ASIGNATURA: MÉTODOS Y TÉCNICAS DE INVESTIGACIÓN HISTÓRICA AREA DE HISTORIA ANTIGUA Grado en Geografía e Historia 2023-2024 Trabajo Práctico Autor: José Manuel Almoguera Carvajal 1 Primer Ejercicio: Respuestas a cuestionario sobre dos obras Obra I: “Cómo debe escribirse la historia”. Luciano, Obras vol. IV (Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Madrid 2007), pp.203-241. 1. Luciano establece una primera clasificación en dos grupos: aquellos errores o defectos comunes a muchos escritores en prosa, y aquellos específicos de los “erróneamente considerados buenos historiadores”. Entre los primeros se contarían los errores lingüísticos, de estructura de la obra, de lógica, de ortografía, de contenido; no son exclusivos de los historiadores, y como tal, Luciano no se refiere a ellos más que de pasada. Los segundos sí son objetivo principal del texto y podríamos agruparlos en las siguientes características del “presunto historiador”: falta de independencia; visión cortoplacista e interesada de la historia; insuficiente preparación; y “desconocimiento real” de los hechos narrados. La falta de independencia y la visión cortoplacista e interesada pueden considerarse como dos caras de la misma moneda, con un resultado nefasto para la narración, consistente en el excesivo elogio (pudiendo llegar a mentir) y edulcoración de aquellos personajes de la historia que pueden influir en el devenir personal y profesional del propio escritor. De esta manera se crean historias exclusivamente para hoy y para ellos, sin ningún tipo de atractivo para el futuro y para el resto de gente. De la misma manera, la insuficiente preparación y el desconocimiento real de los hechos, aunque características diversas, pueden provocar efectos similares y que tienen que ver con la poca o nula credibilidad de los hechos narrados, aspecto fundamental de un buen historiador y de una buena historia. 2. Obviamente, un buen historiador debe obviar los defectos señalados en el punto anterior; es decir, entre sus características deben figurar, entre otras, una total independencia en sus escritos; una buena preparación y formación; un conocimiento en primera persona de los hechos, y una visión a futuro de sus lectores. Ya nos hemos referido a estas características en el punto anterior en su versión negativa, pero sí es posible añadir aquí algunos otros aspectos concretos referidos a estas características como pueden ser: la no sumisión concreta a determinadas personas por diversas razones; los conocimientos relativos al hecho o tipo de hecho a narrar (por ejemplo, una batalla); la disponibilidad de recursos narrativos o la elaboración de la narración a partir de la experiencia vivida en primera persona. 2 Además de las anteriores, un buen historiador debe caracterizarse también por la comprensión de lo narrado (desde el conocimiento y la vivencia), la imparcialidad; la fuerza interpretativa; la búsqueda de la verdad; el alejamiento y no sentimiento de culpabilidad respecto al desenlace, y la coherencia de pensamiento. Estas características son fundamentales para el entendimiento y credibilidad de las historias por él contadas, pero no únicamente en el momento de su escritura, sino como herramientas válidas para la construcción de un relato histórico “objetivo” para las próximas generaciones 3. Las principales características del discurso del historiador deberían ser, por este orden: la verdad y la objetividad en la descripción de los hechos; la relevancia de lo narrado y la utilidad; la homogeneidad y la proporción; la excelencia en la narración y la claridad en la exposición. La verdad y la objetividad en la descripción son elementos fundamentales de un relato histórico; sin ellos, la historia no es tal, y se convierte en otro género literario. La historia narra hechos pasados ya ocurridos y, como tales, potencialmente narrables desde la verdad y el máximo de objetividad. La utilidad es objetivo último de la historia. Frente al embellecimiento de unos hechos la historia pretende plasmar realidades útiles para el presente y para el futuro; para ello, es determinante la relevancia de los hechos narrados. Una historia bien contada precisa de homogeneidad y proporción, tanto en su forma como en su contenido; tanto en los recursos literarios empleados, como en la organización y estructura de lo narrado. Finalmente, para llegar a todo el mundo, en el presente y en el futuro, la narración debe ser clara y buscar, en lo posible, la excelencia. Sin esta aproximación al lector actual y futuro la historia perderá su utilidad, pues la excelencia es garantía de duración en el tiempo. 