LOS ORÍGENES FILOSÓFICOS DEL FEMINISMO Rubén Videira Soengas Un movimiento filosófico o ideológico es producto de su entorno. El feminismo bíblico no ha surgido de manera independiente a su contexto histórico y social. La historia ha provisto la estructura necesaria para que germinase la semilla ideológica del postmodernismo. El feminismo, no es una idea exclusivamente contemporánea. A lo largo de los últimos tres siglos ha intentado consolidarse como una alternativa satisfactoria al sistema ideológico clásico. Sin embargo, nunca consiguió afianzarse hasta el nacimiento del postmodernismo. Momento en el que el feminismo se apuntaló al ofrecer un sistema de interpretación bíblica coherente con la reciente cosmovisión postmoderna. Esta vez, el feminismo vino para quedarse. Razón por la que en este artículo, se ofrecerá una breve explicación histórica del surgimiento del postmodernismo, campo de cultivo de la actual hermenéutica feminista, para así poder identificar las presuposiciones ideológicas que necesitan ser analizadas. La hermenéutica feminista es una reacción social moderna1 forjada en medio de las aguas turbulentas del Postmodernismo. Éste, a su vez, está compuesto por un complejo engranaje de múltiples ideas opuestas a las filosofías que lo han precedido. Bajo la tutela del movimiento postmoderno antropocéntrico, la razón desplazó a Dios como fuente de la verdad, y la objetividad y el absolutismo fueron sustituidas por la subjetividad y el relativismo. Este movimiento intelectual representa la cosmovisión de la sociedad occidental contemporánea por excelencia. Y, como su propio nombre indica, intenta sobrepasar a su antecesor: el modernismo. El modernismo fue la reacción definitiva contra la oscuridad intelectual de la Edad Media, que estaba siendo dominada por tres tradiciones filosóficas.2 La primera fue la mitología helénica. Las leyendas sobre los dioses del Olimpo no eran nada más que una mera representación de las pasiones viscerales humanas. La mayoría de estas fábulas contenían una moraleja que ilustraba la clásica batalla entre el bien y el mal. La segunda tradición fue el Racionalismo clásico, el cual fue el resultado del ingenio de Sócrates, Platón y Aristóteles. Sócrates ofreció una cosmovisión en la que un solo Dios manejaba los hilos a lo largo de la historia de la humanidad. Platón desarrolló el Idealismo clásico basado en su Teoría de las Formas, la cual enseñaba que los particulares de este mundo debían su estado de ser a los ideales transcendentales forjados en la mente divina. Aristóteles fue quién se encargó de elevar la razón humana a niveles desconocidos hasta la fecha. Su hipótesis de que una última causa es la consecuencia de todas las causas del universo modeló el pensamiento medieval. El teísmo bíblico constituye la tercera tradición filosófica y es el resultado de la influencia del Cristianismo sobre la mente de la Edad Media. Tal tradición reconocía la existencia de lo trascendente, y la eventualidad de un mundo físico que se podía conocer en absolutos intelectuales. Estos tres movimientos filosóficos constituyeron la estructura que sistematizó el pensamiento medieval. Como resultado, se estableció una epistemología de dualismos sociales, es decir, un individuo podía ser aliado o enemigo de los poderes políticos o religiosos. Lo que significó que el individuo estaba siendo socialmente presionado para aceptar el ideal cultural de su época. De lo contrario se constituiría en enemigo de su propia 1 Un movimiento social está constituído por un grupo de individuos que buscan cambiar o reaccionar contra un asunto social. El movimiento feminista es un ejemplo de un movimiento social que busca el cambio cultural (véase, Letha Dawson Scanzoni, “Biblical feminism as a social movement,” Daughters Of Sarah 10, no. 6 [ (Scanzoni 1984)November 1, 1984]: 18). 2 Rick C. Shrader, “Postmodernism," Journal of Ministry and Theology 3, no. 1 (Spring 1999): 17. 1 sociedad, convirtiéndose en un paria social.3 Ésta fue la mentalidad contra la que el modernismo protestó.4 Aunque es difícil determinar las fechas concretas, algunos autores afirman que el modernismo abarca desde 1789 hasta 1989. Período delimitado por los eventos históricos de la Bastilla y el muro de Berlín, ilustrando este último la consolidación del postmodernismo incipiente ya en décadas anteriores.5 Tres fueron los golpes mortales con los que el modernismo acabó con la mentalidad medieval. El primero fue el descubrimiento de las Américas por Cristóbal Colón demostrando así la incapacidad de la mente medieval para identificar la geografía global. El segundo golpe vino a manos de Copérnico cuando puso en duda que la tierra fuese el centro del sistema solar y, por último, la Reforma, la cual debilitó el poder religioso de las masas al enfatizar la autoridad de la Biblia sobre cualquier grupo o individuo.6 Dichos ataques demostraron la incapacidad del ideal medieval abriendo así las puertas para una nueva corriente filosófica apadrinada por Bacon, Descartes y Locke. Bacon vio la necesidad de un nuevo comienzo que, según él, dependía de la investigación científica. Descartes buscó reconstruir la epistemología clásica a través de la duda radical, concluyendo que uno podía llegar a dudar de todo, excepto del hecho de que dudaba.7 Este tipo de pensamiento constituía la esencia del modernismo—la exaltación de la razón humana, no esclavizada bajo la idea de absolutos divinos. La revelación divina ya no formaba parte de la ecuación. Locke enfatizó la autonomía del ser humano, lo que resultó en un individualismo radical ajeno al pensar de los grupos sociales. Locke afirmó que el ser humano era el resultado de su medio. Las