DURAND ALCÁNTARA El derecho agrario y el problema agrario de México aborda las varias contradicciones económicas, políticas, sociales, etnológicas y jurídicas en que se han fundado estos dos grandes ejes de la historia nacional. Más allá de las tendencias neoliberales, el autor reivindica el sentido humano y social tanto en la comprensión del denominado problema agrario como en la nueva aplicación que deberá guardar esta rama del derecho. Se reivindica el sentido rural de un México agrario múltiple, diverso y complejo en el que sus pueblos indios adquieren perfecta vigencia en un modelo de nación más justo, más solidario y sustentable. Así, a través de un enfoque interdisciplinario e histórico, se buscan explicar las causas que han determinado el abandono del derecho agrario en su perspectiva social, delimitando los nuevos parámetros que el investigador del derecho y de otras disciplinas sociales deberá observar en el manejo de esta juridicidad. CARLOS HUMBERTO DURAND ALCÁNTARA PRÓLOGO A LA TERCERA EDICIÓN JESÚS MANUEL RAMÍREZ GARIBAY ba ue Pr al fin rrú Po a ba ue Pr al fin rrú Po a CARLOS HUMBERTO DURAND ALCÁNTARA EL DERECHO AGRARIO Y Po rrú a EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO fin al Su proyección histórico-social ba PRÓLOGO A LA TERCERA EDICIÓN Pr ue JESÚS MANUEL RAMÍREZ GARIBAY Cuarta edición Primera edición: 2002 Copyright © 2022 Carlos Humberto Durand Alcántara Niños Héroes núm. 205 Tepepan, Xochimilco, 16020, Ciudad de México rrú a Esta edición y sus características son propiedad de EDITORIAL PORRÚA, SA de CV 08 Av. República Argentina 15 altos, col. Centro, 06020, Ciudad de México www.porrua.com Po Queda hecho el depósito que marca la ley fin al Derechos reservados Pr ue ba ISBN 978-607-09-3914-3 Se prohíbe la reproducción, el registro o la transmisión parcial o total de esta obra por cualquier sistema de recuperación de información, sea mecánico, fotoquímico, electrónico, magnético, electroóptico, por fotocopia o cualquier otro, existente o por existir, sin el permiso por escrito de los titulares de los derechos correspondientes. IMPRESO EN MÉXICO PRINTED IN MEXICO rrú a A mis dos luceros, Tania y Alaide, por brindarme la razón de mi existencia. al Po A mi compañera Maggye, por las reciprocidades, el amor y apoyo brindados. fin A mis padres Esperanza y José Antonio por su ejemplo. Pr ue ba A los pueblos indios de México por su intransigencia. ba ue Pr al fin rrú Po a ADVERTENCIA Pr ue ba fin al Po rrú a Han transcurrido tres lustros desde que iniciamos el intento de brindar nuestra modesta opinión en torno a la fundamentación, adecuación y aplicación del Derecho Agrario en México. Indudablemente que las circunstancias que en este lapso ha impuesto el paradigma globalizador, modifican profundamente la pertinencia de cualquier estudio, lo que en nuestro caso, desde luego, no puede ser considerado de manera marginal, valga esta aclaración, en virtud de las adecuaciones que la mirada analítica y crítica del lector advertirá en los apartados que integran este trabajo. VII ba ue Pr al fin rrú Po a PRÓLOGO A LA TERCERA EDICIÓN Pr ue ba fin al Po rrú a En 2002 saludamos la aparición de la primera edición de El Derecho Agrario y el Problema Agrario de México (Su proyección histórico-social) y en el año 2008, seis años después, se publicó la segunda edición actualizada. A contrario sensu a los cánones imperantes cuyo horizonte plasmaba la influencia de la mundialización en el campo, el Dr. Carlos Durand se mantenía en el arraigo del derecho social a partir de la herencia zapatista, cardenista y fundamentalmente a contracorriente con las aportaciones del neo zapatismo. Durante estos catorce años, quienes hemos tenido la fortuna de leerlo y releerlo, habremos de coincidir que su obra, y en particular este libro, no se agota con una sola lectura, más bien constituye una fuente de consulta permanente, es por excelencia un libro de cabecera para quienes estamos inmersos y actuamos desde diferentes trincheras en la cuestión agraria. La revalorización del derecho rural es una parte medular que plantea Durand, que significa reconocer el derecho agrario como un derecho reivindicatorio del campesinado de México. Lo hace en dos sentidos: 1) Analizándolo fuera del discurso positivista (a partir del marxismo o de la sociología jurídica, por ejemplo) para entender la lógica de la normatividad agraria; o bien, 2) Revalorizando la norma jurídica en su papel revolucionario, de cambio, lo que significa una toma de posición acerca del derecho agrario: este derecho no es en sí mismo revolucionario, lo que hace es que sea visto, examinado y aplicado con base en la perspectiva de los dominados. Asimismo, el autor desenmascara el statu quo oficialista que ve un “campo vigoroso, y moderno”, que contrasta con el campo famélico, atestado de pobreza, minifundista, con economía de autoconsumo y de una gran migración. Este trabajo tiene como resultado la obtención por el autor de una obra docta, consistente, que servirá de guía a las generaciones de luchadores sociales e intelectuales del movimiento campesino e indígena, que deben emerger ahora mismo, dadas las condiciones tan críticas que atraviesa el campo mexicano. IX X PRÓLOGO A LA TERCERA EDICIÓN Pr ue ba fin al Po rrú a El libro constituye una fuente histórica debido a la línea de tiempo que abarca, iniciando en el México prehispánico y ubicándose en los márgenes neoliberales del 2016. Trascienden en el pasaje de la historia agraria de México dos contextos que configuran, a decir del autor, la otra visión del derecho rural: la Revolución del zapatismo, sus legislaciones agrarias, hasta detenerse en el cardenismo como un periodo cúspide para la causa agraria del país y de parteaguas entre el antes y el después del derecho agrario de México. Los paralelismos entre el magonismo, el zapatismo y el neozapatismo (EZLN), son tratados por el autor con una prospectiva analítica. Su contenido amalgama no sólo una visión jurídica, sino transdisciplinaria, en que caben la economía, la antropología y la sociología. Refiere Durand que las posiciones políticas y principios esgrimidos por la lucha zapatista y magonista guardan un lazo de transmisión con el cardenismo (1934-1940). Para Cárdenas, esboza el autor, la nueva etapa del derecho social agrario que deberá construirse no requiere sino ser congruente con los fundamentos que le dieron vigencia, ya en su campaña presidencial advertirá el epicentro de su propuesta agraria: ¡Tierra y Libertad! ¡Restitución agraria a los pueblos indígenas! Dotaciones agrarias a los pueblos que así lo requieran, involucrando desde luego a las amplias masas de desheredados: peones y jornaleros agrícolas, e incluso armando a los campesinos a efecto de proteger su patrimonio reivindicado. Al amparo del Código Agrario de 1934, el presidente Cárdenas repartió la mayor cantidad de tierras que haya conocido el país, con casi 18 millones de hectáreas, que además fueron las más productivas, esto en los setenta y siete años que duró el proceso de reparto de tierras (reforma agraria) que culminó con la reforma al artículo 27 constitucional de 1992. Carlos Durand forma parte de un reducido grupo de intelectuales críticos de la cuestión agraria, indígena y rural en nuestro país. Su postura es ideológica y pragmática, pero además acuciante porque cuestiona con rigor científico y con el soporte académico que le han dado muchos años de investigación y de vínculo con las comunidades y pueblos campesinos e indígenas de México y América Latina, además de su “peregrinar” como conferencista y ponente en diversos foros nacionales e internacionales de varios países en los que a nuestro parecer ha retroalimentado a otros colegas de gran envergadura. Durand, como ningún otro estudioso del derecho agrario, ha revisado las reformas salinistas al artículo 27 constitucional de 1992 y ha evaluado con minuciosidad y seriedad que el caso amerita los aconteceres, implicaciones y resultados de dichas reformas, a veinticuatro años de su PRÓLOGO A LA TERCERA EDICIÓN XI Pr ue ba fin al Po rrú a consumación y las que sin lugar a dudas constituyen el parteaguas de un México rural que ha dejado tras de sí lo mejor de nosotros… nuestra identidad y nuestras raíces. En el marco de esta obra que ahora prologamos encontraremos cuatro capítulos que radican el paradigma que le es inherente, el neoliberalismo, así para el autor el problema agrario constituye también la revisión de las políticas públicas sobre cuestión agraria e indígena en los sexenios de los presidentes Salinas, Zedillo, Fox, Calderón y Peña Nieto, hegemonía estatal concatenada a los dictados del poder internacional, dígase Fondo Monetario Internacional, Banco Mundial, Estados Unidos de América y de las políticas injerencistas y de alineación, que han tenido como resultado que hoy en día se asuma un país con más de la mitad de la población en pobreza y mucha de la cual se ubica en pobreza extrema; e, irónicamente, un campo con productividad de primer mundo, con excelentes superficies agrícolas en el noreste y el Bajío, así como, en contraste, otro campo en el abandono, con campesinos en la miseria y con una migración que año con año se incrementa, producto del neoliberalismo y la globalización que han sido enemigos de campesinos e indígenas del país. Aborda el Dr. Durand un evento que no debe pasar desapercibido: el caso de Atenco. Refiere el autor que apenas habían transcurrido unos meses del autodenominado “gobierno de transición”, cuando el presidente Vicente Fox estableció la normatividad jurídica agraria como instrumento que intentó legitimar la expropiación agraria de diversas comunidades campesinas de la zona circunvecina al ex lago de Texcoco. Además de invocar la expropiación por causa de utilidad pública, la Comisión Nacional de Avalúos de la Secretaría de Hacienda ofrecía precios irrisorios como indemnización a los posibles bienes agrarios afectados, sin embargo, el problema para los lugareños no se situaba en un simple pago por aquello que no estaba en venta —su patrimonio histórico—, sino más bien habría que señalar que sus tierras desde siempre habían sido eficientes para los campesinos y sus familias de la región. Después de Atenco, la problemática agraria del país tuvo un cambio significativo, un ejemplo es que no habría más expropiaciones sin tener anuencia previa de los propietarios de los predios, como regla general. El último clavo que faltaba al ataúd del campo, lo ha puesto Peña Nieto con sus reformas estructurales en materia energética, donde nuevamente campesinos e indígenas serán una vez más despojados de sus tierras. Conceptualmente me ha llamado la atención la propuesta teórica del Dr. Durand que rompe con el paradigma tradicional del derecho XII PRÓLOGO A LA TERCERA EDICIÓN Pr ue ba fin al Po rrú a agrario, transformándolo en derecho rural, como lo ha venido planteando desde hace muchos años y que constituirá una de las líneas de investigación que será parte de la maestría en Derecho que impulsó durante más de una década y que está por impartirse a partir de 2017 en la Universidad Autónoma Metropolitana-Unidad Azcapotzalco. El capítulo XIV “¿Fortalecimiento del neoliberalismo en el contexto agrario mexicano, o derrumbe de nuestra condición humana? (20082016)”, constituye la actualización para esta tercera edición. En esta actualización, el autor repunta y cierra el balance agrario del sexenio de Felipe Calderón, al señalar que éste, en franca alianza con las multinacionales y bajo los designios del Banco Mundial, elaboró la piedra angular de la actual estrategia neoliberal, esto quedó trazado en el instrumento conocido como México 2030 Proyecto de Gran Visión. Este documento fue elaborado previamente a la instauración de su gobierno y culminado en diciembre de 2006, y contó, por supuesto, con la asesoría transnacional y el connotado visto bueno de los intelectuales orgánicos del capital, y de la iniciativa privada nacional. Situar el problema agrario y el derecho agrario durante este lapso del calderonismo, refiere Durand, implica concebirle en una visión de conjunto en donde es evidente que a contrario sensu a la imaginación del gobierno es imposible situar el régimen de producción y tenencia de la tierra si no se recuperan aspectos que hoy está priorizando el esquema neoliberal, como son, entre otros, el que compete a las explotaciones energéticas, la política hídrica, los impactos ambientales, y como así referíamos, el que compete a las explotaciones mineras, aspectos evidentemente eslabonados y cuyas adecuaciones están revirtiendo diversos procesos inherentes a la agricultura, silvicultura, piscicultura, pesca, recolección de alimentos, cunicultura, cría de aves, ganadería mayor y menor, apicultura, etcétera. Bajo este tipo de reflexión pareciera que el medio rural se haría acreedor al desarrollo neoliberal cuando, insistimos, es consabida la nimia aportación que reciben los municipios, pero sobre todo, los impactos per se irreparables que sufrirá el suelo rural que hoy ocupan múltiples empresas mineras, existiendo casos como la minería a tajo abierto, en la que desde un satélite se puede observar de qué manera los territorios en que se aplica se convierten en una especie de “desierto lunar”, incluyendo evidentemente sus cráteres. Desde cualquier óptica el perfil de la política minera del gobierno de Felipe Calderón, reflexiona Carlos Durand, develó el más profundo desprecio por las economías indígenas y campesinas, desdén cuyo perfil denota no sólo la carencia de una visión social del Estado, sino que enmarca a un gobierno por excelencia de derecha con una incapacidad plena de advertir los problemas ambientales PRÓLOGO A LA TERCERA EDICIÓN XIII Pr ue ba fin al Po rrú a que se avecinaban, esta política, como hemos delimitado, se eslabona al paradigma imperante y, en el caso de Felipe Calderón, a su vínculo con los intereses del capital financiero, prácticamente desde que fungió como Secretario de Energía durante la gestión de Vicente Fox. Asimismo, en dicho capítulo el autor refiere los cambios que se dieron en materia de derechos humanos y que inciden en el campo mexicano; cambios en materia de amparo agrario. Por otro lado, el autor abre un apartado que denomina: “La coyuntura de Peña Nieto. La sinrazón y desmemoria para el campo mexicano (primer periodo, 2012-2016)”, aquí Carlos Durand refiere que: “el problema del campo mexicano en el tercer lustro del siglo XXI, se enmarca en la dinámica que adquirió la socio economía y la política del Estado mexicano a partir de la influencia ejercida por el paradigma neoliberal, modelo en el que se abandonó la visión del incipiente Estado social en el marco del capitalismo, en particular basamos nuestro análisis principalmente en la adaptación que tuvo en la región el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), documento que, independientemente de su vigencia, se considera que ya ha agotado en su función sus últimos albazos y el cual se cierne ahora en materia de minerales e hidrocarburos”. Carlos Durand, como no lo hace hasta ahora ningún autor, desmenuza las implicaciones jurídicas y sociales que tendrá la aplicación de la reforma energética, sea en la propiedad social o privada, y analiza las distintas figuras jurídicas, tales como la ocupación, afectación, servidumbre en materia agraria, expropiación y compra; asimismo, refiere la cantidad de núcleos agrarios, por municipio y estado, que podrían ser afectados con la aplicación de las leyes energéticas. También hace un análisis de la transición de la Secretaría de la Reforma Agraria a Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano (SEDATU). Finalmente, reitero un profundo reconocimiento al amigo y camarada con quien hemos puesto nuestro mejor esfuerzo en relación con los pobres del campo, de quienes obtenemos los frutos del agro, en ello aunamos nuestra voz a la del autor y hacemos, al igual que él, votos por un México que reivindique sus raíces culturales. Jesús Manuel Ramírez Garibay Guanajuato, Guanajuato, México Junio de 2016 ba ue Pr al fin rrú Po a PRÓLOGO A LA SEGUNDA EDICIÓN Pr ue ba fin al Po rrú a La segunda edición de El Derecho Agrario y el problema agrario de México, revela la trascendencia de los contenidos tratados por el autor, la construcción del objeto de estudio, es sin duda, el reflejo fiel de un problema que no ha encontrado solución, y que si bien podrían generarse respuestas del tema en cuestión, su complejidad le identifica como un fenómeno aún en estudio y desarrollo. Su complejidad se entrevera con fenómenos económicos, sociales, políticos y aún incluso de carácter cultural, que decir por ejemplo, de ciertas interpretaciones de algunos pueblos indígenas de México que afirman ¡de la tierra venimos y a la tierra regresaremos! Aspectos en los que incursiona el autor y busca dar respuesta. Si ante la convulsión que vive el sistema mundo, aparece una investigación (como la que ahora presentamos) que recoge algunos de los elementos más sensibles del entorno natural y social. Concebimos que se vindica nuestra condición Humana. Digamos para el estudio de caso sobre el cual versa esta obra, el que corresponde a la tierra pero no tan sólo vista o comprendida como el simple medio de producción, sino como la tierra simbólica; aspecto que afianza de alguna manera el sentido cultural del estudio en cuestión y qué mejor manera de involucrarnos en este ámbito, sino a partir de la reivindicación del espacio geográfico, circunstancia que de alguna manera le han minado las políticas oligárquicas. El conocimiento desarrollado a lo largo del libro, por fortuna se aleja de una visión disciplinaria “cerrada”, el recorrido que sustenta el autor es, sin duda, a través de la brecha interdisciplinaria concordante con expresiones epistemológicas que plantean la urgente necesidad de recomponer las formas cognoscitivas de nuestras “ciencias”, en especial las sociales, lo que ciertos paradigmas (positivismo, estructural-funcionalismo) las plantean regularmente tan “sólidas como debidamente estructuradas” y donde el expansionismo del sistema mundo encabeza esta percepción, lo que ha traído consigo, en el caso del campo latinoamericano, que ciertos mecanismos de mercado consoliden su esquema de acumulación ampliada de capital, con su concomitante impacto XV XVI PRÓLOGO A LA SEGUNDA EDICIÓN Pr ue ba fin al Po rrú a a las economías campesinas al no concebirlas como “viables al esquema neoliberal”. El autor de la obra nos muestra lo distante y lo cercano del conocimiento rural, al concebirlo como un fenómeno histórico, pero también como múltiple y diverso cultural, en esta dinámica entendemos que en el fondo existe una prospectiva de arraigar conciencias en el tratamiento del fenómeno en cuestión y de esta manera quedarse para siempre, en la memoria no solo jurídica, no solo científica, sino en el lugar de la piedra sólida. La búsqueda integradora entre ciertas disciplinas, (economía rural, sociología rural, antropología, etnología, arqueología, etcétera) en el estudio del Derecho agrario y el Problema Agrario (lo que por momentos consideramos como “vecinas incomunicadas”), nos muestra la otra visión —la no occidental— en su entendimiento, análisis y estudio. Así, por ejemplo, las perspectivas de lo ambiental e indígena, del conocimiento arqueológico como del etnológico, de los ámbitos de la sociología rural y la economía agrícola, entre otros aspectos, adquieren perfecto significado en la comprensión del fenómeno rural en estudio y en cuya visión el autor deja claro el grave error relativo a la “parcelación del conocimiento jurídico” en el tratamiento y comprensión de la ruralidad mexicana. A partir de abstracciones y del resultado de convicciones ideológicas y científicas, el Doctor Carlos Durand convoca al regreso de teorías que se consideraban “olvidadas”, incluso “sin utilidad”, y sobre todo obnubiladas por los aparatos ideológicos del Estado hegemónico. Para el autor, las teorías marxistas hoy en día no son tan solo necesarias sino inclusive indispensables para la explicación de los fenómenos económicos y sociales relativos al detrimento de la vida rural en el marco del actual esquema neoliberal, por demás deshumanizante y que, como apunta la obra, el objeto de estudio construido lo constituye el problema agrario, llámese por ejemplo la aplicación de políticas públicas funestas para el campo en nuestro país, y el Derecho Agrario, cuyos contenidos requieren una visión nueva que proyecte un sendero viable conforme a los dictados de cada cultura. Por otro lado, el estudio de “la cuestión agraria de México”, imbrica también, poner especial cuidado en el aspecto educativo nacional, fundamentalmente a nivel superior, hoy prácticamente indiferente en sus planes y programas de estudios, hecho que de alguna manera ha derivado en generaciones alienadas en torno a la conciencia que se pudiera adquirir de la triada imprescindible en el análisis en cuestión, y sustentada en el texto: La ruralidad, la cuestión indígena y el problema ambiental. El llamado constante del Doctor Durand a Foucault y a Gramsci, entre otros analistas sociales, asegura en nuestra prospectiva, las formu- PRÓLOGO A LA SEGUNDA EDICIÓN XVII Pr ue ba fin al Po rrú a laciones críticas, que inevitablemente constituyen el mensaje fundamental y referencial para comprender las contradicciones en el campo, en un contexto amplio (la globalización y el neoliberalismo), así como la cuestión de la justicia agraria, el rezago agrario, la sobreexplotación de la tierra, las políticas sistémicas oligárquicas para el campo, variables todas ellas de conocimiento que en su análisis y crítica nos permiten identificar que no es cierto que nos encontremos frente a una dinámica de progreso y un mejor “desarrollo rural y nacional”. En el capítulo segundo de esta obra se presentan teorías explicativas de la vida prehispánica, marcadas por los códices conservados hasta nuestros días. Aspecto por primera vez tratado en los cánones del Derecho Agrario mexicano, como “documentos reivindicatorios de las poblaciones indígenas a sus territorios. Insertas en esta parte del texto hallamos también reflexiones acerca de la costumbre indígena, el derecho (o aquello que se podría interpretar como tal) y la propiedad originaria indígena, bajo estudios de caso que corresponden a los aztecas, y los mayas, aspectos cuyas cosmovisiones se ligan de manera significativa con la tierra, Tonatzin, para los mexicanos. La vida económica y social de la Colonia en la Nueva España es parte del estudio descrito en el tercer apartado del texto, en éste resalta el surgimiento de la minería y la producción esencialmente del oro y la plata, abarcando el periodo de 1521 a 1821. Fenómeno que a la par de la acumulación originaria del capital, da cabida a la irrupción del nuevo esquema ideológico —cultural—, el de los dominadores, convirtiendo en sacrilegio a las cosmovisiones étnicas. Aunado a ello, el autor formula una crítica acerca de las fuerzas productivas y la agricultura desarrollada por los conquistadores, en esencia la Hacienda que desposeyó de sus heredades a los pueblos prehispánicos y por otro lado, se establece el estudio acerca de lo que se consideró el Derecho Agrario en el México colonial, incluyendo las Bulas Papales, las capitulaciones, las caballerías, las peonías, las encomiendas, y otros “actos jurídicos” como la confirmación de tierras, la compraventa y la prescripción, etcétera, que no fueron otra cosa, que la creación de normas jurídicas que justificaron y legitimaron las relaciones de propiedad incluyendo formas de tenencia de la tierra en actos jurídicos de carácter individual del agrarismo novohispano. La lectura del capítulo cuarto devela la relación directa con el capítulo quinto de este trabajo, en primera instancia es notoria la crítica que se realiza al entonces nuevo Estado mexicano Independiente en un periodo comprendido entre 1821 y 1854, que entre otras cosas trajo consigo un crecimiento demográfico inestable, en virtud de la baja XVIII PRÓLOGO A LA SEGUNDA EDICIÓN Pr ue ba fin al Po rrú a densidad y la mala distribución de la población, la carencia de vías de comunicación y medios de transporte, por otro lado, a los indios se les hacía la guerra, se ponían los primeros cimientos de poderes locales y se instituía la figura de un Estado impuesto como la unidad de dominación ficticia. En ese orden de ideas, más adelante el autor describe la transición al capitalismo agrario, marcado hasta el año de 1910, época en la que las normas jurídicas habrían configurado de la tenencia de la tierra un gran negocio, mientras vastos grupos sociales se enriquecieron, como el texto lo indica, y parafraseando a Ponciano Arriaga, encontramos que: “[…] Mientras que pocos individuos están en posesión de inmensos e incultos terrenos, que podrían dar subsistencia para millones de hombres, un pueblo numeroso, crecida mayoría de ciudadanos, gimen en la más horrenda pobreza, sin propiedad, sin hogar, sin industrias, ni trabajo […]”. Comprender literalmente estas líneas significa entender en esencia aquella época marcada como remota, pero a la vez tan cercana en la cotidianeidad, puesta al descubierto con el empleo del método —histórico— que pretende recomponer los elementos que envuelven al objeto de estudio, en este trabajo, el estudio del problema agrario, como una lucha constante por el espacio geográfico. Trazada la visión histórica en el texto, notamos que en su devenir el capitalismo agrario polarizó la organización social de la vida campesina mexicana de manera tal, que cada vez más personas se agruparon como pobres, proletarios decantados en el contexto jurídico, donde los parámetros formulados en el 27 constitucional desvincularon la legalidad de la legitimidad; por ejemplo, el ejidatario una vez terminado el reparto agrario convertido en titular de su parcela, y fundado en el Derecho Agrario Mexicano no sólo refrendaba el advenimiento de aquello que podemos denominar como una especie de campesinos-ejidatarios, sino una tipología de “híbridos sociales” a los que llamaríamos obreros agrícolas al servicio del Estado (aún siendo poseedores de sus parcelas), o inclusive “ejidatarios accionistas”, “ejidatarios empresarios”, o más todavía, el ejido sometido a la industria. Estas contradicciones no se han dado espontáneamente, sino más bien obedecen a cánones hegemónicos alienantes de la vida campesina, alteraciones de la relación que corresponde al ser humano-tierra, esto como si acaso la auto eco organización del campo dependiera de factores de mercado. La información contenida en los siguientes capítulos distingue claramente el discurso oficial frente a los acontecimientos en el agro, digamos, de la concreción de las relaciones de propiedad agraria, ello no quiere decir necesariamente que se trate, como dice el Maestro Miguel León Portilla, de la “visión de los vencidos”, en mejor medida constituye un abordaje desde la historia agraria del México contemporáneo, PRÓLOGO A LA SEGUNDA EDICIÓN XIX Pr ue ba fin al Po rrú a a temas que lejos de ser vistos de manera lineal se dimensionan en un proceso dialéctico, precisando el enredado y a la vez engañoso vaivén del eterno problema agrario: por un lado, la entrega por parte del Estado, del campo a grupos hegemónicos, y por otro del papel desarrollado por el Presidente Cárdenas del Río, que lo reivindicó para los pobres siguiendo los pasos, entre otros, de Zapata, Villa y Ricardo Flores Magón, y cuyo legado es recogido en esta obra para abrir conciencia de que la lucha no ha sido coyuntural, es contra todo aquel que quita el abrigo, contra los que gobiernan en detrimento de la vida en el campo. En ese sentido, cobra relevancia la presencia de los nuevos sujetos sociales como entes que vindican su propio destino y favorecen la toma de decisiones en perspectiva del reconocimiento de una “sociedad más humanizada” y fundada en la diversidad cultural, como así ocurre con el EZLN. De esta manera la “reconstrucción del indígena”, forma parte fundamental en el andamiaje del discurso que forja este libro, aspecto que como tal no implica indigenizar el espacio en estudio, u obligar al indígena a comprender los parámetros que distinguen a sus detractores, sino más bien advertir su existencia (la de los indios), en la otredad, como un sujeto social caracterizado por su propia cosmogonía diferenciada en su esencia y devenir a la del capitalismo, donde el primero engendra etnicidad, el segundo la aniquila. El autor nos muestra las peculiaridades de la pugna entre el agrarismo radical y las políticas posrevolucionarias que industrializaron al campo. El cardenismo sobresale en la edificación del Derecho Agrario envuelto en elementos epistemológicos que son reflejo del Derecho Social, el que se construyó a partir de las necesidades de los pobres del campo. Este precedente fue causal y forzoso frente a la movilidad imperialista, es decir, el cardenismo fue valioso por la atención que prestó al fenómeno complejo del campo, independientemente de las cuestiones hegemónicas que inclusive llegaron a presagiar la intervención de México. Son de trascendencia los cuestionamientos formulados respecto a las reformas del artículo 27 constitucional a lo largo de la historia oficial, situación que revela que la norma jurídica es maleable, y que pone al descubierto que el sentido deontológico de la juridicidad Constitucional representó, paso a paso en cada sexenio, la nueva sumisión del Derecho Agrario a los cánones impuestos por el Capital Transnacional, comprimiendo su carácter social. Esto es, ciertos mecanismos legislativos permitieron la entrada del neoliberalismo en la cuestión agraria, principalmente en la etapa salinista. Las reformas fueron coyunturales XX PRÓLOGO A LA SEGUNDA EDICIÓN Pr ue ba fin al Po rrú a en el interior de una “superestructura” oligárquica, que polarizó a los pobres del campo de los detentadores del poder. Respecto a la conformación del derecho rural, la obra delimita el panorama en el capítulo décimo, principalmente discute el tema del ejido, cuya existencia en la vida jurídica nacional se ha caracterizado por mutaciones constantes, donde dicha estructura agraria ha pasado a formar parte del capital global debido al achicamiento de los límites del Estado. Ahora bien, si ante el Estado nacional de raíz positivista occidental, queda de manifiesto que por sí misma la palabra escrita en el Pacto Federal no reivindica derecho de ninguna índole (es decir, tiene que ver más bien con su concreción), por ende, lo plasmado en dicho ordenamiento supremo, de facto no genera en sí mismo la comprensión de las variaciones que la vida en sí misma desarrolla, donde cada cultura crece bajo cosmogonías distintas, ello da pauta para decir que es necesario reformular los conceptos establecidos en las normas jurídicas, no de un modo arbitrario y caótico sino con un determinado orden y a través de un método que describa y hasta cierto punto prescriba modos de conducta apropiados a cada grupo social, como así ocurre en el caso particular de los pueblos indios de México y en donde sea la sociedad quien mandate dichos cambios. Al referirse a los problemas relacionados con las aguas nacionales que figuran en la cuestión agraria, así como el cooperativismo, la autosuficiencia alimentaria, el marco legal agropecuario, y otros de la estructura agraria actual, el Doctor Durand los aborda mediante una metodología trazada en diversos planos, que bien pueden aparecer como criterios ontológicos, hermenéuticos y epistemológicos, situación que pone de relieve, que no obstante del ejercicio holístico —en todo el trabajo— aspecto viable para comprender la proliferación de teorías, demuestran la evidencia del abandono a las tesis del Derecho Agrario en su proyección social, tal y como acontece con el gobierno actual de Felipe Calderón. El estudio precisa, en dos periodos (1982-1988 y 1988-2000), la irrupción del neoliberalismo en el campo, lo que entre otras circunstancias devela la ruptura del agrarismo social; sin embargo, no obstante de que el Estado tutela la democracia, los modelos presidenciales de De la Madrid y Salinas, además de la complicidad en sus políticas, desconocieron la existencia de cualquier cosmogonía que preservara el entorno si no se ajustaban a los dictados del Protocolo de Washington, esto quiere decir que las políticas públicas desarrolladas en esos gobiernos, significaron la readecuación del criterio productivista-eficientista en el agro mexicano. Por su parte el estudio acerca de los sexenios de Zedillo y Fox, muestra la consolidación de la acumulación del capital reductor PRÓLOGO A LA SEGUNDA EDICIÓN XXI Pr ue ba fin al Po rrú a de la cuestión agraria en su prospectiva social, donde hoy en día tenemos como resultado, entre otras circunstancias, la añoranza de zonas agrícolas desaparecidas, el nuevo entorno está colmado de un “desarrollo subdesarrollado” ad hoc al advenimiento del neoliberalismo, y la idea de que el “progreso” debe darse primordialmente a través de la ciencia, la técnica y la industria. Apologistas e intelectuales de la globalización se reúnen para discutir los temas agrarios, asesoran a los gobiernos, fomentan proyectos, como si de sus argumentos dependiera el Sol de cada mañana. El ultimo abordaje que realiza el autor en esta segunda edición se sitúa en los cánones impuestos durante los últimos diez años por los organismos financieros internacionales en materia agraria, siendo sus puntales el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, política que se ha cristalizado durante el sexenio de Vicente Fox y lo que ha transcurrido de Felipe Calderón, cuyas definiciones políticas han intensificado la crisis rural, en todos sus ámbitos, a partir de brindar todo tipo de facilidades a la inversión extranjera y nacional en reservas ecológicas, o en zonas de playa para desarrollar diversos proyectos turísticos, además de impulsar la generación y cultivo de transgénicos, la sobre explotación de acuíferos, bosque y selvas, entre otros ámbitos que dan cuenta de la catástrofe agraria. De esta manera queda la cuestión agraria pendiente, fundamentalmente aquella que compete a más de diez millones de mexicanos carentes de tierras a quienes la incipiente Reforma Agraria mexicana no hizo justicia y muchos de los cuales tienen que arriesgar su vida al cruzar la frontera con los EUA, en busca de un mejor porvenir. Finalmente es importante advertir que los temas aquí referidos se ven robustecidos con la incorporación de anexos, mapas y cuadros, además de un importante apartado crítico, vigente y necesario para las exigencias que concebimos requiere el estudio del problema agrario y del derecho agrario en la actualidad. Los resultados del trabajo inducen a pensar en una posible matematización en virtud de la sistematización desenvuelta, en consecuencia identificamos un libro que contiene una teoría que no solamente intenta sustentarse con el respaldo de la ciencia, y que no solamente es autoridad en el plano científico y jurídico, sino con el respaldo de la formación intelectual de quien lo ha escrito, desde nuestra perspectiva en una percepción bioética. No me queda sino felicitar al Doctor Carlos Durand por esta segunda edición, herramienta que bien puede estar dirigida a los juristas como a los que transitan en otras disciplinas sociales, como la sociología la economía rural, la antropología, le etnología, la ecología, así como fundamentalmente, a los trabajadores del campo, a los jornaleros, a los XXII PRÓLOGO A LA SEGUNDA EDICIÓN indígenas, y los campesinos. El Doctor nos ha enseñado que el conocimiento es un camino de privilegio para comprender a la tierra (nuestro hábitat), y sobre todo para ubicarla en una justa dimensión, que nos coloca en un sitio intemporal a la vez que sólido. Por último, ofrezco mi gratitud al humano científico por los años dedicados a esta empresa, en donde sus aportaciones y la atención puesta a la vida agraria no es otra cosa que su abnegada y noble función en la tierra. M. C. Marcos Daniel Silva Maldonado Profesor-Investigador de la Maestría en derecho indígena Miembro del Grupo de Investigación en Derechos Humanos y Marginalidad de la UAM-A Pr ue ba fin al Po rrú a San Jerónimo Xonacahuacán, Tecámac, noviembre de 2008 PRÓLOGO Pr ue ba fin al Po rrú a El libro del Dr. Carlos Durand Alcántara El Derecho Agrario y el Problema Agrario en México (Su proyección histórico-social), es un texto que da una amplia visión de la temática tratada que es central en la historia de nuestro país y en su futuro. No se reduce al problema de la tierra en sí, aunque es uno de los aspectos centrales que se abordan a lo largo de cinco siglos de historia agraria de México. El enfoque, como su mismo autor lo señala, es holístico e interdisciplinario, pues se abordan desde aspectos jurídicos, políticos, sociales, económicos y aun culturales, que implican el derecho agrario, ambiental y el derecho de los pueblos indios, en la etapa más reciente. Este texto aunque se refiere a una temática tratada por otros autores tiene la peculiaridad de ser un trabajo extenso y profundo sobre la problemática agrícola y agraria desde la época prehispánica hasta nuestros días. Es resultado de un trabajo de investigación arduo que recopila las principales fuentes que han bordado sobre la cuestión agraria mexicana, e incluso se incorporan fuentes extranjeras que dan luz sobre la temática en cuestión. Nos recuerda los textos de otros agraristas como el de Don Jesús Silva Herzog La cuestión de la tierra, o el de Andrés Molina Enríquez Los grandes problemas nacionales, que son trabajos bien fundamentados basados en fuentes fidedignas y además claros en la manera de su exposición. Otro de los grandes méritos de la obra que ahora prologamos, es que enfatiza sobre la política agrícola y agraria y esto tiene que ver con los tipos de agricultura que se han desarrollado en México, desde el nacimiento mismo de la agricultura como elemento esencial del desarrollo económico y cultural de una nación, que se forjó con la mezcla de diferentes culturas, pero sobre todo de dos principalmente: la indígena y la española, que van a dar como resultado el surgimiento de una nueva cultura mestiza llamada genéricamente mexicana. El sincretismo religioso, cultural y aun de identidades dieron como resultado una sociedad pluricultural y multiétnica que hoy está presente en México. La presencia de los pueblos indios la explica Carlos Durand por su estrecho vínculo a un elemento considerado sagrado por ellos: la tierra, XXIII XXIV PRÓLOGO Pr ue ba fin al Po rrú a la madre dadora de vida que junto con el maíz forman los rasgos de identidad cultural más profundos de las culturas mesoamericanas que hoy llamamos pueblos indios. La diversidad cultural y biológica de México lo hacen uno de los países de interés mundial y propio, pues las raíces históricas son profundas y a la vez los conflictos que enfrenta actualmente se deben a políticas públicas que han perdido el sentido de la nacionalidad propia apostando a un modelo de desarrollo homogeneizador, impulsado principalmente por los gobiernos más recientes y por un Estado que ha ido perdiendo terreno en su soberanía para doblegarse ante la globalización y el neoliberalismo, que es un nuevo tipo de colonialismo del capitalismo a nivel mundial. Al parecer la historia se repite una y otra vez, donde siempre han existido dominados y dominadores, donde los intereses de unos cuantos se sobreponen a los de una gran mayoría que son los explotados del campo y de la ciudad. El interés que despierta el libro de Carlos Durand, es que nos hace reflexionar sobre la evolución de la agricultura aparejada a una serie de disposiciones jurídicas que son ejercidas por un Estado, para lograr ciertos fines para las clases dominantes, pero al mismo tiempo tratando de buscar un equilibrio económico y jurídico para evitar los conflictos sociales y políticos. Así en cada una de las etapas históricas abordadas el libro nos muestra el carácter de Estado impuesto y como reglamenta la vida en las sociedades plurales a las que subordina a una serie de leyes que tienen que acatarse o se desacatan, según del sujeto que se trate (dominador o dominado), pero en que se trata de hacer justicia con base en el derecho. El libro se compone de doce capítulos con una bibliografía muy extensa y fuentes primarias, que en algunos casos forma parte de los anexos del libro que son importantes para su consulta. El autor complementa el texto con una serie de pies de página que complementan lo dicho en el discurso para aclarar o ampliar la información. El primer capítulo se refiere a cuestiones teórico-conceptuales, que como punto de partida para los no especialistas en la materia es importante, además el autor fija su postura marxista, gramsciana y foculista, además de echar mano de las diferentes disciplinas de las ciencias sociales como es la sociología, la antropología, la economía y la historia, pero además incursiona en algunas subdisciplinas o nuevas disciplinas como la sociología y antropología jurídica o la antropología política, que permiten al autor hacer un análisis exhaustivo e interdisciplinario de la problemática agraria de México. El segundo capítulo se refiere al Origen del Problema Agrario y el Derecho Rural en Mesoamérica, aquí se analizan las formas de la propiedad de la tierra en época Prehispánica y las relaciones sociales que PRÓLOGO XXV Pr ue ba fin al Po rrú a se establecen en los diferentes períodos de evolución sociocultural, desde la fundación de los centros ceremoniales como aglutinadores de los centros urbanos hasta el desarrollo a un Estado militarista tributario ejercido por el imperio Mexica, que sometió a otras culturas del área mesoamericana. Explica la diferenciación social y los estratos existentes en la sociedad precolombina. El tercer capítulo se refiere a la Socioeconomía Colonial y el Desarrollo del Derecho Agrario en la Nueva España, aquí se aborda la problemática agraria de la época colonial y cómo un conjunto de disposiciones legales hicieron surgir nuevas estructuras agrarias y la propiedad privada de la tierra basada en Derecho Romano traído por los conquistadores a tierras mesoamericanas, aquí se muestra el vínculo de la agricultura con otras actividades económicas que aparecen con la colonización como fue la minería y la ganadería. El problema agrario junto con las crisis agrícolas van a ser el detonante de la gesta de Independencia que fue liderada por personajes eclesiásticos como don Miguel Hidalgo y José María Morelos, que querían acabar con la injusticia social y agraria imperante durante la Colonia, como señala acertadamente Durand en su texto. El cuarto capítulo se refiere al Derecho Agrario y Anarquía (1821-1854), que es un período inestable debido a la lucha entre liberales y conservadores donde no se impone un gobierno y el Estado como institución está ausente durante la primera mitad del siglo XIX, se señala la política colonizadora que llevan a la independencia de Texas y posteriormente a una guerra injusta con los Estados Unidos, donde México perdió la mitad de su territorio y configuraron el mapa actual de la República Mexicana, con carácter federal integrada por estados soberanos con congresos propios, en este período se dan algunos levantamientos indígenas y campesinos de interés cuyo motivo es la defensa de sus tierras. El quinto capítulo del libro se refiere a dos períodos históricos dentro de la historiografía política mexicana conocidos como el período de la Reforma Liberal y el Porfiriato, acertadamente el autor los ve como un continum de la política liberal, donde destaca la Ley Lerdo de 1856 o de Desamortización, que pretendía el despojo de las propiedades eclesiásticas y comunales para privatizarlas y la promulgación de la Constitución de 1857 que elevó a rango Constitucional las leyes de reforma, y esto fue lo que motivó la Guerra de Reforma, ya que la Iglesia y las comunidades se opusieron al despojo de sus propiedades y tierras, sin embargo, la Ley de Nacionalización de los Bienes Eclesiásticos emitida por Juárez desde el exilio de su gobierno en Veracruz, asestó un duro golpe a la Iglesia y a los conservadores. El autor señala que con la llegada de Maximiliano e impuesto como emperador se ratificaron varias leyes liberales y tendió a la protección de las tierras de la población XXVI PRÓLOGO Pr ue ba fin al Po rrú a indígena, cosa que provocó el descontento de los conservadores que supuestamente lo apoyaban. El período del Porfiriato se vincula a las leyes liberales emitidas y ejecutadas por Juárez y Sebastián Lerdo de Tejada, pero en el Porfiriato fueron las leyes de colonización emitidas durante el gobierno de Manuel González (1880-1884), pero con la venia de don Porfirio Díaz, para que las Compañías Deslindadoras acapararan el mayor número de terrenos baldíos para después privatizarlos a plantaciones extranjeras o se las vendieran a viejos y nuevos hacendados. Esto provocará algunos alzamientos campesinos que serán los precursores de un movimiento social posteriormente. A diferencia de otros autores, Carlos Durand aborda en su texto un período que va de 1899 a 1922 que titula al sexto capítulo: El agrarismo como ruptura revolucionaria, aquí aborda el autor las causas y las consecuencias de la Revolución Mexicana, por un lado el problema de la concentración de la tierra en unas cuantas manos y el entreguismo del Porfiriato al capital extranjero y la gesta revolucionaria encabezada por varios líderes agrarios, donde destacan el movimiento zapatista por la recuperación de la tierras arrebatadas a los pueblos y expuesta su política agraria en el Plan de Ayala, el movimiento villista que propugnaba por un reparto de tierra para crear una clase de pequeños propietarios que vivieran de la producción agrícola y el movimiento carrancista y después constitucionalista que arrebata las banderas agraristas de los dos movimientos campesinos, al emitir la Ley del 6 de enero de 1915, que después se elevara a rango constitucional en 1917, conformando el artículo 27, que es uno de los logros de la revolución. Como consecuencia del proceso revolucionario se instituirá el ejido como estructura agraria, mediante el reparto agrario que se dará, durante los primeros años, a cuenta gotas y sólo para calmar a los agraristas radicales. El capítulo séptimo se refiere a la Modernización e Institucionalización del Problema Agrario, aquí el autor aborda una serie de decretos y leyes en materia agraria donde se trata de reglamentar el reparto agrario, esta es una obra emprendida por el grupo sonorense, principalmente encarnado en las figuras del Gral. Alvaro Obregón y el Gral. Calles que extendió su dominio político durante el período del maximato (1928-1932) y fue quien fundó con otros caudillos de la Revolución el Partido Nacional Revolucionario, es decir, el partido oficial de la Revolución. La política agrícola y agraria del grupo sonorense privilegiaron a la propiedad privada y frenaron la creación de ejidos, se trató de modernizar la agricultura mexicana mediante la mecanización y durante el período callista se impulsaron obras de infraestructura como el riego y las carreteras que junto con la política de Crédito Agrícola dieron un impulso al desarrollo capitalista en la agricultura de manera importante. PRÓLOGO XXVII Pr ue ba fin al Po rrú a El octavo capítulo se refiere al período del Cardenismo, que considera el autor como un parte aguas en el Agrarismo Mexicano. Cárdenas como presidente nacionalista fue el que más tierras repartió a los campesinos y además le apostó a la vía campesina para la producción agrícola, durante su período se crearon las Centrales de Campesinos y Obreros que serían los pilares del Partido de la Revolución Mexicana, que no era más que el cambio de nombre del viejo partido institucional, pero que fue esencial para consolidar la política de Estado. La expropiación petrolera de 1938 se debe ver, según el autor, como una política consecuente con el espíritu nacionalista que inspiraba el artículo 27 constitucional. La política agrícola cardenista se definió a favor de los campesinos e indígenas, se creó un Banco de Crédito Ejidal para apoyar a los recién creados ejidos y se creó el Departamento de Asuntos Indígenas para atender la problemática que aquejaba a estos pueblos. El Código Agrario de 1934 delineó la política agraria cardenista pero se consolidó con la expedición del Código Agrario de 1940 donde se contemplaba la pequeña propiedad agrícola y ganadera, el reparto agrario como política de Estado, confirmación de tierras y aguas, las dotaciones, la creación de Nuevos Centros de Población y las ampliaciones. El cardenismo transformó la estructura agraria a favor de la propiedad social. El noveno capítulo se refiere a nuevos cambios en la legislación agraria para acotar o frenar la política del reparto agrario y para reforzar la propiedad privada que había perdido terreno durante el cardenismo, las reformas se dan en los períodos presidenciales posteriores hasta 1992, donde se da un giro completo a la política agraria para acabar con el reparto, fueron las modificaciones hechas durante el período salinista (1988-1992) debido a la política neoliberal y a las presiones de los Estados Unidos para firmar el Tratado de Libre Comercio. El décimo capítulo está muy ligado al anterior donde se destaca la política populista echeverrista (1970-1976), para tratar de contrarrestar al movimiento campesino surgido en la década de los setenta debido al agotamiento de la política agrícola y agraria que provocó la crisis agrícola a partir de 1965, cuando termina el período del milagro mexicano, que se sustentó en la producción de alimentos y materias primas producidas por los ejidatarios, también como producto de la crisis política del movimiento estudiantil de 1968 que se convirtió en la práctica en un movimiento popular por la democracia. Echeverría modificó la ley agraria existente y creó la Ley de Reforma Agraria en 1971 y creó la Secretaría de la Reforma Agraria para darle solución al conflicto agrario sin lograrlo. Después durante el período lopezportillista (1976-1982) se crea una nueva Ley de Fomento Agropecuario (LEFA) que pretendía XXVIII PRÓLOGO Pr ue ba fin al Po rrú a terminar con el reparto agrario e impulsar la producción agrícola asociado a ejidatarios con el capital privado, esta política fracasó pero se impulsó un programa durante los dos últimos años conocido como el Sistema Alimentario Mexicano que recuperó parcialmente la autosuficiencia alimentaria, pero al final fracasó esta política. El onceavo capítulo lo nombra el autor El Derecho Agrario en la Coyuntura Actual, primer período (1982-1988), aquí se refiere a los cambios en la política agrícola y agraria a partir de que México adopta la política liberal como panacea para salir de la crisis económica de 1982, debido a la fuga de capitales, pero cuya característica esencial es el retiro del Estado y la disminución del presupuesto para la producción agrícola y una apertura al mercado a partir de 1985 a los productos agropecuarios que pondrían en entredicho la soberanía alimentaria del país. El doceavo capítulo es continuidad del anterior pero se refiere al Segundo Período (1988-2000), donde el autor ahonda en las transformaciones al artículo 27 constitucional en 1992 y el fin del reparto agrario, a las modificaciones al artículo 4o. Constitucional que contemplaba la existencia de los pueblos indígenas en la nación mexicana y en la necesidad de legislar en materia de Derechos Indígenas, que como se ha visto históricamente, es una cuestión que ha estado pendiente, señala Durand, y los efectos del Tratado de Libre Comercio en la agricultura mexicana y la adecuación de la legislación a este tratado. Por último se aborda en este capítulo la política ambientalista iniciada en el período zedillista en 1995 con la creación de una nueva Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales que implicó e implica una legislación en el aspecto ambiental. Durand destaca en este último capítulo la coyuntura actual de la lucha de los Pueblos Indios por el reconocimiento a su Cultura y sus Derechos, que se expresan en las demandas de autodeterminación y autonomía, en la posibilidad de ejercer sus derechos consuetudinarios en un marco de reconocimiento en la Constitución, nos habla del nuevo sujeto social, el movimiento indígena representado por organizaciones indígenas y el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), que se levantó en armas para exigir el reparto de tierras y que se reconocieran los pueblos indios como parte de la nación mexicana, ya que ninguna constitución liberal lo ha hecho. El EZLN logró la firma de los Acuerdos de San Andrés, donde el gobierno federal se comprometió a reconocer la autodeterminación y la autonomía de los Pueblos Indios en la Constitución, pero actualmente sólo se ha logrado que se hagan algunas modificaciones constitucionales, sin que se haya cumplido con los acuerdos firmados y con el Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) ratificado por México en 1991. PRÓLOGO XXIX No me queda más que recomendar la lectura de esta obra de Carlos Durand, que desde mi punto de vista es un texto múltiple, que abarca las problemáticas más sentidas de la nación con una visión crítica, amplia y profunda. Enhorabuena al autor por este libro que nos brinda a los lectores elementos de análisis para entender el pasado, el presente y el futuro de nuestra nación que es México, donde multiculturalidad tendrá que ser considerada, ya que nos identifica. Miguel Ángel Sámano Rentería Director del Centro Interdisciplinario de Investigación y Servicio para el Medio Rural de la Universidad Autónoma Chapingo Pr ue ba fin al Po rrú a Chapingo México, agosto de 2002 ba ue Pr al fin rrú Po a PRELUDIO A LA CUARTA EDICIÓN Pr ue ba fin al Po rrú a En esta cuarta edición ha sido incorporado el capítulo XV, intitulado: “La cuestión agraria, a tres años de gobierno de Andrés Manuel López Obrador (AMLO), 2018-2022 (crisis neoliberal y pandemia)”. El referente cronológico sitúa dos aspectos, el primero de índole coyuntural, que corresponde a la alternancia de un nuevo gobierno en México, y cuyas adaptaciones limitan en su quehacer algunas de las visiones ortodoxas del capitalismo, denominado en la actual coyuntura neoliberalismo, y el segundo es de contexto, y más profundo en virtud de que impacta estructuralmente el devenir de la humanidad situado como un mal pandémico, la COVID-19 y cuyas interpretaciones a través de diversos estudios en todas las disciplinas está proyectando de una vez por todas, los límites convivenciales y de permanencia, tanto de la humanidad como del planeta, de ahí en buena parte la conjugación en este capítulo de ciertos aspectos, que se tratan desde la crítica al Derecho y la Filosofía política contemporánea, especialmente a través de la Escuela de Frankfurt y la corriente crítica del pensamiento actual. Acotar en el presente momento de crisis pandémica aspectos que guardan entramados en el espacio rural, (indudablemente enlazados al problema agrario de México) los que desafortunadamente y allende a un visón catastrófica, invocan el preludio de una tragedia, demandan de suyo un análisis profundo y cuyo tratamiento más allá de verle de forma coyuntural, debe emplazar analíticamente desde la academia sus alcances, y ya no sólo como un fenómeno de riesgo, sino actuante y omnipresente. En pasajes que anteceden este apartado señalábamos el lema de algunas organizaciones sociales: ¡El campo no aguanta más ¡refiriéndonos al impacto en los diversos órdenes de la estructura agraria… hoy señalamos que el planeta en su conjunto ha rebasado y en mucho, los límites de crecimiento de augurio capitalista. Eslabón a eslabón, paso a paso el capitalismo salvaje, ha hecho de suyo el enmarque de un sistema inicuo el cual se encuentra frente a una crisis galopante de grandes dimensiones, que más allá del escenario de índole epidemiológico, se sitúa en el desorden en que ha colocado el XXXI XXXII PRELUDIO A LA CUARTA EDICIÓN Pr ue ba fin al Po rrú a paradigma reinante a la naturaleza y nuestro hábitat, por demás menguado y bajo un espectro impactante. Si bien en los capítulos que anteceden hemos acotado las contradicciones inherentes al capitalismo neoliberal en el campo mexicano, es fundamental identificar en el actual periodo del Problema Agrario de México y sus concomitantes derecho agrario y el derecho en general, en qué medida se han constituido, (entre otros) como elementos también detonantes del actual desorden, en cuyo caso es evidente el impacto causado al medio ambiente, ante un esquema avasallador de crecimiento agrícola cristalizado fundamentalmente en la reproducción ampliada del capital, sin considerar los efectos del cambio climático, esquema que hizo de suyo ver en la naturaleza un factor generador de mercancías, y como un componente de dominio, fenómeno que al decir de Michel Foucault se consagra a través de la violencia. Contrario sensu a los arbitrios en que se desenvuelve la globalización, ubicamos en la actual coyuntura un nuevo gobierno que se auto define como “post neoliberal”. El presidente Andrés Manuel López Obrador ha esgrimido en contravención a los fundamentos del capitalismo controlado por los grandes centros de poder hegemónico, que encausará un gobierno de transición social, bajo el axioma de que primero serán los pobres. Proyectar en el actual contexto a un gobierno cuyos significados trascienden de cierta manera al paradigma neoliberal, resulta de singular importancia, (colocándolo en los afanes en que se ubica esta obra), por un lado, en virtud de establecer la viabilidad de un esquema de gobierno que recupera, desde la otrora política del Presidente Lázaro Cárdenas, la visión de un Estado fincado en la política agraria social, y por otro, bajo una visión prospectiva, analizando la pertinencia de dicha política respecto de la crisis generalizada, como un eslabonamiento factible para la verdadera transformación del desorden neoliberal. Dr. Carlos Humberto Durand Alcántara Enero de 2022 INTRODUCCIÓN A LA SEGUNDA EDICIÓN I Pr ue ba fin al Po rrú a Han transcurrido ocho años de nuestra primer entrega y posterior edición en 2002 de El Derecho Agrario y el Problema Agrario de México por editorial Porrúa, periodo durante el cual se ha presentado un cúmulo de fenómenos en la estructura agraria del país y de América Latina, y cuya última expresión en 2008, evidencia la inoperancia de las políticas neoliberales, en virtud de que sus propios sustentadores se encuentran ante una crisis socio económica de amplias dimensiones. En esta nueva edición, se ha incorporado el Capítulo XIII denominado: Del agrarismo al neoliberalismo, el derecho agrario y el problema agrario mexicano en los umbrales del siglo XXI (2000-2008), lapso histórico en el que se desenvuelven las políticas de los dos gobiernos panistas en turno y en el que se vierten los principales significados que la estructura agraria y el derecho agrario develan en el periodo en estudio. A la par de esta actualización se ha incorporado la generosa contribución del Mtro. Marcos Daniel Silva Maldonado, quien ha prologado esta segunda edición, sustentando una visión global de la obra, además de delimitar críticamente los parámetros en que se manifiesta la política agraria y agrícola de México, en la coyuntura actual. II En el espacio que compete a las relaciones de propiedad en el campo, el paradigma globalizador no ha dejado de guiar su curso como un fenómeno de saqueo y depredación de las economías campesinas e indígenas, en este tenor el gobierno presidido por Vicente Fox y su versión actual a través de Felipe Calderón, han dado continuidad e impulso a la orientación privatizadora de bienes que otrora correspondieron a los ejidos y comunidades agrarias, aspectos que se ciñen a los afanes del financiamiento internacional. Cuestión ineludible, en el marco de la crisis agraria, lo constituye el agravamiento del impacto a los ecosistemas, de ahí que uno de los elementos signiXXXIII XXXIV INTRODUCCIÓN A LA SEGUNDA EDICIÓN Pr ue ba fin al Po rrú a ficativos, no tan sólo para su estudio y reflexión, sino como una fenomenología de emergencia mundial, lo representa la cuestión ambiental, aspecto que para las nuevas generaciones de abogados, y para todos aquellos que se ubican en el marco de las ciencias sociales adquiere singular relevancia, no tan sólo como una dinámica de formación profesionalizante, sino inclusive, como una toma de posición crítica y comprometida con nuestra “aldea global”. Para nadie resultan desconocidos los impactos ecológicos que han derivado, entre otras múltiples alteraciones, en los cambios climatológicos resultado de la afectación a la capa de ozono que cubre a la Tierra y de los cuales potencias como los EUA, no han signado todos los convenios internacionales. Así curiosamente, encontramos que los cánones que han matizado a la nueva juridicidad agraria del actual periodo, se han trazado bajo la “moda neoliberal” de bautizar como sustentable a sus aplicaciones y proyecciones. Así las leyes son sustentables, los proyectos son sustentables, toda la actividad depredadora en bosques, selvas, mantos acuíferos, desarrollos mineros, turísticos y aún agro industriales, son sustentables. Se trata de inducir, desde los centros de poder, un discurso, ecologista a ultranza, cuando en los hechos la catástrofe ambiental permea a todo el esquema del crecimiento neoliberal. Al decir de Alejandro Toledo (2003), se trata de una estrategia semiótica debidamente organizada y aplicada desde el poder, a través del afianzamiento del control estructural, a partir de la lógica del discurso que por un lado, al aplicarse de manera fáctica, crea profundas e irreparables rupturas al medio ambiente, y por otro (con su juridicidad ambiental y sustentable), formaliza el supuesto que “compensará los daños” de aquello que la naturaleza formó en miles de años; es decir, explicarle (no obstante la debacle) las “bondades del desarrollo neoliberal” a la sociedad civil, de ahí que todo esté revestido de esta nueva ideología alienante, ¡y finalmente sustentable! De esta manera, en el marco del nuevo capítulo XIII de esta obra se introduce al lector en el balance, tanto de la política ambiental como de las leyes que sobre la materia se han promulgado. En este tenor encontramos, entre otras, la llamada “Ley Monsanto” (por su nombre “formal” o jurídico: Ley de Bioseguridad y Organismos Genéticamente Modificados) que hace recurrente la intromisión de los diez más grandes Grupos Transnacionales productores y patentadores de ciertos Organismos Genéticamente Modificados, con las graves circunstancias que de ello resultará para el medio ambiente y los productores (fundamentalmente campesinos-indígenas) mexicanos, y por otro lado, la debatida Ley de Desarrollo Sustentable que no obstante el marco conceptual que le sustenta (moda neoliberal ecologista), se observa su desencanto dado INTRODUCCIÓN A LA SEGUNDA EDICIÓN XXXV el perfil y adecuaciones que favorecen fundamentalmente la mayor concentración y centralización del capital. III Pr ue ba fin al Po rrú a Esta simulación en materia ambiental se despliega también en el diseño de las políticas agrarias, en cuyo caso encontramos, los programas de “reordenamiento territorial”, de los ejidos y comunidades, (PROCEDE Y PROCECOM), heredados por el foxismo, y hoy desaparecidos, los que simularon la “certificación agraria”, a lo que el Estado denominó, “brindar la certeza jurídica a la propiedad agraria”, lo que en los hechos se tradujo en la habilitación de un imperfecto mercado, en el que también han sido incorporadas tierras de las otrora cooperativas, así como de ciertos bienes nacionales, y de las colonias agrícolas, además de que se ha utilizado indiscriminadamente a la expropiación para impulsar dicho mercado, digamos que se trata de una versión postmoderna de la desamortización agraria, en el que los más beneficiados son los grandes oligopolios. En esta óptica el Estado debió de definir, sin ambages, que los decantados conceptos que aluden a la certificación y certeza jurídica se fincaron en la política cuya piedra angular fue la del mercado capitalista de tierras y que dadas las características históricas en que se desenvolvió la propiedad rural de México no era factible su realización. Por otro lado, el Estado, o lo que queda de él, se arroga la eficiencia en la resolución de cientos de miles de controversias existentes en el agro, vía sus jurisdicciones agrarias (Tribunal Superior Agrario, Tribunales Unitarios Agrarios) o por vía conciliatoria, a través de la Procuraduría Agraria Nacional, en tanto que no se explica debidamente a la sociedad y fundamentalmente a los sujetos agrarios, que dichos casos no son sino resultado de la readaptación a la que fue adecuado el régimen de propiedad rural de México. Mientras que durante otras coyunturas históricas la expropiación cumplió fines sociales quedando debidamente justificada la causa de utilidad pública, los gobiernos en turno utilizan este acto administrativo jurídico en detrimento de los derechos agrarios de diversas comunidades y ejidos del país, aún incluso bajo la tesitura de desarrollar —el Estado— supuestos proyectos inmobiliarios de desarrollo social, los que a la larga han resultado en la constitución de flamantes fideicomisos turísticos, en los que intervienen inclusive la banca extranjera y cuyos inmuebles se expenden en millones de pesos, a través de la Secretaría de Turismo. XXXVI INTRODUCCIÓN A LA SEGUNDA EDICIÓN Pr ue ba fin al Po rrú a En este contexto encontramos también, otras obras de infraestructura como ha sido la construcción de monumentales presas, on las que además de privatizar el agua, los pueblos expropiados no obtienen sino exiguos recursos como parte de la afectación a su patrimonio agrario, y de sus recursos naturales. En este tenor las nuevas definiciones del FIFONAFE y CORETT, establecen diferencias en el pago “social” a los ejidos, ejidatarios y las comunidades, al que se denomina “popular”, “ponderado” o “social”, mientras que a los propietarios privados, en caso de que llegaran a ser afectadas sus tierras, se les brinda un pago comercial, aspecto que de igual manera se ha establecido en el TLCAN y en convenios que se han signado con la Unión Europea, en el caso de que los intereses de las Transnacionales fueran expropiados. Sin embargo, esta fórmula del Estado omnímodo que se ha caracterizado por aplicar la “expropiación a toda costa”, tocó fondo, entre otros aspectos, con los lamentables acontecimientos de San Salvador Atenco, cuya población hizo de suyo la defensa de su patrimonio social, ello no obstante el avasallador manejo mediático, la represión más oprobiosa que se haya vivido desde 1968 y los encarcelamientos políticos de sus dirigentes. Fenómeno que también se ha reproducido con la intentona gubernamental por expropiar los bienes agrarios de diversas comunidades y ejidos que son abastecidos por el Río Cutzamala del estado de Guerrero, proyecto denominado por la CFE, como “La Farota”, el cual aún se encuentra en suspenso en virtud de la resistencia desarrollada por la sociedad civil. IV El problema de la feminización de las relaciones de producción rural, así como el incremento de los jóvenes desempleados y sin tierras, constituyen dos de los más importantes problemas que forman parte de esta nueva edición. Para el actual gobierno, en el marco del problema agrario y hacia el cierre de la primera década del siglo XXI, el problema de la mujer y de los jóvenes desempleados, son de traza coyuntural, para lo cual existen tan sólo programas —eventuales— a los que podríamos calificar de “clientelares” y cuyo procesamiento se establece a la más vieja usanza priista, con fines de corte electoral, siendo que dichos programas no van al fondo del problema, por cuanto garantizar el debido acceso a la tierra a dichos sujetos agrarios. En el fondo se trata de proyectos productivos, cuyos créditos deberán de ser reincorporados al Estado. Las contradicciones que representa el nuevo papel que se le está asignando a la mujer rural en ejidos, comunidades, colonias agrícolas, INTRODUCCIÓN A LA SEGUNDA EDICIÓN XXXVII Pr ue ba fin al Po rrú a etcétera, advierten ciertos problemas que van desde la pauperización, marginalidad, abandono de la familia, deterioro de la salud, etcétera, pero también, a “contra corriente” se ubica una importante movilización y empoderamiento de género que busca reivindicar condiciones más dignas de ser vividas para ellas y su núcleo familiar. En diversos casos la condición dignificada de la mujer nos ha mostrado que más que sentirse —cuando así ha acontecido— como “abandonadas” por el varón, prefieren manifestarse como “viudas”, como así constatamos, por ejemplo, en el Censo que levantamos en el Municipio de Santa María Teopoxco (región náhuatl del estado de Oaxaca), evento que se ubica principalmente con el hombre que migra a los EUA. En el caso de los jóvenes rurales, mientras que el fenómeno migratorio se proyecta como una variable determinante, dada la presión demográfica sobre sus lugares de origen y su condición de desempleados, también se avizora, en el marco del desarrollo endógeno, el imprescindible establecimiento de políticas distributivas en materia de la propiedad agraria, con lo cual, ante los esquemas neoliberales de concentración agraria, adquiere perfecta vigencia un nuevo impulso —integral— de la Reforma Agraria, al tratarse de una política inacabada por parte del Estado y dada la imperiosa necesidad de millones de mexicanos que requieren de un medio de sustento. Bajo esta prospectiva agrarista, cierra esta segunda versión del Derecho Agrario y el Problema Agrario de México, advirtiendo la importancia de las economías campesinas como una fórmula de vindicación cultural y social y como una estructura alternativa en el desarrollo rural de los pobres del campo. V Finalmente desde la academia, advertimos en esta segunda entrega de nuestra obra la importancia de restablecer ciertos parámetros que concebíamos significativos en la construcción de lo que dábamos en denominar (recuperando a Popper) como nuestro “objeto de estudio”, y cuyos márgenes se ubicaban en un rescate “científico del derecho” agrario y el problema agrario de México. Hoy es indudable que la profunda crisis que viven las denominadas Ciencias Sociales pero fundamentalmente la que corresponde a la comprensión epistemológica del Derecho en general y el Derecho Agrario en particular, nos hace recapitular respecto de nuestras apreciaciones acerca del supuesto manejo “científico” de dicha disciplina y en cuyo caso nos dotábamos de un buen número de significados y categorías de los constructores del marxismo. XXXVIII INTRODUCCIÓN A LA SEGUNDA EDICIÓN Pr ue ba fin al Po rrú a Al tiempo que comprendemos que nuestras apreciaciones, al fincarse en ocasiones en ciertos criterios o enfoques deterministas, digamos por ejemplo el que corresponde a sobre valorar per se a los hechos económicos, que se manifestarían entre otros aspectos, en el régimen de propiedad agraria, nos llevaron a fincar criterios neo positivistas o estructuralistas en la comprensión del Derecho agrario. Si bien concebimos en esta “nueva comprensión del derecho” un significado que discurre en la lógica del discurso ideológico, y cuya concreción dependerá de los factores hegemónicos dominantes, y que más allá de un tratamiento científico consideramos que su estudio debe de plantearse en una visión ensayística, siguiendo a Edgar Morín. El derecho agrario debe de ser ubicado como un fenómeno que se estudie en el marco de las relaciones sociales y de producción en que se manifiesta, tanto como lógica del discurso, como en su concreción, para ello en el caso mexicano es fundamental no perder de vista los parámetros del contexto, es decir, sus definiciones, categorías, postulados y adecuaciones por cuanto que su esencia social proviene de las ideologías agraristas de la Revolución Mexicana, del cardenismo y del conjunto de luchas y reivindicaciones agrarias de todo el siglo XX y lo que va del XXI, encabezadas por diversas fuerzas sociales, entre las que sobresale el EZLN. En todo caso nos encontramos ante un fenómeno complejo de reconstrucción epistemológica en la comprensión del Derecho Agrario, tarea acuciante en la actual coyuntura neoliberal, básicamente a partir de desentrañar aquellos argumentos que desde otros enfoques pretenden arrogarse el sentido —original— reivindicativo de los trabajadores, campesinos, e indígenas de México, de manera que esta rama del derecho no puede ser fundada, explicada o estructurada bajo tendencias socio económicas (capitalistas) que son contrarias a sus principios y fines. Dr. Carlos Humberto Durand Alcántara Enero de 2009 INTRODUCCIÓN Pr ue ba fin al Po rrú a Durante algún tiempo añoramos realizar el presente trabajo, tarea pospuesta por diversas razones. De manera intermitente realicé varios estudios, todos ellos relacionados con el derecho agrario y los derechos de los pueblos indios en México, temáticas sobre las que me he especializado y que representaron la base de este estudio. El resultado de estas investigaciones tiene tres orientaciones básicas que son objeto y fin del conocimiento que se pretende integrar, entre otros, en el contenido de este trabajo, estas orientaciones son las siguientes: a) La primera corresponde al Derecho Rural, guiada por una visión histórica y crítica, buscando que en la actualidad los especialistas profundicen en el conocimiento de las reformas y adiciones al artículo 27 constitucional, modificaciones que son el fundamento de la creación de los tribunales agrarios y la procuraduría agraria nacional, organismos que requieren de auténticos cuadros que brinden la pretendida, expedita y eficiente administración de la justicia agraria. Asimismo, es importante que se consideren los nuevos procesos políticos, económicos y fundamentalmente sociales desarrollados a partir de la firma del Tratado Trilateral de Libre Comercio (TTLC) de América del Norte. Los cambios generados con el ingreso de México al TTLC, han dado pauta a la readecuación de la legislación nacional en materia agraria, agrícola, pecuaria, forestal y de aguas, para que exista una correspondencia con las legislaciones de los Estados Unidos de América y Canadá. En la misma situación se encuentran los nuevos tratados con algunos países de Centroamérica y Sudamérica, así como con la Comunidad Europea, con una trayectoria similar a la del TTLC. Cabe señalar que esta orientación sitúa no solamente un proceso de conocimiento de la norma jurídica rural en su expresión económica, sino que además intenta establecer la integración entre los diversos fenómenos culturales, ecológicos, sociales, políticos que reflejan la nueva coyuntura a nivel mundial denominada globalización. En este contexto se trata también de advertir los riesgos que implica para millones de campesinos, jornaleros, obreros agrícolas e indígenas la asunción de un modelo per se inequitativo (el XXXIX XL INTRODUCCIÓN ue ba fin al Po rrú a neoliberalismo), en el que las bases del derecho agrario en su perspectiva social han quedado marginadas, cuando en los hechos la única alternativa de desarrollo que podrían avizorar en el futuro estos núcleos humanos, se finca, entre otros aspectos, en la aplicación social del derecho. b) La segunda orientación corresponde al Derecho Ambiental, en donde se plantea una concepción del “menor impacto ecológico”. De ahí la importancia de formar abogados que conozcan tanto a nivel del derecho comparado, como del derecho internacional y del derecho nacional, la normatividad jurídica que regula el hoy denominado desarrollo sustentable, circunstancia fundamental en el ámbito del sector público a través de sus diferentes secretarías, como la Secretaría del Medio Ambiente, Recursos Naturales (SEMARNAT), la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Desarrollo Rural (SGDR), la Secretaría de la Reforma Agraria (SRA) y la Secretaría de Desarrollo Social. De esta manera se liga al crecimiento rural con el desarrollo sustentable, a partir del conocimiento y aplicación de la norma jurídica ambiental para restablecer el equilibrio ecológico en los sistemas agropecuarios, pesqueros y acuícolas. Además, se pretende que el estudioso del derecho rural adquiera una conciencia ecológica que le posibilite incorporarse, críticamente, en los distintos ámbitos de la socioeconomía nacional. c) La tercera orientación corresponde a la identificación de los Derechos de los Pueblos Indios para la solución de los graves problemas jurídicos, socioeconómicos, políticos, culturales y ambientales que enfrentan cotidianamente estas poblaciones. Pr Circunstancia significativa lo ha sido también, la estrecha relación que durante veinte años he mantenido profesionalmente con el movimiento campesino y sus luchas, lo que enriqueció y modeló, en buena medida, los criterios que a la postre quedaron asentados en esta investigación. El manejo conceptual sustentado en este trabajo se guía por dos categorías fundamentales e indisolubles, por un lado, el derecho agrario y por otro, el del problema agrario en México, los cuales buscamos explicar de manera objetiva ubicándolos en el devenir de la historia nacional. Asimismo, incursionamos en una visión transdisciplinaria y compleja del derecho rural, con la cual no se explica a esta disciplina, sino a partir del conjunto de fenómenos que le determinan. Sin el afán de establecer verdades absolutas, pretendemos reagrupar la discusión en torno al carácter social del derecho agrario, a su contenido y a su aplicación, buscando con ello que el especialista en materia agraria desarrolle una visión crítica en el análisis científico del fenómeno en cuestión. INTRODUCCIÓN XLI Pr ue ba fin al Po rrú a De esta manera se pretende “reconstruir” el estudio del derecho agrario, perfilando a los diversos sujetos sociales trascendentes en toda la historia de México (campesinos, jornaleros, obreros agrícolas), adquiriendo especial relevancia los pueblos indios, herederos de un pasado glorioso y respecto de quienes la nación mexicana guarda una gran deuda en cuanto a reconocer plenamente sus derechos territoriales, económicos, políticos y sociales. Cualesquiera estudio que se pretenda elaborar en torno al problema agrario y que omita a los sesenta y cuatro grupos étnicos del país será limitado, ya que en gran medida, esta fenomenología se explica en relación a los indios y su devenir histórico. La orientación del derecho agrario aquí contenida, recupera esta visión etnológica como fenómeno histórico, hasta llegar al período contemporáneo. La recuperación de esta identidad social del derecho rural, no tan sólo se sustenta como una adecuación de carácter epistemológico, sino también pretende advertir la viabilidad de otros patrones culturales y civilizatorios que han permitido que el ser humano viva equilibradamente con su entorno, fundamentalmente en las circunstancias actuales en las que el discurso globalizador pretende romper con la identidad humana. Esta obra no busca de ninguna manera constituirse en una aportación acabada del tema en cuestión, sino más bien representa un esfuerzo por continuar ahondando en el estudio del derecho agrario mexicano en su perspectiva social. No quisiera concluir sin antes manifestar mi profundo agradecimiento a todos aquellos que hicieron posible la elaboración de este trabajo, en especial a los doctores Julio César Olivé Negrete y Alfredo López Austín, investigadores eméritos de la UNAM, por sus valiosas aportaciones en materia etnológica y la de antropología jurídica, a la M. C. Leticia del Carmen Durand Alcántara de la Fundación Rosenbuelth por sus permanentes apoyos en materia de computación, al Maestro José Antonio Durand A., profesor-investigador de la UNAM por la revisión del manuscrito, a la compañera María Margarita Segura Mora de la Universidad Autónoma Chapingo, por la redacción final del trabajo, al Dr. Miguel Sámano Rentería por su excelente prólogo, a los profesores Alejandro Córdoba Cárdenas, y Mario Loza Rodríguez de la UAM Azcapotzalco y de la UNAM, respectivamente por la elaboración de los mapas y gráficos, al Dr. León Cortinas Peláez y al Lic. Gerardo González Ascencio de la Universidad Autónoma Metropolitana Azcapotzalco, por su amistad, sus permanentes aportaciones y comentarios y por los apoyos brindados, finalmente al CONACYT y la UAM, instituciones que me han permitido el desarrollo en el ámbito de la investigación. Tepepan, Xochimilco, 2002 ba ue Pr al fin rrú Po a EL DERECHO AGRARIO rrú a Y Pr ue ba fin al Po EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO ba ue Pr al fin rrú Po a I. HACIA UNA EXPLICACIÓN CONCEPTUAL DEL DERECHO AGRARIO A. FUNDAMENTACIÓN Y JUSTIFICACIÓN Pr ue ba fin al Po rrú a Actualmente existe una crisis en la práctica social del derecho en general y consecuentemente del derecho agrario, producto, entre otros aspectos, del sistema jurídico de corte neoliberal que ha impedido la articulación de la norma jurídica agraria con las necesidades sociales. Este desfase entre las estructuras legales vigentes, estáticas y anquilosadas y la propia dinámica de la realidad ha provocado de alguna manera la profundización de los conflictos económicos, políticos y sociales del campo mexicano. La existencia del derecho agrario como una estructura formalista que en la práctica no se cumple, sino bajo los designios del bloque hegemónico, ha propiciado también la crisis de la enseñanza del derecho agrario, ya que las universidades y las escuelas de derecho, como partes integrantes de la superestructura, se encuentran ligadas, en el presente periodo, a la reproducción de capital en el campo, incluso en ejidos y comunidades, fundamentalmente cuando durante mucho tiempo a diversas generaciones de estudiosos del derecho les fue enseñado el derecho agrario como reivindicativo de las aspiraciones del campesinado mexicano, cuando en los hechos el Estado ha plegado dicha normatividad a los intereses de los grandes conglomerados transnacionales, como así se explican las reformas del Poder Ejecutivo al artículo 27 constitucional en 1992. Ante la crisis por la que atraviesa el derecho agrario, tanto en su práctica como en su proceso de enseñanza-aprendizaje, se hace necesario el desarrollo de nuevas investigaciones que permitan de alguna manera dar alternativas frente a la línea hegemónica que ha mantenido el discurso dominante. Es en este contexto que se ubica el presente trabajo, toda vez que intenta cubrir un espacio teórico que no ha sido desarrollado y que consiste en analizar y criticar el criterio metodológico del positivismo jurídico en el derecho agrario, buscando mayor objetividad en el manejo teórico y práctico de esta disciplina jurídica. 1 2 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO ba fin al Po rrú a Por otro lado, se busca generar una transformación en la enseñanza del derecho agrario reorientando los objetivos generales de esta área de conocimiento, cuyo planteamiento ya no se limite al manejo de reglas plasmadas en las leyes, sino que relacione los conocimientos jurídicos con los procesos de cambio de la sociedad. Finalmente, este trabajo intenta contribuir a la revalorización del derecho agrario,1 ubicándolo en una definición distinta a la actual, en la cual, el profesionista, como agente de cambio social, ponga su conocimiento jurídico agrario al servicio de los trabajadores. Esto significa volver al sentido original de esta disciplina por cuanto reconocer al derecho agrario como un derecho reivindicativo del campesinado de México. La revalorización del derecho agrario tiene dos posibles interpretaciones: 1. Analizarlo por fuera del discurso positivista, lo que implicaría un esfuerzo teórico (a partir del marxismo o de la sociología jurídica, por ejemplo) para entender la lógica de la normatividad agraria, o bien: 2. Revalorizar la norma agraria en su papel revolucionario, de cambio, lo que significa una toma de posición acerca del derecho agrario: este derecho no es en sí mismo revolucionario, lo que hace falta es que sea visto, examinado y aplicado con base en la perspectiva de los dominados. ue B. ENFOQUE METODOLÓGICO DEL DERECHO AGRARIO Pr El objeto de estudio del presente trabajo lo constituye el análisis histórico del problema agrario y del derecho agrario de México. Los primeros acercamientos realizados demostraron que el rubro que se daba (derecho agrario) al tema de análisis, no correspondía al objeto de estudio pretendido. De ello surgió la necesidad de precisar a dicho objeto, de lo cual derivaron los siguientes aspectos: 1 Esta revalorización se explica a partir de la influencia que han tenido, en determinadas coyunturas, las expresiones y reivindicaciones del campesinado y del proletariado agrícola. El derecho agrario, en ciertos periodos históricos ha representado “legitimación social del campesinado”. En tal sentido, los campesinos han creado su normatividad, la cual se explica de alguna manera a través de diversos documentos como, por ejemplo, el manifiesto de Julio López Chávez; el Plan de “Sierra Gorda” o el conjunto de decretos que expidió el zapatismo en sus territorios liberados, y en la coyuntura actual la lucha desarrollada por el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), organización que ha desplegado un conjunto de ordenamientos, demandas, comunicados, etcétera, que se ubican en el horizonte mencionado. HACIA UNA EXPLICACIÓN CONCEPTUAL DEL DERECHO AGRARIO 3 a) Para explicar debidamente el estudio del derecho agrario, es indispensable ubicarlo en la teoría general del derecho, y posteriormente estudiarlo de manera particular. b) En el medio jurídico mexicano, y específicamente del derecho agrario, existe una concepción hegemónica y generalizada a la que podemos denominar, con sus respectivas vertientes: positivista. c) No es posible el estudio del derecho agrario, si no se integra en la estructura agraria y social en que se aplica. d) Es indispensable relacionar al derecho agrario con lo que se ha denominado problema agrario de México que se entiende como un conflicto entre núcleos humanos por controlar la propiedad rural. Fenómeno histórico que en México transcurre a partir de la relación de los primeros grupos tribales con la tierra. Pr ue ba fin al Po rrú a El problema agrario se traduce en problema sociopolítico en la medida en que surgen diversas circunstancias que atienden a esta conflictiva. Dígase desde aquella que corresponde al control o hegemonía de cierto territorio, hasta aquella que corresponde a diversas relaciones sociales y de producción, como lo han sido, por ejemplo, el control de la caza, la pesca, el manejo y propiedad de las aguas, la minería, la explotación de los bosques y selvas, etcétera. El problema rural —fenómeno ligado indisolublemente al derecho agrario— permite advertir, en cada momento histórico, el papel que ejercen las clases y núcleos sociales respecto del manejo del régimen de propiedad, tanto de la tierra, como de diversos medios de producción, así como del producto y su respectiva distribución. 1. Marco de referencia (algunos conceptos fundamentales) En la coyuntura actual resulta complejo establecer un paradigma que responda plenamente a los fines de investigación científica, dada la coyuntura de crisis existente en el marco de las ciencias sociales. Intentando salvar las múltiples dificultades que ello representa, sustentaremos algunos de los elementos teóricos y categorías en que se fundamenta este trabajo. El modelo lógico en el cual se ubica el objeto de estudio, conjunto de relaciones jurídicas que subyacen en el campo, será el de la sociedad mexicana en su devenir histórico. La delimitación de un problema significativo no puede ser debidamente dimensionado si no se parte de dos categorías fundamentales: por 4 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO Pr ue ba fin al Po rrú a un lado, la de totalidad, desarrollada por Marx y, por otro, la de concreción desarrollada magistralmente por Kosik.2 Así, tenemos que el estudio se abordará también recuperando la categoría de concreción, la cual constituye una estructura para los elementos o para el conjunto de hechos: “la realidad debe ser entendida como concreción, como un todo que posee su propia estructura, algo que se va creando, no es un todo acabado, sino dinámico y variable en sus partes singulares y en la disposición de sus elementos formativos. Vista así la realidad, obtendremos directrices heurísticas y principios epistemológicos sólidos en el estudio, la descripción, la comprensión y la valoración de algunas porciones o segmentos de la realidad social. Por lo tanto, el estudio de partes y procesos aislados no es suficiente, el problema esencial que se nos presenta es el de las relaciones organizadas que resultan de la interacción dinámica y que determinan el comportamiento de los elementos y de hechos en el interior de un todo. Las analogías estructurales fundamentan el punto de partida del examen, análisis, reflexión y valoración del carácter específico del fenómeno social. Además, las analogías estructurales de las diversas formas de relaciones humanas pueden conducir a una explicación y comprensión más profunda de la realidad social; y para lograr ello, debemos usar categorías lógicas o modelos, estructuralmente adecuados y mesurados en todo lo posible. La concepción dialéctica de la relación entre la ontología y la gnoseología permite reconocer la falta de homogeneidad o correspondencia entre la estructura lógica (modelo) mediante la cual se explica la realidad —la identidad— o determinado sector de ella, y la estructura de esa realidad”.3 La parte significativa de la realidad que se pretende analizar en este libro la constituye la vigencia o no de las relaciones jurídicas agrarias que hoy subyacen en el campo mexicano. El modelo lógico (paradigma) desde el cual se ubicará al conjunto de relaciones que se desarrollan en el agro será el de la formación social,4 referida ésta, no como el simple manejo de bloques (estructura-superestructura) sino atendiendo a la idea acuñada por Antonio Gramsci acerca de la importancia de la superestructura, donde los seres humanos abren espacios que en reiteradas ocasiones permiten cambios de la vida económica y social. De este modo, Gramsci pretende demostrar que el marxismo no puede ser considerado sólo como 2 Cf. Kosik, Karel, Dialéctica de lo concreto, Editorial Nueva Imagen, México, 1986, pp. 4251 y 59. 3 Cámara Barbancho, “Los conceptos de identidad y etnicidad”, en América Indígena,vol. XVI, núm. 4, oct-dic, México 1986, p. 365. 4 Marx, Carlos, “Prólogo” de El capital, Fondo de Cultura Económica, México, 1969. HACIA UNA EXPLICACIÓN CONCEPTUAL DEL DERECHO AGRARIO 5 una ciencia de la base o estructura, sino que debe ser asimilado como la heterogénea interacción que existe entre la estructura y la superestructura, y que es justamente en esta última donde la voluntad de los seres humanos tiene un amplio espacio de libertad.5 2. La teoría general del derecho6 fin al Po rrú a Cualquier estudio que se apoye en el marco de las estructuras jurídicas y de sus concomitantes relaciones socioeconómicas, tiene que responder necesariamente las siguientes preguntas: ¿Qué es el derecho?; ¿Cuál es su carácter y esencia?, y ¿cuál es el papel que históricamente ha venido desempeñando en la sociedad? Hasta hoy los teóricos continúan discutiendo acerca de dicho carácter y del perfil científico de esta rama del conocimiento. En el fondo de esta discusión se encuentran tres aspectos principales que el científico social (en especial el jurisconsulto) requiere dilucidar: • ¿Es el derecho un instrumento de control social que hegemoniza la clase dominante? • ¿Existe la posibilidad de aplicar el derecho consensualmente? • ¿Existen normas no estatales que fluyan desde el seno de la sociedad civil? Pr ue ba Y para efectos particulares de este trabajo encontramos las siguientes interrogantes: • ¿El derecho positivo agrario actual puede constituir un elemento reivindicador de las clases y sectores explotados del campo? • ¿El derecho consuetudinario indígena constituye un poder alternativo de estas poblaciones? • ¿Desde la óptica de los explotados, puede la normatividad jurídica agraria determinar una nueva correlación de fuerzas? Con el objeto de responder a estas interrogantes ubicaremos las principales escuelas y teóricos del derecho, sin establecer a fondo la discusión filosófico-científica que ello exige, por no ser éste el fin principal pretendido; sin embargo, tales argumentos constituyen, en nuestro 5 Cf. Macciochi, Antonieta, Gramsci y la revolución de occidente, México, Editorial Siglo XXI, 1975, p. 103. 6 Autores como Manuel Ovilla Mandujano establecen que dentro de la teoría general del derecho existen cuatro “tendencias” jurídicas que se destacan en el decurso histórico y que pretenden explicar la naturaleza del derecho, la primera le denomina “jus naturalismo”; a la segunda, “jus positivismo”; a la tercera, el “jus marxismo” y a la cuarta el “jus realismo sociológico”. Cf. del autor, Teoría del Derecho, México, 1975, p. 101. 6 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO concepto, un primer acercamiento a la teoría general del derecho con relación al derecho agrario. En el desarrollo histórico de la teoría del derecho destacan tres concepciones que explican la naturaleza del derecho: a. El jus naturalismo; b. El jus positivismo y, c. El jus marxismo. Pr ue ba fin al Po rrú a El jus naturalismo sostiene que el derecho surge de la conciencia general del pueblo a través de las formas naturales del espíritu popular. El jus positivismo advierte que el derecho es siempre una técnica de control social. Pero esta técnica se basa en el derecho subjetivo, en el sentido de que apriorísticamente existe un imperativo que establece la universalidad de la ley como criterio formal de validez. La voluntad es calificada como buena en tanto obedece a la ley por el mero respeto a su forma. Kant piensa también, que la validez de sus normas jurídicas proviene de una forma. El imperativo del derecho manda que las acciones realizadas en el espacio y el tiempo se lleven a cabo de manera tal, que el libre uso del arbitrio pueda concordar con la libertad del otro, según una ley universal de la libertad. El jus marxismo (al que podríamos reconocer como una concepción sociológica del derecho) sostiene que las normas jurídicas no se producen en abstracto, al margen del Estado, sino dentro de una determinada sociedad en la que existen ciertas relaciones de poder y dominación. De estas concepciones del derecho se advierten los siguientes aspectos: el jus naturalismo, dada su tradición cristiana, se finca en una explicación naturalista del derecho, lo que constituye una barrera para establecer cualquier supuesto científico en su adecuación. El positivismo kelseniano establece al derecho como “una ciencia que depura todo elemento extraño”, que venga de la política, la economía, la teología, etcétera; con ello se establecen supuestos no verificables en la realidad, al presentar al derecho como una identidad aislada del marco social en el que se reproduce y aplica. La contraparte del discurso jurídico positivista y naturalista la encontramos en el marxismo, concepción hoy sujeta a múltiples cuestionamientos, particularmente aquellos que le asignan el rango de “discurso político-ideológico” y congruentemente no el de una elaboración “científica”. Si bien es cierto que en la obra de Marx no existió una teoría general (sistematizada) del derecho, también es cierto que sus aportaciones en esta materia son significativas. La concepción que del derecho HACIA UNA EXPLICACIÓN CONCEPTUAL DEL DERECHO AGRARIO 7 tuvieron Marx y Engels más bien se ubica como una crítica al “derecho burgués”, o derecho del capitalismo. A continuación estableceremos algunos de los aspectos principales elaborados por el positivismo y el marxismo, por ser dos de las concepciones más arraigadas en la comprensión del derecho agrario. a) EL POSITIVISMO JURÍDICO EN GENERAL Pr ue ba fin al Po rrú a Se dice que el conocimiento del derecho se encuentra en las vías marcadas por una postura filosófica y en la controversia acerca de la posible concepción científica de la teoría general del derecho. En la filosofía jurídico-positivista destacan sobre manera Kant, Hegel y Kelsen; el primero distingue dos aspectos: 1) el conocimiento filosófico fija los criterios últimos de valoración y define el concepto de derecho y 2) como conocimiento científico, estudia y sistematiza el derecho positivo. En varias obras Umberto Cerroni7 indica que Kant es el precursor de la identificación del derecho como derecho positivo, distinto de la moral por poseer exterioridad, coercibilidad, etcétera. Kant como filósofo del derecho distingue el quid ius del quid iuris, aspectos que marcan la independencia del terreno teórico. El quid ius, en tanto búsqueda filosófica de la definición del derecho; y el quid iuris, en tanto búsqueda autónoma de investigación científica del derecho, exenta de axiología sobre los datos jurídicos obtenidos empíricamente. Con esto, Kant marca el terreno en que han de laborar el científico y el filósofo. Como filósofo elabora el concepto puro del derecho, razona ahí donde el derecho está subordinado a la ética, busca la explicación de lo justo y lo injusto, la construcción de un sistema del derecho que se encargue de problemas superiores del mismo; como científico, después de haber descubierto el carácter positivo del derecho y reconocer que el derecho empírico es aplicación del concepto, “su objeto es la sistematización del orden jurídico positivo”, de la técnica jurídica, excluyendo la filosofía y la moral. Según Kant el “criterio de moralidad” viene dado en una forma a priori, es un imperativo categórico el que establece la universalidad de la ley como criterio formal de validez. La voluntad es calificada como buena en tanto obedece a la ley por el mero respeto a su forma. Esta buena voluntad —que excluye de sus motivaciones para la acción cualquier tipo de inclinación sensible o al mismo deseo de ser feliz—, es lo 7 Cerroni, Umberto, Marx y el derecho moderno, Editorial Grijalbo, México; Marx y el derecho y el Estado, Oikos-Tau Ediciones, 1974. 8 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO Pr ue ba fin al Po rrú a que el filósofo considera como la expresión en el terreno moral, de la voluntad de vivir. Expresión que corta de tajo con toda motivación estética, como serían las inclinaciones hedonistas o las eudemonistas. En relación con el derecho Kant piensa que su validez proviene también de una forma. El imperativo de derecho manda que las acciones realizadas en el espacio y en el tiempo se lleven a cabo de tal manera, que el libre uso del arbitrio pueda concordar con la libertad del otro, según una ley universal de la libertad. Es pues Kant quien ha de influir poderosamente en el conocimiento jurídico hasta nuestros días. Hegel se mantiene en este planteamiento; junto al conocimiento filosófico está el conocimiento científico del derecho. Su filosofía se ocupa de la idea del derecho, el concepto y su movimiento; su realización se muestra en el conocimiento de la filosofía; cuando pretende su lógica, la racionalidad del derecho, es la búsqueda del principio y del fin de derecho positivo. Ese conocimiento filosófico busca lo oculto del derecho, lo esotérico, su explicación espiritual, al trasfondo ético del derecho positivo. El conocimiento científico se encarga de las contradicciones del derecho positivo. Dice Hegel: “La ciencia del derecho es parte de la filosofía. En consecuencia, debe desenvolver desde el concepto, la idea, como lo que es la razón de un objeto, o lo que es lo mismo, ser espectador del peculiar, inmanente desenvolvimiento de la cosa misma”.8 Esto es, se encarga del significado del derecho positivo, en la sociedad y su historia, el carácter de realización ética del espíritu absoluto, encarnado en el Estado, dando orden a la sociedad civil. Con este reconocimiento de los antecedentes ideológicos (entendidos como doctrinarios), lo único que se pretende es ubicar los senderos marcados en el trabajo teórico, que busca explicar al derecho; así encontramos hasta hoy, las discusiones para definir al derecho se remitirán a una postura filosófica que ha de seguirse en el intento de realizar ciencia jurídica. En filosofía, Kant y Hegel se enfrentaron a sus predecesores, quienes sostenían una metafísica racionalista, el ius naturalismo. Kant, con el manejo del formalismo; Hegel, con el panlogismo dialéctico. Sin embargo, ambos filosofan los principios del derecho dependiendo de la ética y afirman que existe la ciencia del derecho. Finalmente, dentro de la concepción positivista, encontramos el pensamiento de Hans Kelsen, quien elabora su “teoría pura del derecho”; para Kelsen el derecho es siempre una técnica de control social. Pero esta técnica utiliza la forma del derecho subjetivo, Kelsen refiere al 8 Hegel, Federico, Filosofía del derecho, UNAM, México, 1975, p. 19. HACIA UNA EXPLICACIÓN CONCEPTUAL DEL DERECHO AGRARIO 9 fin al Po rrú a derecho como producto del poder. Las normas las establecen quienes tienen el poder suficiente para hacerlo, antes, ahora y en el futuro. La eficacia del derecho pertenece al reino de lo real y es llamada a menudo poder del derecho. Si sustituimos la eficacia por el poder, entonces el problema de validez y eficacia se transforma en la cuestión más común del derecho y el poder. En tal supuesto, la solución aquí ofrecida resulta simplemente la afirmación de la vieja verdad de que si bien el derecho no puede existir sin el poder, derecho y poder no son lo mismo. De acuerdo con la teoría presentada en estas páginas en un orden y organización específica del poder.9 Sin salir del positivismo jurídico, Kelsen establece al derecho como una ciencia que “depura todo elemento extraño” que venga de la política, la economía, la teología, etcétera. Como positivismo jurídico que es, la teoría pura del derecho conserva también una lógica y una metodología que se encuentran desgajadas del contenido material. Acorde con la tradición comtiana y con el evolucionismo, los positivistas, en su contexto más general, reivindican un sentido ecléctico de aplicabilidad de la norma jurídica, así los derechos de igualdad, libertad, etcétera, son aplicables de manera neutral para el conjunto de la sociedad. Los positivistas no sólo menosprecian a la economía o a la política para comprender al derecho, sino además a la historia, como sucedió con el llamado círculo vienés (Carnap, Schlik y otros). ba b) POSITIVISMO Y DERECHO AGRARIO MEXICANO Pr ue En el ámbito del derecho agrario mexicano, este positivismo lo han desarrollado autores como Raúl Lemus García, Ángel Caso, Antonio Luna Arroyo, Martha Chávez Padrón, Bertha Beatriz Martínez de la Garza, Antonio de Ibarrola y Lucio Mendieta, entre otros. Para ellos, el objeto de estudio atiende fundamentalmente a la codificación legal agraria, es decir, al estudio de los principales ordenamientos jurídicos que han existido en esta materia. Estos pensadores nos presentan al derecho agrario en abstracto, ya sea porque se desconocen las intrincadas contradicciones socioeconómicas que dieron lugar a la legislación agraria (a saber la lucha de clases, la apropiación de los medios de producción, las relaciones de propiedad), además de que no relacionan al derecho agrario con otros fenómenos ideológicos, o en su caso porque consideran al derecho y al Estado como “instituciones al servicio de la sociedad”, es decir, “neutrales” y como tales, pueden satisfacer, de igual manera, los intereses de una u otra clase social, y aún más, para la mayoría de estos autores el 9 Cf. Kelsen, Hans, Teoría general del derecho y del Estado, UNAM, México, 1979, p. 144. 10 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO Po rrú a derecho agrario es un “derecho social” que hipotéticamente reivindica los intereses de los campesinos (aspectos que analizaremos posteriormente). El que alguno de estos autores considere a la historia como un elemento que explica al derecho agrario, no quiere decir que le están dando mayor precisión al objeto de estudio, ya que su concepción considera al historicismo y no una visión objetiva del devenir de la sociedad. Valga mencionar los casos de Lucio Mendieta, Raúl Lemus García, y Ángel Caso, los que en sus obras sobre derecho agrario establecen fechas, héroes, caudillos, etcétera, como si fueran éstos los que determinaran el acontecer histórico de la sociedad, y de la norma jurídica. El derecho agrario no puede ser analizado como desgajado de la realidad histórico-social en que se desarrolla. Además de que no puede ser admisible ver en el derecho agrario un instrumento al margen de las clases sociales y de las relaciones sociales de producción; ni mucho menos como una categoría en abstracto (por cuanto normatividad social), sino en lo fundamental, como un conjunto de reglas de conducta promulgadas por el Estado. al c) LA CONCEPCIÓN ECONÓMICA DEL DERECHO AGRARIO Pr ue ba fin Otra “corriente” que ha tratado de explicar al objeto de estudio es la “economicista”, la cual establece el análisis del derecho agrario en términos de lo que ellos conceptualizan como “cuestión agraria” o como “problema agrario”. En México esta temática aún no ha sido lo suficientemente discutida, ya que “problema agrario” o “cuestión agraria” pueden confundirse con el desarrollo del capitalismo en la agricultura, apareciendo el derecho agrario como una última aproximación en la que los aspectos económicos son estudiados de manera preponderante; esto determina que no se ubique debidamente al objeto de estudio deseado. Esta tradición sobre el problema agrario per se (es decir, desarrollo del capitalismo en la agricultura) ha sido un vicio arraigado de teóricos e investigadores mexicanos por cuanto no ver una concepción que globalice al problema agrario (incluyendo su relación con el fenómeno urbano, es decir, el análisis de la formación social en su conjunto). Algunos de los autores que mantienen esta caracterización son Fernando Rello10 y Michel Gutelman11 entre otros. 10 Cf. Rello, Fernando, Acumulación de capital en el campo mexicano en la década de los 70, Fondo de Cultura Económica, México, 1981, p. 50. 11 Cf. Gutelman, Michel, Capitalismo y reforma agraria en México, Ediciones Era, México, 1974, pp. 120-150. HACIA UNA EXPLICACIÓN CONCEPTUAL DEL DERECHO AGRARIO 11 3. La teoría del derecho en Marx ba fin al Po rrú a Si bien es cierto que en el pensamiento de Marx y Engels no existió una teoría del derecho sistematizada, también es cierto que sus aportaciones en esta materia son significativas. La concepción que del derecho tuvieron Marx y Engels más bien se ubica como una crítica al “derecho burgués”, o derecho del capitalismo. En obras como La cuestión judía (1843) y La sagrada familia (1845-46) se alude al derecho formal del Estado político moderno. El Estado se presenta como un monopolizador de los derechos y libertades reales. La aportación más significativa realizada por Marx en lo que concierne a la interpretación del derecho, es el apuntalamiento del derecho como una normativización que no se genera en abstracto o al margen del Estado, sino como producto de una formación social históricamente determinada y en la que existen ciertas relaciones de poder y control de la sociedad, debido a la existencia de una lucha entre propietarios y no propietarios de medios de producción. Es en el prólogo a la Contribución a la crítica de la economía política (1859), y en el post facio de El capital (1867), en los que Marx sugiere esta metodología del derecho. Para Marx queda claro lo que él define como una adecuación de la estructura (relaciones sociales de producción) o base económica de la sociedad hacia una superestructura en la que se ubica el Estado, la política y el derecho. A la letra señala Marx: Pr ue Mi investigación desembocó en el resultado de que tanto las relaciones jurídicas como las formas del Estado no pueden comprenderse por sí mismas ni por la llamada evolución general del espíritu humano, sino radican, por el contrario, en las condiciones materiales de vida cuyo conjunto resume Hegel, siguiendo el precedente de los ingleses y franceses del siglo XVIII, bajo el nombre de sociedad civil, y que la anatomía de la sociedad hay que buscarla en la economía política… (más adelante agrega)… El resultado general a que llegué y que una vez obtenido, sirvió de hilo conductor en mis estudios, puede resumirse así: En la producción de su vida los hombres contraen determinadas relaciones de producción que corresponden a una determinada fase de desarrollo de sus fuerzas productivas materiales. El conjunto de estas relaciones de producción forma la estructura de la sociedad, la base real sobre la que se levanta la superestructura económica, jurídica y política y a la que corresponden determinadas formas de conciencia social.12 12 Marx, Carlos, “Prólogo” de la Contribución a la crítica de la economía política, Editora Nacional, Buenos Aires, Argentina, 1979. 12 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO Un aspecto que ha llegado a vulgarizarse acerca de esta aseveración es el de la supuesta sobredeterminación de la economía en todas y cada una de las formaciones sociales. Ante esta tergiversación es necesario hacer algunos señalamientos: Marx jamás generaliza a toda sociedad los postulados que ha formulado para el capitalismo. La dominación de lo económico, por ejemplo, lo ubica únicamente en la sociedad capitalista. Al respecto establece: fin al Po rrú a Aprovecho la ocasión para contestar brevemente a una objeción que se me hizo por un periódico alemán de Norteamérica al publicarse, en 1858, mi obra Contribución a la crítica de la economía política. Este periódico decía que mi tesis, según la cual el régimen de producción vigente en una época dada y las relaciones de producción propias de este régimen, en una palabra la estructura económica de la sociedad, es la base real sobre la que se alza la superestructura jurídica y política y a la que corresponden determinadas formas de conciencia social y que el régimen de producción de la vida material condiciona todo el proceso de la vida social, política y espiritual, era indudablemente exacta respecto al mundo moderno, pero no podía ser aplicada a la Edad Media en que reinaba el catolicismo ni a Atenas y Roma, donde imperaba la política… Es indudable que ni la Edad Media pudo vivir del catolicismo ni el mundo antiguo de la política. Lejos de ello, lo que implica por qué en una era fundamental la política y en la otra el catolicismo es precisamente el modo como una y otra se ganaban la vida.13 Pr ue ba La escisión, base económica-superestructura jurídico política e ideológica, es una separación metodológica, es decir, no es un hecho fáctico, verificable empíricamente, sino constituye un paso en el proceso de conocimiento de acuerdo con el método seguido por Marx. En este sentido no hay que dejar la imagen que representa el modo de producción como los cimientos de un edificio y a la superestructura como el edificio en sí. a) LAS INTERPRETACIONES EN TORNO A LA CONCEPCIÓN MARXISTA DEL DERECHO Al no haber elaborado el marxismo una teoría general del derecho, y debido a la importancia que por algún tiempo tuvieron las posiciones ortodoxas, provocaron el surgimiento de diversas interpretaciones acerca de la idea del derecho en Marx y Engels. Entre las de mayor importancia encontramos la de N. Reich,14 el cual considera que no existe una sola teoría del derecho en Marx y Engels, sino cinco, siendo las siguientes: 13 Marx, Karl, El capital, t. I, Fondo de Cultura Económica, México, 1968, p. 46. 14 Reich, N., Marxistische Rechtstheorie, Mohr, Tübingen, Deutschland, 1973, pp. 4-6. HACIA UNA EXPLICACIÓN CONCEPTUAL DEL DERECHO AGRARIO 13 Po rrú a 1. Como instrumento de dominación de clase. Esta es la tesis, pero preferible sería decir, a falta de una comprobación empírica muy avanzada, la hipótesis en la que se reconocen todos aquellos que se declaran marxistas. 2. El núcleo originario y original de la teoría marxista del derecho es el descubrimiento del derecho como ideología. Esta tesis también está muy difundida y ha dado lugar a una vasta literatura de crítica de la ideología jurídica, en particular de la ideología del derecho burgués. 3. La teoría marxista del derecho es una teoría crítica emancipativa. Con esta expresión el autor se refiere a los escritos de Paul y de Bohler, quienes se inspiran, a través de Habermas, en la Escuela de Frankfurt. 4. Es una teoría del mejor derecho. El autor se refiere aquí a Bloch. 5. Es una ciencia de la legitimación. Este sería el caso, según el autor, de los teóricos del derecho en la ex Unión Soviética y de los países socialistas, quienes se valieron de las ideas de Marx sobre el derecho para proveer una justificación y un fundamento “científico” a la práctica del derecho en sus respectivos estados. al A diferencia de Reich, encontramos autores como Umberto Cerroni y Nicos Poulantzas, que han criticado al planteamiento marxis- Pr ue ba fin ta; según ellos, porque no existe una concepción marxista del derecho, ya que Marx no abordó el tema del derecho y el Estado en forma autónoma y sistemática, sino de manera más bien fragmentaria. Tanto Poulantzas como Cerroni establecen que existe un “reduccionismo” de lo jurídico a lo económico; o en su caso, de lo jurídico a lo político. Recurriendo a los “intérpretes de Marx”, estos autores refieren la siguiente clasificación: a) Los que reducen el fenómeno jurídico al aspecto económico (Stuchka y Pashukanis); b) Los que reducen el derecho a un condicionamiento económico social (K. Kautsky y K. Renner); c) Los voluntaristas que hacen reducción política del derecho (Vyshinsky y Reishner). b) MARX Y NUESTRO CONCEPTO DEL DERECHO En el contexto de la sociología jurídica, Marx y Engels dejaron abierta una gran interrogante al establecer la concepción idílica de la desaparición del Estado y consecuentemente del derecho. Sin embargo, el marxismo no obstante no haber desarrollado una teoría acabada del derecho rompe con los moldes naturalistas y positivistas que no hicieron sino explicar al derecho como una entidad abstracta y neutral. 14 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO Pr ue ba fin al Po rrú a Marx y Engels fueron capaces de advertir que el orden social en que se estructura la normatividad jurídica, está dado con base en el poder de una determinada clase social. Sin embargo, hay que precisar que el paradigma marxista delimita al derecho bajo una óptica que podría denominarse como “homogeneizadora” o “totalizadora”, en la que supuestamente las normas jurídicas solamente son pensadas, aplicadas, elaboradas y ejecutadas por una sola clase social, sin la concurrencia de otras fuerzas sociales que manifiesten diversos intereses y normativizaciones jurídicas. Bajo esta idea, habría que cuestionar en qué medida el derecho laboral y agrario fueron resultado de las luchas obrero-campesinas habidas en Europa y América. Y sobre todo, la manera en que la costumbre jurídica, como la de los pueblos indios, rige y estructura en buena parte las relaciones de estas sociedades. Además, día tras día son más las fuerzas sociales que, si bien operan desde el Estado (parlamentos latinoamericanos), sus planteamientos y propuestas hacia el entorno social no pueden ser ubicadas dentro del conjunto de fuerzas que explotan a los trabajadores, sino de corrientes sociales en ascenso, dígase por ejemplo los nuevos sujetos sociales, como así acontece con los “sin tierra” del Brasil o el Barzón mexicano. Este carácter totalizador de la normatividad jurídica comenzó a ser reelaborado desde dentro y fuera del marxismo: Dentro del marxismo encontramos a Antonio Gramsci y Louis Althusser, y por fuera, se generan dos tendencias: la estructural funcionalista, que conforme a su paradigma le asigna al derecho la condición de estructura y función, continuando con la tradición positivista de ver al Estado y al derecho como categorías ahistóricas y desgajadas de la realidad en que se encuentran inmersas; y la segunda, que discurre más bien en el campo filosófico, en la cual se ubica el pensamiento de Habermas y fundamentalmente el de Michel Foucault. A continuación precisaré algunos de los argumentos que sobre el derecho sostienen Antonio Gramsci y Foucault por considerarlos de suma importancia a los efectos del presente trabajo. c) ANTONIO GRAMSCI Y EL DERECHO Una de las contribuciones más significativas a las ciencias sociales en su conjunto y en particular al conocimiento jurídico es la escuela desarrollada por Antonio Gramsci. Al igual que Marx, Gramsci no desarrolló una teoría del derecho, por no ser el objeto particular de sus estudios. Aunque Gramsci sí estableció una serie de consideraciones que dan continuidad al pensamiento marxista y en parte contribuyen a HACIA UNA EXPLICACIÓN CONCEPTUAL DEL DERECHO AGRARIO 15 la explicación del Estado y el derecho. El paradigma gramsciano refiere a la categoría de formación económica social no como un conjunto de bloques (estructura-superestructura) sino como un todo interaccionado. Gramsci refiere: fin al Po rrú a … Existen dos grandes planos: el que se puede llamar de la sociedad civil, o sea, el conjunto de organismos calificados vulgarmente de privados, y el de la sociedad política o Estado, que corresponden a la función de hegemonía que el grupo dominante ejerce en toda la sociedad y a la de dominio directo y de mando que se expresa en el Estado y en el gobierno, jurídico. Estas funciones son precisamente organizativas y conectivas. Los intelectuales son los gestores del grupo dominante para el ejercicio de las funciones subalternas de la hegemonía social y del gobierno político, o sea: a) del consenso espontáneo que prestan las grandes masas de la población a la orientación impresa a la vida social por el grupo fundamental dominante, consenso que hace históricamente del prestigio (y, por tanto, de la confianza) que el grupo dominante obtiene por su posición y por su función en el mundo de la producción; b) del aparato de coerción estatal que asegura legalmente la disciplina de los grupos que no prestan el consenso activa ni pasivamente, pero constituido para toda la sociedad en previsión de los momentos de crisis del mundo y la dirección en que el consenso espontáneo desaparece.15 Para Gramsci: Pr ue ba El Estado se concibe, ciertamente, como organismo propio de un grupo, destinado a crear las condiciones favorables para la máxima expansión de ese grupo: pero este desarrollo y esta expansión se conciben y se presentan como la fuerza motriz de una expansión universal, de un desarrollo de todas las energías nacionales, esto es, el grupo dominante se coordina concretamente con los intereses generales de los grupos subordinados y la vida estatal se concibe como un continuo formarse y superarse de equilibrios inestables (en el ámbito de la ley) entre los intereses del grupo fundamental y los intereses de los grupos subordinados, equilibrios en los que los intereses del grupo dominante prevalecen, aunque sólo hasta cierto punto, o sea, no hasta el nudo interés económico corporativo.16 Más que una adecuación filosófico-científica del derecho, Gramsci contribuyó al orientar el sentido político-cultural del mismo. Para el autor, el ejercicio de la normatividad jurídica surge como expresión del bloque dominante. Gramsci considera que el problema de la hegemonía 15 Gramsci, Antonio, Pequeña antología política, Ed. Fontanella, Barcelona, España, 1974, p. 165. 16 Ibid, p. 82. 16 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO jurídico-estatal y, en consecuencia, de la aplicación justa de la normatividad jurídica, se resuelve en el marco de una correlación de fuerzas. La sociedad subalterna, esto es, las clases explotadas de la población pueden ser capaces de establecer su contra hegemonía, creando espacios en los que sus intereses comiencen a adquirir expresión, este es el sentido que a nivel mundial proyecta la legislación obrera y campesina, la que en buena parte permea la normatividad social de los países de América Latina y Europa. Para Gramsci no toda la normatividad jurídica surge como una determinación de la hegemonía clasista, sino también puede provenir de la correlación de fuerzas, del ascenso y creación de espacios por parte de clases y sectores explotados de la sociedad. a d) MICHEL FOUCAULT Y EL DERECHO fin al Po rrú Originalmente Foucault proviene del marxismo, para después convertirse en su cuestionador. Como crítico del paradigma marxista, Foucault señala: “Puede verse así, cómo es que la descripción de la plus-ganancia implica necesariamente el cuestionamiento y el ataque al sub-poder y cómo se vincula éste forzosamente al cuestionamiento de las ciencias humanas y del hombre como objeto privilegiado y fundamental de un tipo de saber. Pr ue ba Si mi análisis es correcto, no podemos colocar a las ciencias del hombre al nivel de una ideología, que es mero reflejo y expresión en la conciencia de las relaciones de producción. Si es verdad lo que digo, ni estos saberes ni estas formas de poder están por encima de las relaciones de producción, no las expresan y tampoco permiten reconducirlas. Estos saberes y estos poderes están firmemente arraigados no sólo en la existencia de los hombres sino también en las relaciones de producción. Esto es así porque para que existan las relaciones de producción que caracterizan a las sociedades capitalistas, es preciso que existan, además de ciertas determinaciones económicas, estas relaciones de poder y estas formas de funcionamiento de saber. Poder y saber están sólidamente enraizados, no se superponen a las relaciones de producción pero están mucho más arraigados en aquello que las constituye. Llegamos así a la conclusión de que la llamada ideología debe ser revisada. La indagación y el examen son precisamente formas de saber-poder que funcionan al nivel de la apropiación de bienes en la sociedad feudal y al nivel de la producción y la constitución de la plus-ganancia capitalista. Este es el nivel fundamental en que se sitúan las formas de saber-poder tales como la indagación y el examen.17 17 Cf. Foucault, Michel, La verdad y las formas jurídicas, Editorial Gedisa, México, 1983, p. 139. HACIA UNA EXPLICACIÓN CONCEPTUAL DEL DERECHO AGRARIO 17 rrú a Foucault se introduce en el análisis crítico de los paradigmas que pretenden asumir planteamientos homogeneizadores. Foucault estudia los orígenes del Estado moderno y el ejercicio del poder llevándolo a diversas expresiones. A diferencia de Marx, que se abocó más al estudio de los hechos económicos, Foucault se concentra en el estudio de la ideología, la política, la epistemología y la filosofía. Específicamente, en el campo de la política ubica el problema de las relaciones de poder. Bajo el discurso del poder, Foucault sintetiza la expresión de control que ejerce la clase dominante a través (entre otros aspectos) del derecho. En consecuencia, es la fuerza la que constituye la conditio sine qua non del derecho, ya que el elemento que fundamenta y sostiene tal legislación exterior es la facultad de constreñir. En conferencia que dictara Foucault (1972) en Brasil, refiriéndose al derecho penal señala: ba fin al Po Una forma que se ejerce sobre los individuos a la manera de vigilancia individual y continua, como control de castigo y recompensa y como corrección, es decir, como método de formación y transformación de los individuos en función de ciertas normas. Estos tres aspectos del panoptismo —vigilancia, control y corrección— constituyen una dimensión fundamental y característica de las relaciones de poder que existen en nuestra sociedad”.18 Pero la significación genérica de lo expuesto por Foucault no se queda en ese terreno, sino que es llevado a todo tipo de relaciones (económicas, sociales, etcétera) que se desarrollan en la sociedad, aun incluso las cotidianas. Pr ue Refiriéndose a estas formas específicas del poder, Foucault sostiene: Las relaciones de poder son sutiles, múltiples y se dan en distintos niveles; no podemos hablar de un poder sin describir las relaciones de poder, tarea larga y difícil que acarrearía un largo proceso. Podríamos estudiarlas desde el punto de vista de la psiquiatría, la sociedad o la familia, estas relaciones son tan múltiples que no pueden ser definidas como opresión, resumiendo todo en una frase: el poder oprime. No es cierto, el poder no oprime por dos razones, en primer lugar porque da placer, al menos a algunas personas. Hay toda una economía libidinal del placer, toda una erótica del poder, lo cual viene a probar que el poder no es sólo opresivo. En segundo lugar, el poder puede crear.19 18 Cf. Foucault, Michel, op. cit., p. 117. 19 Foucault, op. cit., p. 169. 18 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO rrú a Enmarcando estas relaciones de poder, se encuentra un ámbito epistemológico. Para Foucault el poder se convierte en un saber que se instaura como verdad legitimándose así el dominio del cuerpo social. Al igual que con Gramsci, el discurso foucaultiano contiene una serie de consideraciones que permiten orientar la idea del derecho. No obstante las diferencias ideológicas entre Foucault y los marxistas, es trascendente (en la concepción del derecho) el discurso que respecto al poder desarrolla este autor como elemento clave en la regulación jurídica de la sociedad. En conclusión, en este libro se recogen algunos de los presupuestos que sobre el derecho elaboraron los clásicos del marxismo, así como ciertos argumentos que al respecto sostienen, tanto Gramsci, Michel Foucault, y Jurgen Habermas. Bajo esta óptica encontramos que: ba fin al Po Es trascendente la idea acuñada por Marx acerca del papel del derecho como recurso estratégico de manutención del sistema. Lo que en términos gramscianos se traduce como la expresión ideológica del bloque dominante. Siguiendo a Gramsci, concebimos que no todo el derecho puede ser monopolizado por el bloque dominante, sino que existe la posibilidad de que la sociedad civil recupere espacios en el conjunto de la formación social, aspecto que puede manifestarse a través del surgimiento de distintas normativizaciones jurídicas, las que a la postre pueden cristalizar en profundas transformaciones socioeconómicas.20 Pr ue e) LOS NEO MARXISTAS Y LA CRÍTICA A LA TEORÍA DEL DERECHO EN MARX Algunos autores como Umberto Cerroni y Nicos Poulantzas han criticado severamente el planteamiento marxista a partir de que, según ellos, no existe una teoría acabada acerca de un enfoque teórico-metodológico del derecho en general. Es decir, que Marx no abordó el tema del derecho y el Estado de forma autónoma y sistemática, sino de manera más bien fragmentaria, o sea, que no se habla de una teoría general del derecho. Tanto Poulantzas como Cerroni establecen que existe un reduccionismo de lo jurídico a lo económico; o en su caso, de lo jurídico a lo político. Están en desacuerdo con el reduccionismo, por no considerarlo el 20 En la legislación agraria mexicana existen planteamientos que comprueban la fundamentación gramsciana, como lo son la influencia zapatista y magonista en la redacción original del artículo 27 constitucional. HACIA UNA EXPLICACIÓN CONCEPTUAL DEL DERECHO AGRARIO 19 Pr ue ba fin al Po rrú a verdadero método dialéctico marxista, y se identifican con Kosik, específicamente con su obra Dialéctica de lo concreto. Por su parte, Nicos Poulantzas integra a su discurso los conceptos althusserianos, de autonomía relativa de los aparatos de Estado, ligados a los de sobredeterminación económica concomitante, o sea determinación económica en última instancia, para crear un análisis científico del derecho, el cual no será factible sino a partir del análisis del modo de producción. Según Poulantzas, la investigación se reduciría a una historiografía de la génesis del sujeto, esto es, al proceso de auto desarrollo de la estructura económica (concepción economicista), o a la significación política de la voluntad de clase (concepción voluntarista e instrumentalista). En el primer caso, una pretendida teoría marxista del derecho perdería su status teórico, pues el objeto de la ciencia jurídica se reduciría a simple concretización-realización de las formas de lo económico, y en el segundo caso el objeto de la investigación científica se reduciría a la significación política de la voluntad de una clase en el poder, sustituyéndose con esto el objeto de la ciencia jurídica por un objeto politizado ideológicamente. Para Umberto Cerroni el manejo del marxismo se ha venido sustentando de manera dogmática, lo cual llevó a la “construcción de una ortodoxia imaginaria basada en la presentación de la obra científica de Marx como doctrina completa y terminada, engarzada, además, en un marxismo-leninismo provisto de un detallado y complejo recetario, no sólo para la economía, sino también para la política y el derecho”.21 Sin ser éste el espacio para profundizar más en los elementos vertidos por Cerroni y Poulantzas, y a pesar del mérito de sus aportaciones, nos parece que entre otros aspectos dejaron de lado un elemento importantísimo para el marxismo y que consiste en no tomar en cuenta las aportaciones de Lenin al estudiar la superestructura estatal. C. EL DERECHO AGRARIO COMO OBJETO DE ESTUDIO Como mencionábamos párrafos atrás, la construcción del objeto de estudio lleva implícito reconocer la integración del derecho agrario bajo una perspectiva de totalidad, en la que se manifiestan sus relaciones tanto estructurales como superestructurales. Esta globalización del derecho agrario permite 21 Cerroni, Umberto, Problemas de la transición al socialismo, Editorial Crítica, Barcelona, 1979, p. 61. 