BEIHEFTE ZUR ZEITSCHRIFT FR ROMANISCHE PHILOLOGIE BEGRNDET VON GUSTAV GRBER HERAUSGEGEBEN VON GNTER HOLTUS Band 347 GNTER HOLTUS / FERNANDO SNCHEZ MIRET «Romanitas», Filologa Romnica, Romanstica n MAX NIEMEYER VERLAG TBINGEN 2008 Bibliografische Information der Deutschen Nationalbibliothek Die Deutsche Nationalbibliothek verzeichnet diese Publikation in der Deutschen Nationalbibliografie; detaillierte bibliografische Daten sind im Internet ber http://dnb.ddb.de abrufbar. ISBN 978-3-484-52347-0 ISSN 0084-5396 Max Niemeyer Verlag, Tbingen 2008 Ein Imprint der Walter de Gruyter GmbH & Co. KG http://www.niemeyer.de Das Werk einschließlich aller seiner Teile ist urheberrechtlich geschtzt. Jede Verwertung außerhalb der engen Grenzen des Urheberrechtsgesetzes ist ohne Zustimmung des Verlages unzulssig und strafbar. Das gilt insbesondere fr Vervielfltigungen, bersetzungen, Mikroverfilmungen und die Einspeicherung und Verarbeitung in elektronischen Systemen. Printed in Germany. Gedruckt auf alterungsbestndigem Papier. Satz: Johanna Boy, Brennberg Gesamtherstellung: Hubert & Co GmbH und Co KG, Gçttingen Prefacio La idea de un trabajo en colaboración en el que se analizaran los contenidos de la filología y, más en concreto, los de la lingüística románica, así como la identidad de la disciplina y sus perspectivas, nació en el marco de una estancia de Fernando Sánchez Miret en Göttingen como becario de la Fundación Alexander von Humboldt durante algunos meses del año 2006. Lo que al principio iba a ser sólo una visión panorámica desde el punto de vista de un romanista activo en el ámbito de lengua alemana se amplió, gracias a esta colaboración, hasta convertirse en una presentación comparativa que incluyera el punto de vista de un romanista activo en España. Naturalmente sería muy deseable que en posteriores elaboraciones del proyecto diseñado aquí pudiera ampliarse el horizonte con la incorporación del punto de vista de romanistas cuya carrera se haya desarrollado en los países de lengua francesa, italiana, portuguesa o rumana y dentro de sus respectivos y particulares contextos universitarios, por no decir nada del interés que plantearían las aportaciones surgidas desde la perspectiva de las llamadas lenguas románicas «menores». Es inevitable que en un trabajo dedicado a una temática tan amplia haya que fijar determinados límites. Por este motivo nos hemos limitado a algunas aportaciones y reflexiones que puedan ofrecer una primera impresión acerca de la riqueza y la polifonía de un objeto de estudio tan fascinante como es la filología románica y de una disciplina de contornos y contenidos tan deslumbrantes como es la romanística. Por consiguiente, más que en desarrollar nuevos modelos teóricos, nos hemos concentrado en perfilar los contornos y los desarrollos de nuestro objeto de estudio en sus manifestaciones más importantes y, siempre que ha sido posible, hemos intentado completarlos con nuestras propias aportaciones. Tras algunas observaciones introductorias acerca de la relación entre lengua, cultura y ciencias humanas y acerca de la discusión de los términos «Romanitas», «filología románica» y «lingüística románica», ofrecemos una breve presentación de algunas etapas de la historia de la filología románica, para adentrarnos más tarde en su desarrollo concreto en el mundo germánico y en España. A continuación siguen tres secciones que contienen una comparación entre una revista de filología románica publicada en Alemania y la situación de las revistas de romanística publicadas en España, una confrontación de la historia de las gramáticas histórico-comparativas de las lenguas románicas con el modelo de una nueva gramática y una panorámica de los diccionarios V etimológicos románicos, que culmina con la presentación del modelo de un nuevo diccionario etimológico que en su primera fase se va a concentrar en el léxico básico panrománico. Para terminar, dedicamos dos capítulos a la romanística en la enseñanza, la investigación y el mundo laboral así como a las perspectivas de la filología y de la lingüística románicas. Obviamente habría sido deseable extender la comparación a otros ámbitos de la romanística, como pueden ser las presentaciones de conjunto en las que se analiza la historia de la romanística, partiendo del Grundriss der romanischen Philologie (1897–1906, reimpresión de 1985) de Gustav Gröber y pasando por la obra de Iorgu Iordan, Introducere în studiul limbilor romanice. EvoluĠia úi starea actuală a lingvisticii romanice (rum. 1932, ingl. 1937/1970, al. 1962, esp. 1967, it. 1973), hasta llegar a panorámicas más recientes como las de Alberto Varvaro, Historia, problemas y métodos de la lingüística románica (1968, esp. 1988), Hans Martin Gauger/Wulf Oesterreicher/Rudolf Windisch, Introducción a la lingüística románica (1981, esp. 1989), Dan Munteanu Colán, Breve historia de la lingüística románica (2005). También habría sido interesante hacer una comparación sistemática de las introducciones y de las presentaciones de conjunto de la lingüística románica (comparativa). En este ámbito podemos resaltar cinco ámbitos temáticos, cuyas influencias mutuas, así como sus características y cualidades habría que individuar: un primer grupo lo formarían las obras más antiguas, como las ya mencionadas de Gröber y Iordan, a las que habría que unir los «clásicos» de Carlo Tagliavini, Orígenes de las lenguas neolatinas (61972; al. 21998; esp. 1969, traducción de la 5ª ed.), Benedictus M.P.E. Vidos, Manual de lingüística románica (1956; esp. 1963; al. 1975) y Heinrich Lausberg, Lingüística románica (vol. 1: Introducción y vocalismo 31969, vol. 2: Consonantismo 21967, vol. 3: Morfología 21972; esp. 1965–1966; it. 1971; port. 1974); un segundo grupo estaría constituido por las introducciones y manuales aparecidos avanzado ya el siglo XX: Charles Camproux, Les langues romanes (21979), Olaf Deutschmann, Lateinisch und Romanisch. Versuch eines Überblicks (1971), W.D. Elcock, The Romance Languages (21975), Josef Felixberger/Helmut Berschin, Einführung in die Sprachwissenschaft für Romanisten (1974), Lorenzo Renzi, Introducción a la filología románica (21978; al. 1980; esp. 1982), Lorenzo Renzi/Giampaolo Salvi, Nuova introduzione alla filologia romanza (21994), Rupprecht Rohr, Einführung in das Studium der Romanistik (31980); un tercer grupo contiene las obras publicadas en la última década: Jacques Allières, Manuel de linguistique romane (2001), Mioara Avram/Marius Sala (edd.), Enciclopedia limbilor romanice (1989), José Enrique Gargallo Gil, Les llengües romàniques. Tot un món lingüístic fet de romanços (1994), Martin Harris/Nigel Vincent, The Romance Languages (1990), Frede Jensen, A Comparative Study of Romance (1999), Jurgen Klausenburger, Coursebook in Romance Linguistics (2001), Jean-Marie Klinkenberg, Des langues romanes. Introduction aux études de linguistique romane (21999), Petrea Lindenbauer/ Michael Metzeltin/Margit Thir, Die romanischen Sprachen. Eine einführende Übersicht (21995), Helmut Lüdtke, Der Ursprung der romanischen Sprachen. VI Eine Geschichte der sprachlichen Kommunikation (2005), Miguel Metzeltin, Las lenguas románicas estándar. Historia de su formación y de su uso (2004), Michael Metzeltin (ed.), Diskurs · Text · Sprache. Eine methodenorientierte Einführung in die Sprachwissenschaft für Romanistinnen und Romanisten (22006), Wolfgang Pöckl/Franz Rainer/Bernhard Pöll, Introducción a la lingüística románica (32003; esp. 2004), Rebecca Posner, Las lenguas romances (1996; esp. 1998), Sanda Reinheimer-Rîpeanu, Lingvistica romanică. Lexic – Morfologie – Fonetică (2001), Sanda Reinheimer-Rîpeanu/Liliane Tasmowski, Pratique des langues romanes. Espagnol, français, italien, portugais, roumain (1998), Eugeen Roegiest, Vers les sources des langues romanes. Un itinéraire linguistique à travers la Romania (2006), Rainer Schlösser, Die romanischen Sprachen (22005); en un cuarto grupo podríamos incluir las introducciones más recientes de José Enrique Gargallo Gil/Maria Reina Bastardas (edd.), Manual de lingüística románica (2007), Martin-Dietrich Gleßgen, Linguistique romane. Domaines et méthodes en linguistique française et romane (2007), completándolas con el volumen colectivo editado por Wolfgang Dahmen et al. (edd.), Was kann eine vergleichende romanische Sprachwissenschaft heute (noch) leisten? Romanistisches Kolloquium XX (2006) y con los artículos de la revista La corónica (31, 2003; 32, 2004; 34, 2005) incluidos en el Critical Cluster on «Historical Romance Linguistics: the Death of a Discipline?»; el último grupo lo conforman las grandes enciclopedias: el Lexikon der Romanistischen Linguistik (editado por Günter Holtus/Michael Metzeltin/Christian Schmitt, 8 vol., 1988–2005) y Gerhard Ernst et al. (edd.), Romanische Sprachgeschichte/ Histoire linguistique de la Romania. Ein internationales Handbuch zur Geschichte der romanischen Sprachen/Manuel international d’histoire linguistique de la Romania (2003–2008). Algunas de las obras mencionadas se analizan con detalle en los capítulos del libro (cf. especialmente caps. 8. y 9.) y también puede encontrarse más información a través de los índices incluidos al final del libro (cap. 14.) (los títulos completos con las necesarias referencias bibliográficas y la información sobre las traducciones se encuentran en la bibliografía, cap. 13.). Hemos considerado más adecuado publicar el libro en una lengua románica y, dado que se trataba de una cooperación germano-hispánica, hemos decidido escoger el español como lengua para esta publicación y a ella hemos traducido todas las citas originales renunciando a su reproducción literal. Deseamos expresar nuestro sincero agradecimiento a Frank Seemann (Göttingen) por su enérgico apoyo no sólo en la preparación del manuscrito. Igualmente estamos en deuda con la Dra. Ulrike Dedner de la editorial Max Niemeyer (Tubinga) por sus innumerables estímulos. Por su ayuda bibliográfica queremos también dar las gracias a Maria Reina Bastardas Rufat, Mercedes Brea, José Jesús Gómez Asencio y Fabián González Bachiller. Göttingen/Salamanca, primavera 2008 GÜNTER HOLTUS/ FERNANDO SÁNCHEZ MIRET VII VIII Índice Prefacio . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 1. Observaciones introductorias acerca de la relación entre lengua, cultura y ciencias humanas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . V 1 2. Romanitas, filología románica y lingüística románica . . . . . . . . . . . . . 11 3. Aspectos de la historia de la filología románica . . . . . . . . . . . . . . . . . 25 4. La romanística en los países de lengua alemana . . . . . . . . . . . . . . . . . 37 5. La romanística en España . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 5.1. Planes de estudios. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 5.1.1. El período 1845–1952 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 5.1.2. El nacimiento de la sección de Filología Moderna . . . 5.1.3. El período 1970–2001 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 5.2. Algunos personajes y algunas obras . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 5.3. Situación actual . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 6. Historia de una revista de romanística comparativa: la Zeitschrift für romanische Philologie. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 6.1. Revistas científicas (romanísticas) . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 6.2. La fundación de la ZrP: tareas y objetivos . . . . . . . . . . . . . . . . 6.3. La ZrP en los años 1877–1913: contenidos, aspectos centrales y desarrollo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 6.4. Pasado y presente de la ZrP. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 7. 43 47 48 60 62 67 71 79 79 80 84 90 Revistas españolas de romanística . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 95 7.1. Panorama general . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 95 7.2. Revista de Filología Española . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 99 7.3. Estudis Romànics . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 101 7.4. Verba . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 107 7.5. Conclusiones . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 108 IX 8. Historia de las gramáticas histórico-comparativas de las lenguas románicas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 111 8.1. Diez . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 115 8.2. Meyer-Lübke . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 118 8.3. Zauner . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 123 8.4. Lausberg . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 125 8.5. Manoliu . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 129 8.6. Hall . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 130 8.7. Agard . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 131 8.8. Reinheimer-Rîpeanu . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 132 8.9. Conclusiones . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 134 9. Modelo de una nueva gramática histórico-comparativa. . . . . . . . . . . 139 9.1. Modelos en la germanística. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 140 9.2. El contexto de una nueva gramática . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 144 9.3. Rasgos generales de una nueva gramática . . . . . . . . . . . . . . . . . 151 9.3.1. Problemas del modelo tradicional . . . . . . . . . . . . . . . . . 151 9.3.2. Teoría . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 157 9.3.3. Objetivos básicos de una nueva gramática . . . . . . . . . . 159 9.3.4. Aspectos prácticos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 160 10. Historia de los diccionarios etimológicos de las lenguas románicas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 161 10.1. Tipología de la investigación . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 161 10.2. De la etimología-origen a la etimología-historia de las palabras . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 164 10.3. El diccionario etimológico de Diez . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 166 10.4. El REW . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 168 10.5. Después del REW. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 170 10.6. Algunas perspectivas de futuro . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 175 11. La romanística en la enseñanza, la investigación y el mundo laboral . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 179 12. Perspectivas de la filología y de la lingüística románicas . . . . . . . . . . 189 13. Bibliografía . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 211 14. Índices . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 241 14.1. Índice de nombres . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 241 14.2. Índice analítico . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 247 X 1. Observaciones introductorias acerca de la relación entre lengua, cultura y ciencias humanas La reflexión acerca de la identidad de una disciplina científica, de una titulación o de una parte de una titulación siempre ha estado envuelta de un cierto atractivo. A propósito de esta cuestión han aparecido recientemente dos trabajos que se ocupan tanto de la situación actual, como de las tareas y de las perspectivas de la romanística y de la lingüística. Por un lado, Jürgen M. Meisel y Christoph Schwarze, bajo el título de «Lingüística románica hoy», discuten las relaciones entre su materia, la lingüística románica, y la lingüística general y teórica y ven en la lingüística románica una parte del todo, que sería la gran tarea de la aproximación lingüística completa (cf. Meisel/Schwarze 2002, 431). Por el contrario, Johannes Kramer, con el título de «Romanística lingüística hoy», defiende la preferencia por lo específico, es decir, la alternativa que acentúa lo románico, frente a la preferencia por lo general, es decir, la alternativa que acentúa lo lingüístico (cf. Kramer 2004, 68). A pesar de la afilada controversia, no existe, a fin de cuentas, ninguna oposición fundamental entre ambas posturas, sino que más bien iluminan desde diferentes perspectivas facetas distintas del complejo ámbito de la lengua y las capacidades lingüísticas (faculté du langage), por un lado, y de la Romanidad y de las lenguas románicas, por otro (cf. Holtus 2006). A favor de las posiciones de Meisel y Schwarze pueden aducirse los siguientes aspectos: – – – – una ciencia romanística unitaria no es (hoy) ni posible ni deseable (Meisel/Schwarze 2002, 424; cf. sin embargo 426–427); la lingüística no puede interpretarse sólo como una ciencia de la cultura, sino que debe plantearse cuestiones propias de las ciencias cognitivas (Meisel/Schwarze 2002, 425); la romanística (como titulación universitaria que prepara para el mundo laboral) exige un trabajo interdisciplinario (como la colaboración estrecha de la teoría literaria y de la lingüística y la incorporación de otras disciplinas, p. ej. de las ciencias sociales; Meisel/Schwarze 2002, 425); algunas nuevas aproximaciones lingüísticas, como la lingüística textual, la sociolingüística, la pragmática, el estudio de la lengua hablada, la lingüística variacional, la aplicación del estructuralismo a la lexicografía o la explicación cognitiva de la etimología, han entrado sin problemas en la romanística e incluso han seguido desarrollándose dentro de ella; sin embargo, algunos desarrollos lingüísticos que han llevado a una revita1 – – lización y diferenciación de la lingüística generativa en sentido amplio (como la gramática categorial, la teoría de principios y parámetros, las gramáticas de unificación, la fonología suprasegmental o la recolocación de la morfología en función de sus intersecciones con la fonología y la sintaxis) sólo han sido tomados en consideración por unos pocos romanistas (Meisel/Schwarze 2002, 430–431); sólo se puede llevar a cabo una lingüística aplicada cuando se basa en sólidos conocimientos en los ámbitos cruciales (fonología, morfología, sintaxis y semántica) (Meisel/Schwarze 2002, 433); la lingüística tiene que interesarse (también) por cuestiones que van más allá de una(s) lengua(s) concreta(s) (Meisel/Schwarze 2002, 437). Frente a todo esto, Kramer apunta con razón a los siguientes aspectos: – – el interés científico de (muchos) romanistas activos en las universidades de lengua alemana consiste en facilitar el acceso a los textos (en sentido amplio) conservados en lenguas románicas y en analizar e interpretar dichos textos por medio de los más variados métodos y teorías (cf. Kramer 2004, 68–69, 73); las estructuras administrativas y de política científica de las universidades de lengua alemana exigen que se fijen determinados puntos fuertes para una romanística concebida como una titulación en lenguas extranjeras (cf. Kramer 2004, 71), incluso aunque la división de tareas entre la lingüística general (elaboración de teorías lingüísticas) y la romanística, la anglística, la eslavística, etc. (recepción y aplicación de las teorías) no se pueda interpretar de manera tan rigurosa como se sugiere en este punto (Kramer 2004, 71–72). Por lo tanto, por un lado, se colocan en primera línea algunas exigencias de contenido y de método con relación a la investigación lingüística románica y, por otro lado, se presta una atención primaria (pero no exclusiva) a las posibilidades y a los límites de la romanística lingüística en la investigación universitaria, en la enseñanza y en la preparación laboral de los estudiantes. En última instancia, se ponen sobre la mesa problemas que no afectan sólo a la lingüística o a la(s) filología(s), sino a muchos ámbitos de las ciencias humanas. Dos décadas atrás la Westdeutsche Rektorenkonferenz (= Consejo de Rectores de la antigua Alemania Occidental) se planteaba ya el tema «Demandas y desafíos de las ciencias humanas» y en ese mismo ambiente Wolfgang Settekorn analizaba, sobre la base de sus experiencias en Hamburgo, la relevancia de las actividades en el ámbito de las ciencias humanas y de la cultura en función de cuatro perspectivas: el ámbito social, el desarrollo de las tecnologías de la comunicación, la evolución política mundial y el avance tecnológico. Settekorn considera que una tarea central de las ciencias humanas consiste «no sólo en conservar y analizar los bienes culturales de distintos 2 tiempos y épocas, sino también en conseguir que sigan siendo accesibles para un amplio público» (Settekorn 1986, 45); el análisis de la palabra escrita y hablada que llevan a cabo las ciencias humanas es imprescindible tanto para penetrar el contenido de los textos, como para adquirir las técnicas de comprensión (Settekorn 1986, 46; acerca de las posibilidades y de los riesgos de la interdisciplinariedad, cf. el resumen presentado por Wolfgang Raible 1998b en octubre de 1996 con motivo de la finalización de los trabajos del Sonderforschungsbereich (= proyecto de investigación) 321 de Friburgo «Oralidad y escrituralidad», orientado hacia la ciencia de la cultura). En el mismo sentido se expresó en 1985 la ministra de educación y ciencia de la R.F.A., Dorothee Wilms, con ocasión de la apertura del Congreso de los Romanistas Alemanes. La ministra fijó las expectativas que se establecen con relación a las ciencias humanas en general y a la romanística en particular desde el punto de vista de las autoridades educativas y científicas y puso de relieve el nuevo contexto de las ciencias humanas, así como la creciente demanda social, dirigida también a la romanística, con relación a su contribución al desarrollo cultural, al diálogo entre los pueblos (Wilms 1988, 17) y a la intermediación entre culturas (Wilms 1988, 22). En el caso de no dar respuesta a estas demandas se podría reforzar la impresión, puesta sobre el tapete por Hans Ulrich Gumbrecht en su libro sobre el poder de la filología, de que «existen numerosas sociedades que viven muy felices sin titulaciones académicas como las nuestras» (Gumbrecht 2003, 113) y de que los humanistas tendemos «a padecer de un pesimismo – y quizá incluso de una sorprendente carencia de entusiasmo por nuestro propio trabajo – mucho más pronunciados que en el caso de los otros grupos de científicos con los que estamos en contacto en el desarrollo de nuestra profesión» (Gumbrecht 2003, 112). En este contexto, a la lengua y a la tarea de ocuparse de la lengua les corresponde un papel especial dentro de las ciencias humanas. La Gesellschaft für Angewandte Linguistik (= Sociedad de Lingüística Aplicada), con su XXXII congreso anual dedicado al tema «La lengua desde un punto de vista transdisciplinario», quiso contribuir a una incipiente cultura de la transdisciplinariedad, que, sin eliminar las disciplinas tradicionales, debería servir para completarlas: «Precisamente en la lingüística necesitamos de una cultura de la transdisciplinariedad que proporcione un contrapeso a la especialización y a la diversificación, que son inevitablemente cada vez más fuertes» (Emons 2003, 14). Junto a esto se exhortó a no tratar la lengua sólo como un fenómeno puramente lingüístico, sino como un objeto genuinamente transdisciplinario, «que se escapa sistemáticamente a una aproximación inmanente a la disciplina o a un acceso reservado a una titulación» y que no puede dejarse sólo en manos de los expertos en marketing, de los que trabajan en los medios de comunicación, de los políticos o de los juristas (cf. Emons 2003, 8). 3 Ludwig Jäger muestra en su defensa de la interdisciplinariedad dentro de la lingüística las oportunidades que se derivan de interpretar la lengua como un objeto transdisciplinario: «En la lingüística, además de las valiosas aproximaciones existentes, necesitamos un cultura de la interdisciplinariedad, que […] conecte la problemática cultural de la disciplina con los resultados de la investigación de la psicología cognitiva, de la neurología y de la antropología. La cultura de la interdisciplinariedad no significa la sustitución de la estructura científica de la lingüística por unas nuevas estructuras. Se trata más bien de establecer […] redes fluidas de comunicación intelectual y social que sean capaces de superar en un momento dado las fronteras de las distintas disciplinas en favor de intereses concretos de la investigación» (Jäger 2003, 43). Una cultura de la interdisciplinariedad debería ser a la vez una cultura del liberalismo metodológico: «la cooperación interdisciplinaria entre las ciencias de la cultura y las ciencias de la naturaleza, o entre las correspondientes subdisciplinas de una ciencia, supone estar dispuestos a no impermeabilizar en cada caso la propia cultura metodológica comprensiva, analítica y cualitativa frente a la cultura aclarativa y cuantitativa del otro. ¿Por qué las hipótesis de las ciencias humanas – por ejemplo, acerca de la interdependencia entre lenguaje y cognición – no han de poder configurarse de manera tal que puedan ponerse a prueba con procedimientos empíricos experimentales como, por ejemplo las investigaciones sobre el tiempo de reacción?» (Jäger 2003, 44). En su comunicación «Transdisciplinariedad y romanística» presentada en el XX Romanistisches Kolloquium (= Coloquio de Romanistas), Harald Völker señala que en la romanística – por contraposición a la lingüística general – la atención a los objetos culturales, lingüísticos y literarios goza ya de una larga tradición y es algo que caracteriza a la disciplina. Además señala los siguientes aspectos transdisciplinarios de la romanística: por un lado, las interacciones con otras filologías, especialmente con la indoeuropeística y la germanística, que actúan todavía hoy como zona de distensión entre la tendencia panromance y la tendencia monolingüe; por otro, el ensamblaje de lengua y literatura y también la recepción de influencias de las ciencias naturales, como la capacidad para reproducir determinados efectos, el grado de experimentalidad o la teoría evolucionista de Darwin (por parte de August Schleicher y de los neogramáticos en la lingüística histórico-comparativa y en la fonética experimental). Además detecta futuras evoluciones transdisciplinarias en tres ámbitos, como son: una mayor apertura de la disciplina al ámbito de las ciencias de la cultura, la revitalización de la filología concentrada en la edición de textos y la floreciente lingüística de corpus (cf. ahora también Völker 2008). En el contexto de estas reflexiones se ha prestado especial atención al concepto de cultura lingüística, al que se dedicó en 1984 el congreso anual del Institut für Deutsche Sprache (= Instituto de la Lengua Alemana) con motivo de su vigésimo aniversario. En el prólogo a las actas del congreso 4 Rainer Wimmer (1985, 9) justificaba la elección del tema con los siguientes argumentos: por un lado, se quería estimular así la discusión con las disciplinas vecinas de la tradicional lingüística germánica; por otro, existían esperanzas fundadas de llamar la atención de un amplio público interesado en cuestiones relacionadas con la lengua. János Juhász analiza detalladamente la importancia de la cultura lingüística en la sociedad moderna; para él el auténtico criterio de un uso lingüístico cultivado radica en la adecuación a cada situación (Juhász 1985, 34) y por ello insiste en el papel de los lingüistas en la construcción de la escuela como la instancia institucional más importante en el cultivo, conservación, difusión y promoción de la cultura (Juhász 1985, 45). Por el contrario, para Wolfdietrich Hartung, gracias al concepto de cultura lingüística se crea un marco que permite ordenar los factores lingüísticos dentro de la totalidad de aspectos intelectuales y materiales que conforman las colectividades humanas (Hartung 1985, 71). Para Hartung la cultura lingüística se basa en sistemas de normas que están a disposición de una sociedad en un momento concreto para ordenar el funcionamiento de las tareas comunicativas (Hartung 1985, 80). Nina Janich y Albrecht Greule, en su manual dedicado a las culturas lingüísticas en Europa, definen el concepto de cultura lingüística en primer lugar como «un determinado nivel (existente o todavía por alcanzar) en relación con la codificación de una lengua y su dominio (consciente) por parte de los hablantes de una comunidad lingüística; la cultura lingüística es también el resultado y el reflejo del cultivo de la lengua, es decir, de las medidas y de las actividades (políticas, mediáticas, sociales o privadas con intención crítica, reflexiva o normativa) que refuerzan o deberían reforzar la codificación del sistema lingüístico y la competencia lingüística de los hablantes» (Janich/Greule 2002, VIII). Los editores del Manual de francés (lengua, literatura, cultura, sociedad) parten de una titulación universitaria en filología francesa, «que ha nacido de la combinación entre una visión panorámica de las distintas variantes en las que dicha disciplina se presenta actualmente y las previsiones de futuras evoluciones posibles», y pretenden hacer accesibles de manera actual y sistemática los contenidos de dicha titulación «no sólo atendiendo a su relevancia en el marco del estudio y de la enseñanza, sino también fijándose en su importancia para distintos ámbitos prácticos» (Kolboom/Kotschi/Reichel 22008, 12). El manual debería ser útil también para expertos de fuera del mundo universitario o escolar, especialmente en los campos que se ocupan de cuestiones del mundo francófono o de las relaciones entre Francia y Alemania (Kolboom/Kotschi/Reichel 22008, 12). En las recensiones del manual se consideró como algo positivo «la ampliación de la tradicional bipartición de la filología en lengua y literatura llevada a cabo gracias a las Landes- y Kulturwissenschaften»,1 sin embargo, debido a una considerable preponde1 No se nos ocurre una buena traducción al español para Landeskunde, Landeswissenschaft y Kulturwissenschaft. Landeskunde es el término con el que se designa 5 rancia de la parte lingüística, se valoró negativamente el «tratamiento algo descuidado de la literatura, de la que podría haberse mostrado una imagen mucho más rica y acorde con la variedad de esta columna de la romanística» (Kuhn 2005, 75 y 79). Por su parte, Wolf-Dieter Lange (2004, 191) ofrece una valoración muy crítica del manual: «El Manual de francés equilibra su tema con deformaciones y alargamientos excesivos y deja al lector lleno de temores acerca del futuro de la tradición y la memoria, dos habilidades sin las cuales desaparece progresivamente la capacidad de enfrentarse de manera inteligente y sensible incluso a la cultura contemporánea». La discusión acerca de los tres dominios de la romanística (lingüística, literatura y ciencia de la cultura) se ha vuelto especialmente intensa en los últimos tiempos debido a que la literatura, sobre todo en los planes de estudios, se ha encuadrado cada vez más dentro del marco de una ciencia de la cultura románica. Jürgen Grimm pone de relieve el vivo malestar «ante el hecho de que no se cuestione el predominio de una romanística tradicional orientada sólo hacia la filología» (Grimm 2000, 13) y ante el papel de la literatura en un hipotético plan de estudios de orientación cultural – cuyos contenidos precisos, como siempre, tienen que determinarse dentro de una disciplina científica poco definida hasta hoy (cf. Grimm 2000, 22). En este sentido se adhiere a la conocida tendencia de la ciencia histórica favorable a un «decidido proceso en contra de la compartimentación en disciplinas» y defiende una ciencia cultural románica «que, bajo las premisas metodológicas de ‹la cultura como texto› […], diseña el concepto interdisciplinario de una ciencia de la cultura con una orientación completamente nueva» (Grimm 2000, 23). Una de las más recientes contribuciones a la enciclopedia de una romanística cultural considerada básicamente como una ciencia interconectada es la que ofrece Kian-Harald Karimi (2006). En la bibliografía acerca del valor de las ciencias humanas se ha reconstruido y se ha analizado sólo de manera parcial el proceso por el cual «las ciencias de la naturaleza llegaron a diferenciarse de las ciencias humanas hasta alcanzar al final un valor superior o, al menos, hasta ser consideradas como más útiles» (Daston 1998, 14). En su trabajo sobre la cultura de la objetividad científica, Lorraine Daston analiza con detalle dos aspectos de las ciencias de la naturaleza: «en primer lugar, las relaciones entre las ciencias de la naturaleza y la cultura en la que están inmersas; en segundo lugar, las dentro de los estudios de lenguas extranjeras la asignatura dedicada a transmitir información sobre la historia, la cultura y los aspectos materiales de los países cuya lengua se estudia. Landeswissenschaft designa un estudio universitario orientado hacia los aspectos de la Landeskunde. Para traducir Kulturwissenschaft no es válido el sintagma estudios culturales, porque con él se designa un tipo de estudio de tipo más político que, aunque incluye la teoría literaria, no se interesa por la lingüística; en su lugar utilizaremos el sintagma ciencia(s) de la cultura. 6 ciencias de la naturaleza como una cultura independiente» (Daston 1998, 17). La dificultad de observar las ciencias de la naturaleza desde un punto de vista de historia cultural se basa, en su opinión, «en el núcleo de nuestra moderna metafísica occidental, en la cual la naturaleza y la cultura se oponen. En esta concepción metafísica la naturaleza es lo universal, lo eterno, lo inquebrantable; por el contrario, la cultura es lo local, lo variable, lo modelable» (Daston 1998, 38). En lugar de preguntar «en qué manera lo cultural limita lo racional, podríamos empezar a preguntarnos cómo lo cultural estimula lo racional. Podríamos empezar a investigar los presupuestos culturales de determinadas formas de racionalidad» (Daston 1998, 39). Wolfgang Klein considera que el motivo del retroceso de las ciencias humanas (cf. Klein 2004, 21) se encuentra en la insuficiencia de los esfuerzos por determinar y comprender los principios sobre los que se asientan estas ciencias: «los humanistas tienen que reflexionar acerca de cuáles son en realidad las preguntas que, como comunidad científica, quieren responder: ¿cuáles son los principios en función de los cuales se generan efectos estéticos, funcionan las lenguas o aparecen y desaparecen las sociedades?» (Klein 2004, 41). Klein formula tres tesis: «1. En las ramas más clásicas de las ciencias humanas no hay, al menos desde hace algún tiempo, un aumento de conocimiento factual comparable al que existe en las ciencias de la naturaleza. […] 2. El deshilachamiento de las distintas disciplinas y, correlativamente, la ausencia de comunicación entre sus representantes, no es tanto un efecto del aumento del saber, cuanto del crecimiento en formas de análisis, teorías y, a veces, modas, seguidas por estos representantes. 3. A diferencia de lo que sucede en las ciencias de la naturaleza, prácticamente no hay ninguna ‹vía de convergencia› – no hay ningún proyecto comúnmente aceptado y llevado a cabo por parte de los humanistas para derivar las distintas manifestaciones de su campo a partir de la interacción de algunos principios básicos y concretos» (Klein 2004, 26). En opinión de Klein, no son los científicos de la naturaleza quienes han perdido de vista la Universitas, sino los humanistas (Klein 2004, 26). Klein detecta dos nuevas líneas de investigación para las ciencias humanas en dos corrientes de argumentación «que en principio son independientes una de otra, pero que parecen complementarse bastante bien y que cada vez van más unidas. Una proviene de la investigación del cerebro y es relativamente nueva; la otra se basa en la concepción fijada a lo largo del siglo XVIII de que los procesos de la naturaleza son determinísticos, al igual que la actuación del hombre, que es una parte de la naturaleza» (Klein 2004, 32). ¿De qué lengua hace uso la ciencia? Martina Drescher, en su primera lección en la Facultad de lingüística y literatura de la Universidad de Bielefeld (1999),2 discute cuáles serían los efectos que una interpretación objetiva de 2 Actualmente trabaja en Bayreuth. 7 la ciencia tendría en la lengua o en el estilo de la ciencia y se pregunta en qué medida está justificada la idea de que la comunicación científica en su totalidad carece de afectos y está libre de toda referencia subjetiva (Drescher 2003, 53): «A partir de la concepción actual de la ciencia, en la que la objetividad es el principio básico que guía toda investigación, se deriva necesariamente la exigencia de una lengua racional y pegada a los datos que pueda corresponder a este ideal» (Drescher 2003, 55); esta lengua es una «sierva de la ciencia», debe retroceder ante los datos y, de manera ideal, debe hacerse completamente invisible (Drescher 2003, 56). Debido a la insistencia en el tabú del yo, a la supresión de las explicaciones y presentaciones narrativas y al rechazo a las metáforas – rasgos todos ellos propios de la lengua de las ciencias naturales – se ha expandido la consideración de que las ciencias humanas son «disciplinas narrativas y acientíficas» (Drescher 2003, 60–61). Frente a todo esto, Drescher defiende la tesis de que estas opiniones «son producto de la insistencia irreflexiva en un tópico que se mantiene vivo gracias a la concentración en determinadas manifestaciones de la lengua científica y en una descripción bastante descontextualizada de sus características» y afirma que el postulado de objetividad representa más bien una «ficción, un constructo ideológico especialmente refinado debido a que es de aceptación general» (Drescher 2003, 62 y 69): «La objetividad […] se correlaciona de manera central con la reproducción de estructuras de poder y con la imposición de determinados intereses dentro de la comunidad científica» y el estilo neutro y apegado a los datos de la prosa científica se manifiesta en consecuencia como el resultado de una «retórica de la anti-retórica», «que se define sólo aparentemente como un rechazo ante cualquier modo de manipulación lingüístico-estilística y que precisamente en este punto hace patente su carácter ideológico» (Drescher 2003, 71; acerca de la función de la retórica en el marco de una reflexión lingüística sistemática cf. también Cherubim 1992b, especialmente 122ss.; acerca de la relación entre ciencia y discurso científico y antropocéntrico cf. Metzeltin 2002). Michael Metzeltin, en la introducción a la lingüística románica editada por él y orientada metodológicamente, parte de unas nuevas estructuras sociales y educativas, que hacen necesaria una clara presentación a los estudiantes del valor y la importancia de la ciencia y de la lingüística románica: «Mientras que antes podía esperarse una buena dosis de iniciativa propia por parte de los universitarios, el estudiante de hoy, debido a las nuevas circunstancias económicas, sociales, políticas y didácticas, necesita una guía más intensa, por ejemplo, a través de la elaboración de informaciones generales que le permitan reconocer más fácilmente el sentido, el significado y la estructura de la carrera que ha escogido. Una de estas informaciones ha de ser una explicación general acerca de cómo se crea la ciencia y cuál es el objeto de estudio de la lingüística románica […], la descripción del contexto social en el que los textos orales y escritos – y otros tipos de productos semióticos más generales – aparecen y se usan […], la presentación de 8 las condiciones cognitivas necesarias para la producción y la recepción de textos y la enumeración de sus distintas formas» (Metzeltin 2006, 10). El propósito de los siguientes capítulos consiste en iluminar el valor de la filología y la lingüística románicas en el marco de la discusión esbozada aquí, para lo cual se tratarán aspectos de la historia de esta(s) disciplina(s) – especialmente en el mundo germánico e hispánico –, se analizará el significado de las titulaciones de romanística en relación con la enseñanza, la investigación y el mundo laboral, se discutirán sus perspectivas de futuro y los previsibles desarrollos metodológicos y de contenido de la lingüística románica. En el marco de esta breve contribución a una larga discusión será posible seguir sólo algunas líneas básicas; es mucho lo que merecería una profundización más detallada. 9 10 2. Romanitas, filología románica y lingüística románica Según Kramer (1998, 81–82) el sustantivo romanitas se atestigua en Tertuliano (autor cristiano procedente de África) alrededor del año 200 con el significado de ‘manera romana, romanidad’ y como formación paralela a latinitas. En el latín medieval aparece dentro del sintagma Romanitatis lingua, como variante estilística de lingua Romana ‘lengua de Roma’. El término Romania como «designación corta y sencilla en lugar de imperium RǀmƗnum u orbis RǀmƗnus» se documenta alrededor del 330 por oposición a Barbaria en unos anales de la historia del imperio conocidos como los «consularia Constantinopolitana» (Kramer 1998, 86ss.). Sólo a partir del siglo XIX se retoma el término Romania dentro de la romanística como designación colectiva para las lenguas románicas y los territorios en los que se hablan (Kramer 1998, 86ss.; cf. también Badia i Margarit 2000c). En 1872 Gaston Paris abrió la recién fundada revista «Romania» con un artículo sobre los términos Romani, Romania y (anunciados como continuación) Lingua Romana, Romancium. La habilitación presentada en Zúrich por Ursula Bähler (2004) se dedica a la vida y obra de Gaston Paris (1839–1903); en su recensión Frank-Rutger Hausmann muestra que esta obra está abierta a «numerosos usos prácticos, que van desde la localización de la posición actual de la disciplina, pasando por la evaluación de sus resultados hasta llegar a una previsión de las futuras innovaciones y que, en todo caso, sirve o puede servir para una toma de conciencia crítica de nuestra actividad por parte de nosotros mismos, de la scientific community, de los estudiantes que se nos han confiado y de una opinión pública que nos mira cada vez con ojos más críticos» (Hausmann 2005, 89; cf. también Schmitt 2006). El nombre de Filología románica se usa «en la mayoría de las universidades alemanas como denominación tradicional para abarcar las dos partes independientes formadas por la lingüística y la literatura, así como para designar a un/cualquier grupo de titulaciones románicas» (Kremer 2004, 56– 57). Por otro lado, bastará con aludir aquí a la creciente importancia de las secciones que se ocupan de los países y las culturas románicas (Landes- y Kulturwissenschaft(en)).1 No discutiremos aquí si el nombre de la disciplina 1 Cf. cap. 1., n. 1. 11 es «ampliamente obsoleto» (Kremer 2004, 56–57) cuando se interpreta de manera «filológica». Al menos como denominación para una cátedra o para una venia legendi2 se trata de un nombre problemático. Wolf-Dieter Stempel incide también en la «difícil unidad» de la filología románica cuando señala que la mayor parte de los romanistas se ha movido «hasta hoy sólo dentro de su parcela de la disciplina» (Stempel 1988, 51) y esto no tanto debido a la creciente especialización, sino más bien como consecuencia de la diferencia básica de planteamiento que caracteriza a la lingüística y a los estudios literarios. En la contraposición que Stempel hace de las posiciones de Hugo Schuchardt y Leo Spitzer se discuten básicamente tres puntos: «la unión de lengua y literatura, la relación entre lingüística monolingüe y lingüística general y la concepción de la romanística como ‹idea ordenadora›, […] surgida de la necesidad de una división del trabajo» (Stempel 1988, 55). Para Stempel no hay que «limitar la continuidad de la romanística hasta el presente sólo a los ámbitos en los que se renuevan las líneas de investigación tradicionales», sino que la romanística «se mantiene también en las investigaciones monolingües y en los esfuerzos relacionados con ellas por desarrollar una fundamentación teórica» (Stempel 1988, 57). Hugo Schuchardt, en un trabajo marcado por sus experiencias personales y titulado «Desde el corazón de un romanista», establece cuál es el papel singular de las lenguas románicas: «De entre todos los grupos de lenguas no hay ninguno más ilustrativo que las lenguas románicas, gracias a las especiales circunstancias de su transmisión histórica» (Schuchardt 1915, 11). Para él «la lingüística románica […], como tal delimitación es una carrera universitaria y no una ciencia independiente. En este último sentido sólo puede considerarse la lingüística sin adjetivos; no tenemos lingüísticas distintas, porque en tal caso nos encontraríamos ante miles y miles encadenadas unas a otras» (Schuchardt 1915, 11). En su ensayo sobre las posibles definiciones de «lingüística románica» Yakov Malkiel (1961/1962) analiza los «rasgos distintivos» positivos y negativos de esta disciplina: «En el lado positivo uno encuentra desde el principio, en primer lugar, un cierto retroceso de la reconstrucción en favor de datos auténticos […], es decir, una voluntad omnipresente de buscar nuevo material tangible; en segundo lugar, un interés igual por (a) el humilde habla dialectal de cualquier lugar y tiempo y (b) por cualquier refinada variedad de lenguaje literario […]; en tercer lugar, un ele- 2 En Alemania se distingue entre la facultas docendi (capacidad para enseñar e investigar), que se obtiene con la habilitación, y la venia legendi (autorización para enseñar e investigar), para cuya obtención varían las normas en función de los estados federales. En Austria existe simplemente la venia docendi (http://de.wikipedia. org/wiki/Venia_legendi). 12 vado interés por la dinámica del desarrollo […]; en cuarto lugar, una integración armónica y densa de las investigaciones gramaticales y léxicas, con una ligera preferencia por las últimas, que son, obviamente, bastante meticulosas; en quinto lugar, un creciente respeto por el detalle concreto y un notable afán por delimitarlo en todas sus dimensiones […]. En el lado negativo encontramos una cierta carencia de audacia operativa junto a la lentitud a la hora de acomodarse a situaciones imprevisibles; ocasionalmente se detecta una ligera indiferencia ante la tipología (dada la considerable afinidad de los sistemas comparados), una reticencia a experimentar con conjuntos de datos puramente hipotéticos – en contraposición a su probada habilidad para ir eliminando uno a uno los puntos oscuros –, y una amplia fundamentación en la gramática tradicional, lo cual no ha provocado en este caso tantos daños como en otros ámbitos cercanos, ya que la gramática tradicional procede del latín (y del griego)» (Malkiel 1961/1962, 4). Dos circunstancias, como son «esta habilidad para el trabajo de precisión y este especial don para los factores más íntimos y elusivos de la evolución», «pueden haber evitado que los romanistas se convirtieran en robustos canteros y vigorosos carpinteros, pero les vino muy bien a aquellos de entre ellos deseosos de convertirse en versátiles talladores y delicados interioristas. Todas las mejoras concretas obtenidas de este modo pueden obviamente abstraerse del material románico en el que se obtuvieron y pueden ser adoptadas por otros grupos de investigadores que, en cierta medida, se unirán así a las filas de los romanistas» (Malkiel 1961/1962, 4). Wilhelm Meyer-Lübke (1966), en su conferencia inaugural del 16 de octubre de 1906 en Viena, ya se ocupaba de los objetivos de la lingüística románica. Una introducción sistemática al objeto de estudio de la lingüística románica ofrecen Petrea Lindenbauer, Michael Metzeltin y Margit Thir (2002). El mismo Michael Metzeltin traza una visión panorámica de las lenguas románicas en el artículo con el que se cierra el Lexikon der Romanistischen Linguistik (LRL) e incide en la necesidad de más estudios de calado en ámbitos científicos particulares, pero subraya también que «sólo a través de la globalización de las investigaciones en las disciplinas particulares» son posibles explicaciones y predicciones de carácter general y que «el estudio de cada una de las lenguas románicas tiene mucho que ganar por medio de su incardinación en el contexto panromance» (Metzeltin 1998, 1040). Una visión panorámica de las lenguas románicas «está en disposición de señalar hasta el último detalle cómo, a partir de una raíz común, se conservan rasgos similares y se desarrollan diferencias. Este enorme potencial comparativo, que supone una colaboración esencial para el conocimiento de los fenómenos históricos, predestina a la romanística a conservar decididamente su componente comparativo» (Metzeltin 1998, 1040). Metzeltin menciona cinco ámbitos que llaman particularmente la atención de los romanistas: la descripción sincrónica y diacrónica de la gramática o el léxico de una variedad románica concreta, la descripción comparativa de la gramática o del léxico de distintas variedades románicas, la descripción 13 del uso de una lengua románica por parte de un determinado autor o de un grupo concreto y la descripción del uso social de una lengua románica concreta a lo largo de la historia de dicha sociedad. El aumento en las posibilidades de comunicación y la nueva dialéctica entre centralización y regionalización permiten a Metzeltin establecer algunos puntos clave sobre la base de la experiencia obtenida durante la elaboración del LRL ; estos puntos pueden ordenarse en seis dimensiones: 1) normativa, 2) cognitiva, 3) pragmática, 4) social, 5) interétnica y legal y 6) psicosocial (Metzeltin 1998, 1084–1085). En una recensión al volumen VI,1 del LRL, Franz Lebsanft (1995) señala que el LRL y el Grundriss der romanischen Philologie son bastante más distintos en diseño y realización de lo que un primer vistazo sugeriría. La terminología empleada por Gröber en la introducción muestra que habla un autor formado en la intensa discusión hermenéutica de la filología clásica de los siglos XVIII y XIX y que basa el concepto y el contenido de la filología románica en una teoría del conocimiento que, con su «así y no de otra manera», todavía cree, como los antiguos filósofos, que puede decir las cosas «tal y como son». Consecuentemente, la palabra «Grundriss» (= plan) hay que tomarla literalmente. Con su obra Gröber diseña los planos sobre los cuales se puede y se debe construir el edificio de la filología románica. No hace falta repetir aquí la comparación entre el Grundriss de Gröber y el LRL (cf. Holtus 1997 y 2000). Bastará con dejar constancia de que en el método, el contenido y la temática han cambiado muchas cosas y se han incorporado muchos aspectos nuevos desde los tiempos del Grundriss de Gustav Gröber hasta hoy. Sin embargo, el avance de la ciencia no debería llevarnos a considerar una obra como el Grundriss der romanischen Philologie simplemente como un documento histórico, como un testigo de la romanística de finales del siglo XIX. El desarrollo en la filología románica – y quizá no sólo en ella – no se caracteriza por un avance progresivo y lineal. Cuanto más intensamente se ocupa un romanista actual de las grandes obras de los primeros tiempos de la disciplina, tanto más puede comprobar que muchos resultados que hoy se anuncian como nuevos descubrimientos ya habían sido divisados por generaciones precedentes con la misma claridad y agudeza que hoy – aunque no fueran acompañados por un aparato terminológico tan atildado como el actual. En cualquier caso, independientemente de la fe en el progreso y de la confianza en las cacareadas fuerzas innovadoras del potencial científico, merece la pena no perder de vista los inicios de la filología románica, su progresivo desarrollo hacia una ciencia independiente y su contacto con otras disciplinas científicas y es conveniente dar el valor adecuado a su relevancia para las actividades presentes y futuras. El desarrollo más reciente en el campo de la investigación de la historia de las lenguas románicas está marcado por el proyecto, anunciado desde los años noventa (cf. p. ej. Ernst et al. 2000), de un Manual internacional de historia de las lenguas románicas en la colección de Handbücher zur Sprach14 und Kommunikationswissenschaft (= Manuales de lingüística y ciencia de la comunicación) (Ernst et al. 2003b, 2006, 2008). Sus editores fijan como objetivo la «realización de una visión global acerca de la formación de los dominios lingüísticos romances tomando en consideración las condiciones geográficas, sociales e idiosincrásicas, así como los principios y la metodología de la investigación lingüística histórica» (Ernst et al. 2003b, LXIV). En el marco de la investigación histórica de las lenguas y de la historia de la lingüística diacrónica los editores se han impuesto como «programa la investigación intensiva y diferenciada del complejo diasistema lingüístico […] con arreglo a la ‹verticalización› de los principios de la lingüística de la variación aplicados también a la investigación de la historia de las lenguas»: «En este sentido, se coloca en el foco de atención, por un lado, la sistematicidad del hablar y del escribir y, por otro, el condicionamiento de la actividad lingüística humana procedente de regularidades geográficas, sociales y contextuales – que están a su vez sometidas al cambio histórico –, así como de factores determinados por la historia cultural y literaria. En ambos aspectos es necesario superar la atención a la historia de las lenguas nacionales para dar a los continuos variacionales de los distintos espacios comunicativos románicos su debida dimensión diacrónica. Se presta mucha mayor atención a las relaciones funcionales, a los factores de la historia externa, especialmente a las condiciones políticas, sociales y culturales, y a los problemas derivados del contacto entre lenguas y de la política lingüística, que a la recopilación exhaustiva y enciclopédica de rasgos de la historia interna de las lenguas […]. Igualmente en esta parte se prescinde de una detallada descripción de las subdivisiones dialectales en favor de una perspectiva más global, orientada básicamente hacia las lenguas que funcionan como techo» (Ernst et al. 2003b, LXV). Los editores ven a la romanística y especialmente a la historiografía románica en una «posición de transición entre unas ciencias monolingües y una ciencia general y tipológica» (Ernst et al. 2003a, 4). El título de la obra total (en lugar de «Historia de las lenguas románicas») pretende contribuir a reforzar la conciencia románica: «Esta conciencia coloca junto a la investigación monolingüe la pregunta por la existencia o no de rasgos específicos de una lengua en la medida en la que no toma en consideración sólo lo particular de una lengua, sino también la posibilidad de procesos de convergencia provocados por el contacto, por motivos tipológicos o por motivos universales» (Ernst et al. 2003a, 5). La «Romanische Sprachgeschichte» (= Historia lingüística románica) se concibe como «historia de continuos lingüísticos sometidos en todo momento a variación social, geográfica y contextual, en los que la relación entre oralidad y escrituralidad adquiere un papel especial por motivos teóricos relacionados con las fuentes» (Ernst et al. 2003a, 12). Los editores plantean tres directrices básicas: un cariz auto-reflexivo, una cierta concentración en la historia lingüística externa y un tratamiento selectivo de los factores esenciales del cambio lingüístico y sus consecuencias internas (cf. Ernst et al. 2003a, 13). 15 Los puntos fuertes indiscutibles del primer volumen se sitúan especialmente en la discusión detallada de las bases metodológicas de la investigación histórica románica, en la conexión de la historia lingüística romance con disciplinas científicas afines y en la descripción bastante completa de la historia externa de la Romania nova (cf. Holtus 2005). El segundo volumen se ocupa de cuatro grandes campos temáticos: «Factores socioculturales en la historia lingüística románica», «Normativización lingüística y crítica de los usos lingüísticos», «Contactos lingüísticos y migraciones» y «Ámbitos comunicativos, medios y tipos textuales desde el punto de vista de la historia de la lengua». Si la lengua no se ve «sólo como un fenómeno cognitivo, sino también como un fenómeno social, siguiendo una tradición genuinamente romanística», entonces hay que considerar «el cambio lingüístico como ligado a los cambios en la sociedad» (Ernst et al. 2003b, LXVI). En consecuencia, hay que investigar los efectos provocados en la evolución lingüística por algunos factores externos decisivos de campos como la política y la economía, la educación, la religión y la filosofía, los medios de comunicación de masas y las traducciones (Ernst et al. 2003b, LXVI-LXVII). «En este contexto la investigación no puede concentrarse sólo en la supuestamente homogénea ‹lengua común›, sino que tiene que desentrañar las distintas tradiciones discursivas y textuales que han tenido algún efecto en el desarrollo lingüístico» (la literatura, la religión, el derecho y la administración, la prosa técnicocientífica, la economía, la publicidad, el deporte, las tendencias propias de cada medio). «Hay que aspirar a determinar cuál es la relación entre la lengua (histórica) y las tradiciones textuales (concretas) que toda reflexión moderna relativa a la historia lingüística debe incluir» (Ernst et al. 2003b, LXVII). Los méritos de este segundo volumen radican, por un lado, en la descripción sistemática, intensiva y actual de la influencia de los factores externos en la evolución de las lenguas románicas y, por otro, en algo que sólo puede derivarse de una visión panorámica como esta, es decir, en una presentación de la situación actual de la investigación con sus numerosos proyectos y posibilidades de futura investigación interdisciplinaria (cf. Holtus 2007c, 623). Los trabajos editados por Steven N. Dworkin (2003a) para el «Critical Cluster on ‹Historical Romance Linguistics: the Death of a Discipline?›» (= «Grupo de discusión sobre el tema ‹Lingüística románica histórica: ¿la muerte de una disciplina?›»), presentados y comentados en detalle por Fernando Sánchez Miret (2008), constituyen así mismo una discusión fundamental acerca del estado y las perspectivas de la lingüística románica histórica. En una sección del congreso organizado por la Asociación de Francorromanistas en Mainz en 1998 se trataron con detalle los textos y las instituciones en la historia de la lengua francesa (Haßler 2001). En opinión de Claudia Polzin-Haumann este volumen ofrece un «panorama que bosqueja el margen existente para llevar a cabo investigaciones lingüísticas históricas basadas en textos» a la vez que muestra qué tipos de problemas metodológicos ha de 16 resolver «una investigación acerca de la historia lingüística en la que se pretenda incluir la historia cultural» (Polzin-Haumann 2005, 101). Parece claro que en la situación actual se han fijado algunos puntos fuertes en la lingüística románica. Ya en 1988 Günter Berger y Hans-Jürgen Lüsebrink aludían a la tarea de investigar los procesos de formación de un canon y las personas, instituciones y premisas ideológicas responsables de dicha formación. Su artículo se orienta hacia la literatura y en él inciden en el hecho de que los autores y los textos canonizados en la escuela sirven de manera implícita a la difusión de unas determinadas normas, ideologías y prácticas lingüístico-estilísticas, de manera tal que «los alumnos no reciben información sobre el origen y el contexto histórico-social de unas normas e ideales, que terminan por alcanzar el estatus de valores absolutos y eternos» (Berger/Lüsebrink 1988, 184). Las discusiones en la sección «Formación del canon en la romanística» del Congreso de los Romanistas Alemanes en Siegen pusieron de relieve la necesidad de abrir la enseñanza y la investigación romanística a nuevas formas literarias (Berger/Lüsebrink 1988, 188–189): La «incursión efectuada en la historia de la formación del canon en la romanística ha mostrado, gracias al estudio de algunos casos paradigmáticos, las decisivas coordenadas institucionales, hermenéuticas y estéticas del pasado y ha abierto a la vez la ventana para posibles alternativas actuales» (Berger/Lüsebrink 1988, 190). El XIV Coloquio de Romanistas organizado en Trier en 1998 se ocupó, entre otros asuntos, de los mecanismos de canonización de las obras literarias y de las gramáticas normativas, así como de los problemas en la formación del canon en la literatura y en la lingüística (cf. Dahmen et al. 2000, VII). Seis años antes, el VIII Coloquio de Romanistas celebrado en Saarbrücken tomó como punto de referencia la tradición científica de la lingüística románica comparativa, que se remonta hasta los inicios de la romanística y que representa un constante desafío y, a la vez, una oportunidad especial para la romanística en lengua alemana (cf. Dahmen et al. 1995, XVI-XVII); en esta ocasión el Coloquio llevaba el título «Convergencia y divergencia en las lenguas románicas» y colocaba dos temas en el punto de mira: por un lado, la discusión de preguntas clave de la tipología lingüística y de la lingüística contrastiva (p. ej. el valor heurístico de la comparación en la lingüística o el interés científico de una lingüística orientada más allá de una sola lengua), por otro lado, la descripción de fenómenos concretos de convergencia y de divergencia en la Romania, con atención a los respectivos condicionamientos históricos y a las actuales condiciones comunicativas (Dahmen et al. 1995, VIII). A la vez se pusieron de manifiesto también los límites de la comparación de un fenómeno morfosintáctico como las formes surcomposées, ya que estas formas existen en amplias zonas de la Romania y fuera de ella y sólo es posible determinar sus funciones de manera clara lengua a lengua, dentro del particular sistema de tiempos verbales. Ciertamente en estas formas desempeña un papel general el aspecto verbal que indica que una determi17 nada acción está ya terminada, pero el valor concreto de la construcción sólo puede interpretarse dentro de la estructura del sistema gramatical de cada una de las lenguas o variedades (diatópicas, diastráticas o diafásicas). Por lo tanto, en este caso son necesarios más trabajos comparativos que, junto a la difusión de estas formas, su desarrollo histórico y su aparición en distintos tipos de textos, tengan más en cuenta los factores contextuales de su uso (p. ej. el contenido semántico de los verbos respectivos, su unión con adverbios y conjunciones temporales o los marcadores del discurso específicos) (cf. Holtus 1995, 109). La perspectiva comparativa estuvo también en el centro de algunas secciones del Congreso de los Romanistas Alemanes en Siegen (cf. Nies/Grimm 1988), por ejemplo en la dedicada a la gramática de las lenguas románicas (Dietrich/Geckeler 1988) o en la de formación de palabras (Gauger 1988; cf. también los resúmenes de Annegret Bollée, Harald Thun y Klaus Zimmermann 1988 a propósito de las lenguas románicas en contacto con otras lenguas y culturas en la Nueva Romania y de János Riesz 1988 a propósito de las literaturas francófonas fuera de Europa). Recientemente se ha retomado la pregunta «¿Qué puede ofrecer (todavía) hoy una lingüística románica comparativa?» en el XX Coloquio de Romanistas, que tuvo lugar en 2004 en Göttingen (Dahmen et al. 2006, VIIIss.). En este caso se partía de la constatación de que la lingüística románica comparativa – en el pasado una especialidad de la romanística en lengua alemana – ha pasado hoy a un segundo plano, ya que predominan las investigaciones monolingües en las que la perspectiva panrománica prácticamente se ha desvanecido. Este proceso tiene consecuencias también en la estructura de la romanística como disciplina e intensifica la división de la fi lología románica en subdisciplinas, algo que se produce con más intensidad en la literatura que en la lingüística. En este contexto el XX Coloquio de Romanistas debía intentar producir un balance crítico de los logros obtenidos por la lingüística románica comparativa y señalar las perspectivas para posibles desarrollos futuros. Igualmente se trató del diálogo interdisciplinario con otras titulaciones (lingüística general e indoeuropeística, medievalística, eslavística, ger manística, anglística). Algunas de las comunicaciones presentadas en el Coloquio trataron cuestiones básicas de la metodología de la lingüística comparativa y de la tipología lingüística y otras analizaron varios casos relativos a los distintos campos de trabajo de la lingüística románica comparativa. Estos trabajos son un testimonio de que, partiendo de las características propias de la lingüística románica (histórico-)comparativa, como son la enorme cantidad de datos, la excelente calidad de los testimonios y su importante dimensión cronológica, a la lingüística románica comparativa (todavía) hoy le toca el papel de ser en muchos aspectos un modelo para la investigación metodológica de la lingüística general y sus distintas ramas (por ejemplo, para la lingüística variacional, para la lingüística espacial, para la lexicografía y la gramaticografía y también para 18 el terreno de la edición filológica de textos o para las lingüísticas cognitiva y formal) (Dahmen et al. 2006, XXIII). Dos de las contribuciones a este Coloquio merecen especial atención en este punto: en el artículo titulado «Lingüística histórico-comparativa y tipología lingüística en el campo de acción de la historicidad de la lengua» Wulf Oesterreicher (2006) parte de la premisa de que la comparación que se lleva a cabo en distintos ámbitos de la lingüística se refiere a formas distintas de diferenciación lingüística; en consecuencia, se hace necesaria una reordenación de todo el espectro investigador de la lingüística que acabe con la clasificación habitual de las investigaciones en diacrónicas y sincrónicas y que proponga, en su lugar, una nueva concepción. Oesterreicher describe tres aspectos distintos en la historicidad de las lenguas humanas. Este análisis trae como consecuencia para la manida distinción entre sincronía y diacronía la necesidad de una nueva definición del concepto de sincronía: hay que fundamentarlo en el campo pragmático-comunicativo de la lengua histórica, que a su vez está necesariamente relacionado con la conciencia lingüística y con la competencia del hablante («historicité – variation linguistique»). – El otro artículo es el de Peter Koch (2006), titulado «Lingüística románica y lingüística cognitiva diacrónica – ¿una afinidad electiva?». En él Koch establece que la romanística sigue encontrándose en una posición intermedia, fructífera y prometedora, entre el plano universal de la actividad lingüística y el plano histórico de la lengua individual. El potencial comparativo de esta pluralidad de perspectivas predestina a la lingüística románica a una actuación en la que se equilibran la divergencia y la convergencia y a la que le es inherente una fundada voluntad de moderada generalización. A continuación se mostrará brevemente, a partir de algunos ejemplos escogidos, en qué medida le ha correspondido y le corresponde a la lingüística románica un papel específico en relación con otras filologías y otras lingüísticas. Thomas Stehl (2005a) señala la relevancia y el significado actual de la romanística para la tipología y para los procesos de cambio lingüístico en la introducción a las actas de una sección del XXIV Congreso de los Romanistas Alemanes celebrado en Münster en 1995 cuyo título es «La mano invisible y la elección del hablante»: «Los procesos de contacto y de convergencia que tienen lugar hoy en las lenguas románicas otorgan a la lingüística románica histórica una dimensión actual que abre la posibilidad de la descripción empírica, o lo que es lo mismo, la posibilidad de proporcionar impulsos decisivos a la lingüística teórica. Los múltiples contactos lingüísticos y la heterogeneidad lingüística, por un lado, […] y la adhesión a tradiciones discursivas heredadas, por otro, les aseguran a las comunidades lingüísticas la continuidad de su identidad y, con ello, la fuerza para la renovación de la comunicación en el discurso cotidiano» (Stehl 2005b, 21). En su artículo «Gloria o grazia. O: ¿qué es lo que realmente se plantea en la questione della lingua?», Jürgen Trabant analiza los presentes procesos de 19 transformación en la cultura lingüística de los países europeos (la lengua estándar, el ensamblaje de las variedades lingüísticas, la arquitectura de la lengua individual) y la cuestión de la hegemonía cultural («Cuius lingua eius regio o, al menos: cuius lingua eius cultura») (Trabant 2000, 31). Le interesa «poner de manifiesto en la descripción histórica los momentos de la discusión que afectan o pueden afectar a la estructura cultural de cada comunidad lingüística moderna» (Trabant 2000, 32). En última instancia la questione della lingua (cf. a este respecto también el trabajo de Antoni M. Badia i Margarit 2000a sobre la questione della lingua y su relación con el catalán) no es para Trabant una cuestión de lenguas sino la competencia de «dos sistemas culturales radicalmente distintos, de dos modelos antropológicos que compiten por el predominio en una coyuntura política determinante. El comportamiento lingüístico es un ámbito central de estos dos sistemas», una lucha por la hegemonía cultural, por el modelo político (Trabant 2000, 43); la questione se interroga – filosóficamente – «por las instancias que determinan el saber: los libros o el mundo» (Trabant 2000, 48). Para Trabant, hoy las consecuencias lingüísticas de la posición humanista se han invertido: «Humanista es aquel que considera la lengua y los textos como un mundo con derecho propio frente a las cosas y que tiene a las lenguas como algo especialmente valioso. Sin embargo, el humanista moderno cree que cada lengua, y no sólo el latín o el griego, es una significativa instancia cognitiva, algo muy especial, único y no indiferente. […] gracias al alejamiento del latín los europeos descubrieron que lo que los humanistas habían dicho del latín y del griego valía para todas las lenguas: todas tienen un algo especial, un nescio quid, un je ne sais quoi, una preciosa marca personal que las hace objetos valiosos e interesantes […]. El humanista moderno escribe en su propia lengua acerca de textos y lenguas. Sabe que lo que quiere decir puede decirlo correctamente sólo en su lengua. Por eso le gustaría mantenerse en su antigua lengua. Sin embargo, eso ya no le proporciona ninguna gloria, ya que esta ha emigrado al espacio global. Sólo puede conseguir la gloria si renuncia a su lengua o si puede traducir sus escritos a la nueva lingua cortigiana. En este sentido la erudición humanista es hoy precisamente el lugar de la grazia, de una efímera elegancia que tiene su realización en sí misma, en la comunidad cercana que es la nación y la comunidad intelectual nacional» (Trabant 2000, 50; cf. también Trabant 2005). Hans Goebl emprende un intento similar de relacionar situaciones lingüísticas del pasado con la situación actual de Europa (y de más allá) al analizar la configuración lingüística del Imperio austro-húngaro, aunque de la convivencia de muchos pueblos en el antiguo imperio no se pueden derivar recetas directas para la situación actual (Goebl 1999, 34). A la vista de las periodicidades sorprendentemente cíclicas, Goebl se pregunta para terminar «si los ciudadanos de la Europa unida del mañana están acostumbrados desde antiguo al contacto natural de unos con otros, algo que era sin duda válido para muchos de los pueblos unidos bajo el águila bicéfala» y cuál es «la disposición en la Unión Europea con relación a aprender, además del inglés, otras lenguas extranjeras y especialmente aquellas que, más que prestigio, tienen el valor de la vecindad» (Goebl 1999, 48). 20 De entre las primeras lecciones pronunciadas en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Jena (2003) merece la pena destacar dos contribuciones. Wolfgang Dahmen discute, a propósito de algunas peculiaridades de la filología rumana, la relación entre ideología y lengua y se pregunta, «por qué precisamente en este campo de la filología románica aparentemente muchas veces no se ha argumentado o no se argumenta sine, sino más bien cum ira et studio, qué consecuencias ha tenido este hecho y qué perspectivas se derivan de ello» (Dahmen 2003, 233–234). Dahmen analiza la «instrumentalización ideológica de la lengua y de la ciencia que se ocupa de la lengua y la literatura» (Dahmen 2003, 234) en cuatro puntos concretos: la génesis étnica de los rumanos, los intentos de realzar la romanidad de la lengua, los problemas de la ortografía del rumano y las implicaciones especiales «que se derivan del hecho de que el rumano, además de en Rumanía, se hable también sobre todo en el estado vecino de Moldova, que formó parte de la Unión Soviética» (Dahmen 2003, 234). Dahmen considera que es interesante investigar «si las filologías están sometidas en mayor medida a influencias ideológicas que otras ciencias. Precisamente allí donde tratamos de estados nacionales, que se definen gracias a una lengua común, el peligro de la instrumentalización política de la lingüística y la literatura es muy grande» (Dahmen 2003, 249). Martin-Dietrich Gleßgen analiza la «libertad lingüística del hombre» en dos núcleos temáticos: por un lado, el pasado y el presente del francés en el Magreb (peculiaridades lingüísticas y posición entre los países francófonos; Gleßgen 2003, 112ss.) y, por otro, las variedades lingüísticas y su significado para la libertad de actuación del hombre (Gleßgen 2003, 127ss.). En este contexto le interesan no sólo «las imposiciones externas […], sino las restricciones de la expresión lingüística basadas en la conditio humana, debidas a las limitaciones propias del ser humano» (Gleßgen 2003, 111): «Dado que el lenguaje constituye un momento central en la filogénesis del ser humano, la lingüística, lo mismo que la medicina o la biología, la psicología, la sociología o la etnología, y lo mismo que muchas otras ciencias […], se ocupa de las bases del ser humano. La ligazón del hombre a determinadas variedades lingüísticas, que tiene algo que ver con su crecimiento en un momento histórico concreto, las precisas normas internas de estas variedades y el registro absolutamente preciso de las desviaciones y de su sanción, las implicaciones que todos estos hechos tienen para los juicios sobre personas y, en última instancia, para su convivencia, todo esto afecta al núcleo del ser social y cognitivo del hombre» (Gleßgen 2003, 131). También hay que mencionar varios trabajos de entre los publicados por Ingeborg Ohnheiser, Manfred Kienpointner y Helmut Kalb (1999) en las actas de un ciclo de conferencias en la Facultad de Humanidades de la Universidad de Innsbruck sobre el tema «Lenguas en Europa. Situación y política lingüística en los países europeos» (para una primera aproximación cf. Kienpointner 1999). Heidi Siller-Runggaldier (1999) se ocupa de la situación del ladino 21 situado entre los polos dominantes del alemán y del italiano y analiza la coincidencia de fronteras lingüístico-tipológicas y administrativas. Guntram A. Plangg (1999) se interesa por el romance en el Tirol y, en concreto, por la aparición histórica del plurilingüismo y por sus efectos en las lenguas implicadas. Petra Braselmann (1999a) presenta una visión panorámica del contacto lingüístico y de la legislación política y sus efectos en la conciencia lingüística en Francia y analiza de cerca el estatus y la posición de las lenguas regionales, la lucha contra el inglés y la creación de nuevas designaciones para las denominaciones discriminatorias (puede verse un tratamiento más detallado de la política y de la conciencia lingüística en Francia en Braselmann 1999b). Petra Braselmann y Barbara Hinger (1999, 281) se ocupan de la(s) política(s) lingüística(s) y del cultivo de la lengua en España con atención a los siguientes temas: el tratamiento de lo extranjero; la posición del hablante ante un buen uso que debe conservarse, ante la Real Academia y ante las lenguas regionales; los ejes centrales de la política lingüística y del cuidado de la lengua y su contexto ideológico, político e histórico (para la lengua hablada cf. también Beatrix Schönherr 1999). Johannes Kramer se interesa por el papel de las lenguas minoritarias en la Europa del siglo XXI. Para Kramer, el inglés es ciertamente la única lengua de los contactos internacionales, sin embargo «cada lengua estatal mantendrá en paralelo su ámbito de validez», «y, a la vez, se volverán cada vez más estrechos los nichos que todavía hoy existen para otras lenguas» (Kramer 2006a, 14). A principios del siglo XXI las jóvenes generaciones se han implicado de forma intensiva en la pervivencia de sus lenguas particulares en casi todos los territorios de Europa con lenguas minoritarias, de manera que Kramer no se atreve a señalar «ninguna lengua románica minoritaria cuya existencia esté realmente amenazada en un futuro previsible» (Kramer 2006a, 26). De nuevo Jürgen Trabant ofrece una discusión detallada de la política lingüística en Francia (y Alemania) en su colección de artículos sobre el «Hércules galo» (el título proviene de la traducción alemana hecha por Christoph Martin Wieland de la traducción francesa que Geoffroy Tory hizo en 1529 de un pequeño texto del escritor griego Luciano de Samosata del siglo II, traducido a su vez al latín por Erasmo de Rotterdam). Trabant se ocupa de la historia de la défense de la lengua francesa (desde el siglo XVI hasta hoy: Geoffroy Tory y Joachim Du Bellay, entre otros; la Revolución francesa; la política y la legislación lingüística en el siglo XX), se ocupa también de las relaciones franco-alemanas en el ámbito de la reflexión lingüística (Condillac y Herder, Hamann y Buffon, Destutt de Tracy, Hegel y Humboldt, Leibniz), de las «derrotas del pensamiento» (después de las derrotas militares)3 y termina, a propósito del Año europeo de las lenguas, con una defensa del sig- 3 Se refiere a los conflictos franco-alemanes de finales del siglo XIX y principios del siglo XX. 22 nificado de la lengua como un delicado «recipiente de una forma concreta del espíritu humano» y, por consiguiente, como un valioso producto de la cultura humana (Trabant 2002, 254). En su artículo sobre el estatus, el prestigio y el valor comunicativo de las lenguas Georg Kremnitz introduce un interesante aspecto en la discusión relativa a la política lingüística. Basándose en ejemplos sacados de la situación austriaca, Kremnitz argumenta que las ciencias del lenguaje tienen que ser consideradas también como ciencias sociales (Kremnitz 2002c, 123) y que el prestigio del que disfrutan las lenguas en una sociedad frecuentemente orienta la política lingüística (determinación del estatus de las lenguas en los estados, enseñanza de lenguas extranjeras en la escuela, oficialidad de determinadas lenguas en los organismos internacionales y otras medidas de política lingüística; cf. Kremnitz 2002c, 125). Kremnitz defiende la idea de que, «junto a los parámetros de estatus y prestigio, se tome en consideración el parámetro del valor comunicativo de las lenguas y […] que se le otorgue en el futuro más importancia en las decisiones de política lingüística» (Kremnitz 2002c, 128). Con esto Kremnitz se acerca a algunas posiciones de Harald Weinrich, quien subraya que el papel del inglés en el mundo y en Europa es más bien el de una lengua de cultura y el de una «lengua occidental prototípica» y no el de una lingua franca «que nos ‹libere› por fin de las penas del plurilingüismo» (Weinrich 2002, 513) (acerca del papel de las lenguas planificadas como posible solución a complicados problemas lingüísticos cf. también el trabajo de Hermann M. Ölberg 1999, 377ss.). – Por su parte, Johannes Kramer discute el papel del inglés como lengua de la romanística (sobre todo en las revistas especializadas y en los manuales) y llega a la conclusión de que la distinta orientación que se da a las actividades lingüísticas relacionadas con problemas romanísticos en los países de lengua inglesa ha llevado a que «frecuentemente a este y al otro lado del Channel, y mucho más a uno y otro lado del Atlántico, no haya una percepción mutua muy clara. Lo cual es una lástima. Y nos vendría bien a nosotros, los europeos continentales, intentar meter en un bote a nuestros colegas del otro lado y hacerles más atractiva la publicación de sus trabajos en nuestras revistas – y para ello es obvio que se impone una apertura incondicionada de nuestras revistas al uso del inglés, que es la única lingua franca auténtica de nuestro tiempo. Ocasionalmente se dejará – con justicia – sitio para nugae Latinae; y también deberá haber espacio para serious matters in English» (Kramer 2005b, 11). El francés como «nexo de unión entre las distintas disciplinas románicas […] ya ha visto su hora y, comprensiblemente, en las revistas romanísticas que acompañan los trabajos de un resumen en una lengua de libre elección, el inglés es la primera lengua elegida» (Kramer 2005b, 6). 23 24 3. Aspectos de la historia de la filología románica Las discusiones acerca de la relación entre lengua, cultura y ciencias humanas y acerca del concepto de romanidad y los contenidos y tareas de la filología (románica) y de la lingüística (románica) han experimentado un notable incremento en los últimos decenios, pero hay que precisar que la pregunta por la identidad de la disciplina y por su evolución histórica ha acompañado desde el principio a los intentos de descripción científica del amplio mundo de las lenguas románicas. Por este motivo, parece adecuado bosquejar brevemente en este punto algunas de las etapas de la historia científica de la filología románica. El primer volumen del Lexikon der Romanistischen Linguistik (cf. LRL, vols. I,1 y I,2) pretende ofrecer una visión general y sistemática de la historia de la disciplina romanística, de algunos problemas de historia científica y de las épocas y escuelas que en general han sido importantes para la lingüística (y, por lo tanto, también para la romanística) o de las escuelas que, partiendo de la romanística, han influido en otras filologías. Una de las secciones del ya varias veces nombrado Congreso de los Romanistas Alemanes celebrado en Siegen en 1985 se ocupó de la historia temprana de la filología románica desde Dante hasta Diez (Niederehe/Schlieben-Lange 1988, 125): «El concepto de ‹historia temprana› debería servir para evitar que desde un principio se considere toda filología anterior a 1800 como pre- o acientífica y que empiece a hablarse de historia de la lingüística o de la ciencia literaria sólo a partir de la primera mitad del siglo XIX; es decir, se pretendía evitar que ya antes de emprender los trabajos se diera por sentada una ‹ruptura› que era, precisamente, el objeto de discusión». Por un lado, había que sustituir la discusión teórica acerca de la insatisfactoria alternativa entre ruptura o continuidad con un elenco de conceptos histórico-reconstructivos más ricos. Por otro lado, había que preguntarse: «en qué discursos desempeñan algún papel los temas ‹románicos›: el discurso normativo sobre lengua y literatura, así como el discurso filosófico sobre la lengua se acompañan, sobre todo en el siglo XVIII, de una tradición comparativa e histórico-filológica» (Niederehe/Schlieben-Lange 1988, 125–126). En palabras de los presidentes de la sección, se pueden elaborar cinco líneas de investigación acerca de la situación de la romanística: 25 «1. Hay que colocar los trabajos sobre lenguas y literaturas románicas anteriores a 1800 (lo mismo que los posteriores) en su contexto histórico. A lo largo de la historia los mismos conocimientos se someten a funcionalizaciones distintas. En este sentido son muy útiles las series de documentos, que pueden hacer visible este cambio. […] 2. Se consideran científicos los temas que obtienen el visto bueno de la respectiva comunidad científica (la república de las letras). Por lo tanto, la historia de la ciencia debería atender a la concepción que de sí misma tiene la comunidad científica que genera un discurso que se separa de otros discursos marginales y del saber común, por mucho que este aparezca en problemas científicos y, a la inversa, tome también elementos de aquel. 3. De esto se deriva que una historia de la ciencia que se conciba como la historia de un proceso de acumulación de saberes seguros, se equivoca totalmente de objetivo. […] 4. La alternativa entre ruptura y continuidad no hace justicia a la complejidad de los acontecimientos de la historia de las ciencias. A lo sumo se podría hablar de ‹ondulaciones o nuevos inicios› […]. 