TABLE OF CONTENTS Introducción 1. El análisis cerámico en la arqueología colombiana 2. Clasificación y caracterización 3. El origen, construcción y alcance del presente manual* Consideraciones previas Capítulo 1. Fabricación de la cerámica 1.1 Las materias primas 1.2 Técnicas de manufactura 1.3 Modelado secundario: las superficies 1.4 Modelado terciario: la decoración 1.5 Secado 1.6 Cocción Capítulo 2. El desgrasante 2.1 Textura 2.3 Identificación de las inclusiones 2.4 Dureza Capítulo 3. Forma y función 3.1 Partes de una vasija 3.2 Determinación de la forma 3.3 Determinación de la función Capítulo 4. Color y decoración 4.1 Caracterización del color 4.2 Decoración Capítulo 5. Grosor de las paredes Glosario de formas cerámicas Anexo 1. Anexo 2. Referencias Créditos de las figuras MÉTODOS PARA LA CARACTERIZACIÓN DE LA CERÁMICA ARQUEOLÓGICA Por: Pedro María Argüello García UPTC Anexos técnicos: Alberto Sarcina Ingrid Yoryeth Bastidas Pedreros Ángela María Bacca Jennifer Andrea Gutiérrez Torres CerArCo y la colaboración de: Juliana Campuzano Botero CerArCo-ICANH Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia 2021 Métodos para la caracterización de la cerámica arqueológica / Methods for Archaeological Ceramics Analysis / Argüello García, Pedro María. Tunja: Editorial UPTC, 2021. 192 p. ISBN 978-958-660-581-6 ISBN Digital 978-958-660-582-3 1. Cerámica Arqueológica. 2. Arqueología. 3. Análisis de Laboratorio-Arqueología. 4. Arqueología-Métodos. 5. Análisis cerámico. 6. Arqueología colombiana. (Dewey 930.1 /21) (Thema NK - Arqueología) Primera Edición, 2021 200 ejemplares (impresos) Métodos para la caracterización de la cerámica arqueológica Methods for Archaeological Ceramics Analysis ISBN 978-958-660-581-6 ISBN Digital 978-958-660-582-3 Colección Académica UPTC N.° 47 Proceso de arbitraje doble ciego Recepción: junio de 2020 Aprobación: agosto de 2020 © Pedro María Argüello García, 2021 © Alberto Sarcina, 2021 © Ingrid Yoryeth Bastidas Pedreros, 2021 © Ángela María Bacca, 2021 © Jennifer Andrea Gutiérrez Torres, 2021 © Juliana Campuzano Botero, 2021 © Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia, 2021 Editorial UPTC Edificio Administrativo – Piso 4 Avenida Central del Norte 39-115, Tunja, Boyacá [email protected] www.uptc.edu.co Rector UPTC Óscar Hernán Ramírez Comité Editorial Manuel Humberto Restrepo Domínguez, Ph. D. Enrique Vera López, Ph. D. Yolima Bolívar Suárez, Mg. Sandra Gabriela Numpaque Piracoca, Mg. Óscar Pulido Cortés, Ph. D. Edgar Nelson López López, Mg. Zaida Zarely Ojeda Pérez, Ph. D. Carlos Mauricio Moreno Téllez, Ph. D. Editora en Jefe: Lida Esperanza Riscanevo Espitia, Ph. D. Coordinadora Editorial: Andrea María Numpaque Acosta, Mg. Corrección de Estilo Martha Liliana Álvarez Ayala Diseño de Carátula Diego Martínez Célis, con imágenes de Alberto Sarcina e Ingrid Yoryeth Bastidas Libro financiado por la Dirección de Investigaciones de la UPTC. Se permite la reproducción parcial o total, con la autorización expresa de los titulares del derecho de autor. Este libro es registrado en Depósito Legal, según lo establecido en la Ley 44 de 1993, el Decreto 460 de 16 de marzo de 1995, el Decreto 2150 de 1995 y el Decreto 358 de 2000. Citar este libro / Cite this book Arguello García, P. (2021). Métodos para la caracterización de la cerámica arqueológica. Tunja: Editorial UPTC. doi: https://doi.org/10.19053/9789586605816 A Juliana, quien me llenó la vida de vasijas de plástico (tarros)... Resumen Esta obra reúne un conjunto de técnicas para la caracterización de la cerámica arqueológica en laboratorio. Se basa en la premisa según la cual cualquier estudiante de Arqueología debería ser capaz de llevar a cabo una descripción detallada, estandarizada y de alto nivel técnico de la cerámica arqueológica, sin la necesaria asistencia de un tutor y con el uso de herramientas sencillas y fácilmente asequibles. Provee una serie de términos técnicos útiles en la descripción de la cerámica arqueológica, explicados a la luz de su proceso de manufactura. Incluye anexos técnicos donde se muestra el paso a paso para el dibujo arqueológico e ilustraciones que facilitan la comprensión de las definiciones utilizadas a través del texto. Palabras clave: Cerámica Arqueológica; Arqueología; Análisis de Laboratorio-Arqueología; Arqueología-Métodos; Análisis cerámico; Arqueología colombiana. Abstract This handbook get together some methods for the analysis of archaeological ceramics in the Laboratory. It is built on the premise that every archaeological student must be able to accomplish a detailed, standardized and high-quality description of the archaeological ceramics, without the necessary assistance of a tutor and through the use of simple and easily accessible tools. Based on the manufacture process the Handbook provides technical definitions useful for the description of archaeological ceramics. Includes technical appendixes of the step-by-step drawing of archaeological ceramics. Profusely illustrated to assist the comprehension of the different concepts provided through the text. Keywords: Archaeological ceramics; Archaeology; Laboratory analysis-Archaeology; Archaeology-Handbooks; Pottery Analysis; Colombian Archaeology. CONTENIDO Introducción 1. El análisis cerámico en la arqueología colombiana 2. Clasificación y caracterización 3. El origen, construcción y alcance del presente manual Consideraciones previas Capítulo 1. Fabricación de la cerámica 1.1 Las materias primas 1.2 Técnicas de manufactura 1.3 Modelado secundario: las superficies 1.4 Modelado terciario: la decoración 1.5 Secado 1.6 Cocción Capítulo 2. El desgrasante 2.1 Textura 2.3 Identificación de las inclusiones 2.4 Dureza Capítulo 3. Forma y función 3.1 Partes de una vasija 3.2 Determinación de la forma 3.3 Determinación de la función Capítulo 4. Color y decoración 4.1 Caracterización del color 4.2 Decoración Capítulo 5. Grosor de las paredes Glosario de formas cerámicas Anexo 1. Anexo 2. Créditos de las figuras INTRODUCCIÓN 1. El análisis cerámico en la arqueología colombiana Tanto la naturaleza de su registro arqueológico como las tradiciones investigativas en que se enmarca su arqueología han derivado en que sea la cerámica el objeto arqueológico que más atención ha recibido en Colombia. La relativa facilidad con que se consigue la arcilla y los antiplásticos y la disposición natural de la arcilla para ser transformada permitió que las sociedades prehispánicas hicieran uso recurrente y extensivo de ella. La durabilidad de la cerámica hace de ella el material arqueológico más comúnmente colectado en las excavaciones arqueológicas. Salvo los estudios que se enfocan de forma casi exclusiva en otros objetos arqueológicos, como los artefactos líticos, los restos paleobotánicos u osteológicos, la mayoría de textos sobre arqueología en Colombia tiene un importante componente dedicado a la cerámica. Una rápida revisión de las publicaciones que se han producido desde la época de la institucionalización y consolidación de la arqueología en Colombia (después de la década de los treinta del siglo XX) muestra la posición privilegiada que ha tenido la cerámica en tanto que ha sido el objeto no solo más colectado y estudiado sino también a partir del cual se han llevado a cabo el mayor número de inferencias sobre el pasado prehispánico. La revisión de los textos arqueológicos producidos en Colombia entre 1800 y 1962, muestra cómo la cerámica paulatinamente se convirtió en el objeto arqueológico más relevante (Jaramillo y Oyuela-Caycedo, 1995, Tabla 3). El desarrollo de la tradición investigativa que generalmente se denomina arqueología histórico-cultural en Norteamérica transitó de la mano de la implementación de técnicas analíticas preponderantemente enfocadas en la cerámica. Por citar el caso más conocido, el método de seriación, fue desarrollado y extensivamente utilizado para datar sitios con cerámica (Ford, 1962). Dado que fue este tipo de arqueología la que primero se implantó en Colombia, y que de cierta manera ella sigue siendo parte fundamental de la práctica arqueológica en el país, es natural que los métodos de análisis propios de la arqueología histórico-cultural sean los más recurrentemente utilizados y que como consecuencia sea la cerámica el objeto que más atención recibe. No obstante, el que la cerámica sea el objeto arqueológico al que más atención se le ha prestado no necesariamente se traduce en que sea el objeto arqueológico mejor o más cuidadosamente estudiado. Pueden existir varias razones para comprender esta situación, pero considero que existen dos que revisten mayor preponderancia y merecen ser explicadas en detalle. En primer lugar, está la separación de buena parte del análisis cerámico de aquello que coloquialmente se denomina “análisis especializado en arqueología”. Exceptuando la aplicación de técnicas como el análisis de secciones delgadas, se considera que el estudio de los materiales cerámicos no es especializado. Más allá de una posible discusión bizantina sobre el carácter de lo “especializado”, la no inclusión de la cerámica en dicho lugar privilegiado derivó en la peor forma de no-especialización, caracterizada por la falta de rigor, la carencia de lógica, criterios explícitos o congruencia en el análisis. De forma paralela, por ejemplo, cuando los arqueólogos acuden a sus colegas antropólogos físicos porque hallaron restos óseos humanos, el capítulo dedicado a su descripción usualmente inicia con un aparte que informa cómo se analizó y cuáles fueron los referentes del análisis, algo que rara vez se encuentra al inicio del capítulo dedicado a la cerámica. En el tiempo reciente, los arqueólogos dedicados a proyectos de rescate, sub-contratan especialistas en varios tipos de materiales arqueológicos para que de forma independiente realicen los consecuentes análisis, incluso para los artefactos líticos, pero rara vez lo hacen para la cerámica. Una segunda razón se encuentra en el hecho de que cuando se recurre a alguno de los “análisis especializados” es porque se tiene claro qué es lo que con él se pretende. Por ejemplo, si se solicita un análisis de secciones delgadas es porque seguramente existe un interés concreto en comprender aspectos relacionados con la proveniencia de la cerámica. Pero con el análisis cerámico no-especializado pareciera que no necesariamente se tiene claro para qué se hace. Una importante proporción de los proyectos de arqueología de rescate son buena muestra de ello. En dichos informes es posible observar un capítulo de análisis cerámico que en pocas ocasiones hace explícitos los criterios de clasificación y en aun menos ocasiones explica cómo el análisis cerámico contribuye a entender algo, como sí lo haría para nuestro ejemplo un análisis de secciones delgadas. Resumiendo, se ha confundido la innecesaria “especialización” para abordar el análisis cerámico con la falta de un programa de estudio riguroso del material cerámico. La omnipresencia de la cerámica en las excavaciones arqueológicas en Colombia en lugar de propiciar el estudio riguroso de ella ha derivado en la estandarización de prácticas sin rigor, sin objetivos claros, y en no pocas ocasiones simplemente erróneas. Durante años, he preguntado a arqueólogos de distintas generaciones (aclaro, aquellos que se formaron como tal en las carreras de antropología o arqueología, no los que se convirtieron a la arqueología para conseguir trabajo) la forma como ellos aprendieron a analizar la cerámica y en general de cómo fueron preparados para abordar aspectos técnicos en el laboratorio de arqueología. La respuesta más común es que dichos procedimientos fueron aprendidos por vía de la tradición oral de la mano de un tutor, casi siempre el director del trabajo de grado, y después reproducidos ad infinitum. Así las cosas, el estudiante de pregrado frecuentemente seguía (sigue) los parámetros del arqueólogo director de tesis o de la investigación en que participaba, y de forma acumulativa aprendía los procedimientos que después replicará como profesional con la cerámica de otros sitios arqueológicos. Esta práctica conlleva ciertas implicaciones: a. La repetición acrítica de los procedimientos; b. La falta de comprensión del fundamento de muchos de ellos; c. La naturalización y supuesta estandarización de criterios clasificatorios que se convierten en prácticas transversales aun cuando las preguntas de investigación sean diversas; d. La mayor posibilidad de error en el tratamiento de los datos como producto de la falta de conocimiento conceptual. Como resultado de lo anterior, en la producción arqueológica colombiana es posible observar un conjunto de criterios clasificatorios para la cerámica que en principio aparece como altamente estandarizado, universal. Aunque en la mayoría de textos no se hace claridad acerca del origen de dichos criterios (lo que denomino naturalización) es posible encontrar una fuerte afinidad con la propuesta de análisis hecha por Betty Meggers y Clifford Evans (1969) en el muy conocido libro (conocido por los arqueólogos formados hasta la década de los noventa del siglo XX): “Cómo interpretar el lenguaje de los tiestos”1. Este texto buscó precisamente eso, definir unos elementos mínimos para la caracterización cerámica y, con base en ellos, elaborar tipologías. Una lectura del mismo permite adscribir dicha propuesta dentro de los postulados propios de la denominada arqueología histórico-cultural, lo que significa que los criterios establecidos están en consonancia con la búsqueda de unidades diferenciadas que permitan establecer culturas arqueológicas y explicar el cambio cerámico a partir de la migración y la difusión. Situar histórica y teóricamente el texto de Meggers y Evans, y por ende su propuesta de análisis cerámico, debería permitir por lo menos una de estas actuaciones: 1. Ser adoptada como mecanismo para la explicación desde una perspectiva históricocultural; 2. Ser evaluada y confrontada desde otras perspectivas teóricas y como resultado de tal ejercicio rescatar los elementos transversales que puedan ser útiles; 3. Ser simplemente descartada en caso que la anterior evaluación mostrara la inoperancia o falta de concordancia con los criterios que guían un investigación particular, y de manera consecuente proceder a formular nuevos criterios analíticos. Ninguna de las tres opciones se ha dado. Solamente se han seguido los parámetros de la construcción tipológica aun en trabajos arqueológicos que dicen no seguir la perspectiva histórico-cultural (con lo cual ni siquiera la alternativa 1 se cumple). En casos aun peores, los criterios de Meggers y Evans, que de todas maneras son rigurosos, ni siquiera son implementados de forma juiciosa. Es este el caso de la nominación tipológica que tantas dificultades ha generado en la arqueología de ciertas regiones de Colombia. El texto de Meggers y Evans es por ende un claro ejemplo de lo que ocurre con el tratamiento cerámico en buena parte de la arqueología colombiana: los arqueólogos lo están aplicando sin realizar una lectura crítica del mismo o incluso sin conocerlo. La construcción tipológica se entiende pues como un procedimiento lógico y connatural a la arqueología que no amerita el análisis de sus fundamentos. De todas formas, el hecho de que existiera un manual que instruyera sobre la construcción de tipos cerámicos indica la preponderancia que el tema tenía para los arqueólogos en aquella época, lo que se traducía en cierto grado de atención al análisis cerámico, el cual, a la luz de los intereses actuales puede incluso parecer excesivo. Como resultado de las nuevas corrientes teóricas provenientes sobre todo de Norteamérica, y también como reacción a la tendencia descriptiva que imperaba en buena parte de la arqueología colombiana, los intereses académicos fueron virando hacia la adopción de estrategias orientadas más a la resolución de problemas de investigación que al estudio de los objetos arqueológicos por derecho propio. De allí que el deber ser de la práctica arqueológica iniciara un tránsito desde el trabajo de campo y laboratorio hacia la discusión por los fundamentos mismos del quehacer arqueológico. Como resultado, se ha ido constituyendo cierta disyuntiva, producto de la ruptura generada por la arqueología procesual y su llamado a ser más científicos y más antropólogos, y es la tendencia a la jerarquización de las labores de los arqueólogos. Las apasionantes discusiones teóricas fueron descentrando progresivamente las tareas de campo y laboratorio, las cuales ya no se consideraron de la misma importancia. Los textos que se ocupan de la descripción de materiales arqueológicos no parecen tener ahora el status de aquellos dedicados a la teoría, lo que significa que quienes se preocupan por dichos temas son relegados a ser arqueólogos de segunda clase. Piénsese por un momento si el tratado de tiestología por excelencia, escrito por nadie menos que Gerardo Reichel-Dolmatoff (1991),y profusamente utilizado por todos los proyectos de arqueología de la costa norte de Colombia, sería hoy considerado por una editorial universitaria para su publicación. Mario Consens (2004, p. 154) retrata de manera excepcional y ubica esta situación dentro del marco de alguna tendencia de la arqueología sudamericana, influenciada por el posprocesualismo, y que no solo rechaza el uso de las denominadas ciencias duras sino que lo desacredita: En realidad, esto se inicia en el propio perfil de los aspirantes a arqueólogos, que optan por escabullirse antes que enfrentarse a tales disciplinas “duras”. Hay también un rechazo a las tareas de laboratorio. A pasar prolongadas horas en ambientes cerrados y en tareas iterativas, las cuales se consideran propias de principiantes. Que apenas son los “lava piezas”. Por lo cual el laboratorio es percibido como una etapa de bajo nivel técnico y profesional. Este fenómeno es patente en Colombia, donde cada vez es menos importante el estudio de procedimientos de análisis de materiales arqueológicos, los cuales son observados más como una rutina, muchas veces encargada a arqueólogos o estudiantes de arqueología con menor preparación, a veces odiosa, pero en todo caso necesaria. La fase de laboratorio es finalmente vista por el arqueólogo como una tarea obligatoria que entre más rápido se cumpla menos traumático hará el proceso. Todo esto se traduce en ligereza y manipulación indebida de la evidencia arqueológica. El excesivo espacio o atención a lo que en términos coloquiales se ha dado en llamar tiestología y que produjo en el pasado abundante bibliografía con detalladas descripciones sobre la cerámica de las regiones ha dado paso a consideraciones cada vez menos atentas al registro arqueológico, aun a pesar de pretender explicarlo2. El mayor interés por asuntos teóricos, que definitivamente es un indicador de avance y madurez de la arqueología colombiana, no puede seguirse haciendo a expensas de la atención sobre los datos que soportan las teorías. Si los datos no son analizados concienzudamente podrán ser sujetos a cualquier explicación, lo que en últimas anulará cualquier proceso de reflexión teórica serio. En otras palabras, no se puede olvidar que al interior de una ciencia como la arqueología es el tratamiento del registro arqueológico lo que permite verificar o validar un (unos) determinados postulados teóricos. 2. Clasificación y caracterización En la década de los cincuenta del siglo XX, algunos arqueólogos norteamericanos se vieron envueltos en lo que desde esa época se conoce como el debate tipológico3. La discusión giró en torno a dos posturas respecto a la naturaleza de los tipos de artefactos arqueológicos. De una parte, estaban aquellos arqueólogos que abogaban por el entendimiento de los tipos como entidades objetivas, independientes del investigador, y que, por tanto, reflejaban la variabilidad o integridad derivada de las elecciones del alfarero, en particular, y del grupo cultural, en general. Dichos arqueólogos sostenían que la tipología era un procedimiento por el cual se podían descubrir patrones relacionados con las elecciones de los fabricantes de los artefactos, mediante el uso de técnicas tales como la estadística (Spaulding, 1953, véase una crítica a dichos planteamientos en: Bate, 1998, pp. 169-171). En el extremo opuesto está la postura que sostenía que los criterios de clasificación eran construcciones hechas por el investigador sin atención alguna al grado de ajuste de ellas con los criterios de diferenciación utilizados por el alfarero. Una postura intermedia reconocía algún grado de intervención del analista de los tipos, el arqueólogo, con relación a los diferentes niveles de abstracción, pero reconociendo una organización inherente a la cultura y por ende algún grado de ajuste entre las construcciones hechas por los investigadores y los patrones culturales (Ford, 1954). Dwiht Read (2007, pp. 26-31) ha mostrado que dichas posturas en realidad constituyen falsos puntos de partida. La primera opción, que finalmente decantó en la utilización de herramientas estadísticas para que fueran ellas las que con su asepsia descubrieran los elementos variables y los agrupara en tipos, se basa en la idea según la cual procedimientos tales como los análisis de conglomerados (cluster analysis) pueden identificar patrones de variación introducidos por los artesanos. De suerte que los arqueólogos deberían simplemente introducir tantas variables como sea posible para asegurar que el software realice la mejor elección. La falsa premisa es justamente esa, ya que es el arqueólogo quien debe determinar las razones por las cuales una variable es más útil que otra y qué aspectos pueden intervenir en la variación como punto de partida para su evaluación. De otra parte, imponer clasificaciones al simple capricho del investigador, sin intentar dar cuenta del proceso socio-cultural que dio origen a la variación, es otro falso punto de partida cuya inutilidad es patente. Basta con decir que ella olvida que uno de los objetivos de la arqueología está relacionado con conocer el pasado a través de los objetos, por lo que si tal pretensión es olvidada difícilmente se podrá justificar el interés por los objetos mismos. Con el pasar de los años, fue cada vez más evidente que la delimitación de tipos y procedimientos de clasificación de artefactos se relacionaban más con las elecciones del investigador que con el uso de técnicas cuya asepsia asegurara la eliminación de cualquier sesgo del presente. De tal manera que la clasificación fue definida como un proceso mental cuyo fin es construir categorías e incluir objetos dentro de ellas y la tipología un procedimiento de clasificación con miras a algún tipo de ordenamiento (Adams, 1986-1987, pp. 10-11). Paralelamente, también se fue decantando un cierto consenso respecto a que la implementación de técnicas de análisis rigurosas podría permitir visiones con algún grado de ajuste a las elecciones y uso de los artefactos en el pasado. En otras palabras, aunque se reconoce el proceso de construcción tipológica como un asunto que descansa en la elección del arqueólogo, y por tanto es arbitrario, se asume que este no puede estar muy alejado de los patrones de comportamiento que originaron la variabilidad que es posible constatar en el registro arqueológico4. En otras palabras, se acepta la existencia de una realidad externa al sujeto cognoscente que podría ser aprendida mediante la utilización de métodos científicos. Finalmente, y tal vez fue esa la conclusión más importante derivada del debate, la selección de algún grupo de elementos depende enteramente de los objetivos particulares de la investigación, por lo que las clasificaciones y tipologías, más que cualquier otra cosa, se ajustan a las preguntas y necesidades de ella, por lo que la clasificación no puede ser entendida como un fin en sí mismo (Rouse, 1960). Luis Felipe Bate (Bate, 1998, pp. 169-170) ha planteado con claridad dicha postura insistiendo que: Un requisito central a tener en cuenta al definir el procedimiento para formular una tipología u optar por un sistema tipológico de categorías ya establecidas para ordenar los materiales o contextos arqueológicos es haber definido con claridad los objetivos de la clasificación. No hay clasificaciones tipológicas que sean mejores o peores «en sí» ya que solo pueden ser evaluadas según su adecuación a los propósitos para los cuales se utiliza. Como se mencionó, la discusión acerca de los procedimientos de construcción de unidades de clasificación tuvo lugar en un trasfondo histórico-cultural, lo que significa que los arqueólogos de la época diseñaron estrategias encaminadas a utilizar la tipología como medio para resolver problemáticas relacionadas con el uso de los artefactos como marcadores espacio-temporales. A mediados de siglo XX, los investigadores norteamericanos ya disponían de un conjunto de atributos cuya variación podía ser tomada en cuenta en la medida que indicaba cambios culturales. Aspectos tales como el desgrasante, el tipo de acabado o tratamiento de la superficie, el color de la superficie, la cocción, la forma y la decoración fueron entendidos como marcadores válidos de la variación sociocultural gracias a la implementación de una definición normativa de la cultura que sostenía que los patrones culturales se reflejaban directamente en los objetos (Lyman y O’Brien, 2004). Los desarrollos posteriores en este campo tuvieron como objeto refinar las técnicas de análisis para cada uno de los mencionados atributos, tarea ampliamente facilitada por el diálogo creciente de los arqueólogos con investigadores provenientes de las ciencias exactas o naturales. De esta manera, se dio paso a una gran cantidad de estudios como por ejemplo aquellos que buscaban determinar con mayor precisión la temperatura de cocción, la resistencia de los materiales en relación con diferentes desgrasantes, entre otros (Schiffer, 1995). Aunque en ocasiones se pretende entender las posteriores corrientes teóricas en arqueología (procesual y posprocesual) como desarrollos completamente novedosos, es evidente que ellas aprovecharon ciertos acumulados y alcances de la arqueología ahora denominada tradicional. Este es el caso de buena parte de los procedimientos de abordaje de los materiales arqueológicos. Si bien se puede constatar el mayor grado de refinamiento en lo concerniente a las discusiones en el plano teórico y metodológico, es indudable que un conjunto de aspectos relacionados con el tratamiento de los materiales arqueológicos sigue siendo utilizado de la misma manera en que fue propuesto a comienzos del siglo XX. Lo que definitivamente ha cambiado es el uso y tratamiento que dichos aspectos reciben de acuerdo a la perspectiva teórica de la cual se parta. Es así que los arqueólogos inclinados hacia las posturas procesuales prefieren echar mano de atributos que variarían más en relación a aspectos ambientales, por ejemplo, la forma y función de las vasijas, mientras que los que optan por la perspectiva posprocesual se muestran interesados en los que indican elementos ideológicos y cognitivos, por ejemplo, la decoración (Hodder y Hutson, 2003). Una somera revisión de diferentes estudios contemporáneos muestra la recurrente presencia de ese mismo conjunto de atributos aun cuando se pretenda resolver preguntas diametralmente opuestas a aquellas de mediados de siglo XX5. Lo anterior tal vez explique por qué los arqueólogos actualmente no parezcan tan preocupados, como aquellos de mediados de siglo XX, por los criterios de análisis de artefactos. En cierta medida la arqueología histórico-cultural logró construir una fuerte base o punto de partida para la consideración de los objetos arqueológicos. Dicha base ha sido paulatinamente modificada en los fines, pero no en el contenido, razón por la cual es hoy posible encontrar que tanto arqueólogos inclinados hacia el procesualismo como aquellos que lo hacen hacia el posprocesualismo, puedan seguir analizando el material cerámico con base en un conjunto de atributos similar. Este fenómeno, donde a pesar de las diferencias teóricas se acude a un conjunto común de atributos, puede ser leído desde diferentes perspectivas. Aquí simplemente se entiende como el resultado de un acumulado, un ejercicio de decantación, donde un determinado tipo de conocimiento establece un marco de referencia a partir del cual dar cuenta de la materialidad de los objetos, una síntesis de las posibles miradas, que finalmente se traducen en la constitución de un canon estandarizado. Las anteriores anotaciones, además de justificar el análisis de los patrones de abordaje de los mencionados atributos, es el punto de partida para diferenciar clasificación de caracterización. Si se entiende clasificación como el procedimiento mediante el cual un conjunto de objetos es ordenado conforme a un criterio determinado, se deduce entonces que los criterios estarán irremediablemente atados a las preguntas, objetivos y teorías que guíen una investigación concreta (Chippindale, 2000). Lo que significa que es el arqueólogo quien define cuál de los rasgos y porqué es el que se constituye en el núcleo de su ordenamiento, en caso que este sea necesario. Lo anterior simplemente significa que no existen mejores o peores formas de clasificar cerámica, sino procedimientos que se ajustan bien o mal a problemáticas de investigación concretas6. Otra cosa es el manejo adecuado de los procedimientos de caracterización que se definen aquí como las prácticas aceptadas académicamente y que por ende manifiestan cierto grado de estandarización y fiabilidad (Ramenofsky y Steffen, 1998). Por ejemplo, un arqueólogo puede considerar necesario establecer la variabilidad en el color de la cerámica como criterio útil a sus necesidades investigativas, lo que hace parte del ejercicio de clasificación; pero lo ideal, en términos de caracterización, es que lleve a cabo el ejercicio mediante un instrumento estándar como es la descripción de colores de la Tabla Munsell. La utilización de procedimientos estandarizados conlleva un beneficio adicional y es que permite la utilización de la información por parte de otros investigadores, así como la revisión crítica del tratamiento dado a sus datos. Piénsese en lo poco útil que resulta a un investigador una descripción hecha con criterios ad hoc y donde además no se define que se entiende por cada cosa. Difícilmente alguien podrá alegar que es mejor una descripción de colores producida a partir de criterios emanados de las percepciones personales del investigador (azul cielo, verde aguacate, rojo mora) que aquella derivada de la Tabla Munsell. No obstante lo anterior, la adopción de procedimientos estandarizados no es un llamado a trabajar por siempre dentro de la seguridad y/o comodidad de los mismos. El hecho de que sean estandarizados significa que han sido probados y aplicados con relativo éxito en muchos casos, pero no significa que no sean susceptibles de ser reemplazados por unos mejores o más eficientes. El constante avance en diferentes campos de la ciencia brinda la oportunidad de percatarse de las dificultades y errores producto de la utilización de métodos estándar, aunque se requiere mucho más que eso para que los tradicionales sean abandonados. Para seguir con nuestro ejemplo, es posible llevar a cabo toda una crítica a la notación de colores realizada a partir de la Tabla Munsell (Orton y Hughes, 2013, pp. 157-158), pero las técnicas alternativas o bien se encuentran en fase experimental o bien no se encuentran a la mano de todos los investigadores, lo que impide en últimas su estandarización (véase por ejemplo, Giardino et al. [1998]). En resumen, la clasificación cerámica es un procedimiento que deriva, o es determinado por, la teoría arqueológica y por las preguntas concretas de investigación. Por esa razón el análisis de materiales, junto con otros aspectos tales como el tipo de yacimiento que se excava, están irremediablemente atado a la particularidad y necesidades de las investigaciones concretas o programas de investigación. La tipología, o criterios de ordenamiento de los materiales, no es de ninguna manera el descubrimiento de rasgos variables connaturales a los objetos sino una herramienta de análisis correlacionada a aquello que se quiere dilucidar. De otra parte, la caracterización toma como punto de partida el reconocimiento de un conjunto de rasgos (y la variación al interior de cada uno de ellos) que de forma estandarizada son aceptados como correlatos válidos o medios de acercamiento a un objeto determinado. La caracterización puede ser entendida como un conjunto de posibilidades de los cuales el arqueólogo toma aquella o aquellas que pueden ser útiles para su clasificación o construcción tipológica. Esto no quiere decir que la caracterización sea más objetiva o real que la clasificación, por el contrario, ella es el resultado de un cúmulo progresivo de formas de entender los objetos y la materialidad desde la perspectiva de la ciencia arqueológica. 