Carlos Altamirano y Beatriz Sarlo Conceptos de Sociología Literaria CENTRO EDITOR DE AMÉRICA LATINA 2 © 1980 Cent ro Edit or de Am érica Lat ina S. A. Junín 981, Buenos Aires. Hecho el depósit o de ley. Libro de edición argent ina. I m preso en m arzo de 1980. Tapa: I .R.S.I .S.A., Carlos Calvo 2059, Buenos Aires. Pliegos int eriores: com puest o en Tipográfica del Nort e S. R. L., Reconquist a 1042, Buenos Aires; im preso en: Talleres Gráficos FA.VA.RO. SAI C y F. I ndependencia 3277/ 79, Buenos Aires. 3 A El Turco 4 Prefacio Sit uada en la int ersección de dos cam pos part icularm ent e cont enciosos, la sociología de la lit erat ura est á lej os de poseer la firm eza de un cuerpo t eóricam ent e est ruct urado de obj et os y m ét odos específicos. Propuest as a veces com plem ent arias, a veces opuest as, se disput an los t ít ulos de est a disciplina, lit igando sobre sus posibilidades y sus lím it es. Nadie puede negar, sin em bargo, que baj o su nom bre se ident ifican algunas de las corrient es m ás fuert es de la invest igación y la crít ica lit erarias en nuest ros días. Ment ar al posit ivism o cuando hace su aparición la sociología lit eraria es sólo un cam ino para eludir la confront ación con las t endencias vivas que, al int errogar la práct ica de la lit erat ura, abren nuevas perspect ivas para su consideración. Part iendo de est as prem isas, el present e léxico no pret ende regular la coherencia y el orden allí donde ést os no exist en: sus aut ores, m ás bien, han querido t razar algunos ej es que, en su opinión, definen y const it uyen el cam po. Así la hist oria social de la lit erat ura, del escrit or y del público, la t eoría social de su práct ica y del t ext o, la problem át ica del análisis cult ural- lit erario, los inst rum ent os para la descripción de los suj et os im plicados en la producción y el consum o de bienes sim bólicos y el espacio que los art icula, proporcionaron al léxico una flexión que int ent a ser, al m ism o t iem po, inclusiva y sist em át ica. Con la diversidad del repert orio conform ado de est e m odo se quiso t am bién disipar la idea sum aria de que la int errogación sociológica del hecho lit erario, se la prom ueva o se la im pugne, suscit a una cuest ión sim ple. Y m enos aún en Am érica Lat ina, donde las m ediaciones ent re lo lit erario y lo social encuent ran un punt o de refracción en el caráct er segundo —dependient e— del vínculo ent re t eorías, t endencias, m ovim ient os y su realización en la práct ica de la escrit ura, del consum o y de la consagración lit erarias. En la Argent ina, part icularm ent e, David Viñas, Adolfo Priet o y Juan José Hernández Arregui consideraron la especificidad de los problem as em anados de un sist em a lit erario dependient e. Un conj unt o de int errogant es quedan, por ciert o, a la invest igación fut ura. Est e léxico los ha evit ado, recurriendo en casi t odos los casos a la reflexión sobre los m om ent os " clásicos" de la const it ución de la lit erat ura burguesa m oderna: las form aciones cult urales francesa, inglesa, alem ana ( privilegiadas por 5 bibliografías exhaust ivas) proporcionaron la m ayor part e de las figuras concret as que ilust ran sus voces. El orden de un léxico es, por su lógica, el desorden del alfabet o. Dos art ículos nos parecen sin em bargo que est ruct uran fuert em ent e el que ahora present am os: cult ura e ideología. Las rem isiones int ernas, por lo dem ás, t rat arán de hacer m enos int rincado un recorrido inevit ablem ent e regido por algún azar. Digam os finalm ent e que la sociología de la lit erat ura, al m enos en sus represent es m ás lúcidos, no pret ende ocupar el lugar de una est ét ica ni pasar por una consideración exhaust iva de la obra lit eraria. Cit ando a St arobinski podría afirm arse que no hay que buscar por su int erm edio las condiciones suficient es de las obras, sino " las condiciones necesarias de su génesis y efect os" . Car los Alt am ir an o y Beat r iz Sar l o 6 Autor La noción de aut or com o suj et o product or de la obra lit eraria es, en sí m ism a y t am bién hist óricam ent e, m oderna y problem át ica. No siem pre se consideró que escribir fuera una práct ica clasificable com o profesional. Monj es, cort esanos y vagabundos fueron, en la Edad Media, escrit ores y seguram ent e a ninguno de ellos se les hubiera ocurrido responder com o lo hizo William Morris ant e un int errogat orio policial en el que se le inquirió qué era. Su respuest a: " Art ist a y bien conocido, según creo" , es inconcebible ant es del siglo XVI I I . Ya ent onces exist e, con t oda evidencia, la com unidad art íst ica que com ienza a secret ar su part icular ideología: el art ist a rom ánt ico desprecia al público burgués, con el que ya no t iene un vínculo, ni m ucho m enos una suj eción, direct o. Las fórm ulas del art e por el art e son la expresión cult ural de la escisión y las t eorías que ent ronizan a la inspiración com o fuent e de la obra lit eraria, su efect o en el plano de la est ét ica. Flaubert , en su Cor r esp on d en ci a, pone al desnudo el sist em a de est a com unidad lit eraria: rechazado por el burgués, por su incapacidad para el goce est ét ico ( nunca sabrán, im agina Flaubert , la sangre que ha cost ado cada una de est as frases; el burgués no ent iende, no im port a, ¡peor para él! , et c.) , sólo los ot ros art ist as pueden ocupar a la vez el lugar de creadores y de público ent endido. Abordar hist óricam ent e la cuest ión del aut or obliga a plant ear la perspect iva del suj et o y su relación con est ruct uras t ransubj et ivas: las clases sociales. Según est e punt o de vist a, el suj et o- aut or ha sido considerado por Lucien Goldm ann, para quien la evolución hist órica ( y en ella las producciones cult urales) no const it uye la sum a azarosa de int encionalidades y acciones individuales, sino que ap ar ece " com o result ado de acciones colect ivas de grupos hum anos, acciones de las que los individuos que com ponen los grupos no son concient es sino en un grado variable" ( 1967) . La aseveración, deudora del m at erialism o hist órico, de que el suj et o de la hist oria son las clases sociales, es t rabaj ada por Goldm ann en sus est udios sobre aut ores individuales: Racine, Pascal, los obj et ivist as. Por est e cam ino, las obras se vincularían, a un t iem po, a dos t ipos de est ruct uras: la colect iva y esencialm ent e social, definida en t érm inos de grupos, sect ores y clases; y la individual, siem pre t ransubj et iva, que observa al individuo sum ergido en el m edio social y cult ural. 7 La cult ura, com o com port am ient o profundam ent e social, no puede librarse de la det erm inación colect iva y, en consecuencia, queda señalado ese caráct er en la escrit ura y la producción de bienes cult urales. Pero difícilm ent e el suj et o- aut or alcanza a lograr en sus obras el grado de sat uración significat iva de la conciencia posible ( véase) de su clase; sólo los grandes escrit ores y filósofos ( afirm a Goldm ann) alcanzarían ese grado m áxim o de coherencia y significación. Sin em bargo, incluso en ese grado, el aut or, no puede ser concebido sino t ransindividualm ent e, en el int erior de la clase a la que pert enece. El caráct er social del aut or se dem arca m ás agudam ent e aún cuando se reflexiona sobre los inst rum ent os de la producción lit eraria: el lenguaj e, en prim er lugar, las form as que la t radición ha t rasm it ido, luego. Y, fundam ent alm ent e, los m at eriales, las t em át icas, las convenciones, las leyes de legit im idad art íst ica, que son, en lo esencial, sociales y colect ivas. En est a perspect iva, la definición del aut or com o individuo exige abrirse a su problem at ización com o suj et o social que, concient e o inconcient em ent e, según su volunt ad y a veces cont ra ella, escribe su obra en un m edio predet erm inado, dent ro de un sist em a ( véase) lit erario que lo define y lo lim it a y que, incluso, t raza el horizont e de sus rupt uras y sus innovaciones. Así, la producción del aut or —cuant o m ás individual se reclam e y pese a ello— siem pre es producción social y práct ica de un suj et o socialm ent e det erm inado: de un suj et o, en últ im a inst ancia, t ransindividual, y de una conciencia, siem pre, colect iva. Desde ot ra perspect iva, la noción de au t o r t am bién parece problem át ica. Su flexión sem ánt ica incluye no sólo a quien escribe el t ext o sino a quien es su prim er propiet ario int elect ual y m at erial. Así la noción de aut or se define incluso en relación con los derechos efect ivos sobre el t ext o: derechos de enaj enarlo a un edit or, de percibir part e de los rédit os que su edición arroj e, et c. Est a concepción es m arcadam ent e hist órica y propia de los últ im os t res siglos. Nace, podría afirm arse, con la problem at ización —burguesa— del individuo com o suj et o aut ónom o y libre. El aut or sería poseedor pleno del product o de su t rabaj o int elect ual y, al m ism o t iem po, se vería obligado a enaj enarlo: la obra una vez escrit a escapará de sus m anos. La edición y el m ercado ( véanse) dispondrán de su dest ino. 8 Campo intelectual El " cam po int elect ual" , ent endido no com o designación m ás o m enos em pírica de un área de la act ividad social, sino com o concept o de alcance a la vez t eórico y m et odológico para la invest igación sociocult ural, ha sido elaborado por Pierre Bourdieu. Para Bourdieu, el concept o de cam po int elect ual recort a un espacio social relat ivam ent e aut ónom o, dot ado de una est ruct ura y una lógica específicas. Se t rat a de " un sist em a de relaciones ent re posiciones sociales a las que est án asociadas posiciones int elect uales o art íst icas" ( Alt am irano y Sarlo, com p., 1977) . La posibilidad de la consideración t eórica aut ónom a del cam po int elect ual e, incluso, los lím it es de validez del concept o, t ienen com o presupuest o la aut onom ización real, aunque siem pre relat iva, de la producción de los bienes sim bólicos. Pero est e hecho no es, según Bourdieu, un fenóm eno inherent e a la act ividad int elect ual o art íst ica, ni em erge en t oda sociedad cualquiera sea su est ruct ura. La aut onom ización del cam po int elect ual —que im plica la const it ución de un dom inio dot ado de norm as propias de legit im idad y consagración— es siem pre un result ado hist órico que aparece ligado a sociedades det erm inadas. Y Bourdieu t iene present e, fundam ent alm ent e, el t ipo de cam po int elect ual const it uido en las sociedades occident ales m odernas a part ir de un proceso que t iene su prim era m anifest ación en el Renacim ient o, se eclipsa t ransit oriam ent e baj o el peso del absolut ism o m onárquico en los siglos XVI I y XVI I I , para crist alizar en el curso del XI X. I nt elect uales y art ist as, colocados en una nueva posición com o result ado de la división capit alist a del t rabaj o y de la im plant ación del m ercado com o inst it ución que afect a t am bién a la vida de sus obras, reivindicaron la aut onom ía de la creación cult ural frent e a t oda ot ra im posición ext erior ( polít ica, religiosa o económ ica) . El Rom ant icism o fue, precisam ent e, el prim er m ovim ient o que t raduj o est a reivindicación de la int ención creadora. Se podría decir, ent onces, parafraseando a Coseriu, que el cam po int elect ual se const it uye diacrónicam ent e y funciona sincrónicam ent e, funcionam ient o que Bourdieu describe según un m odelo relacional de inspiración est ruct uralist a. Así el cam po int elect ual aparece com o un sist em a de relaciones que incluye obras, inst it uciones y un conj unt o de agent es int elect uales ( desde el escrit or al edit or, desde el art ist a al crít ico, et c.) . Cada uno de est os agent es " est á 9 det erm inado por su pert enencia a est e cam po: en efect o, debe a la posición part icular que ocupa en él propiedades de p o si ci ón irreduct ibles a las propiedades int rínsecas" ( Bourdieu, 1967) . La lógica que rige el cam po int elect ual es la de la lucha o com pet encia por la legit im idad cult ural y est a com pet encia específica t iene sus inst ancias t am bién específicas de consagración: academ ias, salones, et c. De m odo que la " consagración" no se ident ifica necesariam ent e con el t riunfo com ercial de una obra, aunque a veces el éxit o de público pueda operar t am bién com o m om ent o de legit im ación. Un escrit or no se conect a con la sociedad global, ni siquiera con su clase de origen o de pert enencia, de m anera direct a, sino a t ravés de la est ruct ura del cam po int elect ual. Por ot ra part e, las presiones de la est ruct ura social y sus t endencias no obran sobre los m iem bros del cam po int elect ual sino por m ediación de ést e. De m anera que, para Bourdieu, el cam po int elect ual const it uye el principio m ediador por excelencia en aquellas sociedades donde la producción de bienes sim bólicos se ha configurado com o dom inio relat ivam ent e aut ónom o. Más aún, t am poco la relación del creador con su obra es inm ediat a, esa relación est á condicionada por " el sist em a de relaciones sociales en las cuales se realiza la creación com o act o de com unicación, o, con m ás precisión, por la posición del creador en la est ruct ura del cam po int elect ual" ( 1967) . El cam po int elect ual opera, adem ás, sobre cada m iem bro devolviéndole una im agen pública de su obra —su valor, su verdad, et c.—, con la que el creador debe aj ust ar cuent as, necesariam ent e, así sea para rechazarla. Art ist a " oficial" o de " vanguardia" , int elect ual " int egrado" o " m arginal" , su posición dent ro del cam po int elect ual define el t ipo de part icipación en el " capit al" cult ural de una sociedad en un m om ent o dado. Ese pat rim onio no es sino el conj unt o de problem as y t em as, m odos de percibir y de razonar, hábit os m ent ales y códigos ret óricos com unes a una sociedad y que hacen posible la com unicación cult ural dent ro de ella. Trasm it ido a t ravés de m ecanism os diversos —la escuela es uno de ellos—, dicho " capit al sim bólico" const it uye algo así com o la infraest ruct ura im plícit a de los m ensaj es cult urales, que ést os eliden porque est á sobrent endida. La cult ura, ent onces, no se añade com o una det erm inación ext erior a una int ención creadora m adurada independient em ent e del cam po int elect ual en que est á inscript a. Una int ención se especifica com o proyect o int elect ual concret o, obj et ivado en obras part iculares, a t ravés de la dialéct ica que se est ablece ent re sus exigencias y el cam po int elect ual ( con su correspondient e pat rim onio sim bólico) del que form a part e. 10 Código El m odelo de la com unicación que lingüist as, com unicacionalist as y sem iólogos, en t érm inos generales, com part en, describe los elem ent os que int ervienen en la t rasm isión y recepción de m ensaj es, así com o su relación necesaria. Exist e, por un lado, la fuent e em isora, el canal t rasm isor, las señales t rasm it idas ( cuya organización const it uye el m ensaj e) y, por el ot ro, el recept or en condiciones de capt ar la señal y com prenderla. En est a últ im a act ividad, y en la de art iculación de las señales en m ensaj es, se opera por m edio de un conj unt o de reglas que deben ser com unes al em isor y al recept or: el código, que se caract eriza por organizar elem ent os de diferent e nat uraleza, según sea lingüíst ico, visual, cibernét ico, et c. El sem iólogo it aliano Um bert o Eco define el código com o " sist em a de posibilidades previsibles" , " conj unt o de reglas de t ransform ación, convencionalizadas, de expresión a expresión, y reversibles" ( 1968) . En el m ensaj e lingüíst ico el código es la lengua, pero en la lit erat ura — considerada en t ant o m ensaj e— la cuest ión se vuelve m ás com plej a. Est á por un lado la lengua, código social por excelencia, pero sobre ella, det erm inando la est ruct ura y el cont enido del m ensaj e, el conj unt o de los códigos cult urales, est ét icos y ret óricos. Si, com o afirm a Jakobson, la caract eríst ica del m ensaj e poét ico obliga a focalizar la at ención sobre su propia est ruct ura, el m anej o de los códigos que la definen y a t ravés de los que est a est ruct ura se const ruye, es un prerrequisit o indispensable para la lect ura ( véase) , est o es: la decodificación lit eraria. De est e m odo, la obra considerada com o m ensaj e codificado según m ás de un código exige de su público la dest reza de su m anej o: los inst rum ent os de apropiación indispensables para descifrarla. Y, com o lo afirm a Pierre Bourdieu, ellos son de nat uraleza em inent em ent e social. La percepción propiam ent e est ét ica no se confunde con la lect ura ingenua, j ust am ent e en el rasgo diferencial que int roduce la posesión de los códigos cult urales. Aprendidos en el hogar, en la escuela, en las inst it uciones ( véase) sociales que son m ediadoras por excelencia ( la crít ica, ent re ellas, la fundam ent al) , los códigos de percepción y apropiación posibilit an que la lect ura de la obra no se conviert a en m era act ividad asim iladora, que aplique al obj et o est ét ico códigos de descifram ient o diversos de aquellos según cuyas reglas 11 ha sido producido: leer, por ej em plo, una novela com o si lo que allí se relat a sucediera realm ent e, com o si sus personaj es fueran seres de carne y hueso; despreciar la dist ancia est ét ica y perder con ello las posibilidades de capt ar la ironía, la parodia o la est ilización. Com o condiciones de posibilidad de la producción y el consum o art íst icos, los códigos son t am bién condiciones sociales: su apropiación est á definida por la relación que se est ablezca con las inst it uciones que los t rasm it en; su t ransform ación t iene que ver con las t ransform aciones de est as inst it uciones, del gust o, de la sit uación del art ist a y del lugar que la lit erat ura ocupe en la sociedad. Véanse t am bién convención y género. 12 Conciencia posible Est e concept o fue elaborado por Georg Lukács para plant ear el problem a de la eficacia dé la conciencia de clase en el proceso hist órico, sobre la prem isa de que est e últ im o t iene en las clases y en los conflict os de clase su ej e de desarrollo. Sin em bargo, Lukács, que lo form uló en uno de los ensayos de su célebre y discut ida Hist oria y conciencia de clase, de 1922, no volverá a ret om ar el concept o en sus t rabaj os post eriores. Y fue Lucien Goldm ann quien hizo de él un uso sist em át ico en sus est udios de sociología de la cult ura y la lit erat ura. Para el Lukács de Hist oria y conciencia de clase, el concept o de conciencia de clase debe ser const ruido y no m eram ent e derivado del est udio de sus m anifest aciones em píricas en un m om ent o dado. Ello requiere una operación t eórica prelim inar, dist int a de la sim ple generalización de los dat os observables, y para efect uarla Lukács pone en j uego las cat egorías de t ot alidad y de posibilidad obj et iva. La prim era —que t raduce el principio hegeliano de que la verdad radica en el t odo y que Lukács asum e com o clave de int eligibilidad del m undo social— im plica referir t oda form a de conciencia a la sociedad global, concebida com o un t od o. La segunda, t om ada en prést am o de Max Weber, supone int errogarse sobre el cam po de hechos que pueden ser obj et ivam ent e percibidos desde det erm inada sit uación social ( de clase) . Dos coordenadas delim it an el cam po de la conciencia posible de una clase. Por una part e, la del conj unt o de la sociedad, dado que no t odo t ipo de sociedad ofrece a sus m iem bros las m ism as posibilidades de capt ación de las relaciones económ icas que organizan su est ruct ura global. En est e sent ido, las form aciones sociales precapit alist as const it uirían, en virt ud de su m ism a art iculación m at erial, unidades laxas y poco coherent es y en la propia organización en est am ent os, órdenes, et c. la det erm inación económ ica aparecería engast ada en relaciones polít icas o ét ico- religiosas. Sólo con el advenim ient o del capit alism o y baj o el im perio de su m odo de producción, la sociedad adquiriría el caráct er de organism o plenam ent e unit ario, cuyas part es se hallan subordinadas al funcionam ient o del t odo, y, adem ás, sólo ent onces, se podría hablar de clases en el sent ido específicam ent e económ ico del t érm ino. Cuest iones ést as que afect an a la posibilidad de represent ación del m undo social com o un t odo y a la em ergencia de form as de conciencia que se recort en específicam ent e com o conciencia de clase. La 13 ot ra coordenada la proporciona la m ism a inserción de la clase dent ro de la est ruct ura social, fundam ent alm ent e su colocación en la est ruct ura económ ica. Así concebida, la conciencia de clase const it uye el conj unt o de " las ideas, los sent im ient os, et c., que t endrían los hom bres en una det erm inada sit uación vit al si fueran capaces de capt ar com plet am ent e esa sit uación y los int ereses result ant es de ella, t ant o respect o de la acción inm ediat a cuant o respect o de la est ruct ura de la ent era sociedad, coherent e con esos int ereses o sea, las ideas, et c. adecuadas a su sit uación obj et iva" ( Lukács, 1969) . Hay que subrayar que la obj et ividad de ese espacio posible de percepción y represent ación rem it e a las det erm inaciones cent rales de la art iculación económ icosocial de una sociedad y no a las form as em píricam ent e exist ent es de conciencia. Lukács dist ingue, pues, ent re la " conciencia posible" —at ribuida a una clase en virt ud de un procedim ient o t eórico— y la " conciencia real" de sus m iem bros, que indicaría, en cada caso, el grado hist óricam ent e variable en que la clase realiza en el plano de la conciencia las virt ualidades inscript as en su sit uación m at erial. La conciencia posible es un concept o abst ract o, const ruido a la m anera de los t ipos ideales weberianos, y que funciona com o inst rum ent o heuríst ico respect o de la conciencia real, product o hist órico en cuya configuración han int ervenido, adem ás de las det erm inaciones claves de la est ruct ura económ ico- social, circunst ancias cont ingent es m últ iples. Al m ism o t iem po que delim it a el cam po de lo percept ible y represent able, la conciencia posible t raza t am bién el horizont e de lo ideológico insuperable de una clase, es decir aquello que se le escapa no por razones cont ingent es sino necesariam ent e, por det erm inaciones t am bién obj et ivam ent e inscript as en su condición de clase. De m anera que la conciencia de clase conlleva una " inconciencia" que se halla est ruct uralm ent e fundada com o la prim era. De t odo ello se puede ext raer com o corolario que para el est udio exhaust ivo del " m undo" efect ivam ent e m ent ado —en form a concept ual o im aginaria— por un individuo o grupo de individuos hist óricam ent e sit uados, es necesario conj ugar t res t érm inos: la est ruct ura obj et iva de la sociedad en que viven; el m áxim o de conciencia posible que les consient e su posición dent ro de la sociedad y los lím it es y prej uicios que derivan de cont ingencias hist óricas part iculares. Lucien Goldm ann ret om ará no sólo el concept o, sino t oda la problem át ica im plicada en la noción de conciencia posible para esbozar las líneas de una sociología del espírit u o de la cult ura. Asim ism o, la considerará una de las claves en el est udio de las obras lit erarias y ello por un doble m ot ivo: por una part e, las grandes obras lit erarias son aquellas que realizan el m áxim o de conciencia posible de una clase y perm it en conocer por su int erm edio la visión del m undo correspondient e allí donde se expresa en t oda su coherencia. Por ot ra, ent endida 14 com o m odelo t eórico, la conciencia posible es un concept o- lím it e que proporciona un m arco para la invest igación y la com prensión de la obra lit eraria. 15 Convención Las obras lit erarias no son producidas en un vacío social ni, m ucho m enos, en un m edio est ét ico neut ro. Todo nuevo t ext o se recort a sobre el horizont e de una t radición cult ural y de un sist em a lit erario. Am bos const it uyen el cam po int elect ual ( véase) donde est á predet erm inado lo que es posible ( verosím il) escribir o, por lo m enos, t odo aquello cont ra lo que se escribe, lo que se deform a y se fract ura si el proyect o lit erario se const ruye en oposición a la norm a est ét ica acept ada. La convención lim it a el horizont e de lo posible: qué géneros, cuáles especies, qué t em as, qué m oral y qué ideología refract a la lit erat ura. Más específicam ent e: cóm o se concibe al personaj e, qué relación se est ablece en el int erior del t ext o ent re el dest ino de los individuos y el de la sociedad ( relación privilegiada, por ej em plo, en la " gran t radición" de la novela realist a) , cuáles son los t em as que adm it en el verso y cuáles exigen la prosa. Cada género ( véase) est á conform ado por un haz de convenciones que se refieren t ant o a las posibilidades y form as de la represent ación com o a lo represent ado propiam ent e dicho. La t radición ( véase) lit eraria es un t ej ido de convenciones y rupt uras y la nat uraleza de est e t ej ido es social: ¿qué es la poesía gauchipolít ica en el Río de la Plat a sino la sínt esis de las convenciones de la canción popular pot enciadas por las necesidades art íst ico- ideológicas de la propaganda polít ica? y, creada efect ivam ent e la convención, ella fue el referent e que José Hernández conservó, cam biándolo, enriqueciéndolo en el Mart ín Fierro. Sus cont em poráneos, observadores t am bién cuidadosos de la convención y los niveles ( véase) se resist ieron a reconocer en el poem a su pert enencia a la " buena" lit erat ura, la lit erat ura cult a. Para ellos, la convención gauchipolít ica ya era arcaica y, por añadidura, rúst ica. Su sist em a lit erario incluía a la lit erat ura europea del post rom ant icism o y excluía ( est as exclusiones nunca son operaciones t ot alm ent e concient es) a la especie gauchesca, except o si se present aba com o divert im ent o urbano. La definición de lo " nat ural" , de lo apropiado, en un período cualquiera de la hist oria lit eraria, es em inent em ent e social y, en t ant o t al, define gust os y expect at ivas de la com unidad cult ural. En consecuencia, la convención es a la vez product o y product or de lo lit erario. " En virt ud de que así es —dice Pierre Bourdieu ( 1967) — la obra est á siem pre obj et ivam ent e orient ada con relación al m edio 16 lit erario, a sus exigencias est ét icas, a sus expect at ivas int elect uales, a sus cat egorías de percepción y pensam ient o." I an Wat t , en su brillant e est udio sobre el surgim ient o de la novela en I nglat erra ( 1972) , sigue las huellas que ese proceso deposit ó t ant o sobre el gust o del nuevo público lect or, com o las señales que est e gust o im puso a la novela. Una de sus caract eríst icas innovaciones t écnicas, la " copiosa part icularidad de la descripción" , el det alle concret o que hizo la celebridad de Richardson y que desencadenó los prolij os invent arios de m ercancías de Robinson Crusoe, fue condición del éxit o ext enso de la nueva form a: " Una escrit ura m uy explícit a y, en ocasiones, t aut ológica puede ayudar la com prensión de los lect ores m enos educados" . La " ext ravagant e prolij idad" de Richardson, que t ant o crit icaron algunos de sus cont em poráneos m ás ilust rados, fue una de las claves de su éxit o y desde ent onces la novela —hast a, por lo m enos, el final del siglo pasado— consideró la descripción com o una de sus convenciones m ás caract eríst icas: recurso t ípico del realism o, la sit uación de la acción en sus escenarios m at eriales y la correspondient e vinculación de ést os con el m undo m oral de los personaj es y el caráct er del dram a a desarrollarse, fue explot ado por Balzac, Dickens y Scot t , que describieron com o nunca lo había hecho la lit erat ura hast a ent onces. Había nacido el sist em a de convenciones de la novela realist a, que el nat uralism o llevaría hast a su exasperación y, por consiguient e, a su agot am ient o. Pero ant es se generalizó de Europa hast a Rusia, a Est ados Unidos y Am érica Lat ina. La novela del siglo XVI I I inglés y el XI X francés rom pe, por ot ra part e, con el código convencional de los t res est ilos ( véase niveles) . Por prim era vez, m ot ivos " alt os" y " baj os" pueden com binarse en un m ism o t ext o: la suert e de una sirvient a puede apasionar com o la de un príncipe ( la Pam el a de Richardson es su inaugural prueba de fuego) . De allí en m ás se podrá escribir sobre burgueses, sobre cam pesinos y, com o Zola, sobre obreros. Sin duda, las nuevas convenciones lit erarias ( y el género novelesco es su m anifest ación m ás im port ant e en la época m oderna) t uvieron siem pre que enfrent ar a sus " apocalípt icos" , sus det ract ores m orales y est ét icos. Ello es una prueba m ás del caráct er sociohist órico de la convención y de su proceso de renovación ent ret ej ido, a grandes rasgos, con el de la form ación lit eraria e ideológica en su conj unt o. La convención que, en un m om ent o, es percibida com o " nat ural" y se im pone con la m uda obj et ividad de una paut a social, en ot ro cam bia con las m ut aciones t am bién sociales que reest ruct uran el espacio cult ural y las relaciones ent re escrit ores, ideologías est ét icas y público. Una nueva est ruct ura de sent im ient o ( véase) , afirm a Raym ond William s, est á en el origen de nuevas disposiciones convencionales. 17 Esencialm ent e hist óricas, las convenciones definen la fisonom ía de cada época y siem pre revelan una perspect iva del público y del m ercado lit erario. La cuest ión de cóm o conservan su vigencia m ás allá de los lím it es hist óricos del sect or social y del cam po int elect ual que las hizo posibles, habla del desarrollo desigual de los procesos cult urales respect o de la sociedad y la econom ía. Afirm ar el caráct er social de la convención no supone, siem pre y en t odos los casos, est ablecer un vínculo de hierro ent re su origen y su supervivencia, sino t razar, m ás bien, ciert as líneas de organización para una hist oria de las form as est ét icas, algunos de cuyos nudos cent rales deben t odavía dilucidarse. 18 Cultura La ant ropología ha elaborado una noción de cult ura que, en sent ido am plio, incluye la organización social, y las paut as que la rigen, la organización de la producción; sus inst rum ent os y las relaciones sociales que la hacen posible, las form as sim bólicas, ideológicas, art íst icas, la est ruct ura de la fam ilia, de los grupos y su gobierno, las norm as y valores que cohesionan, operando sobre y dent ro de ellos, a est os sist em as. Pat rim onio com ún que se recibe y se t rasm it e por aprendizaj e direct o o por com unicación sim bólica, la cult ura incluye sus propios m ecanism os de conservación, las condiciones de su reproducción en el t iem po y — en ocasiones— su expansión en el espacio o la subordinación de ot ras cult uras. Pero alberga t am bién la virt ualidad de su t ransform ación o de su cam bio radical. Ext eriorizada en obj et os m at eriales, en obj et os ideales y sim bólicos, la cult ura se present a com o un cam po com plej o t ant o desde el punt o de vist a de su organización com o desde el de las variaciones de su función social. La experiencia cult ural est á m uy relacionada con est as variaciones, a t al punt o que algunos cam bios cult urales pueden ser, en el lím it e, cam bios de la función que los bienes cult urales desem peñan en la sociedad. Nos ocuparem os acá del concept o de cult ura desde una perspect iva m ás rest ringida: los obj et os sim bólicos y sus leyes de const it ución, t ransm isión, consum o y la est ruct ura concept ual y m at erial del cam po en el que son producidos y circulan: la cult ura en su sent ido consagrado de art e, filosofía, usos y cost um bres est ét icos, form as de la experiencia art íst ica y m odos que asum e la educación hum aníst ica. Pero t am bién la cult ura com o espacio en el que conviven ( no siem pre en arm onía) las producciones elevadas y las populares, las obras de aut or y las anónim as, el pat rim onio de la hist oria y las innovaciones evocadas por los cam bios sociales. 