1 El concepto de la historia en Giambattista Vico. por Daniela Valeria Serra1. 1. Introducción. Vida de Vico. Principales influencias en su pensamiento. Giambattista Vico (1668-1744) fue un filósofo, historiador y jurista italiano, pensador original y audaz, nacido en 1668 en Nápoles, Italia, ciudad en la vivió toda su vida, falleciendo allí en 1744. La vida de Vico transcurre, por lo tanto, en Nápoles, punto marginal de la Europa ilustrada, y en el contexto de una época marcadamente cartesiana, donde él se destacará por proponer la primacía de los estudios históricos y el nuevo significado que le daría al contenido de los mismos. Podríamos afirmar que su infancia transcurrió con normalidad hasta que sufrió una grave caída y se fracturó el cráneo con tan solo ocho años de edad, de lo cual increíblemente no le quedaron secuelas físicas, pero si espirituales, pues aprendió durante su convalecencia preferir la soledad a la compañía y a elegir la melancolía como clima vital. Cuando sus padres intentaron que fuera al colegio, Vico no duró ni un curso; enseguida volvió a su casa, al lugar en donde él se sentía más a gusto, su soledad. Y aquí empieza la historia de un autodidacta, de hecho, uno de los motes por los que en Nápoles se le conocía era autodidascalo. Con avidez leyó desde De institutione grammaticae, del jesuita portugués Emmanuel Alvares, a Pedro Hispano, pasando por la Metafísica, de Francisco Suárez2. A partir de estas lecturas fue gestando sus ideas, que le permitieron elaborar una crítica, a comienzos del XVIII, contra el ideal científico metodológico y el racionalismo propuesto por Descartes. Esta crítica al pensamiento moderno representa, al mismo tiempo, una rehabilitación de la antigua tradición retórica-renacentista y una defensa del lenguaje poéticometafórico en oposición al lenguaje lógico-racional3. Después de las represiones provenientes del campo de la ortodoxia protestante y católica, en los siglos XVII y XVIII se afirma el espíritu cartesiano, configurándose como ideal analítico del conocimiento en todos los campos del saber. Refiriéndose a la filosofía de esta época, Cassirer afirma que la misma no se limitará al "análisis como el gran instrumento intelectual del 1 Abogada (UBA) y Doctoranda en Derecho (UBA). Especialista en Ministerio Pœblico (UBA). Especialista en Derecho Penal (UTDT). Docente de Derecho Romano (Facultad de Derecho, UBA). Investigadora (Facultad de Filosof’a y Letras, UBA). Email: [email protected]. 2 MUÑOZ BARALLOBRE, Gonzalo, “Giambattista Vico o la soledad que alumbró una ciencia nueva” en: Filosofía&Co, publicado el 23/01/2020, disponible en: https://www.filco.es/giambattista-vico-o-la-soledad-quealumbro-una-ciencia-nueva/ (último acceso: 14/06/2020). 3 Cfr. CHAIN, Milagros del Pilar, “La preeminencia de la sabiduría poética en la filosofía de Vico”, en: Síntesis N° 5, Univrsidad Nacional de Córdoba, 2014, disponible en: https://revistas.unc.edu.ar/index.php/sintesis/article/view/ 13149/13354. (último acceso: 14/06/2020). 2 conocimiento físico-matemático, sino que ve en él un arma necesaria de todo pensamiento en general. A mediados del Siglo XVIII la victoria de esta concepción es definitiva”4. Frente a la razón imperante en sus tiempos, Vico situó el poder y la verdad en los hechos: verum ipsum factum se convirtió en su lema, oponiéndose al racionalismo de Descartes. Para Vico, sólo podemos entender aquello que somos capaces de hacer, es decir, básicamente nuestra historia y las matemáticas. La idea venía de Bacon y otros defensores del experimentalismo contrarios a Descartes, pero Vico la puso en el centro de su filosofía. Creía que en los humanos no hay sólo razón, sino también sentimiento y fantasía. De esta manera, se adelantaba al romanticismo, a la Ilustración, y daba una base a las ciencias sociales: en su análisis histórico habló de la lucha de clases antes que Marx y de una evolución de la