las personas tienen el doble de probabilidades de decir mentiras relacionadas con sí mismas y que les benefician a ellas mismas que de decir mentiras que benefician a otras personas. Las personas dicen mentiras sobre ellas mismas para tratar de parecer mejor o sentirse mejor, para protegerse de la vergüenza o la desaprobación, para asegurarse de que sus sentimientos no se vean heridos, o para ganarse la estima y el afecto de los demás. Por supuesto, también mentían algunas veces para obtener un beneficio económico o un provecho personal. Según el estudio, las personas mienten con más frecuencia sobre sus sentimientos que sobre sus logros, sus fracasos y sus andanzas. Cuando cuentan mentiras orientadas a los demás, fingen a menudo sentirse más positivamente de lo que realmente se sienten y estar de acuerdo con otras personas cuando de hecho están en desacuerdo. Existen pruebas de que hay rasgos de personalidad que contribuyen a explicar el engaño y la mentira. Kashy y De-Paulo (1996) encontraron que las personas con un tipo de personalidad maquiavélica estaban asociadas con contar mentiras, sobre todo mentiras relacionadas consigo mismas, que daban a quienes las decían una ventaja sobre los demás y protegían sus intereses. Se descubrió que las personas con un tipo de personalidad relacionada con la responsabilidad (es decir, la tendencia a sentirse obligado a ser honesto e íntegro) estaban negativamente asociadas con la mentira, sobre todo con la mentira sobre uno mismo. Finalmente, aquellos que tenían a una personalidad maquiavélica tendían a verse a sí mismos como mentirosos con éxito en mayor medida que los demás. ¡Los adolescentes también mienten! Jensen, Arnett, Feldman y Cauffman (2004) estudiaron con qué frecuencia mienten los adolescentes (estudiantes de secundaria y bachillerato) y los jóvenes adultos (estudiantes universitarios) a sus padres. Se les preguntó, usando una escala de 0 a 5, con qué frecuencia habían mentido a sus padres durante el último año con respecto a seis temas diferentes (dinero, comportamiento sexual, amigos, fiestas, citas y consumo de alcohol y drogas). El 82 % de los jóvenes adultos confesaron haber mentido a sus padres sobre al menos uno de los temas señalados, con una incidencia media de entre 0,6 y 2,4 mentiras, dependiendo del tema. Se descubrió que los adolescentes mentían más frecuentemente que los jóvenes adultos, y los chicos más que las chicas. Los adolescentes dijeron que los principales motivos para mentir a los padres eran mantener su autonomía (es decir, el derecho a tomar sus propias decisiones) y ayudar a otros. Asimismo, los adolescentes pensaban que mentir era más aceptable para los padres que los jóvenes adultos. También, los chicos pensaban que mentir era más aceptable para los padres que las chicas. Finalmente, la baja disposición al autocontrol se asoció con la aceptación de mentir a los padres, lo que, a su vez, predecía estadísticamente el hecho de mentir. Los autores sugirieron que el descenso en la frecuencia con que se miente a los padres entre la adolescencia y la llegada a la adultez era el resultado del logro de la autonomía por el adulto, lo que disminuía la necesidad de un comportamiento engañoso. ¿Saben los niños qué es una mentira? Incluso los niños pequeños (de 3 o 4 años) comprenden que la mentira depende de la intención de engañar –aunque, lógicamente, van desarrollando la apreciación de las intenciones para definir la mentira (véase capítulo 1)–. La investigación sobre la teoría de la mente, TM, [TOM, Theory of mind, en inglés] ha demostrado que incluso los niños muy pequeños (de 4 años o menores) adquieren habilidades de primer orden para detectar creencias falsas y comprenden cómo la gente puede hacer que otros sostengan la creencia de que determinados eventos o estados internos pueden ser presentados falsamente. La investigación de la TM también muestra que los niños consideran que causar falsas creencias intencionadamente en otros es moralmente incorrecto (Talwar y Lee, 2008). ¿Mienten los niños pequeños? La mayoría de los padres responderán afirmativamente a esta pregunta, lo que sería correcto. La disposición de los niños a mentir es mostrada en el paradigma de la resistencia a la tentación (Lewis et al., 1989). En este método, un primer investigador le dice al niño que no le eche un vistazo ni juegue con un juguete; el investigador abandona la sala. Se graba lo que ocurre para ver si el niño ha violado las órdenes dadas. Otro investigador visita después al niño y le pregunta qué ha hecho mientras estaba ausente el primer investigador. Esto se hace para comprobar si el niño admite haber engañado. Los estudios que usan este método muestran que incluso los niños de educación infantil (de 3 a 5 años) ocultan frecuentemente la verdad o bien ocultan información para engañar a los demás. Los estudios longitudinales muestran que muchos niños (en torno al 65 %) mienten frecuentemente o en ocasiones, según los informes de las madres. Solo un pequeño porcentaje (5 %) de niños de primaria son mentirosos sistemáticos (Gervais, Tremblay y Desmarais-Gervais, 2000). Este porcentaje es similar al de los adultos que mienten frecuentemente, según el estudio de Serota, Levine y Boster (2010). Varios estudios muestran que los chicos mienten más frecuentemente que las chicas (véase Lee, 2013). ¿Por qué mienten los niños? Los niños mienten o engañan principalmente porque de este modo tienen menos consecuencias negativas por sus acciones (véase Talwar y Crossman, 2011). No obstante, algunas investigaciones muestran que los niños cuentan mentiras piadosas para proteger los sentimientos de los demás. En un estudio realizado por Warneken y Orlins (2015), niños de tres grupos de edad (5 años, 7-8 años, 10-11 años) interactuaron con un adulto en una actividad artística. Durante la secuencia de las interacciones, una persona adulta ejercía el papel de artista y hacía dibujos más bien malos, como dibujar una casa. La artista les decía a los niños o bien que estaba muy triste por su falta de talento para ser artista (la condición triste) o bien que no le importaba su falta de talento (la condición neutra). La tarea de los niños consistía en decidir si el dibujo del artista era bueno o malo. Los niños de todas las edades tendían a decir más que el dibujo era bueno en la condición triste del artista que en la neutra. El estudio mostró que los niños cuentan mentiras piadosas para proteger los sentimientos de los demás. Los niños mienten… ¿Pero saben que está mal hacerlo? La investigación coincide en mostrar que incluso los niños muy pequeños (3 o 4 años) condenan moralmente la mentira (véase Lee, 2013). Las investigaciones muestran que los adultos ven las mentiras altruistas como algo más moral que la honestidad egoísta (Levine y Schweitzer, 2014). Sin embargo, hay diferencias culturales y de desarrollo en las valoraciones morales de la mentira. Por ejemplo, los niños chinos aceptan más la mentira para proteger los sentimientos de los demás o la reputación del grupo que los niños norteamericanos. Además, hay pruebas de que se produce un aumento a lo largo de la infancia en la aceptación de la mentira por parte de los niños como un acto educado y en su disposición a contar ese tipo de mentiras (Xu, Bao, Fu, Talwar y Lee, 2010). ¿Son capaces las personas de detectar cuando se les miente? En la práctica, los niños y los adultos suelen detectar cuándo mienten las personas por mera casualidad (no superan el porcentaje de aciertos respecto a respuestas aleatorias). Hay excepciones a esta observación: se ha descubierto que las fuerzas del orden federales y los psicólogos clínicos sí logran superar al azar a la hora de detectar el engaño (véase Crossman y Lewis, 2006). Los niños y los adultos a menudo confían en pistas erróneas para detectar la mentira, como la mirada evasiva, la comunicación planificada frente a la espontánea y los movimientos rápidos de las extremidades (ver DePaulo, Lanier y Davis, 1983; Rotenberg, 1991; Shiri y Bruce, 2008). En realidad, los mentirosos parecen ser menos comunicativos, producen más disfluencias, sus explicaciones son menos convincentes e incluyen menos imperfecciones (DePaulo et al., 2003). Resumen El capítulo comenzó con una sinopsis de la película Sexo, mentiras y cintas de vídeo, con el objetivo de examinar la prevalencia, la naturaleza y las causas de las mentiras. Pasamos revista a la investigación sobre la mentira en la infancia, la adolescencia y la adultez. Y hemos terminado describiendo la dificultad que tienen las personas para detectar el engaño, confundiéndose a menudo sobre las pistas que revelan la mentira. 3 La confianza es el resultado de un equilibrio delicado Las estafas y los timos existen desde los albores de la humanidad (p. ej., el caballo de Troya). Los periódicos y los medios de comunicación están llenos de historias de personas que han sido estafadas o timadas. Un día leí en el Mirror la historia de una doctora que salía en el programa Good Morning Britain. La doctora describía «el terrible momento en el que se dio cuenta de que la pareja que había conocido por el sitio de encuentros Plenty of Fish le había estafado 150 000 libras, y que incluso iba a por su madre sin su conocimiento» (Mirror News, 1 de agosto de 2016). ¡Tampoco estamos inmunes los que investigamos sobre la confianza! Soy el representante del Reino Unido en la Sociedad Internacional para el estudio del Desarrollo del Comportamiento (ISSBD, siglas en inglés). Recibí un correo electrónico del presidente de la ISSBD pidiéndome que ayudara a un colega de China que visitaría el Reino Unido para asistir al entierro de su hermana. Rehusé y contacté con la sede que me confirmó que se trataba de un timo. La organización colocó una descripción del suceso en su sitio web para advertir a los demás miembros. Quizá mi trasfondo académico me ayudó a evitar el timo, aunque no lo sé en realidad. Cuando nos enteramos de estafas o timos a menudo nos preguntamos «¿Soy demasiado confiado?» o «¿Confío lo justo?». Son preguntas probablemente fundamentales para la vida misma –son preguntas existenciales–. Permitidme situarlas en la perspectiva propuesta por Frank Crane, quien afirmó: «Puede que te engañen si confías demasiado, pero vivirás en un infierno si no confías lo suficiente». ¿Está Frank Crane en lo cierto? El modo más sencillo de responder a estas preguntas es remitirnos a la investigación que aborda las consecuencias de confiar en exceso o de confiar muy poco. ¿Tiene consecuencias confiar demasiado poco? Un creciente cuerpo de investigación ha mostrado que la baja confianza provoca una inadaptación psicosocial. Mis colegas y yo usamos medidas derivadas del marco BDT para evaluar hasta qué punto los individuos creen que los otros muestran confiabilidad (p. ej., cumplen las promesas), honradez emocional (p. ej., mantienen el secreto) y honestidad (p. ej., dicen la verdad y no mienten). En una serie de estudios de nuestro grupo (Rotenberg et al., 2010; estudios 1, 2 y 3) encontramos que la baja confianza predecía longitudinalmente aumentos en la soledad para tres grupos de edad: la primera infancia, la infancia mediana y la adultez temprana. Las relaciones entre la baja confianza y el aumento de la soledad eran tanto directas como mediadas por medidas de desvinculación de las relaciones sociales. En uno de los estudios (Rotenberg et al., 2010; estudio 4), las chicas que cursaban estudios de grado se dedicaron a una «tarea de memoria». Se les había distribuido aleatoriamente en una de dos circunstancias. A las que se encontraban en la circunstancia de prepararse para la confianza se les pidió que memorizaran una lista de palabras relacionadas con la confianza (p. ej., sincero). La finalidad de la memorización era aumentar al acceso a pensamientos de confianza. A las que se encontraban en la circunstancia de prepararse para la desconfianza se les pidió que memorizaran palabras que incluyeran las relativas a la desconfianza (p. ej., mentir). La finalidad de la memorización era aumentar la accesibilidad a los pensamientos de desconfianza. A continuación, se les pidió que clasificaran sus sentimientos según una lista de adjetivos (incluidos solitaria y tímida) e informaran sobre su disposición a revelar información personal a otras personas. Posteriormente, conversaron brevemente con otra chica. Primero, eligieron un tema de una lista sobre el que hablarían y después de una breve conversación informaron de la compenetración que ellas y sus interlocutoras habían logrado. Los hallazgos del estudio mostraron que, en comparación con las participantes preparadas para la confianza, las preparadas para la desconfianza reportaron mayores sentimientos de soledad y retraimiento (soledad y timidez), una menor disposición a descubrirse y revelar sus intimidades a sus interlocutoras, y una baja percepción de lograr una compenetración en la conversación. Nosotros interpretamos los datos de los cuatro estudios como una muestra de que la baja confianza contribuye directamente a la soledad, porque provoca el sentimiento de estar desconectado de los demás. También, estas creencias de baja confianza contribuyen indirectamente a la soledad, porque producen en los individuos el rechazo a comprometerse con los demás, una baja apertura y una falta de percepción de compenetración en las interacciones. Hay otras pruebas sobre el problema de una baja confianza. Malti et al. (2013) descubrieron que está relacionada con la agresividad. Qualter et al. (2013) encontraron que las creencias de baja confianza en los demás predecían una elevada soledad, así como síntomas depresivos y una mala salud general durante la infancia y la adolescencia. En general, los datos revelados por la investigación muestran que confiar demasiado poco provoca varias formas de inadaptación. ¿Tiene consecuencias confiar demasiado? Julian Rotter (1980) planteó la cuestión: ¿son muy ingenuas las personas que confían mucho? Para responder a esta pregunta, Rotter pasó revista a su investigación y a la de otros para determinar si los individuos que sostenían creencias de confianza elevadas eran particularmente ingenuos y proclives a la traición. Rotter (1967) descubrió una falta de asociación entre los resultados obtenidos por estudiantes universitarios en la «escala de confianza interpersonal» de Rotter y los resultados obtenidos por otros que los catalogaban de ingenuos (crédulos, pardillos). Además, Rotter analizó una serie de estudios que mostraban que los individuos con elevada confianza interpersonal manifestaban de hecho un comportamiento mucho confiado que quienes tenían una baja confianza. Los estudios confirmaron que, no obstante, cuando los individuos tenían razones para desconfiar de la comunicación en la interacción social no se apreciaban diferencias notables entre los grupos con alta y baja confianza. Rotter (1980) propuso que no existía una relación apreciable entre las creencias de confianza y la ingenuidad, pero ¿estaba en lo cierto? Lamentablemente, Rotter (1980) no tuvo en cuenta toda la gama de las creencias de confianza, desde la más baja hasta la más alta. ¿Están la candidez y el funcionamiento psicosocial asociados con las creencias de confianza cuando se evalúan a través de toda la gama? Este tipo de análisis nos permitiría sopesar si confiar demasiado (o muy poco) tendría consecuencias negativas para el funcionamiento psicosocial. Usando este tipo de análisis, mis colegas y yo encontramos pruebas que apoyaban las observaciones de Crane. Por ejemplo, nosotros (Rotenberg, Boulton y Fox, 2005) descubrimos que los niños con creencias de confianza muy elevadas o muy bajas en sus compañeros eran más rechazados y excluidos por estos, y tenían una menor percepción de la aceptación social que percibían por sí mismos, que los niños con un rango medio de creencias de confianza. Además, los niños con creencias de confianza muy altas y muy bajas mostraban niveles elevados de inadaptación psicológica (soledad, depresión y ansiedad) a lo largo del tiempo en comparación con los niños con creencias de confianza de rango medio. En un estudio posterior descubrimos que las relaciones entre creencias de confianza y problemas psicosociales se extendían a las interacciones entre los niños en el patio (Rotenberg, Qualter, Barret y Henzi, 2014). Por ejemplos, las niñas con muy baja y con muy alta confianza en sus compañeras mostraban mayores problemas en las interacciones con ellas (incluidos el rechazo, la agresión indirecta y la angustia) que las chicas con creencias de confianza de rango medio. Interpretamos los resultados como sigue. Primero, propusimos que los individuos con creencias de baja (y muy baja) confianza tienen problemas psicosociales porque están inclinados a separarse de los demás, a sentirse solos y a retraerse. En segundo lugar, propusimos que las personas con creencias de confianza muy alta tienen problemas psicosociales porque corren el riesgo de ser traicionadas por otras: por ejemplo, son muy vulnerables a las violaciones de la confidencialidad mediante la divulgación. Tercero, propusimos que el patrón es el resultado de que los grupos de creencias de muy baja y muy alta confianza violan las normas sociales de confianza. En general, nuestra investigación respalda la observación de Crane al mostrar que tanto los individuos con muy baja confianza como los que tienen una confianza muy elevada muestran problemas psicosociales. ¡La traición! Según nuestros argumentos, los individuos con alta confianza tienden a tener problemas psicosociales porque son traicionados. ¿Qué sabemos sobre la traición? En el capítulo 2 ya dimos algunas respuestas. Un estudio de Jones y sus colegas (Jones, Chan y Miller, 1991) mostró que las mujeres declaraban que eran traicionadas y traicionaban más comúnmente por aventuras extramatrimoniales. Las mentiras les seguían en segundo lugar. Para los hombres, las aventuras extramatrimoniales (véase capítulo 5) y la traición de una confidencia tenían la misma probabilidad de ser formas de traición. La inmensa mayoría de los entrevistados (90 %) afirmaron que sus relaciones empeoraron como resultado de una traición, pero un número importante (50 %) dijo que sus relaciones seguían igual o incluso habían mejorado después de que ellos traicionaran a otros. Cuando son traicionadas, las personas sienten que su relación cae en picado. Pero, curiosamente, cuando se les pregunta sobre el hecho de traicionar a otros, dicen que la relación sigue igual o mejora. El egoísmo parece regir la percepción de las consecuencias de traicionar a otros. Además, Jones y sus colegas analizaron la traición entre niños normales y niños internados en diversas instituciones. Descubrieron que en ambos grupos las traiciones se dividían en tres categorías: burlarse de otros, contar mentiras o hacer acusaciones falsas, y cotillear y divulgar las confidencias. Como cabía esperar, los niños internados contaban con frecuencia diversas actividades delictivas como traiciones, pero