I FACT G G ACT FAP Juan José Ruiz Sánchez (Coordinador) Título:FACT de Grupo. Integrando ACT y FAP de Grupo Primera edició n: 2021 ISBN: 978-84-123231-2-2 ISBN ebook978-84-123231-3-9 Depó sito legal: CO-00854-2021 © del texto: Autor: Juan José Ruiz Sánchez © 2021 Ediciones Psara. Ediciones Psara forma parte del proyecto formativo de Itaca Formació n. www.psaraediciones.es [email protected] Impreso en Españ a – Printed in Spain Quedan prohibidos, dentro de los lı́mites establecidos en la ley y bajo los apercibimientos legalmente previstos, la reproducció n total o parcial de esta obra por cualquier medio o procedimiento, ya sea electró nico o mecá nico, el tratamiento informá tico, el alquiler o cualquier otra forma de cesió n de la obra sin la autorizació n previa y por escrito de los titulares del copyright. Dirı́jase a [email protected] si necesita fotocopiar o escanear algú n fragmento de esta obra. Índice Prólogo 11 Bernard Guerin Escrito en Adelaida, Australia, 2020 Introducción 13 Parte I: El contexto general de las terapias de grupos y que nos pueden aportar (Juan José Ruiz Sánchez) 1. La e cacia de las terapias de grupos 17 2. Las aportaciones de las terapias de grupos no cognitivas-conductuales 27 3. Las aportes de las terapias de grupos cognitivas-conductuales de primera y segunda generación 63 4. Los aportes de las terapias cognitivas-conductuales contextuales de tercera generación y que falta aún en estas 67 Parte II: La ACT de grupo (Juan J. Ruiz Sánchez y Vanessa del Aguila Vargas) 5. Bases conceptuales y empíricas de la ACT de Grupo 71 6. Cómo hacer ACT de Grupo 97 7. Problemas frecuentes en la ACT de Grupo y su manejo 117 8. Aplicaciones de la ACT de Grupo 127 9. Qué y cómo evaluar en ACT de Grupo 155 10. La supervisión de los terapeutas de ACT de Grupo 159 Parte III: La FAP de grupo (Juan J. Ruiz Sánchez) 11. Bases conceptuales y empíricas de la FAP de Grupo 167 12. El Yo, sus problemas y terapia de grupo 197 13. Cómo se suele hacer FAP de Grupo en contextos previos 205 14. Cómo hacer FAP de Grupo en nuestro contexto. Actores y Directores 215 15. Qué y cómo evaluar en FAP de Grupo 249 16. La supervisión de los terapeutas de FAP de Grupo 255 Parte IV: Integrando ACT y FAP de grupo. Una propuesta secuencial (Juan J. Ruiz Sánchez) 17. La relación entre la ACT y la FAP de Grupo 263 18. Para qué integrar ambos enfoques y cómo hacerlo 271 19. Nuestra propuesta secuencial. Protocolos exibles usados en 12 sesiones 275 Parte V: Otros recursos y perspectivas contextuales (Varios Autores) 20. Recursos creativos para sesiones de grupo 383 (Fabi Cravzo ) 21. Los Aportes de otras Terapias Conductuales Contextuales de Tercera Generación 401 (Karemi Rodríguez Batista). 22. Experiencia en taller de entrenamiento en mindfulness y musicoterapia receptiva con pacientes psicóticos crónicos diagnosticados de trastorno mental grave (TMG). 435 (Manuel Pérez Cámara. Enfermero de la USMC de Úbeda. Jaén. España) 23. Incluyendo la dimensión social relacional en las Terapias Contextuales: Algunas re exiones e ideas prácticas para la psicoterapia 481 (Mónica Soledad Maldonado Aragón y José Manuel Sánchez Olid) 24. Reforzamiento en grupo: El papel del Reforzamiento en Situaciones Grupales con Análogos Humanos 497 (Raymundo González Terrazas) 25. Video-análisis en el trabajo grupal. Una visión de la terapia cognitivacomportamental-contextual 527 (Gerardo Salinas) 26. Aplicaciones de las terapias grupales en el Modelo de los Mecanismos Tensionales 551 (Rafael Jiménez) 27. Involucrando a todos. ART por niveles en psicosis crónica. 565 (Horus La te Cabrera, Raquel Zúñiga Costa y Juan Antonio Díaz Garrido) 28. Resumen en viñetas del Proceso de la Terapia de Grupo FACT 599 (Juan J. Ruiz Sánchez) Epílogo 635 (Miguel Valenzuela) Prólogo Es un placer para mı́ presentar este libro que explora la integració n de las terapias de aceptació n y compromiso y las psicoterapias analı́ticas funcionales grupales en situaciones grupales. Desde los importantes volú menes de Pierre Janet (1919) que describen muchas y variadas formas de tratar lo que se llama “salud mental”, los profesionales han seguido una tá ctica de encontrar alguna forma de trabajo que parezca funcionar para algunas personas, y luego declarar este mé todo universal y sin contexto. Por lo tanto, hemos tenido má s de 100 añ os de terapias “mejores” constantemente nuevas que cambian de nombre y explicaciones teó ricas, pero no parecen funcionar mejor, ni peor en la mayorı́a de los casos, que todos los predecesores. Má s recientemente, el camino a seguir ha sido intentar utilizar los mé todos experimentales de la psicologı́a para “probar” la superioridad de algunos mé todos terapé uticos sobre otros. Sin embargo, estas pruebas experimentales despojan a la situació n de la terapia de todos sus ricos contextos y se centran en su lugar en probar las teorı́as con medidas indirectas en lugar de utilizar observaciones ricas. En cualquier caso, la mayorı́a de los “nuevos” mé todos ya está n incluidos en el resumen de 1919 de Janet. Juan José Ruiz Sá nchez y los demá s autores de este volumen, por otro lado, está n comprometidos con explorar los contextos detallados de situaciones terapé uticas con observaciones ricas, en lugar de perseguir teorı́as con solo observaciones escasas. Esto les ha llevado a utilizar algunas de las terapias “contextuales” de nuevas formas. En particular, en este volumen está n explorando qué cambia para mejor cuando se utilizan terapias contextuales “normales” en situaciones grupales. La Parte V en particular es un recurso valioso para nuevas formas de trabajar en terapia. Espero ver hacia dó nde se dirige este trabajo en la exploració n de los contextos para un cambio terapé utico ú til. Bernard Guerin Escrito en Adelaida, Australia, 2020 Dedicado a Fabi Cravzoff, Por su coraje y valor inmenso ante las situaciones extremas de la vida Introducción Este libro que tiene en sus manos supone la integració n de la Terapia de Aceptació n y Compromiso de Grupo y la Psicoterapia Analı́tica Funcional de Grupo de manera articulada y secuencial a lo largo de un protocolo general y lexible de 12 sesiones, adaptables de modo transdiagnó stico a mú ltiples problemá ticas o topografı́as de di icultades emocionales y relacionales humanas, desde los llamados problemas ansiosos-depresivos, las experiencias psicó ticas, los llamados trastornos de personalidad, las adicciones, o cualquier problema humano donde se vean comprometidas las emociones y las relaciones interpersonales. Adopta para ello una doble perspectiva articulada, la de la lexibilidad psicoló gica como referencia a como cada persona se relaciona con sus propias experiencias subjetivas respecto a su horizonte de valores en las sesiones grupales y su vida cotidiana y la de có mo se relaciona con otras personas tanto en las propias sesiones grupales como en su vida. Ambas caras lo son de la misma moneda ya que re lejan el doble aspecto de có mo nos relacionamos con nosotros mismos y con las demá s personas. Fomentar la lexibilidad psicoló gica respecto a las propias experiencias personales que socioculturalmente hemos aprendido a considerar evitables y necesitadas de control nos ayudan al desenvolvernos en diferentes situaciones de la vida atendiendo a nuestros valores personales de manera comprometida y nos prepara mejor para conectar con otras personas. Igualmente mejorar las relaciones de intimidad, contacto y cercanı́a con otras personas sintonizando y respondiendo a las propias necesidades y las ajenas nos ayuda a tener vidas má s plenas y signi icativas y nos aleja del excesivo control de reglas verbales socioculturales aprendidas que fomentan la insolidaridad, la soledad y muchos problemas emocionales y relacionales. O sea mejorar el contacto con otros y atender a las propias necesidades de manera armó nica con las ajenas nos hace má s lexibles psicoló gicamente. La obra que tiene en sus manos trata de articular ambos aspectos y otros provenientes de diferentes tradiciones de terapias de grupos que son integrados bajo una perspectiva conductual funcional y social. Al lector y al practicante de estas terapias les corresponde, segú n su experiencia, valorar lo acertado o erró neo de tal propuesta. PARTE I: EL CONTEXTO GENERAL DE LAS TERAPIAS DE GRUPOS Y QUE NOS PUEDEN APORTAR (Juan José Ruiz Sánchez) 1 La e cacia de las terapias de grupos Existen un serie de aspectos socioculturales propios de nuestra civilizació n capitalista como le é nfasis en la competitividad productiva y el é xito personal junto la promoció n del subjetivismo e individualismo como producto de consumo que se traducen en una seria de prá cticas clı́nicas que se oponen a la difusió n de las terapias de grupos mediante enfoques centrados en los individuos e inclusos en aspectos especı́ icos de estos. El modelo biomé dico de supuestas causas neurobioló gicas de los problemas psicoló gicos y su tratamiento farmacoló gico individualizado y muchos modelos de psicoterapia ponen el acento en las causas individuales cognitivas, de aprendizaje o emocionales. Y esto es ası́ incluso para los modelos de terapias contextuales que a pesar de denominarse socio-verbales suelen redundar en el aprendizaje y control de la conducta de los sujetos ú nicos, sin captar muchas veces de manera su iciente que los “contextos” má s frecuentes en la vida de las personas está n hechos de las relaciones con los otros; y que estas relaciones obedecen con frecuencia a in luencias sociales má s generales. Prá cticamente lo grupal y lo social está escasamente representado en el contextualismo y los autores socioconductistas suelen ser bastante desconocidos para la mayorı́a de los terapeutas a los que les parece su iciente el estudio de diversos procesos bá sicos de diferente pelaje segú n sus preferencias teó ricas. Un ejemplo es la escasez de publicaciones formatos grupales en comparació n las individuales en la mayorı́a de las terapias de tercera generació n ya que se suelen entender erró neamente que hacer terapia de grupo es hacer terapia individual a muchos sujetos reunidos en un grupo y quizá s se da por sobreentendido que la efectividad de unas llevan de la mano a las otras. Sin embargo las terapias de grupos son importantes al menos por varios aspectos: 1-Son efectivas, e icientes y e icaces 2-Ponen el é nfasis en las relaciones interpersonales como contextos de gé nesis y cambio de los problemas de conducta 3-Fomentan la cooperació n social necesaria para la resolució n de muchos problemas humanos 4-Los grupos y las terapias de grupo se conectan en dos direcciones, como punto de intersecció n; desde “abajo” con los procesos bá sicos del aprendizaje y desde “arriba” con aspectos sociales má s amplios; y sirven de ayuda para describir, predecir y modi icar las conductas, junto a los conocimientos de las terapias má s individuales o diá dicas. Se ha venido demostrado desde los añ os 50 del siglo XX hasta nuestros dı́as, que diversas modalidades de terapias grupales son efectivas para conseguir unos objetivos de cambio de conducta, e icientes en cuanto a la economı́a de recursos, medios y esfuerzos para conseguir esos objetivos y e icaces en cuanto que con esos medios y recursos se consiguen esos cambios de manera má s amplia llegando a má s personas que con solo las intervenciones individuales en tiempos similares. Es en la dé cada de los añ os 80 cuando la investigació n de la e icacia (efectividad má s e iciencia) de las terapias grupales adquieren aú n má s relevancia a partir de una serie de estudios de meta-aná lisis (Smith, Glass y Miller, 1980; Shapiro y Shapiro, 1982; Toseland y Siporin, 1986) que concluyen con los siguientes resultados: 1. Las terapias de grupos son efectivas. 2. Los resultados de las terapias individuales y grupales eran similares. 3. No habı́a diferencias apreciables entre las terapias grupales de diferentes orientaciones teó ricas. 4. Algunos estudios indican que la terapia de grupo es má s rentable que la terapia individual. Una cuestió n importante en estos resultados es la escasa diferencia en la e icacia de diferentes modelos teó ricos de terapia de grupo que conlleva para algunos autores la bú squeda de factores comunes a todas ellas. En esta lı́nea Leszcz y Kobos (2008) recaban una serie de criterios en el marco de AGPA (American Group Psychotherapy Association) que reú ne una enorme cantidad de estudios de y protocolos generales, pero lexibles para desarrollar una terapia de grupo que sea e icaz, destacando los siguientes 10 aspectos generales (que se pueden ir modi icando en funció n de la investigació n en curso sobre e icacia y procesos de las terapias grupales) y que resumimos brevemente: Los 10 dominios esenciales de la Terapia Grupal E icaz (Criterios AGPA de Leszcz y Kobos, 2018) 1. Crear la necesidad de la terapia grupal e icaz contando con el apoyo institucional y organizativo adecuado. 2.Usar los mecanismos o procesos que son e icaces en la experiencia grupal, sobretodo el crear un clima de cohesió n grupal. 3. Usar criterios de inclusió n y exclusió n adecuada de los candidatos para el grupo y reduzca las posibilidades de abandono del mismo. 4. Preparara los participantes para la experiencia grupal estableciendo en que pueden colaborar (alianza terapé utica), reducir sus temores al grupo, proporcionar informació n sobre có mo se desarrollará el grupo, sus objetivos y mé todos y los bene icios que puede encontrar en este. 5. Los grupos suelen atravesar varias etapas predecibles en funció n del tipo de grupo que se trabaje, que sea abierto o cerrado, etc. En la primera etapa se suele establecer las normas de funcionamiento, los participantes suelen funcionar de manera má s dependiente del lı́der/terapeuta del grupo y los participantes buscan formar parte del grupo. En la segunda etapa se centrará en la resolució n de con lictos y problemas que pueden trasladarse a las mismas relaciones de los miembros del grupo y con el lı́der/terapeuta y có mo manejar todo ello. La tercera etapa se centrará en la resolució n de con lictos entre los miembros del grupo fuera y dentro de la sesió n. La quinta etapa supone un funcionamiento de los miembros del grupo má s maduro y autó nomo en el manejo de sus di icultades; y la sexta y ú ltima etapa supone la terminació n de la experiencia grupal con la elaboració n productiva de este duelo. 6.Uso de los procesos grupales desde la perspectiva de un sistema social propio, la identi icació n y manejo de los procesos que son terapé uticos y anti-terapé uticos, el uso de interpretaciones globales para todo el grupo por el terapeuta, el manejo de las divisiones, parejas y subgrupos ası́ como de los roles individuales de sus miembros en el grupo. 7.Importancia del papel del terapeuta mediante su direcció n cuando sea necesaria, le cuidado de los miembros del grupo, la evocació n emocional de aspectos relevantes, el trabajo de la autoconciencia de aspectos importantes, el establecimiento de normas y el uso de las mismas experiencias del terapeuta con transparencia. 8.Reducir los resultados adversos de la experiencia grupal desde la prá ctica é tica: Mantener los registros de las sesiones de modo con idencial, con idencialidad de las sesiones para terceros ajenos al grupo, consentimiento informado de la participació n en la experiencia grupal, evitar relaciones duales dentro del grupo que releguen a otros y monitoreo de los progresos del grupo de manera frecuente. 9.Articular si es necesario la terapia grupal con la individual en los participantes y tener una adecuada coordinació n de objetivos entre ambas modalidades de terapia. 10.Prestar atenció n a la fase de terminació n de la experiencia de la terapia grupal usando rituales de terminació n y valorando la experiencia de satisfacció n de sus miembros. AGPA (American Group Psychotherapy Association) presenta un extenso listado de estudios sobre la e icacia de las terapias de grupo en diversos problemas psicoló gicos que aquı́ resumimos. Enlace original: https://www.agpa.org/home/practice-resources/evidence-basedpractice-in-grouppsychotherapy (Enlace vá lido a fecha 18-6-2020) -E icacia de las Terapias de Grupos en diversos problemas psicoló gicos(AGPA-2020) 1. Trastornos de ansiedad en adultos y niñ os especialmente de la terapia cognitivo conductual de Grupo (TCCG) de la fobia/ansiedad social sola o asociada a depresió n; tambié n la TCC del trastorno de pá nico y la terapia 2. Trastornos alimentarios: La TCCG, la Terapia Interpersonal grupal y la Terapia Psicodiná mica grupal tienen resultados similares para el trastorno por atracó n. La TCCG se muestra efectiva en la bulimia. En la anorexia nerviosa se ha mostrado efectiva la TCCG, la Terapia Familiar, la psicoterapia interpersonal grupal y la psicoterapia diná mica focal de grupo. 3. Enfermedades mé dicas: Diversos modelos de terapia de grupo se han mostrado e icaces en cá ncer de mama para manejar la angustia psicoló gica, manejo del dolor y afrontamiento de la enfermedad. En el sı́ndrome de colon irritable las terapias de grupo mejoran la angustia, manejo del dolor y la calidad de vida. En el dolor cró nico las terapias de grupo mejoran el manejo del dolor, la calidad de vida y la funcionalidad. En los sı́ntomas sin explicació n mé dica las terapias de grupo reducen las visitas mé dicas y aumentan la calidad de vida. En la insu iciencia cardiaca las terapias de grupo mejoran la calidad de vida y la supervivencia postinfarto de miocardio. En el VIH mejora la calidad de vida y el funcionamiento psicosocial con las terapias de grupos. Lis niñ os afectados de cá nceres pediá tricos mejoran el estré s postraumá tico, la ansiedad y el miedo a la recurrencia. 4. Trastornos del estado de á nimo: Varios tipos de terapias de grupo (Terapia Cognitiva Conductual, Terapia cognitiva basada en Mindfulness, Terapia de Aceptació n y Compromiso, Terapia Interpersonal) se han mostrado e icaces en mejorar la calidad de vida y el estado de á nimo en personas con depresió n unipolar. Los tratamientos psicodiná micos grupales han sido hasta el momento poco estudiados en esta á rea y necesitan una mejora de sus de iniciones y procedimientos especı́ icos para ser validados. En el duelo complicado se ha mostrado e icaz la terapia interpretativa a corto plazo (una modalidad de psicoterapia diná mica). En la depresió n postparto se ha mostrado e icaz la terapia interpersonal grupal. En la depresió n de adolescentes se han mostrado e icaces varias modalidades de terapias de grupo como la Terapia cognitiva conductual, la terapia dialé ctica conductual (DBT) y otras modalidades como la terapia psicoeducativa familiar. En la depresió n geriá trica la TCCG puede ser e icaz aunque se necesitan má s estudios. En las personas con trastorno bipolar que recibieron terapia de grupo psicoeducativa mostraron menos episodios de manı́a, mayor cumplimiento de la medicació n y reducció n en la intensidad de los sı́ntomas. Tambié n se muestran e icaces en las personas con trastorno bipolar el enfoque de la Terapia Dialé ctica Conductual (DBT), especialmente en adolescentes. 5. Traumas y trastornos relacionados con el estré s: La TCCG (especial ente la terapia cognitiva de procesamiento del trauma) y la TCG de Exposició n ayudan a superar el trauma y mejorar la funcionalidad de las personas afectadas por estos eventos traumá ticos. 6. Trastornos de personalidad: La que má s evidencia tiene es la Terapia Dialé ctica Conductual (DBT) que combina intervenciones grupales e individuales en el caso del Trastorno Lı́mite de Personalidad con adultos y adolescente mejorado su gestió n emocional, calidad de vida, episodios de autolesiones y acorte de periodos de hospitalizació n. Algunos tratamientos psicodiná micos de grupo son difı́ciles de replicar aunque algunos son efectivos, sobre todo la llamada terapia de mentalizació n de grupo. Una modalidad de TCCG llamada Sistemas de entrenamiento de predicció n emocional y resolució n de problemas (STEPSS) se muestra prometedor con un enfoque psicoeducativo en su e icacia en el trastorno lı́mite de personalidad al mejorar la gestió n emocional y conductual de estas personas. 7.Trastornos por uso de sustancias: Una variedad de enfoques grupales se han utilizado y demostrado ser efectivos con personas que abusan de sustancias, incluidos modelos de tratamiento grupal cognitivo-conductual, psicoeducació n, proceso interpersonal y experiencial (p. Ej., Psicodrama, terapias de arte expresivo, aventura al aire libre). Las investigaciones preliminares tambié n muestran resultados muy favorables para los enfoques grupales má s recientes basados en la atenció n plena como la Terapia del comportamiento dialé ctico (DBT), la Prevenció n de recaı́das basadas en la conciencia plena y la Reducció n del dañ o. 8. Manejo de la ira problemá tica: La mayorı́a de estudios se basan en la efectividad de diversas modalidades de TCCG y DBT grupal en la mejora del manejo de la ira. 9.Pacientes esquizofré nicos y Psicó ticos: Los mejores resultados se alcanzan con diversas modalidades de TCCG y TCG insertas en enfoques integradores que contemplen la inserció n sociolaboral de estas personas con recursos sociales de apoyo, orientació n a familiares y allegados y enfocados en el entrenamiento de habilidades, manejo de los sı́ntomas y mejora de la calidad de sus vidas. Un aná lisis de estas mismas fuentes sobre el tipo de terapias grupales mencionadas como e icaces es el siguiente: (AGPA, 2020) 1-TERAPIA DE GRUPO COGNITIVA-CONDUCTUAL-DE SEGUNDA GENERACION: (1) Trastornos de Ansiedad en Niñ os y Adolescentes y Adultos (Fobias, Obsesiones, Ansiedad social, etc.); (2) Trastornos alimentarios (anorexia y bulimia); (3) Trastornos del estado de á nimo; (4) Trastornos relacionados con el estré s y eventos traumá ticos; (5) Trastorno de personalidad (Sistemas de entrenamiento de predicció n emocional y resolució n de problemas (STEPSS);(6) Trastornos por uso de sustancias; (7) Manejo de la ira problemá tica y (8) Trastorno mental Grave.-8 MENCIONES *** 2-TERAPIA CONDUCTUAL DE PRIMERA Y TERCERA GENERACION: (1) Trastornos de Ansiedad en Niñ os y Adolescentes y Adultos (Fobias, Obsesiones, Ansiedad social, etc.; má s en el Tr. Pá nico y el TOC con la exposició n grupal.); (2) Trastornos del estado de á nimo (ACT y DBT; esta ú ltima má s en adolescentes y tr.bipolar); (3) Trastornos relacionados con el estré s y eventos traumá ticos (má s con la exposició n grupal); (4) Trastorno de personalidad (Má s la DBT del Tr. Lı́mite de personalidad); (5) Trastornos por uso de sustancias (má s la DBT), (6) Manejo de la ira problemá tica (má s la DBT); y (7) Trastorno mental Grave (má s el entrenamiento en H.Sociales)à 7 MENCIONES *** 3-OTROS ENFOQUES TERAPEUTICOS: (1) Psicodiná micos (Trastorno por atracó n; Duelo, Trastorno de personalidad por terapia de mentalizació nà 3 MENCIONES**; (2) Sisté micosFamiliares (Anorexia,1 MENCION**); (3) Interpersonales (Trastornos alimentarios, Depresió n unipolar, 2 MENCIONES**); (4) Psicoeducativos(Trastorno bipolar-1 MENCION ** Una cuestió n interesante es que hace e icaces de modo similar a diversos enfoques de tratamiento psicoló gico individual y grupal. La respuesta de este autor combina las exposiciones de Frojá n (2011, 2018), Marino Pé rez (2011,2019) y Guerı́n (2015,2016, 2017) que resumimos en este cuadro: -¿Qué procesos comunes hacen e icaces de modo similar a diferentes enfoques de terapia individual y grupal? 1. Los diferentes tratamientos psicoló gicos son instituciones de rito social avalados para la resolució n de problemas vitales má s que supuestos problemas mentales intrapsiquicos. 2. Existen procesos de aprendizaje (respondiente, operante, operante relacional) que explican los cambios en terapia sea cual sea su modalidad 3. Los intercambios verbales entre cliente-terapeuta y entre clientes en los grupos funcionan como operaciones de aprendizaje que modi ican conductas o sus funciones. 4. Lo que las personas nos decimos y hacemos las unas a las otras mediante el lenguaje y las acciones no verbales son in luenciadas por roles de poder social que tienen funciones de control sobre las personas tanto para producir problemas como efectos satisfactorios. Tambié n se ha considerado la perspectiva de los propios participantes en las terapias de grupo sobre aquello que les ayuda (Ribé , Mercadal, Sá nchez, Ramilans y Alberich, 2018) obteniendo interesantes conclusiones desde la perspectiva de los factores comunes grupales de Yalom: ¿Qué es de ayuda segú n los propios miembros de los grupos? (Ribé , Mercadal, Sá nchez, Ramilans y Alberich, 2018 1.En general la inmensa mayorı́a de los participantes en diversas modalidades de terapias grupales consideran que lo que má s les ayuda de estas experiencia es: -Que perciban que tienen problemas comunes o parecidos entre ellos (Universalidad) -Que genere un espacio de encuentro donde se ayudan mutuamente (Altruismo) -Que el grupo les resulte atractivo o agradable (reforzante) y les haga acudir a las sesiones (Cohesió n) 2. En las personas con má s nivel de estudios el factor má s valorado fue el de percibir que el grupo generaba ocasiones para cambiar patrones previamente aprendidos e contextos previos familiares (Reactualizació n familiar) 3.En las personas con experiencias psicó ticas los factores má s valorados fueron: -Que perciban que tienen problemas comunes o parecidos entre ellos (Universalidad) -Que los espacios grupales son un lugar donde pueden expresar sentimientos y opiniones privadas sin que sean castigadas o invalidadas en un ambiente no punitivo (Catarsis) -Que el grupo les resulte atractivo o agradable (reforzante) y les haga acudir a las sesiones (Cohesió n) 2 Las aportaciones de las terapias de grupos no cognitivasconductuales Es muy frecuente y habitual que los profesionales de la psicologı́a y la psiquiatrı́a conformen grupos de interacció n a ines a sus propios modelos teó ricos y constituyan asociaciones y eventos de intercambio que refuerzan su identidad y pertenencia a esos grupos. Esto sucede de manera similar en otros á mbitos de la vida, como la religió n, el deporte, la polı́tica o los departamentos universitarios. Los integrantes de estos grupos obtienen mediante esa pertenencia recompensas relacionadas con el desarrollo de la promoció n personal, el prestigio, el reconocimiento, el dinero y el poder segú n qué á mbitos. Los psicó logos conductistas, como otros psicó logos desde otras perspectivas, experimentamos la satisfacció n (reforzamiento) de pertenecer virtualmente o directamente a un colectivo que hace y prodiga una perspectiva determinada de la psicologı́a (el aná lisis aplicado de la conducta) y una ilosofı́a de la psicologı́a (el conductismo) con las recompensas derivadas de las circunstancias y acciones de cada uno. Sin embargo, no estamos solos, hay otras perspectivas de la psicologı́a y de las terapias de grupos que nos pueden aportar elementos importantes a nuestra propia prá ctica de la terapia de grupo, y que aunque utilicen otro lenguaje y referencias se basan tambié n en un importante cú mulo de experiencias que pueden enriquecer nuestro trabajo conductual con los grupos. Si nos consideramos el ombligo del mundo, y partimos de la regla de que todo lo ajeno es desdeñ able, estas oportunidades de aprender de los otros se reducen. Esto es vá lido tambié n para la propia experiencia grupal. Aquı́ hacemos referencia a los elementos que consideramos má s interesantes de estos enfoques no conductuales de cara a ampliar el potencial efectivo de nuestros propios grupos conductuales 2.1. La perspectiva existencial de Irwin Yalom: La perspectiva existencial de Vinogradov y Yalom (1996) y Yalom (1998) es un enfoque apreciado con frecuencia por los terapeutas de grupo en general debido a todo lo que aporta y suele ser como la referencia comú n que comparten diferentes perspectivas de las terapias de grupos. De inen a la terapia de grupo como el resultante de cuatro componentes en interacció n: -Qué es una Terapia de Grupo (Yalom, 1998 y Vinogradov y Yalom, 1996)1-La aplicació n de té cnicas psicoló gicas. 2-Aplicadas a un grupo de personas. 3-Donde se utiliza la relació n de los miembros del grupo con el terapeuta. 4-Y se utiliza tambié n la relació n entre los miembros del propio grupo. Los trabajos de Yalom sobre las terapias grupales son una referencia habitual entre terapeutas de diferentes orientaciones, incluidos los conductistas contextuales (Kanter, Tsai y Kohlenberg, 2010; Morris, Jhons y Oliver, 2013), entre otras cosas por exponer los procesos de cambio comunes que operan en diferentes modalidades y orientaciones de terapias de grupos. -Procesos de cambio comunes diferentes modalidades de terapias de grupos. Los 11 factores terapé uticos (Vinogradov y Yalom, 1996 y Yalom, 1998)1. Infunde esperanza Observar có mo los compañ eros del grupo progresan animan a que los otros progresen y manejen sus di icultades 2. Genera universalidad Les permite observar có mo sus problemas son comunes con otros y ello les ayuda a salir de su soledad 3. Transmite informació n Otros dan consejos que a veces pueden ser ú tiles 4. Genera altruismo Ayudarse unos a otros es grati icante en los grupos 5.Desarrolla té cnicas de Los grupos permiten mejorar las habilidades de relació n con socializació n 6.Genera imitativo otras personas comportamiento Observar modelos de afrontamiento progresivo de problemas puede ser de ayuda a otros 7.Genera catarsis Permiten en un contexto no punitivo expresar emociones y opiniones evitadas en otros contextos 8.Permite corregir opiniones Los patrones de conducta aprendidos previamente desde la del grupo familiar primario infancia pueden ser modi icados 9.Permite abordar existenciales factores Temas comunes como el miedo a la muerte, a la soledad, etc.; se abordan en los grupos 10.Permite generar cohesió n Asistir a las sesiones donde todos se ven parte de un grupo grupal con similitudes en sus miembros puede ser agradable 11.Permite el interpersonal aprendizaje Las personas pueden regular su conducta por el efecto que tiene en sus relaciones La Psicoterapia Existencial de Grupo propuesta por Yalom tiene su propia metodologı́a de trabajo que en muchos aspectos es coincidente con la Psicoterapia Analı́tica Funcional de Grupo. Respecto a su mayor aportació n té cnica a los terapeutas de grupo está en focalizar el trabajo terapéutico en la relación entre los miembros del grupo en el aquí y ahora. La secuencia habitual de las sesiones de la terapia existencial de grupo es la siguiente: -El Proceso de la Psicoterapia Existencial de Grupo de Irwin Yalom-Los miembros del grupo relatan y comparten sus problemas y progresos que han tenido lugar en sus vidas cotidianas fuera de las sesiones del grupo (1) -El/los terapeutas focalizan la relació n de estos relatos con lo que experimentan y les evoca emocionalmente en el aquı́ y ahora de la sesió n con preguntas del estilo: “¿Có mo te/nos hace sentir esto aquı́ y ahora en esta sesió n?” (2). Esto es bastante similar a la regla II de la Psicoterapia Analı́tica Funcional (FAP) (Kohlenberg y Tsai, 1991) El/la terapeuta observa sus propios sentimientos a los evocados en los participantes con auto-preguntas del estilo: “¿Có mo me hace sentir esto como terapeuta?” y “¿Qué tiendo a hacer en estos casos y si esto favorece al grupo?” (3) que es bastante similar a la Regla IV y V de la FAP (Kohlenberg y Tsai, 1991) y tambié n a la llamada “observació n participante” de las emociones e impulsos a la acció n complementarios del terapeuta en las relaciones interpersonales con sus clientes que son comunes, aunque descritos en conceptos diferentes, en enfoques tan distintos como el cognitivo interpersonal (Safran y Segal, 1990) o el psicodiná mico breve (Malan, 1979), junto al conductual mencionado. -El/la terapeuta hace una devolució n interpretadora al grupo como un todo (má s que a miembros particulares), una interpretació n hipoté tica y prudente (“¿Podrı́a ser que aquı́ y ahora nos estamos sintiendo tal y ante esto estamos actuando de tal manera?”) donde se seleccionan ansiedades de temas evitados y maniobras que bloquean la terapia (4). En esto es similar a las CCR1s en el aquı́ y ahora de la FAP junto a las regla V (Kohlenberg y Tsai, 1991), las maniobras defensivas de las terapias psicodiná micas (Malan, 1979) e incluso a las evitaciones experienciales experimentadas en la sesió n referidas en la Terapia de Aceptació n y Compromiso (ACT) (Hayes, Strosahl, y Wilson, 2003). La nota distintiva es que en la terapia existencial de grupo se usa la interpretació n global de todo el grupo (al igual que en muchas modalidades de terapias psicodiná micas grupales), mientas que en ACT y FAP son sobre conductas concretas de miembros del grupo; aunque potencialmente cabrı́a la posibilidad de usarlas de modo similar y comprobar sus bene icios adicionales potenciales. El/la terapeuta existencial de grupo se vale tambié n de otros recursos adicionales como el uso de resú menes para los participantes de los grupos, grabaciones de las interacciones y otros ejercicios estructurados Vinogradov y Yalom (1996) re ieren que para hacer una terapia de grupo son necesarios al menos 6 elementos: LOS SEIS ELEMENTOS NECESARIOS PARA HACER UNA TERAPIA DE GRUPO (1) LOS OBJETIVOS: Para qué objetivos queremos hacer la terapia de grupo. (2) LOS CANDIDATOS PARA EL GRUPO Y SU PREPARACION PREVIA PARA ESTE: ¿A qué personas y problemá ticas va a ir dirigido el grupo, con qué criterios la seleccionamos y la preparamos para participar en este? (3) EL TIPO DE GRUPO A TRABAJAR: ¿Vamos a trabajar con un grupo cerrado de personas y sesiones o uno abierto con altas y nuevas incorporaciones? ¿Con que frecuencia y duració n, lugar y nú mero de personas? (4) SOLOS O CON COTERAPEUTAS: ¿Contamos con co-terapeutas o facilitadores o estamos solos? (5) COMBINACIONES DE LOS GRUPOS CON OTRAS INTERVENCIONES: ¿Los participantes solo trabajan con el grupo o tienen otras intervenciones paralelas (p.e individuales o familiares)? (6) ENFOQUE BASADO EN LA EVIDENCIA; ¿Nuestro enfoque grupal está avalado por evidencias de e icacia previas? Tambié n Vinogradov y Yalom (1986) y Yalom (1989) hacen referencia a los problemas habituales que suelen aparecer en las terapias de grupo y su potencial manejo, problemas que pueden ser re lejos relevantes de di icultades relacionales en la vida de estas personas, es decir conductas clı́nicamente relevantes tipo 1 de la FAP. PROBLEMAS FRECUENTES EN LAS SESIONES DE TERAPIA GRUPAL 1.PROBLEMAS DE Tres opciones: COMPOSICION DEL GRUPO: 1.La desaprobamos Por cambios, retraso a las 2.La interpretamos sesiones o ausencias a estas 3.Exclusió n del grupo de esa persona si sigue repitiendo esta conducta 2.PROBLEMAS DE Se confrontan ante el grupo FORMACION DE SUBGRUPOS 3. ALGUNAS PERSONAS DEL 1. Silenciosas: Se pide primero al grupo que como le observan GRUPO PRESENTAN hoy por su conducta no verbal, y despué s se le pide a esta CONDUCTAS persona si desea añ adir algo a lo referido. Pueden ser PROBLEMATICAS necesarias sesiones individuales paralelas en algunos casos. FRECUENTES QUE INTERFIEREN EL FUNCIONAMIENTO DEL GRUPO 2. Monopolizadoras: Se pregunta al grupo que pasa para que dejen todo el peso de la sesió n a esta persona, que evitan con esto. Tambié n se le dice a esta persona que deseamos saber má s de ella, de sus sentimientos má s profundos, no menos. 3. Evitadoras de contactos y afectos (esquizoides y obsesivas): Estamos atentos a ampli icar cualquier sentimiento que experimenten, nos paramos en ellos, le pasamos la lupa atencional y bloqueamos que lo eviten. 4. Borderlines: Se anima sus compañ eros a no responder a sus estallidos emocionales, o quejas de sentirse herido o rechazado, reforzando que tome decisiones responsables y con la terapia individual paralela y coordinada. 5. Quejumbrosas: “Paciente si pero...” Inicialmente evitamos darle consejos que rechazaran o cuestionaran, le preguntaremos con frecuencia que se ven en comú n con sus compañ eros, preguntar al grupo si esto les hace sentir lejos o cerca de esta persona y a esta si puede expresar sus necesidades de otra manera 6.Psicó ticas: Si se descompensan pueden necesitar psicofá rmacos o ingresos hospitalarios por un tiempo y si esto es frecuente replantear si siguen o no en el grupo Hacen una divisió n del tipo de terapia de grupo segú n de trabajen en centros hospitalarios de pacientes internos o en dispositivos comunitarios con pacientes externos: 1. Pacientes en (1) Los candidatos son seleccionados con criterios concretos unidades de (2) Pocas sesiones de 1 a 3 agudos de (3) Transmitirles que hablar ayuda, inclusive de sus temores a estar salud mental hospitalizados (4) Transmitirles que es importante ayudar a sus compañ eros (5) Transmitirle la conveniencia de seguir el tratamiento psicoló gico tras el alta (6) Contar con agendas de las sesiones claras y sencillas 2. Pacientes en (1) Repetició n de reglas grupales sencillas unidades de (2) El entrenamiento en habilidades es esencial cró nicos en salud mental 3. Pacientes en (1) Personas con problemas relacionales de larga duració n: Grupos unidades psicodiná micos, gestalt o interpersonales externas (2) Personas con problemá ticas de inidas y concretas: Grupos cognitivoscomunitarias conductuales y psicoeducativos (trastornos alimentarios, toxicomanı́as, problemas mé dicos concretos, problemas emocionales concretos, par educadores y grupos de sanitarios (3) Personas en recursos externos para la recuperació n de problemas y enfermedades cró nicas: Grupos de hospitales de dı́a y centros de reinserció n social. Grupos de apoyo para el tratamiento de problemas mé dicos prolongados Haciendo un resumen de las aportaciones directas y potenciales de Yalom y su Psicoterapia Existencial de Grupo a los terapeutas contextuales de grupo podemos destacar lo siguiente: -Aportaciones de la Psicoterapia Existencial de Grupo al/la Terapeuta Conductual de Grupo1-Importancia del trabajo con las emociones que se generan en el aquı́ y ahora del grupo en relació n a problemas referidos externos a este y a la inversa, o sea de conductas clı́nicamente relevantes (ccrs), donde las maniobras de evitació n o aceptació n (evitació n experiencial vs apertura) son tipos funcionales de esas ccrs. 2-Importancia del uso de las interpretaciones globales de todo el grupo tanto del terapeuta como las referidas por los propios miembros del grupo para explicar có mo grupo sus acciones globales, especialmente las defensivas o de evitació n experiencial en “momentos difı́ciles en el grupo”. O sea pueden ser ccrs tipo 3 de la FAP globales, de momentos del grupo, junto a las individuales de sus miembros. Por ejemplo: El/la terapeuta comenta: “Cuando hablamos de las perdidas y lo que sentı́s, observo aquı́ y ahora que todos os poné is rá pidamente a dar consejos sin que haya mucho tiempo en pararnos a experimentar esas emociones de pé rdida y los mensajes que nos pueden estar dando para nuestras vidas. ¿A qué se puede deber esto?” 2.2. La perspectiva la Logoterapia de Grupo: La Logoterapia de Vı́ctor Frankl (1991, 1994, 2002) quizá s sea el enfoque psicoló gico no cognitivo-conductual con má s a inidades a la Terapia de Aceptació n y Compromiso y otras terapias contextuales (junto a la Psicoterapia Adleriana). Tiene como referente esencial la bú squeda de signi icado en la vida de las personas en relació n al desarrollo de sus valores experienciales (experiencias vividas valiosas), valores creativos (realizaciones valiosas hechas por la persona) y valores actitudinales (posicionamientos valiosos ante situaciones adversas inmodi icables. Tambié n presenta la “hiperre lexión” como un mecanismo general de los problemas psicoló gicos (al igual que la propuesta de Marino Pé rez, 2012, como un elemento transdiagnó stico central) y la dere lexió n como un procedimiento de descentramiento (podrı́amos traducir como defusió n) de sı́ mismo mediante procedimientos paradó jicos, el diá logo socrá tico, el uso del humor y la promoció n de valores en acciones o actitudes valiosas. Estas a inidades son reconocidas directamente desde las terapias contextuales (Pá ez, Gutié rrez, Valdivia y Luciano, 2006). Sin duda para el terapeuta contextual usar las preguntas en los grupos sobre los 3 tipos de valores logoterapé uticos puede ser relevante al identi icar y evaluar estos como operaciones o reglas motivacionales (“aumenting”) para que las personas del grupo se impliquen y activen conductualmente de manera comprometida con sus valores. -Valores experienciales: “¿Qué experiencias de vuestras vidas pasadas consideráis que han sido má s valiosas para dar sentido a vuestras vidas y os continúan motivando en la actualidad para seguir adelante con lo que os importa?” -Valores creativos: “¿Qué cosas de vuestras vidas habéis creado o hecho que son más valiosas para dar sentido a vuestras vidas y os continúan motivando en la actualidad para seguir adelante con lo que os importa?” -Valores actitudinales: “¿Qué experiencias habéis vivido que no tenían remedio o solución y sin embargo con vuestra actitud le disteis valor para dar sentido a vuestras vidas y os continúan motivando en la actualidad para seguir adelante con lo que os importa?” El objetivo de la Logoterapia (individual o grupal) es desarrollar el aspecto noético de la persona(Frankl, 2011); es decir tomar un posició n o serie de decisiones o acciones ante las circunstancias corporalessomá ticas y sus experiencias psicoló gicas (pensamientos, emociones, impulsos, há bitos de conducta) que vive la persona como limitantes y ponerse por encima de ellas y abrirse una nueva dimensió n que nos lleva a posicionarnos ante estas vivencias; donde la dere lexió n y la promoció n de los valores son centrales El logoterapeuta grupal Efré n Martı́nez (2002) establece tres tipos de terapias de grupos con enfoques logoterapé utico: (1) Logoterapia de Grupo Estructurada con protocolos y objetivos especı́ icos, (2) La Logoterapia de Grupo Semi estructurada donde se trabaja hacia objetivos concretos pero sin protocolos preestablecidos, y (3) La Logoterapia de Grupo Abierta donde se comparten vivencias que dan sentido a la vida de los participantes pero sin protocolos y objetivos preestablecidos. 2.3. La perspectiva de las Terapias de Grupos Psicoanalíticas: Existen gran cantidad de perspectivas psicoanalı́ticas que nos es imposible recabar en este manual. Solo hemos seleccionado una seria de tó picos que nos parecen aportes importantes para cualquier terapeuta de grupo, incluido los conductistas contextuales y que resumimos de forma muy escueta. La selecció n que hemos hecho abarca modelos grupales psicoanalíticos más clásicos pero actualizados (Garland, 2010); la terapia de grupo basada en la mentalización (Karterud, 2015), los grupos multifamiliares (Martı́nez y Simond, 2013), los grupos operativos (Klein, 2017) y los supuestos básicos grupales de Bion(Bion, 1980). La exposició n de Garland (2010) parte de la formació n de la clı́nica de Tavistock de Londres que es la institució n en lengua inglesa má s importante que imparte formació n psicoterapé utica de orientació n psicodiná mica desde 1920. Su libro enfoca la terapia psicoanalı́tica grupal desde una perspectiva psicosocial. Parte de la idea de que examinar el funcionamiento personal y relacional con otros mediante la terapia grupal permite aprender experiencias que contribuyen al mejor funcionamiento de la persona en su mundo personal y social. Su autor reconoce la existencia de otras perspectivas grupales no psicoanalı́ticas má s clá sicas (como el caso de las cognitivasconductuales y otras) pero destaca que los grupos psicoanalı́ticos son ú nicos en cuanto se centran en la persona y los trastornos de la personalidad y no en el problema, sı́ntoma o diagnó stico particular; todo ello basado en supuestos teó ricos donde destacan los de Freud, Klein y Bion. Bá sicamente se de iende que los impulsos, creencias, acciones, emociones y cualquier actividad psicoló gica derivan de experiencias de la infancia que siguen operando en las acciones actuales de modo inconsciente o no percatadas y que se perpetú an y refuerzan en las relaciones con otros signi icativos. La terapia psicoanalı́tica descrita por Caroline Garland (2010) busca el impacto del paciente en el grupo y viceversa; y como en las interacciones grupales del aquı́ y ahora se revelan las estructuras internas de los pacientes. Es relevante que este manual describa en su parte inal los pasos especı́ icos del manual describiendo de manera detallada varios escenarios o viñ etas clı́nicas frecuentes en los grupos. Entre estas viñ etas o situaciones está n el có mo presentar los objetivos del grupo a los miembros de este, las herramientas del terapeuta (manejo de los mecanismos de defensa, la comunicació n inconsciente, manejo de la transferencia y la contratransferencia, manejo del complejo de Edipo y de las diná micas grupales); có mo adaptar el lenguaje psicoanalı́tico al nivel de los miembros del grupo, cuá ndo y có mo enfocar en el sujeto concreto o en el grupo en general, la supervisió n y otros aspectos Nosotros consideramos que una lectura de esta obra puede proporcionar una valiosa informació n al terapeuta conductista contextual aunque sus explicaciones y terminologı́a puedan ser traducidas a lenguaje conductual. Cerca de cien añ os de terapia psicoanalı́tica grupal sin duda es una gran cantidad de experiencia acumulada nada desdeñ ables. En el siguiente cuadro presentamos un resumen de estas potenciales equivalencias, siendo muchas de ellas ya incorporadas a la Psicoterapia Analı́tica Funcional (Kohlenberg y Tsai, 1991) psicoterapia conductista radical que toma mucho tambié n del psicoaná lisis; y que por lo tanto es relevante en un integració n de ACT má s FAP, junto con otros enfoques aquı́ reseñ ados. -Los grupos psicoanalı́ticos y equivalencias conductualesPsicoanalı́tico Conductual 1.Para darnos cuenta de aspectos inconscientes de Discriminació n conductual en un nosotros mismos y poder hacernos cargo de ellos contexto de audiencia no punitiva (Skinner) 2.Para darnos cuenta como en nuestras relaciones Las conductas clı́nicamente relevantes y con otros hacemos transferencias de esos aspectos las 5 Reglas de la FAP de Kohlenberg y inconscientes Tsai 3.Para darnos cuenta que en nuestros grupos ¿Puede ser ú til en FAP usar la regla V naturales y en la terapia de grupo se implican dos aplicada al grupo como un todo? niveles, uno consciente de la tarea de trabajo entre (A desarrollar e investigar) manos y otro inconsciente e inadvertido (Supuestos Bá sicos de Bion) 4.Muchos problemas humanos derivan de Criticas y limitaciones del modelo relaciones vinculares previas y despué s son biomé dico en salud mental clasi icados de manera erró nea como enfermedades mentales 5.Que detectar y diferenciar los propios estados Importancia de la lexibilidad psicoló gica mentales y los ajenos es importante en las en ACT, la importancia de tactar y relaciones con otros discriminar las experiencias internas y problemas del Yo en FAP, Terapia de Mentalizació n, DBT… 6. Hacernos cargo de aspectos de nosotros mismos Ser “Responsables” en el libro de Marino de manera responsable, aunque sean Pé rez: “Contingencia y drama: la desagradables psicologı́a segú n el conductismo” (2014) La Terapia de Grupo basada en la Mentalizació n (Karterud, 2015) igualmente puede proporcionar al terapeuta conductual que trabaja con problemas del yo (trastornos de personalidad) valiosos procedimientos para ayudar a los miembros del grupo a discriminar los estados internos propios y ajenos y usarlos para mejorar sus relaciones con otras personas. La Terapia de Mentalizació n (individual y grupal) es un desarrollo psicoanalı́tico actualizado centrado en có mo desarrollar la capacidad para comprenderse uno ası́ mismo y los demá s en relació n a sus estados mentales o experiencias privadas; y como los dé icits en esa capacidad se relacionan con la psicopatologı́a, en especial con los trastornos de la personalidad y con problemas relacionales diversos (Fonagy y cols. 2002; Bateman y Fonagy, 2004). El enfoque grupal de mentalizació n se aplica con frecuencia al trastorno lı́mite de personalidad y tiene evidencia de su efectividad (Ló pez, 2012). Di iere de la terapia psicoanalı́tica grupal clá sica de la que proviene en un uso limitado de las asociaciones y centrarse en las interacciones del aquı́ y ahora y no tanto en el pasado. El objetivo de la Terapia de Grupo basada en la Mentalizació n (Karterud, 2015) es involucrar a los miembros del grupo en diá logos que favorezcan la mentalizació n tanto individual como del grupo en conjunto. Todo ello con estructuras y tareas grupales de inidas y un importante papel de direcció n del terapeuta. De manera general se orienta a los participantes a 5 aspectos: (1) Relatar experiencias de sus vidas cotidianas donde les ha costado entender las conductas o reacciones de otros o las suyas propias, (2) Explorar en las sesiones grupales estas experiencias ajenas o propias para comprender esos estados mentales, (3) Hacer el esfuerzo de comprender los estados mentales de sus compañ eros de grupo como forma de conectar con ellos, (4) Hacer el esfuerzo de que está sucediendo en el grupo como un todo desde los estados mentales compartidos en momentos de este y (5) Hacer el esfuerzo para unirse (cohesió n grupal) a sus compañ eros de grupo mediante la comprensió n de sus estados mentales. La Psicoterapia Analı́tica Funcional (FAP) podrı́a bene iciarse de algunas aportaciones de esta terapia sobre todo en casos de trastornos graves del yo como es el trastorno lı́mite de personalidad. Esto quizá s adquiere aú n má s conexió n y relevancia si cabe con la propuesta FAP de sobre su modelo de consciencia-valor-amor (Kohlenberg, Tsai y cols.2015) como formas funcionales de mejorar las conexiones intimas y las relaciones entre personas. Al lector no le ha de extrañ ar que mucho de los autores principales de las terapias conductistas contextuales consideren la importancia y contribuciones de las terapias psicodiná micas al bagaje conductual (Hayes, 2020); eso sı́, despojadas de las explicaciones y elucubraciones metapsicoló gicas puramente inferenciales y sin base cientı́ ica contrastadas. La terapia de mentalizació n está en esta lı́nea. Una traducció n en la lı́nea FAP de los 5 aspectos de la terapia de grupo de mentalizació n podrı́a quedar ası́: Las 5 Cuestiones de Mentalizació n en FAP y en FACT (Ruiz, 2020) 1. ¿Os ha costado entender la experiencia personal por la que estaba pasando alguien que os importa esta semana pasada? ¿O bien os ha costado entender alguna reacción o experiencia propia que habéis tenido? ¿Alguien quiere hacer un esfuerzo por entenderlo y nos lo comparte? 2. ¿Os cuesta entender la experiencia que nos comparte este compañero aquí y ahora? ¿Alguien quiere hacer un esfuerzo por entenderlo y nos lo comparte? 3. ¿A alguien le cuesta conectar y entender la situación por la que está pasando alguno de sus compañeros de grupo? ¿Alguien quiere hacer un esfuerzo por entenderlo y nos lo comparte? 4. ¿Alguien quiere compartirnos qué estado mental o emocional entiende que tiene ahora todo el grupo? 5. ¿Alguien quiere compartirnos qué estado mental o emocional común entiende que nos une y conecta a todos en este grupo? La propuesta de la Terapia Grupal Multifamiliar consiste en reunir en grupos al mismo tiempo a pacientes psicó ticos y sus familiares. Fue creada por Jorge Badaraco psicoanalista argentino (Martı́nez y Simond, 2013), comprobando que estos pacientes mejoraban cuando se les daba voz y protagonismo, junto a la de sus familiares en el formato grupal. En estos grupos se destacan tanto los aspectos problemá ticos como los recursos de las personas con experiencias psicó ticas má s allá de ver a estas personas como enfermos y viendo sus crisis como oportunidades para entender aspectos de estos y de la relació n con ellos inadvertidos. Las di icultades en captar esos aspectos inadvertidos o inconscientes derivan las historias previas compartidas de estas familias con generaciones previas y con familias extensas. Que todos puedan aportar al grupo es esencial. Se pueden formas grandes grupos si el espacio lo permite y hacer participar incluso a gran cantidad de personas (entre unas 25 a 30) como un espacio socio-grupal. Muchas terapias contextuales trabajan con grupos de personas con experiencias psicóticas por un lado y por otro con sus familiares, pero es infrecuente que se trabaje conjuntamente con ambos por lo que es una forma de trabajar prácticamente inexplorada desde lo conductual de la que no tenemos constancias de sus potenciales bene icios; pero pensamos que tanto desde un enfoque ACT, FAP o FACT se podrían experimentar y comprobar sus potenciales bene icios entre los que podrían estar reforzar una conceptualización alternativa más relacional a las explicaciones biomédicas y crear espacios e interacciones no punitivas y más reforzantes. La propuesta la Concepció n Operativa Psicoanalı́tica de Grupo se basan en las aportaciones iniciales del psicoanalista argentino Pichó n Riviere que conecta los aportes psicodiná micos con la psicologı́a social (Klein, 2017) . Parte de un concepció n social de la “enfermedad mental” y cuya propuesta tiene similitudes con la de Bion que veremos continuació n. Para Riviere los grupos naturales y los de terapia se constituyen en torno a una tarea u objetivos, con un encuadre que de ines sus roles o papeles, en un espacio temporal concreto donde las personas de ese grupo desarrollan el llamado ECRO (siglas correspondientes a Esquema Conceptual Referencial Operativo) que son los conocimientos organizados conscientes e inconscientes que permiten a las personas desenvolverse mejor o peor en esos grupos. En té rminos conductuales podrı́amos hablar de experiencias personales previas o historia de aprendizaje y los repertorios de relació n que trae cada persona a un grupo. Desde esta concepció n psicoanalı́tica todo grupo pasa por momentos de pre-tarea y de tarea alternantes. La pre-tarea conllevan mecanismos defensivos de evitació n, resistencia y no cambio (podrı́amos pensar desde ACT o FAP de “agendas personales” donde se ponen en juegos conductas clı́nicamente relevantes tipo 1 o evicciones experienciales) y que de hecho identi ican con la posició n teó rica de la psicoanalista Melanie Klein y de Bion como “posició n esquizo-paranoide” que terminan postergando la tarea del grupo (que puede ser cualquier grupo, no solo el de terapia, sino por ejemplo un grupo de profesionales sanitarios de un equipo de salud mental). La tarea, que es lo que busca promocionar el coordinador o terapeuta (es decir las conductas objetivos del grupo en té rminos conductuales CCR2 o repertorios má s lexibles). Los problemas del grupo se quedan en relaciones de pre-tareas que dan lugar a los llamados “emergentes grupales” que son presentaciones problemá ticas producto de las relaciones de sus miembros en torno esa evitaciones o defensas compartidas. “Desde la perspectiva psicosocial comprendemos la enfermedad como una situación que se ha producido en un contexto grupal. El primer grupo es la familia. La enfermedad de un grupo no tiene que ver con las patologías individuales de los miembros; la patología grupal viene dada por la estereotipia del conjunto. El encasillamiento y la inmovilidad de los roles nos alertaría de una di icultad para la plasticidad y por extensión, para el cambio” (Otero, Vallejo y Mantrana, 2018). En té rminos contextuales ciertas prá cticas sociales en un grupo generan relaciones compartidas de in lexibilidad psicoló gica, que si se extienden en el tiempo generan formas funcionales de intercambios de reforzamientos por evitació n y la emergencia de prá cticas culturales bajo el control de metacontingencias. O se dicho en palabras má s sencillas, las evitaciones compartidas de las tareas propias de una institució n (por ejemplo atender casos problemá ticos y difı́ciles en un equipo de salud mental de manera coordinada) pueden generar practicas inadecuadas a largo plazo para esa tarea por evitació n de esas di icultades por ejemplo trabajando cada uno en su despacho y derivando en exceso a los compañ eros, haciendo circular los pacientes de uno a otros, dando citas excesivamente demoradas o creando una cultura de que “cada palo aguante su vela” donde se establecen reglas tá citas o explicitas (los ECROS) de có mo derivar, relacionarse con los compañ eros y otras instituciones, etc. Por supuesto que dichos aná lisis pueden hacerse desde el aná lisis funcional de las instituciones u organizaciones, pero estos enfoques psicodiná micos nos pueden aportar muchos aspectos relevantes. Otra perspectiva psicodiná mica de potencial interé s para el terapeuta conductista contextual de grupo es la aportada por el psicoanalista britá nico Wilfred R. Bion. Este interé s deriva de que explica relaciones grupales frecuentes que tienen unas inalidades o funciones y que pueden ser trasladadas a muchas experiencias grupales sean de orientació n diná mica o no y lo hace desde su concepció n de lo que llama los supuestos básicos. Este concepto alude a que todo grupo o equipo de trabajo se reú ne para compartir una tarea u objetivos, pero al mismo tiempo ese encuentro entre personas genera de manera espontá nea una serie de fantası́as, creencias y afectos que pueden interferir en la consecució n de la tarea que diná micamente responderı́a a cuestiones inconscientes. Ası́ aparece en todo grupo o equipo de trabajo esa dualidad paralela entre lo racional y consciente (la tarea) y lo emocional e inconsciente, los propios supuestos bá sicos (Bion, 1980). Los supuestos bá sicos estarı́an formados por creencias inconscientes que derivan de las experiencias previas de los sujetos del grupo y que son activadas y compartidas por los miembros del grupo. Trabajar con los supuestos bá sicos supondrı́a para un terapeuta conductual contextual usar la regla V de la FAP a nivel global del todo el grupo (interpretando la conducta global del grupo en momentos concretos como un sujeto global) y no solo de sujetos particulares de este, entendiendo que el grupo no es solo un agregado de personas juntas, sino que genera un espacio relacional global compartido con sus propias metacontingencias má s temporales o má s duraderas (grupo de terapia vs grupo de trabajo en una institució n de interacciones má s largas a lo largo de la vida laboral). En el siguiente cuadro exponemos los tres supuestos bá sicos de Bion y su potencial equivalencia conductual en las terapias de grupos: SUPUESTOS BASICOS DE BION TRADUCCION CONDUCTUAL HIPOTETICA (¿Es ú til esto?) 1.SUPUESTO DE DEPENDENCIA CONDUCTAS CLINICAMENTE RELEVANTES TIPO 1 DEL (ANSIEDAD Y CULPA) GRUPO COMO UN TODO: -Defensas: contra ansiedades -Conductas de evitació n: Desvalimiento y debilidad depresivas -Percepció n del terapeuta: Idealizado como solucionador -Actitudes o conductas: -Funciones de las conductas de evitació n: Obtener apoyos, productivas, relaciones erotizadas evitar la soledad, abandono y esfuerzo responsable (afectivas) personal -Terapeuta (erotizado tambié n) -Sentimiento: Temor al abandono y que las necesidades del grupo anularan al terapeuta 2. SUPUESTO ATAQUE-FUGA CONDUCTAS CLINICAMENTE RELEVANTES TIPO 1 DEL (ESQUIZOPARANOIDE) GRUPO COMO UN TODO: -Defensas: Escisió n y proyecció n -Conductas de evitació n: Culpar a los otros y las de lo malo situaciones vitales de las propias di icultades -Actitudes o conductas: -Percepció n del terapeuta: Puede ser culpado y Irre lexiva, atacan o huyen descali icado como representante de la institució n-poder -Terapeuta El terapeuta puede -Funciones de las conductas de evitació n: Reducir lo encarnar al perseguidor o ser aversivo de asumir la propia responsabilidad personal y sustituido por otro miembro del trabajarlas sin garantı́a de é xito o consecució n asegurada grupo -Sentimiento: Ira o miedo a ser destruido por el perseguidor 3. APEREAMIENTO (DEPRESIVA) CONDUCTAS CLINICAMENTE RELEVANTES TIPO 1 DEL -Defensas: Maniacas GRUPO COMO UN TODO: -Actitudes o conductas: -Conductas de evitació n: Buenismo, positivismo, afectos Productivas con relaciones exagerados y desmedidos erotizadas -Percepció n del terapeuta: Alguien muy atractivo fı́sica o -Terapeuta: Erotizada tambié n intelectualmente, sin tacha o defecto -Sentimiento: El grupo tiene la -Funciones de las conductas de evitació n: Autoengañ o esperanza de crear algo nuevo compartido de evitació n de problemas y di icultades bueno y con optimismo vitales 2.4. La perspectiva de la Psicoterapia Adleriana de Grupo: De manera habitualmente erró nea se entiende a la Psicologı́a Individual o Adleriana como una corriente psicoanalı́tica, cuando tiene sus propios presupuestos que la diferencia de estas. Se le suele presentar como un antecedente de las terapias cognitivas conductuales y aú n constructivistas (Oberst y Stewart, 2003), aunque tambié n tiene bastantes conexiones con la concepció n conductista, aspecto que suele pasar inadvertido (Ruiz, 2016). Apuntamos a continuació n algunas de estas potenciales conexiones entre lo adleriano y lo conductista y que puede aportar al conductismo y la terapia conductista individual y grupal: Una descripció n pormenorizada de có mo se trabaja paso a paso en terapia de grupo adleriana es la presentada en el texto de Sonstegard y Bitter (2005) y una descripció n y desarrollo de la integració n entre la perspectiva adleriana y la conductual actualizada en Ruiz (2016). CONCEPTOS ADLERIANOS EQUIVALENCIAS CONDUCTUALES 1. Estilo de Vida: Toda las acciones humanas 1.Puede ayudar a una concepció n de los de un persona está n organizadas hacia un in problemas de yo aú n de manera má s o propó sito inconsciente funcional que la propia concepció n de FAP, al plantearse como operante organizadora y directriz (Ruiz, 2016) 2. Sentimiento de Comunidad: Las personas 2. Agrega procedimientos y direcció n a las buscan pertenecer a un grupo de referencia y CCR2 de intimidad y conexió n social. Los su vida signi icativa transcurre en relació n a procedimientos adlerianos de trabajo con el los otros y las tareas de la vida (amor, trabajo, sentimiento de comunidad van en esa amistad) direcció n 3. Concepto democrá tico de los grupos: En la 3. Genera validació n y empoderamiento de formació n de los grupos se decide por este los miembros del grupo como se organizan y sus funciones Describimos a continuació n el formato general con el que trabajamos en nuestro servicio la terapia de grupo adleriana (Ruiz, 2014): Iniciamos la terapia con un grupo de 5 a 10 personas que se desconocen entre sı́. Entran a una sala que dispone de un cı́rculo de sillas. Cada uno se siente donde desea (es habitual despué s que se sienten en esos mismos sitios). En algunos grupos se observa conversaciones entre ellos ya en la sala de espera, e incluso cuando pasan a la sala, en mi experiencia es menos frecuente que todos entren y permanezcan en silencio expectantes. En la primera sesió n comienzo formalmente el grupo pidiendo que se presenten y diciendo algo de que les trae a este grupo. Observo no solo lo que dicen, sino có mo lo dicen a nivel de entonació n verbal, gestos y posturas y que reacciones verbales y no verbales tiene en los demá s. Tambié n trato de observar quié n se sentó al lado de quié n y si esto permanecerá en las pró ximas citas. A continuació n pido al grupo que es importante que acordemos entre todos dos cuestiones bá sicas para el grupo: (1) ¿Qué acuerdos son necesarios para todo el grupo?, y, (2) ¿Sobre qué temas vamos a tratar en este grupo? Espero expectante sus respuestas y si piden mi guı́a les suelo plantear que temas importantes en los grupos suelen ser el de la con idencia, respeto por la diversidad de experiencias y opiniones, etc….y que deciden ellos sobre estas cuestiones. En este punto es importante observar tanto lo que dicen (o callan), como lo dicen y las reacciones de sus compañ eros. A la cuestió n de que vamos a tratar en el grupo es habitual que respondan sobre sus problemas o “enfermedad” y có mo manejarla. Tengo en cuenta lo que dicen, añ adiendo que ya que estamos en un grupo es muy importante que tomemos conciencia de nuestra forma de relacionarnos tanto dentro como fuera del grupo y como eso nos afecta en los problemas o “enfermedades” que ellos re ieren. Pido al grupo la opinió n al respecto de esta cuestió n central en esta terapia. Preguntas que pueden apoyar esta cuestió n son por ejemplo: ¿có mo os afecta vuestras relaciones pasadas y actuales en vuestro malestar?. Tras hacer circular esta cuestió n en todo el grupo se puede entregar una “hoja de trabajo relacional” para rellenar en casa y revisar en el grupo. La primera sesió n se suele cerrar con preguntas a todo el grupo sobre que nos llevamos hoy de del grupo y que podemos usar ante nuestro malestar entre las sesiones. En las siguientes sesiones, que pueden ir desarrollá ndose una vez a la semana durante dos horas, con un má ximo de unas 16 sesiones en formato cerrado o de modo continuo y circular si el grupo es abierto con incorporaciones y altas segú n sea su evolució n, se van a ir desarrollando las distintas fases de la terapia de grupo, que no necesariamente es lineal y en ese orden secuencial forzoso, ya que se volverá n a diversos temas de manera frecuente (los acuerdos iniciales, incidentes relacionales dentro del mismo grupo, desvı́os de la tarea central del grupo, etc.). Bá sicamente las tareas terapé uticas siguientes a desarrollar en el grupo girará n en torno al modelo relacional de cada miembro del grupo (su Estilo de Vida) estableciendo dos momentos de trabajo con esto: Las entrevistas subjetivas y las entrevistas objetivas. (1) Las entrevistas subjetivas: consisten en relatos y acciones in situ de incidentes relacionales dentro/fuera del grupo de sus miembros, observando tambié n su conducta no verbal, e invitando al grupo a expresar igualmente sus opiniones y sentimientos; observando tambié n las conductas no verbales y el clima grupal general que se va generando en ese momento. En este punto el terapeuta irá progresivamente cuestionando al grupo globalmente y a cada uno de sus miembros sobre que parece buscar cada uno al actuar de esa manera, y a que lleva eso a largo plazo en las relaciones. (2) Las entrevistas objetivas: A lo largo de las sesiones grupales el terapeuta pedirá al grupo que realice varias tareas encaminadas a esclarecer los modelos relacionales (Estilo de Vida), tareas será n pedidas para casa (p.e rellenando una serie de cuestionarios o realizando unas tareas de conducta) y que será n compartidas en el grupo. Estas tareas objetivas suelen ser por lo general responder a có mo marchan sus vidas en las relaciones o tareas de vida (trabajo, pareja, amistades, autoestima, sentido vital-espiritual), la atmó sfera familiar en que se criaron y viven en la actualidad, trabajar con sus primeros recuerdos de la vida (como proyecciones de su matriz relacional bá sica de su Estilo de Vida), la autoestima-sentimiento de comunidad y en algunas ocasiones con los sueñ os (como re lejo de su disposició n actual ante un problema). Toda esa informació n se irá reelaborando continuamente en un bucle má s circular que lineal, tanto en los distintos momentos de las sesiones má s avanzadas, como en el proceso global del grupo, que conlleve fortalecer la colaboració n y estı́mulo grupal al progreso de cada uno de sus miembros, el esclarecimiento del Estilo de Vida-modelo relacional de sus miembros (mediante los mé todos subjetivos y objetivos reseñ ados) y la reorientació n o modi icació n de aquellos aspectos del estilo de vida que son disfuncionales para la vida en comú n. Aunque en cada sesió n se dan “micro procesos” del bucle mencionado, conforme progresen las sesiones, y segú n como avance cada grupo, irá ponié ndose má s acento de trabajo en el esclarecimiento de los modelos relacionales del Estilo de Vida, no solo a nivel intelectual o racional de los datos objetivos recogidos, sino tambié n a nivel emocional observando las relaciones grupales a los incidentes relacionales, confrontando a sus miembros sobre que persiguen o buscan actuando ası́ y a qué les lleva eso en su vida relacional; o bien poniendo má s acento en la reorientació n de los Estilos de Vida-modelos relacionales pidiendo permiso a las personas afectadas por ellos, si desean escuchar las opiniones de sus compañ eros, generando rondas de propuestas alternativas a comprobar y relatando en sucesivas consultas el efecto de esas alternativas en su vida relacional, si aumentan o no la cooperació n o sentimiento de comunidad en ellas, o bien vuelven a caer en sus propó sitos “ocultos” má s defensivos de su autoestima dañ ada. 2.5. La perspectiva de la Terapia Gestalt de Grupo: Entre los aportes de la Terapia Gestalt de Grupo a la ACT de Grupo se encuentran su focalizació n en la experiencia inmediata del aquı́ y ahora que ocurre en la misma sesió n y los ejercicios/té cnicas experienciales tan usados en las terapias contextuales aunque con objetivos diferentes. En el siguiente recuadro hacemos un resumen de las principales aportaciones de la Terapia Gestalt de Grupo que ha ido a inando su metodologı́a de trabajo hasta hacerla cada vez má s operativo y prá ctico a mú ltiples problemas humanos desde una perspectiva relacional experiencial (Cole y Reese, 2018) donde en sus propias palabras: “El grupo gestalt puede ser abordado como un microcosmos del universo relacional de los miembros del grupo y trabajado creativamente con el proceso grupal brindando abundantes oportunidades para el crecimiento y el desarrollo de la capacidad de cada miembro para el desarrollo relacional” (Cole y Reese, pp.32, 2018). CONCEPTOS Y PROCEDIMIENTOS DE TERAPIA EQUIVALENCIAS CONDUCTUALES GESTALT DE GRUPO 1.Ejercicios experienciales en el aquı́ y ahora de la 1. Forman parte de ACT y FAP para evocar sesió n y moldear CCrs 2. Contacto directo con la experiencia personal 2. El contacto con las contingencias directas de las experiencia vs reglas verbales 3. Objetivos de la nueva terapia gestalt de grupo 3. Muchas equivalencias con ACT y FAP y (Cole y Reese, 2018): Conciencia, contacto y el sub-modelo de FAP de Conciencia, Valor experiencia para cambiar el estilo relacional y Amor, ası́ como tambié n con el interpersonal Mindfulness 2.6. La perspectiva de la Terapia Humanista Rogeriana de Grupo: Tradicionalmente se ha planteado el conductismo y el humanismo como versiones antité ticas del ser humano, al entender que el conductismo robotizaba a las personas y el humanismo las ve como seres libres y creadores (Garcia-Margallo, 2008) Aunque ciertamente ambas perspectivas tienen grandes diferencias; como por ejemplo la libertad desde el conductismo se ve como un asunto de sentimientos derivados de la falta de control aversivo y como forma de ejercer contra-control contra las instituciones/personas que usan el manejo aversivo de la conducta (Skinner, 1977); actualmente el conductismo es propuesto como una nueva forma de humanismo fundamentado en la noció n de persona má s que en la de organismo (Pé rez, 2015). Existen bastantes a inidades entre las Terapias Humanista de Grupo (especialmente en la perspectiva rogeriana) y las Terapias Conductistas Contextuales de Grupo como vemos en el siguiente cuadro: CONCEPTOS HUMANISTAS ROGERIANOS DE GRUPO EQUIVALENCIAS CONDUCTUALES 1.Los vı́nculos grupales reproducen problemas de 1.Equivalencia funcional de relaciones previas conductas clı́nicamente relevantes dentro y fuera de la sesió n 2.Las respuestas evitativas aprendidas desde la niñ ez 2. Evitació n experiencial como producen menor contacto con las experiencias elemento transdiagnostico en personales, y disfunciones relacionales con uno mismo y mú ltiples psicopatologı́as y los otros trastornos del yo 3.Los grupos permiten lexibilizar la estructura psı́quica 3. La Flexibilidad Psicoló gica personal 4. Los grupos permiten contactar con aspectos negados 4. Contacto con contingencias de sı́ mismo e integrarlos experienciales evitadas 2.7. La perspectiva de las Terapias Sistémicas Estratégicas de Grupos: Trabajar con familias desde el modelo sisté mico es una forma de hacer terapia de grupo “familiar”, aunque ciertamente di iere de trabajar con personas no vinculadas por los lazos familiares. Dentro de estos modelos las llamadas terapias estraté gicas buscan crear mediante las conversaciones con los clientes “excepciones” a los problemas y usarlas como palancas de cambio al descentrar toda la intervenció n que se retroalimenta (refuerza) en torno a los problemas y generar opciones alternativas (conductas clı́nicamente relevantes tipo 2). Su aplicació n a terapia de grupo sin embargo es bastante desconocida en lengua castellana. Existen algunos manuales de referencia de có mo aplicar la terapia estraté gica centrada en las soluciones a formato grupal como la de Linda Metcalf (1998). En nuestra propia experiencia de trabajo clı́nico aplicamos este modelo de trabajo grupal con un protocolo diseñ ado desde nuestro equipo de salud mental hace unos añ os a grupos de personas con mú ltiples diagnó sticos de problemas de “ansiedad-depresió n con muy buenos resultados” (Ruiz, 2014) con resultados superiores a otros grupos de terapias cognitiva-conductual de segunda generació n y levemente inferiores a los resultados de los grupos con ACT. Bá sicamente usamos preguntas estratégicas (excepciones, preguntas milagros, estar atentos a momentos de cambio aunque fueran pequeñ os o breves, etc.) para discriminar momentos pasados, actuales o potenciales futuros donde el problema no ocurrı́a, variaba su frecuencia o intensidad o se posibilitaban nuevos escenarios o situaciones alternativas. A continuació n describimos como trabajamos en aquel momento con este modelo de terapia grupal: El terapeuta se reú ne con un grupo de personas previamente seleccionadas con algú n criterio de inclusió n en ese grupo (en este caso diagnosticadas de problemas ansioso-depresivo) una vez a la semana durante dos horas, a lo largo de un nú mero pre ijado de sesiones, o de manera continua con altas e incorporaciones progresivas al grupo segú n vayan evolucionando o se produzcan algunos abandonos. Es habitual que bajo la ó ptica de la Terapia Centrada en Soluciones las personas que forman parte de un grupo, y mucha gente en su vida corriente, esté n centradas en invertir esfuerzo y atenció n en cambiar determinados problemas a base de aplicar “secuencias ló gicas” de acció n socialmente compartidas que muchas veces suponen aplicar “má s dosis” de lo mismo que previamente no ha funcionado, produciendo una escalada progresiva de problemas-intentos de solució n que a la larga se convierte en perpetuadora de esos problemas (o como se dice en terapia estraté gica “el problema es la solució n aplicada”. Aunque muchas terapias estraté gicas se centran en alterar esa circularidad (p.e Watzlawick, Nardone…), la Terapia Centrada en Soluciones-TCS (De Shazer, Bellebach...) teniendo en cuenta esa posibilidad, introduce un elemento adicional esencial. Ese elemento adicional es que ningú n problema es está tico e invariable, y que todo problema tiene sus excepciones, ya sea porque se producen cambios en su frecuencia o intensidad, ya sea porque hay momentos en que no ocurre, etc. Usando esas “excepciones” a travé s del “lenguaje estraté gico”, tanto en la terapia individual, familiar o grupal se busca incrementar los recursos, el “empoderamiento”, las expectativas de autoe icacia o dominio de di icultades creando un contexto relacional de posibilidades má s que centrado solamente en las di icultades. Por supuesto que el terapeuta escucha y está atento empá ticamente al sufrimiento expresado, pero lenta e incisivamente, de manera respetuosa y sintonizando con el mundo o la ló gica idiosincrá tica de sus clientes, va haciendo guiar los encuentros y conversaciones de la terapia hacia las posibilidades de devolver la con ianza de superació n de las di icultades a sus clientes. En las primeras sesiones de la TCS, y muchas veces, aú n en sesiones posteriores el grupo suele estar centrado en sus di icultades, aunque tambié n se detectan consejos y directrices de algunos de sus miembros que se escuchan atentamente y se ponen a circular en el grupo para que este valore la viabilidad o no de las mismas sobre quienes se dirigen. Pero ademá s de usar esos recursos del propio grupo el terapeuta usa el “lenguaje estraté gico” para reforzar las capacidades o recursos escondidos debajo a veces de ansiedad, la ira, la frustració n, el desá nimo o el pesimismo. En ese camino de encontrar la con ianza de los miembros del grupo será muy importante el apoyo y elogio que se den los miembros del grupo. Cada sesió n del grupo tendrá dos momentos, una donde usaremos las preguntas y otro donde al inal de la misma nos elogiaremos mutuamente y propondremos, cuando venga al caso, una tarea que durante la semana refuerce aú n má s los cambios que vayamos consiguiendo. En resumen usaremos para devolvernos la con ianza en nosotros mismos, en nuestras capacidades tres mé todos bá sicos: (1) Las preguntas estraté gicas; (2) Los elogios y (3) Las tareas entre sesiones. Buscaremos optimizar la e iciencia centrá ndonos en esas tres estrategias. Para ello en general, iremos observando tanto el grupo como un todo, como a sus miembros individuales, y aunque tengamos una secuencia pre ijada de estrategias graduales a emplear en el grupo a la que podemos recurrir, usaremos un esquema estraté gico general comú n de guı́a en todas las sesiones. Ese esquema general consiste en las siguientes 4 opciones: 1-Si el grupo como un todo o sus miembros individuales (segú n decidamos cé ntranos en uno u otro foco) re ieren o mani iestan progresos visibles en las mismas sesiones que dependen de acciones personales que está n parcial o totalmente bajo su control, aconsejaremos que esté n atentos y o continú en haciendo má s de lo mismo en esa lı́nea. 2-Si el grupo como un todo o sus miembros individuales (segú n decidamos cé ntranos en uno u otro foco) re ieren o mani iestan progresos visibles en las mismas sesiones que no dependen de acciones personales sino de factores ajenos a ellos, por lo general solo aconsejaremos que esté n atentos a esos momentos y descubran por si mismos que les ayuda a ello, sin pedirles ninguna tarea de acció n. 3-Si el grupo como un todo o sus miembros individuales segú n decidamos cé ntranos en uno u otro foco) no re ieren o mani iestan progresos o cambios en sus vidas actuales ni siquiera de manera mı́nima, pero si son capaces de imaginar có mo serı́a su vida en el futuro, como si ocurriera el milagro de haber superado todos sus problemas, es decir es capaz de situarse en un escenario alternativo temporal; el terapeuta se centrará en pedir a los miembros en cuestió n que presten atenció n o hagan cosas ya en su vida actual, de manera gradual, que les ponga en la direcció n de ese escenario alternativo. 4- Si el grupo como un todo o sus miembros individuales segú n decidamos cé ntranos en uno u otro foco) no re ieren o mani iestan progresos o cambios en sus vidas actuales ni siquiera de manera mı́nima, y tampoco es capaz de imaginar un escenario alternativo má s favorable; el terapeuta puede recurrir a mú ltiples estrategias (como las derivadas de la terapia narrativa y su “mé todo de externalizació n de problemas”); pero en general usará las dos grandes posibilidades de la terapia centrada en el problema: O bien interrumpir la secuencia del problema-solució n y/o introducir una prescripció n que suponga un giro de 180 grados a las soluciones previas. Segú n el estilo del terapeuta el uso de los mé todos estraté gicos pueden exponerse de manera má s psicopedagó gica y directiva (estilo má s educador) y/o bien usando lo que va apareciendo en las interacciones grupales en el aquı́ y ahora (estilo má s facilitador) y cuestionando para generar posibilidades que devuelvan el poder y la con ianza a sus miembros; o usando uno u otro estilo segú n el momento del grupo. Las terapias estraté gicas grupales derivadas de la teorı́a sisté mica constructivista son menos usadas que las familiares o las individuales en los servicios pú blicos pero no por ello menos efectivas que otros enfoques de renombre. Su gran aportació n es centrarse en los recursos y posibilidades de los clientes que bien ya tiene estos en sus vidas y que pasan desapercibidos o bien en generarlos en contextos de sufrimiento y malestar, cambiando el foco de los problemas a las posibilidades o excepciones. 2.8. La perspectiva de las Terapias Constructivistas de Grupos: Las terapias constructivistas son una alternativa a los modelos cognitivos conductuales tradicionales que se consideran desde esta perspectiva como empiristas y racionalistas en el sentido de que tratan de corregir los errores cognitivos en base a una concepció n de la realidad que supone que hay criterios universales de correspondencia con la verdad empı́rica; mientras que sus postulantes cuestionan esta posició n desde el constructivismo donde hay tantas construcciones de la realidad como personas y sociedades actuales e histó ricas. Apenas hay investigació n del aporte entre constructivismo y terapias contextuales a pesar de mantener algunas a inidades como el historicismo contextual de los criterios de cada sociedad a la hora de de inir lo normal, lo anormal, y el respeto por las construcciones personales como funcionales y signi icativas para cada individuo en vez de la presió n por cambiarlas cuando se consideran inadecuadas. En el libro del españ oles Bello y Crego (2009) se describe una aplicació n de la terapia constructivista grupal a varios problemas, incluyendo los psicó ticos. La relevancia del uso del lenguaje por parte de los terapeutas y miembros del grupo para “construir sus realidades” y su “viabilidad en su experiencia” puede ser un punto de contacto interesante entre los modelos constructivistas narrativos y la teorı́a del marco relacional conductista-contextual, con una potencial ayuda de los “mé todos conversacionales en las sesiones de terapia” 2.9. La perspectiva del Psicodrama Grupal: El psicodrama grupal (Moreno, 1966) genera para un terapeuta conductual varias oportunidades no solo de ensayar nuevas habilidades en situaciones que se simulan de manera semejante a problemas o eventos reales de la vida de los miembros de grupo sino tambié n es una manera poderosa de evocar problemas (CCR1) y generar alternativas a estos (CCR2) y realizar aná lisis funcionales de la conducta má s equivalentes a situaciones reales. Ya existen algunos trabajos que combinan la ACT y el psicodrama con personas con psicosis con é xito (Bolancel, 2012). 2.10. La perspectiva de la Dinámica de Grupos: La Teorı́a de Campo de Kurt Lewin, creador de la Diná mica de Grupos tiene ciertas semejanzas con el interconductismo en relació n a la in luencia simultá nea de un campo de variables sobre la conducta humana. Los ejercicios de las llamadas diná micas de grupos pueden aportar al terapeuta conductual numerosas estrategias para evocar CCRS en especial de CCR2 de intimidad. Está muy extendida su aplicació n en el á mbito educativo 2.11. La perspectiva de la Psicología Social de los Grupos: La Psicologı́a Social tiene un vasto conocimiento sobre los grupos humanos que pueden enriquecer los conocimientos y habilidades de los terapeutas grupales. La corriente socioconductista es la perspectiva conductista de la psicologı́a social que es bastante desconocida en los contextos clı́nicos, aú n para los terapeutas conductuales. En el siguiente cuadro presentamos algunas de estas contribuciones, sin abarcar si quiera una pequeñ a parcela del amplio espectro de estas. En Españ a dos importantes referencias son las obras de y Blanco y cols. (2005) y Huici y cols. (2012). ALGUNAS CONTRIBUCIONES DE LA PSICOLOGIA SOCIAL EQUIVALENCIA CONDUCTUAL 1. 1. Existe una psicologı́a social conductista que aborda el tema grupal y social y Psicologı́a que se inicia desde mediados de los añ os 60 del siglo XX hasta hoy bastante de los desconocida por los psicó logos contextuales (el propio Skinner, Thibaulty Kelly, grupos y Mead, Homans, Blau, Glenn Carrara, Guerin, Ribes, etc.) con conceptos como la otros “Teorı́a del Intercambio social”, “El socioconductismo” o el `papel de las aspectos Metacontingencias en las prá cticas culturales sociales 2. Teorı́a de La pertenencia a un grupo viene del resultado de la interacció n (la conducta de los Grupos un sujeto es activada por la conducta de otro); la actividad (lo que hacen esos de Homans sujetos) y el sentimiento que genera esas relaciones que funciona como del refuerzo junto a otros intercambios materiales y conductuales. Hace falta una Intercambio teorı́a conductual uni icada de los Grupos; y Homans se basa en Skinner. Social 2.12. La perspectiva de la Postpsiquiatría de los Grupos: La llamada “Psiquiatría no convencional”, “Psiquiatría Crítica” o “Postpsiquiatría” constituye una crı́tica al modelo dominante cerebrocentrista y de fallo en el interior de la cabeza presentando una serie de alternativas desde el mismo interior de la psiquiatrı́a que pone el acento en los contextos de la vida de las personas (Ruiz y Ruiz, 2017). Dentro de estas alternativas respecto a los grupos son relevantes los siguientes dos modelos de trabajo con personas con experiencias psicó ticas: A-“Los escuchadores de voces” basado en la propuesta de Marius Romme: Las experiencias de oı́r voces para la psiquiatrı́a tradicional son un sı́ntoma de una enfermedad y por lo tanto hablar de estas experiencias se evita con frecuencia. Sin embargo esta experiencia es má s habitual y extendida en la població n general que lo que la psiquiatrı́a dominante admite. De ello se deriva un modelo de terapia de grupo que reú ne a personas con estas experiencias para compartirlas y normalizarlas frente al mensaje de “su cerebro no funciona bien”. Los puntos má s positivos de este enfoque son los siguientes: 1-Escuchar voces es una experiencia humana normal aunque poco habitual. 2-Se validan las experiencias individuales. 3-El contenido de las voces es relevante. 4-El problema no son las voces, sino la relación de la personas con ellas. 5-Las voces no son síntomas de ninguna enfermedad mental. 6-Se acepta esta experiencia en vez de luchar con ella 7-Se busca que la persona retome el control y el poder sobre su propia vida. El objetivo no es eliminar las voces a toda costa, si no que la persona mejore su calidad de vida, ya sea con o sin voces. B-“El diálogo abierto” en las psicosis de Jaakko Seikkula: Supone un equipo (formado por psiquiatra, psicó logo clı́nico y trabajador social) que se desplaza al domicilio del paciente o al hospital si este está ingresado y se reú ne con el grupo de apoyo de personas que tienen contacto habitual con este paciente y su familia en su comunidad. Usa un enfoque psicodiná mico donde se le da voz al paciente y allegados tratando mediante el diá logo de entender la experiencia psicó tica en el contexto relacional del paciente, dá ndole sentido y vı́as alternativas. 3 Las aportes de las terapias de grupos cognitivas-conductuales de primera y segunda generación Aunque la segunda generació n de terapias conductuales es la perspectiva dominante en las llamadas terapias cognitivas conductuales (ver apartado 2.7) los aportes de la terapia de conducta de primera generació n centrada en las aplicaciones del condicionamiento respondiente y operante se ha seguido manteniendo a lo largo de los añ os; y especialmente en el campo de la terapia de grupo desde la dé cada de los añ os 60 del siglo XX, con mayor o menor incorporació n del mentalismo cognitivista posterior. En esta lı́nea de la primera generació n está de modo signi icativo los aportes del entrenamiento en habilidades sociales (a menudo en formato grupal) junto a la psicoeducación a familiares y pacientes que mantiene un enfoque operante basado en el análisis funcional de las interacciones conductuales del paciente psicótico y sus familiares; enfoque que perdura en la actualidad y que se combina con los aportes de la segunda y tercera generació n de terapias cognitivas-conductuales (Moriana, Liberman, Kopelowicz, Luque y Aló s, 2015). Uno de los autores conductuales que se abren a los aportes mentalistas del cognitivismo es Arnold Lazarus (1980, 1983) considerado, junto con Ellis y Beck uno de los exponentes de las terapias de segunda generació n cognitivas conductuales y con su propuesta de la Terapia Multimodal como mé todo de evaluació n e intervenció n. La Terapia Multimodal de Grupo se propone en los casos donde hay de iciencias interpersonales como un lugar de entrenamiento que usa procedimientos como el rol-playing, el ensayo de conducta, representaciones psicodramá ticas y entrenamiento en habilidades sociales y asertividad. Se aplican a diversidad de grupos, como los grupos de pareja, grupos de personas con problemas obsesivos, personas con problemas fó bicos, problemas de sobrepeso, etc.; grupos conformados por unas 4 a 10 personas dirigidos por dos terapeutas (masculino y femenino) con sesiones semanales de 1,5 a 2 horas de duració n, donde se utilizan en detalle los per iles B.A.S.I.C.CO.S (Bioló gico-Afectivo-Sensorial-Imaginerı́a-Cognició n-Conducta-Social), (Lazarus, 1983). El mayor aporte de las terapias de grupo de primera y segunda generació n es el entrenamiento en habilidades para la vida diaria y las relaciones interpersonales que parte de la idea de que muchas personas presentan dé icits o excesos en estas habilidades o repertorios personales. -Los aportes del entrenamiento en habilidadesPacientes ambulatorios: Terapia multimodal de Lazarus (1980, 1983) basada en el entrenamiento en habilidades desde su modelo multimodal B.A.S.I.C.Co.S. Otras terapias cognitivas-conductuales para el manejo de la vulnerabilidad personal-estré s que parten de un modelo disfunciones cognitivas-manejo de problemas especı́ icos (Beck, Ellis, Meichenbaum, etc.). Pacientes ingresados en unidades hospitalarias o que reciben atenció n en centros de dı́as y con problemas denominados del trastorno mental grave: Entrenamiento en habilidades y psicoeducació n para estas personas y su entorno de familiares Las terapias cognitivas-conductuales son consideradas desde la perspectiva conductista-contextual como terapias conductuales de segunda generación que presentan una perspectiva hibrida y dualista del funcionamiento de la conducta en una mezcolanza de principios del aprendizaje y procesos mentales inferidos en forma de estructuras/esquemas cognitivos que predisponen a las personas a ciertas vulnerabilidades; y que ademá s en cierto modo, en este aspecto, sigue al modelo medico al buscar las ú ltimas causas de la conducta “dentro del organismo” y no en la interacció n global de este con las condiciones de vida ambientales como hace el conductismo (Ruiz y cols. 2018). Lo que si es cierto es que las terapias cognitivas-conductuales, a pesar de sus inconsistencias ilosó icas y limitaciones, han sido la referencia habitual en el campo de la psicoterapia de las terapias basadas en la evidencia por lo que sus aportaciones son enormes a la prá ctica de la psicologı́a clı́nica y la psiquiatrı́a (Scö chting, 2014), que incluso por los má ximos exponentes del modelo contextual han llevado a una propuesta de sı́ntesis (no exenta de polé mica, Hayes y Hoffman, 2018). -Los aportes de las terapias cognitivas conductuales de segunda generació n. Pros y contrasAspectos favorables Aspectos cuestionables 1.Desarrollo de protocolos 1. Los protocolos pueden generar seguimiento de reglas no grupales basados en la evidencia siempre adaptables a la vida diaria y sus cambios. Colecció n de ilosofı́as hibridas incompatibles mentalistasmaterialistas, etc. Batiburrillo de procesos (Hoffman y Hayes). ¿Necesidad de de inir los procesos de aprendizaje bá sicos? ¿Qué procesos 2. Procedimientos de 2. ¿Reestructuració n cognitiva o moldeamiento verbal má s socializació n que ayuda a las funcional? Los procedimientos cognitivos pueden ser personas a comprender sus ú tiles aú n má s si se de inen y manejan operativa y problemas y manejarlos funcionalmente (empoderamiento). El ejemplo de las TCC en el sistema pú blico britá nico 3. Sistemas muy ú tiles para el 3. Hay nuevas terapias cognitivas que mezclan aprendizaje de nuevas procedimientos de tercera generació n como la ACT y otros habilidades sociales, de enfoques como la terapia de esquema de Young. ¿Qué resolució n de problemas y ventajas y aportes distintivos ofrecen? moldeamiento verbal de interpretaciones personales 4 Los aportes de las terapias cognitivas-conductuales contextuales de tercera generación y que falta aún en estas La mayorı́a de las terapias grupales no conductistas se basan en la psicología del nombre: la persona presenta un problema en sus relaciones cotidianas y/o grupales por un “supuesto fallo en una entidad mental interna”. Esto es una lı́nea comú n a la inmensa mayorı́a de corrientes psicoló gicas desde el psicoaná lisis a muchas terapias cognitivas-conductuales como actualizaciones del conductismo metodológico. Las terapias contextuales de grupo son deudoras del conductismo radical de Skinner y los postskinnerianos; proponiendo una psicología del verbo (Ruiz y cols. 2018): los problemas de las personas en sus relaciones cotidianas y grupales está n mantenidos por sus acciones y las consecuencias de las mismas, entendiendo como acciones lo que piensan, hablan, sienten y hacen; e incluso dicho de manera aú n má s radical por las consecuencias de lo que nos decimos y hacemos unos a otros y a sı́ mismos. Los terapeutas contextuales grupales está n muy atentos a lo que las personas en la situació n grupal, y en sus relatos de sus vidas fuera del grupo hacen (y se hacen unas a otras) y a donde conduce eso sus vidas. Esto lo veremos con má s detenimiento en la exposició n de los apartados de ACT, FAP y su integració n en FACT Sin embargo adelanto que a criterio del autor de este punto de la obra que usted está leyendo aquı́ y ahora las terapias contextuales en general y las grupales en particular les falta aú n camino por andar y que el cacareado contextualismo está incompleto. Faltan varios aspectos por articular para que el contextualismo sea radicalmente socio-verbal y no solo tan excesivamente verbal y levemente social. En el cuadro siguiente apuntamos varios aspectos que podrı́an incrementar el potencial socio-verbal de las terapias conductistas contextuales y que en nuestra opinió n sigue las lı́neas sociales adelantadas ya por Skinner (1953) y otros conductistas radicales (Carrara, 2019) y/o sociales (Guerin, 2015, 2016, 2017) CUESTIONAMIENTOS POSIBLES ALTERNATIVAS 1. ¿Qué hace que se suela ignorar la psicologı́a social y 1. Integrar los aportes la sociologı́a, y aú n los aportes socioconductistas en la socioconductistas prá cticamente Teorı́a del Marco Relacional y las terapias desconocidos por la inmensa mayorı́a contextuales? ¿Sesgo individualista pragmá tico de terapeutas contextuales norteamericano? ¿Rechazo ideoló gico a todo lo que devenga con tintes “marxistas”? 2. ¿La terapia de grupo es un empaquetado de sujetos 2. Integrar las perspectivas del grupo n=1? ¿Terapia en grupo o de grupo? en conjunto. Interpretaciones globales de las diná micas grupales (Regla V de FAP) 3. No se suelen de inir los lugares, organizaciones, 3. Necesidad de conexió n de lo verbal cuestiones de poder, instituciones y organizació n de con lo social. Delineamientos trabajo concretas de las prá cticas terapé uticas ni la socioló gicos, socioconductistas e infraestructura productiva de las mismas. ¿Dó nde está histó ricos-dialé cticos y no solo como el aná lisis social contextual? dialé ctica de sujetos ú nicos al estilo DBT de Marsa Linehan. PARTE II: LA ACT DE GRUPO (Juan J. Ruiz Sánchez y Vanessa del Aguila Vargas) 5 Bases conceptuales y empíricas de la ACT de Grupo Desde nuestra perspectiva la Terapia de Aceptació n y Compromiso de Grupo se articula sobre una triple base de aspectos o dimensiones complementarias (Ruiz y cols. 2017; y Ruiz, Ruiz y cols. 2018): 1-El Socioconductismo: Importancia de las interacciones sociales y sus contextos en la gé nesis, mantenimiento y cambio de la conducta y sus funciones. 2-La Teorı́a del Marco Relacional: Importancia de lo socioverbal del lenguaje en la gé nesis, mantenimiento y cambio de la conducta y sus funciones. 