Comunión con Dios y los demás
Nada hay más importante en la vida de un cristiano que su relación con Cristo.
"Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas
os serán añadidas." (Mateo 6:33). Cuando tenemos una buena relación con
Dios, también mantenemos una buena relación, paz y comunión con los
demás. "Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es
mentiroso. Pues el que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede
amar a Dios a quien no ha visto?" (1 Juan 4:20). No podemos decir que
amamos a Dios y tener falta de perdón o resentimiento hacia otras personas;
no saludar a nuestros hermanos o hablar mal de ellos, porque ante los ojos de
Dios eso equivale a hipocresía y caminar en tinieblas. "El que dice que está en
la luz, y aborrece a su hermano, está todavía en tinieblas." (1 Juan 2:9)
Como Iglesia, debemos quitarnos la máscara de religiosidad y aprender a
confrontar con sabiduría. No con la intención de ganar el argumento, sino de
restaurar lo que está roto. "Hermanos, si alguno fuere sorprendido en alguna
falta, vosotros que sois espirituales, restauradle con espíritu de mansedumbre,
considerándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado." (Gálatas 6:1).
Solo de esa forma aprenderemos a perdonar a quienes nos han herido y la
sangre de Jesús nos redimirá de todo pecado. "Si confesamos nuestros
pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda
maldad." (1 Juan 1:9)
¿Qué hace nuestra relación con Dios?
De la condición de nuestra relación con Dios dependerá la relación que
tengamos con nuestro prójimo. ¿Qué resulta de nuestra buena relación con Él?
Tratamos y servimos mejor a la gente. Estar llenos del amor de Dios
produce compasión, paciencia y amor en nosotros, para con los demás.
"Porque toda la ley en esta sola palabra se cumple: Amarás a tu prójimo
como a ti mismo." (Gálatas 5:14) Si servimos a los demás con la
motivación o la actitud incorrecta, lo mismo haremos con Dios y pronto
perderemos la pasión por servir.
Recibimos bendición para ser de bendición. Cuando usted hace lo
correcto y se pone en posición de recibir la bendición de Dios, Él nos la
imparte. "Dad, y se os dará; medida buena, apretada, remecida y
rebosando darán en vuestro regazo; porque con la misma medida con
que medís, os volverán a medir." (Lucas 6:38) Pero recuerde que las
bendiciones de Dios no solo son para nosotros, sino para compartirlas y
crear un círculo de Su amor y poder.
Tenemos influencia en el mundo espiritual y en la gente. Cuando
tenemos una buena relación con Dios, las compuertas de bendición se
abren sobre nuestra vida. "Deléitate asimismo en Jehová, y él te
concederá las peticiones de tu corazón." (Salmos 37:4) Cierra contratos
que antes no se le daban, es bendecido por otras personas, pero,
además, Dios le da influencia sobre los demás. Todo, como resultado de
tener una buena relación con Dios, de estar de rodillas, de sembrar y
obedecer.
¿Cuáles son las bases para desarrollar nuestra relación con Dios?
Un pacto de compromiso. No existe relación sin compromiso. Dios no
se compromete con usted, hasta que usted se comprometa con Él.
"Acercaos a Dios, y él se acercará a vosotros." (Santiago 4:8)
El amor a Dios. El motivo de toda relación debe ser el amor. Debemos
buscar a Dios porque le amamos, por quien Él es, no por lo que hace o
por lo que nos da. "Y amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de
toda tu alma, y con todas tus fuerzas." (Deuteronomio 6:5)
El temor de Dios. Toda relación está basada en el temor de Dios y en el
respeto que le tenemos. "El temor del SEÑOR es el principio de la sabiduría;
los necios desprecian la sabiduría y la instrucción." (Proverbios 1:7)
La obediencia a Dios. Nuestra relación con Él se basa en la obediencia
a Su Palabra. "Si realmente escuchas al Señor tu Dios, y cumples
fielmente todos estos mandamientos que hoy te ordeno, el Señor tu Dios
te pondrá por encima de todas las naciones de la tierra." (Deuteronomio
28:1)
La comunicación. Es la base para nuestra relación con Dios y con los
demás. Nos comunicamos con Él a través de la oración. Sin
comunicación no hay relación. "Clama a mí, y yo te responderé, y te
enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces." (Jeremías 33:3)
¿Cómo desarrollamos nuestra relación con Dios?
Poniendo a Dios primero, sobre todas las cosas. "Mas buscad primeramente el
reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas." (Mateo
6:33) En nuestra relación con Dios aprendemos a arrepentirnos de todo
pecado, trasgresión e iniquidad. "Por tanto, arrepentíos y convertíos, para que
vuestros pecados sean borrados, a fin de que tiempos de refrigerio vengan de
la presencia del Señor." (Hechos 3:19) El pecado fue el que rompió nuestra
relación con Dios. Donde hay pecado, la relación con Dios está rota. "Vuestras
iniquidades han hecho división entre vosotros y vuestro Dios, y vuestros
pecados han hecho que su rostro se oculte de vosotros para no oíros." (Isaías
59:2)
Nuestra relación con Dios se alimenta diariamente de oración, de Su Palabra,
alabanza y adoración. "Alaben al Señor porque él es bueno, y su gran amor
perdura para siempre." (1 Crónicas 16:34) De esa forma le mostramos que
estamos disponibles para Él y le damos tiempo de calidad. "Oh Dios, tú eres mi
Dios; yo te busco intensamente. Mi alma tiene sed de ti; todo mi ser te anhela,
cual tierra seca, extenuada y sedienta." (Salmo 63:1)
Es hora de caminar en luz, perdón, compañerismo y paz con los demás. "Si
andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la
sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado." (1 Juan 1:7) Cuando
hacemos esto, removemos todas las cosas que obstaculizan nuestra relación
con Dios o que quieren tomar el lugar que le corresponde a Él. "No os
conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de
vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de
Dios, agradable y perfecta." (Romanos 12:2)