1. ¿Cóm o se art icula el cam po de la cult ura? Ant onio Gram sci, int errogándose sobre est a cuest ión, adelant ó un conj unt o de reflexiones sobre la organización m at erial de ese espacio donde un proceso social hace posible la form ación de cult ura, la exist encia de int elect uales y grupos específicos, la reproducción de los bienes cult urales y, t am bién, su reem plazo por una organización alt ernat iva, propia —claro est á— de una nueva sociedad o de una 19 nueva clase. De allí la im port ancia que t iene, para Gram sci, la const it ución de ciert os individuos com o int elect uales, es decir com o t ípicos port adores y difusores de cult ura ( en su sent ido am plio, que puede llegar s incluir las ideas polít icas, y en su sent ido rest ringido de cult ura art íst ica, elevada o popular) . La escuela, la iglesia ( recuérdese que Gram sci reflexionaba en la I t alia de las décadas del veint e y el t reint a) , los part idos polít icos son los suj et os hist óricos de la preparación de int elect uales, responsables de la dinám ica cult ural: no hay " espont aneidad" en est e respect o. Su regulación es operada m at erial y espirit ualm ent e por inst it uciones ( véase) y la dirección efect iva que una clase ej erce sobre el t odo social depende en gran m edida del cont rol que est ablezca sobre est a red int rincada de difusión cult ural. La cuest ión de la hegem onía y, vinculada con ella, la del conflict o y su rem plazo por una nueva dirección sociocult ural, part icipan de est a perspect iva t eórica abiert a por Gram sci. Así las relaciones ent re cult ura dom inant e y subalt erna, ent re la cult ura de los int elect uales y la cult ura del pueblo —el folklore y la cult ura popular— son t em at izadas reit eradam ent e en sus Cuadernos. ¿Qué opone y qué vincula a la " cult ura universal" y a las cult uras regionales, arcaicas, populares, sect oriales, al folklore, a los saberes cam pesinos, a las com probaciones, las líneas casi asist em át icas del sent ido com ún y sus product os art íst icos? I nt errogación capit al donde Gram sci despliega una serie de hipót esis perspicaces com o líneas para invest igaciones fut uras. Las producciones cult urales de las clases subalt ernas se present an com o un conglom erado donde fragm ent os de concepciones del m undo, de saberes práct icos y de form aciones sim bólicas señalan las est rat ificaciones int ernas a la cult ura popular, sus cont am inaciones, las supervivencias y, en m uchos casos, su vit alidad, com o sist em a est ét ico- m oral alt ernat ivo. La reflexión sobre las form as de la cult ura popular abre direcciones ej em plares para una sociología de la lit erat ura. Gram sci cavila sobre una pregunt a suscit ada por el caso it aliano ( ¿por qué no se produce lit erat ura popular en I t alia? ¿por qué la lit erat ura que lee el pueblo es ext ranj era? En ot ras palabras: cuáles son las causas de la hegem onía cult ural ext ranj era sobre los gust os populares it alianos) . En la m archa de est a indagación, que ocupa un t ram o im port ant e de Lit erat ura y vida nacional, Gram sci pone al descubiert o m uchos de los m ecanism os de funcionam ient o de la novela popular y el follet ín: su público, que pract ica a m enudo las lect uras colect ivas de pat io o port ería, no ident ifica al aut or ( com o hoy el público m asivo de cine) sino que cent ra su at ención sobre el prot agonist a. Ello —observa Gram sci— explica ent re ot ras cosas el éxit o de las cont inuaciones y el int erés por la " vida" de los personaj es que, en la experiencia est ét ica popular, dej an de ser " lit erarios" para convert irse en " hist óricos" . El público popular busca en la cult ura los cont enidos —lee los cont enidos, que son dat os 20 cult urales— ant es que las form as est ét icas, o ést as sólo en segundo y subordinado lugar. De allí que una t ipología de la novela popular pueda est ablecerse en correlación con la t ipología de sus héroes: el " gran delincuent e" , que aparece com o represent ant e de la verdadera j ust icia ( t em a rom ánt ico degradado) , la rehabilit ación lit eraria del policía luego, cuando un público m ás elevado se vuelca a la lect ura de novelas de crím enes con enigm a. Un punt o clave es el de las causas de la popularidad de la lit erat ura " no art íst ica" , del éxit o det erm inado por los cont enidos, y de la nat uraleza de algunos desplazam ient os form ales. Un ej em plo: en I t alia, afirm a Gram sci, el lugar de la novela popular es ocupado por el m elodram a lírico. Pero t am bién ciert a " lit erat ura art íst ica" t iene éxit o de m asas, por razones polít icas y m orales, es decir por el nexo que est ablece con el m undo ideológico m oral de las capas populares. Y la línea de est os éxit os het erogéneos es part icularm ent e reveladora de la concepción del m undo de una época det erm inada. La est rat ificación de la cult ura se corresponde con est rat ificaciones del gust o que, a su vez, rem it en a condiciones sociales. Parece casi obvio subrayar que la preocupación de Gram sci no es m eram ent e sociológica: la pregunt a por los cont enidos del art e que gust a al pueblo versa, al m ism o t iem po, sobre su ideología, sobre la influencia de las m it ologías religiosas, sobre la subordinación de las clases subalt ernas a la organización cult ural de las hegem ónicas y sobre las posibles fisuras que señalen la exist encia de un " espírit u de escisión" , perfil indispensable para una nueva concepción de m asas. Los procesos de im posición cult ural deberán ( cont inúa Gram sci) ser analizados desde est a perspect iva, considerando siem pre t ant o la afirm ación de la hegem onía int elect ual com o los elem ent os reales o lat ent es de una cult ura subalt erna, popular en el doble sent ido del t érm ino. 2. Raym ond William s organiza en t orno del concept o de cult ura algunas de sus hipót esis m et odológicas m ás sagaces, ent re ellas la de est ruct ura de sent im ient o ( véase) y la de t radición ( véase) select iva. William s, com o Gram sci, privilegia el nexo ent re cult ura y experiencia social. En consecuencia, la hist oria de la cult ura es una em presa posible a condición de que se rest ablezcan las relaciones act ivas ent re m odos de vida, significados, valores, form as e inst it uciones cult urales. El concept o clave para est a operación es el de m odelo ( innecesario aclarar que no en un sent ido " est ruct uralist a" ) : m odelo ( pat t ern) de las relaciones ent re elem ent os en un m odo de vida, m odelo de las convenciones cult urales y art íst icas, m odelo de la colocación de los int elect uales y su funcionam ient o inst it ucional. El est udio de la cu lt u r a opera así con " inesperadas ident idades y correspondencias en act ividades consideradas hast a ent onces separadam ent e" ( 1971 a) . En est a dirección avanzaron los est udios de William s sobre la t radición cult ural e ideológica inglesa del siglo XVI I I al XX y sus análisis sobre m edios 21 m asivos, considerados cuant it at iva y cualit at ivam ent e. Pero es en los últ im os años ( 1977) que William s encara una sist em at ización de las art iculaciones cult urales. La consigna que gobierna sus análisis es la de no separar a la cult ura de la vida social, int errogándose al m ism o t iem po acerca de los rasgos que diferencian a las inst it uciones cult urales del rest o de las práct icas sociales. La respuest a no est á, sin em bargo, en colocar a la cult ura en la esfera de la subj et ividad: por el cont rario, la clave radica en " t ornar m at erial a la hist oria de la cult ura" , arrancándola — reclam a William s— del reino de las " m eras" ideas. En est e aspect o, y en el que se ver á enseguida, William s es un heredero de Gram sci. Al considerar a la cult ura com o cam po m at erial, la inst it uye t am bién en espacio de conflict o, " com o dom inio vivido y subordinado de det erm inadas clases" ( 1977) . En est e m om ent o aparece la necesidad del concept o de hegem onía. La cult ura no se im pone, ni im pone su hegem onía, sobre un m edio neut ro y pasivo: " Debe cont inuam ent e ser renovada, recreada, defendida, m odificada. Siem pre es resist ida, lim it ada, alt erada, desafiada por presiones que no le son propias. Al concept o de hegem onía debe agregarse el de cont rahegem onía y el de hegem onía alt ernat iva" . Arribam os acá a uno de los punt os m ás int eresant es del razonam ient o dé William s. En lugar de considerar a la cult ura únicam ent e com o proceso de producción y difusión de valores ( no im port a cuán m at erial y social se lo conciba) cent ra una perspect iva de su análisis sobre los m om ent os del cam bio y la t ransform ación. Lo hegem ónico, en el cam po de la cult ura com o en cualquier ot ro espacio social, no es la " sim ple t rasm isión de un dom inio invariable" . Por el cont rario, cualquier proceso de hegem onía debe est ar especialm ent e alert a a las alt ernat ivas opuest as que lo cuest ionan y am enazan" . ¿Cuál es el punt o de unión o diferencia ent re lo hegem ónico y lo cont rahegem ónico? ¿I nt egran una est ruct ura ya absolut am ent e det erm inada? En una palabra: las invest igaciones concret as deberán dirim ir si los elem ent os cont rahegem ónicos se originan siem pre precondicionados por la cult ura hegem ónica o si, por el cont rario, es posible que se abran brechas y se im pongan elem ent os radicalm ent e nuevos. William s reform ula así la pregunt a gram sciana acerca de cóm o se im pone una nueva hegem onía, si exist en rupt uras radicales y cuáles pueden ser las clases prot agonist as de esos procesos. Art iculadas con la noción de hegem onía aparecen las de residual, y em ergent e, com o form aciones cult urales significat ivas en sí m ism as y en lo que revelan sobre la hegem onía. William s discrim ina con especial cuidado " residual" y " arcaico" , dado que su función en la form ación cult ural es por com plet o diferent e. Los elem ent os residuales, aunque const it uidos en el pasado cult ural, son experim ent ados com o act ivos y present es. Supervivencias que, en ocasiones, t ienen un sent ido cont est at ario respect o de la cult ura hegem ónica, pueden, incluso, 22 llegar a conform arse en alt ernat iva. El folklore, com o cult ura de las clases subalt ernas, al que nos referim os en el com ienzo de est e art ículo, t iene la posibilidad de desem peñar el papel act ivo de elem ent o residual ( y no m eram ent e arcaico) en una sit uación cult ural dada. El caráct er oposit ivo que lo residual est á a veces en condiciones de asum ir, obliga a una est rat egia por part e de las inst it uciones cult urales hegem ónicas, " diluyéndolo —dice William s—, proyect ándolo, discrim inando la inclusión y la exclusión" . Lo residual y lo em ergent e ocupan lugares hom ólogos en la form ación cult ural dom inant e. En efect o, m uchas veces lo nuevo aparece com o desarrollo probable de t endencias hegem ónicas, pero t am bién puede surgir com o conj unt o de valores est ét icos, cult urales e ideológicos de signo opuest o, vinculados a nuevos grupos sociales y a la const it ución de una nueva hegem onía que, con esos elem ent os edificará una nueva "form ación cult ural" . Es preciso reconocer que la cult ura hegem ónica adm it e con dificult ad la exist encia de áreas reservadas, aj enas, alt ernat ivas. Por ello suele suceder que t odo lo em ergent e sea percibido com o oposicional y en t ant o t al, t enderse a su anulación o —com o suele suceder con las vanguardias est ét icas— su reincorporación, si es necesario al precio de reest ruct uraciones globales. Residual y em ergent e, en la versión de William s, sist em at izan las líneas de conflict o social, ideológico y est ét ico que at raviesa el cam po de la cult ura. Al dest ruir el m it o de una hom ogeneidad cult ural, quedan plant eadas a la sociología de la lit erat ura las t areas del análisis de las est rat ificaciones específicas. Richard Hoggart ha llevado a cabo un t rabaj o ej em plar en est a dirección. Su libro, de 1957, The Uses of Lit eracy ( t ít ulo part icularm ent e difícil de t raducir y que podría ser: " los usos de la capacidad de leer" ) , se present a com o un est udio de la cult ura obrera inglesa y, sobre t odo, de sus cam bios. Sociología de la cult ura que aplica al corpus elegido las t écnicas del análisis de los cont enidos lit erarios ( Hoggart es, por lo dem ás, crít ico de lit erat ura) . Th e Uses of Lit er acy es un t ext o desprej uiciado y original: com o afirm a sobre él Jean- Claude Passeron ( 1970) , part icipa de la invest igación sociológica y de la ant ropológica, realizando la hazaña de " m ant ener sist em át icam ent e unidos t odo un conj unt o de det erm inaciones y t oda una const elación de act it udes que sólo revelan p or com plet o sus relaciones en las configuraciones com plej as de acciones y reacciones, capt adas en sit uaciones realm ent e significat ivas para la vida social del grupo" . ¿Qué hace la clase obrera cuando no t rabaj a? Pregunt a cult ural por excelencia es la que Hoggart responde de m anera viva, direct a, im presionant em ent e experiencial, en su libro. Desde una perspect iva m uy cercana a la del grupo social, Hoggart —que, en ocasiones, y m uchas ciert am ent e, es su propio inform ant e— averigua los ej es fundam ent ales de la ident idad sociocult ural de un sect or obrero, principalm ent e del nort e de I nglat erra. Su indagación t iene 23 com o obj et ivo rast rear los rest os de la viej a cult ura obrera y sus t ransform aciones por la operación de los m edios m asivos, en especial la prensa, la lit erat ura de kiosco, los hobbies, la diversión, el fluj o concret o de la cost um bre diaria. En est e m arco realiza algunas descripciones de gran precisión en el det alle y, sobre t odo, en las form as, siem pre variables, del consum o cult ural. Su análisis de la prensa popular, que incluye la crít ica al populism o inm ovilizant e que ha m ordido con ciert a profundidad en la ideología de los sect ores est udiados, reflej ándose en una especie de desenvuelt o cinism o frent e a la polít ica y las ideas generales, se com plem ent a con una lect ura de la lit erat ura popular de la que est ablece el m odelo de las oposiciones ent re ella y la t radición lit eraria cult a, pero vinculada al m undo obrero, que t iene en D. H. Lawrence uno de sus paradigm as. Propuest a cult ural a la vez que análisis de la cult ura de m asas, The Uses of Lit eracy no sólo se lim it a a com probar la resist encia de los valores obreros frent e a los em bat es de los m edios y su lit erat ura: t an lej os de los " apocalípt icos" com o de los " int egrados" , j uez del arist ocrat ism o que no vacila en correr los riesgos de su ideología dem ocrát ica hast a los bordes del populism o, Hoggart reafirm a la validez de la creación cult ural com unit aria, el derecho a la cult ura —y a la gran lit erat ura— que asist e a los obreros y la pequeña gent e y, finalm ent e, proporciona un m odelo —difícil de repet ir a no dudarlo— de descripción de un est ado de cult ura y de sus t ransform aciones. Com o Gram sci, Hoggart opina que hay m ucho en la ideología de esas m asas fascinadas por la lit erat ura de kiosco que es aut ént icam ent e revulsivo respect o de los valores que esa m ism a lit erat ura les proporciona. Com o él, sost iene que la est rat ificación cult ural encuent ra su clave en las est rat ificaciones sociales y su punt o de resolución en una m ovilización radical. Con William s, Hoggart afirm a la validez de una t radición cult ural —de cult ura elevada, por así decirlo— que puede y debe proponerse a sect ores m ás am plios que los del público cult o o los circuit os académ icos. Con William s, t am bién, propone la reconst rucción de la experiencia cult ural realm ent e vivida, la única que puede explicar los m odelos cult uralm ent e act ivos en una sociedad y en un m om ent o hist órico. 24 Edición La edición es uno de los m om ent os m ás evident em ent e sociales de la producción ( véase) lit eraria. Tal com o hoy se la concibe, es result ado de los t res últ im os siglos, aunque, est rict am ent e hablando, libros se edit aron ( en el sent ido en que se hizo pública m ás de una copia por int erm edio de alguien que no era su aut or) desde la ant igüedad. El bibliopola de la lat inidad rom ana que com praba el derecho a reproducir el m anuscrit o de un aut or, pero que no adquiría con est a com pra el derecho sobre t oda difusión fut ura de la obra, com o lo adquiere en cam bio el edit or m oderno, los copist as m onacales o de las bibliot ecas cort esanas de la alt a Edad Media fueron ( dent ro de los lím it es t écnicos que im ponía a la edición la carencia de un sist em a m ecánico de reproducción) los prim eros edit ores. Pero el sent ido m oderno del t érm ino se const ruye a part ir de dos circunst ancias, una t écnica y la ot ra socioeconóm ica. La invención de la im prent a y de la com posición por t ipos m óviles crea las condiciones t écnico- m at eriales que hacen posible la edición de m iles de ej em plares idént icos, y relat ivam ent e poco cost osos, de una sola obra. La declinación de las relaciones de pat ronazgo ( véase m ecenas) y la am pliación del público ( véase) hast a abarcar a buena part e de los sect ores burgueses y pequeño burgueses let rados, j unt o con el proceso de concent ración urbana, de alfabet ización y de surgim ient o de form as de ocio no arist ocrát icas, son condiciones sociales de la edición m oderna. En est e sent ido, com o corrobora Levin Schücking ( 1950) , el edit or es un hij o del siglo XVI I I y podría agregarse con Raym ond William s que m ucho de su poder cult ural y económ ico lo recibe de la novela burguesa. La novela se había t ransform ado en m ercancía y su circulación en el m ercado de libros había m odificado efect ivam ent e m uchas convenciones lit erarias. Con razón Adam Sm it h escribía en La riqueza de las naciones que el conocim ient o podía " adquirirse del m ism o m odo que los zapat os o los calcet ines, de aquellos cuyo negocio es producir y preparar para el m ercado ese t ipo part icular de bienes" . En una palabra: los edit ores. Jakob Tonson y Dodsley en el siglo XVI I I inglés, Cot t a en el XI X alem án, definieron la figura del edit or m oderno. Sus sellos se erigían com o inst ancia de consagración, com o señal de prest igio, com o seguridad de una selección crít ica que 25 había precedido a la edición, y el conj unt o de sus libros cont ribuyeron a la form ación del gust o del público m ás am plio que hast a ent onces se hubiera conocido: la edición m oderna expulsó al libro fuera de los círculos arist ocrát icos y diseñó un curso de circulación que t endía a abarcar los lím it es del público alfabet izado, aunque no los alcanzara por com plet o. Los libros no eran, en el siglo XVI I I , barat os y la am pliación del consum o lit erario recurrió a una serie de expedient es que t am bién definieron m odalidades de edición. La bibliot eca circulant e o los fondos de prést am o deben m encionarse en prim er lugar. Est a inst it ución fue, durant e buena apart e del siglo XI X, una de las form as principales de difusión de la novela y creó condiciones m at eriales para un t ipo de producción narrat iva: la novela en t res t om os que los edit ores requerían de sus aut ores, puest o que era a su vez la favorit a de las bibliot ecas de prést am o. En segundo lugar, ot ra form a de edición caract eríst ica del siglo XI X: la publicación de lit erat ura com o follet ín de diarios y periódicos. La Presse y Le Siècie de París inauguraron la m odalidad con éxit o resonant e, la correlat iva am pliación del público lect or, la inst alación de la com pet encia m ás abiert a en el m ercado lit erario y el surgim ient o de los " t alleres" de escrit ura de novelas. Ent re 1837 y 1847, Balzac proporciona al follet ín una novela por año, que La Presse edit a j unt o con las de Eugenio Sue a quien Le Const it ut ionnel ofrece cien m il francos por El j udío errant e, cifra sólo superada por los doscient os m il que ingresan en las arcas de la indust ria novelíst ica de Dum as, donde se em plean m as de 70 colaboradores dest inados al anonim at o. Est a m odalidad de edición ( que se generalizó al m undo ent ero con una rapidez sólo com parable con su éxit o: recuérdese que el Facundo fue publicado en follet ín por El Mercurio chileno) com o novela por ent regas exist ía t am bién en I nglat erra: para ella Dickens com puso m uchas de sus obras. Paralelam ent e la indust ria del libro sigue desarrollándose: Hauser proporciona una cifra que es indicador significat ivo de la im port ancia alcanzada por la indust ria edit orial en el prim er t ercio del siglo XI X: el fam oso edit or Touquet vendió, ent re 1817 y 1824, 31.000 colecciones de las Obras de Volt aire, lo que m ult iplicado por el núm ero de volúm enes que int egraban la edición eleva la cifra a un m illón seiscient os m il ej em plares. Verdadera revolución del libro com o la denom inaría Escarpit , creó un personaj e poderoso económ icam ent e y decisivo en la im plant ación de la m oda lit eraria. Los lam ent os sobre su influencia com ienzan casi en cuant o se diseña con nit idez la figura del edit or m oderno. Así, en 1758, un am igo y colaborador de Fielding, Jam es Ralph, escribía en una " defensa del aut or" : " El librero ( se refiere al librero- edit or) debe prosperar por m edio de la indust ria de hacer libros; las reglas del com ercio lo obligan a com prar lo m ás barat o posible y vender t an caro com o pueda ( …) . Conociendo com o nadie qué t ipo de bienes conform an al Mercado, 26 hace sus encargos de acuerdo con ello; y su poder es igualm ent e absolut o cuando prescribe el m om ent o de la publicación com o cuando proporciona la paga. Con t odo est o t iene bast ant e que ver el paroxism o de la prensa: el sagaz librero( - edit or) t om a el pulso de la época y de acuerdo con su rit m o decide no curar sino halagar la enferm edad: m ient ras el pacient e siga t ragando, le sigue adm inist rando alim ent o; y al prim er sínt om a de náusea, cam bia la dosis. De allí la desaparición de los carm inat ivos polít icos y la int roducción de las cant áridas, baj o la form a de Cuent os, Novelas, et c." Est a versión profét ica de la indust ria cult ural ( véase m ercado) nos rem it e a ot ro de los fenóm enos caract eríst icos de la edición m oderna y especialm ent e cont em poránea: el best seller. Los est udios de Robert Escarpit sobre el éxit o lit erario son sugerent es a est e respect o. La cuest ión de la propiedad int elect ual, de los derechos de aut or, de la cesión del usufruct o de una obra, de los t ipos de cont rat o de edición, del dest ino del libro en el m ercado y de qué m odo est e dest ino afect a t oda la producción fut ura de un escrit or, de una colección, de una edit orial, et c., han sido abordados en su ya clásica Sociología de la lit erat ura. El éxit o incide sobre la profesionalización del escrit or, sobre las posibilidades que ést e t iene de vivir de su producción lit eraria y sobre las oport unidades de nuevas ediciones. Ya en 1767, Diderot en su Let t re hist orique et polit ique adressée a un m agist rat sur le com m erce de la librairie decía: " Una equivocación que veo com et er sin cesar a quienes se dej an guiar por m áxim as generales, es la de aplicar los principios de una m anufact ura de t ej idos a la edición de un libro. Razonan com o si el librero no pudiera fabricar sino en proporción a su débit o y no t uviera ot ros riesgos que correr que la excent ricidad del gust o y los caprichos de la m oda; olvidan o ignoran lo que sucede, que es posible edit ar una obra a precio razonable sin hacer una t irada de un ciert o núm ero. Lo que quede de un t ej ido pasado de m oda en los depósit os t iene aún algún valor. Lo que queda de una m ala obra en los depósit os de una librería ( léase edit orial) no t iene ninguno. Añadam os que, a fin de cuent as, de cada diez ediciones hay una, y es m ucho, que t iene éxit o, cuat ro que cubren los gast os y cinco en que se pierde dinero" . Escarpit señala que la proporción se m ant iene hoy idént ica. Y ello plant ea al escrit or, a la indust ria cult ural y del libro y al edit or dos problem as: el de la selección de los libros " edit ables" com ercialm ent e ( y por ende el de la m ediación de la asesoría lit eraria, una especie de t ribunal crít ico ant erior a la edición y la dist ribución públicas) y el del m anej o de los m ecanism os de lo que Escarpit denom ina " éxit o de choque" , que asegura una vent a m ás o m enos const ant e. Los best sellers son precisam ent e aquellas obras que suscit an una serie encadenada de éxit os de choque. El éxit o com ercial es el punt o de bóveda del sist em a así concebido y parece innecesario aclarar que poco o nada t iene que ver con la supervivencia lit eraria: el const it uirse en best seller no asegura la 27 supervivencia aunque, a la inversa, algunos clásicos configuran lo que, en la j erga edit orial, se llam a libros de fondo, cuya vent a y edición son m ás o m enos const ant es. Escarpit ha est udiado la producción edit orial en t odo el m undo, ext rayendo de una invest igación cuant it at iva algunas conclusiones int eresant es para una sociología lit eraria. En la década del sesent a, un análisis de la producción m undial regist ra que algo m ás del veint e por cient o de los libros edit ados pert enecen a la lit erat ura. Est a incidencia, sin em bargo, debe ser evaluada: en función de lo que efect ivam ent e se considera lit erat ura " cult a" y de lo que puede denom inarse product os de la indust ria cult ural. Por ej em plo, un t ercio de la lit erat ura publicada en Port ugal consist e en novelas sent im ent ales o policíacas de alrededor de 120 páginas pequeñas y, de ese m odo, Corín Tellado y Est efanía figuran j unt o a Hem ingway, Gorki y Andersen ent re los aut ores m ás edit ados. Ot ra variable analizada por Escarpit es la de la dist ribución m undial de ediciones lit erarias: en cifras, la m it ad de los lect ores que exist en en el m undo t ienen a su disposición las cuat ro quint as part es de los libros publicados, figurando a la cabeza I nglat erra, URSS, Est ados Unidos, Francia y China. Ent re 1950 y 1966, la indust ria edit orial m undial duplicó su producción en núm ero de t ít ulos y t riplicó la t irada de ej em plares ( en 1966 la t irada m undial alcanzaba los 7.500 m illones) . No es aj eno a est e crecim ient o la aparición de una form a nueva de edición: el pocket - book o libro de bolsillo, edición popular de t apa blanda, que en países com o I nglat erra ( edit orial Penguin) , Francia ( Livre de Poche) y Est ados Unidos inauguraron no sólo una nueva form a física sino nuevos circuit os de com ercialización y una difusión m asiva de aut ores clásicos, m odernos y cont em poráneos. 28 Estructura de sentimiento Est a noción, producida por Raym ond William s, const it uye una de las hipót esis caract eríst icas de sus análisis sociocult urales. Capt ar la cult ura vivida, recort ada sobre las inst it uciones, form aciones y experiencias que se organizan en la fij eza de un m odelo o en las líneas de la t radición ( véase) es el obj et ivo de las operaciones que perm it en descubrir la est ruct ura de sent im ient o. Toda form ación cult ural, afirm a William s, se define en una dist int iva com unidad de experiencias. Desde un punt o de vist a, est ruct ura de sent im ient o es la cult ura de un período det erm inado, pero es m ás que eso: es la form a en que esa cult ura fue vivida por sus product ores y su público, la experiencia concret a que com prende " act ividades part iculares int egradas en form as de pensam ient o y de vida" . En efect o, el invent ario de las figuras de la conciencia social en el cam po de la cult ura no alcanza a agot ar las flexiones de sent ido que afect an a la subj et ividad de individuos, grupos o clases, frent e a las producciones art íst icas, lit erarias y filosóficas: precisam ent e, son form as de la conciencia social cuando, vividas en sus relaciones reales, se percibe su unidad y su caráct er, algo m ás que los nexos sist em át icos ent re elem ent os fij os de conduct a o de significación. Tal es la conciencia práct ica que, operando en el int erior del cam po cult ural, define líneas de t ensión ent re los bienes producidos, las int erpret aciones recibidas y t rasm it idas por la t radición y la experiencia concret a. La est ruct ura de sent im ient o apunt aría a resalt ar la calidad de la experiencia social en el cam po de la cult ura, calidad que no se agot a en el regist ro de las form as pasadas ni sólo se reflej a, por ciert o, en la t radición select iva sino que, William s lo recalca, debe ser reconst ruida dificult osam ent e a part ir de la docum ent ación de las experiencias cult urales reales, de los desplazam ient os que un m ism o t ext o, una obra lit eraria, una represent ación t eat ral, un sist em a est ét ico o filosófico, soport an en su funcionam ient o social concret o, en su m anipulación y en el pasaj e por la subj et ividad individual y grupal. Las creencias, las t eorías, los sist em as educat ivos, las paut as est ét icas, las inst it uciones cult urales operan en t ant o conciencia social cuando son percibidas dinám icam ent e, en sus relaciones reales. 29 La especificidad de est os elem ent os, su part icular t ipo de socialidad, const it uye el m at erial organizado por la est ruct ura de sent im ient o. William s subraya la noción de " sent im ient o" ( feeling) , diferencial respect o de concept os com o visión del m undo ( véase) e ideología ( véase) , ya que es algo m ás que la organización sist em át ica de ideas, creencias y act it udes, pues las incluye en la t ram a peculiar de lo vivido: " Nos referim os a los elem ent os t ípicos del im pulso, la prohibición y el t ono; elem ent os específicam ent e afect ivos de la conciencia y de las relaciones: no se t rat a de oponer el sent im ient o al pensam ient o, sino considerar al pensam ient o en t ant o sent ido y al sent im ient o en t ant o pensado: la conciencia práct ica viva y en su cont inuidad int errelacionada" ( 1977) . Así concebida, la noción es crít ica respect o del aut om at ism o im plícit o en el m odelo est ruct ural de la ideología com o m ecanism o ext erior que opera pese a la conciencia int ersubj et iva y det rás de ella. Ent re las est ruct uras cult urales definidas y art iculadas abst ract am ent e y el m odo en que son vividas exist e una dist ancia que t iende a ser colm ada con est a m ediación ( véase) . Claro est á que no t oda la lit erat ura regist rada o producida en un det erm inado período int egra del m ism o m odo la est ruct ura de sent im ient o. Por lo dem ás, en est e respect o, debe invest igarse la relación com plicada ent re diferent es est ruct uras de sent im ient o y clases sociales, su coexist encia y su conflict o, la correspondencia ent re cult ura ( véase) em ergent e y est ruct ura de sent im ient o, et c. La t ensión, la cont radicción y la lucha que desencadena la rupt ura o la im posición de una nueva est ruct ura de sent im ient o result a en la const it ución de nuevas figuras sem ánt icas. De ese m odo, la est ruct ura de sent im ient o que, en principio, opera com o organizador y t am iz de las experiencias cult urales, se conviert e —por la dialéct ica de su inserción hist órica— en cent ro product or de nuevos com plej os significat ivos y de sus form as sociales de difusión, consum o y evaluación. 