5. Muchos de los desarrollos científicos se pueden interpretar adecuadamente sólo en una perspectiva europea (es decir, al menos, románica)» (Niederehe/ Schlieben-Lange 1988, 129–130). Con motivo de la celebración de los 150 años del Primer encuentro de germanistas en Frankfurt am Main (1846–1996) y bajo el lema de «Historia y problemas de las filologías nacionales en Europa», Richard Baum discute el nacimiento de la lingüística desde el genio del romanticismo (Jacob Grimm y Friedrich Diez) y el «cambio a la filología». Baum considera la aparición del primer volumen (1836) de la Grammatik der romanischen Sprachen (1836– 1844) de Friedrich Diez como el momento de la constitución de la filología románica como ciencia y, en general, caracteriza a la romanística como una invención de Bonn y una disciplina de marcado carácter alemán: «En Italia, España y Portugal, e incluso en Francia y en otros países románicos nunca se produjo una institucionalización de una disciplina sui generis, por oposición al establecimiento de las llamadas filologías nacionales. La filología románica, entendida como ‹unidad› conceptual es algo prácticamente desconocido fuera del ámbito de lengua alemana; la disciplina lingüística con este nombre que se ha constituido aquí y allá desde finales del siglo XIX es algo reservado a los especialistas» (Baum 1999, 222–223). Para Baum, la filología románica posee unidad «sólo en el plano de los postulados y de los conceptos; en la práctica de la investigación y de la enseñanza después de Diez se divide en una lingüística románica y en una creciente cifra de ‹filologías particulares›, que a su vez se fraccionan en una lingüística y una literatura» (Baum 1999, 233; cf. también 239, a propósito de la cultura lingüística y textual, de la formación del canon y de las tareas de la filología como una ciencia de la cultura). Un punto relevante en sí mismo dentro de la discusión sobre la historia de la ciencia (cf. también Maria Selig 2005) lo constituye la historia de la titulación de Filología Románica y de las distintas filologías particulares en las universidades. Dietrich Briesemeister (2001, 562–563) argumenta atinadamente que el hecho de ocuparse de la historia de una disciplina no puede interpretarse hoy ya como una «ociosa autocontemplación y una estéril 26 visita al saber acumulado y constantemente superado por la ciencia», más bien este interés nace de la necesidad «de precisar cuál ha sido el proceso evolutivo, por ejemplo, de los estudios latinoamericanos, de la criollística o de la filología rumana, con el objetivo de obtener, a partir de la reflexión histórica sobre los nuevos objetos de investigación, los métodos de trabajo, las tareas y los resultados, la legitimación de la autonomía reclamada y una delimitación metodológica sistemática y orgánica»; en este contexto el «estudio del papel de la romanística y del comportamiento y el exilio de los romanistas durante el Tercer Reich – aunque algo tardío en relación con la germanística y los estudios de historia en Alemania – ha dirigido de nuevo la atención hacia la importancia de la historia de la disciplina y su actualidad para la comprensión de la ciencia»: «La toma de conciencia crítica ante el trasfondo de la historia de la disciplina no sólo proporciona una orientación y un nuevo impulso a la investigación, sino que sirve también para fijar cuál es el punto alcanzado y cuáles son los cometidos para el presente y para el futuro». Briesemeister no sólo se ocupa de la posición de las lenguas románicas en las universidades, sino que analiza también en este contexto la historia del significado de la palabra «romanista», la progresiva descomposición del concepto de «filología románica» en favor del de «romanística» y la percepción de la romanística como una «invención de Bonn»: «Que la romanística sea un ‹invento de Bonn› puede parecer algo exagerado, pero es innegable que la Universidad de Bonn siguió siendo un ‹puesto avanzado de la filología románica› (Ernst Robert Curtius), lo cual no excluye que en otros sitios se produjeran algunos procesos en el paso al siglo XIX que prepararan el camino a la filología románica» (Briesemeister 2001, 565; cf. también Kramer 2005c, 3). Maria Lieber (22008) ofrece una breve panorámica de la historia de la romanística en las universidades alemanas. Por su parte, Hans Helmut Christmann (1985) proporciona una presentación detallada de la romanística y la anglística en las universidades alemanas del siglo XIX, organizada por seminarios y por seis fases distintas en las cátedras: maestros de lengua o lectores (aproximadamente hasta 1850); profesores de otras materias que dictan cursos sobre historia literaria moderna (desde finales del siglo XVIII hasta el primer tercio del XIX); primeros esfuerzos de dotación de cátedras específicas para las lenguas y literaturas modernas (primera mitad del siglo XIX y desarrollos posteriores); creación de cátedras de filología moderna para la preparación de profesores de instituto – habilitaciones en filología moderna (ca. 1840 – ca. 1860); creación de cátedras dobles para filología románica y filología inglesa (ca. 1860 hasta 1875); separación de la filología románica e inglesa a través de la creación de cátedras exclusivas de filología inglesa (ca. 1870 hasta ca. 1900). Leo Spitzer traza una visión muy viva y personal del romanista en las universidades alemanas y de sus tareas como maestro en relación con los estudiantes: la 27 «tarea de la recuperación de la dialéctica entre lo alemán y lo románico […] no puede llevarse a cabo ni por medio de un constante darse la espalda de ambos complejos, ni gracias a una machacona insistencia en las ‹eternas› diferencias. En mi opinión, sólo queda un camino: los jóvenes tienen que poder observar en vivo cómo opera esta dialéctica en un alma contemporánea: ¿quién podría ser este contemporáneo capaz de vivir ante ellos la contraposición del espíritu alemán y del espíritu francés, sino su maestro? Yo creo, de hecho, que el romanista de hoy no sólo tiene que saber dar clases sobre temas románicos, sino que debe saber demostrar a sus oyentes que los vive» (Spitzer 1927, 252). Spitzer se enfrenta con brío contra el uso ocasional de la palabra «estetizante» en sentido peyorativo («¡No necesitamos a ningún obrero como maestro de nuestra juventud!», Spitzer 1927, 258), «¡como si la tarea del filólogo se redujera a proporcionar un texto legible y a aclarar el significado de las palabras, y como si la auténtica interpretación, la verdadera comprensión no fuera algo que empieza justamente después!» (Spitzer 1927, 259). E igualmente como lingüista, Spitzer argumenta que «también a un rey de la lingüística le conviene la unción con algo de aceite literario, en interés de su lingüística, y que para los estudiantes la unión de ambas ramas de la investigación es una conditio sine qua non para su formación: mientras que en la lingüística aprende paciencia, esfuerzo y abnegación para obtener el más pequeño resultado, en la literatura aprende elasticidad, generosidad, sensibilidad hacia lo no resuelto, lo espiritual y artístico, atención a lo humano, expresión de lo imponderable» (Spitzer 1927, 259). Se alegra de que no en todas las universidades se hayan establecido dos cátedras separadas para lingüística y literatura románica, ya que «así se eliminan los peligros de una excesiva especialización en una de las dos disciplinas, así como su progresiva separación: donde reinan tales ‹antirreyes›, no deberían diferenciarse más que el queso con pan del pan con queso» (Spitzer 1927, 260; a propósito de Spitzer cf. ahora la controversia entre Bernhard Hurch 2006 y Hans Ulrich Gumbrecht 2006). La manera en la que concretamente se configura el desarrollo científico de la lingüística, de las nuevas filologías modernas y de las lenguas y literaturas románicas puede seguirse, por ejemplo, en el caso de la universidad de Göttingen (cf. las investigaciones de Dieter Cherubim 1992a, Armin Paul Frank 1994 y Hermann Krapoth 2001). A propósito de la polisemia del nombre tradicional de «filología», Frank (1994, 105) escribe lo siguiente: «En su sentido lingüístico diacrónico se entiende por filología la reconstrucción de fases lingüísticas antiguas; en este sentido se ha descrito al filólogo como aquel que ensilla a su caballo con las leyes de Grimm y persigue incluso la más pequeña sílaba hasta el valle más lejano del Himalaya. En su sentido cultural la filología es el esfuerzo científico por comprender una cultura en su lengua y su literatura y a través de su lengua y su literatura, un objetivo intelectual que muchos representantes de las nuevas filologías modernas comparten con la filología clásica». Por otro lado, se pueden poner en primer plano los detalles específicos de una determinada filología particular. Por ejemplo, para el caso del francés se 28 puede remitir a los trabajos de Marcus Reinfried (22008) sobre la enseñanza del francés en Alemania, de Udo L. Figge (1977) sobre el desarrollo de la lingüística francesa en la R.F.A. desde 1945 a 1975 («Desde el punto de vista institucional, en la República Federal lo científicamente relevante es la ‹romanidad› y no el francés», Figge 1977, 201) y de Peter Blumenthal (1997) sobre la situación de la lingüística francesa en Alemania. Manfred Tietz hace un balance de la historia de la hispanística alemana anterior a 1900 y distingue tres tipos de intereses hispánicos parcialmente superpuestos: un interés confesional católico, que se manifiesta desde el siglo XVI y hasta más allá del final del período analizado; un interés confesional protestante, que pretende poner de manifiesto las consecuencias negativas de un catolicismo dominante en una España que se interpreta como un bloque católico; un interés nacional patriótico, que se inicia en el siglo XVIII y que alcanza su punto máximo entre 1800 y 1820, una fase en la que los líderes culturales alemanes y los literatos pretendían sacudirse la todopoderosa influencia del francés y de los franceses en lo cultural y en lo político, que ahogaba la identidad nacional alemana (Tietz 1988, 143). Por otro lado, Tietz (1989, 43ss.) – como presidente de la Asociación Alemana de Hispanistas – dibuja una imagen más bien crítica de la hispanística en las universidades de la R.F.A., caracterizada según él por una escasa especialización (romanística indiferenciada en lugar de una hispanística, una italianística, una lusitanística, una galorromanística, etc. altamente diferenciadas), una deficiente profesionalización («gueto de la filologización»: los estudios sobre España, Portugal y Latinoamérica como disciplina practicada sólo o mayoritariamente filológica, lingüística y literariamente) y un problema lingüístico (poco uso del español, portugués o catalán como lengua de la enseñanza académica en todas sus formas y en todos sus niveles). En esta discusión tienen un valor esencial los trabajos dedicados a la situación de la lusitanística (en Alemania). Matthias Perl parte de la base del prestigio internacional alcanzado por los departamentos especiales de afrolusitanística y criollística de Leipzig y defiende que, para mejorar las oportunidades de trabajo de los estudiantes, hay que tomar definitivamente en consideración la tarea de reforzar las filologías particulares y de seguir desarrollando estudios especiales (Perl 1997, 110): «Como temas de investigación con futuro habría que considerar, además de la continuación de las tradiciones de universidades concretas, también el estudio de los contactos lingüísticos del español y el portugués en América, sobre todo en universidades donde sea posible una colaboración con expertos en América y África» (Perl 1997, 112). Como continuación de esta discusión, para Klaus Zimmermann el rendimiento de la investigación (y, junto a él, el tiempo y el dinero invertidos) se justifican sólo por dos objetivos: 29 «en primer lugar, como medio para asegurar la calidad de los profesores universitarios, ya que la propia investigación refuerza la capacidad para juzgar los métodos y los resultados de la investigación de otros y, en segundo lugar, como contribución a la tradicional identidad cultural de las universidades de lengua alemana como centros de investigación implicados en la investigación de lo extranjero y en la producción de conocimientos sobre lo extranjero. Los efectos directos de este trabajo se notan en pequeña medida en el propio país» (Zimmermann 1997, 75). Para él la crisis de la romanística (y de otras filologías) se fundamenta en tres puntos: en primer lugar, «el conocimiento que resulta de la investigación y que consecuentemente se transmite en la enseñanza no interesa prácticamente a nadie en esta sociedad»; en segundo lugar, «lo que quizá sí interesaría a la sociedad no es importante para los profesores de romanística o, en caso de que se le preste atención, se trata frecuentemente como un aspecto colateral»; por último, en Alemania «existe una separación completa entre ciencia y opinión pública, es decir, muchas disciplinas universitarias se cierran en una ‹torre de marfil›» (Zimmermann 1997, 76). Estos tres factores afectan en mayor medida todavía a la especialidad marginada que es la lusitanística (en Alemania) (cf. Zimmermann 1997, 77). Las causas de esta situación serían la falsedad autoimpuesta en la disciplina, en concreto, la sobrevalorada «aspiración a la unidad de la disciplina y su supuesto efecto consistente en una competencia global de todos los romanistas» (Zimmermann 1997, 78), la venia legendi1 que tradicionalmente se otorga para toda la filología románica (Zimmermann 1997, 79) y las prácticas habituales en las convocatorias de cátedras (Zimmermann 1997, 80–81): «Esta situación tiene como consecuencia que en muchos departamentos de romanística sólo se ofrezca un programa rudimentario de lusitanística que cubra el expediente de la panromanidad. Incluso muchos grandes departamentos ofrecen – de manera honrada – sólo la posibilidad de estudiar lusitanística como materia complementaria» (Zimmermann 1997, 80). El deseo de Zimmermann sería que en Alemania cada estado federal acordara «ofrecer al menos una lusitanística completa con las respectivas cátedras responsables de la lingüística y la literatura portuguesas» (Zimmermann 1997, 81), y lo mismo podría argumentarse para la catalanística y la rumanística. Johannes Kramer considera – desde la perspectiva de un panromanista convencido – que la orientación de una lusitanística separada de la romanística es una «senda errada» y, en su opinión, la «vieja tía Romanística» ha respondido hasta ahora bastante bien a las exigencias del cambio social (Kramer 1997, 82). Más importante que las cifras y las estadísticas es para Kramer la presencia virtual del portugués allí donde existe una romanística, es decir, que no esté excluida de la organización la posibilidad de ofrecer el portugués (Kramer 1999b, 11): «Cuantas más posibilidades tenga la lusitanística […] de 1 Cf. cap. 2., n. 2. 30 apoyarse en un gran estudio, tanto más fácil lo tendrá a la hora de conseguir una ‹clientela› estudiantil y de colocarse en una buena posición en la competencia con otras disciplinas menores» (Kramer 1999b, 12). La pretensión de ser competente en todo el dominio románico ha sido siempre, en opinión de Kramer, un mito; por el contrario, en el ámbito científico skill significa sobre todo «ser capaz, a partir de lo que uno sabe, de formarse rápidamente en aquello que no sabe» (Kramer 1999b, 13). Ciertamente el portugués no es una lengua pequeña, pero la especialidad que se ocupa de esta gran lengua, al menos en Alemania, es una especialidad pequeña: «Sería mucho más simpático si no se respondiera a la pregunta de qué es lo fascinante de la lusitanística con secas cifras de hablantes y con indicaciones sobre los lazos económicos actuales de Alemania y Brasil, sino con la afirmación convincente de que en esta lengua y en las literaturas y culturas que se sirven de ella se encierra un fragmento irrenunciable y fascinante de los studia humaniora y que para estos estudios se necesitarán expertos cualificados mientras los hombres no deseen simplemente vegetar en el bienestar económico y en el vacío intelectual como animalia oeconomica, quae natura prona atque ventri oboedientia finxit» (Kramer 1999b, 14). Rainer Schlösser no quiere hablar de una crisis de la romanística: «Si la universidad alemana en su totalidad se encuentra en crisis – y es cierto que lo está –, entonces, según las leyes de la lógica, también la romanística está en crisis como parte de la universidad. Pero yo no puedo ver una crisis de la romanística en tanto que romanística. Lo que suele tenerse por tal es más bien un estado que se discute innecesariamente y cuyo origen está sobre todo en el deseo de muchos representantes de la disciplina de hacer pedazos su actual estructura académica y del cual se derivan todos los síntomas de la crisis» (Schlösser 1997, 61). Para Schlösser «cada llamada a eliminar contenidos que no se corresponden con el actual espíritu de los tiempos» es incompatible «con la identidad de la disciplina» y para él es inconcebible «una romanística que quiera difuminar su base teórica, en concreto, su componente histórico-comparativo, que esté dispuesta a tirar por la borda su punto de partida, es decir, el latín y que incluso esté dispuesta a liquidarse a sí misma en favor de unas disciplinas individuales aparentemente sin relación» (Schlösser 1997, 67). Un punto central de la presentación de la historia de la romanística en Alemania lo constituye el estudio del desarrollo desde 1933 hasta 1945, así como los años precedentes y siguientes. En el marco de un ciclo de conferencias en la universidad de Siegen, Johannes Kramer se ocupa de la romanística y la lingüística románica en el Tercer Reich y considera que su significado para la ideología del nacionalsocialismo era más bien periférico. Son interesantes los comentarios de Kramer a propósito de algunas corrientes de la lingüística antes y durante ese período de tiempo, por ejemplo la filología idealista (en la que, junto a Karl Vossler, también incluye a Eugen Lerch y Victor Klemperer) o los defensores de la tesis de la importancia de los germanos en la formación 31 y diferenciación de las lenguas románicas (Ernst Gamillscheg, Walther von Wartburg; Kramer 1988, 66, 74, 76). Para Kramer en general «el estudio de temas ideológicamente neutros, como la fonética histórica o la morfología, fue más frecuente que el análisis de problemas que pudieran mostrar puntos de contacto con la ideología nacionalsocialista» (Kramer 1988, 77). De la figura de Walther von Wartburg y del papel de la Zeitschrift für romanische Philologie se ocupa también Utz Maas en su artículo sobre la romanística en lengua alemana desde 1933 hasta 1945 dentro del marco del desarrollo de la lingüística (Maas 1994, 43 y 49 n. 7, 46–47). En lugar de «celebraciones devotas» está a favor de una «reconstrucción de los acontecimientos que están inscritos en las biografías científicas de los actores, fueran víctimas o incluso autores de delitos» (Maas 1994, 41). Maas ve el «dinámico y enormemente fascinante debate dentro de la lingüística» como un proceso amputado de la evolución posterior debido a la situación política en Alemania (Maas 1994, 49): «la sorprendente vuelta a la tradición de la lingüística en Alemania después de 1945 (no sólo, pero especialmente también en la romanística) no es otra cosa que la continuación de las rutinas que en aquel momento permitían evitar tener que enfrentarse con el pasado, lo mismo que antes de 1945 habían evitado tener que enfrentarse con el presente» (Maas 1994, 50). La investigación más completa hasta ahora de la romanística alemana bajo el nacionalsocialismo se debe a Frank-Rutger Hausmann y se ha concretado en varias publicaciones (cf. especialmente Hausmann 1998 y 2000). El último estudio, basado en materiales de 67 archivos y bibliotecas y en un análisis de la bibliografía correspondiente, constituye una presentación global de la historia de la romanística en el Tercer Reich. Hausmann no sólo quiere sacar a la luz nuevo material sobre la historia de algunas personas y de la ciencia, sino que lo presenta de manera paradigmática y jerarquizada; con esto persigue tres objetivos: editar las fuentes, organizar una crestomatía y proponer un análisis, todo en uno (Hausmann 2000, XV). No pretende ni la criminalización de la generación de los padres y abuelos romanistas, ni tampoco dar una lección moral a los que han nacido después: «Se trata más bien de dar respuesta a la pregunta de cómo pudo ser que lo que hasta el 30 de enero de 1933 se consideraba como seguro y aceptado científicamente, pudiera perder poco después su validez en algunas partes y en algunas formaciones esenciales; un proceso que se repitió tras el 8 de mayo de 1945 y que condujo a una restauración y no a una reflexión crítica. Se trata de juzgar, no de condenar» (Hausmann 2000, 20). Hay que destacar las explicaciones de Hausmann sobre el concepto de ciencia en la romanística (Hausmann 2000, 346–347) y sobre algunos temas lingüísticos escogidos como modelo en el marco de la tradición científica iniciada por Brügmann, concebida como una ciencia de la cultura (Hausmann 2000, 88). Son dignos de atención y están llenos de sugestivas ideas los datos que 32 Hausmann ofrece sobre algunos destacados romanistas, por ejemplo Walther von Wartburg (Hausmann 2000, 162ss., 525), Ernst Gamillscheg (Hausmann 2000, 521ss., 606–607) o Heinrich Kuen y Alwin Kuhn (sobre la Romanische Bibliographie, Hausmann 2000, 193), sobre el papel de la nueva generación de estudiosos (Hausmann 2000, 145ss.), sobre la tipología de los Assistenten [= ayudantes] (Hausmann 2000, 150) y, por último, sobre el trabajo de las asociaciones de estudiantes romanistas (Hausmann 2000, 85ss.) y sobre las actividades de algunos grupos concretos de estudiantes (Hausmann 2000, 169ss.). Lo mismo puede decirse de la función de las revistas de filología románica como reflejo de la romanística «alemana» (Hausmann 2000, 365– 392), por ejemplo la Zeitschrift für romanische Philologie (Hausmann 2000, 367, 370, 374; donde se alude también a la Romanische Bibliographie), o de la historia de seminarios concretos, p. ej. el de Göttingen (Hausmann 2000, 45, 64–65). En resumen, Hausmann tiene el mérito de haber contribuido de manera esencial al conocimiento de la historia científica de la romanística durante el período del nacionalsocialismo y su presentación objetiva y su enorme riqueza de materiales merece el debido reconocimiento por parte del mundo científico (cf. también Kramer 2005c). A pesar de las intensas investigaciones de Hausmann todavía hay mucho trabajo de detalle por hacer, como muestra Wolfgang Theile (2004) en un estudio sobre el romanista y comparatista Kurt Wais (1907–1995), que nos ofrece una imagen básicamente distinta de la imbricación de política, ideología y ciencia. Con motivo del 100 cumpleaños de Werner Krauss se celebró en Marburg an der Lahn un coloquio cuyas actas publicaron Hermann Hofer, Thilo Karger y Christa Riehn (2002). Como último volumen de las obras completas de Krauss se editaron el mismo año sus cartas desde 1922 hasta 1976 (bajo el cuidado de Peter Jehle y con la colaboración de Elisabeth Fillmann y Peter-Volker Springborn) (cf. la detallada recensión de Alberto Varvaro 2004). Hans Ulrich Gumbrecht ofrece un impresionante capítulo de la historia de la romanística encarnada en una generación y media: la historia de una «familia completamente disfuncional» traducida en cinco estudios biográficos sobre Karl Vossler, Ernst Robert Curtius, Leo Spitzer, Erich Auerbach y Werner Krauss. Con su trabajo llega a la conclusión de que «los grandes tiempos de la disciplina han pasado para siempre» (Gumbrecht 2002, 21; cf. 22, acerca de la «decadencia de la disciplina» y de la «pérdida de la fe ingenua en la ‹unidad cultural de la Romania›»; cf. Gumbrecht 2006 y Hurch 2006). Los artículos de Harald Weinrich sobre su «castillo en Provenza» («semel Romanista, semper Romanista», Weinrich 1988, 59) y el de Hans Robert Jauß sobre su «camino desde la literatura románica a la literatura general, desde Combray hasta Constanza» ofrecen una visión personal retrospectiva de sus respectivas carreras académicas: 33 «La consecución de una cátedra en 1966 en la refundada universidad de Constanza me ofreció la oportunidad única de concebir y experimentar la transformación de las filologías nacionales (anglística, germanística, filología clásica, eslavística, romanística) en una ciencia literaria orientada teóricamente; para ello conté con la colaboración de un grupo de amigos guiados por las mismas ideas dentro de una reforma que nos concedía un campo de acción libre. Junto a nosotros se desarrolló también una especialidad en lingüística orientada de la misma manera. En la realización de este proyecto, que desde entonces ha tenido bastante eco especialmente fuera de las fronteras alemanas, no tuvimos que enfrentarnos prácticamente a la filología conservadora, sino más bien a las ciencias sociales, que ocupaban una posición de liderazgo en Constanza y que por aquella época se consideraban como una ciencia salvadora» (Jauß 1988, 71). Jauß llega a la siguiente conclusión: «La antigua tríada de gramática – hermenéutica – crítica (en la cual la gramática incluía el comentario como medio para transmitir un estado antiguo de lengua por medio de uno moderno) y su moderna transformación en la tríada de Gadamer comentar – comprender – aplicar, ya no permite resucitar la unidad de la Romania como un todo intelectual» (Jauß 1988, 76). Desde 1967 no hizo sino agravarse la ya precaria situación («las filologías pierden validez en la investigación, en la enseñanza y en la formación», Jauß 1988, 76): «Hoy no hay prácticamente ningún tema de investigación romanística que no exija treinta veces más tiempo para alcanzar el llamado ‹estado de la investigación› y cuando se llega a este punto no es raro tener que reconocer con resignación que, en realidad, ya está todo dicho. ¿Es necesario que la prueba de aptitud científica siga siendo para todos demostrar que se ha empujado unos milímetros el estado de la investigación y que se ha encontrado algo nuevo, incluso si lo hallado es relevante sólo para unos pocos especialistas?» (Jauß 1988, 78). Los destinatarios de una nueva romanística orientada a la práctica no serían «sólo los futuros maestros de literatura y […] los intérpretes y los transmisores de la cultura europea al tercer mundo, sino también las disciplinas vecinas y […] los tan denostados usuarios de los medios de comunicación. Si los estudios de literatura románica han de convertirse en un miembro necesario y deseado de un diálogo interdisciplinario, su oferta podría mejorarse sensiblemente si – en lugar de producir, una detrás de otra, síntesis de encuadernador, ya sean actas de congresos por épocas o autores, historias colectivas o incluso historias sociales de la literatura, que prácticamente nunca alcanzan la fuerza sintética de los logros clásicos del siglo XIX – se toman en serio la renovación del ideal enciclopédico de la ilustración tardía en el sentido de una moderna ciencia de la cultura cuyo objetivo sea servir a una ‹cultura del entendimiento internacional›, tal y como Robert Picht exige basándose en una antropología histórica» (Jauß 1988, 78–79). Según Jauß, habría que desarrollar «estrategias de una didáctica estética que conduzca a un diálogo vivo y crítico entre lo propio y lo extranjero y que se 34 proponga por este medio una reorientación de la educación estética» (Jauß 1988, 79). En la crisis actual la filología románica tiene que «encontrar nuevos fundamentos para su legitimación social como ciencia lingüística y literaria. Esta legitimación no exige ciertamente una brillante negación de su pasado, sino un lento y reflexivo traspaso de sus fronteras, sin abandonar lo logrado – la gran herencia histórica de educación estética –, sino reutilizándolo conscientemente como un paradigma clásico para unas tareas del presente que sus fundadores no podían ni imaginar. Dicho de manera breve: el diálogo interdisciplinario y un concepto moderno de la formación estética son las dos transgresiones que yo le recomiendo al estudio de la literatura románica, junto con el necesario abandono de su esotérica e ilusoria autonomía; son las necesidades del momento, por no decir que son todavía una terapia posible» (Jauß 1988, 80). Para terminar este capítulo hay que mencionar todavía el intento de MartinDietrich Gleßgen (2002) de emprender una discusión metodológica basada, no en una orientación biográfica, sino personal, a partir de los escritos de un filólogo y lingüista activo todavía (Gerhard Ernst). 35 36 4. La romanística en los países de lengua alemana En la discusión acerca de la formación y el desarrollo de la filología románica desempeñan un papel fundamental, por un lado, su relación con las filologías nacionales monolingües del ámbito lingüístico romance y, por otro, su relación con la evolución histórica y política en Alemania. Para Hans Ulrich Gumbrecht (1984, versión inglesa 1986/1987) la filología románica «apareció» en Prusia (no en Francia, España o Italia), «se desarrolló como disciplina científica en la universidad humboldtiana. Y sólo se estableció como tal […] en Francia, España, […] Italia decenios más tarde sin poder marcar una frontera clara entre sí misma y un entusiasmo literario extracientífico» (Gumbrecht 1984, 38). El objetivo de Gumbrecht consiste en «reconstruir el ‹pensamiento nacional del romanticismo› que, por un lado, elimina la contradicción inmanente que parece encontrarse en el hecho de que la génesis de la filología románica se produjera en Prusia y, por otro, ayuda a comprender por qué en Francia, por ejemplo, no se desarrolló una ‹filología nacional› hasta la segunda mitad del siglo XIX (por lo tanto, cronológicamente más tarde que el romanticismo como época en la historia de las ideas). En otras palabras: si observamos las distintas situaciones regionales en las que nacen la filología románica y las filologías nacionales en los países románicos, nos vemos en la obligación de diferenciar de manera categórica el concepto de ‹pensamiento nacional romántico› como definición de su típico contexto de nacimiento, es decir, tenemos que transformarlo en una estructura de condiciones contextuales. Si conseguimos matizar en este sentido nuestro concepto de ‹pensamiento nacional romántico›, nuestra investigación relativa a la historia de la ciencia adquiriría, en primer lugar, relevancia para la historia de las mentalidades. Pero de cualquier manera deberíamos afrontar, en segundo lugar, el problema de la génesis tardía de una filología nacional en Francia y tendríamos que intentar fundamentar la tesis relativa a la historia de las ideas de que durante el siglo XIX las antecesoras de las actuales ciencias históricas y sociales estaban orientadas en Alemania y Francia hacia unos horizontes integradores totalmente distintos. […] Por último, y en tercer lugar, para comprender la esencia de las ciencias literarias sería importante entender que el estatus de la ‹germanística› alemana, de la ‹filología románica› alemana y de la ‹filología nacional› francesa ha seguido siendo distinto hasta hoy, precisamente debido a su nacimiento en condiciones históricas distintas» (Gumbrecht 1984, 38). Gumbrecht divide en cinco fases la reconstrucción de la historia de la filología románica: «fascinación por el pasado: la experiencia de la alteridad de la ilustración frente a la del romanticismo temprano», «horizonte de totalidad: historia nacional frente a science de l’homme», «medio ambiente: las uni37 versidades prusianas frente a los círculos culturales en París», «el lugar del canon literario en Francia: la edad media frente al Siècle classique», «disciplinas vecinas en el Segundo imperio alemán: germanística frente a filología románica» (Gumbrecht 1984, 41–70). Brigitte Schlieben-Lange considera que lo específico de la romanística alemana consiste en que – por comparación a otras filologías particulares, como la germanística – se ha avanzado menos en la separación entre lengua y literatura y entre sincronía y diacronía (Schlieben-Lange 1999, 847). Sobre la base de sus reflexiones acerca del proceso de diferenciación de las filologías en las universidades alemanas durante los siglos XIX y XX y del modelo alemán de romanística diseñado por ella, Schlieben-Lange extrae, entre otras, las siguientes conclusiones: «La filología románica no corre el peligro de las filologías nacionales de convertirse en una ciencia histórica y literaria de función legitimadora al servicio de la nación política. De alguna manera esto es válido naturalmente para todas las filologías de una lengua extranjera: tiene la debida distancia de su objeto de estudio y puede contraponer las diferentes perspectivas – las internas y las externas» (Schlieben-Lange 1999, 851). Y «la filología románica está menos expuesta a los peligros de una universalización precipitada. El conocimiento de dos o más lenguas nos hace ser prudentes ante construcciones teóricas universales como las que dominaron la lingüística de los años setenta y ochenta (gramática generativa, teoría de los hechos de habla, etc.)» (Schlieben-Lange 1999, 852); la filología románica encierra un «potencial comparativo que puede actualizarse en condiciones distintas y cambiantes», por ejemplo en el terreno de la oralidad/escrituralidad, de los fenómenos de gramaticalización, de las tradiciones de la filosofía de la lengua y de la política lingüística: modistas, codificación gramatical de las lenguas nacionales, transmisión de categorías retóricas a la lengua (clarté, énergie, richesse, harmonie), política lingüística de la revolución francesa, filosofía del lenguaje racionalista y de los sentidos (Schlieben-Lange 1999, 852). Ya se ha señalado con frecuencia la pluralidad de perspectivas dentro de la disciplina romanística: la filología románica es desde su propio núcleo interdisciplinaria (Schlieben-Lange 1999, 853). Para Schlieben-Lange no es la romanística lo anacrónico, sino la «progresiva separación de las filologías nacionales» y también la «identificación de profesionalización y especialización» (Schlieben-Lange 1999, 854). Johannes Kramer (1996a, 57) presenta algunas tareas específicas y algunos ámbitos de investigación que podrían ser especialmente fructíferos para la romanística de lengua alemana (Romania Germanica y Germania Romanica, el estudio comparativo de las lenguas): «En el inmediato futuro en los países de lengua alemana la orientación panrománica (incluso con la inclusión de dominios laterales como la criollística o el estudio de los sustratos y los adstratos) seguirá siendo la característica principal de la lingüística románica» (Kramer 1996a, 68). 38 La tarea específica de la romanística alemana es la «conservación de esta tradicional pluralidad bajo un único techo» (Kramer 1996a, 68). Mario Wandruszka también señala que no faltan grandes nuevas tareas para los romanistas alemanes (plurilingüismo, lingüística textual, traductología): la «autocomplacencia del estructuralismo y de todas las lingüísticas sistemáticas y formalistas que han salido de él, que sólo permitían describir y analizar la lengua como un sistema inmanente de sistemas y sistemitas, de supersistemas, subsistemas y diasistemas léxicos y gramaticales, […] a la larga no podía resultar satisfactoria» (Wandruszka 1988, 31). Wandruszka está a favor de una recuperación del «latín como clave para todas las lenguas europeas» y de un nuevo curso introductorio al mundo de las lenguas griega y latina para los niveles altos de la educación «un curso intensivo, un curso de integración sobre todo aquello en lo que se han convertido estas lenguas en los estados europeos» (Wandruszka 1988, 34, 36). Con motivo del centenario de la romanística en Frankfurt am Main celebrado en el Instituto de lenguas y literaturas románicas de la Universidad Johann Wolfgang Goethe de Frankfurt (Grüneburgplatz, nº. 1), Birgit Scharlau, en su artículo «La Romania empieza en el Grüneburgplatz – Elementos de una romanística postnacional», establece las tareas específicas del instituto (el objeto de estudio de la romanística y su nuevo perfil teórico-metodológico). Scharlau trata tres aspectos con más detalle: las migraciones en relación con otros procesos de dislocación cultural, la dispersión internacional de comunidades lingüísticas románicas pequeñas y también grandes y un cambio en la situación epistemológica general (Scharlau 2003, 29–30). Peter von Polenz bosqueja las tareas de la lingüística germánica en las universidades alemanas y llama a una «emancipación de la lingüística germánica del abrazo de las otras disciplinas tradicionales», es decir, la filología y la historia de la literatura (von Polenz 1970, 160) y reclama el «aumento de la competencia lingüística de cada hablante, de manera que pueda superar con sus propias producciones las insuficiencias de la lengua prefabricada» (von Polenz 1970, 166). Por su parte, Dieter Cherubim (2001) ofrece un caso histórico y ejemplar de dedicación a la teoría lingüística, a la crítica del lenguaje y a la historia de la lengua dentro de la «filología alemana» con su descripción de la situación en el siglo XVIII en la universidad de Göttingen. Hans-J. Niederehe ilumina algunos aspectos del papel del francés y de otras lenguas románicas en el contexto de la actual filología y lingüística románicas: «Siempre existe la amenaza de los que intentan eliminar, por una razón u otra, el punto de vista histórico del estudio […] de los textos y que preconizan estudios sincrónicos, ‹estructurales›; otros, por el contrario, prescinden completamente de los textos, favorecen la lengua hablada y piden, por lo tanto, que la universidad compita con la escuela Berlitz. Ciertamente hay argumentos a favor de una aproximación puramente utilitaria a la manera de las escuelas de idiomas, así como 39 también hay una justificación para una matematización de los estudios lingüísticos gracias al ordenador; sin embargo, para todos aquellos que se interesan por las civilizaciones y sus lenguas respectivas, el texto debe seguir siendo el norte hacia el cual orientarse» (Niederehe 2003, 211). Klaus Heitmann (2004, 333) explicita el papel que desempeñó la lingüística practicada en el dominio lingüístico alemán como «comadrona y nodriza» de la filologia moderna en Italia, una disciplina «a la que le correspondía como tarea la investigación de las preguntas sobre la lengua y la literatura nacionales, de importancia capital para el moderno estado italiano»: «A lo largo del tiempo los estudios neofilológicos y la italianística se emanciparon del modelo alemán gracias a su constante crecimiento. La filologia neolatina ganó cada vez en independencia y peso propio. Sin embargo, sigue siendo cierto que hasta la primera guerra mundial Alemania continuó estando a la cabeza […]. Y, al menos en la lingüística, hasta bien avanzado el siglo XX la investigación del espacio lingüístico alemán produjo algunos resultados pioneros» (Heitmann 2004, 350). Georg Kremnitz plantea un intento programático para modificar las perspectivas de estudio de la historia de las lenguas y las literaturas en el que se destaca un abandono de las historias orientadas hacia las naciones aisladas y su sustitución por una historia dirigida hacia los espacios en la Romania: «Las historias de las lenguas estatales se presentan como historias de éxito en las que las lenguas paulatinamente ocupan el espacio geográfico y social que les estaba destinado; habitualmente no se dedica ni una palabra al hecho de que en los procesos de territorialización de una cultura cada ganancia de una lengua significa una pérdida por parte de otra lengua mientras se parta del modelo nacionalista del ser humano monolingüe. En estas obras regularmente se exagera (de manera considerable) el grado de homogeneidad lingüística del territorio en cuestión» (Kremnitz 2002b, 13). Para Kremnitz la historia del francés es «una parte importante de la historia de las lenguas de Francia y este espacio es un carrefour, una encrucijada en la que estas lenguas se han encontrado, se encuentran y se influyen mutuamente de manera dialéctica. Las historias de la lengua que se construyen sobre estos principios ofrecen una visión distinta de los procesos históricos y pueden mostrar (mejor), que el caso normal en los acontecimientos históricos es el contacto y no el aislamiento» (Kremnitz 2002b, 17). Una cuestión que siempre se debate en este contexto tiene que ver con la elección de una lengua para la publicación, con la pregunta de en qué lengua se puede y se debe practicar la romanística dentro del espacio lingüístico alemán. Los organizadores del grupo de trabajo «Romanística en alemán – ¿para quién?», Maria Lieber y Harald Wentzlaff-Eggebert defienden en su resumen que, aunque el inglés esté ganando terreno como lingua franca (interdisciplinariedad, mayor cooperación con disciplinas vecinas no románicas), hay que mantenerse firme en el alemán como lengua de la ciencia y esto por varios motivos: por su importante presencia y prestigio sobre todo en el 40 este de Europa, por el ininterrumpido prestigio de la romanística alemana en determinados campos, por la autenticidad de la expresión en la lengua materna y por consideración a la opinión pública de lengua alemana). Los organizadores proponen en su introducción algunas observaciones sobre el problema: interconexión electrónica de la investigación romanística, movilidad de los estudiantes, diferencias en el problema en función de la orientación lingüística o literaria de los investigadores, perspectiva interna y visión desde el extranjero; romanística en el espacio cultural alemán vs. espacio cultural romance vs. diálogo científico internacional; temas tradicionales de la filología y las ciencias humanas vs. temas actuales como la formación del canon, la alteridad, el feminismo, la multiculturalidad, la identidad de las minorías, etc.; cf. Lieber/Wentzlaff-Eggebert 2002, 5–6). La mayoría de los colaboradores en el grupo de trabajo interpretan estas observaciones en el sentido de los organizadores a favor de la relevancia del alemán como lengua científica. Johannes Kramer comprueba que «no puede hablarse de ninguna manera de una marginalización de la romanística alemana en la discusión internacional […] en el ámbito de la lingüística» (Kramer 2002, 16), y opina que la elección de la lengua debería regirse por el público esperado; es decir, los investigadores de lengua alemana deberían escribir en alemán en las revistas alemanas y en las revistas extranjeras deberían emplear la lengua del país en el que aparecen (Kramer 2002, 22): «incluso aunque todo el gremio de los romanistas alemanes unanimiter decidiera solemnemente desarrollar el furor Teutonicus ya sólo en traje románico y prescindir en lo sucesivo del alemán – ¡tan perjudicial para la comunicación! – eso no cambiaría en nada el hecho de que una gran parte de los clásicos de la romanística ha de seguir siendo consumida en alemán» (Kramer 2002, 24). Fabio Marri (2002, 39) no ve ningún motivo para que «un filólogo alemán deba publicar en inglés, ya que el inglés es una lengua extranjera en un doble sentido: lo es para el que escribe y también para el (neolatino) que lo lee» (cf. para el italiano Calaresu/Guardiano/Hölker 2006). Horst Nitschack, que ha enseñado en Chile, Perú y Brasil, tiene que reconocer que, bajo la presión de la modernización y de la internacionalización, el alemán desempeña un papel insignificante en el diálogo científico interdisciplinario e internacional (Nitschack 2007, 7); sin embargo, el alemán dentro de la romanística plurilingüe «mantendrá una posición importante, ya que no sólo es la lengua de un (necesario) diálogo interdisciplinario dentro del espacio lingüístico alemán, sino que también es la lengua en la que se transmiten al espacio cultural alemán las discusiones que se llevan a cabo en las respectivas lenguas objeto de su estudio» (Nitschack 2007, 10). Para el surcoreano I Deug-Su, los dos polos de la romanística alemana, es decir, «su rigor lingüístico y filológico y su libertad hermenéutica considerados como condiciones de su extraordinaria potencia dialéctica» (Deug-Su 2002, 32), son también las «fuentes de su vitalidad», que todos conocen, pero que 41 quizá no valoran lo suficiente (Deug-Su 2002, 32). Ioan Constantinescu (2002) explica por qué precisamente desde el punto de vista de la cultura rumana y de la rumanística, la romanística en lengua alemana es una «ciencia con futuro» (cf. Wagner 2006). Para terminar con este tema conviene mencionar que la Fundación Volkswagen promovió en el año 2006 una nueva iniciativa de subvención con el título «Alemania plus – La ciencia es políglota», que se estructuró en cuatro componentes: un concurso para ofertas de estudio plurilingües, la oferta (organizada en forma de concurso) de traducir trabajos de destacados científicos alemanes, una oferta de financiación para proyectos de investigación relacionados con la impronta lingüística del pensamiento y el trabajo científico y un programa de actividades sobre el tema «La ciencia es políglota» (cf. los detalles en www.volkswagenstiftung.de). 42 5. La romanística en España «Por los años 30, la lingüística románica, como resultado de las fuerzas centrífugas que a principios de siglo habían empezado a desgarrar la disciplina, parecía destinada a la desintegración» (Catalán 1974, 108). La lingüística, al igual que las demás disciplinas humanísticas, tiene un importante componente identificativo. Una de sus funciones consiste en contribuir a la configuración de la identidad de las distintas comunidades humanas organizadas políticamente. En este sentido la lingüística se construye y se practica en microcosmos muy variados. Esto se ha traducido en que la organización académica haya adquirido una importancia capital para la caracterización de la disciplina en cada estado. En este sentido han sido fundamentales factores como la definición y el número de los puestos universitarios (cátedras, etc.), la organización de la docencia (áreas, departamentos; planes de estudios), la organización de la investigación, las salidas profesionales de los estudiantes, la función atribuida a la universidad y los requisitos exigidos a lo largo de la carrera universitaria (tesina, tesis, estancias en el extranjero, habilitación, etc.). El sistema universitario español ha tenido tradicionalmente un objetivo: formar profesionales. En el ámbito que nos interesa eso significa, sobre todo, formar profesores de enseñanza media y universitaria.1 Para lograr ese objetivo la Universidad ha pretendido transmitir unos conocimientos regulados dentro de un plan de estudios. Por ese motivo, la historia de la romanística 1 Incluso en ocasiones se ha difundido una interpretación restrictiva del mercado de trabajo, de tal manera que las titulaciones de ámbito muy general impedirían el acceso a determinados puestos de trabajo. Por ejemplo, en el Informe de autoevaluación de la titulación de licenciado en filología hispánica de la Universidad de Cádiz (www.uca.es/facultad/filosofia/auto/hispanica/autoinforme.pdf) se valora negativamente la equiparación de la titulación en Filología románica con la titulación en Filología hispánica para el acceso a las plazas de profesor de español en el Instituto Cervantes: «Si bien el español como lengua extranjera supone un nuevo mercado de trabajo, haría falta un mayor nivel de definición del perfil del profesor de español por parte de las instituciones. Por ejemplo, para ejercer como profesor auxiliar de español en centros de diferentes países no españoles no se exige como requisito mínimo ser licenciado en Filología Hispánica. Incluso el Instituto Cervantes coloca al mismo nivel de importancia como titulaciones prioritarias las de Filología Hispánica, Lingüística y Filología Románica en sus convocatorias para cubrir puestos docentes. Tan sólo en los lectorados se especifica como titulación prioritaria la licenciatura en Hispánicas. Desgraciadamente, consideramos que éste es un punto muy débil no de la titulación, sino del sistema educativo en general». 43 en España queda bastante bien plasmada en la historia de los planes de estudio (cf. 5.1.). Otra característica definitoria del sistema español es la permanencia casi hasta nuestros días de una estrecha unión entre los estudios lingüísticos y literarios bajo el nombre de Filología.2 En España ha existido el término romanística, pero ha habido en realidad muy pocos romanistas tal y como se entiende el concepto en el mundo germánico: «Aunque los más notables cultivadores de la filología española habían adquirido [Catalán se refiere al período entre las dos guerras mundiales] una respetable competencia en el campo románico, puede decirse que en España no hubo ‹romanistas›, pues los filólogos españoles continuaron limitando su actividad al campo hispánico, mostrándose desinteresados o temerosos ante lo que traspasaba sus fronteras» (Catalán 1974, 40). En España el término romanística significaba hasta los años setenta prácticamente lo mismo que estudio del español apoyado con conocimientos de otras lenguas románicas. Y la historia de la romanística en España puede interpretarse como una adaptación de lo que se hacía en el extranjero con el objetivo de crear una filología nacional.3 Por otro lado, la creación de esa filología nacional, llamada Filología románica hasta los años 70 del siglo XX, estuvo fuertemente guiada por una intención regeneradora y autoidentificadora, plasmada en la figura de Menéndez Pidal, cuya obra «contribuye a la construcción de una concepción de España, dándole, por medios científicos, una historia que la dignifique, generando para esa España unidad cultural, lingüística y, en consecuencia, política, e identificando los rasgos esenciales del carácter de su civilización» (del Valle 2001, 377).4 Esta orientación nacional ha primado y no ha favorecido los estudios comparativos: 2 3 4 Sólo recientemente se han aprobado títulos especializados en lingüística o en literatura. La primera universidad en aprobar un plan de estudios de Licenciatura en Lingüística fue León (Boletín Oficial del Estado 8/11/1993) y la primera en aprobar un plan de Teoría de la literatura y literatura comparada fue la Autónoma de Barcelona (Boletín Oficial del Estado 28/1/1993). Sin embargo, la separación no es tan radical, ya que estos estudios son de segundo ciclo y están destinados principalmente a estudiantes que hayan superado un primer ciclo en cualquier filología. Cf. algunos aspectos de este proceso en Malkiel (1970; 1972), Catalán (1974), Portolés (1986), Gutiérrez Cuadrado (1987), Echenique Elizondo (1996), del Valle (2001). Para Echenique Elizondo (1996, 39) «la adopción de una orientación histórica en los estudios lingüísticos debió originar de rebote tal nacionalismo, por la misma contemplación de la riqueza histórica que había en el pasado peninsular. A fin de cuentas, es una herencia romántica la de señalar lo peculiar, lo distintivo, lo genial de cada lengua y cada pueblo». 44 «La organización de los estudios filológicos (cátedras universitarias; revistas técnicas, publicaciones y proyectos de investigación apoyados por subvenciones estatales, regionales o privadas; instituciones dedicadas a la investigación; etc.) responde, tanto en España (y Cataluña) como en Portugal, a la preocupación nacional por la lengua y la cultura patrias. Consecuentemente, la lingüística íbero-románica autóctona se ha desarrollado, salvo raras excepciones, sin atender simultáneamente al resto de la Romania y sin tratar de establecer relaciones con otros campos de la lingüística. Esta autarquía en los temas estudiados ha contribuido a que las aportaciones lingüísticas escritas en las lenguas íbero-románicas hayan trascendido menos de lo que, posiblemente, debieran» (Catalán 1974, 13). Los motivos de esta concentración sólo en el ámbito del español son varios. Por un lado, los filólogos españoles eran conscientes de que había mucho trabajo que hacer en el campo del estudio del español. Por otro lado, el principio del siglo XX estuvo guiado por el espíritu regeneracionista, que concentró todos sus esfuerzos en la idea de España. A esto se añade el hecho de que la escuela de Madrid favoreció la imbricación de estudios humanísticos y lingüísticos, separándose así de la corriente predominante en Europa. Las disciplinas comparativas están llamadas, idealmente, a contribuir de manera decisiva a la intercomprensión e intercomunicación entre pueblos y estados.5 Y así tenemos el ejemplo de España, donde conviven bastantes variedades románicas: junto al español, catalán y gallego (y sus respectivas variedades), no hay que olvidar la importancia de los «dialectos históricos» (leonés y aragonés) y su presencia actual (cf. el caso del asturiano), así como la existencia del aranés. Y no hay que perder de vista que la convivencia entre estas variedades lingüísticas (a las que hay que añadir el vasco) no 5 Este aspecto se destaca en el momento actual de reforma de la estructura universitaria europea. Por ejemplo en una Ficha técnica de propuesta de título universitario de grado en Lenguas y literaturas modernas difundida por el Ministerio de Educación y Ciencia español el año 2006 se puede leer: «Este tipo de estudios puede contribuir de una manera relevante a favorecer la interculturalidad y la interdisciplinariedad de la educación superior. […] un titulado en Lenguas y Literaturas Modernas puede orientar su actividad profesional hacia sectores de intermediación lingüística y cultural, planificación y asesoramiento lingüístico y literario, gestión y asesoramiento en medios de comunicación, relaciones internacionales, representación diplomática, turismo y gestión cultural, ámbito editorial, actividades relacionadas con la traducción y la interpretación, administración pública en puestos que implican buen conocimiento de otras lenguas y culturas…» (www.crue.org/pdf/ FICHA%20grado%20LENGUAS%20y%20LITERATURAS%20MODERNAS. pdf). El proceso de reforma está en plena ebullición en el momento de escribir estas líneas y ha seguido caminos vacilantes. La ficha mencionada corresponde a una fase del proceso en la que se pensaba reducir el catálogo de grados posibles a un número bastante pequeño. Tras un cambio en el Ministerio de Educación esa política pareció abandonarse y en la actualidad se ha generalizado ya la idea de que se mantendrán sólo los grados con un número mínimo de alumnos matriculados. De cualquier manera, es previsible que la interculturalidad y la interdisciplinariedad de la educación superior sigan siendo, al menos sobre el papel, parámetros de referencia a la hora de la elaboración y valoración de los nuevos grados. 45 ha sido y no es precisamente pacífica y fructífera. Esta realidad lingüística y social no se ha plasmado en España en una articulación académica basada en la colaboración.6 El término iberorromanística, que podría traducir esta situación se encuentra escasamente difundido en las publicaciones académicas7 y está prácticamente ausente de la estructura administrativa. Más bien parece que las distintas variedades iberorrománicas se han dedicado a «hacer la guerra por su cuenta». Por ejemplo, la filología catalana de principios del siglo XX siguió un rumbo diferente al trazado por la filología española. En el caso catalán no se contó con la formación de una escuela similar a la de Madrid y, además, el catalán tenía unas prioridades específicas derivadas del período de decadencia.8 En parte la Filología románica fue en el pasado un refugio para las lenguas minoritarias de España y eso ha dejado algunas huellas. Por ejemplo, en la actualidad se puede estudiar Filología románica en siete universidades españolas (cf. n. 29), de las cuales dos son catalanas, una gallega y una asturiana. Quizá tampoco sea casual que de los cinco congresos de la Société de Linguistique Romane celebrados en España, dos hayan sido en tierras de lengua catalana (Barcelona 19539 y Mallorca 1980) y uno en tierras ga- 6 7 8 9 Esta misma constatación inspira las palabras de Girón (2005, 177): «España es un país plurilingüe, como es bien sabido; cada vez más, la sociedad española sentirá la necesidad de que todos los ciudadanos tengan una formación básica en las otras lenguas de España que no son el español o castellano (la lengua general de todos) o la respectiva lengua co-oficial en la Comunidad Autónoma (el euskera, el catalán – con las variedades valenciana y mallorquina – y el gallego-portugués). Se echa de menos una asignatura en la enseñanza secundaria que proporcione a todos los españoles una introducción a estas lenguas de España. Desde este anhelo, sentido por muchos, nuevas salidas profesionales se vislumbran para los licenciados o graduados en Filología Románica». El proceso de reforma universitaria en curso abre la posibilidad para que esta laguna social se cubra. Al menos en la Universidad de Salamanca se está trabajando en un posible grado que se ocupe de las lenguas de la Península Ibérica. Algunas excepciones son Bustos Tovar (1960), Granda Gutiérrez (1966), Catalán (1974) o Brumme (2001). Catalán (1974, 95) habla de una «antigua desconexión entre las actividades referentes al dominio catalán y la lingüística española», que empezaría a superarse en los años 30 del siglo XX. Los estudiosos del catalán se habían ocupado en los primeros decenios del siglo XX de la tarea acuciante de la normalización del catalán. Por esa época surgió una figura importante para la perspectiva románica en la persona de Joan Coromines, que demostró competencia en el campo catalán y castellano, así como en la lingüística románica general. «La elección de Barcelona como sede del congreso, por parte de la ‹Société de Linguistique Romane›, tuvo un doble valor simbólico: representó, en primer lugar, un homenaje a la ‹llengua catalana›, gravemente amenazada por las nuevas condiciones sociales y políticas, y por otro oficializó la reintegración de España a la comunidad cultural europea después de los años de ostracismo» (Catalán 1974, 197 n. 537). 46 llegas (Santiago de Compostela 1989), frente a los de Madrid 1965 y Salamanca 2001. A continuación presentaremos la historia de los planes de estudios románicos en la Universidad española. Después trataremos de algunas figuras y algunos logros de la romanística en España y concluiremos con algunas reflexiones sobre la situación actual. 5.1. Planes de estudios Uno de los grandes males de la Universidad española ha sido su afición a los planes de estudios y a su constante modificación (que en no pocas ocasiones ha consistido en cambiarlo todo para que todo siga igual). En este sentido la Universidad española se ha caracterizado por una rigidez docente, que también ha tenido sus consecuencias en la investigación. La obsesión por diseñar planes de estudio ha generado la idea de que todo lo que hay que saber está en los planes de estudios y que, por lo tanto, cada disciplina tiene un reflejo fiel en lo que se enseña en la Universidad: extra «planes» nulla scientia. Esto ha generado generaciones y generaciones de universitarios cortados por el mismo patrón y de una escasa capacidad innovadora y crítica.10 Con este sistema, los estudiantes se han visto (nos hemos visto) en la postura cómoda de dejarse llevar; desde el principio un estudiante sabe lo que se espera de él, sabe que tiene que aprender una serie de folios y de lecturas que le servirán para responder a las preguntas de un examen final; desde el principio sabe cuál será su camino intelectual a lo largo de la licenciatura; y cuando termine los estudios se encontrará las más de las veces ante el «horror» de tener que empezar a guiar su destino profesional e intelectual y con la sensación de que para eso no está preparado. Frente a esta tendencia a encapsular contenidos en planes de estudios, otros sistemas universitarios, como el germánico, han seguido vías diferentes. Por un lado, el sistema tradicional hispánico se ha basado en la clase magistral, mientras que el sistema germánico ha combinado distintos tipos de actividades lectivas (clases de lengua, lecciones magistrales, seminarios para principiantes, seminarios avanzados, coloquios…). Por otro lado, en lugar de una serie de materias fijadas en el plan de estudios, el sistema germánico ha ofrecido en los seminarios avanzados temáticas específicas y cambiantes 10 Otra consecuencia es que, cuando un español reflexiona sobre el futuro de la ciencia frecuentemente lo haga en términos de títulos y planes de estudios (cf. p. ej. las primeras páginas de Ridruejo 2005; Girón 2005). Este capítulo también es buena prueba de ello. 47 con las que no se pretende transmitir conocimientos, sino enseñar a investigar.11 A continuación trazaremos la historia de los planes de estudios de Filología románica para comprender en detalle cuál ha sido la evolución de la disciplina en España. 5.1.1. El período 1845–1952 En 1845 había diez universidades en España.12 Los estudios estaban organizados en cinco facultades (Filosofía, Jurisprudencia, Medicina, Teología y Farmacia) que no estaban presentes en todas las universidades.13 La Facultad de Filosofía era una facultad menor en la que debían cursar todos los que pretendían seguir estudios universitarios mayores. La Facultad de Filosofía y Letras no se creó hasta los años 60 del siglo XIX. En 1866 se introdujo una regulación por años de las materias estudiadas en la Facultad de Filosofía y Letras (Gaceta de Madrid 14/10/1866).14 11 12 13 14 Cf. por ejemplo la lista de actividades lectivas para el segundo ciclo en la sección de español de la Universidad de Viena en el semestre de invierno 2006/2007: Curso de lingüística – Español: Sintaxis, pragmática y semántica; Seminario de lingüística: Lengua y emigración en la Hispanorromania; Seminario de lingüística: La actual situación político-lingüística en España; Seminario de lingüística: Investigación de conflictos lingüísticos; Seminario de lingüística: Semántica; Seminario de lingüística – Francés/Español: Publicidad: posibilidades y fronteras; Curso de lingüística: Etapas de la implantación de las lenguas estatales en la Romania; Seminario de literatura – Español: Risa y comedia en la Edad Media y en la temprana Edad Moderna; Seminario de literatura – Español: Cuentos de las rupturas en la literatura puertorriqueña; Seminario de literatura – Español: Política – Educación – Sexo: Organizaciones de la ciencia en la España del siglo XVIII; Curso de literatura: Literatura fantástica y Realismo mágico II; Curso de literatura y de cultura – Español: La locura del amor – Representaciones de lo femenino en la Iberia. Puede seguirse en parte la historia de la Facultad de Filosofía y Letras en la Universidad española en la página del Proyecto filosofía en español (www.filosofia. org). Por ejemplo, Madrid contaba con todas las facultades, mientras que Salamanca sólo tenía Filosofía y Jurisprudencia. Con este decreto se quería paliar algunos males de la Ley de instrucción pública de 1857 (Gaceta de Madrid 10/9/1857) como la falta de conocimientos de lengua griega con la que llegaban los alumnos a la universidad. Igualmente pretendía favorecer que las aulas universitarias «en vez de producir Licenciados y Doctores llenos de ideas generales, propensos a la insustancial palabrería, semi-filósofos y semi-literatos, que den una triste idea de la fortuna que en España alcanzan los estudios clásicos y serios, produzcan Profesores de sana y sólida doctrina, que hagan simpática y estimable para todos una Facultad que en las naciones cultas del mundo obtiene lugar distinguido, y determina quizá su nivel científico y literario». 48 Primer año: Segundo año: Tercer año: Principios generales de literatura con aplicación a la española Literatura latina Literatura griega Geografía histórica Historia universal Continuación de la Historia universal Lengua griega (primer curso) Lengua griega (segundo curso) Estudios superiores de psicología y lógica Cuarto año: Quinto año: Sexto año: Estudios superiores de metafísica y ética Literatura española Literatura extranjera Historia de España Continuación de la historia Historia de la filosofía de España Lengua hebrea o árabe (primer curso) Lengua hebrea o árabe (segundo curso) Como puede comprobarse, en lo que se refiere a la formación lingüística, los estudios (ya en la fase preuniversitaria) se centran en las lenguas clásicas, a las que se une al final el hebreo o el árabe. Un primer intento de especialización se produjo con el proyecto de reforma de Eduardo Chao durante la Primera República (Gaceta de Madrid 7/6/1873), por el cual la Facultad de Filosofía y Letras se iba a dividir en dos facultades: de Filosofía y de Letras. Los estudios de la Facultad de Letras serían: 1. Lengua y literatura griegas 12. Sánscrito 2. Lengua y literatura latinas 13. Latín y romances de los tiempos medios 3. Principios de filología y filología comparada 14. Historia de las literaturas orientales, y especialmente de las hispanosemíticas 4. Principios de literatura, con nociones de bibliología 15. Historia de las principales literaturas extranjeras 5. Historia de las literaturas ibéricas 16. Arqueología e historia general del arte 6. Historia general del derecho 17. Paleografía diplomática y literaria 7. Introducción al estudio de la historia 18. Epigrafía, glíptica y numismática 8. Historia universal: dos cursos 19. Estética y filosofía del arte 9. Historia de España y Portugal 20. Biología y filosofía de la historia 10. Hebreo, caldeo y rabínico 21. Historia de la filosofía 11. Árabe 49 Los estudiantes deberían cursar todas estas materias menos seis, pero las nueve primeras serían obligatorias. Sin embargo, por falta de tiempo la entrada en vigor del proyecto se dejó en suspenso (Gaceta de Madrid 11/9/1873). A finales del siglo XIX, ahondando en el proceso de especialización, se publicó el decreto de regulación de la Facultad de Filosofía y Letras (Gaceta de Madrid 2/10/1898), por el que la facultad se organizaba en estudios lingüísticos, literarios, históricos y filosóficos.15 Estudios lingüísticos: Estudios literarios: Filología comparada de latín y castellano Teoría del arte y principios de literatura Lengua griega Literatura española Ejercicios de griego y latín Literatura latina Lengua árabe Literatura griega Lengua hebrea Estudio comparado de las modernas literaturas europeas Sánscrito El siglo XX se abrió con la Reforma de la Facultad de Filosofía y Letras (Gaceta de Madrid 22/7/1900), que fue la primera reforma importante desde la Ley de instrucción pública de 1857.16 El decreto suprimió la Escuela Superior de Diplomática17 e incorporó todas sus enseñanzas a la Facultad 15 16 17 Esta reforma tuvo que enfrentarse, como tantas otras, con problemas presupuestarios que forzaron el aplazamiento de su entrada en vigor (Gaceta de Madrid 8/8/1899). Gutiérrez Cuadrado (1987) analiza la situación hasta 1900 y señala cuatro características de la filología en España gestadas en ese período y que iban a condicionar la evolución de la disciplina en parte del siglo XX: 1) por causas nacionalistas, la filología se encerró en un ámbito puramente hispánico; 2) la lengua y la literatura fueron unidas; 3) se rechazó todo tipo de teorización; 4) los intelectuales españoles prefirieron importar y adaptar esquemas e ideas, antes que elaborar otros nuevos sobre el terreno. Esto es algo que ya preveía el proyecto de reforma de la I República. La Escuela existía desde 1856, su función consistía en formar a los futuros bibliotecarios y trabajadores de los museos y su plan de estudios contenía las siguientes materias: Paleografía general, Paleografía crítica, Latín de los tiempos medios y conocimiento del romance castellano, lemosín y gallego, Aljamía, Arqueología y numismática, Bibliografía, Historia de España de los tiempos medios, Ejercicios prácticos (Gutiérrez Cuadrado 1987, 154). Obsérvese que en la materia Latín de los tiempos medios y conocimiento del romance castellano, lemosín y gallego el término lemosín está, de acuerdo con la práctica de la época, en lugar de catalán. Por lo tanto el objetivo del curso era, como señala Gutiérrez Cuadrado (1987, 154) «una elemental gramática comparada de las lenguas románicas de la península». 50 de Filosofía y Letras. Junto al estudio tradicional del latín, el diseño de la Facultad se orientaba hacia un estudio del español, que no estaba regulado anteriormente. Este nuevo marco de estudios del español y del latín era claramente románico, ya que se decretaba que estos estudios «se completarán con el de las Lenguas y Literaturas neolatinas, especialmente la portuguesa, la catalana, la provenzal y la francesa, con cuya comparación tanto se ilustra el idioma de Calderón y la literatura de Cervantes». El ponente del decreto, el ministro Antonio García Alix, argumentaba que en un país como España había de ser obligatorio además el estudio del árabe y del hebreo y se le añadía el estudio de la Filología comparada de las lenguas indoeuropeas. En el decreto de 1900 se observa, por un lado, la necesidad de diferenciar los estudios dentro de la Facultad y, por otro, la unión tradicional de lengua y literatura en los estudios españoles: «No hay que esforzarse para comprender que la Filosofía y las Letras constituyen órdenes o secciones cada vez más diferentes, y que suponen aptitudes tan diversas como las del filósofo y las del literato. En cambio, con la denominación común de Letras, vienen siendo designados estudios, si en pasados días homogéneos, hoy desemejantes, como la Historia y la Literatura. Esta, como la Filología, forma agrupación propia, pues no se concibe racionalmente el estudio de una lengua sin el de su literatura, ni el de una literatura sin el de su lengua». La Facultad se organizó en tres estudios: filosóficos, literarios e históricos. Los estudios literarios eran: Teoría de la literatura y de las artes Lengua y literatura griegas Lengua y literatura españolas (curso preparatorio) Lengua hebrea Literatura española (curso de investigación) Lengua árabe Lengua y literatura latinas Sánscrito Latín vulgar y de los tiempos medios Filología comparada de las lenguas indoeuropeas Filología comparada del latín y el castellano Gramática comparada de las lenguas semíticas Lenguas y literaturas neolatinas Paleografía Lengua griega Bibliología El título era el de licenciado o doctor en Letras. Las asignaturas especiales de la titulación eran: 51 Primer grupo: Segundo grupo: Doctorado: Paleografía Filología comparada del latín y el castellano Estética Latín vulgar y de los tiempos medios Lengua y literatura griegas Lenguas y literaturas neolatinas Literatura española (curso de investigación) Lengua hebrea Sánscrito Lengua griega Bibliología Gramática comparada de las lenguas semíticas Lengua arábiga Gramática comparada de las lenguas indoeuropeas En 1913 se renovaron los planes de estudios de la Facultad de Filosofía y Letras (Gaceta de Madrid 19/8/1913) con los siguientes cambios: Plan antiguo: Plan nuevo: Latín vulgar y de los tiempos medios Lengua latina (primer curso de ampliación) Gramática comparada de las lenguas indoeuropeas Lengua latina (segundo curso de ampliación) Filología comparada del latín y castellano Historia de la lengua castellana Lenguas y literaturas neolatinas Filología románica Gramática comparada de las lenguas semíticas Literatura rabínica española Historia de la civilización de los judíos y musulmanes Literatura arábiga española De manera que los planes de estudios de la Facultad de Filosofía y Letras quedaron fijados de la siguiente manera (Gaceta de Madrid 8/9/1913). Las asignaturas comunes a las tres licenciaturas existentes (Filosofía, Letras, Historia) eran: Primer año: Segundo año: Lengua y literatura españolas Lengua y literatura latinas Lógica fundamental Teoría de la literatura y de las artes Historia de España Historia universal Las asignaturas de la licenciatura de Letras eran: 52 Primer grupo: Segundo grupo: Doctorado: Paleografía Historia de la lengua castellana Filología románica Lengua latina (primer curso de ampliación) Lengua latina (segundo curso de ampliación) Literatura arábiga española Literatura española (curso de investigación) Lengua y literatura griegas Literatura rabínica española Lengua griega Lengua hebrea Sánscrito Lengua arábiga Bibliografía Literatura galaicoportuguesa En el doctorado todas menos la última eran obligatorias.18 Obsérvese que esta es la primera vez que aparecía una asignatura con el calificativo de románica y que estaba colocada en la fase del doctorado. El Gobierno de la II República derogó los planes antiguos y publicó el siguiente plan de estudios provisional para la facultad de Filosofía y Letras, Sección de Letras (Gaceta de Madrid 16/9/1931). Asignaturas comunes a todas las secciones: Introducción a la Filosofía Lengua latina Lengua y literatura españolas Historia del arte Historia de España Asignaturas de la especialidad: Primer año: Segundo año: Tercer año: Lengua y literatura latinas Lengua y literatura latinas Lengua hebrea 18 En 1916 se le añadió la Literatura contemporánea de las lenguas neolatinas como asignatura voluntaria (Gaceta de Madrid 15/3/1916), cátedra que ocupó Emilia Pardo Bazán (Gaceta de Madrid 14/5/1916). Con este nombre aparece la asignatura en el texto del decreto, pero existe una orden (Gaceta de Madrid 4/2/1922) que suprime en la Universidad Central la cátedra de Literatura comparada de las lenguas neolatinas y la sustituye por la de Prehistoria. Uno de los argumentos es el siguiente: «aparte de su escaso acomodamiento a los planes vigentes, presuponía el olvido de que la Literatura, en cualquiera de sus manifestaciones, implica en alumnos y Profesores la posesión de los métodos y estudios técnicos conocidos con el nombre de Filosofía [sic], y no puede cursarse universitariamente sin un previo establecimiento en la Facultad de los estudios de las Lenguas modernas». 53 Primer año: Segundo año: Tercer año: Lengua griega Lengua y literatura griegas Lengua española (Historia de la lengua castellana) Bibliografía Lengua árabe Literaturas modernas Historia del arte Paleografía Historia de España Introducción a la Filosofía Hasta este momento sólo existían unos estudios de letras que combinaban las lenguas clásicas con el árabe, el hebreo y, naturalmente, el español. Pero en el mismo decreto se estableció un plan experimental para las universidades de Madrid y Barcelona, para que pudieran expedir en la sección de Letras los títulos de licenciado en Filología clásica, Filología semítica y Filología moderna (a base de español o de cualquier otra lengua).19 El decreto establecía las pruebas que debían superar los aspirantes a estos títulos. Las pruebas de Filología moderna a base de español incluían, además de pruebas relativas al latín, una Pregunta de Filología románica y una Traducción de dos textos de dos lenguas románicas, con explicación filológica de los mismos. En el caso de las titulaciones a base de francés, portugués o italiano se conservaban pruebas referentes al latín y al español, pero no había Pregunta de Filología románica y sólo aparecía una Traducción de un texto en alguna otra lengua viva escogida por el alumno. Por lo tanto, este plan ya ponía de manifiesto la unión entre romanística y español y la progresiva desvinculación de la romanística con relación a las otras lenguas románicas. Al terminar la guerra civil el nuevo gobierno dictó normas para regularizar la situación universitaria: anuló todos los exámenes y actos académicos realizados con posterioridad al 18 de julio de 1936 y estableció para todas las Facultades de Filosofía y Letras una distribución en Estudios comunes y Estudios especiales (Boletín Oficial del Estado 13/9/1939). Los estudios comunes se harían en dos cursos y contendrían las siguientes materias: Lengua latina Historia general e historia de España Lengua griega o árabe Historia del arte Lengua y literatura españolas Lengua francesa Introducción a la filosofía Lengua alemana, italiana o inglesa 19 El curso siguiente este ordenamiento se extendió a las demás universidades (Gaceta de Madrid 28/10/1932). 54 En 1944 se publicó un Decreto de ordenación de la Facultad de Filosofía y Letras (Boletín Oficial del Estado 4/8/1944) que reconocía la existencia de dos tendencias opuestas en la facultad: a formar un grupo común de disciplinas y a la especialización «demasiado concreta y minuciosa».20 Ante esta situación la reforma proponía un modelo ecléctico y seguía apostando por una fase de estudios comunes de filosofía, historia y lingüística. El decreto establecía «una triple Sección de Letras, orientada en primer término, al estudio de la Filología románica, indispensable para la formación de estudiosos consagrados a resaltar la importancia de nuestras aportaciones singulares a la Literatura universal y que utilicen el preciado tesoro de nuestra lengua como vehículo previlegiado [sic] de afanes de imperio espiritual». Las otras secciones son la de Filología clásica y la de Filología semítica.21 El plan de estudios es el siguiente. Estudios comunes (dos años): Primer curso, primer cuatrimestre: Primer curso, segundo cuatrimestre: Lengua y literatura latinas Lengua y literatura latinas Lengua y literatura griegas o árabes Lengua y literatura griegas o árabes Historia general de la cultura (Antigua y Media) Lengua y literatura españolas Historia general del arte (Edades Antigua Historia general de la cultura (moderna y y Media) contemporánea) Fundamentos de filosofía Historia general del arte (Edades Moderna y Contemporánea) Fundamentos de filosofía 20 21 El año anterior se había publicado la Ley sobre ordenación de la Universidad española (Boletín Oficial del Estado 31/7/1943) que hacía en su preámbulo un balance negativo de la situación universitaria del siglo XIX y primeras décadas del XX: «La caída de la Monarquía precipitó aún más la catástrofe de nuestros Centros de cultura y la República lanzó a la Universidad por la pendiente del aniquilamiento y desespañolización». En el preámbulo se criticaba también en varias ocasiones la libertad de cátedra y se señalaba la necesidad de crear una universidad adaptada al estilo del nuevo Estado, que se autodefinía como «antítesis del liberalismo». En el preámbulo del decreto se fijaban además algunas orientaciones generales: se elaboraba un plan de estudios común a todas las facultades y se relegaba la autonomía didáctica al doctorado; por otro lado, los estudios se concebían no sólo para formar investigadores, sino que se orientaban de una manera concreta al ejercicio profesional: «la ordenación se esfuerza por fomentar la profesionalidad nobilísima de la docencia aplicable a todos los grados de la Enseñanza». 55 Segundo curso, tercer cuatrimestre: Segundo curso, cuarto cuatrimestre: Lengua y literatura griegas o árabes Lengua y literatura griegas o árabes Lengua y literatura latinas Lengua y literatura latinas Literatura universal Literatura universal Historia de los sistemas filosóficos Historia de los sistemas filosóficos Historia general de España (Antigua y Media) Historia general de España (Moderna y Contemporánea) Geografía general Geografía de España Se especificaba además que los estudiantes que fueran a seguir la Sección de Filología románica deberían traducir y hablar al menos dos lenguas románicas y traducir el alemán. La especialización constaba de tres cursos.22 En la Sección de Filología románica se estudiarían las siguientes asignaturas: Tercer curso, quinto cuatrimestre: Tercer curso, sexto cuatrimestre: Gramática general Gramática histórica de la lengua española. Sintaxis (una hora se dedicará al comentario filológico de textos) Latín vulgar (con comentario de textos) Gramática general Gramática histórica de la lengua española. Fonética y Morfología (una hora se dedicará al comentario filológico de textos) Lenguas románicas. Curso práctico hablado. Galaico-portugués (segundo curso) Lenguas románicas. Curso práctico hablado. Galaico-portugués (primer curso) Lenguas románicas. Curso práctico hablado. Italiano (primer curso) Crítica literaria Crítica literaria Seminario de gramática histórica de la lengua española. Fonética y morfología Seminario de gramática histórica de la lengua española. Sintaxis 22 El decreto contemplaba que en los tres años de especialización los estudiantes deberían familiarizarse con la metodología de investigación (cf. artículo 32) y que deberían elegir a un tutor que guiara sus estudios (cf. artículo 33). Como se ve, algunos de los aspectos que propone la actual reforma del sistema universitario, no son tan novedosos. La duda que planea en el ambiente es si esta reforma dará los mismos resultados que aquella. 56 Cuarto curso, séptimo cuatrimestre: Cuarto curso, octavo cuatrimestre: Gramática histórica de la lengua española. Semántica Historia de la lengua y de la literatura españolas (siglos XVI y XVII) Historia de la lengua y de la literatura españolas (desde los orígenes hasta el siglo XVI) Lenguas románicas. Curso práctico hablado. Francés (segundo curso) Lenguas románicas. Curso práctico hablado. Francés (primer curso) Lenguas románicas. Curso práctico hablado. Galaico-portugués (tercer curso) Lenguas románicas. Curso práctico hablado. Italiano (segundo curso) Comentario estilístico de textos clásicos y modernos románicos. Segundo curso: Italiano Comentario estilístico de textos clásicos y modernos románicos. Primer curso: Galaico-portugués Historia de las literaturas románicas: portuguesa Filología galaico-portuguesa (Lengua y literatura medieval) Filología rumana Quinto curso, noveno cuatrimestre: Quinto curso, décimo cuatrimestre: Historia de la lengua y la literatura españolas (siglos XVIII al XX) Lenguas románicas. Curso práctico hablado. Francés (tercer curso) Lenguas románicas. Curso práctico hablado. Italiano (tercer curso) Lingüística románica (segundo curso) Comentario estilístico de textos clásicos y modernos románicos. Tercer curso: Francés Historia de las literaturas románicas: Francesa Lingüística románica (primer curso) Dialectología hispánica (dos horas se dedicarán al comentario filológico de textos medievales) Historia de las literaturas románicas: Italiana Literatura hispanoamericana Filología catalana Paleografía española El decreto también establecía seminarios de Historia de la lengua y la literatura españolas y cursos especiales voluntarios de provenzal antiguo y vasco. Además, todas las secciones debían tener cuatro cursos monográficos cada cuatrimestre. El decreto de 1944 preveía la posibilidad de su reforma pasados cinco años, de tal manera que en 1953 se publicó un decreto por el que se establecían los planes de estudios de las Facultades Universitarias de Filosofía y Letras, Ciencias, Derecho, Medicina, Veterinaria, y Ciencias Políticas, Económicas y Comerciales (Boletín Oficial del Estado 29/8/1953). Este nuevo decreto corregía parcialmente la rigidez del de 1944 al presentar unas direc57 trices generales y fijar que cada universidad pudiera adaptar los planes a su situación particular en aras de una «mayor autodeterminación pedagógica». El decreto también fijaba que las asignaturas se cursarían por años y no por cuatrimestres. En el período de estudios comunes de la Facultad de Filosofía y Letras se estudiarían las siguientes asignaturas:23 Primer año: Segundo año: Lengua y literatura latinas Lengua y literatura latinas Lengua y literatura griegas o árabes Lengua y literatura griegas o árabes Lengua española Literatura española y sus relaciones con la Literatura Universal Historia universal Historia general de España Historia general del arte Geografía general Fundamentos de filosofía Para la sección de Filología románica24 el decreto preveía las siguientes materias básicas: Historia del español Literatura española Una lengua auxiliar Filología románica Literaturas románicas Literatura hispanoamericana Dialectología hispánica Una lengua fundamental Gramática general y crítica literaria Paleografía 23 24 Como puede comprobarse, las asignaturas comunes variaron poco hasta este momento y estaban centradas básicamente en las lenguas clásicas y el árabe (con una progresiva disminución de la obligatoriedad de árabe y con la desaparición del hebreo), la lengua y la literatura españolas, la historia, el arte, la geografía y la filosofía. Al terminar los dos años comunes los alumnos debían pasar un examen con tres pruebas: «a) Una de idiomas modernos, para cuya práctica se permitirá el uso de diccionario, siendo obligatorio el idioma francés, y a elección de los alumnos, el inglés o el alemán. b) Una de lengua española, consistente en el comentario gramatical y literario de un texto. c) Una prueba oral que consistirá en el desarrollo de un tema que señale el Tribunal dentro del contenido de una asignatura elegida por el alumno. Para realizarla señalará el Tribunal el tiempo que discrecionalmente considere suficiente» (artículo 4). Las secciones previstas por el decreto son, además de la de Filología románica, las de Historia, Filosofía, Filología Clásica, Filología Semítica, Historia de América y la de Pedagogía. 58 La situación de la Filología románica diseñada por estos planes de estudio es caracterizada de la siguiente manera por López García (1996, 48): «En los veinte años comprendidos entre 1940 y 1960 este panorama español no se altera. Hay una dependencia considerable de la tradición filológica alemana, entendida como garantía de continuidad. De los diez primeros títulos de la colección ‹Tratados y monografías› de la Biblioteca Románica Hispánica de la Editorial Gredos, que se inicia por entonces y que dirigía Dámaso Alonso, cinco son de autores de lengua alemana [en concreto: Wartburg, Kayser, Hatzfeld, Jungemann y Baldinger]. Éste es el ambiente intelectual, epistemológicamente filogermánico, en el que las personas de mi generación, que frecuentábamos las aulas universitarias a fines de los sesenta, nos hemos formado: en cuanto a la lingüística, Romanistik y Positivismus; en cuanto a la literatura, Literaturwissenschaft. Basta ver el plan de estudios que yo mismo cursé en la Universidad de Zaragoza, para darse cuenta de hasta qué punto se parece al de los estudiantes alemanes de entonces, y aun de ahora, y difiere, en cambio, del de los estudiantes ingleses, franceses o norteamericanos». Aunque es innegable la influencia del ámbito germánico en la creación de la lingüística en España, a la que nos referiremos más adelante, hay que señalar que los planes de estudio, a pesar de lo que afirma López García, han tenido siempre una concepción distinta en las dos tradiciones universitarias. Basta con echar un ojo por ejemplo a un antiguo plan de estudios de Romanística (Estudios de Diploma con Romanística como primera materia) de la Universidad de Viena:25 Primer ciclo Aprendizaje de lenguas Lingüística Literatura Cultura (Curso básico) Seminario básico 1 Seminario básico 1 Clase magistral introductoria (Curso medio) Clase magistral sobre sociología Clase magistral de historia de la literatura Seminario básico Lengua práctica 1 Seminario básico 2 Seminario básico 2 Lengua práctica 2 Lengua práctica 3 25 Cf. http://www.univie.ac.at/strv-romanistik/stpls_alt.html. 59 Segundo ciclo Aprendizaje de lenguas Lingüística Literatura Optativas Segunda lengua románica Lengua práctica 4 Seminario Seminario Clase magistral de lingüística o de literatura Curso medio Lengua práctica 5 Fonética y fonología Clase magistral de historia de la literatura Profundización científica (de una materia distinta) Clase magistral de lingüística o de literatura Lengua práctica 6 Clase magistral en la lengua extranjera Clase magistral en la lengua extranjera De la comparación resulta evidente que el modelo español fija con mucho detalle lo que hay que enseñar y está destinado a generar universitarios bastante uniformes. Por el contrario, el sistema germánico prácticamente no determina qué van a aprender los universitarios y permite una mayor creatividad a profesores y alumnos.26 5.1.2. El nacimiento de la sección de Filología Moderna En el curso 1952/1953 se implantaron con carácter provisional las enseñanzas de Filología Moderna en Salamanca. El curso siguiente se hizo lo mismo en Madrid. Posteriormente se organizó de manera oficial la Sección de Filología Moderna en las Facultades de Filosofía y Letras de las Universidades de Madrid y Salamanca (Boletín Oficial del Estado 29/7/1954). En la Universidad de Madrid aparecieron las subsecciones de Filología francesa, Filología inglesa y Filología alemana y sus planes de estudio se concentraron en una sola lengua siempre con asignaturas de español y, en el caso 26 A manera de ejemplo podemos recordar qué cursos frecuentaba un estudiante aventajado durante el curso 1970/1971 en la Universidad de Marburg: «Capítulos escogidos de la morfología y la sintaxis del francés moderno», «Coloquio sobre las teorías poéticas del renacimiento y el barroco en la Romania», «El teatro del clasicismo francés: Corneille y Racine», «Seminario de italiano: El Convivio de Dante», «Seminario de español: Interpretación de textos del Siglo de Oro», «Seminario de provenzal: La lírica de los trovadores de la segunda mitad del siglo XII», «Problemas de la morfología y la sintaxis del francés», «Introducción a la lingüística». 