20 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO Pr ue ba fin al Po rrú a advertir los nexos de nuestra disciplina, tanto con el entorno social en que se aplica, como con otras disciplinas sociales. De esta manera el derecho agrario se liga al problema agrario de forma indisoluble y se explica como un fenómeno complejo en el que interactúan disciplinas como la sociología, la economía, la antropología, la etnología, etcétera. El problema agrario de México se enfoca o explica como un fenómeno fundamentalmente de la base o estructura económica de la sociedad, esto es, como un conjunto de relaciones sociales de producción y de propiedad que se desenvuelven en el agro mexicano y que en lo particular adquieren giros o cambios diversos durante cada periodo histórico, y cuyo epicentro lo constituye la lucha por el espacio geográfico y sus recursos (la tierra). Al tener el problema agrario un referente eminentemente socioeconómico, no puede dejar de vincularse (según el momento histórico) con factores de tipo ideológico, cultural, político o de la lucha de clases. Como ejemplo, valga señalar la importancia que adquirieron en las relaciones de propiedad y de posesión de la tierra del México prehispánico el mito, la costumbre y la religión, es decir, la cultura de los pueblos mesoamericanos. Nuestro objeto de estudio consiste en explicar la esencia y significado de la regulación agraria que ha existido en México, en el periodo que va de la aparición de la agricultura en Mesoamérica, a la actualidad (año 2002). De esta manera, al explicar la naturaleza de la normatividad agraria es necesario adecuar las características de la estructura agraria durante cada periodo de la historia de México, esto es, ubicar su problema agrario. Este objeto delimita cómo la base o estructura económica de la sociedad se interrelaciona con un cúmulo de factores culturales, ideológicos, políticos, jurídicos, etcétera, a lo que Karl Marx denominó superestructura.22 El derecho agrario debe ser analizado al interior de una formación social en concreto, este aspecto permite adecuar las interacciones que se dan entre ideología, cultura, Estado, derecho, etcétera, y la base económica de la sociedad, a saber: sus fuerzas productivas, sus relaciones sociales de producción, y su modo de producción. Pero es fundamental 22 La interrelación entre lo ideológico, jurídico, político, etcétera, y lo económico, no habla necesariamente de una preponderancia de lo estructural sobre lo superestructural, sino de una serie de intermediaciones, las que en determinadas coyunturas presentan a alguno de estos fenómenos como hegemónico. Otros aspectos que necesariamente tendrán que ser objeto de investigaciones más profundas son las aportaciones hechas por Nicos Poulantzas, Umberto Cerroni y Louis Althusser, en el sentido de establecer ciertos ámbitos de la ideología, la cultura, el arte, etcétera, los cuales se manifiestan con una determinada autonomía (relativa). HACIA UNA EXPLICACIÓN CONCEPTUAL DEL DERECHO AGRARIO 21 Po rrú a comprender que no todo se explica ni reduce a la economía como un factótum.23 Si solamente explicáramos a las normas jurídicas agrarias a través del orden que guardan con su sistema jurídico, en sus estructuras formales internas y externas, no explicaríamos la relación que guardan con la sociedad. Es por ello que se sustenta una concepción “compleja” en la que se integran diversidad de aspectos de la estructura agraria de México, los cuales refieren al problema agrario y la relación de éste con toda la fenoménica jurídico-agraria. El objetivo de este trabajo es incursionar en la problemática del derecho agrario, no con el uso del método tradicional de la dogmática jurídica, no con el método comprensivo de Max Weber, ni tampoco la sociología jurídica a la manera de Georges Gurvitch, que desecha el método abstracto en la teoría jurídica; sino bajo el materialismo histórico, empleado para realizar una sociología jurídico-política del fenómeno en cuestión. Aspecto que cuestiona los esquemas socioeconómicos de los estructural funcionalistas. al 1. ¿Qué es y cómo se ubica el derecho agrario mexicano? Pr ue ba fin Desde la teoría positivista, algunos de los analistas del derecho mexicano establecen didácticamente una clasificación general del derecho. Al respecto reconocen la existencia del derecho público, en el que ubican las siguientes ramas: derecho internacional, derecho administrativo, derecho fiscal, derecho constitucional, y derecho penal; una segunda rama del derecho lo constituye el derecho privado, en el que se sitúan ramas tales como el derecho internacional privado, el derecho civil, y el derecho mercantil, y una tercera clasificación que comprende al llamado derecho social, que está integrado por el derecho familiar, el derecho del trabajo y el derecho agrario,24 entre otros. 23 Cf. Kosik, Karel, “La teoría de los factores”, en Dialéctica de lo concreto, Editorial Grijalbo, México, 1981. 24 Esta clasificación es doctrinal y refiere más bien los postulados del positivismo jurídico En nuestra opinión, no deja debidamente planteado el carácter del Estado y el de las clases sociales. Se dice que hasta la actualidad los teóricos se encuentran discutiendo en torno a dicha clasificación. Alberto Trueba Urbina define al derecho social como: el conjunto de principios, instituciones y normas que en función de integración, protegen, tutelan y reivindican a los que viven de su trabajo y a los económicamente débiles. Cf. Trueba Urbina, Nuevo derecho del trabajo, Editorial Porrúa, México 1972, p. 44. Mario de la Cueva define al derecho social como: el conjunto de normas que protegen y reivindican al hombre trabajador, al hombre sin tierra, sin riqueza, y de una manera general a todo aquel que sea económicamente débil. Ver De la Cueva, Derecho del trabajo, Editorial Porrúa, México, 1968, Rubén Delgado Moya lo define como el conjunto de normas que protegen y reivindican a todos los económicamente débiles. 22 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO Pr ue ba fin al Po rrú a Conforme a esta clasificación encontramos que el derecho público está constituido por un conjunto de normas que rigen las relaciones que se dan entre el Estado mexicano (como órganos de poder) y los particulares; por cuanto el derecho privado, se entiende que está constituido por aquel conjunto de normas jurídicas que regulan las relaciones entre los particulares, siendo que dichas normas no son creadas por los particulares sino por el Estado. Finalmente, como así lo reconocen Gurvitch y Antonio Cicu, el derecho social está compuesto por aquellas normas jurídicas que “protegen los intereses de las clases más desfavorecidas”. Así el derecho agrario sería un derecho reivindicador de la clase campesina y de los peones y obreros agrícolas de México. Este carácter reivindicatorio provendría de la “esencia supuestamente social” del derecho agrario.25 Esta clasificación que más bien cumple, en el mejor de los casos, objetivos de tipo pedagógico, no ubica la dimensión histórico-social del derecho, además de enmarcarse bajo supuestos no adaptables a la realidad. Desde nuestra óptica, todo el derecho sería social por ser expresión (“democrática”) de la sociedad además de aplicarse en ella, lo que habría que explicar más bien, es quiénes instrumentan, y de qué manera aplican la norma jurídica agraria. Asimismo, es importante comprender qué papel juega el bloque dominante en la regulación jurídica, al calificar al derecho agrario como un derecho social; o ¿por qué el Estado “reivindica los intereses de los explotados del campo’”?; por otro lado, la justicia agraria no siempre se ha aplicado desde la estructura estatal, habría que señalar que en determinados episodios de la historia mexicana el derecho agrario ha fluido de las luchas y movimientos campesinos, como así acontece por ejemplo con el movimiento villista, zapatista, magonista, o en la actualidad, con los territorios reivindicados por el Ejército Zapatista de Liberación Nacional, de esta manera, estamos identificando un supuesto parcialmente válido al reconocer al derecho agrario como un derecho social, ello si dimensionamos el papel que particularmente han tenido los campesinos, los jornaleros, los aparceros, los obreros agrícolas, los pueblos indígenas y sus organizaciones sociales en la aplicación de la norma jurídica agraria, al respecto consideramos de singular importancia al zapatismo, como una influencia fundamental en el advenimiento del Artículo 27 constitucional, al cardenismo, al aplicar la reforma agraria, y al neo zapatismo, al reivindicar las tierras usurpadas a los pueblos indios. Históricamente el derecho agrario ha vivido contextos socioeconómicos en los que su carácter social se ha visto conculcado o negado, dígase por ejemplo en la coyuntura actual a través del papel que vienen 25 Nos referimos a la crítica del derecho. HACIA UNA EXPLICACIÓN CONCEPTUAL DEL DERECHO AGRARIO 23 Pr ue ba fin al Po rrú a jugando las reformas al artículo 27 constitucional y su concomitante aplicación en el agro, lo que en muchos casos ha impactado a los pueblos indios y los ejidos. Conforme al crecimiento económico y al fenómeno de la globalización, el Estado mexicano ha configurado una serie de normas jurídicas acordes con las transformaciones que el gran capital le ha impuesto a la sociedad mexicana. Es así como, desde la doctrina, la legislación y la teoría jurídica se han creado y explicado diversidad de normas jurídicas, las cuales van adquiriendo cada vez mayor especialización. En particular, el flagelo de la deuda externa, la crisis del modelo socioeconómico nacional y las influencias del Tratado Trilateral de Libre Comercio (TTLC) determinaron en 1992 que el gobierno estableciera reformas a la legislación agraria, con las que el carácter social del derecho agrario prácticamente ha desaparecido, al ser decretada la culminación del reparto agrario y al permitir la inserción abierta del gran capital en ejidos y comunidades, circunstancia que advierte la cristalización de la hegemonía capitalista sobre los intereses campesinos. Desde esta óptica podemos señalar que existe una nueva reforma agraria, la de los empresarios. El derecho agrario “per se” no puede ser revolucionario, o social, sino que depende del papel que asuman los sujetos sociales a quienes fundamentalmente se aplica: ejidatarios, peones, jornaleros, campesinos, etnias, etcétera. De esta forma el derecho agrario podrá calificarse o clasificarse como social en el momento en el que las reivindicaciones y necesidades de los trabajadores del campo sean materializadas, ello porque la propia sociedad civil y sus organizaciones intervengan en la aplicación e impulso de la normatividad agraria. 2. La definición del derecho agrario Algunos de los conceptos más importantes que han establecido tanto a nivel nacional como internacional, diversos tratadistas del derecho agrario son los siguientes: • Joaquín Osorio: “El derecho agrario es el conjunto de normas concernientes a las personas, a las propiedades, y a las obligaciones rurales” (Dereito Rural, Río de Janeiro, 1937). • Giovanni Carrara: “El derecho agrario es el conjunto de normas jurídicas que regulan la actividad agraria, en sus sujetos, en los bienes que a ella se destinen y en las relaciones jurídicas constituidas para ejercerla” (Corso di Diritto Agrario, Roma, 1939). • Miguel Alanís Fuentes: “Es una rama del derecho en general formada por un conjunto de normas, leyes, reglamentos, princi- 24 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO Pr ue ba fin al Po rrú a pios, doctrina y jurisprudencia, que tienen por objeto la resolución del problema agrario de México, es decir, el de la satisfacción de las necesidades de la clase campesina, inspirándose en un espíritu de justicia y equidad” (Notas de clase de derecho agrario, UNAM, 1948). • Lucio Mendieta y Nuñez y F. Cerrillo: “El derecho agrario es el conjunto de normas, leyes, reglamentos en general, doctrinas y jurisprudencia, que regulan la actividad profesional del agricultor, la propiedad rústica y las explotaciones de carácter rural, así como el tráfico consecuente y necesario a la producción” (Derecho agrario, Barcelona, 1952). • Ángel Caso: “El derecho agrario, en el aspecto objetivo, es el conjunto de normas jurídicas que rigen las personas, las cosas y los vínculos referentes a las industrias agrícolas en tanto que, en el subjetivo, es el conjunto de facultades que nacen en virtud de esas normas…” (Derecho agrario, México 1950). • Martha Chávez de Velázquez: “Derecho agrario en nuestro país, es la parte de un sistema jurídico que regula la organización territorial rústica, todo lo relacionado con las explotaciones y aprovechamientos que este sistema considera como agrícolas, ganaderos y forestales, y la mejor forma de llevarlas a cabo” (El derecho agrario mexicano, 1964). • Lucio Mendieta y Núñez: “El derecho agrario es el conjunto de normas, leyes, reglamentos y disposiciones en general, doctrina y jurisprudencia, que se refieren a la propiedad rústica y a las explotaciones de carácter agrícola (Panorama del derecho agrario mexicano, 1971). • Oscar A. Salas Marrero y Rodrigo Barahona: “El derecho agrario es el conjunto de normas y principios particulares que rigen a las personas, los predios y bienes de otra clase, las explotaciones y las empresas que, aprovechando de cualquier modo la aptitud frugífera de la tierra, se dedican a la creación u obtención de animales y vegetales, gobiernan las relaciones entre los factores que intervienen en la producción de tales bienes y, dado el caso, disponen cambios en las estructuras que determinan estas relaciones e imponen determinado tipo de planificación económica” (Derecho agrario, Universidad de Costa Rica, 1973). • Antonio Luna Arroyo: “El derecho agrario mexicano es una rama del derecho público que regula la tendencia y economía de los ejidos, tierras comunales, nuevos centros de población agrícola, y, en algunos aspectos, de la pequeña propiedad” (Derecho agrario mexicano, 1975). HACIA UNA EXPLICACIÓN CONCEPTUAL DEL DERECHO AGRARIO 25 Pr ue ba fin al Po rrú a • Raúl Lemus García: “Derecho agrario, en su sentido objetivo, es el conjunto de principios, preceptos e instituciones que regula las diversas formas de tenencia de la tierra y los sistemas de explotación agrícola, con el propósito teleológico de realizar la Justicia Social, el Bien Común y la Seguridad Jurídica” (Derecho agrario mexicano, 1978). • Ramón Vicente Casanova: “El derecho agrario es el conjunto de normas y principios que regula las relaciones jurídicas nacidas del aprovechamiento de la propiedad territorial y que orienta y asegura la función social de ésta” (Derecho Agrario, Facultad de Derecho, Universidad de los Andes, Mérida, Venezuela, 1990). • Bernardino C. Horne: “El derecho agrario es el conjunto de normas jurídicas particulares que regulan las relaciones afines al trabajo, a la producción, a los bienes y a la vida en el campo” (Política agraria y regulación económica, Argentina). • Héctor Lugo Chávez y Alejandro Hernández Luna: “El derecho agrario mexicano es un conjunto de normas que se dirige a un determinado grupo social protegiéndolo al traducir la suma de sus patrimonios económicamente negativos, por lo pobre, en una fuerza jurídica capaz de oponerse a los de un interés patrimonialmente positivo, por ende, estas normas rigen todas las relaciones jurídicas que surgen a consecuencia de la organización y explotación de la propiedad ejidal, de la pequeña propiedad y de las comunidades agrarias” (El marco socio-jurídico del campo, COPARMEX, México, 1980). • Rodrigo Santa Cruz: “El derecho agrario es un instrumento para lograr los fines políticos y sociales postulados por la reforma agraria” (Experto en legislación agraria del proyecto regional FAO/ PNUD sobre reforma agraria y colonización. FAO 1985. • Clodomir Santos De Morais: “Derecho agrario. Conjunto de normas que disciplinan los actos y relaciones jurídicas que a la explotación agrícola se refieren” (Diccionario de reforma agraria latinoamericana, Universidad Centroamericana, 1989). Si bien cada definición guarda su propio significado, concebimos las siguientes observaciones generales: a) Se presenta al derecho agrario como: ahistórico, es decir, aparentemente siempre ha sido el mismo. Cuando en realidad su origen se vincula al surgimiento de la propiedad privada y del Estado y su concomitante evolución histórica. b) Se desconoce el papel que el Estado ejerce en las relaciones jurídicas. Aún más, se le desconoce como un instrumento de control de determinada clase social. 26 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO c) Se refiere a la propiedad en abstracto y no a las relaciones de propiedad, como relaciones entre propietarios y no propietarios de tierras; por ejemplo, latifundistas y obreros agrícolas. d) No obstante el carácter clasista que adquiere el derecho agrario en el marco del capitalismo, se le pretende identificar como un “derecho social” per se que reivindica los intereses de los explotados del campo. e) Se considera al derecho agrario como neutral por cuanto que pretende, necesariamente, la justicia social y la armonía entre las distintas clases y núcleos de la sociedad. Pr ue ba fin al Po rrú a A nuestro parecer y conforme al marco de referencia sustentando, consideramos en un primer acercamiento, que el derecho rural es un conjunto de normas jurídicas que justifican y legitiman las relaciones de propiedad, de producción y distribución que históricamente se han desarrollado en el campo mexicano. Estas normas sirven en la coyuntura actual al núcleo social dominante, como instrumento de sometimiento y control del campesinado, de los ejidatarios, de los obreros agrícolas y de los pueblos indios de México. Sin embargo, este concepto quedaría incompleto si no ubicamos a la normatividad jurídica agraria en su dimensión reivindicativa en la que la lucha de clases ha tenido correlaciones diversas, lo que ha dado lugar (siguiendo a Gramsci) a que los sectores y las clases explotadas de la población logren intervenir en el advenimiento de nuevas orientaciones y aplicaciones de este derecho, como así sucedió en el caso del zapatismo y el villismo que contribuyeron al advenimiento de cierta legislación agraria social. O como acontece en la coyuntura actual con los pronunciamientos y normas que rigen la vida de las comunidades zapatistas en el Estado de Chiapas, así como los acuerdos de San Andrés Larráizar, instrumento que formula la restitución agraria de los pueblos Indios de México. Otro elemento que es importante destacar en el ámbito del derecho agrario reivindicativo, es el de la costumbre jurídica de los pueblos indios, entendida ésta como una práctica consensual que surge de las propias comunidades y con la cual se han recuperado múltiples derechos agrarios de dichos pueblos, además de constituir el sistema jurídico que con autonomía rige la vida de los pueblos indios. 3. Nuestra explicación del derecho agrario a) DE LA DENOMINACIÓN Originalmente se ha pensado que al derecho agrario tan sólo le corresponde el estudio del régimen de la propiedad agraria, o en su caso, de la llamada tenencia de la tierra. HACIA UNA EXPLICACIÓN CONCEPTUAL DEL DERECHO AGRARIO 27 ue ba fin al Po rrú a El término agrario proviene del latín “agger” que significa “relativo al campo”, en sentido estricto la utilización del concepto agrario correspondería, más bien, a la identificación de un objeto de estudio más complejo que la simple ubicación de lo agrario en formas de tenencia rural; al respecto concebimos que, dada la diversidad de relaciones sociales, de producción y jurídicas existentes en el campo, es más correcto hablar de Derecho Rural. Con ello identificamos que este derecho se “desdobla” en diversidad de regulaciones jurídicas, que tienen que ver, por ejemplo, con: — La agroindustria — La acuacultura — La silvicultura — La biotecnología — La minería — La piscicultura — La cunicultura — La apicultura — La avicultura — La ganadería — La bioprospección — La ecología — La investigación rural — La administración rural — La economía agrícola — La Cosmovisión de las 64 etnias de México — Etcétera Pr Bajo esta idea identificamos al derecho rural como un todo complejo que en su comprensión interacciona con otras disciplinas, como lo son, por ejemplo, la sociología rural, la economía agrícola, la antropología social, la etnología, la ciencia política, etcétera. Advirtiendo a un “objeto de estudio transdisciplinario”. b) DE LA DEFINICIÓN (UBICACIÓN ACTUAL) El derecho rural es un conjunto de normas jurídicas, que se encuentran sistematizadas, jerarquizadas y clasificadas; además, de principios jurídicos, de costumbres, de jurisprudencia y doctrinas agrarias que justifican, explican, o legitiman las relaciones de propiedad, de producción, de posesión, y de distribución de la riqueza que históricamente se ha generado en el agro mexicano, así como también el control y hegemonía que las distintas clases y núcleos humanos ejercen sobre la tierra, el territorio y sus recursos. 28 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO Para comprender nuestra adecuación del derecho rural, se desglosan a continuación cada una de las partes que lo integran, ubicándolo por supuesto en su proyección contemporánea. Pr ue ba fin al Po rrú a a. Conjunto de normas rurales jerárquicamente establecidas Se parte del criterio de sistema positivo jurídico que establece órdenes de importancia de la norma, que van de lo general a lo particular, y que se organizan en el fundamento federal del régimen jurídico mexicano, el cual reconoce, además, a los ámbitos estadual y municipal de aplicación de la normatividad rural. La base del sistema nacional rural contemporáneo se encuentra en el artículo 27 constitucional, precepto que delimita la naturaleza jurídica de la propiedad agraria en México. Siendo de igual manera coadyuvatorios con este precepto, entre otros, los artículos: 28, que se refiere al manejo, planeación y ordenamiento de los recursos naturales; el 42, que define las partes integrantes del territorio, y el 133, que vincula al derecho internacional con el derecho rural a partir del criterio del derecho de los tratados, como así acontece en la actualidad con el Tratado Trilateral de Libre Comercio (TTLC), en su apartado en materia agropecuaria, silvícola, agrocomercial y otros. Este nivel constitucional se reglamenta en un conjunto de leyes federales, como lo son: • Ley Agraria • Ley de Asociaciones Agrícolas • Ley de Amparo Reglamentaria de los Artículos 103 y 107 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos • Ley Orgánica de la Administración Pública Federal • Ley de Asociaciones Ganaderas • Ley de Expropiación • Ley que Crea el Fondo de Garantía y Fomento para la Agricultura, Ganadería y Avicultura • Ley Federal de Reforma Agraria, aplicable en algunos aspectos • Ley Federal sobre Monumentos y Zonas Arqueológicos, Artísticos e Históricos • Ley de Pesca • Ley Minera • Ley de Sociedades de Solidaridad Social • Ley de Información, Estadística y Geografía • Ley de Fomento Agropecuario (aplicable en algunos aspectos) • Ley Federal de Metrología • Ley General de Bienes Nacionales • Ley Federal de Responsabilidades de los Servidores Públicos HACIA UNA EXPLICACIÓN CONCEPTUAL DEL DERECHO AGRARIO 29 rrú a • Ley de Planeación • Ley Federal de las Entidades Paraestatales • Ley del Diario Oficial de la Federación y Gacetas Gubernamentales • Ley Orgánica del Poder Judicial de la Federación • Ley de Distritos de Desarrollo Rural • Ley General de Equilibrio Ecológico y Protección al Medio Ambiente • Ley Orgánica de los Tribunales Agrarios • Ley de Aguas Nacionales • Ley Forestal • Ley General de Asentamientos Humanos • Ley General de Sociedades Cooperativas • Ley Federal de Procedimiento Administrativo • Ley Reglamentaria de las Fracciones I y II del Artículo 105 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos Pr ue ba fin al Po De este conjunto de leyes se desprende un conjunto de reglamentos. Por otro lado encontramos también a los códigos federales que son supletorios en materia rural: • Código Civil para el Distrito Federal, en Materia Común y para toda la República en Materia Federal • Código Penal para el Distrito Federal • Código Penal Federal • Código Federal de Procedimientos Penales • Código Federal de Procedimientos Civiles • Código Fiscal de la Federación En el segundo ámbito de la jerarquización del derecho rural se sitúa el que corresponde a cada una de las entidades federativas, contemplando sus constituciones estaduales, cada una de las cuales contiene un capítulo específico relativo al derecho rural, así como sus propios ordenamientos agrarios, que regulan a cada una de las entidades. Y por último, en la escala más baja de la jerarquización del orden jurídico agrario, encontramos a las disposiciones municipales, circulares y otras de carácter administrativo. b. La clasificación del derecho rural Contrario sensu a la idea de encontrar en el Derecho rural una visión monolítica, es decir, aquella que solamente comprende a la normatividad relativa a la tenencia de la tierra, reconocemos la existencia de una 30 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO Pr ue ba fin al Po rrú a diversidad de ramas del derecho rural que le son vinculantes y coadyuvatorias, al respecto encontramos entre otros: — El Derecho agropecuario, que corresponde al conjunto de normas jurídicas, principios, costumbres y doctrina que regulan, explican y legitiman el conjunto de relaciones jurídicas que se desarrollan en el marco de las actividades agropecuarias. — El Derecho forestal, que concierne a la regulación jurídica de las actividades silvícolas. — El Derecho hidráulico o de las aguas, entendido como un conjunto de normas jurídicas, principios, costumbres y doctrinas rurales que regulan, explican y legitiman a las relaciones sociales cuyo fin es el de las actividades hidráulicas. — El Derecho ambiental, que regula las relaciones entre el ser humano y la naturaleza, buscando un punto de equilibrio entre el crecimiento y desarrollo social y el menor impacto a las cadenas ecológicas. — El Derecho minero, que corresponde al conjunto de normas, y otros aspectos que regulan las actividades de los particulares en la producción minera, frente al Estado. — El Derecho agroindustrial, como conjunto de normas, tratados, principios, costumbres y otros que regulan las actividades que en materia agroindustrial desarrollan los grandes grupos económicos (empresas transnacionales, bloques económicos). — Derecho cooperativo rural y asociacionismo agrario, conjunto de normas, principios y otros que regulan las formas de organización rural, especialmente los que corresponden a los jornaleros, trabajadores agrícolas y campesinos. — Derechos de los pueblos indios, que se refiere al conjunto de normas, principios, costumbres y jurisprudencia que regulan las relaciones sociales en que se desenvuelven los pueblos indios, como sujetos trascendentes en la historia rural de México. — Derecho de los recursos naturales, conjunto de normas, principios, jurisprudencia y costumbres que regulan la actividad de los particulares en materia de uso, goce, disfrute y apropiación de los recursos naturales, como lo son las selvas, los bosques y otros. — Derecho procesal agrario, derecho adjetivo agrario que establece las bases de la magistratura agraria, su funcionamiento y el desarrollo del derecho de acción en materia rural por parte de los particulares. — Derecho comparado agrario, que se refiere al conocimiento científico de los diversos sistemas de derecho rural, tanto en el ámbito regional latinoamericano, como mundial. HACIA UNA EXPLICACIÓN CONCEPTUAL DEL DERECHO AGRARIO 31 Pr ue ba fin al Po rrú a c. Algunas de las disciplinas que advierten el carácter transdisciplinario del derecho rural — La Filosofía, ciencia que permite establecer los fundamentos más generales de creación del derecho, de su significado e interpretación y esencia. En particular en materia de derecho agrario es significativo el conocimiento filosófico, en virtud de identificar la aplicación del derecho bajo una concepción teleológica de la norma, reconociendo los fines éticos y racionales en que se desenvuelve el ser humano y en cuyo caso acude un sentido reivindicador en el derecho agrario por cuanto advertir a sujetos sociales en desventaja, como lo son los económicamente débiles. — La semiótica jurídica, que permite reconocer los sistemas lingüísticos que han operado en la construcción del derecho rural, es decir, en su legislación, su jurisprudencia, costumbres, etcétera. Identificando a sujetos agrarios que han construido otros códigos lingüísticos, los cuales pueden no corresponder a los del Estado, como así acontece en la elaboración de los sistemas de derechos de los pueblos indios de México. — La hermenéutica jurídica, a efecto de identificar al texto jurídico agrario en el momento histórico en que se generó, advirtiendo los afanes e intereses que inspiran a los “constructores del derecho rural”. — La sociología rural, con el objeto de establecer el conjunto de relaciones sociales que desarrollan los distintos actores y sujetos sociales y su vínculo con los medios de producción rurales. — La antropología jurídica, y dentro de ésta la etnología que permite reconocer la diversidad cultural existente en México, por la existencia de sesenta y cuatro grupos étnicos que han desarrollado sus propios sistemas costumbristas de derecho y dentro de ellos su respectiva normatividad rural. — La economía agrícola, que permite identificar los diversos procesos de producción, distribución y consumo que se generan en el campo, y su vínculo con el desarrollo nacional y el crecimiento agrícola. — La ciencia política, que nos introduce al marco de las relaciones de poder y su devenir histórico, en donde el fenómeno del Estado y sus factores concomitantes se ligan en la realización del Derecho. — La geografía, como el análisis de la relación del ser humano con el espacio y su entorno en un tiempo históricamente determinado. — La historia, que identifica el contexto en que ha evolucionado y transitado el régimen de producción, propiedad y de posesión de la tierra. 32 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO Pr ue ba fin al Po rrú a d. De los procesos de creación de la norma jurídica rural El sistema de derecho rural mexicano se reproduce en primer término a partir de la legislación, es decir, del proceso de creación de normas que desarrollan los órganos facultados del Estado, como lo son: el Congreso de la Unión, el Ejecutivo Federal, los ejecutivos estaduales y los congresos estatales (Cámara de Diputados), siendo esta fuente la más significativa en el ámbito del derecho mexicano, por haber dado el Estado preeminencia al derecho escrito, sin embargo, a diferencia de otras ramas del derecho, nuestra materia ha desarrollado de forma trascendente una amplísima jurisprudencia agraria, tarea que hoy además de efectuar la Suprema Corte de Justicia de la Nación, realiza el Tribunal Superior Agrario en virtud de la reforma salinista del 6 de Enero de 1992, circunstancia sin precedente en el marco de sistema judicial mexicano, aspecto que debatiremos más adelante en el marco de este trabajo. Otro de los ámbitos forjadores del derecho rural mexicano es el que compete a la ya citada costumbre jurídica de los pueblos indios, que permite advertir un sentido de diversidad cultural, contrario sensu a los cánones positivistas, que tan sólo pretenden reconocer a la costumbre hegemónica como posible fuente creadora del derecho. Al referirnos al concepto cultura advertimos concepciones diferenciadas de juridicidad en las que la tierra, el territorio, sus productos, los recursos naturales, etcétera, pueden en muchos casos diferenciarse de la concepción capitalista, conforme a la cual el medio circundante es concebido necesaria e inexorablemente como mercancía para las culturas étnicas de México, en múltiples casos la naturaleza, la tierra y sus recursos, son sagrados y en consecuencia no susceptibles de ser apropiados, más bien los indios se sienten pertenecer a la tierra, y no que la tierra les pertenezca. Concepción difícil de captar para las mentalidades globalifílicas. Y finalmente encontramos a la doctrina agraria, y a los principios generales del derecho. La primera con grandes limitaciones, dada la multicitada crisis en que se enmarcan los estudios del derecho rural y agrario, lo cual desde luego, reclama el advenimiento de nuevos estudios rurales, y la segunda, cuya orientación depende de la ética de quienes aplican las determinaciones, ya sean judiciales, administrativas, conciliatorias, etcétera, en materia de derecho rural, aspecto que también sugiere que quienes administren y apliquen dicho derecho se funden en la razón y el sentido teleológico de justicia que acude al derecho rural. Los principios de la juridicidad agraria no pueden ceñirse al simple marco de la verdad formal del código escrito, sino que deben de constituir una auténtica búsqueda de la verdad real, aquella que se aplica objetivamente. II. EL ORIGEN DEL PROBLEMA AGRARIO Y EL DERECHO RURAL EN MESOAMÉRICA A. LOS PRIMEROS SERES HUMANOS EN EL CONTINENTE LATINOAMERICANO Pr ue ba fin al Po rrú a Según las teorías científicas, el continente americano comenzó a ser poblado hace aproximadamente treinta y cinco mil años. La Paleontología y la Geología establecen que debido a los cambios morfológicos habidos en Asia, distintos grupos tribales se vieron obligados a emigrar hacia nuevos territorios que les permitieran el desarrollo de su sobrevivencia. La relación del hombre americano con la naturaleza fue lo que determinó el surgimiento del problema agrario de México. El control del espacio físico —la tierra— y sus recursos fueron determinantes para el desarrollo del hombre tribal. Los vestigios históricos como fuentes directas que han sido localizados al sur de Canadá, en Alaska y en el noreste de los Estados Unidos, nos permiten establecer que las fuerzas productivas de este periodo, constituyen el comunismo primitivo en nuestro continente.1 En el cuadro número 1 podemos observar, las periodificaciones habidas en Mesoamérica. En lo que corresponde a Mesoamérica y en particular al Valle de México, encontramos que los fósiles humanos más antiguos datan aproximadamente de hace veinte mil y trece mil años (restos de Tlapacoya y hombre del Metro en la Ciudad de México) respectivamente. 1 La caracterización de la sociedad primitiva en México alude a los núcleos nómadas que habitaron el noroeste de nuestro país. A este respecto, Piña Chan menciona que básicamente en Baja California y Sonora existían vestigios diversos que permiten adecuar al comunismo primitivo. Eduardo Noguera establece la siguiente clasificación: a) Grupo de cazadores 10,000 a 9,000 años a. de n. e. b) Grupo de recolectores 8,000 a 5,000 años a. de n. e. c) Grupo de la costa (concheros) 5,000 a 2,000 años a. de n. e. d) Grupo de recolectores tipo desierto. 2,000 a. de n. e. a 500 años de n. e. 500 a 800 años de n. e. e) Cultura las palmas f) Cultura comandú 800 a 1450 años de n. e. Cf. Noguera, Eduardo, Los señoríos y estados militaristas, INAH-SEP, México, 1979, pp. 22 y 23; véase cuadro 1. 33 34 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO Mesoamérica fue el territorio que limitaba al norte con los ríos Sinaloa y Pánuco; al occidente con el Lerma; al oriente con el Tula y Moctezuma; al sur con las repúblicas de El Salvador y Honduras, y al noroeste con Nicaragua y Costa Rica. Dentro del área total de Mesoamérica se encuentra el altiplano central o cuenca de Anáhuac, región caracterizada por condiciones ecológicas específicas y con un desarrollo cultural relativamente homogéneo.2 Cuadro 1 Periodificaciones de la historia mesoamericana Spiden Caso Salvajismo Prearcaico Prehistórico Prehistórico Arcaico Cerámico de la época arcaica Arcaico Steward Armillas Culturas primitivas Preagrícola Preagrícola al Clásico tolteca histórico ue ba Clásico histórico Formativo Lítica antigua Principios de agricultura básica Evolutivo Proto-agrícola Pre-formabásico tivo Evolutivo regional Civilizaciones Floreciente Civilizaciones Clásico completaregional mesoameri post-clásico mente indecanas y pendientes andinas fin Del Post-arcaico crecimiento Philipe y Willey Po Culturas medias Barbarie Civilización Vaillant rrú Bernal a Morgan Imperio y Conquistas Pr Cf. Periodificaciones, Bartra, Roger, Nueva Antropología, Año III, núm. 12, México 1979, p. 81. Las tribus y hordas cazaban mamíferos como el caribú, el mastodonte, el mamut y otro tipo de fauna. Fue el periodo del llamado paleoamerindio en el que sus antiguos pobladores fueron tanto recolectores como cazadores, circunstancia que determinó la existencia del nomadismo. Como en otros ámbitos de la tierra, el hombre americano dependió de los recursos naturales de cada región para cubrir sus necesidades buscándolos por todo su territorio. Esta situación prevaleciente durante miles de años, agregada a otros factores, obligó al hombre a un organizado nomadismo con su calendario propio, y a un medido desplazamiento de un sitio a otro de acuerdo con la abundancia y la renovación de los recursos. 2 Cf. Kirchoff, Paul, Mesoamérica, sus límites geográficos y caracteres culturales, cit. en Rivera Marín, Guadalupe, La propiedad territorial en México Siglo XXI, México, 1989, p. 15. EL ORIGEN DEL PROBLEMA AGRARIO Y EL DERECHO RURAL EN MESOAMÉRICA 35 Independientemente de la búsqueda diaria de productos alimenticios por medio de la recolección, de la caza y de la pesca, el hombre tuvo necesidad de aprovisionarse continuamente de ciertas materias primas para la elaboración de herramientas, armas, vestido y abrigo, de utensilios domésticos, artículos suntuarios y religiosos, medicinales y para brujería y magia.3 El desarrollo de la formación social primitiva permitió el advenimiento de las artes y de nuevas actividades. Aparece la curtiduría, los objetos religiosos, la talabartería, la jarciaría, etcétera, puesto que así se ha podido comprobar con los hallazgos de restos prehistóricos que se extienden desde Alaska hasta los confines más recónditos del Cono Sur del continente. fin al Po rrú a Los grupos y las tribus, con conocimientos empíricos de diversa naturaleza, producto de la acumulación de experiencias adquiridas durante cientos de años, formas de hábitos y costumbres de los animales, pájaros e insectos, conocimiento anatómico para desollar los animales y aprovechar las partes comestibles, así como el uso del esqueleto y la piel. Conocían las épocas del año más favorables para la recolección de alimentos y materias primas y para la selección de hierbas medicinales. Estos conocimientos estaban ligados a las estaciones, climas y fenómenos como las lluvias, las heladas, la nieve, el granizo, el frío y el calor intensos, las tormentas, el rayo, el relámpago, el viento huracanado, las trombas.4 Pr ue ba En la supervivencia y evolución del hombre americano operó un cambio cualitativo muy importante, el cual estuvo determinado por el surgimiento de la agricultura, dicho fenómeno provocó la transformación de los grupos y tribus nómadas, en civilizaciones sedentarias. El hombre sedentario hizo suyo el descubrimiento de la agricultura y de la domesticación de animales, transformaciones que provocaron el surgimiento y desarrollo del problema agrario de México. Problema que se explica a partir de la relación del hombre mesoamericano y el dominio y propiedad que ejerce sobre un territorio determinado. Conforme a los estudios desarrollados por Richard MacNeish en los Valles de Tehuacán, se calcula que la agricultura apareció en Mesoamérica aproximadamente hacia el año 3,200 a. de n.e.5 El argumento principal de MacNeish radica en señalar la avanzada tecnología artesanal que sumada a los conocimientos de botánica sobre innumerables plantas favorecieron la domesticación del maíz, del 3 Rubín, Arte popular precolombino, Fondo de Cultura Económica, México, 1972, p. 15. 4 Ibid, p. 32. 5 MacNeish, Richard, La prehistoria de los valles de Tehuacán, 2 vols., Universidad de Texas, Austin 1967, p. 63. 36 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO algodón, del añil, de los agaves, etcétera, lo cual dio paso a un avance de las fuerzas productivas con la aparición de la agricultura. a En el Valle de Tehuacán se palpa ya la presencia de grupos humanos que habitan en forma sedentaria, ocupando casas semisubterráneas, alineadas en una terraza y en el borde de un río, respectivamente; son estos los primeros grupos sedentarios de que se tiene noticia en México, y es justamente en el Valle de Tehuacán donde aparecen. En esa época el 20% de su dieta alimenticia corresponde a los productos de sus plantas cultivadas. Entre las plantas que ya habían sido domesticadas y eran cultivadas se encuentra: una clase de chile, Capsicum annum; una clase de alegría, Amaranthus sp.; una clase de aguacate, Persea americana; dos especies de calabaza, Cucurbita mixta y Cucurbita moschata; tres variedades de maíz, Zea mays, cultivado temprano, Zea mays tripsacoide temprano, Zea mays, naltel, chapalote; dos especies de Zapote; dos especies de frijol; etcétera.6 Pr ue ba fin al Po rrú Para el año 2,300 a. de n.e. el fenómeno de la agricultura había provocado que se distribuyeran por todo Mesoamérica las plantas comestibles domésticas, lo cual constituyó la base para la edificación de nuevas relaciones sociales en el campo. Las nuevas relaciones que desarrolló la agricultura florecieron en aquellas zonas que brindaban las mejores condiciones. Así, los valles y las regiones con clima templado y de mejor precipitación pluvial se convirtieron en la sede de las tribus primitivas. En estos lugares se construyeron chozas que se encontraban muy cercanas a las milpas.7 Las condiciones de los caseríos primitivos permitían que una vez agotado el humus (materia orgánica) se trasladaran de nueva cuenta a otro lugar, esto ha sido conocido como la agricultura trashumante. La relación originaria del hombre americano con la tierra implica una libre apropiación de este medio de producción sin existir violencia o despojo (Cf. Cuadro 2 “Síntesis esquemática de la evolución social”). Esta misma relación determinó el surgimiento de la familia campesina la cual mantuvo relaciones comunitarias para abastecerse de lo necesario, lo que llevó a que existieran relaciones de poder sui generis, ubicadas entre los que mandan y quienes obedecen. Mientras la mayor parte de los grupos étnicos y comunidades que habitaron Mesoamérica se mantuvieron en el mismo nivel de organización social, la tierra se explotó comunalmente; no dio lugar a acumula6 Cf. Sanders, William et al., Historia de la agricultura, época prehispánica, siglo XVI, INAH, México, 1985. 7 Del náhuatl Mill-milpan: campo cultivado, tierra labrada; milpan en el campo; milpancalli, casa de campo; milpan ni-ca o ni-nemi, estar en el campo o vivir en el campo. Cf. Remi, Simeón, Diccionario de lengua náhuatl, 10a. ed., Editorial Siglo XXI, México, 1992. EL ORIGEN DEL PROBLEMA AGRARIO Y EL DERECHO RURAL EN MESOAMÉRICA 37 fin al Po rrú a ciones excesivas y las diferencias sociales entre los individuos no fueron demasiado grandes. Sin embargo, esta edad dorada de las comunidades campesinas fue constantemente quebrantada por el surgimiento de grupos no campesinos o de sectores desprendidos de esa comunidad, que al evolucionar más rápidamente que aquéllos lograron dominarlos e imponer otro orden social. En distinto tiempo y lugar, pero siempre en forma progresiva, las comunidades campesinas fueron sometidas y gobernadas por grupos religiosos o militares que, sin modificar radicalmente la estructura agraria sobre la que descansaban, la orientaron hacia otros fines. Bajo las teocracias o los gobiernos y confederaciones militares, la comunidad campesina siguió siendo la misma, pero el producto de su trabajo y los excedentes de su economía ya no beneficiaron directa y principalmente a los campesinos sino a sus dominadores.8 Las relaciones sociales que provienen de la agricultura dieron lugar a la lucha por el poder, por el control de unas tribus hacia otras. Surge así la guerra con objetivos de conquista. Con el sedentarismo, la agricultura y la lucha por el poder, surgieron las grandes civilizaciones o “imperios” prehispánicos, como lo fueron: el maya, tolteca, olmeca, mixteco, zapoteca y azteca, entre otros, y florecieron diversidad de culturas que más bien se vincularon, vía tributo, a los centros de poder (centro, occidente, golfo y sur de la actual República Mexicana). Pr Primer periodo de desintegración ue ba Cuadro 2 Síntesis esquemática de la evolución social Primera gran división del trabajo Clases agricultoras y pastoriles Segundo periodo de desintegración Forma antigua clásica o greco-romana Tercer periodo de desintegración Propiedad privada de Aparecen formas de esclavismo los medios de proSe forma a la aristoducción cracia militar Economía familiar Se crean formas no sanguíneas de dependencia Forma germánica Propiedad privada sobre la tierra Modo de producción asiático No se separan los oficios Surge el Estado desNo hay propiedad pripótico vada sobre la tierra 8 Florescano, Enrique, Origen y desarrollo de los problemas agrarios de México, Ediciones Era, México, 1986, p. 14. 38 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO Pr ue ba fin al Po rrú a México ha sido un mosaico de ambientes físicos y culturas heterogéneas cuyo territorio conjuga una diversidad climatológica y geológica con variadas regiones fisiográficas y ecológicas, las que en gran medida determinaron las condiciones materiales de existencia de los grupos étnicos. Así encontramos regiones que van desde planicies calcáreas hasta zonas pantanosas. En la actual península de Yucatán y los estados de Campeche, Chiapas, Tabasco y Quintana Roo, habitó la cultura maya, cuya población trabajadora construyó ciudades como Uxmal, Edzna, Yaxchilán, Bonampak, Comalcalco y Palenque, entre otras. En lo que actualmente es el estado de Oaxaca, florecieron la cultura zapoteca y la mixteca, que se desarrollaron en los valles centrales y la sierra, creando ciudades como: Monte Albán, Quiotepec, Etla, Cuitlapan, Zaachila, Tilantongo, Coixtlahuaca, Mitla y Tututepec. Allí también se asentaron otros grupos relacionados con estas culturas como: los huaves, amuzgos, triques, mixes, cuicatecos, mazatecos y chinantecos, quienes a pesar de la Conquista todavía sobreviven. Desde el sur de Veracruz hasta las planicies de Tabasco se asentaron los olmecas, quienes fundaron centros ceremoniales como San Lorenzo, Tres Zapotes, Cerro de las Mesas y La Venta. En la franja costera del centro de Veracruz floreció la cultura totonaca. En el altiplano o mesa central se desarrollaron teotihuacanos, purépechas, cholultecas, colimenses, etcétera. En Tula, Hidalgo, se originó la cultura tolteca y en el centro se desarrolló la cultura mexicana (mexitin). Manuel Orozco y Berra calculó en más de 400 culturas la diversidad de poblaciones existentes en el México prehispánico (Cf. Apéndice 1). El contexto histórico en que se desenvolvieron estos señoríos fue el de una “comunidad aglutinante”, que dominó a diversidad de pueblos a los que mantenía como tributarios.9 En algunos casos los “señoríos” no despojaron de sus tierras a las comunidades, sin embargo, existieron núcleos campesinos que militarmente fueron sometidos para que sus tierras pasaran a manos de los sacerdotes o guerreros, surgiendo así nuevas formas de tenencia de la tierra. La historia prehispánica del siglo IX en adelante constituye una permanente sucesión de avances y conquistas militares, protagonizadas por las tribus procedentes del norte, las que en enfrentamientos constantes lograron dominar a 9 Durante largo tiempo prevaleció la idea, surgida de los estudios de Bandelier, e incorporada por Morgan (1877) a su esquema clasificatorio de la evolución, según el cual México se consideraba en la etapa de la barbarie y no había alcanzado la civilización al momento de ser descubierto por los europeos. Palerm señala… “Según estas actitudes no había verdaderas ciudades, sino centros ceremoniales, este término se aplicaba con idéntica inconsistencia a Teotihuacán o Cholula, lo mismo que a Tula y Tikal. No existían estados organizados, sino confederaciones tribales concebidos según el modelo morganista de la liga iroquesa”. EL ORIGEN DEL PROBLEMA AGRARIO Y EL DERECHO RURAL EN MESOAMÉRICA 39 rrú a núcleos tanto nómadas como sedentarios del centro y sur del país, lo cual a la postre permitió su larga estadía en el territorio ocupado. Con el advenimiento de los señoríos se establecen las primeras regionalizaciones. Siguiendo a Foucault, el término región derivaría de la práctica militar que denota un territorio ocupado bajo administración de conquista10 Hacia el siglo XIII se desarrollan dos poderes que alcanzan considerable esplendor. Uno estaba situado al sur de los lagos y floreció gracias a la presencia de numerosa gente de origen tolteca. Se trata del célebre Culhuacán. El otro era un señorío que se encontraba formado por gente de la más diversa filiación étnica. Dotados de sentido guerrero y administrativo, logró mayor poderío que sus vecinos del sur. Se trata de Azcapotzalco. De acuerdo con las aportaciones (códices-libros de pinturas) de los aztecas, se señala al año 1325 como la fecha en la que se asentó esta tribu en un islote del lago de Texcoco. Al respecto León Portilla menciona: ba fin al Po A mediados del siglo XIII, penetró en el valle de México el último de los muchos pueblos nómadas que había llegado del norte al pasar cerca de las ciudades-estado donde ya florecía la cultura. Se les rechazaba con violencia como a forasteros indeseables. Es cierto que hablaban la misma lengua que los antiguos toltecas, pero carecían de buena parte de su cultura. Como dice un viejo texto indígena, en realidad nadie conocía su rostro. Esos nómadas eran precisamente los aztecas o mexicas, que traían consigo como única herencia una fuerza de voluntad indomeñable.11 Pr ue Este fue el origen del gran señorío Azteca, el que a la larga tendría una influencia hasta las tierras del Golfo de México y hacia el sur hasta lo que actualmente son lugares recónditos de Guatemala y, según algunas relaciones geográficas, hacia el istmo de Panamá (Cf. mapa 1). A diferencia de la tradición “romántica” del supuesto surgimiento del “Estado Azteca”, Brigitte Boehm de Lamerias señala: El proceso (que dio paso al surgimiento del Estado) debió haber sido de trabajo acumulado, tanto transformando la naturaleza, como adquiriendo experiencia y calificación en la ejecución de proyectos, algunos fallidos, otros exitosos. Con la apertura de nuevas tierras, conquistas, rebeliones, represiones y secesiones, fracasos y logros, algunos ascendieron en la escala del poder… así se transformó la sociedad y los grupos que la componían, entre ellos los mexictin12 (Cf. Cuadro 3 periodizaciones según Román Piña Chan). 10 Foucault, Michel, Microfísica del poder, Ediciones de La Piqueta, Madrid, 1979, p. 116. 11 León Portilla, Miguel, La visión de los vencidos, UNAM, México, 1985, p. 175. 12 Boehm de Lamerias, Brigitte, Formación del Estado en el México prehistórico, El Colegio de Michoacán, México, 1985, p. 24. Cuadro 3 Periodificaciones de la historia mesoamericana, según Román Piña Chan ÉPOCA DE APROPIACIÓN DE ALIMENTOS PERÍODOS ÉPOCA DE LA PRODUCCIÓN Recolectores y cazadores nómadas Fechas relativas Comunidades sedentarias Agrícolas Protoagrícolas incipientes Preagrícolas Agrícolas incipientes Agrícolas y pescadores aldeanos 1500 Señoríos y metrópolis imperialistas 1400 1300 Ciudades y señoríos urbanos 1200 Po 400 300 Preagrícola al fin ba ue La Perra Abejas Chicoloapan Nogales Coxcatlán Sta. Marta II Ocampo El Riego Aztahuacán Infiernillo Sta. Marta I 8000 9000 10000 12000 14000 16000 6000 Almagre Pr 7000 5000 Protoagrícola Tequisquiac Iztapan Tepexpan Lerma Agrícola incipiente 900 1000 1100 1200 1300 1400 1500 1600 1800 2000 2200 2400 2600 2800 3000 4000 Diablo Ajuereado C. Espantosa Agrícola aldeano 500 600 700 800 Tlapacoya Aldeas y centros ceremoniales 200 100 0 100 200 300 400 Mocret Temprano 500 Purrón / Ajalpan 600 Laguna / Eslabones / La Salta / Los Ángeles rrú 700 Centros y ciudades urbanos Mazapan a 800 El Arbolito 1-2 Tloatilco 1-2-3 Ojochi / Bajio-Chicharras Olmeca / La Venta Ticomá 1-2-3 Pavón / Ponce El Trapiche / Remojadas Inferior Tierras Largas / San José Morgote / Guadalupe Barra / Ocos / Cuadros / Jocotal Catorra / Dil Cende Mani / Ecab / Cepul-Mamon 900 Calimaya 1100 DE ALIMENTOS Pueblos y estados militaristas Pueblos y Estados Teocráticos Escritura, códices, literatura, poesía. Medicina y farmacopea herbolaria. Templos gemelos, acueducto, plumaria. Conquista, tributos, leyes, órdenes militares. Comercio organizado, metalurgia, mercados. Cerámica plomiza, anaranjada fina y mazapa. Coatepantlis, tzompantlis; templos circulares, arte militarista, colosos; cahmoles. Inicio de las conquistas y tributos. Estilo artístico maya-yucateco. Culto a Quetzalcóatl y difusión. Apogeo de ciudades tipo Puuc y Chenes. Yugos, palmas, hachas, figurillas sonrientes. Astronomía, matemáticas, calendario, estelas, tablero teotihuacano, doble escapularios, nichos, cerámica policroma, naranja delgado, fresco, arquitectura, escultura y pintura mural. Ciudades y centros teocráticos. rrú a Toltecas de Tula Mexicas Mixtecos Tarascos Mauyas-Yucatecas Teotenango-Matlatzincas Totonacas al fin ba Pr ue Tlapacoya III. Cuicuilco. San Lorenzo Nacaste. Teotihuacan. Olmeca II / La Venta II. Pánuco. Aguilar / Chila. Monte Albán I / Monte Albán II. Monte Negro / Huamelulpan Tiltepec / Escalera / Francesa / Guanacate-Horcones. Tihosuco / Chakan. Chicanel / Matzanel. Po Los Ortices Tuxcacueso Tzacualli / Micaotli / Tlamimilolpan / Metepec. Teotihuacan II / Teotihuacan III / IV / Coyotlaltelco. Pánuco II. El Prisco / Pánuco II-Pitahayas / Pánuco IV-Zahuil / Pánuco V-Las Flores-Pánuco VI. Loma Largo / Monte Albán IIIA-IIIB / Monte Albán IV / Monte Albán IV / Monte Albán V. Chachoapan / Yatachio / Yucuñudahui / Genealogías Mixtecas. Itsmo / Jiquipilas / Laguna / Maravillas / Panedon / Ruiz / Suchiapa / Tuxtla / Urbina. Cochuah / Molut / Cehpech / Sotuta / Hocaba / Tases / Chikinchal. Tzakol 1 a 3 / Tepeu 1 a 3 / Cholula Ultimo Xochicalco. Cempoala Centros y ciudades urbanos Coralillo / Toliman Aldeas y centros ceremoniales Rasgos culturales Ciudades, señoríos y metrópolis imperialistas Inicios del calendario, escritura y numeración. Escultura olmeca y arte pre-maya. Tumbas para personas importantes. Dios viejo del fuego, pre-Tláloc, Cocijo. Cultivo en terraza, sencillos canales de riego. Soportes mamiformes, tipo carrete, asa verdadera. Cerámica con negativo; Rebordes basales. Economía de excedentes; artesanos, sacerdotes. Inicio de la arquitectura; centros ceremoniales. Festividades agrícolas, juego de pelota. Brujos o chamanes, acróbatas, músicos. Magia, toteismo, culto a la tierra y agua. Apogeo de la cerámica y figurillas de barro. Aldeas dispersas o concentradas, autosuficiencia Entierros, telas, petates, sandalias, bolsas. Ocupación de cuevas, viviendas semisubterráneas. Metales, morteros, manos, recipientes de piedra. Maíz, frijol, calabaza, chile, zapotes, etc. Perro. Agricultura incipiente, inicio del tejido. Caza, pesca, recolección, nomadismo estacional. Recolectores especializados, vida en cuevas. Lanzadardo, puntas lerma, etc. Fuego, pieles. Cazadores de mamut, caballo, bisontes, etc. Microbandas, Artefactos indiferenciados. Economía de apropiación o recolecta. Recolectores y cazadores nómadas. 42 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO B. EL SEÑORÍO AZTECA: EL PROBLEMA AGRARIO Y SU DERECHO AGRARIO 1. Introducción ba fin al Po rrú a La historia del problema agrario y del derecho agrario de México, indudablemente se liga a la vida prehispánica mesoamericana, es por ello que en el presente apartado se describen, en primer término, algunos aspectos principales de la socioeconomía existente, para posteriormente establecer una aproximación a la fundamentación jurídico agraria de este periodo. El seguimiento del tema de ninguna forma intenta ser un estudio acabado del derecho agrario prehispánico, ya que son diversas, y en distintos periodos, las culturas que se originaron en el México antiguo, como por ejemplo la tolteca, maya, olmeca, purépecha, etcétera, cada una con su propio horizonte cultural. De ahí que el rastreo que se hace del tema se fundamente en el estudio de caso (el azteca), el cual intenta establecer, por un lado, las circunstancias socioeconómicas y superestructurales que rigieron en el territorio del Anáhuac o mesoamericano, región que se vio influenciada desde el primer cuarto del siglo XIV, por los designios de la cultura azteca. Por otro lado, explicaremos algunos de los aspectos principales de la cultura maya, intentando incursionar a su concepción socio jurídica. ue Mapa 1 Extensión del señorío azteca Pr 6 Guanajuato Querétaro Huejotla 65 Tziauhcoac 5 9 8 9 6 Metztitlán Hidalgo 9 9 Michoacán Malacatepec 6 3 6 9 8Oztoma 4 5 4 5 Cuetzala Guerrero Acapulco 9 9 9 9 Tlatlauhquitepec 5 8Quiahuixtlan Tlaxcala 8 Cempoala Huejotzingo 56 5 1 2 Cholula 6 Yahualtepec 6 9 6 Tepeaca 5 6 9 5 9 5 Cuauhtinchán Tlalcotzauhtitlan Puebla 9 8 5 5 Zacualpa 5 8 5 Ocuapa 9 9 Acatepec 8 9 5 9 7 Yanhuitlan 5 99 9 9 9 9 9 9 9 9 9 9 8 9 Veracruz 5 5 9 9 9 Oaxaca 9 9 Periodo c.1376 – c.1395 c.1396 – c.1417 c.1417 – c.1427 c.1427 – c.1440 c.1440 – c.1469 c.1469 – c.1491 c.1491 – c.1496 c.1496 – c.1502 c.1502 – c.1520 Emperadores 1. Acamapichtli 2. Huitzihuitl 3. Chimalpopoca 4. Izcoatl 5. Moctezuma I 6. Axayacatl 7. Tizoc 8. Ahuitzotl 9. Moctezuma II San Luis Potosí 8 8 9 9 9 9 8 5 Coatzacoalcos 9 9 9 9 8 9 8 89 8Tehuantepec 8 8 EL ORIGEN DEL PROBLEMA AGRARIO Y EL DERECHO RURAL EN MESOAMÉRICA 43 2. Antecedentes fin al Po rrú a La historia del pueblo azteca se remonta al peregrinar de las tribus nahoas, las que tuvieron un asentamiento de importancia en Chicomostoc (límites de Jalisco y Zacatecas). Dentro de los nahoas o nahuatlacas se sabe que fue la tribu de los mexictín13 la que conquistaría lo que actualmente conocemos como México y que se ampliaría a un Señorío que ejerció su poder en todo Mesoamérica. Los mexictín mantuvieron en su peregrinar diversas relaciones interétnicas con los chichimecatls, otomíes y toltecas, entre otros. El surgimiento y florecimiento del señorío Azteca fue producto de la alianza que los mexictín establecieron con los acolhuas, que después derrotarían a los de Azcapotzalco y Culhuacán. Fue así como surgiría lo que algunos autores han denominado como “la triple alianza” (Texcoco-Tenochtitlán-Tlacopan).14 En virtud de la expansión territorial por los ejércitos de la triple alianza, el Valle de Anáhuac quedó dividido en tres diferentes tipos de pueblos sujetos a México-Tenochtitlán. López Austin establece la siguiente clasificación: Pr ue ba I. Sujetos totalmente a México, regía el derecho mexicano: a) Colonias mexicanas; b) Pueblo tlatoani vencido era incorporado a la corte mexicana; c) Territorios sin gobierno autónomo, propiedad del Estado o con derechos de particulares mexicanos, fuera de Tenochtitlán, y d) Antiguos señoríos conquistados, en los que Tenochtitlán colocaba un funcionario para su gobierno. II. Sujetos parcialmente a México. Regía el derecho propio. Pueblos que conservan su Tlaloque pero que admitían calpixques mexicanos para el cobro de tributos fijos pactados. III. Protegidos. Pueblos independientes que en calidad de aliados obsequiaban a Tenochtitlán sin determinación de cantidad, y a los cuales protegía el Estado mexicano.15 13 Mexitli: Nombre dado a Huitzilopotztli, de donde buen número de autores refiere que se originó el nombre de México, 14 Cf. López Austin. Alfredo, La Constitución Real de México Tenochtitlán, UNAM, 1976, pp. 35-36. 15 Cit. en Rivera Marín, Guadalupe, La propiedad territorial en México, Editorial Siglo XXI, México, 1989, p. 22. 44 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO C. LA FORMACIÓN SOCIAL AZTECA 1. La producción Pr ue ba fin al Po rrú a En la sociedad azteca la reproducción de los bienes materiales se encontraba organizada y dirigida por el gobierno. El principal medio de producción lo constituyó la tierra y también el gobierno ejerció dominio sobre éste. La producción que provenía de la agricultura variaba en cantidad y calidad por la influencia del medio ambiente, lo que se encontraba determinado por el tipo de tierra.16 Según la matrícula de tributos del Códice Mendocino, la sociedad azteca tenía como principal centro de poder a Tenochtitlán y a 371 pueblos como tributarios. “Los límites del señorío eran: al sureste de Xoconochco, incluyendo algunos pueblos del hoy estado de Chiapas; por el oriente el Golfo de México; al sur, hasta el río Coatzacoalcos, y al norte, Tuxpan. Por este rumbo, la región de los huastecos; por el oeste se extendía hasta Tula, pero más allá el territorio estaba ocupado por tribus nómadas. Por el oeste y suroeste confinaba con el reino de Michoacán, aunque también figuraba Colima entre los pueblos tributarios y a lo largo de la costa del Pacífico, hacia el oriente hasta volver a Xoconochco”.17 Debido a las condiciones lacustres de la Gran Tenochtitlán, otro medio de producción lo constituyó el agua. Además de los cultivos de temporal, existían los de riego que estaban basados en el aprovechamiento del líquido mediante embalses y acequias. El desarrollo de las fuerzas productivas en la sociedad azteca fue sumamente rudimentario. La agricultura se basó generalmente en el sistema de roza con instrumentos de labranza muy burdos como la coa y el bastón plantador de madera. Los metales no fueron utilizados en la agricultura azteca. En el antiguo México existían diversos sistemas de cultivo de la tierra. El más primitivo fue el sistema de milpa: el campo se roturaba, los arbustos y árboles caídos se dejaban secar, después se quemaban y las cenizas se 16 Engels menciona que: “Una de las condiciones, del modo de producción asiático es el clima y las condiciones geográficas del país”…, Engels, F., Antidürhing, cit. en Bartra, Roger, El modo de producción asiático, Ediciones Era, México, 1969, p. 60. Esto se debe al estancamiento en que se encuentran las fuerzas productivas. 17 Obregón Esquivel, Toribio, Apuntes para la historia del derecho en México, Editorial Porrúa, México, 1985, pp. 158-159. EL ORIGEN DEL PROBLEMA AGRARIO Y EL DERECHO RURAL EN MESOAMÉRICA 45 empleaban como fertilizantes. No existía riego artificial, y por tanto, estaban sujetos por entero a la lluvia.18 Casi la totalidad de utensilios eran de madera o de piedra. En la agricultura empleaban una especie de palo para escarbar llamado huictl o coa, cuya punta era endurecida con fuego (según el testimonio de Armillas, en el occidente de México se empleaban estos palos con punta de cobre); el instrumento para moler maíz, denominado metlatl era de piedra. Los útiles que usaban los artesanos para cincelar constituyen la excepción, pues eran de cobre. fin al Po rrú a Los instrumentos muestran pocas variaciones con relación a los de la cultura media azteca. La coa o estaca para perforar la tierra era el principal instrumento agrícola, y el metate y la mano convirtieron, aún en la actualidad, los granos de maíz en harina. Todavía se empleaban instrumentos de piedra para cortar y moler, y el cobre martillado en frío comenzaba a ser preferido como material para agujas, hachas y adornos. El vidrio volcánico u obsidiana daba tan buenos resultados como la mayoría de sus instrumentos cortantes de metal, en razón de sus aristas agudas y su abundancia. Los tejedores no tenían más instrumentos que el telar primitivo y el malacate, y la cerámica tenía una gran variedad de usos para guardar y preparar la comida. El arco, la tiradera (atlatl), la lanza y la macana eran las armas principales.19 Pr ue ba Entre las obras públicas que se construyeron en Tenochtitlán se encuentran: obras hidráulicas, calzadas y diques o albardones que fueron necesarios para comunicar a ésta con tierras firmes, para protegerla contra las inundaciones y para defender la zona chinampera de sus alrededores, contra las aguas salobres del lago de Texcoco. En la sociedad azteca no existía la propiedad privada sobre la tierra, principal medio de producción, sino que ésta se encontraba administrada por un gobierno central, quien se encargó de distribuirla y de recoger el excedente entregado por los usufructuarios, los ma-cehuales.20 Excedentes que adquirían la forma de tributo.21 18 León Portilla, Miguel, Antología De Teotihuacán a los aztecas. UNAM, México, 1972, p. 461. 19 Ibidem, pp. 434-435. 20 Macehual del náhuatl macehualtzin quiere decir gente del pueblo, gente del común, también se atribuye al habitante del calpulli. 21 Islas, Artemio, El modo de producción en la sociedad azteca. ESE IPN, 1972, México, p. 41. 46 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO Roger Bartra22 polemiza acerca de la existencia o no de la propiedad privada en la sociedad Azteca, al respecto señala: “En las regiones donde los pueblos resistieron la agresión de los aztecas (por ejemplo Azcapotzalco, Coyoacán, Xochimilco), se llegó incluso a repartir las tierras de las comunidades a los nobles y guerreros que se habían distinguido en la lucha, creándose una forma peculiar de propiedad privada”, y continúa: De estas formas públicas de tenencia de la tierra las tres últimas ligadas a una función específica; el culto religioso, la guerra o la vida palaciega. Pr ue ba fin al Po rrú a Pero la primera forma —tlacocatlalli— es de gran interés, pues de lo que se verá es uno de los puntos de partida o el origen de lo que se ha llamado, tal vez con cierta precipitación, “propiedad privada”. El hecho es que el “rey” disponía, en muchos pueblos, de una extensión de tierra que podía utilizar para diversos propósitos; sin embargo no se trataba de propiedad privada del rey. Estas eran justamente las tierras que eran utilizadas para premiar a los que se distinguían, para pagar los ‘salarios’ a los funcionarios del Estado Azteca y en general para mantener a la nobleza… Más adelante cuestiona: … ¿Existió realmente, entonces, propiedad privada de la tierra? Es importante señalar dos peculiaridades de la forma pillalli, la única que podría ser considerada como tal. En primer lugar, estas tierras tienen por origen una cesión real, lo que implica ciertas limitaciones, y por ello no aparecen como libre propiedad individual, ya que el Estado, en cualquier momento, puede ejercer su derecho sobre la tierra. En segundo lugar, los dueños de la tierra, que constituyen una especie de nobleza hereditaria, tienen que contribuir con sus servicios. En la sociedad azteca no existió una clase dominante formada al margen del Estado. A diferencia de la Europa feudal, entre los aztecas el “Estado no constituía la unión política de los grandes propietarios de tierras, sino que por el contrario, sólo a través del Estado y del tlatoani podía surgir una clase de propietarios, la cual —por lo mismo— quedaba indisolublemente ligada al aparato estatal, de la misma forma que el aldeano estaba ligado a su comunidad. En este sentido, el Estado no era más que la comunidad superior, unidad aglutinante del conjunto de comunidades”. Por otro lado, el objetivo de la producción consistió fundamentalmente en valores de uso y no de cambio, pues en cada pueblo —y en los propios calpullis— se producía para el autoconsumo y para la tributación. La masa de la producción aldeana no adquiría el carácter de mercancía. Las comunidades eran básicamente autosufícientes y el plusproducto se convertía casi en su totalidad en tributo, el cual se convertía en mercancía 22 Bartra, Roger, Tributo y tenencia de la tierra en la sociedad azteca, en el modo de producción asiático, Editorial Grijalbo, México, 1972, pp. 36 y ss. EL ORIGEN DEL PROBLEMA AGRARIO Y EL DERECHO RURAL EN MESOAMÉRICA 47 particularmente una vez que llegaba a manos del Estado. Ni siquiera el pago de “salarios” a los nobles —funcionarios— implicaba la utilización de dinero, pues por lo regular recibían su pago en tributos directamente de la corte con los tributos recibidos por el rey. Sólo una porción de los tributos adquiría el carácter de mercancía, pues la mayor parte se dedicaba a resolver directamente las necesidades de la enorme y ramificada burocracia azteca, al mantenimiento de una casta sacerdotal y una casta guerrera improductiva, al sostenimiento de la lujosa vida de los nobles.23 2. Núcleos humanos y relaciones sociales de producción en la sociedad azteca Pr ue ba fin al Po rrú a Definir a los núcleos sociales en el periodo azteca es algo muy complejo, sobre todo por la falta de fuentes directas y por las diversas interpretaciones que se dan a los teuctli o tetecuhtin, macehuales, mayeques, tlacotines, etcétera. Sin embargo, como un primer acercamiento analizamos a estos núcleos en relación al papel que desempeñaban en el proceso productivo y en la organización social del trabajo, así como en el consumo del excedente. La sociedad se dividía en núcleos privilegiados y explotados, dominantes y dominados, así el señorío Azteca tenía la finalidad de defender por la fuerza las condiciones de vida y de poder de la clase dominante frente a la clase explotada.24 El principal dirigente de la clase dominante lo constituía el tlatoani. Era él quien establecía las grandes obras públicas, es decir, la construcción de los palacios (tlatocallalli), templos, monumentos, calzadas, diques, etcétera, todo ello se hacía con base en trabajo de los diferentes pueblos sojuzgados por los aztecas. Además el tlatoani, manejaba el poder político: el gobierno. También como parte de la clase opresora se encontraban los señores supremos conocidos como tlatoques, que eran aquellos que tenían el mando de todas las provincias y pueblos sometidos a su autoridad. Un tercer núcleo que integraba a la clase hegemónica fueron los hijos, nietos y bisnietos de los señores supremos (Cf. Cuadro 4). Los pipiltzin recibían una educación más esmerada (arte de la política —la guerra— y la religión que desarrollaba en el calmecac. Eran propietarios de grandes extensiones de tierras; los pipiltzin fueron quienes ejercieron los 23 Bartra, op. cit., p. 32. 24 Islas, op. cit., p. 25. 48 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO Pr ue ba fin al Po rrú a más elevados cargos en el gobierno azteca como lo fue el de sumo sacerdote, jueces, comandantes de los ejércitos e incluso el de gran señor o tlatoani. Otra fracción de la clase dominante fueron los tequitlato. Ellos eran los representantes del tlatoani en el calpulli y los encargados de vigilar y recoger la tributación. El tequitlato tenía tierras que eran cultivadas por los miembros del calpulli. Como grupos intermedios que vivían del plusproducto encontramos a los guerreros, los calpixques, que eran funcionarios encargados de vigilar la producción de los calpullis y de recoger el tributo y a los sacerdotes, quienes además de las funciones religiosas, estaban encargados de las actividades astrológicas (medición del tiempo, etcétera) y labores educativas. Y finalmente a los pochtecas, o comerciantes. Roger Bartra señala que la clase de los pochtecas desarrollaba actividades con un carácter semioficial, pues comerciaban en gran parte con productos que le proporcionaba el Estado, y la nobleza, y llenaban las necesidades de las clases dominantes mediante el cambio de productos manufacturados por lujosos artículos de difícil obtención en el centro de México. Estaban organizados en un grupo muy cerrado, heredaban la profesión de padres a hijos, vivían en barrios especiales, se casaban entre ellos y eran dirigidos por los pochteca-tlatohque, quienes formaban parte de la nobleza.25 Los explotados de este periodo fueron en primer término: los macehuales, quienes producían la riqueza de la sociedad azteca, estos eran los campesinos que destinaban parte de su trabajo para sus familias (en el calpulli), el resto era un plustrabajo, que como tributo excedente era absorbido por la clase opresora de los pipiltzin. Además, los macehuales participaban en la construcción de las grandes obras públicas y en su caso, cuando era necesario, se integraban al ejército del señorío, lo que formaba parte del tributo en servicio que pagaban al tlatoani. El macehual como gente del calpulli, obtenía su tierra por medio del tlatoani o por herencia. Al cambiar de calpulli, la tierra era conseguida a través de las autoridades del nuevo calpulli, aceptando la obligación de tributar a la clase dominante. Otro núcleo que formó parte de la clase oprimida fue el de los artesanos, cuya producción también estaba controlada por la clase hegemónica. 25 Sachse, Úrsula, “Acerca del problema de la segunda división del trabajo entre los aztecas”, en Arte popular, op. cit., México, 1972, p. 69. EL ORIGEN DEL PROBLEMA AGRARIO Y EL DERECHO RURAL EN MESOAMÉRICA 49 rrú a Clases intermedias: Encargadas de exigir el trabajo Po al Pipiltzin: Hijos, nietos, bisnietos de los Tlatoani, solamente ellos podrían llegar a ser rey. ba Viven de la extracción de plustrabajo a las comunidades, a las que mantienen como usufructuarias. Tecteutzin: Desarrollan labores específicas en cada región en representación del Tlatoani. Tequitlato: Representante del Tlatoani en Calpulli. Clapixque: Funcionarios encargados de vigilar la producción en los Calpulli. Pochtecas: Comerciantes que dependían del Tlatoani. fin Tlatoani: Jefe del gobierno y edificador de las principales obras. ue Sachse clasificó a los artesanos de la siguiente manera: 1. Itzchiuhque: talladores de cuchillos 2. Tpuzteca: cobrero (batidor de cobre) 3. Tepuzpitzque: cobrero (fundidor de cobre) 4. Tlepizque: fundidor 5. Tloatiliani: fundidor de metal 6. Amanteca: artesano de la pluma 7. Amanteca tlacaloque: anudador y encolador de mosaico de plumas 8. Hivicaloque: encolador y fijador de pluma 9. Hivitlacuiloque: pintor de pluma 10. Callaamantca: artesano de la pluma, a domicilio 11. Tecpanamantca: artesano de la pluma, del palacio 12. Calpizcanamantca: artesano de la pluma, de los almacenes 13. Teuchuitlayaque: aurífices doradores 14. Teuquitlapitzque: fundidores de oro 15. Reocuitlatzinque: orfebres 16. Chalchiuhtlatecque: lapidarios 17. Tlachiquini: tallador de piedras preciosas 18. Tlapetlauhque: alisadores 19. Tlaquiloque: pintor, dibujante, escritor de códices Pr CLASES EXPLOTADORAS Tlatoques: Tienen el mando de las provincias y pueblo: son representantes del Tlatoani. Explotan el plusproducto de las comunidades, el cual obtienen a través de especie o tributo Cuadro 4 Clases sociales en la sociedad azteca 50 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO a 20. Cocquichiuhque: alfarero, artesano de la arcilla 21. Quauhtlacuicuique: ebanista, tallador de maderas 22. Tetzotzontque: cantero, que labra piedra 23. Tetlapanque: cantero, sacador de piedra de las canteras 24. Tlaxinque: quauhxinque: carpintero 25. Acalquetzque: constructor de canoas 26. Tlayamanilique: curtidor 27. Cuetlaxvavanque: talabartero 28. Cacoque: zapatero 29. Petlachiuhque: petatero 30. Tolcuehchiuhque: petatero de estera de junco (tule) 31. Yztachiuhque: yztatlaca: salinero (beneficiador de sal) 32. Hiquitque: tejedor 33. Tzahque: hilandero26 ue ba fin al Po rrú En la escala social más baja se encontraba el tlacotin, que fue el “esclavo”, de este periodo. Sin embargo, debe aclararse que este núcleo no ocupó un papel fundamental en las relaciones sociales de producción. El tlacotin se utilizó para el sacrificio. Este sector provenía de las “guerras floridas”, en las que los aztecas los hacían cautivos para el sacrificio a los dioses. Al tlacotin salvado del sacrificio se le conoció como mayeque y éstos eran explotados por los pipiltzin en labores agrícolas (A manera de esquema, en el Cuadro 5 se establece la clasificación de los núcleos dominados durante el periodo azteca). CLASES EXPLOTADAS Pr Cuadro 5 Clases dominadas en la sociedad azteca Macehuales Campesinos usufructuarios del Calpulli, que producen para el autoconsumo y generan un plustrabajo que explota el Tlatoani. Artesanos Se encontraban al servicio de la clase explotadora, existieron aproximadamente treinta y tres clases. Tlacotin Esclavos que se ofrendaban a los dioses. Mayeque Esclavos liberados que se dedicaban a la agricultura. 26 Sachse, Úrsula, op. cit., p. 71. Su representante lo constituía el Calpuleque EL ORIGEN DEL PROBLEMA AGRARIO Y EL DERECHO RURAL EN MESOAMÉRICA 51 3. El tributo en la sociedad azteca Pr ue ba fin al Po rrú a La organización de los pueblos tributarios de los aztecas podemos dividirlos en tres grupos: a) Los pueblos sujetos totalmente a Tenochtitlán, los cuales conservaban a sus gobernantes con intervención del tlatoani azteca y los pueblos protegidos. Los primeros, en donde el derecho tenochca se ejercía plenamente, se constituían en pueblos cuyo gobernante vencido era incorporado a la jerarquía tenochca: al ser sojuzgados, se colocaba un funcionario para gobernar y cuidar que se tributara. b) El segundo grupo recibía calpixques para la recolección de los tributos que le eran fijados y pactados. Bajo el calpixque estaba también, por lo general, la organización de la producción. Constituían pueblos sujetos parcialmente a Tenochtitlán, aunque con derecho propio en ejercicio. Al parecer, esta forma de organización era lo más común para los pueblos sojuzgados. c) El tercer grupo eran pueblos parcialmente independientes, que como protegidos o aliados obsequiaban o tributaban los productos. Según Zurita, el tributo en especie recibía el nombre de tlacalaquilli; tanto macehuales como artesanos pagaban un tercio de su producto. El tributo personal para las obras públicas como el tributo militar se daba “… sin tasa y sin limitación ninguna”.27 El tributo se tasaba mediante procedimientos variables según la productividad de las regiones. En la parte central del actual valle de México predominaba el pago en proporción a la cantidad de tierra ocupada, pero en algunos lugares se pagaba por macehual. El pago de los tributos era severamente vigilado. Las sanciones por falta de cumplimiento variaban desde la aplicación de una multa equivalente al pago, hasta la venta del deudor como tlacotin para ser sacrificado. El tributo se cobraba con pocas excepciones legales. Si el contribuyente estaba enfermo se esperaba que sanara para que pagara. En algunos casos, por malas cosechas también se prorrogaba el plazo. Era rara la donación. Sahagún asegura que en los casos en que los calpixques eran sorprendidos robándose lo tributado, eran objeto de castigos como el encierro en jaulas, la confiscación de sus bienes, el desahucio de sus familias y por último la pena de muerte.28 El sistema de tributos de la sociedad azteca representó el proceso por el cual la clase opresora se colocó por encima de las comunidades mesoamericanas —se calculan en 371—, con la finalidad de concentrar el plusproducto. 27 Zurita, Breve y sumaria relación de los señores de la Nueva España. UNAM, 1942, p. 30. 28 Sahagún, Fray Bernardino de, Historia general de las cosas de Nueva España, 4 vols., Editorial Porrúa, 1956, p. 312. 52 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO La organización social del trabajo dependió del sistema de extracción de plustrabajo por parte de los tlatoani-pipiltzin. Esta exacción de tributos era distribuida entre las demás clases dominantes. Contrario a lo señalado por algunos de los analistas de la socioeconomía azteca. sostenemos que en esta etapa existió un modo de producción semejante al asiático29 en la que el “Estado” se erigió como el administrador de la sociedad y del plusproducto que se obtenía a manera de tributos de las comunidades o calpullis. D. EL “ESTADO” EN LA SOCIEDAD AZTECA Pr ue ba fin al Po rrú a En la sociedad azteca había un Estado embrionario, el que además de ser un aparato de dominación en beneficio del bloque hegemónico, jugó un papel de administrador en la economía en la construcción de obras públicas como diques, canales de riego, etcétera, o en la distribución de los productos. Hemos visto también que la clase dominante utilizaba al Estado para la organización de la sociedad. El tlatoani, como “personificador del Estado”, organizaba la producción de las obras públicas, de la manufactura, planificaba el consumo del excedente y el comercio. En una palabra, la clase dominante, por medio del Estado, mantenía el control de la producción, de la distribución, de la circulación y del consumo. Veamos lo anterior en forma más explícita. Los aztecas, para conseguir tributo de los pueblos —cuando éstos no lo entregaban pacíficamente—, los sojuzgaban por medio de las guarniciones y otras veces por medio de los propios pochtecas. La clase dominante contaba con su órgano de opresión: el gobierno, que cumplía la función de dominación de los macehuales para la tributación, además de que servía, como ya se dijo, para sojuzgar a los pueblos y mantener el orden social. Marx, haciendo referencia al papel del Estado en el modo de producción asiático, dice: “… el Estado, que se personifica en un déspota o en un Dios concentra la mayor parte del plusproducto o producto excedente…”.30 29 El modo de producción asiático tiene por base a la comunidad aldeana anterior; pero se ha formado una comunidad aglutinante superior —germen del Estado— que aparece como propietaria universal de la tierra y del trabajo de los hombres. Esta forma guarda dentro de sí, tanto los elementos de la comunidad primitiva, como los de una sociedad de clases. Las comunidades agrarias —que forman la base del sistema— son autosuficientes y carecen de propiedad privada, aunque aparece el usufructo individual de la tierra. El Estado despótico, en tanto que unidad superior de todas las comunidades, organiza y dirige los trabajos públicos de interés general, pero ejercita este poder que le da su función económica para extraer de las comunidades un plusproducto en forma de impuestos. Cf. Chesnaux, El modo de producción asiático, Editorial Grijalbo, Col. 70, núm. 42, México, 1974, p. 16. 30 Almazán, J., De la desmovilización a la lucha, mimeografiado, 1982, p. 12. EL ORIGEN DEL PROBLEMA AGRARIO Y EL DERECHO RURAL EN MESOAMÉRICA 53 Como justificación histórica de las relaciones sociales que se desenvolvieron en la sociedad azteca, la clase dominante desarrolló las primeras manifestaciones de normatividad jurídica agraria, las que definieron a las relaciones de propiedad en el agro. Fue así como se constituyeron las formas de tenencia de la tierra, que surgieron como parte de la superestructura impuesta por los aztecas en los territorios conquistados. Fue así como surgió el derecho agrario azteca. E. HACIA UNA TEORÍA EXPLICATIVA DEL DERECHO AGRARIO AZTECA Y PREHISPÁNICO Pr ue ba fin al Po rrú a La idea que del derecho tuvieron los pueblos mesoamericanos es aún tarea a desarrollar, quizá porque las fuentes son escasas, o porque diversos tratadistas han desvirtuado el pasado indio. Intelectuales de la talla de Orozco y Berra, Ángel Caso, o más recientemente el doctor Lucio Mendieta y Nuñez, no hicieron sino traducir la vida social de los pueblos prehispánicos bajo la óptica de las sociedades hegemónicas europeas. De esta forma, la normatividad jurídica india y su vida social fue explicada bajo patrones que no correspondieron a su identidad cultural. Las fuentes históricas explicativas del derecho agrario prehispánico las podemos clasificar en: históricas indirectas, como son: a) La de los historiadores indios: Desarrollaron su trabajo durante la Colonia, fundamentalmente fueron náhuatls. Dentro de ellos encontramos a Fernando Pimentel Ixtlixóchitl y a Antonio de Tovar Caro Moctezuma Ixtlixóchitl, quienes escribieron acerca de la genealogía de los “reyes” de Texcoco y su historia. Otros fueron Domingo Francisco Chimalpain, que escribió algunas memorias sobre Chimalhuacán y los orígenes de México Tenochtitlan. Gabriel de Ayala Pipiltzin, texcocano, escribió en náhuatl la historia de México (1243-1562). Fernando de Alva Ixtlixóchitl elaboró su Historia de los señores chichimecas, memoria histórica de los toltecas y otras naciones de Anáhuac, y Fernando Alvarado Tezozómoc, que escribió Crónica Mexicana. b) La de los cronistas españoles: entre quienes encontramos a Hernán Cortés, con sus cinco Cartas de Relación dirigidas a Carlos V y en las que, entre otros aspectos, se mencionan ritos, ceremonias, costumbres y formas de normar la sociedad. Bernal Díaz del Castillo que elaboró su Historia verdadera de la conquista de México. Fray Toribio de Benavente quien escribió, entre otros libros, Historia de los indios de Nueva España. Diego Durán con su obra, Historia de los indios de Nueva España e Islas de tierra firme; y Alonso de Zurita con su Breve y sumaria relación de los señores que había en México y de su diversidad, de las leyes, usos y costumbres de los mexicanos, de los tributos que pagaban. 54 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO c) Las relaciones geográficas del siglo XVI, ordenadas para su elaboración por Felipe II, esta documentación recupera la visión socioeconómica que guardaron los pueblos indios durante el México prehispánico y a lo que nos referiremos más adelante. Fuentes históricas directas, entre las que encontramos: a) Los códices. b) La arqueología y sus investigaciones. c) La antropología y sus investigaciones. 1. El derecho agrario en la sociedad azteca (un punto de vista) Pr ue ba fin al Po rrú a Como anteriormente se puntualizó, en un principio el derecho azteca en general se fundó en la costumbre y la religión, careciendo de órganos jurisdiccionales debidamente especializados. De ahí que, en sus orígenes, el derecho agrario no existiese como una rama del derecho por separado. Esta normatividad forma parte de la cosmovisión y cultura del pueblo mexitzin. La época en la que el derecho agrario azteca maduró fue la del llamado postclásico o periodo histórico que va del año de 1200 a 1521.31 Las relaciones “inter-clánicas” que sostuvieron los mexictzin (mexicas) son la base consuetudinaria y religiosa del derecho agrario azteca. Se dice que a nivel de su normatividad agraria el “clan” fue la base para el calpulli ya que el descubrimiento de la agricultura cimentó las bases de identidad grupal, familiar comunitario. Sara Bialostovsky32 refiere que el calpulli no sólo era una división territorial o barrio —como lo tradujeron los españoles— sino además eran grupos de familias generalmente patrilineales de amigos y aliados. Las primeras normas del derecho agrario se relacionan con el reconocimiento de los llamados huey altépetl con los que se legitimó a las grandes concentraciones territoriales como fueron las ciudades de Texcoco, Tenochtitlán, Tlatelolco y Tlacopan, entre otras. Conforme a la información conocida, las normas jurídicas agrarias del Anáhuac se mantuvieron bajo la tradición oral. Pero a mediados del 31 La mayoría de los historiadores reconoce los siguientes periodos históricos de la cultura azteca: 1) Del año 10,000 al 3,000 a. n. e. Se le denomina horizonte preclásico; 2) del 200 al 900 d. n. e., horizonte clásico o teotihuacano y 3) del 1000 al 1521 d. n. e., postclásico. 32 Bialostovsky, Sara, “Algunos aspectos del régimen tributario azteca y sus supervivencias en comunidades indígenas actuales”, Memoria del II Congreso de Derecho Mexicano, UNAM, México, 1981, p. 25. EL ORIGEN DEL PROBLEMA AGRARIO Y EL DERECHO RURAL EN MESOAMÉRICA 55 postclásico (aproximadamente 1357) se tiene conocimiento de aportaciones escritas, a través de la iconografía azteca del derecho agrario. Al respecto tenemos la legislación agraria de Netzahualcóyotl. Al conjunto de esta normatividad se le denominó como Las Leyes de oro de Netzahualcóyotl, dentro de las que encontramos, entre otros, los siguientes preceptos jurídicos agrarios: (Ley tercera) “Que si dos personas sembrasen y hubiera diferencia sobre la tierra, que si alguno arrancaba el maíz, fuera injuriado paseándolo con el maíz al cuello en el tianguis o mercado”. rrú a (Ley 16 de Netzahualcóyotl) Que si algún principal mayorazgo fuese desbaratado o travieso, o si entre dos de estos tales, hubiera diferencia al que no quisiese por ser soberbio y mal mirado, le fuesen quitando sus bienes y mayorazgos y fuese puesto en depósito de una persona que diese cuenta de ello para el tiempo que la voluntad del señor fuese.33 Pr ue ba fin al Po A diferencia de otros ámbitos del derecho azteca, el derecho agrario fue administrado y ejecutado básicamente por el tlatoani. Uno de los aspectos que más destaca entre las prerrogativas del tlatoani es la capacidad para disponer a su arbitrio de las tierras que podía entregar a los barrios, a las instituciones estatales o a los nobles destacados. Esto significa que en su calidad de “jefe de Estado”, el tlatoani poseía el conjunto de las tierras y las distribuía con un criterio eminentemente político.34 Incrementando los privilegios y las riquezas de la nobleza y garantizando los recursos para el sostenimiento del Estado y de sus instituciones.35 Al respecto se conocen entre otros los casos que menciona Clavijero36 acerca de los repartos celebrados por el tlatoani Izcóatl, quien distribuyó diversidad de tierras entre los pipiltzin a los cuales entregó “títulos de propiedad” y les dotó de un mayor poderío económico. Techotlalatzin, quien fuera abuelo del gran Netzahualcóyotl, integró como parte de su gobierno leyes referentes al uso y explotación de la tierra y sus beneficios. Esta fue a la posteridad, la normatividad agraria que desarrolló el propio Netzahualcóyotl. Respecto del cuidado de los bosques (el cual constituye un antecedente de la legislación forestal), Alva Ixtlixóchitl menciona cómo 33 Alva Ixtlixóchitl, Fernando, Obras históricas, sumaria relación de las cosas de la Nueva España. UNAM, 1973, pp. 38-39. 34 Katz, Friedrich, Situación social y económica de los aztecas durante los siglos XV y XVI, UNAM Instituto de Investigaciones Históricas, México, 1966, p. 39. 35 Ibidem, p. 40. 36 Clavijero, Francisco Javier, Capítulos de historia y disertaciones, México, Imprenta Universitaria, 1944, p. 48. 56 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO Netzahualcóyotl los protegía: “Así que no se podía derribar un árbol en ciertos parajes sin incurrir en graves penas y para que se observasen estrictamente los reglamentos que se había dado en el particular”.37 El derecho agrario azteca, que definió a la propiedad rural durante la época de los señoríos, se organizó con otros ámbitos de la socioeconomía antigua. Así sucedió, por ejemplo, en el caso del derecho administrativo que le correspondía desarrollar a los calpixques, los cuales se encargaban de cobrar los tributos en los calpullis, o en su caso, el aspecto estrictamente judicial al que se abocaba el tlamelahuacachinaliztli quien fungía como una especie de juez o magistrado. a 2. Los códices, base fundamental del derecho agrario indio del México prehispánico Pr ue ba fin al Po rrú Hasta hoy, el tema de los códices ha sido un “tabú” para los tratadistas del derecho. Valga referir que solamente tres estudiosos de la normatividad han intentado investigar, aunque no con profundidad, algunos aspectos de la tradición jurídica que los aztecas y otros pueblos dejaron plasmada en los códices. Al respecto vale mencionar el trabajo del doctor Floris Margadant. Para el caso del derecho agrario mexicano no existe un estudio debidamente codificado y sistematizado del conjunto de disposiciones que en materia jurídico agraria consagran estos documentos. Solamente autores como Mendieta y Nuñez, Ángel Caso, Toribio Esquivel, Sara Bialostovsky y otros, los mencionan sin establecer un estudio más concreto de las ideas ahí expresadas señalando solamente generalizaciones. La tesis doctoral de Guadalupe Rivera Marín,38 así como el trabajo de Arturo Monzón39 incursionan un poco más en el análisis de dichos documentos, sin embargo, plantean una serie de incorrecciones. Como ejemplo, encontramos que los estudiosos de la Antropología y la Arqueología no han determinado la definición de los colores que se imprimían en los códices, dichos autores establecen la siguiente clasificación: a) De grana y rojo oscuro se pintaban las áreas destinadas al servicio del tlatoani y las de su legítima propiedad familiar. b) Las áreas pintadas de encarnado y rojo eran las correspondientes a las tierras de los principales, nobles y guerreros. 37 Alva Ixtlixóchitl, op. cit., p. 285-286. 38 Rivera, La propiedad territorial, op. cit., p. 45. 39 Monzón, Arturo, El calpulli en la organización social de los tenochca, INAH-UNAM, 1974, México, p. 53. EL ORIGEN DEL PROBLEMA AGRARIO Y EL DERECHO RURAL EN MESOAMÉRICA 57 c) Se pintaban de color amarillo las áreas pertenecientes a los calpullalli, donde se alojaban sacerdotes y maestros, vigilante o comisarios, educandos y la gente común.40 rrú a Los “códices “ son documentos base del derecho agrario mexicano, no sólo para su comprensión y estudio, sino como fuente general del derecho que representa un instrumento reivindicativo agrario de las comunidades indígenas. Hoy sabemos que, en las luchas que han establecido los pueblos indios se han encontrado de por medio los códices porque en ellos se establece la descripción histórica de algunos de los pueblos, así como sus delimitaciones y orientaciones y en algunos casos extensiones y colindancias. Sin pretender constituir un estudio acabado, a continuación se explican algunos aspectos que en materia de normatividad agraria desarrollaron los pueblos mesoamericanos a través de sus códices. 3. La denominación códice Pr ue ba fin al Po Proviene del latín codex, que quiere decir libro o código, concepto que por ser de extracción europea no recoge fielmente lo que fueron los documentos prehispánicos, ya que se habla de libro como una impresión que se encuentra bajo cierta secuencia, quedando todo cosido y unido a través de forros o de portada. Para el caso, señalaremos que los aztecas, olmecas, purépechas, mayas, mixtecos, etcétera, llegaron a elaborar hojas, lienzos, cartas, mapas, pinturas, tiras, rollos, paneles, biombos, etcétera, quedando la mayoría de estos “códices” fuera del concepto antes mencionado. Más correcto sería referirnos por lo menos en lo que corresponde a los aztecas; al amatl (papel) y sus descripciones, o el amoxtli (“libro”) y sus descripciones. Sin embargo queda aún para tareas futuras, definir conforme a las propias culturas mesoamericanas a los mal llamados códices. El maestro Joaquín Galarza define a los “códices” como aquellos manuscritos en que los indígenas mesoamericanos fijaron sus lenguas por medio de un sistema básico del empleo de la imagen codificada, derivada de sus convenciones artísticas.41 La elaboración de los amoxtli o códices correspondía a los tlacuilos42 que fueron fijadores de la lengua indígena en diversos materiales como 40 De ser correcta esta clasificación, tendría que adoptarse el mismo criterio para todas las etnias de México, lo cual es imposible. El origen de esta definición de los colores se debe a Fray Juan de Torquemada, la que más bien se refiere al pago de tributos. Cf. del autor, Monarquía Indiana, UNAM, México, 1987. 41 Cf. Galarza,Joaquín et al., Los códices mesoamericanos, SEIT, México, 1986, p. 15. 42 Tlacuilo o tlacuiloani: Escritor, pintor. 58 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO el papel de maguey, la hoja de amate, las pieles de venado, etcétera, los cuales se encargaban de transmitir, a través del lenguaje escrito ideográfico, los conceptos de vida del México mesoamericano. a) LA EXISTENCIA DE LOS CÓDICES al Po rrú a A la llegada de los conquistadores, todo documento que contuviese lecturas indígenas fue destinado a su destrucción. En los distintos pasajes que citan tanto Bernal Díaz del Castillo y otros de los narradores de la Conquista, mencionan que han encontrado cantidades inconmensurables de pinturas, documentos o descripciones que representan los “designios de Satán” y que deben ser destruidos. Nunca sabremos el número de materiales que existieron en Mesoamérica. Según refieren algunos textos, dos son los periodos en que históricamente deben ser clasificados los amoxtli o “códices”.43 a) Conjunto de documentos que fueron elaborados en el México prehispánico (códices originales). b) Conjunto de documentos que fueron elaborados por los indígenas en la Época Colonial, hasta el siglo XVII. Pr ue ba fin El maestro Joaquín Galarza califica a esta clasificación como “apresurada”, toda vez que no sólo se puede definir como “códices originales” a los del México prehispánico, porque en realidad hay una continuidad histórica con los que fueron hechos en la Colonia,44 y así al clasificarlos, tendríamos que adecuarlos en un sentido de integración. Dentro de los códices del México prehispánico se sabe que solamente existen dieciséis y se localizan en bibliotecas y museos de Austria, Alemania, Francia, Estados Unidos, Inglaterra e Italia. En México solamente encontramos uno de éstos, que es el códice colombino, elaborado en el siglo XII, pertenece a la cultura mixteca. En este documento se narra parte de la historia del undécimo señor de Tututepec, Oaxaca. Está elaborado en piel de venado. Es significativo para el derecho rural porque describe diversas conquistas territoriales que ejerció la hegemonía mixteca. Además se contempla un enlistado en lengua náhuatl (se le atribuye a un escribano mexica) de las poblaciones existentes en la región mixteca durante el México “imperial”. 43 Compendio INAH, Los códices de México, Museo Nacional de Antropología e Historia, México 1990. 44 Galarza J., Los códices mesoamericanos, op. cit., p. 34. EL ORIGEN DEL PROBLEMA AGRARIO Y EL DERECHO RURAL EN MESOAMÉRICA 59 Complementando esta relación de códices mesoamericanos tenemos: Pr ue ba fin al Po rrú a I. De origen mexica: 1. Códice Borgia o borgiano. Se encuentra en el Vaticano, en la Biblioteca Apostólica Romana, fue elaborado en piel de venado y se calcula que fue realizado en el siglo XV. En buena parte de su contenido este documento explica la mitología azteca. Es un biombo con 39 hojas de 27 X 26.5 cm. 2. Códice de Bolonia. Se encuentra en la Biblioteca Universitaria de Bolonia, Italia. También se le conoce como Códice Cospi, Códice Bologna y Libro de la China. Es un documento calendárico ritual, elaborado en piel, plegado a manera de biombo. Tiene 20 amatls, 13 están pintados en el anverso. 3. Códice Ferjerváry-Mayer. Se ubica en el Public Free Museums de Liverpool en Inglaterra, es un biombo de 23 hojas plegadas. Establece diversos aspectos de la genealogía y religión azteca, así como algunos elementos de la propiedad agraria mexica. 4. Códice Laud. Se encuentra en la Gran Bretaña, en el Bodleian Library, en Oxford. Es un calendario ritual elaborado en piel a manera de biombo, tiene 24 “hojas”, 22 están pintadas en el anverso y 24 en el reverso. 5. Códice Vaticano B. Se localiza en la Biblioteca Apostólica del Vaticano. Es un documento policrómico que se refiere a la teogonía, cosmogonía e historia de los mexicanos. 6. Códice Borbónico. Está en la Biblioteca de la Asamblea Nacional de París. La primera parte está integrada por un calendario adivinatorio de 260 días, la segunda parte describe las “fiestas prehispánicas”, se cree que proviene de principios del siglo XV. 7. Códice o Tonalamatl de Aubin. Se encuentra en la Biblioteca Nacional de París, está elaborado en papel de amate; consta de 18 hojas y data de la primera mitad del siglo XVI. Contiene aspectos mitológicos e históricos que se relacionan con las culturas náhuatl y tlaxcalteca. Es un plegado a manera de biombo, tiene 18 hojas pintadas en uno de sus lados. En 1998 fue traído a México y temporalmente está en resguardo del Museo Nacional de Antropología (año 2002). II. De origen Maya: 8. Códice de Dresden o de Dresde. Se localiza en Sachsische Laudes Bibliotek Dresde, Alemania, describe la región centro-oriente de Yucatán, es de principios del siglo XIII está elaborado en papel de amate plegado en biombo con 39 hojas de 20.5 x 9 cm. 9. Códice de París o Peresiano o Códice Pérez, se ubica en la Biblioteca Nacional de París, Francia. Es un documento calendárico ritual, tiene 11 hojas pintadas por ambos lados. 60 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO 10. Códice de Madrid o Tro-cortesiano. Se encuentra en el Museo de América en Madrid, España, data del siglo XIV está elaborado en papel de amate, plegado en biombo, de 56 hojas. Entre otros aspectos hace alusión “a las enfermedades”. Según Erick J. Thompson los textos y los dibujos de buena parte del documento (aves sobre los hombros de mujeres) pronostican enfermedades. Pr ue ba fin al Po rrú a III. De origen Mixteco: 11. Códice Bodley. Se encuentra en la Biblioteca Bodleiana de la Universidad de Oxford. Data aproximadamente del año 1521, está hecho en piel y es un biombo de 23 hojas de 29 cm. Refiere entre otros aspectos la genealogía y religión de los señoríos mixtecos. 12. Códice Becker núm. 1, o Códice Tzapoteque. Se localiza en Viena, Austria, narra parte de la historia de un señor mixteco. Este documento es la segunda parte del códice colombino. En materia agraria el Becker, narra diversas conquistas territoriales, así como señala los límites de varios pueblos de la costa del actual estado de Oaxaca. 13. Códice Nuttall o Códice Zouche. Entre otros aspectos se refiere a la cosmogonía mixteca; se encuentra en el Brittish Museum, de Londres. Es un plegado a manera de biombo, tiene 47 hojas pintadas por ambos lados. 14. Códice Viena o Vindobonensis. Cosmología de los mixtecos, refiere a 8 venado, se encuentra en la biblioteca de Viena, Austria. Tiene 52 hojas y cubierta de madera originales. 15. Códice Selden. Se encuentra en la Biblioteca Boldeiana de la Universidad de Oxford en la Gran Bretaña. Data de principios de 1500. Fundamentalmente hace referencia a la mitología azteca (descenso de Quetzalcóatl). Elaborado en piel, es un plegado a manera de biombo. Tiene 20 hojas pintadas por un lado, 27.5 X 27.5 cm. En cuanto a los códices de la Época Colonial, se calculan en alrededor de 500 y se sabe que en México se encuentran 270, que se localizan en los archivos del Instituto Nacional de Antropología e Historia, Archivo General de la Nación, Archivo de la Secretaría de la Reforma Agraria y en colecciones particulares; los aproximadamente 230 restantes se localizan en el extranjero. Los documentos o “códices” que fueron elaborados en la Época Colonial están estrechamente vinculados con el derecho agrario porque establecen aspectos históricos, económicos, catastros, “mapas” e incluso “planos”. Galarza menciona que estos se elaboraron a partir del siglo XVI hasta finales del XVIII y tuvieron como objetivo la defensa de las propiedades indígenas. EL ORIGEN DEL PROBLEMA AGRARIO Y EL DERECHO RURAL EN MESOAMÉRICA 61 Estos documentos se elaboraban en los centros donde se reunían las autoridades tradicionales de las comunidades, las que más tarde se transforman en comisarios y presidentes municipales. En estos lugares se elaboraba, guardaba y conservaba bajo la custodia de los funcionarios tradicionales específicos que más tarde se transformaron en los depositarios de los documentos de tierras, como comisarios o representantes de bienes comunales de cada pueblo. De esos pueblos y de esos lugares o centros tradicionales salieron los manuscritos para ser presentados en litigios de tierras principalmente; se depositaban en los tribunales, y como los pleitos se eternizaban, poco a poco se fueron quedando (los códices) en los expedientes oficiales como los del archivo general de la nación, en el ramo de tierras y ya no regresaron a los pueblos de origen.45 Pr ue ba fin al Po rrú a Algunos de los códices de principios de la Colonia tuvieron por objeto el cobro del tributo y la fiscalización de los pueblos. Al haber sido prácticamente destruida la mayoría de los documentos indios, el conquistador se vio obligado a restablecer “nuevos códices” en los que se ubicara la geografía india para continuar con los mecanismos de exacción, así como para tener pleno conocimiento de la red de producción y distribución de la economía indígena. En este contexto se sitúan códices tales, como el Mendocino o el Florentino. El primero fue mandado elaborar por el primer virrey Antonio de Mendoza. Este documento contiene toda una relación de tributos y de los pueblos contribuyentes. Desde el punto de vista del derecho agrario, este códice representa una base fundamental que prueba los asentamientos indios y su ubicación (calpullis, altepetlallis u otros). Es importante delimitar que la adopción de los códices como elementos probatorios colocó a las culturas mesomericanas en la óptica del dominador, en virtud de que era el documento el que los occidentales consideraban convalidaba al régimen de propiedad indígena, cuando en los he- 45 El mejor catálogo que se conoce de los códices prehispánicos es el trabajo de Hass, John, “A Census of Native Middle American Pictorical Manuscripts”, Handbook of Middle American Indians, Austin, Texas Press, 1975 vol. 14, pp. 81-252. Sobre esta temática también se pueden consultar: Aguilera, Carmen, Códices del México antiguo, SEP-INAH. México, 1979; Krickeberg, Walter, Las antiguas culturas mexicanas, México, 1977; Lee, Thomas A., Los códices mayas, UACh, México, 1985; Archivo General de la Nación, Códices indígenas México, Innovación, 1983; INAH, Los códices de México, México 1979; Lafaye, Jaques, Manuscript Tovar, Graz, Austria, 1972; Lafaye, Jaques, Historia de los mexicanos por sus pinturas, México, Ed. Chávez, 1992; Galarza, Joaquín, Estudios de escritura indígena tradicional, azteca-náhuatl, México, CIESAS-AGN, 1980; Berlin, Heinrich y Barlow, Robert, Códice de Tlatelolco, Editorial Porrúa, México, 1980 y Barton, Martha, “Catalog of Techialoyan manuscripts and paintings”, en Handbook of Middle American Indians, Austin, vol. 14. Códice Mendocino o colección de Mendoza en México, Ed. San Ángel, 1979. Le Codex Santa Anita Zacatlalmanco, manuscripts pictographique du Muse de l’Home de París, 1962. 62 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO chos las culturas prehispánicas solamente habían traducido en la palabra, como un derecho oral, la pertinencia de su relación con la tierra y sus recursos. b) LOS CÓDICES TECHIALOYAN Pr ue ba fin al Po rrú a Entre los códices que fueron elaborados en la Época Colonial, los que contienen mayor número de elementos relacionados con la regulación jurídica agraria se encuentran los llamados códices Techialoyan, denominación que surgió por el primer códice con esas características, el cual procedía del pueblo de San Antonio Techialoyan, Estado de México. Este documento fue base para clasificar diversos códices cuyos patrones coincidían con el de Techialoyan. Fue así como Robert Donald inicialmente los organizó y clasificó en el Handbook of Middle American Indians.46 Por sus características se calcula que fueron elaborados durante los siglos XVII y XVIII. A diferencia de otros códices, éstos contienen descripciones en latín y castellano. Los códices Techialoyan dan cuenta de manera pormenorizada de límites de tierras, denominaciones de pueblos (calpullis o barrios), especificando medidas tradicionales47 e incluso divisiones de tierras. Estas explicaciones de los Techialoyan hacen suponer que los pueblos buscaron reconstruir su memoria histórica con el objeto de recuperar sus propiedades, hoy sabemos que muchos de estos documentos fueron llevados, una y otra vez, ante diversas autoridades, tanto de la Colonia como en la Reforma y el porfiriato y aún incluso en la actualidad, ante la Secretaría de la Reforma Agraria, como elementos probatorios de las propiedades de los pueblos indios. Habrá que recordar que los llamados “bienes de comunidad” de la Colonia, no fueron sino únicamente en calidad de posesionarios, no existiendo títulos que legitimaran dicha propiedad, de ahí la importancia de los códices Techialoyan. Además, estos documentos muestran retrospectivamente la historia de los pueblos mexicanos, lo que permite adentrarnos de alguna manera en la estructura original de la propiedad agraria, conforme a los datos topográficos en ellos asentados. 46 Donald, Robert, “Techialoyan Manuscrípts and Painting, with a Catalogo”, en Handbook of Middle American Indians, Austin, 1975, vol. 14, p. 253. 47 Entre el pueblo náhuatl se reconoció el octacatl, que era una medida de longitud; según Alonso de Molina, el octacatl significaba también vara de medir o dechada. Cf. Molina, Alonso, Vocabulario de la lengua indígena, Leipzig, 1880, p. 240. Orozco y Berra fijó la correspondencia de esta medida con las modernas, valiéndose de una cita de Ixtlixóchitl, en tres varas de Burgos, o sea 2 metros 514 milímetros. Orozco y Berra, Manuel, Historia antigua y de la conquista de México. En Mendieta y Núñez, Lucio, El problema agrario de México, Editorial Porrúa, México, 1978, p. 19. EL ORIGEN DEL PROBLEMA AGRARIO Y EL DERECHO RURAL EN MESOAMÉRICA 63 Pr ue ba fin al Po rrú a La mayor parte de los códices Techialoyan se localizan en los archivos de las Secretarías de la Reforma Agraria, y de Gobernación y aún incluso en los archivos de los propios pueblos, por lo que su sistematización y estudio, no sólo académico sino reivindicativo agrario, está aún por desarrollarse.48 Entre los que se conocen encontramos el siguiente catálogo: Códices Techialoyan. • Techialoyan San Antonio • Metepec • Ocelotepec, Santa María • Ocatitlán, Santa Cecilia • Calacohuayan, Santa María • Mimiahuapan, San Miguel • Tepanohuayan, San Bartolomé • Tepotzotlán • Chalco Atenco, Santiago • Huehuetoca • Coyotepec, San Cristóbal • Tepexaxouhcan, San Miguel • Xonacatlán, San Francisco • Huixquilucan, San Antonio • Atlapolco, San Pedro • Tepexoyucan, Santa María • Ocoyacac, San Martín • Axoloapan, Xoloctlan • Teotla • Zictepec • Zepayáhutla • Tenancingo • Coacalco • Chihicaza, Magdalena y Tezcalucan, San Cristóbal • Coyotepec. Coyonacazo • Xocotla, San Nicolás, San Agustín • Oztoyaotitlán • Coyotepec Otra de las clasificaciones de los códices cartográficos fue elaborada por John B. Hass, estos documentos provienen de los estados de Oaxaca, 48 Cf. Apéndice 2, Relación de códices que se encuentran en el Museo Nacional de Antropología e Historia. Y Esparza René et al., Catálogo de Mapas, Planos… Restitución de Tierras, CIESAS, México 2001. 64 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO Veracruz, Puebla, Tlaxcala, México, Guerrero, Morelos, Michoacán y el Distrito Federal. Dentro de esta clasificación se encuentran los Mapas de Cuauhtinchan cuyos contenidos denotan perfectamente los argumentos y justificaciones para defender el derecho político territorial de los grupos étnicos realizadores de estos documentos. Dentro de los códices históricos de Cuauhtinchan encontramos: rrú a Señorío de los nahua: a) Historia tolteca-chichimeca. Tradición moquiuixca. Años 15501560. b) Mapa de los linderos Cuauhtinchan. Tradición chimalpaneca. Año 1532. c) Memorial de las tierras del teouateutli. Don Cristóbal de Taria. Año 1587. d) Testamento de María Castañeda del Tecalli de Tezcacoatecpan. Año 1562. Pr ue ba fin al Po Señorío de los Pinome. a) Mapa de las conquistas chichimecas o Mapa 1. Tradición de los chichimecas de Tollan-Calmecanacan. b) Mapa de la ruta Chicomoztoc-Quauhtinchan ó Mapa 2. c) Mapa de las migraciones Uexotzinco-Tepeaca ó Mapa 3. d) Mapa del Pueblo de Quauhtinchan. Año 1705. e) Testamento de Diego Rojas del tecalli de tecpanecatecpan. Año 1576. f) Testamento de Pedro Luna del Tecalli de Chimecatecpan. Año 1590. g) Testamento de Juan Moscoso del Tecalli de Xicotenco. Año 1500. h) Testamento de Juan Ximénez del Tecalli de Totzintecpan. Año 1597. i) Testamento de Antonia Velázquez del Tecalli de Tepetzinco Año 1628. j) Libro de los guardianes y gobernadores que fueron de este pueblo de San Juan Bautista Quauhtinchan de 1519 y hasta 1620 años. Señoríos de los Nahua y de los Pinome. a) Quauhtinchan contra Tepeaca por los líderes establecidos en el año 1467. Año 1547. b) Linderos de Quauhitnchan en el siglo XVI ó Mapa 4. c) Manuscrito de 1553. Tanto los códices Techialoyan, como los cartográficos, guardan en común un sistema de regionalización del México prehispánico en el que se establecen glifos toponímicos que sirven para designar pueblos y accidentes geográficos, además en algunos casos se incorporan hechos históricos trascendentes que tienen que ver con el florecimiento y desarrollo de dichos callpullis. EL ORIGEN DEL PROBLEMA AGRARIO Y EL DERECHO RURAL EN MESOAMÉRICA 65 F. LAS RELACIONES GEOGRÁFICAS DEL SIGLO XVI Uno de los conjuntos documentales más importantes en materia agraria colonial que haya sido elaborado, lo representan las relaciones geográficas del siglo XVI. Su ejecución fue ordenada por Felipe II de España. Su elaboración tuvo un fin socioeconómico y geográfico de reconocimiento de la propiedad colonial. Estos documentos contaron originalmente con códices a manera de planos, algunos de los cuales aún se conservan. Al referirse a la elaboración de estas relaciones geográficas el rey Felipe II ordenaba: Pr ue ba fin al Po rrú a Primeramente, los gobernadores, corregidores o alcaldes mayores, a quien los virreyes, audiencias y otras personas del gobierno enviaren estas instrucciones y memorias impresas, ante todas cosas, harán lista y memoria de los pueblos españoles y de indios que hubiera en su jurisdicción, en que solamente se pongan los nombres de ellos escritos de letra legible y clara, y luego la enviaran las dichas personas del gobierno, para que, juntamente con las relaciones que en los dichos pueblos se hiciesen, la envíen a su majestad y al Consejo de Indias. Y distribuirán las dichas instrucciones y memorias impresas por los pueblos de los españoles y de indios de su jurisdicción, donde hubiere españoles enviándolas a los consejos y, donde no, a los curas si los hubiere y si no, a los religiosos a cuyo cargo fuere la doctrina, mandando a los consejos y encargando de parte de su majestad a los curas y religiosos, que dentro de un breve término las respondan y satisfagan como en ellas se declara, y les envíen las relaciones que hicieren, juntamente con estas memorias, para que ellos, como fueren recibiendo las relaciones, vayan enviándolas a las personas de gobierno…49 Fue así como los más ancianos y experimentados pobladores de cada comunidad se dieron a la tarea de explicar la memoria histórica y vigente de su localidad. En virtud de su importancia en el anexo de apéndices se incluye las instrucciones que Felipe II señalaba a efecto de la elaboración de las mencionadas relaciones geográficas (Cf. apéndice 3). En la actualidad las relaciones geográficas se encuentran diseminadas en el archivo de Indias de Sevilla, en la Real Academia de la Historia de Madrid, la Universidad de Glasgow en Escocia, y en la Universidad 49 Cf. Acuña, René, Relaciones geográficas del siglo XVI, Antequera, México, UNAM, 1984, t. I, p. 19. El autor señala “El de esta instrucción y memoria es el texto que se imprimió en 1577. Ha sido reeditado ya en más de una oportunidad. Ver por ejemplo Del Paso y Troncoso, Francisco, Papeles de Nueva España IV, Madrid, Est. Tipográfico “Sucesores de Rivadeneyra”, 1905, pp. 1-7. 66 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO fin al Po rrú a de Texas en Austin. No es sino hasta época muy reciente que la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), a través de los Institutos de Investigaciones Antropológicas y el Instituto de Investigaciones Filológicas, las ha venido sistematizando. Estos estudios han corroborado la existencia de 170 documentos y cerca de 238 mapas (a manera de códices) entre los que se encuentran los de Tlaxcala, Guatemala, Antequera, México, Michoacán, y la llamada Nueva Galicia (Chichimecas), entre otros. Uno de los tratadistas que ha estudiado a profundidad el contenido de estos documentos es Peter Gerhard, quien elaboró hacia principios de los años setentas su trabajo Geografía Histórica de la Nueva España, entre otros. Como ejemplo de las relaciones geográficas que aún conservan códice a manera de mapa encontramos: Atlatlahuca (región Cuicateca), fue elaborado en 1580. Coatzacolco (Coatzacoalcos) que fue realizado en 1580, abarca parte de la región mexicana y mixteca; Cuahutitlán en 1580, en la Mixteca; Ixcatlan, 1581 (Cuicatecos, conchos y mexicanos) se tienen 2 mapas; Ixtepec fue pintado en 1581 (zona zapoteca); Nexapa (zona zapoteca), este mapa data de 1580 y Nochistlán de 1581 (mixteco), todos ellos de la región que los españoles denominaron como la Antequera. ba G. CÓDICES A MANERA DE PLANOS Pr ue En México no se ha encontrado documento que date de la época prehispánica y que tenga propiamente la conformación de plano. El antecedente más cercano es el códice conocido como “plano en papel de maguey”, cuyo original se encuentra en el Museo Nacional de Antropología e Historia. Galarza considera, que este documento contiene los detalles topográficos de los terrenos, chinampas, canales y construcciones, de una parte de considerables dimensiones de Tenochtitlán.50 Los códices que contienen, tanto orientaciones como medidas, conceptualmente podrían llamarse “mapas”, sin embargo la visión cosmogónica india llevaría a otro tipo de categorizaciones. Al decir de Galarza: Se ha llamado mapas a los manuscritos pictóricos establecidos sobre grandes superficies; se han clasificado así también por su aparente contenido temático, comparándolo con los documentos europeos. Se comprende entre ellos distintos tipos de soporte como tela, papel indígena, papel europeo, pieles, etcétera. Los de tela están descritos en el grupo de lienzos. 50 Galarza, Los códices mesoamericanos, op. cit., p. 100. EL ORIGEN DEL PROBLEMA AGRARIO Y EL DERECHO RURAL EN MESOAMÉRICA 67 Los de papel indígena (amatl) se prepararon adhiriendo varias hojas tradicionales, la mayor parte de las veces requiriendo la técnica de fabricación… Los mapas indígenas están orientados basándose en la orientación del sol, el eje principal de los documentos es oriente-poniente; así encontramos en la mayoría de ellos el oriente en la parte superior de la ‘hoja’ del manuscrito. Como vimos, por su propia convención tradicional los mapas indígenas contienen, reflejan e inscriben no un espacio real, sino un espacio histórico”.51 El análisis de los llamados mapas históricos está aún por escribirse, a continuación enlistamos algunos de estos documentos, los cuales desde luego pueden ser considerados como elementos del derecho agrario prehispánico. 17. Códice Telleriano Remensis 2. Anales de Tlatelolco 18. Mapa de Santa Cruz 3. Lienzo de Tlaxcala 19. Códice Kingsborough 4. Lienzo de Jucutacato 20. Códice de Tepetlaoztoc 5. Lienzo de Zacatepec 21. Códice de Coyoacán 6. Lienzos de Chieptlan 22. Matrícula de tributos 8. Mapa de Coatlinchán rrú Po al 23. Códice de Sta. Catarina Tuxpan fin 7. Mapa de Sigüenza a 1. Códice Xólotl 24. Códice Chavero 25. Códice Magliabecciano 10. Proceso de Cuautitlán 26. Códice Florentino ue ba 9. Códice de San Andrés 27. Mapa de una región Boscosa 12. Mapa de Coatlinchán N° 3 28. Mapa de Temascaltepec, N.L. 13. Códice de Huamantla 29. Cualli Amatl, relativo a Tlatelolco Pr 11. Códice de Santa Anita 14. Códice de San Juan Teotihuacán 30. Manuscrito de Tecomostlahuaca 15. Tira de Tepexpan 31. Mapa de las conquistas chichimecas 16. Códice Boturini El códice Xolotl, que es una réplica de códices prehispánicos y fue elaborado en la Época Colonial, es un documento de singular importancia en el ámbito histórico del sistema territorial, que se desarrolló en el centro de México y principalmente en el área de Texcoco. Este documento está formado por diez planchas o folios de amate, de las cuales dos conservan escritura ideográfica en su reverso. En su Sumaria relación 51 Ibid, pp. 87-106. 68 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO de las cosas de la Nueva España, el historiador texcocano José Alva Ixtlixóchitl, advirtió el significado que en materia de demarcación territorial guardó la iconografía contenida en este códice, al respecto se refieren una serie de conquistas territoriales, en las que se ven involucradas diversas etnias de aquel entonces, sobresaliendo el núcleo chichimeca. Dentro de las apreciaciones que resultan trascendentes encontramos la formación de diversos señoríos, correspondiendo a los descendientes del Tlatoani Xolotl, así en la plancha I se ha descrito en lengua náhuatl, entre otros aspectos, que en el año I Tecpatl, los tres señores llegaron y se dividió la tierra. a H. EL DERECHO AGRARIO AZTECA (ENTRE EL DERECHO Y LA COSTUMBRE) Pr ue ba fin al Po rrú La organización social y cultural del pueblo mexica permite advertir que su regulación jurídico-social estuvo diferenciada del estilo con que el derecho se organizó en el occidente europeo, en donde existía ya un Estado perfectamente delineado. Inicialmente el derecho se formó a través de la costumbre cuyo cumplimiento dependió de las propias comunidades. En la medida que se expandió el “guerrerismo” y hubo ensanchamiento del poder, fue como la costumbre se comenzó a traducir en la hegemonía de los dominantes sobre los dominados, fue así como la costumbre dio paso al surgimiento de centros de poder y religiosos, de quienes dependió la aplicación de la norma. Estos organismos incipientemente estatales tuvieron funciones mixtas en las que se incorporaba lo judicial, lo político y lo religioso. El surgimiento de las formas de tenencia de la tierra entre los aztecas determinó la aparición del derecho agrario de México, como una forma particular del derecho en general. Esta normatividad jurídica agraria del periodo puede ser explicada en dos sentidos: el primero, que fue el de la hegemonía estatal, que se forjó por el dominio territorial de diversos espacios y que se explica como la legitimación que hizo una clase social de la tenencia y explotación de la tierra siendo además los reproductores de la cosmovisión y los rituales, fenómeno que se manifestó como un poder de clase; como un dominio social que se justificó a través del derecho que además justifica la exacción de recursos de las comunidades o calpullis, a través del tributo. El segundo es el de las comunidades o calpullis, que teniendo un derecho consuetudinario guardaban una autonomía relativa frente al EL ORIGEN DEL PROBLEMA AGRARIO Y EL DERECHO RURAL EN MESOAMÉRICA 69 poder central, estos calpullis gozaban de un derecho real a sus tierras que se había originado, en buen número de casos, por la libre apropiación que desde épocas ancestrales habían efectuado estos núcleos. Sin embargo, la propiedad de los pueblos se transformó periódicamente en virtud del vínculo que mantenía el Tlatoani y su “Estado embrionario” con la sociedad global. El derecho agrario se transformaría también en un “derecho clasista” a través del reconocimiento legal del despojo agrario de diversos calpullis. Este fenómeno se observa durante el postclásico, en las postrimerías de la llegada de los españoles a través de las sociedades guerreristas de Mesoamérica. 1. La demarcación de la propiedad agraria a entre los aztecas Pr ue ba fin al Po rrú En México, el primer intento de clasificación de la propiedad agraria azteca fue elaborado por Alonso de Zurita, quien nació en 1511 en España. Zurita estudió derecho en la Universidad de Salamanca y vino a América como oidor de la Audiencia de Santo Domingo (año de 1545), en 1554 llegó a México y fue cuando escribió su obra “Breve y sumaria relación de los señores que habían en México y de su diversidad, de las leyes, usos y costumbres de los mexicanos, de los tributos que pagaban… “, que fue publicada por Joaquín García Icazbalceta en su colección de documentos para la historia de México. La clasificación de Zurita ha sido el patrón utilizado por la totalidad de autores que se refieren a las relaciones de propiedad agraria, no sólo jurisconsultos, sino incluso historiadores, antropólogos, sociólogos y economistas. El primer gran problema que presenta esta clasificación es el de haber sido elaborada conforme a los patrones culturales europeos. Se parte de reconocer a la sociedad mexica como “imperial”. De esta manera las clases sociales de este periodo resultan ser más occidentales que “indias”. Por otro lado, el aspecto cultural (mágico religioso) sobre el que fue edificada no contempla la identidad india. Sustentar una clasificación que solamente se explique por otra fundamentación socioeconómica no explica suficientemente al tipo de sujetos sociales que existieron en el México mesoamericano, ni mucho menos a sus relaciones de propiedad agraria. Otro de los grandes problemas de las definiciones hispánicas, como la de Zurita, es explicar el mundo circundante solamente a partir de su concepción, la que distaba, y mucho, de ser objetiva al guiarse por el criterio de la fe católica. Anteriormente mencionamos que en el México prehispánico existió una forma embrionaria de Estado la cual difícilmente podríamos llamar 70 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO imperio; esta se caracterizó por la exacción de recursos a los pueblos existiendo cierta autonomía relativa. El mito y cosmovisión indígena permitió la reproducción de la formación social azteca, de alguna manera el pago del tributo se fincaba en la representación ideológica que de las clases dominantes tenían los dominados. Es en el último tercio del siglo XII cuando se erigieron los centros de poder azteca, surgieron los llamados altepetlo huei altepetl,52 que fueron las grandes ciudades-estados de los “señores o soberanos”. Al decir de José Alva Ixtlixóchtl: al Po rrú a (…) los que vinieran se fueran acomodando.., poniendo a cada pueblo el nombre del noble Después de haber hecho la demarcación que hizo Xólotl, y enviando a los cuatro señores para tomar posesión de la más tierra que quedaba de una mar a otra, y estando ya en su ciudad, mandó repartir toda la tierra que estaba dentro de esta primera demarcación todos sus vasallos, dándole a cada noble las gentes que le cupo, y un pueblo para que fundara con ellos, e hizo esta demarcación primera para poblarla primero con la gente que tenía, y la segunda, … envió los cuatro señores para los que se fueran multiplicando y que la poblaba.53 Pr ue ba fin A la par de los centros de poder se desenvolvieron las comunidades que dentro de la cultura azteca se denominaron calpullis;54 este se fincó en una propiedad natural originaria de la tierra aunque en su evolución y con la oposición de las ciudades-estado se convirtieron en la base socioeconómica principal de los centros de poder. Continuando con la clasificación de Zurita encontramos lo que denominó como “tierras públicas”, dentro de las que se distinguían las siguientes: a) Tecpantlalli:55 tierras cuyos productos se destinaban al sostenimiento de los gastos motivados por la conservación, funcionamiento y cuidado de los palacios del tlacatecutli.56 52 Alteptl: Poblado, ciudad, estado; cecem alteptl: cada estado, cada ciudad; en cada ciudad; uei altepetl: gran ciudad, provincia; in altepetl, camitlan ca in occe altepetl, poblado vecino de otro. 53 De Alva Ixtlixóchitl, Fernando. Obras históricas, UNAM, México, 1975, t. 1, pp. 295-296. 54 Literalmente del náhuatl la palabra calpulli se traduce como “casa grande”. Calpolli o Calpulli, aumentativo de Calli: aldea, poblado, distrito. Cf. Simeon, Remi, Diccionario de la lengua náhuatl, Siglo XXI, México, 1992. 55 Del náhuatl tecpan, morada de la clase dominante, “noble”, señor. Tecpan tlalli, tierra propiedad real. Del náhuatl tlacatecutli, señor, dueño, soberano. 56 Orozco y Berra da noticia con base en Zurita y Torquemada, al referirse al tlatocallalli menciona… EL ORIGEN DEL PROBLEMA AGRARIO Y EL DERECHO RURAL EN MESOAMÉRICA 71 Pr ue ba fin al Po rrú a b) Tlatocalalli: tierras que se destinaban al sostenimiento del tlatocan o consejo de gobierno y altas autoridades. En este grupo quedaban comprendidas las tierras que se otorgaban a algunos funcionarios para sostener su cargo. c) Milchimalli.57 tierras cuyos frutos se destinaban al sostenimiento del ejército y a gastos de guerra. Se encontraban cerca de los calpullis, y con la obligación de los vecinos de labrarlas. d) Teotlalpan:58 eran aquellas áreas territoriales cuyos productos se destinaban a sufragar los gastos motivados por el sostenimiento de la función religiosa o culto público. Y también dentro de las tierras públicas encontramos aquellas que permanecían propiamente a los señores, estas eran: 1. Pillalli.59 2. Tecpillalli. Estas tierras se otorgaban, según Zurita, para recompensar los servicios de los señores. En realidad, los dos tipos de tenencia corresponden a un mismo género por su idéntica naturaleza aunque podemos precisar que las pillalli eran posesiones otorgadas a los pipiltzin con la facultad de transmitirla por herencia a sus descendientes; en tanto que las tecpillali se otorgaban a los señores llamados tecpantlaca, que servían en los palacios del tlacatecutli o jefe supremo. e) Yautlalli, independientemente de las formas de tenencia de la tierra que hemos reseñado, es útil consignar la existencia de las llamadas yautlalli, tierras recién conquistadas por los aztecas y a las cuales la autoridad correspondiente no había dado un destino específico, encontrándose a disposición de las autoridades. Se les equipara a las tierras que en la Colonia recibieron el nombre de realengas y a las que en la actualidad se les denomina “nacionales” o “baldías”. La fuerza de trabajo de las unidades de producción mencionadas fue la de los macehuales y tlacotines por el pago de un tributo en servicios o por la necesidad existente de los centros de poder o señoríos. “Sementeras del señor, los frutos estaban destinados al mantenimiento de la casa del ‘rey’ y a sufragar los gastos de recepción de embajadores, convites de señores y donaciones por obsequios o recompensas”. Cf. del autor Diccionario universal de historia y de geografía México, Andrade, 1853-1856 vol. III, p. 76. 57 Según Clavijero, tierra reservada para los víveres destinados a los guerreros. Cf. Historia antigua de México, Editorial Porrúa, México, 1964, pp. 621. 