EL CONJUNTO PERDIDO DE ALGORÓS, UNA VILLA PERIURBANA DE ILICI (L’ALCÚDIA D’ELX) Roberto Lorenzo de San Román Doctor en Historia RESUMEN / ABSTRACT Resumen: En 1861 y 1862 Aureliano Ibarra descubrió y excavó los ricos mosaicos de una villa romana en Algorós, a 1,2 km de Ilici. Registró tanta información como pudo e intentó proteger los restos, pero el desinterés administrativo no lo permitió. Este trabajo continúa su investigación, con los conocimientos actuales sobre la aparición y evolución de las villas romanas, para contextualizar el conjunto perdido de Algorós en el entorno de la Ilici tardía. Abstract: In 1861-1862 Aureliano Ibarra discovered the mosaics of a Roman villa just 1.2 km from Ilici. He recorded all the information he could, and tried to protect what remained, but the passivity of the administration did not allow it. This paper continues his research by applying the knowledge we now already have about the emergence and evolution of Roman villae, in order to contextualize the site of Algorós in Late Roman Ilici and its surroundings. Dos quilómetros al sur de Elche (Alicante) se halla la loma l’Alcúdia, solar de la Colonia Iulia Ilici Augusta que pervivió mil años hasta su consunción urbana en época emiral1. Ubicada en la via Augusta con acceso al mar a 13 km en el Portus Ilicitanus (Santa Pola), su importancia regional dio nombre al Sinus Ilicitanus y llegó a sede episcopal. No sólo fue núcleo rector de la comarca natural del Camp d’Elx que aún mantiene el recuerdo de la antigua centuriación, sino que su área de influencia se extendió mucho más allá por las cuencas del Vinalopó y del Segura. colapso del más antiguo municipio de Lucentum, superó exitosamente la crisis del s.III y la reorganización territorial que afectó a tantos asentamientos cercanos, y llegó al s.IV con un territorium amplio y una serie de villae que, desgraciadamente, son poco conocidas. Recientemente he estudiado la evolución de Ilici desde el Bajo Imperio hasta su desaparición en época islámica3, con reflexiones sobre la pervivencia y transformación de las villae de su entorno que quiero recuperar antes de centrar el tema en el conjunto de Algorós. Desde la adquisición del yacimiento por la Universidad de Alicante en 1996, la Fundación Universitaria L’Alcúdia de Investigación Arqueológica ha reavivado el interés por Ilici en sus diversos períodos históricos. Para el que acota este congreso sobre las villas hispánicas bajoimperiales, M. Tendero y A. Ronda han demostrado la normalidad de la ciudad entre los ss.II y IV a partir del reestudio de excavaciones anteriores y de sus últimas actuaciones en el frente occidental del yacimiento2. Ilici sobrevivió al El mundo romano no podemos entenderlo sin ciudades, desde luego, pero tampoco sin aquellas señoriales residencias campestres cuyos mosaicos hemos llegado a identificar con la propia concepción de romanidad. Allá donde se impuso la romanitas hubo una élite que llevó consigo, o bien copió, los patrones itálicos de representación social doméstica en torno a un atrio y con pinturas parietales y ricos pavimentos que daban razón del alto estatus de sus propietarios, las 1 Este trabajo recoge y amplía la información dispersa sobre el tema en mi tesis doctoral, y se ha realizado en el marco del proyecto de investigación HAR2015-67111-P “El sitio de las cosas: relación entre la cultura material y los espacios construidos a la luz de la arqueología (ss.VI-XIV)”. Sin los desvelos entonces de Aureliano Ibarra y la posterior investigación de Concha Papí no hubiera sido posible. Para ambos, mi admiración y agradecimiento. Y también para Josep Maria Llorens, por las imágenes en color de los mosaicos. 2 TENDERO, M. y RONDA, A., “Nuevos datos sobre la Colonia Iulia Ilici Augusta (s.II-IV d.C.)”, en RAMALLO, S.F. y QUEVEDO, A., Las ciudades de la Tarraconense oriental entre los s.II-IV d.C. Evolución urbanística y contextos materiales, Murcia, 2014, pp. 275-320. Ibidem, “La ciudad romana de Ilici (L’Alcúdia de Elche, Alicante)”, en OLCINA, M., Ciudades romanas valencianas, Actas de las Jornadas sobre Ciudades Romanas Valencianas. Actualidad de la investigación históricoarqueológica, Alicante, 2014, pp. 226-242. 3 LORENZO, R., Ilici en la Antigüedad tardía. Ciudad y territorio del ocaso imperial al Pacto de Tudmīr. Tesis doctoral inédita, UA, 2016. 