60 de la Filología francesa, también con una Lingüística románica. Sin embargo, en Salamanca se optó inicialmente por una sola sección y en el plan de estudios los estudiantes debían cursar dos lenguas a elegir entre alemán, francés e italiano, pero con la prohibición de elegir juntamente francés e italiano, que era una combinación que aparecía en Filología románica. En la orden que aprobaba las enseñanzas del período de especialización de la licenciatura en Filología moderna de la Universidad de Salamanca aparecía el inglés entre las lenguas modernas y en el plan ya no se encontraba la asignatura de Filología románica (Boletín Oficial del Estado 7/7/1955). A partir de este momento las universidades fueron diversificando sus planes de estudios. En 1955 se publicó el plan de estudios de Filología románica de la Universidad de Salamanca (Boletín Oficial del Estado 8/7/1955): Tercer curso: Cuarto curso: Quinto curso: Historia de la literatura española Historia de la literatura española Literatura hispanoamericana Gramática histórica de la lengua española Historia de la lengua española Dialectología hispánica Gramática española y comentarios de textos españoles Gramática española y comentarios de textos españoles Lingüística románica Latín vulgar Lingüística románica Comentarios estilísticos de textos románicos (franceses) Lengua francesa Lengua francesa Comentarios estilísticos de textos románicos (italianos o portugueses) Lengua italiana o portuguesa Lengua italiana o portuguesa Historia de las literaturas románicas (italiana o portuguesa) Historia de las literaturas románicas (francesa) Historia de las literaturas románicas (francesa) Dos cursos a elegir entre: Cursos voluntarios: Paleografía Provenzal antiguo Filología catalana Lengua vasca Filología galaico-portuguesa Fonética Rumano 61 Este plan se reformó en 1968 (Boletín Oficial del Estado 26/4/1968): Tercer curso: Cuarto curso: Quinto curso: Literatura española (Edad Media) Literatura española (siglos XVI y XVII) Literatura española (siglos XVIII, XIX y XX) Crítica literaria Gramática general y española (o lingüística general y española) Literatura hispanoamericana Lengua francesa Literatura francesa I Literatura francesa II Historia de la lengua española Italiano o portugués Literatura italiana o portuguesa Lingüística románica I (con latín vulgar) Lingüística románica II Curso monográfico variable Dialectología hispánica Curso monográfico variable Cursos complementarios (a elegir dos): Cursos de asistencia libre: Historia de la lengua francesa Fonética y fonología Paleografía española Rumano Catalán Filología galaico-portuguesa Puede comprobarse que la reforma abundaba en la tendencia a fijar con detalle lo que había que estudiar y en qué orden (p. ej. la secuenciación de la literatura española por siglos y cursos). Además se perdieron elementos importantes de una formación romanística tradicional, como eran un curso específico de latín vulgar y la posibilidad de estudiar provenzal antiguo. 5.1.3. El período 1970–2001 La Ley General de Educación (Boletín Oficial del Estado 6/8/1970) apareció en un contexto de generalización de la educación a toda la población y de expansión de los estudios universitarios a un número creciente de alumnos. En esta ley se reconocía una cierta autonomía a las universidades en la elaboración de sus planes de estudios. La Orden sobre directrices generales para la elaboración de los planes de estudio (Boletín Oficial del Estado 25/9/1972) estructuró los estudios universitarios en tres ciclos: el primero era formati62 vo, el segundo era informativo y el tercero, que conducía al doctorado, era de alta especialización. La Resolución en la que se determinaban las directrices generales de los planes de estudio en las Facultades de Filosofía y Letras (Boletín Oficial del Estado 8/9/1973) fijó las asignaturas básicas del primer ciclo y contempló las siguientes Secciones de segundo ciclo en Filología : clásica, semítica, española, románica y anglogermánica. Esta es la primera vez que la Filología española aparecía separada de la Filología románica. Las materias básicas de las secciones de Filología española y Filología románica eran: Primer ciclo: Filología española: Filología románica: Filosofía Historia de la lengua española Lengua francesa Historia Literaturas hispánicas Lengua italiana Lengua española Historia de España Otra lengua románica Lengua latina Lingüística románica Lingüística románica Una lengua clásica o moderna, en relación con la futura licenciatura Literatura hispanoamericana Literatura de las lenguas romances Literatura española Dialectología hispánica Geografía e Historia relacionadas con la cultura correspondiente Crítica literaria En 1977 se aprobaron los planes de estudios de la Facultad de Filosofía y Letras de Salamanca (Boletín Oficial del Estado 8/7/1977) en los que se fijaron las secciones de Filología hispánica, Filología románica (francés) y Filología románica (italiano) con los siguientes planes de estudio:27 27 La fragmentación en filologías particulares y el descenso de alumnos de Filología románica sería, en opinión de Ridruejo (2005, 231), «resultado del éxito que durante mucho tiempo tuvo la disciplina: la profundidad y la extensión de las investigaciones sobre las diferentes lenguas románicas – el español, el francés, el italiano, el portugués, el catalán, etc. – condujo a la necesidad de acotar su examen y con ello a la individualización de los estudios sobre cada lengua, prescindiendo de toda orientación comparativa, aunque no necesariamente de los enfoques históricos». 63 Filología hispánica: Filología románica (italiano): Filología románica (francés): 4º 4º 4º Historia de la lengua española Literatura italiana II Lengua francesa I Literatura española (Edad Media y Renacimiento) Lengua italiana IV Lingüística francesa I Morfosintaxis del español Historia cultural de Italia Historia de la lengua francesa Catalán o Portugués Gramática histórica de la lengua italiana Literatura francesa I (clásica, moderna y contemporánea) Optativa Optativa (Comentario de textos italianos; Filología románica; Literatura comparada italianaespañola) Civilización francesa I 5º 5º 5º Lingüística románica Literatura italiana III Lengua francesa II Literatura española (del siglo XVII al XX) Historia del pensamiento italiano Lingüística francesa II Semántica del español Lengua italiana V Gramática histórica de la lengua francesa Dialectología hispánica Historia de la lengua italiana Literatura francesa II (medieval y del siglo XVI) Literatura hispanoamericana (siglos XIX y XX) Optativa Civilización francesa II o cualquier otra materia cursada en la Facultad Con estos planes de estudio la titulación de Filología románica con vocación comparativa desapareció de la Universidad de Salamanca. Los estudios de lenguas románicas quedaron fragmentados en tres licenciaturas, a las que más tarde se unió la de Filología portuguesa. La asignatura de Lingüística románica era la única que conservaba la tradicional perspectiva comparativa y se mantuvo sólo en la titulación de Filología hispánica, que de alguna manera era la heredera directa de la antigua Filología románica.28 La titulación 28 En la nueva Universidad del País Vasco se crearon cuatro especialidades filológicas: Filología románica, Filología vasca, Filología francesa y Filología inglesa. El plan de Filología románica se publicó en 1979 (Boletín Oficial del Estado 10/1/1979). También en esta universidad la creación de la Filología hispánica (Boletín Oficial del 64 comparativa pervivió sólo en las universidades de Barcelona, Complutense, Granada, Oviedo y Santiago.29 La Universidad española se creó siguiendo el modelo de la Universidad napoleónica, que pretende crear profesionales.30 De acuerdo con esta concepción, el nacimiento de la Filología hispánica en sustitución de la Filología románica se analiza como una respuesta a la necesidad de formar profesionales de la enseñanza de la lengua y literatura españolas (cf. el Informe de 29 30 Estado 10/8/1995) dio lugar a la extinción de la Filología románica (cf. el Informe de autoevaluación de la titulación de licenciado en geografía de la Universidad del País Vasco (www.vc.ehu.es/filo/ANECA/INFORME-GEOGRAFIA-UPV-EHU. pdf). Este tipo de transformaciones ha permitido que Girón (2005, 176) sentencie: «la lingüística románica, como titulación y como área de conocimiento, ha devenido lingüística hispánica». La situación se ha modificado poco hasta la actualidad. En el curso 2006/2007 se puede estudiar Filología románica en las universidades de Barcelona, Complutense de Madrid, Girona, Granada, Oviedo, Salamanca y Santiago de Compostela. Los informes de autoevaluación de estas titulaciones ofrecen información sobre la historia de la titulación en cada universidad y sobre su situación actual (cf. qualitas. usal.es/PDF/9d2668b592055dc157506e15cef887a9.pdf, www.ugr.es/~vic_plan/ evaluacion/informes/Informe%20Final%20Filolog%EDa%20Rom%E1nica%20 modificado.doc, www.uniovi.es/filoesp/InfoAutoEval.pdf). Esta función queda claramente expresada en el preámbulo de la Ley sobre ordenación de la Universidad española (Boletín Oficial del Estado 31/7/1943), donde se fija el objetivo de «que los jóvenes universitarios salgan de las aulas, no ya sólo con los conocimientos científicos generales y propios de su Facultad, sino con los más concretos que habilitan para el ejercicio de las diversas actividades profesionales». Igualmente el artículo 30.1 de la Ley General de Educación (Boletín Oficial del Estado 6/8/1970) señala como primer objetivo de la Universidad: «Completar la formación integral de la juventud, preparar a los profesionales que requiera el país y atender al perfeccionamiento en ejercicio de los mismos»; sólo en segundo lugar (art. 30.2) se menciona la investigación: «Fomentar el progreso cultural, desarrollar la investigación en todos los niveles con libre objetividad y formar a científicos y educadores». La Ley de Reforma Universitaria (Boletín Oficial del Estado 1/9/1983) reorienta las funciones de la Universidad al colocar en primer lugar «La creación, desarrollo, transmisión y crítica de la ciencia, de la técnica y de la cultura» y relegar al segundo «La preparación para el ejercicio de actividades profesionales que exijan la aplicación de conocimientos y métodos científicos o para la creación artística». Este aspecto se profundiza en la Ley Orgánica de Universidades (Boletín Oficial del Estado 24/12/2001): «La Ley otorga, mediante un título propio, carta de naturaleza a la actividad investigadora en la Universidad […] en consonancia con el manifiesto compromiso de los poderes públicos de promover y estimular, en beneficio del interés general, la investigación básica y aplicada en las Universidades como función esencial de las mismas». Sin embargo, esta tendencia se ha quebrado con ocasión del complicado proceso de creación del Espacio Europeo de Educación Superior. Así en la famosa Declaración de Bolonia de 1999 ya se hablaba de la necesidad de aumentar la «empleabilidad» de los universitarios europeos y del objetivo de que los nuevos grados fueran relevantes para el mercado laboral europeo, mientras que el objetivo de potenciar la investigación no recibía ninguna atención especial en dicho texto. 65 autoevaluación de la titulación de licenciado en filología hispánica de la Universidad de Murcia).31 A raíz de la Ley de Reforma Universitaria (Boletín Oficial del Estado 1/9/1983)32 se procedió a una nueva modificación de los planes de estudios y se publicaron las directrices generales propias de los planes de estudios de las distintas filologías (Boletín Oficial del Estado 20/11/1990) en las que se determinan las materias troncales: Fil. hispánica: Fil. francesa: Fil. italiana: Fil. portuguesa: Fil. catalana: Fil. gallega: Fil. románica: Primer ciclo: Latín Latín Latín Latín Latín Latín Latín Lengua Lengua Lengua Lengua Lengua Lengua Lengua Lengua española Lengua francesa Lengua italiana Lengua portuguesa Lengua catalana Lengua gallega Primera lengua románica y su Lit. Lingüística Lingüística Lingüística Lingüística Lingüística Lingüística Lingüística Lit. española Lit. francesa Lit. italiana Lit. portuguesa Lit. catalana Lit. gallega Lit. románica medieval Segunda lengua y su Lit. Segunda lengua y su Lit. Segunda lengua y su Lit. Segunda lengua y su Lit. Segunda lengua y su Lit. Segunda lengua y su Lit. Segunda lengua románica y su Lit. Teoría de la Lit. Teoría de la Lit. Teoría de la Lit. Teoría de la Lit. Teoría de la Lit. Teoría de la Lit. Teoría de la Lit. Introd. a la fil. románica 31 32 www.um.es/unica/pcu/informes/letras/autoevaluacion-hispanica.pdf. La Ley de Reforma Universitaria (Boletín Oficial del Estado 1/9/1983) modificó además la tradicional organización basada en la Facultad y la transformó en una organización departamental: «De acuerdo con dicho doble objetivo docente e investigador, se potencia la estructura departamental de las Universidades españolas, lo que debe permitir no sólo la formación de equipos coherentes de investigadores, sino también una notable flexibilización de los currícula que pueden ser ofertados». Sin embargo, más que una flexibilización, la nueva organización incidió en la segregación de las distintas filologías – y en la creación de numerosos reinos de taifas. 66 Fil. hispánica: Fil. francesa: Fil. italiana: Fil. portuguesa: Fil. catalana: Fil. gallega: Fil. románica: Segundo ciclo: Gramática española Gramática francesa Gramática italiana Gramática portuguesa Gramática catalana Gramática gallega Lengua española Hist. de la lengua española Hist. de la lengua francesa Hist. de la lengua italiana Hist. de la lengua portuguesa Hist. de la lengua catalana Hist. de la lengua gallega Lingüística románica Lit. española Lit. francesa Lit. italiana Lit. portuguesa Lit. catalana Lit. gallega Lit. de la primera lengua románica Lit. hispanoamericana Hist. y cultura francesas Hist. y cultura italianas Hist. y cultura portuguesas Lit. de la segunda lengua románica La Ley Orgánica de Universidades (Boletín Oficial del Estado 24/12/2001) certificó la triplicación del número de universidades y la generalización de la autonomía universitaria y de la descentralización a las autonomías de las competencias en educación superior; la ley tomaba conciencia de la creación de un nuevo espacio europeo de educación superior (EEES), de la importancia de las nuevas tecnologías de la información y de la comunicación (TIC) y de la creación de una nueva sociedad de la información. La historia de los planes de estudios presentada hasta aquí certifica la progresiva especialización de los estudios por lenguas, un fenómeno que más recientemente también se ha producido en las universidades germánicas, con no poca discusión al respecto. Por otro lado, se pone de manifiesto un afán excesivamente regulador de los estudios que no fue realmente modificado con la optatividad introducida en los planes de 1990. 5.2. Algunos personajes y algunas obras La investigación lingüística practicada en España durante el siglo XIX estaba alejada de la corriente comparatista que dominaba Europa en la misma época. En las primeras páginas del artículo escrito tras la muerte de Menéndez Pidal, Malkiel, haciendo como siempre alarde de su inmensa erudición y de su particular estilo, describe en términos poco favorables el panorama filológico español, para terminar calificándolo como «una deprimente tierra baldía» en la que Menéndez Pidal irrumpió «con un vigoroso y vibrante paso» (Malkiel 1970, 377). La misma impresión se desprende de las palabras de Portolés (1986, 22): 67 «El panorama intelectual de la Facultad de Filosofía y Letras de Madrid, en la que Menéndez Pidal cursa sus estudios de 1885 a 1890, es desalentador. En sus conversaciones con Carmen Conde […] refiere una anécdota que nos revela el espíritu investigador e innovador que reinaba en ella. En una visita que hace el catedrático Sánchez Moguel a la biblioteca del Ateneo de Madrid, encuentra a su discípulo Menéndez Pidal leyendo la Gramática de Diez. El profesor le advierte que hace mal en estudiarla porque ‹no sacaría de ella más que una olla de grillos en la cabeza›». El contacto con la romanística europea se estableció fundamentalmente a través de Menéndez Pidal,33 pero la falta de un trabajo sistemático sobre las fuentes a lo largo del siglo XIX es una rémora que todavía hoy se hace notar. De esta forma, cuando se produce la crisis europea de la romanística a mediados del siglo XX, en España la disciplina todavía no había dado todos los frutos que el método tradicional permitía (Catalán 1974, 333; Alcina Franch/ Blecua 1975, 165; Brumme 2003, 276; Álvarez de Miranda 2005). Tras la I Guerra Mundial puede decirse que «[l]a tarea previa, de asimilar la metodología y el caudal de conocimientos acumulado por la romanística europea durante la segunda mitad del siglo XIX y los comienzos del siglo XX, podía darse por cumplida» (Catalán 1974, 38). En esta tarea desempeñaron un papel importante hasta la guerra civil española dos centros de trabajo de merecido prestigio: el Centro de Estudios Históricos en Madrid y el Institut d’Estudis Catalans en Barcelona (cf. Alcina Franch/Blecua 1975, 168–177). Por lo que se refiere a las personas, hay que mencionar a Miguel de Unamuno, que ocupaba en Salamanca en el año 1900 la cátedra de Lengua y literatura griegas y como cátedra acumulada la de Filología comparada del latín y del castellano (Gaceta de Madrid 29/11/1900).34 Aunque resulta obvio que la figura que dio forma a la lingüística española fue Ramón Menéndez 33 34 Malkiel (1970, 382) atribuye a Unamuno una cierta precedencia cronológica gracias a sus contribuciones a la Zeitschrift für romanische Philologie. Sin embargo, esto no quiere decir que no se conocieran antes en España las obras que se estaban publicando en Europa: por ejemplo, Pedro Felipe Monlau cita las obras de Bopp, de Grimm y de Diez en su Diccionario etimológico de la lengua castellana, Madrid, 1856 (cf. Echenique Elizondo 1996, 34). Acerca de las primeras fases de la recepción de la lingüística comparativa europea en España, cf. Gutiérrez Cuadrado (1987) y Echenique Elizondo (1996). En la citada orden puede verse la situación de las cátedras de la Facultad de Filosofía y Letras en las universidades de distrito (es decir, todas menos la Universidad Central de Madrid). La cátedra de Filología comparada del latín y del castellano pasó posteriormente a denominarse cátedra de Historia de la lengua castellana. En el año 1930 Unamuno cesó como titular de la cátedra de Lengua y literatura griegas y pasó a ocupar como titular la de Historia de la lengua castellana (Boletín Oficial del Estado 25/4/1930). Es famoso el dato de que Unamuno y Menéndez Pidal presentaron sendos trabajos al concurso convocado por la Real Academia para estudios dedicados a la gramática y léxico del Poema de Mio Cid, concurso que Menéndez Pidal ganó con claridad aplastante. 68 Pidal.35 Don Ramón obtuvo la cátedra de Filología comparada del latín y castellano de la Universidad Central en 1899, creada por el Decreto de regulación de la Facultad de Filosofía y Letras (Gaceta de Madrid 2/10/1898). Posteriormente, por el Decreto de renovación de los planes de estudios de la Facultad de Filosofía y Letras (Gaceta de Madrid 19/8/1913) pasó a ser el primer catedrático de Filología románica de España y se convocó una cátedra de Historia de la lengua castellana, que ocupó Américo Castro. Según Malkiel (1970, 378), «D. Ramón nunca dejó de identificarse a sí mismo, en todos los niveles de sus obligaciones personales y de sus actividades académicas, como un ferviente partidario y, a la vez, como el representante formal en Madrid de la floreciente filología románica entendida en su sentido más amplio». Para Malkiel, Menéndez Pidal era «un gran representante – y esperamos fervientemente que no el último – de una variedad de la filología románica diseñada con audacia» (Malkiel 1970, 371). Y con relación al hecho de que Menéndez Pidal ocupara la primera cátedra de Filología románica de España, Malkiel (1970, 393–395) glosa la parte de la producción de Don Ramón de clara orientación romanística. Menéndez Pidal formó una escuela36 gracias a la creación a principios del siglo XX de una nueva infraestructura científica con la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas (1907), el Centro de Estudios Históricos (1910), que desde 1914 publicó la Revista de Filología Española, y la Residencia de Estudiantes (1912). Uno de sus primeros discípulos, Américo Castro, con su traducción de la Einführung de Meyer-Lübke «inaugura magistralmente un género, el de las adaptaciones de obras famosas de la lingüística europea, que había de tener gran importancia para el desarrollo de la lingüística hispánica» (Catalán 1974, 31).37 35 36 37 Acerca de Menéndez Pidal se ha escrito mucho; cf. p. ej. Malkiel (1970), Portolés (1986), Garatea Grau (2005). La escuela se conoce como Escuela de Menéndez Pidal, Escuela de Madrid o Escuela española de lingüística. Los primeros discípulos fueron Federico de Onís (1885–1966), Américo Castro (1885–1972), Tomás Navarro Tomás (1884–1979), Antonio García Solalinde (1892–1937) y Samuel Gili Gaya (1892–1976). La segunda generación estuvo compuesta por José Fernández Montesinos (1897–1972), Amado Alonso (1896–1952), Dámaso Alonso (1898–1990) y, algo más tarde, Rafael Lapesa (1908–2001). Este último fue después maestro de otro nutrido grupo de filólogos. Castro tradujo dos de las ediciones de la obra de Meyer-Lübke (1914/21909; 1926/31920) y la tradición ha continuado hasta hoy (cf. las traducciones de las obras de Vossler 1929/1904–1905; Entwistle 1982/1936; Rohlfs 1960/1954; Lausberg 1965–1966/1956–1962; Iordan 1967/1932; Iordan/Manoliu-Manea 1972/1962– 1965; Wartburg 1971/21967/1936; Varvaro 1988/1968; Tagliavini 1973/61972; Renzi 1982/21978; Gauger/Oesterreicher/Windisch 1989/1981; Wright 1989/1982; Posner 1998/1996; Pöckl/Rainer/Pöll 2004/32003); sin embargo, en los últimos años parece 69 La cátedra de Filología románica de la Universidad de Madrid fue ocupada posteriormente por Dámaso Alonso (Boletín Oficial del Estado 5/2/1941) hasta 1968, al que sucedió Alonso Zamora Vicente 1968–1985.38 Son significativas las palabras de Echenique Elizondo (1996, 43): «Dámaso Alonso estuvo como lector en Berlín en 1922. En 1935/1936 fue a Leipzig, interesado por conocer directamente las doctrinas de Wartburg […]. Allí adquirió, sin duda, su condición de romanista, que le condujo a enmarcar siempre el objeto de sus estudios en una perspectiva románica más amplia que la simplemente hispánica, lo que sin duda constituye una excepción en el panorama español de la Filología románica, de entonces y de más tarde, escaso en romanistas generales». Si concentramos nuestra atención en los resultados de la investigación, podemos comprobar que ha habido algunos temas comparativos que han concitado los esfuerzos de la lingüística practicada en España. Entre ellos se encuentra la polémica sobre la subagrupación del catalán dentro de la Romania en la que se vieron envueltos o participaron de alguna manera personajes de la talla de Meyer-Lübke, Griera, A. Alonso o Corominas (Catalán 1974, 77). Otro asunto de éxito fue la hipótesis de la colonización suditálica de Menéndez Pidal, sobre la que opinaron Wartburg, Rohlfs, Bertoldi, Aebischer y D. Alonso (Catalán 1974, 78, 158–163). Igualmente la estilística tuvo un importante impacto entre los filólogos españoles (Catalán 1974, 102–108). En los años 60 se publicaron algunas importantes tesis doctorales con un contenido comparativo, entre las que destacan las de Bustos Tovar (1960), Galmés de Fuentes (1962) y Granda Gutiérrez (1966). Junto a estos trabajos 38 haberse hallado un punto de inflexión y empiezan a aparecer obras originales en castellano o catalán, aunque no siempre sus autores tengan estas lenguas como maternas (Gargallo Gil 1994; Metzeltin 2004; Munteanu Colán 2005; Gargallo Gil/ Bastardas 2007). En el escalafón de 1950 de catedráticos de las universidades españolas las cátedras de Gramática histórica de la lengua española estaban ocupadas por Manuel García Blanco (Salamanca), Rafael Lapesa Melgar (Madrid), Antonio María Badía Margarit (Barcelona) y Manuel Alvar López (Granada). En Salamanca existía una cátedra de Lingüística románica y filología portuguesa, que ocupaba Alonso Zamora Vicente. En el escalafón de 1955 aparecen como nuevos catedráticos de Gramática histórica de la lengua española Emilio Alarcos Llorach (Oviedo), Manuel Muñoz Cortés (Murcia) y Diego Catalán y Menéndez Pidal (La Laguna), mientras que Rafael Lapesa Melgar pasa a desempeñar la cátedra de Historia del Español. En el mismo escalafón de 1955 aparece una nueva cátedra de Historia de las literaturas románicas y comentario estilístico de textos clásicos y modernos románicos ocupada por Martín de Riquer Morera (Barcelona). En 1958 los catedráticos de Filología románica son Dámaso Alonso (Madrid), Alonso Zamora Vicente (Salamanca), José Luis Pensado Tomé (Oviedo) y Álvaro Galmés de Fuentes (La Laguna). En el escalafón de 1961 aparece una nueva cátedra de Historia de las Literaturas románicas ocupada por Andrés Soria Ortega (Granada). La L.R.U. (Ley de reforma universitaria) cambió la estructuración del sistema universitario y permitió el aumento del número de catedráticos. 70 se han producido algunas obras de envergadura de perspectiva iberorrománica como la ELH, el ALPI y el DCEC/DCECH. Sin embargo, estas y otras investigaciones no son suficientes para evitar la visión de Catalán (1974, 327): «Otra debilidad de la lingüística hispano-románica de la postguerra, mucho más acentuada en España que en Portugal, fue el prolongar la orientación localista, autárquica, de las investigaciones. Aunque la urgencia de poner en cultivo los vastos eriales de la lingüística hispánica justificara tal actitud, el desinterés por los temas no íbero-románicos fomentó, sin duda, un nacionalismo lingüístico que roza el provincialismo». A esto se le unieron los ecos de la crisis de la romanística difundidos en el XI Congreso Internacional de Lingüística y Filología Románicas celebrado en Madrid en 1965. «Y no hace falta ser muy pesimista para considerar que la crisis puede resolverse mediante la marginalización, ya que no con la desaparición, de la lingüística románica» (Catalán 1974, 328); y ya hemos visto que precisamente eso es lo que sucedió pocos años después. Catalán (1974, 333–343) en unas interesantes páginas escritas en 1970 veía un futuro brillante de los estudios hispano-románicos en el campo de la sociolingüística. 5.3. Situación actual La situación de la romanística en la sociedad contemporánea ha sido objeto de intensa reflexión especialmente en el ámbito germánico (cf. caps. 11. y 12.). Como se pone de manifiesto, este debate afecta también a las ciencias humanas en general. Desde terreno español se han oído algunas voces de signo muy distinto en relación con el futuro de la romanística. Por un lado, Ángel López García manifiesta una posición de claro rechazo ante nuestra disciplina: «¿Cómo explicar que desde el mayo francés de 1968 – por poner una fecha que es algo más que una ayuda mnemotécnica en este caso – la historia de la lingüística española e hispanoamericana haya sido la de un persistente desapego respecto a la tradición germánica en la que se había originado?» (López García 1996, 49). Las razones que aduce son las siguientes: 1) tras la irrupción del Generativismo la Filología románica carecería de sentido porque se separa radicalmente el estudio de la lengua y la literatura y porque los rasgos universales pueden estudiarse tanto en el francés como en cualquier otra lengua; 2) el hecho de que en los años sesenta y setenta el español no ocupaba una posición de dominio en los Seminarios románicos de las universidades alemanas; 3) «Este desapego, y casi incredulidad, epistemológicos respecto a la ‹filología románica›, se han visto reforzados por la propia estructura universitaria es71 pañola, mucho más parecida a la inglesa, francesa o norteamericana que a la alemana desde la promulgación de la L.R.U. (Ley de reforma universitaria). En toda España, las cátedras de Lingüística románica se pueden contar con los dedos de una mano, constituyen una rareza venerable. Un filólogo joven, interesado en la lengua española, tiene actualmente a su disposición sólo dos caminos (llamados ‹áreas de conocimiento›) para estudiar la carrera, doctorarse y opositar a una plaza universitaria: Lingüística general o Filología española» (López García 1996, 50);39 4) es más fácil aprender inglés que alemán y el ochenta por ciento de la bibliografía extranjera sobre lingüística española está en inglés; 39 El número de cátedras de Filología románica es realmente pequeño, aunque no tanto como señala López García. En la siguiente tabla damos algunos datos acerca del número de profesores de distintas áreas filológicas de conocimiento. Según la lista de sorteables para los tribunales de habilitaciones del año 2005, en ese año había: catedráticos Filología inglesa Literatura española Lengua española Filología latina Filología francesa Filología griega Filología catalana Lingüística general Teoría de la literatura y literatura comparada Filología alemana Filología románica Filologías gallega y portuguesa Filología italiana Filología vasca 56 101 86 59 38 43 35 29 23 titulares y catedráticos de escuela universitaria 364 292 202 180 143 109 113 89 92 total 420 393 288 239 181 152 148 118 115 7 22 10 8 9 61 36 45 40 16 68 58 55 48 25 Por un lado, puede comprobarse la importancia del inglés en la sociedad actual, frente al menor número de profesores de Filología alemana. Naturalmente la primacía de los estudios de español se pone de relieve si sumamos el número de profesores de Literatura española, Lengua española, Lingüística general y Teoría de la literatura y literatura comparada. Como queda de manifiesto en las palabras de López García, los estudios de Lingüística general son asimilables a los de Lengua española. Igualmente se comprueba la pervivencia de la tradición de estudios clásicos. De entre las lenguas románicas destaca el número de profesores de filología francesa, que contrasta con los datos de las filologías italiana, gallega y portuguesa. Es también interesante resaltar el elevado número de profesores de Filología catalana en contraste con el de los de Filología vasca. 72 5) «Un último factor que explica el cambio de actitud respecto a la filología románica es de naturaleza ideológica. Los estudiantes de mayo del 68 son los que ahora copan (copamos) casi todos los puestos de responsabilidad de la estructura académica de la filología española. En aquellos años, cuando la dictadura franquista se divorcia definitivamente de la sociedad española, renegar del sistema político y del pasado era algo más que una opción personal, constituía un imperativo ético insoslayable. Para nosotros, los profesores y profesoras que ahora estamos en la cuarentena, la filología románica era el pasado, exactamente igual que el franquismo. Hay que decir que los propios estudiantes alemanes nos dieron ejemplo: conocidos episodios de acoso a los viejos patriarcas de la filología románica en universidades de Alemania la habían vuelto anticuada, inservible y decididamente antipática en su propio lugar de origen. Claro que los estudiantes alemanes reaccionaron interesándose por otras cosas, en particular por la gramática generativa, tanto en la R.D.A. como en la R.F.A.: pero para aprender generativismo ya no necesitábamos ir a Alemania, lo lógico era dirigirnos directamente a los centros universitarios de los Estados Unidos» (López García 1996, 51). Y, por último, sentencia: «Mientras Suiza, Alemania y Austria persistan en la actual estructura académica centrada en torno al Romanisches Seminar (persistencia burocrática que a menudo se contradice con la investigación, valiosa y actual, que realizan sus profesores), la indiferencia [española frente a la hispanística alemana] continuará como hasta el momento presente» (López García 1996, 51–52). Una postura no mucho más optimista, pero algo más melancólica, es la que mantiene José Antonio Pascual. «Quizá no hayamos sabido explicar a los demás el interés de esta disciplina ni hayamos sido capaces de ponernos de acuerdo nosotros mismos en los objetivos de su enseñanza ni nos hayamos esforzado lo suficiente para despojarnos de algunos sambenitos debidos a que varias generaciones de alumnos llegaron a aborrecer la Lingüística Románica, una de las asignaturas más importantes, más apasionantes y más difíciles también, de los antiguos Planes de Estudio, porque algunos de sus profesores, desconocedores de su contenido, tenían a gala no explicarla o explicar otras cosas en su lugar; mientras que otros, creyendo que la dificultad es una de las condiciones del pensamiento científico, trataban de demostrar a diario a los alumnos los graves problemas que existían para comprender esta asignatura y, consiguientemente, para aprobarla» (Pascual 2003, 384–385). Con relación a las perspectivas de futuro afirma que «difícilmente podrá crecer una licenciatura a la que los alumnos no le encuentran ventajas, frente a las demás filológicas, y sólo perciben, en cambio, algunas dificultades relacionadas a la mayor amplitud de los contenidos» (Pascual 2003, 386). La solución para la romanística estaría en considerarla como un complemento a la formación hispanística: «Por este motivo he preferido fijarme en las posibilidades que existen para acceder desde el hispanismo a una formación románica que pudiera atraer a unos alumnos, a los mejores, a ser posible; pues no se trata de captar vocaciones a toda costa, ofreciendo de barato estos estudios, sino de abrir caminos a quienes deseasen ampliar su formación hispánica o de otra lengua románica a través de la romanística (para 73 lo cual – sigo insistiendo en algo que es obvio –, alguien tendría que explicárselo); importancia que no iría reñida con la utilidad que supone combinar algunas disciplinas propias de la hispanística, con otras claramente románicas (teóricas unas, prácticas las que consisten en el aprendizaje de algunas lenguas románicas) y añadir a todo ello la adquisición de una sólida formación latina. El rigor con que se llevaran estos estudios es lo que permitiría aplicar a distintas lenguas los conocimientos metodológicos aprendidos para una de ellas; de este modo los alumnos que siguieran este camino estarían mejor capacitados que quienes hubieran hecho los estudios aislados de una filología, no sólo para trabajar en estos campos concretos filológicos, sino incluso en otros de ese nuestro mundo, en el que la amplitud de conocimientos, de lenguas, de capacidad para acercarse a la realidad con la piedra de toque de un método puede ser decisiva» (Pascual 2003, 387). Por último, Pascual plantea el problema general de los estudios diacrónicos: «La situación de las disciplinas que se encierran bajo el rótulo de Filología románica es, por otra parte, compartida con otras del tipo de la Gramática Histórica o de la Historia de la Lengua, referidas al español, que en el momento presente gozan de una situación cómoda, simplemente porque aparecen como troncales – y por lo tanto obligatorias en todas las universidades – en las licenciaturas hispánicas, pero que en realidad están mal insertadas en planes de estudios en los que preponderan las asignaturas descriptivas frente a las históricas. Los historiadores de la lengua española vemos nuestras enseñanzas más cercanas a la Lingüística Románica o a la Gramática Histórica Francesa o al Indoeuropeo o a la Historia de la Lengua Latina o al Latín Medieval o a la Paleografía o a la Lingüística General, que a la mayor parte de las asignaturas de los departamentos de Español; de forma que sólo la inercia explica el alejamiento que separa a los historiadores del español de los romanistas o de los latinistas» (Pascual 2003, 387). Efectivamente, los alumnos que cursan actualmente la titulación de Filología románica en las universidades españolas son pocos40 y un buen porcentaje lo forman licenciados en alguna filología de una lengua románica. Esto se considera un punto fuerte: «son numerosos los alumnos que llegan cada año a Filología románica para cursarla como segunda titulación, procedentes de una de las cinco Filologías específicas con las que entronca a través de las Primera y Segunda Lenguas románicas y sus Literaturas» (Informe de evaluación de la titulación de licenciado en filología románica de la Universidad de Santiago de Compostela). 40 Ridruejo (2005, 229) sentencia que el número de estudiantes «[e]s tan pequeño que se encuentra muy por debajo de la masa crítica para que los estudios tengan continuidad en cualquier próxima reforma de los planes de estudios». Aunque poco después reconoce que el proceso de Bolonia favorece la formación simultánea en varias lenguas, de tal manera que «[s]i se hace prudentemente, es posible que veamos cierto resurgir académico de la Filología Románica, pues reuniría una de las condiciones que se proponen los reformadores: ocuparse de varias lenguas conjuntamente» (Ridruejo 2005, 230). 74 Frente a esto, un punto débil que se señala recurrentemente es: «La falta de definición de profesiones que puedan estar relacionadas de un modo bastante directo con la titulación» (Informe de evaluación de la titulación de licenciado en filología románica de la Universidad de Santiago de Compostela). Con relación a la cuestión de las salidas profesionales podemos citar a modo de anécdota no exenta de valor el siguiente texto: «La Facultad de Filosofía y Letras no está llamada en España, ni lo está en ningún otro país, a contar con un inmenso número de alumnos como las Facultades de Derecho y Medicina. Aquella no conduce como estas al ejercicio de una profesión más o menos lucrativa, pero que asegura las ventajas de una posición social, respetable y respetada. Provistas las cátedras de Universidades e Institutos, completo el cuerpo de Archiveros y Bibliotecarios, los graduados en Filosofía y Letras no pueden aspirar a otra gloria que la del saber, y esta gloria no es buscada por el mayor número en épocas en que por desdicha se da más culto de lo que fuera debido a la ganancia real y positiva» (Gaceta de Madrid 14/10/1866). En este texto ya quedaba claro que la mayor salida profesional para los filólogos iba a ser la enseñanza. La generalización del sistema educativo a lo largo del siglo XX trajo consigo una enorme demanda de profesionales, que llevó aparejado un aumento considerable en el número de alumnos de las facultades filológicas. Esta tendencia ha empezado a invertirse en los últimos años. Pero es un dato positivo el que ya, aunque todavía de manera tímida, empiece a extenderse la conciencia de que la filología no aboca necesariamente a la educación y de que hay bastantes más campos en los que un filólogo puede desempeñar una función valiosa (cf. n. 5). En el debate no falta por supuesto la reflexión acerca del valor científico de la romanística. «La lingüística románica se encuentra desde sus principios en una posición intermedia entre la lingüística general y los estudios lingüísticos sobre una lengua románica particular. Es más, esta posición nunca tuvo una definición estable» (Gleßgen/Giolitto 2007, 375). Sin embargo, es posible definir un paradigma metodológico romanístico: «un conjunto de métodos que integran la toma en consideración de factores históricos y etimológicos, variacionales y/o de elementos de filología textual» (Gleßgen/Giolitto 2007, 375). Sus autores están de acuerdo en que esta es una definición muy abstracta de la romanística, que, sin embargo, tiene manifestaciones muy concretas y muy reales. Esas manifestaciones son de dos tipos que están, en contra de lo que pudiera parecer, en una relación de interdependencia; por un lado, tenemos trabajos que incluyen sistemáticamente el análisis de varias lenguas románicas y, por otro, contamos con trabajos centrados en una sola variedad románica (en ambos casos con una presencia más o menos importante del latín). Como es natural, cuantitativamente los estudios monolingües siempre han sido más que los comparativos. Pero tan 75 románicos son los unos como los otros. Por eso Malkiel puede, con razón, llamar a los Orígenes del español de Menéndez Pidal «una de las obras maestras de todos los tiempos en el ámbito de la filología románica, que revolucionó la disciplina» (Malkiel 1970, 388) y, de nuevo, como «una reconocida obra maestra, que figura claramente entre las más distinguidas contribuciones de todos los tiempos a la lingüística románica» (Malkiel 1970, 404); en la misma línea Catalán (1974, 63) escribe: «Con esta obra definitiva, Menéndez Pidal abre nuevos caminos a la lingüística diacrónica, reemplazando la esquemática visión de la ‹gramática histórica› por una verdadera ‹historia de la lengua›, y se nos sitúa (junto a un Ascoli, un Schuchardt y un Gilliéron) como el último de los grandes reformadores de la lingüística romance». La romanística es una «ciencia implícita» y por eso es difícil «explicar el interés y las formas vitales de la disciplina. Se trata más bien de un esquema interpretativo y de intercambio que de una materia universitaria tradicional. Dicho esto, el valor de la romanística nace precisamente de esa capacidad integradora y estructurante» (Gleßgen/Giolitto 2007, 377). Ser o no romanista en España es una cuestión de perspectiva y de conciencia: «En las páginas del Homenaje a Menéndez Pidal alternan las contribuciones de los filólogos de la escuela de Madrid con las de la flor y nata de la romanística internacional, poniendo de manifiesto, de una parte, que la filología española había entrado en su mayor edad y de otra que la obra de Menéndez Pidal, a pesar de quedar encerrada en una temática esencialmente hispánica, era ya considerada como una de las más originales contribuciones a la romanística y, aun, a la lingüística en general» (Catalán 1974, 68). De este pasaje se desprende que la obra de Menéndez Pidal era romanística para sus colegas extranjeros. ¿Pero qué era para él? En realidad es difícil imaginarse a Don Ramón haciendo una afirmación como la de Coromines: «soy romanista sin limitaciones» (DCEC 1954–1957, XXIV). Una conciencia romanística como la de Coromines no abunda y, por eso, los manuales recientes se proponen el objetivo de fomentarla. Wolfgang Pöckl, Franz Rainer y Bernhard Pöll resumen en unas breves líneas la trayectoria lingüística del siglo XX: «Desde entonces [la época de los grandes maestros de la romanística] se ha modificado bastante la imagen de las tareas de la lingüística. En primer lugar, el punto central de la disciplina fue desplazándose en la primera mitad del siglo XX desde un interés exclusivo por la perspectiva histórica hacia un estudio cada vez más pujante de las estructuras lingüísticas. Esto trajo consigo la preponderancia de la perspectiva basada en el estudio de una sola lengua. Esta pérdida del punto de vista comparativo es fruto también de las notables exigencias de especialización provocadas por la división de la lingüística en muchas ramas. Todo esto tiene su traducción en el ámbito institucional, donde las distintas ramas de la Romanística se cultivan cada vez más aisladas unas de otras y, como consecuencia, son cada 76 vez más raras las actividades académicas que se ocupan de todas o, al menos, de más de una lengua romance»; y argumentan a continuación el papel que puede desempeñar su manual: «En este contexto es necesario, por lo tanto, encontrar una nueva justificación para la perspectiva panromance. Por supuesto, no se trata de resucitar acríticamente un modelo de estudio anticuado y esto se nota también en el hecho de que en este manual la lingüística histórica y la perspectiva estructural aparecen con la misma importancia. Nuestro principal argumento consiste en la vertiente de formación general que tiene la perspectiva panrománica: el estudiante de una filología romance, antes de o durante su inevitable especialización, debería echar un vistazo por encima de la verja de su campo de estudio particular para asomarse a la fascinante variedad de la Romania, de tal forma que pueda aprender, con el ejemplo de otras lenguas románicas, muchas cosas que son aplicables a su especialidad» (Pöckl/Rainer/Pöll 2004/32003, 13–14). En la misma línea apunta Gleßgen (2007, 17): «la visión romanística es útil incluso para el estudio de una sola lengua románica: la comprensión de los fenómenos gramaticales, léxicos o sociolingüísticos mejora si tomamos en consideración el marco románico. En este sentido, el presente manual querría despertar una cierta ‹conciencia románica› entre los estudiantes de cualquier lengua románica concreta: incluso sin convertirse en un especialista en todas las lenguas neolatinas, es posible tomar en consideración su trayectoria general y algunas de sus particularidades» y quizá no sólo en los estudiantes, sino especialmente también en los países que hoy hablan lenguas románicas (Holtus 2008b).41 En muchas de las críticas vertidas contra la romanística se observa una identificación entre una disciplina y el método de los neogramáticos. Sin embargo, lo que es realmente esencial a la romanística es su perspectiva comparativa. En cuestión de método, la romanística contiene de todo. La idea de que la romanística es una antigualla sólo puede provenir de quien no sabe lo que se está haciendo hoy. La interpretación predominante en España de los términos romanística o romanista ha sido la de un préstamo tomado del mundo germánico con el que no llegó a haber una identificación y del que, con el discurrir del tiempo, se produjo una separación. Los universitarios españoles raramente se han sentido romanistas; romanistas eran más bien los otros, como se desprende del siguiente pasaje: 41 Hay campos de estudio en los que es imposible avanzar si no se tiene en cuenta el panorama románico: «Como la de toda lengua romance, la historia del vocabulario castellano está llena de vacíos que nunca podremos rellenar. La comparación de los varios dialectos antiguos y modernos, y la del castellano con los demás romances y otras lenguas afines, nos permite reconstruir en gran parte estos hechos borrados por la acción del tiempo» (DCEC 1954–1957, XI). 77 «La lingüística hispano-románica ha realizado, sin duda, grandes progresos durante los últimos treinta años. De ser un campo de trabajo reservado a la actividad de unos pocos privilegiados discípulos de los grandes maestros de la filología española, portuguesa y catalana, y de algunos romanistas a quienes seducían las singularidades lingüístico-culturales de los pueblos subdesarrollados […]» (Catalán 1974, 325). En definitiva, en los países de lengua románica es difícil ser romanista, pero no imposible.42 42 Si se me [= F.S.M.] permite una nota personal, acabaré diciendo que yo soy romanista por una serie de casualidades que nada tienen que ver con una vocación conscientemente cultivada: el hecho de ser medio aragonés y medio catalán ya me proporcionó desde pequeño el aprendizaje del castellano y el catalán y la familiarización con una ambiente plurilingüe; en la escuela de mi época sólo se estudiaba francés, con lo que ya iban tres lenguas románicas; mi vergonzosa nula preparación en inglés me llevó a estudiar alemán en la facultad y todo el mundo sabe que esta lengua abre la puerta a una inmensa bibliografía romanística; y el último año de carrera, cuando estaba a punto de dedicarme a la literatura medieval española, me dio clase Carmen Pensado y un nuevo mundo se abrió para mí. Después no he dejado de conocer a colegas de los orígenes más distintos y con los intereses más variados a los que me une esa noción de Romanitas de la que habla Badia (2000) y que también incluye el aspecto humano de quienes nos dedicamos a estos estudios: los romanistas somos amigos, sabemos reír y tenemos buen vino, buena cerveza y buen aguardiente y no importa el orden en que los bebamos. 78 6. Historia de una revista de romanística comparativa: la Zeitschrift für romanische Philologie 6.1. Revistas científicas (romanísticas) Las revistas especializadas representan un forum para una documentación lo más actual y lo más continua posible del desarrollo científico de una disciplina y también para la discusión de cuestiones específicas. En este sentido, son un indicador sensible para la situación de las investigaciones y contribuyen notablemente a la discusión y a la determinación de los puntos clave y de los desarrollos de la investigación (cf. Schweickard 2001, 1186 y 1193). Las revistas científicas ofrecen un forum de discusión institucionalizado que, a modo de altavoz, difunde los nodos temáticos centrales, los métodos y los paradigmas de la producción científica. La historiografía lingüística romanística es también una historia de las revistas, que no sólo reflejan el desarrollo de la disciplina, sino que lo plasman y lo promueven (cf. Schrott 2003, 421). El proceso de constitución e institucionalización de la romanística se ha visto acompañado y promovido por la fundación de revistas especializadas en filología románica. Cuando a mediados del siglo XIX la romanística empezó a afirmarse como auténtica disciplina universitaria no tenía a su disposición un órgano de publicación propio y los artículos podían publicarse sólo en los anales de las universidades y en revistas de carácter general. La filología moderna obtuvo por primera vez un portavoz en el «Archiv für das Studium der neueren Sprachen und Literaturen» (= Archivo para el estudio de las lenguas y literaturas modernas), fundado en 1846 por Ludwig Herrig (1816–1889) junto a Heinrich Viehoff (1804–1886) (cf. Schrott 2003, 421–422). Mientras que el ASNS se consideraba en 1846 todavía como el órgano de la filología moderna en general, la «Zeitschrift für romanische Philologie» (= Revista de filología románica), fundada por Gustav Gröber (1844–1911) en 1877 – un año después de la muerte de Friedrich Diez –, se concibió como revista especializada de carácter puramente científico dentro de un nuevo contexto en el que la romanística ya estaba bien afirmada. El primer volumen de 1877 contiene en el Prospect un esquema in nuce de la filología románica, que Gröber iba a trazar detalladamente más adelante en el Grundriss der romanischen Philologie, iniciado en 1883. Según la concepción de Gröber de la romanística como una ciencia histórica (21904, 187), en la ZrP domina la dimensión histórica de la investigación lingüística. Sin embargo, a pesar de 79 la amplitud de su radio de acción, el núcleo de la investigación es la Edad Media y, en particular, la Edad Media francesa. Para determinar la posición de la historia de la lengua en las revistas especializadas nos parecen adecuados criterios que caracterizan también el desarrollo de la historiografía lingüística en general. Por ejemplo, hay que tomar en consideración el criterio de si una revista atiende más a la formación de todas las lenguas románicas o a la de una sola lengua. El interés puede concentrarse o bien en el desarrollo de una sola lengua o en el fenómeno general del cambio lingüístico (cf. Schrott 2003, 424–425). Partiendo de estos puntos de vista, los ámbitos de investigación lingüística (fonética, morfología, sintaxis, lexicología) pueden adoptar una importancia diversa. A su vez, estos distintos aspectos de la investigación plantean exigencias y criterios específicos que permiten describir la posición de la historia de la lengua en una sola revista o en distintos órganos de publicación. Para elaborar el perfil temático de una revista son necesarios, junto al criterio cuantitativo, también investigaciones cualitativas. En el caso de la ZrP esta serie de preguntas podría elaborarse sobre la base de las tareas que Gröber asigna a la investigación de la historia de la lengua en su Grundriss (cf. Schrott 2003, 424–425). 6.2. La fundación de la ZrP: tareas y objetivos En un Prospect de cuatro páginas, Gustav Gröber esboza en el primer volumen de la ZrP (1877, V-VIII) las tareas y los objetivos de la revista recién fundada. El nuevo órgano debía intentar ampliar el conocimiento de las distintas lenguas románicas y de sus literaturas con trabajos filológicos, lingüísticos e histórico-literarios extraídos de los manuscritos y de las leyendas de los pueblos de lengua románica, a través de artículos breves dedicados a la gramática, la etimología, la dialectología, la crítica textual, la exégesis, la historia de la lengua y de la literatura, etc., y debía intentar mostrar el proceso de investigación de los romanistas por medio de recensiones detalladas de todos los estudios importantes en el ámbito de la filología románica (Gröber 1877, VI). La revista no debía tampoco descuidar los ámbitos de estudio menos explorados, cuya consideración y cuidado eran exigencias del momento, es decir, la cronología del desarrollo de los sonidos romances, sobre todo en el período precedente a la aparición de las literaturas románicas, la explicación fisiológica del cambio de las vocales y de las consonantes, las justificaciones completas de los criterios usados para determinar los cultismos en las lenguas y dialectos románicos, el influjo recíproco de los dialectos, su antigüedad y las causas de su formación (Gröber 1877, VI). El campo de la sintaxis histórica estaba casi inexplorado: aquí se podría estimar el grado de perspicacia lógica y la fuerza de la decisión que cada nación románica manifiesta en la denominación de las uniones entre las palabras y las frases y se podría valorar también el modo por el cual han pasado de una fase casi 80 paratáctica a otra hipotáctica (Gröber 1877, VII). La convicción, por suerte debilitada, de que un autor medieval se puede comprender adecuadamente sólo si se penetra en sus pensamientos con la ayuda de la etimología y del significado actual de la palabra, ha dejado paso a una lexicografía basada en una exégesis metódica, a la que habrá que agradecer también algunas enseñanzas sobre distintos aspectos antiguos, y que hará necesarios no pocos análisis individuales. También se debe empezar a iluminar el léxico vulgar de las lenguas románicas, a sistematizarlo en un orden conceptual y a utilizarlo para la historia cultural de los pueblos en la fase preliteraria, con el fin de deducir la continuidad de las artes, la pérdida de los conceptos morales o la diversidad de talento de los pueblos románicos a la hora de comprender y denominar los objetos percibidos por la mente o fuera de ella, a causa de la riqueza o pobreza de términos en determinados ámbitos conceptuales. Igualmente es una exigencia de los tiempos el usar la onomástica (que casi no presenta un estudio especial) para comprender la historia de los pueblos (Gröber 1877, VII). Otros temas son las obras de las literaturas románicas, su lado artístico, su tradición, su composición, sus relaciones con otras literaturas, la impresión que dejaron en su momento algunas canciones de los trovadores y algunos poetas, la eficaz influencia de la lírica de amor provenzal en la manifestación del sentimiento lírico de las naciones románicas y germánicas y en sus modalidades expresivas, en la formación de la tendencia a la reflexión y a la introspección (Gröber 1877, VII); también la diferencia entre la expresión en prosa y la expresión poética, los tropos y las figuras de las que disponían la poesía artística y la popular, e incluso el autor individual, antes del Renacimiento; por último la gran cantidad de detalles relativos a la historia de la cultura y del arte, los usos y costumbres, los puntos de vista, los trabajos y las artes de los pueblos románicos medievales (Gröber 1877, VIIVIII). Dado que los estudios lingüísticos románicos se entrecruzan en más de un punto con los estudios sobre el latín y son capaces de determinar la forma de los sonidos latinos, de recuperar el patrimonio lingüístico perdido y de aclarar los puntos oscuros en todas las partes de la gramática latina; dado que, gracias a la enorme cantidad de matices dialectales que se documentan en el área de las lenguas románicas, los estudios románicos pueden ofrecerle al lingüista que se ocupa de otros campos de trabajo las pruebas de una gran serie de cambios fonéticos que dicho lingüista frecuentemente sólo puede suponer; dado que las lenguas y las literaturas románicas occidentales y meridionales han influido notablemente durante siglos en las germánicas; dado que las contribuciones de los romanistas relativas a la solución de cuestiones comunes a los germanistas y romanistas siempre han encontrado respeto por parte de los germanistas; por todas estas razones se espera que la nueva revista de filología románica encuentre amigos y respeto también en círculos más amplios (Gröber 1877, VIII). Aunque, debido a la variedad de temas a tratar, la revista quizá no esté en disposición de interesar directamente a los profesores que enseñan las lenguas románicas, sin embargo siempre estará 81 a su disposición para informar de manera exhaustiva sobre el estado de la investigación, con lo cual apoyará de alguna manera el uso de los resultados de la investigación en sus lecciones y, por lo tanto, tendrá también un cierto valor para ellos. Con la intención de testimoniar también hacia el exterior el carácter internacional de los estudios románicos y de acuerdo con su labor de transmisión de la investigación alemana al extranjero y de difusión de la extranjera en Alemania, la revista acogerá artículos en alemán y en las lenguas románicas más conocidas (Gröber 1877, VIII). Con un precio de 15 Reichsmark por año, aparecerán cuatro fascículos de aproximadamente ocho pliegos publicados regularmente cada tres meses; el último de los fascículos ofrecerá una lista completa de los estudios románicos del año precedente (Gröber 1877, VIII). Gröber hace una presentación más detallada de los objetivos y las tareas de la ZrP y de la filología románica en general en la segunda sección del Grundriss dedicada a la «Tarea y estructura de la filología románica» (21904, 186–202). Para él la filología románica no se limita a investigar los detalles de la historia de la lengua y la literatura de los pueblos románicos, sino que aspira a comprender las conexiones que existen entre los fenómenos lingüísticos y las obras literarias de los pueblos románicos y a comprender su formación y su funcionamiento (Gröber 21904, 187). Al igual que las otras filologías y la historia del arte o la de los estados, la filología románica forma parte de las ciencias históricas, unas ciencias que pretenden establecer un conocimiento fundamentado y universal de los productos mentales del hombre allí donde estos se nos sigan transmitiendo. La filología románica se ocupa de descifrar el pasado mental de los pueblos románicos, lo mismo que la filología germánica se ocupa del pasado mental de los pueblos germánicos y la filología clásica hace lo propio con los griegos y los romanos (Gröber 21904, 187). No es posible reconstruir la vida científica, religiosa y política de los pueblos románicos de la edad media sólo a través del trabajo lingüístico, sin consultar en particular los escritos medievales en lengua latina (Gröber 21904, 188). Lo mismo que la filología en general, tampoco la filología románica puede subordinarse a una de las ciencias históricas: la filología románica analiza la lengua y el discurso, investiga su naturaleza y las tendencias de su evolución, su expresión artística, etc. No depende ni de la historia de las ciencias, ni de la de las religiones, sino que está más bien subordinada a la ciencia general que se ocupa de las leyes mentales. Puede coordinarse con la historia, ya que ambas analizan las actividades y los productos de la mente humana (Gröber 21904, 191–192). Según Gröber, el ámbito de trabajo propio del filólogo se encuentra en la lengua y en el discurso que no se comprenden o que se han vuelto incomprensibles. Quien estudia el pasado de algún ámbito de la actividad mental, necesita de la ayuda del filólogo allí donde aparezcan esa lengua y ese discurso incomprensibles. Sólo en el filólogo puede encontrar ayuda, sólo él tiene las llaves para descodificar el significado de las letras mudas, sólo él hace que el pasado nos hable y 82 vuelve comprensibles las lenguas extranjeras; la filología es, por lo tanto, la ciencia del discurso extranjero, la ciencia del logos de los griegos, los romanos, los orientales, de nuestros antepasados, los pueblos románicos (Gröber 21904, 193). Por lo tanto, el objeto propio de la filología son los fenómenos de la mente humana en una lengua sólo indirectamente comprensible y sus productos en el discurso artístico de pasado (Gröber 21904, 194). El punto de partida de la filología románica son las palabras del hombre común de Roma, que la escritura nos transmite sólo de manera rudimentaria y que, por lo tanto, hay que deducir. En el mismo sentido hay que reconocer una filología germánica, eslava, céltica, etc. que desembocan en el discurso pangermánico, paneslavo, etc. (Gröber 21904, 195). Por lo tanto, la práctica de dividir la filología románica de acuerdo con unas relaciones distintas de las de parentesco lingüístico persigue sólo un fin didáctico, tal y como se hace en Alemania, donde se agrupan la lengua y literatura francesas con las inglesas en lo que se llama «filología moderna», una disciplina que se opone a la filología clásica con el argumento de que también permite dar una formación humanística (Gröber 21904, 197). Igualmente, si se combinaran las filologías románica, germánica, etc., con el estudio de la literatura latina medieval, formando algo que podría llamarse filología medieval y que se opondría al estudio de la Antigüedad – lo mismo que la historia de los pueblos medievales se contrapone a la historia de la Antigüedad –, se perderían entonces de vista los objetivos de la investigación filológica, que pasaría a centrarse en un nuevo objeto de estudio, como son las influencias recíprocas de los pueblos de lenguas diversas, en lugar de estudiar las lenguas mismas (Gröber 21904, 197). La investigación de unos textos románicos que se han vuelto incomprensibles culmina en el conocimiento del desarrollo del discurso artístico romance y de las lenguas románicas que, aunque en algunos casos siguen siendo lenguas habladas, no bastan para comprender sus productos artísticos desde la perspectiva histórica. Por eso son ya objeto de investigación en su forma actual, tanto para los pueblos románicos como para los extranjeros (Gröber 21904, 197). De estas reflexiones Gröber deduce la estructura de su Grundriss y presenta la metodología de la investigación lingüística, filológica e histórico-literaria (Gröber 21904, 198–199). Gröber toma posición con relación a las modalidades de análisis lingüístico, a sus métodos y tareas en el capítulo titulado «Tratamiento de las fuentes»: para comprender un fenómeno de la lengua no basta sólo el análisis empírico, o el histórico o el genético; hay que usar necesariamente los tres. Esto es así porque el análisis empírico sólo considera el estado del fenómeno lingüístico, el análisis histórico analiza su desarrollo y el genético su origen. La elaboración empírica e histórica precede al análisis genético. Además del apoyo que brindan al análisis genético, los otros dos tipos de aproximación cumplen otras tareas indispensables (Gröber 21904, 269). En un compendio del ámbito de la filología románica no hay espacio para las llamadas ciencias secundarias, es decir, las ciencias que debe conocer todo aquel que quiera 83 llevar a cabo un estudio científico: el estudio práctico de las lenguas y las literaturas, de la gramática latina y griega, la psicología y la lógica (Gröber 21904, 201). Los romanistas formarán probablemente sólo un pequeño grupo, pero de ellos se espera que difundan en otros ámbitos el conocimiento del carácter de los pueblos románicos, la comprensión de su pasado y la visión que tienen de sí mismos: este es el fin más bello y específico de la filología románica y ocuparse de ello es una garantía de que seguirá existiendo mientras haya pueblos románicos (Gröber 21904, 202; para la importancia de los aspectos étnicos en los primeros años de la filología románica, cf. también Selig/Kalkhoff/Wolf 2006). Ernst Robert Curtius en su artículo titulado «Gustav Gröber y la filología románica» nos ofrece un profundo homenaje al personaje de Gustav Gröber y a su importancia para la filología románica. Las directrices que Gröber plantea en su «metodología de la investigación lingüística» son el fruto de una profunda reflexión filosófica y persiguen un ideal fundamentado filosóficamente. Dicho planteamiento puede caracterizarse como idealista, ya que pasa de lo fonético a lo mental, de lo empírico al análisis genético (ya sea psicológico o histórico-cultural). Pero es un idealismo crítico, que es consciente de los límites del conocimiento (vs. un idealismo especulativo). Se coloca por encima de los debates entre el positivismo y el idealismo en lingüística (Curtius 1960, 448). Curtius recuerda las clases de Gustav Gröber, clases en las que los participantes se daban cuenta de qué era la auténtica ciencia y de cuáles eran sus exigencias: una autocrítica severa y un duro control ante toda opinión subjetiva que pretenda sustituir las pruebas con ideas extemporáneas y opiniones de gusto. El «amor por el detalle» era, en su época, todavía una cosa natural. Pero en el carácter de Gröber estaba ligado a un vasto horizonte intelectual de grandeza filosófica. Y es precisamente aquí, en esta conexión, donde residía el carácter extrañamente apasionante de su magisterio (Curtius 1960, 455; cf. también las exposiciones de Fettweis-Gatzweiler 1994, 192ss., 199ss., y de Maria Selig 2005, especialmente 301–305). 6.3. La ZrP en los años 1877–1913: contenidos, aspectos centrales y desarrollo En su artículo «Historia de la lengua y de la cultura» Kurt Baldinger hace notar que en el siglo XIX se construyó una sólida base formal que permitió que los romanistas se dedicaran a problemas como las relaciones entre la historia de la lengua y la de la cultura. Las leyes fonéticas resultaban demasiado rígidas y la realidad era mucho más compleja. Alrededor de 1900 una gran cantidad de aspectos nuevos amplió el horizonte lingüístico: los atlas lingüísticos permitían un análisis sistemático de los dialectos, con lo cual condujeron a la fundación de la geolingüística y pusieron en relación la lingüística y las cosas. El explorador de un atlas lingüístico tenía que inves84 tigar las cosas y sus nombres. Así se llegó al contacto con la vida cotidiana. La onomasiología se creó paralelamente a la semasiología. El núcleo de la investigación ya no era el sonido, es decir, la fonética, sino la palabra, es decir, la lexicología y, por lo tanto, ya no era la forma, sino el contenido. El período comprendido entre 1890 y 1900 – con Gilliéron y Saussure, con la fundación de los atlas lingüísticos, de la geolingüística, de la lexicología y de la investigación de los objetos, de la semasiología y de la onomasiología, de la lingüística sincrónico-estructural – es una fase de revolución lingüística (Baldinger 1990, 13–14). El mismo Baldinger, en su artículo «Lingüística como experiencia personal (entre los métodos de ayer y de mañana)», observa que en el siglo XIX se elaboró una fonética histórica que representó una sólida base para la investigación del signifiant; por otro lado, en el siglo XX los investigadores han hecho grandes progresos en el análisis del signifié (cf. Baldinger 1991, 37). Elke A. Fettweis-Gatzweiler (1994, 199ss.), en su tesis doctoral presentada en Bonn, hace una comparación histórico-sistemática del origen del «Archivio glottologico italiano» y de la ZrP, dos revistas que nacieron en un período de intensas discusiones sobre la historia y las tareas futuras de la filología románica. El AGI y la ZrP, en los años de su fundación y hasta los inicios del siglo XX encarnaban coherentemente el método histórico-comparativo que, a pesar de las críticas que le hacen los estudiosos de hoy, proporcionó grandes impulsos al desarrollo de la romanística (Fettweis-Gatzweiler 1994, 200). Usar métodos tradicionales no significa necesariamente estar anticuado metodológicamente; de hecho, se ha comprendido pronto que integrando métodos diversos se alcanzan sucesivos progresos y que el diálogo entre las disciplinas y entre las partes de estas conjura el peligro de visiones limitadas (Fettweis-Gatzweiler 1994, 201). Fettweis-Gatzweiler demuestra con sus análisis cuantitativos que en los diez primeros años de la ZrP predominaron las investigaciones de tipo literario y que, posteriormente, el balance se equilibró o llegaron a dominar los artículos lingüísticos (Fettweis-Gatzweiler 1994, 133). En particular, la autora ofrece detalles sobre las lenguas y los dialectos tratados: en primer lugar el francés, luego el italiano y el español, seguidos del rumano, el sardo y el occitano; y también informa sobre las lenguas en las que están escritos los trabajos: predomina el alemán, seguido del francés y el italiano, por último el inglés, el español y el portugués. Los temas sobre los que se concentran los distintos tipos de contribuciones son los siguientes: historia de la lengua, dialectología y geolingüística, caracterización de las lenguas románicas, gramática, historia de la filología, discusiones teóricas y metodológicas, así como cuestiones lingüísticas concretas (fonética, lexicología y sintaxis). Del análisis de los artículos y de las secciones misceláneas resulta que en los primeros treinta volúmenes predominan los trabajos de fonética, seguidos de los que se ocupan de la morfología y de la formación de palabras; en este período no abundan los trabajos de léxico o de sintaxis; las cuestiones de semántica están prácticamente ausentes (Fettweis-Gatzweiler 85 1994, 133–140). Todos los autores de la ZrP aparecen recogidos en orden alfabético (Fettweis-Gatzweiler 1994, 212–229). En su recensión, Wolfgang Schweickard (1994, 217–218) considera que el procedimiento de la romanista de Bonn es demasiado «impresionista» cuando se bosquejan los núcleos temáticos de la revista y cuando se valoran sus efectos en el desarrollo de la filología románica en el plano de los contenidos. Según Schweickard, sería interesante analizar cómo una revista y sus editores pueden influir no sólo en el contenido de la disciplina, sino también en la organización formal de la ciencia. En este sentido debería analizarse el comportamiento de los editores, que deciden aceptar o rechazar los artículos y que publican recensiones que en ocasiones ponen fuertes trabas a una carrera académica o, por el contrario, la favorecen de manera decisiva (Schweickard 1994, 218). En el discurso con ocasión de su despedida como editores de «Vox Romanica», Ricarda Liver y Peter Wunderli (2001, V) mencionan otros temas que no podemos presentar detalladamente aquí: en los diez años de su común tarea editorial se cambió el reparto de tareas entre la imprenta y la editorial, por un lado, y la redacción y los autores, por otro; los autores y la redacción debían asumir cada vez más trabajo – algo que los dos estudiosos consideran como un fenómeno característico de todo el campo de las publicaciones científicas. Ilustraremos a continuación, de manera breve, en qué medida la ZrP contribuyó a dirigir los estudios de romanística en los decenios fundacionales de la disciplina. Desde la revista se indicó cuáles habían de ser los métodos de la romanística y se pusieron en el punto de mira los temas fundamentales de la investigación para los años venideros. En el frontispicio de la ZrP del período comprendido entre 1877 y 1913 se pueden observar ya los primeros cambios: en los volúmenes 1–3 el editor aparecía como «profesor de la universidad de Breslau»,1 del volumen 4 hasta el 34 Gustav Gröber firma como «profesor de la universidad de Estrasburgo en Alsacia»; en 1911 (vol. 35) se añade la siguiente información: «con la participación del Dr. Ernst Hoepffner, profesor en la universidad de Jena», y tras la muerte de Gröber (a partir del vol. 36, 1912) la indicación es: «fundada por el Prof. Dr. Gustav Gröber †, continuada y editada por el Dr. Ernst Hoepffner, profesor de la universidad de Jena». La información acerca de la editorial cambia sólo mínimamente: en el primer volumen (1877) se lee «Halle. Lippert’sche Buchhan[d]lung (Max Niemeyer)» (Librería Lippert), desde el segundo y hasta el vol. 20 (1896) «Halle, Max Niemeyer», del vol. 21 al vol. 35 se añade la dirección «77/78 Gr. Steinstrasse» y a partir del vol. 36 (1912) la indicación es: «Halle a.S., Max Niemeyer, Brüderstrasse 6». Por lo que se refiere al contenido, uno de los terrenos más importantes es la edición de textos. En los primeros quince volúmenes existe de hecho una 1 La actual Wrocław, ciudad polaca de la Baja Silesia. 86 rúbrica con el título «Textos»; sin embargo, en los años 1892 y 1893 (vols. 16 y 17) no se dedica una auténtica sección a los textos, sino que aparecen incorporados a los artículos; en el vol. 18 (1894) la sección general de artículos aparece erróneamente con el título «Textos» y a partir del vol. 19 (1895) se recupera la sección original de «Textos». El análisis de las ediciones aparecidas bajo el título de «Textos» muestra que este ámbito se cuida de modo continuado y que las ediciones de textos llegan hasta un máximo de ocho textos por volumen (de vol. 1 al vol. 37: 6 – 4 – 3 – 3 – 3 – 8 – 2 – 3 – 3 – 3 –4–3–4–2–1–ؖؖؖ7–2–2–3–4–6–5–4–5-3–3– 5 – 3 – 5 – 2 – 5 – 1 – 2 – 2). Se puede documentar perfectamente la variedad y el desarrollo de los temas tratados en la ZrP a través de los subtítulos de la rúbrica «Miscelánea» (a partir del vol. 11 «Escritos varios»). En el primer volumen se encuentran siete ámbitos: «Historia cultural, Historia de la literatura, Paleografía y conocimiento de los libros, Manuscritos, Crítica textual, Gramática, Etimología». En el segundo volumen se añaden «Exégesis» (que a partir del vol. 29 se renombra como «Explicación de textos»), «Métrica» y «Léxico», descuidando parcialmente ámbitos ya introducidos. En el vol. 7 aparece un nuevo subtítulo de «Sintaxis», en el vol. 10 encontramos «Onomástica», en el vol. 14 «Historia de las palabras»; en los vols. 16–18 falta la rúbrica «Miscelánea», que se reintroduce desde el vol. 19 con la adición de «Bibliografía» (vol. 19), «Dialectología» (vol. 20; a partir del vol. 29: «Conocimiento de los dialectos»), «Historia de la lengua» (vol. 21), «Morfología» (vol. 24), «Formación de palabras» (vol. 26), «Lexicología» (vol. 28). En este punto, a partir de 1906, se dibuja una nueva orientación abierta a ámbitos innovadores como la «Geolingüística» (vol. 30) y «Cosas y palabras» (vol. 33); junto a todo esto se añaden algunos otros subtítulos, como «Latín vulgar» (vol. 31) y «Toponomástica» (vol. 34). Los temas tratados en los artículos y los respectivos acentos temáticos se han mencionado ya arriba a partir de los datos de la tesis de Fettweis-Gatzweiler. Para ampliar el elenco citaremos a continuación sólo algunos de entre los muchos temas que nos parecen dignos de atención, ya que se ocupan de ámbitos inusuales para la mayoría de filólogos de finales del siglo XIX. Mientras que son más bien tradicionales las investigaciones sobre las condiciones de vida de los trovadores italianos (vols. 7, 9), sobre el concepto de honor en la Chanson de Roland (vol. 9), sobre la actividad académica de Friedrich Diez (vol. 9) y sobre el desarrollo del significado de la palabra «románico» (vol. 10), resultan sorprendentes, sin embargo, temas como la literatura de calendarios en retorromance (vol. 16), la influencia del español en la lengua de los gitanos que viven en España (vol. 16), los gritos de los vendedores (vol. 20), el estudio de los dialectos picardos y de la Île-de-France (vol. 26) o el judeoespañol (vol. 30). Además, llama la atención que en los volúmenes 34 y 36 aparezca en el título, por primera vez, la mención de (nuevas) contribuciones a la «lingüística» románica (Rudolf Haberl). 87 Mencionaremos sólo algunos ejemplos de la serie de trabajos publicados en la ZrP que pueden considerarse como «clásicos» y que tienen todavía hoy un significado fundamental: la investigación de Th. Gartner sobre el dialecto de Erto (vol. 16), el trabajo de A. Horning sobre los límites dialectales en las lenguas románicas (vol. 17) o el de K. Jaberg sobre el cambio semántico peyorativo en francés, con referencia a problemas generales de la semasiología (vols. 25, 27, 29). También merecen ser citados los trabajos de H. Schuchardt sobre la historia de palabras romances (vol. 31), el de W. Meyer-Lübke sobre la historia de las lenguas románicas (vol. 31), el de K. von Ettmayer sobre las características del francés antiguo (vols. 36, 37) y el de J. Brüch sobre el diccionario etimológico de Meyer-Lübke (vol. 36). Las numerosas investigaciones centradas en temas sintácticos publicadas en los primeros decenios de la ZrP contradicen el difundido prejuicio según el cual en los inicios de la filología románica la sintaxis tuvo una importancia marginal. Basta con citar, por ejemplo, los artículos sobre la sintaxis de Froissart (vol. 5), sobre el uso del gerundio y del participio de presente en francés antiguo (vol. 10), sobre las oraciones condicionales y su desarrollo en español (vol. 14), sobre la sintaxis francesa (trabajos de Th. Kalepky, en los vols. 18, 20, 23, 25, 31, 32, 33, 34, 36), sobre la sintaxis del sustantivo (vol. 19), sobre la posición de los pronombres átonos (vol. 21), sobre la sintaxis del pronombre posesivo de tercera persona en rumano (vol. 25), sobre un fenómeno de fonética sintáctica en los dialectos franceses (vol. 30), sobre la coordinación de frases negativas en provenzal (vol. 32). En los últimos años del período en cuestión, es decir, de 1911 en adelante, se forma un auténtico núcleo de trabajos sintácticos a cargo de Leo Spitzer y Theodor Kalepky: el estilo y la sintaxis en los romances españoles y portugueses (vol. 35), la sintaxis románica (vol. 36). A todo esto hay que añadir la mencionada sección de «Sintaxis» incluida dentro de la rúbrica «Miscelánea»: en ella Spitzer publicó cuatro artículos breves en el vol. 36 y otros tres en el vol. 37; en este último volumen Kalepky publicó también dos breves trabajos. En este contexto hay que recordar también los numerosos artículos de Adolf Tobler, «Contribuciones a la gramática del francés» (vols. 1, 2, 5, 6, 8, 11, 12, 13, 18, 19, 20, 21), que el autor define como contribuciones «que merecen por derecho propio algún lugar en la descripción histórica del francés, preferiblemente en la parte que se suele llamar sintaxis, pero que, o bien no han encontrado ningún lugar, o no han hallado el adecuado» (cf. Tobler 1877, 1). Para completar este tratamiento temático de la ZrP conviene tomar en consideración también el aspecto personal. Por ejemplo, podemos analizar la producción de un solo autor, como la serie de artículos de Hugo Schuchardt publicados en la ZrP y que el editor Gustav Gröber caracterizó como un conjunto de ensayos en los que una excepcional variedad de pensamiento y de sabiduría se une a una fineza intelectual, a una profunda observación y a una fuerza creativa capaces de atraer al público; ensayos en los que el autor consigue felizmente evitar tanto la frialdad estilística como una aproximación 88 excesivamente instructiva (Gröber 1886, 598). Según Gröber con este modelo se apuntaba la vía adecuada gracias a la cual la filología románica y la filología moderna conquistarían nuevos terrenos y conseguirían construirse un futuro seguro fuera del recinto exclusivo de los eruditos. Quizá, añadía Gröber, este desarrollo no iba a realizarse siguiendo determinados modos de obrar de Schuchardt, intrínsecamente ligados a su personalidad y no necesariamente del gusto de todos; y probablemente tampoco iba a seguir los sentimientos, quizá demasiado cosmopolitas, con los que Schuchardt escribía alguno de sus ensayos (que se ocupan del carácter y las contradicciones nacionales) (Gröber 1886, 599). Mencionaremos a continuación algunos de los trabajos del romanista de Graz: sus contribuciones al conocimiento de los criollos románicos (vols. 12, 13) y sobre la lingua franca (vol. 33), sobre los préstamos románicos al húngaro (vol. 15), sobre las relaciones entre el íbero y el romance y entre el romance y el vasco (vols. 23, 29, 36), sobre los problemas y principios de la etimología (vol. 26), sobre el método de la historia de las palabras (vols. 27, 28), sobre la etimología de trouver (vol. 28) o sobre sufijos nominales romances en vasco (vol. 30). Como puede comprobarse, Schuchardt se ocupó de temas que en su época encerraban un gran potencial innovador y que estaban destinados a seguir siendo importantes en la filología del siglo XX. No debemos pasar por alto que en los primeros volúmenes de la ZrP aparecen también algunos trabajos de estudiosas – aunque sea en número todavía modesto –, como Carolina Michaëlis de Vasconcellos (vol. 29), Elise Richter (vol. 31) y Aline Furtmüller (vol. 33). Las sorprendentes relaciones internacionales de la ZrP con la filología románica en Alemania y fuera de los países de lengua alemana se pueden comprobar a través de las recensiones de publicaciones periódicas especializadas en filología (románica) ofrecidas al público de la ZrP. En los volúmenes aparecidos desde 1877 hasta 1913 se publicaron recensiones (en número e intensidad variables) de las siguientes revistas (se indica en paréntesis el volumen de la ZrP en el que aparece por primera vez una recensión de la revista en cuestión): «Romania», «Englische Studien» (vol. 1), «Revue des Langues Romanes», «Archiv für das Studium der neueren Sprachen und Literaturen», «Giornale di Filologia Romanza», «Romanische Studien», «Archivio Glottologico Italiano» (vol. 2), «Propugnatore» (vol. 5), «Zeitschrift für neufranzösische Sprache und Literatur», «Romanische Forschungen» (vol. 6), «Giornale Storico della Letteratura Italiana» (vol. 7), «Revista pentru Storie, Archeologie úi Filologie», «Französische Studien» (vol. 8), «Boletin Folklorico Español» [sic] (vol. 9), «Studi di Filologia Romanza» (vol. 11), «Bullettino dell’Istituto Storico Italiano», «Revue des Patois Gallo-Romans» (vol. 12), «Revista Lusitana» (vol. 15), «Arcivă societătiƱ útiintifica úi literare din Jaúi» [sic]2 (vol. 2 En el índice el nombre de la revista aparece como Arhivă societătiƱ útiintifice úi literare din Jaúi. 89 16), «Lingue neolatine» (vol. 18), «Jahresbericht des Instituts für rumänische Sprache zu Leipzig» (vol. 20), «Publications of the Modern Language Association» (vol. 21), «Studies and Notes in Philology and Literature» (vol. 22), «Studi glottologici italiani» (vol. 25), «Le Moyen-Âge» (vol. 26), «Archiv für lateinische Lexikographie und Grammatik», «Revue de philologie française et de littérature» (vol. 27), «Mémoires de la Société Néophilologique de Helsingfors» (vol. 28), «Studi medievali», «Società filologica romana» (vol. 29), «Bulletin du Glossaire des Patois de la Suisse Romande» (vol. 30), «Modern Language Review» (vol. 31), «Studj romanzi» (vol. 32), «Studi di Filologia Moderna», «Revue de Dialectologie Romane» (vol. 34), «Bulletin hispanique» (vol. 37). Con esto se demuestra que la ZrP en sus primeros años de existencia no se ocupaba sólo de los ámbitos tradicionales de la filología (románica), sino que representaba también un forum para temas de investigación nuevos e innovadores, con lo cual promovía ya desde el inicio los intercambios científicos de la romanística en Alemania y en el extranjero. 6.4. Pasado y presente de la ZrP Pocos meses después de la muerte del editor Max Niemeyer (17 de junio de 1911) moría también el primer editor de la ZrP (6 de noviembre de 1911), que la había fundado a la edad de 33 años siendo profesor en Breslau.3 Para la ocasión su sucesor, Ernst Hoepffner (vol. 36, 1912 – vol. 39, 1919), redactó una necrología en la que caracterizaba a Gröber como una persona con un agudo sentido del orden y una meticulosidad casi embarazosa, una persona dotada de la exactitud y puntualidad necesarias para mantener una vasta correspondencia y para respetar los tiempos de aparición de los fascículos; en definitiva, un romanista con conocimientos amplios, cuidados y profundos (Hoepffner 1912, II). Atestiguaba que su predecesor había sabido mantener alejadas las polémicas mezquinas y envidiosas y que en la revista reinaba siempre un tono distinguido; en definitiva, Gröber había puesto la revista a disposición de todos para que llevaran a cabo un debate serio y objetivo, manteniendo por su parte un constante deseo de ser imparcial (Hoepffner 1912, III). El propósito de Gröber era, en última instancia, fundar una revista que incluyera prácticamente todo el ámbito de la filología románica (Hoepffner 1912, I). Más tarde, con motivo de los cincuenta números de la ZrP, su editor del momento, Alfons Hilka, profesor de la Universidad de Göttingen (vol. 40, 1920 – vol. 54, 1934), constató que la ZrP había seguido firmemente su propio camino durante cinco decenios y que había dado fe de los progresos de 3 Cf. n. 1. 