58 Teotlalpan, “sobre la tierra de los dioses”. Parte del “reino” de Acolhuacan cuyas “rentas” estaban destinadas al servicio de los templos. 59 Clavijero menciona que el pillalli era tierra de los señores que el soberano acordaba a título de recompensa y era transmitida de padres a hijos, no podía ni ser vendida ni dada a un macehual. Clavijero, op. cit., p. 623. 72 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO Pr ue ba fin al Po rrú a Junto a las formas de tenencia que controló directamente el poder público del señor o huey tlatoani, encontramos aquella relación del hombre mesoamericano que provenía de épocas ancestrales y que si bien fueron hegemonizadas por los pipiltzin, adquirieron características particulares, en este contexto encontramos al calpulli60 en singular y calpultin en plural y el altepetlalli. Según Zurita61 el calpulli tenía las siguientes características: 1. El calpulli —en plural calpullec—, es una unidad sociopolítica que originalmente significó “barrio de gente conocida o linaje antiguo”, teniendo sus tierras y términos conocidos desde su pasado remoto. 2. Las tierras llamadas calpulli pertenecían en comunidades al núcleo de población integrante del calpulli. 3. Las tierras del calpulli se dividían en parcelas llamadas tlamilli, cuya posesión y dominio útil se otorgaba a las familias pertenecientes al barrio. Hay que hacer notar que su explotación era individual o, mejor dicho, familiar y no colectiva. En sus cultivos utilizaban una vara larga con punta moldeada a fuego, o de cobre, llamada cóatl. 4. Cada familia tenía derecho a una parcela que se le otorgaba por conducto, generalmente, del jefe de familia. 5. El titular de la parcela la usufructuaba de por vida sin poder enajenarla ni gravarla, pero con la facultad de transmitirla a sus herederos. 6. Si el poseedor moría sin sucesión, la parcela volvía a la corporación (al Estado). 7. No era permitido el acaparamiento de parcelas. 8. No era lícito otorgar parcela a quien no era del calpulli, ni enajenarla a otro barrio. 9. Estaba prohibido el arrendamiento de parcelas y los poseedores tenían la obligación ineludible de cultivarlas personalmente. Sin embargo, conforme a los usos y costumbres del pueblo azteca era permitido que, en casos de excepción, un barrio diera en arrendamiento parte de 60 Sobre la naturaleza del calpulli existe amplia literatura: Cf. Bandelier, Adolfo F., “On the social organization and mode of Government of the ancient mexican”; 12th Annual Report of the Peabody Museum of American Ethnology and Archaeology, Cambridge, Mass, 1879. Además: • Castillo F., Estructura de la Sociedad Mexicana, UNAM, México, 1972. • Olmeda, Mauro, El desarrollo de la Sociedad Mexicana, t. I, México, 1966. • Martínez Ríos, Jorge, Tenencia de la tierra y desarrollo agrario en México, UNAM, México, 1970. • Durán, Fray Diego de, Historia de las Indias de Nueva España e Islas de Tierra Firme, Ed. Nacional, México, 1951. • Zurita, Alonso de, Breve relación de los señores de la Nueva España, UNAM, México, 1963. 61 Ibid. EL ORIGEN DEL PROBLEMA AGRARIO Y EL DERECHO RURAL EN MESOAMÉRICA 73 al Po rrú a sus tierras a otro, destinándose el producto del arrendante a gastos comunales del calpulli. 10. El pariente mayor chinancallec o calpuleque, con el consenso del consejo de ancianos hacía la distribución de las parcelas entre los miembros del calpulli. 11. El titular de una parcela no podía ser desposeído de ella sino por causa justificada. 12. El poseedor de una parcela perdía su tierra si abandonaba el barrio para avecindarse en otro o ser expulsado del clan. 13. Si el titular de una parcela dejaba de cultivarla durante dos años sin causa legítima, era amonestado y requerido para que la cultivase al año siguiente y si no lo hacía perdía sus tierras que revertían al calpulli. 14. Se estimaban motivos justificados para no cultivar las tierras, ser menor, huérfano, enfermo o muy viejo. 15. Estaba estrictamente prohibida la intervención de un calpulli en la tierra de otro. 16. Se llevaba un riguroso registro de las tierras que correspondían a cada “barrio” y dentro de éste a cada poseedor, lo que se elaboraba en papel (amatl) con inscripciones jeroglíficas. Pr ue ba fin La producción en el calpulli se efectuaba en forma comunal e individual por los macehuales bajo la supervisión de funcionarios especializados (calpixque), los cuales eran los encargados de cobrar el tributo. La relación que tenían los macehuales con el tlatoani (el poder central), no era una relación individual sino que la relación se daba a través del calpulli, como miembros del mismo. Además de la producción que se obtenía para su consumo y el tributo, el calpulli llegaba a generar excedentes que eran llevados al mercado por los macehuales. A diferencia del concepto de propiedad privada, los macehuales que habitaban los calpullis solamente fueron usufructuarios de la tierra, es decir, que tenían el goce, uso y disfrute como posesionarios y no así una propiedad real sobre sus medios de producción, porque el Estado se colocó como administrador fundamental de estos bienes. También dentro del calpulli existía cierta división del trabajo, puesto que se producían manufacturas tanto para uso interno como para dar tributo al tlatoani. Marx anota que “las comunidades muestran una división planificada del trabajo, pero su división manufacturera es aquí imposible, puesto que se mantiene inalterado el consumo, a lo sumo éste aumenta con el aumento de la comunidad…”.62 62 Marx, Karl, “L a dominación británica en la India”, Obras, Moscú, 1972, p. 15. 74 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO fin al Po rrú a Esta división del trabajo podría definirse como natural, en la que a los varones los ocupó el trabajo rural y a las mujeres, niños y ancianos la economía doméstica Es importante señalar que el modelo socioeconómico del calpulli ha trascendido hasta la actualidad (año 2002) en los pueblos indios del país; advirtiendo desde luego sus respectivas influencias en su devenir histórico. Finalmente encontramos al altepetlalli que fue una forma de tenencia de la tierra que prevaleció en el periodo azteca y se caracterizó por “pertenecer al conjunto del pueblo”, aunque de igual forma fue el Estado el beneficiario de esta propiedad (Véase en el cuadro 6, el esquema de las formas de tenencia agraria del señorío Azteca). Las demarcaciones territoriales mencionadas no pueden explicarse de manera estática sino en relación a diversos procesos históricos, como por ejemplo, la movilidad social en la que diversos sectores sociales pasaban a constituirse como hegemónicos, por vía familiar, o a través de la lucha militar que provocaba el despojo agrario. Así, un núcleo social dejaba de ser dominante y pasaba a ser dominado. Al respecto, Luis Reyes señala: “Los tlatoani pinome inician en 1398 y recrudecen en la segunda mitad del siglo XV, una larga serie de despojos de tierras y macehuali en contra de los pipiltzin nahua y de los calpulli de origen cholulteca, por medio de alianzas matrimoniales, invasiones de tierras y asesinatos”.63 ue ba Cuadro 6 Formas de tenencia de la tierra entre los aztecas Altepetlalli: Tierras del pueblo. FORMAS DE TENENCIA DE LA TIERRA ENTRE LOS AZTECAS Pr Comunal Calpullalli: Tierras del barrio. Tecpantlalli: Tierras destinadas al sostenimiento de los palacios del Tlacatecutli. Tlatocalalli: Tierras del Tlacotan o consejo de gobierno. Pública o del Estado (en formación) Milchimalli: TIerras para sufragar gastos militares y de guerra. Teotlapan: Tierras cuyo producto se destinaban al culto público. Pillalli: Tierras de los Pipiltzin. De los señores Tecpillalli: Tierras de los Tecpantlaca. Yahuatlalli: Tierras que estaban a disposición de las autoridades 63 Reyes, Luis, Documentos sobre tierras y señoríos en Cuautlinchán, México, 1978, INAH, p. 27. EL ORIGEN DEL PROBLEMA AGRARIO Y EL DERECHO RURAL EN MESOAMÉRICA 75 ba fin al Po rrú a Las bases del poder mexica se dieron a través del control que éste ejercía sobre la tierra y su producto. El Señorío azteca ejerció una fuerte centralización hacia aquellas regiones que no fueron capaces de confrontar su poderío. El derecho agrario azteca jugó un papel determinante en la justificación y legitimación de las formas de organización de tenencia de la tierra que desarrolló la clase dominante. Sin embargo, es importante señalar que el derecho agrario azteca tendría dos vertientes: una, cuyo eje lo construyó el incipiente Estado, y aquel que fue organizado desde el propio calpulli; lo que podríamos reconocer como el derecho consuetudinario azteca, y que tuvo un carácter autónomo, consensual y más humano. Autónomo porque dependió de las propias comunidades tanto en su elaboración como en su aplicación. Consensual por el sentido democrático de su ejecución, y humano porque no operó como un derecho de clase en el que se impusiera determinado poder. Las características que definen al calpulli no proceden del derecho hegemónico, sino de la organización que tuvieron nuestros pueblos indios para autodeterminarse y aplicar su propia normatividad. Finalmente las comunidades o calpullis culturalmente no reconocieron el sentido de propiedad privada existente en otras latitudes del mundo, la tierra para los pueblos indios fue reconocida como un dios, y como un elemento preponderante de la cosmogonía indígena mexica; la tierra al ser sacralizada no puede ser objeto de apropiación, así los indios se conciben parte de esta y finalmente como un eslabón del universo. ue I. UN ACERCAMIENTO A LOS MAYAS Pr 1. Algunas fuentes para su explicación En relación con la cultura mexicana, la maya guarda aún más limitaciones para su explicación sobre todo cuando el objeto de estudio se encuentra tan especializado, como es pretender explicar su derecho agrario. Valga pues el presente apartado como un inicio por recuperar la memoria jurídico agraria del pueblo maya. Dentro de las fuentes conocidas que se refieren de manera general a la cultura maya tenemos la obra de Diego de Landa, Relación de las Cosas de Yucatán y de Diego López de Cogolludo Historia de Yucatán. Los códices prehispánicos mayas que se conocen son el Dresde o Dresden, el Peresiano y el Madrid, los cuales mencionamos en el apartado anterior. A nivel contemporáneo son importantes los trabajos de J. Erick Thompson —está considerado como el más importante de los mayistas—, Hutchinson y Sylvanus Morley. A nivel literario son importantes las obras clásicas del Chilam Balam de Chumayel y el Popol Vuh. 76 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO En México solamente Guillermo Floris Margadant y Sara Bialostovsky comienzan a desarrollar algunos aspectos concernientes al pueblo maya y la historia del derecho en México, mientras que la totalidad de los jurisconsultos de la materia agraria han ignorado esta temática. Brevemente Mendieta y Nuñez (Problema agrario de México) menciona algunas generalizaciones del pueblo maya. Hoy sabemos que la historia del derecho agrario maya habrá que recuperarla más en la iconografía, la arqueología, la antropología y la tradición oral, tarea que estamos dispuestos a desarrollar. 2. Los orígenes de la cultura maya Pr ue ba fin al Po rrú a Los periodos en que la mayoría de los autores ubica el devenir de la cultura maya son: el preclásico, del 2500 antes de nuestra era al 300 de nuestra era, periodo en que se desarrollaron los pueblos agrícolas sedentarios, y termina con la aparición de los centros de poder (fechas de cuenta larga en las tierras bajas del sur de la zona maya), el clásico, del 300 al 959 de nuestra era, en esta etapa surgen los llamados “Cacicazgos o dinastías”. La cultura maya tuvo una estratificación social muy señalada, así como una especialización económica y un importante desarrollo de los mercados y el comercio.64 En este periodo florecieron Tulum, Chichén Itzá, Uxmal, etcétera. Y el postclásico, del 950 al 1519 de nuestra era, cuyo periodo tiene que ver mas bien con la decadencia de la cultura maya. Al igual que la diversidad de pueblos mesoamericanos, la población que vivió en el sureste de México y buena parte de centroamérica originalmente estuvo conformada por pueblos que procedían, según Thompson65 de la región sur de Tabasco, etnia a la que los aztecas denominaban como Chontales (extranjeros), y a su región como Acalan.66 Al respecto, Thompson establece: Los putunes o maya chontales eran un grupo acometedor, fuertemente afectado por sus vecinos de habla mexicana, procedían del sur de Campeche y del vasto delta de los ríos Usumacinta y Grijalva de Tabasco… Como los putunes, navegantes y mercaderes marinos de Mesoamérica, dominaban las vías marítimas en torno a la península de Yucatán, una rama de ellos, los itzaes, se establecieron en la isla de Cozumel y cruzando el estrecho se hicieron de una cabeza de playa en Pole, en tierra firme. Desde ahí avan- 64 Sanders, William, Mesoamerica Evolution of Civilization, New Random House, 1968. 65 Thompson, Erick, Historia y religión de los mayas, Siglo XXI, México, 1984, p. 21. 66 Smailus, Ortwin, El maya chontal de Acalán, UNAM, México, 1975, p. 11. EL ORIGEN DEL PROBLEMA AGRARIO Y EL DERECHO RURAL EN MESOAMÉRICA 77 zaron tierra adentro y conquistaron cierto número de centros, entre ellos Chichén Itzá (año 918 de nuestra era).67 Pr ue ba fin al Po rrú a El Chilam Balam de Chumayel contiene una lista de pueblos y cenotes que atravesaron los itzaes a los que dieron nombre y pusieron en orden. Estas expresiones del Chumayel podrían ser eufemismos para significar conquistas y sumisión a tributos respectivamente. Conforme a diversos estudios se sabe que la entrada de los itzaes a Chichén derivó en el advenimiento de lo que ha sido denominado como “Imperio Maya”, que estuvo conformado por 16 Kuchcabal (provincias) relativamente independientes entre sí, pero con el control de dos “dinastías”: los Xiu, cuya influencia se extendía sobre el norponiente de Yucatán, y los Itzá, cuyo dominio estaba en el oriente.68 En los albores de esta cultura los autores suponen que la base de su economía fue la agricultura, y el maíz el producto más importante, aunque no exclusivo, por la diversidad ecológica y climática en que se asentó el pueblo maya (la costa este del litoral peninsular, la zona sureste selvática de Guatemala y Honduras, y el Altiplano guatemalteco). El sistema agrícola era de roza,69 técnica consistente en limpiar una sección del bosque y quemar la vegetación cuando ya está seca, se sembraba con un bastón plantador y se desyerbaba de vez en cuando durante el crecimiento del cultivo. Bronson70 refiere que en las zonas selváticas fueron muy importantes los tubérculos como base de la economía comunitaria de los pueblos mayas. Al respecto cita productos como el camote (Tpomdea batatas); la jícama (Pachy-rhizuz erosus); Mandioca-yuca (Manihot esculenta) etcétera. El reconocimiento de la existencia de otros productos, no solamente el maíz, ha llevado a restablecer la hipótesis de que los mayas prehispánicos desarrollaron el policultivo, ya que este tipo de técnica se adaptaba óptimamente a los problemas del agotamiento del suelo, la maleza, las plagas y la escasez de tierras. Las comunidades agrarias de la región maya se vieron influenciadas, después del año 630 de nuestra era, por las dinastías Xiu e Itzá 67 Thompson, Historia y religión, op. cit., pp. 22-23. 68 Cf. Munro, S. Edmonson, The Ancient Future of the Itzá, 1982; Peniche Rivero, Piedad, Cosmogonía y poder entre los Mayas de Yucatán, 1983, pp. 8-10. 69 “El estudio agrícola del Petén por U. Cowgill, conducido en la región del Lago Petén Itza, trató de determinar cuántas personas por unidad de área pueden ser sostenidas por roza durante un largo tiempo. Como cálculo conservador concluyó que la roza puede sostener una población de aproximadamente 100 a 200 personas por milla cuadrada (40 a 50 personas por Km2)”. Cf. Cowgill, Úrsula, “Peasant Agriculture Study of Southern Maya Lands”, American Anthropologist, 1962, pp. 273-286. 70 Bronson, Bennete, “Roots and Subsistence of the Ancient Maya”, Southwester Journal of Anthropology, 22 (3); 251-279. 78 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO (putunes) con las conquistas y dominios territoriales que determinaron profundos cambios. Así Thompson,71 menciona la importancia cosmogónica que el pueblo maya atribuyó al tabaco y su manejo mágico-religioso e incluso terapéutico. A la del cacao que, además de representar un valor de intercambio le daban, de igual manera (al chocolate), un valor religioso. Al establecerse las clases hegemónicas, dicha importancia a estos productos representó que diversidad de comunidades mayas transformaran en buena parte su hábitat de autoconsumidores a tributadores y esclavos. Y finalmente tenemos la importancia de la costa en la que los mayas (itzáes) desarrollaron el comercio y la producción de sal. a 3. Señoríos y derecho agrario en la sociedad maya Pr ue ba fin al Po rrú La presente argumentación pretende ser un “primer acercamiento” a un tema aún complejo y difuso como lo es la existencia de la normatividad agraria del pueblo maya. El derecho agrario entre los mayas, tiene sus bases en el derecho consuetudinario en que se fincaron los primeros grupos de agricultores del Mayapan-Yucalpetén72 y Copan (Quiché) y que hoy conforman los Estados de Tabasco (parte sur), Yucatán, Campeche, Quintana Roo y buena parte de Chiapas, así como parte de Guatemala, Honduras y Belice, Periodo que va aproximadamente del año 1500 a.n.e. (preclásico maya) hasta el año 300 de nuestra era (clásico maya).73 Este derecho consuetudinario legitimó las formas de organización intrafamiliares y comunales, a lo que se denominó Balam (antiguo linaje indígena) en el que era la propia familia y su descendencia quienes organizaban consensualmente a la comunidad. Aunque en el idioma Maya, en sentido estricto, Balam quiere decir tigre protector o guardián. La organización de la propiedad agraria maya dependió de la familia, no existiendo relaciones entre explotados y explotadores (inter comunalmente). Este periodo puede ser considerado como el de la libre apropiación de la tierra en la que no existió originalmente la propiedad privada de los medios de producción. 71 Thompson, Historia y religión, op. cit., p. 230. 72 Yucaltpetén fue nombre que le asignaron los itzáes a la península de Yucatán, y quiere decir “región del venado”. Aunque en realidad el toponímico puede provenir de Yuk: universal, que comprende todo; Tankab: milpa. Cf. Diccionario Maya, Editorial Porrúa, México, 1995, pp. 773, 886. 73 Cf. Mc Lung, Ecología y cultura en Mesoamérica, UNAM, México, 1984, p. 10. EL ORIGEN DEL PROBLEMA AGRARIO Y EL DERECHO RURAL EN MESOAMÉRICA 79 En el relato que al respecto estableció Diego de Landa señala. Siembran en muchas partes, por si faltare, supla la otra. En labrar la tierra no hacen sino coger la basura y quemarla para después sembrar y desde medio enero hasta abril labran y entonces con las lluvias, siembran, lo cual hacen trayendo un taleguillo a cuestas y con un palo puntiagudo hacen agujeros en la tierra y ponen allí cinco a seis granos, lo cual cubren con el mismo palo.74 Pr ue ba fin al Po rrú a Este sistema de desarrollo de las comunidades se transformó en la medida en que surgieron los dominios territoriales y con ello el despotismo tributario. Fue así como surgió lo que podríamos denominar derecho clasista de la propiedad. Según las fuentes históricas, con el dominio de las dinastías75 Cocom, Itzá y Xiu, la vida de las comunidades sufrió una profunda transformación: por el despojo de sus propiedades, por la sujeción de parte de su producto a una condición tributaria, por la conversión de macehuales a esclavos al servicio del señor. El “Señorío maya” fue resultado de diversas conquistas territoriales y la asunción al poder de los Cocom, Itzá y Xiu se justificó a través de la religión. El “Señorío maya” suele ser considerado como un Estado embrionario en transición que ejerció su poder de manera despótica a través del tributo y la esclavitud. En relación con el derecho maya, éste puede ser comprendido únicamente como parte de la cosmovisión de dicho pueblo. El advenimiento del derecho agrario como instrumento de legitimación y poder de supremacía territorial se ubica a partir de tres momentos de la cultura maya: el primero inicia en el año 672-692 después de Cristo, momento en que, según Roys, se inició la salida los Mayas o Chontales (extranjeros) de Chakanputun (Champoton) y que llega al Katun 13 ahau, 751-771 en que conquistaron Chichén.76 El Chilam Balam menciona la lista de pueblos y cenotes, que conquistaron los itzáes entre el año 672 a 771, creando, el Señorío yucateco o de yucalpeten maya de los itzáes; el dominio itzáe determinó una nueva reestructuración de la propiedad agraria en el que las comunidades 74 De Landa, op. cit., p. 49. 75 Duverger considera que el primer periodo de las dinastías tiene su fundamento jurídico en el origen divino del poder. Cf. Ciencia política, UNAM, México, 1976, p. 135. 76 Roys, Ralph, The Books of the Chilam Balam of Chumayel, pp. 70-72, la fecha katun 13 ahau que se traduce como año 771 en el que según Roys fue conquistada Chichén Itzá fue refutada por Thompson, que señala como año de conquista de Chichén, el 28 de abril de 918 después de Cristo teniendo como referencia el tallado del último dintel del periodo clásico; en maya 10, 4, 9, 7, 3, 2, Akbal yaxkin. 80 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO brindaban tributo tanto en especie, como en trabajo. Richard Luxton señala que la segunda etapa del señorío, va del año 450 a. de n.e. al 1027 d. de n.e. que es el momento de la caída del territorio yucateco del Mayapán en que dominaba la dinastía Cocom, surgiendo como hegemónico la de los Xiu. El último periodo va de 1450 a 1519, año de arribo de los conquistadores españoles a Yucatán. En el Popol Vuh se lee: Pr ue ba fin al Po rrú a De esta manera se completaron los veinticuatro señores y existieron las veinticuatro casas grandes. Así crecieron la grandeza y el poderío del Quiché. Entonces se engrandeció y dominó la superioridad de los hijos Quiché, cuando construyeron de cal y canto la ciudad de los barrancos. Vinieron los pueblos pequeños, los pueblos grandes ante la persona del rey. Se engrandeció el Quiché cuando surgió su gloria y majestad, cuando se levantaron la casa del dios y la casa de los Señores. Pero no fueron éstos los que las hicieron ni las trabajaron, ni tampoco construyeron sus casas, ni hicieron la casa del dios, pues fueron [hechas] por sus hijos y vasallos, que se habían multiplicado. Y no fue engañándoles, ni robándolos, ni arrebatándolos violentamente, porque en realidad pertenecía cada uno a los Señores, y fueron muchos sus hermanos y parientes que se habían juntado y se reunían para oír las órdenes de cada uno de los Señores. Verdaderamente los amaban y grande era la gloria de los Señores, y era tenido en gran respeto el día en que habían nacido los Señores por sus hijos y vasallos, cuando se multiplicaron los habitantes del campo y de la ciudad. Pero no fue que llegaran a entregarse todas las tribus ni que cayeran en batalla los [habitantes de los] campos y las ciudades, sino que se engrandecieron a causa de los Señores prodigiosos, del rey Gucumatz y del rey Cotuhá. Verdaderamente, Gucumatz era un rey prodigioso. Luxton siguiendo a De Landa señala: Yucatán, esa saliente austral de México adyacente a Belice y frente a Florida, estaba dividida en diecisiete jurisdicciones, regidas por específicos linajes —los Xiu, los Cocom, los Canul, los Chel, una letanía de familias indias privilegiadas y orgullosas. Al frente de cada linaje gobernante estaba el Halac Uninic, el “hombre verdadero”. El título era legado del padre al hijo mayor, a condición de que más tarde se mostrara digno tanto en sus cualidades personales cuanto a su dedicación. Cada halac uinic dirigía el gobierno de la capital de su jurisdicción y formulaba la política exterior. Con frecuencia el área que gobernaba era difícilmente mayor que la de un condado inglés. No obstante la burocracia civil que tenía a su disposición era compleja y avanzada, y el aparato político de los mayas procuraba un “justo gobierno”. El halac uinic nombraba un batab para gobernar los pueblos EL ORIGEN DEL PROBLEMA AGRARIO Y EL DERECHO RURAL EN MESOAMÉRICA 81 rrú a satélites dentro de sus dominios. Estos “funcionarios” eran responsables de los asuntos legales, de la administración pública y del buen gobierno. Cada batab podía nombrar a otros funcionarios para mantener el orden en las fiestas públicas y para vigilar los proyectos cívicos. Los jaiba uinicob, los comuneros mayas —campesinos, cazadores y pescadores—, ejercían una fuerte influencia democrática sobre su administración. Se instituían consejos que estaban a cargo de la subdivisión de cada pueblo. Estos consejos recaudaban el tributo de maíz, tela de algodón, aves de corral, verduras y frutas, y tenían a su cargo las tiendas comunales de alimentos. El tributo entregado a los señores “no era oneroso” y los yalba unicob esperaban muchos provechos a cambio de él. Vigilaban y criticaban a sus dirigentes y los enfrentaban cara a cara. Esperaban un buen gobierno y había un equilibrio entre la propiedad privada de los frutos de su trabajo, los productos de la selva y de la milpa y la propiedad comunal de la tierra y de los proyectos colectivos, como la construcción de caminos y el cuidado de los viejos y los inválidos.77 Pr ue ba fin al Po Contrario a lo descrito por Luxton, podemos considerar que el carácter del derecho maya en general y del derecho agrario maya en particular se fincó en la fuerza del incipiente Estado teocrático que utilizó como elemento justificador a la ideología religiosa. La sociedad maya estaba dividida en núcleos sociales en la que existía un halac unic (el gran señor), quien junto con su dinastía ejercía un poder despótico hacia las comunidades campesinas. El gran señor contaba con una “burocracia” que administraba la exacción de recursos de los pueblos, los representantes de esta burocracia se llamaban batab. Y al conjunto de la clase dominada se le conoció como yalba uinicob que eran los campesinos comuneros mayas, cazadores y recolectores y artesanos que a decir de Beuchat,78 estos constituyeron a la clase explotada de la sociedad maya. Sin pretender representar una clasificación de la estratificación social maya, las referencias citadas indican el carácter clasista de la sociedad maya; lo que permite reiterar el carácter despótico del derecho y el Estado maya. En estudios recientes elaborados por Sávelzon y Zatz, se precisa: Otro punto de interés, no sólo como justificación de poder, sino como posible elemento jurídico es el de los pagos de tributo. Sabemos que había algunas formas de pago tributario entre los mayas lo cual implica el 77 Luxton, Richard et al., Sueño del camino maya, México, FCE, 1986, pp. 19-20. 78 Beuchat, H. Manual de arqueología americana, Madrid, 1918. Entre los Quiché de Quauhtle-mallan (Guatemala) la clase de los artesanos se dividía en: aqhual: Tallador de esmeraldas o piedras verdes; ahyamanic: Joyero o platero; anchur: Cincelador o escultor; antzalam: Tallador o ebanista; anraxalac: Fabricante de platos; anraxazel: Fabricante de vasos; ahgol: El que trabaja resina, y ahtoltecat: El platero tolteca. 82 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO dominio no sólo de una clase sobre la otra, sino de un grupo de pueblos sobre otros.79 El carácter clasista del derecho agrario maya se puede establecer, en alguna medida, a través de la iconografía de la arqueología maya. Al respecto encontramos los trabajos de Tatiana Proskouriakoff,80 quien estudió las zonas de Palenque, Quirigúa, Yaxchichán, Tikal, Piedras Negras, la autora comenta que algunos de los glifos emblema demuestran que Escudo Jaguar y Pájaro Jaguar efectúan (año 647) una serie de conquistas de diversos pueblos, determinando la hegemonía sobre las comunidades. En el Popol Vuh se establece: al Po rrú a Ahora bien, muchos pueblos fueron fundándose uno por uno y las diferentes ramas de las tribus se iban reuniendo y agrupando junto a los caminos… He aquí cómo comenzó el robo de los hombres de las tribus [de Uuc Amag] por Balam-Quitze, Balam Acab, Mahuactcah e Igui Balam. Luego vino la matanza de las tribus. Cogían a uno solo cuando iba caminando, o dos cuando iban caminando y no se sabía cuándo los cogían, y en seguida los iban a sacrificar ante tohily Auilix.81 Pr ue ba fin Las estelas estudiadas por Proskouriakoff denotaban batallas, conquistas, administración de tributo, sumisión de esclavos, campesinos y hegemonía del señor y su dinastía. “Por lo general las estelas de Escudo Jaguar muestran la captura de prisioneros con sus nombres propios, retratos de hombres armados y unidos a un glifo de ‘captura’. El dintel 45 muestra una cierta batalla en la que interviene Escudo Jaguar y en la que se captura a Ahua. Tiempo más tarde se representa una ceremonia, quizás la consolidación del poder del gobernador”.82 Sánchez Montañez al citar la iconografía del poder con base en estudios de las estelas de Coba establece: Tradicionalmente se ha asociado la figura del señor con cultivos con la representación del conquistador glorificado… Los guerreros en todos los casos llevan una barra ceremonial cuya presencia parece más bien indicar algún acto o el status general de nobleza. Es el símbolo del poder, un poder 79 Sávelzon, Daniel et al., “El derecho y los mecanismos de justificación ideológica del poder. La sociedad maya prehispánica”, en Memoria del II Congreso de Historia del Derecho Mexicano, México 1990, UNAM, p. 119. 80 Proskouriakoff, Tatiana, A Study of Classic Maya Sculpture, Carnegie Institution of Washington, 1950. 81 Popol Vuh, México, Fondo de Cultura, 1990, pp. 127-128. 82 Sávelzon, “El derecho… op. cil., p. 119. EL ORIGEN DEL PROBLEMA AGRARIO Y EL DERECHO RURAL EN MESOAMÉRICA 83 que como ha señalado Rivera Dorado, tiene mucho que ver con una consideración de tipo cósmico en tanto que ese poder se sustenta en una ideología que mezcla significaciones sociales y cosmológicas que se polarizan en torno a la figura del soberano. En este sentido la barra ceremonial que le sirve de insignia en las estelas es una metáfora del ciclo y de los seres sobrenaturales que allí habitan.83 Pr ue ba fin al Po rrú a Si bien no podemos concluir con una definición precisa de las formas de tenencia de la tierra durante la sociedad maya, encontramos que conforme a los estudios hasta hoy elaborados, se demuestra la existencia de un Estado militarista y, consecuentemente, de un derecho clasista en la formación social maya. Con la iconografía se confirman las conclusiones de la arqueología que refieren determinada estratificación social y nos dan indicios de las funciones de cada núcleo en el sistema social. Además de que muestran el papel que jugó la religión como “institucionalizadora” del poder político y como sostén del status quo social. Finalmente es muy importante subrayar el grado de independencia relativa de que gozaron las comunidades campesinas mayas, desarrollando su propio derecho consuetudinario que estaría diferenciado del derecho hegemónico. Con el derecho consuetudinario los macehuales organizaron su comunidad, y dieron formas propias de planificación agraria en la transmisión de derechos, en el trabajo colectivo etcétera. El derecho consuetudinario comunitario maya permitió, en gran medida, la supervivencia de las comunidades, aspecto que puede observarse desde la caída del Mayapán (1450 de nuestra era) hasta la actualidad (año 2002). Durante la Conquista española la norma consuetudinaria, incluyendo la agraria, consolidó el poder de los macehuales que a la larga derivó en diversas rebeliones sociales. La aplicación de la norma tradicional frente al poder del Estado, representó una actitud contestataria ante aquellas normas jurídicas que no correspondían a la realidad de los pueblos mayas. En la actualidad la etnia maya mantiene su derecho consuetudinario agrario, lo que de alguna manera ha permitido su subsistencia. En conclusión podemos identificar dos vertientes en que se desarrolló el derecho agrario mesoamericano, al menos en las dos regiones que como estudio de caso se plantean en el presente apartado: — Aquella que se reproduce como un fenómeno de poder, en el que la organización y administración de la tierra depende de 83 Sánchez Montañez, Emma, “La iconografía del poder en las estelas de Coba”, memorias del primer Coloquio Internacional de Mayistas, México, UNAM, 1987, pp. 541-551. 84 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO Pr ue ba fin al Po rrú a la aplicación que realice el Gran Señor, o los núcleos dinásticos dominantes. — Y, aquella que se organizó a través de las comunidades, teniendo una organización autónoma y reconociendo a la tierra como un bien sagrado. Esta unidad productiva se mantiene, con sus respectivas vertientes, hasta nuestros días en algunas regiones de la península de Yucatán, así como en otras subregiones de la otrora Mesoamérica. III. LA SOCIOECONOMÍA COLONIAL Y EL DESARROLLO DEL DERECHO AGRARIO EN LA NUEVA ESPAÑA A. CARACTERIZACIÓN DE LA SOCIEDAD EN LA NUEVA ESPAÑA Pr ue ba fin al Po rrú a En el momento en que arribaron los conquistadores a Mesoamérica se desarrollaba el modo asiático de producción en el centro y sur, y al norte aún se encontraban algunos núcleos nómadas dedicados a la caza y recolección que los mexicas llamaron chichimecas. En un principio los conquistadores no alteraron el modo de producción existente, sino que lo utilizaron, ya que en él radicaban las bases del desarrollo feudal español. La diferencia consistió en la sustitución que se hace de los dominadores aztecas y mayas por los españoles, en el ejercicio del poder y la explotación. Así surgió el Estado de la metrópoli como el “dinamizador” de las relaciones de producción en la Nueva España. Con el impacto de la Conquista, la economía y la sociedad novo hispana quedaron integradas al crecimiento feudal de España y Europa. Los elementos principales que ligaron a la Colonia con la metrópoli española fueron: a) El desarrollo de la minería: que dio lugar a una nueva división social del trabajo y a nuevas formas de explotación de la tierra y del trabajo. b) Un sistema tributario asfixiante: que permite la absorción de trabajo excedente hacia la Colonia. c) El crecimiento de una agricultura plantacional: que en su forma de hacienda abastece a España de productos tropicales novedosos; o, en su caso, la hacienda como abastecedora de alimentos de las zonas mineras. d) El fenómeno de la acumulación originaria del capital: que tuvo su origen en el feudalismo español (ya en decaimiento) y en el desarrollo del mercantilismo. El proceso de acumulación primitiva en la Nueva España tuvo matices de pillaje, usura, hurto, explotación y oprobio humanos en los que prácticamente se devastó a la población indígena. 85 86 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO ba fin al Po rrú a Respecto de la acumulación originaria del capital Marx refiere… el descubrimiento de los yacimientos de oro y plata de América, la cruzada del exterminio, la esclavización y sepultamiento en las minas, de la población aborigen, el comienzo de la conquista y el saqueo de las indias orientales, la conversión del continente africano en cazadores de esclavos negros, son todos los albores de la era de la producción capitalista. La acumulación originaria tuvo por contexto un vastísimo escenario; el producto excedente arrancado a los pobladores de las colonias se transformó en capital y fue invertido en la fuerza de trabajo asalariado, allí donde las condiciones sociales y económicas estaban maduras para el cambio. “Los primeros capitales nacieron no de la producción sino de la expropiación de los pequeños productores del campo, el pillaje de los fondos de los empréstitos públicos, pero sobre todo del saqueo de los pueblos coloniales de tres continentes”.1 Estos elementos determinaron un “avance” en las fuerzas productivas del continente lo cual, sin embargo, estuvo dado por un altísimo costo social2 y por una explotación desmedida de las comunidades indígenas. Al referirse al impacto social Galeano señala: “Aztecas, incas y mayas sumaban entre setenta y noventa millones de personas cuando los conquistadores extranjeros aparecieron en el horizonte; un siglo y medio después se habían reducido, en total, a sólo tres millones y medio”.3 Sobre este mismo tópico Enrique Florescano establece: Pr ue La investigación histórica ha despejado toda duda sobre el carácter predatorio de la implantación colonial. No hay acuerdo entre los investigadores sobre la magnitud de la población indígena a la llegada de los españoles, las estimaciones fluctúan entre 7 y 25 millones. El hecho es, en todo caso, que un siglo después solo quedaba poco más de un millón de habitantes.4 Con la Conquista, se implantó una formación social compleja en la que se combinaron las estructuras hispanas (guardaban un carácter feudal desarrollado), con elementos de un mercantilismo voraz, lo cual, a su vez, se integró con la estructura del modo de producción asiático de los pueblos indios, con ello el feudalismo europeo fue trasladado e impuesto a las colonias americanas desde principios del siglo XVI. Por otro lado, el advenimiento del nuevo sistema socioeconómico determinó una nueva división territorial, que desde luego no consideró 1 Cf., Marx, Carlos, El capital, t. 1, FCE, México, 1968. 2 Cf., Apéndice 4. 3 Galeano, Eduardo, Las venas abiertas de América Latina, Siglo XXI, México, 1978, p. 59. 4 Florescano, op. cit., p. 13. LA SOCIOECONOMÍA COLONIAL Y EL DESARROLLO DEL DERECHO AGRARIO 87 la regionalización de las etnias, al respecto Edmundo O’Gorman ha explicado que no existió una forma lineal de esta nueva división política sino más bien fue el resultado de diversos factores. Al decir de O’Gorman: “Existieron en la época colonial varias clases de divisiones territoriales. La más importante por muchos motivos fue la eclesiástica (…) tenemos, por otra parte, la división territorial administrativa judicial, determinada por los distritos jurisdiccionales de las audiencias, subdivididos en gobiernos, corregimientos y alcaldías mayores (…) Por último la historia de la geografía colonial presenta un tercer aspecto que motiva grandes cambios en el mapa del territorio virreinal referente al ámbito administrativo fiscal”.5 a 1. Las fuerzas productivas y la minería colonial Pr ue ba fin al Po rrú La situación socioeconómica en España motivó que los intereses expansionistas de los españoles se dirigieran hacia la minería. Ya en 1528 los lugartenientes de Cortés habían explorado extensas regiones situadas al sur del sistema fluvial del Lerma Santiago, lo que actualmente es el Estado de Michoacán. En 1529 se inició la conquista de la zona situada al norte del Santiago, por hombres capitaneados por Beltrán Ñuño de Guzmán que, según la tradición, es el personaje más siniestro entre todos los conquistadores españoles de México. Durante más de seis años recorrió las regiones del norte de Michoacán, del sur de Zacatecas, Jalisco y Culiacán, echando las bases para la fundación de la provincia de Nueva Galicia. Ñuño de Guzmán y sus lugartenientes fundaron algunas ciudades, entre las cuales la principal en aquellas fechas fue Compostela, situada hacia el poniente de la región; pero Guadalajara es más significativa para nuestro estudio pues llegó a alcanzar una importancia mucho mayor, fue fundada en 1531 por Cristóbal de Oñate, uno de los subordinados de Ñuño de Guzmán. Ciudad, que después de varias tentativas por fin fue establecida en 1542 en su actual localización al sur del río Santiago6 (Cf. Mapa 2 acerca de los Reales de Minas). 5 O’Gorman, Edmundo, Historia de las divisiones territoriales de México, Editorial Porrúa, México 1994, pp. 4-9. 6 Bakewel, P. J., Minería y sociedad en el México colonial, FCE, 1978, México p. 17. Cf. “Historia de las exploraciones de Ñuño de Guzmán y de los agentes de Cortés” en Parry, J. H., The Audiencia of New Galicia in the Sixleenth Century. A Study in Spanish Colonial Goverment, 1948, pp. 19-25; Bancrofr, H., History of the Pacific States of Norlh América, vol. 5 México, vol. 2, 1521 1600, Sn. Francisco, 1883, pp. 334; Mechman, J. Loyd, Francisco de Ibarra and Nueva Vizcaya Durham, Carolina, 1927 pp. 22-54. 88 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO Mapa 2 Conformación de los reales de minas en el occidente de la Nueva España Cuencamé San Juan del Río Cedros Nieves (1574) Nombre de Dios Río Grande San Martín (1556) Sombrerete Chalchihuites (1556) San Andrés Trujillo Pánuco (1546) Agua del Venado Ramos (1606) ZACATECAS Salinas (1546) Jerez CieneOjocaliente (1600) guitas Malpaso Sierra de Pinos (1603) Palmillos Tlacotes Tepezala (1574) Aguascalientes Tlaltenango Teul Juchipila Po Colotlán rrú a Valparaíso Charcas (1574) Fresnillo (1556) al Teocaltiche Nochistlán 0 fin Real de Minas n 50 Fe li pe 100 Kilómetros ue ba GUADALAJARA Sa Pr Esta serie de conquistas trajo aparejado el descubrimiento de diversos yacimientos dentro de los cuales sobresalieron los siguientes:7 Cuadro 7 Descubrimiento de diversos yacimientos en el occidente novohispano Año Yacimiento Entidad Actual 1532 Taxco Guerrero 1543 Compostela (Nueva Galicia) Nayarit 1546 Cerro de la Bufa Zacatecas 1547 Zacatecas Zacatecas 1547 Chalchihuites Zacatecas 7 Álvarez Carbajal, Manuel, Reseña geológica, UNAM, México, 1950, p. 231. LA SOCIOECONOMÍA COLONIAL Y EL DESARROLLO DEL DERECHO AGRARIO Año Yacimiento 89 Entidad Actual La Luz Guanajuato 1548 Mellado Guanajuato 1550 Veta Madre Guanajuato 1550 Real del Monte Hidalgo 1551 Sombrerete Zacatecas 1553 Sultepec Estado de México 1553 Temascaltepec Estado de México 1554 Guanajuato Guanajuato 1556 San Martín Zacatecas 1556 Fresnillo Zacatecas 1574 Nieves Zacatecas 1600 Tepezala 1603 Sierra de Pinos 1770 La Valenciana 1779 El Catorce rrú a 1548 Zacatecas Po Zacatecas fin al Guanajuato San Luis Potosí7 Pr ue ba Con el advenimiento de la minería se generaron nuevas formas de organización y división del trabajo, así como de contabilidad y de administración. En las minas existían funciones muy bien delimitadas que habían adquirido una denominación especial. El minero o capitán cuidaba de distribuir las barras en las labores… asignar los tequios, cuentas o tareas de cada doce horas de tanda… El herrero reparaba los instrumentos de trabajo, sobre todo los picos y cuñas. El despachador cuidaba de las tareas y partidos dentro de las minas. El barretero, que se dedicaba propiamente a la extracción del metal. El malacatero, que se encargaba de hacer funcionar los aparatos del mismo nombre. El gaonero, que hacía la misma fatiga en limpiar y desterrar las labores y cañones trabajando entre las aguas, cargando los tepetates y tierras y ascendiendo por las lumbreras y caminos. El peón, que bajaba y subía para ministrar a los barreteros lo necesario para ellos y llevar los sacos de tequio hacia la superficie. Dentro de los instrumentos de trabajo encontramos los picos, la barreta (que llegaba a pesar entre 15 y 20 kilogramos), cinceles, martillos, marros; el malacate fue el único instrumento de tracción que “ayudó” al trabajo muscular. Conjuntamente con las minas surgieron grandes ciudades “aristocratizadas” como Pachuca, Guanajuato, Zacatecas, etcétera, en las que 90 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO Pr ue ba fin al Po rrú a también se desarrolló el comercio. Así, las zonas extractivas pasaron a ser el “nuevo orden” económico social. En un principio la fuerza de trabajo de las minas lo constituyeron los millares de indígenas que fueron apresados producto del dominio español, como así sucedió en los casos de la guerra chichimeca, lo que trajo como consecuencia el dominio de los indios caxcanes, otomíes, guachichiles, pames, zacatecos, tepeques, tecuexes, tepehuanes, etcétera, y su conversión en mano de obra “esclava”, prácticamente sin ningún derecho. Este proceso ligado al raquítico avance de los instrumentos y objetos de trabajo que se utilizaban en la minería, incrementó profundamente la tasa de mortalidad, ello obligó a la clase dominante a liberar a la mano de obra y establecer un “salario”. Aquellas comunidades que lograron refugiarse en las zonas altas de las sierras o en las profundidades selváticas serían a la postre una reserva de fuerza de trabajo. Fue así como a mediados del siglo XVI la esclavitud8 pasa a un segundo plano, sin embargo, este fenómeno estuvo latente hasta el año de 1821 porque existía de hecho o simplemente porque la superestructura ideológica le seguía legitimando. Así sucede en el caso de la encomienda y la evangelización. La liberación de la mano de obra y su proletarización se manifestó de distinta forma en cada región de la Nueva España. Este proceso primeramente se ligó al repartimiento y la encomienda y posteriormente a la libre contratación de indios, como ocurrió en el norte del territorio novo hispánico. Los metales arrebatados a las colonias españolas estimularon el desarrollo económico europeo, mencionaremos que de lo producido por las minas mexicanas un 90% estaba dirigido exclusivamente a la exportación. A mediados del siglo XVII la plata abarcaba más del 99% de las exportaciones minerales.9 En los años de finales del siglo XVIII la escasa aplicación de esfuerzos a la evolución tecnológica empezó a influir decisivamente en la 8 Durante las primeras décadas una forma muy extendida de explotación de los indios fue la esclavitud manifiesta. Después de 1542, esta forma de sujeción fue perdiendo importancia pero nunca se extinguió totalmente y en algunas ramas siguió teniendo importancia hasta el final de la Colonia. Para utilizar las formas de explotación conocidas y aceptadas en la sociedad prehispánica, los españoles debían integrarse a ésta, consolidar su dominio y legitimarlo. Durante este periodo, la forma más efectiva para abastecer sus empresas de mano de obra fue la esclavización de los indios. Cf., Semo, Enrique, op. cit., p. 195. Este autor también refiere a Berthe, Jean Pierre, Aspects del sclavage des indies en Novelle Espagne, París, 1965. 9 Cf. Earl J., Hamilton, American Teasure and the Price Revolution in Spain (1501-1650), Masachussets, 1934, cit. en Galeano, op. cit., p. 33. 91 LA SOCIOECONOMÍA COLONIAL Y EL DESARROLLO DEL DERECHO AGRARIO capacidad productiva de la minería, lo que redundó en el estancamiento de la producción en la primera década del siglo XIX (véase cuadro 8). Cuadro 8 México: volumen y valor de la producción de oro y plata (1521-1821) (kilogramos y millones de pesos de 1,700/1,800) Periodo 1521-1540 Oro Kgs. Plata % 4,200 Kgs. % Valor oro y plata Millones de pesos 1,700/1,800 68,340 5.16 3,400 -1.1 252,660 6.8 11.85 6,800 3.5 1,004,000 7.1 42.88 1581-1600 9,600 1.7 1,486,000 2.0 63.20 8,400 -0.6 1,624,000 0.4 67.84 8,020 -0.3 1,764,000 0.4 73.01 1641-1660 7,420 -0.4 1,904,000 0.4 78.06 1661-1680 7,265 -0.1 2,042,000 0.3 83.29 1681-1700 7,380 0.0 al Po 1601-1620 1621-1640 rrú a 1541-1560 1561-1580 0.4 89.63 1701-1720 10,470 1.8 3,276,000 2.0 121.97 1721-1740 13,600 1.3 4,615,000 1.7 176.36 ba fin 2,204,000 16,380 0.9 6,020,000 1.3 240.02 26,170 2.4 7,328,000 1.0 282.86 1781-1800 24,580 -0.3 11,249,000 2.2 425.76 1801-1820 28,340 0.8 8,658,000 1.3 351.70 Pr ue 1741-1760 1761-1780 En efecto, a medida que los yacimientos más accesibles se fueron agotando, se intentó la explotación mediante tiros más profundos, dando lugar a frecuentes inundaciones y a serios obstáculos para la ventilación apropiada, ya que se usaban pocos medios mecánicos e hidráulicos. Otro elemento que determinó el decaimiento de la minería fue la falta de capacidad financiera de los propietarios de las minas.10 A decir de Engels, “… por todos los poros de la sociedad feudal moribunda en Europa, y al servicio del naciente mercantilismo capitalista 10 Rafael Ramos Pedrueza argumenta que en el decaimiento de la minería en este periodo, incidió la respuesta social de la masa explotada, al respecto ejemplifica con la insurrección de mineros que se desarrolló en 1767 en el estado de San Luis Potosí. Cf. Ramos Pedrueza, Rafael, La lucha de clases a través de la historia de México, México, SME, 1963. 92 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO los empresarios mineros convirtieron a los indígenas y a los esclavos negros en un numerosísimo proletariado externo de la economía europea”. 2. Las fuerzas productivas y la agricultura Pr ue ba fin al Po rrú a La unidad de producción que desarrollaron los españoles en el campo novo hispano fue la hacienda, siendo producto del despojo agrario de los pueblos mesoamericanos.11 Su origen se remonta a mediados del siglo XVI y su función dentro de la economía colonial fue complementaria pues su actividad giró en torno a las minas, a efecto de abastecerlas de alimentos así como a las ciudades; o en su caso, como agricultura plantacional, en la que los productos tropicales de América vinieron a satisfacer algunas de las necesidades de la metrópoli. La fuerza de trabajo que laboraba en las haciendas provenía de aquellas comunidades que siendo cercanas a la zona habían sido conquistadas y convertidos sus miembros primeramente en esclavos y posteriormente en asalariados. Con la hacienda, paulatinamente se introdujeron una serie de innovaciones en el trabajo agrícola, que van desde la rotación de cultivos hasta la implementación de nuevos instrumentos de trabajo, tales como el arado, la azada, el uso de abono animal, y ya en el siglo XVII se utilizaron los arados con punta recubierta de hierro tirados por bueyes. Con este último se integró un sistema de tracción, que se caracterizó por los siguientes aspectos. a) Utilización de la rueda. b) Utilización de bestias de tiro. c) Utilización de carreta de bueyes. d) Carrozas tiradas por caballos. Por otro lado, en la Nueva España se usaba el azadón, que servía para labrar la tierra, el peón en un día trabajaba con su azadón hasta 300 metros cuadrados. “Este instrumento sirve para labores de cultivo como escarda, aparques y desyerbes. La pala tiene los mismos usos en el campo. El azadón es uno de los primeros inventarios, está hecho de hierro; aparece en la hacienda de Santa Cruz en 1704, y posteriormente en algunas otras haciendas. La pala aparece también simultáneamente, aunque se menciona que está hecha de encino y sirve para el proceso 11 Gisela Von Wobeser considera que antes de constituirse la hacienda en la Nueva España, existieron sistemas agrícolas que constituyeron la base e infraestructura principal de la hacienda, en este sentido menciona a las estancias ganaderas, ingenios azucareros, plantaciones de añil y labores de trigo. Cf. La formación de la hacienda en la Época Colonial, México, UNAM, 1983. LA SOCIOECONOMÍA COLONIAL Y EL DESARROLLO DEL DERECHO AGRARIO 93 Pr ue ba fin al Po rrú a de “aventado” de semillas; muy pocas son de fierro. La pala de fierro es utilizada en la construcción de caminos internos, al igual que otros instrumentos, como las barretas, barrenas y azadones.12 En un principio la encomienda y la evangelización fueron los factores que permitieron el reclutamiento de mano de obra, la cual prácticamente se mantenía como esclava. Sin embargo, los españoles crearon otras figuras como las congregaciones y el repartimiento, instituciones agrarias que obligaban al indígena a vender su fuerza de trabajo. Las congregaciones13 sirvieron a la Corona española para concentrar a la población indígena en aldeas que estuvieron más relacionadas con su dominio económico y político. Esto surgió como producto de la dispersión de la población indígena además que garantizaba el uso de su fuerza de trabajo. Los proyectos de congregación comenzaron a practicarse desde los primeros años de la Colonia, sobre todo por orden de los mendicantes, pero más tarde esta responsabilidad recayó sobre las autoridades civiles, la empresa alcanzó una envergadura gigantesca y afectó la vida de cientos de miles de indios.14 En cuanto a los repartimientos, F. A. Kirk Patrik ha demostrado por ejemplo, que en el siglo XVI se utilizaba el concepto repartimiento por lo menos en 3 sentidos diferentes, para designar: 1) la venta forzada de bienes a los indios que servía para obligarlos a consumir la producción española o someterse al trabajo forzado por deudas; 2) la asignación de partidas de indios, y 3) el repartimiento de encomiendas.15 Bajo el repartimiento agrícola, las comunidades estaban obligadas a proporcionar a las empresas españolas 2% (más tarde 4%) de sus trabajadores y en periodos de trabajo más intensos 6 % (luego 10%) para trabajo obligatorio. Cada lunes por la mañana partían los indios de la tanda en turno. Su trabajo se iniciaba el martes y duraba hasta el siguiente lunes, día en que recibían su paga e iniciaban el regreso a sus lugares de origen. Sus puestos eran ocupados ese mismo día por los trabajadores que venían a sustituirles.16 Como resultado del repartimiento se intensificó el despojo, la invasión y usurpación de las tierras indias.17 12 Basave, Jorge, Siete ensayos sobre la hacienda mexicana 1780-1880, INAH, México, 1977, pp. 197-200. 13 Cf. Apéndice 5, Lista de congregaciones que se efectuaron de 1590 a 1599. 14 Semo, Enrique, op. cit., p. 73. 15 Kirk Patrik, F. A., “Repartimiento-encomienda”, Hispanic American Historical Review, Durgham, vol. XIX, 1939, pp. 372-379. 16 Semo, op. cit., p. 223. 17 Cf. Apéndice 6, número de Repartimientos de indios en Nueva Galicia. 94 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO Debido al grado de devastación que alcanzó la población indígena, la esclavitud negra fue introducida a nuestro continente. En el intercambio habido entre Inglaterra y España, se cambió a nativos africanos, por metales preciosos y productos tropicales. La población negroide representaba una mano de obra “más resistente” y mejor preparada para las condiciones climáticas en que se encontraban las plantaciones americanas. Hacia 1560 había en México casi tantos negros como españoles, su número aumentó hasta llegar aproximadamente a 35,000 a mediados del siglo XVII y unos 10,000 mulatos. Pero afectada por su condición de esclavos y las epidemias la población negra no crecía.18 B. EL DERECHO AGRARIO EN EL MÉXICO COLONIAL ue ba fin al Po rrú a Como producto del sistema socioeconómico recién impuesto, los españoles crearon un conjunto de instituciones ideológico-político y jurídicas, las cuales vinieron a representar el nuevo poder del Estado colonial, dentro de estas se ubicó la nueva regulación agraria. El derecho agrario novo hispano originalmente inspirado en la hegemonía eclesiástica en donde el fin principal fue aparentemente la evangelización y la adopción de la fe por los nuevos feligreses. Esta normatividad se construyó más bien a partir de intereses pragmáticos y voraces, en los que la fe fue marginada, colocándose como objetivo principal el saqueo de las “Indias”.19 En múltiples ocasiones los fines del Estado 18 Semo, op. cit., p. 223. Pr 19 Una de las mayores dificultades es definir a las poblaciones indígenas. En efecto, a través de la lectura de los diferentes instrumentos internacionales, se advierte que no existe una definición que englobe a todas las poblaciones que pudieran responder a este concepto. Cada país ha planteado el problema de la definición a su manera, habiéndose llegado así a nociones que abarcan una amplia gama de criterios de diferenciación, desde factores exclusivamente, o casi exclusivamente raciales, hasta consideraciones en que predominan criterios socioculturales. No solamente existen definiciones distintas y a veces contradictorias, sino que también denominaciones distintas; así encontramos, entre otras: “poblaciones indígenas”, “aborígenes”, “nativos”, “silvícolas”, “minorías lingüísticas”, “minorías religiosas”, “indios” o simplemente “tribus” “tribus semibárbaras”, “poblaciones no civilizadas”, “poblaciones no integradas”, autóctonos”, “poblaciones autóctonas” y a este propósito debemos agregar que a veces en un mismo país se utilizan definiciones y criterios distintos para definir o catalogar porciones de la población del Estado-nación, lo que hace el problema más complejo. Cf. Stavenhagen, Rodolfo, Derecho indígena y derechos humanos en América Latina, Col. de México, México, 1985, p. 135. Presento de principio a estas poblaciones como indios o etnias, desechando por completo el carácter peyorativo con que frecuentemente se utiliza el término “indio” y, por el contrario, rescatando en la denominación el orgullo y la identificación de las etnias, al presentarse a sí mismas de esta manera ante los diferentes pueblos y naciones. Erica Daes afirma que la mayoría de países aceptan el término “poblaciones indígenas” a diferencia de “pueblos”, “naciones”, “comunidades”, etcétera. Daes fue presidenta de la Subcomisión para LA SOCIOECONOMÍA COLONIAL Y EL DESARROLLO DEL DERECHO AGRARIO 95 fin al Po rrú a monárquico fueron rebasados por “colonos” y militares insaciables que no vieron en América sino una fuente de enriquecimiento. El modelo agrario desarrollado por los españoles encuentra sus raíces en el derecho romano que se fincaba ya, en la propiedad privada de la tierra, para América este fenómeno se estableció como el desconocimiento de los otros (los “indios” y sus sistemas jurídicos y socioeconómicos). La negación de la diversidad étnica existente en América por parte de la Corona española, configura el inicio de la violación sistemática de los derechos humanos y sociales de los hoy llamados “pueblos indios”. El modelo jurídico agrario impuesto contiene una falla de origen al haber sido ideado, moldeado y establecido bajo la idea de “otros” para ser asumida por los indios. La hegemonía española se colocó tan intransigentemente que pareciera que su fin fue el arrasamiento total de la población indígena como sucedió en el Caribe en el que esta población desapareció. El marco jurídico más amplio del derecho agrario colonial está dado a través de la “legitimación” que hizo la Corona de “sus nuevas propiedades” en América, aspecto que se ligaba al desarrollo de las fuerzas productivas de España. 1. Las bulas alejandrinas Pr ue ba Debido al feudalismo europeo, la iglesia20 jugó un papel hegemónico en la toma de decisiones políticas de los aún incipientes Estadosnación. A partir del 3 de mayo de 1493 el Papa Rodrigo de Borja, conocido como Alejandro VI, promulgó las bulas que llevaron su nombre (bulas alejandrinas). Dentro de ellas encontramos la llamada “bula inter coetera, nove universi” la que consistió en el pronunciamiento papal en virtud del cual se confirmaba a la Corona de Castilla el dominio y posesión de las tierras del “Nuevo Mundo”. Documento que dada su importancia histórica se reproduce en el apéndice 7. la Prevención de las Discriminaciones y la Protección de la Minorías Cf. “Derechos del pueblo nativo”, en Boletín del Grupo Internacional de Trabajo. Dinamarca, vol. VI. núm. 5, 1988. 20 Borah, Woodrow et al., Ensayos sobre la historia de la población, México y el Caribe, Siglo XXI, México, I, p. 37. El concepto “iglesia colonial”, puede resultar una categoría muy general para interpretar la diversidad de concepciones eclesiásticas que estuvieron vigentes en América durante este periodo y que algunas de ellas o fracciones de ellas, sin ser hegemónicas jugaron un papel muy importante como críticas del derecho impuesto por la Corona. Al respecto, valga mencionar a Don Bartolomé de las Casas (franciscano), Gerónimo de Laoiza Motolinia, Zumárrga etcétera. De esta forma no es factible hablar de una iglesia monolítica. 96 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO fin al Po rrú a Por supuesto que ningún gobierno aceptó acto tan desmesurado como fue la donación de Alejandro VI. Ingleses, franceses y holandeses hicieron todo lo que estuvo a su alcance para contrariarlo: descubrieron o conquistaron tierras americanas y con sus navíos de guerra o mediante piratas y corsarios combatieron a las flotas españolas y se apoderaron de las riquezas que conducían. Posteriormente el Papa promulgó la bula Eximie devotionis de 3 de septiembre y la Dudum siquidem del 23 de septiembre de 1493. El otorgamiento que hacía el pontífice, obligaba a España a la “cristianización de los aborígenes”. Fue así como las llamadas “indias occidentales” fueron consideradas jurídicamente como regalía que beneficiaba a la Corona de Castilla. Es decir, la tierra y otros bienes (las minas, el oro que se labraba en los ríos y el de las vertientes, las perlas, esmeraldas, y otras piedras preciosas, los tesoros ocultos que se descubrieran, la explotación de las salinas, los bienes mostrencos, etcétera), se transformaron en patrimonio del Estado. Sin embargo, la imprecisión (nulo desarrollo cartográfico) con que fueron promulgadas las bulas, así como las controversias surgidas entre España y Portugal, motivaron que fuese expedido el Tratado de Tordesillas.21 2. Justificación jurídica de España ba sobre sus colonias Pr ue Para legitimar “su propiedad” hacia las colonias, España argumentó el llamado “derecho de conquista”, institución que en aquel entonces reconocía el derecho internacional. El antecedente de este precepto se encuentra sustentado en el derecho romano a través de la llamada “ocupatio bellica” que fue la “institución jurídica” mediante la cual el ejército se apropiaba de los medios de producción y de la fuerza de trabajo del enemigo. Factor que permitía establecer al derecho como un poder de clase, del más fuerte, sobre el dominado. El propio derecho público de España establecía el imperium de conquista según se colige del código de las Siete Partidas en donde se manda: “Las cosas de los enemigos de la fe con quien non ha tregua ni paz el rey, quien quieras que las gane deben ser suyas; fueras ende villa o castillo, camagueral no la ganase, en saluo fancaria al señorio della al rey, en cuya 21 En el tratado de Tordesillas se convenía que se confirmaran las bulas de Alejandro VI, pero además se aumentaba la distancia de las cien leguas que fijaban las bulas y tomaba como punto de referencia, para el trazo de la línea, la isla más occidental. LA SOCIOECONOMÍA COLONIAL Y EL DESARROLLO DEL DERECHO AGRARIO 97 al Po rrú a conquista la ganó. Empero deue fazer el rey señalada honra, o bien, la que la ganase”.22 Recapitulando reconocemos que el origen “legal” de la propiedad novo hispana se relaciona con los siguientes ordenamientos jurídicos: 1. Las bulas de Alejandro VI, de mayo y junio de 1493, por las cuales el papa hizo donación a la Corona de España, de todas las islas y tierras firmes encontradas y por encontrar hacia el oeste de una línea meridiana imaginaria trazada a cien leguas al oeste de las islas Azores, constituyendo a los reyes de España, a sus herederos y sucesores en verdaderos dueños de dichas tierras, a cambio de la obligación de aquellos de instruir a los habitantes de los nuevos territorios en la religión cristiana. Por donación del santo papa, los reyes se consideraron “señores de las islas occidentales, isla y tierra firme del mar océano”, que incorporaron a la real Corona de Castilla. 2. El Tratado de Tordesillas entre España y Portugal, modificando la “línea alejandrina” hacia el oeste, en una longitud de 270 leguas (o sea 370 leguas al occidente de las islas Azores), Tratado que fue confirmado por el Papa Julio II en 1506. 3. Las leyes de Partidas, que autorizaban el derecho de conquista en tierras habitadas por infieles. Pr ue ba fin Las leyes de Partidas, también conocidas como las Siete Partidas de Alfonso X, el Sabio, puede considerarse como la más importante recopilación del derecho hispano en la Época Medieval. A falta de legislación novo hispánica, fueron las leyes de Partidas las que Hernán Cortés utilizó para justificar la conquista de México. En las Partidas se consideraba el dominio como el derecho de disponer de un bien, en consecuencia, el dominio territorial regía el uso y la tenencia del suelo cuando no hubiera impedimento legal para ello. El dominio se establecía por medio de la ocupación. 3. Las normas jurídicas agrarias del periodo colonial La integración del derecho agrario colonial se organizó inicialmente por un conjunto de preceptos normativos que fueron surgiendo conforme avanzaban las fuerzas productivas. Para 1521 los principales centros de poder indio en Mesoamérica habían sido sometidos por la Corona, sin embargo, la mayoría del territorio se encontraba aún sin conquistar (regiones chichimecas). Cfr. Mapa 3. 22 Ley 20, título XXVIII, Tercera Partida, de la codificación de Leyes de ndias. 98 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO Mapa 3 Principales regiones chichimecas IRRITILAS EHU ANE S Saltillo Mazapil S CO TEP Zacatecas San Luis Potosí Guadalajara a rrú EX Guanajuato ARES GUAM ÉA Po OC go ia nt Sa CU o Rí ES N ES Colotlán GA XC A TEPE QUE S Durango GUACHICHILES E AT C ZA TE N NO L. de Chapala al CÍF PA Querétaro OTOMIES Río Lerma Zamora L. de Cuitzeo 0 100 Números 320 ue ba ICO fin TARASCOS Pr Con la finalidad de lograr su plena expansión en el territorio mesoamericano aridoamericano y oasis americano, el Estado creó las primeras figuras del derecho agrario colonial, como fueron las capitulaciones, las peonías y las caballerías. Este primer periodo del derecho agrario colonial, de 1492 a 1542, se fincó en un militarismo salvaje en el que, no obstante los postulados de la iglesia católica, de considerar a los indios vasallos y no esclavos, se les sometió y fueron entregados en repartimiento (encomiendas), para ello se crean instituciones estatales como la Casa de Contratación de Sevilla (que se fundó el 20 de enero de 1503), el Consejo de Indias (1524) y las propias Leyes de Indias, que fueron recopiladas en 1680. Los indios fueron reducidos, en la mayoría de los casos, a esclavos. Es en este periodo de conquista en que se saquearon de las comunidades inconmensurables cantidades de oro y plata. También contribuyó con este saqueo, el desorden de la administración virreinal en el que se enfrentaban poderes regionales con la península ibérica. LA SOCIOECONOMÍA COLONIAL Y EL DESARROLLO DEL DERECHO AGRARIO 99 a) LAS CAPITULACIONES Pr ue ba fin al Po rrú a A instancias de la Corona española y del virrey, se promovió la conquista y el descubrimiento de aquellas tierras en las que aún no se ejercía su dominio, se promovió un sistema de “premios y recompensas” a partir del cual los españoles emprendieran por su cuenta acciones de conquista con las que se definieron los derechos que tendría la Corona sobre los territorios conquistados, así como las “mercedes reales”23 que recibirían los participantes en la mencionada empresa. Esta situación se estableció en las leyes de Partidas (Ley XVII, título 1, libro IV de la Recopilación de Leyes de los Reinos de las Indias) la que señala que ningún descubrimiento, ni población se haga a costa del rey. En tal virtud, los particulares que participaron en la “empresa de conquista” y colonización de los nuevos territorios descubiertos en América se hicieron acreedores a una recompensa. Las capitulaciones fueron las tierras entregadas por el rey o sus representantes (virreyes, gobernadores, etcétera) como una recompensa con la que se “premió” a los conquistadores y se estimuló su arraigo. Francisco de Solano menciona que existía una gran desproporcionalidad en cuanto a la cantidad de tierra que se donaba, toda vez que el promotor de la capitulación obtenía grandes beneficios mientras que la hueste del mismo era escasamente retribuida. Al respecto cita las capitulaciones reconocidas Francisco de Montejo, al que se le dieron títulos y preeminencias y una extensión de veinte leguas en cuadro, mientras que a sus soldados les entregaron un par de caballerías. “A Hernán Cortés, en 1525, se le había dado como norma esta preocupación, pero así mismo que los repartos de la tierra se verificarían atendiendo a la categoría social del conquistador: según la calidad de la persona de cada uno. Es decir, más tierra cuanto más noble: a los caballeros, caballerías de tierras, cinco veces más tierra que a los peones, la gente de a pie, la infantería”.24 23 La merced real debe ser comprendida como la primera disposición jurídica agraria a través de la cual el rey, el virrey e incluso algunos militares e intendentes, concedían tierras o incluso otra clase de bienes a los españoles que participaban en la conquista. La merced real dio lugar a la legitimación de las capitulaciones, peonías y caballerías; socioeconómicamente, la merced real sería el primer instrumento que legitimaba la propiedad privada española en México. El fundamento y formalidades de la merced real se encuentran contenidas en la Recopilación de las Leyes de los Reynos de las Indias, que expresa “porque nuestros vasallos se alienten al descubrimiento y población de las indias, y puedan vivir con la comodidad y conveniencia, que deseamos. Es nuestra voluntad, que se pueden repartir y repartan casas; solares, tierras, caballerías y peonías a todos los que fueren a poblar tierras nuevas de los pueblos y lugares que por el gobernador de la nueva población les fueren señalados”. 24 Cf. Solano, Francisco de, Cedulario de tierras, México, UNAM, 1984, p. 19. 100 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO Esta forma de adquirir la propiedad fue característica de la primera fase de la colonización, ya que existía un gran interés del gobierno español de fundar las nuevas poblaciones que servirían de base para su expansión territorial. Es importante mencionar que el acto en virtud del cual se entregaban las tierras en capitulación fue la merced real, evento jurídico formal con el que se legalizaron las nuevas relaciones de propiedad. La merced real también reprodujo a la caballería y la peonía. b) LAS CABALLERÍAS Pr ue ba fin al Po rrú a La caballería fue una medida agraria que se utilizó para otorgar mercedes a los soldados de a caballo quienes aportaron mayor “utilidad” en la conquista. La Ley I, Título XII, Libro IV de la Recopilación,25 nos indica que (…) Una caballería es solar de cien pies de ancho y doscientos de largo; y de todo lo demás cinco peonías, que serán quinientas fanegas de labor, para pan de trigo o cebada, cincuenta de maíz, diez huebras de tierra para huertas, cuarenta para plantas de otros árboles de secadal, tierra de pasto para cincuenta puercas de vientre, cien vacas, veinte yeguas, quinientas ovejas y cien cabras… Tenía una extensión territorial de seiscientas nueve mil cuatrocientas ocho varas cuadradas que equivalen a 42 hectáreas, 9 áreas y 53 centiáreas. Todos los soldados que participaron en la Conquista tenían derecho a recibir cada uno dos caballerías de tierra para cultivo, cualesquiera que fueran sus ocupaciones. Más tarde quienes exigieron esa recompensa fueron sus descendientes y finalmente las mercedes se repartieron a manos llenas, tanto para premiar servicios de soldados, funcionarios y colonos, como para estimular el desarrollo de la agricultura. Generalmente el título de merced incluía la disposición de que la tierra concedida no podía venderse sino hasta pasados cuatro años; la obligación de “romper y cultivar” la tierra, la prohibición de enajenarla a la iglesia, ni monasterio, ni hospital, ni persona eclesiástica; y la cláusula de que la merced no sería válida si se hacía en perjuicio de las tierras de los indios. Estas disposiciones, como se verá adelante, fueron frecuentemente violadas.26 c) LA PEONÍA Fue tanto una forma de tenencia de la tierra como una medida agraria que consistió en aquellas tierras que se entregaban a los soldados de infantería o de “a pie” como un pago o reconocimiento por haber participado en la conquista. 25 Leyes de Indias, en Fabila, Manuel, op. cit., p. 4. 26 Florescano, Enrique, op. cit., p. 215. LA SOCIOECONOMÍA COLONIAL Y EL DESARROLLO DEL DERECHO AGRARIO 101 Pr ue ba fin al Po rrú a La recopilación de Leyes de Indias establece que la peonía era solar de 150 pies de ancho, y cien de largo, cien fanegas de tierra de labor, de trigo o cebada de maíz, dos huebras de sedacal, tierra de pasto para diez puercas de vientre, veinte vacas y cinco yeguas, cien ovejas y veinte cabras. En la actualidad una peonía correspondería aproximadamente a ocho hectáreas y 42 áreas. El fundamento legal más antiguo que refiere a las caballerías y peonías, data del 18 de junio de 1513, que es la “Ley para la distribución y el arreglo de la propiedad”, dada el 18 de junio de 1513, la que entre otros aspectos menciona lo siguiente… “Porque nuestros vasallos se alienten al descubrimiento y población de las indias, y puedan vivir con la comodidad y conveniencia que deseamos; es nuestra voluntad que se puedan repartir y repartan casas, solares, tierras caballerías y peonías a todos los que fuesen a poblar tierras nuevas en los poblados y lugares, que por el gobernador de la nueva población les fuesen señalados, haciendo distinción, entre escuderos y peones y los que fueren de más grado y merecimiento, y los aumenten y mejore, atenta la calidad de sus servicios para que cuiden la labranza y crianza, a los repartos hechos”.27 En virtud de esta ley se les dio el nombre de mercedadas, porque para ser válidos era necesario que fuesen conformados por una disposición real que se llamaba merced, a la que nos referíamos anteriormente. En la medida en que avanzaron los conquistadores sobre el territorio, el Estado se vio obligado a reglamentar la tierra donada y la forma en que se medían las dotaciones. Al respecto encontramos que debido a la escasa técnica de los agrimensores y del relieve topográfico accidentado de la Nueva España, determinó que desde su origen las tierras donadas a los particulares gozaran de gran imprecisión en sus medidas, provocando que el problema agrario se intensificara. Incluso motivó la expedición de ordenanzas con las que se buscó dar solución a diversas irregularidades agrarias. Fue la del virrey Gastón de Peralta, del año de 1567, la que delineó la unidad de medida de las superficies agrarias, quedando de la siguiente manera: a) Caballería de tierra: 609,458 varas cuadradas. b) Suerte de tierra: 152,353 varas cuadradas. c) Sitio para Batán ó molino: 2,500 varas de superficie. d) Cuadra mayor para Villa o ciudad: 138 varas. e) Cuadra menor: 4,761 varas de superficie. f) Sitio de ganado mayor 25 millones varas cuadradas. g) Criadero de ganado mayor: 6,250,000 varas. 27 Codificación de Leyes de Indias, t. II, título XII, Cf. Fabila, op. cit., p. 4. 102 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO d) LAS ENCOMIENDAS Pr ue ba fin al Po rrú a Esta institución ideológico-religiosa fue introducida por Cortés desde los inicios de la Conquista. En un principio la encomienda tuvo por objeto llevar a todos los lugares de la Nueva España la religión cristiana sin vincularse aparentemente con las relaciones de propiedad agraria. El objetivo era muy concreto: confirmar la hegemonía estatal. La encomienda se ligó a la “cruzada de evangelización”. Para esto, se satanizó a la cosmovisión indígena y se impuso a la española (Cf. Mapa 4). La totalidad de centros ceremoniales indios fueron destruidos o semidestruidos y en su lugar se levantaron edificios católicos buscando que los “naturales” continuaran ubicados en “sus mismos espacios” pero ahora con un nuevo Dios. Sus pinturas fueron destruidas, sus códices quemados y sus ritos condenados a la clandestinidad. La encomienda supuestamente consistía (según se estableció en las Leyes de Indias) en la merced real, conforme a la cual se entregaban naturales a los españoles con la finalidad de “ampararlos, defenderlos y enseñarles” la doctrina cristiana. Por este servicio el encomendado tendría que pagar al encomendero; pago que se efectuaba del mismo tributo que el encomendado pagaba al rey. Según Francisco Barrera28 la encomienda constituía un contrato que se suscribía entre el rey y el encomendero, de los cuales surgían obligaciones recíprocas: “El rey concede al encomendero parte de los tributos y el encomendero debe cristianizar e instruir a los indios que recibe bajo su amparo en ambas providencias; divina y humana”.29 No obstante, tratadistas como Silvio Zavala han demostrado que la encomienda no tenía nada que ver con los derechos de las tierras de los indios y sin embargo, se les despojó de sus propiedades. Además de ser un instrumento ideológico de control y sometimiento de los indígenas, la encomienda se erigió en un sistema de invasión de tierras, en el que virtualmente los españoles se apropiaban de ellas y acababan por convertir a los indios en mano de obra esclava. Históricamente la encomienda se inició una vez que Cortés había conquistado México (agosto de 1521). Fue el propio Cortés quien brindó encomiendas entre sus soldados. Para los “colonizadores” venidos a América sostenían que la encomienda debía mantenerse a perpetuidad, pero el Estado solamente amplió el término de duración hasta por cinco vidas, fue así como la encomienda se mantuvo hasta fines del siglo XVII. 28 Francisco Barrera fue uno de los relatores del llamado Consejo de Indias. 29 Maldonado, Abraham, Derecho agrario, Imprenta Nacional, La Paz, Bolivia, 1966, p. 36. LA SOCIOECONOMÍA COLONIAL Y EL DESARROLLO DEL DERECHO AGRARIO 103 Durante la segunda audiencia del virrey Antonio de Mendoza, la pujanza y lucha enconada que sostuvo fray Bartolomé de las Casas por la defensa de los derechos humanos de los pueblos indios llevó a que fueran promulgadas las llamadas Nuevas Leyes. En ellas se establecía (referente a las encomiendas): buen trato para los indios, libertad para los esclavos cuyos dueños no demostraran poseerlos en virtud de un título legítimo, que no se emplearan como cargadores a los indios, sino cuando ello fuera inevitable por falta de bestias de carga o de caminos, que se pusieran en la Real Corona todas las encomiendas adquiridas sin título, que se redujeran las encomiendas desde el punto de vista de indios encomendados, además las encomiendas vacantes debían pasar a la Corona.30 ba fin al Po rrú a Hacia 1560 había en la Nueva España unos 480 encomenderos que percibían al año, por concepto de tributo, el equivalente de 337,734 pesos. A esa suma, enorme para la época, debe agregarse la fuerza de trabajo gratuito que proporcionaban los cientos de miles de indios encomendados. Con esos recursos y un buen sentido para combinarlos, los encomendadores ganaron el título de haber creado las primeras explotaciones agrícolas y ganaderas de la Nueva España. Con razón decía en 1544 el fiscal de la Audiencia que los mejores campos de cultivo, estancias ganaderas, ingenios azucareros y otras empresas están en poder de ricos y de hombres que tienen indios encomendados, por ellos se principiaron y sustentan, y sin ellos no se pueden sustentar.31 Pr ue El auge de la encomienda se identifica con un periodo extraordinariamente agudo de la explotación del indio. La encomienda es a la vez instrumento de acumulación primitiva, expropiación feudal y trasplante brutal de trabajador indio de la edad de piedra del siglo XIV. De una comunidad indígena que la Conquista ha lanzado a la crisis deben extraerse el trabajo y el producto excedente necesario para financiar, ante todo, las minas y el complejo económico que los rodea; las estancias que abastecen a las nuevas ciudades españolas. 30 Cué Cánovas, Agustín, Historia social y económica de México, Trillas, México, 1975, p. 620. 31 Según Enrique Semo existen dos tipos de tributo que deben ser claramente diferenciados: el tributo a personas privadas (los encomenderos) y el tributo al rey. Algunas comunidades tributaban a los primeros, otras a la Corona y muchas a ambos. El tributo de los encomenderos fue un mecanismo de transferencia del producto excedente de las comunidades a las empresas españolas. El tributo real, en cambio, estableció el lazo de explotación entre la Corona y la comunidad y fue la base sociopolítica de la relación despótico-tributaria. Cf. Semo, op. cit., p. 84. 104 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO Ethelia Ruiz,32 al referirse a la encomienda que prevaleció en el periodo que va de 1535 a 1544 señala que la encomienda se vendía, se cedía o regalaba, ello sin importar los sujetos inmersos en ella. Algunos autores han pretendido presentar a la encomienda solamente como una institución de los particulares españoles, sin embargo, como puede observarse en el mapa 4, la estructura estatal se encontraba también integrada a la encomienda, vía regidores o administradores de la burocracia estatal novo hispana. rrú Po NUEVA GALICIA al 12 13 1 MÉXICO ba 3 MICHOACÁN ue 4 5 6 7 32 14 fin 2 Pr 1. ATENGOYCHAN 2. YURIRIAPUNDARO 3. TAYMEO 4. CHARO-MATALCINGO 5. GUANAXO 6. AMATLAN 7. URUAPA 8. TURICATO 9. CUISEO 10. CUZAMALA 11. PUNGARAVATO 12. TAMANZUCHALE 13. GUATLA 14. TIANGUISTENGO 15. MISQUIAGUALA 16. TEZONTEPEC 17. AXACUBA 18. PACHUCA 19. TULANCINGO 20. XIPACOYA 21. TEZCATEPEC 22. CENPOALA 23. TEOTIGUACAN 24. TENAYUCA 25. CHIMALHUACAN-ATENCO 26. COATEPEC 27. CHICOLAPA 28. MIXQUIC 29. TEUTENANGO 30. ACAMISTLAGUACA 31. TEPECUACUILCO 32. LLAMATLAN 33. PAGUATLAN 34. ACASUCHITLAN 35. HUEYTLALPA 36. XONTLA 37. TLATLAUQUITIPEC 38. XALCINGO 39. ATZALAN-MEXICALCINGO 40. IZTAQUIMAXTITLAN 41. TECALI 42. ORIZABA 43. TEGUACAN 44. ZAPOTITLAN 45. TUCTLA 46. IXITLAN 47. CHILA 48. CUYOTEPEXI 49. PUCTLA 50. TOTOLAPA a Mapa 4 Ubicación de las encomiendas de corregidores (1536-1546) 8 16 15 17 20 21 18 19 24 9 10 11 OCÉANO PACÍFICO 29 33 22 23 25 27 26 28 30 34 31 40 36 35 37 38 39 PUEBLA TLAXCALA 42 51. GUAXUAPA 52. TONALA 53. TLAPA 54. CUAZUGILICHAN 55. CUAUTEPEC 56. IXUATLAN 57. TENANGO 58. JALAPA 59. CUESTLAGUACA 60. GUAUTLA 61. TEZUATLAN 62. CHICOMEAGUATEPEC 63. TEPOSCOLULA 64. ETLATONGO 65. IXTLAN 66. IZTEPEXI 67. TLAXIACO 68. TAMAZOLA 69. NOPALA 70. CUYOTEPEC 71. ATICPAC 72. SOCHISTLAUACA 73. IGUALAPA 74. OMETEPEC 75. CENZONTEPEC 76. ZOLA 77. COATLAN 78. SUCHITEPEC 79. TUTEPEC 80. PECHUCALCO 81. COSTATAN 82. MOLOACAN-MECHOACAN 83. TECOSMATLAGUACA 84. JUSTLAGUACA 85. ZOYALTEPEC 41 45 43 80 82 44 81 56 58 OAXACA 57 46 50 48 60 47 62 59 65 49 61 75 53 52 68 66 51 83 85 6364 70 76 77 71 69 67 54 55 84 78 7372 79 74 LÍMITE DE DIÓCESIS e) LA CONFIRMACIÓN La confirmación, más que una forma de tenencia de la tierra, fue uno de los actos jurídicos conforme al cual se pretendió regularizar la serie de 32 Ruiz Mendoza, Ethelia, Gobierno y sociedad en Nueva España: Segunda audiencia y Antonio de Mendoza, El Colegio de Michoacán, México, 1991, pp. 116-117. LA SOCIOECONOMÍA COLONIAL Y EL DESARROLLO DEL DERECHO AGRARIO 105 Po rrú a donaciones y despojos que efectuaron los conquistadores como resultado, entre otros, de las capitulaciones, caballerías, peonías y encomiendas. Tradicionalmente se ha recogido a la confirmación mediante las leyes de indias (Leyes XIV y XV, título XII, de la Recopilación) en las que se le concibe como una institución jurídica con la que una persona podía obtener confirmación de sus derechos sobre las tierras que poseía adquiriendo título legítimo. Al igual que otras de las figuras del derecho agrario de este periodo, la confirmación en su contexto socioeconómico fue aquella propiedad de hecho que colonos, militares y religiosos habían despojado ilegítimamente a los pueblos indios. Mucha de esta propiedad había surgido del descontrol gubernamental para administrar el vasto territorio novo hispano. En ocasiones las bandas de conquistadores quedaron al margen del orden institucional por lo cual el Estado estableció a la confirmación, además de que esta institución agraria permitió que la Monarquía peninsular se allegara nuevos recursos financieros en virtud de la regularización de tierras confirmadas, sufragando parte de su deuda externa a la Gran Bretaña. al f) LA COMPRAVENTA Y LA PRESCRIPCIÓN Pr ue ba fin Otras vías jurídicas para adquirir la propiedad rural en la Nueva España fueron la compraventa y la prescripción. La compraventa agraria existió en “México” desde el siglo XVI, en el que había ya un mercado muy amplio de tierras. Esta figura jurídica consistió en la capacidad que tenía un ciudadano español de enajenar un bien agrario para proporcionarlo en propiedad por medio de un precio, el cual generalmente se dio en oro-dinero. Con la compraventa, la tierra, que durante el México prehispánico había sido solamente un valor de uso y cambio, se convirtió en una mercancía, lo que posibilitó la acumulación de riquezas desmedidas. Durante el siglo XVII, el Estado permitió que los indios vendieran sus tierras ensanchando las fronteras de la hacienda novo hispana. Económicamente la compraventa pretendía la acumulación de capital (dinero) para fortalecer la caja virreinal. La prescripción fue un acto jurídico a través del cual el gobierno novo hispano reconoció derechos agrarios a un posesionario para reconocerlo como propietario, el cambio en el status de propiedad era resultado de que el “colono” o habitante español demostrara haber vivido por lo menos durante 10 años en el predio (algunos autores refieren hasta 40) de manera pública, pacífica y honesta, lo que le permitía su “justo título”.33 33 Cf. Luna Arroyo, Antonio, Derecho agrario, Editorial Porrúa, México, 1971, p. 27. 106 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO g) LAS COMPOSICIONES Pr ue ba fin al Po rrú a Con las composiciones se da una nueva etapa del derecho agrario colonial enmarcado en el viraje que tiene el gobierno virreinal y la propia Corona. Al verse necesitados de nuevos ingresos entraron en un proceso de revisión de la propiedad agrícola de sus colonias americanas, como fue el caso de México. Los tributos, impuestos, alcabalas, compraventas y el comercio resultaban insuficientes para satisfacer las necesidades económicas de España, de esta manera, se impulsó el sistema de las llamadas composiciones que tenían por objetivo que los posesionarios legitimaran sus propiedades de facto dando el respectivo pago a la Corona.34 El gobierno colonial estableció que todas las mercedes reales que fueron otorgadas después de 1522 tendrían la obligación de componerse con el rey. Con tal procedimiento se pensaba que se daría salida a la crisis económica de España. Esta transformación en el sistema agrario colonial se dio entre 1591 y 1625. La composición se establecía de dos maneras: la individual y la colectiva, la primera de éstas se ejecutaba de la siguiente manera: 1. Una revisión total de los títulos de propiedad. 2. Una medición de tierras, con confrontación de lo que en cada caso excedía la tierra concedida. 3. Una tipificación de las demasías con un pago diferente en cada caso; a) Si éstas se habían producido ampliando los límites estipulados en los títulos, eran compuestas con una determinada cantidad, que era menor que; b) Si eran ocupaciones sin título, por lo que se pagaría una cantidad más elevada. c) Si los límites de las fincas coincidían correctamente con la cantidad de tierra otorgada en los títulos, la composición que el propietario pagaba hacía las veces de una nueva real confirmación.35 Desde el punto de vista agrario la importancia de la composición no radica solamente en haber acrecentado los recursos a la Corona, sino en el inicio de la regularización de la tenencia de la tierra que a la larga permitiría el afianzamiento de la hacienda y finalmente la legitimación del despojo agrario. 34 Según Francisco de Solano cuatro fueron las causas principales que obligaron el desarrollo de la composición: a) la depresión; b) la crisis económica; c) urgencia de financiar una armada; d) protección al tráfico continental Veracruz-Sevilla. Cf. “El régimen de tierras y la significación de la composición de 1591”, en Revista de la Facultad de Derecho de México, 1976, t. XXVI, núms. 101 y 102, pp. 649-670. 35 Solano, op. cit., p. 45. LA SOCIOECONOMÍA COLONIAL Y EL DESARROLLO DEL DERECHO AGRARIO 107 John Te Paske y Mari Luz Hernández Palomo36 establecen la siguiente cuantificación acerca del número de composiciones que se dan en la Nueva España (sin considerar las audiencias de Guatemala y Guadalajara). Cuadro 9 Número de composiciones en la Nueva España Composición de tierras Nueva España 1592 1593 1594 1595 1596 1597 1598 1599 1600 1601 1602 1603 1604 1605 1606 1607 1608 1609 1610 1611 1612 1613 1614 1615 1616 1617 1618 1619 1620 1621 1622 1623 1624 1625 Sin dato Sin dato Sin dato Sin dato Sin dato Sin dato 7,935 3,883 2,800 4,831 1,823 2,114 Sin dato 3,417 12,345 8,736 5,434 5,586 1,970 Sin dato 3,159 14,797 9,271 7,330 5,685 3,708 5,136 1,135 1,668 1,215 1,640 591 325 573 rrú Po al fin ba ue Pr a Año 36 Te Paske, John et al. La Real Hacienda de Nueva España: La Real Caja de México (15761816), INAH, México, p. 41. 108 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO rrú a Para el año de 1643 el virrey García Sarmiento de Sotomayor, conde de Salvatierra, cambió el procedimiento. Ante las directrices metropolitanas aplicó una solución acorde a las circunstancias de una composición individual verificada por funcionarios y de la que resultaba una cierta resistencia ante la exigencia de una regularizaron de títulos y términos de situaciones anómalas, se pasa a la composición colectiva en donde el pago y los montos se ofrecen por áreas administrativas: el Estado obtenía un dinero rápidamente, se ahorraban sueldos de funcionarios y de expertos contratados y se eliminaban tensiones y posturas incómodas a los propietarios. La aplicación de la composición colectiva obtuvo en Nueva España un completo éxito, Salvatierra lo conseguía primero con las tres zonas agrícolas novo hispanas más desarrolladas del siglo XVII: Huejotzingo, Cholula y Atlixco, e hizo con este buen ejemplo que se generalizara el procedimiento a otros distritos y particulares.37 Po h) SUERTES Pr ue ba fin al Lucio Mendieta señala que las suertes fueron aquellas tierras de “propiedad y usufructo individual. En las poblaciones españolas de nueva fundación a cada solar correspondía una suerte de terrenos de labor, la suerte de tierras equivale a la cuarta parte de una caballería, consecuentemente tenía una extensión de 10 Has, 9 hectáreas y 99 centiáreas”.38 Las figuras hasta aquí descritas, constituyen el conjunto de normas jurídicas del derecho agrario colonial que justificaron y legitimaron las relaciones de propiedad en el agro-novo hispano. Estas instituciones se refieren tanto a formas de tenencia agraria como a actos jurídicos de carácter individual. 4. Formas colectivas del derecho agrario colonial a) EL EJIDO El origen del ejido se remonta al derecho romano y a la influencia del Imperio en la península ibérica. Originalmente fueron aquellas áreas territoriales cuyo uso era comunitario y el fin el descanso o la recreación. En España una disposición secular del año de 1367 incluida en las 37 Solano, op. cit., p. 51. 38 Mendieta y Núñez, Lucio, El problema agrario en México, Editorial Porrúa, México, 1978, pp. 37-38. LA SOCIOECONOMÍA COLONIAL Y EL DESARROLLO DEL DERECHO AGRARIO 109 ordenanzas reales, estipulaba como inalienables, imprescriptibles y de destino inalterable al exido.39 Al respecto dichas ordenanzas señalaban: … mandamos en los exidos que los pueblos tienen, i poseen, que no se labren para pan: y si alguno tuviere nuestra carta para lo hacer, la embien ante nos, para que, visto, proveamos lo que nuestra merced fuere… Todos los exidos y montes y términos y heredamientos de los consejos de nuestras ciudades y villas y lugares de nuestros reinos y señoríos que son tomados y ocupados por cualesquier personas por sí o por nuestras cartas que sean luego restituidos y tomados a los dichos consejos cuyos fueron y son. Pero defendemos que los dichos consejos: no los puedan labrar vender ni enagenar más que sean para el pro comunal de las dichas ciudades y villas y lugares donde son. E si algunos han labrado o poblado alguna cosa dello que sea luego desehecho y derribado.40 Pr ue ba fin al Po rrú a En la Nueva España el advenimiento del ejido tiene que ver con la expansión territorial de los conquistadores que comienzan a separar a los productores directos (campesinos) de sus propiedades, surgiendo la propiedad hegemónica hispana. En el año de 1523 Felipe II ordenaba: “Los exidos sean en tan competente distancia, que si creciere la población, siempre quede bastante espacio, para que la gente se pueda recrear, y salir los ganados sin hacer daño”.41 Conforme a la tradición romana del derecho público, el exido o ejido se ubicó como una de sus instituciones en la que se le consideraba como un bien de uso común y cuya organización y definición dependía del Estado, de ahí su condición de ser inembargable, imprescriptible e invariable. Al ejido español se le ha querido comparar con el Calpulli; e incluso, con el Altepletlalli, analogía no válida ya que cada una de estas formas de tenencia de la tierra se enmarcan en un contexto sociocultural determinado y las unidades de producción indias son únicas en su género. De ahí que la comparación que han realizado diversos tratadistas al haber comparado dichas propiedades no pueda ser válida. Más bien observamos que la “cercanía histórica del ejido, con los pueblos indios de Mesoamérica” se puede explicar en el marco de la conquista, económica y cultural, al ser invadidos los calpullis originarios. Sus miembros fueron (en ocasiones) plegados (cuando no eran asesinados) hacia los márgenes de villas, fundos legales, y ciudades quedando 39 “Ordenanzas reales”, L. 1, t. X, lib. 5o., Montalvo ed., Toledo, 1557, cit. en Enrí- quez, Coyro, Ernesto, Los Estados Unidos de América ante nuestro problema agrario, UNAM, 1984, p. 54. 40 Ibid. 41 Leyes de indias, 3a. ed., Ley XII, t. II, Libro IV, tit. VII, p. 92, cit. en Fabila, op. cit., p. 9. 110 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO ubicados por fuera de los límites de los poblados, de ahí el término exit-exitus, que significa salida y del cual proviene el ejido. Al respecto recordemos lo sustentado por Felipe II en la Ley VIII de la Recopilación de las Leyes de Indias: “Los sitios en que se han de formar los pueblos y reducciones, tengan comodidad de aguas, tierras y montes, entradas y salidas y labranzas y un ejido de una legua de largo, donde los indios puedan tener sus ganados, sin que revuelvan con otros de españoles”.42 De esta manera, debe quedar clara la idea que mientras el calpulli se fincó en una visión cosmogónica de los pueblos indios en la cual la tierra era sagrada, el ejido no expresa sino el carácter hegemónico y utilitarista de los europeos. Al decir de Florescano, que sigue la concepción artística de Paul Westheim, el calpulli era muy distinto al ejido: Pr ue ba fin al Po rrú a … Bajo la envoltura del mito y la religión, a través de ésta, bajo su forma de magia, mito, teogonía elaborada, el hombre prehispánico estableció su relación con la naturaleza circundante y el cosmos, integrando una unidad circular sin fisuras. El sustento de esa unidad fue su relación con la tierra. En su quehacer cotidiano el hombre veía intervenir las potencias divinas que mantenían la dinámica y el equilibrio del cosmos. En los elementos esenciales: la tierra, el agua, el sol y las plantas, moraban espíritus diversos, potencias benéficas y destructoras a la vez, que él tenía que conjurar o propiciar para que continuara el ciclo de la vida. De la misma manera, el cosmos era el escenario de una lucha perenne entre fuerzas antagónicas: el sol, la potencia luminosa, diariamente entablaba una lucha cósmica con los elementos de la noche. Combate cíclico y perenne. El día seguía a la noche; las estaciones se sucedían una detrás de otra, pero retornaban e iniciaban otra vez el mismo movimiento. Ese orden del cosmos era el mismo que el hombre prehispánico veía expresado en la tierra: la vegetación moría en el invierno y renacía en la primavera; la época seca era seguida por la de lluvias; el transcurrir humano era una cadena de muertes y nacimientos… Para el hombre del mundo mesoamericano el maíz era el milagro cósmico de la eterna renovación de la vida. Gracias a este milagro existía y subsistía la comunidad humana; gracias a él el hombre podía cumplir con la tarea que le estaba encomendada: mantener a los dioses y, a través de ellos, el orden cósmico.43 La proyección que se ha hecho del calpulli en el ejido para definir el “ser agrario de México”, idea falsa mantenida hasta nuestros días, obliga necesariamente a establecer una arqueología de nuestras identidades 42 Ibidem, p. 23. 43 Westheim, Paul, Tareas fundamentales del arte prehispánico en México, Era, México, 1972, pp. 84-85, cit. en Florescano, op. cit., pp. 19-20. LA SOCIOECONOMÍA COLONIAL Y EL DESARROLLO DEL DERECHO AGRARIO 111 en la que podamos advertir la herencia histórica que nos legaron los pueblos indios y que es ahí en donde podemos encontrar explicación a las definiciones agrarias, sociales, culturales, etcétera, de lo que es México. El ejido en sus orígenes,44 no fue sino un patrón socio-jurídico impuesto por los europeos, y posteriormente una invención ideológica de la revolución (hegemónica), la que adquirió una forma sui generis en el desarrollo capitalista agrario de México. b) LOS PROPIOS Po c) LA DEHESA rrú a Eran bienes que pertenecían a los ayuntamientos y servían a los municipios para los gastos de la comunidad y atención de los servicios públicos. Había propios, urbanos y rústicos enclavados en el casco de la población y entre las tierras de uso comunal. La ley XIV, título VII, libro IV de la Recopilación de Leyes de Indias reitera la necesidad de señalar propios para las poblaciones. ue ba fin al Con el reconocimiento de la dehesa se inició la ganadería en México, aspecto prácticamente desconocido para los indios. La dehesa fue una porción de tierras destinada a la ganadería en los pueblos españoles. La Ley XIV, título VII, libro IV de la Recopilación, manda “que a los pueblos de nueva fundación se les otorguen dehesas para confinar con los ejidos en que los vecinos del pueblo pasten sus ganados”. La recopilación de Indias señalaba: Pr El término y territorios que se diere a poblador por capitulación, se reparta en la forma siguiente: sáquese primero lo que fuere menester para los solares del pueblo y ejido completamente, y deberá en que pueda pastar abundantemente el ganado, que han de tener los vecinos, y más otro tanto para los propios del lugar; el resto territorio y término se haga cuatro partes; la una de ellas se escogiere, sea para el que está obligado a hacer el pueblo, y las otras tres se reparten en suertes iguales para los pobladores.45 La ganadería colonial adquirió importancia conforme la minería fue agotando sus posibilidades. Al referirse a la ganadería colonial, Von Wobeser señala: El ganado se introdujo en la Nueva España con la llegada de los españoles. Durante el siglo XVI proliferó notablemente a causa de los pastos vírgenes 44 Además de los ordenamientos señalados, el ejido se estipuló en la codificación del Fuero Real, en las Leyes de Partida y en la Novísima Recopilación. 45 Recopilación… en Fabila, op. cit., p. 32. 112 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO de América y porque su explotación era relativamente fácil: requería de pocos cuidados y de una infraestructura mínima. Las variedades de ganado menor, ovejas y cabras, encontraron una pronta aceptación por parte de la población indígena, que los integró a su modus vivendi al igual que las aves de corral, traídas de Europa, y los puercos. Los rebaños de ovejas y de cabras, así como los corrales de cerdos, empezaron a constituir uno de los elementos del paisaje novohispano. Mientras los indios cuidaban a sus animales a un nivel de pequeña economía casera, los españoles practicaron la cría de ganado menor y mayor con miras comerciales. Hubo muchos de ellos que poseyeron inmensos hatos que pastaban sobre grandes extensiones de tierra.46 Como acotábamos páginas atrás, en el año de 1567 el virrey Gastón de Peralta estableció sus ordenanzas en las que se delimitaron las me- ba fin al Po rrú a didas agrarias que rigieron en el campo y cuyas bases de sustentación fueron las normas jurídicas castellanas que tuvieron por unidad de medida a la vara.47 Las tres primeras medidas fueron referentes a la ganadería, éstas eran: a) Sitio de ganado mayor, equivalente a 25 millones de varas cuadradas; b) Criadero de ganado mayor, que fue equivalente a 6 millones 250 mil varas cuadradas, y c) El criadero de ganado menor, equivalente a 2 millones 777 mil 777 varas cuadradas. Pr ue Así fue, que de la dehesa derivaron el sitio de ganado, el criadero de ganado y la estancia. Las que socioeconómicamente los economistas denominaron hacienda y que en realidad todas las formas de tenencia en manos de españoles las podríamos definir, social y económicamente de esa manera: el doctor Herbert Nickel consideró que la hacienda novo hispana contaba con los siguientes aspectos: a) El dominio sobre los recursos naturales de una zona (tierra y agua); b) El dominio sobre la fuerza de trabajo y c) El dominio sobre los mercados regionales y locales.48 46 Von Wobeser, Gisela, op. cit., p. 27. 47 La Vara de Castilla medía 0.8359 m. como medida de longitud. Las medidas agrarias tuvieron que ser precisadas en diversas ocasiones, valga mencionar que tanto los virreyes Antonio de Mendoza, y Gastón de Peralta, entre otros, tuvieron que establecer diversas ordenanzas para resolver la disparidad existente, éstas fueron promulgadas en 1537, 1567, 1575 y 1577. 48 Nickel, Herbert, Soziale Morfologie der mexikanischen Hacienda (Morfología social de la hacienda mexicana), Weisbaden, Franz Steinez Verlag, 1978, XVII, pp. 9-10. LA SOCIOECONOMÍA COLONIAL Y EL DESARROLLO DEL DERECHO AGRARIO 113 d) EL FUNDO LEGAL Po rrú a El fundo legal, fue aquella superficie agraria que se destinó a la zona de caserío o zona urbana, ésta se encontraba integrada por manzanas además de calzadas, plazas, mercados, templos, edificios de la administración, cementerio, escuelas, etcétera. En un principio sólo los españoles tuvieron fundo legal, sin embargo la “protección” que se hizo de la fuerza de trabajo indígena permitió que éstos de igual forma contaran con fundo. Tal fenómeno transcurrió en el año de 1567 con el pronunciamiento del Marqués de Falces (tercer virrey de la Nueva España). Hacia 1576 fue definida la extensión que ocuparía el fundo legal, sería de 600 varas (501 metros) contadas a partir de la Iglesia del poblado, distancia que se medía hacia cada uno de los puntos cardinales. El fundo se ha mantenido hasta nuestros días y se le entiende como las zonas urbanas de ejidos y comunidades. En la actualidad la ley agraria lo define como el “asentamiento humano”, concepto erróneo, por tratarse de dos formas diferenciadas histórica y socialmente. al 5. La propiedad eclesiástica Pr ue ba fin La Iglesia, salvo algunas honrosas excepciones, jugó un papel impactante en el proceso de expoliación y despojo a las comunidades. El instrumento más importante de sometimiento de los indígenas fue la encomienda. Ésta permitió el saqueo de excedentes de las comunidades, la explotación de la fuerza de trabajo e incluso, en muchos casos, la apropiación de las tierras comunales. Se obligó a los indios a trabajar en enormes construcciones eclesiásticas así como a laborar “las tierras de la Iglesia”. No obstante que entre los años de 1535 y 1542, el Estado prohibió a la Iglesia la enajenación de bienes rústicos, ella se había convertido en uno de los grandes hacendados de este periodo. En un principio sobresalieron los dominicos y los agustinos, los cuales consideraban que a efecto de sostener sus representaciones eclesiásticas era necesario tener haciendas. La más importante de estas haciendas fue la de San Nicolás junto a Yuriria, Guanajuato, que a comienzos del siglo XVII llegó a producir 10,000 fanegas de trigo (5,500 hectolitros) y dejaba un ingreso neto de 6,000 pesos anuales.49 Sin embargo, los más grandes acaparadores de la Iglesia fueron los jesuitas. La llamada “Compañía de Jesús”, que contó con el apoyo de mineros como Alonso de Villaseca o de los comerciantes como Pedro 49 Florescano, op. cit., p. 61. 114 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO Ruiz Ahumada, Melchor de Covarrubias y Alonso de Lorenzana, quienes llegaron a poseer alrededor de 150 haciendas (a mediados del siglo XVIII) que totalizaban más de 3 millones de hectáreas, las que se encontraban distribuidas en los obispados de Puebla, México, Guadalajara, Durango y Valladolid.50 Debido a que los jesuitas se convirtieron en un poder real que atentaba contra la hegemonía de la Corona, Carlos III ordenó en el año de 1767 su expulsión del territorio de la Nueva España. 6. Derecho agrario colonial y propiedad indígena Pr ue ba fin al Po rrú a La aplicación del derecho agrario novo hispano representa el tercer gran periodo del problema agrario de México. El primer momento se inició con la aparición de la agricultura en Mesoamérica, a la que hicimos referencia en el segundo capítulo. El segundo se inicia con la lucha y conquista por el espacio territorial, durante el preclásico, hasta la asunción de los señoríos mesoamericanos que crean su propia normatividad jurídica agraria. Con objeto de explicar debidamente este apartado —lo que consideramos de suma importancia por radicar en él la raíz y razón del problema agrario de México—, trataremos de esclarecer algunos aspectos de gran trascendencia en el manejo del “problema indio”. 1. Como expresábamos, la denominación indio, es una categoría descriptiva que no explica suficientemente a los sujetos sociales que encierra este concepto. Fue más fácil para los dominadores utilizar la forma genérica “indio”, para referirse a los nativos de América, que haberle denominado a cada cultura por su gentilicio, olmeca, maya, chinanteco, tzotzil, tepehua, etcétera. 2. El discurso jurídico-agrario colonial se cimentó en el desconocimiento del otro, del “indio”, cuyos derechos agrarios fueron anulados. De propietarios originarios (de lo que actualmente es México), los indios pasaron a ser el sector más explotado y aun aniquilado de la sociedad novo hispana. 3. El que las etnias mesoamericanas habiten algunos de los lugares más recónditos, inaccesibles, e improductivos no es casual sino resultado en múltiples casos, de la expulsión y marginación de las diversas culturas a zonas selváticas, áridas y serranas. 4. El análisis de la propiedad agraria de los pueblos indios no puede partir solamente de las formas que instituyó la Corona, sino también 50 Cfr. Apéndice 8 (Haciendas, ranchos, ingenios y molinos propiedad de la “Compañía de Jesús”). LA SOCIOECONOMÍA COLONIAL Y EL DESARROLLO DEL DERECHO AGRARIO 115 del carácter reivindicativo de su propio derecho agrario consuetudinario, aspecto al que dedicaremos un apartado especial. 5. El estudio de la propiedad agraria colonial es histórico, en virtud de la evolución que fue adquiriendo. 6. El modelo jurídico agrario colonial constituye un sistema extrapolado a México que no recoge fielmente las concepciones, idiosincrasias, ideas, cultura y formas de organización socioeconómica de los pueblos indios. Por lo que su aplicación no solamente violó plenamente sus derechos agrarios, sino que los negó. El problema agrario e indígena originado en la Colonia subsiste hasta nuestros días como prueba plena de la grave contradicción de haber estructurado al derecho agrario sobre bases distintas a las desarrolladas por las culturas mesoamericanas. rrú a a) DESARROLLO DE LA PROPIEDAD INDIA DURANTE LA COLONIA Pr ue ba fin al Po Porque los muy cristianos llegaron aquí con el verdadero Dios pero ese fue el principio de la miseria nuestra, el principio del tributo, el principio de la ‘limosna’, la causa de que saliera la discordia oculta, el principio de las peleas con armas de fuego, el principio de los atropellos, el principio de la esclavitud de deudas, el principio de las deudas pagadas con las espaldas, el principio de la antigua reyerta, el principio del padecimiento. Fue el principio de la obra de los españoles y de los ‘padres’, el principio de usarse los caciques, los maestros de escuela y los fiscales, que porque eran niños pequeños los muchachos de los pueblos y mentían, se les martirizaba. ¡Infelices los pobrecitos! Los pobrecitos no protestaban contra el que a su sabor los esclavizaba, el Anticristo sobre la tierra, tigre de los pueblos, gato montés de los pueblos, chupadores del pobre indio. Chilam Balam de Chumayel Curiosamente los primeros reconocimientos agrarios a los “indios” fueron aquellos que tácticamente hizo Hernán Cortés a sus aliados. ¿Pero quienes eran aquellos indios?, se trataba de tlaxcaltecas, colhuas y otras etnias a quienes los aztecas habían hecho la guerra. Y dentro de estas etnias eran sus líderes, a los que después los españoles les llamarían caciques, a quienes Cortés reconoció “gentilmente” sus derechos agrarios. …luego que se ganó la tierra el capitán don Hernando Cortés mandó juntar los caciques y señores de Coyoacán… y vinieron los que pudieron, y juntos les dijo que ya no habían de acudir con los tributos al señor de México, 116 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO ni al de Texcoco ni al de Tlacopan, como solían, sino al emperador y en su nombre a aquellos españoles que allí estaban y a él, y que no habían de sembrar las tierras que solían, y que cada pueblo de los que eran algo habían de ser por sí; y así lo aceptaron los que se hallaron presentes, estando en ellos fresco y presente el tratamiento que a ellos y sus naturales se había hecho, de donde se puede presumir la libertad que tuvieron para dar este consentimiento.51 Po rrú a Conforme a esta argumentación pareciera que los señores indios sometidos, habrían pasado a constituir nuevamente sus hegemonías; en realidad su poder fue efímero; Cortés por conveniencia militar utilizó a estos nobles para garantizar la Conquista de México. Fue así como surgieron los pueblos, “con derecho a sus tierras”, y las llamadas Repúblicas de Indios. Para Cortés, mantener parte de la jerarquía india fue la mejor garantía para que fluyeran los metales preciosos hacia Europa dado el conocimiento ancestral que sobre esos recursos mantenía la nobleza india. Al decir de Munch: ue ba fin al El cacicazgo fue un privilegio concedido por el rey de España a los señores indígenas, como reconocimiento a sus servicios en la conquista y colonización. Estableció un derecho de primogenitura a la herencia de la tierra, entre los dirigentes indígenas en decadencia. Los caciques fueron articulados como funcionarios de la Corona. Al introducirse en la Nueva España el sistema de gobierno hispano, los caciques fueron perdiendo su antiguo poder.52 Sin embargo, este poder caciquil fue sólo eventual, ya que estaba de por medio la seguridad del Estado monárquico. Pr Para 1560 el propio rey veía con malos ojos a los cacicazgos, los que no gozaban de un reconocimiento legítimo, así, los caciques53 fueron sustituidos por corregidores (españoles), aunque existieron regiones en las que los cacicazgos se mantuvieron durante más tiempo como sucedió en la península de Yucatán o en Tlaxcala, esta última por las razones históricas expuestas. 51 Zurita, op. cit., pp. 130-131. 52 Munch, Guido, El cacicazgo de San Juan Teotihuacán durante la Colonia, INAH, México, 1976 p. 42. 53 Originalmente se sabe que el término cacique procede de la lengua de los taino, familia de los arawak, que habitaban al este de Puerto Rico, en Haití, Cuba y Jamaica, y que fueron exterminados por los españoles. La denominación era utilizada para reconocer a sus dirigentes, su señor, que gozaba de un poder consensual, sin embargo, la situación en que colocaron los españoles al cacique, como traficante de tributos y aplicadores del tequio, vinculado a la administración colonial y encomenderos, explica en buena parte que hoy el término cacique se refiera a un explotador o terrateniente del pueblo o comunidad. LA SOCIOECONOMÍA COLONIAL Y EL DESARROLLO DEL DERECHO AGRARIO 117 En los primeros años del siglo XVII Fernando de Alva Ixtlixó- chitl daba cuenta de los cambios en el cacicazgo. Po rrú a …se nos han quitado todos los pueblos y tierras y mando que teníamos y nos han dejado solamente con la cabecera de Texcoco con otros cuatro o cinco sujetos, y aún los cuales, viendo el poco favor que se nos da y en cuán poco somos tenidos, se nos quieren alzar y poner por sí, y se nos han quitado los pueblos de nuestra comarca de donde teníamos nuestras haciendas y heredades, en los propios pueblos que nosotros con nuestras propias gentes hicimos y poblamos, de lo cual habemos recibido y recibimos notorio agravio y vivimos muy pobres y necesitados sin ninguna renta, y vemos que los pueblos que eran nuestros y nuestras propias tierras, la gente que en ellos estaba eran nuestros renteros y tributarios, y los calpixques que nosotros teníamos puestos, vemos que ahora son señores de dones, siendo como eran macehuales, y tienen renta de los dichos pueblos, y nosotros, siendo señores nos vemos abatidos pobres sin tener que comer. Lo cual pensamos que su majestad, sabiendo quien nosotros somos y servicios que le hemos hecho, nos hubiera hecho mercedes, y nos hubiera dado más de lo que teníamos; y vemos que antes nos han desposeído de lo nuestro.54 fin al b) EL FILOINDISMO Y EL RECONOCIMIENTO DE DERECHOS AGRARIOS A LOS PUEBLOS INDIOS Pr ue ba Dos fueron los factores que provocaron que la monarquía reconociera derechos agrarios a los indios: a) la debacle poblacional debido a la masacre ejercida por los españoles, y b) la defensa de los indios que ejerció un conjunto de religiosos intelectuales, sobresaliendo la figura de Fray Bartolomé de Las Casas. A finales del siglo XVI, la exigencia de mano de obra era cada vez mayor, sin embargo, la severidad de la Conquista había sido tal que la población india fue reducida en más de un 70%, esta circunstancia y la experiencia vivida en las Antillas, en la que los indios fueron exterminados, provocó un viraje en las definiciones jurídicas agrarias del Estado novo hispano. Para el aseguramiento y concentración de la mano de obra el gobierno creó las congregaciones o congregas. Estos fueron los aglutinamientos de pueblos indios para utilizar su fuerza de trabajo, y los repartimientos agrícolas que fueron reconocimientos agrarios a los españoles en los que los indios parcialmente podían ser usufructuarios, 4% del total (Cf. Apéndice 9). Por otro lado encontramos el carácter proteccionista del indio frente al Estado y sus correligionarios impulsado, entre otros, por Bartolomé de Las Casas. El contacto que desde fines del siglo XV hasta mediados 54 Ixtlixóchitl, op. cit., pp. 392-393. 118 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO a del XVI tuvo Las Casas55 con el indio, motivó el sentido humanista de su política y el objetivo reivindicatorio de su normatividad jurídica agraria. En 1512 el fraile dominico, ante el saqueo de los territorios indios y la masacre de la población, realizó su Plan de Reformulación de las Indias, que concluyó con la promulgación, por parte del Estado, de las Leyes de Burgos que consistían en la sustitución de la explotación minera de efectos letales para los indios, por el cultivo agrícola y por el mantenimiento de las comunidades autóctonas y en pueblos de “indios libres”, con una intervención mínima del Estado. Legislación ordenada pero que nunca fue acatada, ese fue el dilema de la utopía lascasiana, la confrontación entre el mundo real, el del saqueo voraz de los dominadores, y el deber ser jurídico, nunca cumplido. Al decir de Rivera las disposiciones más relevantes de las leyes de Burgos fueron: Pr ue ba fin al Po rrú a) Que se construyeran bohíos para los indios en los sitios de las encomiendas, distribuyéndose las casas de los pobladores de origen, a efecto de evitar su ocupación por los indígenas huidos de las encomiendas, y que en el traslado de las nuevas poblaciones no se empleara la violencia. b) Que se suministraran alimentos a los encomendados. c) Se ordenaba la construcción de templos, la enseñanza de la doctrina, la confesión, y el bautizo a los ocho días de nacido el niño indígena. d) Que se internara por cuatro años a los hijos de los caciques mayores de trece años, para que aprendieran la doctrina y a leer y escribir. Para ello, el rey ordenó al bachiller Hernán Juárez, pasar a las indias a catequizar y a efectuar el adoctrinamiento. e) Que en materia de trabajo se impusieran penas a quienes cargasen a los indios; se ordenó que el trabajo en las minas fuera por cinco meses al año y que la jornada fuera diaria con descanso obligatorio por cuarenta días. Se prohibieron los castigos corporales y encarcelamiento por faltas cometidas en el trabajo. Se protegió a las mujeres embarazadas, prohibiendo dedicarlas a cualquier clase de trabajo. f) Respecto a las formas de vida, se decretó sobre alimentos, indumentaria, matrimonio monogámico, ritos religiosos autóctonos. g) El castigo de los indios quedó a cargo de los inspectores de encomiendas y repartimientos. Las leyes de Burgos de 1512 fueron el primer fruto de los sermones pronunciados en 1511 por Montesinos y de la presentación que del problema hizo Las Casas ante Felipe V.56 55 Manuel Jiménez Fernández menciona como Las Casas había tenido contacto a los 24 años con un indio “taino” de los que fueron “importados” a Europa, de donde advertía la agudeza, ingenio y buenas cualidades morales, lo que sin duda, hizo intuir en el sevillano la calidad humana de los pobladores de las nuevas tierras. Cf. Jiménez Fernández, Manuel, Breve bibliografía de Fray Bartolomé de Las Casas, Universidad de Sevilla, 1966, p. 9. 56 Rivera, Guadalupe, La propiedad territorial op. cit., p. 130. LA SOCIOECONOMÍA COLONIAL Y EL DESARROLLO DEL DERECHO AGRARIO 119 En 1538 el Papa Paulo III promulgó su trascendental bula sublimis deus en la cual fue plasmada la doctrina indiófila de Las Casas. Paralelamente a la lucha de Las Casas, surgió la figura de Francisco de Victoria quien llegó a argumentar enfáticamente que antes de la llegada de los españoles a las Indias, los ‘bárbaros’ eran verdaderos dueños pública y privadamente de territorios, bienes y demás posesiones.57 En el marco de la juridicidad agraria un argumento que es significativo en la lucha de Las Casas es el de la autonomía del mundo indígena. Al referirse a este tema el maestro Floris Margadant considera: al Po rrú a Desde su segunda conversión (1522) de Las Casas, su enorme actividad en pro de la autonomía del mundo indígena (una autonomía teleguiada por la Corona y con rasgos teocráticos impuestos por frailes) se alimentaba de tres fuentes: 1. Su íntimo contacto directo con la realidad indiana, desde 1502 hasta 1547, como encomendero, clérigo, experimentador con sistemas más humanos de colonización y de predicación, viajero incansable, y polemizante; 1. Su vasta lectura; y 2. Una visión de lo que el mundo indígena debería ser; y esta visión, como tantas otras utopías del Renacimiento, no era intuitiva y nebulosa, sino concreta y detallada.58 ue ba fin En 1542 el Estado novo hispano decretó las llamadas Nuevas Leyes, de inspiración lascasiana cuyo fondo agrario fue trascendente. De los cincuenta y cuatro artículos que les integran veintitrés conciernen al estatus y tratamiento de los indígenas. Entre los más importantes tenemos: Pr Artículo 10.—Los indios son personas libres y vasallas de la Corona y ha sido siempre el propósito real de que sean tratados como tales. El Consejo de Indias tendrá la obligación de vigilar la ejecución en su beneficio y protección. Artículo 24.—Las audiencias deben castigar los excesos cometidos en contra de los indios. Artículo 25.—Los pleitos legales entre los indios deben decidirse y ajustarse según sus costumbres. Artículo 26.—Ordenamos que ni por compra, guerra ni rebelión se convierta a los indios a la esclavitud y que se les trate como vasallos de la Corona de Castilla. 57 Lalinde Abadía, Jesús, Iniciación histórica del derecho español, Barcelona, Ariel, 1970, pp. 180-182. 58 Floris Margadant, Guillermo, “Las Casas y el filoindismo”, Cuadernos del Instituto de Investigaciones Jurídicas, año VI, núm. 17, UNAM, México, mayo-agosto de 1991, p. 238. 120 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO Artículo 27.—Ordenamos designar personas que defiendan los derechos de los indios para que éstos no permanezcan esclavos. Artículo 28.—Los acarreamientos de indios no se permitirán, en aquellos lugares en los cuales no se puedan evitar, con su consentimiento y su paga respectivos. Artículo 30.—Ningún indio libre será empleado en la pesca de las perlas contra su voluntad; si no se puede evitar la pérdida de las vidas en dicha pesca, deberá ser abandonada. Artículo 31.—Todos los indios tenidos en encomienda deberán pasar a la Corona. a Artículo 32.—Se compartirán las encomiendas excesivas con aquellos conquistadores que no poseen ninguna. rrú Artículo 33.—Aquellos encomenderos que han maltratado a sus indios, perderán sus encomiendas, las cuales pasarán a la Corona. al Po Artículo 35.—Ningún virrey, gobernador, descubridor u otra persona podrá dar indios en encomienda bajo el nombre del rey, o por renuncia, donativo o venta… fin Artículo 36.—Los indios liberados de la encomienda, serán bien tratados y enseñados según la Santa Fe Católica, al igual que los indios de la Corona en los corregimientos. ue ba Artículo 37.—Los primeros conquistadores serán en la concesión de corregimiento. Pr Artículo 38.—Los pleitos legales serán expuestos ante el rey. Artículo 39.—No se emplearán indios para las expediciones, salvo tres o cuatro intérpretes. Artículo 42.—Los tributos de los indios recientemente descubiertos serán justamente tratados y enviados al tesorero real. Artículo 43.—Los españoles no tienen autoridad sobre los indios descubiertos recientemente. Solamente percibirán sus tributos. Artículo 45.—Los indios sobrevivientes de Puerto Rico, Cuba y La Española, serán removidos de los tributos y trabajos. Artículo 46.—Aquellos conquistadores que no tengan indios en encomienda serán proveídos de los tributos de los indios liberados de la encomienda. Artículo 47.—Los corregimientos serán proporcionados a los conquistadores desposeídos y sus familias. LA SOCIOECONOMÍA COLONIAL Y EL DESARROLLO DEL DERECHO AGRARIO 121 Artículo 49.—Los tributos pagados a los encomenderos y a la Corona serán fijados a las tasas más bajas obtenidas cuando se cubrían a los reyes nativos. Artículo 50.—Los indios deberán ser tratados como vasallos libres de la Corona. Quienes los maltraten deberán ser castigados de acuerdo con las leyes de Castilla. Artículo 51.—Ningún encomendero deberá recibir tributos mayores a los fijados por el virrey y la audiencia.59 Pr ue ba fin al Po rrú a El fin de Las Casas no se cumpliría, por el contrario, la hacienda se expandió con el asesinato y envilecimiento de los pueblos indios. El carácter reivindicativo del derecho agrario formulado por Las Casas se expresa desde el año de 1535 en que logró el reconocimiento (por lo menos eventual) de los derechos agrarios que por su posesión eficaz les había correspondido a los indígenas. Fue a partir de este momento que el Estado novo hispano elaboró (hasta 1594) toda una serie de disposiciones que indudablemente contendrían la inspiración lascasiana, al respecto tenemos: 1. Real Cédula de abril de 1546 que se refiere al repartimiento de indios para que sea perpetuo y puedan gozar de sus tierras. 2. Ley I del 21 de marzo de 1551 que establece que los indios sean reducidos a poblaciones. 3. Cédula Real del 19 de febrero de 1570 que señala se procure a los indios para que formen pueblos; pero conservando las tierras que poseyeren. 4. Ley IX del 11 de junio de 1594, que considera no se den tierras en perjuicio de los indios y las dadas se vuelvan a sus dueños. Sin lugar a dudas que la legislación agraria de este periodo se vio influenciada por el pensamiento social del padre Las Casas; no obstante, las confrontaciones con el Estado que incluso motivó que en 1571 Felipe II ordenara incautar sus escritos por “peligrosos”. c) LAS FIGURAS DEL DERECHO AGRARIO COLONIAL Y LOS PUEBLOS INDIOS Dentro de las formas de tenencia de la tierra que le reconoció (formalmente) la Corona a los pueblos indios encontramos: la propiedad comunal, que fue la tierra confirmada o entregada a los indígenas, lo 59 García Icazbalceta, Joaquín, Colección de documentos para la Historia de México, Editorial Porrúa, México, 1971. 122 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO ue ba fin al Po rrú a cual se hizo a través de fundo legal, ejido, dehesa o de las llamadas tierras de repartimiento. Estas últimas no fueron sino las parcelas que se dotaban al jefe familiar para el cultivo y usufructo individuales, o en su caso fueron aquellas tierras que perteneciendo a los indígenas desde épocas ancestrales, les fueron confirmadas para su regularización a través de su fundo legal, ejido y dehesa, así como su zona de cultivo. Sin embargo, en los hechos este reconocimiento de los derechos agrarios de los indios fue relativo, toda vez que las comunidades estuvieron sujetas a una confrontación permanente con bandas de conquistadores, así como con la administración novo hispana y el ejército, que más bien utilizaron al derecho agrario como instrumento de despojo de los pueblos indios. De esta manera, los territorios indígenas quedaron irreparablemente vulnerados y abiertos al régimen de propiedad privada que se fundamentó por la probanza documental o escriturada, elemento completamente extraño a la tradición oral del derecho agrario mesoamericano. El sistema de reconocimiento de derechos agrarios a los indios mesoamericanos por parte de la Corona española, quedaría inconcluso, si no advertimos la existencia de las llamadas Repúblicas de Indios, que como mencionábamos se refieren a la política de alianzas del gobierno novo hispano con los tlaxcaletecas, texcocanos, cholultecas y mayas, entre otros, al respecto valga señalar que en los inicios de la Conquista, España tuvo con Tlaxcala y Yucatán distinciones muy especiales, dentro de las que se encontraban el derecho para que sus señores y macehuales mantuvieran sus derechos agrarios. d) LA LUCHA LEGAL DE LOS PUEBLOS INDIOS Pr POR LA RECUPERACIÓN DE SUS TIERRAS El impacto de la Conquista y su desarrollo llevó a que los indios (como vasallos con derechos) establecieran litigios por la reivindicación de los que otrora fueran sus bienes agrarios. Esta legalidad agraria solamente era aplicada a los grupos étnicos que curiosamente habían contado con un mayor desarrollo socioeconómico, político y consecuentemente jurídico, al respecto nos referimos, siguiendo a Kirchoff, a los núcleos mesoamericanos, es decir, a los grandes señoríos prehispánicos, mientras que los núcleos chichimecas (nómadas), ubicados en Aridamérica y Oasisamérica quedaron prácticamente al margen de esta legalidad, a ellos se les aplicó la guerra total… la de exterminio, de ahí que más de 200 etnias o culturas hayan desaparecido en lo que actualmente es el norte de México y el sur y centro de los Estados Unidos. Los pueblos o individuos (“indios”) se sujetaron a la “igualdad hispano-románica” que aparentemente brindaban las jurisdicciones novo hispanas, las cuales LA SOCIOECONOMÍA COLONIAL Y EL DESARROLLO DEL DERECHO AGRARIO 123 Pr ue ba fin al Po rrú a contenían graves deficiencias, como era recurrir a un tribunal de otros, para juzgar a un extraño. El idioma, escritura, cultura, patrones de vida imperantes, eran los de occidente, simplemente esa era la complejidad a la que se enfrentaban los indios, hablantes de más de cien idiomas con sus propias idiosincrasias, creencias y cultura. Pero, ¿cuáles fueron las causas que motivaron a los pueblos indios a recurrir a las leyes y tribunales españoles? Entre otras, las siguientes: a) Desorden y anarquía en el régimen político gobernante, tanto en la península Ibérica, como en la propia Nueva España, lo que permitió un desorden en la regulación y normativización del modelo agrario novo hispano. b) Desconocimiento del régimen agrario indio e imposición del modelo europeo. c) Desconocimiento de los dominantes, del derecho consuetudinario de los pueblos indios. d) Corrupción de las autoridades virreinales que mantenían una política cambiante, oportunista y ligada a intereses de caciques, terratenientes y hacendados. e) Despojo legal e ilegal, o de hecho y de derecho (siguiendo la óptica occidental); con la invasión que hicieron los españoles a los pueblos indios, que se guió por el principio de… “obedézcase pero no se cumpla”. f) El ecocidio, etnocidio60 y genocidio de las culturas indígenas. g) El problema “técnico” de origen, que surgió con la elaboración de un régimen de medición y delimitación de las propiedades agrarias, confuso, ambiguo e impreciso con lo que los títulos elaborados fueron irregulares. h) Deficiencias en las medidas agrarias, ausencia de linderos o transformación de éstos por el paso del tiempo, o la falta de referencias topográficas. 60 Etnocidio indica el acto de destrucción de una civilización, el acto de descivilización. Este acto puede permitir que se caracterice al “sujeto” —descivilizador o procedimiento— culpable de etnocidio. El término “etnocidio” se construye como el término “genocidio”, el cual tomó al homicidio como modelo. Marcel Bataillon recuenta estas construcciones: Tomemos nota, de una vez por todas, que los dos términos, genocidio y etnocidio, han sido forjados bajo el modelo de homicidio, palabra en la cual se pueden identificar dos sustantivos latinos: homicida (concreto), el asesino, y homicidio (abstracto), el asesinato, y por lo tanto pueden designar a la vez los asesinatos colectivos perpetrados contra razas o etnias y sus culturas, y calificar a los pueblos conquistadores que se manifiestan culpables. “De lé ethnocide”, edición 10/18. Textos reunidos por Robert Jaulin. Cuarta parte: cap. I. Genocidio inicial, pp. 292-293. Cf. Jaulin, R., La descivilización política y práctica del etnocidio, Nueva Imagen, México, 1979, p. 10. 