Universidad Nacional Autónoma de México
Facultad de psicología
Alternativas terapéuticas en niños y adolescentes 8413
Enfoque psicoanalítico en la terapia de juego
Elaborado por Axel Uriel Calderón Ronquillo
Freud animaba a los primeros psicoanalistas a trabajar con niños para investigar y
confirmar los principios del psicoanálisis. Señalaba que, cuando un niño juega, actúa como
un autor creativo que construye su propio universo o, mejor dicho, reorganiza los elementos
de su realidad de una manera novedosa que le resulta satisfactoria. El juego, en la terapia
infantil, era visto como el equivalente a los sueños en los adultos: una puerta de acceso al
inconsciente.
El juego no solo fortalece la sensación de dominio y cumple deseos, sino que
también ayuda a digerir experiencias abrumadoras, convirtiendo la pasividad en acción.
Además, ofrece un escape de las exigencias cotidianas y del superyó, mientras permite
fantasear con las relaciones importantes, transformándose en un lenguaje simbólico y
manejable.
Entre los primeros psicoanalistas infantiles, Melanie Klein sobresalió por su firme
convicción: para ella, interpretar el juego del niño no era sólo útil, sino la base misma de la
terapia. Creía que, sin descifrar su lenguaje lúdico era imposible acceder a sus emociones y
conflictos ocultos. Según Klein, cuando el terapeuta interpretaba correctamente el juego del
niño, este no solo ganaba claridad, sino que sentía que alguien lo comprendía y lo
acompañaba en su dolor. Esa conexión reducía su culpa y reforzaba su confianza en el
vínculo terapéutico.
Mientras Klein confiaba en el juego como eje central del análisis, Anna Freud tenía
otra perspectiva. Subrayaba que los niños no "asocian libremente" al jugar, sino que
mezclan realidad, fantasía y repetición, lo que exigía al terapeuta contexto, paciencia y
corroboración antes de sacar conclusiones. Para Anna Freud, el analista infantil tiene un
doble rol: por un lado, funciona como pantalla donde el niño proyecta sus conflictos pasados
pero por otro, es alguien auténticamente nuevo en su vida. Esta dualidad exige al terapeuta
equilibrar la interpretación de lo inconsciente con la capacidad de ofrecer una experiencia
relacional distinta a las que el niño tuvo antes.
Mientras el psicoanálisis tradicional veía en el juego principalmente una herramienta
para revelar lo inconsciente, la perspectiva actual integra esta función con otra igualmente
crucial: el poder terapéutico de la experiencia compartida. Jugar con el niño (no solo
analizar su juego) se considera ahora un agente activo de cambio, donde la conexión
emocional y la co-creación de narrativas lúdicas reparan heridas y fortalecen recursos
internos.
Por otra parte, la visiòn de Winnicott revolucionó la terapia: ya no se trataba de
analizar el juego desde afuera, sino de habitarlo con el paciente. El terapeuta, al jugar, se
convierte en cómplice de esa zona intermedia donde la cura ocurre no por interpretación,
sino por experiencia vivida. Para Winnicott, el juego opera como un fenómeno transicional
que genera un "espacio potencial" único dentro de la relación terapéutica. Este espacio no
pertenece ni al mundo interno subjetivo ni a la realidad exterior objetiva, sino que se
constituye como un campo de creación compartida, donde surgen nuevas formas de ser y
relacionarse. El juego no es un "lenguaje inferior", sino un privilegiado para observar el
mundo interno infantil. Su genialidad radica en que simula sin comprometer, permitiendo
que la verdad emerja sin declararse abiertament
Schaefer,C.(2012). Enfoque psicoanalítico en la terapia de juego. Fundamentos de terapia de juego. 2da ed.