Nicoletti, E., Bozzolo, R. y Siaky, D. (1986). Infancia y represión
política.
En principio se pueden delimitar dos grupos: a) el de los niños secuestrados con sus padres o
nacidos durante el cautiverio de sus madres en las cárceles clandestinas. Y b) los miles de niños
y adolescentes, hijos de personas desaparecidas durante el periodo dictatorial que quedaron al
cuidado de sus familiaries, principalmente abuelos.
184 niños fueron secuestrados junto con sus padres o se infiere que nacieron en cautiverio. Han
pasado a vivir como hijos de los miembros de las fuerzas represivas que causaron la
desaparición de sus padres o con personas allegadas a estos. Fueron alterados sus nombres y en
algunos casos su edad. Se produjo una perversión (en el sentido de perturbar el orden o estado
de las cosas, no en sentido psicoanalítico) de la identidad de estos niños. Mas alla de la
diferencia de edad y de la percepción del hecho traumatico, lo importante es el conocimiento
que de estos hechos tienen las personas que los tomaron a cargo. Hay alguien, el que se ocupa
del lugar paterno, que lo sabe, y esto tiene consecuencias.
En cuanto al segundo grupo, se vieron expuestos súbitamente a una situacion aterrorizante: por
la perdida de sus padres, y por la situacion de desprotección en que quedaron sus familias. Los
familiares se planteaban el riesgo que implicaba que los niños tuvieran información sobre el
secuestro de sus padres; tanto por su seguridad personal como por el posible rechazo del medio.
A aquellas familias que lograban eludir el mandato de silencio, que querían informar a los
niños, se les presentaba otra dificultad: qué decirles.
¿cómo transmitir esto a un niño cuya lógica es: busquémoslo, en algún lugar tiene que estar”?
entonces se debatían entre la angustia de tener que dar testimonio de una muerte no cierta y el
dolor de sostener una espera quizá sin futuro. Pensamos que la explicación “se fue de viaje”,
que se encuentra con frecuencia, liberaba de alguna manera este dilema, posponiendo. Permitia
situar al desaparecido en algún lado, inaccesible, pero real y existente.
Sin embargo, la verdad insistia, apareciendo en los lugares más recónditos. El desaparecido
aparecía en las pancartas de las Madres, en las siluetas de las marchas, en los dibujos de los
chicos, en las inconsistencias el discurso de ocultamiento, en los síntomas que se mostraban en
las consultas. Muchos de los primeros pedidos de asistencia que se recibían por las abuelas de
los hijos de desaparecidos, eran para poder informar con la verdad a sus nietos. Se ha constatado
los efectos tranquilizadores de la verdad. Creemos que el secreto, en tanto es sabido por alguien,
pero no es hablado, tiene consecuencias en los niños. Se observa que la solución de compromiso
“se fue de viaje” da la pauta de una ausencia forzada, como abandono voluntario, falta de amor,
de cuidado, etc. Con el siguiente peso para el niño que podía llegar a sentirse responsable de
esta ausencia o preso de la pregunta angustiosa: ¿Por qué me deió?
En los familiares de desaparecidos hay menos compromiso subjetivo con el ocultamiento. Esto
se expresa en las modalidades de la demanda. Los padres adoptantes dicen: “tengo que decirle
per no quiero” y los familiares de hijos de desaparecidos dicen: “quiero decirle pero no sé
cómo”. Esta dificultad para informar sobre la desaparición de los padres aparecía ligada a
temores: a provocar daño al niño reviviendo la tragedia, a generar un odio incontrolable que les
imposibilitara la convivencia con otros, a la marginación social.
Pensamos que aparece aquí el mito de la inocencia infantil, como posibilidad ICC de sostén de
una creencia: aquello no ocurrió. Cada niño vive la situacion de la desaparacion de una manera
particular, de acuerdo con su historia. No todo lo que le pasa está vinculado a la desaparición
aunque tiene un peso muy grande que varía según la edad del niño, las circunstancias en las que
ocurrió, la info que tuvo sobre el hecho, el lugar del familiar en que quedó ubicado y la
respuesta de la familia. Es por esto que pensamos que no existe un síndrome del niño con padres
desaparecidos. Desde el punto de vista fenomenológico se ha constatado que la mayoría de estos
niños sufren temores nocturnos, con la necesidad de dormirse acompañados. Son frecuentes
también el temor a la oscuridad, a determinados ruidos, a salir solos, llegando a veces a
constituir verdaderas fobias.
Por otro lado, la desapacion de los padres produce en los niños alteraciones profundas de la
identidad. La marginación de que han sido victimas durante el periodo de la dictadura y aun
después tiende a consolidar una identificación como “hijo de desaparecido” cercenando otras
posibilidades identificatorias. Por eso es que no se considera conveniente el agrupamiento de
estos niños ya sea en tratamiento o en actividades libres, que definan la pertenencia por ser hijo
de desaparecidos.