124 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO De los inicios de los litigios agrarios Motolinía escribe: Ahora ya todo se va ocupando de los españoles con ganados, y de los naturales con labranzas, y de nuevo se amojonan los terrenos, y algunos queno están bien claros determinándolos por pleitos lo cual es causa que entre los indios haya siempre muchos pleitos por estar los términos confusos.61 Zurita describía: ba fin al Po rrú a …y de aquí comenzaron los pleitos unos contra otros dentro de sus pueblos, y los súbditos con los señores en toda la Nueva España, y pueblos contra pueblos, y los sujetos contra sus cabeceras, de que han sucedido grandísimos gastos, gran multitud de muertos por los caminos, yendo y viniendo a los pleitos, sin saber lo que les conviene, ni que piden, ni que quieren, ni pretenden, ni saber que pleitean, ni a que van a la audiencia, y así no hacen más que gastar sus dineros y sus vidas, impuestos por lo que les comen sus haciendas, por que esto es sólo lo que pretenden. Porque ni vosotros (españoles) nos entendéis ni nosotros os entendemos ni sabemos que queréis. Nos habéis quitado nuestra buena orden y manera de gobierno; y la que nos habéis puesto no la entendemos, y así anda todo confuso y sin orden y concierto. Los indios no han dado a pleitos porque vosotros los habéis impuesto en ellos, y se siguen por lo que les decís, y así nunca alcanzan lo que pretenden, por que vosotros sois la ley y los jueces y las partes y cortáis en nosotros por donde queréis, y cuando y como se os antoja”.62 ue Enriquez Coyro señala: Pr El 11 de octubre de 1565 el segundo concilio manifiesta… a vuestra alteza consta el gran número de indios que cada día vienen a pleitos a esta Real Audiencia, y muchos por muy pequeño interés, con grandes daños de sus suplicas… y principalmente porque, trayendo un pueblo pleito con otros… A este respecto cabe recordar que la ausencia de mapas detallados de las milpas, la imprecisión de linderos, el abandono de parcelas con ocupación ulterior y otras dificultades de probanza hicieron atribuible a los poblados todas las tierras de sus “términos” o a la presentación global de sus vecinos indios; así las contiendas judiciales fueron haciéndose de pueblos contra pueblo y de poblado indio contra estanciero, español, indio o mestizo.63 61 García Icazbalceta, Colección de documentos para la historia de México, Editorial Porrúa México, 1971, 2 ts., p. 250. 62 Zurita, op. cit., pp. 32, 42, 51 y 52. 63 Enríquez Coyro, El problema agrario de México frente a los Estados Unidos, UNAM, 1988, p. 139. LA SOCIOECONOMÍA COLONIAL Y EL DESARROLLO DEL DERECHO AGRARIO 125 fin al Po rrú a Este fue el resultado a que condujo el problema agrario colonial, hoy sabemos que en el Archivo General de la Nación se concentran millares de expedientes que enfrentaron a los pueblos indios contra las haciendas. Chevalier señala que de los 21,644 volúmenes en el Archivo General de la Nación, solamente el ramo de tierras reúne 3,085 volúmenes que representa el 15% del total. Información que aún se encuentra por organizarse e investigarse, lo que aportará muchos datos acerca del problema agrario colonial. En estudios recientes realizados por Arnulfo Embriz (Archivo General Agrario, 1998) señala la existencia de 25,082 expedientes, tan sólo en lo relativo a reconocimiento y titulación de bienes comunales. La determinación de los pueblos indios de reivindicar por todos los medios factibles sus tierras y la intención, aunque muy limitada, de la Corona de proteger dichos derechos conforme a la tradición jurídica hispánica, condujo a la fundación del famoso Juzgado General de Indios, que desde 1592 y hasta 1820, fue la institución dedicada a ventilar los pleitos entre los propios indios o de estos frente a los españoles. Valga señalar que para los indios el Juzgado fue de igual manera una escuela donde los intelectuales indígenas, y sus consejos de ancianos, aprendieron a defender los derechos agrarios. ba C. PROBLEMA AGRARIO Y LUCHA INDÍGENA EN LA COLONIA Pr ue La idea de la tierra que tenían los indios, no solamente fue la del espacio físico en el que reproducían sus condiciones materiales de existencia. Para los indios y campesinos, la tierra además de haber sido un medio de producción, en el que satisfacían sus necesidades, fue el lugar en el que recrearon su cultura, sus tradiciones, su cosmovisión; fue el espacio en el que se reprodujeron sus antepasados, fue el territorio en el que recrearon su micro historia y fue el espacio en que enterraron a sus muertos. Para los pueblos originarios de Mesoamérica, Nueva España y México, según el momento histórico, la identidad con su espacio territorial no sólo se concibe en el sentido económico, sino también como el asentamiento y base de su existencia espiritual, fenómenos todos ellos que evocan el arraigo que de sus propiedades tuvieron estos pueblos. Esta identidad se explica por los lazos tan sólidos de la costumbre india, fundada en la cosmovisión india y aplicada en la unidad de producción comunal o calpulli. 126 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO En la tesis doctoral de Ignacio Romero Vargas Iturbe se hace una descripción, entre otros aspectos, del Códice Florentino y de la organización del calpulli, señalando sus características, al respecto encontramos: rrú a 1. Autonomía. El calpulli era esencialmente autónomo, o sea que su gobierno dictaba sus particulares normas basadas en las costumbres locales, con independencia de los demás calpullis pero siempre de acuerdo con los lineamientos generales que establecía la legislación regional. 2. Autarquía. El calpulli poseía un gobierno propio emanado de sus miembros conforme a las normas particulares establecidas en cada calpulli. 3. Autosuficiencia. El calpulli podía bastarse a sí mismo con sus propios recursos económicos. 4. Territorialidad. Porque para poder abarcar sus funciones el calpulli necesitaba poseer en propiedad soberana una fracción de territorio rural o urbano.64 Pr ue ba fin al Po De esta forma la cultura, cosmovisión y socioeconomía de los pueblos indios fueron los elementos que dieron cohesión a las comunidades sedentarias de Mesoamérica, lo que permitió su sobrevivencia, sin embargo, con la intervención española las comunidades vivieron una ruptura que desembocó en el despojo agrario, los indios se convirtieron en desplazados en sus propias tierras, el guerrerismo español llevó a que sus propiedades estuvieran sujetas a múltiples procesos, como el advenimiento de tierras de blancos y tierras de indios, más tarde “migraciones” aparecieron fronteras y diversas reaglomeraciones de los pueblos, en las que el negro y el indio eran los “marginales”. Al decir de Armando Martínez: El concepto migración que corrientemente se ha venido utilizando para señalar diversos movimientos y circulaciones poblacionales, en el caso de los desplazamientos resulta inadecuado o, cuando menos, incompleto pues no da cuenta precisa del aspecto directamente compulsivo político del movimiento de grandes conjuntos poblacionales. La grandeza de la lucha social y política en el campo mexicano se expresa en la figura de cientos de asesinatos y presos indígenas. Pero también se manifiesta como el abandono forzado, bajo un constreñimiento directamente político de muchas familias de sus lugares donde no sólo nacieron y se formaron, sino anteriores generaciones.65 64 Romero Vargas, Ignacio, Organización política de los pueblos de Anáhuac, UNAM, México, 1957, pp. 5-6. 65 Martínez Verdugo, Armando, “Todos somos indios”, prólogo del libro de Durand, Carlos, Derechos indios en México: Derechos pendientes, UACH, México, 1993. LA SOCIOECONOMÍA COLONIAL Y EL DESARROLLO DEL DERECHO AGRARIO 127 Pr ue ba fin al Po rrú a Como respuesta a las opresivas condiciones socioeconómicas y super estructurales que imperaron durante la Colonia, surgió la rebelión social de diversas poblaciones indígenas, que encontraron en el despojo agrario uno de sus fundamentos originarios. La ocupación española agudizó la lucha que llegó a expresarse como un abierto enfrentamiento militar. En algunos casos las poblaciones indígenas utilizaron como táctica el repliegue hacia zonas recónditas de sierras, selvas y desiertos como forma de autodefensa, los núcleos indígenas buscaban conservar sus condiciones materiales de existencia así como su cultura, negando los patrones de vida de occidente. Estas luchas de resistencia representan el antecedente más remoto del movimiento indígena (campesino) contemporáneo. Fueron cientos, quizás miles, los enfrentamientos armados que existieron entre comunidades y peninsulares. Conforme a estudios elaborados en el Archivo General de la Nación, se calcula que solamente en la región norte de la Nueva España, de 1680 a 1821, se gestaron más de 550 luchas indígenas.66 En algunas zonas del territorio fue “fácil someter” a los pueblos e incorporarlos como esclavos o “asalariados” a minas y haciendas. Sin embargo los núcleos indígenas del centro y norte de México desplegaron luchas de resistencia que se convirtieron en verdaderas guerras regionales. Las tácticas militares empleadas por las movilizaciones indígenas consistieron en: a) El sitio, b) La guerrilla, c) La negación al tributo, d) El levantamiento de trincheras en lugares inaccesibles, e) La emboscada, f) El asalto, g) La rebelión. Sin ser una relación acabada, a continuación enlistamos una breve cronología de las rebeliones y luchas indígenas más importantes libradas en el México colonial entre los años de 1523 y 1775. 1. Rebelión de los zapotecas y mixes, año de 1523, en el actual estado de Oaxaca. 2. Rebelión del Pánuco en 1523; reprimida por el capitán Gonzalo de Sandoval. 3. Sublevación de los indígenas querenes, soques y mames en 1524, en el actual estado de Chiapas. 4. Los mayas resisten en 1527, la invasión española, dirigida por Francisco de Montejo, confrontación que duró 19 años. 5. Rebelión de los chapas en 1528; una vez dominada la zona por los españoles, los sublevados continuaron su lucha en el lugar conocido como “el Sumidero” utilizando la región como trinchera natural. 66 Cf. Mirafuentes Galván, José Luis, Movimientos de resistencia y rebeliones indígenas en el Norte de México, (1680-1821), Archivo General de la Nación, México, 1975. 128 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO ue ba fin al Po rrú a 6. Rebelión de los yopes en 1531; se ubicó en la región que actualmente abarca el estado de Guerrero, desarrollándose en el territorio conocido como Yopiltzingo. 7. Movilización azteca en el valle de México, en el año de 1531. 8. Rebelión de Salamanca de Campeche, en el año de 1531; dirigida por los indios mayas que habitaban los antiguos cacicazgos de Campeche y Ah-Canul; transcurrieron tres años de intensa lucha para sofocarla. 9. Rebelión de los indios opilingos en Chiapas, año de 1531. 10. Rebelión de 1533 de los mayas del interior (noroeste y sureste de la provincia de Mérida) de Yucatán; fue necesario que los españoles llevaran a cabo tres campañas para controlar la lucha indígena. 11. Rebelión indígena en Sinaloa, en 1538, dirigida por el indio Ayapín. 12. Rebelión de los indios cáscanes en 1538, ocupó el territorio que actualmente abarcan los estados de Nayarit y Zacatecas. Los cáscanes pertenecían a las tribus chichimecas que por ser núcleos nómadas pertenecían a las tribus centro y norte de la actual República Mexicana y parte de los Estados Unidos, mantenían una gran movilidad (agricultura trashumante) que dificultaba su localización lo que les permitió ofrecer una eficaz resistencia que duró de 1547 a 1600. A diferencia de los núcleos sedentarios (mayas, aztecas, tlaxcaltecas, mixteco-zapotecas, etcétera) que fueron sometidos con relativa facilidad, los chichimecas nunca fueron doblegados. Este periodo histórico fue conocido como la guerra chichimeca originada por el descubrimiento de los minerales de Guanajuato, Zacatecas, Durango y Coahuila. Pr Conforme a los datos existentes en el Archivo General de La Nación, algunas de las principales poblaciones chichimecas fueron los: a) Cáscanes; b) Zacatecos; c) Guachichiles; d) Salineros; e) Guamares; f) Irritillas; g) Tepeques; h) Otomíes; i) Cocas; j) Copuces; k) Guaxabanas; l) Macolias; m) Ecuexes; etcétera. A excepción de los otomíes, los demás núcleos fueron exterminados. Paulatinamente, los indígenas chichimecas fueron obligados a replegarse a las zonas escarpadas de los bosques o en su defecto, eran sometidos por la espada y la cruz del conquistador pasando a constituir, en el mejor de los casos, la servidumbre del dominador. Miles fueron los indios que murieron en los tiros de las minas. La actividad desempeñada por los españoles fue descrita por Fernán González de Eslava. Estos fueron los hombres que abrieron las riquezas del norte, que organizaron los primeros campos mineros en las vetas de Zacatecas que arriesgaron su capital, su energía y sus vidas en las más arriesgadas empresas, que inicia- LA SOCIOECONOMÍA COLONIAL Y EL DESARROLLO DEL DERECHO AGRARIO 129 ron una aristocracia de la plata, modificadora de la vida mexicana, que fueron los baluartes de la expansión de la frontera y de su defensa contra los ataques de las tribus indómitas. También fueron quienes dieron ímpetu a la conversión y el asentamiento de las mismas tribus que los habían atacado. Con la plata, que hizo de ellos los hombres más ricos de América, construyeron Iglesias y mantuvieron misiones, dieron a este nuevo bastión de la frontera su estabilidad inicial; cuando otros pensaron que la tarea era irrealizable o que no valía la pena intentarla. No cabe duda que el sufrimiento de los cristianos fue mucho para lograr civilizar a esos indios endemoniados.67 Pr ue ba fin al Po rrú a Este pasaje de la historia, según la versión de los vencedores, da cuenta del genocidio español. La guerra chichimeca se gestó en los territorios de la Nueva Vizcaya, la Nueva Galicia, Nuevo León y Nuevo México. Continuando con la cronología tenemos: 13. Lucha de resistencia de los mayas, de 1527 a 1590. 14. Nueva rebelión de la tribu cáscane en 1541. Los indígenas se oponían a la penetración ibérica que trataba de imponer los llamados reales de minas. En la última batalla, los cáscanes ajusticiaron a Pedro de Alvarado, conquistador de Guatemala. 15. “Guerra del Mixtón” en 1541-1542, también conocida como “Guerra de los Peñoles” o Rebelión de la Nueva Galicia, en ella participaron fundamentalmente las tribus coca, tecuexe y guamare. 16. Rebelión de los indígenas del oriente de la provincia de Mérida, Yucatán, lo relevante de esta lucha fue que logró integrar a la mayoría de las poblaciones mayas. A partir de la victoria española se dio la dominación socioeconómica y política de la península de Yucatán. 17. Rebelión de los mixtecos y zapotecos de 1547, en los valles centrales de Oaxaca. 18. Rebelión de los indígenas titiquipas en 1547. Los titiquipas —pertenecientes a los zapotecas—, proclamaron en ese año el resurgimiento de los tres señoríos (en la capital de la Nueva España, en la mixteca y en Tehuantepec) cuyo fin era restaurar la antigua organización precolombina. 19. Rebelión de los guachichiles y guamares (nómadas), año de 1550. 20. Rebelión de los zapotecas en 1550. 21. Rebelión de los lacandones de 1553 a 1560. En el transcurso de la Colonia, los lacandones realizaron sucesivas luchas de resistencia, aliándose, ocasionalmente, con otros grupos étnicos. 67 González de Eslava, Fernán, Coloquios espirituales y sacramentales y canciones divinas, Río, p. 56. Cit. Durand Alcántara, Carlos, Derechos indios en México… Derechos pendientes, UACH, México, 1993, p. 76, 130 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO al Po rrú a 22. Rebelión de los zacatecos y guachichiles en 1561, se caracterizó por la utilización de tácticas como la emboscada y el asalto. 23. Nueva Rebelión de los guachichiles, 1570. 24. Rebeliones en Campeche (mayas) de 1580 y 1583; fueron dirigidas por los indígenas Chi y Andrés Cocón, respectivamente. 25. Sublevación de los indios de Guaynamota 1584; se desarrolló en la provincia de Nueva Galicia (actual Estado de Nayarit). 26. Rebelión maya en Campeche, año de 1585. 27. Rebelión de los acaxes en Durango y Zacatecas en el año de 1590, debido a la penetración de los reales a minas.68 28. Rebelión de los tehuecos, 1597. 29. Rebelión de los guasaves en la provincia de Sinaloa, 1598. 30. Nueva rebelión de los guasaves en 1600. 31. Rebelión de acaxes y sobaibos entre 1601-1604. 32. Sublevación de los yaquis, dirigida por Lautauro y Babilonio, años de 1609 y 1610. 33. Rebelión de los tepehuanes, 1610. 34. Rebelión de los indios tekax (Yucatán), 1610. 35. Insurrección de los tehuecos de Sinaloa, 1613. Pr ue ba fin Mapa 5 Rebeliones indígenas en el siglo XVI Fuente: Huerta, Ma. Teresa 68 En el mapa 5 “Rebeliones indígenas, Siglo XVI”, se delimitan las regiones insurrectas de este periodo. LA SOCIOECONOMÍA COLONIAL Y EL DESARROLLO DEL DERECHO AGRARIO 131 Pr ue ba fin al Po rrú a 36. Nueva rebelión tepehuana, en 1616; fue una de las más trascendentales luchas de la región norte, escenificada en la zona más poblada minera de la Nueva Vizcaya (actual estado de Durango). Su rápida propagación se debió a que los tepehuanes se aliaron con los coras y tarahumaras e incluso con grupos de negros y mulatos. 37. Rebelión de los guachichiles, 1624; surgió en el Nuevo Reino de León. 38. Rebelión de los indígenas tzoo en Sinaloa, 1625. 39. Rebelión de los guazaparis en 1632. Como en otros casos, fue el descubrimiento de minerales lo que determinó la penetración europea en esta región, despojando a los indígenas de sus territorios y obligándolos a luchar como única alternativa. 40. Rebelión de los indígenas guazapariz del actual Estado de Chihuahua, 1632. 41. Rebelión de los indios de Bakalar, Yucatán, en 1633. A través de esta lucha los mayas de Guayamil-Chetumal (actual estado de Quintana Roo) negaron sumisión al gobierno español y despoblaron sus territorios para refugiarse en la selva. 42. Rebelión de los alazapas, 1635. 43. Rebelión de las “siete naciones”. En 1644-1645, los tobosos, salineros, conchos, cabezas, julimes, mamites y colorados; se confederaron para luchar en contra de la ocupación europea en la zona extractiva de Parral. 44. Varias rebeliones tarahumaras, 1646, 1648, 1650, 1652 y 1653. 45. Sublevación de los indios de Tehuantepec, 1660 (Izxtepec, Nejapa, Villa Alta, zapotecos, mixes y chontales de Oaxaca). 46. Nueva rebelión tarahumara, 1662. 47. Rebelión de la tribu tobosa, 1667. 48. Alzamiento de indios en el territorio de Nuevo México (jemes, pecos, piros, tompiros, teguas, janos, zuñis, moquis y tanos), en 16801696. Transcurrieron dieciséis años para que los españoles lograran someter a los indígenas de esa región. 49. Sublevación de los indios de Oaxaca, 1681. 50. Otra rebelión de los tarahumaras, 1648. 51. Rebelión de los indios apaches en el pueblo de Cuquiarachi, en 1689. Informes de diversos vecinos, comerciantes y mineros de Sonora, enviados al gobernador de la provincia de la Nueva España. Juan Isidro Pardiñas refiere diversas rebeliones de los indios sumas, janos, cocomes, pimas y apaches en el pueblo de Cuquiarachi. 52. Rebelión tarahumara de 1690. 132 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO rrú a 53. Movilización pima en abril de 1690, en esta lucha los jesuitas españoles llamaron al gobierno central novohispano para que fuesen exterminados todos los indios pimas. 54. Otra rebelión tarahumara en el año de 1693. 55. Rebelión de 1695 de los indios conchos, sobas y pimas en el territorio que ocupa actualmente el estado de Sonora. 56. Movilización de los pimas de las misiones de Caborca y Tubutama en 1695, concluida con la intervención violenta del jesuita Eusebio Kino, en la provincia de Sonora. 57. Sublevación de los indios tuxtla en la provincia de Chiapas 1695. 58. Sublevación de los pueblos tarahumaras, 1696. 59. Rebelión de los pimas en Sonora, 1697. En el mapa 6 “Rebeliones indígenas, Siglo XVII”, se muestran gráficamente las insurrecciones mencionadas Pr ue ba fin al Po Mapa 6 Rebeliones indígenas en el siglo XVII REBELIONES INDÍGENAS SIGLO XVII Fuente: Huerta, Ma. Teresa 60. Sublevación de los indios de la provincia de Nuevo León en 1701. 61. Rebelión de los jonaces y ximpeces, año de 1703. 62. Ataque de los indios huicholes a Acaponeta en el año de 1706 (actual estado de Nayarit). LA SOCIOECONOMÍA COLONIAL Y EL DESARROLLO DEL DERECHO AGRARIO 133 Pr ue ba fin al Po rrú a 63. Rebelión de los indígenas del Nuevo Reino de León en 1709, concluida hasta 1715. 64. Sublevación de los indios tzeltales-tzotziles en 1712-1713. Su importancia radicó en el aglutinamiento de los indios de la región. 65. Rebelión de los tzotziles, 1712. 66. En el actual estado de Guerrero se desarrollaron movilizaciones tlapanecas en 1716 como producto del despojo de tierras. 67. Rebelión de los indios seris, 1724. 68. Varias rebeliones apaches en 1724. 69. Rebelión de los indios pericues, en las misiones del actual estado de Baja California durante 1733. 70. Rebelión en las jurisdicciones de las villas de San Felipe y San Miguel el Grande, dirigida por el indio otomí Nicolás Marín en 1734-1735. 71. Rebeliones de los californios y de los pimas bajos entre 1734 y 1740. 72. Protesta de los yaquis contra los mayordomos de las misiones jesuitas en la provincia de Ostomori, Sonora en 1735. 73. Rebelión de los indios de California, 1735. 74. Rebelión yaqui y mayo, 1737. 75. Ataque de indios al presidio de Sinaloa en 1740. 76. Nuevas rebeliones de indígenas yaquis y mayos, dirigidas por Calixto, El Muni y Bernabelillo. Insurrección originada en 1740 y concluida en 1745. 77. De 1748 a 1749 se emprendieron campañas militares para exterminar a los seris. De igual forma se ejerció la violencia en contra de los pimas quienes, al defenderse, fueron dirigidos por Tubutama. 78. Nuevo levantamiento de la tribu pima, dirigida por el caudillo Picuri en 1751. 79. Lucha pima que fue dirigida por Luis Saric en 1752. 80. Levantamiento en septiembre de 1755 en el actual estado de Sonora, mediante el cual se emanciparon los yaquis y seris. En comunicados del virrey, marqués de las Amarillas al gobernador, se ordenaba efectuar las campañas militares que fueran necesarias para exterminar a las tribus del norte de la Nueva España. 81. Se rebelan los seris en el año de 1755. 82. Rebelión de los indios pimas de 1755. 83. Rebelión de los seris y pimas en 1760. 84. Alzamientos constantes de yaquis, mayos, apaches, sibupapas en Pitic, Caborca, Belem y Santa Lucía de 1760 a 1775. En el mapa 7 “Rebeliones indígenas, en el siglo XVIII”, se ilustra sobre las zonas principales en que se desenvolvieron las luchas indias de este periodo. 134 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO fin ba Fuente: Huerta, Ma. Teresa al Po rrú a Mapa 7 Rebeliones indígenas en el siglo XVIII Pr ue 85. Rebelión del indio Jacinto Uc Canek en 1761, esta lucha representa uno de los antecedentes más significativos del movimiento indio. Se verificó en la península de Yucatán. 86. Alzamiento de seris, pimas, sibupapas en 1766. 87. Sublevación del indio Juan Cipriano en el actual estado de Guanajuato. 88. Rebelión del indio Mariano en Nayarit, año de 1801.69 69 El tema de los movimientos indios está aún por investigarse, la sistematización y organización que se realice de las fuentes directas, permitirá esclarecer muchos aspectos hoy oscuros del “problema indio”. Algunas de las fuentes consultadas fueron, Archivo General de la Nación, ramo de tierras, bienes de comunidad. Bakewel, P.J., Minería y sociedad en el México colonial, FCE, 1975; Casarrubias, Vicente, Rebeliones indígenas en la Nueva España, SEP, México, 1963. Cué Cánovas, Agustín, Historia social y económica de México, Trillas, México; Durand, Carlos, El movimiento campesino mexicano. Tesis, UNAM, 1980; García, Genaro, Tumultos y rebeliones acaecidas en México, México, 1985; González de Cossío, Francisco, Historia de la tenencia de la tierra y explotación del campo en México, S.R.A., México, 1981; Huerta, Ma. Teresa, Las rebeliones indígenas de la Época Colonial, SEP, 1977. Powel, Philip, La guerra chichimeca, FCE, México, 1975; Archivo de la Secretaría de la Defensa Nacional. González Obregón, Luis, Rebeliones indígenas y precursores de la Independencia mexicana, Navarro, México, LA SOCIOECONOMÍA COLONIAL Y EL DESARROLLO DEL DERECHO AGRARIO 135 D. LA LEGISLACIÓN AGRARIA EN VÍSPERAS DE LA INDEPENDENCIA Pr ue ba fin al Po rrú a La insurgencia social, que de la lucha legal había pasado a la lucha armada y que en ocasiones se expresó en auténticas guerras regionales; la crisis del modelo novo hispano, aunada al feudalismo español que consolidó a la gran hacienda y el cisma en el modelo político español, provocaron que la legislación agraria de la época fuera remodelada pretendiendo con ello atenuar las contradicciones sociales. Así, la regulación agraria de fines del siglo XVIII no se erige como una concesión del Estado sino como una necesidad política del bloque hegemónico. Otro aspecto que coadyuvó en la conversión de esta política agraria fue el incremento de la población, a contrario sensu de lo acontecido en los inicios de la Conquista. Aspecto constatable en los datos que arrojó el primer censo que se realizó en México, cuya ejecución fue ordenada a intendentes y gobernadores de las provincias de la Nueva España, por el virrey Revillagigedo.70 Se calcula que la población india se habría triplicado para fines de siglo llegando aproximadamente a cuatro millones.71 Mientras que para las haciendas el incremento poblacional representó contar con mano de obra, para los pueblos indios el incremento poblacional derivó en la necesidad de nuevas tierras. El viraje en la legislación agraria se inició con la Instrucción para evitar la venta y enajenación de tierras de indios, del 23 de febrero de 1781 y concluye con el bando del virrey Venegas, en el que además de publicarse el Real Decreto del 26 de mayo de 1810 se eximió del pago de tributos y se estableció la repartición de tierras a los indios, haciéndose, extensivo este derecho a los mulatos, negros y zambos. Dada la importancia de dicho documento a continuación transcribimos algunos de los aspectos más significativos. 1952. AGI, México, legajo 2330, sin foja. Biblioteca Nacional de México, UNAM, Fondo Franciscano, ms 32/442 ff. 10v-llv. AGN Jesuitas, legs 2-10 exp. 38. AGN, Tierras, vol. 204, exp. 1 ff. 14r-15r. AGN, Inquisición, col. 746, exp. 18, Papeles sueltos relativos a 1713, ff. 347v348v. AGN, Historia, vol. 7 exp. 26. Castro, Felipe, Historia de los Pueblos Indígenas de México, CIESAS-INI, México, 1996. Radding, Cynthia, Entre el Desierto y la Sierra, CIESAS-INI, México, 1995. 70 Juan Vicente de Güemes Pacheco y Padilla, también conocido como Segundo Conde de Revillagigedo, fue el cuadragésimo segundo virrey de la Nueva España y gobernó de 1789 a 1794. 71 Navarro y Noriega, Fernando, Estado de la población del reino de Nueva España en el año de 1910, cit. en García, Tarsicio et al., Independencia nacional, UNAM, México, 1986, t. I, pp. 85 a 86. 136 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO 1. Instrucción para evitar la venta y enajenación de tierras de indios del 23 de febrero de 1781 Pr ue ba fin al Po rrú a Habiendo experimentado el general abuso en que han vivido y perseveran los indios de los pueblos próximos y remotos que comprende esta gobernación, en la nociva enajenación de sus tierras, solares y casas, así de propia peculiar adquisición, como de comunidad y repartimiento, contrayendo imponderables perjuicios hasta el más infeliz de no tener en que vivir, ni dejar en sus potreros aún aquel corto auxilio de casillas o jacales correspondientes a la conservación de la vida humana, y atendiéndose esta materia con la debida compasión, se han tomado las más oportunas providencias, libradas por punto general en los superiores decretos de 20 de julio y 23 de diciembre de 1780, por mi y por el Excemo., Señor A mi antecesor Fray Antonio María Bucareli, para el exterminio de este tan abundante y extendido perjuicio, que no se ha podido corregir con las predichas determinaciones, por no cesar los reclamos de los miserables indios que sienten los daños con los préstamos, empeños y arrendamientos, y en ventas que voluntariamente o precisados de la necesidad ó coacción, ejecutan, no sólo de los unos a los otros, sino a extraños, españoles, mestizos y otras castas que viven en sus pueblos, por inferiores cantidades, sin calificación de la necesidad y utilidad, cual se previene en las leyes de la Recopilación de estos reinos, y principalmente en la 27, tit. I lib. 6, y lo que más sin la previa licencia que en ella se dispone, haciéndose instrumentos simples y privados entre ellos mismos y muchas veces ante las justicias y escribanos, como ya se ha reflejado en algunos expedientes del juzgado general, siéndoles a unos y a otros, no solo ilícito, sino prohibido, a menos que intervengan las predichas solemnidades y precedentes, licencias. Y porque este desarreglo que de día en día se va propagando más y más infunde por su tolerancia el temor de que los indios lleguen al más infeliz estado, como no tener en que vivir, ni tierras que cultivar, en que divertir el ocio y con que ayudarse para sostener su mantención, obvenciones y cargas, quedando por esto inverificables e inaccesibles las piadosas reales intenciones, cuidadosamente establecidas y repetidas para conservación, aumento y propagación de los indios, todo dirigido a su beneficio, según las leyes 16, 17 y 18, libro 4, título XII, en cuyo fraude aconsejados los indios por los compradores les hacen ocultar su calidad, tomando la diversa de mestizos, castizos y otras castas para facilitar las ventas cometiéndose con esto la respectiva, transgresión a la enajenación de sus pobres bienes, solares y casillas, de las que viéndose destituidos, se entregan al ocio y vagabundería a que naturalmente son propensos, tomando en esta ocasión el abandono de sus familias, y separados dejan sus poblaciones, andan fugitivos y como vagos, defraudan en gran parte el real ramo de tributos, cuya baja muchas veces se ha experimentado en sus nuevas cuentas y matrículas por estos principales motivos de fuga y ausencia, resultando otro no menos grave como la falta de cumplimiento de los preceptos eclesiásticos, por no tener segura residencia ni conocer fija feligresía, viviendo LA SOCIOECONOMÍA COLONIAL Y EL DESARROLLO DEL DERECHO AGRARIO 137 Pr ue ba fin al Po rrú a sin subordinación a las justicias y sin sujeción a los párrocos a los que añade el consiguiente perjuicio de acompañarse con otras gentes viciosas de distinta naturaleza, como de mulatos, lobos, coyotes y otros semejantes, cuya malicia y perversidad fácilmente precipita a los indios por su rusticidad ó ignorancia, conduciéndolos a los robos, muertes y otros insultos que cometen en las poblaciones y fuera de ellas, infestando los caminos, ya con rateros, ya con excesivos robos, y entregados con más libertad al incorregible vicio de la embriaguez, el cual les infunde mayor libertinaje, y lo que es más sensible que con tal desamparo se crían las familias de estos infelices, sin cultura ni doctrina política y cristiana, privándose de la debida instrucción en los oficios necesario y liberales que con facilidad por su habilidad natural, y por el celo y vigilante cuidado que más que nunca en los presentes tiempos se está socorriendo a la juventud de uno y otro sexo, pudieran y podrán redimirse de tantos daños que padecen en sí, y se extiendan al Estado con la altanería, ociosidad y viciosidad, debiéndole sobrar todas las comodidades en la perpetua radicación de sus casas y pueblos, aprovechando el tiempo con su personal trabajo en el cultivo de los campos, laborío de las minas, dedicación a sus oficios y aplicación a otras artes que les franquea a sí la buena instrucción como su capacidad; y porque no ha bastado, como dicho es, las comunes providencias a remediar estos perjuicios, destruir el abuso y mantener y auxilio de esta recomendable nación. Se manda: que por ningún caso, ni con pretexto alguno se ejecuten ventas, préstamos, empeños, arrendamientos ni otro género de enajenación de tierras de indios, no sólo aquellas que por de comunidad se les repartan para el laudable y piadoso destino de su habitación, beneficio y cultivo, sino también de aquellas que han adquirido y adquieran como propias por título de herencia, donación y otras adquisiciones de sus antepasados, entendiéndose dicha prohibición aún entre los mismos indios de los unos a los otros, y con especialidad a los españoles, mestizos, mulatos y cualquiera otras castas y familias residentes en pueblos de indios, hacendados, rancheros y cualesquiera otros que tengan fincas rústicas o urbanas en sus poblaciones, sin que para las ventas, arrendamientos y cualesquiera otra clase de enajenación, intervenga licencia de mi superior gobierno, juzgado general de naturales o real audiencia, calificada la necesidad y utilidad, y seguidos todos los trámites dispuestos por las leyes con precedente audiencia del Señor Fiscal, y porque interpretando o mal entendida la ley 27, tít. I. Iib. 6, las justicias de los partidos que comprende esta gobernación, proceden a otorgar instrumentos de venta y arrendamiento sin las predichas formalidades, y lo mismo ejecutan los escribanos, no sólo lo de dichos partidos, sino aún los de esta corte, se prohibe a unos y otros, que en lo adelante procedan a otorgar tales instrumentos de venta y arrendamiento sin las predichas licencias, pena de 500 pesos y privación de sus oficios, y la nulidad de los que así otorgaren, perdiendo desde luego los compradores o arrendatarios la importancia de las ventas y la pensión de los arriendos en aquellas tierras de propio dominio de los indios, y en las de beneficio equitativo, como son las de repartimientos, en que no tienen dominio directo dichos naturales, se condena a los vendedores, arrendadores 138 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO Po rrú a y pignorantes y a los compradores, arrendatarios y pignoratarios al perdimiento de las tierras y aplicación de estas a otros individuos necesitados y observantes de su conservación y uso. Y para que todos los comprendidos guarden y cumplan el contenido de esta determinación, se despachan por cordilleras a todos los jusiticias del reino testimonio de ella, para que inmediatamente que la reciban la hagan publicar por bando en el idioma castellano, y en que fuere propio a los naturales de su distrito, dejando testimonio en el archivo de su juzgado para que siga la cordillera, y que cada uno de los alcaldes mayores en su ingreso repitan la publicación. Y porque el mismo abuso se ha notado aún dentro de esta capital, se ordena asimismo se publiquen en las parcialidades de San Juan de Santiago el mismo bando, poniéndose en los oficios públicos de provincia y ciudad igual testimonio para que conste a sus respectivos escribanos, y a los demás reales la prohibición y penas que para su observancia se les imponen, dirigidas al remedio de tantos males. Y para cortarlos en su raíz, en el modo posible, se manda que con testimonio de la presente y antecedentes resoluciones se dé cuenta a S.M., para si merecieren su real aprobación, o que su soberana justificación se digne a aplicar las más aptas sabias providencias que estime convenientes a tan importantes fines.—Martín Mayorga.—Diego Antonio Fernández Madrid.72 fin al Las causas que generaron la revolución de independencia eran más que evidentes, en el año de 1790 el virrey Revillagigedo señalaba: Pr ue ba Los miserables indios por naturaleza, por falta de educación y por la suma pobreza y decadencia en que se hayan, no respiran más que humillaciones y abatimiento, y se reputan como felices cuando tienen con que satisfacer escasamente la primera necesidad de su alimento… En tal situación… una carestía de maíz extraordinaria, o más imposiciones que no pudiesen absolutamente pagar, serían capaces de ponerlos en un estado de desesperación que los obligase a emprender algún atentado.73 El ascenso de las rebeliones indígenas, aunado al declive español que había marginado a diversos núcleos étnicos a lugares apartados o algunos otros los mantenían como mano de obra concentrándolos en pueblos o fundos legales y polarizándose solamente en alrededor de 1,200 grandes propiedades, las áreas de agricultura desarrollada. Toda esta situación obligó al Estado monárquico a decretar nuevos pronunciamientos para atenuar la conflictiva social. 72 Fabila, Manuel, Cinco siglos de legislación agraria, op. cit., pp. 42-44. 73 Informe de Revillagigedo al ministro de Hacienda y Guerra [1790], en N. Rangel (comp.). Los precursores ideológicos de la guerra de independencia, 1789-1794, Talleres Gráficos de la Nación, México, 1932, p. 5. LA SOCIOECONOMÍA COLONIAL Y EL DESARROLLO DEL DERECHO AGRARIO 139 En 1791 se dan a conocer las instrucciones para evitar la usurpación de las tierras de indios las que a la letra señalaban: Pr ue ba fin al Po rrú a La desidia con que todos las justicias han mirado el cumplimiento de la ley 27, tít. lero. lib. de la Recopilación Indiana, ha dado motivo a que los españoles que se han avecindado en pueblos de indios, válidos de la poca instrucción que tienen en lo que legítimamente les pertenece, les hayan usurpado sus tierras, unos con título de compra, sin los requisitos de la citada ley, y otros con engaños y ofertas imaginarias, desalojándolos de las que el rey les concede, y acabando los pueblos, y poniéndolos en el extremo de transmigrar a causa de la miseria que los han constituido, cuyo triste ejemplar tocó con harto sentimiento mío en esta jurisdicción, en donde habiendo diez y nueve pueblos, solo dos, que son Quiroga y Sayula, tienen indios, contándose por excesivo su número el tener cada uno de ellos sesenta familias, viendo los diez y siete restantes reducidos al de veinte y dos el que más, notando entre estos algunos de cinco individuos, en notorio perjuicio de la población y justo derecho de tributo. Para remediar en parte esta sensible decadencia, y alentar a los pocos indios que quedan en esta jurisdicción, he dispuesto que las tierras sobrantes se arrienden en el mayor y mejor postor, según el artículo 9 de la circular de 11 de febrero de 1791, y que las casas que se hallan fabricadas en esta cabecera, respecto a ser en tierras de ellos, reconozcan el dominio que reside en los indios, puesto que los dueños no manifiestan justo título de compra solemne hecha a los naturales, sino un abuso detestable de pagar por una vez seis pesos, no sale de las familias del que compró, repitiendo esta misma acción si pasa a extraño dueño, no pudiendo los indios percibir aquel justo arrendamiento que les corresponde por razón de señores. Todos conociendo la justa reconvención que yo por parte de los indios le he hecho, están llanos a la contribución de dos pesos cada solar en reconocimiento del arrendamiento que tienen de los solares, pero habiendo aquí una compañía que ni se sabe su creación, ni el régimen, ni manejo que debe tener, según la Ordenanza Militar, especialmente la de Yucatán a la que manda S. Majestad se arreglen todas las milicias de este reino, a pretexto del fuero que no saben discernir, se quieren apropiar los solares, y se resisten a la justa contribución, dándome motivo a creer que ellos son la principal causa de la ruina de estos indios, a quienes extorsionan en la falsa inteligencia de que no reconociendo más juez que a unos hombres incapaces, y que no pueden alumbrarles lo que les conviene, atropellan las providencias políticas de los subdelegados, quienes atemorizados generalmente con no saber nada alcanzan los límites del fuero militar se desentienden de la ejecución, y disimulan en perjuicio de la causa pública estos atentados: Así sucede en el día con el comandante accidental de esta, sujeto que por su graduación de sargento, debería estar subordinado a las órdenes de su teniente que se halla en esta cabecera, ó a las de su alférez para las contestaciones formales y que se versan entre sujetos de carácter y circunspección, habilitando a su capricho a los cabos de la misma para un concepto 140 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO ba fin al Po rrú a tan recomendable como es el de comandante; palpando los graves inconvenientes que resultan de este trastorno, no puedo menos que hacerlos presentes a V.S. para que impuesto de ello, dé cuenta al Exmo. Sr. virrey del estado de esta tropa. Me lisonjeo de amar tiernamente la milicia por tener el honor de haber sido auditor de guerra en ella, pero no puedo desentenderme, de la conducta punible con que se versa en toda esta jurisdicción poniendo trabas a las soberanas resoluciones de S.M. a pretexto del fuero militar, que solo usan para eximirse de lo que cede a beneficio común. Si en la disputa suscitada por el coronel de caballería de la costa de Granada, y el intendente de la misma en el reparto que aquel hacía sobre que sus soldados no debían contribuir a los gastos de composición de caminos y puentes, se providenció en lero. de noviembre de 1757 que eran comprendidos en el repartimiento en consideración a ser vecinos fijos de aquel cuerpo por su servicio y destino, con cuánta más razón deberán estos, que se dicen milicianos, sujetarse a la paga del correspondiente arrendamiento del solar o solares que posean, debiendo con esta prudente contribución confesar el dominio y señorío que los indios tienen en todas las tierras de esta cabecera en las que consiste todo su haber y fincas para el importante establecimiento de comunidades. Espero que V.S., con la eficacia y amor que profesa a esta miserable gente, determine si se ha de exigir la indicada contribución, y si en ella han de ser comprendidos estos milicianos que a la buena fe son tenidos por tales, pero siempre suplicando a V.S. se dé cuenta al Excmo. Sr. Virrey, para que con su acostumbrado tino vea las ventajas que acarrea a los lugares unas gentes que debían ser el ejemplo de las demás. 11 de febrero de 1791. Pr ue Hacia fines del siglo XVIII vendría la crítica más severa que, originándose en el bloque hegemónico, se realizó al papel del despojo agrario y el consecuente fortalecimiento de la hacienda. Estas observaciones fueron elaboradas por el clero bajo de Michoacán a través de Manuel Abad y Queipo el que entre otros aspectos señaló: Ya dijimos que la Nueva España se componía con corta diferencia de cuatro millones y medio de habitantes, que se pueden dividir en tres clases: españoles, indios y castas. Los españoles componen un décimo del total de la población y ellos solos tienen casi toda la propiedad y riquezas del reino. Las otras dos clases, que componen los nueve décimos, se pueden dividir en dos tercios, las dos castas y uno de indios puros. Indios y castas se ocupan en los servicios domésticos, en la agricultura y en los ministerios ordinarios del comercio y de las artes y oficios. Es decir, que son criados, sirvientes o jornaleros de las primeras clases. Por consiguiente, resulta entre ellos y la primera clase aquella oposición de intereses y de afectos que es regular en los que nada tienen y los que lo tienen todo, entre los dependientes y los señores… [Por ello, para remediar esa situación, proponía:] lo primero, la abolición general de tributos en las dos clases de indios y castas. Lo segundo, LA SOCIOECONOMÍA COLONIAL Y EL DESARROLLO DEL DERECHO AGRARIO 141 la abolición de infamia de derecho que afecta las referidas castas; que se declararán honestas y honradas, capaces de obtener los empleos civiles que no requieran nobleza, si los mereciesen por sus buenas costumbres. Lo tercero; división gratuita de todas las tierras realengas entre los indios y las castas. Lo cuarto, división gratuita de las tierras de comunidades de indios entre los de cada pueblo. Lo quinto, una ley agraria semejante a la de Asturias y Galicia, en que por medio de locaciones y conducciones de veinte o treinta años, en que no se adeude el real derecho de alcabala, se permita al pueblo la apertura de tierras incultas de los grandes propietarios, a justa tasación en caso de desavenencia, con la condición de cercarlas y las demás que parezcan convenientes para conservar ileso el derecho de propiedad.74 E. LUCHA DE INDEPENDENCIA Y PROBLEMA AGRARIO Pr ue ba fin al Po rrú a Al igual que todas las definiciones políticas y jurídicas que existieron en la Nueva España, la de Independencia se originó en un núcleo de ilustrados, la mayoría de ellos del bajo clero o ligados a él y fundamentalmente criollos. Así, la conformación del nuevo Estado sería “idea de europeos para construirse en América”. Los indios se encontraban dispersos en diversas reubicaciones territoriales sin intelectuales propios con los que fuese posible desarrollar un modelo alternativo de Nación pluricultural. A las generaciones de indios de principios del siglo XIX se les había “decapitado”, ya que si bien, su población se había incrementado,75 su identidad se había prácticamente eliminado o convertido en práctica clandestina. La obra inquisitorial, la nueva fe; la destrucción, la política del lenguaje que solamente asumía como legítima la hegemónica, el guerrerismo español, el despojo e invasión de tierras, fueron factores determinantes que abrieron paso al surgimiento de la nueva Nación y la correlativa negación de más de cien culturas o naciones indias. La construcción del nuevo Estado-Nación mexicano plantearía de igual forma la elaboración de normas jurídicas agrarias acordes con el discurso hegemónico. 1. Los antecedentes de la gesta agraria de 1810-1821 Pensada por criollos y no por los pueblos originarios de América, la Independencia de México formó parte del proceso mundial que culminó 74 Mora, José María Luis, Obras sueltas, París, Librería de Rosa, 1837. t. I, p. 175. 75 De los 6 millones 125 mil habitantes de la Nueva España, el 60 por ciento eran indios; 26 por ciento castas; 12 por ciento criollos, y 2 por ciento españoles (año de 1801). Cf. Enríquez Coyro, Los EU, ante nuestro problema agrario, op. cit., p. 179. 142 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO con el derrocamiento del orden feudal y el advenimiento del sistema capitalista. Al decir de Borojov: a Las luchas nacionales obedecen fundamentalmente a la disputa por la soberanía (“posesión” o “patrimonio”, en su terminología) sobre las unidades sociales y las condiciones materiales de su reproducción económica, en las que participan las distintas clases sociales en defensa de sus intereses de clase. Por lo cual el nacionalismo adquiere un contenido diferente según la posición de la clase que lo sustenta… Sostiene, además, que al no estar resuelta la ‘”cuestión nacional” en términos de una relación “normal” de la Nación con sus condiciones de producción, el nacionalismo domina en la conciencia de las clases. Lo que para el proletariado significa desviar su atención de las luchas orientadas a la imposición de su propio proyecto político.76 Pr ue ba fin al Po rrú En México el proceso de trescientos años de vejaciones a los pueblos indios, en el que se agudizaron las contradicciones frente a las grandes haciendas, y por otra parte, el enciclopedismo y la ilustración que dieron paso, tanto a la Declaración de Independencia de los E.U.A., como a la Revolución francesa, constituyeron fenómenos de vital importancia para la formación de la conciencia de los intelectuales criollos. En América estas ideas se aunaron a la influencia del liberalismo español y del republicanismo-liberalismo español y estadounidense de Jefferson. Sin embargo es curioso observar que este pensamiento que acuñaba la reivindicación, más ortodoxa del derecho de propiedad, marginaba a los negros e indios de la misma. Los acontecimientos de 1808 en España: invasión francesa por las tropas de Napoleón, abdicación de la familia real y coronación de José Bonaparte como rey, fueron elementos fundamentales en la gesta independentista que ya se veía surgir. Desde el punto de vista socioeconómico, Florescano señala cuales fueron algunos de los factores que incidieron en el surgimiento de la lucha de independencia: A fines del siglo XVIII la vigorosa expansión del latifundismo y otros fenómenos contribuyeron a hacer más amplias las deformaciones creadas por la expansión española; insuficiencia de tierras de la comunidad para satisfacer el incremento de la población indígena; amplios sectores del campesinado habían sido despojados de sus tierras, sin más alternativa para recuperarlas que la lucha revolucionaria; el número de desocupados iba en aumento; estancamiento de los salarios de los peones de las haciendas y 76 Borojov, Nacionalismo y lucha de clases, Progreso, Moscú, 1984, p. 36. LA SOCIOECONOMÍA COLONIAL Y EL DESARROLLO DEL DERECHO AGRARIO 143 a minas e incremento constante de los precios; frecuentes y devastadoras crisis agrícolas (1785-1786), (1801-1802), (1809-1810), que por un lado llevaron ganancias a los hacendados y por otro sumergieron en la más vil explotación a las clases trabajadoras. Lo anterior quiere decir que al mismo tiempo que se dio el crecimiento de la población y el auge económico de la época (minería, comercio, manufacturas) se requirió de impulsar la producción agrícola, aunque tal impulso era relativo, ya que, la mayoría de la producción satisfacía la demanda externa (España). En la agricultura, lo mismo que en el comercio o en las manufacturas, el desarrollo económico que se experimenta en el último cuarto del siglo XVIII pone en cuestión las viejas estructuras y provoca una crisis de crecimiento. Esta crisis que desajusta y hace evidentes las contradicciones de la estructura colonial, provoca la agudización de la lucha de clases, que fundamentalmente retomó posiciones en contra de la gran propiedad feudal.77 rrú 2. Hidalgo y Morelos, precursores del derecho agrario en la perspectiva social Pr ue ba fin al Po En septiembre de 1810 estalla la guerra campesina, producto del exterminio que por 300 años habían padecido los indios; la demanda política y fundamentalmente social del campesino indígena fue el de la recuperación de sus tierras, ésta fue el centro cohesionador que aglutinó a los campesinos en un solo frente armado. Los campesinos no lucharon únicamente por la independencia de México, sino por aspectos más inmediatos y concretos, no fue la figura de Hidalgo la que insurreccionó a los trabajadores, sino las condiciones materiales de existencia en las que la lucha de clases había llegado a su momento cúspide. Ante el vasto despliegue de campesinos, Hidalgo se vio en la necesidad de vincular demandas netamente sociales al movimiento, ya que así garantizaba la lucha de independencia. Una vez tomada la ciudad de Guadalajara declaró lo siguiente: Por el presente mando a los jefes y justicias del distrito de esta capital, que inmediatamente proceda a la recaudación de las rentas vencidas hasta el día por los arrendatarios de las tierras pertenecientes a las comunidades de los naturales, para que enterándolas en la caja nacional, se entreguen a los referidos naturales las tierras para su cultivo, sin que para lo sucesivo puedan arrendarse, pues es mi voluntad que su goce sea únicamente de los naturales de sus respectivos pueblos.78 77 Florescano, Origen y desarrollo, op. cit., p. 131. 78 Mancisidor, José, Hidalgo, Morelos y Guerrero, Grijalbo, México, 1970, p. 88. Con respecto al pensamiento social de Miguel Hidalgo, es importante precisar que éste se proponía restituir, no todas las propiedades originarias de los indios, sino aquellas que se 144 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO Pr ue ba fin al Po rrú a Hidalgo se convirtió inicialmente en la dirección política del movimiento campesino y de independencia, las raíces de la lucha se relacionan con las que habían sido rebeliones aisladas y regionalistas de los siglos XVI-XVII y XVIII y que con Hidalgo tendían a convertirse en una insurrección de amplios caracteres. En poco tiempo la movilización campesina se extendió a diversas zonas, como Guadalajara, San Luis Potosí, Zacatecas, Aguascalientes, León; además de la clase campesino(indígenas, negros y mulatos) que componía al ejército insurgente, se aliaron criollos y mestizos que oportunistamente avizoraban el gran auge de la lucha, buscando influir en el desenlace de los acontecimientos conforme a sus intereses. El poder colonial trató de contener la participación de los indígenas. El día 5 de octubre de 1810, el virrey dio un ordenamiento en el que se señalaba que serían entregadas las tierras a los indios. El temor de los españoles era manifiesto, buscaban que la lucha agraria se redujera a una simple conciliación, sin embargo la reacción sería más amplia porque en cada ciudad, poblado o ranchería que tomaban los insurgentes, fusilaban a los altos funcionarios, a los terratenientes y comerciantes, otros más eran arrestados y sus pertenencias confiscadas. A principios de la segunda década del siglo XIX las clases dominantes se encontraban en franco despliegue. En el decurso histórico de la lucha de independencia se manifestaron dos concepciones políticas que definieron la conducción política del movimiento libertador, éstas surgieron de las ideas de Allende y Aldama, frente a Hidalgo. Para los primeros era más importante alcanzar la independencia que satisfacer la demanda social, mientras que Hidalgo reivindicaba derechos de los pueblos. Los trabajadores no comprendían en aquel entonces la política del país, en cuanto a su independencia, los indios, mulatos, zambos y mestizos luchaban por sus intereses más concretos, por lo que la lucha independentista también debe ser considerada como una guerra agraria en gestación79 cuya auténtica manifestación vendría un siglo más tarde con los ejércitos de Emiliano Zapata y Francisco Villa. Otro tipo de significado que adquirió la lucha de independencia se expresó en la participación de Albino García, quien proclamó la rebelión contra el régimen vigente, sin concebir un programa social. Al decir de hallaban arrendadas a latifundistas o bien habían sido anexadas por éstos a sus terrenos, cuando aquellos eran colindantes con los suyos; con el tiempo era posible pensar que los arrendatarios pudieran aprovecharse de la tenencia que ejercían y mediante las composiciones apropiarse de las mismas. Cf., Díaz, Fernando, Caudillos y caciques, El Colegio de México, México, 1975, p. 19. 79 Cf., Paz, Octavio, El laberinto de la soledad, F.C.E., México, 1973. LA SOCIOECONOMÍA COLONIAL Y EL DESARROLLO DEL DERECHO AGRARIO 145 ba fin al Po rrú a Lucas Alamán: “Albino García se adhirió a la independencia sin plan ni objetivo con la única intención de robar y dar rienda suelta a sus apetitos, atrayendo seguidores con sólo darles libertad para hacer lo que quisieran”.80 Aun cuando esta afirmación es parcialmente válida, es importante introducirse realmente en la mentalidad que prevalecía en los pueblos indios y sus dirigentes de aquel periodo. Según Hobsbawm al referirse a esta idea señala “… no se protesta contra el hecho de que los campesinos sean pobres y estén oprimidos, sino contra el hecho de que la pobreza y la opresión resultan a veces excesivas”.81 La dinámica de los acontecimientos obligó a Hidalgo a definir sobre la práctica serias transformaciones sociales en favor de las masas explotadas, lo que motivó que Allende y Aldama dividieran el movimiento de insurgencia. La separación degeneró en una crisis de la lucha que fue aprovechada por los españoles que detuvieron y ejecutaron a Hidalgo, Aldama, Allende y Abasolo, entre otros. En la sentencia del juicio que se les siguió, a Hidalgo se le estipulaba: “abusando de la santidad de su estado se sirvió de él, para atraerse a su partido los pueblos; que los sedujo e hizo levantar entre su legítimo gobierno”.82 El movimiento de liberación continuó su curso extendiéndose para octubre de 1811, a todo el territorio central de México. La lucha cobró nuevos bríos con la participación de José Ma. Morelos y Pavón.83 Como discípulo de Hidalgo, Morelos promulgó en noviembre de 1810 su primer decreto cuyo contenido fue social y agrario, en él establecía: Pr ue a) Que los indios, mulatos, las castas y demás habitantes de la Nueva España, exceptuando los europeos, deben llamarse americanos. b) Que nadie pagará tributos ni tendrá esclavos. c) Que desaparezcan las cajas de comunidad de los indios, quienes junto con sus comunidades tienen el derecho de recibir las rentas de sus tierras, a recobrar la propiedad de éstas, de sus montes y de sus aguas. d) Que se declara suprimido el estanco de la pólvora, subsistiendo el del tabaco y el pago de la alcabala para sostener a las tropas insurgentes. 80 Díaz Díaz, Fernando, Caudillos y caciques, op. cit., México 1972, pp. 23-24. 81 Hobsbawm, Erick, Rebeldes primitivos, Ariel, México, 1967, pp 27-47. 82 Hernández y Dávalos, Colección de documentos para la historia de la guerra de independencia de México, de 1808 a 1821, 1877-82, t. 1, p. 66. Cit. Mancisidor, José, Hidalgo, Morelos, Guerrero, Grijalbo, México, 1970, p. 24. 83 “Morelos nació en Valladolid, hoy Morelia, el 30 de septiembre de 1765, siendo sus padres, el carpintero Manuel Morelos y su madre Juana Pavón. Huérfano de padre, a muy temprana edad se dedicó a la agricultura, hasta los 25 años en la hacienda de Tahuejo, jurisdicción de Apatzingán, para ayudar a su madre y a su hermano Antonio”. Cf., Toro, Alfonso, Historia de México, FrancoAmericana, México, 1926. 146 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO En un texto de noviembre de 1811 que Lucas Alamán atribuyó (sin pruebas) a Morelos se lee: rrú a Proyecto para la confiscación de los intereses europeos y americanos adictos al gobierno español: Deben también utilizarse todas las grandes haciendas, cuyos terrenos laboríos pasen de dos leguas cuando mucho, porque el beneficio de la agricultura consiste en que muchos se dediquen con separación a beneficiar un corto terreno que puedan asistir con su trabajo e industria y no que un solo particular tenga mucha extensión de tierras infructíferas, esclavizando millones de gentes para que las cultiven por fuera en la clase de gañanes o esclavos cuando pueden hacerlo de un terreno limitado, con libertad y beneficio suyo y del público.84 No obstante que diversos autores atribuyeron la autoría de dicho documento a Morelos, difícilmente sería creíble que éste haya luchado contra el latifundio, ya que sus principales correligionarios eran grandes propietarios, como fueron los hermanos Galeana, Leonardo Bravo y sus hermanos Máximo, Miguel y Víctor, entre otros. Pr ue ba fin al Po Al igual que Hidalgo, el agrarismo de Morelos se basó fundamentalmente en la restitución de tierras a los pueblos indios, institución agraria que con el tiempo se convirtió en una acción agraria, vigente hasta nuestros días. La tarea del historiador y del paleógrafo será la de autentificar la autoría de Morelos respecto de este documento tan importante y sobre el cual no sólo juristas e historiadores han pretendido dimensionar la figura de Morelos, sino el propio Estado mexicano. Contrario sensu al mito que se quiso forjar de Morelos, encontramos su Bando del 13 de octubre de 1813 en el que define claramente su opinión. … reglas que habrán de normar las confiscaciones de bienes del enemigo… Que nuestro sistema sólo se encamina a que el gobierno político y militar que reside en los europeos recaiga en los criollos… que no haya distinción de calidades, sino que todos nos nombremos americanos… Que siendo los blancos los primeros representantes del reino y los que primero tomaron las armas en defensa de los naturales de los pueblos y demás castas uniformándose con ellos, deben ser blancos por este mérito el objetivo de nuestra gratitud y no del odio que se quiere formar contra ellos… que no siendo como es nuestro sistema proceder contra los ricos por razón de tales, ni menos contra los ricos criollos, ninguno se atreverá a echar de sus bienes por muy rico que sea… Que aun siendo culpados algunos ricos, europeos o criollos, no se eche manos de sus bienes sino con orden expresa del superior de la expedición.85 84 Mejía Fernández, Miguel, Política agraria en México en el siglo XIX, Ed. Siglo XXI, México. 1971, p. 46. 85 Fabila, Manuel, op. cit., p. 221. LA SOCIOECONOMÍA COLONIAL Y EL DESARROLLO DEL DERECHO AGRARIO 147 Posteriormente Morelos dio a conocer su Bando del 29 de enero de 1813 el cual se guiaba por su antecesor, solamente agregando: “Que los naturales de los pueblos sean dueños de sus tierras y rentas, sin el fraude de entrada en las cajas”.86 Morelos, además de hacer suyas las ideas de Hidalgo, propuso al país su programa político-social, “Sentimientos de la Nación “, en él levantó diversas demandas, entre otras, la soberanía del Estado mexicano sobre su territorio y la distribución justa de la riqueza. Al decir del propio Morelos: Pr ue ba fin al Po rrú a Que la América sea libre independiente; que la religión católica sea la única; que la soberanía dimane directamente del pueblo, dividiéndose los poderes en Ejecutivo, Legislativo, y Judicial; que los empleos los ocupen únicamente los americanos; que se le eche abajo el gobierno tiránico y se le sustituya por el liberal, expulsando al enemigo español; que siendo la buena ley superior a todo hombre, las que dicte el congreso deben ser tales que obliguen a constancia y patriotismo, moderen la opulencia y la indigencia, la rapiña y el hurto; que las leyes generales abarquen a todos y que no existan cuerpos privilegiados; que se supriman para siempre la esclavitud y la distinción de castas, quedando todos los americanos iguales y sólo distinguiéndolos la virtud o el vicio; que se abran determinados puestos a las naciones extranjeras amigas, debiendo pagar sus mercancías un gravamen de importación; que no se admita la tortura; que se establezca el 12 de diciembre como día festivo dedicado a la patrona de la libertad María de Guadalupe; que se quiten infinidad de tributos e imposiciones agobiantes, fijando sólo una contribución ligera que junto con la buena administración de los bienes expropiados al enemigo permitan cubrir los gastos de guerra y los honorarios de los empleados; que se solemnice el 16 de septiembre como el aniversario en que se levantó la voz de la independencia.87 En el aspecto agrario, su programa solamente consideraba: “17… que a cada uno se le guarden sus propiedades”. Aspecto limitado si consideramos el problema del despojo agrario. Al tiempo que Morelos y el propio Hidalgo plantearon la restitución de tierras, la definían solamente en los casos de los fundos legales y de aquellas comunidades que habiendo sido removidas de sus tierras originarias, gozaran de algún título de propiedad. No obstante las limitaciones de Morelos e Hidalgo al reivindicar el problema agrario, su ideario tuvo una definición popular en el marco de la lucha y fue la única posible opción para los “rebeldes primitivos” de este periodo. 86 Ibídem. 87 Villoro Luis, El proceso ideológico de la revolución de independencia, UNAM, México, 1956, p. 122. 148 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO El 22 de octubre de 1814 la corriente presidida por Morelos dio a conocer el decreto constitucional para la libertad de la América mexicana que fue promulgado con carácter de Constitución. Este documento, que también fue conocido como “Constitución de Apatzingán”, se inspiró en las constituciones francesas de 1793 y 1795. Al decir de Luis Villoro: Po rrú a Establecía por primera vez el sistema representativo nacional, la separación de tres poderes, los derechos del ciudadano y la libertad de expresión. El artículo 5o. asentaba que “la soberanía reside originalmente en el pueblo y su ejercicio en la representación nacional compuesta por diputados elegidos por los ciudadanos”. El artículo 2, por ejemplo, señala como fin del gobierno garantizar al hombre el goce de sus derechos naturales e imprescriptibles; el artículo 18 definía la ley como “la expresión de la voluntad general en orden a la felicidad común”, el 24 explicaba en qué consistía esa felicidad del pueblo y cada uno de los ciudadanos: (consiste en el goce de la igualdad, seguridad propiedad y libertad), derechos fundamentales del hombre en sociedad.88 Pr ue ba fin al Este documento de corte liberal burgués, denota la ideología del núcleo independentista representado por Morelos. La Constitución de 1814 no consagró ninguna de las reivindicaciones agrarias que desde 1810 Morelos e Hidalgo habían sustentado. La revolución de independencia no tuvo un desarrollo lineal, valga para ello reconocer el viraje que en materia agraria asumió el grupo criollo hegemónico que además alejó a Morelos de la dirección política del movimiento de independencia, para 1814 se cifró la ulterior derrota de la lucha popular al haberse desvinculado el congreso de Apatzingán de los pueblos indios y demás base social (mestizos, negros, mulatos y zambos). Con el asesinato y derrota política de Morelos el movimiento popular quedó acéfalo. Fue así como la Independencia fue negociada y forjada únicamente con el relevo de la realeza, cuyo representante, Iturbide, al asumir el poder en 1821, decretó consumada la Independencia. En lo que concierne al derecho agrario del periodo, su aplicación se vio determinada por la lucha ideológica en la que finalmente resultaron victoriosos los criollos, los cuales se encontraban más identificados con las clases explotadoras. En el tercer lustro del siglo XIX es notorio el viraje que tuvo la lucha de Independencia que de ser una lucha de base popular, cuyas aspiraciones más que políticas son sociales, se convirtió en un movimiento que dio paso para que nuevos hijos de españoles asumieran el poder. Para la realeza fue claro el significado que 88 Ibid, pp. 122-123. LA SOCIOECONOMÍA COLONIAL Y EL DESARROLLO DEL DERECHO AGRARIO 149 rrú a podría haber adquirido el movimiento de Independencia, no sólo como lucha política, sino como una auténtica revolución agraria al situarse la rebelión india como el principal motor de la gesta independentista, por ello fueron traicionados y victimados Hidalgo y Morelos. Sus aspiraciones agrarias no fueron cumplidas, la estructura prácticamente se mantuvo intocada aunque ahora con nuevos hacendados, entre otros, aquellos que se habían vinculado al ejército y la Iglesia. Al surgir la “nueva Nación”, el Estado asumió la concepción liberal burguesa europea negando las aspiraciones agrarias de los pueblos indios, además se estableció el estigma que ha mantenido desde siempre el discurso nacionalista burgués mexicano, de ver a la nación mexicana como supra étnica en la que todos sus habitantes son “mexicanos”, sin advertir las identidades específicas de la diversidad sociocultural de México y en particular de sus pueblos indios. Surgió así, una “Nación europeizada” por encima de una sociedad civil pluricultural. De esta forma el proceso de formación del Estado implicó una imposición política a las etnias indígenas de México. Pr ue ba fin al Po México del mito de la Nación, a la construcción de un proyecto propio El sentido más liberal de Nación basado en la filosofía ius naturalista, desarrollada en los siglos XVII y XVIII, se planteó en México más bien de manera declarativa o por decreto. Las aspiraciones sociales y agrarias impulsadas por el movimiento campesino e indígena, se mantenían aún latentes, ahora con el componente de gravísimas crisis agrícolas, como por ejemplo las verificadas de 1801-1802, 1805-1807, 1809-1810 y por supuesto, las que se gestaron con motivo de la lucha revolucionaria, hacia 1821, México es un país a la deriva, con luchas intestinas y rebeliones campesinas, los capitales más importantes han huido del país, las vías de comunicación están prácticamente destruidas, etcétera, sin embargo surgió el mito de concebir al nuevo país como una nueva Nación que se presume soberana y suprema para ejercer su propio devenir histórico. En realidad la conformación de la independencia nacional y el fortalecimiento del Estado mexicano, constituyó el gran reto que la burguesía mexicana enfrentó, prácticamente durante todo el siglo XIX, en el que se confrontaron los intereses de la iglesia, los hacendados, terratenientes y la propia burguesía, e inclusive los intereses expansionistas de los EUA, Francia e Inglaterra, proceso en el que como veremos más adelante jugó un papel muy importante la reforma juarista y el porfiriato, circunstancias que a su vez culminarían con la Revolución mexicana. Sin embargo, más allá de lo discursivo, o la formalización jurídica que adquirió la nueva Nación mexicana, encontramos la búsqueda de un pueblo y una sociedad multiétnica que ha generado sus movimientos 150 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO Pr ue ba fin al Po rrú a sociales y políticos, y que también por ello peleó en la independencia por contar con una identidad propia, a veces cosmogónica, en ocasiones política y fundamentalmente social y es aquella donde la guerra de independencia nos deja ver otro rostro, el de la lucha, en virtud de la reivindicación agraria, quizás la lucha por Tonan o Tonatzin la madrecita tierra, aspecto que encontraría, como muchos otros, su explicación en los símbolos nacionales impulsados por ciertos sectores liberales y los propios pueblos indios, como así ocurrió por ejemplo con la imagen de la Virgen de Guadalupe.89 Así, al tiempo que la burguesía hegemonizó el advenimiento de la nueva Nación, los trabajadores, los campesinos e indígenas, contribuirán con sus aportaciones y luchas en la construcción de la Nación que está por venir. 89 A decir de Bernardino de Sahagún; “En este lugar (que se nombra Tepeyácac) tenían un templo dedicado a la madre de los dioses, que la llamaban Tonatzin y que quiere decir Nuestra Madre. Allí hacían muchos sacrificios a honra de esta Diosa. Y venían de más de veinte leguas de todas las comarcas de México y traían muchas ofrendas. Venían hombres y mujeres, mozos y mozas a estas fiestas. Era grande el concurso de gente en estos días y todos decían vamos a la fiesta de Tonatzin. Y agora que está allí edificado la iglesia de Nuestra Señora de Guadalupe, también, la llaman Tonatzin. Cf. Sahagún Fray Bernardino, Historia general de las cosas de Nueva España, 2a., ed. de Alfredo López Austin y Josefina García Quintana, Alianza Editorial Mexicana y CONACULTA, México 1989. IV. DERECHO AGRARIO Y ANARQUÍA (1821-1854)1 A. INTRODUCCIÓN Pr ue ba fin al Po rrú a Hablar del Estado mexicano y consecuentemente de la Nación mexicana durante los primeros años del México independiente, es muy complejo. El tiempo que siguió a la Independencia fue de inestabilidad y desórdenes para el país, subsistiendo poderes regionales y asechanzas del extranjero, precisamente en este periodo México fue intervenido militarmente por los Estados Unidos, perdiendo más de la mitad de lo que otrora fuera la Nueva España, a partir de este momento la Nación se mantuvo en la óptica de la hegemonía norteamericana. En realidad, México era un país “independiente” por ministerio de ley y no por la congruencia de sus instituciones políticas. En la etapa que nos ocupa, los diversos giros de la economía se debatían en la más completa ruina, debido principalmente a los desastres producidos por la guerra y posterior agitación, a la huida de capitales españoles y sobre todo a la concentración de la tierra en manos del clero y los terratenientes aristocráticos, que constituían en muchos sentidos grandes obstáculos al crecimiento de la economía capitalista. El territorio mexicano y sus recursos, botín de disputa La decadencia del Estado español que motivó, entre otros aspectos, la Independencia de México, llevó a que las grandes potencias de 1 El término anarquía utilizado para calificar este periodo de la historia de México ha sido utilizado por diversos autores, al respecto Juan Felipe Leal señala: “En los inicios del México independiente existió el estado mexicano, sólo desde el punto de vista formal (jurídico político), ya que tanto su organización económica, como social, se encontraba fragmentada; los factores que influían para ello, lo eran la extensión considerable de su territorio; su escasa y mal distribuida población; la carencia de vías de comunicación y medios de transporte; el deterioro que sufren las fuerzas productivas, tras la guerra de independencia, la disolución de la dominación central y sus marcados contrastes sociales y culturales, y todo ello, fomentaba la cristalización de poderes locales, que hacían del Estado una unidad de dominación ficticia”. Habría que agregar que los indios en los hechos no eran reconocidos, por el contrario se les hacía la guerra. Cf., Leal, Juan Felipe, La burguesía y el Estado mexicano. El Caballito, México, 1974, p. 7. 151 152 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO Europa a los Estados Unidos efectuaran diversas acciones tendentes a intervenir a México y establecer su hegemonía. Ya en 1812, Luis de Onis, embajador de España en Washington, al escribir al virrey de la Nueva España señalaba: fin al Po rrú a Cada día se van desarrollando más y más las ideas ambiciosas de esta República, y confirmándose sus miras hostiles contra la España: V.E. se halla ya por mi correspondencia que este gobierno se ha propuesto nada menos que el fijar sus límites en la desembocadura del río Norte o Bravo siguiendo su curso hasta el grado 31 y desde allí tirando una línea recta hasta el mar Pacífico, tomándose por consiguiente las provincias de Texas, Nuevo Santander, Coahuila, Nuevo México y parte de la provincia de Nueva Vizcaya, y la de Sonora. Parecerá un delirio este proyecto a toda persona sensata, pero no es menos seguro que el proyecto existe, y que se ha levantado un plano expresamente de estas provincias por orden del gobierno, incluyendo también en dichos límites la isla de Cuba. Los medios que se adoptan para la ejecución de este plan son los mismos que Bonaparte y la República Romana adoptaron para todas sus conquistas: la seducción, la intriga, los emisarios, sembrar y alimentar las disensiones en nuestras provincias de este continente, favorecer la guerra civil y dar auxilios en armas y municiones a los insurgentes: todos estos medios se han puesto en obra y se activan diariamente por esta administración contra nuestras posesiones.2 Pr ue ba En realidad, este expansionismo no distaba del carácter depredatorio que los anglosajones aplicaron a los pueblos nativos años atrás en la búsqueda de nuevas tierras en el oeste norteamericano. Valga recordar como antecedente del intervencionismo estadounidense en 1813, Morelos una vez que dominó el puerto de Acapulco recibió cuantiosos pertrechos militares de cinco barcos norteamericanos. La intervención se había iniciado, James Madison proponía la entrega de más armamento a cambio de concesiones territoriales. B. LA LEGISLACIÓN COLONIZADORA (1821-1845) Si de alguna forma se pudiera catalogar a la legislación agraria de este periodo tan caótico de la historia mexicana, sería como de colonización, cimentada en lo que el incipiente Estado denominaba como tierras baldías. Esta política y su respectiva juridicidad buscaron dar salida al capitalismo salvaje que, guiado por un discurso racista, buscó atraer nuevamente colonos europeos para capitalizar bienes agrarios aparentemente ociosos, o en su caso, redistribuir a la población (ejército, criollos, mestizos e incluso reos) para “capitalizar” el campo, 2 Onis, Luis, Memoria sobre las negociaciones entre España y los Estados Unidos de América. Cit. en Esquivel Obregón, Toribio, Apuntes para la historia del Derecho en México, op. cit., p. 147. 153 DERECHO AGRARIO Y ANARQUÍA (1821-1854) Pr ue ba fin al Po rrú a esta última circunstancia equiparable a la acumulación originaria del capital ocurrida en Europa con la que fueron despojados de sus tierras miles de campesinos. En realidad habría que cuestionar: ¿Cuántas superficies agrarias que fueron definidas por el Estado postindependentista como “baldías” y “colonizables”, no fueron sino aquellas propiedades y posesiones de grupos nómadas, algunos de ellos cazadores, recolectores o incipientemente agrícolas o incluso sedentarios? Sin embargo, sus territorios continuaban siendo tomados por asalto. Qué decir, por ejemplo, de los yaquis y mayos que como sociedades itinerantes labraban temporalmente una superficie y la dejaban posteriormente descansar; o de los apaches que tradicionalmente se dedicaban a la cacería en ciertas áreas geográficas del norte de México o al sur de los EUA, y siguiendo a Godellier,3 territorios en donde ya incluso, existía una identidad del grupo humano con su espacio geográfico, así se tratara de pueblos nómadas como los que habitaban el centro y norte de México. La colonización definió como “baldíos” a los bienes agrarios de los pueblos indios bajo una concepción racista, al mantener a las comunidades como extrañas en sus propiedades, aplicándoles el despojo y la sumisión,4 y para quienes las aspiraciones del derecho burgués en que se fincó la Constitución de 1824, quedaron pendientes. Bajo esta óptica es importante recordar la idea que de la propiedad guardó el liberalismo, dígase por ejemplo la Declaración de Independencia de los EUA, o en su caso la fundamentación de los Derechos del Hombre, principios no aplicables a los negros norteamericanos y los indios latinoamericanos. En realidad, México iniciaba su paso hacia el capitalismo y ese fue el fin que guardó la legislación colonizadora de esta etapa. Simplemente los indios no existieron para reconocerles dotaciones agrarias; hubo que atraer extranjeros, ya que era indispensable “blanquear” el territorio mexicano. 1. Los ordenamientos colonizadores más significativos El antecedente de esta legislación lo tenemos en la herencia legada por el gobierno español que convino con el de EUA la colonización de Texas, y que llevaría, en primer término, a la cesión de Louisiana y Florida, que fue reglamentada con el tratado de límites entre las dos 3 Godellier, Maurice, Las formaciones precapitalistas, Quinto sol, México, 1981, p. 23. 4 “En 1822 el Congreso Constituyente pedía no mencionar más a la raza indígena en los actos públicos, pero como decía Carlos M. Bustamante: “Me parece oír incesantemente, que ya no hay indios, que todos somos mexicanos, bella ilusión que no remediará males muy graves y actuales”. Cf., Meyer, Jean, Problemas campesinos y revueltas agrarias (1821-1910), SEP-Setentas, México, 1971. 154 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO naciones del 22 de febrero de 1819 y, años más tarde, con la intervención norteamericana de 1847 (Cf. Mapa 8). Al referirse a la colonización de Texas, Galván señala: El gobierno dio al olvido sus precauciones y cautelas y otorgó inmediatamente —1821— una concesión muy generosa a Moisés Austin:… se autorizaba el establecimiento de 300 familias, las cuales estarían exentas de impuestos por siete años, más un permiso para importar libremente cuanto les fuera menester. Se otorgaban gratuitamente 640 acres por jefe de familia, 320 por esposa, 100 por cada hijo y 80 por cada esclavo.5 Po rrú a Para el incipiente Estado el territorio era pensado con grandes riquezas inagotables que debían ser aprovechadas, fue así como se inició la legislación colonizadora. El 4 de junio de 1823, se decretó el reparto de personal seleccionado del ejército para obtener permanente haciendas: “que conviniere repartir en las inmediaciones de la corte, o en otra parte donde fuera útil”.6 ba Departamento de NUEVO MÉXICO ue Departamento de las DOS CALIFORNIAS fin al Mapa 8 México en vísperas de la intervención norteamericana Pr Departamento de SONORA Departamento de TEJAS Departamento de CHIHUAHUA D o. t ep de N SI Departamento de COAHUILA Depto. Departamento de de DURANGO NUEVO LEÓN Depto. Depto. de de Depto.TAMAULIPAS ZACATECAS de SAN LUIS AGS POTOSÍ Depto. De de pt o. GTO JALISCO . de o t . Depto. Dep pto VE e RA de de CO Dde CR I A MICHOACÁN X BL UZ É E M PU Depto. de OAXACA A LO A México en vísperas de la intervención norteamericana (bajo el centralismo) 1843-1845 24 DEPARTAMENTOS (El Soconusco incorporado a MÉXICO) Depto. de YUCATÁN Depto. de TABASCO Depto. de SO CO CHIAPAS NU SC O 5 Galván, Mariano, Ordenanzas de tierras y aguas, México, México, 1844, p. 40. 6 Dublán, Manuel et al., Legislación mexicana, Dublán y Lozano, México, 1876, t. V, p. 202. 155 DERECHO AGRARIO Y ANARQUÍA (1821-1854) El 19 de julio del mismo año el gobierno decretó su ley de baldíos en la que se le concedía la propiedad agraria a los soldados que habían intervenido en la lucha de independencia. Al decretarse la constitución de la provincia del Istmo el 14 de octubre de 1823, confusamente se explica la colonización, venta de baldíos y recompensas; dice el decreto: al Po rrú a Con las rentas normales de la provincia y un subsidio por una vez de 30 mil pesos se procederá a la población y colonización de los terrenos baldíos del Istmo y la barra de Coatzacoalco, divididos en tres porciones: la primera para los militares retirados con base en la unidad para soldado de 250 varas por lado (62 mil V2 =fanega y media de sembradura, 525 has.), aumentada según la magnitud de su familia y multiplicada en razón a la graduación, méritos y monto de la pensión militar de retiro. Tal reparto se extiende a quienes hayan hecho servicios a la patria, pensionistas y cesantes. Y si quedaren terrenos disponibles de esta primera parte se repartirán entre nacionales y extranjeros que se quieran establecer… La segunda parte se destinará a capitalistas nacionales y extranjeros que se establezcan en el país conforme a las leyes generales de colonización. En cuanto a la tercera, sería para los habitantes del territorio que carezcan de propiedad en unidades de dotación iguales a los militares.7 Pr ue ba fin Como puede advertirse, este decreto guarda varios problemas. En primer lugar, existía imprecisión al referir la “recompensa agraria” así como la venta de tierras a capitalistas; en segundo lugar, el documento refiere que se apoyará en las leyes generales de colonización, cuando éstas aún no existían, pues la propuesta colonizadora del Estado nunca fue planeada; y en tercero, esta ley dio pie a que fueran autoridades regionales quienes se encargaran de ejecutarlas, surgiendo con esto graves irregularidades. No fue sino hasta el 18 de agosto de 1824, que el gobierno dispuso leyes generales de colonización, en las que facultó a los congresos de los Estados a expedir normas y reglamentos de colonización a nivel estatal, contradictorias de los intereses indígenas. En 1825, se decretaron leyes en Chihuahua, Jalisco y Zacatecas; en 1826, en Veracruz, Chiapas y Tamaulipas; en 1828, en Puebla y Michoacán, y en todos estos casos se dieron grandes facilidades a empresarios extranjeros para que adquirieran baldíos, cuando muchos de estos bienes pertenecían en realidad a los pueblos indios, lo cual, como veremos más adelante, provocó diversas rebeliones. 7 Enríquez Coyro, Los EUA ante nuestro problema agrario, op. cit., p. 215. 156 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO Los procesos de colonización aunados a las concepciones políticas del incipiente Estado mexicano, dieron lugar a nuevas definiciones políticas del territorio. Conforme a la Constitución de 1824, se planteaba la existencia de 19 estados y cuatro territorios, conceptos que eliminaban a las audiencias e intendencias que en el último periodo había impuesto el gobierno virreinal. Al referirse a este aspecto, y relacionándolo con los pueblos indios, Díaz Polanco considera: Po rrú a Un aspecto importante, que refleja esta actitud permanente de dejar de lado a los pueblos indios de todo asunto vital para la vida colectiva, tiene que ver con la organización político territorial. Esta cuestión es relevante en la medida que tal organización expresa en principio, la retícula sobre la cual se reconocen legítimas porciones sociales de la Nación y se define una distribución vertical del poder (…) es una constante que se adopten divisiones territoriales —y más adelante se ensayen numerosas revisiones o adecuaciones de las mismas— sin tomar en cuenta las identidades regionales que se fundan en la cohesión socio étnica. Las distintas divisiones territoriales han expresado los intereses de las fuerzas o los grupos locales (criollos o mestizos).8 ue ba fin al A partir de la tercera década del siglo XIX, el problema agrario se manifiesta de dos formas: a) Aquella que se liga con los intereses expansionistas de los EUA, y que se conjugaron con la nefasta política de colonización; y b) El inicio de la confrontación Iglesia-Estado que culminó con la revolución de Ayutla, que tuvo sus orígenes en 1833. Pr 2. La intervención norteamericana de 1847 La ruptura más importante que de sus recursos y territorio haya tenido México fue la que ejerció la hegemonía norteamericana sobre la Nación, en el año de 1847. Explicar la pérdida territorial del país tan sólo en relación con las leyes colonizadoras, resulta limitado, más bien México siempre se ha encontrado en la óptica de las hegemonías mundiales, particularmente la de los EUA. Con antecedentes que se remontan a 1776, con el surgimiento de la “nueva nación europea en América” (los Estados Unidos de América), fundada en una aparente colonización, cuando en los hechos le habría declarado la guerra a los propietarios originarios de Norteamérica (los indios), con ello se anunciaba el advenimiento de una nueva hegemonía. 8 Díaz Polanco, Héctor, Autonomía regional. La autodeterminación de los pueblos indios, Siglo XXI, México, 1991, p. 207. 157 DERECHO AGRARIO Y ANARQUÍA (1821-1854) La crisis del Estado monárquico español permitió la injerencia norteamericana en México, teniendo sus momentos más importantes al final del siglo XVIII y principios del XIX, en éste último caso vinculándose con los revolucionarios independentistas, hecho contrario a lo sostenido por Madison y al espíritu que años más tarde planteó la doctrina Monroe. El 2 de diciembre de 1823, el presidente Monroe señalaba al Congreso de los EUA. ue ba fin al Po rrú a Todo este país está dispuesto para la defensa del nuestro, que ha sido obtenido con la pérdida de tanta sangre y tantos tesoros, que ha sido perfeccionado por la sabiduría de nuestros más ilustrados ciudadanos y bajo el cual gozamos de felicidad sin ejemplo. Por lo tanto, la franqueza y las amistosas relaciones que conservan los EUA, con aquellas potencias nos obligan a declarar que consideramos todo intento de su parte de extender su sistema a cualquiera porción de este hemisferio como un peligro para nuestra paz y nuestra seguridad. Pero con relación a los gobiernos que han declarado y mantenido su independencia, la cual hemos reconocido tras serias consideraciones y principios de justicia, no podríamos ver cualquiera intromisión encaminada a oprimirlos o dominarlos de cualquier manera, más que como una disposición no amistosa hacia los Estados Unidos. En la guerra entre esos gobiernos y España hemos declarado y declaramos nuestra neutralidad al reconocerlos, y en eso hemos persistido y persistiremos, si no ocurre algo que en opinión de autoridades competentes de este gobierno exija un cambio de parte de los Estados Unidos indispensable para su seguridad.9 Pr El primero de marzo de 1836, los colonos texanos, encabezados por Moisés Austin, no obstante las enormes concesiones brindadas por el gobierno, le declararon la independencia, circunstancia que a la postre, motivó la humillante guerra México-norteamericana que permitió la anexión a los EUA de más de dos millones de kilómetros cuadrados. Con la agresión estadounidense, no sólo se perdió territorio sino diversos núcleos indígenas quedaron divididos y sus recursos naturales fueron hegemonizados por los EUA. México perdió parte del Departamento de la Alta California, más de las tres cuartas partes del Departamento de Sonora, el Departamento de Nuevo México, y el Departamento de Texas; con ello importantes bosques, áreas petroleras, mineras y tierras fértiles, entre otros múltiples recursos. En realidad se 9 Cf., moore John B., A Digest of International Law, Gov. Print off Washington, EUA, 1906, t. VI, pp. 394-396. 158 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO trató de bienes y espacios de suma importancia, y que constituyeron más de la mitad de la actual República Mexicana.10 La obra norteamericana fue resultado del expansionismo y cuyos fines económicos, fueron estratégicos para la hegemonía de los EUA. 3. Otros ordenamientos de colonización Los últimos decretos que sobre colonización diseñó el Estado (previos a la Revolución de Ayutla), fueron: Po rrú a La Ley del 4 de abril de 1837. Con este ordenamiento la ya de por sí deteriorada política de colonización fue aún más nebulosa, entre otros aspectos señalaba: “Que se proceda a hacer efectiva la colonización de los terrenos que sean y deban ser propiedad de la República… —más adelante— reitera la reserva de terrenos para los militares que cooperaron a la independencia y para los premios y concesiones… a favor de las tribus o naciones indígenas y añade a los cooperadores el restablecimiento de Texas”.11 ba fin al Ley del 16 de 1854. Al decir de Enríquez, esta ley representaba “La culminación de las ilusiones de colonización del régimen del centralismo”.12 Esta normatividad se refería estrictamente a la colonización europea y disponía el envío a su continente de agentes promotores mexicanos para plantear la emigración de europeos. Pr ue C. EL MOVIMIENTO INDÍGENA Y CAMPESINO (1821-1855) El periodo post-independentista, incluyendo el ascenso del Estado liberal, está plagado de diversos enfrentamientos (muchos de ellos aún por investigarse) entre campesinos y las haciendas, eclesiásticas, militares, e incluso pertenecientes al Estado. Parecería que la historia se repite durante este periodo a lo acontecido en la Nueva España, en el marco de las movilizaciones indígenas y 10 “Moisés Austin y Lorenzo de Zavala incitaron a la rebelión en Texas y posteriormente promovieron su admisión en la ‘Unión Americana’, hecho que se consumó cuando Santa Anna cayó prisionero el 21 de abril de 1846 en San Jacinto y para obtener su libertad firmó el reconocimiento de la independencia de Texas, la que el 12 de abril de 1844 pactó su anexión a los EUA”. Cf., Alamán, Lucas, Disertaciones sobre la historia de la República Mexicana, Imprenta José Mariano Lara, México, 1844, t. II. 11 Enríquez, op. cit., p. 221. 12 Ibídem. 159 DERECHO AGRARIO Y ANARQUÍA (1821-1854) rrú a campesinas, sin embargo, las luchas indias de esta fase adquirieron otro matiz, en algunos casos porque son acaudilladas por líderes propios, o por intelectuales mestizos que hacen suya la demanda campesina, o en su defecto, porque impulsaron programas políticos que sustentan la reivindicación agraria. En México, Reina Leticia y Jean Meyer han realizado estudios especializados sobre la materia, en los que conciben que si bien son variados los fundamentos de sus luchas, existen ciertos argumentos que les explican: a) El impacto de las leyes de colonización. b) El advenimiento del capitalismo mexicano. c) La intervención del Estado, el ejército y el clero en la vida de las comunidades, y d) Las intervenciones extranjeras. Po 1. Rebeliones indígenas-campesinas más trascendentes del periodo (1821-1854) Pr ue ba fin al La lucha campesina volvió a tomar la expresión reducida que mantuvo durante el periodo colonial, siendo sus manifestaciones esporádicas y regionales. Como ejemplo encontramos las rebeliones de pápagos, yaquis y mayos en el año de 1820, y en cuyo origen se encuentra la lucha por lograr la recuperación de las tierras fértiles del Valle del Yaqui y Mayo. Entre 1825 y 1827 se dan movilizaciones en Tehuantepec e Ixcaltepec, Oaxaca, así como en Chihuahua, Jalisco, Zacatecas, Veracruz y Puebla; acontecimientos que están relacionados con la promulgación de las leyes de colonización y baldíos, mismas que además de desconocer el derecho que correspondía a los indios en sus territorios, se les impuso el precepto jurídico de la propiedad privada, aspecto que reñía con la propiedad social o comunal de sus bienes. Al decir de José Miranda: “La igualdad proclamada como consecuencia de la Independencia era incompatible con el sistema de la comunidad. Jurídicamente desconocidos los indios, amenazados desde siempre por los otros propietarios, grandes y pequeños, blancos o mestizos y contra las autoridades que antes les daban una protección segura, si no es que eficaz”.13 Hacia 1827 se dio el levantamiento del padre Arenas, quien arengó a los indios del norte de México contra el gobierno, creando el llamado 13 Miranda, José, “La propiedad comunal de la tierra y la cohesión social de los pueblos indígenas mexicanos”, en Cuadernos Americanos, t. 6, p. 37, México, IPGE, 1966. 160 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO Po rrú a “Plan de Arenas” que en su artículo 40 establecía, que los indios recuperarían sus gracias y privilegios así como sus repúblicas.14 En realidad esta lucha tuvo un fondo político en el que Arenas pretendió establecer la monarquía española, empresa que después intentó Isidro Barrada, quién salió de La Habana en 1829 con dos mil 700 hombres, y fue derrotado por Santa Anna. En 1830 se dio el levantamiento de Sierra Gorda, del Real de Xichu, Jiliapan.15 Dos años después se reinicia la lucha de los indios seris, yaquis, guarojios y mayos del estado de Sonora. En 1833, el padre Cuadros moviliza a los indios mazahuas y otomíes contra los hacendados. Hacia 1834 los sacerdotes Carlos Tapisteco y Epigmenio de la Piedra generan un levantamiento de comuneros en el poblado de Ecatzingo, Hidalgo. Años después (1836), los totonacos del estado de Veracruz se levantaron en armas, aliándose a ellos la etnia huasteca, los que en conjunto sumaban alrededor de cinco mil insurrectos. Reina afirma que las causas de este movimiento se debieron a los siguientes aspectos: ue ba fin al 1. Los terratenientes de la región habían invadido con ganado los terrenos de las comunidades con la consiguiente destrucción de sus campos de labor. 2. El administrador de la aduana había hecho acusaciones diversas a los campesinos de haber realizado contrabando de armas por la barra del río Tecolutla. 3. El obispo de Puebla, Francisco Pablo Vázquez, prohibió las celebraciones indígenas.16 Pr El 12 de mayo de 1832 el dirigente de la movilización Mariano Olarte fue victimado. Hacia 1842 se reinició una fase de ascenso del movimiento campesino, en el mes de enero se dio la insurrección de Teconapa en el estado de Guerrero, alrededor de mil campesinos se levantaron en armas; este alzamiento produjo la devolución de algunas tierras a los núcleos agrarios; la lucha integró a diversos poblados de la zona, como lo fueron: Acapulco, Chilapa, Ayamulco, Gueyoutenancingo y Tlapa; propagándose, incluso, hasta los estados de Michoacán (Huetamo) y Oaxaca (Juchitán). Esta lucha continuó con los dirigentes Juan Nava y José 14 González Navarro, Moisés, Instituciones indígenas en el México independiente, INI, México, 1954, vol. 6, p. 115. 15 Meyer, Revueltas agrarias, op. cit., p. 9. 16 Reina, Leticia, Las rebeliones campesinas en México (1819-1906), Ed. Siglo XXI, México, 1980, p. 325. 161 DERECHO AGRARIO Y ANARQUÍA (1821-1854) rrú a Abarca, que se levantaron con mil quinientos indígenas en el poblado de Quechultenango. El aislamiento de la lucha motivó su derrota, siendo fusilados los líderes. En el año de 1843 se generó una sublevación en el estado de Guerrero que abarcó las zonas centro y sur de la entidad; los indígenas fueron dirigidos por Miguel Casarrubias. También en 1843 tomaron las armas tres mil indios para defender sus tierras, en esta acción se acusó a Juan Álvarez17 de haber instigado a los campesinos. En 1844 se dan levantamientos en los estados de Hidalgo, México, Puebla y Oaxaca; lo significativo de estas movilizaciones fue que los campesinos recuperaron sus tierras comunales. Este periodo de ascenso de la lucha agraria, también se caracterizó por la insurgencia que desarrollaron los campesinos de Juchitán en el estado de Oaxaca, que buscaban recuperar sus salinas y tierras: fin al Po Año de 1844. Los campesinos del poblado Las Joyas, Departamento de Morelos (actualmente dentro del estado de Guerrero), se lanzaron contra el gobierno y contra las captaciones excesivas que tenían que pagar. Este conflicto no era más que una de las tantas expresiones que cobraba la lucha de los pueblos del sur por el antiguo litigio de tierras comunales que estaban sin resolver y por las arbitrariedades que las autoridades civiles y militares cometían contra la población indígena.18 Pr ue ba A principios de 1845 se gestó el movimiento armado de las poblaciones nahuas y mixtecas del suroeste de Puebla. A mediados de este mismo año surgieron nuevos levantamientos, como los del Cerro del Cajón en el estado de Puebla y Tlatlauquitepec. En la península de Yucatán se originó un cambio en las relaciones de propiedad, que tuvo su fase más violenta hacia finales del siglo XIX; la estructura económica tuvo una conversión, de un modo de producción 17 “Juan Álvarez (1790-1867) fue presidente de la república en 1855 y un hombre de arraigo en el campo, que sostuvo siempre los derechos de los campesinos, en su juventud había sido trabajador agrícola. Denunció ampliamente los procedimientos de los hacendados al redactar su Manifiesto de los pueblos cultos de Europa y de América, donde respondía a las quejas presentadas por el gobierno español cuando un grupo de mexicanos ‘invadió’ las haciendas de Chiconcuac y San Vicente (Estado de México), propiedad de españoles…” Este manifiesto consideraba: “Los hacendados en su mayoría, y sus dependientes, comercian y enriquecen con el mísero sudor del infeliz labriego: los enganchan como esclavos y deudas hay que pasan hasta la octava generación, creciendo siempre la suma y el trabajo personal del desgraciado, y menguado la humanidad, la razón, la justicia y la recompensa de tantos afanes, tantas lágrimas y fatigar tanto…” Cf., Meyer, op. cit., pp. 59-60. Para mayor abundamiento en torno a la figura de Álvarez, Cf., Díaz Díaz, Caciques y caudillos, Col. de México, 1972. 18 Archivo de la Secretaría de la Defensa Nacional, exp. XI/481.371961, Cit. en Reina, Leticia, op. cit., p. 157. 162 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO Pr ue ba fin al Po rrú a semifeudal se comenzaron a sentar las bases para el desarrollo capitalista, que en el área fue hegemonizado por la oligarquía criolla. Este fenómeno provocó el rompimiento entre los indígenas y sus explotadores. Los latifundistas comenzaron a invadir violentamente comunidades que por mucho tiempo habían conservado su autonomía. Fue así como surgió la Guerra de Castas. En esta insurrección los mayas recuperaron más de dos tercios de su antiguo territorio. En 1848 los indígenas sitiaron las ciudades de Mérida y Campeche. La selva sirvió de refugio a los indios para que desde ahí enviasen sus victoriosas campañas militares. Sus dirigentes más destacados fueron Florentino Chan, que luchó en el oriente de la península, Francisco Chi en el centro y Pat en el sur. En realidad esta guerra no fue una guerra civil, social o como se le ha denominado “de castas”, sino la de un pueblo con unidad de cultura, tradición, idioma e identidad, contra una minoría —esta sí racista— que representaba y heredaba la cultura de una sociedad extraña a la suya y que los sometió a su brutal y despiadada explotación. Esta guerra se originó en el proceso de acumulación, generado a partir de la agricultura (cultivo de henequén, caña y añil) estructurada en la gran unidad productiva —la hacienda— cuyo origen provenía del despojo a las comunidades mayas de sus tierras. La contraofensiva sostenida por el gobierno rechazó a cincuenta mil indios que se replegaron de nueva cuenta a las zonas liberadas de la selva. Antes que rendirse, los mayas prefirieron organizar el “Estado Independiente”. Esta movilización indígena implicó contradicciones a nivel internacional, en las que intervino Gran Bretaña pretendiendo (al igual que con Belice) la independencia de la Península de Yucatán. Esta Guerra constituyó para la oligarquía criolla, una lucha de exterminio de la población indígena, prueba de ello lo fueron las matanzas, ultrajes y el envío de mayas a Cuba. Los mayas no fueron totalmente derrotados, sino hasta 1901, con las campañas asesinas de Victoriano Huerta.19 Entre los años de 1845-53, en el hoy estado de Oaxaca se generó la “guerra” entre hacendados y la etnia zapoteca, que fue reprimida por el gobierno de Benito Juárez. En 1848 se dio en Río Verde, San Luis Potosí, la Lucha de Sierra Gorda. A diferencia de los levantamientos que le antecedieron, esta movilización aplicó un programa de acción que fue conocido como el “Plan 19 El trabajo monográfico de Nelson Reed da cuenta pormenorizada de la llamada guerra de castas. Cf., La guerra de castas, Era, México, 1984. Por otro lado es interesante el trabajo de Ravelo, Renato, La guerra de liberación del Pueblo Maya, Pueblo, México, 1978. 163 DERECHO AGRARIO Y ANARQUÍA (1821-1854) político y eminentemente social de Río Verde, San Luis Potosí”; sus artículos más sobresalientes señalaban: Artículo 10.—El congreso general que se ocupará de toda preferencia en dictar leyes sabias y justas que arreglen la propiedad territorial bien distribuida, con el fin de que la clase menesterosa del campo mejore su situación. Artículo 11.—Se erigirán en pueblos las haciendas o ranchos que tengan de mil quinientos habitantes hacia arriba, y los legisladores arreglarán el modo y los términos de la distribución de las tierras y la indemnización a los propietarios. rrú a Artículo 12.—Los arrendatarios de las haciendas y ranchos sembrarán las tierras a una renta moderada y de ninguna manera a partido, y los propietarios estarán obligados a repartir entre aquéllos, los terrenos que sembraren por su cuenta. Po Artículo 15.—Los peones y alquilados que ocuparen los propietarios serán satisfechos de su trabajo, en dinero o en efectos de buena calidad y a los precios corrientes de plaza.20 Pr ue ba fin al La dirección de esta lucha fue presidida por el chichimeco Eleuterio Quiroz, quien logró movilizar a diversas poblaciones indígenas de los estados de Querétaro y San Luis Potosí. Sin lugar a dudas las movilizaciones que se propagaron entre 1846 a 1848 se vieron influidas por la intervención norteamericana. Para las poblaciones indígenas, este hecho guarda un doble significado, por un lado la anexión “automática” de algunas etnias a un proyecto nacional distinto, como era el del imperialismo yanqui, que pretendía la explotación de cuantiosos recursos, y que algunos grupos indígenas quedaran divididos por la imposición de límites territoriales, como sucedió con los cócopa, pápagos, guaroxios, pericues, navajos, etcétera. Para los indígenas del norte esta circunstancia representa un tercer momento de definición étnico-territorial, con nuevos desplazamientos. En enero de 1849 se gestó el levantamiento de los indígenas nahuas del poblado de Acambay, Estado de México; tres mil campesinos dirigidos por Felipe Santiago, se movilizaron para recuperar sus tierras. A mediados de este año se dieron los levantamientos del sur del estado de Puebla. “En julio se inició la sublevación de los habitantes de Rincón de los Romos en el estado de Aguascalientes en contra de las autoridades locales”.21 20 Editorial “y… hagamos historia”, El Universal, Diario, sección cultural, 14 de enero de 1976, México, p. 19. 21 Archivo de la Secretaría de la Defensa Nacional. Cit. en Reina, Leticia, op. cit., p. 425. 164 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO Pr ue ba fin al Po rrú a Finalmente, encontramos que el movimiento campesino-indígena de este periodo utilizó a la convención, de inspiración liberal, como forma organizativa que permitió el aglutinamiento de diversas fuerzas sociales para discutir la problemática agraria e impulsar la acción directa (toma de tierras), esto aconteció en el estado de Morelos, debido a su herencia comunal. En el poblado de Tlayecaque se reunieron en la Convención de Rancherías alrededor de quinientos indígenas, que discutieron la recuperación de sus tierras y problemas relativos al jornal. Estas fueron algunas de las luchas que llamaban a una nueva irrupción social. Concluyendo este apartado, encontramos que el vínculo que existió entre el advenimiento de la Nación mexicana, su organización socioeconómica fincada en la nefasta política de colonización, con la que se desconocieron los derechos territoriales de los pueblos y comunidades indias y su concomitante normatividad agraria, encuentran su contraparte en la respuesta social que el movimiento indígena y campesino desarrolló durante este lapso de la historia nacional. Se advierte entonces, que en el periodo de la anarquía mexicana, existieron en el espíritu de la legislación rural intereses evidentemente contradictorios a las aspiraciones campesinas e indígenas. V. LA REFORMA Y EL PORFIRIATO. LA TRANSICIÓN AL CAPITALISMO AGRARIO (1856-1910) A. MARCO SOCIOECONÓMICO ue ba fin al Po rrú a La reforma mexicana1 estuvo delineada por factores socioeconómicos que a nivel mundial se venían generando: las crisis económicas de 1846-1849, y la de 1857, y después las de 1866 y 1873. En esos años en los grandes países capitalistas se generalizan las vías férreas, la navegación a vapor, la metalurgia pesada y los modernos sistemas bancarios. En los Estados Unidos, en la recién arrebatada California, y en Australia se descubren riquísimos yacimientos de oro, que en breve lapso permitirían aumentar en un tercio, a bajo costo, el metal en circulación. En los Estados Unidos, la Guerra de Secesión (1861-1865) desató una baja en la producción de algodón y la elevación de sus precios, así como su producción en otras regiones del globo. El alza de los precios de las manufacturas, las recurrentes sequías y desastres naturales que causaban hambrunas, y las crisis Pr 1 “Lo que en México se llama época de Reforma escapa desde luego a límites cronológicos precisos. Pero en general, los historiadores reconocen ciertas fechas vinculadas a acontecimientos históricos decisivos como marcos de referencia para asignarle al movimiento de la reforma un contexto cronológico comprensible. Se acepta, por ejemplo, que con la Revolución de Ayutla se inicia el proceso final que habría de darle el triunfo definitivo al partido liberal, proceso que culmina 13 años después con la derrota del ejército conservador, la muerte de Maximiliano y la restauración de la República. Sin embargo, la Revolución de Ayutla no se explica sin la causa que la promovió: La última dictadura de Santa Anna, impuesta al país en 1853. Entre la subida al poder de Santa Anna y el desplome del llamado segundo imperio, hay pues 15 años cargados de historia, de acontecimientos, de violencia, configurando uno de los periodos más agitados del siglo XIX mexicano. En esos 15 años ocurren los siguientes hechos: última dictadura de Santa Anna (1853-1855); Revolución de Ayutla (1854-1855); gobierno liberal de Comonfort (1855-1858), abolición de los fueros del clero y del ejército (1855); Ley de Desamortización de los Bienes de la Iglesia (1856) Proclamación de la Constitución de 1857, gobiernos conservadores de Zuluaga y Miramón (1859-1861); Guerra de Tres Años (1858-1861); gobierno de Juárez en Veracruz (1859-1861); Leyes de Reforma (1859); Gobierno de Juárez en México (1861-1863), Imperio de Maximiliano (1864-1869); Triunfo y restauración de la República (1867). Cf., López Cámara, La estructura económica y social de México, en la época de Reforma, Siglo XXI, México, 1980, p. 237. 165 166 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO industriales con desocupación provocaron multitud de motines, revoluciones y migraciones. Fue el periodo de los primeros pasos a las asociaciones proletarias”. Pr ue ba fin al Po rrú a Durante el mismo lapso, merced a los procesos internos desatados en los veinte años anteriores, México se vio envuelto intensamente en la coyuntura mundial.2 El contexto de la Nación adquirió ya, en este periodo, una definición que pretendía ser burguesa, aunque con grandes rezagos, la Iglesia y los grandes terratenientes se constituyeron en las principales barreras del ascenso capitalista. En el primer lustro de los años cincuenta (1850), el arribo del modo de producción capitalista mundial y, en particular, el auge de la burguesía comercial y usuraria de México, aunados al pensamiento liberal de la época, que hizo suyas las concepciones políticas y económicas del liberalismo francés e inglés, llevaron a un nuevo curso de la historia mexicana. Las viejas contradicciones generadas por el santannismo, agudizadas por sus predecesores e incondicionales como Juan E. de Cevallos y el general Lombardini; en particular los decretos del 25 de noviembre de 1853 y del 7 de julio de 1854, y la aparente confrontación centralista (dictadura de Antonio de Santa Anna) versus federalistas (liberales) dieron paso a la Revolución de Ayutla, llamada así por haberse originado en esta población del estado de Guerrero, y que fuera declarada por Juan Álvarez quien contaba con legitimidad y prestigio entre los indios y campesinos de la región. El primero de marzo de 1854, Juan Álvarez proclamó el Plan de Ayutla, en el que desconocía a Santa Anna y al centralismo; y convocaba a un congreso para la elaboración de una nueva constitución.3 La confrontación se extendió a los estados de Michoacán, Nuevo León, Veracruz y Puebla. Para agosto de 1855, Santa Anna se retira a los Estados Unidos, no sin antes haber vendido La Mesilla a los norteamericanos. En realidad los hechos acusaban al advenimiento de un “nuevo orden”, en cuya base se encontraba el acrecentamiento del capital. La estructura agraria de México tuvo que situarse bajo este nuevo esquema; las tierras otrora incultas y aparentemente baldías se 2 Argüello, Sergio, “Coyuntura mundial y consolidación del capitalismo en México”, en Un pueblo en la historia, t. II, Nueva Imagen-UAP, México, 1983. 3 Al referirse a las causas que originaron el levantamiento de Álvarez, el propio Santa Anna refiere una carta del primero en la que señala que aquél no satisfizo el nombramiento de Lucas Alamán como ministro de Relaciones por parte de Santa Anna, conminándolo a rectificar el nombramiento ya que Álvarez señala a Alamán como el asesino (jurídico) de Vicente Guerrero. Cf, Díaz Díaz, Fernando, Caudillos y caciques, op. cit., pp. 251-252. 167 LA REFORMA Y EL PORFIRIATO pensó serían “eficientes” a través del proyecto farmer4 desarrollado en este periodo. B. LEGISLACIÓN AGRARIA CAPITALISTA PARA UN PAÍS SEMIFEUDAL Po rrú a La legislación agraria del liberalismo decimonónico se dio en un marco de guerra en su confrontación con el conservadurismo. El primer ordenamiento agrario con el que se enfrentan los intereses de la Iglesia fue la Ley Lerdo, del 25 de junio de 1856. Aunque esta nueva orientación legislativa ya había dado visos de un carácter liberal con la Ley Juárez (concerniente a la administración de justicia) y con el decreto del 3 de diciembre de 1853 y el del 7 de julio de 1854. Contrariamente a lo esperado, la abrogación de estos decretos dieron pie a la corrupción, abusos, negociaciones ilícitas e incluso a la intensificación de la lucha indígena y campesina.5 1. La Ley Lerdo de 1856 o Ley de Desamortización Pr ue ba fin al La acumulación capitalista en el México rural solamente sería válida rompiendo el cerco que la Iglesia le imponía a la propiedad agraria, institución que hasta 1854 se había mantenido como el principal adquirente de la renta agrícola. La tendencia liberal que hizo suyo el concepto de propiedad privada, que si bien de fuente romántica (derecho natural), se basaba en la idea del uso, goce, disfrute y libre disposición de la tierra, ordenó el concepto de propiedad agraria bajo la idea del liberalismo económico que se sustentaba en la acumulación capitalista, es decir, la tierra entendida como mercancía. 4 Al referirse a las vías de desarrollo del capitalismo en la agricultura Roger Bartra señala, entre otros argumentos: “Para Lenin hay dos caminos en el desarrollo capitalista de la agricultura: 1) La antigua economía terrateniente, ligada a la servidumbre, se transforma lentamente en una economía empresarial capitalista (tipo Junker), merced a la evolución interna del latifundio. 2) Un proceso revolucionario destruye a la antigua economía terrateniente, a las formas de gran propiedad y a los sistemas de servidumbre, dando paso al desarrollo de la pequeña hacienda campesina la que a su vez progresivamente se irá descomponiendo ante el embate del capitalismo (vía farmer). Cualquiera de los dos caminos llega a empresa agrícola capitalista en un proceso de descampesinización y de sustitución del sistema de pago en trabajo (u otras formas precapitalistas) por el sistema de salarios”. Bartra, Roger, Estructura agraria y clases sociales en México, Era, México, 1976, pp. 15-16. 5 En gran medida, este fenómeno se reprodujo porque el decreto ordenaba la revisión de todos los títulos de propiedad por enajenación de baldíos a partir de septiembre de 1821. Cf„ Fabila, op. cit., p. 43. 168 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO Pr ue ba fin al Po rrú a Siendo presidente de la República Ignacio Comonfort, el 25 de junio de 1856 fue expedida la Ley de Desamortización. En alguno de sus considerandos establecía: “Que uno de los mayores obstáculos para la prosperidad y agrandamiento de la Nación, es la falta de movimiento o libre circulación de una gran parte de la propiedad raíz, base fundamental de la riqueza pública”.6 En el artículo primero ordenaba que: “Todas las fincas rústicas y urbanas que hoy tienen o administran como propietarios las corporaciones civiles o eclesiásticas de la República, se adjudicarán en propiedad a los que las tienen arrendadas, por el valor correspondiente a la renta que en la actualidad pagan, calculado como rédito el seis por ciento anual”.7 El artículo tercero precisa el concepto jurídico de las “corporaciones” al respecto señala: “Bajo el nombre de corporaciones se comprenden todas las comunidades religiosas de ambos sexos, cofradías y archicofradías, congregaciones, hermandades, parroquias, ayuntamientos, colegios, y en general todo establecimiento o fundación que tenga el carácter o duración perpetua o indefinida.8 De esta forma, los pueblos indios, quedaban tipificados como “corporaciones”, de manera tal, que se legitimaba una nueva etapa del saqueo de la propiedad indígena, ahora, ya en la óptica eminentemente capitalista en la que el único discurso viable para la construcción del régimen de propiedad de México era el de la ganancia y renta de la tierra. Bajo esta idea, los territorios indígenas de economía auto-consumista no eran redituables para el gran capital. El 30 de julio de 1856 el naciente Estado liberal promulgó el Reglamento de la Ley de Desamortización, compuesto de 32 artículos, en él se especificaba el procedimiento para la desamortización. Ya de manera abierta, el artículo 11 claramente incluía dentro de las corporaciones a las comunidades y parcialidades indígenas. Contradictoriamente, el Estado mexicano, que aparentemente desconocía la existencia de la personalidad jurídica de los pueblos indios, sí los consideraba a través de este reglamento, pero única y exclusivamente para afectar sus propiedades, en nombre del “nuevo progreso”. Para los pueblos indígenas la Ley de Desamortización y su Reglamento representaron una declaración de guerra del liberalismo. Los artículos 9, 10 y 11 de la Ley de Desamortización daban un término de tres meses para que los arrendatarios promovieran la adju6 Cf., Leyes de reforma, Empresas Editoriales, México, 1955, p. 24. 7 Ibid. 8 lbid. 169 LA REFORMA Y EL PORFIRIATO fin al Po rrú a dicación del bien (art. 9). Si el arrendatario dentro del plazo anterior no promovía la adjudicación entonces se autorizaba el denuncio y al denunciante se le aplicaría en su favor la octava parte del precio de la finca (artículos 10 y 11). Los bienes eran objeto de enajenación o remate por parte del Estado, que debían constar en escritura pública; otorgarse por los representantes de las corporaciones o, en su rebeldía, por la primera autoridad política o el juez de primera instancia (artículos 27, 29, 32 y 33).9 El decreto de dicha Ley fue ratificado con poca discusión el 28 de junio de 1856 por el Congreso Constituyente con 78 votos a favor y 15 en contra; el diputado Ignacio Ramírez hizo notar que se obraba con precipitación queriendo hacer pasar como una gran conquista una medida que podía quedar frustrada.10 La Ley de Desamortización, si bien afectó a la institución eclesiástica, ésta tuvo el capital y la capacidad suficiente para “restar lo negativo” de dicha legislación. Sin embargo, los indios prácticamente dispersos, en muchos casos aislados en áreas montañosas, selváticas e incomunicados, además de hablar diversidad de lenguas (en aquel entonces más de 90 idiomas), y de ser en su mayoría analfabetos, fueron víctimas de esta aberración histórica.11 2. La Constitución de 1857 Pr ue ba En el contexto de una fuerte crisis política y social, el 5 de febrero de 1857 fue promulgada la Constitución liberal de México, documento que incorporaba las bases del Estado nacional burgués, bajo la forma de una República democrática, representativa, liberal y federal; consagraba también la división de poderes en Ejecutivo, Legislativo (unicamaral) y Judicial, así como los derechos del hombre, como eran las garantías de libertad, igualdad, propiedad y seguridad, la abolición de los fueros y la desamortización de las corporaciones civiles y eclesiásticas. 9 Ibid. 10 Zarco, Francisco. Historia del Congreso Constituyente, Colegio de México, 1958, pp. 423-435. 11 Como ejemplo del impacto de la desamortización en los pueblos indios valga referir, a nivel regional, los siguientes ordenamientos: Resolución del 17 de septiembre de 1856 dirigida al pueblo de la Piedad; Resolución del 11 de noviembre de 1856 que reconoce la propiedad individual de los terrenos correspondientes a los indígenas de Tepeji del Río; Resolución del 20 de diciembre de 1856 en relación con los indígenas de Tehuantepec; Disposición del 2 de enero de 1857 en relación con los indígenas de Jilotepec; circular del 28 de diciembre de 1861 refiriéndose a los indígenas de Guanajuato; Resolución del 14 de octubre de 1862 en relación con los vecinos de Chimalhuacán; Resolución del 11 de diciembre de 1870 contra los indios mayas, etcétera. Cf., De la Maza, F., Código de Colonización, México, 1892, pp. 648-696. 170 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO a) EL ARTÍCULO 27 EN LA CONSTITUCIÓN DE 1857 En particular, lo referente a las relaciones de propiedad agraria quedaron consagradas en el artículo 27. Antes de ser aprobado, este precepto jurídico fue objeto de sendos debates confrontándose los intereses agraristas y de defensa campesina que encabezaron José María Castillo Velasco, Ponciano Arriaga e Isidro Olvera que sostenían una concepción reivindicativa de la tierra. Si bien los argumentos de estos diputados no formaron parte de la redacción final de dicho precepto, dada su trascendencia, a continuación los transcribimos: José María Castillo Velasco señala: ue ba fin al Po rrú a dar propiedad a los indígenas [ya que] no puede ser justo se prive a ningún hombre del ejercicio del derecho de propiedad que tiene por su misma organización física y moral. Pero no sólo para los indios será provechoso este repartimiento de la propiedad, sino para nuestra llamada clase media; [en consecuencia propone]: Todo pueblo de la República debe tener terrenos suficientes para el uso común de los vecinos. Los estados de la Federación los acompañarán, si es necesario, reconociendo el valor de ellos sobre las rentas públicas[…] Todo ciudadano que carezca de trabajo tiene derecho a adquirir un espacio de tierra cuyo cultivo le proporcione la subsistencia y por el cual pagará, mientras no pueda redimir el capital, una pensión que no exceda el 3 por ciento anual sobre el valor del terreno. Los estados emplearán para este efecto los terrenos baldíos que haya en su territorio y las tierras de cofradías, comprando, si necesario fuere, a los particulares, y reconociendo el valor de las tierras de cofradía y de particulares sobre las rentas públicas.12 Pr Ponciano Arriaga, también como miembro de la Comisión de Constitución, presentó el día 23 de junio su voto particular sobre el derecho de propiedad; afirmó: uno de los vicios más arraigados y profundos de que adolece nuestro país […] consiste en la monstruosa división de la propiedad territorial […] Mientras que pocos individuos están en posesión de inmensos e incultos terrenos, que podrían dar subsistencia para millones de hombres, un pueblo numeroso, crecida mayoría de ciudadanos, gimen en la más horrenda pobreza, sin propiedad, sin hogar, sin industrias, ni trabajo […] En el estado presente, nosotros reconocemos el derecho de propiedad y lo reconocemos inviolable. Si su organización en el país presenta infinitos abusos, convendrá desterrarlos; pero destruir el derecho, proscribir la idea de propiedad, no sólo es temerario, sino imposible […] a lo que nosotros censuramos en la actual organización de la propiedad es que no se atienda a una porción de intereses 12 Zarco, Historia del Congreso Constituyente, op. cit., pp. 364. 171 LA REFORMA Y EL PORFIRIATO al Po rrú a individuales y que se constituya una gran multitud de parias que no pueden ser parte de la distribución de las riquezas sociales. Los miserables sirvientes del campo, especialmente los de la raza indígena, están vendidos y enajenados para toda su vida, porque el amo les regula el salario, les da el alimento y el vestido que quiere y al precio que le acomoda, so pena de encarcelarlos, castigarlos, atormentarlos e infamarlos, siempre que no se someta a las órdenes y decretos del dueño de la tierra […] cuando oigo hablar de la colonización extranjera, y sin que yo me oponga ni la repugne, y con todo mi vivo deseo de favorecerla, me pregunto si sería posible la colonización mexicana, si sería difícil que, distribuyendo nuestras feraces y hoy tierras incultas entre los laboríos de nuestro país y dándoles semillas y herramientas […] Es necesario no destruir la propiedad, esto sería absurdo, sino por el contrario generalizarla, aboliendo el privilegio antiguo, porque ese privilegio está fundado no sobre el indestructible principio de la propiedad sino en la organización social de la propiedad que concede el suelo a un pequeño número de individuos, será necesario cambiar solamente la organización de la propiedad que es por su naturaleza variable como expresión del orden social en la materia. Los puntos que propuso fueron los siguientes: Pr ue ba fin 1o. El derecho de propiedad consiste en la ocupación o posesión, teniendo los requisitos legales, pero no se declara, conforma y perfecciona sino por medio del trabajo y la producción. La acumulación en poder de una o pocas personas de grandes posesiones territoriales sin trabajo, cultivo, ni producción perjudica el bien común y es contraria a la índole del gobierno republicano y democrático. 2o. Los poseedores de fincas rústicas que tengan una extensión mayor de quince leguas cuadradas (26 mil 334 ha.) […] deberán deslindar y cultivar sus territorios […] 3o. Si después del término de un año permanecen sin cercado, incultos y ociosos[…] causarán en favor del erario federal una contribución del veinticinco al millar sobre el valor verificado por peritos[…] 4o. los terrenos de fincas rústicas o haciendas que tengan más de quince leguas cuadradas de extensión y dentro del término de dos años no tuvieren cultivados, deslindados y cercados, se tendrán por baldíos y serán denunciables y vendibles por cuenta de la hacienda federal, y rematándolos al mejor postor. El nuevo propietario, que no podrá comprar más de quince leguas cuadradas de tierra, tendrá la obligación de cercarla y sembrarla dentro del término de un año, so pena de perder sus derechos […] 7o. El propietario que por cualquier contrato o causa quisiere acumular mayor extensión que la de quince leguas cuadradas de terreno, pagará por una vez al erario de la federación un derecho del 25 por ciento sobre el valor de la adquisición que exceda de aquella base […] 7a. Quedan abolidas las vinculaciones de toda especie […] Quedan prohibidas las adjudicaciones de terrenos a las corporaciones religiosas, cofradías o manos muertas […] 8o. Siempre que en la vecindad o cercanía 172 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO de cualquier finca rústica existiesen rancherías, congregaciones o pueblos que, a juicio de la administración federal, carezcan de terrenos suficientes para pastos, montes o cultivos la administración tendrá el deber de proporcionarles lo suficiente, indemnizando previamente al anterior legítimo propietario y repartiendo, entre los vecinos o familiares de la congregación o pueblo, solares o suertes de tierra a censo enfiteútico o de la manera más propia para que el erario recobre el justo importe de la indemnizacion.13 Finalmente, Isidro Olvera expuso en la sesión del 7 de agosto las razones de su firma al dictamen de la mayoría y presentó un proyecto de “Ley Orgánica que Arregla la Propiedad Territorial en toda la República”. Considera: Pr ue ba fin al Po rrú a Que una inmensa extensión del terreno se halla estancada en manos que descuidan de su cultivo y de la explotación de sus riquezas naturales, con lo que se perjudica gravemente a la agricultura, a la industria, al comercio; se priva de esos medios de subsistencia a la clase trabajadora y se detiene al progreso del país; que es notoria la usurpación que han sufrido los pueblos de parte de varios propietarios, bien por la fuerza o por otras adquisiciones legales. [Por lo tanto, propone] “Artículo lo. En lo sucesivo ningún propietario que posea más de diez leguas cuadradas de terreno de labor (17 mil 556 ha), o veinte de dehesa, podrá hacer nueva adquisición en el estado o territorio en que esté ubicado la antigua propiedad. 2a. Los que en la gran meseta central de la República posean más de diez leguas cuadradas pagarán anualmente, sobre la contribución que estén causando, un dos por ciento del valor del exceso. En los estados despoblados las legislaturas propondrán al congreso general el máximum que por exceso deban pagar los propietarios […] 5o. los bienes cuya posesión no estribe en títulos legítimos pertenecen a la Nación […] 6o. Para el reconocimiento de estos títulos de propiedad se establece en cada cabecera de distrito un jurado compuesto de nueve miembros y un letrado, que servirá de asesor, nombrado por la legislatura del estado respectivo […] Son títulos legítimos primordiales […]: la concesión del soberano […] la compra de los municipios autorizada competentemente […] la cesión también autorizada, en pago legítimo […] el cambio, también fundado en autorización. Se tendrán sin embargo, como ilegítimos estos mismos títulos cuando se trate de terrenos que pertenecían al fundo legal, los cuales se devolverán inmediatamente a los pueblos […] 16o. Los terrenos ilegalmente poseídos quedarán, sin embargo, en poder del poseedor a censo enfiteútico de un 6 por ciento anual, que entrará a las arcas municipales del pueblo a quien el terreno corresponda y el propietario tiene la obligación de deslindar, cultivar o adhesar su terreno dentro de un año, sin cuyo requisito se tendrá por baldío y perteneciente al Estado, quien podrá adjudicarlo al mejor postor.14 13 ídem, pp. 387, 390, 392 y 402-3. 14 Idem, pp. 695-696. 173 LA REFORMA Y EL PORFIRIATO La redacción final del artículo 27 quedó de la siguiente manera: La propiedad de las personas no puede ser ocupada sin su consentimiento, sino por causa de utilidad pública y previa indemnización. La Ley determinará la autoridad que deba hacer la expropiación y los requisitos en que ésta haya de verificarse. Ninguna corporación civil o eclesiástica, cualquiera que sea su carácter, denominación u objeto tendrá capacidad legal para adquirir en propiedad o administrar por sí bienes raíces, con la única excepción de los edificios destinados inmediata y directamente al servicio u objeto de la institución.15 Pr ue ba fin al Po rrú a A pesar de no ser un documento radical, los argumentos del artículo 27 sí confrontaron a los intereses de la Iglesia, por lo cual el conservadurismo no hizo esperar su reacción. El clero mexicano, por indicaciones del papa Pío IX, desconoció la Constitución y excomulgó a todos los que jurasen respetarla, a partir de este momento se inicia lo que los autores, han denominado la “Guerra de Reforma”, cuyo curso se dio entre los años de 1858-1860. Comonfort, que fuera miembro prominente del liberalismo, se vinculó a las fuerzas reaccionarias y, no obstante ser presidente electo, dio golpe de Estado, hecho ante el cual Benito Juárez,16 en su calidad de presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, asume la Presidencia y decide instalar su gobierno en el estado de Guanajuato hacia 1859. Mientras que el país se debatía en una guerra de amplias dimensiones, la Constitución servía para la destrucción del concepto de propiedad colectiva de los pueblos indios y su sustitución por el de pequeña propiedad, provocando que muchas haciendas se apropiaran de las tierras comunales denunciándolas como “tierras baldías”,17 aprovechándose de las circunstancias políticas y económicas de las poblaciones indígenas. De esta manera, las comunidades fueron despojadas y confinadas a tierras de mala calidad. Esto provocó de alguna manera la intensificación de los vínculos de solidaridad de las comunidades y una agudización de la contradicción entre ellas y el poder establecido que se ejercía a través de la hacienda. 15 Cf., Durand, Carlos, “La propiedad originaria como fundamento del sistema de propiedad territorial”, en Alegatos, núm. 20, enero-abril de 1992, UAM-Azcapotzalco. 