CHOLITO DE LOS ANDES MAGICOS La obra narra la historia de un niño llamado cholito que es transportado al mundo mítico andino, donde tiene que cumplir unas pruebas. La historia se desarrolla en 10 capítulos. CAPITULO 1: ENCUENTRO CON EL ICHIC OLLCO Narrador: Cierto día cholito encontró al ichic ollco, un enanito que dicen que es hijo del supay el diablo, leyendo sentadito sobre la rueda del molino de don Andrés un librito llamado "Blanca Nieves y los Siete enanitos", con bonitos dibujos en la pasta que llamaron la atención de cholito quién se acercó despacito hasta que logro sentarse: Cholito: Y... amigo ¿qué te cuentas? Ahorita desaparece botando azufre como su padre o dejando su excremento humeante, como dicen que deja (pensando) Narrador: Pero el ichic ollco siguió leyendo sin tomarle en cuenta como si estuviera ausente. Cholito: (asomo los ojos al libro todo curioso) Narrador : Para su sorpresa, no había dibujos; sólo unas letras pequeñitas, raras, no diferenciaba el idioma. Cholito: ¿Tú eres el ichic ollco o duende que dicen? -Narrador: como en el comienzo, siguió leyendo, sin hacerle caso; a veces sonria, otras veces medio serio o asombrado. Cholito ¿Tanto te gusta leer, oy? (malhumorado, se levantó, pensando que no me contestaría) Ichic ollco: Sí, pues, me gusta leyer, y qué(ofendido) Narrador: El molino estaba parado, a pesar que el chorro de agua que lo hacía girar seguía bajando por el cascarón de eucalipto sin que lo hubieran desviado. Cholito: "Leyer", sí, había dicho leyer, y eso me acuerdo que en la escuela la señorita Amelia, mi profesora, nos había dicho que estaba mal hablado (pensó) Narrador: Creyendo hacerle un bien, le dijo: Cholito: No se dice leyer, oy, sino leer. Narrador: lo miró medio de costado, con mala cara. Chaposas eran sus mejillas, rosaditas. "De lo que se quema en el infierno seguro", pensó Cholito. Como el agua se estaba desparramando debido a que el ichic lo tenía bien pisado el eje, Cholito fue a desviarlo. Cholito: ¡A pucha! duro estaba este fierro que hace desviar el agua. Narrador: Cholito volvió de nuevo donde el ichic, éste ni cuenta se daba que ya no entraba agua al molino. Bien puesto su pie sobre el eje, seguía lee y lee. Cholito: A pucha, oy -- le dije, yo que soy un aburrido para leer --, ¿qué pues no te cansas hasta ahora? Ichic ollco:¡Tú qué sabes lo que estoy leendo...! Cholito: Oy, ichic -- le dije --, no te enseñan en el infier..., digo en la escuela, que no se dice leendo sino leyendo? Ichic: ¡Total! (abrió los brazos soltando el libro)--, primero me dices que no se dice leyer sino leer y cuando digo leendo me sales que se dice leyendo... Tú me estás fregando. Narrador: Así diciendo se metió bajo la rueda del molino y desapareció. Ese mismo ratito llamaron de afuera y cholito salío a ver. Era doña Agustina, mamá de Antenor, que buscaba a don Andrés. Diciéndole que no estaba, entró de nuevo.Bajo la rueda del molino encontró un papelito que decía Cholito: "Te necesito urgente. Búscame al otro lado de la pirca. A lo mejor me quiere enseñar algún tesoro, (Se dirige al lugar rápido rápido) 2. AL OTRO LADO DE LA PIRCA Narrador: Ya junto a la pirca, que era más o menos alta con cuidado trepó. Miró a todos lados esperando verlo al ichic de un momento a otro. Pero nada. Silbo pero nada llamó con todas sus fuerzas: Cholito: Ichic ollcoóóó!... Narrador : Algunas palomitas se espantaron. Logro oírlo y decidió bajar pensando que algo le podría estar pasando al pobre ichic,bajo tanto que la pirca no había sido pirca, sino las macizas paredes de la cordillera... Hasta que por fin cayo al suelo, lo primero que hizo fue mirar dónde estaba y dijo: Cholito: ¡Pucha!, me dio rabia ese ichic. De matarlo era. Esa sería su venganza de lo que le corregí, ¡mal agradecido! 