3-Los Procesos Bá sicos del Aprendizaje: Importancia de la triple contingencia, discriminació n verbal y moldeamiento de la conducta y sus funciones. A. El Socioconductimo: Por socioconductismo entendemos a un conjunto de disciplinas derivadas de las ciencias sociales como la Antropologı́a, la Sociologı́a y la Psicologı́a Social que se inspiran en el conductismo. Estas disciplinas presentan una perspectiva complementaria o alternativa a la perspectiva clı́nica habitual má s centrada en sujetos individuales. Entre las numerosas contribuciones del socioconductismo en este apartado hacemos un breve repaso a algunas de sus contribuciones má s importantes. Una cuestió n de suma importancia para entender las conductas de las personas y en especial de los llamados trastornos psicoló gicos es analizar sus causas (Pé rez Alvarez, 2003). Entre estas causas está n las causas formales que conforman el modelo o forma que adaptan los problemas psicoló gico, si se quiere su forma de presentarse. En este aspecto es esencial la Cuestión del Poder y Control Social que Ejercen las Instituciones Sociales y la exposició n de Skinner (1953) al identi icarlas y describir como ejercen ese poder y control social. Identi ica 5 grandes instituciones que ejercen poder y control sobre las conductas de las personas mediante diversas formas de contingencias de refuerzos y castigos: -Los Gobiernos con sus Leyes: Establecen reglas de conductas cuya infracció n conlleva diversas formas de ejercer castigos y sanció n a las conductas desviadas. -Los Sistemas Religiosos: Usan sobretodo el condicionamiento verbal (clá sico y operante) asociado a contingencias simbó licas de refuerzo (el cielo) y castigo (el in ierno). -Los Sistemas Sanitarios de Salud Mental que incluyen tanto a las instituciones sanitarias como a las distintas formas de psicoterapia y prácticas psiquiátricas: Promulgan el contra-control del resto de los otros sistemas (a veces) y otras ejercen su poder y control habitual mediante prá cticas de promulgació n de estigmas (diagnó sticos) y reclusió n hospitalaria, o sea distintas formas de castigo tambié n. -Los Sistemas Económicos Políticos: Ejercen control mediante los sistemas de retribució n (sueldos, ayudas), reparto y organizació n de los bienes materiales y có mo quié n accede a ellos. -Los Sistemas Educativos Estatales y Privados: Usan sobre todo los refuerzos y castigos asociados al reconocimiento social de titulaciones que dan accesos potencial a nuevos escenarios laborales y de prestigio social. En este punto es importante recordar que el funcionamiento de las Instituciones Sociales en cuanto a có mo ejercen el control y el poder es el telón de fondo social de causas formales para los problemas psicológicos, incluyendo los “problemas del yo” (Konlenberg y Tsai, 1991) y los derivados de la in lexibilidad psicoló gica (Hayes, Strosahl, y Wilson, 2003). En este contexto social, las terapias de grupos constituirı́an un conjunto de experiencias de aprendizaje que busca aumentar el contra- control frente a los efectos del poder y control de las instituciones sociales, o sea aumentar la libertad de las personas. La propuesta del propio Skinner (1953) pasa por reconocer la realidad de este poder y control de las instituciones sociales, el có mo lo hacen y sus efectos (usando el aná lisis funcional); proponer instancias de contra-control má s humanizadas y menos despó ticas descentralizando y diversi icando las instancias o poderes de contracontrol. Relacionado con la cuestió n del poder y control de la conducta humana que ejercen las instituciones sociales está el cómo se mantienen determinadas prácticas culturales mediante el seguimiento social e individual de reglas verbales descritas en la antropologı́a comportamental de Richard M. Malott (Malott, 1988). Describe que una regla es una descripció n verbal de una contingencia conductual (Si se hace o se sigue tal cosa, se producirá tal efecto o resultado). Las reglas indican verbalmente que ante determinadas situaciones y ocasiones de la vida (A) es má s probable que una determinada clase de conducta (B) tenga unas consecuencias concretas (C). Seguir estas reglas está reforzado socialmente y el no seguirlas castigado o sancionado socialmente. Muchos problemas psicoló gicos está n asociados al seguimiento de reglas que alejan a las personas del contacto de có mo funcionan las cosas realmente para sus intereses personales, por el seguimiento aprendido “rı́gido o in lexible” de las mismas. Los cambios en las prá cticas culturales implican ayudar a las personas a ser conscientes (discriminar) el efecto material (en “sus carnes y vidas”) de estas prá cticas en sus condiciones de vida. En este punto consideramos que enseñ arles a ser conscientes de los efectos internalistas de la salud mental que sitú an los problemas en el interior de las cabezas de las gentes frente a un modelo contextual que lo sitú an en las condiciones adversas de sus vidas y que realizando acciones alternativas es esencial para empoderarlos activamente. La realidad que viven las personas está construida arti icialmente mediante las acciones recíprocas de las personas y mediante la in luencia de cómo está con igurado su entorno histórico y sociocultural (Mead, 1934/1982). Este autor, George Mead (1934), entiende que el autoconcepto y las creencias personales son tipos de conductas aprendidas que a su vez in luyen y son in luidas por el mundo social circundante de las personas, en especial por el mundo simbó lico-verbal (por ello se le llama a su teorı́a conductismo social o interaccionismo simbó lico). Las personas son in luidas e in luyen en sus entornos de sus vidas mediante su “yo creativo” a pesar de haber aprendido roles o papeles que ejecutan en diversas circunstancias, que Mead denomina como el aspecto mı́ del yo. Ademá s los grupos sociales ejercen in luencia sobre las experiencias abiertas y privadas de las personas a travé s de la historia previa de las interacciones de estas personas en esos grupos. Aunque Mead fue amigo personal de John Watson, su conductismo social está bastante má s cerca del conductismo radical operante de B.F. Skinner que del conductismo metodoló gico propuesto por Watson al descartar este las operaciones mentales como conductas privadas y observables por el mismo sujeto y solo elegir las conducta pú blicamente observables por otros. En la terapia de grupo podemos usar los aportes de Mead, observando có mo los participantes van a desplegar multitud de papeles o roles aprendido como “mí múltiples” a los que se pueden fusionar de modo in lexible (p.e rol de salvador, cuidador, etc.) y que pueden ser CCR1s (conductas clı́nicamente relevantes problemá ticas) que habrá que interpretar y bloquear, literalmente llamar la atenció n de la presencia de estas y pararlas, dando la oportunidad de observarlas desde su yo creador (que podrı́a vincularse al yo observador o contexto de la ACT) y elegir qué acciones son las que má s le acercan a lo que valoran, segú n sus circunstancias de vida, en vez de reproducir una y otra vez esos papeles rı́gidos que posiblemente le está n alejando de la vida que desean. Los socioconductistas que má s importancia le dan a las interacciones recı́procas entre las personas para entender la gé nesis, mantenimiento y cambios de la conducta orientados por los principios operantes de Skinner en contextos sociales se agrupan en torno a la llamada Teoría del Intercambio Social (Homans, 1962; Blau, 1983; Lawler, 2001-2009). Proponen que las relaciones entre las personas se basan en intercambios de bienes materiales y no materiales sujetos contingencias de costes y bene icios, agrupando en estos intercambios aspectos de la economı́a, el conductismo y la diná mica de grupos (Homans, 1962). Respecto al liderazgo de los grupos (Blau, 1983) aquellos que lo ejercen suelen ser los que tienen má s poder de control para reforzar o castigar a má s miembros de un grupo. En los intercambios entre las personas, incluidos los grupales, la experimentación de emociones en esas relaciones funcionan como reforzadores o castigos en las mismas. Es decir no solo el balance de intercambio entre personas está mantenido por contingencias materiales-econó micas sino tambié n emocionales (Lawler, 2001-2009). Las personas suelen mantenerse en relació n o intercambio si el balance de costes y bene icios es mayor a favor de los bene icios (recompensas) materiales y emocionales sobre los costes o castigos de estas, tambié n a nivel material y emocional. En las terapias de grupos (incluidas, ACT, FAP, FACT) se generan amistades y enemistades, simpatı́as y antipatı́as que afectan a la e icacia global del grupo ademá s de los factores terapé uticos que propongan y trabajen esas terapias grupales en concreto; y la terapia de grupo no es nunca un empaquetado de sujetos que se limitan a recibir una propuesta té cnica. Otro concepto interesante tanto para entender los grupos como las prá cticas culturales (en las que se incluyen las terapias de grupos) es el concepto de metacontingencia propuesto por Sigrid Glenn (Glenn, 1986, 1991). Una metacontingencia es el conjunto de contingencias entrelazadas que se producen como resultado de tres condiciones: (1) las relaciones entre personas que tienen funciones antecedentes y consecuentes para las otras; (2) aparece una consecuencia mayor para todos los implicados en esas relaciones, ademá s de las consecuencias individuales, consecuencia que se denomina “producto agregado” y (3) teniendo ese producto agregado o consecuencia compartida mayor la de seleccionar una prá ctica cultural, una costumbre social sı́ que quiere usar ese té rmino. Ası́ por ejemplo intercambiar acciones clı́nicas entre terapeutas y clientes buscando fallos o averı́as mentales u orgá nicas en las cabezas de las personas, ademá s de tener consecuencias para todos los implicados en esas relaciones generarı́a prá cticas culturales relacionadas con servicios e instituciones relacionadas con el mundo psı́quico o cerebral (la psicoterapia y psiquiatrı́a tradicional) como referencias a buscar y arreglar esos fallos internos. La misma terapia de grupo podrı́a enfocarse como una prá ctica cultural en la misma lı́nea. Un intercambio entre personas centradas en la relació n de las personas con sus circunstancias de sus vidas (externas y cotidianas) puede generar prá cticas culturales alternativas y terapias de grupos bien distintas. El enfoque socioconductista sin embargo no descuida el papel del sujeto individual en el contexto social. Buena prueba de ello está re lejada en el llamado Conductismo Psicoló gico de Arthur Staats (1979, 1996/1997). Las personas aprenden en contextos sociales repertorios de conducta que se organizan jerá rquicamente en sus funciones o ines que suelen ser de tres tipos: (1) Emotiva-Motivadora como operaciones de establecimiento, (2) Reforzante y (3) Directiva (evocadora como estı́mulos condicionados/incondicionados o probabilı́sticas como estı́mulos discriminativos) y en repertorios conductuales ú nicos de “personalidad” de tipo emotivo, cognitivoverbal y de acciones. Los problemas de la personalidad o los llamados trastornos del yo son serian problemas derivados de la relació n entre esos repertorios inadecuados y sus entornos socio-culturales y/o bases gené ticasbioló gicas. Hacer terapia de grupo seria promocionar el desarrollo de nuevos repertorios de conducta de la personalidad (llá mese lexibilidad psicoló gica por ACT o clases de conductas de intimidad social por FAP) para que los sujetos se la apañ en mejor en las circunstancias de sus vidas. A pesar de la insistencia de muchos conductistas en el cambio ambiental de tipo natural (es decir de diseñ o ecoló gico o de escenarios naturales) o socio-cultural (en las prá cticas o costumbres culturales) como condició n esencial para cambiar las conductas de las personas ; en todos estos añ os ha habido más especulación teórica que aplicaciones socio-culturales concretas ; salvo alguna comunidad concreta como los Horcones de Nuevo Mé xico, inspirada en la obra de Skinner, “Walden Dos”) y mayormente han sido aplicaciones clı́nicas o modelos de laboratorio que cambios sociales amplios (Lamal, 1991, 1997). Promover la terapia de grupo como forma de ejercer contra-control respecto a las prá cticas dominantes como por ejemplo contra aquellas que atribuyen los problemas psicoló gicos a fallos internos de la cabeza de las personas en vez de las relaciones de estas con condiciones adversas de sus vidas (Guerin, 2015, 2016, 2017) no serı́a su iciente para promover cambios sociales má s amplios. Serian necesario ademá s que los psicó logos conductistas fueran participes de movimientos ciudadanos má s amplios como organizaciones o colectivos asociativos, partidos polı́ticos u otras asociaciones colectivas mayores que promulgaran la importancia de cambios en las condiciones de vida de las personas. Entender esos cambios solo desde la perspectiva del laboratorio o las intervenciones clı́nicas, aú n con grupos, es una falacia para llegar a ellos. Sobre las formas en que se ejerce el poder y el control por las instituciones sociales Emilio Ribes (Ribes y cols. 2016) distingue tres formas fundamentales, partiendo de una situació n de desigualdad, el acuerdo-o convenció n (dominación implícita) y aquellas que recurren a la coacció n o uso de la fuerza o amenaza violenta directa (dominación directa) y/o la combinación de ambas. El lenguaje en estos contextos serı́a una forma de ejercer el poder (los discursos o narrativas dominantes) que sancionan o refrendan desde los sistemas socioeconó micos y polı́ticos dominantes y sus producciones ideoló gicas concretas. Tambié n puede ser relevante para las terapias de grupos la cuestió n del altruismo social puesta de relieve por Kester Carrara (Carrara, 2015, 2019). Desde la perspectiva operante de las prá cticas culturales, segú n expone Carrara, las conductas altruistas se deben a la selecció n de consecuencias que promueve la supervivencia de la especie humana y la conservació n del planeta. Investigar las variables que aumentan las conductas altruistas y su promoció n es clave para el futuro colectivo aunque conlleve soluciones complejas y diseñ os concretos de prá cticas culturales. Los grupos como microcosmos pueden ser lugares de promoció n de estas prá cticas, emparentadas en las terapias contextuales con las conductas de intimidad y aproximació n social de la FAP (Kohlenberg y Tsai, 1991). Uno de los desarrollos actuales má s potentes y extensos de la sociologı́a de inspiració n contextual es el enfoque propuesto por el australiano Bernard Guerin (Guerin, 2015, 2016, 2017, 2020a, 2020b y 2020c) que a nuestro juicio supone un desarrollo y complemento fundamental para la perspectiva contextual desde lo social. Esta aportació n es tan importante, y en algunos casos má s aú n, que la propia Teorı́a del Marco Relacional para los enfoques de intervenció n psicosociales contextuales. Esta a irmació n la basamos en que pesar de las grandes contribuciones de la RFT (Teorı́a del Marco Relacional) al campo de la psicologı́a y las prá cticas psicoterapé uticas sigue presentando lagunas y carencias relevantes (Guerin, 2016 y 2020 en comunicació n personal): -No está claro como surgen las relaciones derivadas verbales de las relaciones sociales. -En los adultos se habla de Marcos Relacionales que a pesar de denominarse socio-verbales se describen como independientes del contexto social de los hablantes. -Ya aparece ese sesgo no social en la obra original de Murray Sidman sobre relaciones de equivalencia entre estímulos que tampoco menciona el contexto social de los implicados en sus experimentos. -Los teóricos conductuales han de mirar más los contextos sociales donde la gente se comporta y no tratar de construir teorías lingüísticas abstractas desconectados de estos, ya sean en forma de procesamiento de la información o en términos de la RFT y sus relaciones derivadas. La alternativa o el complemento al contextualismo verbal de la RFT es la del contextualismo social que propone Bernard Guerin (Guerin, 2015, 2016, 2017, 2020a, 2020b y 2020c): Está de acuerdo con B.F. Skinner que para comprender la conducta humana es necesario entender como el control social ejerce poder sobre esta, ya esté n las personas con otros o a solas, sigue existiendo ese control social mediante el seguimiento de reglas y las contingencias inmediatas o demoradas. Es má s el lenguaje en realidad no representa ningú n mundo ajeno al social ya que su funció n es hacerle cosas a la gente de manera especializada. Pero a su vez es necesario conocer las condiciones de poder social que hacen trabajar al lenguaje con esa funció n. Las teorı́as internalistas e individualistas, y hasta la Teorı́a del Marco Relacional (cuando se desvincula de lo social) y la inmensa mayorı́a de teorı́as de la psicologı́a y las aplicaciones té cnicas de las terapias tienen una funció n o inalidad: ocultar directa o indirectamente el poder y el control social. Por ello se requieren nuevas formas de repensar la psicologı́a y el cambio social má s allá de estas teorı́as internalistas e individualistas que incluyan lo socio-relacional, abrié ndose a nuevas metá foras y prá cticas contextuales que son aplicables a la Terapia Grupal. Entre las numerosas obras de Bernard Guerin cabe mencionar su “trilogı́a” de “Repensar… (Rethink)” de 2015 (“How To Rethink Psychology”), 2016 (“How To Rethink Human Behavior”) y de 2016 (“How To Rethink Mental Illness”). La obra de 2015 supone repensar la psicologı́a desde otra perspectiva que cuestiona la metá fora causal predominante (“Esta conducta tiene una causa en..”) a la metá fora contextual (“Esta conducta es el resultado de mucha gente que se in luye y se sigue in luyendo mutuamente en determinadas situaciones o contextos”). La obra de 2016 expone como repensar el desarrollo de nuevas habilidades para estudiar y analizar el comportamiento humano. Para ello se repiensa desde una perspectiva ecoló gica contextual, de modo que cuestiones como los pensamientos aparecen como resultado de conversaciones con otras personas presentes o ausentes; como esas conversaciones sirven a unos ines para in luir la conducta de otros con propó sitos sociales concretos, como el sistema capitalista dominante puede cambiar nuestra forma de pensar al menos mediante 25 procedimientos y como la vida moderna se vincula cada vez má s a la ansiedad y la depresió n creciente. La obra de 2017 ofrece una alternativa contextual social al modelo mé dico internalista predominante en la salud mental. Tambié n se plantea que condiciones sociales lleva a atribuir causas mentales a ciertas conductas y que lleva a atribuir como sufrimiento mental a unas experiencias y a otras no. Igualmente prosigue con que problemas nos quedamos en nuestras relaciones sociales cuando eliminamos las categorı́as diagnó sticas mé dicas; que lleva a la aparició n de la psicologı́a y la psiquiatrı́a al comienzo de la modernidad; qué relació n hay entre el capitalismo y las ideas modernas sobre las llamadas enfermedades mentales, por qué las mujeres, los indı́genas y los inmigrantes tienen peor salud mental; como repensar las alucinaciones ecoló gicamente; có mo evolucionó la subjetividad y el tema de la identidad personal en funció n de los cambios histó ricos sociales y una propuesta de una psicologı́a post-interna. A lo largo del 2020, tiene Bernard Guerin prevista una nueva trilogı́a de publicaciones centradas en “Dar la vuelta (Turning)” a la psicologı́a desde el aná lisis contextual social (“Turning Psychology Into Social Contextual Analysis”, 2020a); dar la vuelta a la psicologı́a desde las ciencias sociales (“Turning Psychology Into A Social Science”, 2020b) y dar la vuelta a la intervenció n psicoló gica desde la acció n social (Turning Psychology Into Social Action”, 2020c). En esta nueva trilogı́a de iende que las palabras no tienen un signi icado ni representan nada en contra de toda la tradició n occidental. Las palabras solo tienen la funció n de cambiar la conducta de la gente en los contextos o situaciones adecuadas, incluyendo el ver las cosas de otra manera. La mayor parte de la psicologı́a busca respuestas en mundos abstractos de palabras y conceptos y de correlaciones entre esas palabras o conceptos en vez de buscarlas en la vida de relació n social de las personas. Esos mundos abstractos vinieron de la mano de la llamada revolució n cognitiva, que má s que revolució n fue involució n al caer en abstracciones de representaciones y construcciones internas en vez de centrarse en los usos sociales del lenguaje. Por ello es necesario volver la psicologı́a del revé s, darle la vuelta y observar como la percepció n, la emoció n y el pensamiento no se originan dentro de nuestras cabezas sino en los contextos sociales donde el lenguaje cumple unas funciones. Esto lo desarrolla en la primera obra referida. Para ello las ciencias sociales ya han desarrollado un bagaje de estudios y aná lisis de los contextos sociales que hacen innecesario las explicaciones internalistas. Muchos comportamientos humanos está n moldeados por los funcionamientos del mundo moderno capitalista, neoliberal y la burocracia. Un aná lisis marxista, a irma Guerin, de este funcionamiento de nuestras sociedades puede fusionarse con el contextualismo social. Ası́, muchas de las explicaciones internalistas, mentalistas e individualistas de la conducta humana deriva realmente de estos contextos sociales y no brotan desde dentro de las cabezas de las gentes. Esto lo desarrolla en la segunda obra referida. En la tercera obra de 2020, Guerin expone los problemas de salud mental como derivados no de fallos o averı́as internas sino como comportamientos de las personas que se han modelado en situaciones malas o adversas de la vida donde las personas tienen pocas alternativas para salir de ellas. Para promover el cambio hay que actuar sobre esas situaciones y no tanto sobre las personas afectadas por ellas. Esto conlleva trabajar con todos los implicados o afectados por esas situaciones como agentes potenciales de cambio y no solo los profesionales de la salud mental. En esos cambios tambié n está n comprometidos agentes sociales y polı́ticos a distintos niveles. B. La teoría del marco relacional: importancia de lo socioverbal del lenguaje en la génesis, mantenimiento y cambio de la conducta y sus funciones Desde la perspectiva de las terapias de grupos consideramos que la Teorı́a del Marco Relacional (Relational Frame Theory o RFT de Hayes, Barnes-Holmes y Roche, 2001) es relevante para la intervenció n grupal desde cuatro á ngulos: -COMO ES RELEVANTE LA RFT EN LAS TERAPIAS DE GRUPOS1-Nos permite entender como el control verbal contraproducente de la conducta humana aleja a las personas de regular su conducta mediante su experiencia inmediata conllevando la in lexibilidad psicológica.(COMPRENDIENDO DESDE EL CONTROL VERBAL CONTRAPRODUCENTE) 2-Nos permite entender como ese control verbal adquiere formas arbitrarias en muchas ocasiones; entendiendo esa arbitrariedad como relaciones simbólicas y no solo ísicas; aunque no descontextualizadas socialmente (COMPRENDIENDO DESDE EL CONTROL VERBAL ARBITRARIO) 3-Nos permite actuar desde la promoción de los llamados marcos deícticos o de toma de perspectiva y el manejo de las reglas verbales para producir cambios relevantes en las terapias de grupos. (ACTUANDO DESDE LOS MARCOS DEICTICOS Y EL CAMBIO DE REGLAS VERBALES) 4-Nos permite actuar mediante el moldeamiento frecuente con tres tipos de discriminaciones en las sesiones grupales, mediante análisis e intervenciones funcionales continuas, denominadas D1, D2 y D3.(ACTUANDO DESDE LAS TRES DISCRIMINACIONES CENTRALES) B.1. Comprendiendo los problemas psicológicos desde el control verbal contraproducente: En ocasiones los psicó logos conductistas se remiten a la teorı́a del desarrollo evolutivo de Jean Piaget, no tanto por compartir su teorı́a basada en constructos mentalistas, cosa que no hacen, sino porque Piaget expone acertadamente que los niñ os tempranamente ya está n equipados sensomotoramente para contactar e interactuar con el mundo fı́sico que le rodea. Los niñ os pequeñ os antes de los 2 añ os ya está n preparados para relacionarse con el mundo a travé s de su experiencia perceptiva directa de los 5 sentidos. Posteriormente mediante el proceso de socializació n y desarrollo posterior se vinculan cada vez má s a su mundo circundante mediante el lenguaje. Este pequeñ o apunte de psicologı́a evolutiva puede parecer ajeno a la Terapia de Grupo, y aú n má s a la Terapia de Aceptació n y Compromiso de Grupo (ACT de Grupo). Sin embargo tiene una importancia capital para esta por dos cuestiones importantes: A) Las personas que acuden a los grupos suelen estar “atrapadas o fusionadas” a determinados controles funcionales socio-verbal reduciendo su lexibilidad psicoló gica. Es decir han aprendido a relacionarse con sus vidas mediante reglas in lexibles de tipo verbal que ponen en marcha en mú ltiples circunstancias de modo repetitivo sin que en muchas ocasiones tengan en cuenta los cambios que tienen lugar en esas circunstancias dejando de contactar con las experiencias directas en estas y por lo tanto de corregir o cambiar su comportamiento, produciendo el efecto de la llamada in lexibilidad psicoló gica. Esas reglas suelen derivar de có mo se les ha educado desde las ideologı́as dominantes en sus vidas y de sus ambientes culturales, sociales, familiares, institucionales, etc. Muchas de esas reglas se relacionan con mensajes relacionados con compararse con otros para evaluar su desempeñ o y valı́a personal, tratar de controlar las experiencias internas de malestar como condició n necesaria para ser feliz, tener a mano buenas razones para justi icar las propias acciones, y otros tipos de reglas verbales aprendidas en nuestro medio dominante socio-capitalista. B) La ACT de Grupo estimula y crea ocasiones con frecuencia para que los participantes en la misma se pongan en contacto frecuente con la experiencia directa de có mo les funciona en su vida lo que piensan, sienten y hacen, má s allá de lo que han aprendido al seguir ciertas reglas verbales, y por lo tanto puedan aprender a regular su conducta de manera má s lexible. En el grupo se pueden tener un rico abanico de estas experiencias sobre todo sociales y de relació n tanto con sus propias conductas privadas como las de relació n con sus compañ eros y el/la terapeuta y lexibilizar ası́ sus conductas. Contactar con los 5 sentidos de la experiencia del aquı́ y ahora de lo que se experimenta directamente en cada sesió n y a donde les conduce esto tanto en la sesió n como fuera de ella (equivalencias funcionales, generalizació n) es esencial en la ACT de Grupo. Las prá cticas culturales que mantienen la estructura social, los poderes y las funciones de control social de las instituciones se establecen mediante sistemas de control y seguimiento de reglas verbales y contingencias sociales que afectan las vidas de las personas en sociedad. Esto ya fue formulado por Skinner (1953) y es actualizado por Guerin (2015, 2016 y 2017). Los miembros de los grupos llegan a terapia con di icultades que son productos de estas reglas y contingencias sociales continuamente actualizadas (reforzadas) mediante prá cticas culturales compartidas como por ejemplo los sistemas diagnó sticos como expresiones de averı́as internas de las personas (Pé rez Alvarez, 2003). B.2. Comprendiendo desde el control verbal arbitrario de origen socio-cultural: Las personas a partir de ejemplos concretos verbales de relaciones entre cosas (estı́mulos) que nos han enseñ ado otras personas y que han sido reforzadas por estas o la comunidad a la que pertenecemos (familia, grupo social, etc.) aprendemos a seguir relacionando otras muchas cosas entre sı́ sin la presencia ni el refuerzo directo de esas personas. Por ejemplo nos enseñ aron que cuando fallece una persona querida hay que mostrar acciones de dolor ante su falta. De modo que la relació n enseñ ada y que hemos aprendido es perdida de un ser querido-muestras de dolor, y que esa relació n durante un tiempo, lugar y forma es adecuada, salvo cuando es excesiva para ese entorno de personas en la intensidad y a lo largo del tiempo, recibiendo el etiquetaje social de duelo complicado y encauzado a necesitar de ayuda profesional. Ahora bien, supongamos que hemos aprendido lo adecuado o inadecuado de llevar un proceso de duelo de la manera anterior en nuestra comunidad cultural. Hemos tenido una pé rdida de un ser querido y supongamos que durante el tiempo y forma que se considera adecuado en ese medio de llevar el duelo que estamos experimentando, resulta que por diversas circunstancias experimentamos un momento de alegrı́a y satisfacció n intensa (por ejemplo conocemos a una persona que nos proporciona una intensa alegrı́a o satisfacció n en momentos concretos). Se puede dar el caso, entonces, sin que nadie nos lo diga, nos lo castigue o lo sancione que despué s de la alegrı́a experimentemos una intensa culpa y tristeza por que pensemos que “no está bien sentir estas cosas en este momento de mi vida, no lo hago bien, etc.”. Es decir sin experiencias directas posteriores podemos seguir haciendo nuevas relaciones, lo que se llama en el lenguaje de la Teorı́a del Marco Relacional, hacer nuevas “derivaciones verbales”. En el campo de la salud mental y en el lenguaje popular llamamos a esto a veces rumiar, “comernos el coco, etc.” Es decir a partir de convenciones o reglas sociales aprendidas previamente podemos seguir relacionando cosas que no está n en el mundo fı́sico, como está n ahora este ordenador que tengo delante y en el que escribo estas palabras, o el agaponis que revoletea a mi alrededor y se posa en mi hombro, sino que mi sistema aprendido de lenguaje relaciona sin que ocurran ahora cosas directas en el mundo fı́sico que den lugar a ello. A esto se le suele llamar lo mental. Sin embargo esto no está del todo claro para todos los psicó logos. Algunos piensan que esas relaciones ocurren precisamente por asociaciones (Tonneau, 2002) de estı́mulos-estados inadvertidas o involuntarias (perdida previa-alegrı́a de ahora) y otros psicó logos, como el que escribe estas lı́neas ademá s mantiene que la comunidad social (Guerin, 2015, 2016, 2017) aunque ausente directamente en esos momentos sigue ejerciendo su in luencia ya que cuando estamos fı́sicamente solos no paramos mentalmente de seguir hablando con otros, etc.; es decir de seguir operando en el mundo social. Pero sea como sea, es un hecho que derivamos o relacionamos cosas sin la presencia directa de experiencias de otras personas o elementos del mundo fı́sico directos en ciertos momentos, y que esto nos sucede a casi todos, salvo graves problemas del desarrollo a partir del segundo añ o de vida (Hayes, 2020). Esa capacidad de relacionar arbitrariamente mediante el lenguaje y el pensamiento está implicado en el sufrimiento emocional humano cuando las personas empezamos a estar controladas excesivamente por el pensamiento/lenguaje y las reglas sociales aprendidas previamente y ese control llega a dominar nuestras vidas de manera rı́gida dando lugar a la llamada in lexibilidad psicoló gica que los proponentes de la Terapia de Aceptació n y Compromiso (ACT) re ieren está presente de manera transdiagnó stica en la mayorı́a de los problemas de la salud mental. La in lexibilidad psicoló gica es la di icultad para tomar cursos de acció n segú n las experiencias que vivimos y las cosas que valoramos y nos importan por un exceso de seguimiento o control de reglas verbales aprendidas socialmente previamente y las derivaciones que hacemos a partir de estas en nuestras vidas. Esta conexió n entre el aprendizaje social y las derivaciones verbales má s comunes conforman las cuatro causas socio-verbales má s frecuentes de la in lexibilidad psicoló gica (Gó mez, Ló pez y Mesa, 2007): -LAS CUATRO CAUSAS SOCIO-VERBALES DE LA INFLEXIBILIDAD PSICOLOGICA- (Gó mez, Ló pez y Mesa, 2007) 1.Literalidad del lenguaje: Aprendemos a relacionar las palabras con los acontecimientos reales, de modo que tomamos las palabras como si fueran estos acontecimientos, es decir tienen las mismas funciones o efectos 2. Formació n de clases y categorı́as verbales arbitrarias: Establecemos clasi icaciones, comparaciones y evaluaciones construidas arti icialmente mediante el aprendizaje socioverbal que inciden en nuestras vidas de manera grave y poderosa 3. Insistencia social en llevar la razó n y tener explicaciones coherentes: Esto conlleva numerosos con lictos relacionales entre personas y hasta paı́ses y obliga a los implicados rı́gidamente a imponer sus criterios hacia sı́ mismos y otros 4. Insistencia cultural en que para llevar una vida feliz hay que controlar los eventos privados aversivos: Esto supone un ensañ amiento por el control y evitació n cultural y clı́nico contra todo tipo de malestar que al inal resulta limitante para llevar una vida valiosa Los seguidores de la ACT hablan de seis procesos de in lexibilidad psicoló gica y sus contrapartes de lexibilidad psicoló gica a promocionar en la terapia: (Hayes, Strosahl y Wilson, 2003) 1. Desconexió n de las experiencias presentes sean agradables o desagradables que nos permiten regular nuestra acciones segú n estas y lo que nos importa al quedar atrapados en nuestras derivaciones verbales (al hablar con otros y pensar a solas) excesivamente centradas en historias pasadas o preocupaciones o temores futuros. La contraparte promocionar y practicar la conexió n al presente por ejemplo mediante la prá ctica del mindfulness o la apertura relacional a lo que otros nos ofrecen o aportan 2. Fusió n o apego excesivo a los pensamientos y estados emocionales internos a la hora de guiar nuestras acciones valiosas sin darnos cuenta si a la larga nos pone en la direcció n deseada o no. La alternativa es la prá ctica del desapego o defusió n cognitiva viendo (discriminando) y poniendo distancia con los pensamientos y estados internos emocionales que nos ayudan o no a movernos en direcciones valiosas. 3. Evitació n experiencial (no aceptació n o apertura) consistente en un abuso de la evitació n natural al no desear experimentar pensamientos, emociones, recuerdos y sensaciones personales vividas como desagradables que al ser excesiva por tratar de controlarla o evitarla invierte de nuestra parte una gran cantidad de recursos y esfuerzos que limitan nuestra vida y lo que merece la pena en ella. La alternativa es la apertura o aceptació n a experimentar esas experiencias internas mientras nos movemos hacia lo que nos importa. 4. El yo concepto consistente en quedar atrapados en perspectivas o puntos de vista de nosotros mismos en forma de historias personales que nos dicen có mo somos, que podemos hacer y esperar de la vida, historias que se repiten y que limitan nuestra capacidad de cambiar. La alternativa es promocionar perspectivas o puntos de vista a estas historias limitantes desde el llamado Yo contexto o Yo observador desde se estimula y refuerza que esas historias son mı́as pero yo no soy ellas en una defusió n general. 5. La di icultad para conectar con nuestros valores má s personales al estar inmersos en los otros aspectos de la in lexibilidad psicoló gica y por lo tanto de presentar una escasa motivació n al cambio por desgana, desanimo, etc. La alternativa es usar la relació n terapé utica y los medios de ACT para clari icar esos valores y usarlos como motivadores del cambio. 6. La di icultad para comprometerse y activarse gradualmente en direcciones valiosas ya sea por estar inmersos en los esfuerzos excesivos de la evitació n experiencial o por manejar el malestar personal de manera impulsiva y rá pida. La alternativa es la activació n conductual gradual hacia acciones comprometidas valiosas manejando las barreras que aparecen en esta activació n, que suelen ser las fusiones cognitivas y las presiones de terceras personas al no cambio. B.3.Actuando en los problemas psicológicos desde los marcos deicticos y el cambio de reglas verbales: En la Teorı́a del Marco Relacional del lenguaje un marco deı́ctico se de ine como la perspectiva que tenemos de nosotros mismos y de la vida, perspectiva que tiene funciones (efectos) sobre nuestra conducta y que hemos aprendido y derivado a partir de mú ltiples experiencias personales y relaciones con otras personas. La de inició n té cnica es esta de un Marco Deı́ctico: “Es un marco relacional que involucra la toma de perspectiva del hablante y todos sus correlatos, en distinción con otros estímulos ( YO- TÚ) y en coordinación con relaciones espaciales y temporales (AQUÍ Y AHORA/ ALLÁ Y ENTONCES), las combinaciones de estos tipos de relaciones dependen de la perspectiva del hablante y no pueden atribuirse a las dimensiones formales del entorno, sino la relación entre el individuo y otros eventos, esto sirve como la variable constante sobre la que estos marcos se basan”(ACBS, Association for Contextual Behavioral Science, 2020) Otra de inició n: “Marcos deícticos es un término técnico empleado en la Teoría de Marcos Relacionales (TMR) (Hayes, Barnes-Holmes y Roche, 2001) para designar lo que comúnmente se ha llamado “Toma de Perspectiva” (TP), es decir, la capacidad para identi icar y adoptar el punto de vista de otro individuo (Vilardaga y Hayes, 2012). Los humanos socializados mediante el aprendizaje operante relacional verbal del lenguaje aprendemos a relacionar perspectivas o puntos de vista de nosotros mismos, de los demá s y de la vida que comú nmente llamamos en el lenguaje cognitivo como autode iniciones, autoconceptos, y aú n de manera má s amplia “la historia de mi vida y como yo soy” que nos afectan en có mo nos relacionamos con mú ltiples circunstancias y con otras personas. Cuando estas perspectivas se articulan de manera coordinada por sus contenidos en amplios repertorios verbales, se denominan “Marcos T de contenidos o Yo contenido” donde la persona trata de ser coherente con esos contenidos (“Yo soy así y esta es la historia de mi vida”) limitando sus posibilidades de desarrollar puntos de vista distinto que le hagan relacionarse con las circunstancias de su vida de otra manera. Es decir limitan su lexibilidad psicoló gica al formar en lenguaje skinneriano, repertorios de autotactos (descripciones de có mo es uno) con funciones de automandos (“como soy así lo que debo hacer o me espera es tal cosa”) limitantes. En ACT buscamos en estos casos (muchas veces relacionados con los llamados problemas del yo o trastornos de personalidad) desarrollar repertorios de perspectivas alternativas donde se desvincule la persona de sus contenidos mentales limitantes de autotactos y automandos (Los llamados “Marcos de procesos jerárquicos del Yo Contexto u Yo Observador”), lexibilizando su conducta. A esto mismo desde el budismo tradicional y el mindfulness se le ha llamado poner distancia con la imagen del yo o desidenti icació n. Una persona se puede identi icar con sus contenidos verbales, por ejemplo “Yo soy depresivo”, o con determinadas reglas; por ejemplo una madre que ha perdido a su hijo, puede “derivar” el autotacto/automando de “Mientras yo viva y falte mi hijo me prohı́bo reı́rme, disfrutar o experimentar cualquier alegrı́a y satisfacció n” y actuar en consecuencia, evitando ocasiones donde pudiera experimentar emociones distintas a la que dice su regla o contenido verbal y actuando en coherencia con ellas, o sea limitando las posibilidades de que su vida transcurra desde otras perspectivas y posibilidades. La experiencia grupal de la ACT trata de promocionar en estos casos la desvinculació n a esos contenidos experimentando emociones y alternativas de acció n mediante el contacto con experiencias personales evitadas (por ejemplo determinados pensamientos y deseos) o con la apertura a experimentar (hacer de manera operante y relacional diferente) otras perspectivas que proporcionan los compañ eros del grupo. Dicho en lenguaje menos té cnico, en el grupo se experimentan, se aprenden experiencias que nos pueden ayudar a cambiar el punto de vista sobre nosotros mismos al mismo tiempo que nos relacionamos con los compañ eros del grupo de manera distinta obteniendo resultados o satisfacciones (contingencias reforzantes) antes no exploradas o contactadas directamente, “vividas en las propias carnes” no explicadas o razonadas. Es decir ante las reglas limitantes, las experiencias alternativas reforzadas desde el darse cuenta uno/a, observá ndolas y notá ndolas. Por lo tanto en terapia de grupo ACT (como en la individual) es muy importante estar atentos a como las personas justi ican, dan razones y buscan explicar sus conductas (que en la FAP se denominan conductas clínicamente relevantes tipo 3 o CCR3) ya que se constituyen en formas de relació n con su mundo circundante (otras personas y eventos de su vida) y con ellas mismas en forma de seguimiento de reglas “pliances” (por obediencia a otros reales o simbó licas como Dios, la Patria, etc., y las consecuencias de no seguirlas); “tracking” , cuando tienen correspondencia entre las consecuencias que especi ican las reglas y las consecuencias experimentadas directamente o “aumenting”; cuando la regla tiene unas consecuencias como operaciones de establecimiento o motivaciones para actuar como puede ser el caso de actuar por valores personales. B.4.Actuando en los problemas psicológicos desde las tres discriminaciones centrales: Relacionado directamente con lo anterior de generar experiencias o aprendizajes desde el Yo Observador que ayude a poner distancia con contenidos verbales o reglas limitantes en el trabajo grupal de ACT buscamos que “emerjan” o se derive precisamente ese Yo Observador o Yo Contexto mediante el trabajo frecuente del terapeuta a lo largo de todas las sesiones con las metá foras, ejercicios experienciales y las conductas de relació n entre los miembros del grupo y las experiencias con funciones equivalentes que relatan en sus vidas diarias con el reforzamiento gradual o moldeamiento de tres tipos de discriminaciones (“tres tipos de darnos cuenta”): D1-Notando las diferencias entre los contenidos verbales vs las experiencias sensoriales directas D2-Notando las diferencias entre las clases de conductas de evitación y las de acercamiento a direcciones de la vida valoradas D3-Preguntándoles con frecuencia en las experiencias previas de D1 y D2, “¿Quién es la persona que nota esas diferencias?” De modo que se deriven los enmarques deícticos jerárquicos que separen contenidos y persona (Yo experimento mis contenidos pero no soy ellos). El trabajo con las tres discriminaciones (D1, D2, D3) reforzadas y moldeadas gradualmente es el corazó n y la palanca de cambio de la ACT de Grupo; que describimos má s adelante con má s detenimiento al relatar có mo se hace la ACT de Grupo (Punto 6 de este libro). C. Los procesos básicos de aprendizaje en la terapia ACT de grupo (y de otras terapias de grupos): como aprenden los miembros del grupo a cambiar sus conductas Hay crı́ticas bien fundadas a veces de que en ACT se abusa de los llamados té rminos o conceptos intermedios ( lexibilidad psicoló gica, evitació n experiencial, los seis procesos del Hexa lex) para explicar la conducta y sus cambios cuando esto podrı́a hacerse de manera má s precisa recurriendo a los principios del aprendizaje clá sico y operante sin oscurecer lo que sucede realmente con esa nomenclatura (Frojá n Parga, 2011). Creemos que está n bien fundadas en ocasiones (no siempre) cuando se re ieren a relaciones funcionales que se pueden describir y abordar desde esos principios; pero que en otras no considerar la pertenencia de las operantes relacionales puede ser limitante para ejercer cambios, aunque somos conscientes de que esto es un tema de debate entre teó ricos y clı́nicos conductuales que solo la investigació n y desarrollos teó ricos má s precisos puede dilucidar a la larga. De hecho en el propio seno de las terapias contextuales hay cierta tensió n y diferencias entre la perspectiva má s skinneriana representada por la Psicoterapia Analı́tica Funcional (FAP) y las postskinneriana representada por la Terapia de Aceptació n y Compromiso (ACT). Esta tensió n y estas diferencias se embrollan inadecuadamente (a nuestro criterio) cuando aú n se introducen má s procesos en la ecuació n conductual (Hayes y Hoffman, 2018) ajenos a la tradició n conductual. Nosotros en esto creemos ser moderados pero ieles (esperamos que no rı́gidamente) en defender la importancia de tres tipos de aprendizaje en la conducta humana: 1-Procesos basados en el Condicionamiento respondiente: Evocar experiencias emocionales y cambiar sus funciones de evitació n condicionada (má s usado en FAP al evocar y bloquear CCR1 de evitació n, aunque puede ser equivalente en ACT con la evitació n experiencial como clase generalizada de CCR1s dentro de las sesiones grupales). 2- Procesos basados en el Condicionamiento Operante: Detectar y reforzar conductas clı́nicamente relevantes tipo 2 (CCR2) en las mismas sesiones grupales que serı́an equivalentes a los repertorios conductuales de lexibilidad psicoló gica con sus seis procesos del Hexa lex y a las conductas objetivos de la FAP, y que en ACT de manera má s precisa se centran en la discriminació n y moldeamientos gradual D1, D2 y D3. 3- Procesos basados en el Condicionamiento Operante Relacional: Usando el lenguaje (principalmente metafó rico y no literal, ademá s de centrado en la experiencia del momento presente) en las sesiones de grupo para derivar reglas verbales y repertorios de conductas de vida alternativas y lexibles (CCR3) motivantes encaminadas hacia acciones en direcciones valiosas que regulen el como la persona se conduce en su vida (CCR2). 6 Cómo hacer ACT de Grupo . Usando el Hexa lex: Como punto de partida una importante guı́a que nos debe acompañ ar desde la sesió n uno hasta la ú ltima sesió n es el Hexa lex, tenerlo incorporado en la mente facilitará el proceso, nos traerá claridad al tener una cantidad de relatos por parte de los participantes y nos ayudará a no enredarnos en nuestros propios juicios, interpretaciones u otros procesos que vayamos experimentando desde nuestra posició n como terapeutas. Algo que se suele presentar al iniciarse en el manejo de grupos es la necesidad del terapeuta de salvar a los participantes que se encuentran lidiando con experiencias complicadas durante la sesió n. El terapeuta que entra en el juego de “tirar salvavidas” a diestra y siniestra tiende a explicar los procesos en vez de vivenciarlos y hace uso de las té cnicas de intervenció n como una manera de controlar la situació n y evitar sensaciones que se tornan complicadas, lo que favorece a la perdida de perspectiva y la fusió n con el contenido de pensamientos que se van haciendo presentes. Por lo que resulta ú til conectarse con los procesos del Hexa lex en todo momento para poder percibir lo que sucede con el grupo desde una perspectiva má s lexible y ası́ poder responder mejor a lo que se vaya presentando. .La Relación de los miembros del Grupo con los problemas que han ocasionado Rigidez Psicológica: Uno de los momentos importantes en las primeras sesiones es detenernos en la evaluació n de la relació n que cada participante tiene con los problemas que han ocasionado rigidez psicoló gica. Esto permitirá que los participantes se den cuenta como el modo de afrontamiento que han venido desarrollando ha sido el gran aportante del problema en la actualidad y las barreras que eso ha generado para que vivan cada vez má s alejados de una vida signi icativa basada en sus valores. En este sentido hacer uso de la desesperanza creativa acompañ ada de los procesos de validació n y el acompañ amiento compasivo será n de mucha utilidad y servirá para que los participantes se den cuenta de una manera má s amable como han ido conduciendo su vida y como la forma de afrontamiento ha sido un factor importante para desarrollar la rigidez psicoló gica en la que se encuentran (Westrup y Wright, 2017). .El contacto con la Experiencia de Sufrimiento en el aquí y ahora del Grupo: Una de las cosas má s retadoras en un formato grupal es determinar có mo se está sintiendo el grupo al ir contactando con experiencias de sufrimiento, como van procesando la informació n que se les va dando y como los ejercicios experienciales está n siendo vivenciados. En este aspecto hay dos puntos a tomar en cuenta, uno es lo que el terapeuta hace en sesió n para que su mensaje llegue con claridad y otro es como está siendo recibido el mensaje por parte de los participantes del grupo. Por lo que es importante que el terapeuta preste atenció n a las palabras, gestos y acciones que usa en cada sesió n ya que puede ser recibido de distinto modo por cada participante. Por lo cual es necesaria la claridad en el mensaje, la intenció n detrá s de las palabras y las acciones que se ejecuten para que el mensaje se consolide. En la medida que el terapeuta tenga claro por qué utiliza determinadas palabras en determinados momentos, por qué hace determinados ejercicios y no otros, có mo lo hace y para qué ; ayudará a darle direccionalidad al grupo. Por otro lado, resulta ú til preguntar constantemente có mo se van sintiendo los participantes con lo que se desarrolla en las sesiones con preguntas como ¿Qué surgió en ti al escuchar eso? ¿Qué cosas aparecieron o que va apareciendo tras hacer este ejercicio experiencial? ¿Qué emociones emergen? ¿En qué parte de tu cuerpo sientes esa emoció n? etc. .Un ejemplo con las Agendas de Control en torno a la ansiedad: Uno de los trabajos iniciales con un grupo orientados a la reducció n de la ansiedad fue abordar las agendas de control haciendo uso de la aceptació n y se percibió que los participantes confundı́an aceptació n con un sentimiento que querı́an sentir o como una concesió n que se estaban dando y que al intentarlo con todas sus fuerzas el dolor iba a desaparecer. Para ello fue importante el ejercicio experiencial del “tira y a loja”, el cual proporciona la transició n de un control mal aplicado a un problema a estar dispuesto, dicho ejercicio demuestra ambas ideas muy bien y es idó neo para un entorno grupal ya que invita a todos a participar y brinda una oportunidad para el aprendizaje experiencial (Westrup y Wright, 2017). Lo que se observa en los participantes con alto nivel de ansiedad es la resistencia que tienen al escuchar la palabra aceptació n, es percibido muchas veces como algo muy difı́cil de lograr haciendo complicado el trabajo experiencial, conceptos preelaborados con relació n a la aceptació n di icultan darse un espacio para recibir maneras diferentes de procesar esta palabra y lo que puede hacer para ayudarlos a conectar con experiencias de una manera má s lexible. La idea de no luchar contra la ansiedad hace que se sientan desnudos ante la vida, es como quitarle el armamento a un soldado en medio de una batalla, tienden a relacionar la aceptació n con la renuncia, resignació n o con un sentimiento a incorporar rá pidamente, se escuchan frases como: “tan solo hay que aceptar y ya”, “hay que pensar positivo” “hay que ponerse lo negativo al hombro, aceptar lo malo”. Lo que tambié n se observó en algunos de los participantes con problemas de ansiedad intensa que llegan con un conocimiento previo debido a terapias anteriores que no llegaron a tener el efecto esperado en ellos y que manejan cierta teorı́a de ACT fue que pueden explicar algunos procesos de lexibilidad psicoló gica con claridad, pero al momento participar en los ejercicios experienciales expresan su lucha por querer con todas sus fuerzas sentir cosas positivas y se frustran cuando sienten que no lo está n consiguiendo. Por lo que resulta ú til en estos casos añ adir té cnicas de exposició n al trabajar los procesos de ACT procediendo a evocar pensamientos o emociones recurrentes causantes de dolor a travé s de ejercicios de defusió n y el yo como contexto (Weisman et al., 2017). Uno de los ejercicios que es de utilidad en estos casos es el Des ile de Etiquetas o conocido en inglé s con el nombre de Label Parade es un ejercicio muy efectivo para ilustrar el concepto del yo como contexto en un formato de grupo. Es activo y atractivo, demuestra lo que es la fusió n y defusió n muy bien, y presenta el yo como contexto de una manera visual y experiencial. La idea principal es crear una representació n tá ctil y visual de la distinció n entre el experimentador y las experiencias (Westrup y Wright, 2017). Al tratarse de un ejercicio de exposició n sentir la contenció n en el grupo será muy ú til, las muestras de compasió n y amabilidad entre el terapeuta y los participantes cumple una funció n importante, como una especie de “colchó n” al momento de lanzarse a vivir una experiencia diferente. Otro punto crı́tico que se presenta es al abordar el á rea de valores, les resulta complicado conectar con ideales y metas a largo plazo que les de la consistencia y coherencia a sus actos, tienden a relacionarse má s fá cilmente con metas a corto plazo que les quite esa incomodidad que gobierna su vida, frases como “quiero sentirme mejor” “todo estarı́a mejor si dejo de sentir que mis piernas me tiemblan”, “todo esto suena muy difı́cil de hacer”. Por lo que resulta ú til antes de trabajar el tema de valores poder reducir la fusió n y las estrategias de evitació n que hay en este tipo de consultantes y al momento de abordar los valores enfocarlos como proyectos a construir má s que puntos a clari icar. .La Revisión de los puntos previos trabajados: Uno de los puntos importantes entre sesió n y sesió n es asegurarse que los puntos discutidos en la sesió n anterior han sido comprendidas e internalizadas por cada participantes antes de avanzar a otro punto del hexa lex, por lo que resulta ú til al terminar cada sesió n dejar tareas relacionadas a lo que se trabajó en las sesiones y al iniciar una sesió n nueva revisar con el grupo las tareas y propiciar que cada participantes comparta lo que ha ido experimentado y de esa forma ir viendo que se han llevado de lo ya avanzado, como lo han comprendido y sobre todo si les está sirviendo para implementarlo en su vida fuera del consultorio. Otra manera que se puede saber có mo el grupo está procesando lo que ha venido avanzando es el uso de la matrix al inalizar cada sesió n y ver con que se está n quedando. Esto nos da una idea que tan bien a llegado nuestro mensaje y si hay que enfatizar en algú n punto en la pró xima sesió n. Resulta importante el proceso de veri icació n ya que el objetivo de ACT de grupos no es la acumulació n de habilidades y conocimientos teó ricos sino como la vida del participante puede verse in luenciada y ası́ acercarse a tener una vida que le resulte má s signi icativa. . Usando Defusión Una de las partes medulares de las sesiones de ACT de grupos es cuando nos dedicamos a aborda el rol del lenguaje en los seres humanos. Uno de los puntos de partida es invitar a los participantes a percibir la diferencia entre notar y sostener rı́gidamente un pensamiento a travé s de ejercicios experienciales y de esta manera ir introduciendo de a pocos el rol que tiene el lenguaje en nuestras vidas. Conforme se va avanzado al ritmo del grupo el terapeuta debe estar atento a detectar la fusió n y proceder a defusionar de una manera que los participantes puedan distinguir entre el que piensa y el pensamiento. Es importante tambié n que el terapeuta esté atento en todo momento a no reforzar conductas que estimulen el no tener determinados pensamientos o a contrarrestarlo con declaraciones positivas con frases como “no se supone que deba tener este pensamiento, deberı́a verme a mi má s positivamente”. El lenguaje es muy importante en la ACT por lo que debemos estar muy atentos al lenguaje que usamos como terapeutas y al que percibimos por parte de los participantes. Las palabras parecieran ser solo palabras, pero en realidad pueden ampliar contextos o reducirlos y esto se potencia cuando se trabaja en formato grupal por lo que es importante tomarlo muy en cuenta. La empatı́a y la validació n son herramientas poderosas que puede hacer uso el terapeuta en todo momento para moldear las conductas de los participantes de una manera má s compasiva y amable guiando al grupo a dejar a un lado los contenidos del pensamiento y considerar la posibilidad de conectar con experiencias de una manera má s amplia. (ej. Contactar con el momento presente y la aceptació n, etc…) .La Experiencia de Universalidad en la ACT de Grupo: Los grupos si bien se diferencian unos de otros en el fondo tienen un efecto poderoso en las experiencias internas de los participantes. De hecho, las prá cticas que hacemos de manera individual son repotenciadas al vivir las mismas experiencias en un formato grupal, sentir que estamos siendo acompañ ados unos con otros hacia el mismo objetivo es algo muy potente al momento de querer incrementar cierto tipo de conductas. Darnos cuenta que muchas cosas que normalmente experimentamos son experimentadas tambié n por otras personas incluso por el mismo terapeuta ayuda mucho a crear un contexto má s inclusivo, libre de prejuicios y generando esa complicidad compasiva y amable que facilitan los procesos de cambio y enriquecen las experiencias. .La Exposición en la ACT de Grupo: Un importante componente en las sesiones de la ACT de grupo orientados a trabajar la ansiedad y el trastorno obsesivo compulsivo son los ejercicios de exposició n que fortalecen cada uno de los 6 procesos principales en la ACT (Twohig et al., 2020). Resulta muy ú til al momento de realizar un ejercicio de exposició n explicar los principios en los que se basan está s intervenciones con el in de que los participantes entiendan las razones y las estrategias detrá s de los ejercicios que se proponen en cada sesió n de esta manera los participantes puedan hacer uso consciente e informado de las té cnicas fuera del consultorio. Uno de los factores claves al hacer uso de la exposició n como parte de nuestra intervenció n es el factor de repetició n de las exposiciones hacia un mismo estimulo lo que permite al consultante incrementar la observació n consciente hacia sus pensamientos, emociones y sensaciones interoceptivas y ası́ poder generar un distanciamiento que le permita crear respuestas má s lexibles (Thompson et al., 2020). .Trabajando el Contacto con el Momento Presente: Para abordar el tema de contactar con el momento presente, el terapeuta debe estar atento a que los participantes contacten momento a momento con el presente de manera activa y que el relato de la experiencia de los participantes no esté centrada en los contenidos de sus pensamientos o la evaluació n con palabras como bueno, malo, mejor o peor. Es importante que el terapeuta redirija la atenció n a los procesos mentales má s que a los contenidos. Para ellos el terapeuta puede hacer uso de su propia experiencia relatando sus procesos mostrando compasió n y amabilidad con las emociones y sensaciones que vayan surgiendo para que ası́ los participantes puedan ir aprendiendo a relacionarse de manera diferente con las experiencias que van surgiendo momento a momento. Otro punto importante en este aspecto de la prá ctica activa de contactar con el momento presente en el formato grupal es la interacció n de experiencias, observaciones que al momento de ser manifestadas por los participantes pueden enriquecer procesos individuales, facilitar el reconocimiento de experiencias internas al poder ponerle palabras a emociones o sensaciones que les resultaban difı́ciles de identi icar. Los grupos suelen ampli icar los procesos de cambio aumentando repertorios conductuales, creando un contexto que propicia el cambio, contactando con la idea de que muchas veces lo má s personal suele ser lo má s general y que la idea que sentirse sola y avergonzada por creer que soy la ú nica con este problema se desvanece al interactuar con los demá s participantes del grupo. ¿Có mo aplicar la ACT a un grupo? Esta es nuestra pregunta de partida a la que contestamos desde la articulació n de 4 aspectos: 1-¿Dónde focalizamos, qué estrategias usamos y que habilidades necesitamos para aplicar ACT a un grupo? 2-¿Qué diferencias o discriminaciones vamos a reforzar y moldear gradualmente en la ACT de Grupo? 3-¿Cómo usaremos la Flexibilidad Psicológica en la ACT de Grupo? 4-¿Cómo usaremos las aportaciones socioconductistas en la ACT de Grupo? 6.1. Focos, estratégias y habilidades: A)-Los Focos: Cuando preguntamos por los focos de la ACT de Grupo estamos hablando de en qué aspectos nos vamos a centrar, qué clase de conductas o repertorios vamos a reforzar en las personas de los grupos y có mo vamos a hacerlo. Para ellos nos valemos de aspectos concretos de la Teorı́a del Marco Relacional tal como la plantea Kevin Polk (2009): 1º-Ayudando a los miembros del grupo a hacer a notar las diferencias discriminando D1, D2 y D3. 2º-Manejando las di icultades que aparezcan al trabajar con esas discriminaciones en las sesiones de grupos. 3º-Implicando a los miembros del grupo a trabajar con esas discriminaciones. Para hacer el trabajo con las tres discriminaciones suele ser de ayuda contar con un elemento de referencia o Marco Relacional de referencia (conjunto de estı́mulos a relacional entre sı́ para derivar nuevas respuestas), usando una Metáfora Raíz (Como la del Jardı́n o el Autobú s de Pasajeros), y/o la Matrix de Kevin Polk (Polk, 2009; Polk y Schoendorff ; 2014, 2016 ) e incluso adicionalmente visualizar un simple Bolígrafo, que nos sirva de guı́a a lo largo de todas las sesiones y nos permita moldear los repertorios de lexibilidad psicoló gica. Mientras usamos esos elementos estimulares visuales, las explicaciones son muy breves y enfatizamos el aprendizaje experiencial. De manera complementaria en la ACT o FACT de Grupo podemos usar la perspectiva Contextual Social o Socioconductista que trata de modi icar los efectos de tres reglas socio-verbales que controla la conducta de muchas personas: 1-Que para ser feliz debemos primero eliminar o controlar cualquier experiencia interna que se relaciona con malestar. 2-Que los problemas psicoló gicos derivan de fallos internos en la cabeza de tipo mental o cerebral. 3-Que debemos centrarnos en las ganancias personales e individuales en una sociedad competitiva El trabajo con esas tres “reglas sociales compartidas” lo hacemos comprobando el efecto funcional en las experiencias de las personas del grupo (“¿A qué te/os lleva esto a la larga, y es la vida que deseas y te/os importa?”) y comprobando los efectos funcionales de la cooperació n dentro y fuera del grupo (“¿Qué ocurre cuando colaborar, ayudas y eres ayudado por tus compañ eros del grupo? ¿Y qué ocurre cuando haces lo mismo en tu vida diaria con las personas que te importan?”). La Discriminació n D1 se re iere a las diferencias entre lo que notamos (“dice”) entre por nuestra experiencia y lo que dice nuestra mente (lo verbal hablado y pensado). Para ello podemos valernos de un simple Bolı́grafo, o cualquier otro objeto que esté cercano a todos los miembros del grupo como sus propias hojas de anotaciones y sus propios bolı́grafos para hacerlas (en ACT/FACT solemos aconsejar que lleven al menos un bolı́grafo a las sesiones) que si usamos la Matrix relacionamos con el eje vertical de esta (donde aparece abajo lo interno o mental y arriba lo externo o mundo de los 5 sentidos). El terapeuta cuando presenta las intervenciones suele moverse por la sala mostrando el bolı́grafo y habiendo pedido antes a los miembros del grupo que se paren a notar las diferencias entre ver, oı́r (si tiene clic o capuchó n que se saca o mete), oler, saborear (no se suele hacer por higiene y por no ser comestible) y tocar ese bolı́grafo y despué s sin verlo ni tocarlo pedir que imaginen y lo recuerden lo mejor posible mentalmente; preguntando despué s si es la misma experiencia y si notan la diferencia. Esto mismo despué s puede ser usado en sesiones sucesivas cuando alguien plantea algo, preguntando, “¿Está s aquı́ y ahora en el bolı́grafo pensado o experimentado?” haciendo ver el bolı́grafo a esa persona y el resto de sus compañ eros/as de grupo. La Discriminació n D2 se re iere a notar las diferencias entre actuar o movernos en la vida para evitar aquello que no deseamos o actuar y movernos en la vida hacia lo que deseamos, nos importa y valoramos. Este trabajo se relaciona con el eje horizontal de la Matrix de Kevin Polk donde a la derecha aparece la palabra acercarnos y a la izquierda alejarnos (junto al anterior vertical de abajo interno y arriba externo); y que se relacionan con aspectos importantes de las Metá foras Raı́ces; por ejemplo las malas hierbas al alejarnos y las rosas al acercarnos, o cuando obedecemos a los pasajeros del autobú s y nos alejamos y cuando llevamos el autobú s por la ruta valiosa y nos acercamos. En el trabajo de esta discriminació n no es adecuado convencer con explicaciones o razonamientos a los integrantes del grupo ya que aumentarı́an las posibilidades de buscar razones y seguir actuando en funció n de contenidos verbales que refuerzan la in lexibilidad psicoló gica. Lo deseable es volver a usar preguntas funcionales sencillas y breves, como “¿Qué haces/hacé is con lo que no queré is pensar o sentir (las malas hierbas, los pasajeros) y có mo funciona eso a la larga?” y “¿Qué haces/hacé is con las personas, actividades y cosas que os importan y dan sentido a vuestra vida y có mo funciona eso a la larga?”. La Discriminació n D3 conlleva preguntar con frecuencia al trabajar con D1 y D2 quié n se da cuenta o nota las diferencias de los 5 sentidos de los hablado y pensado y quié n nota las diferencias entre enredarse en luchar-controlar lo que no desean y hacer lo que valoran. La pregunta claves es “¿Quié n nota esas diferencias, quié n se da cuenta de esto?”. Suele representarse en la Matrix en el eje central con un cı́rculo en la intersecció n del eje horizontal y vertical donde se suele anotar “Yo me doy cuenta o noto…”. Tambié n con el uso del bolı́grafo, los ejercicios experienciales o las Metá foras Raı́z se hacen preguntas similares, “¿Quié n nota la diferencia entre enredarse con las malas hierbas y cultivar sus rosas?”, “¿Quié n nota las diferencias entre obedecer o pelearse con los pasajeros y seguir la ruta valorada aunque estos sigan con su propaganda?” y variantes de estas preguntas. B)-Las Estrategias: Un trabajo continú o con tres discriminaciones Las estrategias de ACT de Grupo (y su parte en FACT) son una secuencia de pasos preparados para conseguir unos objetivos de manera lexible. Las principales estrategias de ACT/FACT son las siguientes: 1º-Usar las sesiones grupales como oportunidades para lograr discriminaciones relevantes. Podemos decir en lenguaje sencillo que las sesiones grupales son oportunidades para darnos cuenta de cosas importantes. 2º-Usar la Matrix (si elegimos esta opció n) como forma de moldear las tres discriminaciones (D1, D2, D3) pasando de manera frecuente contenidos mentales a experiencias en el aquı́ y ahora. 3º-Volver una y otra vez a moldear y reforzar las tres discriminaciones objetivos 4º-Manejar los problemas que surjan con la Matrix, la Metá fora Raı́z de Referencia o cualquier otro estı́mulo de referencia (p.e el Bolı́grafo) Para desarrollar el trabajo anterior nos valemos de una secuencia estratégica que nos permita articular lo que queremos hacer en ACT/FACT de Grupo: -LA SECUENCIA ESTRATEGICA EN AC/FACT DE GRUPO1º-Paso 1: Presentamos los contenidos de manera breve y lo má s metafó ricamente posible para evitar instrucciones o reglas. Evitar los bla-bla-blas explicativos. 2º-Paso 2: Lo presentado se practica mediante ejercicios experienciales en el aquı́ y ahora de la sesió n grupal. Se aprende haciendo 3º-Paso: Se comparte en el grupo la experiencia realizada con los ejercicios anteriores entre los miembros del grupo (mayor parte de las sesiones) y se aprovechan sus respuestas para nuestro trabajo de refuerzo y moldeamiento progresivo. Trabajo de refuerzo y moldeamiento progresivo. 4º-Las respuestas de los miembros del grupo a los ejercicios experienciales planteados se refuerzan positivamente y las inadecuadas se llevan de nuevo a otros ejercicios experienciales como oportunidades para acercarnos a las discriminaciones adecuadas. Atenció n a las respuestas de los miembros del grupo. 5º-Se suele cerrar la secuencia con preguntas orientadoras que potencian la discriminació n D3 del yo observador o contexto: “¿Có mo sentimos esto aquı́ y ahora?, etc. Cierre desde el yo contexto. C) Las Habilidades Principales del/la Terapeuta en ACT de Grupo: Podemos agruparlas en 4 habilidades generales: 1º-Habilidades de escucha, observació n e intervenció n basadas en la lexibilidad psicoló gica. Observar si las personas del grupo ponen en marcha sus agendas de control verbal bajo la direcció n de la evitació n experiencial en las mismas sesiones, ademá s de relatarlas de fuera donde es frecuente que digan: “Lo que quiero es dejar de sentir o pensar tal cosa”. Esas verbalizaciones son ademá s potenciales CCR1 de la FAP. Pueden presentarse desde todos los á ngulos del Hexa lex: ¿Hablan en exceso de eventos pasados o temores futuros y desconectan del presente de la sesió n y de lo que experimentan aquı́ y ahora incluido lo que experimentan de sus compañ eros y las direcciones valiosas que desean tomar? Volver a pasar contenidos verbales a experiencias del momento de la sesió n, proponiendo parar un momento los discursos verbales evasivos y ayudá ndoles a contactar con su experiencia presente (CONEXION AL PRESENTE). ¿Hablan de que está n convencidos de que tienen fuertes razones o sentimientos para plantear su situació n de vida como la plantean, y eso les aleja de la vida que les importa? No discutir con argumentos contrarios, solo decirles si eso les acerca a la vida que desean y proponerles experiencias de defusió n notando la diferencia entre lo que dicen sus mentes y la experiencia del aquı́ y ahora, o isicalizando los contenidos mentales en forma de sensaciones fı́sicas aquı́ y ahora (DEFUSION). ¿Cambian, minimizan o comienzan a hablar en exceso, a dar consejos o evadirse cuando se comparten experiencias duras de sus compañ eros o personales si eso es importante para que continú en sus caminos de vida valiosos? Si es el caso, parar las interacciones y pedir al grupo y a las personas implicadas la posibilidad de disponerse a abrirse a esas experiencias en el aquı́ y ahora de la sesió n mediante evocaciones y ejercicios experienciales que supongan moverse con ellas hacia lo que les importan y valoran (ACEPTACION). ¿Uno o varios miembros del grupo hablan de có mo son ellos o su vida, lo que les espera del futuro, de manera limitante para contactar con una vida valiosa? Se les propone intervenciones para tomar distancia y nuevas perspectivas personales y espacio-temporales con tareas imaginarias que refuerzan los marcos deı́cticos del yo observador o contexto (YO OBSERVADOR). ¿Les cuesta hablar de los rumbos de vida que desean tomar, de sus valores al estar invirtiendo demasiado esfuerzo en evitaciones improductivas o bien por mostrar di icultades para contactar con sus propias experiencia privadas de lo que necesitan y desean (yo inseguro)? Se les propone varias actividades para contactar con sus valores (CLARIFICACION DE VALORES). ¿Los miembros del grupo re ieren que se sienten a gusto en las sesiones pero no parecen dar pasos fuera de estas hacia sus direcciones valiosas? Se les propone de manera colaborativa tareas graduales de activació n conductual dirigidas en los rumbos de vida valiosos para ellos (COMPROMISOS). Las escalas tipo Hexa lex y las observaciones en situ son valiosas para esto. 2º-Habilidades verbales para manejar las tres discriminaciones D1D2-D3, su moldeamiento y refuerzo Kevin Polk (2009) describe 8 ejercicios bá sicos para desarrollar por parte de los terapeutas y miembros del grupo sus habilidades de discriminació n D1, D2 y D3, usando ademá s la Matrix como referencia visual frecuente. Aquı́ la describimos brevemente: 1-Notar la diferencia cuerpo, mundo y mente. Se expone al grupo a contactar con sensaciones corporales en el aquı́ y ahora, lo mismo con pensamientos, imá genes y recuerdos, y con lo que perciben en la sala, del mundo externo por sus cincos sentidos. Se refuerzan que digan las diferencias que notan entre unas y otras. 2-Notar la diferencia entre vivir una vida valiosa y vivir en modo automático. Se expone al grupo a metá foras como la del jardı́n o la del piloto automá tico y a que conduce ambos tipos de respuestas, reforzando que noten esas diferencias. 3-Notar la diferencia entre lo que no queremos pensar y sentir en el mundo mental interno y lo que hacemos para no tenerlo en el mundo externo. Se usa la Matrix y se moldean y refuerzan que noten esas diferencias. 4-Notar las diferencias entre lo que no deseamos tener en el mundo interno de lo mental y las soluciones en el mundo externo que hacemos para no tenerlas. Es parecida a la intervenció n anterior, ademá s pidiendo que si salié semos a calle con una lista de esas soluciones y preguntá ramos a otros si hacen cosas parecidas que nos encontrarı́amos (probablemente intentos de solució n similares), preguntando a continuació n, ¿entonces dó nde está la diferencia con vosotros? , esperando a que se acerquen a respuestas similares a invertir esfuerzos excesivos en luchar para no tenerlas, etc. 5-Notar donde nos lleva luchar con frecuencia con las experiencias internas no deseadas y que habría que hacer entonces si deseamos movernos hacia lo que nos importa. 6-Notar la diferencia entre dolor y sufrimiento. Podemos valernos del bolı́grafo que usan para tomar notas poniendo la punta hacia arriba y posando la mano sobre el (esto es el dolor) de achuchar hacia abajo para hacerlo desaparecer (sufrimiento), añ adiendo brevemente de que en la vida nos vamos a encontrar con momentos de dolor pero podemos manejar e sufrimiento dejando de luchar con eso, ademá s eso nos ayuda mejor a movernos hacia lo que nos importa. 7-Notar la diferencia entre estar enganchados de desenganchados. La metá fora del autobú s y otras similares nos puede servir para ver la diferencia entre seguir lo que dicen algunos pasajeros y diferenciarlo de la ruta valiosa que deseamos seguir. Se puede hacer tambié n con una meditació n de la respiració n y pedirles que traigan a su mente algo que le resultarı́a desagradable de mostrar a sus compañ eros de grupo, y sin necesidad de decirlo a ellos, preguntarles si eso les engancha en su vida diaria y en el grupo como los pasajeros y proponer un ejercicio de defusió n con ellos en la misma sesió n. 8-Notar la diferencia entre seguir en la vida una dirección valiosa o no seguirla y como eso muchas veces va relacionado con experimentar dolor (distinguiéndolo del sufrimiento). Podemos valernos e metá fora) s diversas como la del jardı́n o historias relevantes como la de Vı́ctor Frankl en el campo de concentració n, u otras como las de los oncó logos, padres que ayudan a un hijo con problemas, etc., etc. 3º-Habilidades socio-conductistas de uso del contra-control social y refuerzo de actividades de cooperació n social Aquı́ hemos seleccionado y adaptado diversas metá foras de los textos de Bernard Guerin (2015, 2016 y 2017) y otras de la ACT: 1-La Metáfora de la semilla (Bernard Guerin): Presentamos la foto de una planta y preguntamos al grupo, que necesitó para llegar a estar ası́. Se van listando los factores, los visibles y otros menos visibles, como las condiciones del terreno. Despué s se le pregunta al grupo, si alguien presenta un problema emocional ¿pensá is que se debe a un fallo en la cabeza? ¿Somos má s simples que las plantas? 2-La Metáfora del ladrillazo (Bernard Guerin): Se le dice al grupo que mucha gente, incluido muchos de los llamados expertos de la salud mental de ienden que los pensamientos y actitudes mentales son la causa del malestar emocional y que basta con cambiar de actitud las cosas empiezan a mejorar. Se les dice entonces, ¿creé is que es ası́? Si alguno dice que sı́; se le plantea la siguiente situació n: Imaginad que vosotros y los expertos pasá is por debajo de un sitio donde hacen una obra y os cae un ladrillo en la cabeza, ¿habrı́a mucha diferencia entre la reacció n de esos expertos y la vuestra al ladrillazo? ¿Basta con la actitud personal cuando estamos metidos en situaciones malas o pé simas? ¿Y si no basta que habrı́a que hacer? 3-Representación dramatizada de la Metáfora del Jardín: Se pide a todo el grupo que usando materiales a mano, folios, sillas, etc.; imaginen que unos son las rosas del jardı́n (p.e los folios) y otros las malas hierbas (p.e las sillas) y que les gustarı́a estar má s pendientes de los folios, pero se han empeñ ado en despejar la sala de las sillas (que empujan, trasladan a otro lugar, y vuelven a ponerse en esos lugares por otros compañ eros que representan a su mente, los pasajeros del bus…etc.). Se puede parar la experiencia, cambiar los papeles o roles, observar en vivo que sucede y que podı́amos hacer si las sillas que salen vuelven a entrar, etc. Se puede ampliar a otras posibilidades, ¿y buscar otras actividades que metan menos sillas en nuestras habitaciones de vida y má s folios, o bien má s folios aunque tengan sillas tambié n? 4-Dramatización de la tarta: Con una cartulina grande se puede dibujar una tarta. Se les dice, muchos mensajes sociales nos hablan de que hay pocas oportunidades para todos y que si no la aprovechas las pierde. Imaginad que esas oportunidades de las que nos hablan es esta tarta y que todos queremos tomarla para nosotros. ¿Podé is actuar aquı́ y ahora ası́? Se enfrascan en cogerla, se rompe, luchan….Se revisa con ellos la experiencia. Esto pasa entre personas y entre paı́ses. ¿A qué nos lleva? ¿Hay otras posibilidades? ¿Se puede cooperar ante la tarta, crear entre todas otras tartas, etc.? 4º-Conocimiento y refuerzo de los factores comunes de los grupos (Yalom) Ver en el punto 2 de la Parte I de este texto 7 Problemas frecuentes en la ACT de Grupo y su manejo .El tema de la Con idencialidad: Uno de los primeros problemas que se observaron al tratar de implementar ACT de grupos en un formato abierto fue la di icultad de darle coherencia al tema de la con idencialidad ya que quedaba un poco devaluada por la constante integració n de nuevos participantes cada semana y la falta de continuidad de muchos de ellos, lo cual hacı́a que se tenga que repetir contantemente la importancia de la con idencialidad terminando por desvirtuar su relevancia en un contexto psicoterapé utico. Por lo que se optó por modi icar el formato a uno cerrado y de esta manera la con idencialidad instaurada en el grupo resonaba coherentemente con el “ambiente seguro” que se le querı́a implementar para facilitar los procesos de cambio. .Buscar Salidas Rápidas y Salvar a otros de su Malestar: Es comú n experimentar al inicio una sensació n de querer buscar salidas rá pidas y caer en acciones que busquen “salvar” a los participantes de lidiar con eventos privados difı́ciles y dolorosos, el terapeuta se ve tentando a “lanzar salvavidas” para rescatar al consultante que la está pasando “mal” tratando de evitar situaciones difı́ciles, consiguiendo ası́ reforzar acciones que traigan bene icios a corto plazo y restringiendo el repertorio conductual lo que di iculta que el consultante pueda contactar con diferentes maneras de responder ante los eventos privados que lo aquejan (Wright y May, 2020). Por lo que se considera importante tener como guı́a desde la sesió n uno hasta la ú ltima sesió n al Hexa lex, tenerlo incorporado en la mente facilitará los procesos, traerá claridad al contactar con una cantidad importante de relatos por parte de los participantes, ayudará a no enredarse en juicios, interpretaciones u otros procesos que vayan apareciendo por parte del terapeuta, ası́ como ayudará a decidir qué pilar del Hexa lex usar en determinado momento para determinada situació n. .Explicar ACT en vez de Hacer ACT: Un terapeuta que recié n se inicia en el manejo ACT de grupos puede tender a querer explicar ACT en vez de hacer ACT y caer en una pequeñ a trampa que lejos de aclarar dudas que orienten al grupo hacia una misma direcció n; lo que hace es llenar a los participantes de informació n que les termina resultando abstracta y sin utilidad por lo cual una de las primeras lecciones al arrumbarse como terapeuta ACT grupos es saber que ACT no se explica, ¡se vivé ! Esta sensació n aparecerá muchas veces durante las sesiones por ejemplo al querer explicar aceptació n o el yo como contexto, puede hacer que nos enredemos en nuestras propias palabras al querer explicar algo que debe ser má s bien experimentado. Tambié n al realizar ejercicios de mindfulness o hacer uso de metá foras es importante saber para qué se está haciendo uso de esos ejercicios, que es lo que quiero provocar en el grupo y/o en determinados participantes. .Las di icultades de permanecer en la ambigüedad: La normalizació n de permanecer en la ambigü edad es algo que puede generar ciertas resistencias, pero es algo que vamos a incorporar en todas las sesiones, ese quedarse con la sensació n de que cada sesió n ofrece respuestas graduales y que a medida que se vaya avanzando en los procesos de ACT a travé s del Hexa lex se va a ir ampliando el repertorio con la prá ctica de nuevas habilidades que se va incorporando en la medida que se avanza en las sesiones. Por lo que el terapeuta va modelando esta prá ctica a travé s de sus intervenciones haciendo que los participantes lleguen a notar la utilidad de cada sesió n má s que recolectar respuestas que calmen las urgencias momentá neas. La conducta del terapeuta es clave para proponer maneras diferentes de responder a lo que la mente va elaborando momento a momento al percibir que se van planteando formas distintas de afrontamiento. .La Vergüenza ante los Juicios de Otros: Un punto importante que puede convertirse en un problema si no lo sabemos abordar a tiempo es lo relacionado a la vergü enza en torno a los temas de divulgació n y el deseo de evitar estados internos aversivos, como la vergü enza, la ansiedad o las percepciones de juicio como conductas a activarse en un contexto terapé utico por parte del consultante y tomando en cuenta que en un formato grupal el deseo de evitació n, el sentir vergü enza, la percepció n de juicios puede presentarse con mayor intensidad y si el terapeuta no aborda de manera efectiva estas di icultades puede llegar afectar la alianza terapé utica y como consecuencia afectará la efectividad del proceso psicoterapé utico (De Long & Kahn, 2014). .Un Listado Imperfecto de 10 Tipos de Problemas frecuentes en las Sesiones de ACT de Grupo y su potencial manejo: Enumerar los tipos de problemas que pueden aparecer al trabajar con ACT de Grupo parece tarea imposible ya que nuestro conocimiento conductual para predecir la aparició n de cualquier tipo de conducta en un grupo es inexacto e imperfecto; sin embargo la experiencia acumulada de muchos terapeutas grupales de ACT nos permite hacer un listado de los 10 tipos de conductas problemáticas (y potenciales CCR1s) má s frecuentes y su posible manejo para conseguir conductas alternativas má s lexibles (potenciales CCR2s). Como puede comprobar el lector, la mayorı́a de estos problemas derivan del excesivo control verbal de la conducta mediante reglas socialmente compartidas y reforzadas. De hecho trabajar identi icando estos problemas y dándole respuestas, reforzando repertorios de lexibilidad psicoló gica en los participantes del grupo y en el propio terapeuta, es hacer ACT de Grupo; al menos una gran parte de la misma. Usar con los miembros de grupo experiencias psicodramatizadas cambiando de roles puede ser una experiencia potente en vivo para experimentar la lexibilidad psicoló gica, haciendo paradas en mitad de las mismas (congelando la escena, estatuas por ejemplo y que notamos por dentro, preguntando quié n lo nota, si eso nos ayuda o no a ir hacia lo que nos importa, etc.). Aunque presentamos un protocolo de sesiones lexibles al aunar ACT má s FAP en la FACT, expuesto en puntos posteriores; es importante que el terapeuta cuente con este listado de problemas y su potencial manejo durante y a inal de las sesiones como referencia-resumen de posibles agendas de in lexibilidad que puede aparecer en el grupo en cuestión con el que está trabajando o incluso en su misma clase de conductas como director/terapeuta de estos. 1-La fusión a consejos cuando alguién experimenta malestar: ProblemaLos miembros del grupo o el terapeuta dan muchos consejos de que hacer (reglas) con el malestar ajeno, evitando el contacto aquı́ y ahora con experiencias personales dolorosas. ManejoEvocar el experimentar el darse cuenta aquı́ y ahora, validando la experiencia en curso (“Yo en tu lugar me sentirı́a igual de mal”) como un primer paso para movernos hacia lo que nos importa. Moldeamos esto con ejercicios experienciales de mindfulness y apertura (aceptació n) a los sentimientos presentes, intentando prevenir las respuestas de evitació n. Se pueden representar escenas donde se dan muchos consejos de “haz esto y lo otro” cuando alguien experimenta malestar; despué s parando y observando el propio malestar del que da los consejos (a veces puede ser un alivio pasajero del que los da para escapar al malestar generado) como para el que los recibe que pueden ser escenas en movimiento (psicodramatizadas) o desde sus sillas. 2-La fusión a identi caciones con enfermedades y caracteres como formas de justi car y dar razones de las acciones personales: Problema Los miembros del grupo relatan historias personales que marcan su destino o se identi ican habitualmente con su malestar/enfermedad, sus rasgos de cará cter o patologı́a como formas de estar o funcionar en el mundo, en la vida. Esto es muy frecuente tambié n en los llamados trastornos del yo o de la personalidad. ManejoDisminuir la vinculació n de los clientes con el yo concepto mediante experiencias que separen hechos y vivencias subjetivas reescribiendo sus historias (con los mismos hechos y vivencias alternativas); ayudá ndoles a percibir la autoconsciencia del lujo continuo de la experiencia (experimentar las creencias yo soy tal… atendiendo a có mo les hace sentir y a qué acciones les impulsa llevar a cabo en el momento del aquı́ y ahora; ası́ como practicar enmarques deı́cticos de nuevas perspectivas espacio-temporales y personales (aquı́/allı́, ahora/entonces, Yo/Otro) desde la autoconciencia (Yo Observador); ası́ como de la prá ctica de la defusió n cognitiva. Igualmente se pueden psicodramatizar con los miembros del grupo estas fusiones y sus alternativas. 3-La fusión a estar realmente mal para justi car y dar razón de las acciones personales: ProblemaLos miembros del grupo expresan estar inmersos y pegados a sus preocupaciones, emociones, estados anı́micos, desganas y sensaciones fı́sicas de malestar que le impiden hacer otra cosa a la que ya hacen, dando razones convincentes para ello y de lo imposible que las cosas sean distintas. ManejoNo discutimos con esas razones. Solo hacemos preguntas funcionales del estilo, “Aunque eso sea ası́, ¿te conduce o ayuda a ir en la direcció n que valoras y te importa?”. Ademá s evocaremos que experimenten experiencias de defusió n en el aquı́ y ahora de las sesiones; como por ejemplo moverse con la piedra en el zapato, salir a pasear con los pensamientos negativos (que se pueden dramatizar con varias personas del grupo que hacen de ellas cuando la persona receptora de ellos hace algo que valora, etc.). 4-La fusión a la lucha con el dolor: ProblemaLos miembros del grupo o el terapeuta se centran casi exclusivamente en el manejo del malestar emocional sin abordar la vida que desean y valoran los miembros del grupo ManejoMoldear el contacto con valores y la vida deseada; ası́ como conectar con la activació n hacia acciones comprometidas con esos valores. Igualmente se pueden dramatizar varias escenas donde la persona habla y comparte con frecuencia sus problemas sin hablar y contactar con lo que desea y le importa. Por ejemplo se puede hacer que los miembros del grupo hagan una rueda de rondas en movimiento de pie con todos sus compañ eros diciendo algo tan simple como “Tengo muchos problemas y estoy todo el dı́a contá ndotelo a ti” (se repite en la rueda de rondas), y despué s se hace otra similar donde se van contando mientras pasan al siguiente en esa ronda algo ası́ como “Quiero compartir contigo algo que deseo llevar a cabo y que da valor a mi vida”; y al inal compartir la experiencia con todos y que diferencias notan quié n las nota, etc. 5-Fusión al alivio por dependecia grupal: ProblemaLos miembros del grupo re ieren que venir a las sesiones de grupo les ayuda o alivia, pero no parecen llevar a cabo acciones comprometidas y valiosas fuera del grupo. Discrepancias mantenidas ademá s en las Escala Hexa lex de la experiencia grupal frente a las experiencias semanales fuera del grupo (Por ejemplo “Mi viaje del autobú s durante la semana vs Mi viaje del autobú s en esta sesió n” en el apartado 19 de este libro) a favor de las segundas en varias sesiones, puede indicar esta diná mica de dependencia del grupo como refugio de evitaciones experienciales y agendas de control verbal in lexibles. ManejoTrataremos de buscar las barreras internas (vivencias internas a las que se fusionan o luchan por evitar) y externas (plegamientos ante otros) como formas de evitació n experiencial y evocaremos experiencias en vivo en las sesiones de apertura/aceptació n y defusió n junto a clari icació n de valores y propondremos en colaboració n con ellos actividades semanales graduales de activació n conductual o compromisos hacia sus valores. Las barreras y sus alternativas tambié n pueden ser psicodramatizadas con juegos de roles con los miembros del grupo. 6-Fusión a la lógica mental: ProblemaNosotros como terapeutas o los miembros del grupo insistimos o pedimos aclarar los conceptos de ACT, explicá ndolos o pidiendo explicaciones, lo que puede redundar en generar nuevas reglas, fusió n a contenidos y literalidad verbal ManejoDejamos de hacer esto de aclarar y dar explicaciones y nos centramos en que procesen su experiencia en el momento presente de la sesió n conectando con esta con el mı́nimo de palabras. Pasamos lo mental de los contenidos verbales a experiencias y preguntamos por qué y quié n nota esas diferencias. Podemos dramatizar las diferencias entre explicar y vivir la experiencia, usando por ejemplo el bolı́grafo pensado vs tocado, objetos de la sala pensados vs tocado, y sobre todo lo que dicen/piden explicaciones vs volver a centrarse en lo que experimentan en sus 5 sentidos aquı́ y ahora. 7-Fusión de yo a lo mío sin los otros: ProblemaAlgunos miembros del grupo muestran con frecuencia conductas problemá ticas que afectan a la diná mica del grupo. ManejoEjemplos de manejo de estos problemas fueron expuestos en el punto 2 de este libro (Yalom y Vinagradov, 1996) como el llamado “Monopolizador” (¿Qué está ocurriendo en el grupo para que Fulanito lleve todo el peso de la sesió n? Queremos saber má s de tus sentimientos má s profundos no menos); el “Silencioso” (Observo aquı́ y ahora a Fulanito hacer tal cosa, ¿Qué le observá is vosotros?, ¿Fulanito quieres comentar algo de esto?); “El Quejumbroso-pone pegas a todo” (¿Có mo os hace sentir y actuar lo que expresa Fulanito?, ¿Os sentı́ cercarnos de Fulanito o esto que hace o dice os aleja de é l?, ¿Fulanito cuando planteamos tal, pareces poner objeciones de tal y tal, y eso te lleva al camino de la vida que valoras y deseas?) 8-Fusión a teoría ajenas a la act: ProblemaAlgú n miembro del grupo mantiene que sus problemas tienen una causa orgá nica (que no se han veri icado hasta el momento con pruebas previas) o que sus di icultades provienen de causas o con lictos mentales profundos desa iando el enfoque de ACT. ManejoNosotros mantenemos un enfoque funcional y no entramos a debatir los contenidos verbales (dado que esto lleva a derivaciones de llevar la razó n y a in lexibilidad psicoló gica). Le decimos a esta persona que tiene todo el derecho del mundo a mantener ese punto de vista (le validamos y no le juzgamos por ello), y le preguntamos a continuació n si desea tener la oportunidad de experimentar con lo que le ofrecemos en la terapia y que se base en lo que experimente y recoja de ella y no se base en nuestras palabras o argumentos. 9-Escasa Cohesión Grupal: ProblemaObservamos en algunos de los grupos con los que trabajamos escasa cohesió n grupal y las personas de este grupo intercambian pocos comentarios reforzantes y constructivos entre ellos. ManejoEn ACT de Grupo no es un requisito indispensable que los grupos tengan cohesió n, aunque si podemos aumentarla es mejor. Para ello podemos usar nuestros conocimientos contextuales y de diná micas de grupo y plantear preguntas (por ejemplo: ¿Qué veis que tengá is en comú n en este grupo o en lo que estamos compartiendo todos hoy aquı́ y ahora?) o ejercicios experienciales (p.e formas parejas que vamos variando e intercambiar algú n ejercicio experiencial, etc.), usar los enmarques deı́cticos de perspectivas que se relaciona con lo que otros enfoques denominan como “Mentalizació n” (Fonagy, Gergely, Jurist, y Target, 2002). (P.e “Sin estuvieseis en la piel de Fulanito allı́/aquı́ en ese/este momento, ¿qué sentirı́ais? ¿Y esto os hace sentir cercanos a Fulanito?). 10-Faltas y abandonos y otras interrupciones de las sesiones grupales: ProblemaUno o varios miembros del grupo faltan con frecuencia a las sesiones o dejan el grupo antes de su conclusió n varias veces. Puede ocurrir que tambié n atiendan a llamadas al mó vil con frecuencia (a pesar de que se les ha indicado previamente que no es deseable) o bien traer las hojas de trabajo entre sesiones con ninguna o escasas anotaciones, o re ieren con frecuencia que se les ha olvidado. ManejoInicialmente mostramos desaprobació n y recordamos la importancia de la asistencia para conseguir objetivos y si esas conductas le acercan o no a ellos. Si las conductas de ausencias o abandonos frecuentes se mantienen se le invita a esa persona a dejar el grupo y se le ofrece otra alternativa asistencial (p.e sesiones individuales). Es importante para reducir que esto ocurra en los grupos, seleccionar previamente a los candidatos que van a formar parte de estos. Respecto a las llamadas frecuentes al mó vil o la no realizació n de tareas para casa podemos usar algo parecido, pero siendo cuidadosos de no convertir realizar las tareas como una regla de plegamiento a las indicciones del terapeuta para evitar su desaprobació n; por lo que mejor usar preguntas funcionales con esto: “Veo que con frecuencia no trabajas o anotas las tareas para casa. ¿No hacerlas y solo venir y participar en el grupo es para ti su iciente para moverte en la direcció n que te importa y valoras en tu vida fuera del grupo?, ¿Quisieras experimentar con estas tareas y ver si te ayudan a moverte en la direcció n que desea? ¿Qué obstá culos ves para ello?”. 8 Aplicaciones de la ACT de Grupo En principio cualquier problemá tica susceptible de ser tratada en terapia individual lo es tambié n en terapia grupal. En las lı́neas siguientes hacemos una presentació n escueta de la ACT grupal aplicada a diversos problemas como los presentados en niñ os, adolescentes, en adultos con problemas ansiosos-depresivos, adultos con experiencias psicó ticas y otras problemá ticas. A) La ACT de grupo con niños: La demanda de los adultos por problemas de o con la relació n a los niñ os está vinculada directamente con los cambios sociales e histó ricos que afectan al funcionamiento de las familias y otras instituciones sociales como las educativas. En las ú ltimas generaciones se han producido importantes cambios en los valores socioculturales que se han visto re lejados en la falta de sistematicidad y consistencia en las normas familiares (Ferro, Vive y Ascanio, 2009) que ha ido de la mano del incremento de conductas problemas etiquetadas por los modelos biomé dicos como el TDAH (Trastorno de atenció n e hiperactividad), el TND (Trastorno negativista desa iante) y el TD (Trastorno desa iante), junto a otros tipos de problemas y sus etiquetajes; y todo ello a su vez interrelacionado con un incremento de los con lictos familiares entre los padres y de estos con sus hijos. Las Terapias Contextuales de Grupo aplicada a Niñ os pueden tomar varias formas de intervenció n: 1-Terapia de Interacción Padres-Hijos: aplicada a problemas de niñ os má s pequeñ os. Se trabaja conjuntamente con los padres y los niñ os pequeñ os usando mé todos derivados de la terapia de juego y principios operantes. En realidad son terapias conductuales familiares, considerando en este caso el trabajo con el grupo padreshijo. 2-Terapia FAP de Grupo con los padres y sus hijos: Se trabaja conjuntamente con los padres y sus hijos de manera directa moldeando las conductas clı́nicamente relevantes en las consultas. Se puede combinar con otros enfoques. Tambié n suele adoptar la forma de terapias familiares. Pueden contemplar varios padres, madres y niñ os de distintas familias 3-Terapia ACT de Grupo con niños y sus padres: Centradas en (1) Valorar lo importante, (2) Promover la aceptació n, (3) La apertura a lo temido con compromisos en acciones concretas, (4) No se suele trabajar por su nivel de abstracció n el contacto al presente ni el yo concepto por el nivel de desarrollo de los niñ os y la complejidad de estos aspectos para ellos. Pueden contemplar varios padres, madres y niñ os de distintas familias 4-Terapia ACT de Grupo para padres sin la presencia de sus hijos: Suelen enfocarse como las anteriores en padres con problemas de relació n o di icultades en sus hijos, pudiendo sus hijos recibir o no otras intervenciones en otros espacios. Se procede como en otras terapias grupales de ACT pero focalizadas en promover relaciones valiosas con sus hijos. 5-Terapia ACT de Grupo solo con niños: Son escasamente practicadas por los terapeutas contextuales, y suelen enfocarse usando elementos del juego y a iciones de los niñ os. Igualmente los conceptos del Hexa lex má s complejos como el Yo Observador o Contexto suelen estar ausentes. En general cuando trabajamos con ACT, FAP o FACT de Grupo con los padres y sus hijos solemos usar juegos de mesa adaptados a la edad y problemá tica de estos. Estos juegos suelen relacionarse con direcciones valiosas en la que queremos dirigirnos y qué barreras aparecen. Tambié n es frecuente usar personajes y bocadillos de cómics para presentar como sus mentes les hablan a ellos. Y desde el principio toda la intervenció n está focalizada a los valores mediante juegos de vitalidad. Este tipo de intervenció n ha sido aplicada con é xito a problemas ansiosos-fó bicos; secuelas del maltrato, abandono y abuso sexual; dolor cró nico, anorexia en niñ os cercanos a la adolescencia, niñ os enfermos en situaciones hospitalarias, padres de niñ os autistas y jó venes con experiencias psicó ticas (Ferro, Vive y Ascanio, 2009). La ACT de Grupo aplicada a problemas infantiles se ha mostrado ademá s e iciente en el contexto de trabajo del sistema pú blico de salud mental españ ol (Dı́az de Neira, Vidal, Gonzá lez y Gutié rrez, 2016) demostrando que fue aplicada con é xito a 69 familias con niñ os atendidos en el periodo 2012-2015 que presentaban conductas problemá ticas etiquetadas como “TDAH, Disociales, Problemas de Ansiedad, Problemas de Vinculació n y en menos casos de Retraso Madurativo, Asperger y Autismo” De las anteriores experiencias hay al menos que destacar una serie de aspectos claves para hacer ACT de Grupo con los problemas infantiles: ASPECTOS CLAVES PARA HACER ACT DE GRUPO CON LOS NINOS Y SUS PADRES 1. El tema central dirigido a los padres es trabajar con los valores: Qué valores quieren fomentar los padres en sus hijos. En este aspecto es frecuente que los padres se frustren al confundirlos con los objetivos y no conseguirlos; aspecto que se debe trabajar con ellos 2. Se utiliza el aná lisis funcional en un doble aspecto: Desde los adultos y desde lo propios niñ os. ¿Qué es lo má s importante que quieres transmitir a tu hijo/a en estas situaciones? ¿Qué es importante para ti hacer? (A); ¿Qué haces en esos casos? (B); ¿Qué resulta a la corta y a la larga de hacer eso? (C) // ¿Qué es lo que no quieres sentir/pensar y en qué ocasiones? (A) ); ¿Qué haces en esos casos? ( B) ; ¿Qué resulta a la corta y a la larga de hacer eso? (C). 3. Se entrena a los padres en el manejo de contingencias operantes: Esto se hace junto con el trabajo de aceptació n (p.e de las frustraciones cuando se tratan de promocionar valores) y los propios valores. Es frecuente que los padres lo apliquen de manera inconsistente; y debamos validar sus intentos sin criticarlos, moldeando y reforzando sus aproximaciones sucesivas y enfocadas desde el aná lisis funcional y sus valores. 4. No se suele trabajar él ni el yo contexto, ni la atenció n al presente con los niñ os: Para los niñ os suelen ser cuestiones muy complejas a manejar. 5. Usaremos con los padres y los niñ os metá foras muy sencillas: Una muy usada es hacer un viaje juntos con obstá culos en el camino; y ademá s usaremos recursos como los có mics y dramatizaciones intercambiando los papeles de los padres y los niñ os compartiendo que notaron al cambiar sus puntos de vista (que en realidad es el trabajo con perspectivas del yo observador pero sin excesiva extensió n). 6. No usar un estilo pedagó gico experto y si muchas preguntas funcionales: Cuando pidan consejos o veamos que lo damos, volver a las preguntas funcionales anotadas en el apartado 2 de este cuadro. 