IES VICTORIA KENT FRAN JIMÉNEZ Antología del Renacimiento y Barroco LITERATURA SIGLO DE ORO S.XVI-XVII RENACIMIENTO Y BARROCO ESPAÑOL Página 1 IES VICTORIA KENT FRAN JIMÉNEZ Antología del Renacimiento y Barroco Página 2 ÍNDICE 1. Garcilaso de la Vega……………………………………….……………………………. pp. 3-10 • Canción V. Oda a la flor de Gnido…………………………..………………. p.4 • Égloga I…………………………………………………………..………..……. pp. 5-8 • Romance morisco………………………………………………………………. p. 8 • Sonetos ………………………………………………………………………… p. 9 2. Poesía ascética. Fray Luis de León…………….…………………………………. pp. 10-11 3. Poesía mística……………………………………………………………………….. pp.12-13 • San Juan de la Cruz………………………….…………………………………. p. 12 • Santa Teresa de Jesús……………………………………………………………. p. 13 4. Luis de Góngora…………………………………………………………………….. pp. 14-17 5. Francisco de Quevedo………………………………………………………………. pp. 17-18 6. Textos renacentistas y barrocos …………………………………………………….. pp. 18-32 • La novela renacentista realista. La picaresca. El Lazarillo……….……………. pp. 18-21 - La novela barroca. El Guzmán de Alfarache de Mateo Alemán…..………. pp. 21-23 - El Buscón ……………………………………………………………………… p. 23 • La novela idealista.…………………………………………………………………. pp. 23-32 - La novela pastoril………………………..………………………………….…pp. 23-26 - La novela cortesana ………………………………………………………….. pp. 26-29 - La novela bizantina…………………………………………………………… pp. 29-30 - La novela morisca…………………………………………………………….. pp. 30-31 - Los libros de caballerías………………………………………………………. pp. 31-32 7. Miguel de Cervantes………………………………………………………………….. pp. 32-37 - Las novelas ejemplares…………………………………….……………….……p. 32 - El Quijote…………………………………………….…………………………. pp. 32-37 8. La prosa didáctica…………………………………………………………………….. pp. 37-40 9. Teatro renacentista y barroco……………………………………………………….. pp. 40-49 - Peribáñez……………………………………………………………………. pp. 40-43 - Fuente Ovejuna…………………………………………………………….. pp. 43-48 - La vida es sueño……………………………………………………………. pp. 48 -49 10. Teatro menor………………………………………………………………………. pp. 49 - 56 - Farsa del molinero. Diego Sánchez de Badajoz…………..……………………. pp. 49- 53 - Entremés de un ciego, un mozo y un pobre. Juan de Timoneda…..….……….. pp. 53 - 55 - La tierra de Jauja. Lope de Rueda……..…………………………………………. pp. 55 - 56 ANEXO………………………………………………………………………………………………… P. 57 IES VICTORIA KENT FRAN JIMÉNEZ 1. Garcilaso de la Vega (c. 1501–1536) Antología del Renacimiento y Barroco Soneto V Página 3 Soneto Escrito está en mi alma vuestro gesto y cuanto yo escribir de vos deseo; vos sola lo escribistes, yo lo leo tan solo, que aun de vos me guardo en esto. ¡Oh dulces prendas, por mi mal halladas, dulces y alegres cuando Dios quería! Juntas estáis en la memoria mía, y con ella en mi muerte conjuradas. En esto estoy y estaré siempre puesto; 5 que aunque no cabe en mí cuanto en vos veo, de tanto bien lo que no entiendo creo, tomando ya la fe por presupuesto. ¿Quién me dijera, cuando en las pasadas horas en tanto bien por vos me vía, que me habíais de ser en algún día con tan grave dolor representadas? Yo no nací sino para quereros; mi alma os ha cortado a su medida; por hábito del alma misma os quiero; Pues en un hora junto me llevastes todo el bien que por términos me distes, llevadme junto el mal que me dejastes. 10 Soneto XIII Soneto XXIII A Dafne ya los brazos le crecían, y en luengos ramos vueltos se mostraba; en verdes hojas vi que se tornaban los cabellos que el oro escurecían. En tanto que de rosa y azucena se muestra la color en vuestro gesto, y que vuestro mirar ardiente, honesto, enciende al corazón y lo refrena; coged de vuestra alegre primavera el dulce fruto, antes que el tiempo airado cubra de nieve la hermosa cumbre. Marchitará la rosa el viento helado, todo lo mudará la edad ligera por no hacer mudanza en su costumbre. 10 Si no, sospecharé que me pusistes en tantos bienes porque deseastes verme morir entre memorias tristes. cuanto tengo confieso yo deberos; por vos nací, por vos tengo la vida, por vos he de morir y por vos muero. y en tanto que el cabello, que en la vena del oro se escogió, con vuelo presto, por el hermoso cuello blanco, enhiesto, el viento mueve, esparce y desordena: 5 5 10 De áspera corteza se cubrían los tiernos miembros, que aún bullendo estaban: los blancos pies en tierra se hincaban, y en torcidas raíces se volvían. Aquel que fue la causa de tal daño, a fuerza de llorar, crecer hacía este árbol que con lágrimas regaba. ¡Oh miserable estado! ¡oh mal tamaño! ¡Que con llorarla crezca cada día la causa y la razón porque lloraba! «Tras vos un Alquimista va corriendo, Dafne, que llaman Sol ¿y vos, tan cruda? Vos os volvéis murciégalo sin duda, Pues vais del Sol y de la luz huyendo. Bermejazo platero de las cumbres a cuya luz se espulga la canalla: La ninfa Dafne, que se afufa y calla, si la quieres gozar, paga y no alumbres. »Él os quiere gozar a lo que entiendo Si os coge en esta selva tosca y ruda, Su aljaba suena, está su bolsa muda, El perro, pues no ladra, está muriendo. Si quieres ahorrar de pesadumbres, ojo del cielo, trata de compralla: en confites gastó Marte la malla, y la espada en pasteles y en azumbres. »Buhonero de signos y Planetas, Viene haciendo ademanes y figuras Cargado de bochornos y Cometas.» Volvióse en bolsa Júpiter severo, Levantóse las faldas la doncella por recogerle en lluvia de dinero. Esto la dije, y en cortezas duras De Laurel se ingirió contra sus tretas, Y en escabeche el Sol se quedó a oscuras. (Quevedo, Fco.). - Barroco Astucia fue de alguna dueña estrella, que de estrella sin dueña no lo infiero: Febo, pues eres Sol, sírvete de ella. (Quevedo, Fco.) - Barroco IES VICTORIA KENT FRAN JIMÉNEZ Canción V. Antología del Renacimiento y Barroco Oda a la flor de Gnido. nunca fue aborrecida tanto como yo dél, ni tan temida. Si de mi baxa lira tanto pudiese el son, que en un momento aplacase la ira del animoso viento y la furia del mar y el movimiento; No fuiste tú engendrada ni producida de la dura tierra; no debe ser notada que ingratamente yerra quien todo el otro error de sí destierra. y en ásperas montañas con el suave canto enterneciese las fieras alimañas, los árboles moviese, y al son confusamente los traxese; Hágate temerosa el caso de Anaxárate, y cobarde, que de ser desdeñosa se arrepintió muy tarde; y así, su alma con su mármol arde. no pienses que cantado sería de mí, hermosa flor de Gnido, el fiero Marte airado, a muerte convertido, de polvo y sangre, y de sudor teñido; Estábase alegrando del mal ajeno el pecho empedernido, cuando abaxo mirando el cuerpo muerto vido del miserable amante, allí tendido. ni aquellos capitanes en las sublimes ruedas colocados, por quien los alemanes el fiero cuello atados, y los franceses van domesticados. Y al cuello el lazo atado con que desenlazó de la cadena el corazón cuitado, que con su breve pena compró la plena punición ajena. Mas solamente aquella fuerza de tu beldad sería cantada, y alguna vez con ella también sería notada el aspereza de que estás armada; Sintió allí convertirse en piedad amorosa el aspereza. ¡Oh tardo arrepentirse! ¡Oh última terneza! ¿Cómo te sucedió mayor dureza? y cómo por ti sola, y por tu gran valor y fermosura, convertido en viola, llora su desventura el miserable amante en tu figura. Los ojos se enclavaron en el tendido cuerpo que allí vieron; los huesos se tornaron más duros y crecieron, y en sí toda la carne convirtieron; Hablo de aquel cautivo, de quien tener se debe más cuidado, que está muriendo vivo, al remo condenado, en la concha de Venus amarrado. las entrañas heladas tornaron poco a poco en piedra dura; por las venas cuitadas la sangre su figura iba desconociendo y su natura; Por ti, como solía, del áspero caballo no corrige la furia y gallardía ni con freno le rige, ni con vivas espuelas ya le aflige. hasta que finalmente en duro mármol vuelta y transformada, hizo de sí la gente no tan maravillada cuanto de aquella ingratitud vengada. Por ti, con diestra mano, no revuelve la espada presurosa, y en el dudoso llano huye la polvorosa palestra como sierpe ponzoñosa. No quieras tú, señora, de Némesis airada las saetas probar, por Dios, agora; baste que tus perfetas obras y fermosura a los poetas Por ti, su blanda musa, en lugar de la cítara sonante, tristes querellas usa, que con llanto abundante hacen bañar el rostro del amante. den inmortal materia, sin que también en verso lamentable celebren la miseria de algún caso notable que por ti pase triste y miserable Por ti, el mayor amigo le es importuno, grave y enojoso; yo puedo ser testigo que ya del peligroso naufragio fui su puerto y su reposo. Y agora en tal manera vence el dolor a la razón perdida, que ponzoñosa fiera Página 4 IES VICTORIA KENT FRAN JIMÉNEZ Égloga Primera. El dulce lamentar de dos pastores, Salicio juntamente y Nemoroso, he de cantar, sus quejas imitando; cuyas ovejas al cantar sabroso estaban muy atentas, los amores, de pacer olvidadas, escuchando. Tú, que ganaste obrando un nombre en todo el mundo y un grado sin segundo, agora estés atento sólo y dado al ínclito gobierno del estado albano; agora vuelto a la otra parte, resplandeciente, armado, representando en tierra el fiero Marte; agora de cuidados enojosos y de negocios libre, por ventura andes a caza, el monte fatigando en ardiente jinete que apresura el curso tras los ciervos temerosos, que en vano su morir van dilatando; espera, que en tornando a ser restitüido al ocio ya perdido, luego verás ejercitar mi pluma por la infinita, innumerable suma de tus virtudes y famosas obras, antes que me consuma, faltando a ti, que a todo el mondo sobras. En tanto que este tiempo que adivino Viene a sacarme de la deuda un día, Que se debe a tu fama y a tu gloria; Que es deuda general, no solo mía, Mas de cualquier ingenio peregrino Que celebra lo digno de memoria; El árbol de victoria Que ciñe estrechamente Tu gloriosa frente Dé lugar a la hiedra que se planta Debajo de tu sombra, y se levanta Poco a poco, arrimada a tus loores; Y en cuanto esto se canta, Escucha tú el cantar de mis pastores. Saliendo de las ondas encendido, Rayaba de los montes el altura El sol, cuando Salicio, recostado Al pie de una alta haya, en la verdura, Por donde un agua clara con sonido Atravesaba el fresco y verde prado; Él, con canto acordado Al rumor que sonaba Del agua que pasaba, Se quejaba tan dulce y blandamente Como si no estuviera de allí ausente La que de su dolor culpa tenía; Y así, como presente, Razonando con ella, le decía: Salicio —¡Oh más dura que mármol a mis quejas, Y al encendido fuego en que me quemo Más helada que nieve, Galatea! Estoy muriendo, y aun la vida temo; Témola con razón, pues tú me dejas; Que no hay, sin ti, el vivir para qué sea. Vergüenza he que me vea Antología del Renacimiento y Barroco Ninguno en tal estado, De ti desamparado, Y de mí mismo yo me corro ahora. ¿De un alma te desdeñas ser señora, Donde siempre moraste, no pudiendo Della salir un hora? Salid sin duelo, lágrimas, corriendo. El sol tiende los rayos de su lumbre Por montes y por valles, despertando Las aves y animales y la gente; Cuál por el aire claro va volando, Cuál por el verde valle o alta cumbre Paciendo va segura y libremente, Cuál con el sol presente Va de nuevo al oficio, Y al usado ejercicio Do su natura o menester le inclina. Siempre está en llanto esta ánima mezquina Cuando la sombra el mundo va cubriendo O la luz se avecina. Salid sin duelo, lágrimas, corriendo. ¿Y tú, desta mi vida ya olvidada, Sin mostrar un pequeño sentimiento De que por ti Salido triste muera, Dejas llevar, desconocida, al viento El amor y la fe que ser guardada Eternamente sólo a mí debiera? ¡Oh Dios! ¿Por qué siquiera, Pues ves desde tu altura Esta falsa perjura Causar la muerte de un estrecho amigo, No recibe del cielo algún castigo? Si en pago del amor yo estoy muriendo, ¿Qué hará el enemigo? Salid sin duelo, lágrimas, corriendo. Por ti el silencio de la selva umbrosa, Por ti la esquividad y apartamiento Del solitario monte me agradaba; Por ti la verde yerba, el fresco viento, El blanco lirio y colorada rosa Y dulce primavera deseaba. ¡Ay, cuánto me engañaba! ¡Ay, cuán diferente era Y cuán de otra manera Lo que en tu falso pecho se escondía! Bien claro con su voz me lo decía La siniestra corneja, repitiendo La desventura mía. Salid sin duelo, lágrimas, corriendo. ¡Cuántas veces, durmiendo en la floresta, Reputándolo yo por desvarío, Vi mi mal entre sueños, desdichado! Soñaba que en el tiempo del estío Llevaba, por pasar allí la siesta, A beber en el Tajo mi ganado; Y después de llegado, Sin saber de cuál arte, Por desusada parte Y por nuevo camino el agua se iba; Ardiendo yo con la calor estiva, El curso enajenado iba siguiendo Del agua fugitiva. Salid sin duelo, lágrimas, corriendo. Página 5 IES VICTORIA KENT FRAN JIMÉNEZ Tu dulce habla ¿en cúya oreja suena? Tus claros ojos ¿a quién los volviste? ¿Por quién tan sin respeto me trocaste? Tu quebrantada fe ¿dó la pusiste? ¿Cuál es el cuello que como en cadena De tus hermosos brazos anudaste? No hay corazón que baste, Aunque fuese de piedra, Viendo mi amada hiedra, De mí arrancada, en otro muro asida, Y mi parra en otro olmo entretejida, Que no se esté con llanto deshaciendo Hasta acabar la vida. Salid sin duelo, lágrimas, corriendo. ¿Qué no se esperará de aquí adelante, Por difícil que sea y por incierto? O ¿qué discordia no será juntada? Y juntamente ¿qué tendrá por cierto, O qué de hoy más no temerá el amante, Siendo a todo materia por ti dada? Cuando tú enajenada De mí, cuitado, fuiste, Notable causa diste Y ejemplo a todos cuántos cubre el cielo, Que el más seguro tema con recelo Perder lo que estuviere poseyendo. Salid fuera sin duelo, Salid sin duelo, lágrimas, corriendo. Materia diste al mundo de esperanza De alcanzar lo imposible y no pensado, Y de hacer juntar lo diferente, Dando a quien diste el corazón malvado, Quitándolo de mí con tal mudanza Que siempre sonará de gente en gente. La cordera paciente Con el lobo hambrïento, Hará su ayuntamiento, Y con las simples aves sin ruido Harán las bravas sierpes ya su nido; Que mayor diferencia comprehendo De ti al que has escogido. Salid sin duelo, lágrimas, corriendo. Siempre de nueva leche en el verano Y en el invierno abundo; en mi majada La manteca y el queso está sobrado; De mi cantar pues yo te vi agradada, Tanto, que no pudiera el mantüano Títiro ser de ti más alabado. No soy pues, bien mirado, Tan disforme ni feo; Que aun ahora me veo En esta agua que corre clara y pura, Y cierto no trocara mi figura Con ése que de mí se está riendo; Trocara mi ventura. Salid sin duelo, lágrimas, corriendo. ¿Cómo te vine en tanto menosprecio? ¿Cómo te fui tan presto aborrecible? ¿Cómo te faltó en mí el conocimiento? Si no tuvieras condición terrible, Siempre fuera tenido de ti en precio, Y no viera de ti este apartamiento. ¿No sabes que sin cuento Buscan en el estío Mis ovejas el frío De la sierra de Cuenca, y el gobierno Del abrigado extremo en el invierno? Antología del Renacimiento y Barroco Mas ¡qué vale el tener, si derritiendo Me estoy en llanto eterno! Salid sin duelo, lágrimas, corriendo. Con mi llorar las piedras enternecen Su natural dureza y la quebrantan, Los árboles parece que se inclinan, Las aves que me escuchan, cuando cantan, Con diferente voz se condolecen, Y mi morir cantando me adivinan. Las fieras que reclinan Su cuerpo fatigado, Dejan el sosegado Sueño por escuchar mi llanto triste. Tú sola contra mí te endureciste, Los ojos aun siquiera no volviendo A lo que tú hiciste. Salid sin duelo, lágrimas, corriendo. Mas ya que a socorrer aquí no vienes, No dejes el lugar que tanto amaste; Que bien podrás venir de mí segura; Yo dejaré el lugar do me dejaste; Ven, si por solo esto te detienes. Ves aquí un prado lleno de verdura, Ves aquí una espesura, Ves aquí una agua clara, En otro tiempo cara, A quien de ti con lágrimas me quejo. Quizá aquí hallarás, pues yo me alejo, Al que todo mi bien quitarme puede; Que pues el bien le dejo, No es mucho que lugar tambien le quede. — Aquí dio fin a su cantar Salicio, Y suspirando en el postrero acento, Soltó de llanto una profunda vena. Queriendo el monte al grave sentimiento De aquel dolor en algo ser propicio, Con la pesada voz retumba y suena. La blanca Filomena, Casi como dolida Y a compasión movida, Dulcemente responde al son lloroso. Lo que cantó tras esto Nemoroso Decidlo vos, Piérides; que tanto No puedo yo ni oso, Que siento enflaquecer mi débil canto. Nemoroso —Corrientes aguas, puras, cristalinas; Árboles que os estáis mirando en ellas, Verde prado de fresca sombra lleno, Aves que aquí sembráis vuestras querellas, Hiedra que por los árboles caminas, Torciendo el paso por su verde seno; Yo me vi tan ajeno Del grave mal que siento, Que de puro contento Con vuestra soledad me recreaba, Donde con dulce sueño reposaba, Ó con el pensamiento discurría Por donde no hallaba Sino memorias llenas de alegría; Página 6 IES VICTORIA KENT FRAN JIMÉNEZ Y en este mismo valle, donde ahora Me entristezco y canso, en el reposo Estuve ya contento y descansado. ¡Oh bien caduco, vano y presuroso! Acuérdome durmiendo aquí algún hora, Que despertando, a Elisa vi a mi lado. ¡Oh miserable hado! ¡Oh tela delicada Antes de tiempo dada A los agudos filos de la muerte! Más convenible fuera aquesta suerte A los cansados años de mi vida, Que es más que el hierro fuerte, Pues no la ha quebrantado tu partida. ¿Dó están ahora aquellos claros ojos Que llevaban tras sí como colgada Mi alma do quier que ellos se volvían? ¿Dó está la blanca mano delicada, Llena de vencimientos y despojos Que de mí mis sentidos le ofrecían? Los cabellos que vían Con gran desprecio el oro, Como a menor tesoro. ¿Adónde están? ¿Adónde el blando pecho? ¿Dó la columna que el dorado techo Con presunción graciosa sostenía? Aquesto todo ahora ya se encierra, Por desventura mía, En la fría, desierta y dura tierra. ¿Quién me dijera, Elisa, vida mía, Cuando en aqueste valle al fresco viento Andábamos cogiendo tiernas flores, Que había de ver con largo apartamiento Venir el triste y solitario día Que diese amargo fin a mis amores? El cielo en mis dolores Cargó la mano tanto, Que a sempiterno llanto Y a triste soledad me ha condenado; Y lo que siento más es verme atado A la pesada vida y enojosa, Solo, desamparado, Ciego sin lumbre en cárcel tenebrosa. Después que nos dejaste, nunca pace En hartura el ganado ya, ni acude El campo al labrador con mano llena. No hay bien que en mal no se convierta y mude: La mala yerba al trigo ahoga, y nace En lugar suyo la infelice avena; La tierra, que de buena Gana nos producía Flores con que solía Quitar en sólo verlas mil enojos, Produce ahora en cambio estos abrojos, Ya de rigor de espinas intratable; Yo hago con mis ojos Crecer, lloviendo, el fruto miserable. Como al partir del sol la sombra crece, Y en cayendo su rayo se levanta La negra oscuridad que el mundo cubre, De do viene el temor que nos espanta, Y la medrosa forma en que se ofrece Aquello que la noche nos encubre, Hasta que el sol descubre Su luz pura y hermosa; Tal es la tenebrosa Noche de tu partir, en que he quedado Antología del Renacimiento y Barroco De sombra y de temor atormentado, Hasta que muerte el tiempo determine Que a ver el deseado Sol de tu clara vista me encamine. Cual suele el ruiseñor con triste canto Quejarse, entre las hojas escondido, Del duro labrador, que cautamente Le despojó su caro y dulce nido De los tiernos hijuelos, entre tanto Que del amado ramo estaba ausente, Y aquel dolor que siente Con diferencia tanta Por la dulce garganta Despide, y a su canto el aire suena, Y la callada noche no refrena Su lamentable oficio y sus querellas, Trayendo de su pena Al cielo por testigo y las estrellas; Desta manera suelto ya la rienda A mi dolor, y así me quejo en vano De la dureza de la muerte airada. Ella en mi corazón metió la mano, Y de allí me llevó mi dulce prenda; Que aquel era su nido y su morada. ¡Ay muerte arrebatada! Por ti me estoy quejando Al cielo y enojando Con importuno llanto al mundo todo: Tan desigual dolor no sufre modo. No me podrán quitar el dolorido Sentir, si ya del todo Primero no me quitan el sentido. Tengo una parte aquí de tus cabellos, Elisa, envueltos en un blanco paño, Que nunca de mi seno se me apartan; Descójolos, y de un dolor tamaño Enternecerme siento, que sobre ellos Nunca mis ojos de llorar se hartan. Sin que de allí se partan, Con suspiros calientes, Más que la llama ardientes, Los enjugo del llanto, y de consuno Casi los paso y cuento uno a uno; Juntándolos, con un cordon los ato. Tras esto el importuno Dolor me deja descansar un rato. Mas luego a la memoria se me ofrece Aquella noche tenebrosa, oscura, Que tanto aflige esta ánima mezquina Con la memoria de mi desventura. Verte presente ahora me parece En aquel duro trance de Lucina, Y aquella voz divina, Con cuyo son y acentos A los airados vientos Pudieras amansar, que ahora es muda, Me parece que oigo que a la cruda, Inexorable diosa demandabas En aquel paso ayuda; Y tú, rústica diosa, ¿dónde estabas? Página 7 IES VICTORIA KENT FRAN JIMÉNEZ ¿Ibate tanto en perseguir las fieras? ¿Ibate tanto en un pastor dormido? ¿Cosa pudo bastar a tal crüeza, Que, conmovida a compasión, oído A los votos y lágrimas, no dieras Por no ver hecha tierra tal belleza, O no ver la tristeza En que tu Nemoroso Queda, que su reposo Era seguir tu oficio, persiguiendo Las fieras por los montes, y, ofreciendo A tus sagradas aras los despojos? ¿Y tú, ingrata, riendo Dejas morir mi bien ante los ojos? Divina Elisa pues ahora el cielo Con inmortales pies pisas y mides, Y su mudanza ves, estando queda, ¿Por qué de mí te olvidas, y no pides Que se apresure el tiempo en que este velo Rompa del cuerpo, y verme libre pueda, Y en la tercera rueda Contigo mano a mano Busquemos otro llano, Busquemos otros montes y otros ríos, Otros valles floridos .y sombríos, Donde descanse y siempre pueda verte Ante los ojos míos, Sin miedo y sobresalto de perderte? — Nunca pusieran fin al triste lloro Los pastores, ni fueran acabadas Las canciones que solo el monte oía, Si mirando las nubes coloradas, Al tramontar del sol bordadas de oro, No vieran que era ya pasado el día. La sombra se veía Venir corriendo apriesa Ya por la falda espesa Del altísimo monte, y recordando Ambos como de sueño, y acabando El fugitivo sol, de luz escaso, Su ganado llevando, Se fueron recogiendo paso a paso. Lope de Vega. Romance morisco. “Mira, Zaide, que te aviso que no pases por mi calle, ni hables con mis mujeres, ni con mis cautivos trates, ni preguntes en qué entiendo 5 ni quién viene a visitarme, qué fiestas me dan contento o qué colores me aplacen; basta que son por tu causa las que en el rostro me salen, 10 corrida de haber mirado moro que tan poco sabe. Confieso que eres valiente, que hiendes, rajas y partes y que has muerto más cristianos 15 que tienes gotas de sangre; que eres gallardo jinete, que danzas, cantas y tañes, gentil hombre, bien criado cuanto puede imaginarse; 20 blanco, rubio por extremo; Antología del Renacimiento y Barroco señalado por linaje, el gallo de las bravatas, la nata de los donaires, y pierdo mucho en perderte 25 y gano mucho en amarte, y que si nacieras mudo fuera posible adorarte; y por este inconveniente determino de dejarte, 30 que eres pródigo de lengua y amargan tus libertades, y habrá menester ponerte quien quisiera sustentarte un alcázar en el pecho 35 y en los labios un alcaide. Mucho pueden con las damas los galanes de tus partes, porque los quieren briosos, que rompan y que desgarren; 40 mas, tras esto, Zaide amigo, si algún convite te hacen al plato de sus favores, quieren que comas y calles. Costoso fue el que te hice; 45 venturoso fueras, Zaide, si conservarme supieras como supiste obligarme. Apenas fuiste salido de los jardines de Tarfe 50 cuando hiciste de la tuya y de mi desdicha alarde. A un morito mal nacido me dicen que le enseñaste la trenza de los cabellos 55 que te puse en el turbante. No quiero que me la vuelvas ni quiero que me la guardes, mas quiero que entiendas, moro, que en mi desgracia la traes. 