30 Estructura significativa I nspirándose fundam ent alm ent e en ciert as t esis de Lukács, Lucien Goldm ann ha elaborado un m ét odo general para el est udio de los hechos del m undo hum ano —el est ruct uralism o genét ico— que t iene com o una de sus cat egorías analít icas cent rales la de est ruct ura significat iva. El est ruct uralism o genét ico asum e com o presupuest o t eórico que los act os, individuales o colect ivos, del hom bre t ienden, por una cualidad que les es int rínseca y específica, hacia la t ot alidad, es decir const it uyen respuest as globales y m ás o m enos coherent es a sit uaciones o problem as dados. De m odo que —y según la perspect iva del Lukács de Hist oria y conciencia de clase— sólo colocándose en el punt o de vist a de la t ot alidad se posee el principio de int eligibilidad de los hechos del cam po hist órico social. Est a es la " filiación t eórica del t érm ino est ruct ura en Goldm ann y la que le ot orga su principal cont enido. Un act o hum ano, cualquiera sea su nat uraleza, posee propiedades " est ruct urales" en t ant o t iende a organizar los diferent es elem ent os que pone en j uego, en una unidad m ás o m enos coherent e de significado. Pero est e at ribut o, el de significar, es t am bién una cualidad específica de los hechos del m undo hum ano. Est os son significat ivos porque int encionan o paut an siem pre hacia un fin y t al dim ensión finalist a, que const it uye el sent ido, requiere de un inst rum ent o concept ual adecuado para su capt ación. Conj ugando, ent onces, la dist inción ent re " ciencias de la nat uraleza" y " ciencias de la cult ura" — est ablecida j ust am ent e a part ir del caráct er significat ivo de los hechos hum anos— con la inst ancia lukacsiana de la t ot alidad, Goldm ann define la pert inencia de la cat egoría de est ruct ura significat iva para el cam po de las ciencias hum anas. Ahora bien, la significación que poseen los hechos hum anos no debe ser asim ilada a las int enciones concient es o deliberadas de sus agent es. Se t rat a de una significación inscript a obj et ivam ent e en la est ruct ura de los hechos. Est os t ienen, por ot ra part e, cualquiera sea su grado de coherencia, una com plej idad cuya com prensión exige ir m ás allá de la psicología individual de los act ores, hacia esas est ruct uras m ás vast as e inclusivas que const it uyen las visiones del m undo ( véase) . Las visiones del m undo son est ruct uras m ent ales que im plican una act it ud global ant e el m undo social y la nat uraleza y expresan siem pre las posiciones de 31 una clase social frent e a los problem as fundam ent ales de una época hist órica. Lucien Goldm ann considera a las clases sociales com o la clave sociológica de las visiones del m undo y a las clases, definidas en t érm inos m arxist as, com o la clave del proceso social. Sobre la base de est os principios t eóricos, la cat egoría de est ruct ura significat iva halla un cam po privilegiado de análisis en el est udio de las producciones filosóficas, lit erarias y art íst icas. En efect o, norm alm ent e la coherencia y la unidad im plicadas en las visiones del m undo sólo exist en com o t endencia, y sólo en coyunt uras hist óricas part iculares o a t ravés de la act ividad creadora de ciert os individuos t om an form a t odas esas virt ualidades. Los escrit ores represent at ivos son para Goldm ann aquellos que logran dar form a m ás o m enos plena a una visión del m undo y sus obras configuran la línea m aest ra de la hist oria de la lit erat ura. De m odo que si la inclusión de una obra en esas est ruct uras significat ivas m ás vast as que son las visiones del m undo const it uye un paso necesario para el conocim ient o efect ivo del t ext o, ést e, a su vez, por su alt o grado de elaboración y coherencia, represent a una vía de acceso fundam ent al para el conocim ient o de las visiones del m undo. El est udio sociológico de las obras lit erarias según las reglas del est ruct uralism o genét ico com port a, pues, un cam bio m et ódico cuyo punt o de part ida se halla en la com prensión inm anent e del t ext o considerado com o est ruct ura significat iva. A part ir de allí se inicia un m ovim ient o que, enlazando progresivam ent e det erm inadas est ruct uras o t ot alidades relat ivas en ot ras m ás inclusivas, resuelve el dilem a ent re com prensión y explicación: " est e m ét odo present a ( …) la doble vent aj a de concebir desde el principio de m anera unit aria el conj unt o de los hechos hum anos y, adem ás, ser a la vez com prensivo y explicat ivo, ya que la puest a en claro de una est ruct ura significat iva const it uye un proceso de com prensión, m ient ras que su inserción en una est ruct ura m ás vast a es, respect o de ella, un proceso de explicación. Por ej em plo, poner en claro la est ruct ura t rágica de los Pensam ient os de Pascal y del t eat ro de Racine es un proceso de com prensión; insert arlos en el j ansenism o ext rem ist a, despej ando la est ruct ura de ést e, es un procedim ient o de com prensión con relación al últ im o, pero de explicación respect o de los escrit os de Pascal y de Racine; insert ar el j ansenism o ext rem ist a en la hist oria global del j ansenism o, es explicar al prim ero y com prender al segundo" ( 1964) . Ahora bien, la relación de una obra lit eraria con la visión del m undo correspondient e no se da en t érm inos de reflej o, sino en t érm inos de hom ología y ést a no puede ser capt ada en el nivel de los cont enidos sino en el de las est ruct uras. En virt ud de est a hipót esis, a la vez t eórica y m et odológica, Goldm ann crit ica t odas las aproxim aciones sociológicas a la lit erat ura que cent ran su at ención sobre los cont enidos de la obra lit eraria y part en del presupuest o de que ést a 32 configura un reflej o de inst ancias sociales ( ideologías, clases, et c.) . Un enfoque sem ej ant e sólo puede result ar eficaz cuando se t rat a de est udiar obras m enores, que m ant ienen con respect o de la vida social relaciones poco com plej as, pero no cuando hay que abordar las llam adas obras m aest ras o represent at ivas. Se podría decir que para Goldm ann cuant o m ayor sea la com plej idad de las m ediaciones ( véase) que art iculen una obra lit eraria con la t ot alidad social, m ayores serán sus cualidades art íst icas. Las grandes obras son, ent onces, universos im aginarios cuya est ruct ura es hom óloga a las est ruct uras m ent ales que son las visiones del m undo elaboradas en el seno de las clases sociales. En la form ulación de est a hipót esis, Goldm ann le confiere al t érm ino est ruct ura una acepción que equivale a algo m ás que la reafirm ación del punt o de vist a de la t ot alidad ( véase m ás arriba) o el sent ido genérico de conj unt o cuyas part es son int erdependient es y cuyas propiedades, en t ant o conj unt o, son irreduct ibles a la de sus part es aisladas. Est ruct ura, en est e caso, t iene el m ism o sent ido que el t érm ino form a en los escrit os j uveniles de Lukács sobre sociología de la lit erat ura. Lukács, en los escrit os de ese período pre- m arxist a de su obra, considera que las visiones del m undo no son sólo expresión de det erm inada act it ud ant e la vida, sino t am bién form a y exist en siem pre com o form a. Tales form as son com o el a priori de t oda creación art íst ica y la configuración form al de las obras const it uye la dim ensión verdaderam ent e social de la lit erat ura. En Goldm ann, el t érm ino est ruct ura reasum e est e sent ido part icular de form a, y designa así el m odo de configuración de la conciencia de clase o visión del m undo. De ahí que sea en el nivel de las est ruct uras donde haya que invest igar las relaciones ent re la obra y la concepción del m undo y que est as relaciones t engan el caráct er de una hom ología, ya que lo que la obra reproduce no es una experiencia dada, sino un m odo de enfrent ar la realidad que t iene su equivalent e est ruct ural en det erm inada visión del m undo. Pero para Goldm ann, la cat egoría de est ruct ura significat iva no funciona sólo com o inst rum ent o t eórico en la int erpret ación de los t ext os. Vale t am bién com o norm a del j uicio sobre las obras. Si est as aparecen com o universos coherent es, serán grandes obras, m ayor será su capacidad de significación así com o su perdurabilidad en virt ud de que apunt an hacia la t ot alidad, un principio que en Goldm ann no es únicam ent e epist em ológico sino t am bién ét ico y est ét ico. 33 Evaluación social La noción se inscribe en la reflexión m et odológica de P. N. Medvedev y M. Bacht in, invest igadores rusos que, en 1928, encararon, con su propuest a para una poét ica sociológica, la superación del form alism o que en Moscú y Pet rogrado influyó sobre el clim a int elect ual de las dos prim eras décadas de est e siglo. Y es precisam ent e en el cont ext o de est e proyect o que pueden definirse los alcances de la evaluación social. En efect o, el problem a del nexo de la lit erat ura con lo social es una cuest ión clave para la resolución de las t areas t eóricas de una poét ica sociológica. De cóm o se defina y evalúe est a relación dependerá, en últ im a inst ancia, el conj unt o de las hipót esis sobre el caráct er y la est ruct ura del hecho lit erario. Medvedev y Bacht in suponen que t odas las form as de la conciencia social y de la subj et ividad, así com o sus product os art íst icos, lit erarios y, en general, cult urales, est án orient ados en y por el m edio ideológico que los det erm ina ( y al que, a su vez, det erm inarán alt erándolo por su presencia) . La ét ica, las t eorías cient íficas, las ideas polít icas y religiosas son refract adas y reflej adas en producciones cult urales, las cuyo cont enido, ent onces, no sería im agen de las realidades económ icas y sociales sino a t ravés de su elaboración en ideologías part iculares. El sist em a ( véase) lit erario com o globalidad soport a, reflej ándola, la act ividad que sobre él realiza el m edio ideológico: su vínculo fundam ent al con la sociedad en su conj unt o. Y, al m ism o t iem po, t rabaj a los m at eriales que las ideologías sociales le proporcionan, t ransform ándolos est ét icam ent e. La relación de la const rucción poét ico- lit eraria con las ciencias, la ret órica, la vida práct ica — afirm an Bacht in y Medvedev ( 1978) —, proporciona la clave de su significación y de su est ruct ura. Desde est e punt o de vist a, un problem a im port ant e para las invest igaciones de los form alist as rusos, el de la relación de la serie ( véase) fónica con la sem ánt ica, recibe un principio de solución en la propuest a de Medvedev y Bacht in. La " int errelación const ruct iva" de la form a fónica y el significado es percept ible sólo cuando se considera a la obra com o t ot alidad. Por ot ra part e, " el problem a del sonido significat ivo y de su organización se conect a con el del público social, con el problem a de la m ut ua organización del hablant e y del oyent e, y la 34 dist ancia j erárquica que se ext iende ent re ellos ( …) . El público social es const it ut ivo del sonido significat ivo y de su organización" . Así el sent ido de la obra lit eraria sólo podría ser capt ado cuando se ha reconocido su orient ación en el espacio ideológico: los valores est ét ico- sem ánt icos son de nat uraleza hist órica y se definen en la t ensión ent re su m at erialidad individual ( el enunciado en t ant o t al, el t ext o com o enunciado) y la generalidad social del sent ido. Est a t ensión se resuelve, precisam ent e, por int erm edio de la evaluación social que est ablecen las m ediaciones ent re el lenguaj e com o sist em a abst ract o y general y el lenguaj e com o realidad concret a. Así la evaluación social organiza la com unicación de sent ido y las form as de esa com unicación: " La disposición del m at erial, sus digresiones, ret ornos, repet iciones, et c., —dicen Bacht in y Medvedev— est án im pregnados por la lógica de la evaluación social" . La orient ación de la evaluación es, por lo t ant o, decisiva no sólo en la producción sino en la lect ura del t ext o lit erario. Dará cuent a del lugar especial que la lit erat ura ocupa en el m edio ideológico, las m odalidades de su refracción de la realidad social t ransindividuales) y de de la la base económ ica const it ución del y los sent ido y m ecanism os de ( t am bién las form as ( t em as, argum ent os, figuras, recursos, procedim ient os) de la obra lit eraria. Véase t am bién m ediación. 35 Función El concept o de función soport a desplazam ient os significat ivos ya se lo considere en el arsenal t eórico de los form alist as rusos ( especialm ent e en Tiniánov) o en el de la sem iót ica art íst ica del crít ico checoslovaco Jan Mukarovsky. Sin em bargo, para am bos const it uye una noción fundam ent al, que com part e con t oda probabilidad un com ún origen en la lingüíst ica que afect ó a la t eoría poét ica del form alism o ruso y a la reflexión est ét ica de Mukarovsky, uno de los m iem bros conspicuos del Círculo Lingüíst ico de Praga. Más aún, no es inverosím il que la m ediación de Jakobson, m ilit ant e prim ero del form alism o ruso y luego act ivo int erlocut or praguense, haya sido decisiva en la fam iliaridad que se puede regist rar en am bos usos del t érm ino función. Com enzarem os con la exposición del concept o en Tiniánov, ya que ést e se adelant a en diez años, con su fam oso art ículo " Sobre la evolución lit eraria" de 1927 ( 1970) , al ensayo " Función, norm a y valor est ét ico" de Mukarovsky ( 1977) , publicado en 1936, base de su consideración social de la com unicación art íst ica. Para Tiniánov, la noción de función se apoya en la de sist em a ( véase) : " Llam o función const ruct iva de un elem ent o de la obra lit eraria ( en t ant o que sist em a) a su posibilidad de ent rar en correlación con los ot ros elem ent os del m ism o sist em a." El Curso de lingüíst ica general de Ferdinand de Saussure había sido obj et o de exposición y discusión en Leningrado en 1923 y Grigori Vinokur publicaba, en ese m ism o año, en la revist a Lef, algunas consideraciones sobre la oposición saussuriana Lengua- Habla. Por lo dem ás, las invest igaciones funcionalist as de la escuela de Baudouin de Court enay, ent re las que se dest acan las de Jakubinski, sobre las funciones lingüíst icas de diferent es t ipos de discursos, son part e del clim a int elect ual en el que Tiniánov aborda la definición de función, dent ro de su concepción del sist em a lit erario. Por su part e Rom an Jakobson, en sus ensayos sobre la poesía rusa cont em poránea publicados en Praga en 1921, subraya la necesidad de un est udio fonológico t ant o de la lengua com o del discurso lit erarios, definiendo algunos de sus principios básicos al considerar los fonem as en su art iculación sist em át ica, según una perspect iva que ret om ará Trubet skoi y los lingüist as de Praga. 36 I lum inados por est a t eoría de origen lingüíst ico, los est udios de Tiniánov no afirm an solam ent e la int errelación funcional en el int erior de un m ism o sist em a ( el de la lengua, el poét ico, el narrat ivo, el del discurso lit erario) , sino que post ulan t am bién la exist encia de una " función aut ónom a" : correlación de un elem ent o de una serie con elem ent os pert enecient es a ot ras series ( véase) . Y es desde est e punt o de vist a que el concept o de función podría int eresar a una consideración sociológica de la lit erat ura. Así la función que un det erm inado rasgo o elem ent o desem peña en un m om ent o de la " evolución lit eraria" sería una variable que, en ot ro m om ent o y en el int erior de un sist em a reform ado, cam biaría según el sist em a donde se incluya y los ot ros sist em as ( sociedad, hist oria, lit erat ura) . De est a m anera, Tiniánov define la evolución com o una t ransform ación de funciones dent ro del sist em a. Pongam os un ej em plo: la función que desem peña el personaj e com o elem ent o cent ral de la const rucción novelíst ica durant e el siglo XI X est á en correlación, por un lado, con una psicología, por el ot ro, con las ideas acerca del lugar del individuo en la sociedad, de la libert ad, responsabilidad y volunt ad del suj et o. Los com ienzos del siglo XX adviert en a los escrit ores sobre un cam bio radical: el espacio que en la ideología liberal era ocupado por el individuo com ienza a ser invadido o dest ruido; la t eoría m ism a del liberalism o económ ico, clásica en el pensam ient o burgués, ent ra en quiebra, j aqueada en la práct ica por el proceso de m onopolización y concent ración; al m ism o t iem po, se produce, con el psicoanálisis, un giro copernicano en la concepción de la psique. Todos est os rasgos de las " series" ext ralit erarias codet erm inan un desplazam ient o de la función del personaj e en la novela: designado con una inicial en Kafka, fragm ent ado en su ant erior cont inuidad narrat iva y psicológica por Joyce y Woolf, su función se ha desplazado dent ro de la serie lit eraria. Para Tiniánov, el est udio de la evolución de los géneros ( véase) es im pract icable fuera del m arco t eórico que proporcionan las nociones de sist em a y función. En est e proceso, afirm a, se " puede aplicar la función de los versos a la prosa durant e siglos y t ransferirle un ciert o núm ero de rasgos, o bien no respet arla, dism inuir su im port ancia" . Así la función propiam ent e lit eraria o est ét ica podría ser desem peñada, según sea el sist em a y su correlación con las ot ras series, t ant o por el elem ent o " verso" com o por el elem ent o " prosa" . Por est e ángulo nos acercam os al concept o de función de Mukarovsky. Preocupado por una sociología de la lit erat ura y el art e en t ant os fenóm enos sem iót icos, el t eórico checo se int erroga sobre la función est ét ica cuyo caráct er y det erm inaciones le parecen variables hist órico- sociales. Est ableciendo una " relación dinám ica perm anent e" ent re la esfera est ét ica y la ext raest ét ica, Mukarovsky señala que el lím it e que separa a los obj et os est ét icos de los que no lo son cam bia hist óricam ent e y est a variabilidad es im port ant e para la selección del cam po 37 m at erial del que se ocupará la crít ica y la hist oria del art e; ést as considerarán siem pre que en el art e " la función est át ica es la función dom inant e" . Con ella com pit en la función práct ica y la com unicat iva en una est ruct ura dinám ica cuyos lím it es y est abilización est án regidos por la com unidad sociocult ural. El hecho de que la función est ét ica se expanda o se cont raiga, englobando m ás o m enos obj et os art íst icos, t endría que ver con la sit uación de un conj unt o social det erm inado. Mukarovsky t rabaj a con algunos int eresant es ej em plos: la vest im ent a que cum ple una función est ét ica m ás o m enos acent uada según el m om ent o hist órico, según la diferenciación sexual, según se t rat e de sociedades urbanas o rurales; la subsunción de la función est ét ica en la función religiosa, com o sucedió en áreas de la lit erat ura y el t eat ro religiosos m edievales. Finalm ent e, la det erm inación social de la función est ét ica: es posible regist rar diferencias en la función est át ica según grupos y clases sociales, cuya " conciencia colect iva est ablece las relaciones ent re las cosas, convirt iéndolas en port adoras de la función est ét ica" . Así, t ext os y canciones de origen folklórico que cum plen una función religiosa o rit ual en su com unidad de origen, pueden — m ediant e una operación de recolocación en el sist em a lit erario— adquirir la función est ét ica y ser leídos com o t ext os poét icos propiam ent e dichos. Es posible im aginar t am bién la sit uación inversa: la act ual canción popular de difusión m asiva llega a desem peñar una función est ét ica para la m ayoría de sus grupos consum idores, m ient ras que aparece despoj ada de t oda función est ét ica para los sect ores elevados de la llam ada cult ura cult a ( véase niveles) . Por est e cam ino la función est ét ica t iende a convert irse t am bién en un fact or de diferenciación social y ligarse a los j uicios sobre " buen" y " m al" gust o. 38 Género Para la crít ica y la t eoría lit erarias cont em poráneas es un hecho adm it ido y casi un dat o del sent ido com ún que los géneros son una convención ( véase) . Variables y m últ iples, los géneros son considerados ant e t odo com o un m odo de clasificar o agrupar las obras lit erarias en virt ud de ciert as caract eríst icas de su organización form al. Ello cuando no se t rat a de un regist ro at enido a los índices m ás em píricos de un t ext o: novela de avent uras, novela policial, poesía de vanguardia, et c. Por ot ra part e, la producción lit eraria desde el rom ant icism o en adelant e, y sobre t odo en nuest ro siglo, con su incesant e prom oción de form as genéricas fugaces y cam biant es, parece confirm ar no sólo el caráct er convencional de los géneros sino su arbit rariedad. La parodia y el past iche hacen de est a cert idum bre incluso un t em a lit erario. Ahora bien, considerada desde el punt o de vist a sociológico, la cuest ión de los géneros present a varios aspect os. El funcionam ient o de una convención lit eraria —la de los géneros en est e caso— supone el funcionam ient o de una relación social, dado que la legalidad de la convención rige t ant o para el product or com o para el recept or de la obra. Lo m ism o vale para la inst it ución de una nueva convención, en la m edida en que ést a apunt a a est ablecer una nueva relación en t orno a ella. Pero, en cualquier caso, nunca se t rat a de un cont rat o sin condiciones, cuyas norm as pueden im ponerse caprichosam ent e, a la m anera de un j uego con reglas que se m odificarían de m anera por com plet o deliberada y conscient e. Así, t om ar " en serio" a los géneros lit erarios, com o en el curso de los siglos XVI I y XVI I I , considerándolos com o cat egorías a priori y casi nat urales, o, por el cont rario, ironizar lit erariam ent e acerca de la " arbit rariedad" de sus prescripciones y reglas, t ienen com o condición de posibilidad un cam po de cert idum bres cult urales m ás o m enos com part idas. De est abilidad hist óricam ent e variable, así com o es variable su grado de vigencia social, la const it ución m ism a de ese cam po de cert idum bres o, si se quiere, de esa conciencia cult ural e ideológica, es t am bién de caráct er social. " La t eoría clásica — dicen Wellek y Warren ( 1959) — t am bién t enía su diferenciación social de los géneros. La épica y la t ragedia t rat an de asunt os de reyes y nobles; la com edia, de los de la clase m edia ( la ciudad, la burguesía) ; la sát ira y la farsa, los de la gent e com ún. Y esa t aj ant e dist inción en los d r am at is p er son ae propias de cada género 39 t iene sus concom it ancias en la doct rina del 'decorum ' ( 'm ores' de clase) y en la clasificación, en la separación de est ilos y dicciones en elevados, m edios y baj os" . Ahora bien, esa art iculación j erárquica de los géneros —cuya det erm inación últ im a radica en una est ruct ura social est rat ificada en órdenes o cuerpos " nat uralm ent e" separados— rem it e en lo inm ediat o a la ideología cult ural arist ocrát ica que la hace posible y la t orna no sólo adm isible, sino legít im a. Si la t eoría de los géneros así concebida result a arbit raria e, incluso, im pensable dent ro de una sociedad que ha hecho de la igualdad j urídica de t odos los individuos un principio, no funcionó ni com o arbit raria ni com o coercit iva para sus usuarios ( escrit ores y público) . Se im puso com o un im perat ivo inherent e al discurso lit erario m ism o. Tan " nat ural" o " arbit rariam ent e" com o j ugar con las convenciones o rechazarlas en nom bre de los derechos de la subj et ividad creadora, act it udes que, sin duda, hubieran sido condenadas com o ant inat urales o art ificiosas por Scaligero o por Boileau. Porque la lógica que rige la " arbit rariedad" de los géneros, com o la del conj unt o de las convenciones lit erarias, es, com o diría Bourdieu, sociológica. Un segundo aspect o de la cuest ión de los géneros desde el punt o de vist a sociológico concierne a la det erm inación específicam ent e social de ciert as est ruct uras. Análisis e invest igaciones em píricas han est ablecido, en efect o, relaciones de correspondencia ent re det erm inadas clases o cont ext os sociales y det erm inadas form as lit erarias. Así, por ej em plo, se ha observado la coherencia ent re el surgim ient o de la épica y el predom inio de una arist ocracia guerrera. O, en el caso de la novela m oderna, sus vínculos con el desarrollo de la sociedad burguesa. En los m ej ores est udios de est e t ipo el acent o no est á puest o sólo en el repert orio de " asunt os" que se adopt an com o m at erial lit erario, sino en el est ablecim ient o de la det erm inación social t am bién en el nivel de los recursos de com posición. Se pueden señalar com o ej em plares, en est e sent ido, el clásico libro de Auerbach sobre el desarrollo del realism o en la lit erat ura occident al ( 1950) y el est udio de I an Wat t sobre el surgim ient o de la novela m oderna en I nglat erra ( 1972) . Sin em bargo, conviene t ener present e que bast ant e a m enudo algunos t ipos genéricos prolongan su vigencia a t ravés de periodos hist óricos diferent es, o son ret om ados después de eclipses m ás o m enos prolongados, o m ezclan sus procedim ient os y, t am bién, que las clases ( com o dice Escarpit ) se arrebat an los géneros unas a ot ras. De m odo que, lo que podríam os denom inar el st at us sociológico de los géneros aparece com o un problem a ext rem adam ent e com plej o que no podría resolverse con ningún esquem a de t ipo general. Para una consideración sociológica de la cuest ión, que sea vigilant e respect o de sus propias hipót esis y procedim ient os, sólo puede result ar operat ivo el enfoque delim it ado de cont ext os y est ruct uras form ales concret os. 40 Raym ond William s ( 1977) form ula algunas indicaciones que pueden ser m uy út iles a est e respect o. Observa, en prim er t érm ino, que en la clasificación de los géneros, y en las diferent es t eorías que la apoyan, suelen m ezclarse t res niveles de art iculación del discurso lit erario: las llam adas act it udes básicas ( narrat iva, dram át ica y lírica) , los m odos y procedim ient os de com posición conect ados con esas act it udes y, finalm ent e, los asunt os " apropiados" en función de los ot ros dos niveles. En la práct ica hist órica real de la escrit ura lit eraria, señala William s seguidam ent e, est os t res niveles se han com binado de la m anera m ás diversa y, por ende, ninguna t eoría social podría pret ender conect arlos en est ruct uras fij as y perm anent es. La alt ernat iva consist iría en abordarlos com o variables cuya com binación e, incluso, fusión en form aciones lit erarias concret as, sólo puede encararse m ediant e análisis hist óricos em píricos. 41 Gusto La noción de gust o se refiere al conj unt o de norm as, valores, paut as, art iculados en la percepción y el disfrut e de obras art íst icas y lit erarias. Const it uye, específicam ent e, una cat egoría de orden social y obj et ivo, cuyo port ador son las capas, grupos, círculos o núcleos unificados en t orno de crit erios sim ilares de j uicio, goce y apropiación cult ural. Preocupado por la variación de las evaluaciones est ét icas y del j uicio crít ico, Levin Schücking inaugura, en 1923, una línea de invest igación que, m ediant e una docum ent ación exhaust iva, se int erroga sobre la hist oria del gust o lit erario: a qué se deben sus cam bios, de qué depende la afirm ación de un nuevo gust o, qué relación puede est ablecerse ent re la m odificación del gust o y el surgim ient o de nuevos públicos ( véase) , cóm o operan las variaciones del gust o en la fort una y la supervivencia lit erarias, de qué m anera la m oda lit eraria es una función del gust o y la selección de aut ores leídos y olvidados t am bién se correlaciona con él. Su Sociología del gust o lit erario ( 1950) es una respuest a a est e conj unt o de cuest iones. Cuent a Schücking que, en la época de Shakespeare, un escrit or, de nom bre Churchyard, escribió en una dedicat oria: " Sigo el ej em plo del pez y nado con la corrient e" . Y cien años m ás t arde, Dryden confesaba abiert am ent e que si su obj et ivo era caut ivar el m ás am plio público, para ello debía reconocer y seguir sus gust os; aun cuando ést os se inclinaran hacia la com icidad m ás vulgar, no t endría ot ro rem edio que " forzar a su inspiración a obedecerle" . Ya a fines del siglo XI X, cont inúa Schücking, el novelist a Arnold Bennet t defendió el derecho que asist ía al escrit or de acceder a algunas concesiones y corroborar un sist em a de com prom isos con el público: " Sin dism inución de su dignidad, el art ist a int eligent e respet ará ciert os prej uicios de su público" . ¿Qué prueban est as cit as? Es com ún que los m ás diversos aut ores y corrient es lit erarias at raviesen períodos de gran difusión y ot ros de relat ivo o t ot al eclipse: Schiller no era leído en Alem ania hacia fines del siglo pasado, ni Víct or Hugo en Francia, ni Dickens o Thackeray en I nglat erra. Luego se producen resurrecciones y reubicaciones que alt eran, al m ism o t iem po, el sist em a ( véase) lit erario en su conj unt o. Form as de art e y lit erat ura consideradas baj as —com o la 42 poesía popular folklórica, la balada, el cuent o m aravilloso— pueden en un det erm inado m om ent o ( en el rom ant icism o, por ej em plo) y gracias a un giro del gust o lit erario, ocupar un espacio dom inant e en la lit erat ura cult a. Tales cam bios encuent ran con dificult ad una explicación si se los encara sólo desde el punt o de vist a int erno o est rict am ent e lit erario. Por el cont rario, un nuevo gust o parece responder con regularidad a un nuevo público y, por consiguient e, a la m odificación de los sect ores sociales que consum en lit erat ura y de las inst it uciones ( véase) que legit im an ese consum o. " Por lo general —dice Schücking— no es el gust o el que cam bia y se renueva, sino que son ot ros individuos los que adopt an un nuevo gust o" . Es caract eríst ico que los lam ent os acerca de la corrupción de las form as lit erarias t engan com o referent e social un nuevo sect or del público, considerado generalm ent e baj o e incult o, que con su llegada al consum o de bienes cult urales, im pone una reest ruct uración del cam po de las convenciones y de las represent aciones. Un caso ej em plar al respect o es el vínculo ent re el surgim ient o del público burgués en I nglat erra y el de la novela m oderna. Com o lo dem uest ra I an Wat t ( 1972) , el viej o público let rado consideró el nuevo gust o por la novela com o prueba de su caráct er baj o y t rivial, de su facilonería sent im ent al, de su im propiedad respect o de las ant eriores convenciones lit erarias. La presión del nuevo público sobre el cam po lit erario, la consolidación de inst it uciones port adoras de su gust o — el periodism o, la crít ica, las bibliot ecas circulant es, et cét era—, t erm inaron por im ponerlo no sólo en I nglat erra sino t am bién en t oda Europa; pero est a difusión hubiera sido m at erialm ent e im posible si en Francia, en Alem ania, en Est ados Unidos, no se hubiera consolidado un público cuyas inclinaciones lit erarias habían sido ya educadas por la novela burguesa. La fam ilia, la escuela, las lect uras colect ivas, diseñaron luego el espacio para la difusión del nuevo gust o, hast a que, finalm ent e, hacia las post rim erías del siglo XI X, ot ra t endencia del gust o com ienza a presionar sobre el cam po int elect ual y a considerar obsolet as las form as de la novela realist a. En un follet o de 1885, el novelist a inglés George Moore se lam ent a de que las bibliot ecas circulant es no acept en en sus fondos a la lit erat ura nat uralist a y que, de est e m odo, se erij an en cust odios del gust o de las fam ilias e individuos que recurrían a ellas para aprovisionarse de m at erial de lect ura, conservando el gust o de su público dent ro del sist em a lit erario del siglo XVI I I y com ienzos del XI X. En la act ualidad, una I nfluencia sim ilar sobre el gust o ej ercen, en algunos países ( Francia y Est ados Unidos part icularm ent e) los Clubes del Libro, que pract ican una selección dent ro de la t ot alidad de las novedades lit erarias, im poniendo a sus lect ores est e recort e, por m edio de la suscripción y la com pra periódicas. 43 Las cuest iones relat ivas a los cam bios y consolidación del gust o est án por su nat uraleza inst it ucional en correlación con algunas figuras caract eríst icas del cam po lit erario m oderno: el edit or, el público, el reem plazo del m ecenas por el m ercado, el reconocim ient o de la crít ica com o inst it ución m ediadora de consagración y legit im ación, et c. Rem it im os al lect or a las voces correspondient es. 44 Ideología El t érm ino ideología fue int roducido en el lenguaj e filosófico por la corrient e de pensadores que encarnaron el m om ent o t ardío de la I lust ración —Dest ut t de Tracy y Cabanis son sus nom bres m ás conspicuos— para designar la ciencia aplicada al est udio del origen de las ideas en el hom bre a part ir de sus " facult ades" , ent endidas ést as fisiológicam ent e. Pero el program a t eórico de los idéologues t enía t am bién alcances ét ico polít icos, plano en que prolongaban la aspiración de sus predecesores de dirigir desde arriba y según principios fundados en la " ciencia" el curso del proceso social ( véase I llum inat i, 1972) . Sucesivam ent e aliados y adversarios del bonapart ism o, Napoleón les reprochará la falt a de sent ido práct ico de sus proyect os y el caráct er ut ópico de la pret ensión de regir el m undo de acuerdo con sus " novelas filosóficas" . Y hay que señalar el dat o porque en varios de los usos post eriores del t érm ino ideología se conservarán las huellas de est e j uicio negat ivo: represent ación irreal y opuest a al conocim ient o obj et ivo. Com o concept o clave del análisis hist órico- social, su incorporación fue obra de Marx y Engels que lo em plearon para definir las form as de la conciencia social, engendradas a part ir de det erm inadas condiciones m at eriales de exist encia. El uso t eórico del t érm ino, sin em bargo, se ext endió m ás allá del cam po int elect ual del m arxism o para ingresar en el área de la sociología académ ica, en est e ám bit o se convirt ió en uno de los inst rum ent os concept uales para el est udio de opiniones y act it udes, así com o en cat egoría fundam ent al de la llam ada " sociología del saber" . Ahora bien, considerado generalm ent e com o capit al para la const it ución de la sociología de la cult ura ( y, por ende, de la lit erat ura) , el concept o de ideología es, al m ism o t iem po, cent ro de una aguda y vast a cont roversia t eórica. Nosot ros nos lim it arem os a exam inar dos enfoques de la cuest ión que han t enido part icular eco en el est udio sociológico de la lit erat ura. Después esbozarem os los ej es de una definición de la ideología y, por últ im o, se plant earán algunos de los problem as que suscit a la relación ent re ideología y lit erat ura. 1. Aunque las t esis que se exam inarán enseguida son m uy diferent es ent re sí, t ienen en com ún la adopción del m arxism o com o m arco t eórico general y el principio del caráct er necesariam ent e falso de las represent aciones ideológicas. 