90 la disciplina con exactitud y objetividad, sobre todo en el ámbito históricolingüístico y literario (Hilka 1931, V). Incluso después de que la actividad de los colaboradores se hubiera vuelto más vasta gracias a las nuevas direcciones de la dialectología, de la geolingüística y de la formación de palabras, la revista seguía deseando otorgar la palabra a los que planteaban nuevos temas de discusión. Las celebridades del pasado de la romanística habían dejado una herencia preciosa que las generaciones más jóvenes custodiaban sólo de manera modesta en tiempos de aplanamiento y de duros contrastes (Hilka se refiere a una generación que se ocupa sobre todo de la observación esteticista de los períodos literarios modernos). Pero incluso en tiempos en los que, según Hilka, las nuevas tendencias contrastaban con la tradición, la revista intentó mantener la estima de la que gozaba en el extranjero. Su programa debía seguir siendo la auténtica investigación, la profundización de los resultados científicos y el alejamiento de las meras opiniones del momento (Hilka 1931, V-VI). El fin declarado por Hilka para su tarea editorial era el de servir al ideal de la «filología románica» tal y como quería el fundador y, junto con él, la antigua y respetable tradición de la disciplina (Hilka 1931, VI). Con ocasión del centenario de la ZrP, Kurt Baldinger, sucesor de Walther von Wartburg (vol. 55, 1935 – vol. 73, 1957) y encargado de la revista durante tres decenios (vol. 74, 1958 – vol. 104, 1988), acentuó de nuevo en un suplemento de la ZrP cuál era el ámbito esencial de la filología románica. Baldinger señala que se ha producido una división de la disciplina en función de las diferentes lenguas (con las correspondientes revistas especializadas), pero cree que siempre será necesaria una revista filológica panrománica que trate de los problemas de la filología románica general y de sus subdisciplinas. El deber principal de dicha publicación es el de integrar las investigaciones sobre las lenguas particulares dentro de una investigación sobre la filología románica en general. Según Baldinger, en ese momento ya se ha cumplido la separación de la lingüística y de la crítica literaria, pero la ZrP, por lo que concierne a la crítica literaria, se ha limitado desde el principio a la Edad Media y en la medievalística es siempre difícil separar la lingüística de la crítica literaria (Baldinger 1977, XII). Baldinger afirma que Walther von Wartburg había introducido en la ZrP cuestiones modernas de carácter sincrónico y metodológico, tendencia que el propio Baldinger reforzó a partir de 1958 con la introducción, por ejemplo, de una rúbrica titulada «Discusión de problemas actuales», pero sin renunciar a la tradición de Gröber de la filología crítica concebida en el siglo XIX (Baldinger 1977, XII-XIII). El sucesor de Baldinger fue Max Pfister (vol. 105, 1989 – vol. 115, 1999), el cual en una recensión al último volumen editado por Baldinger valora los méritos de los dos editores precedentes, Walther von Wartburg y Kurt Baldinger (cf. Pfister 2007): ambos contribuyeron a hacer de la ZrP una de las revistas especializadas alemanas más importantes tanto a través de sus propias contribuciones como gracias a su cuidadosa labor de redacción (Pfister 1988, 335). Pfister presenta también una selección de artículos fundamentales 91 que ponen de relieve el papel significativo de la ZrP en la discusión científica; a esto añade una síntesis de la rúbrica introducida por Baldinger y titulada «Discusión de problemas actuales» y señala igualmente algunos estados de la cuestión dedicados a ámbitos concretos de la filología románica y que son especialmente bienvenidos, dada la diversificación y especialización de la disciplina (Pfister 1988, 335–336, 337–338, 338). A partir del año 2000 (vol. 116), predominan los artículos dedicados a la lingüística comparativa románica, a la filología galorrománica (francés y occitano), a la filología iberorrománica (español, portugués, catalán) y a la filología italorrománica (italiano, sardo); son menos numerosos los artículos de crítica literaria y de edición de textos. También aparecen, aunque en un reducido número, algunos artículos sobre el retorromance (romanche, ladino, friulano) y sobre el rumano. La rúbrica «Discusión de problemas actuales» continúa ampliándose (diez artículos a partir del 2000) y se publican cada vez más recensiones-artículo sobre obras de relevancia fundamental.4 Con las monografías publicadas como anexos (más de 40 volúmenes a partir del 2000)5 y con la «Bibliografía románica»6 la ZrP ha consolidado su papel esencial para la filología románica. 4 5 6 El ámbito temático de la ZrP comprende la lingüística románica y también, en alguna medida, la lingüística general que tenga relación con la románica y, dentro del área histórico-literaria, la literatura románica hasta el Renacimiento. Cada año se publican cuatro fascículos que forman un total de 780 páginas. Los Beihefte de la ZrP se encuentran entre las publicaciones especializadas de más renombre de la filología románica (347 volúmenes hasta ahora [= 31.08.2008]; monografías seleccionadas, ediciones, habilitaciones). Cada año aparecen ocho volúmenes. Tanto la dirección, como la tarea de redacción de estos proyectos tiene lugar en Göttingen. La Romanische Bibliographie (RB) se publica cada año en dos o tres volúmenes como suplemento a la ZrP. Abarca los ámbitos de la lingüística y la crítica literaria (con excepción de la crítica literaria francesa). Además, cada año aparece un CDROM con los datos acumulados desde 1997. La documentación se financia con medios internos y externos a la universidad. La finalidad de la RB es seguir siendo fiel a la posibilidad de una filología románica general y comparativa y pretende ser lo más completa posible en la documentación bibliográfica de las disciplinas principales y de sus subdisciplinas contenidas dentro del ámbito general de la Romania; la RB quiere considerarse como una obra de referencia de la filología románica válida frente a las bibliografías (lingüísticas) generales. Para ello se ha creado una red internacional de especialistas externos que residen en Alemania y en el extranjero responsables cada uno de su respectivo ámbito de competencia: Berlín (FU, Instituto Ibero-americano), Göttingen, Hamburgo, Jena, Colonia, Aberystwyth (Gran Bretaña), Bolzano/Bressanone (Italia), Salamanca (España) y Zúrich (Suiza). La activación de esta red ha sido posible gracias a fondos complementarios extrauniversitarios. Hemos conseguido la adhesión de especialistas externos de lingüística y de crítica literaria que, a partir del año 2006/2007 ponen a disposición del centro de documentación de Göttingen los títulos de las investigaciones más relevantes (monografías, actas de congresos y volúmenes misceláneos). Está previsto agrupar 92 a estos estudiosos en los siguientes ámbitos de competencia: lingüística románica (filología románica en general y comparativa), crítica literaria románica general y comparativa, rumano, italiano, sardo, retorrománico (romanche, ladino, friulano), francés, occitano, catalán, español, portugués y brasileño. A finales del año 2006 han aparecido dos volúmenes de índices que contienen los datos de 1992 hasta el año 2002 publicados por la RB, agrupando la información de la versión impresa en cuatro secciones: recensores, personas, autores y temas. 93 94 7. Revistas españolas de romanística 7.1. Panorama general Desde los inicios de la filología en España ha existido un remarcable interés editorial por los temas románicos y prueba de ello son las traducciones mencionadas en el cap. 5. También en el ámbito de las revistas se han producido aventuras editoriales total o parcialmente dedicadas a la romanística comparativa. Las publicaciones que llevan en su título el adjetivo románico o romance son (en orden cronológico de aparición) las siguientes: – Anuari de l’Oficina Romànica de Lingüística i Literatura (AORLL), publicado por la Oficina Romànica de Lingüística i Literatura (1928–1934). En contra de lo que podría parecer indicar su nombre, este anuario publicó prácticamente sólo trabajos dedicados al catalán. Esta orientación estaba ya clara desde el manifiesto que encabeza el primer número de la revista: «Una Universidad Católica en Barcelona no puede mostrarse indiferente al estudio de la lengua y literatura regional. Razón por la cual se ha pensado en crear desde luego la Oficina Romànica, que será a la vez centro de estudio, oficina de investigación y seminario de formación filológica, pues se ha creído que este es el mejor medio de llegar a tener con el tiempo una facultad competente de filología regional. […] La Oficina Romànica desplegará su actividad en tres diferentes sectores: a) investigación científica de la lengua catalana, incluyendo las variedades valenciana y balear; b) formación de la lengua literaria, en especial mediante la solución de los problemas de gramática; c) revisión crítica e historia de la literatura regional» (Griera et al. 1928, 7). Sin embargo, el nombre de Romànica estaba motivado por la intención de encuadrar los estudios catalanes dentro del panorama romanístico: «La Oficina Romànica tiene presentes el parentesco de origen y las relaciones orgánicas de todas las lenguas de la gran familia románica, a que la nuestra pertenece. No ignora tampoco que la doctrina lingüística actualmente construída sobre el estudio de los problemas generales del romanismo es un imprescindible auxiliar de trabajo en la investigación de los problemas particulares de nuestra lengua, así como los datos particulares que puede aportar esta nuestra investigación pueden ayudar a esclarecer los problemas generales de todo el dominio románico. Si bien tienen más interés para nosotros las zonas fronterizas al catalán, como la castellana, en sus variedades aragonesa, central y andaluza por un lado, y por el otro la provenzal en sus variedades langüedociana y gascona. Por lo cual seguiremos 95 siempre con interés los estudios lingüísticos en cualquiera de dichos sectores del romanismo, y aun les daremos gustosa acogida en nuestras publicaciones. El nombre de Oficina Romànica, que hemos adoptado, dice por sí solo que no pensamos encerrarnos dentro de los límites geográficos de nuestra lengua, sino que aspiramos a articular sus problemas particulares con los que son generales a toda la familia románica» (Griera et al. 1928, 9–10). La Oficina Romànica estaba dirigida por el jesuita Ignasi Calveras desde la Biblioteca Balmes y vio dificultadas sus labores con la disolución de la Compañía de Jesús durante la República. Por fin, la guerra civil española acabó definitivamente con la publicación del AORLL: el vol. 7, correspondiente a 1934 apareció en 1935, mientras que el vol. 6, correspondiente a 1933 sólo pudo aparecer de manera incompleta en 1939.1 – Estudis Romànics, publicada por el Institut d’Estudis Catalans de Barcelona (1947-). La trayectoria de esta revista se analizará con detalle más adelante (cf. 7.3.). – Estudios Románicos, publicada por el Departamento de Filología Románica de la Universidad de Murcia (1978-). Publicación de periodicidad irregular. En sus páginas predominan los temas literarios. Ha dado cabida a un extenso homenaje a Luis Rubio (vols. 4–6, 1987–1989), donde tienen una importante presencia los temas murcianos. Igualmente en el vol. 11 se recogen las comunicaciones presentadas al Coloquio Internacional Los géneros literarios medievales: narratividad y lirismo, celebrado en la Universidad de Murcia en 1999. El vol. 13–14 está dedicado al tema Ficción e imágenes: la literatura medieval y su proyección artística. No publica reseñas. – Revista de Filología Románica, publicada por la Sección de Filología Románica de la Universidad Complutense de Madrid (1983-). La orientación de la revista se define en su página web: «La revista incluye todo lo que pueda inscribirse en una perspectiva históricocomparativa y especialmente todo lo que tenga un interés románico general. Se da preferencia a colaboraciones que supongan orientaciones interdisciplinarias, como es el caso de la literatura comparada, o las investigaciones realizadas desde una perspectiva sociolingüística, folklórica o etnográfica» (http:// www.ucm.es /BUCM/revistasBUC /portal /modulos.php?name =Revistas2 _ Editorial&id=RFRM). 1 El vol. 6 contiene exclusivamente trabajos previamente publicados de Pere Barnils, fallecido en 1933. 96 El ritmo de publicación ha mantenido casi completamente una regularidad anual. De los 23 números aparecidos hasta el momento, tres presentan un carácter especial: el nº 14 (1997) está dedicado a la memoria de Pedro Peira; el nº 17 (2000) se ocupa de las Lenguas minoritarias en la Romania. El sardo. Estado de la cuestión; el vol. 21 (2004) es un homenaje póstumo a Álvaro Galmés de Fuentes y Jesús Moreno Bernal, en el que se publican un artículo y unos poemas del primero y cuatro artículos del segundo. Además de los números regulares, la revista ha publicado hasta ahora cuatro números extraordinarios: el primero de ellos apareció en 1991 y se dedicó a Los libros de viajes en el mundo románico; la misma temática es el objeto del volumen publicado en el año 2006 La aventura de viajar y sus escrituras; los otros dos volúmenes extraordinarios son La narrativa en lengua portuguesa de los últimos cincuenta años (2001) e Historia y poética de la ciudad. Estudios sobre las ciudades de la Península Ibérica (2002). Hay que destacar que la Revista de filología románica ha prestado atención en más de una ocasión a la lengua y cultura rumanas, algo que en el contexto de las publicaciones españolas es una rareza: el vol. 16 (1999) está dedicado casi íntegramente a temas balcánicos; en el vol. 20 (2003) la sección Varia se dedica a La literatura rumana como espacio plural; incluso en el vol. 2 (1984) apareció un artículo en rumano (Alexandra Roman-Moraru, «Noi atestări ale palatalizării lui ‹m› în scrisul vechi românesc» [= Nuevos testimonios de la palatalización de ‹m› en los textos rumanos antiguos]). Atendiendo a la natural preferencia de una revista española por los temas iberorrománicos, los artículos del vol. 18 (2001) analizan las fronteras y las situaciones de contacto del gallego, el portugués y el catalán. De la misma manera, como reflejo del interés plurilingüístico que caracteriza a los romanistas, el vol. 19 (2002) se dedica al Año Europeo de las Lenguas y da cabida a trabajos que se interesan por el vasco, y por distintas situaciones de contacto entre lenguas y culturas románicas y no románicas. Los textos publicados están disponibles en la página web de revistas editadas por la Universidad Complutense de Madrid: http://www.ucm.es/BUCM/ revistasBUC/portal. – Anuari de Filologia. Secció G: Filologia Romànica, publicado por la Facultat de Filologia de la Universitat de Barcelona (1990-). La antigua revista Anuario de Filología (1975–1986), que contaba desde su origen con una sección dedicada a la Filología románica, cambió su nombre por el de Anuari de Filologia y se escindió a partir del volumen XIII en siete publicaciones por secciones: Secció A: Filologia Anglesa i Alemanya; Secció B: Estudis Àrabs i Islàmics; Secció C: Llengua i Literatura Catalanes; Secció D: Studia Graeca et Latina; Secció E: Estudis Hebreus i Arameus; Secció F: Estudios de Lengua y Literatura Españolas; Secció G: Filologia Romànica. En ambas épocas la sección de filología románica prácticamente no contie97 ne trabajos comparativos y en sus páginas han predominado hasta ahora los artículos dedicados al francés. Publica pocas reseñas y no en todos los números. El último volumen aparecido es el correspondiente al año 2004; correspondiente a ese mismo año ha aparecido una nueva Secció H: Lingüística. Hay que destacar que la Secció G: Filologia Romànica ha sido una de las más regulares hasta el momento. De cualquier manera, en el momento de escribir estas líneas el Anuari se encuentra en suspenso y a la espera de una remodelación. – Aemilianense: revista internacional sobre la génesis y los orígenes históricos de las lenguas romances, publicada en Logroño por la Fundación San Millán de la Cogolla (2004-). Hasta el momento ha aparecido un único número en el que junto a trabajos de tipo comparativo panromance y otros que hacen honor al nombre de la revista y se ocupan de la transición del latín al romance, aparecen otros más centrados en lenguas de la Iberorromania o en otras lenguas como el francés, el occitano y el retorromance. Estos textos son las comunicaciones presentadas al I Congreso Internacional sobre «Las Lenguas Romances en su Origen» (San Millán de la Cogolla, 17–20 de diciembre de 2003).2 El organizador del congreso, Claudio García Turza, que es también el director de la revista, reproduce en la presentación del volumen algunas palabras suyas pronunciadas con motivo de la inauguración del congreso y que abundan en la necesidad de la perspectiva comparativa: «Somos todos conscientes de que la interpretación científica cabal de las singularidades lingüísticas de los distintos romances en su etapa originaria y primitiva sólo es hacedera si media la comparación entre los rasgos evolutivos de cada uno de ellos. Entiendo que nuestra formación dialectológica, imprescindible muchas veces para abordar con rigor estos temas, ha de verse antes forzosamente acompañada de la oportuna preparación del latinista y del romanista» (García Turza 2004, 9). «El trabajo es desbordante y los especialistas, a mi entender, pocos. […] Mucho tajo para pocas manos, pero desde la unión y la solícita compaña recogeremos frutos abundantes y granados» (García Turza 2004, 10). En la presentación de la revista García Turza daba también la noticia de la decisión tomada por la Fundación San Millán, el Gobierno de la Rioja y el Gobierno de España de crear el Centro Internacional de Investigación de la Lengua Española (para el que recientemente se ha adoptado el nombre de CILENGUA) y ya señalaba que de este nuevo instituto de investigación dependería el futuro de la revista. 2 Todos los artículos, a excepción de la «Presentación», están disponibles en Dialnet (http://dialnet.unirioja.es). 98 El panorama de las revistas españolas interesadas por la Filología Románica no se cierra con las revistas mencionadas. Hay que incluir, al menos, otras dos publicaciones vivas con un papel relevante en la historia de la filología en España, en concreto, la Revista de Filología Española y Verba. Estas dos revistas, junto con los Estudis Romànics se analizarán con algo más de detalle a continuación. 7.2. Revista de Filología Española La Revista de Filología Española (RFE) se creó en 1914 dentro del Centro de Estudios Históricos y estuvo desde el principio fuertemente vinculada al programa investigador diseñado por Menéndez Pidal, que fue su director hasta el vol. 23 (1936). Uno de los temas preferidos de Don Ramón, como es la cuestión de la tradicionalidad de la épica, se encuentra generosamente representado en los primeros años de la revista. Tal y como señalan Alvar/ García Mouton (1988), otros asuntos frecuentes en la primera época de la revista fueron la fonética descriptiva del español, la edición de textos breves, los estudios dedicados a Alfonso X el Sabio y los trabajos de estilística. La RFE superó los años azarosos de la guerra civil española y de la postguerra bajo la dirección de Vicente García de Diego y, tras la desaparición del Centro de Estudios Históricos, pasó a depender del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). En ese período de transición se publicaron dos volúmenes atípicos para la revista, como fueron el homenaje a Nebrija (1945), y el homenaje a Cervantes (1948); esta irregularidad se repitió más tarde con un homenaje a Bécquer (1969).3 Posteriormente la han dirigido Dámaso Alonso (1949–1980), Manuel Alvar (1980–2000) y Antonio Quilis (2000–2004). Desde el año 2005 su directora es Pilar García Mouton. Según cuenta Navarro Tomás (cf. Alcina Franch/Blecua 1975, 173) la RFE nació teniendo como modelo revistas de romanística como la Revue de dialectologie romane o la Zeitschrift für französische Sprache und Literatur. Y en palabras de Catalán (1974, 39): «La RFE, el órgano de los romanistas de Madrid, competía ventajosamente con las mejores revistas especializadas europeas». Sus páginas acogieron artículos de Antonio García Solalinde, en los que analizaba la literatura medieval española en su contexto románico. Igualmente aparecieron en ellas trabajos como el famoso artículo de Amado Alonso sobre la subagrupación románica del catalán y contribuciones de algunos de los maestros de la romanística como Meyer-Lübke, Schuchardt, Jud, Wagner o Spitzer. 3 Los fascículos 3–4 del vol. 72 (1992) aparecieron con el título: El español de América. 99 Pollin/Kersten/Heller (1964) nos ofrecen una clasificación temática de los artículos publicados entre 1914 y 1960.4 En el apartado de Filología románica incluyen catorce trabajos de lexicografía, otros trece bajo la rúbrica de «Estudios varios» y tres más dedicados al francés. Por lo tanto, un total de treinta artículos, doce de los cuales se publicaron después de 1940. A estos hay que añadir los dedicados al gallego-portugués: diecinueve trabajos lexicográficos (diez de ellos son breves notas etimológicas de Leo Spitzer); cuatro estudios varios (uno de ellos obra de Armando de Lacerda y María Josefa Canellada y publicado en cuatro fragmentos); igualmente hay que contemplar los trabajos de temática catalana: veintidós trabajos lexicográficos (de nuevo seis de ellos obra de Spitzer) y ocho estudios varios. En 1988 la dirección de la revista concebía el proyecto de la siguiente manera: «En cuanto al contenido futuro de la revista, tendrá que ver, naturalmente, con la filología (lingüística histórica, historia literaria, fundamentalmente medieval y de la Edad de Oro) y con los estudios sincrónicos de carácter descriptivo, sin olvidar que otras revistas especializadas permiten descargar a la RFE de parte de estos trabajos. Bien entendido que se pretende dar continuidad a la obra de Menéndez Pidal y sus discípulos y heredar, sin ruptura, todo lo que prestigió a la ciencia filológica de España» (Alvar/García Mouton 1988, 203).5 La temática de los artículos y notas de los volúmenes 68–86 (1988–2006) es la siguiente: filología y literatura historia de historia la lengua interna lingüística sincrónica dialectología romanística otros 46,2 % 10,5 % 12,9 % 2% 1,7 % 3% 23,4 % Como puede comprobarse, estas cifras corroboran la intención manifestada en 1988: por un lado, las contribuciones de historia literaria suman casi la mitad de la publicaciones y en ellas son temas estrella el Libro de Buen Amor, La Celestina y el Quijote; por otro lado, los trabajos de lin- 4 5 Para los volúmenes aparecidos entre 1963 y 1990 puede consultarse Martín Butragueño/Molina Martos (1991). La continuidad con la obra de Don Ramón se recoge también de manera explícita en la información de la página web de la revista: «Fundada por Ramón Menéndez Pidal en 1914, publica trabajos y estudios sobre temas lingüísticos y literarios en la tradición de la Escuela Española de Filología, lo que la convierte en un instrumento de trabajo imprescindible para el especialista» (http://www.ile.csic.es/ publicaciones.html?#rfe). 100 güística histórica (en los que podemos incluir los dedicados a la dialectología y a la romanística) alcanzan el 37,6 %. Por último, probablemente es significativo que en los primeros 10 volúmenes del período 1988–2006 la lingüística sincrónica representa un 15 % del total, mientras que en los 9 últimos volúmenes su presencia se reduce al 10,1 %. Habrá que observar atentamente cuál es la evolución de la RFE, que parece anunciarse en una frase recientemente introducida en la página de créditos (nº 86, 2006): «A lo largo de su trayectoria, la RFE, que acoge trabajos de filología española, se ha ido adaptando a los cambios que ha experimentado la Filología misma». Junto a la revista se publica una serie de Anejos en la que han aparecido obras de indudable valor: bastará con recordar que el número 1 de la serie fue la primera edición de Orígenes del español de Menéndez Pidal. Su contribución a la difusión de la romanística en España fue también decisiva gracias a la publicación de una serie de manuales entre los que destaca la Introducción a la lingüística románica de Meyer-Lübke, la Introducción al latín vulgar de Grandgent o la Diferenciación léxica de las lenguas románicas de Rohlfs. Por último, no hay que pasar por alto que en la serie de Anejos se publicaron las Actas del XI Congreso Internacional de Lingüística y Filología Románicas (Madrid, 1–9 de septiembre de 1965). Otra contribución importante de la revista es su sección bibliográfica. La bibliografía existe desde el primer número y desde el volumen 27 (1943) se puede leer en la página de créditos que la RFE «da información bibliográfica de cuanto aparece en revistas y libros, españoles y extranjeros, referente a la filología española»; a partir del año 2003 se modifica la redacción en un sentido restrictivo: «da información bibliográfica de cuanto aparece en las revistas de la Biblioteca de Filología (CSIC), referente a los contenidos de la RFE»; afirmación que se aclara en 2005: «da información bibliográfica de cuanto aparece en las revistas que recibe la Biblioteca de Filología (CSIC) en relación con los contenidos de la RFE». Por último, desde 2006 se lee: «Proporciona la información bibliográfica relacionada con sus contenidos que aparece en las revistas recibidas por la Biblioteca de Filología (CSIC)». La organización de la bibliografía ha cambiado varias veces a lo largo de la historia de la revista, pero siempre se ha mantenido una sección dedicada a la Lingüística Románica (originalmente con el título de Filología románica o de Filología románica atingente a la hispánica). 7.3. Estudis Romànics Tras la guerra civil española se suprimió el Institut d’Estudis Catalans (IEC), lo cual supuso un severo golpe a la filología catalana. Sin embargo, el IEC siguió funcionando de manera clandestina y una de las primeras actividades de la sección filológica fue la organización de una revista: Estudis Romànics. 101 La revista fue fundada en 1947 por Ramon Aramon i Serra6 y publicó veinte volúmenes entre 1947 y 1987.7 Aramon la puso en marcha «para poner de manifiesto que el hecho catalán tiene una fuerza histórica y moral capaz de resistir a ataques poderosos, y que la causa catalana, fuera de nuestras fronteras, cuenta con la ayuda de mucha gente que conoce nuestra historia y nuestros derechos. Por elementales razones de viabilidad la revista no podía llevar en aquella época el nombre de ‹lengua y literatura catalanas›, por ejemplo, pero sí podía llevar el de ‹estudios románicos› (con este adjetivo que incluye al específico catalán)» (Badia i Margarit 2007c, 27). Con esta publicación se consiguió en parte superar un cierto aislamiento y establecer vínculos con los romanistas y catalanistas europeos. Durante los cuarenta años de dirección de Aramon i Serra (cf. Carbonell i de Ballester 2000; Badia i Margarit 2000b; Massot i Muntaner 2001; Colón Domènech 2001) la revista, que era prácticamente una tarea individual, no pudo publicarse con una periodicidad regular: hasta el volumen 7 (1959–1960) se presentó como bianual, aunque el ritmo de publicación real solía ser más lento; los volúmenes 8–13, correspondientes al período 1961–1968 albergaron tres homenajes, cada uno de ellos repartido en dos volúmenes, dedicados a Lluís Nicolau d’Olwer (1888–1961), Jordi Rubió i Balaguer (1887–1982) y Pompeu Fabra (1868–1948);8 por último, los volúmenes 14–20 ya no respondieron a ninguna regularidad – 14 (1969), 15 (1970), 16 (1971–1975), 17 (1976–1980), 18 (1981–1983), 19 (1984–1986), 20 (1987–1991) – acompañada de una aparición real descompensada (p. ej. los volúmenes 17–19 vieron todos la luz en 1986). 6 7 8 El primer volumen (1947–1948) apareció con pie de imprenta de diciembre de 1949. Las dificultades de aquella fase inicial aparecen brevemente señaladas en Carbonell i de Ballester (2000). Hay que señalar que el IEC ya había publicado dos volúmenes de una revista con este mismo título (1916 y 1917) (cf. Badia i Margarit 2007b, 27 n.8), pero Aramon no presentó su revista como una continuación de la antigua y dio el número 1 al primer volumen editado por él. Estudis de llatí medieval i de filologia romànica dedicats a la memòria de Lluís Nicolau d’Olwer (vols. 8 y 9, 1961); Estudis de literatura catalana oferts a Jordi Rubió i Balaguer (vols. 10 y 11, 1962–1967); Estudis de lingüística i de filologia catalanes dedicats a la memòria de Pompeu Fabra en el centenari de la seva naixença (vols. 12 y 13, 1963–1968). Los 48 artículos del homenaje a Nicolau d’Olwer hacen honor al título y presentan una variada distribución de lenguas: la mayoría (18) están dedicados a temas catalanes, seguidos por nueve trabajos de temática latina; tres artículos son comparatistas; y, por último, hay contribuciones consagradas al provenzal (7), italiano (6), español (3), portugués (1) y francés (1). En los homenajes a Rubió i Balaguer y a Fabra era previsible que el grueso de las contribuciones atendiera sólo al catalán, sin embargo, hay que destacar siete artículos comparatistas en el homenaje a Fabra, al lado de otros cuatro de temática castellana, provenzal o francesa. 102 Los trabajos publicados en los ER han tenido mayoritariamente una temática catalana (por ejemplo, en el primer número se publicaron once artículos, diez de los cuales se movían en este ámbito, mientras que el artículo restante trataba un tema del español). Por otro lado, en esta primera fase de la revista la orientación era también predominantemente filológica. Por lo que se refiere a los trabajos comparativos, en los veinte volúmenes sólo se pueden detectar cuatro artículos que podrían entrar en esta categoría (sin contar los mencionados en la n. 8): Fritz Krüger, «Alte Erntegeräte in der Romania» (= Antiguos instrumentos de la cosecha en la Romania) (vol. 2); Hans-Georg Koll, «Lingua latina, lingua roman(ic)a und die Bezeichnungen für die romanischen Vulgärsprachen» (= Lingua latina, lingua roman(ic)a y los nombres de los romances vulgares) (vol. 6); Curt J. Wittlin, «Manuals americans recents de lingüística romànica» (vol. 17); Rudolf Brummer, «Die ‹vitia principalia› als allegorische Gestalten bei einigen Autoren des XIII. Jahrhunderts: Huon de Méry, Rutebeuf, Ramon Llull, Bono Giamboni» (= Los ‹vitia principalia› como formas alegóricas en algunos autores del siglo XIII: Huon de Méry, Rutebeuf, Ramon Llull, Bono Giamboni) (vol. 19). Aunque en la abundante sección de recensiones (que mayoritariamente eran sólo breves notas) predominan los libros de temática iberorrománica, en ella puede detectarse también, sobre todo en los primeros números, alguna presencia de la temática panrománica (recensiones de obras como las de Bourciez, Entwistle, Kuhn…), así como la atención a publicaciones relativas al latín (obras de Meillet, Devoto, Bassols, Sommer, Ernout, Pisani, Díaz y Díaz…) o a otras lenguas románicas (Rheinfelder, Rohlfs, Revue des langues romanes, Migliorini, Gardette, Wagner, Pop…). A partir del vol. 4 empiezan a aparecer recensiones a obras de lingüística general (Jespersen, Bloomfield, Coseriu, Jakobson, Halle…), sobre todo debidas a Josep Roca i Pons. El número de recensiones publicado nos da otro índice de la vitalidad de la revista. El ímpetu de las setenta y cinco recensiones aparecidas en el primer volumen no se vio nunca superado en la primera época. Hasta el vol. 5 las recensiones rondaron la cincuentena, para caer a cifras que ya no superaban la veintena a partir del vol. 6 (con la sola excepción del vol. 16). En los últimos años la situación se volvió mucho más dramática: los volúmenes 17 y 20 aparecieron sin recensiones y los volúmenes 18 y 19 publicaron sólo nueve cada uno. La lista de estas últimas recensiones nos indica la pérdida de identidad de la revista por aquellos años: las del volumen 18 (1981–1983) se deben en su mayor parte a Roca i Pons y están dedicadas a introducciones a la lingüística o a su historia (Malmberg, Dinneen, Robins) y a dos obras de Chomsky y Comrie respectivamente; también en el volumen 19 (1984–1986) Roca i Pons vuelve a ser el colaborador más asiduo con tres recensiones (Mounin, Lyons, Padley); junto a ellas se publica una dedicada al nomenclátor de municipios del País Vasco, una a un trabajo de Kremnitz sobre las minorías lingüísticas en Francia y cuatro recensiones de tema catalán. 103 El decurso normal de la revista parece haber durado sólo hasta el volumen 6 (1957–1958). A partir de ese momento los números aparecidos empiezan a resultar atípicos. Por un lado, ya se ha mencionado que la revista acogió tres homenajes. El primero de ellos, correspondiente a los volúmenes 8 y 9 se publicó en 1961, es decir, antes que el volumen 7, aparecido en 1964. En este volumen 7 se publicaron sólo tres artículos, uno de ellos de casi 100 páginas de extensión. Este formato de pocos artículos y algunos de ellos de una enorme amplitud (de hecho son tesis doctorales) se continuó en los volúmenes 14–20, con la única excepción del vol. 16 (1971–1975). En el vol. 14 (1969) se publicaron sólo dos artículos: uno de ellos era la primera parte del trabajo de Dieter Kremer «Die germanischen Personennamen in Katalonien: Namensammlung und Etymologisches» (= Los nombres de persona de origen germánico en Cataluña: colección de nombres y etimologías), que ocupaba las páginas 1–245, mientras que el segundo se extendía sólo a través de cuatro páginas. Igualmente, el volumen 15 (1970), que es el más breve de toda la serie, ya que ocupa sólo 181 páginas, contenía tres artículos: la continuación del trabajo de Kremer (páginas 1–121), seguido de dos breves contribuciones de Aebischer y Gamillscheg. El volumen 17 (1976–1980; publicado en 1986) fue, junto con el 20, el más atípico, ya que ambos se construyeron con tres y, respectivamente, cuatro artículos y sin recensiones. De nuevo nos encontramos en el vol. 17 con un artículo de dimensiones desmesuradas («El Parlar de la Codonyera. Resultats d’unes enquestes» de Artur Quintana i Font, páginas 1–253). La costumbre de los artículos largos se continuó en los tres números siguientes, que fueron los últimos de la primera etapa. El trabajo «Els Valencians de la Restauració. Estudi sobre la composició de la societat valenciana del 1874 al 1902» de Ricard Blasco i Laguna se publicó en dos partes: vol. 18 (1981–1983), páginas 1–211 y vol. 19 (1984–1986), páginas 1–183. Por último, de los cuatro artículos del volumen 20 (1987–1991) dos superaban las cien páginas: «Sprach- und Nationalbewusstsein in Katalonien während der Renaixença (1833–1891)» (= Conciencia lingüística y nacional en Cataluña durante la Renaixença (1833–1891)) de Irmela Neu-Altenheimer (páginas 1–348); «‹L’Ignorancia›: aproximació al quadre de costums de Mallorca (s. XIX)» de Gabriel Juan i Galmés (páginas 437–554). La revista dejó de publicarse entre 1991 y el año 2000.9 Durante esos años el IEC se planteó en varias ocasiones retomar la publicación, que no fue un 9 El volumen 21 debería contener los índices de los veinte primeros; sin embargo, este volumen no ha visto todavía la luz y no está claro si lo hará algún día. En la página web www.iec.cat/pperiodiques se pueden consultar los índices de todos los volúmenes aparecidos (aunque abundan los errores de todo tipo, p. ej. Khun, El bable de Carabanes, o el casi inevitable «Miscel·lània Fabra». Recull de treballs de lingüística catalana i romàntica). En la misma página se pueden obtener archivos pdf de todo lo publicado en la nueva era de la revista, con excepción del número más reciente. 104 hecho efectivo hasta el año 2000. A partir de ese momento dirige la revista Antoni M. Badia i Margarit.10 En esta nueva época los ER han inaugurado una fase de regularidad anual. En el artículo que abre la nueva era de los ER Badia (2000c)11 presenta las dudas que surgieron a la hora de revivir la revista. Por un lado, se planteaba una cuestión de prioridades en las tareas del IEC. Por otro, cabía preguntarse si tenía realmente sentido el proyecto, habida cuenta de la fragmentación de la romanística y del paso a un segundo plano de la lingüística diacrónica. Badia (2000c, 8) manifiesta que uno de los argumentos principales a favor de la continuación de la revista proviene de la situación geográficamente central del catalán dentro de la Romania occidental. Esta posición es el motivo de que el catalán esconda la solución de complicados problemas etimológicos, como frecuentemente ha defendido Germán Colón. Por eso, tiene sentido una revista orientada a romanistas y en la que se dé cabida especialmente a trabajos destinados a hacer accesibles esos datos interesantes del catalán.12 El debate en torno a la continuación de la revista se centró en tres aspectos: 1) el fin de una generación; 2) la pérdida de una relativa unidad metodológica; 3) el conflicto entre filología románica y filologías particulares. Y las respuestas ofrecidas son las siguientes: 1) «Si la romanística se encuentra en una época de epígonos, hay que entender esta palabra de manera positiva, en el sentido de que los que la cultivan saben de dónde vienen (y, por eso, saben a dónde van)» (Badia i Margarit 2000c, 17). 2) «La romanística ha perdido, ciertamente, la exclusividad. Pero se mantiene y se rehace, enriquecida con las aportaciones de otras ciencias del lenguaje, sobre todo en lo que se refiere a la metodología. Y gracias a esta nueva romanística hemos rescatado los contenidos: hoy trabajamos con datos y estructuras de las lenguas románicas, no con rasgos de la lengua inglesa» (Badia i Margarit 2000c, 18). 3) «La filología románica ha hecho realidad la leyenda del aprendiz de brujo. Non omnia possumus omnes. Esto es cierto; pero no lo es menos el dicho catalán: ‹entre todos los haremos todo› […]. Ciertamente se presta más atención a las lenguas particulares que a la romanística de conjunto, pero los estudios dedicados a aquellas siguen siendo la base del tratamiento de esta» (Badia i Margarit 2000c, 19).13 10 11 12 13 Desde el volumen 25 (2003) Joan Veny es director adjunto. El contenido de este artículo se reproduce en buena parte y traducido al castellano en Badia (2007a). Obsérvese que este argumento es el mismo que esgrimían los editores del AORLL. Es obvio que no se puede saber todo, «pero una cosa completamente distinta es que seamos o no conscientes de esta rica diversidad y a la vez de la subyacente e innegable unidad de nuestro común objeto de estudio, el fenómeno del lenguaje humano en todas sus formas y desde todos los puntos de vista» (Varvaro 2003, 366). 105 Desde el artículo con el que Badia abre la nueva época de la revista se lanza «una llamada esperanzada a una Filología románica a la vez tradicional, fortalecida, crítica, abierta y renovada» (Badia i Margarit 2000c, 19). Como consecuencia, el resultado de la continuación de la publicación de los ER es, como deseaba su nuevo equipo director, una nueva revista (Badia i Margarit 2000c, 17) que no pierde su «anunciada y reconocida preferencia por los temas de filología catalana» (Badia i Margarit 2001, 365), pero que amplía claramente su horizonte, tal y como puede leerse en su presentación: «Los Estudis Romànics (ER), de publicación anual, se dedican a la lingüística, la filología, la crítica literaria y las literaturas de la Romania, sin limitaciones de tema, de metodología ni de cronología. Acogen aportaciones globales y particulares de cada lengua» (http://www.iecat.net/pperiodiques/). El perfil que los editores quieren dar a la revista queda claramente de manifiesto en los criterios que sirven para ordenar las contribuciones de cada número: 1) primero los artículos de lengua y después los de literatura; 2) primero los trabajos panrománicos o comparativos y después los que se ocupan de una sola lengua; 3) primero las contribuciones de tema diacrónico y después las de orientación sincrónica; 4) orden fonética - morfología - sintaxis - léxico; 5) primero la historia interna y después la externa, junto con los trabajos de crítica textual (Badia i Margarit 2000b, 316). La nueva época ha traído consigo también cambios en la estructura de la publicación. A las secciones de artículos y reseñas se han añadido dos nuevas de Crónica y Necrologías. Además, se comprueba el interés que la redacción tiene en la sección de Crónica en las repetidas llamadas a la colaboración. En el vol. 24 (2002) aparece una nueva sección Miscelánea y otra de Libros recibidos. En el vol. 26 (2004) aparece una sección con el título de Palestra, donde entran dos artículos de discusión de un tema planteado en un número anterior; en el vol. 27 (2005) esta sección se dedica a las Regles d’esquivar vocables.1415 La temática de los artículos publicados se distribuye de la siguiente manera: Nº de artículos14 catalán español italiano occitano francés gallegoport. Romania15 otros TOTAL 168 66 % 10,1 % 1,7 % 3,5 % 3,5 % 3,5 % 7,7 % 3,5 % Primera época 83 75,9 % 13,2 % 1,2 % 2,4 % 2,4 % Segunda época 85 56 % 2,3 % 4,7 % 4,7 % 14 15 7% 4,8 % 7% 10 % 7% Los artículos aparecidos en dos partes cuentan como dos. No se tienen en cuenta para esta tabla los artículos aparecidos en los tres homenajes. Tampoco se toman en consideración las contribuciones aparecidas en la sección Miscelánea. Aquí se incluyen artículos que comparan al menos dos lenguas románicas. 106 Con esta estadística puede comprobarse que los trabajos dedicados al catalán tienen un peso capital en la revista, aunque la preponderancia absoluta de la primera época se ha visto compensada en la segunda con la mayor atención a otros dominios románicos. 7.4. Verba La revista Verba tiene como subtítulo el de Anuario Galego de Filoloxía. Su propósito inicial fue prestar una especial atención a los trabajos dedicados al gallego y a lo largo de su historia ha sido fiel a esta intención, pero poco a poco ha ampliado también el espacio dedicado a temas de lingüística general y de lingüística castellana. La revista nació en 1974 dentro del Departamento de Filología Románica de la Universidad de Santiago de Compostela, lo cual ha favorecido que la presencia de temas románicos (comparativos o de una sola de las lenguas románicas) se haya mantenido a lo largo de todos los números. Hasta el nº 17 (1990) estuvo dirigida por Constantino García. Tras él se hizo cargo de la dirección Ramón Lorenzo. En 32 números (1974–2005) Verba ha publicado casi 590 artículos y notas. La distribución temática es la que se refleja en la siguiente tabla: gallego español ling. ge- roneral manística francés asturiano italiano latín otros TOTAL 31,7 % 36 % 15 % 4,6 % 4,4 % 1,1 % 2,3 % 3% 1,5 % nº 1–16 43,5 % 23,1 % 11,5 % 4,5 % 6,6 % 2,1 % 2,4 % 4,5 % 1,4 % nº 17–32 20,5 % 48,1 % 18,2 % 4,6 % 2,3 % 0,3 % 2,3 % 1,6 % 1,6 % Como puede comprobarse con estos datos, el gallego y el español han supuesto cada uno en términos totales un tercio del espacio de la revista. Sin embargo, si comparamos los primeros 16 números con los 16 siguientes, se observa un cambio de orientación en la revista caracterizado por un aumento de los trabajos de lingüística general y por un cruce en las preferencias por el gallego y el español: mientras que en los primeros 16 números el gallego era claramente el tema favorecido por la revista, en la segunda mitad el puesto predominante ha pasado a ocuparlo el español. Los trabajos de temas románicos (comparativos) han representado hasta ahora un papel marginal pero estable dentro de la trayectoria de la revista. Tal y como señalan García/Veiga (1988), la revista Verba no se adhiere a ninguna corriente teórica lingüística determinada y hay que destacar que en sus páginas han aparecido trabajos que van desde la fonología estructuralista a la fonología métrica o a la fonología declarativa con el formalismo HPSG. 107 Por último, no conviene olvidar que Verba publica una serie de Anexos, donde han aparecido sobre todo monografías dedicadas al gallego, pero también trabajos de lingüística española y general. 7.5. Conclusiones Con motivo de la aparición de su nº 100 (1988) la revista Romanische Forschungen publicó una serie de 59 retratos de revistas consagradas a la Filología románica. Su intención era la de proporcionar una muestra representativa y la de contribuir a la elaboración de una historia de la investigación romanística. Entre las revistas escogidas se cuentan las siguientes publicadas en países iberorrománicos: Anuario de Letras (Universidad Nacional Autónoma de México, México) Boletín de Filología (Universidad de Chile, Santiago de Chile) Filología (Instituto de Filología y Literaturas Hispánicas «Dr. Amado Alonso» de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, Buenos Aires) Nueva Revista de Filología Hispánica (El Colegio de México, México) Revista de Filología Española (CSIC, Madrid) Revista de Letras (Universidade Estadual Paulista, São Paulo) Revista de Literatura (CSIC, Madrid) Revista Portuguesa de Filologia (Universidade de Coimbra, Coimbra) Thesaurus: Boletín del Instituto Caro y Cuervo (Instituto Caro y Cuervo, Bogotá) Verba: Anuario Galego de Filoloxía (Universidade de Santiago de Compostela, Santiago de Compostela). Si dejamos de lado la Revista de Literatura, que se ocupa prácticamente sólo de literatura española en castellano, las revistas españolas incluidas en esta serie son las dos analizadas con detalle en este capítulo: la Revista de Filología Española y Verba. Falta, sin embargo, la revista Estudis Romànics, quizá porque en el año 1988 no estaba claro si la publicación del IEC seguía viva o no y una de las decisiones adoptadas por los editores de Romanische Forschungen fue la de no incluir revistas que ya no se publicaban o que lo hacían sólo desde un período menor a diez años.16 Como se ha podido comprobar, en España hay un significativo número de revistas que definen su línea editorial claramente en el marco de la ro- 16 Los años ochenta fueron un período de profunda transformación de la sociedad española. Para los ER fueron una época muy inestable, acompañada por cambios en el IEC y por la jubilación en 1989 de Ramon Aramon. 108 manística. Dada la historia de esta disciplina en España (cf. cap. 5.), resulta sorprendente que esto sea así y hay que atribuir la existencia de dichas publicaciones al esfuerzo de sus editores, apoyados por Áreas de Filología Románica relativamente numerosas (como es el caso de las Universidades de Barcelona, Madrid, Murcia y Santiago de Compostela). La elección de las tres revistas analizadas con algo de detalle en este capítulo ha pretendido reflejar, no sólo la presencia de la Filología románica en revistas de distinto tipo y de trayectoria variada, sino también una parte de la historia de la filología en España y de su relación con la realidad románica plurilingüe de su entorno. El modelo de la romanística extranjera sirvió para la fundación de la RFE, que había de ser durante muchos años el órgano de expresión científica más importante y más influyente en el panorama filológico español. A la sombra de la filología concentrada en el español se fueron desarrollando también las filologías catalana y gallega. La primera, de acuerdo con la mayor vitalidad de la lengua, consiguió sacar a la luz durante un breve período el AORLL, que dio cabida a trabajos que todavía son relevantes en la actualidad (como el de Antoni Maria Alcover y Francesc de Borja Moll, «La flexió verbal en els dialectes catalans» o el de Heinrich Kuen, «El dialecto de Alguer y su posición en la historia de la lengua catalana»). Puede decirse que tras la guerra civil los ER de Aramon i Serra retomaron la tarea iniciada por el AORLL.17 En la segunda época de los ER, sin abandonar la preferencia por el catalán, se ha decidido dar una orientación más romanística a la revista, lo cual supone una apuesta valiente y novedosa. Por el lado de la filología gallega, la revista Verba ha modificado su rumbo inicial en lo que se refiere al predominio de temas gallegos y se diferencia además de los ER y de la RFE por su inclinación hacia los trabajos sincrónicos y de teoría lingüística moderna. Para concluir, podría ser interesante hacer la siguiente reflexión: España, por su configuración lingüística, debería ser un país especialmente preocupado por los estudios comparativos de lenguas románicas y, sin embargo, se ha interesado escasamente por proyectos editoriales que abarquen el ámbito plural de lo que por su propia trayectoria histórica le es propio. Frente a revistas como Bulletin of Hispanic Studies (Department of Hispanic Studies, Liverpool) o Iberoromania: Zeitschrift für die iberoromanischen Sprachen und Literaturen in Europa und Amerika (Niemeyer, Tubinga), que aspiran a cubrir las distintas lenguas de España y Portugal con sus proyecciones europeas, el término Hispanística se interpreta en España sólo como estudio del español, mientras que el término Iberorromanística, como ya se ha mostrado 17 De hecho Aramon era ya un asiduo colaborador del AORLL: desde el vol. 2 era coautor de la Bibliografía de lengua y literatura catalana, de la que fue único responsable en los vols. 5 y 7; suyas eran también numerosas de las recensiones publicadas. Además, Aramon estuvo estudiando Filología románica en Leipzig con una beca de la Biblioteca Balmes, editora del AORLL. 109 (cf. cap. 5.), está poco presente en la conciencia filológica de la Universidad española.18 La respuesta a por qué se da esta situación no es simple y no es este el momento de extenderse en disquisiciones. Bastará con apuntar que es inevitable que en un territorio donde se hablan varias lenguas surjan tensiones lingüísticas (más o menos fuertes, más o menos politizadas, más o menos conscientes y más o menos prácticas) entre las distintas comunidades de hablantes y que una disciplina como la romanística (o en este caso la iberorromanística) puede cumplir también, más allá de sus tareas meramente científicas, una función social al contribuir a crear una opinión de convivencia e interés mutuo por las distintas realidades lingüísticas. 18 No deja de ser irónico que lo que desde la perspectiva de un español podría valorarse como un logro de la visión comparatista, en concreto, la existencia de una revista como Iberoromania, se considerara como un acto de separación en el ámbito germánico en el que nació. También a modo de anécdota, hay que anotar que Iberoromania, tras un breve período inicial en la editorial Hueber, pasó a publicarse en la editorial Alcalá de Madrid, donde sólo duró cuatro números, hasta que encontró de nuevo refugio en tierras germánicas (cf. Briesemeister 1988). 110 8. Historia de las gramáticas histórico-comparativas de las lenguas románicas En la romanística se ha impuesto una división en dos grandes géneros textuales dedicados a la diacronía de las lenguas románicas. Por un lado, nos encontramos con gramáticas históricas, cuyo modelo se fija con las gramáticas de Diez y Meyer-Lübke (cf. 8.1. y 8.2.). Por otro lado, tenemos las historias de la lengua. Esta división se corresponde con la separación entre historia interna e historia externa (Lüdtke 2005a, 51–52); cf. cap. 9. n. 14. Las historias de la lengua suelen adoptar un punto de vista monolingüe1 y, por este motivo, podría decirse que el producto que concentra todas las esencias de la romanística comparativa es la gramática histórica. De hecho, durante buena parte de los primeros tiempos de existencia de la disciplina los romanistas dedicaron numerosos esfuerzos a la producción de gramáticas históricas, sea de cada una de las lenguas románicas, sea de gramáticas histórico-comparativas. Las obras más relevantes de este segundo tipo son el objeto de estudio de este capítulo.2 1 2 Una excepción es Hall (1974), que forma parte de un proyecto más amplio (cf. 8.6.). Hall escoge algunos puntos esenciales (p. ej. la formación de lenguas estándares, la creación de academias, la influencia de la industrialización) y analiza lo que hay de común en la evolución externa de las distintas lenguas románicas. Igualmente Lindenbauer/Metzeltin/Thir (21995) y Metzeltin (2004) intentan una renovación en la manera de tratar la historia de las lenguas románicas, centrándose, por un lado, en la estandarización de las lenguas y, por otro, en los procesos de divergencia y convergencia de las distintas lenguas en el ámbito de la fonética, la morfología y la sintaxis. En el trabajo de Posner (2001) se analizan con mayor o menor detalle algunas obras que no son estrictamente gramáticas históricas y que, por consiguiente, no se mencionarán en este capítulo, como por ejemplo las obras de Raynouard, Diefenbach, Lewis, Gröber, Bourciez o Tagliavini. Malkiel (1972, 892 n. 50) presenta de la siguiente manera la obra de Bourciez: «En un punto más bien tardío de su larga vida (1854–1946) É. Bourciez escribió una obra que se ha convertido en un clásico: los Elementos de lingüística románica (París, 1910) […]. Aunque no puede decirse que fuera un investigador de primera línea (su investigación original se limitó al gascón – algo muy adecuado para un profesor de Burdeos), tenía una extraordinaria destreza para sintetizar, destilar, diluir y presentar la materia de manera apetecible incluso para un caprichoso paladar humanista. […] En este libro consigue un buen balance entre un comparatismo y una reconstrucción correctos, por un lado, y una serie de presentaciones individuales de algunas lenguas en varios puntos concretos. También consigue reconciliar el análisis diacrónico (es decir, 111 Como punto de partida convendrá tomar la definición que nos ofrece Malkiel de este tipo de producción lingüística: «Podemos definir una gramática histórica como una presentación formal de datos estrictamente lingüísticos pertenecientes a la estructura más que al léxico y analizados desde una perspectiva diacrónica; es decir, la gramática presupone al menos dos conjuntos paralelos de formas separadas por un período de tiempo lo suficientemente amplio como para que hayan cristalizado claros contrastes entre las formas correspondientes, si no en cada caso concreto, al menos sí a gran escala» (Malkiel 1960, 322). Podemos subrayar dos aspectos de la definición de Malkiel de los que derivar algunos de los rasgos fundamentales de lo que vamos a considerar una gramática histórica: 1) Se trata de presentar datos de la estructura interna de las lenguas. Una gramática histórica es, en primer lugar, un libro de consulta, donde el investigador puede encontrar reunidos los datos del cambio lingüístico. Por lo tanto, no se trata de datos organizados al azar, ya que toda gramática aspira a un cierto grado de exhaustividad y de equilibrio en el material analizado. 2) Se trata de datos de la estructura. La gramática histórica se ocupa del cambio de las formas de las lenguas y es, en realidad, más diacrónica que realmente histórica (cf. 9.3.1.). En el trabajo citado, Malkiel traza una tipología de las gramáticas existentes hasta ese momento y se sirve de cuatro grandes parámetros para su análisis. Estos parámetros son los siguientes: 1) el alcance de la obra, 2) el grado de exhaustividad, 3) la disposición general de la materia y 4) la ordenación de los datos.3 Veamos a continuación con algo de detalle los efectos y las posibilidades de estos cuatro aspectos: 1) El alcance de la obra se puede medir en función de varios puntos de vista: a) el número de lenguas comparadas (aquí se incluyen también factores como el orden en el que se tratan los datos, la formación de subgrupos de lenguas para el análisis, el tratamiento exclusivo de la lengua literaria o la inclusión de variedades regionales y dialectales); b) el período de tiempo analizado: Malkiel toma en consideración el período total y también la subdivisión temporal en la estructura de 3 la lingüística pura) con presentaciones del desarrollo externo y con todo tipo de bosquejos del contexto del cambio (es decir, la historia de la lengua)». En su detallado y detallista estudio Malkiel se sirve también de parámetros que a primera vista podrían parecer menos relevantes, como son los distintos aspectos de la presentación (el estilo, la ejemplificación, el uso de diferentes recursos tipográficos) o la relación con otros géneros de investigación lingüística (en especial con la historia de la lengua). 112 la obra (por ejemplo, tiene en cuenta si existe una separación de una fase protorromance); c) la dirección del análisis (latín ĺ romance; latín ĸ romance): como señala Malkiel, el segundo orden se ha dado en algunas obras de carácter didáctico, pero con poco éxito. 2) El grado de exhaustividad pretendido por la gramática: a) puede tratarse una sola disciplina (p. ej. la fonología), pero en tal caso difícilmente podríamos hablar de una gramática histórica pura; b) cuando el tratamiento es multidisciplinar la tradición ha impuesto la división en fonología, flexión,4 formación de palabras y sintaxis; son mucho más marginales la semántica, la poética o la prosodia; c) Malkiel observa la existencia de divisiones binarias: fonología (vocales / consonantes), flexión (nominal / verbal), formación de palabras (derivación / composición), sintaxis (sintagma / oración); igualmente señala el problema de la vinculación de la gramática con el léxico; d) una interesante vía de expansión del género consiste en el desarrollo de la grafemática; e) por último, Malkiel se hace eco de un problema de buen número de obras, que presentan un alto grado de descompensación en el espacio que dedican a las distintas partes (por ejemplo, la sintaxis casi siempre suele salir perdiendo frente a la morfología y la fonología; y lo mismo le sucede a la formación de palabras frente a la morfología flexiva). 3) La disposición general de la materia: a) la disposición tradicional consiste en analizar cada rasgo por separado; sin embargo, sea la que sea la disposición adoptada, el tratamiento de los datos lleva siempre a tomar multitud de decisiones clasificatorias particulares, ya que el grado de interacción entre los cambios es muy importante; uno de los casos paradigmáticos es el de los fenómenos de sandhi; otro apartado que no suele encontrar su sitio en el esquema tradicional es el de la morfofonología; b) la disposición por tipos de cambio (asimilación, disimilación, pérdida, confusión…) puede llevar a una tipología del cambio lingüístico; Malkiel señala que este tipo de organización haría, por una parte, más difícil la consulta de la obra y, por otra, le restaría utilidad para un filólogo o un etimologista, sin embargo podría aumentar expo- 4 «Probablemente hay más de cien manuales sólo en el dominio románico – algunos de ellos tocados simplemente de una efímera notoriedad – que incluyen un escueto bosquejo de la fonología y la flexión. Quizá este tipo de manual, especialmente si está dotado de una perspectiva poco imaginativa, si carece de todo mordiente analítico y si toda su información es meramente heredada, haya contribuido más que cualquier otro factor a difundir la mala fama de aridez de la que goza la investigación en gramática histórica entre los impacientes humanistas» (Malkiel 1960, 339). 113 nencialmente su valor como instrumento de investigación puramente lingüística;5 c) otro recurso habitual es el de la jerarquización de los cambios, por ejemplo en el siguiente orden: genuino cambio fonético (en el sentido de drift de Sapir 1954/1921, cap. 7), accidenti generali (cambios pancrónicos), procesos de analogía, efectos de la difusión, efectos de la expresividad (reacción ante la homonimia, tabú, usos formulistas); otros posibles criterios dinámicos de clasificación pueden ser: la periodización o el grado de regularidad del cambio; d) otro recurso dispositivo es la separación de distintos estratos (p. ej. latín, germánico, árabe, eslavo), en un procedimiento que encontramos más frecuentemente en las historias de la lengua; otra disposición puede derivarse de la agrupación de los cambios en algún tipo de sistema al estilo del estructuralismo. 4) La ordenación de los datos: a) las vocales suelen ordenarse en función de los factores que influyen en su evolución: acento, tipo de sílaba, contacto con sonidos nasales, posición dentro de la palabra… Diez ordena las vocales alfabéticamente; Meyer-Lübke por grado de abertura y por posición anterior vs. posterior; como señala Malkiel (1960, 372): «las vocales átonas han sido las hijastras de los fonólogos»; b) la ordenación de las consonantes ofrece muchas posibilidades: Diez da una cierta prominencia al punto de articulación frente al modo y trata las consonantes de manera individual, mientras que MeyerLübke introduce un cambio importante al tratar las consonantes en función de la posición dentro de la palabra y da más importancia al modo que al punto de articulación; c) en la morfología el orden tradicional es: flexión nominal – conjugación. Si tomamos en consideración los dos primeros criterios (alcance y grado de exhaustividad), las obras de Diez y Meyer-Lübke son dos hitos que se divisan a lo lejos y a los que han seguido otras obras que han colocado su listón mucho más bajo en estos dos puntos. En la disposición general de la materia y en la ordenación de los datos ha habido algunas novedades en el siglo XX y es en este campo donde la variación es más interesante, ya que de las decisiones tomadas en estos aspectos depende buena parte del valor heurístico de las obras. 5 Malkiel considera digno de atención el esquema adoptado por Cuervo (1944) en el capítulo que dedica al cambio fonético y que básicamente es el siguiente: A) Cambio espontáneo: 1. Vocales. 2. Consonantes. 3. Cambios especiales (adelantamiento, vocalización, consonantización, pérdida, aspiración, intercambio, confusión y falsa regresión). B) Cambio combinatorio: 1. Sonidos en contacto. 2. Sonidos a distancia. 114 8.1. Diez Friedrich Diez (Gießen 1794 – Bonn 1876) enseñó romanística y germanística en Bonn a partir de 1823 y frecuentemente es considerado como el fundador de la filología románica.6 Su gramática histórica apareció con el título de Grammatik der romanischen Sprachen (= Gramática de las lenguas románicas), 3 vol., Bonn, Weber, 1836–1844. La obra conoció varias ediciones en vida del autor: 21856–1860, 31870–1872. Tras su muerte aparecieron otras dos ediciones: 41876–1877, sin modificaciones con respecto a la tercera; 51882, con paginación correlativa de las tres partes. Como anexo a la gramática apareció el volumen Romanische Wortschöpfung (= Creación de palabras en romance), Bonn, Weber, 1875, en el que Diez estudia el destino del léxico latino en las lenguas románicas, así como los procesos de creación léxica románica. La tercera edición de la gramática fue traducida al francés por Auguste Brachet (volumen I), Alfred Morel-Fatio (volúmenes II, III) y Gaston Paris (volúmenes I, II, III) con el título de Grammaire des langues romanes, 3 vol., Paris, Franck, 1874–1876; esta traducción cuenta con una reimpresión: Genève, Slatkine, 1973. Diez escribió su gramática siguiendo el modelo de la Deutsche Grammatik (= Gramática alemana), 1819, de Jacob Grimm y el mismo modelo sirvió para el nacimiento de la lingüística eslava (Miklosich), céltica (Zeuß) y griega (G. Curtius).7 La obra de Diez trajo consigo dos aportaciones importantes al ámbito de estudio de las lenguas románicas. En primer lugar, hizo de la regularidad del cambio fonético el fundamento para la investigación de la morfología y la etimología, de acuerdo con lo que se llamaba en aquel entonces el «método crítico». En segundo lugar, demostró que las lenguas romances se originan en el latín vulgar, frente a la opinión de Raynouard, para quien el origen estaba en el provenzal. De hecho, Diez puso las bases del modelo de lingüística románica que se iba a practicar a partir de él, ya que tuvo la virtud de dominar la historia compleja de una serie de lenguas que constituyen un conjunto. Los rasgos fundamentales del modelo difundido por él son dos: 1) el tratamiento global de ese grupo de lenguas y dialectos y 2) el estudio de varios niveles lingüísticos, como son la fonética, la morfología, la sintaxis y el léxico (Swiggers 2003, 55). Los dos rasgos señalados por Swiggers quedan claramente expresados en el prólogo al primer volumen de la obra. 6 7 Para una visión completa de la vida y la obra de Diez, cf. el excelente capítulo que le dedica Varvaro (1988/1968, 45–65). El título de la obra de Grimm hay que interpretarlo de la siguiente manera: Deutsche = germánica; Grammatik = gramática histórica. En la obra de Diez el término Grammatik tiene el mismo significado histórico que en la de Grimm. 115 «El presente libro se dedica a un ámbito adecuado tanto por su expansión geográfica como por su patrimonio literario y tiene principalmente el objetivo práctico de favorecer el estudio científico basado en las causas de los fenómenos tanto de cada lengua particular como de todas las pertenecientes a dicho ámbito» (Diez 1836–1844, vol. 1, iii). En su gramática Diez se ocupa de manera bastante sistemática de seis lenguas: italiano, rumano (al que llama valaco), español, portugués, provenzal y francés; esporádicamente atiende también al catalán, al sardo y al romanche. La descripción se organiza en función de los fenómenos lingüísticos y dentro de cada uno trata las lenguas siempre en este mismo orden (Metzeltin/ Gritzky 2003, 23).8 Por lo que se refiere a las partes que debe contener una gramática, Diez diseña desde el principio la siguiente división: «La investigación histórica de lenguas derivadas tomada desde todos los puntos de vista contendría los siguientes componentes: 1) Crítica de la materia, para saber si se han mezclado elementos extranjeros y si han influido en la conformación del elemento autóctono. 2) Historia de la forma de las letras, la formación de palabras y las flexiones. 3) Presentación de la sintaxis con atención a las reglas de la lengua madre. 4) También hay que tratar el cambio en el significado; es cierto que a esta parte de acuerdo a su esencia no se le ha otorgado una presentación sistemática, sin embargo puede mantener su valor como colección ordenada de hechos» (Diez 1836–1844, vol. 1, iii).9 Tal y como atestiguan las sucesivas ediciones y la traducción al francés, la gramática de Diez fue durante mucho tiempo la obra de mayor autoridad en la materia.10 Además, las distintas ediciones de la obra supusieron mejoras interesantes en la parte de fonética histórica: en la primera edición (1836) hay una larga descripción de las convenciones ortográficas de las distintas lenguas (páginas 91–113), que se suprime en las ediciones posteriores; frente 8 9 10 Esto es aplicable al volumen de fonética, donde, tal y como Diez señala en el prólogo, el rumano y el italiano aparecen convenientemente uno al lado del otro. Para las demás partes de la gramática el orden de aparición de las lenguas suele ser: italiano, español, portugués, provenzal, francés y rumano. Sorprende, por lo tanto, la afirmación de Diez en el prólogo al tercer volumen: «Cuando publiqué en el año 1836 el primero y en el año 1838 el segundo volumen de esta obra no tenía intención de ocuparme también de la sintaxis y, por este motivo, introduje en el segundo volumen más aspectos sintácticos de los estrictamente necesarios. Sin embargo, muy pronto tras la finalización de dicho volumen me pareció deseable la adición de esta parte de la gramática para completar el conjunto interna y externamente» (Diez 1836–1844, vol. 3, iii). El volumen que más modificaciones sufrió fue el primero, que pasó de ocupar 334 páginas en la primera edición (1836), a tener 481 en la segunda (1856) y hasta alcanzar las 514 en la tercera (1870). El volumen de morfología también aumentó sus dimensiones desde las 416 de la primera edición (1838), a las 470 de la segunda (1858) y las 501 de la tercera (1876). El tercer volumen, consagrado a la sintaxis, fue el menos modificado: 451 páginas en 1855; 476 en 1860 y 488 en 1877. 116 a esto, en la segunda edición (1856) se presta más atención a la pronunciación y en la tercera (1870) Diez distingue entre evoluciones cultas y populares (cf. Posner 2001, 534). A pesar de todo esto, Posner (2001, 535) relativiza los éxitos de Diez: «En el primer volumen (1836) no se ve apenas la revolución metodológica de la que hablan los manuales de historiografía lingüística, a no ser que se considere que la insignia de la nueva metodología consiste en empezar por la fonología, como hace Grimm. La parte fonológica, incluso después de las revisiones, no tiene hoy más que un interés arqueológico y se reduce de hecho prácticamente a una acumulación de ejemplos». La obra de Diez (1836) se abre con un análisis de los componentes de las lenguas románicas centrado en el origen del léxico. En esta parte, tras demostrar que el latín es la fuente fundamental para las lenguas románicas, atiende en primer lugar a los elementos griegos y germánicos que se han incorporado a las lenguas románicas y luego realiza un análisis particular lengua por lengua. En la segunda edición introduce una presentación de la distribución geográfica de las seis lenguas estudiadas, con la adición de los dialectos réticos. En estos aspectos Diez establece un modelo organizativo que se repetirá en algunas de las obras posteriores. En la primera edición la fonética histórica se organiza en dos grandes apartados en los que Diez trata, en el primero, los sonidos latinos y en el segundo los sonidos germánicos, con un suplemento sobre los sonidos árabes en español. Sin embargo, ya a partir de la segunda edición cambia la disposición y, tras un capítulo dedicado a los sonidos de las lenguas que sirven de fuente para las románicas (latín, germánico y árabe), se analizan los sonidos de las seis lenguas que Diez toma en consideración, con lo cual hay una cierta relajación de la perspectiva estrictamente comparativa. También hay que destacar que en la segunda edición se amplió considerablemente el espacio dedicado a la prosodia, pasando de siete páginas (116–122) a veintisiete (454–481); como señala Malkiel (1960, 340) esta práctica encontró escasos continuadores entre los autores de gramáticas históricas. Varvaro (1988/1968) destaca que Diez ofrece un tratamiento ordenado y claro de los datos, que permite reconocer el carácter panrománico de muchos fenómenos, aunque en ocasiones tenga que hacer concesiones a la simplificación. En definitiva, el mérito de Diez consiste, más que en explicar, en ordenar y clasificar. La parte dedicada a la morfología flexiva no es muy del gusto de Posner (2001, 535), quien señala que hay poca comparación auténtica, ya que más bien nos encontramos con una presentación lengua por lengua. Varvaro (1988/1968, 60), por su parte, la mira con ojos mucho más benevolentes: «En el estudio de la morfología la conciencia de una precisa organización sistemática hace que Diez no parta de cada una de las formas latinas para descender hasta las romances; aquí, tras una serie de observaciones generales que enmarcan 117 los problemas comunes a todas nuestras lenguas, examina directamente los sistemas particulares de las varias lenguas románicas». Hay que destacar, además, que este segundo volumen contiene también una parte dedicada a la formación de palabras (derivación y composición). El tercer volumen de la gramática se ocupa de la sintaxis y se organiza en tres partes: frase simple, frase compuesta y orden de palabras. En este volumen Diez no utiliza un procedimiento deductivo (desde la situación latina a los resultados romances), como en la fonética, ni una presentación paralela lengua por lengua, como en la morfología, sino que construye una descripción en la que combina el estudio de los rasgos comunes heredados por las lenguas románicas con la atención a las divergencias entre ellas. El resultado final es un tratamiento de sintaxis histórica que ha resultado ser «la parte menos superada de su obra» (Varvaro 1988/1968, 61). En este punto coincide la opinión de Posner (2001, 535): «Sólo el tercer volumen, publicado en 1843 y poco modificado en las ediciones siguientes, sigue siendo hoy un instrumento útil de estudio no sustituido por las obras posteriores. Diez vuelve a tomar como modelo la sintaxis de Grimm, aparecida en 1837. Examina en primer lugar las frases simples antes de pasar a las oraciones complejas y abandona la organización por yuxtaposición para intentar una comparación más ajustada entre las construcciones de las distintas lenguas». En definitiva, las 1600 páginas de la gramática de Diez, incluyendo la Romanische Wortschöpfung, constituyen un impresionante monumento que fija un modelo para las gramáticas posteriores. 8.2. Meyer-Lübke Wilhelm Meyer-Lübke (Dübendorf, Suiza 1861 – Bonn 1936) estudió en Zúrich, Berlín y París y fue profesor en Jena, Viena y Bonn. Su carrera coincidió en buena medida con la época dorada de la romanística, que para Malkiel (1972, 835) está comprendida entre los años 1860-1935 y, especialmente, en el período 1885-1915.11 La segunda mitad del siglo XIX fue una época de prestigio de las ciencias naturales, que en lingüística se tradujo en la corriente de los neogramáticos (Junggrammatiker) a la que Meyer-Lübke perteneció. Su pretensión era asimilar las regularidades del cambio lingüístico a las leyes de la naturaleza, de acuerdo con la famosa fórmula de la Ausnahmslosigkeit der Lautgesetze (= las leyes fonéticas no tienen excepciones). La gramática histórica de Meyer-Lübke se publicó con el mismo título que la de Diez (Grammatik der romanischen Sprachen, Leipzig, Reisland) y 11 Para un espléndido y detallado análisis de los frutos más sobresalientes de la producción científica de Meyer-Lübke, cf. Malkiel (1989). 118 también en tres volúmenes: Romanische Lautlehre (fonética, 1890, 564 páginas), Romanische Formenlehre (morfología, 1894, 672 páginas), Romanische Syntax (sintaxis, 1899, 815 páginas), a los que se añadió posteriormente un volumen de índices: Register (1902). La obra se ha reimpreso en Darmstadt, Wissenschaftliche Buchgesellschaft, 1972. También al igual que la de Diez, la gramática de Meyer-Lübke se tradujo al francés: Grammaire des langues romanes, Paris, Welter, 1890–1906, con traducción de Eugène Rabiet (volumen I), Auguste Doutrepont (volúmenes II, III) y Georges Doutrepont (volúmenes II, III) y un Tome quatrième: Tables générales par Auguste Doutrepont et Georges Doutrepont.12 Sin embargo, a diferencia de la obra del fundador de la disciplina, la gramática de Meyer-Lübke, que era en realidad una obra de juventud, no se reeditó en vida de su autor.13 Tras la obra pionera de Diez, la versión clásica y estándar de la romanística comparada está representada por la gramática de Meyer-Lübke y el Grundriss de Gustav Gröber.14 Como señala Varvaro (1988/1968, 107), con los neogramáticos el método se vuelve más riguroso y permite una organización clara del material de las gramáticas históricas. Prácticamente todas las gramáticas y manuales posteriores se basan en el esquema diseñado por los neogramáticos, cuya claridad no ha sido todavía superada. A esto hay que añadir una serie de dones concentrados en la figura de Meyer-Lübke: «El poder de síntesis de Meyer-Lübke (ligado a su disposición a asumir riesgos); la equilibrada extensión de su curiosidad por todos los dialectos románicos importantes y, a fortiori, por todas las lenguas y por diferentes épocas; en definitiva, su excelente dominio del latín (demostrado en sus comentarios editoriales repartidos por los sucesivos fascículos del monumental Thesaurus Linguae Latinae); y, por último, su habilidad para mantener una sabia perspectiva de su conocimiento de la investigación pasada, presente y previsible a corto plazo, todo esto combinado hizo de él una especie de líder que las generaciones posteriores han sido incapaces de sustituir. Aunque es cierto – para citar sólo dos ejemplos – que Menéndez Pidal lo sobrepasó en su cuidadosa interpretación de los datos hispánicos y que el diccionario de Wartburg es incomparablemente más meticuloso y detallado que un REW de dimensiones modestas, incluso estos maduros y bien informados investigadores carecieron del alcance de la exclusiva visión panrománica de MeyerLübke» (Malkiel 1972, 837). Frente a la comparación sistemática de seis lenguas, tal y como nos encontrábamos en la gramática de Diez, Meyer-Lübke da un paso importante al aducir datos de un número variable de lenguas y dialectos, en función del 12 13 14 Existe también una reimpresión de la traducción francesa: Genève, Slatkine, 1974. En los últimos años de su vida Meyer-Lübke volvió a trabajar en temas de fonética histórica comparativa (Meyer-Lübke 1925; 1934; 1935; 1936) en lo que según Malkiel (1972, 872 n. 7) habría sido un intento frustrado de revisar completamente el volumen de fonética de la gramática. A propósito de Gröber cf. 2., 6.2., 6.4. 119 rasgo concreto que estudia en cada caso. El autor es consciente de que el material dialectal a su disposición era muy desigual, pero apunta precisamente que uno de los servicios importantes que se puede prestar a la ciencia consiste en señalar dónde están las mayores lagunas que hay que esforzarse por cubrir (Meyer-Lübke 1890–1902, vol. 1, VII). El resultado es que en la obra se sistematiza una cantidad impresionante de datos, pero no abundan las explicaciones, en lo que constituye uno de los rasgos de la escuela neogramática, que no se interesaba especialmente por la teoría. El volumen de fonética se organiza de la siguiente manera: I. Vocales (tónicas: [i, u, e, o, E, O, a], hiatos, diptongos; átonas; nasales); II. Consonantes (iniciales, interiores, finales; cambios esporádicos); III. El acento; IV. Fonética sintáctica; V. Cronología del cambio fonético.15 Algunos de los elementos de esta organización aparecen prácticamente en todas las gramáticas posteriores y casi siempre en el mismo orden que coloca en primer lugar las vocales y luego las consonantes; primero las vocales tónicas y luego las átonas; primero las consonantes iniciales, luego las interiores y, por último las finales; primero las consonantes simples y luego los grupos.16 Otros aspectos, como el capítulo dedicado a los cambios esporádicos o a la fonética sintáctica no han entrado de manera tan clara en el canon. Mucho menos frecuente en las gramáticas posteriores es una preocupación expresa y estructurada orgánicamente por la cronología de los cambios. En las explicaciones de fonética histórica de Meyer-Lübke la acentuación y el contexto desempeñan un papel fundamental; en su esquema interpretativo es también importante la diferenciación entre cambios espontáneos y cambios condicionados. Para el volumen de fonética Meyer-Lübke había planeado un capítulo final en el que iba a presentar un resumen de la evolución fonética de las principales lenguas ordenado cronológicamente. Sin embargo, decidió posponerlo para el segundo volumen (cf. Meyer-Lübke 1890–1902, vol. 1, VIII-IX); pero a pesar de haberlo anunciado, dicho capítulo no vio la luz en ninguno de los dos volúmenes que aparecieron más tarde. Meyer-Lübke introduce su gramática con las siguientes palabras: «El análisis científico de la lengua es doble: en primer lugar, debe centrarse simplemente en la forma y, acto seguido, debe tener en cuenta el contenido de la pa- 15 16 Antes de empezar con el estudio de las vocales, Meyer-Lübke dedica las páginas 6–49 a fijar el número de lenguas que va a analizar, traza un panorama de los dialectos románicos, menciona las fuentes que podemos usar para investigar la historia de las lenguas románicas, establece la diferencia entre el léxico heredado y los cultismos y analiza el componente griego, germánico y de los sustratos. Como puede verse, sigue en esta disposición básicamente el modelo de Diez. Malkiel (1960, 377) señala algunos puntos débiles en la clasificación que MeyerLübke adopta para los grupos consonánticos y en la n. 39 apunta otros defectos del volumen de fonética. 120 labra individual […]. Ciertamente no es posible una separación completa de los dos puntos de vista; y, sin embargo, en cada rama de la lingüística pesa más una u otra de las dos perspectivas» (Meyer-Lübke 1890–1902, vol. 1, 1). En la gramática histórica, tal y como la practicaban los neogramáticos, predominaba la atención al aspecto formal de las lenguas y, por este motivo, la fonética era el eje principal de este tipo de obras.17 El cambio fonético es, en la perspectiva neogramática, un proceso fisiológico que escapa al control del significado y que tiene como consecuencia las modificaciones de los paradigmas flexivos que la analogía vendrá a reparar. En la misma introducción al volumen de fonética histórica Meyer-Lübke traza el diseño de lo que habrá de ser el conjunto de la gramática guiado por la dialéctica entre los dos puntos de vista mencionados: el análisis de la forma y el análisis del significado. La morfología flexiva se puede estudiar desde un punto de vista meramente formal interesado en la transformación fonética que sufren las marcas morfológicas; sin embargo, Meyer-Lübke reconoce que en este territorio el significado tiene un papel más importante que en el volumen de fonética y apunta un importante principio explicativo para la evolución morfológica: «la lengua tiende a expresar una misma función siempre de la misma manera» (Meyer-Lübke 1890–1902, vol. 1, 2)18 y concluye que el estudio de la morfología flexiva se ocupa de las interferencias a las que se ven sometidos los cambios fonéticos en las marcas flexivas debido a su significado funcional. Con el estudio de la formación de palabras el gramático da un paso más en la dirección del significado y entra en un terreno en el que domina una cierta arbitrariedad. En consecuencia, como Meyer-Lübke reconoce, la formación de palabras tiene poco que ver con la fonética que, recordémoslo, es la guía de la gramática histórica; el único punto de contacto lo ofrecen los cambios fonéticos que se producen en la sutura entre raíz y sufijo, un tipo de fenómenos que da lugar a alternancias estudiadas por la morfofonología y que no ha encontrado todavía una plaza definitiva en el canon gramaticográfico (cf. Dressler 1985; Martín Vegas 2006; 2007). En el camino que Meyer-Lübke emprende desde el estudio puramente formal hacia las partes más ligadas al significado, el siguiente elemento constitutivo de una gramática es la sintaxis, que también puede tener repercusiones en la forma fonética de las palabras; en concreto, el primer volumen de la gramática de Meyer-Lübke contiene un interesante capítulo IV dedicado 17 18 «Los elementos constitutivos de las palabras son, en primer lugar, los sonidos: por lo tanto la fonética suele colocarse de manera natural a la cabeza de las investigaciones gramaticales. En la evolución y el cambio de los sonidos de una lengua el significado de la palabra es prácticamente indiferente: se trata más bien sólo de procesos fisiológicos» (Meyer-Lübke 1890–1902, vol. 1, 1). En la introducción al segundo volumen vuelve a incidir en esta idea: las lenguas tienden a dar una misma forma a aquello que tiene alguna relación (Meyer-Lübke 1890–1902, vol. 2, 1). 121 a lo que hoy llamaríamos fenómenos de sandhi. La última parte de una gramática sería la semántica y la historia del léxico, para las que Meyer-Lübke encuentra bastantes dificultades, hasta el punto de que queda claro que no pretende incluirlas en su obra. En conclusión: «La lingüística románica tiene que mostrar cómo se ha transformado el acervo lingüístico latino en forma y contenido en los distintos países donde se habla romance» (Meyer-Lübke 1890–1902, vol. 1, 4). El volumen de morfología es, a diferencia del de Diez, verdaderamente comparativo. Para Meyer-Lübke la morfología histórica se ocupa de analizar, en primer lugar, a qué forma habría llegado el sistema flexivo del latín si se hubieran aplicado sistemáticamente las leyes fonéticas; en segundo lugar, compara este sistema hipotético con las formas reales de las lenguas románicas y, en tercer lugar, intenta explicar las causas de las diferencias observadas (Meyer-Lübke 1890–1902, vol. 2, 1). Meyer-Lübke señala que las causas son múltiples, pero agrupables en dos grandes categorías: la analogía y el intento de conservar marcas flexivas importantes. La morfología flexiva nominal latina ha sufrido una transformación radical en su evolución a las lenguas románicas y, sin embargo, sorprende el hecho de que la morfología verbal latina se haya conservado bastante mejor. Meyer-Lübke ofrece la siguiente explicación para este enigma: varios de los casos latinos servían para transmitir un conjunto variado y poco homogéneo de significados; para resolver este problema se usaban preposiciones, que servían para marcar de manera más clara el significado; la necesidad de una expresión concreta y clara hizo que las preposiciones sustituyeran al sistema de casos; en una segunda fase las preposiciones, precisamente por su triunfo, empezaron también a adquirir múltiples significados y algunas fueron sustituidas por otras nuevas. En un caso más de los que sirven para mostrar que en las disciplinas humanísticas los clásicos merecen siempre una relectura, Meyer-Lübke señala otro aspecto que sirve para explicar los cambios morfológicos, en el que podemos reconocer la diferenciación que hoy hacemos entre type y token frequency: «Cuanto más frecuentemente se usa una forma, menos sometida está a la influencia de otras; cuanto más rara es, menos fijada está en la memoria y más fácilmente sufre cambios. […] Por lo tanto, hay que tener en cuenta en todas las asociaciones el comportamiento numérico de las formas y, en concreto, no el comportamiento que se refleja en el diccionario, sino el que se deriva de la lengua hablada ; una sola forma puede atraer a otras veinte y para ello basta con que esta forma se use con frecuencia y que las otras sean poco usadas» (MeyerLübke 1890–1902, vol. 2, 3). Al igual que Diez, Meyer-Lübke intenta otorgar una atención similar a la morfología flexiva y a la formación de palabras. Sin embargo, las gramáticas siguientes tienden a dar mucha menos importancia a la formación de palabras. 122 El último volumen de la gramática es el que se ocupa de la sintaxis. En este terreno Meyer-Lübke se encontraba menos seguro (cf. Posner 2001, 537) y en la introducción señala los problemas todavía no resueltos relativos a la delimitación de lo que corresponde a la morfología o al estudio del léxico. La estructura del volumen es la siguiente: I. Las palabras con flexión; II. El grupo de palabras; III. La proposición; IV. El grupo de proposiciones; V. La negación; VI. Acentuación y orden de palabras. Para este volumen MeyerLübke decidió no hacer uso de materiales dialectales y, a pesar de todo ello, el resultado fue el volumen más extenso de toda la gramática. Sin embargo, los auténticos intereses de Meyer-Lübke quedan reflejados en el espacio que las tres disciplinas (fonética, morfología y sintaxis) obtienen en su famosa Introducción a la lingüística románica: setenta, treinta y seis y veinte páginas respectivamente (Meyer-Lübke 1926/31920). A pesar del tiempo transcurrido desde su creación, la obra de MeyerLübke sigue siendo hoy en día la gramática histórica de las lenguas románicas más completa y más detallada (Posner 2001, 536) y su uso no siempre resulta agradable: «Meyer-Lübke no disimulaba que escribía para sus colegas y para unos pocos estudiantes avanzados» (Malkiel 1989, 64) y, más en concreto, Malkiel (1960, 380) caracteriza el estilo de Meyer-Lübke como de una «concisión rayana en lo críptico». 