7. Programar unas 10-12 sesiones semanales de 1 hora con los padres y ver si hacemos lo mismo con los niñ os en otro grupo paralelo pero distinto si es el caso. O sea decidimos si vamos a trabajar un Grupo de ACT solo con los padres (varios padres y madres de distintas familias) o bien con ellos y otro aparte con los niñ os de distintas familias. Otros aspectos importantes a la hora de trabajar ACT de Grupo con padres y sus niñ os suponen para el/la terapeuta contextual hacerse una serie de cuestionamientos: (1) Manejarse con las etiquetas diagnósticas aplicadas a los problemas infantiles: Las etiquetas estilo, “Su hijo tiene un TDAH” favorecen las atribuciones internas y el uso de la medicació n para corregir esas “averı́as supuestas” internas. Tambié n favorecen una explicació n circular tautoló gica que realmente explica poco: “Su hijo se comporta ası́ porque tiene un TDAH y el TDAH se presenta cuando se comporta ası́”. Algunos padres se pueden sentir aliviados y desculpabilizados por las etiquetas diagnó sticas hacia sus hijos, pero pueden terminar trayendo a terapia a sus hijos como el que trae un coche a reparar al mecá nico, desentendié ndose de aspectos importantes en la educació n y relaciones afectivas con estos; y por lo tanto en las antı́podas de transmitir valores a sus hijos. (2) Mediante la ACT Grupal buscaremos empoderar a los padres desde un enfoque funcional (lo que les funciona a la larga y es valioso para ellos) y personalizado en cada caso; donde nos guiamos siempre por los valores que quieren transmitir a sus hijos. (3) La ACT Grupal supone una importante alternativa a otros enfoques psicoeducativos y conductuales directivos: No se trata de transmitir reglas o instrucciones educativas, ni tan solo de manejar problemas mediante el uso de contingencias; lo realmente importante es que padres (e hijos si es el caso) noten lo que les importa y no les importa desde sus valores. ¿Y qué hay de la Terapia ACT de Grupo con los niñ os solos con un/a terapeuta y co-terapeutas si es el caso? Lo cierto es que estas aplicaciones de la ACT Grupal a niñ os sin sus padres son escasas. Hasta el momento solo hemos encontrado un trabajo en esta lı́nea realizado por la psicó loga estadounidense Reyelle MCKeever (MCKeever, 2016). Su planteamiento de ACT de Grupo con niñ os lo hace desde un enfoque lú dico-vivencial, donde partiendo de una sesió n inicial donde se explican los roles o papeles en las sesiones (de los niñ os y terapeuta), se propone el uso de 72 tarjetas que representan diversos hé roes infantiles relacionados con diferentes procesos del Hexa lex que se van usando al compartir en las sesiones sus problemas y có mo enfocarlos desde esos hé roes-procesos Hexa lex al ir eligiendo los niñ os una serie de cartas para ello. Con ellos buscamos derivar nuevas respuestas de los niñ os, y si les funcionan se van reforzando y moldeando hacia una mayor lexibilidad. Adicionalmente se usan metá foras y cuentos a este trabajo. Tambié n los niñ os cuentan con un cuaderno de trabajo personalizado donde se les pide anotar frases cortas y hacer dibujos de sus respuestas lexibles a sus di icultades. Tambié n este enfoque se puede combinar con otras modalidades conductuales o no de terapias grupales con niñ os. B) La ACT de grupo con adolescentes: La ACT de Grupo con Adolescentes con problemas del Yo y otros problemas de la regulació n de las emociones ha sido expuesta de manera e iciente y novedosa por Diego Padilla y cols. (Padilla Torres y cols. 2014, 2017) desde un programa grupal inserto en un servicio pú blico de salud mental madrileñ o. El programa de terapia contextual que plantean se caracteriza por: 1-Dos entrevistas previas para evaluar la adecuación a la terapia de grupo, realizar el análisis funcional de la conducta de los problemas, administrar una serie de cuestionarios iniciales, todos ellos dirigidos a adolescentes diagnosticados de Trastorno Lı́mite de Personalidad y autolesiones graves. 2-Se trabaja con un protocolo de 16 sesiones una por semana de 1,5 horas por sesió n con grupos compuestos de unos 10 adolescentes donde se combinan de manera articulada aspectos de la Terapia Dialé ctica Conductual (DBT), la Psicoterapia Analı́tica Funcional (FAP) y la Terapia de Aceptació n y Compromiso (ACT). Es un grupo abierto donde se pueden incorporar nuevos miembros, no excediendo nunca los 10 má ximos. 3-Los objetivos de esta terapia son: Aumentar las CCR2 de cohesió n grupal, expresió n de necesidades y emociones, apoyo de los compañ eros, fortalecimiento del repertorio de empatı́a, toma de perspectiva de uno mismo y de los demá s; y validació n emocional. (Ver Parte III de esta obra). 4-Se le da mucha importancia al uso de preguntas para establecer las equivalencias funcionales dentro-fuera del grupo (ver Parte III de esta obra) a travé s de darle mucha importancia a las emociones que sienten respecto a las conductas de los demá s (dentro/fuera del grupo) y hacia el terapeuta. En este aspecto ademá s se usan las 5 reglas de la FAP. (Ver Parte III de esta obra). 5-Cada sesió n sigue una secuencia habitual, pero no rígida, de diná mica grupal: (1) Se comienza con un ejercicio de mindfulness, (2) Se repasan los autoregistros funcionales de cada uno durante la semana, (3) Se profundiza en algunas de las experiencias registradas fuera del grupo entre la semana y (4) Se busca la conexió n emocional fuera-dentro del grupo (Lo que sintieron allı́ y entonces con lo que les despierta emocionalmente aquı́ y ahora en el grupo). Un aspecto que resulta suma importancia para trabajar con adolescentes (y adultos) que aportan estos autores (Padilla y Jimé nez, 2014; Padilla, Martı́nez, Espı́n y Jimé nez, 2017) es el de de inir el doble papel de los miembros del grupo como actores / directores en las sesiones de grupo. Esos dos papeles se exponen brevemente y moldean ya en la sesió n inicial. -Como actores: Hablar de có mo les ha ido la semana y como les ha hecho sentir esos acontecimientos relatados en distintos momentos. Y lo mismo aquı́ y ahora de có mo les hace sentir al ver y oı́r a sus compañ eros relatar estos acontecimientos. -Como directores: Hablar de qué problemas (CCR1) y progresos (CCR2) ven dentro de la sesió n en sus compañ eros y como interpretan las conducta de estos (las llamadas CCR3) en la misma sesió n. Esas interpretaciones se van moldeando de manera má s funcional por el terapeuta y el resto del grupo. (Ver Parte III de esta obra). Otro aspecto muy importante al trabajar con terapias de grupo contextuales con adolescentes es el tema de cómo abordamos la aceptación con ellos. Para esto se recomienda introducir metá foras muy cercanas a estos (Por ejemplo, “Si la vida te da palos, hazte una escoba o una cabañ a con ellos”) y dar tiempo a que ellos mismos puedan escribir y leer en voz alta a sus compañ eros del grupo sus propias historias de aceptació n en sus vidas. Para ello se les pide compartir que decepciones han superado en sus vidas, haciendo una lista entre todos y para todos, que han aprendido de esto, por ejemplo de vivir el divorcio de sus padres, el acné , se eliminados de un equipo deportivo, perder a la pareja con un supuesto mejor amigo. Para ello preguntaremos directamente: “¿Có mo llegaste a aceptar esto?”, o “¿Cuá ndo te diste cuenta de que lo habı́as aceptado?”. Todo ello recordando de vez en cuando que no es una competició n entre ellos para ver quié n acepta má s o quié n ha tenido má s decepciones, ya que eso no les va a ayudar en nada a la larga. En cuanto a procedimientos té cnicos y materiales en estos grupos solemos usar cuadernos para tomas sus notas y hacer resú menes de las sesiones. Estos resú menes se hacen en las mismas sesiones o como tareas para casa, usando sus propios telé fonos mó viles con sus whasaps o similar para recordarlas. Tambié n esos cuadernos pueden servirles para acompañ ar esos resú menes con creaciones pictó ricas y artı́sticas si les gustan. En los grupos se usan ejercicios experienciales que ademá s se suelen proponer como tareas para casa. Es frecuente que esos ejercicios se recuerden con abreviaturas de sus pasos de manera breve; como por ejemplo, E.D.P.M.A; donde (E) Etiquetar los pensamientos. “Estoy teniendo el pensamiento de…”; (D) Dejar de luchar con ellos, presionando el botó n “Pausa”; (P) Permitir esos pensamientos, recordá ndote, “No se van a ir de todos modos”; (M) Mindfulness del presente, “Capta con tus 5 sentidos este momento de aquı́ y ahora” y (A) Acé rcate a lo que te importa en este momento de aquı́ y ahora. Los ejercicios experienciales se presentan además de manera isicalizada, mediante tareas activas y dramatizadas no solo recibidas verbalmente dese sus sillas del grupo. Por ejemplo el ejerció de “Las Hojas en el rı́o” con papelitos de pensamientos que les enganchan anotadas que despué s todos por turnos o a la vez van tirando a una papelera de la sala de grupo. O bien se dramatizan escenas con cambio de roles y despué s se ponen en comú n lo que les evoca, etc. Igualmente es importante aclarar los valores de los adolescentes como motivadores de acció n, distinguié ndolos de los objetivos y proponiendo pequeñ os pasos dentro y fuera de la sesió n como tareas para casa. La Matrix puede usarse tambié n para trabajar los 6 aspectos del Hexa lex. Un resumen de la ACT de Grupo, o la Terapia Contextual de Grupo, o la FACT de Grupo con adolescentes debe recabar al menos 4 aspectos bá sicos: 1-Evaluar y trabajar como regulan sus emociones y sus problemas del Yo aclarando con ellos sus valores y las acciones objetivos que se derivan de estos. 2-Usar sus propias preferencias (Washaps, arte, etc.) 3-Darles el doble papel actores y directores (que en FACT es central) 4-Usar metáforas y ejercicios experienciales breves y isicalizados activamente Unos textos que pueden servir de guı́as lexible al terapeuta que va a hacer ACT de Grupo con adolescentes es el publicado por Turrell y Bell (2016) en inglé s, llamado “ACT for adolescents. Treating Teens and Adolescents in Individual and Group Therapy” y el texto (que puede recomendarse tambié n para algunos de estos adolescentes) de Ciarocchi, Hayes y Bailey (2016), publicado en castellano, llamado “Sal de tu mente y entra en tu vida para adolescentes”. C) La ACT de grupo con adultos con problemas ansiosos-depresivos: Este apartado lo baso en mi propia experiencia (Juan J. Ruiz Sá nchez) con ACT de Grupo con personas con estas etiquetas diagnó sticas (que encubren realidades mucho má s complejas) desde el añ o 2005 a la actualidad. En la experiencia de atender a estar personas en grupos en el servicio pú blico de Salud Mental de Ubeda (Jaé n. Españ a) perteneciente a la red sanitaria del Servicio Andaluz de Salud que son derivadas a nuestro servicio por los mé dicos de cabeceras es habitual que encontremos estas caracterı́sticas: -Variedad de Diagnósticos previos, desde Trastornos adaptativos, Trastornos de Ansiedad diversos. Distimias Depresivas, y algunos con Trastornos de Personalidad añadido. Toda una variedad de etiquetas de nula utilidad para el trabajo de un psicólogo contextual. -Casi un 70% de estas personas ya vienen tomando medicación cuando llegan al equipo. Medicación con escaso resultado para encaminar su vida hacia una vida más valiosa. -Muchas de estas personas vienen con problemas de pareja asociados, problemas médicos de larga data (cánceres diversos y otros problemas médicos croni icados) y problemas laborales, y en muchos casos todo el conjunto en la misma persona. En resumen presentan problemas de la vida que son formateados desde la visió n mé dica como trastornos mentales, siendo el propio sistema de salud (y los servicios de salud mental de estos) instituciones que refuerzan esta visió n de los problemas y en parte de la cronicidad de alguno de ellos. Enfocamos la ACT Grupal con estas personas, al igual que en otras di icultades a aumentar sus repertorios de lexibilidad psicoló gica. La ACT de Grupo no va a solucionar sus problemas de trabajo, salud ni muchas veces si quiera de pareja, ni va a quitarles el malestar asociado a estas di icultades. ¿Entonces qué funció n tiene hacer ACT de Grupo en estos casos? Pues bá sicamente hacer que sus vidas sean má s valiosas y comprometidas aú n en presencia de estas circunstancias adversas. Esto es importante remarcarlo a lo largo de las sesiones grupales, ya que la mayorı́a de las personas que acuden a un servicio de salud mental saben ya que los psicó logos o los psiquiatras no le van a dar trabajo, ni curar sus enfermedades fı́sicas, a veces ni siquiera garantizarles que mejorará n sus relaciones de pareja, pero es frecuente que demanden desde sus “agendas de control socioculturalmente aprendidas” que le quitemos su malestar ante estas circunstancias, aspectos que muchas veces no son posibles, y que al plantearles la desesperanza creativa al inicio del contacto con nosotros puede tener el efecto de que abandonen el seguimiento del servicio, hasta comprobar ellos mismos en “sus carnes” (su propia experiencia) de deambular de uno en otro mé dico, psicó logo o psiquiatra que está n en el mismo bucle de lucha contra el sı́ntoma. Hemos ido cambiando desde 2005 el formato de hacer la ACT de Grupo con estas personas en varias ocasiones al ir acumulando experiencias de que intervenciones y có mo hacerlo producı́an mejores resultados. Esto nos ha permitido constatar que casi el 80% de las personas que acuden a estos grupos mani iesta mejoras en su calidad de vida, muy por encima de los otros tratamientos que ofrecemos en nuestro servicio, aunque muchos de los compañ eros siguen empeñ ados en las terapias individuales con seguimientos largos y escasos resultados cuando se comprueban (Ruiz y Trillo, 2017; Ruiz, Trillo y Ruiz,2019) , ya sea ese empeñ o por comodidad ante nuevas formas de intervenir o por sus propias preferencias reforzadas ocasionalmente por ciertos resultados. Los formatos de ACT Grupal que hemos usado han consistido en unas 12 a 16 sesiones de 2 horas, con sesiones semanales y grupos entre 6 a 10 personas (ocasionalmente incluso 12). Con el paso de los añ os hemos usado un formato FACT donde la primera hora usamos ACT de Grupo, y la segunda FAP de Grupo. Esto lo hemos hecho ası́ porque hemos comprobado resultados similares con ambos enfoques en mú ltiples medidas (Ruiz, Trillo y Ruiz, 2019) a pesar de trabajar con estrategias de cambio funcional distintas, lo que nos ha llevado a ver los elementos comunes entre ambas, y a rediseñ ar la intervenció n grupal contextual desde FACT (ACT má s FAP), que es la base de la obra que el lector tiene en sus manos; y que hemos extendido a mú ltiples problemá ticas (no solo las topografı́as con etiquetas ansiosasdepresivas) sino al resto de problemas que se pueden abordar desde una terapia de grupo, sean los que sean. Esto dio lugar a la publicació n de tres manuales, los ú nicos que conocemos en castellano de Terapias Contextuales de Grupo hasta el momento (Ruiz y cols. 2017; Ruiz y Ruiz, 2018 y Ruiz, 2020). Existen ademá s diversos artı́culos en castellano sobre terapias contextuales de grupo que son relevantes como los de Padilla y Jimé nez (2014), con adolescentes con problemas de personalidad; Roldá n Maldonado, (2014) con personas con experiencias psicó ticas; Roldan Maldonado., Salazar., Garrido y Cuevas-Toro, (2015), con personas con experiencias psicó ticas ; Dı́az de Neira, M., Vidal, C., Gonzá lez, S. y Gutié rrez, (2016), con padres de niñ os con diversos problemas emocionales; Ruiz y Trillo, (2017), con personas con problemas ansiosos-depresivos ; Padilla, Martı́nez, Espı́n y Jimé nez, (2017); con problemas emocionales y de personalidad graves en adolescentes; Ruiz, Trillo y Ruiz,(2019) con diversos problemas transdiagnó sticos y Vaca, Ferro y Valero, (2020), con mujeres vı́ctimas de violencia de gé nero. La ACT de Grupo que trabajaba en 2014 consistı́a en lo siguiente: “Trabajo con ACT en grupos con personas diagnosticadas en el espectro ansioso-depresivo (desde trastornos adaptativos a distimias) en un servicio comunitario de salud mental. Los protocolos los adapto del formato individual usando los principales procesos del Hexa lex , con metáforas, ejercicios experienciales y tareas para casa. También uso los factores comunes a los grupos (por ejemplo Yalom) pongo en conexión a todo el grupo con el aquí y ahora y que están sintiendo en este momento, si sus “radios mentales” y sus “tendencias a evitar molestias”, están actuando y cómo, etc. Creo que es mejor eso que reunir a un grupo y usar solo un estilo psicopedagógico, muy típico en la TCC (es decir mezclo lo que considero mejor de ACT con lo mejor de los factores comunes de Yalom). También dejo espacio para que comenten como le ha ido en la semana y si sus acciones se dirigen en la dirección de lo que consideran valioso (para eso veo muy útil preguntar por escalas de progresos rápidas de 1 a 10 y al inal del grupo preguntar: cosas del estilo siguiente: ¿qué me llevo hoy de esta sesión? y ¿qué puedo recordar que me ha sido útil cuando esté solo/a la próxima vez que se presente el malestar?). También suelo proporcionar un cd con pistas de Mindfulness y ACT para quién desee practicar más en casa. Una cosa que no suelo hacer mucho, es un seguimiento y control de las tareas para casa; ¿por qué?…pues para no generar en demasía reglas pliances en el grupo, sino que realicen lo que realmente les funciona de lo aportado por el psicólogo y sus compañeros (más reglas tracking). Habitualmente se reúnen en el grupo de 5 a 10 personas que no se conocen entre sí y que han sido seleccionadas previamente por presentan determinados tipos de sintomatología o problemática (en este casos trastornos ansiosos-depresivos) y muchas de ellas con medicación previa con una evolución irregular y no adecuada, o con seguimientos en el servicio mensuales debido a la presión asistencial. Se les explica en que consiste la terapia de grupo como alternativa al seguimiento habitual anteriormente referido y se les comenta la posibilidad de hacer terapia de grupo. Las primeras sesiones se suelen dedicar a compartir todo lo que han hecho hasta el momento para superar su “ansiedad y depresión”; y que habitualmente suponen maniobras de evitación experiencial guiadas por reglas a las que están fusionadas que conllevan repeticiones frecuentes de estrategias que conllevan circular en acciones y consecuencias disfuncionales. Para ello en estas primeras fases se introduce al grupo en los conceptos de evitación experiencial y fusión cognitiva, usando un lenguaje sencillo, usando con profusión las metáforas más que las explicaciones e intercambiando entre si sus experiencias de manejo reiterativo donde cortan la mala hierba de la depresión o la ansiedad y esta vuelve de nuevo a brotar (uso de la “desesperanza creativa” de la ACT). El terapeuta hace circular y poner en común las experiencias de desesperanza creativa. Igualmente se usan ejercicios experienciales aquí y ahora de la sesión para comprobar in situ como les funcionan las cosas que hacen. A través de distintos ejercicios experienciales, metáforas y circulaciones y puestas en común de las personas del grupo vamos tratando de introducir mayor lexibilidad psicológica; de modo que la conducta de la persona no esté tan regida y centrada en evitar las experiencias de malestar, sobre todo aquellas que les apartan de las direcciones de su vida que para ellas son valiosas; sino precisamente orientadas hacia estas actividades valiosas, aunque conlleven abrirse a esas experiencias evitadas (aceptación), comprometiéndose en actividades en esa direcciones (compromiso). Es importante destacar que el terapeuta adapta la terapia ACT a su estilo personal y no a un protocolo rígido, pues eso conllevaría introducir unas “reglas ijas sobre el buen hacer” que pueden generar in lexibilidad por alejamiento de la experiencia real de cómo acontecen las cosas. Este puede observar al grupo como un todo, y/o a cada uno de sus miembros y usando como guía el Hexa lex (los seis procesos que conllevan lexibilidad-in lexibilidad psicológica) adaptarlos a lo que acontece en el aquí y ahora del grupo y sus miembros y si están actuando determinados procesos con más predominio que otros. Eso conlleva estar atento a lo que sucede, a las consecuencias en el grupo de lo que se trata y trabaja (“conducta regida por las contingencias) y como muchas veces las reglas verbales que usan todos los miembros del grupo y el propio terapeuta (“conducta regida por las reglas”) sobre lo que es correcto, razonable, adecuado, etc., puede entorpecer una mayor lexibilidad de una vida guiada por los valores personales de cada uno de sus miembros. En suma, cada grupo y su evolución en esos seis procesos y las estrategias de evitación experiencial predominantes en cada uno (por ejemplo la abundancia de evitación experiencial, la fusión cognitiva, el alejamiento del presente del aquí y ahora, las historias repetitivas vinculadas al “yo soy así”, el desapego a los valores o la falta de compromiso) hará que en cada momento del grupo se incida más o menos en uno de esos aspectos. Ese conocimiento no deriva fundamentalmente de la psicopatología de su grupo-tipo (aunque se tiene en cuenta), sino sobre los procesos de in lexibilidad psicológica que emergen en estos grupos con estas personas en relación. Igualmente el terapeuta tiene en cuenta la incidencia de la propia experiencia del grupo en el mismo y de este sobre aquel (usando también sus conocimientos de la psicoterapia analítica funcional de la misma órbita que ACT) para lexibilizar su conducta y estimular al grupo en esa dirección.” Las primeras versiones de FACT que desarrollamos, que han variado ligeramente en la actualidad al mantener una metá fora directriz en todas las sesiones y usar las escalas de evolució n dentro/fuera de las sesiones en relació n a esta metá fora y algunos aspectos claves de la FAP. La estructura global de las 2 horas de FACT consistı́a en: -La primera hora la dedicamos a la Flexibilidad Psicológica desde la ACT con o sin el uso de la Matrix; introducimos un proceso del Hexa lex y terminamos con la propuesta de una o varias acciones comprometidas semanal hacia aquello que valoran. Usamos la Escala Aquı́ y Ahora v.8 (Ruiz, 2019) y el ejercicio Diana de ValoresAcciones (Hayes, Strolsahl y Wilson (2014). -La segunda hora la dedicamos al aspecto relacional de la FAP dentro-fuera del grupo donde usamos la Expresió n de Sentimientos, la Equivalencia Funcional, el Doble Papel Actores-Directores, los tres tipos de CCRs y las 5 Reglas de la FAP de Kohlenberg y Tsai (1991); todo ello desde lo que de tiempo en la sesió n sin cubrir rı́gidamente ninguna agenda previa. D) La ACT de grupo con adultos con experiencias psicóticas: Los objetivos habituales de las terapias psicoló gicas y psicofarmacoló gicas tradicionales con las experiencias psicó ticas agudas han só lido ser reducir los sı́ntomas positivos (la actividad delirante y alucinatoria). La ACT individual y grupal no tiene por objetivo la lucha encarnizada contra los sı́ntomas positivos de las psicosis sino el proveer a la persona que tienes estos sı́ntomas o experiencias de un horizonte de vida valioso y poder moverse en su vida por ellos, aú n en presencia de esos sı́ntomas o experiencias. El foco es radicalmente distinto a las intervenciones tradicionales. El trabajo pionero de Hayes y Pankey (2003) con personas con experiencias psicó ticas describe como las intervenciones tradicionales enfocadas a la reducció n de los sı́ntomas puede tener en muchos casos efectos paradó jicos de incluso incrementarlas. Para ello proponen una alternativa, que en su estudio se muestra e icaz, aceptar y defusionarse del control de estas experiencias y canalizar las vidas de estas personas hacia acciones valiosas para ellas, aú n en presencia de esas experiencias psicó ticas. Un estudio importante es el realizado por Tonarelli y cols. (2016) que consiste en un metaná lisis de los efectos de la ACT individual aplicada a las psicosis con sı́ntomas positivos. Los resultados son que la ACT individual en estos casos consigue reducir los sı́ntomas negativos de estas personas; disminuyendo su aislamiento y aumentando su nivel de actividad valiosa, pero que no reducen los sı́ntomas positivos (que no son el objetivo de ACT); ası́ como la reducció n de las rehospitalizaciones con mejores resultados en todos estos aspectos que las terapias tradicionales. Para el/la terapeuta contextual es importante entender la psicosis esquizofré nica desde una perspectiva contextual; donde a nuestro parecer la conceptualizació n que hacen los psicó logos españ oles Marino Pé rez Alvarez, José Manuel Garcı́a Montes y cols, es muy relevante (Pé rez Garcı́a Montes y Pé rez Alvarez, 2003; Garcı́a Montes, Luciano, Herná ndez, y Zaldı́var, 2004; Pé rez Alvarez y Garcı́a Montes, 2006; Garcı́a Montes, Pé rez Alvarez y Sass, 2010; Garcı́a Montes y Pé rez Alvarez, 2010; Pé rez Alvarez, 2012a, 2012b; Montes y Pé rez Alvarez, 2016). Esta conceptualizació n se articula sobre 7 ejes: 1. La esquizofrenia es un trastorno de la persona no de su cerebro. En concreto es un trastorno del yo que con igura una forma de estar en el mundo. 2. La esquizofrenia se vincula en su aparició n en la historia humana en la edad moderna al inicio del siglo XIX con la aparició n de la tendencia individualizante. No hay constancia de su existencia anterior a este periodo, lo que no ocurre con otras psicosis. 3. Es frecuente que aparezca en la edad juvenil, cuando se con igura la identidad personal. 4. Tiene mejor pronó stico en los paı́ses menos desarrollados por mayor aceptació n y redes de apoyo (aú n sin medicació n). El entorno es clave. 5. Mayor incidencia entre inmigrantes con in luencia del desarraigo y factores socioeconó micos má s que gené ticos o neurobioló gicos. 6. Frente a la leyenda gené tica se impone el papel del ambiente. 7. Mayor importancia de la psicoterapia, sin renunciar a la medicació n, pero anteponiendo aquella a esta. Respecto a la ACT de Grupo existen dos lı́neas de referencias importantes. Una de ella es la coordinada por el australiano Erick M. J. Morris y cols. (Oliver, Morris, Jhons y Birne, 2011; Morris, Jhons y Oliver, 2013; Morris, Jhons y Oliver, 2016; y O’Donoghue, Morris, Oliver y Jhons, 2018) desde el sistema britá nico pú blico de salud mental; y la otra por los estados-unidenses Pearson y Tingey (2011) desde el sistema pú blico de salud mental norteamericano. El grupo britá nico en su publicació n má s actual (O’Donoghue, Morris, Oliver y Jhons, 2018) plantea una intervenció n grupal de 4 sesiones má s dos de seguimiento que por sus caracterı́sticas parece má s aplicable a personas ingresadas en unidades de agudos de corta estancia y a los llamados nuevos episodios psicó ticos normalmente en jó venes. Las sesiones se enfocan en la aceptació n y defusió n de las experiencias psicó ticas usando la metá fora raı́z del autobú s hacia la activació n hacia sus valores en presencias de esas experiencias. La composició n del grupo suele ser de unos 8 a 10 jó venes, presentando el grupo como talleres de habilidades má s que como terapia y con la ayuda de varios facilitadores junto al director principal (terapeuta y coterapeutas) en sesiones de 2 horas con descansos en medio para un refrigerio y contacto social má s abierto. Las sesiones se suelen estructurar en la siguiente secuencia: 1-Se realiza un ejercicio de calentamiento que pueden ser por ejemplo sencillos estiramientos fı́sicos 2-Se realiza un ejercicio de atenció n plena que es compartido en el grupo lo que les evoca. 3-Se discute la actividad planteada en la sesió n de la semana pasada para trabajar entre sesiones (de aceptació n/defusió n y activació n a valores) 4-Se comparte en grupo como la manejaron y se moldea gradualmente su mejora 5-Plani icació n de una nueva actividad para hacer entre semana (de aceptació n/defusió n y activació n a valores) El grupo estado-unidense (Pearson y Tingey, 2011) se dirige a personas con experiencias psicó ticas má s croni icadas, aunque puede emplearse tambié n en condiciones agudas. Los grupos son de unas 12 personas, sin plantear un nú mero ijo de sesiones, aunque en principio realizan un protocolo lexible de 18 sesiones de unas dos horas por sesió n. Las sesiones se estructuran de la siguiente manera: 1-Sesiones 1 a 3: Aprender a estar presentes en el aquı́ y ahora 2-Sesiones 4 a 6: Desactivar el ruido. Vivir con pensamientos y voces 3-Sesiones 7 a 9: Aceptació n, Identi icar y dejar ir sin luchar 4-Sesiones 10 a 12: De inició n de “Yo soy”. El ser como contenido, proceso y contexto 5-Sesiones 13 a 15: Clari icació n de valores y metas. Autonomı́a y direcció n signi icativa en la recuperació n 6-Sesiones 16 a 18: Comprometerse con un curso de acció n. La vida signi icativa y sus barreras Tambié n se han realizado experiencias grupales de ACT con personas con experiencias psicó ticas relevantes en otros lugares y contextos como el metaná lisis de la britá nica Sally Bloy (Bloy, 2013) sobre la efectividad de la ACT individual y grupal en psicosis esquizofré nica demostrando que la ACT es efectiva en aumentar la lexibilidad psicoló gica en los pacientes con psicosis y disminuir sus rehospitalizaciones. Los portugueses Castilho y cols. (2015) desde la Universidad de Coimbra desarrollaron un protocolo de 4 sesiones grupales para personas con experiencias psicó ticas ingresadas en unidad de agudos con el resultado de reducir los niveles de paranoidismo y evitació n experiencial con mayor efecto respecto a otras personas ingresadas por psicosis que solo recibı́an medicació n u otras intervenciones psicoló gicas. Otro protocolo es el de Butler (2016) de seis sesiones de ACT de Grupo en ré gimen ambulatorio má s centrado en valores y activació n conductual en forma de acciones comprometidas que es distinto a protocolos grupales hospitalarios má s centrados en aceptació n y defusió n de las experiencias psicó ticas; protocolo que se mostró efectivo. En el contexto de la atenció n de la red de salud mental pú blica tambié n hay experiencias positivas sobre la efectividad de la ACT Grupal aplicada a personas con experiencias psicó ticas: • Aplicació n de un protocolo de ACT Grupal en combinació n con procedimientos psicodramá ticos (Bolancel, 2012) en 6 sesiones de 2 horas aplicado a pacientes ambulatorios de un centro de Có rdoba (Españ a) • Aplicació n de un protocolo de ACT Grupal aplicado a un grupo de 36 personas con diagnó stico de psicosis y otros trastornos de personalidad (Gonzá lez y Navarro, 2014), durante 36 sesiones de 2 horas a lo largo de 9 meses en una comunidad terapé utica de Jaé n (Españ a) • Aplicació n de un protocolo de ACT Grupal en un Hospital de Dı́a en Granada (Españ a) aplicado a pacientes psicó ticos con cierta cronicidad y de apoyo a sus familiares (Roldá n y cols., 2014 y 2015) con buenos resultados en la reducció n de la evitació n experiencial, reducció n de las rehospitalizaciones, y mejoras en la relació n entre estas personas y sus familiares. Desarrollado en un programa de 20 sesiones de 2 horas casa una, donde el aprendizaje y el uso frecuente del aná lisis funcional de la conducta por estas personas es central para discriminar o notar si lo que hacen les conduce o no a la vida que desean y les importa a ellos. Podemos adicionalmente considerar 4 aspectos particulares que suelen ser necesarios si hacemos ACT de Grupo con personas con experiencias psicó ticas: 1-Que estas personas cuenten con una red de apoyo de cuidadores o monitores en su vida diaria que les proporcionen apoyo emocional y guı́a en soluciones de problemas prá cticos diarios con mayor o menor supervisió n segú n qué casos. 2-Estos cuidadores, que en muchas ocasiones no son personal contratado para estas funciones, sino sus mismos familiares pueden requerir tambié n de atenció n psicosocial (en formato grupal o individual). Existe investigació n que apunta a que la mejora de la lexibilidad psicoló gica de los familiares mejora el pronó stico de las personas con experiencias psicó ticas de estos familiares. 3-Con los cuidadores en grupos ACT se usa mucho la metá fora de los depó sitos de energı́a y como recargarlos tambié n dirigié ndose a sus propios valores y aceptació n/defusió n vs lucha; como forma de enmarcar la intervenció n grupal con ellos. 4-Con las personas con experiencias psicó ticas las metá foras y ejercicios experienciales son presentados y trabajados de manera muy directa, activa, isicalizada y dramatizada de manera participativa en las sesiones grupales. E) La ACT de grupo con adultos con otros problemas: La ACT de Grupo ha sido aplicada a gran cantidad de problemas humanos dada las caracterı́sticas comunes transdiagnostica implicadas en la evitació n experiencial y la in lexibilidad psicoló gica implicadas en como las persona encaramos el sufrimiento emocional y la e icacia de esta terapia para aumentar el rango de posibilidades de conectar con rutas de vida valiosas aú n en presencia del malestar. Es importante no olvidar en esta relació n la diversidad de paı́ses y contextos donde se ha aplicado la ACT de Grupo a diversos problemas como es el caso de Irá n, Suecia, Estados Unidos, Españ a… Algunas de estas aplicaciones han sido: 1-Mujeres con cáncer y malestar emocional asociado (Esmali y Alizhade, 2015; Sadeghi y cols. 2017; ambos en Irá n): 8 sesiones de ACT de Grupo mejora la calidad de vida de estas mujeres y otras medidas de su salud mental frente a un grupo de control. 2-Adolescentes con dolor crónico y problemas emocionales asociados (Kanstrup y cols. 2016 en Suecia): Compara un programa de ACT individual con uno grupal dirigido a estos adolescentes y sus padres siendo ambos igual de efectivos sin diferencias en la reducció n del dolor, activació n hacia á reas de vida valoradas y otros indicadores emocionales. 3-Ancianos con múltiples problemas asociados a ansiedad-depresión y dolor crónico (Luci y cols. 2016 en Estados Unidos): Inicialmente con la ACT de Grupo no se obtuvieron cambios signi icativos, lo que sirvió a sus proponentes para reenfocar su trabajo haciendo cambios en la aplicació n de la ACT Grupal con esta població n. Esos cambios consistieron en limitar la cantidad de contenidos que se presentan en las sesiones, repetir con frecuencia los conceptos claves, exponer metá foras que sean reproducibles mediante dramatizaciones directas en ejercicios experienciales en vivo en las sesiones y presentar resú menes escritos claros y concisos. Es un estudio de có mo aprender de resultados no positivos, estudios desgraciadamente escasos en la actualidad. 4-Personas adultas con diversos problemas transdiagnósticos (Glover y cols.; 2016 en Estados Unidos): El estudio mostró que se consiguieron resultados en la mejora de la lexibilidad psicoló gica y otros indicadores de salud, pero hubo un porcentaje importante de personas que no respondieron a la intervenció n, lo que encaminó a sus autores a seguir investigando que factores predictivos pueden servir para seleccionar las intervenciones y mejorarlas. 5-Adultos fumadores (McClure y cols., 2020 en Estados Unidos): Tanto la ACT de Grupo como la TCC de Grupo de segunda generació n, consiguieron resultados similares 6-Adultos con ibromialgia (Guallar, 2014, en Españ a): La ACT de Grupo ayudó al 80% de las personas de estos grupos a mejorar su calidad de vida y aceptació n del dolor 7-Reducción del estrés en adultos con esclerosis múltiple (Fatemech y cols. 2017, en Irá n): Se compararon grupos de ACT y Logoterapia con resultados inales similares, excepto en la reducció n de estré s percibido donde ACT fue superior 8-Adultos con trastorno bipolar y ansiedad (Pankowsky y cols. 2016, en Suecia): Mejoras en la calidad de vida, en los sı́ntomas en general y la reducció n de la ansiedad. 9 Qué y cómo evaluar en ACT de Grupo En la ACT de Grupo evaluamos los progresos entre sesiones mediante el manejo de ocasiones que re ieren en sus relatos los miembros del grupo se encontraron con di icultades y respondieron ante ellas de manera orientada por sus valores; o sea mediante sus repertorios de lexibilidad psicoló gica. Igualmente durante las sesiones observamos có mo responden a las metá foras y ejercicios experienciales desde las tres discriminaciones que indican lexibilidad psicoló gica (diferenciar contenidos verbales de experiencias, acciones bajo control aversivo de la evitació n experiencial vs aquellas orientadas en valores y el que ellos notan esas diferencias) observando su conducta verbal relatada de estas como sus acciones (y cambios no verbales) en las sesiones del grupo. Adicionalmente podemos tambié n observar nuestra propia reacció n emocional del clima grupal en determinados momentos en nosotros como terapeutas como indicador del impacto del grupo global en nosotros y de nosotros en este. En resumen lo que evaluamos es: 1-Progresos/ Problemas relatados entre consultas que relacionamos con la lexibilidad psicoló gica, principalmente el relato de acciones comprometidas que viven como valiosas aún ante circunstancias di íciles, o atascos o evitaciones de estas acciones comprometidas valiosas 2-Problemas/Progresos relatados y observados en las mismas sesiones, principalmente respuestas que se van aproximando a las tres discriminaciones referidas, y que desde una perspectiva FAP+ACT son CCR2s; las discriminaciones D1 y D2; y CCR3 la discriminación D3. El relato verbal de problemas entre sesiones que se expresa como di icultades con esas tres discriminaciones en las mismas sesiones son CCR1s. 3-La conducta relacional entre los miembros del grupo individuales y el clima global del grupo tambié n es fuente de datos de CCR1, CCR2 y CCR3 (Ver parte III de esta obra) en cuanto que las agendas de control por luchar/evitar el malestar experimentado en las mismas sesiones por todos puede alejarnos de abrirnos/defusionarnos al mismo en este momento presente y desconectar con lo valioso (CCR1). Parar ante la presencia de este malestar referido verbalmente y experimentado, abrirnos y defusionarnos al mismo, compartir estas di icultades y reconectar con lo valioso personal (y lo que comparten y se aportan unos a otros) apuntan a CCR2. Notar todo esto y nuevas formas de tomar perspectiva ante historias personales compartidas que se repiten, potenciales CCR3 má s ajustadas. Si los miembros del grupo relatan que venir al grupo les resulta atractivo y ú til (cohesió n grupal) para tomar su vida desde sus valores y re ieren actuar en relació n a ellos, y eso ademá s se evidencia en observaciones nuestras como terapeutas y de sus propios compañ eros en las mismas sesiones estará n experimentando repertorios de mayor lexibilidad psicoló gicas, las CCR2 objetivos má s importante de la ACT Grupal. Evaluar esos problemas y progresos (Repertorios de Flexibilidad Psicoló gica en formas de D1-D2-D3 y relaciones grupales) podemos hacerlo de diferentes formas complementarias: 1º-Observando las respuestas de los miembros del grupo a los ejercicios de D1, D2 y D3 en las mismas sesiones como conductas clı́nicamente relevantes (CCRS, tipo CCR1-Problemas aquı́ y ahora con la lexibilidad psicoló gica, tipo CCR2-Progresos aquı́ y ahora con la lexibilidad psicoló gica y tipo CCR3-Darse cuenta o notar las diferencias contenidos vs experiencias y evasiones vs acercamientos valiosos). 2º-Usando Cuestionarios que evalú en la lexibilidad psicoló gica y aspectos de sus 6 procesos que habitualmente suelen estar enfocados a las vidas diarias de los miembros del grupo. Por ejemplo usando el Cuestionario de Evitació n Experiencial-AAQ2 de Hayes, Strosahl, Wilson y cols. 2004; y/o el Inventario Multidimensional de Flexibilidad Psicoló gica-MPFI de Rolffs, Rogge y Wilson, 2016 / o la Escala Hexa lex de Chantry…etc. ). Nosotros hemos creado nuestra propia escala que tiene la ventaja sobre estas anteriores a nuestro parecer, pues falta validarla; de que recoge tanto la experiencia semanal de la lexibilidad psicoló gica y algunos ı́tems relevantes de la intimidad personal de la FAP; y las mismas experiencias de la sesió n de grupo experimentada en ese mismo dı́a. O sea tenemos informació n tanto de la experiencia fuera como dentro del grupo, lo que nos puede servir para trabajar la equivalencia funcional desde FACT entre ellas. Tambié n la escala nos sirve de recordatorio frecuente a la metá fora raı́z del autobú s y los objetivos de la terapia grupal (El viaje del autobú s de mi vida durante la semana/en la sesió n que hemos tenido. Ruiz, 2020. Ver apartado 19 de este libro). 3º-Recabando los registros de tareas entre o intra sesiones pedidas a los miembros del grupo (Que suelen ser tareas encaminadas a los 6 procesos del Hexa lex y de activació n conductual comprometida en direcciones valiosas de manera secuencial o segú n las necesidades o problemas del grupo en cuestió n). Un potente registro resumen de có mo evolucionan en la terapia y que puede usarse tanto para experiencias referidas de sus vidas diarias como experimentadas en el grupo es el uso de la Matrix de Kevin Polk. Ver apartado 6 de este libro. En lı́neas generales para saber si nuestro grupo avanza con la ACT Grupal hacia una mayor lexibilidad psicoló gica podemos guiarnos por una serie de indicadores, ademá s de todos los referidos anteriormente: 10 La supervisión de los terapeutas de ACT de Grupo Consideramos que si supervisas o te supervisan para mejorar tus habilidades y experiencias con ACT de Grupo es deseable que enfoques esta actividad de supervisió n desde 5 aspectos: 1º-Aprender a usar el Aná lisis Funcional de la Conducta ante las di icultades del terapeuta ante las experiencias con el grupo: Es posible y frecuente que como terapeutas nos veamos má s de una vez en situaciones donde nos sentimos atascados o envueltos en con lictos relacionales con un miembro del grupo o con la experiencia global del grupo en un momento dado. ¿Qué podemos hacer ante estos impases? Evidentemente no tenemos siempre a mano respuestas para todos como un libro de recetas. Sin embargo nos puede ser de mucha ayuda usar con los supervisados, o en nuestro caso si estamos solos ante “el peligro”, la Matrix de Kevin Polk como mé todo de aná lisis funcional bastante ú til para generar respuestas má s lexibles a estos atolladeros (Ver Matrix adaptada en la siguiente pá gina). “Darnos cuenta” de los impases y a donde nos conduce nuestras acciones nos puede clari icar por “donde tirar” que es valioso para nuestro grupo y nosotros como terapeutas. 2º-Aprender a valorar la propia lexibilidad psicoló gica como terapeuta en la experiencia con su grupo, los puntos fuertes o recursos y los puntos dé biles a mejorar: Al terminar cada sesió n podemos hacernos las siguientes preguntas, o hacerlas al supervisado. 3º-Tener unos criterios mı́nimos para saber si tu grupo progresa: ¿Có mo sabremos en la supervisió n o incluso si no la tenemos, si nuestro grupo progresa? Los 5 criterios siguientes nos pueden servir de guı́a: 1º-Los miembros del grupo acuden a la mayorı́a de las sesiones. 2º-Expresan que se dan cuenta de las tres discriminaciones y actú an de manera valiosa aú n en presencia de experiencias desagradables para ellos. 3º-Realizan actividades valiosas entre sesiones. 4º-Puntuan en los cuestionarios en mayor lexibilidad psicoló gica o menor in lexibilidad psicoló gica o evitació n experiencial. 5º-Expresan que la experiencia grupal compartida con sus compañ eros/as de grupo le resulta importante y ú til en sus vidas diarias. 4º-Estar lo menor preparado posible para manejar problemas habituales que pueden aparecer en las sesiones iniciales, intermedias y inales Preguntamos al supervisado/a en qué momento se encuentra su grupo o a nosotros mismos como terapeutas: En las sesiones iniciales los miembros del grupo está n muy controlados socio-verbalmente por sus agendas-reglas de cambio de evitació n o control de su malestar sintomá tico. En estos casos usamos con frecuencia preguntas funcionales sobre la desesperanza creativa (“¿Y haciendo todo esto veis que desaparezca ese malestar que contá is a la larga? ¿Y si no es ası́, que os trae aquı́?”). En las sesiones intermedias la aceptación/apertura de las experiencias evitadas que restringen la calidad de vida de los miembros del grupo es el tema central. Trabajaremos con contactar en las mismas sesiones con la evocació n de experiencias evitadas que restringen las acciones valiosas y la posterior activació n conductual progresiva con acciones en direcciones valiosas. Podemos dramatizar estas “duras” experiencias en el grupo y abrirnos a ellas para caminar hacia lo que nos importa, en una exposición a claves o estı́mulos internos y externos para avanzar en esa dirección no para reducir ansiedades o controlar los síntomas. En las sesiones inales si se ha vivido como es habitual el espacio grupal como un ambiente seguro, no punitivo y altamente reforzante en validaciones de experiencias evitadas puede ser difı́cil terminar y hacer el “duelo” tanto para los miembros del grupo y para el/la terapeuta. Para ello en las ú ltimas sesiones ya vamos preparando esta despedida dolorosa resumiendo y agradeciendo lo aprendido, lo que nos ha resultado ú til de esta experiencia grupal, y pará ndonos a abrirnos y aceptar en vivo en la sesió n ese dolor me marcha que estamos experimentando en el aquı́ y ahora como parte natural de la vida de las personas y los grupos. Tambié n podemos hacer sesiones cada má s espaciada de seguimientos para disminuir dependencias grupales. 5º-Como afrontar la experiencia de estar solo como terapeuta sin coterapeutas y sin supervisor (en servicios pú blicos masi icados suele ser frecuente): Puede darse el caso que por requerimientos de la institució n y la “presió n asistencial” o por otras circunstancias, nos encontremos solos con un grupo sin ayuda de otros colegas como coterapeutas y sin supervisor o supervisara. ¿Qué podemos hacer si estamos solos con el grupo para supervisar y mejorar nuestro trabajo como terapeutas de grupos? Sugerimos experimentar lo siguiente: 1-Usar el feedback del propio grupo para ver có mo van las cosas, preguntado có mo te perciben en ese tema concreto, e incluso usando el Hexa lex de ellos para ti mismo. 2-Usar el doble papel de actores y directores de los miembros del grupo como coterapeutas de sus compañ eros/as. 3-Tratar de conectar con otros terapeutas contextuales de grupo vı́a online o similar y compartir tus experiencias grupales con ellos 4-Trata de implicarte en experiencias y actividades grupales con amigos y conocidos de manera natural en tu vida diaria como forma de practicar las relaciones grupales, ya sea en actividades vecinales, laborales, familiares, de ocio, deporte, etc. PARTE III: LA FAP DE GRUPO (Juan J. Ruiz Sánchez) 11 Bases conceptuales y empíricas de la FAP de Grupo 11.1. Que es la FAP (PAF). Intervenir en vivo en los problemas, progresos y explicaciones de los clientes en consulta: La Psicoterapia Analı́tica Funcional (P.A.F en españ ol y F.A.P en inglé s de Functional Analytic Psychotherapy) es una terapia de raı́z conductista radical que aparece por primera vez en una publicació n de 1987, junto a la ACT en ese mismo añ o (Khonlenberg y Tsai, 1987) y que se de ine por 5 caracterı́sticas centrales (Kohlenberg y Tsai, 1991; Tsai, Kohlenberg, Kanter, Kohlenberg. Follette y Callaghan, 2008; Kanter, Tsai y Kohlenberg, 2010; Tsai, Kohlenberg, Kanter, Holman y Plummer Loudon, 2012; Holman, Kanter, Tsai y Kohlenberg, 2017): A-Es una terapia basada en el conductismo radical de B.F. Skinner. Es decir parte de la relació n del organismo humano unitario y su ambiente mediante sus conductas y los efectos o funciones de esta en ese ambiente de su vida. Se consideran conductas cualquier actividad del sujeto, ya sean sus acciones abiertas visibles para otros (hacer y hablar) o encubiertas visibles para uno mismo (pensar, sentir, soñ ar/imaginar, recordar..) que tienen funciones o ines en la vida de las personas (Skinner,1975). Bá sicamente la conducta puede ser involuntaria, regida por los principios de aprendizaje del condicionamiento clá sico/respondiente (muchos pensamientos, sentimientos, recuerdos, son involuntarios) o voluntaria orientada o discriminada por las situaciones donde aparece y bajo control de sus efectos en el mundo ambiental (condicionamiento operante); siendo una de las principales conductas operantes, no solo las acciones abiertas sino tambié n la llamada conducta verbal (hablar y pensar) que suele ocurrir en muchas ocasiones en relaciones interpersonales. B-Se centra en la equivalencia funcional entre los problemas, progresos y explicaciones de los clientes en su vida diaria y en las sesiones de terapia. Es decir las di icultades, progresos y explicaciones que presentan una persona, se verá re lejado en las mismas sesiones con clases de conductas que tienen las mismas funciones o inalidades en presencia del terapeuta y/o grupo. No importa tanto el parecido en la forma de esas conductas (su topografı́a) sino su parecido funcional, aunque su forma o topografı́a sea distinta. Por ejemplo una persona en grupo explica que se suele aislar de los contactos sociales y en la sesió n grupal no interviene en la mayorı́a de las sesiones a no ser que el terapeuta le pida hacerlo, permanece cabizbajo, cuando habla evita el contacto ocular y re iere que hablar en el grupo le resulta incó modo o desagradable. Otra persona expresa que ha logrado en su vida diaria enfrentar una situació n que evitaba con su jefe en el trabajo pidié ndole ciertos cambios en sus condiciones de trabajo y en el grupo pide a sus compañ eros que le escuchen porque tiene algo importante que compartirles donde ha progresado. C-Intervención en vivo en las mismas sesiones: Muchas terapeutas en las sesiones lo que hacen es entrenar en habilidades o escuchar/evaluar los problemas que relatan los clientes y desde sus aná lisis prescribir tareas entre sesiones para que sus clientes cambien su forma de actuar en su vida diaria de modo má s adecuado para ellos. Por ejemplo, un cliente describe que le cuesta hablar en pú blico y que es importante hacerlo para este por cuestiones acadé micas o sociales. El terapeuta puede valorar sus habilidades sociales en asertividad mediante entrevistas y cuestionarios, sus pensamientos distorsionados, etc.; entrenarle en la sesió n mediante roles-playings o juegos de papeles y prescribirle tareas entre sesiones donde aplique lo aprendido en la sesió n en su vida diaria. La FAP no resta importancia a esta manera de intervenir, pero ademá s considera clave que ya el intercambio de conductas del cliente con el terapeuta en la consulta, en la relació n entre ambos, son las ocasiones principales donde se hacen los cambios. Esto no es simplemente un matiz al tipo de intervenció n previo, sino toda una concepció n de la terapia. Si volvemos al tema del cliente con problemas de aserció n en su vida diaria, en la consulta estos problemas/mejoras y explicaciones de porque le ocurre eso, aparecerá tambié n en la sesió n, siendo ocasió n para intervenir directamente por ejemplo observando cuando parece ese problema en el aquı́ y ahora de la relació n con este, evocando ocasiones donde tenga que expresar su opinió n, reforzando que lo haga, etc. D-La relación terapéutica no es un ingrediente más de la terapia sino el principal medio de producir cambios relevantes en la terapia. Este es el nú cleo de la FAP que comparte semejanzas con otros enfoque de terapias no conductistas como la terapia cognitiva interpersonal (Safran y Segal, 1990) o las psicoterapias diná micas breves (Malan, 1979). Esta es su principal aportació n a la terapia de conducta o terapias cognitivas-conductuales. Para ello de ine lo que son las conductas clı́nicamente relevantes y las 5 reglas terapé uticas (Kohlenberg y Tsai, 1991). E-Otra de sus principales aportaciones es su planteamiento de cómo se aprenden los problemas del Yo (trastornos de personalidad), que los mantiene y su tratamiento. Esto en las terapias conductuales supone una novedad de gran importancia, ya que junto a la Terapia Dialé ctica Conductual de Marsha Linehan, desarrolla todo un campo de intervenció n en estos problemas complejos y difı́ciles al cambio. Debemos hacer sin embargo una advertencia, la FAP aparece originalmente como una terapia individual que transcurre entre el terapeuta y su cliente, dando al terapeuta un rol central en el cambio. De los 5 manuales en inglé s de FAP existentes en la actualidad y referenciados a sus creadores (Kohlenberg y Tsai, 1991; Tsai, Kohlenberg, Kanter, Kohlenberg. Follette y Callaghan, 2008; Kanter, Tsai y Kohlenberg, 2010; Tsai, Kohlenberg, Kanter, Holman y Plummer Loudon, 2012; Holman, Kanter, Tsai y Kohlenberg, 2017) solo en uno (Kanter, Tsai y Kohlenberg, 2010) aparece un capı́tulo dedicado a la terapia FAP de Grupo. La cuestió n, es que esto es relevante, ya que como veremos hay ciertas diferencias entre ambos formatos, sobre todo cuando trabajemos con grupos de má s de 5 personas, como veremos en otros puntos de este libro. 11.2. Fundamentos teóricos de la FAP. Conductismo radical aplicado a la relación terapeutica: La centralidad del conductismo radical en la FAP deriva del análisis funcional que se hace la conducta verbal del cliente en la sesión en relació n al terapeuta y/o grupo, especialmente de sus funciones de tactos (el cliente describe cosas que pasan en su vida o en su mundo interior debajo de su piel (sensaciones, pensamientos y sentimientos); mandos (el cliente pide algo al terapeuta y/o a sus compañ eros del grupo) y de mandos disfrazados (el cliente pide algo al terapeuta y/o a sus compañ eros del grupo bajo la apariencia de estar contando algo que le pasa). Estas funciones o ines pueden pasar inadvertidas al propio cliente (en este sentido se hablan que son inconscientes) y se de inen no tanto por la forma que tienen (su topografı́a) sino por el efecto, funció n o inalidad en sus relaciones interpersonales. Por ejemplo un cliente puede estar describiendo có mo se siente, el terapeuta o compañ eros de grupo seguir conversando con este estimulando que hable má s de esos sentimientos y nos ayude a entenderle mejor, que necesidades podrı́a revelar, es decir a inando o moldeando su conducta verbal de sus tactos para que el cliente “contacte” mejor con sus necesidades personales (a veces muchos clientes no expresan sus necesidades má s personales) y eso les genera problemas en sus relaciones con otras personas. Otro cliente en el grupo puede solicitar abiertamente que necesita algo del grupo (por ejemplo un abrazo) y el grupo responder a ello con ese abrazo (mando); o bien puede en las sesiones de grupo quejarse de la poca atenció n que le presta su mé dico en sus revisiones, de la poca atenció n que a veces muestra sus compañ eros de grupo a lo que dice en las sesiones obteniendo ası́ indirectamente, a travé s de esa queja atenció n del grupo o del terapeuta (un posible mando disfrazado; que en otras versiones de terapias psicodiná micas reciben el nombre de “alusió n a la transferencia”). El principal trabajo del/la terapeuta FAP es “discriminar” o darse cuenta de có mo los problemas, progresos y explicaciones de los clientes o de los miembros del grupo que describen o relatan de sus vidas diarias, se hacen mani iestos en las mismas sesiones o reuniones de grupos; sobre todo por la equivalencia funcional o semejanzas entre lo que persiguen (las funciones de sus conductas), sean estos consciente o no de ello; tanto en su vida diaria como en las sesiones. Para ello desde FAP se habla de tres tipos de conductas clı́nicamente relevantes (CCRs) en esas equivalencias presentadas en la sesiones que mayormente aparecen verbalmente en sus relatos como tactos, mandos y mandos disfrazados: las CCR1-Problemas, CCR2-Progresos/Objetivos del cambio (menos frecuentes en las sesiones iniciales) y CCR3-Las explicaciones, creencias o atribuciones que hacen para explicar a los otros y a ellos mismos la persistencia de sus problemas o la aparició n de sus cambios y progresos. Una vez que el terapeuta ha detectado o dado cuenta de esas CCRS en varias sesiones (las CCR1, las CCR2 y las CCR3) tiene a travé s de la relació n con su cliente o grupo dos procedimientos derivados del aprendizaje o condicionamiento operante para disminuir las CCR1, aumentar las CCR2 y ajustar las explicaciones de las CCR3; el uso del reforzamiento natural y el moldeamiento por aproximaciones sucesivas a travé s de sus propias reacciones a las conductas del cliente o grupo. Paralelamente el/la terapeuta debe estar atento en muchas ocasiones de nuevo a la equivalencia funcional fuera/dentro de las sesiones a travé s del aná lisis funcional: “¿Los factores de control antecedentes y en sus consecuencias de esta clase de conducta (CCR1, CCR2, CCR3) expresadas como tactos, mandos y mandos disfrazados en sus conductas verbales (y a veces de manera también no verbal) son los mismos en su vida diaria y dentro en la consulta o grupo en determinadas y frecuentes ocasiones?” 11.3. Relaciones interpersonales y relaciones terapéuticas. El tema de la transferencia en la FAP: En la ú ltima dé cada las neurociencias está n de moda y el “cerebrocentrismo” se ha constituido en un marco de referencia para investigar y explicar el comportamiento humano (Pé rez Alvarez, 2011). Desde esta perspectiva “el cerebro” explicarı́a todas las vicisitudes de la vida de una persona (Damasio, 2010, Gazzaniga, 2012). Pero realmente las limitaciones de esta perspectiva cuando nos relacionamos con un cliente o un grupo para hacer terapia son enormes, salvo que presente un problema neuroló gico constatado (Ruiz, 2013). Nada nos aporta para orientarnos en có mo tratar los asuntos de la vida de una persona o un grupo a pesar de que suele aparecer en el horizonte como una explicació n robusta y seria pero que a la larga no es má s que una “logomaquia circular” llena de hipó tesis explicativas cuya utilidad no va má s allá de la receta un psicofá rmaco por el clı́nico mé dico para restaurar un supuesto desequilibrio quı́mico tambié n puesto en duda por algunas perspectivas psiquiá tricas (Moncrieff, 2009). Las relaciones humanas cercanas e ı́ntimas ya sea en la vida diaria o en las terapias psicoló gicas generan vı́nculos afectivos má s o menos intensos relacionados con emociones de aproximació n o distanciamiento cuya comprensió n y manejo se consideran esenciales para hacer una terapia que produzca cambios relevantes (Kohlenberg y Tsai, 1991). La primera conceptualizació n prá ctica del papel de las relaciones humanas cercanas e intensas y su rol en el mantenimiento y cambio de la conducta en el campo de la psicologı́a y la psicoterapia fue formulada por Sigmund Freud y su creació n del psicoaná lisis. Los conceptos de transferencia y contratransferencia son centrales en esta conceptualizació n. Segú n Laplanche y Pontalis (1968) la transferencia solo tiene sentido en la cura psicoanalı́tica y se de ine como una repetició n de prototipos infantiles donde los deseos inconscientes se actualizan sobre ciertas relaciones objé tales. Ası́ desde la perspectiva clá sica hay una transferencia positiva débil donde se movilizan sentimientos amistosos y afectuosos del paciente hacia el terapeuta y una transferencia positiva erotizada que en la prá ctica se muestra como negativa, ya que es sinó nimo de resistencia, en cuanto detiene el trabajo asociativo del analizado. La transferencia propiamente negativa se caracteriza por la expresió n de sentimientos hostiles y de enojo hacia el psicoanalista. Lacan (1981) sostuvo que conviene una transferencia negativa suave para el mejor luir del tratamiento. En el añ o 1914 Freud y sus seguidores entendı́an la transferencia como una resistencia a la cura (Freud, 1914) ya que el paciente se limitaba a repetir modelos de conductas anteriores sin hacer cambios, por lo que habı́a que interrumpir esta, analizá ndola e interpretá ndola cuando aparecı́a en la sesió n ante el terapeuta. Las reacciones emocionales y de acció n del terapeuta ante estas conductas del paciente conformaban la contratransferencia, que igualmente debı́a ser auto-analizada y auto-interpretada por este u otro colega si le supervisaba, para no caer en ese ciclo repetitivo. En la dé cada de los añ os 50-60 del siglo XX, los psicoanalistas se dividı́an entre los que pensaban que la contratransferencia era un obstá culo a superar para hacer avanzar la terapia y entre lo que la consideraban un instrumento valioso para entender la conducta del paciente en la sesió n. Un desarrollo má s reciente de la concepció n psicoanalista de la transferencia y la contratransferencia se encuentra en la obra de Otto Kernberg (2005) cuyas aportaciones son relevantes para los clı́nicos interesados en la relació n terapé utica, sigan o no al psicoaná lisis. Su planteamiento, de modo sucinto, se basa en estar atentos en cada sesió n a cuando aparecen las reacciones o conductas afectivas má s intensas (sean positivas o negativas), usando el/la terapeuta tres canales de observació n: el relato del paciente en lo que dice y como lo dice (canal 1), los movimientos y gestos del paciente no verbales (canal 2) y las reacciones subjetivas del terapeuta ante las conductas del paciente (canal 3) como una especie de radar que capta el impacto de la relació n en este; sobre todo los sentimientos “proyectados” y que tolera mal o evita el paciente y que el/la terapeuta debe preguntarse si provienen de esa relació n o de con lictos personales irresueltos y usarlos en sus interpretaciones con el cliente en cuestió n para producir cambios. Al lector con mentalidad conductual pudiera parecerle prescindible todos esto apuntes histó ricos y má s si son de origen psicoanalı́tico, pero desde nuestra perspectiva evitar con hostilidad o desprecio este tema, no harı́a má s que con irmar una serie de prejuicios y una falta de conocimientos histó ricos de las conexiones inadvertidas entre el psicoaná lisis y el conductismo, que precisamente conforma una parte importante de la psicoterapia analı́tica funcional no siempre explicitada con total claridad. De hecho en la obra original de FAP (Kohenberg y Tsai, 1991) se reconoce abiertamente la contribució n psicoanalı́tica a la FAP. Propuestas y desarrollos posteriores del psicoaná lisis en sus versiones de psicoterapias breves, teorı́a del apego y psicoaná lisis relacional (Ruiz, 2013) introducen nuevas y numerosas aportaciones en có mo entender y manejar las relaciones terapé uticas, que no está n demá s conocer para el lector interesado en este tema, sea su origen psicodiná mico o no. Y esto es ası́ no por capricho del autor de estas lı́neas sino porque en la propia gé nesis de la FAP está n estos encuentros y enriquecimiento mutuos de perspectivas, aunque despué s sea expresado en lenguaje del conductismo radical, con sus ventajas de hacer operativo el trabajo relacional del cambio sin usar jergas y constructos difı́cilmente contrastables y manejables. Tambié n hay que apuntar que dentro de las terapias de segunda generació n asentadas en el enfoque cognitivo de reestructuració n cognitiva hubo desarrollos signi icativos centrados en el cambio cognitivo de creencias y pensamientos disfuncionales a travé s de la relació n en vivo del paciente y terapeuta en la misma sesió n (Safran y Segal, 1990/1994; Ruiz, 1992,; Ruiz y Cano, 2002). Se indaga có mo se siente el paciente en el momento presente, en determinados momentos de la sesió n donde parece incomodo o molesto o bien expresa emociones positivas intensas, se sondea sus cogniciones al respecto e igualmente que suscita en nosotros como terapeutas en nuestras emociones, cogniciones y reacciones conductuales ante el paciente, y como estas reacciones nuestras pueden estar reforzando inadvertidamente esos patrones cognitivos relacionales disfuncionales y có mo actuar interrumpiendo esos ciclos usando esas “observaciones participantes”. La propuesta de la FAP, nutrié ndose de las perspectivas anteriores, sin embargo es distinta en varios aspectos. Primero no expone la transferencia y la contratransferencia en términos mentalistas como un proceso inconsciente o unas creencias de donde brotan o salen esas acciones que se repiten en patrones de conductas sino como un intercambio de conductas aprendidas que se ponen en juego en las relaciones segú n la historia previa de ambos participantes y el contexto actual de la terapia en marcha. Segundo especı́ ica de manera operativa el tipo de conductas a las que atender en las relaciones según su funcionalidad (los tres tipos de CCRs). Tercero de ine una serie de reglas orientativas y lexibles de cómo manejarnos en las sesiones (las 5 reglas) para que aumenten las posibilidades de lograr cambios signi icativos y Cuarto especi ica las operaciones de aprendizaje subyacentes que operan en el cambio mediante estas relaciones que bá sicamente son el la evocació n y bloqueo de las evitaciones de las CCR1 como problemas en la sesió n y el reforzamiento y moldeamiento progresivo de las CCR2 y las CCR3 como mejoras e interpretaciones funcionales má s ajustadas en la sesió n. 11.4. Las relaciones a través del lenguaje. Las funciones de la conducta verbal en las relaciones interpersonales incluidas las de la terapia: La relació n de terapeutas y clientes o grupo es mayormente mediante lo que hablan entre ellos y las relaciones cotidianas entre las personas se realizan mayormente mediante la conducta verbal. Skinner en 1957 escribió una obra fundamental sobre la conducta verbal, llamada precisamente “Conducta verbal” cuyo objetivo es explicar el lenguaje como conducta operante que tiene funciones relacionales mayormente en contextos de relació n entre personas (hablantes y oyentes en una comunidad verbal regida por ciertas reglas socio-culturales, incluido la relació n del hablante consigo mismo (Skinner, 1957). Hablar con uno mismo en silencio en forma de pensar, imaginar, soñ ar o recordar (la llamada actividad cognitiva) con otras personas directamente o virtualmente (las llamadas conversaciones) o con objetos fı́sicos (en forma de lectura) o combinaciones de las anteriores (p.e conversació n por chat en Internet) son las formas habituales que adopta el lenguaje humano. Pero no son las formas o topografı́as de las distintas clases de conducta verbal lo relevante del lenguaje humano como conducta verbal sino las funciones que tienen estos usos del lenguaje, es decir sus para qué hablamos a otros o a nosotros mismos, los efectos que producen en otros y en nosotros mismos. Para ello Skinner (1957) hace una clasi icació n funcional de las distintas conductas verbales en relació n a las variables antecedentes y consecuentes de las mismas, es decir las situaciones donde es má s probable que se usen y sus para qué se usan, o sea sus contingencias operantes; dado que el lenguaje es una forma de hacer cosas a nosotros mismos y los demás (Guerin, 2015, 2016 y 2017). La clasi icació n de Skinner abarca 6 clases funcionales de conducta verbal: 1-Los Mandos: El hablante está controlado por una situació n motivacional antecedente que especi ica a un oyente la refuerce hacié ndola efectiva (“Dame agua” “Me gustarı́a que prestaras mucha atenció n a algo que quiero decirte”). 2-Las Ecoicas: Son respuestas verbales a estı́mulos a estı́mulos verbales cuyo reforzamiento corresponde a la correspondencia morfoló gica entre la respuesta y el sonido que la controla (“Responder agua cuando se escucha el sonido del agua o decir llueve cuando se oye la lluvia”). 3-Las Textuales: Respuesta verbal bajo control antecedente de un estı́mulo no auditivo y cuyo reforzamiento depende de una correspondencia formal con el estı́mulo (“Decir agua cuando se lee la palabra agua”). 4-Las Intraverbales: Respuestas verbales controladas por estı́mulos verbales sin correspondencia exacta entre el estı́mulo y la respuesta (“por ejemplo responder 6 al estı́mulo 2x3, o Copenhague al estı́mulo capital de Dinamarca”, “Alguien nos saluda diciendo hola y le respondemos con otro hola”). 5-Los Tactos: Las respuestas verbales está n bajo control antecedente de un estı́mulo particular de naturaleza no verbal que se refuerza mediante contingencias sociales convencionales. Se suele relacionar con lo que se llama el “signi icado de las cosas” y la “descripció n o relato” de lo que son las cosas (de inidas socialmente) tanto externas (por ejemplo “esto es una silla”) o internas (“Ahora me siento triste y decaı́do”). 6-Las Autoclíticas: Las respuestas verbales son autoreferidas y está n bajo el control de otros aspectos del comportamiento de la misma persona y modi ican las funciones de esa respuesta verbal (“Quiero una galleta de chocolate” dicho a otra persona, donde la palabra quiero y chocolate modi ican la cuestió n de pedir esa galleta en el sentido de expresar una necesidad y pedirla como mando a alguien; “Otros ejemplos: “Tengo un punto de vista algo diferente de este asunto” modi ican la funció n del punto de vista en referencia a que se tiene otra opinió n y que se desea comunicar a alguien). Muchas veces tienen pues las funciones combinadas de auto-tactos y mandos. Estas funciones autocrı́ticas ha sido aú n má s desarrollada desde la perspectiva postskinneriana de los marcos relacionales (Hayes y cols.) y el Yo contexto o perspectivas de los marcos deı́cticos. En la FAP se consideran como las clases funcionales verbales má s importantes en el á mbito clı́nico a las funciones de los auto-tacto, los mandos y los llamados mandos disfrazados o “tactos impuros” por el mismo Skinner. Esto suele ser ası́ porque los tactos y auto-tactos describen las vivencias subjetivas relatadas de los pacientes o miembros del grupo ante diversos hechos de sus vidas y a que la atribuyen. Hacer que los clientes o pacientes tacten sus experiencias implica muchas veces que estos contacten con las situaciones que la producen o que el terapeuta les evoca y ası́ tener oportunidades de notar o discriminar aspectos inadvertidos de las mismas que pueden ser de ayuda para sus objetivos en la vida. Igualmente los mandos implican reforzar que los clientes pidan cosas en sus vidas diarias a otras personas y en las sesiones grupales o individuales al terapeuta y sus compañ eros del grupo. Muchos problemas de las personas que acuden a terapia está n relacionados con di icultades para tactar y pedir lo que se necesita y para hacer lo mismo con las personas con las que nos relacionamos; es decir para pedirle que nos digan que necesitan de nosotros. Otras conductas relevantes en terapia se relacionan con las funciones de los tactos y los mandos como ha desarrollado Mavis Tsai en su “Modelo de Conciencia, Valor y Amor” (Tsai, Kohlenberg, Kanter, Kohlenberg y Follette, 2008) donde tomar conciencia de las necesidades propias y ajenas, atreverse a compartir en la relaciones ı́ntimas con valor aspectos de unos mismo que resultan vergonzosos o desagradables y expresar gratitud forman parte consustancial de las relaciones humanas má s cercanas y valiosas. Menció n aparte merece los llamados tactos impuros o mandos disfrazados que se relacionan en terapia con lo que tradicionalmente se ha llamado “fenó menos inconscientes” y que suelen relacionarse con funciones verbales inadvertidas tanto para el hablante como para el oyente pero que tienen funciones de mando en la relació n entre ambos. La mayorı́a de las veces se presentan como relatos del cliente o lo miembros del grupo en forma de tactos o auto-tactos (“Me pasó o me pasa al cosa que me hace sentir de tal manera que te cuento a ti” pero que tiene funciones de mando, “Me haces responder como si me estuvieras pidiendo algo indirectamente”). Un ejemplo puede ser relatar en la sesió n de grupo por parte de uno de sus integrantes que su mé dico no atiende sus demandas y que su familia no le comprende ni apoya en nada, con lo que el grupo y/o el terapeuta puede responder a esta demanda dando afecto y apoyo; o bien de manera má s terapé utica advirtiendo la equivalencia funcional entre lo que describe de su vida diaria y su queja en la sesió n y devolviendo una interpretació n funcional junto con una posible alternativa: T- “¿Puede ser que cuando te encuentras en tu vida diaria y en el grupo y sientes que las personas o tus compañ eros no te dan el afecto o la comprensió n que necesitas te quejas de esto para obtener al menos má s aprecio de tus compañ eros o esa gente? ¿Y no podrı́a ser mejor si realmente nos comparte de manera má s directa que es lo que má s necesitas de nosotros aquı́ y ahora?” 11.5. La equivalencia funcional. Las funciones de la conducta verbal en las relaciones interpersonales se re ejan en la sesión y viceversa: La equivalencia funcional en té rminos mundanos se re iere a la semejanza o parecido de lo que experimenta el cliente en su vida diaria con lo que experimenta en la sesió n. Este parecido, y nos reiteramos en esto, no es tanto en la forma o topografı́a de sus conductas en ambas situaciones sino en sus funciones. Para que las funciones sean equivalentes deben presentar semejanzas en las variables antecedentes (A) y consecuentes (C) que controlan esas clases de conductas. Má s que conductas particulares y especı́ icas, suelen abarcar conjuntos o clases de conductas con funciones similares en ambos contextos. Por ejemplo el cliente dice que se molesta con su pareja habitualmente cuando está muy ocupada en casa haciendo otras tareas y no atiende sus necesidades afectivas, enfadá ndose con esta a gritos sin que esta termine descifrando a que se debe sus reacciones; y en las sesiones se queja elevando el tono de voz y criticando la marcha del grupo sin mucha concreció n y sin pedir directamente que necesita, empezando a estar inquieta en su silla y mirando con frecuencia su reloj, cuando algunos de sus compañ eros se extiende en sus relatos de vida; y a su vez estos reacciona dicié ndole que no entienden a qué se debe su malestar y criticas habituales en las ú ltimas reuniones grupales. Lo que los clientes nos relatan que hacen o les sucede en sus vidas diarias y có mo reaccionan a esto para conseguir algo con determinadas consecuencias inmediatas y a la larga para ellos y sus relaciones (aná lisis funcional de la conducta) se suele presentar en las sesiones de grupo como re lejos directos y al contrario cuando deseamos “transferir” lo aprendido en la sesió n a sus vidas diarias. Esos re lejos fuera/dentro suelen adoptar las funciones de relatos en forma de tactos con funciones ocultas de mandos disfrazados. Es decir nos cuentan cosas de sus vidas y sus sentimientos dentro/fuera del grupo que indirectamente nos puede estar pidiendo que actuemos de determinada manera a sus relatos. La mayor equivalencia funcional de la FAP a la hora de transferir desde dentro del grupo a la vida diaria de las personas del grupo, transferir lo aprendido en las sesiones de grupos a hacer cambios en sus vidas diarias pasa por las moldear gradualmente las interpretaciones de los clientes o miembros del grupo hacia explicaciones o interpretaciones má s funcionales (CCR3s) que les permita a estos apañ á rselas mejor con sus circunstancias de vida y que desde ACT suponen mayor lexibilidad psicoló gica al notar las tres discriminaciones (ver apartado de ACT) y desde FAP contactar con sus necesidades personales, atreverse a compartir asuntos difı́ciles y agradecer a otros lo que hacen por ellos. Es decir las CCR3 deben reforzarse y moldearse hasta facilitar y transferir mejor los progresos, valores y objetivos de los clientes o miembros del grupo que se detectan y se refuerzan en las sesiones de grupos como clases funcionales concretas de conductas verbales y no verbales; es decir sus CCR2s, a sus vidas diarias. La equivalencia funcional de los problemas entre la vida diaria y su presentació n en las sesiones de grupo como CCR1s ya fue referida en un apartado anterior relacionado con el té rmino de la “transferencia”; equivalencia que puede tener funciones en el tiempo o historia personal; es decir hacemos esto porque antes lo hemos hecho igual en otros momentos pasados de nuestra vida para evitar u obtener algo; o funciones dentro/fuera de las sesiones de grupo en relació n a conductas de personas; es decir actú a y/o relata verbalmente de manera similar con X personas de su vida diaria (padres, hermanos, compañ eros de trabajo, pareja, etc.) cuando sucede tal cosa, y hace lo mismo con el terapeuta o compañ eros del grupo para evitar o conseguir algo con las mismos objetivos en ambos casos; se dé cuenta la persona o no de ello. En este sentido podemos hablar de dos tipos de equivalencia funcional de la transferencia, la temporal, relacionada con la historia de aprendizaje pasada y la de las personas, relacionadas con contextos de vida relacionales de su vida actual; y obviamente su combinación fuera y dentro de las sesiones grupales. 11.6. Conductas clinicamente relevantes. Las tres clases funcionales de conductas a tener en cuenta en nuestra relación con los clientes y las 5 reglas como recomendaciones para actuar en las sesiones y sacarles provecho a estas: En FAP se consideran que las conductas clı́nicamente relevantes (CCRs) son aquellas acciones de los clientes o miembros del grupo que se observan en las sesiones y tienen equivalencia funcional con sus conductas en sus vidas diarias. Se distinguen tres tipos de CCRs: -Las CCR1 que son los problemas de la vida diaria que aparecen en las mismas sesiones y en relación al terapeuta/grupo. Suelen estar controlados por funciones de evitació n o intentos de control inadecuados de experiencias aversivas (en este sentido los repertorios de in lexibilidad psicoló gica y evitació n experiencial de inidos por la ACT si se presentan en las sesiones son potenciales CCR1). El/la terapeuta debe de bloquear su evitación para que no se refuercen negativamente y extinguirlos no reforzá ndolos positivamente. Para ello se vale de evocar la presentación de estas clases de conductas, por ejemplo tocando temas delicados o aversivos/desagradables para los clientes; observando cómo estos tratan de evitar esos temas (verbalmente por ejemplo cambiando de tema, diciendo que no quieren hablar de ello, y no verbalmente evitado el contacto ocular, haciendo gestos o posiciones corporales defensivas como cruzar los brazos o las piernas, etc.) e impidiendo que se les evite por ejemplo recordando la cuestió n desagradable y lo importante para avanzar e terapia de atravesarla o abrirse a ella. Esto tiene semejanzas a los patrones de evitació n experiencial descritos desde la ACT y la importancia de defusionarse y abrirse/aceptar tales experiencias en funció n de moverse hacia lo que le importa y valoran los clientes, y de hecho se combinan en la FACT esas intervenciones desde y en el aquı́ y ahora de la sesió n. La Matrix de Kevin Polk tambié n puede servir para detectar esas CCRs (tipo 1, 2 y 3) y de hecho ası́ se reconoce en algunos textos “o iciales y de referencia” de FAP (Holman, Kanter, Tsai y Kohlenberg, 2017). Las funciones fundamentales de terapeuta y los compañ eros del grupo con las CCR1 son aplicar las Reglas 1 y 2 de la FAP, al Observarlas y evocarlas, para después bloquearlas y extinguirlas. -Las CCR2 que son los progresos de la vida diaria que de la vida diaria que aparecen en las mismas sesiones y en relación al terapeuta/grupo. Con ellos el grupo y el terapeuta les refuerza de manera natural reaccionando a ellos de manera positiva y desde el interé s de la propia persona que ha progresado en esto y nunca usando el refuerzo arti icial o preparado que suele guiarse por el interé s de la institució n o terapeuta que lo aplica (y que reforzarı́a reglas de plegamiento, aprobació n, acatamiento de otros má s que el interé s y las necesidades de las propias personas implicadas). Igualmente detectar los valores desde la ACT o la FACT de los clientes, sus acciones comprometidas con estos y la activació n conductual progresiva hacia ellos, si se presentan en las sesiones o se evocan mediante la Matrix por ejemplo, apuntan a potenciales CCR2. A principio de las sesiones grupales suelen ser menos frecuentes al estar los participantes del grupo má s centrados en sus CCR1. Las funciones fundamentales de terapeuta y los compañ eros del grupo con las CCR2 son aplicar las Reglas 3 y 4 de la FAP es decir Reforzarlas de manera natural y Compartir los Efectos Reforzantes en los implicados hablando de có mo les hace sentir mutuamente ese compartir los progresos. Constituyen los objetivos de la terapia FAP grupal que queremos transferir a la vida diaria de las personas del grupo. -Las CCR3 son las interpretaciones que hacen los miembros del grupo de sus problemas y progresos en sus vidas diarias y en las sesiones y que el resto de sus compañ eros del grupo y el/la terapeuta van moldeando gradualmente hacia explicaciones más funcionales que hagan que estas personas tacten/contacten y pidan o demanden (auto-tactos y mandos verbales) mejor aquello que les importa (y de quienes les importa), necesitan, les cuesta, agradezcan y desean tanto en las sesiones como que lo apliquen o trans ieran a sus vidas diarias. La Clari icació n de valores y la promoció n de perspectivas deı́cticas de la ACT se relacionan con potenciales ajustes de las CCR3 que conlleven la transferencia de las CCR2 de los clientes a sus vidas diarias. Igualmente la Matrix con su eje central de “Yo me doy cuenta de..” apunta en esta direcció n. En las sesiones grupales se evocan pidiendo a los compañ eros del grupo a que atribuyen, creen y porque reglas o principios se guı́an para explicar sus problemas o progresos. Las funciones fundamentales de terapeuta y los compañ eros del grupo con las CCR3 son aplicar la Regla V de la FAP que es ofrecer interpretaciones/explicaciones má s funcionales que faciliten el cambio tanto dentro como fuera de la sesió n grupal. El uso de procedimientos de la ACT devaluació n funcional como las escalas Hexa lex tambié n nos puede ayudar a detectar potenciales CCRS. En el siguiente cuadro representamos un resumen de las CCRs, las principales operaciones de cambio terapé utico con ellas por parte del terapeuta o grupo mediante la aplicació n de las 5 reglas o recomendaciones de la FAP: CCRS REGLAS O OPERACIONES DE APLICACIÓN DE RECOMENDACIONES CONTINGECIAS EN VIVO POR EL/LA EN LA FAP TERAPEUTA Y/P COMPAÑEROS DEL GRUPO PROBLEMAS DE LA VIDA REGLA 1: OBSERVAR Se observa/escucha có mo se presenta DIARIA QUE APERECEN EN LAS CCRS fuera y dentro de las sesiones en LAS CONSULTAS O REGLA 2: EVOCAR problemas relacionales REUNIONES GRUPALES LAS CCR1 Se evoca (provoca) su presentació n y se (LAS CCR1) impide o bloquea su evitació n por ejemplo señ alando como se evita y volviendo a sacar el tema difı́cil para superarlo, etc. Detectar patrones de evitació n experiencial y/o in lexibilidad psicoló gica (Matrix, Hexa lex, etc.) PROGRESOS QUE SE REGLA 3: Moldeando y reforzando gradualmente, REFIEREN EN LA VIDA REFORZARLOS DE ampli icando su presentació n por DIARIA PERO QUE SOBRE MANERA NATURAL pequeñ a y mı́nima que sea hasta TODO APARECEN EN LAS LAS CCR2 progresos cada vez mayores. Detectar SESIONES Y QUEREMOS REGLA 4: COMPARTIR valores y compromisos personales TRANSFERIR A LA VIDA LA EXPERIENCIA (Matrix, Hexa lex, etc.) DIARIA MUTUA DE COMO (LAS CCR2) NOS HACE SENTIR ESOS PROGRESOS DE LAS CCCR2 INTERPRETACIONES PARA REGLA V: OFRECER Pidiendo a que atribuyen creen, porqué QUE LOS MIEMBROS DEL INTERPRETACIONES reglas se guı́an al explicar-se sus GRUPO TACTEN Y FUNCIONALES QUE problemas y progresos y ofrecer DEMANDEN MEJOR PUEDAN FAVORECER gradualmente interpretaciones o AQUELLO QUE LES LOS CAMBIOS explicaciones funcionales es IMPORTAN, DESEAN Y DENTRO Y FUERA DE alternativas que les permita hacer VALORAN Y HAGAN LO LA SESION DESDE mejores cambios para lo que desean en MISMO RESPECTO A LAS LAS CCRS 1 Y SOBRE sus vidas. Las tres discriminaciones de PERSONAS QUE LES TODO LAS DE TIPO 2 la Matrix de ACT van en esta direcció n IMPORTAN (LAS CCR3) 11.7. Principales aportaciones de la FAP a otras terapias: La FAP es una terapia muy versátil y se ha aplicado a la mejora de otras intervenciones psicoterapé uticas incluyendo las de cará cter no conductual. Se ha integrado con la terapia cognitiva conductual (CBT), la terapia de aceptació n y compromiso (ACT), la terapia dialé ctica conductual (DBT), la terapia de activació n conductual (AC), las terapias psicodiná micas y las terapias feministas (Kanter, Tsai y Kohlenberg, 2010). Respecto a la terapia cognitiva conductual (CBT) completa la intervenció n cuando los clientes no experimentan o comparten el paradigma cognitivo ABC, donde se les plantea a los clientes que sus reacciones emocionales y conductuales (C) derivan no de los acontecimientos que estos viven en sus vidas (A) sino de sus interpretaciones y creencias sobre estos, sobre sı́ mismos y los demá s (B). Aunque hay muchos clientes que son participes de esta conceptualizació n de sus problemas, hay otros clientes que no experimentan en sus reacciones esté n mediadas por esas cogniciones, a pesar de la insistencia de su terapeuta cognitivo, o que mani iestan que aunque entienden el modelo no pueden dejar de sentir lo que sienten. Una opció n es forzar el modelo y tratar de convencer a los clientes de que hay cogniciones que hay que detectar necesariamente “doblegando” la experiencia de estos a los argumentos del terapeuta, lo que a la larga puede generar un acatamiento poco terapé utico. Adoptar una visió n conductual de la cognició n desde la FAP da a los terapeutas cognitivos muchas má s opciones. La FAP mantiene que una opció n es la planteada por los terapeutas cognitivos (A->B->C) es decir las interpretaciones y creencias personales median las respuestas emocionales y conductuales de los clientes y estos comparten ese modelo, pudiendo seguir el curso habitual de la terapia cognitivaconductual está ndar. Pero pueden darse otros casos como el que la persona responda involuntariamente a acontecimientos de sus vidas (AC) sin mediació n cognitiva como sucede en casos donde está implicado el condicionamiento respondiente de emociones sin mediació n cognitiva (recuerde el caso de la Fobia del pequeñ o Albert); requiriendo otras intervenciones distintas como pudieran ser la desensibilizació n o la exposició n con prevenció n de respuestas por poner un caso sin debates cognitivos. Y aú n se puede dar un tercer caso donde los acontecimientos (A) generen tanto las respuestas cognitivas por un lado (AB) y las emocionales por otro (AC) sin relació n entre ellas. Posiblemente en estos casos intervenciones cognitivas y emocionales separadas pueden ser necesarias. Otro aspecto central y poderoso es usar las cogniciones, emociones y conductas de la CBT como CCRs relevantes (CCR1, CCR2, CCR3) para mejorar la calidad y efectos de la CBT desde la FAP usando las 5 reglas terapé uticas, y donde la “cognició n en vivo” de lo que piensa y siente el cliente en el aquı́ y ahora, se puede poner en equivalencia funcional con aspectos similares en su vida diaria. De hecho hay investigació n de que la CBT má s la FAP, mejora los efectos de aquella. La relació n e integració n con la Terapia de Aceptació n y Compromiso (ACT) es má s directa al pertenecer ambas a la tradició n conductual de las terapias de tercera generació n, y es el tema central de este libro que lee. Aunque hemos señ alado la vinculació n de la FAP con los planteamientos del conductismo radical de Skinner y de la ACT con los planteamientos postskinnerianos de la Teorı́a del Marco Relacional de Hayes y cols.; las a inidades y posibilidades de integració n entre ambas son muy potentes. Es cierto que FAP tiene contribuciones ú nicas a las terapias psicoló gicas como son (1) la importancia del impacto de la relació n terapé utica y el aná lisis funcional de la misma; (2) el destacar el valor de las conductas de intimidad en las relaciones humanas y (3) su enfoque interpersonal como centro de la terapia y la importancia del impacto de la supervisió n clı́nica desde lo relacional. Y tambié n es cierto que ACT tiene tambié n sus propias contribuciones ú nicas como (1) la presencia frecuente del sufrimiento en la vida de las personas a lo largo de sus vidas; (2) su concepció n del papel del lenguaje desde la Teorı́a del Marco Relacional en la gé nesis, mantenimiento y salida a estas trampas del sufrimiento y (3) su focalizació n en lo intrapersonal desde la orientació n en la vida de las personas en funció n de su relació n con el sufrimiento y su horizonte de valores personales. Sin embargo la integració n por sus a inidades genera muchas posibilidades que Callaghan y cols. (2004), sintetiza en tres posibles caminos: 1Hacer ACT usando las 5 reglas de la FAP para promocionar la aceptació n y compromiso; 2-Hacer FAP con elementos de la ACT como la defusió n cognitiva, la aceptació n y clari icació n de valores para que el cliente tenga mejores relaciones dentro y fuera de la terapia, y 3-Usar ACT y FAP desde el principio al mismo tiempo para mejorar los aspectos personales y relacionales. Mostros apuntamos a una integració n desde la vı́a tercera apuntada pero no tan mezclada desde el principio sino secuenciada en el tiempo de las sesiones de terapia de grupo señ alando precisamente los tiempos de có mo nos relacionamos con nosotros mismos (desde las cosas que nos duelen y nos importan) y con las demá s personas que nos importan y como las mejoras de un aspecto afectan al otro y viceversa. La integració n con la Terapia Dialé ctica Conductual (DBT) se han centrado en la promoció n de habilidades relacionales de tipo conductual para tener mejores resultados en las sesiones con personas con di icultades de regulació n emocional (que se pueden conceptualizar como CCRs) y aplicar principios conductuales con má s consistencia y conocimientos en esas relaciones con menos necesidad de usar constructos intermedios y có mo ayudar a los terapeutas a permanecer presentes y conectados con sus clientes en estas difı́ciles sesiones con ellos reduciendo sus propias ansiedades. La integració n con la terapia de activació n conductual (AC) viene de la mano de derivar ambos del conductismo radical de Skinner y el papel de los cambios operantes mediante el moldeamiento progresivo y el refuerzo. FAP sin embargo está má s centrada en la conducta que ocurre en la misma sesió n y AC en las conductas relacionales con otras personas y ambientes que ocurren fuera de estas. Sin embargo FAP puede mejorar la AC a travé s del manejo de las relaciones ı́ntimas del paciente en consulta y su transferencia a su vida diaria, ya que AC parte de que aspectos importantes que mantienen la depresió n de una persona pasan por el exceso de conductas de evitació n que impiden el acceso a relaciones reforzantes. Las 5 reglas de la FAP pueden ser adicionadas a estos encuentros pacientes terapeutas junto a la activació n gradual en su vida diaria. Es interesante la integració n con terapias que no son de orientació n conductual ni cognitiva conductual como es el caso de las terapias psicodiná micas o las terapias feministas. Respecto a las psicoterapias psicodiná micas actuales de orientació n psicoanalı́ticas la coincidencia en muchos aspectos con FAP es muy alta. Ambas se centran fundamentalmente en las relaciones actuales del aquı́ y ahora má s que en la exploració n de las historias pasadas y en las alianzas de trabajo/relació n terapé utica para hacer avanzar a la terapia. A travé s de la relació n terapé utica ambos enfoques mantienen que se hacen cambios signi icativos en las conductas de los clientes, y que el manejo de la transferencia en estas relaciones (o las equivalencias funcionales de la FAP) son las vı́as principales para lograr esos cambios. De hecho las 5 reglas de la FAP tienen muchas similitudes con las forma de trabajar de las psicoterapias psicodiná micas actuales. La FAP sin embargo puede ayudar al practicante de estas terapias psicodiná micas a precisar los conceptos diná micos que son nebulosos y abstractos y hacer intervenciones concretas y operativas, aspectos que recoge del conductismo radical. Y la integració n con las terapias feministas parte de la importancia del contextualismo de partir de las condiciones de vida de las personas para entender sus conductas, y que la construcció n del conocimiento cientı́ ico tiene má s de historia social interesada que de objetividad universal. Tambié n comparten la importancia de tratar a las personas y no los diagnó sticos y etiquetas. La FAP y las terapias feministas se pueden ayudar mutuamente, por ejemplo desde FAP introduciendo en la terapia las cuestiones de poder, privilegios e ideologı́a sociopolı́tica; y FAP puede aportar a estos enfoques a hacer má s operativas y precisas estas cuestiones en las relaciones de la terapia mediante su conceptualizació n de las CCRs y sus 5 reglas, y como transferir esos cambios a sus vidas diarias. La Terapia de Grupo FAP (o FACT) puede ser muy apropiada para esto. Si hacemos un resumen escueto de las principales aportaciones y novedades de la FAP al campo de las terapias psicoló gicas podemos resumirlo en tres puntos: 1º-Como analizar las relaciones terapé uticas y qué hacer con ellas 1-¿Qué es lo más importante en esta sesión?-->Hacer un aná lisis funcional de los tactos, mandos y mandos disfrazados 2-¿Cómo estimulo los progresos del cliente/grupo?-->Usar el reforzamiento natural en las sesiones/grupo 3-¿Qué semejanzas observo entre las conductas en la sesión de grupo y lo que re ieren de sus vidas diarias?-->Observar la equivalencias funcionales dentro/fuera del grupo, en especial de los mandos disfrazados 4-¿Cuáles son los principales focos de trabajo en las sesiones grupales?-->Los problemas presentes (CCR1), los progresos presentes (CCR2), las interpretaciones que hacen de sus problemas y/o progresos (CCR3). 5-¿Cómo me oriento en las sesiones?--> Usar las 5 reglas de la FAP de manera lexible 6-¿Cómo abordo lo problemas complejos que se presentan?-->Usar la conceptualizació n FAP de los problemas del yo 2º-Como conceptualizar conductualmente los problemas del yo y có mo intervenir en estos. 1-¿Qué es el Yo?-->Es una clase generalizada de conductas de tactos verbales aprendidas que se relacionan con el concepto de sı́ mismo como sujeto activo y el lugar y la perspectiva desde la que se actú a (Ferro y Valero, 2017). 2-¿A qué se deben los problemas del Yo?--> Al grado de control privado vs pú blico de los autotactos personales aprendidos y con unas funciones concretas. 3-¿Cómo trabajamos con los problemas del Yo?--> Realizando un AFC del caso, identi icando las CCrs (1, 2 y 3), evocando y moldeando con reforzamiento le grado de control privado creciente de estas personas. (1) Al principio somos má s directivos y progresivamente menos; (2) Usamos evocaciones poco directivas al estilo asociació n libre y “cine de la mente”; (3) Reforzamos tanta expresiones “yo tal” como sea posible; (4) Usamos los ejercicios mindfulness estilo A.R.A y preguntá ndoles que sienten en estos bloqueando sus respuestas de evitació n de hablar de que experimentan emocionalmente (vaguedades, hablar de razones en vez de sentimientos concretos, etc.) 3º-Como integrar lo relacional de la FAP con otras terapias en especial con la ACT y sus aspectos intrapersonales desde la FACT. 1º-Haciendo ACT con las 5 reglas de FAP 2º-Haciendo FAP con elementos de ACT 3º-Usando FAP y ACT combinadas desde el principio …..los tres modos descritos por Callaghan y cols. (2004) Que no agotan otras posibilidades, como nuestra propuesta de hacer FACT desde la secuenciació n articulada de relaciones con uno mismo y con otras personas… 11.8. Modelo conciencia, valor y amor. Conexión social y cooperación En el añ o 2009 Mavis Tsai (Tsai y cols. 2009) crea un modelo dentro de la FAP que recoge la importancia de establecer relaciones ı́ntimas para el bienestar psicoló gico y fı́sico de las personas en general y para los clientes con problemas relacionales en particular. Este modelo está compuesto de tres aspectos funcionales que implican cadenas operantes de intercambio de conductas-refuerzos entre las personas, y que se re iere a tomar conciencia de los que es má s importante en el momento presente de esa relació n que se re iere a la Regla 1 de la FAP de Observar las CCRs; que esa relació n de lugar a compartir aspectos ı́ntimos y difı́ciles de uno mismo con otras personas (el valor) que se re iere a la Regla 2 de la FAP que propone evocar las ccrs, sobre todo la de tipo 2; reforzando positivamente con amor que se haga ası́ en esa relació n aplicando la Regla 3 de la FAP, volver a veri icar el efecto de hacer lo anterior entre los implicados de nuevo con consciencia mediante la Regla 4 de la FAP; y por ú ltimo de nuevo con reforzamiento positivo con amor generalizar esos cambios a la vida diaria siguiendo la Regla 5 de la FAP. En ese sentido el modelo conciencia, amor y valor (ACL en inglé s) viene a ser una reformulació n de las Reglas FAP centradas en aumentar ccr2 relevantes, las que conllevan cercanı́a, conexió n, con ianza y a la postre mayor intimidad en las relaciones terapé uticas y cotidianas; siendo este el principal objetivo de la terapia FAP. El modelo de ACL se ha independizado posteriormente de su aplicació n exclusivamente clı́nica y ademá s de ser aplicado a las relaciones terapé uticas se ha conformado como talleres de crecimiento personal que se imparten a la població n en general habitualmente en formato grupal. Este modelo ACL es una formulació n conductista radical y funcional de la conexió n social. La conexió n social se vincula al bienestar psicoló gico y al mejor pronó stico de mú ltiples problemas emocionales y fı́sicos. A nivel aú n má s general apunta a lo que Alfred Adler llamó sentimiento de comunidad o interés social a principios del siglo XX, mucho antes de la propia existencia de la FAP, donde la psicologı́a adleriana, injustamente olvidada (hasta por los autores de la FAP y otros muchos psicó logos) ya plantea este asunto y la importancia de la cooperació n entre personas para el desarrollo de las tareas de la vida (amor, trabajo, relaciones sociales) y aú n para la propia supervivencia de la especie humana (Adler, 1975, 2014; Ruiz, Oberst y Quesada, 2006, Ruiz, 2016). En este aspecto creemos que la psicologı́a adleriana puede proporcionar aspectos inadvertidos por la FAP; y está ú ltima a aquella precisió n operativa al estimular el interé s social al menos en las relaciones de terapia. Respecto a los tres componentes de la ACL en terapia grupal consideramos ú til la exposició n que hace de esta Reyes Ortega y Kanter (2017) y nuestras propias notas, cuyos aspectos fundamentales exponemos de manera resumida a continuació n: -Consciencia: Es el acto de discriminar señ ales (darse cuenta) de refuerzo pertinentes para el comportamiento interpersonal de valor y amor. Implica estar conectado con el momento presente, las decisiones que se pueden tomar desde este momento, no dejarse llevar por los impulsos y pilotos automá ticos de experiencias percibidas que repiten historias previas contraproducentes; ser consciente de las necesidades actuales propias y ajenas, y de lo que nos importan en estas y veri icar como nuestra conducta funciona en la experiencia de relació n con otra persona, ajustá ndola a esta experiencia segú n sus efectos. Está relacionado con la conexió n, la defusió n, yo contexto y los Valores del Hexa lex de la ACT y las Regla I y IV de la FAP. En la terapia de grupo FACT consideramos claves darse cuenta o discriminar las necesidades personales y ajenas en las sesiones y la vida diaria y có mo responder a estas. Tambié n en las sesiones grupales la identi icación reforzada de los pensamientos, sentimientos y valores propios y ajenos va en la dirección de esta consciencia; así como la identi icación del impacto del propio comportamiento en los demás y viceversa -Valor: Implica corres riesgos en las relaciones con otras personas que nos importan de modo que nos podamos acercar a estas en presencia de experiencias aversivas (por ejemplo ansiedad) y hacer algo que nos importa. Para ello es necesario el aspecto anterior de la consciencia de las necesidades personales y ajenas y del impacto de nuestras acciones en esas relaciones. Está relacionado con la aceptació n/apertura de la ACT desde los valores personales y la Regla II y III de la FAP. En las sesiones FACT de grupo consideramos clave dentro y fuera del grupo el abrirse y aceptar el compartir experiencias difı́ciles evitadas que inter ieren el acercamiento a otras personas. En las sesiones grupales la autorevelación reforzada de experiencias personales di íciles, el expresar puntos de vista personales aún en presencia de otros ajenos, expresar necesidades, establecer límites a otros, pedir apoyo u opinión a otros y atreverse a hacer cosas importantes son clases de conductas de valor. -Amor: Implica reforzar positivamente el comportamiento valiente. Requiere de empatı́a de las necesidades ajenas y validació n de lo que expresa la otra persona. Está relacionado con las acciones comprometidas de la ACT y las Reglas III, IV y V de la FAP. En las sesiones FACT de grupo consideramos clave dentro y fuera del grupo el agradecer, dar apoyo, validar y dar afecto a las conductas de compartir aspectos difı́ciles junto a la activació n en rutas de vida valiosas, aú n en presencia de estas experiencias aversivas. Esto tambié n se relaciona con la Aceptació n y la Compasió n. En las sesiones grupales compartir y reforzar que uno mismo se cuida, se trata bien con compasión a sí mismo, permiten que otros le muestren afecto y compasión, se muestran vulnerables ante la vulnerabilidad de los otros, son amables, protegen, validan, dan a otros lo que necesitan y cumplen con sus compromisos, apuntan a clases de conductas amorosas. 