La política y los medios de comunicación. Las advertencias de Giovanni Sartori Dr. Javier H. Contreras Orozco Universidad Autónoma de Chihuahua Giovanni Sartori, después de sus teorías muy precisas para entender e interpretar la teoría política, especialmente, a la luz de la democracia occidental, así como la disertación sobre la opinión pública, se va a revisar el papel de los medios de comunicación y su relación con los procesos democráticos. Pero para abordar al análisis de los medios masivos, lo hará desde el enfoque cognoscitivo, lo que le permitirá destapar una caja de Pandora, al descubrir que algo muy serio está pasando con la nueva forma de conocer del hombre actual. Del hombre que lee, el llamado hombre Gutenberg, por la invención de la imprenta, se ha dado un gran salto al hombre que ve, el animal que bautiza como el hombre McLuhan. 1 Hay una gran transformación del hombre lector al hombre que sólo ve, lo que ha generado el concepto de video-política como un reflejo y espejo, del video-poder más general que es el poder de la imagen. Si, Sartori, centra su teoría en que la televisión está cambiando al hombre y está cambiando la política. La primera transformación engloba la segunda. Pero es la videopolítica la que mejor representa, en este momento, el video-poder, la fuerza que nos está modelando. Mantiene que la video-política transforma la política en el más amplio contexto de un video-poder que está transformando en “hombre ocular” al homo sapiens producto de la cultura escrita . 2 De manera directa su tesis es contundente: la televisión está produciendo una permuta, una metamorfosis, que revierte en la naturaleza misma del homo sapiens. La televisión, no es sólo instrumento de comunicación; es también, a la vez, paideía, o sea, la formación del hombre, un medio que genera un nuevo tipo de ser humano. .3 ¿Y por qué esta conclusión, que algunos la han considerado temeraria o la critican de apocalíptica? La explicación y argumentación la ha realizado Sartori, en varios foros, libros y entrevistas, donde ha planteado que el homo sapiens desarrolló una cultura lecto-escritora, partiendo de la condición de animal simbólico 4, lo que le permitió desarrollar su conocimiento de la realidad, por medio de abstracciones. El proceso era leer, escribir, asimilar, comprender, analizar, procesar datos y abstraer. Ahora, la televisión, ha generado un pensamiento visual, donde la imagen es el centro de la nueva forma de conocer, pero la imagen por sí misma es enemiga de la abstracción, como sucede en la televisión; mientras que explicar es desarrollar un discurso abstracto, basado en conceptos, no en imágenes. Refuerza su teoría aportando que la erosión de la cultura escrita y su sustitución por una cultura visual produce un “hombre ocular”, la persona video-formada que es cada vez menos un animal mental capaz de abstracción, de comprender más allá de ver. Esto es, para Sartori, una revolución antropogenética en curso y nosotros somos los protagonistas. Y, los protagonistas, dice, son siempre, al mismo tiempo, los ciegos y los responsables de la historia. Ven poco y mal en la polvareda que levantan, pero cuando llegan los historiadores, con la polvareda limpia, lo hecho (o mal hecho), está ya hecho. Entonces, con este planteamiento, entremos al tema de las advertencias de Giovanni Sartori sobre la política y los medios de comunicación. Podemos agrupar esas advertencias en los siguientes puntos: 1.- Le adjudica un valor centralista a la televisión, porque rompe con la tradición de la cultura hablada, de la cultura de la palabra escrita. La radio todavía pertenece a la cultura de la palabra. Con la televisión entramos en la llamada “cultura audiovisual”, que prioriza lo visual sobre lo auditivo y que en definitiva pasa de la palabra a la imagen. El salto se produce con el advenimiento de la televisión, y a pesar de otros medios como internet, computadoras personales, la televisión está en la parte central. 5 2.- Confirma la teoría del pensamiento visual, base de la teoría del regreso a la imagen, y dice que los primitivos fueron muy hábiles en “ver”, pero no desarrollaron el “saber”. Con la televisión se pasa, según su tesis, de pensar en cosas que no se ven a no pensar en cosas que se ven. O sea, a ver sin pensar. 3.- La televisión es como el árbol de la ciencia que produce el bien y el mal, perjudica y beneficia, señaló al hablar sobre un canal cultural de los universitarios . 6Ante la pregunta: ¿la televisión es beneficiosa?, dijo que si en cuanto a la información porque amplía la cantidad de personas que la reciben, y colabora en extenderla o expandirla. Otro argumento que esgrimen para fortalecer que es más positiva que negativa, es que es un instrumento de democracia que refuerza y promueve el demo-poder, es decir, la democracia. Pero también expresa que no comparte ese elogio a la televisión, pues amplía la subinformación y la desinformación. 4.- Lanza una alerta para combatir a la televisión, argumentando que es un desastre, que crea un animal mentalmente empobrecido. O sea, la televisión produce imágenes y anula los conceptos, y de este modo atrofia nuestra capacidad de abstracción y con ella nuestra capacidad de entender. 5.- No se opone a la tecnología, sino a su utilización. Dice que tenemos que buscar una televisión que sirva para educar a los hombres. El hombre primitivo vive en un mundo sensible y ve una realidad concreta, o sea, las cosas verdaderas. El “homo videns”, producido en nuestra época por la televisión, no ve cosas concretas sino imágenes de la realidad fabricadas por la televisión. Entonces, a su juicio, este tipo de imágenes no enriquece las ideas. No se arranca de lo concreto que se ve y se lo transforma en ideas. 7 6.- Se considera un pesimista constructivo, es decir, pragmático, pero se reanima porque dice que todavía somos capaces de leer, que la palabra escrita está ahí, que están los conceptos, la capacidad de abstracción que la televisión anula. 7.- La televisión empobrece la democracia porque degrada la opinión pública, pero no dice que es antidemocrática. Ante la postura de que la televisión fortalece a la democracia, Sartori acude al argumento de que la cultura no es democrática porque es elitista, y que la televisión es democrática porque es anti-elitista, creándose la dualidad elitismoantielitismo. En 1969, publicó un artículo en un periódico italiano, que tituló “Asnocracia”, y la tesis de ese artículo era que el antielitismo era el padre de la asnocracia. El asno, para poder triunfar, tenía que destruir a la élite. Era una tesis cultural. El antielitismo corresponde pues, en su opinión, a la asnocracia triunfante, pero un demo-poder transformado en el asno-poder no encontrará jamás un defensor en quien les habla, ni siquiera cuando esté completamente imbecilizado o transformado en asno por el discurso elitista. 8.- Dice que la televisión provoca histerismo de masas, multiplica la estupidez y mata la capacidad de abstracción y, por tanto, los procesos racionales. Pero sostiene que tenemos que buscar la manera de hacer una televisión que sirva para educar a los hombres. 9.- Su frase: los hombres nacen estúpidos y alguno se vuelve inteligente. Y no justamente gracias a la televisión. La opinión pública es formada por instrumentos, como la educación, la familia y los medios masivos de comunicación.. Hoy, la televisión es uno de los mayores formadores de opinión. Hace 50 años se discutían las noticias políticas, la gente se reunía y debatía. Pero lo más importante son los líderes cognitivos. La TV establece y crea este tipo de líderes (modelos, bailarinas, futbolistas) que dictaminan sobre los gustos, valores e ideas. Hoy, la opinión pública está siendo teledirigida. 10.- Crea el término de videopolítica, como un efecto de la TV sobre la política y que produce un aumento de la subinformación. También produce la desinformación, pero el efecto más devastador y distorsionante es que la TV nos vende la idea de que refleja lo que el pueblo piensa, cuando es la propia TV la que la hace pensar y decir a la gente. En el libro Homo videns, se concentran las ideas fundamentales de la tesis de Giovanni Sartori, donde plantea tres grandes temas: el papel de la imagen, donde parte del homo sapiens para llegar al video-niño, por el impacto de la televisión. En la segunda parte, plantea el fenómeno de la video-política, caracterizada por una opinión pública teledirigida y una dictadura de la sondeomanía; y la tercer parte la dedica a la relación de las video-elecciones y su impacto con la democracia. Otra de las preocupaciones de Sartori, es que los procesos informativos son objeto de acusación de tres apartados: 1) insuficiencia cuantitativa, 2) tendenciosidad, 3) pobreza cualitativa. 