3. LA MANSIÓN DEL SUPAY Narrador: Cholito se pueso a deambular y encontró una casa alta, de dos pisos, una mansión mejor dicho, de lisas paredes blancas, esperaba hallar al ichic para que le enseñara el camino de vuelta. Vió a un hombre recostado sobre una baranda, como contemplando sus dominios. En vez de poncho llevaba puesto una capa roja que flameaba apenas con el poco vientito que debía correr allí arriba. Será el señor de estas tierras, pensó. Se acerco a él. Supay: Con que tú fuiste el que molestó a mi niño allá arriba, no? – (habló haciendo rechinar sus dientes) Cholito:¿Su hijo, señor? – (dije sin acordarse del ichic, cuando en eso lo vió por una de las ventanas de la segunda planta estaba que me sacaba la lengua ) No, señor – (algo temeroso)-, no quise molestarlo; sólo porque lo corregí nomás se enojó. Supay: ¿Corregir? ¿Y tú qué tienes que corregir a nadie? –( habló amargo )--, ¿y a ti quién te corrige? Supay: Pues ahora te has fregado – Narrador: en ese momento se asomaron su mujer y su hija. Supay: No vas a salir de acá si antes no haces lo que te voy a ordenar. Cholito:¿Qué será, señor? Supay: Ven por acá - me dijo --. Sube. Supay:¿Ves esas gavillas hacinadas en esa parva? – (señalando lo que a primera vista creí que era un cerro) Cholito: Sí -- le respondí. Supay:Pues bien; mañana quiero verlo trillado y llenado el trigo en esa pila de sacos que ves ahí. Cholito:¿Cuál, señor? Supay: Eso que está ahí junto a la parva. Cholito:Bueno, señor. Narrador: en eso vio dos peones que regresaban y ordeno que le dieran de comer porque tenia que trabajar -- Así diciendo empezó a bajar las escaleras, advirtiéndole antes: Supay:No te olvides. Para mañana. Cholito: Sí, señor - le respondí nomás sabiendo que no tenía escapatoria. 4. ¿QUÉ TIENES? ¡POR QUE ESTÁS TRISTE? Narrador: Frente a la parva su decepción fue mayor; era tan grande ese cerro de espigas por trillar, que ni en un año trabajando todos los días lo terminaría. Se entristeció estaba pensando cuando vio a una hormiguita que intentaba hablarle, la alzo y la puso en la palma de sus mano y le dijo: Hormiga: Qué tienes? ¿Por qué estas triste? Cholito: tengo que trillar todo el trigo hasta mañana. Hormiga: No temas, dame ese pan que tienes en tu bolsillo y con eso haré que todas las hormigas de este sitio, que somos en cantidades que no te imaginas, se vuelvan hombres durante la noche y en menos de lo que supones trillaremos el trigo y lo llenaremos en sacos. Cholito:¿De veras? -Hormiga: De veras narrador: Alentado por sus palabras, saco el pan y lo puso sobre la paja, para que se lo llevara con otras hormigas. Hormiga: Ahora anda descansa un rato y en la noche estás aquí con nosotros trabajando como un peón más. Así mañana temprano ya podrás presentarte ante el supay, lleno de paja, sudoroso, ha demostrarle que eres tan poderoso como él... Narrador: En la noche, en plena luna, esos hombres que bajaron de todos los cerros cercanos, sin ni utilizar caballos para pisar las espigas, las desmenuzaron con las manos y echando el trigo de frente a los sacos, terminaron el trabajo ya casi al amanecer. Cholito: Gracias por su ayuda. Ahora sí me dejará ir, penso 5. LA HIJA DEL SUPAY Narrador: Cuando desde el balcón el hombre vio los sacos taqueaditos de trigo, no podía creerlo, pues en sus planes todavía no estaba soltarlo. Supay: Bien, bien... está bien lo que has hecho, pero para irte tienes que cumplirme con dos trabajos más. Cholito:¿Qué trabajos, señor? Supay:Te diré sólo el que vas a hacer en seguida, no me gusta adelantar. Narrador: El Supay habló señalando una pampa que había bien atrás del establo, donde se veía una manada de caballos chúcaros, que correteaban y relinchaban dando coces al aire. Supay:Tienes que amansar esos animales urgente. Los necesito para mañana temprano. Mis peones deben viajar a diferentes lugares de la tierra a traerme