CAUSAS INTRINSECAS (l,1) Debidas a la posición de los edificios. Se refieren sobre todo a la posición geotopográfica (1,1,a) y la naturaleza del terreno (1,1,b) sobre el que se erige el edificio. I.1 ,a - De la posición geográfica provienen sustancialmente las condiciones climáticas a las cuales está sometido el edificio y a las cuales debemos adecuar las previsiones y las acciones protectoras; si no responde a esta exigencia especifica, no hay duda que los daños consecuentes tienen una causa intrínseca. En cambio, la generalidad de las veces la relación entre la resistencia del edificio y el clima no permite una deducción unívoca, tanto más cuando -como ocurre en el mundo animal o vegetal- tal relación está sujeta a movimientos- y modificaciones a causa de una pérdida de resistencia del edificio. Como regla este fenómeno es incluido en los eventos y la casuística propia de la vida del monumento y va más allá de las causas intrínsecas. En este caso, sin embargo, una particular situación topográfica puede incidir notablemente en la caracterización o agravar las condiciones del ambiente climático, como por ejemplo si un edificio está próximo a un curso de agua, un lago o un precipicio, existen potenciales consecuencias específicas que no pueden considerarse estrictamente intrínsecas. Aún en la orientación del edificio según los puntos cardinales puede reconocerse una influencia directa en su conservación, especialmente en lo que se refiere a la exposición solar y la dirección de los vientos dominantes. I,1,b - La naturaleza del terreno y la composición del suelo sobre el que se levanta el edificio tienen primordial importancia, sobre todo desde un punto de vista geohidrológico, considerando su consistencia, posición, inclinación de estratos rocosos y régimen de las napas- freáticas subterráneas. La carga unitaria trasmitida por las cimentaciones, debe ser proporcional a la naturaleza del terreno y a su resistencia específica; su volumen que no debe exceder las posibilidades físicas del terreno, es una condición básica para la estabilidad del edificio. Otro importante rol lo juega la orografía del terreno, determinado por su gradiente, las características de su superficie externa, por la natural modalidad de evacuación de aguas de superficie, etc. El complejo de estas situaciones -inherentes a la naturaleza del terreno determina no solo la durabilidad y estabilidad de las cimentaciones, sino muy frecuentemente los reflejos relativos se extienden a la estructura de superficie e inciden en la conservación del monumento íntegro. Dentro de las indagaciones previas a la intervención, los siguientes tipos de comprobaciones o pruebas deberán llevarse a cabo en las cimentaciones: 1) Comprobación geológica de estratificaciones. En el caso de áreas aluviales, las pruebas deberán comprobar mediante muestras, la calidad del subsuelo a una profundidad considerable, proporcional al volumen y a la carga del edificio. 2) Pruebas de carga 3) Eventuales pruebas de consolidación (químicas, físicas, mecánicas, etc.) 4) Investigación y búsqueda de napas fre3ticas, posibles corrimientos de estratos. 5) Identificación y análisis de terraplenes diques nuevos y viejos. A estas pruebas generales deberán añadirse todas las investigaciones específicas, incluyendo la histórica, que conciernan al uso nuevo o antiguo de los materiales con los que se trabajar la restauración. (I,2) Relativas a las estructuras. Estas causas están determinadas por fallas en los materiales de construcción o en la estructura misma; defectos que aunque no revisten tal gravedad que altere totalmente el equilibrio estático ni hacen imposible la existencia del edificio, minan la estabilidad del organismo constructivo o por lo menos afectan la conservación de sus elementos singulares. Tales defectos pueden reagruparse en dos categorías: defectos en la composición de los materiales (1,2,a) y los verdaderos defectos de construcción (1,2,b). Los defectos de origen se relacionan a la elección de los materiales, son inherentes al dimensionamiento, al corte, al tratamiento, distribución y hasta al uso de los elementos componentes de la estructura resistente, incluyendo, los aglomerantes en relación a sus funciones estáticas; y son por lo general debido a la insuficiente resistencia a los esfuerzos, a la mala labor de extracción, a la debilidad de los morteros, etc. Los tipos de comprobación y de pruebas que se pueden llevar a cabo sobre los materiales son las siguientes: 1. Piedra y mármol: lugar de procedencia, método de extracción (que pueden dañar la resistencia del material), métodos de transporte, tratamiento, pruebas de laboratorio de homogeneidad, dureza, trabajabilidad, congelación, conductividad térmica, desgaste, resistencia a los esfuerzos de compresión, flexión y corte. Para piezas usadas pruebas de impermeabilización y endurecimiento químico. 