Capítulo Doce: Experimenta el amor de Dios
1. ¿Cómo te alentó el relato de la bicicleta de los refugiados?
Me conmovió muchísimo ver cómo Jeff obedeció la voz de Jesús y, simplemente “apareció”
en el patio con herramientas para reparar bicicletas, confiando en que Dios lo guiaría a
cada niño que lo necesitara. La verdad a veces me pregunto cómo puedo ser útil para los
demás; leer esta historia me anima a dar el paso de fe y “aparecer” donde Dios me llame,
sabiendo que Él hará el resto, además de ello la verdad me confronta para poder aceptar la
voluntad de Dios y la confianza que debo tener en Él y no en mí.
2. ¿Cómo respondieron los hombres del Antiguo Testamento a la promesa de Dios de estar
con ellos? ¿Cuál fue el resultado en sus vidas?
Dios les dijo “Estaré contigo” a Abraham, Moisés, Josué y otros, y cada uno obedeció aun
cuando la tarea parecía imposible. Abraham dejó Ur confiando en la promesa de heredar
una gran nación (Génesis 12:1–3), y Josué lideró la conquista de Canaán aferrado a la
misma seguridad (Josué 1:5). Su fe activó el plan redentor de Dios: la historia de la
salvación comenzó a forjarse a partir de su obediencia
3. ¿Qué significa para ti la frase “Estaré contigo y nunca te abandonaré”? ¿Qué evidencia ves
que el Espíritu Santo está contigo y ama a través de ti?
Para mí, esa promesa es el fundamento de mi paz en medio de la incertidumbre: Dios no es
un buen deseo, sino una presencia constante. Veo la obra del Espíritu Santo cuando
experimento un impulso interno para perdonar a un amigo herido o para orar por quien ha
caído —acciones que no nacen de mí, sino de Aquel que mora en mi corazón, porque se
que yo solo me inclino al mal, se que soy pecador y se que todo buen deseo no es mío sino
del Espíritu que está en mí, por ende, no me glorió pero si me gozo por el Espíritu de Dios
en mí.
4. ¿Por qué es tan vital creer la promesa de Dios si vamos a vivir para amar?
Amar en serio exige valentía y desprendimiento de nuestro yo. Sin la certeza de que Dios
camina conmigo y me da fuerza, mi amor se encogería ante el miedo al rechazo o al
fracaso. Pero creyendo la promesa, puedo arriesgarme a amar con generosidad, sabiendo
que Él suple lo que me falta y que su presencia es más valiosa que mi capacidad. Aunque no
niego que esto es extremadamente difícil, pero por ello mismo es que me confronta a
acercarme mas a Jesús cada día para ser como Él y poner mi confianza en el Padre y en la
obra de Cristo.
5. Recuerda la historia acerca de Jesús en los evangelios que enfatizan la verdad de que él es
Emmanuel, Dios con nosotros. ¿Cómo expresar estas historias su amor?
– Bodas de Caná: Jesús convierte agua en vino cuando María le dice “no tienen más”;
demuestra que Dios atiende nuestras carencias cotidianas (Juan 2:5).
– Mar en tempestad: calma el viento y las olas, revelando que Él gobierna incluso lo
impredecible (Mateo 8:26) .
En mis palabras: contar estos relatos a quienes dudan, resaltando que el Salvador, dueño
del universo, eligió venir a ayudarnos y mostrarnos su amor práctico.
Creo que para mi una de las mejores analogías sobre el amor de Dios es ver Oseas, como es
que Dios ama tan incondicionalmente y perfectamente que a pesar de que nosotros
adulteremos contra Él siempre, Él siempre nos recibe con los brazos abiertos y nos da todo
lo que necesitamos, nos da hasta mas de lo que necesitamos y aunque se lo demos a ídolos
a dioses falsos, Él nos sigue amando.
6. Escribe lo que leíste que haya sido un nuevo pensamiento
Me sorprendió darme cuenta de que la promesa “Estaré contigo” no sólo consolida el amor
de Dios, sino que es la base misma de la redención: esta frase se repite desde Abraham, se
convierte en anuncio de Emmanuel en Isaías y culmina en Jesús y su Espíritu morando en
nosotros. Nunca había visto la unidad de estos textos como un solo mensaje de Dios.
Capítulo Trece: Experimenta al Espíritu Santo
1. Lee Juan 2:18–29 y escribe sobre lo que es la unción del Santo. ¿Qué conexión hay entre la
unción y la promesa de vida eterna? Según dice Juan, ¿qué debemos hacer los creyentes
para confiar en Cristo y perdurar con él?
La unción es el sello y el empoderamiento del Espíritu Santo: nos capacita para reconocer la
verdad, vivir en ella y testificarla (Juan 2:20). Juan conecta esta unción con la vida eterna: al
permanecer en la luz de Cristo y en su palabra, vivimos en comunión con Dios (1 Juan 2:27–
28). Debemos permanecer en Jesús, aferrarnos a su enseñanza y andar en obediencia, para
tener confianza en el día final.
2. ¿Cómo son tu relación con Jesús y a la vez con el Espíritu Santo? ¿Sueles creer que son una
misma? Ya sea tu respuesta sí o no, ¿por qué?
Creo que Jesús y el Espíritu son una realidad unida en la Trinidad: Jesús promete el Santo
como otro Consolador (Juan 14:16), señal de que el Padre, el Hijo y el Espíritu habitan en
nosotros para la misma obra. En mi devoción, a veces me concentro más en Jesús “cara a
cara”, y otras en el Espíritu “interior”, pero poco a poco comprendo que su obra y su
presencia son indistinguibles.
3. ¿Cómo evaluarías tu relación con el Espíritu Santo? ¿Qué tiene que cambiar al respecto?
Describe tu conversación permanente con el Espíritu Santo. ¿Cómo impactaría tu
crecimiento en amor una conversación más constante con el Espíritu Santo?
A veces mi vida de oración es demasiado de “pedir cosas” y no tanto de “permanecer y
escuchar”. Debo aprender a silenciar mi agenda y concentrarme en los susurros del Espíritu
guiándome hacia el amor. Imaginármelo en cada decisión —preguntarle “¿cómo amas tú
aquí?”— haría brotar acciones más compasivas y menos reactivas.
4. ¿Cómo crees que el Espíritu Santo se entristece o se contrista cuando cometemos los
pecados mencionados en este capítulo? ¿Quién más sufre pérdida? ¿Qué se pierde cuando
contristamos al Espíritu Santo?
Cuando cedo al orgullo, la envidia o la impureza, apago su luz en mí y causo dolor al
Corazón trinitario. Sufro yo porque pierdo protección, paz y claridad; sufren quienes
esperaban mi amor sincero; y sufre la Iglesia, al fracturarse la unidad que Él unge para
mantenernos unidos.
5. Cuando has apagado al Espíritu Santo, ¿cómo lo has sabido? ¿Considera las maneras en
que lo has apagado y qué pasos darás para alimentar mucho más su fuego?
Lo noto en mi insensibilidad: se enfrían mis ganas de orar, me cuesta perdonar y la Palabra
me parece rutina. Para reavivar su fuego, me comprometo a intimar más en la lectura
masticada de la Escritura, tiempos de oración auténtica y confesar diariamente mis áreas
de incredulidad.
6. Escribe lo que leíste que haya sido nuevo para ti
Descubrí que “unción” no es solo una capa simbólica, sino el conocimiento profundo de
Cristo en nosotros, que nos capacita para discernir la verdad y vivirla sin vacilaciones. Esa
claridad cambia mi visión: no estoy solo, soy templo vivo de Dios.