3. El origen, construcción y alcance del presente manual*7 En 2006, mientras era profesor del Departamento de Antropología de la Universidad de Caldas, me fue asignado un curso denominado Laboratorio de Arqueología. La directriz para ese curso era la de entrenar a los estudiantes en lo concerniente al manejo de materiales arqueológicos. Mientras daba trámite al mencionado curso tuve la siguiente cadena de razonamientos: a. Que no tiene sentido enseñar a manejar materiales arqueológicos porque sí, o como si ellos fueran el centro de la práctica arqueológica, o como si la clasificación en sí misma tuviese alguna utilidad o fuera connatural a la arqueología. Para mí es claro que el locus de la arqueología no es el análisis de los materiales arqueológicos, aunque parte de la especificidad de la arqueología se deba precisamente al abordaje de los mismos. b. Lo anterior se podría resolver con un curso sobre teoría y metodología, que no era el objeto del curso. Persistía entonces el problema de cómo acercarse al tratamiento de los objetos arqueológicos en la práctica, en el laboratorio. c. La primera opción y tal vez la más simple era reproducir los procedimientos de aprendizaje y trasladar mis limitados conocimientos sobre cerámica a los alumnos. Esta aproximación me parecía una tarea tediosa y poco útil, en la medida que yo pretendía que el conocimiento no estuviera irremediablemente atado al conocimiento del profesor y, por tanto, que no estuviera ligado a la necesidad de la presencia física del mismo. Durante mi formación como antropólogo siempre me pareció un impedimento, más que una ventaja, tener que acudir a los seres humanos detrás de las tipologías, en la medida que muchas veces los textos no eran suficientemente claros. Como consecuencia, me di a la tarea de revisar los textos disponibles sobre clasificación cerámica. En este punto concluí que: 1. Existían pocos textos sobre el particular (algo que ha ido cambiando a la fecha 2020); 2. Algunos por su antigüedad eran difíciles de conseguir (Meggers y Evans, 1969; Shepard, 1976) o tuvieron una circulación restringida (Meggers y Evans, 1969; Rojas de Perdomo, 1975) (esto también ha ido cambiando con la incursión de Internet); 3. Muchos otros eran glosarios o diccionarios que sirven como texto de consulta pero no como herramienta pedagógica (Adames, 1982; Heras, 1992; Pérez y Mendoza, 2011; Rojas, 1993); 4. Otros tantos además estaban en inglés (Rice, 1987; 2005; Rye, 1981), lo que representa una limitación adicional para algunos estudiantes; 5. Otros contienen información relacionada con tecnologías cerámicas diferentes a las que se usaron en la época prehispánica en Colombia, lo que puede presentar información confusa para los estudiantes (García y Calvo, 2013; Leahy y Geake, 2019; Orton y Hughes, 2013; Orton et al., 1997); 6. Algunos otros, sobre todo los recientes, refieren a técnicas especializadas donde se requiere un entrenamiento específico y la utilización de laboratorios y materiales también especializados (Banning, 2000; Hunt, 2017). En resumen, no existía un texto que a mi manera de ver pudiera servir de guía para la caracterización de la cerámica en laboratorio, al menos en los términos que se requerían para el curso en cuestión. La información que me parecía pertinente en realidad estaba diseminada en distintos textos, por lo que un ejercicio de compilación podría ser muy útil. De otra parte, y a pesar de encontrar en unos y otros textos un grupo mínimo de características de la cerámica que son analizadas con procedimientos más o menos estandarizados es aún posible encontrar términos confusos o poco claros. El mejor ejemplo de ello es la distinción entre baño y engobe, tal y como se verá en el Capítulo 5. Estos aspectos fueron los que motivaron en principio la indagación de los procedimientos de caracterización de la cerámica lo que paulatinamente se fue decantando en una serie de talleres cuyo fin era brindar al estudiante de arqueología un conjunto de técnicas básicas sin la necesaria intervención del tutor. El proceso subsiguiente consistió en la compilación de una serie de procedimientos sobre caracterización. Una vez colectado un volumen importante de información el paso a seguir era darle un orden lógico. Afortunadamente tuve acceso al texto de Owen Rye (1981) y a su concepto de secuencia de producción, el cual, dicho sea de paso, es similar al de cadena operatoria utilizado en los análisis líticos78. No obstante, persistía el problema de cómo manejar la información de manera que pudiera hacerse operativa. La respuesta a esto fue que la mejor manera de entender los elementos y procesos relacionados con la cerámica era la réplica o experimentación. En consecuencia, se diseñaron una serie de talleres cuyo eje fue la cerámica elaborada por los mismos estudiantes. De esta manera, cada taller se componía de tres partes: en primer lugar, una serie de conceptos e información pertinente a cada tema; en segundo, un grupo de actividades; y finalmente, los productos esperados para cada uno de ellos. Entre los años 2007 y 2009 se sucedieron diferentes versiones que fueron puestas a prueba en el mencionado curso. Paralelamente, compartí el manual con algunos colegas y otros comenzaron a solicitarlo para usarlo como guía en sus trabajos de laboratorio. A cambio siempre les solicité que si encontraban algún error, inconsistencia o ambigüedad me la hicieran saber para así mejorar el texto. Algunos colegas se tomaron el trabajo seriamente y me enviaron correcciones, de otros aún espero que cumplan sus promesas. En algún punto advertí que la última versión del manual (2009) estaba siendo extensivamente utilizada en diferentes proyectos de arqueología, sobre todo preventiva. Incluso fui invitado por algunos proyectos para hacer talleres basados en este manual. Esta última experiencia me dio la oportunidad de revisitar el texto en su totalidad, advertir errores y ambigüedades y direccionar las actividades sin la necesidad de hacer réplicas y experimentación. Así las cosas, concluí que era posible publicar un manual sin los talleres originales, que difícilmente podrían ser replicados, por ejemplo, en un proyecto de arqueología preventiva, y que, aun así, continuaría prestando un servicio importante a los arqueólogos. Con estas ideas en mente, reescribí el texto con algunas nuevas ideas y lo actualicé y complementé con bibliografía reciente. Desde la construcción de la primera versión del manual fui consciente de la importancia de los dibujos como forma de facilitar la transmisión de una idea respecto a la descripción de la cerámica. Por ejemplo, es frecuente que en los textos de arqueología se presenten descripciones de decoraciones verdaderamente incomprensibles, que si llegan a ser reemplazadas o complementadas por un dibujo de la misma se hacen mucho más “digeribles”. Afortunadamente, cuando estaba preparando esta versión del manual establecimos una productiva alianza con el proyecto de Catálogo de Cerámica Arqueológica de Colombia (en adelante CerArCo), dirigido por Alberto Sarcina, del Grupo de Patrimonio del Instituto Colombiano de Antropología e Historia –ICANH–. Este proyecto, financiado por el ICANH y la Embajada de Suiza en Colombia, y el manual comparten varios objetivos y miradas, por lo cual fue muy fácil comprender que este manual se vería enormemente beneficiado por las imágenes y definiciones que dicho proyecto estaba construyendo. Adicionalmente, el manual pudo ser enormemente enriquecido con los anexos construidos por el equipo del Catálogo, consistente en una serie de indicaciones para el dibujo arqueológico a mano y digital. En fin, la integración de la información proveída por el Catálogo no solo mejoró la calidad técnica de los dibujos, sino que permitió adicionar una gran cantidad de información que definitivamente enriqueció este manual. Sea este el momento para agradecer a Alberto Sarcina por la decisión de sumarse a este proyecto y a Juliana Campuzano Botero por el trabajo de “enlace” con el equipo del proyecto CerArCo y la paciente tarea de seleccionar los dibujos para este texto. El eje de esta nueva versión continúa siendo la secuencia de producción, expuesta en el Capítulo 1. Dicha secuencia se convierte en el marco del cual se desprenden los sucesivos capítulos sobre el desgrasante, la forma-función, color y decoración y grosor. Se define la secuencia de producción de la cerámica como aquella que involucra los siguientes procedimientos: obtención de las materias primas, alistamiento, mezcla, manufactura, distribución, consumo y descarte (Rye, 1981, p. 3). Siguiendo al mencionado autor, dentro de dicha secuencia se encuentran algunas operaciones necesarias o esenciales y otras que no lo son (en la medida que no afectan la utilidad del producto resultante). En el primer grupo está la identificación, elección, extracción y transporte de las materias primas, su puesta a punto, la elaboración de la vasija, secado, cocción, uso y descarte. En el segundo grupo están algunos procedimientos relacionados con el acabado tales como el pulimento, la pintura y en general las diferentes formas de decoración. Como se puede observar, la caracterización con base en dicha secuencia asume, como punto de partida, que la producción de la cerámica está determinada por la función que se espera desempeñe. La adopción de la perspectiva descrita anteriormente tiene algunas implicaciones que se deben mencionar. En primer lugar, el manual hace énfasis en las vasijas, dejando de lado la descripción de otros elementos generalmente elaborados en arcilla tales como las figurinas, rodillos, sellos, instrumentos musicales o volantes de uso. Si bien algunos elementos aquí contemplados pueden ser de utilidad para su caracterización (descripción de desgrasante, color, textura), lo concerniente sobre todo a aspectos morfo-funcionales ameritan procedimientos diferentes que aquí no se exponen. En segundo lugar, los procedimientos descritos son aquellos que pueden ser llevados a cabo sin un equipo o conocimiento especializado y por ende de forma simple y a bajo costo. Actualmente se cuenta con una amplia variedad de análisis especializados tales como las secciones delgadas, análisis traza, observaciones microscópicas de restos de comida, análisis químicos para determinar colorantes, entre otros, que pueden coadyuvar a una mejor definición y resolución en aspectos tales como la materia prima y la función, pero que requieren no solo una importante inversión en dinero, sino la intervención de especialistas de otras áreas (una excelente introducción a todos estos nuevos análisis y su utilidad se encuentra en: Hunt, 2017). En este sentido, el objetivo del manual es que cualquier persona, sin muchas ideas previas respecto a los materiales arqueológicos pueda, al final, tener un conocimiento básico sobre su caracterización. En tercer lugar, el presente manual refiere casi exclusivamente a técnicas relacionadas con la cerámica prehispánica. Se sabe que un buen número de aspectos tradicionales continuaron vigentes no solo durante la época colonial sino incluso hasta la república (Ome, 2006; Therrien, 1996; Therrien et al., 2002) y el presente (Castellanos, 2004; 2007). Aspectos como la fabricación mediante torno y la cocción en horno, son brevemente explicados en razón a que, en una buena cantidad de yacimientos arqueológicos, se encuentran cerámicas no prehispánicas con las que de todas formas debe tratar el arqueólogo. En este sentido, este manual acoge la denominación establecida por Therrien et al. (2002), que denomina “cerámica de tradición indígena” a ese conjunto de técnicas de producción que imperaban al momento de la invasión española pero que no fueron completamente reemplazadas en el siglo XVI. En cuarto lugar, otros aspectos tales como el contexto también se relacionan con las especificidades de la investigación. Es posible que materiales arqueológicos provenientes de contextos funerarios puedan, o deban, recibir un tratamiento diferente a aquellos originados en contextos domésticos. Esta conclusión, debe ser el resultado del cruce de variables más que de la implementación de un procedimiento de caracterización. Otro aspecto que deberá ser estudiando, ya que altera en gran medida el carácter mismo de la información, es el grado de alteración producto de procesos postdeposicionales (Schiffer, 1995). La bibliografía sobre el particular es aún limitada y segmentaría, lo que traduce en la imposibilidad de contar con generalizaciones que, al fin de cuentas, son las que permiten la construcción de un manual. Estos análisis deberán hacerse en el futuro en contextos propiamente colombianos. En este sentido, los estudios etnoarqueológicos son y serán una herramienta invaluable (Castellanos, 2004; 2007; Osborn, 1979). Una última aclaración sobre el ámbito y “originalidad” de este manual. Debe ser absolutamente claro que el ejercicio que he hecho es de compilación más no de investigación. No se encontrará en las páginas siguientes una “nueva técnica” de caracterización cerámica o algo por el estilo. Lo que se encontrará es un conjunto de técnicas basadas en la información contenida en una importante cantidad de textos que se encuentran citados en las referencias. Como el lector “especializado” en cerámica podrá apreciar, existen algunos elementos originales y muy propios de este manual, pero no tiene mucho sentido aquí diferenciar qué cosas no se encuentran en otros textos. En la mayoría de los casos, conceptos, análisis y técnicas se repiten en uno y otro texto y no es mi intención citar en detalle todos los textos que originaron cada una de las frases del presente manual. Tampoco es mi intención debatir o corregir los errores o ambigüedades que se hallan en esos textos. Cuando existe un texto que de forma particular provee indicaciones o información sobre un tema particular se ha hecho la cita concreta para que ella sirva de guía para que el lector pueda profundizar tópicos de su interés. Por ende, espero que al final se comprenda que mi intención de compilar de forma ordenada un conjunto de técnicas para la caracterización es proveer una herramienta que reduce y simplifica el trabajo de los arqueólogos en laboratorio. Consideraciones previas Cada yacimiento arqueológico es único, así como los objetos obtenidos de él. La práctica arqueológica se caracteriza por destruir gran parte del objeto de estudio mientras lo analiza. Un yacimiento arqueológico no se puede ser re-excavado. Durante las fases posteriores a la excavación, se utilizan diferentes procedimientos por medio los cuales se “reconstruye” la situación de los objetos arqueológicos, pero el investigador debe ser consiente que su intento es parcializado y nunca podrá dar cuenta de un yacimiento en su totalidad; no solamente por las condiciones impuestas a la investigación misma (la disponibilidad presupuestal, el tiempo disponible para excavar, el grado de avance de las técnicas al alcance del arqueólogo) sino por las preguntas de investigación que han motivado la necesidad de excavar un yacimiento particular y que resultan en el tratamiento diferencial de los materiales. Lo anterior se resume en que las consideraciones y conclusiones emanadas del trabajo arqueológico son generalmente consideradas como los “datos” del yacimiento. Difícilmente un arqueólogo puede volver a revisar el material excavado y analizado con anterioridad por otro, lo que obliga al primero en confiar en los datos del segundo; en ese sentido, la arqueología mantiene un carácter acumulativo. Esta situación es especialmente evidente en lo referente al material cerámico. La aproximación tradicional a dicho objeto requiere o bien la construcción de tipologías o la adscripción del material de un nuevo yacimiento a los tipos previamente establecidos (Rouse, 1982, p. 45). Pero en los dos casos el procedimiento se basa en el reconocimiento de los conjuntos construidos por investigaciones previas. Como se puede observar, el punto de partida, y que subyace a toda esta práctica, es la confianza en el buen juicio de los colegas, en su honestidad y en el tratamiento responsable de los objetos arqueológicos. Cuando se analiza el material arqueológico procedente de un yacimiento difícilmente se hace sin atender, de una u otra manera, a las elaboraciones tipológicas producto de investigaciones anteriores. En algunos casos las construcciones previas serán cuestionadas, reorganizadas, revaluadas y descartadas, pero todas estas acciones parten de la confianza en la honestidad del investigador. A algunos lectores les parecerán estas aclaraciones verdades de Perogrullo que no requerirían mayor comentario. Sin embargo, aunque parezca sorprendente, en los pasillos de los congresos y reuniones de arqueólogos aún se escuchan casos de investigadores que manipulan la evidencia para hacerla “encajar” a sus “necesidades” (traslado de tiestos de nivel, ubicación de vasijas no excavadas por arqueólogos en tumbas excavadas por ellos, enterramiento de cerámica u otros objetos arqueológicos, eliminación de objetos de valor de los informes finales, traslado de material de un yacimiento a otro, entre otros). Algunos lectores pensarán que estas prácticas son de vieja data, propias de arqueólogos viejos. Nada más alejado de la realidad, la situación actual de la arqueología colombiana, mayoritariamente dedicada a la arqueología preventiva, muestra que algunas de esas prácticas persisten o incluso se potencializan en nuevos practicantes. Lo anterior parece una consideración más de carácter ético que científico, si es que se puede pensar que las dos pertenecen a dominios separados. Pero las circunstancias mencionadas son solamente aquellas en que podemos hacer referencia a la alteración intencional y mediocre de los arqueólogos, que por suerte es más la excepción que la regla. Sin embargo, otro grupo de problemas parte del descuido o poca atención al material arqueológico, lo cual es sumamente contradictorio en una ciencia tan profundamente ligada a la materialidad como es la arqueología. Si se deja de lado la manipulación malintencionada de los objetos arqueológicos, se puede hacer referencia a un grupo de cuidados mínimos que se deben tener respecto al material arqueológico desde el momento de su excavación, hasta su disposición final en una ceramoteca o colección de referencia. Cuidados que minimizan el riesgo de alteración de la evidencia y por ende de las conclusiones extraídas de ella. Tal como lo han advertido (Orton et al., 1997, p. 60): “Mucha de la información proporcionada por la cerámica dependerá de los métodos empleados para recogerla y del rigor con que se apliquen”. Nuevamente, muchas de estas observaciones parecerán triviales, tan obvias que seguramente no deberían merecer ser mencionadas. Sin embargo, considero que cualquier arqueólogo que las lea estará de acuerdo y probablemente recordará algún episodio donde dicha omisión ocurrió con mayores o menores tragedias para el desarrollo de su investigación. La primera consideración refiere al marco legal en el cual se inscribe la práctica arqueológica en Colombia y la forma como se entienden los objetos arqueológicos. Según la Constitución Política de Colombia (Arts. 63 y 72), la Ley General de la Cultura (Ley 397 de 1997) y Decretos reglamentarios (Decreto 833 de 2002), los objetos arqueológicos son propiedad de la Nación, lo cual conlleva ciertas implicaciones: 1. Cualquier intervención sobre el patrimonio arqueológico debe ser debidamente autorizada por el Instituto Colombiano de Antropología e Historia –ICANH–. Las intervenciones deben acogerse a los requerimientos y lineamientos emanados por esta entidad. 2. Los objetos recuperados como producto de la práctica arqueológica no se convierten en propiedad privada del arqueólogo, ni de las empresas. Tampoco lo es la información que se genere sobre ellos. 3. El arqueólogo debe disponer de un plan de manejo de los objetos arqueológicos encaminado a la conservación de los materiales durante la fase de análisis y que permita la adecuada disposición y salvaguarda una vez la investigación ha culminado. 4. El arqueólogo y/o la empresa es responsable del adecuado uso y manipulación de los objetos arqueológicos. Previamente a la fase de excavación, el arqueólogo debe diseñar un sistema de rotulación para el material colectado en campo. La rotulación debe ser suficientemente clara a cada uno de los miembros del equipo de excavación de manera que cada uno tenga seguridad respecto a qué, cómo y en qué momento marcar el material. La rotulación es consecuente con el diseño mismo del trabajo de campo. Cada uno de los objetos colectados debe ser referenciado, es decir, al final de la excavación debe ser posible saber exactamente de dónde proviene cada objeto. Como bien lo plantean (Domingo et al., 2015, p. 208): “los restos arqueológicos no tienen ningún valor si no sabemos de dónde proceden”. Para ello, tres recomendaciones: a. Marcar siempre claramente; b. Con un material que no se corroa al contacto con elementos tales como el agua o la tierra; c. Utilizar para el embalaje de los objetos bolsas suficientemente resistentes y de tamaño adecuado. Cuando se trate de una investigación que contemple varias fases de campo y la probable rotación de personal será útil incluir en la rotulación la fecha o número de temporada de campo, el nombre de la persona a cargo y el lugar de excavación o consecutivo dado a cada sitio. En todo caso, el diario de campo se convierte en una herramienta fundamental donde se puede consignar cualquier información que el excavador considere pertinente. El proceso de lavado del material debe hacerse solo en condiciones que permitan: a. La disposición del material en lugares donde se asegure su secado; b. La seguridad de que no se va a mezclar; c. El tiempo de secado requerido. La forma como se lava el material depende en ocasiones del material mismo, pero en otras de los análisis que se pretendan hacer (lo que otra vez recuerda que la manipulación de los objetos está estrechamente ligada a las preguntas de investigación). Respecto al primer condicionante, es evidente que materiales altamente friables deben ser lavados rápidamente (poco tiempo de contacto con el agua) y con elementos poco corrosivos (a veces únicamente con los dedos). Sobre el segundo condicionante, si se pretende practicar algún análisis particular puede ser necesario no lavar el material (por ejemplo, si se quieren recuperar micro-restos de la cerámica o hacer análisis traceológico sobre artefactos líticos). Una vez en el laboratorio, la cerámica limpia generalmente se marca con la misma rotulación que se ha asignado en campo. Idealmente, se aplica una capa de esmalte que genera una superficie lisa sobre la cual se escribe el código con tinta china. Cuando la cerámica es de color oscuro se puede reemplazar el esmalte por corrector líquido blanco. Este código se sella con una capa de esmalte transparente. Hasta donde sea posible se debe marcar la capa interna del tiesto, buscando la proporcionalidad entre la discreción y la legibilidad. No se debería marcar sobre un elemento diagnóstico como la decoración. Una vez el material ha sido debidamente marcado se puede proceder a su análisis tal y como se indica en el presente manual. Otras indicaciones sobre el manejo de los materiales arqueológicos desde el proceso de excavación e incluso consideraciones previas al trabajo de campo pueden encontrarse en los textos de Joukowsky (1980), Orton et al. (1997), Domingo et al. (2015); y en manuales básicos de arqueología (Renfrew y Bahn, 2008). Antes de comenzar… ¿Qué materiales se requieren? La lista a continuación presenta los materiales y herramientas que se requieren para las actividades de caracterización de la cerámica. Esta lista de chequeo puede ser muy útil sobre todo para los arqueólogos que pasarán largas temporadas en zonas donde algunas de las herramientas no se consiguen con facilidad. Se presenta en el orden de dificultad en que se pueden obtener: Tabla Munsell. Costosa, pero muy necesaria. NO se consigue en el país, por lo que es necesario ordenarlo con tiempo a través de plataformas digitales. Peine o contorneador (contour gauge). Aunque no es muy costoso (~ 10 dólares), NO se consigue en el país, por lo que es necesario ordenarlo con tiempo a través de plataformas digitales. Lupa cuenta hilos. Compás con extensión (se requiere para el diametrónomo). Es necesario que tenga extensor para poder dibujar diámetros grandes. Pie de rey. Alicate. Pliegos de papel bond blanco. Reglas. Tinta china y plumillas. Lápices negros y colores. Para el dibujo arqueológico: 1. Escuadras: una de 45° y una de 60°, con el 0 que coincida con el ángulo recto de la escuadra. 2. Reglas: una de 20 cm, con el 0 que coincida con el comienzo de la regla. 3. Un flexómetro o un metro de albañil. 4. Calibradores: un calibrador normal “pie de rey” y un calibrador a fórceps (o “a bailarina”). 5. Compás: preferiblemente con los dos brazos articulados y con posibilidad de extensión. 6. Peine para cerámica: posiblemente con dientes de plástico. 