2. Ladrillos y elementos de tierra cocida: Pruebas de resistencia (iguales que para la piedra), análisis de la cocción y estudio de las calidades de arcilla empleada, porosidad, inercia química. 3. Morteros y ligantes: En general, pruebas de endurecimiento, calor y adherencia. 4. Maderas: Prueba de resistencia a la compresión, flexión, corte, dureza, trabajabilidad, etc. Para la madera es importante conocer los insectos que pueden atacarla (termitas, parásitos, varios tipos de polillas, etc.) Como algo que concierne al entorno de los materiales, mencionaremos el caso de la cal; este elemento es tratado muy superficialmente por los restauradores. No es difícil darse cuenta de la gran variedad de este aglomerante, difundido universalmente, pero variable de lugar a lugar, por diferencia de la piedra de donde proviene o por el sistema de quemado. De un mortero a otro existen diferencias de hidraulicidad, tiempo de secado. Contracción o merma, color, proporción del agregado requerido, el uso mismo en estaciones diferentes. Todo esto trae una notable consecuencia práctica cuando se deba por ejemplo integrar un revestimiento antiguo con material nuevo. En el caso de revestimientos antiguos que han resistido más allá de los límites usuales bajo condiciones normales, será especialmente útil conocer la composición y las características de su uso. Los morteros pueden sufrir degradaciones con consecuencias serias, sobre todo donde son usados en grandes cantidades. En el caso de una mala calidad de cal de origen, o de la elección de un agregado inadecuado como arena tierrosa o arcillosa; una equivocada proporción de la mezcla, la presencia de yeso, la falta o insuficiencia de agua, el excesivo espesor de los estratos, etc., la cal deberá presentarse dura, cristalina o al menos de la misma dureza que el ladrillo, es pulvurelenta y no se adhiere bien a la piedra, limitándose a ser un relleno de los espacios entre hiladas. De este modo no resiste lo más mínimo a los esfuerzos de tracción y su coeficiente de fricción es muy bajo. Esto puede llevar a la estructura de obra a un posterior aplastamiento de las juntas, que desequilibra la distribución de las cargas con el consiguiente deterioro. También la propia piedra podría padecer de defectos iníciales de calidad. La cantera seleccionada debe entregar el material en las mejores condiciones, compacto, sin fisuras, sin marcas de golpes de martillo y preparado de modo que la base sobre la que se asentar el futuro bloque coincida con el lecho de la cantera y sin sufrir erectos del fuego por demasiado tiempo. En cambio los defectos de construcción (I.2,b) son aquellos derivados de la insuficiente calidad de la resistencia de la estructura y pueden ser debidos a diversas razones: instalación o puesta en obra, errores en la disposición de las varias partes del organismo estructural, relacionadas con las acciones del peso o carga y con sus reacciones de resistencia o contra empuje. Las dos categorías de los defectos (1,2,a y 1,2,b) son a menudo mezcladas o tornadas interdependientes, de hecho y como ejemplo, la insuficiente sección resistente y el incierto equilibrio entre los miembros de un edificio son en muchos casos, la consecuencia de las súbitas alteraciones y por distintas razones, de la constitución interna, de los elementos singulares que constituyen la estructura; alteraciones que disminuyen la capacidad de resistencia a estos últimos o la calidad de la cohesión de sus otras partes y acaba por comprometer el equilibrio original. En el equilibrio estático de un organismo constructivo cada parte cumple una función precisa; debe en consecuencia, responder a una definida exigencia de conformación, esto es de las dimensiones y las posiciones. Cuando esta situación no se verifica o se tiene un defecto de conformación original se producen fenómenos de todo género que son las causas de más peligre y que minan de modo grave la conservación del edificio. Sin considerar de modo específico las causas de daños debido a la carencia o mala conformación dé la cimentación, tales fenómenos pueden agruparse en dos categorías de acuerdo al tipo de esfuerzo a las que está sometida la estructura: ✔ Causas de deterioramiento relativas a acciones verticales excesivas en relación con las dimensiones de