173 actas del congreso internacional “LAS VILLAS ROMANAS BAJOIMPERIALES DE HISPANIA” ROBERTO LORENZO DE SAN ROMÁN villae; término que encierra tal complejidad que diversos estudios han replanteado tanto su sentido primigenio como su mutación semántica tardía4. Se asume, pues, que los possessores o ricos terratenientes propietarios de varias villas, a menudo sitas en diferentes provincias, podían alternar la vida entre el campo y la ciudad según el conocido verso de Ausonio (Edyllia, III) “transeo et alternis rure vel urbe fruor”, y que no tenían porqué abandonar la ciudad ni priorizar una residencia estable entre sus muchas propiedades. Pero últimamente se ha sugerido que la villa forma parte de la ciudad porque también es ciudad; urbs in rure no como traslación sino como identificación5. Siguiendo esta idea no deberíamos disociar ambas plasmaciones urbanas, y la transformación monumental de las villae en los ss.III-IV o su final como residencias suntuosas en los ss.V-VI bien podrían, por tanto, juzgarse como cambios en la manera de entender la ciudad, de (auto)representarse las élites urbanas en cada momento, de acuerdo al sentido palacial y escenográfico de las villae tardías6. En este sentido Algorós, y otras villas periurbanas —ubicadas en un radio de mil pasos romanos desde l’Alcúdia— como Els Partiorets, Farsiura, la Casa de les Teules o la Hacienda Botella, no serían de Ilici. Serían Ilici, parte consustancial de la ciudad y complementaria al resto de elementos que conformaban el imaginario y el paisaje urbano de sus habitantes. 4 Desde un punto de vista etimológico, Algorós tendría origen en el árabe (al-) gurûs, plural de gars “viña nueva”7, y F. Corriente localiza otro alḡurūs como “an unid.(entified) picnic spot on the banks of the river Guadalquivir”8, por lo que no parece relacionarse con los restos romanos hallados en 1861. Pero al poco del descubrimiento, en su discurso de recepción ante la Real Academia de la Historia el 29-VI1869, M. Roca de Togores consideró el conjunto de Algorós como los restos de la que llamó villa Marciana a partir de la aparición del nombre de la familia Marcia en un “sello impreso sobre el yeso ó estuco que cerraba la boca de una hídria, cuyo fragmento encontramos por aquellas inmediaciones”9, y también de la pervivencia del topónimo en la vecina acequia de Marchena10. El de Algorós fue el hallazgo con mayor repercusión de la arqueología local hasta el descubrimiento de la Dama en 189711. Pero aunque deslumbró en su momento hoy apenas subsiste el arte mueble conservado en el Museo Arqueológico Nacional como parte de la Colección Ibarra. Una pérdida de patrimonio e información no sólo achacable al momento de su descubrimiento, con una metodología hija —como todas— de su tiempo, sino también al secular desinterés de la investigación local por los hallazgos anteriores a la Guerra Civil, entre los cuales las villae más cercanas a Ilici antes aludidas y actualmente desapa- Tras las obras clásicas de GORGES, J.G., Les villas hispano-romaines. Inventaire et problématique archéologiques, París, 1979; FERNÁNDEZ CASTRO, M.C., Villas romanas en España, Madrid, 1982; FERNÁNDEZ-GALIANO, D., Las villas hispanorromanas, Madrid, 1991; vid. las actualizaciones regionales de REVILLA, V., GONZÁLEZ, J-R. y PREVOSTI, M., Les vil·les romanes a la Tarraconense. Implantació, evolució i transformació. Estat actual de la investigació del món rural en època romana, Barcelona, 2008; y de HIDALGO, R., Las villas romanas de la Bética, 2 vols, Granada, 2016. Sobre su evolución durante la Antigüedad tardía vid. FUENTES, A., “Las villas tardorromanas de Hispania”, en ARCE, J., ENSOLI, S., y LA ROCCA, E., Hispania romana. Desde tierra de conquista a provincia del Imperio, Madrid y Milan, 1997, pp. 313-319; LÓPEZ QUIROGA, J. y RODRÍGUEZ, F.G., “El final de las villae en Hispania. I. La transformación de la Pars Urbana de las villae durante la Antigüedad tardía”, Portugalia, XXI-XXII (2000-2001), pp. 137-190; RIPOLL, G. y ARCE, J., “Transformación y final de las villae en Occidente (siglos IV-VIII): problemas y perspectivas”, Arqueología y territorio medieval, 8 (2001), pp. 21-54; ARCE, J., “Campos, tierras y villae en Hispania (siglos IV-VI)”, en CABALLERO, L., MATEOS, P. y CORDERO, T., Visigodos y Omeyas. El territorio, Anejos de AEspA, LXI (2012), Madrid, pp. 21-30; y LÓPEZ QUIROGA, J., “Entre la villa y la Aldea. Arqueología del hábitat rural en Hispania (siglos V-VII)”, en LÓPEZ QUIROGA, J., MARTÍNEZ TEJERA, A. y MORÍN, J., Gallia e Hispania en el contexto de la presencia “germánica” (ss. V-VII). Balance y perspectivas, Oxford, 2006, pp. 19-60. Vid. especialmente CHAVARRÍA, A., El final de las villae en Hispania (siglos IV-VII d.C.), Turnhout, 2007; y las muchas aportaciones en las obras colectivas de CHAVARRÍA, A., ARCE, J. y BROGIOLO, G.P., Villas tardoantiguas en el Mediterráneo occidental, Anejos de AEspA, XXXIX, Madrid, 2006; y FERNÁNDEZ OCHOA, C., GARCÍA ENTERO, V. y GIL, F., Las villae tardorromanas en el occidente del Imperio: arquitectura y función. IV Coloquio Internacional de Arqueología en Gijón, Gijón, 2008. 5 BENDALA, M. y ABAD, L., “La villa en el marco conceptual e ideológico de la ciudad tardorromana”, en FERNÁNDEZ OCHOA, C., GARCÍA ENTERO, V. y GIL, F., op. cit., pp. 17-30. 6 MAR, R. y VERDE, G., “Las villas romanas tardoantiguas: cuestiones de tipología arquitectónica”, en FERNÁNDEZ OCHOA, C., GARCÍA ENTERO, V. y GIL, F., op. cit., pp. 49-83. 7 SEGURA, C., El parlar d’Elx a estudi: aproximació a una descripció, Elche, 1998, p. 152. 8 CORRIENTE, F., A dictionary of Andalusi Arabic, Leiden, 1997, p. 376. 9 IBARRA, A., Illici, su situación y antigüedades..., Alicante, 1879 [Ed.facsímil 1981], p. 204. 