16 Benito Juárez formó parte del núcleo de liberales que, tiempo atrás, el Estado santannista había desterrado a los EU. Juárez, junto con Melchor Ocampo y otros, pronunciaron en Nueva Orleáns y Brownsville su adhesión al plan insurreccional, contra Antonio López de Santa Anna. 17 Los asuntos concernientes a colonización y baldíos quedaron consagrados en el artículo 72 constitucional en las fracciones XXI y XXIV. 174 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO La nueva constitucionalidad había cerrado el paso a la restitución agraria de los pueblos indios, al haber ratificado el sentido de la Ley de Desamortización que desconoció la personalidad jurídica de las etnias. 3. La Ley de Nacionalización de los Bienes Eclesiásticos Pr ue ba fin al Po rrú a Esta ley se promulgó en el marco de la confrontación Iglesia-Estado, como resultado del papel deleznable que la Iglesia aplicó en contra del liberalismo decimonónico. La desamortización que años atrás había instaurado el gobierno, había servido solamente como detonador para enfrentar a la Iglesia, por ello fue necesario aplicar medidas más drásticas, que radicalmente enfrentaran a la institución eclesiástica, fue así como en 1854 se decretó la Ley de Nacionalización. Según el artículo Io., se declara que: “entran al dominio de la Nación todos los bienes que el clero secular y regular ha venido administrando con diversos títulos, sea cual fuere la clase de predios y aplicación que hayan tenido… “.18 Se exceptuaron de la nacionalización únicamente los edificios destinados directamente a los fines del culto. Esta legislación dada en Veracruz puede considerarse más radical, y su significado histórico como el paso decisivo al capitalismo sin el lastre semi feudal que la Iglesia le daba a la tierra. Además de haber enfrentado realmente a la Iglesia, la Ley de Nacionalización permitió que las fuerzas liberales se allegaran nuevos recursos, vía apropiación de tierras. Valga referir que la crisis económica de las fuerzas en pugna les orilló a efectuar diversas negociaciones con el exterior, dentro de los episodios más profundos se encuentran las negociaciones del tratado McLane-0campo, signado el 1o. de diciembre de 1859. Documento que ubica el marco expansionista de los EUA. De los puntos más importantes de este tratado se encuentran: 1. La cesión de la Baja California a los EUA 2. Tránsito o derecho de vía del Río Grande (Río Bravo) al Golfo de California 3. Derecho de vía perpetuo a través del Istmo de Tehuantepec El Times de Londres del 9 de agosto señalaba: “si el tratado que se supone arreglado en Veracruz entre Juárez y el enviado de los Estados Unidos llega a ratificarse definitivamente, México, desde ese momento, parará virtualmente al dominio norteamericano”.19 18 Fabila, Manuel, Cinco siglos de legislación, op. cit., p. 119. 19 Citado en Esquivel Obregón, op. cit., p. 466. 175 LA REFORMA Y EL PORFIRIATO Afortunadamente para México, en los momentos en que se presentó al Senado de los EU el tratado McLane-Ocampo, existían confrontaciones entre los esclavistas y no esclavistas y la posible expansión hacia el sur podía llevar a su intensificación por la esclavitud, por lo que el Senado norteamericano optó por la no ratificación de dicho tratado. a) LA INTERVENCIÓN FRANCESA rrú a En junio de 1861, el erario afrontaba una penuria extrema: el presupuesto mínimo posible era de $8 millones 327 mil 418.00, el ejército exigía cerca del 60% —4 millones 745 mil 395.00— y los ingresos no alcanzaban siquiera para cubrir esta exigencia. Por otra parte, el producto de la realización de los bienes eclesiásticos no había sido el soñado, e inexistente el de venta de baldíos; por lo tanto, hubo de ordenarse el 27 de julio la suspensión por dos años del pago de intereses y amortizaciones de las deudas públicas contraídas con extranjeros.20 al Po Este fue el argumento que utilizó el Imperio francés para intervenir México y también, el que fincó asechanzas de Inglaterra y España. fin 4. Ley sobre Ocupación y Enajenación de Terrenos Baldíos, del 22 de diciembre de 1862 Pr ue ba Al igual que las anteriores Leyes de Reforma, esta ley tuvo un fin económico, quizás uno de los últimos recursos del que el juarismo podía echar mano, los terrenos baldíos, que como mencionamos en el apartado anterior, dio lugar a ocupaciones territoriales de los pueblos indios. En su artículo 1o. define como baldíos “… todos los terrenos de la República que no hayan sido destinados a un uso público por la autoridad facultada para ello por la ley, ni cedidos por la misma a título oneroso o lucrativo a individuo o corporación autorizada para adquirirlos”.21 Esta disposición implicó el dominio nacional sobre todas las tierras del país y el requisito indispensable de que interviniera en acto legal una autoridad competente que diera fe del acto jurídico realizado de aquellas tierras cuyo traslado de dominio no se hubiese ejecutado de esta manera, con lo que de alguna forma sería factible que el Estado se allegara mayores recursos. 20 Enríquez Coyro, op. cit., p. 239. 21 Fabila, op. cit., p. 131 estos ordenamientos fueron dados durante el exilio político del gobierno juarista. En virtud de la intervención francesa. 176 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO Complementaria a esta legislación y en su afán de intentar regularizar el problema cartográfico y de linderos que desde sus orígenes habían mantenido las mediciones agrarias, el gobierno de Benito Juárez decretó el 2 de agosto de 1863 la ley con la que fue implantado el sistema métrico decimal para las medidas de tierras y aguas. En este documento se daba un término de diez años para que las unidades de mensura utilizadas con anterioridad fueran “reducidas” a las del sistema métrico decimal. Según esta ley se precisaba “… (art. 1) Que las medidas de terrenos y las aguas, sean para riegos o potencia serán estimadas por los ingenieros y agrimensores según el sistema métrico decimal…”. 5. La etapa imperial y el derecho agrario (1864-1869) Pr ue ba fin al Po rrú a La alianza de los conservadores mexicanos con la hegemonía francesa permitió que las aspiraciones expansionistas de Napoleón III adquirieran sentido con la intervención francesa de 1862, que tuvo lugar con la aventura imperial de Maximiliano, que al igual que la doctrina Monroe en el caso norteamericano, avisoraban la “Latinite de América”; es decir, la justificación política que tuvo Francia para intervenir; así la “latinidad de América” no provino de los americanos sino fue un término acuñado (América Latina) por un apologista francés de la corte de Napoleón III quien vio en la “Latinite” un argumento ideológico adecuado para contrarrestar el expansionismo anglo americano en el continente, favoreciendo a su vez sus propias intenciones imperialistas.22 Contrario a lo pensado por los conservadores mexicanos, el imperio de Maximiliano ratificó la mayoría de leyes del liberalismo, circunstancia que se daba por los requerimientos económicos del capitalismo europeo, lo cual coadyuvó con descontento del conservadurismo mexicano que se encontraba en franca alianza con los intervencionistas. Sin embargo, Maximiliano en lo relativo a la tenencia de la tierra promulgó leyes que increíblemente beneficiaban a los pueblos indios. Actitud que solamente se explica por el interés de que el Segundo Imperio contara con una base social —los indios— que asegurase su permanencia y quién mejor que aquellos que por tanto tiempo se habían encontrado al margen de las relaciones de propiedad para ser enfrentados contra el liberalismo mexicano. De nueva cuenta los indios serían utilizados con fines políticos. Valga señalar cómo se caracterizaba al indígena hacia mediados del siglo XIX: El indio tiene todos los vicios que engendra la esclavitud, es ladrón, borracho, perezoso. El sentimiento de la nacionalidad no existe en él. Le son 22 Stavenhagen et al., Derecho indígena y derechos humanos en América Latina, op. cit., p. 24. 177 LA REFORMA Y EL PORFIRIATO desconocidos los afectos, los sentimientos de patria. En época de guerra extranjera o de pronunciamiento, le dan un fusil y él combate para obedecer a los jefes que lo dirigen, no tiene nada que ver con estas denominaciones, cuyo valor y significado no comprende en absoluto.23 fin al Po rrú a Maximiliano decretó entre 1864 y 1867 los siguientes ordenamientos: • 13 de octubre de 1864: Se nombra a un abogado que defienda a los indígenas de la península de Yucatán. • 27 de diciembre de 1864: Orden para que se formule el reglamento para la revisión de las operaciones de desamortización y nacionalización de los bienes eclesiásticos. • 8 de mayo de 1865: Decreto sobre los contratos hechos en los puntos que aún no reconocían el Imperio y que pertenecen a la desamortización. • 25 de abril de 1865: Decreto revocando la providencia de confiscación y distribución de los indígenas de terrenos ubicados en el Municipio de Jala, Tepic. • 1o. de noviembre de 1865: Ley para determinar las diferencias sobre tierras y aguas entre los pueblos. • 26 de diciembre de 1866: Ley agraria del imperio, que concede fundo legal y ejido a los pueblos que carezcan de él.24 Pr ue ba Veamos lo importante que resultó la legislación imperial tomando como referencia a la Ley sobre Terrenos de Comunidad y de Repartimiento de 26 de junio de 1866, la que ordenaba que “… los terrenos se cedieran en propiedad a los naturales y vecinos de los pueblos a que pertenecían. Además establecía que los repartimientos se adjudicaran en absoluta propiedad a sus poseedores, y los de comunidad se dividieran y distribuyeran entre los vecinos de los pueblos, prefiriéndose a los pobres que a los ricos, a los casados que los solteros y los que tienen familia a los que no la tienen. Si los terrenos de comunidad fueran muy cuantiosos respecto a los pueblos a que pertenecían, después de hacer la división se daría hasta media caballería de tierra a cada familia, si aún sobraban tierras se venderían a los vecinos. Las tierras destinadas exclusivamente al servicio de las poblaciones, las aguas y los montes cuyos usos se hacían directamente por los vecinos de los pueblos, no se repartirían ni se adjudicarían. Otra ley, la del 16 de diciembre de 1866 (publicada en español y en náhuatl) establecía: “que las poblaciones de más de cuatrocientos habitantes y escuelas de primeras letras, 23 Carta de Ambroy al Ministeres Affaires Etrangéres, cit. en López Cámara, La estructura económica y social de México en la época de Reforma, Siglo XXI, México, p. 218. 24 Fabila, op. cit,. pp. 43-53. 178 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO tendrían un terreno útil y productivo igual al fundo legal determinado por ley”.25 6. Nuevas leyes de colonización. El inicio de la transnacionalización agraria Pr ue ba fin al Po rrú a En la agonía del Estado liberal, encontrándose ya en el poder Miguel Lerdo de Tejada, decretó la Ley de Colonización del 31 de mayo de 1875. Bajo la idea de atraer capitales extranjeros al territorio nacional, esta ley autorizó al gobierno para realizar contratos con empresas extranjeras a las que se concedieron grandes facilidades. La obsesión de los liberales de buscar en el exterior la solución a los problemas agrarios de México no se explica sino bajo el concepto de “Nación capitalista” que ellos forjaron. Idea racista que negó capacidad de crecimiento y desarrollo autonómico propio a los pueblos de indios. Los ideólogos del liberalismo mexicano no fueron capaces de comprender la importancia de estos pueblos como portadores de una cultura universal. La inserción de las empresas transnacionales, si acaso aún incipiente en este periodo, abrió las puertas, junto con otros múltiples aspectos, a la revolución agraria de México. En la fracción V, en el artículo primero de la ley de 1875 se autorizaba la formación de comisiones exploradoras para medir y deslindar las tierras baldías, y la fracción IV del propio artículo 1o. otorgaba a quien midiera y deslindara un baldío, la tercera parte del mismo precio por el servicio. Lucio Mendieta, señala: “Éste fue el origen de las llamadas compañías deslindadoras cuya acción tuvo gran influencia en el desarrollo del problema agrario de México”.26 C. PROYECTOS FALLIDOS Y ESTANCAMIENTO DE LA AGRICULTURA MEXICANA Unas fueron las aspiraciones liberales y otra la realidad. Como ha quedado establecido, las guerras internas, la inercia de la agricultura, aunadas a diversidad de fenómenos malograron el surgimiento del México capitalista, al que aspiraban los liberales, por el contrario, el campo entró en un nuevo momento de concentración agraria y estancamiento. 25 Instituto Nacional Indigenista, La política indigenista en México, México, 1973, p. 57. 26 Mendieta y Nuñez, Lucio, El problema agrario de México, Editorial Porrúa, México, 1977. 179 LA REFORMA Y EL PORFIRIATO Al describir este hecho y siguiendo a los cronistas franceses, Francisco López Cámara menciona: rrú a La realidad, como sabemos, estaba muy alejada de estos sueños entusiastas. México, a pesar de su vasto territorio, no sólo tenía pocas tierras cultivables, sino que, además, el rendimiento de su suelo era sumamente bajo. La naturaleza accidentada del país, y la irregularidad o la carencia de lluvias, la ausencia de un sistema fluvial que permitiera un riego eficaz de las tierras, la distancia de los centros agrícolas y el retraso de las comunicaciones, representaban grandes obstáculos para la agricultura y hacían muy difícil su desarrollo. A ello, habría que agregar todavía los otros problemas ya señalados: los métodos agrícolas atrasados, el sistema de los grandes dominios rurales y la total ausencia de incentivo productivo en sus propietarios; y en fin, cuestión primordial, la falta de capitales para modernizar e incrementar la producción agrícola. Se trataba en resumen, de verdaderas barreras al progreso de la agricultura mexicana.27 ue ba fin al Po Aspecto fundamental que impidió el posible ascenso del capitalismo en la agricultura se relacionó con la incapacidad del liberalismo de mirar más hacia adentro de sus propias realidades, lo que hubiera permitido el respeto al territorio y quizás bajo las perspectivas de los derechos humanos, haber aplicado un proyecto democrático en el que no se buscaran colonos extranjeros que “resolvieran los problemas nacionales” sino los propios pueblos indios habrían incidido en ese tipo de desarrollo, quizás más autónomo (del concepto de nación mexicana) pero también más justo. Pr D. REFORMISMO AGRARIO Y LUCHAS CAMPESINAS La reforma juarista que finalmente derivó en el desconocimiento de la personalidad jurídica de las poblaciones indígenas determinó el surgimiento de diversos movimientos indios y campesinos dentro de los que sobresale el dirigido por Julio Chávez López en el centro de la República. Durante el periodo de reforma jugó un papel importante, la ideología de los socialistas utópicos venidos a México, como fue el caso de Plotino Rhodakanaty, escritor griego, quien fundó la Escuela Moderna y Libre de Chalco (Estado de México), cuya trayectoria condujo a la conformación de una nueva conciencia entre los trabajadores (indígena-campesino) que posteriormente escenificaron grandes movilizaciones.28 27 López Cámara, Francisco, op. cit., p. 48. 28 “Rhodakanaty viene a México una vez concluida la guerra de Reforma. Aquí se convierte en un incansable difusor del fourierismo mutualizante y primer propagador del anarquismo, 180 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO Rhodakanaty compartía la idea romántica del socialismo de Proudhon de que el hombre nacía bueno pero que la propiedad privada, la desigual distribución de la riqueza, la creciente industrialización y la naturaleza explotadora del prevaleciente orden social, creaban la perversión moral, corrompían al gobierno y enfrentaban al hombre con el hombre. Este líder socialista observó al comunalismo agrario de los pueblos indios de México al que concibió semejante al que fundamentaban las ideas de Fourier y Proudhon, fue de esta manera que se decidió a organizar su sistema socialista de colonias agrarias. Pr ue ba fin al Po rrú a En 1868 López lanzó sus planteamientos programáticos a través del manifiesto a todos los oprimidos, pobres de México y del universo. En este documento denunciaba la explotación de los indígenas por parte de la burguesía; atacaba al despojo de tierras por los hacendados (lo que cuarenta años después, sería la bandera de Emiliano Zapata Salazar); denunciaba el robo que efectuaban las tiendas de raya; la esclavitud de las reglas transmitidas de padres a hijos; las jornadas miserables y lanzaba el grito que, casi un siglo antes, habían planteado Tupac Amaru en Perú y Tupaj Catari en Bolivia: Los hacendados, los que nos piden resignación son también los que con toda paciencia nos han explotado; han comido opíparamente del sudor de nuestra frente”.29 HERMANOS NUESTROS; queremos el socialismo que es la forma más perfecta de convivencia social; que es la filosofía de la verdad y de la justicia, que se encuentra en esta tríada inconmovible: libertad, igualdad y fraternidad. Queremos destruir radicalmente el vicioso estado actual de explotación, que condena a unos a ser pobres y a otros a disfrutar de las riquezas y del bienestar; que hace a unos miserables a pesar de que trabajan con todas sus energías y a otros les proporciona la felicidad en plena holganza. Queremos la tierra para sembrarla y recoger pacíficamente, quitando desde luego el sistema de explotación, dando libertad a todos, para que siembre en el lugar que más les acomode, sin tener que pagar tributo alguno, dando libertad para reunirse en la forma que más crean conveniente, formando grandes o pequeñas sociedades agrícolas que se vigilen en defensa común sin necesidad de un grupo de hombres que les ordene y castigue. Queremos abolir todo lo que sea señal de tiranía entre los mismos hombres viviendo en sociedades de fraternidad y mutualismo y estableciendo la República universal de la armonía.30 además de ser un firme impulsor del sistema de colonias agrarias y de la organización del movimiento obrero durante la etapa de transición del artesanado al proletariado. Cf. Colmenares, Ismael, De Cuauhtémoc a Juárez. CCH-UNAM, 1984, p. 128. 29 Gilly, Adolfo, La revolución interrumpida, El caballito, México, 1971, p. 13. 30 García Cantú, Gastón, Historia del socialismo en México, 2a. ed., Era, México, p. 60. El documento aludido fue dado a conocer por José C. Valadés, quien proporcionó una copia del mismo a García Cantú. Otros autores también han publicado la versión de Valadés. 181 LA REFORMA Y EL PORFIRIATO Como se constata en los párrafos transcritos, políticamente los planteamientos de Chávez López provienen de las posiciones del socialismo utópico (fuorierista), sin considerar las del socialismo marxista (fundamentalmente las de 1848). A decir de Adolfo Gilly: Po rrú a Chávez aplicó su manifiesto repartiendo tierras, ordenando a los terratenientes que no trabajaran más en las zonas liberadas. La propaganda y agitación efectuada por Chávez López, provocó amplia respuesta entre los indígenas de Chalco y Texcoco, surgiendo diversas insurrecciones, con las que el gobierno se vio obligado a mandar tropas regulares para que contuviesen las movilizaciones indígenas. La lucha más importante fue la de Chalco, en donde se fortalecieron los indígenas. La prensa citadina y los sectores más reaccionarios calificaban al movimiento de Chávez López como el inicio de una revolución comunista, y a sus partidarios como indígenas comunistas; el temor de la burguesía agraria provocaba que los hacendados exigieran que se detuviese la ola de violencia y asesinatos que estaba desarrollando el subversivo Julio Chávez López.31 Pr ue ba fin al Las movilizaciones trascendieron hacia los estados de Puebla y Veracruz. Ante el incremento de la lucha, el gobierno de Benito Juárez envió tres mil hombres con el objeto de controlarla. Finalmente Chávez López fue atrapado en Actopan y posteriormente ajusticiado. En otro contexto, encontramos que en agosto de 1868 se dio a conocer el Plan Agrarista de Tezontepec, que mencionaba que los pueblos comprendidos desde Zacualtipán hasta Chalco (incluyendo los pueblos del Mezquital) se coaligarían contra los hacendados de la región; la dirección política de este movimiento quedó representada por Francisco Islas y Manuel Orozco, quienes al frente de quinientos indígenas tomaron Tezontepec, siendo derrotados posteriormente en San Mateo Ixtlahuaca, Estado de México. “Los partes militares que constan en el archivo de la Secretaría de la Defensa Nacional califican a los dirigentes (Sotero Lozano y Francisco Islas) de este movimiento como bandidos comunistas”.32 En febrero de 1896, diversos núcleos indígenas se levantaron en armas en el poblado de Alfajayucan en el estado de Hidalgo, dos meses después, cuarenta pueblos del distrito de Pachuca se unieron para reivindicar su derecho a la tierra. En este año la agudización de las contradicciones también se manifestó en el estado de Michoacán, en donde los purépechas del poblado de Terejero se rebelaron, aliándose poste- 31 Gilly, op. cit., pp. 13-15. 32 Archivo de la Secretaría de la Defensa Nacional. Exp. XI/481.4/9807. Partes militares del 8 y 26 de octubre de 1869. En Reina, Leticia, op. cit., p. 133. 182 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO riormente a los campesinos de Zipiajo y Zacapu. Mientras tanto, en el sureste de la República se desarrolló la lucha agraria conocida con el nombre de “guerra ístmica”, dirigida por Pedro Díaz Cuzcat e Ignacio Fernández Galindo, y que se desenvolvió en el poblado de San Cristóbal de las Casas, Chiapas. Inicialmente esta movilización tuvo carácter mesiánico, ya que Díaz Cuzcat (fiscal de la comunidad de Tzajalhemel) introdujo aspectos religiosos entre los indígenas chamulas, tzotziles y tzeltales para después convertirse en una lucha económica y en la que los campesinos pelearon por la recuperación de las tierras que les habían sido despojadas. La batalla decisiva se dio en el poblado de Sisim, siendo finalmente derrotadas las comunidades. a 1. La lucha agraria en el periodo de 1872-1875 Pr ue ba fin al Po rrú A continuación se enuncian las luchas indígenas de mayor relevancia en el lapso comprendido entre 1872 y 1875. Año de 1872. Levantamiento de los indígenas zacapoaxtlas y nahuas de Zongolica, Cuetzalan y Zacapoaxtla en el estado de Puebla. En este mismo año se dio la movilización armada de los indios de San Juan Cutecasalta, en la región de Oaxaca, contra las haciendas de San Nicolás y San Guillermo; en la misma región surgió el levantamiento de San Juan Guichiconi, pretendiendo el reparto de las tierras que se encontraban en manos de Tomás Wolrich, conocido hacendado de la zona. Año de 1873. Constantes luchas en los estados de Durango (tepehuanes), Zacatecas (chichimecas), Michoacán (purépechas), Querétaro, Guanajuato (otomíes) y Jalisco (huicholes). En Tepic, Nayarit, se originó una de las luchas más radicales del movimiento indígena, en la que intervinieron las etnias cora y huichol, encabezadas por Manuel Lozada, manteniendo por buen tiempo la independencia de la región, esta rebelión estuvo a punto de tomar Guadalajara. Por último, en este año, se dio una revuelta en Huajuapan de León, Oaxaca, en la que los indígenas mixtecos exigían el reparto agrario. Año de 1874. Algunos sectores de intelectuales que comenzaban a desarrollar un trabajo de incidencia política entre los indígenas, crearon el órgano de información denominado La Comuna Mexicana, en donde se planteó el reparto agrario. Bajo esta concepción destacan Felipe Zalacosta y Tiburcio Montiel, reconocidos periodistas de la época. Año de 1875. Uno de los hechos más importantes para el movimiento indígena lo encontramos en la posición étnica y de clase asumida por los indígenas del estado de Sonora, en donde se habían mantenido diversas luchas de resistencia; la agudización de la problemática se originó 183 LA REFORMA Y EL PORFIRIATO rrú a en el Valle del Yaqui, allí surgió la guerra histórica que mantuvo por mucho tiempo a la expectativa a la burguesía nacional y al propio imperialismo norteamericano. Este pasaje de la historia mexicana fue conocido como la Guerra del Yaqui;33 en ella intervinieron diez mil soldados para despojar de sus tierras a las etnias de la entidad. La lucha la entablaron indios de las etnias yaqui, mayo, opata, sibupapa, guaroxio, seri, etcétera El origen de esta lucha tuvo un carácter socioeconómico, en donde los intereses de la burguesía local agro-exportadora y de las transnacionales norteamericanas buscaban la explotación de las tierras fértiles del sur del estado. En el año de 1875 la autodefensa indígena logró a través de su dirigente, José María Leyva Cajeme la conformación de una Confederación de los Pueblos Indios del Estado de Sonora, presentando un frente más amplio y vigoroso para luchar contra el despojo agrario. Po E. PROBLEMA AGRARIO DURANTE EL PORFIRIATO al 1. El marco socioeconómico Pr ue ba fin La continuidad histórica del capitalismo mexicano, tuvo en la figura de Porfirio Díaz el “personaje idóneo” para el fortalecimiento del sistema. El general Díaz impuso una dictadura que permitió el advenimiento del “nuevo orden”, desde luego, fincado al margen de los derechos de los pueblos indios y campesinos de México. La estabilidad relativa del Estado porfirista atrajo capitales, en su modalidad de transnacionalización de la economía mexicana y en particular de la estructura agraria. La fundamentación ideológica del régimen porfirista se formó en el positivismo comtiano y posteriormente spenceriano (organicismo) con sus vertientes de darwinismo social. Algunos de sus intelectuales (“científicos”) más connotados fueron Gabino Barreda, Justo Sierra, Emilio Rabasa, Porfirio Parra, José Yves Limantour, entre otros; a la postre, estos, denominados positivistas mexicanos, construyeron la justificación ideológica del porfiriato. Así, las ideas comtianas de orden y progreso fueron los principios que inspiraron a la dictadura, ideología que se justificaba a partir de lo que ellos concebían como la confrontación 33 La derrota del pueblo yaqui, se debió al poderío militar y logístico con que contó el imperialismo yanqui y la burguesía nacional. La tribu yaqui fue derrotada y sus tierras pasaron a manos de las transnacionales: “Richardson del Valle del Yaqui”, “Sonora Land Catte Co. “, “Sonora and Sinaloa Co.”, entre otras. Cf., Baca Calderón, Esteban, Juicio de la guerra del Yaqui, CEHMO, 1975. 184 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO contra la anarquía y desorden del liberalismo decimonónico. Al decir de Leopoldo Zea: … ellos se empeñaron en demostrar que la historia de México había sido un caos del que surgía la exigencia del orden social; que el motor de la vida social era la evolución indefectible hacia el progreso, y que en un pueblo atrasado como el nuestro no había otra salida para procurar el progreso que la institución de un gobierno fuerte; de tal manera, el porfirismo se presentaba como el punto culminante de la historia de México, como una necesidad dictada por la naturaleza misma de las cosas. Ellos, los positivistas, prepararon ideológicamente el advenimiento de la dictadura.34 ba fin al Po rrú a Los espacios aún no cubiertos por el capital comenzaron a ser satisfechos, fue así como se incrementó la inversión extranjera. La de los Estados Unidos, originariamente se ubicó en los sistemas de comunicación y transporte. Se requería crear la infraestructura necesaria que garantizara la acumulación capitalista, no solamente de la burguesía mexicana, sino de los EUA. Al término del porfiriato se calcula que existía un tendido de aproximadamente diecinueve mil kilómetros de vías férreas,35 todas las líneas comunicaban a los puertos y a la frontera con los norteamericanos, asimismo se desarrollaron los sistemas telefónicos. Los Estados Unidos, según Kenneth Turner contaban para 1900 con un capital de alrededor de 900 millones de dólares. Al referirse a la influencia económica de los EUA, Kenneth menciona: Pr ue El consorcio del cobre Morgan-Guggenheim tiene el dominio absoluto de la producción de ese metal en el país. La firma M. Guggenheim Sons posee las grandes fundiciones, así como vastas propiedades mineras. La Standard Oil Co., con el nombre de Waters-Pierce, matriz de muchas sociedades subsidiadas, controla la mayor parte de la producción de petróleo crudo de México y también la mayor parte del comercio al mayoreo y menudeo de ese combustible; según sus directores, el 90 por ciento. 34 Zea, Leopoldo, El positivismo en México: nacimiento apogeo y decadencia, FCE, México, 1968, p. 256. 35 “Tal vez sea irónico pensar que durante el porfiriato los ferrocarriles no contribuyeron al desarrollo de la industria nacional, el único renglón en que han probado ser realmente indispensables, fueron construidos en una economía atrasada y precaria casi en su totalidad, mucho antes del verdadero comienzo de la era industrial de la Nación. La mayor parte de la carga de los ferrocarriles en este periodo consistía en materias primas para la exportación, cuyos beneficios quedaron en manos de los propietarios extranjeros de la industria minera”. Cf. Coatsworth, El impacto económico de los ferrocarriles durante el porfiriato, Col. SEP. Setentas núms. 271 y 272, México, 1976, p. 84. 185 LA REFORMA Y EL PORFIRIATO fin al Po rrú a Los agentes del American Sugar Trust acaban de obtener del gobierno federal mexicano y de algunos estados, concesiones, para producir azúcar de remolacha, en tan favorables condiciones que les aseguran un monopolio completo del negocio del azúcar dentro de los próximos 10 años. La Intercontinental, se halla en posesión de millones de hectáreas de tierras huleras, las mejores de México. La compañía Wells Fargo Express, propiedad de la Southern Pacific Railroad Co., gracias a su asociación con el gobierno mantiene en México un absoluto monopolio del negocio de transportes por express. E. N. Brown, presidente de los ferrocarriles nacionales de México, y satélite del H. Clay Piercey del desaparecido E. H. Harriman, es miembro directivo del Banco Nacional de México que es, con mucho, la más grande institución financiera del país; este banco tiene más de 50 sucursales, en las cuales todos los principales miembros de la camarilla financiera de Díaz están interesados. Los herederos de Harriman son dueños de un millón de hectáreas de terrenos petrolíferos en la región de Tampico y varios otros norteamericanos tienen propiedades agrarias en las combinaciones que controlan el comercio de la carne y de la harina. El 80 por ciento de las exportaciones mexicanas se hacen a los EU. Así se advierte lo que en realidad sucede en México. La norteamericanización de México, de la que tanto se jacta Wall Street, se está ejecutando como si fuera una venganza.36 Pr ue ba De esta manera, sería inviable explicar al México porfirista solamente en relación al Estado nacional y sus aplicaciones, sino más bien en la profunda y estrecha dependencia con los EU, para finales del siglo XIX, los grandes monopolios y trust’s norteamericanos habían comprendido que no era necesario mantener su hegemonía ocupando territorios, ya que podían ejercer su poder a través del chantaje político, de la manipulación, de la corrupción y el manejo de las estructuras del poder porfirista. Díaz abrió las puertas a los EUA, permitiendo el saqueo de las riquezas nacionales, brindando multitud de concesiones suprimiéndoles aduanas y aranceles. Es de considerar que si los Estados Unidos habían sido capaces a través de su participación en el mercado mundial de servicios y bienes de crear una perturbación de esa magnitud sobre Inglaterra y Europa, tendría que ser una influencia irresistible para una economía como la de México, aunque esto dependía de la forma de interiorizarla. En todo caso es difícil suponer que la burguesía del país contaba en la etapa porfirista, dada la condición mundial, con suficiente margen nacional y exterior de decisión para optar por una relación externa diferente.37 36 Kenneth Turner. John, México bárbaro, Costa Amic, México, 1975, pp. 231-235. 37 De la Peña, Sergio, La formación del capitalismo en México, Siglo XXI, México, p. 171. 186 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO Es importante señalar que a finales del siglo XIX, la mayor parte de la inversión de los EUA, en el extranjero, radicaba en México (Cf. Cuadro 10). Cuadro 10 Inversión de Estados Unidos en el exterior a finales de 1890 (millones de dólares) México 202 Canadá 190 América Central y Sur 50 Cuba 49 rrú a Fuente: García Cantú, Gastón, Las invasiones norteamericanas en México, Era, México, 1971, pp. 213-215. al Po Otras de las inversiones fue la británica controlando al 29 por ciento del total y que se ubicó en los ferrocarriles, servicios públicos y la minería. Francia a su vez, hegemonizó el 27 por ciento ubicándose en bonos de la deuda, ferrocarriles, minas, bancos, industrias y comercio.38 fin 2. Estructura agraria y legislación agraria ba a) LA HACIENDA Pr ue El porfiriato heredó a la hacienda, derivada del proceso de concentración de capital originado con las leyes de reforma. Sin embargo, la etapa más importante de esta unidad de producción vendría precisamente durante este lapso de la historia nacional. La estructura del campo porfirista se definió a partir de la hacienda, su vinculación con el mercado mundial provocó que en buena parte su producción fuera de exportación como en el caso del algodón, henequén, caña de azúcar, tabaco, fruta, agave de sisal, cacao, café, vainilla, caucho, añil, trigo, cebada etcétera. En el México porfirista no es factible identificar un solo modelo de hacienda, ya que el contexto en que se desenvolvió dicha unidad de producción guarda características disímiles. En el norte y occidente de México la hacienda giró como forma complementaria de la economía minera, sirviendo para abastecer de alimentos a la mano de obra, aunque por la cercanía con los Estados Unidos, también se dedicó a la agro exportación. Otro tipo, fue aquel 38 D’Olwer L., Nicolaw, Las inversiones extranjeras. Historia moderna de México. El porfiriato. Vida económica, México, p. 1154. 187 LA REFORMA Y EL PORFIRIATO rrú a en que operó el peonaje por endeudamiento, desarrollándose en el centro y parte del sur-sureste del país y que a diferencia de la hacienda norteña, mantenía un sistema de contratación del trabajador, que operó endeudando al peón o “gañán” hasta mantenerlo a él y sus descendientes permanentemente en los márgenes de la hacienda. Y, por último, la hacienda esclavista que se reprodujo en las zonas indígenas-tropicales de Oaxaca, Veracruz y Yucatán. Casos aberrantes de este tipo de hacienda se erigieron en Valle Nacional y en la zona henequenera de la península de Yucatán, en la que fueron victimados millares de indios. Cuando el esclavo de las zonas henequeneras de Yucatán o huleras de Tuxtepec dejaba de ser “útil”, al capataz le resultaba más económico matarlo (azotándolo) y “comprar uno nuevo”. Al referirse a su experiencia en las plantaciones de Oaxaca y Yucatán Kenneth Turner menciona: fin al Po En Yucatán, los esclavos mayas mueren más rápidamente de lo que nacen, y dos tercios de los esclavos yaquis mueren durante el primer año después de su llegada a la región; pero en Valle Nacional todos los esclavos, con excepción de muy pocos —acaso el cinco por ciento— rinden tributo a la tierra en un lapso de siete u ocho meses.39 Pr ue ba Son diversos los estudios que en México se han elaborado sobre la hacienda, sin embargo, se puede considerar que una de las aportaciones más valiosas que se ha realizado correspondió sustentarla a Friedrich Katz, que siguiendo en lo fundamental las descripciones de Karl Kaerger40 (quien vino a México en la coyuntura porfirista por mandato del gobierno alemán), incursiona en la caracterización de la estratificación social de la hacienda, la que consideramos idónea a los fines de este trabajo. En sus conclusiones sobre esta temática, Katz señala: La diferenciación y la estratificación social dentro de las haciendas era mucho más compleja de lo que generalmente se supone. No eran únicamente dos grupos: el del hacendado, el administrador o mayordomo y unos cuantos empleados favorecidos, y el de la gran masa amorfa de los peones. Había por lo menos tres grupos de empleados claramente diferenciados que tuvieron diferente desarrollo en la época porfiriana. El grupo de aquellos que tenían acceso a los bienes o a la tierra, movilidad ascendente, libertad de movimiento y seguridad, mejorando su situación en 39 Kenneth Turner, John, México bárbaro, op. cit., p. 59. 40 Si bien el trabajo de Kaerger discurre más en el marco agronómico y agrícola es importante en relación a algunas referencias socioeconómicas Kaerger, Karl, Agricultura y colonización en México en 1900, Universidad Autónoma Chapingo y Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social, (CIESAS) México 1986. 188 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO tiempos de Díaz. Había un segundo grupo formado por trabajadores que en términos relativos habían mejorado con el porfiriato, y un último grupo cuya situación empeoró desde 1876 hasta 1910, tanto en términos absolutos como en términos relativos.41 F. EL POSITIVISMO JURÍDICO AGRARIO Pr ue ba fin al Po rrú a La dictadura no innovó en gran medida a la legislación agraria que justificaba la transición definitiva al capitalismo. Díaz hizo suyos los postulados liberales en que se fincaba la Constitución de 1857 en tanto que daban movilidad al capital, fundamentalmente el que provenía de la inversión extranjera. Más bien fueron las posiciones ideológicas las que fueron reelaboradas y con las cuales fue eficiente la legislación porfirista, dándole “viabilidad” al sistema. Esta ideología, como justificación del poder estatal fue la del positivismo al que nos referíamos en la introducción de este apartado. El positivismo jurídico hizo aparecer a los sujetos agrarios en una aparente igualdad y no sólo ello, sino que además fincó un discurso, a veces comtiano, spenceriano, que señalaba que: “a través de la educación en los principios de la ciencia, llevaría a un orden social en el que las mentes estarían plenamente unificadas y uniformadas. “La uniformidad lleva a erigir el supuesto prototipo de mexicano, como ente único, nacional… el mestizo”.42 Justo Sierra al explicar su idea sobre la unificación, la integración y el orden sociales señalaba: El progreso de las sociedades en su conjunto se da en su integración, mientras que la integración lleva a una diferenciación de sus individuos; esto significa que los individuos son más libres, más autónomos, mientras más integrados se encuentran respecto de la sociedad. Ahora bien, en una sociedad plenamente desarrollada, la integración es obra de la naturaleza misma; las leyes de la libertad serán las leyes del agrarismo social, la libertad consistirá en dejar hacer a las leyes que rigen dicho organismo. El discurso positivista cercenó cualquier posibilidad de desarrollo de los pueblos indígenas, construyendo el proyecto de Nación, en relación solamente a la clase dominante. La Nación, pertenecía únicamente a los científicos y su dictador. 41 Katz, Friedrich, La servidumbre agraria en México en la época porfiriana, op. cit., p. 51. 42 Córdoba, Arnaldo, La ideología de la Revolución mexicana, Era, México, 1978, p. 53. 189 LA REFORMA Y EL PORFIRIATO Para dar cabida al discurso positivista en materia agraria, el porfirismo promulgó dos leyes que se refirieron al orden y progreso agrario, la del 15 de diciembre de 1883 sobre colonización y compañías deslindadoras y la del 26 de marzo de 1894 sobre ocupación y enajenación de terrenos baldíos. 1. La Ley de 1883 Decretada por Manuel González, esta ley manifestaba, entre otros aspectos: rrú a Artículo 1o.—Con el fin de obtener los terrenos necesarios para el establecimiento de colonos, el Ejecutivo mandará deslindar, medir, fraccionar y valuar los terrenos baldíos o de propiedad nacional que hubiere en la República, nombrando al efecto las comisiones de ingenieros que considere necesarias, y determinando el sistema de operaciones que hubiere de seguirse. Po Artículo 2o.—Las fracciones no excederán en ningún caso a dos mil quinientas hectáreas, siendo esta la mayor extensión que podrá adjudicarse a un solo individuo mayor de edad, y con capacidad legal para contratar. Pr ue ba fin al Artículo 3o.—Los terrenos deslindados, fraccionados y valuados, serán cedidos a los inmigrantes extranjeros y a los habitantes de la República que desearen establecerse en ellos como colonos, con las condiciones siguientes: I. En venta, al precio del avalúo […] II. En venta, haciéndose la exhibición del precio al contado […] III. A título gratuito… pero en este caso la extensión no podrá exce der de cien hectáreas […].43 Más adelante en el capítulo II, que se refiere a los colonos, la ley mencionaba las siguientes “exenciones y premios”: Artículo 7o.—Los colonos que se establezcan en la República gozarán por diez años, contados desde la fecha de su establecimiento de las siguientes exenciones: I. Exención del servicio militar. II. Exención de toda clase de contribuciones, excepto las municipales. III. Exención de los derechos de importación e interiores a los víveres donde no los hubiere, instrumentos de labranza, herramientas, máquinas, enseres, materiales de construcción para habitaciones, muebles de uso y animales de cría o de raza con destino a las colonias. IV. Exención personal e intransmisible de los derechos de exportación a los frutos que cosechen. 43 Fabila, op. cit., pp. 183-184. 190 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO V. Premios por trabajos notables, y primas y protección especial por la introducción de un nuevo cultivo o industria. VI. Exención de los derechos de legalización de firmas y expedición. Pr ue ba fin al Po rrú a Además la ley de 1883 de pasaportes… planteaba que los inmigrantes colonos gozarían de ayuda para transporte, alimentación y despensas. En el capítulo III se caracterizaba a las compañías deslindadoras y se establecían sus funciones (artículo 18), las que entre otras, podrían jugar el papel de “ser juez y parte” en el deslinde de terrenos, es decir, sería de su competencia la medición y delimitación de terrenos en los que tenían la facultad de exigir a los pueblos indios sus títulos de propiedad, los que al no existir eran despojados. Valga señalar que la residencia de las compañías deslindadoras se podía situar incluso en el extranjero. El artículo 21 señalaba que en “compensación” a su labor de deslinde la empresa obtendría hasta una tercera parte de la superficie medida.44 En concordancia con la Ley de 1883 fueron dictados los ordenamientos, que reglamentaban su funesta aplicación: a) Disposición del 23 de junio de 1885: señalando que las compañías deslindadoras serían responsables de los daños y perjuicios que se originaran a los particulares. b) Resolución del 11 de diciembre de 1886: autorizando a los señores Flores, Halle y compañía para que midieran y deslindaran terrenos baldíos en Baja California. c) Reglamento del 15 de julio de 1889 que se refería sobre las franquicias concedidas a los colonos. d) Circular del primero de mayo de 1893, dirigida a los gobernadores; señalaba que el Ejecutivo Federal continuaría favoreciendo la colonización con todas las franquicias de la ley de la materia y: e) Decreto del 30 de diciembre de 1902 que autorizó al Ejecutivo para reformar la legislación vigente sobre terrenos baldíos, y cuya Base IV deroga “de manera expresa y terminante para lo futuro, cualesquiera disposiciones que autoricen el deslinde de baldíos por empresas o compañías deslindadoras” y se suplen estas empresas por comisiones oficiales.45 A partir de este último decreto la dictadura pretendió dar un giro en su política agraria dado el ascenso del movimiento revolucionario, que comenzaba a manifestarse en diversos puntos del país; la intensificación de la Guerra del Yaqui, diversos levantamientos campesinos en todo el país; la celebración del Congreso Liberal en San Luis Potosí (año de 1902) en el que se debatió el problema agrario: El alza en los 44 Fabila, Manuel, op. cit., pp. 183-189. 45 Cf. DE LA Maza, F., Código de colonización, Ed. México, México, 1892, pp. 992-1055; E., Pallares, Leyes de tierras, Ed. México, México, 1900, p. 86. 191 LA REFORMA Y EL PORFIRIATO precios de artículos de primera necesidad (1892); La baja del salario real de peones y obreros, el surgimiento de los círculos liberales, etcétera. Al referirse a la intensificación de la pobreza, Moisés González Navarro señala: Este ‘populacho’ gana apenas lo necesario para cubrir sus más imperiosas necesidades, entre las que destacan fumar (con frecuencia colillas) y beber. Repugnan a las otras clases sus cejas y cabellos greñudos y polvientos, sus enormes uñas y sus escamas de mugre. De la indumentaria masculina ya se ha mencionado el andrajoso calzón: la camisa era digna de ese calzón: En EUA y en Europa una camisa desechada era usada, cuando mucho, por un sirviente y éste la arrojaba a la basura; en México en cambio, después de usarla un criado, se la da al aguador y éste luego al que trae la alfalfa para los caballos, quien se la pasa después al peón; finalmente, ‘reducida a polvo’, llega al mendigo.46 rrú a En el cuadro anexo se observan las circunstancias de pauperización en que se desenvolvían las clases trabajadoras de la época. fin Consumo al Po Cuadro 11 Presupuesto anual de una familia campesina (cinco personas) del sur de México Pesos de 1880 Pr ue ba 24 fanegas de maíz 36.00 2 fanegas de frijol 6.00 1/2 fanega de chile 3.00 12 almudes de sal 3.00 1/2 fanega de cal 0.75 Carne 3.00 Verduras 2.25 Metate 3.50 Ropa 34.25 Instrumentos de labranza 8.25 Capitación 2.25 Contribución municipal 0.75 Fiestas religiosas 5.00 Reparación de la casa 6.50 Jabón 10.00 Total 115.00 Fuente: González Navarro, Moisés, La pobreza en México, Colegio de México, México, 1985, p. 30. 46 González Navarro, op. cit., p. 28. 192 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO Las condiciones estaban dadas para el estallamiento de la gesta revolucionaria de 1910-1917 y ninguna ley contendría su advenimiento. Increíblemente, y no obstante el proceso insurreccional, esta normatividad no fue abrogada sino hasta el 15 de abril de 1926, en que fue promulgada la nueva Ley de Colonización. 2. La Ley del 26 de marzo de 1894, sobre Ocupación y Enajenación de Terrenos Baldíos ba fin al Po rrú a Al igual que aconteció durante el periodo de Reforma, los científicos elaboraron una ley que legitimaba sus principios de “unidad y coherencia de la propiedad agraria”; el orden quedó en manos de las guardias rurales y el progreso lo recibiría el bloque hegemónico. La consigna que rubricó esta ley fue clara: ocupación y enajenación de supuestos terrenos baldíos como así fueron definidas por el Estado las propiedades indias. La Ley de Ocupación establecía en su artículo primero una clasificación sobre los terrenos propiedad de la Nación, al respecto se comprendían a: I. Terrenos baldíos II. Demasías III. Excedentes, y IV. Terrenos nacionales Pr ue El artículo segundo señalaba: “Son baldíos todos los terrenos de la República que no hayan sido destinados a un uso público, por la autoridad facultada para ello por la ley, ni cedidos por la misma a título oneroso o lucrativo, a individuo o corporación autorizada para adquirirlos”. El artículo tercero definía las demasías, el cuarto a las excedentes y el quinto a los terrenos nacionales. Las dos leyes agrarias del porfiriato llevaron a la concentración agraria más grande de la historia de México, se calcula que en vísperas de la Revolución Mexicana, aproximadamente el 95 por ciento de los pueblos indios habían sido invadidos por las empresas transnacionales o por la burguesía nacional.47 Los criterios seguidos en las leyes agrarias del porfiriato se inspiraron en el positivismo jurídico agrario dando rienda suelta al expansionismo latifundista en donde lo importante era producir, no importaba cómo o a costa de qué, o de quienes. 47 Tannenbaum, The Mexican Agrarian Revolution, Nueva York, 1926, pp. 151 y 155. 193 LA REFORMA Y EL PORFIRIATO Emilio Rabasa nos ilustra al respecto: La propiedad debe dejarse al libre juego de las leyes económicas, sin interferencias ni de la política ni del Estado en especial. La propiedad es un elemento indispensable para la transformación, primero material y luego política del país. El Estado debe impedir por todos los medios a su alcance que la propiedad sea presa de los disturbios políticos o de la anarquía (es decir que se pusiera al margen de los únicos que podían atacarla los no propietarios). ¿De qué manera contribuye la propiedad al desarrollo social?, simplemente produciendo.48 fin al Po rrú a Además del imperio de la ley, el Estado porfirista se valió del ejército y de las guardias rurales, es decir, de las instituciones gubernamentales con el objeto de satisfacer los intereses propios a su clase y de las trasnacionales norteamericanas. Para tener una idea de la magnitud del problema valga señalar que la Compañía Richardson del Valle del Yaqui controlaba alrededor de 300 mil hectáreas, la Colorado River Land Co., 325 mil 364 hectáreas en el distrito norte de Baja California; Las Palomas Land Co., en Chihuahua 776 mil 938 has.; la L. Booker 35 mil; La E.R Fuller, 230 mil; la H.G. Barret, 105 mil 702; La Chihuahua Timber Land Co., 125 mil. Al referirse a este aspecto Michel Gutelman comenta: Pr ue ba Desde 1889 hasta 1906, año de su disolución, las compañías deslindadoras recibieron 16 millones 831 mil hectáreas a título de honorarios. La mayoría de las tierras quedaron en poder de los accionistas más antiguos, que en total representaban unas cincuenta familias. Los imperios agrarios que se crearon son difícilmente imaginables para un espíritu europeo: como accionista de una de las compañías deslindadoras, el magnate Hearst —había adquirido siete millones de hectáreas en el Estado de Chihuahua—. Un solo individuo poseía dos millones de hectáreas cerca de Oaxaca, mientras otros dos se habían apropiado dos millones de hectáreas en el Estado de Durango; en Baja California, entre sólo cuatro personas poseían once millones quinientas mil hectáreas.49 Conforme a los datos que elaboró la propia Secretaría de Fomento del Gobierno Porfirista considera que hasta 1910 existían 72 millones 335 mil 907 hectáreas en poder del latifundio.50 Debido a los estragos causados por la Ley de Baldíos y dado el empuje social, vergonzosamente el Estado estableció conforme al decreto 48 Córdoba, Arnaldo, op. cit., p. 66. 49 Gutelman, Michel, Capitalismo y reforma agraria en México, Era, México, 1974, pp. 35-36. 50 Cossío, José L., Monopolio y fraccionamiento de la propiedad rústica, SRA, México, 1982. 194 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO del 18 de diciembre de 1909, la suspensión en todos sus efectos a lo referente a terrenos baldíos; en tanto, se promulgaba el reglamento sobre dicha materia. Esta reglamentación vendría el 16 de junio de 1910 creando la Dirección Agraria, dependiente de la Secretaría de Fomento la que “velaría para que los deslindes se ejecutaran conforme a derecho”. 3. La legislación minera durante el porfirismo rrú a Originalmente los bienes mineros durante el porfirismo se rigieron por la normatividad creada durante la Nueva España, con la cual se concebía la propiedad inminentemente de la Corona respecto del subsuelo. El tratamiento que daban las otrora reales ordenanzas a la minería (año de 1783) era el de controlar y supervisar a los fines de la acumulación, los recursos mineros. Ahora las minas y sus recursos pertenecían al Estado y de él dependía la posible concesión para su explotación. Las órdenes reales rezaban: al Po • Ordenanzas • Título 1o. • Del Tribunal General de la Minería de Nueva España. ba fin Artículo I. Este se ha de titular El Real Tribunal General del Importante Cuerpo de la Minería de Nueva España, y ha de ser tenido y atendido por todos los demás con aquella recomendación tan conducente como propia a los utilísimos fines con que mi soberana dignación la ha creado. Pr ue Artículo II. Se conservará y mantendrá perpetuamente el tribunal conforme a la acta de su mencionada erección que tengo aprobada; y por consiguiente deberá componerse siempre de un Administrador General, que sea su presidente, de un Director General y de tres Diputados Generales, que podrá reducir a dos en caso que le convenga; pero no aumentar el número de ellos. Título 6o. De los modos de adquirir las minas: de los nuevos descubrimientos, registros de vetas, y denuncias de minas abandonadas o perdidas. Artículo 1o. Porque es muy justo y conveniente premiar con especialidad y distinción a los que se dedican a los descubrimientos de nuevos minerales, y venas metálicas que en ellos se crían, a proporción del mérito, importancia y utilidad del tal descubrimiento, ordeno y mando que los Descubridores de uno ó muchos cerros minerales absolutamente nuevos en que no haya ninguna mina ni carta abierta, puedan adquirir en la veta principal.51 51 Reales Ordenanzas de Minería de la Nueva España, Madrid, España, 1783. 195 LA REFORMA Y EL PORFIRIATO rrú a Resumiendo el contenido de las ordenanzas que rigieron hasta 1884, se dice que consistió en la explotación que brindaba el Estado en virtud de una concesión precaria que llevaba el nombre de propiedad y que estaba sujeta a dos condiciones que eran la de mantener siempre en pie los trabajos de explotación, y la de pagar a título de regalía una parte alícuota de los productos obtenidos al Estado. Durante la coyuntura porfirista la minería adquirió un nuevo auge. México se convertiría en el productor mundial más importante de plata. La intervención de las compañías extranjeras no se hizo esperar y con la nueva legislación de 1884 la dictadura centralizó el manejo de la política minera para enajenar a transnacionales diversos fundos mineros. Sorprendentemente se puede considerar que la legislación minera virreinal fue más avanzada que la del porfiriato, al haber empeñado la soberanía y supremacía nacional a los fines de los monopolios extranjeros. Po 4. Algunos aspectos de la legislación de aguas Pr ue ba fin al Las aguas al igual que las tierras y las minas, fueron virtualmente entregadas a las grandes trasnacionales. La legislación hidráulica de la dictadura federalizó el régimen de aguas con el objeto de contar con plenos poderes para concesionar el preciado líquido. Anteriormente el régimen legal de las aguas concernía al derecho privado y de los particulares, pasando a erigirse como derecho público controlado por la dictadura. Fue a partir de 1888 que se atribuyeron concesiones a empresas que se comprometían a efectuar la irrigación de diversos latifundios. En el caso de zonas ribereñas las sociedades podían proceder por propia iniciativa expropiando a los “nativos” convergentes a los ríos. Ya que la ley extendió sus efectos a los territorios atravesados por los cauces de agua, era suficiente con que a una persona o monopolio se le otorgara una concesión para controlar vastísimas zonas en todo el país. La arbitrariedad de las transnacionales llegó a tal grado que se les impidió a los lugareños que habitaban por los cauces de ríos, no sólo que no regaran sus predios, sino a utilizar el agua para usos domésticos, fenómeno que derivó en diversas luchas. 5. Las luchas agrarias anunciadoras de la Revolución mexicana Con Porfirio Díaz, el campo mexicano vivió una de las etapas más profundas del movimiento agrarista. La agitación campesina se incrementó debido al impulso que le dieron las corrientes socialistas; Francisco Zalacosta (discípulo de Plotino Rhodakanaty) fomentó la movilización 196 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO Pr ue ba fin al Po rrú a indígena. Este dirigente agitó y organizó a los jornaleros de la Hacienda de San Javier del Estado de Hidalgo, declarando como consigna política, que la tierra pertenecía a la mayoría. Después de tomada la hacienda, la prensa calificaba el acto como “el inicio de la revolución comunera”. Dentro de la misma corriente se encontró el dirigente agrarista Alberto Santa Fé, que jugó un papel relevante al seno de las luchas agrarias, logrando emancipar a los indígenas nahuas de Puebla y del Estado de México; la dictadura acusó a Santa Fé de propiciar “asonadas comunistas”. Tanto Zalacosta como Santa Fé supieron comprender el problema social de los indígenas, difundiendo su lucha a través del órgano de información de su organización, conocido como “La Revolución Social”. El día 4 de noviembre de 1878 el periódico “La Revolución Social” informaba: que en algunos estados (México, Michoacán) se estaba gestando la insurrección indígena, a partir de la toma de tierras; en el número diecisiete, del citado periódico se mencionaba lo siguiente: “La Revolución Social informa que en el estado de Michoacán los pueblos se están poniendo de acuerdo para sacudir el yugo de los hacendados”.52 Año de suma importancia para el movimiento campesino e indígena lo fue 1879, ya que la experiencia de la última década y la introducción de ideólogos socialistas y posteriormente anarquistas, derivó que el movimiento se planteara de manera sostenida, lo que le dio un carácter más homogéneo. En enero se reunieron los representantes del poblado de Barranca, en Guanajuato, en este lugar los dirigentes anarquistas emitieron su manifiesto conocido como “Plan de los Pueblos Unidos”. En el documento se invitaba a todos los campesinos e indígenas de la República a derrocar al gobierno de Díaz, por sus ligas con los hacendados y el desconocimiento de los derechos del pueblo. El manifiesto aparece a nombre de los Pueblos Unidos de la Confederación Mexicana y en él se hace un análisis de la esclavitud indígena, se habla de los despojos agrarios, de los misérrimos salarios que se pagaban en las haciendas a los peones agrícolas, la leva y sus consecuencias. La parte resolutiva del documento considera que, al ser ocupadas las poblaciones, se procedería a la elección de un congreso agrario; la finalidad del congreso sería representar a las comunidades; este documento fue firmado por los siguientes pueblos: San Bartolomé, San Miguel, Santa Catarina, Real de la Luz, San Luis Jolotepec, Nativitas, San Roque, Valtierras, Santa Cruz y Santiago del Valle. Como se observa, en este documento 52 García Cantú, op. cit., p. 46. 197 LA REFORMA Y EL PORFIRIATO a las posiciones de los anarquistas rebasaron, en mucho, las alternativas, que luchas anteriores habían delineado. Los anarquistas53 consideraban que el problema de la tenencia de la tierra estaba íntimamente vinculado al problema del Estado y por ello llamaban al campesinado a derrotar a la dictadura. Posteriormente los pueblos unidos llegaron a aglutinar a cerca de ochocientas comunidades, las cuales, a finales de 1879, acudieron al Congreso Obrero, publicando un manifiesto que resumía las demandas de los campesinos. La tradición de lucha que años atrás había fecundado en Sierra Gorda, San Luis Potosí, propiciaron las bases para el surgimiento del llamado “Plan Socialista” en el que Diego Hernández y Luis Luna plasmaron las inquietudes del campesinado. Los aspectos más importantes de este plan eran: Po rrú Artículo 2.—Que los conquistadores españoles no tuvieron derecho alguno para apropiarse, por la violencia, del territorio de la Nación que ya encontró poblado, repartido y por lo mismo, toda propiedad que proviene de la conquista es una usurpación. fin al Artículo 3.—Que tampoco tuvieron derecho alguno para reducir a la Nación a la esclavitud y a la servidumbre, por lo mismo, el servilismo es un atentado contra la libertad humana. ue ba Artículo 4.—Que la usurpación de la conquista, la Ley de desamortización, la Ley de repartimiento de terrenos comunes, han convertido a la Nación en una masa de proletarios, que están gimiendo bajo la opresión tiránica de las haciendas. Pr Artículo 8.—Que han pasado ya todas las revoluciones, todos los sistemas políticos, y en vez de la libertad y el progreso que prometían a la Nación han sancionado a la conquista llevando al monopolismo del suelo al último extremo, hundiendo a los pueblos en la más desesperante miseria. 53 El anarquismo mexicano se encontró muy influenciado por el pensamiento de Pierre Joseph Proudhon, quien provenía de la agricultura campesina de un pequeño pueblo del sur de Francia. Proudhon aplicó los principios igualitarios que fundamentaran Jean Jacques Rousseau, Max Stirner y William Godwin. Para los anarquistas la propiedad privada debería ser considerada como un robo de las clases explotadoras; Proponían la creación de sociedades agrícolas y rurales basadas en comunas voluntarias y cooperativas federadas de trabajadores para proporcionar coordinación económica y política. Se oponían a la propiedad privada, tal vez porque era el fundamento del capitalismo, ubicando a la nueva organización capitalista como una creciente reglamentación e intervención en las vidas privadas. El individuo era el componente básico de la sociedad y el control político y social pertenecería a la comunidad o a la unidad societaria. La base del bienestar social era el comunismo, que defendía la santidad de la comunidad contra los abusos del capitalismo. Cf. Hart M., John, Los anarquistas mexicanos, op. cit. 198 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO Artículo 9.—Que la Nación no puede quedar definitivamente despojada de su suelo, que le fue usurpado por una conquista bárbara y feroz, puesto que hace medio siglo que está derramando a torrentes la sangre de sus hijos, por recobrar su libertad y su suelo. Por lo tanto (continúa el documento), para destruir la conquista y restablecer la Patria, la Nación proclama y plantea la siguiente “Ley Agraria” (fragmento): Proyecto de Ley Agraria Artículo 1.—La Nación declara ser suyo el territorio que habita Artículo 2.—Todo hijo de la Nación tiene derecho a poseer y recibir en propiedad particular, el terreno que puede o quiere cultivar rrú a Artículo 3.—Son hijos de la Nación los nacidos en ella y los extranjeros nacionalizados Po Artículo 4.—Son abolidos todos los impuestos de las haciendas, como asientos de casa, rentas, medias y licencias, etcétera fin al Artículo 6.—Son públicas y propiedades de los pueblos las obras que pertenecieron a las haciendas y resultan de utilidad común, como las presas, las tomas de agua, los grandes cercados, las casas que no tienen ya objeto, los templos con todos sus paramentos ue ba Artículo 7.—Los jornaleros y sirvientes que han ganado los injustos y viles jornales, acostumbrados hasta hoy, quedan dispensados de todas sus deudas para con las haciendas Pr Artículo 8.—Cada habitante de hacienda recibe en propiedad particular el solar que habita y el terreno que cultiva Artículo 16.—Los terrenos incultos y comunes son administrados por los consejos de los pueblos Artículo 23.—La Nación declara ante la faz del mundo que por esta ley se restablece la Patria.54 En el mes de febrero se sublevaron los pueblos de Jomulco, Amatlán de Cañas, Aguacatlán, en el Estado de Nayarit recuperando los principios en que se basaba la “Ley del Pueblo”. El 26 de julio se insurreccionaron los indígenas huastecos tomando el poblado de Tamazunchale, su dirigente, Juan Santiago, fue victimado por las fuerzas porfiristas. 54 García Cantú, op. cit., pp. 67-69. 199 LA REFORMA Y EL PORFIRIATO ba fin al Po rrú a Ante el ascenso del movimiento indígena, la dictadura efectuó una serie de actos represivos, entre los que sobresale la aprehensión del dirigente Alberto Santa Fé, de igual forma, Díaz instituyó una estructura policiaco-militar a través de los “guardias rurales” que no eran más que el ejército mercenario que protegía a la burguesía agraria y terrateniente y cuyo origen provenía del lumpen de aquel periodo (asaltantes, bandoleros, etcétera). Para el año de 1883 los intereses hegemónicos determinaron que el gobierno diera continuidad a la ya abrogada “Ley Lerdo”, además de ser promulgada la “Ley de Colonización”, con ello, el despojo agrario quedaba “legalizado”. A partir de estas argucias “legales” se introdujeron a nuestro país las llamadas compañías deslindadoras, teniendo un poder absoluto para deslindar y apropiarse de los terrenos de las comunidades; éstas podían incluso exigir a los comuneros los títulos que acreditaran la propiedad y posesión de sus tierras, evidentemente que la mayoría de las comunidades no tenía más título que el de haber vivido desde tiempos inmemoriales en ellas. Las compañías deslindadoras, contribuyeron a la decadencia de las comunidades indígenas, debido a que su finalidad fue la de introducir las tierras al mercado capitalista, como zona de influencia burguesa e imperialista. Porfirio Díaz dio facilidades a los intervencionistas extranjeros, para que crearan las obras de infraestructura que les permitieran circular la producción de las materias primas, es por esto que los caminos, puertos, vías férreas, etcétera, tuvieron un importante crecimiento. Pr ue Las operaciones de las compañías deslindadoras, condujeron a que se amortizaran 32 millones 400 mil hectáreas, que quedaron en manos de 29 propietarios y compañías particulares; la Sonora Land Catte Co., poseía 400 mil acres; la Sonora & Sinaloa Co., explotaba en el estado de Chihuahua el latifundio Palomas and Kept, disponía de 2 millones acres; en Coahuila, el latifundista Nelson tenía una superficie de 1 millón 605 mil acres, etcétera.55 Muchas otras movilizaciones indígenas sucedieron en el periodo que va de 1880 a 1910, producto de la agresión a que estuvieron sometidas las poblaciones, entre ellas sobresale la del dirigente campesino Patricio Rueda que en 1881 se movilizó con cerca de 700 indígenas en el estado de San Luis Potosí. En este mismo año se sublevaron los campesinos de Acayucan, Veracruz los que fueron violentamente reprimidos. Hacia 1905 se generó la movilización Apache, Tarahumara y Guarojío en el norte del país. Al respecto el Diario Oficial de la entidad 55 Gilly, op. cit., p. 36. 200 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO Pr ue ba fin al Po rrú a señalaba: “No creemos que el gobierno federal haya logrado detener las incursiones de los bárbaros, que por tanto tiempo han aquejado los campos de nuestro Estado… Nosotros queremos proponer que sean exterminados, ya que no son más que bestias salvajes”.56 Esta lucha fue dirigida por los indios Ju y Jerónimo. Muchos de los detenidos fueron enviados a las cárceles de la ciudad de México. El caso del apache Jerónimo es trascendente ya que fue una lucha contra todo y contra todos, combatió a los ejércitos norteamericanos así como a las huestes del dictador Díaz. Las circunstancias descritas motivaron que los intelectuales de la época comenzaran a desarrollar la lucha política contra la dictadura. Dentro de éstos sobresalen aquellos que se organizaron en torno a la Junta Organizadora del Partido Liberal Mexicano, que siendo dirigida por los hermanos Flores Magón, Librado Rivera y Juan Sarabia (entre otros), convocó en el año de 1905 a la lucha revolucionaria, con la que las poblaciones indígenas alcanzarían su plena libertad y reivindicaciones; como producto de la lucha magonista, se gestaron en diversas regiones del país levantamientos armados de campesinos y huelgas obreras, como las acontecidas en Río Blanco, Veracruz y Cananea en el Estado de Sonora; la prensa oficial señalaba a los magonistas como “filibusteros” y “anarquistas”.57 En el contexto del derecho agrario mexicano, el ideario político magonista es de suma importancia por ser reivindicador de los trabajadores del campo. Valiéndose de la prensa revolucionaria y bajo la consigna de “tierra y libertad”58 convocaron al pueblo a luchar por la transformación de México. 56 Cf., González Navarro, Moisés, La Confederación Nacional Campesina, UNAM, México, 1977, p. 17. 57 En estudios que desarrolló la Academia de Ciencias de la ex Unión Soviética, en materia de Historia de México, se explica que el adjetivo “anarquista”, con el cual fue calificada la corriente magonista, fue producto del desvirtuamiento que hizo el bloque hegemónico, con el objeto de desacreditar los auténticos fines sociales y reivindicativos del magonismo. Cf., Alperovich, Rudenko, Cuatro estudios de la Revolución Mexicana, Cultura Popular, México, 1973. “Ricardo Flores Magón y Emiliano Zapata, heraldos de la Revolución Mexicana” en Revista Oposición, órgano informativo del PCM, México, 1976. Tarea del intelectual será desentrañar las concepciones del magonismo (1899-1922) en el marco del pensamiento anarquista mexicano y socialista. De ahí que no sea gratuito que los EUA se preocuparon por contener fundamentalmente en la revolución mexicana a dos fuerzas: al zapatismo y al magonismo. 58 “Tierra y Libertad” fue la consigna utilizada por el populismo ruso que luchó contra el zarismo y cuya última vertiente fue la que desarrolló el hermano de Vladimir Ilich Lenin, quien atentó contra el Zar Nicolás II. En México, la bandera de “Tierra y Libertad” fue originalmente utilizada por los revolucionarios magonistas y finalmente fue retomada por el zapatismo. 201 LA REFORMA Y EL PORFIRIATO Pr ue ba fin al Po rrú a El siglo XX, particularmente en su última etapa, constituye un periodo de aglutinamiento de las concepciones sociales del derecho agrario moderno de México. Las contribuciones del anarquismo, el socialismo utópico y científico, así como la concepción pragmática del comunalismo agrario desarrollado por los pueblos indios, advierten una concepción distinta a la del Estado decimonónico. Es de hacer notar que este cúmulo de aportaciones sentarían las bases ideológicas del futuro derecho social agrario. ba ue Pr al fin rrú Po a VI. EL AGRARISMO COMO RUPTURA REVOLUCIONARIA (1899-1922)1 A. INTRODUCCIÓN Pr ue ba fin al Po rrú a México vivió una de las conmociones más grandes de su historia a partir del año de 1899. La expresión de la lucha social de este periodo tiene diversas vertientes; en su forma más trascendente encuentra su significado en el conjunto de reivindicaciones que pretenden las masas, tanto campesinas como obreras. El movimiento campesino-indígena no encontró más alternativa que la lucha revolucionaria; en este contexto sobresalen las vanguardias que se encuentran dirigidas por Emiliano Zapata, Francisco Villa y Ricardo Flores Magón, corrientes que buscaron restituir a los pueblos sus tierras, desarrollar dotaciones agrarias y establecer un nuevo modelo de crecimiento agrario en el país. En otras palabras, se buscaba consolidar una reforma agraria integral que afectara de raíz a la gran propiedad, transformando la estructura agraria de México. Uno de los efectos de la revolución fue el surgimiento de una nueva normatividad rural. La legislación agraria posterior al zapatismo no fue una concesión del bloque hegemónico. Factor importante en el advenimiento del nuevo derecho rural de México lo representó la correlación de fuerzas en que llegó a ubicarse el ejército libertador del sur y sus aliados, frente a sus enemigos. Es así como realmente se comprende la expedición del artículo 27 de la Constitución General de la República. 1 En relación con la historiografía oficial el lapso en que se edificó la denominada revolución mexicana se ubica en el marco del Estado institucional (PNR, PRM, PRI) tanto en sus orígenes, (Maderismo), como en un resultado, en donde el carrancismo, como ex­presión burguesa del movimiento asumió el poder. Sin embargo, este momento de la histo­ria nacional por sus orígenes y el espíritu que le conformó debe de ser comprendido como un movimiento social, iniciado por el liberalismo mexicano y continuado por el movimien­to de masas Zapatista, Villista y Magonista. Bajo esta concepción la revolución mexicana es un movimiento popular iniciado en 1899 con los círculos liberales que a la postre dieron origen a la conformación de la junta organizadora del Partido Liberal Mexicano (PLM) proceso que concluyó en 1922 en que fue victimado Ricardo Flores Magón en los EUA. 203 204 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO El zapatismo tuvo como eje de su lucha al agrarismo revolucionario que buscó terminar con la influencia de los grandes monopolios y de la hacienda porfirista; el problema del Estado, es decir, el cambio global de la sociedad no constituyó el elemento singular de sus movilizaciones, lo que en buena parte explica la derrota campesina, aunque sin lugar a dudas este abatimiento también derivó del apoyo militar que los Estados Unidos brindaron al carrancismo. B. EL AGRARISMO ZAPATISTA (EL TRÁNSITO ENTRE LO CLASISTA Y LO ÉTNICO) 1. Marco referencial Pr ue ba fin al Po rrú a Contraria a la historiografía oficial —que construye la explicación del zapatismo en relación al “líder”, en este apartado se busca reconocer el significado que guardó la participación en el proceso de lucha de pueblos y comunidades con características culturales propias, asentando la hipótesis de que la resistencia tenaz del zapatismo fue factible, en correspondencia a la presencia de sujetos sociales —los indios— que trasladaron sus costumbres (lealtades, principios, etcétera) y culturas a la organización de un ejército y gobierno propios. Así, habrá que revalorar las relaciones de parentesco, religión (el compadrazgo), los consejos de Ancianos, los tata mandones, los sistemas de cargos y otros rasgos singulares de la cultura india, como elementos que explican al agrarismo zapatista, en el contexto de la Revolución Mexicana. Otro de los aspectos que se pretende ubicar, es el de la relativa presencia en los estudios históricos, de la etnología, en la interpretación de las reivindicaciones sociales y agrarias del zapatismo, en las que si bien los principales actores de la lucha son los pueblos indios, no han existido estudios que establezcan su perfil étnico2 que advirtiera el reconocimiento de una sociedad multicultural. En el mejor de los casos, se mantuvo la tradición “comunalista” que permeó a las rebeliones indígenas durante el siglo XIX, con la exclusiva diferencia de haberse agrupado en torno a un centro de poder propio. De esta forma, el estudio del problema agrario en México, podría tener una nueva categorización a la que inicialmente denominaremos “etnológica” por cuanto implica reconocer a diversos sujetos agrarios que se han visto involucrados 2 Sin embargo, habría que acotar los estudios de Miguel León Portilla acerca de la existencia de documentos en náhuatl y mixteco relativos a la lucha zapatista, en los que sobresalen, por ejemplo, la memoria náhuatl de Milpa Alta y el decreto en náhuatl de Emi­liano Zapata a las comunidades del norte de Tlaxcala. 205 EL AGRARISMO COMO RUPTURA REVOLUCIONARIA (1899-1922) Pr ue ba fin al Po rrú a en la historia del país, como lo son los pueblos indios, dicho en su gentilicio, ópatas, mayas, zoques, náhuatls, triquis, mixtecos, etcétera, y con quienes la nación mexicana tiene una gran deuda no solamente reconociéndolos auténticamente como sujetos agrarios, sino como sujetos políticos que cuentan con su propia cultura, historia y modelo de desarrollo. A diferencia de otros procesos históricos, la Revolución no puede explicarse sino en relación al problema agrario y con la reivindicación social que promovieron los ejércitos campesinos y sus vanguardias, es decir, el agrarismo revolucionario. Mientras que en el pasado la lucha por la tierra y sus definiciones jurídico políticas fueron tarea de criollos3 o de núcleos distintos al campesinado, como aconteció con Hidalgo, Allende, Aldama, Abad y Queipo, Isidro Olvera, Julio Chávez López, Ponciano Arriaga, Plotino Rhodakanaty, Alberto Santa Fé, entre otros, y cuyas formulaciones, por lo general, fueron más bien eurocéntricas4 y que se caracterizaron en ocasiones por su oportunismo “utilizando al indígena” y al campesino para satisfacer intereses contrarios a su identidad cultural. Así, la reivindicación agraria que antecedió al estallamiento de la Revolución, obedeció a los intereses de clase o del grupo de quien movilizó o “utilizó” a dichos núcleos. Con la Revolución Mexicana el problema agrario adquirió un carácter distinto. El agrarismo de los pueblos que hasta finales del siglo XIX había guardado un significado pragmático, espontáneo y disperso, y que tuvo quizás sus expresiones más importantes en las movilizaciones que dirigiera Julio Chávez López en Chalco, Amecameca y en la Guerra del Yaqui, que fuera presidida por Tetabiate y José María Leyva Cajeme. Con la ruptura revolucionaria de 1899-1922, el sujeto social indígenacampesino comenzó a “construirse a sí mismo”. Esta “reconstrucción del sujeto social indígena” tiene como base la identidad cosmogónica del indio con la tierra. Y en cuyo ideario se concibe que la viabilidad de pervivencia de los pueblos indios, sería factible solamente a partir de la reivindicación agraria. Las comunidades culturalmente no observan tan sólo la condición utilitaria de la tierra, sino el espacio físico de reproducción de sus culturas, consecuentemente la revolución zapatista es una lucha anticapitalista, pero también de contenido étnico. Así, el agrarismo zapatista puede ser comprendido de dos maneras: una que se expresa en relación 3 Quizás habría que distinguir, en el marco de la lucha de Independencia, el ideario político de Morelos, particularmente en el documento de Confiscación de Bienes de los Europeos. 4 Si bien el discurso ideológico, prevaleciente en las rebeliones indígenas y campesinas de todo el siglo XIX, de manera general, critica las condiciones de miseria y despojo de los pueblos indios, éste no deja de ubicarse en los márgenes de la ideología, política y filosofía occidental, trátese fundamentalmente de las concepciones liberales positivistas anarquistas y socialistas utópicas. 206 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO ba fin al Po rrú a con sus ideólogos, y aquella que es pragmática y surge directamente de la cultura regional —de influencia indígena—, que sin imponerse a la primera, procura ser incluyente y propositiva, trátese, entre otros del papel que desarrolla, por ejemplo, el general Genovevo de la O, en el oriente de Morelos. Las bases de reconstrucción de lo étnico se expresan —entre otros— en los siguientes aspectos: a) La reivindicación agraria no fue planteada fundamentalmente por la vía ejidal,5 sino por la restitución comunal, con sus concomitantes reconocimientos políticos, relativos a su autonomía, autogobierno y consecuentemente a su posible cristalización cultural. Al respecto, recordemos el papel desarrollado por las célebres comisiones agrarias; Gildardo Magaña señalaba: “Cuando se fijaban finalmente los límites de un pueblo y recibía éste la parte que le correspondía de una hacienda vecina, la Comisión de distrito daba la autonomía”. b) La fuente fundamental —dijéramos “jurídica”— de identificación de lo agrario atiende al origen y cultura de las etnias, siendo los códices (amoxtli-amatl), los documentos ideográfico-codificadores que prueban el derecho que asiste a las etnias a sus propiedades agrarias. Recordemos a Felipe Carrillo Puerto y a don Marte R. Gómez, expresar la manera en que los pueblos demostraban su propiedad con “La Mapa”, (códice) documento que incluso permitía debatir con otros pueblos los derechos de propiedad.6 Pr ue 5 5 El origen del ejido se remonta al derecho romano y a la influencia del Imperio en la península ibérica. En Roma el ejido fue un área territorial de uso comunitario y su fin era el descanso. En España una disposición secular del año 1367 estipuló que el destino del ejido era inalienable, imprescriptible y de destino inalterable. En la Nueva España el advenimiento del ejido tuvo que ver con la expansión territorial de los conquistadores. En el año de 1523 Felipe II ordenaba: “Los ejidos sean en tan compe­tente distancia, que si creciere la población, siempre quede bastante espacio, para que la gente se pueda recrear, y salir los ganados sin hacer daño”. Uno de los grandes mitos atribuidos al zapatismo se explica en la supuesta orientación —vía ejidal— de la reforma agraria mexicana, sin embargo, si bien el ejido constituyó una de las diversas estructuras jurídicas reivindicada por la revolución sureña, no representa la base principal de su lucha, siendo más bien el Calpulli, la raíz y razón de su lucha. Cf. Durand Alcántara, Carlos. Derechos Indios en México… Derechos Pendientes, UACH, Méxi­co, 1992. 6 Este sentido etnográfico y agrario puede ser ubicado en los siguientes documentos: Cf. Hass, John. A Census of Native Middle American Pictorical Manuscripts, Hand-Book of Middle American Indians, Austin, Texas Press, 1975. Respecto de los códices tanto prehispánicos como “coloniales” también se pueden consultar: Aguilera, Carmen. Códices del México, México, SEP-INAH, 1979; Krickeberg, Walter. Las Antiguas Culturas Mexicanas, Mé­xico, 1977; Lee, Thomas. Los Códices Mayas, UACH, México, 1985, Archivo General de la Nación, Códices Indígenas, México, INAH, Los Códices de México, México, 1979; Lafaye, Jacques. Manuscripts Tovar, Austria, 1972; Lafaye, Jacques. Historia de los Mexicanos por sus Pinturas, México, Ed. Chávez; y sin lugar a dudas la importante obra del Dr. Joaquín Galarza quien cuenta con la edición (México-Francia), de alrededor de 7 volúmenes y tra­bajos. 207 EL AGRARISMO COMO RUPTURA REVOLUCIONARIA (1899-1922) al Po rrú a c) La supervivencia social que otrora habían conservado diversos segmentos poblacionales indios, en su condición dispersa de despojados y marginales —jornaleros— y aparceros, coadyuvó con el mantenimiento de sus costumbres y en buena medida de sus idiomas, proyectándose en el agrarismo zapatista, en tal sentido es significativa la pervivencia del derecho consuetudinario indio como elemento de organización y regulación de cada comunidad. Valga señalar lo asentado en la Ley Agraria de Manuel Palafox, la que a la letra señalaba… “Se llevará a cabo esa repartición de tierras de conformidad con la costumbre y usos de cada pueblo”. d) De singular importancia resulta la oposición relativa de diversos pueblos y comunidades al Cuartel General Zapatista respecto a la producción en los ingenios capturados en Temixco, “el Hospital”, Altihuayan y Zacatepec y de cuyos fondos el zapatismo procuraba financiar el proceso revolucionario. Las comunidades se negaron a producir caña, lo que en el fondo denota el otro sentido cultural, el de las etnias, que se crean y auto recrean en torno a una producción milenaria, como el maíz, la calabaza, el chile —entre otros— y bajo una organización comunal y fundamentalmente de autoconsumo, la determinación campesina fue continuar produciendo maíz y otros satisfactores culturalmente fundamentales. Pr ue ba fin La ideología del agrarismo zapatista no es unilineal y estática, sino denota un orden progresivo; de un origen liberal pequeño burgués, el zapatismo transitó hacia el positivismo y el liberalismo hasta ubicarse en los márgenes del socialismo y el anarquismo. En el fondo, el agrarismo pragmático zapatista, sus políticas, sus formas de organización y proyecciones, evidencian la presencia del elemento cultural étnico. El estudio del perfil indio —multicultural—, del zapatismo, consideramos que se inició con la obra de Jesús Sotelo Inclán (Raíz y Razón de Zapata, 1943), que toma como base de la lucha zapatista a la comunidad indígena de Anenecuilco, más recientemente el trabajo de campo de Warman (Y venimos a contradecir, 1972) en el que el autor identifica las relaciones de parentesco y de compadrazgo en la organización del Ejército Libertador del Sur (la guerrilla), así como el vínculo tan significativo que jugó la sociedad civil en la reproducción de la lucha sureña. Por su parte, los trabajos de John Womack (Zapata y la Revolución Mexicana) y Adolfo Gilly (La Revolución Interrumpida) apuntan el significado étnico de las comunidades como coadyuvantes fundamentales del ejército libertador del sur y de sus propias formas de reproducción social. En la actualidad son trascendentes los trabajos de la maestra Laura Espejel, quien entre sus propuestas, ha considerado como tema de investigación la perspectiva étnica de la lucha zapatista. 208 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO ue ba fin al Po rrú a Sin embargo, es desde la Antropología y en particular de la Etnología, que es factible comprender el significado multicultural del movimiento zapatista. La adecuación geográfica de esta lucha corresponde a Mesoamérica, teniendo como base de expresión y organización al Calpulli, por cuanto unidades de producción familiar y bajo formas de organización solidaria (mano de vuelta, tequitl-tequio, faena, trabajo colectivo, guelaguetza, fajina, etcétera) que trascienden desde luego en la conformación de la Junta Revolucionaria del Sur y Centro de la República del Ejército Zapatista, organización política que contrario sensu a la cultura occidental, el poder dimana en forma horizontal, además de descentralizarse en diversas regiones en que operó, circunstancia que advierte la autonomía relativa de los pueblos y comunidades. En particular, en la aplicación de la reforma agraria zapatista se observa esta autonomía, al asumirse definiciones que corresponden al derecho consuetudinario de cada pueblo, el que con todas sus complejidades coadyuva con los documentos, decretos y leyes emitidos por el Cuartel General Zapatista, instancia que representa el resurgimiento del factor político entre los pueblos indios que otrora había sido cercenado y que adquiere vigencia en la correlación de diversas comunidades y la Junta Revolucionaria del Sur y Centro de la República,7 así diversos grupos étnicos de Morelos, Oaxaca, Hidalgo, Querétaro, Tlaxcala, Estado de México, Guerrero, Veracruz, Puebla, Chiapas y el actual Distrito Federal, se organizan en torno a la vanguardia que les identifica y proyecta sus demandas históricas y sociales. Pr C. LOS FUNDAMENTOS POSITIVISTAS EN LA CONSTRUCCIÓN DEL AGRARISMO ZAPATISTA Hacia enero de 1909, durante la coyuntura electoral en el estado de Morelos, en la cual Porfirio Díaz impuso como candidato a gobernador a Pablo Escandón, fueron sustentadas las primeras definiciones 7 Conforme a los estudios realizados por Laura Espejel López en el Archivo General de la Nación, encontramos que la organización política del zapatismo se integró de forma jerarquizada —quizás siguiendo la estructura de los antiguos Altepetl’s—, así encontramos, la siguiente estructura: en la cúspide se ubica Emiliano Zapata como jefe nato de la Revolu­ción, de él depende toda la organización— después en el nivel intermedio se localiza el Ejército Libertador del Sur y la Junta Revolucionaria del Sur y Centro de la República (que es la sede donde reside el cuartel general y que se podría encontrar en cualquier sitio del país); por debajo de éstos se ubica la masa de insurgentes (generales) y los secretarios de la Junta Revolucionaria y al final del organigrama se sitúa la Junta General y la Junta Intelec­tual. Cf de la autora El Cuartel General Zapatista 1914-1915, Documentos del Fondo Emilia­no Zapata del Archivo General de la Nación, vol. 1, ENAH, México, 1995, p. 22. 209 EL AGRARISMO COMO RUPTURA REVOLUCIONARIA (1899-1922) ba fin al Po rrú a político-ideológicas de lo que a la posteridad se transformaría en el movimiento revolucionario del sur. Emiliano Zapata, Pablo Torres Burgos y Francisco Franco entre otros, integran el Club Liberal “Melchor Ocampo” en Anenecuilco, el cual se plantea la lucha contra la imposición porfirista, además de proponer a su candidato, Patricio Leyva, hijo del general Francisco Leyva quien en la entidad se había distinguido en el periodo de la Intervención francesa. A finales de enero de 1909, los leyvinistas distribuyen manifiestos en los que aparecía la consigna de “Tierras y Aguas”, además señalaba que Patricio Leyva —una vez que tomara el poder— distribuiría la tierra, incluso la privada. Dentro de los ideólogos del agrarismo zapatista sobresalen Otilio Montaño, Antonio Díaz Soto y Gama, Manuel Palafox y el propio Emiliano Zapata, el significado de esta concepción agraria se expresa en diversos documentos, algunos de los cuales constituyeron, leyes propiamente dichas. Al respecto, valga mencionar que la tradición jurídica impuesta por los españoles de comprobar la propiedad agraria a través de documentos,8 aspecto evidentemente contrario a la tradición oral de la costumbre jurídica india de reconocimiento de la propiedad agraria, explica en buena medida que el cuartel general zapatista instrumentara una auténtica codificación de disposiciones legales que dan cuenta de la propiedad agraria, es decir, del pensamiento agrarista del Ejército Libertador del Sur. ue D. LA ORGANIZACIÓN POLÍTICA ZAPATISTA Y SU EXPRESIÓN JURÍDICA Pr Mientras que el agrarismo decimonónico fue encabezado por vanguardias exógenas al movimiento indio, en el contexto de la rebelión zapatista su organización política fluye desde el epicentro de los pueblos indios, el significado que podría atribuirse a dicha organización política se proyecta retrospectivamente al momento de la Conquista, en el que los núcleos étnicos fueron desprovistos de sus dirigencias. Como se sabe, el conquistador primigeniamente destruyó los centros de poder y a sus grupos hegemónicos, permitiendo únicamente la subsistencia de aquellas comunidades que serían útiles a la reproducción del nuevo sistema, así hubo que “recluir” y congregar a diversos grupos étnicos en las márgenes de Capitulaciones, haciendas, peonías, etcétera, fue así como a la postre surgirían los ejidos y bienes de comunidad. 8 Valga recordar las precisiones hechas por don Jesús Sotelo Inclán, Marte R. Gómez y John Womack, acerca del significado que guardaban para los pueblos indios los antiguos amatl’s que a manera de plano definían su propiedad agraria. 210 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO Pr ue ba fin al Po rrú a De esta manera las comunidades —con excepción de los tlaxcaltecas y algunos núcleos chichimecas— quedaron acéfalos, sin posibilidad de constituir en lo inmediato una fuerza político-militar significativa. Una vez impuesto Pablo Escandón, quien gozaba de un amplio consenso entre los hacendados de Morelos, les devuelve los “favores” logrados con la obtención de la gubernatura, al promulgar la Ley de Revaluación General de Bienes Raíces del 21 de junio de 1909, ordenamiento que incrementaba la fiscalización a los pueblos y ciudadanos y la disminuía a las haciendas. El agrarismo pragmático que se da con el accionar de los pueblos y que se explica como un derecho originario a la tierra se inicia en Anenecuilco, cuando Emiliano Zapata interviene con gente armada, en julio de 1910, tierras de Villa de Ayala. Sin existir una acción concertada en algunas otras latitudes, los pueblos desarrollaron movimientos de reivindicación agraria, en los que aún no existe una definición programática, como así aconteció con las movilizaciones de Genovevo de la O, que con una sola arma y 25 hombres inició la aplicación del agrarismo zapatista al norte de Cuernavaca.9 La ideología liberal-positivista del zapatismo se puede ubicar hacia septiembre de 1911, cuando fue elaborado un memorial, el cual contiene lo que Emiliano Zapata denominó “Las peticiones de los contrarrevolucionarios a Francisco León de la Barra”, presidente provisional, al respecto su numeral V señalaba: “Que se dé a los pueblos lo que en su justicia merecen en cuanto a tierras, montes y aguas que ha sido el origen de la presente contrarrevolución…” En noviembre de 1911 Zapata, con ayuda de Gabriel Robles Domínguez (quien posteriormente fuera asesor de Madero), suprimió el concepto “justicia agraria” e incluyó: Punto 4. “Se dará una ley agraria procurando mejorar la condición del trabajador”. Posteriormente la Nación conocería el documento que por antonomasia ha sido considerado como la “bandera del agrarismo mexicano”, el Plan de Ayala, que con sus respectivas mediaciones comunalistas, no deja de ser un programa que se fincó en el positivismo reinante. Atribuido al maestro Otilio Montaño, el documento manifiesta sus principales contenidos agrarios en los artículos 6, 7, 8 y 9 los que a la letra señalan: Artículo 6.—Como parte adicional del plan que invocamos hacemos constar: que los terrenos, montes y aguas que hayan usurpado los hacendados, científicos o caciques a la sombra de la tiranía y justicia venal, entrarán en posesión de estos bienes inmuebles desde luego, los pueblos o ciudadanos 9 De la O, en Impacto, México, D.F. 31 de diciembre de 1949. 211 EL AGRARISMO COMO RUPTURA REVOLUCIONARIA (1899-1922) que tengan sus títulos correspondientes a esas propiedades de las cuales han sido despojados, por la mala fe de nuestros opresores, manteniendo a todo trance con las armas en la mano, la mencionada posesión y los usurpadores que se consideren con derecho a ello, lo deducirán ante tribunales especiales que se establezcan al triunfo de la Revolución. a Artículo 7.—En virtud de que la inmensa mayoría de los pueblos y ciudadanos mexicanos no son más dueños que del terreno que pisan, sufriendo los horrores de la miseria sin poder mejorar en nada su condición social, no poder dedicarse a la agricultura o a la industria por estar monopolizadas en unas cuantas manos las tierras, montes y aguas, por esta causa se expropiarán previa indemnización de la tercera parte de esos monopolios, a los poderosos propietarios de ella, a fin de que los pueblos y ciudadanos de México obtengan ejidos, colonias, fundos legales para pueblos o campos de sembradura o de labor y se mejore en todo y para todos la falta de prosperidad y bienestar de los mexicanos. al Po rrú Artículo 8.—Los hacendados, científicos o caciques que se opongan directamente o indirectamente al presente plan se nacionalizarán sus bienes, y las dos terceras partes que a ellos correspondan, se destinarán para indemnizaciones de guerra, pensiones para las viudas y huérfanos de las víctimas que sucumban en la lucha por este plan. ue ba fin Artículo 9.—Para ajustar los procedimientos respecto a los bienes antes mencionados, se aplicarán las leyes de desamortización y nacionalización según convenga, pues de norma y ejemplo, pueden servir las puestas en vigor por el inmortal Juárez a los bienes eclesiásticos, que escarmentaron a los déspotas y conservadores que en todo tiempo han pretendido imponernos el yugo ignominioso de la opresión y retroceso.10 Pr Respecto de los aspectos medulares que se refieren al agrarismo encontramos: a) No obstante el saqueo y despojo de tierras a los pueblos indios, el Plan de Ayala mantiene el principio de “legalidad burguesa” que se fundamenta en la exhibición de títulos para reconocer derechos agrarios a los pueblos e individuos (Artículo 6). Al respecto no hay que olvidar el memorable encuentro entre Carranza (siendo presidente) y el general zapatista Felipe Neri, en la que el primero adujo —ante la demanda agraria del zapatismo— que le exhibiera los títulos de las haciendas de su propiedad a efecto de que les fueran entregadas, a lo que Neri respondió que en muchos casos no había más título de propiedad, que el de haber vivido desde épocas inmemoriales en esos lugares que habitaron sus ancestros. b) En el Artículo 7 del Plan de Ayala se establece la expropiación por causa de utilidad pública con la que, en su caso, se afectaría a la 10 Silva, José, Evolución Agraria en México, Costa Amic, 1973, p. 25. 212 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO Po rrú a gran propiedad con el objeto de crear ejidos, fundos legales, campos de sembradura o labor, formas de tenencia que fueron coadyuvatorias de la influencia española y que distan mucho de las formas de propiedad agraria indígena. Quizás lo sobresaliente de este precepto lo constituye —en todo caso— el impulso al reparto agrario, que si bien es de inspiración liberal burguesa, dependió de la correlación de fuerzas favorables al campesinado. c) Sin lugar a dudas el concepto más avanzado del Plan de Ayala lo representa el concepto de nacionalización (Artículo 8) de los bienes de los enemigos de la revolución, acto en virtud del cual el agrarismo zapatista se diferencia de las demás concepciones positivistas de la Revolución Mexicana. d) Finalmente, uno de los argumentos paradójicos del agrarismo zapatista —en su primera etapa, positivista— es la reivindicación de las leyes juaristas de desamortización y nacionalización de los bienes de la iglesia (Artículo 9 del Plan de Ayala) cuando en los hechos estas disposiciones legales desconocieron la personalidad jurídica de los pueblos indios y sirvieron de plataforma para el saqueo inconmensurable de los territorios indios y sus recursos. Pr ue ba fin al Es evidente que el Plan de Ayala no guarda explícitamente un sentido étnico. La transición al zapatismo radical se sitúa hacia 1914 con la incorporación en sus filas de Antonio Díaz Soto y Gama y fundamentalmente de Manuel Palafox, con lo cual se advierte una profunda transformación en sus concepciones agrarias. Sin embargo, fue a partir de este documento programático, que quedó definida la independencia del movimiento campesino-indígena, con respecto a las direcciones burguesas (maderistas, carrancistas, obregonistas, etcétera), lo cual se materializó en las posiciones campesinas e indígenas esgrimidas en el Plan de Ayala como lo fueron la nacionalización de los bienes de los enemigos de la revolución, además los campesinos e indígenas despojados de sus tierras entrarían en posesión de ellas de inmediato, ejercitando su poder con las armas. E. EL DERECHO AGRARIO ZAPATISTA COMO EXPRESIÓN DE IDENTIDAD ÉTNICA Y POLÍTICA El agrarismo radical zapatista sin duda está marcado por la presencia de Manuel Palafox y de intelectuales anarquistas11 refugiados en las zonas liberadas. 11 Entre otros se encuentran Antonio Díaz Soto y Gama, Rafael Pérez Taylor, Luis Méndez, Miguel Mendoza López y Octavio Jahn. Cf. Salazar, Rosendo, La Casa del Obrero Mundial, LER, México, 1962, pp. 145-149. 213 EL AGRARISMO COMO RUPTURA REVOLUCIONARIA (1899-1922) Palafox, quien se había colocado a la izquierda del movimiento, siendo secretario de Zapata inició el diseño del agrarismo radical. Hacia diciembre de 1911, Palafox estableció un decreto en el cual se definía que sólo la Junta de Morelos podría examinar los títulos de propiedad de los indios para devolverles sus tierras. 1. El derecho agrario zapatista12 fin En este documento se lee: al Po rrú a Entre los años de 1913 y 1918 los revolucionarios del sur llegaron a dominar una vasta zona del país, incluyendo la ciudad de México (19141915) y poblados distantes de Oaxaca, Guerrero y Chiapas; la lucha militar revolucionaria derivó en la implantación de leyes, decretos y órdenes militares que se convirtieron en derecho vigente y consecuentemente en su política agraria, tanto para la sociedad civil como para las fuerzas armadas. Las leyes agrarias del zapatismo fueron: a) Plan de Ayala, del cual emanó la facultad de expedir estas leyes agrarias. b) Instrucciones a los jefes y oficiales, del 28 de julio de 1913. Pr ue ba Instrucciones a las que deberán sujetarse los jefes y oficiales del Ejército Libertador del Sur y Centro: […] … Novena. Los pueblos en general deben tomar posesión de sus terrenos siempre que tengan sus correspondientes títulos de propiedad, tal y como lo previene el artículo sexto del Plan de Ayala; y los jefes, así como los oficiales, prestarán a dichos pueblos su apoyo moral y material a fin de que se cumpla con lo dispuesto en el mencionado Plan de Ayala, siempre y cuando los mismos pueblos soliciten tal ayuda. c) Orden general al ejército libertador del 4 de octubre de 1913, que señala: … Sexto. Toda clase de tropa, compañías, guerrillas o cuerpos de gente armada, que se han puesto bajo la sombra de la bandera revolucionaria, 12 Las bases del derecho agrario mexicano deben ser interpretadas en relación con esta concepción social y política de la Revolución Mexicana, elaborada por los propios cam­pesinos en armas y que en muchas de sus formulaciones dista de las concepciones que se le pretenden atribuir y, sobre todo, de aquellos puntos que la burguesía triunfante acuñó en el artículo 27 constitucional. Por no ser éste el espacio, solamente señalaremos algunos de los aspectos centrales de la insurgencia popular. La investigación sobre el zapatismo, que jugó un papel muy significativo en la Convención de Aguascalientes en la que fue descono­cido Venustiano Carranza, está aún por escribirse. Son extensos los documentos contenidos en colecciones privadas y archivos del Estado, que dan cuenta de esta corriente, entre ellos el de la UNAM y la SDN. 214 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO deben otorgar completas garantías a las personas y propiedades; pues bajo ningún pretexto ni causa personal, deben cometerse atentados contra las vidas y propiedades.13 d) Decreto de nacionalización de bienes de los enemigos de la revolución, septiembre de 1914 C. General Emiliano Zapata, Jefe Supremo de la Revolución de la República, a sus habitantes hace saber: a Artículo I.—Se nacionalizan los bienes de los enemigos de la Revolución que defienden al Plan de Ayala, y que directa o indirectamente se hayan opuesto o sigan oponiéndose a la elección de los principios, de conformidad con el artículo octavo de dicho Plan y sexto del decreto del 5 de abril de 1914. Po rrú Artículo II.—Los generales y coroneles del ejército libertador, de acuerdo con el cuartel general de la Revolución, fijarán cédulas de nacionalización, tanto en las fincas rústicas como en las urbanas. al Artículo III.—Las autoridades municipales tomarán nota de los bienes nacionalizados y después de hacer la declaración pública del acta de nacionalización, tanto a las fincas rústicas como a las urbanas. ue ba fin Artículo IV.—Las propiedades rústicas nacionalizadas pasarán a poder de los pueblos que no tengan tierras que cultivar y carezcan de otros elementos de labranza, o se destinarán a la protección de huérfanos y viudas de aquellos que han sucumbido en la lucha que sostiene por el triunfo de los ideales invocados en el Plan de Ayala. Pr Artículo V.—Las propiedades urbanas y demás intereses de esta especie nacionalizados a los enemigos de la revolución agraria se destinarán a la formación de instituciones bancarias dedicadas al fomento de la agricultura con el fin de evitar que los pequeños agricultores sean sacrificados por los usureros y conseguir por este medio que a toda costa prosperen, así como pagar pensión a las viudas y huérfanos de quienes han muerto en la lucha que se sostiene. Artículo VI.—Los terrenos, montes y aguas nacionalizadas a los enemigos de la causa que se defiende serán distribuidos en comunidad para los pueblos que lo pretendan y en fraccionamiento para los que así los deseen. Artículo VII.—Los terrenos y montes, que se repartan no podrán ser vendidos ni enajenados en ninguna forma, siendo nulos todos los contratos o transacciones que tiendan a enajenar tales bienes. 13 Cit. en Chantal López et al., Emiliano Zapala, Leyes y Decretos, Antorcha, Méxi­co, 1987, p. 13. 215 EL AGRARISMO COMO RUPTURA REVOLUCIONARIA (1899-1922) Artículo VIII.—Los bienes rústicos que se repartan por el sistema de fraccionamiento sólo podrán cambiar de poseedores por transmisión legítima de padres a hijos quedando sujetos, en cualquier otro caso, a los efectos del artículo anterior. Artículo IX.—El presente decreto surtirá sus efectos desde luego. Reforma, Libertad, Justicia y Ley. Dado en el cuartel general en Cuernavaca, a los ocho días de septiembre de 1914. El General en Jefe del Ejército Libertador, Emiliano Zapata.14 ba fin al Po rrú a Este decreto de nacionalización, cualitativamente más profundo que el propio Plan de Ayala, fue dado en una coyuntura en la que Villa y Zapata controlaron prácticamente todo el país. La correlación de fuerzas favorables a los zapatistas y villistas obligó a Venustiano Carranza a buscar una salida negociada a la Revolución, para ello llamó a las partes en disputa a la Convención de Aguascalientes. Mientras que el Plan de Ayala había establecido a la reforma agraria (reparto agrario) a través de: 1. Tribunales especiales (agrarios). 2. Expropiación por causa de utilidad pública con su respectiva indemnización. 3. Restitución de tierras a los pueblos indios (comunidades). 4. Dotación agraria. Pr ue El decreto de nacionalización de 1914 rompe con los criterios hegemónicos (derecho burgués) al plantear la confiscación de los bienes que los hacendados habían despojado a los pueblos. La nacionalización sustentada por el zapatismo no deviene del poder del Estado, como otrora lo planteó el positivismo, sino de la determinación campesina. El concepto de Nación, que esgrimieron los revolucionarios fue aquel que surgió del pueblo, de los explotados, de los indios. Así la Nación, dejó de ser una categoría ideológica que se identificaba solamente con los intereses del bloque dominante, forjando su nueva concepción, en relación a los fines de los explotados. La nacionalización de los bienes agrarios de los hacendados implicó además una socialización de los bienes confiscados, pasando a ser útiles a la mayoría del pueblo. La dimensión del derecho agrario, incorporado en el Plan de Ayala y en el decreto de nacionalización no fue letra muerta sino se convirtió entre 1915 y 1918 en derecho vigente. La tierra reincorporada a los pueblos debe de entenderse en un sentido auténticamente reivindicatorio. 14 Archivo del General Emiliano Zapata Salazar, C. 24, fojas 23-27, UNAM, México. 216 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO La burguesía fue rebasada y tanto zapatistas como villistas deciden, en la Convención de Aguascalientes, desconocer a Carranza como presidente, nombrando a Eulalio Gutiérrez para el cargo. Por primera vez en la historia de México, a finales de 1914 fue tomada por la Revolución la ciudad de México. Durante un año el gobierno de la Convención entregó tierras a los campesinos y restituyó a algunas poblaciones indígenas sus derechos agrarios. Al referirse al carácter que tuvo la aplicación del derecho agrario zapatista, Womack señala: Pr ue ba fin al Po rrú a A principios de enero Manuel Palafox ocupó el cargo de secretario de Agricultura en el gabinete convencionista y fue el zapatista de mayor rango en el gobierno. A un periodista que el día que tomó el cargo, le preguntó que si se proponía ahora, como los funcionarlos anteriores, estudiar la cuestión agraria, le respondió: no señor, no me dedicaré a eso. La cuestión agraria la tengo ampliamente estudiada. Me dedicaré a llevarla al terreno de la práctica… Palafox organizó su Secretaría. Además de fundar un Banco Nacional de Crédito Rural y de ordenar el establecimiento de Escuelas Regionales de Agricultura y una Fábrica Nacional de Herramientas Agrícolas, comenzó a examinar las peticiones de tierras de los pueblos. El 14 de enero fundó en su Secretaría una oficina especial de reparto de tierras. Hizo saber a los campesinos que debían comenzar a reclamar sus propiedades. La administración de la reforma agraria comenzó en Morelos tanto como Palafox encontró técnicos capaces de efectuarla. Estos se presentaron voluntariamente y fueron individuos de la generación 1914 de la Escuela Nacional de Agricultura, entre estos jóvenes se encontrarían Felipe Carrillo Puerto y Conrado e Ignacio Díaz Soto y Gama. Una vez instalada una comisión en sus locales, los ayudantes pusieron en orden sus instrumentos y el jefe hizo pegar avisos indicando que estaban listos para comenzar sus actividades. Muchos pueblos se habían apoderado ya de sus campos por los que habían luchado contra las haciendas y, a menudo de muchas tierras más; pero aceptaron rápidamente la proposición de legalizar sus apropiaciones. Los primeros representantes hicieron acto de presencia y pidieron levantamientos topográficos, y en grupos de dos o tres jóvenes se fueron a hablar con los jefes de los pueblos. Allí se ponían a examinar lo que los jóvenes del pueblo llamaban ‘la mapa’, los títulos del pueblo que en ocasiones databan de épocas virreinales.15 Carranza, que había huido a Veracruz junto con el embajador de los Estados Unidos, intenta demagógicamente vincularse al movimiento revolucionario, decretando la Ley del 6 de enero de 1915, que no fue sino 15 Wommack, John, Zapata y la Revolución Mexicana, Siglo XXI, México, 1992, pp. 226-228. 217 EL AGRARISMO COMO RUPTURA REVOLUCIONARIA (1899-1922) un seguimiento de las aspiraciones que se encontraban ya contenidas en el Plan de Ayala de los zapatistas. Finalmente el apoyo logístico-militar que brindaron los Estados Unidos a Carranza (desde Florida se enviaban grandes cargamentos de artillería) permitió que la Revolución agraria de México quedara detenida; los zapatistas son derrotados y obligados a replegarse al estado de Morelos; Francisco Villa es derrotado en las batallas del Bajío y reducido a la sierra chihuahuense. Continuando con los ordenamientos que sobre derecho agrario promulgó el zapatismo, tenemos: e) Decreto sobre Nacionalización del 30 de enero de 1917. f) Ley relativa a los Representantes de los Pueblos en materia agraria del 1o. de marzo y del 3 de febrero de 1917. La que entre otros aspectos señalaba: Pr ue ba fin al Po rrú a El C. General Emiliano Zapata, Jefe Supremo de la Revolución, a los habitantes de la República hago saber: Considerando que: es de urgente necesidad el establecimiento de una autoridad especial, con facultades y obligaciones bien definidas, para que se encargue única y exclusivamente de respetar y defender los derechos de los pueblos en asuntos de tierras, montes y aguas. Considerando que: si bien algunos pueblos, desde tiempo inmemorial han acostumbrado nombrar representantes para esas cuestiones, nunca hubo una ley que determine y haga respetar las facultades de esos representantes por lo que éstos se han visto con frecuencia burlados, o bien sus atribuciones invadidas por los Ayuntamientos o estorbada, en fin, su acción por toda clase de autoridades. Considerando que: así como hay que conceder amplia personalidad a esos representantes, es preciso evitar que ellos abusen de las facultades que se les confiere, como en épocas pasadas lo hicieron los Ayuntamientos, vendiendo indebidamente los terrenos propiedades comunales, sea estableciendo distinciones odiosas entre los vecinos, o bien celebrando contratos ruinosos para los intereses de los municipios…16 Más adelante en el articulado que integra este ordenamiento, tenemos: Artículo 1o.—Todos los pueblos de la República cualquiera que sea la categoría de ellos, procederán a nombrar sus representantes para las cuestiones de tierras, montes y aguas, en el concepto de aquellos deberán ser dos por lo menos. Artículo 2o.—Los nombramientos serán hechos por todos los vecinos de la localidad que tengan el carácter de ciudadanos y las elecciones serán directas en todo caso. 16 Cliantal, Op. cit., p. 94. 218 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO Artículo 3o.—Las elecciones serán convocadas por los actuales representantes y a falta de éstos por la autoridad municipal respectiva. En las elecciones subsiguientes la convocatoria será hecha precisamente por los representantes. Artículo 4o.—Las elecciones se verificarán el primero de diciembre de cada año y los representantes electos tomarán posesión de sus cargos el primero de enero del mismo año. Artículo 5o.—Los representantes podrán ser reelectos pasados dos periodos.17 Pr ue ba fin al Po rrú a g) Ley agraria, que fuera decretada por la soberana Convención Revolucionaria de Aguascalientes La reforma agraria zapatista, la de los campesinos, se edificó a través de su ley agraria que rigió en buena parte del país durante el gobierno que resultó de la Convención de Aguascalientes y que fuera presidida, entre otros, por Eulalio Gutiérrez (quien después traicionaría la causa revolucionaria). En esta ley se fijaron por primera vez los límites a la pequeña propiedad agrícola, se definió la inalienabilidad de las tierras de los pueblos; se estableció el derecho de confiscación de la propiedad del enemigo, se reglamentó la creación de tribunales agrarios especiales así como departamentos federales especiales de riesgo, de crédito rural, de educación y de investigación agrícola. Se brindaron poderes muy importantes al secretario de agricultura, etcétera. Documento que por sus características se aparta de otros que fueron elaborados tanto en el pasado como en la coyuntura revolucionaria. Por su importancia este documento ha sido reproducido en extenso (Cf.: apéndice 9). h) Ley Agraria de fecha 5 de julio de 1917, reforma a la expedida el 26 de octubre de 1915 Este ordenamiento representó la ruptura total entre el agrarismo campesino y el constitucionalismo carrancista. Esta ley que abrogó a la de 1915, está compuesta por cuarenta y tres artículos, refuerza el concepto de la reforma agraria en relación a las comunidades. Ratifica la restitución agraria, amplía el concepto de dotación, etcétera. En su aspecto político reconoce en Carranza a un enemigo de la Revolución. Los primeros diez artículos del documento son muy semejantes a la ley de la Convención, solamente se agregó el señalamiento de Carranza como contrario a los fines del Plan de Ayala (artículo 6o.). A partir del 17 Ibidem, pp. 36 y 40-42. 219 EL AGRARISMO COMO RUPTURA REVOLUCIONARIA (1899-1922) artículo 11 los contenidos se encuentran diferenciados. En la elaboración de esta legislación fue vital la intervención que tuvieron Manuel Palafox y Otilio F. Montaño, quienes fungieron como ministros de agricultura e instrucción pública, respectivamente, en el gobierno de la Convención. Algunos de los preceptos contenidos en esta ley son: Artículo XI.—Para proceder al fraccionamiento en lotes o parcelas de los ejidos o terrenos comunales es preciso que lo soliciten los pueblos o comunidades. Previo al requisito anterior, los ejidos o terrenos comunales serán divididos en lotes iguales en extensión o producción entre el número de labradores que no tengan tierras de cultivo, del pueblo o comunidad. Los pueblos que prefieran el sistema comunal pueden continuar con él. Po rrú a Artículo XII.—A los actuales aparceros o arrendatarios de pequeños predios se les adjudicarán éstos en propiedad, con absoluta preferencia a cualquier otro solicitante, siempre que esas propiedades no excedan de la extensión que cada lote debe tener conforme a lo dispuesto por el artículo anterior. Pr ue ba fin al Artículo XIII.—Los predios rústicos que hayan sido adjudicados conforme a la ley de 1856 o subsecuentes, quedarán en posesión de sus primeros propietarios o adjudicatarios o de sus herederos cuando cumplan los requisitos siguientes: A. Que el pueblo cuente, además de sus terrenos de común repartimiento, con terrenos de haciendas contiguas que sean suficientes para distribuirlos entre los labradores del lugar que no tengan tierras que cultivar. B. Que los terrenos adjudicados no tengan una superficie mayor de cincuenta hectáreas. Cuando no ocurran los requisitos anotados y que el pueblo carezca de terrenos para distribuirlos entre los labradores que lo necesiten, entonces los primeros adjudicatarios o sus herederos sólo podrán conservar hasta quince hectáreas por familia, a efecto de que el terreno sobrante se fraccione en parcelas entre los labradores que carezcan de tierra para cultivo. Por ese terreno sobrante de que se hace mención en el párrafo anterior, serán indemnizados sus propietarios conforme el artículo séptimo de esta ley. Artículo XIV.—Cuando los terrenos adjudicados conforme a la ley de 1856 o subsecuentes, hayan pasado a poder de otras personas por compra o permutas efectuadas en forma legítima y sin que haya mediado agio ni maniobra alguna fraudulenta, quedarán los adquirentes en posesión de sus propiedades si se cumplen los requisitos A y B de que se hace mención en el artículo anterior; pero cuando eso no sea y el pueblo carezca de tierras para distribuirlas entre los que no las tengan a los labradores del lugar, en ese caso sólo podrán conservar hasta treinta hectáreas por familia, a efecto 220 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO de que el terreno sobrante sea fraccionado en parcelas entre los que carezcan de tierra para el cultivo. Por ese terreno sobrante de que se hace mención en el párrafo anterior, se indemnizará a sus propietarios conforme el artículo VII de esta ley. Artículo XV.—A efecto de fijar la superficie que deben tener los lotes expresados, la Secretaría de Agricultura y Colonización nombrará comisiones técnicas integradas por ingenieros, que localizarán y deslindarán debidamente dichos terrenos, respetando en todo caso los terrenos pertenecientes a los pueblos o rancherías y aquellos que están exentos de expropiación, conforme el artículo V. rrú a Artículo XVI.—Los pueblos que carezcan de ejidos les serán formados a expensas de los ejidos colindantes o de las grandes propiedades cercanas. Los ejidos serán formados de acuerdo con el número de labradores de cada pueblo y sus necesidades. Po Artículo XVII.—Los pueblos que tengan ejidos suficientes a sus necesidades les serán ensanchados a expensas de los ejidos colindantes o de las grandes propiedades cercanas. ba fin al Artículo XVIII.—Las propiedades que no excedan del máximo que fija el artículo V serán expropiadas solamente cuando los pueblos colindantes carezcan de ejidos, o los que tienen sean insuficientes y que para ensancharlos no haya otros terrenos de que disponer, tales como grandes fundos o grandes ejidos de pueblos colindantes. Pr ue Artículo XIX.—Los terrenos, montes y aguas de que están dotados los ejidos, deberán ser aprovechados por los pueblos, poblados, cuadrillas o ranchos que se hallen a la jurisdicción de cada ejido, en proporción a sus necesidades. Artículo XX.—Al efectuar sus trabajos de deslinde y fraccionamiento, las expresadas comisiones decidirán acerca de los reclamos que ante ellas hagan los pequeños propietarios que se consideren despojados en virtud de contratos, por abuso o complicidad de los caciques, o por inversiones o usurpaciones cometidas por grandes terratenientes. Las designaciones que por tal concepto se dicten, serán revisadas por los tribunales especiales de tierras, que menciona el artículo IX. Artículo XXI.—Los predios que el gobierno ceda a comunidades o individuos, así como los lotes de la subdivisión de los ejidos o terrenos comunales, no serán enajenados ni pueden gravarse o arrendarse en forma alguna, siendo nulos todos los contratos que tiendan a contrariar esta disposición. Artículo XXII.—Sólo por herencia legítima de padres a hijos pueden transmitirse los derechos de propiedad de los terrenos fraccionados o cedidos por el gobierno a los agricultores. 221 EL AGRARISMO COMO RUPTURA REVOLUCIONARIA (1899-1922) En los casos que faltare sucesión, los lotes que queden vacantes serán cedidos a las familias de labradores que carezcan de ellos. Artículo XXIII.—Las personas a las que se les adjudiquen lotes en virtud del reparto de tierras que se refieren los artículos X, XII y XV de la presente ley quedarán sujetas a las obligaciones y previsiones que consigna el artículo siguiente. Artículo XXIV.—El propietario de un lote queda obligado a cultivarlo debidamente, y si durante dos años consecutivos abandonase ese cultivo sin causa ni justificación, será privado de un lote el cual se aplicará al que lo solicite y que carezca de él. Po rrú a Artículo XXV.—A efecto de la ejecución de esta ley se concede al Ministerio de Agricultura y Colonización la potestad exclusiva de implantar los principios agrarios consignados en la misma, y de conocer y resolver en todos los asuntos del ramo, sin que esta disposición entrañe un ataque a la soberanía de los Estados, pues únicamente se persigue la realización pronta de los ideales de la revolución, en cuanto al mejoramiento de los agricultores desheredados de la república. ue ba fin al Artículo XXVI.—Los propietarios de dos o más lotes podrán unirse para formar sociedades cooperativas, con el objeto de explotar sus propiedades o vender en común los productos de éstas, pero sin que esas asociaciones pueden revestir la forma de sociedades por acciones, ni construirse entre personas que no estén dedicadas directa y exclusivamente al cultivo de los lotes. Las sociedades que se formen en contravención de lo dispuesto en este artículo serán nulas de pleno derecho, habrá acción popular para denunciarlas. Pr Artículo XXVII.—El gobierno federal expedirá leyes que reglamenten la constitución y funcionamiento de las referidas sociedades cooperativas. Artículo XXVIII.—La función, administración o inspección de colonias agrícolas, cualesquiera que sea la naturaleza de éstas, así como el reclutamiento de colonos, es de exclusiva competencia del Ministerio de Agricultura y Colonización. Artículo XXIX.—Se autoriza al Ministerio de Agricultura y Colonización para fundar una inspección técnica ejecutora de trabajos que se denominará servicio de irrigación y construcción que dependerá de dicho Ministerio. […] Más adelante continúa señalando: Artículo XXXV.—Se autoriza al Ministerio de Agricultura y Colonización, para que de acuerdo con la reglamentación especial que forme, establezca un Banco Agrícola Nacional. 222 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO Artículo XXXVI.—Es de exclusiva competencia del Ministerio de Agricultura y Colonización administrar la institución bancaria de que se hace mención en el artículo anterior de acuerdo con las bases administrativas que establezca el citado Ministerio. Artículo XXXVII.—La tercera parte de los bienes urbanos nacionalizados, de las obras materiales de las fincas rústicas o fábricas de cualquier género, nacionalizadas, incluyendo muebles, maquinaria y todos los objetos que contengan será destinada para formar el capital del Banco Agrícola Nacional, a que se refiere el artículo XXXV. Las dos terceras partes restantes de los bienes mencionados, se destinarán para indemnización de guerra y pago de pensiones a viudas y huérfanos de las víctimas que sucumban en la lucha por el Plan de Ayala, y el sobrante, si lo hay, se invertirá en el fomento del Banco Agrícola Nacional. Po rrú a Artículo XXXVIII.—Se autoriza al Ministerio de Agricultura y Colonización, para establecer en la república escuelas regionales agrícolas, forestales y estaciones experimentales. al Artículo XXXIX.—El valor fiscal actualmente asignado a la propiedad, en nada perjudica a las futuras evaluaciones que el fisco tiene derecho a hacer como base para los impuestos, que en lo sucesivo grave la propiedad. fin Y concluye: Pr ue ba … Artículo XLII.—Se declaran insubsistentes todas las concesiones otorgadas en contratos celebrados por la Secretaría de Fomento, que se relacionan con el ramo de la agricultura, o por ésta, en el tiempo que existió hasta el 31 de diciembre de 1914 y durante la administración de Venustiano Carranza, quedando al arbitrio del Ministerio de Agricultura y Colonización revalidar las que juzgue benéficas para el pueblo y el gobierno después de revisión minuciosa y concienzuda. Artículo XLIII.—De conformidad con el decreto del lo. de octubre de 1914, se declara de plena nulidad todos los contratos relativos a la ejecución de bienes pertenecientes a los enemigos de la revolución. Cuartel General de Tlatilzapán, julio 5 de 1917. El general en jefe Emiliano Zapata.18 La legislación zapatista, su lucha, sus objetivos históricos, sus posiciones de clase, se encuentran completamente diferenciados de los de Madero, Carranza, Obregón y Calles. La institucionalización “moderna” que se ha pretendido hacer de las reivindicaciones zapatistas y el advenimiento del artículo 27 constitucional no corresponde del todo a 18 lbidem, pp. 81-85. 223 EL AGRARISMO COMO RUPTURA REVOLUCIONARIA (1899-1922) ue ba fin al Po rrú a la realidad, si bien es cierto que algunos de sus planteamientos se transformaron, parcialmente en dicha legislación, también es cierto que los Estados Unidos y la burguesía nacional derrotaron militarmente al zapatismo. La legislación elaborada por esta concepción revolucionaria proyectó por primera vez en la historia de México, la relación de los pueblos con sus reivindicaciones. Elemento integrante de construcción y comprensión del fenómeno zapatista lo constituye su etnicidad, entendida ésta no solamente como un “reflejo” o respuesta de la lucha “comunera” de “los indios” por la reivindicación de “sus tierras”, sino como la acción político-social de núcleos humanos diferenciados —los indios— en la búsqueda de su propia identidad, es decir, de un nosotros, con toda su complejidad social y que advierte, desde luego, una diversidad cultural. El agrarismo zapatista, si bien proyectó y posibilitó la reconstrucción de estas nuevas identidades étnicas, advierte en sus adecuaciones dos circunstancias: en primera instancia, aquella que se liga al accionar de los pueblos, y que posibilita la construcción del sujeto social indio al organizar sus territorios a través de sus propias autoridades (autogobiernos), guardando un grado de autonomía frente al Cuartel General Zapatista además de tener como fuente “sistematizadora” de sus relaciones jurídicas a la costumbre jurídica de cada pueblo; en segundo lugar encontramos la construcción de la identidad indígena (no como una vuelta al pasado) sino con sus respectivas mediaciones ideológicas, las que se sitúan a partir del positivismo decimonónico, hasta sus posturas más radicales provenientes del anarquismo y el socialismo. Pr F. DEL AGRARISMO RADICAL A LA PROPUESTA DE CAMBIO REVOLUCIONARIO 1. El magonismo y el problema agrario Seamos firmes en nuestras convicciones de convertir este movimiento político en una revolución social. No pidamos tierra ¡¡TOMÉMOSLA!! Ricardo Flores Magón Regeneración 1o. de abril de 1911. El zapatismo y el magonismo fueron dos concepciones vinculadas en su sentido reivindicativo agrario. Sin embargo, el universo político del magonismo fue más a fondo en la comprensión del problema agrario al considerar que la resolución a la conflictiva social agraria existiría cuando la revolución del pueblo triunfara y el país fuera dirigido por los trabajadores. 224 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO Pr ue ba fin al Po rrú a La caracterización de las posiciones políticas del magonismo y del Partido Liberal Mexicano, pueden ser ubicadas en dos etapas, la que va del año de 1893 a 1910, que se caracteriza por un liberalismo pequeño burgués, y la etapa de madurez, que discurre entre 1911 y 1922; en esta última, se forjan las posiciones verdaderamente revolucionarias y de la clase obrero-campesina, del magonismo. Los orígenes del magonismo provienen de la tradición intelectual de finales del siglo XIX que creó los llamados círculos liberales, espacios en que se debatía profundamente la crisis del Estado porfirista. En ellos participaron, entre otros, Juan Sarabia, Praxedis Guerrero, Francisco I. Madero y Jesús, Enrique y Ricardo Flores Magón. Las ideas del magonismo en torno al problema agrario se comenzaron a desarrollar a partir del año de 1893, al respecto Ricardo Flores Magón señalaba: “Cada hacendado se ha vuelto un barón feudal, tiene poder de vida y de muerte sobre los míseros peones. Sus hijos y mujeres atractivas están a disposición de él y no hay autoridad que le diga nada. Cuando venden sus propiedades las enumeran que consisten en tantos miles de hectáreas. Tantos bueyes, tantas vacas y otros animales. “(… evidentemente que entre estos últimos se ubicaban indios, negros, esclavos, aparceros, etcétera)”. La práctica política desarrollada por los magonistas deriva del legado histórico que en México brindaron los socialistas utópicos del siglo XIX, como Juan de Mata Rivera y Alberto Santa Fé, entre otros: al igual que sus antecesores, el magonismo utilizó, como instrumento de lucha, a la prensa revolucionaria, que jugó el papel de ser el impulsor de la conciencia de clase (obrera-campesina) a través de difundir, informar y organizar los principios revolucionarios. Hacia 1895, Ricardo Flores Magón atacaba al latifundismo como el enemigo principal del campesinado. La trayectoria política seguida por Magón y su gente, motivó que la burguesía y el imperialismo buscaran las formas de desvincular al movimiento revolucionario de los magonistas. Fue así como los dirigentes de esta corriente fueron prácticamente obligados a exiliarse en los Estados Unidos de América, país que también se convirtió de por vida en su cárcel. El aislamiento y la represión no fueron motivos para que el magonismo cediera en sus actividades políticas y revolucionarias. Para 1903 Flores Magón, consideraba sobre la cuestión agraria los siguientes aspectos: La agricultura en México se halla en manos de unos cuantos dueños de inmensas extensiones de terrenos. 