almas condenadas. Cholito: ¡Almas qué...? -- ¡Pucha!, me asusté. Supay:Almas condenadas -- repitió mirándome de reojo con mala fe, mientras empezaba a bajar las gradas. - Así es que ya sabes... Hija del supay: ¿Estás triste? – Narrador: oyo una voz dulce, compadecida. Sobresaltado vio que era era esa muchacha buenamoza, hija del hombre, quien me hablaba por la ventana. Sonrio con tristeza viéndola que ella también sonreía. Cholito: No, niña, no nomás... Hija: ¿Quieres regresar a tu pueblo? Cholito:Sí, niña -- le dije -- ¿Sabes por dónde es el camino? Del caserío de Rayán soy. Hija: Sí -- Sí, ten paciencia un poco, yo te indicaré por dónde debes dirigirte. ¿Te ha dado ahora un nuevo trabajo mi padre? Cholito: "Sí, pues, uno más me ha dado" Narrador: hasta que su mamá la ordeno para que entrará , ella obedeció y molesta le dijo: Madre: ¿No tienes nada qué hacer ahora? Cholito: Sí, señora -- le dije un poco temeroso --, un nuevo trabajo me ha dado su marido. Madre: Entonces, pues, hijo, andando, andando 6. GALLINA POR CARNERO Narrador: Cholito empezó a caminar hasta que escucho la hija del supay que traía algo envuelto en un mantelito. Hija¡Cholito! ¡Cholito! - he traído esta gallinita para tu fiambre sin que se dé cuenta nomás mi mamá; ya está pelada... narrador : Dejándola en sus manos se volvió sin darme tiempo a otra cosa. Intrigado por esa ayuda que recibío de la muchacha, medio desconfiado lo llevaba yo el atadito, sin atreverse a desatarlo.como se sentía incapaz de realizar el trabajo encomendado camino a buscar un ojonalcito para echarse agua en la cabeza, tenia un poco de hambre. En eso, de detrás de una lomita aparece un zorro, con aire amistoso, meneando su cola como un perro, quien husmeando el aire le dice: Zorro:¡Hummm!... gallina! ¡Añañáu! ¿Podrías invitarme un poco de tu fiambre, muchacho? A cambio te doy medio carnerito, qué dices; yo ya estoy harto de comer carneros, en cambio gallina, hummm! Cholito: Pero está cruda zorro: Ah, muchacho, y de cuándo acá los zorros comemos cocinado? Cholito: Bueno, si es así, aquí está; toma. Zorro: Pero espérate, voy a traer el carnerito (se alejó mientras el cholito esperaba parado) Narrador:Al ratito se asomó trayendo entre sus dientes, arrastrando, tanta carne que la amontonó delante del cholito 7. MUNAPANDO MI CARNECITA Narrador: El zorro se fue y el cholito acomodo tres piedras como para tullpa y ahí hizo fuego. Algo debía echar a mi estómago para no debilitarme, aunque ganas no tenía. Le atormentaba la preocupación de cómo nomás amansar esos caballos chúcaros. En eso ve en el alto un águila enorme que da vueltas y vueltas en la misma dirección donde el estaba. Maliciando que la pobre estaría queriendo la carnecita, deseándolo más que el, sacando su sombrero le hiso señas que bajara. Y como qué, ahí nomás asentó sobre una roca. Aguila: Hola, niño -- dijo --, ¿me llamabas? Cholito: Sí -- le respondí --, quiero invitarte esta carnecita, ¿deseas? Aguila:Gracias, hermanito -- me dijo --, cómo no, gracias. Narrador: Después de cortar una presita más para él le dio el resto, que era harto, para que se banqueteara en su delante: Cholito: Sírvete -- diciéndole. Aguila: Gracias, hermanito -- dijo después limpiándose el pico en la hierba --, no sé cómo pagarte. Tal vez pueda yo ayudarte en algo. ¿Qué haces por estos lugares? Antes no te he visto. Narrador : el Cholito mientras comía yo, con cierto desgano le contó su historia. Aguila: Caramba -- dijo frotándose la cabeza con el ala, luego de enterarse --, yo podría sacarte de aquí llevándote en mi encima; pero el problema es que cuando uno intenta salir de los dominios del maligno, nos volvemos inútiles para mantener el vuelo, torpes se ponen nuestras alas y caernos a tierra con todo nuestro peso. Antes ya, yo lo he intentado y casi casi he muerto. Lo único en lo que puedo ayudarte ahora es amansando esos caballos. Eso para mí es fácil. Déjamelos de mi cuenta. 