60 También me certificaron cómo le desafiaste por las verdades que dijo que nunca fueran verdades. De mala gana me río; 65 ¡qué donoso disparate! No guardas tú tu secreto ¿y quieres que otro le guarde? No quiero admitir disculpa; otra vez vuelvo a avisarte 70 que ésta será la postrera que me hables y te hable.” Dijo la discreta Zaida a un altivo bencerraje, y al despedirle repite: 75 “Quien tal hace, que tal pague.” Página 8 IES VICTORIA KENT FRAN JIMÉNEZ Antología del Renacimiento y Barroco Página 9 SONETOS DE LOPE DE VEGA. Suelta mi manso, mayoral extraño. Un soneto me manda hacer Violante. Suelta mi manso, mayoral extraño, pues otro tienes tú de igual decoro, deja la prenda que en el alma adoro, perdida por tu bien y por mi daño. Un soneto me manda hacer Violante, en mi vida me he visto en tal aprieto; catorce versos dicen que es soneto: burla burlando van los tres delante. Ponle su esquila de labrado estaño 5 y no le engañen tus collares de oro; toma en albricias este blanco toro que a las primeras yerbas cumple un año. Yo pensé que no hallara consonante 5 y estoy a la mitad de otro cuarteto; mas si me veo en el primer terceto no hay cosa en los cuartetos que me espante. Si pides señas, tiene el vellocino pardo, encrespado, y los ojuelos tiene 10 como durmiendo en regalado sueño. Por el primer terceto voy entrando y parece que entré con pie derecho, pues fin con este verso le voy dando. Si piensas que no soy su dueño, Alcino, suelta y verásle si a mi choza viene, que aún tienen sal las manos de su dueño. Ir y quedarse y con quedar partirse. Ir y quedarse y con quedar partirse, partir sin alma y ir con alma ajena, oír la dulce voz de una sirena y no poder del árbol desasirse; arder como la vela y consumirse 5 haciendo torres sobre tierna arena; caer de un cielo y ser demonio en pena y de serlo jamás arrepentirse; hablar entre las mudas soledades, pedir prestada sobre fe paciencia 10 y lo que es temporal llamar eterno; creer sospechas y negar verdades es lo que llaman en el mundo ausencia, fuego en el alma y en la vida infierno. 10 Ya estoy en el segundo, y aun sospecho que voy los trece versos acabando; contad si son catorce, y está hecho. * * * Desmayarse, atreverse, estar furioso, áspero, tierno, liberal, esquivo, alentado, mortal, difunto, vivo, leal, traidor, cobarde y animoso: no hallar fuera del bien centro y reposo, mostrarse alegre, triste, humilde, altivo, enojado, valiente, fugitivo, satisfecho, ofendido, receloso: huir el rostro al claro desengaño, beber veneno por licor süave, olvidar el provecho, amar el daño: creer que el cielo en un infierno cabe; dar la vida y el alma a un desengaño, ¡esto es amor! quien lo probó lo sabe. ¿Qué tengo yo, que mi amistad procuras? ¿Qué tengo yo, que mi amistad procuras? ¿Qué interés se te sigue, Jesús mío, que a mi puerta, cubierto de rocío, pasas las noches del invierno escuras? ¡Oh. cuánto fueron mis entrañas duras, 5 pues no te abrí! ¡Qué extraño desvarío, si de mi ingratitud el hielo frío secó las llagas de tus plantas puras! ¡Cuántas veces el Ángel me decía: «Alma, asómate agora a la ventana, 10 verás con cuánto amor llamar porfía!» ¡Y cuántas, hermosura soberana, «Mañana le abriremos», respondía, para lo mismo responder mañana! * * * Resuelta en polvo ya, mas siempre hermosa, sin dejarme vivir, vive serena aquella luz, que fue mi gloria y pena, y me hace guerra, cuando en paz reposa. Tan vivo está el jazmín, la pura rosa, que, blandamente ardiendo en azucena, me abrasa el alma de memorias llena: ceniza de su fénix amorosa. ¡Oh memorïa cruel de mis enojos!, ¿qué honor te puede dar mi sentimiento, en polvo convertidos sus despojos? Permíteme callar sólo un momento: que ya no tienen lágrimas mis ojos… ni conceptos de amor mi pensamiento. Lope de Vega. Rimas. IES VICTORIA KENT FRAN JIMÉNEZ Antología del Renacimiento y Barroco POESÍA ASCÉTICA A. Vida Retirada Fray Luis de León (1527-1591) ODA I ¡Qué descansada vida la del que huye del mundanal ruïdo, y sigue la escondida senda por donde han ido los pocos sabios que en el mundo han sido! Que no le enturbia el pecho de los soberbios grandes el estado, ni del dorado techo se admira, fabricado del sabio moro, en jaspes sustentado. No cura si la fama canta con voz su nombre pregonera, ni cura si encarama la lengua lisonjera lo que condena la verdad sincera. ¿Qué presta a mi contento si soy del vano dedo señalado, si en busca de este viento ando desalentado con ansias vivas y mortal cuidado? ¡Oh campo, oh monte, oh río! ¡oh secreto seguro deleitoso! roto casi el navío, a vuestro almo reposo huyo de aqueste mar tempestüoso. Un no rompido sueño, Un día puro, alegre, libre quiero; no quiero ver el ceño vanamente severo de quien la sangre ensalza o el dinero. Despiértenme las aves con su cantar suave no aprendido, no los cuidados graves de que es siempre seguido quien al ajeno arbitrio está atenido. Vivir quiero conmigo, gozar quiero del bien que debo al cielo, a solas sin testigo libre de amor, de celo, de odio, de esperanzas, de recelo. Del monte en la ladera por mi mano plantado tengo un huerto que con la primavera, de bella flor cubierto, ya muestra en esperanza el fruto cierto. Y como codiciosa de ver y acrecentar su hermosura, desde la cumbre airosa una fontana pura hasta llegar corriendo se apresura. Y luego sosegada el paso entre los árboles torciendo, el suelo de pasada de 'verdura vistiendo, y con diversas flores va esparciendo. El aire el huerto orea y ofrece mil olores al sentido, los árboles menea con un manso ruïdo que del oro y del cetro pone olvido. Ténganse su tesoro los que de un flaco leño se confían: no es mío ver el lloro de los que desconfían cuando el cierzo y el ábrego porfían. La combatida antena cruje, y en ciega noche el claro día se torna, al cielo suena confusa vocería, y la mar enriquecen a porfía. A mí una pobrecilla mesa de amable paz bien abastada me baste, y la vajilla de fino oro labrada sea de quien la mar no teme airada. Y mientras miserablemente se están los otros abrasando en sed insacïable del no durable mando, tendido yo a la sombra esté cantando. A la sombra tendido de yedra y lauro eterno coronado, puesto el atento oído al son dulce acordado del plectro sabiamente meneado. Página 10 IES VICTORIA KENT FRAN JIMÉNEZ B. A Don Francisco de Salinas Fray Luis de León (1527-1591) ODA III El aire se serena y viste de hermosura y luz no usada, Salinas, cuando suena la música extremada por vuestra sabia mano gobernada. A cuyo son divino mi alma que en olvido está sumida, torna a cobrar el tino, y memoria perdida de su origen primera esclarecida. Y como se conoce, en suerte y pensamientos se mejora; el oro desconoce que el vulgo vil adora, la belleza caduca engañadora. Traspasa el aire todo hasta llegar a la más alta esfera, y oye allí otro modo de no perecedera música, que es de todas la primera. Ve cómo el gran Maestro a aquesta inmensa cítara aplicado, con movimiento diestro produce el son sagrado con que este eterno templo es sustentado. Y como está compuesta de números concordes, luego envía consonante respuesta, y entrambas a porfía mezclan una dulcísima armonía. Aquí la alma navega por un mar de dulzura, y finalmente en él así se anega, que ningún accidente extraño o peregrino oye y siente. ¡Oh desmayo dichoso! ¡oh muerte que das vida! ¡oh dulce olvido! ¡durase en tu reposo sin ser restituido jamás a aqueste bajo y vil sentido! A este bien os llamo, Antología del Renacimiento y Barroco gloria del Apolíneo sacro coro, amigo, a quien amo sobre todo tesoro; que todo lo demás es triste lloro. ¡Oh! suene de contino, Salinas, vuestro son en mis oídos, por quien al bien divino despiertan los sentidos, quedando a lo demás amortecidos. C. Noche Serena Fray Luis de León ODA VIII Página 11 ¿Es más que un breve punto el bajo y torpe suelo, comparado a aqueste gran trasunto, do vive mejorado lo que es, lo que será, lo que ha pasado? Quien mira el gran concierto de aquestos resplandores eternales, su movimiento cierto, sus pasos desiguales, y en proporción concorde tan iguales; Cuando contemplo el cielo de innumerables luces adornado, y miro hacia el suelo de noche rodeado, en sueño y en olvido sepultado, La luna cómo mueve la plateada rueda, y va en pos de ella la luz do el saber llueve, y la graciosa estrella de amor la sigue reluciente y bella; El amor y la pena despiertan en mi pecho una ansia ardiente; despiden larga vena los ojos hechos fuente; la lengua dice al fin con voz doliente: Y cómo otro camino prosigue el sanguinoso Marte airado, y el Júpiter benino de bienes mil cercado serena el cielo con su rayo amado; Morada de grandeza, templo de claridad y hermosura, mi alma que a tu alteza nació, ¿qué desventura la tiene en esta cárcel baja, escura? ¿Qué mortal desatino de la verdad aleja así el sentido, que de tu bien divino olvidado, perdido sigue la vana sombra, el bien fingido? El hombre está entregado al sueño, de su suerte no cuidando, y con paso callado el cielo vueltas dando las horas del vivir le va hurtando. ¡Oh, despertad, mortales! Mirad con atención en vuestro daño. Las almas inmortales hechas a bien tamaño ¿podrán vivir de sombra y de engaño? ¡Ay, levantad los ojos a aquesta celestial eterna esfera!, burlaréis los antojos de aquesa lisonjera vida, con cuanto terne y cuanto espera. Rodéase en la cumbre Saturno, padre de los siglos de oro, tras él la muchedumbre del reluciente coro su luz va repartiendo y su tesoro: ¿Quién es el que esto mira, y precia la bajeza de la tierra, y no gime y suspira por romper lo que encierra el alma, y de estos bienes la destierra? Aquí vive el contento, aquí reina la paz: aquí asentado en rico y alto asiento está el amor sagrado de honra y de deleites rodeado. Inmensa hermosura aquí se muestra toda; y resplandece clarísima luz pura, que jamás anochece; eterna primavera aquí florece. ¡Oh campos verdaderos! ¡oh prados con verdad frescos y amenos! ¡riquísimos mineros! ¡Oh deleitosos senos! ¡repuestos valles de mil bienes llenos! IES VICTORIA KENT FRAN JIMÉNEZ Antología del Renacimiento y Barroco Página 12 POESÍA MÍSTICA Esposa: ¿Adónde te escondiste, Amado, y me dejaste con gemido? Como el ciervo huíste, Habiéndome herido; Salí tras ti clamando, y eras ido. Pastores, los que fuerdes Allá por las majadas al otero, Si por ventura vierdes Aquel que yo más quiero Decidle que adolezco, peno y muero. Buscando mis amores, Iré por esos montes y riberas, Ni cogeré las flores, Ni temeré las fieras, Y pasaré los fuertes y fronteras. Pregunta a las criaturas: ¡Oh bosques y espesuras, Plantadas por la mano del Amado! ¡Oh prado de verduras, De flores esmaltado, Decid si por vosotros ha pasado! Respuesta de las Criaturas: Mil gracias derramando Pasó por estos sotos con presura, Y, yéndolos mirando, Con sola su figura Vestidos los dejó de su hermosura. Esposa: ¡Ay, quién podrá sanarme! Acaba de entregarte ya de vero, No quieras enviarme De hoy más ya mensajero, Que no saben decirme lo que quiero. Y todos cuantos vagan, De ti me van mil gracias refiriendo, Y todos más me llagan, Y dejáme muriendo Un no sé qué que quedan balbuciendo. Mas ¿cómo perseveras, Oh vida, no viviendo donde vives, Y haciendo porque mueras Las flechas que recibes, De lo que del Amado en ti concibes? ¿Por qué, pues has llagado A aqueste corazón, no le sanaste? Y pues me le has robado, ¿Por qué así lo dejaste, Y no tomas el robo que robaste? —— Apaga mis enojos, Pues que ninguno basta a deshacellos, Y véante mis ojos, Pues eres lumbre de ellos Y sólo para ti quiero tenellos. Descubre tu presencia, Y máteme tu vista y hermosura: Mira que la dolencia De amor, que no se cura Sino con la presencia y la figura. ¡Oh cristalina fuente, Si en esos tus semblantes plateados Formases de repente Los ojos deseados Que tengo en mis entrañas dibujados! ¡Apártalos, Amado, Que voy de vuelo! Esposo: Vuélvete, paloma, Que el ciervo vulnerado Por el otero asoma, Al aire de tu vuelo, y fresco toma. Esposa: Mi amado, las montañas, Los valles solitarios nemorosos, Las ínsulas extrañas, Los ríos sonorosos, El silbo de los aires amorosos. La noche sosegada, En par de los levantes de la aurora, La música callada, La soledad sonora, La cena, que recrea y enamora. Nuestro lecho florido, De cuevas de leones enlazados, En púrpura tendido, de paz edificado, De mil escudos de oro coronado. A zaga de tu huella, Las jóvenes discurran al camino; Al toque de centella, Al adobado vino, Emisiones de bálsamo divino. En la interior bodega De mi amado bebí, y cuando salía, Por toda apuesta vega, Ya cosa no sabía Y el ganado perdí que antes seguía. Allí me dio su pecho, Allí me enseñó ciencia muy sabrosa, Y yo le di de hecho A mí, sin dejar cosa; Allí le prometí de ser su esposa. Mi alma se ha empleado. Y todo mi caudal, en su servicio; Ya no guardo ganado, Ni ya tengo otro oficio, Que ya sólo en amar es mi ejercicio. Pues ya si en el ejido De hoy más no fuera vista ni hallada, Diréis que me he perdido; Que andando enamorada, Me hice perdidiza, y fui ganada. De flores y esmeraldas, En las frescas mañanas escogidas, Haremos las guirnaldas En tu amor florecidas, Y en un cabello mío entretejidas: En sólo aquel cabello Que en mi cuello volar consideraste; Mirádtele en mi cuello, Y en eso merecían Los míos adorar lo que en ti van. No quieras despreciarme, Que si color moreno en mí hallaste, Ya bien puedes mirarme, Después que me miraste, Que gracia y hermosura en mí dejaste. Cogednos las raposas, Que está ya florecida nuestra viña, En tanto que de rosas Hacemos una piña, Y no parezca nadie en la montiña. Deténte, cierzo muerto; Ven, austro, que recuerdas los amores, Aspira por mi huerto. Y corran sus olores, Y pacerá el amado entre las flores. Esposo: Entrado se ha la esposa En el ameno huerto deseado, Y a su sabor reposa, El cuello reclinado Sobre los dulces brazos del amado. Debajo del manzano, Allí conmigo fuiste desposada, allí te di al mano, Y fuiste reparada Donde tu madre fuera violada. O vos, aves ligeras, Leones, ciervos, gamos saltadores, Montes, valles, riberas, Aguas, aires, ardores, Y miedos de las noches veladores, Por las amenas liras Y cantos de sirenas os conjuro Que cesen vuestras iras, Y no toquéis al muro, Porque la Esposa duerma más seguro. Esposa: Oh ninfas de Judea, En tanto que en las flores y rosales El ámbar perfume, Mora en los arrabales, Y no queráis tocar nuestros umbrales. Escóndete, carillo, Y mira con tu haz a las montañas, Y no quieras decillo; Mas mira las campañas De la que va por ínsulas extrañas. Esposo: La blanca palomica Al arca con el ramo se ha tornado, Y ya la tortolica Al socio deseado En las riberas verdes ha hallado. En soledad vivía, Y en soledad ha puesto ya su nido, Y en soledad-la guía A solas su querido, También en soledad de amor herido. Esposa: Gocémonos, Amado, Y vámonos a ver en tu hermosura Al monte y al collado, Do mana el agua pura; Entremos más adentro en la espesura. Y luego a las subidas Cavernas de la piedra nos iremos, Que están bien escondidas, Y allí nos entraremos, Y el mosto de granadas gustaremos. Allí me mostrarías Aquello que mi alma pretendía, Y luego me darías Allí tú, vida mía, Aquello que me diste el otro día. El aspirar del aire, El canto de la dulce Filomena, El soto y su donaire, En la noche serena Con llama que consume y no da pena; Que nadie lo miraba, Aminadab tampoco parecía, Y el cerco sosegaba, Y la caballería A vista de las aguas descendía. San Juan de la Cruz (Juan de Yepes) 1542-159 A. Cántico espiritual. “Canciones entre el alma y el esposo”. IES VICTORIA KENT FRAN JIMÉNEZ SANTA TERESA DE JESÚS ( Teresa de Cepeda y Ahumada), (1515 - 1582) Vivo sin vivir en mí, y tan alta vida espero, que muero porque no muero. Vivo ya fuera de mí después que muero de amor; porque vivo en el Señor, que me quiso para sí; cuando el corazón le di puse en él este letrero: que muero porque no muero. Esta divina prisión del amor con que yo vivo ha hecho a Dios mi cautivo, y libre mi corazón; y causa en mí tal pasión ver a Dios mi prisionero, que muero porque no muero. ¡Ay, qué larga es esta vida! ¡Qué duros estos destierros, esta cárcel, estos hierros en que el alma está metida! Sólo esperar la salida me causa dolor tan fiero, que muero porque no muero. ¡Ay, qué vida tan amarga do no se goza el Señor! Porque si es dulce el amor, no lo es la esperanza larga. Quíteme Dios esta carga, más pesada que el acero, que muero porque no muero. Sólo con la confianza vivo de que he de morir, porque muriendo, el vivir me asegura mi esperanza. Muerte do el vivir se alcanza, no te tardes, que te espero, que muero porque no muero. Mira que el amor es fuerte, vida, no me seas molesta; mira que sólo te resta, para ganarte, perderte. Venga ya la dulce muerte, el morir venga ligero, que muero porque no muero. Aquella vida de arriba es la vida verdadera; hasta que esta vida muera, no se goza estando viva. Muerte, no me seas esquiva; viva muriendo primero, que muero porque no muero. Vida, ¿qué puedo yo darle a mi Dios, que vive en mí, si no es el perderte a ti para mejor a Él gozarle? Quiero muriendo alcanzarle, pues tanto a mi Amado quiero, que muero porque no muero. Antología del Renacimiento y Barroco Página 13 IES VICTORIA KENT FRAN JIMÉNEZ Antología del Renacimiento y Barroco Página 14 BARROCO Luis de Góngora La más bella niña. La más bella niña de nuestro lugar, hoy viuda y sola y ayer por casar, viendo que sus ojos a la guerra van, a su madre dice que escucha su mal: Dexadme llorar, orillas del mar. Pues me distes, madre, en tan tierna edad tan corto el placer, tan largo el penar, y me cautivastes de quien hoy se va y lleva las llaves de mi libertad. Dexadme llorar, orillas del mar. En llorar conviertan mis ojos de hoy más el sabroso oficio del dulce mirar, pues que no se pueden mejor ocupar yéndose a la guerra quien era mi paz. Dexadme llorar, orillas del mar. No me pongáis freno ni queráis culpar, que lo uno es justo, lo otro por demás. Si me queréis bien no me hagáis mal; harto peor fue morir y callar. Dexadme llorar, orillas del mar. Dulce madre mía, ¿quién no llorará, aunque tenga el pecho como un pedernal, y no dará voces viendo marchitar los más verdes años de mi mocedad? Dexadme llorar, orillas del mar. Váyanse las noche, pues ido se han los ojos que hacían los míos velar; váyanse, y no vean tanta soledad después que en mi lecho sobra la mitad. Dexadme llorar, orillas del mar. Ándeme yo caliente y ríase la gente. Luis de Góngora Ándeme yo caliente y ríase la gente. Traten otros del gobierno del mundo y sus monarquías, mientras gobiernan mis días 5 mantequillas y pan tierno; y las mañanas de invierno naranjada y aguardiente,(1) y ríase la gente. Coma en dorada vajilla 10 el Príncipe mil cuidados, como píldoras dorados;(2) que yo en mi pobre mesilla quiero más una morcilla(3) que en el asador reviente, 15 y ríase la gente. Cuando cubra las montañas de blanca nieve el enero, tenga yo lleno el brasero de bellotas y castañas, 20 y quien las dulces patrañas del Rey que rabió me cuente,(4) y ríase la gente. Busque muy en hora buena el mercader nuevos soles,(5) 25 yo conchas y caracoles entre la menuda arena, escuchando a Filomena (6) sobre el chopo de la fuente, y ríase la gente. 30 Pase a medianoche el mar y arda en amorosa llama Leandro por ver su dama,(7) que yo más quiero pasar del golfo de mi lagar 35 la blanca o roja corriente,(8) y ríase la gente. Pues Amor es tan cruel que de Píramo y su amada hace tálamo una espada, 40 do se juntan ella y él,(9) sea mi Tisbe un pastel y la espada sea mi diente, y ríase la gente. 1. naranjada: mermelada de naranja. 2. Las mil preocupaciones (cuidados) del príncipe, no tendrán solución (como píldoras dorados) por comer con vajilla dorada. 3. quiero más: prefiero. 4. Por las patrañas o cuento del Rey que rabió se entiende cualquier cuento antiguo o de tradición oral. 5. Nuevos continentes o países, para comerciar y amasar fortunas. 6. Filomena: el ruiseñor. 7. Leandro pasaba cada noche a nado el estrecho de Dardanelos para encontrarse a su amada Hero, hasta que una noche muere ahogado y ella se suicida tirándose al mar también. Góngora se burla de estos desgraciados amantes y de los que vienen a continuación. 8. Tragarme el vino blanco o tinto. 9. Las ropas ensangrentadas de Píramo hacen suponer a Tisbe que ha muerto, por lo que se suicida clavándose una espada, en la que también se ensarta él cuando la ve.Por eso la espada es el lecho conyugal (tálamo) de los amantes. Góngora se burla de ello en la conclusión del poema. IES VICTORIA KENT FRAN JIMÉNEZ Amarrado al duro banco. Antología del Renacimiento y Barroco Luis de Góngora. del siempre en la montaña opuesto pino al enemigo Noto piadoso miembro roto —breve tabla— delfín no fue pequeño al inconsiderado peregrino que a una Libia de ondas su camino fió, y su vida a un leño. del Océano, pues, antes sorbido, y luego vomitado no lejos de un escollo coronado de secos juncos, de calientes plumas —alga todo y espumas— halló hospitalidad donde halló nido de Júplter el ave. besa la arena, y de la rota nave aquella parte poca que le expuso en la playa dio a la roca; que aun se dejan las peñas lisonjear de agradecidas señas. desnudo el joven, cuanto ya el vestido océano ha bebido restituir le hace a las arenas; y al Sol le extiende luego, que, lamiéndole apenas su dulce lengua de templado fuego, lento lo embiste, y con suave estilo la menor onda chupa al menor hilo. No bien, pues, de su luz los horizontes —que hacían desigual, confusamente, montes de agua y piélagos de montes— desdorados los siente, cuando —entregado el mísero extranjero en lo que ya del mar redimió fiero— entre espinas crepúsculos pisando, riscos que aun igualara mal, volando, veloz, intrépida ala, —menos cansado que confuso— escala. vencida al fin la cumbre —del mar siempre sonante, de la muda campaña árbitro igual e inexpugnable muro—, con pie ya más seguro declina al vacilante breve esplendor de mal distinta lumbre: farol de una cabaña que sobre el ferro está, en aquel incierto golfo de sombras anunciando el puerto. ...Amarrado al duro banco de una galera turquesca, ambas manos en el remo y ambos ojos en la tierra, un forzado de Dragut en la playa de Marbella se quejaba al ronco son del remo y de la cadena: «¡Oh sagrado mar de España, famosa playa serena, teatro donde se han hecho cien mil navales tragedias!, pues eres tú el mismo mar que con tus crecientes besas las murallas de mi patria, coronadas y soberbias, tráeme nuevas de mi esposa, y dime si han sido ciertas las lágrimas y suspiros que me dice por sus letras; porque si es verdad que llora mi cautiverio en tu arena, bien puedes al mar del Sur vencer en lucientes perlas. Dame ya, sagrado mar, a mis demandas respuesta, que bien puedes, si es verdad que las aguas tienen lengua, pero, pues no me respondes, sin duda alguna que es muerta, aunque no lo debe ser, pues que vivo yo en su ausencia. ¡Pues he vivido diez años sin libertad y sin ella siempre al remo condenado, a nadie matarán penas!» En esto se descubrieron de la Religión seis velas, y el cómitre mandó usar al forzado de su fuerza. SOLEDAD PRIMERA Fragmento de Las Soledades Luis de Góngora. Era del año la estación florida en que el mentido robador de Europa —Media luna las armas de su frente, y el Sol todo los rayos de su pelo—, luciente honor del cielo, en campos de zafiro pace estrellas, cuando el que ministrar podía la copa a Júpiter mejor que el garzón de Ida, —náufrago y desdeñado, sobre ausente—, lagrimosas de amor dulces querellas da al mar; que condolido, fue a las ondas, fue al viento el mísero gemido, segundo de Arïón dulce instrumento. 