10 Sobre el topónimo Marchena a partir de Marcius/Martius, vid. RUHSTALLER, S. “De toponimia latina. El nombre de lugar Marchena”, en CARRIAZO, L. y RAMOS, R., Actas de las XIII Jornadas sobre historia de Marchena: nombres y signos, Marchena, 2009, pp. 11-19. Sobre la acequia de Marchena que pasa por la partida de Algorós, vid. GUINOT, E. y SELMA, S., Las acequias de Elche y Crevillente, Valencia, 2003. 11 Para una descripción formal de mosaicos y procesos de excavación vid. AMADOR DE LOS RÍOS, J. Monumentos arquitectónicos de España. Monumentos de decadencia del arte pagano. Mosaicos gentilicios. Mosaico de Galatea, en Elche, Madrid, 1877; IBARRA, Illici, pp. 178-211, láms. XIV, XVII, XIX, XX, XXI); RUIZ ROIG, E., Los mosaicos de Illici y del Portus Illicitanus, Valencia, 2001; y, especialmente, MONDELO, R., “Los mosaicos de la villa romana de Algorós (Elche)”, BVallad, LI (1985), pp. 143-155. Para el contexto académico y la repercusión social de los descubrimientos de Algorós vid. CASTAÑO, J., Els germans Aurelià i Pere Ibarra. Cent anys en la vida cultural d’Elx (1834-1934), Alicante, 2002, pp. 78-80; y PAPÍ, C., Aureliano Ibarra y la Alcudia. Una mirada a la arqueología del XIX, Alicante, 2008, pp. 100-142. 174 EL CONJUNTO PERDIDO DE ALGORÓS, UNA VILLA PERIURBANA DE ILICI (L’ALCÚDIA D’ELX) recidas (Fig.1)12. La inercia historiográfica ha llevado incluso a que recientes monografías dedicadas al estudio del poblamiento rural de Ilici y otras ciudades cercanas, incluyendo una tesis sobre la adopción de modelos itálicos en la romanización del territorio ilicitano, no localicen correctamente ni el de Algorós ni otros hallazgos antiguos, desviándolo 800 m13. Esto obliga a justificar su ubicación antes de pasar a la descripción de las estructuras. (Fig. 1). T, a veces alternando con cuadrados, o bien rellenas de trenza y con los brazos extendidos para determinar cuadrados y rectángulos, motivos muy característicos en la zona del Ródano con una cronología amplia de los ss.III-IV, si bien allá las esvásticas rellenas de trenza en doble T se encuadran en la segunda mitad del s.III y la primera del s.IV16. Al estudio de sus paralelos formales debemos, casi en exclusiva, la cronología del conjunto. Concretamente, el mosaico de la habitación F (Fig.4) tenía “una disposición idéntica” al de la basílica cristiana descubierta en 1905, e hizo pensar a H. Schlunk que fuese “labrado por artífices que pertenecían todavía a la misma escuela o tradición” en el s.IV17, arraigando con fuerza esta idea desde que P. de Palol postulase que el de la basílica no podía diferenciarse de otros pavimentos de la ciudad —en referencia a los de Algorós— para el mismo momento del s.IV18. Más tarde, el primer y más completo estudio monográfico sobre el conjunto propuso “encuadrarlo en el s.IV d.C., posiblemente en su segunda mitad”19, y desde entonces diversos estudios refuerzan esa datación; sobre el grupo, al que datan en la segunda mitad del s.IV20, pero también parciales, sobre el mosaico de Galatea que correspondería al s.IV21, y sobre el de Apolo de finales del s.IV22. Su descubridor menciona la aparición de los hallazgos en la partida de Algorós, a 1280 m de l’Alcúdia al otro lado del Vinalopó14, y gracias a su “Plano de los terrenos que circuyen los Mosaicos descubiertos en la Villa de Elche en los años 1861 y 1862”, recuperado por C. Papí15, tenemos la planta de un conjunto del que conocíamos las partes de forma inconexa y que ofrece nuevas pruebas de su entidad (Fig.2). La casualidad ha querido que aquellas parcelas apenas hayan sufrido transformaciones, de manera que la fotografía aérea permite identificarlas y ubicar los hallazgos sobre un mapa, exactamente a los 1280 m lineales medidos en 1861 (Fig.3). El conjunto de Algorós se halla parcialmente bajo el Huerto de la Taña; cerca de la intersección del primer decumano al norte con el segundo cardo a poniente de l’Alcúdia (Fig.1). Pese a los errores sobre su emplazamiento esta villa es paradójicamente la mejor conocida de las periurbanas ilicitanas. Sus mosaicos fueron localizados en 1861 y 1862 en dos grupos separados por unos 45 m que comparten la alineación general de sus muros, si bien los de 1861 —Galatea, etc.— aparecieron muy superficiales y afectados y los segundos a unos 2 m de profundidad. Sus diseños geométricos se caracterizan por el empleo de cenefas de esvásticas y dobles En disonancia con estos estudios J. Amador de los Ríos propuso los ss.V-VI23, e Ibarra lo rebatió retardando los restos “á los últimos dias de la dominacion bizantina en nuestro suelo”24. Y recientemente se ha propuesto una datación para el conjunto en los ss.I-III a partir de los fragmentos del centauro, Apolo y una mujer25, aunque el mismo trabajo luego propone una datación particular para Apolo en los ss.I-IV “o bien 12 A partir de datos recogidos por IBARRA, P., Elche, materiales para su historia. Ensayo demostrativo de su antigüedad e importancia histórica, Cuenca, 1926, y por RAMOS, A., “Mapa arqueológico del