también mencionaban como traiciones el ser abandonados, rechazados e ignorados por sus padres. Otras traiciones eran romper la promesa de dejar de consumir droga y dejar de ver a amigos indeseables, y el fracaso en la escuela. En general, los niños internados sufrían traiciones más graves que los niños normales. Estos especialistas crearon una medida estándar, llamada «escala de traición interpersonal» (IBS, siglas en ingles), que evaluaba las diferencias individuales al cometer actos de traición (p. ej., hacer una promesa sin intención de cumplirla). Los investigadores descubrieron que las traiciones, según la IBS, en los adultos eran (a) mayores entre los divorciados que entre los no divorciados, y (b) que estaban asociadas con características autoatribuidas de malhumor, envidia, cinismo, duda paranoica, comportamiento pasivo agresivo y (en relación inversa) tolerante. En el caso de los niños, las traiciones estaban asociadas con relaciones en las que estaban implicados los celos, los desacuerdos y los arrepentimientos. Según este estudio, tanto los adultos como los niños son vulnerables a la traición. Estos investigadores no estudiaron, sin embargo, si el hecho de ser demasiado confiado estaba relacionado con la traición, según hemos propuesto nosotros. ¿Confío lo «justo» y puedo evitar ser estafado o traicionado? Desafortunadamente, carecemos de unos medios sencillos para determinar cómo confiar lo «justo», y tampoco existe un escudo que proteja a los individuos de ser traicionados cuando confían, tal vez demasiado. Para empezar, los descubrimientos son de naturaleza estadística, es decir, no proporcionan una respuesta para un determinado individuo. Aun cuando fuera posible determinar si una persona tiene una confianza demasiado baja o demasiado alta, no está condenada al fracaso social. Los descubrimientos revelan la tendencia general mostrada por estas personas a tener problemas psicosociales. Otra cuestión es la capacidad que tienen los individuos para detectar cuándo les están engañando otros. Como describimos en el capítulo 2, las personas no son buenas a la hora de detectar el engaño, no lo hacen mejor que el azar. Normalmente, es poco probable que la gente detecte una estafa. El marco BDT proporciona un tipo de resolución al postular que la confianza en una díada está guiada por la reciprocidad. De acuerdo con este principio, las creencias y los comportamientos de confianza tienden a emparejarse a lo largo de las interacciones diádicas y crean una historia psicosocial común para las personas implicadas. En este contexto, el nivel «justo» de confianza depende de la historia de los intercambios de creencias y comportamientos de confianza entre un individuo y la otra persona en una relación diádica. El nivel justo de confianza para una persona en una relación determinada debería basarse preferentemente en la historia de los intercambios de creencias y comportamientos de confianza entre ella y la otra parte de la relación. Resumen Este capítulo ha abordado el equilibrio delicado de la confianza que representa el problema de confiar demasiado o muy poco. La investigación examinada muestra que ambos extremos están asociados con problemas psicosociales. El capítulo concluye con una reflexión sobre la traición y una estrategia para afrontar ese problema en una determinada relación social. 4 Desarrollar la confianza ¡Los padres pueden conseguirlo! Un elemento esencial en las diversas teorías sobre la psicología del desarrollo es el principio de que los padres y otros agentes sociales contribuyen a desarrollar la confianza durante la infancia. Según la teoría del apego (véase capítulo 1), la crianza y la sensibilidad parentales favorecen la seguridad del apego y la formación de los modelos operativos internos del apego en los niños, que promueven, a su vez, su confianza en los demás. Según la teoría de la adquisición de conocimiento (véase capítulo 1), la confianza de los niños en los demás, especialmente en sus padres, es esencial para la adquisición del conocimiento del mundo físico y de las creencias religiosas. Según el BDT (véase capítulo 1), las creencias y los comportamientos de confianza de los niños (dependencia y compromiso) son el resultado de los intercambios entre ellos y los padres (y otros agentes sociales). Una historia social vinculada entre niños y padres es producida por el intercambio recíproco de creencias de confianza y comportamientos de confianza (que están asociados) durante el curso de una interacción social. Pese a todo lo anterior, resulta sorprendente que se haya investigado poco sobre si los padres influyen específicamente en la confianza de sus hijos y cómo lo hacen. Son múltiples las cuestiones que cabe plantearse al respecto, tales como si los padres influyen en la confianza que sus hijos les tienen, si la confianza de los padres (o el comportamiento relacionado) influye en la confianza de sus hijos en los demás, y si la confianza de los hijos en sus padres influye en su desarrollo social. La finalidad de este capítulo es examinar la investigación relevante sobre estas cuestiones. ¿Influyen los padres en la confianza que sus hijos les tienen? Según la teoría del apego, los niños de apego seguro, en oposición a los de apego inseguro, desarrollan un modelo operativo interno (MOI) que se caracteriza por una sensación de confianza en los demás y por pensamientos positivos sobre las intenciones del comportamiento de otras personas. Así logran la competencia social. De acuerdo con esta teoría, la crianza y la sensibilidad parentales fomentan la seguridad del apego en la prole. Las medidas del MOI incluyen indicadores concebidos para evaluar la confianza de los hijos en sus padres (p. ej., facilidad para confiar en sus madres; cf. Kerns, Klepac y Cole, 1996). Existe una considerable cantidad de investigación que respalda el principio de que la crianza y la sensibilidad de los padres influyen en la seguridad del apego y en el MOI. En consecuencia, parece razonable sugerir que esas formas de comportamiento de los padres fomentan la confianza de sus hijos en ellos. Se trata de una inferencia, no obstante, porque los puntos que evalúan la confianza de los hijos en sus padres están integrados en las medidas del MOI. ¿Influye la confianza de los padres en la confianza de sus hijos en los demás? Para responder a esta pregunta he analizado la relación entre la confianza de los padres en los demás y la confianza de sus hijos, de educación primaria, en los demás (Rotenberg, 1995). Se ha encontrado que las creencias de confianza de las madres en los demás estaban correlacionadas con las creencias de confianza de sus hijos en los maestros. También averiguamos que el comportamiento de confianza de los padres durante un juego competitivo frente a otro cooperativo (p. ej., una versión del juego del dilema del prisionero) estaba correlacionado con el comportamiento de confianza de sus hijos en el mismo juego con un extraño. Interpreto estos descubrimientos del siguiente modo: las verbalizaciones de confianza de las madres con respecto a los demás influyen en las creencias de confianza de los hijos en los demás, y el comportamiento de confianza de los padres en interacciones de juego influyen en el comportamiento de confianza de los hijos en interacciones similares con personas desconocidas. ¿Qué hace que los padres confíen en sus hijos? Kerr, Stattin y Trost (1999) pidieron a unos adolescentes que evaluaran la confianza de sus padres en ellos (p. ej., si los padres confían en que no salgan con malas compañías) y a los padres que evaluaran la confianza en sus hijos adolescentes sobre los mismos puntos. Los investigadores descubrieron que la confianza de los padres en sus hijos adolescentes, tanto la reportada por los padres como por los hijos, estaba asociada negativamente con la delincuencia y positivamente con la revelación espontánea de información de los adolescentes a sus padres. Los investigadores propusieron que la revelación espontánea de los adolescentes de sus pensamientos, sentimientos y actividades a los padres es una causa principal de la confianza de los padres en el adolescente. También se advirtió que lo que dicen los padres sobre la confianza en sus hijos adolescentes estaba asociado con el funcionamiento positivo de la familia, tal como informaron tanto los padres como los adolescentes. ¿Influye la confianza de los hijos en sus padres en su confianza en los demás? Como respuesta parcial a esta pregunta, nosotros (Rotenberg, Bharathi, Davies y Finch, 2013) encontramos que las creencias de los niños de educación primaria en que sus padres cumplían las promesas estaban asociadas con el grado con el que los niños confiaban en que sus compañeros cumplirían las promesas que les hacían. Estos datos están en consonancia con la idea de que las creencias de confianza de los niños en los padres proporcionan la base para que los niños confíen en sus compañeros y se comporten de manera confiada con ellos. En otro estudio descubrimos que las creencias de confianza de los niños en sus padres y madres estaban asociadas con su disposición a ayudar a los compañeros (Rotenberg et al., 2005). Los niños con alta confianza en sus padres tenían más probabilidades de ayudar a sus compañeros que los niños con baja confianza en sus padres. Los investigadores han encontrado relaciones, de una magnitud que oscila desde cifras pequeñas hasta modestas, entre la calidad del apego de los niños (seguro frente a inseguro) y su competencia social posterior (véase Schneider, Atkinson y Tardif, 2001). Los hallazgos pueden interpretarse en el sentido de que la confianza de los niños en sus padres, según los índices del apego, fomenta la confianza en sus compañeros, tal como es clasificada por la competencia social. ¿Influyen otros agentes sociales, como la escuela o el barrio, en la confianza de los niños? Flanagan y Stout (2010) estudian la función de la escuela en la confianza de los adolescentes. En este estudio se les dio a los adolescentes medidas de confianza social (p. ej., se puede confiar en la mayoría de la gente), confianza interpersonal (p. ej., mis amigos guardan mis secretos) y solidaridad escolar (p. ej., los estudiantes cuidan unos de otros). Además, los adolescentes informaron sobre el grado en el que los profesores promovían el respeto mutuo entre los estudiantes y alentaban la expresión de opiniones. Los resultados representan una mezcla de estudios transversales y longitudinales. La confianza social se asoció simultáneamente con la confianza interpersonal, la solidaridad escolar y el clima democrático de la escuela. Se descubrió que la solidaridad escolar predecía longitudinalmente el aumento de la confianza social. Todo esto permite concluir que las cualidades de la escuela de los adolescentes, tales como la solidaridad y el ambiente democrático, fomentan la confianza generalizada de los adolescentes en los demás. En otro estudio sobre el tema, Bryk y Schneider (2002) descubrieron que la confianza de los niños en la escuela (en sentido amplio) ejerce una función importante en su adaptación académica y social. Varios estudios han mostrado los efectos potenciales del barrio en la confianza. Nosotros descubrimos que el índice de confianza de los padres respecto al barrio predecía longitudinalmente las creencias de confianza de los niños en la fiabilidad (mantenimiento de las promesas) de los demás y su honradez (cumplir promesas) (Rotenbeg, Betts, Eisner y Ribeaud, 2012). Averiguamos que cuando los niños viven en barrios donde se experimenta la confianza en lugar de la desconfianza, tienden a desarrollar las creencias de confianza y la honradez. ¿Influye el divorcio en la confianza de los niños? El divorcio o la separación de los padres es una de las experiencias más perjudiciales para los niños. Existe un cuerpo de investigación que apoya la conclusión de que los hijos de familias divorciadas muestran una mayor inadaptación psicosocial que los niños de familias «intactas» (véase Reifman, Villa, Amans, Rethiman y Telesca, 2001). Los investigadores han descubierto que, comparados con los hijos de familias intactas, los hijos de padres divorciados manifiestan unas bajas creencias de confianza generalizada en sus padres (Sun y Li, 2002) al igual que en su futuro cónyuge cuando son adultos (Franklin, Janoff-Bulman y Roberts, 1990). Los estudios cualitativos (Baker, 2005) muestran que los niños dicen experimentar angustia, falta de confianza y alienación cuando se divorcian sus padres. ¿Cómo deberían los padres fomentar la confianza de sus hijos (especialmente en los mismos padres)? Antes de abordar esta cuestión, debería resaltarse que no es deseable alentar a los hijos a adoptar unas creencias de confianza excesivamente altas en los demás, porque tales creencias parecen socavar su adaptación psicosocial. No obstante, el BDT sugiere que los padres deberían fomentar la confianza básica de los hijos en ellos (los padres) para crear así una relación de confianza entre ambos. Según el BDT, los padres pueden hacerlo cumpliendo las promesas hechas al hijo, siendo receptivos a lo que este les diga y demostrando honestidad en sus relaciones con él. Sin embargo, el estrés al que hoy en día estamos sometidos, tanto en relación a lo económico como a las relaciones interpersonales, hace difícil que los padres se comporten constantemente así con sus hijos. Quizá, la tarea más desafiante, sin embargo, es que los padres se aseguren de mantener una relación de confianza con los hijos durante un conflicto conyugal y un divorcio. Estas transiciones tienen el potencial de erosionar la confianza de los hijos en los padres, y, cuando los niños sean adultos, la confianza en sus cónyuges. La pregunta está también relacionada con los comportamientos de crianza que fomentan la fiabilidad de los niños, incluida la fiabilidad hacia los padres. Varias líneas de investigación muestran que los estilos disciplinares punitivos (Rotenberg et al., 2012) son contraproducentes y sirven para socavar la fiabilidad en los niños en lugar de promoverla. Con esto no queremos decir que los padres no fijen unos niveles morales elevados para sus hijos (p. ej., condenar la mentira), sino que recurrir al castigo físico no es el camino para lograr unos resultados deseables, como la fiabilidad. El punto anterior es resaltado por los descubrimientos de un estudio realizado por Hays y Carver (2014). Los investigadores usaron el paradigma de la resistencia a la tentación, descrito en el capítulo 2, con niños de 3 y 7 años. Como ya dijimos, un investigador pidió a los niños que no examinaran un juguete atrayente, y después se fue. Ya solos, la mayoría de los niños pequeños lo examinaron. Otro investigador les preguntó posteriormente si lo habían examinado o no, lo que proporciona las pruebas relativas a su disposición a mentir. En la versión de Hays y Carver de este paradigma (2014), los niños fueron expuestos a un investigador que unas veces mentía (p. ej., diciendo falsamente que había caramelos en un bote) y otras no, antes del procedimiento del juguete atrayente. Se descubrió que los niños en los primeros cursos de primaria (de 6 a 7 años) eran más propensos a examinar el juguete y a mentir después dependiendo de si el investigador les había mentido antes a ellos o no. Estas diferencias no se observaban en niños de educación infantil. Estos datos sugieren que los adultos que mienten constituyen un modelo de deshonestidad para los niños de primaria, potenciando así la falta de fiabilidad en ellos. Los hallazgos sugieren que un modo de ayudar a asegurar que tu hijo sea digno de confianza y fiable es no mentir, y especialmente no mentirle a él, aparte de Santa Claus y otras convenciones sociales. Resumen El capítulo ha pasado revista a las teorías del desarrollo y a la investigación pertinente para sugerir que una buena crianza, sensible y cariñosa, fomenta la confianza de los hijos en los padres; que las verbalizaciones maternas de la confianza y el comportamiento de confianza del padre promueven las creencias y los comportamientos de confianza de los hijos hacia los demás; y que la apertura a la comunicación de los adolescentes potencia la confianza de sus padres en ellos. Hemos incluido una investigación que sugiere que el divorcio es perjudicial para ciertas formas específicas de creencias de confianza en los hijos. Finalmente, hemos concluido sugiriendo cómo los padres pueden nutrir la confianza de sus hijos en ellos (los padres) evitando comportarse punitivamente y no mintiéndoles. 