4. Luciano insiste sobre la necesidad de que el discurso histórico se caracterice por un lenguaje prosaico, narrativo, verosímil y objetivo; pero a la vez subraya que éste no tiene por qué estar exento de ornamentación y belleza; ambas en su justa medida y colocadas en el discurso allí donde el propio discurso lo precise con el objeto de reforzarlo, de engrandecerlo, de destacarlo, pero siempre dentro de los límites marcados por el rigor y el apego a la verdad, a lo sucedido. Mientras que en el lenguaje poético la ornamentación puede en muchos casos preceder y envolver al contenido, esto no debe suceder así en la prosa histórica. En este caso, el 3 embellecimiento deberá ser siempre posterior y complementario a la reflexión, a la preparación del discurso, a la esquematización de los hechos, de tal forma que en ningún caso aquella pueda ensombrecer, modificar o, simplemente, restar claridad a la historia; primero, el dibujo, después el color, nunca al revés; primero la letra, después la música; primero las notas; después el ritmo; antes la batalla naval, luego la belleza del mar embravecido y el sonido del viento contra las velas. En definitiva, la historia puede (y debe) participar del lenguaje poético, siempre a posteriori como ornamentación de una realidad, sin restarle a ésta verosimilitud, pero sirviendo como herramienta narrativa atractiva para el lector y, en muchos casos, clarificadora del contexto donde los hechos sucedieron. 5. La investigación histórica debe nutrirse básicamente de tres fuentes: el conocimiento real de los hechos; la formación y preparación previa del historiador; y el estudio de “historiadores auténticos” y sus historias. El conocimiento real de los hechos es la base para una buena narración histórica. Este conocimiento parte de una contemplación objetiva en primera persona de los mismos, sin focalizaciones predeterminadas en personajes, partes, momentos o zonas concretas; con visión amplia, que permita adquirir una idea completa de los hechos, para su posterior análisis, reflexión, esquematización, jerarquización y montaje del discurso histórico. Para entender lo que estás sucediendo y/o sucedió, y poder narrarlo “históricamente” posteriormente, el historiador precisa de una preparación y formación previa, en lo posible, tanto en el tipo de hecho en sí (es complicado narrar una batalla si no sabemos la diferencia entre un general y un capitán), como en la génesis misma de los hechos, los personajes implicados o los momentos que motivaron la historia que se narra. El estudio de los “historiadores reconocidos” y sus obras permitirá al historiador identificar las características de sus discursos y por qué estos perduraron y perduran en el tiempo, y sirvieron para crear el archivo histórico del presente. A este respecto, Luciano pone como grandes ejemplos a Tucídides y Herodoto. Finalmente indicar que estas fuentes por si solas no serían capaces de generar un “buen historiador” y unas buenas historias sin considerar además las características que han sido comentadas en los puntos anteriores. 4 Obra II: “Indicios. Raíces de um paradigma de inferencias indiciales”. Carlo Ginzburg, Mitos, emblemas, indícios. Morfología e historia (Gedisa, Barcelona, 208, pp. 185-239. 1. Giovanni Morelli, Artun Conan y Sigmund Freud recibieron formación, de diferente manera y en diversos niveles, en medicina, lo que, en alguna manera, significaba haber conocido los procedimientos empleados por esta disciplina en las tareas de diagnóstico y pronóstico. Muchos de estos procedimientos se basaban, y siguen haciéndolo, en la aplicación del modelo de la sintomatología -el paradigma indiciario-, en la detección de las causas a partir de la identificación y descubrimiento de indicios (en muchos casos casi imperceptibles y poco transcendentes) en el paciente. Además, existen pruebas concluyentes de la influencia que unos tuvieron sobre otros en el desarrollo de sus propias teorías y obras. Giovanni identificaba el autor de obras pictóricas a través de algunos trazos menos patentes en los cuadros, como pudieran ser la forma de las orejas y de los cabellos de los personajes