225 EL AGRARISMO COMO RUPTURA REVOLUCIONARIA (1899-1922) El viajero que recorra las vastas regiones de nuestro país hallará campos inmensos sin cultivar y esos campos heredados por mexicanos indolentes o adquiridos por españoles refractarios al progreso o por testaferros del clero que necesitan que el yankee venga a nuestro país con iniciativa y con trabajo, están cercados e inaccesibles a la mano del agricultor, hasta que una compañía americana viene a aumentar la peligrosa cantidad de propietarios que tiene Estados Unidos en México.19 Pr ue ba fin al Po rrú a Para septiembre de 1905 se constituyó la Junta Organizadora del Partido Liberal Mexicano (PLM), que en julio de 1906 dio a conocer su programa revolucionario, este documento llamaba a una vía democrática-revolucionaria de lucha, concibiéndola como la acción directa de las masas trabajadoras para el ejercicio de todos en la cosa pública. En relación al problema campesino, sustentaba la anulación de todas las deudas de los peones con los terratenientes, abolición de las tiendas de raya, fundación de un Banco Agrícola, restitución del ejido a los pueblos, distribución de las tierras ociosas entre los campesinos y protección a los indígenas. Paralelamente a los acontecimientos que dieron estructura orgánica al magonismo con el surgimiento del PLM, en el estado de Sonora sucedía una de las movilizaciones obreras promotora de la Revolución Mexicana. Los trabajadores mineros de Cananea, que se encontraban íntimamente vinculados al magonismo, estallaron una huelga con la que buscaban reivindicar sus derechos, el movimiento fue reprimido por el ejército norteamericano y sus dirigentes enviados a la cárcel. Los resultados obtenidos con la huelga de Cananea influyeron en la radicalización del Partido Liberal Mexicano. Los campesinos dirigidos por los magonistas, se insurreccionaron en Jiménez, Coahuila, Acayucan, Veracruz y Camargo, Tamaulipas. Movimientos que abrieron brecha a la Revolución. En 1910, en vísperas del levantamiento maderista, el Partido Liberal Mexicano establecía que la libertad económica del pueblo campesino solamente se alcanzaría con la recuperación de sus tierras. En marzo de 1911 los magonistas caracterizaban, a través del periódico Regeneración, el papel de Madero: La verdadera Revolución: La revuelta de Madero no puede llamarse Revolución. El movimiento del Partido Liberal Mexicano, sí es una verdadera Revolución. ¿Por qué? Es fácil decirlo; las masas inconscientes que han tomado el fusil para luchar en las filas maderistas, han sido empujadas por 19 Flores Magón, Ricardo, periódico El Hijo del Ahuizote, México, 1o. de marzo de 1903, Hemeroteca Nacional de la UNAM. 226 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO la desesperación. Los compañeros que combaten en las filas liberales han ido a la lucha convencidos de que es un acto de justicia el expropiar la tierra a los ricos para entregársela a los pobres. La desesperación podrá formar caudillos y futuros tiranos, la convicción ilustrada, la conciencia de la finalidad social de la lucha, la certeza de que se lucha contra la clase capitalista, no puede formar tiranos, no puede encumbrar caciques, porque no es para eso para lo que los liberales empuñan las armas, sino para liberar a un pueblo de las cadenas del capitalismo. La necesidad social más urgente de México, la dignificación de la raza humana por el bienestar y la libertad, y esa necesidad no queda satisfecha con el mero hecho de tener derecho al voto sino con el hecho de no depender de los amos para poder vivir.20 ba fin al Po rrú a Los documentos programáticos emitidos en 1911 por el Partido Liberal Mexicano representaron un parteaguas en la historia contemporánea de México. Los magonistas comprendían que las reivindicaciones económicas en el campo y en la ciudad, como la expropiación de la propiedad privada, la apropiación de las fábricas por los trabajadores, etcétera, se alcanzarían por la acción directa de las masas, tomando la tierra y medios de producción. Desde el punto de vista político el magonismo representa la concepción más radical de la Revolución, en la medida en que se proponía que fueran los propios trabajadores quienes ejercieran el poder del pueblo en armas, impulsando la acción democrática en las transformaciones sociales. Hacia enero de 1911 la prensa magonista denunciaba: Pr ue No hagamos aprecio a los que nos aconsejan que se deje la expropiación de la tierra para después del triunfo. Precisamente el triunfo debe consistir en la consumación del acto más grande que han visto las naciones desde que éstas comenzaron a vivir: la toma de posesión de la tierra por todos los habitantes de ella hombres y mujeres. Compañeros despertad, despertad, hermanos desheredados. Vayamos a la revolución, enfrentémonos al despotismo; pero tengamos la idea de que hay que tomar la tierra en el presente movimiento y que el triunfo de este movimiento debe ser la emancipación económica del proletariado, no por decreto de ningún gobernante, sino por la fuerza del hecho, no por la aprobación de ningún congreso sino por la acción directa del proletariado. Me imagino qué feliz será el pueblo mexicano cuando sea dueño de la tierra trabajándola todos en común, como hermanos y repartiéndose los productos fraternalmente según las necesidades de cada cual, no cometáis compañeros la locura de cultivar cada quien un pedazo. Os mataréis en el 20 Cit. Durand Alcántara, Carlos, El movimiento campesino en México, Tesis de licencia­ tura, UNAM, 1980, p. 95. 227 EL AGRARISMO COMO RUPTURA REVOLUCIONARIA (1899-1922) trabajo, exactamente como os matáis hoy, uníos y trabajad la tierra en común; pues todos unidos, la haréis producir tanto, que estaréis en aptitud de alimentar al mundo entero. Trabajad en común la tierra, puede dar más de lo suficiente con una, dos o tres horas de trabajo al día, mientras que cultivando un solo pedazo, se tiene que trabajar todo el día para poder vivir. Por eso me parece mejor que la tierra se trabaje en común y esta idea creo que será bien acogida por todos los mexicanos.21 El 23 de septiembre de 1911, el magonismo dio a conocer uno de sus documentos más importantes: el Manifiesto revolucionario del 23 de septiembre, en él se recoge la experiencia de lucha del PLM. A continuación referimos algunos de los planteamientos más significativos de dicho documento: Pr ue ba fin al Po rrú a La junta organizadora del Partido Liberal Mexicano ve con simpatía vuestros esfuerzos para poner en práctica los altos ideales de emancipación política, económica y social, cuyo imperio sobre la tierra pondrá fin a esa ya bastante larga contienda del hombre contra el hombre que tiene su origen en la desigualdad de fortunas, que nace del principio de la propiedad privada. Abolir ese principio significa el aniquilamiento de todas las instituciones políticas, económicas, sociales, religiosas y morales que componen el ambiente dentro del cual se asfixian la libre iniciativa y la libre asociación de los seres humanos que se ven obligados, para no perecer, a entablar entre sí una encarnizada competencia, de la que salen triunfantes no los más buenos, ni los más abnegados, ni los mejor dotados sino los más astutos, los más egoístas, los que colocan su interés personal sobre cualquier consideración de humana solidaridad y de humana justicia. Sin el principio de propiedad privada no tiene razón de ser el gobierno, necesario tan sólo para tener a raya a los desheredados en sus querellas o en sus rebeldías contra los detentadores de la riqueza social, ni tendrá razón de ser la iglesia, cuyo exclusivo objeto es estrangular en el ser humano la innata rebeldía contra la opresión y la explotación por la prédica de la paciencia, de la resignación y de la humildad, acallando los gritos de los instintos más poderosos y fecundos con la práctica de penitencias inmorales, crueles y nocivas a la salud de las personas, y, para que los pobres no aspiren a los goces de la tierra y constituyan un peligro para los privilegios de los ricos, prometen a los humildes, a los más resignados, a los más pacientes, un cielo que se mece en el infinito, más allá de las estrellas que se alcanzaban a ver… Capital, autoridad, clero; he ahí la trinidad sombría que nace de hacer de esta bella tierra un paraíso para los que han logrado acaparar en sus garras por la 21 “Para después del triunfo”, Regeneración, 28 de enero de 1911, México, Hemeroteca Nacional de la UNAM. 228 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO Pr ue ba fin al Po rrú a astucia, la violencia y el crimen, el producto del sudor, de la sangre, de las lágrimas y del sacrificio de miles de generaciones de trabajadores y un infierno para los que con sus brazos y su inteligencia trabajan la tierra, mueven las máquinas, edifican las casas, transportan los productos, quedando de esa manera dividida la humanidad en dos clases sociales de intereses diametralmente opuestos: la clase capitalista y la clase trabajadora: la clase que posee la tierra, la maquinaria de producción y los medios de producción de las riquezas, y de la clase que no cuenta más que con sus brazos y su inteligencia para proporcionarse el sustento. Entre estas dos clases no puede existir vínculo alguno de amistad ni de fraternidad, porque la clase poseedora está siempre dispuesta a perpetuar el sistema económico, político y social que garantiza el tranquilo disfrute de sus rapiñas, mientras la clase trabajadora hace esfuerzos por destruir ese sistema inicuo para instaurar un medio en el cual la tierra, las casas, la maquinaria de producción y los medios de transportación sean de uso común. Mexicanos: El Partido Liberal Mexicano reconoce que todo ser humano, por el sólo hecho de venir a la vida tiene derecho a gozar de todas y cada una de las ventajas que la civilización moderna ofrece, porque esas ventajas son el producto del esfuerzo y del sacrificio de la clase trabajadora de todos los tiempos. El Partido Liberal Mexicano reconoce como necesario el trabajo para la subsistencia, y, por lo tanto, todos, con excepción de los ancianos, de los impedidos e inútiles y de los niños, tienen que dedicarse a producir algo útil para poder dar satisfacción a sus necesidades. El Partido Liberal Mexicano reconoce que el llamado derecho de propiedad individual es un derecho inicuo, porque sujeta al mayor número de seres humanos a trabajar y a sufrir para la satisfacción y el ocio de un pequeño número de capitalistas. El Partido Liberal Mexicano reconoce que la autoridad y el clero son el sostén de la iniquidad capital, y, por lo tanto, la junta organizadora del Partido Liberal Mexicano ha declarado solemnemente guerra a la autoridad, guerra al capital, y guerra al clero. Contra el capital, la autoridad y el clero el Partido Liberal Mexicano, tiene enarbolada la bandera roja en los campos de la acción de México, donde nuestros hermanos se baten como leones, disputando la victoria a las huestes de la burguesía o sean: maderistas, reyistas, vazquiztas, científicos y tantos otros cuyo único fin es encubrir a un hombre a la primera magistratura del país, para hacer negocio a su sombra sin consideración alguna a la masa entera de la población de México, y reconociendo, todas ellas, como sagrado, el derecho de propiedad individual. En estos momentos de confusión, tan propicios para el ataque contra la opresión y la explotación; en estos momentos en que la autoridad, quebrantada, desequilibrada, vacilante, acometida por todos sus flancos, por la fuerza de todas las pasiones desatadas, por la tempestad de todos los apetitos avivados, por la esperanza de un próximo hartazgo; en estos momentos de zozobra, de angustia, de terror por todos los privilegios, masas compactas 229 EL AGRARISMO COMO RUPTURA REVOLUCIONARIA (1899-1922) Pr ue ba fin al Po rrú a de desheredados invaden las tierras, queman los títulos de propiedad, ponen las manos creadoras sobre la fecunda tierra y amenazan con el puño a todo lo que era “respetable”: autoridad, capital y clero; abren el surco, esparcen la semilla y esperan, emocionados, los primeros frutos de un trabajo libre. Estos son, mexicanos, los primeros resultados prácticos de la propaganda y de la acción de los soldados del proletariado, de los géneros que desafían toda imposición y toda explotación con este grito de muerte para todos los de arriba y de vida y esperanza para todos los de abajo: ¡VIVA TIERRA Y LIBERTAD! La tormenta se recrudece día a día: maderistas, reyistas, científicos, delabarristas os llaman a gritos, mexicanos, que voléis a defender sus desteñidas banderas protectoras de los privilegios de la clase capitalista. No escuchéis las dulces canciones de esas sirenas, que quieren aprovecharse de vuestro sacrificio para establecer un gobierno, esto es, un nuevo perro que proteja los intereses de los ricos ¡arriba todos; pero para llevar a cabo la expropiación de los bienes que detentan los ricos! La expropiación tiene que ser llevada a cabo a sangre y fuego durante este grandioso movimiento, como lo han hecho y lo están haciendo nuestros hermanos los habitantes de Morelos, Sur de Puebla, Mi-choacán, Guerrero, Veracruz, norte de Tamaulipas, Durango, Sonora, Jalisco, Chihuahua, Oaxaca, Yucatán, Quintana Roo y regiones de otros estados, según ha tenido que confesar la misma prensa burguesa de México, en que los proletarios han tomado posesión de la tierra sin esperar a que un gobierno paternal se dignase hacerlos felices, conscientes de que no hay que esperar nada bueno de los gobiernos y de que la emancipación de los trabajadores debe de ser obra de los trabajadores mismos. Estos primeros actos de expropiación han sido coronados por el más risueño de los éxitos: pero no hay que limitarse a tomar tan sólo posesión de la tierra y de los implementos de la agricultura: hay que tomar resueltamente posesión de todas las industrias por los trabajadores de las mismas consiguiéndose de esa manera que las tierras, las minas, las fábricas, los talleres, las fundiciones, los carros, los ferrocarriles, los barcos, los almacenes de todo género y las casas queden en poder de todos y cada uno de los habitantes de México, sin distinción de sexo. Cuando tal acto de suprema justicia se lleve a cabo no tienen otra cosa que hacer que ponerse de acuerdo para que todos los efectos que se hallen en las tiendas, almacenes, graneros, etcétera, sean conducidos a un lugar de fácil acceso para todos, donde hombres y mujeres de buena voluntad participarán en un minucioso inventario de todo lo que se haya recogido para calcular la duración de esas existencias, teniendo en cuenta las necesidades y el número de habitantes que tienen que hacer uso de ellas, desde el momento de expropiación hasta que en el campo se levanten las primeras cosechas. Como la aspiración del ser humano es tener el mayor número de satisfacciones con el menor esfuerzo posible, el medio más adecuado para obtener 230 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO rrú a ese resultado es el trabajo común de la tierra y las demás industrias. Si se divide la tierra y cada familia toma un pedazo, además del grave peligro que se corre de caer nuevamente en el sistema capitalista, pues no faltarán hombres astutos o que tengan hábitos de “ahorro” que logren tener más que otros y puedan a la larga explotar a sus semejantes; además de este grave peligro, está el hecho de que si una familia trabaja un pedazo de tierra, tendrá que trabajar tanto o más que como se hace hoy bajo el sistema capitalista, de propiedad individual para obtener el mismo resultado mezquino que se obtiene actualmente; mientras que si se une la tierra y la trabajan en común los campesinos, trabajarán menos y producirán más. Por supuesto que no ha de faltar tierra para que cada persona pueda tener su casa y un buen solar para dedicarlos a los usos que sean de su agrado. Lo mismo que se dice del trabajo de la tierra, puede decirse del trabajo en común de la fábrica, del taller, etcétera, pero cada quien según su temperamento, según sus gustos, según sus inclinaciones podrá escoger el género de trabajo que mejor le acomode con tal de que produzca lo suficiente para cubrir sus necesidades y no sea una carga para la comunidad. Po ¡TIERRA Y LIBERTAD! fin al Ricardo Flores Magón Librado Rivera Anselmo L. Figueroa ba “Regeneración”, 23 de septiembre de 1911. Pr ue Frente a las condiciones represivas-opresivas impuestas por el imperialismo norteamericano y por la burguesía nacional, el magonismo desarrolló una ofensiva que para mediados de 1914 ocupaba diversos territorios de la República. Las operaciones del Partido Liberal se extendieron en amplia zona del sur de Sonora, en donde el general Montero movilizó a los trabajadores yaquis y mayos encontrando una alternativa en el magonismo. En el Estado de Durango, Domingo y Benjamín Arrieta, dirigentes liberales, dieron continuidad al movimiento campesino entregando la tierra que los hacendados habían arrebatado a los trabajadores. De igual forma, se dieron movilizaciones en los estados de San Luis Potosí, Zacatecas, México, Michoacán, Guanajuato, Guerrero, integrantes del Partido Liberal Mexicano desarrollaron infinidad de tomas de tierras así como la confiscación de maquinaria, transportes y los efectos que se tenían almacenados en tiendas de raya y bodegas.22 En el año de 1914 el Partido Liberal Mexicano establece su primer contacto con el zapatismo. 22 Bartra, Armando, Regeneración, op. cit., p. 150. 231 EL AGRARISMO COMO RUPTURA REVOLUCIONARIA (1899-1922) El acercamiento de Zapata y el magonismo, se inició a través de Magdaleno Contreras, posteriormente José Guerra logró fortalecer los lazos entre ambas corrientes. La amplitud con que maduró esta relación llevó a que Emiliano Zapata ofreciese la fábrica de papel de San Rafael en el Estado de México para que fuese publicado el periódico revolucionario “Regeneración”. Finalmente el magonismo fracasaría al decir de Armando Bartra: rrú a Es importante en la coyuntura que en este momento se viene desenvolviendo en el país, en función a que paralelamente a la lucha magonista se desenvolvía la Convención de Aguascalientes, en ese sentido el Partido Liberal Mexicano cometió un error de apreciación política, debido a que caracterizó al villismo como una fuerza burguesa. No se dan cuenta de que los enfrentamientos entre villistas y carrancistas representaban a la misma lucha de clases y, consecuentemente, son incapaces de apreciar la importancia política de la alianza entre Villa y Zapata, el extremo de no sólo impulsar esta alianza sino de rechazarla.23 Pr ue ba fin al Po Después de 1915 el magonismo entró en franca decadencia, quedando reducido a un pequeño núcleo de rebeldes, Ricardo Flores Magón fue encarcelado en los Estados Unidos, donde a la postre fallecería en el año de 1922. Las ideas del magonismo, al igual que las del zapatismo, sentaron las bases del derecho agrario reivindicativo del campesinado de México. En el futuro, la idea que desde la oficialidad se ha pretendido establecer acerca del “anarquismo magonista”, tendrá que ser reelaborada estableciendo los principios y aportaciones que esta corriente revolucionaria hizo en relación a la comprensión de los derechos y reivindicaciones sociales de las clases trabajadoras de México. Al decir del maestro José Revueltas: “las actividades revolucionarias de Ricardo Flores Magón y de los magonistas constituyen el punto de arranque donde hay que colocar los antecedentes contemporáneos de una conciencia socialista, propia, nacional, de la clase obrero-campesina”.24 G. EL VILLISMO ANTE EL PROBLEMA AGRARIO En el norte de México se forjó un ejército cuya base social se compuso de vastos sectores de desplazados y de obreros agrícolas, sin un programa político y más bien en un accionar espontáneo e intuitivo, los 23 Ibidem, p. 356. 24 Revueltas, José, Ensayo sobre un proletariado sin cabeza, Liga Leninista Espartaco, México, 1961, p. 201. 232 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO villistas reivindicaron su derecho a la tierra. El documento que sobre el problema agrario desarrolló esta corriente se denominó Ley Agraria Villista que, a diferencia del magonismo y el zapatismo, reivindicaba plenamente a la pequeña propiedad como unidad de producción agrícola que debía entregarse al productor. Su importancia militar fue determinante en los hechos de guerra de la Revolución Mexicana con los que se demostró el poder del pueblo en armas que fue capaz de tomar el centro capitalista más importante de la República, la ciudad de México. 1. La Ley Agraria Villista Pr ue ba fin al Po rrú a Esta Ley fue expedida por Francisco Villa y corresponde a un momento de descenso del movimiento campesino. Los ejércitos campesinos de Villa comienzan a ser replegados hacia el Bajío y norte del país, circunstancia que derivó de la mayor tecnología militar con que contaba el obregonismo-carrancismo, sub-ametralladoras Thompson y artillería de la que fue utilizada durante la Primera Guerra Mundial y que fueron brindadas por los Estados Unidos al “constitucionalismo”. La ley villista fue dada a conocer el 7 de junio de 1915. Está integrada por 20 preceptos jurídicos, y entre los más importantes encontramos: 1. Se deja a los Estados, la resolución del problema agrario, incluyendo el posible financiamiento del campo (artículo 1o.). 2. Se declara de utilidad pública el fraccionamiento de las grandes propiedades territoriales, mediante indemnización (Artículo 2o.). 3. El término, mediante indemnización no se compagina con el contenido del artículo 2o., en el cual se dice que no podrán ocuparse los terrenos sin que antes se haya sufragado dicha indemnización. 4. Se ordena que la extensión de las parcelas no exceda de veinticinco hectáreas y que deberán ser pagadas por los adquirientes (Artículo 12 Fracc. II). 5. En el artículo 4o. se determina que también se expropiarán por razones de utilidad pública los terrenos circundantes de los pueblos indígenas, con el fin de distribuirlos en pequeños lotes. 6. Al gobierno federal se le atribuyen funciones secundarias (Artículo 7o.). La idea fundamental de esta ley fue la de crear una clase rural relativamente acomodada (pequeños propietarios). En realidad fue más importante el accionar militar del villismo que su política agraria, que con su radicalidad, junto al zapatismo, le permitió liberar pueblos, tomar territorios y aplicar, en su momento, la Ley Agraria surgida de la Convención de Aguascalientes, entre otros aspectos. 233 EL AGRARISMO COMO RUPTURA REVOLUCIONARIA (1899-1922) Las definiciones agrarias del villismo, además de acercarse en su concepción a las de la pequeña burguesía mexicana, prácticamente no se aplicaron, ya que no existió tiempo para ello, los acontecimientos desbordaron al villismo, batalla tras batalla fueron derrotados. La caballería villista resultó “anticuada” para las armas de repetición y artillería a que enfrentó. No olvidemos que su ejército conformado por guerrilleros de caballería estuvo acostumbrado a pelear en sierras (como la Occidental y la Oriental o el Eje Transvolcánico de la República) y tácticamente el obregonismo le colocó en desventaja al situarlo en partes bajas (valles), y abiertas, como así sucedió en el Bajío en el que se escenificaron las batallas como las de Celaya e Irapuato. a H. DEL AGRARISMO A LA REVOLUCIÓN BURGUESA Pr ue ba fin al Po rrú Fue del seno de la propia sociedad porfirista aristocrática y decadente de donde surgieron los cuadros dirigentes que moldearon al Estado moderno25 mexicano. Ante el ascenso que cobró la lucha revolucionaria de Zapata y Villa y en menor medida la de Magón, la burguesía emergente requirió del establecimiento de su propio proyecto, que si bien con vaivenes guardó un mismo significado: consolidar el poder de la burguesía en el Estado. Mientras que para los agraristas el problema era social y reivindicativo restituyéndole la tierra a los campesinos y trabajadores del campo, para los representantes de la burguesía, la idea primigenia era construir la nueva legalidad. Este proyecto lo inicia Madero y lo continuarán Carranza, Obregón y Calles. Otro aspecto que hace homogéneo a este núcleo social y que lo diferencia de los agraristas revolucionarios fue, en mayor o menor medida, su correlativa vinculación con los intereses de los Estados Unidos de América. 25 El concepto de modernidad no deja de ser sino una categoría ideológica que es útil a los fines de reproducción del sistema capitalista. Así, lo moderno aparece como lo viable (lo únicamente válido), simbolizando el “progreso de las sociedades”. Y atrasado será todo aquel elemento contradictorio a dicho progreso. Sin embargo, al plantearse la idea de la modernidad sería indispensable razonar a quiénes ha beneficiado dicho paradigma y con qué fines. Como por ejemplo, en el porfiriato, cuyo producto interno bruto aumentó en más de un 5%, al igual que una balanza comercial favorable, siendo que en esa “modernidad” más del 90% de la población se encontraba sumida en la desesperación y miseria. Valga esta refe­rencia para enmarcar el manejo categorial que se viene trazando; la intención de recuperar este concepto es tan sólo con un fin histórico y en la crítica al aparente progreso de dicha “modernidad”. 234 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO I. EL OPORTUNISMO AGRARIO DE MADERO a Proveniente de una familia de acaudalados latifundistas del norte de México y con antecedentes políticos en el liberalismo mexicano (con el que posteriormente rompería), Francisco Indalecio Madero organizó el Partido Antirreleccionista que promulgó el Plan de San Luis el 5 de octubre de 1910. Mientras fue útil al maderismo la reivindicación agrarista la expresó en proclamas y documentos, lo que le permitió que vastos sectores de trabajadores rurales se vincularan a las filas del “nuevo mesías”. El Plan de San Luis fue un documento político cuyo fin real era el de contener la lucha social que ya se observaba venir en el horizonte político de México. Así, el aparente agrarismo de Madero se establecía en el artículo 3o. de su Plan, el que estipulaba: ue ba fin al Po rrú Abusando de la Ley de Terrenos Baldíos, numerosos pequeños propietarios, en su mayoría indígenas, han sido despojados de sus terrenos, por acuerdo de la Secretaría de Fomento, o por fallos de los tribunales de la República. Siendo de toda justicia restituir a sus antiguos poseedores los terrenos de que se les despojó de un modo tan arbitrario, se declaran sujetas a revisión tales disposiciones y fallos y se les exigirá a los que los adquirieron de un modo tan inmoral, o a sus herederos, que los restituyan a sus primitivos propietarios, a quienes pagarán también una indemnización por los perjuicios sufridos. Sólo en caso de que esos terrenos hayan pasado a tercera persona antes de la promulgación de este Plan, los antiguos propietarios recibirán indemnización de aquellos en cuyo beneficio se verificó el despojo.26 Pr Tan verídico resultó su objetivo político, que el 21 de mayo de 1911 Madero firmaba los tratados de Ciudad Juárez en virtud de los cuales “la revolución terminaba”, renunciando Díaz y Ramón Corral a la presidencia y vicepresidencia de México. Madero, que conforme al Plan de San Luis, era presidente provisional, nombró como presidente al funesto representante de la oligarquía porfirista Francisco León de la Barra. Además ordenó disolver al ejército revolucionario, estableciendo que el gobierno se sostendría con el antiguo ejército; el mismo que venía reprimiendo y haciendo la guerra a los pueblos indios. Fue así como de las entrañas del orden porfirista se erigió el gobierno maderista. El nombramiento de Francisco León de la Barra llevó a radicalizar aún más la lucha social, que demandaba cumplimiento a los ofrecimientos agrarios del Plan de San Luis. 26 González Roa, Fernando, El aspecto agrario de la Revolución Mexicana, PAIM. Méxi­co, 1953. pp. 75-76. 235 EL AGRARISMO COMO RUPTURA REVOLUCIONARIA (1899-1922) Pr ue ba fin al Po rrú a Ante el empuje social y aparentando la resolución de la demanda agraria, León de la Barra a través de la Secretaría de Fomento estableció la primera Comisión Nacional Agraria, organismo cuya finalidad original fue realizar el “estudio del problema agrario”, en otras palabras, contener y en su caso aplazar la reforma agraria y la concomitante afectación de los latifundios. El carácter consultivo de esta comisión planteaba un “amplísimo programa” sobre: conservación de bosques, aprovechamientos de agua, incremento de cultivos, mejoramiento de vías de comunicación, fomento de la ganadería y de las industrias agrícolas, aprovechamiento de terrenos nacionales, establecimiento del crédito, etcétera. Así, el problema vertebral de la restitución agraria fue marginado. Valga señalar que la mayoría de integrantes de dicha comisión se encontraban estrechamente ligados a los latifundistas del porfiriato (Nicolás del Moral, Oscar Brannif, Fernando Duset, entre otros). Elegido el señor Madero presidente constitucional el 6 de noviembre de 1911, el Licenciado Andrés Molina Enríquez, en compañía de un reducido grupo de seguidores el día 23 de agosto en la población de Texcoco, proclamó un Plan expresando que el móvil principal de la revolución no era el político sino el económico y que, con la disolución del ejército revolucionario, el señor Madero había quedado a merced de sus enemigos, y en consecuencia resolvía: el desconocimiento del gobierno presidido por el señor De la Barra y la suspensión en toda la República del orden constitucional hasta que por el pleno dominio de las fuerzas revolucionarias quedaran implantados los decretos reformatorios que lo complementaban; entre éstos: fraccionamiento de las grandes propiedades, tratamiento de rancherías, pueblos y tribus, supresión de los jefes políticos y reglamento del trabajo asalariado. Si bien, este Plan y sus decretos anexos no tuvieron importancia en el desarrollo de los acontecimientos políticos, en cambio ideológicamente contribuyeron a fijar la ruta agraria que tomarían todos los movimientos particulares subsecuentes codyuvantes con la posición de la burguesía y ayudaron mucho en la difusión y comprensión de la verdadera aspiración nacional que pretendía esta clase social.27 Madero, obligado por las circunstancias, dictó el decreto del 18 de diciembre de 1911 denominado Ley Agraria de la Revolución la que, entre otros puntos, señalaba: Artículo 1o.—Se faculta al Ejecutivo de la Unión para contratar con la Caja de Préstamos para Obras de Irrigación y Fomento de la Agricultura, S.A., empréstitos destinados a la adquisición de terrenos de propiedad 27 Enríquez Coyro, op. cit., p. 331. 236 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO Pr ue ba fin al Po rrú a particular, o de compañías colonizadoras subvencionadas y a la ejecución de las obras necesarias para el riego o desecación y drenaje y fraccionamiento de los terrenos nacionales o de los de propiedad particular hasta ponerlos en condiciones de ser vendidos a los agricultores del país, a los mexicanos que quieran repatriarse y a los labradores emigrantes, a precio moderado y en fáciles condiciones de pago, cediendo a la Caja de Préstamos los créditos que con motivo de la venta otorguen los compradores. El Ejecutivo podrá ejercitar esta facultad, ya sea que el Gobierno federal directamente haga la adquisición de las obras de riego y las de fraccionamiento de terrenos, o bien cuando lo verifique en virtud de contratos celebrados al efecto con empresas de riego y fraccionamiento, o con particulares que se encarguen de la ejecución de estos trabajos bajo la dirección y vigilancia del mismo Gobierno. No se venderán los terrenos a que se refiere esta ley a menor precio del que hubieren costado, y no se comprarán a mayor precio que el del avalúo aprobado por la Caja de Préstamos. Artículo 2o. Se faculta igualmente al Ejecutivo para preparar la organización definitiva del crédito Agrícola de la República, con sujeción a las siguientes bases: I. La Caja de Préstamos para Obras de Irrigación y Fomento de la Agricultura, S.A., creada en virtud de la autorización concedida por la ley del 17 de junio de 1908, y con arreglo a las bases de la concesión de 3 de septiembre del mismo año, será reorganizada de la manera más conveniente, para que esa institución pueda facilitar fondos al gobierno federal, a los agricultores nacionales y extranjeros, a las empresas de riego, a las de fraccionamiento y a las de colonización, a largo plazo e interés moderado, y que deberán aplicarse principalmente a favorecer la subdivisión de la propiedad, la ejecución de obras de riego y el fomento de la agricultura y de la ganadería nacionales.28 Para los tecnócratas integrantes de la Comisión Nacional Agraria la solución al problema agrario sería, supuestamente, a través de la compraventa de tierra y no de la confiscación agraria. Habría que pagarles a los invasores de los pueblos las tierras que habían despojado a los campesinos. Dos meses después el maderismo promulgó una nueva Ley de Terrenos Baldíos (24 de febrero de 1912) con lo que plenamente se denegó la reforma agraria, toda vez que este ordenamiento señalaba entre otros aspectos: Artículo 15.—A los indígenas de los pueblos que carezcan de ejidos y se hallen en las inmediaciones de los terrenos a que se alude en los artículos 6o. y 7o., se les proporcionarán los lotes que necesiten para su subsistencia y la de sus familias. 28 Diario Oficial de la Federación, 20 de diciembre de 1911. 237 EL AGRARISMO COMO RUPTURA REVOLUCIONARIA (1899-1922) Artículo 17.—A los labradores pobres que se establezcan como colonos se les concederán gratuitamente hasta cincuenta hectáreas en los lugares que se destinen a colonias, siempre que cultiven el terreno durante cinco años consecutivos. Pr ue ba fin al Po rrú a En los hechos el maderismo bloqueaba el reparto agrario. Contrario a lo señalado en el Plan de San Luis, Madero califica al movimiento zapatista como: “amorfo socialismo agrario, que para las rudas inteligencias de los campesinos de Morelos sólo puede tomar la forma de vandalismo siniestro que no ha encontrado eco en las demás regiones, y responde a la imputación del Plan de Ayala de incumplimiento de las promesas hechas en el Plan de San Luis, esas promesas, cuya intención es perfectamente justificable, sólo puede cumplirse después de una serie de estudios y operaciones que el gobierno que presido no ha podido consumar, precisamente porque los impacientes y los que aspiran a acogerse a las promesas, impiden con actos violentos su realización”.29 Al referirse a la incongruencia política de Madero, Marte R. Gómez menciona: “Lejos de ello, en dos ocasiones notorias se defendió —Madero— diciendo que no estaba faltando a ninguna promesa, puesto que nunca había ofrecido repartir tierras. La primera de ellas fue cuando, al colocar la primera piedra de la Presa de la Libertad, dijo en Huichapan que el objeto de la Revolución de 1910 no había sido el de resolver el problema agrario, sino el de conquistar nuestra libertad; que el problema agrario se resolvería en México con el arado y no con el fusil”… La segunda de esas ocasiones fue en la carta que le dirigió al señor Fausto Moguel, director de “El Imparcial”, el 27 de julio en que señalaba… una cosa es crear la pequeña propiedad, gracias al esfuerzo de quienes la trabajen —agregaba todavía Madero—, y otra repartir las grandes propiedades. Concluía por último, que sería absurdo pretender que el gobierno no adquiriera las haciendas para repartirlas gratis entre pequeños propietarios, porque el gobierno no tendría dinero con qué hacer semejante operación, aunque contratara para ello un empréstito, porque éste tendría que ser de tal manera cuantioso, que cubrir únicamente sus réditos causaría la bancarrota del país”.30 Las inconsistencias del maderismo, que finalmente no podrían ser contrarias a sus intereses de clase, provocaron su aislamiento e incluso la confrontación política y militar del movimiento popular. Desde dentro de su corriente, cuyo cuño no deja de ser la del agrarismo capitalista, surgió un núcleo de diputados renovadores, sobresaliendo la figura de Luis Cabrera, quien en su discurso del 3 de diciembre de 1912 se 29 Cf., Enríquez Coyro, op. cit., p. 340. 30 Gómez, Marte, Historia de la Comisión Nacional Agraria, Ed. C.I.A. y S.A.G., México, 1975, p. 35. 238 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO erigió como uno de los impugnadores del status quo reinante demandando la reforma agraria… burguesa. Sería precisamente la influencia de Luis Cabrera y Andrés Molina la que a la postre contribuiría a la construcción de diversos postulados del artículo 27 constitucional. Luis Cabrera señala: Pr ue ba fin al Po rrú a … hay muchos problemas agrarios, muchas cuestiones agrarias, y se necesitan para su solución, muchas leyes agrarias… El peonismo debe desterrarse. El hacendismo debe combatirse (mediante) igualar la grande y la pequeña propiedad ante el impuesto. La creación y protección de la pequeña propiedad agraria pero antes es necesario pensar en la reconstitución de los ejidos, procurando que éstos sean inalienables, tomando las tierras que se necesitan para ello, de las grandes propiedades circunvecinas, ya sea por medio de compras, ya por medio de expropiaciones por causa de utilidad pública con indemnización, ya por medio de arrendamientos o aparcerías forzosas. Se pensó inmediatamente en comprar tierras baratas para vendérselas caras al gobierno, a fin de que éste satisficiese las necesidades de las clases proletarias. En cuanto a la creación de la pequeña propiedad particular, descartando los dos medios ingenuos de comprar tierras y de enajenar baldíos sólo podía lograrse mediante crédito rural, irrigación, catastro, impuesto, etcétera, es necesario dejar encomendada al funcionamiento de las leyes económicas, que necesariamente traerán la formación automática de la pequeña propiedad el verdadero problema agrario consiste en dar tierras a los cientos de miles de parias que no las tienen, dar tierras no a los individuos, sino a los grupos sociales. El sistema de las reivindicaciones lógico pero ingenuo ya casi no se habla de la división de las tierras que constituyen los ejidos. Si la población rural tuviese, como excepcionalmente tienen todavía algunos pueblos, lagunas que explotar por medio de la pesca, la caza, del turismo, etcétera; o montes que esquilmar aunque fuese bajo la vigilancia de las autoridades donde hacer tejamanil, labrar tabla u otras piezas de madera: donde hacer leña; donde emplear, en fin, sus actividades, el problema de su alimentación podría resolverse sobre una base de libertad; si la población rural jornalera tuviese tierra donde sembrar libremente, aunque no fuese más que un cuartillo de maíz al año, podría buscar el complemento de su salario fuera de la hacienda; podría dedicarse a trabajar como jornalero no “acasillado”, el tiempo que lo necesita la hacienda, por un salario más equilibrado, y el resto del año emplearía sus energías por su propia cuenta, para lo cual le proporcionaría oportunidad el ejido. Mientras no sea posible crear un sistema de explotación agrícola en pequeño que sustituya a las grandes explotaciones de los latifundios, el problema agrario debe resolverse por la explotación de los ejidos como medio de complementar el salario del jornalero. La dificultad constitucional consiste en que no teniendo personalidad actualmente las instituciones municipales, y menos aún los pueblos mismos 239 EL AGRARISMO COMO RUPTURA REVOLUCIONARIA (1899-1922) para poder adquirir la propiedad, poseer y administrar bienes raíces nos encontrábamos con la dificultad de la forma en que pudieran ponerse en manos de los pueblos o en manos de los Ayuntamientos esas propiedades. No encontramos, mientras no se reforme la Constitución, volviendo a conceder a los pueblos su personalidad, otra manera de subsanar este inconveniente constitucional que poner la propiedad de estos ejidos reconstituidos en manos de la Federación, dejando el usufructo y la administración en manos de los pueblos que han de beneficiarse con ellos”. Al respecto Luis Cabrera estableció los siguientes preceptos legales: Artículo 1.—Se declara de utilidad pública nacional la reconstrucción y dotación de ejidos para los pueblos. rrú a Artículo 2.—Se faculta al Ejecutivo de la Unión, para que proceda a expropiar los terrenos necesarios para reconstruir los ejidos de los pueblos que los hayan perdido, para dotar de ellos a las poblaciones que los necesitaren, o para aumentar la extensión de los existentes. al Po Artículo 4.—Mientras no se reforme la Constitución la propiedad de éstos (los ejidos), permanecerá en manos del gobierno federal, y la posesión y el usufructo quedando en manos de los pueblos.31 Pr ue ba fin Fue así, como se impulsó la “ejidalización”, forma sui generis de tenencia de la tierra en el crecimiento de la agricultura capitalista mexicana. Finalmente, Madero quedaría marcado por los Estados Unidos, que después de haberle brindado su apoyo, a partir de 1912 lo negaba, circunstancia que derivó, entre otras, de la entrevista que Madero sostuvo con Lord Cowdray, quien fungía como representante del Gobierno Británico. En febrero de 1913 el presidente Madero fue asesinado por el dictador Victoriano Huerta, aspecto que contó con la anuencia de los EUA. J. EL CONSTITUCIONALISMO BURGUÉS Emergente a los intereses maderistas fue el relevo del ex gobernador porfirista Venustiano Carranza, quien como impugnador del usurpador Huerta, lanzó la proclama del Plan de Guadalupe, proclama eminentemente político. Con más experiencia que Madero, el que fuera gobernador de Coahuila llamó al pueblo de México a la insurrección popular. El pensamiento agrario del carrancismo provino de los sectores más avanzados (como el democrático burgués) de esta corriente (que no era 31 CABRERA, Luis, Obras completas, Oasis, México, 1972, pp. 138-139. 240 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO monolítica). Al igual que Madero, Carranza, como viejo hacendado del Estado de Coahuila, se oponía rotundamente a cualquier afectación agraria que se fincara en la lucha revolucionaria, al respecto recordemos la mención de Gildardo Magaña (general zapatista) en relación a la entrevista que celebró Genovevo de la O como emisario de Zapata con el propio Carranza: … Los hacendados tienen derechos sancionados por las leyes y no es posible quitarle sus propiedades para darlas a quienes no tienen derecho… eso de repartir tierras es descabellado. Dígame qué haciendas tienen ustedes de su propiedad, que puedan repartir porque uno reparte lo que es suyo, no lo ajeno.32 Pr ue ba fin al Po rrú a Como respuesta a las posiciones carrancistas, Emiliano Zapata tomó Chilpancingo, Guerrero. En agosto de este mismo año, el mando zapatista lanzó un manifiesto al pueblo mexicano, donde fijaba, una vez más, los principios y posiciones de clase de los trabajadores del campo; decía el documento que el campesino se lanzó a la revuelta no para conquistar ilusorios derechos políticos, que no dan de comer, sino para procurarse el pedazo de tierra que había de proporcionarle alimento y libertad. Rechazaba todo gobierno militar y toda solución meramente electoral. Reafirmaba los planteamientos del Plan de Ayala, y terminaba diciendo que la lucha armada continuaría hasta imponer sus posiciones.33 La actitud reaccionaria del carrancismo precipitó los acontecimientos de la Revolución hasta verse prácticamente sitiada la ciudad de México. Carranza entonces convocó a la Convención de Aguascalientes, de la que saldría derrotado. A finales de 1914 Carranza decidió integrar su gobierno en Veracruz. El 24 de noviembre de 1914, el general zapatista Antonio Barona tomó la ciudad de México. El 3 de diciembre, por el rumbo de Tacuba y Atzcapotzalco, entraron las tropas de la División del Norte a la ciudad, junto con la convención y su gobierno. Al día siguiente se produciría el encuentro entre Villa y Zapata en Xochimilco. Al referirse a este acontecimiento histórico, Gilly menciona: El movimiento campesino mexicano ha llegado a su cúspide más importante, la entrada de las masas a la ciudad de México representó el control del pueblo en armas con su gobierno. El centro capitalista más importante de la burguesía se encontraba en manos del campesinado, después de decenas de años de luchar en todo el país, el campesinado había culminado con la toma de México. 32 Magaña, Gildardo, Emiliano Zapata y el agrarismo en México, Ruta, México, 1951, p. 45. 33 Millón P., Robert, Zapata Ideología de un campesino mexicano, El Caballito, Méxi­ co, 1977, p. 45. 241 EL AGRARISMO COMO RUPTURA REVOLUCIONARIA (1899-1922) La toma de Palacio Nacional por el movimiento campesino en armas es un corte de machete en la Revolución, más importante que todas las leyes, votaciones y discusiones de todas las convenciones y congresos de esa época.34 Más adelante señala Adolfo Gilly: Po rrú a … La falta de capacidad del campesinado llevó a que la probable alianza obrero-campesina no se diera, además de que en México no existía realmente centro proletario capaz de organizar y dirigir planificadamente la lucha. Lo más sobresaliente del estadío del movimiento campesino en la capital fue la serie de disposiciones radicales que en materia agraria entraron en vigencia. La carencia de una alianza obrero-campesina y la carencia de una línea programática conjunta, que rebasara el propio carácter campesinista hacia aspectos más amplios de cobertura política, orilló a que los trabajadores del campo no pudieran mantener su gobierno provisional, en realidad no había alternativa para la guerra campesina. El movimiento campesino había llegado a su cúspide”.35 1. La Ley del 6 de enero de 1915 Pr ue ba fin al Como una necesidad política, y proveniente de los sectores más avanzados del carrancismo, fue elaborada la Ley del 6 de enero, creada por Luis Cabrera bajo algunos de los conceptos que tiempo atrás habían proyectado y aplicado en las zonas liberadas los zapatistas. A la postre, este documento se convirtió en la base de la legitimación jurídica de la clase en ascenso y del propio Estado mexicano y tácticamente fue útil al carrancismo para contener el auge de la lucha campesina. Cínicamente en sus consideraciones, Carranza señaló: que la inspiración de esta ley obedece al impacto “que ha tenido para la clase campesina” la aplicación de la Ley de desamortización, por lo que esta ley debía decretarse. Este documento, al que podríamos reconocer como pragmático, recoge el problema ancestral de la restitución agraria (artículos 1o. y 6o.), útil para el momento político en que se generó, aunque prácticamente irrealizable dadas las estructuras burguesas en que se formuló y que otrora habían sido las mismas detractoras de los intereses de los pueblos indios y campesinos. Al decir de Martha Chávez: “Como vemos esta Ley es netamente ejidal aún en su preámbulo. En esta disposición no se trata de revivir las antiguas comunidades, ni de crear otras semejantes, sino solamente 34 Gilly, Adolfo, op. cit., p. 174. 35 Ibid., p. 175. 242 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO de dar esas tierras a la población rural miserable; es de advertir que la propiedad de las tierras no pertenecerá al común del pueblo, sino que ha de quedar dividida…”.36 Por otro lado, la ley de 1915 plantea el reparto agrario, base de la reforma agraria burguesa, creando los organismos que se encargarían de regular las dotaciones agrarias, surgen de esta manera: I. La Comisión Nacional Agraria (artículo 4o.). II. Las Comisiones Locales Agrarias; una por cada estado, o territorio de la República, y III. Los comités particulares que corresponderían a los pueblos y su objetivo sería el de realizar las tramitaciones agrarias ante los dos organismos antes señalados (En el apéndice 10 se incorpora el contenido en extenso de esta ley). rrú a La ley del 6 de enero de 1915 fue la base para la promulgación del artículo 27 constitucional. Po 2. Diversos ordenamientos agrarios del carrancismo, periodo de 1915 a enero de 1917 Pr ue ba fin al Con objeto de institucionalizar su proyecto agrario, las fuerzas carrancistas establecieron ordenamientos que reglamentaban lo estipulado en la ley del 6 de enero, mientras tanto, la lucha revolucionaria continuaba su paso inexorable, para el discurso jurídico hegemónico, estos documentos comprenden la única codificación agraria de la época, lo que desde luego denota el carácter excluyente frente a las demás corrientes en pugna. Dentro de las circulares agrarias emitidas por el carrancismo tenemos: a) Circular del 19 de enero de 1915 que previene a los gobernadores de los estados para que procedan al nombramiento de las Comisiones Locales Agrarias. b) Acuerdo del 19 de enero de 1916 señalando que la aplicación del decreto del 6 de enero de 1915 era de carácter general. c) Circular del 24 de marzo de 1916 que señaló la extensión que debían tener los ejidos que se restituyan o se doten a los pueblos. d) Circular del 30 de junio de 1916 que excluyó a las ciudades de la dotación y concedió ésta según la categoría del centro de población de que se trate. e) Circular del 29 de julio de 1916 que concretó los derechos para solicitar reivindicación de ejidos. 36 Chávez Padrón, Martha, Derecho agrario, Editorial Porrúa, México, 1974. 243 EL AGRARISMO COMO RUPTURA REVOLUCIONARIA (1899-1922) f) Decreto del 19 de septiembre de 1916 que modificó los artículos 7, 8 y 9 de la ley del 6 de enero de 1915. g) Circular del 11 de diciembre de 1916 que señaló como componente para conocer la tramitación del expediente de un pueblo, a la Comisión Local Agraria de la entidad correspondiente. h) Circular del 10 de enero de 1917 que ordenó la activación de las solicitudes de restitución y dotación. i) Circular del 24 de enero de 1917 que señaló los datos que debía recabar un expediente de dotación. j) Circular del 1o. de febrero de 1917 que ordenó la tramitación por separado de los expedientes de restitución y dotación. ba fin al Po rrú a Para los carrancistas la institucionalización del problema agrario de México significó que el nuevo Estado se arrogara el papel de “impulsor”, “organizador” y definidor de la política agraria y consecuentemente de la reforma agraria contemporánea, quedando al margen de su realización y aplicación los campesinos, los indios, los trabajadores agrícolas y sus intelectuales. Sería ahora por conducto del nuevo núcleo en ascenso —la burguesía— “que los campesinos verían resueltas sus demandas de justicia social”. Al igual que lo concibieran los intelectuales del siglo XIX, los del carrancismo sostuvieron que era indispensable “institucionalizar” la Revolución para forjar el “nuevo orden” siendo indispensable una nueva Constitución. Pr ue K. EL ARTÍCULO 27 CONSTITUCIONAL Y LA CONSOLIDACIÓN DEL ESTADO BURGUÉS Fue el 21 de noviembre de 1916 que se inauguró el Congreso Constituyente en la ciudad de Querétaro, lugar que relativamente contaba con cierta seguridad al marco de guerra que en aquel entonces aún se vivía en el país. Con proyectos de Venustiano Carranza y de Andrés Molina Enríquez, el constituyente de Querétaro integró una comisión que se encargaría de elaborar el documento final del artículo 27. Si bien los intelectuales y militares que se abocaron a estudiar esta propuesta vertieron ideas trascendentes en el marco de la ideología agrarista, habría que considerar la influencia que tuvieron los acontecimientos que el país vivía en aquel momento de guerra campesina. Era evidente que el carrancismo daba un viraje rotundo a su antiagrarismo, producto de la asechanza del movimiento campesino, en particular la del zapatismo y, además del ambiente político que se tornó como una influencia de los 244 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO programas revolucionarios de Magón y Zapata, los que tuvieron que ser “alternados”, con la “nueva ideología” que estaba surgiendo en la legislación de 1917. Inspirado en Andrés Molina Enríquez (asesor de la comisión redactora), el artículo 27 en su versión final fue presentado al Congreso, y en un tiempo “récord” de setenta y dos horas fue aprobado el nuevo agrarismo de México. El documento que intentó ser el fundamentador de las relaciones de propiedad del país quedó bastante desordenado, refiriendo diversidad de aspectos, no tan sólo los concernientes a la cuestión agraria, su versión final quedó de la siguiente manera: Pr ue ba fin al Po rrú a Artículo 27.—La propiedad de las tierras y aguas comprendidas dentro de los límites del territorio nacional, corresponde originariamente a la Nación, la cual ha tenido y tiene el derecho de transmitir el dominio de ellas a los particulares constituyendo la propiedad privada. Las expropiaciones sólo podrán hacerse por causa de utilidad pública y mediante indemnización. La Nación tendrá en todo tiempo el derecho de imponer a la propiedad privada las modalidades que dicte el interés público, así como el de regular el aprovechamiento de los elementos naturales susceptibles de apropiación para hacer una distribución equitativa de la riqueza pública y para cuidar de su conservación. Con este objeto se dictarán las medidas necesarias para el fraccionamiento de los latifundios; para el desarrollo de la pequeña propiedad; para la creación de nuevos centros de población agrícola con las tierras y aguas que les sean indispensables; para el fomento de la agricultura y para evitar la destrucción de los elementos naturales y los daños que la propiedad pueda sufrir en perjuicio de la sociedad. Los pueblos, rancherías y comunidades que carezcan de tierras y aguas, o no las tengan en cantidad suficiente para las necesidades de su población, tendrán derecho a que se les dote de ellas, tomándolas de las propiedades inmediatas, respetando siempre la pequeña propiedad. Por tanto, se confirman las dotaciones de terrenos que se hayan hecho hasta ahora de conformidad con el decreto del 6 de enero de 1915. La adquisición de las propiedades particulares necesarias para conseguir los objetos antes expresados se considerarán de utilidad pública. Corresponde a la Nación el dominio directo de todos los minerales o substancias que en vetas, mantos, masas o yacimientos constituyan depósitos cuya naturaleza sea distinta de los componentes de los terrenos, tales como los minerales de los que se extraigan metales y metaloides utilizados en la industria; los yacimientos de piedras preciosas, de sal de gema y las salinas formadas directamente por las aguas marinas; los productos derivados de la descomposición de las rocas, cuando su explotación necesite trabajos subterráneos; los fosfatos susceptibles de ser utilizados como fertilizantes; los combustibles minerales sólidos; el petróleo y todos los buros de hidrógeno sólidos, líquidos o gaseosos. 245 EL AGRARISMO COMO RUPTURA REVOLUCIONARIA (1899-1922) Pr ue ba fin al Po rrú a Son también propiedad de la Nación las aguas de los mares territoriales en la extensión y términos que fije el Derecho Internacional; las de las lagunas y esteros de las playas; las de los lagos interiores de formación natural que estén ligados directamente a corrientes constantes; las de los ríos principales o arroyos afluentes desde el punto en que brota la primera agua permanente hasta su desembocadura, ya sea que corran al mar o que crucen dos o más Estados; las de las corrientes intermitentes que atraviesen dos o más Estados en su rama principal, las aguas de los ríos, arroyos o barrancos cuando sirvan de límite al territorio nacional o al de los Estados; las aguas que se extraigan de las mismas; y los cauces, lechos o riberas de los lagos y corrientes anteriores en la extensión que fija la ley. Cualesquiera otra corriente de agua no incluida en la enumeración anterior, se considerará como parte integrantes de la propiedad privada que atraviese; pero el aprovechamiento de las aguas, cuando su curso pase de una finca a otras, se considerará como de utilidad pública y quedará sujeta a las disposiciones que dicten los Estados. En los casos a que se refieren los dos párrafos anteriores, el dominio de la Nación es inalienable e imprescriptible, y sólo podrán hacerse concesiones por el Gobierno Federal a los particulares o sociedades civiles o comerciales constituidas conforme a las leyes mexicanas, con la condición de que se establezcan trabajos regulares para la explotación de los elementos de que se trata y se cumpla con los requisitos que prevengan las leyes. La capacidad para adquirir el dominio de las tierras y aguas de la Nación se regirá por las siguientes prescripciones. I. Sólo los mexicanos por nacimiento o por naturalización y las sociedades mexicanas, tienen derecho para adquirir el dominio de las tierras, aguas y sus accesiones, o para obtener concesiones de explotación de minas, aguas o combustibles minerales en la República Mexicana. El Estado podrá conceder el mismo derecho a los extranjeros siempre que convengan ante la Secretaría de Relaciones en considerarse como nacionales respecto de dichos bienes y en no invocar, por lo mismo, la protección de sus gobiernos, por lo que se refiere a aquellos; bajo la pena, en caso de faltar al convenio, de perder en beneficio de la Nación los bienes que hubieren adquirido en virtud del mismo. En una faja de cien kilómetros a lo largo de las fronteras y de cincuenta en las playas, por ningún motivo podrán los extranjeros adquirir el dominio directo sobre tierras y aguas; II. Las asociaciones religiosas denominadas iglesias, cualesquiera que sea su credo, no podrán en ningún caso tener capacidad para adquirir, poseer o administrar bienes raíces, ni capitales impuestos sobre ellos; los que tuvieren actualmente, por sí o por interpósita persona, entrarán al dominio de la Nación, concediéndose acción popular para denunciar los bienes que se hallaren en tal caso. La prueba de presunciones será bastante para declarar fundada la denuncia. Los templos destinados al culto público son de la propiedad de la Nación representada por el Gobierno 246 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO Pr ue ba fin al Po rrú a Federal, quien determinará los que deben continuar destinados a su objeto. Los obispados, casas curales, seminarios, asilos o colegios de asociaciones religiosas, conventos o cualquier otro edificio que hubiere sido construido o destinado a la administración, propaganda o enseñanza de un culto religioso, pasarán desde luego, de pleno derecho, al dominio directo de la Nación para destinarse exclusivamente a los servicios públicos de la Federación o de los Estados de sus respectivas jurisdicciones. Los templos que en lo sucesivo se erigieren para el culto público, serán propiedad de la Nación; III. Las instituciones de beneficencia pública que tengan por objeto el auxilio de los necesitados, la investigación científica, la difusión de la enseñanza, la ayuda recíproca de los asociados o cualquier otro objeto lícito, no podrán adquirir más bienes raíces que los indispensables para su objeto, inmediata o directamente destinados a él; pero podrán adquirir, tener y administrar capitales impuestos sobre bienes raíces, siempre que los plazos de imposición no excedan de diez años. En ningún caso las instituciones de esta índole podrán estar bajo el patronato, dirección, administración, cargo o vigilancia de corporaciones o instituciones religiosas; ni de ministros de los cultos o de sus asimilados, aunque éstos o aquellos no estuvieren en ejercicio; IV. Las sociedades comerciales por acciones, no podrán adquirir, poseer o administrar fincas rústicas. Las sociedades de esta clase que se constituyeren para explotar cualquiera industria fabril, minera, petrolera o para algún otro fin que no sea agrícola, podrán adquirir, poseer o administrar terrenos únicamente en la extensión que sea estrictamente necesaria para los establecimientos o servicios de los objetos indicados, que el Ejecutivo de la Unión o de los Estados fijarán en cada caso; V. Los bancos debidamente autorizados conforme a las leyes de instituciones de crédito, podrán tener capitales impuestos sobre propiedades urbanas y rústicas, de acuerdo con las prescripciones de dichas leyes, pero no podrán tener en propiedad o en administración más bienes raíces que los enteramente necesarios para su objeto directo; VI. Los condueñazgos, rancherías, pueblos, congregaciones, tribus y demás corporaciones de población, que de hecho o por derecho guarden el estado comunal, tendrán capacidad para disfrutar en común las tierras, bosques y aguas que les pertenezcan o que se les haya restituido o restituyeren conforme a la ley de 6 de enero de 1915, entre tanto la ley determina la manera de hacer el repartimiento únicamente de las tierras; VII. Fuera de las corporaciones a que se refieren las fracciones III, IV y VI, ninguna otra corporación civil podrá tener propiedad o administrar por sí bienes raíces o capitales impuestos sobre ellos, con la única excepción de los edificios destinados inmediata y directamente al objeto de la institución. Los Estados, el Distrito Federal y los Territorios, lo mismo que los municipios de toda la República, tendrán plena capacidad para adquirir y poseer todos los bienes raíces necesarios para los servicios públicos. Las leyes de la Federación y de los Estados, en sus respectivas jurisdicciones, determinarán los casos en que sea de utilidad pública la ocupación 247 EL AGRARISMO COMO RUPTURA REVOLUCIONARIA (1899-1922) Pr ue ba fin al Po rrú a de la propiedad privada; y de acuerdo con dichas leyes la autoridad administrativa hará la declaración correspondiente. El precio que se fijará como indemnización a la cosa apropiada, se basará en la cantidad que como valor fiscal de ella figure en las oficinas catastrales o recaudadoras, ya sea que este valor haya sido manifestado por el propietario o simplemente aceptado por uno de un modo tácito, por haber pagado sus contribuciones con esta base, aumentándolo con un diez por ciento. El exceso de valor que haya tenido la propiedad particular por las mejoras que se le hubieren hecho con posterioridad a la fecha de la asignación del valor fiscal será lo único que deberá quedar, sujeto a juicio pericial y a la resolución judicial. Esto mismo se observará cuando se trate de objetos cuyo valor no esté fijado en las oficinas rentísticas. Se declararán nulas todas las diligencias, disposiciones, resoluciones y operaciones de deslinde, concesión, composición, sentencia, transacción, enajenación o remate que hayan privado total o parcialmente de sus tierras, bosques y aguas a los condueñazgos, rancherías, pueblos, congregaciones, tribus y demás corporaciones de población que existan todavía, desde la ley de 25 de junio de 1856; y del mismo modo serán nulas todas las disposiciones, resoluciones y operaciones que tengan lugar en lo sucesivo y que produzcan iguales efectos. En consecuencia, todas las tierras, bosques y aguas de que hayan sido privadas las corporaciones referidas, serán restituidas a éstas con arreglo al decreto de 6 de enero de 1915, que continuará en vigor como ley constitucional. En el caso de que, con arreglo a dicho decreto, no procediere por vía de restitución la adjudicación de tierras que hubiere solicitado alguna de las corporaciones mencionadas, se le dejarán aquellas en calidad de dotación, sin que en ningún caso deje de asignársele las que necesitare. Se exceptúan de la nulidad antes referida únicamente las tierras que hubieren sido tituladas en los repartimientos hechos en virtud de la citada ley de 25 de junio de 1856 o poseída con nombre propio a título de dominio por más de diez años, cuando su superficie no exceda de cincuenta hectáreas. El exceso sobre esa superficie deberá ser devuelto a la comunidad, indemnizando su valor al propietario. Todas las leyes de restitución que por virtud de este precepto se decreten, serán de inmediata ejecución por la autoridad administrativa. Sólo los miembros de la comunidad tendrán derecho sobre los mismos terrenos mientras permanezcan indivisos, así como los de propiedad, cuando se haya hecho el fraccionamiento. El ejercicio de las acciones que corresponden a la nación por virtud de las disposiciones del presente artículo, se hará efectivo por el procedimiento judicial; pero dentro de este procedimiento y por orden de los tribunales correspondientes que se dictará en el plazo máximo de un mes, las autoridades administrativas procederán desde luego a la ocupación, administración, remate o venta de las tierras y aguas de que se trate y todas sus accesiones sin que en ningún caso pueda revocarse lo hecho por las mismas autoridades antes de que se dicte sentencia ejecutoriada. Durante el próximo periodo constitucional, el Congreso de la Unión y las legislaturas de los estados, en sus respectivas jurisdicciones, expedirán 248 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO ue ba fin al Po rrú a leyes para llevar a cabo el fraccionamiento de las grandes propiedades, conforme a las bases siguientes: a) En cada estado y Territorio se fijará la extensión máxima de tierra de que puede ser dueño un solo individuo o sociedad legalmente constituida. b) El excedente de la extensión fijada deberá ser fraccionado por el propietario en el plazo que señalen las leyes locales y las fracciones serán puestas a la venta en las condiciones que aprueben los gobiernos de acuerdo con las mismas leyes. c) Si el propietario se negare a hacer el fraccionamiento, se llevará éste a cabo por el Gobierno local, mediante la expropiación. d) El valor de las fracciones será pagado por anualidades que amorticen capitales y réditos en un plazo no menor de veinte años, durante el cual el adquiriente no podrá enajenar aquéllas. El tipo del interés no excederá del cinco por ciento anual. e) El propietario estará obligado a recibir bonos de una deuda especial para garantizar el pago de la propiedad expropiada. Con este objeto, el Congreso de la Unión expedirá una ley facultando a los estados para crear su deuda agraria. f) Las leyes locales organizarán el patrimonio de familia, determinando los bienes que deben constituirlo, con base en que será inalienable y no estará sujeto a embargo ni a gravamen ninguno. Se declaran revisables todos los contratos y concesiones hechos por los Gobiernos anteriores desde el año de 1876, que hayan traído por consecuencia el acaparamiento de tierras, aguas y riqueza naturales de la Nación por una sola persona o sociedad, y se faculta al Ejecutivo de la Unión para declararlos nulos cuando impliquen perjuicios graves para el interés público.37 Pr L. ALGUNOS ELEMENTOS PARA LA COMPRENSIÓN DE LA CONSTITUCIÓN DE 1917 Y DEL ARTÍCULO 27 Cualquier análisis que se realice del artículo 27 quedaría inconcluso si no se observa —con justeza— el pensamiento liberal, que si bien acudió a la ideología burguesa, procede de los auténticos demócratas revolucionarios, que surgidos de las clases medias de su época, cuestionaron el problema medular que fundamentó la Revolución Mexicana, es decir, la restitución agraria a los pueblos. Al respecto encontramos al núcleo de intelectuales —fundamentalmente abogados y profesionistas— que integraron la llamada ala radical e independiente del Congreso Constituyente, entre otros sobresalen Pastor Rouiax, Andrés Molina Enríquez y Luis Cabrera. 37 Fabila, op. cit., pp. 308-312. 249 EL AGRARISMO COMO RUPTURA REVOLUCIONARIA (1899-1922) Del primero es encomiable su participación y experiencia en la Comisión Nacional Agraria y sus actividades como Secretario de Fomento del carrancismo, del segundo sus aportaciones políticas a través de su obra Los grandes problemas nacionales y su visión etnológica-indígena en torno al problema agrario, y de Luis Cabrera sus puntos de coincidencia con el liberalismo radical y con el zapatismo, estos son los puntos de unión entre la revolución radical y la revolución social que se pretendía desarrollar, y que desde la perspectiva del derecho agrario de México los podemos concentrar en los siguientes aspectos: I. Restitución de tierras a los pueblos indígenas. II. Dotación de tierras y aguas a los núcleos que carecieran de ellas. Pr ue ba fin al Po rrú a Bajo una óptica más general encontramos que la Constitución mexicana, que fue promulgada el 5 de febrero de 1917 y que abrogó a la de 1857, contiene un enfoque positivista acorde con el modelo liberal capitalista que le dio vigencia. Conforme a los preceptos que le componen, el Estado nacional impuso su hegemonía (política, económica, social, etcétera) a los demás sectores y clases de la sociedad mexicana. La expresión jurídica de esta hegemonía se expresa, entre otros, en los preceptos contenidos en el artículo 30 de la Constitución General de la República, con el cual toda la población habida en el territorio adquirió su status de ser mexicana, mucha de ella sin serlo. De esta forma sesenta y cuatro etnias de composición socio-cultural diversa fueron “convertidas en mexicanas”. Al respecto el mencionado ordenamiento señala: Capítulo II De los Mexicanos Artículo 30.—La nacionalidad mexicana se adquiere por nacimiento o por naturalización. A) Son mexicanos por nacimiento. I. Los que nazcan en territorio de la República, sea cual fuere la nacionalidad de sus padres; II. Los que nazcan en el extranjero de padres mexicanos; de padre mexicano y de madre mexicana; III. Los que nazcan a bordo de embarcaciones o aeronaves mexicanas, sean de guerra o mercantes.38 Otro aspecto que asienta la Constitución mexicana es el de la igualdad ante la ley. Conforme a este formulismo jurídico, todos los mexicanos son iguales ante la legislación del Estado aspecto que, entre otros, se fundamenta en el título I, capítulo I de las Garantías Individuales. 38 Constitución Política de los Estados Unidos, Editorial Porrúa, México, 1990, p. 37. 250 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO fin al Po rrú a Teórica y doctrinalmente este tipo de principios es irrefutable, sin embargo, en los hechos tal pronunciamiento homogeneizó políticamente a millones de indígenas para corporativizarlos al proyecto nacional, con lo que se “hizo iguales a los desiguales”. Al respecto el artículo 1 de la Constitución reza: “En los Estados Unidos Mexicanos todo individuo gozará de las garantías que otorgue esta Constitución, las cuales no podrán restringirse ni suspenderse, sino en los casos y con las condiciones que ella misma establece”. De esta forma se negó la condición diversa de las poblaciones étnicas, su existencia y su desarrollo autónomo. El Estado mexicano aplicó en su Constitución un criterio mono-étnico, el del bloque hegemónico. Como fenómeno político-social este hecho no es gratuito, sino que configura un problema de poder y hegemonía en el que el proyecto capitalista plantea la “homogeneización” y omisión jurídica de las poblaciones indígenas como un hecho necesario y útil para la reproducción y expansión de su sistema. La Constitución mexicana no le reconoció personalidad jurídica a las etnias existentes en la realidad socioeconómica del país, por representar ello un problema político. Cosa muy distinta aconteció en materia agraria, en la que el bloque hegemónico sí reconoció formalmente la personalidad jurídica (agraria) a las poblaciones indígenas a las que genéricamente denominó “comunidades”, “tribus”, etcétera. ue ba 1. La propiedad originaria, base del capitalismo agrario Pr Legislativamente la fórmula de la propiedad originaria, que fundamentó a la propiedad territorial de México, quedó consagrada en el primer párrafo del artículo 27 de la Constitución General de la República, el que a la letra dice: “La propiedad de las tierras y aguas comprendidas dentro de los límites del territorio corresponde originariamente a la Nación, la cual ha tenido y tiene el derecho de transmitir el dominio de ellas a los particulares, constituyendo la propiedad privada”.39 De este párrafo se desprende el concepto de propiedad originaria que, al igual que la mayoría de los preceptos, fueron redactados por Andrés Molina Enríquez por encomienda del ingeniero Pastor Rouaix. Arnaldo Córdoba40 señala que Molina Enríquez concebía a la Nación como el “pueblo dueño de su territorio”. La propiedad originaria de la Nación sobre las tierras y aguas que componen el territorio, constituye una versión actualizada del dominio 39 Ibidem, p. 20. 40 Córdova, Arnaldo, Nación y Estado en el mundo moderno, Grijalbo, México, pp. 156-163. 251 EL AGRARISMO COMO RUPTURA REVOLUCIONARIA (1899-1922) Pr ue ba fin al Po rrú a inminente que ostentaron los Estados absolutistas en el curso de sus prácticas patrimonialistas. Todos los Estados contemporáneos reivindican su carácter soberano sobre sus respectivos territorios; sin embargo, no en todos los casos la soberanía se expresa a través de un vínculo jurídico de la propiedad. He aquí el dato peculiar del modelo mexicano. La propiedad originaria de la Nación, como modo de ser específico de la soberanía, funda la hegemonía del Estado (burguesía) sobre los espacios privados. En los hechos, si tuviésemos que reconocer el concepto de propiedad sustentado por Molina Enríquez, por cuanto “ser el pueblo dueño de su territorio”, tendríamos que redimensionar el texto constitucional estableciendo que las naciones existentes en México son las propietarias originarias del territorio, entiéndase por supuesto bajo este tenor, a los Pueblos indios de México. En otra perspectiva, el legislador mexicano debió de haber categorizado la función política y hegemónica del Estado y debió de haber señalado, bajo el enfoque capitalista, que el Estado moderno mexicano es el propietario originario del territorio. Y no así, la decantada Nación. A diferencia del derecho de conquista aplicado durante la Colonia como el derecho del más fuerte, el derecho positivo, que justificó las relaciones de propiedad provenientes de la Revolución intentó manifestarse de manera consensual a través del parlamentarismo y de la supuesta representación popular. Con la Revolución mexicana las relaciones de propiedad entraron en una nueva dinámica. El modelo socioeconómico pretendido consideró el afianzamiento de las relaciones de producción capitalista en cuyo epicentro se encontraba la burguesía; de esta forma hubo que darle una nueva adecuación a la propiedad. De manera sui generis, el legislador mexicano, al elaborar la Constitución de 1917, proporcionó plenas facultades a la Nación, como propietaria originaria del territorio y estableció la opción de brindar a los particulares la propiedad privada como una propiedad derivada y de manera específica planteó a la “propiedad social”, reconociendo, en algunos casos, a la propiedad comunal y ejidal. En el fondo, esta legislación ocultó intereses políticos hegemónicos en los que si bien se aspiraba reivindicar los derechos agrarios del pequeño campesino, también existían objetivos estratégicos de la nueva clase en ascenso. Las relaciones de propiedad que surgen a partir de 1917 guardan la tutela del bloque dominante al que los legisladores denominaron como la Nación, pero que políticamente se traduce como el Estado. La dimensión desde la cual el legislador definió a la propiedad agraria alude al poder público a través del concepto de Nación, al ser éste un concepto sociopolítico, y no jurídico, presenta ambigüedades con las que se oculta el verdadero carácter de dominio territorial. 252 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO Al tiempo que el artículo 27 pretende presentar al territorio como una propiedad —nacionalizada— encubrió a la instancia política que detenta, formal y factualmente, a dicha propiedad, es decir, al Estado. Otros de los aspectos significativos que señala el artículo en estudio son: • Sólo los mexicanos por nacimiento o naturalización podrán ser propietarios; los extranjeros entran a un segundo plano y sólo podrán poseer bienes agrarios siempre y cuando renuncien a su nacionalidad respecto a los bienes que administrarán. • Define los tres tipos de propiedad agraria: ejido, bienes comunales y pequeña propiedad. • Establece los límites para la propiedad privada. Pr ue ba fin al Po rrú a En realidad la mayoría de conceptos del artículo 27 no constituye ninguna novedad jurídica. La propiedad territorial del soberano y la personalidad de los núcleos rurales fueron bases del régimen colonial; la restitución de ejidos tuvo antecedentes en la antigua legislación civil colonial (siglo XVIII). La expropiación es una institución del derecho romano, la prohibición para adquirir bienes a ciertas personas aparece ya en el medioevo europeo; la limitación en la extensión a la propiedad y la redistribución del agro también guardan antecedentes antiguos. Quizás una de las adecuaciones o aportaciones importantes del artículo 27 lo sea el de la función social de la propiedad, la que se proyecta con relación a la satisfacción de la demanda campesina. Bajo esta configuración, el sujeto social campesino, aparece como un sector en desventaja a quien “la ley debe tutelar sus derechos”, de esta manera se reproduce el concepto de función social de la propiedad. Concepto más bien discursivo que real, ya que si no existieran clases sociales no existiría una “función social” de la propiedad. Así, el problema de la propiedad se traduce como un problema de poder. Otro aspecto que habría que considerar es el de expropiación por causa de utilidad pública, institución jurídica contenida en el párrafo segundo del artículo 27; acto unilateral que se reserva en su ejecución el Estado —la Nación— y en virtud del cual bienes pertenecientes al particular pasan a dominio del Estado con el fin de servir a una determinada utilidad pública y mediante indemnización. Los elementos que configuran la expropiación son: • La utilidad pública. Son evidentes los beneficios socioeconómicos al afectar la propiedad particular a fin de dotar tierras a los campesinos. • Bienes, muebles e inmuebles que sean afectados. • Procedimiento expropiatorio que se debe sujetar a lo prescrito en el artículo 27. 253 EL AGRARISMO COMO RUPTURA REVOLUCIONARIA (1899-1922) rrú a • Declaratoria de expropiación. La hace en forma unilateral la autoridad administrativa. • Recurso de revocación. Que puede interponer el afectado quince días después de notificado el acuerdo de expropiación. • Ejecución de la declaratoria de expropiación por la autoridad administrativa que corresponda. • Indemnización al propietario con base en el valor fiscal reconocido en forma expresa o tácita. Sólo queda a peritaje o a resolución judicial. • Forma de pago, mediante indemnización que otrora garantizaba con bonos de la deuda agraria, los cuales eran programados. • Destino de los bienes para los campesinos. • Revisión. Cuando en un lapso de cinco años no se ejecuta el fin expropiatorio. 2. El artículo 27 y la moderna reforma agraria Pr ue ba fin al Po Con la Revolución mexicana la reforma agraria adoptó la vía campesina de desarrollo del capitalismo en la agricultura. Esta destruyó, relativamente al latifundio dando paso a nuevas relaciones de producción capitalistas en las que jugó un papel importante la pequeña producción campesina. Así, se parte del principio social del reparto agrario que se realiza en la distribución de pequeñas parcelas. En México, este fenómeno se proyectó de manera sui generis al haber sido el ejido la base principal sobre la que giró la reforma agraria. El ejido proyectado en el artículo 27, fue muy distinto al ejido novohispano e inclusive al diseñado por el zapatismo. Así por ejemplo, el organizado por las comisiones del sur del zapatismo, tuvo su origen en la cultura indígena, mientras que la fórmula constitucional estableció una forma ejidal ad hoc al capitalismo agrario de México, como unidades de producción rural ligadas al fenómeno de la acumulación y la renta de la tierra. Para la burguesía fue importante construir un doble discurso jurídico, en el que si bien por un lado se impulsó el reparto agrario, por otro se establecieron adecuaciones políticas que permitieron ejercer la hegemonía estatal en los ejidos, aspecto que en el fondo denota la existencia de determinadas relaciones de poder y la lucha por el espacio territorial. De ahí que la propiedad ejidal haya sido definida como inalienable, imprescriptible e inembargable. Así el Estado, al distribuir la propiedad lo hizo como ejidos y no como comunidades, ya que estos últimos correspondían a la propiedad de los pueblos indios. La “ejidalización” de las tierras, otrora comunales, representó otra forma de aculturación y de penetración de la estructura capitalista en los territorios indios. 254 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO En los hechos el formulismo jurídico referente al reparto agrario no se aplicó sino en la coyuntura cardenista (1934-1940), periodo en el cual las aspiraciones zapatistas adquirieron un nuevo impulso. Véase cuadro 12 (Reparto de tierras en México) relativo al proceso de reforma agraria en México. Cuadro 12 Reparto de tierras en México (Resoluciones presidenciales ejecutadas 1915-1989) Venustiano Carranza (1915-1920) 167,936 Campesinos beneficiados Promedio de hectáreas por campesino 46,398 3.6 a Hectáreas repartidas rrú Presidente 1,133,813 134,798 8.4 Plutarco Elías Calles (1924-1928) 2,872,876 297,798 9.9 Emilio Portes Gil (1928-1930) 1,707,750 171,577 9.9 944,538 64,573 14.6 790,694 68,566 11.5 Lázaro Cárdenas (1934-1940) 17,906,424 811,157 22.0 Manuel Ávila Camacho (1940-1946) 5,944,450 157,836 37.6 Miguel Alemán (1946-1952) 4,844,123 97,391 49.7 Adolfo Ruiz Cortínes (1952-1958) 4,894,390 231,888 21.0 Adolfo López Mateos (1958-1964) 11,361,370 304,498 37.3 Gustavo Díaz Ordaz (1964-1970) 14,139,574 216,695 62.0 Luis Echeverría Álvarez (1970-1976) 12,773,888 205,999 36.8 José López Portillo (1976-1982) 5,938,939 92,912 63.9 Miguel de la Madrid Hurtado (1982-1988) 8,446,614 223,804 37.7 Carlos Salinas de Gortari (1989) 686,547 34,961 19.6 Pr ue ba Abelardo L. Rodríguez (1932-1934) al fin Pascual Ortiz Rubio (1930-1932) Po Álvaro Obregón (1920-1924) Fuente: Elaborado con base en información del Centro de Investigaciones Agrarias. 255 EL AGRARISMO COMO RUPTURA REVOLUCIONARIA (1899-1922) Po rrú a Fue durante el carrancismo que se distribuyó el menor número de tierras, con un promedio de 3.6 hectáreas. De las superficies repartidas por Carranza solamente el 8.5 % eran de riego, el 43.7 % de temporal y las demás eran montes, cerriles, pastos y otras no aptas a la agricultura. Para la burguesía la Revolución terminó con la promulgación de la Constitución en 1917, sin embargo, los acontecimientos demuestran la insatisfacción de la demanda campesina, ya que aún persistía la lucha agraria en todo el país. Desde la doctrina se ha considerado que con el artículo 27, el derecho agrario mexicano se edificó originalmente como una rama autónoma del derecho civil cuyos contenidos específicamente aluden a las relaciones de propiedad agraria del país. Los preceptos jurídicos contenidos en dicho artículo han ido moldeando los cambios socioeconómicos desarrollados por el Estado mexicano, guardando una estructura formal distinta a la que le dio origen. Aspecto al que nos referimos más adelante, advirtiendo las diversas reformas, adiciones y adecuaciones incorporadas al artículo de referencia. al M. LOS ESTADOS UNIDOS ANTE EL PROBLEMA AGRARIO, LA COYUNTURA CONSTITUCIONAL Pr ue ba fin En virtud de la política de alianzas que el carrancismo pactó con los Estados Unidos y que entre otros factores permitió que el Departamento de Estado norteamericano suministrara diversos pertrechos de guerra al constitucionalismo, el Estado, surgido de la Revolución, tuvo que adecuar su legislación agraria y su nueva política rural bajo los cánones y asechanzas impuestos desde el exterior. La “diplomacia norteamericana” argumentaba supuestas “agresiones” a sus connacionales y la posible aplicación para los estadounidenses del nuevo orden legal, lo cual preocupaba a la inteligencia norteamericana. Los fundamentos jurídicos contenidos en el artículo 27 en sus párrafos del I al IV, relativos a la propiedad originaria del territorio, con la cual el Estado se ubicó como la instancia resolutiva de las relaciones de propiedad; asimismo, el reconocimiento a los órganos administrativos agrarios para aplicar las afectaciones agrarias de los latifundios, como era el caso en que se ubicaban diversas propiedades norteamericanas, por otro lado, la prerrogativa del Estado de imponer a la propiedad las modalidades que dictara el interés público, contemplando dentro de éstas las medidas necesarias para el fraccionamiento de los latifundios; para el desarrollo de la pequeña propiedad, así como para la creación de nuevos centros de población ejidal y las dotaciones agrarias, constituían una “amenaza” a los intereses norteamericanos. 256 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO rrú a Para los Estados Unidos, el problema fundamental lo contemplaba el párrafo IV del artículo 27 que estableció el dominio directo de la Nación de todos los minerales o substancias del subsuelo, incluyendo desde luego el petróleo. Estos argumentos jurídicos resultaban “altamente radicalizados”, bajo la óptica del Departamento de Estado norteamericano, sin embargo, sus analistas pretendían no entender que las causas que originaron dicha legislación, provenían de componendas, negociaciones y arreglos entre el dictador Díaz —entre otros— y los propios Estados Unidos. Múltiples haciendas y propiedades de norteamericanos41 surgieron a la sombra de un orden jurídico funesto, y con el atropello a las comunidades y el asesinato de los indígenas; incongruentemente los Estados Unidos reclamaban ahora el “respeto de sus intereses”, circunstancias todas ellas oprobiosas que fueran conocidas y descritas, por el periodista John Kenneth Turner, quien señalaba: Pr ue ba fin al Po Presentamos ahora uno o dos ejemplos de la forma en que los norteamericanos contribuyen a la extensión de la esclavitud. Tenemos las atrocidades contra los yaquis. El vicepresidente Corral, que entonces era gobernador del Estado de Sonora, provocó la guerra contra los yaquis al advertir la oportunidad de apoderarse de las tierras de éstos y venderlas a buen precio a capitalistas norteamericanos. La región yaqui es rica en recursos, tanto mineros como agrícolas, y tales capitalistas compraron las tierras cuando los indígenas estaban todavía en posesión de ellas; entonces alentaron la guerra de exterminio y al final instigaron el plan de deportarlos a la esclavitud de Yucatán. Pero el capital norteamericano no se detuvo ahí. Siguió a las mujeres y a los niños yaquis lejos de sus hogares. Vio cómo se desmembraban las familias, cómo se forzaba a las mujeres a que vivieran con chinos, cómo se mataba a palos a los hombres. Vio estas cosas, las alentó y las ocultó a los ojos del mundo, debido a su interés en el precio de la fibra de henequén; porque temió que al desaparecer el trabajo esclavizado, el precio de la fibra subiría. El americano Cordage Trust, una rama de la Standard Oil, absorbe más de la mitad de las exportaciones de henequén en Yucatán. La prensa de la Standard Oil declara que no hay esclavitud en México. El gobernador Fred N. Warner, 41 La primera empresa petrolera que se estableció en México fue la Waters-Pierce Oil Co., subsidiaria de la Standard Oil. Posteriormente ingresaron en 1901 las empresas de Edward C. Doheny, monopolio que coadyuvó con el crecimiento de la Standard Oil. Doheny descubrió el campo El Ébano y Pearson, los Campoacán y San Cristóbal (regiones indígenas). Cf. Meyer, Lorenzo, México y los Estados Unidos en el conflicto petrolero, El Colegio de Méxi­co, 1981, pp. 14-15. En relación con las haciendas son conocidos los casos de las transnacionales Richardson del Valle del Yaqui, La Sinaloa and Sonora Land Company, que motivaron la Guerra del Yaqui, Creel en Chihuahua, que despojó de sus tierras a los tarahumaras, etcétera. 257 EL AGRARISMO COMO RUPTURA REVOLUCIONARIA (1899-1922) tiene intereses en contratos de compra anual de esa fibra por valor de 500 mil dólares a los esclavistas del henequén yucateco. También los norteamericanos trabajan con esclavos…, los compran, los explotan, los encierran durante la noche, los azotan, los matan, exactamente igual que otros empresarios de México. Y admiten que hacen todo eso. Tengo en mi poder veintenas de confesiones de hacendados norteamericanos en las que afirman emplear mano de obra esencialmente esclavizada. En toda la región tropical del país, en las plantaciones de hule, de caña de azúcar, de frutas tropicales, por todas partes se encuentran norteamericanos que compran, azotan, encierran y matan esclavos.42 Pr ue ba fin al Po rrú a Fue así como el carrancismo estableció sendos decretos que advertían la reivindicación de los intereses norteamericanos en territorio nacional. Para el Estado postrevolucionario el discurso jurídico jugó un doble papel, primeramente el de ser un atenuador de los movimientos sociales, al aparentar la resolución de la demanda agraria y la de, curiosamente, coadyuvar al interés hegemónico del país vecino. Esta última circunstancia es viable en la medida del modelo agrario y agrícola pretendido que relacionó estrechamente a México con los Estados Unidos, como lo veremos más adelante. Valga señalar que las discrepancias de los norteamericanos con el nuevo artículo 27 asomaron desde enero de 1917, fecha en la que vía telegráfica, la cancillería de los Estados Unidos estableció su enérgica protesta llamando la atención de Carranza sobre los preceptos discutidos en esos momentos en el Constituyente, lo que implicaba una política hostil a los extranjeros y que podría originar graves consecuencias comerciales, así como políticas negativas. Sin embargo, los antecedentes del problema se remontan hacia 1913 cuando Carranza ofreció ciertas concesiones político-jurídicas a los estadounidenses a cambio de comestibles y pertrechos de guerra para continuar combatiendo al zapatismo y villismo, fue así como el carrancismo creó las Comisiones Mixtas Internacionales, circunstancia que denota la entrega de soberanía por el Estado carrancista, a los Estados Unidos de América, estos aspectos se formalizaron a través del Decreto del 24 de noviembre de 1917 en el que se justificaba a la Nación lo siguiente: Artículo 1o.—De conformidad con el decreto del 10 de mayo de 1913, expedido en Monclova, Coahuila por el C. Primer Jefe del Ejército Constitucionalista, se establece en la ciudad de México una Comisión dependiente de la Secretaría de Hacienda, que conocía de las reclamaciones por daños surgidos en las personas o en la propiedad, a consecuencia de los movimientos revolucionarios ocurridos en la República de 1910 a 1917. 42 Kenneth TURNER., John, México bárbaro, Costa Amic, México, 1974, p. 233. 258 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO El último corte del carrancismo al agrarismo mexicano, frente a los Estados Unidos, corresponde a los contenidos de la Ley de Reclamaciones, expedida el 30 de agosto de 1919. En este documento el Estado admite todos los puntos de vista sostenidos por los Estados Unidos. El decreto señala: rrú a a) Acepta las reclamaciones provenientes de actos causados por forajidos o rebeldes no triunfantes: […] IV. Por forajidos o rebeldes, siempre que se compruebe que el daño causado se consumó a consecuencia de algún acto, lenidad y omisión imputables a las autoridades legítimas encargadas de las garantías. No habrá lugar a indemnización en el caso a que se refiere este inciso si el propietario […] hubiere ejecutado actos […] de reconocimiento […] a los forajidos o rebeldes […] b) Serán indemnizables no solamente los daños pecuniarios causados por la revolución sino también los morales y perjuicios derivados de muerte o lesiones. Pr ue ba fin al Po Artículo 5o.—Podrán ser motivo de reclamaciones conforme a la presente ley: La destrucción de la propiedad particular, las requisiciones de dinero, valores, animales o mercancías, o cualesquiera otros daños sufridos en las propiedades, siempre que los demandantes no hayan sido indemnizados en otra forma. Tratándose de propiedades no se aceptarán reclamaciones por perjuicios o sea por privación de ganancias. Más adelante concede a la Comisión de Reclamaciones el más amplio criterio para recibir y valorizar pruebas; constituyendo al Tribunal en juzgados de conciencia sin obligación de establecer precedentes, al respecto considera: […] Podrá admitir la Comisión cualquier medio de prueba que a su juicio sea humanamente bastante para producir convicción en el caso concreto, aunque ese medio sea distinto de los especificados en las leyes de procedimientos o no tengan fuerza probatoria conforme a éstas, quedando sujeta su apreciación al criterio racional de los comisionados […] Conforme a los términos señalados, el Estado mexicano o su sucesor podrían convenir en la integración de una “Comisión especial arbitral” y privativa para los Estados Unidos que fuese competente para conocer de todo daño causado a sus personas y propiedades… por actos de autoridades revolucionarias e incluso “malhechores”, y ocurrido en cualquier momento. Por supuesto que los Estados Unidos manifestaron su beneplácito por el “apoyo prestado” por Carranza a sus connacionales. Fue en este contexto de turbulencia social y asechanza política que inició el Estado mexicano su paso a la modernización. 259 EL AGRARISMO COMO RUPTURA REVOLUCIONARIA (1899-1922) N. REVOLUCIÓN O REFORMA, EPÍLOGO DE UN PROCESO INACABADO Pr ue ba fin al Po rrú a Si bien la Revolución mexicana guarda una explicación estructural, en cuyo epicentro los principales sujetos sociales y actores en pugna lucharon por el poder y la tierra, también este movimiento social, se explica por el sentido cultural, en el que existió la búsqueda de la identidad de un país con sus orígenes y su historia. De esta manera, la lucha representó también, la reconciliación de un pueblo con su memoria histórica. Como sabemos, estos aspectos a la postre fueron magistralmente desarrollados por los nuevos intelectuales surgidos bajo la influencia del proceso revolucionario, como así aconteció en el arte, la literatura, etcétera, sobresaliendo la obra de los grandes muralistas, como Diego Rivera, David Alfaro Siqueiros, José Clemente Orozco, entre otros, por primera ocasión se miró hacia adentro de la realidad mexicana y latinoamericana, teniendo preeminencia el acontecer indígena y étnico, aunque como proceso social, sus mejores años estaban aún por venir, como así aconteció con el advenimiento del cardenismo (1934-1940). Conforme al pensamiento desarrollado por Don Miguel Ángel Asturias el proceso de lucha escenificado entre 1899 y 1922, integró a hombres y mujeres forjados en la cultura del maíz, y cuya interpretación de los fenómenos sociales y agrarios fue más allá del carácter pragmático que relaciona al campesino-indígena con la tierra, aportando además concepciones cosmogónicas en las que de alguna manera se encontraron presentes las culturas étnicas de México. Para los pueblos indios sus derechos a la tierra se situaron aún como derechos pendientes de resolver, que si bien se expresan en el asesinato de Emiliano Zapata, también se advierten en el retroceso aplicado en las aspiraciones revolucionarias. Al respecto valga mencionar los acuerdos signados por el carrancismo y la reincorporación de diversas propiedades, otrora reivindicadas por el movimiento campesino, a latifundistas y hacendados norteamericanos y mexicanos, así la Revolución se avizora como una lucha detenida en sus aspiraciones sociales. Por otro lado, encontramos que el discurso político-jurídico forjado con la nueva Constitución de 1917, mantiene desde su creación, ciertas limitaciones, en principio identificar que las fuerzas que representaron al agrarismo auténticamente revolucionario no se encontraron presentes en la elaboración de dicha legislación, aspecto que demerita en buena medida las aspiraciones sociales de la revolución mexicana, en esta perspectiva habría que razonar, si puede ser atribuible a los zapatistas, villistas y magonistas el planteamiento sustentado en el artículo 27 260 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO Pr ue ba fin al Po rrú a constitucional y si cumplía con los principios y programas políticos de cada una de estas corrientes revolucionarias, sin lugar a dudas que si bien la hegemonía estatal ha emparentado al constitucionalismo, con los revolucionarios radicales, en realidad cada concepción guarda un perfil propio, ya que, mientras que el carrancismo argumentó la aplicación de la reforma agraria lo planteó desde la égida de la burguesía y por supuesto bajo la sombra del imperialismo norteamericano, la reforma agraria no plasmada en el artículo 27, la de los trabajadores, de los indios y de los campesinos, se fincó en la nacionalización de los bienes de los enemigos de la Revolución, en la afectación de la gran hacienda y latifundios y en la distribución de la riqueza, por ello resulta inverosímil, el discurso desarrollado desde la hegemonía estatal, en el que según la burguesía, la legislación del 27 contendría per se los postulados de la lucha magonista, zapatista y villista. En todo caso el animus que en materia social expresó el artículo de referencia debe de ser comprendido en el contexto de la lucha campesina y bajo la presión ejercida por su movimiento, así la reivindicación agraria, no constituyó ninguna concesión graciosa o benefactora de la burguesía hacia los explotados del campo. Así, la Revolución mexicana, si bien asomó su carácter amplio y democrático, en el que intervinieron prácticamente todos los sectores y clases sociales de la realidad mexicana de aquella época, obreros, campesinos, artesanos comerciantes, profesionales, amas de casa, estudiantes, campesinos, burgueses, pequeño burgueses, etcétera, también se observa la hegemonía de la burguesía en la consecución de dicho proceso histórico, circunstancia que se vio favorecida por el apoyo económico, logístico y fundamentalmente militar brindado por los Estados Unidos a la corriente constitucionalista. Se trató entonces, de un proceso político que permitió la asunción del Estado capitalista mexicano, el que, al igual que convalidó a la propiedad privada de la tierra, aspiró al advenimiento de lo que se denominó propiedad social, es decir el ejido y la comunidad agraria. Esta concepción significaría en realidad un reacomodo del sistema de propiedad rural, en el que si bien se permitiría la presencia de las economías campesinas, también se les enrolaría al crecimiento de la renta capitalista de la tierra, esta juridicidad agraria, que no sale de los cánones decimonónicos, del desarrollo del capitalismo en la agricultura, a través de la creación de una clase de pequeños propietarios y de un mercado generalizado de tierras fue la que mantuvo la óptica estatal, fue así como se pensó en el advenimiento del ejido, como una forma sui generis de propiedad, impulsada desde el Estado y en donde este cuenta con la mejor parte desde la óptica de su socioeconomía, así los campesinos herederos de esta tradición jurídica quedarían pendiendo siempre 261 EL AGRARISMO COMO RUPTURA REVOLUCIONARIA (1899-1922) Pr ue ba fin al Po rrú a de las decisiones del poder estatal. Quizás la excepción en este régimen de propiedad ejidal fue el de mantenerle por fuera de la concepción ius naturalista, que permeó en materia de propiedad privada a todas las constituciones liberales latinoamericanas, las que a su vez se fincaron en las aspiraciones liberal burguesas de la Declaración de Independencia de la EUA, o de la Declaración de los derechos del Hombre, fundamentos que a su vez dieron paso, tanto a la promulgación del Código de Napoleón y a la Revolución Francesa y cuyo fundamento otrora fue el de reconocer a la propiedad como inmanente al ser humano y en una óptica individualizadora. La ejidalización del campo mexicano proyectó su contraparte al negar la tradición comunitaria y cosmogónica agraria de los pueblos indios y abrió un nuevo proceso de transculturación de sus idiosincrasias. Sin embargo, será interesante hacia el futuro indagar en qué medida la cultura étnica se conservó en diversos ejidos de México, no obstante la adopción de dicho proceso. Concluyendo este apartado consideramos que para las generaciones futuras será muy significativo comprender que la derrota del movimiento campesino en el periodo en cuestión, no significó sino una derrota militar, así los principios políticos del zapatismo y del magonismo, se mantuvieron latentes, y guardan perfecta vigencia en su aplicación contemporánea en la proyección de un México, más democrático y más justo. ba ue Pr al fin rrú Po a VII. MODERNIZACIÓN E INSTITUCIONALIZACIÓN DEL PROBLEMA AGRARIO Pr ue ba fin al Po rrú a Contrario a los fines sociales que pretendió el agrarismo radical, el advenimiento del México posrevolucionario no avizoró en lo inmediato el cumplimiento de las decantadas reivindicaciones agrarias, las cuales, más bien, se habían institucionalizado en el nuevo marco legal del artículo 27 constitucional y de la Ley del 6 de enero de 1915, ordenamientos en cuya elaboración no habían participado las fuerzas sociales en pugna (Zapata-Magón). Hacia la tercer década del siglo XX sucede un fenómeno complejo de relaciones diversas entre caciques políticos y poderes regionales que conciben el desarrollo del capitalismo en la agricultura a partir de unificar el modelo de crecimiento, y en cuya adecuación jugó un papel fundamental la instauración de una política de alianzas que permitió sustentar de manera “monolítica” el proyecto de Nación. Son precisamente los líderes norteños —“la familia revolucionaria”— quienes impulsarán el nuevo paradigma socioeconómico. Tras el asesinato de Carranza surgirán Álvaro Obregón y Plutarco Elías Calles como los responsables de aplicar las políticas económicas y, en consecuencia, el crecimiento rural. En 1920, cuando Obregón tomó el poder, el proceso de convulsión social —residuos de las luchas agrarias— aún se mantenían latentes, la actividad del gobierno que intenta traducir la inconformidad campesina en “instituciones sociales modernas”, con el objeto de incorporarlas en la óptica de la hegemonía estatal, desarrolla diversas actividades. Al respecto, Enrique Montalvo menciona: “La etapa que se inicia con el ascenso de Obregón al poder, y que concluye con la fundación del PNR (Partido Nacional Revolucionario), constituyó el primer intento de institucionalizar el poder, sobre la base del control campesino”. Obra que más tarde completarán Plutarco Elías Calles y los Gobiernos del “Maximato”.1 1 Montalvo Ortega, Enrique et al., Historia de la cuestión agraria mexicana, (1920-1934), Siglo XXI México 1985 p. 5. 263 264 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO El esquema en la política agraria obregonista lo constituyó la modernización en la que se miró hacia occidente, pero en su versión norteamericana. Refiriéndose a la pequeña propiedad y la tecnificación estadounidense Obregón señaló: a Es natural que si la agricultura de otros países cuenta con esos tres factores que se llaman: capital —traducido a propiedad, a maquinaria moderna, a implementos que simplifiquen el trabajo— inteligencia que significa organización y dirección —y trabajo— que es en el que concurrirán los jornaleros, en esas condiciones puede obtener el capital las ventajas suficientes para satisfacer sus exigencias y puede tener el jornalero un salario que le permita vivir con algún bienestar, es decir, puede el jornalero obtener un producto igual, o quizá mayor al que habría obtenido con su esfuerzo personal y con procedimientos rutinarios […].2 Pr ue ba fin al Po rrú Es en esta perspectiva de modernización e institucionalización que Obregón delegó el poder, en 1924, en la siniestra figura del también sonorense Plutarco Elías Calles. El relevo es coyunturalmente trágico. Adolfo de la Huerta financiado por los petroleros ingleses provocó una asonada contra la hegemonía callista, la cual finalmente fue derrotada dado el apoyo brindado por las transnacionales norteamericanas al gobierno de Elías Calles. Calles se caracterizó por aplicar mano dura contra sus opositores —fundamentalmente los comunistas— que hacia 1926 habían fundado la Liga Nacional Campesina, organización heredera de la Liga de Comunidades Agrarias de Veracruz y cuyos principios postulaban que la revolución proletaria “prendería en el campo donde el dolor y la miseria harían explotar el descontento de los parias”. En realidad Calles mantendrá el poder hasta 1934, a través del “maximato”, de esta manera la política agraria iniciada en 1920 con Obregón tiene sus lazos de transmisión en el callismo y cierra en 1934 con el advenimiento del cardenismo. A. EL AGRARISMO COMO INSTITUCIÓN Un parte aguas en la construcción del régimen de propiedad contemporáneo lo representa la asunción de un sistema populista, como así se situó el callismo, que aparenta construir a la Nación independiente, pero siempre atendiendo y en dependencia —económica política y 2 Bassols, Narciso, El Pensamiento Político de Alvaro Obregón, México, El Caballito, 1976 p. 139. MODERNIZACIÓN E INSTITUCIONALIZACIÓN DEL PROBLEMA AGRARIO 265 social— a los factores impuestos desde fuera y al poder antidemocrático que ejerció un grupo de caudillos. La oligarquía surgida de la Revolución construye su modelo popular de sociedad rural “impulsando la reforma agraria”, la cual, siguiendo al maestro Antonio García, identificamos como “marginal”. Pr ue ba fin al Po rrú a La reforma agraria marginal es aquella promovida y negociada entre sectores políticos de las propias clases dominantes —sin participación alguna del campesinado, de la clase obrera o de los partidos reformistas o revolucionarios— con el objeto de promover por medio de la movilización de recursos financieros económicos y tecnológicos del Estado, operaciones de modernización capitalista de aquellos sectores o territorios más atrasados de la estructura, haciendo del colonato y servidumbre latifundios localizados en áreas de violencia, conflicto social o degradación ecológica[…] o áreas cuya localización estratégica —desde el punto de vista de la transnacionalización o de las relaciones con el mercado interno— han exigido del Estado una inversión en aquellas obras de infraestructura física (riego, vías de comunicación, energía eléctrica, etcétera) y sin las cuales no podría instalarse, al más bajo costo, la agricultura comercial. Por medio de estas operaciones, se ha procurado tanto la incorporación generalizada de la tierra y del trabajo, en el sistema capitalista de mercado (complementando la tarea histórica de las reformas desamortizadoras del siglo XIX), sin tierra en el peso de la reproducción del sistema latifundista) […] Y cuyos puntos centrales son: a. La expansión de la frontera territorial. b. La asignación de las pequeñas economías campesinas para producir granos básicos. c. La desviación de la presión campesina. d. La consolidación del minifundio. e. El “mejoramiento” de los patrones de uso de los recursos físicos, de tierra y agua.3 Se trata entonces, de un “agrarismo desde arriba”, en cuyo diseño, planeación y aplicación no intervienen las fuerzas sociales que inspiraron el cambio social. A diferencia del concepto carrancista,4 que denegó 3 García, Antonio, Reforma Agraria y desarrollo capitalista en América Latina, UNAM, México, 1981, pp. 135-136. 4 Valga precisar que en el proyecto de Art. 27 que incorporó Carranza al Congreso Constituyente no consideró la aplicación del reparto agrario, y que durante su presidencia, propuso que las tierras dotadas o reconocidas a distintos núcleos agrarios deberían de cobrarse, lo que además de brindar “beneficios” a la Nación, permitirá corresponsabilizar a los nuevos minifundistas —ejidatarios. Al respecto la circular número 34 de fecha 31 de enero de 1919 señalaba: […] Que las citadas Comisiones Locales Agrarias recaben por los conductos y formas que sean más eficaces, 266 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO la viabilidad del reparto agrario, el obregonismo realizó la aplicación de un proyecto modernizador con una limitada distribución de tierras, entregando alrededor de un millón quinientas cincuenta y siete mil novecientas ochenta hectáreas. La institucionalización del problema agrario tiene su vertiente legitimadora a través de la legislación agraria del periodo que adecuó y reglamentó los contenidos del artículo 27 Constitucional y de la Ley del 6 de Enero de 1915. B. LA FUNDAMENTACIÓN Y REGLAMENTACIÓN DE LA INSTITUCIONALIZACIÓN AGRARIA (PRIMER PERIODO) Pr ue ba fin al Po rrú a Mientras que la nueva oligarquía —obligada por las circunstancias— admitía en su artículo 27 el reparto agrario,5 existían múltiples indefiniciones e interpretaciones en su debida formalización y aplicación, valga señalar que por más de cuatro años, la Ley del 6 de Enero de 1915 del carrancismo había operado como instrumento reglamentario de la concepción política y jurídico-agraria del nuevo Estado posrevolucionario. Como en todo proceso histórico, la reforma agraria y su reglamentación legal no constituyó una política lineal u “ordenada”, sino su planeación más bien dependió de diversas circunstancias y contradicciones generadas en el seno de la formación social mexicana de principios de siglo, aspectos que como observaremos más adelante, se mantuvieron latentes hasta los años noventa, periodo en el que el neoliberalismo cerró el reparto agrario. En el momento histórico que nos ocupa habría que resaltar como fundamentales los siguientes aspectos: — Se proyecta a la reforma agraria como política y materia (jurídica) federal, para ser aplicada incongruentemente en los estados, circunstancia que confronta al poder central —El Ejecutivo y Legislativo Federal vs. gobiernos de los estados. — Prácticamente la totalidad de gobiernos estatales son antiagraristas, incluso radicalmente opuestos a la reforma agraria, salvo contadas excepciones, como las de Yucatán, o San Luis Potosí, cuyos una constancia en la que manifiesten los vecinos su conformidad por escrito en pagar a la nación el valor de los terrenos. 5 Gómez, Marte R., refiere que la Reforma agraria tuvo —desde sus orígenes— una clara tendencia revisionista… Se reconoce categóricamente que los propietarios tendrán derecho a ser indemnizados, se autoriza la creación de la Deuda Pública Agraria y se previene que el pago de las tierras será hecho por los mismos beneficiarios. Cf. Historia de la Comisión Nacional Agraria. CIA-SAG, México 1975, p. 119. MODERNIZACIÓN E INSTITUCIONALIZACIÓN DEL PROBLEMA AGRARIO 267 Pr ue ba fin al Po rrú a proyectos particulares de crecimiento y desarrollo rural fueron idóneos a la coyuntura obregonista. — La diversidad de circulares agrarias, leyes, reglamentos, que integraron la legislación agraria de la época, corresponden en su caracterización, interpretación y aplicación a los gobiernos de los estados, los que desde luego inhibieron en gran medida la fructificación de la reforma agraria. — El reparto agrario no es integral, ya que las afectaciones agrarias solamente contemplan al suelo, y no así a la afectación de la infraestructura, maquinaria, casas, bodegas, edificios, plantas y otros diversos implementos y servicios agrícolas. — El Estado asumió la deuda pública de las indemnizaciones pagadas a los propietarios afectados, cuando muchas de estas propiedades se fincaron en auténticos despojos agrarios de pueblos y comunidades y desde luego, corresponderá en última instancia a la sociedad el pago de dicha deuda. — El reparto agrario guardó un manejo político-estratégico de preferencias, tanto de quienes pueden y deben ser dotados, como de quienes deben ser afectados. Bajo esta óptica se favoreció a las organizaciones y centrales oficialistas y se marginó del reparto a las organizaciones de izquierda o populares. Además consideró áreas “inafectables” dando prioridad a los extranjeros (empresas transnacionales y a la agro exportación) para que sus propiedades no fueran afectadas, aún encontrándose en la ilegalidad. — Existe una presión determinante de los EUA en la construcción del modelo de reparto agrario, buscando ejercer su hegemonía. A continuación identificaremos algunos de los ordenamientos agrarios más importantes que “encausó el reparto agrario” de este periodo. 1. Las circulares agrarias Como mencionábamos en el apartado VI de este trabajo, la primera fase del proceso de reglamentación de las leyes agrarias se dio con las llamadas circulares agrarias, que fueron los ordenamientos que sustentó la Comisión Nacional Agraria. Esta Institución, que a su vez coadyuvó actividades con las comisiones locales agrarias ubicadas en cada una de las entidades de la República, fue un organismo que se creó conforme al decreto del 6 de enero de 1915, que declaraba nulas todas las enajenaciones de tierras, aguas y montes pertenecientes a los pueblos, otorgadas en contravención a lo 268 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO dispuesto en la Ley de junio de 1856, ordenamientos que en su artículo 4o. señalaba. Artículo 4o.—Para los efectos de esta ley y demás leyes agrarias que se expidieren, de acuerdo con el programa político de la revolución, se crearán: I. Una Comisión Nacional Agraria de nueve personas y que, presidida por el secretario de fomento tendrá las funciones que esta ley y las sucesivas le señalen. II. Una comisión local agraria, compuesta de cinco personas, por cada Estado o Territorio de la República y con las atribuciones que las leyes determinen. rrú a En realidad dichas circulares se situaron fundamentalmente en la organización del reparto y reivindicación agraria descritos en la mencionada Ley del 6 de Enero de 1915 y en el Artículo 27 Constitucional. 2. La Ley de Ejidos Pr ue ba fin al Po Con este ordenamiento se inicia la sistematización6 de la reglamentación agraria, en realidad este documento carece de técnica legislativa y denota apresuramiento en su elaboración. Esta ley fue decretada el 28 de diciembre de 1920 y es el primer instrumento jurídico que intentó adecuar los contenidos de la ley del 6 de enero de 1915 y del art. 27 Constitucional. Este instrumento jurídico refrendó el proyecto de “ejidalización” que en el fondo niega el desarrollo de las formas comunales de tenencia de la tierra. En realidad la política agraria que transcurre durante todo el siglo XX, busca el desmantelamiento de la comunidad indígena, por considerarla atípica a los fines del crecimiento capitalista, es notorio que el proyecto de acumulación no prevé al autoconsumo de los pueblos indios como un estilo alternativo al desarrollo rural. Sin embargo el Estado utiliza a los indios para sus fines concretos, como aconteció en la rebelión “delahuertista”, en la que fueron enviados indios yaquis —entre otros— a combatirla, o en su caso, como mano de obra que se trasladó —a través de la política de colonización— a varios estados de la República. Al referirse a los sujetos agrarios viables para ser reconocidos como beneficiarios, el art. 1o. señalaba: Tienen derecho a obtener tierras por dotación o restitución, en toda la República, para disfrutarlas en comunidad, mientras no se legisle sobre fraccionamiento: 6 Según Antonio de Ibarrola se buscó uniformar en un solo ordenamiento la expedición de diversas circulares, las que en algún momento llegaron a representar un todo caótico de órdenes y normas. Cf. Derecho Agrario Mexicano, Editorial Porrúa, México, 1995, pp. 90. MODERNIZACIÓN E INSTITUCIONALIZACIÓN DEL PROBLEMA AGRARIO 269 I. Los pueblos. II. Las rancherías. III. Las congregaciones. IV. Las comunidades y V. Los demás núcleos de población de que trata esta ley […] Po rrú a Curiosamente la “legitimación” de la categoría política de los solicitantes de tierra, correspondía a los gobernadores, quienes entre otros aspectos tendrían que corroborar la existencia de un asentamiento de por lo menos 50 familias, que además deberían contar con documentos y otros probanzas que acreditaran su existencia, ya fuera —supuestamente— como pueblos, rancherías, comunidades, etcétera. Lo cierto es que los gobernadores se encontraban coludidos con transnacionales, caciques, terratenientes, etcétera, con lo cual era evidente la inviabilidad del reparto agrario. En relación con la extensión de los ejidos, esta Ley señalaba que […] el Ejido tendrá la extensión suficiente, de acuerdo con las necesidades de la población […] al (Artículo 3o.) En el Capítulo III se refería a las autoridades agrarias. ba fin Artículo 20, ratifica la existencia de: a. La Comisión Nacional Agraria. b Una comisión local agraria en cada capital de los estados. c. Un comité particular ejecutivo. Pr ue El Artículo 21 reza: “La Comisión Nacional Agraria tiene por función esencial proponer resoluciones definitivas al Ejecutivo de la Unión; las comisiones locales reunir elementos de prueba”… (para el reparto agrario). En lo relativo a procedimientos la Ley de Ejidos estableció circunstancias diferenciadas para las acciones agrarias de restitución y dotación, al respecto encontramos que las solicitudes deberían presentarse ante el gobernador del estado a cuya jurisdicción perteneciera el núcleo de población solicitante. Si se trataba de dotación, el gobernador remitía la solicitud a la Comisión Local Agraria con una serie de datos: censo del pueblo peticionario, calidad de tierras, precios de los artículos de consumo y otros datos innecesarios, tales como la forma habitual de los contratos de aparcería, etcétera. Estos requisitos deberían ser completados por la Comisión Local Agraria, junto con otros antecedentes cuya adquisición era laboriosa y difícil, cuando no imposible, como por ejemplo los relacionados a la historia de la propiedad en el lugar y en la región. En lo que correspondía a la restitución, el procedimiento era judicial y administrativo. No era necesario que los gobernadores enviaran a 270 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO Pr ue ba fin al Po rrú a la Comisión Local Agraria respectiva los datos previos ya indicados. Los títulos primordiales eran calificados por la Comisión Nacional Agraria y las pruebas testimoniales, las informaciones etcétera, se deberían desahogar ante los tribunales. Una vez que figuraban en el expediente los argumentos señalados, el presidente daba su determinación. Sin lugar a dudas, que uno de los grandes problemas que han trascendido en la “legitimación” de las tierras de los pueblos indios es el que corresponde a la inexistencia de títulos o documentos que avalen sus propiedades, como se sabe, miles de asentamientos que podrían ser considerados como “posesiones de hecho” de las comunidades, habrían surgido de los efectos devastadores de la remoción poblacional que proviene de la conquista y del impacto y violencia durante todo el siglo XIX. Increíblemente el Estado surgido de la Revolución Mexicana imponía los mismos “argumentos legales” —que 400 años atrás lo hiciera la Corona— a los pueblos despojados, a efecto de restituir sus tierras. Lo cierto es que la revolución agraria reivindicativa había quedado atrás, con el asesinato de Emiliano Zapata Salazar. La reglamentación agraria que continuó a la Ley de 1920 se convirtió en auténticos “códigos duros” erigiéndose en una barrera prácticamente infranqueable para los núcleos agrarios solicitantes de tierra: ¿Cómo lograr que masas de indigentes y menesterosos, de millones de analfabetos que no vieron cumplidas —aún incluso con las armas— sus reivindicaciones agrarias, se transformaran en “agrupaciones coherentes” que ordenada y disciplinadamente y con conocimiento de la “tramitología jurídica” requirieran del Estado el cumplimiento de los postulados de la “reforma agraria”? Las incongruencias burocráticas y la incomprensión del sujeto social agrario por el Estado, motivaron que la ley de ejidos del 28 de diciembre de 1920 fuera abrogada. Sin embargo, uno de los argumentos que es significativo precisar en torno a la indebida aplicación del reparto agrario tiene que ver con el carácter tortuoso, lacerante e ideológico con el cual el Estado aplicó sus criterios políticos traducidos en la legislación agraria, como ejemplo valga mencionar que se calcula que la media aritmética para resolver el expediente de un grupo solicitante de tierras, que cubría a plena satisfacción todos los requisitos de la ley, fue (entre 1915 y hasta el año 2000) de 20 años, esto cuando el expediente era positivo y no se amparaban los latifundistas, como así aconteció en múltiples ocasiones una vez instaurada la reforma agraria. Ante las incongruencias manifiestas en que se ubicaba la Ley de Ejidos del 28 de diciembre de 1920,7 el gobierno decretó su abrogación, 7 Entre otros aspectos aparentemente contradictorios a las instituciones agrarias, Silva Herzog en su trabajo “El Agrarismo Mexicano y la Reforma Agraria”, menciona por ejemplo el MODERNIZACIÓN E INSTITUCIONALIZACIÓN DEL PROBLEMA AGRARIO 271 Pr ue ba fin al Po rrú a el 22 de noviembre de 1921. Este nuevo decreto sentó las bases fundamentales de la subsecuente legislación agraria. Se dice que este instrumento buscaba darle mayor “agilidad a los expedientes de dotación y restitución”. El artículo tercero del decreto estableció una nueva concepción en la forma de integrar las leyes agrarias, propiciando la creación de normas expedidas por el Poder Ejecutivo, a tal efecto, el citado precepto estableció que se facultaba al Ejecutivo de la Nación para que dictara todas las disposiciones convenientes a reorganizar y reglamentar el funcionamiento de las autoridades que para su aplicación creó el decreto preconstitucional del 6 de enero de 1915. Por otro lado, con este decreto se reafirmaban las jerarquías en materia de administración pública agraria, lo mismo que los términos para sustanciar los expedientes y la responsabilidad en que podrían incurrir dichas autoridades. La estructura de las autoridades agrarias partía del presidente de la República, continuando con la Comisión Nacional Agraria, los gobernadores de las entidades federativas, la Comisión Local Agraria y el Comité Particular Ejecutivo (Base I). Más adelante dicho documento señalaba el establecimiento de los términos para substanciar los expedientes, ante las Comisiones Locales Agrarias (Base II) y los gobernadores (Bases III y VI), haciéndolos improrrogables (Base V). Establecimiento de posesiones provisionales en caso de mandamientos favorables de los gobernadores, con un término de ejecución (Base IV). Y la instauración del sistema de responsabilidades de las autoridades agrarias (Base VII). Al igual que en diversos órdenes de la vida política nacional, observamos que la organización jerárquica de las autoridades agrarias planteadas en el decreto analizado se ubica en el marco del régimen presidencialista, en donde se le brindan poderes omnímodos al Ejecutivo, circunstancia que ha sido magistralmente analizada por el historiador Daniel Cossío Villegas en su obra La sucesión presidencial, documento, que entre otros, ha permitido avanzar en la transición hacia la democracia y valga no tan sólo el decreto obregonista de 1921 para señalar dicho contenido del Artículo 6o. en su fracción II, la que a la letra señala “por la presunción, debidamente fundada, de que el núcleo de población subordinado en la actualidad a alguna industria agrícola, fabril, minera, etcétera, pudiera, mediante una dotación de tierra, recobrar su autonomía económica y constituirse en agregado político independiente del capitalismo.” A nuestro parecer este tipo de enunciados avizoran la factibilidad de la autonomía relativa en que las organizaciones de la sociedad podrían desenvolverse y como se han desarrollado durante largo tiempo los pueblos indios. 272 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO problema, sino el continnum histórico en el que se coloca cada seis años a la sociedad mexicana, bajo la égida y el poder del presidente. Dentro de los afanes que tuvo el general Obregón al aplicar su modelo de pequeña propiedad, incorporó en el decreto de referencia a la llamada Procuraduría de Pueblos (art. 4o.), institución que se encargaría de asesorar gratuitamente a las comunidades que lo requirieran a efecto de la substanciación de sus expedientes agrarios. 3. La “naturaleza jurídica” del reparto agrario (los orígenes) Pr ue ba fin al Po rrú a Aspecto que trasciende reconocer en el marco del reformismo agrario mexicano, es el que se refiere al carácter jurídico con el cual se legitimaron los derechos agrarios de miles de campesinos aparentemente beneficiados por el reparto de tierras. Mientras la administración carrancista —hasta enero de 1919— había reconocido al reparto como un ejercicio del dominio directo de “la Nación”, asignándolo en propiedad social8 conforme a las supuestas necesidades de los mexicanos, se contradecía dicho “sentido social” según se asentó en la circular núm. 34 intitulada: Previniendo a las Comisiones locales Agrarias que recaben constancias de los vecinos en que manifiesten si están conformes en pagar a la Nación el valor de los terrenos. El contenido de este documento denota el desprecio de Carranza por las clases trabajadoras, en virtud de que pretendió que las tierras supuestamente “dotadas” fueran pagadas por los futuros ejidatarios. El obregonismo derogó esta medida, por su ineficacia, ya que era evidente que no daría paso a que 8 Uno de los “errores” más frecuentes entre los doctrinarios del derecho agrario, e incluso entre investigadores, historiadores y jurisconsultos, es el de tipificar al ejido y a la comunidad indígena como “propiedad social”, este tipo de adecuación evidentemente no corresponde a la realidad y guarda tintes de carácter ideológico. La revolución triunfante, que no es la de los campesinos, adoptó en su marco legal una institución —el ejido— que resultó ad hoc a sus fines de reproducción socioeconómica capitalista. Desde la interpretación, la semiótica y la hermenéutica jurídicas identificamos al régimen ejidal no como un régimen de propiedad en sí mismo, sino como la implantación de un régimen de tenencia de la tierra cuyo sentido es el usufructo y renta del suelo, es decir la simple posesión del suelo, considerándose el Estado (la Nación) como propietario jurídico de estos bienes. Desde la hermenéutica se explica que es el momento histórico en que surge el ejido moderno lo que determinó llamarle “propiedad social”, bajo el supuesto de un Estado benefactor. La esencia jurídica del ejido se delineó como inembargable, inalienable e imprescriptible, fundamento que dista mucho de la concepción universal de propiedad del Ius Romano o de los fundamentos del código napoleónico. Esta fundamentación jurídica mantuvo además la hegemonía y el poder del Estado vía corporativización del campesinado o en su defecto a través de la dependencia que ligó a los ejidos con la estructura económica gubernamental. MODERNIZACIÓN E INSTITUCIONALIZACIÓN DEL PROBLEMA AGRARIO 273 rrú a una amplia masa de depauperados capitalizaran el campo. Así, Álvaro Obregón adecuó la reglamentación agraria a lo señalado, tanto en la Ley del 6 de enero de 1915, como en el artículo 27 constitucional, respecto del carácter jurídico de las tierras dotadas, restituidas o reconocidas a los diversos núcleos agrarios. Esto quedó estipulado en la circular número 48 del 1o. de septiembre de 1921, que se refiere al régimen interior a que habrá de sujetarse el aprovechamiento de los ejidos. El Estado determinó que el régimen jurídico solamente reconocería el derecho de usufructo (usar, gozar y disfrutar), es decir, obtener los beneficios del suelo y no así el atributo de la propiedad privada en su sentido más universal de poder disponer del bien. Increíblemente el obregonismo argumentó dicho carácter jurídico de los ejidos y comunidades a partir de la normatividad colonial, concretamente de la ley 4a. título 12, libro IV de la Recopilación de Indias, la que a la letra señalaba: fin al Po Si en lo ya descubierto de las indias, hubiere algunos sitios y comarcas tan buenas, que convengan fundar poblaciones, algunas personas se aplicaren a hacer asiento y vecindad en ellos, para que con más voluntad y utilidad lo pueden hacer los virreyes y presidentes les dé, en nuestro nombre, tierras, solares y ejidos, conforme a la disposición de la tierra, con que no sea en perjuicio de tercero. Y sea por el tiempo que fuere nuestra voluntad. Pr ue ba Según Wistano Luis Orozco9 las tierras se otorgaron a “título precario”, por lo que la Nación conservaría íntegramente el dominio de la enorme cantidad de tierras concedidas a los pueblos, lugares, villas y ciudades, así de indígenas como de españoles. Estos preceptos fueron incorporados en la circular número cuarenta y ocho de fecha 1o. de septiembre de 1921 documento en el que se lee: “3a. […] en ningún caso y por ningún motivo las agrupaciones-pueblos podrán obligar, enajenar ni perder los terrenos que ya tengan o que en lo sucesivo se les den, ni los particulares adquirir por contrato, por prescripción o por cualquier otro título, esos terrenos”. Otro aspecto que compete observar en relación con la supuesta “propiedad ejidal” es el que corresponde al régimen del subsuelo,10 las aguas y del conjunto de recursos naturales, en este ámbito —bajo el supuesto de que es la Nación— el Estado quien se reserva el dominio 9 Orozco, Wistano Luis, La organización de la República, Tratado primero de los ejidos de los pueblos. Guadalajara, Rep. Mexicana. Imprenta José Cabrera 1914, p. 53. 10 Para Morineau, el derecho que se ejerce sobre el régimen de propiedad del subsuelo es la atribución del ejercicio del poder de hecho sobre una cosa; consecuentemente, el objeto del derecho de posesión, lo mismo que el de todos los derechos subjetivos, es un objeto ideal que consiste en la posibilidad de ejercitar facultades otorgadas por la norma. Cf. Morineau, Marta, (prólogo) en Los derechos reales y el subsuelo en México, FCE, México, 1996. 