término municipal de Elche (Alicante)”, AEspA, 26 (1953), pp. 323-354, Rafael Ramos relacionó muchos hallazgos del Camp d’Elx considerados villas (RAMOS, R., La ciudad romana de Illici, Alicante, 1975; Ibidem, “Las villas de la centuriación de Illici”, Symposion de ciudades augusteas, vol.II, Zaragoza, pp. 209-214), con la trama de la centuriación descubierta por GOZÁLVEZ, V., “La centuriatio de Ilici”, en ROSSELLÓ, V.M., Estudios sobre centuriaciones romanas en España, Madrid, 1974, pp. 101-113. La inexactitud de sus propuestas fue criticada por REYNOLDS, P., Settlement and pottery in the Vinalopó Valley (Alicante, Spain), a.d. 400-700. Oxford, 1993, p. 45, y más tarde se ha hablado de la “nula información que tenemos sobre las villas romanas del territorio ilicitano, lo que por otro lado resulta elocuente sobre el interés despertado por estos asentamientos” (MORATALLA, J., Organización del territorio y modelos del poblamiento en la Contestania Ibérica. Tesis doctoral inédita, UA, 2003, p. 198). 13 FRÍAS, C., El poblamiento rural de Dianium, Lucentum, Ilici y la ciudad romana de La Vila Joiosa (siglos II aC. – VII dC.). Bases para su estudio, Alicante, 2010; LARA, G., Proceso de adopción de los modelos itálicos. La topografía de la Colonia Iulia Ilici Augusta como ejemplo. Tesis doctoral inédita, UA, 2016. 14 IBARRA, Illici, p. 178. 15 PAPÍ, op.cit., p. 137. También en Cervantes Virtual, CAA/9/7944/02 (51). 16 LANCHA, J., Mosaïques géométriques. Les ateliers de Vienne (Isère). Leurs modèles et leur originalité dans l’Empire romain, Roma, 1977, pp. 105-119 y fig. 58ter. 17 SCHLUNK, H., “El arte de la época paleocristiana en el Sudeste Español. La sinagoga de Elche y el martyrium de La Alberca”. III CASE, Murcia, 1948, pp. 335-379 (pp. 342-343). 18 PALOL, P. DE., Arqueología cristiana de la España romana. Siglos IV-VI, Madrid y Valladolid, 1967, p. 197. 19 MONDELO, op. cit, p. 141. 20 GUARDIA, M., Los mosaicos de la Antigüedad tardía en Hispania. Estudios de iconografía, Barcelona, 1992, p. 381. 21 BLÁZQUEZ, J.M., LÓPEZ MONTEAGUDO, G., NEIRA, M.L. y SAN NICOLÁS, M.P., Mosaicos romanos del Museo Arqueológico Nacional, Corpus de mosaicos de España, fascículo IX, Madrid, 1989, pp. 36-37. 22 BLÁZQUEZ et alii, op. cit., pp. 37-38; BLÁZQUEZ, J.M., “Mosaicos hispánicos de tema homérico”, VI Coloquio Internacional sobre Mosico Antiguo, Guadalajara, 1994, pp. 279-292 (p. 291). 23 AMADOR DE LOS RÍOS, op. cit., p. 6. 24 IBARRA, Illici, p. 262. 25 LANCHA, J., Mosaïque et culture dans l’Occident romain (Ier-IVe s.), Bibliotheca Archaeologica 20, Roma, 1997, pp. 153-155. 175 ROBERTO LORENZO DE SAN ROMÁN de época severiana”, e incluso una doble datación para el motivo de la Galatea, por su estilo el s.II mientras que por cerámica los ss.I-IV26; pero unas fechas tan dispares para una composición que se sugiere coetánea resultan problemáticas, y cuando se excavó Algorós no se habló de cerámica asociada a los mosaicos. Finalmente, con motivo de la restauración del mosaico del centauro, probablemente parietal, se le ha propuesto una cronología de inicios del s.III27. Al margen del ya mencionado de la basílica28, otros mosaicos próximos muestran similitudes con los de Algorós. Los más cercanos son los de la llamada domus del Palmeral en Santa Pola —de donde provienen los hallazgos mencionados por A. Ibarra en la finca de La Sénia—29. Muestra actividad comercial desde el s.I al IV, momento de esplendor al que corresponderían los mosaicos del corredor perimetral del peristilo, y probablemente fueron realizados por un mismo taller pues “motivos decorativos como los nudos simples y dobles de Salomón inscritos en círculos y rombos respectivamente llenan el área de los cuadrados confirmando con su presencia su similitud con las formas ornamentales de la sinagoga-basílica […] y con los paneles musivos de Algorós”30. Más lejos, en una zona de la cuenca del Segura probablemente de influencia de Ilici, en la villa de los Cipreses (Jumilla) se “observa una clara relación entre los pavimentos jumillanos y el conjunto de mosaicos de Elche, no sólo ya en cuanto a orlas y detalles menores se refiere, sino también en motivos centrales del campo […] repartidos con una gran similitud de estilo en pavimentos de ambas localidades”31. Para R. Mondelo estas semejanzas y la proximidad geográfica nos hablarían de “una posible relación […], lo cual no quiere decir que fueran realizados por un mismo taller” y “nos llevan a pensar en un contacto entre artesanos”32, mientras que para S. Ramallo sí estarían transmitiéndonos la existencia de un grupo de artesanos que se desplazaba por aquella parte de la via Augusta y sus ramales más importantes por lo que “existe una clara vinculación estilística del conjunto de Jumilla, con los pavimentos mejor datados de 26 Elche, especialmente el mosaico de la basílica, fechado en el siglo IV avanzado y también con el conjunto de Algorós del que pese a la detallada descripción de Ibarra, tampoco se dispone de un contexto arqueológico preciso”33. En