8.3. Zauner Adolf Zauner (Viena 1870 – 1940) se doctoró en Viena bajo la dirección de Meyer-Lübke y su quehacer científico se caracterizó por los rasgos de la escuela del maestro: poca inclinación a la especulación arriesgada y cauto avance de hecho probado en hecho probado (Schürr 1940, 305). Sin embargo, se destacó con su habilitación dedicada a los nombres de partes del cuerpo en las lenguas románicas, con la que se incorporaba a la nueva corriente onomasiológica. En 1911 sucedió a Cornu en la cátedra de Graz, donde permaneció hasta su muerte. La obra de Meyer-Lübke dominó mucho tiempo el panorama de la gramática histórica y, de hecho, después de las obras de Diez y Meyer-Lübke se produjo una cesura importante. En lugar de intentar generar nuevas obras originales en este ámbito, se inició una etapa de creación de manuales orientados a la didáctica; en palabras de Malkiel (1960, 378): «la gramática histórica en este punto tendió a degenerar en una industria productora de manuales». El primero de ellos fue el de Zauner, con sus 290 páginas en octavo en la edición definitiva frente a las más de 2000 de la gramática de Meyer-Lübke (sin contar el volumen de índices). La obra de Zauner tiene una pretensión didáctica y, en consonancia con ello, no lleva el mismo título que las obras de Diez y Meyer-Lübke, sino otro no necesariamente más modesto: Romanische Sprachwissenschaft (= Lingüís123 tica románica), Leipzig, Göschen, 1900.19 Esta primera edición de la obra apareció en un único volumen de 167 páginas dentro de la famosa colección Göschen. Las demás ediciones (21905, 31914, 41921–1926) aparecieron en dos volúmenes (Fonética y morfología I y Morfología II y sintaxis; en la edición definitiva con 160 y 130 páginas respectivamente). Las tres primeras ediciones aparecieron en la editorial Göschen y la cuarta vio la luz ya dentro de la editorial Walter de Gruyter, fruto de la unión de las editoriales Göschen, Guttentag, Reimer, Trübner y Veit. En los años 1944–1945 apareció una reimpresión de la cuarta edición. El manual se abre con una introducción que reproduce básicamente el esquema de la que Meyer-Lübke antepone a su gramática. A continuación nos encontramos con una presentación de la fonología y la morfología del latín vulgar. A partir de aquí el resto de la obra se estructura en tres partes: fonología, morfología y rudimentos de sintaxis de las lenguas románicas. De nuevo el eje fundamental sobre el que gira la organización de toda la gramática es la distinción entre el estudio de la forma y el estudio del significado. Sin embargo, en el caso de Zauner esta dialéctica se amplía con la adición de una tercera perspectiva: el estudio de los medios que la lengua usa para construir palabras y frases. El resultado obtenido es una división tripartita (forma, significado y formación) en el estudio de la morfología y de la sintaxis. No siempre el número de páginas es indicativo de la importancia que un autor otorga a una parte concreta de la gramática; si aplicáramos este criterio a la gramática de Meyer-Lübke, parecería que la sintaxis ocupaba para él ese puesto de honor y ya sabemos que esto no era así.20 Sin embargo, en el caso de Zauner los números sí parecen decirnos algo de la intención del autor. En su gramática la fonología ocupa 69 páginas, la morfología 108 y la sintaxis 62. Esta amplia sección morfológica se divide entre los dos volúmenes de la obra y presenta una amalgama de flexión, semántica, sintaxis de la palabra y formación de palabras. Esta sección central llama la atención de Malkiel, quien señala que la parte dedicada al significado de las palabras (páginas 7–49 del segundo volumen) era la que realmente pretendía ser una innovación. Esa parte se divide en tres apartados: 1) el primero es un breve tratado de semasiología y trata de las causas y de los principales tipos de cambio semántico;21 2) el segundo, con el título de «Significado de las formas 19 20 21 Una de las reducciones a las que casi inevitablemente lleva el didactismo consiste en contentarse con el análisis de datos de las lenguas más importantes. Zauner se limita a las seis lenguas de la gramática de Diez. De hecho, el propio Meyer-Lübke empieza con las siguientes palabras el prólogo al tercer volumen: «El último volumen de esta gramática románica aparece más tarde y, sobre todo, con unas proporciones más extensas de lo que yo mismo habría deseado» (Meyer-Lübke 1890–1902, vol. 3, V). En la introducción Zauner explica que la aproximación al estudio del significado puede ser doble: semasiológica y onomasiológica. La segunda perspectiva era relativamente nueva en el momento de escribir su gramática y, por eso, decide 124 de las palabras», se ocupa del significado de los elementos flexivos, es decir, de sus implicaciones sintácticas; 3) el tercer apartado se titula «Significado de las clases de palabras» y analiza cambios entre las clases de palabras, como el uso adjetival, pronominal, adverbial o preposicional de los sustantivos. Como señala Malkiel (1960, 350 n. 20), este tipo de cambios no encuentra fácil acomodo en las gramáticas, de manera que en algunas ocasiones se tratan en la formación de palabras y en otras en la sintaxis. Para Posner (2001, 538) la obra de Zauner «no añadió casi nada a los logros de Meyer-Lübke y sólo es remarcable como predecesora de la de Lausberg, que la sustituyó en 1956 en la colección Göschen». Schürr (1940, 306), sin embargo, tiene una visión más positiva y caracteriza la obra como «una ‹Gramática románica› en pequeño y en paralelo a la obra fundamental del maestro y, sin embargo, independiente en el conjunto y en el detalle, una obra maestra de la concentración en un espacio diminuto, que ha sido en todas sus ediciones […] un fiel y eficaz asesor de los jóvenes romanistas». 8.4. Lausberg Heinrich Lausberg (Aachen 1912 – Münster 1992) estudió filología clásica y románica en Bonn y Tubinga. Su maestro en Tubinga fue Gerhard Rohlfs. Su extraordinaria tesis de doctorado (Lausberg 1939) le proporcionó la habilitación en 1945. En 1946 consiguió una cátedra en Bonn, donde volvió a estar en contacto con Ernst Robert Curtius, quien ejerció una importante influencia en su carrera. Desde 1949 hasta 1972 ocupó una cátedra en Münster. Desde 1972 hasta 1981 estuvo en Paderborn. Su carrera, inicialmente orientada hacia la dialectología y la gramática histórica, giró hacia temas literarios, con el resultado de que a la postre, la obra más famosa de Lausberg es, no la que nos ocupará a continuación, sino su manual de retórica (Lausberg 1975/1963). Malkiel (1972, 893 n. 50) glosa de la siguiente manera esta circunstancia: «Es algo lamentable y también un síntoma de estos tiempos, que un investigador de talento, capaz y versátil como Lausberg, tras unos inicios tan prometedores, relegara la gramática comparativa a una mera esquina del edificio de sus febriles actividades». La gramática de Lausberg sustituyó, como ya se ha dicho, a la de Zauner en la colección Göschen y lo hizo con el mismo título Lingüística románica y en la misma editorial de Gruyter. En esta ocasión la obra apareció en tres volúmenes en octavo: I. Introducción y vocalismo (11956, 21963, 31969), II. Consonantismo (11956, 21967), III. Morfología (11962, 21972). La obra de prescindir de ella y le dedica meramente tres páginas en el segundo volumen (17–19), a pesar de que Zauner era un experto en la materia. 125 Lausberg se ha hecho enormemente conocida en España gracias a la traducción de J. Pérez Riesco y E. Pascual Rodríguez publicada por la editorial Gredos en dos volúmenes Fonética (1965, 556 págs.) y Morfología (1966, 390 págs.) y enriquecida con un índice de palabras (págs. 455–548) en el volumen de fonética.22 Existen además una traducción al italiano de Nicolò Pasero revisada y aumentada por el autor: Linguistica romanza, Milano, Feltrinelli, 1971, 1: Fonetica, 379 págs.; 2: Morfologia, 270 págs. (reeditada en 1976) y una traducción portuguesa de Marion Ehrhardt y Maria Luísa Schemann: Linguística românica, Lisboa, Fundação Calouste Gulbenkian, 1974, 458 págs. (reeditada en 1981).23 Lausberg planeaba un volumen IV. Formación de palabras y sintaxis, que aparece anunciado en preparación en las páginas de portada de Lausberg (1962) y también en la solapa del primer volumen de la traducción española, pero ya no en la del segundo volumen.24 La obra de Lausberg es un ejemplo del estructuralismo europeo. Sin embargo, al afirmar este punto no hay que olvidar que el estructuralismo no encontró inmediatamente acomodo en la romanística y que, tal y como matiza Malkiel (1960, 360), «incluso investigadores familiarizados de primera mano con los planteamientos y la terminología estructuralista, como es el caso de Lausberg, muestran una calculada moderación, por no decir conservadurismo, en sus intentos de síntesis generales». La aportación más importante de Lausberg en la línea del estructuralismo contenida en el manual consiste en la novedad del análisis de los vocalismos del latín vulgar, fruto de su experiencia dialectológica en el sur de Italia. Varvaro (1988/1968, 113–114) da en el clavo al observar que, aunque se ha señalado como la mayor novedad este planteamiento estructuralista,25 las auténticas aportaciones de Lausberg están más bien en la actualización de los datos y en algunas soluciones particulares propuestas para problemas 22 23 24 25 La traducción española ha gozado de varias reimpresiones (la última del volumen de fonética es de diciembre de 1993 y la del volumen de morfología, que ha tenido bastante menos éxito, es de abril de 1988) y sigue estando disponible en el catálogo de la editorial Gredos. Sin embargo, el original alemán ya no aparece en el catálogo de la editorial de Gruyter. Probablemente es indicativo del desinterés por la romanística comparativa que ha cundido en Francia, el hecho de que, a diferencia de las obras de Diez y MeyerLübke, que sólo fueron traducidas al francés, la de Lausberg se haya traducido a tres lenguas románicas, entre las que no se incluye precisamente el francés. Y así ha seguido siendo en las sucesivas reimpresiones en una actitud que no necesariamente podemos interpretar como de un incansable optimismo. Dietrich (1995, 35), por ejemplo, remarca que Lausberg fue uno de los primeros lingüistas alemanes de postguerra preocupado por basar teóricamente sus trabajos, por ejemplo con los principios de la fonología praguense. Cf. también Schwarze (2003, 93). 126 concretos; por lo demás, Lausberg no ofrece unas nuevas premisas para resolver la cuestión de cómo escribir una gramática histórica de las lenguas románicas adecuada a los nuevos tiempos. En más de una ocasión se ha escrito que la forma que Lausberg le dio a su gramática no hizo de ella un producto precisamente agradable. Por ejemplo Gauger/Oesterreicher/Windisch (1989/1981, 141) afirman que los dos libritos de Lausberg «en la exposición – y no sólo a causa de su desconsiderada aspereza – son un poco difíciles de digerir, especialmente para el principiante» (cf. una confirmación de este extremo en 8.9.). Otro de los problemas estructurales del libro es la presencia constante de envíos a otras partes de la obra y la falta de explicaciones de conjunto. El primer volumen se abre con unas observaciones previas (págs. 9–35)26 en las que Lausberg da una sumaria información bibliográfica, bosqueja los requisitos del estudiante ideal de romanística y encuadra la disciplina dentro de la lingüística de tipo estructuralista, para terminar con algunas indicaciones sobre la ortografía de las lenguas románicas. En la «Introducción» (págs. 37–106) se discuten las tareas de la filología y de la lingüística románica, se presentan diez lenguas románicas27 y su clasificación y se termina con algunos aspectos del origen de las lenguas románicas (sustrato, romanización, latín vulgar, disolución de la unidad lingüística del Imperio). La parte propiamente dedicada a la fonología histórica empieza con una larga sección (páginas 109–199) titulada «Elementos de fonética general» en la que Lausberg da nociones de fonética articulatoria, analiza los complicados conceptos de sílaba y diptongo, estudia el acento, dedica quince páginas a los conceptos básicos de la fonología estructural y termina discutiendo algunos aspectos fundamentales de los cambios fonéticos. El estudio de la fonética histórica románica se estructura de la siguiente manera: I. El acento; II. Vocalismo (vocales tónicas: primitivos sistemas cualitativos románicos, evolución espontánea de Ʈ, ư, Ɯ, ƞ, Ɩ, Ă, ǁ, ƿ, Ǎ, Nj, evoluciones condicionadas, diptongos; vocales átonas); III. Consonantes (iniciales – simples, grupos –, interiores – simples, grupos –, finales); IV. Fonética sintáctica. Dietrich (1995, 38–39) exagera un poco las bondades de una parte de la obra de Lausberg: «En el volumen sobre el consonantismo28 Lausberg ofrece algunas remarcables explicaciones que ponen en relación varios cambios fonéticos desde el punto de vista 26 27 28 Se hace referencia a las páginas de la traducción al español. Francés, provenzal, catalán, español, portugués, italiano, sardo, retorromance, rumano y dalmático. Recuérdese que Zauner había reducido su objetivo a seis lenguas. Recordemos que en la edición alemana la fonética apareció en dos volúmenes, el segundo de los cuales estaba dedicado al consonantismo. 127 de la fonética sintáctica […]. Estas ideas son muy modernas frente a las presentaciones anteriores y suponen una superación del tratamiento sonido por sonido». En realidad no hay prácticamente nada en el capítulo de Lausberg que no esté ya en el capítulo IV del primer volumen de Meyer-Lübke y, en el caso de Meyer-Lübke, con más datos. Además, se echa en falta algo que sí encontramos sistematizado, discutido y problematizado en Meyer-Lübke (1890–1902, vol. 1, 508), como es el interesante problema del origen del raddoppiamento sintattico; Lausberg no lo trata en su capítulo de fonética sintáctica y el lector interesado tiene que contentarse con seguir las huellas del fenómeno esparcidas por varios de la veintena de párrafos enumerados al final de la obra con la referencia de que en ellos se encuentran más observaciones sobre fonética sintáctica. De cualquier modo, es absolutamente cierto que las páginas de Lausberg no carecen de interés, especialmente en §§ 578–581, donde expone la hipótesis de que en la Romania occidental también se pasó por una fase con consonantes iniciales lábiles.29 El volumen de morfología de Lausberg es bastante más convencional y, como hemos visto, ha tenido bastante menos éxito que el de fonética (cf. n. 22). Se estructura en seis capítulos: I. Sustantivo; II. Adjetivo; III. Adverbio; IV. Pronombre; V. Numeral; VI. Verbo. El capítulo dedicado al verbo se divide en cuatro apartados sustancialmente paralelos dedicados a las cuatro conjugaciones latinas. El volumen cuenta con numerosos cuadros con los datos, que lo convierten en un utilísimo manual de consulta. Son interesantes para concluir las palabras de Dietrich (1995, 44): «La Lingüística románica de Lausberg es quizá la última síntesis concentrada de la ‹vieja› romanística clásica. Es cierto que no es posible quedarse siempre en la propia tradición y que hay que salir fuera y conocer nuevos puertos. Sin embargo, a la lingüística románica, una disciplina con una familia lingüística excepcionalmente bien documentada históricamente, le conviene no perder de vista su origen y las causas de su diferenciación. Y para ello la obra de Lausberg, junto con otros manuales romanísticos, sigue teniendo valor». Dietrich señala correctamente que la obra de Lausberg cierra una tradición dentro de las gramáticas históricas. De hecho, las obras que analizaremos a continuación son distintas a las de Diez, Meyer-Lübke, Zauner y Lausberg. Sin embargo, los nuevos puertos visitados por estas obras no han aportado, como veremos, modelos satisfactorios y duraderos. Por eso, las obras clásicas siguen siendo útiles hoy y la de Lausberg ha gozado de mucho éxito, hasta el punto de que según Arens (1992, 310), «forma parte todavía hoy del instrumental imprescindible de cualquier romanista». 29 Cf. una demoledora crítica de esta hipótesis en Pensado (2006). 128 8.5. Manoliu Maria Manoliu estudió y fue profesora en Bucarest y actualmente trabaja en la Universidad de California, Davis. Su obra Gramatica comparată a limbilor romanice (= Gramática comparada de las lenguas románicas), Bucureúti, Editura Didactică úi Pedagogică, 1971, 308 págs., es una segunda edición muy modificada de Iordan/Manoliu-Manea (1962–1965).30 Manoliu decide ser menos exhaustiva en cuestiones en general bien conocidas y fácilmente documentables en otros manuales y, por contra, prefiere familiarizar al lector con los métodos de análisis modernos. Por ese motivo, la autora confiesa que el balance del material no corresponde a lo que es habitual en los manuales clásicos, ya que presta atención detallada a algunos problemas interesantes de la morfosintaxis, como el género neutro, la diátesis o el aspecto. La obra se compone de una introducción clásica (con el título de Primera parte: Bosquejo de historia externa), una fonología y una morfología estructuralistas y una parte sintáctica en la que intenta aplicar a la comparación entre lenguas románicas la Teoría Estándar Extendida de Chomsky con algunas correcciones propuestas por Pottier y Coseriu. El objetivo de Manoliu consiste en determinar con este modelo sintáctico algunas de las características de la sintaxis románica y, en concreto, estudia la coordinación, la interrogación, la negación, los pronombres del tipo esp. esto, eso, aquello, fr. cela, ce, ça, las proposiciones formadas por un solo elemento, la estructura del grupo nominal, las oraciones de relativo y la estructura del grupo verbal. A propósito del grupo nominal la autora detecta dos rasgos determinantes de la sintaxis románica: «Quizá la característica románica más importante del grupo nominal consiste en el desarrollo de una categoría de determinantes del nombre (D1) que no pueden aparecer sin nombre […]. Otra característica del grupo nominal románico, quizá tan importante como la primera, consiste en el hecho de que, en la mayoría de los casos, GN se rescribe de manera obligatoria como Predet ^ Nominal» (ManoliuManea 1971, 258, 259). Con referencia al grupo verbal y como conclusión a todo el capítulo Manoliu escribe: «Las diferencias más importantes entre las lenguas románicas se localizan especialmente en el nivel de las transformaciones (el mantenimiento o eliminación de la preposición en el camino hacia la estructura superficial; la capacidad para 30 Esta obra apareció también como Manual de lingüística románica, 2 vol., Madrid, Gredos, 1972; traducción, revisión, reelaboración parcial y notas de Manuel Alvar. 129 reducir la completiva al infinitivo) y en el nivel de las reglas de selección propias del verbo regente» (Manoliu-Manea 1971, 280).31 La obra concluye con un capítulo titulado «Cuestiones de lexemática», dominado por la semántica estructuralista, y un último capítulo de tres páginas denominado «Conclusión: Unidad en la diversidad». Posner (2001, 540) señala que «el modelo generativo utilizado en la sección sintáctica fue abandonado poco después de la composición del libro y los esfuerzos de Manoliu por usarlo en el ámbito románico tuvieron escasa repercusión»; sin embargo, poco más tarde la autora amplió sus ideas en el campo de la tipología con una combinación de la aproximación generativista y el estructuralismo europeo (Manoliu-Manea 1977);32 posteriormente ha seguido trabajando en cuestiones tipológicas y con una aproximación pragmática a la sintaxis. El título de la obra de Manoliu es, recordémoslo, Gramática comparada y lo que nos ofrece es efectivamente la comparación entre el latín y varias lenguas románicas sin incidir en cómo se han producido los cambios. El planteamiento diacrónico es sólo reconocible en el capítulo de fonología de corte estructuralista, en el que nos encontramos con una nueva ordenación del material: en lugar de la acostumbrada clasificación por sonidos, Manoliu nos ofrece una estructuración por oposiciones fonológicas (oposición de cantidad en las vocales, de grado de cierre, de labialización, de nasalidad, oposición de cantidad en las consonantes, aparición de consonantes africadas, modificaciones en la oposición de sonoridad, modificaciones en las oposiciones de punto de articulación).33 8.6. Hall Robert Anderson Hall Jr. (Raleigh, N.C. 1911 – Ithaca, N.Y. 1997), estudió en las universidades de Princeton, Chicago y Roma y desarrolló prácticamente toda su carrera en Cornell. Entre los italianistas es bien conocido especialmente por su importante bibliografía de la lingüística italiana (Hall 1958). 31 32 33 En la sintaxis las lenguas más ejemplificadas son el rumano, el español y el francés. Bastante menos representado aparece el italiano y no se menciona ninguna de las demás. Esta obra ha sido traducida al español por Sarmiza Leahu y Monica Nedelcu: Tipología e historia. Elementos de sintaxis comparada románica, Madrid, Gredos, 1985. Los autores rumanos han tendido con frecuencia hacia la innovación en la disposición de los materiales de sus gramáticas históricas, lo cual, en el caso de la complicada gramática histórica del rumano, hace que sus obras sean de difícil consulta para alguien que no sea un experto en la materia (cf. Sánchez Miret 2004). 130 Su gramática histórica lleva el título Comparative Romance Grammar, New York/Oxford/Amsterdam, Elsevier, 1974–1983 y se compone de tres volúmenes. 1: External History of the Romance Languages (1974, 344 págs.), 2: Proto-Romance Phonology (1976, 297 págs.), 3: Proto-Romance Morphology (1983, 304 págs.). El plan completo de Hall comprendía seis volúmenes, de los que no aparecieron los siguientes: 4. Sintaxis, 5. Formación de palabras, 6. Léxico.34 El catálogo de lenguas estudiadas en la obra de Hall es el siguiente: sardo, rumano, italiano, provenzal, francés, catalán, español y portugués. Su obra es un ejemplo del estructuralismo americano. El modelo que la guía es reconstruccionista y su objetivo es la reconstrucción del protorromance y la comparación de la lengua reconstruida con los testimonios que tenemos del latín. Como conclusión de sus investigaciones propone que el protorromance no coincide con el latín clásico ni con el latín vulgar, sino con un latín derivado de la etapa arcaica. Los volúmenes de fonología y morfología están llenos de tablas que ejemplifican las distintas evoluciones, hasta el punto de que varios de los recensores de la obra (p. ej. Klausenburger 1977; Lloyd 1985) destacan que el texto susceptible de recensión es sensiblemente menor que el espacio ocupado por las tablas, lo cual es especialmente dramático en el volumen de fonética, donde de un total de 297 páginas, 231 están ocupadas por tablas y 14 contienen la bibliografía y un índice temático. Todo este material no constituye una auténtica gramática histórica, pero no conviene dejar de lado que la obra ofrece un buen material para ejercicios de reconstrucción. La presentación es mucho más agradable que la de sus predecesores (tiene, por ejemplo, la bibliografía reunida al final), pero es, en general, de contenido mucho más pobre.35 8.7. Agard Frederick Browning Agard (1907–1993) estudió en Brown y Princeton. Tras trabajar en Princeton y Chicago, desarrolló el resto de su carrera en Cornell, al igual que Hall. Participó activamente en la enseñanza de varias lenguas románicas (especialmente el rumano) y del inglés. Un claro ejemplo de su vocación didáctica es precisamente la obra a la que nos vamos a referir: A course in Romance linguistics, Washington, Georgetown University Press, 1984, publicada en dos volúmenes (con respectivamente 242 y 259 páginas). 34 35 Esta es la segunda obra de las analizadas en este capítulo que no llegó a ver cumplido su proyecto inicial. La otra, recordémoslo, es la de Lausberg, a la que le falta la sintaxis. Aunque se trata ciertamente de una contribución extraña al panorama de las gramáticas históricas, su consulta resulta en ocasiones iluminadora (cf. Sánchez Miret 2007a, 490). 131 El título completo del primer volumen es: A Synchronic View. A Comparative/Contrastive Description of Five Modern Romance Languages – French, Spanish, Portuguese, Italian, Romanian – in Terms of an Underlying Grammar Manifested in Surface Similarities and Differences. El segundo volumen se titula: A Diachronic View y se divide en tres partes. La primera lleva el título De las lenguas románicas hacia atrás: reconstrucción fonológica y propone, en parte a modo de ejercicio, una aplicación del método comparativo para la reconstrucción de la protolengua.36 La segunda parte plantea la dirección opuesta Desde el latín hasta el presente: cambios fonológicos y pretende trazar las distintas fases de separación de las lenguas románicas. El resultado final de este capítulo sería un árbol genealógico. La tercera parte se ocupa del cambio morfosintáctico: Desde el latín hasta el presente: cambios gramaticales. Para Posner (2001, 540) la contribución más original de Agard es su primer volumen sincrónico en el que ofrece una gramática contrastiva de cinco lenguas románicas estándar, con una aproximación gramatical ligeramente influida por las teorías generativistas. La crítica que López-Morillas (1986, 565) hace a la obra de Agard es, en realidad, extensible a todas las gramáticas históricas: «Lo que uno echa de menos en una exposición como esta es un sentido, no precisamente de la complejidad de la historia del romance – puesto que el método de presentación ya hace que parezca bastante complicada –, sino de la riqueza histórica, cultural y social de la matriz en la que todos estos cambios tuvieron lugar». 8.8. Reinheimer-Rîpeanu Sanda Reinheimer-Rîpeanu es catedrática de lingüística románica en la Universidad de Bucarest y es la autora de Lingvistica romanică. Lexic – Morfologie – Fonetică, Bucureúti, All, 2001, 476 págs. A diferencia de su compatriota Maria Manoliu, Sanda Reinheimer-Rîpeanu decide escoger el título Lingüística románica, en lugar de denominar gramática a su obra. Como hemos podido ver, estos dos títulos son los que han dominado el panorama de las obras analizadas aquí: las obras posteriores a las gramáticas de Diez y Meyer-Lübke no han pretendido en ningún caso ser exposiciones exhaustivas de la materia y, consecuentemente, el título predominante ha sido el de Lingüística románica; las obras de Manoliu o Hall, a pesar de su título, tampoco aspiran a sustituir a la gramática de Meyer-Lübke.37 36 37 «En el momento de su jubilación sus estudiantes le regalaron un diploma ensalzándolo como ‹hablante nativo de protorromance›» (Hall 1994, 405). Hay que decir que con el mismo sintagma lingüística románica han aparecido, incluso recientemente, otras obras más o menos cercanas al modelo de una gramática histórica. El caso del manual de Allières (2001) se acerca a la obra de Bourciez con 132 Sorprende el orden adoptado por Reinheimer-Rîpeanu en la disposición de su gramática, que invierte el patrón al que estamos más acostumbrados: frente a todas las obras estudiadas en este capítulo, nos encontramos con que la primera parte de la gramática analizada no es la fonética, sino el léxico. La obra carece de una introducción que nos aclare el motivo de este cambio.38 El capítulo dedicado al léxico se divide en dos partes. En la primera la autora analiza los distintos estratos etimológicos presentes en el léxico de las lenguas románicas; esta parte es, por lo tanto, equivalente a las que ya hemos visto a la cabeza de otras obras en las que se analizan los componentes de las lenguas románicas (p. ej. la gramática de Diez). En la segunda parte del capítulo la autora adopta una aproximación onomasiológica y analiza algunos campos léxicos como el cuerpo humano, la familia, el tiempo, los fenómenos meteorológicos o los nombres de herramientas; en todos los casos se estudia el grado de presencia del léxico heredado y Reinheimer-Rîpeanu llega a la siguiente conclusión: «A medida que nos apartamos del hombre y de las coordenadas fundamentales de su existencia, el léxico heredado va dejando cada vez más espacio a los préstamos debidos a contactos entre culturas y civilizaciones. Este modelo de estudio de estas pocas zonas léxicas puede adoptarse para investigar otros ámbitos que ponen de manifiesto la evolución del léxico románico en relación con los objetos nombrados por las palabras» (Reinheimer-Rîpeanu 2001, 98). El capítulo titulado «Morfosintaxis» da algunas indicaciones sobre la flexión del sustantivo en latín y en romance y se ocupa por extenso de las categorías de género (págs. 107–126), número (págs. 126–134) y caso (págs. 134–142). Otro extenso apartado se dedica a la morfología, posición, combinación y repetición de los pronombres (págs. 142–185). La parte dedicada a la morfología nominal acaba con un apartado sobre los determinantes del nombre. El espacio consagrado al verbo se divide en dos secciones: la primera es pu- 38 sus presentaciones individuales de cada lengua (cf. n. 2). Por su parte, la intención de la obra de Gleßgen (2007) se manifiesta en el subtítulo: Dominios y métodos en lingüística francesa y románica. Frente a este tipo de obras, las lingüísticas románicas tratadas con algo más de detalle en este capítulo son herederas del modelo ideal de una gramática histórica, pero reducidas a una menor escala. En una comunicación personal la autora nos ha explicado las circunstancias concretas de aparición del libro. Se trata de un manual para las clases de lingüística románica destinadas a alumnos que, en su gran mayoría, no van a dedicarse a una profesión filológica. La ordenación del material pretende servir para captar su interés por la materia y, para ello, el estudio del léxico parece más adecuado. Por otro lado, los alumnos provienen de especialidades románicas distintas y con diferentes aproximaciones teóricas a la lingüística; por eso el manual renuncia a una orientación teórica determinada y ofrece a los estudiantes los elementos básicos imprescindibles para la comprensión de la exposición, permitiendo que su uso en el aula pueda orientarse teóricamente en función de las preferencias de cada sección. 133 ramente morfológica y analiza la evolución desde la morfología verbal latina a la de las lenguas románicas; la segunda estudia el aspecto, el modo y la diátesis. El tercer capítulo del libro, titulado «Fonética y fonología», trata el acento, el vocalismo y el consonantismo; en el caso de las consonantes, tras la presentación del sistema fonológico latino y de algunos rasgos generales de las consonantes en función de su posición, nos encontramos con el análisis de la evolución de los grupos consonánticos, de la correlación de cantidad y de los procesos de palatalización; el capítulo termina con una revisión de los fonemas que han aparecido en las lenguas románicas y que no conocía el latín, seguida de los sistemas fonológicos consonánticos de las lenguas románicas. El volumen se completa con unos cuadros que aclaran la grafía y la pronunciación de las cinco lenguas románicas a las que se presta atención en la obra (rumano, italiano, francés, español y portugués),39 un breve diccionario etimológico en forma de tabla que ocupa 19 páginas, seguidas por 28 páginas con textos paralelos al menos en dos lenguas y en ocasiones en las cinco.40 Por último, y antes de una bibliografía selectiva, nos encontramos con 12 páginas de ejercicios que reafirman el carácter didáctico de la obra. 8.9. Conclusiones ¿Qué utilidad tienen estas obras, sobre todo las más antiguas, para los investigadores de hoy? Sin lugar a dudas, alguna o algunas de ellas habrán sido útiles en la etapa de formación de los romanistas activos hoy en día. Pero sería interesante saber qué papel concreto siguen desempeñando en su actividad investigadora. Aunque sólo sea de manera superficial, podemos adivinar el grado de pervivencia de estas gramáticas históricas a través de una ojeada a las referencias bibliográficas que aparecen en algunas obras de las últimas décadas. Para ello hemos escogido cinco monografías y cinco manuales de orientación panrománica y hemos controlado si citan las obras analizadas en este capítulo. Los resultados son los siguientes: 39 40 Malkiel (1972, 840) ya observaba, tras la gramática de Meyer-Lübke, una marcada tendencia a reducir el número de lenguas sometidas a comparación. Esta manera de actuar predomina claramente en las obras posteriores al trabajo de Malkiel, con la única excepción de Hall. El material textual no recoge textos antiguos y va desde la Parábola del hijo pródigo en versiones modernas de las cinco lenguas (y en este caso también en latín), pasando por algunos refranes, hasta terminar en un folleto de garantía de la marca Philips. 134 Diez Meyer-Lübke Zauner Lausberg Wanner (1987) X X Loporcaro (1997) X X X X Sánchez Miret (1998) X Cravens (2002) X Burdy (2006) X X Posner (1998/1996) X X Jensen (1999)41 X X X X X X X X X Klausenburger (2001) X X X X X X Agard X (vol. 1) Allières (2001) Gleßgen (2007)42 Hall X 41 42 Como puede comprobarse, las obras de Meyer-Lübke y Lausberg son las más utilizadas, mientras que la de Zauner está prácticamente olvidada. En ningún caso se citan las gramáticas escritas en rumano, que es una lengua que no todos los romanistas están dispuestos a aprender y que no se lee sin esfuerzo. De hecho, es fácil imaginar al romanista que va a emprender una investigación sobre un problema concreto, consultando en primer lugar el manual de Lausberg, porque ofrece un resumen rápido, es lo que conoce todo el mundo y supone, por lo tanto, un punto de partida natural. Un segundo paso habitual es consultar qué dijo Meyer-Lübke, porque en su gramática está encerrada toda una época, porque muchas cosas han cambiado poco desde él, porque Meyer-Lübke es Meyer-Lübke y, además, porque frecuentemente dice cosas interesantes (y ya hemos señalado algunas pequeñas muestras, cf. 8.2.). La consulta de Diez o Zauner se sitúa muchas veces ya en un plano arqueológico y la de las demás obras analizadas depende en buena medida de los intereses concretos del investigador y está muy condicionada por los 41 42 La obra de Jensen tiene una introducción clásica y se ocupa sólo de fonética histórica. Cita todas las obras en la bibliografía seleccionada del final, lo cual no quiere decir que las use todas en sus explicaciones. En la parte de historia de la disciplina se mencionan las obras de Diez y MeyerLübke. En la bibliografía de las obras utilizadas no aparece ninguna de las gramáticas, aunque en el cuerpo de la obra se cita el manual de Lausberg y en el índice de nombres se confunden Uta y Heinrich Lausberg, dando lugar a un desconocido Ulrich Lausberg. 135 planteamientos teóricos que las estructuran (sobre todo en el caso de Manoliu, Hall y Agard). Es igualmente interesante saber qué representan algunas de estas obras para los estudiantes de filología románica. Con un grupo de 19 estudiantes de un seminario de lingüística románica de la Universidad de Göttingen hicimos una pequeña encuesta con la que pretendíamos conocer en qué medida las gramáticas históricas que nos ocupan son un instrumento conocido y usado por los estudiantes. En la siguiente tabla aparecen las dos preguntas formuladas, las respuestas posibles y los resultados obtenidos: ¿Había oído hablar de estas obras? ¿Ha usado estas obras? No Sí Nunca Una vez Diez 8 11 16 3 Meyer-Lübke 8 11 16 3 Zauner 18 1 18 1 Bourciez 18 1 19 Lausberg 13 6 17 Hall 17 2 18 A veces Con frecuencia 2 1 A la luz de estos datos, los nombres de Diez, Meyer-Lübke y Lausberg son relativamente conocidos por los estudiantes alemanes. Sin embargo, sus obras no son un instrumento de trabajo habitual para los nuevos romanistas. ¿Y qué es lo que sucede cuando se pone en contacto a estos estudiantes con obras de este tipo? En la misma encuesta se sometieron a la consideración de los estudiantes los parágrafos § 171 y § 172 del manual de Lausberg y se les pidió que dieran su opinión con relación al texto; en concreto, se les pidió que escribieran qué les gustaba y qué no. Y estas son algunas de sus respuestas: «poco claro»; «hay demasiados ejemplos colocados unos detrás de otros sin ninguna explicación»; «no entiendo el texto en su mayoría, porque explica demasiado poco y las aclaraciones son demasiado complicadas»; «no habría estado mal que hubiera dos o tres frases desarrolladas»; «para lingüistas experimentados las explicaciones breves son seguramente útiles a la hora de consultar el libro». Al manual de Lausberg podría aplicársele el comentario que Pharies (2005, 224) hace a propósito del de Resnick (1981): «Cualquiera que use hoy en día este libro corre el peligro de darles a sus estudiantes la impresión (co136 rrecta) de que nadie se ha preocupado lo suficiente por esta disciplina como para actualizar los materiales usados para introducirse en ella».43 Estas deficiencias pedagógicas de los manuales clásicos pueden verse superadas en algunas obras modernas, como el librito de Lee (2000). Sin embargo, todavía hacen falta más manuales de nivel algo más exigente que el de Lee, que presenten el objeto de estudio y el método comparativo propio de la romanística de una manera capaz de atraer a nuevas generaciones de investigadores. El panorama que resulta de esta exposición no es muy alentador. La gramática histórica fue durante el siglo XIX un programa investigador. En contraposición, el siglo XX se resignó básicamente a hacer más digeribles los resultados del siglo precedente, rebajando la gramática histórica al concepto de manual para el estudio. Y lamentablemente las dos versiones de la gramática histórica (instrumento de investigación y útil para la docencia) parecen haber entrado en vía muerta en los últimos decenios del siglo XX. Ni se espera una gramática investigadora y completa que supere a la de MeyerLübke, ni prosperan las gramáticas didácticas que hagan atractiva la materia. Y el romanista actual se pregunta: ¿a qué atender primero? 43 Por lo que se refiere a la fonética y a la morfosintaxis histórica, un intento de reparar esta situación a una escala todavía mínima lo constituyen los respectivos capítulos del manual editado por José Enrique Gargallo Gil y Maria Reina Bastardas (Sánchez Miret 2007b; 2007c). Por otra parte, Sánchez Miret (2001) constituye un tipo de publicación idiosincrásica del mundo universitario español (al igual que Gargallo Gil 1989) y, a la vez, la primera piedra de un proyecto más amplio. 137 138 9. Modelo de una nueva gramática histórico-comparativa El entusiasmo por los estudios diacrónicos, que dominó la creación del paradigma de la romanística, hace tiempo que ya no existe. En su lugar, se han oído muchas veces las voces de quienes se lamentan del actual desinterés por la diacronía y por la comparación de lenguas. Probablemente a este respecto la voz con mayor repercusión ha sido la de Malkiel, que ya hemos citado en muchas ocasiones y del que podemos dar otro ejemplo: «Parece que hoy en día nadie piensa en Europa en un inminente sustituto para el REW. En medio de una masa de diccionarios etimológicos (frecuentemente inútiles) del español, el catalán, el italiano, etc., da la impresión de que toda necesidad de una empresa románica de este tipo ha pasado de moda» (Malkiel 1989, 52); sin embargo, recientemente se ha puesto en marcha un proyecto para elaborar un nuevo REW, cf. 10.6. Tal y como Dietrich (1995, 43) afi rma, «[l]a lingüística histórico-comparativa ha perdido su posición dominante en la vida científica y se ha convertido en un punto de vista entre otros muchos dentro de la lingüística románica» (subrayado en el original). Este proceso de destronamiento de la perspectiva histórico -comparativa ha tenido graves consecuencias para la disciplina, ya que muchos romanistas han creído que este tipo de estudios era la columna vertebral de la romanística y ante el debilitamiento de tal soporte, motivado por el predominio de las corrientes lingüísticas modernas anti-historicistas, todo el ser de la romanística se ha resentido. El resultado es que durante un largo período que llega hasta la actualidad no se ha sabido muy bien qué hacer con los estudios histórico-comparativos y, lo que es más grave, no se ha sabido hacia dónde dirigir la romanística; o, dicho de otra manera, la disciplina se ha orientado hacia metas muy diversas, hasta el punto de que no todos sus potenciales adeptos se reconocen hoy como tales. Concentrándonos en la vertiente diacrónica de nuestros estudios, incluso ha llegado a difundirse la opinión de que dedicarse a la diacronía es peligroso para la propia carrera, hasta el punto de que Gsell (1996, 48) tiene «la impresión de que sólo ocasionalmente se pregunta por el componente histórico-diacrónico en la lista de publicaciones de un candidato; demasiada diacronía reduce más bien su valor de mercado». Frente a la situación aparentemente catastrófica que acabamos de describir, hay que señalar algunos indicios que nos hacen pensar que la lingüística románica histórica (y comparativa) no ha llegado, ni mucho menos, a su 139 fin. Por un lado, en el análisis de los manuales existentes para la disciplina, Gleßgen observa que «[l]os temas nuevos se añaden a los viejos, cuyo tratamiento se vuelve más sucinto. […] Una ciencia que se enriquece sin atreverse a excluir campos que se han vuelto periféricos corre el peligro de que se enseñe de manera demasiado superficial. La ampliación temática del paradigma tradicional de la lingüística románica en los años 60 fue posible gracias al abandono global de las ciencias literarias. En el paradigma actual debería imponerse una nueva reducción, aunque todavía no se puede decir cómo podría llevarse a cabo dicho recorte» (Gleßgen 2000, 209). Si hemos de juzgar por el manual que el propio Gleßgen ha publicado unos años después (Gleßgen 2007), los contenidos tradicionales de la gramática histórica (evolución de la fonética, la morfología y la sintaxis) siguen ocupando un puesto relevante en el paradigma (casi la cuarta parte del texto).1 Otro de los indicios a los que nos referíamos lo encontramos en el hecho de que se han seguido escribiendo gramáticas históricas particulares de las lenguas románicas (algunas de ellas bastante recientes).2 Estas gramáticas son, por un lado, una prueba de que la perspectiva diacrónica ha sido y es una actividad constante en la investigación lingüística y, por otro, constituyen un interesante punto de apoyo para el proyecto de una nueva gramática histórico-comparativa de las lenguas románicas. En definitiva, conviene dejar bien establecido que la gramática histórica no es una antigualla: no lo son las preguntas a las que intenta responder y tampoco lo son los métodos con los que intenta hacerlo. La ciencia está empeñada en la constante búsqueda de nuevos conocimientos y en el ámbito de la evolución de los sonidos, de la morfología, de la sintaxis y del léxico desde el latín a las lenguas románicas se están descubriendo constantemente conocimientos nuevos y se ponen en cuestión saberes transmitidos por los manuales al uso (cf. dos espléndidos ejemplos en Loporcaro 2003 y Morin 2003). Quizás lo que le ha fallado a la romanística no haya sido el cultivo de la investigación en ámbitos concretos de la gramática histórica, sino la sistematización de los resultados de esa investigación. 9.1. Modelos en la germanística La germanística ha servido de modelo a las dos grandes enciclopedias de la lingüística románica que han aparecido en las últimas décadas. El LRL se ins- 1 2 Y si tomamos en consideración todo el capítulo de historia interna, que incluye una introducción sobre el cambio lingüístico y un capítulo sobre la evolución del léxico (en la que se incluye la formación de palabras), el porcentaje alcanza hasta el 41 %. Algunos ejemplos son Berejan et al. (1991), Fradejas Rueda (1997), Eichenhofer (1999), Castellani (2000), Penny (22002), García Arias (22003), Company (2006). 140 piró en el LGL y la Romanische Sprachgeschichte (Ernst et al. 2003b) sigue la senda de la Sprachgeschichte (Besch/Reichmann/Sonderegger 1984–1985; Besch et al. 21998–2004). La germanística está también más avanzada que la romanística en la reflexión acerca de los modelos posibles para las nuevas gramáticas históricas (cf. los artículos recogidos en Lobenstein-Reichmann/ Reichmann 2003). Existen algunos proyectos de gramática histórica de las lenguas germánicas que bien podrían servir de inspiración para la romanística. Por un lado, nos encontramos con las Untersuchungen zur vergleichenden Grammatik der germanischen Sprachen (= Investigaciones acerca de la gramática comparada de las lenguas germánicas). Se trata de una colección dirigida por Alfred Bammesberger, quien la caracteriza de la siguiente manera en la introducción al primer volumen: «Una presentación global de la gramática comparada de las lenguas germánicas acorde al estado actual de la investigación es sin duda uno de los desiderata más urgentes tanto de la indoeuropeística como de la germanística. Probablemente ya no es posible que un solo autor redacte una obra de este tipo. […] Espero que la colección que ahora inauguro de INVESTIGACIONES ACERCA DE LA GRAMÁTICA COMPARADA DE LAS LENGUAS GERMÁNICAS siente las bases para una futura presentación completa» (Bammesberger 1986, 8; mayúsculas en el original). En ese momento inicial Bammesberger pensaba en cinco volúmenes: La estructura del sistema verbal del germánico (que es la obra publicada en 1986); Formación de palabras y flexión nominal en germánico; Pronombres, numerales y formas indeclinables en germánico; Fonología del germánico; Problemas de la sintaxis del germánico. Hasta el momento han aparecido, además del libro de 1986, los siguientes volúmenes: La morfología del nombre en protogermánico (Alfred Bammesberger, 1990); Apofonía y reduplicación en el verbo germánico (Frans van Coetsem, 1990); El vocalismo del protogermánico: evolución del sistema y contexto sociohistórico (Frans van Coetsem, 1994); Principios de morfología histórica (Jozef van Loon, 2005). Otra empresa, especialmente interesante por su larga tradición, es la constituida por la Sammlung kurzer Grammatiken germanischer Dialekte (= Colección de gramáticas breves de los dialectos germánicos) editada originalmente por Wilhelm Braune para la editorial Niemeyer de Halle (luego Tubinga). La colección se compone de doce títulos que cubren el ámbito de las lenguas germánicas.3 El primer título se publicó en 1880 y el último en 1993. Varios de los títulos han sido objeto de sucesivas ediciones preparadas por sus autores originales o bien, posteriormente, a cargo de nuevos especialistas en la materia. En concreto, los dos primeros números de la serie representan un caso paradigmático de constante renovación. El número 1, la Gramática del 3 Cf. Heidermanns (2003, 111–112) para una lista de los títulos y la ediciones. 141 gótico de Wilhelm Braune, apareció en 1880 y en 2004 ha alcanzado la vigésima edición, tras ser sucesivamente reelaborada por el propio Braune y luego por Karl Helm, Ernst A. Ebbinghaus y Frank Heidermanns. El número 2 es la Gramática del medio alto alemán de Hermann Paul, cuya primera edición es de 1881 y cuya vigesimocuarta edición es de 1998 (las reelaboraciones y adiciones se han debido a Erich Gierach, Ludwig Erich Schmitt, Otto Behaghel, Walther Mitzka, Hugo Moser, Ingeborg Schröbler, Siegfried Grosse y Peter Wiehl). También el número 5, la Gramática del antiguo alto alemán de Wilhelm Braune (11886) ha conocido un número notable de ediciones (152004), con reelaboraciones debidas a Karl Helm, Walther Mitzka, Hans Eggers e Ingo Reiffenstein. Cinco títulos permanecen todavía en la primera edición y el resto han sido modificados al menos en una ocasión.4 Tomadas individualmente, estas gramáticas no tienen como objetivo la comparación o la diacronía, pero utilizadas en su conjunto ofrecen un interesante material para ambas perspectivas. Además, otro aspecto relevante de esta colección es el de su larga vida y constante renovación: los textos iniciales de Braune y Paul se han ido modificando y adaptando al estado de la ciencia lingüística gracias al trabajo de una nómina nada despreciable de germanistas. Esta manera de trabajar implica un alto grado de generosidad por parte de los reelaboradores y evita que haya que rehacer constantemente las partes del trabajo que siguen siendo válidas. Si a esta táctica le uniéramos una buena dosis de espíritu de equipo y un soporte informático similar al que se usa en las wikis,5 tendríamos quizá ante nosotros la senda de las nuevas gramáticas histórico-comparativas (y de otras grandes empresas nunca iniciadas o nunca terminadas, como los grandes diccionarios históricos, que constantemente se rehacen y mueren con las primeras letras del alfabeto). Parece ser que Meyer-Lübke tuvo en mente algo parecido a la Sammlung kurzer Grammatiken germanischer Dialekte, cuando dirigió la colección Sammlung romanischer Elementar- und Handbücher de la editorial Winter de Heidelberg (que es la misma que publica las Untersuchungen de Bammesberger). La colección sigue existiendo y a lo largo de los años han aparecido en sus diversas series obras importantes como los diccionarios etimológicos de Puúcariu (1905), Wagner (1957–1964) y, actualmente, el diccionario del español medieval de Müller (1987-). Sin embargo, no se ha establecido una continuidad y una renovación en las gramáticas históricas (que forman la serie 1 de la colección).6 En dicha serie han aparecido las siguientes obras: 4 5 6 La Gramática del anglosajón de Eduard Sievers fue sustituida tras la tercera edición por la Gramática del inglés antiguo de Karl Brunner. Cf. http://en.wikipedia.org/wiki/Wiki. Se conoce con el nombre de wiki a toda página web modificable directamente por cualquiera que acceda a ella. La colección se compone de cinco series: 1. Gramáticas; 2. Historia de la literatura; 3. Diccionarios; 4. Civilización antigua, historia de la cultura; 5. Investigaciones y textos. 142 nº 1: Wilhelm Meyer-Lübke, Einführung in das Studium der romanischen Sprachwissenschaft (= Introducción al estudio de la lingüística románica), 11901; 21909; 31920. nº 2: Wilhelm Meyer-Lübke, Historische Grammatik der französichen Sprache. 1. Laut- und Flexionslehre (= Gramática histórica del francés. 1. Fonética y flexión), 11908; 2,31913; 4,51934. 2. Wortbildungslehre (= Formación de palabras), 11921; 21966 revisada y completada por J. M. Piel. nº 3: Oskar Schultz-Gora, Altprovenzalisches Elementarbuch (= Manual de provenzal antiguo), 11906; 21911; 31915; 41924; 51936; 61973 (las dos últimas reproducen la 4ª). nº 4: Berthold Wiese, Altitalienisches Elementarbuch (= Manual de italiano antiguo), 1928. nº 5: Adolf Zauner, Altspanisches Elementarbuch (= Manual de español antiguo), 1908. nº 6: Hariton Tiktin, Rumänisches Elementarbuch (= Manual de rumano), 1905. nº 7: Joseph Huber, Katalanische Grammatik: Laut- und Formenlehre, Syntax, Wortbildung (= Gramática catalana: Fonética, morfología, sintaxis, formación de palabras), 1929. nº 8: Joseph Huber, Altportugiesisches Elementarbuch (= Manual de portugués antiguo), 1933. nº 9: Michael Metzeltin, Altspanisches Elementarbuch, vol. 1: Das Altkastilische (= Manual de español antiguo, vol. 1: El castellano antiguo), 1979. Como puede comprobarse, estas gramáticas cubren las lenguas literarias más importantes, pero el proyecto no ha encontrado continuidad. De hecho, los intentos de actualización han sido muy escasos. Si excluimos los casos de Meyer-Lübke y Schultz-Gora, que revisaron sus propias obras, nos encontramos sólo con dos intervenciones de nuevos autores. Por un lado, tenemos el caso de la revisión de la segunda parte de la gramática histórica del francés por parte de Joseph Piel, que fue bastante mal recibida por los especialistas. Y, por otro, contamos con la incorporación del trabajo de Metzeltin, como sustitución al de Zauner (aunque con un número de serie distinto). En definitiva, el proyecto editorial prácticamente no sobrevivió a los años treinta del siglo XX.7 Esta falta de continuidad ha mermado sensiblemente las posibilidades de contar con una o varias gramáticas histórico-comparativas que 7 Como escribe Malkiel (1989, 50 n. 46), «[p]ara una futura historia de nuestras disciplinas no carece de importancia saber que alrededor del año 1911 varios romanistas – entre ellos V. Crescini, P. E. Guarnerio, C. Salvioni, E. Staaff, J. Vising y M. L. Wagner – habían prometido su colaboración al director de la colección, compromiso que luego no cumplieron (en parte por la situación creada por la guerra y sus duraderas consecuencias». 143 con una cierta regularidad vayan recogiendo los avances de la investigación y vayan integrándolos en un marco más amplio. De hecho, la historia de las gramáticas histórico-comparativas de las lenguas románicas se caracteriza por dos rupturas. La primera es la que se produjo tras la gramática de Meyer-Lübke. A partir de la obra del maestro no ha habido ningún intento de construir una gramática mejor, sino que el proyecto se ha reorientado hacia la elaboración de manuales para el estudiante (cf. 8.). La segunda ruptura ha consistido en el abandono de los proyectos de esta naturaleza por parte de los romanistas de lengua alemana. Las cuatro primeras obras analizadas en el capítulo anterior se deben a investigadores germánicos (Diez, Meyer-Lübke, Zauner y Lausberg). Sin embargo, Lausberg, con su paso a los estudios de retórica, parece marcar definitivamente la ruptura con la tradición y, de hecho, las obras siguientes han nacido en ambientes científicos más o menos periféricos: Rumanía (Manoliu, Reinheimer-Rîpeanu), Estados Unidos (Hall, Agard); a estas podríamos añadir Francia (Allières) o Italia (Lee) y de nuevo Estados Unidos (Jensen). En un género científico de tanta envergadura y tan necesitado del trabajo en equipo, como es la producción de una gramática histórica, estas dos rupturas han creado la sensación de que ya no se puede hacer una nueva gramática. 9.2. El contexto de una nueva gramática En los capítulos de este libro ha tenido amplia cabida la problemática originada a raíz de las tendencias disgregadoras dentro de la romanística. Podemos preguntarnos cuál es la tarea que le queda a la lingüística histórica dentro de este panorama y Stehl (2005a, VII-VIII) nos ofrece una respuesta concentrada: «En un tiempo de creciente diversificación y consecuente y progresiva separación de las distintas filologías particulares dentro de la filología románica, a la lingüística románica histórica, en razón de la especificidad de su objeto de estudio, le queda la tarea de investigar y describir los aspectos comunes y las particularidades en la historia de las lenguas románicas, siendo fiel y continuando su propia tradición histórico-comparativa». Lipski (2005, 214), por su parte, da una respuesta más amplia; para él el panorama de la nueva romanística se dibuja en los siguientes términos: «La enumeración de paradigmas de investigación histórica dentro de la romanística podría extenderse casi indefinidamente, pero el centro de la cuestión debería estar ya claro. La lingüística románica histórica es todavía una disciplina floreciente en la que la mayor parte de la investigación reciente se dirige hacia cuestiones nuevas y hacia zonas inexploradas. Todavía es posible enseñar, emprender investigaciones de lingüística románica y publicarlas, aunque bajo diferentes rúbricas y para audiencias distintas a las del pasado. En este sentido, la lingüística románica sigue el mismo camino que otros horizontes del conocimiento en constante expansión. 144 Ninguna universidad mantiene un departamento de ‹filosofía natural› e incluso algunas casillas académicas más recientes como la ‹biología› o las ‹matemáticas› están dejando paso a secciones y denominaciones más acordes con las necesidades pedagógicas e investigadoras del presente. La lingüística románica históricocomparativa no está más en peligro que la biología, la química, la astronomía o las matemáticas. Existe una floreciente investigación innovadora histórica y comparativa en los estudios criollísticos, en la dialectología, en la sociolingüística, en la sintaxis formalista, en la fonología y en otras secciones transversales que eran escasamente imaginables en el momento en que se pusieron los fundamentos clásicos de la filología románica». Este panorama no parecería dejar a primera vista un hueco para la gramática histórica. El nombre gramática histórica tiene un halo de tradición superada y, sin embargo, muchos de los problemas que se discuten en los trabajos que Lipski cita son problemas de gramática histórica estudiados desde la perspectiva del contacto de lenguas. La propuesta que pretendemos desarrollar en estas páginas no quiere renunciar al nombre tradicional, no quiere olvidar los logros obtenidos y quiere, a la vez, explorar las posibilidades de una gramática histórica renovada.8 8 La opinión de Lipski y otras que se mencionarán a continuación provienen de las contribuciones a un grupo de discusión promovido por Steven Dworkin en La corónica (31, 2003; 32, 2004; 34, 2005). Para las opiniones aparecidas en los números 31 y 32 cf. Sánchez Miret (2008). Un resumen rápido de algunas de las ideas del número 34 podría ser el siguiente: Por un lado se oye la voz del apasionado investigador que, por encima de todo, quiere saber y que no deja ni el más mínimo resquicio a la duda de si lo que quiere saber es interesante, porque quedan muchas cosas por hacer en ámbitos como 1) el estudio de la evolución histórica de la cohesión discursiva o el estudio del español de las gramáticas (Girón 2005); 2) la lexicografía histórica del español (Álvarez de Miranda 2005); 3) la aplicación de la teoría de la variación (Caravedo 2005); 4) la historia comprensiva del español de América y, en general, la historia de las lenguas románicas fuera de Europa y sus respectivos contactos (Lipski 2005); 5) además, ha llegado por fin la hora de la sintaxis histórica (Company Company 2005). Por su parte, Eberenz está a favor de una nueva historia de la lengua con inclusión de la pragmática y la tipología de los discursos, pero matiza que «hasta ahora ninguno de estos métodos, tomados aisladamente, ha permitido elaborar tratados completos de Historia de la Lengua que se ofrezcan como alternativas reales a los existentes. Más bien operan como perspectivas complementarias, ciertamente imprescindibles puesto que contribuyen a reequilibrar el centro de gravedad de nuestra disciplina, que depende de una documentación muy incompleta para el fin que se propone» (Eberenz 2005, 170). Se oye también (pero algo menos) la voz del hombre práctico, que sabe que a una cuestión de dimensiones políticas y educativas no se puede responder sólo con argumentos intelectuales (Green 2005). No necesitamos auto-convencernos de las bondades de nuestra disciplina; tenemos que convencer a los demás y, sobre todo, tenemos que convencer a los estudiantes (Pharies 2005). Para Lebsanft (2005) la vitalidad sobre la que se discute debe medirse con distintos parámetros: 1) el grado de investigación (medido con las producciones de grandes investigadores); 2) la vitalidad en el ambiente epistemológico que rodea a la disciplina (¿la romanística es una parte de la lingüística general; es una disciplina independiente; es filología; 145 Ha habido ya algunas aproximaciones a la empresa de una nueva gramática histórico-comparativa de las lenguas romances y en todos los casos se ha puesto de relieve que el principal problema es la inmensa cantidad de información que hay que elaborar. Para superar este obstáculo se confía en el trabajo en grupo. Por ejemplo, al analizar las críticas a las grandes obras de Meyer-Lübke, Malkiel (1972, 837–838) ve una posible solución «en toda clase de trabajo en equipo, con diccionarios y gramáticas históricas del futuro que combinen la aproximación globalizadora de un comparatista audaz con las habilidades filológicas y la pericia de un grupo de especialistas, cada uno empapado por el conocimiento detallado de una cultura particular, además de todas sus fuentes relevantes de información». Sin embargo, lo que ha predominado hasta ahora en el ámbito de la lingüística han sido las obras de carácter colectivo (como el LRL o la Romanische Sprachgeschichte), que son algo muy distinto del trabajo en equipo. Y en el caso de la gramática histórica el modelo de la obra colectiva ni siquiera ha llegado a imponerse. De hecho, podemos comprobar que la inmensa mayoría son obra de una sola persona (cf. las analizadas en el cap. 8.); algunas son obras colectivas como la recientemente coordinada por Company (2006);9 y son pocos los trabajos escritos realmente en colaboración. La causa de este predominio de las obras individuales puede encontrarse, por un lado, en la necesidad imperativa de cohesión y de interrelación en el diseño de la gramática. Pero por otra parte, hay que reconocer que en la lingüística, lo mismo que en otras de las disciplinas tradicionalmente enmarcadas en el ámbito de las letras, la investigación en equipo sigue siendo una excepción. Un tercer factor relevante en esta coyuntura consiste en que el paradigma investigador de las ciencias humanas es distinto del de las ciencias de la naturaleza; en nuestras disciplinas no tenemos un gran manual, por ejemplo, de química orgánica, traducido a muchas lenguas, sino muchos manuales distintos, por ejemplo de fonética, para cada lengua. El resultado es que el mismo trabajo se hace infinidad de veces y las listas bibliográficas engordan sin cesar; algo que no parece muy sensato. Una concepción como la de las Kurze Grammatiken (cf. 9.1.) podría servir para decantar y mejorar el resultado final. 9 es New Philology; es Kulturwissenschaft?); 3) la vitalidad en el ambiente institucional académico: «En las circunstancias actuales el estudio serio de la lingüística románica diacrónica vuelve al estatus de disciplina elitista. Pero la calidad de una comunidad científica y de sus instituciones depende de su voluntad de defender las disciplinas elitistas» (Lebsanft 2005, 205). Por último, otras voces inciden en la renovación de los estudios diacrónicos (Stolova 2005, 244; Company Company 2005; Ridruejo 2005; Girón 2005; Álvarez de Miranda 2005). El modelo ha sido más productivo en los estudios rumanos (cf. por ejemplo Academia Republicii Populare Române 1965; Academia Republicii Socialiste România 1969; Dimitrescu et al. 1978; Berejan et al. 1991; GheĠie 1997). 146 Podría parecer que el problema de la gran cantidad de información disponible, al que nos referíamos antes y que se considera como el principal obstáculo para la elaboración de una nueva gramática, es algo reciente y, sin embargo, ya lo experimentaba Kant: «Si pretendemos conocer la bibliografía o buena parte de ella, tenemos que leer mucho. Pero para poder sacar mucho provecho de la lectura hay que leer poco y bien. El que lee mucho, retiene poco. La inmensa cantidad de libros que se publican para cada feria es una catástrofe. Se generaliza el deseo de leer mucho y por encima. Más de un libro que podría provocar una gran revolución, pasa sin que nadie lo entienda o no llega ni siquiera a leerse» (I. Kant, Vorlesungen über Philosophische Enzyklopädie, pág. 54, citado en Steinwachs 1991, 146, quien a su vez cita a partir de Hinske 1964, 134). Para intentar paliar los efectos negativos de la sobreabundancia bibliográfica habría que potenciar herramientas y estructuras académicas que sirvan como condensadores de la información. «Sería necesario afinar el funcionamiento de los sistemas de recuperación de datos de bibliotecas y archivos y construir bases de datos en las ciencias humanas en las que sea posible un acceso temático orientado hacia un problema concreto. Además el género de los estados de la cuestión, imperdonablemente descuidado en muchas materias, debería promoverse de manera eficaz» (Steinwachs 1991, 147). Además, como Kramer (1996, 66) recuerda, el hecho innegable de la gran masa de información es uno de los argumentos que se esgrimen a favor de la división en filologías particulares y el punto de partida para la solución no es la aniquilación de la disciplina, sino la creación de obras que mantengan la información actualizada. Kramer se queja igualmente de que las secciones que muchas revistas dedican a las recensiones no son una solución, ya que frecuentemente llega a haber una fosa temporal demasiado amplia entre la publicación de una obra interesante y la aparición de la correspondiente recensión. Incidiendo en este problema una de las respuestas a la circular de Albrecht Buschmann y Andreas Gelz con motivo de los 10 años de existencia de romanistik.de ([email protected], 28.3.2006) apunta que «un gran desideratum es la organización de una plataforma de recensiones de romanística». Y en nuestra disciplina el problema no se limita sólo a la bibliografía que aparece cada hora, sino a la inmensa cantidad de textos dignos de atención aparecidos desde el siglo XIX. Por eso, un instrumento útil para la lingüística románica y un complemento deseable para una gran gramática histórica sería una base de datos con los resúmenes de la bibliografía disponibles con accesos de distinto tipo (cronológico, temático, historia de una determinada polémica o de una hipótesis concreta…). De nuevo la germanística nos ofrece un modelo en papel con la bibliografía comentada de Ronneberger-Sibold (1989).10 10 Naturalmente, la base de datos en la que estamos pensando ya no tendría un soporte de papel, sino uno informático. Su arquitectura básica estaría diseñada 147 Las gramáticas existentes no han resuelto este problema de manera satisfactoria. De hecho, son muy parcas en indicaciones bibliográficas y no suelen dar entrada a la exposición de las distintas explicaciones dadas a los fenómenos concretos. Meyer-Lübke afirma que, debido a la gran cantidad de material que hay que tratar (¡ya en su época!), suprime todo lo que le parece superfluo: «Por lo tanto, allí donde era importante he citado a los estudiosos cuyas opiniones he tomado o, por lo menos, espero haberlo hecho; por el contrario he considerado conveniente sólo en unos pocos casos citar las opiniones contrarias más importantes y entrar a discutirlas» (Meyer-Lübke 1890–1902, vol. 1, VIII). Girón (2005, 185), ante la constatación de que el romanista de hoy «ya no puede ser un Vollromanist» se pregunta qué se podría hacer y responde: «Habría que recoger todos los datos disponibles en un proyecto electrónico: en una página electrónica un determinado fenómeno podría ser descrito sucintamente sólo con datos selectos, pero con un hipervínculo con tratamientos monográficos más detallados […]. En consecuencia, sería deseable que los historiadores de las lenguas románicas pudiesen disponer on line de una potente base de datos románicos y de sus explicaciones más generalmente aceptadas. Se trataría de una realización necesariamente colectiva, un verdadero trabajo de equipo con un fácil acceso electrónico». De momento no existe un proyecto de este tipo, en el que probablemente muchos hemos pensado o con el que hemos soñado. Y a todos se nos podrían espetar las siguientes palabras de Varvaro (1997, 35): «Nos hemos limitado a expresar la certeza de que el ordenador, con sus infinitas posibilidades, lo arreglará todo: lo cual suena casi como el anuncio de la próxima venida definitiva del Mesías. ¿Y qué hacemos mientras?». Antes de poner en marcha un proyecto de grandes dimensiones, como el imaginado por Girón o el mencionado en la n. 10, convendría ser menos ambiciosos y más prácticos y ponerse manos a la obra para dar respuesta a la necesidad planteada por Pharies (2005, 223): «En mi opinión, nuestro único gran error ha sido la incapacidad de proporcionar auténticos cursos introductorios a los varios aspectos de nuestra disciplina. En otras palabras, por varias razones, todas comprensibles pero en última instancia alrededor de fichas con un resumen breve de las ideas de un autor (o autores) aparecidas en un texto (perfectamente identificado bibliográficamente) y con relación a un tema concreto. El trabajo de resumir las ideas está ya hecho (en buena parte), pero se encuentra desperdigado en multitud de monografías y en infinidad de recensiones. Por eso, la tarea que habría que afrontar ahora sería la de recoger esa información, clasificarla (etiquetándola de manera que fuera recuperable de manera polivalente dentro de la base de datos) y ponerla a disposición de los investigadores. Los distintos procesos de digitalización de revistas y monografías antiguas, al igual que la existencia de versiones digitales libres de algunas revistas modernas permitiría facilitar la recogida de algunos de los materiales. 148 contraproducentes, hemos sido incapaces de encontrar la manera de que nuestra disciplina proyecte la imagen de ser a la vez interesante y accesible, en otras palabras, de ser simultáneamente una materia fascinante y susceptible de ser aprendida por un estudiante americano de inteligencia y talento normales».11 Y da unos cuantos detalles de cómo deberían ser estos manuales: «Tenemos que diseñar estos libros de tal manera que despierten el deseo de los estudiantes por aprender más acerca de la lingüística histórica, sin tratar de abrumarlos con nuestra erudición. Para alcanzar este objetivo estas introducciones tienen que incorporar varias estrategias concretas: En primer lugar, tienen que ser autosuficientes. No hay que presuponer una gran cantidad de conocimientos lingüísticos, geográficos o históricos por parte del público al que se dirigen. Todo lo que sea importante en estos campos tiene que estar incluido en el texto en un punto en el que permita a los estudiantes aplicar este conocimiento a la parte relevante de la materia. Antes de describir cambios concretos en una lengua románica, será necesario explicar las causas y los mecanismos del cambio lingüístico. Antes de abordar la desaparición de las declinaciones en romance, el autor tendrá que explicar qué eran y cómo funcionaban en latín. En segundo lugar, los autores de estos textos tendrán que vencer la tentación de presentar demasiado material. En lugar de incluir todas las familias de lenguas importantes de la tierra, habrá que escoger las pocas que los estudiantes puedan conocer. En lugar de analizar los efectos de 50 ó 100 cambios fonéticos, con inventario completo de excepciones, se puede hacer una selección de los 25 más importantes, con un complemento acerca de la cuestión de las excepciones. En lugar de ocuparse de todos los tiempos verbales y de todos los casos de cambio analógico, será preferible escoger los dos o tres tiempos cuya evolución sea lingüísticamente más interesante e iluminadora. En tercer lugar, habrá que tener en cuenta el nivel lingüístico de los destinatarios. Se escriba en inglés o en la lengua cuya historia se traza, los autores deberían evitar las estructuras retóricas complejas y pretenciosas o el exceso de vocabulario técnico» (Pharies 2005, 225).12 En Europa, sin embargo, somos más dados a complicar nuestras disciplinas. Ante el tercer punto señalado por Pharies, por citar sólo este aspecto, una reacción posiblemente común a muchos profesores de filología sería la siguiente: «si un estudiante de filología no es capaz de entender un manual escrito con una sintaxis y un léxico ligeramente complicados, ¿qué hace estudiando filología?; ¿y qué hará cuando tenga que leer el Cid?». Dado que los estudiantes son los que son y saben lo que saben, la resignación del profesor europeo podría plasmarse en el dicho: «¡con estos bueyes hay que arar!». Puede que no sepamos por qué un estudiante escoge seguir una carrera filológica, pero lo que está claro es que, si nosotros no le enseñamos, difícilmente podrá leer el Cid en versión original, y esta tarea, difícil para 11 12 El problema parece especialmente grave en Estados Unidos, donde el paradigma impuesto por Malkiel no favorecía la creación de manuales. Pharies ha hecho realidad el proyecto anunciado en su artículo con la publicación de una historia de la lengua española en inglés y en español (Pharies 2007a; 2007b). 149 un principiante, no hay que hacérsela necesariamente más desagradable de lo que ya le parece a él. Por otro lado, más que preocuparnos por lo que los estudiantes saben al entrar en la universidad, hay que presuponer que llegan a ella con deseos de aprender y que, contando con esto, es posible convertir a los bueyes en lechuzas. Si recordamos los comentarios que algunos estudiantes hicieron ante un fragmento del manual de Lausberg (cf. 8.9.), nos convenceremos de que el tipo de obras propuesto por Pharies es una necesidad real. El lenguaje críptico y elíptico de muchos manuales de romanística (cf. el comentario de Malkiel, 8.2.) debería ser sustituido por la explicación clara de todo lo que el estudiante necesita saber para seguir adelante por su cuenta. Si se nos permite la inmodestia, un pequeño ejemplo de esta manera de obrar podría ser el siguiente fragmento: «El sistema vocálico latino era el siguiente: Ʈ/ư, Ɯ/ƞ, Ɩ/Ă, ǁ/ƿ, Ǎ/Nj. Este orden simétrico en el que suelen presentarse las vocales merece una explicación. No se trata de un capricho, sino que pretende reflejar la disposición de las vocales en el espacio vocálico. En este espacio convencionalmente se representan a la izquierda las vocales que se articulan en la parte anterior de la boca y a la derecha las vocales que se articulan en la parte posterior. La [i] es la vocal más anterior y se coloca en el extremo izquierdo. La [u] es la vocal más posterior y se coloca en el extremo derecho. La [a] se considera una vocal central, lo cual explica su posición entre la [e] y la [o], que son, a su vez, una vocal anterior y una vocal posterior pero menos extremas que la [i] y la [u]. En el caso de las vocales anteriores se coloca en primer lugar la vocal larga (Ʈ/ư, Ɯ/ƞ) porque las vocales largas son más tensas y se sitúan más en la periferia. Por ese mismo motivo el orden es el inverso en las vocales posteriores (ǁ/ƿ, Ǎ/Nj). En el caso de la vocal central el orden de colocación de la larga y la breve no es significativo, de tal manera que muchas veces aparece una sola vocal con los símbolos de larga y breve colocados uno encima del otro; el motivo es que ninguna lengua románica distingue entre estas dos vocales. Me he entretenido en la explicación de esta convención para poder señalar que en todas las disciplinas existen formalizaciones de este tipo, que un neófito debe aprender si quiere entender los textos que lee. Algunas de estas formalizaciones no van más allá de meros distintivos del club lingüístico al que se pertenece. Otras, como la que acabo de presentar, contienen un significado (fonético en este caso) que es preciso conocer» (Sánchez Miret 2007b, 229–230). En definitiva, en estos dos primeros apartados hemos puesto de manifiesto algunas necesidades, no circunscritas exclusivamente al proyecto de una nueva gramática histórico-comparativa, aunque sí imperativas para la realización efectiva de una empresa de esta naturaleza: 1) la necesidad del trabajo en equipo; 2) la necesidad del perfeccionamiento de los sistemas de información; 3) la necesidad de no repetir el trabajo que ya está hecho; 4) la necesidad de buenas obras introductorias para los estudiantes. 150 9.3. Rasgos generales de una nueva gramática En este apartado se discutirán algunos aspectos de lo que debería o podría ser una nueva gramática histórico-comparativa de las lenguas románicas (cf. también Sánchez Miret 2006). 9.3.1. Problemas del modelo tradicional Al modelo tradicional de gramática histórica se le han señalado dos defectos esenciales: atomismo y falta de historicidad. Por atomismo se entiende el estudio de los problemas de manera inconexa con el resto del sistema; el resultado final sería una mera yuxtaposición de microanálisis. La crítica contra el atomismo es ya muy antigua y se combina con la de falta de historicidad en las palabras que Elise Richter dirigía a MeyerLübke al iniciar el artículo con el que contribuyó al homenaje dedicado al maestro: «La gramática histórica ha hecho abstracción del hecho de que, en realidad, todos estos puntos [Richter se refiere al léxico, la base articulatoria, el significado, el acento, la formación de palabras, la organización sintáctica, la función y la posición de las palabras], o la mayoría de ellos, no pueden observarse por separado. Como consecuencia, nos hemos acostumbrado a analizar la lengua ‹punto por punto›, a lo alto y a lo ancho, en todas sus proyecciones. Es cierto que, incluso sin contar con que esta abstracción tiene una justificación interna y fundamental, no había realmente ninguna otra forma de llegar a descubrir los procesos lingüísticos. Sin embargo, la gramática histórica, tal y como se ha hecho hasta ahora, no se solapa con lo que entendemos bajo el concepto de ‹historia de la lengua›. Usted mismo, admirado y estimado maestro, en su último libro [se refiere a la Historische Grammatik der französischen Sprache, pág. VIII] ha señalado que la exposición de la evolución lingüística ha de ser ‹histórica y orgánica›. La historia de la lengua debe desempeñar el papel de la fotografía viva; no tiene que ponernos delante piezas individuales, sino el entero proceso viviente en el que continuamente actúan fuerzas cambiantes. […] Con otras palabras: historia lingüística a la manera de la historia de la humanidad, no como clasificación metódica de los acontecimientos, sino como representación dinámica y coherente de la interacción de todos los factores. Tras la representación desmembradora de la gramática histórica, nos llama como siguiente tarea la historia pragmática de la lengua» (Richter 1911, 57–58).13 13 En opinión de Cherubim (21998, 541), el tratamiento aislado de los procesos históricos se volvió obsoleto cuando ya antes de la II Guerra Mundial, se empezaron a estudiar las relaciones entre lengua escrita, lenguas especiales y dialectos. Cf. también Metzeltin/Gritzky (2003). La cita de Richter muestra, de nuevo, que textos producidos hace casi un siglo manifiestan inquietudes científicas muy similares a las que dominan nuestro presente, de tal manera que a veces parecería lícito preguntarse si nuestras filologías no se habrán dedicado más a marear la perdiz que a dispararle nada más levantar el vuelo. 151 Casi cien años después de estas palabras, Berschin (2003, 35) repite de manera mordaz la misma crítica: «Desde el punto de vista de la técnica representativa, la gramática histórica carecía de estructura narrativa: el material lingüístico se clasificaba en función de una taxonomía universal – por ejemplo, la evolución de á en lat. MÁNU > fr. main pertenece al capítulo ‹Fonética›, apartado ‹Vocalismo›, grupo ‹Vocales tónicas en sílaba libre›, subgrupo ‹Contexto nasal› – y se presentaba en un orden cronológico. Ni rastro de ‹vida› histórica en todo este tinglado de datos». La conclusión de estas críticas sería que la gramática histórica no es ni gramática ni histórica, con lo cual, a primera vista, quizá sería mejor cambiarle el nombre. Sin embargo, en lugar de rebautizarla, el estudio evolutivo de las lenguas se ha separado en dos tipos de géneros textuales científicos. Por un lado, la gramática histórica se ha concentrado en lo que tradicionalmente se conoce como historia interna de las lenguas.14 Por su parte, la historia de la lengua sería el otro género y se dedicaría a la historia externa. Aunque Diez ya fuera consciente de que no es posible una gramática comparativa completamente separada de la historia externa (cf. Metzeltin/ Gritzky 2003, 24), su presencia en las gramáticas existentes no ha ido más allá de algunos capítulos introductorios y, tras dos siglos de investigación, la lingüística histórica sigue sin encontrar una razonable combinación de estas dos perspectivas. A pesar de que cada vez son más frecuentes las opiniones como las de Metzeltin/Gritzky (2003, 29), para quienes «la lingüística histórica es un campo de investigación que no debería limitarse al estudio del cambio lingüístico en sí mismo, sino que debería tomar en consideración también el trasfondo histórico general (la historia) y las tendencias evolutivas generales del hombre (la antropología)», se ha demostrado, sin embargo, que es extremadamente difícil correlacionar de manera clara los fenómenos de cambio lingüístico con fenómenos de historia externa.15 Dada esta tensión entre distintos objetivos científicos, se ha propuesto una especialización de los términos diacrónico e histórico, que antes eran sinónimos (cf. Kabatek 2003; Echenique-Elizondo 2003). La gramática histórico-comparativa, a pesar de su nombre, se ocuparía de un estudio diacrónico, es decir, atendería al cambio lingüístico en sí mismo, desligado de su vinculación a un tiempo concreto y a unas variedades, unas tradiciones 14 15 La distinción entre historia interna e historia externa procede de Paris (1897/1909), cf. Berschin (2003). La historia interna (del francés) consiste en «la exposición en orden cronológico de los cambios que ha sufrido el latín en su fonética, morfología, léxico y sintaxis desde el momento de su introducción en la Île de France» (Paris 1909/1897, citado en Berschin 2003, 33–34). Un famoso intento en esa dirección son los Orígenes de Menéndez Pidal (cf. 5.3.). 152 discursivas y unas normas precisas. La historia de la lengua, por su parte, sí sería realmente una disciplina histórica. Esto, sin embargo, no ha de interpretarse como una superación de la gramática histórica (de una sola o de varias lenguas en comparación); se trata, por el contrario, de una perspectiva distinta de afrontar la evolución de las lenguas que se ha impuesto más tarde en el panorama científico, pero que no sustituye los objetivos de la gramática histórica (cf. 9.3.3.). Pero a pesar de todo, parece predominar el balance negativo que hace, por ejemplo, Swiggers (2003, 59–60) acerca del encuentro entre gramática comparativa y lingüística histórica en el ámbito romance: «por un lado, la gramática comparada de las lenguas románicas es de sesgo tradicional, poco inclinada a una mirada dinámica y refractaria a la variación ‹subestándar›; por otro lado, las historias de las lenguas románicas son raramente ‹comparativas›, ya que se basan generalmente en la historia de una sola lengua cuyo análisis con relación a otras se limita al nivel de los contactos e interferencias. Una segunda constatación necesaria es la de una ‹vida paralela› de la historia interna y la historia externa en las aproximaciones históricas a las lenguas románicas […]. La tercera constatación consiste en un cierto ‹rechazo› (justificable hasta cierto punto) de la oralidad y la variación». Aun admitiendo que Swiggers tiene razón, la concepción que hoy podamos tener de la gramática histórica sale mejor parada si reconocemos que no se le puede pedir lo que en realidad no pretende dar.16 La gramática históricocomparativa es un género científico orientado hacia una parte concreta de los procesos de cambio y no quiere ser ni la única aproximación diacrónica posible, ni un modelo completo del cambio. Básicamente se ocupa de los dos primeros aspectos que Weinreich/Labov/Herzog (1968) diferencian en el estudio de los cambios lingüísticos: 1) ¿Qué cambios son posibles dadas las condiciones concretas (incluyendo los universales) de una fase lingüística determinada (constraints)? 2) ¿A través de qué fases intermedias pasa un cambio desde la fase A a la fase B (transition)? (cf. Cherubim/Objartel 1981, 6). En definitiva, para delimitar el alcance y la validez de la gramática histórico-comparativa conviene ponerse de acuerdo en un modelo completo de los aspectos históricos de las lenguas y de las perspectivas investigadoras que deben analizarlos. Oesterreicher (2006) ofrece un modelo de este tipo al distinguir tres aspectos en la historicidad de las lenguas basados en tres distintas formas de diferencia lingüística (Oesterreicher 2006, 69): 16 Como se verá inmediatamente, Swiggers alude en el pasaje citado a distintos aspectos de la historicidad de las lenguas que Oesterreicher (2006) prefiere separar, en orden a delimitar distintas perspectivas investigadoras, válidas todas, pero distintas. 153 1) El primer aspecto cubre todas las manifestaciones que se refieren al cambio lingüístico y a la modificación de determinadas normas discursivas; en definitiva, abarca el ámbito de lo que se suele llamar la diacronía de las lenguas y de los discursos y que es objeto de la historia de la lengua.17 Este aspecto recibe el nombre de historicidad – cambio lingüístico (Sprachwandel) (Oesterreicher 2006, 71). Sin embargo, la diacronía definida en términos lingüísticos no es el único aspecto de la historicidad de las lenguas. Por el contrario, los dos siguientes aspectos de la historicidad cubren fenómenos que generalmente (con o sin razón) se encuadran dentro de la sincronía. 2) El segundo aspecto recibe el nombre de historicidad – variación lingüística (Sprachvariation), y cubre los fenómenos de variación sincrónica de una lengua; esta variación tiene un fundamento pragmático y se sitúa a lo largo del continuum de proximidad – distancia comunicativa. Dicha variación lingüística se manifiesta en la conciencia y la competencia lingüística de los hablantes y de los grupos de hablantes y en sus producciones lingüísticas (Oesterreicher 2006, 72). 3) El tercer aspecto es el que más nos interesa aquí y se refiere a la historicidad – diversidad lingüística (Sprachverschiedenheit). Frente a la variación lingüística, cuya perspectiva es interna, la diversidad lingüística se percibe desde una perspectiva externa.18 El campo de investigación dedicado a la diversidad lingüística está en un terreno de nadie entre los intereses de la diacronía y la sincronía y sus descubrimientos pueden ser útiles tanto para cuestiones diacrónicas como sincrónicas. Estas investigaciones no se ocupan de la conciencia lingüística del hablante (el problema pragmático de la coexistencia de fenómenos lingüísticos) y tampoco del cambio histórico (los procesos de innovación, formación de reglas y normas en las lenguas históricas). Sin embargo, desde la perspectiva de la diversidad lingüística se pueden analizar todos los fenómenos relativos a la variación lingüística e igualmente algunos de los fenómenos de diversidad lingüística se pueden tratar desde el punto de vista del cambio lingüístico (Oesterreicher 2006, 72). Oesterreicher ejemplifica los tres aspectos de la historicidad con un fenómeno bien conocido de la historia del latín y su evolución a las lenguas románicas, como es el de las formas verbales que expresan el futuro (aparición de formas analíticas en latín como fruto de estrategias motivadas cognitivamente, puesta en marcha de procesos de gramaticalización y transformación 17 18 Oesterreicher no diferencia diacrónico e histórico en el sentido mencionado antes, sino que propone una redefinición de los conceptos de sincronía y diacronía, que conduce a una nueva visión de todo el espacio de la investigación lingüística. Los adjetivos interna y externa no tienen aquí nada que ver con el uso tradicional en los sintagmas historia interna vs. historia externa, cf. n. 14. 154 de las estructuras modales originales en nuevas categorías temporales). La investigación centrada en la historicidad – cambio lingüístico tiene la tarea de conceptualizar estos procesos, describirlos detalladamente y documentar su difusión en los textos. La investigación interesada por la historicidad – variación lingüística se preocupará de describir la coexistencia y la competencia en un momento dado de la historia del latín entre las nuevas construcciones y otros medios de expresión y procurará relacionar cada forma con sus variedades y tradiciones discursivas respectivas (Oesterreicher 2006, 72). En tercer lugar, es posible analizar estos mismos fenómenos desde el punto de vista de la historicidad – diversidad lingüística. En este caso la tarea consiste en clasificar las estrategias que subyacen a las nuevas construcciones, en describir los rasgos especiales de las nuevas combinaciones de auxiliar y lexema (p. ej. su posición en la frase o su representación gráfica) y en fijar las fases y los resultados de la reducción del significante (VENIRE HABET > … > venrá > vendrá). «En principio esto se puede hacer sin tener en cuenta los aspectos relacionados con el cambio lingüístico y con el contexto concepcional-comunicativo» (Oesterreicher 2006, 74; en cursiva en el original).19 La gramática histórica está en principio interesada en el cambio lingüístico, pero se centra en realidad en la diversidad lingüística, ya que su objetivo consiste en fijar una serie de sincronías ordenadas cronológicamente y mostrar su relación genética sobre la base de una serie de cambios fonéticos regulares (Oesterreicher 2006, 77, 80). Las gramáticas históricas trabajan con cortes temporales del tipo latín – francés antiguo – francés moderno. La comparación entre estas fases, aunque tenga una motivación genealógica, se basa en última instancia en la diversidad lingüística. En este tipo de obras se trabaja siempre con entidades idealizadas en dos sentidos: «no se refieren a la totalidad o a una parte de las variedades y normas de una lengua coexistentes en un punto temporal concreto y tampoco pueden relacionarse con tipos de discurso concretos; en tanto que resultado de procesos históricos estas entidades presuponen el cambio lingüístico, pero sin que este se analice y se describa procesualmente (si exceptuamos la comprobación de la continuidad de los significantes)» (Oesterreicher 2006, 84). La falta de claridad en la formulación de sus objetivos, o bien la falsa percepción externa de cuáles han de ser dichas metas, ha dado lugar a que se le hayan hecho los reproches que hemos mencionados antes con citas de 19 Concepcional es una traducción de konzeptionell. En la distinción entre lo oral y lo escrito Koch/Oesterreicher (1994) distinguen dos puntos de vista. Por un lado, el punto de vista del medio empleado: así tenemos el medio oral y el medio escrito. Por otro lado, la concepción del discurso: puede ser una concepción más cercana a lo oral o más cercana a lo escrito, en función de la situación comunicativa concreta (en este caso nos encontramos ante un continuum). Gracias a estos parámetros es posible caracterizar distintos tipos de textos. 