pintados (aquellos rasgos característicos de la individualidad de la persona, más allá de los formalismos pictóricos seguidos por la escuela donde se pudiera enmarcar al autor) a través de lo que se vino en llamar el método Morelli; esto le permitía distinguir entre obras auténticas y falsificaciones. Freud, por su parte, proponía llegar a lo más íntimo de la persona a través del subconsciente, de aquello que atravesaba la mente humana (en muchos casos inicialmente irrelevante) en períodos de relajación del control ejercido por el consciente, y donde mayormente se mostraba la personalidad propia del individuo. Finalmente, Artur Conan, en sus personajes (el más conocido Sherlock Holmes) descubría al culpable del delito a partir de la identificación de pruebas casi imperceptibles e irrelevantes para otros, en muchos casos sin relación directa con el caso, pero, desde el punto de vista del detective, íntimamente ligadas a la personalidad y unicidad del individuo. 2. El conocimiento actual se fundamenta en dos paradigmas: por un lado, el paradigma científico, cuyas bases son la reiterabilidad y cuantificación de los fenómenos, y, por otro, el paradigma indiciático, basado en el análisis individualizado y cualitativo de los individuos o fenómenos. En las primeras sociedades, el paradigma indiciático es el que genera el saber, un tipo de saber de complicada (cuando no imposible) formalización y transmisión, basado en el 5 análisis de experiencias y casos individuales, a partir de los cuales se intenta ir al futuro (la adivinación); o hacia el pasado, presente y futuro (la medicina sintomatológica). Posteriormente, Galileo establece el paradigma científico, donde la cuantificación, la reiteración y la abstracción permiten introducir el concepto de “rigor científico”, formalizable y transmisible sin necesidad de recurrir al análisis individualizado. Actualmente el conocimiento está constituido por un gran número de disciplinas, que, de forma muy resumida, suelen agruparse en dos grandes grupos: las ciencias y las humanidades (o ciencias humanas); aunque las primeras encuentran su sustento mayormente en el método científico y las segundas lo hacen preferentemente en el indiciático, ni las unas ni las otras lo hacen en su totalidad, pues mientras las primeras siguen precisando del empleo de la sintomatología allí donde los rasgos individuales son más pertinentes, en las segundas se han conseguido ya avances en la introducción de determinados métodos científicos (como es el caso de la lingüística) 3. El paradigma indiciario es un método de conocimiento indirecto basado en la interpretación de detalles y signos, en principio poco relevantes, en ausencia del objeto de estudio, que pueden ayudar a determinar causas (pasado), y efectos (futuro), a partir de los mismos. La historia antigua la conocemos, principalmente, a través de construcciones, objetos y textos encontrados en determinadas localizaciones; el conocimiento histórico es pues indirecto y sólo se puede alcanzar a través de indicios y conjeturas. En este caso, el paradigma iniciático resulta imprescindible para la reconstrucción de la historia antigua. De la misma manera que objetos similares encontrados en localizaciones diversas nos pueden explicar movimientos demográficos de poblaciones, así como objetos diversos en localizaciones similares nos pueden mostrar procesos evolutivos, podemos llegar a conclusiones parecidas ante la falta de objetos concretos, a través de la identificación de indicios. En este sentido el estudio de los textos históricos a partir de la consideración de la premisa de inimitabilidad de las grafías (como en el caso de las pinturas) que permita ir más allá de la simple identificación de la época del escrito es un claro ejemplo de utilidad del método indiciático en el estudio de la historia antigua 4. Tal como he indicado en puntos anteriores, tanto el historiador como el detective emplean el “paradigma indiciático”; básicamente ambos intentan identificar y entender la 6 personalidad (o el fenómeno) que se encuentra detrás de los indicios descubiertos. Pero existen diferencias en su aplicación; entre otras: Mientras que el historiador emplea el método para poder establecer una secuencia narrativa del pasado (las causas), como haría la jurisprudencia; el detective los utiliza para esclarecer tanto el pasado (las causas) como el futuro (futuros movimientos del presunto culpable), como recordemos haría la medicina sintomatológica (determinación de causas y posibles efectos de la situación anómala del paciente) Mientras que el historiador puede emplear el indicio para identificar tanto personas como fenómenos históricos más amplios, el alcance del detective suele ser menor tanto desde el punto de vista personal como temporal. Mientras que el historiador normalmente utiliza como base fundamental el análisis de textos históricos, el detective puede emplear todos aquellos datos que obtenga a partir del contacto directo con la situación y el entorno temporal, espacial, social, económico, sentimental, o de otra índole que envolvió el hecho en estudio. Mientras que errores en las conclusiones del historiador significarán narraciones inexactas del pasado, errores del detective pueden ocasionar graves injusticias hacia personas o colectivos. 5. Ginzburg habla de “intuición” al referirse al paradigma indicial; según él no se entiende éste sin aquella, a la vez que habla de la intuición como característica de los seres humanos, que algunos poseen en mayor o menor medida; es algo que radica en los sentidos, propio del género animal y patrimonio de cada persona, difícilmente formalizable a través de la codificación, y en consecuencia de complicada transmisión. Intuición y rigor parecen conceptos difícilmente compatibles, y en un intento de hacerlo aparece el concepto de “rigor elástico”, como si el rigor pudiera moldearse; difícil de creer bajo el paradigma científico. Personalmente yo no me preocuparía por la posibilidad o no de combinar ambos conceptos (rigor e intuición); sino que preferiría hablar de la combinación “intuiciónutilidad”. Comparto el interés por extender el rigor y el paradigma científico a disciplinas donde en este momento está prácticamente ausente (como los esfuerzos realizados en medicina y lingüística) pero sin aparcar aquello que se nos ha mostrado como una útil herramienta hasta el momento y que, de acuerdo con Ginzburg; continuará con nosotros por nuestra propia esencia de individuos humanos. 7 Segundo Ejercicio: Análisis numismático Un primer análisis de la moneda, sin acudir de momento a la comparación con fichas y colecciones numismáticas existentes nos permite identificar algunas de sus características: Inicialmente parecería una moneda circular de plata (por el color de la imagen).muy probablemente de origen griego, tanto por el tipo de letra que aparece en el reverso, como por las imágenes del anverso y el reverso donde pueden reconocerse tanto el perfil derecho de la cabeza del héroe griego Heracles, como la figura completa del dios griego Zeus, sentado en su trono. Como quiera que el nombre que figura también en el reverso es el de Alejandro ello parecería indicar que se trata de una moneda puesta en circulación en tiempos del rey y gran general macedonio Alejandro Magno. Investigando en fichas y colecciones numismáticas y analizando más en detalle la moneda, es posible corroborar todo lo dicho anteriormente, completar el primer análisis realizado, determinar otras características imposibles de conocer si no es a través de esta comparación, y situar la moneda en su localización actual. La moneda forma parte de toda una serie de monedas de plata con los mismos motivos catalogadas por The American Numismatic Society, con la referencia Price 3964, y con números que van desde 1944.100.35635 al 1974.26.581. Se trata de tetradracmas griegos emitidos por la Ceca de Memphis, con un diámetro entre 25 y 29 milímetros y un peso de unos 17 gramos. Un análisis más en detalle de la moneda permite ver que en el anverso, Heracles luce un casco-gorro de piel de león, característico del héroe griego, y en el reverso Zeus sostiene en su mano izquierda un cetro, y en su mano derecha un águila. La posición de Zeus sobre el trono, el cetro y el águila son características muy comunes de la representación del Dios griego en muchas monedas; por el contrario, otros de los elementos que aparecen en el reverso de esta moneda como son la cabeza de 8 carnero por debajo de la mano derecha de Zeus y la A que aparece debajo del trono no se repiten tanto y, en muchos casos, son substituidos por otros elementos. La moneda se sitúa cronológicamente en el período 332 BCE y 323 BCE. En este período, y desde el punto de vista histórico, el año 332 (año