suma, si entre finales del s.III y principios del s.IV las villae se enfrentaron a un doble destino — embellecimiento o reconversión industrial— por la concentración de la propiedad en manos de unos latifundistas cada vez más escasos y poderosos, que necesitaban las rentas pero no tantas residencias34, la llamada villa Marciana parece sobresalir y triunfar entre sus vecinas35. Ubicada junto a un cruce de la centuriación a poniente de l’Alcúdia, al otro lado del Vinalopó, tanto sus pavimentos como el conjunto de elementos ornamentales (mármoles, pinturas, estatuas, etc...)36 reflejan la monumentalidad de un enclave que podemos suponer mantuvo su esplendor al menos hasta finales del s.IV (Fig.5). En cuanto a la funcionalidad de los espacios, la parte septentrional parece la más lujosa y destinada a la representación, y sus diez estancias conocidas tenían casi todas pavimentos musivos. No sólo disponía de un atrio con impluvium circuido de columnas octogonales y mosaicos (habitacion J) sino también del ambiente más recargado en su decoración37, la ya mencionada habitación F cuyo mosaico presentaría reparaciones figuradas —y no bastas o con teselas blancas como el resto de las indicadas por Ibarra— en dos puntos que rompen la simetría preexistente con un rosetón fuera de su sitio y unos “tallos ondulantes” cerca de la entrada principal38. Este mosaico de 11,80 x 10,50 m, que pudo acoger las cuatro estaciones y un medallón central representando el orden natural y social —garantizado éste por el dominus— , las cuatro columnas probablemente revestidas de mosaico39 que determinan dos estrechos pasillos perimetrales ―con tres puertas para la sala―, las paredes cubiertas con placas de mármol, e incluso el hecho de que aquí fueron descubiertas las dos estatuas de Eros y la de Hypnos40, todo refuerza su importancia. Este posible oecus o aula de recepción LANCHA, Mosaïque, pp. 154-155. ABAD, L., PAPÍ, C. y ESCALERA, J., “Notas sobre el mosaico con la representación de un centauro procedente de Ilici en el Museo Arqueológico Nacional”. Boletín del MAN, 21-22-23 (2005), pp. 25-37. 28 LORENZO, R. y MORCILLO, J., “La basílica paleocristiana de Ilici (l’Alcúdia d’Elx): Desmontaje, contextualización y restitución desde la reexcavación bibliográfica”, MM, 55 (2014), pp. 486-559. 29 SÁNCHEZ, M.J., Santa Pola. Arqueología y Museo. Museos municipales en el MARQ, Alicante, 2012. 30 RUIZ ROIG, op. cit., p. 78. 31 RAMALLO, S.F., Mosaicos romanos de Carthago Nova (Hispania Citerior), Murcia, 1985, p. 145. 32 MONDELO, op. cit., p. 141. 33 RAMALLO, op. cit., p. 171. 34 CHAVARRÍA, El final, p. 157. 35 LORENZO, op.cit., pp. 301-321 y 459-469. 36 IBARRA, Illici, pp. 187-189. Vid. PAPÍ, op. cit., pp. 125-133. 37 IBARRA, Illici, p. 194-200. 38 IBARRA, Illici, p. 196. 39 IBARRA, Illici, p. 197. 40 PAPÍ, op. cit., p. 129. 27 176 EL CONJUNTO PERDIDO DE ALGORÓS, UNA VILLA PERIURBANA DE ILICI (L’ALCÚDIA D’ELX) orientada al sur, dotado de una antesala, y la anterior del impluvium se ubicaron paralelas y separadas por otra desconocida de dimensiones similares, y parecen comunicarse a través de un largo pasillo meridional de 4 m de anchura compartimentado en las llamadas habitaciones E, G e I, encontrándose sobre el piso de esta última “dos capiteles de pilastras de mármol, é infinitos fragmentos de tableros de la misma piedra”41. flanqueado quizá por frigidarium y tepidarium, mientras que lacinium debe referirse al laconicum o sauna seca que también precisa de calefacción. Pero difícilmente la galería septentrional de 2,93 m de anchura y 11,80 m de longitud conservada, la del mosaico de Galatea, correspondería al alveus o piscina caliente. Por otra parte, de la segunda estancia al Este de la habitación absidada sorprende saber que, “á juzgar por el revoque interior de la parte de muros que aun se conservaban regularmente, [...] se hallaba su piso 0.m,85 mas profundo, que el de la estancia antes indicada”44, y también requiere explicación el largo corredor de sólo 0,95 m de ancho que flanqueaba durante 11,60 m ambos espacios por el sur, delimitado por un muro de 70 cm; ¿pasillo de servicio que comunicaba la estancia absidada con las desconocidas estructuras orientales? En cualquier caso, Ibarra rebatió la interpretación como balneum, desdiciéndose además de la suya inicial como villa — por su gran extensión—, y apuntando para el conjunto de Algorós la posibilidad de hallarnos ante los restos de Icosium45, el enclave tributario de Ilici según Plinio (Naturalis Historia, III, 3, 20) que luego se supo localizado en Argel46. Por su parte, Amador de los Ríos pensó que el conjunto sur correspondería a un balneum, y recogió un grosor, que veía pobre, de 15 cm para la cimentación del de Galatea42. En realidad recuperaba las opiniones consignadas tras su visita al yacimiento en 1861: “[...] sólo era conocida una parte de la planta total del edificio que allí había existido y ésta en tal manera que rebajaba notablemente los cimientos de la superficie que en general ofrecía los pavimentos