los elementos de soporte. ✔ Causas de deterioramiento relativas a solicitaciones no verticales y no suficientemente contrabalanceadas mediante estructuras adecuadamente resistentes, este es a defectos y desde luego a la ausencia de estructura misma. En este punto ser útil indicar brevemente la esencia y los caracteres de tales diferentes acciones, en modo de comprender exactamente la mecánica relativa a ellos. Solo sobre tales bases se podrán de hecho establecer cálculos de verificación para darse cuenta de la existencia o la gravedad de los eventuales errores del proyecto. Naturalmente, lo que se tratará a continuación prescinde donde sea posible de la naturaleza del material y de la forma de la estructura y de los edificios. Se trata solo de consideraciones y normas de validez general que puede aplicarse a los casos más disímil es, esto es a los monumentos pertenecientes a las diferentes civilizaciones arquitectónicas, a los variados materiales y sus ejecuciones. Este tratamiento está por eso necesariamente exento de objetivaciones y de ejemplos concretos, a fin de mantener su validez general y su evidencia universal. Causas de daños relativos a acciones verticales En las construcciones formadas por estructuras sobrepuestas horizontalmente, la carga actúa sobre alguna de ellas está constituida por su propio peso y la carga accidental debida a la presencia o a la posibilidad de otros pesos como mobiliario u objetos pertinentes la vida o a la función del edificio. La suma de tales acciones se ejerce verticalmente y se distribuye a continuación según la conformación arquitectónica del edificio, en las secciones resistentes de cada nivel. El equilibrio estático del conjunto está entonces garantizado por la capacidad de resistencia de tales secciones al esfuerzo aplicado sobre ellas, capacidad mesurable por el área de sus secciones horizontales. Cuando el peso supera tal capacidad, la estructura resulta sometida a una carga excesiva y en ella se verifican lesiones que se llaman de aplastamiento y que se manifiesta de varios modos: a) con fisuraciones verticales. b) hinchazón de la superficie externa, especialmente en el revestimiento llegando en los casos más graves a su desprendimiento en las partes más cargadas. Les fenómenos de aplastamiento se verifican en las estructuras verticales de apoyo y con mayor frecuencia, en aquellos no homogéneas y con deterioro en su interior, donde los materiales de menor resistencia pierden por efecto de la compresión, la cohesión con los de mayor resistencia, sobre los que se concentrarán en consecuencia el peso excesivo, superando su capacidad de resistencia. El exceso del peso vertical que se verifica naturalmente en la parte más baja del edificio lo hayamos generalmente en las construcciones soportadas sobre pilotes o columnas, en las que se concentran las cargas, como por ejemplo los aporticados de uno o varios pisos o en cualquier otra estructura donde todo el peso de la construcción se acumula distribuyéndose sobre pocos soportes verticales de sección reducida respecto a las estructuras de la parte superior. Una consecuencia particular y notable de peso excesivo es el asentamiento de la cimentación. Fenómenos de otro género pueden ser provocados por las acciones verticales excesivas cuando estas se ejercen no solo sobre las estructuras verticales portantes sino también sobre los elementos horizontales portantes con luces grandes se determina entonces una solicitación a flexión, que provoca efectos variables de acuerdo al material empleado; por ejemplo mientras que para la madera, material elástico, una cierta deformación debida a la carga no es Señal de deterioro estático sino hasta que supera ciertos límites y provoca la rotura progresiva de las fibras longitudinales, mientras que si se trata de arquitrabes de piedra, el exceso de carga se manifiesta con la rotura del monolito, por su naturaleza indeformable, y el equilibrio estático resulta comprometido inmediatamente. Causas de daños relativos a solicitaciones no verticales Si tenemos acciones oblicuas a causa o por las características de la propia conformación estructural del organismo arquitectónico, o por las particulares condiciones de la carga accidental, los pesos se trasmitirán a las estructuras en direcciones distintas a las verticales. Las cargas accidentales actuando en direcciones no verticales son poco frecuentes y se reducen casi exclusivamente a los casos de muros de contención, de terraplenes de piscinas, de tanques, etc.; sobre ellos se ejerce una acción oblicua cuyos componentes horizontales, crecientes