274 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO Pr ue ba fin al Po rrú a directo de dichos recursos y solamente los ejidatarios podrán acceder a ellos —excepción de los estratégicos, como el petróleo— a través de concesiones que brinde el propio Estado. De esta manera, la naturaleza jurídica de la reforma agraria mexicana es sui generis en virtud de que el Estado (la Nación) se reservó el dominio directo sobre las tierras que solamente en usufructo se les “reconocen” a los ejidos y comunidades del país. Los “candados jurídicos” impuestos a las tierras ejidales y comunales que no permitieron la libre disposición de sus bienes a los ejidatarios se traduce simplemente como el poder que ejerció y ejerce el Estado sobre las masas campesinas, buscando, desde luego, su incorporación a la hegemonía imperante. Como veremos más adelante, este poder se despliega de distintas maneras, digamos por ejemplo, en el marco económico, en el control de la renta de la tierra la cual es coptada por el Estado. En el ámbito político, como una regulación que va desde la adecuación de planes y programas que determinan al ejido hasta su incorporación a la línea del partido dominante. En el nivel financiero al integrar a los ejidatarios a la subordinación de los bancos estatales, vía el régimen crediticio, etcétera. Algunos de los problemas, entre otros, que en su interpretación sociojurídica surgen en la aplicación y reglamentación de la naturaleza jurídica de los ejidos y comunidades son: — Se extrapola la figura del Monarca —como poder absoluto— para justificar el dominio directo de “instituciones” surgidas supuestamente con la “modernidad” como lo es el Estado nacional. ¿En qué medida es viable explicar el régimen de propiedad surgido del capitalismo y la “modernidad” con el que se presume la asunción de un Estado democrático, federal representativo y republicano, a través de instituciones cuyo perfil proviene de la Colonia? Si acaso el gobierno quiso considerar en su argumentación los hechos históricos tendría que haber ubicado el derecho de los pueblos —“ejidos”— a sus propiedades, previo a la Conquista. — ¿Es factible argumentar la existencia de un Estado benefactor que distribuye tierras a los “necesitados”, cuando éste se reservó el dominio directo de dichos ejidos, postulando además la existencia de un “derecho social reivindicativo”, que aduce en su discurso al agrarismo, pero solamente lo aplica a partir de circunstancias que se originan desde el Estado? La legitimidad de los pueblos existe solamente en la medida en que los aparatos gubernamentales así lo deciden, ello sin considerar —como lo argumentara el Plan de Ayala y las leyes agrarias zapatistas— que las tierras que MODERNIZACIÓN E INSTITUCIONALIZACIÓN DEL PROBLEMA AGRARIO 275 el Estado pretende ahora reconocer a sus “nuevos propietarios”, proceden en su gran mayoría del saqueo y despojo que las haciendas ejercieron en contra de las comunidades y pueblos indios. — ¿Por qué el Estado mantiene reservas en la transmisión de la propiedad a formas de tenencia (ejidos, comunidades y nuevos centros de población) cuyo origen es la justicia distributiva y que en muchos de los casos es reivindicable su existencia plena en virtud de los múltiples despojos agrarios a comunidades y pueblos? Estos son algunos de los parámetros desde los cuales se construyó la “moderna reforma agraria”, los cuales más bien evidencian una estructura de poder centrada en el nuevo corte bonapartista11 del Estado mexicano. rrú a 4. El Reglamento Agrario del 18 de abril de 192212 Pr ue ba fin al Po Este ordenamiento agrupó y sistematizó ciertos preceptos jurídicos agrarios que existían en diversas circulares, disposiciones, e incluso en leyes ya abrogadas, entre otros, encontramos algunos de sus aspectos relevantes: En su artículo 1o. amplió a cinco categorías políticas los núcleos que podrían solicitar, y posiblemente obtener tierras, en calidad de dotación o restitución, así encontramos los siguientes: — Los pueblos. — Las rancherías. — Las congregaciones. — Los condueñazgos. — Las comunidades. Categorización que según el artículo 2o. de este reglamento, correspondería realizar al gobernador del estado o territorio. Además de los argumentos vertidos, respecto de los avatares a que se encontraban sujetos los solicitantes de tierra, habría que agregar que 11 Para fortalecer el Estado bonapartista […] como la corriente burguesa que la revolución proponía (Cabrera, Molina Enríquez, Carranza), proclive a la proletarización; su base estará en reactivar a la vieja comunidad campesina, denominada ahora ejido y que era la demanda de la corriente anarquista-populista de la revolución. Como buen bonapartismo, el caso mexicano combina ambos aspectos […] De esta manera, a la par de bonapartismo y ejido, la realidad agraria se conforma en trilogía con las empresas multinacionales de la agroindustria. Cf. Gómezjara, Francisco “La Lucha por la Tierra debe convertirse en lucha contra el Capital.” Críticas de la Economía Política, la Cuestión Agraria, El Caballito México, 1977, p. 158. 12 A decir de Marte R. Gómez este reglamento fue elaborado sin la intervención de la Comisión Nacional Agraria, por lo que no trascendió su aplicación. Cf. Gómez, Marte R., op. cit., p. 304. 276 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO a el reglamento en cuestión hacía referencia a núcleos agrarios, que debido a la violencia revolucionaria, o al proceso de inserción del capitalismo, habían sido “reducidos” a circunstancias de marginalidad, viviendo disgregados, alrededor de minas, fincas y ciudades, ya fuera como masas de semiasalariados, desempleados o inclusive, como lumpenes, circunstancias que demeritaban, según el Estado, la posibilidad de ser considerados como sujetos viables de la Reforma Agraria. En el mejor de los casos estos sectores sociales continuarían como peones acasillados en los márgenes de las haciendas, por lo cual no se ubicaron bajo alguna de las adecuaciones políticas del reglamento mencionado. Otro de los aspectos que interesa advertir en este documento es el que se refiere tanto al aspecto cuantitativo, como cualitativo de la parcela ejidal (Art. 9o.). al Po rrú La extensión de los ejidos en los casos de dotación, se fijará asignando a cada jefe de familia o individuo mayor de dieciocho años de 3 a 5 has. de riego o humedad, de cuatro a seis hectáreas en los terrenos de temporal, que aprovechen una precipitación pluvial anual abundante y regular y de seis a ocho hectáreas en los terrenos de temporal de otras clases. Pr ue ba fin Estas adecuaciones de la parcela ejidal advierten la identificación que hizo el legislador y la política agraria en relación al tipo de climas y consecuentemente de suelos y la disposición de superficies agrarias factibles de distribuir. Las tierras de riego son aquellas que se ubicaron en los llamados distritos de riego y en las que tanto Obregón, como Calles, realizaron grandes obras de infraestructura hidráulica, para contar con el líquido preciado, siendo coadyuvatorio con su proyecto de modernización. Las tierras de humedad se les ha considerado a las superficies que sin contar con obras de infraestructura (drenes, presas, diques, represas, etcétera) cuentan permanentemente con agua, esta calidad de tierra también se la ha denominado como tierras de jugo. Las tierras de temporal, también llamadas de secano o de lluvia son las que se definen por el régimen pluviométrico y que en México son las más comunes en el ámbito de la agricultura. Las tierras de agostadero (posteriormente incorporadas en la legislación), son áreas de pastizales generalmente dedicadas a la ganadería. Las tierras de cerril. Las que se ubican en regiones de sierra, en cuyo caso debe tomarse en cuenta que México es un país cuya topografía es sumamente accidentada. Y las tierras áridas, que corresponden a las zonas desérticas y semidesérticas y que increíblemente el reglamento de 1921 sí las consideró como tierras susceptibles de ser distribuidas para el desarrollo humano. MODERNIZACIÓN E INSTITUCIONALIZACIÓN DEL PROBLEMA AGRARIO 277 Esta fue la sustentación legal en que se basó la legislación agraria mexicana para tipificar la clasificación de las tierras, aunque no siempre los parámetros fueron los mismos. Hacia febrero de 1921, se debatían al seno de la Comisión Nacional Agraria los siguientes aspectos: Po rrú a En la sesión del 4 de febrero, el Ingeniero Roccand presentó un proyecto de clasificación de los quince tipos de calidades de tierras con las que se deberían integrar los ejidos, sumando parcelas individuales según los censos correspondientes. De primera intención, proponía que se dieran 5 hectáreas en tierras de riego de primera, 10 hectáreas de tierras de riego de segunda y así sucesivamente, hasta llegar a 50 hectáreas en tierras pobres de pastoreo. Lo anterior se refería solamente a los climas cálidos. En clima templado la base, en tierras de riego de primera, se subía a 7 hectáreas. Las dotaciones para tierras de pastoreo en climas desérticos podrían llegar a 400 hectáreas por ejidatario. Tratándose de terrenos cultivados, se fijaban 5 hectáreas en superficies ocupadas con azúcar y café, 20 hectáreas en cacaotales y 25 hectáreas en magueyales. En resumen, como se ve, ninguna avaricia, y hasta generosidad, que no ha podido mantenerse en algunas calidades.13 ba fin al Finalmente otro de los aspectos incluidos en este ordenamiento legal, que vale la pena resaltar, es el que corresponde a los jornaleros, peones u obreros agrícolas, a los que se menciona como inviables para ser sujetos a una dotación agraria, ubicándolos, sin embargo como posibles “colonos”, una vez que entablaran su solicitud ante los órganos de gobierno. 5. El impulso a la explotación ejidal ue y comunal en forma cooperativa Pr Los derroteros trazados por Álvaro Obregón al suponer que el campo lograría su capitalización con la implantación del simple reparto agrario y el desarrollo de la pequeña propiedad, se confrontaron con la realidad, aspecto que devino de alguna manera en otros intentos —fallidos— por impulsar el crecimiento capitalista, en este ámbito se dispuso en la circular núm. 51 de la Comisión Nacional Agraria la creación de los ejidos cooperativos, valga resaltar que en el proemio de este instrumento jurídico se contempló el pensamiento de Karl Kautsky, quien desde el marxismo caracterizó a la cuestión agraria. Así, se explicaba de la siguiente manera la importancia que tendría para México la colectivización en el campo: Así como el desarrollo del instrumento técnico industrial acabó con la pequeña industria y produjo el capitalismo, el desarrollo del instrumento 13 Gómez, Marte R., op. cit., p. 231. 278 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO técnico agrícola, tiende a suprimir la pequeña agricultura, porque en efecto, hay incompatibilidad infranqueable entre la pequeña agricultura y el maquinismo […]. así pues, es preciso organizar la introducción de la maquinaria agrícola de manera que ésta rinda su máxima utilidad, y esto sólo se consigue con la cooperación rural que trata de impulsar la Comisión Nacional Agraria. Para el efecto, procurará organizar cooperativas en todos los pueblos, congregaciones o rancherías […] ba fin al Po rrú a Sin lugar a dudas que, las vicisitudes en las que históricamente se vio inscrita la reforma agraria, fueron múltiples y diversas, jugando un papel determinante el movimiento de masas indígena-campesinas e incluso obrero y popular, durante esta coyuntura correspondió, entre otros, al Partido Nacional Agrario, fortalecer, en diversas regiones del país, la distribución de tierras en beneficio de las comunidades. Su líder durante muchos años fue Antonio Díaz Soto y Gama, ex fundador y carismático dirigente de la Casa del Obrero Mundial, así como miembro de la fracción más radical del Partido Liberal Mexicano y ex secretario y asesor del Ejército Liberador del Sur. Si bien Soto y Gama transigió en algunas de sus posiciones ante el Estado, es significativa su influencia en el proceso de la reforma agraria durante los años veinte, particularmente como diputado del Congreso Federal y como asesor de la Comisión Nacional Agraria (Cf. Apéndice 11 “La propiedad de la tierra no es dogma indiscutible. La expropiación forzosa no lastima ningún derecho”). ue C. EL SOCIALISMO AGRARIO EN YUCATÁN Pr No todo el proyecto de Nación se trazó en los cánones de la modernización y el advenimiento del capitalismo agrícola a toda costa. En la Península de Yucatán, Salvador Alvarado, quien si bien actúo bajo la égida del carrancismo, mantuvo su distancia con diversos sectores del constitucionalismo. Alvarado, que habiendo sofocado la rebelión anticonstitucionalista de 1915 en la península, ocupó el gobierno. Su incorporación al poder yucateco determinó una serie de transformaciones sociales; su iniciativa, incluso en algún sentido contraria a los intereses locales y nacionales de hacendados y de la burguesía ligada a la Confederación Regional Obrero Mexicana (CROM), planteó la realización de reivindicaciones agrarias y sociales, valga señalar la liberación de más de 60,000 peones, la cancelación de deudas a los jornaleros mayas y la excarcelación de los presos políticos, que la llamada “casta divina” (hacendados españoles y sus descendientes), injustamente mantenía cautivos. Salvador Alvarado fundó el Partido Socialista Obrero, que se transformó en julio de 1917 en el Partido Socialista de Yucatán y posteriormente, MODERNIZACIÓN E INSTITUCIONALIZACIÓN DEL PROBLEMA AGRARIO 279 en 1918, en el Partido Socialista del Sureste, organización que llegó a contar con más de 75,000 afiliados. Fincado en los preceptos constitucionalistas y en la Ley Agraria de 1915, Salvador Alvarado decretó distintos ordenamientos legales, que a la postre permitieron el advenimiento del socialismo en el territorio peninsular. Esta legislación se ha conocido en el argot jurídico como las “cinco hermanas”, a saber: 1. Ley Agraria. 2. Ley del Catastro. 3. Ley Fiscal. 4. Ley del Trabajo. 5. Municipio Libre14 rrú a La Ley Agraria de Salvador Alvarado señalaba —entre otros aspectos: Pr ue ba fin al Po Considerando que nadie es propietario exclusivo de la tierra, como nadie lo es de la luz ni del aire; Que esta Ley responde a un mandato del pueblo y satisface una necesidad social ineludible, inaplazable. […] Que esta ley lleva como sello de aprobación, como aureola, el resplandor de mil combates y el tinte rojo de la sangre derramada por tanto y tanto héroe muerto en defensa de sus derechos, entre los que culmina, con claridad de verdad, la reivindicación de tierras para los pueblos. […] Que ante el fracaso mundial de todos los sistemas religiosos y del espíritu comercialista para obtener la felicidad de los pueblos, se levanta por fin el concepto claro de que todo hombre tiene derecho a obtener por medio del trabajo, lo que significa su bienestar, directamente de las fuentes naturales, lo cual quiere decir que todo hombre tiene derecho a un pedazo de tierra. […] Que conforme a dicho decreto se establecerán de nuevo los ejidos, o lo que el espíritu significa: ¡tierra para el pueblo! […]15 La continuidad del pensamiento socialista en Yucatán correspondió —entre otros— a Felipe Carrillo Puerto,16 quien otrora participó en 14 […] “Como gobernador del estado dictó en diciembre de 1915 una serie de leyes y decretos de reformas sociales dirigidos a golpear el poder político y social de la oligarquía henequenera local (que contemplaban) […], la fijación de la jornada máxima de trabajo y el salario mínimo, pensiones e indemnización para los obreros por accidentes de trabajo, seguros de vida y medidas de higiene en las condiciones de trabajo […]. Cf. Gillv, op. cit., p. 221. 15 Cf. CEHAM, Leyes de Salvador Alvarado, CEHAM, México, 1982, pp. 51-55. 16 Dentro del movimiento de masas de la época sobresalen por su participación; Santiago Biann, Francisco Alpuche, Eduardo Araujo, Clemente Baas, Canuto Briceño, Florencio 280 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO Pr ue ba fin al Po rrú a las comisiones agrarias del sur, en su calidad de estudiante de la carrera de ingeniería agronómica, de la escuela de San Jacinto (antecedente de la Universidad Autónoma de Chapingo), advirtiendo directamente la problemática agraria de los pueblos indígenas y campesinos del estado de Morelos en la coyuntura de la Revolución Mexicana. Bajo la influencia del pensamiento agrarista revolucionario del zapatismo y los principios del marxismo socialista, Carrillo Puerto presidió el movimiento indígena-campesino y obrero en Yucatán, a tal efecto se fundaron las llamadas ligas de resistencia, lo que le llevó a que el movimiento social, contara con un instrumento de lucha ante la oligarquía henequenera del Estado. Más tarde el dirigente fue nombrado líder del Partido Socialista, encabezando la lucha por las reivindicaciones obrero-campesinas. En el marco de este movimiento obrero y campesino fue coadyuvatoria la obra que impulsaron los gobiernos de Castro Morales y Manuel Berzunza, quienes vinculados con el Partido Socialista, instauraron una política de reivindicaciones sociales. En febrero de 1922 Felipe Carrillo Puerto fue electo gobernador de Yucatán. En los primeros once meses de su gobierno distribuyó casi 210,000 hectáreas a 36 comunidades. Una idea poco elaborada en torno a Carrillo Puerto y al propio Partido Socialista del Sureste, es la de su adecuación etnológica. Carrillo Puerto incorporó las ideas socialistas, ubicándolas en la identidad del pueblo maya de Yucatán; participaba en el trabajo colectivo, impulsaba las relaciones recíprocas entre los indios; organizó los lunes rojos con fines de reproducción cultural. Propició la organización de la mujer para su incorporación a la vida social creando las ligas femeninas, además de vincularlas en la estructura del poder popular. El Partido Socialista del Sureste impulsó la educación rural, no únicamente a través de la enseñanza escolarizada, sino a través de la educación popular, la alfabetización y elevando el nivel de conciencia entre los comuneros. Es conocida incluso, la labor de los maestros rurales que, en jornadas nocturnas, alfabetizaban a los pueblos mayas. El líder socialista ordenó la traducción al maya de la Constitución General de la República, además creó espacios de reproducción de la cultura maya, como lo fueron el Museo Arqueológico e Histórico de Yucatán, la Universidad Nacional del Sureste, la Escuela Vocacional de Artes y Oficios y la Academia de la Lengua Maya. Ávila, Domingo Concha, Vicente Ivit, Hilario Loria, Enrique Jiménez, Agustín Franco, Ramón Espadas, Domingo Balam, Roberto Haberman, etc. Cf. CEHAM, Primer Congreso Socialista celebrado en Motul, Edo. de Yucatán, CEHAM, Méx. 1977, p. 37. 281 MODERNIZACIÓN E INSTITUCIONALIZACIÓN DEL PROBLEMA AGRARIO En el marco del agrarismo, el Partido Socialista del Sureste distribuyó 665,835 hectáreas a 34,796 mayas. (Cf. Cuadro 13) Cuadro 13 Datos estadísticos agrarios del estado de Yucatán Beneficiados en dotación provisional Años Pueblos Vecinos Beneficiados en dotación definitiva Hectáreas Pueblos Vecinos Hectáreas 0 0 0 0 0 0 0 0 0 1 15 251-06-81 1920 0 0 0 2 131 1,810-00-00 0 3 146 2,061-06-81 rrú Época de Carrillo a 1915 a 1918 1919 25 8,284 138,969-65-33 375 3,000-00-00 1922 40 11,241 243,161-48-12 1 0 0 0 1923 31 15,271 283,704-73-60 3 607 9,808-63-00 116 34,196 665,835-86-95 4 982 12,308-63-00 fin al Po 1921 251 Hectáreas ue 1915 a 1938 Pueblos Vecinos 53,414 Pr Años ba Cuadro 14 Dotaciones totales entregadas desde 1915 hasta 1938 1,047,673-28-95 Pueblos Vecinos 416 66,610 Hectáreas 1,172,442-70-56 Fuente: Negrón Pérez, Mario, México Agrario, sept-oct. de 1939, México, p. 42. Finalmente durante la coyuntura del golpe militar delahuertista, Carrillo Puerto, tres de sus hermanos y otros nueve líderes del movimiento socialista fueron fusilados. Al referirse a este pasaje de la historia, Marte R. Gómez menciona que […] “el general Obregón se comunicó con de la Huerta por medio de la inalámbrica de Chapultepec y le pidió que se respetara la vida del gobernante yucateco, manifestándole (De la Huerta) que estaba dispuesto a corresponder generosidad con generosidad, a pagar vida con vida, Felipe Carrillo fue fusilado, e igual destino sufrieron más tarde los generales sublevados”.17 17 Gómez, Marte R., Historia de la Comisión Nacional Agraria, CIA-SAG, México, 1975, p. 341. 282 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO D. EL CALLISMO Y LA CONTINUIDAD DEL MODELO INSTITUCIONAL al Po rrú a La reconstrucción del Estado nacional y particularmente de la agricultura modernizada, fueron algunos de los postulados que guiaron la política y congruentemente la legislación agraria durante el gobierno de Plutarco Elías Calles y el “maximato”. En una entrevista declaró el general Calles que deseaba terminar el reparto, indemnizar a los propietarios y formar una clase de pequeños propietarios modernos con la ayuda de una política de riego, crédito y formación técnica.18 Bajo esta concepción, dijéramos tecnocrática,19 cobrará vigencia el proyecto agrario de Plutarco Elías Calles. Fundado en lo que se denominó la “Nueva Política Económica”, el gobierno centra su acción en los siguientes aspectos: — Formalización del reparto agrario. — Desarrollo del crédito rural. — Incorporación y ampliación de la tecnología agrícola. — Impulso a la educación rural. — Desarrollo de la infraestructura hidráulica. Pr ue ba fin Aspectos a los que el propio Calles denominó como la aplicación de la reforma agraria integral, a la que se aspiraba, pero que en los hechos sería inviable. La formalización del reparto agrario buscaba el afianzamiento jurídico y político de la tenencia ejidal y la pequeña propiedad, y en consecuencia del nuevo grupo hegemónico. De esta manera el Estado promovió en un breve lapso (1924-1925) una serie de disposiciones agrarias, inclusive algunas de carácter militar, que denotaban el tenso ambiente provocado por las afectaciones agrarias y las nuevas dotaciones y restituciones de tierra. 18 Gil Pihaloup, A., El General Calles y el sindicalismo. Herrero, México, 1925 p. 11. 19 Algunos de los ideólogos de esta concepción fueron Bernardo Gastélum, Manuel Padrés, Marte R. Gómez, Elías de Lima, Alberto Mascareñas, Manuel Gómez Morín. Este último escribía su definición de técnica de la siguiente manera… “técnica que no quiere decir ciencia. Que la supone pero, a la vez la supera, realizándola subordinada a un criterio moral, a un ideal humano, conocimiento de la realidad. Conocimiento cuantitativo… dominio… de los medios de acción, pericia en el procedimiento… determinación concreta de un fin con realización posible según nuestra verdadera capacidad […]. La técnica es el único método que podrá alcanzarse de esta deprimente fangosa condición en que el cientifismo de antes […] nos tiene todavía inspirados. Cf. Krauze, Enrique, Historia de la Revolución Mexicana, vol. 10, El Colegio de México, 1982, p. 13. MODERNIZACIÓN E INSTITUCIONALIZACIÓN DEL PROBLEMA AGRARIO 283 En particular nos referimos al acuerdo del 27 de Marzo de 1925 en el que se disponía: Con objeto de evitar las irregularidades y trastornos que pudieran ocasionarse y que de hecho ya se han ocasionado, con motivo de la ejecución de las resoluciones, en materia agraria, dictados por las autoridades administrativas competentes y por las autoridades judiciales […] Hágase saber a todas las autoridades militares […] que sólo podrán intervenir […] I. Tratándose de resoluciones judiciales, exclusivamente en los casos en que su auxilio sea requerido en la forma que previene la ley de amparos […]. rrú a Para el Estado callista la formalización jurídica y política del ejido significó concluir con el reparto de tierras20 increíblemente se pensó que la etapa de distribución agraria había culminado. Po 1. La legislación agraria del callismo, un breve recuento Pr ue ba fin al El Estado callista promovió, entre otros, los siguientes ordenamientos legales: La Ley del Patrimonio Ejidal del 19 de diciembre de 1925. En ella se establecía “[…] fijar al campesino a su parcela de cultivo, dándole la completa seguridad de que nada ni nadie puede moverlo en ella, ni despojarlo de la mejora que introduzca en su misma parcela; es decir que es absolutamente indispensable garantizarle el goce del producto íntegro de la inversión de su trabajo o de su capital”.21 Por otro lado esta ley ejidal no estableció norma alguna en cuanto a la extensión y calidad de la parcela. Solamente señalaba “la división en parcelas ejidales de las tierras de cultivo, en la proporción que señale la resolución presidencial”. En el espíritu de esta ley subyace la lucha entre la identidad comunal del trabajo colectivo heredado por los pueblos indios y la concepción individualizadora de la tierra. En los hechos, muchos ejidos que se habían dotado hacia 1925 eran explotados bajo el sistema comunitario. No fue sino a partir de la expedición 20 “Por concepto de dotaciones y de restituciones, hasta 1928, el gobierno revolucionario había entregado, en números redondos, 5-400-000 hectáreas. Si el país tiene 200-000-000, las hectáreas repartidas representaban hasta entonces sólo el 3% de su área total. Carranza había entregado el 4%, de la Huerta el 3%; Obregón el 31% y Calles el 62%, es decir, en 1928 había sido Calles el presidente que más tierras había repartido”. Cf. Gómez, Marte R., La Reforma Agraria de México. Su crisis durante el periodo 1928-1934, Editorial Porrúa, México, 1964. 21 Zevada, Ricardo, Calles el presidente, Nuestro tiempo, México, 1971, p. 107. 284 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO Pr ue ba fin al Po rrú a de la reglamentación de la Ley sobre Repartición de Tierras Ejidales y constitución del Patrimonio Parcelario cuando el Estado delinea más claramente su intención de parcelar el ejido. En el marco del debate que se desarrolló, tanto en la Cámara de Diputados como de Senadores, existió una enconada lucha en virtud de las concepciones esgrimidas en particular por Luis G. Monzón, senador comunista que entre otros, exaltaron las virtudes e importancia del ejido colectivo, mientras que desde la oficialidad, el ingeniero Luis León y el Licenciado Antonio Díaz Soto y Gama defendieron la individualización del régimen de producción ejidal. El 30 de noviembre de 1925 se dio a conocer la Ley Orgánica de la Fracción I del Artículo 27 de la Constitución. Legislación que surge en virtud de la influencia que continuaban teniendo los extranjeros en las fajas costeras y fronterizas. En este tenor el artículo 27 precisaba: “Ningún extranjero podrá adquirir el dominio directo sobre tierras y aguas en una faja de cien kilómetros a lo largo de las fronteras o de cincuenta en las playas, ni de ser socio de sociedades mexicanas que adquieran tal dominio en la misma faja”. Esta porción de tierra de cincuenta kilómetros en las costas y cien kilómetros en las fronteras, fue definido como “zona prohibida” y se le consideró como un bien de carácter inalienable y del dominio directo de la Nación. Valga recordar que esta superficie de aproximadamente 22,000,000 de hectáreas era controlada en un 11% por extranjeros, en el momento de la promulgación de la ley mencionada. Bajo una concepción plenamente diferenciada a la del Estado se desarrolló la idea que tuvieron los comunistas de la reforma agraria, cuya vanguardia la ejerció la Liga Nacional Campesina y cuya concepción, hacia 1926, era la de considerar al reparto agrario como un factor positivo en el desarrollo progresista del país, siempre y cuando, los ejidos se desarrollaran en forma de cooperativas y trabajadas colectivamente, con lo cual en su finalidad mediata se alcanzaría la socialización de la tierra y de los medios de producción. Dentro de los líderes de la Liga Nacional Campesina se encontraron distinguidos miembros del Partido Comunista Mexicano (PCM), como lo fueron Úrsulo Galván, quien años atrás se destacó por su lucha frente a la Liga de Comunidades Agrarias en Veracruz y J. Guadalupe Rodríguez, quien fuera asesinado por el Estado callista, coyuntura durante la cual el gobierno declaró ilegal al PCM. 2. La Ley Bassols El 27 de abril de 1927 se promulgó la Ley de Dotaciones y Restituciones de Tierras y Aguas, también conocida como Ley Bassols. Con ésta se MODERNIZACIÓN E INSTITUCIONALIZACIÓN DEL PROBLEMA AGRARIO 285 Pr ue ba fin al Po rrú a buscaba, aparentemente, “simplificar” el procedimiento de dotación de tierras, que al dividirse en dos etapas, más bien daba pauta al aletargamiento de los expedientes agrarios y en su caso a que los terratenientes afectados hicieran uso del juicio de amparo. En 1927 se calcula existían alrededor de 2 500 expedientes agrarios pendientes en la Suprema Corte de Justicia.22 Con la Ley Bassols que fue reglamentaria del Artículo 27 en materia de dotaciones y restituciones se intentó que el Estado “perfeccionara” sus instrumentos legales, los cuales se encontraban sujetos a los avatares de la situación económica, política y social en que se aplicaba la reforma agraria. Por un lado, la evidente resistencia de los latifundistas para no ser afectados, cuando muchas de sus propiedades evidenciaban su ilegitimidad; ello no obstante que el gobierno había ingresado desde la época de Carranza la Ley de Deuda Pública, con la cual se les garantizaba su respectiva indemnización y por otro el difícil tránsito que correspondía desarrollar a los grupos solicitantes de tierras. Acercándose ya a su versión más completa, respecto de los fines que pretendía el Estado, y que proyectaban a la futura Ley Federal de Reforma Agraria del sexenio echeverrista, la Ley de Dotaciones y Restituciones de Tierras y Aguas de 1927 consideraba, dentro de sus puntos más sobresalientes los siguientes aspectos: En el capítulo primero definía a los sujetos de derecho ejidal, estableciendo una concepción más abierta respecto de los ordenamientos que le antecedieron: En su artículo 1o. señalaba que: “Todo poblado que carezca de tierras o de aguas o que no tuviera ambos elementos en cantidad bastante para las necesidades agrícolas de su población, tendría derecho a que se le dotara de ellos, en la cantidad y con los requisitos que expresa esa Ley”. El art. 2o.: distinguía a las entidades que estarían imposibilitadas de constituirse en sujetos de derechos agrarios; como por ejemplo: I. Las capitales de la Federación y de los estados. II. Las poblaciones que tengan más de diez mil habitantes […] III. Los puertos del mar dedicados al tráfico de altura. IV. Los poblados no comprendidos en el inciso II de este artículo y en los que no habiten a lo menos veinticinco individuos con derecho a recibir tierras por dotación. V. Los centros de población que se formen con objeto de colonización. 22 Meyer, Jean, “Reparto de Tierras y Reforma Agraria”, en Historia de la Revolución Mexicana, vol. 10, op. cit., p. 114. 286 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO En su fracción VI se contemplaba a los peones acasillados. El artículo 3o. mencionaba como posible sujeto de derechos agrarios a toda corporación de población que hubiere sido privada de sus tierras, quienes tendrían derecho a la restitución. Más adelante, en el capítulo segundo, se precisaba quienes serían las autoridades que conocerían de la tramitación de un expediente agrario de dotación; al respecto el artículo 4o. señalaba: rrú a En la tramitación y resolución de los expedientes ejidales y en la ejecución de las resoluciones que en ellos se dicten intervendrán […] I. El Presidente de la República. II. La Comisión Nacional Agraria. III. Los gobernadores de los estados. IV. Las comisiones locales agrarias. V. Las delegaciones de la comisión nacional en los estados. VI. Los comités particulares ejecutivos. Pr ue ba fin al Po Entre los artículos 5o. y hasta el 20o. delimitaba las funciones que correspondían a cada una de las autoridades mencionadas. Sobresale la que correspondía al propio núcleo agrario, que estaba representado por tres integrantes que eran acreditados por el gobernador y a quienes correspondía la entrega provisional del ejido al núcleo beneficiado (arts. 14, 15, 16), este organismo se denominó Comité Particular Ejecutivo. En los capítulos tercero, cuarto, quinto y sexto se explicaban los procedimientos de los expedientes de dotación y restitución de tierras y aguas, este último, elemento aleatorio, que a partir del año de 1924 sirvió para que se integraran las comisiones que estudiaron el problema hidráulico, hasta la formación de la Comisión Nacional de Irrigación (año de 1926). Los expedientes se iniciaban en primera instancia ante el gobernador del Estado (según la jurisdicción en que se ubicara el grupo promovente, art. 21). Un aspecto que resultaba contradictorio dadas las circunstancias socioculturales prevalecientes en el campo, era el enunciado del artículo 22, que señalaba que necesariamente la solicitud de tierras tendría que ser por escrito, cuando en los hechos múltiples grupos agrarios eran monolingües y analfabetos. La primera fase del expediente de dotación concluía con el dictamen del gobernador, previo conocimiento y resolución que emitiera la Comisión Nacional Agraria. La segunda instancia cerraba con el dictamen del presidente de la República en virtud de su resolución presidencial, que era publicada en el Diario Oficial de la Federación. MODERNIZACIÓN E INSTITUCIONALIZACIÓN DEL PROBLEMA AGRARIO 287 En el capítulo séptimo de la ley (artículos 97-104) se delimitaba la dimensión de superficie agraria que en este periodo correspondería a los ejidatarios beneficiados, aspecto que finalmente confirmaba la intención gubernamental de mantener de ejido parcelado. En el artículo 99 se dimensionaba la parcela ejidal, conforme a las distintas calidades de tierra, al respecto encontramos que la Ley Bassols ubicaba los siguientes parámetros: Po rrú a Por cada individuo con derecho a recibir parcela de dotación, según el artículo 97 de esta ley y que haya quedado incluido en el censo agrario, formado durante la tramitación del expediente, se darán: —de 2 a 3 hectáreas en tierras de riego de primera calidad; —de 2 1/2 a 4 hectáreas en tierras de riego de segunda calidad; —de 3 a 4 hectáreas en terrenos de medio riego; —de 2 a 3 hectáreas en tierras de humedad; —de 3 1/2 a 5 hectáreas en tierras de temporal de primera; —de 5 a 7 hectáreas en tierras de temporal de segunda; y —de 7 a 9 hectáreas en tierras de temporal de tercera”. Pr ue ba fin al Sin embargo, en el artículo 100 se establecía el carácter con el cual operaba en realidad el reparto agrario; “La fijación de la cantidad que dentro de los límites señalados haya de darse, se hará al resolver los expedientes y atendiendo a las circunstancias que median en cada caso, apreciadas por el presidente de la República y los gobernadores de los estados”. A las vicisitudes en que se debatía la aplicación de la reforma agraria habría que agregar lo citado en el precepto mencionado. La factibilidad del reparto se definía por criterios políticos, negociaciones y de la correlación de fuerzas en que el movimiento campesino lograra colocar sus demandas sociales frente al Estado, en el que incluso algunos sectores ligados al Partido Comunista Mexicano (PCM) habían transitado ya a la lucha armada. Por otro lado, habría que advertir que las dimensiones de la parcela se definían en relación con la cantidad de tierra afectada, o posible de ser reconocida a los futuros ejidatarios, en tal sentido, encontramos que en la conformación del régimen parcelario ejidal no se respetaron las supuestas unidades de dotación, al existir grupos de peticionarios cuya magnitud (en ocasiones eran miles), resultaba insuficiente la cantidad de tierra que sería parcelada, de esta manera, en el complejo y contradictorio tránsito que vivió el reparto agrario, advertimos la existencia de una amplia masa de “campesinos con sus derechos a salvo”, que eran aquellos que no alcanzaban derecho agrario a una parcela y que sin embargo, los periódicos oficiales de las entidades y los diarios oficiales de la Nación sí les mencionaban en las resoluciones presidenciales, emitidas, 288 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO ue ba fin al Po rrú a tanto, por los gobernadores, como en su caso por los presidentes en turno. Dicho de otra manera, en México existían campesinos dotados y reconocidos en sus derechos agrarios, pero que no gozaban de tierra. Estos más bien, eran incorporados en una especie de “lista de espera” a efecto de que los órganos del Estado aplicaran su decantada justicia agraria, en una futura ampliación ejidal. Otra modalidad que adoptó la distribución ejidal fue la de la atomización de la tierra, la que contrario sensu al surgimiento de pequeños propietarios forjó una masa de “micro ejidatarios”, los cuales, en los hechos estaban destinados a un futuro denigrante. En los artículos del 102 al 104 se explicaba la posibilidad de dotar tierras de agostadero o de bosque, fenómeno que a la postre deparó en graves problemas ecológicos, toda vez que se viabilizaron usos ganaderos y forestales, que revirtieron la calidad del suelo; o en su defecto, debido a la incapacidad de los ejidatarios de establecer un desarrollo de índole capitalista, permitiendo el gobierno concesiones a empresas transnacionales en los territorios abarcados por diversos ejidos con lo que se contribuyó, entre otros aspectos, a la tala inmoderada y su concomitante impacto ecológico. El capítulo octavo (arts. 105-114) definía a la pequeña propiedad y su condición de inafectabilidad, así imponía un límite de 150 hectáreas en tierras agrícolas y de 2,000 en superficies ganaderas. La contradicción23 con la que el Estado manejó los criterios de la afectación agraria pueden advertirse en el capítulo noveno de la multicitada Ley reglamentaria en materia de dotaciones al respecto encontramos: Pr Al decir del artículo 115.—No se incluirán en las dotaciones: I. Los edificios y construcciones en general. II. Las obras permanentes de captación de aguas destinadas a regar tierras que no formen parte del ejido. III. Los canales de conducción de aguas destinadas a regar tierras fuera del ejido. Completando estas adecuaciones los artículos 117 al 121 precisaban: Artículo 117.—Las obras exceptuadas conforme al artículo 115, se respetarán con la zona de protección que las autoridades agrarias señalen al localizarse la afectación, conforme al reglamento respectivo. Artículo 118.—En las afectaciones dotatorias, se respetarán las tierras plantadas de café, cacao, hule, vainilla, o alfalfa. 23 Las contradicciones en que se fincó la reforma agraria mexicana se sitúan en el marco de una legislación que fundamenta el reparto agrario, pero que en los hechos no se aplica. MODERNIZACIÓN E INSTITUCIONALIZACIÓN DEL PROBLEMA AGRARIO 289 Artículo 119.—Las tierras plantadas de henequén, sólo son afectables en la cantidad y proporción que señala el artículo 103 de esta Ley. Artículo 120.—Las huertas o plantaciones de árboles frutales, quedan exceptuadas de afectación dotatoria, siempre que el número de árboles frutales sea superior a cien […] Pr ue ba fin al Po rrú a Sin lugar a dudas la retórica callista, al igual que Obregón y Carranza que identificaron al reparto agrario, como la vía de crecimiento rural, dejó mucho que desear, ya que como observamos, incorporó un proyecto de reforma integral en los hechos insostenible. ¿Qué explicación podría darse a las generaciones actuales de abogados respecto de la incongruencia del marco jurídico agrario, al no haber afectado intereses que evidentemente habían ensanchado sus propiedades —radicalmente— como producto de la afectación de los derechos de los pueblos indios y comunidades campesinas? ¿Por qué no haber considerado —socialmente— que la infraestructura, edificios canales, etcétera, pasara a manos de la masa de desamparados, cuando la mayoría de esa riqueza se creó a la sombra de los trabajadores y cuyos bienes agrarios fueron despojados a los propietarios originarios (los indios)? Es evidente que los argumentos jurídico-agrarios que esgrimió la burguesía nacional en su legislación, apelaban al papel de un Estado benefactor surgido de la Revolución Mexicana, el cual más bien, creaba barreras a las masas empobrecidas del campo a efecto de darle sustantividad a su demanda agraria. No resulta extraño saber que la mayoría de ejidos dotados se constituyeron en economías marginales, resultante de la escasa tierra brindada y fundamentalmente por tratarse de tierras de mala calidad. Además habría que recordar el criterio asentado en el artículo 27 que se refiere a la expropiación por causa de utilidad pública, precepto —sine qua non— procederían las afectaciones agrarias. Al respecto recordemos los argumentos que vertiera el Dr. Pedro de Alba, reconocido agrarista durante el gobierno de Plutarco Elías Calles: En el párrafo segundo de la fracción I del artículo 27, se dice: Las expropiaciones sólo podrán hacerse por causa de utilidad pública y mediante indemnización. Este párrafo debía haber sido motivo de discusiones conceptuales por parte del congreso constituyente de Querétaro antes de redactarlo en la forma en que lo hizo, pues tenemos la convicción de que en materia agraria no debía haber substituido el concepto “expropiación mediante indemnización”, porque no hace sino crear dificultades a la reforma y aumentar compromisos públicos a la Nación por ese concepto […] 290 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO En lo que se refiere a la dotación y restitución de ejidos no debía caber el concepto de indemnización, pues el derecho de la tierra por parte de los pueblos es un derecho positivo que existe en las raíces mismas de nuestra estructura social, como un substratum histórico. Si los reyes de España en frecuentes Reales Cédulas concedían las tierras necesarias para los pueblos, no sabemos por qué razón la Nación en uso de su autonomía no podría declarar la restitución y dotación de tierras sin lugar a indemnización, como los reyes de España, jamás pensaron en indemnizar a los usurpadores de las tierras de los indios […] Ocurre lo que decía Henry George reprobando esta práctica, esto es, después de haber sido usurpadores del derecho ajeno y de haber sido clases privilegiadas durante largo tiempo todavía se les va a indemnizar comprometiendo el trabajo y el bienestar del pueblo.24 ue ba fin al Po rrú a Continuando con el comentario en torno a la Ley Reglamentaria del Artículo 27 en Materia de Dotaciones y Restituciones, encontramos que el capítulo décimo se refería a las resoluciones provisionales y su concomitante ejecución, (primera instancia). Mientras que el Capítulo undécimo precisaba los términos en que se realizaba la segunda instancia en materia de dotación. En el capítulo duodécimo se planteaban los términos en que se ejecutarían las resoluciones definitivas. Al respecto, el Art. 164 señalaba: “Luego que se dicte un fallo por el presidente de la República, se remitirá copia autorizada de él a la delegación correspondiente para su ejecución”. Más adelante los artículos 178 y 179 planteaban: Pr Artículo 178.—Además, las resoluciones se publicarán en el Diario Oficial de la Federación y en el periódico oficial del Estado respectivo. Artículo 179.—Las resoluciones presidenciales que conceden dotación o restitución de tierras o aguas, se inscribirán como títulos de propiedad, en los Registros Públicos correspondientes. La ley cerraba con los capítulos 13 y 14 en los cuales se mencionaba la posibilidad de cambiar la localización de los ejidos (art. 13) y el 14, estableció la ampliación de tierras, que consistió en la acción agraria seguida ante las autoridades para que los hijos de ejidatarios o “campesinos con sus derechos a salvo” —una vez transcurridos 10 años— tramitaran un nuevo expediente agrario de dotación, relativo al núcleo agrario, ya creado. 24 Alba, Pedro, Artículo 27 Constitucional, crédito y fraccionamiento agrícola. Cámara de Senadores, México, 1925, p. 3-7. MODERNIZACIÓN E INSTITUCIONALIZACIÓN DEL PROBLEMA AGRARIO 291 3. La Ley de Irrigación del 9 de enero de 1926 (Ley sobre Irrigación con Aguas Federales) En la modernización pretendida por la Nueva Política Económica (NPE) se estableció como uno de sus pilares el desarrollo de la política hidráulica; al argumentar sus objetivos en la agricultura de riego, Calles precisó los parámetros a seguir: 1. Aumento de las áreas cultivadas, aseguramiento de las cosechas y con ello mejor producción agrícola; 2. Creación de la pequeña propiedad mediante el fraccionamiento de las tierras de regadío, ayudando así a resolver el problema agrario y 3. Liberación económica de gran parte de la clase campesina, fijándola a la tierra.25 Po rrú a La ley sobre irrigación con aguas federales refrendó el “objetivo presidencial”, impulsar el desarrollo agrícola del país (desde luego, ligándolo al interés fundamentalmente de la propiedad privada). El artículo 1o. establecía: Pr ue ba fin al De conformidad con lo dispuesto por el párrafo tercero del artículo 27 constitucional, la propiedad agrícola privada quedará sujeta a las modalidades que la presente ley establece para la construcción de obras de irrigación y pago de las mismas, así como la conservación de ellas y la mejor distribución de las aguas aprovechables. Es de interés hacer notar que el segundo artículo de esta ley declaraba “… de utilidad pública la irrigación de las propiedades privadas, cualesquiera que para su extensión y cultivo, siempre que fueran susceptibles de aprovechar aguas de jurisdicción federal”. Los dueños de las propiedades referidas quedaban obligados, en términos de la ley, a construir y conservar las obras hidráulicas que el Ejecutivo determinara. En su artículo cuarto definía cuales serían las funciones de la nueva Comisión Nacional de Irrigación y de acuerdo con lo dispuesto en el artículo undécimo, se creó un Fondo Nacional de Irrigación, integrado con recursos que el gobierno fijaría cada año del presupuesto de egresos, con las tierras que como compensación por las obras de irrigación que beneficien a terceros, sean enajenadas por el gobierno federal y los productos de la enajenación de dichas tierras; así como, con los demás productos que se obtengan como consecuencia de las obras de irrigación que el gobierno llevaría a cabo. 25 Zevada, op. cit., p. 121. 292 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO 4. La Ley de Crédito Agrícola (10 febrero de 1926) Pretendiendo cumplir con los fines de la modernización agrícola el Estado creó el Banco de Crédito Agrícola, institución que guarda sus antecedentes en las cajas de ahorro promovidas durante el obregonismo; en aquel entonces se afirmaba: … la finalidad de esta institución sería la de integrar vertical y horizontalmente la vida agrícola mexicana mediante la creación de sociedades locales y regionales de crédito, es decir, la introducción, por iniciativa del Estado, de una organización cooperativa en la violenta realidad del campo mexicano.26 Pr ue ba fin al Po rrú a La Ley de Crédito Agrícola delimitaba la diferencia del crédito en general, del que se le prestaría a ejidatarios y pequeños propietarios, así se pensaba en organizar a los diversos sujetos de crédito a partir de la integración de sociedades. Así, con esquemas que iban y venían para impulsar a la modernización, la planeación desde el Estado nunca operó como un fenómeno de consenso o de información y educación a quienes iban dirigidos los “suntuosos proyectos”, dejando pasar el aspecto más importante, es decir, la construcción de un modelo democrático, el cual, además de observar las iniciativas y planteamientos de la masa campesina, recuperará el contexto multicultural de México. Algunos otros ordenamientos legales que se dan en el ámbito del gobierno Callista fueron la Ley de Pesca (enero de 1925) y la Ley Forestal (5 de Febrero de 1926), las que partiendo de modelos europeos planteaban —románticamente— la defensa de los recursos naturales, cuando en los hechos existía una política forestal de tala montes y de saqueo desarrollado por las empresas transnacionales: Según datos elaborados por Evans Clark en 1927 la inversión norteamericana había crecido de la siguiente manera: Minas 248.6 millones de dólares 15.0 millones de dólares Aserraderos Finalmente encontramos la Ley de Colonización del 5 de abril de 1926 cuyo fin era trasladar hacia tierras vírgenes a jornaleros desocupados. 26 Krauze, op. cit., p.p. 21-22. MODERNIZACIÓN E INSTITUCIONALIZACIÓN DEL PROBLEMA AGRARIO 293 E. EPÍLOGO DE UN PROYECTO AGRARIO INCUMPLIDO Contrario a los fines del Estado que buscó la modernización del campo a toda costa, en 1926 sobrevino la crisis del modelo callista, producto de diversos factores dentro de los que sobresalen la guerra de los cristeros, que si bien guarda en el fondo el conflicto que había operado entre la Iglesia y el Estado, tiene sus tintes de agrarismo —comunalismo vs. proyecto modernizador.27 Las relaciones con los EUA se encuentran en su momento más debilitado. Por otro lado, la plata resintió su crisis mundial. La India, uno de los clientes principales de México, adopta el patrón oro, y China, otro cliente importante, suspende sus compras. Po rrú a Comprometidas las dos fuentes principales de ingreso nacional, el país entra en una crisis de la que no habría de salir cabalmente hasta la Segunda Guerra Mundial; desempleo, bracerismo, boicot comercial, huelgas y paros en todas las actividades (minería, petróleo, textiles, ferrocarriles, obras públicas, educación). La guerra cristera costó al erario —además de la pauperización campesina—, el éxodo rural hacia los EUA.28 Pr ue ba fin al Habría que agregar también alrededor de 100,000 muertos en el marco de la guerra Cristera, la mayoría de ellos soldados del ejército federal. La crisis del modelo agrario denota la encrucijada entre un México rural, el de los campesinos que buscan contar con un paradigma alternativo a sus problemas, y en donde la reforma agraria ha constituido tan sólo un paliativo político que no fue al fondo del problema; las grandes propiedades no han sido afectadas, incluso en múltiples casos surgen nuevos procesos de concentración agraria propiciados por el interés monopólico de las empresas norteamericanas; al respecto encontramos los monopolios del hule y del tabaco en el sur-sureste, el del 27 Para Jean Meyer, la cristiada “… ha sido vista como un Movimiento de tipo salazarista o franquista, anunciador del sinarquismo, variedad mexicana del fascismo (1937-45); una tentativa contrarrevolucionaria dirigida por la iglesia, los grandes propietarios y la pequeña burguesía reaccionaria. Pero no es así, por el hecho mismo de que el gobierno de Calles no respondía a la definición de una revolución (Habría que precisar en qué sentido se puede hablar de ‘Revolución mexicana’). Si hay una cuestión que plantearse, ¿no sería más bien que la cristiada, el más importante, ya que no el único movimiento de masas de este periodo, vuelve a poner a discusión no pocos mitos? Del radicalismo campesino los cristeros comparten los aspectos tradicionales (tradición-transmisión) y la mirada vuelta al pasado.” Cf. Meyer, Jean, La cristiada, Siglo XXI, México 1983 pp. 385-386. 28 Krauze, op. cit., p. 27. 294 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO rrú a henequén en Yucatán, etcétera así como la fuerte inserción de los oligopolios mineros en el horizonte rural. El callismo que aparentemente sale de la escena política en 1928, dio paso a su maximato, pero se encuentra en plena decadencia, no sin antes haber hecho impresionantes concesiones a los EUA, como aconteció en el caso del decreto de 1928 con el cual las compañías petroleras obtuvieron la ratificación de contar con derechos perpetuos, sobre toda adquisición anterior a mayo de 1917. Curiosamente, hacia 1928 los inversionistas extranjeros controlaban la economía mexicana de forma más profunda que en vísperas a la revolución mexicana. La hegemonía callista que sucesivamente se expresó en las figuras de Emilio Portes Gil (1928-1930), Pascual Ortiz Rubio (1930-1932) y Abelardo L. Rodríguez (1932-1934) no transformó la tónica de las intenciones callistas, sin embargo, contrario sensu a sus fines reformadores en el agro el expresidente Calles declaró en 1930 al diario El Universal; ba fin al Po Si queremos ser sinceros, tendremos que confesar, como hijos de la Revolución, que el agrarismo, tal como lo hemos comprendido y practicado hasta el momento presente, es un fracaso. La felicidad de los campesinos no puede asegurárseles dándoles una parcela de tierra si carecen de la preparación y los elementos necesarios para cultivarla… Por el contrario, este camino nos llevará al desastre, porque estamos creando pretensiones y fomentado la holgazanería.29 Pr ue Finalmente Calles tenía razón, su reforma agraria, la de los capitalistas, no significó, por decreto, el tránsito a la modernización; el problema social de la redistribución del ingreso en el campo estaba aún por resolverse. Es notorio que el Estado solamente benefició los grandes intereses de la burguesía nacional y de las empresas transnacionales, incluyendo a los propios administradores del Estado, al respecto recordemos que por ejemplo el caso de Álvaro Obregón que de su condición de pequeño propietario se transformó en uno de los más acaudalados latifundistas del noreste mexicano. El encauzamiento de la demanda agraria en tierras vírgenes y aun en áreas lacustres —como la debacle causada por los ilustres técnicos gubernamentales al lago de Texcoco, que con su desecación se intentó habilitar 400 unidades productivas de terrenos salitrosos al “desarrollo rural”— con lo que se desvió el fin auténtico de la reforma agraria mexicana, identificando a todos aquellos latifundistas que erigieron “sus propiedades” a través del despojo y arrasamiento de los pueblos. En este ámbito se situó la 29 Cit. Simpson, Eyler, El Ejido, única salida para México, PAIM, México, 1952, p. 37. MODERNIZACIÓN E INSTITUCIONALIZACIÓN DEL PROBLEMA AGRARIO 295 Pr ue ba fin al Po rrú a llamada “colonización” que impulsó la reforma agraria mexicana, con la que fue preferible desviar a los grupos solicitantes hacia tierras inhóspitas (bienes nacionales) carentes de toda infraestructura y extrañas al desarrollo cultural de los diversos núcleos agrarios, en donde además se afectaría el medio ambiente, al tratarse de terrenos no susceptibles de incorporarse al desarrollo agrícola, y el no haber afectado las tierras fértiles que se encontraban en manos de terratenientes y latifundistas. Finalmente, Calles tenía que ser congruente con su postura de concluir con el reparto agrario en su periodo presidencial. Quizás la suma de las pretensiones institucionalizadoras del periodo, se ubican en la creación del nuevo partido en el año de 1929 —explicado por sus creadores— como de la “Revolución Mexicana”, (Partido Nacional Revolucionario). Institución que a la sombra de Calles aglutinó el sentimiento y el proyecto de la nueva burguesía en ascenso. En realidad, los momentos trascendentes de la reforma agraria Mexicana estaban por venir con el legado revolucionario de don Lázaro Cárdenas del Río. ba ue Pr al fin rrú Po a VIII. EL CARDENISMO, UN PARTEAGUAS EN EL AGRARISMO MEXICANO A. LA INSTITUCIONALIZACIÓN AGRARIA (SEGUNDO PERIODO) Pr ue ba fin al Po rrú a La edificación del derecho agrario, como un derecho social que tuviera su mejor momento en las posiciones y principios esgrimidos por la lucha zapatista y magonista expresados, no tan sólo en la regulación agraria del ejército libertador del sur y del PLM, sino además en la creación de patrones culturales propios, de lucha y de organización, guarda indudablemente sus lazos de transmisión con el cardenismo (1934-1940), entendido este fenómeno, no únicamente como el “estilo personal de gobernar de un presidente”, que supo comprender muchas, quizás las más importantes, reivindicaciones sociales del movimiento popular (campesino, obrero, popular e indígena), sino como la expresión de un movimiento de masas que, bajo concepciones revolucionarias, buscó que las aspiraciones no satisfechas del magonismo y el zapatismo (e incluso del socialismo), coadyuvaran con la transformación que demandaba el país. A diferencia de cómo se construyeron otros movimientos sociales, el cardenismo, representó la conjunción de múltiples factores, en donde la presencia de su principal líder no constituye un “elemento aleatorio”, sino que representa más bien la posibilidad de la concatenación de diversos procesos, que van, desde la formación de juventud de Cárdenas, hasta una política de alianzas que llevaría en su última fase a sumar esfuerzos en un frente antiimperialista del Estado con la izquierda mexicana.1 Para Cárdenas, la nueva etapa del derecho social que deberá construirse, no requiere sino de ser congruente con los fundamentos que le dieron vigencia, ya en su campaña presidencial, advertirá el epicentro de su propuesta agraria: ¡Tierra y Libertad!; ¡Restitución Agraria a los Pueblos Indígenas!; Dotaciones agrarias a los pueblos que así lo requieran; involucrando 1 En 1938, Hernán Laborde connotado dirigente del Partido Comunista Mexicano habría planteado su vínculo solidario y estratégico con el Partido Nacional Revolucionario. 297 298 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO desde luego, a las amplias masas de desheredados: peones y jornaleros agrícolas, e incluso armando a los campesinos a efecto de proteger su patrimonio reivindicado. B. DEL PROCESO DE FORMACIÓN DEL CARDENISMO Pr ue ba fin al Po rrú a Los fines sociales de la Revolución Mexicana habían quedado como derechos pendientes, la culminación del “maximato” no significó que las redes e influencias ejercidas por el “primer jefe” se hubieran eliminado, por el contrario, este poder se habría exacerbado con la institucionalización de la política estatal y dentro de ésta, la reforma agraria, a través del nuevo y “flamante partido del gobierno”. Contradictorio en su conformación (dirigido por caudillos-terratenientes y con una importante base social) y en el discurso, que evocaba el Partido Nacional Revolucionario (PNR), nacido en 1929, plantea su programa de gobierno incorporando algunos de los principales fundamentos del socialismo revolucionario, argumentos que a la par de componendas y negociaciones con el movimiento obrero y campesino y de cuya base social estaba en buena parte conformado el nuevo partido, permitía la existencia de una tensa calma. Además, Calles había demostrado en diversos momentos sus dotes de “pacificador social”, al haber sacrificado infinidad de huelgas e incluso llegado al asesinato político de líderes comunistas. El legado de los caudillos de la Revolución fue claro, el país vivía una situación compleja y contradictoria, manteniendo muchos de los rasgos típicos de un país dependiente y subdesarrollado, incluso “semifeudal”. Según el censo de 1930 la población de México era de 16.5 millones de habitantes. La población económicamente activa era de 5.1 millones de personas (32.2%), de las cuales el 70% estaba ocupada en la agricultura, el 13.4% en la industria de la transformación, el 5.3% en el comercio y el 11.1% en los servicios.2 Las posiciones agrarias del zapatismo incipientemente incorporadas en la legislación agraria guardaban, aún, grandes rezagos; el Estado posrevolucionario, como apuntábamos, había realizado un reparto a “cuentagotas”, sin haber afectado a los grandes intereses que se encontraban enquistados en el campo. En el último periodo del maximato, siendo presidente Abelardo L. Rodríguez, proliferan amplias masas de desempleados rurales que deambulan en la más profunda miseria. 2 López Malo, Ernesto, Ensayo sobre la localización de la industria en México, México, 1960, p. 140. EL CARDENISMO, UN PARTEAGUAS EN EL AGRARISMO MEXICANO 299 A decir de Shulgovski: Se calcula que en 1930 había cerca de 2.5 millones de campesinos, sin tierra. México es un país donde la proletarización de la población agrícola alcanzó colosales proporciones. Aproximadamente el 77% de toda la población ocupada en la agricultura eran obreros agrícolas, es decir 2.8 millones de 3.6 millones de personas. Además en la región agrícola más importante, la zona central, los obreros agrícolas llegaban al 81.5% de toda la población económicamente activa en la agricultura.3 Pr ue ba fin al Po rrú a Al igual que en décadas pasadas, las poblaciones indígenas se encontraban arrinconadas habiendo sido desprovistas —en el periodo reciente— de sus propiedades, ya fuera vía políticas “colonizadoras”, o a través de las nuevas concesiones brindadas al capital extranjero en territorios indígenas, valga situar como ejemplo la península de Yucatán, donde la gran mayoría de la población maya fue despojada de sus comunidades debido a los procesos de modernización aplicados por los grandes monopolios norteamericanos. El país vive las repercusiones de la crisis mundial iniciada en 1929, teniendo sus concomitantes expresiones en la crisis del Estado mexicano que, de manera particular, no ha aplicado los fines sociales de la revolución de 1917. Los márgenes entre la agudización de las graves contradicciones sociales y el estallamiento de la guerra civil se estrechaban, por lo que el Estado realizó una reforma en sus políticas que desde luego, desembocarían —sin preverlo el callismo— en una de las transformaciones sociales más importantes del siglo XX, fenómeno que se ha conocido como el nacionalismo revolucionario. C. DEL DISCURSO IDEOLÓGICO BURGUÉS AL AGRARISMO REVOLUCIONARIO El tránsito hacia la nueva estrategia asumido por el decadente callismo se encontraba preñado por circunstancias que obligaron al Estado al cumplimiento de las demandas sociales. Desde fuera y dentro del partido de Estado (PNR) y de su hegemonía se presentaron en el escenario político del país fuerzas sociales que cuestionan el status quo reinante; desde la izquierda, la Liga de Comunidades Agrarias, otrora liderada por Úrsulo Galván y J. Guadalupe 3 International Labor Review núm. 1, July 1937, p. 66. Cit. Shulgovski, Anatoli, México en la encrucijada de su historia, p. 24. 300 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO ue ba fin al Po rrú a Rodríguez exigen el cumplimiento de las reivindicaciones agrarias, ya sea a través del estallamiento de paros, huelgas e incluso confrontaciones violentas entre latifundistas y amplias masas de jornaleros, peones, aparceros, indígenas, etcétera. Increíblemente el Estado mexicano surgido con una “innovadora y modernizada legislación social”, mantiene en la víspera del cardenismo estructuras semifeudales, determinadas en gran medida por el capital extranjero. Bajo esta óptica se encuentran, por ejemplo, los trabajadores de la Comarca Lagunera del Estado de Coahuila, región eminentemente algodonera siendo controlada por los influyentes trusts norteamericanos, así como por caudillos regionales provenientes de la Revolución Mexicana, así como el Valle del Yaqui en el sur del Estado de Sonora, la Chontalpa en Tabasco y la región maya, entre muchas otras. Desde dentro de la estructura del partido de Estado, las fuerzas en ascenso del movimiento campesino enfrentan las incongruencias de la política agraria oficial a través de la Confederación Campesina Mexicana (CCM) —antecedente de la Confederación Nacional Campesina (CNC)— organización presidida por Enrique León García, Flores Magón y Graciano Sánchez, siendo este último quien más influyó en la línea agrarista esgrimida desde el oficialismo (PNR). Sumado a los factores internacionales y nacionales mencionados, es importante advertir que en el advenimiento del cardenismo existían múltiples antecedentes que consolidaron la ideología democrático-popular de Lázaro Cárdenas, al respecto encontramos algunas precisiones referidas en sus apuntes de juventud: Pr Estalló la revolución maderista que tuvo entusiasta repercusión en varios pueblos de Michoacán. En Jiquilpan se distinguieron el doctor Maciel, Francisco Tinajero, Trinidad Mayés y campesinos de las comunidades de Tolalán y los Remedios, que reclamaban la restitución de sus tierras que les tenían absorbidas la hacienda de ‘La Guaracha’.4 Propiedad que a la postre —como veremos— fue afectada, siendo gobernador Lázaro Cárdenas. Más adelante, al referirse a las fuerzas de la Revolución en que habría de incorporarse, escribe lo siguiente: El general García Aragón se distinguió en Michoacán y Guerrero por el orden y disciplina de sus fuerzas. Y fue en esta columna en donde más palpable se hizo el sentido agrarista de la lucha armada. Esto se debió al 4 Cárdenas, Lázaro, Obras I, Apuntes 1913-40, t. I, UNAM, p. 8. EL CARDENISMO, UN PARTEAGUAS EN EL AGRARISMO MEXICANO 301 origen zapatista del general García Aragón y a los contingentes de Trinidad Regalado y Ernesto Prado que luchaban por la tierra.5 Otro dato que es develador de la ideología agrarista de Cárdenas es la actitud asumida en Tampico, siendo jefe militar en la región petrolera determinó que la finca de su propiedad denominada “El Cuatro” pasara a manos de sus trabajadores. Al respecto escribía: En virtud de que mis convicciones son de que la tierra y lo que produce deben ser para el que la trabajó, entregue usted —se dirige a su secretario Pina Soria— a los trabajadores que viven en mi rancho a manera de parcelas de tierras, a fin de que las cultiven ellos mismos en su beneficio y libres de toda renta…6 al Po rrú a Cárdenas, que ya había ocupado, provisionalmente hacia 1920, el gobierno de Michoacán, fue electo gobernador del Estado en 1928, aplicando disposiciones reivindicatorias del campesinado, como aconteció con la hacienda “La Guaracha” que fue afectada por su gobierno en beneficio de los indígenas. En realidad éste no fue sino el inicio de su política agraria, Cárdenas distribuyó en el estado 141,683 hectáreas entre campesinos de once poblados. Pr ue ba fin Es interesante señalar que Lázaro Cárdenas no se subordinó a la presión de la élite callista que pretendió acabar con las transformaciones agrarias. En su informe al congreso estatal, Cárdenas declaró que la reforma agraria puede considerarse terminada solamente en el caso de que todos los campesinos reciban la tierra que requieren. Esta declaración estaba dirigida en verdad contra las exigencias de los callistas de contener la distribución agraria.7 Fue durante esta coyuntura que incorporó a uno de sus más leales colaboradores, al Lic. Gabino Vázquez, a quien correspondió, años más tarde, aplicar la reforma agraria al frente del Departamento de Asuntos Agrarios. Otro aspecto que influyó en la concepción de Cárdenas se desarrolló en su participación como jefe militar en las regiones petroleras, surgiendo una visión antiimperialista del problema nacional y agrario de México. 5 Cárdenas, Obras, op. cit., p. 23. 6 Cit. Townsend, William, Lázaro Cárdenas, demócrata mexicano, SEP Setentas, México, 1971, p. 45. 7 Ramos Pedrueza, Rafael, La lucha de clases a través de la historia de México, SME, 1938, p. 367. 302 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO rrú a El cardenismo, como corriente de expresión política, surge de la correlación de fuerzas que optan por la figura de Cárdenas como presidente de la República. Para el callismo este fenómeno no constituía sino un nuevo momento de afianzamiento de la burguesía y del caudillismo; Calles “propuso” a Lázaro Cárdenas como candidato oficial, buscando atraer el movimiento de masas al seno de la hegemonía estatal a efecto de atenuar las contradicciones sociales. Proyecto reformador a todas luces incongruente —el del callismo— que incluso llegó a invocar al “socialismo” como política de Estado. Las primeras definiciones del cardenismo surgen a partir de la Convención del PNR (Partido Nacional Revolucionario), del cual surgiría el llamado “Plan Sexenal”. Este documento fue ampliamente debatido y consideró propuestas del agrarismo reformador, en tal sentido intervino Graciano Sánchez, que en su calidad de dirigente de la CCM propuso que: fin al Po […] la reforma agraria no había satisfecho las promesas hechas por la Revolución a los campesinos, entre otras cosas porque se habían negado derechos a algunos y porque los funcionarios encargados del programa eran corruptos. A los pocos beneficiados se les habían dado cerros, llanos estériles, montes improductivos y media hectárea de tierra arable.8 ba Según Graciano Sánchez, para modificar un estado de cosas tan lamentable eran indispensables tres aspectos: Pr ue a. Terminar con la existencia de las comisiones locales agrarias, órganos que dentro de la administración y aplicación de la política agraria se habían convertido en un gran obstáculo para la entrega de tierras, debido fundamentalmente al papel que desarrollaban la mayoría de los gobernadores de los Estados. b. Considerar en los repartos agrarios a los jornaleros agrícolas y peones acasillados. c. Crear una nueva dependencia agraria, que contrario sensu al funesto papel desempeñado por la Comisión Nacional Agraria se encargara de agilizar y concretar la reforma agraria. Este nuevo organismo completaría su actividad con la creación de sus órganos desconcentrados, denominados Comisiones Mixtas (a la postre Comisiones Agrarias Mixtas) que contarían con representantes, tanto del gobierno federal, estatal, como de los campesinos.9 8 La exposición de Graciano Sánchez se publicó en El Universal del 6 de diciembre de 1933, p. 18 y siguientes. 9 Sánchez, Graciano, en El Universal, op. cit., p. 18 y siguientes. EL CARDENISMO, UN PARTEAGUAS EN EL AGRARISMO MEXICANO 303 Bajo estas concepciones el cardenismo rebasó al oficialismo callista pasando paulatinamente a la ofensiva. Cárdenas recuperó éstos y muchos otros aspectos en el advenimiento de su campaña electoral, distinta a la costumbre política de los anteriores candidatos, realizó una profunda campaña, recorriendo más de 28,000 kilómetros y conviviendo con la gente su problemática. rrú a A pesar que las dificultades iban aumentando entre el candidato del PNR y el general Calles —y quizá precisamente por ello— Cárdenas, decidió inaugurar un nuevo estilo en la campaña presidencial. No sólo visitó todas las capitales estatales y territoriales, más las poblaciones importantes; abandonó además los caminos transitables para visitar a pie, a caballo o en avión, pequeños poblados y rancherías por considerar que era en ellos ‘donde residen los más graves problemas de las clases proletarias’. Pidió en cada lugar que se le explicaran los problemas, y en ocasiones tomó notas él mismo, sugirió remedios y mostró una notable disposición para buscar soluciones que prometió poner en marcha una vez que asumiera el poder.10 ba fin al Po El PNR tradujo en su plan sexenal las nuevas disposiciones agrarias, las cuales guardarían una doble significación, para Calles el control y atenuamiento del conflicto social (sin cumplir la demanda agraria), incluso se atrevió a señalar “medidas aún más radicales”,11 y para el movimiento de masas del cardenismo la resolución real a sus reivindicaciones sociales. Este documento señalaba en su parte relativa a agricultura, fomento y problema agrario: Pr ue […] El Partido Nacional Revolucionario, en la forma más solemne y enérgica, da por reproducida la declaración de principios hecha desde su constitución, afirmando que el problema social de mayor importancia en nuestro país es, sin duda alguna, el relativo a la distribución de la tierra[…] […] Consiguientemente el ideal agrario contenido en el artículo 27 de la Constitución General de la República seguirá siendo el eje de las cuestiones sociales mexicanas […] […] El PNR señala […] el compromiso de su rápido cumplimiento, el seguir dotando de tierras y aguas […] a todos los núcleos que carezcan de ellas. […] Con el objeto de puntualizar el compromiso que el PNR adquiere […] elevará la categoría de Departamento Autónomo a la Comisión Nacional Agraria. 10 Meyer, Lorenzo, Historia de la Revolución Mexicana, El Colegio de México, México, 1981, pp. 295-296. 11 Shulgovski menciona que las masas trabajadoras de aquel entonces no tenían un significado claro acerca del socialismo, de ahí mucha de la retórica callista, contradictoria e incongruente. Cf. del autor, México en la encrucijada de su historia, op. cit., p. 84. 304 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO […] Se suprimirán las actuales Comisiones Locales Agrarias y se crearán, en cada Estado, Comisiones Agrarias Mixtas […] Po rrú a Es interesante considerar tres aspectos que durante su campaña proyectó Cárdenas realizar al llegar a la presidencia: — Al igual que Zapata la consigna “la tierra para el que la trabaja”, se convirtió en una constante exigencia durante toda su campaña. Inclusive en casos específicos como en el de la zona henequenera de Yucatán, adujo que las propiedades deberían de pasar a manos de los jornaleros. — La distribución de armas a los campesinos con el objeto de protegerse de los latifundistas, guardias blancas y otros que atentaban contra sus intereses. — Crítica al dominio imperialista en donde el principio político aplicado fue la lucha de liberación nacional de México. Recordemos que décadas más adelante Cárdenas fundó al lado de connotados intelectuales, como Heberto Castillo, el Movimiento de Liberación Nacional (MLN). fin al D. MARCO LEGAL DE LA REFORMA AGRARIA CARDENISTA Pr ue ba El desorden y multiplicidad de contradicciones e incongruencias en que se debatió el derecho agrario en el periodo desarrollado entre 19151934 fue definido por algunos autores de la siguiente forma: para Lucio Mendieta y Núñez tan sólo se trató de “falta de técnica jurídica” o “desorden legislativo del cuerpo agrario”, para Ángel Caso y Antonio de Ibarrola, en realidad existía una decidida actitud anti-agrarista y pro burguesa del grupo en el poder, dígase en tal sentido la circunstancia que contrario sensu a los fines de las demandas agrarias habían sido atemperadas por el Estado con diversidad de circulares, decretos, leyes, etcétera, intentando cerrar el paso a las reivindicaciones agrarias, es decir, con la promulgación de leyes,12 que en los hechos fueron inaplicables. Bajo esta intención de atenuar la demanda social y lograr “la culminación del reparto agrario”, Abelardo L. Rodríguez, último representante de Calles en la presidencia, promulgó el primer Código Agrario, 12 Durante las dos décadas que abarcaron los gobiernos posrevolucionarios se emitieron en materia agraria: seis leyes reglamentarias federales, catorce decretos, seis acuerdos de modificación o adición de las anteriores, cuatro reglamentos, una aclaración y cincuenta y una circulares, en total ochenta y dos disposiciones, esto sin considerar otras de carácter estatal y administrativo. EL CARDENISMO, UN PARTEAGUAS EN EL AGRARISMO MEXICANO 305 Pr ue ba fin al Po rrú a documento que integró diversos aspectos que la legislación agraria y otras disposiciones administrativas desarrollaron desde 1914 y hasta 1934 y justamente éste fue el instrumento que convalidó, la auténtica reforma agraria social, impulsada por el cardenismo. Contrario a las incongruencias en las que se desenvolvió la familia revolucionaria y sus caudillos, a través de la impresionante promulgación de leyes y decretos y que no fueron sino muestra del desvirtuamiento de los fines sociales de la reforma agraria, el cardenismo no requirió sino de ser congruente con los postulados del artículo 27 constitucional, elaborando breves y contados decretos agrarios, pero aplicando consistentemente el reparto agrario. Valga señalar que la legislación mencionada fue coadyuvatoria de la reforma que el 10 de enero de 1934, ordenada por Abelardo L. Rodríguez al artículo 27 constitucional, con la cual se disponía la adopción de la demanda campesina y los fundamentos del plan sexenal del PNR. Más adelante, en el capítulo relativo a las reformas y adiciones al artículo 27 constitucional, abundaremos en los contenidos de la reforma mencionada. Acompañada de la reforma al artículo 27 el presidente substituto Abelardo L. Rodríguez emitió un decreto con el cual se especificó la creación del nuevo Departamento Agrario, al respecto habría que advertir que contrario a la demanda del movimiento campesino y no obstante de haber sido planteada la iniciativa como la creación de un Departamento Autónomo, tanto la constitución reformada como el Decreto que le dio vigencia lo establecieron como una dependencia directamente ligada al Presidente de la República, de esta manera la idea que tuviera Martín Luis Guzmán de Plutarco Elías Calles —La sombra del caudillo— estaría presente todavía en las definiciones jurídico-políticas del Estado mexicano. Revisar entre líneas el papel centralizado que correspondería realizar al Ejecutivo Federal en las nuevas políticas de la reforma agraria, es innegable, sin embargo, la amplia red de complicidades y corrupción que pendían del aparato gubernamental estaban a punto de ser transformadas con el “fenómeno cardenista”; los mejores tiempos de Calles ya habían pasado. En su artículo segundo este decreto enlistaba el nuevo organigrama que se encargaría de “regularizar a la reforma agraria”, al respecto encontramos: Artículo 2o.—Corresponde al Departamento Agrario: Estudio, iniciativa y aplicación de la leyes agrarias relativas a: — Tierras comunales de los pueblos. — Dotaciones y restituciones de tierras. — Fraccionamiento de latifundios, en su jurisdicción respectiva. 306 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO — Dotaciones y restituciones de aguas ejidales y reglamentación del aprovechamiento de las mismas. — Parcelamiento de ejidos. — Organización de los ejidos para el mejor aprovechamiento de la tierra. — Exposiciones de productos de los ejidos. — Registro agrario. — Estadística ejidal. — Cuerpo Nacional Consultivo. — Delegaciones en los Estados. — Comisiones Mixtas Agrarias. — Comités particulares y ejecutivos — Comisariados ejidales. — Procuraduría de pueblos.13 fin al Po rrú a Coadyuvando con la reforma constitucional y con el nuevo Departamento Agrario, después conocido como Departamento de Asuntos Agrarios y Colonización (DAAC) el Estado mexicano había promulgado el 28 de abril de 1933 la Ley de Secretarías de Estado, Departamentos Administrativos y demás Dependencias del Poder Ejecutivo Federal. Cabe hacer notar que con este conjunto de disposiciones la otrora Ley Agraria del 6 de enero de 1915 dejó de ser el instrumento jurídico reglamentario de la cuestión agraria mexicana, al haber sido abrogada. ba 1. El Código Agrario de 1934 Pr ue La característica significativa de este ordenamiento no es, quizá, saber quién lo creó, sino finalmente reconocer un instrumento legal que por primera vez, en el México moderno, permite acometer un punto esencial; la complementación de los principios consignados en el artículo 27 y que ahora serían reglamentados y sistematizados con esta nueva legislación. Era claro que otrora la burguesía se había adueñado de un discurso —el auténticamente revolucionario— que no le correspondía, aspecto evidenciado en sus pugnas inter burguesas, en su caudillismo, en la mutilación de la lucha obrera y campesina y en la corrupción imperante, un Estado premoderno que presumía vivir en la modernidad. Para los cardenistas el tránsito a la modernización implicaba el advenimiento de la democracia en su más amplia expresión, la que en su parte jurídica buscaba hacer eficientes las relaciones sociales y de propiedad surgidas de la Revolución Mexicana, y que de manera particular se incorporaron en el Código Agrario de referencia. 13 Diario Oficial de la Federación del 17 de enero de 1934. EL CARDENISMO, UN PARTEAGUAS EN EL AGRARISMO MEXICANO 307 Pr ue ba fin al Po rrú a Sin embargo, la asunción de la democracia cardenista tiene que ser contextualizada en dos etapas: La primera compete a un momento en el que la antigua estructura callista obstaculiza la aplicación de los postulados agrarios y que se proyecta entre 1934-1936, y la segunda que es la ruptura total con la hegemonía del maximato. Desde luego que esta adecuación histórica no es esquemática, sino que permite advertir algunos elementos significativos que identifican al modelo cardenista. Así podríamos considerar que el Código Agrario de 1934 fue un instrumento jurídico con “doble arista”, su epicentro es la reforma agraria, la que se plantea desarrollar con las llamadas “acciones agrarias” de dotación de tierras y aguas, la creación de nuevos centros de población ejidal, la ampliación de tierras y la restitución agraria a las denominadas comunidades agrarias, aspecto que, sin embargo, guardaba infinidad de “candados para su logro”. Al respecto habrá que recordar que no obstante que este Código surgió al calor de la lucha campesina y de los principios del PNR de corte agrarista, la mayoría callista, tanto en el senado como en la Cámara de Diputados forjó un documento acorde al fortalecimiento del Estado y la burguesía terrateniente. Estas “mutaciones” de la demanda social, traducidas en complejos ordenamientos, no eran cosa nueva, sino que fueron la constante trayectoria del Estado en la definición de sus políticas agrarias durante sus primeros tres decenios de existencia. Los problemas medulares del Código Agrario de 1934 se consignaban en los siguientes aspectos: I. Restituciones de tierras y aguas (Título II, Capítulo II); Advertía que el núcleo solicitante debería exhibir el título primordial con el cual el Estado…, bajo diversos procedimientos, reconocería y en su caso convalidaría la pertinencia de dichos documentos; Tradición jurídica que el Estado mantuvo décadas atrás y que precisamente el derecho agrario zapatista impugnó al reconocer a las llamadas “comunidades de hecho”. II. En materia de dotaciones (Título III, Capítulo I del Código), se insistió en establecer un criterio preestablecido de siete kilómetros, como posible radio de afectación en que se podría ubicar la finca o propiedad presuntamente reivindicable, desde luego que esto limitaba al núcleo agrario en su pedimento reduciendo su exigencia a dicho espacio geográfico. III. Uno de los aspectos más aberrantes del nuevo Código, era la demagogia con la que al tiempo que se les consideraba como posibles sujetos de derechos agrarios a los acasillados, se les imponían un conjunto de limitaciones que prácticamente le imposibilitaban la adquisición de derechos sobre el ejido (Título III, Capítulo II y III del Código 308 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO Pr ue ba fin al Po rrú a Agrario). Únicamente eran considerados como dotatarios de manera aleatoria, es decir, si existieran “parcelas vacantes” en la resolución de otros expedientes agrarios. El Estado antiagrarista conocía perfectamente que esta masa de obreros agrícolas “los acasillados”, que por su denominación son trabajadores que viven en los márgenes de la propia heredad agrícola (otrora se denominaron los que habitaban en casillas, pequeñas mazmorras ubicadas en las fincas), eran un núcleo fundamental para ser considerado en el reparto agrario, sin embargo, también era evidente que éstos eran los más informados en relación a los fraccionamientos simulados y las propiedades de dimensiones inconmensurables circunstancias que podrían llevar a una profunda afectación (como así aconteció, con Lázaro Cárdenas) de las trasnacionales y monopolios. IV. En el Título III, Capítulo IV intitulado del monto y calidad de las dotaciones, bajo la idea de mantener al ejido parcelado, se delimitó la superficie de unidad dotada por ejidatario en cuatro hectáreas de riego por ocho de temporal. Esta adecuación, que a la larga —entre otras— se convirtió en un gran lastre del posible desarrollo ejidal, evidencia la intención de crear un núcleo de micro posesionarios, al respecto afloran las ideas aplicadas durante este periodo por Luis Cabrera quien propuso al Pegujal como la opción para dotar al ejidatario, valga señalar que Cabrera a la postre se convirtió en uno de los más acérrimos críticos del cardenismo, al que llegó a denominar como “pro soviético”. V. El último aspecto criticable con el que cierra este Código es el contenido en el Título III, Capítulo V que se refiere a la pequeña propiedad, obras y cultivos inafectables. El doble discurso aplicado, en torno a la reforma agraria es claro, el Código enlista más de diez circunstancias en virtud de las cuales se les mantiene como inafectables a los latifundios. Sobresale la empecinada defensa a la agroexportación, que en aquel entonces controlaban empresas trasnacionales, al respecto se mencionaban a los ingenios cañeros, las fincas productoras de plátano, café, árboles frutales, etcétera. Con todos estos subterfugios legales, ¿cómo pretendía el Estado transitar a su modernización, y fundamentalmente a la construcción del derecho agrario en su perspectiva social? Cárdenas tuvo que confrontar, entre otras, esta situación y no fue sino con la ruptura de las estructuras anquilosadas y con la legitimación de su política (acercándose y organizando al campesinado), que el significado social del derecho agrario y sus instrumentos de política tuvieron cabida. Si bien la reforma agraria cardenista se inspiró en el artículo 27 (que posteriormente sería reformado) y el Código agrario de 1934, es EL CARDENISMO, UN PARTEAGUAS EN EL AGRARISMO MEXICANO 309 rrú a significativo identificar que el tránsito a la reforma agraria social fue de corte administrativo, es decir, Cárdenas que tenía un Congreso callista, además de algunos gobernadores en contra, dispuso una serie de ordenamientos y decretos, inclusive algunos de ellos superiores en contenido y espíritu a la propia ley, viabilizando los postulados del artículo 27. Finalmente, Plutarco Elías Calles, después de que mantuviera acre crítica contra Lázaro Cárdenas y su gobierno, calificándolo de “ser comunista” y de provocar condiciones para el estallido de una guerra civil, fue expulsado junto con algunos de sus cercanos colaboradores a los Estados Unidos en 1936. En virtud de que venimos analizando la legislación agraria de esta época, habrá que precisar que más adelante ubicaremos nuestras apreciaciones del Código Agrario de 1940 el cual sí correspondió promulgar al General Cárdenas. Po 2. El reparto agrario y la reforma agraria popular Pr ue ba fin al El marco sociopolítico de la reforma cardenista estuvo presidido de aspectos que, sin lugar a dudas, permitieron la conformación del Nacionalismo Revolucionario. Iniciando su periodo presidencial y con el apoyo de intelectuales de la talla de Narciso Bassols se decretó en el artículo tercero la implantación de la educación socialista, aspecto que fue acompañado con la creación de centenares de escuelas rurales, el impulso a las Normales Rurales y las campañas de alfabetización, proceso nada sencillo que derivó en el asesinato de decenas de profesores rurales. En 1935 Cárdenas convocó a la unificación campesina, aspecto que redundaría en la consolidación de la base social que garantizó el afianzamiento de su proyecto; el presidente argumentaba que hasta entonces los propósitos de la unificación campesina habían fracasado en perjuicio de la economía nacional. Este fracaso era la causa principal de que en algunos lugares se hubiera interrumpido la dotación y restitución de ejidos. Urgía además, a encausar la legislación agraria, aspectos hasta entonces no previstos: seguro de vida, protección en los casos de enfermedades y accidentes de trabajo, seguro por pérdida de las cosechas, etcétera. Para lograr esos objetivos era indispensable unificar a los ejidatarios en un organismo de carácter permanente con amplios y avanzados propósitos.14 14 Cf. Acuerdos de Lázaro Cárdenas de fecha 10 de julio de 1935, folleto del PNR, México, julio de 1935. 310 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO De manera específica señalaba Cárdenas en el acuerdo de Unificación Campesina: El Comité Ejecutivo Nacional del Partido Nacional Revolucionario, procederá […] a formular el plan de acción […] a efecto de organizar a los campesinos dotados de tierras por el gobierno federal y aquellos cuyas solicitudes se encuentren en tramitación […] a. Convocará en el tiempo y orden que lo juzgue oportuno en los Estados de la Federación, a convenciones parciales a fin de que en cada entidad no exista más que una Liga de Comunidades Agrarias […] b. […] el Comité Ejecutivo Nacional del PNR, procederá a celebrar una Gran Convención en el lugar que oportunamente designará el mismo Comité, a fin de constituir la Confederación Campesina que deberá ser el organismo central.15 Pr ue ba fin al Po rrú a Este fue el antecedente que a la postre forjó en 1938, a la Confederación Nacional Campesina (CNC), fenómeno ampliamente criticado como un corporativismo de Estado y de alineamiento del movimiento campesino que dio paso al reparto agrario, aspecto que no puede ser comprendido sin antes observar que en ciertas regiones del país la agudización de las contradicciones sociales permitieron, tanto la unidad campesina en torno al PNR, como la distribución agraria. Otro de los aspectos cubierto por Cárdenas fue el de la desincorporación del Estado de aquellos cuadros callistas que aún se mantenían en la estructura de poder. Ocho gobernadores16 fueron retirados de sus cargos, diversos senadores y diputados desaforados, así como varios presidentes municipales. Un último elemento que afianza al modelo político, y particularmente agrario, fue la fundación de la Confederación de Trabajadores de México (CTM) en 1936, organismo que a la larga será un órgano coadyuvatorio del cardenismo. Sin ser un fenómeno lineal y que cubra todo el universo agrario del territorio nacional, la reforma agraria se aplicó fundamentalmente en lugares estratégicos, como lo son la Comarca Lagunera en Coahuila, la Península de Yucatán en la zona henequenera, el Bajío en Guanajuato y Michoacán, el Valle del Yaqui y Mayo en Sonora, etcétera.17 Esto sin dejar de aplicarse en la mayoría de los Estados de la República. 15 Ibid. 16 Al igual que Cárdenas tuvo gobiernos estatales detractores, contó también con cuadros revolucionarios formados en el zapatismo, como fue el caso del general Gildardo Magaña que fungió como gobernador de Michoacán. Otros que coadyuvaron con el reformismo agrario fueron Heriberto Jara, Francisco J. Mújica y Narciso Bassols. 17 En realidad el reparto agrario estuvo presente durante todo el sexenio cardenista. Una vez iniciado su periodo presidencial y con el nuevo Departamento Agrario, su jefe, el licenciado Gabino Vázquez se encargó de resolver diversidad de expedientes agrarios que administracio- EL CARDENISMO, UN PARTEAGUAS EN EL AGRARISMO MEXICANO 311 Cárdenas inició su política de afectaciones agrarias en la Comarca Lagunera, región en la que los peones que vivían en condiciones semifeudales ganaban cincuenta centavos diarios y en las que tres grandes monopolios norteamericanos obtenían los beneficios de los plantíos algodoneros de la región. Estas compañías accionistas controlaban la región algodonera con el apoyo de los bancos que también se hallaban casi siempre en manos del capital extranjero. Entre estos bancos estaba el Banco Germánico de la América del Sur, el Banco de Montreal, el Banco Pursell, el Banco Nacional y algunos otros.18 Pr ue ba fin al Po rrú a En el momento que el Estado interviene en la región lagunera existía una profunda confrontación que había provocado la huelga general contra los latifundistas. A partir de este momento se concreta el vínculo del Estado con el movimiento campesino, a partir de la afectación agraria. El cardenismo le brindará una modalidad muy importante al reparto a través de la creación de cooperativas, fomentando el asociacionismo agrario, fenómeno que también se conoció como la colectivización ejidal. Estas cooperativas adquirieron la conformación jurídica de sociedades de crédito ejidal y su función fue la de la colectivización del uso de la tierra, del agua, de los insumos e incluso de la maquinaria agrícola. Uno de los aspectos que diferenció al reparto agrario que antecedió a Cárdenas y la legislación que le reguló, es el que se refiere al colectivismo rural política que de alguna forma intentó adaptar el poco monto de la tierra distribuida entre millones de solicitantes, además de que el Código de 1934 estableció el criterio de reconocer como máximo de unidad de dotación cuatro hectáreas de riego por ocho de temporal, lo que en los hechos se tradujo en una media aproximada de 2.5 hectáreas por ejidatario. Contra todo lo que se ha escrito sobre la inviabilidad de la colectivización ejidal, ésta se convirtió en una alternativa —mediana— de solución de las necesidades de la economía campesina, sin embargo, la mayor competitividad de las grandes unidades latifundistas, ligadas a otros múltiples factores (muchos de ellos se explican a la posteridad del cardenismo) determinaron el fracaso del colectivismo agrario mexicano.19 nes anteriores habían dejado irresueltos. En diciembre de 1934 se publicaron 73 resoluciones presidenciales que dotaron de un poco más de 89,900 hectáreas a 8,000 campesinos. Escárcega López, Everardo, “El principio de la reforma agraria”, en Historia de la Cuestión Agraria (1934-1940), vol. 5, Siglo XXI, p. 82. 18 Shulgovski, op. cit., pp. 246-247. 19 Desde el marxismo-leninismo se ha referido por distintos autores, que el colectivismo es fructífero solamente cuando opera la vía socialista de desarrollo de la agricultura, en donde 312 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO Pr ue ba fin al Po rrú a Para finales de noviembre de 1936 existían en La Laguna 28,503 campesinos dotados que funcionaban en 341 cooperativas.20 Otro aspecto que aplicó la política gubernamental fue la incorporación de servicios urbanos, educativos y de higiene. Ya en 193621 el ritmo dado a la reforma agraria era impresionante. En tan sólo doce meses el Estado ha resuelto 2,120 expedientes de dotación que corresponden a más de tres millones de hectáreas distribuidas dando opción a 171,097 nuevos ejidatarios. Fue tal el auge del reparto agrario que el gobierno creó la llamada Casa del Agrarista, en cada una de las entidades federativas, territorios y el D.F., ello con el objeto de que las diversas comisiones campesinas que tramitaban sus solicitudes ante el Estado contaran con hospedaje y alimentación. Aspecto incluyente de las expropiaciones agrarias lo fue la afectación no únicamente tierras, sino de norias, bombas, canales, instalaciones, animales de trabajo e incluso aperos de labranza, como sucedió en Michoacán, La Laguna, Sonora, etcétera. La actuación del cardenismo en regiones de alta productividad agrícola no fue casual, más bien se explica por la agudización de las contradicciones en las que existe alta tensión social debido al proceso impuesto por las compañías y bancos extranjeros, pero además son zonas geográficas en las que existían antecedentes de participación política de la izquierda mexicana, como lo son el Valle de Mexicali, en el que intervinieron tanto magonistas, como la Liga Nacional Campesina, las zonas cañeras de Veracruz y Morelos en las que intervino el zapatismo y las ligas de Comunidades Agrarias relacionadas con el Partido Comunista; el Valle del Yaqui y Mayo en Sonora, de influencia magonista y del PCM; al igual que en la Comarca Lagunera de Coahuila, donde previo a la intervención cardenista, los trabajadores habían desarrollado más de cien huelgas en contra de las trasnacionales y monopolizadores, y el caso de Yucatán en donde la población maya aún conservaba las tradiciones del socialismo impulsadas por Felipe Carrillo Puerto. La trascendencia en el actuar político del Estado cardenista fue la de viabilizar la demanda agraria y enfrentar —por primera vez— bajo una concepción nacionalista a los grandes intereses económicos y políticos, además de posibilitar que tierras de buena calidad fueran suministradas a los campesinos. el Estado nacionaliza la tierra y establece como instrumento de organización a las cooperativas. Cf. Lenin, Obras Escogidas, t. XX, Progreso, Moscú, 1975, p. 23. 20 Rodríguez Adame, Julián, El trabajo colectivo en los ejidos de México, México, 1946, p. 7. 21 En el apéndice 12 se establece la concepción ideológica que a dos años de su gobierno mantenía Cárdenas. EL CARDENISMO, UN PARTEAGUAS EN EL AGRARISMO MEXICANO 313 3. La nueva política crediticia Cárdenas impulsó la auténtica reforma agraria integral, en la que su gobierno jugó un papel fundamental al brindar apoyos económicos para diverso tipo de créditos, en este sentido Lázaro Cárdenas señalaba: ue ba fin al Po rrú a En cuanto a los aspectos ejecutivo, administrativo, organización del trabajo y educación técnica, relacionados con el problema de la vida rural, el Ejecutivo a mi cargo ha hecho el estudio de rigor y ya lo hace del conocimiento de las dependencias respectivas para su implantación oportuna. En lo relativo al capital, que es el tercer factor en la producción agrícola, en cualquier sistema económico de que se trate, es indispensable darle su debida composición orgánica. El régimen de producción agrícola ejidal resulta raquítico, si no imposible en muchos casos, para los intereses de los ejidatarios, si éstos no cuentan con el franco y decidido apoyo del Estado a través de la concesión del crédito. Varios han sido los esfuerzos que a este respecto se han llevado a la práctica por los gobiernos de la Revolución, pero queda mucho por hacer. La creación del Banco Nacional de Crédito Ejidal corresponde al propósito inaplazable de prestar su apoyo resuelto a los ejidos por medio de la concesión de créditos de avío, refaccionarios, etcétera, no con un propósito esencialmente bancario, sino como el de un servicio que la colectividad está obligada a prestar en beneficio de la clase social campesina. La atención de este aspecto del problema ejidal será constante por parte del Gobierno y proveerá, dentro de la mayor amplitud posible, a las necesidades financieras de las instituciones del sistema de crédito ejidal […].22 Pr a) CREACIÓN DEL BANCO NACIONAL DE CRÉDITO EJIDAL El 2 de diciembre de 1935 se reformó el sistema crediticio volviendo a la dualidad: uno para ejidatarios y otro para agricultores particulares, con la estructura siguiente: Banco Nacional de Crédito Ejidal, Banco Nacional de Crédito Agrícola, sociedades locales de crédito ejidal, sociedades locales de crédito agrícola e instituciones auxiliares del sistema. La administración de Lázaro Cárdenas se caracterizó, por el establecimiento de sistemas colectivos de crédito como La Laguna, Coahuila y Durango; Lombardía y Nueva Italia en Michoacán; Los Mochis, Sinaloa; El Soconusco, Chiapas; Atencingo, Puebla y otros de menor importancia en que el Gobierno federal trató de conservar, mejorar o crear sistemas o unidades de explotación al constituir los ejidos. De igual manera 22 Cárdenas, Lázaro, Documentos, op. cit., p. 227. 314 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO quedó la zona henequenera de Yucatán; consecuentemente, la mayor dotación de crédito a las sociedades se llevó a cabo en el quinquenio 1936-1940, especialmente en los financiamientos refaccionarios cuyos fines eran la obtención de equipos, maquinaria agrícola, motores, animales y otros instrumentos de trabajo, así como para la adquisición de plantas industriales, huertas, ganado, etcétera. E. CONSOLIDACIÓN DEL RÉGIMEN Y CIERRE DEL AGRARISMO REVOLUCIONARIO Po rrú a La última fase del cardenismo se produce hacia 1938, año de la afectación petrolera y el fortalecimiento del partido de Estado. Los antecedentes se remontan hacia febrero de 1937, cuando se fincó una importante política de alianzas con la izquierda comunista. El PNR, la CTM, la CCM y el PCM, firmaron un pacto de frente electoral popular, este pacto permitió que posteriormente algunos comunistas ocuparan puestos clave en la CNC. Pr ue ba fin al La expropiación petrolera decretada el 18 de marzo de 1938, obligó a Cárdenas a buscar todos los apoyos posibles para resistir a las poderosas compañías petroleras. Una semana después de decretada la expropiación petrolera, los gobernadores de los estados se reunieron con Cárdenas, por iniciativa de los propios gobernadores para apoyar al presidente de la República […] El 30 de marzo se inició la tercera Asamblea Nacional del PNR, que acabó transformándose en asamblea constitutiva del PRM (Partido de la Revolución Mexicana), denominación que se dio al nuevo partido […]23 Así surgió el Partido de la Revolución Mexicana (PRM), que corporativizó a los sectores fundamentales de la sociedad mexicana, el campesino a través de la CNC, las Ligas de Comunidades Agrarias y Sindicatos Campesinos y la CCM, el obrero a través de la CTM, la CROM, la CGT, el Sindicato de Mineros y el Sindicato de Electricistas y aún incluso —a la usanza del bloque socialista— el sector militar, integrado por la milicia, pero individualmente y no como institución. Con todas las contradicciones que pudiera representar el gran Frente Antiimperialista y el consecuente fortalecimiento del nuevo PRM, es innegable la lucha contra el colonialismo emprendida por el presidente Cárdenas, sobre todo cuando se buscó con transparencia y aplicando 23 González Navarro, Moisés, La Confederación Nacional Campesina un grupo de presión de la reforma agraria mexicana, UNAM, 1977, p. 90. 315 EL CARDENISMO, UN PARTEAGUAS EN EL AGRARISMO MEXICANO a fielmente con la normatividad, la reivindicación social. ¿Quién podría negar que Cárdenas mantuvo hasta sus últimos días esta conducta intachable anticolonialista, con su apoyo a las causas justas del pueblo cubano, vietnamita, argelino, etcétera? En el aspecto que nos ocupa, autores como Gastón García Cantú han sostenido que el problema que más aquejó a los Estados Unidos, no lo fue la expropiación petrolera, sino la reforma agraria. “[…] no tan sólo por las propiedades norteamericanas, sino por la compra de las materias primas para su industria y el futuro probable de la agricultura mexicana en manos de los campesinos”.24 Sin ser una relación exhaustiva, en el Cuadro 15 se citan algunos de los propietarios extranjeros que fueron contemplados en las afectaciones agrarias del cardenismo: Po rrú Cuadro 15 Propietarios extranjeros afectados Superficie afectada al Baja California: Colorado River Land Company fin Grove Thomas 114,027 has. 1,699 has. Baja California Sur ue ba Von Borstel Fam. Donde 11,850 has. Pr Fam. Corderos McGregor Fam. Repetto Banco de Londres y México S.A. 452 has. Campeche 3,750 has. 13,595 has. Coahuila 702 has. The New Sabinas Co. L.T.D. 19,634 has. Compañía L.A. Tone S. en C. 6,414 has. Gowing Beavan Price 17,996 has. Fam. Milmo 13,793 has. Fam. Purcell 18,930 has. Fam. Richardson 26,099 has. Fam. Charles 12,644 has. 24 García Cantú, Gastón, “Cárdenas y los Estados Unidos”, en Lázaro Cárdenas una vida fecunda al servicio de México, México, 1971, p. 233. 316 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO Superficie afectada Chiapas Assemburgo Company Coapa Development Company Greserman Adolfo Company The German American Cotte S.A. Sociedad Leshier y Fisher S.A. Fam Reineck 1,905 has. 705 has. 10,480 has. 6,584 has. 1,324 has. 5,240 has. Pr ue ba fin al Po rrú a Chihuahua Banco Minero de Chihuahua Babiroca Development Company The Batopilas Mining Company S.A. Company Development S.A. Cuauhtémoc S.A. Chihuahua Investment International Land and Live Stock Company The Investment Co. of México Company Palomas Land’s Fam. Benton Fam. Booker Fam. Daño Fam. Creel Fam. Ginther Fam. Heartz Fam. Lesve Wilson Fam. Rusell Fam. Shnaider Fam. Terrazas 443 has. 8,745 has. 12,748 has. 7,346 has. 11,359 has. 6,000 has. 5,867 has. 11,285 has. 12,036 has. 5,967 has. 16,200 has. 6,350 has. 7,268 has. 12,756 has. 9,238 has. 7,447 has. 10,280 has. 15,360 has. 27,785 has. Distrito Federal Compañía Nacional de Inversiones Arenas Toriello Arrechea Díaz de la Fuente Glasson Margain Fam. Miranda 687 has. 258 has. 56 has. 1,659 has. 733 has. 2,495 has. Durango Banco de Londres y México S.A. Comisión Monetaria Banco Nacional de Emisión S.A. 10,764 has. 4,676 has. 63,523 has. 317 EL CARDENISMO, UN PARTEAGUAS EN EL AGRARISMO MEXICANO Superficie afectada Colonizadora Limitada de Tlahualillo Compañía Algodonera e Industrial de La Laguna United States México Realy Company Fam. Braniff Fam. Cobián Fam. Curtis Poore Fam. Genty Fam Higginbothan Creel Fam. Moller Fam. Osteloza 11,227 has. 304 has. 2,337 has. 6,055 has. 18,377 has. 9,860 has. 11,946 has. 4,196 has. 3,900 has. 30,499 has. 6,835 has. fin al Po rrú a Guanajuato Banco de Londres y México S.A. Compañía Agrícola Franco Mexicana Fam. Chavarri Fam. Ibangüergoitia Fam. Lamadrid Fam. Llamosa 4,491 has. 4,037 has. 2,567 has. 7,840 has. 4,471 has. 2,990 has. Guerrero Pr ue ba Company American-Washington, Acapulco S.A. American Pacific Company S.A. Company Andasoll S.A. Fam. Miller 6,621 has. 1,550 has. 7,913 has. 4,128 has. Hidalgo Banco de Crédito Español S.A. International Bank S.A. Compañía Real del Monte y Pachuca S.A. Banco Internacional Hipotecario Compañía de Cemento Pórtland S.A. Fundación Torres Adalid Fam. Athie Fam. Brassetti Fam. Cuevas Lascurain 164 has. 246 has. 456 has. 637 has. 189 has. 1,445 has. 9,755 has. 3,334 has. 4,253 has. Jalisco Banco de Londres y México S.A. United States Banrico Company Rural of Occident Montgomery Company S.A. 3,208 has. 348 has. 18,422 has. 5,181 has. 318 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO Superficie afectada Fam. Arech Fam. Lancaster Jones Fam. Ovendain Fam. Reibeling y Newton 11,400 has. 7,534 has. 22,090 has. 15,943 has. México Fábrica de Papel San Rafael S.A. Familia Henkel 1,784 has. 1,764 has. Pr ue ba fin al Po rrú a Michoacán International Bank S.A. American Land Company Compañía Franco-Mexicana S.A. Compañía Fernández y Castaño S.A. Compañía Inguarán S.A. Compañía de Michoacán Railvay and Mining S.A. Fam. Aeree Fam. Audihierd Fam. Briz Fam. Coussiavat Fam. Herrejón Fam. Mac Lechan Fam. Markassufa Fam. Mullón Videgaray 5,317 has. 1,940 has. 9,401 has. 8,679 has. 5,155 has. 1,810 has. 6,531 has. 2,173 has. 4,251 has. 4,901 has. 4,024 has. 7,800 has. 5,749 has. 8,476 has. 4,585 has. Morelos Banco de Londres y México S.A. Fam. Amor Fam. Buck 405 has. 6,239 has. 4,879 has. Nayarit Banco Hipotecario de STAM S.A. San Nicolás Plantation Company Fam. Fuller Fam. Maisterrena Fam. Romano 450 has. 6,239 has. 5,840 has. 43,436 has. 31,467 has. Oaxaca Banco Internacional Hipotecario The Cerro Mojarra Plantation Company Jhanta Plantation Company S.A. The Kansas Mexican Land Company 1,700 has. 1,478 has. 5,178 has. 1,774 has. 319 EL CARDENISMO, UN PARTEAGUAS EN EL AGRARISMO MEXICANO Superficie afectada The Mexican Agricultural Land Company The Real State Company of México S.A. The Rock Island Tropical Plantation Company Fam. Alemán Fam. Acho Fam. Corbin Fam. Iñarritu 6,019 has. 6,347 has. 734 has. 7,310 has. 19,663 has. 21,288 has. 19,959 has. Puebla Fam. Coutlolene 19,959 has. San Luis Potosí Pr ue ba fin a 3,609 has. 902 has. 916 has. 8,360 has. 2,182 has. 3,669 has. 17,884 has. 5,367 has. 31,218 has. 5,171 has. 7,108 has. 23,701 has. 83,718 has. 15,151 has. 334,537 has. 36,689 has. 27,636 has. 89,688 has. 15,550 has. 18,196 has. rrú al Po The Cunin Ghan Investhent Company DJ. Spillman S.A. Compañía Deslindadora y Minera de Rascón S.A. Deslindadora de Rascón S.A. Mexican Petroleum Company The Salinas of México L.T.D. Fam. Arguinzoniz Fam. Aristegui Fam. Barrenechea Fam. Belgadere Fam. Bustindui Fam. Espinoza y Cuevas Fam. Ipiña Fam. Irizodi Fam. Hernández Fam. Monsiváis y Muro Fam. Moncada Francueo Fam. Murredis Fam. Numedos Fam. Palau Sinaloa Banco de Londres y México S.A. Compañía Agrícola de los Mochis Compañía Agrícola de la Constancia S.C.L. The Colorada Land Company Jhonston and Company Moctezuma Vredaine Company Redo and Company S.A. 1,739 has. 13,700 has. 38,458 has. 1,474 has. 13,814 has. 6,664 has. 10,343 has. 320 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO Superficie afectada Sinaloa Land Company Streeter Land Company Fam. Clouthier Fam. Evans y Twist Fam. Van Walter 19,065 has. 6,097 has. 5,047 has. 2,375 has. 8,921 has. rrú Tabasco a Sonora Agrícola Yaqui Land Company Richardson Company del Valle del Yaqui S.A. Company Richardson Fraccionadora S.A. Moctezuma Cooper Company S.A. Fam. Bushard Fam. Pellat Fam. Plank ue ba fin al Po Banco Internacional Hipotecario de México S.A. Bulnes and Company S.A. Tabasco Plantation Company S.A. Fam. Armengol Fam. Bastas Priego Fam.Greene Fam. Pratz 1,341 has. 22,175 has. 3,500 has. 13,918 has. 4,998 has. 6,890 has. 8,089 has. 1,700 has. 361 has. 1,031 has. 2,400 has. 2,256 has. 1,916 has. 1,670 has. Tamaulipas Pr Banco de Comercio e Industria S.A. Banco de Londres y México S.A. The Bernal Oreard Co. Of. Fortón, S.A. Donn Kinder Company Jhonson Land and Fiberco Mexican Land Trusteen Company S.A. Victoria Fiber Plantation Company Fam. Bertones Fam. Boeta de Aval Fam. Breinetson Ingerbrick Fam. Charles Garza, Serapio de la 4,950 has. 423 has. 436 has. 1,229 has. 1,525 has. 1,338 has. 1,005 has. 1,636 has. 1,806 has. 17,675 has. 1,731 has. 16,715 has. Tlaxcala Fam. Bretón Fam. Goyri Fam. Torres Adalid 3,437 has. 10,200 has. 5,373 has. 321 EL CARDENISMO, UN PARTEAGUAS EN EL AGRARISMO MEXICANO Superficie afectada Veracruz 3,000 has. 1,864 has. 822 has. 300 has. 1,276 has. 1,022 has. 1,723 has. 2,949 has. 3,813 has. 7,954 has. 14,313 has. 4,120 has. 5,685 has. 8,371 has. 2,018 has. 2,622 has. 9,362 has. 3,082 has. 10,323 has. fin al Po rrú a Banco de Londres y México S.A. Compañía Agrícola Filisola S.A. Compañía Agrícola Francesa S.A. The Denver Oil Company Mexican Land Live Stock Company The Real State Company UTHA Tropical Fruit Company Fam. Ahuja Lavalle Fam. Azpiri Fam. Bustos de Moreno Fam. Cateogli Fam. Donde Fam. Frangoti -Fam. Mimiendi Fam. Lozada y Carbó Fam. Montesoro Fam. Robinson Fam. Turnent Fam. Wiechers ba Yucatán Pr ue Comercial de Fincas Rústicas Sociedad de Henequeneros de Yucatán Fam. Alloud Fam. Aneona Fam. Agüero de Inurrigarro Fam. Llaguno 10,969 has. 3,596 has. 1,883 has. 10,861 has. Zacatecas 10,865 has. 34,307 has. Fuente: Archivo (histórico) Secretaria de la Reforma Agraria, México. La mayoría de los datos asentados en este cuadro corresponden a las jugosas concesiones que en su momento brindó Porfirio Díaz a las Compañías deslindadoras fundado en los términos de las leyes de 1875 relativa a Baldíos y de 1883 de Tierras Ociosas. Estos fueron los bastiones del capital que decididamente afectó Cárdenas, en virtud de las necesidades agrarias de miles de mexicanos. En los hechos todas las grandes propiedades de extranjeros y mexicanos afectados por el cardenismo eran contradictorias a los parámetros delimitados en el artículo 27 constitucional, por ser latifundios que 322 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO ue ba fin al Po rrú a excedían a los máximos permitidos en cuanto a su superficie y algunos de éstos habrían surgido a la sombra del despojo agrario y el exterminio de los pueblos indígenas. No obstante la condición ilegítima en que se fincó la gran propiedad, el Estado —obligado por ley— indemnizó a los particulares afectados, en este ámbito Lázaro Cárdenas promulgó el 23 de noviembre de 1936 la Ley Reglamentaria del Artículo 27 en Materia de Expropiación. En este documento se enlistaban las causas en virtud de las cuales procedía la expropiación y consignaba los términos de pago —indemnización— a los particulares. Quizá uno de los temas más debatidos en la doctrina, la jurisprudencia y el derecho positivo mexicano, relativo al derecho de propiedad agraria, es el que corresponde a la expropiación. Institución que si bien históricamente procede del derecho romano se ha mantenido hasta nuestros días como una institución reivindicatoria de la propiedad. Para el Estado mexicano la aplicación de la expropiación se ha fincado en un elemental acto de justicia social y cuya trascendencia es que se cumpla una causa de utilidad de la sociedad. Sin embargo, al recaer en un derecho fundamental como lo es imponerle a la propiedad las modalidades que dicte el interés público —para algunos—, el sentido teleológico que se le pretende dar a dicho acto jurídico, se desvanece. De particular significado resulta la concepción que ha desarrollado el Dr. León Cortinas Peláez en torno al sentido que guarda —en el marco de las sociedades capitalistas— la propiedad en su concreción frente al Estado, al referirse a esta idea señala: Pr Estos tres primeros párrafos del 27 constitucional, al reconocer la propiedad privada como una creación específica del Estado, confieren al derecho de propiedad una naturaleza puramente estatutaria y proporcionan la refutación fundamental a la vieja idea de la privacía y absolutismo de la propiedad privada individual. El artículo 27, bien interpretado de acuerdo a la teología revolucionaria de las instituciones constituye una apoyatura decisiva para la acción eficiente de las dependencias y entidades de la administración pública en el cumplimiento de los cometidos del poder público, a ellas encomendados por el ordenamiento jurídico objetivo.25 Recuperando esta interpretación, es indudable que estamos en presencia de una nueva intervención del Estado en el marco de las relaciones de la propiedad. Objetivamente, compete al Estado cumplir funciones de organizador de las relaciones sociales y de propiedad. Durante el cardenismo le 25 Cortinas Peláez, León, Fundamentos de Derecho Económico, Editorial Porrúa, México, 1988, pp. 28-29. EL CARDENISMO, UN PARTEAGUAS EN EL AGRARISMO MEXICANO 323 correspondió anteponer los intereses sociales a los de los particulares, reconociendo la distribución de la riqueza como causa de utilidad pública. Para algunos la expropiación cardenista podría caracterizarse como “socialista”, lo cual resulta profundamente incongruente toda vez que las afectaciones agrarias fueron indemnizadas, mientras que las revoluciones socialistas en ningún momento reivindicaron (pagaron) a los “afectados”. Para los comunistas es improcedente remunerar a quien ha “saqueado-despojado”, por centurias riqueza, territorios, fuerza de trabajo, etcétera. En el decurso histórico del contexto de las naciones han existido legislaciones —como la que correspondió a la primera República española en 1931— que ha reconocido dos principios jurídicos fundamentales en torno a la indemnización: Po rrú a a. Indemnizar como norma general a todo aquel que demuestre no sólo tener la verdad jurídica. Es decir, lo que el derecho estipula en su elaboración e interpretación, sino identificar la verdad histórica, es decir, el proceso en que se vio envuelta la propiedad. b. No indemnizar cuando las evidencias socio-jurídicas demuestran la ilegitimidad de las propiedades adquiridas. Pr ue ba fin al La Ley de Expropiación de 1936 sigue vigente hasta nuestros días (año 2001) adquiriendo matices que le relativizan, como por ejemplo, el acuerdo paralelo entre la Comunidad Europea y México y el relativo al Tratado Trilateral de Libre Comercio el primero sin la ratificación del Senado con los cuales el presidente Ernesto Zedillo Ponce de León admitió que cualquier controversia surgida en materia de expropiación, relativa a intereses de los europeos y extranjeros, podría ser turnada ante la Corte Internacional de Justicia. Cuando la “Cláusula Calvo”, señala que toda controversia en la que se vean involucrados propietarios extranjeros, se regirá por la intervención de los tribunales mexicanos. 1. La ganadería y el proyecto cardenista Uno de los aspectos que ha sido objeto de múltiples críticas, durante el sexenio de Cárdenas, es el relativo a las importantes concesiones que brindó su gobierno a ganaderos mexicanos. En marzo de 1937 se publicó en el Diario Oficial de la Federación un acuerdo por el cual el Ejecutivo Federal autorizaba adicionar al Código Agrario el artículo 52 bis, precepto que ampliaba los índices de agostadero para los ganaderos, fundamentalmente en tierras semiáridas y áridas. En los considerandos de este decreto el gobierno expuso con nitidez la intención económica y social de generación de alimentos y la posibilidad de conservar y reproducir el hato ganadero en beneficio de la Nación, por lo que se permitirían concesiones, hasta por 25 años 324 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO pudiendo ser ampliadas —según las necesidades nacionales— hasta en otros 25 años. Otro aspecto que concibió Cárdenas, fue el de la hegemonía nacional en las franjas fronterizas y costeras al permitir que las concesiones ganaderas se extendieran en estas regiones. El artículo 52 adicionado señalaba: al Po rrú a Artículo 52 bis: A petición de parte interesada, el Presidente de la República, oyendo el parecer de la Secretaría de Agricultura y Fomento y del Departamento Agrario podrá declarar inafectables por la vía de dotación, durante un periodo de veinticinco años, las extensiones de tierra necesarias para el funcionamiento de negociaciones ganaderas que tengan un pie no inferior a quinientas cabezas de ganado mayor si no son lecheras […] o su equivalente en ganado menor […] y que los terrenos se encuentren en zonas donde hayan quedado totalmente satisfechas las necesidades agrarias de los núcleos de población […]. La extensión inafectable para cada negociación ganadera, se determinará en el Decreto Presidencial de inafectabilidad, tomando en cuenta el índice de aridez de los terrenos, que resulte de considerar los factores agrológicos, hidrológicos y climatológicos, […]. Esa extensión fluctuará entre los máximos de trescientas hectáreas para las tierras más feraces y cincuenta mil hectáreas para las desérticas.26 Pr ue ba fin Dos argumentos que resulta interesante observar en tan polémico tema son, por un lado, la determinación del Estado en impulsar un programa —nacionalista— ganadero que favorezca a mediano plazo al país, el que desde luego estaría sujeto a la participación de generaciones futuras y al papel que asumieran los distintos gobiernos poscardenistas.27 Valga señalar que a la par de esta estrategia se elaboró un plan en el que se reglamentó que los concesionarios deberían brindar su crianza a los ejidatarios. Además de que una vez concluidas las concesiones se preveía reducir a sus límites a los permitidos de la pequeña propiedad28 con el objeto de 26 Diario Oficial de la Federación, 6 de marzo de 1937. 27 En 1946-1947, México vivió su peor crisis ganadera, con la introducción de ganado enfermo a México que derivó en una epizootia de amplias magnitudes, la fiebre aftosa afectó a más de quince millones de cabezas de ganado mayor y menor. Circunstancia que permitió ganancias de más de dos mil millones de dólares a los ganaderos norteamericanos. Con lo que la política ganadera a mediano y largo plazo del proyecto cardenista sería frustrada. Cf. Soto Correa, José Carmen, Guerra fría, guerra caliente, UACH, 1998, pp. 14-15. 28 Contrario a la idea de ver en el cardenismo un radicalismo agrario, esta corriente de la Revolución Mexicana expresó su vocación democrático-nacionalista al haber respetado a la auténtica pequeña propiedad y no sólo ello sino fomentándola y consolidando sus propias formas de organización social y política. En vísperas de concluir su mandato, Cárdenas creó la Oficina de la Pequeña Propiedad, dependencia anexa a la Presidencia de la República y cuyo fin era el de conocer los procedimientos administrativos y quejas de pequeños propietarios. 325 EL CARDENISMO, UN PARTEAGUAS EN EL AGRARISMO MEXICANO que los excedentes pudiesen ser considerados en dotación a los solicitantes de tierras. Y en segundo lugar la facultad extraordinaria —para algunos “ilegal”— que se arrogó el Poder Ejecutivo para tomar dicha decisión, enfrentando diversos intereses políticos y económicos. En el decreto de Cárdenas no intervino el Congreso de la Unión. Cuadro 16 Concesiones ganaderas realizadas por el general Cárdenas % Superficie concesionada % Aguascalientes 6 .81 23,917-44-09 .26 Campeche 4 .54 85,723-05-03 .95 60 8.05 942,723-05-21 10.45 4 .54 20,714-00-40 .22 Chiapas 31 4.16 94,878-25-00 1.05 Chihuahua 197 26.44 3,990,367-00-00 44.26 Durango 38 5.10 698,302-15-48 7.74 Guanajuato 16 2.16 127,569-50-97 1.41 Guerrero 1 6,126-40-00 0.06 al Po a Coahuila Colima rrú Concesiones fin Estados .13 1 .13 2,314-00-00 0.02 40 5.37 209,930-36-00 2.32 México 1 .13 1,024-00-00 0.01 15 2.01 123,936-67-66 1.37 77 512,043-75-03 5.68 ue ba Hidalgo Jalisco 10.34 Oaxaca Pr Michoacán Nuevo León 3 .40 2,979-17-96 0.03 Puebla 15 2.01 31,636-93-23 0.35 Querétaro 9 1.20 43,812-78-17 0.48 San Luis Potosí 48 6.45 305,334-33-50 3.38 Sinaloa 9 1.20 67,749-10-17 0.75 Sonora 41 5.50 551,033-05-19 6.11 Tamaulipas 62 8.33 555,941-95-85 6.16 Tlaxcala 13 1.75 26,193-80-18 0.29 Veracruz 27 3.62 48,715-17-83 0.54 Yucatán 5 .68 53,875-33-28 0.59 Zacatecas 22 2.95 487,642-19-59 5.40 Total 745 100.00 9,013,904-11-03 100.00 326 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO Las propiedades ganaderas surgidas en el marco de esta normatividad quedaron amparadas con los llamados certificados de inafectabilidad ganadera, que al igual que los agrícolas y forestales impedían una posible afectación agraria, en tanto perdurara su vigencia. En el cuadro 16 (página anterios) se observan las concesiones ganaderas realizadas por el General Cárdenas. Uno de los aspectos poco conocidos en el marco del Derecho Agrario aplicado durante el cardenismo es el que se refiere a su vocación ecológica y ambientalista, bajo este tenor podemos observar la creación de más de treinta parques nacionales, cuyo surgimiento veló por la defensa de los recursos naturales. A continuación en el Cuadro 17 se enlista la relación de éstas áreas naturales protegidas: Nombre completo del Parque Nacional Cerro de Garnica ue Nevado de Colima ba Grutas de Cacahuamilpa México 8-XI-35 México 25-I-36 Guerrero 23-IV-36 Michoacán 5-IX-36 Colima 5-IX-36 fin Nevado de Toluca Fecha de creación Ubicación estatal al Iztaccíhuatl y Popocatépetl Po rrú a Cuadro 17 Relación de áreas naturales protegidas, desarrolladas por el cardenismo 8-IX-36 Insurgente Miguel Hidalgo y Costilla México 18-IX-36 Gogorrón San Luis Potosí 22-IX-36 Cumbres del Ajusco Distrito Federal 23-IX-36 Fuentes Brotantes de Tlalpan Distrito Federal 28-IX-36 Lagunas de Zempoala México 27-XI-36 Pico de Orizaba Veracruz 4-I-37 El Tepozteco Morelos 22-I-37 El Tepeyac Distrito Federal 18-II-37 Zoquiapan México y Puebla 13-III-37 Cofre de Perote Veracruz 4-V-37 Cerro de las Campanas Querétaro 7-VIII-37 Molino de Flores Netzahualcóyotl México 5-IX-37 Pr Barranca de San Vicente y Cerro Cangundó Hidalgo EL CARDENISMO, UN PARTEAGUAS EN EL AGRARISMO MEXICANO Nombre completo del Parque Nacional Ubicación estatal 327 Fecha de creación Xicoténcatl Tlaxcala 17-IX-37 Benito Juárez Oaxaca 30-XII-37 Cañón del Río Blanco Veracruz 22-III-38 Los Remedios México El Sabinal Nuevo León 25-VIII-38 El histórico Coyoacán Distrito Federal 26-IX-38 Malinche o Matlacuéyatl Tlaxcala Barranca de Cucapitzio Michoacán 2-XI-38 Insurgente José María Morelos Michoacán 22-II-39 Sacromonte México 15-IV-38 29-VIII-39 Chihuahua l-IX-39 Nuevo León 24-XI-39 Michoacán y México l-VIII-40 Po Cumbres de Majalca Cumbres de Monterrey rrú a 6-X-38 Bosencheve fin al Fuente: Diario Oficial de la Federación, de fechas de referencia. ba 2. El Código Agrario de 1940 Pr ue En el ámbito legislativo agrario, Cárdenas cerró su misión presidencial con la expedición del Código de 1940. Este ordenamiento incorporó las adecuaciones que sustentó su gobierno en materia de la pequeña propiedad agrícola y ganadera, asimismo recuperó los fundamentos más importantes en materia de reparto agrario, el que en buena medida se aplicó a través de las confirmaciones de tierras y aguas, las dotaciones, la creación de nuevos centros de población ejidal y las ampliaciones. En general la estructura del anterior Código (1934) se mantuvo, aunque, desde luego, el de 1940 incluyó aspectos singulares que denotan la visión social de su actuar político y su congruencia con las necesidades más sentidas de los campesinos. Algunos de estos aspectos se enlistan a continuación: • Incluyó las principales reformas, adiciones e incluso disposiciones relacionadas con el proceso de reforma agraria, algunas de ellas incorporadas en el Código de 1934. • En cuanto al contenido del Código se previno que la creación de nuevos ejidos se podía verificar no sólo en tierras de riego y temporal, sino inclusive en otras calidades de tierra. 328 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO Pr ue ba fin al Po rrú a • Se consideró como fraccionamientos simulados (sujetos a afectación agraria), aquellos que se hubieran creado subrepticiamente durante el sexenio cardenista, aspecto que se mantendría durante el reparto agrario. • Se reconoció la posibilidad del establecimiento de ejidos ganaderos y forestales, ello cuando no existieran disponibles tierras de uso agrícola. • Se incorporó como posibles sujetos de derechos agrarios a los mexicanos que poseyeran un capital menor de $2,500.00 en la industria y $5,000.00 en la agricultura. • En la terminología jurídica se sustituyó, para los efectos dotatorios, el término parcela y se incluyó el de unidad normal de dotación. • Se sugirió como viable a la colectivización ejidal en aquellas regiones que por sus circunstancias agroecológicas así lo requirieran y en el que la concentración de la maquinaria e infraestructura agrícola mejorara la productividad, argumentándose que el individualismo egoísta era contrario a los fines del nacionalismo revolucionario. • De sumo interés resulta la creación de la parcela escolar y la implantación de campos de investigación y educación para los campesinos jóvenes y adultos. Por ley el código señaló que todo ejido debería de contar con una superficie en la que se incorporaría la escuela primaria conjuntamente con la parcela en la que los profesores enseñarían científicamente la agricultura a los educandos. Así como la enseñanza vocacional en campos agrícolas en la parcela de investigación. • Se indicó en el nuevo código que todo ejido dotado aumentaría sus unidades normales de dotación cuando se tratara de “tribus indígenas”; Aspecto de singular relevancia y al cual nos referiremos más adelante. • Se delimitó que la propiedad inafectable podría fincarse no sólo en tierras de riego y de temporal, sino en cualesquiera otras. • Se dispuso que la política de crear nuevos centros de población, que correspondió al traslado de núcleos peticionarios, a diversas regiones del país se fincaba con el objeto de realizar una correcta distribución de la población rural, ampliando zonas de cultivo, entre otros aspectos. • Se legitimó la posible fusión de los ejidos. • Otro aspecto trascendental en el nuevo código fue el de permitir al libre arbitrio de los ejidatarios, la adopción del régimen parcelario o colectivo. • Se estableció que los límites por unidades de dotación serían resueltos por el Departamento Agrario. EL CARDENISMO, UN PARTEAGUAS EN EL AGRARISMO MEXICANO 329 fin al Po rrú a • Se establecía que los fondos económicos de los ejidos serían manejados por los propios ejidatarios, a través del Banco de Crédito Ejidal. • En relación con el procedimiento agrario se disminuían sus trámites a su mínima expresión. Incorporando la posibilidad de verificar estudios técnicos que contribuyeran a la aplicación expedita de la justicia agraria. • Otro aspecto sobresaliente del Código Agrario de 1940 es el que se refiere a los pueblos indios. Al respecto se estableció la acción de Confirmación de bienes comunales, a efecto de que las comunidades de hecho —sin títulos— realizaran este procedimiento con el objeto de que se les expidiera el debido reconocimiento legal. Además se facultaba a los bienes comunales (pueblos indios), para que continuaran con su régimen de propiedad y de explotación tradicionales, pudiendo optar, en su caso, por el régimen ejidal. • Finalmente, en materia de organización de autoridades y atribuciones se distinguía entre autoridades y órganos agrarios. Aquí vale mencionar que dentro de la estructura del Cuerpo Consultivo Agrario, órgano especializado dependiente del Ejecutivo, se consideró ampliar el número de sus integrantes de cinco a ocho, dos de los cuales deberían ser ejidatarios. Pr ue ba En relación con el comisariado ejidal se estableció que en sus puestos y los del Consejo de Vigilancia podrían intervenir las mujeres. En tanto que se precisó que las asambleas generales de los ejidos se deberían realizar cada mes. Esta fue la nueva propuesta con la que el cardenismo buscó mantener la conducción de la política agraria, lo que sin lugar a dudas no logró consumarse, ya que sus sucesores se caracterizaron por ser detractores de la reforma agraria, así el Código Agrario de 1940 tuvo tan sólo, una vida efímera de dos años, concluyendo al haber implantado Ávila Camacho, la nueva reglamentación en 1942, la que perduró durante dieciocho años. 3. Los pueblos indios y el cardenismo Bajo una concepción de corte indigenista el gobierno de Cárdenas planteó una política “integracionista”29 —de “buena fe”— en la que el 29 Desde la antropología social y la antropología política ha quedado claro que cualquier tipo de indigenismo no deja de denotar su sentido racista y colonizador, lo que ha implicado 330 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO Pr ue ba fin al Po rrú a Estado mexicano asumió su responsabilidad histórica ante los pueblos indios restituyendo algunas de sus tierras a diversas etnias del país. Dentro de los casos más relevantes se encuentran el derecho territorial reconocido a la tribu yaqui en una superficie de 40,000 hectáreas, así como el del pueblo maya peninsular, a quienes por vía ejidal se les reconocieron derechos posesorios en lo que se llamó el “gran ejido henequenero” y que integró el desarrollo de unidades ejidales de producción colectivas y de cooperativas agrarias. Estas reivindicaciones de tierras develan dos aspectos, el primero es que un Estado otrora omnipresente, democratice su actuar y advierta su vocación de servicio, en la comprensión del problema histórico del despojo agrario a las comunidades y pueblos indígenas, y por otro lado encontramos la asunción de un “modelo” de legislación agraria, que por primera vez (como lo planteó Emiliano Zapata) reconoció a las comunidades de hecho, conforme a lo establecido en el Código Agrario de 1940. La restitución de tierras efectuada por el cardenismo, representó un importante proceso de identificación de las etnias con su microcosmos. Este fue el momento histórico más significativo de integración de las etnias con sus territorios. Coadyuvando con la política agraria, el Estado impulsó la educación bilingüe, que sin negar su condición integracionista buscó elevar el nivel de vida de los indígenas; en este ámbito se desenvolvieron la mayoría de las normales rurales, enclavadas en las regiones étnicas como el Mexe en Hidalgo, la normal del Quinto en el Yaqui del Estado de Sonora, la Normal Vanguardia en la zona mixteca de Oaxaca, la normal de Mactumaczá en Chiapas, etcétera. En el año de 1937 fue creado el Departamento de Educación Indígena. En el ámbito de esta institución se incorporaron —en su estructura desconcentrada— los centros de internados indígenas en los que sus estudiantes gozaban de apoyos económicos y enseñanza. En 1938 se fundó el Departamento de Asuntos Indígenas, con el que Cárdenas dispuso la política del Estado en materia de los pueblos y comunidades indias. Hacia 1939 el Estado creó el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) cuyas actividades encomendó al licenciado Alfonso Caso. Un aspecto poco conocido es el de la solidaridad social con los pueblos indios, particularmente Cárdenas estableció sendos decretos con los que las viudas zapatistas (indígenas) recibieron pensiones de treinta mil pesos en 1935 y noventa y cinco mil pesos durante el resto de años de gobierno cardenista. no reconocer en su justa dimensión las características identitarias, es decir, culturales que conforman a las otras culturas —a las no hegemónicas—. Sin embargo, es conveniente dimensionar la actitud y vocación de un sistema de gobierno, el cardenista, cuyos ideólogos comenzaban a romper con los cánones otrora apegados al indigenismo descivilizatorio. 