diferencias innatas entre el hombre y la mujer son realmente, según Locke, el producto de una tradición cultural y religiosa. Esto significó que la epistemología se comenzó a explicar en base a la experiencia humana. En otras palabras, si la experiencia demuestra que una mujer puede hacer cierta tarea reservada tradicionalmente para el género masculino, entonces dicha tradición debe abandonarse a la luz de la nueva experiencia adquirida.8 En definitiva, tanto Descartes como Locke desnaturalizaron a Dios. Sin negar directamente su existencia, afirmaron su despersonalización. Dios se convirtió en una idea matemática o una fuerza trascendental. De ahí, que las Escrituras perdiesen su autoridad moral, ya que si Dios carecía de personalidad la conclusión lógica era que no podía ordenar principios de conducta. Por lo tanto, todos los axiomas bíblicos referentes a la mujer y su rol en el hogar, la iglesia o la sociedad, llegarían a ser irrelevantes.9 Esta época en la que la razón, la autonomía y la investigación científica predominaron se conoce como la Ilustración o Época de las luces. El cristianismo y sus principios se rechazaron de plano, dando lugar al deísmo británico. Dicha corriente enseñaba que Dios fue quién comenzó todo, pero con ello se terminó su involucración con la raza humana. Sin embargo, con la llegada de Charles Darwin y su teoría de la evolución, la figura de Dios dejó de ser necesaria incluso para explicar la creación el universo. Por lo que se acabó abandonando al deísmo británico dando entrada al materialismo y el empirismo—sólo lo que 3 Gene Edward Veith, Postmodern Times, (Wheaton: Crossway Books, 1994), 29–31. 4 Robert C. Greer, Mapping Postmodernism, a Survey of Christian Options (Downers Grove: InterVarsity Press, 2003), 218–22. 5 Véase Thomas C. Oden, “The Death of Modernity,” in The Challenge of Postmodernism, ed. David S. Dockery (Wheaton: BridgePoint, 1995), 20. 6 Albert Borgmann, Crossing the Postmodern Divide (Chicago: Chicago Press, 1992), 22. 7 René Descartes, Meditations on First Philosophy (Sioux Falls, SD: NuVision Publications, 2007), 29. 8 John Locke, Essay concerning Human Understanding (London, 1796). 9 Véase Carl Ferdinand Howard Henry, God, Revelation, and Authority (Wheaton: Crossway Books, 1999), 1:301–314. 2 se puede observar es real. La evolución enseñó que tanto el hombre como la mujer son un eslabón más en la cadena evolutiva. Aunque ambos son seres racionales, siguen siendo animales. Con lo que las diferencias ontológicas de género no sólo desaparecieron, sino que fueron substituidas por la mentalidad evolutiva: cada eslabón de la cadena comparte un mismo propósito inherente al mismo. Ello, junto con una epistemología experiencial, determinó que tanto hombres como mujeres tienen una misma razón de ser, por lo tanto sus roles dejaron de definirse en base a sus diferencias ontológicas. A principios del siglo XIX comenzó la transición desde el modernismo al postmodernismo. Aunque no fue un cambio sencillo. El romanticismo criticó al empirismo y el materialismo moderno. La naturaleza dejó de ser un producto matemático para convertirse en un mecanismo vivo. Se volvió a dar importancia a lo espiritual y a lo divino. Pero por encima de todo, se exaltó el desarrollo individual y personal sobre lo colectivo y abstracto. Lo que resultó en subjetivismo. Ahora es el individuo el que determina lo que es real o no y cómo conducir su desarrollo como persona. Esta mentalidad llegará a ser una parte intrínseca del pensamiento feminista actual. La mujer tendría el derecho a satisfacer sus deseos personales a costa de las diferencias de género, que a su vez, según el romanticismo, no son nada más que ideas subjetivas y por lo tanto susceptibles de cambio.10 Probablemente el mayor responsable del abandono del modernismo sea el existencialismo. Dicho movimiento buscó definir la verdad en un contexto carente de absolutos universales. Por lo que una vida existencial carece de razón de ser. Su significado es establecido por el individuo en base a axiomas relativos. Se rechazaron las tradiciones culturales e históricas como determinantes de lo que es verdadero. Se negó el conocimiento de lo absoluto, lo que resultó en la afirmación de que el individuo sólo puede experimentar su propio mundo. Por lo tanto, las nociones del bien y del mal desaparecen para la mente existencial y colectiva. De lo contrario, afirmar que algo es bueno o malo supondría certificar que existen verdades absolutas.11 Así que en un mundo existencial las diferencias de género no se pueden categorizar moralmente. No está ni bien ni mal que tanto el hombre como la mujer intercambien sus roles específicos. Entre 1970 y 1980 se comenzó a acuñarse el término postmodernismo, y en 1990 empezó a asociarse con un discurso filosófico deconstructivista, cuyo fundador fue Jacques Derrida.12 Derrida intentó destruir los binarios jerárquicos de la sociedad occidental. Es decir, atacó directamente a la epistemología occidental moderna. Derrida puso en duda que la capacidad consciente del individuo pudiese adquirir conocimiento trascendental, lo que se convirtió en una amenaza para la identidad del individuo y el concepto del conocimiento. El deconstruccionismo supuso, sobre todo a nivel literario, que la persona no poseía la capacidad para conocer la intención inicial del autor cuando éste escribió un texto determinado, ya que dicho deconstruccionismo ocurre en el texto mismo. Por lo que el individuo debía leer el texto consciente de que carecía de los medios necesarios para ver aquello que era descrito a través de la mente y visión del autor. De forma que el lenguaje, básico para el conocimiento, se convierte en un flujo constante de modificaciones cognitivas. Así que la verdad perdió su definición en sí misma, incluso a un nivel cultural. Con lo que toda declaración pasó a tener la misma indeterminación y merecer el mismo respecto. En otras palabras, si un autor escribió en el pasado la palabra “perro,” el lector postmoderno no puede determinar si el escritor se refería a un mamífero perteneciente a la familia de los 10 Véase Shrader, 21; y Veith, 35–38. 