45 Sin dudas, ha sido en los t rabaj os de Lou¡s Alt husser y sus discípulos donde est e últ im o crit erio ha sido desarrollado del m odo m ás coherent e y sist em át ico. Para Alt husser ( 1967, 1971, 1974) , la ideología es el cam po de las represent aciones ilusorias o m ít icas de la realidad. Esas represent aciones expresan la relación im aginaria de los individuos con sus condiciones de exist encia reales y, ant es que una form a de la conciencia, t raducen un m ecanism o o est ruct ura que es inconscient e de sus det erm inaciones. La deform ación que es propia de la ideología no es asim ilable a la de un error, product o de circunst ancias m ás o m enos cont ingent es: la, deform ación le es inherent e en t ant o ideología y se halla det erm inada para funcionar com o t al. Más aún: el caráct er ilusorio de las represent aciones ideológicas sólo puede ser capt ado desde afuera de sus redes, es decir desde la ciencia. En la ideología, los hom bres " viven" sus relaciones con sus condiciones de exist encia t al com o se vive en un m edio y necesit an del " m edio ideológico" para vivir sus condiciones de exist encia porque la función social de la ideología es ligarlos y adapt arlos a las t areas que les t iene asignadas la división social del t rabaj o. Tenem os, ent onces, las dos caract eríst icas dist int ivas que posee para Alt husser la ideología considerada en general y com o definición prelim inar a t odo exam en de ideologías hist óricas concret as: su caráct er necesariam ent e ilusorio y su función social adapt at iva. La dist orsión que la represent ación ideológica conlleva rem it e, para su explicación, a la opacidad caract eríst ica del " t odo" social. Y t al opacidad responde al t ipo de causalidad que es propia de los fenóm enos del m undo social. Est os no obedecen a ninguna causa o principio sim ple, dado que en su det erm inación int ervienen de m anera com plej a y desigual el conj unt o de niveles ( económ ico, polít ico, ideológico) cuya unidad const it uye el " t odo" o la est ruct ura de lo social. Se t rat a de una causalidad " est ruct ural" porque su funcionam ient o im plica una const elación com plej a de det erm inaciones cuya eficacia sólo es visible en sus efect os o apariencias. Sobre est as apariencias que son al m ism o t iem po form as de disim ulación de la ley est ruct ural que las gobierna, se m ont an las represent aciones ideológicas. Los individuos, cualquiera sea su posición dent ro de la est ruct ura social, no perciben sino esos efect os —que m anifiest an y disim ulan al m ism o t iem po— y esa percepción espont ánea est á en la base de t odo discurso ideológico. Más aún, la est ruct ura invariant e de la ideología com port a la inversión de la relación real ent re la t ot alidad social y los individuos inscript os dent ro de ella. En efect o, el m ecanism o clave de t oda ideología consist iría siem pre en const it uir a los individuos , en suj et os, es decir cent ros im aginarios de iniciat iva y libert ad, com o m odo de asegurar su real suj eción al orden social y a las t areas que ést e asigna. De ahí que la ideología funcione siem pre com o cem ent o de cohesión social. Aunque 46 result e obvio, agreguem os que el m ecanism o necesariam ent e deform ant e de la ideología no rem it e a ninguna int ención ( individual o de grupo) de dist orsión, ni es exclusivo de det erm inadas ideologías. Tam poco es propio de det erm inadas épocas hist óricas: en su m ecanism o básico y en su est ruct ura form al, la ideología es t ranshist órica, com o lo es el m ecanism o del inconscient e para Freud. Eso sí, dicho m ecanism o adquiere realizaciones hist óricas específicas según los diferent es t ipos de sociedad. En las sociedades de clase, esa deform ación básica y que le es inherent e por nat uraleza, se conj uga con una deform ación suplem ent aria, efect o est ruct ural a su vez de la división en clases. Est e nuevo t ipo de deform ación incluye o dom ina al prim ero, det erm inando que la ideología funcione com o ideología de clase o, m ej or, com o ideología de la clase dom inant e. Varias obj eciones pueden hacerse al m odelo alt husseriano. En prim er t érm ino, la observación em pírica de que hist óricam ent e no t oda ideología ha funcionado com o elem ent o aglut inador o cohesionador de la est ruct ura social. Para t om ar un ej em plo not orio: la ideología de la I lust ración, que desem peñó un papel disgregador y subversivo respect o del Ancien Régim e y cuyos principios hallaron eco en la Revolución Francesa, no sólo en los discursos y proclam as de sus act ores m ás ilust rados, sino t am bién en los port avoces y en los periódicos de la plebe. Los ej em plos podrían m ult iplicarse, pero lo que int eresa señalar es que parece indem ost rable que la ideología, por definición, t enga una función social la ideología y conservadora. En segundo lugar, la oposición abst ract a ent re el conocim ient o obj et ivo, propio del t rabaj o t eórico de la ciencia, result a inadecuada para com prender no sólo la com plej idad sino t am bién la relación variada ent re esos t érm inos en la hist oria concret a del saber. En efect o, esa hist oria m uest ra sit uaciones en que la ideología opera realm ent e com o un obst áculo del conocim ient o, que debe const ruirse cont ra ella, y ot ras en que ent re esos t érm inos aparecen relaciones que podríam os llam ar de solidaridad y convergencia. Dicho de ot ro m odo, a veces son ciert as ideologías las que t ornan accesible al análisis cient ífico det erm inados dom inios de la realidad ( social o no) , o posibilit an un nuevo m odo de encararlos. El caso de la lingüíst ica saussuriana puede ilust rar est o: el concept o saussuriano de lengua t iene com o condición de posibilidad un cam po ideológico m arcado por la ideología sociológica de inspiración posit ivist a, ese sociologism o que, com o dice Mounin, se respiraba en el am bient e. Por últ im o, una observación sobre la concepción que preside el plant eo alt husseriano de la relación ent re el concept o general de ideología y las ideologías hist órico- em píricas ( las únicas realm ent e exist ent es, según Alt husser) . Por una part e, el concept o general de ideología es un " m odelo form al abst ract o" , es decir un obj et o t eórico const ruido por la ciencia del m undo social ( el m at erialism o hist órico) 47 para conocer y explicar los obj et os reales que son ideologías concret as. Por ot ra, se t rat a de un m ecanism o o est ruct ura form al siem pre present e y, por ello, t ranshist órico. Y así se t ransit a del m odelo de la realidad a la realidad ( o realización) del m odelo, según la concepción que define la práct ica social, discursiva o no, com o ej ecución de un sist em a inconscient e de reglas. Las diversas ideologías result an ser t raducciones diferent es de la m ism a est ruct ura, est ruct ura que por definición se encuent ra deposit ada m ás allá de la sociedad y de la hist oria, com o ley inconscient e y et erna del espírit u. Y est e desenlace m et afísico, adem ás del vocabulario, es lo que ot orga al m arxism o alt husseriano su aire de fam ilia con la corrient e est ruct uralist a predom inant e en las ciencias hum anas. Aunque, com o j ust am ent e ha prot est ado Alt husser, su racionalism o abst ract o no provenga del est ruct uralism o sino de Spinoza. Añadam os, finalm ent e, que el m odelo alt husseriano ha sido ret om ado, reform ulado o em pleado con variaciones, pero conservando siem pre su núcleo esencial. Com plet am ent e diferent e es la orient ación de la ot ra línea t eórica, m uy influyent e com o la ant erior en el análisis sociocult ural, y que concibe t am bién a la ideología com o represent ación falsa de lo real. Sus punt os de part ida se hallan en los análisis de Marx sobre los efect os fet ichist as de la producción de m ercancías y, en general, sobre las apariencias de la esfera de las relaciones económ icas baj o el m odo de producción capit alist a. Aunque esos análisis son suscept ibles de lect uras diversas, y diversas lect uras han sido pract icadas efect ivam ent e, la m ás influyent e fue la propuest a por Lukács en Hist oria y conciencia de clase. Y lo que m ás at raj o de los plant eos lukacsianos fue j ust am ent e su t ent at iva por hallar en el " fet ichism o" de la producción m ercant il, la clave de la configuración y el funcionam ient o de la conciencia en la sociedad capit alist a. En los t rabaj os del propio Lukács post eriores a esa obra de 1924, y aplicados al est udio de problem as de t ipo cult ural y lit erario, no se hallará sino un eco débil de las t esis de Hist oria y conciencia de clase. Pero el libro hizo su propio cam ino y const it uye un punt o de referencia esencial para com prender el pensam ient o de algunos im port ant es t eóricos de la sociología de la cult ura com o Lucien Goldm ann o Theodor Adorno. Com o se señaló m ás arriba, la prem isa de las t esis lukacsianas est á en los análisis m arxist as sobre el fet ichism o de la m ercancía. Según Marx, la riqueza t iene en la sociedad capit alist a la form a general de m ercancías y la m ayoría, si no la t ot alidad, de los product os del t rabaj o t iene el caráct er de m ercancía, es decir, producidos con dest ino al m ercado y no para el consum o direct o de sus propios product ores. La fet ichización de la m ercancía radica en el hecho de que los product os del t rabaj o hum ano, cuando adopt an la form a de m ercancía, encubren la relación social de producción que t ienen com o base y las cualidades que provienen de su condición de product o del t rabaj o t ienen la apariencia de at ribut os nat urales 48 de la cosa. Se t rat a de un fenóm eno int rínseco a la producción m ercant il y así se m anifiest a necesariam ent e a los individuos incluidos en las redes del int ercam bio de m ercancías. Ni la producción de m ercancías, ni el dinero com o cat egoría derivada de ella, ni la obj et ividad fet ichist a que acom paña a esas form as del t rabaj o social, nacen con el capit alism o, sino que lo preceden. Más aún, t ant o la producción m ercant il com o el dinero son requisit o para el surgim ient o del m odo de producción capit alist a, que es un m odo específico de producción de m ercancías. Pero sólo baj o el capit alism o la m ercancía invade t odas las esferas de la producción y el fet ichism o que le es propio adquiere nuevas figuras. Lukács ret om a est os plant eos que est án en la base de una cat egoría, la de cosificación ( o reificación) que hará am plia fort una en los análisis sociocult urales, y que él definirá com o cent ral para caract erizar la form a de conciencia propia de la sociedad burguesa. En realidad, Lukács reasum e el t em a del fet ichism o de la m ercancía para reinscribirlo dent ro de una problem át ica ant ropológica de t ipo hist órico- filosófico, cuyo ej e es la alienación de la conciencia en la sociedad capit alist a m oderna. Para Lukács, el racionalism o abst ract o es la form a ideológica dom inant e del m undo social burgués y t iene su m at riz m at erial y form al en la est ruct ura de la m ercancía. La cosificación del t rabaj o y de las relaciones ent re los hom bres que la producción de m ercancías com port a se ext iende a t odos los dom inios de la vida. En el m ercado, las m ercancías se equiparan e int ercam bian con arreglo a su valor de cam bio, es decir en t ant o port adoras de t rabaj o genérico, abst racción hecha de la m odalidad específica del t rabaj o que las ha producido, así com o de la ut ilidad concret a ( valor de uso) que la m ercancía posee. Esa m ism a abst racción, que prescinde de la dim ensión cualit at iva de las cosas y at iende sólo a su aspect o cuant it at ivo, esa m ism a obj et ividad fet ichizada que lleva a concebir los product os de la act ividad hum ana com o un m undo en sí, dot ado de leyes propias, se apodera de t odas las act ividades práct icas e int elect uales del hom bre. La división capit alist a del t rabaj o, que la aparición de la gran indust ria no hará sino llevar hast a sus últ im as consecuencias, desint egra la unidad de la personalidad hum ana y engendra esferas especializadas de act ividad, conect adas ent re sí sólo m ecánicam ent e. Su correlat o es la fragm ent ación del saber en disciplinas parciales y aut onom izadas. En sum a: racionalidad abst ract a, form alism o, unilat eralización de los cam pos del conocim ient o, int eligencia del cálculo y la cuant ificación, son m anifest aciones de la conciencia cosificada. Son los rasgos del racionalism o m oderno, desde Descart es en adelant e, y la form a t ípica del pensam ient o burgués. Se podría decir que la raíz de est a ideología se halla t am bién, para Lukács, en ciert a opacidad de lo real, com o en el caso de las t esis de Alt husser. Pero la nat uraleza de est a opacidad es diferent e en cada caso, y para Lukács únicam ent e funciona com o t al en la sociedad capit alist a. Por ot ra part e, la figura que Lukács 49 cont rapone a la conciencia cosificada y su universo de cat egorías abst ract as no es, com o en Alt husser, la figura de la ciencia, concebida com o un saber const ruido a part ir de reglas y procedim ient os específicos, sino ot ra form a de conciencia, no fet ichist a y capaz de pensar la realidad social com o una t ot alidad concret a y dinám ica. A est a form a de conciencia sólo puede acceder el prolet ariado en virt ud de su posición en la sociedad capit alist a, y cuya t area es precisam ent e elim inar las raíces de la alienación. No se puede negar que la perspect iva de Lukács perm it e capt ar ciert os aspect os del m undo ideológico en la sociedad capit alist a. Sin em bargo, la dialéct ica de la conciencia ( alienada/ aut ént ica) que preside su enfoque, y la nost algia, asociada a esa dialéct ica, de un universo social t ransparent e y original, no const it uyen las m ej ores prem isas para el análisis em pírico, hist órico y social de las form aciones ideológicas. Lo m ism o puede decirse t ant o de la ident ificación de t oda form a de obj et ividad con obj et ivism o fet ichist a com o de la t endencia a asim ilar el racionalism o de las ciencias m odernas de la nat uraleza al posit ivism o y al form alism o abst ract o. 2. Form ularem os ahora algunos crit erios generales para encuadrar el t em a de la ideología, t eniendo en cuent a las observaciones hechas en el parágrafo ant erior. Es decir, considerando la relación ent re ideología y conocim ient o com o una relación hist órica variable, así com o aparece variable la función social ( conservadora, crít ica, subversiva) de las ideologías. Las ideologías const it uyen conj unt os m ás o m enos coherent es de represent aciones, det erm inadas t ant o en su cont enido com o en su form a por la est ruct ura social, y a t ravés de las cuales los hom bres o, m ej or, grupos de hom bres definen act it udes ant e el m undo social, la nat uraleza, sus propias condiciones de exist encia, et c. Son configuraciones sociales de la conciencia que se m anifiest an ya baj o el m odo de un " saber" sem iform alizado de " lugares com unes" y prescripciones ét icas, ya baj o el m odo de discursos sist em át icos. Pero cualquiera sea su m odo de m anifest ación, t oda ideología presupone, com o dice Bourdieu, la int eriorización de hábit os y esquem as de percepción y de acción que son com unes a los m iem bros de un m ism o grupo o clase y const it uyen la condición de t oda ext eriorización discursiva o práct ica. Las figuras, los m odos y grados de esa int eriorización son variables y rem it en, en últ im a inst ancia, al cont orno obj et ivo de las condiciones m at eriales de exist encia. Socialm ent e, la ideología opera en una doble dirección: com o elem ent o de hom ogeneización, aunque sea relat iva, respect o de los m iem bros de una m ism a clase, y com o elem ent o de dist inción/ oposición respect o de ot ras clases o grupos sociales. Est e doble m ovim ient o hace present e la com plej idad de la det erm inación social de las ideologías. En efect o, ellas rem it en, 50 por una part e, a lo que podría denom inarse la práct ica social de una clase, práct ica siem pre especificada por su posición dent ro de las relaciones sociales obj et ivas y, fundam ent alm ent e, por sus condiciones m at eriales de exist encia. Rem it en, por ot ra, al conj unt o de la est ruct ura social y, por ende, a las const elaciones ideológicas propias de ot ras clases. Al indicar que t oda ideología rem it e a una práct ica se quiere subrayar que los m iem bros de una clase no est án m eram ent e colocados en una est ruct ura de relaciones obj et ivas. Esa inserción com port a un m odo de operar socialm ent e y es a t ravés de ese operar que, según los casos, esas est ruct uras se reproducen o se m odifican. Ahora bien, la práct ica social incluye com o una de sus dim ensiones la de sim bolizar y significar y, con ello, la de sim bolizar y significar ideológicam ent e. Salvo com o m om ent os de una abst racción analít ica, serían igualm ent e im pensables una práct ica sin represent ación ideológica o una ideología sin art iculación práct ica. A su vez, al señalar que t oda ideología rem it e al rest o de las const elaciones ideológicas se busca hacer present e que, en la vida hist órica, las diversas form aciones de la conciencia social no m ant ienen ent re sí relaciones de cont igüidad y de sim ple coexist encia: cont ienden, se im ponen o se subordinan unas a ot ras, se arrebat an elem ent os, y así sucesivam ent e. 3. Tom ando com o m arco de referencia el esquem a expuest o en el parágrafo ant erior, y plant eada la cuest ión de los vínculos ent re ideología y lit erat ura, hay que afirm ar que en principio no es posible est ablecer un m odelo general de ese vínculo. De m odo que form ularem os únicam ent e algunas observaciones sobre los aspect os que puede present ar est a relación com plej a, hist óricam ent e variable y siem pre definida en cont ext os socio- cult urales específicos. Desde el punt o de vist a sociológico, la act ividad lit eraria se present a com o uno de los m odos de organizar sim bólicam ent e la experiencia a t ravés de un uso part icular del lenguaj e y con arreglo a ciert os valores ideológicos explícit os o im plícit os. Por experiencia no hay que ent ender aquí ni un dat o, ni el fluj o de la inm ediat ez vivida, sino un com posit um polim órfico, hist órica y socialm ent e art iculado. Se podría decir que, así com o t oda sociedad posee m ecanism os propios de personalización y de producción de individuos, configura t am bién las form as generales de la sensibilidad y los m odos de " experim ent ar" las cualidades del m undo nat ural y social. Caract erizada en est os t érm inos, en la det erm inación de la experiencia int ervienen el condicionam ient o de las est ruct uras m at eriales de la exist encia, los diversos m odos de operar de los hom bres ent re sí y frent e a la nat uraleza, y necesariam ent e las form as lingüíst icas con las que esas act ividades son significadas. Por ende, la ideología, en t ant o dim ensión inherent e de t oda práct ica, const it uye t am bién uno de los elem ent os de art iculación de la experiencia. Pero 51 est a últ im a no puede ser reducida a los m ecanism os o las est ruct uras de una ideología, porque se perdería de vist a la com plej idad de inst ancias m at eriales, práct icas y lingüíst icas que int ervienen en su const it ución. Asim ism o, no t odo significar puede reducirse a significar ideológicam ent e: porque: o se t ransform a a la lengua en una " concepción del m undo" que, com o una red, aprisiona el pensar; o se t ransform a a la ideología en una noción t an genérica que no especifica nada. Si t om am os en consideración una sociedad de clases, la configuración de la experiencia no podría sino present ar m arcas o rasgos dist int ivos de clase y podría hablarse de " m undos" de experiencia a condición de que no se los ent ienda com o órbit as aut osuficient es: las relaciones asim ét ricas ent re las clases, que incluyen la hegem onía y el conflict o, las relaciones ent re form aciones ideológicas que se present an en t érm inos de oposición/ dist inción, pero que dan lugar t am bién a prést am os, reinscripciones, neut ralizaciones de valores y significados, im piden considerar esos " m undos" com o est ruct uras cerradas. Se dij o m ás arriba que la act ividad lit eraria es un m odo de organizar la experiencia a t ravés de un uso part icular del lenguaj e. Se t rat a de un uso según norm as y convenciones definidas siem pre dent ro de sit uaciones o cont ext os sociocult urales det erm inados. Esas norm as y convenciones son las que especifican a la lit erat ura com o un art e, es decir com o dest reza o conj unt o de procedim ient os para producir algo. Tales norm as est ablecen las form as lit erarias o art íst icas del uso del lenguaj e, la diferencia y la dist ancia respect o de los ot ros usos sociales del lenguaj e, el repert orio de géneros y asunt os que la lit erat ura puede o debe incluir, así com o las relaciones de conveniencia ent re t em as y est ilo. Las norm as y las convenciones, j unt o al cuerpo de obras que conform an el sist em a ( véase) lit erario, las inst it uciones ( véase) , los llam ados m ovim ient os lit erarios, et cét era, configuran un cam po cuya aut onom ía dent ro de la est ruct ura social global es hist óricam ent e variable, así com o es variable su grado de est ruct uración y est abilidad. De cualquier m odo, t odo proyect o de práct ica lit eraria, lo encuent ra ya dado, com o un horizont e o cam po de posibilidades. Y los rasgos personales o desvíos que una obra conlleva aparecen com o especificaciones siem pre sit uadas en relación a ese espacio. De m odo que el m arco que define el uso específicam ent e lit erario del lenguaj e se halla t am bién int rínsecam ent e habit ado por las ideologías. I deologías que discrim inan, frent e a la m ult iplicidad de las form as escrit as, lo que es lit erario y lo que no lo es; que est ablecen las relaciones de subordinación o de independencia de lo lit erario respect o de la m oral o de lo verdadero. I deologías que enseñan qué es o qué debe ser escribir ( las poét icas) o cóm o se debe leer y aprender de los " clásicos" y quiénes son los clásicos. Est os discursos m ás o m enos específicos, que podríam os llam ar ideologías lit erarias ( neoclasicism o, surrealism o, et c.) rem it en, sin duda, a ideologías globales en el sent ido definido en el parágrafo 2 de est a voz y en últ im a 52 inst ancia a posiciones sociales. Pero esa rem isión no es siem pre direct a ni la vigencia de esas ideologías lit erarias y sus correspondient es cat egorías puede reducirse al t iem po hist órico inm ediat o a su surgim ient o. Finalm ent e, t odo escrit or part icipa de algún m odo en la vida general de su época, no im port a cuán m ediada aparezca en cada caso esa part icipación. Su t rayect oria personal es siem pre una t rayect oria socialm ent e inscript a y a t ravés de esa t rayect oria hace su experiencia del m undo nat ural y social. En t ant o individuo hist órico concret o, part icipa de los ot ros usos ( no lit erarios) del lenguaj e, en part icular del lenguaj e com o m edio de la significación y com unicación cot idiana. Est e lenguaj e es el que Della Volpe denom ina lit eral- m at erial ( véase t ipo) , est ruct ura siem pre hist órica de form as y significaciones sociales a part ir de la cual se diferencian los ot ros usos del lenguaj e ( lit erario, t eórico, et c.) . Pero es t am bién uno de los m edios a t ravés de los cuales se adquiere ese conj unt o de disposiciones que Bourdieu llam a habit us de clase y sus correlat ivas represent aciones ideológicas. Para sint et izar, podem os ret om ar nuevam ent e la definición de la act ividad lit eraria, form ulada a propósit o de las relaciones ent re ideología y lit erat ura. Si aquello que la lit erat ura organiza es el com p osi t u m polim órfico que hem os denom inado experiencia, t al act ividad no podría ser pensada en t érm inos de reflej o, sea inm ediat o o m ediat o, cuyo correlat o sería un cam po de obj et os nat urales o sociales const it uidos. Organizar la experiencia im plica arrancarla de su polim orfism o inm ediat o, significarla y, así, proponer un t ipo de relación con ella. Pero est a operación t am poco podría ser pensada en t érm inos de ej ecución de un m odelo o código ( ret órico, ideológico, et c.) , a la m anera en que se dice que el hablant e ej ecut a las reglas de la lengua. La inst ancia, com plej am ent e const it uida, de la experiencia es inelim inable e irreduct ible a las reglas de funcionam ient o de un código, cualquiera que sea ést e. Por ot ra part e, al exam inar los diversos planos en que puede ser aprehendido el funcionam ient o de la ideología, se ha querido m ost rar que si la act ividad lit eraria organiza la experiencia con arreglo a valores ideológicos, ést os operan o pueden operar de m odos diversos: en los " m at eriales" de la experiencia, en la form a de disponerlos, et c. Así, una obra puede present ar diferent es niveles de significación ideológica, que pueden ser o no hom ogéneos ent re sí. Pierre Macherey ha llam ado la at ención sobre la het erogoneidad de la obra lit eraria, pero lo que no es sino una posibilidad, fue considerada por él com o principio const ruct ivo, sim ét ricam ent e opuest o al principio de la coherencia de la obra. De cualquier m odo, en el caso de la het erogeneidad ent re los niveles de significación ideológica, ést os no m ant ienen ent re sí una relación de equivalencia: se podría hablar ent onces de nivel de significación dom inant e, subordinado, residual, et c. 53 Institución La com unidad art íst ica se present a com o un m edio est ruct urado y, en ocasiones, fuert em ent e j erarquizado; com o un espacio ( véase cam po int elect ual) , donde el com port am ient o del público y la act ividad de los escrit ores responden a cost um bres, ideas, sent im ient os y gust os que difieren hist óricam ent e y según sect ores sociales. La im posición, difusión y legit im ación de las conduct as est ét icas y los j uicios crít icos corren a cargo de un conj unt o de inst it uciones m ediadoras: la crít ica, la educación art íst ica, los prem ios, las bibliot ecas, las colecciones de grandes obras, las ant ologías, el periodism o cult ural, las academ ias y la universidad, ent re ot ras inst ancias. El caráct er social del consenso acerca de una obra, la legit im ación de su lect ura y la consagración pública de su valor son operaciones t ípicam ent e inst it ucionales. La conform ación de una t radición ( véase) select iva que incluye t odas las obras legibles en un det erm inado m om ent o hist órico, para un sect or en especial o para la sociedad en su conj unt o, es result ado de la operación de fuerzas inst it ucionales cuya act ividad define el gust o ( véase) y, en consecuencia, influye sobre lo que debe publicarse, sobre la j erarquía de los aut ores y de los géneros y sobre las m odalidades del consum o. I nst it uciones com o la escuela ( en su sent ido m ás inclusivo) son part icularm ent e act ivas en la nivelación cult ural: desde la alfabet ización que opera com o prerrequisit o básico, pasando por el sist em a de lect uras infant iles y form at ivas, hast a el pant eón lit erario que se enseña y t rasm it e en la universidad, la educación opera com o conservadora, difusora y unificadora del gust o lit erario y del " corpus" inst it ucional de la lit erat ura efect ivam ent e leída. Subrayar el caráct er social de las inst it uciones lit erarias supone, en ot ra part e, la liquidación de las ilusiones sobre el gust o espont áneo y la select ividad individual en m at eria est ét ica: product o de la operación conj unt a de la educación, la crít ica, la ant ología y la t radición, el consum o lit erario recupera la obj et ividad social que lo define. Así, t ant o la figura del aut or com o la de su público, las form as sim bólicas del prest igio y las m at eriales de la consagración, el m odo en que son concebidos los géneros y los est ilos, la supervivencia y el éxit o, el olvido y las revalorizaciones, son result ados de la act ividad social suj et a a una organización inst it ucional, en el 54 int erior de la com unidad art íst ica. Las condiciones sociales del j uicio est ét ico y de la conform ación del gust o son, en t ant o t ales, obj et ivas y así se im ponen a los suj et os. Est os, com o afirm a el sociólogo Pierre Bourdieu, reciben, aprenden e int eriorizan un sist em a de act it udes, práct icas y valores que no pueden ser sino sociales: " Al designar y consagrar a algunos obj et os com o dignos de ser adm irados y gust ados, inst ancias com o la fam ilia y la escuela est án invest idas del poder delegado para im poner un arbit rario cult ural, es decir, en est e caso part icular, el arbit rario de las adm iraciones, y pueden im poner un aprendizaj e al t érm ino del cual est as obras aparecerán com o int rínsecam ent e, o m ej or, nat uralm ent e, dignas de ser adm iradas y gust adas" ( 1971) . Levin L. Schücking, en su clásica Sociología del gust o lit erario ( 1950) , proporciona la evidencia hist órica del funcionam ient o inst it ucional en el cam po de la cult ura. El reconocim ient o de un t ext o com o lit erario y, en consecuencia, com o digno de ser edit ado, se realiza en el int erior de un sist em a select ivo que, presidido por las t endencias del gust o, abarca a edit ores y crít icos. Cuando la función del edit or ( véase edición) m oderno se perfila com o preponderant e frent e a la del m ecenas y los círculos arist ocrát icos, la función inst it ucional de su act ividad se im pone a la práct ica individual de los aut ores. A com ienzos del siglo XVI I I , en I nglat erra, la poderosa influencia de un edit or, Jakob Tonson, provoca la siguient e observación de Alexander Pope: " Jakob crea poet as com o, a veces, los reyes crean caballeros" . Efect ivam ent e, est os nuevos em presarios de la cult ura, j unt o con los salones, las escuelas y las academ ias, las revist as de nuevo t ipo, definían el gust o y, por supuest o, t am bién el dest ino de la producción lit eraria. Así el caráct er social de la act ividad de escribir nunca queda m ás de m anifiest o que en la ingeniosa cuart et a con la que el poet a inglés Richard Graves adj et ivaba el peso inst it ucional de Dodsley, ot ro edit or fam oso: " Es en vano que los poet as ext raigan de su vet a/ la relucient e m asa del m et al,/ si la ceca de Dodsley no acuña la m oneda/ y da curso a la est erlina" . 