14 Página 15 28 33 41 51 61 IES VICTORIA KENT FRAN JIMÉNEZ De una dama que, quitándose una sortija, se picó con un alfiler. Luis de Góngora. Antología del Renacimiento y Barroco Prisión del nácar era articulado (de mi firmeza un émulo luciente) un dïamante, ingenïosamente en oro también él aprisionado. Clori, pues, que su dedo apremïado de metal, aun precioso, no consiente, gallarda un día, sobre impacïente, lo redimió del vínculo dorado. Mas, ay, que insidïoso latón breve en los cristales de su bella mano sacrílego divina sangre bebe: púrpura ilustró menos indïano marfil; invidïosa, sobre nieve claveles deshojó la Aurora en vano. FRANCISCO DE QUEVEDO Amor constante más allá de la muerte. Francisco de Quevedo Cerrar podrá mis ojos la postrera sombra que me llevare el blanco día, y podrá desatar esta alma mía hora, a su afán ansioso lisonjera; Mas no de esotra parte en la ribera dejará la memoria, en donde ardía: nadar sabe mi llama el agua fría, y perder el respeto a ley severa. Alma, a quien todo un Dios prisión ha sido, venas, que humor a tanto fuego han dado, médulas, que han gloriosamente ardido, su cuerpo dejará, no su cuidado; serán ceniza, mas tendrá sentido; polvo serán, mas polvo enamorado. Fue sueño ayer, mañana será tierra. Francisco de Quevedo. Fue sueño ayer, mañana será tierra. ¡Poco antes nada, y poco después humo! ¡Y destino ambiciones, y presumo apenas punto al cerco que me cierra! Breve combate de importuna guerra, en mi defensa, soy peligro sumo, y mientras con mis armas me consumo, menos me hospeda el cuerpo que me entierra. Ya no es ayer, mañana no ha llegado; hoy pasa y es y fue, con movimiento que a la muerte me lleva despeñado. Azadas son la hora y el momento que a jornal de mi pena y mi cuidado cavan en mi vivir mi monumento. *** Mientras por competir con tu cabello, oro bruñido al sol relumbra en vano, mientras con menosprecio en medio el llano mira tu blanca frente el lilio bello; mientras a cada labio, por cogello, siguen más ojos que al clavel temprano, y mientras triunfa con desdén lozano del luciente cristal tu gentil cuello; goza cuello, cabello, labio y frente, antes que lo que fue en tu edad dorada oro, lirio, clavel, cristal luciente, no sólo en plata o víola troncada se vuelva, mas tú y ello, juntamente, en tierra, en humo, en polvo, en sombra, en nada. Página 16 * * * Es hielo abrasador, es fuego helado, es herida que duele y no se siente, es un soñado bien, un mal presente, es un breve descanso muy cansado. Es un descuido que nos da cuidado, un cobarde, con nombre de valiente, un andar solitario entre la gente, un amar solamente ser amado. Es una libertad encarcelada, que dura hasta el postrero parasismo; enfermedad que crece si es curada. Este es el Niño Amor, este es su abismo: ¡mirad cuál amistad tendrá con nada el que en todo es contrario de sí mismo! A una nariz. Érase un hombre a una nariz pegado, érase una nariz superlativa, érase una nariz sayón y escriba, érase un peje espada muy barbado. Era un reloj de sol mal encarado, érase una alquitara pensativa, érase un elefante boca arriba, era Ovidio Nasón más narizado. Érase un espolón de una galera, érase una pirámide de Egipto, las doce Tribus de narices era. Érase un naricísimo infinito, muchísima nariz, nariz tan fiera que en la cara de Anás fuera delito. 5 10 Mujer puntiaguda con enaguas. Si eres campana ¿dónde está el badajo? Si pirámide andante vete a Egito, Si peonza al revés trae sobrescrito, Si pan de azúcar en Motril te encajo. Si capitel ¿qué haces acá abajo? Si de disciplinante mal contrito Eres el cucurucho y el delito, Llámente los cipreses arrendajo. Si eres punzón, ¿por qué el estuche dejas? Si cubilete saca el testimonio, Si eres coroza encájate en las viejas. Si büida visión de San Antonio, Llámate Doña Embudo con guedejas, Si mujer da esas faldas al demonio. Miré los muros. Salmo XVII. Enseña como todas las cosas avisan de la muerte. Miré los muros de la patria mía, si un tiempo fuertes ya desmoronados de la carrera de la edad cansados por quien caduca ya su valentía. Salíme al campo: vi que el sol bebía los arroyos del hielo desatados, y del monte quejosos los ganados que con sombras hurtó su luz al día. Entré en mi casa: vi que amancillada de anciana habitación era despojos, mi báculo más corvo y menos fuerte. Vencida de la edad sentí mi espada, y no hallé cosa en que poner los ojos que no fuese recuerdo de la muerte. 5 10 IES VICTORIA KENT FRAN JIMÉNEZ * * * Antología del Renacimiento y Barroco "¡Ah de la vida!"...¿Nadie me responde? ¡Aquí de los antaños que he vivido! La Fortuna mis tiempos ha mordido; las Horas mi locura las esconde. ¡Que sin poder saber cómo ni adónde, la salud y la edad se hayan huido! Falta la vida, asiste lo vivido, y no hay calamidad que no ronde. Ayer se fue; mañana no ha llegado; hoy se está yendo sin parar un punto; soy un fue, y un será, y un es cansado. En el hoy y mañana y ayer, juntos pañales y mortajas, y he quedado presente sucesiones de difunto. LETRILLAS SATÍRICAS. Poderoso caballero es don Dinero. Madre, yo al oro me humillo: él es mi amante y mi amado, pues de puro enamorado, de continuo anda amarillo; que pues, doblón o sencillo, hace todo cuanto quiero, poderoso caballero . es don Dinero. Nace en las Indias honrado, donde el mundo le acompaña, viene a morir en España y es en Génova enterrado; y, pues quien le trae al lado es hermoso, aunque sea fiero, poderoso caballero es don Dinero. Es galán, y es como un oro; tiene quebrado el color; persona de gran valor, tan cristiano como moro; pues que da y quita el decoro y quebranta cualquier fuero, y, pues es quien hace iguales al duque y al ganadero, poderoso caballero es don Dinero. Mas ¿ a quién no maravilla ver en su gloria sin tasa, que es lo menos de su casa doña Blanca de Castilla? Pero, pues da al bajo silla y al cobarde hace guerrero, poderoso caballero es don Dinero. poderoso caballero es don Dinero. Son sus padres principales y es de nobles descendiente, porque en las venas de Oriente todas las sangres son reales; Sus escudos de armas nobles son siempre tan principales, que sin sus escudos reales no hay escudos de armas dobles; y, pues a los mismos robles da codicia su minero, poderoso caballero es don Dinero. Por importar en los tratos y dar tan buenos consejos en las casas de los viejos gatos le guardan de gatos; y, pues él rompe recatos y ablanda al juez más severo, poderoso caballero es don Dinero. Y es tanta su majestad, (aunque son sus duelos hartos), que con haberle hecho cuartos, no pierde su autoridad; pero, pues da calidad al noble y al pordiosero, poderoso caballero . es don Dinero. Nunca vi damas ingratas a su gusto y afición, que a las caras de un doblón hacen sus caras baratas; y, pues hace las bravatas desde una bolsa de cuero, poderoso caballero . es don Dinero. Más valen en cualquier tierra -¡mirad si es harto sagaz!sus escudos en la paz, que rodelas en la guerra; y, pues al pobre le entierra y hace propio al forastero, poderoso caballero es don Dinero Página 17 IES VICTORIA KENT FRAN JIMÉNEZ Antología del Renacimiento y Barroco Página 18 TEXTOS PROSA RENACENTISTA Y BARROCA LA NOVELA REALISTA. LA PICARESCA EN EL RENACIMIENTO EL LAZARILLO DE TORMES Comienza el relato con un prólogo, que Lázaro, como pregonero de Toledo, dirige a un caballero (“vuestra merced”), contándole su “caso”, desde el principio. El prólogo advierte que el libro tiene dos lecturas: “Yo por bien tengo que cosas tan señaladas, y por ventura nunca oídas ni vistas, vengan a noticia de muchos y no se entierren en la sepultura del olvido, pues podría ser que alguno que las lea halle algo que le agrade, y a los que ahondasen tanto los deleite.” Puede hacerse, pues, una lectura superficial, regocijada, y otra honda, para adivinar algo que el autor no llega a aclarar: su crítica a la sociedad cristiana, noble o clase baja, que se rigen por la hipocresía El sarcasmo que subyace del autor anónimo, que suponemos que fue Diego Hurtado de Mendoza o Alfonso de Valdés, se transforma en resentimiento o dolor cuando Lázaro es víctima de las bromas o compasión ante ciertos personajes como el escudero. A pesar de eso está orgulloso de ascender socialmente en esa comunidad casi inmovilista. Afirma en el prólogo: “Confesando yo no ser más santo que mis vecinos, de esta nonada, que en este grosero estilo escribo, no me pesara que hayan parte y se huelguen con ello todos los que en ella algún gusto hallasen, y vean que vive un hombre con tantas fortunas, peligros y adversidades (...) Y pues vuestra merced escribe se le escriba y relate el caso muy por extenso, parecióme no tomarle por el medio, sino del principio, porque se tenga entera noticia de mi persona; y también porque consideren los que heredaron nobles estados cuán poco se les debe, pues Fortuna fue con ellos parcial, y cuánto más hicieron los que, siéndoles contraria, con fuerza y maña remando, salieron a buen puerto.” Tratado I: Su familia y servicio con el ciego. “Pues sepa vuestra merced, ante todas cosas, que a mí llaman Lázaro de Tormes, hijo de Tomé González y de Antonia Pérez, naturales de Tejares, aldea de Salamanca. Mi nacimiento fue dentro del río Tormes, por la cual causa tomé el sobrenombre.” Este es el párrafo inicial del Lazarillo. También Amadís de Gaula había nacido en un río. Se trata de un rasgo folklórico universal. La inmensa cantidad de material folklórico está humanizado, por las reflexiones dolidas de su vida azarosa y pierde su carácter meramente satírico al incidir en este pensamiento humano. Su vida comienza, pues, como la de un héroe; pero en sentido inverso. Enseguida va a faltar al cuarto mandamiento: “Siendo yo niño de ocho años, achacaron a mi padre ciertas sangrías mal hechas en los costales de los que allí a moler venían, por lo cual fue preso y confesó y no negó, y padeció persecución por justicia (...) En este tiempo, se hizo cierta armada contra moros, entre los cuales fue mi padre, que a la sazón estaba desterrado por el desastre ya dicho, con cargo de acemilero de un caballero que allá fue. Y con su señor, como leal criado, feneció su vida.” Empieza la carrera de Lázaro como mozo de un ciego mendigo para que sea su sirviente. El relato es circular cuando comienza con la “calabazada” inicial del ciego ante un toro de piedra y culmina con el golpe final ante un poste del ciego. Ha aprendido del primer amo ruin y astuto, ha superado al maestro, y es hora de cambiar de amo. “Salimos de Salamanca y, llegando a la puente, está a la entrada de ella un animal de piedra que casi tiene forma de toro, y el ciego mandóme que llegase cerca del animal y, allí puesto, me dijo: —Lázaro, llega el oído a este toro y oirás gran ruido dentro de él. Yo simplemente llegué, creyendo ser así. Y como sintió que tenía la cabeza a par de la piedra, afirmó recio la mano, diome una gran calabazada en el diablo del toro, que más de tres días me duró el dolor de la cornada, y díjome: —Necio, aprende, que el mozo del ciego un punto ha de saber más que el diablo. Y rió mucho la burla. Parecióme que, en aquel instante, desperté de la simpleza en que, como niño dormido, estaba. Dije entre mí: “Verdad dice este, que me cumple avivar el ojo y avisar, pues solo soy, y pensar cómo me sepa valer.” * * * IES VICTORIA KENT Antología del Página 19 FRAN JIMÉNEZ Renacimiento y Barroco “Visto esto y las malas burlas que el ciego burlaba de mí, determiné de todo dejarle; y, como lo traía pensado y lo tenía en voluntad, con este postrer juego que me hizo afirmélo más. Y fue ansí que luego otro día salimos por la villa a pedir limosna, y había llovido mucho la noche antes; y porque el día también llovía, y andaba rezando debajo de unos portales que en aquel pueblo había, donde no nos mojábamos, mas cuando la noche se venía y el llover no cesaba, díjome el ciego: ”—Lázaro, esta agua es muy porfiada, y cuanto la noche más cierra, más recia: acojámonos a la posada con tiempo. Para ir allá habíamos de pasar un arroyo, que con la mucho agua iba grande. Yo le dije: ”— Tío, el arroyo va muy ancho; mas, si queréis, yo veo por donde travesemos más aína sin nos mojar, porque se estrecha allí mucho, y saltando pasaremos a pie enjuto. Parescióle buen consejo y dijo: ”— Discreto eres, por esto te quiero bien. Llévame a ese lugar donde el arroyo y se ensangosta, que agora es invierno y sabe mal el agua, y más llevar los pies mojados. Yo, que vi el aparejo a mi deseo, saquéle de bajo de los portales y llevélo derecho de un pilar o poste de piedra que en la plaza estaba, sobre el cual y sobe otros cargaban saledizos de aquellas casas, y dígole: ”— Tío, éste es el paso más angosto que en el arroyo hay. Como llovía recio y el triste se mojaba, y con la priesa que llevábamos de salir del agua, que encima de nosotros caía, y, lo más principal, porque Dios le cegó aquella hora el entendimiento (fue por darme de él venganza), creyóse de mí y dijo: ”— Ponme bien derecho y salta tú el arroyo. Yo le puse bien derecho enfrente del pilar, y doy un salto y póngome detrás del poste, como quien espera tope de toro y díjele: ”— ¡Sus! Saltá todo lo que podáis, porque deis deste cabo del agua. Aun apenas lo había acabado de decir, cuando se abalanza el pobre ciego como cabrón y de toda su fuerza arremete, tomando un paso atrás de la corrida para hacer mayor salto, y da con la cabeza en el poste, que sonó tan recio como si diera con una gran calabaza, y cayó luego para atrás medio muerto y hendida la cabeza. ”—¿Cómo, y oliste la longaniza y no el poste? ¡Olé, olé!— le dije yo. ”Y déjele en poder de mucha gente que lo había ido a socorrer, y tomé la puerta de la villa en los pies de un trote, y antes que la noche viniese di conmigo en Torrijos. No supe más lo que Dios dél hizo ni curé de lo saber.” De esta manera brutal es arrancado Lázaro de su inocencia infantil y, comienza entre él y el ciego un intercambio de tretas y ardides: el niño, para engañar al amo; este, para vengarse. Recordemos el episodio del jarro de vino. “Usaba poner cabe sí un jarrillo de vino cuando comíamos y yo muy de presto le asía y daba un par de besos callados; y tornábale a su lugar. Mas duróme poco, que en los tragos conocía la falta y, por reservar su vino a salvo nunca después desamparaba el jarro, antes lo tenía por el asa asido, mas no había piedra imán que así atrajese a sí como yo con una paja larga de centeno que para aquel menester tenía hecha, la cual, metiéndola en la boca del jarro, chupando el vino, lo dejaba a buenas noches. Mas, como fuese el traidor tan astuto, pienso que me sintió, y dende en adelante mudó propósito y asentaba su jarro entre las piernas y tapábale con la mano, y así bebía seguro. ”Yo, que estaba hecho al vino, moría por él, y viendo que aquel remedio de la paja no me aprovechaba ni valía acordé en el suelo del jarro hacerle una fuentecilla y agujero sutil, y delicadamente, con una muy delgada tortilla de cera, taparlo. Y al tiempo de comer, fingiendo haber frío, entrábame entre las piernas del triste ciego a calentarme en la pobrecilla lumbre que teníamos, y al calor de ella, luego derretida la cera, por ser muy poca, comenzaba la fuentecilla a destilarme en la boca, la cual yo de tal manera ponía, que maldita la gota se perdía. Cuando el pobrete iba a beber, no hallaba nada. Espantábase, maldecíase, daba al diablo el jarro y el vino, no sabiendo qué podía ser. "—No diréis, tío, que os lo bebo yo —decía—, pues no le quitáis de la mano. Tantas vueltas y tientos dio al jarro, que halló la fuente y cayó en la burla, mas así lo disimuló como si no lo hubiera sentido. ”Y luego otro día, teniendo yo rezumando mi jarro como solía, no pensando el daño que me estaba aparejado ni que el mal ciego me sentía, sentéme como solía; estando recibiendo aquellos dulces tragos, mi cara puesta hacia el cielo, un poco cerrados los ojos por mejor gustar el sabroso licor, sintió el desesperado ciego que ahora tenía tiempo de tomar de mí venganza, y con todas sus fuerzas alzando con dos manos aquel dulce y amargo jarro, lo dejó caer sobre mi boca, ayudándose, como digo, con todo su poder, de manera que el pobre Lázaro, que de nada de esto se guardaba, antes, como otras veces, estaba descuidado y gozoso, verdaderamente me pareció que el cielo, con todo lo que en él hay, me había caído encima. ”Fue tal el golpecillo que me desatinó y sacó de sentido, y el jarrazo tan grande, que los pedazos de él se me metieron por la cara, rompiéndomela por muchas partes, y me quebró los dientes, sin los cuales hasta hoy me quedé. Desde aquella hora quise mal al mal ciego y, aunque me quería y regalaba y me curaba, bien vi que se había holgado del cruel castigo. Lavóme con vino las roturas que con los pedazos del jarro me había hecho, y sonriéndome decía: ”—¿Qué te parece, Lázaro? Lo que te enfermó te sana y da salud.” Una gran parte de las aventuras de Lázaro se atribuye son cuentos folklóricos de antigua tradición popular y perfectamente documentados. El autor los va ensartando, haciendo que el muchacho sea su protagonista. El episodio de las uvas debe de tener igual origen popular, pero no se ha logrado documentarlo. Han regalado al ciego un racimo de uvas, y propone a Lázaro comerlo alternativamente, tomando cada IES VICTORIA KENT Antología del Página 20 FRAN JIMÉNEZ Renacimiento y Barroco vez un grano. Pero, en seguida, el ciego empieza a tomarlos de dos en dos; él decide cogerlos de tres en tres. “Acabado el racimo, estuvo un poco con el escobajo en la mano, y meneando la cabeza, dijo: —Lázaro, engañado me has. Juraré yo a Dios que has tú comido las uvas tres a tres. ”—No comí —dije yo—; mas ¿por qué sospecháis eso? Respondió el sagacísimo ciego: "—¿Sabes en qué sé que las comiste tres a tres? En que comía yo dos a dos y callabas.” Tratado III: Al servicio de un escudero El segundo amo, el cura de Maqueda (Tratado II) era más avaro que el ciego, pero aún tenía algo que robarle: los panes. Este amo descubre el misterio del robo de sus panes y la astucia del mozo: “-Lázaro, de hoy más eres tuyo y no mío. Busca amo y vete con Dios, que yo no quiero en mi compañía tan diligente servidor. No es posible sino que hayas sido mozo de ciego. ”Y santiguándose de mí, como si yo estuviera endemoniado, tórnase a meter en casa y cierra su puerta.” En cambio, el tercer amo, un escudero, de baja condición social, no tiene absolutamente nada. Es un reflejo de esta comunidad en descomposición desde los RR.CC. donde han perdido sus privilegios sociales y han quedado en olvido sus viejas glorias. Así vemos la pobreza extrema donde Lázaro tiene que alimentarlo, procurando no herir su dignidad y su estatus social. El humanismo de Lázaro le lleva a tener afecto y compasión por este escudero fanfarrón y mendiga para los dos, aunque no comprende su altanería, su “honra”; pero adivina su desgracia. Aparece, por vez primera, la fraternidad humana como motivo novelesco. A continuación ofrecemos uno de los momentos más conmovedores de la novela: Lázaro se compadece de su desventurado amo. Le han regalado una uña de vaca y algunas tripas cocidas. “Y comienzo a cenar y morder en mis tripas y pan, y disimuladamente miraba al desventurado señor mío, que no partía sus ojos de mis faldas, que aquella sazón servían de plato. Tanta lástima haya Dios de mí, como yo había de él, porque sentí lo que sentía, y muchas veces había por ello pasado y pasaba cada día. Pensaba si sería bien comedirme a convidarle; mas por me haber dicho que había comido, temía no aceptaría el convite. Finalmente, yo deseaba que aquel pecador ayudase a su trabajo del mío, y se desayunase como el día antes hizo, pues había mejor aparejo, por ser mejor la vianda y menos mi hambre. Quiso Dios cumplir mi deseo, y aun pienso que el suyo; porque como comencé a comer, y él se andaba paseando, llegóse a mí y díjome: "—Dígote, Lázaro, que tienes en comer la mejor gracia que en mi vida vi a hombre, y que nadie te lo verá hacer que no le pongas gana aunque no la tenga. “La muy buena que tú tienes —dije yo entre mí— te hace parecer la mía hermosa.” Con todo, parecióme ayudarle, pues se ayudaba y me abría camino para ello y díjele: ”—Señor, el buen aparejo hace buen artífice. Este pan está sabrosísimo, y esta uña de vaca tan bien cocida y sazonada, que no habrá a quien no convide con su sabor. ”—¿Uña de vaca es? —Sí, señor. ”—Dígote que es el mejor bocado del mundo, y que no hay faisán que así me sepa. —Pues pruebe, señor, y verá qué tal está. ”Póngole en las uñas la otra, y tres o cuatro raciones de pan de lo más blanco. Y sentóse al lado y comienza a comer como aquel que lo había gana, royendo cada huesecillo de aquello mejor que un galgo lo hiciera.” Tras el escudero, con el que Lázaro “toca fondo” en su personal lucha contra el hambre, mejora su situación y Lázaro sirve a varios amos: un fraile mercedario de vida poco recogida, un taimado vendedor de bulas, un pintor, un capellán. Como aguador gana sus primeros jornales. En el último tratado cuenta Lázaro cuál es el “caso” por el que le pregunta “vuestra merced.” “En este tiempo, viendo mi habilidad y buen vivir, teniendo noticia de mi persona el señor arcipreste de Sant Salvador; mi señor, y servidor y amigo de Vuestra Merced, porque le pregonaba sus vinos, procuró casarme con una criada suya1. Y visto por mí que de tal persona no podía venir sino bien y favor, acordé de lo hacer. Y así, me casé con ella, y hasta agora no estoy arrepentido. ”Porque, allende de ser buena hija y diligente servicial, tengo en mi señor arcipreste todo favor y ayuda […]. Y hízonos alquilar una casilla par de la suya. Los domingos y fiestas casi todas las comíamos en su casa. Mas malas lenguas, que nunca faltaron ni faltarán, no nos dejan vivir, diciendo no sé qué y sí sé qué de que ven a mi mujer irle a hacer la cama y guisalle de comer. Y mejor les ayude Dios que ellos dicen la verdad. Porque, allende de no ser ella mujer que se pague destas burlas, mi señor me ha prometido