5 La confianza en las relaciones románticas ¿Cuántos matices[1] hay en tu confianza romántica? La novela Cincuenta sombras de Grey se ha convertido en todo un fenómeno. Como la mayoría de los adultos saben ya, se trata de una novela erótica escrita por E. L. James y es la primera entrega de una trilogía. La novela recorre la relación sexual cada vez más intensa entre una recién graduada (Anastasia Steele) y un joven magnate de los negocios (Christian Grey). El libro describe el comportamiento fuertemente erótico formado por la triada esclavitud/disciplina, dominio/sumisión y sadismo/masoquismo (BDSM, siglas en inglés). El libro ha ocupado el puesto número uno en la lista de los best seller en todo el mundo y se han vendido 90 millones de copias en 52 lenguas. El sexo en Cincuenta sombras de Grey es extremadamente gráfico, pero lo que puede no resultar tan claro es que la confianza entre los miembros de la pareja es fundamental para tener una relación BDSM. El sumiso o pasivo (es decir, la persona receptora del dolor en la relación BDSM) debe confiar en que el dominante o activo (es decir, la persona que inflige el dolor) refrene su comportamiento agresivo. Los activos deben refrenarse en reacción a las sutiles señales no verbales de los sumisos, a menudo durante el fragor de la pasión. Ciertamente, el BDSM es una forma muy particular de comportamiento sexual, pero puede verse como una metáfora cruda de otras relaciones sexuales y amorosas. Se trata de una relación en la que un miembro es altamente vulnerable al otro como parte de una interacción intensamente interdependiente cuyo objetivo es lograr la intimidad física y emocional. Las interacciones se guían por complejas y sutiles formas de comunicación verbal y no verbal. Esta forma de sexo depende, como mínimo, de la confianza entre los miembros de la pareja, al igual que ocurre en todas las formas voluntarias de relaciones sexuales. La gente cree firmemente que el éxito de las relaciones románticas depende de la fiabilidad de cada miembro de la pareja y de que creen una relación de confianza (Fletcher, Simpson, Thomas y Giles, 1999). La finalidad de este capítulo es averiguar si la confianza es esencial en la sexualidad humana y en las relaciones de pareja, y, de ser así, analizar qué función desarrolla. Antes de abordar el asunto debe quedar claro que hay muchos matices de confianza en las relaciones amorosas, como pone al descubierto la investigación pertinente. ¿Ejerce la calidad del apego del niño una función en las relaciones románticas cuando es adulto? Se piensa que la calidad del apego durante la infancia proporciona la base sociocognitiva para los estilos de apego amorosos durante la adultez. Aunque esta teoría es controvertida, lo cierto es que la calidad de los estilos de apego romántico en los adultos parece tener consecuencias en sus relaciones románticas. Según las clasificaciones del apego, una persona con un estilo de apego romántico seguro tiende a tener una buena disposición para intimar y confiar en los demás, mientras que la que tiene un apego ansioso (inseguro) tiende a la vez a acercarse y a evitar las relaciones íntimas. Finalmente, una persona con un estilo de apego evitativo (inseguro) tiende a evitar las relaciones íntimas y a desconfiar de su pareja. Los estudios muestran que los individuos con un estilo amoroso seguro tienen las relaciones amorosas más duraderas, mientras que los adultos con un estilo de apego amoroso ansioso tienen las relaciones amorosas más cortas (Feeney y Noller, 1990; Kirkpatrick y Davis, 1994). Kirkpatrick y Davis (1994) descubrieron, no obstante, que existían relaciones de pareja estables en las que las mujeres tenían un estilo de apego ansioso y los hombres tenían un estilo de apego evitativo. Según estos investigadores, estas parejas tenían una relación estable porque se ajustaban a los roles convencionales de género (es decir, las mujeres femeninas ansiosas y los hombres masculinos distantes). La confianza es considerada un elemento fundamental de la calidad del apego en las relaciones amorosas. Las personas que tienen un estilo de apego amoroso seguro tienden a confiar en su pareja (p. ej., Mikulincer, 1998); a gozar de la confianza de su pareja (Collins y Read, 1990); a mantener la confianza a lo largo de la relación amorosa (Keelan, Dion y Dion, 1994); y a afrontar positivamente las violaciones de la confianza, por ejemplo, hablando de esas violaciones con la pareja (Mikulincer, 1998). Con respecto a la sexualidad humana, Birnie-Porter y Hunt (2015) descubrieron que tener un estilo de apego romántico evitativo se asociaba negativamente con la satisfacción sexual en las parejas que salen juntas, los novios y las personas casadas. ¿Hay otros modelos de confianza en las relaciones románticas? Rempel y sus colegas (p.ej., véase capítulo 1) han propuesto el enfoque de la fe romántica sobre la confianza en las relaciones amorosas. Según este enfoque, la confianza en las relaciones amorosas está compuesta por los siguientes elementos: (1) predictibilidad, es decir, las expectativas de disposiciones estables (honestidad y cuidado) a partir de las interacciones pasadas; (2) fiabilidad, es decir, la disponibilidad a arriesgarse manifestando la intimidad y confiando en las promesas del otro, y (3) fe, es decir, los sentimientos de confianza y seguridad en las respuestas comprensivas de la pareja y la fortaleza de la relación. La investigación muestra que estas formas de confianza emergen en este orden conforme se desarrollan las relaciones amorosas. También se ha descubierto que el respaldo de los amantes a la confianza basada en la fiabilidad y la fe en su relación amorosa estaba asociado con su amor y con el hecho de que la pareja tuviera motivos intrínsecos en la relación (p. ej., motivos de garantizar la satisfacción recíproca y la preocupación empática). Estos investigadores pusieron también de relieve que los miembros de la pareja con alta confianza romántica tienden a hacer afirmaciones constantemente positivas sobre la función causal de su pareja en la relación (Rempel, Ross y Holmes, 2001). En realidad ¡es un asunto de dos! Los investigadores han hecho hincapié en que la confianza entre los miembros de una pareja es un proceso diádico. Murray y Holmes (2009) propusieron un modelo de receptividad recíproca en las relaciones románticas que implica discernir hasta qué punto el otro es egoísta y averiguar así si aceptaría o rechazaría las necesidades de su pareja. Estas percepciones, a su vez, influyen en la evaluación que un miembro de la pareja hace del riesgo (y la confianza) y de su motivación para mantenerse conectado en lugar de protegerse a sí mismo en la relación. El modelo describe las siguientes relaciones. Cuando surge un conflicto de intereses (p. ej., los objetivos de los miembros entran en conflicto), las percepciones de la confianza en la relación amorosa se ven entonces afectadas tanto por la receptividad recíproca de los miembros con respecto a los objetivos y la interdependencia mutua como por la predisposición de cada uno a mostrar una confianza (crónica) en la relación amorosa. En un experimento del modelo de receptividad recíproca, Shallcross y Simpson (2012) hicieron que parejas heterosexuales cumplimentaran la escala de la confianza basada en la fe para medir su confianza crónica. Las parejas entablaron discusiones en las que cada miembro elegía un objetivo que exigía al otro hacer un sacrificio personal o una concesión de algún tipo (p.ej., hacer una compra cara). Cada miembro discutía sobre ese objetivo con su pareja. Después de las discusiones, los participantes hicieron un cálculo sobre la confianza en el presente (es decir, la confianza en la pareja en ese momento). En el estudio, el «preguntador» era el miembro que hacía la petición y el «respondedor» era el destinatario. En apoyo al modelo de receptividad recíproca se descubrió que los miembros de la pareja (tanto el que pregunta como el que responde) con una alta confianza crónica tenían más probabilidades de colaborar con, y adaptarse a, las peticiones y los objetivos de su pareja durante las discusiones que las parejas con baja confianza crónica. Asimismo, se descubrió que la estrategia de colaboración y adaptación potenciaba la percepción que tenía la pareja de la confianza actual en la relación. ¿Son fiables las personas en una relación romántica? Hay razones para preocuparse por la fiabilidad de la pareja. Northrup, Schwartz y Witte mostraron en su libro The Normal Bar (2013) que el 33 % de los hombres y el 19 % de las mujeres admitieron que eran infieles; este comportamiento varía desde una aventura ocasional hasta aventuras frecuentes. Asimismo, Mak, Janssen y Millhausen (2011) descubrieron que el 23,2 % de los hombres y el 19,2 % de las mujeres afirmaban que engañaban durante sus relaciones amorosas. Estos investigadores averiguaron que la infidelidad estaba asociada con la infelicidad en la relación y la baja compatibilidad con la pareja y (exclusivamente entre los hombres) con la insatisfacción sexual con su pareja. ¿Son innatas las reacciones de las personas a la traición? Una respuesta a esta pregunta es proporcionada por la teoría de la evolución sobre la infidelidad sexual. Según esta teoría, las infidelidades son violaciones de la confianza que suscitan amenazas, vinculadas con el género, para la propagación y la supervivencia de la especie. Para los hombres, la infidelidad es principalmente una violación de la exclusividad de las relaciones sexuales (es decir, una violación de la exclusividad sexual), porque la infidelidad crea incertidumbre sobre la paternidad y el nexo genético de los varones con la descendencia. Para las mujeres, la infidelidad es principalmente una violación del compromiso emocional (es decir, infidelidad emocional), porque constituye una amenaza para lo que ellas creen, a saber, que el varón proporcionará los recursos necesarios para ellas y la progenie (véase Buss, Larsen, Westen y Semmelroth, 1992). En apoyo de la perspectiva evolutiva, Shackelford, Buss y Bennett (2002) averiguaron que a los hombres les resulta más difícil que a las mujeres perdonar a la pareja por una infidelidad sexual que por una de tipo emocional. En el caso de las mujeres ocurre lo contrario. Según la perspectiva evolutiva, las reacciones a la traición sexual son innatas y están relacionadas con el género. ¿Qué pueden hacer las personas para responder a la traición y al estrés conyugal? Los datos sobre la infidelidad no son muy alentadores para las personas que quieren una relación amorosa monógama duradera. Además, actualmente, el estrés y las tensiones de las relaciones amorosas son considerables y socavan el compromiso de los individuos con su pareja, la certidumbre sobre los motivos del otro, y, finalmente, la confianza en la pareja. ¿Qué se supone que tienen que hacer las parejas? Ante todo, debemos saber que muchas relaciones y matrimonios sobreviven a la infidelidad (véase Northrup, Schwarz y Witte, 2013) y, por consiguiente, que esta no significa necesariamente el final de una relación amorosa. El estudio de Hannon, Rusbult, Finkel y Kamashiro (2010) proporciona información sobre cómo pueden mantenerse las relaciones y los matrimonios después de una traición. Hannon et al. (2010) resaltan que prevalece un principio de retribución que sirve de impedimento para la resolución de la traición (es decir, la gente quiere combatir el fuego con fuego). Este principio debería evitarse. De acuerdo con la investigación, la resolución positiva de la traición es favorecida por la siguiente serie de actos interrelacionados: (1) la parte que ha perpetrado de la traición está dispuesta a enmendarse, (2) pide sinceramente perdón por haber violado la confianza, (3) la victima de la traición está dispuesta a perdonar la violación de la confianza y (4) la pareja está dispuesta a trabajar para dejar atrás el pasado. Este proceso no es sencillo en absoluto (véase Hannon et al., 2010) y es aconsejable recurrir a un buen consejero matrimonial. Con respecto a las tensiones en la vida matrimonial sería útil adoptar el modelo de receptividad recíproca respecto a la confianza en las relaciones amorosas perfilado por Murray y Holmes (2009). ¿Cómo detectar la traición y el engaño? Los adultos no son muy buenos en detectar el engaño en la comunicación del otro y el acierto al hacerlo raramente excede al azar (véase capítulo 3). Como reacción a una posible traición, los adultos pueden recurrir a una vigilancia intensa para coger al otro infraganti. El valor práctico de esta estrategia aún está por verse. No obstante, desde una perspectiva psicológica, la vigilancia socava la confianza en una relación amorosa porque expresa la desconfianza en el otro (véase Marshal, Bejanyan, Di Casto y Lee, 2013). Resumen Comenzamos con el libro Cincuenta sombras de Grey como una cruda metáfora de la función de la confianza en las relaciones románticas. Hemos revisado los hallazgos de la investigación relacionada con la teoría del apego y el enfoque de la fe y el amor sobre las relaciones amorosas y los hemos comparado. Finalmente, recurrimos a la teoría evolutiva para explicar el origen de la confianza en las relaciones amorosas, y concluimos con unas recomendaciones sobre cómo puede la gente hacer frente a la traición en este tipo de relaciones. [1] La palabra inglesa shade significa tanto «sombra» como «tono» o «matiz» de un color, de ahí la comparación con el título de la conocida novela (NdE). 6 La confianza y la salud ¿El camino hacia el bienestar? La experiencia de entrar en un quirófano pone de relieve la importancia que tiene la confianza en la atención médica. Aquí te encuentras, indefenso, en las manos de los médicos y de la tecnología. Los seres humanos estamos cada vez más bajo la atención de los profesionales de la salud, debido a los avances en medicina y como consecuencia de una vida más longeva. Como en muchos aspectos de la vida de la gente (véase capítulo 1), sin embargo, en la sociedad actual se han producido controversias en relación con la confianza en los profesionales sanitarios. ¡Lee todo al respecto! El titular de una revista científica decía «La confianza de los norteamericanos en los médicos está debilitándose» (Harding, 2014). El titular se basaba, en gran medida, en el artículo escrito por Blendon, Benson, Joachim y Hero (2014). Estos autores analizaron los datos de las encuestas sobre la confianza pública en los médicos y los directivos médicos estadounidenses desde 1966 hasta 2014. También tuvieron en cuenta los datos de una encuesta realizada en 29 países entre marzo de 2011 y abril de 2013 como parte del Programa Internacional de Encuestas Sociales (ISSP, siglas en inglés). Según el informe, la confianza del público en los directivos de la profesión médica en los Estados Unidos había bajado considerablemente durante la segunda mitad del siglo pasado: en 1966 el 75 % de los estadounidenses decían tener una gran confianza en los directivos médicos, pero en 2012 la cifra era solo del 34 %. Según el artículo, la confianza pública en el sistema sanitario de los Estados Unidos era baja actualmente: solo el 23 % afirmaba tener una gran confianza o mucha confianza en el sistema. No obstante, en el informe se decía que la confianza actual en la integridad de los médicos era alta: el 69 % de la población consideraba que la honestidad y la ética de los médicos en general era «muy alta» o «alta». En este sentido, en torno al 60 % de los adultos estadounidenses estaban de acuerdo, según las encuestas, en que actualmente «Considerando todo el conjunto, se puede confiar en los médicos de [tu país]» (p. 1570), aunque los adultos de otros países estaban más de acuerdo con esta afirmación. Los adultos de los Estados Unidos estaban muy satisfechos con la calidad de la atención sanitaria que recibían, situándose en el tercer puesto de los países en grado de satisfacción de los pacientes. Los autores sugerían que el patrón desigual de los datos sobre la confianza se debía, en parte, a la falta de un sistema de atención sanitaria universal en los Estados Unidos. ¿Está bajando la confianza de los Estados Unidos en los médicos como afirma el titular de la revista? No, según mi punto de vista. Es importante resaltar aquí los problemas de creer lo que dicen los titulares. Para tener una visión más exacta hay que leer las fuentes principales, y leerlas con atención. No obstante, el artículo y la fuente principal dan fe de los dos problemas siguientes. En primer lugar, demuestran la confusión relativa a la medida adecuada de la confianza en los médicos. El artículo de la revista (Harding, 2014) y la publicación de Blendon et al. (2014) utilizan una serie de términos diferentes tales como «confianza», «confiabilidad» e «integridad». Aunque todos los entendemos intuitivamente, ¿qué significado tenían estos términos para los encuestados? ¿Evalúan todos ellos exactamente lo mismo? En mi opinión, el significado es dudoso y los términos no son sinónimos. Ciertamente, la satisfacción del paciente es independiente de la confianza en el médico. En segundo lugar, el artículo pone de relieve la errónea estrategia de confundir la confianza en los médicos con la confianza en el sistema de salud y la confianza en los directivos en el campo de la medicina. El tratamiento médico está formado por numerosos niveles de intervención, con vínculos complejos entre los directivos en el campo de la medicina, los sistemas de salud (p. ej., los públicos frente a los privados), los hospitales, los ambulatorios, los especialistas, los médicos de medicina general y los enfermeros de los ambulatorios, y los médicos de cabecera (Pilgrim, Tomasini, y Vassilev, 2010). ¡La función de la confianza en el tratamiento médico es ciertamente compleja! Este capítulo se centrará en la confianza en los médicos de medicina general, en los especialistas y en los enfermeros, por su relevancia para la investigación psicológica, aunque hay un ámbito más amplio de la confianza médica (p. ej., directivos, sistemas, etc.) que es importante por sí mismo. ¿Mejora nuestra salud la confianza generalizada en los demás? La investigación ha mostrado que los individuos que tienen una baja confianza generalizada en los demás (véase creencias generalizadas de confianza en el capítulo 1) tienden a tener vidas más cortas. En el estudio realizado por Barefoot et al. (1988) se aplicaron a 100 adultos (de entre 44 y 80 años) una serie de medidas como las creencias de confianza generalizada (escala GTB de Rotter), el bienestar psicológico, la satisfacción vital y la salud funcional (autoevaluación del estado de salud y actividades diarias). Catorce años después se evaluó la mortalidad. Los investigadores descubrieron que las bajas creencias generalizadas de confianza estaban asociadas con una adaptación psicológica deficiente (sobre todo con las emociones negativas), una deficiente salud funcional, tanto simultánea como prospectivamente, y una mortalidad más temprana, que tendían a ser evidentes incluso cuando la salud funcional estaba controlada estadísticamente. Los autores sugirieron que las creencias de baja confianza generalizada estaban vinculadas con una salud deficiente y una mortalidad más temprana porque esas relaciones eran el resultado de factores como la falta de apoyo social, el cinismo, la reducción de la inmunidad del cuerpo a la enfermedad y la falta de voluntad para buscar el tratamiento médico necesario. Nummela, Raivio y Uutela (2012) encontraron unas relaciones similares en el sur de Finlandia, pero solo entre varones. ¿Fomenta la salud la confianza de los adultos en los profesionales de la salud? Una serie de estudios muestran que las creencias de confianza de los adultos en los médicos están asociadas con tratamientos médicos exitosos. Por ejemplo, Thom y sus colegas (Thom, Kravitz, Bell, Krupat y Azari, 2002; Thom, Ribisl, Stewart, Luke y The Stanford Trust Study Physicians, 1999) encontraron que las puntuaciones de los adultos en el baremo sobre la confianza en los médicos (TPS, siglas en inglés) estaban asociadas con la continuidad con el médico, la toma adecuada de los fármacos, la satisfacción con el doctor y su atención, la intención de seguir el consejo del facultativo y la mejora de los síntomas a las dos semanas. Unas relaciones similares entre la confianza de los adultos y algunas medidas relacionadas con la salud se han encontrado en estudios que emplean otros baremos para evaluar las creencias de confianza de los adultos en los médicos (véase Birkhäuer et al., 2017). Los investigadores han estado preocupados con las diferencias raciales en el tratamiento médico, puesto que influyen en la confianza. En particular, los investigadores han encontrado desigualdades raciales en el tratamiento del VIH (véase Saha, Jacobs, Moore y Beach, 2010). Las personas de raza negra tienen menos probabilidades de recibir terapia antirretroviral (TAR) que las personas de raza blanca. Según Saha et al. (2010), el hecho de que la población de raza negra tenga menor confianza en los médicos que la caucásica explicaría que reciban menor tratamiento médico del SIDA. En el estudio, 1327 pacientes (1104 negros) calificaron los siguientes aspectos: (a) cuánto confiaban en sus médicos, (b) su calidad de vida, (c) la calidad de la interacción entre el paciente y el proveedor, y (d) si habían recibido o no tratamiento antirretroviral (cotejado con los registros clínicos). Además, los