historia parcialmente cíclica, en espiral, en la que ningún estadio se repite pero hay secuencias similares encadenadas. Sin embargo, eran demasiadas nuevas ideas las que luchaban por expresarse simultáneamente en su cabeza. Vico trató de decir demasiado por lo que sus nociones son con frecuencia meros bosquejos, incipientes, mal formados, no puede conservar la cabeza fresca en la tormenta de la inspiración5. Su disertación De nostri temporis studiorum ragione (“Sobre la razón de los estudios en nuestro tiempo”6), VII Oración, de 1778 constituye en cierto punto una crítica a los programas de estudios vigentes a principios del siglo XVIII que bien puede encontrar su correlato en la actualidad, pero que parecía anticuada en su época. El péndulo de la historia exige, en determinados momentos, un retroceso para efectuar el salto hacia delante. Y Vico, de esta manera, retrocede hacia el neo platonismo del Renacimiento para avanzar mucho más allá de Locke y de Renato Descartes. Lo anticuado del proyecto que emprende Vico se centra en su recusación contra la ciencia de la naturaleza. Y, paradójicamente, la nueva ciencia que propone, cuyo objeto es el mondo civile (es decir, el mundo histórico o Welt) encuentra su raíz en la idea de Nova Scientia de Galileo, forjada en el XVI. Se ha descripto la personalidad y la vida de Vico como “un caso sorprendente de lo que normalmente se considera un mito romántico: un estudioso pobre y olvidado, un hombre de genio que luchaba contra la adversidad, no reconocido por sus contemporáneos, en realidad no reconocido por muchos grandes hombres años después, un hombre que vivió en medio de una pobreza extrema 4 CASSIRER, Ernst, La filosofía de la Ilustración, Fondo de Cultura Económica, México, 1950, p. 26. 5 Cfr. BERLIN, Isaiah. Contra la Corriente. Ensayos sobre la historia de las ideas, Fondo de Cultura Económica, México, 2006, p. 182. 6 Puede consultarse en: VICO, Giambattista, Principios de una ciencia nueva: en torno a la naturaleza común de las naciones, Fondo de Cultura Económica, México, 2006, disponible en: https://ebookcentral.proquest.com/lib/ucalpsp/ reader.action?docID=4508592&query=vico (último acceso: 13/06/2020). 3 y que llevó en Nápoles una existencia miserable de gacetillero explotado, escribiendo esquelas funerarias y biografías de hombres famosos, y actuando generalmente como una especie de consejero de hombres menos dotados y más famosos que él.”7 Vico luchó toda su vida para obtener dos cosas: una, conseguir un puesto de catedrático en jurisprudencia en la Universidad de Nápoles, lo cual nunca consiguió; la otra, lograr que se publicara su obra, pues sabía que había hecho un gran descubrimiento. Si bien estuvo a punto de lograr la financiación de parte del cardenal Corsini -quien poco después llegó a ser el papa Clemente XII- a quien por dicha razón le dedicó la obra, esto finalmente no ocurrió, y Corsini no aportó los fondos prometidos. Desesperado, Vico empeñó un anillo de gran valor, pero con lo obtenido no logró cubrir los gastos de un libro que, según los editores de la época, no iba a tener mucho mercado. Por eso, para abaratar los costos de impresión, se vio obligado a recortar el contenido de la obra, casi un cuarto de su extensión original. Lo que logró que fuera publicado le proporcionó una modesta reputación entre sus vecinos napolitanos, pero no trascendió en su época a más que eso. Acosado por la pobreza, la enfermedad y la incomprensión de sus coetáneos, nuestro pensador fue, como venimos esbozando, un filósofo inactual en su época, un “filósofo a destiempo”, como le llama Francisco Romero, quien señala entre otros motivos de su aislamiento la escasa participación de Italia en el movimiento filosófico del ámbito europeo, la oscuridad de su estilo y el auge del racionalismo8. Muchos pensadores posteriores intentaron expresar lo que Vico había dicho a comienzos del siglo XVIII más claramente