11 Greer, 224–25. 12 Craig A. Phillips, Postmodernism, vol. 4, in The Encyclopedia of Christianity, by Erwin Fahlbusch and Geoffrey William Bromiley, (Grand Rapids: Wm. B. Eerdmands, 2005), 298. 3 caninos, conocido popularmente como el mejor amigo del hombre, o a otra realidad diferente. De hecho, el lector postmoderno impone este significado en la palabra, oscureciendo así el significado original y la intención inicial del autor. Lo que resulta en la imposibilidad de conocer lo que el texto quiere decir. Así que la opinión de otra persona sobre dicho texto es tan respetable, por muy diferente que sea, como la opinión de uno mismo. Esto supuso un ataque directo a los patrones bíblicos. El texto sagrado dejó de leerse como la verdad absoluta de Dios. A través de la perspectiva deconstructivista, se abandona la búsqueda de la intención original del autor, y se acepta el significado del texto que uno quiere—“y a ti, ¿qué te parece que significa esto?”13 Por ejemplo, si Pablo dijo en 1 Timoteo 2:12, “Yo no permito que la mujer enseñe ni que ejerza autoridad sobre el hombre, sino que permanezca callada,” la mente deconstructivista ignora la intención del apóstol y se pregunta qué es lo que dicho texto significa para ella en base a su experiencia personal. Experiencia que obviamente está limitada por el contexto filosófico, histórico y cultural de dicha persona. Contexto completamente diferente al del apóstol Pablo, quién no fue el producto de dos guerras mundiales, del nihilismo o, incluso, de la teoría cuántica y su énfasis en el cambio continuo.14 Realmente, la ironía del deconstruccionismo es que es víctima de su propio sistema. En resumen, el movimiento postmoderno ha provisto del engranaje necesario para el afianzamiento del feminismo y su hermenéutica en la sociedad occidental. Uno no puede ignorar que dicho engranaje rechaza las normas universales de la transmisión del conocimiento de una generación a otra, con lo que, ahora todo se cuestiona debido a la idea preconcebida de que sólo en la época presente el ser humano ha “aprendido a aprender”.15 La razón es un concepto moderno que da por sentado la ignorancia y el misticismo de las generaciones anteriores. Este tipo de razonamiento resulta en el pluralismo, que desencadenó la exaltación de la perspectiva del individuo y la represión de la idea del consenso crítico. En este caldo de cultivo postmoderno, los seres humanos se construyen a sí mismos a través de inferencias lingüísticas sobre ellos mismos. Es decir, la identidad y la realidad de una persona, viene determinada por el lenguaje individual, o las ideas que esa persona adquiere. La visión del mundo ya no se construye en base a axiomas divinos sino que es el individuo el que decide lo que es blanco y negro. Ello condujo a una visión presente y futura del conocimiento. En otras palabras, el pasado se vuelve irrelevante porque es imposible conocer el significado del lenguaje de dicha época, lo que abrió las puertas de par en par al relativismo y, por implicación, al escepticismo.16 La única verdad es la posibilidad del cambio. No hay patrones estables, todo cambia en relación a lo que la sociedad establece como necesario y seguro. Pero dicho cambio es mandatorio, es decir, mientras que la mente postmoderna se gloría en el pluralismo y en su flexibilidad para aceptar a otros, dicha mentalidad acepta sólo a aquellos que no expresan verdades en términos absolutos y 13 Véase Marika Enwald, "Displacements of Deconstruction," (Academic Dissertation, University of Tampere, 2004), 46–61. 14 Buckminster Fuller, Intuition, citado en Ted Peters, "David Bohm, postmodernism, and the divine,” Zygon 20, no. 2 (June 1, 1985): 197. 15 Véase como Jim Holt define postmodernismo en su artículo "Is Paris Kidding?" New York Times, November 15, 1998, under "Books." http://www.nytimes.com/1998/11/15/books/is-pariskidding.html?ref=bookreviews (accessed May 19, 2012). 16 Véase Harold Johnson, "The Research and Development of a Storying Model to Address The Postmodern Worldview with the Biblical Worldview," (Doctoral Thesis, New Orleans Baptist Seminary, March 2000), 6–7; William Edgard,"No News Is Good News: Modernity, The Postmodern, and Apologetics." Westminster Theological Journal (Westminster Theologicla Seminary) 52, no. 2 (1995): 371; James W Sire, The Universe Next Door, Kindle electronic ed. (Downers Grove: IVP Academic, 2004), location 2076; and Shrader, 24. 