de inicio de la posible puesta en circulación de la moneda) Alejandro Magno, después de haber puesto orden en toda la región del sureste de Europa y conquistado gran parte de Asia Menor (Éfeso, Halicarnaso, Pérgamo, Mileto), emprende la marcha hacia el sur donde empieza una campaña triunfal con la toma de Sidón, Tiro, Gaza, Fenicia y Judea. A partir de aquí se dirige hacia Egipto, donde es bien recibido por los egipcios (quienes habían sido dominados por los persas), y es nombrado faraón el año 332 BCE, en la ciudad de Memphis., la ciudad donde se sitúa la ceca donde fue puesta en circulación la moneda que nos ocupa. En el año 331 funda la ciudad de Alejandría, y Egipto, a la vez que Babilonia, se convierten en las principales bases del Imperio del rey macedonio; ese mismo año Alejandro emprende posteriormente la marcha para la conquista de Persia, donde tuvo lugar la famosa batalla de Gaugamela. Los enfrentamientos con los persas, más toda una serie de revueltas internas duraron prácticamente hasta el año 328 BCE, cuando Alejandro decide afrontar la conquista de la India a partir del dominio del valle del Indo, donde tuvo lugar la famosa batalla de Hidaspes en el 326 BCE, el mismo año en que Alejandro inicia su vuelta a Babilonia., donde falleció en el año 323 BCE (año en que se sitúa el final cronológico de la moneda) La reorganización de aquel gran Imperio implicó la unificación monetaria, que ayudó a la creación de un gran mercado. La fusión cultural se realizó a través de la imposición del griego como lengua común (koiné). En definitiva, la cronología esperada para la moneda abarca el período de máximo esplendor del rey macedonio, y su origen (la ciudad de Memphis) una de las ciudades de mayor importancia en sus dominios. Existen notables afinidades entre las imágenes que aparecen en el anverso y el reverso de la moneda y la vida e ideología del gobernante. En primer lugar, y como no podía ser de otra manera, son imágenes griegas, como corresponden al origen de Alejandro. Por un lado, nos encontramos con Zeus, el Dios griego por excelencia, “padre de todos los dioses”, es decir, el máximo gobernante, a quien todos deben respeto y obediencia, a la vez que él es capaz de conseguir el orden y armonía entre todos ellos. Pero quizás, la figura más relevante en este caso sea la de Heracles; el héroe griego, mitad hombremitad Dios, capaz de las proezas más inimaginables y de vencer a todos los enemigos, sea cual sea 9 su tamaño o fiereza (hay que recordar la leyenda de los trabajos de Hércules -Heracles para los griegos-y, el posible parangón, por ejemplo, con la batalla de Gaugamela donde Alejandro fue capaz de derrotar a un ejército persa que los superaba en una proporción de 5 a 1). El propio casco de piel de león demuestra el poder de quien lo viste sobre el animal más fiero conocido en aquellos momentos. Esta combinación humana-divina incapaz de librarle de la muerte, pero a la vez, de hacerle invencible hasta la llegada de ésta, muy probablemente estuviera muy interiorizada en el ideario de Alejandro Bibliografía 1. Luciano. “Cómo debe escribirse la historia”. Luciano, Obras vol. IV (Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Madrid 2007), pp.203-241. 2. Ginzburg, Carlo. “Indicios, Raíces de um paradigma de inferências indiciales”. Mitos, emblemas, indícios. Morfología e historia” (Gedisa, Barcelona, 208), pp. 185-239. 3. Andreu Pintado. Javier. Tema 12: “La moneda como objeto de estudio histórico en la antigüedad: las fuentes numismáticas” Métodos y Técnicas de Investigación Histórica (UNED, Madrid, 2012) 4. García García, Cristina. “Análisis iconográfico de las monedas de Alejandro Magno y los Diáconos” Revista Numismática Hécate num 2. (Madrid, 2015) Páginas web https://numismatics.org/collection https://www.tesorillo.com/grecia/griegas2.htm https://historiadelasmonedasybilletes.blogspot.com/2021/06/monedas-de-alejandro-elmagno.html https://www.coinarchives.com https://es.wikipedia.org/wiki/Alejandro_Magno https://www.nationalgeographic.es/historia/quien-fue-alejandro-magno https://historicodigital.com/iconografia-clasica-de-zeus.html 10
0
Puede agregar este documento a su colección de estudio (s)
Iniciar sesión Disponible sólo para usuarios autorizadosPuede agregar este documento a su lista guardada
Iniciar sesión Disponible sólo para usuarios autorizados(Para quejas, use otra forma )