recuentos de linfocitos CD4 de los pacientes se obtuvieron de los registros clínicos. Los investigadores encontraron que, en comparación con los caucásicos, los negros confiaban menos en sus médicos y tenían menos probabilidades de recibir tratamiento antirretroviral, de adherirse al tratamiento y de lograr la supresión viral. También se encontró que la confianza en los médicos estaba asociada con el cumplimiento de la terapia antirretroviral. Los hallazgos mostraron que los negros que confiaban plenamente en sus médicos eran similares a los caucásicos en cuanto al cumplimiento de la terapia antirretroviral. Los investigadores argumentaron que la desigualdad racial entre los negros y los caucásicos en el tratamiento del VIH es un resultado, en parte, de la baja confianza de los negros en los médicos y la consiguiente falta de adherencia al tratamiento antirretroviral. ¿Fomenta la salud la confianza de niños y adolescentes en los profesionales de la salud? Una respuesta a esta pregunta la hemos dado mis colegas y yo con una investigación sobre la confianza de niños y adolescentes en médicos y enfermeros. Guiados por el marco BDT, realizamos unos estudios sobre niños (de 10 años) para desarrollar un baremo de la confianza de los niños en los médicos (CTGPS, siglas en inglés; Rotenberg et al., 2008) y otro sobre la confianza en los enfermeros (CTGNS, siglas en inglés, Rotenberg, Woods y Betts, 2015). Los análisis confirmaron que ambos baremos evaluaban las tres bases de la confianza: la fiabilidad, la emoción y la honestidad. Como era de esperar, las puntuaciones en el GTGPS (en particular la confianza emocional) estaban asociadas con los informes sobre cuánto confiaban los niños en los médicos y la adherencia de los niños a los tratamientos prescritos. Este último dato apuntalaba el principio de que la confianza en los médicos fomenta la adherencia. Las puntuaciones obtenidas en el baremo sobre los enfermeros estaban asociadas con la «confianza» de los niños en ellos, pero no con el «temor». Finalmente, descubrimos que las puntuaciones en este baremo estaban asociadas a lo que decían los padres sobre la frecuencia con la que ellos y sus hijos iban a los centros médicos. Este último dato apoyaba la hipótesis de que cuanto más interactuaban los niños con los enfermeros más confiaban en ellos. En general, los datos respaldan la conclusión de que la confianza de los niños en los profesionales de la salud (médicos y enfermeros) fomenta la salud física. ¿Fomenta la confianza de una persona en su cónyuge su salud? El estudio de Schneider, Konijn, Righetti y Rusbult (2011) da una respuesta a esta pregunta. A individuos de 26 años de parejas casadas se les aplicó la escala de la confianza en la fe romántica (Rempel et al., 1985, véase capítulo 5), una escala de salud física (33 problemas de salud potenciales) y una serie de evaluaciones para medir la salud mental (depresión y ansiedad). El experimento se realizó durante cinco períodos sucesivos de tiempo de 6 meses. Se descubrió que la confianza en un cónyuge predecía longitudinalmente la salud, de la que informaba el propio individuo, y los datos apoyaban la conclusión de que la confianza en los cónyuges es una causa probable de salud. Además, los datos mostraron que esta relación estaba mediada por la salud mental (ansiedad y depresión bajas), lo que respaldada la conclusión de que la confianza producía salud, en parte, porque fomentaba la salud mental. ¿Qué función tiene la confianza en los trastornos alimentarios? La obesidad es considerada una epidemia en el Reino Unido y los Estados Unidos, como también en todo el mundo (Hruby y Hu, 2015). Menos extendidos, aunque constituyen un problema grave, están los trastornos alimentarios de la anorexia nerviosa, la bulimia nerviosa y los atracones de comida. La anorexia nerviosa se diagnostica, en parte, a partir de la medición del índice de masa corporal (menos del 85 %) y por la severa y selectiva restricción de la ingesta de comida. La bulimia nerviosa se diagnostica, en parte, a partir de los intentos por restringir la ingesta de comida que son interrumpidos por atracones repetidos y el vómito autoprovocado. A la edad de 20 años el 15 % de las mujeres tiene uno de estos dos trastornos (Stice, Marti y Rohde, 2013). En el caso de los hombres el porcentaje se reduce a la mitad. Todos los tipos de trastornos alimentarios ponen en riesgo la salud física y mental. La obesidad aumenta el riesgo de sufrir enfermedades coronarias y diabetes (Yan et al., 2004) y problemas psicológicos como la depresión (Papadopoulos y Brennan, 2015). Los estudios muestran que todos los que sufren estos trastornos alimentarios son propensos a tener problemas psicológicos (p. ej., depresión, soledad) y tendencias suicidas (Fairburn y Harrison, 2003). Mis colegas y yo hemos analizado la función de la confianza en los trastornos alimentarios y en la salud como parte del Síndrome de Abandono Social (SWS, siglas en inglés). El SWS constituye un patrón coherente formado por bajas creencias de confianza en los demás, baja comunicación personal y elevada soledad. En un estudio averiguamos que los síntomas de bulimia en jóvenes adultos estaban asociados con bajas creencias de confianza en su círculo más íntimo (madre, padre y amigos), una reticencia a comunicarles información personal y una elevada soledad (Rotenberg et al., 2013). En un nuevo análisis de estos datos usando el índice de masa corporal (IMS), descubrimos que las personas obesas mostraban también el patrón SWS (Rotenberg, Bharathi, Davies y Finch, 2017). En otro estudio descubrimos que las bajas creencias de confianza en el círculo íntimo (madre, padre y amigos) en los adolescentes de 11 y 12 años predecía un aumento en los síntomas bulímicos a lo largo de un período de 5 meses (Rotenberg y Sangha, 2015). También averiguamos que esa relación predictiva se debía, en parte, a la relación entre las bajas creencias de confianza y la soledad. En general, los datos obtenidos apoyan la hipótesis de que la bulimia nerviosa y la obesidad están asociadas con el síndrome de abandono social. Además, manifestamos que, debido a este síndrome, quienes tienen trastornos alimentarios corrían el riesgo de tener problemas psicológicos y de salud física. El síndrome les hacía reacios a informar sobre sus problemas alimentarios y emocionales a los profesionales de la salud, disminuyendo así la probabilidad de que fueran tratados. ¿Tiene consecuencia confiar excesivamente en la profesión médica? Confiar mucho en los profesionales de la salud puede provocar que el individuo se deje hacer pasivamente, sea demasiado ingenuo y no se comprometa en las interacciones con los profesionales, todo lo cual disminuye la probabilidad de recibir un tratamiento adecuado. Esta perspectiva es planteada frecuentemente por autores que abogan a favor de que se proporcione una educación y una información sanitaria a los pacientes para empoderarlos y aumentar sus oportunidades de recibir el tratamiento pertinente (véase Pilgrim, Tomasini y Vassilev, 2010). Por ahora, los investigadores no han presentado una relación curvilínea entre las creencias de confianza en los profesionales de la salud y los comportamientos relacionados con la salud. Un prometedor enfoque sobre este tema consiste en implementar una alianza de trabajo entre médico y paciente que implique empatía, confianza y la toma conjunta de decisiones. Se ha descubierto que esta alianza está asociada con la adherencia del paciente y con su satisfacción, y que mejora los resultados del paciente (véase Fuertes, Toporovsky, Reyes y Osborne, 2017). Estos datos pueden interpretarse como una indicación de que una combinación de la confianza del paciente en el médico y de la toma conjunta de decisiones con el médico está óptimamente asociada con la salud. Resumen Este capítulo revisa la investigación que muestra que la confianza generalizada, la confianza en los profesionales de la salud y la confianza entre los miembros de una pareja están asociadas con la salud (p. ej., longevidad y adherencia a las prescripciones médicas). También hemos abordado las evidentes desigualdades raciales en el tratamiento del VIH y la confianza en los médicos, así como la relación entre los trastornos alimentarios y la falta de confianza. Hemos terminado describiendo los programas de la alianza de trabajo médico-paciente como una combinación importante de confianza y de decisión conjunta en el tratamiento médico. 7 La confianza en la policía ¿Confías en la policía? Un oficial de policía de Minnesota disparó a Philando Castile, un hombre negro de 32 años, que estaba dentro de su propio coche. La novia de Castile, que estaba con él, colgó un video del disparo en Facebook. Castile le había dicho al oficial que tenía licencia para llevar un arma de fuego y se movió para tomar su cartera y mostrarle el permiso. Las heridas del disparo le provocaron la muerte. En el video puede verse al oficial diciéndole al joven que no se moviera. Mientras Castile levantaba las manos, el oficial le disparó en el brazo cuatro o cinco veces. No se trata un incidente aislado en los Estados Unidos. El número de estadounidenses muertos a manos de la policía cada año es notable: hasta la fecha en la que escribo este capítulo se han producido 807 muertes y la mayor parte pertenecen a grupos minoritarios (véase Guardian News, 2017). Los sitios públicos de internet ofrecen ahora información sobre los individuos que han muerto a manos de la policía en los Estados Unidos (p. ej., http://killedbypolice.net). Las leyes han cambiado recientemente y se les exige a los policías informar sobre estas muertes trimestralmente (véase Guardian News, 2016). Katz (2015) ha propuesto que los asesinatos policiales sean juzgados por agencias o grupos independientes del sistema legal vigente, tales como un «defensor del pueblo» con respecto a las actividades de la policía o un departamento especial de investigación de las actividades policiacas. Otros sucesos muestran actualmente lo tensas que han llegado a ser las relaciones entre la comunidad y la policía. La noche del jueves día 7 de julio de 2016, en Belo Garden Park, Dallas, fueron tiroteados 12 policías por dos francotiradores: 5 murieron y 7 resultaron heridos. El ataque se produjo después de una manifestación de protesta por las muertes de dos hombres negros a manos de la policía. Como consecuencia, se han organizado manifestaciones contra los asesinatos policiales de personas pertenecientes a minorías raciales, en particular de varones negros (véase https://cnn.it/29Ay0jE). La confianza en la policía es quizá el tema más controvertido hoy en día en la sociedad estadounidense. Hay pruebas de que es un problema que está aumentando en todo el mundo. Los sucesos mencionados ponen de relieve que la confianza de los ciudadanos en la policía es esencial para mantener el orden social. Por ejemplo, según Tyler y Huo (2002), la confianza de los individuos en las autoridades legítimas, como la policía, está asociada con su conformidad con las decisiones y las leyes de las autoridades. Se ha argumentado que sin esta confianza la sociedad corre el riesgo de caer en actividades delictivas y criminales, y la policía tendría dificultades para ejercer su deber de hacer cumplirla ley (Goldsmith, 2005; Sunshine y Tyler, 2003). En este sentido, ser oficial de policía es uno de los trabajos más estresantes en la sociedad actual (véase Ortega, Brenner y Leather, 2007). Y puede llegar a serlo aún más. ¿Es tan baja la confianza en la policía como insinúan estos sucesos? Las opiniones sobre cuánto confía la ciudadanía en la policía varían fuertemente, en particular en los Estados Unidos. McNamara (2012) insiste en que esta confianza es muy alta en los Estados Unidos. En contra, Williams (2010) insiste en que es baja, en gran medida debido a la brutalidad empleada por la policía (como hemos visto en la introducción a este capítulo). ¿Con cuál nos quedamos? Antes de responder a esta pregunta debemos expresar varias advertencias. En primer lugar, los investigadores en psicología no son propensos a afirmar que los resultados de las escalas tienen valores absolutos. Más bien consideran los resultados como medidas relativas que permiten hacer comparaciones (p. ej., si la confianza es más baja o más alta). También tiene una gran importancia cómo se evalúa la confianza. En los estudios sobre este tema a la gente se le ha pedido que diera una sola opinión sobre su «confianza» o «fiabilidad», términos que tienen significados poco claros. Además, es probable que los significados de estas palabras difieran según los individuos y las culturas. Con estas limitaciones en mente, veamos algunos de los resultados. Según la Encuesta Británica sobre la Delincuencia 2009-2010, elaborada por el Ministerio del Interior, solo el 46 % de la población residente en el Reino Unido se fía de la policía. Derek Prall (2014) informó sobre los datos de una encuesta telefónica, siguiendo el método Gallup, realizada aproximadamente a una muestra de 1000 adultos de países democráticos con altos ingresos pertenecientes a la OCDE. La confianza de los estadounidenses en la policía se situó en la franja media de los países: un 78 % de la población afirmó que se fiaba de la policía. La confianza (fiabilidad) en la policía es baja en América Latina y esto se ha atribuido a las elevadas tasas de delincuencia (en particular, ser víctima de un delito) y a los malos resultados políticos y económicos (Corbacho, Philipp y RuizVega, 2015; Jamison, 2011). En Rusia es muy baja, debido a la corrupción, el soborno, el trato injusto y el abuso de poder (Semukhina y Reynolds, 2014). Kääriäinen (2007) llevó a cabo un análisis de la Encuesta Social Europea (ESS) de 2004, en la que se pedía a los individuos que calificaran cuánto confiaban personalmente en la policía. El análisis de los datos de muestras de 16 países mostró que los cuatro países que más confianza depositaban en la policía eran los países nórdicos: Finlandia, Dinamarca, Noruega y Suecia. Los siguientes países en la lista eran de Europa central y occidental: Alemania, Luxemburgo, Austria y el Reino Unido. Los de menor confianza en la policía eran principalmente los antiguos países socialistas, como la República Checa, Polonia y Eslovenia. La investigación mostró que la confianza en la policía estaba estadísticamente asociada con (en orden de mayor a menor) la supuesta corrupción, los gastos de protección social a costa del PIB y la seguridad que sentía la gente al caminar sola por sus calles después de oscurecer. Un dato interesante es que la confianza en la policía no estaba especialmente vinculada con el hecho de ser víctima de un robo en la propia casa. Finalmente, quedó claro que la percepción de la corrupción explicaba (estadísticamente) las diferencias de confianza de los países en la policía. ¿Hasta qué punto es corrupta la policía? Porter y Warrender (2009), que analizaron 50 casos de los registros de actividades delictivas cometidas por la policía, ofrecen una visión sobre este tema. Los análisis arrojaron tres tipos de comportamiento irregular en la policía: a) delito policial, b) mala conducta por una causa noble y c) corrupción. Los investigadores informaron que los delitos policiales generalmente involucran a agentes que cometen actos delictivos por su propia cuenta. El motivo más frecuente era obtener más dinero. Como señalaron los autores, es difícil obtener datos objetivos sobre la corrupción debido al limitado acceso a esa información impuesto por las autoridades legales y a la falta de voluntad de los oficiales para denunciar las infracciones de otros colegas. Otros investigadores han identificado lo que se ha llamado el «código de silencio», es decir, la renuencia de los oficiales de policía a informar sobre actividades delictivas cometidas por sus compañeros (Ivkovic, Peacock y Haberfeld, 2016). Relación entre justicia y confianza Tyler y sus colegas (p. ej., Tyler, 2015; Sunshine y Tyler, 2003) han analizado la confianza en la policía desde el punto de vista de la justicia procedimental y la legitimidad. Por «justicia procedimental» se refiere a si se piensa que la policía toma decisiones y ejerce su autoridad de un modo justo. La «legitimidad» se corresponde con la confianza en la autoridad de la policía. Según este enfoque, la gente acepta las decisiones y las acciones legales de la policía (y de los tribunales) cuando estas decisiones y acciones se ven como justas y legítimas. Por ejemplo, Tyler y sus colegas (Tyler, 2010) descubrieron que las percepciones de la confianza en la policía (y los tribunales) por parte de los estadounidenses, tanto en los grupos mayoritarios como en las minorías, están asociadas con la forma en que perciben la justicia procedimental, incluido también el tratamiento justo por parte de la policía. Otros estudios han analizado las relaciones entre confianza y justicia procedimental en la propia organización policial. Sholihin and Pike (2010) descubrieron que la confianza de los oficiales superiores de policía en sus jefes (p. ej., la libertad con que la discutían sobre los asuntos con ellos) estaba asociada con las percepciones de la justicia procedimental y su grado de compromiso con la fuerza policial. Además, se encontró que la relación entre estas dos variables estaba mediada por la confianza de los oficiales de policía en sus superiores. Los investigadores sostenían que la confianza de los oficiales en sus superiores afectaba a su compromiso con la fuerza policial y que era responsable (en parte) de la relación entre la percepción de la justicia procedimental del cuerpo de policía y el compromiso con este. ¿Hay sesgos raciales en la confianza pública en la policía? Una serie de estudios han mostrado que la confianza en la policía en los Estados Unidos está relacionada con la raza. Las minorías (en particular la población negra) muestran una menor confianza que las mayorías (p. ej., MacDonald y Stokes, 2006; Thompson y Kahn, 2016). Por ejemplo, MacDonald y Stokes (2006) usaron los datos recogidos por la Social Capital Benchmark Survey [encuesta de referencia sobre el capital social], que fue una encuesta telefónica aleatoria realizada a 3000 residentes de los Estados Unidos. Los participantes calificaban con tres posibles valores su confianza en la policía de su ciudad; en la encuesta se incluían preguntas para que evaluaran su confianza y su compromiso cívico en las comunidades (incluida la confianza en sus vecinos), y también cuestiones demográficas (p. ej., raza, ingresos y edad). Los investigadores descubrieron que la confianza declarada en la policía estaba positivamente asociada con el capital social, la edad y los ingresos. La población negra declaró una confianza más baja en la policía que la población caucásica, por lo que la raza resultó el predictor estadístico más seguro sobre la confianza, comparado con otras variables. Los hallazgos confirmaron el enfoque del capital social sobre la confianza (véase capítulo 1). Como parte del enfoque sobre la justicia procedimental, Tyler avanzó una explicación de los prejuicios raciales con respecto a la confianza en la policía (2001). Sus averiguaciones confirmaban la conclusión de que las diferencias raciales respecto a la confianza en la policía son el resultado de que la población negra se ve tratada más injustamente por la policía (y los tribunales) que el resto de la población. ¿Tienen los agentes de policía prejuicios raciales en el cumplimiento de su deber? La investigación que usa la «tarea del tirador» proporciona ciertas pruebas sobre los prejuicios o sesgos raciales. La actividad consiste en usar una pistola para hacer frente a un delincuente. A los sujetos estudiados se les muestra imágenes de negros y caucásicos (potenciales delincuentes) sosteniendo una pistola o un objeto neutro (p. ej., un móvil). Se les da menos de un segundo para decidir si disparan o no al objetivo. Un metaanálisis realizado por Mekawi y Bresin (2015) ha mostrado que los participantes eran más rápidos en disparar a objetivos negros armados, más lentos en no disparar a objetivos negros no armados, y que tenían una gran propensión a disparar a objetivos negros. El metaanálisis puso de manifiesto que los sesgos raciales a la hora de disparar se encontraban en los oficiales de policía, en los miembros de la comunidad y en los estudiantes universitarios. Según estos estudios, la policía (como también otras personas) tienen sesgos raciales a la hora de disparar a sospechosos potenciales. Algunos autores han expresado su preocupación por la fiabilidad de esos efectos racialmente sesgados del experimento del tirador. Correll, Hudson, Guillermo y Ma (2014) no han podido encontrar esos sesgos de los tiradores en los oficiales de policía en varias pruebas realizadas. Estos investigadores destacan la importancia de identificar los factores que reducen la probabilidad de que los agentes de policía demuestren el sesgo del tirador y de ayudar a los agentes de policía a adoptar estrategias para controlar su atención a los indicios irrelevantes en sus deberes policiales. Finalmente, los datos de las grandes ciudades, como Nueva York, indican que la población negra es víctima desproporcionada de las malas prácticas policiales (véase Katz, 2015). Es difícil sacar conclusiones simples y definitivas sobre los sesgos raciales de la actividad policial. Es importante tener en cuenta la complejidad moral y social de la situación. En particular, los patrones y las relaciones observadas están enredados en los dinamismos de quien aplica la ley y el potencial perpetrador del delito (son recíprocos) y en la retórica emocional sobre las relaciones entre los ciudadanos pertenecientes a minorías y la fuerza policial. ¿Cuáles son las consecuencias de la confianza de los agentes de policía en el cuerpo policial? El marco BDT es un medio útil para evaluar las creencias de confianza en la policía porque permite expresar sus opiniones sobre la fiabilidad de la policía como parte de sus deberes profesionales. Estos incluyen la promesa de proporcionar protección a los ciudadanos (confianza basada en la fiabilidad), mantener la confidencialidad de la información personal de un testigo (confianza basada en la emoción) e informar con precisión sobre los sucesos delictivos (confianza basada en la honestidad). Mis colegas y yo (Rotenberg, Harrison y Reeves, 2016) hemos desarrollado una escala de creencias de confianza en la policía basada en el BDT. A los individuos se les presentan unas viñetas breves que representan situaciones en las que los oficiales de policía pueden demostrar comportamientos de fiabilidad, confianza emocional y honestidad como parte de sus deberes normales. Los individuos juzgan la probabilidad (expectativa) de que los agentes de policía lleven a cabo esos comportamientos. Dada la especificidad y concreción de los elementos reflejados en estas escalas, son menos susceptibles a los problemas de generalidad, abstracción y conveniencia social que aparecen en otras medidas de la confianza en la policía. También (Rotenberg et al., 2016) utilizamos la escala de creencias de confianza en la policía (TBP) para investigar las creencias de confianza de los agentes de policía en el cuerpo de policía. En el estudio, los agentes de policía cumplimentaron la escala desde su perspectiva para medir su confianza personal en la policía. También cumplimentaron la escala desde la perspectiva de la comunidad para medir las creencias de confianza en la policía que se atribuyen al público. Las escalas arrojaron medidas de tres tipos de creencias de confianza (de acuerdo con en el BDT): fiabilidad, emotividad y honestidad. A los agentes de policía también se les aplicaron medidas estandarizadas de su bienestar psicológico y estrés en el lugar de trabajo. Se descubrió que los agentes de policía tenían creencias de confianza más elevadas en la policía, basadas en la honestidad personal y en la confianza emocional, que las que atribuían al público. Específicamente, en comparación con las creencias personales de los oficiales de policía, los oficiales afirmaron que la comunidad tenía unas creencias más bajas de que la policía se abstendría de hacer daño emocional y demostraría honestidad. Las creencias de confianza personal en la policía basadas en la fiabilidad estaban positivamente asociadas con su bienestar psicológico y negativamente con su estrés en el lugar de trabajo. Por último, las creencias de confianza de los agentes de policía basadas en las emociones que se atribuyen públicamente a la policía se asociaron positivamente con su bienestar psicológico y tendían a relacionarse negativamente con el estrés. Los resultados confirmaron que las creencias de confianza de los agentes de policía en el cuerpo de policía están relacionadas con su bienestar psicológico y el bajo nivel de estrés en el lugar de trabajo. Resumen Hemos analizado los controvertidos temas del uso de las armas de fuego por parte de la policía y la investigación de la encuesta sobre si la confianza en la policía es alta o baja. Exploramos la investigación sobre la corrupción en la policía, los prejuicios raciales en ella, la justicia procedimental y la confianza, y los prejuicios raciales en la confianza de la gente en los agentes de policía. Concluimos con una investigación en donde se muestra que la confianza de los oficiales de policía en el cuerpo policial está asociada con su bienestar psicológico y con un nivel bajo de estrés. 8 La confianza en el lugar de trabajo Los aspectos visibles e invisibles de la confianza La pantomima [pantomime] nos proporciona una visión poco habitual sobre cómo funciona la confianza en las organizaciones. La pantomima (o panto como suele ser llamada) es un tipo de comedia musical concebida para entretener a la familia en el Reino Unido. Por lo general, consiste en una lucha entre buenos y malos en la que los héroes alcanzan la victoria. Uno de los héroes es una dama que en realidad es un hombre vestido de mujer. En un momento de la panto, los héroes se colocan de pie o se sientan frente al público. El villano corre por detrás y escapa entre los bastidores. El público, en el que normalmente hay niños, dice «Está detrás de vosotros», a lo que uno de los héroes responde «No, no está». El villano vuelve a hacer lo mismo. El héroe mira alrededor y dice que no puede verlo y pregunta dónde se encuentra, y, a continuación, reaparece el villano. La secuencia se repite varias veces. Esta situación es fundamental en la comedia: representa la interacción entre el público y los héroes a quienes ayudan a hacer frente a la amenaza o al mal que no ven. La escenificación, más bien extraña, guarda relación con la confianza dentro de las organizaciones, sencillamente porque algunos comportamientos en ella son invisibles, un acto de engaño desconocido. Estos actos pueden tener perfectamente un efecto profundo en la confianza y el bienestar del empleado. En el lugar de trabajo puede haber personas que se den cuentan de ellos (al igual que el público de la panto) pero, a diferencia del público, puede que no estén dispuestas a compartir esas observaciones con el empleado. Antes de avanzar sobre este tema, habría que subrayar que la gran mayoría de las teorías e investigaciones sobre la confianza en las organizaciones está guiada por el principio de que la confianza de un empleado en el lugar de trabajo contribuye a su adaptación psicológica, a su rendimiento como también al éxito del empresario y de la empresa (p. ej., Cook y Wall, 1980; Paillé, Bourdeau y Galois, 2010). Es una de las premisas rectoras en las investigaciones sobre este asunto. La mano invisible Baron y Neuman (1996) han estudiado la función de la mano invisible en la confianza en el lugar de trabajo. La investigación se guio por el principio de que los individuos se inclinan a adoptar comportamientos agresivos que son eficaces para dañar a la víctima y que representan el menor peligro posible para ellos. Cabía esperar que muchas agresiones en el lugar de trabajo fueran encubiertas, ocultando la identidad del perpetrador y dejando a la víctima en la incertidumbre de si el daño experimentado era intencionado. Se esperaba también que las personas en el lugar de trabajo se inclinaran a participar en agresiones que fueran verbales (por ejemplo, dañar con palabras en lugar de con hechos), pasivas (por ejemplo, daño por la omisión de alguna acción) e indirectas (por ejemplo, causar daño a través de otros agentes). De esta manera, las personas serían menos propensas a participar en agresiones en el lugar de trabajo que fueran físicas (por ejemplo, dañar con actos), activas (por ejemplo, dañar con el comportamiento) y directas (dañar directamente a la víctima). En el estudio, 78 empleados de organizaciones públicas y privadas informaron sobre la frecuencia con que presenciaron y experimentaron personalmente diferentes tipos de agresión. En correspondencia con lo esperado, la agresión verbal era más frecuente que la agresión física y la agresión pasiva era más frecuente que las formas activas de agresión. Sin embargo, en contra de lo esperado, la agresión directa era más frecuente que la indirecta. El patrón era el mismo tanto en el caso de la agresión experimentada como la presenciada. Los hallazgos respaldan la conclusión de que los empleados en el lugar de trabajo probablemente se involucren en algunos comportamientos agresivos encubiertos en la medida en que puedan ser verbales y pasivos. Los autores conjeturan que la agresión directa podría ser más valiosa como acción que la agresión indirecta porque la primera causa más daño a la víctima. Como respaldo ulterior para su hipótesis, Baron, Neuman y Geddes (1999) descubrieron en otro estudio que los empleados de organizaciones empresariales informaban de la existencia de más incidentes de agresividad encubierta que manifiesta en el lugar de trabajo. Esos comportamientos agresivos estaban asociados con la supuesta injusticia que el empleado percibía en sus relaciones con los jefes. Finalmente, se averiguó que era más probable que los empleados agredieran a un compañero o a su inmediato superior que a los subordinados y la organización. Desde la perspectiva del marco BDT (véase capítulo 1), es importante advertir que los empleados informaron sobre los siguientes comportamientos agresivos en su lugar de trabajo: no negar los falsos rumores sobre el destinatario (verbal-pasivo-indirecto); propagar falsos rumores sobre el destinatario (verbal-activo-indirecto); denigrar las opiniones de alguien ante otros (verbal-activo-indirecto); no tomar medidas para proteger el bienestar o la seguridad del destinatario (físico-pasivoindirecto); y reducir las oportunidades de los demás para que expresaran su opinión, por ejemplo, citándolos al final de una sesión cuando ya habían perdido su turno (físico-pasivo-directo). Según el BDT, estos tipos de agresión son comportamientos no fiables (violan las promesas, violan la confidencialidad y son deshonestos) y socavarían las creencias de confianza en el lugar de trabajo. El lugar de trabajo puede ser un lugar peligroso. Si la pregunta de la panto se planteara en el lugar de trabajo, entonces la respuesta sería: «Sí, está detrás de ti». La vulnerabilidad al riesgo: ¡la mano visible! Las teorías del intercambio social y la investigación relacionada con ella analizan los comportamientos observables o visibles en las organizaciones (véase capítulo 1). Mayer, Davisw y Schoorman (1995) definieron la confianza en el seno de la organización como La voluntad de una parte de ser vulnerable a las acciones de otra parte, basada en la expectativa de que la otra parte llevará a cabo una acción particular importante para el fideicomitente, independientemente de la capacidad de monitorear o controlar a la otra parte (p. 712). Según este modelo conceptual, la confianza de una parte y su actuación confiada en el lugar de trabajo son el resultado de su propensión a confiar (p. ej., predisposición a creer que los demás cumplirán las promesas) y de la supuesta fiabilidad de la otra parte (capacidad, benevolencia e integridad). La capacidad percibida está formada por la percepción de las habilidades, las competencias y la maestría en un determinado ámbito en la otra parte. La benevolencia percibida comprende la medida en que se cree que la otra parte está involucrada en acciones destinadas a beneficiar a la parte en cuestión (es decir, hacer el bien). Finalmente, la integridad percibida comprende la percepción de que la otra parte se adhiere a un conjunto de principios aceptables, como demostrar comunicaciones creíbles y un fuerte sentido de la justicia, y que sus palabras se manifiesten en sus acciones. La confianza de la parte es su voluntad de ser vulnerable al riesgo en el lugar de trabajo, que se demuestra en última instancia al actuar de manera confiada y asumir ese riesgo en un contexto empresarial determinado. En una revisión posterior de este enfoque, Schoorman, Mayer y Davis (2007) propusieron que la confianza implica la disposición recíproca de las dos partes a ser vulnerables, aunque no por igual (es decir, los intercambios líder-parte). Se han acumulado pruebas que apoyan el enfoque de la vulnerabilidad al riesgo de confiar en el lugar de trabajo. Por ejemplo, Tan y Lim (2009) evaluaron a 126 agentes de seguros de 14 agencias. Los hallazgos confirmaron que los tres atributos de confiabilidad de los compañeros de trabajo (capacidad, benevolencia e integridad) predecían estadísticamente la confianza del empleado en sus compañeros de trabajo. Además, se encontró que esa confianza predecía estadísticamente el compromiso de los empleados con la organización y el desempeño en el lugar de trabajo. Este enfoque ha recibido apoyo adicional de estudios longitudinales. Ferrin, Bligh y Kohles (2008) descubrieron que existen relaciones recíprocas entre la fiabilidad y la cooperación entre los compañeros de trabajo que van aumentando y reforzándose mutuamente con el tiempo. Los investigadores han puesto a prueba las implicaciones de la conceptualización de la vulnerabilidad al riesgo para las relaciones entre directivos y trabajadores. En un «cuasi-experimento», Mayer y Davis (1999) investigaron las diferencias entre los grupos de empleados que se forman de manera natural en una pequeña empresa manufacturera de plásticos no sindicalizada en el Medio Oeste de los Estados Unidos. A los empleados se les administraron tres olas de encuestas durante un período de 14 meses. Durante este período, se implementó un nuevo sistema de evaluación para los empleados. El sistema incluía una reunión entre un supervisor y un empleado para conciliar sus evaluaciones, en las que el supervisor especificaba al trabajador los comportamientos y resultados esperados y deseados de su trabajo (es decir, una estrategia transparente). Durante el transcurso del estudio, algunos empleados (participantes) habían sido evaluados bajo el nuevo sistema y otros no. Los empleados informaron en escalas estandarizadas acerca de sus percepciones sobre la fiabilidad de los directivos (capacidad, benevolencia e integridad) y de su confianza en ellos. Finalmente, los empleados informaron sobre la exactitud de la evaluación que los supervisores hicieron de ellos (exactitud percibida) y de su creencia de que el desempeño conducirá a los resultados organizativos deseados, tales como aumentos de sueldo y ascensos (instrumentalidad). En apoyo de la conceptualización de la vulnerabilidad al riesgo, los investigadores descubrieron que existían asociaciones entre la fiabilidad percibida (capacidad, benevolencia, integridad) de los directivos, la confianza en ellos, la exactitud percibida y la instrumentalidad. Además, se encontró que los empleados que habían experimentado el cambio al nuevo sistema de evaluación mostraban un aumento, a lo largo del tiempo, en la fiabilidad percibida de los directivos, en su confianza en ellos, en la exactitud percibida y en la instrumentalidad. En cambio, quienes no habían experimentado ese cambio no mostraban ese aumento. El estudio respalda la idea de que el uso de estrategias directivas transparentes puede fomentar la confianza en la fiabilidad de los directivos y la confianza en ellos, lo que, a su vez, aumenta la confianza en que la promoción va a estar vinculada al buen desempeño profesional. La justicia: ¡otra mano visible! Una línea de investigación basada en el intercambio social subraya la función que la justicia tiene en la confianza dentro de una organización. En esta línea de investigación, los especialistas han distinguido entre justicia distributiva, es decir, la percepción de que los resultados son justos; la justicia procedimental, es decir, que el proceso mediante el que se hacen las asignaciones es justo; y la justicia interactiva, que el proceso comunicativo está caracterizado por la amabilidad, la honestidad y el respeto (véase Cohen-Charash y Spector, 2001). El meta-análisis de los 190 estudios realizado por Cohen-Charash y Spector (2001) mostró que la confianza de los trabajadores en sus empresas estaba sustancialmente asociada como su modo de percibir la justicia procedimental, la justicia distributiva y la justicia interactiva. Además, también puso de relieve que la confianza en los directivos estaba fuertemente asociada con la justicia procedimental y la distributiva. Los investigadores han aplicado el principio de la justicia a la confianza dentro de la organización policial (véase capítulo 7). Trinker, Tyler y Godd (2016) descubrieron que los oficiales de policía que veían proceder de forma justa a sus superiores y compañeros también decían tener una mayor confianza en ellos y sentirse más obligados a obedecer a sus superiores. Para poner este dato en perspectiva, los oficiales de policía que veían proceder injustamente a sus superiores y compañeros mostraban un elevado estrés psicológico y emocional, cinismo y desconfianza con respecto al mundo en general y las comunidades a las que servían. Resumen Examinamos los aspectos invisibles y visibles de la confianza en el lugar de trabajo. Los aspectos invisibles de la confianza en el lugar de trabajo fueron descritos a partir de los estudios de Baron y sus colegas y se interpretaron según el BDT. Los aspectos visibles de la confianza en el lugar de trabajo se han abordado según la teoría y la investigación basadas en el intercambio social y en la justicia procedimental. 