4 exclusivos. Uno podrá hacer que su voz sea escuchada, siempre y cuando acepte el cambio que la sociedad postmoderna propone. De lo contrario, será abandonado al olvido. El feminismo no ha surgido aislado de su entorno. Su hermenéutica se ha forjado en las aguas sociales del postmodernismo y, en su afán por ser relevante, ha adoptado la perspectiva de las masas seculares como dogma que establece la conducta religiosa, ignorando la única verdad absoluta y fiable de la verdad de Dios en su Palabra. Un claro ejemplo de hasta qué punto se manipularon los principios bíblicos con el fin de agradar a la mente postmoderna ocurrió en el año 1984, cuando una iglesia en la ciudad de Nueva York puso en una de sus paredes un crucifijo con un Cristo que representaba a una mujer.17 Esta imagen causó un gran revuelo y representó una realidad peligrosa que se estaba consolidando en la iglesia protestante: el movimiento feminista, lo que no puede ni debe ser ignorado. El feminismo se ha establecido con firmeza como uno de los pilares fundamentales de la cosmovisión postmoderna. Es un ideal que afecta a la mujer occidental. Su dogma central es cancerígeno de por sí. Afecta tanto a la identidad del hombre como de la familia, la iglesia y la sociedad. Por otro lado, tampoco se pueden ignorar algunos de los efectos positivos del movimiento feminista, tales como la exaltación de la dignidad del género femenino y la educación de la mujer. Probablemente éstos sean los aspectos que causan confusión y daño. Pero aún así no se puede ignorar que el feminismo fuese una reacción social exclusivamente negativa y destructiva producto del postmodernismo. Una de las primeras semillas de la ideología feminista fue plantada el 3 de Enero de 1792, durante la Época de las Luces, cuando María Wollstonecraft, una mujer inglesa, publicó su libro A Vindication of the Rights of Woman (La Vindicación de los Derechos de las Mujeres).18 Este libro supuso la mayor obra feminista hasta la fecha. Wollstonecraft creía que el intelecto era la capacidad que determinaba quienes gobernarían, por lo que intentó persuadir a las mujeres de su época para que adquirieran fortaleza mental e incluso física. La idea de la delicadeza o el tacto femenino se convirtió en sinónimo de debilidad y debía, por lo tanto, abandonarse.19 Un año después, en París apareció un panfleto titulado Les Droits de la femme (Los Derechos de la Mujer). En 1790 en Estados Unidos, Judith Sargent Murray publicó On the Equality of the Sexes (Sobre la Igualdad de Género).20 Fue Murray quién introdujo el concepto de interpretar metafóricamente los pasajes bíblicos que favorecían al género masculino.21 Además, intentó concienciar a las jóvenes de su época a prepararse para poder sostenerse económicamente sin la ayuda del hombre. A raíz de estos escritos pioneros florecieron un sin fin de autores a favor del feminismo: Frances Wright, Sarah Grimke, Sojourner Truth, Elizabeth Cady Stanton, Susan B. Anthony, Harriet Taylor and John Stuart Mill.22 Las bases del feminismo se solidificaron a la par que el modernismo y el racionalismo. Se rechazó el sistema jerárquico patriarcal y algunas voces minoritarias 17 Mary A. Kassian, Women, Creation and the Fall (Westchester: Crossway Books, 1990), 142. 18 Kevin Giles, “Post-1970s Evangelical Responses to the Emancipation of Women, “Priscilla Papers 20, no. 4 (Autumn 2006): 45. 19 Véase, Mary Wollstonecraft, A vindication of the rights of woman: with strictures on political and moral subjects, 3rd. ed. (London: J. Johnson, 1796), 6. 20 Josephine Donovan, Feminist Theory: The Intellectual Traditions, 3rd. ed. (New York: Continuum International Publishing Group, 2000), 17. 21 Véase, Judith Sargent Murray, “On the Equality of the Sexes,” in Selected Writings of Judith Sargent Murray, Woman Writers in English 1350–1850, ed. Sharon M. Harris (Oxford: Oxford University Press:, 1995), 9. 22 Mary A. Kassian, The Femenist Mistake: The Radical Impact of Feminism on Church and Culture (Wheaton: Crossway Books, 2005), 18. 5 comenzaron a surgir declarando que la mujer sólo sería libre cuando el sistema social patriarcal colapsase. El año 1848 fue decisivo para el asentamiento del feminismo como movimiento social. La Declaración de Sentimientos publicada en ese mismo año por un grupo liderado por Elizabeth Cady Stanton de más de 100 mujeres marcó el comienzo de una época. Los defensores del feminismo comenzaron a darse cuenta de que eran más que una simple minoría esparcida a lo largo del hemisferio norte. La semilla plantada a finales del siglo anterior comenzó a germinar gracias a la revolución industrial, que preparó el camino para que Stanton pudiera exigir la involucración la mujer en la vida política, social y económica.23 Cien años más tarde, en 1949, la filósofa francesa Simone de Beauvoir publicó su libro Le Deuxieme Sexe (El Sexo Secundario). Esta obra se convirtió en el manifiesto moderno a favor de la liberación de la mujer, constituyendo una de los pilares filosóficos que fundamentarían el movimiento feminista moderno. De Beauvoir creía que las diferencias de género no estaban fundamentadas en diferencias anatómicas, sino que se debían a constructos sociales y psicológicos. La mujer envidiaba la virilidad del hombre y, por lo tanto, se encontraba atrapada en la dicotomía de rechazar aquello que supone el objeto de su envidia e intentar, a la vez, conseguir lo que más anhelaba—el poder viril. Hasta la fecha, tanto mujeres como hombres intentaban esclavizar el sexo opuesto en una prisión social. El hombre lo hacía motivado por el temor de perder la transcendencia de su virilidad, y la mujer buscaba controlar dicha virilidad. Sin embargo, de Beauvoir propuso una táctica diferente: escapar de la prisión. La mujer debía rechazar el ser un mero objeto inmanente para el hombre para convertirse en una realidad transcendente, que no se somete a los deseos masculinos. Y para ello, la mujer tendría que adoptar los valores viriles alabados por la sociedad: el intelecto, la fortaleza física y la capacidad de trabajo, abandonando así los roles tradicionales de madre y esposa. De Beauvoir defendió un compromiso matrimonial que se pudiera romper libremente en cualquier momento, ya que la mujer debe ser liberada de su papel en la familia. La familia dejó de ser el centro de desarrollo femenino personal para convertirse en la atadura que privaba a la mujer de desarrollar todo su potencial. Los hijos debían ser cuidados por el gobierno garantizando así la libertad de la mujer para