8 La primera acusación también puede formularse en sentido contrario: si acaso lo que estamos es inundados, cuantitativamente, por demasiada información. La segunda acusación –tendenciosidad y parcialidad- es fundada, pero como a menudo quien la formula es el más tendencioso y más irrespetuoso de todos con la verdad, la hipocresía de los acusadores agrava el problema. Y para ese fin la defensa se confía al policentrismo, a un pluralismo de medios de comunicación donde un mensaje contrarresta a otro mensaje y una tendenciosidad es neutralizada por otra de signo contrario. La tercera acusación –la pobreza cualitativa de la información- es la más seria; y lo peor es que la televisión la está agravando. En esta obra, Sartori encuentra una definición adecuada para el perfil dominante del hombre de la sociedad del conocimiento. La persona absorta por la imagen, por la información audiovisual, puede llegar a ser un hombre reducido y empobrecido. Parece que volvemos a la vieja metáfora de la muchedumbre solitaria. Un individualismo solitario que llega hasta los rincones más domésticos. Más de tres horas de televisión al día, con un casi 50 por ciento de los hogares con computadora y televisor individual. Nadie puede negar que estemos ante una situación de avance y progreso por la utilización de las modernas tecnologías de la información, pero se puede correr el peligro de perder el valor de la comunidad y de lo comunitario. 9 La teoría central sartoniana para entender la relación que se está dando entre los medios de comunicación y la política, especialmente centrado en la televisión, está en lo que llama una revolución multimedia, donde el común denominador es el tele-ver, y como consecuencia, es el video-vivir. Es claro es insistente en que su tesis de fondo es que el video está transformando al homo sapiens, producto de la cultura escrita, en un homo videns para el cual la palabra está destronada por la imagen. Hace la presentación del video-niño, como un novísimo ejemplar de ser humano educado en el tele-ver –delante de un televisor- incluso antes de saber leer y escribir, debido a la primacía de la imagen, que establece la preponderancia de lo visible sobre lo inteligible, lo cual nos lleva a un ver sin entender. Esta es la premisa fundamental con la cual examina la video-política y el poder político de la televisión. Señala su esperanza de que los periódicos sean mejores y, a la postre, que la televisión también lo sea, pues la televisión modifica radicalmente y empobrece el aparato cognoscitivo del homo sapiens. Ambrosini, la califica como catastrofista 10, esta tesis que plantea la posibilidad inminente del empobrecimiento cognitivo de los seres humanos dado el auge de la cultura de la imagen que transforma radicalmente las modalidades de adquisición de conocimientos, pero no descarta los peligros que encierra la mutación del homo sapiens en homo videns dado el creciente uso de tecnologías que privilegian la imagen frente a la palabra escrita. En Homo videns, Sartori, inicia por señalar que lo que hace único al hombre –homo sapiens- es su capacidad simbólica. Ernest Cassirer lo define como un “animal simbólico”. El llamado lenguaje animal trasmite señales. La diferencia fundamental es que el hombre posee un leguaje capaz de hablar de sí mismo. El lenguaje no es sólo un instrumento del comunicar, sino también del pensar. Y el pensar no necesita del ver. Sartori dice que las civilizaciones se desarrollan con la escritura, y es el tránsito de la comunicación oral a la palabra escrita lo que desarrolla una civilización. El homo sapiens que multiplica el propio saber es, pues, el llamado hombre de Gutenberg. Siguiendo su teoría, la radio, que también eliminaba distancias, añade un nuevo elemento: una voz fácil de difundir en todas las casas. La radio es el primer gran difusor de comunicaciones, pero un difusor que no menoscaba la naturaleza simbólica del hombre. Como la radio “habla” difunde siempre cosas dichas con palabras. De modo que libros, periódicos, teléfono, radio son todos ellos –en concordancia- elementos portadores de comunicación lingüística. Pero, la ruptura se produce a mediados de nuestro siglo, con la llegada del televisor. La televisión, es “ver desde lejos” (tele), es decir, llevar ante los ojos de un público de espectadores cosas que puedan ver en cualquier sitio, desde cualquier lugar y distancia. Y en la televisión, el hecho de ver prevalece sobre el hecho de hablar, en el sentido de que la voz del medio, o de un hablante, es secundaria, está en función de la imagen, comenta la imagen. Y como consecuencia, el telespectador es más un animal vidente que un animal simbólico, dice Sartori en su obra Homo Videns. Mario Vargas Llosa 11, identifica algo similar a lo que llama la cultura del espectáculo, de superficie y oropel. Dice que en la civilización del espectáculo el cómico es el rey. Por lo demás, la presencia de actores y cantantes no sólo es importante en esa periferia de la vida política que es la opinión pública. En esa civilización, otra característica es el empobrecimiento de las ideas como fuerza motora de la vida cultura. Al igual que Sartori, dice, que hoy reina la primacía de las imágenes sobre las ideas. Por eso los medios audiovisuales, el cine, la televisión y ahora internet han ido dejando rezagados a los libros. Y luego, el escritor mexicano Octavio Paz 12 había señalado que la civilización del espectáculo es cruel. Dice “Los espectadores no tienen memoria; por esto tampoco tienen remordimientos ni verdadera conciencia. Viven prendidos a la novedad, no importa cuál sea con tal de que sea nueva. Olvidan pronto y pasan sin pestañear de las escenas de muerte y destrucción de la guerra del Golfo Pérsico a las curvas, contorsiones y trémulos de Madonna y de Michael Jackson. Los comandantes y los obispos, (al referirse al conflicto del levantamiento armado en Chiapas en 1994) están llamados a sufrir la misma suerte; también a ellos les aguarda el Gran Bostezo, anónimo y universal, que es el Apocalipsis y el Juicio Final de la sociedad del espectáculo”. El pesimismo de Sartori sobre la mutación que ha generado la televisión, surge desde la edad en que se adquieren las bases del conocimiento: desde la infancia. Dice que si a los 3 años el niño empieza a ver televisión, a esa edad, el niño es una esponja, absorbe todo, se acostumbra a un mundo hecho de imágenes, que no es el mundo del entendimiento Veamos, por partes, como desarrolla Sartori, su teoría sobre el video-niño. La televisión modifica primero, y fundamentalmente, la naturaleza misma de la comunicación, pues la traslada del contexto de la palabra (impresa o radiotransmitida) al contexto de la imagen. La diferencia es radical. La palabra es un símbolo que se resuelve en lo que significa, en lo que nos hace entender. La imagen es pura y simple representación visual. La imagen se ve y eso es suficiente; y para verla basta con poseer el sentido de la vista, basta con no ser ciegos. La imagen no se ve en chino, árabe o inglés: se ve y es suficiente. Para Sartori, la televisión no es un anexo; es sobre todo una sustitución que modifica sustancialmente la relación entre entender y ver. Hasta hoy, el mundo, los acontecimientos del mundo, se nos relataban (por escrito); actualmente se nos muestran, y el relato (su explicación) está prácticamente sólo en función de las imágenes que aparecen en la pantalla. Y aquí lanza que si esto es cierto, podemos deducir que la televisión está produciendo una permutación, una metamorfosis, que revierte en la naturaleza misma del homo sapiens. Sostiene que por encima de todo, la verdad es que la televisión es la primera escuela del niño (la escuela divertida que precede a la escuela aburrida); y el niño es un animal simbólico que recibe su imprint, su impronta educacional, en imágenes de un mundo centrado es el hecho de ver. El niño formado en la imagen se reduce a ser un hombre