9 La confianza y la política El rey desnudo «El rey desnudo», un cuento de Hans Christian Andersen, escrito en 1837, trata de un rey vanidoso al que solo le preocupaba vestir majestuosamente. Dos tejedores crearon para el rey lo que ellos decían que era el traje más espléndido hecho de un tejido que era invisible para quien era indigno de su cargo o estúpido sin remedio. No había ningún traje, pero el rey se lo puso por temor a que pensaran que era indigno de su cargo o un estúpido. Los ministros fingieron ver el nuevo traje por las mismas razones. De igual modo actuaron sus súbditos durante el desfile por la ciudad. Durante este desfile, un pequeño ingenuo en medio de la muchedumbre dijo a gritos que el rey estaba desnudo, lo que fue aprobado por el resto de la muchedumbre. Aunque el rey pensó que era cierto, prosiguió con el desfile. Del cuento se ha hecho una obra de teatro y una película, para deleite de muchas generaciones. Con su sencillez, el cuento presenta a un dirigente que es engañado. El engaño es perpetuado por el rey mismo, sus ministros y la población de la ciudad por motivos de autoestima y respecto público. El engaño consensuado es desafiado por un niño pequeño a quien no le importan las presiones sociales. Este cuento puede considerarse como una metáfora del liderazgo político y del poder político en nuestro tiempo. Los líderes políticos colaboran con sus ministros en la confección de políticas engañosas que, mediante los medios de comunicación, logran la aceptación consensuada por sus ciudadanos. La veracidad de esas comunicaciones y acciones puede ser desafiada por los partidos de la oposición y por los medios críticos –el niño metafórico–. ¿Es el rey (o su equivalente actual) desnudo una descripción precisa de las políticas y los gobiernos de nuestra época? Representa una visión muy cínica de una política que ignora la verdad, un cinismo político mostrado por lo visto en Australia y en los Estados Unidos (véase Leigh, 2002). ¿La caída de la democracia? Se dice con frecuencia que la salud política necesita un cierto grado de cinismo político, pero una gran diversidad de especialistas cree que para que la democracia funcione bien es fundamental la confianza en los políticos y el gobierno (véase Warren, 1999, 2004). La falta de confianza de los ciudadanos en el gobierno en una democracia socava su participación en el proceso político y su adhesión a las políticas gubernamentales (véase Garen y Clark, 2015). La confianza en el gobierno forma parte del capital social, que fomenta la implicación política del pueblo entre otras actividades cívicas (véase capítulo 1). La finalidad de este capítulo es revisar la investigación psicológica y la procedente de otras fuentes sobre los factores que afectan a la confianza de los ciudadanos en los políticos y en los gobiernos y las consecuencias de esta confianza. La confianza en políticos y gobiernos se da a muchos niveles. Este tema puede describirse, en parte, mediante las dos dimensiones «objetivo» del marco BDT (véase capítulo 1), la especificidad (de lo específico a lo general) y la familiaridad (de lo poco familiar a lo muy familiar). Por ejemplo, algunos politólogos han concluido que la confianza de los ciudadanos en el Congreso de los Estados Unidos se encuentra en su punto más bajo, pero que la confianza en el (o la) congresista que representa a su distrito es muy alta (Fisher, van Heerde y Tucker, 2010). La confianza en los líderes (p. ej., en el presidente o el primer ministro) es tradicionalmente diferente a la confianza que se tiene en miembros concretos del mismo partido político y en el partido político del líder (véase Rotenberg, 2016). Otros investigadores han descubierto que la confianza de la gente en la naturaleza del gobierno (es decir, en cuanto es una democracia) es distinta de la confianza en un gobierno determinado (p.ej., Schiffman, Theles y Sherman, 2010). Es importante reflexionar acerca del objetivo al que se dirige la confianza. Otros investigadores han propuesto la existencia de diferentes formas o tipos de confianza. Por ejemplo, Fisher, van Heerde y Tucker (2010) sugieren tres tipos diferentes de confianza: confianza estratégica, confianza moral y confianza deliberativa. Estos investigadores probaron su hipótesis usando los datos recogidos a partir de la encuesta British Omnibus publicada semanalmente en línea por YouGov (muestra de 1753 personas; julio de 2007) y del British Election Study Continual Monitoring Panel (muestra de 1018 personas; marzo de 2009). La encuesta incluía trece preguntas concebidas para evaluar cada tipo de confianza, entre las que se encontraban las siguientes: en general, los políticos cumplen sus promesas (confianza estratégica); los políticos comparten los mismos objetivos y valores que yo (confianza moral); y los partidos representan a sus simpatizantes, no a quienes los financian (confianza deliberativa). Los participantes informaron sobre cuánta confianza tenían en los partidos y los políticos según una escala de 11 puntos. En apoyo de sus formulaciones, los investigadores encontraron que los puntos que evaluaban cada uno de los diferentes tipos de confianza predecían estadísticamente la calificación de los individuos con respecto a su confianza en el gobierno. ¿Influye la confianza en el gobierno en el comportamiento de los ciudadanos en los países democráticos? Para responder a esta pregunta, Martin (2010) usó los datos del Australian Election Study de 2007. A los ciudadanos se les proporcionaron unas plantillas para que evaluaran su confianza en el gobierno. La mayoría de la población expresó una actitud de desconfianza: el 58 % de los encuestados afirmaron que los miembros del gobierno habitualmente o en algunas ocasiones solo se ocupaban de sí mismos. En contraste, solo un 43 % de la población estaba de acuerdo en que, habitualmente o en ciertas ocasiones, puede confiarse en que el gobierno haga bien las cosas. Finalmente, solo un escueto 15 % de los encuestados expresaron la actitud máxima de confianza (es decir, que se puede confiar en que el gobierno hará lo correcto). Los resultados fueron interpretados como expresión del cinismo político de la población australiana. Sin embargo, se encontró que la medida de confianza en los políticos se asociaba positivamente con actitudes positivas hacia la democracia, positivamente asociada con el voto cuando no es obligatorio, y negativamente asociada con la expresión de la frustración a través de formas desafiantes de actividades (por ejemplo, participar en manifestaciones de protesta). Los resultados apoyan el argumento de que la confianza en el gobierno contribuye a la democracia. ¡Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos![1] (Más bien lo segundo) Hay pruebas que indican claramente que la confianza política ha estado bajando desde mediados de 1960 en muchos países democráticos (Blind, 2007). Cheng, Bynner, Wiggings y Schoon (2012) sugieren que se trata de un fenómeno global. Las pruebas de los cambios en la confianza política y los factores que influyen en ella están recogidas en un estudio realizado por Hetherington y Rudolph (2008). Estos investigadores realizaron un análisis de series cronológicas, desde 1976 hasta 2006, sobre los factores que han influido en la confianza política en los Estados Unidos. La confianza en el gobierno fue evaluada por el grado de acuerdo de los individuos con la afirmación de que «el gobierno de Washington hará lo correcto». En conjunto, los investigadores descubrieron que esta confianza menguaba con el paso del tiempo. Pero aumentaba cuando la población veía los asuntos internacionales como de importancia vital, p.ej., el terrorismo, la seguridad nacional, la guerra y el conflicto en el Próximo Oriente. Además, se descubrió que la confianza política disminuía cuando la población pensaba que había problemas en la economía (es decir, en un período de depresión). Los efectos de la preocupación económica resultaron en una asimetría, en la medida en que relativamente pocas personas consideran que la economía está bien, incluso en los tiempos de bonanza económica. Según los autores, los efectos positivos de la bonanza económica en la confianza política eran relativamente débiles y, por lo tanto, no lograban compensar los efectos de las crisis económicas, lo que daba lugar a una disminución de la confianza de los ciudadanos en el gobierno. Estos datos pueden indicar que la población de los Estados Unidos está en camino de ver a los políticos como reyes desnudos. ¿Tienen importancia los escándalos políticos? Hace unos 50 años que el Watergate nos estalló en las narices. El amargo camino político abarcó desde la instalación de micrófonos en la sede del Comité Nacional Demócrata en el hotel Watergate el 28 de mayo de 1971 hasta la dimisión del presidente Richard Nixon el 9 de agosto de 1974. Hetherington y Rudolph (2008) encontraron que los escándalos del gobierno (por ejemplo, el intento de procesar al presidente Clinton [impeachment]) predecían una disminución de la confianza en el gobierno a lo largo del tiempo. Sin embargo, los efectos no fueron tan sustanciales como los efectos de las cuestiones económicas e internacionales en la confianza en el gobierno. Hay pruebas de que los escándalos del gobierno tienen efectos negativos en la confianza en el gobierno en países distintos de Estados Unidos. Por ejemplo, una investigación cualitativa llevada a cabo por Isotalus y Almonkari (2014) indica que los escándalos políticos tuvieron efectos negativos en la confianza de los ciudadanos en Finlandia. ¿Qué hace que la población considere digno de confianza a un político? La confiabilidad en los candidatos políticos emergió, por ejemplo, durante las elecciones presidenciales en los Estados Unidos. Las percepciones de la confiabilidad en los políticos ha sido el centro de las encuestas, y estas han sido fuente de discusión en los medios (p. ej., Kolbert, 2016). Se ha notado que muchos políticos carecían de confiabilidad durante la campaña sobre si el Reino Unido debía mantenerse o salir de la Unión Europea, el llamado Brexit (Rotenberg, 2016). La función principal de los políticos es persuadir a los votantes para que respalden sus propuestas sobre todas las cuestiones, y, en definitiva, para que les voten (véase Combs y Keller, 2010). El objetivo de su comunicación simplemente coincide con las condiciones bajo las cuales los niños y adultos mienten (véase el capítulo 2). De hecho, los políticos se involucran en una forma exagerada de fingir positividad para complacer a los demás y lograr su aprobación. Una forma de socavar esos efectos es que el político presente su comunicación como contraria a su propio interés o incluso como compatible con la visión de los opositores. Este principio es apoyado por el estudio de Combs y Keller (2010). Su estudio estuvo guiado por la premisa de que un político que se comunica en contra de sus propios intereses viola las expectativas, en un sentido positivo, lo que fomenta que sea percibido como digno de confianza. En el primero de los tres estudios realizados por estos investigadores, los estudiantes universitarios leyeron un anuncio de un candidato (un político ficticio llamado John Dixon) que era altamente crítico con su opositor (otro político ficticio llamado David Hunter). El anuncio sugería que Hunter era un mentiroso y que sus políticas perjudicarían a la economía del país. Leyeron después una de las tres respuestas de David Hunter (que desde el principio negaba todas las acusaciones): en una atacaba los valores morales del opositor (contraataque), en otra alababa su propia política económica (autoelogio), y en la tercera alababa las políticas de su opositor haciéndolas suyas y prometiendo llevarlas a cabo de ser elegido (elogio del opositor). Los estudiantes universitarios consideraron más digno de confianza a este candidato (es decir, mostraba confiabilidad, integridad y honradez), y era más probable que le votaran cuando, en lugar de atacarle, había alabado a su adversario. Además, se descubrió que la confiabilidad percibida era responsable, en parte, del patrón de votación. Los tres estudios realizados por Combs y Keller (2010) confirman la conclusión de que la gente confía en los políticos y los vota cuando los ve actuando contra sus propios intereses y violando positivamente las expectativas. Desde mi punto de vista, esto coincide con el principio de que actos así disminuyen la probabilidad de el político sea visto como un fingidor que engaña a los demás. El marco BDT Guiados por el marco BDT, mis colegas y yo (Rotenberg y Bierbrauer, en preparación) hemos examinados las creencias de confianza en los políticos. Hemos desarrollado una escala de confianza en los políticos formada por escenarios que presentan a los políticos realizando potencialmente tres tipos de comportamiento: fiabilidad (es decir, cumplen las promesas electorales), confiabilidad emocional (es decir, mantienen la confidencialidad de la información comunicada a los cargos gubernamentales) y honestidad (es decir, dicen la verdad acerca de los gastos gubernamentales). En nuestro estudio distribuimos la escala entre los estudiantes, y el resultado, como cabía esperar, estaba formado por los tres tipos de creencias de confianza: fiabilidad, emoción y honestidad. También descubrimos que las creencias de confianza de los estudiantes en la honestidad de los políticos estaban asociadas con su disposición a votar al Partido Laborista. Resumen El capítulo comenzó con el cuento del rey desnudo y sus implicaciones para la falta de confianza en los políticos en la actualidad. Hemos revisado la investigación que apoya la conclusión de que cierta confianza en el gobierno es esencial en las democracias y que esta confianza se ve afectada por asuntos internacionales, problemas económicos y escándalos políticos. Examinamos los atributos que potencialmente contribuyen a percibir a los políticos como personas dignas de confianza, como, por ejemplo, que actúen en contra de su interés. Finalmente, concluimos describiendo una investigación BDT sobre la confianza en los políticos. [1] Famosas palabras que abren la novela Historia de dos ciudades, de Charles Dickens (NdE). 10 El terrorismo y la desconfianza hacia el exogrupo A partir de las Torres Gemelas El 11 de septiembre y otros actos terroristas ¿Quién puede olvidar las imágenes de las Torres Gemelas en Nueva York siendo atacadas el 11 de septiembre de 2001 con aviones controlados por los terroristas de Al-Qaeda? Posteriormente, Al-Qaeda asumió la responsabilidad de los atentados (véase CNN, 14 de noviembre de 2015). El terrible recuerdo de lo sucedido está grabado en las mentes de millones de personas, entre las que me incluyo. En efecto, la imagen de las Torres Gemelas se ha convertido en un icono y puede considerarse un símbolo trágico de los posteriores atentados terroristas. Por ejemplo, un ataque terrorista, supuestamente vinculado con Al-Qaeda, se produjo en Madrid contra trenes de cercanías la mañana del 11 de marzo de 2004, provocando 191 muertos y unos 2000 heridos. El 13 de noviembre de 2015 se produjo otro ataque terrorista en París: 130 muertos y 368 heridos. La autoría de los ataques fue reivindicaba por el Estado Islámico de Iraq y el Levante (ISIL, siglas en inglés) (CNN, 2015). El martes día 22 de marzo de 2016 se produjo un atentado terrorista en Bruselas que provocó 31 muertos y 300 heridos. Supuestamente fue organizado por el ISIL. Este capítulo sobre el terrorismo se rige por las siguientes premisas e hipótesis. En primer lugar, el terrorismo es una acción de guerra diferenciada, en la que convergen la desconfianza radical y la agresión. En la guerra tradicional los adversarios se encuentran en un conflicto abierto. Al margen de las actividades de espionaje al enemigo, en la guerra convencional intervienen soldados identificables que soportan las consecuencias de la confrontación directa. En cambio, el terrorismo es una agresión subversiva integrada con comportamientos altamente contrarios a la confianza, como el engaño, la mentira y la malevolencia destructivas. Los objetivos principales de esta forma de guerra son los ciudadanos indefensos y desprovistos de preparación, víctimas inocentes. En segundo lugar, este capítulo se guía por la hipótesis de que la desconfianza hacia el exogrupo contribuye y da forma a la mayoría de los actos terroristas. La desconfianza hacia el exogrupo se refiere a la falta de confianza de unos individuos en otros, que son percibidos como parte de un grupo diferente, habitualmente identificado por la raza, la religión y las creencias políticas y económicas (Chambers y Melnyk, 2006; Voci, 2006). Y en tercer y último lugar, dirigidos por lo anterior, proponemos que el terrorismo aumenta la desconfianza del país receptor hacia grupos procedentes del exterior (p. ej., hacia países relacionados con el terrorismo y hacia los inmigrantes potenciales) y a grupos que están dentro del país (p. ej., los inmigrantes ya instalados y las minorías étnicas). Es importante resaltar aquí que resulta difícil conocer la identidad o afiliaciones de los terroristas porque no visten de uniforme y a menudo no tienen una cadena explícita de mando. Aun cuando un determinado grupo terrorista asume la responsabilidad de un atentado, puede que sea una mentira destinada a ganar apoyo para su causa. Aunque se hayan acumulado pruebas que demuestran la intervención de un grupo terrorista, la ausencia de una cadena explícita de mando puede oscurecer su verdadera identidad y veracidad. La reputación de la organización terrorista puede ser suficiente para provocar la secuencia esperada como parte de lo que se llama la profecía autocumplida. La sospecha de la gente de que un acto terrorista es perpetrado por una organización racial y política (por ejemplo, Al-Qaeda) por sí sola podría causar desconfianza en el exogrupo y hostilidades entre grupos, lo que, a su vez, confirmaría la sospecha sesgada del inicio. Estas cuestiones merecen un análisis meticuloso al revisar la investigación sobre el tema. El problema del terrorismo influye en si la confianza se vincula solamente con resultados de cooperación y de beneficio como opuestos a resultados de competitividad y conflictividad. Varios enfoques postulan que la confianza depende de, o fomenta, los resultados de cooperación y de beneficio (véanse las secciones sobre el capital social, la teoría del juego y las teorías del intercambio y contacto social en el capítulo 1). No obstante, cierta investigación muestra