y con mayor agudeza, pero algunas cosas maravillosas y originales que él plasmó en sus escritos no habían sido jamás antes dichas, ni tampoco nadie después pudo decirlas como él, entre ellas la idea de civilización y cultura. La obra de Vico está influenciada por la filosofía materialista, de allí su afirmación de que el “orden de las ideas debe seguir al orden de las cosas”, ello sin dejar de reconocer, al mismo tiempo, la existencia de Dios. Según Vico, Dios se contenta con trazar sus leyes a la historia, después de lo cual, no interviene más en su marcha, de modo que la humanidad evoluciona en virtud de causas internas, inherentes a la naturaleza humana. A modo de síntesis, podemos enumerar como antecedentes de la nueva disciplina creada por Vico, cuyo objeto es la naturaleza común de las naciones, a los siguientes: 7 Idem. 8 Cfr. ROMERO, Francisco, La estructura de la Historia de la Filosofía y otros ensayos, Losada, Buenos Aires, 1967, p. 222-231. 4 a. El neoplatonismo del Renacimiento; b. El iusnaturalismo (Vico fue profesor de Derecho Romano). La discusión sobre el status del derecho natural incide directamente en la génesis del historicismo. c. La reforma católica y las discusiones generadas con respecto al drama de la salvación. d. La física de Galileo como doctrina de la Nueva Ciencia. e. La teoría cartesiana de la subjetividad. f. La filología y la retórica humanística. Con estos antecedentes, Vico emprende el estudio de los principios del derecho natural de gentes, colocando el acento en que la historia es producto directo de las acciones de los hombres. Debemos, ahora, detenernos en este punto. Hemos hecho referencia supra a un cierto anacronismo en Vico (más que anacronismo deberíamos encontrar un término equivalente al que los alemanes llaman zeitwidrig, es decir: contrario a su época, fuera de tiempo). Y su época es, por cierto, la de la ilustración, la del cartesianismo, la de las ideas claras y distintas. Era una época que condenaba los estudios históricos por encontrar en éstos el germen de todas las diferencias irracionales que separaban artificialmente la unidad del género humano. Frente a ello Vico reivindicará, como venimos sosteniendo, el status científico de la historia y, en este sentido, es ciertamente zeitwidrig. Pero esta historia es historia de los hombres, producto de la acción directa de éstos aún en sus primeros orígenes y deben ser comprendidos como distintas etapas del espíritu humano. En esta afirmación encontramos lo que podríamos llamar la modernidad de Vico: la historia es producto directo de la acción del hombre y, como tal, la verdadera ciencia. Y aún los tiempos más lejanos, aquellos que exceden los umbrales del VI a. C, y de los cuales nos llegan testimonios a través de la magia, de la religión, la epopeya y el mito9, no son otra cosa que el despliegue del espíritu humano. En este sentido la labor de Vico es tan moderna como la de cualquiera de sus más notorios pares europeos. 2. La “ciencia nueva". Vico se propone encontrar un nuevo método de las ciencias, una “nueva ciencia”. Para ello, parte del siguiente supuesto epistemológico: verum eta factum convertuntur, es decir: la identificación de lo verdadero con lo hecho. Lo que Vico quiere decir es que lo único que se conoce 9 Vico fundamentó epistemológicamente la actitud antes reseñada de que el mito es "una verdad histórica"; en efecto, el mito es para Vico un modo de pensar que tiene sus propias características y que condiciona, o por lo menos expresa, ciertas formas de vida huma- na básicas. Vico identificó el modo de pensar mítico con el modo de pensar “poético”. V. FERRATER MORA, José, Diccionario de Filosofía, Tomo II (L-Z), Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1963, p. 210. 