155 Richter, Berschin, Metzeltin/Gritzky y Swiggers.20 Teniendo esto en cuenta, la gramática histórica no sale tan mal parada: «La interpretación y el juicio de la lingüística histórico-comparativa desde la perspectiva de las tres historicidades que presentamos aquí basándonos en el concepto teórico de historicidad, son ciertamente críticos, pero permiten a la vez reconocer que la limitación descrita de la lingüística histórico-comparativa es sólo relativa. En esta restricción de nuestro juicio radica además el motivo por el que esta lingüística no puede ser realmente ‹superada›; hay que juzgarla en su marco y a partir de sus premisas, lo cual permite además resaltar los aspectos correctos que defiende y que son fácilmente reconocibles, si se conocen las limitaciones señaladas. Este hecho aclara la para muchos sorprendente continuidad de esta disciplina y la importancia fundamental hasta hoy de este tipo de análisis lingüístico. Todo esto se comprueba fácilmente en el masivo uso que de los resultados de la lingüística histórico-comparativa hacen las corrientes tipológicas, generativas, cognitivas, la teoría de la gramaticalización e incluso la teoría de la optimidad» (Oesterreicher 2006, 81). De cualquier manera, el reconocimiento de los límites exactos de la gramática histórica no lleva inevitablemente a seguir practicándola de la misma manera que hasta ahora. El defecto estructural ligado al atomismo puede corregirse a través de dos tipos de síntesis, tal y como señala Swiggers (2006, 53): en primer lugar, la gramática histórica está en condiciones de decantar los parámetros con los cuales se pueden comparar las lenguas románicas; en segundo lugar, la gramática puede estructurarse alrededor de los procesos generales que han actuado en la historia de estas lenguas (Swiggers menciona la fonologización/desfonologización, el reanálisis, el cambio semántico o la gramaticalización). Las gramáticas histórico-comparativas trabajan sobre todo desde la perspectiva de las lenguas codificadas y estandarizadas y usan ocasionalmente los datos de la variación de la época medieval como testimonios de fases intermedias en la evolución. Ciertamente una gramática no puede recoger todos los cambios de todas las variedades, pero puede y debe ofrecer la visión general suficiente para integrar en un cuadro panromance los cambios de cada una de ellas.21 La gramática comparativa es un marco explicativo que intenta resaltar lo general y es una depuradora de las explicaciones propues- 20 21 Es interesante resaltar además que la distinción de tres tipos de historicidad permite reanalizar una parte de la historia de la romanística, ya que las críticas que se lanzaron contra los neogramáticos por parte de la dialectología, la onomasiología, la lingüística idealista o los estudios de lenguas en contacto se refieren a cuestiones que tienen que ver con los otros dos tipos de historicidad (Oesterreicher 2006, 80). De cualquier modo, una nueva gramática debería aspirar, al menos, a la incorporación de los datos de las lenguas minoritarias, menos tenidas en cuenta en el canon de Meyer-Lübke y Lausberg. Como señala Blasco Ferrer (2006), la consideración de las lenguas minoritarias permite establecer puentes entre las lenguas estandarizadas. 156 tas, porque no deja pasar ninguna hipótesis ad hoc elaborada sólo a partir de los datos de una lengua.22 9.3.2. Teoría Cualquiera que decida emprender el proyecto de elaborar una nueva gramática histórico-comparativa de las lenguas románicas habrá de afrontar la cuestión del modelo teórico que empleará para la descripción y la explicación de sus datos. A este respecto está todavía por ver si es posible invalidar con obras futuras el siguiente juicio de Malkiel (1960, 399): «El tipólogo detecta pronto un cierto conflicto entre los ideales de máxima amplitud y sutil sofisticación. Excepto en el esfuerzo pionero de Diez y quizá en el primer volumen de la gramática comparativa de Meyer-Lübke, la búsqueda del máximo grado de amplitud y, especialmente, de las mayores cotas de exhaustividad suele coincidir con un pronunciado conservadurismo metodológico». Sin embargo, las siguientes palabras de Reichmann/Wegera (1993, 4) ponen de manifiesto que una cierta actitud conservadora sigue pareciendo inevitable: «La base teórica para la gramática ha de ser todo lo uniforme que sea posible para todas las partes de la gramática, es decir, para la grafemática, la fonética, la morfología y la sintaxis. Dada la amplia oferta de la lingüística moderna, especialmente en teorías morfológicas y sintácticas, hay que escoger aquella teoría que, en primer lugar, facilite una conexión sin problemas con la teoría gramatical tradicional practicada en la investigación histórica y en esta colección de gramáticas; una teoría que, en segundo lugar, pueda ser comprendida sin necesidad de muchas lecturas, tanto por los lingüistas profesionales como por los estudiantes y, sobre todo, por los representantes de las disciplinas vecinas mencionadas antes y que frecuentemente carecen de formación lingüística, una teoría, en tercer lugar, que no vaya por detrás de las opiniones comúnmente aceptadas. Un estructuralismo moderado puede responder a estas exigencias. Bajo este nombre hay que entender una concepción lingüística que parte de los textos, determina cuáles son sus unidades gracias a métodos controlables, formaliza dichas unidades en abstracciones de la langue y las describe de tal manera que sus varias realizaciones posibles sean reconocibles y, por último, las organiza dentro de un sistema. Por supuesto, esta denominación no corresponde a todos los aspectos de detalle de todos los estructuralismos; sin embargo, una gramática completa, para que pueda ser usada por un círculo heterogéneo de usuarios, tiene que basarse en una posición teórica basada en lo que se tiene por seguro. Dicho de otra manera: la gramática, precisamente por motivo de su aceptabilidad, tiene que ir un paso por detrás de la discusión teórica actual. Una reformulación de todo el patrimonio de logros formulados de manera convencional dentro de la lingüística histórica a los términos de una teoría recién aparecida es algo imposible de hacer por puras razones prácticas». 22 «Desde la perspectiva de una sola lengua todo parece natural; sólo gracias a la comparación aparecen los problemas» (Togeby 1962, 317). 157 De cualquier modo, una nueva gramática histórico-comparativa no puede pasar por alto la renovación producida en el ámbito de los estudios diacrónicos. Como señala Company, se ha ampliado el concepto de gramática con la incorporación de: 1) un concepto amplio del significado; 2) la variación sincrónica; 3) la pragmática histórica centrada principalmente en el papel de las tradiciones discursivas en el cambio gramatical (Schlieben-Lange 1992; Jacob/Kabatek 2001; Kabatek 2003); 4) el uso como componente esencial de la gramática.23 Si a esto le unimos la difusión del funcionalismo (opuesto al formalismo), nos encontramos ante un «cambio de paradigma en la teoría lingüística» (Company Company 2005, 153). La teoría de la gramaticalización, la tipología y la lingüística cognitiva son elementos de ese nuevo panorama teórico que se adaptan perfectamente a los objetivos de la gramática histórico-comparativa, ya que son teorías que requieren por fuerza la comparación dentro y fuera de los límites de una familia de lenguas (cf. Posner 2001, 542; Ernst et al. 2003a, 4–5; Stolova 2005, 244; Dworkin 2005, 127; Oesterreicher 2006, 70). Por lo que se refiere a la fonología histórica, una nueva gramática ha de tener en cuenta de manera mucho más sistemática que hasta ahora las investigaciones del campo de la fonética, donde radican las causas primeras de todo cambio fonológico.24 Si hemos de juzgar a partir de las gramáticas analizadas en el capítulo anterior, las de mayor compromiso teórico, como la de Manoliu o las de Hall y Agard, son menos útiles como obra de consulta para el investigador actual (cf. 8.9.). Una nueva gramática guiada 1) por modelos fonéticos como los que menciona Ohala para explicar los cambios fonológicos; 2) por la Morfología Natural para comprender la organización y el cambio de los paradigmas; 3) por la teoría de la gramaticalización y un modelo sencillo de sintaxis funcional para analizar las evoluciones sintácticas; 4) por los descu- 23 24 Como puede comprobarse, nos encontramos ante un planteamiento que combina los tres aspectos separados por Oesterreicher. De cualquier manera, ya hemos mencionado que los mismos fenómenos pueden analizarse bajo las tres perspectivas. Y la perspectiva de la diversidad lingüística, situada en un punto neutral, puede aspirar legítimamente a comparar entidades separadas por cortes cada vez más finos. Aunque es importante mantener la distinción teórica de las tres historicidades, la gramática histórica tiene mucho que ganar si amplía su objeto de atención también a los fenómenos que caen bajo la historicidad – variación lingüística y elabora sus análisis de tal modo que sean fructíferos para los trabajos centrados en la historicidad – cambio lingüístico. «Hoy por hoy, las gramáticas históricas o cualquier explicación de universales fonológicos todavía tienen que cumplir con la exigencia de representar los sonidos lingüísticos de manera tal que se pueda predecir adecuadamente su comportamiento. Para este fin son suficientes los modelos fonéticos existentes […]. Naturalmente es y será necesario elaborar y revisar los modelos existentes e introducir otros nuevos en la medida en la que queramos explicar más patrones fonéticos de las lenguas» (Ohala 2005, 16). 158 brimientos de la lingüística cognitiva para investigar los procesos del léxico; 5) y por la teoría del uso para integrar todas las anteriores,25 podría ofrecer un balance aceptable entre renovación teórica y fácil accesibilidad para un público amplio. 9.3.3. Objetivos básicos de una nueva gramática 1) Una nueva gramática histórico-comparativa de las lenguas románicas debe aspirar a ser una presentación ordenada y completa de los cambios fonológicos, morfológicos, sintácticos y semánticos que experimentó el latín en los distintos territorios del Imperio y que han dado lugar a las lenguas románicas. Este objetivo está ya parcialmente logrado por las obras precedentes y la tarea de la nueva gramática consiste, por un lado, en comprobar y completar los datos y, por otro, en diseñar una presentación que sea adecuada a los objetivos siguientes.26 2) El siguiente objetivo es la explicación de los cambios. En este contexto explicar significa poner de manifiesto cuál de entre los distintos mecanismos de cambio lingüístico es el que se pone en funcionamiento en un caso concreto. Esta parte de la gramática obliga a estar en permanente diálogo con las teorías del cambio. 3) Aunque no de manera obligatoria, una gran gramática debería hacer justicia a la investigación precedente acompañando las explicaciones adoptadas con el complemento de la presentación y la discusión de las demás explicaciones que se han propuesto para cada cambio. El resultado de esta parte se constituiría en una historia de la investigación llevada a cabo en el campo de la romanística diacrónica (cf. n. 10). 4) Otro producto resultante de la gramática debería ser la individuación y análisis de los procesos generales que han actuado en la historia lingüística de las lenguas románicas. Se trataría de dar respuesta a la pregunta de cómo ha cambiado el latín. 5) La otra cara de la moneda sería la individuación y análisis de los principios que han intervenido en la separación de las lenguas románicas, que, a su vez nos daría la lista de parámetros con los que se pueden comparar estas lenguas. 25 26 No en balde escribía Horacio, Ars poetica 70–72: «multa renascentur quae iam cecidere, cadentque / quae nunc sunt in honore uocabula, si uolet usus, / quem penes arbitrium est et ius et norma loquendi» [= muchas palabras que se habían perdido renacerán y muchas que ahora están de moda caerán, si lo quiere el uso, que tiene en sus manos la autoridad, la ley y las normas del habla]. «Se constata, en efecto, cada vez que se trata de escribir un libro, que la disposición de la materia no es sólo un problema pedagógico o de presentación puramente exterior, sino que la solución de muchos de los problemas que se tratan está íntimamente ligada a dicha ordenación» (Togeby 1962, 316). 159 9.3.4. Aspectos prácticos Una gramática de grandes dimensiones debería ser una obra de consulta en la que fuera fácil encontrar la información deseada. El modelo tradicional (básicamente: vocales, consonantes, morfología nominal, morfología verbal, sintagma nominal, sintagma verbal, léxico) tiene la ventaja de que es el que muchos conocemos ya. El reto de la nueva gramática consiste en integrar en este esquema las síntesis y las interconexiones. Una gramática que reflejara el estado actual de los saberes básicos compartidos por la comunidad científica sería ya un avance, puesto que la última gran síntesis es ya bastante antigua. Sin embargo, la gramática puede también hacerse eco de las preocupaciones de la investigación actual. En este sentido, de una nueva síntesis surge un panorama de los puntos oscuros. Pero aún sería posible ir más allá, es decir, acompañar la investigación al tiempo que se va produciendo. Para ello sería necesario dar a la obra una forma que permitiera la introducción ágil de cambios. Un modelo que hay que intentar es el que ofrecen las wikis. Una consecuencia positiva de una aplicación del método de trabajo colaborativo de las wikis adaptado a la investigación científica en el campo de las humanidades sería que no haría falta leer lo mismo en mil sitios. Con un soporte informático que permitiera la aparición en la pantalla y la impresión sólo de las categorías de información deseada por el usuario, la gramática podría convertirse en una obra que diera respuesta a las distintas necesidades que plantean los diferentes públicos posibles. Podría ser un obra de consulta, podría ser un instrumento de investigación y podría ser una introducción para estudiantes. Para ello habría que diseñarla de tal manera que la información estuviera marcada con distintas categorías27 y el lector pudiera escoger el tipo de obra que quiere leer.28 La resolución de los problemas técnicos no debería suponer un obstáculo insalvable. Tampoco debería ser una ilusión irrealizable la colaboración en una empresa de esta naturaleza, siempre y cuando la técnica permita documentar cuáles han sido las aportaciones de cada uno (algo que es factible) y los organismos académicos que han de valorar la producción científica de cada universitario las reconozcan como contribuciones científicas evaluables. 27 28 Algunas de estas categorías podrían ser las siguientes: 1) descripción breve del fenómeno; 2) ampliaciones a la descripción; 3) listas de ejemplos; 4) documentación textual; 5) distribución geográfica; 6) cronología; 7) explicaciones del fenómeno presentadas brevemente; 8) ampliaciones a las explicaciones; 9) implicaciones con otros fenómenos; 10) problemas sin resolver. Es inevitable que sigan resonando en nuestros oídos las palabras de Varvaro (1997, 35) citadas antes. 160 10. Historia de los diccionarios etimológicos de las lenguas románicas 10.1. Tipología de la investigación La investigación histórico-comparativa del léxico de las lenguas románicas pretende descubrir cuáles han sido las tendencias generales en la evolución desde el léxico latino hasta los distintos léxicos de las lenguas románicas. El primer aspecto que debe estudiar es el alto grado de conservación de léxico latino; en segundo lugar, debe analizar las diferentes vías de innovación practicadas por las lenguas románicas, para concluir, por último, con la explicación del proceso de diferenciación y fragmentación léxica que han experimentado las lenguas románicas. Para Stefenelli (1996, 368) todavía no es posible una síntesis completa de todos estos aspectos, ya que aún no existen los suficientes trabajos sistemáticos para cada una de las variedades lingüísticas románicas que ofrezcan la necesaria base empírica. Además, la presentación sistemática de los datos cuenta con dos importantes problemas: por un lado, la historia de cada palabra presenta aspectos particulares, de tal manera que sólo es posible llegar a formular principios generales tras el análisis de una inmensa cantidad de material;1 por otro lado, el tipo de documentación con el que contamos para cada variedad lingüística románica dista mucho de ser uniforme, con lo cual la comparación que podamos llevar a cabo es cuestionable. Stefenelli (1996, 368) señala también otro problema metodológico poco tenido en cuenta hasta hace poco y que consiste en la variación y dinámica de los diasistemas preliterarios de cada lengua románica: la comparación llevada a cabo a partir de resultados ya establecidos en cada variedad oculta toda una fase de competencia entre distintas formas y no es un fundamento sólido para establecer conclusiones relativas al tipo de latín de la época de la romanización (por ejemplo, el triunfo del tipo COMEDERE en parte del iberorrománico no debe llevarnos a creer que el tipo MANDUCARE no estuviera también bastante extendido y no constituyera una variante sinonímica en el protoiberorrománico). 1 Posner (1980, 190) también señala que la complejidad del material, que ofrece un campo de trabajo agradable para los investigadores de orientación más filológica, habría impedido sin embargo la elaboración de un marco teórico y metodológico coherente. 161 Las investigaciones relativas a la diacronía del léxico, cuyo marco general acabamos de trazar, pueden concentrarse en realidad en aspectos muy variados: estudios onomasiológicos, atención especial a la etimología, a la historia semántica, a la historia cronológico-textual de la palabra, estudios sobre los préstamos, sobre las nuevas creaciones, sobre la distribución geográfica de las palabras, sobre la relación entre los avatares léxicos y la historia social; otras aproximaciones posibles son el análisis de la diferenciación léxica de las lenguas románicas (Rohlfs 1960/1954; 1971; Lüdtke 1974/1968) o la determinación del léxico básico de una lengua. De entre los distintos géneros de investigación histórico-comparativa del léxico vamos a concentrarnos en los diccionarios etimológicos, ya que, como afirma Zamboni (1988/1976, 256), son «la meta ú l t i m a y, en muchos aspectos, la más difícil y compleja de la etimología […], la ambición suprema de los etimólogos y de los lexicólogos históricos es proporcionar una ilustración completa y exhaustiva, hasta donde sea posible, de todo el léxico de una lengua o de un grupo de lenguas afines, que, más allá del resultado científico en sí, constituye una especie de puntualización sobre el estado de la investigación en este sector particular y la premisa indispensable para posteriores valoraciones de carácter sistemático». Por lo tanto, no nos ocuparemos de las múltiples vertientes posibles del estudio diacrónico del léxico y ni siquiera trataremos de la disciplina etimológica en su conjunto; para esto último, cf. Malkiel (1996/1993).2 Malkiel (1976) nos ofrece un análisis tipológico de los diccionarios etimológicos y para ello usa ocho rasgos distintivos.3 1) La profundidad temporal: los diccionarios pueden retrotraer el origen de las palabras a distintos niveles temporales (p. ej. el latín o el indoeuropeo). En este sentido se habla dentro de la romanística de etimología próxima vs. etimología remota. 2) La dirección del análisis etimológico puede ser prospectiva (p. ej. desde el latín a las lenguas románicas) o bien retrospectiva (p. ej. partiendo del portugués moderno se busca el origen de cada palabra en latín, griego, árabe, provenzal, etc.).4 2 3 4 En líneas generales, Malkiel tiene una opinión de los diccionarios etimológicos bastante menos entusiasta que la de Zamboni. Para Malkiel forman parte de una primera fase de la investigación etimológica, que debería dar paso a un segundo momento dominado por las monografías dedicadas a palabras individuales o a grupos concretos de palabras. Tanto es así, que Malkiel llega a reprochar a la sociedad de los años 90 el fomento de la producción de diccionarios, frente a las monografías. Puede verse una presentación más breve de sus ideas en Malkiel (1990). Para una sucinta aproximación a la metodología de las investigaciones léxicas del propio Malkiel, cf. Posner (1980, 181). Como veremos al final de este capítulo, el DÉRom (Dictionnaire Étymologique Roman) opta por una presentación prospectiva pero su objetivo es en realidad 162 3) El campo de trabajo: un diccionario puede decidir limitarse a investigar la parte del léxico que una o varias lenguas han dado a la(s) lengua(s) objeto de estudio (p. ej. se puede estudiar el léxico rumano de origen latino, dejando fuera el léxico eslavo, griego, turco, albanés, húngaro, etc.); desde el punto de vista de la(s) lengua(s) objeto de estudio el diccionario puede delimitar su campo de atención de maneras muy variadas (p. ej. puede concentrarse en la lengua literaria o incluir algunas variedades dialectales, puede tratar sólo algunos miembros importantes de una familia de lenguas o bien incluir todas las variedades conocidas, etc.). 4) La estrategia lexicográfica: la materia puede aparecer en el diccionario sin ninguna división o puede organizarse cronológicamente,5 también pueden separarse las palabras comunes a toda o gran parte de una familia de lenguas distinguiéndolas de aquellas que se encuentran sólo en alguno de sus representantes. En este terreno Malkiel imagina algunas posibilidades que no se han llevado a la práctica, como la que consistiría en separar las palabras latinas atestiguadas de las reconstruidas o bien las bases latinas transmitidas por vía popular de las que se han incorporado a las lenguas romances por vías cultas.6 Al criterio de la estrategia lexicográfica le corresponden también decisiones importantes acerca de la inclusión de variantes, compuestos y formas derivadas,7 así como acerca de la extensión ideal del trabajo y de los procedimientos empleados para ahorrar espacio. 5) La estructura de cada entrada plantea un problema central: «¿Qué debería funcionar como la unidad (‹entrada›) ideal: la familia léxica con todas sus ramificaciones morfológicas o la palabra individual, con una atención detallada a todos sus matices semánticos y a sus metamorfosis?» (Malkiel 1976, 4). La separación de cada miembro de una familia en una entrada distinta es científicamente poco útil, pero tiene la ventaja de favorecer las consultas. Naturalmente, nos encontramos con diccionarios que buscan algún tipo de compromiso entre los dos extremos. Otros aspectos relativos 5 6 7 retrospectivo, ya que pretende servir para la reconstrucción del protorromance. Acerca de los diccionarios cronológicos, cf. Kesselring (1990). Con este tipo de diccionarios se puede estudiar, entre otros aspectos, la dinámica del léxico en función del número de primeras dataciones en épocas distintas, también se puede analizar la historia de la productividad de determinados modelos de formación de palabras o el impacto en el léxico de factores de la historia externa. Sería igualmente importante distinguir entre los préstamos cultos y los préstamos interrománicos. El desarrollo de los estudios dialectales es el responsable de la notable diferencia que se observa entre el diccionario de Diez y el REW a la hora de incluir informaciones sobre los préstamos interrománicos (Malkiel 1976, 64). En un diccionario etimológico de las lenguas románicas habría que diferenciar, en la medida de lo posible, los derivados latinos de los románicos. Para las dificultades de esta separación, cf. Pfister (2003, 312). 163 a la estructura de las entradas son el orden en el que se presentan los resultados de las distintas lenguas y la distribución espacial de los datos y las explicaciones. Por otra parte, la manera de señalar el étimo es distinta en los diccionarios existentes y las posibilidades que Malkiel (1976, 54–61) señala son las siguientes: a) el autor simplemente indica la palabra originaria (o bien, indica que el origen es desconocido); b) el autor señala el étimo y da alguna rápida indicación sobre su contexto cultural o hace un breve comentario histórico; c) el autor señala cuál es el étimo más probable, pero señala también las posibilidades alternativas e intenta ordenarlas en función de su plausibilidad; d) el autor considera que una explicación es plenamente satisfactoria (o casi) y rechaza todas las demás (mencionándolas y, frecuentemente, refutándolas de manera explícita); e) el autor abraza una solución, pero ofrece suficiente material bibliográfico para que el lector pueda investigar las opiniones contrarias; f) el autor presenta con cierto detalle la discusión anterior y aboga por una hipótesis (propia o ya existente). 6) La amplitud de perspectiva: el diccionario puede incluir un mayor o menor grado de información auxiliar o contextual (p. ej. información histórico-arqueológica, geográfico-dialectológica, datos de documentación filológica, análisis fonético, morfológico, sintáctico, semántico, estilístico y, sobre todo, información bibliográfica acerca de otras opiniones). 7) El alcance: cada lexicógrafo efectúa una selección particular del material (las palabras escogidas pueden ser las más frecuentes, las más antiguas, las pertenecientes al registro coloquial, o literario, las provenientes de una fuente concreta, como los arabismos en español, o las de una obra, autor o época literaria).8 8) El carácter del diccionario en función del objetivo perseguido por su autor y del nivel empleado en la redacción. 10.2. De la etimología-origen a la etimología-historia de las palabras Los dos grandes puntales de la romanística, Diez y Meyer-Lübke, produjeron no sólo una gramática histórica (cf. cap. 8.), sino también un diccionario etimológico de las lenguas románicas (cf. 10.3. y 10.4.), con lo cual abarcaron el ámbito completo de la diacronía románica tal y como se concebía en su época. En ambos casos la gramática histórica fue un producto anterior y básico para la elaboración del diccionario etimológico, dado que la etimología sólo consiguió convertirse en una ciencia al basarse en el conocimiento de la clasifica8 Un diccionario puede concentrarse en una época determinada dentro de la historia de una lengua o bien el mismo proyecto lexicográfico puede dividirse en distintas épocas. Acerca de los diccionarios por épocas de las lenguas románicas, cf. Müller (1990). 164 ción genealógica de las lenguas investigadas y en la elaboración de la fonética histórica, la morfología histórica y la historia de la formación de palabras, que permiten separar las voces patrimoniales de los cultismos (Pfister 2003, 311).9 En este capítulo analizaremos los diccionarios de Diez y Meyer-Lübke, que son los únicos panrománicos. Tras el Romanisches etymologisches Wörterbuch (REW) de Meyer-Lübke empezaron a aparecer otras obras cuya perspectiva comparativa no alcanzaba a toda la Romania, pero que supusieron una importante modificación en el panorama de la etimología de las lenguas románicas. Nos referiremos especialmente al diccionario etimológico del francés de Walther von Wartburg, al del italiano de Max Pfister y a los diccionarios etimológicos del español y del catalán de Joan Coromines (Corominas) (cf. 10.5.). Para terminar, presentaremos un nuevo proyecto de diccionario panrománico (cf. 10.6.). A diferencia de lo que sucedió con la gramática histórica, la investigación etimológica dentro de la romanística no se construyó siguiendo el modelo de los estudios indoeuropeos, sino que fue desde el principio un terreno en el que la romanística lideró el avance de la ciencia (Bork 2001, 553). En los diccionarios de Diez y Meyer-Lübke la metodología se sustentaba en la fonética histórica, que se había desarrollado extraordinariamente en el siglo XIX. Más tarde, en la primera mitad del siglo XX se desarrollaron también dentro de la romanística nuevas disciplinas que contribuyeron a modificar la investigación etimológica: la semántica, la lingüística geográfica, la historia de las palabras, la onomasiología, la etnolingüística y la investigación de los sustratos y superestratos (Pfister 2003, 316). El resultado de este desarrollo podemos ejemplificarlo con la comparación entre el REW y el diccionario etimológico del francés de Wartburg. Mientras que el REW es el modelo de diccionario orientado por la metodología de la etimología-origen, el diccionario de Wartburg adopta la perspectiva de la etimología-historia de las palabras.10 Esta evolución, que ya preveía de alguna manera Meyer-Lübke en el prólogo al REW, ha hecho que los diccionarios etimológicos aumenten de volumen y se orienten hacia la perspectiva monolingüe. 9 10 En el caso de Diez, la colaboración entre gramática histórica y etimología fue una constante, ya que a lo largo de su vida revisó en varias ocasiones ambas obras, con lo cual las dos salieron beneficiadas (cf. Malkiel 1996/1993, 24). Una nueva vía de colaboración se abre hoy en día gracias a la lingüística cognitiva y a la teoría de la gramaticalización, que han dado lugar a una semántica histórica que tiende puentes entre gramática y léxico. A la búsqueda de generalidades en el cambio semántico se dedica el proyecto del DECOLAR (Dictionnaire étymologique et cognitif des langues romanes, http://www.uni-tuebingen.de/decolar/), ideado por Peter Koch y Andreas Blank †) (cf. Blank/Koch/Gévaudan 2000). A este proceso contribuyó también decisivamente el discípulo de Wartburg, Kurt Baldinger (cf. Craddock/Dworkin/Poghirc 1980, 198–199). Sin embargo, para Malkiel (1976, 11) los diccionarios etimológicos y los diccionarios históricos siguen perteneciendo a dos tipos distintos de investigación. 165 En opinión de Zamboni (1988/1976, 171), en la romanística la etimología no puede limitarse al planteamiento etimología-origen ; dado que disponemos de abundante material textual, el objetivo de la etimología románica ha de ser la estratificación histórica y el análisis del proceso de sustitución de unas palabras por otras. Por eso, como Pfister reconoce, un nuevo REW debería basarse en la ampliación de perspectivas lograda con los diccionarios monolingües y en el meticuloso avance de sus investigaciones (cf. Pfi ster 2003, 317, donde se mencionan los proyectos en marcha más importantes); en consecuencia, para Pfister un diccionario etimológico moderno «investiga la historia y las relaciones genéticas de las palabras individuales e intenta mostrar, además de la etimología, también el cambio de significado y la historia de la palabra dentro de la evolución de una lengua concreta» (Pfister 2003, 309). 10.3. El diccionario etimológico de Diez Friedrich Diez publicó en 1853 la primera edición de su Etymologisches Wörterbuch der romanischen Sprachen, Bonn, Marcus. En vida de su autor aparecieron dos nuevas ediciones ampliadas (21861 y 31870). Tras la muerte de Diez vieron la luz otras dos ediciones (41878, 51887) y dos índices.11 En el prólogo a su diccionario Diez se aparta del método acrítico que había dominado el acercamiento a la historia de las palabras desde la Antigüedad hasta el siglo XIX y defiende la aplicación del método crítico, que se basa en la observancia estricta de los principios de la fonética, que sólo pueden abandonarse en el caso de algunas excepciones patentes (Pfister 2003, 311); de hecho Diez afirma que «la etimología tiene su base científica en la fonética: el etimólogo debe tenerla en cuenta en cada paso que da» (Diez 1853, XIX). Diez atiende, al igual que en la gramática, a las seis lenguas de cultura y ocasionalmente también a otras variedades menores.12 Por otro lado, excluye de su diccionario las palabras que se explican fácilmente desde el latín, como por ejemplo los herederos de CAELUM, AMOREM, MARE, TERRAM, VIVIT, 11 12 De la quinta edición y del índice existe una reimpresión (Hildesheim/New York, Olms, 1969). Apareció también una traducción al inglés: An Etymological Dictionary of the Romance Languages: Chiefly from the German of Friedrich Diez, by T.C. Donkin, London, Williams & Norgate, 1864. Para una historia editorial completa, cf. Bork (2001, 552, 555). En el prólogo menciona en dos ocasiones la importancia del material procedente de los dialectos, en el que podemos encontrar explicaciones a cambios fonéticos y semánticos, y se lamenta de que no todos los dialectos estén bien estudiados (Diez 1853, IV, VII). 166 MORITUR, AMAT, y que, por lo tanto, no aportan mucho a la investigación estrictamente etimológica (cf. Bork 2001, 553).13 El diccionario de Diez tiene una estructuración en dos partes que los diccionarios siguientes no iban a seguir. La primera parte incluye las palabras que se documentan en toda o en casi toda la Romania y aparecen mayoritariamente lematizadas bajo la forma italiana. En la segunda parte nos encontramos con una división de la Romania en tres grupos ejemplificada casi siempre con las palabras de las lenguas más importantes de cada grupo (italiano, español y francés). En su obra Diez no concede ninguna posición especial al rumano y sólo lo incluye por motivos comparativos, lo mismo que el romanche. Diez pone de manifiesto que esta estructuración del diccionario en dos secciones debería servir para reconocer rápidamente cuál es la parte del léxico común a las lenguas románicas y cuáles son los elementos particulares.14 En el prólogo al diccionario Diez analiza también la influencia de otras lenguas e insiste en el papel predominante del léxico latino: «Uno de los fundamentos de la investigación léxica de las lenguas románicas consiste en prestarle la debida atención a este componente» (Diez 1853, XVIII). Aunque Diez se auto-impone una cierta parquedad en la redacción de los artículos, el producto es frecuentemente un texto legible que no se limita a indicar el origen de la palabra. El autor expone la hipótesis etimológica que él adopta, discute las hipótesis contrarias y en muchas ocasiones entra en aspectos de la evolución fonética, morfológica o semántica de la palabra (Malkiel 1976, 43; Bork 2001, 554–555). Por último, Bork (2001, 555) señala cuáles son las decisiones tomadas por Diez para la elaboración de su diccionario que han configurado la esencia de los diccionarios que se harían tras él: 1) atención estricta a las reglas fonéticas; 2) predominio de las lenguas literarias (esto conlleva que la italorromania esté representada sólo por una palabra, mientras que la galorromania lo está por dos, procedentes del provenzal y del francés); 3) la búsqueda etimológica no va más allá del latín y de las lenguas germánicas (etimología próxima vs. etimología remota);15 4) Diez escoge de manera crítica entre 13 14 15 El DÉRom adopta un planteamiento radicalmente distinto al de Diez e incluirá el análisis de las palabras CAELUM, MARE, TERRA, MORIOR y VITA (cf. 10.6.). Las posibles incongruencias de esta división quedan resueltas, como el mismo Diez señala, gracias a la presencia de los índices. Giacomo Devoto querría que la investigación etimológica no se encerrara en el latín, sino que se proyectara hacia atrás hasta donde fuera posible (cf. Zamboni 1988/1976, 262; Malkiel 1990, 1331). Sin embargo, lo que es esencial para los objetivos y los límites de la romanística es fijar la situación del étimo en la historia del latín (siempre que dicho étimo haya estado ya presente en esta lengua); es decir, se trata de investigar el significado de la palabra en latín, su relación con otras y sus valores pragmáticos, en definitiva, todo aquello que sea relevante para 167 las explicaciones presentadas y no suele indicar quién es el autor de la explicación aceptada. 10.4. El REW Meyer-Lübke publicó en fascículos entre 1911 y 1920 la primera edición de su Romanisches etymologisches Wörterbuch, Heidelberg, Winter. Entre 1930 y 1935 apareció una tercera edición completamente reelaborada (la segunda edición de 1924 reproduce la primera; la edición de 1935 se ha reimpreso en 1968 y 1972). Meyer-Lübke señala en el prólogo a la tercera edición que el material que habría que tratar se había vuelto ya infinito y que, en consecuencia, había que escoger. Para Meyer-Lübke la etimología es la investigación del origen de una palabra. Reconoce que con el tiempo el interés por las palabras ha ido más allá de su origen y se ha ampliado hacia lo que se puede llamar la «historia de las palabras», es decir la presentación de su expansión en el espacio y en el tiempo, de su participación en derivaciones y composiciones y la investigación de su desaparición y sustitución por otras. Todo esto, en opinión de Meyer-Lübke, no cabe en un diccionario etimológico, que necesariamente ha de seguir concentrándose en el origen de las palabras. Frente a las intenciones más comparativas de Diez, el objetivo que se propone Meyer-Lübke con su diccionario es el siguiente: recoger y ordenar críticamente las investigaciones etimológicas particulares e intentar solucionar algunos problemas concretos o, al menos, formular las preguntas necesarias para intentar resolverlos. En definitiva, en la intención de su autor la obra debería servir de base fiable para todos los estudios que presuponen la etimología de una palabra.16 El alcance del REW se delimita en torno a todo el léxico heredado del latín. En el caso de palabras de otros orígenes el REW las recoge si están documentadas en varias lenguas17 y también incluye los cultismos más antiguos. El diccionario analiza todas las lenguas románicas (en el orden: rumano, dalmático, italiano, sardo, engadino, friulano, francés, provenzal, catalán, 16 17 hacernos comprender su historia desde el latín, que es el punto de partida que nos hemos fijado, hasta las lenguas románicas de hoy. En este sentido, el REW supone una clara superación de su predecesor, el diccionario de Körting (31907), del que toma, sin decirlo, algunos aspectos formales que no encontramos en el diccionario de Diez, como son: la ordenación alfabética de los étimos latinos, la numeración de los lemas, el uso del asterisco para las formas no atestiguadas y la creación de un índice con todas las voces románicas. Para un equilibrado juicio del olvidado diccionario de Körting, cf. Bork (2001, 556–558). Esto último no se aplica a los germanismos (cf. Bork 2001, 558). 168 español, portugués) e incluye igualmente los datos de los dialectos, si no hay testimonio en la lengua literaria o cuando la forma dialectal tiene algún interés especial. De hecho, el grado de incorporación de los datos dialectales supone un importante avance con respecto a Diez.18 La ordenación del diccionario es alfabética y los lemas son las formas base de las palabras.19 Un problema que todos los diccionarios se plantean y que no tiene fácil solución consiste en el tratamiento de las palabras derivadas y compuestas. A este respecto, Meyer-Lübke decide incluir como lema sólo los derivados y compuestos realmente atestiguados y prefiere no suponer la existencia en latín de casos que podrían haberse desarrollado en romance (cf. Bork 2001, 559). Esta separación de las palabras complejas que continúan formas latinas frente a las creaciones románicas es una de las mayores novedades de la obra (Malkiel 1976, 43). Por comparación con el diccionario de Diez, el REW dio grandes pasos hacia la formalización de la presentación en cada entrada. En el REW predominan los datos sobre las explicaciones y los argumentos en contra de las hipótesis no aceptadas en el diccionario se expresan de una manera lacónica (p. ej. «falla en el significado» o «insostenible en la forma»). El REW contiene un índice en el que se reúnen alfabéticamente las formas románicas (815–1153) que, en opinión de Malkiel (1976, 68), debería haber estado subdividido para contribuir mejor al estudio comparativo. Este índice va seguido de otros en los que se recogen las palabras de distintas lenguas: albanés, lenguas amerindias, árabe/hebreo/persa, lenguas asiáticas, vasco/lenguas prerromanas de la Península Ibérica, beréber, lenguas germánicas, griego, céltico/ligur, húngaro, lenguas eslavas/lituano, turco. También incluye una lista de nombres propios y otra de onomatopeyas y palabras del lenguaje infantil. El último índice es de carácter semántico y lleva el título «Alemán-Romance»: los términos alemanes sirven para indicar un determinado concepto y van seguidos de los lemas latinos donde el lector puede encontrar información al respecto (p. ej. blind ‘ciego’: aboculis, orbus, strabus, stella, surdus, turpis, varius). Aunque el REW se considera una piedra angular de la romanística, no faltan tampoco las críticas a esta obra: «De las revisiones de las hipótesis de Diez propuestas por Meyer-Lübke, su principal seguidor, se calcula que una de cada diez, aproximadamente, representó un 18 19 Jakob Jud desempeñó un importante papel en la elaboración del método de la etimología románica apoyada en datos dialectales (cf. Pfister 2003, 314–315). En el uso de los materiales dialectales se ha producido una evolución: desde su escasa presencia en Diez pasamos a un «desbordamiento» en el REW hasta llegar a una «inundación» en el FEW (Malkiel 1976, 51). En su recensión a los primeros fascículos del REW, Jud exigía una agrupación del material por familias de palabras y una ordenación onomasiológica (cf. Bork 2001, 560). 169 paso atrás. Y peor aún: este mismo especialista, a la hora de pulir y actualizar un trabajo anterior suyo con el fin de publicarlo de nuevo, incurrió en algunos errores y produjo una obra inferior a la original» (Malkiel 1996/1993, 71). Más en general, Malkiel (1996/1993, 36–37) hace un balance negativo de la aportación de los neogramáticos a la etimología. Aunque es cierto que contribuyeron a hacer más clara la separación entre palabras patrimoniales y cultas, su base argumental, sin embargo, estuvo demasiado centrada en la forma de las palabras estudiadas; «resulta decepcionante la incapacidad con la que los neogramáticos parecen haberse ocupado de cambios fonológicos generales (disimilación, haplología y demás) y de los efectos del fonosimbolismo, en lo que al quehacer etimológico se refiere. No supieron hacer plena justicia a las historias de palabras individuales y, en particular, no prestaron la debida atención al aspecto representativo de la historia semántica, a la localización de palabras en el mapa geográfico y a los dialectos sociales, ni tampoco a la coexistencia generalizada de variantes, por no mencionar las cuestiones de ‹estilo en el lenguaje› y los niveles de formalidad» (Malkiel 1996/1993, 37). Por este motivo Malkiel valora muy positivamente la introducción de Diez a su diccionario en la que aporta ideas innovadoras en torno a cuestiones como el fonosimbolismo (Naturausdruck), la etimología popular (Umdeutung), los dobletes (Scheidewörter), las contaminaciones (Mischung der Stämme), los efectos de la asimilación, la disimilación y la haplología (Vereinfachung scheinbarer Reduplikation) y la formación de adjetivos y sustantivos deverbales. Por su parte, Zamboni (1988/1976, 259) menciona las vías de mejora del REW señaladas por Piel (1961): «la necesidad de revisar numerosos étimos, de incluir elementos que faltan, entre ellos numerosos prototipos no latinos, o prelatinos, de suprimir el material envejecido y de añadir una cantidad notable de nuevos hallazgos, se suma a la exigencia de una revisión crítico-metodológica que va desde la puntualización de la semántica hasta la distinción de los estratos (griego, germánico, etc.), desde una clasificación más rigurosa de los lemas y de las formas derivadas hasta una mayor apertura a los datos de la onomástica y un índice onomasiológico y conceptual más detallado, que permita la reunión de todos los significantes bajo la noción correspondiente, además de un índice perfeccionado de las formas de acuerdo con la fonética, la morfología (sufijos y prefijos), la onomástica, la semántica, la etimología». 10.5. Después del REW La investigación etimológica panrománica se estancó tras la publicación de la tercera edición de la obra de Meyer-Lübke en 1935. El intento de actualizar el REW promovido por Piel no llegó a cuajar. En opinión de Bork (2001, 170 561), un proyecto de esta naturaleza no tendría mucho sentido, ya que haría que el REW dejara de ser un manual al alcance de cualquier romanista interesado en la etimología para hacerlo entrar en competencia con los grandes diccionarios de cada una de las lenguas particulares, una competencia en la que tiene la partida perdida. En el XXI Congreso Internacional de Lingüística y Filología Románica (Palermo, 1995) se presentó otro intento de crear un nuevo REW con el título de Petit lexique étymologique panroman (Chambon/Sala 1998). Ya en la presentación del proyecto en Palermo Alberto Varvaro mostró dos aspectos problemáticos: por un lado, no hay un consenso acerca de la metodología etimológica y, por otro, no está claro qué se le puede pedir hoy a un diccionario de estas características; en su opinión, antes de emprender un proyecto de esta naturaleza habría que aclarar estos dos puntos. Frente a este desánimo ante la etimología panrománica hay que constatar en el siglo XX un notable impulso de las grandes obras etimológicas dedicadas a dominios lingüísticos más reducidos. Algunas de estas obras incluyen en realidad una buena dosis de perspectiva comparativa, son las bases para una futura obra panrománica y merecen, por lo tanto, un espacio en este capítulo.20 A partir de 1920 se puso en marcha otro tipo de diccionario etimológico, cuyo paradigma es el Französisches etymologisches Wörterbuch (FEW) de Walther von Wartburg y que consiste en una obra que mezcla el diccionario etimológico clásico con el diccionario histórico y con el tesauro léxico.21 De hecho, en la romanística el FEW supone el paso de la etimología-origen a la etimología-historia de la palabra, tal y como habían planteado lingüistas como Schuchardt, Gilliéron, Jud o Meillet, y se ha convertido en el modelo dominante de la investigación etimológica durante el siglo XX.22 El modelo pro- 20 21 22 Cf. información sobre otros diccionarios etimológicos de los distintos dominios románicos en Craddock/Dworkin/Poghirc (1980, 211–240) y en los volúmenes respectivos del LRL. Wartburg empezó a trabajar en el proyecto en 1910. Una rápida información sobre la génesis del FEW puede leerse en Craddock/Dworkin/Poghirc (1980, 209). De hecho, la obra lleva el subtítulo Eine Darstellung des galloromanischen Sprachschatzes (= Una representación del tesoro léxico galorromance), con el que Wartburg quería hacer patente su intención de acumular los datos de la lexicografía del francés, del francoprovenzal, del occitano y del gascón. En el prólogo al primer volumen del FEW Wartburg explicitaba este paso de la etimología (= Etymologie) a la historia de las palabras (= Wortgeschichte), pero explicaba que había decidido conservar el término tradicional para el título de su diccionario siguiendo el modelo de Schuchardt, que llamó también «Etimologías románicas» a sus innovadoras investigaciones (Wartburg 1948/1922–1927, V). En la concepción de Wartburg el FEW no es un diccionario filológico, sino un diccionario lingüístico: por un lado, se distingue de los diccionarios filológicos porque no contiene citas; por otro, se diferencia de los otros diccionarios etimológicos porque está concebido como un tesauro. En el prólogo al volumen 3 Wartburg 171 movido por el FEW se caracteriza por la atestación cuidadosa y exhaustiva de cada forma en todas las variedades de una lengua o grupo de lenguas y a lo largo de la historia, a lo cual se añade, a partir del volumen 2, una mayor atención que sus predecesores al cambio semántico (Pfister 2003, 313).23 Desde el punto de vista del alcance de la obra hay pocos diccionarios etimológicos que aspiren a una virtual exhaustividad y el FEW es uno de ellos (Malkiel 1976, 40). Este propósito queda patente en las propias palabras de Wartburg (1948/1922–1927, XI): «Originalmente yo pretendía como ideal que el FEW recogiera y analizara históricamente todas las palabras que han sonado en el territorio galorrománico desde la caída del Imperio Romano hasta hoy, siempre y cuando hayan dejado huella en alguna de las fuentes». En el prólogo Wartburg explicaba que en los primeros años del FEW y durante la Primera Guerra Mundial las circunstancias no fueron muy favorables, pero expresaba su confianza en ser capaz de abarcar todo su objetivo y su convencimiento de haber diseñado una red de datos de la que se le escaparan muy pocos elementos importantes. En proyectos tan largos como el FEW la estrategia lexicográfica puede cambiar a lo largo de la elaboración. Así este diccionario empezó con un sistemático orden alfabético, pero en los últimos años aparecieron volúmenes autónomos dedicados a partes concretas del léxico, como las bases germánicas o la palabras de origen desconocido o absolutamente controvertido. 23 insistía en que la presentación del material no estaba sometida a un esquema rígido, sino que se acomodaba en cada caso a la mejor manera de presentar las conexiones entre los elementos analizados. Para Wartburg esta primera parte de cada entrada era mucho más importante que la discusión puramente etimológica y se quejaba de que muchos críticos se fijaran sólo en la parte etimológica: «Quizá habría sido mejor si hubiera escogido otro título, como Thesaurus Galloromanicus, tal y como propone Rohlfs. Sin embargo, sigo creyendo que es válida la ampliación del concepto de etimología que se esconde en el título de mi obra» (Wartburg 1949/1934, III). En el prólogo al volumen 2.1 Wartburg constataba que muchos no habían entendido la intención de su obra: «No habría que hacer hincapié de manera unilateral en el adjetivo ‹etimológico›. El título de la obra quiere poner de manifiesto que el diccionario ofrece una visión de conjunto del acervo léxico galorrománico y que su contenido está estructurado de manera que queden claras las relaciones genealógicas entre las distintas palabras, las formas y los diferentes matices semánticos» (Wartburg 1949/1936–1944, III). Para otras innovaciones teóricas del siglo XX en el campo de la etimología, como la «etimología orgánica» de Vidos o los «campos morfo-semánticos» de Guiraud, cf. Craddock/Dworkin/Poghirc (1980, 199–202) y para la nueva semántica histórica, cf. Santos Domínguez/Espinosa Elorza (1996). Craddock critica la manera intuitiva de hacer etimología de Harri Meier y le atribuye a él y a sus discípulos el haber provocado el descrédito de los estudios romanísticos en las revistas europeas (Craddock/Dworkin/Poghirc 1980, 195–196, 206–208). 172 Por otra parte, el método de trabajo de Wartburg fue cambiando a lo largo del tiempo, de tal manera que a partir del volumen 4 empezó a estudiar las palabras no aisladamente, sino por grupos semánticos (tal y como ya había apuntado Jud, cf. n. 19); sin embargo, la presentación del material siguió la ordenación trazada desde el inicio (Craddock/Dworkin/Poghirc 1980, 209). La macroestructura del FEW es la siguiente: vols. 1–14: léxico de origen latino y griego; vols. 15–17: léxico de origen germánico (con versiones revisadas de las entradas germánicas de los volúmenes 1 y 3); vol. 18: anglicismos; vol. 19: orientalismos; vol. 20: préstamos de otras lenguas; vols. 21–23: formas de etimología desconocida;24 vols. 24–25: revisión de la letra A. Las entradas del FEW están ordenadas alfabéticamente de acuerdo con el étimo (menos en los volúmenes 21–23, donde la ordenación es conceptual) y su estructura es la siguiente: a) cada una contiene una larga lista de los resultados de cada base; b) los significados se ordenan cronológicamente y se ofrece también la fecha de la primera documentación (y, cuando es pertinente, también de la última); c) se incluye una discusión de los datos en la que se presta especial atención a los cambios semánticos; d) por último, los aspectos marginales aparecen en notas al final de la entrada. Hay que destacar que Wartburg no presta prácticamente atención a las hipótesis contrarias (cf. Wartburg 1948/1922–1927, XVI; 1949/1934, III-IV). Desde el punto de vista de la historia de las palabras no tiene sentido excluir del diccionario los cultismos y, por ese motivo, Wartburg los incluye, aunque deja fuera aquellos que han mantenido en francés su carácter culto (p. ej. indélébile) (Wartburg 1948/1922–1927, XIII). La obra pretende poner de manifiesto las relaciones léxicas, no las fonéticas (Wartburg 1948/1922–1927, XI, XVI). Es decir, cuando una palabra está extendida por un amplio dominio y con el mismo significado, Wartburg no recoge todas las variantes fonéticas en las que aparece (especialmente si dicha palabra está recogida en el ALF). Con relación a los derivados, Wartburg (1948/1922–1927, XI) explica que incluye en el diccionario sólo aquellos que los hablantes consideran como una palabra independiente: si el derivado es el fruto de un proceso morfológico muy productivo (como la aplicación de sufijos peyorativos, diminutivos y aumentativos en el sur de Francia), los hablantes no lo consideran como una palabra independiente. Como suele ser habitual, la afilada pluma de Malkiel nos apunta algunas de las sombras del FEW, que sería una «obra compleja, excesivamente larga y, por tanto, poco manejable» (Malkiel 1996/1993, 57):25 24 25 Wartburg (1948/1922–1927, IX) señala que gracias a esta organización sería posible por primera vez determinar en qué medida la investigación etimológica ha conseguido explicar el léxico francés. Los trabajos se continúan en el ATILF (Analyse et traitement informatique de la langue française) http://www.atilf.fr/scripts/mep.exe?HTML=mep_few.txt. La in- 173 «Actualmente, a diferencia de lo que sucedía hace cincuenta años, ya no está tan claro que los diccionarios (concordancias o tesauros) de dimensiones monumentales sean el mejor contexto para la formulación y la aclaración de cuestiones etimológicas. (Durante los primeros años del siglo XX predominaba la orientación hacia los datos y en algunos ambientes existía la impresión – confesada o no – de que la mera acumulación de material podría conducir a algún avance en muchos puntos oscuros.) Sin duda una discreta hipótesis etimológica puede ser una excelente conclusión a una larga entrada del diccionario y puede servir para contrapesar lo abultado de los datos […]. Sin embargo, vista en perspectiva, la idea de Wartburg – concebida alrededor de 1920, si no antes – de fundir un tesauro exhaustivo y pancrónico de las voces del francés literario unidas a las formaciones de los dialectos galorrománicos con un etymologicum francés, parece haber acarreado una considerable sobreexplotación de los recursos humanos y archivísticos» (Malkiel 1976, 74–75). Una opinión más positiva del FEW es la que ofrece Zamboni (1988/1976, 259), para quien este diccionario «puede considerarse el m á x i m o diccionario etimológico existente». Zamboni menciona también que en el plan original del FEW el proyecto habría de terminar en la redacción de algunos volúmenes de resumen que ofrecieran una auténtica historia del léxico galorromance desde el latín hasta hoy. El modelo del FEW se continúa en el Lessico etimologico italiano (LEI) iniciado en 1968 por Max Pfister.26 Tal y como Pfister escribe en la introducción al primer volumen «la etimología se entiende como base de clasificación; lo decisivo es la historia de cada palabra, su proyección diacrónica» (Pfister 1979–1984, 1). Cabe destacar que Pfister se fija como objetivo de la parte histórico-etimológica de cada entrada el «trazar el origen y la historia de una palabra y colocarla en el marco comparativo de las lenguas románicas» (Pfister 1979–1984, 2). La obra consistirá en cuatro partes: I. Étimos latinos; étimos procedentes de algún sustrato; voces onomatopéyicas. II. Étimos procedentes de algún superestrato. III. Voces de origen desconocido o incierto (ordenadas con criterios onomasiológicos). IV. Índice general.27 Por último, mencionaremos la obra etimológica de Corominas. Su DCEC, así como las obras siguientes (el DCECH y el DECLC), no se limitan al 26 27 tención del grupo de trabajo del ATILF es precisamente hacer más accesible esta obra, que ha estado infrautilizada. La publicación comenzó en 1979 y desde el año 2001 se ha incorporado a la dirección Wolfgang Schweickard. Información detallada sobre el proyecto y el estado de la publicación puede encontrarse en http://www.reichert-verlag.de/lei.htm y http://www.adwmainz.de/index. php?id=55. 174 español y al catalán y son útiles para el investigador interesado por la visión panrománica (cf. Buchi 2006). Frente a la práctica de los diccionarios mencionados antes, Corominas decide ordenar el material alfabéticamente según las palabras estudiadas y no según los étimos, con lo cual evita el problema de la ordenación de las palabras de étimo desconocido o inseguro. Frente a la práctica de Wartburg, se ha señalado en repetidas ocasiones que Corominas discute abundantemente las hipótesis precedentes y que en muchas ocasiones lo hace en un tono excesivamente polémico. Tampoco Corominas se salvó de las críticas de Malkiel, que prácticamente no le veía nada bueno a los diccionarios de Corominas. Malkiel opinaba que Corominas se había enfrascado excesivamente en los temas etimológicos dejando de lado la evolución de la lingüística, de tal manera que sus hipótesis suelen basarse en una concepción arcaica de la fonología y la morfología (Malkiel 1996/1993, 163). Para Malkiel (1976, 44) el DCEC adolece de «profundas deficiencias estructurales, como un diseño arquitectónico débil, una ausencia absoluta de separación entre documentación y análisis y, sobre todo, una dosis desmesurada de polémica». 10.6. Algunas perspectivas de futuro Malkiel, en realidad, era un decidido partidario de las investigaciones monográficas que persiguen su objeto hasta la inspección del más mínimo detalle y, por ese motivo, veía con horror el desmesurado interés por elaborar grandes diccionarios etimológicos: «Posiblemente, incluso más significativo que las alianzas entre la etimología y estos enfoques relativamente nuevos, aplicados con entusiasmo en esos años [la semántica léxica, la onomasiología, la geografía dialectal, el movimiento Wörter und Sachen], fue el descubrimiento realizado en el último cuarto del pasado siglo [XIX] de que la compilación de diccionarios etimológicos era necesariamente la meta máxima, o, peor aún, que agotaba las posibilidades de la investigación etimológica imaginativa» (Malkiel 1996/1993, 49).28 Frente a esta situación, Malkiel (1996/1993, 60) apunta a una tendencia del siglo XX a la emancipación de las investigaciones etimológicas en la que se pretendería individualizar las biografías de las palabras (frente al tratamiento homogéneo al que se ven sometidas en los diccionarios). Malkiel (1996/1993, 165–166) propone algunas ideas para revitalizar la etimología comparativa: 1) Estudiar la estructura de las palabras primitivas. Por ejemplo, para Malkiel es significativo etimológicamente que muchas palabras españolas que designan defectos físicos y mentales sean bisílabas y acaben en -o/-a (p. 28 Cf. n. 2. 175 ej. calvo, ciego, cojo, corvo, flaco, lerdo, manco, mudo, sordo, tuerto, zambo, bobo, lelo, memo, tonto, zonzo, sonso). 2) Habría que prestar más atención a los efectos acústicos de las palabras. Este aspecto es especialmente relevante en el estudio de las interjecciones y de ciertas frases hechas, que se ha descuidado bastante en la investigación etimológica. 3) El estudio no debería limitarse a una familia o subfamilia lingüística. Para estudiar la propagación del latín y de las lenguas galorrománicas hay que prestar la debida atención también al inglés, al neerlandés y a algunos dialectos alemanes. 4) Frente a la práctica de los diccionarios etimológicos comparativos tradicionales, sería también un estímulo para la investigación etimológica la preparación de una lista de voces latinas antiguas y de la Edad Media que no hayan pasado a las lenguas románicas. «Este registro negativo (o, por decirlo de otra forma, registro de pérdidas léxicas) sirve para fomentar el análisis por el simple hecho de que toda desaparición exige una explicación, incluidos los remedios a los que se recurrió para encontrar sustitutos» (1996/1993, 166). Por otra parte, Malkiel (1990, 1324; 1996/1993, 123) observa un cambio de tendencia a partir de los años 50 del siglo XX consistente en la renuncia a elaborar diccionarios etimológicos de lenguas románicas en alemán: tras la muerte de Wartburg los volúmenes del FEW empezaron a aparecer en francés; el LEI se redacta en italiano y el DEM en español, a pesar de que son proyectos básicamente germánicos. Por su lado, Jacqueline Picoche (citada por Zamboni 1988/1976, 257) se ocupa de la metodología de los nuevos diccionarios y señala una serie de aspectos que habría que tomar en consideración: 1) habría que empezar por determinar qué palabras se van a estudiar en el diccionario; 2) sería necesario decidir si se va a dar más importancia al material documental o a la presentación y discusión de las distintas soluciones propuestas; 3) en los diccionarios etimológicos dedicados a una sola lengua sería conveniente superar la rigidez de la relación una palabra ļ un étimo; 4) habría que superar la clasificación alfabética y habría que buscar modelos de agrupamiento que pongan de relieve las conexiones formales y semánticas entre las palabras; 5) haría falta conectar la documentación disponible con el proceso de continuidad y evolución de cada palabra; 6) sería necesario aclarar, o de hecho, modificar la idea de diccionario para convertirlo en un instrumento que describa la estructura léxica de una lengua a través del tiempo, para lo cual el diccionario habría de estar acompañado de nociones de gramática histórica, de formación de palabras y debería contar con una organización morfosemántica. Otros aspectos a los que un diccionario etimológico debería dar respuesta son, por un lado, la historia de la discusión acerca de la etimología de cada palabra y, por otro, su dimensión geográfica. 176 «Lo cierto es, en todo caso, que una obra fiel a t o d o s estos principios (etimología proyectada en el tiempo, clasificación morfosemántica del material, documentación crítica, consideración areal) está aún lejanísima, quedando claro que, dadas las diversas exigencias teóricas y prácticas, a las que todo diccionario responde en realidad, esta convergencia de criterios resultaría en muchos casos superflua» (Zamboni 1988/1976, 266). En definitiva, como sostiene Zamboni (1988/1976, 268), «un diccionario es un instrumento de trabajo, es decir, un repertorio de hechos, más o menos eficazmente clasificados y descritos, y no una obra dedicada explícitamente a la teoría lexicológica o etimológica». Como argumento para un nuevo diccionario etimológico no puede aducirse el descubrimiento de nuevas etimologías, porque no son muchas las palabras para las que se podría ofrecer una etimología nueva; el argumento para un proyecto de este tipo ha de ser metodológico (Zamboni 1988/1976, 257). Es cierto que los etimólogos han prestado generalmente más atención a las palabras de origen complicado. Sin embargo, las de origen transparente merecen también atención ya que pueden arrojar luz sobre cuestiones fonológicas, morfológicas o semánticas y su análisis es indispensable para trazar una figura coherente de la evolución del léxico. Un nuevo proyecto, demandado desde hace tiempo por la romanística (cf. Chambon/Sala 1998), es el DÉRom (Dictionnaire Étymologique Roman, http://www.atilf.fr/derom), dirigido por Éva Buchi y Wolfgang Schweickard (Buchi/Schweickard en prensa). El DÉRom se concibe como un nuevo REW con el que recuperar y revitalizar el interés por el estudio panrománico del léxico. Este proyecto se distancia de la tradición clásica de los diccionarios etimológicos romances y se fija un distinto objetivo primordial: la reconstrucción del protorromance (sobre todo la reconstrucción de las formas, pero también la de los significados). La diferencia en el planteamiento queda patente al comparar la pregunta básica que guiaba al REW frente a la que orienta al DÉRom. Para el REW era crucial averiguar en qué se había convertido el léxico latino clásico, mientras que para el DÉRom la pregunta clave es: ¿de dónde viene el léxico románico? La práctica etimológica tradicional está demasiado centrada en el aspecto gráfico del latín clásico, pero el DÉRom pretende fundar la investigación etimológica del léxico heredado sobre las bases de la gramática histórico-comparativa (cf. Chambon en prensa). Una consecuencia formal de esta intención se traduce en el hecho de que los étimos aparecerán en transcripción fonológica y todos tendrán asterisco. Otra consecuencia de este planteamiento consiste en una mayor atención a la reconstrucción del significado de los étimos protorrománicos, que frecuentemente es distinto del significado que conocemos del latín clásico. El DÉRom también se diferencia del REW al optar por una mayor amplitud de fuentes: la materia prima del DÉRom la constituyen las variedades románicas, tanto las estandarizadas como las no estandarizadas y los dialectos. 177 Y, al igual que Malkiel observaba para el LEI, el DEM y la continuación del FEW, el DÉRom no aparecerá en alemán, sino en francés. En una primera fase el proyecto pretende analizar 488 étimos panrománicos. Los resultados se irán publicando progresivamente en internet. No incluirá derivados o compuestos (salvo en caso de que sean necesarios para llenar huecos). Tampoco contemplará evoluciones semánticas romances. El proyecto del DÉRom se puso en marcha en la primavera del año 2007 y el equipo de redacción pretende culminar la primera fase del trabajo en el año 2010. En definitiva, la investigación histórico-comparativa del léxico de las lenguas románicas no ha cesado de estimular el trabajo de los romanistas y, tal y como demuestra el proyecto del DÉRom, está en disposición de ofrecer nuevos frutos esenciales para la comprensión del desarrollo histórico de la Romania. 178 11. La romanística en la enseñanza, la investigación y el mundo laboral A la hora de determinar el pasado, el presente y el futuro de los contenidos, las tareas y los objetivos de la romanística hay que tener en cuenta la discusión sobre la aplicación práctica de la disciplina en la investigación, en la enseñanza universitaria y escolar y en la vida laboral en general. A este propósito Harald Völker ha presentado un notable estudio bajo el lema «Porque no saben de qué son capaces», en el que analiza la relevancia general de la docencia universitaria de las ciencias humanas entre la perspectiva de Humboldt y la visión del mercado. En un contexto de lucha por el reparto de unos recursos cada vez menores se acusa a las materias humanísticas y a sus planes de estudios de tener escasa relevancia para el mercado de trabajo, lo cual se manifiesta como «crisis de las ciencias humanas» en cinco aspectos: crisis en la demanda, crisis en el rendimiento, crisis en la realización, crisis de clientes y crisis de relevancia (Völker 2002, 88–89). Frente a la afirmación hecha a la ligera de que «la universidad de Humboldt ha muerto», Völker contrapone una idea procedente de la pedagogía: Humboldt «no se opone a una educación orientada hacia la práctica, sino al concepto pacato de utilidad de la Ilustración tardía» (Völker 2002, 91). Völker propone además una serie de «competencias básicas» (Völker 2002, 93) y de planteamientos académicos que vienen a unirse a las recomendaciones del Consejo Científico para la organización de la oferta académica de noviembre de 1978. Estas propuestas deberían servir para mejorar el perfil competitivo de los estudiantes de humanidades sin perjudicar por ello los contenidos científicos y se centran en aspectos como la capacidad crítica, la mejora de las presentaciones orales y de los trabajos escritos, el fomento del trabajo en equipo dirigido a conseguir un objetivo preciso y la cultura de la evaluación (cf. Völker 2002, 94ss.). Una introducción claramente perfilada de estas capacidades en la docencia universitaria sería muy provechosa para mejorar las oportunidades de los estudiantes en el mercado de trabajo y para favorecer «su entrada en la vida laboral con una autoconciencia adecuada» (Völker 2002, 98). Bajo la idea general del «aprendizaje de lenguas en la sociedad del saber» Bernd Rüschoff y Dieter Wolff se ocupan de la introducción de las nuevas tecnologías en la escuela y en la universidad. En su opinión, este proceso no debería consistir en su integración en las viejas estructuras pedagógicas, sino que debería contribuir a cambiarlas acomodándolas a las exigencias de la sociedad del conocimiento (Rüschoff/Wolff 1999, 9): 179 «Nuestra intención no ha sido la de concebir y describir una posible integración de las nuevas tecnologías en las formas tradicionales de la enseñanza de lenguas extranjeras, sino que hemos considerado que nuestra tarea consistía en señalar el potencial de las nuevas tecnologías para realizar nuevas formas del aprendizaje de lenguas extranjeras» (Rüschoff/Wolff 1999, 247). Para ello defienden que hay que aprovechar «la oportunidad que las nuevas tecnologías ofrecen para enriquecer el aprendizaje del futuro» (Rüschoff/ Wolff 1999, 250). No se trata de un aprendizaje apoyado en el ordenador o de una instrucción basada en la tecnología que se contente con recoger los conceptos educativos del uso tradicional de los medios. Por el contrario, se trata de aportar algo a una auténtica renovación del aprendizaje; se trata de un modelo de organización para el aula en el cual se ofrecen a los estudiantes «nuevos universos de aprendizaje a los que no pueden reaccionar simplemente como receptores de instrucciones, tal y como se desprendería de unas expectativas meramente receptivas, sino en los cuales deben actuar como ‹investigadores› que actúan independientemente y que descubren y experimentan de manera responsable, en el sentido del aprendizaje constructivo» (Rüschoff/Wolff 1999, 251). Hans Strohner (2001, 101) se pronuncia en favor de una renovación científica y organizativa del sistema universitario alemán «en la que se incluyan los desarrollos modernos de la sociedad y de la cultura aplicándolos de modo funcional». En este sentido la lingüística aplicada en la nueva sociedad de la información tiene la función de preparar para todos los puestos de trabajo en los que «la comunicación lingüística constituya una tarea central o complementaria» (Strohner 2001, 98). Según Strohner, el «mercado potencial de trabajo para los licenciados y licenciadas en lingüística no se interesa tanto por unas pocas competencias especiales, sino por un amplio espectro de capacidades, sobre todo en el ámbito de la comunicación» (Strohner 2001, 98). Es decir, se buscan generalistas, no especialistas. Una adecuada reforma de los estudios debería seguir las líneas de la integración, la diversidad, la flexibilidad, la movilidad internacional, la innovación en los contenidos del estudio, la modularización, las destrezas, un sistema de puntuación en función del rendimiento, la acreditación, la creación de modelos (Strohner 2001, 99–100). Por su parte, los planes de estudio en el ámbito de la lingüística aplicada deberían incluir, además de una orientación hacia la praxis y un importante grado de flexibilidad e internacionalidad, también algunos objetivos generales del estudio, como el conocimiento de las teorías y métodos más importantes de la lingüística aplicada, la capacidad para resolver independientemente problemas en este ámbito, la capacidad de comunicarse por medios orales y escritos, la capacidad para cooperar y trabajar en equipo, el dominio de lenguas extranjeras y la capacidad de trabajar en un ámbito interdisciplinario (Strohner 2001, 101, 104). Ruth Wodak y Gilbert Weiss iluminan la teoría y la práctica de la investigación interdisciplinaria y sus aplicaciones a propósito de los discursos de 180 la UE acerca de la política ocupacional (aplicabilidad de la exigencia de inter-, trans-, pluri- y multidisciplinariedad, premisas y consecuencias, trabajo en equipo y creatividad). Se suman a la concepción de la sociología de la ciencia, según la cual la diferencia entre multi-/trans- e interdisciplinariedad consiste en que «la investigación interdisciplinaria integra de manera ideal los planteamientos teóricos y crea con ello nuevos planteamientos holísticos, mientras que la investigación multidisciplinaria no modifica los planteamientos de cada una de las ciencias y los aplica de manera individual» (Wodak/ Weiss 2003, 54; a propósito del tema «Europa y el mundo románico» cf. la conferencia inaugural del presidente de la Asociación Alemana de Romanistas en el XXIX Congreso de los Romanistas Alemanes, 2005 en Saarbrücken, Stierle 2006). Werner Holly discute la cuestión de qué es lo que el lingüista «puede aportar con los medios de la lingüística a la descripción y el tratamiento de la comunicación política»; en concreto: ¿cómo hacer para que las opiniones políticas sean comprensibles para el ciudadano? (Holly 1985, 196). A partir de dos ejemplos del mundo de la cultura política y de la cultura lingüística establece los rasgos de la comunicación política y los resume en dos tesis: 1) «La escenografía de la comunicación política tiene como consecuencia que modelos de actividad lingüística valorados positivamente, como INFORMAR o DISCUTIR, se usen para envolver los modelos que realmente se pretende poner en práctica: HACER PROPAGANDA y LEGITIMARSE» (Holly 1985, 197); 2) «El carácter unidireccional de la comunicación política pública requiere técnicas de la comunicación cotidiana capaces de reelaborar contenidos complejos y, en parte, ocultos; p. ej. las paráfrasis» (Holly 1985, 202). Recientemente se han discutido las tareas y los resultados de la lingüística aplicada en el congreso anual de la Sociedad de Lingüística Aplicada (Gesellschaft für Angewandte Linguistik, GAL) celebrado en septiembre de 2005 en Koblenz. Susanne Niemeier y Hajo Diekmannshenke se plantean la cuestión de una mayor profesionalidad en la comunicación en el mundo laboral. Dentro de un marco de discusión con el lema «Profesión y comunicación», el congreso pretendía «acercar la disciplina científica practicada en la universidad a aquellos campos de trabajo existentes fuera de la universidad en los que los procesos comunicativos desempeñan un papel central y en los que la competencia lingüística es un elemento básico. Con ello se conseguiría individuar nuevas perspectivas para la investigación universitaria, se reforzaría la cooperación entre ambas partes, se harían posibles y se estimularían nuevos ámbitos de colaboración y se crearían nuevos campos de trabajo para los licenciados en lingüística aplicada. Por definición, una (nueva) orientación en este sentido es una de las tareas evidentes de la lingüística aplicada; sin embargo, actualmente falta con frecuencia una conexión directa entre la investigación universitaria y los adecuados campos de prácticas, así como con las exigencias típicas de la práctica laboral y con los modelos aplicados para la resolución de los problemas característicos del ámbito del trabajo. Como plasmación de esta reorientación en el sentido de la lingüística aplicada tuvo lugar 181 una presentación de proyectos organizada por primera vez en el marco de este congreso conjuntamente por investigadores y empresas o instituciones» (Niemeier/ Diekmannshenke 2008, 8). En la romanística existe una larga tradición de debate en torno a su aplicabilidad, los posibles campos de trabajo, la praxis laboral, los objetivos y las tareas de la especialidad y su relevancia para la opinión pública. Podemos mostrar dos ejemplos de principios del siglo XX, que muestran, desde una perspectiva muy marcada por los tiempos y por la ideología del momento, cuál es el valor formativo de las lenguas románicas y en especial del francés. Karl Vossler subrayaba en su conferencia en el XVIII Congreso General de los Filólogos Modernos Alemanes (Nüremberg, 7 de junio de 1922) que debía preferirse la «Romania» a la «Anglia», ya que la Romania como «mundo cultural es más antiguo y se combina de manera natural con la Antigüedad», lo cual la hace especialmente recomendable para las actividades académicas humanísticas. Por otro lado, Vossler reconocía que en la elección de una profesión importa también un criterio estético y emocional, «el gusto personal»: «A los alemanes nos atrae más lo románico porque nos es más lejano y porque precisamente a través de esa lejanía exige y promete un mayor ensanche de nuestro propio ser, la complementación perfecta, el contacto fructífero. Los ingleses son nuestros primos. Con estos parientes uno se entretiene a gusto; nos amamos, reñimos, estamos obligados a conocernos; pero el matrimonio espiritual con ellos es poco recomendable y, en cualquier caso, no es tan fructífero» (Vossler 1922, 230). De las tres lenguas románicas que se enseñaban en las escuelas alemanas Vossler consideraba que el español es la más útil para la juventud («El futuro pertenece al español»; Vossler 1922, 231); luego sigue el italiano («Italia es la cuna del pensamiento humanista»; Vossler 1922, 231); «en último lugar, la mayoría de las veces con dudas y con oposición, se abren nuestros estudiantes a lo francés». «Es mucho más fácil hacer que un estudiante de 15 ó 16 años se interese por las Mocedades del Cid de De Castro que por el Cid de Corneille. Incluso prefiero hacerle entender a Dante, antes que hacerle comprender el valor poético de las fábulas de La Fontaine, que son supuestamente muy sencillas. La literatura francesa moderna está plagada de reflexión, esprit, bon goût y finos matices, tiene un contenido sentimental tan poco inmediato y tan variadamente plasmado que, por lo general, sólo un hombre maduro posee la capacidad de entenderla correctamente y de interesarse por ella. Yo preferiría reservar el francés para los dos últimos cursos de la escuela o incluso para la universidad. ¡Y cuánto tiempo y cuántos esfuerzos se pierden sólo para aprender su ortografía, su pronunciación y su gramática endiabladamente complicadas!» (Vossler 1922, 232). A propósito de la relación alumno-profesor (Eugen Lerch y Karl Vossler), Heike Schoo (2000) nos ofrece una visión remarcable. Otro documento acerca del «valor educativo del francés para la escuela y el espíritu alemanes» nos lo ofrece la conferencia de Eduard Wechssler, pronunciada en el Instituto Central Alemán para la Educación y la Docencia 182 el 12 de enero de 1922 por iniciativa del Grupo de Trabajo de Filología Moderna ante una «gran parte del profesorado berlinés y de los miembros del ministerio». Esta conferencia se ocupaba de los frutos que había producido en el pasado el conocimiento de la lengua y de la cultura francesas, de lo que prometía para el futuro y de la cuestión de en qué debían convertirse «la lengua y el espíritu franceses en las escuelas alemanas» (Wechssler 1922, 4): «Para la escuela y para su objetivo de educación del pensamiento, el auténtico carácter lingüístico del francés es de una importancia capital. Una ininterrumpida práctica de muchos siglos ha creado, a partir de la lengua popular de la latinidad tardía, un órgano que supera a cualquier lengua, incluso al latín y desde luego al inglés, gracias a su metódica claridad, a su aguda y sutil precisión» (Wechssler 1922, 5). Wechssler exigía, «en este momento de dificultad», la organización del estudio de la lengua y la cultura francesas: «¿Acaso no debemos permitir que los maestros preparados y auténticos hablen e ilustren a los niños alemanes acerca de los dioses del espíritu francés y del amor a los santuarios propios y que les enseñen a aborrecer y a burlarse de los ídolos tanto de su propio país como del extranjero?» (Wechssler 1922, 9). Se trataba de aclarar las «profundas diferencias entre el modo de ser francés y alemán»: «Educar en el ser alemán a través del ser francés; despertar los antiguos santuarios patrios a partir del espíritu del pueblo extranjero: este es un objetivo que merece un noble esfuerzo, un objetivo que puede otorgar nueva dignidad a nuestra escuela y a nuestros maestros» (Wechssler 1922, 11; para la situación histórica de estas posiciones cf. Kramer 2005c, 4–9). En el Congreso de los Romanistas Alemanes de 1985 en Siegen se debía dar una señal – con las palabras del entonces presidente de la Asociación Alemana de Romanistas, Fritz Nies – para una «apertura programática de la romanística universitaria hacia su entorno fuera de la universidad», una señal con la que «debía introducirse al menos un diálogo: con la política científica, con la política educativa, con los medios, con las embajadas de los países románicos, con las instituciones de la cultura y del intercambio científico internacional» (Prólogo de Fritz Nies en Christ 1986a, 7). Uno de los elementos centrales de esta idea lo formaba la sección «Romanística: ámbitos laborales y práctica profesional», cuyas actas editó Herbert Christ: «¿Podemos evitar preguntarnos por la legitimación de nuestra actividad simplemente con la indicación correcta y fácil de que las utilidades prácticas de la formación humanística no se pueden medir […] y de que la relevancia social de la investigación básica sólo suele comprobarse tras algunos decenios? ¿Por qué no habríamos de poder seguir dedicándonos al juego de abalorios con las ‹perífrasis verbales aspectuales› y las ‹hipótesis localistas del caso profundo› o con la ‹plurifuncionalidad transcategorial› de los fenómenos lingüísticos, usando unas terminologías cada vez más sutiles y diferenciadas, que ni siquiera son de comprensión general dentro de la especialidad?» (Nies en Christ 1986a, 8). 183 En opinión de Christ, desde la política de investigación, la valoración social y el uso de los recursos que la disciplina genera, así como desde los contenidos y las vías de la formación se plantean algunas preguntas relevantes para la identidad de la disciplina: «¿A quién deben formar hoy los romanistas y para qué? – ¿Qué consecuencias debe tener para la disciplina una eventual modificación o un desplazamiento de su función formativa? – ¿Qué proyectos de investigación deberían estar hoy en el centro de atención, sea porque pueden contar con una cierta demanda o porque pueden generar nuevas tareas formativas?» (Nies en Christ 1986a, 9–10). A continuación mencionaremos algunos de los trabajos de la sección, ya que siguen siendo relevantes para la situación actual. Según Hans-Jörg Neuschäfer, la romanística tiene sólo una oportunidad, también en el mercado de trabajo, «si se concentra más que hasta ahora en sus auténticas tareas: la transmisión de las culturas románicas a través de sus literaturas y sus lenguas, la transmisión misma de estas lenguas y la mejora de los métodos con los que se aprenden las lenguas. Con esto está perfectamente ‹legitimada› y tiene suficiente tarea para la investigación y la docencia» (Neuschäfer 1986, 13). En el marco de un «cambio de paradigma», que lleva de la cultura del libro a una civilización de los medios de comunicación de masas, y en el contexto de un cambio en la estructura de la opinión pública, Neuschäfer está a favor de que, junto a cursos de propedéutica y junto a la investigación, los estudiantes tengan cursos en los que «practiquen la argumentación, la formulación, la expresión y también el uso de los nuevos medios, en definitiva, que practiquen la ‹transposición› a unas nuevas necesidades» (Neuschäfer 1986, 15). Además, sería necesario que se establecieran nuevas combinaciones de estudios, que se flexibilizaran los reglamentos de estudios y que se expidieran nuevos títulos y certificados para competencias parciales, de manera que la romanística pudiera asumir también funciones de servicio para otras carreras (Neuschäfer 1986, 15): «Si existe una crisis de la romanística (y de otras filologías), entonces hay que diagnosticarla como una distorsión comunicativa como las que se dan siempre allí donde una disciplina se concentra excesivamente en sí misma» (Neuschäfer 1986, 16). Ingo Kolboom en su «Defensa de una nueva posición de la filología románica desde el punto de vista de la praxis laboral no romanística» se decanta a favor de una ampliación y profundización de los contenidos relacionados con la civilización de los países respectivos dentro de la formación y la investigación de la filología románica y señala, además, que esta ampliación ha de estar apoyada por los necesarios medios institucionales y de personal (Kolboom 1986, 26). Si la romanística «continúa delegando en otras titulaciones la formación en el ámbito de la civilización de los países románicos […] y sigue enviando a los estudiantes a las respecti- 184 vas clases de otras disciplinas […] se desembaraza de la responsabilidad sobre la unidad de la disciplina y desplaza el problema de la formación al plano de un eclecticismo arbitrario de casualidades individuales e institucionales, ya que ninguna otra especialidad puede hacerse responsable de un tratamiento sistemático de los países y regiones románicos o, por ejemplo, francófonos» (Kolboom 1986, 29–30). Si la romanística quiere conservar su responsabilidad formativa y su utilidad social, tiene que proporcionar, en opinión de Kolboom, una investigación y una docencia «en las que el estudio integral de la historia, la política, la economía, la cultura, la sociedad y la vida cotidiana de los países románicos reciba la misma atención científica y la misma valoración institucional que el análisis de textos literarios y de signos lingüísticos» (Kolboom 1986, 30–31). Según Robert Picht del Instituto Franco-Alemán de Ludwigsburg, «las instancias responsables de la política educativa, los órganos de administración de la investigación y de la docencia, los estudiantes y los profesores […] no deberían apuntar a una rápida aplicabilidad […], sino que deberían tomar en serio el hecho de que una nueva forma de formación internacional es en muchos ámbitos la condición necesaria para una acción con éxito» (Picht 1986, 58), porque lo que se pide es flexibilidad y solidez, formación y capacidad para aprender (Picht 1986, 52): «La cada vez más frecuente y cínica mentalidad de campanario de algunos profesores que se retiran cómodamente a los castillos de un cientifismo esotérico o que – con menos alharacas –, ante una situación aparentemente sin salida, se limitan a seguir enseñando como antes, no puede hacer callar la crisis de identidad que nace de la frustrante reducción de las bases que legitiman socialmente la actividad filológica» (Picht 1986, 53). Por lo tanto, los romanistas «tienen que comprobar si son capaces de dar respuesta a unas necesidades formativas que ya no son las de un rancio museo, sino que deben contener en gran medida elementos históricos, literarios y de cultura comparada, precisamente porque las relaciones internacionales concretas del mundo actual serían incomprensibles sin su dimensión histórica y cultural» (Picht 1986, 56). Rüdiger Stephan resume en tres puntos sus observaciones acerca de la situación de la romanística y de las circunstancias generales de la ciencia y de la investigación en la R.F.A.: «En ningún ámbito científico se han desarrollado tan fuertemente las características nacionales como en las ciencias humanas y sociales. […] Podemos juzgar mejor los problemas actuales de la romanística si consideramos las ciencias humanas en su totalidad como un fenómeno específico de Europa – por oposición a lo que sucede en las ciencias naturales. […] Quien quiera describir la situación de la romanística tiene que tener en cuenta todo el campo de las titulaciones en lenguas extranjeras» (Stephan 1986, 59–62, hemos eliminado los subrayados del original). 