12 El Yo, sus problemas y terapia de grupo 12.1. El yo desde la psicologia y desde el conductismo radical: La psicologı́a tradicional considera que el yo es un constructo interno (estructuras, procesos, esquemas mentales, rasgos o neurobioló gico) que se localiza en algú n lugar (en el interior del organismo, el cerebro..) y que se de ine como una entidad que nos de ine como somos y funcionamos, al menos de manera consciente y voluntaria. Los conductistas radicales está n sin embargo mucho má s interesados en cómo se forma el llamado yo y bajo qué condiciones de control se mantiene o cambio (Kohlenberg y Tsai, 2001). Proponen que el yo se forma en tres etapas de unidades funcionales donde se adquiere repertorios de auto-tactos y mandos progresivos verbales sobre uno mismo a partir de la comunidad socio-cultural representada por los padres o cuidadores 1-Primera etapa: La comunidad verbal de los otros allegados refuerzan expresiones generales del niñ o al tactar (notar su presencia y describirlas) adecuadamente cosas de su entorno (“Papá ”, “Mama”, “Pan”…) y los padres despué s relacionarlos con este mismo niñ o hablante y tactador… de Yo quiero tal, yo siento tal, yo tengo tal, yo noto tal, etc… 2-Segunda etapa: La comunidad verbal de los otros allegados refuerzan expresiones generales de Yo quiero, yo siento, yo tengo, yo noto, etc… 3-Tercera etapa: La comunidad verbal de los otros allegados refuerzan expresiones generales de Yo…. Transitar por estas etapas funcionales dependen en gran parte de que la comunidad verbal de los otros allegados relacionen, discriminen, distingan y refuercen las experiencias internas de la persona que re iere yo tal ….con señ ales externas que ayuden a vincularlas a esas experiencias internas. El problema es que el acceso directo a esas experiencias subjetivas es imposible sin la ayuda de indicadores externos para los otros, y que si los otros allegados descifran inadecuadamente esos indicadores o está n má s pendientes de sus propios intereses que de este proceso, las experiencias del yo pasa a ser controladas públicamente por esos otros en vez de tener más control privado del que las experimenta; generando a la larga problemas del yo o trastornos de personalidad. 12.2. Los problemas del yo desde el conductismo radical: Si un niñ o re iere que desea algo y el adulto cercano con el que está vinculado castiga, no tacta adecuadamente esa experiencia, no la valida y le re iere que en realidad lo que necesita es otra cosa distinta, en funció n de los intereses de ese adulto; en un ambiente familiar desestructurado e inestable donde el contacto de ese niñ o con sus experiencias subjetivas tipo yo, si esto sigue ocurriendo y se generaliza, será un yo bajo mayor control pú blico de esos adultos con sus contradicciones e inestabilidades y menos privado del propio niñ o. Ası́ lo esencial será el grado de control pú blico o privado de las conductas verbales relatos tipo “Yo tal…” y bajo qué condiciones especı́ icas se da ese control. Este niñ o y despué s adulto tras esa historia de aprendizaje previo donde sus allegados no han tactado adecuadamente sus propias necesidades e incluso si solo lo han hecho si satisfacı́a intereses de ellos má s que las de este niñ o o persona ya adulta, presentará mayores o menores di icultades para saber que quiere realmente, solo querrá saber lo que desea si está en presencia de esos otros o evitará expresar sus opiniones y necesidades en presencia de esos otros y otras formas de vinculació n donde los otros tienen control sobre sus conductas verbales yo tal. En general su medio ambiente familiar o social ha invalidado sus expresiones verbales tipo yo. En palabras de Ferro y Valero (2017): “Desde FAP el Yo se considera un concepto aprendido de tipo verbal y social, como una generalización aprendida desde muy temprana edad a partir de frases que incluyen al Yo como sujeto activo, como lugar o perspectiva desde el que se actúa. Desde FAP se considera que el grado de control privado y/o público que tenga ese aprendizaje del Yo puede dar lugar a problemas leves o graves, según se haya reforzado y mantenido por el contexto social” Los principales problemas del yo (Trastornos de Personalidad) en su intensidad de su gravedad dependerá del tipo de unidad funcional (quiero, siento, pienso) y de su nú mero (una, varias, todas) que esté n bajo control pú blico de otros (Ferro y Valero, 2017). De menor a mayor gravedad estos trastornos del Yo son los siguientes: A) Trastornos leves del Yo: 1-Yo Inseguro: Le cuesta saber que quieren, que sienten o que piensan (Se relaciona con el llamado Trastornos Dependientes y Evitativos de la Personalidad). 2-Yo Inestable: Reaccionan con mucha sensibilidad a las opiniones y crı́ticas de los demá s, les cuesta establecer relaciones ı́ntimas o las evitan. (Se relaciona con el Trastorno Pasivo-Agresivo de Personalidad). 3-Yo con di icultades para ser espontá neos y creativos: Les cuesta conectar con sus sentimientos y expresarlos y suelen seguir reglas de relaciones rı́gidas con di icultades ante situaciones imprevistas. Se puede relacionar con el Trastorno Obsesivo de la Personalidad. B) Trastornos graves del Yo: Suelen relacionarse con otros trastornos de personalidad como el Trastorno Límite de la Personalidad reforzado por pautas inestables y contradictorias con frecuentes invalidaciones, El Trastorno Inestable de Personalidad (Histrió nico) con reforzamiento de las expresiones emocionales intensas; El Trastorno Narcisista de la Personalidad reforzado por experiencias de realce de la persona con independencia de sus acciones concretas, El Trastorno Antisocial de la Personalidad con reforzamiento generalizado a sus acciones de castigo a otros, y la vinculació n arbitraria, má gica y supersticiosa entre las experiencias privadas y pú blicas en El Trastorno Esquizoide de Personalidad, El Trastorno Paranoide de Personalidad y el Trastornos Esquizotípico de Personalidad. Tambié n Ferro y Valero (2017) proponen que el grado de control público/privado de las experiencias tipo yo es un factor transdiagnóstico al mismo nivel que la in lexibilidad psicoló gica de la ACT u otros conceptos de este tipo para explicar mú ltiples problemas psicopatoló gicos. 12.3. Como evaluar los problemas del yo desde la FAP: Para evaluar los problemas del Yo el terapeuta estará atento a todo el repertorio verbal de sus clientes o personas en grupo cuyos contendidos y topografı́as expresen la concepción de sí mismos en relació n a ellos mismos, otras personas, proyectos y condiciones de vida. Esas (conductas verbales) de topografı́as de contenidos de concepció n de sı́ mismos se ponen en contexto mediante el análisis funcional de la conducta de sus relatos de cosas vividas fuera de la sesión grupal o individual (que dicen de sı́ mismos, en que situaciones o presencia de otros y qué consecuencias tiene esto) y tambié n de lo que observamos en sus relaciones con nosotros como terapeutas y sus compañeros de grupo en el aquí y ahora de la sesión. Adicionalmente se usan escalas para valorar el grado de control pú blico o privado de las experiencias del Yo en presencia de otras personas y que está n diseñ adas al estilo funcional (ABC) describiendo ciertos antecedentes y con secuencias de esas clases de conductas. Las principales escalas son: 1-La Escala EOSS (Adaptació n españ ola de Valero, Ferro y Selva, 2014): Consta de 4 subescalas, (1) Experiencia del Yo Global (puntuaciones altas conllevan control pú blico del yo, trastorno del yo y conducta disociativas); (2) Expresió n de opiniones y necesidades a personas poco conocidas (Puntuaciones altas indican control pú blico del yo); (3) Expresió n de necesidades a personas conocidas y con vı́nculos má s estrechos (Puntuaciones altas indican control pú blico del yo en relació n a esas personas) y (4) Concepció n del yo en cuanto a espontaneidad y opiniones crı́ticas en relació n a uno mismo y los demá s (puntuaciones altas indican problemas del yo) 2-La Entrevista FIAT (Callaghan, 2006): Describe funcionalmente 5 á reas de relaciones interpersonales donde el sujeto puede tener di icultades, (1) Consciencia y expresió n de las necesidades a otras personas; (2) Consciencia de có mo sus propias conductas afectan a otras personas; (3) Có mo maneja los con lictos con otras personas; (4) Có mo expresa sus sentimientos de vulnerabilidad e intimidad a otras personas y (5) Có mo evitan ciertos temas emocionales 3-La Escala FAPIS (Leonard y cols. 2014). Mide tres á reas, (1) La ocultació n de pensamientos y sentimientos, (2) La expresió n de emociones positivas y (3) La Honestidad y Autenticidad en una relació n escogida por el cliente. 12.4. Como tratar los problemas del yo desde la FAP: Las principales lı́neas de intervenció n con problemas del Yo las especi ican Valero y Ferro (2015) en el siguiente conjunto de intervenciones a realizar tras el aná lisis funcional preciso de caso concreto: 1º-Reforzar el hablar en ausencia de claves externas especı́ icas: El terapeuta va pasando desde un papel má s directivo en las primeras sesiones a uno menos directivos en las sesiones más avanzadas para reforzar expresiones yo x sin su control. Tambié n moldea estas expresiones hablando de sı́ mismo y esperando que el cliente de su opinió n, etc., reforzando estas y despué s esperando que este tome la iniciativa con menos evocaciones del terapeuta. 2º-Ajustar las tareas clı́nicas al nivel de control privado del repertorio del cliente: Se pueden usar variantes de la asociació n libre, el cine de la mente (en relajació n retroceder viendo el momento actual hiendo hacia atrá s muy rá pido y parando de golpe y pidié ndole que ve en la pantalla, que le hace sentir, pensar, etc.; la tarea de escribir en papel o procesador de texto todo lo que le pase por la cabeza, compartir escritos personales pidiendo que le hace sentir, pensar, etc.). Igualmente pasar gradualmente de tareas má s a menos estructuradas. 3º-Reforzar tantas expresiones “yo x” como sea posible: El terapeuta con clientes con má s di icultades puede empezar dando su parecer diciendo algo ası́ “por lo que veo parece usted ahora sentirse tal, es ası́?” y agradecer que le comparta sus sentimientos y pensamientos, y gradualmente ir retirando estas guı́as a preguntas má s abiertas, “¿qué desea compartirme o qué deseá is compartir hoy en la sesió n de grupo?” , hasta que los clientes o grupo vayan tomando má s la iniciativa. 4º-Usar té cnicas que promocionen el mindfulness: Desde FAP se de ine como la autoconciencia de los clientes que les ayudan a permanecer en presencia de estı́mulos aversivos internos (pensamientos, sentimientos y sensaciones) que suelen evitar. Tras su realizació n se les pide compartir que experimentaron como experiencias “yo x”. Las personas con di icultades del yo suelen relatar incomodidad con los ejercicios de mindfulness (“me pongo nervioso cuando hago esto”) y tendencia a dejar de hacerlo evitarlo. Para estos casos se pueden graduar las tareas de menor a mayor di icultad. Una variante muy usada en FAP son los ejercicios A.R.A (Conciencia-Relajació n-Aceptació n) que consta de tres pasos: (1) Se le enseñ a a observar su respiració n en el aquı́ y ahora, y se e asocia esas respiraciones observadas a una palabra que ellos eligen y se repiten al ir soltando el aire, (2) Se repasa mentalmente el cuerpo de manera gradual como un escá ner y si encuentran en ese recorrido tensió n se les enseñ a a soltarla observando la respiració n y dejando ir esa tensió n soltando la musculatura implicada repitiendo la palabra elegida al soltar la tensió n y (3) Se vuelve a hacer un repaso o escaneo corporal y en los puntos de tensió n se les indica una actitud de observació n de lo que notan ahı́, abrié ndose a esas sensaciones, oyendo a su mente como le dicen que se aparten pero sin dejarse llevar por ella y permitiendo que la experiencia sea como es en ese momento mientras se van repitiendo la palabra elegida. Tambié n Olid (2018) ha desarrollado una matriz de potenciales intervenciones en problemas del Yo desde la evaluació n derivada de la Escala FIAT de Callaghan (2006) y las 5 Reglas de la FAP: 13 Cómo se suele hacer FAP de Grupo en contextos previos 13.1. Objetivos y focos de la FAP de grupo: Los objetivos y focos principales de la FAP de Grupo son las Conductas Clı́nicamente Relevantes (CCRS) de los miembros del grupo que se presentan en las mismas sesiones grupales, en el aquı́ y ahora de estas. Podemos distinguir (al igual que en la FAP individual) tres tipos de CCRS: (1).CCR1-Problemas de la vida diaria que se hacen presente en las conductas de los miembros del grupo en las sesiones y viceversa. Por ejemplo una persona habla con mucho detalle de lo que ha hecho en la ú ltima semana al inicio de las sesiones monopolizando el tiempo de las intervenciones. Otro compañ ero del grupo al hablar de có mo le ha ido durante la semana lo hace muy escuetamente, casi con monosı́labos. En el primer caso, el efecto que produce en sus compañ eros del grupo es que parecen molestos, la conversació n les resulta tediosa y aburrida y en el segundo caso les resulta difı́cil intimar con esa persona. Si esto ocurre tambié n ası́ en sus vidas diarias (es decir hacen eso en determinadas circunstancias con efectos o consecuencias similares) nos encontramos con potenciales CCR1. Las CCR1 son problemas que se describen en la vida cotidiana fuera del grupo y en sus funciones o consecuencias (para estas mismas personas y las de su entorno) son similares a los que ocurren dentro del grupo. La direcció n contraria tambié n indican posibles CCR1; es decir si estas di icultades o problemas en el grupo (en sus consecuencias) son similares en sus vidas diarias. Suelen tener como consecuencias habituales la evitació n, la paralizació n, el aislamiento, con lictos con terceros, y en general se parecen (aunque no agotan en ellas) a las llamadas conductas relacionadas con la evitació n experiencial de la ACT. (2).CCR2- Progresos de la vida diaria que se hacen presente en las conductas de los miembros del grupo en las sesiones y viceversa. Son menos frecuentes en las sesiones iniciales habitualmente al centrarse casi todos mayormente en compartir sus problemas. En referencia a los ejemplos apuntados antes de las CCR1 en dos personas del grupo, si una de ellas hace pausas para que intervengan otros compañ eros (tiene esa nueva consecuencia) y la que hablaba de manera escueta se extiende má s en sus relatos y los compañ eros intiman má s con ella (nuevas consecuencias), podemos hablar de potenciales CCR2 a potenciar (moldear y reforzar) dentro de las sesiones y generalizar en su vida diaria. En las sesiones má s avanzadas las CCR2 má s frecuentes son las que se relacionan con la auto-revelació n de temas personales difı́ciles, que Tsai y Kanter, (2008) de inen como conductas de “valor” que permiten el feedback reforzante de sus compañ eros en forma de empatı́a, validació n, nuevas auto-revelaciones de los propios oyentes, etc. Tambié n se relacionan con la activació n en direcciones valiosas de la ACT. (3).CCR3-Son las interpretaciones o atribuciones de los propios miembros del grupo y del terapeuta sobre sus propios progresos/problemas y el de sus compañeros/as del grupo. Muchas veces las personas usan interpretaciones o explicaciones que limitan las posibilidades de cambiar (“Soy ası́, tengo una manera de ser o una enfermedad que…) que podemos relacionar con reglas y fusiones y Yo contenido (del Hexa lex) de la ACT e incluso con las distorsiones y creencias disfuncionales (en sus contenidos al menos) de las terapias cognitivas conductuales de segunda generació n. Por ejemplo la persona que monopoliza la conversació n del grupo y genera efectos de tedio y aburrimiento en sus compañ eros puede decir (o hacerlo algunos de sus compañ eros de grupo) que necesita explicar muchos detalles porque es muy obsesiva; y la que habla poco en las sesiones con el efecto de que sus compañ eros de grupo intimen poco con ella puede decir que es muy tı́mida; siendo esas explicaciones poco funcionales para lograr cambios en sus conductas. El/la terapeuta de grupo o algunos de sus compañ eros pueden hacerle devoluciones o interpretaciones más funcionales que faciliten esos cambios en sus relaciones. Por ejemplo: “¿Te das cuenta de que cuando comienzas a dar excesivos detalles y explicaciones tus compañeros bostezan, parecen molestos y tensos; y que cuando haces pausas ellos intervienen y conectan mejor contigo? ¿Puede servirte esto en algo aquí y en tu vida diaria?”. NOTA: Recuerda lector/ra algo que las CCRs no se de inen por su forma o topografı́a sino por sus consecuencias en situaciones de relació n con otras personas; es decir por sus funciones o efectos reforzantes 13.2. COMO APLICAMOS LA FAP A UN GRUPO. EVALUACIÓN, TÁCTICA, TÉCNICAS Y REGLAS: Hacer FAP de Grupo supone que atendamos a 4 aspectos: A-Evaluación continua de las CCRS por sus consecuencias dentro/fuera del grupo. Responde a la pregunta de “¿Qué valoro en las sesiones de grupo?” 1-Antes proponer la terapia de grupo a una persona se suele realizar un aná lisis funcional de sus problemas y fortalezas en sus relaciones interpersonales mediante entrevista, observació n y recogida de cuestionarios (EOSS, FIAT, etc.) para identi icar sus CCRs (1, 2 y 3). Sin embargo queremos advertir que la mejor manera de evaluar las CCRs de una persona en un grupo es la observació n de sus CCRs en ese grupo tras las evaluaciones en las sesiones individuales previas. Si se elige como candidato al grupo se le informa del procedimiento general de có mo vamos a trabajar en este. 2-Los grupos habituales de FAP (Vanderbergher,2009; Hoesktra y Tsai, 2010) suelen contar entre 4-5 personas junto al terapeuta, aunque nosotros hemos llegado a trabajar con grupos incluso de 10-12 personas lo que ha requerido modi icaciones importantes respecto a los grupos FAP originales (Ruiz y cols. 2018); es especial descentrar el papel casi exclusivo del terapeuta hacia el doble papel de actores/directores de los miembros del grupo; donde al mismo tiempo hacen de clientes y de co-terapeutas; sin olvidar el papel orquestador y director del/la terapeuta. 3-Los Grupos FAP tradicionales suelen descartar a personas con clı́nica psicó tica, disociativa grave, tendencias violentas suicidas graves y hacié ndolo si es posible proporcional entre hombres y mujeres. Los Grupos FACT son menos restrictivos por tipos de problemas o categorı́as diagnó sticas, y aunque se suelen escoger a sus componentes por problemas má s o menos similares; son aplicables a personas por ejemplo con experiencias psicó ticas y otros problemas diversos transdiagnó sticos. B-Usando tácticas a medio plazo. Responde a la pregunta de “¿Cómo consigo X en el grupo?” 1-Son cursos de acció n del terapeuta para conseguir objetivos o metas concretas a travé s de la secuencia de varias sesiones. Estas metas se suelen establecer a medio plazo, por ejemplo compartir autorevelaciones de temas difı́ciles y evitados. Con estas tá cticas buscamos evocar CCRs relevantes en las sesiones 2-Las tá cticas má s habituales en FAP y FACT (en su parte FAP) son: (1) Establecer un contratoformato de cómo van a ser las sesiones y qué se va a trabajar en ellas; (2) Usar actividades de modelado con feedback de los compañeros si procede; (3) Rescatar mejoras sutiles (CCR2) de la manera más inmediata posible, ampli icando y haciendo notar los pequeños progresosmoldeamiento (es la más usada) y (4) Dar feedback del efecto que tiene la conducta sobre los compañeros (“¿Cómo nos hace sentir esto que dice/hace tal?)” C-Usando Té cnicas en la sesió n. Responde a la pregunta de “¿Qué hago en esta sesión de grupo?” 1-Son las formas inmediatas de acció n e intervenció n que usa el terapeuta en las sesiones. 2-Las má s importantes son: (1) La observació n en las sesiones de las CCRs y su relació n en consecuencias a las conductas de sus compañ eros y terapeuta del grupo, con su posible equivalencia funcional dentro/fuera de la sesió n; (2) Evocar mejoras y problemas en las mismas sesiones para actuar en ellas; (3) Reforzar de manera natural las mejoras (en interé s de los miembros del grupo) y (4) Bloquear las conductas de evitació n que di icultan la intimidad y apertura en el grupo (es decir disminuir esas CCR1 para incrementar las CCR2 de mayor contacto social ı́ntimo y cercano). 3-De nuevo recordar que no hay un listado prede inido de formas o topografı́as CCR1, CCR2 y CCR3 sino que se atiende a sus funciones o efectos relacionales dentro/fuera de las sesiones (“¿A que lleva esto en tu vida, en tus relaciones?”) 3-De nuevo recordar que no hay un listado prede inido de formas o topografı́as CCR1, CCR2 y CCR3 sino que se atiende a sus funciones o efectos relacionales dentro/fuera de las sesiones (“¿A que lleva esto en tu vida, en tus relaciones?”) D-Usando Reglas lexibles. Responde a la pregunta de “¿Cómo me oriento en las sesiones de grupo?”. Las 5 Reglas de la FAP 1-Son sugerencias lexibles para que el terapeuta se oriente en las sesiones maximizando sus posibilidades terapé uticas; es decir que modi ique las contingencias de las CCRs má s relevantes (las CCR1, CCR2 y CCR3). 2-Son 5 Reglas: -REGLA 1. OBSERVAR LAS CCRS: Prestar atenció n sobre todo a la conducta verbal (sin ignorar la conducta no verbal) y si expresa tactos, mandos y posibles mandos disfrazados, segú n sus efectos en las respuestas de los compañ eros y terapeuta. En general hablar de cosas que les importan a los miembros del grupo apunta a potenciales CCR2. Callarse en exceso y monopolizar las sesiones a posibles CCR1. Las CCR3 a las explicaciones que dan de sus progresos o problemas dentro y fuera del grupo. -REGLA 2. EVOCAR LAS CCRS EN LAS MISMAS SESIONES. Preguntar sobre problemas/progresos entre la semana, có mo se sienten en la sesió n al relatar esos progresos o problemas, como hacen sentir eso a los compañ eros, respuestas a ejercicios preparados y las observaciones que hacen sobre esas conductas de sus compañ eros suelen ser las principales formas de evocar mediante estı́mulos discriminativos e estı́mulos condicionados, respuestas operantes verbales, de acció n y emocionales en los miembros del grupo; o sea preguntar o “tocar” por temas importantes y dolorosos para ellos. Las preguntas que se relacionan con la evocació n de respuestas de intimidad, cercanı́a y conexió n social son las importantes (ver modelo de Tsai y Kanter, ACL, 2008). -REGLA 3. REFORZAR LOS PROGRESOS OBSERVADOS EN LA MISMA SESION GRUPAL (LAS CCR2). Cualquier progreso no solo relatado, sino sobre todo observado en el grupo (p.e conductas de má s contacto, mayor expresió n de temas difı́ciles, mayor intercambio reforzante hacia los compañ eros) por pequeñ o que sea se refuerza de manera natural por el terapeuta y los miembros del grupo. REGLA 4. OBSERVAR EL PODER REFORZANTE DEL TERAPEUTA Y LOS MIEMBROS DEL GRUPO DE UNOS A OTROS. Aquı́ observamos có mo afecta las conductas del terapeuta al grupo y viceversa haciendo que conductas concretas aumenten o disminuyan en sucesivas sesiones -REGLA 5. USAR INTERPRETACIONES FUNCIONALES QUE AYUDEN A TRANSFERIR LOS CAMBIOS DEL GRUPO A LA VIDA DIARIA. Se van moldeando las explicaciones de los miembros del grupo má s inadecuadas (de caracteres, enfermedades, formas de ser, etc.) hacia otras má s funcionales con preguntas y observaciones al estilo siguiente: “Me doy cuenta de que aquí y ahora tras pasar X (A) estás haciendo esto (B) ¿y podría ser que lo haces para X? (C)? ¿Y esto te pasa también en tu vida diaria? ¿Y tras darte cuenta de esto la próxima vez podrías actuar de manera distinta para conectar mejor con otros o lo que más te importa? (por pasos, no toda la secuencia de preguntas en plan metralleta) 13.3. El papel del terapeuta en la FAP habitual. Lo que el terapeuta le hace al grupo. ¿Y los miembros del grupo no le hacen cosas al terapeuta y se hacen cosas entre ellos?: En la terapia FAP de Grupo habitual pareciera que el protagonismo del cambio está casi exclusivamente centrado en lo que el/la terapeuta hace al grupo. Esto en verdad debe ser ası́, dado que se trata de lograr cambios aplicando contingencias en vivo en las sesiones. Sin embargo, siendo fundamental lo anterior cabe hacernos una pregunta tambié n importante que quizá s no se destaca en deması́a en la FAP al uso (salvo en la Regla IV y hacia la relació n de nuevo de conductas del terapeuta-conductas de los miembros del grupo): ¿Y el papel de los miembros del grupo sobre el resto de sus compañ eros? La respuesta a esta pregunta nos permite en nuestra propuesta del componente FAP de la FACT grupal aumentar su potencial en dos sentidos: -Ampliar el número de miembros de la FAP de Grupo tradicional ( de 4 a 5) al menos al doble. -Usar el doble papel actor/director en las sesiones para aumentar las contingencias de cambio de modo aún más natural si cabe. 13.4. Aplicaciones con evidencias de la FAP de grupo: De manera escueta y resumida las mayores aplicaciones de la terapia FAP de Grupo (con o sin el componente ACT de la FACT) basadas en la evidencia la recabamos en el siguiente cuadro: 1.DOLOR CRONICO .Vanderberghe, Cruz y Ferro (2003) .Vanderberghe, Ferro y Cruz (2003) .Vanderberghe y Ferro (2005) 2.DEPRESION .Oliveira y Vanderberghe (2015) .Vanderberghe y Leite (2018) 3.TRASTORNO DE PANICO CRONICO .Vanderberghe, Lemes y Furtado (2003) .Vanderberghe, Ferro y Cruz (2003) 4. TRASTORNO LIMITE DE PERSONALIDAD Y OTROS .Padilla Torres y Jimé nez TRASTORNOS DEL YO (PERSONALIDAD) Arriero (2014) .Padilla Torres, Martı́nez, Espı́n y Jimé nez (2017) .Reyes Ortega, Vargas y Kanter (2018) 5. TRANSDIAGNOSTICOS .Ruiz, Trillo y Ruiz (2019) 6.MALTRATO DE GENERO .Vaca, Ferro y Valero (2020) 13.5. Diferencias entre la FAP individual y grupal (y más en FACT grupal) 1. Un contexto grupal evoca muchas más CCRs que uno de terapia individual. 2. Además de las habilidades del terapeuta para el manejo grupal, es esencial usar la propia interacción entre los miembros del grupo como punto extra de potencial de cambios (doble papel actores/directores) 3. El reforzamiento en un ambiente grupal es más semejante al de un ambiente natural que el de la terapia individual y no siempre es necesaria la intervención del terapeuta sino las respuestas de los compañeros del grupo. 14 Cómo hacer FAP de Grupo en nuestro contexto. Actores y Directores 14.1. Justi cación de la adaptación de la FAP grupal a un contexto público de salud mental: La inmensa mayorı́a de los textos de terapias psicoló gicas no suelen describir el contexto de trabajo de los terapeutas limitá ndose a la exposició n de sus modelos y procedimientos. Esto y má s para una terapia contextual que tenga en cuenta las condiciones de su medio social de trabajo es necesario, ya que supone hacer adaptaciones y modi icaciones al mismo. Nuestro contexto de trabajo en una institució n pú blica de salud mental, un equipo de salud mental comunitario perteneciente a un á rea sanitaria bajo la direcció n econó mica y administrativa inmediata de un hospital comarcal y la má s amplia del Servicio Andaluz de Salud (S.A.S) de Españ a supone una serie de caracterı́sticas sociales-sanitarias especı́ icas: -El equipo de salud mental comunitario (USMC) está formado por tres psiquiatras, tres psicó logos, dos enfermeros, una trabajadora social, una administrativa y dos auxiliares clı́nicas; correspondiendo el trabajo de direcció n terapé utica central a los psicó logos y psiquiatras y en algunos casos concretos en colaboració n con el personal de enfermerı́a y la trabajadora social. La orientació n teó rica de los profesionales de esta unidad, y de otras similares del SAS suele ser diversa; siendo lo má s frecuente que los psicó logos tengan orientació n cognitiva-conductual de segunda generació n o sisté micaestraté gica y que los psiquiatras, en su mayorı́a solo se dediquen a prescribir psicofá rmacos; salvo complemento de psicoterapia de apoyo en algunos casos (que suele ser eclé ctica). A diferencia de los manuales de psicoterapia elaborados en su mayorı́a de fuentes norteamericanas o centros hispanoparlantes que comparten una ilosofı́a comú n de trabajo y orientació n terapé utica; en los servicios pú blicos predomina la heterogeneidad de enfoques y orientaciones, salvo a nivel administrativo-organizativo que es el modelo mé dicodiagnó stico, llegando incluso a distribuir un sistema de incentivos adicional (la productividad) en un 70% segú n la prescripció n por los psiquiatras de fá rmacos gené ricos y que afecta a todo el servicio. -Las agendas diarias de trabajo de las personas que acuden a la USMC se nutren de personas derivadas por los mé dicos de atenció n primaria pú blicos (ambulatorios) y se reparten a psiquiatras o psicó logos segú n el criterio de ese medico derivante o el conceso interno del servicio. Lo habitual es que cada psicó logo o psiquiatra tenga al dı́a asignado unas 8 personas, de las que 6 suelen ser revisiones y dos casos nuevos; atendidos aproximadamente sobre media hora. Esto conlleva que un psicó logo o psiquiatra de estos servicios atienda a la semana 40 personas distintas, siendo 10 nuevos casos y 30 revisiones. El resultado es que las revisiones se hacen muy demoradas, a veces en los psicó logos cada 2-3 semanas en los mejores casos y en los psiquiatras de varios meses en otros. En este contexto es muy complicado realizar una terapia psicoló gica continuada y secuenciada, al menos una terapia individual; y el efecto contingencial de las intervenciones psicoló gicas es bastante reducido; conllevando la necesidad de realizar otras intervenciones alternativas, como la grupal, que si bien no puede abarcar toda la demanda existente (la mayorı́a de los compañ eros se dedican ademá s solo y exclusivamente a terapias individuales); al menos ofrece una alternativa de má s calidad y posibilidades a grupos de personas (Ruiz y Trillo, 2017: Ruiz y cols.2017; Ruiz, Ruiz y cols.2018 y Ruiz, 2018). 14.2. Uso de protocolos generales y exibles. Agendas frecuentes: Las principales adaptaciones de la FAP (y de sus componentes en la FACT) suponen dos aspectos: 1º-Pasar de 4-5 personas por grupos de la FAP habitual a 10-12 de la FAP en nuestro contexto de trabajo de la USMC. 2º-Introducir en las sesiones el papel de actores/directores en las personas que acuden y participan en los grupos; dá ndoles un papal aú n má s activo en estas. Usamos un protocolo lexible para las sesiones, que complementa el Aná lisis Funcional previo realizado en sesiones individuales a cada miembro del grupo seleccionado para estos grupos. Estos protocolos son lexibles en el sentido de que se adaptan a lo que aparece en las sesiones y no en seguir necesariamente una agenda in lexibles de puntos o reglas. Suelen conllevar la formació n de grupos de 8 a 12 personas, que se reú nen durante 12 sesiones de dos horas de duració n, una vez por semana. En las personas adultas el protocolo de 12 sesiones suele tener el siguiente contenido: Sesiones 1 a 3: 1. Psicoeducació n al grupo: .Presentació n de la FAP de grupo y el doble papel “actor y director” en las sesiones grupales .Presentació n de las 5 reglas (con viñ etas grá icas dibujadas) .Presentació n de la hoja de trabajo voluntaria de las tres CCRs. .Presentació n del concepto de “equivalencia funcional” 2. Cuestionarios de evaluació n inicial (realizados en las mismas sesiones grupales): .AAQ-II .EOSS…etc. 3. Apertura a la experiencia grupal: .Presentació n de nombres, que nos trae al grupo y que esperamos de este .Relatos de problemas en sus vidas cotidianas como “actores/actrices” .Observació n y devolució n de CCRS con o sin la hoja de trabajo como “directores/as” y usando las 5 Reglas de FAP (lo que de tiempo en las sesiones) Sesiones 4 a 7: 1. Ejercicios de trabajo de moldeamiento con dimensiones del Yo bajo control pú blico: Ejercicios iniciales para aumentar el control privado de los miembros del grupo .Cine de tu mente .Ejercicio de mindfulness .Ejercicio adicional si procede (p.e atreverse a mostrar algo difı́cil) .Observaciones mutuas del lenguaje no verbal y feedback de esto .Al inal de las sesiones compartir que les ha resultado má s y menos agradable de la sesió n de hoy 2. Trabajo con las CCRS con las 5 Reglas con o sin hoja de trabajo: .Relatos de problemas en sus vidas cotidianas como “actores/actrices” .Observació n y devolució n de CCRS con o sin la hoja de trabajo como “directores/as” y usando las 5 Reglas de FAP (lo que de tiempo en las sesiones) Sesiones 8 a 12: 1. Ejercicios de trabajo de moldeamiento con dimensiones del Yo bajo control pú blico: Ejercicios más avanzados para aumentar el control privado de los miembros del grupo .Ejercicio de asociació n libre por escrito .Ejercicio de mindfulness tipo A.R.A .Ejercicio adicional si procede (p.e atreverse a mostrar algo difı́cil) .El terapeuta comunica al inal de la sesió n que ha experimentado en la sesió n de hoy sin añ adir ni preguntarles a ellos lo mismo, esperando que los miembros del grupo hagan algo similar; y al ir llegando el cierre de las sesiones comentar algo del estilo siguiente: “Alguien desea decir algo de la sesión de hoy?” 2. Trabajo con las CCRS con las 5 Reglas con o sin hoja de trabajo: .Relatos de problemas en sus vidas cotidianas como “actores/actrices” .Observació n y devolució n de CCRS con o sin la hoja de trabajo como “directores/as” y usando las 5 Reglas de FAP (lo que de tiempo en las sesiones 3. Cuestionarios de evaluació n inal (realizados en las mismas sesiones grupales): .AAQ-II .EOSS…etc. 4. Despedida y cierre de la experiencia grupal: .Compartir que han aprendido y que se llevan de esta experiencia grupal .Puede ser pertinente introducir el tema de las “perdidas” y terminació n de las relaciones como evocació n de CCRs ante la inalizació n del grupo .Se pueden ir espaciando las ú ltimas sesiones o dejarlas semanales Nota: En la versió n FACT de este mismo añ o, 2020 hemos cambiado algunos de los componentes previos apuntados en esos protocolos de la FAP. 14.3. Como presentamos la FAP al grupo. Los dos papeles en el grupo. Actores y directores: Comentamos y entregamos a los miembros del grupo una hoja similar a esta: PSICOTERAPIA ANALITICA FUNCIONAL DE GRUPO. PRESENTACION (Ruiz, 2017) En esta sesión inicial hablaremos de varias cosas que nos van a servir para trabajar y producir cambios a lo largo de las sesiones de grupo. 1º-Haremos una ronda para presentarnos cada uno/a al resto del grupo. Cada uno dirá su nombre, que le trae al grupo y que objetivos le gustarı́a alcanzar en estas reuniones donde nos vamos a ver y relacionar. “¿Qué te trae al grupo y qué te gustarı́a conseguir viniendo al grupo?”. En la sesió n inicial y inal haremos alguna valoració n adicional con cuestionarios. 2º-Explicaremos los dos papeles o roles que vais a tener cada uno/a en este grupo que nos permita que sea ú til. Vais a hacer de pacientes y de terapeutas de cada uno en cierto modo: 2. a. Papel de actor/actriz: Cada uno/a contará los problemas de su vida cotidiana como los maneja y có mo se siente al contarlo aquı́ a los demá s en el grupo. 2. b. Papel de director/directora: Cada uno/a dirá que le hace sentir lo que cuenta sus compañ eros y que problemas y progresos le ven aquı́ en el grupo al compartirnos eso, y a qué creemos que se debe. 3º-Nuestro papel como psicó logo (y de otros compañ eros del servicio si los hay en este grupo) es enseñ aros a que vosotros mismos como directores del grupo, junto a nosotros consistirá en hacer 5 cosas: .REGLA 1-¿OBSERVAIS QUE LO QUE CONTAMOS APARECE AQUI Y AHORA EN LA MISMA SESION DE GRUPO? Estar atentos a como se presenta en estas reuniones de grupo los problemas o progresos que contá is que suceden en vuestras vidas diarias En estos nos ayudareis con vuestro papel de directores/as observando los problemas y progresos que aparecen en las sesiones de grupo. .REGLA 2-¿COMO PODEMOS PROVOCAR Y TRAER AQUI Y AHORA AL GRUPO VUESTROS PROBLEMAS Y PROGRESOS QUE CONTAIS SUCEDEN EN VUESTRAS VIDAS DIARIAS? Hacer que en las mismas reuniones de grupo aparezcan los problemas y progresos que contá is sucede en vuestras vidas diarias fuera del grupo para ir cambiá ndolos con vuestro papel de directores/as. .REGLA 3-¿COMO PODEMOS REFOZAR LOS CAMBIOS Y PROGRESOS QUE OBSERVAMOS AQUI Y AHORA EN LAS SESIONES DEL GRUPO? Comentamos que progresos vemos en los compañ eros que se ven directamente en las sesiones y como nos hace sentir esos progresos .REGLA IV-COMPARTIMOS COMO NOS HACE SENTIR Y HACER LO QUE COMPARTIMOS ENTRE TODOS EN LAS SESIONES DE GRUPO. Comentamos y compartimos como nos hace sentir lo que hablan y vemos en los compañ eros del grupo y si eso nos hace participar y conectar con ellos má s o menos en estas reuniones. .REGLA V-COMPARTIMOS A QUE CREEMOS SE DEBEN LOS PROBLEMAS Y PROGRESOS DE NUESTROS COMPANEROS QUE VEMOS AQUI EN EL GRUPO Y COMO ESO LES PUEDE SERVIR EN SUS VIDAS DIARIA Mi papel en la terapia de grupo: como actor/actriz 1-¿Qué problema he tenido esta semana pasada y cómo me ha hecho sentir a mí y a las personas con las que convivo? 2-¿Qué progresos he hecho esta semana pasada y cómo me ha hecho sentir a mí y a las personas con las que convivo? 3-¿A qué achaco a atribuyo esos problemas y /o progresos y eso en que me ayuda a darme cuenta de algo importante para mí? Mi papel en la terapia de grupo: como director/directora 1-¿Qué problema observo en cada uno de mis compañeros/as del grupo en esta sesión qué es similar al que presenta en su vida diaria y cómo me hace sentir aquí y ahora? 2-¿Qué progreso observo en cada uno de mis compañeros/as del grupo en esta sesión qué es similar al que presenta en su vida diaria y cómo me hace sentir aquí y ahora? 3-¿A qué achaco a atribuyo esos problemas y /o progresos de cada uno de mis compañeros/as que observo en esta sesión y eso cómo podría ayudarles a darse cuenta de algo importante para ellos/ellas? HOJA DE ANOTACIONES PARA LOS MIEMBROS DEL GRUPO Y LOS TERAPEUTAS (Ruiz, 2017) Fecha: Sesió n n: Nombre. Problemas que le Progresos que le Có mo me hace sentir y actuar con observo aquı́ en esta sesió n observo aquı́ en esta él/ella y a que creo se debe su de grupo sesió n de grupo problemas o progresos (Regla 1 y 2) (Regla 2 y 3) (Regla 4 y 5) 14.4. Como presentamos la equivalencia funcional al grupo: -¿QUÉ ES LA EQUIVALENCIA FUNCIONAL EN EL GRUPO?- (Ruiz, 2017) Llamamos equivalencia funcional a la semejanza de los ines, propó sitos o efectos que tienen las conductas de las personas entre las situaciones que viven fuera del grupo en sus vidas diarias en las relaciones con otras personas y las que viven dentro de las sesiones de grupo en las relaciones con sus compañ eros en estas sesiones. Algunos psicó logos le llaman tambié n relaciones de transferencia y contratransferencia sobre todo cuando relacionan experiencias pasadas de las personas con otras que viven en la actualidad. Por ejemplo personas que han sido educadas en un contexto familiar en su infancia y adolescencia muy severo y autoritario y no han tenido la oportunidad de expresar sus deseos má s personales e ı́ntimos cuando se relacionaban con sus padres que dirigı́an sus vidas y les castigaban si expresaban sus opiniones y deseos distintos a los de aquellos. En sus vidas actuales cuando se relacionan con otras personas que tienen un estilo muy directivo de aconsejarles y orientarles (por ejemplo un mé dico, un psicó logo, algú n compañ ero del grupo) pueden actuar de manera similar, acatando, obedeciendo, evitando expresar sus opiniones y deseos, incluso llegar al extremo de sentir que no saben lo que quieren y solo actuando segú n “una autoridad experta”, evitando reprimendas o crı́ticas personales. En este caso habrı́a una equivalencia funcional o “parecido” entre las situaciones temporales: la pasada donde un padre que le dirigı́a de manera autoritaria, y la actual donde un profesional o un compañ ero le dirige de manera experta y los efectos que tendrı́an para su conducta en ambas citaciones que es evitar exponer sus opiniones y deseos para no tener crı́ticas o rechazo. Otro ejemplo distinto de equivalencia funcional podrı́a ser el de un niñ o o joven que se rebeló ante sus padres que intentaban imponerle unos criterios educativos y con rebeldı́a consiguió lo que deseaba evitando las consecuencias negativas. Y en este caso en la actualidad en situaciones parecidas donde un experto lo trata de orientar, puede rebelarse de nuevo oponié ndose a sus consejos y consiguiendo, “salirse con la suya” como efecto. Sin embargo la “equivalencia funcional” no se limita a la relació n pasado-presente entre los padres o iguras importantes de la infancia o adolescencia de la persona y las relaciones actuales (lo que llamamos antes transferencia y contratransferencia). Otras conductas en diferentes situaciones pueden relacionarse segú n sus semejanzas en sus consecuencias, efectos o propó sitos, tendiendo funciones similares. Por ejemplo si una persona ante situaciones donde recibe crı́ticas en su vida cotidiana, opta por callarse y no expresar sus opiniones, para conseguir que no sigan criticá ndola (la funció n de callarse) y en las sesiones de grupo algú n compañ ero le re iere su escasa participació n haciendo que se calle aú n má s, y dejando esa persona de hacerle observaciones. Otro ejemplo puede ser el de un compañ ero de grupo que re iere que en su vida cotidiana tiene discusiones con su pareja porque esta le dice que no participa a penas en la vida familiar, actuando diciendo que está cansado del trabajo y se va de casa largas horas para evitar má s reprimendas (la funció n de irse); y despué s en las sesiones de grupo llega reiteradamente tarde cuando se le ha comentado antes en alguna sesió n su escasa participació n en el grupo. Un tercer ejemplo podrı́a ser la de una persona que se queja de que en su vida diaria no le hacen mucho caso cuando re iere estar triste y deprimida y que ademá s le critican por sus quejas continuas, al parecer para tener má s atenció n (su funció n); y en el grupo monopoliza las sesiones contando todo con mucho detalle, di icultando la participació n de los compañ eros, y que reacciona con una queja similar si se le llama la atenció n de esto. De esta manera tenemos dos tipos de equivalencias funcionales, (1) una temporal e histó rica entre relaciones pasadas y relaciones actuales (incluyendo las del grupo) y (2) otra situacional entre situaciones actuales de las personas del grupo fuera en sus vidas cotidianas y dentro de las sesiones grupales. Sin embargo hay que advertir algo muy importante: lo que puede ser un problema en una situació n, en otra puede ser un progreso o ventaja. Por ello decimos que las conductas está n contextualizadas. Por ejemplo callarse y no responder ante una persona que nos amenaza con un cuchillo o una pistola y que nos insulta airadamente puede ser una forma de evitar males aú n mayores (su funció n); o cuando un agente de trá ico nos da el alto por una infracció n en la que no estamos de acuerdo y en vez de discutir con este en la carretera decidimos recurrirla despué s, para evitar en esa situació n e desacato a la autoridad y el incremento de la multa. Y en otras situaciones distintas esa persona que se solı́a callar, por ejemplo en las sesiones de grupo o hablar con un tono de voz casi inaudible, eleva el tono de voz atrayendo la atenció n de sus compañ eros de grupo. Tambié n es importante recordar que la mayorı́a de las relaciones que tenemos con otras personas dentro y fuera del grupo la tenemos hablá ndoles a travé s de nuestra conducta verbal (nuestro lenguaje). Esto quiere decir que la mayorı́a de las equivalencias funcionales que veamos en las sesiones del grupo será n a travé s de lo que nos cuentan o piden los compañ eros, nos demos cuenta de esto o no (aunque buscaremos a inar el darnos cuenta de esto. Una buena manera de trabajar en las sesiones grupales es compartir los sentimientos que tenemos ante las conductas de los demá s, tanto en nuestras vidas diarias como en las sesiones grupales. Es posible que los sentimientos que provocamos en los demá s al hablarles o actuar de una determinada manera se reproduzcan en las sesiones grupales como equivalencias funcionales, aunque a veces no nos demos cuenta, y rebelen lo que otros psicó logos llaman “reacciones inconscientes”; precisamente por no darnos cuenta del efecto que produce en otros. Por ello hablar y compartir con tus compañ eros de grupo el efecto que causa en ellos, en sus sentimientos tus relatos y acciones en el grupo es central. 14.5. Como presentar las 5 reglas con los dos papeles al grupo: Presentaremos las 5 Reglas de la FAP (Kholenberg y Tsai, 1991) mediante el doble papel de actores y directores en las sesiones grupales. Para hacer esto, seguiremos una secuencia aproximada, pero no rı́gida de los siguientes pasos (No es rı́gida por que la diná mica de grupo puede a veces generar otras secuencias diferentes a la descrita aquı́): 1-Primer momento: Hacemos una ronda de cómo les ha ido en la última semana fuera del grupo, que problemas y progresos han tenido y có mo han manejado esas circunstancias de sus vidas durante la semana; y como se sienten al compartirnos eso (Papel de actores/actrices) 2-Segundo momento: Observamos (vemos y escuchamos) como les afecta lo que nos relatan dentro del grupo (Papel de directores/as. Regla 1). 3-Tercer momento: Si no nos queda muy claro có mo se re leja lo relatado y observado en el aquı́ y ahora de la sesió n, evocaremos esos problemas o progresos para que sean observables por todos, permitiendo contactar con esa experiencia equivalente funcionalmente y aplicar contingencias para su bloqueo o extinció n (CCR1), refuerzo positivo (CCR2) o moldeamiento de interpretaciones funcionales; es decir evocaremos o provocaremos experiencias equivalentes para que observemos como les hace sentir y actuar en el aquı́ y ahora del grupo, usando por ejemplo una serie de ejercicios de evocació n o haciendo preguntas pertinente al respecto de có mo les hace sentir eso aquı́ y ahora (Papel de directores/as. Regla 2). 4-Cuarto momento: Si expresan progresos en sus vidas diarias y ademá s son observables en la consulta por lo que nos dicen, como nos lo dicen y sobre todo por las consecuencias positivas que generan en el resto de sus compañ eros de grupo (sus funciones), reforzaremos esos progresos nosotros como terapeutas y sus compañeros de manera positiva y natural con expresiones de lo agradable que nos hace sentir ver eso y sobre lo que le ayuda en su vida, cada uno con su lenguaje y forma habitual (Papel de directores/as. Regla 3). 5-Quinto momento: Compartimos entre todos los miembros del grupo, con los terapeutas incluidos si procede en ese momento, como nos hace sentir, pensar y actuar los problemas y progresos de sus vidas diarias y aú n má s los problemas (CCR1), progresos (CCR2) observados y hechos en las mismas sesiones, y si eso compartido nos hace sentir más conectados y cohesionados en el grupo entre todos. La cohesió n grupal en FAP puede ser un importante indicador del ACL (Conciencia, valor y amor compartido) en el grupo (Tsai y Kanter, 2008); o sea del papel reforzante del intercambio grupal en curso (Papel de directores/as. Regla 4). 6-Sexto momento: Evocamos o compartimos nuestras interpretaciones de los problemas y progresos observados en los compañ eros del grupo, y los terapeutas moldean verbalmente que sean lo má s funcionales posibles desde el cuá ndo ocurre, que hace o deja de hacer y qué efectos y funciones tiene para sus conexió n social con otras personas en el grupo y posiblemente en sus vidas diarias (Papel de directores. Regla 5). Nota: Procurar si las circunstancias de cada sesió n lo permiten y son pertinentes, recorrer las 5 reglas, pero sin que sea algo rı́gido, ya que en grupos má s numerosos podemos a veces solo desarrollar algunas de estas en muchas sesiones. 14.6. Ejercicios grupales generales. Evocación de CCRS: (Adaptados de Valero y Ferro, 2015) 1. Preguntas de riesgo emocional: Se usa al inicio de las sesiones grupales haciendo preguntas del siguiente estilo-“¿Entre 0 y 10 que grado de intimidad, cercanía y con ianza habéis tenido esta semana pasada con alguna persona que os importa de vuestra vida?”. “¿Y en esta sesión con vuestros compañeros de grupo a que grado entre 0 y 10, queréis llegar de intimidad, cercanía y con ianza?” “¿A qué atribuís esa puntuación?”. 2. Preguntas de opiniones, reconocimientos y quejas de la sesión de grupo: Se usan en el tramo inal de la sesió n del grupo con preguntas del siguiente estilo- “¿Qué os ha servido más de esta sesión?”. “¿Habéis experimentado algo similar a lo que os pasa en vuestra vida diaria?”. “¿Hay algo de lo que hemos vivido en la sesión de grupo que os sea útil para vuestras vidas diarias?”. “¿Hay algo importante que os haya quedado pendiente en la sesión de hoy?”. “¿Hay algo que os haya molestado o dolido mucho en la sesión de hoy?”. 3. Ejercicio de la mano no dominante: “Ahora os voy a pedir que con la mano con la que no soléis escribir normalmente escribáis en un folio durante 5 minutos vuestros mayores y más profundos sentimientos, necesidades y miedos”. 4. Inventario de pérdidas: Se utilizan en la secuencia de sesiones inales pidiendo a los miembros del grupo que hagan un listado de las mayores pé rdidas que han experimentado en sus vidas, incluyendo personas, ilusiones, proyectos, y dicié ndoles que hacemos esto para que contacten con emociones que han estado evitando y a qué les ha llevado esas evitaciones en sus vidas. Se puede incrementar el efecto de esta tarea pidié ndoles que traigan fotos y objetos relacionados con estas pé rdidas. 5. Ejercicio de las voces internas: Se utilizan con clientes con un “Yo inseguro” que rumian sobre qué curso de acció n o decisió n tomar. Se les pide hacer un listado de las “voces” o conceptos de sı́ mismos que tienen y que les dicen “Yo soy o tú eres tal cosa”. Una vez realizado se les enseñ a con algú n ejercicio experiencial a defusionarse de estas voces o aceptarlas mientras van dando pasos o tomando riesgos en direcciones valiosas para ellos, como se hace desde ACT. 6. Declaración de una misión personal: Se plantea a los miembros del grupo que escriban una carta que describa cuá l es su misió n en la vida; que es lo que quieren hacer en sus vidas, el tipo de persona que quieren ser en sus vidas; y el legado que quieren dejar a otras personas que les importen. Es un procedimiento similar al de clari icació n de valores de la ACT. 14.7. Ejercicios grupales para personas con problemas del yo en grupo: (adaptados de Valero y Ferro, 2015) 1. Reforzar el hablar en ausencia de claves externas especí icas: Buscamos con esto ir moldeando el mayor control privado de los miembros del grupo de sus experiencias internas. En las sesiones iniciales podemos plantear al grupo preguntas en el tramo inal de las sesiones, del estilo-“¿Qué os ha resultado más y menos agradable de la sesión de hoy?” El/la terapeuta puede intervenir en primer lugar expresando sus respuestas a esa pregunta. En la secuencia de sesiones má s avanzadas el terapeuta al inal de las sesiones puede expresar lo que le ha resultado má s y menos agradable de la sesió n de hoy sin diseñ ar la ronda de preguntas y esperar a que el resto del grupo comparta sus opiniones. 2. Ajustar las tareas terapéuticas al nivel de control privado de los miembros del grupo: Buscamos tambié n con esto ir moldeando el mayor control privado de los miembros del grupo de sus experiencias internas. Para ello podemos usar ejercicios de asociació n libre estructurados como el llamado “Cine de la Mente” (En la secuencia de sesiones má s iniciales): “Cerrad los ojos e imaginar que estáis sentados todos en un cine cada uno en su butaca. La pantalla está completamente en blanco, ya que aún no comenzó la proyección de la película y las luces de la sala encendida. Se apagan las luces y comienza la película. La primera escena que veis en la pantalla es estar todos sentados en círculo, conmigo incluido, en esta sala. La siguiente escena que veis en la pantalla es veros viniendo por la calle hacia ese edi icio para venir al grupo, ya fuera andando o en coche. La siguiente es veros donde estabais antes de salir de camino para aquí. A partir de este momento las escenas que veis en la pantalla van a mucha velocidad hacia atrás en vuestras vidas, de modo que solo veis imágenes borrosas y rallas en la pantalla, hasta que llega un momento que la película se para de golpe en un punto. ¿Qué veis ahora? Hacemos una ronda de lo que cada uno/a ha visto en su pantalla en ese retroceso y parada de golpe. Escuchemos con atención sin hacer ningún tipo de comentario a lo que han visto cada uno de nuestros compañeros/as de grupo”. Otro ejercicio para secuencia de sesiones má s avanzadas es el de la “asociació n libre por escrito”. Se les pide a los miembros del grupo que durante unos pocos minutos escriban en un folio todo los que se le pase por la mente sin censura. Después pueden poner en común lo que desean compartir o no en el grupo (por ejemplo subrayando lo que no); aunque se les dice que lo deseable es no callar nada de lo escrito. En la puesta en común se escucha sin hacer juicios o comentarios. 3. Reforzar tantas expresiones del tipo “Yo quiero, yo pienso, yo siento, yo opino X” como sea posible: Al igual que con los procedimientos previos buscamos tambié n con esto ir moldeando el mayor control privado de los miembros del grupo de sus experiencias internas. En la secuencia de las sesiones iniciales y tambié n al inicio de las sesiones se pueden plantear una ronda de “Mirar los gestos de los compañ eros y ver có mo se sienten”: En el círculo del grupo se les pide mirarse en silencio a las caras, a sus gestos, postura del cuerpo, a su lenguaje no verbal (o hacer parejas para esto) e intercambiar como ven que se sienten sus compañeros del grupo aquí y ahora; y después intercambiamos si eso se ajustó a como se sienten. En la secuencia de sesiones má s avanzadas, o en la misma sesió n en un momento má s avanzado se puede preguntar algo del estilo-“¿Alguien quiere compartirnos cómo se siente aquí y ahora?” y el resto del grupo le escucha con atención sin emitir juicios o valoraciones, salvo modelar que cada uno vive y siente las cosas a su manera”. 4. Usar técnicas de mindfulness: Tambié n con ellos buscamos moldear el control privado de las experiencias personales en este caso en presencia de condiciones estimulares aversivas sin evitació n experiencial, como tambié n se hace en ACT. Esta es la forma de presentar mindfulness en FAP. Los ejercicios mindfulness desde la FAP se suelen presentar de la siguiente manera: “Os voy a proponer un ejercicio de meditación que tiene la inalidad de que permanezcamos en contacto con experiencias internas y personales que nos resultan desagradables, sin huir ni apartarnos de ellas. Así podemos notar nuestros sentimientos personales privados sin huir de ellos. Despué s haremos una ronda en grupo donde cada uno compartirá a que sentimientos y experiencias internas se ha abierto, escuchando con atención sin enjuiciar lo que cada uno/a haya experimentado” En la secuencia de sesiones iniciales se buscan ejercicios que les pongan en contacto con experiencias personales privadas de menor di icultad usando procedimientos como la relajación muscular de Jacobson, la autógena de Schultz o la meditación de la respiración. En la secuencia de sesiones má s avanzadas se usa sobre todo la meditació n llamada A.R.A (“Awareness-Relaxatió nAcceptance”Conciencia-Relajació n-Aceptació n). Se le expone al grupo como un ejercicio que pueden usar cuando se encuentran en presencia de otras personas con las que les cuesta mantener su propia opinió n o expresar sus deseos y opiniones; y que se puede practicar y entrenar para lograr mayor conciencia de las experiencias internas difı́ciles en esos momentos, aprendiendo a relajarse y aceptarse a sı́ mismos sin evitació n. El ejercicio consta de 3 pasos que se realizan entre unos 1020 minutos. (1) En el paso inicial cada miembro del grupo elige una palabra o frase corta que para é l/ella sea importante y les motive a enfrentar situaciones di íciles en presencia de otras personas. Tras elegir esa palabra o frase se les instruye a observar su respiración en el momento presente, sin intentar controlarla, y al expirar repetirse esa palabra o frase elegida; (2) Se hace un recorrido mental de la cabeza a los pies en una posición cómoda y cualquier tensión que se note en ese recorrido se va soltando apoyado en respiraciones lentas y profundas, donde la expiración es más larga que la inspiración y es apoyada por la repetición de esa palabra o frase; y (3) Se vuelve a hacer un repaso mental del cuerpo imaginando la presencia de esa persona haciendo o diciéndonos algo que nos incomoda, y en el repaso parándonos en los puntos de tensión, soltando la tensión con las respiraciones lentas y profundas como antes, la repetición de la frase o palabra elegida en las expiraciones, observando las sensaciones y pensamientos internos como voces que nos critican siguiendo adelante sin responder a ellos ni criticarnos y notando la presencia de malestar sin huir de este.” 14.8. Las 5 reglas de la FAP grupal en viñetas: (Ruiz y Ruiz, 2018 y 2020) Las viñ etas pueden adjuntarse al material que se es entrega a los miembros del grupo en cada sesió n (la agenda lexible de la sesió n) y se usadas para moldear sus papeles de actores/directores en las sesiones grupales 14.9. Adaptación del modelo ACL a la FAP de grupo. Viñetas: Las viñ etas pueden adjuntarse al material que se es entrega a los miembros del grupo en cada sesió n (la agenda lexible de la sesió n) y se usadas para moldear sus papeles de actores/directores en las sesiones grupales. El modelo ACL (Awareness-Conciencia, Courage-Valor y Love-Amor) consta fundamentalmente de cadenas operantes de acciones en situació n social que tiene el efecto, en las circunstancias adecuadas, de producir efectos de conexió n e intimidad social (Tsai y Kanter, 2008; Reyes y Kanter, 2017). Bá sicamente consta de tres clases funcionales de repertorios de conductas: -Discriminar las propias necesidades personales y la de las personas que nos importan, y discriminar cuando y como expresarlas para aumentar la probabilidad de conexió n social (Conciencia) -Discriminar las propias vulnerabilidades y cuando y como expresarlas para aumentar la probabilidad de conexió n social (Valor) -Discriminar cuando la expresió n de esas vulnerabilidades recibirá reforzamiento en forma de respuestas de validació n, empatı́a, escucha y comprensió n (Amor) La escala FIAT de Callaghan (2006) valora aspectos repertorios cercanos al modelo ACL; aunque hay una escala reciente propiamente focalizada y validada en su valoració n: la “Awareness, Courage, and Responsiveness Scale” (ACRS; Kuczynski y cols. 2019). 15 Qué y cómo evaluar en FAP de Grupo 15.1. De las CCR1. Problemas en las mismas sesiones: Nota: Todo depende de sus efectos funcionales segú n qué situaciones o contextos má s que de su forma o topografı́a Observamos que… 1-Falta a varias sesiones sin argumentos convincentes. 2-Le cuesta abrirse y exponerse y hablar de sus di icultades o progresos. 3-Monopoliza las intervenciones di icultando el feedback e intervenció n de sus compañ eros. 4-Desconoce los nombres de sus compañ eros del grupo tras varias sesiones. 5-Le cuesta expresar lo que necesita o identi icar lo que necesitan las personas que les importa. 6-Les cuesta mostrar sus debilidades y vulnerabilidades. 7-Les cuesta pedir a sus compañ eros que necesitan o poner lı́mites a estos. 8-Viene a las sesiones con aspecto de icitario del autocuidado. 9-Les cuesta mostrar apoyo, validació n y compresió n a sus compañ eros cuando lo está n pasando mal o expresan progresos. 10-Otras segú n el caso concreto y sus contextos. 15.2. De las CCR2. Progresos en las mismas sesiones: Nota: Todo depende de sus efectos funcionales segú n qué situaciones o contextos má s que de su forma o topografı́a Observamos que… 1-Acude y participa regularmente en las sesiones. 2-Se abre y expone hablando de sus di icultades y haciendo que otros le hagan observaciones al respecto. 3-Permiten que tras sus intervenciones sus compañ eros le den feedback- 4-Conoce los nombres de los compañ eros de grupo y aspectos de sus vidas 5-Exponen lo que necesitan o que necesitan las personas que les importa. 6-Muestra sus debilidades y vulnerabilidades de manera no monopolizadora. 7-Piden a sus compañ eros lo que necesitan o ponen lı́mites a estos. 8-Vienen a las sesiones con aspectos mejorados de su autocuidado. 9-Muestran apoyo validació n y compresió n a sus compañ eros cuando lo está n pasando mal o expresan progresos 10-Otras segú n el caso concreto y sus contextos. 15.3. De las CCR3. De las explicaciones en las mismas sesiones: Nota: Todo depende de sus efectos funcionales segú n qué situaciones o contextos má s que de su forma o topografı́a Observamos que… 1-En el arranque de las sesiones comparten sus problemas y progresos en sus vidas diarias permitiendo que sus compañeros les escuchen y observen en las sesiones. 2-Intercambia los problemas y progresos que observan en sus compañeros en las sesiones de grupo (Regla 1). 3-Pregunta, responde o participa de manera activa en los ejercicios de evocación de CCRs relevantes (Regla 2). 4-Refuerza de manera natural los progresos personales o los de sus compañeros (Regla 3). 5-Interambia como se ve afectado y afecta a sus compañeros al compartir sus problemas y progresos (Regla 4). 6-Y sobre todo…Comparte e intercambia que conductas observan en sus compañeros (B), cuando se tocan ciertos temas concretos (A) y para qué parecen hacer ciertas cosas esos momentos (C) (Regla 5-A. Puede ser moldeada por pasos). 7-Y en la misma línea del paso 6 se moldea os pasos la relación entre lo que relatan viven en sus experiencias fuera del grupo y lo que le observan dentro de las sesiones (equivalencia funcional) (Regla 5-B). 15.4. Uso de cuestionarios y registros generales: Los má s usados: A)PREVIAS A LAS SESIONES DE GRUPO Y AL FINAL DE LAS SESIONES DE GRUPO: (1)Aná lisis funcional previo a la incorporació n al grupo de sus di icultades, recursos personales y contextos de vida donde aparecen. Se suele realizar por observació n y entrevista personal (2) Uso de cuestionarios que se pueden reevaluar tras la intervenció n grupal. Los má s usados son: .FIAT (Callaghan, 2006): Recaba categorı́a funcionales de có mo se tratan las necesidades, la comunicació n bidireccional, se manejan los con lictos, como expresa la divulgació n, la autorevelació n y la cercanı́a; en qué situaciones y con qué efectos. .Hoja historio-grá ica: Se usa para especi icar las conductas objetivos (CCR2) a incrementar y los datos má s importantes de la biografı́a y conceptualizació n del caso. .EOSS (Adaptació n españ ola de Valero y cols. 2013): Recaba informació n sobre el grado de control pú blico o privado de determinadas clases de conductas como potenciales CCRs en problemas del yo para trabajar en las sesiones .FAPIS (Leonard, 2014): Nos da informació n de mayor o menor grado de clases de conductas de contacto ı́ntimo con otros B) DURANTE Y DESPUES DE LAS SESIONES DE GRUPO: .Instantá nea Vital: Son un listado de á reas vitales donde se evalú a la satisfacció n en ellas .Hoja de trabajo para el terapeuta: Es una plantilla de CCRs observada en los miembros del grupo, sesió n a sesió n. Puede llevar incorporada notas de las reacciones de los compañ eros y efectos en ellas. 15.5. Nuestros cuestionarios en FAP de grupo: Nosotros hemos elaborado varios cuestionarios a lo largo de los añ os (Ruiz y cols., 2017: Ruiz, Ruiz y cols. 2018 y Ruiz, 2019) siendo el má s usado en la actualidad el que aparece en el apartado 19 de este texto, llamado el “Viaje del autobú s” (Ruiz, 2020) que se divide en dos momentos, al inicio de las sesiones de grupo recabando informació n semanal de manejo de experiencias de lexibilidad psicoló gica y conexió n social, y haciendo lo mismo de la experiencia vivida en la sesió n grupal realizada, al inal de la misma. Creemos que es una escala con má s sentido funcional que otras ya que apunta directamente a CCRs y a la equivalencia funcional dentro/fuera de las sesiones y nos da informació n individualizada y grupa de las á reas má s problemá ticas y los mayores recursos personales. La escala aparece en el apartado 19 de este libro. 16 La supervisión de los terapeutas de FAP de Grupo 16.1. Supervisar la conceptualización de los problemas de los miembros del grupo: Tres cuestiones bá sicas para el supervisor: 1-¿Có mo .Moldeando sus conocimientos sobre AFC conceptualiza la persona supervisada de manera funcional el caso de los miembros del grupo? 2-¿Có mo puedo como .Moldeando como aplicar el AFC al caso en cuestió n supervisor moldear esas habilidades de conceptualizació n funcional de los casos? 3-¿Có mo puedo .Preguntá ndole mediante AFC por los aspectos problemá ticos con los moldear las clientes y moldeando la discriminació n entre respuestas especı́ icas y habilidades de clases de conductas y los cambios má s pausados en lograr en estas relació n terapé utica ú ltimas de mi supervisado a .Moldeando cuestiones especı́ icas que suelen aparecer en las partir de sus relaciones terapé uticas: (1) Diferenciar entre las necesidades del fortalezas y cliente y las del terapeuta y canalizar las primeras, (2) Discriminar debilidades del impacto del uno sobre el otro, (3) Manejar las discrepancias de objetivos de ambos y (4) Manejar los problemas que surgen en la cercanı́a e intimidad entre ambos 16.2. Supervisar las habilidades del terapeuta de fap grupal: Dos cuestiones: (1)¿Qué concepció n tiene el terapeuta del .Alternativas: AFC?: ¿Desconocimiento, Barreras teó ricas -Enseñ ar a pensar en té rminos funcionales. previas, prejuicios? Cuá ndo y para qué hace eso el cliente en la sesió n grupal -Enseñ ar a detectar clases de respuestas con equivalencia funcional dentro/fuera de la sesió n grupal -Enseñ ar a pensar en té rminos de las triple contingencia (ABC) (2) ¿Có mo aplica la conceptualizació n -Enseñ arlo a aprender haciendo: funcional al caso concreto? (1) Usar ejemplos de otros casos (2) Como hacerlo en el caso concreto (3) No se trata de un AFC como una foto ija sino que va cambiando con la evolució n del cliente (4) Aprender a detectar las CCRs, usar las 5 Reglas y detectar el tipo de las funciones verbales (5) Casos resistentes: Preguntarnos por las variables que hacen que esta persona pida ayuda o asista a terapia 16.3. Supervisar como generalizar las habilidades del terapeuta: Para aprender repertorios amplios y lexibles para relacionarnos con distintos tipos de clientes y sus conductas problemá ticas es importante no ceñ irnos a guiones pre ijados. Para esto es importante que probemos nuevos repertorios con los clientes (por ejemplo los del ACL de Tsai y Kanter, 2008) y con otras personas de nuestra vida diaria Realizar supervisiones compartiendo casos con otros terapeutas que trabajen FAP individual o grupal Evaluar las supervisiones mediante cuestionarios de supervisió n validados (FASIT, TIPSS, FAPIS) y la observació n de la puesta en prá ctica y sus resultados de las nuevas habilidades del terapeuta 16.4. ¿La supervisión de los terapeutas FAP es similar para su trabajo con clientes individuales que con grupos?: Lo expuesto anteriormente es vá lido igualmente para el terapeuta grupal. Pero ademá s para el/la terapeuta grupal es tambié n importante de que tenga habilidades para generar un ambiente grupal reforzante y promotor de cambios: a)-Haciendo participar a todos los miembros del grupo y destacando/reforzando su contribució n al mismo. b)-Aplicando el doble papel actor/director en los grupos para hacerlos partı́cipes en los cambios c)-Aceptando los momentos duros y validando el dolor y el sufrimiento cuando es pertinente (discriminando de no reforzar CCR1s) d)-Conociendo y estimulando los factores comunes a todo tipo de terapias grupales (Yalom) desde la conceptualizació n de FAP 16.5. Supervisar los tres factores comunes grupales principales: 1.UNIVERSALIDAD .”¿Qué tenéis en común con vuestros compañeros de grupo?” .”¿Qué observáis aquí y ahora que tenéis en común con vuestros compañeros de grupo?” .”¿Qué notáis que tenéis en común con las personas que os importan en vuestras vidas diarias?” 2.COHESION .”¿Qué os agrada de este grupo que hace importante que acudáis a las sesiones?” .”¿Qué os resulta importante aquí y ahora en esta sesión de grupo que os une a vuestros compañeros?” .”¿Qué os resulta importante que os acerca a las personas que valoráis en vuestra vida diaria?” 3.ALTRUISMO .”¿En qué veis que os ayudáis los unos a los otros en este grupo?” .”¿En qué veis que os estáis ayudando los unos a los otros aquí y ahora?” .”En qué notáis que os ayudáis mutuamente vosotros y las personas que os importan en vuestras vidas diarias?” 16.6. Que conocimientos nos pueden ayudar a hacer FAP de grupo: 1-Aprender sobre principios del aprendizaje y Teorı́a del Marco Relacional 2-Aprender sobre terapias de grupo contextuales y no contextuales 3-Aprender sobre psicologı́a social y la perspectiva Socioconductista 4-Participar en grupos sociales diversos de amigos, vecinales, comunitarios, etc. 5-Visionar pelı́culas y grabaciones que traten sobre terapias de grupos 6-Hacer y participar como terapeuta y cliente en terapias de grupos. Los grupos Bion pueden adaptarse al formato FAP donde participan varios terapeutas como clientes, doble papel actor/director. PARTE IV: INTEGRANDO ACT Y FAP DE GRUPO. UNA PROPUESTA SECUENCIAL (Juan J. Ruiz Sánchez) 17 La relación entre la ACT y la FAP de Grupo 17.1. Bases comunes en el análisis conductual clínico: C.R de Farı́as y cols. (2010) de inen el aná lisis conductual clı́nico como un á rea de trabajo de los analistas de conducta caracterizada por: -LAS 7 CARACTERISTICAS CENTRALES DEL ANALISIS CONDUCTUAL CLINICO1-Es más que la sola aplicación de las técnicas de la terapia de conducta o la modi icació n de conducta. 2-Uso de los distintos procedimientos terapé uticos a travé s de la relación terapéutica. 3-Importancia de la historia de vida del cliente para entender las contingencias que controlan la conducta del cliente. 4-Importancia del análisis funcional de la conducta para establecer relaciones entre las conductas del cliente (lo que piensa, siente y hace) con lo que ocurre en el ambiente antecedente y consecuente de su vida y que mantiene, junto a la historia de vida pasada sus conductas actuales. 5-Formular hipótesis funcionales que respondan a cuestiones centrales del tipo: “¿Para qué se comporta esta persona de esta manera en estas circunstancias? (sus funciones) y que hace que estos comportamientos se mantengan en estas circunstancias?”. Las variables dependientes (V.D) son esas conductas que se mantienen, y las variables independientes (V.I) donde actuar, las condiciones ambientales antecedentes y consecuentes (internas y externas) a esas conductas. 6-Importancia de transformar las demandas y quejas de los clientes en de iniciones conductuales operacionales que especi iquen que hace/dice/piensa/siente (las V.D), su topografı́a con su intensidad o frecuencia, y en qué circunstancias antecedentes y consecuentes (las V.I) lo hace. 7-Tiene importantes diferencias con las terapias cognitivas-conductuales, siendo la mayor la que sitú a las causas de la conducta en la perspectiva conductista radical de Skinner donde esas causas no se encuentran en un sistema cognitivo de procesamiento de la informació n ni en un aparato mental interno de creencias o con lictos, sino en la interacció n del individuo con su ambiente pasado e histó rico y con su ambiente actual Cabe sin embargo preguntarse si las llamadas terapias de tercera generació n en especial la ACT y la FAP comparten esas 7 caracterı́sticas del aná lisis conductual clı́nico o está n má s cerca de la tradició n cognitiva-conductual como muchas veces se presentan. Desde nuestra perspectiva la FAP es plenamente coincidente con los 7 puntos expuestos al seguir plenamente la tradició n skinneriana. Donde caben má s dudas y discrepancias es con la ACT dada su vinculació n a la posició n postskinneriana de la Teorı́a del Marco Relacional y el uso que hace de té rminos intermedios (“Evitació n experiencial”, “Flexibilidad Psicoló gica”, “Los 6 procesos del Hexa lex”; etc.) que para algunos analistas de conducta está má s cerca de los constructos cognitivos que de los principios bá sicos del aprendizaje con sus de iniciones má s operacionales; y para otros suponen una expansió n y complemento hacia el llamado “Contextualismo Funcional” que para otros autores tendrı́a sus propias caracterı́sticas de initorias ,algunas distintas a la del aná lisis de la conducta y del aná lisis clı́nico de la conducta; siendo el tema má s controvertido la necesidad o no de la Teorı́a del Marco Relacional (TMR) . En este aspecto para algunos la TMR no aporta nada que no pueda ser explicado en té rminos de condicionamiento respondiente y operante (Tonneau, 2002) y para otros es necesaria para explicar fenó menos má s complejos que no son reductibles a contingencias o asociaciones directas ( Hayes, Barnes-Holmes y Roche, 2001; Hayes y Quiñ ones, 2005). Una aportació n creemos central que vincula la ACT al aná lisis clı́nico de la conducta es la realizada por Kevin Polk (2009) al plantear la lexibilidad psicoló gica como un repertorio de conducta operante basado en el moldeamiento de las discriminaciones D1, D2 y D3 (Ver apartado II de este libro). Sea como sea, ese debate solo es potencialmente solucionable desde la investigació n o la aclaració n conceptual (Guzmá n y Cisneros, 2019), y de cara a la intervenció n grupal consideraremos tanto a la ACT como a la FAP en la tradició n conductista radical skinneriana y postskinneriana, y en esa perspectiva se presenta en este libro; perspectiva deudora del aná lisis clı́nico de la conducta. 17.2. Similitudes y diferencias Sin embargo la Terapia de Aceptació n y Compromiso (ACT) y la Psicoterapia Analı́tica Funcional comparten por un lado a inidades y por otro son diferentes tambié n en una seria de aspectos. Tanto la ACT como la FAP aparecen por primera vez en el mundo acadé mico en 1987 en sendos capı́tulos de un libro de Jacobson (Hayes, 1987; Kohlenberg y Tsai, 1987) sobre terapias cognitivas-conductuales, siendo llamada originalmente la propuesta de Hayes como “Terapia Contextual y no como ACT aú n en ese añ o. El planteamiento de Kohlenberg y Tsai (1987) en esa publicació n inicial es partir de la experiencia acumulada del aná lisis de la conducta skinneriano para articular de manera operacional toda la experiencia interpersonal de las relaciones terapé uticas de varias tradiciones de la psicologı́a, especialmente la psicodiná mica. Por otro, el planteamiento de Hayes (1987) destaca el papel de lenguaje y la cognició n en la psicoterapia en aspectos que escapan en parte a la tradició n skinneriana. Este punto de partida va a marcar de manera signi icativa las semejanzas y diferencias entre ambos enfoques de terapia. La FAP plantea una serie de aportaciones ú nicas que no suele contemplar la ACT (al menos inicialmente): (1) La relació n terapé utica es lo que produce el cambio en terapia. De inir las CCRs en equivalencia funcional dentro/fuera de la sesió n es clave para ello. (2) El objetivo de FAP es crear relaciones ı́ntimas y cercanas en terapia y que estas se trans ieran fuera de las consultas a la vida cotidiana de los clientes. El modelo de Tsai y Kanter ACL desarrolla esto posteriormente (Tsai y Kanter, 2008). Su é nfasis es interpersonal (3) La supervisió n de los terapeutas FAP se centra en las habilidades relacionales a partir de las propias reacciones de los terapeutas a las CCRs de sus clientes que deben aprender a discriminar como tales. La ACT igualmente plantea una serie de aportaciones ú nicas que no suele contemplar la FAP (al menos inicialmente): (1) Plantea el dolor psicoló gico como una parte inseparable al hecho de existir como personas con lenguaje insertadas en contextos socioculturales donde se refuerza la eliminació n y el control contraproducente de ese dolor, convirtiendo ese dolor psicoló gico en sufrimiento problemá tico (2) Plantea un sustento teó rico-empı́rico desde la Teorı́a del Marco Relacional del lenguaje (TMR) para las intervenciones de ACT, donde el lenguaje y la cognició n se conciben como operantes relacionales arbitrarias donde partiendo de contingencias previas directas se abstraen claves contextuales (sin la presencia en ese segundos momento de contingencias directas) y se aplican a otros contextos generando tanto nuevas posibilidades como nuevos problemas psicoló gicos. Aunque para aplicar ACT no es estrictamente necesario la comprensió n y aplicació n de la TMR; sus proponentes consideran que su entendimiento y uso aumenta la calidad de las intervenciones ACT. (3)Plantea el concepto de lexibilidad psicoló gica (relacionado con el de evitació n experiencial y los 6 procesos del Hexa lex) para referirse a la decisió n conductual de realizar acciones consideradas valiosas aú n en presencia de pensamientos, sensaciones y emociones aversivas. Esto es central en todas las intervenciones tipo ACT. Un cuadro resumen de las diferencias y posibles semejanzas entre ACT y FAP: ASPECTO ACT FAP 1.Necesidad de Se puede aplicar sin ella por Necesita de una relació n cercana e una relació n ejemplo mediante bibliografı́a o ı́ntima interpersonal vı́deos cercana e ı́ntima 2.Aná lisis Centrado en el balance funcional de la evitaciones experienciales conducta-tipo aproximaciones valiosas comprometidas 3.Contexto cambio de Centrado en las CCRs y sus vs equivalencias vida diaria y sesiones y de Puede ser demorado mediante Es mediante relaciones directas de relaciones verbales derivadas a refuerzo natural en las relaciones, con partir de metá foras, ejercicios evocaciones, moldeamientos, bloqueos experienciales, etc. y extinció n 4. Los valores La clari icació n de valores es un Clari icació n de valores má s vaga , má s tema central en relació n al modelo ACL 5. Nuestra ACT es una cara de la moneda la FAP es la otra cara de la moneda la de propuesta grupal personal de la lexibilidad las relaciones con otras personas : Dos caras de una psicoló gica misma moneda 6. Equivalencias Los seis procesos de la Las CCRs en consulta de ACT y FAP lexibilidad psicoló gica como CCRs en consulta de contacto/intimidad relacional y su relació n con la contacto/intimidad relacional lexibilidad psicoló gica 17.3. Integración desde la FACT Sin embargo autores como Callaghan y cols. (2004) plantean que ACT y FAP pueden integrarse al menos de 3 maneras, sin que se agoten otras posibles combinació n; generando en todos los casos diferentes formas de FACT (ACT má s FAP) 1) Utilizando los conocimientos de la relació n terapé utica de FAP en la ACT. Es decir muchos de los problemas que aparecen en ACT en cuanto a defusió n cognitiva, aceptació n/apertura emocional y activació n comprometida hacia valores se realiza en contextos de relació n dentro y fuera de las sesiones; por lo que la potencia de ACT aumentarı́a con esta aportació n. 2) Utilizando los componentes de ACT, sobre todo el de aceptació n en la FAP. Trabajar con la aceptació n en FAP supone abrirse a las experiencias emocionales evitadas que inter ieren en las relaciones interpersonales tanto para el cliente como para el terapeuta; por lo que focalizar en este aspecto seria clave. 3) Integrar desde el principio de la terapia ACT y FAP: Plantean Callaghan y cols. (2004) que es difı́cil imaginar que en el proceso de modi icar o alterar repertorios interpersonales en una direcció n de má s conexió n e intimidad desde FAP no requiera la disposició n del cliente a experimentar experiencias emocionales aversivas (en una lı́nea ACT). Del mismo modo, es igualmente desa iante sugerir que la evitació n experiencial y las estrategias empleadas para participar en la aceptació n que se refuerza y promueve en ACT no ocurra en contextos interpersonales como propugna la FAP. De esta manera cada enfoque requiere del otro para captar las complejidades de los fenó menos psicoló gicos. 18 Para qué integrar ambos enfoques y cómo hacerlo 18.1. La dirección personal en la vida y las relaciones con otros Para desarrollar nuestra propuesta de integració n grupal creemos que hay que partir primero por entender que es una terapia de grupo desde una perspectiva general (Vinogradov y Yalom, 1998) y que es una terapia de grupo desde una perspectiva conductista radical que es la elecció n paradigmá tica que hacemos en esta obra, ya sea desde su versió n skinneriana (FAP) o post-skinneriana (ACT). Desde una perspectiva general la aportació n de Yalom a las terapias grupales desde su perspectiva existencial (ver parte I de este libro) es la má s potente en toda la tradició n de terapias grupales sean o no contextuales. Bá sicamente de ine una terapia de grupo como la combinació n de cuatro componentes: (1) la aplicació n de té cnicas psicoterapé uticas, (2) a un grupo para lograr unos objetivos, (3) donde la aplicació n de esas té cnicas se hace mediante la relació n de los miembros del grupo con el/la/los terapeutas del grupo y (4) mediante la relació n de los miembros del grupo entre sı́ (Vinogradov y Yalom). Una lectura que no solo se remita a traducir conductualmente la de inició n de que es una terapia de grupo, sino que identi ique sus principales componentes operativos para el trabajo de terapia conlleva de inir una terapia de grupo desde la perspectiva de aná lisis de la conducta conductista radical de la siguiente manera: 1) La aplicació n de principios o procesos de aprendizaje respondiente, operantes y operantes relacionales (2) A un grupo de personas para lograr cambios funcionales en sus repertorios de conductas, aumentando sus repertorios de “ lexibilidad psicoló gica” y de “conexió n e intimidad social” tanto dentro como fuera de las sesiones grupales (3) Mediante el intercambio de contingencias entre el/la/los terapeutas y los miembros de grupo en ese espacio o ambiente grupal, mayormente mediante las funciones de sus conductas verbales. (4) Mediante el intercambio de contingencias entre los propios miembros del grupo en ese espacio o ambiente grupal, mayormente mediante las funciones de sus conductas verbales. Siguiendo los discriminativos o delineamientos previos nuestra propuesta FACT es una “propuesta secuencial y articulada como una moneda de dos caras” de sesiones de 2 horas, y 12 sesiones en total, siendo la primera para ACT (“la cara personal o intrapersonal de có mo nos relacionamos con las cosas que nos producen dolor emocional y nos importan en la vida”) y la segunda para la FAP (“la cara relacional o interpersonal de có mo conectamos y nos acercamos a las personas que nos importan en la vida”), y repitiendo que la mejora de un aspecto mejora el otro y al contrario. 18.2 Conductas clínicamente relevantes en FACT -Las CCR2s de la cara ACT de la FACT son las respuestas de aproximació n en el mismo grupo a las tres discriminaciones D1-D2 y D3 ya sea usando uno o varios de los elementos estimulares directos como (1) el bolı́grafo, (2) una metá fora raı́z con sus ejercicios experienciales, el Hexa lex con sus 6 procesos y ejercicios derivados en vivo en las mismas sesiones y (4) la Matrix; y buscando las equivalencias funcionales dentro fuera de las sesiones grupales con preguntas funcionales (derivadas del aná lisis funcional en vivo en cada sesió n…”¿cuando haces o planteas esto, a qué te lleva, te acerca o aleja a lo que te importa?”, “¿Notáis la diferencia entre tal y tal, quién la nota y que consecuencia útil para lo que os importa tiene esto?”, etc. Medidas má s indirectas de potenciales CCR2 los cambios positivos en cuestionarios de lexibilidad psicoló gica y derivados. Las CCR1 las di icultades en esas discriminaciones de la lexibilidad directas en las sesiones de grupo y sus equivalentes en las experiencias diarias. Las CCR3 (a ir igualmente moldeando gradualmente) sobre todo notar que son ellos mismos quienes discriminan o distinguen las implicaciones para sus vidas de D1 y D2 y las nuevas perspectivas o puntos de vista que conlleva hacer esto para ellos sobre lo que les importa en sus vidas -Las CCR2s en la cara FAP de la FACT son las respuestas de aproximació n de cadenas operantes de conectar con las necesidades personales y de las personas que le importan (dentro y fuera del grupo), el atreverse con estas personas dentro y fuera del grupo a exponer sus vulnerabilidades y aspectos que le importan, y el dar y dejar recibir el feedback reforzante a esas y de esas personas (modelo ACL). Igualmente la participació n activa en el doble papel de actores y directores dentro del grupo (y sus efectos en sus vidas diarias) y en el desarrollo de las 5 reglas de la FAP en ese doble papel. Medidas má s indirectas en los cuestionarios de avances en problemas del yo, conexió n social, etc. Las CCR1 las respuestas en vivo escasas o ausentes en los aspectos anteriores o en los cuestionarios con enfoque FAP; y las CCR3 el ajuste funcional de las explicaciones que dan a los problemas y progresos personales y de el de sus compañ eros de grupo, que se van moldeando hacia perspectivas que le sean má s ú tiles para lograr mayor conexió n e intimidad con las personas que les importan dentro y fuera del grupo. 19 Nuestra propuesta secuencial. Protocolos exibles usados en 12 sesiones 19.1. Protocolos exibles guiados por una metáfora raíz y/o la Matrix, el Hexa ex y las CCrs de intimidad relacional La propuesta que se presenta en este libro de FACT es solo una de las numerosas que se pueden hacer. En este caso hemos combinado una metá fora raı́z comú n en todas las sesiones con otras secundarias y sus ejercicios experienciales relacionados en la parte ACT y en la parte FAP el doble papel de actores directores, ejercicios de evocació n de CCRs y las 5 reglas. Otras modalidades de componente estimulares son posibles para lograr objetivos similares como por ejemplo combinar la Matrix y una metá fora raı́z con sus ejercicios experienciales o con los repertorios de los seis procesos del Hexa lex en parte ACT o usar psicodramatizaciones del doble papel actores/ directores en la parte FAP a raı́z de experiencia dentro y fuera del grupo; y aú n otros elementos creativos; e incluso procedimientos de otras terapias traı́dos a la perspectiva conductista que ayuden a incrementar los repertorios de lexibilidad mediante las tres discriminaciones moldeadas bá sicas o las aproximaciones en intimidad y conexió n social. 19.2. Agendas de las sesiones. Ejemplo de la USMC de Úbeda de 2020 Presentamos a continuació n un protocolo lexible de agendas de 12 sesiones que pueden ser modi icadas o adaptadas segú n necesidades y AFC concretos a otros componentes segú n el contexto de trabajo y los problemas de los integrantes del grupo. ASISTENCIA A LA SESIÓN DE GRUPO. DÍA: ________________SESIÓN Nº_____ AGENDA DE LA SESIÓN Nº 1 Nota: haremos lo que la sesión nos permita, esto no es algo rígido Primera hora: 1-Rellenamos la hoja de asistencia al grupo 2-Brevemente nos presentamos, decimos que problemas tenemos en nuestra vida y que esperamos del grupo 3-El psicó logo entrega la hoja que describe de qué va esta terapia y la comenta brevemente 4-El psicó logo presenta la Metá fora del Autobú s y entrega la hoja al respecto 5-Rellenamos la escala de progreso de la semana de la metá fora del autobú s 6-Rellenamos nuestra propia hoja de la metá fora del autobú s estando antes en silencio, observando nuestra respiració n en silencio, identi icando varios pasajeros, la direcció n que toma el autobú s cuando nos dejamos llevar por esos pasajeros y la que nos gustarı́a tomar que nos importa. 7-Compartimos esta experiencia en grupo 8-El psicó logo propone tarea para casa en base a la metá fora del autobú s y meditar en silencio la propia respiració n y da registro de esta tarea Segunda hora: 1-Compartiremos en nuestro papel de actores/actrices de nuestra vida como nos ha ido la ú ltima semana, intentado dejar espacio para que participen nuestros compañ eros del grupo. 2-Se pedirá a los compañ eros del grupo como directores/directoras del grupo como les hace sentir lo que le compartimos aquı́ y ahora y que nos observan 3-Si da tiempo compartiremos que hemos necesitado má s esta semana de las personas que nos importan en nuestra vida, como hemos respondido a esa necesidad y como reaccionaron esas personas a esto. Haremos lo mismo sobre que necesitamos má s de los compañ eros del grupo 4-Se propondrá una tarea para practicar como expresamos en la semana lo que necesitamos de las personas que nos importa y que consecuencias tuvo esto para esa relació n con ellos 5-Rellenaremos la segunda parte de la escala de progreso del autobú s de la sesió n de grupo Recuerda, es muy importante que participes en el grupo y trabaje con las 2 tareas para casa si quieres sacarle partido a esta experiencia y aprendizaje TAREAS DE TRABAJO A LO LARGO DE LA SEMANA FUERA DEL GRUPO: -TAREA 1: USANDO EL DIBUJO DEL AUTOBUS. IDENTIFICAR PASAJEROS Y PRACTICAR LA MEDITACION DE LA RESPIRACION Y GRADO DE CONEXION AL PRESENTE PARA SEGUIR CONDUCIENDO EN LA DIRECCION VALIOSA (0-10) -TAREA 2: USANDO REGISTRO SEMANAL DE QUE NECESIDAD EXPRESE A UNA PERSONA QUE ME IMPORTA Y EL RESULTADO DE ELLO. DE QUE VA ESTA TERAPIA DE GRUPO Y COMO PUEDO SACARLE PROVECHO (Ruiz, 2020) Esta terapia de grupo consiste en 12 sesiones o reuniones de 2 horas que tendrá n lugar en el ambulatorio de Ubeda en la segunda planta al fondo los viernes de 11 a 13 horas de la mañana. Nos reuniremos un grupo de personas con el psicó logo para trabajar dos aspectos fundamentales: (1) Cómo me relaciono con mi propia mente y con lo que me importa en mi vida dentro y fuera del grupo y (2) Có mo me relaciono con otras personas dentro y fuera del grupo. La primera hora la dedicaremos a entrenar como relacionarnos con nuestra propia mente de modo que podamos dar pasos en la direcció n de lo que valoramos y nos importa en la vida. Para ello usaremos en todas las sesiones como referencia la metáfora del autobús de pasajeros y propondremos una tarea para practicar lo aprendido en el grupo a lo largo de la semana. La segunda hora la dedicaremos a cómo nos relacionamos con otras personas que nos importan (incluyendo los compañ eros/as del grupo) y si nuestras acciones nos conecta o aleja de ellas. En este aspecto nos centraremos en darnos cuenta de que necesitamos de los demá s, y ellos de nosotros; en có mo tener valor para compartir con ellos temas di íciles y en có mo agradecer afectivamente a los demás su apoyo. Usaremos en estos aspectos el doble papel de actores/actrices (contar como nos ha ido y qué hemos hecho con esto en la semana) y de directores/ras (que observamos en los compañ eros del grupo). Tambié n propondremos una tarea para practicar lo aprendido en el grupo a lo largo de la semana. QUE ME VA A AYUDAR EN ESTA TERAPIA DE QUE NO ME VA A AYUDAR EN ESTA TERAPIA GRUPO DE GRUPO 1. Participar en las sesiones y practicar en ellas 1. No participar en las sesiones y no practicar los ejercicios propuestos en ellas los ejercicios propuestos 2. Practicar en la semana los ejercicios 2. No practicar en la semana los ejercicios propuestos propuestos 3. Participar en las sesiones de grupo hablando 3. Estar callado en las sesiones o hablar en y dejando hablar a los compañ eros exceso no dejando participar a otros 4. Venir puntual a las sesiones y no faltar a 4. No ser puntual y faltar a varias sesiones ellas 5. No estar pendiente de las llamadas del mó vil 5. Estar pendiente de las llamadas del mó vil LA METÁFORA DEL AUTOBÚS “Imagı́nate que eres el conductor de un autobú s con muchos pasajeros. Los pasajeros son pensamientos, sentimientos, recuerdos y todas esas cosas que uno tiene en su vida. Es un autobú s con una ú nica puerta de entrada, y só lo de entrada. Algunos de los pasajeros son muy desagradables y con una apariencia peligrosa. Mientras conduces el autobú s algunos pasajeros comienzan a amenazarte dicié ndote lo que tienes que hacer, dó nde tienes que ir, ahora gira a la derecha, ahora vete má s rá pido, etcé tera. Incluso te insultan y desaniman: “eres un mal conductor”, “un fracasado”, “nadie te quiere”,… Tú te sientes muy mal y haces casi todo lo que te piden para que se callen, se vayan al fondo del autobú s durante un rato y ası́ te dejen conducir tranquilo. Pero algunos dı́as te cansas de sus amenazas, y quieres echarlos del autobú s, pero no puedes, discutes y te enfrentas con ellos. Sin darte cuenta, la primera cosa que has hecho es parar, has dejado de conducir y ahora no está s yendo a ninguna parte. Y ademá s los pasajeros son muy fuertes, resisten y no puedes bajarlos del autobú s. Ası́ que, resignado, vuelves a tu asiento y conduces por donde ellos mandan para aplacarlos. De esta forma, para que no te molesten y no sentirte mal, empiezas a hacer todo lo que le dicen y a dirigir el autobú s por dó nde dicen para no tener que discutir con ellos ni verlos. Haces lo que te ordenan y cada vez lo haces antes, pensando en sacarlos de tu vida. Muy pronto, casi sin darte cuenta, ellos ni siquiera tendrá n que decirle “gire a la izquierda”, sino que girará s a la izquierda para evitar que los pasajeros se echen sobre ti y te amenacen. Ası́, sin tardar mucho, empezará s a justi icar sus decisiones de modo que casi crees que ellos no está n ya en el autobú s y convencié ndote de que está s llevando el autobú s por la ú nica direcció n posible. El poder de estos pasajeros se basa en amenazas del tipo “si no haces lo que te decimos, apareceremos y haremos que nos mires, y te sentirá s mal”. Pero eso es todo lo que pueden hacer. Es verdad que cuando aparecen estos pasajeros, pensamientos y sentimientos muy negativos, parece que pueden hacer mucho dañ o, y por eso aceptas el trato y haces lo que le dicen para que le dejen tranquilo y se vayan al inal del autobú s donde no les puedas ver. ¡Intentando mantener el control de los pasajeros, en realidad has perdido la direcció n del autobú s! Ellos no giran el volante, ni manejan el acelerador ni el freno, ni deciden dó nde parar. El conductor eres tú .” La conexión social como antidoto al aislamiento y los problemas emocionales. Consciencia, valor y amor Muchas personas cuando lo está n pasando mal emocional y/o fı́sicamente se aíslan de todo contacto con otras personas. Tambié n se aı́slan o son má s descon iadas cuando han tenido experiencias desagradables con otras personas o no han tenido un soporte de cariñ o y afecto su iciente. Lo que está demostrado es que establecer conexión social e intimidad con otras personas siendo sensibles a las necesidades mutuas y actuando para ayudarse a satisfacerlas genera relaciones signi icativas e importantes en la vida ya sea a nivel de amistades, relaciones con familiares, parejas, vecinos o comunidad. Es má s aumentar el contacto social mejora la salud mental y ísica y previene del aislamiento que se relaciona con multitud de problemas emocionales y tambié n mé dicos. En esta terapia de grupo, junto con el trabajo de la relación con la propia mente de cada uno/a, trabajaremos para que mejoréis el contacto social con vuestros compañeros/as de grupo y paralelamente con las personas que os importan en vuestra vida cotidiana. Para trabajar la conexió n o contacto social usaremos tres aspectos en esta terapia: -La consciencia de darnos cuenta de que necesitamos en cada momento nosotros y las personas que nos importan sin dejarnos llevar por los impulsos, los prejuicios mentales y la falta de empatı́a hacia otros. -El valor de abrirnos a otras personas compartiendo cosas con ellas que nos importan y que a veces son dolorosas o vergonzosas aú n en presencia de situaciones que nos provocan ansiedad, tristeza o malestar emocional. -El amor dando aceptació n, seguridad, comprensió n, compasió n, empatı́a y gratitud hacia una persona que nos ayuda o bien dá ndolo a una persona que nos importa y lo está pasando mal. Esa persona puede ser tanto uno/a mismo como otras personas MI PAPEL EN LA TERAPIA DE GRUPO: COMO ACTOR/ACTRIZ 1-¿Qué problema he tenido esta semana pasada y cómo me ha hecho sentir a mí y a las personas con las que convivo? 2-¿Qué progresos he hecho esta semana pasada y cómo me ha hecho sentir a mí y a las personas con las que convivo? 3-¿A qué achaco a atribuyo esos problemas y /o progresos y eso en que me ayuda a darme cuenta de algo importante para mí? MI PAPEL EN LA TERAPIA DE GRUPO: COMO DIRECTOR/DIRECTORA 1-¿Qué problema observo en cada uno de mis compañeros/as del grupo en esta sesión qué es similar al que presenta en su vida diaria y cómo me hace sentir aquí y ahora? 2-¿Qué progreso observo en cada uno de mis compañeros/as del grupo en esta sesión qué es similar al que presenta en su vida diaria y cómo me hace sentir aquí y ahora? 