5 verdaderamente es aquello de lo cual uno es un autor. La naturaleza ha sido creada por Dios y, como tal, sólo podrá ser conocida en sus últimas razones por Él. Aquello que podemos conocer de la naturaleza lo conocemos a través de distintos instrumentos fabricados por el hombre, desde el telescopio hasta el último instrumental técnico. De allí que podemos afirmar que el objeto de la Ciencia Nueva, la ciencia rigurosa por excelencia es el espíritu del hombre, en su desenvolvimiento histórico. Esta Ciencia Nueva estudia jurisprudencia, lenguaje, creencias, ritos, guerras. Todos estos son facta, y en este sentido la historia es ciencia de los hechos. Pero, reiteramos, hechos de los hombres. Esta es la base epistemológica de la que partirá Marx para fundar una ciencia de los fenómenos propios del hacer humano. La primacía de la ciencia desarrollada en torno al mondo della natura cede su rol estelar a la ciencia del mondo civile , de acuerdo con la imagen alegórica de la introducción de la obra. Como buen jurista, Vico se propone, inicialmente, rastrear los principios del derecho natural de gentes, basándose en lo que él llamará la “humanidad de las naciones”, es decir: la historia misma. En el marco de las consideraciones iniciales sobre el hombre caído y su “libertad bestial”, privado de habla y desparramado por la gran selva tierra, Vico defenderá el Derecho Natural de Gentes, producto tanto de las necesidades cuanto de las utilidades humanas, como el derecho eterno que discurre en el tiempo. Este derecho, que pasa por distintas etapas o figuras: derecho divino, derecho de las gentes heroicas y derecho natural de las gentes humanas, es inmutable y universal. A pesar de su caída, el destino de las fieras bestias es el de ser sociables. Esta naturaleza social constituye la verdadera naturaleza civil del hombre y de su derecho en la naturaleza. Vico comienza pensando su obra como profesor de derecho romano, cuya base es el civis, el ciudadano, el hombre con derechos. Esta es la teología civil razonada, sobre la cual hiciéramos referencia más arriba. Vico se escapa de los límites de la mera subjetividad para penetrar en la naturaleza social del hombre. Esta teología civil razonada parte de la idea del derecho natural eterno para terminar en la idea de la historia ideal eterna. Resalta al respecto Samaja: “En esta historia humana, abierta a las contingencias y la creatividad de los pueblos, se van construyendo sistemas normativos que constituyen las formas de equilibración de los conflictos humanos, y se estabilizan como Ideales que dirigen las acciones y las conciencias de los individuos. Estos ordenamientos se establecen como el derecho natural de cada pueblo, pero cada uno de ellos realiza, pese a las diferencias accidentales, un ordenamiento que progresivamente se muestra como común a todo el género humano.”10 10 V. SAMAJA, Juan Alfonso, Epistemología y Metodología. Elementos para una teoría de la investigación científica, Eudeba, Buenos Aires, 2004, p. 66. 6 3. Los a priori constitutivos de la historia. Vico considera como verdaderos a priori de la historia a una serie de instituciones provenientes del derecho natural de gentes, describiéndolos en el capítulo I de su obra de la siguiente manera: “Tal, y no otra, es ciertamente la humanidad, que siempre y en todas partes rigió sus prácticas de acuerdo con estos tres sentidos comunes del género humano: primero que existe una Providencia; segundo, que se tengan ciertos hijos con ciertas mujeres, con las cuales anden compartidos siquiera los principios de una religión civil (a fin de que los padres y madres en igual espíritu eduquen a sus hijos, en conformidad con las leyes y las religiones a cuyo amparo hubieren nacido); tercero, que se entierre a los muertos (…) tal es la sabiduría vulgar del género humano: la cual empezó con las religiones o las leyes, y se perfeccionó y cumplió con las ciencias, con las disciplinas y con las artes.”11 De allí que podamos caracterizar a estos tres principios o instituciones de la siguiente manera: a. La religión hacia