7. Lápices: dos portaminas de 2 mm y 1 portaminas de 0.5 mm. Minas de 2B, HB y H. Se recomienda lápiz Staedtler ya que con ellos se logra un mejor trazo sobre la característica grasa del papel pergamino. 8. Borrador: blanco o negro del tipo suave, de buena calidad. 9. Papel milimetrado tamaño A3: asegurarse de la buena calidad del papel y de la precisión de los centímetros del mismo (muchas veces no corresponden a centímetros reales). 10. Papel pergamino: de buena calidad y 90-150 g. 11. Cinta de enmascarar: ancho 1 cm. 12. Rapidógrafos: en una gama de puntas de 0.05 a 0.4 mm. 1 Esta idea puede ser corroborada, por ejemplo, en la revisión de la colección de monografías de la FIAN, donde en la mayoría de casos es posible observar los mismos criterios y atributos propuestos por los mencionados autores, e incluso expuestos en el mismo orden. 2 Existen no obstante notables excepciones como el reciente trabajo de Boada y Cardale (2017). 3 Entender la naturaleza de la discusión que sobre el particular ha tenido lugar en Norteamérica es importante en la medida que permite una mejor comprensión de los criterios utilizados en la arqueología colombiana desde mediados de siglo XX. Así mismo, las elaboraciones recientes respecto a algunos tópicos como la dicotomía estilofunción permitirían superar ciertos abordajes allende problemáticos y cuya implementación amerita ejercicios analíticos más meticulosos. Véase al respecto la definición de estilo formal y tipo cerámico formulada por Therrien et al. (2002). 4 Esta visión es resumida en los postulados de Irvin Rouse (1960) para quien los conceptos estándar que rigen el comportamiento de los artesanos (la elección de materias primas, técnicas de manufactura, forma, decoración y uso) generan a su vez atributos estándar, que pueden ser igualmente agrupados en clases rastreadas por los arqueólogos y que se convierten en la base de lo que él denomina clasificación analítica. Una vez determinados los posibles atributos, es posible seleccionar algunos de ellos con el fin de construir tipologías, clasificación taxonómica. En otras palabras, la primera es inherente a los artefactos en tanto que la segunda es impuesta a los mismos. 5 Véase por ejemplo Plog (2003), para un análisis basado en el color de la cerámica y Velandia (2005) para un análisis iconográfico con base en la decoración. 6 En términos de O’Brien y Lyman (2003, p. 121) esto trae consigo tres implicaciones: 1. Que una clasificación construida con miras a un propósito determinado no necesariamente funciona bien cuando se utiliza para otro. 2. Que un grupo de elementos podría ser virtualmente clasificado en un número ilimitado de formas. 3. La validez analítica de las unidades producidas por el ejercicio clasificatorio debe poder ser puesta a prueba. 7* Este libro ha sido concebido como un manual de procedimientos. Por cuestiones de requerimientos para la obtención del ISBN fue necesario retirar la palabra manual del título. A pesar de lo anterior, y en aras de mantener el espíritu del texto, se seguirá refiriendo a este como manual. 87 En años recientes se ha generalizado el estudio de la cerámica a través del concepto de cadena operatoria. No obstante, esta forma de aproximación se ha desarrollado muy poco si se compara con los análisis de artefactos líticos (Calvo et al., 2004; García y Calvo, 2013; Roux, 2017). Capítulo 1. Fabricación de la cerámica Como se mencionó en la introducción de este manual, se debe comprender la fabricación de la cerámica como un proceso y por ende a través de un conjunto de gestos tecnológicos agrupados en torno al concepto de cadena operatoria (García y Calvo, 2013; Rye, 1981). Si se entiende la fabricación de la cerámica como un proceso, es posible entonces diferenciar diferentes etapas de producción (sensu Read, 2007, pp. 97-103) que involucran: a) las acciones involucradas en la selección y preparación de la materia prima; b) las acciones relacionadas con conformación de la vasija; c) el tratamiento de las superficies; d) la decoración; e) el secado; y f) la cocción. Es necesario no perder de vista que estas etapas de producción tienen lugar en un sistema de producción cuya organización depende de factores sociales, por lo que las configuraciones sociales particulares dan lugar a un nivel de variación enorme en cada una de estas etapas de producción (Duistermaat, 2017). Por poner un ejemplo, la configuración de las etapas de producción a escala familiar es muy distinta de aquella propia de la escala comunal o industrial. La comprensión de dichos aspectos sociales, que realmente constituyen la razón de ser del análisis cerámico, excede el alcance del presente texto. 1.1 Las materias primas La cerámica se define, en términos generales como «arcilla quemada». Sus componentes son: arcilla, desgrasante y agua. Las características físico-químicas de estos componentes, así como su cantidad al momento de ser mezclados, definen en gran medida los tipos de cerámica resultantes y sus propiedades. La arcilla es una sustancia mineral compuesta principalmente de silicatos y aluminio hidratados. Generalmente se originan por la descomposición y posterior transporte y depósito de rocas feldespáticas y graníticas. Es un material natural, fino, producto de procesos de erosión o sedimentación, que se hace plástico cuando se humedece y se encoge cuando endurece (Rye, 1981, p. 16). La arcilla posee cuatro propiedades que la hacen un elemento ideal para la elaboración de la cerámica: textura: es un material fino, en términos granulométricos, lo que permite su fácil manipulación; plasticidad: se hace maleable cuando se le agrega agua y permite su constante manipulación sin sufrir un cambio importante en su volumen o plasticidad; porosidad: permite el paso de fluidos y gases a través de los poros; vitrificable: adquiere una apariencia vítrea y compacta al entrar en contacto con el calor, lo cual la hace dura, impermeable y resistente al calor (Manrique, 2001, pp. 17-18; Shepard, 1976, pp. 13-16). El desgrasante o antiplástico, es un componente no maleable que se agrega intencionalmente a la arcilla para hacer consistente el producto y evitar sobre todo que esta se agriete durante el secado o la cocción. La función principal del desgrasante es reducir la plasticidad de la arcilla, de allí su denominación como antiplástico, menos utilizada en los libros de arqueología pero que hace más justicia al carácter del material. Existe otra serie de funciones que también se le atribuyen al desgrasante como es la reducción en el tiempo de secado, mejora en la maleabilidad, disminución en la capacidad de contracción de la arcilla, aumento o disminución de la temperatura de cocción requerida, aumento en la resistencia al choque térmico en las vasijas usadas para cocinar (García y Calvo, 2013, pp. 32-33). La cantidad de desgrasante que debe ser agregado se da en función de las propiedades de la arcilla (algunos tipos de arcilla pueden incluso no requerir desgrasante). Los desgrasantes que han sido identificados en la cerámica de tradición indígena en Colombia son: roca triturada, arena de río, tiesto molido (restos de vasijas triturados), concha molida y vegetales. Los vegetales y la concha son los antiplásticos menos frecuentes y parecen haber sido utilizados en épocas muy tempranas cuando se adoptó la cerámica (Oyuela-Caycedo y Bonzani, 2014). De igual manera, parece que dichos desgrasantes tuvieron una extensión geográfica restringida a la zona norte de Colombia. Por el contrario, la arena de río fue el desgrasante más comúnmente utilizado. Salvo contadas excepciones, en todos los sitios arqueológicos en que se ha reportado cerámica prehispánica en Colombia, es la arena de río el tipo de antiplástico mayoritariamente identificado. En algunas ocasiones el desgrasante no es agregado intencionalmente, bien sea porque ya viene contenido en la arcilla de forma natural o porque partículas de tamaño mediano se convierten en desgrasante durante el proceso de amasado de la misma. Ejemplos etnográficos muestran que los alfareros son plenamente conscientes de dicha característica y que por ende, estiman perfectamente la cantidad de antiplástico que requiere la arcilla para no agrietarse durante el subsecuente proceso de producción de las vasijas (Osborn, 1979; Vasco, 1987). La primera fase dentro del proceso de producción de la cerámica es la obtención de las materias primas. Además de las mencionadas anteriormente –arcilla y desgrasante– se incluye dentro de las materias primas el agua, los pigmentos con que será decorada la cerámica (en caso de requerirse), y el combustible. La segunda fase es la preparación de todos estos materiales y su puesta a punto. Dentro de las actividades que aquí se incluyen están la purificación de la arcilla, o eliminación mecánica de impurezas; la preparación del desgrasante (selección, molienda); la mezcla y amasado; y el alistamiento de los lugares para el secado y la cocción. 1.2 Técnicas de manufactura Una vez se han obtenido los tres materiales necesarios (arcilla, desgrasante y agua) el siguiente paso consiste en su mezcla. Ha sido profusamente documentado que los alfareros generalmente no usan un solo tipo de arcilla (es decir, el material proveniente de una sola fuente) sino varias, por lo que en realidad debería siempre hablarse en plural al referirse a la arcilla que compone una vasija. La mezcla persigue varios objetivos: a) humedecer las arcillas para hacerla maleable; b) introducir de manera uniforme el antiplástico; c) eliminar bolsas de aire de la mezcla; d) uniformizar el contenido y la relación entre los componentes; e) eliminar protuberancias o terrones. Este procedimiento generalmente se realiza con las manos o con ayuda de un objeto para amasar como metates y manos de moler (Osborn, 1979; Vasco, 1987) y es el que sin duda genera un mayor esfuerzo físico o inversión de energía por parte del alfarero. Cuando las cantidades de arcilla son considerables es posible utilizar también los pies. Una vez preparada la materia prima se siguen entre dos y tres fases por medio de las cuales se da la transformación de la masa de arcillas en una vasija: modelado primario, modelado secundario y modelado terciario. Durante el modelado primario, la masa de arcillas previamente preparada es convertida a la forma general que tendrá la vasija (ver Capítulo 3. Forma y función). Generalmente los procesos involucrados en este tipo de modelado están direccionados por la función que se espera cumpla la vasija. En el modelado secundario la forma es completamente definida y completada, así como las proporciones relativas de cada una de las partes. Es en este segundo momento cuando algunos atributos no necesariamente relacionados con la función entran en juego y paulatinamente se da paso a consideraciones estéticas o decorativas. El modelado terciario consiste en la modificación de la superficie de la vasija, generalmente con miras a aumentar sus cualidades estéticas. Aunque en principio el modelado terciario hace parte de la decoración, este solo incluye las modificaciones a la arcilla, más no las adiciones que se denominan propiamente decoración (Rye, 1981, p. 62; Sinopoli, 1991). Como se puede deducir de estas tres fases, todas las vasijas requieren modelado primario, pero no necesariamente todas las vasijas tienen modelado terciario (Figura 1). Figura 1. Relación entre las etapas de modelado y sus condicionantes 1.2.1 Modelado primario, dando forma a la vasija Para la cerámica de tradición indígena se conocen cinco formas de manufactura. Algunas de ellas se combinaban, es decir, que diferentes partes de una misma pieza podían ser hechas con técnicas distintas. Por ejemplo, es posible que la base de una vasija se fabrique mediante el modelado directo y su cuerpo se haga mediante rollos. 1.2.2 Modelado directo o vaciado Consiste en dar la forma a partir de una masa de arcilla a la cual previamente se ha agregado desgrasante y agua. La masa es presionada con los dedos buscando formar un orificio en la misma, posterior a lo cual se da la forma final. Esta técnica es generalmente utilizada para manufacturar vasijas pequeñas y es también la que se utilizó para elaborar figuras diferentes a las vasijas mismas (Figura 2). Figura 2. Proceso de modelado directo Fuente: CerArCo 1.2.3 Modelado por rollos La masa de arcilla es convertida en rollos cuya longitud depende del diámetro final que se quiera dar a cada parte de la vasija. Los rollos son agregados uno encima de otro construyendo así el cuerpo de la vasija. Posteriormente, las uniones de los rollos se alisan hasta que no puedan ser diferenciados, ni queden orificios entre ellos y la superficie sea uniforme (Figura 3). Esta técnica es generalmente usada para fabricar vasijas de formas redondeadas. Existen dos formas de reconocer esta técnica: cuando pasando los dedos de forma perpendicular a la dirección de los rollos se siente la discontinuidad producida entre rollo y rollo; o cuando los rollos quedaron mal adheridos y se da la ruptura justamente en su intersección. Figura 3. Proceso de modelado por rollos Fuente: CerArCo 1.2.4 Moldeado La arcilla es colocada en un molde previamente elaborado y por medio de la presión contra él va tomando su forma (Figura 4). Por ejemplo Rojas de Perdomo (1975, p. 17) menciona que el cuerpo de las múcuras muiscas era moldeado sobre un calabazo o sobre la base rota de otra vasija y Vasco (1987, pp. 36-37) relata que entre los actuales indígenas Embera chamí es frecuente el uso de vasijas esmaltadas como molde. Figura 4. Proceso de moldeado Fuente: CerArCo 1.2.5 Unión de partes, placas o pastillaje Cuando se requieren vasijas especialmente grandes se fabrican primero las paredes o segmentos de la vasija y posteriormente se van uniendo bien sea por medio de la unión de ellas o con nuevas adiciones de arcilla (Figura 5). Un ejemplo de vasijas elaboradas mediante esta técnica son las utilizadas para el beneficio del agua sal en Nemocón, las cuales podían llegar a medir 1.80 m de altura y 1.20 m de diámetro en la boca (Groot, 2008, p. 150). Cardale (1981, Lámina 3) muestra el proceso de fabricación de dichas vasijas, justamente a través de la técnica de unión de las partes, y en Groot (2008, Foto 5) es posible observar el patrón de ruptura que permite identificarla. Figura 5. Unión de partes Fuente: CerArCo 1.2.6 Torno El torno es una plataforma en forma de disco que al ser girada permite utilizar la fuerza centrífuga para dar forma a una vasija de forma rápida y uniforme (Figura 6). Existen diferentes tipos de torno, desde el más sencillo donde la rueda gira impulsada por la mano, hasta el más complejo donde se construye un mecanismo para que sean los pies los que impulsen la rueda. Figura 6. Torno Fuente: CerArCo El torno fue introducido en América por los europeos en el siglo XVI y, por ende, bajo ninguna circunstancia, puede existir cerámica prehispánica elaborada mediante esta técnica. No obstante, se incluye aquí ya que hace parte de la tradición indígena y porque en varias zonas del país se encuentra asociada a cerámica prehispánica. La cerámica que ha sido elaborada en torno generalmente presenta un rasgo distintivo en la superficie externa cual es la presencia de líneas paralelas y uniformes que reflejan el uso continuo de un instrumento (Figura 7). Figura 7. Identificación de la técnica de elaboración La mayoría de adiciones a la forma general de la vasija (orejas, asas, patas, entre otros) se hacen después de culminado el modelado primario y antes del modelado secundario cuando la materia prima está aún húmeda y maleable (Recuadro 1). 1.3 Modelado secundario: las superficies El modelado secundario se lleva a cabo generalmente cuando la arcilla ya tiene cierto nivel de secado, lo que usualmente se denomina estado de dureza de cuero (leather-hard). Este estado de la arcilla permite algunas modificaciones sin que se provoquen deformaciones (Sinopoli, 1991, p. 23). Recuadro 1 Estandarización, variación, estilo… Existe una larga discusión en arqueología respecto al nivel de variación/estandarización en las vasijas cerámicas. Se supone que la función esperada, cuyos gestos técnicos se ponen en práctica durante el modelado primario, representa el componente más rígido y estandarizado de las vasijas, en tanto que las adiciones hechas al final del proceso del modelado primario (las asas, por ejemplo) y los procesos subsiguientes de modelado secundario y modelado terciario paulatinamente dan paso a un mayor grado de variación. El trabajo etnoarqueológico de Daniela Castellanos (2004; 2007) con un grupo de alfareros en Ráquira-Boyacá parece comprobar la premisa anterior. La comparación de las ollas y pailas fabricadas por tres alfareras distintas demuestra que la forma general es muy similar, en tanto que el “sello” o “huella” personal de cada una de las fabricantes se ve plasmado en las diferencias en las orejas o asas, “estilos” de cuyas distinciones las alfareras son plenamente conscientes. Castellanos, D. (2004). Cultura material y organización espacial de la producción cerámica en Ráquira (Boyacá). Un modelo etnoarqueológico. Bogotá: Fundación de Investigaciones Arqueológicas Nacionales, Banco de la República. Castellanos, D. (2007). Huellas de la gente del cerro. Detalles etnográficos sobre estilo, ritos de paso y envidia en la formación de un contexto arqueológico. (Tesis de Maestría). Departamento de Antropología, Universidad de los Andes, Bogotá. 1.3.1 Golpeado Consiste en emparejar, adelgazar las paredes y dar forma a toda la superficie de la vasija por medio de golpeteos con un instrumento, generalmente plano (Figura 8). Para hacer más efectivo este proceso lo usual es dar golpes en la superficie externa mientras se hace resistencia en la cara interna con otro instrumento más duro. Esta técnica es usualmente conocida como de paleta y yunque (Sinopoli, 1991, p. 23). Figura 8. Golpeado Fuente: CerArCo 1.3.2 Raspado La arcilla es removida o desplazada por medio de un instrumento cortante con miras a eliminar irregularidades de la superficie (Figura 9). Figura 9. Raspado Fuente: CerArCo 1.3.3 Cortado Con un instrumento afilado se eliminan completamente partes sobrantes de arcilla (Figura 10). Figura 10. Cortado Fuente: CerArCo 1.4 Modelado terciario: la decoración La mayoría de estas técnicas son decorativas y serán descritas en detalle en el Capítulo 4. Color y decoración. 1.4.1 Acabado de la superficie Consiste en frotar la mano o algún instrumento contra la superficie de la vasija con miras a modificar su textura (Figura 11). El grado de modificación puede ir desde el alisado hasta el bruñido (ver Capítulo 2. El desgrasante). El acabado de la superficie depende además de la adición de baños o engobes (ver Capítulo 4. Color y decoración). Figura 11. Alisado Fuente: CerArCo 1.4.2 Cortado Con un instrumento afilado se corta sobre la arcilla, pero sin eliminarla (Figura 12). Incluye las técnicas decorativas: incisión, perforación y esgrafiado. Figura 12. Cortado Fuente: CerArCo 1.4.3 Eliminación Se elimina parte de la arcilla de la superficie (Figura 13). Incluye las técnicas decorativas: impresión, estampado y excisión. Figura 13. Excisión Fuente: CerArCo 1.4.4 Adición Adición de nuevas partes de arcilla (Figura 14). Incluye las técnicas decorativas: aplicación y modelado. Figura 14. Aplicación Fuente: CerArCo 1.5 Secado Culminado el proceso de fabricación, sigue un período de tiempo antes de la cocción y cuyo objetivo es dejar la vasija en un lugar seco en donde el exceso de agua se elimina por simple evaporación. Si se cociera la cerámica inmediatamente después de su elaboración el choque térmico muy seguramente la destruiría o dañaría severamente, por lo que es necesario dejar la cerámica secando durante algún tiempo antes de la cocción. Dicho período, según las referencias etnográficas (Osborn, 1979; Vasco, 1987), puede ser de varios días hasta algunas semanas (a mayor cantidad de días mejor calidad de la vasija resultante). Las variables que imponen la cantidad de días son básicamente las condiciones climáticas imperantes y el lugar en que se dispongan las vasijas. Para que durante el secado la vasija no se agriete y rompa, es preferible que el proceso se dé lentamente evitando el calor excesivo (por ejemplo, poniéndola a la luz directa del sol). No obstante, durante este período la vasija puede agrietarse como consecuencia de múltiples factores tales como el procedimiento de fabricación o la mezcla de arcilla, desgrasante y agua. Antes de proceder a la cocción es posible agregar a la vasija algún tipo de pigmento bien sea en forma de capa a toda la superficie o decoración en una zona específica (ver Capítulo 4. Color y decoración). 1.6 Cocción El procedimiento de cocción transforma la arcilla en un nuevo material denominado cerámica (Orton et al., 1997). Por medio del calentamiento, la pieza sufre un proceso de deshidratación en el que pierde su plasticidad y se convierte en un objeto rígido. En un procedimiento de cocción exitoso tendrían lugar los siguientes fenómenos: a) en un primer momento la arcilla pierde gradualmente su humedad como consecuencia del calor (eliminación del agua a más de 120 °C); b) como consecuencia de la deshidratación la pieza se encoge y reduce en tamaño; c) luego el oxígeno se combina con sulfuros, carbón, hierro y demás minerales presentes en el compuesto de la pieza (descomposición de materiales orgánicos y algunos minerales presentes en la arcilla entre 200 °C y 850 °C); d) a mayor temperatura (más de 500 °C y completamente a los 900 °C) y/o tiempo de cocción el carbón se combustiona y es eliminado, en tanto los demás elementos tales como el hierro se oxidan (generando lo que se denomina atmósfera oxidante si se permite la circulación de aire). Cuando no se presenta una temperatura de combustión suficientemente alta, o el oxígeno no circula, o este es desplazado por otros gases producidos por la combustión misma, el carbón no se quema y se mantiene en el núcleo de la pared de la pieza (generando lo que se denomina atmósfera reducida) (Joukowsky, 1980, pp. 367-368; Rye, 1981, p. 108). En general, se supone que una atmósfera reducida refiere a la combustión incompleta en tanto que una oxidante refiere a un mayor tiempo y control en el proceso (Joukowsky, 1980, pp. 367-368; Orton et al., 1997, p. 85). Los cambios que ocurren en la cerámica como consecuencia de la cocción y que generalmente se observan con mayor facilidad son: a. reducción del tamaño; b. cambio en el color; c. agrietamientos o rupturas debidas a factores tales como la mala mezcla o accidentes dentro del horno. De acuerdo a las características del lugar donde se lleve a cabo existen dos tipos de cocción: 1.6.1 Cocción a cielo abierto Este tipo de cocción es generalmente corta (entre algunos minutos y algunas horas) y no produce altas temperaturas (entre 550 °C y 800 °C). Consiste en ubicar las piezas junto con el combustible (madera, hojas secas, ramas, entre otros) y mantener avivado el fuego el tiempo que sea necesario. Para esta cocción solo es necesario disponer de un espacio abierto y de suficiente combustible. Se delimita un área con la disposición de madera (cama), sobre ella se depositan las piezas que serán cocidas y se cubren con más madera. Una vez terminada la cocción simplemente se espera que la brasa se apague y esté fría para poder retirar las piezas convertidas en cerámica. Este método de cocción tiene la ventaja de ser rápido, económico y no requerir demasiada planeación, pero solo funciona para cantidades limitadas de vasijas. Entre sus desventajas están: a) el rápido cambio de temperatura genera un choque térmico que puede producir fisuras o grietas en la pieza; b) el contacto con el combustible, y su movimiento durante el proceso de combustión, puede alterar la superficie, deformar la pieza o romperla; c) el tipo de combustión es incontrolado, por lo cual la cocción puede no darse de manera uniforme (Rice, 1987, pp. 153-158). La cocción a bajas temperaturas puede producir cerámicas más porosas, si se comparan con aquellas cocidas en un horno (Sinopoli, 1991, p. 28). 1.6.2 Cocción cerrada: horno Existe una amplia variedad de hornos, pero todos guardan en común dos características: la temperatura de cocción es más alta que la de la cocción a fuego abierto (en algunos casos más de 1000 °C) y las piezas no entran en contacto con el combustible. Para la época prehispánica en Colombia no se ha reportado la presencia de hornos en el sentido estricto de la palabra (una construcción por encima del nivel del suelo), por lo que se supone que ellos eran hornos de pozo (hoyos excavados en la tierra). Este tipo de hoyos producirían un tipo de cocción intermedia entre la cocción abierta y la de horno ya que por una parte permitiría el contacto entre la pieza y el combustible y, por otra, mayores temperaturas. Al igual que la cocción a fuego abierto, una vez se excava el hoyo se deposita una capa de combustible sobre la cual se colocan las vasijas, las que a su vez son cubiertas con más combustible. El horno, en el sentido estricto del término, fue introducido al actual territorio colombiano por los europeos a partir del siglo XVI y, al igual que la fabricación en torno, rápidamente adoptada por los indígenas. Aunque la construcción y uso del horno requiere mayor grado de planeación e inversión de energía las ventajas de esta tecnología para cocinar vasijas son evidentes. El mejor control sobre las variaciones de la temperatura y la posibilidad de generar temperaturas más altas permite vasijas más resistentes y menor riesgo de pérdida. El mayor número de piezas que pueden ser cocidas y la disponibilidad de un lugar de uso recurrente hacen más eficiente el trabajo y permite la producción en serie. Capítulo 2. El desgrasante El desgrasante son todas aquellas inclusiones que se agregan a la arcilla de manera intencional con miras a modificar sus propiedades. En la naturaleza no existen arcillas 100% puras, por lo que esta materia prima ya contiene impurezas o agregados naturales que también cumplen la función de desgrasante (Rice, 1987, pp. 406-407). La advertencia según la cual todas las arcillas en realidad poseen elementos naturales y agregados por los alfareros que funcionan como antiplástico ha hecho que algunos autores prefieran un término más neutral como el de desgrasante. Como se mencionó en el Capítulo 1, los tipos de desgrasante comúnmente utilizados son: arena de río, roca triturada, fibras vegetales, concha y tiesto molido (restos de vasijas) (ver Recuadro 2). La identificación precisa del tipo de desgrasante debe ser el resultado de la combinación de técnicas macroscópicas y microscópicas. En los últimos años ha tenido lugar un desarrollo importante en la utilización de tecnologías que permiten la caracterización microscópica de las materias primas de las cerámicas (Hunt, 2017), en tanto poco se ha avanzado en técnicas novedosas de caracterización macroscópica. Por ende, debemos conformarnos aquí con procedimientos que rutinariamente se hacen desde hace por lo menos 50 años y que de tanto en tanto son más o menos repetidos en cada nuevo manual (Meggers y Evans, 1969; Orton y Hughes, 2013; Orton et al., 1997; Rice, 2005; Shepard, 1976). Dado que varios aspectos relacionados con el desgrasante exceden su mera descripción e involucran otros como la apariencia general de los tiestos, en este capítulo se mostrarán además algunas técnicas de caracterización de la superficie de la cerámica. Son múltiples los aspectos que pueden ser abordados mediante el análisis del desgrasante. Generalmente la identificación de las inclusiones se utiliza para dar cuenta de la procedencia de las materias primas con que se elaboró la cerámica. Por su parte, aspectos como el tamaño, el ordenamiento y la frecuencia de las inclusiones informan sobre aspectos tecnológicos y de la producción de la cerámica. Recuadro 2 Desgrasante orgánico vs. Desgrasante mineral Una de las preguntas más intrigantes respecto a la cerámica prehispánica en Colombia es la que tiene que ver con el reemplazo del desgrasante orgánico al mineral. Es claro que la cerámica más antigua se elaboró con antiplástico orgánico en la costa norte de Colombia hace aproximadamente 6000 años (Oyuela-Caycedo y Bonzani, 2014). Posteriormente, esa tecnología fue reemplazada por el antiplástico mineral (arena de río) y nunca más se volvió a utilizar. Una serie de experimentos llevados a cabo por Skibo et al. (1989) ayudarían a comprender las causas del reemplazo. Este estudio concluyó que la cerámica con antiplástico orgánico es más liviana y por ende más portable, menos propensa a romperse y más fácil de fabricar (expeditiva) que la cerámica con antiplástico mineral. Esta última, por el contrario, es más útil para cocinar y más resistente a la abrasión (por tanto, más durable). Puesto en contexto, la cerámica con antiplástico orgánico se ajusta mejor a los requerimientos de sociedades con alto nivel de movilidad (también denominadas cazadores-recolectores), en tanto la cerámica con antiplástico mineral lo es para sociedades sedentarias. Así las cosas, el reemplazo del antiplástico se convierte en un indicador de cambios profundos en el modo de vida de los grupos prehispánicos de Colombia. Oyuela-Caycedo, A. y Bonzani, R. (2014). San Jacinto 1. Ecología histórica, orígenes de la cerámica e inicios de la vida sedentaria en el caribe colombiano. Barranquilla: Universidad del Norte. Skibo, J., Schiffer, M. y Reid, K. (1989). Organic-Tempered Pottery: An Experimental Study. American Antiquity, 54(1), 122-146. 