conservados, no era posible determinar la relación de unas y otras estancias, borrada desdichadamente toda huella de puerta o ingreso. Como quiera, la Comisión [...] vaciló entre la sospecha de que hubieran pertenecido aquellos solamente a una villa y la hipótesis de que formaran parte de un balneum. [...] indicación que recibe no poca fuerza, cuando se tienen presentes otros baños particulares (balnea) de la antigüedad, generalmente conocidos. Poca analogía guardan en efecto con los baños públicos de Pompeya, si bien no deja de advertirse alguna entre el gran Caldarium de éstos y la estancia semicircular del edificio que estudiamos, mas comparada la planta que describen en sus cimientos, con la del balneum suburbanum de la misma Pompeya, lícito es consignar que no puede ser ya mayor la semejanza: la estancia semicircular corresponde exactamente al Caldarium y al Lacinium (sic); la galería del Norte al alveus; la estancia del Oriente al frigidarium; la del Occidente al tepidarium, [...].” (Acta del 7-II-1862 de la RAH)43. La parquedad de los datos condiciona, como hemos visto, que apenas conozcamos la realidad arquitectónica del conjunto, siendo sólo seguras su entidad y gran extensión47. Pero la lógica histórica nos debe hacer pensar en la existencia de varias fases anteriores y alguna posterior. La Comisión de la Real Academia de la Historia allí enviada en 1861 ya planteó que las paredes de signinum fueran anteriores a los mosaicos (Acta del 7-II-1862 ya citada). Además, algunos de los fragmentos de placas de revestimiento de mármol descubiertos en 1862 en el sector norte fueron considerados por su excavador de época bizantina48, pero realmente parecen corresponder a la augustea y retrotraer el origen del enclave casi a los momentos fundacionales de la colonia49. Y si algunos de los mosaicos pensiles son del s.III, del mismo modo tenemos el testimonio de pavimentos anteriores a los dibujados por Ibarra, quizá de los ss.II-III por el uso de teselas blancas y azules50. De disponer de un hypocaustum la gran estancia absidada sí podría corresponder a un caldarium, 41 IBARRA, Illici, p. 197. AMADOR DE LOS RÍOS, op. cit., pp. 6-7. 43 PAPÍ, op. cit., p. 116. 44 IBARRA, Illici, p. 184. 45 IBARRA, Illici, pp. 202-205. 46 SEGUÍ, J.J., “La contributio entre Ilici e Icosium: un candente debate historiográfico”. Lucentum, 36 (2017), pp. 261-272. 47 IBARRA, Illici, p. 205. 48 IBARRA, Illici, p. 262 y lám. XVI. 49 SARABIA, J., “La arquitectura ornamental”, en ABAD L. y HERNÁNDEZ, M., Iberia, Hispania, Spania. Una mirada desde Ilici, Alicante, 2004, pp. 207-212 (p. 210). 50 “[...] Al llegar á este punto, se halla róto el mosaico, y aunque el dibujo de las cenefas generales indica continuaba, no á sido posible hallar su conti lo restante: solo á mayor profundidad, se descubrio un pedazo, de algunos centimetros, compuesto de piedras azules y blancas, lo que dá a entender que el que descubrimos describimos, fuese construido sobre otro destruido; [...]” (IBARRA, AHME, b 311). 42 177 ROBERTO LORENZO DE SAN ROMÁN Para momentos posteriores conocemos reparaciones de pavimentos pero también compartimentaciones de estancias que no los respetaron51, e incluso la ruina deliberada de motivos figurados en varios de los mosaicos del conjunto septentrional (Fig.4); iconoclastia quizá atribuible a las conocidas destrucciones de mosaicos paganos por los cristianos52. Esta zona parece que sufrió un incendio y abandono “pues á cierta profundidad, encontrábamos muchos fragmentos de tejas y restos carbonizados, pertenecientes á los techos, cual si se hubieran hundido á causa de un incendio, y aquel lecho de tejas y carbones, parecia en algun punto, no haber sido removido jamás en el transcurso de los siglos, desde el dia en que cayera derrumbado”53, y eso podría explicar la cantidad de mármol y las pequeñas estatuas intactas allí localizadas. Y mientras que estas tegulae de 52 x 38 cm son casi el único dato sobre material edilicio, una columnita de mármol que también Ibarra consideró bizantina ha sido recientemente identificada como tenante de altar o parte de una pequeña balaustrada de época tardía54. De igual forma, en el conjunto meridional excavado en 1861 (Fig.6a y b) la presencia de “uno de los pequeños molinos de que se servian los antiguos para moler el trigo”55 sugiere la transformación de una antigua estancia más vistosa, y además cabe la posibilidad de que hubiese un mausoleo que pudo generar una necrópolis a su alrededor. Es una interpretación ya apuntada en los manuscritos de Ibarra conservados en el Arxiu Històric i Municipal d’Elx (AHME, b 311): “[...] La parte D, era el panteon de familia \un enterramiento/ seguramente, que estaba destruido completamente y en el que aun encontramos restos humanos, una pequeña vasija de barro ó vaso lacrimatorio y una lucerna hecha pedazos que tenia tiene en su circunferencia impresa en grandes caracteres la una inscripcion que dice OFICINA DONATI; [...]