Dios: En sentido estricto, la adivinación divinari de donde el Vico etimologista cree encontrar el nombre Divino de la Providencia. El hombre trata de predecir el porvenir, trata de saber lo que vendrá, al igual que la ciencia. b. El matrimonio: Vico afirma que la primera sociedad humana amparada por la religión, es el matrimonio, el cual se presenta como el origen de los linajes. Como resultado de este primer principio los hombres comenzaron a comunicarse entre sí. Las mujeres adoptaron la religión civil de sus maridos y los dioses particulares de cada padre; al unirse las parentelas, fueron llamados Divi parentum (estos fueron los dioses de cada gens). La unión de varias gens originó, con posterioridad, la aparición de las primeras ciudades y, entonces, los dioses de los padres trocaron en Divi Patri, los dioses de la Patria. Vico emplea el término nación haciendo referencia a un origen biológico común; se conocieron unas a otras mediante guerras, alianzas o la práctica del comercio, y así surgieron, los dioses comunes a todo el género humano. Como podemos ver, la percepción de lo divino en Vico va a la par de la evolución del derecho. c. Finalmente, el tercer principio de la Humanidad, es la sepultura de los difuntos. En este contexto, los muertos aparecen como protagonistas esenciales de la historia humana. Una vez establecidas las familias, los linajes y las distintas relaciones sociales, aparecerán los muertos. Allí encuentra Vico la etimología de hombre, en el verbo latino humare, en italiano seppelire: enterrar, sepultar. Así se origina la ciencia de las cosas divinas y humanas. 11 Cfr. VICO, op. cit., p. 18-19. 7 Vico parte de estos tres principios para llevar a cabo su estudio de la historia del desenvolvimiento de la vida de las naciones. Consideró la religión -Providencia como él suele llamarla-, sus leyes y su evolución: divina, heroica y humana, lo que lo llevará a formular su postulado histórico triádico: edad de los dioses, edad de los héroes y edad de los hombres: tres tipos de a priori históricos, tres tipos de derechos, tres edades y tres tipos de lenguajes; el número tres es constante en Vico. Podemos ver en ello una referencia al simbolismo tradicional y a las posibles tríadas: Padre, Hijo y Espíritu Santo; cielo, hombre y tierra; spiritus, anima y corpus; Deus, homo y Natura; azufre, mercurio y sal; Providencia, voluntad y destino; hasta el mismo tiempo es triple (en sánscrito trikâla): pasado, presente y futuro. En síntesis: Vico toma el ternario -uno de los simbolismo más importantes de la ciencia sagrada- y lo vuelca en su teoría. Cabría preguntarse, aquí, si esto obedece y en qué medida a que Vico sea fiel a una línea de pensamiento tradicional o constituye, en cambio, una desviación respecto del mismo, que podemos advertir en Bacon (una de sus fuentes) cuando afirma que los tres términos, Deus, Homo y Natura, constituyen tres objetos de conocimiento distintos, a los que corresponde las grandes divisiones de la filosofía; en Hegel, con el triple recorrido del Espíritu en el tiempo; en Comte, con la ley de los tres estadios y en el mismo Marx con su periodización de la historia en tres modos diversos de producción (el esclavista, el feudal y el capitalista). 4. Una concepción cíclica del tiempo. De la forma triádica de exponer sus teorías surge también la concepción cíclica del tiempo en Vico; plantea que la vida social reproduce los períodos de la vida individual: infancia, adolescencia, madurez, estableciendo para cada pueblo tres fases: a. la edad divina (infancia de la humanidad) cuando el Estado no existe todavía y los hombres no hacen más que salir del estado primitivo; b. la edad heroica (adolescencia de la humanidad) en que se constituye el Estado (época de las repúblicas aristocráticas de Grecia y de Roma, principio del feudalismo occidental); y c. la edad humana (madurez de la humanidad) que es el reino de la democracia, de la igualdad cívica y política, del florecimiento de las ciencias. Luego la “madurez” se transforma en “vejez” y se opera la degradación, el retorno al estado primitivo, y se repite el ciclo12. 