3-¿A qué achaco a atribuyo esos problemas y /o progresos de cada uno de mis compañeros/as que observo en esta sesión y eso cómo podría ayudarles a darse cuenta de algo importante para ellos/ellas? EL VIAJE EN EL AUTOBÚS DE MI VIDA DURANTE ESTA SEMANA PASADA (Ruiz, 2020) Nombre: Fecha: Para contestar a las siguientes cuestiones, use la siguiente escala: 0 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 Nada Intermedio Mucho 1.Me di cuenta como algunos pasajeros mentales me llevaban al pasado o al futuro alejá ndome de lo que me importa y fui capaz, aunque fuera por instantes, de volver a conectar con el presente 2.Me di cuenta como algunos pasajeros mentales me enganchaban con sus mensajes alejá ndome de lo que me importa y fui capaz, aunque fuera por instantes, de poner distancia con ellos 3.Me di cuenta de que los pasajeros de mi mente repetı́an una historia de có mo soy y que me espera de la vida que me aleja de lo que me importa y fui capaz, aunque fuera por instantes, de tomar otra perspectiva o punto de vista má s ú til para mi 4.Me di cuenta como algunos pasajeros mentales me empujaban a evitar temas dolorosos que a la larga me alejan de la vida que me importa y fui capaz, aunque fuera por instantes, de abrirme a ese dolor para continuar mi camino hacia lo que me importa 5.Me di cuenta de mis pasajeros mentales que me apartan de la vida que me importa y fui capaz, aunque fuera por instantes, de volver a conectar con aquello que me importa y es valioso en mi vida 6.Lleve a cabo acciones valiosas durante la semana a pesar de la presencia de los pasajeros de mi mente que tratan de apartarme de lo que me importa 7.Me di cuenta de algo que yo necesito de otras personas o de algo que necesitan esas personas y lo hablamos y eso ayudo a conectar mejor con ellas 8.Tuve el valor de hablar con alguien que me importa algo que me resulta difı́cil y eso ayudo a conectar mejor con esa persona 9.Agradecı́ con afecto y cariñ o algo hacia otra persona que me importa y eso ayudo a conectar mejor con ella 10.Esta semana he sido capaz de aprender cosas que me resultan de ayuda para mi vida diaria EL VIAJE EN EL AUTOBÚS DE MI VIDA DURANTE ESTA SESIÓN DE GRUPO (Ruiz, 2020) Nombre: Fecha: Para contestar a las siguientes cuestiones, use la siguiente escala: 0 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 Nada Intermedio Mucho 1.Me di cuenta como algunos pasajeros mentales me llevaban al pasado o al futuro alejá ndome de lo que me importa y fui capaz, aunque fuera por instantes, de volver a conectar con el presente de la experiencia del grupo 2.Me di cuenta como algunos pasajeros mentales me enganchaban con sus mensajes alejá ndome de lo que me importa y fui capaz, aunque fuera por instantes, de poner distancia con ellos durante la experiencia del grupo 3.Me di cuenta de que los pasajeros de mi mente repetı́an una historia de có mo soy y que me espera de la vida que me aleja de lo que me importa y fui capaz, aunque fuera por instantes, de tomar otra perspectiva o punto de vista má s ú til para mi durante la experiencia del grupo 4.Me di cuenta como algunos pasajeros mentales me empujaban a evitar temas dolorosos que a la larga me alejan de la vida que me importa y fui capaz, aunque fuera por instantes, de abrirme a ese dolor para continuar mi camino hacia lo que me importa durante la experiencia del grupo 5.Me di cuenta de mis pasajeros mentales que me apartan de la vida que me importa y fui capaz, aunque fuera por instantes, de volver a conectar con aquello que me importa y es valioso en mi vida durante la experiencia del grupo 6.Lleve a cabo acciones valiosas durante la experiencia del grupo a pesar de la presencia de los pasajeros de mi mente que tratan de apartarme de lo que me importa 7.Me di cuenta de algo que yo necesito de otras personas o de algo que necesitan esas personas y lo hablamos y eso ayudo a conectar mejor con mis compañ eros/as del grupo 8.Tuve el valor de hablar con alguien que me importa algo que me resulta difı́cil y eso ayudo a conectar con mis compañ eros/as del grupo 9.Agradecı́ con afecto y cariñ o algo hacia otra persona que me importa y eso ayudo a conectar con mis compañ eros/as del grupo 10.De esta sesió n de grupo he aprendido cosas que me resultan de ayuda para mi vida diaria HOJA DE TRABAJO SEMANAL Nº 1 CON LA METAFORA DEL AUTOBUS Nombre: Fecha: DIA PASAJEROS QUE VI. ¿VOLVI A CENTRARME ANOTAR. EN EL PRESENTE CON EL Por ejemplo: EJERCICIO DE MEDITAR .”Ansiedad” LA RESPIRACION .”No lo vas a conseguir” AUNQUE FUERA UN .”Inseguridad” INSTANTE, PARA .”Baja autoestima” CONECTAR CON LO QUE .”Desgana” ME IMPORTA Y VALORO ANOTAR SI O NO HOJA DE TRABAJO Nº 1 CON LA CONEXION A LAS PERSONAS QUE ME IMPORTAN EN MI VIDA Nombre: Fecha: DIA ¿Pedı́ algo que necesitaba alguien que ¿Pedir que necesitaba nos hizo sentir má s me importa? cercanos a ambos? Anotar que pedı́ y a quié n ANOTAR SI O NO MEDITACIÓN DE LA RESPIRACIÓN: CUANDO LA MENTE DIVAGA CON LOS PASAJEROS Y VOLVEMOS AL PRESENTE DE LA CONDUCCIÓN Estas son las instrucciones: sié ntese con la espalda erguida y los ojos entrecerrados; incline la mirada unos cuarenta y cinco grados y desenfoque la vista (no ije su atenció n visual en ningú n punto concreto). Si está incó modo sentado con las piernas cruzadas en el suelo, sié ntese en una silla con los pies bien apoyados en el suelo. Deje que la mente se centre en la respiració n. Cada vez que detecte que la mente divaga, libé rela de la cadena de pensamientos y devué lvala a la respiració n. Y ya está . Há galo durante varios minutos al dı́a. ¿Có mo es posible que funcione un ejercicio tan sencillo? Porque lo ayuda a desarrollar la musculatura atencional. Cada vez que detecta que la mente se ha ido por las ramas, refuerza su capacidad para darse cuenta de ello y reconducir la atenció n. AGENDA DE LA SESIÓN Nº 2 Nota: haremos lo que la sesión nos permita, esto no es algo rígido Primera hora: 1-Rellenamos la hoja de asistencia al grupo. 2-Recogemos las 2 hojas de trabajo de la semana anterior y cada uno/a durante no má s de un minuto describe como le ha ido con la tarea de relació n con sus pasajeros y lo que le importa. 3-Rellenamos la escala de progreso de la semana de la metá fora del autobú s. 4-Presentamos y practicamos la meditació n de las sensaciones del cuerpo notando tanto como por instantes desconectamos de ellas por la presencia de pasajeros como tambié n por instantes volvemos a notar las sensaciones del cuerpo como una manera de volver al presente y coger de nuevo el volante del autobú s y dirigirlo hacia donde nos importa. 5-Rellenamos nuestra propia hoja de la metá fora del autobú s estando antes en silencio, observando nuestra respiració n y sensaciones corporales en silencio, identi icando varios pasajeros, la direcció n que toma el autobú s cuando nos dejamos llevar por esos pasajeros y la que nos gustarı́a tomar que nos importa. 6-Compartimos esta experiencia en grupo. 7-El psicó logo propone tarea para casa en base a la metá fora del autobú s y meditar en silencio las sensaciones del cuerpo junto a la propia respiració n y da registro de esta tarea. Segunda hora: 1-Compartiremos en nuestro papel de actores/actrices de nuestra vida como nos ha ido la ú ltima semana, intentado dejar espacio para que participen nuestros compañ eros del grupo. 2-Se pedirá a los compañ eros del grupo como directores/directoras del grupo como les hace sentir lo que le compartimos aquı́ y ahora y que nos observan. 3-Si da tiempo compartiremos que hemos necesitado má s esta semana de las personas que nos importan en nuestra vida, como hemos respondido a esa necesidad y como reaccionaron esas personas a esto. Haremos lo mismo sobre que necesitamos má s de los compañ eros del grupo. Usaremos en esto la hoja de trabajo de la semana pasada sobre que necesidades personales notamos, como la pedimos y que pasó con esto, 4-Se propondrá una tarea para practicar como preguntamos en la semana lo que necesitan las personas que nos importa, como respondimos a esas necesidades y que consecuencias tuvo esto para la relació n con ellos 5-Rellenaremos la segunda parte de la escala de progreso del autobú s de la sesió n de grupo. Recuerda, es muy importante que participes en el grupo y trabaje con las 2 tareas para casa si quieres sacarle partido a esta experiencia de aprendizaje TAREAS DE TRABAJO A LO LARGO DE LA SEMANA FUERA DEL GRUPO: -TAREA 1: USANDO EL DIBUJO DEL AUTOBUS. IDENTIFICAR PASAJEROS Y PRACTICAR LA MEDITACION DE LA RESPIRACION Y LAS SENSACIONES DEL CUERPO Y GRADO DE CONEXION AL PRESENTE PARA SEGUIR CONDUCIENDO EN LA DIRECCION VALIOSA (0-10) -TAREA 2: USANDO REGISTRO SEMANAL DE QUE PREGUNTE QUE NECESITA UNA PERSONA QUE ME IMPORTA Y EL RESULTADO DE ELLO. MEDITACIÓN DE LAS SENSACIONES CORPORALES Una manera de volver a centrarnos en la direcció n de nuestro viaje que nos importa y poner distancia con los pasajeros que tratan de alejarnos de ella es usar el contacto con las sensaciones corporales tanto sentados, tumbados, con ejercicios de estiramiento o incluso andando. Tomar conciencia de las sensaciones corporales como observadores de estas nos puede ayudar a volver al momento presente y continuar con los que nos importa en ese momento. 1. Meditación sentados o tumbados de las sensaciones del cuerpo. Con los ojos cerrados, ambos pies apoyados en el suelo, la espalda recta en la silla tocando el espaldar y ambas manos en el regazo, primero notamos nuestra respiració n aquı́ y ahora sin modi icarla, observando como el aire sale y entra y la caja torá cica sube y baja como un vaivé n continuo como las olas cuando crecen y se deshacen en orilla de la playa. Hacemos esto durante unos minutos. Despué s con los ojos cerrados y en esa posició n tomamos conciencia de nuestra mano derecha, de las sensaciones de contacto con la super icie que esté tocando, la temperatura que notamos en ella, e incluso como puede variar o no ligeramente en cada uno de los dedos, la palma de la mano, el dorso. Despué s de hacer esto durante unos minutos continuamos haciendo lo mismo con la mano izquierda, el pie derecho y el izquierdo. Si aparecen los pasajeros, que aparecerá n, tomamos nota de ellos y volvemos de nuevo a las sensaciones del cuerpo aunque sea por instantes, notando que nos trae al presente, donde podemos conducir hacia lo que nos importa. 2. Meditación de las sensaciones corporales con estiramientos 3. Meditación de las sensaciones corporales andando: Antes de comenzar la caminata, permanece en quietud unos instantes. Haz unas cuantas respiraciones profundas (tomando aire por la nariz y expulsá ndolo por la boca) y cé ntrate en tu cuerpo, en las sensaciones. Deja que la respiració n tome su ritmo y observa qué patró n sigue (si es regular o no, larga, corta…). Ahora empieza a caminar. A un ritmo suave al principio. AGENDA DE LA SESIÓN Nº 3 Nota: haremos lo que la sesión nos permita, esto no es algo rígido Primera hora: 1-Rellenamos la hoja de asistencia al grupo. 2-Recogemos las 2 hojas de trabajo de la semana anterior y cada uno/a durante no má s de un minuto describe como le ha ido con la tarea de relació n con sus pasajeros y lo que le importa. 3-Rellenamos la escala de progreso de la semana de la metá fora del autobú s. 4-Presentamos y practicamos el ejercicio de la mano pegada a la cara, anotando con el bolı́grafo en la palma de la mano un pasajero que aparece en este momento, mirando la mano ijamente. Despué s la acercamos al rostro y nos preguntamos có mo veo mi camino; despué s la separamos del rostro y vemos si esto nos permite ver mejor y coger de nuevo el volante del autobú s y dirigirlo hacia donde nos importa. 5-El psicó logo propone tarea para casa en base a la metá fora del autobú s usando diariamente escribir en una mano un pasajero diario pegando y despegando la mano del rostro y notando la diferencia y da registro de esta tarea, empezando anotando la experiencia anterior en el mismo grupo de este ejercicio. 6-Compartimos esta experiencia en grupo. Segunda hora: 1-Compartiremos en nuestro papel de actores/actrices de nuestra vida como nos ha ido la ú ltima semana, intentado dejar espacio para que participen nuestros compañ eros del grupo. 2-Se pedirá a los compañ eros del grupo como directores/directoras del grupo que semejanzas nos ven entre lo que hemos contado de có mo nos ha ido en la semana y nuestro comportamiento en el grupo, como les hace sentir a ellos esto y a que cree que se debe 3-Si da tiempo compartiremos que hemos notado que necesitaban má s esta semana las personas que nos importan en nuestra vida, como hemos respondido a esa necesidad y como reaccionaron esas personas a esto. Haremos lo mismo sobre que necesitamos má s de los compañ eros del grupo. Usaremos en esto la hoja de trabajo de la semana pasada sobre que necesidades personales notamos, como la pedimos y que pasó con esto, 4-Se propondrá una tarea para practicar como preguntamos en la semana lo que necesitan y necesitamos nosotros a las personas que nos importa, como respondimos a esas necesidades y que consecuencias tuvo esto para la relació n con ellos 5-Rellenaremos la segunda parte de la escala de progreso del autobú s de la sesió n de grupo. Recuerda, es muy importante que participes en el grupo y trabaje con las 2 tareas para casa si quieres sacarle partido a esta experiencia de aprendizaje TAREAS DE TRABAJO A LO LARGO DE LA SEMANA FUERA DEL GRUPO: -TAREA 1: USANDO EL DIBUJO DEL AUTOBUS. IDENTIFICAR PASAJEROS Y PRACTICAR EL EJERCICO DE LA MANO EN LA CARA PEGADA Y DESPEGADA Y GRADO DE COMPROMISO PARA SEGUIR CONDUCIENDO EN LA DIRECCION VALIOSA (0-10) -TAREA 2: USANDO REGISTRO SEMANAL DE QUE PREGUNTE QUE NECESITA O NECESITO YO A UNA PERSONA QUE ME IMPORTA Y EL RESULTADO DE ELLO. EJERCICIO CON LA MANO EN LA CARA PEGADA Y DESPEGADA (Ruiz, 2020) Una manera de volver a centrarnos en la direcció n de nuestro viaje que nos importa y poner distancia con los pasajeros que tratan de alejarnos de ella es notar y darnos cuenta de la presencia de esos pasajeros y ver a que nos lleva quedarnos atrapados en sus mensajes y la diferencia al despegarnos de ellos para proseguir nuestro camino Para ello vamos a practicar un ejercicio muy sencillo de despegue de los mensajes y efectos de esos pasajeros, usando un bolı́grafo y una de nuestras manos. Mira en silencio la palma de una de tus manos apoyada en una mesa o en alto, como pre ieras. Mientras la miras pregú ntate, ¿qué es lo que má s me limita ahora en mi vida, lo que má s me angustia, entristece, desmoraliza, me irrita o altera y que me aparta del camino que me gustarı́a tomar? Tomate unos segundos para identi icar ese pasajero mirando la palma de tu mano. Cuando lo tengas con una palabra o frase corta escrı́belo en la palma de una de tus manos. Ahora acerca esa mano con los dedos levemente separados a tu rostro, con la palma de a mano hacia la cara, ¿Cuá ndo esto sucede quié n toma a direcció n del autobú s, tu o ese pasajero? Ahora ve despegá ndola y date cuenta que ves mejor tu entorno y pregú ntate, ¿Cuá ndo me despego del pasajero anotado en mi mano tengo má s posibilidades de volver a ver el camino que deseo seguir en mi vida? HOJA DE TRABAJO SEMANAL Nº 3 CON LA METAFORA DEL AUTOBUS Nombre: Fecha: DIA PASAJEROS QUE VI. ¿VOLVI A COMPROMETERME CON LO ANOTAR A BOLI ESE PASAJERO EN UNA DE MIS QUE LO QUE MANOS Y ACERCAR Y DESPEGAR DE MI CARA. ME IMPORTA Y VALORO AL DESPEGARME DEL PASAJERO CON LA MANO? ANOTAR SI O NO HOJA DE TRABAJO Nº 3 CON LA CONEXION A LAS PERSONAS QUE ME IMPORTAN EN MI VIDA Nombre: Fecha: DIA ¿Pregunté a alguien que me importa que ¿Pedir que necesitaba yo o esa persona nos necesitaba o dije que necesitaba yo? hizo sentir má s cercanos a ambos? ANOTAR SI O NO ANOTAR SI O NO AGENDA DE LA SESIÓN Nº 4 Nota: haremos lo que la sesión nos permita, esto no es algo rígido Primera hora: 1-Rellenamos la hoja de asistencia al grupo. 2-Recogemos las 2 hojas de trabajo de la semana anterior y cada uno/a durante no má s de un minuto describe como le ha ido con la tarea de relació n con sus pasajeros y lo que le importa. 3-Rellenamos la escala de progreso de la semana de la metá fora del autobú s. 4-Presentamos y practicamos el ejercicio de los pasajeros como propagandas mentales que nos venden cosas y que podemos comprar o no 5-El psicó logo propone tarea para casa en base a la metá fora del autobú s usando diariamente tomar nota de una de las propagandas de los pasajeros y si decidimos comprarla o no para seguir el rumbo del autobú s que nos importa y da registro de esta tarea, empezando anotando la experiencia anterior en el mismo grupo de este ejercicio. 6-Compartimos esta experiencia en grupo. Segunda hora: 1-Compartiremos en nuestro papel de actores/actrices de nuestra vida como nos ha ido la ú ltima semana, intentado dejar espacio para que participen nuestros compañ eros del grupo. 2-Se pedirá a los compañ eros del grupo como directores/directoras del grupo que semejanzas nos ven entre lo que hemos contado de có mo nos ha ido en la semana, en que ven aquı́ y ahora que progresamos o nos atascamos respecto a nuestro comportamiento en el grupo, como les hace sentir a ellos esto y a que cree que se debe. 3-Si da tiempo compartiremos que hemos notado que necesitaban má s esta semana las personas que nos importan en nuestra vida, como hemos respondido a esa necesidad y como reaccionaron esas personas a esto. Haremos lo mismo sobre que necesitamos má s de los compañ eros del grupo. PARA ESTO OS SUGUIERO EL SIGUINETE EJERCICIO: “Si yo durante esta semana me viera en un apuro, que desearı́a que mis compañ eros del grupo y el/la terapeuta hiciera por mı́”. Usaremos en esto la hoja de trabajo de la semana pasada sobre que necesidades personales notamos, como la pedimos y que pasó con esto, 4-Se propondrá una tarea para practicar como preguntamos en la semana lo que necesitan y necesitamos nosotros a las personas que nos importa, como respondimos a esas necesidades y que consecuencias tuvo esto para la relació n con ellos 5-Rellenaremos la segunda parte de la escala de progreso del autobú s de la sesió n de grupo. Recuerda, es muy importante que participes en el grupo y trabaje con las 2 tareas para casa si quieres sacarle partido a esta experiencia de aprendizaje TAREAS DE TRABAJO A LO LARGO DE LA SEMANA FUERA DEL GRUPO: -TAREA 1: USANDO EL DIBUJO DEL AUTOBUS. IDENTIFICAR PASAJEROS COMO PROPGANDAS, SI LA COMPRAMOS O SI SEGUIMOS CON EL COMPROMISO DE CONTINUAR CONDUCIENDO EN LA DIRECCION VALIOSA (0-10) -TAREA 2: USANDO REGISTRO SEMANAL DE QUE PREGUNTE QUE NECESITA O NECESITO YO A UNA PERSONA QUE ME IMPORTA Y EL RESULTADO DE ELLO. HOJA DE TRABAJO SEMANAL Nº 4 CON LA METAFORA DEL AUTOBUS Nombre: Fecha: DIA ¿QUE PROPAGANDA QUERIA ¿DECIDI COMPRAR O NO ESA PROPAGANDA Y ESO VENDERME ALGUNOS DE MIS ME AYUDO A SEGUIR EL RUMBO QUE ME PASAJEROS? IMPORTA ANOTAR LA PROPAGANDA ANOTAR SI O NO HOJA DE TRABAJO Nº 4 CON LA CONEXION A LAS PERSONAS QUE ME IMPORTAN EN MI VIDA Nombre: Fecha: DIA ¿Pregunté a alguien que me importa que ¿Pedir que necesitaba yo o esa persona nos necesitaba o dije que necesitaba yo? hizo sentir má s cercanos a ambos? ANOTAR SI O NO ANOTAR SI O NO AGENDA DE LA SESIÓN Nº 5 Nota: haremos lo que la sesión nos permita, esto no es algo rígido Primera hora: 1-Rellenamos la hoja de asistencia al grupo. 2-Recogemos las 2 hojas de trabajo de la semana anterior y cada uno/a durante no má s de un minuto describe como le ha ido con la tarea de relació n con sus pasajeros y lo que le importa. 3-Rellenamos la escala de progreso de la semana de la metá fora del autobú s. 4-Presentamos y practicamos el ejercicio de abrirse y aceptar emociones difı́ciles para movernos hacia lo que nos importa (la charca de lodazal en el camino del autobú s) 5-El psicó logo propone tarea para casa en base a la metá fora del autobú s usando diariamente tomar nota de una de las charcas de lodazal a la que nos abrimos para seguir el rumbo del autobú s que nos importa y da registro de esta tarea, empezando anotando la experiencia anterior en el mismo grupo de este ejercicio. 6-Compartimos esta experiencia en grupo. Segunda hora: 1-Compartiremos en nuestro papel de actores/actrices de nuestra vida como nos ha ido la última semana, intentado dejar espacio para que participen nuestros compañ eros del grupo. 2-Se pedirá a los compañ eros del grupo como directores/directoras ¿Veis que progresan o está n atascados vuestros compañ eros? ¿En qué veis aquı́ y ahora que se re lejan esos progresos o atascos de vuestros compañ eros? ¿A qué pensá is se debe esto? 3-Compartimos que hemos necesitado de quienes os importa o hemos captado que necesitaba alguien que nos importa y que hicimos antes esto y si nos acercó a esa persona. Preguntamos si necesitamos algo de los compañeros o si vemos que necesitan algo de nosotros 4-Preguntarles sobre el valor de compartir algo di ícil: Casi todas las personas guardan algú n secreto en su intimidad que les cuesta compartir con otros por temor al rechazo, la crı́tica, o hacer dañ o a alguien que quiere. Aquı́ y ahora de 0 a 10, ¿Cuá nto te atreves a compartirnos sobre eso? Solo pedimos la puntuació n, no que lo cuentes si no quieres. ¿Y en tu vida diaria pasa algo parecido? ¿Y eso os acerca a tener má s con ianza con quienes queré is? 5-Se propondrá una tarea para practicar si compartimos algo que nos resulta difı́cil con alguien que queremos y si hacerlo nos acercó má s a esa persona. 6-Rellenaremos la segunda parte de la escala de progreso del autobú s de la sesió n de grupo. Recuerda, es muy importante que participes en el grupo y trabaje con las 2 tareas para casa si quieres sacarle partido a esta experiencia de aprendizaje TAREAS DE TRABAJO A LO LARGO DE LA SEMANA FUERA DEL GRUPO: -TAREA 1: USANDO EL DIBUJO DEL AUTOBUS. IDENTIFICAR PASAJEROS Y MOMENTOS DE LA SEMANA QUE FUERON DUROS Y SI DECIDIMOS ATRAVESAR ESA CHARCA CON EL COMPROMISO DE CONTINUAR CONDUCIENDO EN LA DIRECCION VALIOSA (0-10) -TAREA 2: USANDO REGISTRO SEMANAL DE QUE COMPARTI QUE ME RESULTA DIFICIL CON UNA PERSONA QUE ME IMPORTA Y EL RESULTADO DE ELLO. EJERCICIO DE ATRAVESAR UNA CHARCA CON EL AUTOBÚS (Ruiz, 2020) En ocasiones en nuestro viaje diario en la vida nos encontramos ante situaciones externas y/o internas desagradables y difı́ciles. Imagina que mientras conduces tu autobú s con esos pasajeros que te incordian y tratan de que tú los obedezca y abandones tu ruta, ademá s por si ya no fuera poco con ellos, te encuentras ante tus narices de conductor/ra con una charca de lodazal delante del autobú s. Esa charca está llena de barro, agua con mal olor, mosquitos que pueden entrar al autobú s, que puede dañ ar el motor y otros elementos de tu autobú s. Si quieres avanzar por la ruta que deseas no tienes má s remedio que atravesar esa charca, que las ruedas se atasquen a veces, que los pasajeros te insulten aú n má s por meterte por ahı́ en vez de parar el bus o volverte a casa. ¿Está s dispuesto/a a atravesar esa charca si te lleva en la direcció n que te importa o vas a dejar que los pasajeros y la propia charca te aparten de seguir tu ruta? ¿Durante la ú ltima semana te encontraste con situaciones en tu vida que te hicieron patinar, con pasajeros mentales que te increparon con mensajes desalentadores o crı́ticos para continuar tu ruta, con barro, mal olor y mosquitos que incluso te salpicaron y te llenaron de cosas desagradables? ¿Seguiste tu ruta, te paralizaste o volviste atrá s? Si te paralizaste o te volviste atrá s toma nota de que te decı́an tus pasajeros mentales, de su propaganda desalentadora o crı́ticas: Me dijeron que……………… Y si te llenaste de barro y te salpicó , toma nota de có mo te hicieron sentir fı́sica y emocionalmente. Me hicieron sentir…………………….. Ahora os pregunto. ¿Queré is moveros por esa charca para avanzar en la direcció n que os importa? Si decı́s que sı́, os propongo lo siguiente: Cerramos los ojos, hacemos 3 respiraciones lentas y profundas y revivimos ese momento difı́cil o duro de la semana aquı́ y ahora cada uno lo mejor que pueda como si estuvié semos en la sala de un cine y lo vemos en la pantalla. Recordar eso no nos tiene por qué gustar ni agradar. La inalidad no es que nos guste sino disponernos a notar que entramos en la charca y empezamos a atravesarla. Para ello empezamos a recorrer nuestro cuerpo y notamos recordando ese momento aquı́ y ahora donde se hace má s intenso el malestar, en qué parte de nuestro cuerpo que vamos recorriendo de la cabeza a los pies. Si noto que entra barro, entra dolor, me paro en ese punto del recorrido, y noto esas sensaciones, permitiendo que esté n hay como aparecen, y si el pasajero grita dicié ndome, ¡sal de ahı́ vué lvete, escapa!, toma nota de ello, pero sigue abrié ndote a lo que aparezca, aunque no te agrade, y sigue adentrá ndote en el barro. No haces esto porque te agrade, lo haces para moverte hacia lo que te importa, con garbanzos en los zapatos (si hemos hecho antes en el grupo este ejercicio), con pasajeros y condiciones de la carretera desagradables. Recordando ejercicio de andar con el garbanzo en el zapato: Nos metimos un garbanzo en un zapato, debajo de la planta del pie. Sentados notamos su molestia, de pie aú n má s. Ese garbanzo representa aquellas cosas que nos duelen o desagradan en nuestras vidas (muchas de ellas son tambié n pasajeros y otras circunstancias de nuestras vidas). De pie todo el grupo en cı́rculo notamos las molestias en la planta del pie. Son cosas que queremos sacar de nuestra vida, pero no siempre podemos hacer eso. De modo que ahora podemos enredarnos en tratar de sacarlas (sin que muchas veces sea posible) o bien si en el centro de este cı́rculo hay algo que nos importa, y no podemos sacar ese garbanzo, ¿Qué opciones tenemos? HOJA DE TRABAJO SEMANAL Nº 5 CON LA METAFORA DEL AUTOBUS Nombre: Fecha: DIA ¿QUE CHARCA SE PRESENTO Y ¿ME DISPUSE A ATRAVESAR LA CHARCA A PESAR QUE ME DECIAN MIS PASAJEROS DE SU BARRO MOLESTO Y LOS PASAJEROS QUE DESANIMANTES O CRITICOS? ME DESANIMABAN O CRITICABAN? ANOTAR QUE CHARCA Y MENSAJE ANOTAR SI O NO PASAJEROS HOJA DE TRABAJO Nº 5 CON LA CONEXION A LAS PERSONAS QUE ME IMPORTAN EN MI VIDA Nombre: Fecha: DIA ¿Compartı́ algo a lo que me resulta difı́cil ¿Compartir eso difı́cil con esa persona abrirme y contar con alguien que me importa? nos hizo sentir má s cercanos a ambos? ANOTAR SI O NO ANOTAR SI O NO AGENDA DE LA SESIÓN Nº 6 Nota: haremos lo que la sesión nos permita, esto no es algo rígido Primera hora: 1-Rellenamos la hoja de asistencia al grupo. 2-Recogemos las 2 hojas de trabajo de la semana anterior y cada uno/a durante no má s de un minuto describe como le ha ido con la tarea de relació n con sus pasajeros y lo que le importa. 3-Rellenamos la escala de progreso de la semana de la metá fora del autobú s. 4-Presentamos y practicamos el ejercicio de abrirse y aceptar nuestro mayor temor cuando tenemos que atravesar con el autobú s un tú nel oscuro al que nunca hemos entrado 5-El psicó logo propone tarea para casa en base a la metá fora del autobú s usando diariamente tomar nota de los tú neles atemorizantes a la que entramos para seguir el rumbo del autobú s que nos importa, lo que nos dice los pasajeros de esto y da registro de esta tarea, empezando anotando la experiencia anterior en el mismo grupo de este ejercicio. 6-Compartimos esta experiencia en grupo. Segunda hora: 1-Compartiremos en nuestro papel de actores/actrices de nuestra vida como nos ha ido la última semana, intentado dejar espacio para que participen nuestros compañ eros del grupo. 2-Se pedirá a los compañ eros del grupo como directores/directoras ¿Veis que progresan o está n atascados vuestros compañ eros? ¿En qué veis aquı́ y ahora que se re lejan esos progresos o atascos de vuestros compañ eros? ¿A qué pensá is se debe esto? 3-Compartimos que hemos compartido con otras personas que nos resultaba di ícil y si nos acercó a esa persona. Preguntamos deseamos compartir algo con los compañeros que nos resulta di ícil. 4-Preguntarles sobre el valor de compartir algo di ícil: Casi todas las personas guardan algú n secreto en su intimidad que les cuesta compartir con otros por temor al rechazo, la crı́tica, o hacer dañ o a alguien que quiere. Aquı́ y ahora de 0 a 10, ¿Cuá nto te atreves a compartirnos sobre eso? Solo pedimos la puntuació n, no que lo cuentes si no quieres. ¿Y en tu vida diaria pasa algo parecido? ¿Y eso os acerca a tener má s con ianza con quienes queré is? 5-Se propondrá una tarea para practicar si compartimos algo que nos resulta difı́cil con alguien que queremos y si hacerlo nos acercó má s a esa persona. 6-Rellenaremos la segunda parte de la escala de progreso del autobú s de la sesió n de grupo. Recuerda, es muy importante que participes en el grupo y trabaje con las 2 tareas para casa si quieres sacarle partido a esta experiencia de aprendizaje TAREAS DE TRABAJO A LO LARGO DE LA SEMANA FUERA DEL GRUPO: -TAREA 1: USANDO EL DIBUJO DEL AUTOBUS. IDENTIFICAR PASAJEROS CUANDO APARECIO UN TUNEL ATEMORIZANTE Y SI DECIDI ENTRAR A ESE TUNEL CON EL COMPROMISO DE CONTINUAR CONDUCIENDO EN LA DIRECCION VALIOSA (0-10) -TAREA 2: USANDO REGISTRO SEMANAL DE QUE COMPARTI QUE ME RESULTA DIFICIL CON UNA PERSONA QUE ME IMPORTA Y EL RESULTADO DE ELLO. EJERCICIO DE ENTRAR EN UN TUNÉL DE MIS MIEDOS (Ruiz, 2020) A veces en nuestro viaje por la vida nos encontramos en encrucijadas donde el ú nico camino que vemos es seguir una ruta desconocida con tú neles a los que no hemos entrado nunca y que nos produce un intenso temor pero que parecen los ú nicos caminos posibles para salir de ciertos atolladeros. Aquı́ está s ahora delante de ese tú nel oscuro al que nunca has entrado y cuando lo miras tus pasajeros te hablan de miedo, inseguridad, incapacidad, te dicen que te vuelvas y no entres y muchas cosas má s que te hacen sentir miedo y ansiedad. Pero resulta que es el ú nico camino transitable con alguna posibilidad de sacarte del atolladero y llevarte en la direcció n que te importa. Al otro lado del tú nel está n las personas, los aspectos de tu vida valiosos que deseas recuperar y acercarte a ellos. . ¿Qué dicen tus pasajeros en la boca del tú nel? ¿Qué te hacen sentir ante la boca del tú nel? (ANOTAR). . ¿Y estas dispuesto a entrar con esos pasajeros y moverte hacia las personas y los aspectos de tu vida que te importan? Si la respuesta es a irmativa, haz lo siguiente….. Cierra los ojos y visualiza la escena de verte al volante del autobú s ante el tú nel de uno de tus miedos mayores de tu vida, oye lo que dicen tus pasajeros, lo que te hacen sentir los pasajeros…y encamı́nate a entrar en el tú nel cargado de tus pasajeros de miedo y tus pasajeros que te hablan para que no entres, te desaniman o te dicen que eres incapaz de seguir adelante y date cuenta como sigues adelante aú n cargado de todos estos pasajeros, porque no se trata de ser valiente o cobarde, se trata de moverte hacia lo que te importa con esos pasajeros de tus tú neles atemorizantes. Y hoy mismo despué s de hacer esto mentalmente decide si vas a entrar en algú n tú nel que te atemoriza, dar un paso para tocar tus miedos, entrar en ellos y ser tú el/la protagonista de tu viaje no ese tú nel de miedo, y al hacerlo nota como te mueves un paso má s y un paso má s…hacia lo que te importa HOJA DE TRABAJO SEMANAL Nº 6 CON LA METAFORA DEL AUTOBUS Nombre: DIA ¿QUE OPORTUNIDAD SE PRESENTO DE ENTRAR ¿ENTRE A ESE TUNEL A UN TUNEL DE MIEDOS PARA AVANZAR HACIA ATEMORIZANTE Y VI COMO ME LO QUE ME IMPORTA? MOVIA HACIA LO QUE ME IMPORTA ANOTAR SI O NO HOJA DE TRABAJO Nº 6 CON LA CONEXION A LAS PERSONAS QUE ME IMPORTAN EN MI VIDA Nombre: DIA ¿Compartı́ algo a lo que me resulta difı́cil ¿Compartir eso difı́cil con esa persona abrirme y contar con alguien que me importa? nos hizo sentir má s cercanos a ambos? ANOTAR SI O NO ANOTAR SI O NO AGENDA DE LA SESIÓN Nº 7 Nota: haremos lo que la sesión nos permita, esto no es algo rígido Primera hora: 1-Rellenamos la hoja de asistencia al grupo. 2-Recogemos las 2 hojas de trabajo de la semana anterior y cada uno/a durante no má s de un minuto describe como le ha ido con la tarea de relació n con sus pasajeros y lo que le importa. 3-Rellenamos la escala de progreso de la semana de la metá fora del autobú s. 4-Presentamos y practicamos el ejercicio del Yo Observador de sus pasajeros, los que nos animan y los que nos desaniman, diferenciando los pasajeros que son nuestros pero nosotros no somos ellos; y preguntando si notamos la diferencia entre notar que somos ellos y notar que no somos ellos. Lo notamos tambié n con un tablero y sus ichas de ajedrez o damas, donde el tablero es el autobú s, las ichas blancas los pasajeros que animan y las negras lo que desaniman (colocamos ese tablero con sus ichas en el centro del cı́rculo del grupo durante toda la sesió n, visible a todos**) 5-El psicó logo propone tarea para casa en base a la metá fora del autobú s usando diariamente tomar nota del ejercicio del Yo Observador de sus pasajeros, los que nos animan y los que nos desaniman, diferenciando los pasajeros que son nuestros pero nosotros no somos ellos; y preguntando si notamos la diferencia entre notar que somos ellos y notar que no somos ellos y da registro de esta tarea, empezando anotando la experiencia anterior en el mismo grupo de este ejercicio. 6-Compartimos esta experiencia en grupo. Segunda hora: 1-Compartiremos en nuestro papel de actores/actrices de nuestra vida como nos ha ido la última semana, intentado dejar espacio para que participen nuestros compañ eros del grupo. 2-Se pedirá a los compañ eros del grupo como directores/directoras ¿Veis que progresan o está n atascados vuestros compañ eros? ¿En qué veis aquı́ y ahora que se re lejan esos progresos o atascos de vuestros compañ eros? ¿A qué pensá is se debe esto? 3-Compartimos que hemos compartido con otras personas que nos resultaba di ícil y si nos acercó a esa persona. Preguntamos deseamos compartir algo con los compañeros que nos resulta di ícil. 4-Preguntarles sobre el valor de compartir algo di ícil: Casi todas las personas guardan algú n secreto en su intimidad que les cuesta compartir con otros por temor al rechazo, la crı́tica, o hacer dañ o a alguien que quiere. Aquı́ y ahora de 0 a 10, ¿Cuá nto te atreves a compartirnos sobre eso? Solo pedimos la puntuació n, no que lo cuentes si no quieres. ¿Y en tu vida diaria pasa algo parecido? ¿Y eso os acerca a tener má s con ianza con quienes queré is?. 5-HAREMOS CON ESTO UN EJERCICIO LLAMADO CONCIENCIA, VALOR Y AMOR POR PAREJAS EN EL GRUPO, MIRANDONOS A LOS OJOS COMO SI ESTIVIESEMOS EN PRESENCIA DE ALGUIEN QUE NOS IMPORTA MUCHO 6-Se propondrá una tarea para practicar si compartimos algo que nos resulta difı́cil con alguien que queremos y si hacerlo nos acercó má s a esa persona. 7-Rellenaremos la segunda parte de la escala de progreso del autobú s de la sesió n de grupo. Recuerda, es muy importante que participes en el grupo y trabaje con las 2 tareas para casa si quieres sacarle partido a esta experiencia de aprendizaje TAREAS DE TRABAJO A LO LARGO DE LA SEMANA FUERA DEL GRUPO: -TAREA 1: USANDO EL DIBUJO DEL AUTOBUS. NOTAR LA DIFERENCIA ENTRE YO COMO OBSERVADOR Y MIS PASAJEROS (POSITIVOS O NEGATIVOS) Y DE CONTINUAR CONDUCIENDO EN LA DIRECCION VALIOSA (0-10) -TAREA 2: USANDO REGISTRO SEMANAL DE QUE COMPARTI QUE ME RESULTA DIFICIL CON UNA PERSONA QUE ME IMPORTA Y EL RESULTADO DE ELLO. EJERCICIO DE NOTAR LA DIFERENCIA ENTRE MI YO OBSERVADOR, EL AUTOBÚS Y LOS PASAJEROS, SEAN POSITIVOS O NEGATIVOS (Ruiz, 2020) Mientras nos conducimos diariamente por diversas situaciones de la vida, experimentamos momentos donde nos sentimos de una manera y en otros nos sentimos de otra. Igualmente experimentamos pensamientos positivos, negativos y neutros; ganas y desganas. Es decir experimentamos diferentes estados de nuestra mente. Esos estados de nuestra mente y de nuestro cuerpo son los pasajeros que nos acompañ an a diario en nuestro viaje del autobú s. Muchas veces creemos que somos los pasajeros y no los conductores que escuchan sus mensajes y deciden qué hacer con ellos en vez de seguirlos automáticamente. Esos pasajeros son nuestros, de nuestra mente, pero nosotros no somos nuestra mente ni somos los pasajeros, aunque ellos formen parte de nuestro mundo mental o corporal notemos su presencia y sus efectos. Notar que no somos ellos nos da la oportunidad de elegir si obedecemos lo que nos plantean o no, y si eso nos acerca o aleja a la ruta que valoramos en nuestra vida. Vamos a poner en medio de la sala del grupo, en medio del cı́rculo del grupo un tablero con damas o ichas de ajedrez. El tablero va a representar nuestra mente, las ichas blancas a los pensamientos y sentimientos positivos y de apoyo, y las ichas negras los pensamientos y sentimientos negativos y de desaliento. Vosotros anotar en un folio mis ichas blancas son……y mis ichas negras son…….y mi mente cuando ve estas ichas blancas y negras dice que yo soy………………………………………….. Ahora os pregunto: ¿Quié n soy yo? ¿Mis pasajeros positivos ( ichas blancas) o mis pasajeros negativos ( ichas negras)? ¿Soy lo que dice mi mente que yo soy (el tablero completo con sus ichas)? ¿Y quié n es el que está mirando sus ichas y su tablero? ¿Quié n es quié n mira y nota sus pensamientos, sensaciones y sentimientos positivos, negativos, neutrales? ¿Quié n es el que escucha a su mente decir “Tu eres ası́ o asá ”? ¿Quié n es el que nota todo esto, el que nota diferencias entre todo esto? HOJA DE TRABAJO SEMANAL Nº 7 CON LA METAFORA DEL AUTOBUS Nombre: DIA ¿NOTE LA DIFERENCIA ENTRE ¿NOTAR LA DIFERENCIA ENTRE MI YO LOS PASAJEROS DE MI MENTE Y OBSERRVADOR Y LO QUE DICE MI MENTE ME YO MISMO COMO AYUDO A SEGUIR MI VIAJE DIARIO HACIA LO QUE OBSERVADOR/RA? ME IMPORTA? ANOTAR SI O NO ANOTAR SI O NO HOJA DE TRABAJO Nº 7 CON LA CONEXION A LAS PERSONAS QUE ME IMPORTAN EN MI VIDA Nombre: DIA ¿Compartı́ algo a lo que me resulta difı́cil ¿Compartir eso difı́cil con esa persona abrirme y contar con alguien que me importa? nos hizo sentir má s cercanos a ambos? ANOTAR SI O NO ANOTAR SI O NO AGENDA DE LA SESIÓN Nº 8 Nota: haremos lo que la sesión nos permita, esto no es algo rígido Primera hora: 1-Rellenamos la hoja de asistencia al grupo. 2-Recogemos las 2 hojas de trabajo de la semana anterior y cada uno/a durante no má s de un minuto describe como le ha ido con la tarea de relació n con sus pasajeros y lo que le importa. 3-Rellenamos la escala de progreso de la semana de la metá fora del autobú s. 4-Presentamos y practicamos el ejercicio del Yo Observador de sus pasajeros y como estos nos dicen có mo somos cuando nos encontramos con di icultades a lo largo del camino. Estos pasajeros dicen “Yo soy tal y lo que me espera es tal cuando aparecen obstá culos o problemas en el camino. Recordaremos un momento de di icultad de la semana o alguno que aparezca en la misma sesió n de hoy y todos (incluido el terapeuta) haremos un alto aquı́ y ahora y escucharemos lo que nos dice del “Yo soy tal y te espera tal” y solo preguntaremos, ¿eso me pone en la ruta que deseo?”. Si la respuesta es “no”, decidimos hacer algo que nos ponga en esa ruta aunque ese pasajero siga con tu “Oyes que tú eres tal y tal y te espera tal y tal”. “¿Qué decidiste?”. 5-El psicó logo propone tarea para casa en base a la metá fora del autobú s usando diariamente tomar nota del ejercicio del Yo Observador de sus pasajeros, que dicen “Yo soy tal y me espera tal” y vemos si eso nos pone en la ruta deseada o no y decidiendo una acció n para recuperar a ruta deseada. 6-Compartimos esta experiencia en grupo. Segunda hora: 1-Compartiremos en nuestro papel de actores/actrices de nuestra vida como nos ha ido la última semana, intentado dejar espacio para que participen nuestros compañ eros del grupo. 2-Se pedirá a los compañ eros del grupo como directores/directoras ¿Veis que progresan o está n atascados vuestros compañ eros?¿En qué veis aquı́ y ahora que se re lejan esos progresos o atascos de vuestros compañ eros? ¿A qué pensá is se debe esto? 3-Compartimos que hemos compartido con otras personas que nos resultaba di ícil y si nos acercó a esa persona. Preguntamos deseamos compartir algo con los compañeros que nos resulta di ícil. 4-Preguntarles sobre el valor de compartir algo di ícil: Casi todas las personas guardan algú n secreto en su intimidad que les cuesta compartir con otros por temor al rechazo, la crı́tica, o hacer dañ o a alguien que quiere. Aquı́ y ahora de 0 a 10, ¿Cuá nto te atreves a compartirnos sobre eso? Solo pedimos la puntuació n, no que lo cuentes si no quieres. ¿Y en tu vida diaria pasa algo parecido? ¿Y eso os acerca a tener má s con ianza con quienes queré is?. 5-HAREMOS UN EJERCICIO LLAMADO, “SI TUVIERA EL VALOR NECESARIO ME ATREVERIA A HABLAR DE TAL A TAL PERSONA” IMAGINANDO LA ESCENA TRAS MEDITAR CON LA RESPIRACION. LO COMPARTIMOS EN GRUPO 6-Se propondrá una tarea para practicar si compartimos algo que nos resulta difı́cil con alguien que queremos y si hacerlo nos acercó má s a esa persona. 7-Rellenaremos la segunda parte de la escala de progreso del autobú s de la sesió n de grupo. Recuerda, es muy importante que participes en el grupo y trabaje con las 2 tareas para casa si quieres sacarle partido a esta experiencia de aprendizaje TAREAS DE TRABAJO A LO LARGO DE LA SEMANA FUERA DEL GRUPO: -TAREA 1: USANDO EL DIBUJO DEL AUTOBUS. NOTAR LA DIFERENCIA ENTRE YO COMO OBSERVADOR Y MIS PASAJEROS QUE DICEN COMO SOY Y LO QUE ME ESPERA EN LA VIDA Y DE CONTINUAR CONDUCIENDO EN LA DIRECCION VALIOSA (0-10) -TAREA 2: USANDO REGISTRO SEMANAL DE QUE COMPARTI QUE ME RESULTA DIFICIL CON UNA PERSONA QUE ME IMPORTA Y EL RESULTADO DE ELLO. EJERCICIO DE NOTAR LA DIFERENCIA ENTRE MI YO OBSERVADOR, Y LOS PASAJEROS QUE DICEN “YO SOY TAL Y TE ESPERA EN LA VIDA TAL” (Ruiz, 2020) Durante esta semana pasada, hoy mismo en el grupo, la pró xima semana y en otros momentos de nuestra vida nos vamos a encontrar con momentos de seria di icultad y dolor fı́sico y emocional. Mientras viajamos en nuestro autobú s diario de la vida y ante estas situaciones nuestros pasajeros mentales nos van a decir cosas como “Yo soy tal y por eso te espera tal cosa de la vida”. Muchas veces si obedecemos esos mensajes sin pararnos a comprobar si nos conduce por la ruta deseada o no, lo má s probable es que terminen apartá ndonos de ella y tambié n muchas veces de las personas que queremos. Por eso hoy aquı́ en el grupo vamos a estar atentos a momentos duros que aparezcan en esta reunió n de grupo de hoy, y tambié n recordando alguna situació n dura de la semana pasada. Lo haremos todos, incluido el propio terapeuta. Si alguien del grupo detecta un momento de la reunió n, donde é l/ella misma o un compañ ero/a parece atascado, puede decir en voz alta, “¿Parece que aquı́ y ahora puede estar hablando un pasajero que nos dice como somos y que nos espera?”. Tambié n podemos recordar un momento duro de la semana pasada y hacernos la misma pregunta. Pararemos y en silencio con los ojos abiertos o cerrados, observamos nuestra respiració n en el momento presente, como el pecho sube y baja al inspirar y expirar, dejando que la respiració n sea tal cual, como las olas que crecen y descargan en la orilla del mar, contemplá ndolas y dejando que vayan a su ritmo. Despué s de un par de minutos escuchamos siguiendo observando, esta vez las olas de nuestra mente y que nos dice de “Yo soy y te espera en la vida tal”. Lo identi icamos. Posteriormente preguntamos a ese “Yo soy y te espera tal”, ¿Me pones en la ruta de mi vida que quiero? Si la respuesta es “no” decido que puedo hacer hoy mismo para retomar la ruta que deseo. Compartimos todo esto en grupo. HOJA DE TRABAJO SEMANAL Nº 8 CON LA METAFORA DEL AUTOBUS Nombre: DIA ¿NOTE LA DIFERENCIA ENTRE ¿NOTAR LA DIFERENCIA ENTRE MI YO LOS PASAJEROS DE MI MENTE OBSERVADOR Y LO QUE DICE MI MENTE DE LO QUE QUE DICEN “YO SOY Y ME SOY Y ME ESPERA, ME AYUDO A TOMAR UNA ESPERA TAL” Y YO MISMO COMO DECISION PARA CONTINUAR MI VIAJE DIARIO OBSERVADOR/RA? HACIA LO QUE ME IMPORTA? ANOTAR SI O NO ANOTAR SI O NO HOJA DE TRABAJO Nº 8 CON LA CONEXION A LAS PERSONAS QUE ME IMPORTAN EN MI VIDA Nombre: DIA ¿Compartı́ algo a lo que me resulta difı́cil ¿Compartir eso difı́cil con esa persona abrirme y contar con alguien que me importa? nos hizo sentir má s cercanos a ambos? ANOTAR SI O NO ANOTAR SI O NO AGENDA DE LA SESIÓN Nº 9 Nota: haremos lo que la sesión nos permita, esto no es algo rígido Primera hora: 1-Rellenamos la hoja de asistencia al grupo. 2-Recogemos las 2 hojas de trabajo de la semana anterior y cada uno/a durante no má s de un minuto describe como le ha ido con la tarea de relació n con sus pasajeros y lo que le importa. 3-Rellenamos la escala de progreso de la semana de la metá fora del autobú s. 4-Presentamos y practicamos el ejercicio del Yo Observador que Permanece a todos sus contenidos mentales sean recuerdos vividos, anticipaciones del futuro o imaginaciones; y desde este preguntarnos qué ruta tomaremos esta semana que nos ponga en la direcció n de lo que nos importa y valoramos 5-El psicó logo propone tarea para casa en base a la metá fora del autobú s usando diariamente tomar nota del ejercicio del Yo Observador que Permanece viendo las distintas historias vividas o imaginadas de su mente y decidiendo una acció n para recuperar a ruta deseada. 6-Compartimos esta experiencia en grupo. Segunda hora: 1-Compartiremos en nuestro papel de actores/actrices de nuestra vida como nos ha ido la última semana, intentado dejar espacio para que participen nuestros compañ eros del grupo. 2-Se pedirá a los compañ eros del grupo como directores/directoras ¿Veis que progresan o está n atascados vuestros compañ eros?¿En qué veis aquı́ y ahora que se re lejan esos progresos o atascos de vuestros compañeros? ¿A qué pensáis se debe esto? 3-Compartimos que hemos agradecido a otras personas que nos importan esta semana y si al hacerlo nos hemos sentido más cercanos a ellas. 4-Se propondrá en el grupo si tenemos algo que agradecer a los compañ eros del grupo, hacerlo y observar si esto nos hace sentir má s cercanos a ellos 6-Se propondrá una tarea para practicar entre semana agradecer cosas a otras personas que nos importan y que ellas hacen o han hecho por nosotros y que resultó de esto 7-Rellenaremos la segunda parte de la escala de progreso del autobú s de la sesió n de grupo. Recuerda, es muy importante que participes en el grupo y trabaje con las 2 tareas para casa si quieres sacarle partido a esta experiencia de aprendizaje TAREAS DE TRABAJO A LO LARGO DE LA SEMANA FUERA DEL GRUPO: -TAREA 1: USANDO EL DIBUJO DEL AUTOBUS. NOTAR LA DIFERENCIA ENTRE YO COMO OBSERVADOR QUE PERMANECE Y MIS PASAJEROS QUE ME CUENTAN HISTORIAS Y SI ESO ME MOTIVA PARA CONTINUAR CONDUCIENDO EN LA DIRECCION VALIOSA -TAREA 2: USANDO REGISTRO SEMANAL DE QUE AGRADECI A UNA PERSONA QUE ME IMPORTA Y EL RESULTADO DE ELLO. EJERCICIO DE NOTAR LA DIFERENCIA ENTRE MI YO OBSERVADOR COMO PERSPECTIVA QUE PERMANECE A TODAS MIS EXPERIENCIAS (Ruiz, 2020) Mientras viajamos a lo largo de nuestra vida nuestra mente va construyendo historias que nos dicen có mo somos como personas, como son los demá s, que nos espera de la vida, que reglas debemos seguir y como valorar lo que nos pasa. Esas historias sin embargo no dejan de ser versiones de nuestro viaje segú n qué pasajero esté hablando en cada momento y situació n, y puede que esos pasajeros con sus historias nos limiten, retarden o aparten de la ruta que nos importa y valoramos. Esos pasajeros son los que te cuentan una historia de có mo fue tu vida, como es ahora y có mo será en el futuro; aquı́ le llamamos pasajeros del “yo contenido”, ya que contienen versiones que te dicen có mo eres tú . Sin embargo tú eres el conductor de tu vida y puedes ver esos pasajeros que te cuentan esas historias desde la perspectiva del conductor del autobú s y decidir que te ayuda en tu ruta y que te aparta de ella. Verla desde esa perspectiva le llamamos “Yo observador”. Practiquemos con ella un rato… Cierra los ojos e imagı́nate a ti mismo/a sentado en esta sala en cı́rculo con tus compañ eros de grupo, aquı́ y ahora. Toma una panorá mica desde arriba como si miraras desde el techo a todo el grupo, incluyé ndote a ti mismo/a. Observa tambié n lo que juzga, valora y dice tu mente sobre lo que está viendo, sea má s positivo o negativo. Despué s de unos segundos, hazte esta pregunta: ¿Quié n es la persona que está imaginando esta escena y viendo o escuchando lo que dice su mente de ella? Continú a con los ojos cerrados y trae a tu mente una escena de la semana pasada, agradable o desagradable. Obsé rvala despacio, que pasaba, lo que juzga tu mente al recordarla y lo que dice de có mo te sentı́as allı́ y entonces y có mo te sientes aquı́ y ahora. Despué s de unos segundos, hazte esta pregunta: ¿Quié n es la persona que está recordando esta escena y viendo o escuchando lo que dice su mente de ella? Prosigue con otra escena de tu infancia, sea agradable o desagradable. Obsé rvala despacio, que pasaba, lo que juzga tu mente al recordarla y lo que dice de có mo te sentı́as allı́ y entonces y có mo te sientes aquı́ y ahora. Despué s de unos segundos, hazte esta pregunta: ¿Quié n es la persona que está recordando esta escena y viendo o escuchando lo que dice su mente de ella? Ahora imagina que tienes una má quina del tiempo y viajas al futuro y te encuentras contigo mismo/a pero má s sabio/a y que esa personas que es tu yo del futuro te está aconsejando có mo afrontar ciertas di icultades que tienes ahora en tu vida, da igual si te resulta creı́ble o no, dé jate llevar por esa imaginació n. Obsé rvala despacio, que pasa en ese futuro, lo que juzga tu mente al imaginarla y lo que dice de có mo te sentirı́a allı́ y có mo te sientes aquı́ y ahora. Despué s de unos segundos, hazte esta pregunta: ¿Quié n es la persona que está recordando esta escena y viendo o escuchando lo que dice su mente de ella? Ahora tras haber recorrido todas esas escenas y recuerdos de tu vida, reales o imaginarias, hazte esta pregunta: ¿Quié n es la persona que está recordando esta escena y viendo o escuchando lo que dice su mente de ella? Efectivamente “Yo soy esa persona” es el yo observador que permanece a todas ellas y no es ninguna de ellas en concreto. Y ahora desde tu yo observador hazte esta pregunta: ¿Qué voy a hacer esta semana para ponerme en la ruta de lo que me importa y valoro? HOJA DE TRABAJO SEMANAL Nº 9 CON LA METAFORA DEL AUTOBUS Nombre: DIA ¿NOTE LA DIFERENCIA ENTRE LOS ¿NOTAR LA DIFERENCIA ENTRE MI YO QUE PASAJEROS DE MI MENTE QUE ME PERMANECE DEL QUE ME CUENTA HISTORIAS DE CUENTAN HISTORIAS Y MI YO QUE MI VIDA ME MOTIVO A SEGUIR HACIENDO COSAS PERMANECE? QUE ME IMPORTAN? ANOTAR SI O NO ANOTAR SI O NO HOJA DE TRABAJO Nº 9 CON LA CONEXION A LAS PERSONAS QUE ME IMPORTAN EN MI VIDA Nombre: DIA ¿Agradecı́ algo que me ayuda a ¿Compartir ese agradecimiento con esa persona nos alguien que me importa? hizo sentir má s cercanos a ambos? ANOTAR SI O NO ANOTAR SI O NO AGENDA DE LA SESIÓN Nº 10 Nota: haremos lo que la sesión nos permita, esto no es algo rígido Primera hora: 1-Rellenamos la hoja de asistencia al grupo. 2-Recogemos las 2 hojas de trabajo de la semana anterior y cada uno/a durante no má s de un minuto describe como le ha ido con la tarea de relació n con sus pasajeros y lo que le importa. 3-Rellenamos la escala de progreso de la semana de la metá fora del autobú s. 4-Presentamos y practicamos el ejercicio de la ú ltima ruta valorada, notando lo que dicen los pasajeros y la ruta que deseamos tomar 5-El psicó logo propone tarea para casa en base a la metá fora del autobú s usando diariamente tomar nota del ejercicio de la ú ltima ruta valorad y vemos si eso nos pone en la ruta deseada o no y decidiendo una acció n para recuperar la ruta deseada. 6-Compartimos esta experiencia en grupo. Segunda hora: 1-Compartiremos en nuestro papel de actores/actrices de nuestra vida como nos ha ido la última semana, intentado dejar espacio para que participen nuestros compañ eros del grupo. 2-Se pedirá a los compañ eros del grupo como directores/directoras ¿Veis que progresan o está n atascados vuestros compañ eros?¿En qué veis aquı́ y ahora que se re lejan esos progresos o atascos de vuestros compañ eros? ¿A qué pensá is se debe esto? 3-Compartimos que hemos agradecido a otras personas que nos importan y si nos acercó a esas persona. Preguntamos si deseamos agradecer algo con los compañeros que nos resulta de ayuda. 4-Se propondrá una tarea para practicar si agradecimos algo a alguien que nos importa y si hacerlo nos acercó má s a esa persona. 5-Rellenaremos la segunda parte de la escala de progreso del autobú s de la sesió n de grupo. Recuerda, es muy importante que participes en el grupo y trabaje con las 2 tareas para casa si quieres sacarle partido a esta experiencia de aprendizaje TAREAS DE TRABAJO A LO LARGO DE LA SEMANA FUERA DEL GRUPO: -TAREA 1: USANDO EL DIBUJO DEL AUTOBUS. PARAR Y RECORDAR EL ULTIMO VIAJE VALORADO Y SI ESO ME MOTIVO A CONTINUAR CONDUCIENDO EN LA DIRECCION VALIOSA -TAREA 2: USANDO REGISTRO SEMANAL DE QUE AGRADECI A UNA PERSONA QUE ME IMPORTA Y EL RESULTADO DE ELLO. EJERCICIO DE TOMAR LA ÚLTIMA RUTA VALORADA (Ruiz, 2020) En nuestra vida diaria podemos estar ocupados a menudo luchando por apartar los pasajeros de la ansiedad, el miedo, la desgana, la tristeza, la autoestima, la vergü enza, la ira, la desesperació n y otros muchos o bien ellos ya han tomado el control de nuestras vidas y nuestro viaje está tomando una ruta muy alejada de aquella que nos importa y valoramos. Ya llevamos unas sesiones de trabajo respecto a có mo apañ arnos con los pasajeros para que seamos nosotros lo que llevemos la direcció n de nuestras vidas como conductores/as en la ruta de lo que nos importa. Vamos a dedicar en esta sesió n y las pró ximas aú n má s atenció n a esa ruta que valoramos y a tomar compromisos de acciones para encaminarnos por ella. Para aclarar esa ruta os propongo el siguiente ejercicio: Imagina con los ojos cerrados que como conductor/a te hacen un chequeo mé dico anual para comprobar tu salud. Está s sentado/a ante el mé dico que te está informando de los resultados del chequeo, parece muy serio y preocupado. Te informa que desgraciadamente en las pruebas aparecen indicadores de que tienes una enfermedad muy grave y que como mucho te queda un añ o de vida y que te irá s deteriorando progresivamente hasta morir. Experimentas inicialmente un estado de incredulidad y lo consultas con otros especialistas que te dicen lo mismo. Esto te hace sentir inicialmente desesperado y triste y tus pasajeros te dicen que dejes todo de lado, que ya nada merece la pena. Sin embargo tienes aú n un añ o, mientras te puedas mover, y aú n puedes moverte, la posibilidad de hacer tu ú ltimo viaje por la ruta que a ti te importa. ¿Por dó nde empezarı́as esta misma semana? HOJA DE TRABAJO SEMANAL Nº 10 CON LA METAFORA DEL AUTOBUS Nombre: DIA ¿ME DI CUENTA DE LO QUE ¿DARME CUENTA DE LO QUE REALMENTE REALMENTE ME IMPORTA EN MI VALORO, ME AYUDO A TOMAR UNA DECISION VIDA USANDO EL EJERCICIO DEL PARA CONTINUAR MI VIAJE DIARIO HACIA LO ULTIMO VIAJE VALORADO? QUE ME IMPORTA? ANOTAR SI O NO ANOTAR SI O NO HOJA DE TRABAJO Nº 10 CON LA CONEXION A LAS PERSONAS QUE ME IMPORTAN EN MI VIDA Nombre: DIA ¿Agradecı́ algo que me ayuda a ¿Compartir ese agradecimiento con esa persona nos alguien que me importa? hizo sentir má s cercanos a ambos? ANOTAR SI O NO ANOTAR SI O NO AGENDA DE LA SESIÓN Nº 11 Nota: haremos lo que la sesión nos permita, esto no es algo rígido Primera hora: 1-Rellenamos la hoja de asistencia al grupo. 2-Recogemos las 2 hojas de trabajo de la semana anterior y cada uno/a durante no má s de un minuto describe como le ha ido con la tarea de relació n con sus pasajeros y lo que le importa. 3-Rellenamos la escala de progreso de la semana de la metá fora del autobú s. 4-Presentamos y practicamos el ejercicio de los dardos de valores para centrarnos mejor en la ruta que valoramos y nos importa 5-El psicó logo propone tarea para casa en base a la metá fora del autobú s usando diariamente tomar nota del ejercicio de los dardos de valores para centrarnos mejor en la ruta que nos importa y valoramos 6-Compartimos esta experiencia en grupo. Segunda hora: 1-Compartiremos en nuestro papel de actores/actrices de nuestra vida como nos ha ido la última semana, intentado dejar espacio para que participen nuestros compañ eros del grupo. 2-Se pedirá a los compañ eros del grupo como directores/directoras ¿Veis que progresan o está n atascados vuestros compañ eros?¿En qué veis aquı́ y ahora que se re lejan esos progresos o atascos de vuestros compañ eros? ¿A qué pensá is se debe esto? 3-Compartimos que hemos agradecido a otras personas que nos importan y si nos acercó a esas persona. Preguntamos si deseamos agradecer algo con los compañeros que nos resulta de ayuda. 4-Se propondrá una tarea para practicar si agradecimos algo a alguien que nos importa y si hacerlo nos acercó má s a esa persona. 5-Dada la cercanı́a de la terminació n de la terapia de grupo expondremos nuestros sentimientos al aproximarse este inal que observamos en nosotros mismos y nuestros compañ eros al respecto, que ansiedades o temores nos despiertan esos pasajeros ante el inal del grupo y que podemos hacer ante ellos para continuar nuestra ruta valiosa de vida 6-Rellenaremos la segunda parte de la escala de progreso del autobú s de la sesió n de grupo. Recuerda, es muy importante que participes en el grupo y trabaje con las 2 tareas para casa si quieres sacarle partido a esta experiencia de aprendizaje TAREAS DE TRABAJO A LO LARGO DE LA SEMANA FUERA DEL GRUPO: -TAREA 1: USANDO EL DIBUJO DEL AUTOBUS. USAR LA FIANA DE VALORES Y SI ESO ME MOTIVO PARA CENTRARME EN UNA ACCION VALIOSA EN LA RUTA DESEADA -TAREA 2: USANDO REGISTRO SEMANAL DE QUE AGRADECI A UNA PERSONA QUE ME IMPORTA Y EL RESULTADO DE ELLO. EJERCICIO DE LA DIANA DE VALORES (Ruiz, 2020) Cuando conducimos por nuestra vida diaria puede que nos apartemos de la ruta de lo que realmente nos importa debido a diversas circunstancias como las presiones de otras personas o la de nuestros propios pasajeros mentales. Para darnos cuenta de esto y ajustar de nuevo la ruta en la direcció n deseada vamos a realizar el ejercicio de la Diana de Valores como conductor/ra del autobú s de tu vida. DARDOS VALIOSOS EN MI VIDA (LO QUE/QUIEN MAS ME IMPORTA EN MI VIDA) 1 2 3 4 Selecciona 4 aspectos de tu vida valiosos para ti. Ponle nombre al lado de cada uno de los dardos anteriores. Se sincero y por cada nú mero de los dardos anó talos en la diana segú n lo centrado/a que esté s con esto en tu vida actual. Por ejemplo una persona identi icó los siguientes dardos: 1-Compartir con mi pareja 2-Dedicar tiempo a mis hijos 3-Salir a caminar para mantenerme en forma 4-Compartir tiempo de ocio con mis amigos Despué s los colocó en la diana (con su nú mero con lechita a Boli por ejemplo: >--1-) segú n lo centrado o alejado que estaba de ellos. Observó (en el ejemplo anterior) que el dardo (1) compartir con mi pareja estaba en el nivel 4 de la diana, el dardo (2) en el nivel 3 y el resto en niveles cercanos al centro. Esto le hizo tomar conciencia de dedicar má s tiempo y actividad a compartir con su pareja e hijos. ¿Y en tu caso qué dardos valiosos identi icas y en qué nivel de tu diana de valores está n? ¿Hay algunos descentrados en la diana que te gustarı́a centrar má s? ¿Y qué está s dispuesto/ HOJA DE TRABAJO SEMANAL Nº 11 CON LA METAFORA DEL AUTOBUS Nombre: DIA ¿SELECCIONE UN DARDO DE VALORES QUE ¿LLEVE A CABO ACCIONES QUE ME GUSTARIA CENTRAR MAS EN MI VIDA? CENTRARON MAS EL DARDO DE ANOTAR SI O NO VALORES? ANOTAR SI O NO HOJA DE TRABAJO Nº 11 CON LA CONEXION A LAS PERSONAS QUE ME IMPORTAN EN MI VIDA Nombre: DIA ¿Agradecı́ algo que me ayuda a ¿Compartir ese agradecimiento con esa persona nos alguien que me importa? hizo sentir má s cercanos a ambos? ANOTAR SI O NO ANOTAR SI O NO AGENDA DE LA SESIÓN Nº 12 Nota: haremos lo que la sesión nos permita, esto no es algo rígido Primera hora: 1-Rellenamos la hoja de asistencia al grupo. 2-Recogemos las 2 hojas de trabajo de la semana anterior y cada uno/a durante no má s de un minuto describe como le ha ido con la tarea de relació n con sus pasajeros y lo que le importa. 3-Rellenamos la escala de progreso de la semana de la metá fora del autobú s. 4-Presentamos y practicamos el ejercicio de rellenar el Cuestionario Grá ico del Hexa lex poniendo en el centro lo que má s nos cuesta al conducirnos por nuestra vida y en funció n de las puntuaciones que demos vemos donde estamos má s y menos avanzados/as. Junto a este entregamos una relació n de ejercicios breves practicá ndolos todos en la misma sesió n de grupo y vosotros seleccionareis aquellas á reas má s dé biles que podé is seguir reforzando una vez terminada la experiencia de la terapia de grupo 5-El psicó logo propone que trabajé is las á reas má s dé biles para reforzar vuestra marcha en la direcció n de la vida que má s os importa y valorá is 6-Compartimos esta experiencia en grupo. Segunda hora: 1-Compartiremos en nuestro papel de actores/actrices de nuestra vida como nos ha ido a lo largo de todas estas reuniones de grupo, intentado dejar espacio para que participen nuestros compañ eros del grupo. 2-Se pedirá a los compañ eros del grupo como directores/directoras ¿Veis que progresan o está n atascados vuestros compañ eros?¿En qué veis aquı́ y ahora que se re lejan esos progresos o atascos de vuestros compañ eros? ¿A qué pensá is se debe esto? 3-Compartimos que hemos aprendido en esta experiencia de reuniones de terapia grupal en que nos ha ayudado más y menos para hacer cambios en las direcciones de la vida que nos importa 4-Compartiremos si esta experiencia de grupo nos ha conectado mejor no solo con los compañ eros del grupo sino tambié n con las personas que nos importan en nuestra vida diaria: -¿Estoy más pendiente de mis propias necesidades y de las necesidades de las personas que me importan en mi vida y eso me acerca a ellas? -¿Comparto más asuntos di íciles con las personas que me importan y eso me acerca a ellas? -¿Agradezco más el apoyo a las personas que me importan y eso me acerca a ellas? 5-Rellenaremos la segunda parte de la escala de progreso del autobú s de la sesió n de grupo. 6-Nos despedimos y añ adimos lo que deseemos decir a los compañ eros/as del grupo EJERCICIO DE VALORAR EL HEXÁGONO DEL HEXAFLEX (Ruiz, 2020) Hemos llegado a la ú ltima etapa de nuestro recorrido de esta experiencia grupal. Hemos aprendido quizá s cosas nuevas que nos hayan sido de utilidad en nuestras vidas diarias. Para ello os voy a pedir que valoré is como conductores de vuestras vidas que os sigue costando u os atrapa má s al viajar por vuestras vidas diarias (ponerlo en el centro del siguiente hexá gono) y como os manejá is con esto en la actualidad. Segú n los resultados se os propone una serie de ejercicios experienciales para avanzar en los aspectos má s dé biles que detecté is. EJERCICIOS SIMPLIFICADOS DE ACT/ MINDFULNESS PARA LA PRACTICA DIARIA (Ruiz, 2017. Revisadomodi cado en 2020) 1. Cierra los ojos y trata de recordar algo/alguien que te resulte realmente molesto o desagradable en tu vida actual. Imagina ese momento como si estuvieras sentado en una butaca de cine y contemplaras esa escena. Una vez que la visualices recorre tu cuerpo muy despacio de la cabeza a los pies. Si en ese repaso encuentras di icultades como molestias o sensaciones corporales o emociones fuertes, pá rate un momento, observa esas sensaciones muy despacio y haz respiraciones lentas y profundas (tomando mucho aire por la nariz y cuando ya no quepa má s, soltá ndolo despacio por la boca). Al soltarlo repite una frase o palabra que para ti te sea de ayuda (la eliges tú ). Continua unos minutos observando lo que vas encontrando en ese recorrido, y trata de hacerle sitio a esas sensaciones, aunque sean desagradables, sin huir o escapar a ellas. Date cuenta que te puedes permitir tenerlas sin escapar de ellas, Pregú ntate, ¿a qué me acerco que me importa si me abro a este malestar?” (EJERCICIO DE APERTURA Y ACEPTACION). –SI PUNTÚAS MENOS DE 5 EN EL EXTREMO DE ME DISPONGO A ABRIRME A MIS SENTIMIENTOS MÁS DIFÍCILES.. 2. Pá rate un momento y observa tus pensamientos. Imagina tu mente como una radio encendida que pone emisoras y noticias, unas veces agradables y otras desagradables. Pregú ntate, ¿qué emisora emite ahora mi mente? Ponle un nombre, por ejemplo “Radio preocupació n”, “Radio incapacidad”, etc. Tras ponerle ese nombre, pregú ntate a ti mismo. ¿Qué gano si no compro lo que dice esta emisora, si la desobedezco, aunque ella siga con su publicidad una y otra vez? ¿Me ayuda a acercarme a lo que me importa obedecer esa emisora? (EJERCICIO DE DEFUSION O DISTANCIAMIENTO DE PENSAMIENTOS) – SI PUNTÚAS MENOS DE 5 EN EL EXTREMO DE SOY CAPAZ DE DESPEGARME DE LOS MENSAJES DE MI MENTE SOBRE EL PROBLEMA… 3. Pá rate un momento y observa tu respiració n aquı́ y ahora, como tu pecho sube y baja al respirar. No trates de controlar la respiració n, solamente dé jala luir y observa el movimiento del pecho como las olas que se repliegan y descargan en la orilla. Dedica unos minutos a esto. Si tu mente se distrae, toma conciencia de la distracció n y vuelve a observar el vaivé n de tu respiració n. Antes de terminar observa lo que hay a tu alrededor muy despacio, en silencio oye los sonidos que te llegan y nota el contacto de tus manos, pies u otra parte de tu cuerpo con lo que esté en contacto. Pregú ntate: ¿Dejarme llevar por la inquietud futura o recuerdo del pasado me ayuda a conectar con lo que me importa? ¿Y centrarme en el presente aunque sea desagradable? (EJERCICIO DE CONEXION AL PRESENTE). – SI PUNTÚAS MENOS DE 5 EN EL EXTREMO DE SOY CAPAZ DE CENTRARME EN EL PRESENTE Y NO ME DEJO ARRASTRAR… 4. Si en tu caso te dices a ti mismo/a que eres de una manera que a ti no te gusta y eso te lleva a tener di icultades, practica este simple ejercicio con un vaso de cristal. Toma un vaso y llé nalo de agua. Observa como el vaso permanece igual, solo ha cambiado lo que contiene. Vacı́a el vaso y llé nalo de otro lı́quido (por ejemplo aceite o un refresco). Haz lo mismo y observa como el vaso permanece, solo cambia su contenido. Ahora imagina que tú eres el vaso y tu mente lo llena de contenidos diciendo que tú eres ası́ o asá . Observa esto, y date cuenta que tú no eres los contenidos de tu mente. ¿Consigo un punto de vista distinto que me ayuda a conectar con lo que má s me importa en mi vida? (EJERCICIO DEL YO OBSERVADOR) – SI PUNTÚAS MENOS DE 5 EN EL EXTREMO DE SOY CAPAZ DE TOMAR UN PUNTO DE VISTA QUE ME AYUDA… 5. Imagina que te encuentras contigo mismo/a siendo muy mayor con 80-90 añ os. Tienes una conversació n con esa persona-que eres tú -de muy mayor. Ella te dice todo lo que ha hecho en su vida que ha merecido la pena y ha dado valor a su vida. ¿Qué te gustarı́a oı́rle decirte? ¿Eso que te dice te pone en contacto con lo que te importa en tu vida? (EJERCICIO DE CONEXION A VALORES) – SI PUNTÚAS MENOS DE 5 EN EL EXTREMO DE ME MOTIVA TENER CLARO LO QUE ME IMPORTA… 6. ¿Qué actividades te gustarı́a ir haciendo para que tu vida sea má s valiosa e importante para ti? Haz un calendario de actividades progresivas que tengan sentido para ti, y para lo que quieres hacer en tu vida. Anota los pasos que vas a dar para cada una y có mo/cuando la vas a llevar a cabo. Anota tambié n si al ponerte a hacerlas o antes de hacerla aparecen obstá culos externos (comentarios o presiones de otras personas) e internos (pensamientos, recuerdos, sensaciones molestas), y anota los pasos que vas dando aú n en presencia de esos obstá culos (EJERCICIO DE COMPROMISOS CON VALORES) – SI PUNTÚAS MENOS DE 5 EN EL EXTREMO DE SOY CAPAZ DE LLEVAR A CABO COSAS QUE ME IMPORTAN.. Bibliografía capítulos 1 a 19: ACBS, Association for Contextual Behavioral Science (2020). Marco Deíctico Adler, A. (2014, original de 1927) Comprender la vida. Paidó s. Barcelona Adler. A. (1975 ,original de 1933). El sentido de la vida. EspasaCalpe https://contextualscience.org/marco_de_ctico Alonso, A. y Swiller, H. (1995). Psicoterapia de grupo en la práctica clínica. Editorial Manual Moderno. 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Descrı́belos ¿Has visto casas? ¿Departamentos? ¿Personas hombres, mujeres, ancianos, niñ os….? ¿¿Has visto negocios? ¿Rubros? ¿Cuá ntos? Etc. ¿En qué pensabas cuando ibas a comprar? Se lee y se comparte 2 parte Se pide a las mismas personas que vuelvan a ir al negocio pero que ahora pongan sus 5 sentidos intencionalmente al servicio de ese recorrido, que con ojos de exploradores observen y descubran lo que no pudieron apreciar en la primera vez Al llegar responderá n el cuestionario. Comparará n los cuestionarios y se constatará la cantidad de objetos, olores, sonidos. Imá genes etc., que se captan cuando decidimos vivir en aquı́ y ahora .Se puede tambié n identi icar emociones y pensamientos SIMPLE EJERCICIO VIVENCIAL: “HACER EN EL PRESENTE” OBJETIVO: RECONOCER QUE SOLO EN PRESENTE PODEMOS ACCIONAR. DESARROLLO: Se entrega a los participantes oraciones escritas en diferentes tiempos verbales: 1-YO TENGO UN MARTILLO 2-YO TUVE UN MARTILLO 3-YO TENDRE UN MARTILLO Pasado, futuro, presente A-Les indicamos que se ubiquen en el cı́rculo que les corresponda y le preguntamos y pedimos que contesten en té rminos del “HACER “. B- pedimos al pasado que lea su oració n: COORDINADOR: ¿Pasado, qué puedes hacer ahora, en este momento con el martillo que tuviste? PASADO: Nada, solo recordarlo, imaginarlo… COORDINADOR: ¿Futuro, que puedes hacer ahora y en este momento con el martillo que tendrá s? FUTURO: Nada, solo imaginar có mo será , como lo usaré … COORDINADOR Presente. ¿Qué puedes hacer ahora, en este momento con el martillo que tienes? PRESENTE: Manipularlo, clavar, romper piedras, etc. Conclusión ¿Cuá l es el tiempo que nos permite hacer, accionar, modi icar etc.? EL PRESENTE *LLEVAR LA PRACTICA A SITUACIONES COTIDIANAS DE LOS PACIENTES * PUEDEN HACER VARIAIONES *POR EJ. < YO TUVE UN MARTILLO CON EL CUAL ME MACHUQUE UN DEDO” 2. Defusión cognitiva ¿Somos el vaso? Ejercicio Experiencial (adaptarlo a grupo) Objetivos: Toma de perspectiva. Defusió n. Recursos: vasos, café , leche, jugo de naranjas. Procedimiento: Colocar los vasos en una mesa y realizar la siguiente secuencia: T: ¿que esto que ves en la mesa? Descrı́belo. P: Un vaso, de vidrio, transparente, duro, mediano T: (llena el vaso con café ) ¿y ahora que es esto? P: Un vaso pero contiene café T: ¿Cambio el vaso en su esencia? Descrı́belo P: No, es el mismo vaso pero con café T: (lo llena con leche) ¿y ahora que es esto? P: Un vaso con leche T: ¿Cambio el vaso en su esencia? P: No, sigue siendo el mismo vaso pero ahora con leche T: (lo llena con jugo) ¿y ahora que es esto? P: Un vaso con jugo T: ¿Cambio el vaso en su esencia? Descrı́belo P: No, es el mismo vaso pero con jugo T: ¿Qué cambio del vaso? P: del vaso en si nada, si cambio el contenido, lo que contiene T: bien, ¿qué es lo que no vario en toda esta experiencia? P: El vaso, siempre fue el mismo. T: Bien, ¿y que representarı́a el vaso? ¿Y qué los diferentes contenidos? Conclusión: Nosotros somos como el vaso, el vaso es siempre vaso, varia lo que contiene, y hasta puede tomar circunstancialmente el color y sabor de su contenido pero no es el café , ni la leche, ni el jugo. El VASO es invariablemente VASO. Nosotros somos como ese vaso invariante y constante, y contenemos (como el vaso diferentes lı́quidos) diferentes eventos que varı́an: pensamientos, emociones, circunstancias, roles, historia etc., pero ası́ como el vaso no es su contenido, nosotros tampoco somos lo que contenemos. Defusión grupal: DESLITERALIZAR Dividir el grupo en dos y se entregar equipos de letras. 1. Se les pide que formen las palabras relacionadas con la palabra PANDEMIA. 2. PANDEMIA- VIRUS – MUERTE- SOLEDAD –CORONA- MIEDO 3. Luego que puedan identi icar emociones asociadas y etiquetarlas 4. Despué s se solicita que con las mismas letras que formaron esas palabras formen palabras má s OPTIMISTAS 5. DIOS- VIDA-VACUNA-ORAR-COMPASION-VALOR-VALENTIA 6. Luego que puedan identi icar emociones asociadas y etiquetarlas 7. Gana el equipo que má s palabras optimistas encuentra. 3. Aceptación CUENTO: “El valor de los zapatos” (Fabi Cravzoff) OBJETIVO: Propiciar ACEPTACION Diná mica grupal: Habı́a una vez un Señ or que debı́a realizar un viaje de varios km para llegar a un sitio donde lo esperaba algo muy importante para su vida. Organizó su caminata con tiempo para poder llegar a su destino. Mientras preparaba lo necesario se percata que solo contaba con dos pares de zapatos para realizar el viaje: unos muy lindos vistosos, modernos, de cuero, etc. pero que eran dos tallas menos que sus pies y otros de su nú mero pero muy feos, ordinarios y antiguos, Ante esta situació n se dice: “me esforzaré en que me entren estos que son tan bellos y que tanto me gustan “y comienza una denodada lucha para poder calzar lo zapatos que tanto lo ilusionan. Comienza con el pie derecho , intenta introducir pie de una y mil formas , utiliza calzador , sus manos, y otros elementos , luego hace igual con el pie izquierdo y despué s de horas de lucha piensa que quizá estirando el zapato pueda calzarlo , ya que no puede achicar su pie, y empieza a luchar para estirarlo , utiliza prensas le da golpes usa quı́micos para ablandarlo etc. Pero no logra su objetivo Con gran tristeza decide no luchar má s con los zapatos pero a su vez desiste de realizar su viaje ya que no estaba dispuesto a la incomodidad que todos lo miren por calzar zapatos “antiguos, ordinarios y feos” etc. Pasaron unos dı́as hasta que una noche observando los zapatos se pregunta ¿Cuá l es la real importancia de mi viaje? ¿Cuá l es la de los zapatos? ¿Es verdaderamente valioso para mı́? ¿Caminar hacia… a pesar de...? Y decide probarse los otros zapatos, los feos, las que no le agradaban, y entonces comprueba que son muy blandos y confortables. Comienza ası́ el viaje hacia su destino con esas emociones y pensamientos incomodos por compañ eros de ruta…pero con calzados muy có modos… Y fue ası́ que a pesar de su disgusto e incomodidad por llevar zapatos antiguos, ordinarios y feos comienza su marcha hacia lo novedoso, lo má s lindo y lo má s valioso… Re exión grupal ¿Cuá l son los zapatos con los que luchá is? ¿Les ha servido? ¿Qué es lo importante en vuestras vidas? ¿Que está is dispuestos a hacer o dejar de hacer para alcanzar lo que vale la pena en este momento de sus vidas? Puesta en común- 2) Mantra para PROPICIAR ACEPTACION. Se invita a las personas a ponerse có modas y escuchar • Se reproduce el mantra VARIAS VECES • https://www.youtube.com/watch?v=5S4HsnPM_Ys • Cada uno cuenta lo que le genero el mantra • Lo relacionan con sus vivencias • Comparten • “NO HAY BATALLAS QUE LIBRAR SI DECIDES ACEPTAR” 4. Yo contexto: ¡Ellos tambié n está n etiquetados ! 1-Ubiquen en el cuadro las caracterı́sticas de cada uno de estos felinos` Sociable, No sociable, Ataca si lo Atacan Ataca sin motivos, Dependiente, Independiente, Gran cazador, No sabe cazar bien. Ası́ lo completará n, LEONES GATOS No sociable, Sociable, Ataca sin motivos Ataca si lo Atacan Afectivamente Independiente Afectivamente Dependiente Gran Cazador No sabe cazar bien 2-Se les pide que googleen y se informen 3-Comprobará n que es exactamente al revé s GATOS LEONES No sociable, Sociable, Ataca sin motivos Ataca si lo Atacan Afectivamente Independiente Afectivamente Dependiente Gran Cazador No sabe cazar bien 4- ¿y tú qué etiqueta te atribuyes o te atribuyen? 5 -¿Te bene icia o no? 6- ¿Te animas a quitá rtela? 7- Puesta en comú n ¿Quien soy ? 1) Todas las personas del grupo colocan en su cuerpo 1 cartel con una virtud y un defecto (que no sean fı́sicos) que crean tener. 2) Recorren el espacio leyendo en silencio y sin juicios los cartelitos de sus compañ eros 3) Luego se les pregunta: ¿Cuá nto creen en porcentaje que esas “etiquetas los representan”? 4) ITEM OPCIONAL Cada uno responde estas preguntas: ¿Desde cuá ndo ellos creen ser ası́? ¿Qué , quien o quienes creen han reforzado ese auto concepto? 5) Luego se les pide imaginen como seria su vida sin ese defecto o esa virtud. ¿Qué cosas cambiarı́an, para bien o para mal? 6) ahora se solicita que nuevamente digan en porcentaje cuanto se sienten representados por esos auto conceptos. 7) Conclusiones y Puesta en comú n 5) VALORES Habı́a una vez una hormiga Habı́a una vez una hormiga Que muy mal se sentı́a Pues su mente la decı́a Que en su vida nada valı́a… Entonces se preguntó Que valoraba primero ! Ser hormiga independiente y Tener mi propio hormiguero ¡ Y comenzó su tarea Cavando un pequeñ o agujero Todos le cuestionaban Su desa iante odisea Má s ella siguió adelante Detrá s de lo importante Y buscando lo valioso Sin quererlo… Se cavó todo el pozo ¡! ¡CORRE HACIA LO VALIOSO¡ Observa y comenta el comics en grupo Re lexiona ¿Y tú ? ¿Qué deberá s hacer o dejar de hacer para ir hacia lo valioso en tu familia, ti salud y tu vida social? Puesta en comú n 5. Acciones comprometidas ¿QUE SABEMOS DE LA COCINA DE LA VIDA? Valores y compromiso de accion A ver que sabemos de la cocina de la vida Parte A 1) Se divide el grupo en dos subgrupos 2) Se entrega a cada subgrupo una hoja a iche ¨(papel grande¨) y ibrones Se da la siguiente consigna: ¿Cuá l es la comida má s importante, má s valorada por vuestras familias y que vosotros las prepará is? Escribir los ingredientes que necesitan para hacerla Las acciones necesarias Tiempo de cocció n etc. Parte B: Vamos a llevar este proceso a la vida familiar misma: “¿qué es lo má s importante para vosotros en la vida familiar, que es lo que valoran?” “el amor” (tomarlo como valor por la direccionalidad que dará a la conducta) Bien có mo se construye ese amor (abrir en acciones lo valioso) Los integrantes irá n escribiendo conductas (acciones comprometidas con el valor), Y que verá n que si esas conductas son las pertinentes dará n como resultado una familia donde el amor circule y se exprese. Re lexión y conclusión: Se intentara poner é nfasis en que lo valioso marca, orienta lo que debemos hacer para obtener lo que queremos, los ingredientes de cocinados deben dar como resultado lo esperado (*tal vez con variantes pero no esenciales) EJERCICIO GRUPAL 1) Se le presentan situaciones a cada grupo donde tengan que disociar pensamiento y emoció n de la acció n. 2) Imagina que un amigo que te ha fallado varias veces enferma, tú piensas “Ahora me llama, no merece mi asistencia “Y te surge bronca Al cabo de un rato vas y lo asistes ¿Por qué lo haces? Porque es para ti VALIOSA la amistad. Deja de lado tu bronca y tu pensamiento para accionar hacia lo valioso, Tu conducta está comprometida con lo valioso para ti 3) Se pide busquen situaciones en sus vidas donde hayan hecho esta separació n para poder ir hacia lo valioso 21 Los Aportes de otras Terapias Conductuales Contextuales de Tercera Generación (Karemi Rodríguez Batista). El objetivo del siguiente capı́tulo es simplemente explorar un poco el panorama que nos ofrecen algunas de las terapias de grupo conductuales contextuales má s conocidas y que está n demostrando resultados consistentes en una variedad de problemá ticas y poblaciones. Siguiendo estos criterios y por motivos de espacio, solamente nos vamos a centrar en las siguientes: activación conductual, terapia dialéctica-conductual, terapia centrada en la compasión y terapia cognitiva basada en la atención plena. Para hacer má s á gil y estructurada la lectura hemos organizado cada apartado de la siguiente forma: una breve introducción, en la cual revisaremos someramente los orı́genes, fundamentos y teorı́a de la terapia; seguiremos con la evaluación e intervención, en é ste apartado veremos tanto la metodologı́a como los instrumentos má s comunes para estos propó sitos; continuamos con un ejemplo de formato de Intervención típica grupal, de forma muy resumida, mostrando las referencias y el enlace para acceder a los protocolos completos que é l o la lectora podrá descargar para ver má s en detalle; y inalmente veremos algunas intervenciones grupales para otras problemáticas, para este in se ha recurrido a estudios empı́ricos y revisiones sistemá ticas de artı́culos sobre la e icacia en cada una de ellas. Sin má s dilació n, esperamos que os pueda resultar de interé s y ası́ os animé is a incorporar esta modalidad en vuestra prá ctica clı́nica en la medida de lo posible. Activación conductual en grupo Introducción La activació n conductual, AC en adelante, es un tratamiento conductual contextual basado en una visió n analı́tica funcional del comportamiento de la depresió n, y es una de las intervenciones con mayor apoyo empı́rico hasta el momento para la depresió n, pudiendo ser aplicada en otras problemá ticas y en distintas modalidades. Por sus caracterı́sticas contextuales, lexibles e ideográ icas, se ha adaptado muy bien a la modalidad grupal con muy buenos resultados. Sin embargo, siguen siendo escasos los estudios en esta modalidad que conlleven un adecuado control metodoló gico, que describan tanto los protocolos como las variables de criterio, ademá s de procedimientos ajustados de aná lisis de datos y seguimiento a largo plazo (CotoLesmes, Ferná ndez-Rodrı́guez, y Gonzá lez-Ferná ndez, 2020). La terapia de activació n conductual para la depresió n surge de una investigació n realizada por Jacobson, Dobson, Truax, Addis y Koerner en 1996, con el objetivo de explorar qué parte de la terapia de Beck era la má s e icaz, si la cognitiva o la conductual. Hoy dı́a hay dos formatos o modelos de activació n conductual para la terapia: el modelo que se denomina a secas BA (siglas de Behavioral Activation), y el modelo BATD (siglas de Brief Activation Treatment for Depression) o Tratamiento Breve de Activació n Conductual para la Depresió n. Son relativamente pequeñ as las diferencias, primeramente se basan en distintos tipos de aprendizaje, BATD es má s estructurado y se enfoca exclusivamente en la activació n conductual. BA o AC incorpora elementos del aná lisis funcional de la conducta y herramientas para lidiar con la rumiació n. En cualquier caso, ambos modelos comparten má s semejanzas que diferencias (Maero, 2012). La teorı́a detrá s del tratamiento del AC para la depresió n tiene tres componentes. El primer componente es que la depresió n resulta de los cambios en las circunstancias de la vida de la persona que han causado una reducció n en el reforzamiento. En segundo lugar, una vez que se produce la depresió n, las formas que tiene la persona de responder (es decir, de hacer frente) a la depresió n a menudo la privan aú n má s de refuerzos, lo que hace que la depresió n empeore. Por ú ltimo, no todas las personas son igualmente vulnerables a la depresió n, ya que é sta está determinada tanto por los antecedentes en la historia de aprendizaje como por la gené tica. Ası́ pues, debemos considerar: 1) los factores de vulnerabilidad de la persona debidos a los genes y su historia, 2) los cambios ambientales que precipitaron el episodio de depresió n y 3) los mé todos de la persona para hacer frente a los cambios del entorno (Porter y Spates, 2004). Lo que busca esta terapia es la modi icació n de esos patrones disfuncionales aumentando la implicació n de la persona en aquellas á reas de valor, fortaleciendo su compromiso con tareas que puedan activar las fuentes de reforzamiento en la vida diaria, mientras reduce o elimina las estrategias de evitació n (Jacobson, Martell & Dimidjian, 2001; cit. en Coto-Lesmes et al., 2020). Evaluación e intervención en activación conductual Las fases de la intervención será n las mismas que en la modalidad individual: evaluació n, rumbo e intervenció n, y las herramientas que primaran seguirá n siendo: la programació n de actividades, la extinció n de la evitació n, el reforzamiento de conductas antidepresivas, la intervenció n en rumia, y el entrenamiento en habilidades sociales, que en esta modalidad potencia sus efectos (Barraca y Pé rez Alvarez, 2015). En general se aplican las mismas té cnicas de evaluació n que en formato individual, adaptá ndose a grupos. Las má s comunes serı́an: la evaluación funcional que nos ayudará a entender las relaciones entre el ambiente, un comportamiento y sus consecuencias, y nos servirá para sugerir junto con el o la consultante ya sea cambios en el ambiente o en el comportamiento. Los registros sobre el dominio y placer en las actividades diarias; esto nos ayuda a aumentar las experiencias signi icativas con má s probabilidad de producir satisfacció n, para ello el o la consultante llevará un registro diario y cali icará en esos dos dominios sus actividades, ademá s añ adirá un sentido de estructura y control por parte de las personas. Añ adir que la evaluación del comportamiento durante la sesión en grupo, nos da la oportunidad de observar de primera mano conductas má s o menos e icaces y sus relaciones funcionales con el ambiente y sus consecuencias. Una modi icació n para la intervenció n grupal desde AC, segú n Porter y Spates (2004) es utilizar a los miembros del grupo como actores que puedan interpretar a las personas con las que los otros u otras consultantes está n teniendo di icultades a modo de role-playing, esta intervenció n puede potenciar las habilidades sociales. Tambié n haremos uso de las escalas má s comunes, como medidas pre, durante y post intervenció n, y ademá s con el objetivo de localizar y ampliar informació n sobre las conductas, los antecedentes y consecuentes, desde los mismos ı́tems. Las escalas má s comunes suelen ser el BADS (Behavioral Activation for Depression Scale), EROS (Environmental Reward Observation Scale), RFI (Reward Probability Index), y el BDI-II (Escala de Depresió n de Beck-II). Sin embargo, cuando la aplicació n de la AC se dirija a otras problemá ticas, se utilizará n las especı́ icas para cada una de ellas. Ejemplo de formato de Intervención típica grupal de activación conductual A continuació n se exponen, resumidamente, las agendas de las sesiones segú n el manual de Porter y Spates (2014) que se puede descargar libremente desde aquı́ para profundizar. *Formato fı́sico: para su referencia y URL de enlace completos, consultar nota al inalizar el capı́tulo. Primera sesión En esta primera sesió n se expondrá n las reglas bá sicas en el grupo, ası́ como de normas de con idencialidad, y sobre comportamientos tales como no actuar las emociones sino hablarlas primero o tomar tiempo fuera, participar activamente, no interrumpir, etc. Posteriormente se hará una presentació n y se preguntará sobre sus objetivos en 10 semanas, luego de ello, se dará una breve psicoeducació n, y se aclara que el papel de é l o la terapeuta será el de un/a entrenador/a personal. A partir de aquı́ cada miembro tendrá hasta 10 minutos para contar su historia, cuando termine se pedirá feedback grupal; seguidamente se introducirá n agendas de actividades ası́ como los libros de trabajo para las y los miembros del grupo, cerrando inalmente agradeciendo a todos y todas por su participació n, reconociendo la di icultad que implica compartir todo esto. Segunda sesión Esta segunda sesió n se iniciará con un ejercicio de calentamiento (relajació n muscular progresiva, imá genes, etc.), al tiempo que é l o la co-terapeuta revisa los BDI-II de los y las participantes. Posteriormente, cada uno/a dispondrá de 5 minutos aproximadamente para hablar de sus experiencias y los y las terapeutas deberá n ayudar a re lexionar y a identi icar las conductas a intervenir. En esta etapa son los y las terapeutas el principal recurso de intervenció n. Finalmente se cerrará con la irma de las tareas y el compromiso de cada participante para su consecució n. Sesiones 3-6 En esta sesió n y las siguientes se seguirá un mismo formato que consistirá en abrir con un ejercicio de calentamiento mientras é l o la co-terapeuta revisan los BDI. Luego, cada miembro informará sobre su experiencia con los deberes, y se irá n aumentando las tareas en té rminos de asignaciones que puedan ser má s difı́ciles y que tengan un mayor valor potencial como antidepresivos. A medida que el tratamiento progresa, los y las terapeutas deberá n ir derivando cada vez má s responsabilidades hacia los miembros del grupo, funcionando má s como facilitadores que como intervencionistas. Esto implica que los participantes asuman má s responsabilidad en su propio tratamiento, ası́ ayudar a otros miembros del grupo con el tratamiento. Se cerrará con la asignació n de tareas y el compromiso irmado. Sesiones 7-9 Desde esta sé ptima sesió n y hasta la novena se seguirá el siguiente formato: Se abrirá con un ejercicio de calentamiento, despué s los y las integrantes del grupo informará n sobre sus experiencias y deberes, mientras que en la intervenció n el grupo va asumiendo la mayor parte de la responsabilidad de su propio tratamiento y del tratamiento de sus compañ eros/as. Seguidamente se hará un espacio para la prevenció n de recaı́das, revisando los tipos de experiencias que cada persona ha tenido durante el tratamiento que han tenido é xito en el alivio de la depresió n, enfatizando el papel que é l o la participante ha jugado en este logro. Se cerrará con la asignació n y compromiso con las tareas y agendará una ú ltima sesió n. Última sesión Esta ú ltima sesió n se abrirá con un ejercicio de calentamiento y, posteriormente, los miembros del grupo compartirá n cualquier experiencia signi icativa que hayan tenido durante la ú ltima semana. Seguidamente, fortalecemos la parte dedicada a la prevenció n de recaı́das, y los y las terapeutas pasará n tiempo con cada miembro del grupo identi icando las experiencias signi icativas que han ocurrido durante el tratamiento, con é nfasis en aquellos tipos de experiencias de tarea que han sido particularmente efectivas con cada individuo. Se alentará a cada persona a utilizar los conocimientos y las aptitudes que ha adquirido mediante la terapia para manejar situaciones difı́ciles en el futuro y defenderse contra una futura depresió n. Para inalizar se cierra con un resumen de los logros alcanzados por las y los miembros del grupo y se destacan algunos de los ejemplos má s signi icativos del é xito de la activació n conductual. Intervenciones grupales de activación conductual en otras problemáticas Algunas problemá ticas en las cuales intervenciones grupales con activació n conductual que han mostrado e icacia son las siguientes: ansiedad y depresió n, depresió n en entornos pú blicos, ansiedad social, tabaquismo, depresió n, AC en ansiedad y depresión En una reciente y minuciosa revisió n sistemá tica comprendida entre los añ os 2008 al 2018 sobre la utilidad de la AC grupal para el tratamiento de la ansiedad y/o depresió n, llevado a cabo por Rocı́o Coto-Lesmes, Concepció n Ferná ndez-Rodrı́guez, y Sonia Gonzá lezFerná n de la Universidad de Oviedo y el Servicio de Salud del Principado de Asturias, Españ a en este mismo añ o, se encontró que efectivamente los consultantes que recibieron AC mostraron mejoras en ansiedad y/o depresió n, y se concluyó que esta intervenció n es ú til para la prevenció n y el tratamiento de los trastornos emocionales. Aunque en todos estos estudios el objetivo fue aumentar los patrones de activació n conductual y analizar su efectividad en el tratamiento la ansiedad y/depresió n, el abordaje fue ligeramente distinto, en algunos el foco fue aumentar el acceso a actividades reforzantes, en otros en que los participantes identi icaran sus propios patrones y aprendiesen a modi icarlos, principalmente los de evitació n conductual, y otros má s añ aden objetivos como la modi icació n de la preocupació n patoló gica, los pensamientos automá ticos negativos, la regulació n emocional, la mejora de competencias, etc. (Chen et al., 2013; Nieto y Barraca, 2017; Zemestani et al., 2016; Chu et al., 2009, 2015, 2016; Locke et al., 2017; Wesson et al., 2013; cit en Coto-Lesmes et al., 2020). Se utilizan principalmente programació n de actividades, automonitoreo, cumplimiento progresivo de objetivos, tareas para casa, psicoeducació n, té cnicas de resolució n de problemas, habilidades sociales, y prevenció n de recaı́das. Algunas intervenciones incluyen té cnicas teó ricamente consistentes con ACT destacando el trabajo en valores, y/o la aceptació n y, puede usarse tambié n el entrenamiento en mindfulness para facilitar el cambio a travé s de la atenció n consciente a los patrones de comportamiento (Chen et al., 2013; Kellet et al., 2017; Houghton et al. 2008; Wong et al., 2018; Yang et al., 2018; Wong et al., 2018; Yang et al., 2018; cit en Coto-Lesmes et al., 2020) Depresión en entornos públicos Un estudio, realizado en 2004 por Jeffrey F. Porter, Richard Spates y Sean Smitham, examinó los efectos de la modalidad grupal en la terapia de activació n conductual para la depresió n en entornos pú blicos de salud mental, cuyo nú mero de sesiones fueron 10, de 90 minutos cada una, concluyó que aunque el funcionamiento del estado inal de los y las participantes en este alcanzó el estado “normal”, segú n lo evaluado por el BDI-II, claramente la mejorı́a fue tanto estadı́stica como clı́nicamente importante, como lo demuestra el cambio en el estado de diagnó stico que se produjo en la mayorı́a de participantes (Porter, J. F., Spates, R., y Smitham, S., 2004). Otro estudio realizado a 24 personas con trastornos depresivos (segú n SCID-I) conducido por Fereidooni y sus colaboradores en 2015 concluye su e icacia para disminuir la depresió n de los consultantes y como tratamiento complementario con medicamentos en personas hospitalizadas con trastornos depresivos. Ansiedad social En general, la terapia de activació n conductual grupal tiene un impacto sobre la depresió n y la ansiedad, la evaluació n negativa y la calidad de vida de las personas con ansiedad social. Un estudio controlado llevado a cabo por Abhar Zanjani y colaboradores en 2018 cuyos participantes referidos a servicios psiquiá tricos con diagnó stico de trastorno de ansiedad social en la ciudad de Mashhad (2016-2017) fueron sometidos a una intervenció n grupal en activació n conductual promedio (es decir 8 sesiones de 90 minutos) arrojó una correlació n signi icativa con la reducció n del miedo y la evitació n (del componente de ansiedad social) y el componente de depresió n y ambos subcomponentes de miedo a evaluació n negativa, Sin embargo, no hubo un efecto signi icativo sobre el malestar isioló gico y las relaciones sociales y la satisfacció n del estado de vida y la salud fı́sica, mientras el grupo de control no tuvo diferencias signi icativas en las diferentes fases. Tabaquismo En este añ o Barraca y colaboradores (2020) han realizado un programa basado en AC con formato grupal para el tratamiento del consumo tabá quico comó rbido con sı́ntomas ansiosos o depresivos. El programa se aplicó a 49 consultantes de forma está ndar, es decir: 1 sesió n de evaluació n, 10 sesiones grupales de 90 minutos (2 sesiones semanales) y 4 sesiones de seguimiento (1, 3, 6 meses). Los resultados sostienen la e icacia de esta intervenció n para esta problemá tica, ademá s de mayor efecto sobre la abstinencia sostenida al mes, y a tres meses y a seis meses se igualan al tratamiento está ndar. *Nota: Manual: Porter, J. & Spates, R. (2014). Behavioral Activation Group Therapy. Therapist Manual. Society of Clinical Psychology (Division 12 of APA). Enlace: https://www.div12.org/wp-content/uploads/2014/11/Behavioral-ActivationGroup-Therapy-Therapist-Manual.doc Terapia dialéctica conductual Introducción La terapia dialé ctica conductual, en inglé s “Dialectical Behavior Therapy (DBT)” es un enfoque psicoterapé utico desarrollado por Marsha M. Linehan, especı́ icamente diseñ ado para tratamiento del trastorno lı́mite de la personalidad, siendo el modelo que mayor evidencia empı́rica tiene para el mismo hasta la fecha (Stoffers et al., 2012), mejorando notablemente las conductas autolı́ticas, suicidas o la inestabilidad afectiva, ya que se centra particularmente en ellas. Parte del supuesto de que muchos de nosotros/as podemos experimentar emociones má s intensamente que otros/as, tendiendo a reaccionar de forma má s impulsiva y extrema (por ejemplo, dañ o a sı́ mismos/as o intentos de suicidio). Se cree que la falta de conciencia y aceptació n de estas experiencias emocionales inter ieren en el desarrollo de estrategias má s e icaces para hacer frente a la tolerancia al malestar. Por ello, esta terapia establece como objetivos fundamentales el entrenamiento de las siguientes habilidades conductuales: atenció n plena, efectividad interpersonal, regulació n emocional y tolerancia al malestar; Esta parte de la terapia es siempre grupal, y cada mó dulo toma alrededor de 8 sesiones y suele ir en ese orden, aunque puede variar. La duració n varı́a, pero normalmente el entrenamiento en habilidades dura 6 meses en terapia dialé ctica conductual está ndar, y el tratamiento global, un añ o incluyendo tanto la terapia individual como los grupos de habilidades, y la versió n está ndar consiste en una sesió n grupal semanal, una sesió n de psicoterapia individual, y posibilidad de contacto telefó nico en situaciones determinadas. Ademá s, para el terapeuta será esencial el equipo de consultorı́a. De forma general el tratamiento es estructurado en cuatro etapas muy someramente detalladas a continuació n, todas ellas con sus propios objetivos. En cada etapa y objetivo se aborda un problema especı́ ico, van por orden de prioridad, ası́ que puede volverse a una fase anterior siempre que sea necesario: Etapa I. Pasar de tener conductas fuera de control a estar en control: se abordan los problemas con la siguiente prioridad, aunque el entrenamiento en habilidades se da en paralelo a los otros 3 targets. Consideremos tambié n que si é l o la consultante no tuvo conductas suicidas en la semana pero si tuvo una conducta que atenta contra la terapia entonces nos enfocamos en esta ú ltima en la sesió n. • Objetivo 1: Reducir y luego eliminar conductas letales. • Objetivo 2: Reducir y luego eliminar conductas que inter ieran con el tratamiento. • Objetivo 3: Disminuir conductas que afectan la calidad de vida. • Objetivo 4: Aprender habilidades (entrenamiento en mó dulos). Etapa II. De la clausura emocional a experimentar las emociones plenamente: el objetivo principal de esta fase es ayudar al consultante a experimentar las emociones sin estrategias de control o evitació n. En esta fase, se trabaja con el cliente para tratar el trastorno de estré s postraumá tico, si hay, y se le enseñ a a experimentar todas sus emociones sin negarlas y permitiendo que lo orienten y conduzcan. Etapa III. Construir una vida satisfactoria, resolver problemas de la vida cotidiana: en esta fase se trabaja con los consultantes para aprender habilidades de resolució n de con lictos cotidianos. Etapa IV. De la sensació n de falta de sentido a la sensació n de plenitud / conexió n: en esta etapa se ayuda a planear y consolidar una nueva ruta de vida, de sentido, a desarrollar una capacidad sostenida para disfrutar e integrar pasado, presente y futuro a uno mismo y a los demá s, y aceptar la realidad como es. Evaluación e intervención en la terapia dialéctica conductual En la terapia dialé ctica conductual, en adelante TDC, las herramientas de evaluació n e intervenció n base será n los registros semanales, tarjetas de registro diarias, ası́ como los análisis en cadena. Estos ú ltimos nos sirven para ver el aná lisis funcional de la o las conductas problemas, ası́ como el marco para su solució n. Se inicia identi icando el problema y las circunstancias internas o externas precedentes, y se sigue con la identi icació n de las consecuencias de la conducta problema, tanto para el consultante como para su entorno. Al terminar el “aná lisis de cadena”, se comienza el “análisis de la solución”. Esta parte nos sirve para detectar los potenciales recursos, ası́ como los obstá culos que di icultan la solució n del problema, y é l o la terapeuta seleccionará cuá les son las estrategias de cambio má s adecuadas entre: a) entrenamiento en habilidades, b) manejo de contingencias, c) modi icació n cognitiva, y/o d) estrategias de exposició n (Soler, 2010). Suele complementarse como medidas previas y posteriores a la intervenció n otro tipo de escalas tales como la Escala de Di icultades de Regulación emocional, las Escalas de Depresión, Ansiedad y Estrés o la Escala de Pensamientos y Conductas Autolesivas, ası́ como otras má s especı́ icas en funció n de la sintomatologı́a de los miembros del grupo. Ejemplo de formato de Intervención típica grupal de la terapia dialéctica conductual Siguiendo el formato de intervenció n grupal propuesto por el Dr. Joaquim Soler (2010) los grupos son de 8 a 10 personas, y está n dirigidos por un terapeuta y un coterapeuta. En cuanto a su estructura es muy parecida a la de otros grupos de adquisició n de habilidades en terapia conductual: instrucciones didá cticas, ejemplos modelados, ensayos de nuevas habilidades, feedback y asignació n de tareas. Cada mó dulo se completa aproximadamente en 8 semanas, con excepció n del de atenció n plena que se repetirá 2 sesiones al inalizar cualquiera de los otros mó dulos, ya que este adquirir las habilidades en este mó dulo en sı́ mismo requiere mayor persistencia. Las sesiones duran 2 horas y media aproximadamente. Un ejemplo de agenda de sesió n serı́a la siguiente: • Inicio sesió n: ejercicio de mindfulness (para todos los mó dulos). • 1a hora: Revisió n de la prá ctica. • Descanso (10-15 min). • 2a hora: Presentació n nuevas habilidades. • Cierre: Observaciones sobre el grupo/té cnicas mindfulness. A continuació n se presentan los mó dulos de los entrenamientos, pueden modi icarse en funció n de las necesidades grupales: Módulo de mindfulness o atención plena. Este mó dulo tendrá como objetivo disminuir la desregulació n cognitiva, la confusió n de la identidad y vacı́o, ası́ como incrementar el control atenció n y fortalecer una actitud no juiciosa o evaluativa de las experiencias. Se enseñ ará a diferenciar 3 estados mentales llamados: mente racional, mente emocional y mente sabia. Se entrenará en habilidades qué : observar, describir y participar, ası́ como en las habilidades có mo: focalizados, sin juzgar, una cosa a la vez y siendo efectivos. Módulo de efectividad interpersonal. Es un mó dulo muy parecido al entrenamiento en habilidades sociales aplicado en la terapia de conducta. Los objetivos son dotar de habilidades má s e icaces de comportamiento interpersonal, reducir el caos interpersonal y el miedo al abandono. Las habilidades incluyen estrategias para expresar y gestionar necesidades adecuadamente, ası́ como los distintos estilos de comunicació n en funció n de la situació n interpersonal en la que el consultante se encuentre. Módulo de regulación emocional. El objetivo en este mó dulo será disminuir la labilidad emocional. Los miembros del grupo aprenderá n la naturaleza de las emociones, sus funciones y consecuencias, con lo cual se dedicará el tiempo debido a la psicoeducació n, posteriormente, las habilidades especı́ icas será n: 1) identi icar y etiquetar emociones, 2) identi icar los obstá culos para cambiarlas, 3) reducir la vulnerabilidad a emociones negativas, 4) aumentar las emociones positivas incrementando las situaciones positivas, 5) mindfulness con la emoció n presente, 6) cambiar emociones: chequear los hechos, resolució n de problemas, acció n opuesta, y 7) aplicar té cnicas de tolerancia al dolor emocional. Módulo de tolerancia al dolor o malestar. Este mó dulo se enfocará en incrementar las habilidades de aceptació n de uno mismo y de las situaciones del entorno de una forma no evaluativa. Este mó dulo resulta especialmente ú til para las situaciones de crisis, en las que nada puede hacerse de forma inmediata. Estas habilidades han de combinarse con la resolució n de problemas y no ser utilizadas en exceso, o como estrategias de evitació n. Intervenciones grupales de la terapia dialéctica conductual en otras problemáticas En un estudio realizado en 2008 por Harned y cols., se analizó la e icacia de la TDC para el tratamiento de distintos trastornos del eje I comó rbido al TLP. Los resultados indican que la TDC es e icaz en la reducció n de: trastorno por abuso de sustancias (reducció n del 87%), trastorno depresivo mayor (reducció n del 68%), trastornos de la alimentación (reducció n del 64%). Sin embargo, parecerı́a ser que la TDC no es tan e icaz para reducir trastornos de ansiedad, como el trastorno por pá nico (reducció n del 47%) o el trastorno por estré s postraumá tico (reducció n del 35%). Sin embargo, el equipo de Melanie Harned desarrolló un protocolo para personas con trastorno límite de la personalidad y trastorno de estrés postraumático llamado DBTPE que consiste en la TDC está ndar má s un programa de exposició n prolongada (EP; Foa, Riggs, Massie, & Yarczower, 1995; cit. en Soler, Eliges y Carmona, 2016). Posteriormente, en 2014, se evidenció que al inal del tratamiento, aproximadamente el 80% de las personas asignadas a esta ú ltima intervenció n (TDC+EP) ya no cumplı́an criterios para el diagnó stico de TEPT (Soler, Eliges, y Carmona, 2016). Otra de las aplicaciones interesantes de la terapia dialé ctica es la adaptació n realizada por Rathus y Miller (2002) para poblaciones de adolescentes con conductas suicidas y rasgos de personalidad límite. Aunque el tratamiento para adolescentes sigue las directrices del tratamiento Standard en TDC, se han realizado algunas modi icaciones, tales como la priorizació n de la familia, tener un rol má s activo en el tratamiento, participando en el grupo de habilidades y de sesiones de terapia familiar. El tratamiento tiene una duració n má s corta que el tratamiento de adultos (16 semanas vs. 1 añ o), pero una vez terminadas las 16 semanas el o la consultante tiene la opció n de participar de otro grupo para “graduados/as” en el que se busca principalmente, la generalizació n y reforzamiento de habilidades (Soler, Eliges, y Carmona, 2016). Terapia centrada en la compasión Introducción La terapia centrada o focalizada en la compasió n es considerada una terapia de tercera generació n, comparte multitud de perspectivas y conceptos con las terapias basadas en mindfulness y la terapia de aceptació n y compromiso (Pastor Sirera, 2015). Tenemos evidencia robusta de que el entrenamiento en autocompasió n es e icaz en la reducció n de ansiedad, depresión, trastornos alimentarios (Goss y Allan, 2014), trastornos de personalidad (Lucre y Corten, 2013) y está asociado a menor psicopatologı́a (MacBeth, y Gumley, 2012), lo que indica utilidad transdiagnó stica de considerable interé s en la prá ctica clı́nica. En los ú ltimos añ os se han desarrollado enormemente las intervenciones basadas en la compasió n cuyo in es el de mejorar el funcionamiento psicoló gico y el bienestar. Hay al menos seis intervenciones actuales con apoyo empı́rico que se centran en el cultivo de la compasió n, entre las cuales podemos encontrar la terapia focalizada o centrada en la compasió n, el entrenamiento en autocompasió n consciente, o el entrenamiento de la compasió n basado en la cognició n. Debido a que es la má s evaluada, por su alcance, y por ser la ú nica que es psicoterapia como tal (las demá s son programas manualizados), nos centraremos en la terapia centrada en la compasió n. La terapia centrada en la compasió n es un proceso terapé utico desarrollado en el añ o 2000 por el psicó logo inglé s Paul Gilbert, que viene a fortalecer el conjunto de las terapias contextuales o de tercera generació n con especial acento en la actitud compasiva del terapeuta. Podrı́amos llamarla una terapia multimodal, ya que el autor integra distintos campos de estudio y enfoques de intervenció n como la teorı́a del apego de Bowlby, la teorı́a de la mente, la terapia cognitivo conductual o el mindfulness por ejemplo, para centrar el trabajo en el desarrollo de maneras compasivas de pensamiento e imaginerı́a que puedan llevar al consultante a un sentimiento de seguridad y a encontrar estrategias má s ú tiles de afrontamiento ası́ como otras formas de comportamiento que sean efectivas para satisfacer sus necesidades y ayuden a encontrar el equilibrio. Un objetivo central es proporcionar psicoeducació n acerca de los tres sistemas bá sicos de regulació n emocional, y balancearlos. Estos sistemas son: el sistema de amenaza y autoprotecció n, el sistema de bú squeda de incentivos y recursos, y el sistema de confortamiento, satisfacció n y seguridad, tambié n llamado sistema de calma. El primer sistema tiene la funció n de alertarnos sobre las amenazas, activando emociones tales como la ansiedad o el enojo y sus reacciones conductuales correspondientes tales como luchar, huir o someterse. El segundo tiene la funció n de energizarnos y guiarnos para la obtenció n de recursos, de metas en la vida. Las emociones asociadas a este sistema son estar alerta y sentirse energizado. Si está equilibrado con los otros dos, este sistema nos guı́a hacia metas vitales importantes. El ú ltimo sistema está asociado con sentimientos de calma, tranquilidad y paz. La terapia focalizada en la compasió n, en adelante TFC, sostiene ademá s que muchas problemá ticas psicoló gicas tienen su origen en problemas interpersonales tales como las di icultades para sentirse cuidado por otros, para tener un interé s por el cuidado de otros, y para tener una actitud de cuidado hacia uno mismo, ası́ propone que el entrenamiento en habilidades especı́ icas puede ser necesario para desarrollar estos atributos de compasió n. Estas habilidades incluyen atenció n compasiva, razonamiento compasivo, imá genes compasivas, sentimiento compasivo, sensació n compasiva, y comportamientos compasivos, aquı́ ademá s de la asignació n de tareas conductuales como exposició n gradual a los estı́mulos temidos o dolorosos, la promoció n del comportamiento prosocial es otra intervenció n posible para desarrollar el comportamiento compasivo (Carro, 2020). Evaluación e intervención en la terapia centrada en la compasión Entre sus herramientas de intervenció n destacan la relació n terapé utica, el aná lisis funcional, la psicoeducació n, el descubrimiento guiado, el diá logo socrá tico, las formulaciones estructuradas, la supervisió n “corporal”, la exposició n, tareas graduadas, la imaginació n centrada en la compasió n, el trabajo en la silla, el aprendizaje de tolerancia emocional, el esclarecimiento de estrategias de seguridad, la mentalizació n, la escritura expresiva (carta), la distinció n entre autocrı́tica y correcció n del yo compasivo y el trabajo para fuera de la sesió n, entre otras (Gilbert, 2014). La terapia centrada en la compasió n ha desarrollado multitud de escalas, inventarios y otras herramientas especı́ icas que nos ayudan en la evaluació n, como pueden ser la SCS (Escala de Autocompasió n), la FCS (Escala de Temores a la Compasió n), la Functions of SelfCriticism/Attacking Scale (Escala de Funciones de la Autocrı́tica y Escala de Ataque), la ISS (Escala de Vergü enza Internalizada), por mencionar algunas, que podemos complementar con las requeridas para cada problemá tica en especı́ ico. Ejemplo de formato de Intervención típica grupal de la terapia centrada en la compasión Elegimos el protocolo de manejo de la ira en veteranos con trastorno de estré s postraumá tico desde la terapia centrada en la compasió n (enlace aquı́) de Grodin y Cols (2019), por ser uno de los má s recientes y basados en el primer manual desarrollado por Kolts (2010) y que podé is leer en detalle en este enlace. *Formato fı́sico: para sus referencias y URL de enlaces completos, consultar nota al inalizar el capı́tulo. El tratamiento consiste en 12 sesiones manualizadas de terapia de grupo con á reas de é nfasis que incluyen la psicoeducació n respecto a las formas en que la evolució n y la biologı́a afectan a las emociones y los comportamientos; el impacto del aprendizaje en las emociones y los comportamientos; las formas en que los procesos emocionales y cognitivos pueden interactuar para mantener y alimentar las respuestas a las amenazas como la ira; la naturaleza y la funció n de la ira y la compasió n; y el entrenamiento de habilidades en la atenció n, la relajació n y el cultivo de la compasió n. El protocolo implica ayudar a los individuos a aprender sobre sus emociones y ayudarle a entender como la ira puede predominar en la experiencia emocional. La agenda para cada sesió n desarrolla los siguientes temas tal como sigue: Sesión 1. Introducción a la TFC para la ira: Se hace la presentació n del grupo, ası́ como la introducció n a la atenció n plena. Sesión 2. El modelo de los tres círculos: Se enseñ a el sistema de regulació n de las emociones segú n la TFC. Sesión 3. Una introducción a la compasión: Se de ine la compasió n y se realiza un ejercicio de cultivo en compasió n. Sesión 4. Conociendo la ira como respuesta a una amenaza: Se hace psicoeducació n sobre la naturaleza de la ira como respuesta evolutiva a una amenaza, se trabaja con la resistencia al cambio, se introduce un ejercicio de reducció n de la activació n basado en la respiració n. Sesión 5. Conociendo la respuesta de la ira: Se discute có mo la historia de aprendizaje impacta la experiencia de la ira, y se introduce una té cnica de autocontrol de la ira y de la compasió n. Sesión 6. Enojo, emociones y atención: Se realiza psicoeducació n sobre la relació n entre la ira y otras emociones, se introduce un ejercicio de cultivo de la compasió n que destaque las relaciones entre las emociones. Sesión 7. Aprender a cambiar patrones difíciles: Se aplica la compasió n al proceso de cambio de comportamiento, se enseñ an y entrenan estrategias y ejercicios para aumentar la motivació n de cambio para los há bitos de ira. Sesión 8. Trabajar con hábitos de ira - el modelo RAGE: Se hace una introducció n del modelo RAGE de manejo de la ira, y se entrena en un ejercicio de relajació n basado en imá genes. Sesión 9. Aceptar y aguantar: Se continú a la explicació n del modelo RAGE, contrastando el enojo frente al pensamiento compasivo. Sesión 10. Trabajo compasivo en situaciones difíciles: Continuamos con la explicació n del modelo RAGE, introduciendo la resolució n de problemas compasiva. Sesión 11. Comportamiento compasivo - habilidades de asertividad: Se hace una Introducció n a las habilidades de comunicació n asertiva. Sesión 12. Extendiendo la compasión a otros: Se hace una psicoeducació n sobre las formas en que la compasió n puede ser utilizada en el trabajo con los demá s, entrenando en una meditació n de bondad/compasió n amorosa, se hace un resumen y conclusió n del grupo. Durante el desarrollo de estas sesiones se estimula en direcció n a fomentar una mentalidad grupal compasiva de prestació n de cuidados, reforzando las interacciones de apoyo y la capacidad de relacionarse con los compañ eros, se entrena en las habilidades basadas en la compasió n, ası́ como en otras actividades creativas complementarias tales como la escritura o el collage. Se les pedirá que entrenen todo esto fuera de sesiones, y se les proporciona material impreso y grabaciones de audio de meditaciones para apoyar su prá ctica. Intervenciones grupales de la terapia centrada en la compasión en otras problemáticas Hasta la fecha solo hay nú mero pequeñ o de ensayos controlados aleatorios (ECA) publicados que utilizan muestras clı́nicas, incluyendo psicosis (Braehler y cols., 2012), trastorno por atracón (Kelly y Carter, 2015), lesión cerebral adquirida (O’Neill y McMillan, 2012), depresión y ansiedad (Noorbala, Borjali, Ahmadian-Attari y Noorbala, 2013) y trastorno por estrés postraumático (Beaumont, Galpin y Jenkins, 2012). Estos estudios han demostrado resultados prometedores en todas esas problemá ticas y en los grupos transdiagnó sticos. En particular, La TFC grupal, ofrece una promesa en el abordaje de los problemas psicoló gicos comunes de la vergü enza y la autocrı́tica. En el estudio de Braehler y sus colaboradores (2012) se comparó una intervenció n de TFC grupal con el tratamiento habitual para 40 participantes con diagnó stico de psicosis, despué s de 16 sesiones, y el grupo con la intervenció n TFC se asoció con una mayor mejorı́a clı́nica, un aumento signi icativo en las puntuaciones de compasió n y reducciones signi icativas en las medidas de depresió n y marginació n social percibida. En otro, luego de 12 sesiones semanales a tres participantes que escuchaban voces malé volas, se encontró que al inalizar todos reportaron menos voces malé volas y menos perseguidoras, y dos de los tres escucharon voces má s tranquilizantes (Mayhew y Gilbert, 2008, cit. en McManus et al., 2018). *Nota: Protocolo original: Kolts, R. (2010). True strength: A compassion-focused therapy approach to working with anger. Unpublished treatment manual. Enlace: http://www.compassionatemind.net/page2.php Protocolo adaptado: Grodin, J., Clark, J. L., Kolts, R., & Lovejoy, T. I. (2019). Compassion focused therapy for anger: A pilot study of a group intervention for veterans with PTSD. Journal of Contextual Behavioral Science, 13, 27-33. Enlace: https://contextualscience.org/publications/compassion_focused_therapy_for_anger_a_pilo t_study_of_a_group_intervention Terapia cognitiva basada en la atención plena Introducción Las prá cticas de meditació n de atenció n plena se está n incorporando cada vez má s en los tratamientos clı́nicos para una variedad de problemas de salud mental con resultados positivos en la reducció n de la angustia emocional y la promoció n del bienestar psicoló gico (Hofman et al., 2010; Keng et al., 2011 ; Piet y Hougaard, 2011 ; Goyal et al., 2014; cit. en Frostadottir & Dorjee, 2019). La atenció n plena tiene sus raı́ces en el budismo y se de ine con mayor frecuencia como “La conciencia que surge al prestar atenció n a un propó sito, en el momento presente, y sin juzgar el desarrollo de la experiencia momento a momento” (Kabat-Zinn, 2003 , p. 145; cit. en Frostadottir & Dorjee, 2019) Los dos programas basados en la atenció n plena má s extendidos son el de “Reducció n del estré s basado en la atenció n plena” y la “terapia cognitiva basada en la atenció n plena”. La terapia cognitiva basada en la atenció n plena, en adelante TCBAP, fue creada por Teasdale, Zindel Segal y Mark Williams, y es un tipo de psicoterapia originalmente creada como tratamiento preventivo para la recaı́da a la depresió n, distinguié ndose de otras basadas en la atenció n plena porque sirve para tratar especı́ icamente trastorno depresivo mayor y procesos cognitivos. Se sirve de té cnicas provenientes de la terapia cognitivo-conductual ası́ como estrategias orientales como la meditació n. Las primeras con el objetivo de psicoeducar a las personas sobre depresió n, y las segunda se enfocan en entrenar a los y las consultantes a estar conscientes de sus pensamientos y sentimientos para aceptarlos (sin juzgarlos) en vez de enredarse o reaccionar a ellos. Este proceso es conocido como “descentramiento”, y ayuda a desprenderse de la autocrı́tica, a no pensar obsesivamente los problemas, y a no presentar un estado de á nimo disfó rico cuando se presentan los pensamientos negativos (Hayes et al. 2011). En de initiva la TCBAP entiende el centramiento como el resultado de un proceso cognitivo automá tico, y su objetivo es interrumpirlo y enseñ ar a las personas a identi icar cuando este proceso ocurre, de tal manera que sean capaces de re lexionar y no reaccionar ante ello (Felder, Dimidjian, y Segal, 2012). Evaluación e intervención en terapia cognitiva basada en atención plena El programa de la TCBAP es grupal (hasta 16 personas), aunque puede hacerse de forma individual en algunos casos, teniendo este ú ltimo formato escasa evidencia empı́rica (Schroevers et al., 2016) la duració n suele ser de 2 horas durante 8 semanas. En ese tiempo hay un curso semanal de 2 horas y a partir de la quinta semana se da una clase durante todo un dı́a. Resaltar que la prá ctica se realiza fuera de clase ya que los participantes hacen meditaciones guiadas y practican la atenció n plena en su vida cotidiana. Recordemos que la prioridad aquı́ es que aprendan a poner atenció n y concentrarse en cada momento de su vida de forma no evaluativa, es decir, habilidades metacognitivas donde se aceptan los pensamientos y se responde a los estı́mulos de forma correcta. Las escalas se administran en tres tiempos (antes, despué s, y en el seguimiento de la intervenció n) y suelen evaluar los sı́ntomas depresivos, ansiedad, bienestar positivo, atenció n plena y autocompasió n. En este mismo orden los siguientes son los má s usados, aunque hay algunos má s: el BDI-II ((Escala de Depresió n de Beck-II), el GAD-7 (Escala para el Trastorno de Ansiedad Generalizada), el FFMQ (Cuestionario de Atenció n Plena de Cinco Facetas) y la SelfCompassion Scale (Escala de Autocompasió n). Ejemplo de formato de Intervención típica grupal de la terapia cognitiva basada en atención plena A continuació n se resume un ejemplo de aplicació n de la terapia cognitiva basada en atenció n plena y compasió n para personas en duelo, realizado por el Dr. Rafael Gil Sá nchez (acceso a la disertació n y protocolo detallado aquı́) Estas sesiones está n basadas en el programa MBCT (Segal, Williams y Teasdale, 2002) aunado a algunas meditaciones de compasió n y autocompasió n (Germer, 2011). *Formato fı́sico: para su referencia y URL de enlace completo, consultar nota al inalizar el capı́tulo. En la primera sesió n se le da a cada uno y cada una de las participantes un CD con las meditaciones guiadas, ası́ como un resumen con el contenido de la sesió n y plantillas a cumplimentar sobre las tareas a realizar (ver anexo de la disertació n arriba señ alada), que deberá n ser entregadas al comienzo de la siguiente sesió n. A continuació n el ejemplo de protocolo: Sesión 1. El piloto automático: Se presenta el programa y se explica, prá ctica y discute el ejercicio de la uva, ası́ como el de la exploració n corporal y la meditació n de autocompasió n. Las tareas para casa que se mandan son las siguientes: 1) practicar diariamente la exploració n corporal cumplimentando un registro de incidencias y 2) elegir una actividad rutinaria a diario y realizarla con atenció n plena. Sesión 2. Enfrentando los obstáculos: Se inicia con una prá ctica de yoga mindful y la meditació n de la autocompasió n, y se pasa a revisar las tareas de la sesió n anterior, luego se practica la meditació n del cuerpo y la de compasió n con benefactor. Las tareas para casa son las siguientes: 1) practicar diariamente la exploració n corporal durante, al menos, 15 minutos; 2) practicar diariamente la meditació n del cuerpo durante, al menos, 15 minutos; 3) elegir una actividad rutinaria a diario y realizarla con atenció n plena y 4) rellenar un calendario de los acontecimiento agradables del dı́a. Sesión 3. Consciencia plena de la respiración Iniciamos de nuevo con la prá ctica del yoga mindful y la meditació n de la autocompasió n. Se revisan las tareas de la sesió n anterior. Se entrena en el ejercicio de ver o escuchar. Se explica y practica la meditació n de 3 minutos, la meditació n de la respiració n y la meditació n de la compasió n con un amigo. Las tareas para casa son las siguientes: 1) practicar diariamente durante, al menos, 15 minutos la exploració n corporal y/o la meditació n de la respiració n; 2) practicar la meditació n de 3 minutos/3 veces al dı́a, y 3) rellenar diariamente un calendario de los acontecimiento desagradables del dı́a. Sesión 4. Permaneciendo presentes: Se inicia con la prá ctica del yoga mindful y la meditació n de la autocompasió n. Se revisan las tareas de la sesió n pasada y se lee el poema “Los gansos salvajes” de Mary Oliver. Se explica y practica la meditació n del sonido y el silencio, la meditació n andando y la meditació n de la compasió n con persona neutral. Las tareas para casa son las siguientes: 1) practicar diariamente durante, al menos, 15 minutos la exploració n corporal y/o la meditació n del sonido y el silencio y 2) practicar la meditació n de 3 minutos/3 veces al dı́a. Sesión 5. Aceptar, permitir y dejar ser: Se inicia como de costumbre con la prá ctica del yoga mindful y la meditació n de la autocompasió n. Se para a revisar las tareas de la sesió n pasada y se lee el poema “La casa de los hué spedes” de Barks y Moyne. Se explica y practica la meditació n de las emociones y la meditació n de la compasió n con grupos. Las tareas para casa son las siguientes: 1) practicar diariamente la meditació n de las emociones durante, al menos, 15 minutos y 2) practicar la meditació n de 3 minutos/3 veces al dı́a. Sesión 6. Los pensamientos no son los hechos: Se practica yoga mindful y la meditació n de la autocompasió n. Se revisan las tareas de la sesió n anterior. Se lee el texto “Olas mentales” de Suzuki. Se explica y practica la meditació n de los sonidos y los pensamientos y la meditació n de la compasió n con una persona con la que se mantenga una relació n “difı́cil”. Sesión 7. Autocuidado: Se practica yoga mindful y la meditació n de la autocompasió n. Se revisan las tareas planteadas en la sesió n anterior. Se realiza un listado de las actividades que lee el poema “Dı́a de verano” de Mary Oliver. Se explica y practica la meditació n de la compasió n y autocompasió n, y la meditació n de la compasió n con uno/a mismo/a. Las tareas que se ijan para casa son las siguientes: 1) practicar diariamente la meditació n de la compasió n y la autocompasió n durante, al menos, 15 minutos; 2) practicar la meditació n de 3 minutos/3 veces al dı́a y 3) realizar una actividad agradable 2 o 3 dı́as de la semana. Sesión 8. Autocuidado consciente: Se practica yoga mindful y la meditació n de la autocompasió n. Se revisan las tareas planteadas en la sesió n anterior. Se explica y practica la meditació n del perdó n, la exploració n corporal o meditació n corporal y la meditació n de la compasió n con uno/a mismo/a. Las tareas que se ijan para casa son las siguientes: 1) practicar diariamente la meditació n del perdó n durante, al menos, 15 minutos y 2) practicar la meditació n de 3 minutos/3 veces al dı́a. Intervenciones grupales de la terapia cognitiva basada en atención plena en otras problemáticas A continuació n se resume la e icacia terapé utica de la TCAP derivada de una revisió n sistemá tica de Rodrı́guez Martı́n (2007) para las problemá ticas de depresió n, trastorno bipolar, ansiedad, obsesiones, sı́ntomas psicó ticos y problemá ticas relacionadas con la somatizació n. Depresión En la depresión se produce una reducció n de sı́ntomas (Cebolla et al., 2007) aumenta la e icacia en la prevenció n de recaı́das (Teasdale et al., 2000; William et al., 2008), ası́ como en la reducció n del pensamiento rumiativo (Cebolla et al., 2007), uno de los principales componentes relacionados con la recurrencia de la depresió n, en lı́nea con gran cantidad de estudios que demuestran los bene icios de esta intervenció n en sı́ntomas de ansiedad y depresió n, ası́ como la mejora del bienestar de las personas. Se encuentra ademá s una reducció n de la evitació n experiencial y aumento de la autoconciencia (Kumar, Feldman y Hayes, 2008). Trastorno bipolar En el trastorno bipolar, se evidencia su e icacia, demostrando una mayor estabilidad emocional y mejora del funcionamiento neurocognitivo de los consultantes tras la aplicació n del tratamiento respecto al pretratamiento. Se encuentra una reducció n del humor depresivo e hipomanı́aco/manı́aco tras la aplicació n del tratamiento, ademá s una reducció n de las rumiaciones, preocupaciones y di icultades atencionales, ası́ como un aumento signi icativo en el bienestar psicosocial, afectividad positiva, y regulació n emocional (Deckersbach et al., 2012). Ademá s se mostró una disminució n en los sı́ntomas ansió genos, produciendo un efecto protector en personas con diagnó stico bipolar, adquiriendo un mayor control de la ansiedad estado (Perich, Manicavasagar, Mitchell Ball y Hadzi-Pavlovic, 2013). Ansiedad y obsesiones En problemá ticas relacionadas con la ansiedad se ha encontrado una disminució n signi icativa de los sı́ntomas ansió genos y depresivos tras la aplicació n de la terapia luego de 8 semanas, ademá s se encuentra tambié n un aumento en el nivel de atenció n plena en la vida cotidiana, ası́ como una mayor disposició n a experimentar pensamientos, sentimientos y sensaciones corporales difı́ciles, sin intentar evitarlas ni enfrentarse a ellas (Evans et al., 2008). En otro estudio dirigido a una població n con trastorno de ansiedad generalizada, se con irma la reducció n signi icativamente mayor para los sı́ntomas de ansiedad (Wong et al., 2016). Por otra parte, en relació n a las problemá ticas relacionadas con el trastorno obsesivo compulsivo (TOC), los resultados obtenidos arrojaron: una mejora de las habilidades de regulació n emocional en consultantes que presentan ansiedad social, factor comú n que presentan las personas con TOC (Kulz et al, 2014). Ademá s, se encuentra ú til para cuestionar estilos y creencias que mantienen el TOC tales como la fusió n y el control del pensamiento, ası́ como una disminució n signi icativa en la gravedad de las obsesiones, la gravedad global de la enfermedad y la gravedad de la ansiedad y la depresió n (Kulz et al., 2014). Síntomas psicóticos Los estudios en esta lı́nea muestran que mejora el funcionamiento psicosocial, la percepció n y la duració n de los reingresos hospitalarios . Se encuentran ademá s mejoras signi icativas en los diferentes aspectos del funcionamiento del consultante tales como el auto-mantenimiento, las interacciones sociales y las habilidades de vida, tanto para los sı́ntomas negativos como para los positivos (Aust y Bradshaw, 2017). Tambié n se reducen los niveles de angustia y perturbació n producida por las voces (Chadwick et al., 2016). Finalmente encontramos una disminució n del nú mero de rehospitalizaciones y un mantenimiento de las mejoras luego de seis meses (Wang, Chien, Yip y Karatzias, 2016). Problemas relacionados con la somatización Se han demostrado resultados muy favorables en problemas relacionados con la somatizació n, especı́ icamente en: ibromialgia, síndrome de intestino irritable y síndrome de fatiga crónica. Se encuentra una mejora sustancial y mantenida en niveles subjetivos de fatiga, ansiedad, depresió n, calidad de vida y funcionamiento fı́sico (Fjorback et al., 2013), ası́ como una mejora de un 51% de las personas con ibromialgia en el grupo TCAP respecto al grupo de control (Lakhan y Scho ield, 2013). Luego de la intervenció n se encuentra una evidente e icacia de la aceptació n en la reducció n de la gravedad de los sı́ntomas en personas con sı́ndrome de fatiga cró nica (Lakhan et al., 2013). En consultantes con sı́ndrome de intestino irritable una mejora sostenida de los sı́ntomas despué s de la aplicació n de la TCAP en pacientes con sı́ndrome de intestino irritable (Lakhan et al., 2013). En conclusió n, la TCAP muestra e icacia en la reducció n del dolor y de los sı́ntomas depresivos y ansió genos. Ademá s, permite una mejora en el bienestar y en la calidad de vida de las personas con problemas relacionados con la somatizació n. *Nota: Protocolo: Gil-Sá nchez, R. (2016). Aplicación de la terapia cognitiva basada en mindfulness y compasión a personas en duelo (tesis doctoral). Universidad de Valencia. Enlace: https://roderic.uv.es/bitstream/handle/10550/54143/Tesis%20Rafael%20GilS%C3%A1nchez%20con%20anexo.pdf Referencias: Abhar Zanjani, F., Tozandeh Jani, H., & Amiri, M. (2018). The effectiveness of group behavioral activation therapy on cognitive and emotional symptoms in social anxiety disorder. Journal of Fundamentals of Mental Health, 20(4), 294-301. 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Pensamos que el tratamiento psicofarmacoló gico en este tipo de pacientes es fundamental e imprescindible para el control de los sı́ntomas psicó ticos y para la prevenció n de recaı́das, sin embargo no parece tan efectivo para reducir los sı́ntomas residuales cognitivos, los dé icits sociales y no supone un remedio e icaz para afrontar los con lictos y problemas de la vida diaria ni para promover estilos de vida má s saludables. Todo ello nos lleva a la necesidad de intervenciones psicoeducativas y psicosociales para proporcionar herramientas que complementen las limitaciones de un abordaje exclusivamente psicofarmacoló gico. Este tipo de intervenciones, con su integració n en los cuidados globales de pacientes TMG, van dirigidas a minimizar la vulnerabilidad del paciente a las situaciones de estré s y estigmatizació n, a reforzar su adaptació n y funcionamiento social. Pueden aportar, por tanto, bene icios adicionales en á reas de prevenció n de recaı́das, adquisició n de habilidades sociales, adecuado funcionamiento social y ocupacional, potenciar la empatı́a hacia sı́ mismo y los demá s con un manejo má s lexible de emociones y experiencias difı́ciles. Si bien, todo esto va a estar condicionado por la situació n clı́nica, sus necesidades, capacidades y preferencias, como por los recursos existentes en un momento dado (Congreso Españ ol sobre evaluació n y tratamiento de la Esquizofrenia, 1988). El taller va orientado a la interacció n, tiene como principal objetivo mejorar la capacidad de los pacientes para relacionarse con los demá s, a travé s del aquı́ y ahora de la interacció n de los miembros del grupo y la discusió n de sus problemas personales y sus posibles soluciones, mejorar el autoconocimiento, ası́ como el manejo de la medicació n y de los efectos secundarios. Parece particularmente apropiado para enseñ ar habilidades en relaciones interpersonales y de afrontamiento y proporcionar una red social de apoyo de la que este tipo de pacientes, con frecuencia, carecen. Ademá s de esto muchos pacientes pueden aceptar con mayor facilidad las observaciones sobre su conducta y sus sı́ntomas procedentes de otros miembros del grupo má s que de los terapeutas. Dadas las caracterı́sticas de estos pacientes los objetivos ijados son limitados: • Mejorar el estré s a travé s del aquı́ y ahora. • Aumentar la autoestima y lexibilidad psicoló gica. • Aumentar sus posibilidades de interacció n social. • Mejorar sus conocimientos sobre la enfermedad y su tratamiento. • Ampliar há bitos saludables y de autocuidado. • La selecció n de pacientes y valoració n de casos se llevó a cabo por un enfermero del ESMC de Ubeda y una trabajadora social de FEAFES APAEM tambié n de Ubeda. Se ha tenido en cuenta el nivel funcional de los participantes, la situació n familiar, social, econó mica y dispersió n geográ ica de nuestra zona, siendo este uno de los mayores inconvenientes por problemas de desplazamiento junto con el factor econó mico. Se les ha informado previamente en que consiste el taller y se ha realizado una valoració n enfermera segú n los patrones funcionales de Marjor y Gordons, Tambié n se les ha pasado la escala de ansiedad y depresió n de Goldberg y un cuestionario de trampas psicoló gicas de Ruth A. Baer (2014). Se forma un grupo de once pacientes cró nicos diagnosticados de TMG, tres mujeres y ocho hombres con edades comprendidas entre los treinta y sesenta añ os. Todos perciben una pensió n de incapacidad, ninguno trabaja y con un nivel socioeconó mico medio-bajo. Algunos viven en recursos de la Fundació n Pú blica Andaluza para la Integració n Social de Personas con Enfermedad Mental FAISEM (casa hogar, piso de baja supervisió n) otros en domicilio particular con familiares. Todos mantienen contacto con el ESMC, reciben tratamiento psiquiá trico y estaban compensados en el momento de inclusió n en el grupo. La frecuencia de las sesiones era quincenal de dos horas de duració n con quince minutos de descanso en mitad de la sesió n donde se tomaban refrescos y algú n aperitivo. El taller consta de seis sesiones, comenzando el ocho de marzo y inalizando el 31 de mayo de 2018. Durante este tiempo la asistencia a las sesiones fue mayoritaria de diez a once asistentes salvo en la inal que solo hubo seis. Las sesiones se realizaban en una sala amplia de APAEM sentados aleatoriamente alrededor de una mesa. Habı́a proyectada alguna actividad fuera del centro para realizar ejercicios de meditació n caminando que inalmente se realizó en el patio del centro. Hubo en casi todas las sesiones un espacio para hablar de la enfermedad y el tratamiento, siendo los propios pacientes quienes planteaban las cuestiones reforzando al resto sobre la importancia del cumplimiento terapé utico. El incluir la musicoterapia receptiva y escuchar una canció n o fragmento musical para despué s comentar sobre có mo se habı́an sentido y factores habı́an aparecido en su mente durante la escucha (emociones, recuerdos, imá genes, pensamientos…) propuesta en cada sesió n por un paciente distinto del grupo, fue una experiencia muy positiva para facilitar la relació n y cohesió n social del grupo sin sentirse juzgados por sus opiniones o sentimientos. A continuació n se describen las seis sesiones de las que se compone el taller, siendo estas una adaptació n de las propuestas por Pedro Acosta en su libro Mindfulness para el Mundo vivir el presente sin juzgar (2014): Taller de entrenamiento en mindfulness y musicoterapia receptiva Primera sesió n: Introducció n al mindfulness 1. Presentació n Breve descripció n de los datos de las personas que van a impartir el taller. 2. Un minuto de silencio 3. Se invita a los participantes a mantener un minuto de silencio. Seguidamente aprovechamos para realizar alguna té cnica de rompehielo o de distensió n, preguntando por ejemplo: ¿Que levanten la mano los que pensaron algo que no se atreven a decir aquı́? ¿Quié n pensó algo que si lo dijera podrı́a crear un caos en este grupo?, etc. 4. Presentació n de los participantes. Se pide a los participantes que formen parejas, preferiblemente los que menos se conocen, para que intercambien algunas informaciones generales sobre ellos mismos, nombre, a que se dedican, porque quieren realizar el taller, etc. Los participantes presentará n a la persona con la que han compartido la informació n, no a ellos mismos. 5. Informació n teó rica. Si encajas en algunas de las siguientes descripciones, este taller puede serte ú til: • Sientes que en tu vida hay demasiado estré s y no sabes bien que hacer. • Te acucian los problemas, los miedos y la ansiedad. • Está s triste, deprimido, desanimado y todo eso te desgasta. • Haces cosas de la que te arrepientes, como comer mucho, perder los estribos o ver demasiado la televisió n, ordenador, mó vil… • Te lamentas de NO hacer cosas: no mantener el contacto con tus amigos y familiares, no luchar por tus metas, no cuidarte. • Deseas una vida má s satisfactoria y con mayor sentido. • Anhelas ser má s feliz. Los que hemos tenido la oportunidad de vivir en este tiempo de la historia humana, somos partı́cipes del enriquecimiento cultural que la globalizació n nos ha proporcionado. Hace algunos añ os, los conocimientos de cada pueblo o regió n estaban atrapados por los linderos que contenı́an a determinados grupos; hoy, las cosas son muy diferentes. Lo que pasa en cualquier extremo de este planeta, se conoce al instante en todo el mundo. El Mindfulness se popularizó despué s que en 1979, el Doctor Jon Kabat-Zinn de la Universidad de Massachusetts en Estados Unidos, tomara un grupo de pacientes desahuciados por la Medicina, para enseñ arles la meditació n que é l habı́a aprendido. El propó sito era ayudarlos a reducir el estré s, que como sabemos hace estragos en nosotros los humanos cuando no lo podemos manejar adecuadamente. Hoy, el Mindfulness se expande por el mundo con gran prestigio en el campo cientı́ ico de la Psicologı́a, la Medicina y la Educació n, entre otras ciencias. ¿Qué es mindfulness? Se cuenta de un señ or que se desplazaba en un vehı́culo por una solitaria zona campestre, cuando en forma inesperada se le desin ló uno de sus neumá ticos. Al intentar sustituirlo, se dio cuenta de que no tenı́a gato, o sea, el instrumento para levantarlo y poder realizar la operació n. Fue ası́ cuando observó a un hombre en una cabañ a al lado de una camioneta. Entonces pensó que ahı́ estaba la solució n y decidió dirigirse a é l para que le prestara su gato. Mientras caminaba, su mente empezó a crearse una serie de juicios: “¿qué pensará ese hombre cuando me vea, ya que no me conoce?”; “no va a creer lo que le diga”; “pensará que soy un delincuente”; “me dirá que no”, etc. Ası́ fue tejiendo todo tipo de razonamientos durante los breves minutos que le tomó el trayecto hasta llegar donde estaba el desconocido, de manera que lleno de có lera por todo lo que su mente fue creando, al llegar, sin ni siquiera saludar lo ú nico que le dijo fue: “qué dese con su maldito gato” y retornó frustrado. El otro se quedó sin palabras, sorprendido por no saber en absoluto de qué se trataba. Esta jocosa ané cdota que fá cilmente mueve a risa, ilustra muy bien lo que frecuentemente hacemos, muchas veces sin ni siquiera darnos cuenta. De inir Mindfulness puede ser muy simple, pero entenderlo no resulta tan fá cil. Los humanos nos hemos acostumbrado a que para entender algo debemos tener una de inició n. Eso nos crea un grave problema, pues nos privamos del verdadero conocimiento que no se puede expresar con palabras. Los animales no tienen ese inconveniente; conocen a travé s de los sentidos, experimentando las cosas como son a travé s de la vista, el oı́do, el olfato, el gusto y el tacto. Su reacció n es má s bien instintiva, o sea, automá tica. Nosotros no, aunque tenemos esos mismos canales para conectar con la realidad, preferimos obviarlos y formarnos una idea que casi siempre es diferente a la verdadera realidad. Mindfulness puede ser de inido, de acuerdo a Jon Kabat-Zinn como: “Prestar atenció n de un modo particular, con un in en el momento presente y sin juzgar”. Como puede apreciarse, los elementos bá sicos de esta de inició n son: atenció n, presente y no juzgar. La atención implica la elecció n por parte de la mente de forma clara y vı́vida, de uno o má s objetos a los que tiene opció n. El presente es este momento, el ahora. Es lo ú nico real. El pasado y el futuro só lo existen como verbos, no como algo real en este momento. El no juzgar es la ausencia de interpretaciones y valoraciones como bueno o malo, feo o bonito, conveniente o inconveniente, etc. Vivir en el presente sin juzgar es la esencia de nuestra liberació n de una mente que nos encarcela y nos condena al sufrimiento. El Mindfulness se practica a travé s de la meditació n, la cual tiene el propó sito de calmar la mente para ver con claridad. Cuando el agua se agita, las partı́culas se dispersan produciendo una turbulencia que impide ver el fondo del estanque o lugar donde está contenida, pero si dejamos que se aquiete, las partı́culas entrará n en descanso y el agua se tornará transparente, pudiendo ası́ mirar con claridad dentro de ella. Lo mismo podemos decir de nuestra mente. Si dejamos que los pensamientos se muevan sin control, nos sentiremos inquietos y turbados, llegando en ocasiones hasta el pá nico por no poder ver una salida. Pero si aprendemos a observar lo que pasa, logrando tener una mente tranquila, veremos có mo todo se vuelve diferente, desapareciendo aquello que nos amenazaba. Es como estar en una habitació n oscura, apretar un interruptor y al aparecer la luz entramos en un estado de bienestar. La prá ctica de la meditació n puede ser formal, informal o caminando. La Meditación Formal es aquella que se hace de forma regulada, adoptando una postura especı́ ica y durante un tiempo determinado. La Meditación Informal puede realizarse en cualquier momento. Basta con dirigir la atenció n a lo que estamos haciendo, para ejecutarlo con plena conciencia. La Meditación Caminando puede realizarse cada vez que paseamos, caminamos al trabajo, al supermercado… Basta con dirigir la atenció n a las sensaciones de nuestros pies en contacto con el suelo, a los ruidos, a los olores, las sensaciones de la brisa o el Sol en la cara y ser plenamente consciente de ello. En toda meditació n se acostumbra utilizar un instrumento que sirve de anclaje para traer la atenció n al momento presente. A veces se utiliza el sonido de una campana, una luz, un mantra, etc. Mindfulness utiliza con frecuencia la propia respiració n y me parece muy apropiado. Primero porque la respiració n siempre está ahı́. Es algo que nos acompañ a desde que nacemos hasta que morimos. Y segundo, porque si estamos atentos a la respiració n, es seguro que estamos en el momento presente, pues nadie respira en el pasado o en el futuro, si estamos respirando es ahora. Si aplicamos Mindfulness en la vida cotidiana, podemos por ejemplo al despertarnos, tomar conciencia de que estamos despiertos. Un buen ejercicio consiste en explorar durante breves minutos lo que nos reportan nuestros cinco sentidos en ese momento. Podrı́amos abrir los ojos y hacer una mirada panorá mica alrededor de la habitació n. Despué s podrı́amos cerrar los ojos y conectar con los diferentes sonidos del entorno. A seguidas ponemos la atenció n en los olores que pueda captar nuestro olfato, para ası́ llegar al gusto y sentir los sabores que está n presentes en nuestra boca en ese momento, para inalmente sentir a travé s del tacto el peso de nuestro cuerpo apoyado en la cama, la ropa sobre nuestra piel y el aire al entrar por nuestras fosas nasales y desplazarse hacia los pulmones. En este taller tambié n utilizaremos la mú sica para centrarnos en el momento presente, en el aquı́ y ahora. Cada dı́a escucharemos una canció n o pieza musical propuesta por alguien del grupo escuchá ndola con atenció n y comentando despué s lo que a cada participante le ha transmitido y como se ha sentido. 6. Sesió n de preguntas y respuestas. Los participantes tendrá n la oportunidad de formular todas las preguntas que consideren necesarias para tomar la decisió n de comprometerse a participar en el taller. 7. Proponer canciones o piezas musicales. Que cada participante proponga una canció n o pieza musical para escuchar con atenció n. En este primer encuentro la canció n o pieza musical la propone el terapeuta. Escucha de canciones o piezas musicales. Escuchamos la canció n o pieza musical propuesta con atenció n y despué s se comenta como nos hemos sentido y que nos ha transmitido, que distracciones, bien sean en forma de pensamiento, imagen o emoció n, han aparecido mientras la escuchá bamos. 8. Tarea Prá ctica. Se pedirá a los participantes, que en las pró ximas dos semanas, tanto al levantarse como al acostarse, realicen la siguiente prá ctica: Sentado al borde de la cama, con ambos pies en el suelo, las manos sobre los muslos. La columna vertebral lo má s derecha posible y los ojos cerrados, realizar tres respiraciones profundas siendo conscientes del aire que entra y sale por ambas fosas nasales. Al inhalar, expandir el vientre y al exhalar contraerlo. Si durante esa breve prá ctica sientes que la atenció n se escapó de la respiració n, todo lo que tienes que hacer es traerla de nuevo al lujo de la respiració n. 9. Cierre de la sesió n. Se informará a los participantes que la sesió n va a concluir y que si tienen alguna pregunta o comentario, es el momento de hacerlo. Se entregará a cada participante un folio con un pensamiento positivo y nos despedimos hasta la pró xima sesió n. Segunda sesión: Respiración atenta. 1. Un minuto de silencio. 2. Realizar un minuto de silencio, atentos a la respiració n, en la forma en que lo practicaron en sus casas durante las dos semana. 3. Sesió n de preguntas, respuestas y comentarios. Comentar las experiencias de esa primera semana. ¿Qué obstá culos tuvieron? ¿Qué observaron? ¿Có mo se sintieron?, etc. 4. Explicació n de la Respiració n Atenta. La observació n de la respiració n plenamente consciente es una herramienta excelente para centrar la atenció n en el presente, sobre todo en los momentos difı́ciles y estresantes. Esto se debe a que la respiració n es continua. Uno no tiene que recordar la ú ltima vez que respiró ni anticipar las siguientes respiraciones. Ahora está s respirando; si te centras en ello, está s en el presente. Con la prá ctica, puedes aprender a prestar atenció n a tu respiració n en el momento que ası́ lo decidas. Respirar provoca sensaciones y movimientos, sensaciones en la nariz y la garganta cuando el aire circula; movimiento de expansió n y contracció n, de subida y bajada en el pecho o el abdomen. Siempre sucede algo que podemos observar. La mayor parte del tiempo es automá tica, ni nos damos cuenta de que estamos respirando. “Creo que si no fuera así ninguno estaríamos vivos porque se nos olvidaría hasta respirar”. Como es natural, puedes modi icar tu respiració n hasta cierto punto si lo decides; los cantantes, los actores, los nadadores y los mú sicos de instrumentos de viento aprenden a controlar su respiració n de formas determinadas. La respiració n es sensible a los pensamientos, emociones y estados fı́sicos. Cuando nos encolerizamos, angustiamos, estamos cansados, relajados o excitados, la respiració n se ralentiza o se acelera, se hace má s profunda o má s super icial, uniforme o desigual. Si observamos nuestra respiració n aprenderemos cosas sobre nuestros patrones internos de pensamiento, sentimientos y reacciones, mejorando la comprensió n de uno mismo. La respiració n se utiliza como herramienta de esta prá ctica porque tiene la ventaja de que só lo ocurre en el presente. No podemos respirar en el pasado o en el futuro. Si estamos respirando es ahora. Ademá s, al atender la respiració n, evitamos que la mente se dispare hacia otros pensamientos que son los que generan los trastornos de los cuales trata este taller. Si ocurriera que durante el ejercicio nos encontramos enfocando la consciencia en otras cosas ajenas a la respiració n, todo lo que hay que hacer es volver amablemente a nuestro foco de atenció n y ello nos permitirá tambié n darnos cuenta de los pensamientos que nos distraen y posteriormente de las sensaciones o emociones que estos generan. 5. Prá ctica sobre la Consciencia Plena de la Respiració n. Adoptamos una postura có moda en nuestra silla, manteniendo la columna vertebral lo má s derecha posible pero sin forzarla. Conviene mantener los pies en el suelo, con las piernas formando un á ngulo recto, las manos descansando sobre los muslos o bien colocadas en actitud de meditació n, o sea, tu mano derecha entre tus muslos con la palma hacia arriba y encima de ella tu mano izquierda tambié n con la palma hacia arriba y los pulgares tocá ndose. Lo primero es que consigas sentirte có modo y irme en la posició n que adoptes, pero siempre sentado y con la espalda recta. Ahora cierra suavemente tus ojos o manté n la mirada en un punto ijo. Lleva tu atenció n a las sensaciones fı́sicas del tacto, captando la presió n donde tu cuerpo entra en contacto con el suelo o con la silla en que está s sentado. Dedica uno o dos minutos a explorar esa sensació n. Ahora, lleva tu atenció n al lugar que escojas para observar la respiració n, fosas nasales, pecho o abdomen. Manté n tu atenció n y observa las sensaciones y movimientos que produce el aire al entrar salir de tu cuerpo, a los cambios que se generan con cada inhalació n y con cada exhalació n. En la medida que puedas, observa el aire entrando y saliendo de tu cuerpo y có mo é ste responde cuando está entrando y cuando está saliendo. No tienes necesidad de controlar la respiració n, simplemente permite que é sta siga su proceso por sı́ misma. En algú n momento tu mente se distraerá del enfoque de la respiració n y se enfocará en pensamientos, planes, propó sitos o en cualquier otra cosa. Es bueno que te des cuenta de eso, entonces amablemente, retorna al foco de atenció n de tu respiració n. Cada vez que tu mente se traslade a otro asunto diferente al foco de atenció n y te des cuenta de ello, felicı́tate por haberlo descubierto y nuevamente retorna a las sensaciones fı́sicas que se generan con cada inhalació n y con cada exhalació n. Continuamos ası́ unos minutos. Siempre atento a retornar al aquı́ y ahora cuando tu mente se dispare salié ndose de tu foco de atenció n que es la respiració n. Para terminar, realiza cinco respiraciones con plena consciencia y en la ú ltima abre tus ojos, mueve los pies, las manos y poco a poco, sin prisa nos hacemos conscientes del entorno que nos rodea. 6. Evaluació n de la experiencia. 7. Se invitará a los participantes a que expongan có mo se sintieron durante la prá ctica. ¿Qué pensamientos, sentimientos y sensaciones a loraron a su mente durante la misma? 8. Ejercicio de prá ctica informal. Prá ctica de meditació n informal, explorando un objeto cualquiera o comiendo algo con atenció n plena. Si se trata de la exploració n de un objeto, el participante tomará en sus manos cualquier cosa que desee, ya sea un lá piz, un cuaderno, un libro, una llave, un telé fono mó vil, etc. y se concentrará en ello experimentando las diferentes sensaciones que lleguen a travé s de los cinco sentidos. Primero lo observará en su forma, tamañ o, colores y otros detalles a travé s de la vista. Despué s se lo acercará a sus oı́dos para sentir qué le transmite. A continuació n lo acercará a su nariz para captar su olor y al mismo tiempo experimentar si con ese olor se despierta alguna sensació n en el gusto. Finalmente, lo tocará con los ojos cerrados para apreciar mejor las sensaciones tá ctiles. Si se trata de comer algo con plena conciencia, ya sea una fruta, un caramelo o un chocolate; lo que hace es igualmente explorarlo con los cinco sentidos para inalmente ingerirlo y seguirlo con el tacto hacia el estó mago. Ejercicio de la uva pasa (modi cado) Imagı́nate por un momento que eres un explorador/a del espacio exterior que visita la Tierra. Al igual que todos los exploradores, todo lo que encuentras despierta en ti un profundo interé s. En esto momento, te has encontrado con estos elementos. Muestra el mayor interé s y curiosidad posibles. Coloca un caramelo en la palma de tu mano y mı́ralo con atenció n, observa su forma, tamañ o y color, ası́ como los re lejos luminosos que despide. Mira atentamente las arrugas, los colores, si los bordes son rectos, redondeados o tienen otra forma. Có gelo con los dedos y dale vueltas lentamente, estudiá ndolo desde todos los á ngulos. Levá ntalo y observa todos los detalles. Vuelve a ponerlo en la palma de la mano y observa lo que sientes. Percibe su peso y las sensaciones que te produce allı́ donde entra en contacto con tu mano. Fró talo suavemente y date cuenta de su textura. Có gelo de nuevo y observa que notas tenié ndolo entre los dedos, si es suave, si es á spero, blando, duro. Acé rcatelo a la oreja y estrú jalo mientras lo haces rodar entre los dedos, está atento a los sonidos que se produzcan. Quita el papel que lo envuelve y acé rcatelo a la nariz y percibe su olor. Si el olerlo te produce sensaciones en la boca o el estó mago obsé rvalas tambié n. Es posible que surjan asociaciones, recuerdos y pensamientos; si fuera ası́, en la medida que puedas obsé rvalo todo sin juzgar. Si lo pre ieres, utiliza etiquetas, tales como he tenido un pensamiento, un recuerdo o una imagen y vuelve lentamente a la observació n del caramelo. Pon de nuevo el caramelo sobre la palma de tu mano y vuelve a examinarlo durante unos segundos, observa que ahora no tiene envoltorio y que, tal vez, no sea igual a como nos lo habı́amos imaginado cuando estaba envuelto, vuelve a observar su color, su forma y todo aquello que me llame la atenció n. Si te vienen pensamientos, ideas o sensaciones a la cabeza sobre el caramelo o el ejercicio, pré stales atenció n y vuelve a centrarte en el caramelo. Acé rcate lentamente el caramelo a la boca, pendiente de lo que sientes en el brazo. Ró zate suavemente los labios con el caramelo y observa las sensaciones. Fı́jate en todo lo que pasa en tu boca cuando lo haces. Mé tete el caramelo en la boca y deposı́talo sobre la lengua. Observa lo que sucede. Experimenta moviendo el caramelo por la boca, colocá ndotela primero sobre un lado y luego sobre el otro. Percibe las sensaciones y la textura. Presta atenció n a los sabores, a los movimientos de la lengua y el impulso de tragar. Observa có mo cambia de tamañ o a medida que se disuelve en la boca hasta que desaparece, si alguien quiere masticarlo que lo haga y observe lo que sucede. Cuando haya desaparecido, fı́jate en las secuelas: sabores, sensaciones, pensamientos imá genes, recuerdos o emociones. 9. Retroalimentació n de la prá ctica informal. Invitar a los participantes a que expongan que notaron antes, durante y despué s de la experiencia. 10. Sesió n musical. Escuchamos la canció n o pieza musical propuesta con atenció n y despué s se comenta como nos hemos sentido y que nos ha transmitido, que distracciones, bien sean en forma de pensamiento, imagen o emoció n, han aparecido mientras la escuchá bamos. 11. Asignación de tarea. Durante estas dos semanas, el participante dedicará cinco minutos cada dı́a para practicar respiració n atenta (meditació n formal) Igualmente elegirá una actividad cada dı́a para realizarlas con plena conciencia (meditació n informal). 12. Cierre de la sesión. Se informará a los participantes que la sesió n va a concluir y que si tienen alguna pregunta o comentario, es el momento de hacerlo. Se entregará a cada participante un folio con un pensamiento positivo y nos despedimos hasta la pró xima sesió n. Tercera sesión: Exploración corporal. Procedimiento: 1. Un minuto de silencio. Como en ocasiones anteriores, se iniciará invitando a los participantes a realizar un minuto de silencio, atentos a la respiració n. 2. Sesión de preguntas, respuestas y comentarios. Se comenta có mo ha ido la semana anterior y que se ha observado con la realizació n de las tareas propuestas y se da la oportunidad a los participantes para realizar cualquier pregunta o comentario que tengan. Metáfora de los pasajeros del autobús Imagı́nate que conduces un autobú s. Tú destino una vida mejor, y te diriges allı́. Imagina que tus pensamientos y emociones son los pasajeros del autobú s. Está n sentados en la parte de atrá s, dicié ndote a gritos: “¡Gira. No tiene sentido que vallas allı́. Jamá s tendrá amigos. Eres un inú til, no sirves para nada, no tienes arreglo…!”. Hablan a gritos y no dejan de insistir. Empiezas a creerte que los pasajeros podrı́an tener razó n, pero sigues decidido a llegar a tu destino y empiezas a pensar “tengo que hacer algo con estos asquerosos pasajeros” “Jamá s llegaré a ninguna parte si siguen entrometié ndose de esta manera” “Me está n machacando”. Ası́ que decides parar el autobú s y te diriges a la parte de atrá s. Les dices tienen que estarse callados. Es importante para mı́ tener alguna esperanza de mejorar en mi vida, y necesito mantener la calma. No tengo que soportar que me griten. Pero los pasajeros se muestran tozudos y no van a cambiar de idea. Bien si esta es su actitud, no puedo llevarles en mi autobú s, bá jense. Pero no se marchan y pesan demasiado para empujarles por la puerta. Entonces te das cuenta de que tu autobú s está parado y va a ninguna parte. De acuerdo, dices frustrado, ¿Qué haré is si sigo conduciendo hacia mi objetivo? Que seguiremos dicié ndote adonde deberı́as ir, responden. Pero ¿y si no hago caso? Ellos se quedan mirando sin comprender. Entonces te das cuenta de un aspecto importante en relació n con los pasajeros. Tienen voces horribles y gritonas y dicen cosas desagradables, pero son incapaces de hacerme dañ o. No tienes por qué creerlos ni obedecer sus ó rdenes. Con este descubrimiento en la cabeza, regresas al asiento del conductor y reanudas la marcha en la direcció n que tú escoges. Los pasajeros siguen hablando, explicá ndote las razones por las que no vas a tener é xito jamá s y por las que no debes intentarlo. Son desagradables y lamentas no poder deshacerte de ellos. Sin embargo, con la prá ctica, adquieres mayor destreza en conducir el autobú s en la direcció n que deseas, a pesar de lo que dicen los pasajeros. Sus voces empiezan a desvanecerse y ellos se hacen menos molestos. Empezamos a entender que nuestros pasajeros son las voces de experiencias anteriores que no se pueden cambiar. Ası́ que los vamos aceptando sin criticarlos y dejando que sean lo que son y no los dejas que conduzcan el autobú s. 3. Explicació n teó rica acerca de la exploració n corporal. El recorrido del cuerpo es un ejercicio de aceptació n que fomenta la conciencia no valorativa de las sensaciones corporales. Se utiliza en muchos programas de mindfulness y consiste en tumbarse o sentarse có modamente en un silló n, centrar la atenció n en diferentes partes del cuerpo y observar las sensaciones. La respiració n ayuda a mantenerse en el presente y a aceptar el momento como uno lo encuentra. Con el recorrido del cuerpo no está s intentando alcanzar ningú n estado en particular. Puede que te relaje y puede que no; puedes sentir muchas sensaciones o solo unas pocas; puede que lo disfrutes y puede que no. Todas estas experiencias son totalmente aceptables. Tu objetivo es centrar tu atenció n en cada una de las partes del cuerpo por turnos, concienciá ndote de lo que sucede en cada momento y aceptá ndolo como quiera que sea. Procura abstenerte de emitir juicios sobre si tu cuerpo y sus sensaciones son buenos o malos, adecuados o inadecuados. No se trata de cambiar tu cuerpo ni lo que siente, ni de crear o deshacerte de las sensaciones. Permite que tu cuerpo sienta lo que siente en cada momento, y en la medida que puedas, adopta una actitud de curiosidad amistosa e interé s sobre las sensaciones corporales, como si fueras un explorador en un nuevo territorio. Tu mente vagará , lo cual es normal; si adviertes la aparició n de pensamientos valorativos, limı́tate a señ alarlos y etiquetarlos (“ah, estoy pensando…”), y vuelve lentamente tu atenció n a la observació n de las sensaciones. No se trata de liberar a tu mente de pensamientos. Siempre que adviertas que tu atenció n se ha desviado, haz que vuelva de nuevo a las sensaciones corporales sin criticarte. Puede que sientas el impulso de cambiar de posició n, de estirar algú n mú sculo, de rascarte donde te pique o de frotarte donde te duela. Observa el impulso detenidamente y trata de adoptar una actitud curiosa y abierta sobre su naturaleza. ¿Dó nde lo sientes? ¿Có mo es? ¿Las sensaciones cambian o permanecen iguales? Si decides actuar siguiendo el impulso, hazlo con atenció n, observa que sientes al moverte, estirarte, rascarte o frotarte y observa las sensaciones de tu cuerpo a continuació n. Es posible que te aburras, inquietes, impacientes o cualquier otra cosa. Es normal. Eso no signi ica que lo esté s haciendo mal ni que el ejercicio no esté dando resultado. En la medida que puedas observa esos sentimientos sin criticarte, sin juzgarlos como buenos o malos. Con amabilidad, poco a poco volvemos a centrarnos en las sensaciones corporales. Tambié n es posible que te sientas relajado, tranquilo y sereno. Si es ası́, recuerda que este no es el objetivo. El objetivo consiste en observar lo que surja mientras nos centramos en las sensaciones corporales. Los sentimientos vienen y van y ninguno es bueno ni malo. 4. Prá ctica de la exploració n corporal. El propó sito de este ejercicio es enfocar tu atenció n en cada parte de tu cuerpo y de paso llevar tu consciencia a cualquier sensació n que detectes durante ese proceso. 1. Coló cate en una postura có moda. Si estas sentado en un silló n, apoya los pies có modamente en el suelo y las manos sobre los muslos o en el regazo. Cierra suavemente tus ojos y ten presente que debes mantenerte despierto, siempre atento a las instrucciones para sacar el mayor provecho posible de esta prá ctica. Si sintieras que te está s durmiendo, entonces abrirá s tus ojos hasta que tengas el control nuevamente. 2. Tó mate un momento para entrar en contacto con el movimiento de tu respiració n y las sensaciones del cuerpo. Cuando esté s preparado lleva tu atenció n a las sensaciones fı́sicas de tu cuerpo, especialmente a las del tacto o la presió n, donde tu cuerpo establece contacto con el suelo y con la silla. 3. Recuerda la intenció n de esta prá ctica, que consiste en atender a cualquier sensació n que detectes, mientras enfocas la atenció n en cada parte de tu cuerpo. 4. Ahora lleva tu atenció n a las sensaciones fı́sicas de la parte inferior del abdomen, llegando a ser consciente de los cambios de las sensaciones en el interior del abdomen mientras tomas aire y cuando lo expulsas. 5. Concé ntrate en ello por algunos minutos sintiendo las sensaciones al inhalar y al exhalar. 6. Ahora, lleva tu atenció n a ambos pies y visualı́zalos por fuera y por dentro, incluyendo cada uno de sus dedos. Hazte consciente de cualquier sensació n que experimentes, como podrı́a ser quizá s el contacto entre los dedos, el contacto con los calcetines, con los zapatos, con el suelo, un hormigueo, si está n frı́os, calientes o ninguna sensació n en particular. 7. Al inhalar, imagina que la respiració n entra en los pulmones y desciende hacia el abdomen, continuando por las piernas hasta llegar a los dedos de tus pies. Al exhalar, siente que la respiració n hace ahora el recorrido inverso, subiendo por ambas piernas, el abdomen y el tó rax hasta salir por la nariz. Continú a inhalando y exhalando de esta manera por algunos minutos. 8. Ahora, permite que la atenció n que tenı́as puesta en los dedos de tus pies, se marche amablemente con una exhalació n y concé ntrate en las sensaciones de las plantas de tus pies. 9. Permite que tu atenció n se expanda al resto de tus pies incluyendo los tobillos, la parte superior de los pies y dentro de los huesos y articulaciones. Iniciando una respiració n ligeramente má s profunda, visualiza la totalidad de tus pies y al exhalar abandona totalmente la atenció n de tus pies para llevarla a tus piernas, tus tobillos, tus pantorrillas, tus rodillas. 10. Sigue subiendo por los muslos, siempre atento a las sensaciones de cada parte. Si está s pensando en tus piernas (demasiado gordas, delgadas o cortas) en lugar de observarlas, libé rate de ese pensamiento y en la medida que puedas vuelve a experimentar las sensaciones. Ahora vas a pasar a las caderas, a la pelvis, la regió n lumbar y al vientre. Ası́ seguirá s recorriendo todo tu cuerpo, sintiendo cada parte y despidié ndola amablemente con una exhalació n al pasar al nuevo foco de atenció n. Recorre tu espalda, el pecho, visualiza tu columna vertebral y recó rrela vé rtebra por vé rtebra. Ahora pasas a los hombros, los brazos, antebrazos, las muñ ecas y las manos. Siente có mo la respiració n llega hasta la punta de los dedos de tus manos armonizando tu cuerpo y hacié ndote má s consciente de cada sensació n. Sube tu atenció n hacia el cuello y tu cabeza incluyendo la cara. Siente la boca, la lengua, la nariz, los ojos, la frente, las orejas y todo el cuero cabelludo. Ahora toma consciencia de todo tu cuerpo, todo a la vez y exploras si tienes alguna sensació n especı́ ica en alguna parte de é l. 11. Si sientes alguna tensió n o cualquier otra sensació n en alguna parte de tu cuerpo, dirı́gete hacia ese lugar con una inhalació n y amablemente dé jala marchar con una exhalació n. 12. Si tu mente se aparta en algú n momento del foco de atenció n que es el cuerpo o la respiració n, todo lo que tienes que hacer es retornar amablemente a tu centro de atenció n. Es totalmente normal que algo ası́ ocurra, por lo tanto, mantente tranquilo y sereno, que lo está s haciendo bien. 13. Cuando hayas explorado todo tu cuerpo, en la forma previamente descrita, dedica algunos minutos a hacerte consciente de la sensació n del cuerpo como un todo y de la respiració n luyendo libremente hacia el interior y exterior del cuerpo. 14. Para terminar, practica cinco respiraciones profundas y en la ú ltima abre tus ojos y lentamente ve tomando conciencia del lugar en que te encuentras. 5. Evaluació n de la experiencia. Se invitará a los participantes a que expongan có mo se sintieron durante la prá ctica. Qué pensamientos, sentimientos y sensaciones a loraron a su mente y a su cuerpo durante la misma. 6. Sesió n musical Escuchamos la canció n o pieza musical propuesta con atenció n y despué s se comenta como nos hemos sentido y que nos ha transmitido, que distracciones, bien sean en forma de pensamiento, imagen o emoció n, han aparecido mientras la escuchá bamos. 7. Asignació n de tarea. Durante estas dos semanas, los participantes practicará n diariamente la exploració n corporal. (Prá ctica formal). Igualmente elegirá una actividad cada dı́a para realizarlas con plena conciencia. (Prá ctica informal). 8. Cierre de la sesió n. Se informará a los participantes que la sesió n va a concluir y que si tienen alguna pregunta o comentario, es el momento de hacerlo. Se entregará a cada participante un folio con un pensamiento positivo y nos despedimos hasta la pró xima sesió n. Cuarta sesión: Sonidos y pensamientos. Procedimiento: 1. Un minuto de silencio. Como en las sesiones anteriores, se iniciará invitando a los participantes a realizar un minuto de silencio, atentos a la respiració n. 2. Sesió n de preguntas, respuestas y comentarios. Se comentará có mo ha ido la semana, que di icultades han observado y como se han sentido con la realizació n de los ejercicios. Unos minutos para realizar cualquier pregunta o comentario que tengan. La metáfora del invitado no deseado: Imagı́nate, que un dı́a realizas una iesta a la que acuden muchas personas que querı́as que acudieran, la iesta comienza con é xito, pero justo cuá ndo todo parece ir bien, llaman a la puerta, al abrir, ves que es una persona que te causa bastante mal, la ú ltima persona que te hubiese gustado que acudiera, por supuesto esta persona tiene bastante “geta” y pasa sin dejarte decirle palabra, comienzas a pensar solamente en có mo le vas a echar de allı́, consigues echarlo, pero al rato vuelve a entrar detrá s de otra gente que acude tambié n al evento, te pasas la mitad de la iesta mal, tan solo pensando en esa persona, pero de repente algo cambia en ti, decides que te vas a centrar en disfrutar de tu gente, del momento, y llega un punto en el que aunque sigue presente el “geta”, tu consigues pasarlo bien, ya que le está s prestando má s atenció n al resto de invitados y a tu propio disfrute personal. Esta metá fora, la utiliza la Terapia de Aceptació n y Compromiso, para ejempli icar como al sufrir un malestar, como puede ser un episodio de ansiedad, focalizamos toda nuestra atenció n en ello, cada vez nos vamos sintiendo peor, y desatendemos lo demá s. Sin embargo, aú n con los sı́ntomas asociados a la ansiedad presentes, podemos seguir atendiendo a otros aspectos de la vida que nos causan bienestar, quizá siga presente la ansiedad, pero lograremos aumentar nuestro bienestar al seguir atendiendo nuestros intereses. 3. Explicació n teó rica relativa a la prá ctica de los sonidos y pensamientos. Vivimos inmersos en un paisaje sonoro de gran variedad. Comprué balo, escucha un momento. ¿Qué oyes?, ¿puedes distinguir alguna voz familiar, la televisió n, el sonido del ordenador, un coche circulando, alguno de los pisos de tu edi icio, mú sica…? Aunque esté s en aparente silencio, quizá puedas distinguir el crujir del suelo, la calefacció n, tu respiració n… Este paisaje sonoro se asemeja a tu corriente de pensamiento. Del mismo modo que el oı́do es el ó rgano que recibe los sonidos, la mente es el ó rgano que recibe los pensamientos. Tanto los sonidos como los pensamientos parecen surgir de la nada y parece que no tenemos control sobre su aparició n. Ambos desencadenan emociones que pueden arrastrarnos. Tanto los sonidos como los pensamientos activan asociaciones. Por ejemplo, el sonido de una sirena, nos hace pensar en una ambulancia y puede disparar enlaces con enfermedades, accidentes… y entonces podemos sentirnos nerviosos, tristes o estresados. Los pensamientos tambié n operan ası́, un pensamiento desencadena otro y otro y van asociados a emociones concretas. La meditación de los sonidos y pensamientos, te revela gradualmente estas similitudes y te ayuda a relacionarte con los pensamientos perturbadores igual que te relacionas con los sonidos. Imagina que tus oı́dos y todo tu cuerpo son como antenas que captan cualquier sonido del entorno. No tienes que prestar atenció n a ningú n sonido en particular, escucha simplemente cualquier cosa que puedas oı́r, dejando que los sonidos vengan a ti. Trata de conectar con las sensaciones puras: tono, patró n, volumen, duració n…atendiendo al momento en que aparecen, el tiempo que permanecen y el instante en que se desvanecen. Percibe la tendencia a poner nombres y etiquetas a los sonidos, y las emociones y pensamientos que desencadenan é stos. No tiene por qué gustarte o disgustarte lo que oyes, simplemente deja que los sonidos vayan y vengan uno tras otro, sin crı́ticas, sin rechazos, sin apegos. Cuando notes que tu mente se ha distraı́do con algú n pensamiento, vuelve sencillamente a la tarea de escuchar. Práctica de la Consciencia Plena de los Sonidos y Pensamientos. El objetivo inal de la prá ctica de Atenció n plena es que puedas darte cuenta de lo que captan tus sentidos, de los pensamientos que genera tu mente y de las sensaciones que é stos producen. Debes ver el cuerpo como un todo. 1. Adoptamos una postura có moda, con la espalda recta pero no rı́gida y cierra suavemente los ojos. Haz un par de respiraciones conscientes, notando como entra y sale el aire de tu cuerpo. A continuació n respira libremente, de forma natural, sin esfuerzo. 2. Cuando te sientas preparado, traslá date a tus oı́dos para permitirte conectar con los diversos sonidos que llegan a travé s de ellos. Los sonidos má s cercanos, los má s lejanos, los que proceden de arriba, de abajo, de los lados. Escucha tambié n los que llegan de tu interior. 3. No se trata de salir a la bú squeda de ruidos o sonidos particulares. Má s bien estar abierto y receptivo a los sonidos que provengan de cualquier direcció n, sean estos obvios o muy sutiles, incluso del espacio entre sonidos, consciente del silencio. 4. Má s que conectarse con el signi icado o etiquetar los sonidos, conviene mantener la atenció n simplemente en las sensaciones. Hazte consciente de los patrones de tono, timbre, volumen y duració n del sonido. 5. Cuando descubras que tu atenció n se ha desplazado hacia otra situació n, regresa amablemente a sintonizar con los sonidos en la forma en que surgen. 6. Algunos sonidos despiertan emociones, el sonido de una moto quizá s nos pueda resultar desagradable o el canto de un pá jaro agradable. Observa esa emoció n sea la que sea y si quieres ponle nombre, enojo, alegrı́a, inquietud, rabia, miedo y a continuació n deja que se vaya. Solo escucha los sonidos, sin juicios, sin crı́tica, sin rechazos. No quieres ni que se quede ni que se vaya, tú está s ahı́ en el centro de todo, escuchando en total quietud todo lo que surja a tu alrededor. 7. Igual que los sonidos los pensamientos aparecen, se quedan un momento y desaparecen. Al igual que los sonidos los pensamientos pueden desencadenar emociones. Del mismo modo que el oı́do percibe los sonidos la mente percibe los pensamientos. 8. Cuando te sientas preparado, deja marchar la consciencia de los sonidos para enfocarla en los pensamientos. Observa los pensamientos cuando atraviesan el espacio de la mente, hasta que al inal desaparecen. No tienes necesidad de salir a su encuentro. Simplemente procede en forma parecida a como lo hacı́as con los sonidos, observa cuá ndo llegan y cuá ndo se van. 9. Algunas personas pre ieren hacer este ejercicio imaginando que los pensamientos se proyectan en una pantalla, como si estuvieras en un cine. Si te resulta ú til, realı́zalo de esta manera. Imagina que está s sentado, observando la pantalla en espera de que surja un pensamiento o imagen. Cuando esto suceda, presta atenció n durante el tiempo en que se encuentre “proyectado” y despué s permite que se vaya. 10. A otras personas les resulta má s fá cil imaginar que los pensamientos son como pá jaros que pasan volando. Los observan y se van. 9. Para terminar realiza cinco respiraciones profundas con plena consciencia y en la ú ltima abre tus ojos y toma conciencia del lugar donde te encuentras. 4. Evaluació n de la experiencia. Se invita a los participantes a que expongan có mo se sintieron durante la prá ctica. Qué pensamientos, sentimientos y sensaciones a loraron a su mente y a su cuerpo durante la misma. 5. Sesió n musical. Escuchamos la canció n o pieza musical propuesta con atenció n y despué s se comenta como nos hemos sentido y que nos ha transmitido, que distracciones, bien sean en forma de pensamiento, imagen o emoció n, han aparecido mientras la escuchá bamos. 6. Asignació n de tarea. Cada participante practicará diariamente durante las dos semanas, la consciencia plena de los sonidos y pensamientos. Igualmente elegirá una actividad cada dı́a para realizarlas con plena conciencia. 7. Cierre de la sesió n. Se informará a los participantes que la sesió n va a concluir y que si tienen alguna pregunta o comentario, es el momento de hacerlo. Se entregará a cada participante un folio con un pensamiento positivo y nos despedimos hasta la pró xima sesió n. Quinta sesión: Compasión y autocompasión. Procedimiento: 1. Un minuto de silencio. Como en las sesiones anteriores, se iniciará invitando a los participantes a realizar un minuto de silencio, atentos a la respiració n. 2. Sesió n de preguntas, respuestas y comentarios. Se comentará có mo ha ido la semana, que di icultades han observado y como se han sentido con la realizació n de los ejercicios. Unos minutos para realizar cualquier pregunta o comentario que tengan. La metáfora del Jardín Imaginemos que tenemos un jardı́n y que somos los ú nicos responsables de cuidarlo. Nosotros somos el jardinero de este jardı́n. Las plantas representan nuestro entorno de vida: el trabajo, la familia, los amigos, las a iciones, las situaciones que nos suceden a diario, nuestros pensamientos, emociones, recuerdos… Cuando visualizamos nuestro jardı́n podemos plantearnos algunas cuestiones: ¿Todas las plantas está n igualmente cuidadas? ¿Cuá les está n menos atendidas y necesitan má s cuidados?. ¿El nú mero de plantas de nuestro jardı́n es el adecuado para nosotros? Si plantamos demasiadas quizá s será imposible dedicarles el tiempo que necesitan, y si plantamos pocas, y por inclemencias del tiempo se marchitan algunas, tendremos un jardı́n muy pobre. Seguimos visualizando el jardı́n….Ademá s de plantas, en nuestro jardı́n tambié n tenemos algunas semillas que nosotros mismos hemos plantado. Estas semillas son nuestros objetivos y metas. ¿Por qué hemos elegido plantar estas semillas y no otras? ¿Deseamos tener un jardı́n como el del vecino? ¿Nos lo han sugerido con mucho entusiasmo las personas que nos rodean? ¿O tal vez realmente nosotros deseamos ver crecer las plantas que brotará n de ellas? ¿Cuá l serı́a nuestro caso? Como todos sabemos, el crecimiento de las plantas requiere su tiempo. Muchos jardineros se impacientan, comienzan a plantar má s semillas para comprobar si, al contrario de las ya sembradas, de é stas brotan plantas con mayor rapidez. Sin embargo, las semillas recié n plantadas, como todas, requieren tambié n su tiempo hasta convertirse en plantas frondosas. Con esta estrategia, fruto de la impaciencia, terminan con un jardı́n donde han sembrado muchas semillas, pero de las que no han obtenido ninguna planta porque no las han cuidado con paciencia y mimo. Desde esta perspectiva, cabe preguntarnos ¿nosotros somos jardineros pacientes? Muchos jardineros, cuando plantan una semilla se imaginan todos los detalles de la planta que crecerá . Y cuando obtienen la planta y detectan que la forma o el color de las lores o el nú mero de hojas no son exactamente como habı́an imaginado, empiezan a creer que han elegido la planta equivocada o que quizá s no hayan realizado correctamente su labor. Otros jardineros, en cambio, observan sus plantas y valoran y disfrutan de esas pequeñ as sorpresas de la naturaleza. ¿Nos desesperamos y volvemos rı́gidos o pesimistas cuando algo no se ajusta a nuestras expectativas? En nuestro jardı́n tambié n crecen malas hierbas. Estas simbolizan nuestros miedos, inseguridades, dudas… Hay jardineros que dedican todo el tiempo a intentar arrancar malas hierbas descuidando el resto de sus plantas o no percibiendo que su jardı́n es muy bello y que solamente existen algunas malas hierbas que no manchan la imagen de ese jardı́n esplendoroso. Pero cuanto má s se dedica el jardinero a intentar arrancarlas sin parar y sin atender el resto del jardı́n, peor está el resto de sus plantas. Esto signi ica que el jardinero se obsesiona con un detalle de su vida que no es perfecto, no valorando todas las cosas positivas que tiene en su vida y en é l mismo. Todos los jardines tienen malas hierbas. Si no fuera ası́, serı́a tan arti icial que lo verı́amos irreal. ¿Dedicamos má s tiempo obsesionados con las malas hierbas o a regar nuestras plantas?”. Para que realmente podamos transformar nuestra vida, debemos aprovechar esta lucidez que nos aportan estas metá foras para comenzar a trabajar en el cambio. ¿Có mo? la acció n y la re lexió n. Re lexiona có mo puedes incorporar a tu vida ese cuidado metafó rico de ti mismo/a, có mo puedes responsabilizarte má s, y afronta cuando aparezcan problemas (malas hierbas) con lexibilidad, resolució n y sin obsesió n. 3. Exposició n sobre la compasió n y la autocompasió n. El Diccionario de la Real Academia Españ ola de ine la compasió n “como sentimiento de conmiseració n y lá stima que se tiene hacia quienes sufren desgracias”. Aunque el Diccionario de la Real Academia Españ ola no da una de inició n del té rmino autocompasió n, por deducció n la podemos de inir como la compasió n que se siente por uno mismo. La autocompasió n es una manera amable de relacionarnos con nosotros mismos, incluso en los casos de fracaso, incapacidad, imperfecció n, etc… Es amabilidad incondicional, un apoyo estable y seguro en el que poder sostenernos internamente y ante cualquier circunstancia. Podemos decir que es como una madre o un padre internos, pacientes y amorosos que nos dicen cuando má s lo necesitamos: oye, te quiero de todas formas, ¿Có mo puedo ayudarte, alentarte y apoyarte? Sentir compasió n no es sentir lá stima hacia los demá s o a nosotros mismos. Hagamos un ejercicio, vamos a imaginarnos, por un instante, en medio del sufrimiento. Desde esa posició n observamos con atenció n el efecto que nos produce que los demá s nos miren con pena, lo mal que nos hace sentirnos esa situació n. Es fá cil comprender desde esta perspectiva, lo poco edi icante que es el sentimiento de lá stima, bien dirigido hacia los demá s o hacia nosotros mismos. El sufrimiento es parte de la vida y a todos nos toca una porció n. La autocompasió n signi ica tambié n ofrecernos a nosotros mismos comprensió n y bondad cuando tenemos un momento difı́cil o notamos que algo no nos gusta de nosotros mismos. Tal vez lo má s importante de la autocompasió n sea que aceptamos nuestra propia humanidad sin juzgarnos. Las cosas no siempre salen como nosotros queremos, a lo largo del camino de nuestra vida nos encontraremos con frustraciones, habrá pé rdidas, cometeremos errores, nos toparemos con nuestras limitaciones y con la caı́da de nuestros ideales. Esta es la realidad humana, una realidad compartida por todos. Cuanto má s abrimos nuestro corazó n a esta realidad en lugar de estar luchando contra ella má s capaces seremos de sentir compasió n por nosotros mismos y los que nos rodean. Hemos hablado de la bondad con uno mismo, de la humanidad compartida y de abrir nuestros corazones con la prá ctica de la meditació n, todo esto está muy bien pero es posible que todavı́a no tengamos los conceptos demasiado claros o no sepamos muy bien có mo actuar ante las di icultades. La bondad con uno mismo implica ser cá lido y comprensivo hacia nosotros mismos. Cuando sufrimos, nos rechazan, o nos sentimos inadecuados en lugar de ignorar nuestro dolor o castigarnos severamente con la autocrı́tica, hemos de tender a ser amables con nosotros mismos, igualmente debemos actuar cuando nos enfrentamos a experiencias dolorosas o cuando la vida no está a la altura de los ideales establecidos. No siempre podemos ser como queremos, ni conseguir todo lo que nos hemos propuesto. Si aceptamos está realidad con simpatı́a y amabilidad experimentaremos una mayor estabilidad emocional. La frustració n por no tener las cosas como queremos, suele ir acompañ ada de un sentimiento irracional pero penetrante de aislamiento, nos sentimos como si fué ramos las ú nicas personas que sufrimos o cometemos errores, sin embargo aquı́ y ahora estamos viendo que esto no es ası́, que todos los seres humanos sufrimos, somos mortales, vulnerables e imperfectos. Por tanto la autocompasió n implica reconocer que el sufrimiento, el sentirnos fuera de lugar o inadecuados forma parte de toda la humanidad, es algo que a todos nos pasa en lugar de ser algo que solo me pasa a mı́. La humanidad compartida tambié n signi ica que los pensamientos y acciones se ven afectados por factores externos como la cultura, el ambiente familiar, el trabajo, condiciones gené ticas y ambientales ası́ como por el comportamiento de los demá s. Al reconocer nuestra interdependencia con todos estos factores, los fracasos y di icultades de la vida no tenemos que tomarlos como algo personal, podemos reconocerlos y admitirlos sin prejuicios, con compasió n y comprensió n. La autocompasió n tambié n requiere un enfoque equilibrado sobre nuestras emociones negativas o positivas, para que esos sentimientos no sean suprimidos ni exagerados. Esto lo podemos conseguir con la prá ctica de la meditació n creando un estado mental, no crı́tico, receptivo en el que observamos los pensamientos y emociones tal como son, sin tratar de negarlos, suprimirlos o evitarlos. 4. Meditació n formal sobre la autocompasió n y la compasió n. 1. Sié ntate en una postura có moda, en actitud de meditació n como en ocasiones anteriores. Cierra tus ojos y lleva la atenció n a la regió n del corazó n. Realiza tres respiraciones profundas y lentas desde el centro de tu corazó n. 2. Fó rmate una imagen mental de ti mismo sentado. Observa tu postura, como si te estuvieras viendo desde fuera. Siente las sensaciones de tu cuerpo. 3. Repite mentalmente para ti la siguiente expresió n: “Ası́ como todos los seres desean ser felices y estar libres de sufrimiento, que yo sea feliz y esté libre de sufrimiento”. 4. Ahora, manteniendo la imagen de ti mismo sentado y sintiendo buena voluntad en el corazó n, repite las frases siguientes en silencio y suavemente: Que esté a salvo Que sea feliz Que esté sano Que viva a gusto. 5. Mantente saboreando el sentido de cada frase por el tiempo que puedas. 6. Si tu mente se distrae, vuelve a tu corazó n con amabilidad y al sentido de cada una de esas frases. 7. Si lograste sentirte bien contigo, desea lo mismo para esa persona con la cual se te hace difı́cil relacionarte. Si no te sientes preparado, puedes trabajar primero con una persona neutral. 7. Comienza por imaginar a esa persona y decirle mentalmente: “Ası́ como yo deseo estar en paz y libre de sufrimiento, que tú tambié n encuentres la paz interior”. 8. Manteniendo la imagen de esa persona en tu mente, repite las siguientes frases: Que esté s a salvo Que seas feliz Que esté s sano(a) Que vivas a gusto. 9. Si surge el resentimiento y aparece una emoció n negativa ya sea odio, tristeza, có lera, etc., vuelve a repetir las frases compasivas para ti, como forma de fortalecerte: Que yo esté a salvo Que sea feliz Que esté sano Que viva a gusto. 10. Cuando te sientas mejor, prueba otra vez con la otra persona, para desearle nuevamente lo mismo que pediste para ti y ası́ decirle varias veces má s: Que esté s a salvo Que seas feliz Que esté s sano(a) Que vivas a gusto. 11. Ası́ puedes trasladar tus buenos deseos de la otra persona hacia ti y viceversa, hasta que te sientas menos afectado con tus emociones. 12. Para terminar, siente que dejas a esa persona en libertad, mientras dices: Que yo y todos los seres estemos a salvo Que yo y todos los seres seamos felices Que yo y todos los seres estemos sanos Que yo y todos los seres vivamos a gusto. 13. Finalmente, realiza cinco respiraciones profundas con plena consciencia y en la ú ltima abrirá s suavemente tus ojos incorporá ndote lentamente. 5. Evaluació n de la experiencia. Se invita a los participantes a que expongan có mo se sintieron durante la prá ctica. Qué pensamientos, sentimientos y sensaciones a loraron a su mente y a su cuerpo durante la misma. 6. Sesió n musical. Escuchamos la canció n o pieza musical propuesta con atenció n y despué s se comenta como nos hemos sentido y que nos ha transmitido, que distracciones, bien sean en forma de pensamiento, imagen o emoció n, han aparecido mientras la escuchá bamos. 7. Asignació n de tarea. Cada participante practicará diariamente durante las dos semanas, el ejercicio propuesto. Igualmente elegirá una actividad cada dı́a para realizarlas con plena conciencia. 8. Cierre de la sesió n. Se informará a los participantes que la sesió n va a concluir y que si tienen alguna pregunta o comentario, es el momento de hacerlo. Se entregará a cada participante un folio con un pensamiento positivo y nos despedimos hasta la pró xima sesió n. Sexta sesión: Gestión de las emociones difíciles. Procedimiento: 1. Un minuto de silencio. Como en las sesiones anteriores, se iniciará invitando a los participantes a realizar un minuto de silencio, atentos a la respiració n. 2. Preguntas, respuestas y comentarios. Se comentará có mo ha ido la semana, que di icultades han observado y como se han sentido con la realizació n de los ejercicios. Unos minutos para realizar cualquier pregunta o comentario que tengan. 3. Exposició n sobre emociones difı́ciles. Recordamos los aspectos bá sicos tratados en el taller durante las semanas anteriores. Qué es Emoción: Se entiende por emoció n el conjunto de reacciones orgá nicas que experimenta un individuo cuando responden a ciertos estı́mulos externos que le permiten adaptarse a una situació n con respecto a una persona, objeto, lugar, entre otros. La palabra emoció n deriva del latı́n emotio, que signi ica “movimiento”, “impulso”. La emoció n se caracteriza por ser una alteració n del á nimo de corta duració n pero, de mayor intensidad que un sentimiento. Por su parte, los sentimientos son las consecuencias de las emociones, por ello son má s duraderas y se pueden verbalizar. Las emociones son las causantes de diversas reacciones orgá nicas que pueden ser de tipo isioló gico, psicoló gico o conductual, es decir, son reacciones que pueden ser tanto innatas como estar in luenciadas por las experiencias o conocimientos previos. Dichas reacciones orgá nicas que generan las emociones se encuentran controladas por el Sistema lı́mbico, compuesto por varias estructuras cerebrales que controlan las respuestas isioló gicas. Sin embargo, una emoció n tambié n puede producir un comportamiento que puede ser aprendido con anterioridad como, una expresió n facial. Emoción y tipos de reacción Los especialistas que se encargan de estudiar qué es una emoció n han determinado tres tipos de reacciones emocionales que son: Reacció n isioló gica Es la primera reacció n de emoció n que se generan de manera involuntaria. Esta reacció n involucra al Sistema Nervioso Autó nomo, Sistema endocrino, expresiones faciales, cambios hormonales y tono de voz. Reacció n psicoló gica Se re iere a la manera en que es procesada la informació n, en có mo se percibe lo que ocurre en un determinado instante de manera consciente o inconsciente segú n las experiencias. La emoció n genera una reacció n inesperada que se puede adaptar a lo que nos rodea, esto forman parte de los procesos cognitivos que realiza el ser humano y que, incluso, se relacionan con el contexto sociocultural del individuo. Por tanto, la emoció n, aunque no se pueda determinar qué conducta generará , expresa y da a conocer el estado de á nimo de una persona, cuá les son sus necesidades, fortalezas, debilidades, entre otros. Reacció n conductual La emoció n, cualquiera que sea, genera un cambio de á nimo y de conducta que se aprecia a travé s de los gestos corporales, como una sonrisa o ceñ ido de cejas. Las expresiones faciales reconocidas por todos los individuos son la del miedo, tristeza, alegrı́a y enojo. Tipos de emociones Existen diversos tipos de emociones que se clasi ican en un orden que va desde las má s bá sicas a las emociones aprendidas en diversos contextos. Emociones primarias o bá sicas: son aquellas que son innatas y que responde a un estı́mulo. Son: ira, tristeza, alegrı́a, miedo, sorpresa, aversió n. Emociones secundarias: son aquellas que se generan luego de una emoció n primaria, vergü enza, culpa, orgullo, ansiedad, celos, esperanza. Emociones positivas y negativas: son las que afectan las conductas de las personas, por lo que algunas emociones pueden generar acciones o reacciones positivas como alegrı́a o satisfacció n pero, hay otras emociones que provocan sentimientos perjudiciales para el individuo. 4. Meditació n sobre Mindfulness de emociones difı́ciles. Antes de empezar vamos a re lexionar sobre algunos aspectos: Este ejercicio es un poco má s complicado y puede resultar un poco incó modo, tal vez sea ú til recordar la metá fora de los pasajeros del autobú s, en la que has invitado a uno de los pasajeros difı́ciles a sentarse delante. El objetivo no es cambiar a los pasajeros, sino practicar la relació n atenta con ellos, aunque sean desagradables. Los pasos que vamos a seguir son: - Observa tu respiració n durante unos segundos. - Recuerda deliberadamente algo que te esté a ligiendo. - Observa conscientemente lo que sucede en tu cuerpo. - Respira con las sensaciones mientras las dejas ir y venir a su aire. No tienes que recordar tu problema má s grave o preocupante. Podrı́as pensar en una pequeñ a discrepancia que hayas tenido con alguien, una pequeñ a decepció n o algo que te haya disgustado. Recuerda que todo el mundo tiene pensamientos, sentimientos y situaciones difı́ciles. No está s solo/a en esto. Procura adoptar una actitud afectuosa y amable al respecto, como harı́as con un ser querido con idé ntico problema. Has de estar atento a la tendencia de caer en la tentació n de darle vueltas a la situació n problemá tica para evitar la rumiació n y la autocrı́tica. En vez de eso, vuelve amablemente a la aceptació n consciente, centrá ndote en las sensaciones de tu cuerpo con la sola intenció n de observarlas, sin tratar de cambiarlas ni arreglarlas. Recuerda que practicar el minfulness es una manera de cuidarte; no se trata de atormentarte ni de forzarte a hacer cosas. A veces, cuidar de uno mismo requiere una insistencia compasiva y afectuosa con cosas que son difı́ciles. Este ejercicio puede plantear di icultades o resultarnos demasiado intenso, si es ası́ desplaza tu atenció n a la respiració n o a los sonidos del entorno y cuando esté s preparado vuelve tu atenció n al problema, si sigue siendo demasiado difı́cil mejor dejarlo para otro momento. Ejercicio mindfulness de emociones difíciles: Nos acomodamos en nuestra silla y cerramos suavemente los ojos o miramos ijamente a un punto. Centramos nuestra atenció n en la respiració n. Observa los movimientos mientras el aire sale y entra de tu cuerpo. Sigue lo mejor que puedas todo el procesos de la respiració n de principio a in. Deja que la respiració n vaya a su propio ritmo sin intentar cambiarla. Observa las sensaciones de estar sentado en la silla y el contacto de tus pies con el suelo. Observa las sensaciones que experimentes en las manos. Cuando esté s preparado/a, centra tu mente en algo que te esté molestando, en algo difı́cil que esté sucediendo en tu vida. Por ejemplo: “Me preocupa la salud de un familiar” “Tengo problemas para decidir qué hacer respecto de…” “Me arrepiento de como manejé …” “Hoy mi jefe me ha hecho unas demandas irracionales” Si no se te ocurre nada que esté sucediendo actualmente, escoge algo del pasado que fuera estresante o desagradable. Reconoce tu cuerpo y repara en lo que sucede cuando está s pensando en esa di icultad. ¿Se acelera el pulso? ¿Sientes tensió n o tirantez en alguna parte? ¿Sientes algo caliente o frı́o, pesado o ligero, hormigueante o dormido? Observa con atenció n y curiosidad amistosa. Fı́jate en que parte de tu cuerpo experimentas las sensaciones y si estas cambian de un momento a otro. Expande tu conciencia hasta incluir tanto las sensaciones como tu respiració n. Si te apetece, imagina que tu respiració n entra en la parte de tu cuerpo donde experimentas esas sensaciones y como sale de ella. Si surgen pensamientos valorativos como: “Es desagradable, estú pido o equivocado sentirse ası́” o “Menudo idiota que estoy hecho”, o “No lo voy a hacer bien”, Obsé rvalos y etiqué talos “Ah, juicios” y vuelve tu atenció n a las sensaciones corporales. Es posible que tu cuerpo trate de resistirse o de deshacerse de las sensaciones desagradables. Los sı́ntomas de resistencia incluyen apretar los puñ os o los dientes, arrugar la frente, tensar el abdomen o a ianzar los brazos o los pies contra el silló n o el suelo. Si observas alguna de estas señ ales, trata de liberarte suavemente de la tensió n y abrirte a las sensaciones, aceptá ndolas como son. Puede que te resulte ú til recordarte: “Sea lo que sea, ya está aquı́. Dé jame seguir adelante y experimentarlo”. Esto no signi ica que tengan que gustarte las sensaciones. No pasa nada si no te gustan. Recuerda la metá fora de los pasajeros desagradables que ha subido al autobú s, se amable con ellos y hazles sitio. Observa tus pensamientos. ¿Está n corriendo por ahı́, buscando soluciones? Si es ası́ agradé celes amablemente sus esfuerzos y vuelve tu atenció n a las sensaciones que experimentes en tu cuerpo. No te olvides de la actitud de curiosidad amistosa. Sin intentar forzarte a sentirte de una manera concreta, planté ate ser amable. Repite mentalmente: “Los sentimientos dolorosos está n aquı́” “Los problemas y di icultades son parte de la vida” “He de ser lo má s amable que pueda conmigo mismo”. Hacemos tres respiraciones profundas y poco a poco volvemos a tomar contacto con el lugar donde nos encontramos. 5. Evaluació n de la experiencia. Se invita a los participantes a que expongan có mo se sintieron durante la prá ctica. Qué pensamientos, sentimientos y sensaciones a loraron a su mente y a su cuerpo durante la misma. 6. Caminar con atenció n plena Caminar siendo plenamente consciente de ello es otra manera de ser conscientes de nuestro comportamiento en el momento presente. Al igual que en el ejercicio del caramelo, imagina que eres un explorador de otro planeta. Durante tu visita a la tierra has adoptado la forma humana y esta es tu primera experiencia de caminar dentro de un cuerpo humano, ası́ que tienes gran curiosidad por saber que se siente. Meditació n ambulante Empieza quedá ndote quieto. Deja tus brazos cuelguen relajados a los lados del cuerpo. Respira varias veces con atenció n plena y observa las sensaciones del cuerpo. Observa tus pies y mira hacia delante en la direcció n hacia la que te diriges. Observa lo que sientes en los pies mientras está s parado. Siente el peso mientras te soportan y presta atenció n al contacto con los zapatos, los calcetines, la tierra o el suelo. Cambia el peso a una pierna lentamente. Deja que la otra rodilla se doble y que el taló n se separe del suelo. Mueve este pie despacio hacia delante y planta el taló n a poca distancia. Echa lentamente el peso del cuerpo hacia delante, mientras observas como el pie delantero baja hasta el suelo y el taló n del pie trasero se levanta. Detente aquı́. Observa có mo se equilibra tu cuerpo percibe las sensaciones que sientes en los pies y las piernas. Levanta el pie má s atrasado y adelá ntalo lentamente hasta colocar el taló n delante de ti. Sigue andando muy despacio. En la medida de lo posible, percibe lo que sientes en los pies y en las pantorrillas mientras caminas. Experimenta con un etiquetado silencioso: “levantar” “moverse” “colocar” “cambiar”. Si te molesta hazlo sin etiquetas. Cuando llegues al otro lado de la habitació n o jardı́n, vuelve a pararte. Repara en la respiració n y en lo que sientes por todo tu cuerpo. Date la vuelta lentamente. Date cuenta de los movimientos que realizas al darte la vuelta. Regresa muy despacio al otro lado. Cuando tu mente se desvı́e, haz que vuelva a centrarse en el acto de caminar. Si observas pensamientos crı́ticos sobre el ejercicio, te parece extrañ o o tonto, pierdes el equilibrio, te desconectas o cualquier otra cosa, etiqueta lo que sea brevemente y vuelve a centrarte en el paseo. Varı́a el ejercicio caminando a un paso normal o rá pido. Experimenta con la observació n de tus brazos y manos o de tu respiració n. Intenta desviar tu atenció n hacia lo que percibes por tus sentidos. 7. Sesió n musical. Escuchamos la canció n o pieza musical propuesta con atenció n y despué s se comenta como nos hemos sentido y que nos ha transmitido, que distracciones, bien sean en forma de pensamiento, imagen o emoció n, han aparecido mientras la escuchá bamos. 