55 Lectura Es, en la act ualidad, la form a t ípica del consum o de obras lit erarias, aunque no siem pre lo fue: el recit ado de canciones y poem as, la narración oral de hist orias —form as t odavía vigent es en sociedades africanas y asiát icas y zonas m arginales de Am érica Lat ina— son m odalidades de consum o ligadas a condiciones part iculares del público, de las convenciones art íst icas, de los procesos de urbanización y alfabet ización, de la difusión del libro im preso, et c. Durant e buena part e de la Edad Media europea, por ej em plo, " leer" significó en la m ayoría de los casos, leer en voz alt a y en público y gran part e de la producción lit eraria sólo luego, y en ocasiones nunca, pasaba a ser escrit a. Am bos t ipos de lect ura pueden coexist ir durant e largo t iem po y por m ot ivos diferent es en una sociedad. El crít ico inglés Terry Eaglet on ( 1978) proporciona a est e respect o un ej em plo sorprendent e: en la I rlanda ant erior al siglo VI d.C., la lect ura predom inant e era oral; el desarrollo post erior de las form as escrit as no desplazó a la form a oral de consum o lit erario, que perm aneció ligada a una poderosa cast a int elect ual de origen druídico. La oralidad det erm inó, a su vez, la supervivencia de efect os est át icos t ales com o la alit eración y la repet ición, que iban desapareciendo paulat inam ent e de la lit erat ura escrit a y leída. Am bos m odos de producción y consum o lit erario t ardaron siglos en art icularse y durant e ese lapso se int erpenet raron m ut uam ent e. De t odas m aneras, el avance de la alfabet ización es uno de los rasgos decisivos del largo proceso de im posición de la form a de lect ura de m at erial escrit o e im preso que es habit ual en la act ualidad. Los dat os de una nación que figuró a la cabeza de los cam bios cuant it at ivos y cualit at ivos, I nglat erra, son t rabaj ados int eligent em ent e por Raym ond William s en The Long Revolut ion ( 1971 a) . William s regist ra allí el crecim ient o del público lect or, vinculado con los proceses de urbanización, la reducción de la j ornada laboral, el cont rol del t rabaj o infant il y la difusión de la educación grat uit a, en un período que va desde m ediados del siglo XVI I I para culm inar a fines del XI X. Señala, al m ism o t iem po, la m ult iplicación de las casas im presoras, de los periódicos que proporcionaban m at erial lit erario y, lo que es esencial a una hist oria del gust o y las convenciones est ét icas, los cam bios que provocó el acceso de un público m asivo a la lect ura de lit erat ura. En 1725, Defoe podía ya afirm ar: " La escrit ura ( …) se ha convert ido hoy en una ram a m uy 56 im port ant e del com ercio inglés. Los libreros son los em presarios y em pleadores. Escrit ores, aut ores, copist as, subescrit ores y t odos los dem ás t rabaj adores de papel y t int a son los obreros em pleados por los así llam ados em presarios" . A lo que Goldsm it h agregaba con pesim ism o: " Fat al revolución, en la que la escrit ura se ha convert ido en un com ercio" . Porque ést a era efect ivam ent e la condición para el surgim ient o de una lect ura de m asas: t iradas am pliadas, ediciones m ás barat as, m ult iplicación de las casas edit oras, bibliot ecas circulant es, en sum a: t rasladas de rasgos de la producción capit alist a al com ercio edit orial y de la m ercancía al libro. Algunas cifras perm it en evaluar la m agnit ud de est e proceso: de El Paraíso perdido, de Milt on, se vendieron 1.300 ej em plares a lo largo de dos años; cincuent a años m ás t arde, en 1791, Los derechos del hom bre, de Paine, llegaban al t ope de 50.000 ej em plares en unas pocas sem anas. Los últ im os años del siglo XVI I I son t est igo de un im pet uoso crecim ient o del público que accede a las prim eras ediciones de Shakespeare y de los poet as isabelinos. Luego, en el prim er t ercio del XI X, Walt er Scot t y Dickens reflej an la form a m oderna de est e público y de sus m odos de acceso a la lect ura ( véase edición) . El crecim ient o del público lect or no se produj o sin m odificar al m ism o t iem po t odo el sist em a de percepción est ét ica incluido en el act o de leer. En realidad, para la obra lit eraria, la lect ura const it uye el act o m ism o de la percepción est ét ica. Tant o com o la act ividad de escribir, la lect ura es una práct ica det erm inada por condiciones sociales, económ icas y cult urales que paut an la percepción de los valores y la capt ación de los significados inscript os en la obra. La m era alfabet ización no const it uye sino la precondición de la lect ura lit eraria: sus condiciones son m ás com plej as y exigen en quien la pract ique el dom inio de una serie de t écnicas y el conocim ient o de las convenciones ( véase) , en cuyo m arco la obra ha sido producida. La obra, por ot ra part e, com unica un sent ido social global ( o una condensación de sent idos, según su densidad sem ánt ica) del que son port adores —com o se afirm a en la est ét ica sem iológica de Jan Mukarovsky ( 1977) — t odos los com ponent es del t ext o. La lect ura es j ust am ent e el act o individual y socialm ent e definido de la capt ación de est os com ponent es, su desest ruct uración y rest ruct uración. Las condiciones de est a práct ica no est án garant idas siem pre del m ism o m odo ni t ot alm ent e: " Ocurre con m ucha frecuencia, e incluso casi siem pre, que una part e, a veces considerable, de los valores percibidos por el recept or en la obra art íst ica est á en cont radicción con el sist em a válido para él m ism o. Est a cont radicción y la t ensión que se desprende de ella se produce de la m anera siguient e: o el art ist a que ha creado la obra pert enece al m ism o m edio social y a la m ism a época que el recept or, y ent onces las cont radicciones ent re los valores efect ivos para ést e y los valores cont enidos en la obra son la consecuencia del desplazam ient o de la escrit ura art íst ica, conseguido 57 int encionalm ent e por el art ist a; o la obra proviene de un m edio t em poral y socialm ent e diferent e que el recept or, y en ese caso las cont radicciones dent ro de los valores ext raest ét icos son inevit ables" . Mukarovsky señala adecuadam ent e la abigarrada t ram a de condiciones que aseguran, en la percepción est ét ica, una capt ación exhaust iva de significaciones. Las dificult ades que asedian, desde est e punt o de vist a, a la em presa de la lect ura, de ningún m odo aut orizan a suponer en la obra un residuo significat ivo inaccesible. Señalan sí el conj unt o de inst rum ent os, j uicios y conocim ient os que una lect ura que aspire a capt ar la t ot alidad de la significación requiere com o presupuest o. La percepción est ét ica debe definirse siem pre en el m arco de su nat uraleza sociológica: se im pone, com o dirá el sociólogo francés Pierre Bourdieu, no por una necesidad lógica, sino hist órica y t ransubj et iva. I nst ancias com o la fam ilia y la escuela, ent re ot ras inst it uciones ( véase) , algunas de ellas propiam ent e cult urales, im ponen, desarrollan y educan en el reconocim ient o de los valores est ét icos y enseñan las operaciones propias de la lect ura: " La obra de art e —prosigue Bourdieu ( Alt am irano y Sarlo, com p. 1977) — no exist e com o t al sino para quien posea los m edios de apropiarse de ella m ediant e el descifram ient o, aquel que t enga en su poder el código hist óricam ent e const it uido y socialm ent e reconocido com o condición de apropiación sim bólica de las obras ofrecidas en una sociedad dada y en un m om ent o det erm inado" . Así considerada est a act ividad de decodificación ( véase código) , configura el obj et o de un capít ulo com plet o de la sociología de la lit erat ura. Part icularm ent e significat ivos son a est e respect o los t rabaj os de Robert Escarpit . El ya clásico At las d e l a Lect u r e à Bo r d eau x , de Escarpit y N. Robine, publicado en 1963, describe y sit úa socialm ent e los niveles de lect ura cult a y popular, los diferent es públicos y sus hábit os de consum o cult ural, et c. Por ot ra part e, las invest igaciones de organism os int ernacionales com o la UNESCO ilust ran sobre el aum ent o cuant it at ivo de la población de lect ores a t ravés de la producción y difusión del libro. Algunas cifras com parat ivas arroj an los siguient es result ados para el m undo ent ero: 1950 1966 Tít ulos edit ados 230.000 460.000 Ej em plares de libros 2.500.000.000 7.500.000.000 Est a verdadera " revolución del libro" ha m odificado profundam ent e los hábit os de lect ura, la est rat ificación cult ural, los circuit os de dist ribución, los m odos de la dist ribución ( librerías, bibliot ecas, bibliot ecas circulant es, clubes de lect ores, 58 et c.) , las form as de edición ( libro de bolsillo, colecciones periódicas, best sellers, et c.) . Tam bién ha incidido sobre el aum ent o del núm ero de lect ores: así, según est adíst icas del Sindicat o Nacional de Edit ores de Francia, puede saberse que el 29% de los adult os y el 63% de los j óvenes son lect ores regulares. Est e perfil est adíst ico, sin em bargo, no puede proyect arse sobre las naciones lat inoam ericanas o del rest o del Tercer Mundo, si se except úa China y algunos ot ros casos excepcionales, aunque de dim ensión m ás m odest a. Por ot ra part e, es necesario recordar que las cifras est adíst icas se refieren a libros en general y no a lit erat ura en part icular y, finalm ent e, que una sociología de la lect ura lit eraria deberá t ener en cuent a no sólo la cant idad de volúm enes leídos, las horas dedicadas a la lect ura, las cifras de ediciones y su caráct er, sino t am bién poner en consideración el t ipo de lit erat ura consum ida, su est rat ificación — cult a, popular, m arginal, de ent ret enim ient o, infant il, et c.—, y la relación que la lect ura est ablece con la lit erat ura del pasado y con la cont em poránea. 59 Mecenas Mecenas, el am igo de August o y del poet a Horacio, legó su nom bre a una inst it ución que definió las relaciones ent re el art ist a y un círculo arist ocrát ico durant e la ant igüedad, la Edad Media, el Renacim ient o y, práct icam ent e, hast a bien ent rado el siglo XVI I I . E l prot ect orado, pat ronat o o m ecenazgo funcionó, en ausencia de un m ercado ( véase) de obras de art e y lit erat ura, com o la inst it ución m ediadora ent re el art ist a y el público ( véase) . Conform ó, al m ism o t iem po, el sist em a de sus relaciones y la ext ensión del circuit o cult o consum idor de art e. El público anónim o, t al com o surgió con la am pliación de la m asa de lect ores en el siglo XVI I I , era práct icam ent e desconocido en la ant igüedad y la Edad Media ( si se except úa el de las represent aciones t eat rales religiosas y el de los cant ares de gest a) . El escrit or, com o art esano independient e que propone sus product os a un edit or y ést e los t raslada a un m ercado ( véase) que se relaciona con la obra y no con el aut or, se perfila cuando la inst it ucionalización del m ecenazgo com ienza un largo y sinuoso proceso de decadencia. Ant eriorm ent e, com o afirm a Erich Auerbach ( 1969) , si el poet a no era al m ism o t iem po un gran señor, debía conquist ar los favores económ icos y la am ist ad crít ica o benevolent e de un prot ect or. El poet a lat ino Marcial salpicó sus obras con pedidos y ruegos m ás o m enos encubiert os, apelando a la generosidad no dem asiado diligent e de sus prot ect ores: " ¿Cóm o? —finge que se le pregunt a—. ¿Tú eres el célebre Marcial? ¿Con ese abrigo?" . Pero la dependencia del art ist a respect o de un prot ect or no supuso únicam ent e consecuencias respect o de sus m edios de vida, sino que proyect ó su est ruct ura sobre los product os obj et ivos de la act ividad lit eraria. Fredérick Ant al dem uest ra, para las art es plást icas, que la dependencia de los art ist as respect o del círculo arist ocrát ico, en la Florencia de los siglos XI V y XV, fue la causa de que las diferencias de est ilo se originaran, m ás que en los dist int os t alleres, en la diversidad ideológica de los grupos consum idores: ést os subordinaban al art ist a, por m edio del cont rat o, el encargo, la pensión o la dádiva. Schücking, a su vez, recuerda la sit uación de Pet rarca, quien, siendo uno de los reconocidam ent e grandes de su época, sufrió penurias económ icas y un eclipse social cuando se 60 apart ó de la fam ilia Colonna, que hast a ent onces le había asegurado su benevolencia. El vínculo firm e ent re creación lit eraria y círculos arist ocrát icos presididos por prot ect ores señoriales t am bién influyó en la definición de la t em át ica y la ret órica. Arnold Hauser t raza la relación ent re la poesía cort esana y la sit uación del poet a en los cast illos feudales: refract ando sobre la señora cast ellana el lazo de fidelidad de la sociedad feudal, definido por la obediencia y el servicio, sost iene que la ret órica de la poesía cort esana enseñaba las condiciones de vida de sus cult ores y sobreim prim ía la ideología de la relación servil en el cam po de la t ópica lit eraria ( 1974) . Aunque en los siglos XVI y XVI I la relación se est ablece m ás librem ent e con un público ensanchado y anónim o, t odavía no ha desaparecido el prot ect orado com o inst it ucional cult ural. Un ej em plo de cóm o era vivido est e vínculo por los escrit ores, puede leerse en la conocida dedicat oria de Shakespeare al conde de Sout ham pt on, a propósit o de su epos sobre Lucrecia: " Lo que he creado es obra vuest ra e igualm ent e vuest ro será lo que crearé en adelant e" . Y, sin em bargo, es Shakespeare uno de los dram at urgos que ant es se liberó, a t ravés del nuevo y het erogéneo público t eat ral, de la dependencia económ ica y est ét ica de los círculos nobles. Los hum anist as del Renacim ient o it aliano fueron, probablem ent e, los prim eros escrit ores que t uvieron un público am pliado y socialm ent e het erogéneo en el sent ido m oderno. Sin em bargo, " com parados con los lit erat os m odernos —dice Hauser—, llevaban una exist encia de parásit os, a no ser que personalm ent e t uvieran fort una" . Dependían, en efect o, de sueldos, pensiones, prebendas y regalos de los señores de las ciudades- repúblicas. Pero ya habían com enzado a vivir est a sit uación com o problem át ica, disipándose la " nat uralidad" que revest ía a la inst it ución en los siglos ant eriores. La am pliación del público y la const it ución de un m ercado lit erario, con la int erm ediación de libreros y edit ores que se com port aban en él com o com erciant es, no se produj o sin crear conflict os en una profesión que durant e siglos había crecido en el vínculo direct o con lect ores conocidos y con un señor o pat rón, que era, a la vez, prot ect or, crít ico y censor de lit erat ura. Est a obj et ivación de las relaciones obra- aut or- público se produce por la int erm ediación del m ercado ( véase) y, en principio, asegura la independencia del escrit or respect o de un único núcleo consum idor m inorit ario. Cuando es t oda una nueva clase la que se conviert e en pot encial público lit erario, el anonim at o de los lazos del consum o se reflej a en la independencia de las condiciones de producción. Desde ent onces, el círculo arist ocrát ico no ej ercerá la m ism a influencia sobre las convenciones, los est ilos y los géneros. Si la inst it ución del m ecenazgo había 61 presionado sobre la lit erat ura logrando efect os variables en la int eracción de la iniciat iva individual del escrit or y el horizont e del gust o de sus prot ect ores; si, com o le había sucedido a Horacio, m uchas veces los poet as debían cum plir el deber penoso de excusarse de una obediencia absolut a e im posible, la circulación m ercant il y la am pliación del público liberan y abst raen al art ist a de la sum isión o la rebeldía direct as. Las peripecias de est e largo curso, cuya consolidación definit iva se sit úa a m ediados del siglo XI X, fueron m at eriales e ideológicas. En prim er lugar, la profesionalización del escrit or im pone cam bios en la ideología del aut or ( véase) . En efect o, su dependencia respect o de un círculo cult o y noble le proporcionaban seguridad sobre su lugar y función social, pero hacían enm arañada la defensa de su " libert ad creadora" . En segundo lugar, el t rat o con el m ercado, con un público anónim o y probablem ent e m enos " sensible" , la int erm ediación brut al del edit or que lo arroj aba en la incert idum bre del éxit o o el fracaso m edidos por el renom bre y las vent as, originaban sit uaciones conflict ivas y am biguas en un grem io que, hast a ese m om ent o, concebía a la consagración com o el reconocim ient o de un núcleo conocido y próxim o. Junt o con la independencia del aut or nacen las ideologías est ét icas de desprecio hacia el público poco refinado, que no est á en condiciones de ent ender y j uzgar sobre art e. Y surgen t am bién las condenas hacia quienes, buscando el favor de ese público, cort ej an al edit or y al m ercado. Quizá la últ im a y explícit a reivindicación del m ecenazgo dat a de la época de Luis XI V. Boileau, rent ado con generosidad por los fondos de la Corona, escribiría ent onces: " Qué t em er de est e siglo en que las bellas art es/ reciben la m irada de un ast ro favorable/ y la previsión sabia de un rey ilum inado/ se encarga de que el m érit o ignore la indigencia" . Por esa m ism a época, 98 escrit ores ignoraban la indigencia m ediant e una subvención de 80.000 libras anuales pagadas por el t esoro real. 62 Mediación 1. Con el concept o de m ediación suele t em at izarse, en la sociología de la lit erat ura, el hecho de que ent re una obra, un conj unt o de obras o la act ividad lit eraria m ism a, por una part e, y la est ruct ura social global, por ot ra, no se est ablece un vínculo direct o y cont inuo, sino que se ligan ent re sí a t ravés de inst ancias " m ediadoras" que funcionan a la vez com o nexo y com o dist ancia im port ada de la filosofía hegeliana y t raducida en t érm inos hist órico- sociales, la idea de m ediación ha sido concebida t am bién com o reacción crít ica frent e a las form ulaciones de t ipo m ecanicist a que, est ableciendo un vínculo inm ediat o ent re lit erat ura y sociedad, consideran a las obras com o expresión direct a del " espírit u de la época" o de una clase social dada. Se puede decir, ent onces, que a t ravés de la cuest ión de la o las m ediaciones, varias corrient es plant ean la relación de unidad y diferencia ent re una obra lit eraria y la sociedad de la que form a part e. Unidad, en t ant o la obra se produce, circula y se consum e dent ro de la t ot alidad social y se halla condicionada por sus est ruct uras. Diferencia, dado que la act ividad lit eraria y el t ext o que es su product o const it uyen una art iculación específica dent ro de lo social y las diversas m odalidades que asum e o ha asum ido im plican com plej os sim bólicos que no pueden reducirse a las det erm inaciones generales de la exist encia social. Considerada en t érm inos generales, la cuest ión de las m ediaciones es una de las claves de la sociología de la lit erat ura y m uchas de las voces de est e léxico pueden ser englobadas dent ro del área de problem as que dicha cuest ión suscit a. En realidad, si se except úan las variant es m ás m ecanicist as, t odas las t ent at ivas de encarar desde el punt o de vist a sociológico el fenóm eno lit erario com port an, explícit a o im plícit am ent e, una concepción de las m ediaciones. Pero conviene no olvidar que la pregunt a m ism a por las m ediaciones ent re lit erat ura y sociedad debe ser hist óricam ent e sit uada y especificada, ya que ha surgido a part ir de una det erm inada evolución de la práct ica lit eraria y sus inst it uciones, cuya crist alización puede sit uarse ent re los siglos XVI I y XI X. En efect o, el concept o m oderno de lit erat ura em erge en ese período y t iene com o correlat o la const it ución de un cam po cult ural com o esfera no sólo dot ada de norm as propias, sino reivindicando su aut onom ía frent e al rest o de las inst ancias sociales. Product o de una evolución 63 hist órica definida, la que acom pañó el ascenso y est ablecim ient o de las inst it uciones económ icas y polít icas de la burguesía dent ro de las sociedades occident ales, sería erróneo proyect ar sobre cualquier m om ent o hist órico o cualquier cult ura ese m odelo de las relaciones ent re lit erat ura y sociedad. De ahí ent onces la necesidad de hist orizar la cuest ión de las m ediaciones para evit ar las t ram pas del egocent rism o sociológico. 2. Cabe una m ención especial dent ro de est a voz a Jean- Paul Sart re, quien ha asum ido com o nadie la t area de fundar la problem át ica de las m ediaciones. En Cuest iones de m ét odo y con el propósit o de form ular los requisit os de lo que denom ina una ant ropología hist órica y est ruct ural, Sart re expone un conj unt o de proposiciones t eóricas y m et odológicas que t iene com o ej e la cuest ión de las m ediaciones y de las disciplinas que deben concurrir para la invest igación de su funcionam ient o y de su eficacia. Aunque lo que est á en j uego en Cuest iones de m ét odo no es única ni principalm ent e el problem a de la det erm inación social de la obra lit eraria, sino m ás en general el de la especificidad de t odo acont ecim ient o hist órico, se t rat e de Robespierre, la Revolución Francesa o Madam e Bovary, Sart re explorará las posibilidades de sus proyecciones m et ódicas j ust am ent e en un vast o est udio post erior sobre Flaubert , El idiot a de la fam ilia. A part ir de una aguda polém ica con lo que denom ina el " m arxism o cont em poráneo" , al que reprocha el haberse convert ido en una form a de m ecanicism o posit ivist a, que reduce t odo fenóm eno part icular de la vida social a sus det erm inaciones económ icas m ás abst ract as, Sart re propone recuperar las virt ualidades heuríst icas de la t eoría m arxist a desarrollándola con el auxilio de disciplinas que perm it an capt ar en su singularidad un acont ecim ient o concret o dado. Y resum e el sent ido de est a exigencia con una fórm ula sint ét ica y brillant e: " Valéry es un int elect ual pequeño- burgués, no cabe la m enor duda. Pero t odo int elect ual pequeño- burgués no es Valéry" . Para poder dar cuent a de est a " diferencia" , que es la que const it uye la especificidad del fenóm eno, considera necesario t om ar en cuent a que un individuo no se insert a en su clase de m anera direct a, sino a t ravés de una serie de m ediaciones, en prim er lugar a t ravés de la fam ilia. De allí la necesidad de disciplinas auxiliares, com o el psicoanálisis y la llam ada m icrosociología que, int egradas dent ro del cuadro concept ual de la concepción m arxist a de la hist oria, perm it an invest igar de m anera concret a las vicisit udes de esa inserción y el m odo en que singularizan una t rayect oria individual dent ro de las det erm inaciones generales de la clase de pert enencia. Est ablecida la exist encia de las m ediaciones sociales y el requisit o correlat ivo de las m ediaciones t eóricas adecuadas para explorar su eficacia propia, Sart re define el m ovim ient o m et ódico que perm it iría fundar una com prensión 64 exhaust iva del individuo y su m edio, de la obra y la época, de lo part icular y lo general, " m ediando" ent re esos t érm inos pero sin disolver su especificidad. A est e m ét odo Sart re lo llam a " progresivo- regresivo" . Dado un individuo concret o, sería necesario, por un lado, rem ont arse ( " regresar" ) a t odos los elem ent os biográficoexist enciales y a las est ruct uras hist óricas, económ icas y sociales que han int ervenido, direct a o indirect am ent e, en correspondería est udiar " progresivam ent e" el su const it ución. Por el ot ro, im pulso t eleológico que vincula t odos esos elem ent os en una unidad significant e que es el individuo m ism o en t ant o suj et o agent e; agent e sobre la base de det erm inaciones obj et ivas, pero con vist as a ciert os fines que no se hallan com plet am ent e cont enidos en esas det erm inaciones ( el " proyect o" ) . Los dos m om ent os de est e m ovim ient o m et ódico no est án separados ni son sucesivos. Funcionan en un cont inuo "vaivén" ent re el proyect o y la sit uación obj et iva, que perm it e aprehender la dialéct ica según la cual el individuo " int erioriza las relaciones de producción, la fam ilia de su infancia, el pasado hist órico, las inst it uciones cont em poráneas, después reext erioriza t odo est o en los act os y las elecciones que nos reenvían a t odo aquello que ha sido int eriorizado" . Así, ret om ando el ej em plo de Flaubert , se podría responder por qué un hij o de la burguesía provinciana, en la Francia de m ediados del siglo XI X, elige no sólo la lit erat ura sino un m odo de pract icarla y, en últ im a inst ancia, por qué no escribe cualquier novela, sino ést a, Madam e Bovary. La crít ica sart reana del m ecanicism o y del obj et ivism o en el est udio del m undo hist órico y cult ural t iene com o presupuest o que el hom bre es irreduct ible a sus det erm inaciones sociales o nat urales, y aunque se halle en const ant e int eracción con ellas, las t rasciende perm anent em ent e. De ahí que al adopt ar el psicoanálisis com o m ét odo de exploración, lo t raduzca en t érm inos que elim inan t odo lo que pueda sugerir det erm inism o causalist a. Consecuent em ent e, Sart re reivindica el procedim ient o de la com prensión com o el órgano apropiado para aprehender los obj et os y act os del cam po hist órico, reasum iendo de ese m odo uno de los post ulados del hist oricism o dilt heyano. Para Sart re, com o para Dilt hey, el conocim ient o por explicación causal, propio de las ciencias nat urales, que rem it e t odo fenóm eno a su ant ecedent e y reduce t oda est ruct ura com plej a a sus elem ent os sim ples, es inadecuado para el conocim ient o del m undo hum ano. Sólo la com prensión " perm it e capt ar sint ét icam ent e la unidad de sent ido que const it uye t oda praxis. Pero la com prensión sólo puede operar en el cam po hist órico- social porque el hom bre lo capt a desde adent ro, en t ant o form a part e de él, a diferencia de la relación de ext erioridad que m ant ienen suj et o y obj et o en las ciencias de la nat uraleza. Los inst rum ent os t eóricos y m et odológicos, desde el m arxism o al psicoanálisis, deben ser, por lo t ant o, funcionales a est a herm enéut ica que t iene com o clave la capt ación com prensiva de los hechos hum anos. 65 Mercado El hecho de que, con el advenim ient o del capit alism o m oderno, la obra lit eraria se haya convert ido en una m ercancía y que, com o t al, por peculiar que sea su nat uraleza, se halle inscript a en los m ecanism os del m ercado, ha sido encarado desde diversos punt os de vist a dent ro de la sociología de la lit erat ura. Es posible, sin em bargo, dist inguir y agrupar en dos grandes perspect ivas los dist int os enfoques que t iene en com ún la dim ensión " m ercancía" del t ext o lit erario. 1. Dent ro de la prim era perspect iva pueden reunirse t odos aquellos t rabaj os de índole em pírica o t eórica dest inados a est udiar la em ergencia y consolidación del " m ercado lit erario" en las sociedades occident ales y sus efect os sobre la condición social del escrit or, la relación de ést e con el público, la im agen social de la lit erat ura, et c. En el curso de los siglos XVI I I y XI X, en efect o, y com o consecuencia de la organización m ercant il de la producción de libros, sucede la liquidación definit iva de las diversas form as de pat ronat o int elect ual ( véase m ecenas) que habían regido t radicionalm ent e las relaciones ent re escrit ores y art ist as y los círculos de arist ócrat as cult ivados que const it uían su público. El t ext o lit erario pasa a ser un obj et o que se vende, se cot iza y se devalúa; a t ravés de la nueva figura del edit or, al que lo liga una relación de t ipo cont ract ual, el escrit or se ve som et ido a las reglas del m ercado y sus sanciones: el éxit o o el fracaso. La lit erat ura ent ra en un proceso de crecient e profesionalización y un nuevo público ( véase) , anónim o y het erogéneo, sust it uye a los círculos de consum idores cuyos gust os y j uicios siem pre era posible conocer m ás o m enos personalm ent e. Ni la inst it ución dom inant e del m ercado, ni las t ransform aciones ligadas a él fueron, por supuest o, fenóm enos súbit os y uniform es. Más aún, se puede decir que sólo a fines del siglo XI X est aban sólidam ent e im plant ados. Pero la reacción de los escrit ores ant e la nueva realidad que, por un lado, parecía independizarlos de t oda coerción y, por el ot ro, los exponía a las incert idum bres de un m ecanism o despersonalizado, se m anifest ó t em pranam ent e. Y un t est im onio elocuent e del m odo en que algunos escrit ores vivieron el t ránsit o hacia las nuevas condiciones de la producción lit eraria lo proporcionan las siguient es palabras de sir Egert on Brydges, escrit as en 1820: " Es una desgracia vil que la lit erat ura se haya de t al 66 form a convert ido en un com ercio, en t oda Europa. Nada ha igualado est e hecho que alim ent a un gust o corrom pido y asigna al que no es int elect ual un poder sobre lo int elect ual. Por t odas part es, hoy, el m érit o se est im a por el núm ero de lect ores que un aut or puede at raer... ¿Adm irará una m ent e incult a lo que deleit a al espírit u cult ivado?" . Habrá, sin em bargo, ot ros ecos, adem ás de las prot est as y las quej as, y de vigencia m ás perdurable. Cóm o m ost rará Raym ond William s en su ya clásica Cult ure and Societ y, un conj unt o de " t em as" sobre la lit erat ura y el art e que se prolongarán hast a nuest ros días, adquieren en est e período un caráct er sist em át ico y generalizado. Así, en el m ism o m om ent o en que la act ividad lit eraria se asim ila a una de las ram as de la división capit alist a del t rabaj o y su product o se conviert e en una m ercancía —que, com o t oda m ercancía, ent raba a com pet ir en el m ercado—, se difunde ent re los escrit ores la concepción del art e com o realidad " superior" , sede de la " verdad im aginat iva" , y del art ist a com o ser dot ado de cualidades especiales: el " genio" . Palabras com o " cult ura" y " lit erat ura" adquieren valores sem ánt icos nuevos y el " gust o" y la " sensibilidad" , ent endidos a la vez com o disposición espont ánea de ciert os individuos y com o cat egorías est ét icas, se conviert en en los crit erios para j uzgar las propiedades lit erarias de un t ext o. Muchos de est os t em as, t om ados aisladam ent e, no eran nuevos, pero sólo ent onces y baj o las enseñas del Rom ant icism o se unificaron en una visión de conj unt o. Por ot ra part e, no deben ser vist os com o m era com pensación sim bólica frent e a la m archa niveladora de la indust ria y el m ercado capit alist a. Funcionaron t am bién com o legit im adores de la especificidad de un " cam po int elect ual" ( véase) dot ado de principios e inst it uciones propias y cuya aut onom ía relat iva respondía a det erm inaciones económ ico- sociales obj et ivas. Especificidad problem át ica que rem it e a la especificidad del product o art íst ico, " realidad de doble faz —com o dice Pierre Bourdieu—, m ercancía y significación, cuyo valor est ét ico sigue siendo irreduct ible a su valor económ ico" . Dent ro de est a prim era perspect iva hay que sit uar t am bién los est udios sobre el éxit o lit erario com o fenóm eno sociológico en cuya det erm inación desem peña un papel im port ant e el funcionam ient o del m ercado. Dicho fenóm eno no concierne únicam ent e al m om ent o de la dist ribución o del consum o de la obra lit eraria, sino que proyect a sus efect os sobre la inst ancia de la producción m ism a. En est e nivel, la respuest a del m ercado ( la acept ación de ciert os géneros y el rechazo de ot ros, por ej em plo) opera com o una presión que, ya direct am ent e o a t ravés del edit or, act úa sobre el escrit or, la acat e ést e o no. Un ej em plo m uy elocuent e de la eficacia de est a presión puede verse en el caráct er cada vez m ás m arginal de los libros de poesía dent ro de la producción edit orial, y en que las " ediciones de aut or" sean m ás frecuent es en ese género que en ningún ot ro. Si el escaso éxit o com ercial de los libros de poesía desaconsej a al edit or sobre la 67 conveniencia de su publicación, no dej a de act uar t am bién sobre los proyect os lit erarios del escrit or. 2. Dent ro de la segunda perspect iva pueden englobarse t odos los t rabaj os inspirados en la problem át ica de la llam ada " escuela de Frankfurt " ( Marcuse, Horkheim er, Haberm as) y, sobre t odo, en los plant eos de aquel de sus represent ant es que m ás ha t em at izado la sit uación del art e en la sociedad capit alist a cont em poránea: Theodor W. Adorno. En la concepción de Adorno, el caráct er m ercant il de la obra art íst ica o lit eraria ocupa un lugar cent ral. Pero est a t esis se halla int egrada, dent ro de una visión global de la sociedad capit alist a que es necesario aclarar, aunque sea brevem ent e, para capt ar m ej or su cont enido. En prim er t érm ino, una t esis clave del pensam ient o adorniano: la de que las relaciones de int ercam bio y, por ende, la m ercancía, const it uyen la explicación no sólo de la est ruct ura social del capit alism o, sino t am bién de las form as dom inant es de la subj et ividad. En las sociedades capit alist as avanzadas, aquellas que han dej ado at rás la " era del liberalism o" y que son el obj et o de los análisis de Adorno, est e " principio del int ercam bio" habría t riunfado plenam ent e, invadiendo t odas las esferas de la vida, incluidas las zonas aparent em ent e m ás reservada de lo privado. Est a universalización de la m ercancía significa que el " valor de cam bio" rige las relaciones ent re los hom bres y las de ést os con el m undo, lo que degrada t oda act ividad y sent im ient o hum anos al rango de m ercancía. La lógica del int ercam bio t raduce o, m ej or dicho, " m ediat iza" t odo en t érm inos del valor de cam bio —incluidas las m anifest aciones m ás espont áneas o " inm ediat as" del afect o— al punt o de que las cosas son buscadas porque pueden int ercam biarse por ot ras, no en virt ud de su " valor de uso" , est o es de sus cualidades. " A nadie —dice Adorno— se le ocurre que puedan haber prest aciones no convert ibles en valores de cam bio" ( 1969) . En la visión adorniana de las sociedades de capit alism o avanzado es posible ident ificar el desarrollo de algunas de las ideas del Lukács de Hist oria y conciencia de clase. Por ej em plo, en la asunción de la m ercancía com o " m odelo" est ruct urador de las conduct as y de las form as sociales de la subj et ividad, o en la t ent at iva de " sociologizar" algunas cat egorías de la filosofía hegeliana, t al com o se percibe en la dialéct ica ent re lo " m ediat o" y lo " inm ediat o" , una de las const ant es del pensam ient o de Adorno. La m ism a derivación t ienen los concept os de reificación y de conciencia reificada, fundam ent ales en la t eoría adorniana de la cult ura, y que Lukács había elaborado sobre una lect ura am plificadora del célebre capít ulo dedicado al fet ichism o de la m ercancía en El cap i t al ( véase ideología) . Sobre est as prem isas, el cam po de la cult ura y de los bienes cult urales const it uye un área privilegiada de análisis para com prender los m ecanism os a 68 t ravés de los cuales se reproduce la sociedad basada en la universalización de la producción de m ercancías. Si est a sociedad se conserva es porque produce la ideología adecuada para ello. Tal ideología no rem it e a una clase, com o podía suceder con el capit alism o ant es de su ingreso en la era de los m onopolios, sino a la sociedad com o un t odo y abarca en sus efect os al conj unt o de sus m iem bros. Tam poco t iene la form a de un discurso t eórico. El principio del valor de cam bio arraiga en la subj et ividad de los individuos por una suert e de fij ación afect iva que lo conviert e en el m óvil de t odo com port am ient o. Ent re esa sociedad " t ot al" y su duplicación ideológica no hay práct icam ent e dist ancia y am bas son m om ent os de una unidad frent e a la cual pierde relevancia la dist inción ent re " est ruct ura" y " superest ruct ura" . Ahora bien, en la const it ución de esa conciencia alienada, la indust ria que t om a a su cargo la adm inist ración del " t iem po libre" , la indust ria cult ural, desem peña un papel clave. Tant o por sus obj et ivos com o por sus m ét odos, la indust ria cult ural est andariza sus product os ( cinem at ográficos, m usicales, lit erarios, et c.) . Producidos y dist ribuidos com o m ercancías, los bienes cult urales son consum idos com o t ales y el caráct er de " m asa" de la cult ura así configurada no at iende a la m agnit ud o a la escala cuant it at iva de esos bienes, sino al principio que preside su producción: la irradiación de una cult ura m edia cuyo efect o es el conform ism o y la ident ificación con lo que exist e. Si la indust ria cult ural est andariza t odos sus valores al im prim irles el caráct er de m ercancía y neut raliza sus diferencias int rínsecas al arroj arlas al m ercado, est andariza y degrada t am bién su m odo de consum o. No son las cualidades de los bienes cult urales ( su valor de uso) las que at raen las expect at ivas del consum idor, sino el valor de cam bio: " Lo que se podría denom inar el valor de uso en la recepción de bienes cult urales es sust it uido por el valor de int ercam bio: en lugar del goce aparece el t om ar part e y el est ar al corrient e; en lugar de la com prensión, el aum ent o de prest igio" ( 1969 a) . Así, cuando el consum idor cree ej ercit ar la iniciat iva de elegir según m óviles individuales no hace sino realizar est ereot ipos det erm inados por el m ercado. Si, com o se señaló m ás arriba, Adorno ret om ó para desarrollarlas hast a sus últ im as consecuencias algunas ideas del prim er m arxism o lukacsiano, la divergencia con la post erior evolución t eórica de Lukács puede observarse en el m odo cont rapuest o en que am bos j uzgarán det erm inadas m anifest aciones de la lit erat ura cont em poránea. Para Lukács, y adopt ando su t erm inología, los represent ant es de la " vanguardia lit eraria" ( una const elación que va de Proust a Becket , pasando por Joyce y Kafka) encarnan, por el subj et ivism o de sus represent aciones, por la im agen inhum ana y sin perspect ivas del present e así com o por su exasperada preocupación por los aspect os t écnico- form ales de la com posición lit eraria, el espírit u decadent e del capit alism o. Para Adorno, por el cont rario, esos aut ores son los que m ej or represent an el espírit u de resist encia ant e 69 el dom inio del capit al. Al negarse a t oda com unicación inm ediat a, sus obras ponen de m anifiest o el predom inio de lo m ediat o y la falsedad de una com unicación espont ánea ent re hom bres sólo vinculados ent re sí por los lazos reificadores del m ercado. Adorno inviert e, com o un espej o podría decirse, el cuest ionam ient o de Lukács por el abandono de las form as épicas de la novela; la virt ud de esos escrit ores radicaría j ust am ent e allí, en t ant o no harían sino denunciar que la posibilidad m ism a de narrar se halla com prom et ida por el capit alism o. Asim ism o, reivindica Adorno la obsesión por el lenguaj e y por la form a que recorre la lit erat ura occident al desde Flaubert hast a nuest ros días y cuyo sent ido sería el rechazo a la m anipulación inm ediat a del m ercado. Digam os finalm ent e que los plant eos de Adorno const it uyen, sin duda, algo m ás y algo m enos que un encuadram ient o sociológico de las m anifest aciones cult urales en la sociedad capit alist a. Am bigüedad que el uso frecuent em ent e m et afórico de cat egorías com o la de valor de cam bio no hace sino acent uar. Y sin negar el aciert o de algunos análisis sobre el funcionam ient o de la indust ria cult ural, es im posible desconocer, t am poco, la afinidad de su perspect iva con la de la prot est a rom ánt ica frent e a la prosa de la vida burguesa. 