12 El Padre Henri de Lubac ha pretendido vincular estas líneas del pensar moderno no con el simbolismo de una ciencia sagrada sino unilateralmente con las ideas del monje calabrés Joaquín de Fiore, recopiladas y publicadas por su discípulo Gerardo de Borgo San Donnino bajo el título de Introducción al Evangelio Eterno en 1250. Recordemos que Joaquín dividía a la historia universal en tres períodos: la edad del Padre, la edad del Hijo y la edad del Espíritu Santo, fin (como telos) de la historia. V. DE LUBAC, Henri, El legado espiritual de Joaquín de Fiore, Ediciones Encuentro, Barcelona, 1989. 8 Conforme este esquema, las naciones comienzan con la “edad de los dioses”, o “edad divina” (etá degli Dei). Aquí los dioses mandan y, por lo tanto, interesa saber qué es lo que tienen que decir (papel fundamental de los padres, que eran a su vez sacerdotes) o divinari (Abraham, los patres romanos). La segunda edad es la de los caudillos guerreros o “edad heroica” (età degli Eroi), héroes fundadores de repúblicas (principio del primus inter pares o repúblicas aristocráticas: Roma antes de las guerras o Venecia con su Dux). Esta edad también nos recuerda a aquella época heroica griega, donde regía la areté propia de los poemas homéricos. La tercera edad, la de los hombres o “edad humana” (età degli Uomini), es la de las repúblicas populares, inestables y efímeras, caracterizadas por las luchas intestinas y que terminan en la monarquía ilustrada (gobierno humano por excelencia) o se disuelven, como Polonia. A su vez, a la primera edad le corresponde una lengua sacra, lengua muda por jeroglíficos, que sólo era conocida por los nobles e ignorada por la plebe y a la cual Homero considera más antigua que la suya. Esta lengua era interpretada como divina y con ella se forjaron las primeras leyes que dieron a las primeras naciones gobiernos aristocráticos. Todavía hoy perdura, señala Vico, pero reducida a lengua de las armas: enseñas y banderas (heráldica, ciencia del blasón y de las medallas). Con posterioridad se forjaron las hablas locales, las que incrementaron los vocabularios (con lo cual se adiestró la mente humana). La segunda de las lenguas es la simbólica, por metáforas, la lengua heroica por excelencia. Pero, por sobre las ruinas del derecho natural de gentes de la etapa heróica, se forjará el derecho natural de las gentes humanas -el de la igualdad de la razón, según Ulpiano-, en el cual obtenían igualdad de derechos los plebeyos, considerados de una especie distinta a la humana –“circunstancia que aturde”, señala Vico- durante la edad heroica. Por lo que resulta comprensible que los débiles sean los primeros interesados en la existencia de las leyes, para resguardar sus derechos y darle certeza a las normas. De esta conjunción entre utilidad y necesidad surge este último tipo de derecho. Con él, las multitudes se convierten en señoras de las lenguas, sea bajo la especie de repúblicas populares o bajo la forma de la monarquía. De esta manera, Vico pretende probar que la monarquía es la forma última de las naciones y aquella en la cual se detiene un ciclo histórico. Este tercer tipo de lengua es llamado por Vico “epistolar” o vulgar y se emplea en los usos corrientes de la vida. Formuladas estas consideraciones sobre el derecho y el lenguaje, Vico presenta finalmente su diseño de historia ideal eterna, sobre la cual discurren en el tiempo las historias particulares de todas las naciones. Fuentes de esta nueva ciencia de la historia ideal son: 1. la filosofía, que se ocupa de la verdad; y 9 2. la filología, que se ocupa de lo cierto, es decir de aquello que ha producido la teología, la jurisprudencia y el lenguaje (nueva arte crítica, la llamará Vico). En