lo que pienso que cumplirá. Que él me habló un día muy largo delante della y me dijo: ”—Lázaro de Tormes, quien ha de mirar a dichos de malas lenguas nunca medrará. Digo esto porque no me maravillaría alguno, viendo entrar en mi casa a tu mujer y salir della. Ella entra muy a tu honra y suya; y esto te lo prometo. Por tanto, no mires a lo que pueden decir, sino a lo que te toca: digo a tu provecho. IES VICTORIA KENT Antología del Página 21 FRAN JIMÉNEZ Renacimiento y Barroco ”—Señor— le dije—, yo determiné de arrimarme a los buenos. Verdad es que algunos de mis amigos me han dicho algo deso, y aun por más de tres veces me han certificado que antes que conmigo casase había parido tres veces, hablando con reverencia de Vuestra Merced, porque está ella delante. ”Entonces mi mujer echó juramentos sobre sí, que yo pensé que la casa se hundiera con nosotros; y después tomóse a llorar y a echar maldiciones sobre quien conmigo la había casado; en tal manera, que quisiera ser muerto antes que se me hubiera soltado aquella palabra de la boca. Más yo de un cabo y mi señor de otro tanto le dijimos y otorgamos, que cesó su llanto, con juramento que le hice de nunca más en mi vida mentarle nada de aquello, y que yo holgaba y había por bien de que ella entrase y saliese, de noche y de día, pues estaba bien seguro de su bondad. Y así quedamos todos tres bien conformes. ”Hasta el día de hoy nunca nadie nos oyó sobre el caso; antes, cuando alguno siento que quiere decir algo de ella, le atajo y le digo: ”— Mirá, si sois mi amigo, no me digáis cosa con que me pese, que no tengo por mi amigo al que me hace pesar; mayormente, si me quieren meter mal con mi mujer, que es la cosa del mundo que yo más quiero y la amo más que a mí; y me hace Dios con ella mil mercedes y más bien que yo merezco: que yo juraré sobre la hostia consagrada que es tan buena mujer como vive dentro de la puertas de Toledo 2. Quien otra cosa me dijere, yo me mataré con él. ”Desta manera no me dicen nada, y yo tengo paz en mi casa. ”Esto fue el mesmo año que nuestro victorioso Emperador en esta insigne ciudad de Toledo entró y tuvo en ella Cortes, y se hicieron grandes regocijos, como Vuestra Merced habrá oído. Pues en este tiempo estaba en mi prosperidad y en la cumbre de toda buena fortuna.” LA NOVELA PICARESCA BARROCA GUZMÁN DE ALFARACHE de Mateo Alemán La novela picaresca tuvo en Mateo Alemán a uno de sus máximos representantes y en el Guzmán de Alfarache una de sus obras maestras. “Atalaya de la vida humana”, dijo de ella Gracián. “Tenía mi padre un rosario entero de quince dieces, en que se enseñó a rezar — en lengua castellana hablo—; las cuentas gruesas más que avellanas. Este se lo dio mi madre, que lo heredó de la suya. Nunca se le caía de las manos. Cada mañana oía su misa, sentadas ambas rodillas en el suelo, juntas las manos, levantadas del pecho arriba, el sombrero encima de ellas. Arguyéronle maldicientes que estaba de aquella manera rezando para no oír; y el sombrero alto para no ver. Juzguen de este juicio los que se hallan desapasionados y digan si ha sido perverso y temerario, de gente desalmada y sin conciencia. ”También es verdad que esta murmuración tuvo su causa: y fue su principio que, habiéndose alzado en Sevilla un su compañero y llevándole gran suma de dineros, venía en su seguimiento tanto a remediar lo que pudiera del daño, como a componer otras cosas. La nave fue saqueada y él, con los más que en ella venían, cautivo y llevado a Argel, donde medroso y desesperado de cobrar la deuda por bien de paz, como quien no dice nada, renegó. ”Allí se casó con una mora hermosa y principal, con buena hacienda. Que en materia de interés —por lo general, de quien siempre voy tratando en perjuicio de mucho número de nobles caballeros y gente grave y principales, que en todas partes hay de todo— diré de paso lo que en algunos deudos conocí el tiempo que los traté. Eran amigos de solicitar casas ajenas, olvidándose de las propias; que se les tratase verdad y de no decirla; que se les pagase lo que se les debía y no pagar lo que debían; ganar y gastar largo, diese donde diese, que ya estaba rematada la prenda —y como dicen— a Roma por todo. Sucedió, pues, que, asegurado el compañero de no haber quien le pidiese, acordó tomar medio con los acreedores presentes, poniendo condiciones y plazos, con que pudo quedar de allí en adelante rico y satisfechas las deudas. ”Cuando esto supo mi padre, nacióle nuevo deseo de venirse con secreto y diligencia; y para engañar a la mora, le dijo que se quería ocupar en ciertos tratos de mercancías. Vendió la hacienda y, puesta en cequíes — moneda de oro berberisca—, con las más joyas que pudo, dejándola sola y pobre, se vino huyendo. Y sin que algún amigo o enemigo lo supiera, reduciéndose a la fe de Jesucristo, arrepentido y lloroso, delató de sí mismo, pidiendo misericordiosa penitencia: la cual siéndole dada, después de cumplida pasó adelante a cobrar su deuda. Esta fue la causa por que jamás le creyeron obra que hiciese buena. Si otra les piden, dirán lo que muchas veces con impertinencia y sin propósito me dijeron: que quien una vez ha sido malo, siempre se presume serlo en aquel género de maldad.” a) Comenta si la vida de engaños y trapicheos del padre de Guzmán es habitual en la picaresca. b) Resume la anécdota de la deuda que se cuenta en el texto. c) El Guzmán de Alfarache es pródigo en reflexiones morales. Señala alguna en el texto. d) Comenta la relación de interés del padre de Guzmán con las creencias religiosas. “Era yo muchacho vicioso y regalado, criado en Sevilla sin castigo de padre, la madre viuda —como lo has oído—, cebado a torreznos, molletes y mantequillas y sopas de miel rosada, mirado y adorado más que hijo de mercader de IES VICTORIA KENT Antología del Página 22 FRAN JIMÉNEZ Renacimiento y Barroco Toledo o tanto. Hacíaseme de mal dejar mi casa, deudos y amigos; demás que es dulce el amor de la patria. Siéndome forzoso, no pude excusarlo. Alentábame mucho el deseo de ver mundo, ir a reconocer en Italia mi noble parentela. ”Salí, que no debiera, bien pude decir, tarde y con mal. Creyendo hallar copioso remedio, perdí el poco que tenía. Sucediome lo que al perro con la sombra de la carne. Apenas había salido de la puerta, cuando sin poderlo resistir dos Nilos reventaron mis ojos que, regándome el rostro en abundancia, quedó todo en lágrimas bañado. Esto y querer anochecer no me dejaban ver cielo ni palmo de tierra por donde iba. Cuando llegué a San Lázaro, que está de la ciudad poco distancia, senteme en la escalera o grada por donde suben a aquella devota ermita. ”Allí hice de nuevo alarde de mi vida y discursos de ella. Quisiera volver, por haber salido mal apercibido, con poco acuerdo y poco dinero para viaje tan largo: que aun para corto no llevaba. Y sobre tantas desdichas —que, cuando comienzan, vienen siempre muchas y enzarzadas unas de otras como cerezas— era viernes en la noche y algo oscura; no había cenado ni merendado. […] ”Este día, cansado de andar solas dos leguas pequeñas —que para mí eran las primeras que había caminado— , ya me pareció haber llegado a los antípodas y, como el famoso Colón, descubierto un mundo nuevo. Llegué a una venta sudado, polvoroso, despeado, triste y, sobre todo, el molino picado, el diente agudo y el estómago débil. Sería mediodía. Pedí de comer; dijeron que no había sino solo huevos. No tan malo si lo fueran: que a la bellaca de la ventera, con el mucho calor o que la zorra le matase la gallina, se quedaron empollados y por no perderlo todo los iba encajando con otros buenos. ”Díjele que iba a la corte, que me diese de comer. Hízome sentar en un banquillo cojo y encima de un poyo me puso un barredero de horno, con un salero hecho de un suelo de cántaro, un tiesto de gallinas lleno de agua y una media hogaza más negra que los manteles. Luego me sacó en un plato una tortilla de huevos, que pudiera llamarse mejor emplasto de huevos. ”Ellos, el pan, jarro, agua, salero, sal, manteles y la huéspeda, todo era de lo mismo. Halleme bozal, el estómago apurado, las tripas de posta, que se daban unas con otras de vacías. ”Comí, como el puerco la bellota, todo a hecho, aunque verdaderamente sentía crujir entre los dientes los tiernecillos huesos de los sin ventura pollos que era hacerme como cosquillas en las encías. […] ”Y así proseguí mi camino, no con poco cuidado de saber qué pudiera ser aquel tañerme castañetas los huevos en la boca. Fui dando y tomando en esta imaginación y, cuando más la seguía, más géneros de desventura se me representaban y el estómago más se me alteraba; porque nunca sospeché cosa menos asquerosa, viéndolos tan mal guisados, el aceite negro, que parecía de suelos de candiles, la sartén puerca y la ventera legañosa. ”Entre unas y otras imaginaciones encontré con la verdad y, teniendo andada otra legua, con solo aquel pensamiento, fue imposible resistirme. Porque, como a mujer preñada, me iban y venía erutaciones del estómago a la boca, hasta que de todo punto no me quedó cosa en el cuerpo. Y aun el día de hoy me parece que siento los pobrecitos pollos piándome acá dentro. Así estaba sentado en la falda del vallado de unas viñas, considerando mis infortunios, harto arrepentido de mi mal considerada partida, que siempre los mozos se despeñan tras el gusto presente, sin respetar ni mirar el daño venidero. a) En el texto, narrado en primera persona, como todas las novelas picarescas, se distinguen dos voces: la de Guzmanillo y la de Guzmán. Señala los párrafos que corresponden a una y a otra voz. b) Una de las características de esta novela es el carácter moralizador de su autor que interrumpe continuamente la acción con digresiones morales. Coméntalas. c) indica de qué modo se ponen de manifiesto en el texto las siguientes características del género picaresco: autobiografismo, personaje antiheroico, principio de vagabundeo, principio de la evolución del protagonista. d) Describe los personajes que aparecen y cómo están caracterizados por el autor. e) Es frecuente en la novela picaresca que los personajes aparezcan comiendo, escupiendo, vomitando. ¿Qué efecto produce en el lector? f) ¿Qué tono predomina en el texto: serio, optimista, alegre, sombrío, pesimista, angustiado o sereno? ¿Qué relación tiene con la situación histórico-social del siglo XVII? g) ¿Expresa la voz narradora algún juicio explícito o implícito? ¿Crees que el protagonista está satisfecho o se arrepiente de haber huido de casa? h) Indica qué figura retórica utiliza el autor con la expresión: “dos Nilos reventaron de mis ojos” y qué quiere decir con ello. i) El Barroco siente un gusto especial por la exageración. Todo el episodio de la comida en la venta está basado en la hipérbole. Analízalo. “A mi padre se la dieron [la justicia] porque la tuvo, la supo y la pudo pleitear. Demás, que en el tormento purgó los indicios y tachó los testigos de pública enemistad, que disponían de vanas presunciones y de vano fundamento. Ya oigo al murmurador diciendo la mala voz que tuvo: rizarse, afeitarse y otras cosas que callo, dineros que bullían, presentes que cruzaban, mujeres que solicitaban, me dejan la espina en el dedo. Mas cuando te quieras dejar llevar de la opinión y voz del vulgo, que siempre es la más flaca y menos verdadera, por serlo el sujeto de donde sale, dime como cuerdo: ¿todo cuanto has dicho es parte para que indubitablemente mi padre fuese culpado? Y más que, si es cierta la opinión de algunos médicos, que lo tienen por enfermedad, ¿quién puede juzgar si estaba mi padre sano? Y a lo que es tratar de rizados y más porquerías, no lo alabo ni a los que en España lo consientes, cuanto más a los que lo hacen Lo que vi el tiempo que le conocí, te puedo decir. Era rubio, blanco, colorado, rizo, y creo de naturaleza tenía los ojos grandes, turquesados. Traía copete y sienes ensortijadas. Si esto era propio, no fuera justo, dándoselo Dios, que se tiznara la cara ni arrojara en la calle semejantes prendas. Pero si en verdad, como dices, que se valía de untos y artificios de sebillos, que los dientes y manos, que tanto le loaban, era a poder de polvillos, hieles, jabonetes y otras IES VICTORIA KENT Antología del Página 23 FRAN JIMÉNEZ Renacimiento y Barroco porquerías, confesarete cuanto dél dijeres y seré su capital enemigo y de todos los que de cosa semejante tratan, pues demás que son actos de afeminados, maricas, dan ocasión para que de ellos murmuren y se sospeche toda vileza, viéndolos embarrados y compuestos con las cosas tan solamente a mujeres permitidas.[…] iba mi padre con el hilo de la gente y no fue solo el que pecó. Harto más digno de culpa serías tú, si pecases, por la mejor escuela que has tenido. Ténganos Dios de su mano para no caer en otras semejantes miserias, que todos somos hombres. […] ”Con este dinero, hallado de refresco, volvió un poco mi padre sobre sí, como torcida que atizan en candil con poco aceite, comenzó a dar luz: gastó, hizo carroza y silla de manos, no tanto por la gana que de ella tenía mi madre, como por la ostentación que no le reconocieran su flaqueza. Conservose lo menos mal que pudo. Las ganancias no igualaban a las expensas. Uno a ganar y muchos a gastar, el tiempo por su parte a apretar, los años caros, las correspondencias pocas y malas. Lo bien ganado se pierde, y lo malo, ello y su dueño. El pecado lo dio y él —creo— lo consumió, pues nada lució y mi padre de una enfermedad aguda en cinco días falleció. […] ”Yo fui desgraciado, como habéis oído: quedé solo, sin árbol que me hiciese sombra, los trabajos a cuestas, la carga pesada, las fuerzas flacas, la obligación mucha, la facultad poca. Ved si un mozo como yo, que ya galleaba, fuera justo con tan honradas partes estimarse en algo. ”El mejor medio que hallé fue probar la mano para salir de miseria, dejando mi madre y tierra. Hícelo así, y para no ser conocido no me quise valer del apellido de mi padre; púseme el Guzmán de mi madre, y Alfarache de la heredad adonde tuvo mi principio. Con esto salí a ver mundo, peregrinando por él, encomendándome a Dios y buenas gentes, en quien hice confianza. a) Comenta los rasgos característicos del pícaro que Guzmán manifiesta en este fragmento. Compáralos con la presentación del protagonista de El Lazarillo. ¿Son importantes las referencias al origen social y familiar del pícaro? ¿Por qué? b) Señala los pasajes del fragmento en los que se percibe la actitud moralizante del narrador. ¿En qué tipo de ideología parece inscribirse? Justifica la respuesta. c) Sin embargo, la actitud del protagonista ante el comportamiento de su padre resulta ambigua. ¿Qué argumentos utiliza en el texto para tratar de justificarlo? d) En conexión con el propósito, en apariencia didáctico y moralizante, de la obra, son significativas las constantes referencias a los lectores en el texto. Señálalas y explica qué función tienen. e) A través de lo que dice sobre su padre, el narrador alude también a la situación social y económica de la España de la época. Explica cuál es la actitud de Guzmán ante temas como la Inquisición, la importancia de la opinión social, la ostentación como forma de vida y su relación con el tema de la apariencia, la crisis económica, etc. ¿Podría entenderse el retrato que hace su padre como un repaso de los males que aquejan al país? ¿Cuáles serían estos? ¿Afecta todo esto a la interpretación del texto? El Buscón Francisco de Quevedo Yo, señor, soy de Segovia. Mi padre se llamó Clemente Pablo, natural del mismo pueblo; Dios le tenga en el cielo. Fue, tal como todos dicen, de oficio barbero; aunque eran tan altos sus pensamientos, que se corría que le llamasen así, diciendo que él era tundidor de mejillas y sastre de barbas. Dicen que era de muy buena cepa, y, según él bebía, es cosa para creer. Estuvo casado con Aldonza de San Pedro, hija de Diego de San Juan y nieta de Andrés de San Cristóbal. Sospechábase en el pueblo que no era castellana vieja, aunque ella, por los nombres y sobrenombres de sus pasados, quiso esforzar que era descendiente de la letanía. Tuvo muy buen parecer, y fue tan celebrada, que, en el tiempo que ella vivió, casi todos los copleros de España hacían cosas sobre ella. Padeció grandes trabajos recién casada, y aun después, porque malas lenguas daban en decir que mi padre metía el dos de bastos para sacar el as de oros. Probósele que, a todos los que hacía la barba a navaja, mientras les daba con el agua, levantándoles la cara para el lavatorio, un mi hermanico de siete años les sacaba muy a su salvo los tuétanos de las faldriqueras. Murió el angelico de unos azotes que le dieron en la cárcel. Sintiólo mucho mi padre, por ser tal que robaba a todos las voluntades. Por estas y otras niñerías, estuvo preso; aunque, según a mí me han dicho después, salió de la cárcel con tanta honra, que le acompañaron docientos cardenales, sino que a ninguno llamaban «señoría». Las damas diz que salían por verle a las ventanas, que siempre pareció bien mi padre a pie y a caballo. No lo digo por vanagloria, que bien saben todos cuán ajeno soy della. Mi madre, pues, no tuvo calamidades. Un día, alabándomela una vieja que me crió, decía que era tal su agrado, que hechizaba a cuantos la trataban. Sólo diz que se dijo no sé qué de un cabrón y volar, lo cual la puso cerca de que la diesen plumas con que lo hiciese en público. Hubo fama que reedificaba doncellas, resucitaba cabellos encubriendo canas. Unos la llamaban zurcidora de gustos; otros, algebrista de voluntades desconcertadas, y por mal nombre alcagüeta. Para unos era tercera, primera para otros, y flux para los dineros de todos. IES VICTORIA KENT FRAN JIMÉNEZ Antología del Renacimiento y Barroco Página 24 LA NOVELA PASTORIL “Pues llegando el pastor a los verdes y deleitosos prados, que el caudaloso río Ezla con sus aguas va regando, le vino a la memoria el gran contentamiento de que en algún tiempo allí había gozado, siendo tan señor de su libertad, como entonces sujeto a quien sin causa lo tenía sepultado en las tinieblas de su olvido. Consideraba aquel dichoso tiempo que por aquellos prados y hermosa ribera apacentaba su ganado, poniendo los ojos en solo el interés que de traerle bien apacentado se le seguía, y las horas que le sobraban gastaba el pastor en solo gozar el suave olor de las doradas flores, al tiempo que la primavera, con las alegres nuevas del verano, se esparce por el universo, tomando a veces su rabel, que muy pulido en un zurrón siempre traía, otras veces una zampoña, al son de la cual componía los dulces versos con que de las pastoras de toda aquella comarca era loado.” • Señala los rasgos típicos de la novelas pastoriles que aparecen en el texto: personajes, sentimientos, marco, estilo… • El fragmento trata el tópico del locus amoenus. Señala los elementos del paisaje y la adjetivación que los acompaña. > Cervantes también escribió una novela pastoril, La Galatea. Lee este fragmento: “Esto cantaba Elicio, pastor en las riberas de Tajo, con quien naturaleza se mostró tan liberal cuanto la Fortuna y el Amor, escasos; aunque los discursos del tiempo, consumidor y renovador de las humanas obras, le trujeron a términos que tuvo por dichosos los infinitos y desdichados en que se había visto (y en los que su deseo le había puesto) por la incomparable belleza de la simpar Galatea, pastora en las mismas riberas nacida; y, aunque en el pastoral y rústico ejercicio criada, fue de tan alto y subido entendimiento que las discretas damas, en los reales palacios crecidas y al discreto trato de la corte acostumbradas, se tuvieran por dichosas de parecerla en algo, así en la discreción como en la hermosura.” • Las novelas pastoriles se consideraban los textos más refinados y elegantes de la época no solo por su estilo sino también por su contenido. ¿Qué rasgos destacarías del estilo de este fragmento? • Explica cómo aparece caracterizado el personaje de Galatea. Los siete libros de Diana I Jorge de Montemayor. “No mucho después de que los pastores dieron fin al triste canto, vieron salir dentre el arboleda, que junto al río estaba, una pastora tañendo con una zampoña, y cantando con tanta gracia y suavidad como tristeza; la cual encubría gran parte de su hermosura, que no era poca. Y preguntando Sireno, como quien había mucho que no repastaba en aquel valle, quién fuese, Sylvano le respondió: ”— Esta es una hermosa pastora que de pocos días acá apacienta por estos prados, muy quejosa de amor, y según dicen con mucha razón, aunque otros quieren decir que ha mucho tiempo que se burla con el desengaño ”—¿Por ventura—dijo Sireno—, está en su mano el desengañarse? ”—Sí—respondió Sylvano—, porque no puedo yo creer que haya mujer en la vida que tanto quiera, que la fuerza del amor le estorbe entender si es querida o no. ”—De contraria opinión soy yo. ”—¿De contraria? —dijo Sylvano—. Pues no te irás alabando, que bien caro te cuesta haberte fiado en las palabras de Diana, pero no te doy culpa, que así como no hay quien venza su hermosura, así no habrá a quien sus palabras no engañen. ”—¿Cómo puedes tú saber eso, pues ella jamás te engañó con palabras ni con obras? ”—Verdad es— dijo Sylvano— que siempre fui de ella desengañado, mas yo osaría jurar, por lo que después ha sucedido, jamás me desengañó a mí sino por engañarte a ti. Pero dejemos esto, y oigamos a esta pastora que es gran amiga de Diana, y según lo que de su gracia y discreción me dicen, bien merece ser oída. ”A este tiempo llegaba la hermosa pastora junto a la fuente cantando este soneto: ”Ya he visto yo a mis ojos más contento, ya he visto más alegre el alma mía, triste de la que enfada, do algún día con su vista causó contentamiento. Mas como esta fortuna en un momento os corta la raíz del alegría: lo mismo que hay de un es a un ser solía hay de un gran placer a un gran tormento. Tomaos allá con tiempos, con mudanzas, tomaos con movimientos desvariados, veréis el corazón cuán libre os queda. Entonces me fiaré yo en esperanzas, cuando los casos sean sojuzgados, y echado un clavo al eje de la rueda.” *** IES VICTORIA KENT Antología del Página 25 FRAN JIMÉNEZ Renacimiento y Barroco La novela pastoril del barroco en Don Quijote se fusiona con la novela sentimental. No se presenta en estado puro, y además se le suma un narrador testigo que presenta el relato sin participar de los acontecimientos. El objetivo es presentarla con mayor objetividad distanciándose del “yo protagonista” que veníamos reproduciendo en el género. Similar técnica narrativa la contemplamos en la primera parte de Don Quijote en los capítulos 50-51. –«Principalmente, decían que sabía la ciencia de las estrellas, y de lo que pasan, allá en el cielo, el sol y la luna; porque puntualmente nos decía el cris del sol y de la luna.» «Finalmente, no pasaron muchos meses, después que vino de Salamanca, cuando un día remaneció vestido de pastor, con su cayado y pellico, habiéndose quitado los hábitos largos que como escolar traía; y juntamente se vistió con él de pastor otro su grande amigo, llamado Ambrosio, que había sido su compañero en los estudios. Olvidábaseme de decir como Grisóstomo, el difunto, fue grande hombre de componer coplas; tanto, que él hacía los