. Por la distancia que media entre el mosaico y la Alcudia, debia que és donde se hallaba situada la poblacion, se comprende deberia sér un edificio de recreo ó Villa, como llamaban los romanos á sus elegantes y ricas casas de campo. Y nos induce á creerlo así, la ecsistencia del pan- 51 teon pues se sabe el culto tan tierno y afectuoso que tenian á sus muertos y que trataban siempre de tenerlos cerca, como se vé po en las mismas poblaciones que \donde/ construían los sepulcros á las mismas puertas de ellas y en las vias publicas”. Si las correcciones rebajaron el tono, pasando de panteón a enterramiento, la publicación final se limitó tan sólo a plantearlo como posibilidad56: “Hácia la parte del O. del primer muro semicircular, encontramos otra estancia del grandor de 3.m,35 por 3.m,30: y del ángulo inferior occidental de ella, parecia arrancar un cimiento de forma semicircular, de un rádio de 6.m,50 que era el comienzo de una aglomeracion de construcciones, sumamente extrañas, supuesto que, además de la que acabamos de indicar, aparecen otras dos cimentaciones de cámaras diversas, en las cuales, uno de sus lados, ya el que mira en la primera al S. y en la segunda al O. se presenta en forma semicircular, cual se vé en la planta mencionada, y no parece sinó, que en el mismo sitio se hubiese construido dos veces la misma parte del edificio, cambiando su orientación. Debemos advertir que en el interior de los dos espacios que comprendia esta parte del edificio que nos está ocupando, hallamos en el piso del primero, tres receptáculos y en el segundo, dos, así como otro al exterior de la planta formada por los cimientos, los cuales no sabemos si podrian estar destinados á sepulturas, supuesto que, en uno de ellos, encontramos restos humanos, de los que hallamos tambien alguno que otro entre las ruinas, así como igualmente una lucerna de barro fracturada, en la que se leía circularmente en la parte superior: OFICINA DONATI... SCO... S.”. De este fragmento destaca la presencia de un enterramiento seguro —luego se precisa que “en nuestra excavación, encontramos casi completo y ordenado el esqueleto, dentro de una de las cavidades determinadas en el plano”—57, con una lucerna norteafricana tardía del tipo [LUCERNA]S CO[LATA]S [DE] OFICINA DONATI58, y una “pe- “Sobre los mosáicos, se ven restauraciones extremadamente bárbaras, que no saben interpretar el dibujo del pavimento que restauran, contentándose con darle solidez, como se vé en en mosaico de la lámina XIX en los puntos a a y en el marcado con la letra D de la lámina XX, en el espacio señalado con la misma letra que en el anterior. [...]. Sobre los mosáicos mismos, aparecian cimentados toscos é irregulares tabiques, cual demuestra la rotura del mosáico en la lámina XX en el sitio b y en la lámina XIII en el punto c” (IBARRA, Illici, p. 263). Los tabiques mencionados compartimentaban las estancias C y J (impluvium) del sector norte. 52 LÓPEZ MONTEAGUDO, G. y BLÁZQUEZ, J.M., “Destrucción de mosaicos mitológicos por los cristianos”. Cristianismo y aculturación en tiempos del Imperio Romano, AntigCr, VII (1990), pp. 353-365. 53 IBARRA, Illici, pp. 187-189. 54 SARABIA, op. cit., p. 212. 55 IBARRA, Illici, p. 185. 56 IBARRA, Illici, pp. 184-185. 57 IBARRA, Illici, p. 202. 58 Lucernas argelinas de Tipasa-Cherchel de los ss.III-VI según BUSSIÈRE, J., "Lampes a canal courbe de Maurétanie Césarienne" Antiquités africaines, 28 (1992), pp. 187-222 (pp. 196-197). 178 EL CONJUNTO PERDIDO DE ALGORÓS, UNA VILLA PERIURBANA DE ILICI (L’ALCÚDIA D’ELX) ya indicada, se extendía de Oriente a Occidente por el espacio de 5m60, hasta acercarse en 2m a la galería del Norte arriba indicada.” (RAH, Acta del 7-II-1862)63. queña vasija” como ajuar, y la posibilidad clara de otros cinco cuerpos en los restantes receptáculos, amén de “alguno que otro entre las ruinas”. También parece importante la ubicación del conjunto frente al decumano que flanqueaba la villa a unos 50 m por el sur, separada ésta del camino por un muro de 29 m conservados59. (Fig.6 a y b. Conjunto sur de Algorós, excavado en 186160). Entiendo la oposición de Ibarra al columbario pues stricto sensu no veía ni urnas cinerarias ni hornacinas como las que estudió en Italia entre 1873 y 1876, pero al tiempo rechazaba la posibilidad del mausoleo para un espacio que tan claramente contuvo y distribuyó sepulturas; eso sí, de inhumación en sepulcros de ladrillo. Por otra parte, combinando las palabras de Amador de los Ríos con los dibujos de Ibarra, estas estructuras parecen posteriores y más endebles que las de los mosaicos. Aun más, su desviación de 5 grados respecto del resto de estancias podría relacionarse con la mejor orientación E-O de cinco de sus seis sepulcros, pero poco puede saberse con seguridad. En cualquier caso, conocemos la existencia de más enterramientos en las proximidades pues A. Ramos mencionó años más tarde la existencia de “sepulturas romanas” en la Hacienda de Ruiz, y de cerámica romana, tejas y un esqueleto en la de Torregrosa64; tierras en Algorós al sur de las excavadas en 1861-1862. La negativa final de