2.1 Textura En términos generales, la textura refiere a la apariencia general de los tiestos como es observada en las superficies interna y externa. Dicha apariencia está relacionada con dos variables: el acabado de las superficies y el tipo de inclusiones. En la medida que la textura de las distintas caras de un mismo tiesto sea diferente, es altamente recomendable caracterizarlas de forma separada. 2.1.1 Acabado de la superficie Según sea el grado de pulimento de la superficie se puede clasificar en: • Áspero: cuando en la superficie es posible observar fragmentos del desgrasante y causan abrasión al dedo. • Burdo: la apariencia de la superficie es tosca u ordinaria, la superficie es irregular, pero no causa abrasión al dedo. • Liso: no se observan ni sienten irregularidades al tacto. • Pulido: se observa un proceso por el cual el fabricante de la vasija alisó la superficie. • Bruñido: el grado de pulimento genera superficies brillantes (véase el Capítulo 4. Color y decoración). 2.1.2 Descripción de las inclusiones Las características de las inclusiones que pueden ser descritas de forma macroscópica son: el tamaño del grano, la frecuencia y el ordenamiento. El tamaño del grano puede ser: • Fino: ≤ 1 mm de diámetro. • Medio: 1-2 mm de diámetro. • Grueso: ≥ 2 mm de diámetro. Para realizar esta medición, lo más aconsejable es utilizar una “lupa cuenta hilos” (Figura 15). Esta lupa posee el poder de ampliación adecuado para los tamaños de granos que habitualmente se encuentran en los tiestos, también cuenta con una regla que permite medir los diámetros de los granos y un diseño ergonómico que facilita la medición (además es realmente económica). Lógicamente, en un solo tiesto existen granos de diferentes tamaños, por lo que la caracterización se hace del tamaño que es más frecuente. Figura 15. Lupa cuenta hilos La frecuencia de las inclusiones puede ser (Gamiz et al., 2013; Orton y Hughes, 2013, p. 278): • Escaso: ≤ 10 %. • Moderado: 10-30 %. • Abundante: ≥ 30 %. La medición de la frecuencia también se puede hacer con la lupa, siguiendo el esquema de la Figura 16. Es importante, al momento de observar el desgrasante, tener en cuenta la diferencia entre tamaño del grano y su frecuencia ya que es posible que haya granos gruesos que, aunque pocos, ocupen mucho espacio y por ende se caractericen como abundantes (Recuadro 3). Figura 16. Tamaño y frecuencia de las inclusiones Fuente: Modificado de Orton et al. 1997. El ordenamiento es una relación entre la homogeneidad y el tamaño de las inclusiones. Como puede observarse en la Figura 17, granos bien ordenados tienen más o menos el mismo tamaño, en tanto que granos muy pobremente ordenados presentan diferentes tamaños (Orton y Hughes, 2013, p. 281). Figura 17. Escala de ordenamiento de los granos Fuente: Modificado de Orton et al. 1997. Es común que los arqueólogos describan la apariencia general de la cerámica en términos de si es fina o burda. Al final, es la conjugación de características tales como el tamaño del grano, el ordenamiento de las inclusiones y el grado de pulimiento la que determina dicha apariencia. No obstante, no existe un criterio que permita definir hasta donde una cerámica deba considerarse burda o fina, por lo que debe ser claro que los límites entre estas categorías son difusos. La Figura 18 es una guía que puede ser de utilidad para definir la apariencia general de la cerámica con base en las mencionadas características. Figura 18. Apariencia general de la cerámica Recuadro 3 Resistencia Térmica y Cantidad de Desgrasante De los diferentes tipos de vasijas que podrían ser requeridas en una unidad doméstica seguramente fueron las usadas para cocinar las que más desafíos tecnológicos presentaron a los alfareros. Las vasijas que debían ser sometidas repetidamente al fuego son las que mayor complejidad suponían en términos de la forma, grosor de la pared, acabado, y por supuesto desgrasante. Parece ser que algunos tipos de desgrasante son más adecuados para lidiar con el choque térmico, pero la falta de estudios experimentales sobre todo el rango de posibles temperantes no permite aun tener una visión completa al respecto. Cuando se trata de arenas con altos componentes de cuarzo, tal vez el tipo de desgrasante más comúnmente utilizado en la época prehispánica en Colombia, factores como el tamaño del grano y su abundancia pudieron incidir en la mayor resistencia de las vasijas al choque térmico. Como ha sido demostrado por diferentes estudios (Braun, 1983; Bronitsky y Hamer, 1986; Skibo, 2013; Tite y Vekinis, 2003), granos más finos y abundantes podrían contribuir de forma decisiva a aumentar la vida útil de una vasija usada para cocinar. Puesto en otros términos, aquellos tiestos con evidencias de haber sido parte de vasijas usadas en la cocción (hollín, carbón adherido) deberían ser los que además tengan granos finos (0-1 mm de diámetro) y abundantes (≥ 30 %). Braun, D. (1983). Pots as Tools. En J. Moore y A. Keene (Eds.), Archaeological Hammers and Theories. New York: Academic Press. Bronitsky, G. y Hamer, R. (1986). Experiments in Ceramic Technology: The Effects of Various Tempering Materials on Impact and Thermal-Shock Resistance. American Antiquity, 51(1), 89-101. Skibo, J. (2013). Understanding Pottery Function. New York: Springer. Tite, M. y Vekinis, G. (2003). Strength, Toughness and Thermal Shock Resistance of Ancient Ceramics, and their Influence on Technological Choice. Archaeometry, 43(3), 301-324. 2.2 Estructura La estructura refiere a la apariencia general del núcleo y es el resultado de la forma como el desgrasante (tamaño, frecuencia y ordenamiento de los granos) se conjuga con la matriz, que es propiamente la arcilla. Para obtener una lectura “limpia” del núcleo será necesario romper una punta del tiesto con un alicate. Este procedimiento debería hacerse preferiblemente en tiestos grandes, del cuerpo de la vasija, y nunca sobre tiestos diagnósticos. En una buena cantidad textos la caracterización que sigue es referida como textura (Rye, 1981, p. 50), pero es claro que esta denominación es errónea ya que la textura refiere a la apariencia de la superficie, no del núcleo. La estructura puede ser (Figura 19): • Compacta: cuando no se observan porosidades. • Granular: cuando preponderante. se observan gránulos de manera • Laminar: se observan láminas. • Porosa: se observan poros o vacíos dentro de la pasta. Figura 19. Tipos de estructura Nota. a. compacta; b. granular; c. laminar; d. porosa. 2.3 Identificación de las inclusiones La identificación de los minerales es tal vez la parte más compleja de la caracterización cerámica. Como ha sido advertido por varios autores es muy fácil cometer errores en este punto (Leahy y Geake, 2019, p. 17; Whitbread, 2014, p. 204), por lo que generalmente se recomienda que este proceso sea realizado por un especialista. En términos macroscópicos es posible que alguna guía sea aportada por un geólogo, pero una identificación realmente útil en la mayoría de los casos solo se logra a través del análisis de secciones delgadas (Recuadro 4). A continuación, se presenta un procedimiento en dos pasos que puede ayudar a la identificación de las inclusiones. Este se beneficia enormemente de la caracterización de la textura, hecha anteriormente, ya que permite “afinar un poco el ojo” para lo que viene, por lo que siempre se recomienda llevar a cabo la caracterización en el orden en que se encuentra en el presente manual. Aun a pesar de lo poco confiable del método, es útil en la medida en que permite al arqueólogo determinar la variación y frecuencia en los minerales presentes en su muestra, aun cuando nos sepa exactamente cuáles son los minerales. Puesto en otros términos, este procedimiento permite al arqueólogo no especializado: a) determinar cuáles son los minerales más comunes; b) establecer un corpus de minerales presentes en su muestra. Tener claridad sobre lo anterior hará más efectiva y útil la subsecuente visita al especialista. 2.3.1 Forma y angulosidad de los granos En primer lugar, es necesario caracterizar la forma general de los granos según su esfericidad y grado de angulosidad. La Figura 20 es una guía para dicha caracterización. Figura 20. Forma y grado de angulosidad de los granos Fuente: Modificado de Orton y Hughes, 2013. 2.3.2 Tipo de mineral Una vez familiarizado con la apariencia de los granos es posible emprender la identificación misma de los minerales. La Figura 21 es un esquema que debe ser leído de izquierda a derecha y que culmina con el posible nombre de la inclusión (Peacock, 1977, en: Leahy y Geake, 2019; Orton y Hughes, 2013). Figura 21. Esquema para identificación de tipos de mineral Fuente: Basado en Peacock (1977); Leahy y Geake (2019); Orton y Hughes (2013). Recuadro 4 Secciones delgadas Sin duda alguna, el análisis de secciones delgadas es, en términos de costo-beneficio, la mejor forma de caracterizar la composición mineralógica de la cerámica (matriz de arcilla e inclusiones). La técnica consiste en el corte de una pequeña fracción de un tiesto y su posterior montaje en un portaobjetos. Su lectura se realiza con un microscopio de luz polarizada. Dado que esta técnica es destructiva solo se puede practicar con fragmentos cerámicos. El uso más frecuente de la información que arrojan las secciones delgadas radica en los denominados estudios de proveniencia cuyo objetivo fundamental es conocer el origen de la arcilla y/o los desgrasantes presentes en la cerámica. Con ellos es posible acceder a un amplio rango de prácticas socio culturales tales como el intercambio, la especialización de la producción y variación tecnológica a escala cronológica y espacial (Braekmans y Degryse, 2017; Peterson y Betancourt, 2009).Oyuela-Caycedo, A. y Bonzani, R. (2014). San Jacinto 1. Ecología histórica, orígenes de la cerámica e inicios de la vida sedentaria en el caribe colombiano. Barranquilla: Universidad del Norte. Braekmans, D. y Degryse, P. (2017). Petrography. Optical Microscopy. En E. Hunt (Ed.), The Oxford Handbook of Archaeological Ceramics (pp. 233265). Oxford: Oxford University Press. Peterson, S. y Betancourt, P. (2009). Thin-Section Petrography of Ceramic Materials (Vol. 2): INSTAP Academic Press. 2.4 Dureza Aunque es poco usual, también es posible caracterizar la dureza de la cerámica, definida como su resistencia a la penetración, abrasión, rayado, aplastado y deformación (Shepard, 1976, p. 113). El método de caracterización universal es la aplicación de la Escala de Mohs y que determina la capacidad de un material para rayar a otro. En cerámica generalmente se presentan durezas ubicadas en el rango de 3 a 7. En la Figura 22 se expone una correlación de durezas con la cual se puede hacer la medición. Figura 22. Dureza de la cerámica Capítulo 3. Forma y función La arqueología funcional norteamericana hizo famosa la premisa según la cual la variación de los artefactos depende en primer lugar de la función para la que son concebidos (Binford, 1965; Schiffer, 1995). Por tanto, la forma general de una vasija cerámica será determinada por la función que se espera que cumpla. Este determinante se denomina variación funcional primaria y refiere a la función inicial u objeto para la cual una vasija fue elaborada, lo que implica que el uso primario (o el grupo de tareas para las cuales fue diseñada) es el que determina las características técnicas y formales del artefacto. La función secundaria refiere a la amplia gama de usos que un artefacto puede tener durante su ciclo de vida, o al uso que el mismo o partes de él pueden tener una vez deja de cumplir su función primaria (Castellanos, 2004). Un ejemplo sencillo para ilustrar. Las sandalias son diseñadas y producidas para ser utilizadas como un tipo de calzado (función primaria). Su forma y los materiales con que se fabrican dependen del uso y contexto de uso esperados. No obstante, la misma sandalia puede ser usada para aplastar animales o reprender a los hijos, sin que pierda su funcionalidad como calzado. Una vez se daña, partes de este objeto pueden convertirse en el juguete del perro. Todas estas funciones son secundarias. Con las vasijas cerámicas ocurre exactamente lo mismo y es evidente que en sociedades donde el nivel de desperdicio es muy bajo la funcionalidad secundaria es altísima (tal como lo demuestran los estudios hechos por Castellanos (2004; 2007). Una vez se rompe, una vasija elaborada para contener líquidos puede seguir siendo utilizada para contener sólidos, o para un rango de actividades realmente enorme. Aún más, en algunas ocasiones es posible identificar las reparaciones hechas por los alfareros en procura de continuar haciéndolas útiles. El ejemplo de las sandalias permite comprender la dificultad que puede tener un arqueólogo para saber cuál fue la función (es) secundaria (s) de una vasija. Algunos análisis a escala microscópica permiten un acercamiento al particular a través de la identificación de huellas de uso y residuos de comida en las vasijas (Skibo, 1992; Tite, 1999). Sin embargo, a escala macroscópica es muy poco lo que se puede inferir respecto a la función secundaria de una vasija. Otra vía es el análisis del contexto donde aparece la cerámica. Como se ha mencionado, tanto los análisis a escala microscópica como los de contexto son tópicos que exceden el presente manual. Los análisis macroscópicos sobre la forma de las vasijas de cerámica se concentran en determinar su función primaria. Como se mencionó, la premisa es simple: la forma general de la vasija responde a la función para la cual fue prensada y producida. Siguiendo esta lógica, el presente capítulo muestra procedimientos para la determinación de la forma y, con base en ella, la función de las vasijas cerámicas. Para la determinación de la forma es necesario primero familiarizarse con el conjunto de términos de las partes de una vasija. 3.1 Partes de una vasija Para facilitar la descripción de las partes de una vasija es necesario distinguir entre una vasija simple o abierta de una compuesta o cerrada. Una vasija simple o abierta es aquella donde “el diámetro máximo coincide con la boca”; en tanto una vasija compuesta o cerrada es aquella donde “el diámetro mínimo es superior a un tercio del diámetro máximo” (Balfer et al., 1992, p. 19). Piénsese en la vasija simple como aquella sección inferior de una vasija compuesta y que por ende tiene base, cuerpo y borde; en tanto una vasija compuesta tendrá además hombro y cuello (Figuras 23 y 24). De allí que todas las vasijas tendrán base, cuerpo y borde, en tanto se pueden encontrar o no vasijas con cuello y hombro. Por último, se pueden o no encontrar adiciones de carácter funcional como las asas o vertederas. Figura 23. Vasija simple o abierta vs. vasija compuesta o cerrada Fuente: CerArCo Figura 24. Partes de una vasija Fuente: CerArCo 3.1.1 Partes básicas (que toda vasija tiene) Base: es la parte sobre la cual descansa la vasija y se apoya cuando está puesta en su posición normal (Figura 25) (Eiroa et al., 1999, p. 164). Figura 25. Tipos más comunes de base Nota. a. plana; b. convexa; c. cónica; d. con soporte o pedestal; e. cóncava. Cuerpo: es lo que da la forma general a la vasija y se ubica entre la base y el cuello o borde, según sea el caso. La caracterización de la forma del cuerpo generalmente da nombre a la definición general de la forma de la vasija, y se hace a través de la asociación con una forma geométrica (esférica, elipsoide, oval) o superficie (cilíndrica, cónica, hipérbole) (Shepard, 1976) (Figura 26). Figura 26. Formas de cuerpos de vasijas basadas en formas geométricas Fuente: Basado en Shepard, 1976. Borde: es el margen exterior y superior de la vasija a la cual se une el cuello o el cuerpo, según sea el caso de una vasija cerradacompuesta o abierta-simple. En todos los casos, es la parte que conforma la boca de la vasija. El borde de una vasija se describe según su orientación y puede ser: invertido, recto, evertido (Figura 27). Figura 27. Tipos de borde según su orientación Nota: a. invertido; b. recto; c. evertido. Fuente: CerArCo Labio: la forma del borde es dada por la su parte distal denominada labio. Este puede ser: plano, biselado (interior o exterior), convexo, redondeado, cóncavo, y reforzado o doblado (Figura 28). Figura 28. Tipos de labio Nota: a. plano; b. biselado; c. convexo; d. redondeado; e. cóncavo; f. reforzado. 3.1.2 Partes complementarias (que no todas las vasijas tienen) Cuello: es una sección vertical que conecta el cuerpo de la vasija con el borde. Es una de las partes más difíciles de definir de las vasijas ya que generalmente se confunde con el borde. Justamente la facilidad o no con que se identifica da origen a su descripción: incipiente, corto, medio, desarrollado. Cuando puede ser claramente definido se puede caracterizar según su forma (Figura 29). Figura 29. Tipos de cuello Nota: a. recto; b. recto-abierto; c. recto-cerrado; d. cóncavoredondeado; e. oblicuo-redondeado-abierto; f. oblicuo- redondeado-cerrado; g. convexo-redondeado; h. convexo-recto; i. cóncavo-recto. (Modificado de Llanos y Vegas [1974], citado por Eiroa et al., 1999, p. 158) Hombro: esta parte puede ser aún más difícil de definir que el cuello En una vasija compuesta el hombro es una sección que tiende a la horizontalidad y que conecta el cuerpo con el cuello. Según su forma puede ser recto o curvo (Figura 30). Figura 30. Tipos de hombro Nota: a. recto; b. curvo. 3.1.3 Adiciones de carácter funcional A alguna (s) parte (s) de la vasija se le pueden agregar elementos que contribuyen de forma decisiva a facilitar la manipulación y uso de las vasijas, por lo que su carácter es funcional. No siempre es fácil distinguir estos elementos de aquellos de carácter decorativo, por lo que Eiroa y otros (1999, pp. 168-169) recomiendan atender a características tales como el tamaño y ubicación en la vasija (lo cual no siempre es posible cuando solo se tiene el fragmento adicionado mas no la parte del cuerpo al cuál fue adherido). Asa o agarradera: aplicación con dos superficies de contacto en medio de las cuales queda un hueco o vano. Su función es la de sostener la vasija, generalmente con las manos, por lo que lo más lógico es que se ubique en la parte superior de la misma. De acuerdo a la alineación de las dos superficies respecto al eje de la vasija, el asa puede ser horizontal o vertical. Respecto a la forma del asa, del vano y su localización puede ser: en argolla, triangular, puente o recta (Figura 31). Figura 31. Tipos de asa Nota: a. triangular; b. argolla; c. puente; d. recta. Mango: aplicación con una superficie de contacto, generalmente de forma alargada y cuya función es sostener la vasija. Soporte: prolongación de la base de la vasija sobre la que esta se apoya o mantiene estable. El soporte se caracteriza siguiendo formas geométricas y puede o no ser independiente de la vasija (es decir, no estar adherido a ella). El soporte puede estar constituido por patas, que también se caracterizan según formas geométricas. Una variante de los soportes son los pedestales, generalmente asociados a las copas, y que en términos geométricos se caracterizan como conos invertidos o hipérboles. Vertedera: aplicación alargada en forma tubular que permite conducir líquidos. Se localiza en la parte superior de la vasija (Figura 32). La vertedera puede ser abierta o cerrada. Cuando es abierta constituye una prolongación del labio en forma de canal que no es una adición como tal. La vertedera cerrada es una adición tubular. Figura 32. Tipos de vertedera Nota: a. abierta; b. cerrada. Fuente: CerArCo 3.2 Determinación de la forma Como se mencionó en la introducción, este manual se concentra en la caracterización de las vasijas cerámicas con base en fragmentos -tiestos-. El Anexo 1 describe en detalle el proceso de reconstrucción de la forma de una vasija con base en un tiesto. Sin embargo, no cualquier fragmento servirá para esta tarea. El tipo de fragmentos que puede ser usado hace parte de lo que se denomina fragmentos diagnósticos, que lamentablemente constituyen solo una pequeña fracción de la totalidad de la cerámica que usualmente se colecta en una excavación arqueológica, en un pozo de sondeo o en una recolección superficial. Los fragmentos de bordes son los que permiten la reconstrucción de la forma general de la vasija, en tanto fragmentos de partes como asas, patas o vertederas permiten reconstruir la presencia de adiciones de carácter funcional. Como será claro en el Anexo 1 la mera existencia de un fragmento diagnóstico como el borde no es suficiente para la reconstrucción de la forma de una vasija ya que es necesario que este además tenga un porcentaje mínimo de completitud, lo cual reduce aún más la cantidad de fragmentos que pueden ser efectivamente usados para este fin. Para la determinación de la forma con base en un fragmento es necesario seguir los procedimientos descritos en el Anexo 1. Siempre que se inicie un proyecto de arqueología en una región determinada es muy útil construir un marco de referencia de las formas de vasijas típicas de la región (ver Recuadros 5 y 6). Una vez realizada la reconstrucción de la vasija es posible caracterizarla desde sus aspectos generales a sus particularidades en el siguiente orden: cuerpo, base, borde, labio, cuello, hombro, adiciones de carácter funcional. Por ejemplo: vasija elipsoide de base plana, borde invertido y labio reforzado, cuello recto, hombro redondeado, asa redondeada horizontal. Nótese que hasta aquí la descripción es meramente formal, no funcional. 3.3 Determinación de la función La última fase del análisis de la forma de las vasijas cerámicas es determinar qué son y para qué sirven. Al respecto han sido establecidas ciertas categorías más o menos universales, simples y concretas que son las presentadas en este manual. Recuadro 5 Catálogo de Cerámica Arqueológica de Colombia El Catálogo de Cerámica Arqueológica de Colombia, es un proyecto del Grupo de Patrimonio del Instituto Colombiano de Antropología e Historia –ICANH- que se realiza en asocio con la Embajada Suiza y que tiene como objetivo principal desarrollar y hacer público un catálogo virtual sobre la cerámica arqueológica de Colombia, conformándose como un espacio único abierto para la divulgación y discusión de este material arqueológico en el país. Este proyecto es un instrumento de divulgación y al mismo tiempo académico que les permite a los usuarios un acercamiento directo a los distintos componentes formales, decorativos y tecnológicos de la cerámica arqueológica colombiana, por medio de una plataforma virtual diseñada con altos estándares gráficos, que posibilitan la relación del público general y el especializado con el patrimonio arqueológico de la nación. El Catálogo está conformado por varias fichas interrelacionadas entre ellas, a través de hipervínculos. Estas fichas se encargarán de describir exhaustivamente los aspectos morfológicos y técnicos de un modelo cerámico, su distribución en el territorio colombiano (y áreas aledañas) a partir de las excavaciones arqueológicas realizadas, su cronología, entre otros. Recuadro 6 Museos, bases de datos, libros Una de las actividades casi obligatorias al momento de emprender un análisis cerámico es la revisión de información sobre sus particularidades regionales. Tal vez el aspecto donde estas revisiones son más útiles es el relacionado con la reconstrucción de la forma de las vasijas. Para ello es necesario acudir a catálogos, museos regionales, bases de datos (físicas o en la Internet), donde por lo general se presentan fotografías y/o dibujos de formas completas. La simple ojeada de catálogos como el de la hermosa colección Tesoros Precolombinos - Arte de la Tierra (1992) permite al arqueólogo familiarizarse con la variabilidad de formas cerámicas. No obstante, hay que advertir un posible sesgo de dichas fuentes y es que, por lo general, las piezas completas provienen de contextos funerarios y no necesariamente dichas piezas son similares a otras como las de uso doméstico, de las cuales seguramente provienen la gran mayoría de fragmentos. Varios autores. (1992). Colección Tesoros Precolombinos - Arte de la Tierra. 9 Vols. Bogotá: Fondo de Promoción de la Cultura, Banco Popular.. 