8. Para inalizar. Cada participante resumirá en una frase lo que signi icó para é l este taller y el compromiso que asume a partir de este momento, para llevarlo a la prá ctica. Ejemplos: “Despierto para siempre”, “Feliz compartiendo”, “Dando siempre lo mejor de mı́”, “Aquı́ y ahora en todo”, etc. Frases que resumen esta experiencia según los pacientes que participaron en el taller “Mejorar y ayuda para sobrevivir en la lucha diaria” “Compartiendo cosas positivas” “Dando lo mejor que puedo” “Aprendiendo a conocerme como soy” “Bonito y agradable” “Hemos sentido un compás de optimismo, felicidad y seguridad con las sesiones” “Conociéndome cada día más con el in de mejorar” “Compartiendo experiencias aquí y ahora” “he podido decir cómo me siento y me he sentido comprendido y escuchado, cosa que nunca me había ocurrido” “Enriquecimiento personal, me gustaría repetir algo parecido” Conclusiones Este trabajo solo pretende ser la descripció n de una de las actividades que se realizan con pacientes psicó ticos en el Equipo de Salud Mental Comunitaria de Ubeda perteneciente a la Unidad de Gestió n Clı́nica del Area Norte de Jaé n. A pesar de las limitaciones, pensamos que los objetivos marcados al principio del grupo se han logrado. Queda demostrado que el grado de satisfacció n de los pacientes ha sido elevado dada la mayoritaria asistencia al grupo y las frases resumen al inal de la experiencia. Algunos de los pacientes siguen relacioná ndose quedando para compartir diversas actividades de ocio. Todos siguen manteniendo su relació n con el equipo asistiendo a las revisiones programadas con su psiquiatra, psicó logo, trabajadora social y enfermero de referencia, Tambié n acuden para la administració n de diversos tratamientos depot. Dada la sobrecarga asistencial que tenemos en nuestro ESMC, nos hace pensar que este tipo de experiencias pueden ser un complemento al seguimiento de estos pacientes favoreciendo su integració n social, la adherencia al tratamiento y sirviendo como detector de posibles recaı́das. Mi agradecimiento al ESMC de Úbeda por su colaboración, a la delegación FEAFES APAEM por cedernos el espacio para la realización del grupo y a su trabajadora social por la gran ayuda a la hora de seleccionar a los pacientes y muy especialmente a Juan José Ruiz Sánchez, psicólogo clínico del ESMC por su orientación, con ianza, apoyo incondicional y darme la oportunidad de incluir este trabajo en el libro. Bibliografía Acosta, P. (2014). Mindfulness para el Mundo vivir el presente sin juzgar. http://meditacion2000.blogspot.com/2015/04/libro-gratuito-mindfulness-para-el.html Baer, R.A. (2014). Mindfulness para la felicidad. Urano Programa de seguimiento de personas con trastornos mentales graves en la comunidad (2008). Junta de Andalucı́a Ruiz Sá nchez, J.J (Coord). (2017).Terapia de aceptació n y compromiso de grupo. Lulú 23 Incluyendo la dimensión social relacional en las Terapias Contextuales: Algunas re exiones e ideas prácticas para la psicoterapia (Mónica Soledad Maldonado Aragón y José Manuel Sánchez Olid) Introducción En este capı́tulo se podrá encontrar una re lexió n prá ctica sobre lo social de las llamadas terapias contextuales, que facilite algunas ideas para el cambio de comportamiento de las terapeutas que lo lean. Dejando a un lado la justi icació n teó rica, que bien ha sido desarrollada en otras partes de este manual, nos vamos a centrar primeramente en compartir algunos pensamientos sobre el ejercicio de la psicoterapia, concretamente de la psicoterapia contextual, y su aplicabilidad como asunto verdaderamente desde el contexto de las personas. Se desarrollará una estructura de tres ejes que articulan una transició n, desde la psicoterapia individualizante e individualizadora, a la psicoterapia “contextualizante” (por tratar de diferenciarla de la meramente llamada contextual). Cada uno de dichos ejes será desarrollado con propuestas prá cticas en pá ginas siguientes, y inalizará el capı́tulo una revisió n de lo que puede ser considerado una intervenció n psicoló gica contextualizante, que ya ha sido puesta a prueba y de la cual se pueden aportar datos reales. El capı́tulo ha sido redactado enteramente dirigido a un pú blico de lectoras, en femenino, psicó logas, como forma de colocar a la mujer en el lugar que le corresponde en una profesió n compuesta mayoritariamente por mujeres cuyo trabajo ha sido a su vez invisibilizado hasta el punto de pensarse comú nmente que Luciano, Tsai y Linehan son hombres. Si este hecho molesta o preocupa a algú n lector, hombre, se pide amablemente que se aguante. Intervención contextualizante Las llamadas psicoterapias contextuales, que podrı́amos enumerar someramente como Terapia de Aceptació n y Compromiso, Psicoterapia Analı́tica Funcional, Terapia Integral de Pareja o Activació n Conductual entre seguramente otras muchas, tienen ya má s de treinta añ os de recorrido y desarrollo a sus espaldas, y han recibido buena evidencia de su e icacia. Como se decı́a en la introducció n de este capı́tulo, no es la intenció n aquı́ aportar datos, citas ni nada parecido sobre esta informació n (con el á nimo de no repetir lo mil veces ya repetido, que seguramente la lectora pueda encontrar en otros muchos textos). Sin embargo, bajo la mirada del que escribe, por muy contextuales que se proclamen estas psicoterapias adolecen de algunos dé icits, y tratar de ilustrarlos es el objetivo de este capı́tulo. Utilizaremos las nomenclaturas “individualizante” y “contextualizante” para referirnos a diferentes tipos de psicoterapias. Psicoterapia Individualizantes • Transcurren tı́picamente en un despacho o consultorio, con el tamañ o necesario para que dos personas puedan hablar có modamente. En el contexto de la salud pú blica, puede ser un consultorio mé dico, con instrumentos tales como camilla, ú tiles de enfermerı́a y con iguració n mobiliaria de despacho con escritorio, computadora y sillas. En el contexto privado, suele ser algo má s relajado y distendido, no tan burocrá tico ni mé dico aunque a veces sigue siendo ası́, llegando a un entorno má s hogareñ o en el caso de las psicó logas que atiendan en su casa. En este caso, esta con iguració n serı́a individualizante porque supone una charla con una persona, sı́, pero en un setting ı́ntimo de espacio y participació n limitada, una a una, no hay cabida generalmente para má s personas (salvo excepciones), por eso serı́a individualizante. • Dicho espacio impide la libre circulació n de la informació n, es garantı́a de la con idencialidad, se impone el secreto de lo que está pasando y la protecció n de lo allı́ dicho. La psicoterapia es un espacio sagrado donde lo que ocurre es inviolable por una tercera, similar a una cabina de confesió n en la que el sacerdote ostenta el secreto sobre el pecado y a su vez intercede y otorga el perdó n a la pecadora; la psicoterapeuta ostenta el secreto sobre el psicodiagnó stico y a su vez intercede y otorga la condició n de libertad de la enfermedad mental, una suerte de expiació n psicoló gica que sucede cuando le da el alta a la persona (no hay que comerse la hostia, sin embargo). • Es comú n que la psicoterapia se combine con la farmacoterapia; si quien ejerce de psicoterapeuta es una psiquiatra, no es extrañ o que opte por recetar psicofá rmacos; en caso de que la psicoterapeuta no sea a su vez psiquiatra, no es raro que proponga o apoye la opció n de farmacoterapia, tenié ndola como algo que puede ayudar a la persona en su problema. En este caso, serı́a individualizante en tanto en cuanto sigue siendo la persona la que debe tomarse (ella) sus psicofá rmacos para solucionar sus problemas (de ella). La psicoterapeuta que facilite y/o prescriba psicofá rmacos, por tanto, participa en esta individualizació n del problema de la persona. Se pudiera decir aquı́ que el uso de psicofá rmacos no es individualizante porque siempre se recomienda el uso combinado de farmacoterapia con psicoterapia: bien, esto es aná logo a decir que los contextos penitenciarios no limitan la libertad de las personas porque tambié n se permiten visitas del exterior. • Generalmente la psicoterapeuta individualizante necesita de un diagnó stico tipo DSM o CIE en el cual la condició n de la persona, y su sufrimiento, se tiene en cuenta en relació n a baremos y listado de sı́ntomas, que son atribuidos ú nica y exclusivamente a partir de la observació n de dicha psicoterapeuta de la persona que tiene delante: observació n de lo que rellena en un cuestionario, en un test, y observació n de su forma de comportarse. Salvo en un problema infantojuvenil, es raro que la psicoterapeuta entreviste e involucre para la evaluació n a personas del entorno de la consultante. Esto es individualizante porque se valora ú nicamente el comportamiento de la persona en respuesta al comportamiento de la psicoterapeuta, en un espacio que dista de ser su entorno social natural. Si esto fueran las psicoterapias individualizantes, echemos ahora la vista por oposició n a las caracterı́sticas de las psicoterapias contextualizantes. Psicoterapias Contextualizantes • Transcurren en el contexto natural de la persona o en un entorno fı́sico que facilita la socializació n y la inclusió n de otras personas. Puede ser el hogar de la persona que consulta, un centro social en el que la psicó loga actú a como consejera informal o el espacio propio que ocupe un setting grupal de psicoterapia. En cualquier caso, existirı́a un entorno fı́sico que facilita que las personas que participen del ejercicio psicoterapé utico puedan a su vez percibir y ser percibidas por otras personas, en el sentido má s fı́sico del asunto. • La informació n deja de ser un bien que hay que proteger para convertirse en algo que tiene libre circulació n; al desarrollarse en un espacio fı́sico abierto, sin puertas, cualquier persona que pase cerca puede escuchar y percibir la acció n terapé utica, aunque honestamente serı́a difı́cil discriminar a priori cuando dos personas está n hablando sin má s de cuando esas dos personas son una psicó loga y una persona que consulta. Aquı́ se pudiera decir que las personas en consulta lloran y se desahogan como si fuera esto exclusivo del espacio de psicoterapia, a lo cual se puede responder que el llanto o la queja es una acció n que puede ocurrir (y ocurre a menudo) a plena luz del dı́a, sin que hubiera motivo por otro lado para esconderlo en una habitació n o en lo aislante del á mbito privado. • La psicoterapeuta contextualizante se opondrı́a al uso de psicofá rmacos, sea o no a su vez psiquiatra; tratarı́a de encontrar alternativas que impliquen un cambio del contexto de esa persona de alguna manera, má s allá de lo orgá nico y (sobre todo) má s allá de lo individualizante. • Por ú ltimo, es caracterı́stico de las psicoterapeutas contextualizantes que realicen una valoració n del problema de la persona junto a la persona y junto a otras personas de su contexto, de manera que se llegarı́an a hipó tesis extrayendo informació n de numerosas fuentes y observando a la persona en sufrimiento en diferentes contextos y relacioná ndose con diferentes personas, no solamente respondiendo al comportamiento de la propia psicoterapeuta. Como la lectora puede sospechar, estas dos pseudocategorı́as pretenden por un lado ser mutuamente excluyentes y, por el otro, incluir a psicoterapias que no necesariamente sean conductualescontextuales. Las psicoterapias sisté micas, por ejemplo, o las grupales má s allá de sus bases teó ricas, serı́an buenas candidatas para ser antes contextualizantes que individualizantes. Por contra, las modalidades no grupales de ACT, FAP, AC serı́an antes individualizantes que contextualizantes. No es necesario que lo contextualizante sea grupal, pero el hecho de serlo ya suma muchos puntos y marca una diferencia. Que lo grupal marque una diferencia tiene que ver con una idea: la de socializació n del sufrimiento humano. Personas hablando sobre sus di icultades, sus miserias, sus temores, y tambié n sus anhelos, sus deseos y sus sueñ os en un grupo en el que la escucha es practicada y la ú nica respuesta es el apoyo de tus semejantes tiene un impacto enorme a la hora despatologizar el sufrimiento individual, que ya deja de ser visto como una horrible má cula, como un defecto de fá brica, a ser visto como parte de un diá logo, de una conversació n má s entre personas. Si vamos a té rminos bá sicos bien pudié ramos hipotetizar que esto funciona porque se “neutralizan” reacciones condicionadas, se refuerzan comportamientos prosociales y/o se amplı́an enmarcajes de coordinació n, jerarquı́a, deı́cticos y oposició n. Un punto interesante y de initorio de las psicoterapias contextualizantes serı́a el de la socializació n del sufrimiento, y el de tener en cuenta las enfermedades mentales no ya como psicopatologı́as sino acaso como enfermedades o patologı́as sociales, dado su origen y mantenimiento antes social que individual, se propone el té rmino sociopatologı́a, que a la sazó n ya existirı́a y se de ine como “Estudio de las interacciones patoló gicas que se producen entre un individuo o una colectividad y el medio social al que pertenece”. Llegados a este punto, dejemos a un lado la pseudoteorizació n o pseudointelectualidad, y pasemos a asuntos má s prá cticos: la idea es desarrollar có mo la psicó loga que lee este texto puede sacar algo de provecho en sus consultas diarias, y que esto no quede en un ejercicio de verborrea pretenciosamente elegante. Pasemos, pues, a la articulació n de este asunto de la psicoterapia contextualizante apoyá ndonos en tres ejes: el fı́sico, el relacional y el metodoló gico. Eje físico Cuando se habla de contexto en las terapias contextuales es normal que se piense en la interacció n de la historia de aprendizaje de la persona con sus in luencias presentes fruto de numerosas fuentes (sociales, econó micas, polı́ticas, familiares, etc.). Uno de los puntos que ha quedado algo denostado (o que como poco no está en el centro de la escena) es el contexto fı́sico, lugar en el que ocurre la acció n terapé utica de forma inmediata. Las terapeutas de conducta que pudié ramos localizar entre 1940 y 1970 ya tenı́an bien en cuenta los cambios fı́sicos que podı́an hacer en un entorno para que eso propiciase un cambio de conducta en las personas, pero esto se daba sobre todo en aquellos entornos en los que ya tuvieran cierto poder de acció n: o icinas, penitenciarı́as, escuelas, podı́an ser alteradas fı́sicamente para alterar el comportamiento de sus habitantes. Disminuir o aumentar las horas de luz, modi icar la ventilació n, incluir má s o menos plantas en el entorno o utilizar indicadores visuales especı́ icamente diseñ ados pueden ser meros ejemplos, gracias a los cuales pudo surgir la disciplina de la psicologı́a ambiental. Las terapeutas de tercera generació n, por contraposició n, utilizan el lenguaje como mecanismo del cambio: se altera el contexto socialverbal mediante la acció n terapé utica, de manera que la terapeuta opera un cambio en la persona, y es la persona quien modi ica su comportamiento en relació n a su contexto inmediato. Añ adir estı́mulos visuales se sustituye por el entrenamiento de una regla verbal que especi ica y anticipa la condició n bajo la cual el comportamiento de la persona es reforzado. Lo que se propone es aprovechar los cambios en el entorno directo que ya se realizaban en la primera generació n de conducta, sin descartar el trabajo verbal que se ha desarrollado en las ú ltimas dé cadas, a travé s de los siguientes cambios, para facilitar la transició n desde una psicoterapia individualizante hacia una psicoterapia contextualizante. Del hospital a la clı́nica privada. El hospital es un lugar al que, generalmente, acuden las personas cuando se encuentran enfermas, para que otra persona que tiene un conocimiento especializado sobre enfermedades le aporte la solució n, de una u otra manera. Esto transcurre de una manera totalmente enlistada, paquetizada y pasiva, en la que la persona pasa por un proceso lineal de etiquetado, valoració n inicial, atenció n primaria, interconsultas, etc. Ademá s, es un edi icio que se encuentra en muchos casos aislado del resto de edi icios que componen el entramado urbanı́stico, incluyendo esto un muro que actú a como barrera fı́sica y simbó lica entre lo enfermo, dentro, y lo sano, fuera. Obviamente, es un edi icio-institució n organizado biomé dicamente que obedece a la gestió n de los medios para un mayor y mejor rendimiento global, las personas se convierten en nú meros y esto es correcto, no hay nada que cambiar aquı́: este modelo ha tenido y tiene un é xito increı́ble, gracias al cual podemos disfrutar de salud fı́sica (como sociedad). El cambio que se propone es sacar la acció n terapé utica referida a lo psicoló gico del edi icio-institució n hospital, y dirigirlo a un entorno que pueda tener una identidad propia, diferenciada e integrada en el tejido social. Ası́, que la persona pueda acudir a un centro de psicologı́a es má s contextualizante que acudir al edi icio-institució n hospital: en el peor de los casos, tendrá que lidiar con un tiempo de espera a que su terapeuta termine con la persona anterior, pero la sensació n de controlacció n y recuperació n de la voluntad, o pé rdida de la alienació n, es bien diferente: ya se asemeja a esperar turno en la carnicerı́a, en unas instalaciones que debieran ser amplias, incluso puede esperar en la calle, y no está de initivamente en un entorno de enfermedad, con mú ltiples profesionales de la medicina y algú n que otro buró crata pasando a su alrededor apresuradamente. Se propone, por tanto, este cambio fı́sico: que la psicoterapia pueda desplazarse primeramente del hospital al centro de psicologı́a que pueda encontrarse a pie de calle, al lado de una tienda de ropa, incluido en la urbe, como forma de normalizar y contribuir a la no patologizació n de lo que hemos llamado anteriormente sociopatologı́a. De la clı́nica privada al hogar de la persona. Se habla en la Psicoterapia Analı́tica Funcional de que el espacio terapé utico debe ser funcionalmente equivalente al entorno de la persona, y se propone aquı́ si no serı́a má s fá cil desplazarse directamente al entorno fı́sico de la persona y propiciar el acto terapé utico allı́. Si bien esto se traduce en añ adir un tiempo y un coste de desplazamiento, ¿no serı́a acaso má s e iciente teniendo en cuenta que los cambios de comportamiento de la persona se estarı́an dando ya, de hecho, en un contexto fı́sico de su vida diaria? Todo el trabajo que la terapeuta hace para que esos cambios se generalicen, que pueden costarle algunas sesiones, estarı́a ya hecho. Cuando la persona nos cuenta que le da vueltas a sus pensamientos constantemente cuando está en su casa sin mucho que hacer, pudié ramos de hecho desplazarnos a su casa para tratar de replicar la manera en que esta persona experimenta sus eventos: ¿comprende la lectora la diferencia entre esto y propiciar esos pensamientos en el espacio de consulta? Esto resulta especialmente interesante cuando se propone a la persona ir a su domicilio a tener la siguiente sesió n y nos encontramos con una negativa acompañ ada de vergü enza y reparo: ¿no resulta interesante que una persona en sufrimiento deba salir de su casa y se vea incapaz de poder estar en su hogar dialogando con otra persona que pretende ayudarle? ¡Qué bene icio obtendrı́amos si generá semos la experiencia en la que la persona se ve capaz de normalizar su propio sufrimiento! Si ha participado junto a la terapeuta en su hogar en una sesió n en la que ambas han dialogado sobre su sufrimiento, será mucho má s probable que esta persona esté dispuesta a invitar a má s personas a su intimidad con el in que má s protege de la sociopatologı́a: la relació n con los semejantes. Del hogar de la persona al lugar pú blico. La siguiente transició n fı́sica, y ú ltima en lo que a socializació n del sufrimiento se re iere, tiene que ver con que la acció n terapé utica tenga lugar en un espacio abierto, de libre circulació n de la informació n, en el que ocurran actividades sociales comunes y comunales. Uno de los predictores de bienestar psicoló gico es salir del “uno mismo”, desenredarse y participar en actividades que tengan variabilidad estimular, el tan manido “cambio de contexto”: esto no es azaroso, es muy comú n que las personas con problemas psicoló gicos entremos en pautas de comportamientos estables y de poca variabilidad que a corto plazo calman y a largo plazo se alejan de aquello que pudiera aportarnos satisfacció n. Hablar de las ansiedades, de las obsesiones, de las tristezas y de las culpas con tu terapeuta mientras dais un paseo por un parque, sin prisa, o mientras ambas tomá is un café , ya supone que puedan entrenarse nuevos repertorios, amplios y lexibles, que hacen que el propio cambio de comportamiento ya se esté dando: cuando esa persona era incapaz de salir de su casa por sus temores y obsesiones o tristezas, ahora sale con ellas y se toma un café , socializá ndolas con una persona que ella ha elegido para acompañ arla. En este punto hemos comentado có mo pudiera ser una transició n fı́sica desde lo individualizante hacia lo contextualizante, tras lo cual vamos a ocuparnos ahora de una transició n relacional. Eje relacional Muy a grandes rasgos, se propone que la modalidad terapé utica sea antes grupal-social que individual. El ejercicio psicoterapé utico má s frecuente consiste en dos personas hablando de los problemas que tiene una de ellas, siendo esos problemas relativos a lo que ha ocurrido, en el pasado y en otro espacio que no es el presente, fuera de consulta. Ya la Psicoterapia Analı́tica Funcional, nuevamente, propone la diferencia entre Conducta Clı́nicamente Relevante (la que ocurre dentro de la consulta) y Problemas en la vida diaria (lo que ocurre fuera de la consulta), y tambié n la Terapia de Aceptació n y Compromiso pone el foco en el desgastado “aquı́ y ahora”. El siguiente paso es la inclusió n de una tercera persona en la acció n terapé utica. Una amiga, una compañ era del trabajo, una familiar, la pareja, puede acompañ ar a la persona que acude a consulta y a la terapeuta, y que el diá logo sobre el sufrimiento sea entre tres personas, con tres puntos de vista, rompiendo ası́ la exclusividad y el rol de “portadora de la verdad” de la terapeuta. Esto, sin embargo, no debe darse sin ninguna condició n: se estima necesario que nuestra consultante esté de acuerdo en incluir a alguien de su entorno, y que la persona incluida sea seleccionada a su vez por ella; tras ello, y con la autorizació n pertinente, nos pondrı́amos en contacto con la tercera persona y organizarı́amos la sesió n a tres. En la propia experiencia del que escribe, supone un cambio cuantitativo enorme poder observar có mo nuestra consultante se comporta directamente con una persona de su entorno, y como la persona de su entorno responde a nuestra consultante; a su vez, esto que nosotros observamos podemos re lejarlo y re lexionar sobre ello de manera conjunta, a modo de pensar en voz alta, compartiendo hipó tesis e ideas sobre nuestra consultante y aquellos elementos que pudieran ayudarle a transitar por su momento de sufrimiento. Ya, por tanto, no serı́amos dos personas hablando del problema que una de ellas tiene fuera de consulta: serı́amos tres personas hablando de lo que está ocurriendo ahora mismo con el objetivo de ayudar a mejorar la experiencia de vida de una de estas personas. Continuando en la transició n, desplazamos la acció n terapé utica de tres personas a un espacio pú blico, en el cual las personas estemos expuestas a la socializació n y a un contexto ya desprovisto del secretismo y de la intimidad individualizante de la consulta. Serı́a algo, por tanto, má s natural, muy similar a cuando algunas amigas se reú nen para apoyar a una de ellas en un momento de sufrimiento (sin necesidad aquı́ de psicopatologı́a alguna). Por ú ltimo en este eje relacional, las personas participarı́an en grupos terapé uticos que involucran alguna actividad social-lú dica cuyo objetivo sea la satisfacció n vital. Para las personas en estado de depresió n o con problemas relacionados con tristeza, culpa o inactivació n, se pueden proponer actividades progresivas al aire libre que faciliten el entrenamiento en activació n conductual; se puede proponer un taller de huertos urbanos para mejorar la satisfacció n vital, por ejemplo. Para personas que está n pasando por un momento de ansiedad o que quieren dejar de sufrir por sus obsesiones, se puede trabajar con recorridos culturales grupales por la ciudad, visitando museos y elementos arquitectó nicos, incluyendo quizá s algú n elemento relacionado con el dibujo callejero, para trabajar exposició n a sensaciones y otros muchos elementos que han mostrado ser terapé uticos para problemas relacionados. Metodológico La manera má s comú n de evaluar los cambios terapé uticos es mediante cuestionarios pre-post intervenció n, segú n el problema de la persona, incluso en contextos de investigació n-acadé micos. Esto no ha cambiado realmente en las terapias contextuales a pesar de su nombre: si bien uno pudiera esperarse que se usasen medias propias del aná lisis de conducta -como la medició n de frecuencia de comportamientos momento a momento-, gran parte de las publicaciones que miden el efecto de los tratamientos incluyen tan solo medidas antes y despué s de la intervenció n. Esta metodologı́a de valoració n e intervenció n, basada en indicadores cuantitativos, puede ser perfectamente complementada con indicadores cualitativos y huellas de conducta. En una persona con problemas de ansiedad social, puede compartir con nosotros fotografı́as de sus salidas; otra persona que sufra de depresió n que le ha llevado a dejar los estudios puede compartir con nosotros sus resú menes de la semana. Esto que se propone no debe tener mero valor terapé utico: es a la vez terapia e indicador del é xito, el cambio es el propio indicador del cambio, y esto puede medirse directamente. A lo anteriormente mencionado se pueden sumar relatos de allegados del contexto de la persona, previa autorizació n, que informen de su comportamiento en las ú ltimas semanas. Un experimento de cambio de contexto Se comenta a continuació n el resultado de la investigació n de maestrı́a de la coautora de este capı́tulo. Se pueden consultar los detalles en Maldonado, M. (2020). In luencia de un huerto escolar en la ingesta de vegetales en estudiantes de preescolar. Universidad Nacional Autó noma de Mé xico. En un Centro de Educació n y Desarrollo Infantil de la Ciudad de Mé xico, se realizó una intervenció n ambiental - social con el objetivo de conocer el efecto que tiene la participació n de niñ as y niñ os en la creació n de un huerto escolar y talleres educativos en la conducta alimenticia de los preescolares particularmente en el incremento de alimentos saludables por parte de las niñ as niñ os de entre 3 y 5 añ os de edad. Se diseñ aron y realizaron 3 talleres que, en primer lugar, sondeaban los conocimientos previos de las alumnas y alumnos acerca de los alimentos (origen, propiedades, bene icios, etc.) y se generaba el conocimiento de los mismos a travé s de actividades lú dicas; en segundo lugar se promovió la siembra y el cultivo en casa a travé s de semilleros y almá cigos; y por ú ltimo se inició la construcció n del huerto escolar con el grupo experimental. Las cuidadoras y cuidadores del grupo experimental señ alaron diversas situaciones que vivieron en sus hogares con esa intervenció n hecha en el contexto escolar, por ejemplo, algunos de los infantes: • Compartı́an con sus familiares algunos conocimientos sobre los alimentos y eso favoreció al cambio de la dieta familiar (reducció n de consumo de bebidas azucaradas, mayor consumo de frutas y verduras) por lo menos temporalmente; • Pedı́an a sus madres y padres visitar el huerto escolar para luego replicarlo en casa argumentando que eso facilitarı́a la alimentació n en el hogar; • Buscaban opciones para sembrar semillas e involucrar a sus familiares cercanos en la construcció n de un huerto en el hogar; • Preguntaban a sus mayores si sabı́an realmente de dó nde vienen nuestros alimentos y có mo pueden afectarnos a largo plazo. Por otra parte, las madres y padres de familia del mismo grupo dijeron sentirse sorprendidas y motivadas a conocer el trabajo que se habı́a hecho con sus hijas e hijos en el centro escolar, ya que en muchas ocasiones atrá s, el tema de la alimentació n era un tema realmente difı́cil de tratar con ellos. A su vez expresaron que una de las principales barreras que identi ican es el desconocimiento de preparació n de alimentos y construcció n de entornos saludables. Las madres y padres del grupo control no tuvieron el mismo interé s en conocer a detalle la intervenció n, y las alumnas y alumnos del mismo grupo no reportaron ningú n cambio de comportamiento respecto al consumo de alimentos saludables. Hay muchas variables (que no se midieron en la intervenció n) que incidieron en el comportamiento de los padres y madres, desde la aplicació n de una escala que habla de há bitos y entornos saludables hasta el propio comportamiento de sus hijas e hijos respecto al tema, pero sin duda fueron su icientes para poner el tema sobre la mesa y empezar a hablar de ello en una reunió n escolar; era un tema en comú n que aquejaba a la gran mayorı́a pero que hasta ese momento no se percibı́a como un problema comunitario, en el que todas y todos podemos participar para bene iciarnos o para aportar a la solució n. Algunas conclusiones de la investigació n son referentes al valor de los factores ambientales, teniendo en cuenta que son tan importantes como los factores sociales y culturales; y que podemos jugar con ellos a nuestro favor con los estı́mulos ambientales má s cercanos para moldear la conducta deseada, y ası́ crear contingencias que paulatinamente moldeen conductas saludables en la niñ ez, sin desestimar el impacto en los adultos. Por ú ltimo, los centros escolares podrı́an crear actividades grupales dirigidas a los tutores y a la integració n de ellos con sus hijas e hijos generando un ambiente comunitario y promoviendo actividades enfocadas a salud y nutrició n ya que, como pudimos corroborar en este estudio, la sola manipulació n de factores fı́sicos ambientales no es su iciente para instigar a un cambio de comportamiento sino que deben favorecerse la interacció n social, pero sobretodo debe haber constancia de la exposició n a esas experiencias que sean agradables. Conclusión Se inaliza el capı́tulo resumiendo los puntos clave que se han querido expresar en el mismo: 1. Las psicoterapias contextuales pueden ser a su vez contextualizantes. 2. Lo contextualizante tiene que ver con cambiar la manera en que las propias psicoterapeutas conciben el ejercicio de la psicoterapia y la naturaleza de los problemas psicoló gicos. 3. Utilizar una concepció n antes de sociopatologı́a que de psicopatologı́a ayuda a poner el foco en el ambiente, entorno y contexto. 4. Cualquier psicoterapeuta puede contribuir a la socializació n del sufrimiento humano gracias a la transició n en tres ejes: fı́sico, relacional y metodoló gico. 5. Existen intervenciones simples que muestran cambios de comportamientos que pudieran ser complejos -como las preferencias adquiridas. 24 Reforzamiento en grupo: El papel del Reforzamiento en Situaciones Grupales con Análogos Humanos (Raymundo González Terrazas) Todo modelo terapé utico que se denomine proveniente del conductismo radical, como es el caso de la Terapia de Aceptació n y Compromiso (ACT) (Hayes, 2004; Kohlenberg et al., 1993) y de la Psicoterapia Analı́tica Funcional (FAP) (Kohlenberg et al., 1993; Kohlenberg y Tsai, 2014), debe partir de aquellos supuestos ilosó icos que le conforman, tal como el monismo, el determinismo y el materialismo (Cooper et al., 2012; Froxá n, 2020; Skinner, 1953). Pero ademá s de ello, estar sujeta de manera teó rica y experimental a los principios y leyes de la conducta formulados dentro de la ciencia naciente de esta cosmovisió n, es decir, dentro del aná lisis de la conducta. El aná lisis de la conducta como una ciencia completa, en su parte experimental y aplicada, no puede separarse de su parte conceptual, misma que formula como toda ciencia natural, que su objeto de estudio, la conducta, está sujeta a principios que pueden explicar, predecir y controlar la misma. Entre todos estos principios, uno de los má s utilizados es el principio de reforzamiento, ya sea para explicar có mo una respuesta se ha desarrollado, se mantiene o se va perfeccionando. Para iniciar este capı́tulo sobre la importancia del reforzamiento y describir su ubicuidad, es necesario partir de su de inició n; al igual que los demá s principios de los comportamientos formulados desde el aná lisis de la conducta, no son má s que descripciones generales de relaciones funcionales entre el ambiente y una clase de respuestas de un organismo (Cooper et al.,2012), mismos que nos permiten hacer descripciones de los eventos que arbitrariamente hemos decidido cortar para analizar su relació n funcional (Froxá n, 2020). El reforzamiento es de inido funcionalmente, no por su morfologı́a o topografı́a. Cuando hablamos de de inirlo funcionalmente nos referimos a que es un cambio estimular consecuente a una clase de respuesta que incrementa la frecuencia futura de la misma (Skinner, 1966). En otras palabras, es un proceso mediante el cual un evento como consecuencia de una respuesta mantiene o incrementa su probabilidad de ocurrencia. Por ello, cuando hablamos de que un comportamiento se presenta en repetidas ocasiones bajo circunstancias similares, es sinó nimo de decir que una respuesta está siendo reforzada sin importar la valoració n nominal que se haga de ella. No está en funció n de que el estı́mulo sea de agrado o no, o incluso de las emociones asociadas a los procesos de reforzamiento, pues esto ú ltimo no es su iciente para de inir al reforzamiento y al tipo de contingencia de reforzamiento que opera sobre una clase de respuesta (Baron y Galizio, 2005). En ú ltimos té rminos, e insistiendo en ello, el reforzamiento es un proceso independientemente de la morfologı́a de la consecuencia que mantiene y aumenta la frecuencia futura de una clase de respuesta a la cual le ha seguido. Existen dos tipos de reforzamiento cuya distinció n y de inició n se debe al tipo de cambio estimular el cual los con igura. Por un lado, está el reforzamiento positivo, en el que en un cambio estimular se presenta un estı́mulo ausente o que aumenta su intensidad y como efecto mantiene o aumenta la frecuencia futura de una clase de respuesta. Mientras que en el reforzamiento negativo el cambio estimular está en funció n de la eliminació n, reducció n, pausa o postergació n de un estı́mulo aversivo introducido o presente con anterioridad, como consecuencia de una respuesta la cual mantiene o aumenta su frecuencia futura (Miltenberger, 2013). Es necesario mencionar que para entender las de iniciones de manera funcional no basta con catalogar el reforzamiento positivo y negativo si se presenta o se elimina un estı́mulo respectivamente, sino que lo que refuerza son los cambios estimulares, es decir, pasar de un estado donde no hay un estı́mulo a su presentació n en el caso del reforzamiento positivo, y pasar de un estado donde hay una estimulació n previa a no estar en el caso del reforzamiento negativo (Baron y Galizio, 2005). El principio de reforzamiento positivo es el principio conductual má s importante y utilizado para hacer cambios conductuales en las personas y demá s organismos (Cooper et al., 2012; Kohlenberg y Tsai, 2014), pues tal y como veremos má s adelante, la mayorı́a de comportamientos de las personas que se mantienen a lo largo de muchos añ os de su propia historia de aprendizaje y que son deseables en muchos sentidos se mantienen bajo control apetitivo, es decir, bajo un programa de reforzamiento positivo. En alguna literatura y pasillos de formació n psicoló gica, han rondado imprecisiones acerca del concepto de reforzamiento, los má s comunes viniendo desde el desconocimiento. Algunos de ellos es mencionar que son las personas las que reciben el reforzamiento, esto no puede ser má s erró neo e impreciso, pues no son las personas las que se refuerzan, sino sus comportamientos, o para má s preciso, sus clases de respuesta (Skinner, 1969). Es má s, para una mayor precisió n, tampoco se pueden reforzar las respuestas pasadas de una persona, porque, de hecho, han ocurrido en el pasado y este es ya un hecho consumado; lo que realmente se refuerza es la probabilidad futura con la que una clase de respuesta será emitida bajo condiciones estimulares similares en las que ocurrió ese reforzamiento. Características del Reforzamiento Positivo Toda clase de respuesta que en el pasado haya recibido como consecuencia un cambio estimular que aumente su frecuencia futura, sabemos, es un reforzamiento positivo, y realmente este principio opera sobre cualquier respuesta que simplemente le anteceda. Aunado a los comentarios erró neos, se ha argumentado desde el desconocimiento que algunas respuestas de las personas no necesitan reforzamiento dado que lo hacen por voluntad o por desear realizar una actividad y no hacerlo por una consecuencia, pseudo explicaciones que ademá s de incompletas son icciones explicativas (Skinner, 1985). El cambio estimular que funciona como reforzamiento positivo no siempre necesita tener una conexió n ló gica o natural, debido a que su nexo por contigü idad temporal hace que el efecto de mantener o aumentar las dimensiones actú e de manera arbitraria, es decir, sobre cualquier respuesta que simplemente le anteceda. Dicho de otro modo, una persona no tiene por qué entender o verbalizar esa relació n funcional entre las respuestas que emite y las consecuencias que las refuerzan, a veces incluso, de que dicha consecuencia ha ocurrido seguido de sus respuestas; nada de ello es necesario para que ocurra el reforzamiento, y tal fenó meno se denomina automaticidad del reforzamiento (Cooper et al., 2012; Kohlenberg y Tsai, 2014). Cuando se suele decir que una consecuencia es contingente a una respuesta, puede signi icar dos cosas, una de ellas es que un evento ocurrió despué s de otro, y por otro lado tambié n puede signi icar que un evento (o una variable) es dependiente de otro evento (la respuesta) (Skinner, 1948; Vollmer y Hackenberg, 2001). Esta diferencia podemos observarla en mú ltiples ejemplos de la vida cotidiana, tal y como sucede con una conducta supersticiosa, en donde no existe una relació n funcional dependiente, si no que un evento consecuente a una respuesta funciona como reforzamiento por su proximidad temporal (Froxá n, 2020), pero en ningú n momento fue necesario que se emitiera una respuesta especı́ ica de la cual dependa la aparició n del evento consecuente reforzador. Un ejemplo comú n es los movimientos de los dedos que hace una persona sobre la pantalla de una maquina tragamonedas en un casino y que se repite en varias ocasiones cada vez que juega, los rituales que ejecutan los deportistas antes de entrar en la competencia o bien, los mú sicos antes de subir al escenario. En casos como este y otros má s, queda claro la naturaleza arbitraria de la selecció n por consecuencias y en có mo opera el reforzamiento cuando puede explicar có mo se pueden adquirir y mantener clases de respuesta de distinta ı́ndole, incluso aquellas formas de comportamiento má s raras, disruptivas y de difı́cil manejo. Si el concepto de contingencia tiene ambos signi icados, tal vez queda preguntarse cuá l de ambas denotaciones es má s importante. Es de comú n interé s esta cuestió n, pues la mayor importancia del té rmino radica en la proximidad temporal o inmediatez con la cual un evento consecuente aparezca tras una respuesta. Es de igual importancia mencionar que, de manera paralela, las investigaciones han arrojado que en organismos con un repertorio verbal amplio el tiempo que transcurre entre la terminació n de la respuesta y la iniciació n del reforzador puede ser bastante largo, o incluso mantener esa clase de respuesta aun cuando la consecuencia inmediata es ausente o un castigo, esto es un fenó meno conocido como comportamiento gobernado por reglas (Clavijo,2004; Frojá n et al., 2011) y de lo cual la terapia de aceptació n y compromiso se enfoca con gran interé s (Kohlenberg et al., 1993). Sin embargo, en organismos con repertorios verbales má s limitados o en organismos cuyo comportamiento esté controlado por las contingencias directas, el tiempo para la ocurrencia del reforzador es bastante má s limitado. En otras palabras, a mayor proximidad entre la respuesta y la consecuencia de reforzamiento, mayor efectividad existe. Cabe recordarse que la respuesta anterior má s pró xima al momento del reforzamiento puede quedar condicionada sin importar si hay una conexió n ló gica, tal y como ocurre con la conducta supersticiosa. Conocer el principio de contingencia es de vital importancia, pues como se observa en el caso de la psicoterapia analı́tica funcional, el mismo sistema y modelo terapé utico exige un momento y lugar bastante ú til para reforzar los comportamientos pro-terapé uticos de los clientes; para el terapeuta será má s fá cil aumentar la frecuencia futura de estos comportamientos si los refuerza de manera casi instantá nea en el mismo lugar que se emiten. Es por ello que la FAP insiste en lograr que los problemas de la vida diaria se den en la sesió n y ası́ mismo tambié n las mejorı́as, pues ası́ los efectos de la intervenció n serı́an má s potentes (Kohlenberg et al., 1993; Kohlenberg y Tsai, 2014), y esta argumentació n del principio de contingencia queda explı́cito cuando damos una revisió n a las reglas terapé uticas que formula la FAP, especialmente la regla nú mero 1 (observar las conductas clı́nicamente relevantes) y la regla nú mero 3 (reforzar las conductas clı́nicamente relevantes de tipo 2) (Ferro y Valero, 2015). Clasi cación de los reforzadores Tipos de contingencias de reforzamiento Existe una subclasi icació n de las contingencias de reforzamiento por el tipo de cambio estimular que opera como reforzador y que por de inició n aumenta la frecuencia futura de una clase de respuesta (Cooper et al., 2012; Miltenberger, 2013), mismas que son utilizadas como condiciones de prueba y control en evaluaciones funcionales experimentales (Iwata y Worsdell, 2005). La subclasi icació n siguiente puede seguir al principio de reforzamiento positivo o bien, de reforzamiento negativo. La clasi icació n se divide en: a) Sensoriales: todos aquellos cambios estimulares contingentes a una respuesta que son percibidos por un organismo a travé s de algú n ó rgano receptor y que conlleva a un aumento de la frecuencia futura de esa clase de respuesta. b) Escape: todos aquellos cambios estimulares contingentes a una clase de respuesta que acaben con una estimulació n aversiva previamente introducida. Es importante destacar que las contingencias de escape siguen al principio de reforzamiento negativo, sin embargo, el escape, es decir, emitir una respuesta que termine con la estimulació n aversiva, no es la ú nica forma de contingencia que sigue al reforzamiento negativo. Las respuestas de evitació n, aquellas que se caracterizan por evitar o prevenir la aparició n de una estimulació n aversiva tambié n siguen al principio de reforzamiento negativo. A su vez, las contingencias de evitació n pueden dividirse en dos: la evitación discriminada y la evitación de operante libre. La evitació n discriminada se caracteriza por emitir la respuesta de evitació n ante una señ alizació n que anuncie la aparició n del cambio estimular aversivo en el que con anterioridad se ha dado la respuesta de escape; por ejemplo, una persona con una historia de aprendizaje de escapar de situaciones sociales, se podrı́a decir que esas situaciones tienen una funció n aversiva dado que escapar de ellas produce su reforzamiento, entonces, ante la invitació n de otra persona a acudir a una iesta responde con una negativa para evitar entrar en contacto con dicha iesta y demá s estı́mulos que le acompañ an. Dado que ocurre un reforzamiento negativo por no entrar en contacto (evitar) con la estimulació n aversiva ( iesta/situaciones sociales) las invitaciones a los eventos sociales adquieren la funció n de un estı́mulo discriminativo. Por otro lado, la evitació n de operante libre se caracteriza por emitir la respuesta de evitació n en cualquier momento sin la necesidad de una señ al o estı́mulo discriminativo que anuncie su llegada. En otras palabras, la respuesta de evitació n es libre en cualquier momento en cuanto a su ocurrencia para evitar, prevenir, disminuir o postergar la estimulació n aversiva. Por ejemplo, con la misma persona y que ademá s no contesta llamadas o mensajes para ası́ no tener contacto con personas que le inviten a una iesta o situació n social. En todos los casos de estos ejemplos, seguramente esta persona serı́a catalogada como alguien con severos problemas de fobia social. c) Atenció n: todos aquellos cambios estimulares contingentes a una respuesta que incrementen la frecuencia futura de una clase de respuesta que tenga que ver con las respuestas de proximidad de otra persona que actú a como mediadora. d) Tangible: todos aquellos cambios estimulares o presentació n contingente que aumente la frecuencia futura de una clase de respuesta que puedan ser manipulados por la persona o el organismo al cual se le otorgan. Tipos de los reforzadores por sus propiedades formales El principio de reforzamiento positivo, como hemos visto, opera de forma automá tica, es decir, sin que nos percatemos de su efecto, y arbitraria, ademá s que su de inició n no es formal, sino funcional; lo anterior quiere decir que indudablemente todo aquello que aumente la frecuencia futura de una clase de respuesta es un reforzador. Sin embargo, existen diversos tipos de estı́mulos o cambios estimulares de distinta ı́ndole y formas que podrı́an tener este efecto sobre las respuestas (Bados y Garcı́a, 2011). Es conveniente saber qué tipo de reforzadores existen para facilitar la comunicació n entre terapeutas e investigadores y facilitar el diseñ o de intervenciones con varios organismos (Cooper et al., 2012). La clasi icació n por sus propiedades formales es la siguiente: a) comestibles, todos aquellos estı́mulos que tengan como efecto incrementar la frecuencia futura de una clase de respuesta y que puedan ser ingeridos por una persona u otro organismo, por ejemplo, comida, dulces, bocadillos, apetitivos, bebidas, etc. (Herná ndez et al., 2016); b) actividades, todos aquellos cambios estimulares como realizar una respuesta contingente a otra clase de respuesta y que tenga como efecto incrementar la frecuencia futura de la primera; por ejemplo, salir a jugar despué s de hacer la tarea de la escuela, leer comics o un libro despué s de realizar ejercicio, o ir al cine despué s de una larga jornada de trabajo; c) tangibles: cualquier estı́mulo o cambio estimular que incremente la frecuencia futura de una clase de respuesta y que sean artı́culos manipulables como ichas, calcomanı́as, tarjetas, juguetes, estampas, etc.; cabe destacar que en este tipo de reforzadores no tiene importancia el valor del objeto o del estı́mulo mercantil sino, el poder reforzante del mismo; d) sensoriales: cualquier estı́mulo o cambio estimular consecuente que incremente la frecuencia futura de una clase de respuesta en formas de estimulació n sensorial o corporal, tales como un masaje, cosquillas, caricias, sonidos, aromas, luces, temperaturas, o estimulació n sexual; e) sociales; cualquier estı́mulo o cambio estimular que incremente la frecuencia futura de una clase de respuesta que esté mediado por otra persona, tales como el contacto fı́sico (una palmada, abrazo, tocar el hombro), una felicitació n o elogio, comentarios “positivos” o simplemente la atenció n de una persona a lo que hace o dice quien se comporta. La atenció n es una forma de reforzamiento bastante poderosa y efectiva, sobre todo con los niñ os (Cooper et al., 2012), y nuevamente es importante resaltar que, en este tipo de reforzadores, como lo es la atenció n, se tiene tomar en cuenta en té rminos de su funció n, dado que la atenció n como reforzador no siempre tiene que ser “amable o cordial”, sino simplemente dirigir el contacto visual, el cuerpo orientado hacia la otra persona, o verbalizaciones contingentes a su respuesta. Si retomamos lo anterior, podrı́amos explicar situaciones en las que aparentemente un regañ o o una reprimenda verbal no disminuye la frecuencia futura de una respuesta, sino que la mantiene; por ejemplo, un chico de secundaria que está enamorado de una chica la cual no tiene ningú n interé s en é l, por tal motivo, cada vez que el chico intenta hablarle, saludarle, o tener alguna forma de contacto, ella responde de manera poco amable, incluso a veces, insultá ndolo. Se podrı́a argumentar que esos son castigos (por los insultos o la manera que la chica responde), o incluso aludiendo a constructos hipoté ticos como que el chico es “masoquista” por soportar esas verbalizaciones, algo que ademá s de que es una icció n explicativa que no aporta nada en conocer el desarrollo y mantenimiento de tal interacció n serı́a bastante confusa. Una evaluació n funcional puntual podrı́a arrojar informació n (si observamos cierto patró n de interacció n) que nos permita construir la hipó tesis que ante la deprivació n de la atenció n de la chica la cual funciona como operació n motivadora, las verbalizaciones contingentes aun ası́ sean no tan agradables, de las respuestas de aproximació n o de contacto del chico funcionan como una forma de reforzamiento social. Algo bastante parecido pasa con algunos niñ os que han sido erró neamente diagnosticados con problemas severos como el trastorno por dé icit de atenció n e hiperactividad, en donde por mencionar un ejemplo, una evaluació n detallada de la interacció n familiar arroja que existe poca convivencia por parte de los cuidadores o padres con una niñ a, lo que en alguna literatura podrı́amos encontrar como estilo de crianza negligente, ante tal deprivació n de la atenció n o convivencia de los padres/cuidadores que funciona como operació n motivadora; aunado, la presencia de los padres discrimina respuestas disruptivas o incó modas para los demá s, el cual como consecuencia de ello se obtienen regañ os, reprimendas verbales, o incluso quedarse en casa y pasar má s tiempo juntos como forma de aparente “castigo”. En otras palabras, podrı́a decirse que, desde el punto de vista de los protagonistas de ambos ejemplos, el chico y la niñ a, es la ú nica manera en que obtienen atenció n de las personas que tienen un valor apetitivo alto, es decir, su atenció n funciona como reforzador de varias de sus respuestas. Fuentes de reforzamiento Otra manera de clasi icar los reforzadores consiste en el origen o fuente de donde se producen dichos cambios estimulares, y tener en cuenta el origen del reforzamiento viene a cobrar especial relevancia a la hora diseñ ar intervenciones o modi icar los comportamientos objetivo (Cooper et al., 2012). Bá sicamente, la distinció n en esta clasi icació n es binaria, el reforzamiento puede ser automático o puede ser social. Nos referimos a un reforzamiento automá tico cuando el cambio estimular que aumenta la frecuencia futura de una clase de respuestas no está mediada por otra persona, sino que la consecuencia es producida natural y directamente de esa misma respuesta. En otras palabras, la respuesta produce su propio reforzamiento (Querim et al., 2013). Algunas veces, las consecuencias reforzantes tienen que ver con reforzadores sensoriales, como los aromas, o la sensació n producto de una respuesta. Sin embargo, ademá s de estas consecuencias incondicionadas, tambié n puede haber otras condicionadas, es decir, con un previo aprendizaje asociativo. Pero para que ello ocurra, como bien lo describe su proceso, necesita haber una historia de aprendizaje estı́mulo-estı́mulo previa donde hayan ocurrido estas asociaciones en dos etapas: en la primera de ellas, un estı́mulo neutro cuyo efecto inicial sobre la respuesta es nulo es emparejado con otro estı́mulo, ya sea incondicionado o condicionado y que desde luego, sı́ tenga un efecto reforzante sobre la respuesta (Ardila, 1981; Pé rez y Cruz, 2003). Despué s de algunos ensayos, el estı́mulo antes neutro adquirirá por el emparejamiento funciones reforzadoras, y pasará a convertirse en un estı́mulo reforzador condicionado. En una segunda etapa, al emitir esa respuesta le sigue de manera contingente una consecuencia de estı́mulos condicionados que la refuerzan, muchas veces de manera verbal. Por ejemplo, cuando los niñ os no tienen en su repertorio conductual el há bito de cepillarse los dientes antes de dormir, probablemente y sı́ los cuidadores han consultado con un terapeuta conductual, a dicha emisió n de esa respuesta le seguirá n elogios y quizá s alguna otra forma de reforzamiento, ya sea tangible, actividad, comestible, etc. Despué s de algunos ensayos a lo largo de algunas semanas, los cuidadores irá n modi icando el programa de reforzamiento, es decir, la frecuencia con la cual presentan los elogios y demá s reforzadores de manera contingente a la respuesta de cepillado de dientes. Cada vez se otorga de manera menos frecuente esos reforzadores hasta su desaparició n total, pero aun ası́ observamos que la respuesta se mantiene. No podrı́amos argumentar que la respuesta se ha dejado de reforzar, sino que ha pasado de reforzarse de manera arti icial mediada por los cuidadores a un reforzamiento automá tico, es decir, que esa respuesta se mantiene por sus propias consecuencias que seguramente, eran antes señ aladas por los cuidadores, como estar sano, limpio, tener buen aliento, buena imagen, etc. Ademá s, el reforzamiento automá tico no solo ocurre bajo el principio de reforzamiento positivo, tambié n ocurre con el reforzamiento negativo. El principio de reforzamiento negativo automá tico opera cuando la emisió n de una respuesta posterga, acaba, elimina o retrasa una estimulació n aversiva sin la necesidad de que haya otra persona de por medio para que ocurra esta contingencia. Por ejemplo, cuando una persona toma una pastilla para eliminar un dolor de cabeza, cuando una persona se autolesiona para acabar con las emociones que está experimentando en un momento dado, o dormir una gran parte del dı́a para ası́ no experimentar sensaciones de aburrimiento o de una fuerte emocionalidad. El reforzamiento automá tico ademá s de explicar bastantes comportamientos de la vida cotidiana, tambié n puede explicar bastantes comportamientos inadecuados, disruptivos o que suponen objeto de atenció n clı́nica tal y como hemos observado con los ejemplos anteriores (Iwata y Dozier, 2008). Es de especial relevancia prestar atenció n al reforzamiento automá tico, pues muchas de las actividades clı́nicamente relevantes que se acuerdan en las sesiones de terapia como en FAP y ACT son actividades que quedará n bajo este principio. De manera paralela, otra fuente de reforzamiento es el social, en donde el origen de estas consecuencias sı́ es mediado por otra persona. Es decir, una contingencia que se caracteriza por un cambio estimular consecuente que aumenta la frecuencia futura de una clase de respuesta depende de la acció n de otra persona (Vollmer y Hackenberg, 2001). Al igual que el reforzamiento automá tico, el reforzamiento social puede operar de manera positiva y de manera negativa. Algunos ejemplos de reforzamiento social positivo son precisamente los comentarios positivos o elogios que, en nuestro ejemplo, daban los cuidadores al niñ o en un primer momento despué s de cepillarse los dientes y entonces observamos que la frecuencia futura de dicha respuesta se mantiene. Otro ejemplo es cuando una persona hace una petició n asertiva a su jefe de trabajo para obtener un aumento en su salario y este lo concede, sabemos que ocurre el reforzamiento porque observamos que aumenta la frecuencia con la cual emite esas verbalizaciones asertivas. De hecho, la misma situació n terapé utica donde interaccionan dos personas, un cliente o consultante y un terapeuta de manera verbal, se dan contingencias de reforzamiento social positivo. Cada vez que el cliente emite verbalizaciones proterapé uticas o clı́nicamente relevantes de tipo 2 y entonces el terapeuta continú a indagando sobre ello o asiente a dichas verbalizaciones, ocurre una contingencia de reforzamiento social positivo porque estas verbalizaciones mantienen o aumentan la frecuencia futura de las verbalizaciones del cliente, y de manera inversa, aquellas verbalizaciones del terapeuta discriminadas ante otras del cliente, se refuerzan cuando el cliente sigue las instrucciones, asiente o mantiene la conversació n con el terapeuta. Es pues, durante la sesió n terapé utica una gran cadena de comportamientos entre el cliente y el terapeuta en donde la mayorı́a de respuestas son mantenidas por reforzamiento social positivo, eventos que se emiten por la naturaleza de la interacció n. En dichas verbalizaciones, se sabe de antemano, que es má s fá cil moldear lo que se dice acerca de lo que se hace que directamente moldear el comportamiento (Frojá n et al., 2010), sobre todo de aquellos comportamientos que ocurrirá n fuera de la sesió n y que el terapeuta no tendrá control sobre las contingencias directas que ocurren a esa respuesta. Por lo tanto, la forma de tener control sobre ellas es verbal. En este caso, durante la sesió n ocurren contingencias en donde el terapeuta realiza verbalizaciones motivadoras, anunciando una contingencia completa haciendo é nfasis en las consecuencias de manera explı́cita o metafó rica que le seguirá n a una respuesta (de Pascual y Trujillo, 2018). Estas verbalizaciones se convierten en motivadoras por el hecho de aumentar el valor de un estı́mulo como reforzador o como castigo, y aumentar la frecuencia futura momentá neamente de aquellas respuestas que con anterioridad han llevado conseguir o evitar dicho estı́mulo. Es decir, cuando se emiten estas verbalizaciones se aumenta la probabilidad de emitir las acciones de las cuales se hace menció n. En otras palabras, signi ica traer al presente las consecuencias de respuestas que se llevará n a cabo para ası́ poder aumentar la probabilidad de que se emitan en un momento especı́ ico o general. Tı́picamente, ademá s, cuando una respuesta clı́nicamente relevante de tipo 2 se emite, el terapeuta tiene que estar atento a ello para ası́ poder reforzarla y lograr gradualmente la generalizació n de esa respuesta (Kohlenberg et al., 2005). La generalizació n que se pretende lograr es tanto de contexto, que se emita en otros lugares o bajo otras condiciones de estı́mulos donde no se ha entrenado, es decir, fuera de la sesió n; como tambié n la generalizació n de respuesta, es decir, que emita una respuesta topográ icamente distinta no entrenada pero funcionalmente equivalente (pertenece a la misma clase de respuesta) (Cooper et al., 2012). Por otro lado, el reforzamiento negativo social ocurre cuando un cambio estimular es mediado por otra persona, y como consecuencia de una respuesta se elimina, posterga, previene o atrasa una estimulació n aversiva, lo cual aumenta su frecuencia futura. Un ejemplo de esta contingencia ocurre cuando una persona le pide a otra bajar el volumen de la televisió n porque se ha tornado molesta y como consecuencia de acceder a su petició n entonces el volumen se vuelve má s tenue; otro ejemplo consiste en una persona que ante sensiorar frı́o en un restaurante pide al encargado subir la temperatura; de hecho, la misma situació n terapé utica podrı́a ser un buen ejemplo, dado que al menos en un inicio, una persona puede llegar a psicoterapia para que el terapeuta le ayude a deshacerse de ciertas experiencias o situaciones. Como se puede observar, en algunos casos la distinció n entre reforzamiento positivo y negativo es bastante clara pues se vuelve incluso polarizada. Dependiendo del cambio estimular, si aparece un estı́mulo ausente dirı́amos que es reforzamiento positivo, si desaparece un estı́mulo introducido con anterioridad se tratarı́a de reforzamiento negativo. Pero en honor a la verdad, hay cambios estimulares que son algo ambiguos y no es sencillo determinar si el aumento de la frecuencia futura se debe a una contingencia de reforzamiento positivo o negativo; tanto es ası́ que algunos autores han propuesto eliminar de la literatura esta distinció n basada en el tipo de cambio estimular quedá ndose solo el té rmino de reforzamiento como una forma de referirse a una contingencia que mantiene o aumenta la frecuencia futura y demá s dimensiones de una clase de respuesta dependiente del contexto en el cual ocurre y distinguié ndolo solo de las contingencias de castigo (Baron y Galizio, 2005; Michael, 1975). Reforzamiento natural y arbitrario La FAP insiste en que pueden existir problemas al momento de reforzar las respuestas de los clientes cuando se utilizan reforzadores “no naturales”, esto quiere decir que cuando se utilizan reforzadores como comestibles, tangibles o actividades la respuesta clı́nicamente relevante solo aparecerı́a en presencia del terapeuta o cuando el cliente esté interesado en la misma consecuencia (Kohlenberg y Tsai, 2014) y a esta forma de reforzar le han llamado “arbitrario” por ser consecuencias arti iciales que el terapeuta podrı́a otorgar y no las consecuencias naturales de la misma conducta. Por ello, se ha propuesto que la FAP proporcione el reforzamiento natural a las respuestas funcionalmente equivalentes de las mejorı́as de la vida diaria, es decir, las conductas clı́nicamente relevantes de tipo 2. Sin embargo, este planteamiento de FAP puede volverse confuso en algunos puntos. Parece ser que cuando se re iere al reforzamiento natural habla del reforzamiento automá tico, y cuando se re iere al reforzamiento arbitrario se re iere al reforzamiento social. Pero lo que la FAP considera natural no siempre es automá tico, ni lo arbitrario siempre es social. Un ejemplo de ello se re iere a que el reforzamiento natural es el que una persona encontrarı́a en la vida cotidiana, como en el caso de ser má s asertivo, pues dado que fuera de la consulta no le seguirı́a una felicitació n como reforzamiento sino el cumplimiento de la petició n que realice. Un aná lisis má s detallado mostrarı́a que, si bien el cumplimiento de la petició n asertiva serı́a lo natural, este no es automá tico, sino social porque está mediado por otra persona (Vollmer y Hackenberg, 2001). Lo mismo pasarı́a en sesió n terapé utica, el cliente verbaliza una conducta clı́nicamente relevante tipo 2 y el terapeuta indaga con curiosidad acerca del tema que el cliente habla y entonces se mantiene la conversació n; dirı́amos que es un reforzamiento natural porque no le sigue una felicitació n o cualquier otro reforzador considerado arbitrario, sino el mantenimiento de una genuina conversació n, pero que la conversació n se mantenga es propio de una fuente de reforzamiento de tipo social. Un cliente con problemas agorafó bicos y sociales puede proponerse “premiarse” prepará ndose su platillo favorito solo y siempre y cuando asista a su sesió n grupal cada que tiene agendada la sesió n; dado que es una forma de “motivarse” a salir de casa, dirı́amos que este es un tipo de reforzamiento arbitrario porque naturalmente por salir no obtendrı́a su platillo favorito, sin embargo sı́ que prepararse su platillo favorito hace que valga la pena el salir de casa y asistir a su sesió n semanal de grupo. Este tipo de contingencia (que es má s dependiente de una respuesta y un poco má s alejado en proximidad temporal) podrı́a ser lo que al menos inicialmente mantenga las respuestas de asistencia al grupo, y no tendrı́a nada negativo el que ası́ fuera. Otra cuestió n de este punto de vista, es sobre la amplitud del reforzamiento, mientras que el reforzamiento natural tiene efecto sobre una clase de respuesta amplia los arbitrarios son má s reducidos. Kohlenberg y Tsai (2014) nos ofrece un ejemplo de esto, si a un niñ o con dislexia se le pretende enseñ ar a leer, utilizar reforzamiento arbitrario serı́a “limitado y contraproducente”, pues tendrı́a que decidir que respuestas reforzar y cuales castigar. En este mismo ejemplo se plantea que leer un comic en lugar de un libro serı́a castigado por el profesor, y que tomando en cuenta el reforzamiento natural, leer el có mic o algú n otro folleto serı́a reforzante para el niñ o de manera inherente por la informació n que le proporciona o el entretenimiento. La conclusió n a la que llegan los autores es una conclusió n bastante interesante, pero a la vez algo prematura desde la perspectiva analı́ticoconductual, ya que un niñ o que sepa leer aunque no sea tan diestro en la lectura (como en la dislexia) tomará un có mic o un folleto, pero si aú n no sabe leer (es decir, en su repertorio conductual no está n las respuestas verbales textuales) aunque tome los có mics o folletos no los leerá , y para que ello comience a suceder, ademá s de lo llamativo que puedan ser los dibujos o colores, muy probablemente se tendrá que utilizar algú n tipo de reforzamiento social o arbitrario como un elogio o felicitació n para que posteriormente sus respuestas queden bajo reforzamiento automá tico. Sin tomar en cuenta tambié n que a priori, no podrı́amos a irmar que un có mic sea un reforzador para las respuestas de lectura de un niñ o, un niñ o podrı́a leerlos sin disfrutar de ellos. Lejos de los cuestionamientos que se le puede hacer a estos planteamientos sobre las contingencias de mantenimiento en un sentido funcional, parece ser que cuando FAP habla de reforzamiento natural se re iere má s a que son las consecuencias que cotidianamente se encontrará n má s a menudo en la vida diaria, y en ese aspecto es bastante ú til seguir esa directriz. Má s allá de indagar si un reforzamiento es automá tico o social, algo bastante ú til e interesante a la hora de analizar una situació n terapé utica que tiene como objetivo reforzar las verbalizaciones proterapé uticas serı́a preguntarse si lo que el terapeuta otorgará como consecuencia es lo que normalmente se obtiene en la vida diaria. Este paso podrı́a ahorrar tiempo en la intervenció n dado que no serı́a necesario pasar “por otra etapa” antes. Reforzamiento en grupos En este presente libro, el tema principal gira entorno a las aplicaciones en grupo de FAP y ACT, y en este capı́tulo no será la excepció n para hablar sobre la aplicació n de contingencias de reforzamiento en grupo. Y es que, si bien es cierto que el reforzamiento se de ine por su funció n sin importar morfologı́as, cabrı́a preguntarse có mo es que un mismo estı́mulo puede reforzar a todo un grupo de personas. Una de las cuestiones que vienen a cobrar especial relevancia a la hora de hablar sobre el reforzamiento de grupo es que, por lo general, en un grupo terapé utico hay personas que pertenecen a una misma comunidad verbal, es decir, personas que hablan el mismo lenguaje, con las mismas expresiones y con experiencias muy semejantes que ocurren al estar expuestos al mismo contexto o variables disposicionales (Moore, 2003). Esto quiere decir que, las personas de un grupo viven en una misma sociedad en donde experimentan los cambios que suceden en el ambiente, y en donde las historias de aprendizaje, en algú n punto, tienen bastantes vertientes en comú n. Hay que recordar tambié n que una sesió n terapé utica es una situació n donde hay dos o má s personas interactuando, y las cadenas comportamentales que en su mayorı́a se refuerzan por contingencias sociales-verbales son posibles solo si utilizan el mismo lenguaje, de otra forma serı́a prá cticamente imposible que ası́ fuera dado que no existe un lenguaje privado en el aspecto de ser dominado o propio de una sola persona (Froxá n, 2020). Aunque tambié n existen investigaciones de contingencias grupales utilizando el reforzamiento social en pequeñ os grupos de personas con poco repertorio verbal como en el caso de los niñ os (Tosi et al., 1971; Ward y Baker, 1968), pero aú n con ello, los niñ os pertenecen a la misma comunidad verbal y aunque no tengan un repertorio amplio de palabras, sı́ que se comportan de manera verbal. Entonces, el lenguaje no es má s que conducta verbal; y cuando hablamos de verbal se re iere a que es comunicativa y de inida funcionalmente. Podemos de inir a la conducta verbal como vocal o de otro tipo mantenida por sus efectos en la audiencia o los oyentes (Skinner, 1957). No importa la forma que tome la manera de comunicar, incluso si es privada (en el aspecto de encubierta), sino el efecto que tiene sobre el ambiente, en este caso social, una comunidad verbal. La psicoterapia analı́tica funcional tiene como punto de partida esto, el estudio del lenguaje o un interé s central en la conducta verbal controlada por eventos directamente observados (Kohlenberg y Tsai, 2014), y cada vez que el terapeuta observa el efecto de lo que dice sobre las respuestas de los oyentes puede entonces discriminar si seguir utilizando esas verbalizaciones o cambiarlas. En un grupo terapé utico tambié n podemos observar un elemento adicional, el fenó meno llamado reforzamiento modelo, que consiste en que cuando un miembro del grupo observa las consecuencias de la emisió n de una respuesta ajena (de otro integrante del grupo) son reforzantes, es decir, incrementa la frecuencia futura, el observador tiende a imitar ese comportamiento para igualmente recibir una consecuencia semejante (Warner y Hansen, 1970), algo bastante ú til dentro de las sesiones en grupo (Krumboltz y Thoresen, 1964). Por ejemplo, si en un grupo de personas con problemas de alcoholismo uno de sus integrantes ha logrado dejar de emitir respuestas de beber alcohol (despué s de un proceso de evaluació n funcional y de intervenció n, claro) y que ademá s, ha comenzado a emitir respuestas má s constructivas y alternativas a las respuestas objetivo a disminuir, como practicar algú n deporte, tener má s dinero por no gastar en alcohol, pasar tiempo de calidad haciendo mú ltiples actividades en familia, etc., y entonces lo verbaliza en el grupo, no tan solo está contando acerca de los bene icios de dejar de tomar alcohol en exceso y có mo es que esto ha impactado en su vida, sino que ademá s puede crear operaciones motivadoras y llevar a que otros miembros del grupo imiten estas respuestas esperando obtener las mismas contingencias de reforzamiento. En casos como el anterior, a sabiendas que el grupo ofrece ya de por sı́ mú ltiples ventajas, de esta forma se puede explicar có mo grupos de autoayuda como los de alcohó licos anó nimos resultan en varias ocasiones tener é xito aú n sin el acompañ amiento de un profesional de la salud o un psicoterapeuta dirigiendo la sesió n. Ademá s, diversos estudios (Hunt y Azrin, 1973; Miller et al., 1999; Lash et al., 2004) demuestran que el reforzamiento social a los comportamientos que suponen una mejorı́a, no tan solo incrementa la frecuencia futura de las respuestas proterapé uticas e incita a demá s a llevar a cabo acciones parecidas, sino que tambié n mejora la adherencia al tratamiento y postratamiento incrementando la asistencia a las sesiones grupales y duplicando las tasas de abstinencia en el caso de grupos como el del ejemplo. En los grupos terapé uticos, no tan solo se obtienen los bene icios del reforzamiento, sino que tambié n los integrantes del grupo se sienten entendidos y validados cuando se encuentran con personas el cual atraviesas problemas semejantes a los suyos. Incluso, algunos integrantes del grupo, por lo general los que llevan má s tiempo en é l, tienen a acuerpar a los nuevos integrantes, muchas veces aconsejá ndolos o sirviendo de modelo para los novatos (Linehan 2003; Telch et al., 2000). Contingencias grupales Una sesió n de psicoterapia grupal, como hemos visto, ofrece grandes ventajas por la naturaleza que la con igura, sobre todo en aquellos contextos donde los recursos de intervenció n son limitados, como la economı́a, el recurso humano, el tiempo o la urgencia de intervenció n. Por ello, las contingencias de grupo son una buena opció n cuando lo que se pretende es tener ventajas agregadas a las que ya de por sı́ ofrece una intervenció n psicoló gica. Una contingencia grupal se de ine como una consecuencia comú n (ya sea de reforzamiento o de castigo) que se aplica a un grupo de personas, a solo unos cuantos miembros del grupo o con un solo integrante de ese grupo e incluye metas y criterios establecidos (Wilder, 2011). La aplicació n de las contingencias de reforzamiento en grupos ha sido ampliamente estudiada, y hay varias razones para utilizarlas de manera grupal (Gresham y Gresham, 1982; Litoe y Pumroy, 1975; Maggin et al., 2017): a) es má s fá cil utilizar la misma consecuencia a todos los miembros del grupo que aplicarla de integrante en integrante, esto ahorra tiempo y esfuerzo por parte del terapeuta; b) ademá s de que se ahorra tiempo, tambié n se ahorran recursos econó micos, pues utilizando intervenciones y contingencias grupales se avanza a un paso má s acelerado que si se interviniera de manera individual; c) requiere menos terapeutas, al tiempo de que se avanza má s rá pido con má s personas igualmente requiere de menos profesionales para que esto suceda, de manera contraria si fueran intervenciones individuales tendrı́a que haber má s terapeutas o bien el terapeuta tener má s horas de sesió n; d) a veces una consecuencia individual no es tan prá ctico, es difı́cil conocer o recordar la historia de aprendizaje de cada integrante del grupo, sobre todo si son grupos numerosos, y la aplicació n de contingencias grupales se puede utilizar para una amplia variedad de personas y de respuestas; e) el grupo puede auto-aplicarse las contingencias si las conoce, los miembros del grupo pueden estar pendientes de los comportamientos de los demá s. Contingencias grupales independientes Una contingencia grupal independiente consiste en presentar una contingencia todos los miembros del grupo, pero la consecuencia que es el reforzador solo se entrega a aquellos miembros del grupo que cumplan de manera independiente los criterios establecidos por la contingencia (Brantley y Webster, 1993). Por ejemplo, en un grupo para personas que requieren bajar de peso, se establece como criterio cumplir un determinado tiempo de ejercicio fı́sico diariamente, el cual tienen que llevar un puntual registro donde se establezca el mı́nimo de tiempo de ejercicio. Si una persona cumple 6 dı́as de la semana el tiempo mı́nimo de ejercicio, el dı́a de la sesió n tendrá n privilegios, como tomar café , una gaseosa y comentar sus avances en la terapia. Es una contingencia de reforzamiento grupal independiente porque el criterio aplica para todos los miembros del grupo, todos pueden de manera independiente llevar a cabo el tiempo mı́nimo de ejercicio y su registro, pero solamente aquellos que cumplan el criterio tendrá n la consecuencia previamente establecida, es decir, los privilegios. Contingencias grupales dependientes Una contingencia grupal dependiente se caracteriza por la aplicació n de una contingencia de reforzamiento para todo el grupo que solamente depende de las respuestas de un miembro del grupo o de un pequeñ o subgrupo (Vidoni y Ward, 2006). Es decir, depende de la actuació n de una persona o de un pequeñ o subgrupo que todos los demá s miembros del grupo reciban el reforzamiento previamente establecido en la contingencia. Por ejemplo, en un grupo terapé utico de personas con problemas fó bico-sociales se establece que aquellas personas que se vayan integrando al grupo se presenten y canten una canció n para los demá s miembros (dado que esto serı́a una forma de exponerse a situaciones de escrutinio y una posible conducta clı́nicamente relevante de tipo 2), si la persona que se va integrando lo realiza, todo el grupo puede tener un tiempo de descanso para tomar algo o salir a fumar un cigarrillo. Es una contingencia dependiente porque depende del nuevo miembro que se integra al grupo que los demá s puedan tener una consecuencia reforzante, como el tener un descanso entre una larga sesió n; es una contingencia previamente establecida que solamente ocurre si el nuevo integrante cumple con ese criterio. Muchas veces este tipo de contingencias mejora las relaciones entre los miembros del grupo, dado que al depender de uno o unos cuantos las consecuencias establecidas los integrantes restantes pueden animar al miembro elegido a llevar a cabo la acció n requerida (Kerr y Nelson, 2010). Contingencias grupales interdependientes Una contingencia grupal interdependiente es caracterizada por ser una contingencia en donde para que el grupo reciba el reforzamiento todos los miembros deben igualmente cumplir con el criterio de la contingencia previamente establecido (Kelshaw-Levering et al., 2000). En otras palabras, se trata de todos o nadie. Este tipo de contingencias puede mejorar la colaboració n entre todo el grupo, dado que se trata de que el grupo en conjunto pueda conseguir el criterio y no es una competició n entre ellos. Por ejemplo, todos los miembros del grupo con comportamientos depresivos tienen que haber realizado mı́nimo 4 actividades de los que han escogido y planteado en su formato de programació n de actividades que se le ha otorgado al inicio de la terapia. Si todos los miembros cumplen con ese criterio al inal de la semana podrá n tener la sesió n en el patio, o tendrá n cupones que pueden intercambiar por descuentos en algunos restaurantes. Conclusiones En este capı́tulo abordamos algunas cuestiones sobre los principios de reforzamiento, haciendo mayor é nfasis en el reforzamiento positivo. Dado que hay varias formas de sub-clasi icar a las contingencias de reforzamiento, aquı́ se abordaron de manera breve cada una de ellas. Ya sea por el tipo de cambio estimular, por sus propiedades formales, o por sus fuentes u origen, y se trata de aclarar la distinció n que hace la psicoterapia analı́tica funcional entre reforzadores naturales y arbitrarios partiendo de la clasi icació n de origen de los reforzadores, es decir, de manera automá tico o social. Tambié n se ha abordado algunas re lexiones sobre có mo es que las contingencias verbales que se aplican en un grupo de psicoterapia funcionarı́an de manera semejante en la mayorı́a de integrantes de dicho grupo. Se ha comentado que debido a que hemos crecido en una misma comunidad verbal, con un mismo lenguaje, expuestos a la misma cultura y tradiciones, es muy probable que tengamos repertorios de comportamiento muy semejantes y que, de igual forma, se hayan desarrollado a lo largo de una historia de aprendizaje parecida en muchos puntos. Despué s de todo, teniendo en cuenta las de iniciones funcionales de las contingencias de reforzamiento, es necesario no con iar y a priori a irmar que ciertas topografı́as será n reforzadores para ciertas clases de respuesta de ciertos integrantes. Hasta la fecha, no hay un concepto que prediga con seguridad cuá ndo un cambio estimular funcionará como reforzador o como castigo, solo podemos a irmarlo despué s de observar el efecto que tenga sobre la respuesta, es decir, cualquier cambio en la tasa u otras dimensiones de la respuesta. Por lo tanto, tampoco existe una condició n inherente o está ndar en los estı́mulos que determine su estatus como una contingencia de reforzamiento. Ni si quiera los reforzadores incondicionados o primarios que no dependen de un aprendizaje previo funcionan de esa manera, pues el efecto de estos estı́mulos depende de la motivació n, o para má s correcto, de las operaciones motivadoras que cambien o alteren el valor de dicho estı́mulo como reforzador (Frojá n et al., 2010). Tambié n se ha abordado las distintas estrategias de contingencias grupales: independiente, dependiente e interdependiente. Estas estrategias cuyo valor es bastante alto cuando se considera que al frente de un grupo no siempre es viable tener contingencias distintas para cada persona, ademá s de que estas estrategias ahorran, tiempo, dinero y recurso humano. En honor a la verdad, este capı́tulo no pretende ahondar exhaustivamente en toda la teorı́a relacionada a las contingencias de reforzamiento, pues como podrá n darse cuenta, han faltado mencionar cuestiones bá sicas pero importantes como las operaciones de establecimiento a detalle, las variables disposicionales, los reforzadores condicionados e incondicionados y, sobre todo, la mejor forma de evaluar y explicar el comportamiento, el aná lisis funcional. Sin embargo, por cuestiones de extensió n y de contenido no es posible plantearlos en este solo capı́tulo. Para tener una comprensió n e icaz de las contingencias de reforzamiento se requiere una comprensió n e icaz de todos los conceptos que las componen, y se recomienda hacerlo. Aun ası́, el contenido de este capı́tulo puede ser ú til en medida que se complemente con otros contenidos a profundidad y detalle, tanto de las mismas contingencias de reforzamiento como con las estrategias y recursos terapé uticos planteadas en este libro. 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Una visión de la terapia cognitiva-comportamentalcontextual (Gerardo Salinas) El uso de la tecnologı́a hoy en dı́a podrı́a evocar muchas opiniones en pro y en contra de uso continuo de manera social, sin embargo, el aná lisis encaminado a su implementació n en el campo de la salud debe llevar mucho trabajo de por medio para realizarlo de manera é tica y sobre todo funcional al abordar a un paciente, si a esto sumamos que su uso debe ir siempre acompañ ado como regla de la evidencia en el trabajo psicoterapé utico, podemos asumir que el impacto que tendrá en los consultantes es alto y por lo tanto potenciar la modi icació n de la conducta que parte como uno de los objetivos prioritarios al intervenir en problemá ticas psicoló gicas. Bien es sabido que existen muchas herramientas que hoy en dı́a se usan para acortar brechas de comunicació n, econó micas, sociales y culturales, no todas representan un cambio potencial duradero si está s no se ven estudiadas y sobre todo en marcadas desde un macro-aná lisis funcional, pero otras tantas pueden resultar alentadoras, ú tiles, potenciadoras y por qué no, necesarias en el campo de la clı́nica. Una de ellas podrı́a ser las redes sociales, que, si se da un uso psicoeducativo, podrı́a generar un campo de intervenció n basado en la prevenció n de diversas di icultades del dı́a a dı́a. Otra como las herramientas de consulta online, que al principio plantearon muchas interrogantes y di icultades al momento de realizar una evaluació n-intervenció nprevenció n, hoy se vuelven un camino a seguir en lo que a atenció n se re iere, pues permite reducir costos de consulta, acortar tiempos de traslado (muchas veces problemas por los cuales se abandona la terapia), brindar atenció n inmediata y comunicar a profesionales de una manera má s rá pida y breve, ademá s de que se amplı́a la gama de posibilidades para la elecció n de un profesional de la salud. La llamada telesalud o telepsicologı́a, de inida como el uso de las tecnologı́as de la informació n y comunicació n para facilitar el proceso de evaluació n, diagnó stico, intervenció n, seguimiento, supervisió n y educació n. Existen algunas ventajas y desventajas que muestran los usos de estas herramientas en el abordaje clı́nico, la primera ventaja es que libera al paciente de la estigmatizació n y le da la oportunidad de mantener en privado su tratamiento. Una segunda ventaja está vinculada a la movilidad: las personas con movilidad reducida o alejadas geográ icamente pueden encontrar en los tratamientos por internet una buena alternativa. La tercera está vinculada a las di icultades inherentes a los sı́ntomas de una enfermedad o un trastorno, como la agorafobia, que lleva a los pacientes a permanecer habitualmente en sus casas. La cuarta se relaciona con la lexibilidad en el acceso y el tiempo, permitiendo que se pueda acceder a cualquier hora, en funció n de la disponibilidad de cada uno. Por ú ltimo, una ventaja adicional es econó mica, el coste de estos programas suele ser má s bajo que el de los tradicionales. Por otro lado, tambié n esas revisiones y metaaná lisis han identi icado desventajas. Estas se pueden resumir en que no todos los programas siguen un procedimiento riguroso y empı́ricamente validado el acceso de los pacientes al programa no siempre se controla y no suele haber control sobre la iabilidad de las respuestas de los pacientes. No siempre hay control sobre el trabajo terapé utico (tareas, autorregistros…), lo que signi ica que no hay un control real sobre la adhesió n al tratamiento. No todos los programas incluyen mecanismos mediante los cuales el paciente puede ponerse en contacto con el terapeuta y aclarar dudas. Pocos estudios incluyen evaluació n postratamiento para garantizar la seguridad de la informació n obtenida. Finalmente, no es usual que se disponga de datos de seguimiento, por lo que la informació n sobre la consolidació n de las ganancias se ve limitada (Peñ ate, Roca & Del pino, 2014). Y existen má s tecnologı́as que podrı́amos mencionar usadas en el proceso terapé utico, como la realidad virtual para el tratamiento de trastornos de ansiedad o el bio-neurofeedbcak que lejos de ser herramientas, se han vuelto tras la psico isiologı́a clı́nica, un proceso de trabajo con los pacientes para poder regular respuestas isioló gicas condicionadas y que avanzan a pasos grandes para posicionarse como modelos de uso habitual en diversas alteraciones. Al no ser tema de este capı́tulo, no profundizaremos en ellas, sin embargo, no descartamos en un futuro inmediato retomarlas, pues su uso podrı́a potencializar el trabajo desde la FAP, ACT, DBT, REBT y TC. Una de estas tecnologı́as a la cual nos enfocaremos para darle entrada y promover ciertos bene icios aun por investigar, es el del vı́deo, visto a travé s de la grabació n de las sesiones por parte del terapeuta a los pacientes, para despué s ser usadas para su aná lisis por parte del mismo terapeuta-paciente durante las sesiones, promover el aná lisis tanto funcional como cognitivo, llevar a la modi icació n de conducta a travé s del feedback guiado e incentivar la lexibilidad. Psicoterapia Analítico Funcional y Terapia Cognitiva Comportamental Son bien conocidas las diferencias entre estos modelos psicoterapé uticos hoy en dı́a, pese a no estar de acuerdo con el uso del té rmino generació n para diferenciarlas, pues no representan un salto de renovació n o de avance contrastante en su evidencia, si tienen puntos de discrepancia bien marcados y que pueden llevar y promover una conceptualizació n distinta del trabajo clı́nico. Pese a eso, soy creyente que el trabajo de una puede apoyar al de otra y viceversa, en este caso me permitiré hacer uso de la Psicoterapia Analı́tico Funcional para dar aporte a la TCC en el trabajo de la relació n terapé utica, el proceso de las conductas observadas y la modi icació n de cogniciones a travé s del video-aná lisis. Como es bien sabido, la psicoterapia analı́tico funcional (FAP) se torna má s allá de una modalidad clı́nica de intervenció n para ser una tecnologı́a altamente e icaz para la potencializació n de estrategias y herramientas de trabajo en el á mbito de la clı́nica psicoló gica. Para estas alturas del capı́tulo, seguramente ustedes ya conocen bien lo que es la FAP, pues expertos autores en la temá tica la han detallado de mande soberbia y solo hare menció n de manera muy generalizada para enfocar má s mi trabajo a los bene icios del uso de la tecnologı́a moderna o no tan moderna, pero de má s sencillo acceso y costo al servicio del paciente en consulta. Cabe mencionar que la informació n vertida en este capı́tulo no representa la opinió n de los autores que participan en la totalidad del libro y que como todo modelo que se sustenta en evidencia, está sujeta a aná lisis y por consiguiente a su debate mismo. Y para empezar de iniremos brevemente lo que es la FAP, esta surge por los añ os 90´s como una forma de representar al aná lisis de la conducta a travé s de las bases del conductismo radical y enfatizar las contingencias que se dan durante el proceso psicoterapé utico y este lo veremos desde su contexto, el reforzamiento y el moldeamiento que se llevan a cabo. Tambié n hay que recalcar que a travé s del aná lisis funcional de la conducta se hace hincapié en la relació n terapé utica má s como una condició n naturalmente dada y no como un lugar para fabricar resultados obligados. Como una alternativa a la terapia de conducta clá sica y a la terapia cognitivo-conductual. Comparte con otras terapias de esta generació n los avances en el estudio de la conducta: las relaciones de equivalencia entre los estı́mulos, la conducta gobernada por reglas, el aná lisis funcional del lenguaje, y su repercusió n para la comprensió n de la conducta cognitiva y las conductas emocionales (Ferro, Valero & Ló pez, 2009). En primer lugar, se resalta la importancia de lo que el cliente hace y dice en la propia sesió n, directamente ante el terapeuta. Esas conductas observadas directamente en la terapia son conocidas como Conductas Clı́nicamente Relevantes (CCR). Se diferencian tres tipos de conductas que el terapeuta debe aprender a identi icar como objetivos terapé uticos. Las CCR tipo 1 son los problemas del cliente que ocurren durante la sesió n. Suelen estar bajo control de estı́mulos aversivos y, por tanto, podrı́an ser entendidas como conductas de evitació n. Estos problemas de los clientes pueden implicar pensamientos, percepciones, sentimientos, visiones, recuerdos, etc. Las CCR tipo 2 son las mejorı́as del cliente que ocurren durante la sesió n. En las CCR tipo 3 se incluyen las interpretaciones del cliente de su propia conducta y lo que cree que la causa. Implican observaciones y descripciones de la conducta de uno mismo y de los estı́mulos reforzantes, discriminativos y elicitadores que está n asociados a ella (Ferro, Valero & Ló pez, 2007). Por lo tanto, se trata de utilizar la propia relació n terapé utica para potencializar el cambio del consultante en un tiempo presenteinmediato, durante la consulta y que se adapta a cada paciente haciendo é nfasis en el aná lisis. Kohlenberg y Tsai (Kohlenberg, Tsai, Ferro, Valero, Ferná ndez & Virué s-Ortega, 2005) a irmaron que la FAP, un poderoso tratamiento por sı́ mismo, es tambié n una aproximació n integradora que puede ser combinada con prá cticamente cualquier otro tipo de terapia con resultados siné rgicos. Valora enormemente las oportunidades de aprendizaje in-vivo, es decir, la aparició n real de los problemas del paciente en su interacció n con el terapeuta. Tambié n desarrollaron un modelo de tratamiento conocido como terapia cognitiva mejorada por FAP (TCMP). La TCMP implica dos avances sobre la terapia cognitiva convencional. En primer lugar, el fundamento general para las causas y tratamiento de la depresió n está diversi icado, incluyendo varias causas posibles ademá s de la hipó tesis cognitiva (por ejemplo, la depresió n es el resultado de creencias y pensamientos irracionales). Ası́, a los clientes se les comunica que la depresió n puede deberse a duelos personales no elaborados, a la familia nuclear o a la historia personal, a la falta de experiencias asociadas con sensaciones de dominio y placer, a sensaciones de ira dirigidas hacia uno mismo, a no tener acceso a relaciones de intimidad por un dé icit de habilidades, etc. Está diversi icació n del fundamento teó rico permite ajustar con mayor precisió n el tratamiento con el cliente. Un segundo avance sugerido por este enfoque es el uso de la relació n terapé utica como una oportunidad a tiempo real para aprender nuevos patrones de pensamiento y crear mejores relaciones. Una manera de ejempli icar el manejo de la FAP en la TCC es entender primero la relació n existente entre los elementos de trabajo que establece el paradigma A-B-C, en donde A= Evento o situació n activadora; B= Sistema de creencias compuesto por las demandas (consideradas pilar de la alteració n psicoló gica del paciente), y allı́ considerando a la triada cognitiva como un elemento de importancia pues detalla y enmarca la visió n que tiene de sı́ mismo, los otrosexperiencias y el futuro determinando por sus acciones y como ú ltimo elemento la C=consecuencias que pueden ser emocionales, comportamentales, isioló gicas, cognitivas y se añ ade las ambientales. Si analizamos bien este subsecuente, podemos ver que pareciera una formula o suma de elementos que determinan un resultado de manera lineal, por lo tanto, el pensamiento que se tiene de la situació n determinará nuestra reacció n. Esto resulta un tanto incorrecto, pues posterior al desarrollo de la TCC por los añ os 60´s, diversos autores y pioneros reformularon la expresió n señ alando que no corresponde a un proceso lineal, sino intrı́nsecamente relacionado, donde el sujeto al interaccionar con A puede desarrollar un B o C y no necesariamente C es una consecuencia de B, pues C tambié n puede ser licitado por la historia de reforzadores existentes en el sujeto. Entonces A pasa a ser un antecedente continuo en la historia de aprendizajes que si pudiesen determinar una B o C directa al estı́mulo activador. Fig 1. Se muestra el sistema cognitivo conductual explicativo de primer inicio visto de manera lineal frente al sistema de segunda aparició n que muestra un cambio interaccional. Pese a eso, muchos aú n mantienen la idea de que la TCC solo se centra en los pensamientos del paciente como ú nico generador de cambio a partir de su reestructuració n. Dato erró neo tomando en cuenta los cambios que se han dado desde su aparició n. Cabe añ adir que el trabajo clı́nico siempre se ha centrado en dotar de condiciones y herramientas a los pacientes para manejar sus problemá ticas, se enfoca de manera directa en la persona como agente activo no dejando de lado al medio, pero si centrando sus esfuerzos en el individuo y no tanto en una relació n intrı́nseca entre sujeto-entorno como lo hace la FAP. Aquı́ es a donde esta terapia da un aporte vital, basado en valores y con evidencia del cambio a partir de las contingencias dadas y potencializando el cambio de conducta y por qué no, cognició n. La teorı́a subyacente a la PAF no a irma que otros tipos de intervenciones (por ejemplo, dar consejo, usar tareas, terapia cognitiva, entrenamiento en habilidades sociales) no sean e icaces, simplemente se a irma que las intervenciones en tiempo real (in vivo) son má s poderosas e incrementan la probabilidad de resultados terapé uticos positivos. Ahora, có mo podemos entender la relació n intrı́nseca de los elementos antes citados del ABC de la TCC frente a una concepció n algo distinta pero bien estructurada de la FAP. Para ello tomaremos en cuenta los principios a los que subyace su trabajo, y está fundamentado en el estudio del comportamiento y las reglas del aprendizaje. Desde el punto de vista de FAP, los principios del aná lisis del comportamiento operan en cualquier contexto humano por lo cual la interacció n consultante-terapeuta no es ajena a dichos principios. De acuerdo con dicha perspectiva, el comportamiento aumenta o se fortalece mediante un proceso llamado reforzamiento, donde la consecuencia del comportarse da con una condició n o estı́mulo denominado “reforzador”. Cuando el comportamiento queda sin refuerzo tiende a debilitarse y puede desaparecer del repertorio del sujeto; a este proceso se lo llama extinció n. De manera especı́ ica, en la FAP, el terapeuta analiza el comportamiento del cliente fuera y dentro de sesió n con el in de establecer las funciones que comparten las conductas de é ste en los dos contextos, haciendo uso de una formulació n de caso que le permite al clı́nico organizar la informació n y determinar las acciones terapé uticas idó neas para fomentar el cambio en sesió n, ademá s de discriminar las conductas del terapeuta que podrı́an propender por el cambio, o las que podrı́an ir en detrimento del consultante de no ser intervenidas o estar bajo la atenció n del clı́nico. Los comportamientos del cliente que se identi ican como problema y objetivo en sesió n se denominan Comportamientos Clı́nicamente Relevantes (CCR) (Muñ oz & Coletti, 2015). Desde la PAF y dentro de la tradició n conductista má s consolidada se consideran conductas no só lo las acciones observables sino tambié n fenó menos como pensar, sentir, ver, conocer o creer, con independencia de su cará cter pú blico o privado. Concretamente consideran que las cogniciones con las que se trabajan en el contexto clı́nico implican diferentes tipos de conductas, entre las que se incluyen: conducta moldeada por las contingencias, conducta gobernada por reglas, y dos tipos de conducta verbal denominados tactos descripciones y mandos demandas, peticiones. Se considera que los tipos de conducta verbal má s importantes son los que la persona dirige hacia sı́ misma. Estas conductas verbales son analizadas en té rminos del aná lisis funcional de la conducta verbal desarrollado por Skinner (1957/1981) y aplicado en contextos clı́nicos. Los productos cognitivos (pensar, razonar, creer, categorizar) serı́an conductas verbales conscientes de tipo privado (Ferná ndez & Ferro, 2006). Ası́ como desde esta perspectiva diferentes fenó menos psicoló gicos como las cogniciones (productos cognitivos), emociones y otras acciones observables (verbales o no) son consideradas conductas, las relaciones entre ellas son entendidas en té rminos de relació n conductaconducta. En esta relació n ninguna de las conductas tiene preeminencia sobre otras, ni diferente naturaleza, ni tiene por qué jugar un papel mediador o determinante de las demá s. Es má s, se considera quedada la complejidad del comportamiento humano limitar las relaciones entre los fenó menos psicoló gicos aludidos al clá sico modelo ABC parece poco razonable, por lo que no deben excluirse explicaciones alternativas. Fig 2. Relaciones entre A (eventos antecedentes), B (creencias, pensamientos, cogniciones) y C (consecuencia conductual o emocional) segú n la PAF (Ferná ndez & Ferro, 2006). En el cuadro anterior se puede apreciar las relaciones entre los elementos del ABC que propone la TCC, la I implica la noció n lineal ya antes detallada, y las siguientes las combinaciones que se pueden derivar, por ejemplo, en la IV en donde la conducta es regida por el evento antecedente seguida de la racionalizació n o intento de por parte del individuo. Como bien mencionan los autores, no es algo sencillo entender estas relaciones, y llevarlas al aná lisis clı́nico implica el uso de una potente herramienta para hacerlo e invertir su disfuncionalidad a cambios terapé uticos efectivos. En la Fig 3. ejempli ico que el trabajo desde la FAP y la TCC es posible entendiendo lo anterior expuesto. Ası́ en el contexto de las sesiones clı́nicas, el papel de la relació n terapé utica juega un papel fundamental para la modi icació n no solo de las conductas clı́nicamente relevantes, de las conductas problema en general y de las mismas creencias irracionales. Si bien dentro de la sesió n clı́nica en el contexto de la relació n terapé utica, el proceso de cambio viene dado por el aná lisis de las historias de aprendizaje entendié ndolo por medio de los procesos bá sicos, el aná lisis de las cogniciones a travé s del sistema conformado de creencias (sea cual sea el modelo de uso Beck-Ellis), entendiendo bien la relació n entre sus creencias intermedias, nucleares, demandas y evaluaciones, y por ú ltimo, el aná lisis funcional de la conducta, que como bien sabemos, es una potente forma que permite la identi icació n de relaciones. Por lo tanto (Delgado, Gonzá lez-Gordon & Navarro 2014), permite a los clı́nicos determinar las causas ambientales de los problemas de comportamiento, que pueden conducir al desarrollo de intervenciones e icaces basadas en reforzamiento. Habitualmente, el aná lisis funcional implica la manipulació n de los antecedentes y consecuentes que comú nmente ocurren cuando aparecen los problemas de conducta. Esta metodologı́a de evaluació n conductual ha sido ú til para evaluar los problemas de conducta de una amplia variedad de condiciones. La mayorı́a de los problemas de conducta está n vinculados a un conjunto de consecuencia predecibles. La comprensió n de estas consecuencias especı́ icas permite el diseñ o de intervenciones má s efectivas e individualizadas. El aná lisis funcional facilita la comprensió n de có mo una conducta problemá tica concreta es controlada por eventos ambientales. Tambié n delimita las consecuencias (funciones) que han sido mostradas que mantienen el comportamiento y los estı́mulos antecedentes. Una potente derivació n de aná lisis funcional es que cuando se identi ican las consecuencias especı́ icas que mantiene la conducta problemá tica, se pueden utilizar para desarrollar respuestas adaptadas que se convierten funcionalmente sustitutas equivalentes para el problema de conducta. Por medio de estos cambios, es como puede dar paso a un lugar para promover un cambio personal del cliente, trabajando de manera tan natural que los resultados se generalicen por sı́ solos. Nunca olvidemos que, aunque se hable de cogniciones, estas deben ser entendidas como conductas verbales y una interrelació n conducta-conducta, aquella que se va a analizar, modi icar y reforzar. Fig 3. Diagrama que muestra la interrelació n existente entre las formas de aná lisis a travé s del desarrollo de la relació n terapé utica durante las sesiones y lograr el cambio clı́nico mediante la TCC-FAP. Principios que subyacen a la comunicación y TCC-FAP Para poder entender el proceso del videoaná lisis y su uso desde la TCC-FAP, debemos entender ciertas premisas establecidas sobre la comunicació n, como se lleva y se establece para y hacia el sujeto y como entenderla desde la visió n del aná lisis de la conducta, pues es base y fundamento para su abordaje e intervenció n. Tambié n conocer un poco de las reglas de la TCC y FAP sobre el proceso y la relació n terapé utica, pues al conjuntar la té cnica del aná lisis visual de la grabació n, nos permitirá entender el quehacer clı́nico. Primero que nada, entender a la comunicació n es un tema bastante complejo debido a la basta noció n que se da sobre el tema y su aná lisis, algunos autores como Calvache en 2015 mencionan que es una esfera constitutiva del desarrollo humano, que determina el proceso de humanizació n y se consolida como eje fundamental del bienestar y la calidad de vida de las personas. Le permite al individuo establecer relaciones interpersonales y expandir su funció n heurı́stica para indagar, descubrir e interpretar el mundo que equivale al espacio donde se integran cultura, sociedad, lenguaje y ser humano, a partir de la interacció n interpersonal. Ası́ Bateson (Naranjo, 2005), incluye todos los procesos mediante los cuales los seres humanos se in luyen mutuamente. La comunicació n hace posible la relació n entre las personas y está determinada por el contexto en el que se produce; es decir, toda comunicació n exige un contexto, porque sin este no hay signi icado. Todas las acciones y los eventos se convierten en aspectos comunicativos tan pronto como son percibidos por el ser humano; esto implica, que tal percepció n modi ica la informació n que una persona poseı́a y, por lo tanto, in luye en ella. Si analizamos lo anterior, incluso el concepto de comunicació n puede quedar un poco ambiguo, corto o incluso muy al “aire”, pero algo claro surge de todo lo anterior, la comunicació n como un proceso de intercambio de informació n y conocimiento es relacional y por ello contextual, se da en un ambiente determinado, elaborado con una inalidad y que genera reciprocidad en los sujetos involucrados y su entorno. Analizarlo es posible y se somete a principios de aprendizaje por igual, dejando claro que la comunicació n es una acció n y toda acció n desde el aná lisis funcional puede ser entendido y explicado. Uno de los má s reconocidos exponentes de la comunicació n es Paul Watzlawick quien en su libro “Teorı́a de la comunicació n humana”, que de ine a esta como un conjunto de elementos en interacció n en donde toda modi icació n de uno de ellos afecta las relaciones entre los otros elementos. En este sentido, es un sistema abierto de interacciones, inscritas siempre en un contexto determinado. Como tal, la comunicació n obedece a ciertos principios: el principio de totalidad, que implica que un sistema no es una simple suma de elementos, sino que posee caracterı́sticas propias, diferentes de los elementos que lo componen tomados por separado; el principio de causalidad circular, segú n el cual el comportamiento de cada una de las partes del sistema forman parte de un complicado juego de implicaciones mutuas, de acciones y retroacciones; y el principio de regulació n, que a irma que no puede existir comunicació n que no obedezca a un cierto nú mero mı́nimo de reglas, normas, convenciones. Estas reglas son las que, precisamente, permiten el equilibrio del sistema. Por ú ltimo, añ ado un adicional que hace Virginia Satir por 1980 en donde la palabra comunicarse se re iere tanto a la conducta no verbal como verbal, dentro de un contexto social. Entonces la comunicació n signi ica “interacció n” o “transacció n”. El concepto comunicació n incluye tambié n todos los sı́mbolos y claves que las personas utilizan para dar y recibir un signi icado. (Rizo, 2011). Uno de los aportes que realizó Watzlawick en 1985 (Arango, Rodrı́guez, Benavides & Ubaque, 2016), fue hablar sobre los axiomas de la comunicació n, no los mencionaremos en este momento pues no es parte hacerlo aquı́, aunque si lo desean pueden consultar los originales con los autores mencionados previamente, pero lo que si haremos es adaptarlos al contexto de nuestro capı́tulo y verlos desde la diná mica del aná lisis de la conducta, pues es allı́ a donde toma forma clı́nica y hacerlo nos ayuda a entender que la comunicació n como acció n no escapa del aná lisis funcional, de la relació n terapé utica, del aná lisis visual y de la reestructuració n. Me permito anexar uno de mi propia cosecha. • 1er Axioma: La imposibilidad de no comunicar, a partir de la interacció n con otro, se da un mensaje que es guiado por la conducta de quienes lo emiten y quienes lo reciben. Por ello la comunicació n es conducta en sı́ misma y por lo tanto no se puede dejar de realizar. • 2do Axioma: Niveles de contenido y relaciones de la comunicació n, el contenido del mensaje que se transmite y se recibe, se entiende a partir de una serie de inmersiones entre los sujetos que lo evocan y este se basa en historias de aprendizaje bien establecidas, por ello la comunicació n es relacional, y al ser una conducta, puede entenderse a travé s de reforzadores existentes con su ambiente. • 3er Axioma: La puntuació n de la secuencia de hechos, la comunicació n-conducta se da en un proceso multidireccional, entendida en un complejo de interacciones con n cantidad de sujetos, en donde la in luencia del comportamiento de uno puede hacer efecto en el comportamiento de otro y viceversa. No hay reducció n de una causa-efecto unidireccional. • 4to Axioma: Comunicació n digital y analó gica, por lo tanto, la conducta comunicativa se complementa, es decir, se torna una conducta digital cuando esta es verbal y conducta analó gica cuando es no verbal, no se puede dejar de emitir conductas a sı́ mismo o al medio. • 5to Axioma: Interacció n armó nica y complementaria, las conductas buscan una equivalencia, pueden ser manifestadas en un contexto clı́nico y expresadas en un contexto natural y mantener el mismo nivel de ejecució n y comprensió n. La conducta comunicativa busca una armonı́a, aunque esta no necesariamente sea disfuncional o funcional y busque complementar de iciencias en su estructura. • 6to Axioma: Conducta comunicativa es contextual, está no puede ser analizada y entendida sin conocer el entorno de donde se desarrolla, al ser la comunicació n un proceso histó rico-cultural, su nivel de estudio se realiza por medio de los aprendizajes, contingencias y relaciones continuas del individuo con su entorno global. • Entender los axiomas nos permite saber que todo proceso de comunicació n que se da en y fuera de terapia, conlleva el aná lisis explı́cito de la conducta para conocer el papel fundamental que tiene no solo la relació n terapé utica pues el valor de ella para el cambio clı́nico radica en que la relació n se da a partir de la comunicació n, y hacerlo bien nos garantiza un proceso desde la TCC-FAP má s e iciente, e icaz y efectiva. La comunicació n seria clave como factor de modi icació n de cogniciones y comportamientos. Sobre la TCC-FAP no habrı́a mucho que agregar que no sea algo que los lectores ya han escuchado o leı́do en autores aú n má s experimentados que un servidor, por lo que tambié n generalizare algunos tantos y mencionaremos reglas bá sicas. La Regla nº 1, consiste en desarrollar el repertorio de observació n de las posibles CCR durante la sesió n terapé utica. La Regla nº 2 mantiene que hay que construir un ambiente terapé utico que evoque las CCR tanto tipo 1, para reducirlas como las CCR tipo 2, para incrementarlas. La Regla nº 3, serı́a organizar el reforzamiento positivo de las mejoras del cliente (CCR tipo 2). La Regla nº 4, propone desarrollar un repertorio para observar las propiedades reforzantes de la conducta del terapeuta en relació n con las CCR del cliente. La Regla nº 5 consiste en generar en el cliente un repertorio de descripció n de las relaciones funcionales entre las variables de control y las conductas (CCR tipo 3). En el proceso terapé utico hay unas variables que se relacionan entre sı́ y que lo de inen e interactú an de forma continua durante las sesiones. La historia relevante juega un papel clave en la gé nesis y mantenimiento. El pasado no debe olvidarse pues hay factores disposicionales motivacionales que tienen un origen histó rico, como los eventos situacionales que afectan de manera indirecta a los problemas. El objetivo principal del proceso terapé utico no es otro que la transferencia de efectos entre los ambientes clı́nicos y diarios del cliente. Se trata de establecer una equivalencia funcional entre los problemas de la vida diaria y los problemas del cliente dentro de la sesió n (Ferro, Valero & Ló pez, 2009). Algunas generalidades desde la TCC aplicadas a lo anterior es entender el papel de la cognició n en la multiecuació n de las relaciones de conducta, aunque esta sea una conducta verbal, debe será analizada y no desdeñ ada, tambié n el proceso debe ser estructurado y directivo por parte del terapeuta, dar explicaciones concisas, breves y bien determinadas sobre las funciones de respuesta, gestionar de manera adecuada los elementos de evaluació n, intervenció n y seguimiento, ası́ como conocer un repertorio de té cnicas encaminadas a un objetivo claro y basadas en evidencia de su uso y su funcionamiento y una ú ltima y muy importante que es el trabajo transdisciplinario que conlleve el campo de acciones focalizado a las conductas relevantes. Proceso de video-análisis. Con lo anterior, pudimos conocer un poco de la importancia de la comunicació n en el proceso clı́nico, las reglas que hay que entender del trabajo de la FAP, las directrices de la TCC en su abordaje y por supuesto, la importancia de un buen manejo terapé utico del paciente, desde la é tica só lida. Pero todo esto como lo usamos o ponemos a disposició n de una herramienta ya algo vieja en cuanto a aparició n, pero bastante nueva en cuanto a su uso. El uso de una grabació n de una sesió n tiene diversas inalidades clı́nicas que mencionare: 1. Nos permite a nosotros como terapeutas registrar evidencia del trabajo que estamos realizando para una posterior revisió n. 2. Tambié n podemos mostrar al o los pacientes una visió n “externa” de su mismo proceso. 