reintegrarse en la sociedad, sin verse limitada por su maternidad. Es evidente que la liberación propuesta por de Beauvoir conllevaba un precio muy alto: la familia, la estructura social más básica y necesaria.24 De Beauvoir afirmaba que el género femenino necesita organizarse como un todo en contra de la corriente social patriarcal. La opresión sexual se convirtió en una batalla por el símbolo de la virilidad. Las mujeres buscaron incorporar las virtudes masculinas a su identidad como mujer. Así que, por un lado, los hombres pelearon porque querían seguir siendo hombres, mientras que las mujeres luchaban por llegar a ser hombres. La filosofía feminista de de Beauvoir presenta un claro ejemplo de la ironía del feminismo: el movimiento feminista no busca la exaltación de la mujer en base a sus cualidades femeninas, sino que intenta expropiar los valores masculinos del hombre e incorporarlos en su feminidad. Lo que en sí mismo resulta en la distorsión y pérdida de la feminidad genuina. Irónicamente, el feminismo, en su forma más pura y radical, convierte la virilidad del hombre en el objeto de deseo, exaltando así al hombre y no a la mujer. A grandes rasgos se podría afirmar que el feminismo es más machista que el machismo. 23 Véase Harriet Sigerman, Elizabeth Cady Stanton: The Right Is Ours, Oxford Portraits (Oxford: Oxford University Press, 2001), 52–55. 24 Para una discusión completa de los axiomas filosóficos ofrecidos por de Beauvoir véase Simone de Beauvoir, The Second Sex, complete and unabridged ed., trans. by Constance Borde and Sheila MalovanyChevallier (New York: First Vintage Books Edition, 2011), 753–66. 6 El feminismo contemporáneo abandonó uno de los aspectos básicos propuestos por de Beauvoir. El ser humano es un ser social y, por lo tanto, su naturaleza debe establecerse a la luz de relaciones, siendo la más básica de las relaciones humanas aquella entre el hombre y la mujer. Es en este esquema que el ser humano ha llegado a definirse a sí mismo. La importancia de lo que de Beauvoir declaró es que el feminismo no podría crecer en una burbuja aislado de la relación hombre-mujer. Las mujeres, según de Beauvoir necesitan a los hombres para que puedan adquirir esa posición social de honor y respecto. El feminismo es, por tanto, un movimiento que si quiere fructificar depende de la iniciativa masculina. Es el hombre quién tiene que liberar a la mujer de su prisión y la mujer debe reconocer su igualdad ontológica con el hombre.25 Lo curioso es que el pensamiento feminista actual busca justo lo contrario: emanciparse de la relación hombre-mujer y confirmar su superioridad sobre el género masculino. Sin embargo, la filosofía feminista de de Beauvoir no encontró muchos adeptos hasta que dos décadas después Betty Friedan simplificase sus conceptos existencialistas. Friedan consideró que había una discrepancia entre las aspiraciones femeninas y la imagen social a la que las mujeres tenían que someterse, lo que denominó como “la mística femenina,” que acabó siendo el título de su libro publicado en el año 1963. En este libro, Friedan explica que las mujeres viven con un sentimiento de frustración debido a que el único rol establecido por la sociedad para su desarrollo como persona es el de esposa y madre.26 En un sentido, Friedan reflejó lo que de Beauvoir explicó cuando hablaba de la realidad transcendental del ser humano y los roles inminentes de la mujer: “Küche, Kirche, Kinder,”27 (Cocina, iglesia e hijos). En otras palabras, tanto para de Beauvoir como para Friedan, la mujer como ser humano poseía una naturaleza que trascendía la estructura social. Sin embargo, el ser esposa y madre eran las únicas funciones que estaban a su disposición impuestas por una sociedad patriarcal, limitando así su crecimiento individual. Las mujeres habían sido excluidas de todo aquello relacionado con el intelecto. Mientras ejercían de esposa y madre tenían que renegar de sus mentes, hasta el punto de ignorar su propia identidad. Millones de mujeres estaban condenadas a vivir como amas de casa, cumpliendo las típicos ideales de las primeras décadas del siglo XX, despidiendo a sus maridos mientras ellos se iban a trabajar, cocinando y lavando la ropa durante todo el día. Cambiaban las sábanas dos veces por semana en lugar de una. Limpiaban la casa cada día e iban a la peluquería todos los sábados. Su único sueño era ser la esposa y madre perfecta. Su ambición era tener una familia numerosa, una casa hermosa y un marido que ejerciese la autoridad en el hogar. En definitiva, reconocían con orgullo que su empleo era ser ama de casa, lo que, según Friedan, constituye la mística femenina.28 A partir de la década de los 60, durante el siglo XX y gracias a la influencia de Friedan, el feminismo pasó de ser una mero debate filosófico para convertirse en un movimiento social. El género femenino abandonó los roles de madre y esposa como realidades primarias para su crecimiento individual. Ahora llegaron a ser distracciones. Toda mujer inmersa en este tipo de actividades tuvo que enfrentarse a una nueva realidad en su vida, la frustración y ansiedad de ser mujer. La mujer estaba siendo obligada a someterse a un perfil para el que no estaba preparada. El feminismo afirmaba que la estructura patriarcal había llevado a la mujer a una vida carente de propósito. La sociedad había definido erróneamente a la naturaleza femenina, y la solución que se buscó fue la educación de la 25 Ibid., 766. 26 Betty Friedan, The Feminine Mystique (New York: Dell Publishing Co., 1963), 24. 27 DeBeauvoir, 469. 28 Véase Friedan, 18. 