3.3.1 Agrupación en clases Una vez se tiene el dibujo de la vasija se puede cotejar con la siguiente plantilla de la Figura 33. El principio básico de esta caracterización es la relación entre el ancho y el alto de la vasija, tal y como se observa en las definiciones presentadas a continuación (Webster, 1976 en Orton, 1987): Figura 33. Plantilla para determinación de la función general Fuente: Modificado de Orton, 1981. Bandeja: vasija plana o casi plana cuya altura no es mayor a 1/7 de su diámetro (también recibe el nombre de placa o fuente) (Figura 34). Figura 34. Bandeja Fuente: CerArCo Plato: vasija cuya altura oscila entre 1/3 y 1/7 de su diámetro (Figura 35). Figura 35. Plato Fuente: CerArCo Cuenco: vasija sin cuello cuya altura es mayor que 1/3 de su diámetro, pero no menor que este. El diámetro de la boca debe ser mayor o igual al de la base y puede o no presentar soporte (Figura 36). Figura 36. Cuenco Fuente: CerArCo Olla: vasija de forma generalmente esférica o elipsoide, con o sin cuello y boca ancha. El diámetro de la boca es menor al diámetro máximo del cuerpo y a la altura de la vasija (Figura 37). Figura 37. Olla Fuente: CerArCo Jarra: vasija de forma generalmente oval o elipsoide, con cuello y asa, cuyo alto es mayor que su ancho (Figura 38). Figura 38. Jarra Fuente: CerArCo Este esquema que define las formas básicas de las vasijas de cerámica permite a su vez comprender las variaciones que definen formas particulares. La Figura 39 muestra algunas de las variaciones más comunes partiendo del esquema anteriormente presentado. Las definiciones de estas formas se presentan en el Glosario de Formas Cerámicas. Figura 39. Variaciones más comunes a partir de formas básicas Los mismos principios de la relación ancho-alto de la vasija constituyen el punto de partida para la determinación de su función. Gracias a diversos trabajos etnoarqueológicos y su posterior contrastación con conjuntos de materiales cerámicos, ha sido posible construir un esquema que permite integrar diferentes características de las vasijas en relación con su uso (Hally, 1986; Henrickson y McDonald, 1983; Rice, 1987; Skibo, 2013; Smith, 1985; 1988). Las funciones básicas que han sido comúnmente identificadas son actividades relacionadas con el procesamiento, guardado, servido y transporte de alimentos. La Figura 40 es un paso a paso que permite inferir el probable rango de usos de una vasija y darle un nombre de acuerdo a su función. Una vez se tiene la imagen de la vasija completa se identifica la forma del cuerpo en la primera columna de la izquierda: cerrada/abierta. Posteriormente se identifica la proporción: ancho-alto; y así sucesivamente hasta la columna de uso. De allí se pasa a la columna de nombre. En este punto es posible dejar de utilizar el genérico vasija y usar el nombre como punto de partida para la descripción (por ejemplo: cuenco elipsoide con borde recto y labio redondeado). La información de las demás columnas brinda una referencia de aspectos complementarios que pueden ayudar a comprender la función y las características tecnológicas de la vasija. Figura 40. Caracterización funcional Existe una cierta cantidad de formas que bien sea por su función o características distintivas reciben nombres propios. Estas formas son definidas en el Glosario de Formas Cerámicas incluido en este manual. Capítulo 4. Color y decoración 4.1 Caracterización del color El color de la cerámica obedece a diferentes factores, dentro de los que se encuentran: la composición de las arcillas y desgrasantes; la temperatura, duración y posición al momento de la cocción; la elección y agregados propios del artesano (i.e. baño o engobe); el uso que se haya dado a la vasija; y las condiciones propias del depósito arqueológico (factores postdeposicionales). En el mismo sentido, por la acción diferencial de los mencionados factores, una sola pieza cerámica probablemente no tiene un color uniforme. Es importante tener siempre presente que este tipo de materiales arqueológicos no es producto de procesos industrializados, por lo que el grado de variación de cada pieza y entre piezas puede ser considerable. Por tanto, es necesario tener cautela cuando se utiliza el color como la base de la clasificación cerámica ya que como todo arqueólogo ha observado en el laboratorio una sola vasija puede tener diferentes colores, ¡inclusive en el núcleo! A diferencia de otras características tales como el desgrasante, el color de la cerámica puede ser profundamente alterado por factores postdeposicionales. En ambientes erosivos tales como suelos muy ácidos o con altos niveles de lixiviación; o en áreas con alteraciones humanas significativas, los fragmentos cerámicos pueden sufrir transformaciones severas que impliquen la pérdida completa de la superficie. Por tal razón, al momento de emprender la caracterización del color de la cerámica es necesario llevar a cabo una evaluación detallada de los procesos naturales y culturales que pudieron incidir en la transformación de la misma. El análisis del color es comúnmente utilizado en estudios concernientes a la tecnología cerámica. Como se verá más adelante, aspectos tales como la técnica de cocción alteran profundamente el color de la vasija, por lo que este es un excelente indicador de procesos tecnológicos. Las secciones de un fragmento cerámico que pueden ser objeto de caracterización son: el núcleo, la pasta, la superficie y la decoración. Es claro que el color de estas secciones puede ser el mismo o diferir completamente entre cada una de ellas. También es posible que la superficie interna y externa presenten colores distintos. Por todo lo anterior, es necesario, en primer lugar, identificar cada una de las secciones y su posible variación respecto al color del núcleo (Figura 41). Ellas se caracterizan realizando una sección transversal de un tiesto, rompiendo parte de él con un alicate para tener así una lectura en “limpio”. Dado que en general los cuerpos de las vasijas tienden a la esfericidad, casi siempre es posible determinar en un fragmento cerámico cual cara corresponde a la superficie interna y cual a la externa: interno-cóncavo / externo-convexo. Figura 41. Corte transversal de un tiesto y colores que pueden ser caracterizados Núcleo. La caracterización del núcleo es útil para determinar las condiciones de combustión y la tecnología empleada. Bien sea que el núcleo presente colores rojizos o negros se caracteriza la atmósfera como oxidante o reducida, respectivamente. Existen cuatro factores que determinan dicha coloración: la presencia o no de materiales orgánicos, la temperatura de cocción, el tiempo de cocción, y la posibilidad o no de circulación de aire (oxígeno). La atmósfera resultante no es consecuencia de la operación de un solo factor, sino que lo es de la interacción o no de ellos. Si durante el proceso de cocción no se alcanzan temperaturas especialmente altas (≤ 500 °C), o el tiempo de cocción no es muy largo, o no existe mucha circulación de aire, y si hay carbón presente este se quemará adquiriendo una coloración negruzca. Si por el contrario la temperatura excede los 500 °C, ella es sostenida por un tiempo suficiente, o existe poca materia orgánica (carbón), y hay circulación de aire con la consecuente oxidación de algunos minerales como el hierro, el núcleo de la cerámica se tornará de color rojizo. Cuando el proceso de oxidación es completo no se delinea un núcleo como tal y al hacer un corte transversal a un tiesto se observa un color uniforme que es el mismo de la pasta. Por el contrario, en una atmósfera reducida, el núcleo se observa en un corte transversal y puede incluso estar presente en todo el corte impidiendo la observación del color de la pasta (Figura 42). Las atmósferas totalmente reductora y totalmente oxidante en realidad son dos extremos de una amplia gama de variaciones, por lo que en la mayoría de los casos será más apropiado caracterizar la atmósfera en términos como oxidante incompleta o reducida incompleta. Ya que un núcleo que denote una atmósfera que no sea totalmente oxidante o totalmente reductora tendrá una sección oxidante y otra reducida la decisión de denominarla oxidante o reducida se hará con base en la mayor proporción que ella ocupe en el núcleo. En el ejemplo de la Figura 42b la mayor poción del núcleo denota una atmósfera reducida, por lo cual se caracteriza como atmósfera reducida incompleta. El hecho de que existan al menos cuatro variables que pueden determinar la coloración del núcleo previene la formulación de hipótesis unicausales respecto a la atmósfera de cocción y por ende se debe ser en extremo cuidadoso en asumir de forma simple que, por ejemplo, una atmósfera reductora es sinónimo de baja temperatura de cocción, cuando en realidad lo que pudo ocurrir es que la arcilla contenía enormes cantidades de materia orgánica (Rye, 1981, Pp 115-118). En el mismo sentido, aunque poco frecuentes, algunas arcillas de color gris al ser cocidas en una atmósfera oxidante resultarán en núcleos de color gris, lo que podría interpretarse erróneamente como una atmósfera reducida. Otro factor que altera profundamente la lectura del color del núcleo es la parte de la vasija de la cual procede el tiesto, ya que si ella fue expuesta constantemente al fuego aparecerá con coloraciones negras, en tanto el resto de la vasija podría presentar coloraciones rojizas en el núcleo. De igual manera, en condiciones de cocción poco controladas, la parte de la vasija más expuesta directamente al fuego puede presentar una atmósfera diferente a la del resto de la vasija. En consecuencia, es perfectamente posible que dos tiestos de la misma vasija puedan ser caracterizados con dos atmósferas diferentes. Todas las anteriores consideraciones resultan en que la atmósfera puede no ser el mejor criterio para la construcción de tipos cerámicos. Figura 42. Apariencia del núcleo de acuerdo al carácter de la cocción Nota: a: atmósfera completamente oxidante, sin delimitación de núcleo; b: atmósfera reductora incompleta, con núcleo definido y observación de la pasta en las dos caras; c: atmósfera completamente reductora, sin delimitación de núcleo. Fuente: Modificado de Rye 1981. Pasta. Entre el núcleo y la superficie generalmente se observa la pasta (en caso de que la superficie haya sido modificada como se verá más adelante), que en estricto sentido indica el color de la arcilla con que fue elaborada la cerámica. Superficie. El color de la superficie depende tanto de las condiciones de cocción como de los agregados intencionales que el alfarero realice antes o después de la misma, los cuales, por lo general, consisten en la adición de una capa arcillosa. Una capa de arcilla diluida en agua y que cubre zonas completas de la vasija se denomina baño o engobe (ver Recuadros 7 y 8). Cuando no se trata de una capa sino de la aplicación de un diseño, por ende con fines decorativos, se denomina pintura. La aplicación del baño o engobe se puede dar mediante la inmersión de la vasija dentro del diluido, vertiendo el diluido sobre la vasija, o adicionándolo con las manos o un textil. En algunas vasijas que generalmente se clasifican como bruñidas (donde el grado de pulimento genera superficies brillantes) es posible que se haya agregado algún tipo de barniz o capa transparente cuyo objetivo pudo ser precisamente generar dicho brillo sin alterar el color (algo similar a lo que ocurre hoy día con la cera para brillo). No obstante, no existen a la fecha en Colombia investigaciones que lo ratifiquen. La Tabla Munsell ha sido diseñada para la caracterización del color del suelo, razón por la cual es la más usual para la descripción cerámica (Shepard, 1976). Su objetivo es estandarizar una gama de colores de acuerdo a criterios tales como la tonalidad, la intensidad y la saturación. No obstante, es importante recordar que ella no puede comprender la amplia gama de variaciones posibles, razón por la cual generalmente el color finalmente identificado es el más cercano a el objeto en cuestión. Así mismo, la identificación resultante puede tener ligeras variaciones de acuerdo al observador y a las condiciones de observación (luz, cansancio, disponibilidad de tiempo, entre otros), por ende, en ocasiones es importante realizar varias veces el mismo ejercicio o que él sea hecho por diferentes observadores. Cuando se describe cerámica, el observador rápidamente encontrará que incluso un solo fragmento puede tener variaciones cromáticas, por lo que el color anotado debe ser el que es más recurrente en un conjunto de fragmentos o aquel que cubre la mayor área dentro del tiesto. Tal y como lo mencionan (Orton y Hughes, 2013, pp. 157-158) aunque existen críticas al uso de la Tabla Munsell para la caracterización del color, este sistema de notación continúa siendo el más aceptado y adecuado para la cerámica. El mayor problema para el uso de ella realmente lo constituye su alto costo, por lo que no todos los arqueólogos estarán dispuestos a comprarla. Cada color en la Tabla Munsell comprende tres elementos: Hue, Chroma y Value. Hue hace referencia a los colores del espectro visual (Verde, Azul, Amarillo, Violeta, Naranja, Rojo) y se denota con la inicial en inglés de cada color (Y: amarillo; R: rojo). No obstante, cada uno de estos tonos tiene una gradación que es la que finalmente conecta un color con otro (piénsese en la forma en que se presentan los colores en el arco iris), por ende, cada inicial es antecedida por un número que indica que en qué punto del color se encuentra (5R significa que es el tono propiamente rojo, en tanto que 7.5R significa un rojo más oscuro, casi púrpura). Cada uno de estos tonos a su vez varía respecto a Chroma (saturación, fuerza y pureza). La pureza del color varía en un rango de 0 a 20 donde 0 sería un color casi blanco y gradaría hacia el gris y negro cerca al 20. El Hue y Chroma varían a su vez en Value (intensidad, brillo o luminosidad), el Value se define como que tan oscuro o claro es un color, donde 0 es completamente negro y 1 completamente blanco. De esta manera, el orden de denominación es el siguiente. En primer lugar, el tono (Hue), seguido por la intensidad y la pureza, los cuales se separan por el signo (/). El siguiente ejemplo 5R 7/2 se lee de la siguiente manera: 5R significa color rojo medio, donde 7, su luminosidad, es cercana al blanco y 2, su pureza, se acerca al gris. El nombre del color es rojo claro (pale red). Recuadro 7 Acabado de la superficie: más allá de la estética Es común que las denominadas técnicas de acabado de la superficie, tales como el pulido o el agregado de algún líquido a manera de recubrimiento, sean entendidas como técnicas decorativas, con poca utilidad tecno-funcional. Experimentos llevados a cabo por (Schiffer, 1990) demuestran todo lo contrario. El estudio de la relación entre el tratamiento de la superficie, la permeabilidad de la cerámica y la efectividad para cocinar mostró algunos patrones interesantes: 1) A mayor tratamiento de la superficie menor permeabilidad de la cerámica y mayor efectividad para el calentamiento. 2) No obstante, si el interior de la vasija es impermeable, por ende, con mayor tratamiento, el tratamiento de la superficie externa no aporta mucho a aumentar la efectividad para la cocción. 3) Cuando son sometidas al fuego, las vasijas con tratamiento de la superficie externa presentan pequeños hoyos y astillamientos, por lo que al final el tratamiento se pierde y se hacen nuevamente permeables y menos eficientes en términos calóricos. En suma, las vasijas con tratamiento de la superficie son más eficientes en términos de la cocción, pero para que lo sean la superficie que debe ser más tratada e impermeabilizada es la interna. Schiffer, M. (1990). The Influence of Surface Treatment on heating Effectiveness of Ceramic Vessels. Journal of Archaeological Science (17), 373-381. 1.3.1 4.2 Decoración Se entiende la decoración como una etapa de la producción que tiene como fin adicionarle cualidades estéticas, no funcionales, a la cerámica. Como se mencionó en el Capítulo 1, existen algunos procesos de transformación que en principio podrían caracterizarse como estéticos-no funcionales pero que en realidad responden a un gesto técnico que busca mejorar alguna cualidad tecnológica de la cerámica y por ende no guarda una intencionalidad estética. Afortunadamente el rango de procesos que pueden parecer ambiguos en este sentido es más bien limitado y en la mayoría de los casos será relativamente fácil distinguir lo que en sentido estricto se denomina decoración. Los análisis basados en la decoración de la cerámica tienen un potencial enorme, aunque han sido poco explorados en Colombia (véase una notable excepción en: Escallón, 2005). Es sobre todo a través de ellos que se pueden estudiar asuntos relacionados con el estilo e interacción social. Sin embargo, existen dos fuertes limitantes para los estudios sobre la decoración. En primer lugar, la cantidad efectiva de fragmentos que poseen decoración, lo que en la mayoría de los casos impide hacer consideraciones con validez estadística o comparaciones entre tipos. Segundo, la fragmentación misma del diseño, propia de los tiestos, que dificulta la reconstrucción de patrones. Con lo anterior, la intención de estudiar en detalle la decoración cerámica fácil y rápidamente se deriva en frustración. En la caracterización de la decoración es necesario distinguir tres aspectos: el tipo; el patrón que sigue (si lo hay); y su localización. 4.2.1 Tipos de decoración Los tipos de decoración se agrupan según tres procesos (véase García y Calvo, 2013): 1) adiciones de arcilla (aplicación, baño o engobe); 2) adición de otros materiales diferentes a la arcilla (pintura, ahumado); 3) remoción o modificación de la vasija o parte de ella (incisión, excisión, esgrafiado, impresión, estampado, calado, perforado, bruñido). · Aplicación: adición que se hace a una vasija de una pieza de arcilla previamente modelada (Figura 43). Figura 43. Aplicación Fuente: CerArCo · Baño o Engobe: aplicación de una capa de arcilla más o menos disuelta en agua a una parte o toda la vasija. Esta mezcla puede ser del mismo color o no de la arcilla de la cerámica y puede tener una finalidad estética o funcional (véase Recuadro 8). · Pintura: aplicación de un material colorante que forma un diseño. Puede ser positiva, si el diseño se ejecuta por medio de la aplicación del colorante (Figura 44), o negativa, si el diseño es el resultante de los espacios vacíos dejados por la aplicación de colorante (Figura 45). También puede ser monocroma, cuando se usa un solo color, o polícroma, cuando se usan dos o más colores (Figura 46). Figura 44. Pintura Fuente: CerArCo Figura 45. Pintura negativa Fuente: CerArCo Figura 46. Pintura polícroma Fuente: CerArCo · Ahumado: ennegrecido de partes de la vasija, generalmente formando manchas de hollín, que se producen mediante la exposición de la vasija al fuego (Figura 47). Se distingue del ahumado producto de la cocción en que las manchas siguen un patrón definido. Figura 47. Ahumado Fuente: CerArCo · Incisión: corte con un objeto punzante sobre la vasija húmeda que produce un desplazamiento lateral y menor de la arcilla, más no su extracción (Figura 48). Figura 48. Incisión Fuente: CerArCo · Excisión: corte con un objeto punzante sobre la vasija húmeda que produce la extracción de partes de arcilla, sin atravesar la pared (Figura 49). Figura 49. Excisión Fuente: CerArCo · Esgrafiado: corte con un objeto punzante sobre la vasija seca. A diferencia de la incisión que produce “cortes limpios” el esgrafiado se reconoce fácilmente porque genera trazos irregulares y/o pequeños descascaramientos o desconchamientos de la superficie (Figura 50). Figura 50. Esgrafiado Fuente: CerArCo · Impresión: presión realizada con un objeto o dedo y que produce un hundimiento en la arcilla húmeda. El patrón, en caso de existir, resulta de la presión reiterada del objeto sobre la vasija, es decir, el patrón se construye directamente sobre la vasija (Figura 51). Figura 51. Impresión Fuente: CerArCo · Estampado: presión realizada con un objeto y que produce un hundimiento en la arcilla húmeda. La decoración es el resultado del patrón mismo del objeto, que ha sido previamente diseñado, es decir, el patrón no se construye en la vasija, por ejemplo, una cesta o un rodillo (Figura 52). Figura 52. Estampado Fuente: CerArCo · Ungulado: presión realizada con la uña o dedo que además de la impresión (presión) genera desplazamiento de la arcilla (Figura 53). Figura 53. Ungulado Fuente: CerArCo · Perforado: extracción de arcilla en forma generalmente redondeada que puede o no atravesar la pared de la vasija (Figura 54). Figura 54. Perforado Fuente: CerArCo · Calado: extracción de arcilla que atraviesa la pared de la vasija. Puede tener una finalidad estética o funcional (Figura 55). Figura 55. Calado Fuente: CerArCo · Bruñido: fricción o frotamiento de la superficie con un objeto cuando ella se encuentra en estado de cuero duro. Este proceso genera un acabado lustroso o brillante (Figura 56). Figura 56. Bruñido Fuente: CerArCo 4.2.2 Patrón Una vez identificado el tipo de decoración es útil hacer una descripción del patrón que ella sigue, cuando existe o es posible identificarlo. Generalmente el patrón se describe por medio de términos geométricos y posicionales, por ejemplo: líneas perpendiculares o círculos formando líneas verticales. A este punto, lo más adecuado es que sea el dibujo quien muestre dicho patrón para evitar una confusión terminológica (Figura 57). Todos los arqueólogos nos hemos visto en apuros para describir patrones o tratando de entender una descripción proveída en algún texto, por lo que puede ser más sencillo hacer uso de imágenes. Figura 57. Patrón achurado Fuente: CerArCo 4.2.3 Localización Finalmente, es necesario indicar el lugar o sector de la vasija donde se encuentra la decoración, siguiendo la terminología de las partes de la vasija que se encuentran en el Capítulo 2 (i.e. cuello, base, borde, entre otros). Al igual que con el patrón, un dibujo que indique claramente la posición de la decoración en relación con la forma total del cuerpo será de mayor utilidad que una extensa descripción con posibles errores terminológicos (Figura 58). Figura 58. Ejemplo de dibujo donde se muestra claramente la posición de la decoración Fuente: CerArCo Recuadro 8 Un enredo terminológico: baño y engobe Si hay un asunto sobre el que no existe acuerdo terminológico para la caracterización de la cerámica es la diferencia entre el baño y el engobe. En cualquier caso, es necesario en primer lugar diferenciar la capa de baño o engobe de la pintura. Baño o engobe son una capa líquida arcillosa; en tanto la pintura no necesariamente está compuesta de arcilla y no es un recubrimiento sino un diseño. Existen al menos cinco variables relacionadas con la diferencia entre el baño y el engobe: el grosor de la película agregada a la vasija, la concordancia entre el color de la vasija y la capa que se agrega, la porción de la vasija cubierta por la capa, su funcionalidad y el momento en que se aplica. Para algunos autores el baño sería una capa de arcilla muy diluida en agua, en tanto que el engobe sería una capa arcilla poco diluida en agua y por tanto más gruesa (Echeverría, 1981). Para otros, el baño es una capa del mismo color de la arcilla de la vasija mientras el engobe es de un color diferente (Manrique, 2001; Rojas de Perdomo, 1975). Según García y Calvo (2013) el engobe cubre toda la vasija mientras el baño solo una parte de ella. Para Fenoglio y Rubio (2004) el engobe cumple una función de impermeabilización (véase también Heras, 1992), en tanto el baño se relacionaría más con la decoración. Según Adames (1982) y Rojas (1993) el baño es una capa que se aplica antes de la cocción. Finalmente, en algunos textos los términos se usan indistintamente, por lo que baño y engobe referirían básicamente a lo mismo (Meggers y Evans, 1969; Pérez y Mendoza, 2011). Es claro que documentar las diferencias antes propuestas puede constituir una tarea realmente engorrosa y en últimas constituir una fuente de error en la caracterización. No existe un criterio sencillo para determinar el grosor de la capa adherida a la superficie (grosor que en todo caso puede ser menor a un mm y por ende no ser medible macroscópicamente). Tampoco es fácil, cuando se trabaja con fragmentos, determinar si la capa fue aplicada a una parte o a toda la vasija. Menos fácil es saber si la capa se aplicó antes o después de la cocción. Y mucho menos fácil es determinar si ella guarda un criterio funcional o estético. Tal vez la única diferencia que puede ser observada con facilidad es la relación entre el color de la vasija y la capa aplicada. Como se entenderá, la combinación de dos o más variables complica aún más el asunto: por ejemplo, grosor de la capa y concordancia o no con el color. Ante estas dificultades la opción de este manual es usar los dos términos indistintamente y sugerir que en los casos a que haya lugar la distinción se aclare a qué refiere cada término. Adames, L. A. (1982). Glosario de terminología técnica de cerámica Arqueológica para Colombia. (Trabajo de Grado). Universidad Nacional de Colombia, Bogotá. Echeverría, J. (1981). Glosario Arqueológico. Otavalo: Instituto Otavaleño de Antropología. Fenoglio, F., y Rubio, J. (2004). La cerámica arqueológica. Los procesos de manufactura y una propuesta metodológica de análisis. (Tesis de Licenciatura). Escuela Nacional de Antropología e Historia, México. García, J., y Calvo, M. (2013). Making Pots. El modelado de la cerámica y su potencial interpretativo (Vol. 2540). Oxford: BAR International Series. Heras, C. (1992). Glosario terminológico para el estudio de las cerámicas arqueológicas. Revista Española de Antropología Americana (22), 9-34. Manrique, E. (2001). Guía para un estudio y tratamiento de cerámica precolombina. Lima: Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología. Meggers, B., y Evans, C. (1969). Cómo interpretar el lenguaje de los tiestos. Manual para arqueólogos. Washington: Smithsonian Institution. Perdomo, L. (1975). Manual para el estudio de la cerámica arqueológica en Colombia. Bogotá: Universidad de los Andes. Pérez, A., y Mendoza, V. (2011). Glosario arqueológico. Términos más utilizados en arqueología. La Paz. Rojas, D. (1993). Glosario para la documentación cerámica. Bogotá: Banco Popular. Capítulo 5. Grosor de las paredes La caracterización del grosor es seguramente el procedimiento más simple y rutinario, pero a su vez es el atributo al que menos se saca provecho al momento de estudiar la cerámica. El grosor de la cerámica aporta en la caracterización de la función de la cerámica (véase Figura 40) y es muy útil al momento de identificar variaciones dentro de un conjunto cerámico. La medida del grosor, a menos que se indique lo contrario, pretende dar cuenta del espesor de las paredes de la vasija. La forma más simple y confiable para la medida del grosor es la utilización de un calibrador o pie de rey (Figura 59). Lo único que debe tenerse en cuenta es que se esté midiendo el grosor de la pared de la vasija y no otras partes como el borde. Debido a que las vasijas fueron hechas a mano, entiéndase no industrialmente, es lógico ellas no presenten un espesor regular. Figura 59. Medida de grosor con pie de rey Fuente: CerArCo Siguiendo a Joukowsky (1980, p. 338), se pueden caracterizar los fragmentos como: Delgados: si tienen menos de 1 cm de grueso. Gruesos: si tienen más de 1 cm de grueso. No obstante, la variación en los grosores, y por ende la caracterización resultante, debería ser un proceso inductivo basado en la variabilidad misma de la muestra que se trabaje. Para ello es muy recomendable un análisis estadístico básico como puede ser un diagrama de tallo y hojas o un histograma (Drennan y González, 2019). La Figura 60, muestra un ejemplo hipotético basado en la medida del grosor de 70 tiestos y donde es posible gracias a los diagramas de tallo y hojas y al histograma delimitar dos grupos denominados Delgado (3-7 mm) y Grueso (8-10mm). Figura 60. Determinación de conjuntos mediante la medida del grosor Nota: a. Diagrama de tallo y hoja; b. Tabulación de información; c. Histograma, basado en b. Para la medida del grosor existen tres posibilidades: 1. Medir la totalidad de los fragmentos de un conjunto cerámico previamente definido (lo que se denominaría tipo) y posteriormente calcular el promedio. 2. Dentro de cada conjunto tomar el rango de variación (desde el más delgado al más grueso). 3. Combinar los dos procedimientos anteriores. Recuadro 9 Grosor de la cerámica y resistencia al choque térmico La variación en el grosor de la pared de una vasija cerámica supone condiciones diferentes respecto a su desempeño técnico. Aspectos tales como la conductividad del calor y la resistencia a los golpes aumentan o disminuyen en relación con el grosor de las paredes (Braun, 1983). Contrario a lo que se podría pensar, la resistencia al choque térmico (entendida como la capacidad de soportar un cambio abrupto en la temperatura) es inversamente proporcional al grosor de las paredes (Bowen y Harry, 2019; Braun, 1983). En otras palabras, son las vasijas de paredes más delgadas las que mejor soportan los fuertes cambios de temperatura. Si esta premisa es cierta, las vasijas con evidencia de haber sido utilizadas en labores de cocción deberían estar entre las más delgadas de la vajilla. Bowen, K., y Harry, K. (2019). Evaluating the relationship between Ceramic Wall Thickness and Heating Effectiveness, Fuel Efficiency, and Thermal Shock Resistance. Midcontinental Journal of Archaeology, 44(3), 259-275. Braun, D. (1983). Pots as Tools. En J. Moore y A. Keene (Eds.), Archaeological Hammers and Theories. New York: Academic Press.. Glosario de formas cerámicas En colaboración con Juliana Campuzano Botero-CerArCoICANH. Fuente: CerArCo Aerófono: instrumento musical que produce sonido mediante la vibración del aire (Echeverría, 1981). Alcarraza: vasija cerrada con dos vertederas cerradas unidas por un asa de puente. Fuente: CerArCo Ánfora: jarra de base prolongada, generalmente en forma de cono, y cuello alargado, sin asa. Fuente: CerArCo Fuente: CerArCo Bandeja: vasija plana o casi plana cuya altura no es mayor a 1/7 de su diámetro (también recibe el nombre de placa o fuente). Barril: vasija de cuerpo cilíndrico dispuesto horizontalmente. Fuente: CerArCo Botella: jarra de cuello largo y estrecho, sin asa. Fuente: CerArCo Fuente: CerArCo Budare: placa plana o ligeramente cóncava de grandes dimensiones (≥50 cm de diámetro), utilizada para tostar semillas o asar harina de yuca o maíz. Caja: vasija de forma cuadrada o rectangular. Fuente: CerArCo Cántaro: jarra de cuello corto y boca estrecha, con asa (s). Fuente: CerArCo Fuente: CerArCo Fuente: CerArCo Cazuela: cuenco con asas o mango, utilizado para la cocción. Colador: instrumento con agujeros utilizado para separar, filtrar o tamizar, generalmente sólidos de líquidos. Copa: cuenco con soporte o pedestal. Fuente: CerArCo Fuente: CerArCo Crisol: vasija de tamaño muy pequeño utilizada para fundir metales. Cuchara: cuenco pequeño con mango. Fuente: CerArCo Fuente: CerArCo Cuenco: vasija sin cuello cuya altura es mayor que 1/3 de su diámetro, pero no menor que este. El diámetro de la boca debe ser mayor o igual al de la base y puede o no presentar soporte. Fuente: CerArCo Fuente: CerArCo Fuente: CerArCo Fuente: CerArCo Cuenta: pieza, generalmente muy pequeña, con orificio, que hace parte de un collar. Figurilla: pieza modelada o moldeada que generalmente representa seres humanos o animales. Gacha: vasija de forma cilíndrica o hipérbole de gran tamaño, con acabado burdo y paredes gruesas, usada para la cocción y procesamiento de la sal. Jarra: vasija de forma generalmente oval o elipsoide, con cuello y asa, cuyo alto es mayor que su ancho. Mocasín: vasija en forma de zapato. Fuente: CerArCo Fuente: CerArCo Molde: instrumento generalmente hueco que sirve para dar forma a otro objeto. Múcura: jarra de cuello largo y estrecho, con asa. Fuente: CerArCo Fuente: CerArCo Olla: vasija de forma generalmente esférica o elipsoide, con o sin cuello y boca ancha. El diámetro de la boca es menor al diámetro máximo del cuerpo y a la altura de la vasija. Fuente: CerArCo Plato: vasija cuya altura oscila entre 1/3 y 1/7 de su diámetro. Fuente: CerArCo Poporo: recipiente utilizado para contener cal u otra sustancia usada durante la masticación de coca. Usualmente son esféricos y con boca muy restringida. Fuente: CerArCo Fuente: CerArCo Rallador: utensilio en forma de placa, plato o cuenco, con incisiones profundas, punteados o incrustaciones de piedrecillas, conchas u otros elementos, localizados generalmente en el fondo de la vasija. Retablo: figura antropomorfa cuya forma general -cabeza y cuerpo- es plana. Sello o pintadera: instrumento plano o cilíndrico (rodillo) con diseño en bajo o alto relieve usado para estampar. Fuente: CerArCo Fuente: CerArCo Sonaja: instrumento musical que consiste en un objeto hueco dentro del cual se encuentran bolitas de barro, semillas o piedrecillas, que producen sonido al chocar con sus paredes. Tapa: pieza que cubre o cierra la boca de una vasija Fuente: CerArCo Tecomate: olla sin cuello y boca restringida. Fuente: CerArCo Urna: vasija utilizada para depositar restos humanos (huesos o cenizas). Fuente: CerArCo Fuente: CerArCo Vaso: vasija abierta, de cuerpo cilíndrico y base plana, cuya altura es mayor al diámetro de la boca. En algunas ocasiones puede tener soportes. Fuente: CerArCo Volante de huso: disco o peso, perforado en su parte central, que se coloca en la parte inferior de un huso y ayuda a torcer la hebra, sirviendo además para que el ovillo no se salga (Heras, 1992). Anexo 1. El dibujo arqueológico de la cerámica Por: Alberto Sarcina- CerArCo-ICANH La documentación gráfica del material arqueológico es fundamental para la correcta divulgación de cualquier investigación. Los arqueólogos a menudo subestiman este aspecto, lo que hace que la contribución científica sea mucho menos efectiva. La descripción escrita de un objeto cerámico, en general, es menos eficaz que una buena ilustración. Los arqueólogos tienen una responsabilidad bastante importante frente a la comunidad en general y a la comunidad científica en particular. Una excavación arqueológica es un acto único e irrepetible y por ende la única forma para preservar y transmitir la mayor cantidad posible de datos a los demás es a través de la documentación clara y detallada de los hallazgos. En ese sentido, la documentación gráfica de las piezas halladas en una excavación, o que hacen parte de la colección de un museo o institución, tiene el mismo nivel de responsabilidad que el análisis hecho sobre estos materiales, ya que muy difícilmente otro estudioso u otro interesado podrá acceder a esas piezas. Para que una ilustración sea una “buena ilustración” hay cánones aceptados y compartidos por la comunidad científica internacional. Esta sección describe dichos cánones respecto a la documentación gráfica de la cerámica arqueológica. A.1.1 ¿Dibujo o fotografía? ¿Dibujo o fotografía? Es una pregunta clásica, especialmente entre los estudiantes de arqueología. ¿Por qué invertir todo este tiempo en una ilustración a mano cuando hay cámaras que realizan excelentes fotografías? En realidad, la fotografía y el dibujo tienen dos funciones distintas y describen características diferentes de las piezas arqueológicas. El dibujo es una representación técnica ideal de la pieza, ya que puede al mismo tiempo representar el exterior de la pieza, su sección y su interior. Adicionalmente, cuando se trata de un fragmento permite hacer una hipótesis de la proyección de sus partes fragmentadas y la reconstrucción, por lo menos parcial, de la pieza. Su único límite es la representación del color (de la superficie y de las posibles decoraciones pintadas), que necesariamente se hace con tonos de grises y notas a margen. Por este motivo, es necesaria la complementariedad entre el dibujo y la fotografía, siempre y cuando esta última sea a color y bien realizada. En general, se puede decir que la fotografía es descriptiva, mientras que el dibujo es analítico. Por ende, si se tiene la posibilidad, lo adecuado es incluir dibujo y fotografía. Si hay que elegir (por falta de espacio o de recursos), los dibujos transmitirán más características que las fotografías. El dibujante es un observador privilegiado con respecto a un artefacto. Una fotografía es una representación momentánea susceptible de muchos errores debido principalmente a la luz (demasiada sombra, demasiada iluminación) y a la deformación dada por la inclinación, el punto de vista o el tipo de lente utilizado. Además, una vez hecha la toma, difícilmente se podrá volver a repetir, ya que las colecciones de artefactos no siempre están a la mano. El dibujo, por otro lado, obliga al dibujante a hacerse muchas preguntas sobre el artefacto: ¿Dónde continúa esta decoración que parece desvanecerse en este punto? ¿Esta es una irregularidad de la vasija o es la huella de una aplicación caída?, entre otras. Preguntas que una cámara nunca se hará. El dibujante puede incluso notar las huellas del alfarero u otros detalles que le ayudarán a comprender mejor la pieza. Por lo anterior, se aconseja que el dibujante sea un arqueólogo, quien sabe qué preguntas hacer a una vasija, a un artefacto o a un horizonte de suelo (Sí, los arqueólogos hablamos con las vasijas y con la tierra). Adicionalmente, si el dibujante es un arqueólogo, es posible que conozca el tipo cerámico que está dibujando y entonces pueda fácilmente relacionarlo a otras piezas conocidas. Esto es especialmente útil en el caso de fragmentos cerámicos para su reconstrucción hipotética. En resumen, el acercamiento a la cerámica a través del dibujo es una oportunidad para el arqueólogo de profundizar en los detalles morfológicos de la misma. Nota: No se preocupen, aunque no todo el mundo pueda pintar como Van Gogh o Caravaggio, pero todo el mundo puede aprender a dibujar técnicamente cerámica arqueológica. A.1.2 Planificación del dibujo Dependiendo del destino final del dibujo y del tamaño de la pieza, se selecciona la escala en que se va a realizar. En general, en la cerámica, se trabaja en escala 1:1 (o sea, cada centímetro en el papel corresponde a un centímetro en la realidad). Es posible que, para piezas particularmente grandes como algunas urnas funerarias, se tenga que utilizar una escala 1:2 (cada centímetro en papel corresponde a dos centímetros en la realidad). Es más cómodo, de todos modos, realizar el dibujo en escala 1:1 utilizando varios papeles y posteriormente reducir el tamaño de forma digital (después de escanearlo). Las piezas completas o casi completas se dibujan en su posición de uso, es decir que una tapa se dibuja boca abajo. Algunos objetos necesitan ser representados con varias vistas, por ejemplo, cuando tienen una forma particular, un detalle o decoraciones que se aprecian desde un punto de vista específico. La forma básica de representación es de frente, que muestre al mismo tiempo el prospecto y la sección. La posibilidad de realizar una o más vistas depende de la finalidad del dibujo, o sea de su destino de impresión y del espacio a disposición. Igualmente, es aconsejable dibujar todo lo posible, especialmente en la fase de dibujo a lápiz, y dar prioridad a lo que brinde más información en el momento de trazar con tinta. Es un buen hábito contar con un espacio cómodo para el trabajo, una buena silla, una mesa suficientemente amplia y una buena iluminación. Ya que por convención las sombras en el dibujo son determinadas por un punto de luz ubicado idealmente a 45 grados arriba y a la izquierda de la pieza (ver más adelante), es importante disponer de una lámpara de mesa que se ubique de esta manera. Con la experiencia se aprende a representar las sombras sin necesidad de poner esta lámpara. A.1.3 Convenciones del dibujo arqueológico La ilustración de una forma vascular se basa en una proyección ortogonal compuesta que utiliza el eje de la vasija como elemento separador: la mitad izquierda destinada a la sección y a la pared interior; la mitad derecha al prospecto y al perfil. Estas son las convenciones europeas, en Estados Unidos es al revés. En verdad no es importante cuál de las dos partes sea destinada a la sección, a veces es la decoración misma de una vasija la que sugiere una de las dos opciones (Figuras 61 y 62). Figura 61. El punto de vista para el dibujo de una vasija Nota. Al centro el eje que corta en dos el dibujo; A: en el lado derecho el prospecto de la vasija, el exterior y el sombreado; B en el lado izquierdo el interior de la vasija con las decoraciones internas, si las hay y la sección (C). Figura 62. Ejemplos de dibujos técnicos de la cerámica Nota. La decoración interior se muestra en la parte izquierda del dibujo. Si hay elementos importantes, como las pequeñas bolas de cerámica de las bases con sonajeros, también se ilustran en la parte izquierda. Fuente: CerArCo. La visión bidimensional con enfoque analítico ha reemplazado la visión falsamente tridimensional que se usó en el siglo XIX y que tenía grandes carencias. La parte izquierda del dibujo, dedicada a la sección, contiene también información del interior de la vasija (como decoración u otras características importantes). La parte derecha se encarga de representar el exterior de la pieza y su volumen (a través de un claroscuro ligero). Cuando sea necesario, es útil realizar vistas complementarias: una vista cenital, desde arriba, si se trata de una vista de la parte alta (boca de la vasija) o desde abajo si es necesario evidenciar el fondo del recipiente. Si la vasija contiene decoraciones que varían mucho en cada lado, como en una vasija con cuerpo de forma antropomorfa o zoomorfa, se debe realizar el dibujo de, por lo menos, otro lado. En algunas ocasiones, es necesario realizar una vista ampliada para algún detalle, como un asa o una decoración (Figura 63). Figura 63. Vistas complementarias para mostrar detalles importantes Nota. Vista cenital desde arriba (para la decoración interna); cenital desde abajo (para una decoración en la base); cuatro vistas para mostrar todos los detalles de la pintura; dos vistas para el detalle de una decoración zoomorfa; cenital desde arriba y otra vista (para una vasija particularmente compleja). Fuente: CerArCo. La sección de la cerámica puede ser rellenada de negro. También se utiliza un plumeado oblicuo a 45 °, del bajo a izquierda hacia el alto a derecha o puede ser dejada en blanco. Cuando existan, es necesario siempre representar la sección de las asas, indicando con dos pequeñas líneas el punto en que se toma la misma. Esta sección se rellena de la misma forma de la sección de la vasija y ayuda a entender rápidamente si el asa es tubular, plana, doble, entre otros (Figura 64). Figura 64. Ejemplos de representaciones de secciones de asa Fuente: CerArCo. A.1.4 El dibujo de una vasija completa Como se mencionó en el Capítulo 1, el torno fue implementado por los europeos en el siglo XVI, por lo cual toda la cerámica prehispánica carece de altos niveles de estandarización. Esto tiene una consecuencia importante para la representación de la cerámica ya que no se puede presumir que las piezas tengan una simetría o una regularidad perfecta, como se da en la mayoría de las piezas elaboradas con torno. Por esto, en la representación de las piezas enteras, no es posible utilizar técnicas “de espejo” que permitan el diseño de toda la forma de la vasija a partir del dibujo de uno solo de los dos lados, que simplemente se voltea a la distancia correcta en el otro lado. La cerámica se tiene que dibujar en todos sus detalles, mostrando sus irregularidades, ya sean en la inclinación de la boca o en la falta de simetría entre los dos lados. Para determinar dónde poner el eje que reparte en dos el dibujo, se tiene entonces que observar las características de la vasija: en las vasijas regulares y simétricas el eje se pone en el centro de la línea de la boca, en las irregulares y asimétricas en el centro de la línea de la base o soporte (si la base es suficientemente plana) (Figura 65). Figura 65. Ejemplos de vasija irregular o asimétrica Nota. En estos casos el eje se pone en el centro de la base. Fuente: CerArCo. Para el dibujo de las vasijas enteras es preferible no utilizar el peine, o utilizarlo con extrema cautela, ya que la presión del mismo puede erosionar ligeramente la pieza. Se puede dibujar en papel milimetrado o, mejor aún, en papel pergamino sobrepuesto a una hoja de papel milimetrado y fijado con cinta de enmascarar. A continuación, se realizan los siguientes procedimientos: 1. Se ubica al lado izquierdo de la pieza una escuadra de tamaño suficientemente amplio como para llegar por lo menos a la altura máxima de la misma. El punto en que la escuadra toca la pieza se define como “punto 0”, ya que en este punto la distancia entre la línea definida por la escuadra y la pieza corresponde a 0 . 2. Se dibuja una línea vertical correspondiente a la línea definida por la escuadra. 3. Se toman las distancias desde la escuadra hasta varios puntos de la pieza, comenzando por el punto más bajo de la base/soporte, dibujando a partir de la línea vertical los puntos correspondientes y midiendo las alturas (Y) sobre la escuadra y las distancias (X) de la misma. El número de puntos depende de la experiencia del dibujante, siendo como mínimo los puntos que definen la distancia entre la escuadra y la base de la vasija (o de su soporte); el posible punto de unión entre soporte y base, una parte intermedia del cuerpo de la vasija; el punto de mayor anchura del cuerpo; el punto más estrecho del cuello; el punto de unión entre el borde y el cuerpo y el punto extremo del borde (que sea evertido, recto o invertido). 4. Se mide y dibuja la circunferencia de la base/soporte (o de la boca si la base no es suficientemente plana o si la pieza es muy simétrica) al centro de la cual se posiciona el eje. 5. Realizar la misma operación para el lado derecho de la vasija, dibujando la línea vertical de la derecha a la distancia exacta entre la escuadra y la extremidad derecha de la circunferencia que se ha elegido (el lado derecho de la base/soporte o de la boca) (Figuras 66 y 67). Figura 66. Dibujo de pieza entera (forma abierta) Fuente: CerArCo. Figura 67. Dibujo de pieza entera (forma cerrada) Fuente: CerArCo. Nota. La toma de puntos se realiza a partir de un rectángulo hipotético en el que está incluida la vasija. Los perfiles izquierdo y derecho de la vasija se toman a partir del punto “0” de contacto entre las escuadras y la vasija. Un dibujante experto necesita de pocos puntos de medidas (izquierda), un dibujante en sus primeros diseños necesitará más puntos (derecha). 6. El espesor de la cerámica se determina con los calibradores. El calibrador clásico, “pie de rey”, permite una fácil lectura del espesor del borde. Para el espesor del cuerpo es esencial un instrumento un poco más difícil de encontrar: el calibrador internos-externos o “a forceps”. El clásico y un poco costoso modelo analógico en metal, está siendo sustituido por un modelo digital en material plástico, mucho más económico, que se puede fácilmente encontrar en tiendas virtuales de material arqueológico. Se tienen que tomar varios puntos de espesor al interior de la vasija (Figura 68). Figura 68. Medición de los espesores de la vasija, para las paredes y para la base Fuente: CerArCo. 7. Para el espesor de la base de la vasija se mide la altura total de la misma (medida 1) y se resta la medida tomada insertando un metro de albañil o un flexómetro dentro de la vasija hasta que toque el fondo. En el caso de vasijas con pedestal, hay que sumar a la segunda medida el espacio entre la base y el fondo del pedestal. A.1.5 El dibujo basado en un fragmento cerámico Es bien sabido que la mayor parte del material cerámico hallado en una excavación arqueológica está constituido por fragmentos. Por lo tanto, este es el tipo de material al que más comúnmente se enfrenta el arqueólogo al momento del dibujo. Las normas generales ya descritas siguen vigentes para el dibujo de fragmentos cerámicos, con algunas particularidades que se exponen a continuación. Se puede realizar una reconstrucción gráfica parcial de la vasija original a partir de partes que se puedan orientar: el labio/borde, el cuello (cuando es determinado por una arista, un acanalado, entre otros), las líneas decorativas horizontales, la quilla, la base (cuando tiene un ángulo acentuado que lo distingue del cuerpo) y el soporte (Figura 69). Figura 69. Ejemplo de reconstrucción gráfica a partir del borde, de la quilla (o de una decoración horizontal en el cuerpo) y del soporte Fuente: CerArCo. La parte que más comúnmente se utiliza es el borde, tal como se describe a continuación: 1. Una vez seleccionado el fragmento de borde se procede a determinar su orientación. Para esto, se ubica el fragmento boca abajo en una mesa o en una superficie estable y plana. La inclinación original se tendrá cuando no pase ninguna luz en el espacio entre el borde y el plano, ni a los lados (poca inclinación), ni al centro (demasiada inclinación). Cuando la boca tiene un porcentaje de completitud superior al 30% (ver más adelante) este se afirma naturalmente sobre la superficie horizontal como si la vasija fuera puesta boca abajo. En el caso de bordes irregulares, para la adición de una aplicación (un asa, por ejemplo) o para la factura, se tiene que evaluar la parte de circunferencia sin aplicaciones o el punto donde hay “menos luz”, o sea donde un porcentaje mayor del borde conservado se mantiene en un plano (Figura 70). Figura 70. Ejemplo de reconstrucción gráfica Fuente: CerArCo. Nota. 1. El borde adhiere: el fragmento está bien posicionado; 2. pasa luz en el centro: el fragmento es demasiado inclinado; 3. pasa luz en los dos extremos: el fragmento es poco inclinado. Cuando la inclinación original es demasiado dudosa, se suele poner un asterisco a la base de la sección para indicar que la inclinación es hipotética. En particular, hay tres opciones: a. el fragmento es demasiado pequeño o con un arco de círculo modelado irregularmente, pero se puede calcular su inclinación con una imprecisión limitada; b. el fragmento no es físicamente orientable, pero corresponde a una tipología conocida, entonces, se puede inclinar según la documentación disponible; c. el fragmento no es físicamente orientable, ni se conoce una tipología asociada. Se dibuja según una inclinación arbitraria, aunque hipotéticamente probable. En cualquier caso, se debe hacer evidente la elección del dibujante mediante los siguientes símbolos: (*) para el caso a; * para el caso b; y ○ para el caso c (Leonardi y Ruta 1981, p. 18; Leonardi y Penello 1991, p. 59). Si la inclinación es incierta, el diámetro no se puede determinar, y entonces se dibuja el solo fragmento, visto en una inclinación hipotética, y su sección, poniendo a la base el asterisco correspondiente (Figura 71). Figura 71. Ejemplos de fragmentos de borde sin una inclinación segura Fuente: CerArCo. 2. Una vez identificada la orientación del borde se procede a determinar su diámetro original, existen dos métodos para hacerlo: a partir de la superposición del borde encima de un circulímetro o a través de un método geométrico. El circulímetro es una hoja en la que están dibujadas circunferencias concéntricas de radio creciente, a intervalos de 0.5 cm. Se puede realizar fácilmente con un compás, sobre una hoja blanca o, mejor, un cartón. Al lado de cada círculo escribimos el valor del diámetro. Con un transportador se trazan líneas cada 18 °, que equivalen a un porcentaje de 5 % (45° equivalen a 25 % y 180 ° equivalen a 50 %) (Figura 72). Figura 72. Circulímetro ¿Cómo buscar el diámetro original de la vasija? Fuente: CerArCo. Sobre esta hoja se hace coincidir el fragmento de borde con el círculo que más se acerque al del fragmento. En el caso de bordes y labios, generalmente se mide la circunferencia a partir del labio externo, pero a veces es conveniente hacerlo a partir del interior, especialmente en el caso de vasijas de forma abierta y vasijas con labios irregulares. Si se hace coincidir el extremo izquierdo del fragmento con el 0 ° es posible determinar el porcentaje de completitud del borde. Fragmentos con menos de 15 % de completitud proporcionan lecturas ambiguas del diámetro y deberían ser descartados, salvo que sean los únicos disponibles. Fragmentos de entre 15 % y 30 % arrojan lecturas óptimas, y fragmentos de más del 30 % ofrecen lecturas confiables. En cualquier caso, siempre se debe anotar dicho porcentaje para que el lector pueda tener una idea de qué tan confiable es la reconstrucción. El porcentaje de completitud es a su vez una medida de confiabilidad de la subsecuente reconstrucción de la forma. Por ejemplo: la reconstrucción de la forma basada en un fragmento con porcentaje de 30 % tendrá una confiabilidad del 30%. El método geométrico consiste en determinar el radio de la circunferencia original de la boca o de la base de una vasija. Con un portaminas de calibre limitado (0.5 o 0.7) y con una mina dura, tipo H o HB, se dibuja el contorno del borde o de la base, en su inclinación exacta manteniendo el trazo ortogonal. Se pone un compás en un punto central de esta línea curva y se traza un círculo que tenga un radio inferior a las dimensiones de la misma; este círculo tendrá dos puntos de intersección con la línea curva. En estos dos puntos se fija el compás realizando dos círculos con el mismo radio del primero, obteniendo así, tres círculos con el mismo radio. Si se dibujan las líneas que pasan por los puntos de cruce entre los dos últimos círculos y el primero (dos puntos de cruce por cada circunferencia externa), la proyección de estas líneas hacia el interior de la línea curva definirá el punto central de la circunferencia que se está buscando (y su radio) (Figura 73). Figura 73. Forma geométrica para el cálculo de la circunferencia original Una vez determinada la dimensión de la circunferencia de la boca, de la base/soporte o de otra parte de la vasija, se dibuja una línea horizontal de esta medida en el papel milimetrado y, en su mitad, el eje, que se traza verticalmente ortogonal a esta línea. Cuando se está dibujando el diámetro de la boca de una vasija de forma abierta, es conveniente dibujar el diámetro interno. Para dibujar la sección del fragmento, a la izquierda de esta línea, es necesario definir exactamente su silueta, su inclinación y su espesor. En el caso de un fragmento de borde, hay que posicionarlo boca abajo en un plano horizontal sobre una línea del papel milimetrado en la inclinación exacta que se haya determinado. Se localiza la escuadra en forma perfectamente ortogonal al plano, a la parte externa de la vasija, en el caso de formas cerradas, o a la interna, en el caso de formas abiertas, apoyándola a su punto más sobresaliente. De este modo, se están tomando dos medidas clave: la altura máxima del fragmento y la distancia de la boca de la línea de construcción (determinada por la escuadra). La primera se lee en la escuadra, cuyo punto 0 debe coincidir con la base, y la segunda en el papel milimetrado. A continuación se posicionan estos dos puntos boca arriba en el dibujo: el que corresponde a la boca de la vasija en el punto extremo de la línea del diámetro y el otro, correspondiente al punto extremo del fragmento, en la posición determinada por la lectura del papel milimetrado (X) y la lectura de la escuadra (Y) (Figura 74). Figura 74. Etapas para el dibujo de un fragmento A Fuente: CerArCo. Nota. A la izquierda, el caso de una forma cerrada, a la derecha de una forma abierta: Dibujo del diámetro y del eje; toma de los dos puntos para la reconstrucción; dibujo de los dos puntos en el lado izquierdo del diámetro. Luego de esto se toma el perfil del fragmento con el peine, posicionándolo en una línea imaginaria ortogonal a la boca y que pasa por los dos puntos que se han definido y dibujado. Una vez obtenido el perfil, se apoya el peine sobre el dibujo, haciendo coincidir los puntos límites del perfil con los dos puntos del dibujo, que definen la exacta inclinación del perfil y lo señala con una línea muy ligera. Hay siempre un efecto “pixelado” generado por las púas del peine, especialmente las de plástico. Por esto hay que repasar la línea y mejorarla, observando el fragmento original, ya que a veces el peine no registra pequeños detalles que hay que mostrar en la sección, como acanalados ligeros (Figura 75). Figura 75. Etapas para el dibujo de un fragmento B Fuente: CerArCo. Nota. A la izquierda, el caso de una forma cerrada, a la derecha de una forma abierta: toma del perfil con el peine y posicionamiento en la hoja, haciendo corresponder el perfil del peine con los dos puntos para la reconstrucción. El siguiente paso es determinar el espesor del fragmento para completar la sección tomando la medida de los espesores del fragmento en varios puntos y atendiendo la forma del labio y las partes decoradas (cuando existen). Los espesores se dibujan punto por punto y se unen hasta formar una línea (interna si se está dibujando un fragmento de forma cerrada, externa si es forma abierta). En el caso de una forma abierta, especialmente de cerámica no lisa (decorada con incisiones, aplicaciones, acanalados, entre otros), puede ser conveniente tomar también el perfil externo y sobreponerlo a los puntos tomados con el calibrador. Una vez obtenida la sección, en el lado izquierdo del dibujo, se pone en el punto de fractura unas líneas punteadas para indicar su posible continuación (Figura 76). Figura 76. Etapas para el dibujo de un fragmento C Fuente: CerArCo. Nota. A la izquierda el caso de una forma cerrada, a la derecha de una forma abierta: toma de medidas para la sección y dibujo de la sección. Luego, en una hoja de papel pergamino se copia la silueta externa de la sección y se trazan dos cruces correspondientes a dos intersecciones (al azar) de la hoja de papel milimetrado. Se voltea y calca el dibujo en el extremo derecho de la línea del diámetro, pasándole el lápiz encima por el otro lado del papel pergamino. Las cruces ayudan a mantener la misma inclinación de la parte izquierda, sobreponiéndolas a otras dos intersecciones (sin tener que dibujarlas). De esta manera se obtiene la primera reconstrucción gráfica de la vasija. A continuación, se traza el fragmento en la parte derecha del dibujo con la inclinación original. La silueta del fragmento se puede realizar fácilmente sacando una buena porción de una mina 0,5 o 0,7 (H o HB para que no se quiebre) de un portaminas y calcando el fragmento con atención. Luego se dibujan los detalles, las decoraciones del fragmento y las sombras determinadas por una luz, idealmente puesta arriba, a 45 ° a la izquierda (véase más adelante) (Figura 77) Figura 77. Etapas para el dibujo de un fragmento D Fuente: CerArCo. Nota. A la izquierda el caso de una forma cerrada, a la derecha de una forma abierta: dibujo de la parte derecha, volteando y repasando la línea de la izquierda. Dibujo del fragmento en la parte derecha. No toda la cerámica diagnóstica puede dar paso a una hipótesis reconstructiva, igualmente puede ser importante dibujar una parte decorada del cuerpo de una vasija. En este caso se procede de la misma forma que con los bordes que no se pueden orientar: dibujando la sección a la izquierda, en una inclinación hipotética, y el fragmento visto de frente. Para dibujar la sección se siguen los pasos 4 y 5, para el dibujo frontal se sigue lo anotado en el punto 7 (Figura 78). Figura 78. Dibujo de fragmentos no reconstruibles Fuente: CerArCo. Nota. Las aplicaciones siempre se evidencian con una línea punteada. Para la reconstrucción parcial de una pieza a partir de otras partes orientables de la vasija, como la base, la quilla y el cuello, se sigue el procedimiento descrito anteriormente, con pequeñas variaciones. En el caso de base plana y pedestal, el procedimiento es exactamente igual solo que se hace a partir del diámetro de la base o del pedestal. En el caso de partes del cuerpo, como la quilla, fragmentos con decoraciones horizontales, el hombro o el cuello (con una arista, un acanalado, horizontales), se utiliza el peine para medir la parte de circunferencia residual en el fragmento y determinar el diámetro de la circunferencia en esa parte de la vasija, como en el punto 2. Luego se continúa como fue descrito, impostando el dibujo en el diámetro a la quilla, al hombro, al cuello, entre otros y en su respectivo eje. A.1.6 Agarraderas, decoraciones, aplicaciones y objetos particulares Siempre hay que indicar en la sección a la izquierda del dibujo los elementos aplicados, tales como cordones, decoraciones modeladas o asas, mangos y agarraderas. Esto implica mostrar el punto de aplicación entre la pared de la vasija y la aplicación misma, lo que se puede realizar dejando vacía la sección del elemento aplicado o poniendo una línea punteada para delimitarlo. En el caso de un fragmento no reconstruible, con elemento para agarrar, se dibuja su sección a la izquierda y el fragmento visto de frente en su inclinación original. Si se supone que la vasija original tenía dos elementos para agarrar, se hace la reconstrucción poniendo el fragmento en el lado derecho, con el asa en su posición original. En las piezas enteras, si la vasija tiene dos elementos para agarrar, se sigue lo indicado anteriormente. Si tiene tres o cuatro asas, se interrumpe el eje que separa el dibujo en dos partes para representar el tercer o el cuarto elemento en el centro del dibujo. El eje se interrumpe un poco más arriba y continúa un poco más abajo del elemento para agarrar. En el caso de asas y mangos, su sección se traza en la parte izquierda del dibujo y en la derecha su vista frontal, si es necesaria (Figura 79). Figura 79. Ejemplos de vasijas con dos y cuatro asas Fuente: CerArCo. Nota. Con cuatro agarraderas y con tres o cuatro pies. Las dos formas ilustradas para mostrar la sección del asa son válidas. En los pies de la última pieza están presentes pequeñas bolas en cerámica que los vuelven “sonajeros”. En el caso de piezas con decoraciones importantes en el centro, por ejemplo, una figura modelada, tampoco debe respetarse la separación exacta entre las dos