8. LO QUIERO BIEN GORDO PARA MAÑANA Narrador: En la boche abrigadito el cholito vio cómo la buena águila, bien prendida del lomo de esos animales chúcaros, que corcoveaban como demonios, logró que aceptaran al final, que se les colocara las riendas y las monturas. Cholito: ¡A pucha!, cómo relumbraban esos adornos de oro y plata. Aguila: Cholito sube en uno de los caballos y ve a la casa del hombre a decirle que ya estaban amansados. Narrador: <se despidieron con harto afecto, volando muy alto, le acompañó todavía hasta cerca de la casa cuando se dirigía a dar cuenta de su tarea. El maligno, que estaba desayunando en el corredorcito de la segunda planta, se quedó todo tonteado al verme asomar bien montado en la bestia. Tartamudeó antes de responder cuando le dijo que ya estaba cumplida la segunda tarea. Se levantó de la mesa y miró hacia la pampa: los caballos pastaban tranquilamente. La mujer del hombre también que salía con su tetera en la mano para repetirle café seguro, boquiabierta se quedó mirando a los caballos. Ni me respondió siquiera cuando la saludé. La muchacha se oía que reía adentro con su hermanito el ichic ollco; parecía que jugaban a las cosquillas. Supay: Bien, yo siempre he sido un caballero, eso no me podrá usted negar -- ; yo cumplo lo que prometo. Le falta sólo una tarea, jovencito, si usted me la cumple, podrá irse de mis propiedades sin que nadie le moleste... Cholito: ¿Qué será, señor? -- dije tosiendo Supay: Mira , dentro de los condenados que deben llegar mañana hay gente importante, y antes de someterlos al fuego eterno, voy a darles un banquete con un toro que tengo amarrado aquí atrasito; ven para que lo veas, ven – Narrador: así diciendo hizo que lo siguiera, primero bajando las escaleras y luego tras su casa, en donde estaba amarradito un buey esquelético, que ni pararse podía de puro débil y al que señalándolo me dijo: Supay:Lo quiero bien gordo para mañana, ¿entiendes? Cholito:Sí, señor -entendiéndole estoy. Supay: Bien -- dijo --, puedes empezar cuando gustes. ( se alejó) 9. GANAS DE VOLVER - [la hija consigue hierbas para engordar el toro] Narrador: amarrado con una soga delgada lo llevaba al animal, bordeando una acequia, despacito como en procesión. A las justas podía dar paso y hasta el viento lo quería tumbar. Este pobre, pensaba en sus adentros, ni puesto tres meses en un inverne podría engordar... y ahora, ahora, seguía pensando, qué nomás puedo hacer?... De rato en rato pensaba escaparse, pero se desanimaba sabiendo que el maligno de donde sea lo volvería. Ni rezarle a taita San Juan, patrón de su pueblo o al niño Manuelito, que siempre me socorría, me animaba, porque en mi tierra contaban que desde los dominios del supay las plegarias no llegaban. Estaba sentado piense y piense, cuando vio que corriendo por entre unos montecitos, avanzaba la hija del hombre. Hija: Cholito -- me dice llegando a mi lado --, he venido a ayudarte: sé que pasas apuros. Cholito:¿De veras, niña? -- le digo alegrándome --. ¿De veras has venido a ayudarme? Hija: De veras -- me dice --, la hormiguita y el águila que tu trataste, me contaron que pasabas apuros. De haber sabido antes que los trabajos que te mandaba hacer mi padre eran imposibles para ti, hubiera visto la forma de ayudarte. -Cholito: O sea que pensabas, niña, que los hacía yo? Hija: Sí, pues, yo creía que era así. Cholito: ¿Cómo es no? -- Una curiosidad, niña – Hija: ¿Qué nomás será? Cholito: ¿Cómo sabes mi nombre? Mejor dicho, mi sobrenombre? Hija: ¿Cuál? ¿Cholito? Cholito: Ajá. Hija: Me lo contó mi hermanito, riendo, dice que en tu pueblo piensan que te has muerto. Cholito: ¡Pucha! Eso me trajo recuerdos de mi mamita, de mis hermanitos y de mi amado venadito