185 «La dimensión internacional es algo específico de las filologías de lenguas extranjeras que se puede hacer fructificar en beneficio también de otras ciencias. Una ciencia de las lenguas extranjeras que incluya la ‹dimensión internacional› como un elemento constitutivo elimina las líneas de separación entre literatura, lingüística y civilización» (Stephan 1986, 64). Otros artículos son obra de Klaus Wenger, que se ocupa de la relación entre la romanística y los medios de comunicación (un potencial muy desaprovechado, cf. Wenger 1986, 71); de Franz Josef Hausmann (1986) sobre el tema «Investigación romanística en el campo de los diccionarios y sociedad»; y de Herbert Christ, que plantea la pregunta del uso y de la utilidad de los conocimientos que la romanística elabora y transmite: «¿A quién le importa hoy la romanística? ¿Para qué funciones puede ser de ayuda? ¿Qué se puede aprender hoy de la romanística y qué puede usarse en la práctica laboral de todo lo que la romanística transmite? Y aún más: ¿La oferta actual de la romanística alemana corresponde a alguna necesidad social? ¿Reacciona de manera flexible a las necesidades cambiantes? ¿Cómo hace sus ofertas? En definitiva, la pregunta tiene que ser: ¿Qué es lo que hay que cambiar en su caso, qué es lo que hay que mejorar?» (Christ 1986b, 85). Como ámbitos que la romanística debe desarrollar Christ menciona la educación de adultos, la formación continua de maestros, los aspectos comunicativos, la economía y las industrias del tiempo libre. Y como principio fundamental mantiene que hay que «orientar la docencia en la medida de lo posible a las necesidades de la praxis laboral y que hay que organizarla sistemáticamente en la medida de lo necesario» (Christ 1986b, 98). En su calidad de «instancia mediadora entre las culturas y sociedades de la Romania y sus socios de lengua alemana» la romanística tiene que preparar para tres tareas fundamentales: «para la enseñanza de las lenguas modernas en la escuela, en la universidad y en la educación de adultos», «para la difusión de conocimientos acerca de las culturas, las sociedades y los sistemas políticos de los países de lengua románica» y «para la elaboración de un saber socialmente útil acerca de los países de la Romania en una forma que sea de acceso moderno y general» (Christ 1986b, 98). En resumen, ha llegado la hora de dejar de lado una falsa alternativa: «El hecho de que un estudio tenga en cuenta su aplicación laboral no entra en contradicción con su aspecto científico. Un estudio no se vuelve científico ni por el hecho de eliminar de su conciencia la posible futura utilización de lo aprendido, ni por la toma en consideración de la ciencia como la única profesión posible. La formación tiene que estar de acuerdo con la ciencia y el empleo» (Christ 1986b, 101). Roland Höhne y Thomas Arnold (1986, 115) muestran cómo puede organizarse una «formación polivalente para distintos campos de aplicación cuya diversidad de especialidades podría unirse bajo el común denominador de la orientación transnacional». Para ello proponen el ejemplo de una licenciatura 186 en romanística de la Universidad/Gesamthochschule1 de Kassel orientada hacia la civilización de los países románicos y cuyo objetivo didáctico fundamental es la «simbiosis entre competencia en conocimientos propios de la especialidad, comunicación intercultural y capacidad de interacción en una o dos culturas románicas» (Höhne/Arnold 1986, 118). Esta licenciatura exige la disponibilidad de todos los implicados para «un trabajo innovador en colaboración y para el diálogo interdisciplinario» (Höhne/Arnold 1986, 122). Herbert Christ (1988) resume de nuevo los resultados de la sección dentro del volumen colectivo editado por Fritz Nies y Reinhold R. Grimm (1988), «Una disciplina ‹imposible›: balance y perspectivas de la romanística»; cf. también el trabajo de Ursula Link-Heer y Peter M. Spangenberg (1988, 195), en el que intentan una «reconstrucción de la historia científica de la romanística en Alemania» y en el que se ocupan también de las «oportunidades de una ciencia de la cultura que no se base en la búsqueda de la identidad nacional». 1 Las Gesamthochschulen eran unas instituciones de estudios superiores guiadas por la idea de la integración de los aspectos teóricos y prácticos de los estudios y a las que se podía acceder con distintos tipos de diplomas de estudios medios. 187 188 12. Perspectivas de la filología y de la lingüística románicas La discusión acerca de la relevancia de la titulación de filología románica en un mundo globalizado,1 acerca de su posición en el panorama universitario actual y sobre las posibilidades de su evolución en la docencia, la investigación y el trabajo, nos ha llevado ya en los capítulos anteriores a la pregunta por las perspectivas, los contenidos futuros y las tareas de las filologías en general y de la filología y la lingüística románicas en particular.2 Podemos aventurar algunas previsiones a manera de complemento ideal de la presentación de la historia de la romanística, incluso teniendo en cuenta que el diseño de estas perspectivas de futuro sólo tiene un limitado valor informativo. A pesar de todo y en última instancia, la mirada al futuro de la disciplina es una consecuencia lógica del intento de hacer balance de la situación actual de la lingüística románica. Nos encontramos con una introducción general al tema del cambio en las filologías en las doce conferencias editadas por Hans Lauge Hansen. Estas conferencias forman parte de un congreso organizado en Copenhague en febrero del año 2002 por parte del «Institute of Advanced Studies in the Humanities» y estructurado alrededor de cuatro temas centrales: «El desafío de los estudios tradicionales de lenguas extranjeras», «La filología y la revolución cultural», «Aproximaciones interdisciplinarias» y «Traducción – Un encuentro fructífero de disciplinas». En el marco de la expansión mundial del inglés como «lenguaje corporativo» o «lingua franca, que simboliza, por un lado, el poder y el dominio y, por otro, la libertad y la individualidad» (Hansen 2002, 7), se pretendía una «redefinición de los estudios de lenguas extranjeras en la era de la globalización» que debería estimular el análisis de la posición actual de las ciencias humanas en general y de las filologías y los estudios de lenguas (extranjeras) en particular: «Una aproximación humanista a la globalización presupone un alto nivel de competencias lingüísticas, mientras que la extendida creencia de que el inglés es el 1 2 Sobre la «retórica de la globalización» cf. Wodak/Weiss (2003, 51, 61–65). Acerca de la historia de la enseñanza de lenguas románicas en Alemania, de su presencia en la escuela y de la competencia «latín versus lenguas románicas», cf. la tesis doctoral presentada en Trier por Michael Frings (2006, 19–27, 53–78, 290–291). 189 único instrumento necesario agrava los puntos débiles generados por las teorías económicas y políticas de la globalización» (Hansen 2002, 7). El antiguo editor de la revista Cultura Neolatina, Aurelio Roncaglia, plantea en dos artículos programáticos un balance y un análisis de las perspectivas y de los posibles desarrollos de la disciplina. En el artículo titulado «Perspectivas de la filología románica» se mueve entre la «especialización» y la «universalización» y aboga por una apertura de la disciplina: «La filología románica no puede desmembrarse y tampoco debe restringir su campo. Al contrario, debe ampliarlo hasta abrazar en una visión unitaria todo el mundo europeo occidental, desarrollando hasta el fondo su vocación de convertirse en una disciplina esencial y central para penetrar e interpretar históricamente su espíritu» (Roncaglia 1956, 100–101). La latinidad de las lenguas románicas se muestra en dos sentidos: «Existe, en definitiva, una doble latinidad de las lenguas románicas: una latinidad de fondo que ‹regionibus quotidie mutatur et tempore› […], y una latinidad suprarregional y supratemporal, para la cual el latín se identifica con la noción dantesca de ‹gramática› y con el concepto moderno de ‹metaestrato›. Dicho en términos más generales, existe una doble romanidad del mundo románico: una romanidad genética natural y otra romanidad ideal cultural» (Roncaglia 1956, 105). A la pregunta, «Quid faciant philologi?» Roncaglia contesta: «La respuesta […] no puede ser ni una expansión que tenga en cuenta sólo las razones ideales, prescindiendo de las exigencias de la especialización, ni una disgregación según el panorama de nacionalidades, que ciertamente representa la cristalización de un cierto equilibrio, pero no el proceso por el cual se llegó hasta él y que no puede anticiparse ni considerarse definitivo sin caer en una forma de determinismo de la naturaleza. La filología románica puede y debe dejar a otras disciplinas todo lo que se desarrolla dentro de este panorama sin alterarlo; su objeto específico no es el aspecto estático, sino la dinámica de este equilibrio […]. […] su unidad sólo puede realizarse en un equilibrio dinámico: entre el estudio de las lenguas y el de las literaturas; entre la especialización naturalista y la especialización de orientación cultural; en última instancia: entre la perspectiva del fraccionamiento y la de la expansión» (Roncaglia 1956, 107). En su segundo artículo «Continuidad y renovación» Roncaglia señala que se ha producido un «cambio generalizado en el clima intelectual» (Roncaglia 1992, 8) y retoma las reflexiones de 1956: «Ya no nos encontramos en los inicios románticos del siglo XIX, sino en los finales desideologizados y computerizados del siglo XX. En este último siglo, y sobre todo en sus últimos decenios, no ha hecho sino aumentar a un ritmo vertiginoso el desequilibrio entre las llamadas ‹dos culturas›. El peso que las investigaciones de la naturaleza y los inventos tecnológicos han adquirido para la vida de la humanidad es inmensamente superior al interés por la tradición humanista, que había desempeñado un papel decisivo en el proceso de liberación y de progreso de las ciencias (por ejemplo desde el Renacimiento hasta el Iluminismo, con la crítica a los dogmas escolásticos y con los esfuerzos por defender, reforzar y afinar la ra- 190 zón). Por otro lado, los equilibrios se han modificado también dentro del mismo campo humanista, donde el interés por las investigaciones económico-sociales, susceptibles de aplicaciones políticas, se ha vuelto mucho más vivo que las reflexiones histórico-filosóficas y el gusto por las letras, de las que aquellas, dicho sea de paso, han obtenido siempre estímulos y motivaciones, módulos de representación y procedimientos de interpretación» (Roncaglia 1992, 9). El «Congreso Internacional de Lingüística y Filología Románica» de la «Société de Linguistique Romane» se celebra cada tres años y constituye un foro regular para la discusión de las perspectivas de futuro de la filología y de la lingüística románicas (cf. p. ej. Pfister 1997a y 1997b; y más recientemente Holtus 2007). En estos congresos se ofrecen cada vez más temas comparatistas e interdisciplinarios (lingüística y teoría lingüística románicas, nuevos medios de comunicación, política lingüística…). En el XIX Congreso, celebrado en Santiago de Compostela en 1989, Alberto Varvaro presentó en una conferencia plenaria un resumen acerca del tema «Estado actual y perspectivas de la lingüística románica». En su intervención se ocupó de problemas como la dificultad general de delimitar el ámbito temático de un balance de la disciplina, así como de la fragmentación de los campos de investigación, planteó la necesidad de presentaciones globales y del trabajo en equipo que este tipo de obras requiere, aludió al estrecho contacto entre teoría y texto como un rasgo específico de la filología románica y se refirió a la «nostalgia de una filología románica unitaria» y a la posibilidad de una «unidad en la diversidad»: «Tenemos que esforzarnos por encontrar las razones profundas, no efímeras y contingentes, de una homogeneidad, aunque tenga que presentarse como variada, contradictoria y polémica. Y estas razones sólo pueden encontrarse, desde un determinado punto de vista, en la extraordinaria tradición de lenguas y culturas reunidas bajo el signo de la herencia romana y, por otro lado, en la posibilidad que tenemos de no separar el estudio de la lengua del análisis de enunciados históricos concretos, escritos y orales, insertados en situaciones comunicativas y pragmáticas heterogéneas, pero que siempre podemos individuar en su realidad, no sólo hoy, sino también ayer y en un pasado lejano» (Varvaro 1996, 24). El juicio de Johannes Kramer, en su recensión a las actas del XXIII Congreso Internacional de Lingüística y Filología Románica de la «Société de Linguistique Romane» celebrado en Salamanca en el año 2001 (Sánchez Miret 2003), resulta un tanto precipitado. Kramer afirma que «los grandes congresos internacionales de los romanistas hace tiempo que no son el forum natural para todos los romanistas» (Kramer 2005a, 373) y que las visiones de futuro de una mesa redonda dedicada a la historiografía resultan «más bien magras» (Kramer 2005a, 376). El XXIV congreso, celebrado en Aberystwyth el año 2004, podría servir para matizar la siguiente opinión de Kramer: «Si las actas de los congresos de la Société de linguistique romane han de servir realmente como medida del estado de la romanística, entonces hay que decir que su situación no es buena: a la luz de estos congresos la disciplina habría entrado 191 en la era postmoderna en la que, como se sabe, ‹anything goes›, tanto la diacronía como la sincronía, la investigación de una sola lengua como los análisis comparativos, tanto el formalismo como la historia de la cultura, la fonética como la sintaxis» (Kramer 2005a, 376). Además, el propio Kramer afirma que este método descriptivo no es el adecuado y que la romanística actual está «viva y ágil como un ardilla». Y esto es lo que demostraron, por ejemplo, las secciones del congreso de Aberystwyth dedicadas a la lingüística románica y a la teoría lingüística, a la filología y los nuevos medios, a la Romania Nova, «lenguas perdidas y lenguas reencontradas» y a la política lingüística en la Romania Minor. Albert Gier ha prestado atención a posibles futuras orientaciones que puedan resultar interesantes para la disciplina y ha hecho un significativo inventario de la romanística (cf. Strosetzki 2002), «de lo que puede y de lo que quiere» (Gier 2000). En este trabajo encontramos una orientación sobre los distintos ámbitos científicos y los diferentes núcleos temáticos de la romanística: Gier se refiere a temas muy distintos, como los objetivos didácticos de la disciplina, las distintas estaciones de su historia científica, la política y la planificación lingüística, la filología medieval, la imitación creativa en la lírica, realidad y ficción en la novela, cultura y literatura del Magreb, la literatura y los otros medios, las oportunidades de trabajo. Por su parte, Michele Loporcaro ofrece una interesante visión de la función de los manuales de lingüística románica en la docencia universitaria. Loporcaro se formula la siguiente pregunta: «de entre el conjunto de descubrimientos y el fondo de saber de esta disciplina, qué y cuánto se puede y se debe transmitir a las futuras generaciones de estudiantes en el sistema universitario de la reforma» (Loporcaro 2005, 45). Para Gier la romanística consiste en una «serie de subdisciplinas cuyos objetos de estudio, cuyos intereses científicos y cuyos métodos de trabajo se diferencian considerablemente unos de otros» (Gier 2000, 13); la romanística es una «variedad multiplicada: no es sólo que se ocupe de fenómenos culturales, que por su propia esencia son ya poliédricos, sino que además bajo el techo de esta disciplina han encontrado cobijo lenguas (y culturas) cuyas evoluciones históricas y cuyas situaciones actuales son completamente distintas» (Gier 2000, 12). Sin embargo, una división en filologías particulares estaría «en clara contradicción con la tendencia a la unificación de Europa y a la intensificación de la colaboración internacional en todos los campos» (Gier 2000, 20), por no decir nada del «beneficio personal» que resulta de la riqueza románica (Gier 2000, 20–21). Por otro lado, la «orientación hacia el mundo laboral que los políticos han exigido a la docencia universitaria en incontables discursos de domingo» se ha plasmado de un modo que tiene muy poco que ver con la curiosidad por otras formas de vida y de pensamiento y con las posibilidades de la romanística, porque no hay que olvidar que los estudios humanísticos proporcionan «más bien una formación general», en lugar de preparar «para 192 una profesión concreta»; con ellos los estudiantes adquieren conocimientos y habilidades «que no preparan inmediatamente para un trabajo concreto, pero que son indudablemente relevantes en la práctica laboral» (Gier 2000, 157). Además, la situación actual presenta un adecuado balance, ya que «las actividades académicas proporcionan un saber predominantemente teórico y la actividad profesional ofrece a los estudiantes la posibilidad de adquirir experiencias prácticas» (Gier 2000, 159). Todavía merece la pena mencionar dos ideas del interesante libro de Gier, que en cualquier caso es mucho más que un pequeño «libro de bolsillo» (cf. Gier 2000, 7). Por un lado, Gier se refiere, tal y como ya habían hecho Roncaglia y Varvaro, a la dialéctica entre especialización y universalización: «Parece que es propia de nuestro tiempo una tensión dialéctica entre la tendencia a la globalización y a la particularización: bajo el paraguas de una Europa que quiere unirse, las regiones se acuerdan de su cultura y de su historia particulares» (Gier 2000, 73). Por otro lado, Gier alude a la necesidad de atender a los descubrimientos precedentes, que no son importantes sólo para la historia de la disciplina: «En las ciencias humanas el ‹progreso› no significa que todas las teorías anteriores pierdan su valor ante una nueva concepción teórico-metodológica» (Gier 2000, 55). Georg Kremnitz discute el cambio actual en las circunstancias comunicativas y sus consecuencias políticas: «la Unión Europea declara que quiere conservar el plurilingüismo europeo (cada uno debería dominar al menos tres lenguas, suele decirse), y sin embargo practica una política lingüística que en la práctica no hace más que reforzar el papel del inglés» (Kremnitz 2002a, 6). En este contexto inserta la precaria situación de las ciencias humanas y, con ellas, de la romanística: «El estado – prácticamente todos los estados – se ha retirado progresivamente de los ámbitos que antes recibían el nombre de ideales colectivos: los servicios públicos se han privatizado progresivamente y esto ha provocado la difusión al sistema educativo de los principios de la economía privada (como son la rentabilidad inmediata, la competencia o la renuncia a las perspectivas a largo plazo en favor del éxito inmediato), con lo cual estos principios han alcanzado a un ámbito que los ilustrados consideraban como el más distinguido. Todo esto, no sólo ha disminuido de nuevo la igualdad de oportunidades para todos que antes se perseguía, sino que crea muchas más dificultades a las disciplinas que producen sólo un valor indirecto, como es el caso de las ciencias humanas y culturales» (Kremnitz 2002a, 5). Las dos pasiones investigadoras del romanista vienés – la sociología de la comunicación y las lenguas en el espacio – están también en el centro de atención del homenaje editado por Peter Cichon et al. (2005) con motivo del sexagésimo cumpleaños de Georg Kremnitz, Ruptura de las fronteras. Para una sociología de la comunicación. Por otro lado, el XXX Congreso de la 193 Asociación Alemana de Romanistas se ha celebrado en Viena en el año 2007 con el tema «Romanística en la sociedad». En este caso se trataba de «buscar una nueva síntesis de las relaciones comunicativas dentro de las sociedades; esta síntesis es más compleja, pero promete mucho más que los modelos actuales. En este proceso, que en mi opinión ya ha empezado, la romanística, debido a su especial prehistoria, tiene un enorme potencial para ocupar un puesto de liderazgo y para obtener con ello (otra vez) una mayor relevancia social. Pero para conseguirlo tenemos que superar algunas (auto-)limitaciones y no debemos tener ningún miedo ante nuevos campos que necesitan de la colaboración con otras disciplinas y que no nos agotan en un caprichoso diletantismo» (Kremnitz 2006, 5). En el XXVII Congreso de la Asociación Alemana de Romanistas celebrado en Múnich el año 2001, la sección titulada «Tareas y perspectivas de la historia de las lenguas románicas en el tercer milenio» se proponía «presentar un inventario crítico de la investigación histórica de las lenguas románicas junto con algunos conceptos metodológicos y algunas posibilidades para la formación académica» (Gil /Schmitt 2003, IV; cf. la recensión de Johannes Kramer 2006b). Los coordinadores de la sección dividen las colaboraciones en dos grupos: «Cuestiones básicas» y «Problemas concretos de la historia de las lenguas románicas». Algunos de los temas discutidos son los que mencionaremos a continuación. Albrecht (2003) estudia el papel de la traducción en las historias de la lengua. Otra contribución analiza las perspectivas y los cometidos de una historiografía lingüística europea, analizados con el ejemplo del italiano y del francés como lenguas de cultura en la Europa de los siglos XVIII y XIX; en este caso se pretende ampliar la investigación y la docencia a través de la introducción de una perspectiva europea, con estudios pragmático-funcionales y a través de la implicación del contexto sociocultural y de una orientación interdisciplinaria, en la que no falta tampoco el recurso a teorías y métodos lingüísticos modernos tanto de la sincronía como de la diacronía (Birken-Silverman 2003, 39). Otra contribución a las actas se ocupa de las posibilidades y de los límites de una historia de las lenguas románicas basada en los textos («Entre las exigencias del cambio lingüístico y las expectativas de la historia de las culturas»; Haßler 2003). Algunos temas más son: la oferta docente sobre historia de las lenguas en las universidades alemanas (Langenbacher-Liebgott 2003) o las intenciones comunicativo-pragmáticas en la historiografía lingüística («Las historias de la lengua francesa como tipos de actuación comunicativa»; Leyhausen 2003). En la contribución de Polzin-Haumann se propone un concepto ampliado de la historia de la lengua (nuevo tipo de fuentes, más clases de textos) que se pregunta «cómo se pueden analizar y sistematizar los distintos intentos de descripción y normativización del español dentro de su respectivo contexto histórico-cultural» (Polzin-Haumann 2003, 124; «esta ampliación se puede concretar tanto en una (nueva) valoración de muchos documentos, como en un procedimiento realmente integrador que estudie la historia lingüística en contacto con la historia cultural, social y de las ideas»; 194 Polzin-Haumann 2003, 139). Por su parte, Settekorn plantea un método de trabajo en historia de la lengua con fundamentación teórica, tecnológica y social («Historia de la lengua e historia de los hablantes»). Settekorn se pregunta, con relación a la fragmentación institucional de la romanística alemana en distintas asociaciones, si se trata de algo más que «una señal de la continua especialización y su acomodo a estructuras científicas habituales en todo el mundo, tal y como las encontramos institucionalizadas en las distintas universidades y organismos de investigación», y qué es lo que quedará de «romanístico» para «mantenerlas unidas», si es que la Asociación de Romanistas «ha de ser algo más que un paraguas que cubra a todas las asociaciones y si su cohesión interna ha de consistir en algo más de lo que se ve a través de los links que llevan a las distintas asociaciones a partir de la página ‹Romanistik.de›» (Settekorn 2003, 167). Settekorn señala también cinco aspectos que le parecen útiles para una discusión básica: 1) desde el punto de vista alemán la historia de las lenguas románicas es un objeto relativamente ajeno; 2) el método de trabajo científico es básicamente individual ; 3) hay temas de investigación que afectan a un solo estado, mientras que otros superan sus fronteras ; 4) la lengua de la ciencia (inglés); 5) es necesario un análisis auto-reflexivo de la concepción del objeto de estudio y del discurso empleado («lingüística triunfalista») en la historia de la lengua (Settekorn 2003, 167ss.). El capítulo dedicado a las cuestiones básicas de la historia de las lenguas románicas dentro de las actas editadas por Gil /Schmitt (2003) se cierra con una carta enviada poco antes de su muerte por Arnulf Stefenelli a los participantes en la sección. El tema de esta carta era «La historia de la lengua como instrumento para la investigación y la correcta valoración de la lengua actual»: «La historia de la lengua y una deseable mayor atención a los conocimientos que genera, podrían […] desempeñar también una función social, ya que gracias a la difusión de análisis mejorados, es decir, objetivos y adecuados, de las relaciones lingüísticas estudiadas en cada caso se podrían reducir aquellas tensiones y conflictos entre generaciones o entre grupos sociales condicionadas también en parte por factores lingüísticos» (Stefenelli 2003, 180–181). Una pregunta abierta a la hora de escribir la historia de una lengua es el balance entre las relaciones de la «lingüística de la langue» y la «lingüística de la parole», tal y como concluye Jakob Wüest en sus comentarios acerca de la evolución desde el protorromance hasta el francés actual: «Mientras la lingüística histórica siga siendo sólo una lingüística de la langue, será necesariamente reduccionista. Sin embargo, los documentos que nos quedan no nos permiten saber mucho acerca de lo que ocurrió en el nivel de la parole. Por lo tanto, una lingüística que pretenda tener en cuenta al menos algunos fenómenos de la parole tendrá que ser necesariamente muy especulativa. Este es quizá el motivo por el que no se suelen tocar algunos dogmas de la lingüística histórica» (Wüest 2005, 506). 195 En este contexto hay que mencionar de nuevo el volumen colectivo de Herbert Christ (1986a) sobre el tema «Romanística: ámbitos laborales y práctica profesional», dos de cuyos artículos se ocupan de los cometidos de la romanística del futuro y del porvenir de la romanística alemana. Bernd Spillner critica a la filología románica practicada en Alemania por conservar todavía hoy una parte de la herencia correspondiente a la concepción de la lingüística histórico-comparativa del siglo XIX, caracterizada en concreto por una «perspectiva historicista que sólo mira hacia atrás (p. ej. con su preferencia por la literatura medieval o por la fonética histórica)», por una «elección de los temas de la docencia y de la investigación marcada por una tendencia idealizadora y alejada de la práctica» y por una «concepción universalista de la disciplina (la unidad de las lenguas y literaturas románicas)» (Spillner 1986, 35). Es cierto que admite que, por muy necesaria que sea la reorientación, la romanística debería conservar o recordar algunos métodos filológicos valiosos (p. ej. la crítica textual, la exégesis de textos, la comparación lingüística, la retórica, la estilística, el análisis de fuentes históricas, la bibliografía), pero estos métodos no pueden ser «un fin en sí mismos, sino que deben ser enseñados como métodos propios de las ciencias humanas independientes de una profesión concreta y aplicables de manera polivalente a la solución de problemas en muchos ámbitos de actuación» (Spillner 1986, 37). En su opinión, la romanística debería «desarrollarse y ampliarse como una ciencia de la información y la documentación acerca de las relaciones con las naciones, las lenguas y las culturas románicas» y debería proporcionar conocimientos en campos como «la creación y la recuperación de información, la elaboración de datos, la documentación y la clasificación» (Spillner 1986, 38–39). Desde la perspectiva de los estudios literarios Dietmar Rieger se ocupa de la relación entre la práctica de las lenguas y la ciencia filológica. Para él la romanística es «desde el punto de vista de la investigación: el estudio de las lenguas y literaturas románicas en sus respectivos contextos vitales sincrónicos y diacrónicos; esta investigación se lleva a cabo con métodos científicos que son, generalmente, los propios de las ciencias humanas y con una relación (no siempre explícita) a la propia realidad vital, para lo cual es indispensable el conocimiento de las respectivas lenguas románicas. Desde el punto de vista de la docencia la romanística consiste en la transmisión crítica, no sólo de los resultados de la investigación, sino también de sus métodos. En este contexto, y teniendo en cuenta que sólo un pequeño porcentaje de los estudiantes se dedicará a la investigación romanística, la transmisión de competencias lingüísticas por medio de la enseñanza práctica con lectores puede tener en cierta medida un valor en sí misma para futuras actividades profesionales (y no exclusivamente para la enseñanza media). A ello hay que añadir también en el marco de la docencia (en concreto en la formación de profesores de enseñanza media) el ámbito de la didáctica de la lengua y la literatura francesas» (Rieger 1986, 17–18). La romanística «no ha llamado suficientemente la atención en el pasado hacia las funciones sociales de sus distintos componentes científicos (en el marco 196 de una especie de trabajo público) y no ha propagado en suficiente medida su ‹utilidad› más allá de la enseñanza práctica de las lenguas» (Rieger 1986, 19). Por lo tanto, en un época de recesión económica no le queda más oportunidad que «la insistencia en la utilidad social y también económica de la competencia en lenguas extranjeras» (Rieger 1986, 20). Sin embargo, el hecho de actuar en función de las expectativas de la opinión pública puede suponer también un peligro y puede poner en marcha una dinámica difícil de parar «allí donde se pretende reaccionar directamente ante los requerimientos de la opinión pública por medio de planes de estudios específicos que intenten salvar a la vez el aspecto científico de la especialidad» (Rieger 1986, 20): «Aceptar las condiciones de un horizonte de expectativas que desconoce la estructura y la esencia de la especialidad, para con ello salvaguardar los intereses materiales y personales, siendo plenamente conscientes de la implícita estafa de etiquetas que a ello se une, puede ser un gol en propia puerta. Los departamentos de filología románica se pueden convertir por esta vía en escuelas de idiomas altamente calificadas, en las que el romanista se encontrará cada vez más fuera de sitio» (Rieger 1986, 23). El Congreso de los Romanistas de 1985 en la Universidad/Gesamthochschule de Siegen ofreció ya un foro central para la discusión. Allí se discutió sobre el trabajo de la especialidad, su desarrollo, su estado actual y su orientación para el futuro, todo ello no sólo en una perspectiva interna, sino también con la intención de hacerlo comprensible a la opinión pública (Nies/Grimm 1988, 5). En su discurso inaugural como presidente de la Asociación Alemana de Romanistas, Fritz Nies describe el futuro de una «disciplina imposible» cuyo objeto de estudio comprende «el espacio cultural de una familia lingüística que es, con mucho, la mayor de Europa, lo mismo que de todo el hemisferio occidental» y al que pertenece la mayor parte de estados del llamado Tercer Mundo (Nies 1988, 9). Menciona algunos temas centrales para el debate y señala también algunos «campos de trabajo por lo general baldíos» en los que claramente existe una tarea que la romanística debe cumplir. Estos campos son: la elaboración de ofertas de formación continua y de información para los numerosos intermediarios entre los espacios culturales alemán y románico que ocupan puestos de responsabilidad en los medios de comunicación, en las organizaciones internacionales y en la política; la generación de posibilidades formativas serias nacidas del mundo científico para una creciente parte de nuestra población que ya ha terminado su vida laboral; el apoyo al importante e insuficiente intercambio de estudiantes y de científicos con algunos destacados países industrializados, para lo cual se necesita la elaboración de conocimientos de lengua y de cultura específicos para ingenieros, científicos, juristas, economistas y sociólogos; la colaboración en el diseño de planes de estudios específicos para estudiantes iberoamericanos o africanos, que transfieren a su propio entorno el conocimiento que adquieren aquí, para lo cual ponemos a disposición nuestro conocimiento de su cultura y de 197 sus problemas; la oferta de un conocimiento algo más que turístico sobre las culturas románicas para los cientos de miles de personas que cada año, por los motivos más distintos, viajan a una Romania que para ellos es extraña; una preparación especial para la actividad del traductor de literatura, cuya importancia es decisiva en la transferencia cultural (Nies 1988, 10–11). La romanística cuenta con opciones especiales a la hora de enfrentarse con un mundo que cada vez cambia más de prisa: en tanto que «ciencia hermenéutica es capaz de activar un sistema inmunológico que reduzca la propensión hacia continuos mensajes salvíficos nuevos»; en tanto que «ciencia histórica es capaz de oponerse a inquietantes expectativas escatológicas»; la romanística es una «ciencia que no se liga de manera exclusiva o predominante a una sola nación», sino que, por el contrario «tiene un objeto de estudio expandido por todo el mundo, sin que por ello se confunda con lo demasiado general, y su familiaridad con la tradición cartesiana de la duda metódica y con la herencia de la ilustración hace que para ella sea evidente que todo conocimiento cultural es relativo y provisional, pero, a pesar de todo, posible» (Nies 1988, 11). En sus palabras de saludo, la ministra de ciencia e investigación del estado de Nordrhein-Westfalen, Anke Brunn, pone sobre la mesa la doble crisis existencial de las ciencias humanas, que ya no tienen a priori una función de liderazgo y de orientación (Brunn 1988, 14). Robert Picht, en su artículo acerca de las relaciones internacionales y su relación con el futuro de las filologías de lenguas extranjeras, subraya «la decidida aceptación de las exigencias que plantea una interdependencia internacional cada vez mayor o, dicho de manera menos elegante, la aceptación del hecho de que la supervivencia de todos nosotros depende de en qué medida comprendamos a nuestros socios y en qué grado seamos capaces de hacernos comprender por ellos» (Picht 1988, 83). A partir de aquí reclama que las costumbres didácticas e investigadoras de las filologías se orienten más intensivamente hacia «dos necesidades estrechamente relacionadas: por un lado, hacia una meditada comparación intercultural y, por otro, hacia una interconexión multidisciplinaria de problemas y conocimientos lingüísticos, literarios, históricos y sociales» (Picht 1988, 90). Ekkehard Eggs y Heidemarie Sarter discuten la relación entre la lingüística y las Landeswissenschaften3 desde el punto de vista de la posibilidad de transmitir unas competencias que combinen la comunicación y la interacción en un ámbito transnacional (Eggs/Sarter 1988, 154–155). De manera paralela, Franz-Rudolf Weller analiza la relación entre estos conocimientos histórico-culturales y la literatura y fija su atención en el arte como reflejo de la realidad, en la literatura como parte integrante de una sociedad y en la relación entre forma estética y praxis social (Weller 1988, 167). Por último, 3 Cf. cap. 1., n. 1. 198 Jürgen von Stackelberg (1988) presenta el mundo de la traducción literaria y las posibilidades de trabajo de los traductores y de los críticos especialistas en traducciones. Bajo el provocador título de «¿Tienen todavía algo que decirse la lingüística y la literatura?», los editores de Romanische Forschungen (Vierteljahrsschrift für romanische Sprachen und Literaturen) (= Investigaciones románicas, revista trimestral de lenguas y literaturas románicas), Frank-Rutger Hausmann y Harro Stammerjohann, invitaron a algunos lingüistas e investigadores de la literatura a expresar su opinión. Los editores resumen los resultados afirmando que existe una disposición básica al diálogo, pero nadie, con una sola excepción, se manifestó a favor de renunciar a la propia autonomía: «Al igual que en el pasado la lingüística y la literatura se separaron a partir de la filología textual, en un futuro próximo y a la luz de la europeización y globalización de la política, de la economía, de la cultura y de la comunicación que se observan actualmente, se crearán a partir de estas dos disciplinas nuevas ciencias independientes dedicadas a las naciones, las culturas y los medios de comunicación, en un proceso que ampliará de nuevo la organización tradicional de la ciencia. De cualquier modo, todavía no está claro si este proceso funcionará de manera paralela, por cooperación o por competencia» (Hausmann/Stammerjohann 1998, 11). Peter Wunderli afirma que «la lingüística y la literatura se han separado irremediablemente sólo de forma aparente» y que, en lugar de «insistir todos en una queja que ya es casi tradicional, […] es mucho más adecuada una nueva ideología basada en una sistemática superación de las fronteras» (Wunderli 1998, 208). Wolfgang Raible está a favor de que la lingüística y la literatura «colaboren en el marco de una nueva ciencia de la cultura que abrace a las dos y que reúna de nuevo sus fuerzas» (Raible 1998c, 138), ya que las disciplinas tradicionales pueden sobrevivir sólo «si cambian constantemente, es decir, si permanecen dinámicas o incluso si consiguen condicionar la dinámica de otras disciplinas» (Raible 1998c, 140). Heinz Werner se ha ocupado intensamente de la relación entre la filología, la lingüística tradicional y las nuevas corrientes lingüísticas. Werner considera la tradicional ciencia del lenguaje (Sprachwissenschaft), en tanto que parte de una filología de orientación humanista, y la lingüística moderna (Linguistik) como dos ámbitos científicos completamente distintos, que se distinguen desde tres puntos de vista: «La lingüística (Linguistik) y la ciencia tradicional (Sprachwissenschaft) se distinguen básicamente en su ordenación dentro del sistema de las ciencias, en concreto, en su relación con otro ámbito científico, como es el de la filología de una lengua. […] La diferencia más importante consiste en los distintos mecanismos utilizados para formar sus conceptos, así como en la naturaleza heterogénea de sus métodos y, por lo tanto, en su posicionamiento teórico completamente diferente. […] También existen diferencias significativas ligadas a los dos primeros aspectos en lo que se refiere a contenidos y objetivos; obviamente en este punto también se dan nume- 199 rosas coincidencias, lo cual explica que estos dos ‹tipos de ciencia de las lenguas› se hayan metido frecuentemente en el mismo saco» (Werner 1998, 164–165). Por otro lado, Werner, siguiendo a Erich Auerbach, delimita el objeto de estudio de la filología tradicional de una manera que hoy ya no goza de actualidad, al considerar que se ocupa de «textos importantes para la literatura», de «obras de arte verbal de la literatura culta»; en concreto, afirma que «el principal cometido filológico no es sólo lograr una comprensión correcta, exacta y completa de aquellos textos de una lengua que se consideran como pertenecientes a la literatura ‹culta› y que se cuentan entre los ‹importantes para su literatura›, sino que radica en una comprensión ‹que interpreta› y que, con ello ‹profundiza más› en ellos» (Werner 1998, 166–167). Sin embargo, la lingüística actual se ocupa principalmente de «las capas lingüísticas más bajas», como son los textos utilitarios o los textos del sub-estándar, de manera que hoy ya no es válida la conclusión del razonamiento de Werner, según el cual a la lingüística básicamente le correspondería de acuerdo con la concepción tradicional el papel de «sierva de la filología», lo cual quiere decir en realidad, sierva de la literatura (Werner 1998, 170). Obviamente el papel específico de la lingüística formal y de orientación científica (por oposición a humanística) (Werner 1998, 176ss.) no estaría afectado por esto y no hay que poner en absoluto en duda que, entre lo que Werner llama la «lingüística (Sprachwissenschaft) tradicional» (y que califica como «art», cf. Werner 1998, 181, 183) y la lingüística formal que él practica (y que califica como «science»; Werner 1998, 181, 183), existen «diferencias fundamentales tanto en el punto de vista como en la constitución de un determinado objeto de estudio» (Werner 1998, 177): «A la hora de formular una teoría general de la estructura de las lenguas la lingüística […] ya no puede servirse de los conceptos tradicionales de la ciencia filológica del lenguaje; una teoría de este tipo se formula sólo por medio de conceptos explícitos, analizables lógicamente y matematizables» (Werner 1998, 179). De cualquier modo, en opinión de Werner ambas posiciones pueden coexistir dentro de la situación actual de la romanística: «La formación de una lingüística independiente es un proceso que sobrepasa el ámbito de investigación de una sola lengua y como tal, aunque ha empezado o ha tenido lugar fuera de la romanística, no debería prescindir de ella. Por lo tanto, sería esperable que se formara también dentro de la filología románica una lingüística (Linguistik) románica a la manera de un esqueje mutado a partir de la lingüística (Sprachwissenschaft) románica tradicional» (Werner 1998, 185). En este contexto la cuestión de si «hay que subordinar institucionalmente la(s) lingüística(s) de las lenguas románicas a la tradicional filología románica» (Werner 1998, 186–187) es, en última instancia, secundaria, ya que hoy ya no se puede hablar de un riguroso «sometimiento» de la lingüística (Linguistik) románica a la tradicional romanística de tipo filológico. 200 De los demás artículos editados por Hausmann/Stammerjohann (1998) merece la pena destacar todavía la toma de posición de Harald Weinrich (1998) con sus «Consideraciones económico-ecológicas acerca de la situación de la romanística» y la de Dominique Maingueneau (1998). El IX Coloquio de Romanistas (Dahmen et al. 1996) se consagró a la importancia de las lenguas románicas en la Europa del futuro, prestando atención al papel tanto de las grandes como de las pequeñas lenguas en la «configuración de la inconfundible fisonomía del viejo continente» (Dahmen et al. 1996, 16). En este marco Otto Gsell (1996) constata que desde finales de los años sesenta del siglo XX existe una continua crisis de identidad de la romanística como carrera universitaria y como tarea investigadora. En un segundo momento se ocupa de las perspectivas de esta especialidad universitaria alemana y de las posibilidades de una transformación espontánea, descentralizada y nada espectacular. La revista Grenzgänge,4 publicada en Leipzig, propuso en 1996 nueve tesis acerca de la concepción actual de la romanística y las dirigió, entre otros, a los presidentes de las respectivas asociaciones lingüísticas, a los editores de revistas romanísticas en Alemania, Austria y Suiza y a los evaluadores de la Deutsche Forschungsgemeinschaft (= Consejo de Investigaciones Alemán), con la petición de que expresaran su opinión sobre ellas. Johannes Kramer se pronuncia a favor de los estudios románicos en la docencia con el fin de mantener la actual variedad de la oferta didáctica en el campo de la romanística y para garantizar una superación realmente competente de las fronteras del canon lingüístico y literario (Kramer 1996b, 30). Para Kramer la profesionalidad en la romanística no significa «estar en posesión de un catálogo indiscutido de saberes básicos, sino el saber construirse unos centros de gravedad básicamente personales», con lo cual su lema es: «libertad personal para cada uno y universalidad colectiva para la disciplina» (Kramer 1996b, 26). Para Brigitte Schlieben-Lange la romanística debe seguir siendo una disciplina que transmita «la capacidad de comparar culturas» (Schlieben-Lange 1996, 42). Esta ciencia no se «limita a la Europa occidental, […] sino que tiene que ver también con América, África y la Europa del Este» (Schlieben-Lange 1996, 44) y no sólo tiene que conservar y transmitir sus potencialidades, sino que debe incrustarlas en las discusiones teóricas actuales (Schlieben-Lange 1996, 45). Para ello el núcleo de la romanística debe seguir siendo una disciplina filológica, es decir, «en el centro de la romanística debe estar el trabajo con lenguas y textos (en distintos medios y en sus distintas combinaciones)» (Schlieben-Lange 1996, 45–46). Como conclusión esta autora escribe: 4 El nombre de la revista podría traducirse como Cruces de fronteras y se refiere a una posición intelectual caracterizada por el inconformismo y la superación de las fronteras tradicionales de las ciencias. 201 «La romanística, tal y como se practica en las universidades alemanas, es un marco institucional que contiene determinadas potencialidades que no deben quedar enterradas. Por el contrario, estas potencialidades han de usarse y desarrollarse. La disciplina, en tanto que institución, debe proporcionar una preparación con garantías (en forma de destrezas y no [sólo] como saber canónico – esto es también una discusión superflua), que sea transparente tanto para el mercado de trabajo como para la colaboración interdisciplinaria y su núcleo debe seguir estando en la lingüística y en la ciencia textual» (Schlieben-Lange 1996, 46). En otra toma de postura (Holtus 1996) se plantea en primer lugar la dificultad de delimitar con claridad qué es la romanística: para ello hay que tener en cuenta que siempre ha existido una pluralidad de métodos y que una disciplina mantiene contactos con las disciplinas vecinas (lo cual complica la clasificación de las investigaciones relativas a los contactos lingüísticos, a la lingüística contrastiva y a la tipología lingüística); desde el punto de vista temático tampoco es fácil la definición, ya que se estudian las lenguas y variedades lingüísticas procedentes del latín, sus manifestaciones sociales, culturales y quizá incluso psicológicas, la latinidad, etc. (Holtus 1996, 34). A la hora de responder a la cuestión de qué hay que definir como contenido de los distintos módulos de conocimiento hay que tomar en consideración naturalmente los ámbitos de trabajo en los que tradicionalmente hay empleo para un romanista (como son la escuela o las traducciones), pero debería ser una tarea de la romanística seguir desarrollando su propio perfil característico y presentar de manera activa una oferta de puntos fuertes resultantes de toda la amplitud de la disciplina que puedan aplicarse de forma variada y que no sean una simple reacción a las tendencias actuales del mercado de trabajo. Para ello es necesario el compromiso de los romanistas, que hoy todavía gozan de la libertad de cátedra y de investigación, que autoevalúan críticamente su oferta docente y sus actividades investigadoras y que son conscientes de cuál es su responsabilidad ante la sociedad (cf. Holtus 1996, 38). Una nueva serie de discusiones sobre las perspectivas de futuro de la romanística y de sus distintas partes se abrió en 1997 en la Zeitschrift für französische Sprache und Literatur (= Revista de lengua y literatura francesa) con los artículos de Andreas Kablitz («Intento de una defensa del experimento: las oportunidades de una ciencia paradójica») y de Ulrich Schulz-Buschhaus («El futuro de los estudios literarios (franceses)»). A estos dos artículos les siguió el año siguiente la parte lingüística con el trabajo de Wolfgang Raible. Raible ofrece en primer lugar una descripción de la situación en la que atiende al contexto global, a los ámbitos de trabajo y al conservadurismo de la disciplina. A continuación analiza el contexto profundamente modificado en el que se encuentran las disciplinas filológicas. Dos de los aspectos tratados son el grado de participación de la disciplina en redes de información de nivel mundial y el desplazamiento de los centros de peso de las universidades hacia otras disciplinas como la biología, la informática, las ciencias de los materiales y la técnica de los microsistemas (Raible 1998a, 202 258ss.). A los «talentos» tradicionales de la lingüística románica, Raible añade ahora nuevas colaboraciones: por ejemplo, de entre las ciencias cognitivas propone una alianza con la psicolingüística; en el campo de la biología son posibles colaboraciones a propósito de la adquisición de lenguas, la investigación de la afasia, de los distintos tipos de bilingüismo y su organización en el cerebro; son también factibles trabajos acerca de las cuestiones relacionadas con «lenguaje y pensamiento» y «lenguaje y cerebro», así como acerca del paralelismo entre el código genético y el código lingüístico en todos los planos de la jerarquía lingüística (Raible 1998a, 262). Y todas estas alianzas exigen tiempo y capacidad investigadora, así como una reforzada disponibilidad para la cooperación y para el trabajo en equipo y una apertura a la ciencia de la cultura en general: «La romanística, en tanto que disciplina cuyo objeto de estudio se encuentra no sólo en Europa, sino también en Norteamérica, Centroamérica y Sudamérica, en el Caribe, en África, en el Océano Índico y en el Pacífico, es un socio ideal para una alianza de este tipo con otras ciencias de las culturas – tanto en su manifestación lingüística como también en la literaria. Basta con querer este tipo de alianzas y, después de superar nuestra tendencia natural a conservar y a seguir haciendo lo que hemos aprendido, hace falta acogerlas científicamente dentro de la disciplina. La romanística, que es por su propia naturaleza una disciplina abierta, debería estar mejor preparada que otras para tales alianzas» (Raible 1998a, 263). Frente a esta determinación de la romanística «desde arriba», «desde la perspectiva del investigador de primera línea, que pretende canalizar y optimizar su disciplina», Johannes Kramer en «La romanística entre la teoría de altos vuelos y el anclaje práctico» propone la «visión desde abajo, desde la perspectiva de la gran mayoría de los que tienen algo que ver con ella, es decir, desde el punto de vista del estudiante medio antes del primer examen» (Kramer 1999a, 55): «Lo que necesitamos en la docencia es un núcleo central que pueda ofrecerse en todas partes en las que haya romanística y luego especializaciones distintas en cada universidad en función de los puntos fuertes en la investigación de los respectivos docentes» (Kramer 1999a, 59). En el Congreso Austriaco de la Ciencia organizado por la Österreichische Forschungsgemeinschaft (= Consejo de Investigaciones Austriaco) en octubre del año 2000, Raible presentó, en el marco general del tema «El hombre y su(s) lengua(s)», su diagnóstico y algunas predicciones con relación a la cuestión «¿Hacia dónde va nuestra lengua?». Raible trata el cambio lingüístico, los nuevos tipos de texto como motor del cambio, la reconstrucción, la construcción y el derribo como formas del cambio lingüístico; su diagnóstico no es el de «decadencia permanente de las lenguas», sino el de «permanente construcción» de las lenguas europeas (Raible 2001, 22). Las posibilidades y las oportunidades para hacer predicciones lingüísticas estuvieron en el punto de mira de una sección del XXII Congreso de la 203 Asociación Alemana de Romanistas celebrado en Bamberg en 1991, que se ocupó de las siguientes cuestiones (Holtus 1994, 7): Desde el punto de vista de la historia de la lengua, ¿en qué medida se pueden traspasar a las futuras fases de transformación de una lengua las afirmaciones generales acerca de los factores que influyen en el cambio lingüístico? ¿A partir de los análisis de cambios dentro del conjunto de variedades de una lengua, podemos obtener principios aplicables a futuros procesos de cambios en la dinámica del diasistema de una lengua? ¿En qué medida el diasistema del italiano, con sus variedades investigadas de una manera relativamente intensa, puede tomarse como un modelo para predecir futuros procesos? ¿Tienen algún sentido las afirmaciones predictivas con relación a fenómenos lingüísticos? ¿Están justificadas o cae la lingüística con ellas en un campo especulativo que debería dejar en manos de otras disciplinas con mejores medios técnicos y científicos (piénsese por ejemplo en la climatología y la predicción del tiempo)? El resultado es que la capacidad para hacer predicciones en lingüística se limita a indagar las tendencias en el sistema de una lengua, es decir, qué podemos afirmar y en qué condiciones acerca de cómo podrían ser las evoluciones futuras de una lengua (en este caso se trataba del italiano); el hecho de si definitivamente serán así o no, no puede predecirse (Holtus 1994, 14). Las perspectivas de futuro de la disciplina fueron también el objeto de un informe sobre la romanística en las universidades de Baden-Württemberg presentado por Gerhard Ernst, Alois Hahn y Ulrich Schulz-Buschhaus. En dicho informe se señalan los nuevos desarrollos, entre los que hay que mencionar los siguientes: 1) la inclusión de la Romania no europea; 2) una mayor atención a las conexiones culturales y sociales; 3) una aproximación a los condicionamientos histórico-sociales de la lengua y la literatura y, por otro lado, al carácter de la lengua y la literatura como manifestación de una «conciencia colectiva» o bien de una «memoria colectiva»; 4) la atención y en muchos casos una notable investigación de la lengua actual y de la literatura moderna hasta la actual vanguardia; 5) el desarrollo propio de nuevos métodos y de nuevas líneas de investigación, así como la recepción de todos los nuevos paradigmas de la lingüística y la literatura (Ernst/Hahn/SchulzBuschhaus 1998, 278). El informe también presenta el campo de estudio de la disciplina, la cuestión de la unidad de la romanística vs. la fragmentación en disciplinas particulares, los puntos fuertes de la investigación, las perspectivas de desarrollo de la lingüística y de la literatura románica y los aspectos interdisciplinarios de la romanística. Entre estos últimos se destaca su contribución al desarrollo de nuevas perspectivas, métodos y teorías en otras disciplinas y la disposición a ofrecerles su material para que puedan validar o falsar sus propios resultados (Ernst/Hahn/Schulz-Buschhaus 1998, 291). En general «la investigación romanística ofrece, desde la perspectiva de las disciplinas vecinas, la imagen de una ‹casa abierta› a las sugerencias y a los estímulos interdisciplinarios, más que la de un ‹closed shop›. Esto tiene aspectos naturalmente positivos. 204 Sin embargo, también es un indicio de una pérdida de la autonomía de la disciplina relacionada con la crisis internacional de la hermenéutica histórica, que no se puede ocultar, a pesar de todas las revitalizaciones. Por lo tanto, por un lado tenemos una presencia fascinante y una receptividad hacia los nuevos desarrollos de las ciencias humanas, pero por otro lado nos encontramos también ante un perfil específicamente ‹romanista› poco marcado. Y la dificultad de presentarse hacia fuera como romanista depende probablemente de esta situación. No es por tanto sorprendente que cada vez más especialistas en francés, italiano, portugués o español quieran decirle adiós a la romanística en tanto que romanística» (Ernst/ Hahn/Schulz-Buschhaus 1998, 295). Desde un punto de vista sociológico, la flexibilidad, que se enseña y se aprende en la universidad, tiene que «mantenerse y abstraerse frente a las modas que cambian constantemente. Lo importante es la competencia metodológica y teórica (incluso en el ámbito del arte de la síntesis interdisciplinaria), que gracias a su separación de lo que es puramente actual está siempre preparada para lo más actual» (Ernst/Hahn/SchulzBuschhaus 1998, 296). Romanistica se movet es el título del homenaje ofrecido a Horst Geckeler con ocasión de su 65 cumpleaños y editado por Wolf Dietrich y Ulrich Hoinkes. Los editores reconocen que en estos tiempos de cambio predomina desde el punto de vista romanístico la zozobra de un sentimiento catastrofista y afirman que lo que en realidad necesitamos «no es una segmentación lineal del desarrollo actual de la disciplina, sino de su dinámica constructiva, que nos parece mucho más interesante […] que una visión unidimensional en un futuro aparentemente gris. Actualmente nuestro pensamiento histórico – y no sólo el que se ocupa de la disciplina – se realiza de forma elegante en un marco en el que se enfrentan tradiciones e innovaciones. Sin embargo, estos conceptos se convierten fácilmente en las representaciones planas de una concepción lineal del progreso superada al menos ya desde el siglo XIX. En cualquier caso, la propaganda quiere hacernos creer que la relación ‹nuevo› ĺ ‹mejor› es algo que sólo puede existir en esa dirección. Y, sin embargo, la realidad que experimentamos nos demuestra lo contrario» (Dietrich/Hoinkes 2000, 9). Por su parte, Wolf Dietrich dibuja la imagen de la lingüística románica a las puertas del tercer milenio: «Al igual que en los decenios precedentes, hoy tampoco existe el romanista y la lingüística románica. Habrá más o menos especialización en el campo de las lenguas, la cultura o la teoría lingüística y, junto a ello habrá también – ojalá – algunos generalistas con menos competencia de detalle que podrán establecer las grandes relaciones tipológicas, areales, histórico-genéticas o simplemente descriptivas. Una lingüística románica parcial y otra general son formas que siempre han existido y tienen que seguir existiendo de manera complementaria» (Dietrich 2000, 37). Si la lingüística románica busca el contacto con la lingüística de otras lenguas (por ejemplo, de las lenguas autóctonas de América), puede entonces 205 «aprovechar sus propias experiencias históricas, p. ej. en relación con los contactos lingüísticos de sustrato y de adstrato, y aplicarlos a la reconstrucción de formas lingüísticas anteriores, a la tipología lingüística y a la clasificación areal, y puede recibir a la vez estímulos enriquecedores en estos mismos y en otros campos» (Dietrich 2000, 39). En su artículo «Romanística del futuro – ¿Futuro de la romanística?», Manfred Lentzen discute desde el punto de vista de los estudios literarios el sentido de las ciencias humanas, las perspectivas de la romanística como titulación académica y como campo de investigación, la función del alemán como lengua de la ciencia y la relación entre los medios impresos y la práctica de la publicación electrónica. Lentzen resume de la siguiente forma su personal visión de la creciente tendencia hacia los estudios culturales: «Estos proyectos de investigación ‹cultural› tienen una importancia capital para la comprensión mutua entre los pueblos y el mantenimiento de la paz. Pero estos estudios no deben ser la causa de que los estudios de orientación ‹filológica› se descuiden o incluso se aparten completamente, ya que es obvio que para una comprensión adecuada de las evoluciones culturales y de las relaciones entre los pueblos la única base posible es una interpretación filológicamente precisa de un testimonio histórico o de un documento, donde frecuentemente es fundamental determinar el significado preciso de cada palabra, o incluso también la interpretación exacta de un texto literario» (Lentzen 2000, 48–49). En opinión de Lentzen nunca se ha cuestionado de manera seria la existencia de la romanística, sólo «las más recientes planificaciones y evoluciones de la política científica, que vienen de fuera y tienen unos condicionamientos básicamente económicos, hacen temer la aparición de argumentos que ataquen la sustancia de la disciplina. Y aquí radica la tarea y la obligación de los representantes de la disciplina de indicar con insistencia cuál es la importancia y el significado social de la romanística, una disciplina no sólo útil, sino también fascinante» (Lentzen 2000, 50). Harald Thun señala de manera impactante cómo se puede combinar lo nuevo y lo viejo a partir de su visión general sobre las nuevas corrientes en la geografía lingüística, en la que distingue varias fases: «una prehistoria de más de cien años; otra fase también de más de cien años dedicada a la geografía lingüística unidimensional; una nueva fase de geografía lingüística pluridimensional que ha discurrido paralelamente a la fase anterior en los últimos decenios; y, por último, una fase en estado naciente de una geografía lingüística que analiza las complejas redes comunicativas» (Thun 2000, 69). Quo vadis, Romania? es el título de una revista editada en Viena «para una romanística actual». «Quo vadis, Romanistica?» es el título de un artículo de Georg Kremnitz con ideas surgidas con motivo de un hecho reciente (como es la desaparición del Departamento de Romanística de la Universidad de Viena como órgano organizativo independiente), con reflexiones acerca de los descuidos de la romanística en la política científica y con algunas tomas 206 de posición con relación a la relevancia social de la disciplina. Para Kremnitz el problema fundamental consiste en que «se están perdiendo las orientaciones y el marco antiguos y no se alcanza ningún consenso sobre los nuevos. La consecuencia es que anything goes, lo cual ofrece durante un breve período de tiempo un fogón a muchos cocineros más bien mediocres, pero representa una solución miope ante la situación social. Sería urgente pensar de manera innovadora en una romanística del futuro, abierta por un lado a nuevos impulsos, pero sin intentar participar necesariamente en cada movimiento de la moda – las modas suelen pasar. Si no, le ocurrirá como a los dinosaurios. El tiempo de veda ha pasado. La romanística tiene que defender su piel, si no quiere que la devoren» (Kremnitz 2003, 116). La «auténtica fidelidad a la tradición consiste en responder de forma creativa a las nuevas exigencias» (Kremnitz 2003, 118; hemos eliminado la cursiva del original). Crear nuevos planes de estudio y nuevas titulaciones no consiste «simplemente en echar vino viejo en odres nuevos» (Kremnitz 2003, 119); más bien se trata de ofrecer a los estudiantes «la posibilidad de especializarse individualmente por medio de la combinación de diferentes contenidos formativos, de entre los cuales puedan elegir libremente al menos una parte» (Kremnitz 2003, 119). «Es necesario que la clase política renueve sus ideas acerca de la importancia de la educación y la formación ; es necesaria una situación política más favorable; es necesario sustituir el actual modelo social neoliberal por un modelo más humanista menos orientado al beneficio inmediato y al poder brutal» (Kremnitz 2003, 119). Es decir, es necesario que la romanística no siga sólo reaccionando, sino que actúe (en el plano individual y asociativo); es necesario que «los romanistas aumenten su nivel de autoexigencia y que se propongan nuevos retos», es necesario que «tomen conciencia de las necesidades de la sociedad, que las tengan en cuenta y que no las dejen a un lado como algo irrelevante para su bruma elitista» (Kremnitz 2003, 119–120). La discusión acerca de la romanística, la disciplina y sus perspectivas continúa y ha dado algunas pruebas recientes. Como ejemplo hay que mencionar en primer lugar el XXV Congreso Internacional de Lingüística y Filología Románica celebrado en Innsbruck en septiembre del año 2007. En dicho congreso la mesa redonda organizada por Wulf Oesterreicher se ocupó de «El provenir de las lenguas románicas» y contó con las intervenciones de Rita Franceschini, Françoise Gadet, Miguel Gonçalves, Emilio Ridruejo, Sanda Reinheimer-Rîpeanu y Lene Schøsler. El centro de atención lo constituyeron aspectos relativos a la difusión y la enseñanza de las «grandes» lenguas románicas, francés, español e italiano, su relación con el inglés, el significado de las lenguas vecinas o las lenguas de contacto y de las lenguas románicas «pequeñas», la situación de los emigrantes y la función de los programas de intercambio lingüístico. 207 El XXX Congreso de los Romanistas Alemanes se celebró en Viena entre el 23 y el 27 de septiembre de 2007. El tema del congreso era «La romanística en la sociedad» y Georg Kremnitz fundamentó con dos argumentos su elección: «Por un lado, para poner de manifiesto de manera clara que, en un tiempo en el que se pone en duda en muchos sitios el valor de las ciencias humanas, nosotros estamos convencidos de la importancia de nuestra disciplina para toda la sociedad y estamos dispuestos a sostenerlo ante la opinión pública. ¿Quiénes pueden ser los mediadores entre las culturas y pueblos germánicos y románicos, sino los romanistas de lengua alemana? ¿Quién, sino nosotros, puede aclimatar a nuestro contexto las culturas habladas, escritas, cantadas y, en una palabra, vividas en una lengua románica y extendidas por los cinco continentes? ¿Quién, sino nosotros, puede vivir la comunicación con estas lenguas y pueblos?» (Kremnitz 2007a, 6). Por otro lado, el tema tiene su reverso: «[…] qué expectativas nos plantea la sociedad que nos rodea? ¿Qué hacemos nosotros para cumplirlas?» (Kremnitz 2007a, 6). A partir de aquí se deduce una visión de futuro de una romanística abierta y extendida por todo el mundo «que no se esconde en la tantas veces criticada torre de marfil, sino que defiende sus posiciones en el centro de la plaza» (Kremnitz 2007a, 7). En este sentido, el mismo Kremnitz ha proclamado que los nuevos planes de estudio de bachiller (BA) y de máster (MA) son un desafío para la romanística (cf. Kremnitz 2007b). También asociaciones romanísticas «más pequeñas», como la Association Internationale des Études Occitanes, discuten intensamente los aspectos actuales de la configuración del «state of the art», tal y como señala el anuncio del coloquio «La romanistique dans tous ses états» (Montpellier, 15–17 mayo 2008): «Aunque la lingüística románica ya no sea la ‹praeceptrix linguisticae› de la que hablaba Leo Spitzer, sigue siendo un campo de investigaciones muy fecundo, ya que integra, sin renegar de su tradición historicista, la diversificación ligada a la expansión de varias lenguas importantes. Se encarna en las instituciones (revistas, sociedades, centros de investigación…), se manifiesta a través de reuniones y encuentros de envergadura (congresos, coloquios…), pero tiene dificultades para mantenerse en los planes de enseñanza y de investigación universitaria, especialmente en Francia, a medida que la práctica de la comparación se hace cada vez más rara. Esta constatación no es nueva, pero podrá servir de punto de partida para algunas preguntas: 1) ¿cómo se ha insertado la lingüística románica (o la lingüística de las lenguas románicas) en el gran movimiento de teorización que ha caracterizado al pasado siglo XX y al recién estrenado siglo XXI?; 2) y, más concretamente, ¿qué lugar concede al punto de vista tipológico?, ¿cómo trata la variación y la diversificación que caracteriza especialmente a las lenguas románicas que tienen vocación internacional?; 3) ¿qué propone en el ámbito de la gestión de las lenguas: didáctica, difusión, estatus institucional, preservación de las lenguas amenazadas?; 4) ¿cuáles son las representaciones de las lenguas románicas y de lo románico en su espacio geo-histórico natural y fuera de él?; […] 5) ¿qué queda por decir acerca de la historiografía de la lingüística románica, sobre todo para reevaluar la importancia de determinadas personalidades, figuras o instituciones románicas, para actualizar las relaciones personales o institucionales tejidas en el hilo de la historia?» (1ª circular, junio 2007). 208 Para terminar, y a modo de eco de las palabras pronunciadas en 1985 por Dorothee Wilms, ministra de educación y ciencia de la R.F.A., que aparecen citadas en el cap. 1., querríamos citar ahora un fragmento del discurso pronunciado por Doris Ahnen, ministra de educación, ciencia, juventud y cultura de Rheinland-Pfalz con ocasión del III Tag der Forschung (= Jornada de la Ciencia) en Rheinland-Pfalz. En su alocución la ministra atrajo la atención de la opinión pública sobre la importancia social de las ciencias humanas y su utilidad para la economía y puso de relieve la pluralidad de los campos de investigación y docencia de las humanidades y las posibilidades laborales que llevan aparejadas: «En su discurso la ministra ofreció una visión actual de las ciencias humanas, entre otros, desde el punto de vista de la política universitaria. Apuntó a la importancia de las ciencias humanas dentro del panorama científico alemán en relación con el Año de las Humanidades 2007, que debería servir para discutir y mitigar la crisis de las ciencias humanas. Ahnen se pronunció en contra de una ‹retórica lacrimógena de la decadencia›: ‹La situación del mercado de trabajo para los humanistas es mejor que su fama› […]. Los humanistas forman a generalistas y las exigencias de la sociedad en numerosas ocasiones no se pueden satisfacer si no es gracias a las ciencias humanas» (Neyses 2007, 10–11). 209 210 13. Bibliografía Academia Republicii Populare Române, Istoria limbii române, vol. 1: Limba latină, Bucureúti, Editura Academiei Republicii Populare Române, 1965. Academia Republicii Socialiste România, Istoria limbii române, vol. 2, Bucureúti, Editura Academiei Republicii Socialiste România, 1969. Agard, Frederick B., A Course in Romance Linguistics, vol. 1: A Comparative/Contrastive Description of Five Modern Romance Languages – French, Spanish, Portuguese, Italian, Roumanian – in Terms of an Underlying Grammar Manifested in Surface Similarities and Differences, vol. 2: A Diachronic View, Washington, Georgetown University Press, 1984. 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Índice de nombres Aebischer, Paul 70, 104 Agard, Frederick B. 131, 132, 135, 136, 144, 158 Ahnen, Doris 209 Alarcos Llorach, Emilio 70 Albrecht, Jörn 5, 147, 194 Alcina Franch, Juan 68, 99 Alcover, Antoni Maria 109 Alfonso X el Sabio 99 Allières, Jacques VI, 132, 135, 144 Alonso, Amado 69, 99, 108 Alonso, Dámaso 59, 69, 70, 99 Alvar, Manuel 70, 99, 100, 129 Álvarez de Miranda, Pedro 68, 145, 146 Aramon i Serra, Ramon 102, 109 Arens, Arnold 128 Arnold, Thomas 186, 187 Ascoli, Graziadio Isaia 76 Auerbach, Erich 33, 200 Avram, Mioara VI Badia i Margarit, Antoni M. 11, 20, 70, 78, 102, 105, 106 Bähler, Ursula 11 Baldinger, Kurt 59, 84, 85, 91, 92, 165 Bammesberger, Alfred 141, 142 Barnils, Pere 96 Bassols de Climent, Mariano 103 Bastardas, Maria Reina VII, 70, 137 Baum, Richard 26 Bécquer, Gustavo Adolfo 99 Behaghel, Otto 142 Berejan, Silviu 140, 146 Berger, Günter 17 Berschin, Helmut V, 152, 156 Bertoldi, Vittorio 70 Besch, Werner 141 Birken-Silverman, Gabriele 194 Blank, Andreas 165 Blasco Ferrer, Eduardo 156 Blasco i Laguna, Ricardo 104 Blecua, José Manuel 68, 99 Bloomfield, Leonard 103 Blumenthal, Peter 29 Bollée, Annegret 18 Bono Giamboni 103 Bopp, Franz 68 Bork, Hans Dieter 165, 166, 167, 168, 169, 170 Bourciez, Édouard 103, 111, 132, 136 Brachet, Auguste 115 Braselmann, Petra 22 Braune, Wilhelm 141, 142 Brea, Mercedes VII Briesemeister, Dietrich 26, 27, 110 Brüch, Josef 88 Brumme, Jenny 46, 68 Brummer, Rudolf 103 Brunn, Anke 198 Brunner, Karl 142 Buchi, Éva 175, 177 Buffon, Georges Louis Leclerc de 22 Burdy, Philipp 135 Buschmann, Albrecht 147 Bustos Tovar, Eugenio de 46, 70 Calderón de la Barca, Pedro 51 Calveras, Ignasi 96 Camproux, Charles VI Canellada, María Josefa 100 Caravedo, Rocío 145 Carbonell i de Ballester, Jordi 102 Castellani, Arrigo 140 Castro, Américo 69 Castro, Guillén de 182 Catalán, Diego 43, 44, 45, 46, 62, 64, 68, 69, 70, 71, 76, 78, 99 Cervantes Saavedra, Miguel de 43, 51, 99 241 Chambon, Jean-Pierre 171, 177 Chao, Eduardo 49 Cherubim, Dieter 8, 28, 39, 151, 153 Chomsky, Noam 103, 129 Christ, Herbert 183, 184, 186, 187, 196 Christmann, Hans Helmut 27 Cichon, Peter 193 Colón Domènech, Germà 102, 105 Company Company, Concepción 140, 145, 146, 158 Comrie, Bernard 103 Conde, Carmen 68 Condillac, Étienne Bonnot de 22 Constantinescu, Ioan 42 Corneille, Pierre 60, 182 Cornu, Jules 123 Corominas/Coromines, Joan 46, 70, 76, 165, 174, 175 Coseriu, Eugenio 103, 129 Craddock, Jerry R. 165, 171, 172, 173 Cravens, Thomas D. 135 Crescini, Vincenzo 143 Cuervo, Rufino José 108, 114 Curtius, Ernst Robert 27, 33, 84, 125 Curtius, Georg 115 Dahmen, Wolfgang VII, 17, 18, 19, 21, 201 Dante Alighieri 25, 60, 182 Darwin, Charles 4 Daston, Lorraine 6, 7 Dedner, Ulrike VII del Valle, José 44 Destutt de Tracy, Antoine Louis Claude 22 Deug-Su, I 41, 42 Deutschmann, Olaf VI Devoto, Giacomo 103, 167 Díaz y Díaz, Manuel C. 103 Diefenbach, Lorenz 111 Diekmannshenke, Hajo 181, 182 Dietrich, Wolf VII, 18, 21, 26, 35, 126, 127, 128, 139, 205, 206 Diez, Friedrich 25, 26, 68, 79, 87, 111, 114, 115, 116, 117, 118, 119, 120, 122, 123, 124, 126, 128, 132, 133, 135, 136, 144, 152, 157, 163, 164, 165, 166, 167, 168, 169, 170 Dimitrescu, Florica 146 Dinneen, Francis P. 103 Donkin, T.C. 166 Doutrepont, Auguste y Georges 119 Drescher, Martina 7, 8 Dressler, Wolfgang U. 121 Du Bellay, Joachim 22 242 Dworkin, Steven N. 16, 145, 158, 165, 171, 172, 173 Ebbinghaus, Ernst A. 142 Eberenz, Rolf 145 Echenique Elizondo, María Teresa 44, 68, 70 Eggers, Hans 142 Eggs, Ekkehard 198 Ehrhardt, Marion 126 Eichenhofer, Wolfgang 140 Elcock, William D. VI Emons, Rudolf 3 Entwistle, William James 69, 103 Erasmo de Rotterdam 22 Ernout, Alfred 103 Ernst, Gerhard VII, 14, 15, 16, 27, 32, 33, 35, 84, 86, 90, 125, 141, 142, 158, 204, 205 Espinosa Elorza, Rosa María 172 Ettmayer, Karl von 88 Fabra, Pompeu 102, 104 Felixberger, Josef VI Fernández Montesinos, José 69 Fettweis-Gatzweiler, Elke A. 84, 85, 86, 87 Figge, Udo L. 29 Fillmann, Elisabeth 33 Fradejas Rueda, José Manuel 140 Franceschini, Rita 207 Frank, Armin Paul VII, 11, 28, 32, 142, 199 Frings, Michael 189 Froissart, Jean 88 Furtmüller, Aline 89 Gadamer, Hans-Georg 34 Gadet, Françoise 207 Galmés de Fuentes, Álvaro 70, 97 Gamillscheg, Ernst 32, 33, 104 Garatea Grau, Carlos 69 García, Constantino 107 García Alix, Antonio 51 García Arias, Xosé Lluis 140 García Blanco, Manuel 70 García de Diego, Vicente 99 García Mouton, Pilar 99, 100 García Solalinde, Antonio 69, 99 García Turza, Claudio 98 Gardette, Pierre 103 Gargallo Gil, José Enrique VI, VII, 70, 137 Gartner, Theodor 88 Gauger, Hans Martin VI, 18, 69, 127 Geckeler, Horst 18, 205 Gelz, Andreas 147 Gévaudan, Paul 165 GheĠie, Ion 146 Gier, Albert 192, 193 Gierach, Erich 142 Gil, Alberto 194, 195 Gili Gaya, Samuel 69 Gilliéron, Jules 76, 85, 171 Giolitto, Marco 75, 76 Girón, José Luis 46, 47, 65, 145, 146, 148 Gleßgen, Martin-Dietrich VII, 21, 35, 75, 76, 77, 133, 135, 140 Goebl, Hans 20 Gómez Asencio, José Jesús VII Gonçalves, Miguel 207 González Bachiller, Fabián VII Granda Gutiérrez, Germán de 46, 70 Grandgent, Charles H. 101 Green, John N. 145 Greule, Albrecht 5 Griera, Antonio 70, 95, 96 Grimm, Jacob 26, 115 Grimm, Jürgen 6 Grimm, Reinhold R. 187 Gritzky, Nina 116, 151, 152, 156 Gröber, Gustav VI, 14, 79, 80, 81, 82, 83, 84, 86, 88, 89, 90, 91, 111, 119 Grosse, Siegfried 142 Gsell, Otto 139, 201 Guarnerio, Pier Enea 143 Guiraud, Pierre 172 Gumbrecht, Hans Ulrich 3, 28, 33, 37, 38 Gutiérrez Cuadrado, Juan 44, 50, 68 Haberl, Rudolf 87 Hahn, Alois 204, 205 Hall, Robert A., Jr. 111, 130, 131, 132, 134, 135, 136, 144, 158 Halle, Morris 86, 103, 141 Hamann, Johann Georg 22 Harris, Martin VI Hartung, Wolfdietrich 5 Haßler, Gerda 16, 194 Hatzfeld, Helmut 59 Hausmann, Frank-Rutger 11, 32, 199, 201 Hausmann, Franz Josef 186 Hegel, Georg Wilhelm Friedrich 22 Heidermanns, Frank 141, 142 Heitmann, Klaus 40 Heller, Jack 100 Helm, Karl 142 Herder, Johann Gottfried 22 Herrig, Ludwig 79 Herzog, Marvin I. 153 Hilka, Alfons 90, 91 Hinger, Barbara 22 Höhne, Roland 186, 187 Hoepffner, Ern(e)st 86, 90 Hofer, Hermann 33 Hoinkes, Ulrich 205 Holly, Werner 181 Holtus, Günter VII, 1, 14, 16, 18, 77, 191, 202, 204 Horacio 159 Horning, Adolf 88 Huber, Joseph 143 Humboldt, Wilhelm von V, 22, 179 Huon de Méry 103 Hurch, Bernhard 28, 33 Iordan, Iorgu V, 69, 129 Jaberg, Karl 88 Jacob, Daniel 26, 115, 158 Jäger, Ludwig 4 Jakobson, Roman 103 Janich, Nina 5 Jauß, Hans Robert 33, 34, 35 Jehle, Peter 33 Jensen, Frede VI, 135, 144 Jespersen, Otto 103 Juan i Galmés, Gabriel 104 Jud, Jakob 99, 169, 171, 173 Juhász, János 5 Jungemann, Frederick Henry 59 Kabatek, Johannes 152, 158 Kablitz, Andreas 202 Kalb, Helmut 21 Kalepky, Theodor 88 Kalkhoff, Alexander 84 Kant, Immanuel 147 Karger, Thilo 33 Karimi, Kian-Harald 6 Kayser, Wolfgang 59 Kersten, Raquel 100 Kesselring, Wilhelm 163 Kienpointner, Manfred 21 Klausenburger, Jurgen VI, 131, 135 Klein, Wolfgang 7 Klemperer, Victor 31 Klinkenberg, Jean-Marie VI Koch, Peter 19, 155, 165 Körting, Gustav 168 Kolboom, Ingo 5, 184, 185 Koll, Hans-Georg 103 Kotschi, Thomas 5 243 Kramer, Johannes 1, 2, 11, 22, 23, 27, 30, 31, 32, 33, 38, 39, 41, 147, 183, 191, 192, 194, 201, 203 Krapoth, Hermann 28 Krauss, Werner 33 Kremer, Dieter 11, 12, 104 Kremnitz, Georg 23, 40, 103, 193, 194, 206, 207, 208 Krüger, Fritz 103 Kuen, Heinrich 33, 109 Kuhn, Alwin 33, 103, 104 Labov, William 153 Lacerda, Amando de 100 La Fontaine, Jean de 182 Langenbacher-Liebgott, Jutta 194 Lange, Wolf-Dieter 6 Lapesa, Rafael 69, 70 Lauge Hansen, Hans 189 Lausberg, Heinrich VI, 69, 125, 126, 127, 128, 131, 135, 136, 144, 150, 156 Leahu, Sarmiza 130 Lebsanft, Franz 14, 145, 146 Lee, Charmaine 137, 144 Leibniz, Gottfried Wilhelm 22 Lentzen, Manfred 206 Lerch, Eugen 31, 182 Lewis, George Cornwall 111 Leyhausen, Katja 194 Lieber, Maria 27, 40, 41 Lindenbauer, Petrea VI, 13, 111 Link-Heer, Ursula 187 Lipski, John M. 144, 145 Liver, Ricarda 86 Lloyd, Paul M. 131 Lobenstein-Reichmann, Anja 141 López García, Ángel 59, 71, 72, 73 López-Morillas, Consuelo 132 Loporcaro, Michele 135, 140, 192 Lorenzo, Ramón VI, 107 Luciano de Samosata 22 Lüdtke, Helmut VI, 111, 162 Lüsebrink, Hans-Jürgen 17 Lyons, John 103 Maas, Utz 32 Maingueneau, Dominique 201 Malkiel, Yakov 12, 13, 44, 67, 68, 69, 76, 111, 112, 113, 114, 117, 118, 119, 120, 123, 124, 125, 126, 134, 139, 143, 146, 149, 150, 157, 162, 163, 164, 165, 167, 169, 170, 172, 173, 174, 175, 176, 178 Malmberg, Bertil 103 244 Manoliu-Manea, Maria 69, 129, 130, 132, 136, 144, 158 Marri, Fabio 41 Martín Butragueño, Pedro 100 Martín Vegas, Rosa Ana 121 Massot i Muntaner, Josep 102 Meillet, Antoine 103, 171 Meisel, Jürgen M. 1, 2 Menéndez Pidal, Ramón 44, 67, 68, 69, 70, 76, 99, 100, 101, 119, 152 Metzeltin, Michael/Michele/Miguel VI, VII, 8, 9, 13, 14, 70, 111, 116, 143, 151, 152, 156 Meyer-Lübke, Wilhelm 13, 69, 70, 88, 99, 101, 111, 114, 118, 119, 120, 121, 122, 123, 124, 125, 126, 128, 132, 134, 135, 136, 137, 142, 143, 144, 146, 148, 151, 156, 157, 164, 165, 168, 169, 170 Michaëlis de Vasconcellos, Carolina 89 Migliorini, Bruno 103 Miklosich, Franz Xaver von 115 Mitzka, Walther 142 Molina Martos, Isabel 100 Moll, Francesc de Borja 109 Monlau, Pedro Felipe 68 Morel-Fatio, Alfred 115 Moreno Bernal, Jesús 97 Morin, Yves Charles 140 Moser, Hugo 142 Mounin, Georges 103 Müller, Bodo 142, 164 Munteanu Colán, Dan VI, 70 Muñoz Cortés, Manuel 70 Navarro Tomás, Tomás 69, 99 Nebrija, Antonio de 99 Nedelcu, Monica 130 Neu-Altenheimer, Irmela 104 Neuschäfer, Hans-Jörg 184 Neyses, Heidi 209 Niederehe, Hans J. 25, 26, 39, 40 Niemeier, Susanne 181, 182 Niemeyer, Max VII, 86, 90, 109, 141 Nies, Fritz 18, 183, 184, 187, 197, 198 Nitschack, Horst 41 Objartel, Georg 153 Ölberg, Hermann M. 23 Oesterreicher, Wulf VI, 19, 69, 127, 153, 154, 155, 156, 158, 207 Ohala, John J. 158 Ohnheiser, Ingeborg 21 Olwer, Lluís Nicolau d’ 102 Onís, Federico de 69 Padley, George A. 103 Pardo Bazán, Emilia 53 Paris, Gaston 11, 115, 119, 152 Pascual, José Antonio 73 Pascual Rodríguez, E. 126 Pasero, Nicolò 126 Paul, Hermann 28, 142 Peira, Pedro 97 Penny, Ralph 140 Pensado, Carmen 78, 128 Pensado Tomé, José Luis 70 Pérez Riesco, José 126 Perl, Matthias 29 Pfister, Max 91, 92, 163, 165, 166, 169, 172, 174, 191 Pharies, David A. 136, 145, 148, 149, 150 Picht, Robert 34, 185, 198 Piel, Joseph M. 143, 170 Pisani, Vittore 103 Plangg, Guntram A. 22 Pöckl, Wolfgang VII, 69, 76, 77 Pöll, Bernhard VII, 69, 76, 77 Poghirc, Cicerone 165, 171, 172, 173 Polenz, Peter von 39 Pollin, Alice M. 100 Polzin-Haumann, Claudia 16, 17, 194, 195 Pop, Sever 103 Portolés, José 44, 67, 69 Posner, Rebecca VII, 69, 111, 117, 118, 123, 125, 130, 132, 135, 158, 161, 162 Pottier, Bernard 129 Puúcariu, Sextil 142 Quilis, Antonio 99 Quintana i Font, Artur 104 Rabiet, Eugène 119 Racine, Jean 60 Raible, Wolfgang 3, 199, 202, 203 Rainer, Franz VII, 5, 31, 69, 76, 77 Ramon Llull 103 Raynouard, François Juste Marie 111, 115 Reichel, Edward 5 Reichmann, Oskar 141, 157 Reiffenstein, Ingo 142 Reinfried, Marcus 29 Reinheimer-Rîpeanu, Sanda VII, 132, 133, 144, 207 Renzi, Lorenzo VI, 69 Resnick, Melvyn C. 136 Rheinfelder, Hans 103 Richter, Elise 89, 151, 156 Ridruejo, Emilio 47, 63, 74, 146, 207 Rieger, Dietmar 196, 197 Riehn, Christa 33 Riesz, János 18 Riquer, Martín de 70 Robins, Robert H. 103 Roca i Pons, Josep 103 Roegiest, Eugeen VII Rohlfs, Gerhard 69, 70, 101, 103, 125, 162, 172 Rohr, Rupprecht VI Roman-Moraru, Alexandra 97 Roncaglia, Aurelio 190, 191, 193 Rubio, Luis 96 Rubió i Balaguer, Jordi 102 Rüschoff, Bernd 179, 180 Rutebeuf 103 Sala, Marius VI, 171, 177 Salvi, Giampaolo VI Salvioni, Carlo 143 Sánchez Miret, Fernando V, VII, 16, 130, 131, 135, 137, 145, 150, 151, 191 Sánchez Moguel, Antonio 68 Santos Domínguez, Luis Antonio 172 Sapir, Edward 114 Sarter, Heidemarie 198 Saussure, Ferdinand de 85 Scharlau, Birgit 39 Schemann, Maria Luísa 126 Schleicher, August 4 Schlieben-Lange, Brigitte 25, 26, 38, 158, 201, 202 Schlösser, Rainer VII, 31 Schmitt, Christian VII, 11 Schmitt, Ludwig Erich 142 Schönherr, Beatrix 22 Schoo, Heike 182 Schøsler, Lene 207 Schröbler, Ingeborg 142 Schrott, Angela 79, 80 Schuchardt, Hugo 12, 76, 88, 89, 99, 171 Schürr, Friedrich 123, 125 Schultz-Gora, Oskar 143 Schulz-Buschhaus, Ulrich 202, 204, 205 Schwarze, Christoph 1, 2, 126 Schweickard, Wolfgang 79, 86, 174, 177 Seemann, Frank VII Selig, Maria 26, 84 Settekorn, Wolfgang 2, 3, 195 Sievers, Eduard 142 Siller-Runggaldier, Heidi 21 245 Sommer, Ferdinand 103 Sonderegger, Stefan 141 Soria Ortega, Andrés 70 Spangenberg, Peter 187 Spillner, Bernd 196 Spitzer, Leo 12, 27, 28, 33, 88, 99, 100, 208 Springborn, Peter-Volker 33 Staaff, Erik 143 Stackelberg, Jürgen von 199 Stammerjohann, Harro 199, 201 Stefenelli, Arnulf 161, 195 Stehl, Thomas 19, 144 Steinwachs, Burkhart 147 Stempel, Wolf-Dieter 12 Stephan, Rüdiger 185, 186 Stierle, Karlheinz 181 Stolova, Natalya I. 146, 158 Strohner, Hans 180 Strosetzki, Christoph 192 Swiggers, Pierre 115, 153, 156 Tagliavini, Carlo VI, 69, 111 Tasmowski, Liliane VII Tertuliano 11 Theile, Wolfgang 33 Thir, Margit VI, 13, 111 Thun, Harald 18, 206 Tietz, Manfred 29 Tiktin, Hariton 143 Tobler, Adolf 88 Tory, Geoffrey 22 Trabant, Jürgen 19, 20, 22, 23 Unamuno y Jugo, Miguel de 68 van Coetsem, Frans 141 van Loon, Jozef 141 Varvaro, Alberto 33, 69, 105, 115, 117, 118, 119, 126, 148, 160, 171, 191, 193 Veiga, Alexandre 107 Veny, Joan 105 Vidos, Benedictus M.P.E. VI, 172 Viehoff, Heinrich 79 246 Vincent, Nigel VI Vising, Johan 143 Völker, Harald 4, 179 Vossler, Karl 31, 33, 69, 182 Wagner, Max Leopold 99 Wagner, Walter 42 Wais, Kurt 33 Wandruszka, Mario 39 Wanner, Dieter 135 Wartburg, Walther von 32, 33, 59, 69, 70, 91, 119, 165, 171, 172, 173, 174, 175, 176 Wechssler, Eduard 182, 183 Wegera, Klaus-Peter 157 Weinreich, Uriel 153 Weinrich, Harald 23, 33, 201 Weiss, Gilbert 180, 181, 189 Weller, Franz-Rudolf 198 Wenger, Klaus 186 Wentzlaff-Eggebert, Harald 40, 41 Werner, Heinz 33, 181, 199, 200 Wiehl, Peter 142 Wieland, Christoph Martin 22 Wiese, Berthold 143 Wilms, Dorothee 3, 209 Wimmer, Rainer 5 Windisch, Rudolf VI, 69, 127 Wittlin, Curt J. 103 Wodak, Ruth 180, 181, 189 Wolf, Johanna 6, 12, 84, 205 Wolff, Dieter 179, 180 Wright, Roger 69 Wüest, Jakob 195 Wunderli, Peter 86, 199 Zamboni, Alberto 162, 166, 167, 170, 174, 176, 177 Zamora Vicente, Alonso 70 Zauner, Adolf 123, 124, 125, 127, 128, 135, 136, 143, 144 Zeuß, Johann Kaspar 115 Zimmermann, Klaus 18, 29, 30 14.2. Índice analítico accidenti generali 114 actividad académica 69, 77, 87, 182, 193 humanística 182 del traductor de literatura 198 filológica 185 lingüística 19, 23, 181 mental 82 política, mediática, social o privada 5 profesional 45, 65, 193 futura 196 adstrato 38, 206 adverbio 18, 128 Aemilianense. Revista internacional sobre la génesis y los orígenes históricos de las lenguas romances 98 África 11, 29, 201, 203 afrolusitanística 29 alemán V, 2, 22, 26, 27, 29, 34, 38, 40, 41, 42, 54, 56, 58, 59, 61, 72, 78, 82, 85, 126, 142, 169, 176, 178, 182, 183, 186 como lengua de la ciencia 40 alemanes dialectos ~ 176 Alemania V, 29, 30, 31, 32, 37, 40, 42, 73, 82, 83, 89, 90, 92, 196, 201 «~ plus» 42 Alguer dialecto de ~ 109 alternativa entre ruptura o continuidad 25 América 29, 201 