de arriba hacia abajo, tiende a imprimir a la estructura un movimiento de rotación hacia afuera. Tal inconveniente se manifiesta en el frente exterior con un desplazamiento horizontal que puede ser total, pero generalmente es irregular y provoca soluciones de continuidad con giro horizontal que denuncia la tendencia al corrimiento de los estratos superpuestos al muro. Más frecuentes e interesantes son las acciones oblicuas debidas a las estructuras escogidas y en todo caso a las acciones recíprocas que ocurren en las varias partes del conjunto. Tales acciones se verifican sobre todo cuando la transmisión de cargas o pesos hacia otros elementos adyacentes ocurre a través de superficies de contacto no horizontales así, por ejemplo, las dovelas de un arco o una bóveda, o el envigado de un techo a un agua cuando no tienen cadenas o tirantes horizontales. En el caso de un arco o una bóveda, las cargas trasmitidas por cada dovela se suman una a otra, dan una resultante que al plano de la imposta obra como una fuerza oblicua y puede descomponerse en una componente vertical y otra horizontal. Esta última, en consecuencia, opera como una fuerza que tiende a imprimir una rotación hacia el exterior del arco, con un claro daño de carácter estructural. La acción oblicua de una sección arqueada es el resultado de las acciones recíprocas existentes entre los varios elementos cuneiformes de ella y es más fuerte cuanto más distantes están estos elementos, como en los arcos de grandes bloques cuadrados. En los arcos y bóvedas hechos con pequeños bloques de concreto o de ladrillo unidos con mortero, la estructura es teóricamente una especie de monolito artificial que ejerce u a acción oblicua solo y por cuanto sus masas es en la práctica, fraccionada en elementos más o menos irregulares, cuyo comportamiento estático esto unido no solo al efecto teórico de sus acciones recíprocas sino también a las condiciones prácticas de su equilibrio. Se deben tener en cuenta las acciones oblicuas más simples y fáciles de identificar y generalmente menos dañinas son las debidas a cubiertas inclinadas sin los necesarios tirantes horizontales y sobre todo los techos a una agua sostenido por vigas simplemente apoyadas en sus extremos, sin el auxilio del sistema de cadena horizontal y viga horizontal que constituyen el esquema común de la media armadura afecta a una acción vertical. Las acciones oblicuas, en tales casos, están concentradas en correspondencia con las vigas principales, que ejercen solicitaciones descomponibles en una componente vertical y una horizontal, análogamente a los arcos en el plano de la imposta. Tratándose de estructuras más ligeras, las consecuencias de tales acciones son menos evidentes, pero no por ello despreciables y también porque, en casos similares, las cargas no son contrabalanceadas por el peso de las estructuras de la parte superior. Es solamente del examen del edificio y de sus eventuales datos pertinentes a su situación, que se puede establecer si las causas de tales defectos se pueden achacar a la idea original, a las fases de ejecución del proyecto o solo deban imputarse exclusivamente a la realización de la obra, a defectos de ejecución en los métodos seguidos o en los materiales usados. Después de tales causas generales van precisadas aquellas específicas ya enunciadas y relativas a las diversas partes de fa construcción: cimentaciones, estructuras sobre la tierra y cobertura. Recordemos por ejemplo, como son típicos de las cimentaciones de mampostería, los defectos debidos a fenómenos de asentamiento, durante la construcción o determinado por cursos de agua subterránea o nivel freático. En la cimentación con palizadas, son temibles los fenómenos de podredumbre y envejecimiento del maderamen. En las estructuras elevadas, entre las causas más notorias y frecuentes, enumeramos las cargas concentradas excesivas, la decadente calidad del maderamen y los morteros y la limitada durabilidad de algunos materiales empleados. Para los techos, las causas más frecuentes se identifican como: desgaste, rotura o deslizamiento del material de cobertura y deterioro de la armadura principal. La poca impermeabilidad de las terrazas y los consecuentes fenómenos secundarios caracterizan las viejas cubiertas horizontales, típicas de climas secos y con escasa precipitación pluvial. Las causas intrínsecas de deterioro de las cubiertas, contribuyen notablemente a la degradación de todo el monumento. El siguiente cuadro, resume las subdivisiones enunciadas.
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