Ibarra a considerar un mausoleo aquellas estructuras puede deberse, en parte, a rechazar explícitamente61 la interpretación como columbario de Amador de los Ríos62, quien insistía en una idea ya apuntada cuando visitó la excavación en 1861, en cuyo informe proporcionó interesante información sobre estas estancias absidadas: “[Los del mosaico de Galatea] Tales eran los cimientos en que se reconocía el característico hormigón romano, manifestando en consecuencia que pertenecía á construcciones primitivas. A la parte Occidental de estos vestigios se hallaba otro grupo de cimientos cuya inspección era más dificil por la irregularidad en que aparecían: siguiendo la forma general de su planta y su orientación, arrimábanse a la fábrica central otras dos construcciones que se extendían de Norte a Sur por el espacio de 5m25 la primera y 6m60 la segunda, única donde podía determinarse la latitud, que no pasaba de 4m inclusos los muros. Hallábanse ambos espacios cruzados en el sentido de E. á O. por varios tabiques de ladrillo que daban al edificio cierta forma de columbario, enterramiento muy general en la antigüedad si bien debía notarse que esta construcción ofrecía ciertos caracteres que la traían á época más cercana que la representada por los cimientos. Lo mismo se observa respecto de otras construcciones que se desenvolvían a la parte de Occidente, sobreponiéndose a las primitivas y rompiendo en semicírculo el angulo N.O. de las mismas, [...]. Digno era de tenerse en cuenta que esta construcción estaba formada de piedras rodadizas y trabada solo con barro, lo cual no consentía duda alguna sobre su antigüedad con relación a la que ya ofrecía el citado hormigón romano. A partir de la información publicada por Ibarra, P. Reynolds propuso que los enterramientos “in two rooms” corresponderían a los ss.V-VI65, y de esta manera nos hallaríamos ante la conversión de antiguos espacios domésticos en lugares de enterramiento como se ha observado en otras villae66, en ocasiones coexistiendo con zonas de hábitat67. La propia existencia del pequeño espacio absidado podría, incluso, estar hablando de un mausoleo familiar in suo fundo, aunque con la información disponible poco puede asegurarse68. En conclusión, la villa de Algorós sería una de las principales y más antiguas ilicitanas con un rico y variado programa ornamental tal vez desde época augustea, y una extensión edificada conocida de unos 85 x 60 m. Las reparaciones musivas permiten intuir que, como mínimo, se mantuvo como espacio residencial durante todo el s.IV, sobreviviendo a muchas villae cercanas que industrializaron antes su pars urbana. Posteriormente, quizá a lo largo del s.V, se adaptó a una nueva lógica del poblamiento cambiando la función de diferentes espacios, lo que vemos en la des- [...] Un muro de construcción primitiva, al cual se adhería el semicírculo de la fábrica secundaria, 59 IBARRA, Illici, p. 184. a: IBARRA, Illici, lám. XV; b: Dibujo de Ibarra en AMADOR DE LOS RÍOS, op.cit., lám.1. 61 IBARRA, Illici, p. 202. 62 AMADOR DE LOS RÍOS, op.cit., 6. 63 PAPÍ, op. cit., pp. 114-115. 64 RAMOS, A., op. cit., pp. 352 y 354. 65 REYNOLDS, op. cit., p. 67. 66 CHAVARRÍA, El final, pp. 134-137. 67 LÓPEZ QUIROGA, op. cit., pp. 24-28. 68 En un primer momento apunté la posibilidad de “dos espacios absidados gemelos, quizá por agregación, fácilmente monumentalizables al orientarse ambos ábsides al camino” (LORENZO, op. cit., p. 309), pero un análisis del dibujo de Ibarra publicado en 1877 me hace dudar de la existencia de un segundo ábside, y quizá sea un muro de cierre de los sepulcros ubicados en el exterior de un único ámbito de cronología incierta con dos sepulturas en su interior. 60 179 ROBERTO LORENZO DE SAN ROMÁN trucción deliberada de motivos figurados y, especialmente, en la compartimentación de estancias con muros que ignoran y afectan a los mosaicos. Finalmente, tuvo un epílogo como fuente de provisión de material edilicio, pues apenas se conocen un par de capiteles y los muros se conservaban a nivel de cimentación. La afectación antigua, la casi completa destrucción pocos años después del descubrimiento, al menos del conjunto sur, y la falta de información por la antigüedad de las excavaciones dificultan la aproximación futura a la realidad arqueológica del conjunto perdido —si bien localizado— de Algorós. Pero su historia aún no ha acabado. Fig.1. Villae periurbanas ilicitanas conocidas por sus mosaicos, y centuriación. Fig. 2. Plano de Aureliano Ibarra de los terrenos que circuyen los mosaicos de Algorós. 180 EL CONJUNTO PERDIDO DE ALGORÓS, UNA VILLA PERIURBANA DE ILICI (L’ALCÚDIA D’ELX) Fig. 3. Entorno actual del conjunto de Algorós, y restitución de los restos excavados. Fig. 4. Mosaico de la habitación F de Algorós (IBARRA, Illici, lám. XXI). 181 ROBERTO LORENZO DE SAN ROMÁN Fig. 5. Conjunto norte de Algorós, con los mosaicos reintegrados sobre el dibujo de Ibarra. Fig. 6 a y b. Conjunto sur de Algorós, excavado en 1861. 182
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