La película “Tres” de Juanjo Giménez, me llamó la atención por la forma en que la
protagonista, que trabaja como técnica de sonido, empieza a experimentar una
extraña desconexión auditiva; en concreto, los sonidos que percibe llegan con retraso
respecto a lo que ocurre. Claro ejemplo, es la escena que cuando está en pleno
trabajo de postproducción y, de repente, nota que las voces de los personajes y los
ruidos del entorno ya no se corresponden en tiempo real, con el tiempo que se
encuentra viviendo. Este desajuste o retardo, aunque se presenta como un
fenómeno, puede verse como un posible proceso disociativo. Así, la protagonista se
siente fuera de sintonía con su propia realidad, no puede controlar esa separación
entre lo que ve y lo que oye, algo que ya se producía en su infancia.
Otro momento interesante es cuando sale a la calle y percibe las pisadas, los coches
o la gente hablando con un retardo tan marcado que la desespera. Me recordó a los
trastornos disociativos que he estudiado en la lección 9, donde a veces el cuerpo o
los sentidos reaccionan de manera alterada ante tensiones internas o conflictos
emocionales. Si bien en la película no se menciona directamente un trauma (no de
forma explícita), la forma en que ella vive esa experiencia de desconexión con el
mundo podría simbolizar cómo la mente puede distorsionar la percepción cuando
enfrenta circunstancias difíciles, (vemos como el amante le pide que salga de la
vivienda; la reacción al verlo en el supermercado con su mujer y ya no quiere más
relación con ella). En definitiva, en la película existe poca diferencia entre el plano
físico y lo psíquico, es una línea muy fina, y que, al igual que en los trastornos antes
citados, nuestro cerebro puede alterar la realidad de maneras sorprendentes cuando
algo en nuestro interior no está en equilibrio.
Al igual que cuando uno experimenta una caída o un dolor intenso y se desmalla, me
pregunto, si esto pudiera ser un sistema de defensa de nuestro organismo.