70 Niveles de estilo 1. La separación de est ilos o diferenciación de niveles, caract eríst ica de las t eorías clásicas sobre la lit erat ura y el art e, legisla sobre la relación ent re el t em a y la escrit ura de la obra. Est ablece un nexo de necesidad ent re los asunt os elevados y su t rat am ient o serio, paut ado por las convenciones de lo heroico, lo t rágico o lo sublim e. La m ism a obligat oriedad une las hum oradas y los grot escos —reflexión y refracción de la vida popular urbana o cam pesina— con el t ono bufo de la com edia o el relat o picaresco. Canónica en la ant igüedad clásica, la " separación de est ilos" t iene que ver con la diferenciación en est rat os cult urales, con act it udes del consum o lit erario y con la función de los diferent es niveles en circunst ancias sociales diversas ( celebraciones, j uegos, fest ej os o fest ividades, et c.) . En su Sociología del art e ( 1975) , Arnold Hauser com prueba que exist en t ant os niveles com o sect ores de público o grupos port adores de m odelos y aspiraciones cult urales. Est e fenóm eno, sin em bargo, sólo se despliega en t odas sus posibilidades cuando la diferenciación del público se encuent ra en un est adio avanzado: públicos rurales y urbanos, burgueses, arist ocrát icos y plebeyos, predom inant em ent e populares o elevados, et c. En cam bio la separación de est ilos fue obligat oria aun cuando los t res niveles ( alt o, m edio y baj o) organizaran los cont enidos para, virt ualm ent e, el m ism o público. Const it uyó una segregación int erna del m undo lit erario y su vínculo con las diferenciaciones sociales es de ot ra nat uraleza. En efect o, los t res est ilos se definen en relación con el est at ut o social de los t em as, personaj es y sit uaciones. Tant o en la ant igüedad grecolat ina com o en los períodos neoclásicos de los siglos XVI , XVI I y buena part e del XVI I I , las avent uras y el dest ino de la pequeña gent e sólo podían ser t rat ados en el m arco del est ilo baj o, según ciert os lim it es de género ( j am ás se alzarían hast a convert irse en m at eria épica o t rágica) y est rict as convenciones de lenguaj e. La com edia sent im ent al burguesa del siglo XVI I I se rebela, en Francia y Alem ania, cont ra la separación de est ilos y, por prim era vez desde la Edad Media, las vicisit udes de la vida burguesa son t em at izadas en est ilo serio. Est a irrupción de la subj et ividad burguesa baj o la form a de la com edía y el dram a sent im ent ales, 71 reacondiciona t odos los niveles de represent ación y legit im a que sea la vida cot idiana ( y no exclusivam ent e la peripecia heroica) t em a de lit erat ura elevada. Claro est á que est e com plicado cam bio en las relaciones ent re niveles de represent ación y est ilo no sucede sin que la burguesía, nueva clase, se conviert a en product ora y consum idora de cult ura, es decir, sin que una revolución profunda y duradera redist ribuya las funciones y el poder en el cam po polít ico, social y cult ural. Magist ralm ent e est udiada por Erich Auerbach en Mim esis ( 1950) , la cuest ión de los niveles o est ilos rem it e, siem pre, a la represent ación lit eraria de lo real. El st yle noble, en consecuencia, no sólo codifica cuáles son los acont ecim ient os y los personaj es est ét icam ent e dignos ( que es decir dignos desde el punt o de vist a social) sino que, incluso, proscribe por inconvenient e t oda referencia a act ividades y usos de la vida diaria. Auerbach describe el t ránsit o hacia una progresiva am pliación de la represent ación de lo real en la lit erat ura europea, t ránsit o que disuelve la separación de los t res est ilos y legit im a el t rat am ient o serio de la vida plebeya. El dram a sent im ent al y la novela m oderna son los product os, por excelencia, de est a fract ura de los t res niveles est ilíst icos. 2. El hoy ya clásico ensayo del nort eam ericano Dwight MacDonald " Masscult & Midcult " ( véase Bell, 1969) , de ost ensible herencia adorniana ( véase m ercado) , som et e a un análisis violent am ent e polém ico los niveles de cult ura alt a, m edia y baj a; y, en el caso de la m asscult ( cult ura baj a) y la m idcult ( cult ura m edia) , según una perspect iva que el sem iólogo it aliano Um bert o Eco ( 1965) acusaría de " apocalípt ica" : aquella que en nom bre de los " valores universales" de la " alt a cult ura" precipit a una ret ahila de condenas sobre los product os art íst icolit erarios de difusión m asiva. La cult ura alt a es, para MacDonald, la que desafiando los filt ros y obst áculos int erpuest os por la hist oria, ha conseguido una supervivencia que, al m ism o t iem po que da t est im onio de su nivel, es condición de que est e nivel sea reconocido com o alt o. Razonam ient o circular que com prueba que no hubo pint ores de m asas en el gót ico, ni m úsicos equivalent es a los del rock en el siglo XVI I , ni escrit ores de best sellers en los buenos t iem pos cuando la lit erat ura circulaba casi exclusivam ent e en círculos de público hom ogéneo y refinado. La ant ología que la hist oria ha ido const ruyendo a part ir del conj unt o de t odas las obras producidas, se conviert e, para MacDonald, en el paradigm a ( casi nat ural) de un ideal de cult ura elevada, que las act uales producciones de la indust ria cult ural no pueden sino am enazar con la degradación. La nivelación de la producción cult ural, por la presencia de un público het erogéneo y m enos " refinado" , com ienza en el siglo XVI I I y con él t odas las 72 desvent uras cult urales. Hast a ese m om ent o, el " art e m alo" fue de la m ism a nat uraleza que el bueno. Se producía para el m ism o público y se acept aban los m ism os m odelos. La única diferencia residía en el " t alent o individual" . Más t arde, cont inúa MacDonald, los m odelos se diferencian, proyect ando su diversidad en los t res niveles de cult ura. El nivel m edio o m i d cu l t d esci en d e hacia su público, concilia hast a la ident ificación con sus gust os est ét icos y sus norm as m orales, t rivializa los procedim ient os y los t em as de la cult ura alt a o highbrow; difunde su producción degradada baj o las especies de " buena cult ura" : por su m im et ism o es " el rival m ás peligroso de la cult ura superior" . Un ej em plo arquet ípico de la m idcult es, según MacDonald, El viej o y el m ar de Hem ingway, quien, caut ivo del éxit o y de su público, expone con am pulosidad kit sch la m oral de una derrot a a la vez grande, pat ét ica e infinit am ent e m enos verosím il que t odas las derrot as de los personaj es de sus cuent os ant eriores. Cult ura del poncif, del m al gust o que pasa por bueno, de la cursilería m edida, la m idcult es, m ás que la cult ura baj a, una am enaza const ant e para la " verdadera" cult ura. La cult ura de m asas, en cam bio, aunque repudiable en sus crit erios est ét icos y m orales, no le parece a MacDonald el riesgo fundam ent al que acosa a los valores de la alt a cult ura: no puede confundirse con ella, com o nadie confundiría un cuent o policial de Poe con uno de Gardner, el invent or de Perry Mason. La crít ica de Um bert o Eco a la t esis de MacDonald es, en esencia, acert ada. Afirm ando la, necesidad de una " cult ura dem ocrát ica" , señala en prim er lugar que los t res niveles no coinciden, necesariam ent e con t res est adios del valor est ét ico: ciert os com ics, películas, el j azz, nacidos en el corazón de la m asscult , aspiraron y lograron efect ivam ent e una circulación que superó sus lím it es. En segundo lugar, la presencia de rasgos de est ilo, form as com posit ivas, procedim ient os de la cult ura baj a en la " alt a cult ura" no supone necesariam ent e su degradación, del m ism o m odo que la difusión de los recursos de la novela m oderna ( de Joyce en adelant e, digam os, a form as del relat o lit erario, cinem at ográfico o t elevisivo) no im plica la dest rucción del sent ido que t uvieron originalm ent e, sino su t ransform ación, en ocasiones, alt am ent e renovadora. Eco señala adecuadam ent e que la posición de MacDonald ( com o la de Adorno) es t ribut aria de un gust o arist ocrát ico y de un rechazo t am bién arist ocrát ico, de la am pliación del público. Las m onst ruosidades y las pesadillas de la cult ura de los m edios m asivos son evident es, pero ést e no es el único efect o de la am pliación del consum o cult ural. La revolución del libro de bolsillo, afirm a Eco, no es una degradación de los clásicos que divulga, sino la prueba de que ese consum o m asivo elaborará un puent e ent re los diferent es niveles cult urales y no, com o profet iza MacDonald, una fract ura t rágica e irrem ediable. 73 Norma Exist e un prim er sent ido de la palabra norm a que pert enece al cam po de la precept iva lit eraria: funciona allí com o disposición de caráct er obligat ivo y concient e que la escrit ura art íst ica debe acat ar. Lo perm it ido y lo prohibido, lo propio y lo im propio, lo adecuado y lo no adecuado son definidos a part ir de la norm a que delim it a el cam po de pert inencia y del " buen" o " m al" gust o ( véase) . Dent ro del horizont e de la ret órica, la norm a es concebida com o una ley que define la legalidad lit eraria. La ret órica, a su vez, est á const it uida por el conj unt o de t ales disposiciones y su función es art icularlas. Aquí, sin excluir el sent ido precept ivo- ret órico, se int ent ará su hist orización y su explicación respect o de la cualidad, siem pre social, de la norm a. El caráct er obligat ivo de la norm a es concebido por el crít ico checoslovaco Jan Mukarovsky ( 1977) com o t ípicam ent e social: en una com unidad exist e una j erarquía de norm as est ét icas en relación con una j erarquía de clases y de sect ores sociales, según nexos com plej os de superposición, supervivencia, cont radicción y conflict o, com plem ent ariedad o coexist encia, et c. Las norm as del " buen" y el " m al" gust o est ét icos, por ej em plo, no son las m ism as para los sect ores cult ivados que para los populares; difieren adem ás —agrega Mukarovsky— según sexo y edad, según el caráct er urbano o rural de los grupos port adores y ej ecut ores de las norm as, según el t ipo religioso o profano, folklórico, de circunst ancias, ( público o privado) del t ext o lit erario o el obj et o art íst ico producido según la norm a. El vínculo ent re l a j erarquía de las norm as y la j erarquía social no es est át ico ni m ecánico. Así, exist en leyes part iculares que rigen la evolución de la norm a. Mukarovsky enuncia una: " al envej ecer y est ancarse, las norm as est ét icas descienden t am bién en la escala de la j erarquía social" . Tóm ese, para pensar un ej em plo, el caso de la poesía rom ánt ica: considerada verdadero escándalo lit erario en su m om ent o inicial, en el prim er t ercio del siglo XI X, est uvo en el cent ro de una polém ica que conm ovió desde las reglas de versificación hast a el sist em a ret órico y la noción de la función social del poet a. Acept ada en las décadas post eriores por la m ayoría de los cenáculos lit erarios europeos, se produce luego el progresivo t rasvasam ient o de sus norm as hacia m anifest aciones no exclusivam ent e cult as de la poesía sent im ent al y polít ica. Para fines de siglo, las norm as del rom ant icism o, 74 convert idas en clisés, habían pasado a la poesía popular, a la canción, el verso de álbum y la celebración de circunst ancias, conservándose hast a hoy en el núcleo de m uchas de esas especies, aunque t ransform adas, porque est e pasaj e no se produce sin alt eraciones y recreaciones. Com o lo define Mukarovsky: la relación se est ablece siem pre ent re dos sist em as y depende de la solidaridad int erna de am bos, de su est abilidad y cohesión, el lugar que las nuevas norm as ocuparán en ellos. La persist encia o el decaim ient o de la norm a dependería del sist em a dent ro del que funciona: exist en sist em as que t ienden hacia la est abilidad ( piénsese en la norm a est ét ica del folklore) y ot ros que est án definidos por el dinam ism o ( las est ét icas de vanguardia en su m om ent o " heroico" , por ej em plo) . La obra lit eraria se const ruye así por m ediación y, al m ism o t iem po, en cont ra de la norm a. El equilibrio de est a cont radicción, que define la relación ent re " buen" y " m al" gust o, ent re conservat ism o e innovación, es caract eríst icam ent e social. Y la evolución lit eraria sería una de sus m anifest aciones privilegiadas. El advenim ient o y la difusión de nuevas form as de sensibilidad t ienen que ver con la decadencia de ciert as norm as est ét icas y sociales y el surgim ient o de ot ras. Est os procesos no se producen sino por la dinám ica de cam bios correlat ivos en la sociedad. Veam os un ej em plo. En el t ranscurso del siglo XVI I I , la burguesía en ascenso alt eró el sist em a de norm as est ét icas t ant o en lit erat ura com o en las art es plást icas, la arquit ect ura y la apreciación del paisaj e. Est a alt eración profunda, que recibió el nom bre genérico de sent im ent alism o, afect ó al conj unt o de las norm as clásicas que legislaban sobre la legit im idad de las t em át icas ( especialm ent e en lo que concernía a la efusión de los sent im ient os " personales" del aut or) y al sist em a expresivo y represent at ivo en general: la irregularidad " espont ánea" y art íst ica del j ardín rousseauniano de la Nueva Heloisa se opone al rigor sim ét rico de la paisaj íst ica y la com posición clásicas y es com o el em blem a de la nueva sensibilidad individualist a, a la que la exposición de las em ociones fascinaba com o m ot ivo cent ral. El nuevo m undo m oral de la burguesía, la recolocación de la m uj er en el m edio fam iliar y social, una concepción nueva del individuo y el surgim ient o de las ideologías liberal- individualist as son el conj unt o de rasgos sociales que est án en la base del cam bio de las norm as est ét icas, cam bio que, a su vez, repercut e sobre la cult ura y la sensibilidad de la nueva burguesía. Así considerada, la norm a nunca es un arbit rario precept ivo o ret órico, sino que su legalidad em ana de su doble relación con lo social y con el sist em a de norm as ant eriores y coexist ent es sobre las que se recort an las nuevas y se producen los cam bios de gust o ( véase) y de convención ( véase) . 75 Producción 1. La noción de producción, que aut ores de diferent es corrient es crít icas, com o el inglés Raym ond William s y los franceses Pierre Bourdieu y Pierre Macherey, em plean en diversos grados de aj ust e t eórico, cont ribuye a poner de relieve un rasgo de la act ividad lit eraria que ha ido perfilándose en la hist oria del vínculo ent re escrit ores, público y det erm inaciones socio- económ icas. Cuando, en el largo proceso de const it ución del público ( véase) m oderno el escrit or se colocó librem ent e frent e a sus lect ores sin que la int erm ediación del m ecenas hiciera de la act ividad lit eraria una práct ica est recham ent e ligada al gust o ( véase) de sect ores de élit e e ilust rados, la concepción del act o de escribir com o product ivo, part icipant e de los rasgos de las ot ras producciones sociales, aparece com o novedad. Ent onces, a la lit erat ura com o ocio o diversión y a la lit erat ura com o servicio u hom enaj e, se opuso la concepción m oderna ( ligada al surgim ient o del capit alism o y de la burguesía) de la lit erat ura cóm o producción. La act ividad de edit ores, libreros e im presores, de em presarios t eat rales, de fundadores y direct ores de periódicos, de verdaderas em presas m odernas de producción m at erial de libros ( véanse m ercado y edición) cont ribuye a acent uar el caráct er de producción, específica siem pre, con que com enzó a considerarse la obra lit eraria. Est a t endencia, que se acelera a lo largo del siglo XVI I I y XI X y culm ina en nuest ro siglo, plant ea a la t eoría lit eraria varias cuest iones. Est án en prim er lugar las relat ivas a las form as part iculares surgidas en ese lapso: la figura del aut or y el edit or m odernos, el reem plazo del m ecenas por la circulación m ercant il de la obra de art e, la diversificación y est rat ificación de la lect ura ( véase) y del consum o, et c. Est as cuest iones, propias de la sociología y de la hist oria social de la lit erat ura y el art e, han sido plant eadas brillant em ent e por aut ores com o Levin Schücking, Raym ond William s, Pierre Bourdieu y I an Wat t . En la últ im a década sin em bargo, a su consideración se han agregado algunos desarrollos t eóricos que aquí considerarem os especialm ent e. Frent e a las concepciones que abordan a la lit erat ura com o creación de un suj et o, som et ido por lo general a las avent uras de la espont aneidad, de su hist oria personal, de la inspiración, del genio, se ha propuest o una versión que subraya el caráct er product ivo de la práct ica t ext ual, result ado, com o los obj et os m at eriales de un 76 t rabaj o y som et ida, com o el proceso de producción, a condiciones m at eriales y sociales. " Est as condiciones de producción no perm anecerían en una esfera ext erior al t ext o sino que se inscribirían en él, por presencia o por ausencia. La t area de la crít ica —afirm a, por ej em plo, Pierre Macherey— es leer en el t ext o las huellas de sus propias condiciones de producción y no el reflej o fant asm agórico y ext erior de las vicisit udes biográficas o la det erm inación, igualm ent e problem át ica, del inconcient e. La consideración de la obra com o product o que, com o t odo product o, exhibe en su fact ura, en los procedim ient os que le dan form a, la m arca del m odo en que ha sido producido y, en consecuencia, de las condiciones sociales de su producción, proporciona un punt o de vist a valioso para una perspect iva sociológica del hecho lit erario. La obra es producida por un t rabaj o, en condiciones sociales e hist órico- cult urales det erm inadas que no perm anecen com o m eros dat os ext eriores al t ext o sino que se insert an en su t ram a y es allí donde se conviert en en lit erariam ent e significat ivos. Las condiciones cult urales de la producción art íst ica se relacionan direct am ent e con el sist em a de convenciones ( véase) est ét icas, con el gust o, con la sit uación del art ist a product or en el cam po int elect ual ( véase) , con la j erarquía de obras exist ent es, con la t radición y el sist em a lit erario ( véanse) . Las condiciones m at eriales de la producción art íst ica se definen, en cam bio, por el caráct er m ercant il de la obra o, al cont rario, por su circulación en canales aj enos al m ercado, por la ret ribución que el art ist a recibe o espera de ella, por el sist em a de edición o represent ación, por los pat ronazgos, m ecenazgos, prem ios y ot ras inst it uciones ( véase) conferidoras de prest igio, com pensaciones económ icas, et c. Los escrit ores pueden ser m ás o m enos concient es de est e conj unt o de condiciones, o adopt ar ideologías est ét icas y sociales encubridoras de su colocación m at erial efect iva respect o de la producción y el consum o ( el dandysm o, el byronism o, el m esianism o rom ánt ico) . Pero sea cual fuere el grado de conocim ient o y acept ación concient e de las det erm inaciones sociales de la producción, ést as no dej an de est ar present es en el t ext o, porque no han dej ado de ser en ningún m om ent o condiciones obj et ivas de la producción art íst ica. Por eso es que puede decirse que conocer realm ent e el t rabaj o del escrit or supone conocer sus condiciones de producción y encont rarlas en sus propios t ext os: surgidos del hum us hist órico y no del m ovim ient o dem iúrgico de una creación a part ir de la nada, la noción de producción los devuelve a su verdadera nat uraleza social. 2. Concebir al obj et o est ét ico com o product o, a la act ividad art íst ica com o una práct ica definida socialm ent e y com o un t rabaj o, a la significación com o producción y a la act ividad t ext ual com o product ividad ( según lo definen las 77 diversas t endencias que abordan desde est e punt o de vist a la problem át ica lit eraria) significa, en prim er lugar, una rupt ura con la est ét ica rom ánt icosubj et ivist a. Desde est a perspect iva, el concept o de producción lit eraria cum ple una función crít ica de la ideología est ét ica que acost um braba im aginar al art ist a com o creador cuya om nipot encia era sólo equiparable a su dependencia respect o de fenóm enos t ales com o el don, la recepción y t rasm isión de m ensaj es de los que era vehículo- inconcient e y pasivo. Enfrent ado con est as poét icas, el concept o de producción pondría de relieve dos aspect os de la act ividad art íst ica concebida com o práct ica: s u caráct er de act ividad m at erial socialm ent e condicionada, es decir de t rabaj o, y, en consecuencia, la ext erioridad, respect o de ella, de los m edios m at eriales e ideales de la producción y las condiciones sociales, económ icas e hist óricas que la det erm inan. Es inevit able pensar, en relación con est e concept o, la influencia que sobre él ej erce la definición de producción, m edios de producción y condiciones de producción de la t eoría económ ica m arxist a. Aunque est as cat egorías funcionen, en algunas poét icas de vanguardia, de m anera puram ent e alegórica ( com o es el caso del grupo de la revist a Tel Quel: Sollers, Krist eva, Baudry ent re ot ros) , incluso ese uso m et afórico señala de qué m odo una ideología de la lit erat ura com o creación " enceguecía frent e a una product ividad, la escrit ura, para percibir sólo su efect o: la obra" ( Krist eva, 1968) . Es precisam ent e Krist eva quien, refundiendo sem iología est ruct uralist a francesa y rusa, psicoanálisis, lingüíst ica t ransform acional nort eam ericana y una versión de Marx por el desvío de Alt husser ( véase ideología) , elaboró una t eoría de la " product ividad t ext ual" que ponía en su cent ro el rasgo product ivo de la act ividad significant e. El pansem iologism o que rige su concept o de producción es evident e: " Marx —escribe Krist eva parafraseando a Alt husser— sust it uye el concept o de un 'poder sobrenat ural de creación' por el de 'producción' considerado en su doble aspect o: proceso de t rabaj o y relaciones sociales de producción, cuyos elem ent os part icipan en una com binat oria dot ada de una lógica part icular. Podría decirse que las variaciones de est a com binat oria son los diferent es t ipos de sist em as sem iót icos" ( 1968) . Enseguida Krist eva afirm a que fue el pensam ient o m arxist a el que, por prim era vez, puso al t rabaj o product ivo com o clave de un sist em a sem iót ico. Es innecesario observar que est a lect ura sem iologizant e de Marx es indem ost rable y que la operación que realiza Krist eva con el concept o de producción radica, m ás bien, en un m ovim ient o de dirección opuest a a la de la em presa t eórica m arxiana: pensar a t oda producción, incluso la m at erial, com o producción de significación. De est e m odo, no es el m odelo dej a producción económ ica el que, const ruidas las indispensables m ediaciones, proporcionaría su est ruct ura a los m odelos de las 78 producciones espirit uales e ideológicas ( t raslado que int ent aron, ent re ot ros, el lingüist a it aliano Ferruccio Rossi- Landi) sino que la producción económ ica en sí m ism a es concebida sem iológicam ent e. La reducción sem iológica del concept o de producción operada por Krist eva ( en una obra que t raspasa de un punt o de vist a a ot ro con dem asiada volubilidad, y que no se dist ingue por el rigor en el em pleo de las cat egorías económ icas y filosóficas) es acom pañada por la ut ilización de la lingüíst ica chom skyana, con una ext ensión del m odelo lingüíst ico al cam po lit erario. De est a form a, lo que Chom sky no pret endió abarcar en su t eoría de la práct ica lingüíst ica, lo const ruye Krist eva a part ir de él y en un recodo del m ovim ient o explicat ivo se ve desaparecer el m odelo de producción m at erial económ ica, reem plazado por el de la act ividad lingüíst ica. Por efect o del pansem iologism o, t odas las práct icas sociales son ilegít im am ent e concebidas com o discursivas. Sin em bargo, la noción de " producción significat iva" , la definición de la obra com o " efect o" ( product o) de la est ruct ura y de la práct ica significant e o " product ividad" , evidencia un caráct er crít ico frent e a est ét icas cont em poráneas que unen el sociologism o vulgar a un corpus de nociones rom ánt icas sobre la creación lit eraria. 79 Público El público m oderno es product o de la confluencia de un haz de fact ores socioeconóm icos y cult urales, en el siglo XVI I I . No cabe duda de que la lit erat ura siem pre t uvo un " público" , pero las relaciones que el aut or ( véase) ent abló con sus lect ores no se present an com o nexo anónim o e im personal hast a la m odernidad. El lect or de la ant igüedad clásica, el rom ano, por ej em plo, era un oyent e at ent o y t an diest ro en cuest iones ret óricas com o el poet a; sus j uicios y opiniones definían una est ét ica y valían com o la única crít ica lit eraria exist ent e. La consagración dependía de est e est recho círculo conocido y ext rem adam ent e refinado que, m uchas veces, ocupaba sus ocios arist ocrát icos no sólo con el consum o sino t am bién con la producción lit eraria. Erich Auerbach caract eriza a est os círculos com o superiores, desde el punt o de vist a de su lugar en la j erarquía social, a los escrit ores y art ist as, políglot as y árbit ros del gust o. Su relación con la lit erat ura se est ablecía sin las m ediaciones del edit or y, m uchas veces, sin la exist encia de libros t al com o hoy los conocem os: la lect ura oral de las obras y la escrit ura de obras para leer ( com o las t ragedias de Séneca) lo prueban. En Horacio, las invocaciones al lect or t ienen, a m enudo, el aire de una int erlocución personal, a su am igo y prot ect or Mecenas, por ej em plo. La hist oria del público describe la progresiva escisión de est a unidad personalizada y est recha hast a la relación anónim a y abst ract a que caract eriza al público m oderno. La exist encia de élit es cult urales const it uye el prerrequisit o de un audit orio o de un conj unt o de lect ores int eresados en la lit erat ura. Cóm o los poet as it alianos del siglo XI V encont raron esa élit e del cor gent il de la que habla Auerbach ( 1969) ; cóm o en la alt a Edad Media las señoras cast ellanas y sus cort ej os fueron dest inat arios de los rom ans que el público m asculino, m ás ocupado en ot ros oficios, no leía ni apreciaba; cóm o se van creando núcleos de aficionados al art e en las ciudades europeas: t ales son las cuest iones que debe abordar una hist oria de la conform ación del público. Cuando el desarrollo de la vida polít ica y m ercant il en las ciudades it alianas am plió el círculo de la com unidad urbana y requirió de un núm ero m ayor de personas para la adm inist ración de la cosa pública o de los negocios privados, surgió un pat riciado ciudadano ( con su respect iva client ela) dist int o de la nobleza feudal de ot ras regiones de I t alia y de Europa. Se est aban dando ent onces 80 los prim eros pasos en la const it ución de un público de nuevo t ipo: los hum anist as fueron quienes, en prim er lugar, se beneficiaron con est e cont act o am pliado y m ediado con los lect ores, a quienes ya ent onces em pezaron a no conocer personalm ent e. Luego, la I nglat erra de I sabel I fue escenario de un desarrollo m ás profundo, que se revelaría decisivo para el dest ino de las m odernas relaciones ent re aut or y lect ores. El t eat ro se em ancipó de las t ut elas cort esanas al conquist ar, por el pago de ent radas, la independencia económ ica que perm it ió al dram a shakespeariano no ser una lit erat ura de cort e. El príncipe Ham let , que enseña a avezados act ores cóm o deben represent ar sus papeles, ya no hubiera podido operar así en los t eat ros donde se represent aban las obras de Shakespeare. Sin em bargo, ést e y los dem ás poet as cont em poráneos suyos m ant uvieron aún lazos de dependencia: rast ros del viej o sist em a de pat ronazgo ( véase m ecenas) perduran en sus obras poét icas, en sus dedicat orias y, crist alizados, en algunos rincones de la escena isabelina. Con t odo, el público del Teat ro del Globo es, en el sent ido m ás am plio, un público anónim o que com pra direct am ent e su derecho a presenciar una represent ación y libera, por lo t ant o, a los aut ores de la oblicua prot ección de la nobleza, de sus gust os y de su crít ica. Las inst it uciones m odernas por excelencia: el m ercado ( véase) de bienes cult urales y su m ediador, el edit or o el em presario t eat ral, crean el espacio donde el público anónim o opera sus t ransacciones. Rebalsado el circulo arist ocrát ico, el público, durant e t odo el siglo XVI I I hast a alcanzar su pleno desarrollo en el XI X, crece hast a abarcar a la burguesía y a sect ores urbanos que accedían lent am ent e a la alfabet ización. Por lo m enos en pot encia, el público y la sociedad burguesa se sobreim prim en, aunque sus lím it es nunca coinciden en la práct ica de m anera efect iva. Las diferenciaciones en el int erior del público com ienzan a ahondar los canales de su est rat ificación. Según el t est im onio de Sam uel Richardson, afort unado aut or de Pam ela y Clarissa, dos best sellers del siglo XVI I I , la nueva novela sent im ent al fue en un principio lect ura predom inant em ent e fem enina y las m uj eres, sin duda, no habían sido el grueso del público isabelino. Levin Schückin señala reit erados ej em plos de est rat ificación por sexo y edad, ent re ot ros la que t oca a dos obras de St erne: Trist ram Shandy, leído por los hom bres, y El viaj e sent im ent al, celebrado por las m uj eres. Algo sim ilar sucede con el público byroniano; y St endhal no dej a de reconocerlo en El roj o y el negro: el asom bro que m anifiest a Julien Sorel ant e el gust o por las novelas picant es y filosóficas de Volt aire profesado por la señorit a de la Mole; la declaración en uno de los epígrafes de la m ism a obra acerca de que no había boudoir donde no se encont raran varios t om os de novelas. 