Lucero, y extrañé mi pueblo y unas ganas tremendas de volver se me vino. Hija:No te pongas triste --; yo te llevaré a tu tierra ahora mismo si quieres, luego de engordarlo al toro. Cholito:¿En serio, niña? Hija: En serio, ahora verás Narrador: Diciendo asi, se levantó y se fue más arriba, donde crecían unas chilcas. Por ahí se puso a arrancar unas hierbas parecidas al picullo, pero que no eran picullo, según comprobé después. A cada puñadito que arrancaba le hablaba cosas que yo no entendí. Después, haciendo un tercio, lo trajo en su falda y lo arrojó delante del animal. Hija:Ahora sí -- dijo volviendo a sentarse a mi lado Narrado: Sonreía la muchacha. Sus labios reventaban como moras. Tan bonita no había visto asina. Y parecía estar queriéndome. Sólo de verla mayor que yo, señorita como era y yo sólo un wambra [quechua: niño] me arrecelaba, sabiendo sobre todo hija de quién era. Cholito:A lo mejor te culparán tus taitas, niña, de haberme hecho escapar. Hija: Ni creas -, ahora que mi papá vea el toro se alegrará que hayas desaparecido; no le gusta que haya poderosos como él en sus dominios. Y en cuanto a mí, no sabrán que te he ayudado, porque dejándote en tu pueblo nomás, rápido me volveré; ya después cuando pasen los días más bien nos reuniremos de nuevo y entonces sí viviremos juntos. Cholito: Ehh... ¿cómo? Hija:Ya te explicaré. Ahora mira el toro. Narrador: Cuando levanto la vista, lo vio ¡a pucha!, tremendo animal, gordo. Cuando fue a tocarlo, pura carne era, queriendo reventar todavía bajo esa piel negra, lustrosa. Hija: Ahora sí, ¡vamos! Cholito: Bueno, niña. 10. POR FIN MI PUEBLO Hija: A ver reconócelo, ¿es o no es tu pueblo? Cholito: Cuando mis ojos se acostumbraron de nuevo a la luz del sol, luego de haber atravesado un largo túnel lleno de tinieblas por donde me trajo la muchacha, boquiabierto me quedé reconociendo en primer término el alto y corpulento eucalipto, orgullo de mi tierra, que se alzaba casi tocando las nubes con su ramosa copa y que era visto por los viajeros de los más apartados lugares. Después fue que me fijé en las chacritas, rodando por las lomadas, (p.29) y en las casitas que humeaban a esa hora, ya tardecita, en que preparaban la merienda. Cholito: Sí, niña, mi pueblo es Narrador: Una curiosidad le entró antes de echarse a correr: ¿dónde estábamos exactamente? ¿Por cuál lugar habíamos salido? Se fijó bien entonces, y lo reconocío: era el túnel de una de las minas abandonadas de Llushca, minas que hace qué tiempos ya sería dizque los portugueses sacaban plata. Vaya, dijo entre sí, nunca penso que estas minas comunicaran con el infierno. Eso se le ocurrió pensando en que la casa del supay sería la boca por donde se entraba a ese lugar maldecido. Hija: Ahora sí -- me dijo la muchacha sacándome de mis pensamientos -- debo volverme, mientras tú visitas a tus familiares. Pero de acá a tres días de nuevo nos veremos. Cholito:¿Dónde, niña, en qué parte? Hija: Aquí más arriba nomás, en los alrededores de la laguna de Wiri, donde verás mi casa. Cholito: Bueno, niña – Hija: Espera -- , quiero hacerte una advertencia. Cholito: ¿Qué nomás será? Hija:Llegando a tu casa por nada vayas a probar comida con sal, tampoco ají; si lo haces, ya no podremos vernos, ¿comprendes? Cholito: Bueno, niña, lo tendré presente. Hija:Espera -- de nuevo me detuvo. Cholito: ¿Sí?, ¿qué será? Hija: Llévate esto – (le alcanzó una alforjita levantándolo del suelo,) q--, en un lado va oro y en el otro plata; cuando tengas hambre sólo esto vas a comer. Narrador: Asustado miro si era cierto. Pero no. Maíz blanco nomás iba en el que decía plata y maíz amarillo en el otro en vez de oro. -- Así será su significado seguro diciendo se eché a correr después que duro apretara su mano la muchacha, despidiéndose.
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