partes del dibujo. Se debe privilegiar la representación de esta decoración, fundamental para la interpretación del objeto e interrumpir la línea de sección (Figura 80). Figura 80. Ejemplos de piezas con decoración central Fuente: CerArCo Cuando hay una decoración en el labio superior de la vasija, se puede representar con una vista cenital que comprenda toda la vasija o tan solo la mitad. También se puede representar solo una porción del labio, en su proyección cenital (Figura 81). Fuente 81. Ejemplos de piezas con decoración en el labio y formas de su representación Fuente: CerArCo. A veces es necesario desplegar la decoración de una vasija para poderla interpretar de forma adecuada, especialmente cuando la vista cenital no permite su lectura. Para esto hay que realizar una proyección plana del motivo decorativo, sea como línea horizontal al lado de la vasija, o como proyección cenital arriba de la misma. Este procedimiento aplica también para rodillos y pintaderas (Figura 82). Figura 82. Ejemplos en que resulta importante el desarrollo del motivo decorativo Fuente: CerArCo. Nota. La vasija de arriba permite apreciar la decoración pintada en volutas; en la del centro es necesario porque la visión cenital no permite apreciar el motivo decorativo en su totalidad. En el caso de los rodillos/pintaderas a veces resulta interesante desplegar el motivo representado y rellenar las partes más superficiales que iban en contacto con los pigmentos. Para apreciar el motivo antropomorfo de este ejemplo, se recomienda mirar el motivo en vertical. Elaboración gráfica A. Sarcina. La pintura siempre se representa con tonos de grises, más o menos oscuros según su tonalidad. Es importante poner en nota adjunta el color representado, preferiblemente siguiendo la referencia de los códigos de la Tabla Munsell (Figura 83). Figura 83. Ejemplos de representación de vasijas pintadas Fuente: CerArCo. Nota. Las indicaciones que aclaran los colores pueden entrar en el texto (del artículo, informe, entre otros) o aparecer en el mismo dibujo. Existe una amplia variedad de formas y funciones que van más allá de las formas “típicas” de la vasija. Entre esas están las vasijas totalmente asimétricas, como los mocasines, las vasijas dobles, las pintaderas, los sellos, los volantes de huso, los instrumentos musicales, las figurinas, entre otros. Cada uno de esos artefactos tiene su forma de representación gráfica, aunque no todas hayan sido codificadas a nivel internacional ya que representan tipos cerámicos limitados a ámbitos geográficos reducidos. Cuando se requiere hacer la representación de ese tipo de objetos, lo importante es seguir el parámetro fundamental que consiste en elegir la representación que sea más eficaz y que entregue con menos dibujos, la mayor cantidad de información. Algunos ejemplos en la Figura 84. Figura 84. Ejemplos de cerámica no convencional Fuente: CerArCo. Nota. De arriba izquierda a abajo derecha: vasija doble, dos formas para representar el “mocasín”, un deformador craneal, una figurina, dos aerófonos decorados y dos volantes de huso. A.1.7 La representación gráfica final Hasta aquí se ha trabajado el dibujo a lápiz, que se puede realizar en una hoja de papel milimetrado o, mejor aún, en un papel pergamino fijado a una hoja de papel milimetrado usando cinta de enmascarar. El dibujo a lápiz, el que se realiza frente a la vasija, tiene que contener la mayor cantidad de información posible, apuntes de dimensiones y de espesores. No tiene que ser un dibujo “limpio”, todo lo contrario, entre más información contenga, mejor, ya que es posible que una vez terminado el dibujo y entregada la vasija, esa sea la última vez que se verá tan de cerca. Todas estas informaciones ayudarán cuando se realice el dibujo final y/o se estudie la pieza. La representación gráfica final depende mucho del objetivo del dibujo: si es destinado para una publicación científica, un informe de trabajo o una catalogación para una colección, entre otros. La técnica de realización puede variar mucho, especialmente hoy en día que se dispone de medios digitales que permiten mejorar un dibujo o hacerlo completamente en digital (ver más adelante). En el proyecto del Catálogo de Cerámica Arqueológica de Colombia, se optó por utilizar una forma híbrida: con claroscuro en lápiz y líneas digitales. También se desarrolló una técnica totalmente digital, a partir de pizarras gráficas y pinceles digitales (ver más adelante). Sin embargo, es importante conocer la forma analógica del dibujo en tinta china ya que el costo de los software y de las pizarras digitales sigue siendo elevado y, porque hoy en día, es la forma más utilizada de representación de la cerámica. El dibujo en lápiz se calca sobre un papel pergamino, de gramaje entre 90 y 115 g, con rapidógrafos. Para que el proceso de calco resulte “cómodo”, se necesitarán varios intentos, ya que la tinta china es difícilmente borrable. Hay que tener presente que la posición del rapidógrafo tiene que ser ortogonal al papel, o por lo menos lo más ortogonal posible. Los espesores que se utilizan para los rapidógrafos van desde 0.1 hasta el 0.4 mm, para una representación en escala 1:1 o una reducción máxima de 2/3. Las líneas para la sección se realizan con puntas de 0.4, la línea reconstructiva del diámetro y el eje con punta 0.2; el contorno de la pieza o del fragmento con 0.3; los detalles (fracturas o decoraciones) con puntas 0.1 o 0.2. Hay que considerar que estos espesores corresponden a los rapidógrafos profesionales, los no profesionales (siempre será mejor adquirir los de buena calidad) no logran tener la línea tan sutil como los profesionales. Por eso, es necesario reducir a la mitad todos los espesores cuando se utiliza este tipo de rapidógrafos (0.05 para los detalles, 0.2 para la sección, entre otros). Cuando al imprimir el dibujo sea necesario reducirlo al 50 % es necesario duplicar los valores, poniendo como valor mínimo de línea el 0.2 (para rapidógrafos profesionales). Para reducciones de 1/3 la línea mínima tendrá que tener un espesor de 0.3 (Figura 85). Figura 85. Calibres para el rapidógrafo Nota. Calibres para el rapidógrafo en un dibujo final que se va a imprimir con un máximo de reducción de 2/3. El volumen de la vasija se hará en la parte derecha con la técnica del puntillismo, que consiste en aplicar puntos, con un rapidógrafo con punta fina (0.1 para los profesionales y 0.05 para los comerciales) a distancias regulares (distancias que se vuelven menores en los puntos de más sombra, definidos por el sombreado en lápiz). El puntillismo tiene que ser ligero y mostrar tanto el volumen de la vasija como sus detalles (decorativos y morfológicos). Es mejor practicar con un lápiz, antes de realizar el primer dibujo en puntillismo con tinta china. Algo que no puede faltar en un dibujo arqueológico (que sea de cerámica o de campo) es la escala. Esta es fundamental en el dibujo final, ya que en el lugar de destino (sea esto una impresión o un espacio virtual) las dimensiones originales difícilmente serán respetadas. La escala se pone vertical a la derecha, en el caso de vasijas predominantemente verticales, como jarras, botellones, algunas copas, entre otros. Su comienzo, o punto 0, tiene que estar en la misma línea del punto más bajo de la vasija y sus dimensiones dependen de la pieza y deben ser acordes a ella, utilizando siempre múltiplos de cinco. En el caso de piezas predominantemente horizontales, la medida se pondrá debajo de la pieza, haciendo coincidir el centro con su eje. Anexo 2. Técnicas digitales para el dibujo arqueológico de la cerámica Ingrid Yoryeth Bastidas Pedreros Ángela María Bacca Jennifer Gutiérrez Torres CerArCo-ICANH A.2.1 El proceso de sombreado a mano El proceso de sombreado en el dibujo arqueológico se usa para destacar el volumen del objeto dibujado y así resaltar características de profundidad o alto relieve del objeto. A.2.1.1 ¿Qué es sombreado? Es el efecto generado con la gradación de los colores que produce puntos de luz o de sombra y crean la sensación de volumen o perspectiva en un dibujo. Para lograr este efecto es importante la buena observación del objeto, identificar la dirección o punto principal de luz y qué partes o zonas del objeto están más cercanas a este. Antes de iniciar el proceso de copiado o sombreado en el papel pergamino es importante realizar los siguientes ejercicios: 1. Gradación con lápiz a. Este ejercicio consiste en dibujar en papel pergamino y papel bond 2 columnas de 8 cuadrados de 3 x 3 centímetros; cada columna (Figura 86a). b. Se rellena con un lápiz B2 el primer cuadrado sin hacer presión, logrando el tono más claro o cercano al blanco posible; se continúa rellenando cada cuadrado con un tono más oscuro hasta llegar al negro (Figura 86b). c. Se realiza el mismo ejercicio con el lápiz 4B, tanto en el papel bond como en el papel pergamino; esto con la intención de ver el efecto que se logra en los dos tipos de papel (Figura 86c). Figura 86a. Paso 1. Ejercicio de gradación Figura 86b. Paso 2. Ejercicio de gradación Figura 86c. Paso 3. Ejercicio de gradación c. Al repetir el ejercicio se empieza a controlar la fuerza que se aplica al realizar el trazo. Es muy común que al iniciar estos ejercicios se aplique demasiada fuerza y no se logren tonos claros, o se maltrate el papel. 2. Formas geométricas a. El segundo ejercicio consiste en observar y aplicar la gradación en formas geométricas, para ello se usa una esfera ya que es la forma más recurrente dentro de las formas cerámicas. Para este ejercicio se usa una bola de icopor (poliestireno expandido) o una imagen tomada de internet. Se debe procurar que esta sea mate o no tenga una superficie en exceso brillante, ya que los brillos pueden afectar la percepción del dibujante (Figura 87). Figura 87. Paso 1. Ejercicio de gradación en formas geométricas b. En el dibujo arqueológico no se realiza el dibujo de la base ya que se asume que el objeto se encuentra suspendido en el espacio, por ello, tampoco se proyecta la sombra. Esto significa que la base de la esfera es la parte más oscura o donde menos llega la luz. Es esta la información que se transfiere al papel, generando los colores o tonos con los lápices 2B y 4B (Figuras 88 y 89). Figura 88. Paso 2. Ejercicio de gradación en formas geométricas Figura 89. Paso 3. Ejercicio de gradación en formas geométricas d. Es recomendable repetir el ejercicio, así se disminuye la posibilidad de errores al trabajar sobre el papel pergamino. Recuérdese que el papel pergamino no permite realizar correcciones y aunque se puede usar plastilina limpia tipos para borrar, si se trabaja con el lápiz por la zona borrada se generarán manchas. 3. Calco y sombreado Una vez obtenido el dibujo técnico de la pieza cerámica en papel milimetrado, se procede a definir las líneas y a realizar el calco en el papel pergamino. Luego se identifican los puntos de luz, penumbra y sombra que se realizarán en el papel pergamino. Se puede realizar suavemente sobre el dibujo del papel milimetrado o preferiblemente en una copia del mismo. Esta es la información que permitirá generar el sombreado en el papel pergamino (Figura 90). Figura 90. Calco y sombreado A Al momento de copiar en el papel pergamino es necesario fijar con cinta de enmascarar tanto el dibujo como el pergamino, para evitar errores. Se utiliza el portaminas para copiar con una línea continua y definida. Es útil usar una hoja bond como apoyo y así evitar que con la mano se manche el papel al frotar accidentalmente la superficie dibujada (Figura 91). Figura 91. Calco y sombreado B Al terminar de copiar se apoya el pergamino sobre una hoja blanca limpia y se procede a rellenar con el tono más suave las zonas de sombra que se identificaron con anterioridad en el dibujo milimetrado. Desde este punto se oscurecen las zonas donde llega menos luz en el objeto (Figura 92). Figura 92. Calco y sombreado C 4. Sombreado de excisiones, incisiones, apliques y pintura Para lograr el efecto de alto o bajo relieve en el proceso de sombreado se debe tener en cuenta que el detalle se verá afectado por el nivel de luz de la zona donde se encuentre ubicado. Es decir, si el detalle está en la zona donde llega suficiente luz, la zona de alto relieve estará más cerca al blanco, o, caso contrario, si el detalle está en una zona de penumbra o de sombra la parte más alta o alto relieve será de un tono medio de gris; a menos que el detalle supere en nivel la altura de la zona de penumbra o sombra. En la imagen se puede observar cómo el aplique se ve afectado por la penumbra generada por el cuello, pero que al estar en la zona central donde llega más luz, la superficie del aplique es más clara que la superficie del borde u objeto (Figura 93). Figura 93. Sombreado de excisiones, incisiones, apliques y pintura A Oscurecer el borde derecho del aplique y del objeto ayuda a generar el efecto de perspectiva o profundidad. Se recomienda no difuminar con el dedo o con ningún tipo de difumino, ya que el pergamino, por ser graso, no permite controlar este tipo de efectos (Figura 94). Figura 94. Sombreado de excisiones, incisiones, apliques y pintura B Para el caso de las incisiones o excisiones, la atención estará dirigida en que la cara interna de la incisión siempre sea un poco más oscura que la superficie del objeto, ya que se ve afectada por la sombra o penumbra que le proyecta la superficie que está a más altura (Figura 95). Figura 95. Sombreado de excisiones, incisiones, apliques y pintura C La sombra se marca en el borde interno de la izquierda para generar la sensación de profundidad. Para finalizar, la mayor recomendación es: tener mucha paciencia y practicar antes de llevar el dibujo al pergamino. Finalizado el proceso de sombreado para su digitalización, se continúa con el proceso de escaneado. A.2.2 Escaneo del dibujo Para reproducir dibujos cerámicos con una buena calidad de imagen es recomendable utilizar un escáner fotográfico plano de alta resolución; o un escáner de tambor, ya que ambos dispositivos cuentan con sensores especialmente diseñados para capturar la información de las imágenes que serán reproducidas de forma impresa o digital. Antes de iniciar con el proceso de escaneo es necesario verificar que tanto los dibujos, como el escáner, cuenten con la debida limpieza que garantice que no van a aparecer manchas, rayones o imperfectos en el archivo final. Una vez preparados los archivos es necesario analizar ciertas condiciones de las imágenes que van a ser escaneadas: ¿su tamaño es más grande que el de la superficie de escaneo? ¿El papel corre el riesgo de ser maltratado o doblado?, ¿el grafito de la hoja puede manchar los siguientes archivos que serán escaneados? esto para prever posibles inconvenientes. En el caso de los archivos de gran tamaño que no caben en un escáner es recomendable escanearlos por partes con la misma configuración de escaneo para posteriormente, con ayuda de la herramienta Photomerge de Adobe Photoshop©, unirlas en una sola imagen. De la misma forma cuando se presente riesgo de maltratar el papel es bueno acompañar personalmente el proceso de escaneado y ser lo más cuidadoso posible. En el caso de realizar escaneos en serie también es aconsejable contar con un paño para limpiar la superficie del escáner cada vez que se realice un nuevo proceso de escaneado, siempre teniendo precaución de no rayar la superficie del escáner. Al realizar el proceso de escaneado es importante conocer el medio por el que será reproducida la imagen: si una imagen será reproducida por medio de pantallas, su resolución final deberá ser de 72 ppi, mientras que si la imagen es impresa en serie su resolución final óptima será de 300 ppi. El término ppi se refiere a los pixeles por pulgada que contienen los lados horizontal y vertical de una imagen (ppi = pixels per inch en inglés). Los pixeles son unidades que representan los colores en una imagen; entre menos pixeles existan, menor será la resolución de la imagen, y entre más haya, mayor será el nivel de detalle de esta. La siguiente gráfica ilustra la diferencia entre una imagen con resolución de 72 ppi y otra con resolución de 300 ppi, en donde se evidencia la variación en la calidad (Figura 96). Figura 96. Diferencia entre una imagen con resolución de 72 ppi y otra con resolución de 300 ppi Una vez determinada la resolución que le corresponde a cada medio, es recomendable escanear los dibujos al DOBLE de su resolución final para evitar tener pérdidas de la calidad de estos en el proceso de edición. Así en el caso de que la resolución final sea la de un impreso (300 ppi), esta se debe multiplicar por dos y como resultado, el archivo se debe escanear a 600 ppi. En este caso, puede existir la posibilidad de que los dibujos sean impresos a futuro, por lo que se recomienda escanearlos a 600 ppi. También es necesario considerar que no todos los dibujos poseen el mismo tamaño debido a que las vasijas cerámicas no poseen siempre las mismas proporciones, eso hace que unos dibujos puedan ser hasta 5 veces más pequeños que otros y que la calidad de su detalle difiera de la calidad de los otros dibujos cuando se colocan juntos en una misma pantalla. En este caso, para los dibujos de un tamaño considerablemente menor, se recomienda aumentar el tamaño de resolución, pues puede que eventualmente se escalen a un mayor tamaño y requieran mayor nivel de detalle. Entender que 600 ppi es una resolución que permite reproducir un dibujo al doble de tamaño del original ayuda a intuir cuál sería, por ejemplo, una resolución adecuada para un dibujo que necesita ser escalado tres o cuatro veces para una impresión. Para cualquiera que sea el escáner que se utilice, también se necesitan configurar algunos ítems además de la resolución; esta lista resume cómo debe ser la configuración de estos aspectos: Modo de color: escala de grises/Grayscale para todas aquellas imágenes que fueron hechas en blanco y negro o grises. Profundidad de color: 16 bits; entre más bits de profundidad existan, mayor variación tonal tendrá la pieza al ser reproducida. Tamaño de salida del documento: en este caso se debe conservar el tamaño original de la imagen. Tipo de documento a escanear: fotográfico. No es recomendable utilizar el modo de escaneo de un documento de oficina porque el escáner deja de tomar los grises en consideración. Tipo de Archivo de salida: .tif. Este archivo conserva mayor calidad que los .jpg e igualmente puede ser abierto en cualquier programa de edición fotográfica. Una correcta configuración del escáner brinda la certeza de que la imagen fue correctamente procesada. En ocasiones, si no se cuenta con un monitor adecuado para la correcta visualización de las imágenes, este podría advertir otras tonalidades de color diferentes a la escala de grises con la que se realizó el escaneado. En este caso, es correcto trabajar con diversas pantallas para asegurarse de que la posterior edición de la imagen no deteriore la calidad final de la misma. A.2.2.1 Recomendaciones en el manejo de archivos Nunca se sabe cuándo será necesario emplear de nuevo cualquier archivo original escaneado, por eso se aconseja conservar siempre el archivo .tif original sin editar y realizar una nueva copia de este para postproducción. Es conveniente escanear los dibujos técnicos realizados con anterioridad al sombreado para tener registro de ellos puesto que contienen las medidas exactas y anotaciones que se hicieron durante el levantamiento del dibujo y son fundamentales en caso de requerir una corrección. Estos dibujos, como se verá más adelante, también sirven para reproducir el dibujo en grafito por medio del ordenador; una técnica que reemplaza el dibujo análogo. Si existen fotografías de referencia de la pieza, estas se pueden guardar en el computador en la misma carpeta en la que se encuentren el dibujo técnico y el dibujo en grafito escaneados. Conservar en buen estado los originales es importante al tener en cuenta que la reproducción de una cerámica única se puede convertir en una especie de archivo histórico. Para cuidar de estos elementos se aconseja cubrirlos con papel mantequilla, archivarlos y no dejarlos en lugares donde predomina la humedad. A.2.3 Dibujo arqueológico con Adobe Illustrator© A.2.3.1 ¿Qué es Adobe Illustrator©? Adobe Illustrator© (en adelante AI©) es la herramienta que se utiliza para vectorizar y de esta manera digitalizar los dibujos que se han realizado a mano. La vectorización corresponde a la acción de dibujar líneas sin perder calidad y pueden ser ampliadas tanto como se desee. Por el contrario, las imágenes ráster que corresponden a formatos como JPG, PNG, TIFF si pierden calidad ya que están compuestos por una cuadricula de bits o pixeles (Figura 97). Figura 97. Imagen en vector vs ráster A.2.3.2 Inicio del programa a. Primer documento Inicie AI© y haga clic en Nuevo > Formato A4 (29.7 X 21 cm) > Ajustes. Verificar Unidades> centímetros. Verificar modo de color> RGB. Verificar efectos ráster > 300 ppi. > crear (Figura 98). Figura 98. Primer documento b. Formato A4: Es el formato recomendado y prestablecido para el Catálogo de Cerámica Arqueológica de Colombia, sin embargo, hay una variedad infinita de formatos y todos son personalizables. c. Modos de color RBG/CMYK: La elección de estos dos modos se realiza según la finalidad del archivo: si es para monitores y pantallas, RGB (Red, Green y Blue) es el indicado, y CMYK (Cyan, Magenta, Yellow y Black) se utiliza para materiales impresos. A.2.3.3 Interfaz del programa La interfaz del programa cuenta con varios páneles, ventanas y barras, todos se pueden mover de acuerdo con la necesidad del usuario. A continuación, se nombran los principales elementos dentro de ella, descritos por la posición por defecto que le asigna el programa: a. Parte superior Barra de Menú: opciones de Archivo, Edición, Objeto, entre otros. Barra de Propiedades: opciones propias del objeto que se tenga seleccionado. Barra de Archivos: por cada archivo AI© abierto se encontrará en esta barra una ventana que dará acceso a él. b. Lateral izquierdo Barra de Herramientas: aquí se encuentran las herramientas de dibujo y edición. Es muy importante saber que aquellas que se diferencian por tener un triángulo en su esquina inferior derecha es porque tienen la opción de desplegarse y encontrar herramientas similares; para utilizarlas, se debe mantener pulsado el ratón unos segundos. c. Lateral derecho Paneles: se encuentra aquí un conjunto de opciones relacionadas con el dibujo, como puede ser el color, las capas, tipo de pinceles. Pueden estar agrupados en el Menú o pueden ser flotantes, las que no están por defecto en el lateral derecho, se encuentran en el menú Ventana. d. Parte inferior Barra de Estado: desde esta barra se puede modificar el Zoom y cambiar de mesa de trabajo, igualmente muestra información sobre acción que se estén realizando. e. Parte central Área de trabajo: es el área donde se disponen las mesas de trabajo, cabe resaltar que en este espacio también se puede dibujar, pero si estos trazos no están dentro de una mesa de trabajo no se podrá exportar. Mesa de trabajo: representa el área donde se lleva a cabo la ilustración. Un archivo puede contener más de una mesa de trabajo (Figura 99). Figura 99. Mesa de trabajo Para moverse dentro de la interfaz lo más fácil es presionar la tecla Alt y al mismo tiempo hacer mover rueda de desplazamiento del mouse para alejar o acercar, según sea el caso, dirigiendo con el puntero la dirección deseada. A.2.3.4 Herramientas básicas Hay muchas más herramientas en el programa que las descritas a continuación, por lo que resulta importante explorar más a fondo para que el usuario ajuste sus preferencias a la hora de realizar un dibujo. Aquí se anotan y describen las más elementales y con las que se puede obtener a un excelente dibujo digital. a. Herramientas de selección 1. 2. 3. 1. La herramienta Selección (V) selecciona objetos enteros. 2. La herramienta Selección directa (A) selecciona puntos o segmentos del trazado de objetos. 3. La herramienta Varita mágica (Y) selecciona objetos con propiedades similares. b. Herramientas de Dibujo 1. 2. 3. 4. 1. La herramienta Pluma (P) dibuja líneas rectas y curvas con precisión para crear objetos. 2. La herramienta Añadir punto de ancla (+) agrega puntos de ancla a trazados. 3. La herramienta Eliminar punto de ancla (-) elimina puntos de ancla de los trazados. 4. La herramienta Convertir punto de ancla (Mayús+C) cambia vértices redondeados a vértices cuadrados y viceversa. c. Herramientas para seccionar 1. 2. 3. 1. La herramienta Borrador (Mayús+E) borra cualquier área del objeto sobre la que pase al arrastrar. 2. La herramienta Tijeras (C) corta trazados por puntos específicos. 3. La herramienta Cuchilla corta objetos y trazados. d. Herramientas de Reforma 1. 2. 1. La herramienta Rotar (R) gira objetos alrededor de un punto fijo. 2. La herramienta Escala (S) cambia de tamaño los objetos. e. Herramientas de Zoom y Desplazamiento 1. 2. 