81 Pero la est rat ificación com port a al m ism o t iem po una am pliación const ant e. Si la novela, com o lo señala I an Wat t ( 1972) no es dem asiado apreciada en m uchos círculos refinados del siglo XVI I I inglés, ochent a años m ás t arde, Dickens rom pería t odas las ant iguas barreras. La publicación de sus novelas por ent regas m ensuales las hace accesibles a sect ores que ant es j am ás habían com prado m at erial de lect ura ( si se except úan los alm anaques, los libros de devoción o de m agia, et cét era) . Hauser cit a el t est im onio de una m uj er de origen hum ilde, una sirvient a, que cuent a que en su barrio londinense un grupo de personas de su m ism a condición se reunían el prim er lunes de cada m es en casa de un vendedor de t abaco; a cam bio de una pequeña sum a, se t om aba t é y se asist ía a la lect ura en alt a voz de la correspondient e ent rega de una novela de Dickens ( en ese caso Dom bey & Son) . Bast e agregar, com o t est im onio de la t urbulent a expansión del público lect or, que de los Papeles de Pickwick se vendieron 40.000 ej em plares por ent regas. Est e fenóm eno no pudo m enos que arroj ar efect os sobre el t ipo de producción lit eraria: ent re ot ros, la est ruct ura episódica de las novelas de Dickens, con el suspenso colgado en el final de capít ulo, la present ación y desaparición brusca de personaj es, el sent im ent alism o plebeyo y lacrim ógeno, et c. El curso de est os cam bios afect ó profundam ent e la ideología del escrit or. Subordinado ant es al t rat o a veces caprichoso y ot ras alt anero de la nobleza y los círculos arist ocrát icos, el art ist a se enfrent ó luego con un público cuya cult ura era m uy inferior a la suya, m enos refinado, " burgués" , com o se lo definió siem pre en el siglo XI X. Huellas de su vínculo problem át ico con la nueva client ela lit eraria se encuent ran en t odos los poet as rom ánt icos: " Jam ás acept es consej o de los sim ples de espírit u. El t iem po t rast oca el j uicio de la obt usa m ult it ud. La crít ica cont em poránea no es sino la sum a de las t ont erías cont ra las que t iene que luchar el genio" , afirm aba con desprecio y quizá con despecho el inglés Shelley. Para decirlo con Raym ond William s ( 1971) : " Había cam biado la base social de la lit erat ura" y se t em ía que, j unt o con ello, los crit erios art íst icos y lit erarios descendieran. Sin duda el público de Thackeray no era el de Dickens: m ient ras ést e vendía 100.000 ej em plares por ent regas, aquél t enía alrededor de 15.000 lect ores, lo m ism o que George Eliot . Pero en su conj unt o, el m ercado lit erario y el público que abast ecía j ust ificaban la afirm ación que Defoe había proferido cincuent a años ant es: la lit erat ura se est aba convirt iendo en " una considerable ram a del Com ercio I nglés" . Es innegable que no t odo lo que leía el público que acababa de acceder a la lit erat ura era Balzac o Dickens y ni siquiera Dum as. En 1880, Mat t hew Arnold, alarm ado ant e el consum o de m asas, denunciaba: " Esa lit erat ura barat a y de aspect o innoble, com o las novelas chillonas que brillan en los est ant es de las librerías de nuest ras est aciones, y que parecen diseñadas, com o m uchas ot ras cosas dest inadas a nuest ra burguesía, para gent e de baj o nivel de vida" . Sin duda, 82 los t res siglos que presenciaron el ensancham ient o del público lect or proporcionaron m at erial a m uchos escándalos de est a índole. El surgim ient o de una lit erat ura de m asas no es el m enor de los problem as, com o no lo es t am poco el hecho de que Dickens y Balzac escribieran para ese público vert iginosam ent e am pliado que, ent re ot ras cosas, hizo posible la liberación del escrit or respect o del capricho de sus prot ect ores nobles. La m ercant ilización de la obra lit eraria y la independencia del escrit or son dos caras de un fenóm eno unit ario y com plej o: parece difícil reclam ar la una sin reconocer a la ot ra. 83 Serie El concept o de serie pert enece propiam ent e al cam po t eórico de los form alist as rusos, de donde ha pasado a las t endencias de la crít ica cont em poránea que han soport ado su influencia profunda. En los prim eros años de la década de 1920, en polém ica con las posiciones m ás est recham ent e form alist as del OPOJAZ, Vict or Zirm unski propone el problem a de la evolución de las form as lit erarias en su conexión con los cam bios hist órico- sociales: " La evolución del est ilo, com o unidad de m edios o procedim ient os art íst icos expresivos, est á ínt im am ent e conect ada con el cam bio de las propuest as art íst ico- psicológicas, del gust o y de los hábit os est ét icos, y t am bién con t oda la concepción del m undo de una época dada" . Así se afirm aba, en 1923, por un lado, la relación ent re lo lit erario y lo hist órico y, por el ot ro, se som et ía a sucesivas indagaciones las form as que ese nexo adopt a en sus realizaciones concret as. Si no puede decirse que por est e cam ino se rom pía por com plet o con la concepción form alist a de la lit erat ura, dado que en m uchos casos no se superaba la m era —o enfát ica— afirm ación del nexo, la preocupación present e en el t ext o de Zirm unski se conect a con la noción de serie, definida por Tiniánov en 1927 y por Tiniánov y Jakobson en sus t esis sobre la ciencia lit eraria en 1928 ( 1970) . Son est os dos brevísim os ensayos, los que m ej or exponen el concept o y la preocupación ( no resuelt a) acerca de que la t eoría y l a crít ica lit eraria no perm anezcan en los lím it es de una consideración puram ent e int erna de la obra, abst raída del m edio hist órico- social. Es dudoso que Tiniánov haya realizado luego el program a que expone en su ensayo de 1927, consagrado m ás bien al est udio de la est ruct ura y los efect os del sist em a lit erario ( véase) , y Jakobson, sin discusiones, no siguió desarrollando la perspect iva enunciada en 1928. Sin em bargo, la noción de serie, abundant e en sugerencias acerca de cóm o puede pensarse la relación ent re lo lit erario y lo social, represent a el punt o de avanzada de los form alist as rusos en est e aspect o de su t eoría lit eraria. Com o se ha dicho, la preocupación t iene su origen en el int errogant e acerca de cóm o cam bian las form as, los m ot ivos, las funciones, en sum a, los elem ent os que const it uyen el sist em a lit erario ( la t radición, véase) en un det erm inado m om ent o. El problem a de la " evolución lit eraria" obligaba a plant ear las m odalidades del cam bio —rupt ura, 84 conservación, cont am inación— del sist em a o serie lit eraria, y la consideración de esas m odalidades conducía a analizar el caráct er de las relaciones ent re esa serie y la serie hist órico- social. Est e es precisam ent e el program a enunciado por Jakobson y Tiniánov en 1928, cuya realización concret a hubiera exigido invest igaciones post eriores. La segunda t esis de " Problem as de los est udios lit erarios y lingüíst icos" enuncia que: " La hist oria de la lit erat ura ( o el art e) est á ínt im am ent e ligada a ot ras series hist óricas: cada serie involucra un m anoj o com plet o de leyes est ruct urales que les son específicas. Es im posible est ablecer una correlación rigurosa ent re la serie lit eraria y las ot ras series sin haber est udiado previam ent e esas leyes" . Est a t esis apunt a, aunque indirect a y alusivam ent e, a un conj unt o de problem as sobre el cam bio en lit erat ura y en la lengua lit eraria ( cuest ión que el form alism o ruso recibe de la lingüíst ica, preocupada ent onces, com o se sabe, por la oposición diacronía- sincronía de cuño saussuriano, que los lingüist as praguenses int ent aron sint et izar poco después) . Considera t am bién el caso ej em plar de las influencias resolviéndolo en los t érm inos del sist em a ( véase) y la m et odología que deberá guiar el em pleo de " m at erial ext ralit erario" en el cam po de la invest igación y la crít ica. El m at erial ext ralit erario est á const it uido y aparece baj o la form a concept ual de serie: serie hist órica, social, biográfica, et c. Su vínculo con la serie lit eraria deberá est ablecerse presidido por un punt o de vist a funcional ( véase función) . Al m ism o t iem po, la dirección de la evolución lit eraria y lingüíst ica perm anece indet erm inada en t ant o no se resuelva la " correlación de la serie lit eraria con las ot ras series sociales" , según leyes que le serían específicas y deberían ser invest igadas. En su art ículo, t am bién program át ico, de 1927, Tiniánov es incluso m ás explícit o respect o de la det erm inación recíproca de las series: la posibilidad m ism a de la invest igación en hist oria lit eraria queda som et ida al requisit o de que la lit erat ura, considerada com o serie, se reconozca rodeada por las series ext ralit erarias. La m archa de la indagación part e, para Tiniánov, de las funciones const ruct ivas int ernas ( las form as) a las funciones verbales y de allí a los fact ores sociales, cuya influencia ( y el t érm ino es del m ism o Tiniánov) debe com probarse. En la hist oria lit eraria, de est e m odo, el concept o de evolución podría ser reem plazado por el de m odificación ( int erna y correlat iva) de las series. Pese a la afirm ación decidida del nexo ent re las series lit eraria y ext ralit eraria, Tiniánov salva la especificidad de la prim era. En efect o, piensa que el rit m o y el caráct er de los cam bios en la serie lit eraria no coinciden con el rit m o y det erm inaciones de la social. Así la evolución de una función de la lit erat ura se realiza en un plazo largo, de una época a ot ra, y el cam bio de t odo el sist em a lit erario, que afect aría a la serie en su conj unt o, en un lapso de siglos. 85 El problem a, ent onces, de est ablecer las m ediaciones ent re la serie lit eraria y las ext ralit erarias es arduo, reconocido el caráct er diferent e de su evolución, y las leyes diversas que rigen el cam bio en cada una de ellas. En t odo est e plant eo, la noción de serie debe ser vist a sólo com o un elem ent o de una t ríada t eórica que se com plet aría con la de función y la de sist em a. El segundo aspect o de la cuest ión es qué zona, qué m anifest ación, por así decirlo, de la vida social ent ra en correlación con la lit erat ura. " La vida social, afirm a Tiniánov, t iene m uchos com ponent es de diversos aspect os y solam ent e la función de esos aspect os le es específica. La vida social ent ra en correlación con la lit erat ura ant e t odo por su aspect o verbal. Lo m ism o ocurre con las series lit erarias puest as en correlación con la vida social. Est a correlación ent re la serie lit eraria y la serie social se est ablece a t ravés de la act ividad lingüíst ica: la lit erat ura t iene una función verbal en relación con la vida social" ( 1970) . De est e m odo, por ej em plo, en det erm inados m om ent os de la hist oria cult ural, el salón, la reunión m undana de personas de " calidad" , que se reconocen com o cult as e incluso com o product oras de cult ura, se conviert e en un hecho lit erario y, a la inversa, la función lit eraria adquiere una m anifiest a ext erioridad social. El uso de la lengua oral que es pat rim onio de quienes frecuent an el salón ( o la cort e) se t rasvasa a la lit erat ura y, en algunos casos, le im pone por com plet o sus convenciones. Piénsese en la legit im idad lingüíst ica cuya paut a era el habla del honnêt e hom m e y que repercut e sobre la lit erat ura francesa del siglo de Luis XI V. Ciert o t ipo de poesía —y est e ej em plo lo proporciona Tiniánov— señala de m odo inconfundible el público hacia el que se orient a; y no sólo las com posiciones " de circunst ancias" , sino la poesía cívica o la lit erat ura galant e. La " expansión de la lit erat ura en la vida social" es ot ra de las inst ancias del sist em a de relaciones ent re las series. Ha sucedido ( y en la act ualidad de m anera evident e en el cine) que la lit erat ura proponga ciert o t ipo de " héroe" o de " personalidad" : el caso de Byron y el byronism o es sólo uno ent re m uchos ot ros. ¿Cóm o encarar el est udio de est os nexos? Sólo a part ir de las series m ás vecinas a la serie lit eraria —afirm a Tiniánov—, ya que la invest igación de correlaciones causales en series alej adas se dem ost raría inút il, aun en el caso de que t ales series fueran im port ant es. Tiniánov señala la im pert inencia de la explicación biográfica y j unt o con ella la especificidad lingüíst ico- lit eraria de su noción de serie, que a la vez la lim it a y la perfila com o concept o crít ico. En su libro ( en realidad un conj unt o de ensayos) El problem a de la lengua poét ica, al ret om ar la cuest ión de la relación ent re " art e y vida" , Tiniánov vuelve a afirm ar la suprem acía de la función verbal ( y de la serie correlat iva) , adj udicándole una función asim iladora que engloba a lo social: " Allí donde la vida ent re en la lit erat ura se conviert e ella m ism a en lit erat ura y debe ser evaluada com o hecho lit erario" . 86 Una crít ica precisa de est a problem át ica fue realizada por Medvedev y Bacht in ( 1978) : véase evaluación social. 87 Sistema La noción de sist em a pert eneció al cam po concept ual del form alism o ruso, donde fue plant eada y parcialm ent e desarrollada por Tiniánov ( 1970 y 1968) , de donde ha pasado, generalizándose, a diversas corrient es de la crít ica cont em poránea, com o se verá m ás adelant e. Por ot ra part e, es difícil pensar la hist oria de la noción fuera del m arco concept ual que la lingüíst ica —m oscovit a, francesa, praguense— le proporcionó a la invest igación lit eraria. Recuérdese que la década del 20 fue escenario del plant eam ient o de una ardua cuest ión t eórica: ¿debía m ant enerse incólum e la oposición saussuriana ent re diacronía y sincronía, est ruct ura e hist oria o, m ás bien, debían pensarse los nexos sist em át icos que vinculaban am bos t érm inos? La segunda propuest a, que aparecerá en las t esis de la escuela de Praga en 1929, ya form aba part e del clim a int elect ual de los form alist as rusos. De allí que sea preciso no desvincular la noción de sist em a de las sugest iones que, provenient es de la lingüíst ica, encaraban el cam bio com o evolución sist em át ica, enriqueciendo y sint et izando la oposición sim ple de sist em a y evolución. Tant o la consideración de la obra com o sist em a, com o la de la serie ( véase) en su conj unt o, t iene t am bién una m at riz t eórica de proveniencia lingüíst ica, porque la obra es concebida siem pre " diferencialm ent e" , t ant o en lo que respect a a su est ruct ura int erna com o a su relación con las ot ras obras lit erarias. Es sabido que las relaciones de oposición y diferencia pert enecen al cam po t eórico de la lingüíst ica y la fonología. La ot ra sugerencia t eórica que confluye a la const it ución del concept o de sist em a t iene origen en una t eoría de la hist oria que la concibe definida por una dialéct ica de la cont radicción. El sello que el hegelianism o y el m arxism o deposit aron sobre las t eorizaciones de los form alist as puede haber t enido diferent es canales de t rasvasam ient o, pero lo que es indudable es el peso int elect ual que el m arxism o det ent aba en el cam po ideológico de la Rusia de los años veint e. Así, la época lit eraria no es, para Tiniánov, un sist em a inm óvil, sino que " en la cont em poraneidad se desarrolla la m ism a lucha de los diferent es est rat os y de las diferent es form aciones que se encuent ran en una serie hist órica diacrónica" ( 1968) . En consecuencia, la idea de sist em a lit erario supone cont raposición, supervivencia de viej os elem ent os, coexist encia de funciones ( véase) nuevas y arcai cas, cam bio de funciones, et c. 88 De est e m odo la noción de sist em a ocupa, en el cam po t eórico de los form alist as rusos, un lugar análogo al de " t radición" , por una part e, y al de " est ado lit erario" ( en el sent ido en que se habla de " est ado de lengua" en un m om ent o dado) , por la ot ra. En su ensayo sobre " Dost oievski y Gógol" , que no por casualidad Tiniánov subt it ula " Para una t eoría de la parodia" , se afirm a de la t radición lit eraria present e en un m om ent o dado que " no se t rat a de una línea rect a cont inua, sino m ás bien de una part ida, de una separación respect o de un punt o det erm inado; se t rat a de una lucha" . Tiniánov t iene especial int erés en que la noción de sist em a lit erario no sea confundida con la de época: est e concept o no organiza sist em át icam ent e las obras y funciones lit erarias y operando con él se obt iene una t ot alidad cuya unidad es sólo fict icia y dependient e de una em piria que im pediría percibir las relaciones ( de diferencia y oposición) profundas, verdaderam ent e significat ivas. La m ayoría ( s¡ no t odos) los hechos lit erarios sólo pueden ser explicados — afirm a Tiniánov y t am bién Jakobson— m ediant e el concept o de sist em a: la parodia, la est ilización, el arcaísm o, el grot esco, el pasaj e de una form a de la lit erat ura popular a la cult a o el m ovim ient o inverso, se explican en la art iculación sist em át ica de obras, funciones y elem ent os de la lit erat ura y la lengua. Según una t esis que desarrollará el post form alism o ruso ( 1978) t oda obra de art e ( y no sólo la parodia) nace en cont raposición, paralelo o ant ít esis a un m odelo. Sobre est a línea de invest igación, son m em orables los ensayos de Mij ail Bacht in sobre Dost oievski y Rabelais ( 1974) . En su libro sobre est e últ im o aut or, Bacht in dem uest ra cóm o Gargant úa y Pant agruel fueron escrit os incorporando al sist em a lit erario elem ent os cult urales, lingüíst icos, ant ropológicos de procedencia popular: el lenguaj e de la plaza pública y la feria con su t em at ización del cuerpo, las funciones sexuales, los excrem ent os y los hum ores conform an, t rasm ut ados lit erariam ent e, t oda una zona de la escrit ura rabelesiana. Del m ism o m odo, el carnaval y las m áscaras son part e del sist em a lit erario en el que, com o recreación y parodia, se inscribe Gargant úa. Con est a operación, el concept o de sist em a no solam ent e obvia el m uy discut ible de influencia, sino que am plía el cam po m at erial lit erario y borra las separaciones ent re sist em a lit erario cult o y el sist em a cult ural popular. No los considera hom ólogos, sino que m ás bien proporcionaría el inst rum ent o para descubrir su art iculación est ruct ural. Es en la obra de Bacht in donde la noción de cam po lit erario com o sist em a int eresa m ás direct am ent e a una sociología del hecho lit erario. El célebre ensayo de Tiniánov sobre Dost oievski y Gógol, en el que se desarrolla el concept o de parodia dent ro ( y del) sist em a lit erario perm anece m ás at enido a los lím it es del análisis form al est rict o. Bacht in, en cam bio, sin t eorizar explícit am ent e sobre la noción, en La cult ura popular en la Edad Media y el Renacim ient o: el cont ext o de François Rabelais dem uest ra de qué m odo es im prescindible que la 89 crít ica hist órica se plant ee una perspect iva sist em át ica, porque un m ism o elem ent o o función puede ser lit erario o no serlo y ello depende del m edio hist óricosocial que lo adopt e. Rabelais, al com poner el Gargant úa, t rabaj ó dent ro de un sist em a det erm inado por la inclusión de rasgos de la cult ura popular y el sist em a lit erario así const ruido debería ser est udiado en función de cóm o se produj eron los t rasvasam ient os y cóm o los elem ent os ext eriores a la lit erat ura cult a funcionan en un t ext o que pert enece a ella, deform ados, est ilizados, procesados por la parodia, la hipérbole, et c. El sist em a lit erario no supone, claro est á, la igualdad funcional de t odos los elem ent os que lo int egran. Exist en elem ent os dom inant es ( véase cult ura) . Precisam ent e, porque la relación ent re esos elem ent os es sist em át ica, puede ser concebida de m anera asim ét rica o com plem ent aria. Por su int rínseca conexión con el concept o de sist em a y su práct icam ent e im posible est udiar funcionam ient o, est a noción véase t am bién género: es fuera del sist em a lit erario y det erm inada por él. Para volver finalm ent e a Tiniánov, ant es de abandonar el cam po t eórico de los form alist as rusos, recuérdese que en " La evolución lit eraria" ( 1970) se sugiere la necesidad de const ruir un sist em a de los sist em as: aquél que pondría en correlación las series lit erarias con las series sociales, hist óricas, biográficas y lingüíst icas. En la act ualidad, la noción de sist em a ha sido ret om ada por una corrient e francesa del est ruct uralism o, que no ha hecho m ayores aport es a su desarrollo, y aunque no t em at izada explícit am ent e, incorporada por un crít ico y un sociólogo: Pierre Macherey y Pierre Bourdieu. En Pour une t héorie de la product ion lit t éraire ( 1966) , Macherey esboza los concept os fundam ent ales que definirían a la obra lit eraria, por un lado, y a la t eoría crít ica, por el ot ro. Subraya especialm ent e el caráct er com puest o de la obra, en polém ica con sus versiones est ruct uralist as, y la het erogeneidad que, por su nat uraleza, encierra siem pre. Al afirm ar que el " m ovim ient o del t ext o es sist em át ico" pero j am ás sim ple, Macherey indaga las razones de la com plej idad y m ult iplicidad del t ext o ( véase) lit erario: " La obra nunca viene sola: est á siem pre det erm inada por la exist encia de ot ras obras, que pueden pert enecer a ot ros sect ores de la producción; no exist e un prim er libro ni un libro independient e, inocent e en absolut o; la novedad, la originalidad, en lit erat ura com o en t odas part es, se define siem pre por sus relaciones: su aut onom ía y su coherencia pagan el precio de est a alt eridad, que puede ser t am bién, según las circunst ancias, una alt eración" . Est e señalam ient o que parece, ya hoy, un lugar com ún de un abanico de t endencias crít icas, t iene im port ancia para la consideración sociológica de la lit erat ura. En prim er lugar porque el sist em a que det erm ina la exist encia y la j erarquía de una obra debería ser invest igado en vist a de su 90 const it ución com o sist em a cult ural que, funcionando en la vida social, lleva una m arca de clase, de grupo o de cat egoría int elect ual. Tiene, en efect o, significación social la exclusión o inclusión de ciert os t ext os en el cam po lit erario y es correct o afirm ar que exist en sist em as lit erarios dom inant es, en una sociedad y en un m om ent o dados, y sist em as lit erarios em ergent es que no sólo difieren en la inclusión de un conj unt o de obras sino respect o de su público, el gust o y el lugar social de sus escrit ores. Pierre Bourdieu, por su part e, desde un punt o de part ida sociológico, ha reflexionado y organizado brillant em ent e un gran núm ero de ej em plos ext raídos de encuest as e invest igaciones em píricas. Señala que el peso del sist em a se im pone de t al m odo sobre los individuos ( y en est e sent ido, su vigencia puede ser com parada con la de una inst it ución o una ley social obj et iva) que ést os no pueden adopt ar j erarquías dist int as de las propuest as por el sist em a de clasificación. Pero, a diferencia de la ley, cuyo acat am ient o pasa por la conciencia de los hom bres, el sist em a lit erario y art íst ico funcionaría a la m anera de ot ro t ipo de norm as que, int ernalizadas a t ravés de la educación, de la fam ilia, de la escuela, de las inst it uciones ideológicas en su conj unt o, son inconcient es except o para aquellos que adopt an frent e a ellas la dist ancia t eórica o cient ífica. Product os de la hist oria y de las clases, los sist em as disponibles para una época y un sect or social organizan la percepción est ét ica de las producciones cont em poráneas, pero t am bién la j erarquía de valores de t odo el pasado cult ural. Los inst rum ent os de apropiación cult ural y lit eraria son funcionales a est e sist em a y la " im agen privada" que un individuo t iene de una obra est á det erm inada por su " im agen pública" . La m odificación de los inst rum ent os de percepción y represent ación supone m odificaciones correlat ivas en el sist em a art íst ico- cult ural y, en consecuencia, la " m uert e" hist órica de algunas obras, la " resurrección" de ot ras, el auge de ciert os procedim ient os, et c. Est a t em át ica, desde el punt o de vist a de su part icular t eoría de la relación ent re cult ura y sociedad, ha sido t am bién abordada por el crít ico inglés Raym ond William s. En The Long Revolut ion ( 1971 a) , William s est udia con exhaust ividad el proceso por el cual se fue reform ando t odo el sist em a cult ural inglés, a part ir del ascenso de la burguesía, el surgim ient o de un nuevo público, la incidencia de la alfabet ización y del m ej oram ient o de las condiciones de vida de las clases product oras, la urbanización, et c., y de qué m odo est e conj unt o de fact ores operaron solidariam ent e para const ruir lo que sería el sist em a de la lit erat ura inglesa m oderna, donde la novela y el periodism o ocupan un lugar j erárquico fundam ent al. Véanse t am bién: inst it ución y convención. 91 Texto La noción de t ext o ha sido elaborada por las corrient es crít icas que, t ribut arias del est ruct uralism o y la sem iología, buscaron operar con un conj unt o de concept os que diera cuent a de la especificidad de la escrit ura lit eraria y de su producción ( véase) . La unidad lingüíst ica en la t eoría saussuriana era el signo o, en el caso m ás ext ensivo, el sint agm a: una lingüíst ica del discurso ( para m ent ar el ya clásico program a de Roland Bart hes) se im ponía com o const rucción t eórica, en el cam po sem iológico especialm ent e, para abordar al t ext o lit erario. A est a em presa confluyeron, en la sem iología francesa, los ensayos de Bart hes y de Julia Krist eva. En cuant o a la pert inencia de la noción para la sociología de la lit erat ura, es preciso volverse hacia ot ros aut ores que, com o Pierre Macherey, const ruyeron una t ram a concept ual en polém ica explícit a con el est ruct uralism o bart hesiano. En Pour une t héorie de la product ion lit t éraire ( 1966) , Macherey expone sus denom inados " concept os crít icos" . La consideración del t ext o est á definida en t orno a un rasgo que le parece clave: la diversidad por la que el t ext o no afirm a sólo una cosa sino varias y dist int as; es en est a m ult iplicidad, en el desfasaj e producido por significados diferent es, donde la lect ura crít ica debe, precisam ent e, buscar los sent idos t ext uales: el t ext o t iene un revés y un derecho, lo cual no significa adj udicarle una " profundidad" const ruida en sucesivas " capas" , sino una diversidad resuelt a en unidad asediada por la cont radicción. Sólo en apariencia el t ext o lit erario es un t odo unificado: siem pre se puede encont rar en él la huella de una rupt ura int erna, " de un descent ram ient o que m anifiest a su dependencia respect o de condiciones dist int as de posibilidad" . Product o de un t rabaj o, nada exist e det rás del t ext o sino en él: las condiciones de su producción, una especie de " necesidad libre" . Los m at eriales sociales del t ext o, el lenguaj e y la ideología ( véase) , se som et en allí a una ut ilización part icular: " La obra lit eraria est á en relación con el lenguaj e en t ant o t al; por ést e, se pone en relación con los ot ros usos del lenguaj e: uso t eórico y uso ideológico, de los que depende m uy direct am ent e; por int erm edio de las ideologías se pone en relación con la hist oria de las form aciones sociales; t am bién lo est á por el est at ut o propio del escrit or así com o por los problem as que 92 le plant ea su exist encia personal; por últ im o, la obra lit eraria part icular no exist e sino en su relación con una part e, por lo m enos, de la hist oria de la producción lit eraria, de donde provienen los inst rum ent os esenciales de su t rabaj o" . Est e doble vínculo social con el lenguaj e y la ideología que señala Macherey ( o, t am bién, con la ideología por int erm edio del lenguaj e) reproduce el m ovim ient o que analizó Della Volpe en su Crít ica del gust o ( véase t ipo) . De est e m odo, el ft ext o cont iene, ocult o sólo m om ent áneam ent e y fpresent e siem pre, su nat uraleza social, m ediada por su t ram a ideológico- lingüíst ica. Quedaría respondida así la clásica pregunt a de la " crít ica t rascendent e" ( que Macherey se propone dest ruir en su m ism a fórm ula) acerca de con qué realidad est á vinculada la obra, de qué ext erioridad es reflej o. Esa " realidad" , dice Macherey, no es la inm ediat a de las relaciones sociales y económ icas em píricas, sino su represent ación en la ideología. Por ello, el t ext o, com o la ideología, cont inúa Macherey, debe ser int errogado no sólo en aquello que dice sino t am bién en lo que calla y, al callar, deform a, ocult a, niega. La unidad del t ext o sería j ust am ent e est a diferencia, el cont rast e que art icula lo dicho y lo no dicho, producción de la ideología que conform aría su única " profundidad" . En su est udio sobre Los cam pesinos, de Balzac, not able en m uchos aspect os, Macherey proporciona un ej em plo de aplicación de sus concept os crít icos. Analizando un procedim ient o t ípico de la novela balzaciana, el de la inclusión de " enunciados ideológicos" de efect o cient ífico o pret ensión m oral, Macherey describe la art iculación del procedim ient o de la ideología y del procedim ient o de la novela: el enunciado novelíst ico cont radice el enunciado ideológico en el int erior de un m ism o t ext o, pero j am ás se anulan, sino que, por el cont rario, coexist en definiendo la form a het erogénea de la escrit ura balzaciana. En él no hay una hist oria o una sociedad ext eriores que se pondrían en correlación con una t ram a fict icia propiam ent e lit eraria. Sino que la ideología ( en sus form as hist órico- sociales) es part e del aparat o que escribiría el t ext o y definiría sus art iculaciones y ensam blam ient os int ernos. El ensayo Crit icism and I deology ( 1978) , del inglés Terry Eaglet on, se inscribe en el cam po problem át ico que, por int erm edio de Macherey, se em parient a con Alt husser. Est a inscripción es, sin em bargo, crít ica en varios aspect os. Eaglet on define al t ext o com o la conj unción sobredet erm inada de elem ent os o form aciones: el m odo de producción lit erario, la ideología general, la ideología del aut or, la ideología est ét ica y, por supuest o, el m odo de producción dom inant e. Es innegable ( y un poco aparat osa) la volunt ad de const ruir, sobre el m odelo de las relaciones sociales y económ icas definidas por Alt husser, una t eoría del t ext o com o producción y com o act ividad especialm ent e relacionada con la ideología. Un aspect o cent ral de la argum ent ación de Eaglet on versa sobre la problem át ica de la ideología com o 93 falsa conciencia que, por su relación con las form as según las que la ideología operaría con la lit erat ura, exam inarem os a cont inuación. Eaglet on se plant ea la pregunt a ya clásica de la crit ica lit eraria m arxist a: por qué el legit im ist a Balzac pudo producir ese caract eríst ico " efect o de verdad" en sus novelas sobre la Francia de la Rest auración y la Monarquía de Julio. A est a cuest ión que la problem át ica lukacsiana resuelve m ediant e el desarrollo del concept o de t ipo ( véase) , el ensayo de Eaglet on int ent a acercar algunas precisiones de m at riz t eórica diferent e. El t ext o, dice, proporciona efect ivam ent e un ciert o conocim ient o hist órico: si bien su conexión con l a realidad es por y a t ravés de la ideología, est a const at ación no supone que el t ext o se ent regue sin m ás a las ilusiones de la falsa conciencia. La concepción de la ideología que est á present e en los plant eos de Eaglet on no asim ila ideología a engaño de la conciencia: ej em plificando con la narrat iva de Jane Aust en, dem uest ra de qué m anera esos t ext os, com o product os de det erm inados códigos ideológicos, hacen pat ent e el acceso a valores, fuerzas y relaciones que t ienen que ver con la verdad hist órica: la m ercancía, el dinero y las relaciones salariales —afirm a Eaglet on— son, es ciert o, " form as fenom énicas" del capit alism o, pero no por ello dej an de ser m enos reales. El t ext o al t rabaj ar con las ideologías las incluye en su t ram a y habla de ellas. Así, la hist oria ent raría en el t ext o precisam ent e com o ideología, com o una presencia det erm inada y dist orsionada por sus ausencias m ensurables" . El t ext o produce est a form a part icular de ideología a part ir de las ideologías sociales, procesadas en el m arco de las ideologías est ét icas y sobredet erm inadas por esa form a especial de ideología social que sería, para Eaglet on, la ideología del aut or. La est ruct ura del t ext o es un product o de est e proceso: " Dent ro de una ciert a conj unción de la ideología 'general' y la ideología 'est ét ica', sólo es posible una det erm inada perm ut ación de elem ent os t ext uales: si se plant ea a, el t ext o luego podrá plant ear b o c, pero no x . Y es precisam ent e en el doble caráct er del t ext o, que de ello result a, en esa com binación de suspenso y lógica int erna, apert ura y clausura, necesidad y libre j uego, det erm inación y provisionalidad, que se det erm ina esa experiencia caract eríst ica de la lect ura" . Eaglet on aborda t am bién la cuest ión de la est ruct ura del t ext o y su relación, por un lado, con la verdad y, por el ot ro, con la ideología. Según su opción t eórica, la verdad de un t ext o reside en su relación práct ica con la ideología y, por su int erm edio, con la hist oria. Es est a relación la que det erm inaría la est ruct ura t ext ual com o una rupt ura, un descent ram ient o y no una sim et ría reflej a de lo real, social o nat ural. Tam poco un reflej o de la est ruct ura de la ideología, sino m ás bien la result ant e de una operación recíproca por la cual el t ext o desest ruct ura a la ideología social para est ruct urarla com o ideología t ext ual, proceso en el cual lo específicam ent e est ét ico sería, en definit iva, producido. 