7 mujer. Sólo había una vía de escape para que la mujer pudiese explotar su potencial al máximo y ésta era a través de la participación activa en la sociedad, ejerciendo su derecho a voz y voto. Para que las mujeres pudiesen llegar a ser “mujer” necesitaban independencia económica del hombre, lo que causó un cambio radical de la estructura social. La mujer dejó de ser una ayuda idónea para convertirse en otro depredador laboral. Tanto hombres como mujeres buscaron su identidad en el éxito laboral. La relación hombre-mujer, tan básica para el desarrollo personal del individuo, se definió como una relación laboral, caracterizada por la lucha para demostrar quién era el mejor.29 La autoestima se convirtió en el impulso del feminismo. La mujer feminista creía que la sociedad le imponía tener una baja autoestima. Era un ser de calidad inferior, que carecía de las capacidades y cualidades para ejercer un rol dominante. La feminidad llegó a ser sinónimo de inferioridad, siempre y cuando siguiese en pie un sistema social regido por hombres. La subordinación al género masculino en el hogar y la iglesia eran los responsables de la baja autoestima de la mujer. Esto significa que, para el feminismo, la autoestima dejó de definirse en base a lo que una persona es y empezó a entenderse como una realidad conectada a los logros sociales de una persona. En otras palabras, según el feminismo, lo que definía a la mujer no era ya lo que era, sino el éxito que lograba. El feminismo se infiltró rápidamente en la iglesia, lo que causó un revuelo que continúa vigente hoy en día. La mayoría de las posiciones de liderazgo estaban en las manos de hombres, lo que directamente colisionaba con la nueva definición feminista de la mujer. Por lo que si una mujer no quería sentirse discriminada necesitaba realizar las mismas actividades y ejercitar la misma autoridad que el género opuesto. De lo contrario, sería, por definición, un ser humano inferior. La emancipación de la mujer supuso una serie de retos teológicos que no todos estaban preparados a enfrentar. Los cristianos se vieron obligados a volver a sistematizar su teología de género. El feminismo reclamaba una posición de igualdad en relación al hombre. Lo que ahora se definiría en base a los oficios desempeñados tanto por hombres como mujeres. Hasta el resurgir del feminismo en la década de los 60, la iglesia entendía que la diferencia de actividades llevadas a cabo por ambos sexos no determinada la superioridad o inferioridad de un sexo sobre el otro. La mujer podía subordinarse al hombre sin sentir que su identidad como ser humano estaba bajo amenaza. Pero la emancipación de la mujer en la sociedad cambiaría radicalmente la manera de entender los textos bíblicos en relación a la mujer. Por norma general, se comenzaron a explicar a la luz de una sociedad patriarcal heredada del Antiguo Testamento que, por lo tanto, debía abandonarse.30 En el año 1961, William Douglas publicó un artículo titulado “Women in the Church,” (“Las mujeres en la Iglesia”) en la revista religiosa Journal of Pastoral Psychology (Boletín de Psicología Pastoral). Douglas intentó argumentar que la Biblia en su totalidad ofrece suficientes razones para aceptar la igualdad de género tanto a nivel ontológico como funcional. Hombres y mujeres son iguales ante Dios y es el mismo Dios quién reparte dones similares entre los dos sexos. Por lo tanto, la conclusión lógica es que si Dios capacita a una mujer para predicar es que quiere que sean predicadoras, función estrictamente reservada para el género masculino.31 Douglas abandonó la distinción entre cleros y laicos e buscó el retorno al sacerdocio de todos los santos. Lo que significó que el ministerio pastoral era una opción para todos los creyentes.32 Rápidamente otras voces comenzaron a oírse en la esfera 29 Véase Letha Dawson. Scanzoni, “Biblical feminism as a social movement,” Daughters Of Sarah 10, no. 6 (November 1984): 18. 30 Véase Giles: 47. 31 Véase William Douglas, “Women in the Church,” Pastoral Psychology 12, n5 (June1961): 13–20. 32 Ibid., 14. 8 religiosa secundando a William Douglas.33 En 1962, la revista Christianity and Crisis (Cristianismo y Crisis) exigió justicia para el sexo opuesto.34 En 1964 un artículo titulado “A Radical New Order” (“Un Nuevo Orden Radical”), en la revista Union Seminary Quarterly Review (Reseña Trimestral del Seminario Unión), solicitaba que se revisase la visión de la mujer en la iglesia.35 En ese mismo año, se publicaba un panfleto titulado “Concerning the Ordination of Women” (En Referencia a la Encomendación de Mujeres) que invitaba a las iglesias a reexaminar sus tradiciones en referencia a la mujer.36 Tres años después, la revista Journal of Ecumenical Studies (Boletín de Estudios Ecumenicos) afirmaba que el estado de la mujer en la iglesia constituía la pregunta de la década.37 El resultado de este auge fue que varias denominaciones evangélicas comenzaron a replantearse si el modelo patriarcal era valido o no. A partir de este momento es cuando se comenzó a sistematizar y forjar una teología feminista. En definitiva, es evidente que el movimiento feminista se solidificó, tanto a nivel religioso como secular, gracias al postmodernismo. Ambos suponen una reacción en contra del entorno y los abusos sociales de su época. La revolución social introducida por el modernismo y el postmodernismo, en su forma más incipiente, determinó el cambio intelectual en la historia de la humanidad que abrió las puertas para la emancipación de la mujer. Emancipación que no sólo tuvo lugar en el hogar sino también en la iglesia. Transformó prácticamente cada aspecto de la estructura eclesial. Sus raíces modernas se sitúan en el siglo XVII, aunque todos los aspectos necesarios para la consolidación de este movimiento social no tuvieron