3. Entender “externa”, hace referencia a que el paciente pese a estar inmerso en el proceso, poder visualizar su comportamiento desde una perspectiva diferente “fuera de lo que está pasando en la sesió n”. 4. Usar como proceso de enseñ anza no solo de las conductas verbales y no verbales originadas en la sesió n, tambié n marcar o señ alar conductas disruptivas presentes. 5. Psicoeducació n como punto clave de un cambio clı́nico para el paciente. 6. Psicoeducació n como punto clave de un cambio estraté gico para el terapeuta. 7. Reforzar buenas prá cticas en TCC y FAP hacia el/la o los/las consultantes. 8. Manejo de las CCR de una manera má s sencilla 9. Permite mejorar la identi icació n de las CCR a manera de aprendizaje colaborativo 10. Manejo del sistema de creencias del paciente 11. Modi icar a partir de la externalizació n del sistema de creencias Estas son solo alguno de los bene icios que podemos ver sobre el uso del video en sesió n, al llamarlo aná lisis es cuando nos permite dar uso de estos in-vivo, desde modelamiento, moldeamiento, enseñ anza, debate hacia el paciente. Por ejemplo, en la Fig. 4 observamos la disposició n de la zona de trabajo ya sea individual o grupal en la sesió n de videoaná lisis, en donde podemos adecuarnos a nuestra á rea, disposició n, espacio y otras limitantes o no, que podemos encontrarnos. Fig 4. Forma de trabajo del videoaná lisis en sesió n individual o grupal. Una parte importante que se puede dar en la sesió n usando está herramienta es como proceso educativo, Al visualizar la informació n grabada de una parte de la sesió n o la sesió n entera, se puede incitar al paciente con un proceso previo ya de aná lisis de conductas y cogniciones, que identi ique sus CCR´s o su sistema de creencias y que proceda a llevar el registro, en el caso de trabajo grupal tendrı́a el mismo efecto con los pacientes. En la Fig 5 se puede ejempli icar el proceso de enseñ anza grupal de las CCR´s o debate individual ABCDEF. Fig 5. Uso del videoaná lisis de manera individual para debate como parte del objetivo de reestructuració n y uso psicoeducativo de las CCR´s en sesió n grupal. Cabe recalcar que ambas se pueden llevar a cabo sea individual o grupal. Otra parte muy ú til para el terapeuta en formació n es la identi icació n de CCR´s que ocurren en la sesió n por parte de un par guı́a que capacite o muestre el proceso de la FAP, o del mismo especialista ya entrenado que busca ahondar má s en el aná lisis funcional de la conducta o en el sistema de creencias del paciente como trabajo de escritorio. Fig 6. Parte del proceso de videoaná lisis es fomentar, desarrollar y pulir habilidades clı́nicas, desde favorecer el aná lisis funcional o ejempli icar la aparició n de CCR´s en un ambiente clı́nico. Sea cual sea el proceso educativo, este va a potencializar el desarrollo de la terapia a corto plazo. Por ú ltimo en la Fig 7 y dejando de lado muchas otras funciones del videoaná lisis que podrá n ser abordados con lujo de detalle en otras publicaciones, es que el feedback que puede brindar el visualizar las propias conductas o cogniciones por parte del paciente en la grabació n de sus sesiones, incluso sin necesidad de una intervenció n directa del terapeuta, llevará a desarrollar habilidades de observació n por el consultante, fomentar la identi icació n de sus sistema disfuncional, cuestionamiento propio de lo que sucede consigo, lexibilidad guiada de sus propias CCR´s , incitar el cambio terapé utico y fortalecer la relació n clı́nica al mostrar una pauta pre y post intervenció n de como el paciente llegó a consulta y có mo se marcha de ella. Fig 7. EL feedback que genera visualizar nuestras conductas, terapé uticamente sobrellevan un aná lisis de está s, guiado o no, se da un cambio y potencialmente promueve su modi icació n al enmarcarlas como una relevancia clı́nica. A manera de conclusió n, la retroalimentació n es pilar del uso del video en sesiones, pues modi icar el desempeñ o tanto interno como externo va a variar de lo actual a lo futuro y fortalecer o generar pautas de nuevos aprendizajes o reaprendizajes generando una capacidad de vigila de afrontamiento y resiliencia a las cuestiones de dı́a a dı́a. El aprendizaje signi icativo será aquel que nos permita hacer que el/la o los/las pacientes generen conductas encaminadas a vivir una vida que valga la pena ser vivida y sea entendida a travé s de sus valores y potencia de cambio en pro de una salud psicoló gica basada en lexibilidad, aceptació n y acercamiento. Kohlenberg y Tsai (Ferro, Valero & Ló pez, 2007), consideran que, independientemente de la orientació n psicoterapé utica que se tenga, la FAP puede ayudar a: (1) aprender y enseñ ar formas de pensar má s e icaces; (2) incrementar actividades que obtengan realizació n, logro y disfrute en la vida; (3) considerar otras causas de los sentimientos negativos y de las actividades afectivas; (4) centrarse en el aquı́ y el ahora; y (5) centrarse en las relaciones terapé uticas como una forma de aprender nuevos patrones de relació n con los demá s y si potencializamos esto con la tecnologı́a, el alcance que podrı́a llegar a tener, serı́a basto. Referencias bibliográ cas 1. Arango Arango, M. Z., Rodrı́guez, A. M., Benavides, M. S. y Ubaque, S. L. (2016). Los axiomas de la comunicació n humana en Paul Watzlawick, Janet Beavin, Don Jackson y su relació n con la Terapia Familiar Sisté mica. Revista Fundació n Universitaria Luis Amigó , 3(1), 33-50. 2. Calvache Mora, Carlos Alberto (2015). 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Bá sicamente, lo que sus defensores proponen es que los esfuerzos de una persona por evitar ciertos pensamientos, sentimientos, sensaciones isioló gicas o eventos privados de cualquier tipo, no solo no son ú tiles sino que producen el efecto contrario, esos eventos privados está n cada vez má s presentes. Por ejemplo, cuando alguien se dice a sı́ mismo: «Tengo que evitar pensar que soy una mala persona» o «Tengo que pensar que yo no soy una mala persona», paradó jicamente, ambos enunciados contienen el contenido evitado «soy una mala persona». Segú n esto, cuando cualquier persona intenta evitar o suprimir cualquier contenido mental o cognitivo-verbal, llamé mosle X, necesariamente va a estar en relació n o en contacto con dicho contenido X, producié ndose un efecto paradó jico. Los factores que favorecerı́an la aparició n del TEE serı́an los contextos de fusió n/literalidad, de dar razones, de evaluació n/valoració n y de control/evitació n, contextos, todos ellos, reforzados socialmente (Wilson y Luciano, 2002). Estos contextos promueven la fusió n patoló gica con los propios eventos privados (fusió n/literalidad), la bú squeda de una causa o explicació n para esos eventos privados (dar razones), su aná lisis constante (evaluació n/valoració n) y los intentos de eliminar, o al menos mantener bajo control, los eventos privados que son valorados como aversivos (control/evitació n). El fenó meno paradó jico descrito en el TEE (Hayes et al., 1996) ha sido puesto de mani iesto anteriormente en bastantes problemas psicoló gicos, tales como las drogodependencias (Marlatt, 1994; Wulfert, 1994; Velasco y Quiroga, 2001; Luciano, 2001), el trastorno obsesivo-compulsivo (Gold y Wegner, 1995; McCarthy y Foa, 1990), el trastorno de pá nico (Craske, Street y Barlow, 1990), la depresió n (Dougher y Hackbert, 1994; Luciano y Huertas, 1999), la bulimia (Nash y Farmer, 1999) y las para ilias (LoPiccolo, 1994; Jimé nez, 2014, 2016, 2020). El Modelo de los Mecanismos Tensionales asumirı́a los fenó menos paradó jicos del TEE (Hayes et al., 1996), pero tendrı́a de novedoso el papel determinante que otorga a la tensió n (de ahı́ su nombre), entendida é sta como malestar isioló gico o activació n aversiva, en la explicació n funcional de bastantes problemas psicoló gicos. Este segundo postulado es desarrollado directamente a partir de la Teorı́a de la Terminació n Conductual (McConaghy, 1980), que a irma que, cuando un individuo se encuentra ante una situació n estimular catalogada como amenazante, se produce una activació n isioló gica desagradable o aversiva (lo que nosotros denominamos “tensió n”) que só lo desaparecerı́a llevando a cabo una conducta compulsiva de contacto con ese estı́mulo. Este fenó meno seguirı́a un patró n de reforzamiento negativo en el que el refuerzo de la conducta serı́a la eliminació n de las sensaciones de malestar y ansiedad. Combinando las dos teorı́as en las que se basa, la del TEE (Hayes et al., 1996) y la de la Terminació n Conductual (McConaghy, 1980), a travé s del Modelo de los Mecanismos Tensionales se ha intentado explicar có mo se instauran, de forma cró nica en las personas, las preocupaciones, obsesiones y pensamientos negativos caracterı́sticos de cada trastorno y có mo, para reducir la ansiedad producida por todos esos eventos aversivos (que paradó jicamente aumentan al intentar ser evitados), se llevan a cabo conductas desadaptativas o inadecuadas socialmente. Frecuentemente, desde las terapias contextuales, se recurre al fenó meno de la evitació n experiencial para hacer referencia a conductas evitativas consistentes en «dejar de hacer», como por ejemplo alguien con una fobia social que deja de acudir a iestas o eventos sociales para evitar la ansiedad, pero el Modelo de los Mecanismos Tensionales se ha centrado en otro tipo de conductas, relacionadas tambié n, funcionalmente, con la evitació n experiencial, pero que en lugar de «dejar de hacer» implican «hacer» algo para escapar o «huir hacia adelante». Ası́, este tipo en concreto de evitació n experiencial se ha puesto de mani iesto en muchos casos clı́nicos, diferentes entre sı́ desde un punto de vista topográ ico pero increı́blemente similares desde el punto de vista funcional, tales como la ludopatı́a (Jimé nez, 2013, 2014), las para ilias sexuales (Jimé nez, 2014, 2016, 2020), la cleptomanı́a (Jimé nez, 2014, 2015), el TOC (Jimé nez, 2014, 2020), la piromanı́a, la tricotilomanı́a, el trastorno de pá nico, el trastorno explosivo-intermitente (Jimé nez, 2020) y las obsesiones de ı́ndole sexual (Jimé nez, 2020). Un breve ejemplo de aná lisis funcional para ilustrar esta forma de evitació n experiencial de «huir hacia adelante» serı́a el siguiente: Imaginemos el caso de una persona con adicció n al juego. Este tipo de adicció n se caracteriza por un comportamiento de juego desadaptativo, persistente y recurrente. Estarı́a presente un impulso incontrolado por participar en diversos tipos de juegos de azar (loterı́as, má quinas tragaperras, bingos, apuestas deportivas, etc.) de una manera excesiva, producié ndose un deterioro de la vida del sujeto (pé rdidas econó micas, problemas familiares, laborales, etc.). La primera vez que alguien juega a algú n tipo de juego de azar, probablemente no gane nada y decida que es mejor no malgastar su dinero en ese tipo de cosas. Alguna que otra vez, repetirá para probar suerte, pero sin llegar a «engancharse» al juego. En cambio, si esa persona, en vez de no obtener nada, la primera vez que juega consiguiese ganar algú n dinero, se sentirı́a muy contenta por haber ganado y probablemente decidiese seguir participando porque piense que «tiene su dı́a de suerte». Si en su segunda participació n no ganase nada, serı́a posible que lo volviese a intentar otra vez para recuperar su dinero. Tras varios intentos fallidos dejarı́a de participar, aunque es probable que le quedase la intenció n de probar otro dı́a, ya que, de las cuatro o cinco veces que habrı́a jugado, habrı́a conseguido ganar al menos en una ocasió n, ası́ que seguramente piense que no está tan mal. Los juegos de azar siguen un patró n de reforzamiento intermitente en las que unas veces se consigue el premio (reforzamiento positivo) y otras no. Si un jugador siguiera mucho tiempo sin ganar, probablemente acabarı́a dejá ndolo por completo, pero bastarı́a con que consiguiese de forma aislada alguna ganancia para que siguiese jugando, sin tener en cuenta que, a largo plazo, las pé rdidas superarı́an a las ganancias. Estas pé rdidas econó micas y el hecho de dedicar cada vez má s tiempo a esta actividad hará n que los individuos empiecen a mentir a las personas de su entorno y empiecen a tener problemas familiares. Estas consecuencias negativas pueden disponer a los jugadores a intentar controlar su deseo de jugar cada vez que se encuentren en situaciones donde existe la posibilidad de participar en juegos de azar (situació n estimular desencadenante). La mayorı́a de la gente no experimentará tensió n alguna ante este tipo de situaciones, pero para un individuo al que las tragaperras, la loterı́a, las apuestas o el bingo le han supuesto el perder dinero o el tener discusiones familiares es bastante distinto. Cuando intente resistirse, le asaltará el miedo ante la posibilidad de no lograrlo. Esta autopercepció n de su propia di icultad para controlar su deseo de jugar desencadena pensamientos de culpa porque sabe que su conducta le está haciendo perder dinero y está haciendo dañ o a su familia. Por otro lado, tambié n experimentará cierta ambivalencia puesto que sabe que existe una posibilidad real de ganar y recuperar su dinero. El miedo, la culpa y la ambivalencia harı́an que la tensió n isioló gica se hiciese tan insoportable que los individuos se verı́an obligados a jugar para que esta tensió n disminuyese. Esto tiene mucho sentido ya que, si alguien tiene miedo de que ocurra algo y esto ocurre, su miedo desaparecerá porque el hecho que temı́a ya ha ocurrido. Por ello, se dice que «la ú nica manera de vencer a la tentació n es cayendo en ella». Lo malo es que estas personas, cuando terminasen de jugar y volviesen a perder otra vez, volverı́an a sentirse mal consigo mismos. En parte, ya sabı́an que si jugaban acabarı́an sintié ndose mal y culpables, pero hay que tener en cuenta que ya estaban sintié ndose mal antes de jugar. Lo que se intenta explicar es que esa anticipació n ansiosa de la posibilidad de no controlar su impulso es lo que, paradó jicamente, hace que no lo controlen. A medida que avanza todo este proceso, las pé rdidas econó micas y los problemas con sus familias serı́an mayores, de manera que aumentarı́an la culpa y el malestar consigo mismos. Si al principio jugaban para conseguir mejorar su situació n econó mica, ahora lo harı́an para recuperar el dinero perdido pensando que, por intentarlo una vez má s, su situació n no va a empeorar mucho má s, ya que «tienen mucho que ganar y poco que perder». El individuo caerı́a ası́ en un cı́rculo vicioso que se puede visualizar mejor mediante un aná lisis funcional y topográ ico representado en el siguiente esquema: -ANTECEDENTE: A una persona le surge la posibilidad de jugar a algú n juego de azar (tragaperras, loterı́a, apuestas, bingo, etc.) que anteriormente le ha hecho perder dinero y le ha empezado a acarrear problemas familiares. -RESPUESTA 1ª: R. Cognitiva-Verbal: «Seguro que vuelvo a caer», «No tengo fuerza de voluntad», «No deberı́a pensar en jugar», «Aunque quizá s pueda recuperar dinero». R. Conductual: Se mantiene tensa y agitada. R. Fisioló gica: Ansiedad. -CONSECUENTE 1º: La persona sufre. -RESPUESTA 2ª: R. Cognitiva-Verbal: «No soporto esta tensió n, me rindo». R. Conductual: Juega otra vez. R. Fisioló gica: Liberació n momentá nea de ansiedad. -CONSECUENTE 2º: La persona no ha ganado y ha vuelto a perder dinero, pero ha liberado su tensió n (reforzamiento negativo). Tras este ciclo, la persona vuelve a sentirse culpable y se esforzará en el futuro por evitar estas conductas la pró xima vez que surja la posibilidad de llevarlas a cabo, reanudá ndose todo el proceso descrito anteriormente. -Aplicaciones de las terapias grupales en el modelo Echando un vistazo al ejemplo expuesto en el punto anterior, pareciera que el individuo en cuestió n adquiere su problema fortuitamente de forma individual en base a su propia experiencia personal de aprendizaje. En parte es ası́, pero este aprendizaje se produce en un contexto social, un contexto que incluye publicidad constante sobre apuestas deportivas, bingos, loterı́as, etc., má quinas tragaperras instaladas en cafeterı́as y bares de copas, posibilidad de juego on-line desde el ordenador personal o el telé fono mó vil. Un contexto social, ademá s, donde el grupo de iguales refuerza la necesidad de obtener dinero, asociando poder econó mico a felicidad. Por otra parte, podrı́a ser que el individuo del ejemplo anterior se iniciara por su cuenta en el juego, por iniciativa propia, sin in luencia directa de nadie, pero es mucho má s comú n que quien juega por primera vez lo haga aconsejado por otros individuos que le han explicado cuá nto dinero han conseguido ganar, o en un contexto de grupo (como poner todos los compañ eros de trabajo una determinada cantidad para participar de forma conjunta en la loterı́a de navidad). Pero incluso en otros casos clı́nicos que han sido abordados bajo la ó ptica del Modelo de los Mecanismos Tensionales, donde a simple vista no se observa una clara in luencia directa de la acció n de personas del entorno, por ejemplo las para ilias sexuales (Jimé nez, 2014, 2016, 2020), la cleptomanı́a (Jimé nez, 2014, 2015), el TOC (Jimé nez, 2014, 2020), la piromanı́a, la tricotilomanı́a, el trastorno de pá nico, el trastorno explosivo-intermitente (Jimé nez, 2020) y las obsesiones de ı́ndole sexual (Jimé nez, 2020), si se analizan en profundidad los casos expuestos se observan patrones contextuales comunes tales como padres sobreprotectores, entornos que fomentan la inseguridad y el miedo (precursores de la evitació n experiencial), hostilidad por parte del grupo de iguales, etc. Ası́, por ejemplo, en dos de los casos clı́nicos expuestos en mi libro ACT en el abordaje de las obsesiones de índole sexual (2020), aunque los sujetos a priori eran diferentes entre sı́ a nivel personal (uno era una mujer y el otro un hombre, uno precedı́a de un entorno urbano y el otro de un entorno rural), los factores predisponentes y precipitantes a nivel contextual, que funcionalmente in luyeron en los problemas por los que ambos demandaron ayuda (obsesiones sobre su orientació n sexual) eran increı́blemente similares entre sı́, prá cticamente idé nticos podrı́amos señ alar (no los recogeremos aquı́ para no alargar excesivamente el capı́tulo, ası́ que emplazo al lector interesado a que consulte el referido libro). Los «trastornos» o problemas psicoló gicos se generan en un contexto social y es por ello que, aunque los casos clı́nicos referidos anteriormente tuvieron un desenlace positivo tratados bajo el enfoque funcional del Modelo de los Mecanismos Tensionales, mediante una modalidad individual de ACT (en algunos de los casos complementadas con herramientas de FAP), no es descartable que una terapia grupal hubiese facilitado aú n má s el proceso terapé utico. «El problema psicoló gico que ha creado un grupo (la sociedad, el contexto del individuo) puede ser resuelto en otro grupo (el grupo terapé utico)». A lo largo de las pá ginas de este libro, mis colegas, con mayor experiencia que yo en el á mbito de las terapias grupales, analizan y describen pormenorizadamente las bondades y ventajas de esta modalidad de terapia. Por ello, para no resultar repetitivo, simplemente retomaré en este capı́tulo los 11 factores terapé uticos comunes a las diferentes modalidades de terapias de grupos (Vinogradov y Yalom, 1996 y Yalom, 1998), ya recogidos en otros capı́tulos del libro: 1. Infunde esperanza. Observar có mo los compañ eros del grupo progresan, anima a que los otros progresen y manejen sus di icultades. 2. Genera universalidad. Les permite observar có mo sus problemas son comunes con otros y ello les ayuda a salir de su soledad. 3. Transmite informació n. Otros dan consejos que a veces pueden ser ú tiles. 4. Genera altruismo. Ayudarse unos a otros es grati icante en los grupos. 5. Desarrolla té cnicas de socializació n. Los grupos permiten mejorar las habilidades de relació n con otras personas. 6. Genera comportamiento imitativo. Observar modelos de afrontamiento progresivo de problemas puede ser de ayuda a otros. 7. Genera catarsis. Permiten en un contexto no punitivo expresar emociones y opiniones evitadas en otros contextos. 8. Permite corregir opiniones del grupo familiar primario. Los patrones de conducta aprendidos previamente desde la infancia pueden ser modi icados. 9. Permite abordar factores existenciales. Temas comunes como el miedo a la muerte, a la soledad, etc., se abordan en los grupos. 10. Permite generar cohesió n grupal. Asistir a las sesiones donde todos se ven parte de un grupo con similitudes en sus miembros puede ser agradable. 11. Permite el aprendizaje interpersonal. Las personas pueden regular su conducta por el efecto que tiene en sus relaciones. Desde la perspectiva de los factores comunes grupales de Yalom, los propios participantes en las terapias de grupo, en referencia sobre aquello que les ayuda, aportaron la siguiente informació n (Ribé , Mercadal, Sá nchez, Ramilans y Alberich, 2018): -Que perciban que tienen problemas comunes o parecidos entre ellos (Universalidad). -Que genere un espacio de encuentro donde se ayudan mutuamente (Altruismo). -Que el grupo les resulte atractivo o agradable (Reforzante) y les haga acudir a las sesiones (Cohesió n). -Que el grupo genere ocasiones para cambiar patrones previamente aprendidos en contextos previos familiares (Reactualizació n familiar). -Que los espacios grupales sean un lugar donde puedan expresar sentimientos y opiniones privadas sin que sean castigadas o invalidadas en un ambiente no punitivo (Catarsis). No hay razó n para pensar que todos los factores señ alados anteriormente no pudieran facilitar el proceso terapé utico de los problemas abordados de forma individual bajo el prisma del Modelo de los Mecanismos Tensionales, donde la culpa, las autoevaluaciones y las creencias de «ser extrañ o», «raro», «inadecuado» o «distinto a los demá s», ası́ como la evitació n experiencial de estos contenidos privados, juegan un papel fundamental a nivel funcional. Ası́, por ejemplo, en las para ilias, donde la aplicació n de las terapias contextuales bajo el prisma del Modelo de los Mecanismos Tensionales ha tenido cierto é xito terapé utico (Jimé nez, 2014, 2016, 2020), es donde tal vez se observa mejor el relevante papel funcional que pueden jugar las cogniciones o pensamientos relacionados con la culpa y la inmoralidad. La sociedad en general puede admirar a ludó patas o drogadictos rehabilitados, valorando su «fuerza de voluntad» o su coraje para vencer sus adicciones, pero ¿sucede lo mismo con un pedó ilo rehabilitado? Aú n en el caso de que alguien que padece una pedo ilia no haya cometido delitos de pederastia (abusos sexuales a menores, descarga de pornografı́a infantil, etc.) y haya demandado ayuda a profesionales para tratar sus obsesiones, posiblemente seguirá experimentando cierto rechazo o estigma social. Es en este tipo de casos, donde la aceptació n y comprensió n de un grupo que experimenta sus mismos problemas puede facilitar mucho má s el proceso terapé utico que una intervenció n individual. Aunque habrı́a que investigar previamente, posiblemente serı́a má s e icaz establecer grupos con un mismo diagnó stico o problemá tica frente a grupos heterogé neos. Por otro lado, la ACT (apoyada ocasionalmente con elementos de FAP), desde donde se abordan los problemas psicoló gicos conceptualizados previamente desde el Modelo de los Mecanismos Tensionales, tiene elementos que claramente pueden facilitarse desde una terapia grupal. Ası́, los ejercicios experienciales, metá foras teatralizadas o ejercicios a modo de role-playing pueden ser má s fá cilmente representados contando con varias personas participando en contraposició n a una interacció n individual terapeuta-cliente. Igualmente, algunos «estancamientos» que suelen darse en distintas fases, podrı́an ser má s fá cilmente superables mediante una modalidad grupal. Por ejemplo, a veces los clientes no está n muy inspirados a la hora de establecer metá foras para trabajar aceptació n o defusió n o se quedan «atascados» a la hora de establecer sus valores personales en relació n a los cuales deberá programarse la activació n conductual o el compromiso en direcció n a los mismos. En esas situaciones, los compañ eros del grupo podrı́an actuar como facilitadores y los ejemplos de unos podrı́an ser aplicables y utilizables por algunos de los otros miembros. Conclusiones La modalidad individual de terapias con base en ACT y FAP ha albergado cierto é xito terapé utico en el abordaje de problemas psicoló gicos analizados previamente bajo el Modelo de los Mecanismos Tensionales, un modelo que engloba los postulados del TEE (Hayes et al., 1996) y de la Teorı́a de la Terminació n Conductual (McConaghy, 1980). A pesar de ello, analizando toda la amplia informació n recogida en este libro, habrı́a su icientes indicadores para vaticinar que el proceso terapé utico en casos clı́nicos similares a los abordados desde el Modelo de los Mecanismos Tensionales podrı́a ser facilitado y mejorado mediante modalidades de terapias contextuales grupales. En el futuro habrá que realizar investigaciones al respecto que corroboren estas hipó tesis. 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Se está produciendo un cambio de paradigma en el abordaje de los Trastornos del Espectro Psicó tico (TEPs), donde los modelos nosoló gicos propuestos por los manuales diagnó sticos basados puramente en los sı́ntomas y el abordaje farmacoló gico monodimensional, está n empezando a abrir paso a posturas transdiagnó sticas, centradas en la persona, en la aceptació n y en el respeto a sus valores. Estas nuevas propuestas, entre las que destaca la Terapia de Aceptació n y Compromiso (ACT), rompen con la premisa de tratamiento fundamental del modelo mé dico en la psicosis, reducir y controlar la sintomatologı́a positiva (delirios y alucinaciones); y ofrecen una nueva forma de entender el malestar a las personas afectadas por un TEP, sin el estigma de una etiqueta, sin la concepció n basada en el deterioro y la limitació n funcional, bajo la simple premisa de que es posible llevar una vida con sentido a pesar de que esos fenó menos tan molestos esté n presentes. Los TEPs tienen un curso y una duració n muy variable, es frecuente la aparició n alternante de episodios agudos, remisiones y recaı́das, con diferentes niveles de recuperació n cognitiva y funcional, ası́ como con la presencia de sı́ntomas resistentes al tratamiento (residuales) entre episodios. Sin embargo, una parte de las personas afectadas por un TEP evolucionará hacia formas graves y croni icadas de la psicosis, bien directamente (McGorry, Hickie, Yung, Pantelis y Jackson, 2006), o a travé s de formas insidiosas en las que con cará cter general, los sı́ntomas positivos se van atenuando o desaparecen progresivamente, situá ndose en primer plano la sintomatologı́a negativa y el deterioro cognitivo y funcional. Aunque lejos han quedado las concepciones terminales y las formas de evolució n catastró icas descritas clá sicamente en las personas internadas en asilos o manicomios, algunas de las personas con cuadros má s graves siguen recibiendo cuidados en Instituciones y dispositivos especı́ icos, de cará cter pú blico o privado, que en muchos casos só lo realizan funciones contenedoras, posicionadas en el reduccionismo que supone la consecució n del control, a toda costa, de la psicopatologı́a positiva. Sin embargo, todos los estudios de e icacia demuestran que el adecuado abordaje de los TEPs necesita llevarse a cabo desde una perspectiva integral y multidimensional. La ampliació n de los objetivos de tratamiento a otras á reas o dimensiones relevantes para la vida del paciente con un TEP implica la mejora en los niveles de autonomı́a y la funcionalidad mediante la realizació n de actividades y talleres especı́ icos; y la intervenció n sobre el deterioro cognitivo, presente en la mayorı́a de las personas tan croni icadas. Abordar las di icultades a nivel cognitivo y funcional constituye un elemento fundamental para facilitar la participació n inclusiva en la Comunidad. Para una satisfactoria incorporació n de estas intervenciones y herramientas al contexto de tratamiento de los pacientes con un TEP croni icado ingresados o residentes en dispositivos de larga duració n, es necesario tener en consideració n al personal que realiza las labores de cuidados, como miembros de ese contexto, pues in luyen y se ven in luidos por el mismo, el cual posee caracterı́sticas especı́ icas capaces de reducir su disponibilidad para establecer relaciones terapé uticas adecuadas y para ejercer como modelos de conducta e icaces. La aplicació n adaptada de ACT al personal que se encarga de los cuidados de las personas que padecen un TEP no tiene como objetivo valorar la e icacia de su aplicació n, ni la de sus diferentes elementos desmantelados por separado, ni siquiera incidir de forma directa sobre el malestar del personal. Por el contrario, el objetivo es promover el funcionamiento global del dispositivo desde principios contextuales, favoreciendo que los trabajadores contacten con la aceptació n, el no enjuiciamiento y los valores, que comprendan de manera bá sica cuá les son los procesos implicados en la terapia y que faciliten la generalizació n de los mismos a los pacientes, obtenié ndose de manera secundaria la reducció n en los niveles de estré s y el bienestar laboral. Este trabajo amplı́a nuestra visió n sobre la intervenció n en los TEPS (Dı́az-Garrido, Laf ite y Zú ñ iga, enviado para publicació n) partiendo de ACT como modelo e integrando intervenciones procedentes desde otros modelos, adaptadas a la perspectiva contextual (Zona de Desarrollo Pró ximo y formació n bá sica en los conceptos de la Psicoterapia Analı́tico Funcional), desde un enfoque multidimensional e interdisciplinar que garantice la continuidad de cuidados a lo largo de todos los momentos evolutivos del TEP, englobando los diferentes contextos: a) el contexto como ambiente en el que transcurre y se desarrolla la vida de la persona; b) el contexto de la relació n terapé utica, y; c) el contexto social-verbal del individuo, lo que el paciente se dice a sı́ mismo y a otras personas, y có mo in luye esta circunstancia en su forma de actuar (Pé rez Alvarez, 2014). La consideració n e incorporació n de los profesionales que trabajan en los Servicios donde residen las personas con TEPs cró nicos, a travé s de la promoció n de su autocuidado, y la formació n en los mismos principios y té cnicas terapé uticas que son aplicados a la terapia de los pacientes, permite incorporar una intervenció n intensiva sobre el contexto como ambiente. 2. Elementos que inciden en el malestar del personal. Los profesionales sanitarios constituyen una població n de riesgo a la hora de padecer estré s laboral continuado (Ortega-Ruiz y Ló pez-Rı́os, 2004). El trabajo con personas que padecen patologı́as cró nicas de diverso tipo requiere de un enorme esfuerzo sin apenas resultados visibles o reconocimiento para aquellas personas que dispensan los cuidados. Este esfuerzo e implicació n prolongadas en el tiempo contribuye a generar un enorme desgaste motivacional y anı́mico, que en con luencia con otros estresores mantenidos en el tiempo, pueden desembocar en manifestaciones del fenó meno conocido como burnout (Freudenberger, 1974), con consecuencias sobre la salud fı́sica y psicoló gica de los propios trabajadores, ası́ como consecuencias sobre los pacientes “con la aparició n de conductas que van en contra de su labor asistencial tales como una menor implicació n en el trabajo, no mostrando empatı́a con el enfermo, no estar disponible al paciente ante sus necesidades, reducir el contacto fı́sico y proximidad, no mostrando interé s por las necesidades y preocupaciones ni vida privada del paciente, no escuchando al paciente ni familiares, no proporcionando mensajes con un lenguaje claro y comprensible ademá s de mostrar un lenguaje no verbal cercano y, en ú ltimo té rmino, con absentismo laboral y baja laboral” (Ortega-Ruiz y Ló pez-Rı́os, 2004). Si bien no es el objeto del presente texto hacer referencia al burnout desde su perspectiva clı́nica, es enormemente relevante en la medida en que el malestar continuado en el á mbito laboral genera efectos expansivos y di iculta, si no empeora, la situació n clı́nica y funcional de los pacientes. El constructo denominado burnout se encuentra de inido por tres dimensiones (Maslach, Schaufeli y Leiter, 2001), que los autores describen de la siguiente manera: 1. Agotamiento emocional. Como dimensió n bá sica del estré s emocional, se re iere al sentimiento de haber agotado los recursos fı́sicos y emocionales de uno mismo. 2. Despersonalización (o cinismo). Dimensió n del contexto interpersonal del agotamiento. Se re iere a una respuesta negativa, insensible o excesivamente distante a varios aspectos del trabajo. 3. Baja autorrealización o logro .Dimensió n de autoevaluació n del burnout. Se re iere a sentimientos de incompetencia y falta de logro y productividad en el trabajo. La dimensió n de la despersonalizació n incluye el “desarrollo de sentimientos, actitudes y respuestas negativas, distantes y frı́as hacia otras personas especialmente hacia los bene iciarios del propio trabajo” (Ortega-Ruiz y Ló pez-Rı́os, 2004) y tiene como consecuencia el mal trato al paciente, la “progresiva deshumanizació n de la medicina” (Cebriá -Andreu ,2005). El cansancio y agotamiento fı́sico, emocional y mental que supone el apoyo y la empatı́a prolongados en el tiempo hacia una persona que sufre, ha sido denominado como fatiga por compasión (Figley, 1995). Algunos autores re ieren que los conceptos de burnout y fatiga por compasió n han de diferenciarse, señ alando que mientras que el burnout consiste en una respuesta al contexto de trabajo, en un desgaste profesional (Maslach, 1976), en el que por lo tanto inciden má s factores que los relativos a las relaciones interpersonales, la fatiga por compasió n serı́a especı́ icamente la respuesta al malestar que emerge de la relació n entre el profesional y el paciente (Herná ndezGarcı́a, 2017), la respuesta del cuidador ante el sufrimiento del otro. El estré s impacta negativamente sobre la atenció n y concentració n de los profesionales, debilita las habilidades de comunicació n y la toma de decisiones (Shanafelt, Bradley, Wipf y Back, 2002), disminuye la empatı́a (Thomas et al., 2007), reduce la con ianza del paciente en el personal sanitario (Meier, Back y Morrison, 2001) y reduce la capacidad de los profesionales para establecer relaciones signi icativas con los pacientes (Enochs y Etzbach, 2004). Existen algunas señ ales y sı́ntomas de agotamiento especı́ icos en terapeutas y profesionales relacionados con el á mbito de la salud mental como pueden ser: proporcionar interpretaciones y dar consejos como un remedio rá pido, falta de atenció n durante las sesiones, experimentar una mayor frustració n con los pacientes, realizar auto revelaciones inapropiadas, encasillar a cada paciente en la misma modalidad terapé utica... (Craig y Sprang, 2010; Shapiro, Brown y Biegel, 2007). Ortega-Ruiz y Ló pez-Rı́os (2004) señ alan algunos de los estresores especı́ icos de las profesiones sanitarias son: – Exceso de estimulació n aversiva. Constantemente se enfrentan al sufrimiento y a la muerte del paciente, ası́ como dolor por la pé rdida de un ser querido que padecen los familiares y allegados. – Contacto continuo con enfermos que exige un cierto grado de implicació n para establecer una relació n de ayuda. Un control inadecuado del vı́nculo, por exceso (sobreimplicació n) o por defecto (conductas de evitació n) genera problemas importantes tanto para los pacientes como para sus cuidadores. – La frustració n de no poder curar, objetivo para el que han sido entrenados. – Proporció n muy alta de enfermos a los que deben de atender. – Escasez de formació n en habilidades de control de las propias emociones, ademá s de las de los pacientes y sus familiares. – Horario de trabajo irregular debido a la realizació n de turnos. – Con licto de rol y ambigü edad de rol. – Falta de cohesió n en el equipo multidisciplinar. – Burocratizació n e individualismo en las instituciones sanitarias. A estos estresores y di icultades referidos por las autoras, han de señ alarse otros que son especı́ icos de los profesionales que realizan los cuidados de las personas con TEP, como: Las personas que realizan los cuidados de personas que padecen un trastorno del espectro psicó tico (TEP) cró nico (sintomatologı́a residual, deterioro cognitivo o funcional...) en dispositivos de larga estancia o residenciales, trabajar con personas que en muchos casos no evolucionará n favorablemente (frustració n de no poder curar), por el contrario estos dispositivos pueden contribuir de forma relevante al deterioro, sin posibilidad de intervenció n con cuadros clı́nicos. En muchos casos las di icultades y limitaciones son atribuidas a la persona y a su hipoté tica enfermedad mental y no a factores del contexto, lo que coincide con el denominado desde el campo de la Psicologı́a Social como “error fundamental de atribució n” (Ross, 1977). Los sı́ntomas negativos ahondan en la sensació n de no estar obteniendo resultados, má s aú n, teniendo en cuenta que ni siquiera en los Servicios especializados en Salud Mental, todo el personal dispone de conocimientos bá sicos acerca de la psicosis. Con cará cter general los cuidados diarios de los pacientes cró nicos pasan desapercibidos y no suelen recibir ningú n tipo de feedback ni de reconocimiento, lo que junto a la falta de reciprocidad incide negativamente en la motivació n del personal que desarrolla estas funciones y relacioná ndose con los efectos del burnout (Maslach et al., 2001; Gil-Monte, 2001). Esta falta de reconocimiento y reciprocidad es aú n má s notoria en el caso de personas con TEP de larga evolució n, ya que existe una mayor complejidad para establecer y mantener relaciones terapé uticas adecuadas con é stos y con sus familiares, pues en el caso de los primeros, muchos de los casos adolecen de di icultades, como pudiera ser la sintomatologı́a negativa (apato-abulia, aislamiento, retraimiento e inhibició n social), que inter ieren en la esfera interpersonal, y en el caso de las familias, se producen casos de “desviació n comunicacional” (Singer y Wynne, 1965), familiares con otros trastornos mentales... El empeoramiento de la comunicació n y de las relaciones hace que los las personas con un TEP sean cada vez menos tenidos en cuenta en la toma de decisiones sobre su tratamiento y que los profesionales adopten posiciones dogmá ticas y estancas que facilitan el desgaste personal y laboral, pudiendo privar al paciente de los bene icios de un abordaje má s amplio. Las limitaciones de nuestro sistema sanitario farmacocentrista, donde la distribució n del gasto se destina de manera casi exclusiva hacia los tratamientos farmacoló gicos, tiene especiales repercusiones en el caso de los trastornos mentales, donde no existe ninguna enfermedad susceptible de ser curada, y los fá rmacos antipsicó ticos de nueva generació n (expresió n que tambié n se traslada al precio), no consiguen en todas las ocasiones los efectos deseados. Esta perspectiva centrada en el modelo de enfermedad y en el fá rmaco obstaculiza la inversió n en la dotació n de personal, infraestructuras e intervenciones centradas en la recuperació n psicosocial, a pesar de haber demostrado é stas ú ltimas mayor efectividad y mejor coste-bene icio. Siguiendo a Tizó n (2013) “Algunos ingresos psiquiá tricos suponen factores de riesgo adicionales, sobre todo en servicios con escasez de personal o con personal que rehú ye los contactos personales con los ingresados o, por el contrario, con personal que interactú e con ellos sin un enfoque adecuado. El resultado frecuente consiste en que, cuando un servicio de salud mental está mal preparado desde el punto de vista asistencial, intenta dominar las tendencias al descontrol de los pacientes a base de dosis má s altas de fá rmacos y otras medidas bioló gicas, con peligro de agravar la ruptura del self” (pgs. 387 y 388). Las prá cticas restrictivas y de coerció n como los ingresos involuntarios, el tratamiento forzoso y las contenciones fı́sicas siguen producié ndose en personas con trastorno mental grave (TMG). Estas prá cticas tienen un impacto adverso tanto en los pacientes como en los profesionales, di icultando la alianza terapé utica, la adherencia al tratamiento, y la falta de con ianza en el sistema de salud y el personal (Cohen-Cole, 1996; Frueh et al., 2005; NASMHPD, 2009), retrasan la recuperació n y aumentan las recaı́das y el reingreso (LeBel y Goldstein, 2005; Thomann, 2011). A nivel particular sobre el personal, el empleo de mé todos coercitivos produce niveles de agotamiento e insatisfacció n laboral má s elevados (Estryn-Behar et al., 2008). Otra di icultad añ adida la supone el hecho de que, con cará cter general, el personal sanitario posee concepciones acerca de la resolució n de los problemas psicoló gicos fundamentadas en propuestas cognitivistas, el counselling, el coaching o la psicologı́a positiva, extendidas nocivamente por los libros de autoayuda, por lo que, paradó jicamente intentar transformar y controlar el pensamiento es la estrategia má s difundida y aceptada entre los profesionales sanitarios no especializados en salud mental para tratar de afrontar las di icultades referidas. El personal que realiza funciones de cuidados mantiene relaciones amplias, y difı́cilmente no incluyen, desde la mejor de sus intenciones, consejos directos o bien mensajes que de manera implı́cita incluyan estas concepciones. Si el resultado inevitable para cualquier persona, al no conseguir controlar o cambiar los pensamientos, ni acercarse a la felicidad y al bienestar prometidos, es el aumento del malestar y de esas cogniciones, para una persona que padece de un TEP resulta una experiencia que puede resultar aterradora por el contenido de sus problemas y por la con irmació n del patró n de evitació n por parte de quié nes el paciente considera tienen los conocimientos adecuados para ayudarle. En este sentido, la psicologı́a han de dar un paso al frente para poner freno al mensaje rancio y iatrogé nico de la psicologı́a positiva y los libros de autoayuda que promueven que los pensamientos “adecuados” conducen hacia una vida feliz y por supuesto, prohı́ben pensar en nada negativo por mucho que suponga poner una venda sobre las vivencias de una persona, tratá ndonos de convertirnos en “emocionalmente hemiplé jicos”. Pero especialmente relevante es que los TEP continú an siendo objeto de enormes prejuicios y estigma incluso en los paı́ses má s igualitarios, y este estigma se encuentra favorecido por la cultura y contexto. El estigma toma su propia forma en el á mbito sanitario, donde el personal a partir de las concepciones y prejuicios del modelo biomé dico acerca del curso desfavorable, la no recuperació n, y los dé icits de funcionalidad de estas personas, ejercen conductas sobreprotectoras de tipo experto-paternalista, que adquieren un cará cter invalidante y limitante del desarrollo libre y personal de la persona, esto constituye lo que nosotros denominamos iatroestigma (Dı́az-Garrido, Laf ite y Zú ñ iga, enviado para publicació n) Figura 1. (Dı́az-Garrido, Laf ite y Zú ñ iga, enviado para publicació n) 3. Involucrando a todos. El equipo terapéutico extendido o ampliado. Habitualmente, cuando se hace referencia al personal que realiza las funciones de cuidado en el á mbito sanitario, de manera reduccionista se suele limitar a aquellas personas que desarrollan funciones de cuidados para la salud y poseen una cuali icació n especı́ ica (psicó logos clı́nicos y sanitarios, mé dicos, enfermeras, auxiliares...). Sin embargo, para nosotros ejercen funciones de cuidado todas las personas que forman parte del contexto del paciente y son susceptibles de establecer vı́nculos y relaciones salutó genas, esto incluye tanto al personal que realiza otro tipo de funciones (administració n, limpieza...), ası́ como a otros pacientes que se encuentren en una ZDP má s avanzada, nosotros denominamos “equipo de terapéutico extendido o ampliado”. En nuestra experiencia, los pacientes establecen relaciones má s simé tricas, estrechas, de mayor autenticidad y con ianza con los trabajadores que ocupan categorı́as profesionales no especializadas. En esta clase de dispositivos donde las personas que padecen un TEP cró nico residen durante perı́odos prolongados, o bien de forma permanente, las relaciones y vı́nculos que emergen entre los propios pacientes, ası́ como entre é stos y el personal, adquieren una enorme trascendencia, llegando a adquirir funciones sustitutivas de los vı́nculos familiares. Este vı́nculo puede llegar a tener las caracterı́sticas positivas de una relació n terapé utica, que facilite la aproximació n del paciente a zonas de desarrollo próximo (ZDP), bajo la guı́a y modelo del profesional no terapeuta, que con unas directrices bá sicas y adecuadas puede convertirse en un dispensador de contingencias, evocando conductas que faciliten la prá ctica, ası́ como ofreciendo reforzadores naturales para la generalizació n de las conductas ya aprendidas. Sin embargo, estas relaciones tambié n pueden convertirse en perjudiciales, a partir de un funcionamiento disfuncional aná logo al de la “alta emoció n expresada” en el entorno familiar (Brown, Monck, Carstairs y Wing, 1962), reproducido tanto por el paciente como por el propio trabajador no terapeuta, que puede conllevar empeoramiento y reagudizaciones clı́nicas en las personas con TEP, ası́ como al incremento del malestar del cuidador (manejo inadecuado del vı́nculo). 4.Introduciendo los principios terapéuticos. 4.1 ¿Por qué ACT? La terapia de aceptació n y compromiso se basa en la teorı́a de los marcos relacionales (RFT) y en el contextualismo funcional, con é nfasis en el papel del lenguaje (Hayes, Strosahl y Wilson, 1999) y en el enfoque transdiagnó stico que considera la falta de lexibilidad psicoló gica como factor causal y mantenedor del malestar emocional (Glover et al., 2016). La lexibilidad psicoló gica se re iere a la capacidad de contactar conscientemente con el momento presente y con los pensamientos y sentimientos que contiene de manera má s completa y sin defensas innecesarias, en funció n de lo que ofrece la situació n para persistir o cambiar de comportamiento al servicio de los valores elegidos (Hayes, Villatte, Levin y Hildebrandt, 2011). Por el contrario, la forma de respuesta in lexible basada en el control o la evitació n de pensamientos, emociones o recuerdos desagradables y que explica el mantenimiento del malestar y el sufrimiento, se denomina evitació n experiencial. Este tipo de respuestas se fortalecen y se generalizan porque son e icaces, reduciendo el malestar a corto plazo, pero a largo plazo constituyen un empeoramiento del problema. ACT di iere de la TCC tradicional en su enfoque estraté gico, pues al no incluir los sı́ntomas como su objetivo principal, no se basa en tratar de cambiar el contenido de los pensamientos y las emociones negativas, ni en controlar las experiencias adversas, sino en mejorar el funcionamiento diario a travé s de una mayor lexibilidad psicoló gica (Ost, 2014). La terapia de aceptació n y compromiso tiene como objetivo ayudar a las personas a crear un refuerzo positivo natural para el aumento de la actividad a travé s de metas de comportamiento basadas en los valores (Kim et al., 2017) En comparació n con las metas y objetivos, los valores permiten motivaciones má s profundas, actuar con mayor autenticidad y aportar mayor coherencia a los patrones de comportamiento durante perı́odos de tiempo má s amplios (Archer, 2013). Los valores individuales y organizacionales sirven para aumentarse mutuamente en lugar de competir (Hayes, Bunting, Herbst, Bond, y Barnes-Holmes, 2006). Estos conceptos transdiagnó sticos permiten una explicació n y un acercamiento terapé utico a un gran nú mero de problemas. Ası́ en los TEPs se formulan los problemas en té rminos de in lexibilidad psicoló gica. Las personas afectadas por un TEP pueden ser menos sensibles a las contingencias, ası́ como má s susceptibles al enredo autorre lexivo y a la fusió n cognitiva. La fusió n se re iere al dominio de los estı́mulos verbales en la regulació n de la conducta, debido a la incapacidad para advertir en el contexto otras fuentes relevantes para la regulació n de la conducta que se encuentran presentes (Bond, Hayes y Barnes-Holmes, 2006). El patró n de evitació n experiencial resultante, el cual se encuentra gobernado por reglas e implica dedicar tiempo y esfuerzo tratando de controlar o cambiar los contenidos no deseados, contiene estı́mulos que evocan relacionalmente los mismos eventos que la regla pretende eliminar o reducir (Hayes et al., 1996). Esta conlleva que predominen la excesiva literalidad de las experiencias privadas, las conductas evitativas, la falta de claridad o de conexió n con sus valores y por ende, la di icultad para comprometerse con su vida. El té rmino burnout, ası́ como las conductas negativas que los profesionales del á mbito de la salud tienen hacia los pacientes a causa del malestar laboral, han sido rede inidas por Ortega-Ruiz y Ló pez-Rı́os (2004) en té rminos de evitació n experiencial. Podemos entender de esta forma que comportamientos como una menor implicació n, falta de empatı́a y disponibilidad, distanciamiento fı́sico... surgen como estrategia de evitació n ante el malestar (eventos privados aversivos) generado por las situaciones estresantes mantenidas de forma cró nica, lo que se refuerza negativamente a corto plazo y se generaliza, limitando por consiguiente el acceso a las consecuencias de reforzamiento, incrementando y generalizando el malestar y el patró n de respuesta evitativo a largo plazo. Por lo tanto, “ACT podrı́a ser de utilidad del siguiente modo: podrı́a ayudar a este profesional a detectar dichos eventos privados (pensamientos y emociones negativos) como barreras psicoló gicas que le di icultan comportarse de forma coherente con sus valores; reformular el problema en té rminos del problema del control, de tal modo que el profesional detecte como problemá ticas las conductas encaminadas a evitar dichos eventos privados, que está n siendo reforzadas a corto plazo pero que a largo plazo generan aú n má s sufrimiento; promover el entrenamiento en té cnicas de mindfulness y defusió n, para aprender a relacionarse de otro modo con estos eventos privados, vié ndolos en perspectiva y promoviendo conductas má s coherentes con los propios valores y por tanto má s lexibles (por ejemplo, atender a sus pacientes como es debido a pesar de que eso suponga estar en contacto con determinados pensamientos y emociones). Del mismo modo, puede ser igual de efectivo en otros profesionales sanitarios como psicó logos o enfermeros” (Ortiz-Fune, 2018) Ası́ mismo, una intervenció n breve de ACT con profesionales que trabajan con personas drogodependientes resultó en un menor desgaste laboral, en niveles má s altos de realizació n personal en sus trabajos y disminució n signi icativa de las creencias estigmatizantes negativas hacia sus pacientes (Hayes et al.,2004) Si bien ACT se organiza en torno a seis procesos nucleares ( igura 2): aceptació n, defusió n cognitiva, “Yo” como contexto, estar presente, direcció n hacia valores y acció n comprometida (Hayes, et al., 2011). Todos estos procesos son aspectos de la lexibilidad psicoló gica y se facilitan mutuamente (Bond et al., 2006). Tal y como puede apreciarse en la igura 1, los procesos nucleares de ACT pueden agruparse en conjuntos má s amplios de estilos de respuesta: abierto (apertura), consciente (consciencia) y compromiso (activo) (Strosahl, Robinson y Gustavson, 2012). Figura 2. Hexa lex. Una mayor lexibilidad psicoló gica se ha relacionado con un aumento de la sensibilidad a las contingencias de refuerzo positivo centradas en valores y relacionadas con el desempeñ o en su contexto laboral (Bond et al., 2006). Las personas con mayor lexibilidad muestran mejor salud mental, se muestran má s predispuestos, con mejoras en la capacidad de aprendizaje y en el desempeñ o laboral (Bond y Flaxman, 2006). Una actitud lexible y consciente hacia los eventos psicoló gicos difı́ciles ayuda a responder a los cambios y a la capacidad de trabajar de manera má s e icaz (Ramaci, Bellini, Presti y Santisi, 2019). El aumento de la aceptació n, la defusió n y la acció n centrada en valores son los procesos que dan lugar a estos cambios positivos (Hayes et al., 2006). a) Aceptació n. “Si uno está dispuesto a tener una emoció n o pensamiento, y no deshacerse de é l o alterarlo, entonces uno puede escapar de las consecuencias inevitables del control” (Bond et al., 2006). La aceptació n implica ponerse en contacto con los eventos evitados, y por lo tanto con las funciones de estı́mulo que suponen, sin actuar para alterar esas funciones, con el objetivo de romper con las respuestas relacionales derivadas in lexibles, a partir del contacto directo con las contingencias (Hayes et al., 1999). b) Defusió n. La defusió n implica té cnicas que permiten “tomar conciencia” de las operantes relacionales para alterar o disminuir el contexto funcional de los eventos verbales y constituye un componente clave de la “atenció n plena” desde una posició n conductual. Abordando la fusió n cognitiva ACT puede facilitar reducciones en el nivel de estré s percibido incluso cuando los cambios en el entorno organizacional no son posibles, precisamente por no centrarse en la modi icació n de los pensamientos, sino del contexto en el cual estos tienen lugar (Hayes et al. 2006). La defusió n y la aceptació n ayudan a fomentar el contacto con los eventos evitados y son complementados por otros procedimientos que amplı́an el rango, la sensibilidad, la profundidad y la intencionalidad de los procesos de control (Bond et al., 2006). Ası́ el mindfulness, los ejercicios experienciales o metá foras, como la del autobú s, se convierten en té cnicas de defusió n cognitiva que promueven la acció n hacia valores (Hayes et al., 1999). c) Acció n centrada en valores. Desde ACT los valores son considerados como direcciones vitales, a las que uno se dirige a partir de la conducta, pero que no terminan de alcanzarse, estando siempre presentes como marco del comportamiento, dando sentido y propó sito a la conducta (Pá ez, Gutié rrez, Valdivia y Luciano, 2006). ACT fomenta el desarrollo de patrones cada vez má s amplios de acció n impulsada por valores que proporcionan la razó n para aceptar y contactar con el momento presente. En ausencia de valores, la acció n intencionada tiende a estar dominada por contingencias construidas verbalmente, o por la evitació n y la bú squeda de reforzadores primarios, a pesar de los resultados perjudiciales que pueden suponer a largo plazo, esto contribuye a la rigidez e in lexibilidad psicoló gica (Bond et al., 2006). Siguiendo a Ortiz-Fune (2018): “una intervenció n basada en ACT en el contexto organizacional puede ayudar a los trabajadores a identi icar las barreras internas que di icultan el desarrollo de acciones valiosas”. La clari icació n de valores, como intervenció n ú nica, incrementó considerablemente el nú mero de acciones valiosas y el compromiso hacia los pacientes con trastorno mental grave, por parte de sus cuidadores profesionales (Bond et al., 2006; citado por Ortiz-Fune, 2018). Segú n el estudio de Veage, Ciarrochi, Andresen y Oades (2014), aquellos trabajadores de salud mental cuyos valores personales fueran congruentes con los valores laborales experimentaron un menor desgaste y un mayor bienestar personal, y esta congruencia tambié n se asoció con autoaceptació n y la realizació n percibida en el trabajo. Los ejercicios de aclaració n de valores pueden fortalecer el sentido de signi icado en el trabajo de los profesionales de la salud, aumentando el bienestar y reduciendo el desgaste. Cuando las personas no se comportan de acuerdo con sus valores, corren el riesgo de negarse a sı́ mismos el contacto con reforzadores positivos que fomentan la buena salud mental y la acció n e icaz en un contexto determinado, como el laboral (Bond et al, 2006). Los valores laborales má s relevantes para trabajadores del á mbito de la salud mental fueron: la honestidad, la aceptació n de los otros, ayudar a los demá s y el sentido de competencia (Veage et al., 2014). La honestidad y la aceptació n de los demá s destacaron como los valores má s relevantes, en la medida en que se encuentran relacionados con el establecimiento de relaciones má s abierta y genuinas con los pacientes. Las relaciones genuinas pueden limitar el agotamiento emocional y conducir a sentimientos de logro. La bú squeda exitosa de valores laborales resultó má s importante que la bú squeda de los valores personales, para predecir el agotamiento, especialmente en las á reas de agotamiento emocional y realizació n personal. Bond et al. (2006) señ alan que dentro de su protocolo la tarea de evaluació n de los valores es el ejercicio que mayor impacto tiene para cambiar la forma en que las personas priorizan sus vidas. Los trabajadores con un agotamiento emocional muy alto y despersonalizació n pueden bene iciarse del aprendizaje de estrategias adicionales dirigidas a aumentar la lexibilidad psicoló gica (por ejemplo, defusió n cognitiva y mindfulness) antes de completar los ejercicios de aclaració n de valores (Lloyd, Bond y Flaxman, 2013). El objetivo de aplicar ACT al personal que realiza los cuidados de las personas con un TEP no es enseñ ar, ni habilitar para aplicarla o cualquiera de sus ejercicios y té cnicas, la inalidad es que aprendan a funcionar de acuerdo con sus principios y procesos (los mismos que se aplican a los pacientes), de forma que sean má s abiertos, conscientes y comprometidos, má s lexibles. La aplicació n de ACT que proponemos supone una adaptació n de aplicació n de su esquema general (cuadro 1) y de su aplicació n al contexto laboral (ACT at Work) (Bond y Hayes, 2002; Flaxman y Bond, 2006). Esta aplicació n de ACT al contexto laboral consiste en tres sesiones de 3 horas de duració n cada una, dos de ellas en semanas consecutivas, para introducir las té cnicas, y la tercera sesió n 3 meses má s tarde, destinada a abordar cualquier di icultad que los participantes hayan experimentado despué s de implementar las nuevas estrategias. Los protocolos que detallan estas té cnicas, el orden en que se utilizan y sus fundamentos se pueden encontrar en Bond y Hayes (2002), Bond (2004) y Flaxman y Bond (2006; 2010). Fases en la aplicació n de ACT (Hayes y Strosahl, 2004) Fases de aplicació n ACT en personal de cuidados de personas con TEPs. 1. Generar la desesperanza creativa. 1. El control como problema y la aceptació n como 2. El control como problema, no alternativa. como solució n. 2. Defusió n y valores. 3. Desliteralizació n del lenguaje. 3. Acció n comprometida. 4. Yo como contexto. 5. Valores. 6. Aceptació n y compromiso Cuadro 1. 4.2 Propuesta de intervención ACT en personal que realiza tareas de cuidado de personas con TEPs crónicos. A la hora de aplicar intervenciones que incluyan al personal que preste sus funciones en el á rea de Salud Mental, ya sea como colaboradores o como receptores de é stas, es importante considerar que estos profesionales pueden tener posiciones teó ricas y conceptuales extremadamente rı́gidas, que pueden estar amparadas en la prá ctica previa, en los prejuicios culturales o en las formas de afrontamiento promovidas por la sociedad de consumo y hedonismo actual. Por este motivo recomendamos realizar una breve introducció n que examine los resultados de e icacia y los fundamentos de la misma, y que los ejercicios experienciales se acompañ en de un breve componente psicoeducativo formal, ya que esto es ú til para aumentar la aceptació n e incrementa la motivació n para la propia prá ctica. Primera Sesión. El control como problema y Aceptación. a. Prá ctica de mindfulness. Respiració n consciente. b. Aná lisis funcional. Revisar las interacciones entre los pensamientos, sentimientos y acció n. c. “El control es el problema”. Revisar los intentos y las diferentes conductas que los participantes llevan a cabo para tratar de hacer frente o controlar el malestar (¿Qué han intentado?), ası́ como cuá les son las consecuencias y resultados obtenidos por estas estrategias a corto y a largo plazo (¿Có mo ha funcionado?). Destacar las similitudes entre las distintas estrategias como conductas de control y có mo é stas pueden resultar inú tiles. Señ alar la diferencia entre los resultados que se obtienen a corto y a largo plazo con estas conductas, destacando en este ú ltimo caso la limitació n ocasionada por la evitació n experiencial. d. Metá fora del polígrafo (Hayes et al., 1999). e. Metá fora: caminando bajo la lluvia (Brassington et al., 2016) para establecer la diferenciació n entre el malestar o sufrimiento limpio y sucio. El malestar limpio entendido como el malestar que todos experimentamos ante los inconvenientes y di icultades de la vida, mientras que el malestar sucio corresponde al proceso aditivo y circular que supone la utilizació n de las estrategias de control/evitació n. f. La aceptació n como estrategia alternativa. g. Metá fora arenas movedizas (Hayes et al., 1999) h. Prá ctica de mindfulness. Body scan. Seguidos de una discusió n para revisar la experiencia. i. Ejercicios para casa: 1. Observar, en la semana entre sesiones, los intentos de control y los resultados de este. 2. Dedicar al menos 10 minutos al dı́a a la prá ctica de un ejercicio de mindfulness (respiració n consciente o body scan). Segunda Sesión. Defusión y Valores. a. Mindfulness. Ejercicio de respiración consciente o de body scan. b. Discusió n acerca de los ejercicios para casa. Repaso del concepto de aceptació n y có mo la evitació n experiencial puede limitar la participació n en actividades valiosas. c. Metá fora y ejercicio de la pantalla del ordenador (Wilson y Luciano, 2002, adaptada de Hayes et al. 1999). d. Ejercicio de defusió n. Ejercicio de saborear el limón (Wilson y Luciano, 2002). e. Identi icació n de valores. Ejercicio para contactar con los valores. ¿Qué quieres que represente tu vida? (Hayes et al, 1999). f. Evaluació n de los valores, y del estado de discrepancia entre los valores y la funció n actual a travé s del Formulario Narrativo de Valores y el Formulario de Estimación de Valores (Hayes et al, 1999) g. Mindfulness. Echar el ancla en el fondo de un mar tempestuoso (Pollak, Pedulla y Siegel, 2016) h. Obstá culos a la bú squeda de valores. Discusió n sobre el concepto de disposició n y no disposició n a tener molestias. i. Metá fora del pantano (Hayes et al., 1999) j. Identi icar objetivos basados en valores. Distinció n entre metas y valores. Valores personales versus valores de otros. k. Ejercicios para casa: 1.Dedicar al menos 10 minutos al dı́a a la prá ctica de un ejercicio de mindfulness (respiració n consciente o body scan). 2.Ejercicio de establecimiento de metas en direcció n a valores. Escoger 3 valores y establecer 3 metas relacionadas y 3 acciones para cada una de ellas. Tercera Sesión. La acción comprometida. a. Mindfulness. Respiración consciente o body scan. b. Repaso de ejercicio de metas y acciones en direcció n a los valores elegidos. c. Metá fora del autobús (Hayes et al., 1999) d. Introducir la idea de que los cambios en la acció n pueden contribuir directamente a cambios vitales signi icativos en direcció n a valores. e. Discusió n sobre los niveles luctuantes de funcionamiento y los bene icios de implicarse en acciones valiosas para lograr un nivel de actividad má s consistente y satisfactorio. f. Habilidades mindfulness para la relació n terapé utica. Ejercicio de escuchar al otro (inspirado en Pollak, Pedulla y Siegel, 2016). Situados por parejas, uno de los participantes narra una situació n personal di icultosa, mientras el segundo participante le escucha con actitud atenta, “mente de principiante”, abierto a la experiencia, sin juicios, simplemente estando presente y recordando que no hay que cambiar ni “arreglar” nada en la persona que narra su malestar, percibiendo la tendencia de uno mismo hacia dar consejos o soluciones. g. Compromiso para la acció n. Hoja de ejercicios de compromiso de acción (McKay, Wood y Brantley, 2018, adaptada de Olerud y Wilson, 2002). h. Prá ctica de mindfulness. Ejercicio del observador (Hayes et al., 1999) i. Repaso de los conceptos de aceptació n, defusió n y acció n comprometida. Preguntas y comentarios inales. j. Metá fora de cierre. Ya sabes conducir (Wilson y Luciano, 2002). 4.3 La relevancia del Mindfulness. Shapiro, Thakur y de Sousa (2014) señ alan que los bene icios potenciales de integrar la atenció n plena en la vida de los profesionales de la salud son multidimensionales y tienen gran alcance, y plantean tres vı́as para esta integració n: 1.Atenció n plena para el autocuidado. Se ha demostrado que el entrenamiento de la atenció n plena reduce la depresió n, la ansiedad, la rumia y el estré s, y mejora la autocompasió n y los estados de á nimo positivos en los profesionales de la salud. El autocuidado es un requisito previo para brindar una atenció n competente. 2. La prá ctica de la atenció n plena mejora cualidades que son fundamentales para un tratamiento e icaz, como la atenció n, la empatı́a, la regulació n de las emociones y la tolerancia afectiva. La prá ctica de la atenció n plena parece ayudar a los profesionales a estar má s presentes y ser má s e icaces durante las sesiones. 3. Desarrollar las bases para proporcionar un tratamiento basado en la atenció n plena. Pese a que no se han encontrado investigaciones concluyentes que establezcan la relació n directa entre la atenció n plena puesta en prá ctica por los profesionales para sı́ mismos, y los resultados clı́nicos de los pacientes, se ha señ alado que la prá ctica de la atenció n plena puede mejorar las relaciones terapé uticas y con ello los resultados de las intervenciones (Shapiro y Carlson, 2009; Grepmair et al. 2007) a travé s del desarrollo de habilidades positivas para relacionarse consigo mismo y con los demá s. A travé s de la atenció n plena los profesionales pueden fortalecer su capacidad de sintonı́a y autocompasió n (Shapiro, Thakur y de Sousa, 2014). La autoaceptació n del terapeuta es particularmente importante, ya que los terapeutas que son má s crı́ticos consigo mismos son tambié n má s hostiles, controladores y crı́ticos con sus pacientes (Henry, Schacht y Strupp, 1990). El desarrollo de estas actitudes permite que los pacientes se sientan má s seguros y cuidados, y puedan revelar pensamientos y experiencias que consideran preocupantes o vergonzosas (Shapiro, Thakur y de Sousa, 2014). Ademá s los terapeutas pueden responder mejor a estas revelaciones en el momento, aceptarla sin juzgar, ası́ como darse cuenta de su propia respuesta (Napoli, 2011). Se ha descrito una mayor propensió n a ver mejoras en el funcionamiento interpersonal en personas que son atendidas por terapeutas que presentan mayores niveles de consciencia plena disposicional (Ryan, Safran, Deran y Muran, 2012). La atenció n plena puede aumentar a travé s de la prá ctica y tiene efectos positivos en caracterı́sticas asociadas con la prestació n de una atenció n de alta calidad como: el aumento en el autocuidado, la atenció n al bienestar, la auto conciencia, la empatı́a, compasió n y habilidades para dirigir y enfocar la atenció n (Gokhan, Meehan y Peters, 2010). La prá ctica del mindfulness puede aumentar la introspecció n en los profesionales de la salud, facilitando el darse cuenta de los sentimientos y pensamientos que provocan los pacientes, y có mo é stos afectan al comportamiento (Garcı́a-Campayo, 2008), lo que puede contribuir a la mejora de los cuidados. No tenemos como objetivo capacitar al personal para realizar intervenciones especı́ icas de atenció n plena con las personas a las que cuidan, sino facilitar la aproximació n al bienestar y mejorar la conciencia del sentido valioso de las acciones dirigidas a los cuidados, ası́ como de las caracterı́sticas y cualidades que mejoran la calidad de la atenció n. Por este motivo planteamos la necesidad de realizar durante 5 minutos y de manera diaria, antes del inicio de la jornada, uno de los dos ejercicios bá sicos de mindfulness practicados durante el programa de ACT (respiració n consciente o body scan). Defendemos la importancia de la participació n de todos los miembros del equipo, en la medida en que no se encuentren realizando una tarea imprescindible, incluyendo la asistencia de los facultativos especialistas (psicó logos y psiquiatras). 4.4 Incluyendo Psicoterapia Analítica Funcional (FAP) En FAP se distinguen diferentes clases de Conductas Clínicamente Relevantes: • Las CCR, referente a las conductas que ocurren en el contexto de la sesió n terapé utica. “Los comportamientos problemá ticos se clasi ican como CRR1, las mejoras en el comportamiento del cliente se clasi ican como CCR2 y la conciencia verbal de estas relaciones funcionales se clasi ica como CCR3” (Ruiz y Ruiz, 2018). • Las OR, referente a las conductas que tienen lugar en el ambiente natural de la persona y son funcionalmente equivalentes a las CCR. Ası́, OR1 serı́an las conductas que se desea disminuir, y OR2 las que se desea incrementar (Reyes y Kanter, 2017). • Las TR, referentes a las conductas del terapeuta que pueden tener impacto e in luencia sobre las CCR y las OR. Las TR que tienen lugar dentro de la sesió n se denominan TR1 y TR2, mientras que aquellas TR que tienen in luencia fuera de la sesió n se denominan TRI1 y TRI2 (Reyes y Kanter, 2017). Para informació n respecto de FAP y su aplicació n recomendamos acudir a los textos de Tsai et al. (2009); Reyes y Kanter (2017), y en formato grupal a Ruiz y Ruiz (2018). FAP tambié n se encuentra orientada al desarrollo de mayor lexibilidad, habié ndose descrito tres procesos que contribuyen al desarrollo de esta: a) estar consciente, que implica estar atento a la ocurrencia de las CCRs, b) ser valiente, que implica intervenir deliberadamente para la evocació n de las CCRS y c) dar amor, reforzar naturalmente las CCrs (Reyes y Kanter, 2017). La enorme ventaja que supone la aplicació n de FAP para la modi icació n de conducta de los pacientes con un TEP cró nico en los dispositivos y servicios residenciales, es que se puede in luir en la generalizació n del comportamiento en un espacio que constituye el entorno natural de la persona, a travé s de los miembros del equipo terapé utico ampliado, que constituirá n una extensió n del propio terapeuta para observació n, la evocació n y el reforzamiento de las CCRs. Pese a que consideramos que el espacio hospitalario o residencial fuera de la sesió n con el terapeuta conforma el entorno natural de la persona durante el perı́odo de ingreso, utilizamos el concepto de CCR y no de OR, ya que si bien son funcionalmente equivalentes, CCR implica aú n la capacidad de control del terapeuta sobre las contingencias, y el equipo terapé utico ampliado, a travé s de su intervenció n coordinada con el terapeuta prolongan en el tiempo y en el espacio el contexto de la sesió n. Para ello todo el personal ha de recibir formació n bá sica en relació n con los conceptos y las reglas terapé uticas de FAP, especialmente adaptada a los TMGs (Dykstra, Shontz, Indovina y Moran, 2010). Los distintos tipos de relaciones que establecen los miembros del personal y los pacientes entre sı́, justi ica la relevancia de incluirlos en la aplicació n extensiva de FAP que proponemos, pues la relació n terapé utica tiene un papel destacado en FAP (Kohlenberg y Tsai, 1991). Desde esta aproximació n se hace explı́cito el uso de la relació n terapeuta-paciente como herramienta de cambio durante el proceso de la terapia. Por ello, se plantean reuniones perió dicas del equipo terapé utico ampliado para compartir informació n acerca del paciente y sus comportamientos (en sentido amplio), en los diferentes á mbitos de la vida del Centro o Dispositivo. En estas reuniones interdisciplinares ha de garantizarse la intervenció n de los distintos profesionales en condiciones de horizontalidad, ası́ como la consideració n de los diversos puntos de vista. El objetivo de estas reuniones es clasi icar las diferentes CCRs del paciente que ocurren fuera de la sesió n y especi icar las consecuencias má s adecuadas en cada caso. Ası́ mismo, se escogerá el nú mero de conductas má ximo a modi icar simultá neamente, y el plazo de tiempo durante el cual se realiza, en virtud del nivel de deterioro cognitivo y funcional de cada paciente (Dı́az-Garrido, Laf ite y Zú ñ iga, enviado para publicació n) que será n operativizadas exclusivamente por el terapeuta. Los objetivos individualizados para cada paciente será n reevaluados en las reuniones sucesivas. Tal y como hemos visto, no todos los miembros del personal tienen las mismas funciones encomendadas en la intervenció n, el terapeuta será el encargado de describir operativamente las CCRs, la forma de evocarlas, y su forma de reforzamiento natural a travé s de los valores del paciente. El uso de FAP facilita la aproximació n a las ZDP. El mindfulness facilita la observació n de las CCR (ser consciente la otra persona y del propio impacto), ası́ como dar una adecuada respuesta terapé utica (dar amor). 4.5 Conclusiones. Los profesionales sanitarios constituyen una població n especialmente vulnerable para la aparició n de desgaste motivacional y anı́mico, que se expresa a travé s de conductas que empeoran su labor asistencial y de prestació n de cuidados. Los profesionales que realizan los cuidados de las personas que padecen un TEP cró nico y residen en dispositivos de larga estancia, se ven expuestos a algunos estresores y di icultades especı́ icas como: la di icultad para establecer relaciones, las prá cticas de contenció n e ingreso involuntario, los prejuicios y el estigma existentes hacia la enfermedad mental… La enorme trascendencia que adquieren las relaciones que los trabajadores y los pacientes establecen en los Dispositivos o Unidades de larga estancia, y que este vı́nculo tambié n incluye a empleados que ejercen funciones no relacionadas con los cuidados sanitarios directos, nos lleva a proponer el concepto de “equipo de terapé utico extendido o ampliado” para hacer referencia a la potente herramienta terapé utica que supone considerar a estos profesionales no especializados como participantes activos y formales del proceso terapé utico. Esta concepció n amplı́a el marco, el contexto, má s allá de los profesionales sanitarios, a los cuales se reducen todos los estudios. Se ha descrito como ACT es capaz de mejorar los niveles de bienestar y la satisfacció n, ası́ como los comportamientos laborales disfuncionales (evitació n experiencial) que inciden negativamente sobre las personas con TEP, a travé s del desarrollo de la lexibilidad psicoló gica, principalmente a partir de la aceptació n, la defusió n y la acció n centrada en valores, por lo que desarrollamos una propuesta de intervenció n en ACT fundamentada en ACT at Work (Bond y Hayes, 2002) y estos tres procesos. Ademá s planteamos la necesidad de que la prá ctica de la atenció n plena se realice de manera diaria. Esta prevenció n primaria basada en ACT, la puesta en valor de la conducta de cuidados y su cará cter como reforzador natural para quienes ejercen profesiones sanitarias, tiene como objetivo mejorar la prestació n de servicios y la relació n terapé utica, ası́ como poner en contacto al personal con los mismos principios terapé uticos que se habrı́an de emplear con las personas con TEP. Incluir FAP en la intervenció n con pacientes con un TEP cró nico que residen en dispositivos y servicios residenciales, teniendo en consideració n y formando en los principios y conceptos bá sicos al equipo terapé utico ampliado, supone una extensió n enorme del contexto terapé utico. El uso de FAP facilita la aproximació n a las ZDP. El mindfulness puede mejorar la aplicació n de FAP. Esta perspectiva de intervenció n basada en las terapias contextuales, que puede ser aplicada tanto en sistemas pú blicos como privados, promueve una ampliació n del contexto terapé utico de las personas con TEPs cró nicos que residen en dispositivos de larga estancia, a travé s de los profesionales que ejercen sus cuidados. Permitirles espacios para practicar la aceptació n y la atenció n plena, dotarles de herramientas para manejar el malestar, reconocer su labor y competencia, ası́ como considerarlos parte de un equipo de tratamiento integral de cará cter interdisciplinar, donde todos los profesionales son importantes y todos son escuchados, supone otro paso má s para romper con los lastres que aú n perduran del modelo institucionalizador y con la perspectiva pesimista de los TEP basada en la concepció n de enfermedad farmacocé ntrica. Bibliografía Archer, R. (2013). The Different Motivational Properties of Value and Goals [Blog]. 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El trabajo ACT en FACT: 2. El trabajo FAP en FACT: La FAP en la FACT desde el modelo ACL: Manejando di cultades y barreras grupales (CCR1S) Epílogo (Miguel Valenzuela) La Psicologı́a necesita varios avances para consolidarse como un conocimiento só lido-(¿cientı́ ico?)- y no solamente en cuestiones ilosó icas y epistemoló gicas como serı́a la necesaria de inició n de su objeto de estudio -tarea pendiente por mucho que pueda sorprendernos-, un mé todo de estudio que deberá ir relacionado con dicho objeto… sino tambié n en el terreno aplicado. De inir qué es un problema psicoló gico puede ser un representante de este segundo á mbito. Comenta Ribes que los psicó logos tenemos un manejo caprichoso del lenguaje y no le falta razó n. El psicó logo mexicano, como buen interconductista , sigue inmerso en la labor de intentar situar a la Psicologı́a entre las Ciencias Naturales. Contribuye a su desilusió n, compartida con muchos, enumerar centenares de teorı́as que suponen narraciones diferentes para interpretar lo que ocurre en las relaciones humanas con los demá s o con su entorno. Esto parece mal aval y sin duda supone un deterioro social e intelectual de la psicologı́a. Insistiremos sobre ello, la integració n de modelos es un terreno que en las pró ximas dé cadas debe aclarar el panorama y facilitar un mejor posicionamiento del conocimiento psicoló gico, de lo que verdaderamente conocemos y de aquello que será el “mejor relato posible” explicativo del sufrimiento humano y del comportamiento humano. Un relato que podrá modi icarse o sustituirse, pero no podemos seguir conviviendo en medio de “expertos” que dan por vá lidos modelos no solo diferentes sino a menudo incompatibles de explicació n. Es cierto que en las ciencias má s reconocidas esto se produce, sigue existiendo quien niega la existencia de los genes o que la tierra es aproximadamente circular, pero los que mantienen estas posiciones estará n sin duda en el terreno de los legos en la materia, de un “conocimiento popular”, pero no será n bió logos o astró nomos ni tendrá n un mı́nimo reconocimiento en sus profesiones. En psicologı́a, el conocimiento popular, la psicologı́a popular, ocupa niveles similares a modelos explicativos má s potentes y con mayor solidez experimental y, sin embargo, los que los mantienen escriben libros -en muchas ocasiones los má s vendidos, dando recetas sobre có mo ser feliz o có mo abandonar la ansiedad o la depresió n- dan conferencias y son tan psicó logos como el resto. Ya está bien de astró nomos que de iendan que el sol gira alrededor de la tierra si queremos una ciencia seria. Ahora les ruego que esta misma frase la trasladen a nuestra maltratada psicologı́a para ver qué similitudes nos van surgiendo. Un paso má s cercano a partir de esa labor serı́a el conceptuar la Psicologı́a como una ciencia, de eso ya hemos hablado en algú n otro volumen coordinado por Juan José Ruiz y nos posicionamos en el pesimismo episté mico. Entre la postura de Marino Pé rez Alvarez y otros muchos de defender el que la psicologı́a es una ciencia social y la postura, comentada ya, de los interconductistas de considerarla una ciencia natural aparece, nuevamente, de inir el objeto de estudio como clave. Los psicó logos no nos ponemos de acuerdo sobre cuá l es el mismo: la interacció n, el aprendizaje humano, el comportamiento, las relaciones en pequeñ o grupo social, el aprendizaje… Todos ellos se nos ofrecen alternativas que nos aleja de un objeto de estudio claro. El manual apuesta, de manera afortunada, en las relaciones interpersonales como objeto de estudio porque es en ellas donde localiza el sufrimiento como terreno de trabajo de los psicó logos. Aquı́ la in luencia de FAP se hace notable como comentaremos posteriormente. Una segunda lı́nea del manual es alinearse con las posturas transdiagnó sticas. Si bien el té rmino está siendo duramente criticado ser transdiagnó stica no signi ica no ser diagnó stica- esa crı́tica se queda en la topografı́a y no en la funció n, si bien es posible admitir que el té rmino presenta inconvenientes que no son objetos de este epı́logo. Sin duda el té rmino necesita alguna vuelta porque lo transdiagnó stico si bien utiliza “diagnó stico” por dejar clara su oposició n al modelo biologicista, el té rmino parece apuntar que hay algo que transdiagnosticar y eso nos aleja del modelo psicoló gico de entender los problemas de nuestros usuarios. Esta orientació n tiene dos bene icios relevantes: • Se desentiende del modelo biologicista, que consideramos iatrogé nico e infundado pero que se ha impuesto socialmente. Por eso, manuales como el de Ruiz y colaboradores suponen avanzar má s en el necesario descré dito comunitario de las formulaciones mé dicas en la psicologı́a. Una tarea que como indica Tizó n traspasa las capacidades de los propios profesionales para ser una cuestió n social pero que no deberı́a obviar nuestro compromiso. • Nos sitú a en un modelo de evaluació n, tal vez serı́a má s correcto llamarlo ası́, sostenido en una serie de variables como la hiperre lexividad, la activació n comportamental, la regulació n emocional… que son propias de la psicologı́a. Tal vez el té rmino transdiagnó stico necesite una revisió n, pero es posible que no poseamos uno mejor en la actualidad. Y seguramente deberá no olvidar la tristeza, la melancolı́a, el enfado, la ansiedad provocada por el miedo, la falta de ganas para emprender tareas… como aspectos a tratar que será n, emociones y situaciones humanas que di icultan las relaciones con uno mismo y con los demá s y que no sufren trastornados de ningú n tipo y menos aú n que necesiten de fá rmacos para “curarse”. El pró logo de mi admirado Bernard Guerin nos recuerda que desde hace algo má s de 100 añ os seguimos en la bú squeda de un modelo de terapia que, en espacios má s o menos neutros, algo ası́ como contextos “cero”, como las condiciones ideales de los experimentos y desarrollos teó ricos de la fı́sica y la quı́mica, nos permita generalizar a las intervenciones en los diferentes problemas de manera exitosa. Y sin duda esta es otra debilidad de nuestro campo de conocimiento, disponemos de muchas teorı́as que en realidad se terminan agolpando en torno de una serie de té cnicas que son e icaces -porque la terapia es e icaz- aunque esté n sostenidas en relatos teó ricos a menudo incoherentes e incapaces de sostener el má s mı́nimo debate epistemoló gico y mucho menos si se le coloca el adjetivo cientı́ ico a su teorı́a. Simplemente, decenas de modelos de conceptualizar el sufrimiento humano (¿psicoló gico?) no es presentable. Si nos ofrecen 20 tratamientos diferentes para un problema de riñ ó n, por ejemplo, y ademá s cada uno critica de forma ené rgica a los demá s y cali ica a muchos como ridı́culos y a otros como pseudocientı́ icos, lo má s probable es que tenga poca con ianza en la intervenció n que me van a realizar. Ofrecemos, como conocimiento, un espectá culo inaceptable que debemos afrontar. Es por eso por lo que saludo la intenció n de integrar modelos que en este manual se impone su coordinador y el equipo de autores. Eso sı́, una integració n só lida y que no sea, experiencias no nos faltan de este tipo, colocar piezas de diferentes puzzles y ver có mo queda la lá mina inal. En este caso la integració n se busca entre dos modelos de terapia que comparten base ilosó ica y modelo psicopatoló gico -son condiciones exigibles- para aparecer como un modelo aparentemente má s potente: FACT, enriquecido ademá s por que la propuesta se re iere al uso en grupo de este modelo que está alcanzando un progresivo auge, como muestra la reciente publicació n por Ed. Pirá mide del libro de Macı́as y Valero (2021). Propuesta, la grupal, que parte de un compromiso en generar contextos má s parecidos a la realidad en la intervenció n para favorecer una mayor lexibilidad en las relaciones con los demá s y con el propio “yo”. Esta intenció n del libro señ ala un primer lazo só lido de la vinculació n de ACT con FAP. Pero el modelo que resulta en la visió n de Ruiz y colaboradores, permite generar á mbitos terapé uticos má s potentes que el tradicional 1 a 1 de la consulta clı́nica. La intenció n de FAP de generar CCR1 en consulta se ve facilitada por un entorno má s natural, la existencia de relaciones grupales, y al tiempo la intenció n de ACT de desarrollar la lexibilidad psicoló gica parece má s fá cil de funcionar, por modelado, en estas interacciones grupales donde bajo la in luencia del terapeuta es má s fá cil que surjan diferentes modelos de respuesta a los problemas que permitan el aprendizaje. Por ú ltimo, creo que el modelo engloba de manera “no explicitada” aportaciones que vienen de la DBT y de la Activació n Conductual por lo que podemos estar en la antesala de una terapia contextual-conductual que avance en la intenció n de lograr el mejor modelo de intervenció n posible. Tambié n es necesario que le acompañ e un relato del comportamiento humano y en la actualidad el aná lisis de la conducta nos ofrece el modelo má s coherente, aunque muchos de sus principios sigan siendo debatidos desde posturas alejadas al modelo conductual pero tambié n desde el propio paradigma (Guerin, Tonneau, Ribes, Varela…). Como epı́logo permı́tanme encargarles, cariñ osamente, a los autores una tarea. Como indicaba, muchos contenidos procedentes de la DBT y sin duda de la activació n conductual tienen cabida, si no lo está n ya, en sus presupuestos. Caminar hacia una terapia contextual que mejore y supere algunas de las contradicciones y errores teó ricos que se pueden asociar al conductismo radical skinneriano, del que me reconozco admirador y deudor intelectual, es posible que suceda a este trabajo inicial. El libro que tienen la oportunidad de leer demuestra que no puedo dejar el encargo de este “pasito siguiente” en mejores manos. El libro del que van a poder disfrutar representa lo mejor de la bú squeda de un conocimiento serio de la psicologı́a, apartado del modelo bioló gico que tanto sufrimiento deja como el que pretende borrar. Sin duda los que apuestan por este modelo lo hacen con la mejor intenció n, pero tambié n con una mı́nima capacidad crı́tica, otra cuestió n es el negocio que subyace detrá s de una medicalizació n y patologizació n de los problemas de interrelació n humanos. ACT y FAP son modelos inspirados en otro modelo psicopatoló gico mucho má s coherente con nuestra forma de relacionarnos y de estar en el mundo y su fusió n pretende elevar la e icacia de la intervenció n terapé utica.
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