94 Tipicidad Aunque corrient e en la crít ica lit eraria del siglo XI X, y con diversas acepciones, la noción de t ipo lit erario sólo adquirirá en el int erior de la t radición t eórica m arxist a el valor de un concept o de im plicaciones a la vez sociológicas y est ét icas. En realidad, puede decirse que t odo un filón de los análisis m arxist as acerca de la lit erat ura y el art e giran alrededor de las ideas de t ipo y t ipicidad y que su punt o de part ida se halla en una conocida fórm ula de Engels: " El realism o significa reproducir los caract eres t ípicos en circunst ancias igualm ent e t ípicas." Ahora bien, nadie ha asum ido com o Georg Lukács la t area de elaborar sist em át icam ent e la fórm ula de Engels. Transform ó así la noción de t ipicidad en concept o cent ral de su est ét ica y de su t eoría del realism o lit erario, convirt iéndola en el ej e de num erosos est udios sobre la novela m oderna. Dada la influencia ej ercida por los plant eos de Lukács sobre los enfoques hist órico- sociales del hecho lit erario, dedicarem os a sus form ulaciones la m ayor part e de est e art ículo. Secundariam ent e incluirem os t am bién los punt os de vist a sobre la t ipicidad lit eraria de Galvano Della Volpe, inspirador de t oda una escuela crít ica dent ro del cuadro int elect ual del m arxism o. Según Lukács el t ipo lit erario se " caract eriza por el hecho de que en él convergen y se ent recruzan en una unidad vivient e, cont radict oria, t odos los rasgos sobresalient es por cuyo int erm edio la verdadera lit erat ura reflej a la vida; t odas las cont radicciones m ás im port ant es, sociales, m orales y psicológicas de una época. ( … ) En la represent ación del t ipo ( … ) se funden lo concret o y la norm a, el elem ent o hum ano et erno y el hist óricam ent e det erm inado, la individualidad y la universalidad social. Por ello, en la creación de t ipos, en la represent ación de caract eres y sit uaciones t ípicas, las t endencias m ás im port ant es de la evolución social hallan una adecuada expresión art íst ica" . Y Ham let o Rast ignac, Julien Sorel o I ván I lich no serían sino realizaciones o ej em plares plenos de est a especie. Analizando la definición que acabam os de t ranscribir se puede capt ar el com plej o cat egorial dent ro del cual Lukács ha insert ado y desarrollado la fórm ula engelsiana y su fuent e t eórica m ás inm ediat a: el m at erialism o hist órico y, sobre t odo, la filosofía hegeliana. En prim er t érm ino, la cat egoría de t ot alidad, una cat egoría que Lukács colocó desde sus prim eros escrit os inspirados en el 95 m at erialism o hist órico en el núcleo de su concepción del m arxism o. El principio de que la verdad radica en el " t odo" , que Lukács t om ó de Hegel conservando en su nuevo uso t odas las connot aciones organicist as que poseía en el cont ext o de la filosofía hegeliana, aparece com o at ribut o de la t ipificación lit eraria. La visión de la t ot alidad que la lit erat ura proporcionaría por m edio de los personaj es t ípicos en sit uaciones t ípicas no es, por supuest o, la de la m ult iplicidad em pírica de los hechos de la vida social. Es la que se obt iene a t ravés de la elaboración lit eraria de los " rasgos sobresalient es" y las " cont radicciones m ás im port ant es de una época" , dado que el art e, com o m odo específico de conocim ient o, opera t am bién por selección En segundo t érm ino, el t ipo lit erario aparece com o la figura m ediadora y el m om ent o de sínt esis de la dialéct ica de lo universal y lo individual en el plano est ét ico. La m ediación funciona en un doble sent ido y la lit erat ura evit a por m edio de la t ipificación una doble abst racción: la de la represent ación de la individualidad inm ediat a, al m argen de las det erm inaciones fundam ent ales de una época hist órica, y la abst racción de esas det erm inaciones sin encarnación en un dest ino individual concret o. Para ilust rar t odo est o con un ej em plo: El roj o y el negro no es m eram ent e la crónica novelada de la Rest auración, de ese orden est ablecido sobre la represión de los im pulsos dem ocrát icos del período de la revolución y de los m it os heroicos del napoleonism o, un orden donde sólo la hipocresía, la sim ulación y la frivolidad abren las puert as del éxit o y del reconocim ient o social. Ni, t am poco, sólo la peripecia individual de un pequeño burgués de provincia, un advenedizo am bicioso pero apasionado que fracasa. La figura de Julien Sorel condensa e int ensifica, " en una unidad vivient e y cont radict oria" , t odos aquellos rasgos " sociales, m orales y psicológicos" del período de la Rest auración, m ediando así ent re la pura individualidad y la pura generalidad. La definición de Lukács t iene com o presupuest o que la lit erat ura, y el art e en general, es una form a de conocim ient o. En est e sent ido la " verdadera lit erat ura" reflej a la realidad, ent endida com o obj et ividad hist órico- social preexist ent e a su represent ación lit eraria. Pero la realidad que la lit erat ura reflej aría por m edio de la t ipificación ( no debe olvidarse que para Lukács sólo ciert as obras realizan est e com et ido, l a s " grandes obras" de la lit erat ura occident al) no es la que se da inm ediat am ent e a la capt ación, sino aquella cuyo descubrim ient o requiere una act ividad de búsqueda y exploración por part e del escrit or. Y aquí aparece la ot ra dialéct ica cat egorial incluida en la t eoría lukacsiana del t ipo: la dialéct ica ent re el fenóm eno o la apariencia y la esencia. De est a dialéct ica derivaría, por una part e, el crit erio de que el m ayor o m enor realism o de las figuras lit erarias t ípicas no em anaría de su " nat uralidad" o de su verosim ilit ud m ás o m enos inm ediat a, sino de su capacidad para im plicar los rasgos significat ivos de una época. En est e sent ido, 96 serían t an t ípicos Don Quij ot e com o Ana Karénina. Por ot ra part e, esa exploración que la act ividad lit eraria t iene com o requisit o para t rascender las " evidencias" de la experiencia inm ediat a, desem bocaría en una esencia abst ract a si el escrit or no la elaborara para dot ar a sus personaj es de l a figura de lo concret o. De m odo que el t ipo y las sit uaciones t ípicas t ornan t ransparent e la esencia y ést a se vuelve sensible en la represent ación lit eraria, según una idea cara a la est ét ica hegeliana. La t ipificación no es, ent onces, la t ranscripción de los dat os de una realidad pasivam ent e acogida por el escrit or, ni el t ipo la represent ación lit eraria de un t érm ino " m edio" abst ract am ent e definido ( el " pequeño burgués" , el " t errat enient e" , et c.) . Se t rat a de una operación específicam ent e lit eraria por m edio de la cual el escrit or const ruye una suert e de " m odelo" significat ivo, capaz de ilum inar los rasgos principales de una t ot alidad social e hist órica det erm inada, cuya configuración sint et iza el m om ent o de la exploración y el m om ent o de la invent iva, propios de la práct ica lit eraria. La concepción lukacsiana del t ipo organiza su t eoría del realism o y const it uye el ej e de una verdadera norm at iva. Com o ha sido señalado m uchas veces, dicha concepción result a funcional al ciclo de form as dram át icas y, sobre t odo, narrat ivas predom inant es en la órbit a de la cult ura europea en el curso del siglo XI X, cuyo paradigm a est á en la obra de Balzac, por un lado, y en la de Tolst oi, por el ot ro. De ahí que haya sido en sus num erosos est udios sobre ese período donde Lukács pudo m ost rar las m ej ores posibilidades crít icas de su t eoría del realism o, así com o sus lím it es. La concepción de t ipicidad lit eraria de Galvano Della Volpe no sólo es diferent e sino qué est á form ulada en explícit a polém ica con la de Lukács, aunque t enga, com o ést e, al m arxism o com o uno de sus referent es t eóricos y considere t am bién a lo t ípico com o una cat egoría de valor a la vez est ét ico y sociológico. Para Della Volpe, la t eoría lukacsiana del t ipo y, en general, de la lit erat ura y el art e, son t ribut arias de una est ét ica rom ánt ica que se t orna pat ent e en el principio de que el art e —y consecuent em ent e el t ipo— hace int uir " sensiblem ent e" la idea ( la t ot alidad o la esencia) . Al definir en est os t érm inos la especificidad de la represent ación lit eraria —y oponerla al conocim ient o que proporciona la ciencia, que operaría concept ualm ent e y por abst racción—, Lukács subest im aría la est ruct ura int elect ual de la obra lit eraria y, j unt o con ello, bloquearía la posibilidad de una explicación int rínseca de la art iculación de lit erat ura y sociedad. A la m ism a m at riz rom ánt ica obedecería la falt a de t oda problem at ización de los aspect os t écnico- sem ánt icos específicos de la obra lit eraria, con lo cual la cuest ión de la t ipicidad aparece plant eada en t érm inos sociológicos genéricos y ext eriores al discurso lit erario en cuant o t al. 97 Com o alt ernat iva, Della Volpe desarrolla una t eoría del t ipo, asim ilado al concept o de " sím bolo lit erario" , que afirm a, en prim er t érm ino, su dim ensión int elect ual o racional. Dado que la idea m ism a de t ipo presupone la capt ación de caract eres com unes y, por lo t ant o, la act ividad de discrim inar, relacionar, com parar, operaciones que son propias de la racionalidad, ést a const it uiría la condición " form al" del t ipo com o configuración lit eraria. Por ot ra part e, el operar int elect ual sería puram ent e vacío si no se ej erciera sobre la experiencia —siem pre hist óricam ent e det erm inada— de las " cualidades del m undo" social y nat ural. Razón y experiencia serían, pues, dos t érm inos recíprocam ent e funcionales cuya dialéct ica hace posible la const it ución del t ipo o " sím bolo lit erario" : com plej o int elect ualint uit ivo que j ust am ent e en virt ud de su dim ensión int elect ual t iene la propiedad de significar " algo" . Ahora bien, es est a propiedad, dependient e de la est ruct ura int elect ual de t odo enunciado lit erario, la que rem it e el t ext o al cam po de las significaciones ideológicas y a la hist oria. Sin em bargo, para dar cuent a plenam ent e t ant o de la especificidad del discurso lit erario com o de la m odalidad de su inscripción social, es necesario ir m ás allá, asum iendo desde el punt o de vist a t eórico el hecho de que la operación lit eraria se desarrolla en y a t ravés del lenguaj e. El lenguaj e, ent endido com o com plej o de form as y significaciones —lo " lit eral- m at erial" , en la t erm inología de Della Volpe— es la " m at eria" y el " m edio" sobre el que act úa el t rabaj o lit erario con la finalidad de const it uir " valores" que son est ét icos y gnoseológicos a la vez ( el sím bolo poét ico, por ej em plo) . A t ravés de esa act ividad, que posee un rigor propio, diferent e del rigor del discurso cient ífico o filosófico, el escrit or const ruye unidades de significación sem ánt icam ent e aut ónom as, cualidad que proviene, j ust am ent e, del m odo en que se organiza el lenguaj e. La equivocidad del lenguaj e com ún ( el lit eral- m at erial) result a así " superada" , pero según una vía cuyo obj et ivo no es la form ulación de enunciados o concept os unívocos, sino significaciones polisém icas que int ensifican y m ult iplican los sent idos ya crist alizados en el lenguaj e. Pero " superar" no significa abolir y el uso poét ico del lenguaj e no sólo presupone sus ot ros usos sociales ( com ún o cient ífico) sino que est á condicionado por ellos y se especifica en relación a ellos. Al ser el lenguaj e el vehículo por excelencia de las significaciones sociales y cult urales de una época, es por su m ediación que la obra lit eraria se conect a con una superest ruct ura dada. Así, es por m edio del " lit eral- m at erial" com o " t oda la sust ancia ideológica y cult ural de una sociedad const it uye el hum us hist órico del opus poét ico, del cual nacerá ést e inscribiéndose así en una sobre- est ruct ura, con la presupuest a infra- est ruct ura económ ico- social" ( 1966) . Hay, pues, en el operar lit erario una " dialéct ica sem ánt ica" de conservación y desarrollo de las significaciones cuyo result ado son configuraciones expresivas aut ónom as: los " valores lit erarios" . Est a es la dialéct ica 98 que preside el proceso de t ipificación o sim bolización lit erarias y de ella dependen t ant o sus im plicaciones sociológicas com o est ét icas. 99 Tradición El crít ico inglés Raym ond William s ha colocado al concept o de t radición en un núcleo cent ral y dinám ico de su t eoría. Tant o en Cult ure and Societ y ( 1971) com o en The Long Revot ut ion ( 1971 a) y en su últ im o ensayo de 1977, la t radición lit eraria, cult ural e ideológica cum ple la función de colum na vert ebral analít ica y de principio de diferenciación o de sínt esis. Sin duda, la noción t am bién revist e sim ilar im port ancia para Arnold Hauser. Tradición concierne al cam po lit erario, est ét ico, ideológico y filosófico, en cuyo int erior se organizan las producciones cult urales y se ubican, con grados m ás o m enos desarrollados de aut o- percepción, los escrit ores. Con est e sent ido, la t radición ( com o el sist em a, véase) no abarca t odas las obras del pasado lit erario; en efect o, aparece siem pre com o ident ificaciones y oposiciones: a la result ado t radición de una act ividad individualist a y que incluye burguesa del rom ant icism o y el realism o francés se opone la t radición racionalist a clásica del siglo de Luis XI V, por ej em plo. Y la t radición de la prosa periodíst ico- polít ica en el Río de la Plat a, durant e el siglo XI X, se const ruye en los bordes de la cult ura cult a. La ident ificación de una t radición lit eraria incluye no sólo a la lit erat ura propiam ent e dicha sino t am bién elem ent os del cam po ideológico- polít ico y del filosófico. Est e haz de det erm inaciones se desarrolla, a su vez, en correlación sist em át ica con los grupos sociales. Raym ond William s ( 1977) sost iene que el est ablecim ient o de una t radición depende de la act ividad desarrollada por inst it uciones ( véase) ideológico- cult urales y que ést a siem pre supone una hegem onía social det erm inada. La educación es uno de los grandes canales de t rasm isión cult ural y, a t ravés de ella, se realizan una serie de operaciones de selección y j erarquización. La escuela, por ej em plo, es t rasm isora de una t radición lit eraria funcional a la cult ura del grupo social que gobierna las inst it uciones de legit im ación ( las academ ias, las hist orias lit erarias, las ant ologías, et c.) . Toda rupt ura en la t radición supone el surgim ient o de nuevos cont enidos ideológicos y est ét icos. Más aún, cuando est a rupt ura es profunda o duradera, indica t am bién la im posición de una nueva dirección sobre t oda la cult ura, es decir que un nuevo sect or social, que hast a ent onces funcionaba subordinado, logró ( por 100 m edios diferent es: revoluciones polít icas, cam bios en la est ruct ura económ ica y t ransform aciones correlat ivas en la sociedad) im poner su hegem onía. Aparecen ent onces nuevos gust os, se reorganiza el público y, por ende, cam bia la est ruct ura del cam po de la hist oria lit eraria: una nueva t radición se conviert e en predom inant e y escribe su sist em a. En el capit al ensayo Cult ure and Societ y, Raym ond William s est udió el origen, afianzam ient o y desarrollo de la t radición de " dem ocracia y part icipación" en la cult ura inglesa. La form ación de una corrient e hist órica se produce ent relazada y en conflict o con ot ras t radiciones que le son cont em poráneas. Por ej em plo, William s excluye explícit am ent e de esa t radición, al arribar al siglo X X , a Virginia Woolf y, en cam bio, coloca com o figura cent ral a D. H. Lawrence. Am bos m ovim ient os —de inclusión y de exclusión— no responden sino en segundo lugar a razones est ét icas. Sus m ot ivos son m ás globales: una ideología acerca de las relaciones ent re los hom bres, de la experiencia social y de la subj et iva, del nexo ent re sociedad y nat uraleza, et c. Desde est e punt o de vist a, Lawrence pert enecería a la gran t radición social y m oral de la novela inglesa ( j unt o con George Eliot y Thom as Hardy) y Woolf se inscribiría en ot ro cam po est ét ico y de ideas, que com part iría con Henry Jam es. La originalidad del concept o de t radición reside, para Raym ond William s, en su caráct er em inent em ent e select ivo y concient e: la t radición se conform a por elección dent ro de las form aciones cult urales y est ét icas; organiza el cam po lit erario según est ruct uras que art iculan lo social y lo est ét ico, la ideología y la cult ura, en sum a la est ruct ura de sent im ient o ( véase) , ya que la t radición define globalm ent e lo que fue el art e y lo que deberá ser, const ruyendo un paradigm a de relaciones ent re el art ist a, su público y la sociedad, adem ás de una j erarquía de las producciones cult urales. Arnold Hauser ha ut ilizado el concept o de t radición en su m onum ent al Hist oria social de la lit erat ura y el art e, exponiendo los diversos procesos de desplazam ient o e im posición de t radiciones cult urales, en relación con el ascenso o la decadencia de grupos sociales y de sus m odelos polít icos y cult urales. Tam bién en la Sociología del art e Hauser se int erroga sobre el m odo en que se conservan las t radiciones cult urales una vez que los sect ores sociales que fueron su hum us hist órico han desaparecido. Desde est e punt o de vist a, la cuest ión parece necesit ar algunas precisiones. Hauser piensa que la t radición, product o siem pre de condiciones hist óricas, se proyect a sin em bargo m ás allá de ellas, incluso después de su desaparición. A t ravés de un largo proceso, los cont enidos de la t radición se incorporan al pat rim onio de la cult ura social que, al m ism o t iem po, los conserva y los m odifica: " Al convert irse las form as cult urales en cont enido de las t radiciones se em ancipan no sólo de sus causas originarias sino que experim ent an t am bién una 101 reint erpret ación, a m enudo am plia, de su sent ido originario. La t radición cont iene unas veces m ás, ot ras m enos, y la m ayoría de ellas t am bién algo dist int o de lo que originariam ent e se deposit ó en ellas" . Así, en opinión de Hauser, la t radición no es sólo j erarquía y cont inuidad sino t ransform ación de la función art íst ica. Un buen ej em plo de ello lo proporciona el t eat ro isabelino y su proceso de conform ación. El dram a de Shakespeare surgió en condiciones sociales de t ransición y ello det erm inó m uchos de sus rasgos. En ese m om ent o, se conservaban aún en I nglat erra una serie de act it udes t radicionales respect o de la represent ación t eat ral, que se rem ont aban al t eat ro religioso, popular en la Edad Media. El ent usiasm o popular por el t eat ro, el gust o por el gran despliegue escénico, por la m aquinaria, las peleas violent as, el desenfreno en los sent im ient os, los bufones y las m ascaradas, subsist ía en m edio de nuevas condiciones económ icas que hacían posible que un público asist iera con regularidad a las represent aciones, pagando su ent rada y financiando así un t eat ro relat ivam ent e independient e, em presarial y m oderno. Est e público, t ribut ario aún de las t radiciones del t eat ro m edieval, e influido en sus gust os por ést e, hizo posible económ icam ent e al dram a isabelino, liberándolo de las presiones de los círculos arist ocrát icos o de la nacient e burguesía. Al m ism o t iem po, le im prim ió a la nueva form a elem ent os de la t radición t eat ral ant erior; en la escena isabelina se funden las represent aciones de las corporaciones y el dram a religioso, recolocando algunos de sus rasgos en el m arco de una nueva t radición. 102 Valor Una consideración sociológica de la lit erat ura necesit a int errogarse sobre el origen y la det erm inación social de los valores est ét icos que, desde una perspect iva hist órica, est án lej os de m anifest arse com o ent idades fij as y et ernas: la belleza, la arm onía, la proporción, la adecuación de form a y cont enido que revist an com o valores en diferent es est ét icas y precept ivas, han ido variando su sust ancia y su relación a lo largo de los siglos y en las diferent es cult uras. Ello pone en cuest ión la exist encia de valores inm anent es, concebidos com o at ribut os fij os de las obras lit erarias, y obliga a considerar los valores en una doble inserción: por un lado, en la ideología est ét ico- lit eraria y, por el ot ro, en la hist oria. El nexo ent re lo est ét ico y lo hist órico supone una art iculación com plej a que no puede resolverse en un solo sent ido; predom inio de lo hist órico sobre lo est ét ico o, a la inversa, absolut ización de lo est ét ico respect o de sus condiciones de producción. En cam bio, las nociones de convención ( véase) y de inst it ución crít ica cont ribuyen a explicar de qué m odo el valor sería producido en el t ext o, y a part ir de sus elem ent os, por las diferent es lect uras. Ha sido el crít ico checoslovaco Jan Mukarovsk y quien ha señalado de m anera precisa los lím it es y la nat uraleza social de la noción de valor, convirt iéndola —j unt o con las de norm a y función ( véanse) — en principios explicat ivos cent rales de su t eoría de la com unicación art íst ica. Mukarovsky concibe a la obra lit eraria com o un conj unt o de valores y funciones que confluyen en la det erm inación del valor est ét ico. Su variabilidad es un problem a que concierne a la sociología del art e. En t ant o que result ado de un proceso, el valor brot a de " la relación libre ent re el art ist a y el consum idor ( el client e) , ent re el art e y la sociedad" . Un valor es reconocido com o t al sólo en el int erior de una det erm inada t radición art íst ica y funciona siem pre en relación con una t ot alidad m ayor: el sist em a ( véase) est ét ico o lit erario, donde el valor exist e respect o de ot ros valores, de las norm as y sus funciones. El " caso" del Mart ín Fierro, en la lit erat ura argent ina, prueba que, com o afirm a Mukarovsky, al variar la t radición lit eraria varía correlat ivam ent e el valor: el poem a de Hernández ocupó diferent es lugares del sist em a lit erario y sus sucesivos desplazam ient os est uvieron direct am ent e vinculados con el valor que se le at ribuía. 103 Leído com o m era denuncia de la sit uación social del gaucho en la cam paña y la front era, el valor est ét ico desem peñaba una función secundaria en el j uicio global. Más aún, para quienes, cont em poráneos del poem a, consideraron que la form a gauchesca deliberadam ent e elegida por Hernández, era una form a " inferior" respect o de la lit erat ura cult a, el poem a carecía casi por com plet o de valor est ét ico y aparecía ya com o ent ret enim ient o, ya com o inst rum ent o polít ico. Más t arde, en la prim era y segunda décadas del siglo XX, un conj unt o de crít icos com enzó a considerar al Mart ín Fierro com o piedra fundam ent al de la lit erat ura argent ina: en consecuencia, la lect ura del poem a descubría en él " nuevos" valores est ét icos que, en algunos casos, desplazaban del foco de at ención sus funciones ideológicas. En est e suceso ej em plar, se com prueba que ciert as inst it uciones, com o la crít ica, son t ípicas m ediadoras en la adj udicación del valor. A ella agrega Mukarovsky ( 1977) : los prem ios, los m useos, las ant ologías, las hist orias art íst ico- lit erarias. Señalem os finalm ent e que est e funcionam ient o inst it ucional del valor im plica afirm ar su caráct er social y sist em át ico ( propio de procesos hist óricos, de sect ores o grupos cult urales, et c.) y no repet ir una variant e del relat ivism o est ét ico. Por el cont rario, el valor nunca es percibido com o relat ivo en la lect ura o la apreciación est ét ica, pero aparece com o variable en su consideración social e hist órica. 104 Visión del mundo La noción de " visión ( o concepción) del m undo" , habit ual en la crít ica filosófica y lit eraria, t iene una larga filiación t eórica y su em pleo sist em át ico puede rem ont arse a las filosofías hist oricist as de la cult ura, desde Dilt hey en adelant e. Pero su ut ilización m et ódica dent ro de la sociología de la lit erat ura ha sido obra de Lucien Goldm ann, quien, ret om ando la orient ación de ciert os escrit os j uveniles de Georg Lukács ( Hist oria y conciencia de clase fundam ent alm ent e) , la convirt ió en uno de los inst rum ent os concept uales del " est ruct uralism o genét ico" . En el proceso de est udio de un t ext o lit erario y en orden a su com prensión, es capit al para Goldm ann " desprender" la visión del m undo que el t ext o act ualiza y dot a —cuando se t rat a de una gran obra art íst ica— del m ayor rigor y coherencia. La visión del m undo const it uye una suert e de m at riz de la obra lit eraria que por la coherencia y el espesor significat ivo que com port a no puede ser ni com prendida ni explicada rem it iéndola a la subj et ividad individual del aut or. Las visiones del m undo son form as o est ruct uras m ent ales de caráct er colect ivo cuya infraest ruct ura radica en las clases sociales. A t ravés de la visión del m undo correspondient e, una clase da form a a un conj unt o de ideas, aspiraciones y sent im ient os que represent an una respuest a global y unit aria a una problem át ica hist órica dada. De m odo que si la int errogación sociológica de una obra lit eraria apunt a a la visión del m undo que la est ruct ura, la pregunt a por est a últ im a conduce a la det erm inación de la clase correspondient e, de allí a la est ruct ura social global, la problem át ica general de la época, et c., en un m ovim ient o de " t ot alización" crecient e en que se abarcan est ruct uras significat ivas ( véase) cada vez m ás inclusivas. Goldm ann ha aplicado est a clave de lect ura sobre t odo en su larga invest igación sobre Pascal y Racine, cuyas obras, pese a su diversidad ext erior, est arían art iculadas por una m ism a visión del m undo, a la que denom ina " visión t rágica" . Est a form a m ent is ( cuyo parent esco con la figura hegeliana de la " conciencia desgraciada" parece obvia) se caract eriza por que la cont radicción que la corroe result a insuperable: " El hom bre es grande y pequeño. Grande por su conciencia, su exigencia de t ot alidad y de absolut o; pequeño por la insuficiencia de sus fuerzas para realizar est a exigencia. Una 'caña', pero 'una caña pensant e'. La única grandeza hum ana es el rechazo del com prom iso e, im plícit am ent e, el rechazo 105 del m undo y la creencia en la exist encia de un Dios y de una et ernidad que no son seguros" ( 1967) . Ahora bien, la visión t rágica act ualizada en las t ragedias de Racine y en los Pensam ient os de Pascal, y que puede ser desprendida por un análisis inm anent e de esos t ext os, posee una correspondencia est ruct ural con las posiciones de la fracción m ás radical del j ansenism o. Prosiguiendo el análisis, se puede det erm inar la clase cuya sit uación se corresponde con la visión t rágica y a part ir de la cual ést a se engendra: la nobleza de t oga, en el cuadro económ ico, social y polít ico del siglo XVI en Francia. Vinculada al Tercer Est ado por sus orígenes plebeyos, por un lado, int egrada al aparat o est at al m onárquico, por ot ro, en una relación am bigua frent e a la nobleza de cort e, por la que se sient e desplazada, debat iéndose ent re la fidelidad a la m onarquía y su oposición a un m onarca que la debilit a crecient em ent e, la nobleza de t oga proyect a en la visión t rágica el m áxim o de su conciencia posible ( véase) . L a s visiones del m undo son est ruct uras coherent es y unit arias. Pero en la vida hist órica norm al de las clases y en la conciencia de sus m iem bros, esas propiedades sólo exist en com o virt ualidad y com o t endencia. Únicam ent e en ciert os m om ent os hist óricos, por m edio de la acción polít ica o a t ravés de la creación filosófica, lit eraria o art íst ica de ciert os individuos, se realizan t odas las virt ualidades im plicadas en la visión del m undo de una clase. Se da, ent onces, una dialéct ica ent re clase social y obra lit eraria por la cual am bos t érm inos se rem it en recíprocam ent e a t ravés de la inst ancia m ediadora de la visión del m undo. Est a, sin em bargo, no se im pone en el proceso de la creación lit eraria predet erm inando " cont enidos" o " asunt os" part iculares. Funciona com o una m at riz cat egorial o esquem a est ruct ural cuya act ualización lit eraria puede adopt ar m odalidades concret as m uy diversas. Por ello, obras m uy diferent es ent re sí en el plano de sus cont enidos inm ediat os pueden est ar art iculadas por la m ism a visión del m undo. Por la m ism a razón, las relaciones ent re obra lit eraria y visión del m undo deben ser invest igadas en el nivel de las est ruct uras y según el m odelo de la hom ología y no del reflej o ( véase est ruct ura significat iva) . Digam os, por últ im o, que es t am bién en virt ud de est e caráct er est ruct ural y abst ract o ( un m odelo t ípicoideal de cort e weberiano, en realidad) que Goldm ann considera la posibilidad de elaborar una t ipología de las visiones del m undo. 106 Bibliografía Adorno. Theodor W. Crít ica cult ural y sociedad. Barcelona. Ariel, 1969. Adorno, Theodor W. y Horkheim er, Max. Dialéct ica del ilum inism o, Buenos Aires, Sur, 1969 a. Adorno, Theodor W., Not as de lit erat ura, Barcelona. Ariel. 1962. Alt am irano, Carlos y Sarlo, Beat riz ( com p.) , Li t er at u r a y soci ed ad , Buenos Aires, Cent ro Edit or de Am érica Lat ina, 1977. Alt husser, Louis, Escr i t os, Barcelona, Laia, 1974. Alt husser, Louis y ot ros, Pol ém i ca sob r e m ar x i sm o y h u m an i sm o, México, Siglo XXI , 1971. Alt husser, Louis, La r ev olu ción t eór ica d e Mar x , México, Siglo XXI , 1967. Am broggio, I gnazio, For m alism o e av an g u ar d i a in Ru ssia, Rom a, Edit ori Riunit i, 1974. 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Edm und, Lit erat ura y sociedad, Buenos Aires, Sur, 1957. 110 Índice Prefacio .........................................................................................................5 Autor .............................................................................................................7 Campo intelectual ..........................................................................................9 Código .........................................................................................................11 Conciencia posible .......................................................................................13 Convención..................................................................................................16 Cultura........................................................................................................19 Edición ........................................................................................................25 Estructura de sentimiento............................................................................29 Estructura significativa................................................................................31 Evaluación social .........................................................................................34 Función .......................................................................................................36 Género.........................................................................................................39 Gusto ..........................................................................................................42 Ideología ......................................................................................................45 Institución ...................................................................................................54 Lectura ........................................................................................................56 Mecenas ......................................................................................................60 Mediación ....................................................................................................63 Mercado.......................................................................................................66 Niveles de estilo ...........................................................................................71 Norma .........................................................................................................74 Producción ..................................................................................................76 Público ........................................................................................................80 Serie ............................................................................................................84 Sistema .......................................................................................................88 Texto ...........................................................................................................92 Tipicidad......................................................................................................95 Tradición ...................................................................................................100 Valor .........................................................................................................103 Visión del mundo .......................................................................................105 Bibliografía ................................................................................................107 111 112
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