villancicos para la noche del Nacimiento del Señor, y los autos para el día de Dios, que los representaban los mozos de nuestro pueblo, y todos decían que eran por el cabo. Cuando los del lugar vieron tan de improviso vestidos de pastores a los dos escolares, quedaron admirados, y no podían adivinar la causa que les había movido a hacer aquella tan estraña mudanza. Ya en este tiempo era muerto el padre de nuestro Grisóstomo, y él quedó heredado en mucha cantidad de hacienda, ansí en muebles como en raíces, y en no pequeña cantidad de ganado, mayor y menor, y en gran cantidad de dineros; de todo lo cual quedó el mozo señor desoluto, y en verdad que todo lo merecía, que era muy buen compañero y caritativo y amigo de los buenos, y tenía una cara como una bendición. Después se vino a entender que el haberse mudado de traje no había sido por otra cosa que por andarse por estos despoblados en pos de aquella pastora Marcela que nuestro zagal nombró denantes, de la cual se había enamorado el pobre difunto de Grisóstomo.» Y quiéroos decir agora, porque es bien que lo sepáis, quién es esta rapaza; quizá, y aun sin quizá, no habréis oído semejante cosa en todos los días de vuestra vida, aunque viváis más años que sarna. […] […] en nuestra aldea hubo un labrador aún más rico que el padre de Grisóstomo, el cual se llamaba Guillermo, y al cual dio Dios, amén de las muchas y grandes riquezas, una hija, de cuyo parto murió su madre, que fue la más honrada mujer que hubo en todos estos contornos. No parece sino que ahora la veo, con aquella cara que del un cabo tenía el sol y del otro la luna; y, sobre todo, hacendosa y amiga de los pobres, por lo que creo que debe de estar su ánima a la hora de [a]hora gozando de Dios en el otro mundo. De pesar de la muerte de tan buena mujer murió su marido Guillermo, dejando a su hija Marcela, muchacha y rica, en poder de un tío suyo sacerdote y beneficiado en nuestro lugar. Creció la niña con tanta belleza, que nos hacía acordar de la de su madre, que la tuvo muy grande; y, con todo esto, se juzgaba que le había de pasar la de la hija. Y así fue, que, cuando llegó a edad de catorce a quince años, nadie la miraba que no bendecía a Dios, que tan hermosa la había criado, y los más quedaban enamorados y perdidos por ella. Guardábala su tío con mucho recato y con mucho encerramiento; pero, con todo esto, la fama de su mucha hermosura se estendió de manera que, así por ella como por sus muchas riquezas, no solamente de los de nuestro pueblo, sino de los de muchas leguas a la redonda, y de los mejores dellos, era rogado, solicitado e importunado su tío se la diese por mujer. Mas él, que a las derechas es buen cristiano, aunque quisiera casarla luego, así como la vía de edad, no quiso hacerlo sin su consentimiento, sin tener ojo a la ganancia y granjería que le ofrecía el tener la hacienda de la moza, dilatando su casamiento. Y a fe que se dijo esto en más de un corrillo en el pueblo, en alabanza del buen sacerdote.» Que quiero que sepa, señor andante, que en estos lugares cortos de todo se trata y de todo se murmura; y tened para vos, como yo tengo para mí, que debía de ser demasiadamente bueno el clérigo que obliga a sus feligreses a que digan bien dél, especialmente en las aldeas. «Y en lo demás sabréis que, aunque el tío proponía a la sobrina y le decía las calidades de cada uno en particular, de los muchos que por mujer la pedían, rogándole que se casase y escogiese a su gusto, jamás ella respondió otra cosa sino que por entonces no quería casarse, y que, por ser tan muchacha, no se sentía hábil para poder llevar la carga del matrimonio. Con estas que daba, al parecer justas escusas, dejaba el tío de importunarla, y esperaba a que entrase algo más en edad y ella supiese escoger compañía a su gusto. Porque decía él, y decía muy bien, que no habían de dar los padres a sus hijos estado contra su voluntad. Pero hételo aquí, cuando no me cato, que remanece un día la melindrosa Marcela hecha pastora; y, sin ser parte su tío ni todos los del pueblo, que se lo desaconsejaban, dio en irse al campo con las demás zagalas del lugar, y dio en guardar su mesmo ganado. Y, así como ella salió en público y su hermosura se vio al descubierto, no os sabré buenamente decir cuántos ricos mancebos, hidalgos y labradores han tomado el traje de Grisóstomo y la andan requebrando por esos campos. Uno de los cuales, como ya está dicho, fue nuestro difunto, del cual decían que la dejaba de querer, y la adoraba. Y no se piense que porque Marcela se puso en aquella libertad y vida tan suelta y de tan poco o de ningún recogimiento, que por eso ha dado indicio, ni por semejas, que venga en menoscabo de su honestidad y recato; antes es tanta y tal la vigilancia con que mira por su honra, que de cuantos la sirven y solicitan ninguno se ha alabado, ni con verdad se podrá alabar, que le haya dado alguna pequeña esperanza de alcanzar su deseo. Que, puesto que no huye ni se esquiva de la compañía y conversación de los pastores, y los trata cortés y amigablemente, en llegando a descubrirle su intención cualquiera dellos, aunque sea tan justa y santa como la del matrimonio, los arroja de sí como con un trabuco. Y con esta manera de condición hace más daño en esta tierra que si por ella entrara la pestilencia; porque su afabilidad y hermosura atrae los corazones de los que la tratan a servirla y a amarla, pero su desdén y desengaño los conduce a términos de desesperarse; y así, no saben qué decirle, sino llamarla a voces cruel y desagradecida, con otros títulos a éste semejante[s], que bien la calidad de su condición manifiestan. Y si aquí estuviésedes, señor, algún día, veríades resonar estas sierras y estos valles con los lamentos de los desengañados que la siguen. No está muy lejos de aquí un sitio donde hay casi dos docenas de altas hayas, y no hay ninguna que en su lisa corteza no tenga grabado y escrito el nombre de Marcela; y encima de alguna, una corona grabada en el mesmo árbol, como si más claramente dijera su amante que Marcela la lleva y la merece de toda la hermosura humana. Aquí sospira un pastor, allí se queja otro; acullá se oyen amorosas canciones, acá desesperadas endechas. Cuál hay que pasa IES VICTORIA KENT Antología del Página 26 FRAN JIMÉNEZ Renacimiento y Barroco todas las horas de la noche sentado al pie de alguna encina o peñasco, y allí, sin plegar los llorosos ojos, embebecido y transportado en sus pensamientos, le halló el sol a la mañana; y cuál hay que, sin dar vado ni tregua a sus suspiros, en mitad del ardor de la más enfadosa siesta del verano, tendido sobre la ardiente arena, envía sus quejas al piadoso cielo. Y déste y de aquél, y de aquéllos y de éstos, libre y desenfadadamente triunfa la hermosa Marcela; y todos los que la conocemos estamos esperando en qué ha de parar su altivez y quién ha de ser el dichoso que ha de venir a domeñar condición tan terrible y gozar de hermosura tan estremada.» (I,12-13) LA NOVELA CORTESANA Las novelas cortesanas o italianas eran relatos generalmente breves que, siguiendo los modelos italianos y a la zaga de las Novelas ejemplares de Cervantes se publican durante este siglo XVII. Se trata de una narración breve de ambientación urbana, de temática amorosa y con ingredientes costumbristas, picarescos, pastoriles y algunas reminiscencias de la novelística italiana. De todas ellas, quizá las más leídas fueron las de María de Zayas: Novelas ejemplares y amorosas (1637) y Desengaños amorosos (1647) “A los últimos dejes del estribillo se levantó la hermosa Nise de su asiento, y haciendo una cortés reverencia, se pasó al del desengaño, y con mucho donaire y despejo dijo: ”— Por decreto de la hermosa y discreta Lisis, me toca esta noche el tercero desengaño. Y aunque pudiera esta audiencia cerrarse con los referidos pues son bastantes para que las damas de estos tiempos estemos prevenidas, con el ejemplo de las pasadas o guardarnos de no caer en las desdichas que ellas cayeron, por dejarse vencer de los engaños disfrazados en amor de los hombres, por que no me tengáis por alguna de las engañadas, que si mi corto entendimiento me ayuda, espero no serlo, aunque mi desengaño no sea de tanta erudición como los referidos, ocupo este lugar, advirtiendo que, supuesto la hermosa Lisis manda que sean casos verdaderos los que se digan, si acaso pareciere que los desengaños aquí referidos, y los que faltan, los habéis oído en otras partes, será haberle contado quien, como yo y las demás desengañadoras, lo supo por mayor, mas no con las circunstancias que aquí van hermoseadas, y no sacados de una parte a otra, como hubo algún lego o envidioso que lo dijo de la primera parte de nuestro sarao. Diferente cosa es novelar solo con la inventiva un caso que ni fue, ni pudo ser, y ese no sirve de desengaño, sino de entretenimiento, a contar un caso verdadero, que no solo sirva de entretener, sino de avisar. Y como nuestra intención no es de solo divertir sino de aconsejar a las mujeres […] Y con estas prevenciones dichas, prosigo de esta suerte. "En la ciudad de Palermo , en el reino de Sicilia, hubo en tiempos pasados dos caballeros nobles, ricos, galanes, discretos y, sobre todo, para que fuesen estas gracias de naturaleza y fortuna más lucidas, eran hijos de españoles…” a) Señala qué parte del fragmento corresponde al relato y qué parte a la estructura que sirve como marco de este. Por lo que se puede deducir, ¿qué situación es la que imagina María de Zatas para engarzar los distintos relatos que componen la obra? ¿Quiénes los narran? ¿Con qué propósito? b) Las palabras de presentación de Nise insisten en una de las características básicas de este tipo de relatos breves en el siglo XVII, ¿cuál? Justifica la respuesta indicando y explicando las referencias que se hacen a ello en el texto. c) En conexión con lo anterior, comenta la importancia que adquiere el tema del “engaño”. ¿Por qué los relatos se denominan desengaños? Explica la relación que hay entre estos temas y la visión del mundo del Barroco. d) Se alude también a algunos conceptos estéticos típicos de la época: diferencias entre historia y ficción, la distinta capacidad ejemplarizante de una y otra, la imitación literaria, verdad frente a verosimilitud, la intención de deleitar aprovechando… Señala y explica los pasajes en los que aparecen tales conceptos. e) En el arranque del relato propiamente dicho se pueden apreciar algunas características típicas de los personajes y de los lugares donde se desarrolla la acción de estas narraciones. ¿Cuáles son? Este fragmento corresponde a la novela La fuerza del amor de María de Zayas; en ella Laura reflexiona sobre el abandono de su marido y sobre las diferencias sociales que existen entre hombres y mujeres: “¿Dónde se hallará un hombre verdadero? ¿En cuál dura la voluntad de un día, y más si se ven queridos?, que parece que al paso que conocen el amor, crece su libertad y aborrecimiento. ¡Mal haya la mujer que en ellos cree, pues al cabo hallará el pago de su amor, como yo le hallo! ¿Quién es la necia que desea casarse, viendo tan lastimosos ejemplos?, pues la que más piensa que acierta, más yerra. […] Mas, ¡ay, que tengo amor, y en lo uno temo perderle, y en lo otro enojarle! ¿Por qué, vanos legisladores del mundo, atáis nuestras manos para las venganzas, imposibilitando nuestras fuerzas con vuestras falsas opiniones, pues nos negáis letras y armas? ¿El alma no es la misma que la de los hombres? Pues si ella es la que da valor al cuerpo, ¿quién obliga a los nuestros a tanta cobardía? Yo aseguro que si entendierais que también había en nosotras valor y fortaleza, no os burlarais como os burláis; y así, por tenernos sujetas desde que nacemos, vais enflaqueciendo nuestras fuerzas con los temores de la honra, y el entendimiento con el recato de la vergüenza, dándonos por espadas ruecas, y por libros almohadillas.” a) En este texto Laura recurre a una interrogación retórica para exponer sus argumentos. ¿Qué argumentos son? ¿A qué conclusión llega el personaje? *** IES VICTORIA KENT Antología del Página 27 FRAN JIMÉNEZ Renacimiento y Barroco En Don Quijote contamos con una novela cortesana, El curioso impertinente, que en sí misma podría formar una novela ejemplar por su independencia narrativa de la historia del hidalgo y su escudero. “En Florencia, ciudad rica y famosa de Italia, en la provincia que llaman Toscana, vivían Anselmo y Lotario, dos caballeros ricos y principales, y tan amigos, que, por excelencia y antonomasia, de todos los que los conocían «los dos amigos» eran llamados. Eran solteros, mozos de una misma edad y de unas mismas costumbres, todo lo cual era bastante causa a que los dos con recíproca amistad se correspondiesen. […] ”Andaba Anselmo perdido de amores de una doncella principal y hermosa de la misma ciudad, hija de tan buenos padres y tan buena ella por sí, que se determinó, con el parecer de su amigo Lotario, sin el cual ninguna cosa hacía, de pedilla por esposa a sus padres, y así lo puso en ejecución; y el que llevó la embajada fue Lotario, y el que concluyó el negocio, tan a gusto de su amigo, que en breve tiempo se vio puesto en la posesión que deseaba, y Camila tan contenta de haber alcanzado a Anselmo por esposo, que no cesaba de dar gracias al cielo, y a Lotario, por cuyo medio tanto bien le había venido. Los primeros días, como todos los de boda suelen ser alegres, continuó Lotario como solía la casa de su amigo Anselmo, procurando honralle, festejalle y regocijalle con todo aquello que a él le fue posible; pero acabadas las bodas y sosegada ya la frecuencia de las visitas y parabienes, comenzó Lotario a descuidarse con cuidado de las idas en casa de Anselmo, por parecerle a él (como es razón que parezca a todos los que fueren discretos) que no se han de visitar ni continuar las casas de los amigos casados de la misma manera que cuando eran solteros, porque aunque la buena y verdadera amistad no puede ni debe de ser sospechosa en nada, con todo esto es tan delicada la honra del casado, que parece que se puede ofender aun de los mesmos hermanos, cuanto más de los amigos. ”Notó Anselmo la remisión de Lotario y formó dél quejas grandes […] [y trató de persuadir para que] volviese como solía a su casa.” Restablecen la costumbre de las visitas frecuentes. Y le confiesa Anselmo a Lotario que le atormenta que su mujer Camila no le sea fiel. Acepta Lotario cortejarla, aunque ella inicialmente lo rechaza. ”Fuese Lotario a su casa, y Anselmo quedó en la suya tan contento como Lotario fue pensativo, no sabiendo qué traza dar para salir bien de aquel impertinente negocio. Pero aquella noche pensó el modo que tendría para engañar a Anselmo sin ofender a Camila, y otro día vino a comer con su amigo, y fue bien recebido de Camila, la cual le recebía y regalaba con mucha voluntad, por entender la buena que su esposo le tenía. ”Acabaron de comer, levantaron los manteles y Anselmo dijo a Lotario que se quedase allí con Camila en tanto que él iba a un negocio forzoso, que dentro de hora y media volvería. Rogóle Camila que no se fuese, y Lotario se ofreció a hacerle compañía, mas nada aprovechó con Anselmo, antes importunó a Lotario que se quedase y le aguardase, porque tenía que tratar con él una cosa de mucha importancia. Dijo también a Camila que no dejase solo a Lotario en tanto que él volviese. En efeto, él supo tan bien fingir la necesidad o necedad de su ausencia, que nadie pudiera entender que era fingida. Fuese Anselmo, y quedaron solos a la mesa Camila y Lotario, porque la demás gente de casa toda se había ido a comer. Viose Lotario puesto en la estacada que su amigo deseaba, y con el enemigo delante, que pudiera vencer con sola su hermosura a un escuadrón de caballeros armados: mirad si era razón que le temiera Lotario. ”Pero lo que hizo fue poner el codo sobre el brazo de la silla y la mano abierta en la mejilla, y, pidiendo perdón a Camila del mal comedimiento, dijo que quería reposar un poco en tanto que Anselmo volvía. Camila le respondió que mejor reposaría en el estrado que en la silla, y, así, le rogó se entrase a dormir en él. No quiso Lotario, y allí se quedó dormido hasta que volvió Anselmo, el cual, como halló a Camila en su aposento y a Lotario durmiendo, creyó que, como se había tardado tanto, ya habrían tenido los dos lugar para hablar, y aun para dormir, y no vio la hora en que Lotario despertase, para volverse con él fuera y preguntarle de su ventura. ”Todo le sucedió como él quiso: Lotario despertó, y luego salieron los dos de casa, y, así, le preguntó lo que deseaba, y le respondió Lotario que no le había parecido ser bien que la primera vez se descubriese del todo y, así, no había hecho otra cosa que alabar a Camila de hermosa, diciéndole que en toda la ciudad no se trataba de otra cosa que de su hermosura y discreción, y que este le había parecido buen principio para entrar ganando la voluntad y disponiéndola a que otra vez le escuchase con gusto, usando en esto del artificio que el demonio usa cuando quiere engañar a alguno que está puesto en atalaya de mirar por sí: que se transforma en ángel de luz, siéndolo él de tinieblas, y, poniéndole delante apariencias buenas, al cabo descubre quién es y sale con su intención, si a los principios no es descubierto su engaño. Todo esto le contentó mucho a Anselmo, y dijo que cada día daría el mesmo lugar, aunque no saliese de casa, porque en ella se ocuparía en cosas que Camila no pudiese venir en conocimiento de su artificio. ”Sucedió, pues, que se pasaron muchos días que, sin decir Lotario palabra a Camila, respondía a Anselmo que la hablaba y jamás podía sacar della una pequeña muestra de venir en ninguna cosa que mala fuese, ni aun dar una señal de sombra de esperanza, antes decía que le amenazaba que si de aquel mal pensamiento no se quitaba, que lo había de decir a su esposo. ”—Bien está —dijo Anselmo—. Hasta aquí ha resistido Camila a las palabras; es menester ver cómo resiste a las obras. Yo os daré mañana dos mil escudos de oro para que se los ofrezcáis, y aun se los deis, y otros tantos para que compréis joyas con que cebarla; que las mujeres suelen ser aficionadas, y más si son hermosas, por más castas que sean, a esto de traerse bien y andar galanas, y si ella resiste a esta tentación, yo quedaré satisfecho y no os daré más pesadumbre. ”Lotario respondió que ya que había comenzado, que él llevaría hasta el fin aquella empresa, puesto que entendía salir della cansado y vencido. Otro día recibió los cuatro mil escudos, y con ellos cuatro mil confusiones, porque no sabía qué decirse para mentir de nuevo; pero, en efeto, determinó de decirle que Camila estaba tan entera a las dádivas y promesas como a las palabras, y que no había para qué cansarse más, porque todo el tiempo se gastaba en balde. ”Pero la suerte, que las cosas guiaba de otra manera, ordenó que, habiendo dejado Anselmo solos a Lotario y a Camila, como otras veces solía, él se encerró en un aposento y por los agujeros de la cerradura estuvo mirando y escuchando lo IES VICTORIA KENT Antología del Página 28 FRAN JIMÉNEZ Renacimiento y Barroco que los dos trataban, y vio que en más de media hora Lotario no habló palabra a Camila, ni se la hablara si allí estuviera un siglo, y cayó en la cuenta de que cuanto su amigo le había dicho de las respuestas de Camila todo era ficción y mentira. Y para ver si esto era ansí, salió del aposento y, llamando a Lotario aparte, le preguntó qué nuevas había y de qué temple estaba Camila. Lotario le respondió que no pensaba más darle puntada en aquel negocio, porque respondía tan áspera y desabridamente, que no tendría ánimo para volver a decirle cosa alguna. ”—¡Ah —dijo Anselmo—, Lotario, Lotario, y cuán mal correspondes a lo que me debes y a lo mucho que de ti confío! Ahora te he estado mirando por el lugar que concede la entrada desta llave, y he visto que no has dicho palabra a Camila, por donde me doy a entender que aun las primeras le tienes por decir; y si esto es así, como sin duda lo es, ¿para qué me engañas o por qué quieres quitarme con tu industria los medios que yo podría hallar para conseguir mi deseo? ”No dijo más Anselmo, pero bastó lo que había dicho para dejar corrido y confuso a Lotario, el cual, casi como tomando por punto de honra el haber sido hallado en mentira, juró a Anselmo que desde aquel momento tomaba tan a su cargo el contentalle y no mentille cual lo vería si con curiosidad lo espiaba, cuanto más que no sería menester usar de ninguna diligencia, porque la que él pensaba poner en satisfacelle le quitaría de toda sospecha. Creyóle Anselmo, y para dalle comodidad más segura y menos sobresaltada, determinó de hacer ausencia de su casa por ocho días, yéndose a la de un amigo suyo, que estaba en una aldea, no lejos de la ciudad, con el cual amigo concertó que le enviase a llamar con muchas veras, para tener ocasión con Camila de su partida. […] ”Fuese otro día Anselmo a la aldea, dejando dicho a Camila que el tiempo que él estuviese ausente vendría Lotario a mirar por su casa y a comer con ella, que tuviese cuidado de tratalle como a su mesma persona. Afligióse Camila, como mujer discreta y honrada, de la orden que su marido le dejaba, y díjole que advirtiese que no estaba bien que nadie, él ausente, ocupase la silla de su mesa, y que si lo hacía por no tener confianza que ella sabría gobernar su casa, que probase por aquella vez y vería por experiencia como para mayores cuidados era bastante. Anselmo le replicó que aquel era su gusto, y que no tenía más que hacer que bajar la cabeza y obedecelle. Camila dijo que ansí lo haría, aunque contra su voluntad. ”Partióse Anselmo, y otro día vino a su casa Lotario, donde fue rescebido de Camila con amoroso y honesto acogimiento […] ”Mirábala Lotario en el lugar y espacio que había de hablarla, y consideraba cuán digna era de ser amada, y esta consideración comenzó poco a poco a dar asaltos a los respectos que a Anselmo tenía, y mil veces quiso ausentarse de la ciudad y irse donde jamás Anselmo le viese a él ni él viese a Camila; mas ya le hacía impedimento y detenía el gusto que hallaba en mirarla. Hacíase fuerza y peleaba consigo mismo por desechar y no sentir el contento que le llevaba a mirar a Camila; culpábase a solas de su desatino; llamábase mal amigo, y aun mal cristiano; hacía discursos y comparaciones entre él y Anselmo, y todos paraban en decir que más había sido la locura y confianza de Anselmo que su poca fidelidad, y que si así tuviera disculpa para con Dios como para con los hombres de lo que pensaba hacer, que no temiera pena por su culpa. ”En efecto, la hermosura y la bondad de Camila, juntamente con la ocasión que el ignorante marido le había puesto en las manos, dieron con la lealtad de Lotario en tierra; y sin mirar a otra cosa que aquella a que su gusto le inclinaba, al cabo de tres días de la ausencia de Anselmo, en los cuales estuvo en continua batalla por resistir a sus deseos, comenzó a requebrar a Camila, con tanta turbación y con tan amorosas razones, que Camila quedó suspensa y no hizo otra cosa que levantarse de donde estaba y entrarse en su aposento sin respondelle palabra alguna. Mas no por esta sequedad se