lugar hasta la entrada del siglo XX.38 El resurgir del feminismo en la iglesia trajo consigo un intenso debate sobre las diferencias de género y los roles reservados para cada sexo. También protestó en contra de lo que, según el movimiento, constituían prejuicios androgénicos en las Escrituras. Como resultado de esta ideología se afirmó que la Biblia estaba empapada de una mentalidad misógina que aborrecía al género femenino. Prueba de esto, según el feminismo, sería la era patriarcal, dónde el Dios “masculino” del Antiguo Testamento se estableció como el fundamento para el cristianismo del Nuevo Testamento, eliminando por completo la posibilidad de una figura femenina divina. Lógicamente, este prejuicio desencadenó que se dudase de la Biblia como documento histórico. Por lo que automáticamente dejó de tener autoridad en este tipo de debate y, como consecuencia, se comenzaron a ofrecer nuevas interpretaciones textuales de pasajes clave que establecían la masculinidad del liderazgo eclesial. A pesar de la clara evidencia histórica y la autoridad del mandato bíblico, el exegeta postmoderno feminista cuestionó la originalidad del mensaje bíblico39 porque supuso que la 33 La lista de publicaciones ofrecida a continuación ha sido obtenida a partir del libro The Feminist Gospel; véase Mary A Kassian,. The Feminist Gospel: The Movement to Unite Femenish with the Church (Wheaton: Crossway Books, 1992), 26–27. 34 Véase F. S. Smith, “Fairness for the Fair Sex,” Christianity and Crisis 22, no. 5 (September 1962): 35 Polly Allen Robinson, “Women in Christ,” Union Seminary Quarterly Review 19 (March, 1964): 146–47. 193. 36 Arlene Swidler, “An Ecumenical Question: The Status of Women,” Journal of Ecumenical Studies 4, n.1 (Winter 1967): 114. 37 Ibid., 113–15. 38 Para una discusión más detallada véase Ruth A. Tucker and Walter Liefeld, Daughters of the Church: Women in Ministry from New Testament Times to the Present (Grand Rapids: Zondervan, 1987), 245– 90. 39 Véase Phyllis Trible, "Five Loaves and Two Fishes: Feminist Hermeneutics and Biblical Theology," Theological Studies 50 (1989):285–89. 9 Biblia consistía en “la forma más antigua y persistente de someter a un ser humano a un estado permanente de inferioridad debido a su sexo.”40 El feminismo evangélico fue incluso más allá y conectó la salvación con la liberación social, redefiniendo así, el propósito de la iglesia,41 la cual debía servir a la revolución social y terminar con la opresión de clases.42 Para ello Letty Russell afirma que la iglesia necesita adaptarse y tener una mente abierta al mundo. Sólo así su voz será oída en la sociedad.43 Parece difícil de creer, pero hubo voces feministas que afirmaron que la opresión femenina era la raíz de todo tipo de opresión.44 Por lo tanto, la emancipación mundial de la opresión social está unida con la emancipación de la mujer. Para erradicar la pobreza y el hambre, la iglesia tiene que ensalzar a la mujer al mismo estatus social que el hombre.45 Este tipo de declaraciones no surgen de la nada, sino que son el resultado de suposiciones previamente concebidas. No obstante, el feminismo evangélico, teniendo a su disposición las mismas herramientas y métodos que la postura tradicional, obtiene conclusiones totalmente diferentes y dispares.46 ¿Cómo es que medios convencionales y tradicionales obtuvieron resultados tan atípicos? La respuesta, como se ha intentado demostrar a lo largo de este capítulo, es que estas diferencias se deben a las presuposiciones ideológicas que adoptó el feminismo. Presuposiciones esquivas, llenas de prejuicios y reaccionarias. El exegeta feminista comenzará su exegesis bíblica consciente de la supuesta androginia de las Escrituras y, como resultado, eliminará todo aquello que, según el feminismo, denota machismo debido a la presuposición de que tal perspectiva ha sido culturalmente impuesta sobre el texto. Por lo tanto, el intérprete feminista afirmará que los pasajes que limitan a la mujer no son originales al texto, sino que constituyen resquicios de la mentalidad machista del escritor bíblico. Por consiguiente, la iglesia contemporánea debe ajustarse a los nuevos valores sociales postmodernos. El postmodernismo corre por las venas 40 Letty Russell, Human Liberation in a Feminist Perspective: A Theology (Philadelphia: Westminster Press, 1974), 29. 41 Letty Russell escribe: “Así como el llamado a salvación que nos lleva de lo transitorio a lo inmortal pudo ser escuchado en cada esquina del mundo antiguo, hoy en día se escucha un llanto por la liberación de los oprimidos, los humillados y ofendidos que viven en este mundo inhumano… Cualquiera que sea el lenguaje hablado o las palabras empleadas, el llamado para la liberación no es un eslogan vacío, sino que es un cri de Coeur. Es un llanto profundo del corazón, un llanto en contra de la opresión, un llanto por un nuevo futuro, ¡comenzando ahora mismo!” (Letty Russell, 11, 17). Russell cree que la salvación espiritual del individuo demandaba la salvación social de la opresión y la desigualdad. Esto está basado en la teología libertaria del tercer mundo, lo que demuestra que la posición teológica de Russell fue reaccionaria de por sí y, por lo tanto, susceptible al extremismo. Es decir, este tipo de teología se desarrolla en base a la experiencia de la opresión social. Véase Mary A. Kassian, The Feminist Gospel, 51. 42 Véase Rosemary Radford Ruether, Liberation Theology: Human Hope Confronts Christian History and American Power (New York: Paulist Press, 1972), 183. 43 Véase Russell, 50–51. 44 Véase Valerie Saiving Goldstein, “Where Is the Woman?” Theology Today 19 (April 1962): 111. 