331 EL CARDENISMO, UN PARTEAGUAS EN EL AGRARISMO MEXICANO A nivel internacional el gobierno impulsó la iniciativa para la realización del primer congreso indigenista, que se celebró en el mes de abril de 1940 en la región purépecha aledaña al Lago de Pátzcuaro, en donde Cárdenas expuso ante congresistas indios de todo el continente sus posturas en materia de derechos indios y que por su importancia de dicho discurso se reproduce íntegro en el apéndice 13. El total de tierras reivindicadas por Cárdenas a los pueblos indios se plantea en el Cuadro 18. Cuadro 18 Total de tierras reivindicadas por Lázaro Cárdenas 10 casos Confirmación de bienes comunales 11 casos a Restitución de tierras comunales rrú Dotación de ejidos Creación de nuevos centros de población Po Ampliación de ejidos 7,864 casos 9 casos 2,525 casos Pr ue ba fin al Como se puede apreciar la línea que mantuvo el Estado fue preponderantemente ejidal, sin embargo, es importante consignar que si bien en sentido estricto fueron tan sólo 21 casos los trámites que se ubicaron en la tónica de la cultura indígena (restituciones y confirmaciones) centenares de expedientes ejidales correspondieron a la reivindicación de tierras a comunidades agrarias, fenómeno que al tiempo que significó la aplicación de la justicia agraria, determinó la aplicación de un modelo de organización rural diferente al de las culturas indígenas del país. F. EPÍLOGO DEL CUMPLIMIENTO AGRARIO La concreción del gobierno cardenista fue coadyuvatoria con el sentido que originalmente guardó la Revolución Mexicana, como un movimiento que demandó el cambio de las estructuras —cerrando el paso a la hacienda— reivindicando su fondo agrario, con la intervención de millones de campesinos, indígenas, obreros, artesanos, etcétera. Forjado por las masas zapatistas y magonistas dejaron sembrado el camino para que sus ideales fueran recogidos y abonados, ésta fue la experiencia vertida por el cardenismo, que si bien no deja de matizarse en el paradigma capitalista, no deja tampoco de expresar lo que podríamos denominar como la segunda etapa histórica de las grandes revoluciones mundiales y latinoamericanas. Cárdenas crea en buena medida las bases para 332 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO Pr ue ba fin al Po rrú a un crecimiento económico sostenido de la Nación que comenzaba a ser más independiente, sin ataduras ni feroces orientaciones imperialistas. En términos del derecho agrario mexicano y de su expresión socioeconómica, el cardenismo se traduce como uno de sus momentos más lúcidos en el que existe casi la perfecta congruencia entre sus fundamentos —no tan sólo legislativos y doctrinarios— y los instrumentos de aplicación práctica. Así, la reforma agraria convencional, la que en décadas pasadas sirvió tenazmente al interés trasnacional y burgués, fue transformada por una reforma agraria social, que sin llegar a la plena socialización, fue capaz de demostrar la posibilidad de aplicar la reforma socioeconómica, como un problema de vocación política de un Estado popular y democrático, si bien, un sistema populista y democrático-burgués, pero acorde con el momento histórico vivido. Sin lugar a dudas que los eslabones que coadyuvaron en la aplicación de la política agraria cardenista no se cierran tan sólo a las estructuras forjadas desde el propio Estado, esto independientemente al papel corporativizador aplicado por el cardenismo, sino que van más allá al encontrar en la sociedad civil la respuesta necesaria a la legitimación del Estado, al respecto habrá que recordar las intervenciones de los indios yaquis, mayos y guarijíos que con sus “reservas civiles”, alejan el sabotaje que reiteradamente intentaron desarrollar las “guardias rurales” de las trasnacionales en terrenos sujetos de afectación, o qué decir de la movilización obrera dirigida por el Partido Comunista Mexicano (PCM) en contra de los “supuestos pequeños propietarios y sus esquiroles”, que comenzaron a destruir la infraestructura hidráulica en La Laguna coahuilense. O la confrontación de los sindicatos revolucionarios que detuvieron la asechanza fascista de los llamados “camisas rojas”. Así, la política agraria de Cárdenas debe ser comprendida más allá de los meros distingos cuantitativos, en virtud de las más de veinte millones de hectáreas reconocidas a los trabajadores, indígenas y jornaleros de México,30 sino más bien en su complejidad, en la que la obra social se construyó desde abajo, en la que la sociedad civil, y algunos de 30 A diferencia del manejo contable, difuso e incluso político, que ha realizado el Estado tanto antes como después de la gestión del presidente Cárdenas, su gobierno informó en noviembre de 1940 que el total de tierras reconocidas, a través de los distintos procedimientos agrarios y cuya fuente es la del Diario Oficial de la Federación, fue de 17,574,876, sin embargo, a esta cifra habría que aumentar más de 500,000 hectáreas que por vía de restitución (alrededor de 450,000 corresponden al territorio yaqui) fueron reconocidas a diversas etnias de México. Por otro lado, habría que sumar más de un millón de hectáreas que habiendo sido dotadas a los campesinos provienen de los llamados terrenos nacionales, además los centenares de expedientes que quedaron abiertos hacia el futuro. EL CARDENISMO, UN PARTEAGUAS EN EL AGRARISMO MEXICANO 333 Pr ue ba fin al Po rrú a sus actores políticos más avanzados entran en plena alianza con su gobierno, afianzando de esta manera al Estado popular, democrático y consecuentemente al derecho agrario en su dimensión social. El cardenismo, como movimiento de masas, dejó abierto el camino para el advenimiento de un tercer momento no tan sólo de la transformación agraria de México, sino del cambio fundamental de las estructuras del Estado mexicano. ba ue Pr al fin rrú Po a IX. LAS REFORMAS Y ADICIONES AL ARTÍCULO 27 CONSTITUCIONAL (1934-1992) Pr ue ba fin al Po rrú a El estudio del artículo 27 constitucional, precepto que establece al régimen de propiedad agrario, puede ser dimensionado en tres momentos de la historia mexicana. El primero se inicia a mediados del siglo XIX, en el que fue promulgada la Constitución de 1857, ordenamiento con el que se comenzó a perfilar el régimen agrario en su concepción moderna. El segundo se originó con la Revolución Mexicana siendo Ricardo Flores Magón y Emiliano Zapata, quienes más influyeron en su inspiración social-agraria. En este segundo periodo se definió la estructura del capitalismo agrario, que se planteó de manera sui generis1 al haber implantado tanto al ejido como a la comunidad como unidades de producción rural. Para diversos tratadistas del derecho agrario,2 este fenómeno representó la asunción de un proyecto social que planteaba como fundamental a la función social de la propiedad, lectura que, desde luego, se fundamenta bajo la óptica del ideario zapatista y del cardenismo como una aplicación concreta. El último momento del artículo 27 inició con la política anticampesina promovida por Miguel Alemán, teniendo sus lazos de transmisión en los sexenios de Miguel de la Madrid y Carlos Salinas de Gortari, en el cual se terminó con las aspiraciones zapatistas contenidas en este precepto legal. En este apartado abarcaremos de manera particular las adecuaciones realizadas al mencionado precepto en el periodo comprendido entre 1934 y 1992. 1 El Doctor León Cortinas Peláez refiere que “la constitución nacional representa no tan sólo una innovación en sus procesos filosófico e institucional, sino que además su traducción política en el Estado, se asume una responsabilidad del bienestar general y una declarada política intervencionista.” Cf. del autor, Fundamentos de Derecho Económico, op. cit., p. 25. 2 Cf. Lemus García, Raúl, Derecho agrario mexicano, Limusa, México, 1971; Mendieta y Núñez, Lucio, El problema agrario en México, Editorial Porrúa, México, 1975; Casanova, Ramón Vicente, La reforma agraria en América Latina, Universidad de los Andes, Venezuela, 1987. 335 336 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO A. CRONOLOGÍA DE LAS REFORMAS AL ARTÍCULO 27 Pr ue ba fin al Po rrú a En total, las reformas y adiciones han sido aplicadas en dieciséis ocasiones, se iniciaron en enero de 1934 y la última correspondió al presidente Salinas el 6 de enero de 1992. Cronológicamente se ubican de la siguiente manera: • Diario Oficial (DO) de 10-1-34, modificación del original artículo 27 que fue transformado en seis párrafos iniciales y 18 fracciones. • DO 6-XII-1937, modificación de la fracción VII. • DO 9-XI-1940, adición al párrafo VI. • DO 21-IV-1945, modificación al párrafo V. • DO 12-II-1947, modificación a las fracciones X, XIV y XV • DO 2-XII-1948, modificación a la fracción I. • DO 20-I-1960, modificación a los párrafos IV, V VI, VII, y fracción I. • DO 29-XII-1960, adición al párrafo VI. • DO 8-X-1974, modificación a las fracciones VI, XI (c), XII y XVII (a). • DO 6-II-1975, adición al párrafo VI. • DO 6-II-1976, modificación y adición a los párrafos III y VIII. • DO 10-08-1987, se reformó el párrafo tercero. • DO 3-II-1983, adición a las fracciones XIX-XX. • DO 6-I-1992, se reforman el párrafo tercero y las fracciones IV, VI, primer párrafo; VII, XV y XVII; se adicionan los párrafos 2o. y 3o. a la fracción XIX y se derogan las fracciones X, XIV y XVI. • DO 28-I-1992, se reformaron las fracciones II y III.3 B. ANÁLISIS DE LAS REFORMAS Y ADICIONES 1. La reforma legislativa de 1934 Esta adecuación a la legislación se ubica en un contexto de crisis socioeconómica4 en la que el maximato no había sido capaz de resolver el problema agrario, por el contrario lo había agravado. Las industrias metalúrgicas y petroleras vivían un cisma de amplias dimensiones, los derechos sociales de la Constitución de 1917 no habían quedado sino como derechos pendientes. Específicamente en el campo, 3 Cf. Diario Oficial de la Federación, fechas de referencia; I.I.J., La Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos a través de los regímenes revolucionarios, UNAM, México, 1992, p. 68. 4 La crisis de 1929 fue un factor importante en la radicalización de la lucha agraria. Cf. Shulgovski, Anatol. México en la encrucijada de su historia, Era, México, 1985, p. 230. LAS REFORMAS Y ADICIONES AL ARTÍCULO 27 CONSTITUCIONAL (1934-1992) 337 Pr ue ba fin al Po rrú a el Estado había impuesto un cerco a la reforma agraria declarando el cierre del reparto de tierras (1933), se emprendieron campañas de despistolización y de represión al movimiento campesino, fue en este periodo de lucha agraria, cuando surgieron las ligas campesinas dirigidas por Úrsulo Galván. En este contexto plagado de contradicciones socioeconómicas y políticas, el entonces “presidente sustituto” Abelardo L. Rodríguez, último de los caudillos callistas, adelantaba, con una profunda reforma al artículo 27, el nuevo sesgo que debería adquirir la política agraria del Estado, en donde si bien se mantenían los fundamentos del reparto agrario, se denegaba la viabilidad de continuarlo, es decir, mantener a la legislación agraria como una simple válvula de escape y no como una aplicación. Con esta modificación el artículo 27 fue transformado en 6 párrafos iniciales y 18 fracciones. Con la primera modificación se abrogó la ley del 6 de enero de 1915, aunque la mayoría de sus preceptos fueron conservados. En el párrafo segundo, en lo concerniente a las expropiaciones, fue cambiada la redacción mas no el contenido. En el tercer párrafo se especificó que la pequeña propiedad agrícola, para no ser afectada, debería encontrarse en explotación, gozando así de la protección jurídica. Asimismo, el legislador redujo los términos de condueñazgos, rancherías, pueblos, congregaciones, tribus y demás, solamente por el de núcleos de población. En los hechos, esta “reducción terminológica” contiene un significado más profundo, ya que cada uno de los conceptos a que aludía el otrora párrafo tercero correspondía a una “tipología” de formas de tenencia de la tierra, con un horizonte histórico específico. Es evidente que al haber igualado el legislador conceptos tales como el de congregaciones, rancherías y sobre todo el de pueblos, al de “núcleos de población”, se desconocieron derechos históricos de las poblaciones indígenas y campesinas del país. En la fracción III, se estableció que las instituciones de beneficencia pública o privada podrían adquirir bienes raíces que directa o indirectamente hicieran posible su objeto. En la fracción VI se acotó que además de las corporaciones que tenían capacidad jurídica, para adquirir, poseer y administrar bienes raíces, se encontrarían los núcleos de población que de hecho o por derecho guardaron el estado comunal, o los que hubiesen sido dotados o restituidos. En particular, esta adición tiene gran importancia para los pueblos indios, ya que desde el periodo de Reforma sus derechos habían sido conculcados, aunque en realidad esta política se aplicó con el advenimiento del Estado cardenista. La fracción VI del citado ordenamiento fue convertida en la VII. 338 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO Pr ue ba fin al Po rrú a En la fracción VIII se introdujeron, en buena parte, preceptos contenidos en la ley del 6 de enero de 1915. También, se declararon nulas las concesiones, composiciones o ventas de tierras, aguas y montes hechas por las secretarías de Fomento y Hacienda o cualesquiera otra autoridad federal a partir del 1o. de diciembre de 1876, con las que se hubiese privado u ocupado total o parcialmente a los ejidos o terrenos de común repartimiento, pertenecientes a los núcleos de población. Aspecto que no había sido sino “letra muerta” ya que el Estado desvió la demanda agraria que exigía reivindicar las haciendas y latifundios hacia “terrenos baldíos” o nacionales, sin afectar a los grandes detractores del campesinado. En lo que corresponde al tercer párrafo de esta fracción, se declaran (al igual que lo hiciera la ley del 6 de enero de 1915) nulas las diligencias de apeo o deslinde, transacciones, enajenaciones o remates practicados a partir de diciembre de 1876 hasta la fecha por compañías, jueces y otras autoridades de las entidades federativas o de la Federación que hubieran privado parcial o totalmente de las tierras, aguas y montes de ejidos o terrenos de común repartimiento a los núcleos de población. La fracción VIII en su último párrafo recoge la parte final del párrafo tercero de la fracción VII del artículo 27, en el que se exceptúan de nulidad las tierras repartidas y tituladas de acuerdo con la ley del 25 de junio de 1856, poseídas en nombre propio a título de dominio por más de diez años, en una superficie que no exceda de cincuenta hectáreas. La fracción IX se orientó por el artículo 2o. de la ley del 6 de enero, conforme a lo cual se podía solicitar la nulidad de la división o reparto de tierras, cuando existiera error o vicio en la ejecución del acto jurídico. En la fracción X se fundamentaba la acción de dotación de tierras y aguas en favor de los núcleos de población. La fracción XI se estructuró con base en el artículo 4o., de la ley del 6 de enero de 1915; esta fracción también creó otras instituciones con el objeto de instrumentar la reforma agraria, como lo fueron también las establecidas en los literales del (a) al (e) y que a continuación especificamos: a) La Comisión Nacional Agraria se convirtió en una dependencia del Ejecutivo Federal ahora denominado Departamento de Asuntos Agrarios y Colonización. Este organismo a la postre se transformó en la Secretaría de la Reforma Agraria (SRA). En realidad el Estado callista buscaba viabilizar la modernización del sector rural con una instancia que así se lo permitiera, además, que el Estado buscaba desaparecer la siniestra actuación que hubo desarrollado la Comisión Nacional Agraria. Este organismo público de reciente creación fue con el que Cárdenas hizo eficaz el reparto agrario. LAS REFORMAS Y ADICIONES AL ARTÍCULO 27 CONSTITUCIONAL (1934-1992) 339 rrú a b) Fue creado el Cuerpo Consultivo Agrario de la Nación, como un núcleo de peritos asesores agrarios del presidente de la República, organismo al que posteriormente el cardenismo le incorporó la representación campesina. c) Se integraron las Comisiones Agrarias Mixtas, aspecto que recuperaba de alguna manera el antiguo anhelo zapatista de crear los tribunales agrarios teniendo su antecedente más remoto en las comisiones agrarias del sur y en los tribunales revolucionarios. d) Se le proporcionaron atribuciones de gestión a los comités particulares ejecutivos a efecto de promover, en su momento, los expedientes de dotación, ampliación y restitución de tierras. e) Se crearon los comisariados ejidales, como órganos de representación del ejido, los cuales, estarían integrados por tres titulares, un presidente, un secretario, un tesorero y tres suplentes nombrados por una asamblea de ejidatarios. Pr ue ba fin al Po La fracción XII fue reelaborada conforme a lo estipulado en los artículos 6, 7 y 8 de la ley del 6 de enero de 1915, quedando cada uno de estos artículos como los párrafos primero, segundo y tercero de esta fracción (XII). Al respecto tenemos: Párrafo primero. Se ordena que las solicitudes de dotación o restitución de tierras y aguas se presenten ante los gobernadores. Párrafo segundo. Se establece que la primera instancia de la dotación y restitución culmina con la posesión provisional. Párrafo tercero se refiere al incumplimiento del gobernador en la primera instancia de dotación o restitución que obliga a turnar el expediente al Ejecutivo Federal. Fracción XIII. Su antecedente lo constituyó el artículo 9 de la ley del 6 de enero de 1915, el cual establece las bases de las resoluciones presidenciales. Contrario sensu a lo que se podría pensar la reforma que realizó el maximato de la fracción XIV contiene un importante perfil campesino al impulsar la reforma agraria, ya que los propietarios afectados con acciones de dotación o restitución, no podrían ejercitar el recurso de amparo agrario. En los hechos, en México siempre han subsistido los grandes latifundios, por lo que fue un acto de justicia para el campesinado haberle restado el juicio de garantías a los grandes explotadores de los trabajadores rurales. Además de estos elementos, la fracción XIV añadió en su párrafo segundo la limitación a los pequeños propietarios afectados por dotación a la indemnización que se debería de hacer válida en un año. Con la fracción XV se mantuvo a la pequeña propiedad agrícola en explotación y la responsabilidad para las autoridades que la afectan en el procedimiento dotatorio. 340 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO fin al Po rrú a En la fracción XVI se estableció que aquellas tierras que fueran asignadas individualmente deberían fraccionarse al ser ejecutada la resolución presidencial. La fracción XVII equivalió a la fracción VII del artículo 27, que se sustenta en los apartados a, b, c, d, e, f, y g. La segunda reforma del artículo de referencia fue la elaborada el 6 de diciembre de 1937. Correspondiendo al presidente Cárdenas, ésta se relaciona con el proyecto indigenista que asumiera el cardenismo, fenómeno que si bien se encontró revestido de un gran humanismo, también implicó la incorporación de las 64 etnias indias al proyecto nacional y su desconocimiento como naciones que contaban con un proyecto histórico propio; sin embargo, en el ámbito agrario por primera vez en la historia de México, el gobierno cristalizó demandas que por años se encontraban insatisfechas, restituyendo a las poblaciones indias de algunas de las tierras que otrora pertenecieron a sus ancestros. Incluso en algunos casos se armó a los pueblos para que defendieran su patrimonio. Si bien la organización territorial de los pueblos indios ha variado por los aspectos que hemos mencionado a lo largo de este libro, a continuación incorporamos, según el INEGI un acercamiento de la demarcación geográfica en que se ubican los pueblos indios (Cf. Mapa 9 Regiones indígenas de México). ue ba Mapa 9 Regiones indígenas de México SIMBOLOGÍA Pr I. Mayo II. Sierra Tarahumara III. Huicot IV. Meseta purépecha V. Huasteca VI. Sierra norte de Puebla VII. Totonaca de Veracruz VIII. Otomí IX. Mazahua-Otomí X. Náhuatl costas del sur de Michoacán XI. Chocho-mixteca-popoloca de Puebla XII. Náhuatl de la cañada oaxaqueña-poblana I II N III 200 0 200 400 600 Km V XIII. Náhuatl Jalapa-Martínez de la Torre de Ver. XIV. Náhuatl Orizaba-Córdoba de Veracruz XV. Popoloca-Náhualtl Los Tuxtlas de Veracruz XVI. Náhuatl Tlapaneco-Mixteco-Amuzgo de Gro. XVII. Chontal de Tabasco XVIII. Chiapas XIX. Península de Yucatán XX. Istmo XXI. Oaxaca XIX VII IV IX VIII VI XIII XIV X XVI XI XV XVIII XII Fuente: INEGI. XI Censo general de población y vivienda, 1990. CONAPO. Indicadores socioeconómicos e índice de marginación municipal, 1993. INI. Subdirección de investigación. IBAI. Base de comunidades y localidades indígenas, 1993. INI. Subdirección de investigación. IBAI. Base de población indígena estimada, 1993. BASSOLS Batalla, Ángel. Regionalización socioeconómica sobre bases político-administrativas. Instituto de Geografía. UNAM. México, 1989. XVII XXI XX LAS REFORMAS Y ADICIONES AL ARTÍCULO 27 CONSTITUCIONAL (1934-1992) 341 fin al Po rrú a La reforma cardenista estableció que las cuestiones por límites en los terrenos comunales serían de jurisdicción federal. Para agilizar la resolución de estos conflictos, se dispuso la intervención arbitral del Ejecutivo Federal y, como instancia jurídica a la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Además de la reforma jurídica, el Estado completó su política indigenista con la creación, en el mismo año de 1937, del departamento de educación indigenista (SEP). En 1939, el presidente Cárdenas encomendó a Alfonso Caso la creación del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).5 El 9 de noviembre de 1940 el cardenismo dio a conocer su última adición con la que se prohibió concesionar el petróleo y los carburos de hidrógeno sólidos, líquidos o gaseosos, quedando solamente reservados a la Nación. Esta definición del artículo 27 contiene un sentido estructural que derivó de las nuevas relaciones de propiedad que hegemonizó el Estado mexicano frente a los Estados Unidos de Norteamérica, producto de la expropiación petrolera de marzo de 1938, fenómeno que puede ser considerado como una segunda independencia de México. Valga mencionar que las comisiones negociadoras cardenistas lograron postergar el pago de la deuda petrolera sufragándola a plazos. 2. La reforma del 21 de abril de 1945 Pr ue ba Esta modificación surgió durante la presidencia de Manuel Ávila Camacho, con ésta se mantuvo la tendencia modernizadora de la política hidráulica del país, que planteaba el control de la Nación sobre las aguas, tanto de los mares, ríos, lagos, lagunas, esteros y otros afluentes para ser destinados a diversos usos públicos. Con Ávila Camacho se emprendió un ambicioso plan de modernización agrícola que abarcó la construcción de grandes obras hidráulicas, sobre todo en el noroeste, promoviendo una agricultura de exportación amparada en centros de investigación agrícola, orientados por expertos norteamericanos, sentando las bases de la revolución verde con lo cual se establecen los cimientos para la dependencia de los consorcios transnacionales, para ello fue necesario, y como parte de la ruptura cardenista, disminuir el reparto agrario, orientándolo al reparto de tierras no laborables, desarticular al ejido colectivo cardenista, fomentando la explotación individual, vía la modificación de la legislación y la reglamentación respectiva, promover 5 Cf. Carmona Lara, María del Carmen, Notas para el análisis del derecho indígena, UNAM, México 1988, p. 45. 342 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO la reorganización del campesino, fortaleciendo una orientación subordinada por completo de sus organizaciones de Estado.6 3. ¿Contrarreforma agraria al artículo 27 o desarrollo del capitalismo transnacional en la agricultura? (febrero 12 de 1947) Pr ue ba fin al Po rrú a A diferencia de la visión democrática y reivindicativa que desarrolló el presidente Lázaro Cárdenas en beneficio de los campesinos, el gobierno de Miguel Alemán estableció una política acorde con los intereses de la burguesía agraria y de las empresas trasnacionales norteamericanas. Al respecto, Gutelman señala: “La política agraria alemanista consistió esencialmente y aún podríamos decir, cínicamente en reforzar al sector privado de la agricultura. En este sentido, las medidas tomadas en detrimento del sector ejidal pueden considerarse una verdadera contrariedad agraria en comparación con la vía campesina definitivamente abandonada”.7 Con el objeto de legalizar esta contrarreforma fueron modificados los apartados X, XIV y XV del multicitado precepto legal. En la fracción X, párrafo segundo, se introdujo la extensión de 10 hectáreas para la unidad de dotación ejidal y sus equivalentes en temporal y agostadero de buena y mala calidad. Mientras que a los latifundistas se les legalizó que contaran hasta con 300 hectáreas de riego. Con la fracción XIV se restableció el derecho al recurso de amparo para los grandes propietarios. Y finalmente, con la fracción XV se establecieron los límites a la incongruentemente denominada “pequeña propiedad”, la cual podría situarse desde 100 hectáreas de riego, o humedad, 200 de temporal, 400 de agostadero, hasta 800 de cerril, brindando asimismo la opción al “pequeño propietario” de gozar superficies que no excedieran de 200 hectáreas en terrenos de temporal o de agostadero susceptibles de cultivo; de ciento cincuenta, cuando las tierras se dedicaran a la cosecha del algodón, siempre y cuando recibieran el riego de avenida fluvial o por bombeo y como se había mencionado, hasta 300 hectáreas en explotación, cuando se destinaran a la producción de alimentos de exportación, como por ejemplo, la caña de azúcar, el café, el ajonjolí, los frutales, la vainilla, el cacao, la quina, el cocotero, la vid, etcétera. Aunque en realidad esta concepción de respetar a las grandes unidades agroexportadoras formó parte de la estrategia agraria que inició con 6 Ocampo Ledesma, Jorge, Caracterización de la situación rural en México, 1940-1988, Universidad Autónoma Chapingo, 1988, p. 23. 7 Gutelman, Michel, Capitalismo y reforma agraria en México, Era, México, 1974, p. 114. LAS REFORMAS Y ADICIONES AL ARTÍCULO 27 CONSTITUCIONAL (1934-1992) 343 Pr ue ba fin al Po rrú a Carranza y continuó con Obregón y el propio Calles, al respecto pueden ubicarse los contenidos de diversas circulares y reglamentos agrarios emitidos entre 1915 y hasta 1934. Bajo esta óptica se situaban como preponderantes los intereses del mercado externo, más que la satisfacción de la demanda alimentaria de México. En el párrafo quinto de esta fracción se estableció como pequeña propiedad ganadera la superficie necesaria para mantener hasta 500 cabezas de ganado mayor o sus equivalentes en ganado menor. Esta fracción concluye con un caso extremo del sentido reaccionario plasmado en la reforma alemanista, al haber establecido en el párrafo sexto del artículo 27, que la propiedad agrícola o ganadera con certificado de inafectabilidad (cuyo propietario) mejore la calidad de los terrenos por obras de riego, drenaje o de cualquier otra forma, queda protegida de afectaciones aún cuando por la mejoría de los terrenos se rebasen los máximos estipulados en la propia legislación. En este periodo se entregaron a los pequeños propietarios 11957 certificados de inafectabilidad que amparaban más de un millón de hectáreas,8 actitud distinta a la que impulsó Cárdenas, por no fincarse en un plan nacionalista. Otra de las adiciones (la sexta) que se elaboró al precepto legal, fue la que se aplicó en la fracción primera y que fue publicada el 2 de diciembre de 1948, con ésta se posibilitó al Estado, por conducto de la Secretaría de Relaciones Exteriores, para autorizar a los Estados extranjeros la adquisición de inmuebles en el lugar de residencia de los poderes federales, designados al servicio directo de sus embajadas. La séptima modificación al artículo 27 fue la que se elaboró en los párrafos IV, V, VI, VII y a la fracción primera, siendo publicadas el 20 de enero de 1960 en el Diario Oficial de la Federación. Con la modificación al párrafo IV se amplió el dominio del Estado sobre los recursos naturales de la plataforma continental y los zócalos submarinos de las islas; igualmente, sobre el espacio situado sobre el territorio nacional, en la extensión y términos que fijara el derecho internacional. Con la reforma del párrafo V nuevamente se modificó y adicionó el precepto a efecto de ampliar la propiedad y control del Estado sobre las aguas marinas, ríos, lagos, lagunas, esteros, aguas del subsuelo y otras fuentes. Con la del párrafo VI se otorgaron facultades al Ejecutivo Federal para concesionar a personas físicas y morales la explotación y aprovechamiento de los recursos hidráulicos y de los minerales metálicos y no metálicos, excepto el petróleo y los carburos de hidrógeno, sólidos, 8 Gutelman, op. cit., p. 117. 344 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO Pr ue ba fin al Po rrú a líquidos o gaseosos. También se estableció la obligación para que el concesionario realizara obras de infraestructura y mantenimiento, y se establecieron las sanciones en caso de incumplimiento.9 La octava adición fue la aplicada en el párrafo sexto, por el entonces presidente Adolfo López Mateos, el 29 de diciembre de 1960. Con ésta se otorgó en exclusividad a la Nación la generación, conducción, transformación, distribución y abasto de energía eléctrica que tuviera por objeto la prestación de un servicio público, aspecto que sin duda representa la adopción de una política democratizadora, independientemente del sentido coyuntural de quien la aplicó. En el marco de los años 60, a diferencia de décadas anteriores, se comenzó a manifestar un agotamiento del modelo de acumulación agrícola, el que se ubicaba en la disminución en la producción de granos y alimentos básicos, dando lugar a la llamada crisis agrícola, fenómeno que durante los años 60 llevó al país a depender de los grandes oligopolios que controlaban la producción alimentaria a nivel mundial. La insuficiencia de apoyos crediticios al campesinado, la erosión creciente de los suelos en las zonas de temporal, la falta de competitividad de los precios de los granos básicos producidos nacionalmente frente a los que podrían importar de los Estados Unidos, provocaron el descenso del ingreso del campesino, que se vio obligado a vender su parcela o en el mejor de los casos a arrendarla o, si disponían de capital o de la ayuda necesaria para hacerlo, a reorientar su producción con cultivos más redituables. Otro factor que provocó el desastre agrícola de fines de los 60 fue el estrechamiento del mercado internacional para los productos de los países subdesarrollados, al lograr los países desarrollados la autosuficiencia alimentaria impulsando la industrialización masiva del campo. Los países de Europa y Estados Unidos lograron en estos años producir alimentos a costos muy bajos y desplazaron de sus mercados los alimentos de los países subdesarrollados, los que de exportadores se transformaron en importadores de alimentos. La crisis agrícola se expresa en el descenso de las tasas de crecimiento del sector agrícola; de 1940 a 1965 la producción agrícola aumentaba anualmente en 5%; a partir de 1965 el crecimiento comenzó a desacelerarse llegando a decrecer en un 2.8 %, hacia 1976.10 En este contexto, el movimiento campesino adquirió una nueva expresión, que se manifestó como su desincorporación del Estado, fueron 9 Cf. Medina Cervantes, Derecho agrario, Harla, México, 1989. 10 Paré, Luisa, “La política agropecuaria y las perspectivas de la economía”, en Economía Mexicana, CIDE, núm. 3, México, 1981. LAS REFORMAS Y ADICIONES AL ARTÍCULO 27 CONSTITUCIONAL (1934-1992) 345 Pr ue ba fin al Po rrú a creadas la Central Campesina Independiente (CCI), la Unión General Obrera Campesina de México (UGOCM), además, la movilización campesina utilizó como instrumento de lucha la toma de tierras, llegando en algunos casos al enfrentamiento armado, como aconteció con las acciones que dirigieran el experimentado ex-zapatista Rubén Jaramillo en el estado de Morelos, Jacinto López en Sonora y Maximiliano López en el norte del país. En el sexenio de Luis Echeverría (1970-1976), la salida a la crisis agrícola significó la creación de planes y programas que confrontaran el impacto que sufría el sector, al respecto encontramos el Plan Nacional Agrícola que contenía, entre otros, los siguientes aspectos: 1. La reorganización y reactivación del sector agrícola. 2. La reorganización de la estructura agraria. 3. La recuperación de la autosuficiencia alimentaria. 4. El restablecimiento de la reforma agraria. 5. La continuación del reparto agrario. 6. El fortalecimiento del ejido, impulsando (como lo hiciera el cardenismo) la colectivización ejidal o su reactivación en regiones de importancia económica, como la Chontalpa en el estado de Tabasco, la Comarca Lagunera en Coahuila y los Valles del Yaqui y Mayo del estado de Sonora y, 7. La transferencia de importantes recursos financieros al agro. Con objeto de complementar su reforma económica, el gobierno impulsó profundos cambios en la legislación agraria; al respecto fueron promulgadas las leyes federales de reforma agraria, la del crédito rural, la de bosques y la de aguas. En el ámbito administrativo el Estado “modernizó su aparato” con la desaparición del Departamento de Asuntos Agrarios y Colonización (DAAC), el cual era conocido por los campesinos como un gran enjambre burocrático en el que las demandas campesinas se eternizaban, y fue creada en su lugar la Secretaría de la Reforma Agraria. En realidad, el impulso que adquirió la reforma agraria durante este periodo debe ser considerado más bien como la expresión de la crisis agrícola y en respuesta al ascenso del movimiento campesino encabezado en aquel entonces por la izquierda. En algunos casos el Estado determinó a la radicalización de la lucha campesina, como así aconteció con el surgimiento del Partido de los Pobres que encabezara el profesor Lucio Cabañas Barrientos en el estado de Guerrero, la guerrilla de la Asociación Cívica Nacional Revolucionaria que presidiera el maestro Genaro Vázquez Rojas, y en Oaxaca y Morelos el movimiento campesino que desarrolló Florencio Medrano (Partido Obrero Campesino de América Latina). Las reformas legales que se aplicaron durante el gobierno de Echeverría se ubicaron fundamentalmente en la reglamentación agraria y a las cuales nos referiremos más adelante, aunque también a nivel consti- 346 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO Pr ue ba fin al Po rrú a tucional se plantearon nuevas reformas y adiciones. En primer término encontramos aquella que fue publicada en el Diario Oficial de la Federación el 8 de octubre de 1974, que se refiere a las fracciones VI y XI. En éstas se suprime la categoría política de Territorio (que aludía a las hoy entidades federativas de Baja California Norte y Quintana Roo) porque formalmente ya no existían en nuestro país. De esta forma, en la fracción VI se eliminaron los territorios como entidades políticas que podían adquirir y poseer bienes raíces. En la fracción XI se delimitó que la Comisión Agraria Mixta ya no funcionaría en los territorios; igualmente en la fracción XII, se estableció que las solicitudes de restitución y dotación ya no se presentarían en los territorios y, finalmente, en la fracción XVII se consideró que los territorios no determinarían la extensión máxima de que podía ser dueña una persona física o moral. La décima adición del artículo 27, también se elaboró durante el gobierno de Luis Echeverría y es aquella que se aplicó al párrafo sexto, siendo publicada el 6 de febrero de 1975, con ésta se reservó para la “Nación” el aprovechamiento de los combustibles nucleares para la generación de este tipo de energía, al igual que su regulación y aplicación, pero con fines pacíficos. Contrariamente a las reformas y adiciones que antecedieron al gobierno de Echeverría, ésta tuvo un carácter democrático, y mantuvo la línea, con las que en su momento aplicaron los presidentes Lázaro Cárdenas y López Mateos refiriéndose a los energéticos, hidrocarburos, gaseosos, ferrocarriles y energía eléctrica como bienes y áreas de competencia de la Federación. Las últimas reformas de este periodo fueron las que se realizaron en los párrafos tercero y octavo, publicada en el Diario Oficial de la Federación el 6 de febrero de 1976. Con la del párrafo tercero se estableció el marco legal para el reordenamiento de los asentamientos humanos en el agro. En el ámbito agrario se introdujo, por primera vez, a rango constitucional, la organización y explotación colectiva de los ejidos y comunidades (el cardenismo ya lo había precisado a nivel reglamentario en el Código Agrario de 1934). A nivel del derecho internacional en el párrafo octavo, se precisó el área, que conforme a nuestro derecho interno y las convenciones sobre derecho del mar, abarcaría la zona económica exclusiva, la que comprendería doscientas millas náuticas, a partir de la línea de base desde la cual se mide el mar territorial. Zona en la que se ejercería la jurisdicción de México. Contrariamente a las expectativas trazadas por el gobierno de Luis Echeverría, la crisis agrícola y social se intensificó. A finales de 1976 se calculaba que el ejecutivo había concesionado más de 7,000 certificados de inafectabilidad a capitalistas. El Estado echeverrista se vio impactado LAS REFORMAS Y ADICIONES AL ARTÍCULO 27 CONSTITUCIONAL (1934-1992) 347 Pr ue ba fin al Po rrú a por diversos movimientos agrarios, dentro de los que sobresalen las movilizaciones organizadas por el Frente Campesino Independiente, la CIOAC (Central Independiente de Obreros Agrícolas y Campesinos) y la UGOCM, quienes ligados a organizaciones de izquierda realizan tomas de tierras en el sur de Sonora y norte de Sinaloa obligando al Estado a reivindicar miles de hectáreas a los núcleos solicitantes, este fenómeno se mantuvo latente durante toda la década de los años ochenta. El gobierno de José López Portillo enfrentó la crisis generando nuevas circunstancias socioeconómicas en las que el auge petrolero a nivel mundial jugó un papel trascendente. En los años de 1977 a 1981 se dio una recuperación del dinamismo agrícola. A López Portillo se le impusieron dos tareas: aumentar la producción y recuperar la confianza de la burguesía agraria, la que se había perdido después de la resolución que diera Echeverría a las movilizaciones campesinas de 1976 de Sonora y Sinaloa, en las que se llegaron a aglutinar más de 25 000 solicitantes de tierras, que lograron la distribución de diversos latifundios que acaparaban presta nombres, transnacionales y caciques regionales. López Portillo enfrentó el descontento campesino con la represión y anunció el fin del reparto agrario, fomentando la “alianza entre pobres y ricos”, ubicando al empresario agrícola como el centro de la nueva estrategia rural, aliándolo a los campesinos y a sus recursos (tierra, fuerza de trabajo) y al gobierno, quien proporcionó seguridades en la tenencia de la tierra y en la inversión. La inafectabilidad se extendió a la producción agrícola en latifundios ganaderos, tendencia que culminó con la promulgación de la Ley de Fomento Agropecuario, con la cual formalmente se subordinó legalmente al campesino en sus ejidos. La decimotercera adición al artículo 27 constitucional se incorporó el 3 de febrero de 1983 aplicándose en las fracciones XIX y XX. Estas adiciones se aplicaron ya desde la óptica neoliberal y durante la coyuntura del gobierno de Miguel de la Madrid Hurtado, cuyo discurso se enmarcaba en la “modernización y crecimiento rural”. En la fracción XIX el Estado estableció las estrategias para la impartición y cumplimiento de la justicia agraria y así garantizar la seguridad jurídica de la tenencia de la tierra ejidal, comunal y de la pequeña propiedad, y apoyar la asesoría legal de los campesinos.11 En la fracción XX se planteó que el Estado promovería las condiciones para el desarrollo rural-integral, al respecto señalaba: “… que implica la generación de empleos, al bienestar de la población campesina 11 Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, Editorial Porrúa, México, 1993, p. 34. 348 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO y su inmersión en el desarrollo nacional. El desarrollo rural integral contemplaba el fomento de las actividades agropecuaria y forestal, insumos, créditos, capacitación y asistencia técnica”.12 Esta legislación fue complementada con una profunda modificación a diversos artículos de la Ley Federal de la Reforma Agraria, con la que se pretendía una mayor productividad y modernización sobre la base de renovar el proceso de privatización agraria, de manera creciente y acelerada,13 aspectos a los que nos referiremos más adelante. C. LA CONTRARREFORMA AGRARIA DE CARLOS SALINAS DE GORTARI, LA MUERTE AL ZAPATISMO EN EL ARTÍCULO 27 CONSTITUCIONAL Pr ue ba fin al Po rrú a Una de las últimas reformas realizada al artículo 27 fue la del 6 de enero de 1992. Si bien podríamos puntualizar que los orígenes de ésta se ubican en la coyuntura internacional, lo que para algunos ha sido explicado como una situación “inevitable” al haber colocado a México en la estrategia de crecimiento del imperialismo,14 han existido factores internos que explican en buena medida el cambio tan profundo a la legislación agraria, que rompe con su esencia original dirigiéndose ya de manera más definida hacia los fines del gran capital. Con Miguel de la Madrid y particularmente con el presidente Salinas de Gortari, el Estado mexicano adoptó el modelo económico del neoliberalismo con el que la economía campesina fue concebida como “ineficiente” y “atrasada”. Este tipo de definiciones llevaría en todo caso a reconocer que en el campo históricamente han existido dos proyectos de crecimiento y, en su caso, de desarrollo, que son contradictorios, el primero, el del Estado, que ha dado más importancia al desarrollo del bloque históricamente hegemónico y el segundo, el campesino, que mira más hacia la autogestión de los pueblos y, en consecuencia, a la satisfacción de sus demandas no sólo alimentarias sino de diversa índole. En los hechos, el neoliberalismo se plantea como un “capitalismo salvaje” en el que se requiere la ampliación de la frontera del capital 12 Medina, op. cit., p. 177. 13 El artículo único del decreto expedido por De la Madrid reforma, adiciona y deroga los artículos: 2, 7, 8, 10, 11, 12, 13, 16, 40, 42, 64, 85, 96, 112, 117, 121, 126, 130, 135, 136, 138, 144, 145, 147, 163, 166, 170, 185, 188, 198, 200, 210, 225, 241, 259, de la citada Ley Federal de la Reforma Agraria. 14 Castañeda, Jorge. “Hacia otro Tratado de Libre Comercio” en Nexos, núm. 181, vol. XLI enero de 1993, p. 43. LAS REFORMAS Y ADICIONES AL ARTÍCULO 27 CONSTITUCIONAL (1934-1992) 349 Pr ue ba fin al Po rrú a agrícola y agrario, sin importar las repercusiones sociales, ecológicas, económicas, culturales, etcétera. Macroeconómicamente, las reformas al artículo 27 se ubican como resultado de la agobiante deuda externa que mantiene el Estado mexicano frente a los organismos financieros internacionales, fenómeno que en la época reciente determinó la firma del Tratado Trilateral de Libre Comercio y cuyos fines son los de una mayor apertura económica del agro (incluyendo ejidos y territorios indígenas) y el surgimiento de nuevas estructuras de asociación política y económica, todo ello en beneficio del gran capital. A quienes sostienen como “inevitable” la vinculación con proyectos como el que Estados Unidos viene imponiendo, habría que recordarles la importancia de modelos como el cardenista que dio lugar al crecimiento económico del campo, lo que algunos autores denominaron como el “milagro mexicano”15 y que significó dar salida a la crisis agrícola y el beneficio social de millones de campesinos de todo el país. En particular, las reformas al artículo 27 constitucional del 6 de enero de 1992 son aquellas que se elaboraron en el párrafo tercero y las fracciones IV y VI, primer párrafo; VII y XVII; se adicionaron los párrafos segundo y tercero a la fracción XIX y fueron derogadas las fracciones X a la XIV y XVI. La del párrafo tercero se refiere a tres aspectos. a) Se modifica el concepto de pequeña propiedad agrícola en explotación, por el de pequeña propiedad rural. Con esta modificación se da pie a que tierras incultas u ociosas en manos de latifundistas no sean objeto de expropiación, además de ampliar el concepto productivo de los latifundistas (por ejemplo minero, pesquero, apícola, forestal, avícola, etcétera), ya que el término rural acoge una diversidad productiva y no solamente la agricultura. b) Se suprimen las acciones agrarias de dotación, ampliación de tierras y aguas y la de creación de nuevos centros de población ejidal. Este fue uno de los aspectos medulares de la reforma al haber dado por concluido el reparto agrario, cuando aún en el país se calcula que existían, en el momento de la Reforma, diez millones de mexicanos sin tierra. c) Se concluye como política de Estado la reforma agraria en la cual se habilita decididamente la perspectiva de los terratenientes. Con la fracción IV se determinó que “las sociedades mercantiles por acciones podrían ser propietarias de terrenos rústicos”.16 Para la gran 15 Cf. Hansen D., Roger. La política económica del crecimiento en México, Siglo XXI, 1987. 16 Decreto que reforma el artículo 27 constitucional, DOF, 6 de enero de 1992. 350 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO Pr ue ba fin al Po rrú a empresa, incluyendo los bancos, ahora sería factible amortizar capital en bienes inmuebles, con lo que se incrementará la especulación agraria, permitiendo que gran parte del capital ficticio adquiera potencialidades, vía la inversión agraria. Por otro lado la reforma a la fracción IV, elevó el término de 100 hectáreas en tierras de riego y sus equivalentes en las demás calidades, 200 de temporal, 400 hectáreas de agostadero y 800 de cerril hasta en 25 veces permitiendo que un sólo propietario llegue a acaparar hasta 20 mil hectáreas de cerril, ello sin considerar los postulados que en su momento realizara Miguel Alemán, que permiten que los latifundistas cuenten hasta con 300 hectáreas de riego, cuando la propiedad se destinaba a productos de exportación (hoy habría que multiplicarla por el factor 25) y la propiedad ganadera. En cuanto a la fracción VI, párrafo 1o. se refuerza el derecho concedido a las sociedades mercantiles por acciones, haciendo concordar este precepto con lo estipulado en la fracción IV. Por lo que hace a la fracción VII se modifica radicalmente su texto al dar la oportunidad al latifundismo para celebrar contratos con los productores campesinos, asimismo con esta fracción se rompen los “candados” que otrora colocaban a los bienes ejidales y comunales como inembargables, inalienables, imprescriptibles, no sujetos a venta o arrendamiento, al permitir ahora su libre circulación en el mercado capitalista. Conforme a la última fracción del párrafo VII fueron creados los tribunales agrarios, los que tienen su antecedente en las comisiones agrarias del sur y que dieran lugar a los tribunales agrarios revolucionarios promovidos por el zapatismo. En realidad esta nueva jurisdiccionalidad agraria coloca en desventaja a los campesinos y trabajadores agrícolas, quienes carecen de recursos y elementos para incorporarse en la estructura jurídica y sobre todo, para enfrentar el poder del gran capital, fundamentalmente en el caso de los pueblos indios. En conclusión se puede precisar que las reformas y adiciones del 6 de enero de 1992, abren definitivamente la brecha entre el campesinado pobre de México, los desposeídos y los grandes grupos oligopólicos, tanto nacionales como extranjeros. Finalmente Carlos Salinas reformó al artículo 27 el 28 de enero de 1992, estableciendo que las asociaciones religiosas podrían adquirir, poseer o administrar los bienes que fueran indispensables para cumplir su objeto; el Poder Legislativo previno que la reglamentación a esta reforma (fracciones I y II) fuese donde se dispusieran las restricciones que evitaran el posible acaparamiento por parte de la Iglesia. LAS REFORMAS Y ADICIONES AL ARTÍCULO 27 CONSTITUCIONAL (1934-1992) 351 Pr ue ba fin al Po rrú a Valga considerar que el marco en que se gestaron las últimas reformas y adiciones se enmarcaron en el contexto del neoliberalismo y la globalización, el cual dada su complejidad lo explicaremos en un capítulo posterior. ba ue Pr al fin rrú Po a X. EL PROBLEMA RURAL EN LA COYUNTURA RECIENTE (1949-1982) A. ANTECEDENTES Pr ue ba fin al Po rrú a La conformación del derecho rural contemporáneo tuvo un compás de espera de dieciocho años en su reglamentación, y si bien se realizaron algunas reformas constitucionales entre 1940 y hacia 1970, las leyes federales y códigos se mantuvieron prácticamente intactos. Si acaso habría que advertir que durante este periodo se promulgó la Ley Reglamentaria del párrafo tercero del artículo 27 la cual señaló límites de superficie mínima de la pequeña propiedad agrícola, y fue expedida por Ávila Camacho el 31 de diciembre de 1945. Este ordenamiento partía del supuesto de “evitar la pulverización” de la pequeña propiedad “que impediría el crecimiento del modelo capitalista rural”. Legislación efímera que por su planteamiento no fue sino simple discurso jurídico, inaplicable en la realidad. Por otro lado, de mayor contenido encontramos el reglamento de inafectabilidad agrícola y ganadera que acorde con la contrarreforma agraria de Miguel Alemán se promulgó el 23 de septiembre de 1948. Valga precisar que al no existir reglamentación sobre esta materia se resolvió al arbitrio de las autoridades; al referirse a este aspecto Mendieta y Núñez menciona: Nosotros presentamos, a principios del año de 1947, un proyecto de modificaciones del Código vigente que aprobó en su mayor parte una Comisión nombrada al efecto; pero el trabajo fue interrumpido bruscamente como resultado de bajas intrigas, de intereses inconfesables y quedó definitivamente en suspenso. Es ésta una demostración de la influencia regresiva o degenerativa de los factores irracionales en la evolución del Derecho.1 Este reglamento delimitó entre sus fundamentos más importantes: — A la pequeña propiedad inafectable — Las distintas clases de inafectabilidades 1 Mendieta y Núñez, El problema agrario, op. cit., p. 368. 353 354 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO — Duración de las inafectabilidades — Comprobación de los derechos de propiedad — Las solicitudes de inafectabilidad — Las concesiones ganaderas — La extensión de la concesión ganadera — Los procedimientos de inafectabilidad ganadera — El contenido del decreto de concesión ganadera — Las obligaciones de los concesionarios, entre otros aspectos. ue ba fin al Po rrú a Manuel Ávila Camacho (1941-1946), acorde con los postulados del nuevo Plan Sexenal promulgó el Código agrario de 1942, instrumento que si bien mantuvo el espíritu del cardenismo fue relegado en su aplicación a un segundo plano. El periodo de la posguerra que inició en la década de los años cuarenta y cierra —con su concomitante crisis— durante los setenta, es conocido como un periodo de estabilización de la modernización de la agricultura mexicana. Si bien este modelo de crecimiento encontró sus bases en el cardenismo su fructificación se dará años más adelante. Sin embargo, es preciso advertir que el rumbo asumido por el Estado poscardenista fue el de ruptura con el agrarismo social al adoptarse nuevamente la tendencia del “capitalismo a ultranza”, y en donde la obra reinvindicativa rural sería tratada de manera marginal, de esta forma el modelo propuesto para el agro es el de una “intensa tecnificación” y la adaptación de las economías campesinas y ejidales a los intereses del gran capital. Ávila Camacho precisó en su discurso inaugural de toma de gobierno: Pr […] la seguridad en que se basará México, será principalmente en la energía vital de la iniciativa privada […] y que sobre todo, aumentará la protección a las propiedades agrícolas privadas, no sólo para defender las que ya existen, sino también para formar nuevas propiedades privadas en vastas regiones no cultivadas. La agricultura va a desempeñar un papel nuevo no ya como base del desarrollo rural, sino como los cimientos de la grandeza industrial.2 Se trataba de ubicar al modelo mexicano en el ámbito pleno de la industrialización, aspecto que se mantendría de manera “regular” durante las siguientes tres décadas; en este periodo se pensó dar un reacomodo de los sectores productivos, cuya tendencia principal fue la de colocar a la industria como eje del capitalismo mexicano, secundándole el campo, como productor de materias primas. 2 Secretaría de Agricultura y Ganadería, Plan de modernización agrícola de la República Mexicana, SAG, México, 1942, p. 1. 355 EL PROBLEMA RURAL EN LA COYUNTURA RECIENTE (1949-1982) ue ba fin al Po rrú a Sin embargo, este reordenamiento tiene como característica general la expansión y crecimiento de los monopolios en la economía mexicana, aspecto que paulatinamente se consolidó en el ascenso de las empresas transnacionales y del capital financiero internacional en México. Ligado con el crecimiento sostenido agrícola fue la incorporación de la investigación desarrollada por la Agencia Interamericana de Desarrollo (AID) y con el apoyo de diversas fundaciones como la Rockefeller, la que se basó en los modelos norteamericanos de crecimiento agrícola. Las investigaciones se desarrollaron inicialmente en el maíz y el trigo (1940-1948) El frijol en 1949, la papa en 1952, otras hortalizas y verduras en 1953 y la cebada y las leguminosas forrajeras en 1954.3 Estos constituyen los antecedentes de la delicada producción de transgénicos, que ha sido multicriticada en las dos últimas décadas dados sus efectos en el deterioro de la salud. Irónicamente fue en México en donde se creó —entre otros— el Centro de Investigación de Mejoramiento del Maíz y el Trigo (CIMMYT), institución en la que se realizaron cientos de investigaciones de minoración genética de las gramíneas y que sirvieron para que, tanto la mayoría de países europeos, como fundamentalmente los E.U.A. obtuvieran impresionantes beneficios y ganancias. Al paso de los años México y los países subdesarrollados, paradójicamente, comprábamos dichos experimentos a través de los millones de toneladas de maíz, frijol y trigo importados. Fue el momento de la llamada “revolución verde”, en la que se explicaba como “una panacea” el crecimiento de la industrialización, la aparente estabilidad económica y los altos rendimientos en el campo; sin embargo, el problema del desarrollo y la pobreza continuaban. Pr Dicho modelo fue posible también, por la concurrencia de factores externos, tal es el caso del estallido de la segunda conflagración mundial, la aparición de una fuerte tensión internacional en dos grandes bloques (socialismo y capitalismo), bautizado con el nombre de “guerra fría” y las presiones norteamericanas a raíz del triunfo de la revolución cubana. El efecto más importante de la conjunción de ambos procesos y su repercusión en la sociedad mexicana es la represión sistemática y coacción de la vida democrática; se cercenan espacios de participación ciudadana y se ahoga toda iniciativa de organización independiente a través de los órganos corporativos del Estado. Lo cual se refleja en un supuesto “milagro económico” y una falaz estabilidad social, que permiten la aplicación del modelo económico denominado: “sustitución de importaciones”; cuya función consiste en la capitalización, fomento y protección a la planta industrial, con base de 3 Hewitt de Alcántara, Cynthia, La modernización de la agricultura mexicana 1940-1970, Siglo XXI, México, 1988, p. 35. 356 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO financiamiento en el sector productivo. Apoyado con una producción barata y bajos salarios que posibilitan elevadas ganancias. El modelo se refuerza con el financiamiento e inversión extranjera.4 Po rrú a El paradigma de sustituir las importaciones y de inspiración Keynesiana5 fue la constante histórica que se mantuvo durante las tres décadas mencionadas, aunque con determinados matices de populismo (1970-1976). Durante este periodo de crecimiento la agricultura se encontraba fundamentalmente integrada por tres sectores: 1. Sector capitalista de punta. Ubicado en las regiones del norte y bajío. Producen trigo y bienes de exportación como hortalizas y algodón. 2. Sector capitalista atrasado. Ubicado en la región del centro-sur. Produce maíz, frijol y productos de exportación como café, caña de azúcar, cacao, henequén y tabaco. 3. Sector de campesinos pobres. Ubicados de manera diseminada en las regiones temporales del país. Producen maíz y frijol para el mercado interno.6 Pr ue ba fin al Es precisamente sobre este último núcleo, el de los campesinos, sobre quienes recayó el peso del nuevo modelo, al haber sido subordinado el trabajo campesino al capital comercial y financiero, a través ya fuera de la renta de la tierra en la que se advierte una diferenciación en los precios y valores de la producción, en los que las economías marginales campesinas permiten una elevación de los precios agrícolas de las unidades de producción capitalista, así acontece en los monopolios transnacionales y de la burguesía agraria o a través de la existencia de un sistema diferenciado de precios, lo cual determinaba que los productos de las unidades de producción campesina se adquirieran por debajo de su valor; este fenómeno redituó en beneficio del sector industrial, en virtud de permitir la disponibilidad de granos básicos para los centros urbanos, con ello se permitió “abaratar” las condiciones de vida de los trabajadores y consecuentemente mantener los 4 Anaya, Marco Antonio; Castellanos, Alfredo et al., “El Modelo agro exportador de sustitución de importaciones”, en Modelos de desarrollo agropecuario en México, 1940-1970, PIHAA, CIESTAM, UACH, México, 1995, p. 35. 5 John Keynes (1883-1946) este economista inglés fue, entre otros, uno de las argumentadores de la economía burguesa; contrario a los fundamentos de la teoría económica actual propuso que la consolidación del capitalismo provendría de la intervención del Estado en la economía; en su trabajo Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero (1936) planteó su tesis denominada del “capitalismo regulado”, con la cual el Estado debe intervenir como capitalista creando sus propias empresas, aspecto que, desde luego, sería viable identificar —como aplicación de dicho modelo— desde el periodo cardenista. 6 Rubio V., Blanca, Resistencia campesina y explotación rural en México, Era, México, 1987, p. 40. 357 EL PROBLEMA RURAL EN LA COYUNTURA RECIENTE (1949-1982) salarios bajos. Fue así como se forjó el nuevo concepto de “Nación, milagrosa”, que se situaba en la denegación del proyecto revolucionario cardenista tomando el sistema un rumbo más decidido hacia la consolidación del capitalismo mexicano. B. LA RUPTURA CON EL AGRARISMO SOCIAL Po rrú a El advenimiento del nuevo modelo rural advierte que prácticamente la obra social quedaría definitivamente rezagada e incluso olvidada. Ello no obstante que el ejido había demostrado hacia 1940 ser más efectivo que los propios latifundios. Durante el periodo de Miguel Alemán el presupuesto destinado a resolver el problema de las comunidades agrarias fue brutalmente disminuido, así como el que correspondió al Banco Nacional de Crédito Ejidal y el de las escuelas y clínicas rurales, además de recurrir a la violencia para acabar con las movilizaciones campesinas. Jesús Silva Herzog mencionaría que, la Revolución Mexicana atravesaba por una crisis moral de extraordinaria virulencia.7 ue ba fin al En realidad el proyecto propugnado por Miguel Alemán (1946-1952) no era totalmente nuevo, simplemente intensificaba el giro conservador iniciado por Manuel Ávila Camacho y lo consolidaba para hacerlo más coherente. La promoción de la paz de las clases mediante una mezcla de pactos sociales y represión, el impulso al papel del capital privado en las agriculturas, la apertura de la economía al capital extranjero y la profundización de las relaciones con EUA eran medidas ya planteadas por Ávila Camacho.8 Pr Sorprendentemente el esquema industrializador y de unidad —antifascista— de la posguerra, provocó la alianza de algunos sectores de la izquierda mexicana con el alemanismo, lo cual determinaría una atomización del movimiento socialista a nivel nacional y consecuentemente el aplazamiento de la lucha agraria. Si bien entre 1940-1970 el reparto agrario constituyó una política de Estado, de ninguna manera su significado se acercó al planteamiento cardenista; la distribución durante el periodo analizado fue selectiva y se aplicó en múltiples casos como válvula de escape a la problemática social; Miguel Alemán (1946-1952) quien repartió alrededor de tres millones de hectáreas, y Ruiz Cortines (1952-1958), con un reparto semejante, distribuyó tierras áridas y semiáridas. A finales de la década de los 7 Silva Herzog, “La Revolución Mexicana en crisis”, en Cuadernos americanos V. XI, núm. 5, p. 32. 8 Carr, Barry, La izquierda mexicana a través del siglo XX, Era, México, 1996, p. 151. 358 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO Pr ue ba fin al Po rrú a años 60 el diazordacismo brindaba datos halagüeños sobre el reparto agrario cuando más de tres millones de hectáreas aparecían solamente en el papel en virtud de que centenares de resoluciones agrarias no habían sido ejecutadas, fundamentalmente por los amparos concedidos a los latifundistas, circunstancia que en su momento fuera convalidada por la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Otro de los factores que coadyuvaban con el eventual aniquilamiento del ejido operó también desde dentro del propio movimiento campesino, como así aconteció en el caso del caciquismo que formaba parte de la estructura corporativa creada por el propio Estado a través de los comisariados ejidales, que como órganos ejecutivos dotados de poder, legitimaban las políticas del gobierno a través de la liga de comunidades agrarias y de la propia CNC. El poder corrompió a múltiples comisariados ejidales que incluso llegaban a controlar derechos agrarios de los ejidatarios y en ocasiones la comercialización de la producción ejidal. Desde fuera del ejido, comerciantes, usureros e intermediarios establecieron redes de control y dependencia de la producción ejidal. Circunstancias que ejemplifican esta problemática se escenificaron en el estado de Morelos a través del movimiento dirigido por el ex zapatista Rubén Jaramillo, quien luchó desde 1948 contra los caciques incrustados en la estructura de la cooperativa azucarera que fundó Lázaro Cárdenas en Zacatepec, y en donde no se aplicaban cabalmente los fines sociales y económicos de esta unidad cañera. La lucha llegó a aglutinar a más de seis mil campesinos y en su momento de mayor auge derivó en su expresión armada. Este movimiento, sin duda, representa uno de los pasajes más oscuros y cruentos de la historia del movimiento campesino contemporáneo, toda vez que López Mateos ofreció la amnistía a Rubén Jaramillo, además de prometerle la “solución” al conflicto cañero, sin embargo, el camino que realmente escogió el Estado fue claro; el día 23 de mayo, el líder, su esposa (embarazada) y sus tres hijos aparecieron asesinados en Xochicalco, Morelos, cuando horas antes se había conocido la noticia que con antelación habían sido secuestrados por el ejército. Los límites del “modelo desarrollista” El modelo “estabilizador” en el campo creó solamente beneficios a los grandes grupos económicos cerrando una etapa de auge hacia 1965, momento desde el cual el sector agrícola disminuyó su Producto Interno Bruto (PIB) de un 5% anual a 2.8%, hasta llegar a un grado deficitario; de ser una economía agro exportadora, se pasó a una economía importadora de alimentos. Por otro lado, el Estado forjó un antiagrarismo en el que se ubicó a amplios sectores que no encontraban alternativa a sus demandas sociales, 359 EL PROBLEMA RURAL EN LA COYUNTURA RECIENTE (1949-1982) Pr ue ba fin al Po rrú a dentro de estos núcleos se ubicaban los trabajadores agrícolas, sector que incluía a importantes agrupamientos del campesinado surgidos de la “inoperancia ejidal” y de la depauperización campesina, durante este periodo los índices de desempleo y la migración a los EUA son reveladores. Por otro lado la brecha abierta por la Revolución cubana, la llamada Alianza para el Progreso y el movimiento popular-estudiantil de 1968, constituyeron, entre otros, un conjunto de procesos que advertían la necesidad de un cambio en la concepción agrícola y agraria del Estado mexicano. México no fue la única sociedad impactada por el proceso cubano, el fenómeno influyó prácticamente en todo el continente; para los comunistas mexicanos de aquel periodo la experiencia cubana demostraba la viabilidad del socialismo en América y particularmente de su reforma agraria colectivizadora. El surgimiento de políticas como la ilusoria “Alianza para el Progreso” no representaron sino el temor de los EUA de que los principios revolucionarios del heroico pueblo de Cuba trascendieran en el continente. Al respecto valga recordar el “acuerdo” de la OEA (Organización de Estados Americanos) que como una auténtica oficina de negocios de los EUA, determinó imponer —ante el mundo— un cerco a la socioeconomía cubana, a cambio las agencias norteamericanas y el Departamento del Tesoro de los EUA, envió a sus “misiones de paz”, con el objeto de “brindar desarrollo” al subcontinente. En México, sin lugar a dudas, fue en 1968 cuando esta influencia tuvo sus expresiones más profundas, en donde si bien se manifestó el baluarte del movimiento estudiantil, aleatoriamente se expresaron también los campesinos, obreros, intelectuales etcétera, y en donde la izquierda mexicana —tanto fuera, como dentro del Partido Comunista— jugaron un importante papel. Es evidente que el Estado vivía un cisma de amplias dimensiones que requería de una profunda apertura y de aplicaciones concretas en la socioeconomía nacional, éste fue el papel que le correspondió desarrollar al ex secretario de gobernación de Díaz Ordaz, Luis Echeverría Álvarez. C. LA POLÍTICA AGRARIA DURANTE EL GOBIERNO DE LUIS ECHEVERRÍA ÁLVAREZ (LEA 1970-1976) Si bien disfrazado en una retórica populista e incluso “izquierdizante”, el gobierno echeverrista planteó una serie de transformaciones que buscaban atenuar los desequilibrios existentes en el campo mexicano. 360 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO El marco de la “nueva” estrategia agrícola se fundamentó en el denominado Plan Nacional Agrícola de LEA (1970-1976), documento que, entre otros argumentos, establecía: — La desaparición del Departamento de Asuntos Agrarios y Colonización (DAAC), y la creación de la nueva Secretaría de la Reforma Agraria (SRA). — Abrogación del Código Agrario de 1942 y promulgación de la Ley Federal de Reforma Agraria, así como la promulgación de la Ley de Crédito Rural y la Ley Federal de Aguas. — Brindar nuevo impulso a la colectivización ejidal, y — El incremento y distribución de nuevos recursos financieros para el agro. Pr ue ba fin al Po rrú a El DAAC, que cumplió su mejor momento como órgano administrativo agrario durante el cardenismo, llamaba a su profunda transformación. El Estado le había cambiado su vocación agrarista hasta convertirlo en un auténtico galimatías al que resultaba indescifrable incorporarse con transparencia; infinidad de burocracia, que a la postre solamente servía para denegar los expedientes agrarios. Así el DAAC, dio paso a la “flamante nueva Secretaría de la Reforma Agraria”, cuya política se inscribió en la readecuación de los órganos administrativos agrarios que buscan dar eficiencia al quehacer gubernamental. Para Luis Echeverría se trató de la “reforma aplicada a la Reforma Agraria”, a diferencia de sus dos antecesores, López Mateos (1960-1964) y Gustavo Díaz Ordaz (19641970), que crearon la ficción de una política rural integral guiada quizás en el “espíritu callista”. LEA aplicó un sentido de integración a su modelo rural, el cual, como un desarrollo equilibrado, pretendió generar nuevamente la autosuficiencia alimentaria, pero fundamentalmente se buscó aminorar la agudización de las contradicciones sociales. Estos fueron algunos de los factores más importantes que desembocaron en el advenimiento de la legislación agraria de la época. D. LA LEY FEDERAL DE REFORMA AGRARIA Este documento fue promulgado el 16 de marzo de 1971 por el presidente Echeverría; su aplicación corresponde a la visión tecnocrática del Estado, que en lo fundamental busca incrementar la producción de maíz y de otros cereales; curiosamente, desde dos décadas atrás, las fundaciones Ford y Rockefeller habían recomendado el objetivo agrícola del echeverrismo. Pero además de las fundaciones, los consorcios norteamericanos venían operando en consecuencia, buscando la reforma del Estado, se 361 EL PROBLEMA RURAL EN LA COYUNTURA RECIENTE (1949-1982) trató entonces de la inserción del capital estadounidense con el objeto de brindar créditos, financiamiento y apoyo a los campesinos pobres de México. La Agencia Interamericana de Desarrollo (AID) de los Estados Unidos señalaba hacia finales de la década de los años sesenta: Po rrú a Hemos aprendido en casa que el descuido de los pobres y desfavorecidos puede tener efectos explosivos. Es claro que esta lección debe ser aplicada a un mundo que es cada vez más interdependiente y que está en peligro de verse dividido entre una minoría muy rica y una mayoría de países pobres amargados y frustrados. Si los países ricos no proveen el margen crítico de asistencia, la frustración resultante será seguramente explotada políticamente en detrimento de nuestros intereses nacionales.9 A partir de 1965, la política de ayuda exterior da un viraje total. En lugar de regalar cereales, se incitaría a los países del Tercer Mundo a aumentar la producción, usando la asistencia técnica americana. Para 1968, la exportación de granos como ayuda había disminuido en un 45% y el presupuesto de la Agencia para el Desarrollo Internacional (AID), que iba a coordinar el nuevo proceso de exportación de conocimientos y tecnología, había aumentado de 170 a 600 millones de dólares.10 ba fin al Bajo esta concepción surgió la nueva Ley Federal de la Reforma Agraria, acorde con los tiempos de renovación de un Estado en crisis en toda su extensión: crisis del modelo económico, crisis del sistema social, y crisis agrícola y agraria. Pr ue 1. Análisis de los contenidos de la Ley Federal de Reforma Agraria (LFRA) Integrada por siete libros fue el instrumento reglamentario del artículo 27 constitucional, que se aplicó entre 1971 y 1992. Desde el punto de vista técnico jurídico, esta ley constituyó el ordenamiento más sistematizado (aunque no del todo aplicado) de la reforma agraria. Este documento, independientemente del ideario echeverrista, reabrió el sentido social del derecho agrario y representó, hacia finales de siglo, el último basamento legal de la lucha agraria. La LFRA no hizo sino dar congruencia (nuevamente), al perfil jurídico sustentado en el artículo 27 constitucional y por supuesto se acogió en este mismo sentido a lo que sus antecesores Códigos Agrarios habían estipulado sobre el reparto rural. Sin embargo, esta ley actualizó y 9 AID Introduction to Program, USA, 1969. 10 Paré, Luisa, “Revoluciones verdes para espantar revoluciones rojas”, en Cuadernos Agrarios, núm. 1, enero-marzo, 1976, p. 33. 362 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO eficientó la reiterada vía ejidal del capitalismo en la agricultura, quizás este fue el último llamado para buscar dentro de un sistema de acumulación, acomodo a una forma de tenencia sui generis, que habría sido “víctima” de múltiples vaivenes, digamos el ejido, como un hijo “bastardo” de la Revolución Mexicana. En realidad el Estado contaba durante este periodo con más de 26,000 ejidos, lo que en términos absolutos representaba casi la mitad de la superficie productiva del territorio nacional, es decir, aproximadamente 100,000 millones de hectáreas, por lo que era indispensable su readecuación. En su primera parte la LFRA precisaba a las autoridades agrarias. Al respecto el artículo 2o. señalaba que las autoridades agrarias eran: fin al Po rrú a I. El Presidente de la República; II. Los Gobernadores de los Estados y el Jefe del Departamento del Distrito Federal; III. La Secretaría de la Reforma Agraria; IV. La Secretaria de Agricultura y Recursos Hidráulicos; V. El Cuerpo Consultivo Agrario, y VI. Las Comisiones Agrarias Mixtas. Todas las autoridades administrativas del país actuarán como auxiliares en los casos en que esta ley determine.11 Pr ue ba Salvo la SRA, estas autoridades existieron desde la reforma que introdujo Abelardo L. Rodríguez al artículo 27 constitucional, más adelante precisaba la forma en que se integraban y funcionaban; al respecto se situaba un orden jerárquico en cuya base se encontraba el Ejecutivo Federal, teniendo como coadyuvatorias a las Secretarías de la Reforma Agraria y de Agricultura y Recursos Hidráulicos. Por otro lado, en la esfera de sus jurisdicciones se ubicaba a los gobernadores de los estados y el Jefe del Departamento del Distrito Federal (DDF). De las Comisiones Agrarias Mixtas se explicaba que estarían conformadas por un presidente, un secretario y tres vocales y cuya función sería la de ser órganos vinculados con los gobiernos de los estados, con el objeto de administrar la justicia agraria. Al referirse a las atribuciones de cada una de las autoridades la LFRA brindaba poder omnímodo al Ejecutivo y de él dependería la aplicación y planeación de la reforma agraria. Al respecto valga señalar, que por primera vez se acotó como facultad presidencial la de crear la zonas urbanas de los ejidos y comunidades. 11 Ley Federal de la Reforma Agraria, Editorial Porrúa, México, 1990, p. 3. 363 EL PROBLEMA RURAL EN LA COYUNTURA RECIENTE (1949-1982) Pr ue ba fin al Po rrú a En relación con los gobiernos de los estados, se les continuó manteniendo —como una de sus atribuciones— el de resolver en primera instancia los expedientes de dotación, ampliación, creación de nuevos centros de población ejidal y la de restitución y confirmación de tierras comunales; lo que en realidad hacia este periodo era ya realmente un mito, dado el auténtico carácter antiagrarista y reaccionario de la mayoría de los gobernadores que no hacían sino coadyuvar con los intereses de las grandes empresas y latifundios extranjeros en el marco de sus jurisdicciones. En realidad el reparto de tierras de este periodo obedeció a la actitud asumida por el movimiento campesino, que habría entrado en un franco ascenso. Tomas de tierras en las Huastecas, Puebla, Oaxaca; movilizaciones y plantones que incluían huelgas de hambre, tomas de oficinas, bloqueos de carreteras, marchas a la ciudad de México, etcétera. En los artículos 10 y 11 de la LFRA se establecían las funciones de la SRA y de la Secretaría de Agricultura y Recursos Hidráulicos a quienes correspondía aplicar la política agraria y agrícola, respectivamente, como dependencias del Ejecutivo Federal. Más adelante, se explicaban las atribuciones de las Comisiones Agrarias Mixtas, de las Delegaciones Agrarias y del Cuerpo Consultivo Agrario de la Nación. En realidad el conjunto de autoridades y sus atribuciones consignadas en la LFRA, ya aparecían años atrás, en los códigos de 1934, 1940 y 1942. Valga la pena señalar que fue en los mandos medios y en la base de este conjunto de organismos agrarios donde el Estado incorporó ciertos cambios, debido a las viejas prácticas anquilosadas, que además de constituir una “burocracia inalcanzable”, llegaron, inclusive, a vincularse con líderes campesinos corruptos, miembros de la CNC, y en algunos casos a relacionarse a los intereses de grandes latifundistas y de la burguesía terrateniente. A partir del artículo 17 en adelante la LFRA explicaba las características del ejido. Hasta 1976, esta institución no guardaba una definición formal, circunstancia no casual ya que hoy es muy importante reconocer que todo ordenamiento legal avanzado conceptúa debidamente cada uno de los elementos que lo integran; a nuestro parecer esta “indefinición” jurídica del ejido muestra la flexibilidad en que el Estado le ha manejado, ello independientemente de los procesos históricos en que se ha visto involucrada dicha forma de tenencia de la tierra. Sin embargo intentemos definir esta “institución” sui generis de la Revolución Mexicana, a nuestro parecer el ejido es una unidad de producción rural, ya sea parcelada o colectiva, cuyo fin es desarrollar la producción rural diversa, según sea su vocación agrícola, ganadera, forestal, acuícola, avícola, porcícola, etcétera. Y su naturaleza jurídica fue (entre 1915-1992) la de 364 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO Pr ue ba fin al Po rrú a un patrimonio familiar —campesino—, de carácter inalienable, inembargable e imprescriptible; y a partir de 1992 sus bienes parcelarios, áreas en común y sus solares urbanos para casa-habitación, guardan la probabilidad de ser enajenados o transmitidos. Así el ejido crea a una nueva persona jurídica, con personalidad y patrimonio propios. Desde luego que a esta interpretación habría que agregar aquella que es recurrente desde la óptica del derecho social y que coloca al ejido zapatista y cardenista bajo la concepción cosmogónica de los pueblos indios y campesinos. Al respecto, recordemos que las tierras reivindicadas por dichas corrientes revolucionarias recuperan, en buena medida, los usos y costumbres de cada zona o región del país, precisamente porque muchos ejidos florecieron en las diversas regiones étnicas de México. Así, el ejido representa también otro discurso civilizatorio, el de los indios y campesinos, en donde la tierra no es sólo un medio de producción sino un elemento de equilibrio para el ejidatario. Volviendo al análisis de la Ley de Reforma Agraria, encontramos que al final del Capítulo I se mencionaba al Comité Particular Ejecutivo, en virtud de ser la instancia de representación campesina encargada de iniciar un expediente agrario. Así, la otrora LFRA delimitaba cuales eran las funciones que correspondían desarrollar a dicho Comité, en realidad éste fue el órgano de representación campesino, que estando integrado por tres titulares y tres suplentes, organizados como presidente, secretario y tesorero respectivamente, se encargaban de representar y promover la acción agraria que correspondiera desarrollar al grupo solicitante de tierras, dentro de estas acciones se podrían encontrar las de dotación de tierras y aguas, la de creación de nuevos centros de población ejidal, la de fraccionamientos simulados, o la de ampliación ejidal. En el capítulo II de la LFRA se caracterizaba al ejido. En su artículo 22 se mencionaba que las autoridades internas del ejido eran: a) Las asambleas generales; b) Los comisariados ejidales, y c) Los consejos de vigilancia.12 Aquí es necesario precisar que el ejido era viable para su creación, en virtud de cubrir ciertos requisitos colectivos (a los que nos referiremos de manera más detallada, cuando observemos los aspectos relativos a los procedimientos agrarios), como por ejemplo contar, por lo menos con 20 campesinos o que el lugar desde el cual se promovía la acción 12 Estructura que como veremos se mantiene hasta nuestros días, ahora bajo los preceptos de la nueva Ley Agraria de 1992. 365 EL PROBLEMA RURAL EN LA COYUNTURA RECIENTE (1949-1982) Pr ue ba fin al Po rrú a agraria no fuera mayor de diez mil habitantes, entre otros, asimismo de manera individual, cada uno de los solicitantes tendría que comprobar su capacidad jurídica para ser beneficiado, al respecto, ser mexicano por nacimiento, no contar con un capital mayor a diez mil pesos, no haber cometido delitos contra la salud y dedicarse, como ocupación habitual, a las actividades del campo, este último constituía una aberración dado el fenómeno de proletarización o de migración. El ejido se creaba en virtud del reconocimiento agrario dado ante dos instancias, el gobernador y el presidente de la República, y se desarrollaba ante los órganos facultados a través de la Secretaría de la Reforma Agraria (SRA) y las Comisiones Agrarias Mixtas, los cuales asignaban dichos derechos. Formalmente, significaba dar fin a un expediente agrario, dado por el Ejecutivo Federal, el que reconocía los derechos de dicho núcleo agrario, a la posesión de una superficie de tierra, en virtud de una resolución presidencial que se publicaba en el Diario Oficial de la Federación. Dicha resolución indicaba la disposición gubernamental que creaba al nuevo ejido, incorporando el nombre del poblado beneficiado, el municipio y estado en que se ubicaba, de igual manera se enlistaba a los ejidatarios beneficiados, así como la superficie y colindancias del ejido. Además se acompañaba con su plano definitivo y el acta de posesión y deslinde que era el documento con el que las autoridades de la SRA entregaban materialmente —sobre el terreno— los derechos a los ejidatarios. En relación con las asambleas se instituyeron como el máximo órgano de representación del ejido, existían los siguientes tipos: Asambleas ordinarias: eran las que se efectuaban los últimos domingos de cada mes y se desarrollaban conforme a un orden del día establecido. Asambleas extraordinarias: aquellas que se verificaban y realizan por asuntos de carácter fortuito (heladas, pérdidas de cosechas, etcétera) y podrían efectuarse en cualquier momento. Asambleas de balance y programación, que correspondían a las reuniones cuyo fin era el de organizar la producción y planeación ejidal y se verificaban al fin de cada ciclo productivo o semestralmente. Consuetudinariamente dicho tipo de asambleas se siguen verificando, independientemente a las nuevas disposiciones de la Ley decretada en 1992 por el Presidente Carlos Salinas. La LFRA prevenía como criterio de legalidad para el cabal cumplimiento de las asambleas: 1. Que fuera convocada por el comisariado ejidal, colocando cédulas en los lugares más visibles del ejido, en los que se indicaba el orden del día. 366 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO 2. Que el quorum mínimo por primera convocatoria debería ser del 50% más uno de los ejidatarios. 3. Por segunda convocatoria, sería legal la asamblea con el número de ejidatarios que concurriera a dicha reunión. En la práctica, esta circunstancia determinó el abuso cometido por ciertos comisariados ejidales, al tomar solamente acuerdos cupulares que no eran del conocimiento de sus bases sociales. ue ba fin al Po rrú a Los comisariados ejidales y de bienes comunales constituyen el poder ejecutivo del ejido y la comunidad y su función es la de acatar y aplicar los acuerdos de las asambleas ejidales y en su caso comunales. Este órgano de representación interna del ejido y de la comunidad se integra y se mantiene en la actualidad por un presidente, un secretario y un tesoro, quienes cuentan con sus respectivos suplentes a los que corresponde intervenir en ausencia de los titulares. Este comisariado era elegido democráticamente en asamblea ejidal en la que se votaba por dos planillas, a la ganadora le correspondería ocupar al comisariado ejidal y a la perdedora el consejo de vigilancia, este último tenía y tiene como función la de supervisar los actos que realiza el comisariado ejidal y se integra también con los mismos cargos, es decir, presidente, secretario y tesorero, con sus respectivos suplentes. Como asentábamos, a diferencia de los códigos agrarios que le antecedieron, la LFRA estableció una demarcación “moderna” de la estructura ejidal al incorporar dos nuevas estructuras, estas fueron: Pr La zona urbana; se refiere a los asentamientos humanos en los solares urbanos y supuestamente a la concentración de servicios (agua, luz, drenajes, etcétera), originalmente se disponía de 2000 m2 a efecto de que el ejidatario construyera su vivienda. Aparentemente la intención del Estado al crear esta nueva área ejidal fue la de establecer el ordenamiento territorial, aspecto trascendente que, sin embargo, no fructificó plenamente por factores de tipo cultural, al respecto algunas etnias del país e incluso diversos núcleos de campesinos guardaron la costumbre de vivir cerca de su milpa o parcela, lo que devela circunstancias de vida diferenciadas a la propuesta estatal. Unidad Agrícola e Industrial para la Mujer (UAIM). La UAIM fue una iniciativa para forjar en los nuevos ejidos, una superficie en la cual la mujer desarrollara diversas actividades económicas, logrando obtener un complemento económico a la débil economía ejidal. Además se pensó representaría una alternativa para independizar a la mujer, sin embargo, 367 EL PROBLEMA RURAL EN LA COYUNTURA RECIENTE (1949-1982) el resultado no se hizo esperar ya que en múltiples casos el varón explotaba a la mujer en casa y además le arrebataba sus ganancias obtenidas en la UAIM. ue ba fin al Po rrú a La organización económica del ejido echeverrista (libro III), no sale de las configuraciones que otrora le impusieran las anteriores administraciones, al respecto encontramos: Se mantiene la figura del ejido provisional (en el que aún no se resuelve a plenitud su situación legal). Este aspecto dio paso a las llamadas “posesiones precarias”, o incluso a que muchos ejidos únicamente aparecieran en la estadística gubernamental (increíblemente) como “tierras dotadas”. Hoy sabemos que la gran mayoría de gobiernos postcardenistas “inflaron los datos del reparto agrario” aparentando demagógicamente que el Estado habría distribuido con suficiencia diversas superficies. En realidad los ejidos provisionales tenían amparos promovidos en su contra por latifundistas y empresas transnacionales. La planeación de la producción rural dependía de los lineamientos que establecía el Estado. Este ha sido uno de los aspectos más criticados en relación al control que asumió el gobierno en las economías ejidales, en las que “de por vida” quedaron sujetos a las determinaciones gubernamentales. En cada región se produciría lo que establecían los planes y programas, de esta manera, los créditos, la habilitación, el refaccionamiento, la adquisición de semilla mejorada, la incorporación de maquinaria e infraestructura, se brindaba bajo la égida del control gubernamental. Pr En el artículo 131 de la LFRA, el echeverriato reincorporó como instrumento de política agraria a la organización colectiva del ejido, al respecto la ley precisaba: El presidente de la República determinará la forma de explotación colectiva de los ejidos en los siguientes casos: I. Cuando las tierras constituyan unidades de explotación que no sea conveniente fraccionar y exijan para su cultivo la intervención conjunta de los componentes del ejido; II. Cuando una explotación individual resulte antieconómica o menos conveniente por las condiciones topográficas y la calidad de los terrenos por el tipo de cultivo que se realice; por las exigencias en cuanto a maquinaria, implementos e inversiones de la explotación; o porque así lo determine el adecuado aprovechamiento de los recursos; III. Cuando se trate de ejidos que tengan cultivos cuyos productos están destinados a industrializarse y que constituyen zonas productoras de las materias primas de una industria. En este caso, independientemente del precio de la materia prima que proporcionen, los ejidatarios tendrán 368 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO derecho a participar de las utilidades de la industria, en los términos de los convenios que al efecto se celebren; y IV. Cuando se trate de los ejidos forestales y ganaderos a que se refiere el artículo 225. Pr ue ba fin al Po rrú a Por otro lado, se avizoraba la posibilidad de diversificar la producción desarrollando la agroindustria (artículos 143-144) o actividades forestales, de pesca, minería, acuacultura, entre otras (artículos 144-145). Como se sabe, en los hechos el Estado impulsó la colectivización ejidal en regiones otrora de influencia cardenista, como la Chontalpa tabasqueña, los Valles del Yaqui y Mayo en el Estado de Sonora, en el norte de Sinaloa en el corredor ubicado entre la población del Fuerte y Choix, ya fuese rehabilitando la obra cardenista o incluso creando nuevos ejidos, como así sucedió en el caso del sur de Sonora, en el que las organizaciones campesinas como el Frente Campesino Independiente (FCI) y la Central Campesina Revolucionaria Independiente (CCRI) forzaron el reparto agrario de diversos fraccionamientos simulados. Más adelante la LFRA (libro segundo, capítulo tercero) se refería al sistema de crédito, el cual estuvo relacionado con la promulgación de la Ley General de Crédito Rural. Se consideraba al ejido como persona jurídica, sujeto de crédito, al igual que los ejidatarios individualmente podrían acceder a préstamos (artículo 156) y en cuyo caso correspondía al comisariado ejidal la gestión ante los órganos de Estado. Valga señalar que los bienes del ejido se consideraban como inembargables, derivados de algún endeudamiento ejidal, sin embargo, la cosecha o producción en general sí podría ser afectada, por las instituciones financieras. La LFRA incorporaba la figura de las uniones de crédito (artículo 162) con el objeto de hacer “viable el financiamiento ejidal”. En los capítulos IV y V se delimitaba el manejo del fondo común de los ejidos y comunidades, así como la existencia del Fondo Nacional de Fomento Ejidal, cuyo objetivo era el de fortalecer el ahorro y autofinanciamiento productivo de los ejidos. El libro tercero de la LFRA cerraba con los capítulos VI, VII, y VIII en los cuales se establecían los fines de la comercialización, distribución de la producción rural, el fomento a las industrias rurales, las garantías y preferencias de que gozaban los ejidos y comunidades. En particular podemos resaltar la importancia que durante este periodo se le dio al desarrollo de las industrias rurales. Al igual que los códigos agrarios, la parte medular de la LFRA lo fue su libro cuarto en el cual quedó consignado el tema relativo a la redistribución de la propiedad agraria. A tal efecto, se mantuvieron las acciones 369 EL PROBLEMA RURAL EN LA COYUNTURA RECIENTE (1949-1982) Pr ue ba fin al Po rrú a agrarias de restitución de tierras bosques y aguas, la dotación de tierras y aguas, las ampliaciones ejidales, la creación de nuevos centros de población ejidal, la de fraccionamientos simulados y en el caso de las comunidades indígenas, las de confirmación y titulación de bienes comunales y la de restitución de tierras, con sus concomitantes procedimientos. En su parte sustantiva la LFRA explicaba las características que fundamentaban a cada una de dichas acciones, de la siguiente manera: — La restitución correspondía a los grupos indígenas que habían sido privados de sus tierras comunales, por cualquiera de los actos que señalaba el artículo 27 constitucional. Sin embargo la ley delimitaba en qué casos no serían afectados por vía de restitución, determinados bienes (artículos 193-194).13 — La dotación, la cual hemos caracterizado como la solicitud que emprendía un grupo, legalmente conformado y con capacidad jurídica a efecto de verse beneficiado con el reconocimiento de derechos agrarios; por supuesto que la LFRA también señalaba qué bienes podrían ser objeto de afectación y consecuentemente cuáles serían inafectables. — La ampliación se mantuvo como un procedimiento agrario inherente a los “derechos a salvo” de miles de solicitantes rurales. El artículo 197 precisaba que la ampliación sería procedente cuando la unidad de dotación fuera menor a la legalmente estipulada. — La acción de nuevos centros de población se fundó en la política colonizadora del Estado. — La de fraccionamientos simulados cuyo fin era la de comprobar la existencia de excedentes agrarios en manos de latifundistas, los que serían afectados en beneficio de los núcleos solicitantes. — La creación de nuevos centros de población ejidal, que fue muy criticada ya que si bien sirvió para redistribuir la propiedad, también desvió la demanda campesina en virtud de que la entrega de tierras se podría realizar en cualquier parte de la República, fue así como surgieron diversos ejidos en el sur y sudeste del país, muchos de ellos a la postre fueron abandonados (Estado de Quintana Roo). — La de confirmación y titulación de bienes comunales, que correspondió a la promoción que realiza una población indígena que no cuenta 13 Dos casos que se gestaron durante este periodo, correspondieron a los lacandones de Chiapas y el pueblo seri de Sonora, a quienes se les reconoció el usufructo, en el primer caso, de una parte de la selva lacandona y de la Isla del Tiburón respectivamente. Sin embargo, a lo largo de este trabajo hemos observado de forma peculiar, que han sido los pueblos indios el sector eternamente negado en reivindicar sus derechos agrarios e incluso territoriales. 370 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO con el reconocimiento legal, al haberse mantenido, históricamente como un asentamiento de hecho. En este caso la LFRA, insistió en exigir como requisito probatorio, contar con títulos de propiedad, lo que resulta inicuo por los factores socio históricos señalados a lo largo de este trabajo. Según el capítulo segundo en relación con todas las acciones agrarias mencionadas, la capacidad jurídica de los núcleos de población, a efecto de ser reconocidos como posibles sujetos colectivos de derechos agrarios, deberían de ubicarse bajo los siguientes supuestos: Po Más adelante se indicaba: rrú a Artículo 195.—Los núcleos de población que carezcan de tierras, bosques o aguas o no las tengan en cantidad suficiente para satisfacer sus necesidades, tendrán derecho a que se les dote de tales elementos, siempre que los poblados existan cuando menos con seis meses de anterioridad a la fecha de la solicitud respectiva. Pr ue ba fin al Artículo 196.—Carecen de capacidad para solicitar dotación de tierras, bosques o aguas: I. Las capitales de la República y de los estados; II. Los núcleos de población cuyo censo agrario arroje un número menor de veinte individuos con derecho a recibir tierras por dotación; III. Las poblaciones de más de diez mil habitantes según el último censo nacional, si en su censo agrario figuran menos de ciento cincuenta individuos con derecho a recibir tierras por dotación; y IV. Los puertos de mar dedicados al tráfico de altura y los fronterizos con líneas de comunicaciones ferroviarias internacionales. Mientras que la capacidad jurídica para ser ejidatario se consignaba en los artículos 200-202 los que a la letra señalaban: Capítulo II Capacidad individual en materia agraria Artículo 200.—Tendrá capacidad para obtener unidad de dotación por los diversos medios que esta ley establece, el campesino que reúna los siguientes requisitos: I. Ser mexicano por nacimiento, hombre o mujer mayor de dieciséis años, o de cualquier edad si tiene familia a su cargo; II. Residir en el poblado solicitante por lo menos desde seis meses antes de la fecha de la presentación de la solicitud, excepto cuando se trate de la creación de un nuevo centro de población o del acomodo en tierras ejidales excedentes. 371 EL PROBLEMA RURAL EN LA COYUNTURA RECIENTE (1949-1982) III. Trabajar personalmente la tierra como ocupación habitual.14 IV. No poseer a nombre propio y a título de dominio tierras en extensión igual o mayor al mínimo establecido.15 V. No poseer un capital individual en la industria, el comercio o la agricultura, mayor del equivalente a cinco veces el salario mínimo mensual fijado para el ramo correspondiente. VI. No haber sido condenado por sembrar, cultivar o cosechar marihuana, amapola o cualquier otro estupefaciente y VII. Que no haya sido reconocido como ejidatario en ninguna otra resolución dotatoria. Pr ue ba fin al Po rrú a En los artículos 201 y 202 se precisaba que podían ser considerados, incluso primigeniamente, como solicitantes de tierra los alumnos que terminaran sus estudios en escuelas de enseñanza agrícola a nivel medio superior, como así ocurría en el caso de la Escuelas Técnicas Agropecuarias y los peones acasillados que trabajaban en los latifundios, en el primer caso se buscaba incorporar a sectores capacitados en la agricultura, aunque también permite observar el problema del desempleo rural, enmarcado por la crisis socioeconómica de este periodo. El criterio de afectación para considerar el reconocimiento de derechos agrarios —otrora planteado en los códigos agrarios— se refería a todas aquellas fincas ilegales que se ubicaran en un radio de hasta siete kilómetros a la redonda, los que se contabilizaban del lugar más densamente poblado, desde donde el núcleo solicitante iniciaba el expediente de dotación. En relación con la acción de ampliación su pertinencia dependía de que existieran, en la zona contigua al ejido promotor, fincas o tierras en posibilidad de ser afectadas, solamente podrían existir dos ampliaciones. Y la acción de nuevos centros, como mencionábamos, se forjaba en lugares distintos a los que habitaba grupo solicitante, operando, más bien, como una política de colonización. En el Capítulo VIII la LFRA delineó, conforme al artículo 27, a que bienes se les concebía como inafectables, y cuyo parámetro era el de la llamada pequeña propiedad en explotación, que no rebasará los siguientes límites: I. Cien hectáreas de riego o de humedad de primera, por doscientas de temporal, cuatrocientas de agostadero y ochocientas de cerril. 14 Este requisito evidentemente resultaba contradictorio, toda vez que quienes emprendían los procedimientos agrarios se encontraban carentes de medios de producción. 15 La ley advirtió que la unidad parcelaria ejidal, durante este periodo, es la que correspondería en un máximo de dotación por ejidatario de hasta 10 hectáreas en terrenos de riego o humedad de primera, por veinte de temporal, por cuarenta de agostadero, por ochenta de cerril (artículo 220 LFRA). 372 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO II. Hasta ciento cincuenta hectáreas dedicadas al cultivo de algodón, si recibían riego de avenida fluvial o por sistema de bombeo. III. Hasta 300 hectáreas en tierras de riego cuando se dediquen a la agro exportación. IV. La superficie que no excediera de la necesaria para mantener hasta 500 cabezas de ganado mayor o sus equivalentes en ganado menor. V. Los bienes nacionales, que por cuyas características son inalienables e imprescriptibles. Pr ue ba fin al Po rrú a En realidad en México la pequeña propiedad ha sido un mito, dígase desde su adecuación jurídica hasta su demarcación socioeconómica, al respecto habría que advertir qué interés inspiró al legislador al referir a la propiedad privada bajo la idea de constituir una supuesta “pequeña propiedad”, cuando en los hechos se trata del goce de amplias superficies agrarias. Así por ejemplo, bajo este supuesto legal, dicha pequeña propiedad podría ubicarse en márgenes de hasta ochocientas hectáreas de agostadero, o en la actualidad hasta dos mil quinientas hectáreas de riego, o en su caso, cuando los capitalistas agrarios han infringido la ley y a través de presta nombres o fraccionamientos simulados gozan de extensiones inconmensurables de tierras. Aspecto al que además tendríamos que agregar la debacle ecológica determinada por la vía de crecimiento capitalista en el campo, que tan sólo ha beneficiado a la gran propiedad, como así sucedió en las zonas de manglar, la contaminación de ríos, el exterminio de diversas especies y lo más doloroso, la expulsión de diversos grupos étnicos de sus lugares de origen. El artículo 250 precisaba que la superficie que debería considerarse como inafectable se determinaría computando una hectárea de riego, por dos de temporal, por cuatro de agostadero y ocho de cerril. Un dato develador del sentido proteccionista y proclive al desarrollo de la propiedad privada rural, y que se convirtió en un lastre en la aplicación de la reforma agraria, es el que correspondió a que los “dueños afectados”, es decir, aquellos que habían actuado desde la ilegalidad en el régimen de propiedad nacional, al ser afectados, tendrían derecho a determinar aquellas superficies agrarias que —constituyendo una sola unidad topográfica— integrarían, su “auténtica” pequeña propiedad reducida. Obviamente esto se aplicó dentro de las tierras de mejor calidad. La LFRA señalaba, además, que los “pequeños propietarios” tendrían derecho a que se les expidieran sus certificados de inafectabilidad (art. 257), de las “tierras ajustadas”. Además, en la LFRA se conservó el criterio de no afectar la infraestructura agrícola, aspecto superado por don Lázaro Cárdenas, al respecto el artículo 262 establecía: En casos de afectación agraria, el propietario podrá conservar dentro de la superficie a que se refiere el artículo 253: 373 EL PROBLEMA RURAL EN LA COYUNTURA RECIENTE (1949-1982) al Po rrú a —Los edificios de cualquier naturaleza, siempre que no estén abandonados o presten servicios a la finca afectada; —Las obras hidráulicas que en seguida se enumeran: a. Las presas y vasos de almacenamiento, pero no los terrenos inundados que se dediquen regularmente al cultivo; b. Las obras de derivación, tales como presas, vertederos, bocatomas, obras limitadoras etcétera; c. Las obras de conducción, tales como túneles, canales, acueductos, tuberías, etcétera; d. Las galerías filtrantes; e. Las obras de mejoramiento de manantiales; f. Las instalaciones de bombas; y g. Los pozos, siempre que estén prestando servicio a la finca afectada. Para excluir de las dotaciones las obras de que habla esta fracción, es indispensable que se destinen a regar tierras que no formen parte del ejido, o que sirvan para regar tanto las tierras afectadas como las que queden en poder de los propietarios. III. Las cercas de alambre instaladas en terrenos dotados, cuando pertenezcan a los arrendatarios, medieros, etcétera, así como las que sirvan de linderos entre ejidos y propiedades; en este caso serán respetadas por ambas partes.16 Pr ue ba fin El libro cuarto de la LFRA cerraba con el título cuarto (arts. 267 y 268) que se refería a los llamados bienes comunales, a los cuales se les ubica de manera marginal aludiendo únicamente la posibilidad de gozar en común de sus tierras y aguas; y el título quinto que se refería al concepto de rehabilitación agraria (arts. 269-271). El derecho adjetivo o el procedimiento correspondiente a cada una de las acciones agrarias se sustentó en el libro quinto de la LFRA (artículos 272 al 441). Los aspectos fundamentales que se trazaron en este apartado son: — Se plantea a las acciones de restitución, dotación y ampliación de tierras y aguas como biinstanciales, iniciando ante las delegaciones agrarias de la SRA (que se ubicaban en cada una de las entidades federativas) con la coadyuvancia del ejecutivo local y cerraba con el presidente de la República, que contaba con sus órganos especializados, a través de la SRA y el cuerpo consultivo agrario de la Nación. — Se daban términos perentorios que en promedio no rebasarían los seis meses a efecto de cerrar un expediente agrario. — Toda solicitud debería de publicarse en el Diario Oficial de la entidad. 16 LFRA, op. cit., p. 105. 374 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO Pr ue ba fin al Po rrú a — La delegación agraria de la SRA, en coordinación con la comisión agraria mixta, dictaminaría la viabilidad del expediente en términos de la capacidad jurídica del grupo y de los solicitantes. — Se verificaba por el comisionado (s) de la delegación agraria los trabajos técnicos informativos, consistentes en el estudio de predios afectables en un radio de siete kilómetros. — Si existiesen predios afectables la comisión agraria mixta debería notificar a los propietarios. — El ejecutivo local establecería dictamen, que de ser positivo, permitiría la posesión provisional del grupo agrario solicitante, turnándolo al presidente de la República, con el objeto de que en segunda instancia la SRA y el cuerpo consultivo emitieran un dictamen y, en su caso, el Presidente emitía su resolución que se publicaba en el DOF. — En el caso particular de la acción de restitución se realizaba un estudio específico de los documentos (probablemente títulos) que exhibían las comunidades, con el objeto de que se realizara un estudio paleográfico. La LFRA señalaba que de no proceder la acción de restitución (art. 282) correspondería, de oficio, la acción de dotación. — La ejecución de las resoluciones presidenciales (art. 307) se notificaba a las partes involucradas, remitiendo copias a las autoridades, incluyendo el registro de la propiedad y la dirección del registro agrario nacional de la SRA, además se levantaba el acta de posesión y deslinde de las tierras concedidas que correspondía a la ubicación e identificación de cada una de las partes en que se subdividía el ejido, que durante este periodo fueron las siguientes: a. Las tierras de labor. Dependiendo la vocación de los suelos, se podría tratar de un ejido ganadero, forestal, o de usos agrícolas; b. La parcela escolar. Establecida por Lázaro Cárdenas, y cuyo uso se ligaba a enseñar a los hijos de los ejidatarios científicamente el proceso productivo agrícola. Los productos obtenidos en la parcela se incorporaban al fondo de la administración escolar; c. La unidad agrícola e industrial para la mujer. Que en algunos estados de la República, como Yucatán, Tabasco y Puebla, sí cumplió su objeto de independizar económicamente a la mujer. d. La zona de urbanización. En la que además de las casas de los ejidatarios se ubicaban los servicios del ejido, en ocasiones el Estado fomentó la creación de zonas urbanas que abarcaron varios ejidos, como así aconteció con los ejidos colectivos del sur de Sonora y norte de Sinaloa. En este ámbito es importante precisar, 375 EL PROBLEMA RURAL EN LA COYUNTURA RECIENTE (1949-1982) fin al Po rrú a que independientemente del carácter intransmisible que guardaron los bienes ejidales, en el caso de la zona urbana, existió una excepción a la regla, que correspondió a las casas y terrenos de los ejidatarios, los cuales sí podrían ser objeto de compraventa u otro tipo de contrato, para ello el ejidatario debería de comprobar haber vivido durante un lapso de dos años y contar con el certificado del solar, el cual amparaba dicha propiedad; y, e. Las áreas en común. Que correspondieron a superficies de bosques, selvas, etcétera y cuyo uso correspondía a la totalidad de los ejidatarios. — La acción de nuevos centros de población, constituiría una continuación de la acción de dotación, en caso de que ésta fuese negativa (capítulo VII del libro quinto) este procedimiento era bajo una sola instancia, es decir, se realizaba ante la jurisdicción del Ejecutivo Federal. — La acción de reconocimiento, titulación y deslinde de bienes comunales se realizaba ante la SRA respecto de las “comunidades de hecho”, es decir, aquellas que no contaban con documentación legal. De ser positiva la solicitud, previo dictamen del cuerpo consultivo agrario, el Presidente emitiría la resolución presidencial respectiva. Pr ue ba En el libro sexto se incorporaba un aspecto trascendente en el significado del régimen de propiedad, el que se refiere al Registro Agrario, cuyos antecedentes se remontan a la influencia novo hispana que creó el Archivo de Indias en Sevilla, así como el Archivo de Notarías en la Nueva España y otras provincias y su ramo de bienes de comunidad. La expresión moderna de dicha institución se originó con la creación del Archivo General Agrario que tuvo su origen en la ley del 6 de enero de 1915. En la actualidad esta oficina, dependiente de la SRA y desde luego, ligada al Registro Agrario Nacional alberga 1,102,697 expedientes que dan cuenta del catastro y operación de la cuestión agraria en México. Esta información comienza a ser sistematizada y analizada para su comprensión en el año de 1995, tarea aun sin concluir, y ha correspondido efectuarla al Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS).17 La SRA contó con la Dirección General del Registro Agrario cuya función —reglamentada en los artículos 442-457— fue la de inscribir los derechos de ejidatarios, comuneros y “pequeños propietarios”, entre 17 Cf. Embriz, Arnulfo, et al., Guía del Archivo General Agrario, SRA, Registro Agrario Nacional, CIESAS, México, 1998. 376 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO Pr ue ba fin al Po rrú a otros, sobre tierras, bosques, pastos o aguas (art. 443). Este registro es público y en consecuencia todo ciudadano tendría acceso a su información. La LFRA cierra con su libro séptimo que se refiere a la responsabilidad en materia agraria (artículos 458-475) en el cual se establecían los delitos, faltas y sanciones en que incurrirían las autoridades agrarias, empleados, y otros órganos y personas partícipes en la administración de la justicia agraria. Como observamos la LFRA constituyó un documento avanzado en el ámbito del derecho agrario social, el cual independientemente de la actitud gubernamental y de las diversas resistencias de los grupos de poder, gozó de cierta aplicación. En los hechos, fue el movimiento campesino independiente del Estado quien forzó a la reivindicación agraria. Argumento de singular relevancia de este periodo lo representó, una vez más, la viabilidad en su aplicación y desarrollo que demostraron las economías campesinas, cuya alternancia con el régimen estrictamente capitalista, contra todo lo que ello significaba fue factible. En relación con la aplicación concreta de la LFRA no quisiéramos dejar inadvertida nuestra experiencia profesional, en virtud de que en buena medida ésta se desempeñó en el marco del reparto agrario. Los casos que nos correspondió conocer se ubicaron, fundamentalmente en los estados de Sonora, Sinaloa, Tlaxcala, Puebla, Oaxaca, México, Morelos, Veracruz y Tabasco, muestra ampliamente representativa del espectro agrario nacional en que se aplicó esta política gubernamental y su respectiva juridicidad agraria. En promedio cada uno de estos procesos contaba con más de veinticinco años de iniciado y en algunos casos, quienes originalmente los realizaron habían muerto, siendo continuados por sus familiares, o por nuevos solicitantes que eran aceptados en el grupo promotor. En realidad el seguimiento de las acciones agrarias rebasaba su marco jurídico, que aparentemente correspondía a un término promedio de solamente seis meses para traducirse en un fenómeno político. La SRA representó siempre una barrera infranqueable, cuyos servicios representaban un complejo sistema de ocultamiento del reparto agrario. Esta circunstancia derivó en el desgaste de los grupos solicitantes de tierras, los que se debatían en la más profunda miseria y desesperación. Es inimaginable lo que costaba, materialmente, la organización de estos núcleos; traslados de sus comisionados a cada una de las capitales de los estados, cuando no a la ciudad de México, erogación de recursos para resistir en ocasiones por meses, bajo la penuria en la incongruente y entrampada “tramitología” en que estaba convertida la Secretaría de la Reforma Agraria. La política de la SRA se caracterizó por la alianza del Estado con los latifundistas, para desviar el reparto agrario (no olvidemos incluso que algunos 377 EL PROBLEMA RURAL EN LA COYUNTURA RECIENTE (1949-1982) ex secretarios de la SRA fueron latifundistas, aspecto que también aconteció con diversos gobernadores, ex Presidentes y diversas autoridades). De ahí que en nuestra experiencia sea una perfecta incongruencia que el Estado presuma el debido cumplimiento de la reforma agraria, cuando en los hechos existió tan sólo relativamente. 2. Algunos aspectos de la Ley Federal de Aguas (1972)18 Pr ue ba fin al Po rrú a Vinculada con la política agraria, el Estado “impulsó” la concerniente a las aguas, aspecto fundamental y cuyo énfasis se dirigió a establecer un sistema de cuotas que valorara debidamente el líquido. Esta legislación representó, en su momento, el documento más acabado que sobre la materia hidráulica se haya elaborado. Con esta ley fueron abrogadas, entre otras, la Ley de Aguas de Propiedad Nacional del 30 de agosto de 1934; la Ley de Riegos del 30 de diciembre de 1946; la Ley Federal de Ingeniería Sanitaria del 30 de diciembre de 1947; la Ley de Cooperación para Dotación de Agua Potable a los Municipios del 15 de diciembre de 1956; y la Ley Reglamentaria del Párrafo Quinto del Artículo 27 Constitucional Referente a Aguas del Subsuelo, del 29 de diciembre de 1956. La política hidráulica y su respectiva juridicidad son una aplicación del Ejecutivo Federal, en aquel entonces correspondió a Luis Echeverría, quien a su vez facultó a su dependencia del ramo, la Secretaría de Agricultura y Recursos Hidráulicos (SARH) para su organización y regulación. Los artículos 5 y 6 de la Ley de Aguas de 1971 definieron cuáles eran las aguas de propiedad del Estado; el artículo 27 estableció la prelación en el uso de las aguas señalando sucesivamente los servicios domésticos, públicos urbanos, abrevaderos de ganado, de riego agrícola, ejidales y comunales, de propiedad privada y, finalmente, los industriales; el artículo 56 dispuso que nadie podría tener derecho al servicio de riego en uno o más nuevos distritos, si ya era propietario o poseedor de 20 o más hectáreas de riego, en cualquier lugar de la República. En general, el espíritu de este ordenamiento se adecua al marco de reforma agraria que ante la crisis agrícola y agraria venía impulsando el Estado mexicano en el primer lustro de los años setenta.19 De manera 18 Diario Oficial, enero 11 de 1972. 19 En la exposición de motivos para la iniciativa de la Ley Federal de Aguas, se señala la necesidad de una nueva legislación en materia de aguas, con el objeto de que la legislación dispersa y variada como lo eran la Ley de Aguas Propiedad Nacional, la Ley de Riegos, la Ley Federal de Ingeniería Sanitaria, la Ley de Cooperación para la Dotación de Agua Potable a 378 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO particular encontramos que el artículo 3 de la ley plasmaba los siguientes aspectos: Pr ue ba fin al Po rrú a Se declaran de utilidad pública: I. La formación y actualización permanente del inventario de los recursos hidráulicos del país. II. Los estudios y trabajos necesarios para la formulación de los proyectos de obras hidráulicas. III. Las obras de riego, drenaje, desagüe, control de avenidas y defensa contra inundaciones de poblaciones y de terrenos agrícolas. IV. Las obras de infiltración para conservar y reabastecer los mantos acuíferos. V. La derivación de las aguas de una cuenca o región hidrográfica hacia otras. VI. Las obras y servicios de agua potable y alcantarillados. VII. El aprovechamiento de las aguas propiedad de la Nación, para generación de energía eléctrica destinada a servicios públicos. VIII. La regulación de la distribución de las aguas de propiedad nacional (incluidas las limitaciones de extracción y vedas de las aguas subterráneas. IX. La protección, mejoramiento y conservación de cuencas, cauces, vasos y acuíferos. X. La explotación, uso o aprovechamiento de las aguas de los vasos de almacenamiento y demás depósitos de propiedad nacional que se forman por cualquier causa. XI. Las obras hidráulicas destinadas a preservar y mejorar las condiciones ecológicas para el desarrollo de la fauna y flora acuáticas, en corrientes, lagos, lagunas, vasos y esteros. XII. El establecimiento de distritos de riego, unidades de riego para el desarrollo rural, distritos de drenaje y protección contra inundaciones y distritos de acuacultura. XIII. La compactación de las tierras ejidales, comunales y de propiedad privada en los distritos de riego, para el más racional y equitativo aprovechamiento del agua. XIV. Las obras hidráulicas destinadas a propiciar la formación, conservación y mejoramiento de la calidad de los suelos para usos agropecuarios. XV. La formación, revisión, modificación y manejo de los padrones de usuarios. XVI. La adquisición de las tierras y de los demás bienes inmuebles que sean necesarios para integrar las zonas de riego, drenaje y protección. los Municipios y la Ley Reglamentaria del Párrafo Quinto del Artículo 27 Constitucional en Materia de Aguas del Subsuelo, fueran incorporados en una nueva ley y, asegurando que el nuevo instrumento jurídico regulara racionalmente el aprovechamiento del agua, para procurar un desarrollo económico y social justo. Cf. Palacios, Enrique, Documento de análisis (interno), mimeo, FAO, 1994, p. 37. 379 EL PROBLEMA RURAL EN LA COYUNTURA RECIENTE (1949-1982) rrú a XVII. La formación de poblados y la ejecución de obras para sus servicios públicos en los casos en que por razón de obras hidráulicas, se afecten centros de población. XVIII. El aprovechamiento de canteras, depósitos y yacimientos de materiales para obras hidráulicas y las que se deriven de ellas. XIX. La adquisición de obras hidráulicas de propiedad privada, cuando sea necesario incorporarlas a un sistema general y de aguas salubres interiores. XX. La prevención y el control de la contaminación de las aguas, cualquiera que sea su régimen legal, en los términos de la Ley Federal para Prevenir y Controlar la Contaminación Ambiental, y demás disposiciones aplicables; y XXI. La adquisición de los bienes que se requieran para la construcción, rehabilitación, mejoramiento, operación, conservación y desarrollo de las obras hidráulicas y demás instalaciones conexas a que se refiere esta ley, así como la construcción de vías de comunicación necesarias para su desarrollo y explotación.20 Po Al referirse a la aplicación de la ley, el texto establece, entre otras, las disposiciones que competen al Ejecutivo Federal (artículo 16). ue ba fin al IV. Reglamentar las extracciones de las aguas y decretar zonas de veda a que se refiere el artículo 7. V. Establecer, por decreto, los distritos de riego, los de drenaje y protección contra inundaciones y los de acuacultura. VI. Fijar las cantidades que deban recuperarse por las inversiones del gobierno federal, en la construcción de obras hidráulicas. Pr El artículo 17 señalaba las atribuciones de la Secretaría dentro de las cuales es importante referir que la fracción IV, la cual además de establecer la concesión y el permiso, actos jurídicos mediante los cuales los particulares usaban y aprovechaban aguas del dominio público, precisaba a la categoría jurídica de la asignación, cuya naturaleza legal se diferencia de la concesión y el permiso al ser una institución a través de la cual pueden ser aprovechadas las aguas propiedad de la Nación por los organismos del sector público, gobiernos estatales y municipales. La fracción X del mismo precepto estipulaba: “X. Organizar y manejar la explotación de los sistemas nacionales de riego con la intervención de los usuarios, en los términos de esta ley y demás disposiciones legales aplicables, y de la Secretaría de la Reforma Agraria, para coordinar las posibilidades de riego en la producción agrícola”. 20 Ley Federal de Aguas, Editorial Porrúa, México, 1972, p. 3. 380 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO El título segundo al referirse a la explotación, uso o aprovechamiento de las aguas planteaba en el artículo 22: Los particulares y las sociedades constituidas conforme a las leyes mexicanas podrán explotar, usar o aprovechar las aguas de propiedad nacional mediante concesión o permiso otorgados conforme a esta ley y demás disposiciones legales aplicables, obedeciendo las limitaciones establecidas en el artículo 27 constitucional. Más adelante el artículo 27 definía el orden de prelación por el cual podrían utilizarse las aguas nacionales, en este sentido precisaba: fin al Po rrú a I. Usos domésticos. II. Servicios públicos urbanos. III. Abrevaderos de ganado. IV. Riego de terrenos. a) Ejidales y comunales. b) De propiedad privada. V. Industrias. a) Generación de energía para servicio público. b) Otras industrias. VI. Acuacultura. VII. Generación de energía eléctrica para servicio privado. VIII. Lavado y entarquinamiento de terrenos. IX. Otros.21 Pr ue ba Este fundamento jurídico tiene sus antecedentes en el artículo 21 de la Ley de Aguas Propiedad Nacional del 30 de agosto de 1934; y en los artículos 22, 23, 67 y 76 de la Ley de Aguas Propiedad Nacional del 2 de octubre de 1945. Siguiendo el orden de preferencia que citaba el capítulo I de la ley a partir del capítulo II se desglosa el uso y aprovechamiento del citado recurso. Aludiendo al abastecimiento del agua potable y alcantarillado el artículo 28 del ordenamiento sustentaba: “Cuando para satisfacer las necesidades de agua a zonas urbanas, se requiera usar o aprovechar las aguas nacionales, los gobiernos de los estados y los ayuntamientos deberán solicitar a la Secretaría la asignación correspondiente, en los términos de esta ley y su reglamento”. Este precepto tiene sus antecedentes en el artículo 63 de la Ley de Aguas Propiedad Nacional, del 30 de agosto de 1934; y en los artículos 63, 64 y 65 de la Ley de Aguas de Propiedad Nacional, del 2 de octubre de 1945; y Ley de Cooperación de Agua Potable a los Municipios, del 15 de diciembre de 1956 y su reglamento del 31 de agosto de 1957. 21 Ley Federal de Aguas, op. cit., p. 7. 381 EL PROBLEMA RURAL EN LA COYUNTURA RECIENTE (1949-1982) En lo relativo a la inversión del sector público el ordenamiento refería en el artículo 35 que: Las obras para abastecimiento de agua y las de alcantarillado de las poblaciones, podrán realizarse parcial o totalmente con fondos pertenecientes al erario federal o con fondos obtenidos con aval o cualquier otra forma de garantía otorgada por la federación, siempre y cuando se cumplan los siguientes requisitos: I. Que se demuestre a través del estudio socioeconómico de la Secretaría, que la población carece de capacidad económica para realizar por su cuenta las obras; y II. Que el ayuntamiento, el gobierno del estado, o ambos, garanticen la recuperación de la inversión federal en los términos del convenio respectivo.22 Pr ue ba fin al Po rrú a Este precepto se relaciona, en su fracción I, con los artículos 2, fracción XVII, y 54 de esta misma ley. El gobierno federal brindó la opción de generar convenios23 con los ayuntamientos y los gobiernos de los Estados con el objeto de realizar obras para el abastecimiento de agua, en tal sentido el artículo 36 indicaba: “Los convenios de cooperación que en ejercicio del programa de inversiones autorizado, celebre la Secretaría, deberán contener: a. Las cuotas por concepto de servicio medido y su obligatoriedad, y b. Las normas para la conexión a los sistemas, por parte de los usuarios.” Este precepto tiene sus antecedentes en el artículo II de la Ley de Riegos, del 30 de diciembre de 1946; en el artículo 2 y demás relativos a la Ley de Cooperación para Dotación de Agua Potable a los Municipios, del 15 de diciembre de 1956; y su reglamento del 31 de agosto de 1957; y el artículo 4 de la Ley Federal de Ingeniería Sanitaria del 30 de diciembre de 1947. Y se relaciona con los artículos 39 y 74 de esta misma ley. 22 Ibid, p. 9. 23 Leandro Rovirosa Wade, quien fungiera como Secretario de Recursos Hidráulicos en este periodo, en su comparecencia ante la Cámara de Diputados expuso… “Considerando que la mayor parte de los problemas que afectan a los servicios de agua potable se derivan de la insuficiencia de tarifas la iniciativa señala para los casos en que intervienen fondos federales en la construcción de las obras, la celebración de convenios de cooperación con los municipios, en los cuales se establecerán, entre otros requisitos, las cuotas que estarán en vigor por concepto del servicio… También se indican los casos en que dichas cuotas pueden ser revisadas y las sanciones a que se hacen acreedores los morosos. La iniciativa establece normas para lograr cuotas adecuadas y justas que consideren los volúmenes suministrados a cada usuario y el uso a que se destinan, sean éstos los domésticos indispensables o suplementarios, comerciales, industriales o de otra naturaleza”. Cf. Chávez Padrón Martha, Ley Federal de Aguas, Editorial Porrúa, México 1979. 382 EL DERECHO AGRARIO Y EL PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO A partir de este apartado la ley enfatiza el tema relativo al sistema de cuotas que debió imperar, aspecto que brevemente analizaremos: En el artículo 41 explicaba que para la determinación de las cuotas de compensación por servicio de agua se tomarían en cuenta el costo global del sistema construido y en operación y el uso a que se destine, diferenciándose dichas cuotas para servicio doméstico mínimo y para el adicional, para servicios generales a la comunidad, para fines comerciales, industriales y de otra naturaleza.24 Pr ue ba fin al Po rrú a En relación al concepto cuota, las Comisiones Unidas de Aguas e Irrigación Nacionales (Sección de Estudios Legislativos de la Cámara de Senadores) advirtieron al referirse al convenio del art. 41… “el actual artículo 41 precisa criterios para la determinación de las cuotas de compensación por servicio de agua, aunque las denomina derechos; y, por las mismas bases que fija, resulta que estrictamente ya no caen dentro de esta misma noción jurídica. En efecto, los derechos son contraprestaciones en pago de servicios de carácter administrativo. En consecuencia, no pueden establecerse derechos; diferentes, como lo propone la iniciativa, según el uso a que se destina el agua; ni diferenciarse: “derechos” para servicio doméstico y adicional; ni por usos generales a la comunidad; ni distinguir los fines comerciales, industriales o de otra naturaleza, ya que los costos del servicio no se alteran por la finalidad buscada por quienes lo reciben. En cambio, nos parece que militan principios de justicia social que ampliamente justifican cuotas diversas a cargo de quienes usasen el agua para servicios domésticos; que debe ser diversa la cuota por servicios generales a la comunidad que cuando se trata de servicios particulares a sus miembros; igualmente, que es justificada la diferencia de cuotas cuando el agua es utilizada para fines comerciales, industriales o de otra naturaleza. En estas condiciones, no resultarían las cuotas estrictamente calificables como “derechos” y entonces, siguiendo la clasificación de ingresos que adopta el Código Fiscal de la Federación, tales cuotas resultarían “aprovechamientos”. Pero como esta denominación puede tener significados equívocos, nos parecería más conveniente llamarlas simplemente “cuotas”, sin intentar clasificación jurídica alguna. Pero más que el uso del término “derechos, o cuotas”, lo que nos parece importante es poner de relieve, a las bases que este artículo establece para la determinación de las compensaciones por los servicios de agua. Es decir, poner de relieve el fundado criterio de justicia social que establece, al prever distintos cargos por el servicio de agua, según la finalidad que busque quien recibe tal servicio, ya que obviamente ha de tener una diversa razón de pago quien recibe 24 Ibid, p. 12. 383 EL PROBLEMA RURAL EN LA COYUNTURA RECIENTE (1949-1982) al Po rrú a el agua para satisfacer necesidades domésticas mínimas, que quien la recibe para satisfacer un mayor confort o una mera comodidad; como también es justificado un diverso pago si el agua se emplea para fines lucrativos derivados del comercio o de la industria, que si el agua se recibe para consumo personal y de los familiares. Nos complace este acierto en la forma que comentamos. Vinculado con este problema de la denominación más pertinente a las compensaciones por los servicios de agua, nos permitimos proponer que se use en todos los casos el término “cuotas”, en lugar de “derechos”, y de “compensación”; en lugar de “productos” (este último empleado en los actuales artículos 153 y 155), evitando dar margen a discusiones de orden jurídico sobre la clasificación de este tipo de ingresos y salvando dubitaciones sobre la legalidad con que recauden “derechos” determinadas organizaciones que prevé la Ley, como lo son los Comités Directivos de los distritos de riego, de las unidades de riego para el desarrollo rural, de los distritos de drenaje y protección contra inundaciones y los distritos de acuacultura; pues tales Comités tienen facultades de proponer las cuotas por servicios y los presupuestos de la administración, operación y conservación”.25 En lo que corresponde al uso y aprovechamiento del líquido en el riego la ley señalaba en el capítulo III sección segunda, artículo 55 que: Pr ue ba fin De acuerdo con el volumen anual medio de agua disponible en cada n
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