que no lee, y, por tanto, la mayoría de las veces, es un ser “reblandecido por la televisión”, adicto de por vida a los videojuegos, argumenta en su obra Homo Videns .13 El homo sapiens, afirma Sartori, debe todo su saber y todo el avance de su entendimiento a su capacidad de abstracción. La televisión invierte la evolución de lo sensible en inteligible y lo convierte en el regreso al puro y simple acto de ver. La televisión produce imágenes y anula los conceptos, y de este modo atrofia nuestra capacidad de abstracción y con ella toda nuestra capacidad de entender. El pronóstico de Giovanni Sartori, es que la televisión seguirá siendo el centro –en detrimento de la cibernavegación y de sus sirenas- y esto se fundamenta en la consideración de que la televisión no tiene techo. Por tanto, dice Sartori, continúa siendo verdad que hacia finales del siglo XX, el homo sapiens ha entrado en crisis, una crisis de pérdida de conocimiento y de capacidad de saber. La televisión, entretiene, relaja y divierte, advierte, pero la tv invade toda nuestra vida. Después de haber “formado” a los niños continúa formando, o de algún modo, influenciando a los adultos por medio de la “información”. Actualmente, dice, el pueblo soberano “opina” sobre todo en función de cómo la televisión le induce a opinar. Y en el hecho de conducir, la opinión, el poder de la imagen se coloca en el centro de todos los procesos de la política contemporánea. La televisión condiciona fuertemente el proceso electoral, ya sea en la elección de los candidatos, bien en su modo de plantear la batalla electoral, o en la forma de ayudar a vencer al vencedor. Además, la televisión condiciona, o puede condicionar, fuertemente el gobierno, es decir, las decisiones del gobierno: lo que un gobierno puede y no puede hacer, o decidir lo que va a hacer. Para Sartori, el estudio de la formación de la opinión pública, es un tema recurrente en varias de sus obras. Por ejemplo, dice que todo el edificio de la democracia se apoya en la opinión pública y en una opinión que surja del seno de los públicos que la expresan. 14 Opinión es “doxa”, no es “episteme”, no es saber y ciencia; es simplemente un “parecer”, una opinión subjetiva para la cual no se requiere una prueba. Las opiniones son convicciones frágiles y variables. Si se convierten en convicciones profundas y fuertemente enraizadas, entonces debemos llamarlas creencias (y el problema cambia). Cuando la opinión pública se plasmaba fundamentalmente en los periódicos, el equilibrio entre opinión autónoma y opiniones heterónomas (hetero-dirigidas) estaba garantizado por la existencia de una prensa libre y múltiple, que representaba a muchas voces. La aparición de la radio no alteró sustancialmente este equilibrio. El problema surgió con la televisión, en la medida en que el acto de ver suplantó al acto de discurrir. Con la televisión, la autoridad es la visión en sí misma, es la autoridad de la imagen. Lo esencial es que el ojo cree en lo que ve; y, por tanto, la autoridad cognitiva en la que más se cree es lo que se ve. Lo que se ve, parece “real”, lo que implica que parece verdadero. La videocracia está fabricando una opinión sólidamente hetero-dirigida que aparentemente refuerza, pero que en sustancia vacía, la democracia como gobierno de opinión. En el capítulo 15, titulado Videopoder, de su libro Elementos de Teoría Política 15, hace una crítica a los políticos norteamericanos que han caído en la trampa de los sondeos, o de la sondeomanía”, quienes han hecho de los sondeos la brújula casi cotidiana. Ante los sondeos para conocer la opinión pública, dice que hay una sondeodependencia, como la auscultación de una falsedad que nos hace caer en una trampa y nos engaña al mismo tiempo. Los sondeos no son instrumentos de demo-poder –un instrumento que revela la vox populi- sino sobre todo una expresión del poder de los medios de comunicación sobre el pueblo; y su influencia bloquea frecuentemente decisiones útiles hoy necesarias, o bien lleva a tomar decisiones equivocadas sostenidas por simples “rumores”, por opiniones débiles, deformadas, manipuladas, e incluso desinformadas. Hay un apartado en la teoría