esta fórmula encontramos la raíz neoplatónica de Vico. En efecto, éste piensa que existiría una estructura ideal del desenvolvimiento de las naciones en el tiempo. Vico quiere demostrar que el ámbito de las naciones es tan racional como el de los triángulos o el de la caída de los cuerpos. De esta manera, las naciones han evolucionado en una uniformidad constante a través de los tres tipos de derechos correspondientes a las tres épocas y lenguas. El tiempo de las naciones discurre, de esta manera, como una imagen móvil del modelo ideal eterno que Vico ha descubierto merced a la Ciencia Nueva. En efecto, el tiempo de Vico es reversible, este corso del espíritu humano no excluye el retroceso (el ricorso). Entonces los tiempos de los bárbaros pueden retornar y a la civilización antigua (Monarquía) le sigue la Edad Media y nuevamente la poesía que caracteriza toda edad felina (Dante). 5. Conclusión. Si le pudiéramos preguntar a Vico cuál era la ciencia que estaba descubriendo, probablemente nos hubiera dicho: “la de la naturaleza común de las naciones” o la de “los principios de la humanidad”. Pero resulta que los términos “naturaleza”, “naciones” y “principios”, tienen sendos significados filológicos o, en un sentido más amplio, históricos. No estaremos muy equivocados si, en una primera aproximación, entendemos que Vico proclama que su nueva ciencia es la ciencia de la historia, ya que la historia, para la época de Vico, no era considerada una ciencia, sino todo lo contrario: mientras que el conocimiento científico es conocimiento de lo universal y eterno, el conocimiento histórico es conocimiento de lo local y temporal, de particulares en sus momentos y lugares. Por eso, si bien ya existían para ese entonces grandes historiadores, la historia no figuraba en las currículos de la enseñanza superior, en la que si bien se leían las obras escogidas de los grandes historiadores, se leían como prosa literaria, en cursos impartidos por retóricos, y no por historiadores13. Vico se levanta contra el paradigma de su época y si bien no tuvo eco suficiente en su tiempo fue, acaso, porque no se habían acumulado aún suficientes anomalías que permitieran, en términos de Louis Althusser, posibilitar una revolución científica que organizase una nueva matriz disciplinar. Pero sentó las semillas para ello y estas germinarán en el pensar histórico moderno de Hegel, pasando por Marx, en adelante. 13 V. Introducción de Max Fisch a la trad. al castellano de José Carner en: VICO, Giambattista, Principios de una ciencia nueva: en torno a la naturaleza común de las naciones, Fondo de Cultura Económica, México, 2006. 10 Vico se presenta, de esta manera, como el hombre que se levanta contra su propio tiempo y contra todo lo que aquél había consagrado como saber académico. Ya desde esta VII Oración su propósito será el de encontrar un nuevo método de las ciencias, en sus propios términos una “nueva ciencia”. Es, asimismo, el padre de una nueva visión del papel del mito, de los rituales y del lenguaje14. Hoy, pasados par de siglos después de su muerte, podemos advertir que Vico tenía razón, pues había hecho un genial hallazgo, que justificó la forma en la que había titulado su obra. Verdaderamente había descubierto una ciencia nueva, la filosofía de la historia15. BIBLIOGRAFIA. ÁLVAREZ LEGUIZAMÓN, Sonia; ARIAS, Ana; MUÑIZ TERRA, Leticia, (coords.), Estudios sobre la estructural social en la argentina contemporánea, CLACSO, Buenos Aires, 2016. BERLIN, Isaiah, Contra la Corriente. Ensayos sobre la historia de las ideas, Fondo de Cultura Económica, México, 2006. , “Giambattista Vico”, Cuadernos sobre Vico 11-12 (1999-2000), disponible en: http://institucional.us.es/revistas/vico/vol.11-12/1.pdf (último acceso” 13/06/2020). CARPIO, Adolfo, Principios de Filosofía. Una introducción a su problemática, Glauco, Buenos Aires, 2004. 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