que la confianza y la cooperación son constructos diferentes que se asocian recíprocamente (véase capítulo 8). Es poco probable que la gente considere a los adversarios en la guerra como verdaderamente dignos de confianza, incluso si cumplen sus promesas y adoptan otros comportamientos dignos de confianza. Se imponen restricciones a la confianza en las naciones enfrentadas en cualquier guerra convencional porque la gente tiende a ver a los enemigos como personas con intenciones maliciosas, ya que pertenecen al exogrupo. Sin embargo, el terrorismo es un acto verdaderamente siniestro porque la agresión se caracteriza por el engaño, la mentira y la malevolencia destructiva. Una perspectiva desde la identidad social sobre el 11 de septiembre y otros actos terroristas La teoría de la identidad social (TIS), elaborada por Tajfel y sus colegas (Tajfel, 1981), nos proporciona una perspectiva para entender mejor el terrorismo. Según la TIS, los individuos tienden por naturaleza a clasificar a la gente distinguiendo entre el endogrupo (nosotros) y el exogrupo (ellos). Según esto, el endogrupo trata de distinguirse del exogrupo atribuyéndole diferencias negativas o enalteciendo los aspectos positivos del endogrupo. Para analizar la TIS se empleó el paradigma del grupo mínimo. Por ejemplo, Billing y Tajfel hicieron que unos niños asignaran recompensas a compañeros que manifestaban el mismo gusto por unos dibujos (endogrupo) o que no se diferenciaban por este criterio. Por otra parte, los niños fueron catalogados entre quienes pertenecían al mismo grupo (endogrupo) y los que no pertenecían a este (exogrupo). Se descubrió que los niños manifestaban altos niveles de favoritismo endogrupal dándoles más puntos o dinero a los miembros del endogrupo que a los miembros del exogrupo. Desde entonces, los investigadores han perfeccionado y ampliado la teoría de la identidad social (p. ej., Degner, Essien y Reichart, 2016). Las mismas tendencias endogrupo frente a exogrupo aparecen claramente en las relaciones entre grupos raciales, religiosos y políticos diferentes (véase Turner, Hogg, Oakes, Reicher y Wetherell, 1987). Se ha descubierto que los individuos perciben a los miembros del exogrupo (p, ej., diferentes en raza, cultura y afiliación política) como menos dignos de confianza que los miembros del endogrupo (Chambers y Melnyk, 2006; Voci, 2006). Por nuestra parte (Rotenberg y Cerda, 1994) encontramos la desconfianza en el exogrupo tanto en niños nativos como no nativos en las escuelas de primaria de Canadá. Los niños creían que era menos probable que un niño determinado cumpliera sus promesas, guardara los secretos y fuera honesto si pertenecía a una raza diferente de la suya. El patrón de la desconfianza en el exogrupo era más fuerte en escuelas con niños de una sola raza que en escuelas con niños de varias razas. Estos datos subrayaban el principio de que el contacto social con otras razas fomenta la confianza entre ellas (véase también Marschall y Stolle, 2004). El estudio de Chambers y Melnyk (2006, estudio 2) demuestra la función que juega la desconfianza en el exogrupo en la afiliación política de estudiantes universitarios. Los investigadores descubrieron que los estudiantes demócratas veían a los republicanos con rasgos negativos, incluida la deshonestidad y la falta de fiabilidad. De igual modo ocurría entre los republicanos con respecto a los demócratas. Además, percibían que había más desacuerdos entre ellos y las opiniones de los rivales que las que realmente existían, y que esas opiniones eran más esenciales para las creencias de lo que lo eran en realidad. Chambers y Melnyk (2006) concluyeron que la discriminación y la hostilidad raciales eren el resultado de la desconfianza hacia el exogrupo mediante la exageración de las diferencias de valores y la exageración de la centralidad de esos valores en conflicto. Vivir en una heterogeneidad racial tiene el potencial de fomentar la confianza en los exogrupos al aumentar el contacto social con otras razas. En apoyo de esta hipótesis, Marschall y Stolle (2004) descubrieron que la heterogeneidad racial en los barrios (es decir, comunidades raciales mixtas) de Detroit tenía un efecto positivo en la confianza generalizada de la población negra. Los negros que residían en barrios raciales mixtos tenían unas creencias de confianza generalizada en los demás más elevada que quienes vivían en un barrio poblado por una sola raza. Después del 11-S: «efectos» a corto plazo de la confianza en el gobierno Ponemos el término «efectos» entre comillas porque resulta muy difícil identificar con seguridad las causas y las consecuencias de un incidente como el ocurrido el 11 de septiembre. Este tema exige ser meticulosos cuando analizamos la investigación al respecto. Los estudios pertinentes utilizan los datos procedentes de encuestas nacionales (p.ej., American National Election Studies) que piden a los ciudadanos evaluar en una escala la medida de su confianza en el gobierno (p. ej., la confianza en que el gobierno hará lo correcto). Los datos apoyan en cierta medida la conclusión de que la confianza del pueblo estadounidense en el gobierno aumentó después del suceso. Del 29 % comprobado en marzo de 2001 aumentó a un 64 % a finales de septiembre de 2001 (Chanley, 2002; Skocpol, 2002). Una explicación de este fenómeno es que los ciudadanos salen en apoyo a su gobierno cuando perciben una amenaza para su supervivencia (véase Woods, 2011), y este hecho puede considerarse un efecto de la desconfianza en el exogrupo. El ataque del 11 de septiembre causó un aumento temporal en la relevancia de la identificación endogrupal de los Estados Unidos (nosotros frente a ellos) que tendría el efecto de fortalecer su confianza en el endogrupo, es decir, en sus compatriotas y en el gobierno. De forma más bien provocadora, los individuos que sostienen teorías de la conspiración creen que las agencias y los representantes gubernamentales se confabularon o favorecieron el acto terrorista del 11 de septiembre. Creen que el gobierno se involucró en este tipo de acción para frenar las libertades civiles y fomentar las guerras en el extranjero (en Afganistán e Iraq). Swami, Chamorro-Premuzic y Furnham (2010) examinaron a 254 mujeres y hombres del Reino Unido y encontraron que aquellos que tenían creencias de conspiración con respecto al 11-S creían también en otras teorías de conspiración y habían aumentado su exposición a las ideas conspiradoras del 11-S. Además, ese grupo de individuos mostraba un elevado cinismo político, un elevado desafío a la autoridad y una personalidad con baja simpatía. Los hallazgos destacan el papel de la exposición social a las ideas y la personalidad opositora como factores que contribuyen a mantener la teoría de conspiración con respecto al 11-S. Después del 11-S: «efectos» a largo plazo de la confianza en el gobierno Aunque la confianza en el gobierno se mantuvo alta durante los cinco meses siguientes, parece haber durado poco. Brewer, Aday y Gross (2005) evaluaron la confianza en tres momentos (oleadas) en una muestra de 1235 ciudadanos durante el resto de 2001 y 2002. Los datos apoyan la conclusión de que la confianza en el gobierno había regresado a los niveles previos al 11-S o por debajo de ellos. Los «efectos» del 11-S y otros actos terroristas sobre la confianza en los demás En apoyo de la hipótesis que guía este capítulo, hay una variedad de eventos que indican una disminución en la confianza en otras naciones y otras razas desde el 11-S. Brewer, Aday y Gross (2005) constataron el descenso de la confianza internacional (es decir, en creer que otras naciones ayudarían a los Estados Unidos). Hay informes de que los prejuicios contra los inmigrantes han aumentado en los Estados Unidos y en Europa desde el 11-S (Ceobanu y Escandell, 2008). Aunque las pruebas son muy limitadas, los delitos de odio contra los musulmanes parecen haberse incrementado en los Estados Unidos y en otros países occidentales desde el 11-S y como consecuencia de los actos terroristas posteriores (véase Arora, 2013; véase también Bushman y Bonacci, 2004). Las tensiones raciales y nacionales resultantes del 11-S aparecen en el aumento de las medidas de seguridad en los países occidentales. Como era de esperar, se han incrementado la vigilancia y el control de los viajeros, las comunicaciones y las transacciones económicas internacionales. Además, algunos especialistas han observado una reducción en los derechos de los extranjeros desde el 11S, que ha sido una fuente de preocupación ética (Crépeau y Jiménez, 2004). El problema a la hora de medir el prejuicio de manera explícita es que resulta obvio, y la gente es reacia a dar su aprobación al prejuicio porque hacerlo es socialmente indeseable. Por esta razón, los psicólogos sociales han desarrollado medidas implícitas sobre el prejuicio que evitan los efectos de la conveniencia social (véase la prueba del tirador en el capítulo 7). Bushman y Bonacci (2004) usaron el método del correo electrónico extraviado para examinar implícitamente el prejuicio hacia los árabes en los Estados Unidos. Estos investigadores aplicaron una serie de medidas estandarizadas sobre el prejuicio explícito a 140 estudiantes europeosnorteamericanos. Estos estudiantes recibieron posteriormente un correo electrónico con la dirección equivocada (es decir, extraviado) cuyo destinatario era un árabe o un europeo-norteamericano. En el correo se decía que el destinatario había recibido o no una prestigiosa beca universitaria de cuatro años (éxito o fracaso, respectivamente). En el correo electrónico se indicaba además que se requería una respuesta en un plazo de 24 horas. Los investigadores encontraron un efecto principal de la identidad étnica: los estudiantes universitarios tenían menos probabilidades de responder al correo electrónico cuando el destinatario era árabe que cuando era europeo-americano. Sin embargo, esos efectos se vieron condicionados por el éxito de la beca y los prejuicios de los participantes. Los estudiantes con bajos prejuicios (según las medidas explícitas estandarizadas) eran igual de propensos a responder a un correo electrónico perdido relacionado con el éxito de la beca para los destinatarios árabes y europeo-americanos. En cambio, el patrón cambiaba totalmente en estudiantes con alto prejuicio. Estos eran menos propensos a responder al correo electrónico relacionado con la concesión de la beca cuando el destinatario era árabe. Sin embargo, cuando el correo electrónico se refería a la no concesión de la beca, los estudiantes con alto prejuicio mostraban el sesgo étnico opuesto, y eran más propensos a responder cuando el destinatario era árabe. Los resultados demuestran un prejuicio general–de forma pasiva contra los árabes por parte de los estudiantes estadounidenses: estaban menos dispuestos a responder a un correo electrónico perdido destinado a un árabe que a un europeo-americano. Las conclusiones muestran que las actitudes prejuiciosas desempeñan un papel en el comportamiento discriminatorio hacia los árabes. Los estudiantes con alto nivel de prejuicio demostraron tener un comportamiento perjudicial activo (es decir, ofensivo) hacia los árabes. Resumen El capítulo comienza con una reflexión sobre el ataque del 11-S y otros ataques terroristas. Hemos pasado revista a la investigación sobre el tema que proporciona un cierto apoyo a la hipótesis de que la desconfianza en el exogrupo contribuye al terrorismo y que también es una consecuencia de este. Se ha expuesto la investigación que indica que la confianza en el gobierno aumentó después del ataque terrorista del 11-S, pero que fue algo temporal. 11 Confianza y fe religiosa ¿Confiamos en Dios? En el libro del Éxodo de la Biblia aparece Moisés dirigiendo a los israelitas desde la esclavitud en Egipto hasta la salvación en la tierra prometida, mientras que el pueblo, que había sido esclavo, aprende a confiar en Dios y su palabra. Aprender a confiar en Dios es el fundamento de muchas religiones. La finalidad de este capítulo es examinar en la investigación sobre la confianza en Dios. Teoría de la adquisición del conocimiento (TAC) La deidad suprema es invisible, y, por tanto, quienes creen en ella tienen que confiar en su existencia a lo largo del tiempo y en el futuro. Harris (2007) articuló este principio en la TAC explicando que los niños adquieren estas creencias gracias a la confianza que tienen en otros. Corriveau, Chen y Harris (2015) examinaron otras implicaciones de la TAC para la religión. Investigaron la diferenciación que hacen los niños entre lo que es real y lo que es de mentira como una función de la religiosidad de la familia. La investigación apoyó la hipótesis de que la educación religiosa predispone a los niños pequeños a usar las creencias religiosas para decidir si los acontecimientos religiosos son reales y si los fantásticos son reales más bien que ficticios. Teoría del apego Dios como una figura de apego es el principio nuclear en la conceptualización de la confianza en Dios que hace la teoría del apego (Kirkpatrick, 1992; véase también los capítulos 1, 4 y 5). Granqvist, Mikulincer, Gewirtz y Shaver (2012) encontraron apoyo para la hipótesis de que los individuos extendían la seguridad de sus relaciones interpersonales, a través de su Modelo Operativo Interno en la relación entre cuidador-niño, a la calidad de su apego a Dios. Los estudios mostraron que los individuos con una calidad de apego seguro interpersonal demostraron una calidad de apego seguro a Dios y por lo tanto lo consideraban como una base segura y un refugio en la angustia. Esos individuos estaban inclinados a ver a Dios como amoroso, sensible, fiable y cálido. De la misma manera, los individuos con apego interpersonal inseguro/evitativo tienden a tener una calidad de apego inseguro a Dios y no lo ven como una base segura, sino como algo distante o controlador. En otros estudios de Granqvist et al. (2012) se utilizaron métodos de predisposición implícita y los hallazgos mostraron además que esos procesos de apego funcionan en un nivel no consciente. Marco BDT Desde la perspectiva del marco BDT, la adherencia a una religión requiere que los individuos crean que la deidad y los líderes religiosos cumplen sus promesas, tales como la vida eterna (fiabilidad), y escuchan las confesiones y las oraciones con compasión (confianza emocional). Además, se requiere que los individuos crean que la deidad y los líderes religiosos son sinceros, auténticos, y se guían por intenciones benignas (honestidad). Estas creencias se manifiestan en la dependencia conductual de los individuos, es decir, en realizar las prácticas religiosas. También, la deidad y los líderes religiosos esperan que los individuos correspondan (en una forma) cumpliendo promesas tales como asistir a la iglesia (confiabilidad), escuchando a los líderes religiosos guiados por la aceptación y la sinceridad (confiabilidad emocional), y diciendo la verdad sobre todo a los líderes religiosos (honestidad). En apoyo de esta propuesta, los líderes religiosos han defendido precisamente esta forma de confianza en Dios para fomentar la religión en la sociedad actual (véase Molmann, 2006). Enfoque de Rosmarin sobre la confianza y la religión Rosmarin y sus colegas (Rosmarin, Krumrei et al., 2009; Rosmarin, Pargament et al., 2009; Rosmarin, Pargament, Pirutinsky y Mahoney, 2010) crearon una escala concisa de la confianza en Dios llamada TMIG (Confianza-Desconfianza en Dios, siglas en inglés). Esta escala se compone de dos subescalas: la subescala de la confianza en Dios (TIG) (p. ej., creer en Dios como un ser compasivo) y la subescala de la desconfianza en Dios (MIG) (p. ej., creer en Dios como un ser frecuentemente cruel). La investigación apoya la conclusión de que los elementos/subescalas TIG y MIG son constructos independientes pero asociados y que cada subescala manifiesta una adecuada coherencia interna. La TMIG se desarrolló para evaluar a la confianza en Dios en los países occidentales, sobre todo entre cristianos y judíos, pero se ha adaptado para ser usado en los países musulmanes (Hafizi, Rosmarin y Koenig, 2014). ¿Influye la religiosidad en la confianza de los individuos en los demás? Los investigadores han examinado si se encuentran «efectos» de la religiosidad en varias formas de confianza. La religión institucionalizada crea fronteras entre el endogrupo y el exogrupo que afectan a la confianza, es decir, en la desconfianza con respecto al exogrupo (véase capítulo 10). En apoyo de esta hipótesis, Fitzgerald y Wickwire (2011) hicieron que los estudiantes universitarios participaran en un juego de confianza con compañeros que tenían la misma afiliación religiosa o bien otra diferente (p. ej., bautista o católico). La elección de confianza se evaluó atendiendo a que parte de 10 libras esterlinas los estudiantes (primer jugador) daría al otro jugador (segundo jugador), para después dividir la suma total entre ellos (véase capítulo 1). Se descubrió que los estudiantes mostraban una mayor confianza cuando jugaban con el compañero de la misma religión (es decir, miembro del endogrupo) que con el de religión diferente (es decir, miembro del exogrupo). La desconfianza hacia el exogrupo basada en la religión fue examinada posteriormente por Ward, Mamerow y Meyer (2014) en una muestra de 6331 individuos residentes en Taiwán, Hong Kong, Corea del Sur, Japón, Australia y Tailandia. Se les pidió que evaluaran cuánto confiaban en la familia, los vecinos, los desconocidos, los extranjeros y en una persona con religión diferente. Los investigadores descubrieron que la confianza en la familia y los vecinos era muy alta en todos los seis países. Surgieron diferencias entre los países con respecto a la confianza de los ciudadanos en personas con religión diferentes. Esta era más alta entre los ciudadanos de Australia, Hong Kong y Taiwán, y más baja entre los ciudadanos de Japón, Corea del Sur y Tailandia. La función que tiene la religión en la confianza generalizada en los demás ha sido estudiada por Olson y Miao (2015). Estos investigadores realizaron análisis multiniveles de los datos de la Encuesta Mundial de Valores recogidos de 77 409 ciudadanos en 69 países (desde Albania hasta Vietnam). El análisis examinó hasta qué punto la confianza social generalizada está relacionada con el porcentaje de la población que es religiosa y la heterogeneidad religiosa del país. La confianza social generalizada se evaluó atendiendo a la disposición de los individuos a confiar en la mayoría de la gente (véase capítulo 1). La participación religiosa se midió por el porcentaje de personas que decían asistir a los servicios religiosos al menos una vez al mes (aparte de bodas, entierros y otras festividades). La heterogeneidad religiosa se derivó de las estimaciones de los tamaños de cada grupo basadas en la proporción de los encuestados del grupo de ese país. Se encontró que el porcentaje de la población que era religiosa estaba negativamente asociado