desmayó en Lotario la esperanza, que siempre nace juntamente con el amor, antes tuvo en más a Camila. La cual, habiendo visto en Lotario lo que jamás pensara, no sabía qué hacerse, y, pareciéndole no ser cosa segura ni bien hecha darle ocasión ni lugar a que otra vez la hablase, determinó de enviar aquella mesma noche, como lo hizo, a un criado suyo con un billete a Anselmo, donde le escribió estas razones: ”Así como suele decirse que parece mal el ejército sin su general y el castillo sin su castellano, digo yo que parece muy peor la mujer casada y moza sin su marido, cuando justísimas ocasiones no lo impiden. Yo me hallo tan mal sin vos y tan imposibilitada de no poder sufrir esta ausencia, que si presto no venís, me habré de ir a entretener en casa de mis padres, aunque deje sin guarda la vuestra, porque la que me dejastes, si es que quedó con tal título, creo que mira más por su gusto que por lo que a vos os toca; y pues sois discreto, no tengo más que deciros, ni aun es bien que más os diga. ”Esta carta recibió Anselmo, y entendió por ella que Lotario había ya comenzado la empresa y que Camila debía de haber respondido como él deseaba; y, alegre sobremanera de tales nuevas, respondió a Camila, de palabra, que no hiciese mudamiento de su casa en modo ninguno, porque él volvería con mucha brevedad. Admirada quedó Camila de la respuesta de Anselmo, que la puso en más confusión que primero, porque ni se atrevía a estar en su casa, ni menos irse a la de sus padres, porque en la quedada corría peligro su honestidad, y en la ida, iba contra el mandamiento de su esposo. […] ”Rindióse Camila, Camila se rindió... Pero ¿qué mucho, si la amistad de Lotario no quedó en pie? Ejemplo claro que nos muestra que solo se vence la pasión amorosa con huilla y que nadie se ha de poner a brazos con tan poderoso enemigo, porque es menester fuerzas divinas para vencer las suyas humanas. Solo supo Leonela la flaqueza de su señora, porque no se la pudieron encubrir los dos malos amigos y nuevos amantes. No quiso Lotario decir a Camila la pretensión de Anselmo, ni que él le había dado lugar para llegar a aquel punto, porque no tuviese en menos su amor y pensase que así, acaso y sin pensar, y no de propósito, la había solicitado. ”Volvió de allí a pocos días Anselmo a su casa y no echó de ver lo que faltaba en ella, que era lo que en menos tenía y más estimaba. Fuese luego a ver a Lotario y hallóle en su casa; abrazáronse los dos, y el uno preguntó por las nuevas de su vida o de su muerte. ”—Las nuevas que te podré dar, ¡oh amigo Anselmo! —dijo Lotario—, son de que tienes una mujer que dignamente puede ser ejemplo y corona de todas las mujeres buenas. […] IES VICTORIA KENT Antología del Página 29 FRAN JIMÉNEZ Renacimiento y Barroco ”Contentísimo quedó Anselmo de las razones de Lotario y así se las creyó como si fueran dichas por algún oráculo..” Mantienen la discreción y el secreto Lotario y Camila. Hacen creer a Anselmo que su amigo Lotario está en amores con Clori, una dama de la ciudad. Los rasgos de la novela picaresca aparecen cuando tras el seudónimo de esa dama encubre a Camila. Por lo que Anselmo galantea con diversos sonetos libre de sospecha. Nótese la incorporación de distinto material literario, ahora el lírico, al conjunto de la obra barroca que es el Quijote. En el siguiente fragmento conoce fortuitamente la trama y el engaño. “Pero no los pudo quitar que Lotario no le viese una vez salir al romper del alba; el cual, sin conocer quién era, pensó primero que debía de ser alguna fantasma, mas cuando le vio caminar, embozarse y encubrirse con cuidado y recato, cayó de su simple pensamiento y dio en otro, que fuera la perdición de todos si Camila no lo remediara. Pensó Lotario que aquel hombre que había visto salir tan a deshora de casa de Anselmo no había entrado en ella por Leonela, ni aun se acordó si Leonela era en el mundo: solo creyó que Camila, de la misma manera que había sido fácil y ligera con él, lo era para otro; que estas añadiduras trae consigo la maldad de la mujer mala, que pierde el crédito de su honra con el mesmo a quien se entregó rogada y persuadida, y cree que con mayor facilidad se entrega a otros y da infalible crédito a cualquiera sospecha que desto le venga…” Se precipitan los acontecimientos. Descubierta la verdad, huye Camila simulando que se clava una daga mortalmente. Anselmo, en cambio, muere de pesar al momento de escribir la causa de su muerte. ”Y haciendo fuerza para soltar la mano de la daga, que Lotario la tenía asida, la sacó y, guiando su punta por parte que pudiese herir no profundamente, se la entró y escondió por más arriba de la islilla del lado izquierdo, junto al hombro, y luego se dejó caer en el suelo, como desmayada. ”Estaban Leonela y Lotario suspensos y atónitos de tal suceso, y todavía dudaban de la verdad de aquel hecho, viendo a ”Camila tendida en tierra y bañada en su sangre. Acudió Lotario con mucha presteza, despavorido y sin aliento, a sacar la daga, y en ver la pequeña herida salió del temor que hasta entonces tenía y de nuevo se admiró de la sagacidad, prudencia y mucha discreción de la hermosa Camila; y, por acudir con lo que a él le tocaba, comenzó a hacer una larga y triste lamentación sobre el cuerpo de Camila, como si estuviera difunta, echándose muchas maldiciones, no solo a él, sino al que había sido causa de habelle puesto en aquel término. Y como sabía que le escuchaba su amigo Anselmo, decía cosas que el que le oyera le tuviera mucha más lástima que a Camila, aunque por muerta la juzgara. ”Leonela la tomó en brazos y la puso en el lecho, suplicando a Lotario fuese a buscar quien secretamente a Camila curase; pedíale asimismo consejo y parecer de lo que dirían a Anselmo de aquella herida de su señora, si acaso viniese antes que estuviese sana. Él respondió que dijesen lo que quisiesen, que él no estaba para dar consejo que de provecho fuese: solo le dijo que procurase tomarle la sangre, porque él se iba adonde gentes no le viesen. Y con muestras de mucho dolor y sentimiento, se salió de casa, y cuando se vio solo y en parte donde nadie le veía, no cesaba de hacerse cruces, maravillándose de la industria de Camila y de los ademanes tan proprios de Leonela. Consideraba cuán enterado había de quedar Anselmo de que tenía por mujer a una segunda Porcia, y deseaba verse con él para celebrar los dos la mentira y la verdad más disimulada que jamás pudiera imaginarse. ”Leonela tomó, como se ha dicho, la sangre a su señora, que no era más de aquello que bastó para acreditar su embuste, y, lavando con un poco de vino la herida, se la ató lo mejor que supo, diciendo tales razones en tanto que la curaba, que, aunque no hubieran precedido otras, bastaran a hacer creer a Anselmo que tenía en Camila un simulacro de la honestidad.” LA NOVELA BIZANTINA Son libros de aventuras peregrinas al modo de los autores helenísticos como Heliodoro de Émesa del siglo III d. C. Los esquemas de este subgénero se centran en jóvenes amantes que encuentran graves obstáculos para su casamiento. Se ven forzados a separarse, sufren viajes peligrosos, cautiverios o naufragios… Tras estos infortunios y con proceso de anagnórisis (a través del reconocimiento de un objeto que los identifica) se reencuentran, manteniendo su fidelidad y se fortalece su amor. Son novelas in media res donde el viaje es el verdadero hilo conductor de las obras. Las obras más importantes además de este fragmento está El peregrino en su patria de Lope de Vega o Los trabajos de Persiles y Sigismunda de Miguel de Cervantes o El amante liberal del mismo autor. “Pasadas todas estas cosas, yo determiné de partirme en Efeso; y mandando a fletar una nao y despidiéndome de Ibrina y de su marido, nos embarcamos y comenzamos de navegar la vía de la ciudad de Efeso. Y habiendo algunos días que con buen tiempo hacíamos nuestro camino, vimos de lejos una isla, la cual parecía tan oscura que la noche no lo es tanto. Parecía que unos humos negros de azufre salían della; las casa y arboledas eran todas negras y de negra color, las aguas que por ella corrían eran todas de color de sangre; oíanse grandes y doloroso gritos y grandes alaridos que ponían espanto a los que los oían. Y ansí, nosotros quedamos espantados y con deseo de saber qué aventura fuese aquella. Y porque ya era de noche, mandamos a los marineros que detuviesen la nao hasta la mañana porque queríamos saber qué tierra fuese aquella. Ellos lo hicieron ansí y dijeron que era mejor tomar tierra porque aquella, aunque tan triste pareciese, era segura, a la cual se llamaba la ínsula de la Crueldad, porque en ella estaban sepultados todos aquellos que cruelmente habían sido muertos, y que ansí era el uso de aquellas tierras que estaban cercanas y de más lejos, que era traer allí a sepultallos. IES VICTORIA KENT Antología del Página 30 FRAN JIMÉNEZ Renacimiento y Barroco ”Yo quisiera que pasáramos adelante por no quedar allí en tan triste tierra, pero Clareo no lo consintió, antes mandó tomar tierra. Y ansí lo hicimos; y saliendo al puerto nos quedamos allí la noche, la cual fue tan larga que pensamos que nunca amaneciese, y era la causa porque el sol no parecía en aquella isla, antes huía della. Pero habiendo entrado el día, aunque oscuro, bien conocimos que era ya de día, y comenzando a mirar la tierra vimos muchas sepulturas de muchas personas que cruelmente habían sido muertas.” Alonso Núñez de Reinoso, Los amores de Clareo y Florisea y los trabajos de la sin ventura Isea LA NOVELA MORISCA Se caracteriza este subgénero por presentar protagonistas musulmanes en relación con cristianos. Ofrecen un ejemplo de convivencia y generosidad entre ellos. Hay un optimismo idealista y una riqueza lingüística y decorativa de origen árabe. Son novelas idealistas, pese a que contengan un trasfondo real e histórico. En el Quijote tenemos varios ejemplos de novela morisca. En la primera parte la historia del capitán cautivo; mientras que en la segunda parte, tenemos la historia de Ricote y de Ana Félix. “A mí llaman Abindarráez el moro, a diferencia de un tío mío, hermano de mi padre, que tiene el mismo nombre. Soy de los Abencerrajes de Granada, de los cuales muchas veces habrás oído decir, y aunque me bastaba la lástima presente sin acordar las pasadas, todavía te quiero contar esto. Hubo en Granada un linaje de caballeros que se llamaban los Abencerrajes, que eran flor de aquel reino, porque esa gentileza de sus personas, buena gracia, disposición y gran esfuerzo hacían ventaja a todos los demás; eran muy estimados del rey y de todos los caballeros, y muy amados y quistos de la gente común. En todas las escaramuzas que entraban, salían vencedores, y en todos los regocijos de caballería se señalaban; ellos inventaban las galas y los trajes. De manera que se podía bien decir que en ejercicio de paz y de guerra eran regla y ley de todo el reino. Dícese que nunca hubo Abencerraje escaso ni cobarde ni de mala disposición. No se tenía por Abencerraje el que no servía dama, ni se tenía por dama la que no tenía Abencerraje por servidor.” Anónimo, Historia del Abencerraje y la hermosa Jarifa (1561) *** Sirva el ejemplo del capitán cautivo, donde intercala distintas técnicas narrativas ya barroquizadas. El relato intercalado comienza relatando la historia de su vida donde fue preso por el rey de Argel. En su cautiverio conoció a Zoraida, hija de un adinerado moro Agi Morato. Este le ofreció mucho dinero a cambio de que se casara y se la llevase a España. Al descubrir el padre que su hija se convirtió al cristianismo la abandonó en una playa desierta. Obsérvese la mezcla con la novela bizantina por el uso del viaje como eje motor de la trama. Finalmente, llegan a la costa española y allí se disponen a encontrar a sus familiares. En este fragmento donde el marco narrativo del capitán se intercala con el hallazgo de la carta de Zoraida, ya cristianizada, encontrada en el marco de una ventana, la cual debe descifrar un “renegado, natural de Murcia” porque estaba en arábigo. En resumen, hay una historia marco que inicia el capitán cautivo, dentro de una obra mayor, la de don Quijote, una carta de Zoraida y un traductor del escrito en arábigo. Una suma barroca de puntos de vista, que la hacen barroca. ”Cuando yo era niña, tenía mi padre una esclava, la cual en mi lengua me mostró la zalá cristianesca y me dijo muchas cosas de Lela Marién. La cristiana murió, y yo sé que no fue al fuego, sino con Alá, porque después la vi dos veces y me dijo que me fuese a tierra de cristianos a ver a Lela Marién, que me quería mucho. No sé yo cómo vaya. Muchos cristianos he visto por esta ventana, y ninguno me ha parecido caballero sino tú. Yo soy muy hermosa y muchacha, y tengo muchos dineros que llevar conmigo. Mira tú si puedes hacer cómo nos vamos, y serás allá mi marido, si quisieres, y si no quisieres, no se me dará nada, que Lela Marién me dará con quien me case. Yo escribí esto, mira a quién lo das a leer; no te fíes de ningún moro, porque son todos marfuces. Desto tengo mucha pena, que quisiera que no te descubrieras a nadie, porque si mi padre lo sabe, me echará luego en un pozo y me cubrirá de piedras. En la caña pondré un hilo: ata allí la respuesta; y si no tienes quien te escriba arábigo, dímelo por señas, que Lela Marién hará que te entienda. Ella y Alá te guarden, y esa cruz que yo beso muchas veces, que así me lo mandó la cautiva. […] ”El verdadero Alá te guarde, señora mía, y aquella bendita Marién, que es la verdadera madre de Dios y es la que te ha puesto en corazón que te vayas a tierra de cristianos, porque te quiere bien. Ruégale tú que se sirva de darte a entender cómo podrás poner por obra lo que te manda, que ella es tan buena, que sí hará. De mi parte y de la de todos estos cristianos que están conmigo te ofrezco de hacer por ti todo lo que pudiéremos, hasta morir. No dejes de escribirme y avisarme lo que pensares hacer, que yo te responderé siempre, que el grande Alá nos ha dado un cristiano cautivo que sabe hablar y escribir tu lengua tan bien como lo verás por este papel. Así que, sin tener miedo, nos puedes avisar de todo lo que quisieres. A lo que dices que si fueres a tierra de cristianos que has de ser mi mujer, yo te lo prometo como buen cristiano; y sabe que los cristianos cumplen lo que prometen mejor que los moros. Alá y Marién su madre sean en tu guarda, señora mía. […] ”Yo no sé, mi señor, cómo dar orden que nos vamos a España, ni Lela Marién me lo ha dicho, aunque yo se lo he preguntado. Lo que se podrá hacer es que yo os daré por esta ventana muchísimos dineros de oro: rescataos vos con ellos, y vuestros amigos, y vaya uno en tierra de cristianos y compre allá una barca y vuelva por los demás; y a mí me hallarán en el jardín de mi padre, que está a la puerta de Babazón, junto a la marina, donde tengo de estar todo este verano con mi padre y con mis criados. De allí, de noche, me podréis sacar sin miedo y llevarme a la barca; y mira que IES VICTORIA KENT Antología del Página 31 FRAN JIMÉNEZ Renacimiento y Barroco has de ser mi marido, porque, si no, yo pediré a Marién que te castigue. Si no te fías de nadie que vaya por la barca, rescátate tú y ve, que yo sé que volverás mejor que otro, pues eres caballero y cristiano. Procura saber el jardín, y cuando te pasees por ahí sabré que está solo el baño y te daré mucho dinero. Alá te guarde, señor mío.” LOS LIBROS DE CABALLERÍAS El libro de caballerías más leído e imitado en todo el siglo XVI es el Amadís de Gaula, que se leyó en este siglo en la refundición que hizo Garci Rodríguez de Montalvo. En el siguiente fragmento se describe el nacimiento del héroe, fruto del amor secreto entre el rey Peirón y la infanta Elisena: “Llegó el tiempo de dar a luz. Su corazón estaba en gran amargura y su angustia se doblaba al no poder gemir ni quejarse. Al cabo tuvo un hijo. La doncella lo tomó en sus brazos y le pareció que hubiera podido llegar a ser hermoso. Lo envolvió en ricos paños y acercó un arca que había preparado. ”—¿Qué queréis hacer? —preguntó Elisena. —Ponerlo aquí y echarlo al río. ”La madre lo tenía en sus brazos y repetía: – ¡Mi hijo pequeño! ¡Mi hijo pequeño! ”La ley establecía que cualquier mujer, por grande que fuese su estado o señorío, perdía en esas circunstancias la vida. La doncella tomó tinta y pergamino y escribió: “Este es Amadís sin Tiempo, hijo de rey”. Y decía sin Tiempo, porque creía que moriría, y Amadís, porque era el nombre de un santo a…” Según denuncian las leyes de la época, los clérigos solían casar a sus amancebadas con criados suyos para callar posibles rumores y disimular tanto los embarazos como los abortos; las pragmáticas, en tales casos, prohibían al matrimonio vivir en casa del sacerdote; de ahí que Lázaro y su mujer se instalaran en una casilla próxima. Se castigaban duramente, con diez años de galeras, al marido que consentía el amancebamiento de su mujer con el clérigo en cuya casa servía. De probarse las sospechas, Lázaro habría tenido bastantes razones para mentir. “… Cubrió la carta con cera y la ató al cuello del niño junt o con el anillo del rey Perión. Colocó entonces al niño dentro del arca y puso a su lado la espada que había quitado al rey. Cerró el arca y la calafateó para que no pudiese entrar agua. Y tomándola en sus brazos y abriendo la puerta, la colocó en el río y dejó que la llevasen las aguas.” Observa cómo se describe el nacimiento de Amadís y compáralo con el nacimiento de Lázaro de Tormes. ¿Encuentras alguna semejanza? En el siguiente fragmento, Amadís, llamado también el Doncel del Mar, es armado caballero por el rey Perión, su padre (aunque en este momento ninguno de los dos sabe el parentesco que los une), en presencia y con el apoyo de Oriana, la Sin Par, y otros personajes de la corte del rey Languines. “El Doncel del Mar tenía entonces doce años, aunque parecía mayor. Cuando llegó Oriana, la reina se lo ofreció para que la sirviese, y ella contestó que le placía. El doncel guardó esta palabra en su corazón toda la vida. Un día, sintiendo el doncel que podía tomar armas, se dirigió hacia el rey, que estaba en la huerta, y arrodillándose le dijo: ”– Señor, si os agradase, sería tiempo de que yo fuese caballero. ”– ¿Cómo, Doncel del Mar? ¿Ya os esforzáis por ser caballero? Sabe que quien quiere tener este nombre de caballero debe hacer cosas muy peligrosas; y si por miedo deja de hacerlas, más le valdría la muerte. ”– Si no tuviese el propósito de cumplir lo que habéis dicho, no se esforzaría mi corazón por serlo. "El rey mandó que le preparasen las armas y todo lo necesario, y comunicó la nueva a Gandales […] Entró entonces un caballero que le dijo al rey ”– Señor, el rey Perión de Gaula ha venido a nuestra casa. "El rey Languines salió a su encuentro, dispuesto a hacerle los honores. Después de saludarle, le preguntó: ”– ¿Cómo habéis venido, señor, a estas tierras de manera tan imprevista? ”– Vengo a buscar amigos- dijo el rey Perión – El rey Abies de Irlanda, aliado con Daganel, ha invadido con grandes fuerzas mi tierra. He perdido ya a mucha gente, y necesito ahora a mis parientes y amigos. […] ”El Doncel del Mar miraba al rey Perión y deseaba que le armase caballero. Vio a la reina muy triste [..], y dirigiéndose a Oriana, e hincando las rodillas en el suelo, le dijo: ”– Si me otorgáis, yo seré caballero e iré en ayuda de la hermana de la reina. – ¿Y si no os lo otorgase? – respondió Oriana con gran sobresalto. ”– No iría, porque mi corazón, sin vuestro favor, no podría sostenerse en ningún peligro. Ella sonrió y le dijo: ”– Si así os he ganado, quiero que seáis mi caballero y ayudéis a la hermana de la reina Oriana y la infanta Mabilia decidieron pedirle al rey Perión que le armase caballero. Gandalín, que le prometió no separarse de él, llevó sus armas a la capilla mientras la reina cenaba. Levantados los manteles, el doncel fue a la capilla, se armó por entero, salvo la cabeza y las manos, e hizo su oración ante el altar. Cuando la reina se fue a dormir, Oriana, Mabilia y algunas doncellas fueron a velar sus armas. Antes del alba, cuando el rey Perión iba a marcharse, la infanta Mabilia le hizo llamar y le dijo que Oriana la hija del rey Lisuarte, quería pedirle un don. IES VICTORIA KENT Antología del Página 32 FRAN JIMÉNEZ Renacimiento y Barroco "Oriana, señalando hacia el altar, donde el doncel estaba arrodillado, le dijo: – Hacedme caballero a este doncel. El rey miró al doncel y quedó maravillado de su hermosura. Se dirigió a él y le preguntó: – ¿Queréis recibir orden de caballería? ”– Quiero – dijo él. ”– ¡En el nombre de Dios! Y Él mande que seáis afortunado en honra, como lo sois en hermosura. Y calzándose la espuela derecha, le dijo: ”– Y ahora sois caballero. Tomó la espada y se la dio. El doncel la ciñó muy apasionadamente. El rey le dijo: ”– Este acto de armaros caballero quisiera haberlo hecho con más honra. Espero que vuestra fama será tal, que dará testimonio de la grandeza de vuestro linaje. "Mabilia y Oriana besaron las manos del rey, el cual encomendó al doncel a Dios y emprendió su camino. A la puerta del palacio le esperaba Gandalán, que le tenía la lanza, el escudo y el caballo.” MIGUEL DE CERVANTES Las Novelas ejemplares El licenciado Vidriera es una de las Novelas ejemplares de Cervantes. En ella relata la historia del estudiante Tomás Rodaja, quien, a causa de un membrillo envenenado, se vuelve completamente loco y cree ser de vidrio. Lee el fragmento y contesta las preguntas: “Seis meses estuvo en la cama Tomás, en los cuales se secó y se puso, como suele decirse en los huesos, y mostraba tener turbados todos los sentidos; y aunque le hicieron todos los remedios posibles, solo le sanaron la enfermedad del cuerpo, pero no del entendimiento, porque quedó sano, y loco de la más extraña locura que entre las locuras hasta entonces se había visto. Imaginose el desdichado que era todo hecho de vidrio y con esta imaginación, cuando alguno se llegaba a él, daba terribles voces pidiendo y suplicando con palabras y razones concertadas que no se le acercasen, porque le quebrarías; que real y verdaderamente él no era como los otros hombres: que todo era de vidrio de pies a cabeza. ”Para sacarle de esta extraña imaginación, muchos, sin atender a voces y rogativas, arremetieron a él y le abrazaron, diciéndoles que advirtiese y mirase cómo no se quebraba. Pero lo que se granjeaba en esto era que el pobre se echaba en el suelo dando mil gritos, y luego le tomaba un desmayo del cual no volvía en sí en cuatro horas; y cuando volvía era renovando las plegarias y rogativas de que otra vez no le llegasen, porque a todo les respondería con más entendimiento, por ser hombre de vidrio y no de carne; que el vidrio, por ser de materia sutil y delicada, obraba por ella el alma con más prontitud y eficacia que no por la del cuerpo, pesada y terrestre. ”Quisieron algunos experimentar si era verdad lo que decía, y así, le preguntaron muchas y difíciles cosas, a las cuales respondió espontáneamente con grandísima agudeza de ingenio, cosa que causó admiración a los más letrados de la Universidad y a los profesores de la medicina y filosofía, viendo que en un sujeto donde