de Giovanni Sartori, que llama video-elecciones, donde enlaza los procesos democráticos con la televisión, porque afirma que los efectos de la video-política tienen un amplio alcance, como la televisión que personaliza las elecciones. En la pantalla vemos personas y no programas de partidos; y personas constreñidas hablar con cuenta-gotas. La televisión nos propone personas, en lugar de discursos. Cuanto más vota el elector al símbolo, a la ideología o al programa de un partido, más dependen los candidatos de su partido para ser elegidos. Los políticos cada vez tienen menos relación con acontecimientos genuinos y cada vez se relacionan más con “acontecimientos mediáticos”, es decir, acontecimientos seleccionados por la videovisibilidad y que después son agrandados o distorsionados por la cámara. Esta reacción ante los acontecimientos mediáticos es especialmente grave en política internacional. De esta manera fortalece su teoría con la idea de que la televisión favorece la emotivización de la política, es decir, una política dirigida y reducida a episodios emocionales. Sostiene que la cultura de la imagen creada por la primacía de lo visible es portadora de mensajes “candentes” que agitan nuestras emociones, encienden nuestros sentimientos, excitan nuestros sentidos y, en definitiva, nos apasionan. A estas alturas de su obra “Homo Videns”, el autor ratifica su teoría inicial de que la racionalidad del homo sapiens está retrocediendo, y la política emotivizada, provocada por la imagen, solivianta y agrava los problemas sin proporcionar absolutamente ninguna solución. Por lo tanto, concluyo diciendo que es lapidario, al afirmar que la televisión empobrece drásticamente la información y la formación del ciudadano. El mundo en imágenes que nos ofrece el vídeo-ver desactiva nuestra capacidad de abstracción y, con ella, nuestra capacidad de comprender los problemas y afrontarlos racionalmente. Confirma Sartori, a manera de conclusión, que su tesis de fondo, es que un hombre que pierde la capacidad de abstracción es incapaz de racionalidad y es, por tanto, un animal simbólico que ya no tiene capacidad para sostener y menos aún para alimentar el mundo construido por el homo sapiens. 1 McLuhan, en la década de los sesenta llamó la atención por sus trabajos de investigación en torno a los medios de comunicación. Creó la teoría de los medios de comunicación son extensiones de los sentidos, y lanzó la frase que lo inmortalizó de que “el medio es el mensaje”. Llamado también teólogo de la información, por sus aportaciones visionarias del impacto de las computadoras en la comunicación. Esto en su libro Comprendiendo los Medios, Nueva York, McGraw-Hill, 1964 2 Sartori, Giovanni, Elementos de Teoría Política, Alianza Editorial, España, 2008, p. 351. 3 Sartori, Giovanni, Homo videns. La Sociedad teledirigida. Santillana Ediciones, México, 2009. P. 42. 3 Ernest Cassirer, en su Antropología Filosófica, explica que el hombre es un animal parlante, un animal loquax que continuamente está hablando consigo mismo. 5 Conferencia de Giovanni Sartori en el edificio Mercosur, el 28 de octubre de 1998, reproducida por El Espectador de Uruguay. 6 Entrevista Giovanni Sartori, 12 de enero de 2005 durante el inicio de las transmisiones de El Canal Cultural de los Universitarios de la UNAM, México. 7 El Clarín, Buenos Aires, Entrevista de Jorge Halperin con Giovanni Sartori, 14 de abril de 2008. 8 Sartori, Giovanni, ¿Qué es al democracia?, Ed. Taurus, México, 2008, p. 87. 9 Davara, Javier, Hacia la Sociedad del Conocimiento, Documentación de las Ciencias de la Información, Universidad Complutense de Madrid, No. 23, p. 17-23, Madrid, 2000. 10 Ambrosini, Cristina Marta, Transformaciones del saber en la sociedad del riesgo, http://www.etica.org.ar/ambrosini.htm. 11 Vargas Llosa, Mario, La Civilización del Espectáculo, revista Letras Libres, febrero, 2009, México, p. 14-22 12 Paz, Octavio, Chiapas, hechos, dichos y gestos, Galaxia Gutenberg, Barcelona, 2002, p. 546. 13 Op. cit. p. 43 14 Sartori, Giovanni, La Democracia en 30 lecciones, Ed. Taurus, México, 2009, p. 31. 15 Op.cit.p. 359
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