con la confianza social generalizada: cuanto mayor era el porcentaje de un país que era religioso, menor era la confianza generalizada de los ciudadanos en los demás. Además, los investigadores encontraron que la confianza social generalizada era muy baja (alrededor de la mitad del promedio) cuando los países tenían una combinación de religiosidad superior a la media y heterogeneidad religiosa superior a la media. Como explicación de estos datos, los autores propusieron que las personas procedentes de contextos religiosos fuertes y competitivos no están dispuestas a confiar en quienes tienen una religión diferente o en los demás en general. Esto está en consonancia con la teoría de la identidad social (véase capítulo 10), a saber, que la fuerza de la identidad social fomenta la desconfianza en los exogrupos en esos países. ¿Fomenta la confianza en Dios la adaptación psicológica y la salud? Rosmarin y sus colegas (p. ej., Rosmarin, Pirutinsky y Pargament, 2011) han propuesto que la confianza en Dios, a diferencia de la desconfianza, favorece el afrontamiento espiritual positivo, el afrontamiento religioso, una sensación de conectividad y de trascendencia. Se ha sugerido que los individuos que confían en Dios (frente a quienes no confían) están más dispuestos a tolerar la incertidumbre, lo que influye en reducir la preocupación y la ansiedad. Como prueba de estas hipótesis, Rosmarin et al. (2011) descubrieron que la desconfianza de los individuos en Dios estaba positivamente asociada con la preocupación y que se debía, en parte, a su falta de tolerancia de la incertidumbre. De igual modo, la confianza de los individuos en Dios estaba negativamente asociada con la preocupación y que se debía, en parte, a la tolerancia de la incertidumbre. El cáncer de mama es el tipo de cáncer más común entre las mujeres negras, y la segunda causa de muerte más común entre ellas. La iglesia es una piedra angular en la vida de estas mujeres y la fe podría ayudarles a afrontar enfermedades tan graves como el cáncer. Guiados por estos principios, Beverly, Yoo y Levine (2014) realizaron entrevistas exhaustivas a 47 mujeres negras sobre sus experiencias con el tratamiento del cáncer de mama. A las participantes se les hicieron una serie de preguntas abiertas sobre la función de las prácticas religiosas y espirituales desde el diagnóstico hasta la curación. Se transcribieron las respuestas de las mujeres y se sometieron a un análisis cualitativo para descubrir los temas comunes. La mayoría de las mejores dijeron usar las prácticas religiosas y espirituales tanto individuales como comunitarias para afrontar sus diagnósticos y tratamientos del cáncer. Estas incluían la asistencia a los servicios religiosos, el consuelo recibido mediante las oraciones de los demás y la lectura de la Biblia. Los investigadores sostenían que la «confianza en el Señor» de estas mujeres les ayudaba a afrontar el cáncer y a sobrevivir a la enfermedad. Propusieron que los médicos incluyeran la religión y la espiritualidad en el tratamiento de los individuos, sobre todo en el tratamiento de las mujeres negras, para ayudarles a hacer frente a la enfermedad. Este estudio es interesante, pues pone de relieve la función potencial que tiene la confianza en Dios para enfrentarse con enfermedades graves como el cáncer. Resumen Hemos descrito la función de la confianza en la religión desde las perspectivas del TAK, la teoría del apego y el marco BDT. El capítulo ha revisado la investigación sobre la confianza en la religión realizada por Rosmarin y sus colegas y los potenciales beneficios que la confianza puede tener en la adaptación psicológica y en la salud. 12 Construir la confianza En los capítulos anteriores de este libro hemos descrito las consecuencias que tienen la mentira, la traición, los aspectos invisibles de la desconfianza y el terrorismo. ¿Cómo puede fomentarse la confianza o repararse las violaciones de la confianza? En contraste con la amplitud de la investigación sobre la confianza, es muy limitado el número de estrategias e intervenciones que se estudian en psicología para favorecer la confianza o reparar sus violaciones. Este capítulo analizará la investigación que existe sobre este tema. Construir confianza entre naciones enfrentadas Una de las primeras estrategias para favorecer la confianza entre naciones enfrentadas fue desarrollada por Osgood (1962). Estaba preocupado por la Guerra Fría y la carrera de armamentos durante la década de 1960. Recomendó que las naciones se comprometieran en una estrategia de reciprocidad progresiva en la reducción de la tensión (GRIT, siglas en inglés) como medio para el desarme. Según la GRIT, el desarme entre dos naciones puede conceptualizarse como dos jugadores en un juego de motivación mixta. La estrategia implica que el primer jugador (una nación) haga una modesta reducción de armas que sea verificable. Después, este jugador espera a que el otro jugador corresponda con una similar reducción de armas. A continuación, el primer jugador se compromete en una mayor reducción de armamento, que es correspondido por el otro jugador. Como consecuencia de los intercambios correspondidos de acciones verificables emerge una relación de confianza entre los dos jugadores (naciones) y se logra el desarme recíproco. La propuesta GRIT y sus fundamentos psicológicos han sido descritos detalladamente por Lindskold (1978). Su análisis pone de relieve la relevancia de construir una credibilidad objetiva y las atribuciones de fiabilidad en los intercambios propuestos por la GRIT para lograr el desarme entre los países. Aunque la GRIT es una estrategia prometedora para construir la confianza entre naciones enfrentadas y el desarme, aún tiene que demostrar su eficacia. La GRIT ha servido de acicate para pensar en intervenciones destinadas a promover la confianza. Por ejemplo, Cook et al. (2005) utilizó una versión del juego del dilema del prisionero (DP) que permitía separar la disposición al riesgo y la cooperación. El DP/R (donde R significa riesgo) consistía en un intercambio de monedas entre dos jugadores en el que uno elegía la cantidad de monedas que daba al otro (o le confiaba) y este elegía la cantidad de monedas que daba a cambio. El riesgo y por tanto la confianza se evaluó según el número de monedas que un jugador daba/confiaba al otro y la cooperación se evaluó por el número de monedas que este devolvía al primero. Cook et al. (2005) realizaron tres experimentos usando este método. Los estudios apoyan las conclusiones de que asumir el riesgo era un elemento fundamental en la construcción de la confianza, y que los estadounidenses estaban más dispuestos a asumir riesgos que los japoneses. Construir confianza entre poblaciones con religiones diferentes La desconfianza hacia el exogrupo en el campo religioso plantea una amenaza a la sociedad, especialmente en aquellos países con ciudadanos fuertemente religiosos y con heterogeneidad religiosa (véase capítulo 11, Olson y Miao, 2015). Irlanda del Norte es un país con estas características. Hewstone y sus colegas (Hewstone, 2015; Tam, Hewstone, Kenworthy y Cairns 2009; Turner, Tam, Hewstone, Kenworthy y Cairns, 2013; Turner et al., 2010) han examinado la hipótesis de que el contacto interreligioso contribuye a la confianza y a las relaciones positivas entre los grupos religiosos en Irlanda del Norte. Este país está formado por un 44 % de ciudadanos católicos y un 53 % de ciudadanos protestantes. Muchos ciudadanos católicos creen que Irlanda del Norte tendría que salir del Reino Unidos, mientras que muchos ciudadanos protestantes piensan lo contrario. Se ha producido un notable progreso durante las últimas décadas con respecto a la aceptación y la tolerancia religiosas, pero aún se mantiene un cierto nivel de polarización religiosa y de desconfianza hacia el exogrupo. Hewstone y sus colegas se han basado para su investigación en la teoría del contacto social (Allport, 1954; véase Pettigrew, 1988) que prescribe que la interacción social positiva con miembros del exogrupo, sobre todo en relaciones de igualdad de estatus, fomenta la confianza y las relaciones positivas entre minorías y mayorías étnicas, disminuyendo así el prejuicio y la hostilidad. Tam, Hewstone, Kenworthy y Cairns (2009, Estudio 2) hicieron un experimento con 175 jóvenes católicos y protestantes de tres grandes universidades de Irlanda del Norte. Los estudiantes completaron una escala sobre el nivel de desconfianza en el exogrupo (p. ej., «No puedo confiar en ellos porque quieren vengarse de lo que les hemos hecho», p. 47). Los estudiantes respondieron también a la cantidad y a la calidad del contacto con el exogrupo (p. ej., en términos de simpatía y cooperación). También informaron sobre su contacto más amplio con el exogrupo, por ejemplo, si tenían amigos íntimos o conocían a sus familias. Informaron sobre sus tendencias conductuales positivas hacia el exogrupo, como el acercamiento, y sobre las negativas, como evitar al exogrupo. Posteriormente, identificaron sus actitudes sobre el exogrupo según las categorías cálido frente a frío, negativo frente a positivo y amistoso frente a hostil. Finalmente, los estudiantes cumplimentaron una escala para evaluar su oportunidad para el contacto, como vivir cerca unos de otros. Los descubrimientos confirmaron que tanto la cantidad como la calidad de la interacción intergrupal predecía estadísticamente la confianza en el exogrupo religioso, lo que a su vez predecía las tendencias conductuales positivas hacia el exogrupo religioso. Los hallazgos apoyaban la hipótesis de que el contacto social de los individuos con los miembros del exogrupo religioso fomenta su confianza en el exogrupo religioso, lo que, a su vez, potencia las tendencias conductuales positivas hacia ellos. Como cabía esperar, las tendencias conductuales positivas hacia el exogrupo estaban asociadas con las actitudes del exogrupo, la ampliación del contacto y la oportunidad de tenerlo. Patrones de interacción intergrupales análogos se han encontrado en niños pequeños que residen en Irlanda del Norte (Turner, Tam, Hewstone, Kenworthy y Cairns, 2013). Construir la confianza entre padres e hijos Ya hemos presentado en el capítulo 4 algunas estrategias para que los padres fomenten la confianza de sus hijos en ellos. En ese sentido, Colonnesi et al. (2012) han investigado la eficacia de la intervención orientada al apego, llamada «Basic Trust» (confianza básica), para promover relaciones positivas entre padres e hijos en familias con niños adoptados. Las familias con hijos adoptivos son el objetivo del estudio porque se considera que esos niños corren un alto riesgo de tener relaciones de apego inseguras debido a condiciones adversas previas a la adopción, como la crianza en instituciones. La intervención «Basic Trust» fue diseñada para promover y mejorar la capacidad de los padres para ser conscientes de lo que pasa por la mente de los niños enseñándoles a atender objetivamente las conductas y señales de sus hijos mediante la participación en una habilidad de comunicación específica (llamada discurso del estado mental). Los padres se dedicaban a poner nombre a los comportamientos, los sentimientos, los deseos, las intenciones y los pensamientos del hijo. La práctica de poner nombres fue concebida para fomentar la seguridad del apego en los niños, particularmente con el propósito de que el niño sintiera que era aceptado como persona. En el estudio, los padres de 20 familias holandesas con niños adoptados (de 2 a 5 años) participaron en ocho sesiones de capacitación en el método de la confianza básica. La sensibilidad de los padres y el apego de los niños se evaluaron mediante observaciones de sus interacciones en una sala de investigación y durante una comida familiar. La inseguridad del apego y la psicopatología de los niños fueron evaluadas haciendo que los padres contestaran a cuestionarios estandarizados. Los investigadores informaron que se produjeron disminuciones entre las medidas anteriores y las posteriores a la intervención (3 meses después): con respecto al apego inseguro, según las madres, y con respecto al apego desorganizado y los problemas de conducta, según ambos padres. La intervención con el método de la confianza básica es una estrategia prometedora para mejorar las relaciones entre padres e hijos, pero los resultados sobre su eficacia no están claros. Por ejemplo, el diseño carecía de un grupo de control sin tratamiento y, por lo tanto, no está claro si los cambios observados se deben a la capacitación de la confianza básica y no a otros factores como la repetición de pruebas o el tiempo. Construir confianza en el interior de una persona Ya hemos descrito, en el capítulo 3, los problemas psicosociales que asedian a individuos con baja confianza. La baja confianza está asociada con problemas psicosociales como la soledad, la agresión y la baja cooperación con los demás. Basándonos en estos datos, sería útil desarrollar una terapia para fomentar las creencias de confianza en los demás en los individuos que tienen una baja confianza. Es importante advertir aquí que infundir en la creencia del paciente que el terapeuta es digno de confianza (es decir, cumple promesas, guarda secretos y es honesto) es la piedra angular de la mayoría de terapias (véase Laughton-Brown, 2010). La eficacia de una terapia centrada en la persona depende en particular de las altas creencias de confianza emocional del cliente, lo que incluye la expectativa de que el terapeuta acepta la comunicación personal sin criticar y mantiene la confidencialidad (véase Thorne, 2007). La investigación ha mostrado que la facilitación de cogniciones de confianza mediante el recuerdo de la palabra requerida fomenta las creencias de confianza y el compromiso social (véase Rotenberg, 2010; estudio 4). Si la facilitación se integrara en la Terapia Cognitiva Conductual (TCC), podría servir como tratamiento para aquellos individuos con creencias de baja confianza. Los clientes que tienen creencias de baja confianza en otros y que muestran problemas psicosociales concomitantes serían incitados durante la terapia a generar cogniciones de confianza como parte de interacciones sociales imaginadas. Guiados por el terapeuta, a los clientes se les enseñaría a estimular en sí mismos esas cogniciones de confianza durante las interacciones sociales en la vida real, después de las sesiones de terapia. El terapeuta necesitaría ser consciente en esta intervención de las consecuencias potenciales de una confianza excesiva y de la fiabilidad objetiva de los demás en relaciones sociales de los clientes. Como apoyo para esta intervención sugerida, existen estudios de caso en los que la TCC se ha centrado en el cambio de cogniciones relacionadas con la confianza como tratamiento de la paranoia (Smith y Steel, 2009). Construir confianza en las generaciones futuras La confianza durante la adultez tardía (55-75 años) y la vejez (mayores de 75 años) incluye los temas de las reclamaciones de herencia de los miembros de la familia, y de si se cumplirá la confianza depositada en miembros de la familia o en la humanidad (Rotenberg, 2015). Este aspecto de la confianza complementa la etapa del conflicto entre la generatividad y el estancamiento de Erik Erikson puesto que se refiere a la satisfacción de los individuos al influir y cuidar a las generaciones futuras, incluidos sus propios hijos (Erikson, 1963; Hamachek, 1990). Esta faceta de la confianza merece una mayor investigación. ¿Es la confianza algo que «está en crisis» o algo que afecta a todo? Al comienzo del libro planteamos la cuestión de si la confianza es algo que está en crisis o algo que afecta a todo. Este libro proporciona material sobre una amplia gama de temas relacionados con la confianza, que incluyen la crianza de los hijos, los profesionales de la salud, la policía, el lugar de trabajo, los políticos, el terrorismo y los exogrupos. Además, el libro ha intentado familiarizar a los lectores con la amplia gama de investigaciones sobre el tema de la confianza. Esta cobertura por sí sola apoya la conclusión de que, aunque la confianza no lo es todo, es realmente una faceta omnipresente de la vida moderna. Resumen Este capítulo ha tratado el tema de cómo puede fomentarse la confianza o repararse sus violaciones. Incluye un resumen de la investigación relacionada con la construcción de la confianza entre naciones enfrentadas (p. ej., la propuesta GRIT de Osgood), entre religiones diferentes (p. ej., Hewstone y sus colegas), entre padres e hijos (p. ej., Colonnesi et al., 2012), al interior de una persona (como parte de la TCC) y entre los adultos mayores y las generaciones futuras. Concluye confirmando que la confianza es una faceta esencial de nuestro mundo moderno. Recursos Lecturas Anthony S. BRYK y Barbara SCHNEIDER, Trust in Schools: A Core Resource for Improvement, Russell Sage Foundation, New York 2002. Paul L. HARRIS, Trusting What You’re Told: How Children Learn from Others, Harvard University Press, Cambridge, MA 2012. K. O’HARA, Trust: From Socrates to Spin, Cambridge University Press, Cambridge 2004. Liz ROBINSON y Shiri EINAY (eds.), Trust and Scepticism, Psychology Press, New York 2014. Películas Título: Sexo, mentiras y cintas de video Fecha/Género/Duración: 1989/Comedia, Drama/1h 40m Director: Steven Soderbergh Guión: Steven Soderbergh Reparto: James Spader, Andie MacDowell, Peter Gallagher, Laura San Giacomo Título: Trust Fecha/Género/Duración: 1991/Comedia, Drama/1h 47 m Director: Hal Hartley Guión: Hal Hartley Reparto: Adrienne Shelly, Martin Donovan, Rebecca Nelson Título: Trust Me Fecha/Género/Duración: 1991/Comedia, Drama/1h 47m Director: Clark Gregg Guión: Clark Gregg Reparto: Clark Gregg, Felicity Huffman, Allison Janne Título: Simple Men Fecha/Género/Duración: 1992/Crimen, Drama, Romance/1h 45m Director: Hal Hartley Guión: Hal Hartley Reparto: Robert John Burke, Bill Sage, Martin Donovan Título: Broken Trust Fecha/Género/Duración: 1995/Thriller/1h 30m Director: Geoffrey Sax Guión: William P. Wood (novela), Joan Didion (adaptación) Reparto: Tom Selleck, Elizabeth McGovern, William Atherton Título: Trust Fecha/Género/Duración: 2003/Crimen, Drama/1h 57m Director: Parris Reaves Guión: William Pierce, Fred Spivey Reparto: Eric Lane, Dori Torel Título: Ellas y ellos Fecha/Género/Duración: 2005/Comedia, Drama, Romance/1h 43m Director: Bart Freundlich Guión: Bart Freundlich Reparto: David Duchovny, Julianne Moore, Billy Crudup Title: Puedes confiar en mí Fecha/Género/Duración: 2010/Thriller, Drama/1h 44m Director: David Schwimmer Guión: Andy Bellin, Rob Festinger Reparto: Clive Owen, Liana Liberato Bibliografía AINSWORTH, M. D. S., «Attachments beyond infancy»: American Psychologist 44 (1989), 709-716. ALCOCK, J. (2001). Animal behavior: An evolutionary approach, Sinauer Associates, Sunderland 20017 (trad. esp.: Comportamiento animal: enfoque evolutivo, Salvat, Barcelona 1978). ALLPORT, G. 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