se contenía tan extraordinaria locura como era el pensar que fuese de vidrio, se encerrase tan grande entendimiento que respondiese a toda pregunta con propiedad y agudeza.” • Es característico de Cervantes el tratamiento amable de sus personajes y, en concreto, de los que sufren alguna desgracia, como los locos. Señala pasajes del texto donde se aprecie esta simpatía del narrador por su personaje. • La locura de Tomás Rodaja es externa: ha sido envenenado con un membrillo. Compárala con la de de don Quijote (Fíjate en el siguiente texto) y explica las similitudes y diferencias. El Quijote “En un lugar de La Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor. Una olla de algo más vaca que carnero, salpicón las más noches, duelos y quebrantos los sábados, lentejas los viernes, algún palomino de añadidura los domingos, consumían las tres partes de su hacienda. El resto della concluían sayo de velarte, calzas de velludo para las fiestas, con sus pantuflos de lo mesmo, y los días de entresemana se honraba con su vellorí de lo más fino. Tenía en su casa una ama que pasaba de los cuarenta y una sobrina que no llegaba a los veinte, y un mozo de campo y plaza, que así ensillaba el rocín como tomaba la podadera. Frisaba la edad de nuestro hidalgo con los cincuenta años; era de complexión recia, seco de carnes, enjuto de rostro, gran madrugador y amigo de la caza. "Es, pues, de saber que este sobredicho hidalgo, los ratos que estaba ocioso —que eran los más del año— se daba a leer libros de caballerías con tanta afición y gusto que olvidó casi de todo punto el ejercicio de la caza, y aun la administración de su hacienda, y llegó a tanto su curiosidad y desatino en esto, que vendió IES VICTORIA KENT Antología del Página 33 FRAN JIMÉNEZ Renacimiento y Barroco muchas hanegas de tierra de sembradura para comprar libros de caballerías en que leer, y así, llevó a su casa todos cuantos pudo haber dellos […] "En resolución, él se enfrascó tanto en su lectura, que se le pasaban las noches leyendo de claro en claro, y los días de turbio en turbio, y así, del poco dormir y del mucho leer se le secó el cerebro, de manera que vino a perder el juicio. Llenósele la fantasía de todo aquello que leía en los libros, así de encantamientos como de pendencias, batallas, desafíos, heridas, requiebros, amores, tormentas y disparates imposibles; y asentósele de tal modo en la imaginación que era verdad toda aquella máquina de aquellas sonadas soñadas invenciones que leía, que para él no había otra historia más cierta en el mundo […] En efecto, rematado ya su juicio, vino a dar en el más extraño pensamiento que jamás dio loco en el mundo, y fue que le pareció convenible y necesario, así para el aumento de su honra como para el servicio de su república, hacerse caballero andante, e irse por el mundo con sus armas y caballo a buscar las aventuras y ejercitarse en todo aquello que él había leído que los caballeros andantes se ejercitaban, deshaciendo todo género de agravio, y poniéndose en ocasiones y peligros donde, acabándolos, cobrase eterno nombre y fama.” • Observa y comenta las referencias a la condición social del personaje, ¿a qué clase y grupo social pertenece? ¿cómo expresa el autor la situación en la que dicho grupo social se encuentra en la época? • En conexión con lo anterior (la decadencia económica y la pérdida de prestigio social de los hidalgos), ¿cómo puede entenderse el gusto del personaje por las lecturas caballerescas? • El enloquecimiento de Alonso Quijano constituye el impulso inicial de la novela ¿qué pasos sigue Cervantes para describir ese proceso? Don Quijote en su primera aventura llega a una venta y, creyendo que se encuentra en un castillo, pide al ventero que lo arme caballero. Compara esta ceremonia con la que has leído antes en Amadís: “Contó el ventero a todos cuantos estaban en la venta la locura de su huésped , la vela de las armas y la armazón de caballería que esperaba. Admiráronse de tan estraño género de locura y fuéronselo a mirar desde lejos, y vieron que con sosegado ademán unas veces se paseaba; otras, arrimado a su lanza, ponía los ojos en las armas, sin quitarlos por un buen espacio dellas. Acabó de cerrar la noche, pero con tanta claridad de la luna, que podía competir con el que se la prestaba, de manera que cuanto el novel caballero hacía era bien visto de todos. Antojósele en esto a uno de los arri eros que estaban en la venta ir a dar agua a su recua, y fue menester quitar las armas de don Quijote, que estaban sobre la pila; el cual, viéndole llegar, en voz alta le dijo: ”—¡Oh tú, quienquiera que seas, atrevido caballero, que llegas a tocar las armas del más valeroso andante que jamás se ciñó espada! Mira lo que haces, y no las toques, si no quieres dejar la vida en pago de tu atrevimiento. "No se curó el arriero destas razones (y fuera mejor que se curara, porque fuera curarse en salud), antes, trabando de las correas, las arrojó gran trecho de sí. Lo cual visto por don Quijote, alzó los ojos al cielo y, puesto el pensamiento —a lo que pareció— en su señora Dulcinea, dijo: "—Acorredme, señora mía, en esta primera afrenta que a este vuestro avasallado pe cho se le ofrece; no me desfallezca en este primero trance vuestro favor y amparo. ”Y diciendo estas y otras semejantes razones, soltando la adarga, alzó la lanza a dos manos y dio con ella tan gran golpe al arriero en la cabeza, que le derribó en el suelo tan maltrecho, que, si segundara con otro, no tuviera necesidad de maestro que le curara. […] " No le parecieron bien al ventero las burlas de su huésped, y determinó abreviar y darle la negra orden de caballería luego, antes que otra desgracia sucediese. Y, así, llegándose a él, se disculpó de la insolencia que aquella gente baja con él había usado, sin que él supiese cosa alguna, pero que bien castigados quedaban de su atrevimiento. Díjole como ya le había dicho que en aquel castillo no había capilla, y para lo que restaba de hacer tampoco era necesaria, que todo el toque de quedar armado caballero consistía en la pescozada y en el espaldarazo, según él tenía noticia del ceremonial de la orden, y que aquello en mitad de un campo se podía hacer, y que ya había cumplido con lo que tocaba al velar de las armas, que con solas dos horas de vela se cumplía, cuanto más que él había estado más de cuatro. Todo se lo creyó don Quijote, que él estaba allí pronto para obedecerle y que concluyese con la mayor brevedad que pudiese, porque, si fuese otra vez acometido y se viese armado caballero, no pensaba dejar persona viva en el castillo, excepto aquellas que él le mandase, a quien por su respeto dejaría. "Advertido y medroso desto el castellano, trujo luego un libro donde asentaba la paja y cebada que daba a los arrieros, y con un cabo de vela que le traía un muchacho, y con las dos ya dichas doncellas, se vino adonde don Quijote estaba, al cual mandó hincar de rodillas; y, leyendo en su manual, como que decía alguna devota oración, en mitad de la leyenda alzó la mano y diole sobre el cuello un buen golpe, y tras él, con su mesma espada, un gentil espaldarazo, siempre murmurando entre dientes, como que rezaba. Hecho esto, mandó a una de aquellas damas que le ciñese la espada, la cual lo hizo con mucha desenvoltura y discreción, porque no fue menester poca para no reventar de risa a cada punto de las ceremonias; pero las proezas que ya habían visto del novel caballero les tenía la risa a raya. Al ceñirle la espada dijo la buena señora: "—Dios haga a vuestra merced muy venturoso caballero y le dé ventura en lides. "Don Quijote le preguntó cómo se llamaba, porque él supiese de allí adelante a quién quedaba obligado por la merced recebida, porque pensaba darle alguna parte de la ho nra que alcanzase por el valor de su brazo. Ella respondió con mucha humildad que se llamaba la Tolosa, y que era hija de un remendón natural de Toledo, que vivía a las tendillas de Sancho Bienaya, y que dondequiera que ella estuviese le serviría y le IES VICTORIA KENT Antología del Página 34 FRAN JIMÉNEZ Renacimiento y Barroco tendría por señor. Don Quijote le replicó que, por su amor, le hiciese merced que de allí adelante se pusiese don y se llamase «doña Tolosa». Ella se lo prometió, y la otra le calzó la espuela, con la cual le pasó casi el mismo coloquio que con la de la espada. Preguntóle su nombre, y dijo que se llamaba la Molinera y que era hija de un honrado molinero de Antequera; a la cual también rogó don Quijote que se pusiese don y se llamase «doña Molinera», ofreciéndole nuevos servicios y mercedes.” En su discurso a los cabreros, don Quijote desarrolla el tópico de la Edad de Oro: las ideas que contiene resultan ser claramente renacentistas. Señala cuáles son los conceptos, tópicos e ideas que utiliza, y compáralos con otros textos anteriores que hayas leído: “No entendían los cabreros aquella jerigonza de escuderos y de caballeros andantes, y no hacían otra cosa que comer y callar y mirar a sus huéspedes, que con mucho donaire y gana embaulaban tasajo como el puño. […]. Después que don Quijote hubo bien satisfecho su estómago, tomó un puño de bellotas en la mano y, mirándolas atentamente, soltó la voz a semejantes razones: "—Dichosa edad y siglos dichosos aquellos a quien los antiguos pusieron nombre de dorados, y no porque en ellos el oro, que en esta nuestra edad de hierro tanto se estima, se alcanzase en aquella venturosa sin fatiga alguna, sino porque entonces los que en ella vivían ignoraban estas dos palabras de tuyo y mío. Eran en aquella santa edad todas las cosas comunes: a nadie le era necesario para alcanzar su ordinario sustento tomar otro trabajo que alzar la mano y alcanzarle de las robustas encinas, que liberalmente les estaban convidando con su dulce y sazonado fruto. Las claras fuentes y corrientes ríos, en magnífica abundancia, sabrosas y transparentes aguas les ofrecían. […]. Todo era paz entonces, todo amistad, todo concordia: aún no se había atrevido la pesada reja del corvo arado a abrir ni visitar las entrañas piadosas de nuestra primera madre; que ella sin ser forzada ofrecía, por todas las partes de su fértil y espacioso seno, lo que pudiese hartar, sustentar y deleitar a los hijos que entonces la poseían. Entonces sí que andaban las simples y hermosas zagalejas de valle en valle y de otero en otero, en trenza y en cabello, sin más vestidos de aquellos que eran menester para cubrir honestamente lo que la honestidad quiere y ha querido siempre que se cubra, y no eran sus adornos de los que ahora se usan […] sino de algunas hojas verdes de lampazos y yedra entretejidas, con lo que quizá iban tan pomposas y compuestas como van agora nuestras cortesanas con las raras y peregrinas invenciones que la curiosidad ociosa les ha mostrado. Entonces se decoraban los conceptos amorosos del alma simple y sencillamente, del mismo modo y manera que ella los concebía, sin buscar artificioso rodeo de palabras para encarecerlos. No había la fraude, el engaño ni la malicia mezclándose con la verdad y llaneza. La justicia se estaba en sus propios términos, sin que la osasen turbar ni ofender los del favor y los del interese, que tanto ahora la menoscaban, turban y persiguen. La ley del encaje aún no se había sentado en el entendimiento del juez, porque entonces no había qué juzgar ni quién fuese juzgado.” • En su discurso, el personaje contrapone una y otra vez la mítica Edad de Oro con los tiempos actuales. ¿Con qué rasgos contrastados los caracteriza? • Especial importancia tiene el valor que se le concede a la naturaleza como modelo, tanto moral como estético. Coméntalo en relación con los conceptos de naturalidad y artificiosidad, que don Quijote utiliza en su discurso. • Observa el contraste entre la realidad (los cabreros, el puñado de bellotas, etc.) y el discurso idealista del protagonista. Cervantes mezcla la admiración por los ideales renacentistas con su parodia. El canónigo y el barbero devuelven a don Quijote a su hogar haciéndole creer que está bajo los efectos de un encantamiento. Al descubrir que Sancho está convencido de que su amo es un caballero andante, el canónigo y el barbero inician una conversación sobre los peligros de los libros de caballerías y sus fantasías: “—Verdaderamente, señor Cura, yo hallo por mi cuenta que son perjudiciales en la república estos que llaman libros de caballerías; […] Y si a esto se me respondiese que los que tales libros componen los escriben como cosas de mentira, y que así, no están obligados a mirar en delicadezas ni verdades, les respondería yo que tanto la mentira es mejor cuanto más parece verdadera, y tanto más agrada cuanto tiene más de lo dudoso y posible. Hanse de casar las fábulas mentirosas con el entendimiento de los que las leyeren, escribiéndose de suerte, que facilitando los imposibles, allanando las grandezas, suspendiendo los ánimos, admiren, suspendan, alborocen y entretengan de modo, que anden a un mismo paso la admiración y la alegría juntas; y todas estas cosas no podrá hacer el que huyere de la verosimilitud y de la imitación, en quien consiste la perfección de lo que se escribe. No he visto ningún libro de caballerías que haga un cuerpo de fábula entero con todos sus miembros, de manera, que el medio corresponda al principio, y el fin al principio y al medio; sino que los componen con tantos miembros, que más parece que llevan intención a formar una quimera o un monstruo que a hacer una figura proporcionada. […] "—Así es como vuestra merced dice, señor Canónigo –dijo el Cura—, y por esta causa son más dignos de reprehensión los que hasta aquí han compuesto semejantes libros, sin tener advertencia a ningún buen discurso, ni al arte y reglas por donde pudieran guiarse y hacerse famosos en prosa, como lo son en verso los dos príncipes de la poesía griega y latina. ”—Yo, a lo menos —replicó el Canónigo—, he tenido cierta tentación de hacer un libro de caballerías, guardando en él todos los puntos que he significado; […] ”Pero lo que más me le quitó de las manos, y aun del pensamiento de acabarle, fue un argumento que hice conmigo mismo, sacado de las comedias que ahora se representan, diciendo: «Si estas que ahora se usan, así las imaginadas como las de historia, todas o las más son conocidos disparates y cosas que no llevan pies ni cabeza, y, con todo eso, el vulgo las oye con gusto, y las tiene y las aprueba por buenas, estando tan lejos de serlo, y los autores que las IES VICTORIA KENT Antología del Página 35 FRAN JIMÉNEZ Renacimiento y Barroco componen, y los actores que las representan dicen que así han de ser, porque así las quiere el vulgo, y no de otra manera, y que las que llevan traza y siguen la fábula como el arte pide no sirven sino para cuatro discretos que las entienden, y todos los demás se quedan ayunos de entender su artificio, y que a ellos les está mejor ganar de comer con los muchos, que no opinión con los pocos […] ”—En materia ha tocado vuestra merced, señor Canónigo —dijo a esta sazón el Cura—, que ha despertado en mí un antiguo rencor que tengo con las comedias que agora se usan, tal, que iguala al que tengo con los libros de caballerías; porque habiendo de ser la comedia, según le parece a Tulio, espejo de la vida humana, ejemplo de las costumbres e imagen de la verdad, las que ahora se representan son espejos de disparates, ejemplos de necedades e imágenes de lascivia.” • A partir de las opiniones del canónigo y el cura, explica cuáles son, según Cervantes, los conceptos fundamentales en los que se basa la perfección literaria. • En relación con estos conceptos, justifica la crítica que ambos personajes hacen de los libros de caballerías. • La segunda parte del texto es una dura crítica del teatro de Lope de Vega. ¿En qué aspectos coincide esta crítica con la que se ha hecho inmediatamente antes de la literatura caballeresca? Compara las consideraciones que hace Cervantes sobre la opinión del “vulgo” (público popular) con estos versos del Arte nuevo de hacer comedias de Lope: “cuando he de escribir una comedia / encierro los preceptos con seis llaves […]/ y escribo por el arte que inventaron / los que el vulgar aplauso pretendieron,/ porque, como las paga el vulgo, es justo / hablarle en necio para darle gusto.” En la segunda parte de la obra, unos duques que han acogido en su palacio a don Quijote para divertirse con su locura, piensan también reírse de Sancho, y lo nombran “gobernador” de la “ínsula Barataria”. Antes de salir para la supuesta ínsula, recibe los consejos de don Quijote: “—Así es verdad —replicó don Quijote—; por lo cual los no de principios nobles deben acompañar la gravedad del cargo que ejercitan con una blanda suavidad que, guiada por la prudencia, los libre de la murmuración maliciosa, de quien no hay estado que se escape. "Haz gala, Sancho, de la humildad de tu linaje, y no te desprecies de decir que vienes de labradores; porque viendo que no te corres, ninguno se pondrá a correrte, y préciate más de ser humilde virtuoso que pecador soberbio. Innumerables son aquellos que de baja estirpe nacidos, han subido a la suma dignidad pontificia e imperatoria; y desta verdad te pudiera traer tantos ejemplos, que te cansaran. Mira, Sancho: si tomas por medio a la virtud y te precias de hacer hechos virtuosos, no hay para qué tener envidia a los que los tienen de príncipes y señores; porque la sangre se hereda, y la virtud se aquista, y la virtud vale por sí sola lo que la sangre no vale.[…]Nunca te guíes por la ley del encaje, que suele tener mucha cabida con los ignorantes que presumen de agudos. Hallen en ti más compasión las lágrimas del pobre, pero no más justicia, que las informaciones del rico. Procura descubrir la verdad por entre las promesas y dádivas del rico como por entre los sollozos e importunidades del pobre. Cuando pudiere y debiere tener lugar la equidad, no cargues todo el rigor de la ley al delincuente; que no es mejor la fama del juez riguroso que la del compasivo. Si acaso doblares la vara de la justicia, no sea con el peso de la dádiva, sino con el de la misericordia. […] Prosiguió, pues, don Quijote, y dijo: "— En lo que toca a cómo has de gobernar tu persona y casa, Sancho, lo primero que te encargo es que seas limpio, y que te cortes las uñas, sin dejarlas crecer […]. No comas ajos ni cebollas, porque no saquen por el olor tu villanería. Anda despacio, habla con reposo; pero no de manera, que parezca que te escuchas a ti mismo; que toda afectación es mala.” Sancho gobierna con gran discreción la supuesta ínsula, pero finalmente es burlado y apaleado: “—Vuestras mercedes se queden con Dios, y digan al duque mi señor que, desnudo nací, desnudo me hallo: ni pierdo ni gano; quiero decir, que sin blanca entré en este gobierno, y sin ella salgo, bien al revés de cómo suelen salir los gobernadores de otras ínsulas. Y apártense, déjenme ir […]. Abrazáronle todos, y él, llorando, abrazó a todos, y los dejó admirados, así de sus razones como de su determinación tan resoluta y tan discreta.” • Comenta los consejos que don Quijote da a Sancho. ¿Qué ideas y actitudes valora Cervantes en los que tienen responsabilidad de gobierno? • Explica el contraste que se establece en el texto entre los conceptos de nobleza de sangre y virtud. ¿Cuál de estos conceptos se corresponde mejor con las ideas renacentistas? ¿Por qué? • Anota y comenta los pasajes donde aparezca algún tipo de crítica de carácter social. • Junto a los consejos sensatos, aparecen otros que resultan burlescos. Relaciónalos con la caracterización del personaje y con las diferentes interpretaciones de la obra. • En el pasaje final aparece uno de los temas básicos de la novela, el desengaño: Sancho, que durante toda la obra ha esperado el momento de acceder, como los escuderos de las novelas de caballerías, al gobierno de una “ínsula”, se marcha de esta desengañado, pero al mismo tiempo arrogado de gran dignidad. ¿Cómo se manifiesta el desengaño? ¿Por qué se puede afirmar que el personaje se ha dignificado? ¿Qué importancia tiene todo esto, junto con el texto siguiente, en relación con el sentido final de la obra? El final de la novela supone el reverso de su comienzo: se narra la vuelta a la cordura del protagonista: “Apenas los vio don Quijote, cuando dijo: IES VICTORIA KENT Antología del Página 36 FRAN JIMÉNEZ Renacimiento y Barroco ”—Dadme albricias, buenos señores, de que ya yo no soy don Quijote de la Mancha, sino Alonso Quijano, a quien mis costumbres me dieron renombre de Bueno. Ya soy enemigo de Amadís de Gaula y de toda la infinita caterva de su linaje; ya me son odiosas todas las historias profanas del andante caballería; ya conozco mi necedad y el peligro en que me pusieron haberlas leído; ya, por misericordia de Dios, escarmentando en cabeza propia, las abomino. […] Y volviéndose a Sancho, le dijo: ”—Perdóname, amigo, de la ocasión que te he dado de parecer loco como yo, haciéndote caer en el error en que yo he caído, de que hubo y hay caballeros andantes en el mundo. ”—¡Ay! —respondió Sancho llorando—. No se muera vuesa merced, señor mío, sino tome mi consejo, y viva muchos años; porque la mayor locura que puede hacer un hombre en esta vida es dejarse morir, sin más ni más, sin que nadie le mate, ni otras manos le acaben que las de la melancolía. Mire no sea perezoso, sino levántese de esa cama, y vámonos al campo vestidos de pastores, como tenemos concertado: quizá tras de alguna mata hallaremos a la señora doña Dulcinea desencantada, que no haya más que ver. Si es que se muere de pesar de verse vencido, écheme a mí la culpa, diciendo que por haber yo cinchado mal a Rocinante le derribaron; cuanto más que vuesa merced habrá visto en sus libros de caballerías ser cosa ordinaria derribarse unos caballeros a otros, y el que es vencido hoy ser vencedor mañana.