amplitud de fuentes 177 de la disciplina 202 de perspectiva 164 máximo grado de ~ 157 análisis auto-reflexivo 195 comparativo 192 cuantitativo 85 de fuentes históricas 196 de la palabra escrita y hablada 3 de textos literarios 185 de varias lenguas románicas 75 diacrónico 111 empírico 83 estilístico 164 fonético 164 genético 83, 84 histórico 83 histórico-cultural 84 morfológico 164 psicológico 84 semántico 164 sintáctico 164 tipológico de los diccionarios etimológicos 162 analogía 114, 121, 122 Analyse et traitement informatique de la langue française (ATILF) 173 anglicismos 173 anglística 2, 18, 27, 34 aniquilación de la disciplina 147 antropología 4, 34, 152 histórica 34 Anuari de Filologia 97 Anuari de l’Oficina Romànica de Lingüística i Literatura (AORLL) 95, 96, 105, 109 Anuario de Letras 108 Anuario Galego de Filoloxía 107 anything goes 192, 207 Año de las Humanidades 2007 209 Año Europeo de las Lenguas 22, 97 apertura a la ciencia de la cultura en general 203 de la disciplina 4, 190 aplicabilidad 181, 182, 185 aplicación política 191 práctica de la disciplina 179 aprendizaje 74, 78, 179, 180 constructivo 180 de algunas lenguas románicas 74 de lenguas 59, 60, 179 nuevas formas del ~ ~ extranjeras 180 del futuro 180 árabe 49, 50, 51, 52, 53, 54, 55, 56, 58 arabismos 164 aragonés 45, 78 aranés 45 Archiv für das Studium der neueren Sprachen und Literaturen 79, 89 Archiv für lateinische Lexikographie und Grammatik 90 Archivio glottologico italiano (AGI) 85, 89 Arcivă societătii útiintifica úi literare din Jaúi [sic] 89 247 áreas de conocimiento 72 de Filología Románica 109 histórico-literarias 92 arte de la síntesis interdisciplinaria 205 asignaturas 51, 52, 56, 58, 60, 63, 73, 74 asimilación 113, 170 Asociación Alemana de Hispanistas 29 Asociación Alemana de Romanistas 181, 183, 195, 197 Asociación de Francorromanistas 16 asociaciones 33, 122, 195, 201, 208 de estudiantes romanistas 33 lingüísticas 201 aspecto verbal 17 Assistenten 33 asterisco 168, 177 asturiano 45, 46, 107 atlas lingüístico 84 Atlas lingüístico de la Península Ibérica (ALPI) 71 atomismo 151, 156 Ausnahmslosigkeit der Lautgesetze (MeyerLübke) 118 Austria 12, 73, 201 autocrítica 84 autoevaluación 43, 65, 66 autoexigencia 207 autonomía 27, 55, 62, 67, 199, 205 didáctica 55 universitaria 67 autores 11, 14, 32, 34, 59, 70, 75, 81, 86, 88, 93, 103, 115, 117, 119, 120, 124, 126, 130, 141, 143, 148, 149, 164, 166, 167, 168 medievales 81 y textos canonizados en la escuela 17 autoridades 116, 159 educativas y científicas 3 avance 2, 14, 123, 160, 165, 166, 169, 174 tecnológico 2 balance 18, 29, 55, 85, 111, 129, 153, 159, 170, 187, 190, 191, 193, 195 crítico 18 de la disciplina 191 hacer ~ 189 y perspectivas de la romanística 187 balcánico 97 Barcelona Universidad Autónoma de ~ 44 Universidad Católica de ~ 95 Universidad de ~ 109 248 universidades de ~ 65 Universitat de ~ Facultat de Filologia 97 base articulatoria 151 del modelo de lingüística románica 115 empírica 161 germánica 172 latina 163 metodológica de la investigación histórica románica 16 teórica 31, 157 base de datos 147, 148 románica 148 beneficio 65, 186, 192, 207 inmediato 207 personal 192 Berlín Freie Universität 92 Instituto Ibero-americano 92 bibliografía VII, 6, 32, 50, 53, 54, 72, 78, 87, 92, 101, 109, 130, 131, 147, 196 de la lingüística italiana 130 extranjera sobre lingüística española 72 (lingüística) general 92 romanística 78 biblioteca 32, 147 bibliotecarios 50, 75 Biblioteca Románica Hispánica de la Editorial Gredos 59 Tratados y monografías 59 biografía 134 científica 32 de las palabras 175 selectiva 134 biología 21, 145, 202 y filosofía de la historia 49 bipartición tradicional de la filología en lengua y literatura 5 Bogotá Instituto Caro y Cuervo 108 Boletín de Filología 108 Boletin Folklorico Español [sic] 89 Bonn Universidad de ~ 27 Brasil 31, 41 brasileño 93 Brown University (Providence, R.I.) 131 Buenos Aires Instituto de Filología y Literaturas Hispánicas Dr. Amado Alonso de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de ~ 108 Bulletin du Glossaire des Patois de la Suisse Romande 90 Bulletin hispanique 90 Bulletin of Hispanic Studies 109 Bullettino dell’Istituto Storico Italiano 89 Cádiz Universidad de ~ 43 calidad 18, 30, 146, 186 de los profesores universitarios 30 de los testimonios 18 cambio 15, 19, 26, 30, 39, 45, 51, 52, 59, 73, 80, 81, 86, 88, 101, 106, 107, 108, 112, 113, 114, 116, 118, 120, 121, 122, 125, 127, 130, 132, 133, 140, 149, 152, 153, 154, 155, 156, 158, 159, 160, 165, 166, 170, 172, 173, 176, 184, 189, 190, 193, 194, 203, 204 a la filología 26 combinatorio 114 condicionado 120 cronología del ~ 120 de las formas de las lenguas 112 de paradigma 158, 184 de significado 116, 166 en la situación epistemológica general 39 especial 114 espontáneo 114, 120 fonético 81, 114, 121, 127, 149, 155, 166 cronología del ~ ~ 120 genuino 114 regular 155 regularidad del ~ ~ 115 y semántico 166 fonológico 132, 158, 159, 170 causas primeras del ~ ~ 158 general 170 grado de regularidad del ~ 114 gramatical 132, 158 histórico 15, 154 léxico 159 lingüístico 15, 19, 80, 112, 118, 140, 149, 152, 154, 155, 158, 194, 203, 204 mecanismos del ~ ~ 159 tipología del ~ ~ 113 morfológico 122, 159 morfosintáctico 132 pancrónico 114 semántico 88, 156, 165, 172, 173 causas y principales tipos del ~ ~ 124 social 16, 30 tipos 113 campo de aplicación 186 de investigación 152, 154, 206 de las publicaciones científicas 86 de prácticas 181 de trabajo 18, 81, 181, 182, 197 de la lingüística románica comparativa 18 especulativo 204 humanista 191 pragmático-comunicativo 19 canon 38, 120, 121, 156, 201 formación del ~ 17, 26, 41 en la romanística 17 procesos de ~ 17 gramaticográfico 121 lingüístico y literario 201 literario en Francia 38 cantidad de datos 18 de información 146, 147 de material 148, 161 de textos 147 capacidad 4, 6, 12, 30, 47, 74, 76, 129, 179, 180, 182, 185, 187, 201, 203, 204 crítica 179 de comparar culturas 201 de comunicarse por medios orales y escritos 180 de interacción 187 de trabajar en un ámbito interdisciplinario 180 investigadora 203 lingüística 1 para aprender 185 para cooperar y trabajar en equipo 180 para reproducir determinados efectos 4 para resolver independientemente problemas 180 carácter 8, 13, 26, 44, 60, 79, 82, 84, 91, 97, 100, 113, 117, 146, 162, 164, 169, 173, 181, 183, 204 de los pueblos románicos 84 didáctico 113 ideológico 8 lingüístico 183 panrománico 117 y contradicciones nacionales 89 caracterización de las lenguas románicas 85 Caribe 203 carrera V, 8, 12, 43, 72, 78, 86, 118, 125, 130, 131, 132, 139, 149, 201 académica 86 249 filológica 149 universitaria 12, 43, 201 castellano 46, 50, 52, 68, 69, 70, 77, 78, 95, 102, 105, 108, 143 variedad andaluza del ~ 95 variedad aragonesa del ~ 95 variedad central del ~ 95 «castillo en Provenza» 33 catalán 20, 29, 43, 44, 45, 46, 50, 62, 63, 64, 66, 68, 69, 70, 71, 76, 78, 92, 93, 95, 97, 99, 100, 102, 103, 104, 105, 106, 107, 109, 116, 127, 131, 165, 168, 175 normalización del ~ 46 situación geográficamente central dentro de la Romania occidental del ~ 105 subagrupación románica del ~ 70, 99 variedad balear del ~ 95 variedad valenciana del ~ 46, 95 zonas fronterizas del ~ 95 catalanistas europeos 102 catalanística 30 catálogo de grados posibles 45 Cataluña 45, 104 cátedra acumulada de Filología comparada del latín y del castellano 68 de Filología románica de la Universidad de Madrid 70 de Historia de la lengua castellana 68, 69 de Lengua y literatura griegas 68 de Literatura comparada de las lenguas neolatinas 53 cátedras convocatorias de ~ 30 de filología moderna 27 de Universidades e Institutos 75 dobles para filología románica y filología inglesa 27 dotación de ~ específicas para las lenguas y literaturas modernas 27 exclusivas de filología inglesa 27 separadas para lingüística y literatura románica 28 universitarias 45 céltico 169 centro de Estudios Históricos 68, 69, 99 de gravedad 201 de investigación 30, 208 de la romanística 201 Internacional de Investigación de la Lengua Española (CILENGUA) 98 250 universitario de los Estados Unidos 73 Centroamérica 203 Chicago Universidad de 130, 131 Chile 41 ciencia 1, 3, 4, 6, 7, 8, 12, 14, 15, 25, 26, 27, 30, 32, 33, 34, 35, 38, 42, 47, 65, 76, 79, 82, 84, 100, 120, 140, 142, 164, 165, 185, 186, 187, 196, 198, 199, 200, 201, 202 «~ con futuro» 42 de la cultura 1, 3, 4, 6, 26, 32, 187 moderna ~ ~ 34 nueva ~ ~ 199 románica 6 de la información 196 del discurso extranjero 83 del logos 83 filológica 100, 196, 200 de España 100 del lenguaje 200 general 15, 82 y tipológica 15 hermenéutica 198 histórica 6, 38, 79, 198 y literaria de función legitimadora al servicio de la nación política 38 implícita 76 literaria 25, 34 orientada teóricamente 34 paradójica 202 romanística unitaria 1 salvadora 34 textual 202 tradicional 199 del lenguaje 199 y empleo 186 ciencias 1, 2, 3, 4, 6, 7, 8, 15, 21, 23, 34, 37, 41, 71, 82, 83, 105, 118, 140, 146, 147, 181, 185, 186, 189, 193, 196, 199, 201, 202, 203, 206, 209 cognitivas 1, 9, 156, 203 de la naturaleza 4, 6, 7, 146 como una cultura independiente 7 del lenguaje 23, 105 de los materiales 202 históricas 37, 82 y sociales 37 humanas 2, 3, 4, 6, 7, 8, 41, 71, 147, 185, 189, 193, 196, 206, 209 crisis de las ~ ~ 179, 209 doble crisis existencial de las ~ ~ 198 valor de las ~ ~ 6, 208 y culturales 193 y sociales 185 independientes 199 literarias 37, 140 monolingües 15 naturales 118, 185 secundarias 83 sociales 1, 23, 34 científicos 3, 7, 13, 26, 42, 44, 65, 91, 144, 152, 192, 197, 199, 204 de la naturaleza 7 civilización 44, 184, 187 antigua 142 de los medios de comunicación de masas 184 de los países respectivos 184 de los países románicos 184, 187 francesa 64 civilizaciones 40 clase 47, 78, 146, 207 de lengua 47 de lingüística románica 133 de textos 194 magistral 47, 59, 60 de historia de la literatura 59, 60 de lingüística o de literatura 60 de sociología 59 en la lengua extranjera 60 política 207 clasicismo francés 60 clásicos VI, 34, 41, 70, 88, 122, 129, 137, 145 clasificación 19, 100, 114, 120, 127, 130, 151, 165, 170, 174, 176, 177, 196, 202, 206 alfabética 176 areal 206 de las formas derivadas 170 de las investigaciones relativas a los contactos lingüísticos 202 de los lemas 170 genealógica 165 habitual de las investigaciones en diacrónicas y sincrónicas 19 metódica 151 morfosemántica del material 177 por sonidos 130 «clientela» estudiantil 31 codificación 5, 38 de las lenguas nacionales 38 del sistema lingüístico 5 de una lengua 5 Coimbra Universidade de ~ 108 colaboración de la teoría literaria y de la lingüística 1 entre gramática histórica y etimología 165 interdisciplinaria 202 colonización suditálica 70 Coloquio de Romanistas 4, 17, 18 IX ~ 201 coloquios 47, 208 combinación de diferentes contenidos formativos 207 combinaciones 155, 201 de estudio nuevas 184 combinar lo nuevo y lo viejo 206 comentario de textos italianos 64 estilístico de textos clásicos y modernos románicos 57 estilístico de textos franceses 61 estilístico de textos portugueses 61 estilístico de textos románicos 61 histórico 164 cometido de una historiografía lingüística europea 194 filológico principal 200 comparación V, VI, 14, 17, 19, 38, 51, 60, 77, 85, 98, 117, 118, 119, 129, 130, 131, 134, 139, 142, 155, 157, 158, 161, 165, 169, 196, 208 de la lengua reconstruida con los testimonios que tenemos del latín 131 intercultural meditada 198 lingüística 196 comparatismo 13, 19, 38, 67, 111 comparatista 102, 191 comparativo 70, 75, 106, 107, 139, 167 compartimentación en disciplinas 6 competencia 5, 19, 20, 30, 31, 39, 44, 46, 67, 92, 93, 154, 155, 161, 171, 179, 180, 181, 184, 187, 189, 193, 197, 198, 199, 205 básica 179 del hablante 19 en lenguas extranjeras 197 especial 180 global 30 «latín» vs. lenguas románicas 189 lingüística 5, 39, 154, 181, 189 metodológica y teórica 205 parcial 184 complejidad del material 161 251 componente científico 196 comparativo 13 de las lenguas románicas 117, 133 composición 113, 118, 130, 168 comprensión mutua entre los pueblos 206 compromiso 65, 143, 158, 163, 202 teórico 158 compuestos 163, 169, 178 comunicación 4, 7, 8, 14, 15, 41, 67, 133, 180, 181, 187, 193, 198, 199, 208 intercultural 187 lingüística 180 política 181 escenografía de la ~ ~ 181 comunicación política pública carácter unidireccional de la ~ ~ 181 comunidad científica 7, 8, 26, 146, 160 cultural europea 46 de hablantes 110 intelectual nacional 20 lingüística moderna 20 concepción actual de la romanística 201 arcaica de fonología y morfología 175 de la lingüística histórico-comparativa del siglo XIX 196 del discurso 155 lineal del progreso 205 más cercana a lo escrito 155 más cercana a lo oral 155 metafísica 7 teórico-metodológica nueva 193 universalista 196 concepto de etimología 172 de gramática 158 de honor 87 educativo 180 histórico-reconstructivo 25 interdisciplinario de una ciencia de la cultura 6 moderno de la formación estética 35 tradicional 200 conciencia 11, 15, 19, 22, 27, 67, 75, 76, 77, 110, 117, 154, 186, 204, 207 colectiva 204 crítica 11, 27 filológica de la Universidad española 110 lingüística 19, 22, 154 del hablante 154 252 en Francia 22 románica 15, 77 romanística 76 condicionamientos básicamente económicos 206 de la actividad lingüística humana 15 históricos 17 histórico-sociales de la lengua y la literatura 204 condiciones comunicativas actuales 17 contextuales 37 de vida de los trovadores italianos 87 distintas y cambiantes 38 históricas distintas 37 políticas, sociales y culturales 15 conexiones culturales y sociales 204 formales y semánticas 176 conflictos 22, 48, 195 lingüísticos 48 Congreso Austriaco de la Ciencia 203 Congreso de la Asociación Alemana de Romanistas 3, 17, 18, 19, 25, 183, 208 de 1985 197 XXII ~ 204 XXVII ~ 194 XXIX ~ 181 XXX ~ 194 Congreso General de los Filólogos Modernos Alemanes XVIII ~ 182 Congreso Internacional de Lingüística y Filología Románica 71, 191 XI ~ 71, 101 XIX ~ 191 XXI ~ 171 XXIII ~ 191 XXV ~ 207 Congreso Internacional Las Lenguas Romances en su Origen 98 congresos 34, 46, 92, 191, 208 internacionales de los romanistas 191 conocimientos culturales 198 de las respectivas lenguas románicas 196 de las teorías y métodos 180 de lengua y de cultura 197 factuales 7 histórico-culturales 198 lingüísticos, geográficos o históricos 149 sobre lo extranjero 30 turísticos 198 Consejo Científico 179 Consejo de Investigaciones Alemán 201 Consejo de Investigaciones Austriaco 203 Consejo de Rectores de la antigua Alemania Occidental 2 Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) 99, 101, 108 conservación de la pluralidad tradicional bajo un único techo 39 conservadurismo 126, 157, 202 metodológico 157 consonantes 113, 114, 120, 127, 128, 130, 134, 160 cambios esporádicos 120 finales 120, 127 grupos de ~ 120, 127 iniciales 120, 127 interiores 120, 127 simples 120, 127 consonantismo VI, 125, 127, 134 consonantización 114 constitución e institucionalización de la romanística 79 contacto 3, 14, 15, 19, 20, 22, 29, 32, 40, 68, 85, 97, 114, 121, 125, 133, 136, 145, 153, 182, 191, 194, 202, 205, 206 con las disciplinas vecinas 202 entre culturas y civilizaciones 133 entre lenguas 15, 97, 145 internacional 22 lingüístico 19, 22, 29, 206 del español y el portugués en América 29 contenido científico 179 de la disciplina 86 futuro de las filologías 189 semántico 18 sentimental 182 tradicional de la gramática histórica 140 y objetivos 199 y tareas de la filología (románica) y de la lingüística (románica) 25 contexto 3, 4, 8, 13, 16, 17, 18, 21, 22, 26, 27, 37, 39, 40, 62, 77, 79, 88, 97, 99, 112, 120, 141, 144, 155, 159, 164, 174, 179, 184, 193, 194, 196, 200, 202, 208 concepcional-comunicativo 155 cultural 164 de una nueva gramática 144 global 202 histórico 17, 26, 194 histórico-cultural 194 románico 99 social 8 sociocultural 194 universitario V vital 196 continuos lingüísticos 15 variacionales de los distintos espacios comunicativos románicos 15 cooperación VII, 4, 40, 181, 199, 203 con disciplinas vecinas no románicas 40 germano-hispánica VII interdisciplinaria 4 coordenadas institucionales, hermenéuticas y estéticas del pasado 17 Cornell University (Ithaca, N.Y.) 130, 131 corrientes lingüísticas modernas anti-historicistas 139 criollística 27, 29, 38, 145 criollos románicos 89 crisis 30, 31, 35, 68, 71, 179, 184, 185, 201, 205, 209 de clientes 179 de identidad 185, 201 de la romanística 201 de la romanística 30, 31, 71, 184 de las ciencias humanas 179, 209 de relevancia 179 en el rendimiento 179 en la demanda 179 en la realización 179 europea de la romanística 68 internacional 205 crítica 5, 6, 16, 29, 32, 34, 39, 47, 50, 58, 65, 74, 80, 91, 92, 95, 106, 128, 132, 151, 152, 167, 177, 190, 196 del lenguaje 39 de los usos lingüísticos 16 literaria 56, 58, 62, 63, 91, 92, 106 literaria románica general y comparativa 93 textual 80, 106, 196 críticos especialistas en traducciones 199 cultura 2, 3, 4, 5, 6, 20, 23, 26, 28, 34, 40, 42, 48, 55, 59, 63, 65, 84, 97, 146, 179, 180, 181, 184, 185, 190, 192, 193, 197, 199, 205 aclarativa y cuantitativa 4 como texto 6 comprensiva, analítica y cualitativa 4 contemporánea 6 de la evaluación 179 253 del entendimiento internacional 34 del libro 184 francesa 183 humana 23 lingüística 4, 5, 20, 26, 181 y textual 26 política 181 rumana 42, 97 y literatura del Magreb 192 Cultura Neolatina 190 culturas 5, 11, 18, 31, 45, 97, 184, 186, 187, 190, 192, 198, 199, 203, 208 habladas, escritas, cantadas 208 románicas 11, 97, 184, 187, 198 y pueblos germánicos y románicos 208 y sociedades de la Romania 186 currícula 66 dalmático 127, 168 Davis Universidad de California en ~ 129 Death of a Discipline? VII, 16 decadencia 33, 46, 203 permanente de las lenguas 203 défense de la lengua francesa 22 definición 19, 37, 43, 75, 112, 181, 202 de profesiones 75 delimitación metodológica sistemática y orgánica 27 demanda social 3 departamentos de filología románica/ de romanística 30, 197 desarrollo cultural 3 de la grafemática 113 de las tecnologías de la comunicación 2 histórico 18, 178 lingüístico 16 metodológico 9 nuevo de las ciencias humanas 205 descripción comparativa de la gramática o del léxico de distintas variedades románicas 13 del uso de una lengua románica 14 del uso social de una lengua románica concreta 14 empírica 19 histórica 20, 88 del francés 88 Deutsche Forschungsgemeinschaft (DFG) 201 diacronía 19, 111, 139, 142, 153, 154, 162, 254 164, 192, 194 del léxico 162 románica 164 diacrónico 28, 106, 130, 139, 152, 154, 196 dialéctica entre análisis de la forma y análisis del significado 121 entre centralización y regionalización 14 entre especialización y universalización 193 entre lo alemán y lo románico 28 dialectología 80, 85, 91, 100, 101, 125, 145, 156 hispánica 57, 58, 61, 62, 63, 64 dialectos 45, 77, 80, 84, 85, 87, 88, 117, 119, 120, 141, 151, 166, 169, 170, 174, 176, 177 antiguos y modernos 77 históricos 45 románicos 80, 119, 120 sociales 170 Dialnet 98 diálogo 3, 18, 34, 35, 41, 85, 159, 183, 187, 199 científico interdisciplinario e internacional 41 científico internacional 41 entre las disciplinas 85 entre los pueblos 3 interdisciplinario 18, 34, 35, 41, 187 Diccionari etimològic i complementari de la llengua catalana (DECLC) (Coromines) 174 diccionario 58, 88, 119, 122, 134, 142, 163, 164, 165, 166, 167, 168, 169, 170, 171, 172, 173, 174, 176, 177 cronológico 163 del español medieval 142 etimológico VI, 88, 134, 139, 142, 161, 162, 163, 164, 165, 166, 168, 171, 172, 174, 175, 176, 177 comparativo tradicional 176 de las lenguas románicas 163, 164 de Meyer-Lübke 88 moderno 166 románico nuevo VI, 177 filológico 171 histórico 142, 165 panrománico 165 y gramática histórica del futuro 146 y sociedad 186 Diccionario crítico etimológico castellano e hispánico (DCECH) (Corominas) 71, 174 Diccionario crítico etimológico de la lengua castellana (DCEC) (Corominas) 71, 76, 77, 174, 175 Diccionario del español medieval (DEM) (Müller) 176, 178 Diccionario etimológico de la lengua castellana 68 dictadura franquista 73 Dictionnaire étymologique et cognitif des langues romanes (DECOLAR) 165 Dictionnaire Étymologique Roman (DÉRom) 162, 167, 177, 178 didáctica 34, 123, 131, 196, 208 de la lengua y la literatura francesa 196 didactismo 124 diferenciación de las filologías 38 léxica 162 lingüística 19 difusión de las «grandes» lenguas románicas 207 de unas determinadas normas, ideologías y prácticas lingüístico-estilísticas 17 digitalización 148 disciplina comparativa 45 elitista 146 esencial y central 190 filológica 201, 202 histórica 153 humanística 43, 122 «imposible» 197 narrativa y acientífica 8 románica 23 romanística 38 tradicional 3, 199 universitaria 30 vecina 5, 34, 38, 157, 204 discusión hermenéutica de la filología clásica de los siglos XVIII y XIX 14 teórica actual 157, 201 teórica y metodológica 85 diversidad 81, 105, 154, 155, 158, 180, 186 lingüística 154, 155, 158 diversificación 3, 92, 144, 208 división de la disciplina 91 de la filología románica en subdisciplinas 18 de la lingüística 76 en filologías particulares 147, 192 docencia 43, 55, 137, 179, 184, 185, 186, 189, 192, 194, 196, 201, 203 universitaria 179, 192 Edad Media 38, 48, 62, 64, 80, 91, 176 Edad Moderna 48 edición de textos 4, 19, 86, 92, 99 editores de revistas romanísticas 201 educación 16, 35, 39, 45, 48, 62, 65, 67, 75, 179, 183, 186, 207 de adultos 186 del pensamiento 183 estética 35 herencia histórica de ~ ~ 35 superior 45, 67 emigración 48 emigrantes 207 empleo 202 empresas 142, 182 Enciclopedia lingüística hispánica (ELH) 71 enciclopedias de la lingüística románica 140 engadino 168 Englische Studien 89 enseñanza 2, 5, 9, 17, 23, 26, 29, 30, 34, 43, 46, 65, 73, 75, 131, 179, 180, 186, 196, 197, 207 académica 29 de las grandes lenguas románicas 207 de las lenguas modernas 186 del francés en Alemania 29 media 43, 196 práctica 196, 197 secundaria 46 universitaria y escolar 179 Erto dialecto de ~ 88 escritura 83 escrituralidad 38 escuela 5, 23, 39, 45, 46, 69, 72, 76, 78, 120, 123, 179, 182, 183, 186, 202 alemana 182 de idiomas 39, 197 Berlitz 39 neogramática 120 Escuela de Madrid 45, 69, 76 Escuela de Menéndez Pidal 69 Escuela Española de Filología 100 Escuela española de lingüística 69 eslavística 2, 18, 34 255 espacio cultural 41, 197 alemán 41 alemán y románico 197 romance 41 de la investigación lingüística 154 europeo de educación superior (EEES) 45, 46, 67, 74 geo-histórico natural 208 global 20 lingüístico alemán 40, 41 investigación del ~ ~ ~ 40 España V, 22, 26, 29, 37, 43, 44, 45, 46, 47, 48, 49, 50, 51, 56, 59, 68, 69, 70, 71, 72, 75, 76, 77, 87, 92, 95, 101, 108, 109, 126 idea de ~ 45 español VII, 5, 29, 43, 44, 45, 46, 47, 48, 51, 54, 58, 59, 60, 63, 64, 66, 67, 70, 71, 72, 74, 76, 85, 88, 92, 93, 99, 101, 102, 103, 106, 107, 109, 110, 116, 127, 130, 131, 132, 134, 137, 143, 145, 149, 164, 165, 167, 169, 175, 176, 182, 194, 205, 207 de América 99 de las gramáticas 145 especialidad marginada 30 universitaria alemana 201 especialización 3, 12, 28, 29, 38, 49, 50, 55, 56, 61, 63, 76, 77, 92, 152, 190, 195, 203, 205, 207 de orientación cultural 190 naturalista 190 progresiva de los estudios por lenguas 67 espíritu 23, 28, 45, 68, 142, 182, 183, 190 actual de los tiempos 31 alemán 28, 182 de equipo 142 del pueblo extranjero 183 francés 28, 183 humano 23 regeneracionista 45 estado actual y perspectivas de la lingüística románica 191 de la investigación 34, 82, 162 de la romanística 191 estados 12, 21, 39, 45, 82, 92, 147, 193, 197 europeos 39 federales 30 Estados Unidos 144, 149 estatus 17, 22, 23, 37, 146, 208 de disciplina elitista 146 256 de las lenguas en los estados 23 institucional 208 parámetros de ~ 23 y posición de las lenguas regionales 22 estratificación histórica 166 estrato etimológico 133 germánico 170 estructura 4, 8, 18, 20, 31, 37, 42, 46, 66, 71, 73, 83, 106, 112, 123, 124, 127, 128, 129, 141, 152, 163, 173, 175, 176, 184, 197 académica de la filología española 73 administrativa 46 y de política científica 2 científica 195 cultural 20 de la entrada 163 de la obra 113 de la publicación 106 de la romanística como disciplina 18 de las palabras primitivas 175 del grupo verbal 129 interna de las lenguas 112 léxica de una lengua 176 lingüística 76 modal 155 narrativa 152 social y educativa 8 estructuración 70, 130, 167 por oposiciones fonológicas 130 estructuralismo 1, 39, 114, 126, 130, 131, 157 americano 131 europeo 126, 130 estructura universitaria alemana 72 española 72 francesa 72 inglesa 72 norteamericana 72 estudiantes 2, 8, 11, 27, 28, 29, 33, 44, 47, 50, 56, 59, 61, 73, 77, 123, 132, 133, 136, 145, 149, 150, 157, 180, 182, 184, 185, 192, 193, 196, 197, 207 alemanes 59, 73, 136 de filología románica 136 de hoy 8 de mayo del 68 73 iberoamericanos o africanos 197 ideales de romanística 127 estudio V, 1, 5, 6, 13, 17, 27, 29, 31, 32, 33, 35, 38, 39, 40, 41, 44, 45, 47, 51, 55, 62, 63, 71, 76, 77, 79, 80, 83, 84, 87, 95, 109, 112, 115, 116, 117, 118, 120, 121, 123, 124, 127, 133, 137, 143, 145, 151, 152, 153, 162, 163, 169, 176, 177, 179, 180, 183, 185, 186, 190, 191, 196, 198, 200, 204 comparado de las modernas literaturas europeas 50 comparativo 38, 169 de las lenguas 38 de la Antigüedad 83 de la forma 121, 124 de la literatura románica 35 esotérica e ilusoria autonomía del ~ ~ 35 del significado 124 de varios niveles lingüísticos 115 diacrónico 152, 162 del léxico 162 evolutivo de las lenguas 152 integral de la historia, la política, la economía, la cultura, la sociedad y la vida cotidiana de los países románicos 185 panrománico del léxico 177 plurilingüe 42 práctico de la gramática latina y griega 84 de las lenguas y las literaturas 84 estudios 6, 12, 13, 27, 29, 31, 33, 34, 39, 40, 44, 45, 47, 48, 49, 50, 51, 53, 54, 55, 56, 58, 59, 61, 62, 63, 64, 66, 67, 68, 70, 71, 72, 73, 74, 75, 78, 80, 86, 95, 96, 99, 100, 102, 105, 109, 139, 144, 145, 146, 156, 158, 162, 163, 165, 168, 172, 187, 189, 192, 194, 196, 201, 206 aislados de una filología 74 biográficos 33 clásicos 48, 72 comparativos 44, 109 de lenguas románicas 109 comunes 54, 55, 58 culturales 6, 206 de Diploma con Romanística como primera materia 59 de historia en Alemania 27 de orientación filológica 206 diacrónicos 74, 139, 158 dialectales 163 filosóficos 50 históricos 50, 69 humanísticos 45, 192 y lingüísticos 45 indoeuropeos 165 latinoamericanos 27 lingüísticos 44, 50, 75, 81, 96 literarios 12, 50, 51, 196, 206 monolingües 75 neofilológicos 40 pragmático-funcionales 194 románicos 81, 102, 201 sincrónicos 39, 100 «estructurales» 39 superiores 187 Estudios de Lengua y Literatura Españolas 97 Estudios Románicos 96 Estudis Romànics (ER) 96, 99, 101, 103, 105, 106, 108, 109 etimología 80, 89, 115, 162, 164, 165, 166, 167, 168, 169, 170, 171, 172, 173, 174, 175, 176, 177 comparativa 175 desconocida 173 explicación cognitiva de la ~ 1 orgánica 172 panrománica 171 popular 170 próxima 162, 167 proyectada en el tiempo 177 remota 162, 167 románica objetivo de la ~ ~ 166 etimología-historia 164, 165, 171 de las palabras 164, 165, 171 etimología-origen 164, 165, 166, 171 etimologista 113 etimólogos 162, 177 étimos 168, 170, 174, 175, 177, 178 latinos 168, 174 panrománicos 178 protorrománicos 177 etnolingüística 165 Etymologie 171 Europa 5, 20, 21, 22, 23, 45, 67, 68, 139, 149, 181, 185, 193, 194, 197, 201, 203 del Este 41, 201 occidental 201 y el mundo románico 181 europeización 199 euskera 46 evolución 2, 4, 5, 13, 16, 25, 32, 48, 50, 82, 101, 111, 114, 117, 120, 121, 122, 127, 131, 133, 134, 140, 141, 145, 149, 151, 152, 153, 154, 156, 158, 161, 165, 166, 167, 169, 175, 176, 177, 178, 189, 192, 195, 204, 206 257 condicionada 127 culta y popular 117 cultural 206 de á 152 de la lingüística 175 del léxico 133, 140, 177 de los grupos consonánticos 134 desde la morfología verbal latina a la de las lenguas románicas 134 espontánea 127 externa de las distintas lenguas románicas 111 fonética 120, 167 histórica 25, 145, 192 lingüística 16, 151 morfológica 121, 167 política mundial 2 semántica 167 romance 178 sintáctica 158 transdisciplinaria 4 y cambio de los sonidos 121 exégesis 80, 196 de textos 196 metódica 81 exigencias de la sociedad 179, 209 nuevas 207 explicación 1, 8, 54, 80, 122, 136, 150, 158, 159, 160, 161, 164, 168, 176 de los cambios 159 filológica 54 fisiológica del cambio de las vocales y de las consonantes 80 general 8 narrativa 8 factores contextuales 18 externos 16 lingüísticos 5, 195 familia de lenguas 158, 163 de palabras 169 «~ completamente disfuncional» 33 léxica 163 lingüística 128, 197 lingüística románica causas de la diferenciación de la ~ ~ 128 excepcionalmente bien documentada históricamente 128 origen de la ~ ~ 128 258 o sub~ lingüística 176 femenino 48 feminismo 41 fenómenos culturales 192 poliédricos 192 de sandhi 113, 122 gramaticales 77 léxicos 77 meteorológicos 133 morfosintácticos 17 sociolingüísticos 77 filología V, VI, 2, 3, 4, 5, 6, 9, 11, 12, 14, 19, 21, 25, 26, 27, 28, 29, 30, 31, 33, 34, 35, 37, 38, 39, 43, 44, 46, 48, 49, 50, 51, 52, 53, 54, 55, 56, 57, 58, 59, 60, 61, 62, 63, 64, 65, 66, 68, 69, 70, 71, 72, 74, 75, 76, 77, 78, 79, 80, 82, 83, 84, 85, 86, 89, 90, 91, 92, 93, 95, 97, 99, 100, 101, 105, 106, 108, 109, 115, 125, 145, 149, 151, 183, 184, 186, 189, 190, 191, 192, 196, 198, 199, 200 alemana 60, 72 anglogermánica 63 catalana 46, 57, 61, 72, 101, 106 céltica 83 clásica 28, 34, 58, 63, 82, 125 comparada de las lenguas indoeuropeas 51 de latín y castellano 50, 51, 52 conservadora 34 crítica 91 de orientación humanista 199 de una lengua 74, 199 eslava 83 española 44, 46, 63, 72, 76, 78, 101 francesa 5, 60, 64, 72 galaico-portuguesa 57, 61, 62 gallega 109 galorrománica 92 germánica 82 griega 72 hispánica 43, 63, 64 nacimiento de la ~ ~ en sustitución de la filología románica 65 iberorrománica 92 idealista 31 inglesa 60, 64, 72 italiana 72 italorrománica 92 latina 72 medieval 83, 192 moderna 27, 54, 61, 79, 83, 89 en Italia 40 nacimiento de la sección de ~ ~ 60 nacional 37, 44 francesa 37 génesis tardía en Francia de la ~ ~ 37 neolatina 40 nombre tradicional de ~ 28 portuguesa 64 regional 95 riqueza de la ~ V romance 77 rumana 21, 27, 57 semítica 54, 55, 58, 63 tareas de la ~ 26, 127 temas actuales de la ~ 41 tradicionales de la ~ 41 textual 75, 199 vasca 64, 72 y literatura 100 y nuevos medios 192 y revolución cultural 189 Filología (revista) 108 filología románica V, VI, 11, 12, 14, 21, 25, 26, 27, 30, 33, 35, 37, 38, 43, 44, 46, 48, 52, 53, 54, 55, 56, 58, 59, 61, 63, 64, 65, 69, 70, 71, 72, 74, 75, 76, 79, 80, 82, 83, 84, 85, 86, 89, 90, 91, 92, 93, 97, 99, 100, 101, 105, 106, 108, 109, 115, 145, 184, 190, 191, 196, 200 alemana 37 antigua 64 atingente a la filología hispánica 101 constitución de la ~ 26 descomposición del concepto de ~ 27 edificio de la ~ 14 épocas y escuelas de la ~ 25 etapas de la historia de la ~ V evolución de la ~ en España 48 (francés) 63, 64 fundador de la ~ 119 general 91, 92 y comparativa 92, 93 génesis de la ~ 37 historia científica de la ~ 25 historia de la ~ 25, 37 inicios de la ~ 14, 88 interdisciplinariedad de la ~ 38 (italiano) 63, 64 potencial comparativo de la ~ 13, 19, 38 presencia de la ~ en revistas de distinto tipo 109 primer catedrático de ~ de España 69 relación de la ~ con la evolución histórica y política en Alemania 37 relación de la ~ con las filologías nacionales monolingües del ámbito lingüístico romance 37 tradicional 200 unidad conceptual de la ~ 26 unitaria 191 filologías 4, 19, 21, 25, 26, 28, 29, 30, 34, 37, 38, 63, 66, 72, 82, 105, 109, 151, 184, 186, 189, 198 catalana y gallega 109 de lenguas extranjeras 186, 198 gallega y portuguesa 72 nacionales 26, 34, 37, 38 separación de las ~ ~ 38 particulares 26, 29, 38, 63, 105 filologización 29 financiación 42 flexión 113, 114, 116, 124, 133, 143 del sustantivo 133 nominal 113 verbal 113 folklore 96 fonema 134 fonética 4, 32, 56, 60, 61, 62, 80, 84, 85, 88, 99, 106, 111, 115, 116, 117, 118, 119, 120, 121, 123, 124, 126, 127, 128, 131, 133, 134, 137, 143, 146, 150, 152, 157, 158, 165, 166, 170, 192, 196 articulatoria 127 descriptiva del español 99 evolución de la ~ 140 experimental 4 histórica 32, 85, 116, 117, 119, 120, 121, 127, 165, 196 comparativa 119 románica 127 sintáctica 88, 120, 127, 128 en los dialectos franceses 88 y fonología 60, 62, 134 fonología 2, 107, 113, 117, 124, 127, 130, 131, 145, 158, 177 declarativa 107 de corte estructuralista 130 del germánico 141 estructural conceptos básicos de la ~ 127 estructuralista 107, 129 histórica 127, 158 métrica 107 praguense principios de la ~ ~ 126 259 suprasegmental 2 fonologización 156 fonosimbolismo 170 formación VII, 11, 15, 17, 18, 26, 28, 31, 34, 37, 41, 46, 49, 55, 62, 65, 66, 73, 74, 77, 80, 82, 85, 91, 95, 98, 111, 112, 113, 116, 118, 121, 122, 124, 134, 140, 143, 151, 154, 157, 163, 170, 176, 183, 184, 185, 186, 192, 194, 196, 197, 200, 207 académica 194, 197 continua 186, 197 continua de maestros 186 de la lengua literaria 95 de los dominios lingüísticos romances 15 de palabras 18, 85, 87, 91, 113, 116, 118, 121, 122, 124, 126, 131, 140, 141, 143, 151, 163, 176 y flexión nominal en germánico 141 de profesores de enseñanza media 196 de reglas 154 de subgrupos de lenguas 112 dialectológica 98 filológica 95 general 77, 192 hispanística 73 humanística 83, 183 internacional 185 latina 74 lingüística 49, 157 polivalente 186 románica 73 romanística tradicional 62 y diferenciación de las lenguas románicas 32 formalismo 107, 158, 192 formes surcomposées 17 fragmentación de los campos de investigación 191 en disciplinas particulares 204 institucional 195 léxica 161 francés V, 5, 6, 16, 21, 22, 23, 28, 38, 39, 51, 54, 58, 60, 61, 62, 63, 64, 66, 71, 78, 80, 85, 88, 92, 93, 98, 100, 102, 106, 107, 115, 116, 119, 126, 130, 131, 132, 133, 134, 143, 155, 165, 167, 168, 171, 173, 174, 176, 178, 182, 183, 194, 195, 205, 207 actual 195 antiguo 88, 155 en el Magreb 21 historia del ~ 40 influencia del ~ 29 literario 174 260 moderno 60, 155 Francia 22, 26, 37, 40, 126, 144, 208 sur de ~ 173 francófono 185 francoprovenzal 171 Frankfurt am Main Universidad Johann Wolfgang Goethe de ~, Instituto de lenguas y literaturas románicas 39 franquismo 73 Französisches etymologisches Wörterbuch (FEW) (von Wartburg) 169, 171, 172, 173, 174, 176, 178 Französische Studien 89 frase 101, 118, 155 compuesta 118 hecha 176 hipotáctica 81 paratáctica 81 simple 118 friulano 92, 93, 168 fronteras 4, 22, 34, 44, 48, 97, 102, 193, 199, 201 de la romanística 195 de las distintas disciplinas 4 lingüístico-tipológicas y administrativas 22 función del alemán 206 de servicio 184 formativa 184 social 110, 195, 196 y posición de las palabras 151 funcionalismo 158 funcionalizaciones 26 funcionamiento 5, 82, 147, 159 fundación 79, 80, 84, 85, 109 de la ZrP 80 de revistas especializadas en filología románica 79 Fundación Alexander von Humboldt V Fundación San Millán de la Cogolla 98 Fundación Volkswagen 42 fundamentación 12, 13, 195 social 195 tecnológica 195 futuro 23, 27, 47, 71, 98, 154, 179, 183, 197, 198 aparentemente gris 205 de la romanística 189 de los estudios literarios (franceses) 202 de una romanística abierta y extendida por todo el mundo 208 galaico-portugués 56, 57 gallego 45, 46, 50, 66, 72, 100, 106, 107, 108 contacto 97 gallego-portugués 46, 100, 106 galorromania 167 galorrománicos dialectos ~ 174 galorromanística 29 gascón 111, 171 generativismo 71, 130, 156 género 69, 113, 129, 133, 144, 147, 152, 153 científico 144, 153 de investigación histórico-comparativa 162 neutro 129 textual científico 152 geografía dialectal 175 general 56, 58 histórica 49 lingüística nuevas corrientes en la ~ ~ 206 pluridimensional 206 unidimensional 206 geolingüística 84, 85, 91 Germania Romanica 38 germánico 82, 110, 115, 117, 141, 144, 173, 176 germanismos 168 germanistas 81, 142 Primer encuentro de ~ 26 y romanistas 81 germanística 4, 27, 34, 37, 38, 115, 140, 141, 147 alemana 37 germanos 31 Gesamthochschulen 187 Geschichte der romanischen Sprachen (Ernst et al.) VII Gesellschaft für Angewandte Linguistik (GAL) 3, 181 gestión 45, 208 cultural 45 y asesoramiento en medios de comunicación 45 Giornale di Filologia Romanza 89 Giornale Storico della Letteratura Italiana 89 Girona Universidad de ~ 65 globalización 13, 189, 193, 199 Gobierno de España 98 Gobierno de la II República 53 Göttingen V, VII, 18, 33, 92 Universidad de ~ 28, 39, 90 seminario de lingüística románica 136 grafemática 157 grafía 134 gramática 2, 13, 18, 34, 38, 50, 56, 68, 73, 76, 80, 85, 88, 95, 111, 112, 113, 115, 116, 118, 119, 120, 121, 123, 124, 125, 127, 130, 131, 132, 133, 134, 135, 137, 140, 141, 142, 143, 145, 146, 147, 151, 152, 153, 155, 156, 157, 158, 159, 160, 164, 165, 166, 176, 177, 182 catalana 67, 143 categorial 2 comparada 50, 141, 153 de las lenguas germánicas 141 de las lenguas semíticas 51, 52 comparativa 125, 152, 153, 156, 157 contrastiva 132 de las lenguas románicas 18 descripción sincrónica y diacrónica de la ~ 13 de unificación 2 didáctica 137 española 61, 62, 67 y comentarios de textos españoles 61 francesa 67 gallega 67 general 56, 58, 62 generativa 38, 73 investigadora y completa 137 italiana 67 latina 81 noción dantesca de ~ 190 normativa 17 portuguesa 67 tradicional 13 y léxico 68, 165 gramática histórica 56, 74, 76, 111, 112, 113, 115, 117, 118, 119, 121, 123, 125, 127, 130, 131, 132, 134, 136, 137, 140, 141, 142, 143, 145, 146, 147, 151, 152, 153, 155, 156, 158, 164, 165, 176 definición 112 de la lengua española 56, 57, 61, 70 fonética y morfología 56 semántica 57 sintaxis 56 de la lengua francesa 64, 74, 143 de la lengua italiana 64 de las lenguas románicas 123, 127 261 diacrónica 112 modelo ideal 133 pura 113 tipología de las gramáticas existentes 112 gramática histórico-comparativa 152, 153, 177 de las lenguas románicas historia de la ~ ~ 111 nueva ~ ~ 140, 151, 157, 159 historia de la ~ V, 144 nueva ~ V, 139, 140, 142, 144, 146, 147, 150, 151, 156, 157, 158, 159, 160 gramaticalización 154, 156 fenómenos de ~ 38 gramaticografía 18 Granada Universidad de ~ 65, 70 Grenzgänge 201 griego 13, 20, 22, 39, 48, 49, 50, 51, 52, 53, 54, 82, 115, 117, 120, 162, 163, 169, 170 guerra 46, 54, 68, 96, 99, 101, 109, 143 civil española 54, 68, 96, 99, 101, 109 primera ~ mundial 40, 68, 172 segunda ~ mundial 151 habilitación 11, 27, 43, 72, 92, 123, 125 habla dialectal 12 Handbuch VII Handbücher zur Sprach- und Kommunikationswissenschaft 15 haplología 170 hebreo 49, 50, 51, 52, 53, 54, 58, 169 hermenéutica 34, 205 histórica 205 heterogeneidad lingüística 19 hispanística 29, 73, 74 en las universidades de la R.F.A. 29 Histoire linguistique de la Romania (Ernst et al.) VII historia V, VI, 6, 7, 9, 11, 14, 15, 16, 17, 22, 25, 26, 27, 29, 31, 32, 33, 37, 39, 40, 43, 44, 47, 48, 49, 50, 51, 52, 53, 54, 55, 56, 57, 58, 61, 62, 63, 64, 65, 67, 68, 70, 71, 74, 76, 77, 79, 80, 82, 84, 85, 87, 88, 89, 95, 97, 99, 100, 101, 102, 103, 106, 107, 108, 109, 111, 112, 115, 116, 120, 122, 129, 130, 132, 140, 142, 143, 144, 145, 147, 149, 151, 152, 153, 154, 156, 159, 161, 162, 163, 164, 165, 166, 167, 168, 170, 171, 172, 173, 174, 176, 187, 189, 192, 193, 194, 195, 204, 208 científica de la romanística en Alemania 187 262 colectiva de la literatura 34 comprensiva del español de América 145 cronológico-textual de la palabra 162 cultural 7, 15, 17, 81, 142, 192, 194 de Italia 64 de los pueblos 81 y del arte 81 y literaria 15 de América 58 de España 49, 50, 52, 53, 54, 63 y Portugal 49 de la Antigüedad 83 de la ciencia 26, 37 de la civilización de los judíos y musulmanes 52 de la disciplina 25, 27, 193 de la enseñanza 189 de la filología 25, 37, 85, 99, 109 en España 99, 109 de la filosofía 49 de la formación de palabras 165 de la forma de las letras 116 de la hispanística alemana anterior a 1900 29 de la humanidad 151 de la investigación 108, 159 de la lengua 14, 15, 16, 39, 40, 74, 76, 80, 82, 84, 85, 88, 100, 109, 111, 112, 114, 120, 144, 145, 149, 151, 152, 153, 154, 159, 194, 195, 204 castellana 52, 53, 54, 68 catalana 67 de los pueblos románicos 82 e historia de los hablantes 195 española 58, 61, 62, 63, 64, 67 francesa 62, 64, 67 gallega 67 italiana 64, 67 latina 74, 154, 167 portuguesa 67 y de la cultura 84 y de la literatura 80 españolas 57 de la lingüística diacrónica 15 de la literatura 27, 39, 61, 87, 95, 100, 142 española 61 moderna 27 portuguesa 61 de la romanística VI, 27, 31, 32, 33, 43, 44, 156, 189 en las universidades alemanas 27 del arte 53, 54, 82 de las ciencias 26, 82 de las ideas 37, 194 de las lenguas estatales 40 de las lenguas románicas 14, 15, 88, 111, 120, 144, 145, 194 cuestiones básicas de la ~ ~ 195 fuera de Europa y sus respectivos contactos 145 de las literaturas hispano-semíticas 49 ibéricas 49 orientales 49 románicas 57, 61, 70 de las mentalidades 37 de la sociedad 14 de las palabras 89, 165, 166, 168, 171, 173 de las principales literaturas extranjeras 49 de las religiones 82 del léxico 122, 174 galorromance 174 de los planes de estudios 47, 48, 67 románicos en la Universidad española 47 de los pueblos 81, 83 de los sistemas filosóficos 56 del pensamiento italiano 64 del significado de la palabra «romanista» 27 de palabras romances 88 de una determinada polémica o de una hipótesis concreta 147 de un proceso de acumulación de saberes seguros 26 externa 15, 16, 106, 111, 129, 152, 153, 154, 163 de las lenguas 15, 16, 111, 129, 152, 153, 154, 163 general de España 56, 58 de la cultura 55 del arte 49, 55, 58 del derecho 49 e historia de España 54 interna 15, 100, 106, 111, 140, 152, 153, 154 (del francés) 152 nacional 37 particular de las regiones 193 pragmática de la lengua 151 semántica 162, 170 social 194 de la literatura 34 temprana 25 universal 49, 52, 58 y cultura francesas 67 italianas 67 portuguesas 67 y problemas de las filologías nacionales en Europa 26 historiadores de la lengua española 74 de las lenguas románicas 148 historicidad 19, 151, 153, 154, 155, 156, 158 de las lenguas 19, 153, 154 tres aspectos de la ~ (Oesterreicher) 154 historicité 19 histórico 14, 19, 21, 22, 39, 80, 83, 85, 91, 96, 111, 115, 139, 143, 145, 152, 154, 156, 164, 171, 174, 205, 206 historiografía 15, 79, 80, 191, 194, 208 lingüística 79, 80, 194 general 80 romanística 79, 208 románica 15 húngaro 163, 169 Iberoromania. Zeitschrift für die iberoromanischen Sprachen und Literaturen in Europa und Amerika 109, 110 iberorrománico 161 iberorromanística 46, 110 idealismo 84 identidad de las distintas comunidades humanas 43 de las minorías 41 de una disciplina científica 1 nacional 29, 187 alemana 29 tradicional cultural de las universidades de lengua alemana 30 ideología 31, 33, 182, 199 nacionalsocialista 32 Île-de-France dialecto de la ~ 87 Iluminismo 190 ilustración 34, 37, 162, 198 tardía 34, 179 ilustrados 193 Imperio 20, 127, 172 austro-húngaro 20 Romano 172 distintos territorios del ~ ~ 159 263 imperium RǀmƗnum 11 implantación de las lenguas estatales en la Romania 48 importancia de la cultura lingüística en la sociedad moderna 5 de las lenguas románicas en la Europa del futuro 201 y significado social de la romanística 206 indoeuropeística 4, 18, 141 indoeuropeo 74, 162 industrias del tiempo libre 186 influencias de la industrialización 111 de las ciencias naturales 4 del español en la lengua de los gitanos 87 de los factores externos en la evolución de las lenguas románicas 16 ideológicas 21 recíprocas 83 de los dialectos 80 inglés 20, 22, 23, 37, 40, 41, 54, 58, 59, 61, 72, 78, 85, 105, 131, 142, 149, 166, 176, 182, 183, 189, 193, 195, 207 uso del ~ 23 innovación 89, 124, 130, 154, 161, 180 Innsbruck Universidad de ~, Facultad de Humanidades 21 instituciones dedicadas a la investigación 45 de la cultura 183 románicas 208 y premisas ideológicas 17 Institut d’Estudis Catalans (IEC) 68, 96, 101, 102, 104, 105, 108 Institute of Advanced Studies in the Humanities 189 Institut für Deutsche Sprache 4 Instituto Central Alemán para la Educación y la Docencia 182 Instituto Cervantes 43 Instituto de la Lengua Alemana 4 instrumentalización ideológica de la lengua y de la ciencia 21 política de la lingüística y la literatura 21 interacción 7, 113, 151, 198 intercambio 76, 114, 183, 197, 207 científico 90 internacional 183 de estudiantes y de científicos 197 intercomprensión 45 intercomunicación 45 264 interconexión 41, 160, 198 multidisciplinaria de problemas y conocimientos lingüísticos, literarios, históricos y sociales 198 interculturalidad 45 interdependencia internacional 198 interdisciplinariedad 3, 4, 40, 45, 189 cultura de la ~ 4 interés V, 2, 12, 17, 27, 28, 29, 65, 73, 76, 80, 95, 96, 97, 106, 110, 117, 128, 133, 168, 169, 175, 177, 190 científico 192 de una lingüística orientada más allá de una sola lengua 17 interferencias 121, 153 interjecciones 176 intermediación 3, 45 entre culturas 3 lingüística y cultural 45 intermediarios 197 internacionalización 41 internet 178 interpretación 7, 28, 43, 45, 77, 98, 119, 156, 191, 206 filológicamente precisa 206 objetiva de la ciencia 8 intérpretes 34 introducción a la filología románica 66 a la filosofía 53, 54 a la lingüística románica VII, 8 comparación sistemática VI al estudio de la historia 49 para estudiantes 160 introspección 81 investigación 2, 3, 4, 7, 8, 9, 14, 15, 16, 17, 18, 26, 27, 28, 29, 30, 32, 34, 37, 38, 40, 41, 43, 47, 51, 52, 53, 56, 65, 67, 69, 70, 73, 79, 80, 83, 84, 85, 86, 88, 90, 91, 95, 98, 111, 113, 114, 115, 116, 119, 135, 137, 140, 141, 142, 144, 145, 146, 152, 155, 157, 159, 160, 161, 162, 165, 167, 168, 170, 171, 173, 175, 176, 177, 178, 179, 181, 183, 184, 185, 189, 192, 194, 196, 199, 200, 203, 204 actual 160 básica 65, 183 científica 95, 160 del cerebro 7 de la afasia 203 de la morfología 115 de la naturaleza 190 de lo extranjero 30 de los objetos 85 económico-social 191 en la R.F.A. 185 estado de la ~ 34, 82, 162 etimológica 162, 165, 167, 170, 171, 173, 175, 176, 177 gramatical y léxica 13 histórica 15, 116, 144, 157, 194 de lenguas 116 histórico-comparativa 161, 178 del léxico de las lenguas románicas 161, 178 innovadora 145 interdisciplinaria 181 futura 16 lingüística 2, 15, 67, 79, 80, 83, 84, 140 practicada en España durante el siglo XIX 67 lingüística histórica basada en textos 16 literaria 85 metodológica de la lingüística general 18 monolingüe 12, 15, 18 multidisciplinaria 181 romanística 17, 34, 41, 196, 204 universitaria 2, 181 investigador 13, 41, 55, 66, 85, 119, 126, 134, 137, 144, 145, 148, 161, 180, 182, 199 actual 158 Italia 26, 37, 92, 144, 182 sur de ~ 126 italianística 29, 40 italiano V, 22, 40, 41, 54, 56, 57, 60, 61, 62, 63, 64, 66, 72, 85, 92, 93, 102, 106, 107, 116, 126, 127, 130, 131, 132, 134, 143, 165, 167, 168, 176, 182, 194, 204, 205, 207 italorromania 167 Jena Universidad de ~, Facultad de Filosofía y Letras 21 jerarquía lingüística 203 jerarquización de los cambios 114 Junggrammatiker 118 konzeptionell 155 Kulturwissenschaft 5, 11, 146 laboral aplicación ~ 186 comunicación en el mundo ~ 181 mundo ~ 1, 9, 192 necesidades de la praxis ~ 186 práctica ~ 181, 186, 193 praxis ~ 182, 184 no romanística 184 preparación ~ de los estudiantes 2 salidas profesionales de los estudiantes 43, 199, 209 vida ~ 179, 197 La corónica (revista) VII, 145 ladino 21, 92, 93 Landeskunde 5 Landes- und Kulturwissenschaften 5 Landeswissenschaft 5 langue 157, 173 La romanistique dans tous ses états 208 latín 11, 13, 20, 22, 31, 39, 49, 50, 51, 52, 53, 54, 56, 61, 62, 63, 66, 68, 69, 74, 75, 81, 82, 87, 101, 102, 103, 107, 113, 114, 117, 119, 124, 126, 127, 130, 131, 132, 133, 134, 140, 149, 152, 154, 155, 159, 161, 162, 166, 167, 169, 174, 177, 183, 189, 190, 202 clásico 131, 177 derivado de la etapa arcaica 131 medieval 50, 74 sistema flexivo del ~ 122 vulgar 51, 52, 56, 61, 62, 87, 101, 124, 126, 127, 131 y medieval 51, 52 y romances medievales 49 latinidad 183, 190, 202 suprarregional y supratemporal 190 tardía 183 latinistas 74, 98 latinitas 11 Latinoamérica 29 lectorados 43 lectores 27, 196 legislación política 22 legitimación de la romanística 183, 184 lemas 169 numeración de los ~ 168 lemosín 50 Le Moyen-Âge 90 lengua V, VII, 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 11, 15, 16, 17, 19, 20, 21, 22, 23, 25, 26, 27, 28, 29, 31, 34, 38, 39, 40, 41, 43, 44, 46, 48, 51, 54, 55, 56, 58, 59, 60, 63, 65, 66, 67, 70, 71, 73, 75, 76, 77, 78, 80, 82, 83, 87, 95, 97, 102, 105, 106, 109, 111, 112, 116, 117, 118, 120, 121, 122, 124, 133, 135, 145, 146, 149, 150, 151, 153, 154, 155, 265 157, 161, 162, 163, 164, 166, 167, 169, 172, 176, 183, 186, 191, 192, 194, 195, 200, 203, 204, 206, 208 actual 204 auxiliar 58 científica 8, 41 clásica 63 común 16, 21 co-oficial 46 de cultura 23 de la ciencia 195, 206 de las ciencias naturales 8 escrita 151 estándar 20 extranjera 38, 41, 43 fundamental 58 hablada 1, 22, 39, 122 histórica 19 literaria 112, 163, 169 moderna 63 occidental prototípica 23 popular 183 práctica 59, 60 racional y pegada a los datos 8 sólo indirectamente comprensible 83 y cultura patrias 45 y estilo de la ciencia 8 lenguaje 4, 12, 21, 38, 105, 150, 169, 170, 189, 203 corporativo 189 críptico y elíptico de muchos manuales de romanística 150 humano 105 infantil 169 literario 12 y cerebro 203 y pensamiento 203 lengua románica VII, 22, 60, 63, 66, 67, 73, 75, 77, 78, 80, 149, 150, 161, 186, 208 Primera ~ y su literatura 74 Segunda ~ y su literatura 74 lenguas amerindias 169 asiáticas 169 autóctonas de América 205 clásicas 49, 54, 58 codificadas y estandarizadas 156 de contacto 207 de cultura 166, 194 de la Península Ibérica 46 en comparación 153 en contacto 156 en el espacio 193 266 eslavas 169 especiales 151 estandarizadas 156 europeas 39, 203 extranjeras 6, 20, 23, 83, 180, 185, 186, 189 galorrománicas 176 germánicas 141, 167, 169 habladas 83 históricas 154 literarias 143, 167 minoritarias 22, 46, 156 en la Europa del siglo XX 22 en la Romania 97 modernas 53 neolatinas VI, 53, 77 pequeñas 201 perdidas 192 planificadas 23 prerromanas de la Península Ibérica 169 que funcionan como techo 15 reencontradas 192 regionales 22 vecinas 207 lenguas romances origen en el latín vulgar 115 en el provenzal 115 tratamiento global del grupo de ~ 115 lenguas románicas V, VII, 1, 2, 11, 12, 13, 15, 17, 18, 19, 25, 39, 44, 50, 54, 56, 57, 63, 64, 72, 77, 78, 80, 83, 101, 103, 105, 107, 111, 115, 117, 118, 122, 123, 124, 126, 127, 129, 130, 131, 132, 133, 134, 140, 144, 153, 154, 156, 159, 161, 162, 164, 165, 167, 168, 174, 176, 182, 189, 190, 194, 200, 207, 208 de hoy 168 en Alemania 189 presencia en la escuela de las ~ ~ 189 en contacto 18 estándar VII, 132 historia de las ~ 14, 88, 111, 120, 144, 145, 194 Manual internacional de historia de las ~ 14 menores V papel singular de las ~ 12 «pequeñas» 207 visión panorámica de las ~ 13 lenguas y culturas románicas 196 lenguas y literaturas germánicas 81 neolatinas 51, 52 románicas occidentales y meridionales 81 lenguas y variedades lingüísticas 202 lengua y literatura 21, 40, 50, 58, 71, 204 catalanas 102 españolas 51, 52, 53, 54, 55 francesas 83 griegas 49, 51, 52, 53, 54, 55, 56, 58 inglesas 83 latinas 49, 51, 52, 53, 55, 56, 58 regional 95 León Universidad de ~ 44 leonés 45 Lessico etimologico italiano (LEI) (Pfister/ Schweickard) 174, 176, 178 léxico VI, 13, 81, 85, 87, 106, 112, 113, 115, 120, 123, 131, 133, 149, 151, 152, 159, 160, 161, 162, 163, 167, 168, 171, 172, 173, 177 albanés 163 básico VI, 162 panrománico VI común 167 de origen germánico 173 de origen latino y griego 173 de una variedad románica concreta 13 eslavo 163 evolución 133, 140, 177 francés 173 galorrománico 172 griego 163 heredado 120, 133, 168, 177 del latín 168 húngaro 163 latino 115, 161, 167, 177 clásico 177 románico 177 rumano 163 turco 163 vulgar de las lenguas románicas 81 lexicografía 1, 18, 81, 100, 145, 171 histórica del español 145 lexicología 80, 85 lexicólogos históricos 162 léxicos distintos de las lenguas románicas 161 Lexikon der Germanistischen Linguistik (LGL) 141 Lexikon der Romanistischen Linguistik (LRL) VII, 13, 14, 25, 140, 146, 171 leyes de Grimm 28 de la naturaleza 118 fonéticas 84, 122 «las ~ fonéticas no tienen excepciones» (Meyer-Lübke) 118 mentales 82 liberalismo metodológico 4 libertad 21, 41, 55, 189, 201, 202 de actuación del hombre 21 de cátedra y de investigación 202 hermenéutica 41 lingüística del hombre 21 personal 201 licenciados 43, 46, 48, 51, 54, 65, 66, 74, 75, 180, 181 en lingüística 180 licenciatura 43, 47, 52, 61, 63, 64, 73, 74, 186 en Hispánicas 43 en Lingüística 44 en romanística 187 hispánica 74 ligur 169 límites dialectales en las lenguas románicas 88 líneas de investigación 7, 12, 25 lingua 11, 20, 23, 40, 89, 103, 189 cortigiana 20 franca 23, 40, 89, 189 Romana 11 Lingue neolatine 90 lingüística V, VI, 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9, 11, 12, 15, 16, 17, 18, 19, 20, 21, 22, 23, 25, 26, 28, 29, 31, 32, 34, 38, 39, 40, 41, 42, 43, 44, 45, 46, 48, 55, 57, 59, 60, 61, 62, 63, 64, 65, 66, 67, 68, 69, 70, 71, 72, 73, 74, 75, 76, 77, 78, 84, 85, 87, 91, 92, 95, 98, 100, 101, 102, 103, 104, 105, 106, 107, 108, 109, 112, 114, 118, 121, 122, 123, 124, 125, 127, 128, 129, 132, 133, 139, 142, 143, 144, 145, 146, 147, 149, 151, 152, 153, 154, 155, 156, 157, 158, 159, 161, 165, 180, 181, 189, 191, 192, 194, 195, 198, 199, 200, 202, 203, 204, 205, 206, 208 actual 95, 200 aplicada 2, 180, 181 castellana 107 cognitiva 19, 158, 159, 165 diacrónica 19 como experiencia personal 85 comparativa románica 92 contrastiva 17, 202 267 de corpus 4 de la langue 195 reduccionista 195 de la parole 195 especulativa 195 de la variación 15 de otras lenguas 205 diacrónica 76, 105 en general 76 eslava 18 nacimiento de la ~ ~ 115 espacial 18 española 62 y general 108 formal 19, 200 francesa 64 en Alemania 29 en la R.F.A. 29 general 1, 2, 4, 18, 62, 72, 74, 75, 92, 103, 107, 145 generativa 2 geográfica 165 germánica 18, 39 emancipación de la ~ ~ del abrazo de las otras disciplinas tradicionales 39 tradicional 5 hispano-románica 71, 78 histórica 77, 100, 101, 144, 149, 152, 153, 157, 195 histórico-comparativa 4, 139, 156 humanística 200 idealista 156 independiente 200 indoeuropea 18 inglesa 18 moderna 157, 199 nacimiento de la ~ 26, 115 pura 112 sincrónica 100, 101 sincrónico-estructural 85 sistemática y formalista 39 (Sprachwissenschaft) tradicional 200 teórica 1 textual 1, 39 triunfalista 195 variacional 1, 18 y las cosas 84 y literatura 11, 30, 199 y literatura portuguesas 30 y teoría lingüística románicas 191 lingüística (Linguistik) románica 200 lingüística románica V, VI, 1, 8, 9, 11, 12, 268 16, 17, 18, 19, 26, 38, 39, 43, 46, 57, 61, 62, 63, 64, 65, 67, 70, 71, 72, 73, 74, 75, 76, 87, 92, 93, 101, 122, 123, 124, 125, 128, 129, 132, 139, 143, 144, 146, 147, 161, 189, 191, 192, 203, 205, 208 comparativa VI, 17, 18 (e histórica) 18 contenido de la ~ 9 diacrónica 146 evolución histórica de la ~ 25, 145 general 46, 205 histórica 16, 19, 139, 144 (y comparativa) 139 identidad de la ~ V, 25, 31, 184 objetivos de la ~ 13 parcial 205 perspectivas de la ~ V, VI, 9, 73, 175, 189, 191, 202, 204 lingüística (Sprachwissenschaft) románica tradicional 200 Linguistik 199 lírica de los trovadores 60, 81 literatura 4, 5, 6, 7, 16, 17, 18, 25, 26, 28, 33, 34, 44, 48, 49, 51, 57, 59, 62, 65, 78, 83, 87, 92, 96, 97, 99, 102, 106, 108, 109, 182, 196, 198, 199, 200, 204 arábiga española 52, 53 catalana 51, 66, 67 comparada 96 italiana-española 64 contemporánea 53 culta 200 de las lenguas romances 63 española 49, 50, 51, 52, 53, 58, 62, 63, 64, 66, 67, 72 española y sus relaciones con la Literatura Universal 58 extranjera 49 fantástica 48 francesa 51, 62, 64, 66, 67 contemporánea 64 del siglo XVI 64 medieval 64 moderna 64, 182 galaico-portuguesa 53 gallega 66, 67 griega 49, 50 hispanoamericana 57, 58, 61, 62, 63, 64, 67 italiana 62, 64, 66, 67 latina 49, 50 medieval 83 medieval 57, 78, 96, 99, 196 española 78, 99 moderna 204 portuguesa 66, 67 provenzal 51 puertorriqueña 48 rabínica española 52, 53 románica estudios de ~ ~ 34 románica medieval 66 universal 55, 56 y los otros medios 192 literaturas 18, 26, 28, 31, 40, 45, 79, 80, 106, 184, 190, 196 de la Romania 106 francófonas fuera de Europa 18 hispánicas 63 modernas 54 románicas 26, 28, 58, 70, 80, 196 composición de sus obras 81 lado artístico de sus obras 81 relaciones de sus obras con otras literaturas 81 literaturas románicas tradición de sus obras 81 Literaturwissenschaft 59 lituano 169 Liverpool Universidad de ~, Department of Hispanic Studies 109 Logroño Universidad de La Rioja 98 Ludwigsburg Instituto Franco-Alemán 185 lusitanística 29, 30, 31 Madrid Universidad Central 53, 68, 69 Universidad Complutense 65, 97 Sección de Filología Románica 96 Universidad de ~ 60 Universidad de ~, Facultad de Filosofía y Letras de 68 mano invisible 19 manuales VI, 23, 76, 101, 113, 117, 119, 123, 128, 129, 137, 140, 144, 146, 149, 192 de historiografía lingüística 117 de lingüística románica 192 en el dominio románico 113 para el estudiante 144 recientes 76 manuscritos 80 Marburg an der Lahn Universidad de ~ 33, 60 marcadores del discurso específicos 18 marcas 121, 122 flexivas 121, 122 morfológicas 121 marketing 3 matematización de los estudios lingüísticos 40 mayo francés de 1968 71 medievalística 91 medios de comunicación 3, 16, 34, 191, 197, 199 de expresión 155 escritos 155 impresos 206 institucionales 184 orales 155 y tipos textuales 16 Mémoires de la Société Néophilologique de Helsingfors 90 memoria colectiva 204 mente humana 82 mercado de trabajo 43, 179, 184, 202, 209 potencial 180 metafísica occidental 7 y ética 49 metáforas 8 metamorfosis 163 metodología 15, 18, 56, 68, 83, 84, 105, 106, 117, 162, 165, 171, 176 de la lingüística comparativa 18 de las investigaciones léxicas 162 de la tipología lingüística 18 etimológica 171 métodos VI, 2, 14, 27, 30, 53, 65, 68, 74, 75, 77, 79, 83, 85, 86, 89, 115, 119, 129, 132, 133, 137, 140, 145, 157, 160, 166, 169, 173, 184, 192, 195, 196, 199, 204 acríticos 166 científicos 65, 196 con los que se aprenden las lenguas 184 controlables 157 críticos 115, 166 de trabajo 27, 160, 173, 192, 195 filológicos 196 histórico-comparativos 85 individuales de trabajo científico 195 tradicionales 68, 85 y líneas de investigación nuevos 204 México Colegio de ~ 108 Universidad Nacional Autónoma de ~ 108 269 migraciones 16, 39 Ministerio de Educación y Ciencia español 45 ministra de ciencia e investigación del estado de Nordrhein-Westfalen 198 de educación, ciencia, juventud y cultura del estado de Rheinland-Pfalz 209 de educación y ciencia de la R.F.A. 3, 209 minorías lingüísticas en Francia 103 modelo actual 194 social neoliberal 207 alemán 38, 40 antropológico 20 de agrupamiento 176 ecléctico 55 en la germanística 140 fonético 158 político 20 reconstruccionista 131 teórico 157 descripción y explicación de sus datos 157 tradicional 151, 160 de gramática histórica 151 modernización 41 Modern Language Review 90 modista 38 modularización 180 módulos de conocimiento 202 Moldova 21 monografías 92, 108, 134, 148, 162 antiguas 148 morfofonología 113, 121 morfología VI, 2, 32, 56, 60, 80, 85, 87, 106, 111, 113, 114, 115, 116, 117, 118, 119, 121, 122, 123, 124, 125, 126, 128, 129, 131, 133, 140, 141, 143, 152, 157, 158, 160, 163, 165, 170, 177 estructuralista 129 evolución de la ~ 140 flexiva 113, 117, 121, 122 nominal latina 122 histórica 122, 141, 165 natural 158 nominal 133, 160 verbal 122, 160 latina 122 morfosintaxis 64, 129, 133, 137 del español 64 histórica 137 270 motor del cambio 203 movilidad 41, 180 de los estudiantes 41 internacional 180 «muerte de una disciplina» 16 multiculturalidad 41 multidisciplinar 113 multi-/trans- e interdisciplinariedad 181 mundo V, 1, 5, 9, 20, 23, 25, 33, 34, 39, 44, 48, 74, 77, 78, 97, 135, 137, 181, 182, 185, 189, 190, 192, 195, 197, 199 actual 185 científico 33, 197 europeo occidental 190 francófono 5 germánico V, 9, 44, 77 globalizado 189 universitario o escolar 5 Murcia Universidad de ~ 66, 96, 109 Departamento de Filología Románica 96 nación 20, 80, 198 nacionalidades 190 nacionalismo 44, 71 lingüístico 71 nacionalsocialismo 31, 33 la romanística alemana bajo el ~ 32 naciones 40, 48, 81, 199 aisladas 40 románicas 196 y germánicas 81 necesidades cambiantes 186 de la sociedad 207 formativas 185 nuevas 184 pedagógicas 145 sociales 186 neerlandés 176 negación 35, 123, 129 neogramáticos 4, 77, 118, 119, 121, 156, 170 neolatino 41 New Philology 146 nombres 85, 103, 104, 123, 133, 136, 169 de herramientas 133 de partes del cuerpo 123 propios 169 normas 12, 17, 21, 54, 153, 154, 155, 159 del habla 159 internas 21 normativización 194 lingüística 16 Norteamérica 203 Nueva Revista de Filología Hispánica 108 numerales 128, 141 número de estudiantes 74 numismática 49, 50 objetividad 6, 8, 65, 91 científica 6 objetivos básicos de una nueva gramática 159 de la gramática histórico-comparativa 158 de la investigación filológica 83 de la romanística 179 didácticos de la romanística 192 fundamentales 187 generales del estudio 180 objeto de estudio V, 8, 13, 38, 39, 83, 105, 111, 137, 144, 163, 192, 195, 197, 200, 203 de la filología tradicional 200 de la lingüística románica 8, 13 de investigación 27 propio de la filología 83 occitano 85, 92, 93, 98, 106, 171 Océano Índico 203 Océano Pacífico 203 Österreichische Forschungsgemeinschaft 203 oferta académica 179 de puntos fuertes 202 didáctica 201 oficialidad de determinadas lenguas en los organismos internacionales 23 Oficina Romànica de Lingüística i Literatura 95 onomasiología 85, 123, 124, 133, 156, 165, 174, 175 onomástica 81, 170 onomatopeyas 169, 174 opinión pública 11, 30, 41, 182, 184, 197, 208, 209 de lengua alemana 41 oportunidades de trabajo 29, 179, 192 oración 113 compleja 118 condicional 88 oral 58, 155 oralidad 15, 38, 153 y escrituralidad 3, 15 orbis RǀmƗnus 11 ordenación 55, 65, 112, 114, 130, 133, 159, 168, 169, 173, 175, 199 de las consonantes 114 de las palabras 175 del diccionario 169 de los datos 112, 114 dentro del sistema de las ciencias 199 onomasiológica 169 organismos académicos 160 de investigación 195 organización académica 43 de la ciencia 48 formal 86 departamental 66 internacional 197 morfosemántica 176 sintáctica 151 tradicional de la ciencia 199 órganos de administración de la investigación y de la docencia 185 orientación biográfica 35 comparativa 63 futura 192, 197 histórica 44 interdisciplinaria 96, 194 lingüística o literaria de los investigadores 41 localista, autárquica, de las investigaciones 71 nacional 44 personal 35 transnacional 186 orientalismos 173 origen de las lenguas románicas 127 de las palabras 162, 167, 168 del léxico 117 ortografía 21, 127, 182 del rumano 21 Oviedo Universidad de ~ 65, 70 países de lengua alemana 37, 38, 89 de lengua inglesa 23 francófonos 21 271 industrializados 197 románicos 26, 37, 183, 186 País Vasco Universidad del ~ 64 palabras 25, 37, 46, 67, 70, 72, 80, 83, 87, 98, 99, 115, 118, 120, 121, 122, 123, 124, 125, 126, 128, 133, 148, 151, 152, 157, 159, 160, 162, 163, 164, 166, 167, 168, 169, 170, 172, 173, 175, 176, 177, 183, 198, 209 comunes 163 con flexión 123 cultas 170 de origen complicado 177 de origen desconocido 172 independientes 173 individuales 162, 166, 170 latinas atestiguadas 163 latinas reconstruidas 163 patrimoniales 170 paleografía 49, 50, 51, 52, 53, 54, 57, 58, 61, 62, 74, 87 panorama científico alemán 209 filológico español 67, 109 románico 77 teórico nuevo 158 universitario actual 189 panromance 4, 13, 77, 98, 156 panrománico 18, 38, 77, 103, 106, 119, 165, 170, 171, 175 panromanidad 30 panromanista 30 paradigmas 79, 121, 144 cambio de los ~ 158 flexivos 121 investigadores de las ciencias humanas 146 nuevos de la lingüística y la literatura 204 organización de los ~ 158 tradicionales de la lingüística románica 140 paráfrasis 181 parentesco lingüístico 83 París círculos culturales en ~ 38 parole 195 pasado de los pueblos románicos 82, 84 patrimonio 81, 116, 157 lingüístico 81 literario 116 pedagogía 58, 179 pensamiento nacional romántico 37 272 perfil 39, 43, 80, 106, 179, 202, 205 característico 202 competitivo de los estudiantes de humanidades 179 perífrasis verbales aspectuales 183 periodización 114 persa 169 perspectivas de desarrollo de la lingüística y de la literatura románica 204 de futuro 9, 73, 175, 189, 191, 202, 204 de la romanística 202 de la filología románica 190 de la filología y de la lingüística románicas 189 de la romanística 1, 206 de las filologías 189 investigadoras 153 Perú 41 picardo dialecto ~ 87 planes de enseñanza y de investigación universitaria 208 planes de estudios 6, 43, 44, 47, 50, 52, 53, 55, 57, 59, 60, 61, 62, 63, 64, 66, 69, 73, 74, 179, 180, 197, 207 de la Facultad de Filosofía y Letras de Salamanca (1977) 63 nuevos de bachiller (BA) 208 de máster (MA) 208 planificación y asesoramiento lingüístico y literario 45 pluralidad de los campos de investigación y docencia 209 de métodos 202 de perspectivas 19, 38 plurifuncionalidad transcategorial 183 plurilingüe 46, 78 plurilingüismo 22, 23, 39, 193 europeo 193 poesía 81 artística 81 popular 81 poetas 81 poética 81, 97, 113 política científica 2, 183, 206 de investigación 184 educativa 183, 185 ocupacional 181 universitaria 209 y legislación lingüística en el siglo XX 22 y planificación lingüística 192 política lingüística 15, 21, 22, 23, 38, 191, 192, 193 decisiones de ~ 23 en Francia y Alemania 22 en la Romania Minor 192 medidas de ~ 23 Portugal 26, 29, 45, 71, 109 portugués V, 29, 30, 51, 54, 57, 61, 62, 63, 64, 66, 70, 72, 78, 85, 92, 93, 97, 102, 116, 126, 127, 131, 132, 134, 143, 162, 169, 205 moderno 162 posición de la filología románica 184 de las lenguas románicas en las universidades 27 humanista 20 posicionamiento teórico 199 positivismo 59, 84 postguerra 71, 99, 126 práctica de las lenguas 196 pragmática 1, 14, 48, 145, 158 histórica 158 praxis social 198 predicciones lingüísticas 158, 203 prefijos 170 prehistoria 53, 194, 206 preposiciones 122 preservación de las lenguas amenazadas 208 préstamos 89, 133, 162, 163, 173 cultos 163 interrománicos 163 románicos al húngaro 89 prestigio 20, 23, 29, 40, 68, 118 parámetros de 23 Princeton Universidad de ~ 130, 131 problemas actuales de la romanística 185 de la formación 185 del modelo tradicional 151 etimológicos 105 generales 88, 95 sin resolver 160 técnicos 160 producción 30, 69, 79, 88, 111, 112, 118, 144, 160, 162 científica 79, 118, 160 y recepción de textos 9 productividad 163 productos artísticos 83 profesión 3, 75, 133, 182, 186, 193, 196 concreta 193, 196 y comunicación 181 profesionalidad 55, 181, 201 profesionalización 29, 38 profesorado berlinés 183 profesores 27, 30, 43, 60, 72, 73, 81, 149, 185 de instituto 27 de Lengua Española 72 de Lingüística general 72 de Literatura española 72 de Teoría de la literatura y literatura comparada 72 progreso 14, 65, 190, 193 cultural 65 de la disciplina 91 de las ciencias 190 pronombres 88, 128, 129, 133 combinación 133 posición 133 repetición 133 pronunciación 117, 134, 182 propagación del latín 176 propaganda 181, 205 proposiciones 123 Propugnatore 89 prosa científica 8 técnico-científica 16 prosodia 113, 117 Prospect (de la ZrP) 79, 80 protoiberorrománico 161 protorromance 113, 131, 132, 195 prototipos prelatinos 170 provenzal 51, 57, 60, 62, 88, 95, 102, 116, 127, 131, 143, 162, 167, 168 antiguo 57, 61, 62, 143 variedad gascona 95 variedad langüedociana 95 provincialismo 71 proyección diacrónica 174 proyecto de gramática histórica de las lenguas germánicas 141 de investigación 42, 45, 184, 206 de reforma de Eduardo Chao 49 de la I República 50 Prusia 37 psicolingüística 203 psicología 4, 21, 49, 84 cognitiva 4 273 publicaciones 32, 45, 46, 89, 92, 95, 96, 97, 99, 100, 103, 109, 139 electrónicas 206 Publications of the Modern Language Association 90 publicidad 16, 48 público 41, 88, 89, 149, 159 amplio 3, 5, 159 pueblos románicos medievales 81 punto de articulación 114, 130 de vista alemán 195 comparativo 76 del estudiante medio 203 histórico 39 tipológico 208 questione della lingua 19 raddoppiamento sintattico 128 rasgos 113, 120, 191 distintivos 12, 162 específicos de la filología románica 191 específicos de una lengua 15 fundamentales 112, 115 generales de las consonantes en función de su posición 134 universales 71 R.D.A. 73 Real Academia Española 22, 68 Realismo mágico 48 reanálisis 156 reconstrucción 12, 28, 32, 37, 77, 82, 111, 131, 132, 163, 177, 187, 203, 206 de formas lingüísticas anteriores 206 de la protolengua 132 de las formas 177 de los significados 177 del protorromance 131, 163, 177 del significado 177 fonológica 132 red comunicativa compleja 206 de datos 172 de información de nivel mundial 202 redefinición de los conceptos de sincronía y diacronía 154 reelaboración de contenidos complejos 181 reflexión 1, 8, 16, 22, 27, 32, 71, 75, 81, 84, 109, 141, 182 filosófica 84 274 histórica 27 histórico-filosófica 191 lingüística 8, 22 reforma 34, 45, 50, 55, 56, 57, 62, 70, 72, 74, 180 de la estructura universitaria europea 45 de la Facultad de Filosofía y Letras 50 de los estudios 180 de los planes de estudios 74 reformadores 74, 76 de la lingüística romance 76 reformulación 157 refranes 134 regiones 185, 193 registro 21, 164, 176 coloquial 164 de pérdidas léxicas 176 literario 164 reglamentos de estudios 184 reglas 116, 130, 167 de la lengua madre 116 de selección 130 fonéticas 167 relaciones alumno-profesor 182 comunicativas 194 con la realidad románica plurilingüe 109 con otros géneros de investigación lingüística 112 entre avatares léxicos e historia social 162 entre ciencias de la naturaleza y cultura 6 entre ciencia y discurso científico y antropocéntrico 8 entre filología, lingüística tradicional y nuevas corrientes lingüísticas 199 entre Francia y Alemania 5 entre íbero y romance 89 entre ideología y lengua 21 entre lengua, cultura y ciencias humanas V, 1, 25 entre lengua (histórica) y tradiciones textuales (concretas) 16 entre lingüística monolingüe y lingüística general 12 entre los pueblos 206 entre romance y vasco 89 entre romanística y medios de comunicación 186 fonéticas 173 funcionales 15 genealógicas 172 genéticas 155 internacionales 45, 89, 185, 198 léxicas 173 nuevo ĺ mejor 205 relevancia 2, 5, 14, 19, 37, 41, 92, 179, 182, 183, 189, 194, 207 general de la docencia universitaria de las ciencias humanas 179 social 183, 194, 207 de la disciplina 207 religión 16 Renacimiento 60, 64, 81, 92, 104, 190 renovación 19, 34, 111, 141, 142, 146, 158, 159, 180, 190 de la comunicación 19 del aprendizaje 180 de los estudios diacrónicos 146 teórica 159 rentabilidad 193 Residencia de Estudiantes 69 responsabilidad 73, 185, 197, 202 ante la sociedad 202 formativa 185 réticos dialectos ~ 117 retórica 8, 125, 144, 189, 196, 209 de la anti-retórica 8 de la decadencia 209 de la globalización 189 retorrománico 87, 92, 93, 98, 127 revista especializada alemana 91 filológica panrománica 91 trimestral de lenguas y literaturas románicas 199 Revista de Filología Española (RFE) 69, 99, 100, 101, 108, 109 Anejos 101 Revista de Filología Románica 96 Revista de lengua y literatura francesa 202 Revista de Letras 108 Revista de Literatura 108 Revista Lusitana 89 Revista pentru Storie, Archeologie úi Filologie 89 Revista Portuguesa de Filologia 108 revistas V, 23, 33, 41, 45, 79, 80, 85, 89, 91, 95, 97, 99, 100, 101, 108, 109, 147, 148, 172, 208 alemanas 41 científicas 79 de carácter general 79 de filología románica V, 81 publicadas en España V especializadas 23, 79, 80, 91, 99, 100 europeas 172 extranjeras 41 técnicas 45 Revolución francesa 22 revolución metodológica 117 Revue de dialectologie romane 90, 99 Revue de philologie française et de littérature 90 Revue des langues romanes 89, 103 Revue des Patois Gallo-Romans 89 R.F.A. 73 rigor lingüístico y filológico 41 riqueza histórica, cultural y social de la matriz 132 Roma Universidad de ~ 11, 46, 83, 130 romance 16, 22, 50, 77, 83, 95, 113, 115, 122, 132, 149, 153, 169 en el Tirol 22 romanche 92, 93, 116, 167 Romancium 11 Romania VII, 11, 17, 38, 39, 45, 60, 89, 92, 103, 128, 165, 167, 182, 186, 192, 198, 204, 206 desarrollo histórico de la ~ 178 división 167 espacios en la ~ 40 occidental 128 unidad de la ~ 34 Romania Germanica 38 Romania nova 18, 192 historia externa 16 Romania (revista) 11, 60, 89 románico 1, 13, 31, 41, 44, 51, 77, 95, 96, 97, 129, 130, 133, 182, 208 romanidad 1 concepto de ~ 25 de la lengua 21 del mundo románico 190 genética natural 190 ideal cultural 190 Romanische Bibliographie (RB) 33, 92, 93 centro de documentación de Göttingen 92 volúmenes de índices 93 Romanische Forschungen 89, 108, 199 Romanisches etymologisches Wörterbuch (REW) (Meyer-Lübke) 119, 139, 163, 165, 166, 168, 169, 170, 171, 177 Romanische Sprachgeschichte (Ernst et al.) VII, 15, 141, 146 275 Romanisches Seminar 73 Romanische Studien (revista) 89 romanismo 95 romanistas V, 2, 12, 13, 14, 27, 28, 30, 32, 33, 39, 41, 44, 70, 74, 76, 77, 78, 80, 84, 86, 89, 90, 97, 98, 99, 102, 105, 111, 125, 128, 134, 135, 136, 137, 139, 143, 144, 148, 171, 178, 184, 185, 191, 193, 197, 202, 205, 207, 208 alemanes 39, 41 de hoy 28, 148 de lengua alemana 144, 208 romanística 1, 2, 3, 4, 6, 11, 12, 13, 14, 15, 17, 18, 19, 23, 25, 26, 27, 29, 30, 31, 32, 33, 34, 37, 38, 39, 40, 41, 43, 44, 47, 54, 59, 68, 69, 71, 73, 75, 76, 77, 79, 85, 86, 90, 91, 95, 99, 100, 101, 105, 107, 108, 109, 110, 111, 115, 119, 126, 128, 137, 139, 140, 141, 144, 145, 147, 159, 162, 164, 165, 166, 169, 171, 177, 179, 182, 183, 184, 185, 186, 192, 193, 194, 195, 196, 197, 200, 201, 202, 203, 204, 205, 206, 207, 208 actual 192, 206 alemana 32, 33, 38, 41, 186, 195 marginalización de la ~ 41 porvenir de la ~ 196 prestigio de la ~ 41 tarea específica de la ~ 39 ámbitos laborales y práctica profesional de la ~ 183, 196 clásicos de la ~ 41 como ciencia lingüística y literaria 35 comparada 119 comparativa 79, 95, 111, 126 componente histórico-comparativo de la ~ 31 concepto de ciencia en la ~ 32 crisis de la ~ 30, 31, 71, 184 cultural 6 decadencia de la ~ 33 del futuro 196, 206, 207 «desde arriba» 203 diacrónica 159 disciplinas vecinas de la ~ 5, 34, 38, 157, 204 en alemán 17, 18, 32, 40, 42 en el espacio cultural alemán 41 en enseñanza, investigación y mundo laboral VI, 179 en la sociedad 194, 208 época dorada de la ~ 118 específico de la ~ alemana 38 276 europea 68 historia de la ~ 25, 27, 193 en España 109 identidad de la ~ V, 25, 31, 184 inicios de la ~ 17 internacional 76 legitimación social de la ~ 35 límites de la ~ 2, 167 modelo alemán de ~ 38 nueva 34, 105, 144 papel de la ~ 27 plurilingüe 41 postnacional 39 profesores de ~ 30 síntomas de la crisis de la ~ 31 situación de la ~ 25, 71, 185, 201 tradicional 6 de tipo filológico 200 traspaso de las fronteras de la ~ 35 unidad de la ~ 30, 185 universitaria 183 Romanistica se movet 205 Romanistik VI, 59, 195 romanistik.de 147, 195 Romanistisches Kolloquium 4 Romanitas 11, 78 Romanitatis lingua 11 romanización 127, 161 romanticismo 26, 37, 190 herencia del ~ 44 pensamiento nacional del ~ 37 Rumanía 21, 144 rumanística V, VI, 30, 42 rumano 61, 62, 97, 130, 132, 146 génesis étnica del pueblo ~ 21 gramática histórica del ~ 130 valaco 116 saber 7, 20, 26, 27, 28, 47, 75, 105, 116, 134, 136, 143, 145, 150, 186, 192, 193, 195, 201, 202 básico 160, 201 canónico 202 común 26 predominantemente teórico 193 Salamanca VII, 47, 48, 60, 61, 65, 68, 70, 92, 191 Universidad de ~ 46, 61, 64, 65 Sammlung kurzer Grammatiken germanischer Dialekte (colección) 141, 142, 146 Sammlung romanischer Elementarund Handbücher (colección) 142 Sánscrito 49, 50, 51, 52, 53 Santiago de Chile Universidad de Chile en ~ 108 Santiago de Compostela Universidad de ~ 65, 108 Departamento de Filología Románica 107 São Paulo Universidade Estadual Paulista en ~ 108 sardo 85, 92, 93, 97, 116, 127, 131, 168 semántica 2, 48, 64, 85, 113, 122, 124, 130, 165, 167, 170, 172, 175, 177 estructuralista 130 histórica 165, 172 léxica 175 semasiología 85, 88, 124 seminarios 27, 47, 48, 56, 57, 59, 60 avanzados 47 básicos 59 historia de ~ 33 para principiantes 47 románicos de las universidades alemanas 71 separación 27, 28, 30, 38, 44, 77, 91, 110, 111, 113, 114, 121, 132, 144, 159, 163, 169, 170, 175, 186, 205 de distintos estratos 114 de la filología románica e inglesa 27 de la lingüística y de la crítica literaria 91 de las distintas filologías particulares dentro de la filología románica 144 de las lenguas románicas 132, 159 entre lengua y literatura 38 entre literatura, lingüística y civilización 186 entre sincronía y diacronía 38 ser V, VI, 4, 5, 6, 8, 13, 18, 21, 23, 28, 31, 32, 38, 43, 51, 66, 69, 71, 73, 75, 78, 86, 88, 90, 92, 102, 103, 109, 110, 114, 116, 117, 118, 121, 124, 129, 132, 139, 142, 145, 148, 149, 150, 151, 153, 154, 155, 156, 157, 159, 160, 161, 162, 164, 166, 171, 172, 173, 174, 177, 183, 186, 190, 195, 196, 197, 202, 204, 206, 208 alemán 183 francés 183 nuestro propio ~ 182 romanista 78 ser humano 21 bases del ~ 21 filogénesis del ~ 21 modelo nacionalista del ~ monolingüe 40 social y cognitivo 21 sexo 48 Siegen Universidad/Gesamthochschule de ~ 197 Siglo de Oro 60 signifiant 85 significado 8, 9, 11, 19, 21, 23, 28, 31, 81, 82, 87, 88, 115, 121, 122, 124, 150, 151, 158, 167, 169, 173, 177, 206, 207 actual de la palabra 81 de la palabra 87, 121, 167 de la palabra «románico» 87 de las clases de palabras 125 de las formas de las palabras 125 de las palabras 28, 124 de los elementos flexivos 125 funcional 121 significante 155, 170 signifié 85 signos lingüísticos 185 sílaba 28, 114, 127 sincronía 19, 154, 192, 194 concepto de ~ 19 sincrónico 91, 106, 109, 132, 196 sinónimos 152 sintagma 6, 11, 113, 132, 160 nominal 160 verbal 160 sintaxis 2, 48, 56, 60, 80, 85, 87, 88, 106, 111, 113, 115, 116, 118, 119, 121, 123, 124, 126, 129, 130, 131, 140, 141, 143, 145, 149, 152, 157, 158, 192 aproximación pragmática a la ~ 130 de la palabra 124 del germánico 141 del pronombre posesivo de tercera persona en rumano 88 del sustantivo 88 evolución de la ~ 140 formalista 145 francesa 88 funcional 158 histórica 80, 118, 145 románica 88, 129 rudimentos de ~ 124 sistema 5, 13, 17, 20, 39, 43, 47, 56, 60, 70, 73, 75, 114, 118, 122, 127, 134, 141, 147, 150, 151, 157, 180, 186, 192, 193, 198, 204 cultural 20 de casos 122 de información 150 de normas 5 de puntuación en función del rendimiento 180 de tiempos verbales 17 277 de una lengua 204 educativo 43, 75, 193 fonológico consonántico de las lenguas románicas 134 latino 134 germánico 47, 60 gramatical 18 político 186 tradicional hispánico 47 universitario alemán 180 de la reforma 192 español 43 vocálico latino 150 situación V, 1, 5, 13, 16, 17, 20, 21, 23, 25, 29, 30, 32, 34, 37, 39, 46, 47, 48, 50, 54, 55, 58, 59, 65, 68, 71, 74, 79, 97, 103, 105, 110, 118, 137, 139, 143, 155, 167, 175, 183, 184, 185, 189, 191, 192, 193, 200, 201, 202, 205, 207, 209 actual 1, 16, 17, 20, 47, 65, 184, 189, 192, 193, 200 de la investigación 16 de la romanística 200 austriaca 23 comunicativa concreta 155 y pragmática heterogénea 191 de la romanística 25, 71, 185, 201 de las investigaciones 79 latina 118 política 32, 207 en Alemania 32 político-lingüística 48 regional 37 social 207 skill 31 sociedad 3, 5, 7, 23, 30, 46, 67, 71, 72, 73, 162, 179, 180, 186, 194, 198, 208 de la información 67, 180 del saber 179 Sociedad de Lingüística Aplicada 3, 181 Società filologica romana 90 Société de Linguistique Romane 46, 191 sociolingüística 1, 71, 96, 145 sociología 21, 181, 193, 197, 205 de la ciencia 181 de la comunicación 193 Sonderforschungsbereich 321 de Friburgo 3 sonidos 80, 114, 117, 121, 158 árabes en español 117 en contacto 114 278 evolución 140 germánicos 117 latinos 81, 117 lingüísticos 158 Sprachvariation 154 Sprachverschiedenheit 154 Sprachwandel 154 Sprachwissenschaft VI, 123, 143, 199 Studia Graeca et Latina 97 Studi di Filologia Moderna 90 Studi di Filologia Romanza 89 Studies and Notes in Philology and Literature 90 Studi glottologici italiani 90 Studi medievali 90 Studj romanzi 90 subdisciplinas 4, 91, 92, 192 subestándar 153 Sudamérica 203 sufijos 89, 121, 170, 173 aumentativos 173 diminutivos 173 nominales romances en vasco 89 peyorativos 173 Suiza 73, 92, 118, 201 superestrato 165, 174 supersistemas léxicos y gramaticales 39 surcoreano 41 sustantivos 125, 128, 170 deverbales 170 uso adjetival 125 uso adverbial 125 uso preposicional 125 uso pronominal 125 sustratos 38, 120, 127, 165, 174, 206 Tag der Forschung 209 tareas 1, 2, 3, 17, 28, 29, 39, 40, 46, 68, 86, 91, 92, 102, 109, 144, 148, 149, 151, 155, 159, 180, 184, 197, 201, 202, 206 comunicativas 5 de la filología y de la lingüística románica 127 de las filologías 189 formativas nuevas 184 investigadoras 201 y estructura de la filología románica 82 y perspectivas 194 y resultados de la lingüística aplicada 181 tecnologías 180 nuevas 67, 179, 180 teoría 1, 2, 4, 6, 14, 38, 39, 109, 120, 145, 156, 157, 158, 165, 177, 191, 192, 200, 203, 205 de la gramaticalización 156, 158, 165 de la literatura 1, 6, 66 y de las artes 51, 52 y literatura comparada 44, 72 de la optimidad 156 del arte y principios de literatura 50 de la variación 145 del conocimiento 14 del uso 159 de principios y parámetros 2 Estándar Extendida (Chomsky) 129 evolucionista de Darwin 4 general de la estructura de las lenguas 200 gramatical tradicional 157 lexicológica o etimológica 177 lingüística 39, 109, 158, 192, 205 moderna 109 y práctica de la investigación interdisciplinaria 180 y texto 191 teorías 2, 7, 60, 132, 157, 158, 159, 190, 193, 194, 204 del cambio 159 económicas y políticas 190 generativistas 132 morfológicas y sintácticas 157 y métodos lingüísticos modernos 194 teorización 50, 208 Tercer Mundo 197 Tercer Reich 27 historia de la romanística en el ~ 32 romanística y lingüística románica en el ~ 31 término Hispanística 109 Iberorromanística 109 lingüística románica V Romanitas V terminología 183 estructuralista 126 tesauro 171, 174 léxico 171 tesina 43 tesis 7, 8, 31, 37, 43, 70, 85, 87, 104, 125, 181, 189, 201 doctoral 70, 85, 104, 125, 189 textos 2, 3, 8, 16, 18, 20, 39, 54, 56, 57, 60, 70, 83, 87, 97, 98, 134, 142, 149, 150, 151, 155, 157, 194, 200 del sub-estándar 200 importantes para la literatura 200 literarios 206 orales y escritos 8 paralelos 134 románicos 83 utilitarios 200 Thesaurus. Boletín del Instituto Caro y Cuervo 108 Thesaurus Linguae Latinae (TLL) 119 tiempos 3, 6, 14, 33, 50, 76, 81, 90, 91, 111, 125, 127, 149, 182, 205 de cambio 205 de reacción 4 verbales 149 tipología 13, 17, 19, 33, 112, 113, 130, 145, 157, 158, 202, 206 de los discursos 145 lingüística 17, 19, 156, 202, 206 titulación 1, 2, 3, 5, 9, 11, 18, 26, 43, 51, 54, 64, 65, 66, 74, 75, 184, 185, 189, 206, 207 académica 206 de filología hispánica 43, 64 de filología románica 26, 43, 64, 74, 189 con vocación comparativa 64 de romanística 9 en lenguas extranjeras 2 románica 11 universitaria 1, 5 títulos y certificados nuevos 184 torre de marfil 30, 208 trabajo V, 1, 3, 6, 12, 13, 16, 18, 20, 21, 23, 25, 26, 29, 30, 33, 40, 42, 43, 45, 68, 70, 75, 78, 80, 82, 85, 86, 88, 89, 95, 96, 97, 98, 99, 100, 102, 103, 104, 105, 106, 107, 108, 109, 111, 112, 126, 134, 136, 142, 143, 145, 146, 148, 150, 158, 161, 163, 170, 173, 177, 178, 179, 180, 181, 184, 187, 189, 191, 192, 193, 197, 201, 202 comparativo 18, 98, 103 con lenguas y textos 201 en equipo 144, 146, 150, 179, 181, 191, 203 en grupo 146 interdisciplinario 1 público 197 sistemático 161 tradición 4, 6, 16, 17, 19, 25, 29, 32, 38, 59, 69, 71, 72, 91, 100, 113, 128, 141, 144, 145, 152, 155, 158, 177, 182, 190, 191, 198, 205, 207, 208 cartesiana 198 comparativa e histórico-filológica 25 de la disciplina 91 279 de lenguas y culturas 191 dentro de las gramáticas históricas 128 discursiva 16, 19, 153, 155, 158 y textual 16 e innovación 205 filológica alemana 59 genuinamente romanística 16 germánica 71 historicista 208 histórico-comparativa 144 humanista 190 traducción VI, VII, 5, 16, 22, 45, 54, 69, 76, 95, 115, 116, 119, 126, 127, 129, 155, 166, 189, 194, 199, 202 literaria 199 traductología 39 traductores 199 transdisciplinariedad 3 transdisciplinario 3, 4 transferencia cultural 198 transformación 20, 34, 65, 108, 121, 122, 129, 154, 201, 204 de la sociedad española 108 fonética 121 transición del latín al romance 98 transmisión crítica 196 de categorías retóricas a la lengua 38 de competencias lingüísticas 196 de las lenguas románicas 184 histórica 12 trovadores 81 turco 163, 169 turismo 45 type y token frequency 122 unidad 12, 26, 30, 34, 44, 105, 127, 163, 185, 190, 191, 196, 204 cultural de la Romania pérdida de la fe ingenua en la ~ 33 de la disciplina 30, 185 de la romanística 204 de las lenguas y literaturas románicas 196 en la diversidad 130, 191 metodológica 105 unificación de Europa 192 unión de lengua y literatura 12 entre los estudios lingüísticos y literarios 44 entre romanística y español 54 Unión Europea 20, 181, 193 280 Unión Soviética 21 universales 153 fonológicos 158 universalidad colectiva 201 universalización 38, 190 universidad 2, 11, 26, 27, 28, 29, 31, 34, 37, 38, 39, 43, 44, 46, 48, 54, 55, 58, 61, 62, 64, 65, 67, 68, 70, 73, 74, 79, 86, 92, 130, 145, 150, 179, 181, 182, 183, 186, 194, 202, 203, 204, 205 alemana 11, 27, 31, 38, 39, 73, 194, 202 germánica 67 humboldtiana 37, 179 napoleónica 65 prusiana 38 Untersuchungen zur vergleichenden Grammatik der germanischen Sprachen (colección) 141 utilidad económica 197 práctica 183 social 185, 197 valor comunicativo 23 de las ciencias humanas 6, 208 de la vecindad 20 de mercado 139 educativo del francés 182 formativo de las lenguas románicas 182 heurístico 17, 114 de la comparación en la lingüística 17 indirecto 193 valoración de la lengua actual 195 social 184 valores absolutos y eternos 17 vanguardia 204 variación 15, 114, 153, 154, 155, 156, 158, 161, 208 lingüística 154, 155, 158 sincrónica 154, 158 social, geográfica y contextual 15 variantes 5, 163, 170, 173 fonéticas 173 sinonímicas 161 variation linguistique 19 variedad de la Romania 77 mallorquina 46 valenciana 46, 95 variedades 18, 20, 21, 45, 46, 95, 112, 152, 155, 156, 161, 163, 166, 172, 177, 204 diafásicas 18 dialectales 163 diastráticas 18 diatópicas 18 lingüísticas 20, 21, 45, 161 románicas 161 menores 166 regionales y dialectales 112 románicas 45, 177 estandarizadas 177 no estandarizadas 177 vasco 45, 57, 61, 97, 169 venia docendi 12 venia legendi 12, 30 Verba. Anuario Galego de Filoloxía 99, 107, 108, 109 Anexos 108 verbo 128 regente 130 vida científica, religiosa y política de los pueblos románicos de la edad media 82 Viena Universidad de ~ 48, 59 Departamento de Romanística 206 vitalidad en el ambiente epistemológico 145 en el ambiente institucional académico 146 vocales 113, 114, 120, 127, 130, 150, 152, 160 anteriores 150 átonas 114, 120, 127 centrales 150 diptongo 120, 127 hiato 120 nasales 120 posteriores 150 tónicas 120, 127 en sílaba libre 152 vocalismo VI, 125, 127, 134, 141, 152 vocalización 114 Vollromanist 148 Vox Romanica 86 Westdeutsche Rektorenkonferenz 2 wikis 12, 142, 160 Wörter und Sachen 175 Wortgeschichte 171 yuxtaposición 118, 151 Zaragoza Universidad de ~ 59 Zeitschrift für französische Sprache und Literatur 99, 202 Zeitschrift für neufranzösische Sprache und Literatur 89 Zeitschrift für romanische Philologie (ZrP) 32, 33, 68, 79, 80, 82, 84, 85, 86, 87, 88, 89, 90, 91, 92 Beihefte zur ~ 92 lenguas de los trabajos publicados en la ~ 85 281 282
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