45 Véase, Kassian, The Feminist Gospel, 54. Decir que la Iglesia es el instrumento diseñado por Dios para alcanzar la emancipación de la mujer es negar la definición misma de la iglesia. La cual es columna y sostén de la verdad (1 Tim 3:15). Dicha verdad, en el mismo contexto de 1 de Timoteo, no es la revolución social, sino el evangelio de Jesucristo (1 Tim 1:15) planeado por Dios (1 Tim 1:4) y por el cual vale la pena entregar la vida (1 Tim 1:18). Así que todo cristiano desempeñando un oficio en la iglesia debe vivir a la luz del evangelio en el contexto de la misma iglesia y la familia. Por tanto, Pablo no está imponiendo su perspectiva cultural sobre las diferencias de género y sus respectivos roles, sino que está aplicando el evangelio mismo a la vida de la iglesia. 46 Herramientas y métodos como la crítica histórica, la crítica formal, la crítica literaria, tradición histórica, antropología, sociología, arqueología, y la lingüística. 10 del feminismo causando el deconstruccionismo del texto bíblico. La autoridad ahora está en el hombre y no en el texto y no puede haber nada más dañino para la fe evangélica que la deconstrucción de las Escrituras. El protestantismo debe ser consciente de estas raíces filosóficas del feminismo y del peligro que suponen sus prejuicios reaccionarios contra la autoridad bíblica. 11 Bibliografía Borgmann, Albert. Crossing the Posmodern Divide. Chicago: Chicago Press, 1992. de Beauvoir, Simone. The Second Sex. Complete and Unabridged Edition. Translated by Constance Borde and Sheila Malovany-Chevallier. New York: First Vintage Books Edition, 2011. Descartes, René. Meditations on First Philosophy. Sioux Falls, SD: NuVision Publications, 2007. Donovan, Josephine. Feminist Theory: The Intellectual Traditions. Third Edition. New York: Continuum International Publishing Group, 2000. Douglas, William. "Women in the Church." Pastoral Psychology 12, no. 5 (June 1961): 13– 20. Edgard, William. "No News Is Good News: Modernity, The Postmodern, and Apologetics." Westminster Theological Journal (Westminster Theologicla Seminary) 52, no. 2 (1995): 357-382. Enwald, Marika. "Displacements of Deconstruction." Academic Dissertation, University of Tampere, 2004. Friedan, Betty. The Feminine Mystique. New York: Dell Publishing Co., 1963. Giles, Kevin. "Post-1970s Evangelical Responses to the Emancipation of Women." Priscilla Papers 20, no. 4 (Autumn 2006): 46–52. Goldstein, Valerie Saiving. "Where Is the Woman?" Theology Today 19 (April 1962): 111– 14. Greer, Robert C. Mapping Postmodernism, a Survey of Christian Options. Downers Grove: InterVarsity Press, 2003. Henry, Carl Ferdinand Howard. God, Revelation, and Authority. Vol. 1. 6 vols. Wheaton: Crossway Books, 1999. Johnson, Harold. "The Research and Devellopment of a Storying Model to Address The Postmodern Worldview with the Biblical Worldview." Doctoral Thesis, New Orlands Baptist Seminary, March 2000. Kassian, Mary A. The Feminist Gospel: The Movement to Unite Feminism with the Church. Wheaton: Crossway Books, 1992. ———. The Feminist Mistake: The Radical Impact of Feminism on Church and Culture. Wheaton: Crossway Books, 2005. ———. Women, Creation and the Fall. Westchester: Crossway Books, 1990. Locke, John. An Essay concerning Human Understanding. 27th edition. London: T. Tegg and Son, 1836. 12 Murray, Judith Sargent. "On the Equality of the Sexes." In Selected Writings of Judith Sargent Murray. Woman Writers in English 1350–1850, edited by Sharon M. Harris, 3–15. Oxford: Oxford University Press, 1995. Oden, Thomas C. "The Death of Modernity." In The Challenge of Postmodernism, edited by David S. Dockery, 19-33. Wheaton: BridgePoint Books, 1995. Peters, Ted. "David Bohm, postmodernism, and the divine." Zygon 20, no. 2 (June 1985): 193-217. Phillips, Craig A. "Postmodernism." In The Encyclopedia of Christianity, edited by Erwin Fahlbusch and Geoffrey William Bromiley, Volume 4, 296-305. Grand Rapids: Wm. B. Eerdmands, 2005. Robinson, Polly Allen. "Women in Christ." Union Seminary Quarterly Review 19 (March 1964): 193–97. Ruether, Rosemary Radford. Liberation Theology: Human Hope Confronts Christian History and American Power. New York: Paulist Press, 1972. Russell, Letty. Human Liberation in a Feminist Prespective: A Theology. Philadelphia: Westminster Press, 1974. Scanzoni, Letha Dawson. "Biblical feminism as a social movement." Daughters Of Sarah 10, no. 6 (November 1984): 18–20. Shrader, Rick C. "Postmodernism." Journal of Ministry and Theology (Baptist Bible College) 3, no. 1 (Spring 1999): 17-25. Sigerman, Harriet. Elizabeth Cady Stanton: The Right Is Ours. Oxford Portraits. Oxford: Oxford University Press, 2001. Sire, James W. The Universe Next Door. Kindle Electronic Edition. Downers Grove: IVP Academic, 2004. Smith, F. S. "Fairness for the Fair Sex." Christianity and Crisis 22, no. 5 (September 1962): 146–47. Swidler, Arlene. "An Ecumenical Question: The Status of Women." Journal of Ecumenical Studies 4, no. 1 (Winter 1967): 113–15. Trible, Phyllis. "Five Loaves and Two Fishes: Feminist Hermeneutics and Biblical Theology." Theological Studies 50 (1989): 279–95. Tucker, Ruth A., and Walter Liefeld. Daughters of the Church: Women in Ministry from New Testament Times to the Present. Grand Rapids: Zondervan, 1987. Veith, Gene Edward. Postmodern Times. Wheaton: Crossway Books, 1994. Wollstonecraft, Mary. A vindication of the rights of woman: with strictures on political and moral subjects. Third Edition. London: J. Johnson, 179 13
Puede agregar este documento a su colección de estudio (s)
Iniciar sesión Disponible sólo para usuarios autorizadosPuede agregar este documento a su lista guardada
Iniciar sesión Disponible sólo para usuarios autorizados(Para quejas, use otra forma )