1. La herramienta Mano (H) mueve la mesa de trabajo de Illustrator 2. La herramienta Zoom (Z) aumenta y reduce la ampliación de la vista en la ventana de ilustración. A.2.3.5 Reglas, cuadrículas, guías inteligentes Existen algunos elementos que permiten ubicar el dibujo de forma precisa: a. Reglas: permiten colocar y medir objetos. La unidad de medida de las reglas se define cuando se crea el documento, pero se puede cambiar haciendo clic derecho sobre la regla y eligiendo otra unidad, ya sean centímetros, milímetros, pixeles, entre otros. Ver → Reglas → Mostrar reglas b. Cuadricula: se trata de una rejilla que aparece de fondo en el documento, sirve de guía o patrón para colocar los elementos, pero esta no se hará visible a la hora de exportar el documento. Ver → Mostrar cuadrícula c. Guías: se trata de crear una línea, y que como su nombre indica, sirve como guía. Para poder crear una guía es necesario tener las reglas visibles. Se sostiene con clic izquierdo sobre una de las reglas y se arrastra hasta el lugar del documento donde se quiere situar. La guía, por defecto, se muestra como una línea del color azul cian. También se puede crear una guía partiendo de gráficos vectoriales, para así crear una plantilla que se pueda ajustar más a las necesidades del dibujo, para lo cual se selecciona el objeto y se escoge en el menú. Seleccionar objeto→ Ver → Guías → Crear guías A.2.3.6 Importación de archivos El comando Colocar es el principal método de importación. Abra el documento de AI© en el que desea colocar la ilustración. → Elija Archivo → Colocar Para el caso del dibujo arqueológico, se debe importar el dibujo escaneado realizado en el levantamiento gráfico a mano. A.2.4 Creación de capas Las capas ayudan a clasificar el material de trabajo, por ejemplo: • Capa 1: levantamiento gráfico a mano • Capa 2: vectorización • Capa 3: escala gráfica →Para asignar un nuevo nombre hacer doble clic sobre la capa. →Colocar candado a las capas en las que no se desean realizar más cambios. Figura 100. Creación de nueva capa CREAR NUEVA CAPA A.2.5 Métodos abreviados de teclado La siguiente lista incluye los métodos abreviados más útiles: • Zoom → ALT + Scroll • Desplazar en línea recta → SHIFT + Elemento seleccionado + Movimiento • Para seleccionar varios elementos→ SHIFT • Deshacer→ CTRL+Z • Cortar→ CTRL + X • Copiar→ CTRL + C • Pegar→ CTRL + V • Guardar cambios CTRL + S A.2.5.1 Vectorización La vectorización se realiza con la herramienta Pluma dibujando los contornos de la figura y sus decoraciones, detalles, entre otros. Para comenzar, seleccione la herramienta Pluma en la Barra de herramientas y en el panel Propiedades establezca el grosor del trazo en 1 pt, el color en negro y el relleno en ninguno. a. Dibujar líneas rectas: con la herramienta Pluma, haga clic y suelte para crear un punto de anclaje. Mueva el puntero y haga clic y suelte de nuevo para crear otro punto de anclaje; realice esta acción cuantas veces sea necesario para crear la ruta deseada. b. Dibujar líneas curvas: con la herramienta Pluma, haga clic y suelte para crear un primer punto y al hacer el segundo clic mantenga sostenido y mueva el ratón y dibuje la curva deseada (Figura 101). Figura 101. Vectorización A.2.5.2 Valores de línea Las piezas arqueológicas pueden tener 1 o más dibujos según las vistas que requiera, por lo que dentro del formato varían los grosores de líneas de la siguiente manera: a. Cuando solo hay un dibujo el valor más alto en grosor de línea es 1pt. Continuando con los siguientes valores: • 1 pt. → línea divisoria, contornos. • 0,75 pt. → Asas, figuras o bordes sobresalientes. • 0,5 pt. → Pintura, decoraciones, aplicaciones. • 0,25 pt. → Manchas de cocción, fracturas. b. Cuando hay más de un elemento dentro del Formato se debe empezar con 0.75 pt. como valor más alto continuando con los siguientes valores: • 0,75 pt. → Línea divisoria, contornos. • 0,5 pt. → Asas, figuras o bordes sobresalientes. • 0,25 pt. → Pintura, decoraciones, aplicaciones. • 0,15 pt. → Manchas de cocción, fracturas (Figura 102). Figura 102. Grosores de líneas c. Cuando es impresión o incisión, los círculos tendrán la línea más gruesa hacia arriba en 45 grados. d. Cuando es aplicación moldeada se cierra la línea (Figura 103). Figura 103. Grosores de líneas en decoración incisa o impresa A e. Incisión horizontal: la línea superior más gruesa que la de abajo. f. Incisión vertical: la izquierda más fuerte que la derecha (Figura 104). Figura 104. Grosores de líneas en decoración incisa o impresa B Cuando se trata de un colador, hay que tener en cuenta que los agujeros tienen diferente profundidad; los agujeros del centro deberán ser totalmente negros y al ir desplazándose hacia la derecha, deben ampliar la línea de vacío y así poder representar el dibujo correctamente (Figura 105). Figura 105. Grosores de líneas en perforaciones A.2.5.3 Escala gráfica La medición de las escalas no es otra cosa que la relación entre el tamaño que correspondería al objeto en el mundo real y su tamaño transportado en el dibujo. • Se debe ubicar al lado de la vista principal de la pieza. • Si la pieza es más alta que ancha, la escala se debe colocar vertical. • Si la pieza es más ancha que alta, la escala se debe colocar horizontal. • Tiene que abarcar la totalidad de la pieza (Figura 106). Figura 106. Escala gráfica A.2.5.4 Guardar y exportar archivos finales Es necesario guardar el archivo en versión AI©, por si posteriormente se requiere que realizar algún cambio al dibujo Archivo → Guardar → Seleccione una ubicación para el archivo y escriba un nombre de archivo. Se pueden exportar los archivos en una variedad de formatos, que corresponderán a cada necesidad del usuario, sin embargo, los más versátiles son TIFF y JPG. TIFF es un archivo con más calidad y JPG tiene calidad, pero no pesa tanto. Archivo → Exportar → Exportar como → Seleccione una ubicación para el archivo y escriba un nombre de archivo. Las recomendaciones para exportar archivo (Figura 107). JPG TIFF Modo color: RGB Modo color: RGB Calidad: máxima Resolución: 300 ppi Resolución: 500 ppi Figura 107. Guardar y exportar archivos finales A.2.6 Edición de imágenes: introducción a Adobe Photoshop© A.2.6.1 ¿Qué es Adobe Photoshop©? Adobe Photoshop© (PSD) es un programa de edición fotográfica que permite al usuario modificar y crear imágenes con diversos fines. Esta herramienta sirve para realizar la corrección y limpieza de las imágenes escaneadas para posteriormente tratarlas en Adobe Illustrator© y/o para sombrear dibujos a partir de dibujos técnicos anteriormente levantados. A.2.6.2 Interfaz del programa 1. Espacio de trabajo Parte superior • Menú Principal: ubicado en la parte superior es la región en la que se localizan los comandos Archivo, Edición, Imagen, Capa, Texto, Selección, Filtro, 3D, Vista, Ventana y Ayuda. • Barra de Propiedades: contiene la descripción de herramientas u objetos que estén seleccionados o en uso. También contiene algunos atajos útiles para el empleo de las herramientas Texto o 3D. • Barra de Archivos: contiene ventanas con los nombres de los archivos abiertos. Lateral izquierdo • Barra de Herramientas: contiene las herramientas que más se emplearán en la edición de los dibujos cerámicos en Adobe Photoshop©. Algunas de ellas poseen un menú desplegable que se activa al pulsar clic sostenido. Lateral derecho • Paneles: en este sector se encuentran el panel de Color y el panel de Capas que son fundamentales para la realización de este proyecto. En los paneles Color y Muestras se hallan herramientas para seleccionar los colores que se emplearán en la pintura digital de las cerámicas y, en el panel de capas, se desarrollará la edición de las imágenes en distintas fases. Parte inferior • Barra de Estado: en esta barra es posible detectar cuál es el porcentaje de eficiencia que maneja el computador a la hora de realizar diversos procesos en Adobe Photoshop© e igualmente se pueden confirmar los datos el ancho, el alto y la resolución de la imagen editada dando clic sostenido sobre el texto «eficiencia». Aquí también es posible observar y modificar el porcentaje de visualización del área de trabajo en la pantalla. Parte central • Área de Trabajo: contiene la mesa de trabajo en la que se encuentra la imagen a editar. Está rodeada de reglas y barras de desplazamiento que permiten al usuario movilizarse sobre la mesa de trabajo. En esta área es posible crear guías inteligentes para composición. • Mesa de Trabajo: es el espacio en el que se realiza la edición de las imágenes. En caso de no encontrar alguno de los menú, barras o herramientas mencionados, diríjase al menú principal >Ventana y localice los elementos que necesite o seleccione Ventana > Espacio de trabajo > Pintura para que aparezcan las herramientas que se emplearán en la edición de los dibujos cerámicos (Figura 108). Figura 108. Mesa de trabajo 2. Herramientas básicas A continuación, se presenta una lista de los instrumentos de la Barra de Herramientas más utilizados en la edición, limpieza y creación de imágenes. 1. Herramientas básicas • Herramienta Mover: mueve objetos seleccionados en la mesa de trabajo. • Herramienta Recortar: permite modificar el tamaño de la mesa de trabajo. 2. Herramientas de desplazamiento • Herramienta Rotar vista: rota la vista de la mesa de trabajo para facilitar el trazo del dibujante en la pantalla. • Herramienta Mano (Barra espaciadora + Clic izquierdo sostenido): sirve para movilizarse en el espacio de trabajo. • Herramienta Zoom: amplía y reduce la escala en la que se encuentra la imagen. 3. Herramientas de selección • Herramienta Selección rápida: al dar clic arrastrado sobre un objeto lo puede seleccionar completamente hasta sus bordes definidos. • Herramienta Lazo: permite seleccionar la imagen que queramos con trazo a mano alzada. • Herramienta Varita mágica: permite seleccionar partes de la imagen que tengan colores similares. 4. Herramientas de dibujo • Herramienta Pincel: pincel digital multifuncional que imita diversos trazos y sirve para realizar dibujos. • Herramienta Borrador: elimina partes de la imagen y las pinta del color seleccionado para esta herramienta. • Herramienta Pluma: dibuja líneas con precisión para realizar selecciones. • Herramienta Bote de Pintura: pinta capas o elementos seleccionados. 5. Herramientas de edición de imagen • Herramienta Sobreexponer: aclara áreas de la imagen. • Herramienta Subexponer: oscurece áreas de la imagen. • Pincel Corrector: corrige pequeños detalles de la imagen a partir de una referencia seleccionada por el usuario. 3. Métodos abreviados La siguiente lista contiene comandos que pueden ser útiles a la hora de editar imágenes: • Control + z: deshacer • Control + Alt + Z: rehacer • Control + S: guardar (Es recomendable usarlo frecuentemente). • Control + C: copiar • Control + X: cortar • Control + V: pegar • Control + Barra espaciadora + Clic izquierdo sostenido: acercar o alejar la imagen arrastrando el ratón hacia la derecha o hacia la izquierda respectivamente. • Control + T: seleccionar el o los objetos que se encuentran en la capa en la que se está posicionado. • Control + D: deseleccionar un elemento seleccionado. • Alt + clic izquierdo sostenido: reducir o aumentar proporcionalmente el tamaño de un objeto que se encuentra seleccionado. 4. Reglas y guías inteligentes Las reglas son instrumentos que sirven para medir el tamaño de la imagen y su contenido. Estas se encuentran ubicadas en la parte lateral izquierda y superior del Área de Trabajo. Para visualizarlas, solo es necesario ir hacia la pestaña Vista (ubicada en el Menú Principal) y dar clic en Reglas. Las guías inteligentes son herramientas que sirven de ayuda para para crear rejillas de composición y márgenes. Para visualizarlas solo hay que escoger la herramienta Mover de la Barra de herramientas y situarse en alguna de las reglas. A continuación, con clic sostenido se arrastra el ratón con dirección al Área de Trabajo y enseguida, se sitúa la guía en donde se desee. 5. Crear o abrir un archivo Para CREAR UN ARCHIVO: - Inicie el programa Adobe Photoshop©. - Diríjase al menú principal ubicado en la parte superior. - Clic en Archivo > Nuevo. - A continuación, se desplegará el menú Nuevo Documento, ahí podrá editar el ancho y el alto, las unidades de medidas (en pixeles, centímetros, pulgadas, entre otros), y la resolución del documento dando clic sobre los ítems para sobrescribirlos. - Clic en Crear Nota: Para impresión es recomendable generar una resolución de 300 ppi y para la creación o modificación de imágenes, manejar una profundidad de 16-32 bit. - Para ABRIR UN ARCHIVO inicie el programa Adobe Photoshop. - Diríjase al menú principal ubicado en la parte superior. - Clic en Archivo > Abrir. - En el explorador seleccione el archivo que desea abrir. - Clic en Abrir (Figura 109). Nota: Tenga en cuenta que la rapidez de la interfaz dependerá de la capacidad del equipo con el que trabaje. Figura 109. Crear un archivo 6. Creación y edición de capas y grupos Las capas son áreas de trabajo con transparencia que se superponen construyendo la imagen. Estas se organizan de forma vertical en el panel de Capas y se estructuran una sobre otra cubriéndose entre sí. Cada capa puede contener un elemento de la imagen que es susceptible de ser editado. Por ejemplo, un texto, un dibujo o un filtro fotográfico, gracias a esto se cometen menos errores que cuando se edita toda la información de una imagen unida en una misma área. Al abrir una imagen o crear un nuevo documento, la primera capa que se crea en Adobe Photoshop© se denomina Fondo. Esta capa se encuentra bloqueada y se desbloquea dirigiéndose al Menú principal > Capa > Nueva > Capa a partir de fondo, de esta forma la capa se convierte en un área editable. También es posible desbloquear la capa dando clic en el candado que aparece en la capa Fondo. Para crear una nueva capa vaya al Menú Principal >Capa > Nueva > Capa; de forma automática aparecerá un cuadro de diálogo en el que se le asignará un nombre a la capa y se dará clic en OK. Se recomienda asignarle nombre a todas las capas que se creen para evitar confusiones. En caso de que sea necesario renombrar una capa solo hay que dar doble clic en el nombre de esta y escribir su nuevo nombre. Las capas se pueden organizar en conjunto por medio de grupos. Los grupos son carpetas de archivos en las que se guardan capas u otros grupos. Para crear un grupo, solo es necesario seleccionar las capas o grupos que se desea integren el grupo y presionar Control + G o dar clic derecho en las capas seleccionadas y escoger la opción «Grupo a partir de capas». Los grupos también se pueden nombrar y renombrar (Figura 110). Figura 110. Creación y edición de capas y grupos 7. Edición y guardado de archivos El archivo escaneado del arte final muchas veces puede presentar rastros de suciedad y manchones indeseados, por ello es importante limpiarlo en un programa de edición digital antes de vectorizar algunas de sus partes en Adobe Illustrator©. Antes de iniciar el proceso de edición es necesario saber si la imagen se encuentra escaneada en dos partes o más, de ser así, es necesario recurrir a la herramienta Photomerge de Adobe Photoshop© para realizar la unión de la imagen. Para realizar este proceso, siga los pasos dados a continuación: - Inicie el programa Adobe Photoshop. - Diríjase al Menú Principal ubicado en la parte superior y haga clic en Archivo > Automatizar > Photomerge. - Una vez abierto el cuadro de diálogo haga clic en Explorar y seleccione todos los archivos escaneados de la imagen que desee unir. Una vez seleccionados haga clic en Abrir y Ok. - Espere a que los archivos carguen, tan pronto aparezca la imagen unida asegúrese de que la imagen no tenga ningún tipo de deformidad, de lo contrario, consulte otra forma de unir la imagen manualmente en Adobe Photoshop. - Clic en Archivo > Guardar Como > asígnele un nombre, seleccione el tipo de archivo TIFF y haga clic en Guardar. Para iniciar el proceso de edición de la imagen siga los siguientes pasos: - Abra el archivo en Adobe Photoshop. - Clic en Imagen > Modo > Escala de Grises. En este modo todos los colores del documento se conservan en grises y no se alteran. - En caso de que la imagen no esté al derecho, haga clic sobre Menú Principal > Imagen > Rotación de imagen y escoja alguna de las opciones dependiendo de su necesidad. Si la imagen se encuentra al derecho omita este paso. - Si la imagen se encuentra torcida, cree guías para enderezarla correctamente. Si necesita una guía horizontal, haga clic sostenido sobre la regla horizontal y arrastre el ratón hasta donde desee colocar la guía. En el caso de necesitar una guía vertical, arrastre el ratón con clic sostenido desde la regla vertical. Una vez instaladas las guías de referencia haga clic en la herramienta Recortar de la Barra de Herramientas. Aparecerá un recuadro alrededor de la imagen. Si se ubica en alguna de sus esquinas podrá ver una flecha que indica rotación. Con clic sostenido rote la imagen hasta enderezarla y presione Enter. - Si lo considera necesario, puede recortar las partes de la imagen que no contengan información esencial y sobren. Haga clic en la herramienta Recortar de la Barra de Herramientas. Aparecerá un recuadro alrededor de la imagen. Si se ubica en medio de los bordes horizontales y verticales de la imagen aparecerá una flecha de doble sentido; al presionarla podrá manipular el tamaño de la imagen para recortarla. Una vez decidido el corte haga clic en la tecla Enter. - Desbloquee la capa Fondo en el Panel de Capas dando clic sobre el icono de candado. Cuando esta cambie de nombre por «Capa 0» haga doble clic sobre el nombre de la capa y cambie este nombre por «Imagen». - Clic en Menú principal > Imagen > Ajustes > Niveles. Aparecerá un cuadro de diálogo. En la sección Niveles de entrada manipule las flechas para darle contraste a la imagen y aclarar el fondo de esta para borrar defectos. Evite oscurecer en exceso los grises. - Clic en Menú Principal > Capa > Nueva > Capa y renómbrela como «Fondo Blanco». - Clic en la Herramienta Bote de Pintura de la Barra de Herramientas. - Haga clic sobre el color blanco en el Panel de Muestras y luego haga clic sobre la Mesa de Trabajo. Notará que la capa se coloreó totalmente de blanco. - Sosteniendo el clic sobre la capa Fondo Blanco arrástrela por debajo de la capa Imagen. Verá como la imagen queda por encima de la capa blanca sin visualizar esta última. - Sitúese en la capa Imagen dando clic sobre ella; esta se pondrá de un color gris claro. A partir de este punto es conveniente aclarar que existen varias formas de limpiar los alrededores del dibujo; la primera de ellas es con la Herramienta Borrador de la Barra de Herramientas como se explica a continuación: - Seleccione la Herramienta borrador. - Dando clic derecho sobre la mesa de trabajo, manipule la flecha y seleccione el tamaño que más le parezca conveniente. Hay varios tipos de borrador. Seleccione el circular difuso y dele una dureza del 70 %. - Haga clic sostenido sobre las partes que desee borrar y asegúrese de limpiar bien la imagen. Recuerde que con clic derecho sobre la mesa de trabajo puede manipular el tamaño del borrador a su conveniencia. - Es aconsejable utilizar la Herramienta Zoom para acercar la mesa de trabajo y así poder detallar o borrar aquello que no se puede percibir a distancia. Recuerde que con el comando Control + Barra espaciadora + Clic izquierdo sostenido puede utilizar el zoom sin necesidad de hacer clic sobre esta herramienta para después dar clic sobre el borrador y así sucesivamente. La primera forma de limpieza sirve bastante para los archivos que contienen líneas delgadas como el trazo que indica el grosor de la cerámica, pues estos son difíciles de seleccionar. Esta segunda forma de limpiar una imagen sirve para seleccionar dibujos que se encuentran completamente sombreados ya que son de fácil selección: - Clic en Herramienta Selección Rápida de la Barra de Herramientas. - Arrastre el ratón sobre el dibujo de la cerámica seleccionándolo completamente sin dejar que el interior de la imagen quede con pequeñas selecciones. - Clic en Menú Principal > Selección > Modificar > Expandir. Escriba 3 pixeles y haga clic en Ok. - Clic en Menú Principal > Selección > Modificar > Desvanecer. Escriba 3 pixeles y haga clic en Ok. - Clic en Menú Principal > Selección > Invertir. - Presione suprimir (Supr) en el teclado. Notará que desapareció el contorno del dibujo. - Presione Control + D para deseleccionar o haga clic en Selección > Deseleccionar. - Con la Herramienta Borrador de la Barra de herramientas repase los bordes del dibujo que tenga irregularidades para borrarlos y emparejarlos. Una tercera forma de limpiar los dibujos es a partir de la gama de color: es posible eliminar fondos que sean de un mismo color o de colores cercanos. Para emplear esta herramienta se recomienda discreción, ya que la selección tiene que llevarse a cabo con mesura, o de lo contrario muchos grises claros pueden desaparecer en el proceso y deteriorar la calidad del dibujo: - Clic en Menú Principal > Selección > Gama de colores. Aparece un panel de forma automática y el puntero del ratón se convierte en un gotero. Este gotero sirve para dar clic sobre el color que se desea eliminar de la imagen en la mesa de trabajo. Una vez haga clic sobre el color (que usualmente es el blanco puro) se procede a modificar la flecha en el ítem de Tolerancia. La imagen del cuadro de diálogo indicará cuánto ha sido o no seleccionado. La idea es modificar la imagen hasta que solo se vean los detalles que se quieren conservar en el dibujo (hay que tener precaución para no borrar todos los grises del dibujo). Clic en Ok y enseguida presionar la tecla Suprimir, para eliminar el fondo con manchas. El resto se puede retocar a mano con la Herramienta Borrador. - Una vez limpiado el fondo presione Archivo > Guardar Como. Asigne nombre a la imagen y guarde en formato TIFF. Notas: • Se recomienda guardar el archivo editado con un nombre diferente al del original escaneado para no sobrescribir este último. • La resolución de la imagen ha de permanecer igual y no se alterará porque eventualmente el archivo .tiff será escalado y reinterpretado en un archivo de 300 ppi en Adobe Illustrator© cuyo formato ha sido diseñado, por ahora, para pantallas e impresiones formato A4. Es importante conservar el .tiff editado para cuando se requieran otros formatos diferentes a los requeridos actualmente por el proyecto. • El archivo .tiff editado servirá como referencia para la creación de vectores que reemplazarán las líneas hechas lápiz en el programa Adobe Illustrator. Una vez realizadas las líneas vectorizadas, se recomienda borrar estas líneas de este archivo .tiff para que no se vean más en el archivo de Illustrator (Figura 111). Figura 111. Proceso de edición de la imagen 8. Pintura digital de cerámicas Es posible reproducir la técnica del dibujo a mano alzada en Adobe Photoshop© con algunos de los pinceles del ilustrador Kyle T. Webster, que facilita el programa pago de la suite Adobe Creative Cloud©. Para comenzar a trabajar con estos pinceles es recomendable contar con una tableta gráfica que posea un lápiz con diversos niveles de presión para que el usuario pueda dibujar con mayor naturalidad en la pantalla. También es posible emplear el ratón para dibujar, aunque con mayor nivel de dificultad. Los siguientes son los nombres de los pinceles recomendados para el dibujo digital de cerámica, todos ellos se encuentran en el paquete de pinceles MEGAPACK que puede ser descargado directamente desde la página oficial de Adobe: PINCELES TIPO LÁPIZ En carpeta Drawing box • Kyle´s drawing box-HB Pencil Pro 5-15 px PINCELES CON EFECTOS DE TEXTURA DE PAPEL En carpeta Fx Box • Kyle´s Fx Box-Add Canvas 1 • Kyle´s Fx Box-Add Canvas 2 PINCELES CON EFECTOS DE SOMBREADO En carpeta Fx Box • Kyle´s Fx Box-Add Grain • Kyle´s Fx Box-Add Noise Antes de comenzar a dibujar en Adobe Photoshop©, es bueno saber que hay dos formas de crear dibujos cerámicos a partir de esta plataforma: la primera es dibujando directamente sobre la interfaz teniendo como base la imagen del dibujo técnico realizado para calco, para luego intervenirlo en Adobe Illustrator©. La segunda es tomando como base el archivo .tiff del Illustrator ya finalizado. Ambas formas son viables en la construcción de la imagen, solo que una está enfocada a la producción del dibujo desde cero (como se haría en el papel de calco) y el otro se enfoca en generar volúmenes a partir de un vector. El dibujo desde cero es recomendado para aquellas personas que cuenten con experiencia en el dibujo digital, posean una tableta gráfica y tengan mejor dominio del lenguaje gráfico. Esto debido a que crear el dibujo de una pieza antropomórfica en digital requiere de habilidades específicas y de herramientas precisas. Por otra parte, cabe mencionar que el dibujo creado a partir del .tiff de Adobe Illustrator© tiene sus limitantes para las personas que emplean ratón, pues no les es posible realizar trazos precisos en lápiz digital con este dispositivo, por lo que las sombras proyectadas en el dibujo muchas veces parecerán planas y no conservarán similitud con las texturas logradas con un lápiz real. A continuación se muestra cómo se puede dibujar a partir del archivo .tif generado en Adobe illustrator©. A.2.6.3 Pasos para crear el dibujo digital Nota. Antes de dibujar en digital, es necesario descargar los pinceles y buscar un tutorial para su instalación. - Abra el archivo .tiff realizado en Illustrator en Adobe Photoshop©. - Clic en Imagen > Modo > Escala de Grises. En este modo todos los colores del documento se conservan en grises y no se alteran. - Con la Herramienta Varita Mágica de la Barra de herramientas seleccione las áreas de las cerámicas en las que desea generar volumen, sin dejar selecciones internas. Si quedan elementos internos sin seleccionar acuda a la Herramienta de Selección Rápida para seleccionarlos. - Clic en Menú Principal > Selección > Modificar > Expandir. Escriba 3 pixeles y haga clic en Ok. - Sin deseleccionar la imagen haga clic en Menú Principal > Capa > Nueva > Capa y renómbrela como «Textura de fondo». - Clic en Herramienta Pincel y clic derecho sobre mesa de trabajo. Aparecerá el menú de pinceles en el que se localizará la carpeta Megapack y el pincel Kyle´s Fx Box-Add Canvas. Una vez seleccionado diríjase al Panel de Muestras, seleccione el color negro, y dando clic sostenido sobre la imagen que se desea sombrear, repase ligeramente los bordes para añadir la textura de fondo. No deseleccione la imagen. - Clic en Menú Principal > Capa > Nueva > Capa y renómbrela como «Sombreado». - De nuevo haga clic en Herramienta Pincel y clic derecho sobre mesa de trabajo. Localice la carpeta Megapack y el pincel Kyle´s Fx Box-Add Grain. Utilice este pincel para repasar los bordes de la cerámica y generar un sombreado. - Una vez generado el sombreado, deseleccione la imagen con Control + D. Haga clic en la capa que contiene la imagen y con la Herramienta Varita Mágica seleccione de nuevo detalles que requieran de algún efecto de profundidad, como las incisiones. Para seleccionar varios elementos a la vez haga clic sobre cada uno de estos presionando la techa Shift. - Después de seleccionar clic en Menú Principal > Capa > Nueva > Capa y renómbrela como «Detalles». - Emplee el pincel Megapack y el pincel Kyle´s Fx Box-Add Grain para rellenar cuidadosamente las incisiones sin oscurecerlas en exceso. Recuerde que puede acercar y alejar la imagen con el comando Control + Barra espaciadora + Clic izquierdo sostenido. No deseleccione la imagen. - Clic en Herramienta Pincel y clic derecho sobre mesa de trabajo. Localice la carpeta Megapack y el pincel Kyle´s drawing box-HB Pencil 15 px. - Una vez seleccionado el pincel modifique su opacidad en la Barra de Propiedades. Colóquelo a un 35 %. - Con el pincel dé profundidad a las incisiones repasándolas en la parte que debe ir oscura. Si quiere agrandar el pincel o reducirlo puede hacerlo con el menú de esta herramienta. - Una vez realice las incisiones, deseleccione con Control + D y proceda a generar las sombras de los relieves (si los hay) con el mismo pincel. - Experimente con los pinceles hasta que obtenga el mejor resultado (Figura 112). - Una vez finalizado haga clic en Archivo > Guardar Como y escriba el nombre del nuevo documento. Recuerde guardar el archivo en TIFF y no sobrescribir el archivo original de Illustrator. Nota. Recuerde siempre contar con referencia fotográfica para que el sombreado sea lo más parecido a la pieza original. Figura 112. Pasos para crear el dibujo digital Referencias Adames, L. A. (1982). Glosario de Terminología Técnica de Cerámica Arqueológica para Colombia. (Trabajo de Grado). Universidad Nacional de Colombia: Bogotá. Adams, W. (1986-1987). 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Créditos de las figuras No. Figura Autor 1 Pedro María Argüello García 2 Jennifer Andrea Gutiérrez Torres 3 Jennifer Andrea Gutiérrez Torres 4 Jennifer Andrea Gutiérrez Torres 5 Jennifer Andrea Gutiérrez Torres 6 Jennifer Andrea Gutiérrez Torres 7 Pedro María Argüello García 8 Jennifer Andrea Gutiérrez Torres 9 Jennifer Andrea Gutiérrez Torres 10 Jennifer Andrea Gutiérrez Torres 11 Jennifer Andrea Gutiérrez Torres 12 Jennifer Andrea Gutiérrez Torres 13 Jennifer Andrea Gutiérrez Torres 14 Jennifer Andrea Gutiérrez Torres 17 Jennifer Andrea Gutiérrez Torres 18 Pedro María Argüello García 19 Pedro María Argüello García 20 Jennifer Andrea Gutiérrez Torres 21 Pedro María Argüello García 22 Pedro María Argüello García 23 Jennifer Andrea Gutiérrez Torres 24 Jennifer Andrea Gutiérrez Torres 25 Jennifer Andrea Gutiérrez Torres 26 Jennifer Andrea Gutiérrez Torres 27 Yoryeth Bastidas 27 Jennifer Andrea Gutiérrez Torres 28 Jennifer Andrea Gutiérrez Torres 29 Jennifer Andrea Gutiérrez Torres 30 Jennifer Andrea Gutiérrez Torres 31 Jennifer Andrea Gutiérrez Torres 32 Jennifer Andrea Gutiérrez Torres 33 Pedro María Argüello García 34 Ángela Bacca y Jennifer Gutiérrez 35 Yoryeth Bastidas 36 Ángela Bacca 37 Yoryeth Bastidas 38 Yoryeth Bastidas 39 Pedro María Argüello García 40 Pedro María Argüello García 41 Jennifer Andrea Gutiérrez Torres 42 Jennifer Andrea Gutiérrez Torres 43 Dibujo: Ángela Bacca y Jennifer Gutiérrez Fotografia: Milton Fabian García 44 Dibujo: Yoryeth Bastidas Fotografía Javier Ramírez 45 Dibujo: Yoryeth Bastidas Fotografía Javier Ramírez 46 Dibujo; Ángela Bacca Fotografía: Milton Fabian García 47 Dibujo: Ángela Bacca Fotografía Javier Ramírez 48 Ángela Bacca y Jennifer Gutiérrez Fotografía Javier Ramírez 49 Ángela Bacca y Jennifer Gutiérrez Fotografía: Milton Fabian Garcia 50 Dibujo: Jennifer Gutiérrez Fotografía: Milton Fabian García 51 Dibujo: Ángela Bacca Fotografía Javier Ramírez 52 Dibujo: Yoryeth Bastidas Fotografía Javier Ramírez 53 Dibujo: Yoryeth Bastidas Fotografía: Javier Ramírez 54 Dibujo: Ángela Bacca Fotografía: Javier Ramírez 55 Dibujo: Ángela Bacca Fotografía: Javier Ramírez 56 Fotografía: Javier Ramírez 57 Ángela Bacca y Jennifer Gutiérrez Fotografía: Javier Ramírez 58 Ángela Bacca Fotografía: Javier Ramírez 59 Alberto Sarcina 60 Pedro María Argüello García 61 Alberto Sarcina 62 Yoryeth Bastidas y Ángela Bacca 63 Yoryeth Bastidas 64 Jennifer Gutiérrez 65 Yoryeth Bastidas 66 Ángela Bacca y Jennifer Gutiérrez 67 Ángela Bacca y Jennifer Gutiérrez 68 Ángela Bacca y Jennifer Gutiérrez 69 Jennifer Gutiérrez 70 Alberto Sarcina 71 Yoryeth Bastidas 72 Alberto Sarcina 73 Alberto Sarcina 74 Alberto Sarcina 75 Alberto Sarcina 76 Alberto Sarcina 77 Alberto Sarcina 78 Ángela Bacca 79 Yoryeth Bastidas 80 Yoryeth Bastidas 81 Yoryeth Bastidas 82 Yoryeth Bastidas 83 Ángela Bacca y Alberto Sarcina 84 Yoryeth Bastidas 85 Alberto Sarcina 86 Jennifer Gutiérrez 87 Jennifer Gutiérrez 88 Jennifer Gutiérrez 89 Jennifer Gutiérrez 90 Jennifer Gutiérrez 91 Jennifer Gutierrez 92 Jennifer Gutiérrez 93 Jennifer Gutiérrez 94 Jennifer Gutiérrez 95 Jennifer Gutiérrez 96 Yoryeth Bastidas 97 Ángela Bacca 99 Ángela Bacca 101 Ángela Bacca 102 Ángela Bacca 103 Jennifer Gutiérrez 104 Jennifer Gutiérrez 105 Ángela Bacca 106 Ángela Bacca 108 Yoryeth Bastidas 109 Yoryeth Bastidas 110 Yoryeth Bastidas 111 Yoryeth Bastidas 112 Yoryeth Bastidas GLOSARIO No. Figura Autor Aerófono Laura Juliana Acevedo Alcarraza Ángela Bacca Ánfora Ángela Bacca Bandeja Ángela Bacca Barril Ángela Bacca Botella Ángela Bacca Budare Ángela Bacca Caja Yoryeth Bastidas Cántaro Jennifer Gutiérrez Colador Ángela Bacca Copa Ángela Bacca Crisol Ángela Bacca Cuchara Yoryeth Bastidas Cuenco Ángela Bacca Figurilla Yoryeth Bastidas Jarra Yoryeth Bastidas Mocasín Ángela Bacca Molde Yoryeth Bastidas Múcura Yoryeth Bastidas Olla Yoryeth Bastidas Plato Yoryeth Bastidas Poporo Yoryeth Bastidas Rallador Laura Juliana Acevedo Retablo Ángela Bacca Sello Ángela Bacca Sonaja Jennifer Gutiérrez Tapa Yoryeth Bastidas Tecomate Yoryeth Bastidas Urna Yoryeth Bastidas Vaso Yoryeth Bastidas Volante de huso Ángela Bacca
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