[…] ”—Señores -dijo don Quijote—, vámonos poco a poco, pues ya en los nidos de antaño no hay pájaros hogaño. Yo fui loco, y ya soy cuerdo: fui don Quijote de la Mancha, y soy agora, como he dicho, Alonso Quijano el Bueno. Pueda con vuestras mercedes mi arrepentimiento y mi verdad volverme a la estimación que de mí se tenía […] , suplico a los dichos señores mis albaceas que si la buena suerte les trujere a conocer al autor que dicen que compuso una historia que anda por ahí con el título de Segunda parte de las hazañas de don Quijote de la Mancha, de mi parte le pidan, cuan encarecidamente ser pueda, perdone la ocasión que sin yo pensarlo le di de haber escrito tantos y tan grandes disparates como en ella escribe; porque parto de esta vida con escrúpulo de haberle dado motivo para escribirlos. "En fin, llegó el último de don Quijote, después de recibidos todos los sacramentos y después de haber abominado con muchas y eficaces razones de los libros de caballerías. Hallóse el escribano presente, y dijo que nunca había leído en ningún libro de caballerías que algún caballero andante hubiese muerto en su lecho tan sosegadamente y tan cristiano como don Quijote; el cual, entre compasiones y lágrimas de los que allí se hallaron, dio su espíritu: quiero decir que se murió.” El final de la novela supone el reverso de su comienzo: se narra la vuelta a la cordura del protagonista. De la misma forma, se retoma al final la intención expresada en el principio: parodiar los libros de caballerías. Comenta cómo se expresan ambos aspectos y la relación que hay entre ellos. • Lee atentamente la intervención de Sancho y explica, a partir de sus palabras, la habitual afirmación de que, a lo largo de la novela, este personaje experimenta un proceso de “quijotización”. • Observa la importancia del Quijote de Avellaneda en la composición del Quijote de 1615. Señala los pasajes en los que se hace referencia a esta obra apócrifa. ¿Qué opiniones vierte Cervantes sobre ella y sobre su autor? “Determinó pues, don Alonso de poner a su hijo en pupilaje, lo uno por apartarle de su regalo , y lo otro por ahorrar de cuidado. Supo que había en Segovia un licenciado Cabra, que tenía por oficio el criar hijos de caballeros, y envió allá el suyo, y a mí para que le acompañase y sirviese. ”Entramos, primer domingo después de Cuaresma, en poder del hambre viva, porque tal lacería no admite encarecimiento. Él era un clérigo cerbatana, largo solo en el talle, una cabeza pequeña, pelo bermejo (no hay que decir para quien sabe el refrán), los ojos avecindados en el cogote, que parecía que miraba por cuévanos, tan hundidos y oscuros, que era buen sitio el suyo para tienda de mercaderes; la nariz, entre Roma y Francia, porque se le había comido de unas búas de resfriado, que aun no fueran de vicio, porque cuestan dinero; las barbas descoloridas por miedo de la boca vecina que, de pura hambre, parecía que amenazaba a comérselas; los dientes le faltaban no sé cuántos, y pienso que por holgazanes y vagamundos se los habían desterrado; el gaznate largo como de avestruz, con una nuez tan salida que parecía que se iba a buscar de comer forzada de la necesidad; los brazos secos, las manos como un manojo de sarmientos cada una. Mirado de medio abajo, parecía tenedor o compás, con dos piernas largas y flacas. Su andar muy espacioso, si se descomponía algo, le sonaban los huesos como tablillas de san Lázaro. La habla hética; la barba grande, que nunca se la cortaba por no gastar, y él decía que era tanto el asco que le daba ver la mano del barbero por su cara, que antes se dejaría matar que tal permitiese; cortábale los cabellos un muchacho de nosotros. Traía un bonete los días de sol, ratonado de mil gateras y guarniciones de grasa, era de cosa que fue de paño, con los fondos de caspa. La sotana, según decían algunos, era milagrosa, porque no se sabía de qué color era. Unos, viéndola tan sin pelo, la tenían por de cuero de rana, otros decían que era ilusión; desde cerca parecía negra, y desde lejos entre azul. Llevábala sin ceñidor: no traía cuello ni puños. Parecía, con los cabellos largos y la sotana mísera y corta, lacayuelo de la muerte. Cada zapato podía ser tumba de un filisteo. ¿Pues su aposento? Aun arañas no había en él. Conjuraba los ratones de miedo que no le royesen algunos mendrugos que guardaba. La cama tenía en suelo, y dormía siempre de un lado por no gastar las sábanas. Al fin, él era archipobre y protomiseria.” IES VICTORIA KENT FRAN JIMÉNEZ Antología del Renacimiento y Barroco Página 37 LA PROSA DIDÁCTICA SUEÑO DE LA MUERTE Francisco de Quevedo “Tres cosas son las que hacen ridículos a los hombres: la primera, la nobleza; la segunda, la honra; y la tercera, la valentía. Pues es cierto que os contentáis con que hayan tenido vuestros padres virtud y nobleza para decir que la tenéis vosotros; siendo inútil parte del mundo. Acierta a tener muchas letras el hijo del labrador; es arzobispo el villano que se aplica a honestos estudios, y el caballero que desciende de César y no gasta como él en guerras y victorias el tiempo y vida, sino en juegos y rameras, dice que fue mal dada la mitra a quien no desciende de buenos padres; como si hubieran ellos de gobernar el cargo que les dan, quieren, ¡ved qué ciegos!, que les valga a ellos, viciosos; la virtud ajena de trescientos mil años, ya casi olvidada; y no quieren que el pobre se honre con la propia. Carcomióse el hidalgo de oír estas cosas, y el caballero que estaba a su lado se afligía, pegando los abanillos del cuello y volviendo las cuchilladas de las calzas. ”—Pues, ¿qué diré de la honra mundana, que más tiranías hace en el mundo y más daños y más gustos estorba? Muere de hambre un caballero pobre, no tiene con qué vestirse, ándase roto y remendado, o da en ladrón, y no lo pide, porque dice que tiene honra. ¡Oh, lo que gasta la honra! Y llegado a ver lo que es la honra mundana, no es nada. Por la honra no come el que tiene gana donde le sabría bien. Por la honra se muere la viuda entre dos paredes. Por la honra, sin saber qué es hombre ni qué es gusto se pasa la doncella treinta años casada consigo misma. Por la honra, la casada le quita a su deseo cuanto pide. Por la honra pasan los hombres el mar. Por la honra mata un hombre a otro. Por la honra gastan todos más de lo que tienen. Y es la honra mundana, según esto, una necedad del cuerpo y alma, pues al uno quita los gustos y al otro la gloria. Y porque veáis cuáles sois los hombres desgraciados y cuán a peligro tenéis lo que más estimáis, hase de advertir que las cosas de más valor en vosotros son la honra, la vida y la hacienda. La honra está junto al culo de las mujeres; la vida, en manos de los doctores; y la hacienda, en las plumas de los escribanos. ¡Desvaneceos, pues, bien, mortales!” a) Resume el contenido del texto. b) El fragmento pertenece al “Sueño del infierno!, también conocido como “Las zahúrdas de Plutón” y puede servir de muestra de los escritos barrocos sobre la visión desengañada de la vida, ¿por qué? c) La estructura del texto es argumentativa: señala los distintos pasos de la argumentación por los que personaje de Quevedo —un diablo— se ríe de la honra de los mortales. d) El tema de la honra no recibe aquí el mismo tratamiento que en el teatro de Lope o Calderón. Compara lo que dice Quevedo con las ideas que fundamentaban la honra en el teatro. Para ello puedes recordar los versos calderonianos en boca de Pedro Crespo: “Con mi hacienda / pero con la fama no, /al Rey, la hacienda y la vida / se ha de dar, pero el honor / es patrimonio del alma, / y el alma solo es de Dios.” e) Describe a los dos personajes a los que se dirige el Diablo en el texto y explica su reacción ante lo que están oyendo. LA HORA DE TODO Y LA FORTUNA CON SESO FRANCISCO DE QUEVEDO “Embistiéranse los dos si no los apartara el murmullo de una manada de catedráticos, que venía retirándose de un escuadrón de mujeres, que con las bocas abiertas los hundían a chillidos y los amagaban a mordiscos. Una de ellas, cuya hermosura era tan opulenta que se aumentaba con la disconformidad de la ira, siendo afecto que en la suma fiereza de un león halla fealdad que añadir, dijo: ”—Tiranos, ¿por cuál razón [siendo las mujeres, de las dos partes del género humano, la una, que constituye la mitad] habéis hecho vosotros solos las leyes contra ellas, si su consentimiento, a vuestro albedrío? Vosotros nos priváis de los estudios, por envidia de que os excederemos, de las armas, por temor de que seréis vencimiento de nuestro enojo los que lo sois de nuestra risa. Os habéis constituido por árbitros de la paz y de la guerra, y nosotras padecemos vuestros delirios. El adulterio en nosotras es delito de muerte, y en vosotros, entretenimiento de la vida. Nos queréis buenas para ser malos, honestas para ser distraídos […] Hoy es día en que se ha de enmendar esto, o con darnos parte en los estudios y puesto de gobierno, o con oírnos, y desagraviarnos de las leyes establecidas, instituyendo algunas en nuestro favor, y derogando otras que nos son perjudiciales. ”Un doctor, a quien la barba le chorreaba hasta los tobillos, que las vio juntas y determinadas, fiado en su elocuencia, intentó satisfacerlas con estas razones: ”—Con grande temor me opongo a vosotras, viendo que la razón frecuentemente es vencida por la hermosura; que la retórica y dialéctica son rudas contra vuestra belleza. Decidme empero, ¿qué ley se os podrá fiar, si la primera mujer estrenó su ser quebrantando la de Dios? ¿Qué armas s pondrán con disculpa en vuestras manos, si con una manzana descalabrasteis toda la generación de Adán, sin que se escapasen los que estaba escondidos en las distancias de lo futuro? Decir que todas las leyes son contra vosotras, fuera verdad si dijérades que vosotros sois contra todas las leyes. ¿Qué poder se iguala a vuestro, pues si no juzgáis con las leyes estudiándolas, juzgáis a las leyes con los jueves, corrompiéndolas? Si nosotros hicimos las leyes, vosotras las deshacéis. Si los jueves gobiernan el mundo — y las mujeres a los jueces—, las mujeres gobiernan y desgobiernan el mundo y desgobiernan a los que le gobiernan, porque puede más con mucho la mujer que aman, que el texto que estudian. […] Si tenemos los cargos y los puestos, vosotros gastáis en galas y trajes. Un texto solo tenéis, que es vuestra lindeza; ¿cuándo le alegasteis que no os valiese? ¿quién IES VICTORIA KENT Antología del Página 38 FRAN JIMÉNEZ Renacimiento y Barroco le vio que no quedase convencido? Si nos cohechamos es para cohecharos; si torcemos las leyes y la justicia, las más veces es porque seguimos la doctrina de vuestra belleza […] Vosotras, por infinitos, no podéis contar vuestros adulterios, y nosotros, por raros, no tenemos que contar de los degüellos, el escarmiento sigue a la pena; ¿dónde está este? Quejaros de que os guardemos es quejaros de que os estimemos: nadie guardó lo que desprecia. Según lo que he discurrido, de todo sois señoras, todo está sujeto a vosotras: gozáis la paz y ocasionáis la guerra. Si habéis de pedir lo que os falta a muchas, pedid moderación y seso: ”— ¿Seso dijiste? No lo hubo pronunciado, cuando todas juntas contra el triste doctor en remolino de pellizcos y repelones y con tal furia le mesaron, que le dejaron lampiño de la pelambre graduada, que pudiera, por lo lampiño, pasar por vieja en otra parte.” a) Tiene Quevedo fama de misógino a lo largo de su obra, sobre todo en la de carácter satírico, abundan las páginas en las que, como en la diatriba del catedrático de este texto, arremete contra las mujeres. Señala y explica los argumentos que utiliza. b) Sin embargo, la intervención previa de la mujer constituye un alegato donde se recogen ideas que bien podrían pasar por modernas dado su carácter feminista. Comenta estas ideas. c) De todas formas, ¿cuál es la actitud de Quevedo ante ambos grupos de personajes, mujeres y catedráticos? ¿Se identifica con alguno de ellos o quedan ambos ridiculizados? Justifica la respuesta atendiendo especialmente a la presentación que hace de cada uno de ellos. ORÁCULO MANUAL Y ARTE DE PRUDENCIA BALTASAR GRACIÁN En 1647 Baltasar Gracián publica Oráculo manual y Arte de Prudencia. Se trata de un conjunto de 300 pequeños textos, meditaciones en torno al comportamiento del ser humano. Cada uno de ellos está formado por una frase sintética, a veces críptica, que es comentada a continuación. Como comprobarás, los pensamientos tienen un carácter netamente práctico, se trata de enseñanzas para la vida. Ayudado por su estructura fragmentaria, se ha mantenido como libro de cabecera hasta la actualidad, con numerosas ediciones. 105. No cansar. Suele ser pesado el hombre de un negocio y el de un verbo. La brevedad es lisonjera y más negociante: gana por lo cortés lo que pierde por corto. Lo bueno, si breve, dos veces bueno; y aun lo malo, si poco, no es tan malo. Más obran quintaesencias que fárragos. Y es verdad común que hombre largo raras veces entendido, no tanto en lo material de la disposición cuanto en los formal del discurso. 18. Aplicación y minerva. No hay eminencia sin entrambas, y si concurren, exceso. Más consigue una medianía con aplicación, que una superioridad sin ella. Cómprase la reputación a precio de trabajo: poco vale lo que poco cuesta. Aun para los primeros empleos se deseó en algunos la aplicación; raras veces desmiente al ingenio. No ser eminente en el empleo vulgar por querer se mediano en el sublime, excusa tiene de generosidad; pero contentarse con ser mediano en el último, pudiendo ser excelente en el primero, no la tiene. Requiérense, pues, naturaleza y arte, y sella la aplicación. 27. Pagarse más de intensiones que de extensiones. No consiste la perfección en la cantidad sino en la calidad. Todo lo muy bueno fue siempre poco y raro; es descrédito lo mucho. Aun entre los hombres, los gigante suelen ser los verdaderos enanos. Estiman algunos los libros por la corpulencia, como si se escribiesen para ejercitar antes los brazos que los ingenios. La extensión sola nunca pudo exceder de medianía, y es plaga de hombres universales, por querer estar en todo, estar en nada. La intención da eminencia, y heroica, si en materia sublime. 117. Nunca hablar de sí. O se ha de alabar, que es desvanecimiento, o se ha de vituperar, que es poquedad, y siendo culpa de cordura en el que dice, es pena de los que oyen. Si esto se ha de evitar en la familiaridad, mucho más en puestos sublimes, donde se habla en común, y pasa ya por necedad cualquier apariencia de ella. El mismo inconveniente de cordura tiene el hablar de los presentes, por el peligro de dar en uno de dos escollos: de lisonja o de vituperio. 118. Cobrar fama de cortés; que basta a hacerle plausible. Es la cortesía la principal parte de la cultura, especie de hechizo, y así concilia la gracia de todos; así como la descortesía, el desprecio y el enfado universal. Si esta nace de soberbia, es aborrecible; si de grosería, despreciable. La cortesía siempre ha de ser más que menos, pero no igual, que degeneraría en injusticia. Tiénese por deuda entre enemigos, para que se vea su valor. Cuesta poco y vale mucho; todo honrador es honrado. La galantería y la honra tienen esa ventaja, que se quedan, aquella en quien la usa, esta en quien la hace. 119. No hacerse de mal querer. No se ha de provocar la aversión, que, aun sin quererlo, ella se adelanta. Muchos hay que aborrecen de balde, sin saber el cómo ni por qué. Previene la malevolencia a la obligación. Es más eficaz y pronta para el daño la irascible, que la concupiscible para el provecho. Afectan algunos ponerse mal con todos, por enfadoso o enfadado genio. Y si una vez se apodera el odio, es como el mal concepto, dificultoso de borrar. A los hombres juiciosos los temen, a los maldicientes los aborrecen, a los presumidos asquean, a los fisgones abominan, a los singulares los dejan. Muestre, pues, estimar para ser estimado, y el que quiere hacer casa, hace caso. 80. Atención al informarse. Vívese lo más de información; es lo menos lo que vemos: vivimos de fe ajena. Es el oído la puerta segunda de la verdad, y principal de la mentira. La verdad ordinariamente se ve; extravagantemente se oye; raras veces llega en su elemento puro, y menos cuando viene de lejos. Siempre trae algo de mixta, de los afectos por donde pasa; tiñe de sus colores la pasión cuando toca, ya odiosa, ya favorable; tira siempre a impresionar; gran cuenta IES VICTORIA KENT Antología del Página 39 FRAN JIMÉNEZ Renacimiento y Barroco con quien alaba, mayor con quien vitupera. Es menester toda la atención en este punto para descubrir la intención en el que tercia, conociendo de antemano de qué pie se movió. Sea la refleja contraste de lo falto, y de lo falso. a) Determina los temas que trata Gracián en cada una de las máximas y sus respectivas glosas o comentarios. ¿Qué visión del hombre y el mundo revelan sus consejos? b) Haz un recuento de los recursos estilísticos más significativos que utiliza Gracián en estos textos. A la luz de lo visto anteriormente, ¿qué función tienen? ¿Pueden considerarse meros ornamentos del discurso. EL CRITICÓN Lee este fragmento de El Criticón de Gracián y responde: “—Venimos— le dijeron— en busca de una reina que si por gran dicha nuestra la topamos, nos han asegurado que con ella hallaremos cuanto bien se puede desear. Y aun decía uno que todos los bienes le habían entrado a la par con ella. ”—¿Cómo decís que se nombra? ”—Sí, que bien nombrada es: la plausible Sofisbella. ”—Ya sé quién decís. Esa, en otro tiempo, bien estimada era en todo el mundo por su mucha discreción y prendas; mas ya, por pobre, no hay quien haga caso ni casa Della; en viéndola sin dote en oro y plata, muchos la tienen por necia y todos por infeliz. Es cosa de cuento todo lo que no es de cuenta. Entended una cosa, que no hay otro saber como el tener, y el que tiene es sabio, es galán, valiente, noble, discreto y poderoso: es príncipe, es rey y será cuanto él quisiere. Lástima me hacéis de veros tan hombres y tan poco personas.” a) Indica cuál es el tema del texto. ¿Qué es lo que critica el autor? b) ¿Qué recursos literarios aparecen en la expresión “es cosa de cuento todo lo que no es de cuenta”? En este otro fragmento de El Criticón trata las influencias de los siete planetas en las edades que va recorriendo el hombre a lo largo de su vida. “Creyeron vanamente algunos de los filósofos antiguos que los siete errantes astros se habían repartido las siete edades del hombre, para asistirle desde el quicio de la vida hasta el umbral de la muerte. Señalábanse a cada edad su planeta, por su orden y su puesto, avisando a todo moral se diese por entendido, ya del planeta que presidía, ya del traste de la vida en que andaba. Cúpole, decían, a la niñez la Luna con el nombre de Lucina, comunicándole con sus influencias sus imperfecciones, esto es, con la humedad la ternura, y con ella la facilidad y variedad, aquel mudarse a cada instante, ya llorando, ya riendo, sin saber de qué se enoja, sin saber con qué se aplaca, de cera a las impresiones, de masa a las aprensiones, pasando de las tinieblas de la ignorancia a los crepúsculos de la advertencia. Desde los diez años hasta los veinte, decían presidirle el planeta Mercurio, influyendo docilidades, con que se va adelantando ya muchacho, al paso de la edad, en la perfección comienza a estudiar y a aprender, cursa las escuelas, oye las facultades y va enriqueciendo el ánimo de noticias y de ciencias. Pero descárase Venus a los veinte y reina con grande tiranía hasta los treinta, haciendo cruda guerra a la juventud, a sangre que hierve y a fuego en que se abrasa, y todo esto con bizarra galantería. Amanece a los treinta años el Sol, esparciendo rayos de lucimientos, con que anhela ya el hombre a lucir y valer, emprender con calor los honrosos hémelos, las lucidas empresas cual sol de su casa, y de su patria todo lo ilustra, lo fecunda y lo sazona. Embístele Marte a los cuarenta infundiéndole valor con calor; revístese de aceros, muestra bríos, riñe; venga y pleitea. Entra a los cincuenta mandando Júpiter, influyendo sobreranías; ya el hombre es señor de sus acciones, habla con autoridad, obra con señorío, no lleva bien el ser gobernado de otros, antes lo querría mandar todo, toma por sí las resoluciones, ejecuta sus dictámenes, sábese gobernar; y a esta edad, como a tan señora, la coronaron por reina de las otras, llamándola el mejor tercio de la vida. A los sesenta anochece, que no amanece, el melancólico Saturno; con humor y horror de viejo, comunícale su triste condición, y como se va acabando, querría acabar con todos, vive enfadado y enfadando, gruñendo y riñendo, y a lo perro viejo royendo lo presente y lamiendo lo pasado, remiso en sus acciones, tímido en sus ejecuciones, lánguido en el hablar, tardo en el ejecutar, ineficaz en sus empresas, escaso en su trato, asqueroso en su porte, descuidado en su traje, destituido de sentido, falto de potencias, y a todas horas y de todas las cosas quejumbroso. Hasta los setenta es el vivir, y en los poderosos hasta los ochenta, que de ahí en adelante todo es trabajo y dolor, no vivir, sino morir. Acabados los diez años de Saturno, vuelve a presidir la Luna y vuelve a niñear y a monear el hombre decrépito y caduco, con que acaba el tiempo en círculo, mordiéndose la cola la serpiente; ingenioso jeroglífico de la rueda de la humana vida.” a) Como ves, Gracián divide la vida del hombre en ciclos de diez años, cada uno de ellos presidido por un planeta y asociado a ciertas cualidades. La correspondencia se inicia: Luna/niñez/mudanza; Mercurio/infancia/estudio. Continúa tú la serie hasta el final. b) ¿Con qué palabra resumirías cada etapa del humano existir? ¿Por qué la vida aparece representada por un círculo? c) En la prosa de Gracián es frecuente que se reiteren, se sumen, se opongan o se comparen distintos elementos de la oración, para intensificar el significado: cursa las escuelas, oye las facultades, o lánguido en el hablar, tardo en ejecutar. Busca otros ejemplos. d) El desengaño y el pesimismo están en el centro de la mentalidad barroca. ¿Aparecen en este texto? Justifica la respuesta. IES VICTORIA KENT Antología del FRAN JIMÉNEZ Renacimiento y Barroco Este otro fragmento vemos una conversación entre Critilo y Andrenio: Página 40 “—Aguarda— dijo Andrenio—. ¿No son todos como tú? ”— Sí y yo. ”— ¿Cómo puede ser eso? ”— Porque cada uno es hijo de su madre y de su humor, casado con su opinión, y así, todos parecen diferentes, cada uno de su gesto y de su gusto. Verás unos pigmeos en el ser y gigantes de soberbia, verás otros al contrario, en el cuerpo gigantes y en el alma enanos, toparás con vengativos, que la guardan toda la vida y la pegan, aunque tarde, hiriendo como el escorpión con la cola. Oirás, o huirás, los habladores, de ordinario necios, que dejan de cansar y muelen. Gustarás que unos se ven, otros se oyen, se tocan y se gustan, otros de los hombres de burlas, que todo lo hacen cuento, sin dar jamás en la cuenta. Te embarazarán los maníacos, que en todo se embarazan. ¿Qué dirás de los largos en todo, dando siempre largas? […] Y, finalmente, hallarás muy pocos hombres que lo sean, fieras, sí, y fieros también, horribles monstruos del mundo, que no tienen más que el pellejo y todo lo demás se borra, y así son hombres borrados. ”— Pues dime, ¿con qué hacen tanto mal, si no les dio la naturaleza armas, como a las fieras? Ellos no tienen garras como el león, uñas como el tigre, trompas como el elefanta, cuernos como el torno, colmillos como el jabalí, dientes como el perro, boca como el lobo: pues ¿cómo dañan tanto? ”—Y aun por eso— dijo Critilo— la próvida naturaleza privó a los hombres de las armas naturales, y como a gente sospechosa los desarmó: no se fió de su malicia. Y si esto no hubiera prevenido, ¿qué fuera de su crueldad? Ya hubiera acabado con todo. Aunque no les faltan otras armas mucho más terribles y sangrientas que esas, porque tienen una lengua más afilada que las navajas de los leones, con que desgarran las personas y despedazan las honras; tienen una mala intención, más torcida que los cuernos de un toro y que hiere más a ciegas, tienen unas entrañas más dañadas que las víboras, un aliento más venenoso que los dragones. […] De modo que solo el hombre tiene juntas todas las armas ofensivas que se hallaren repartidas, y así él ofende más que todas.” a) ¿Por qué esta obra se incluye dentro de la prosa doctrinal? b) ¿Cómo es la visión del hombre que presenta Critilo? c) ¿Qué símbolos y alegorías utiliza Critilo para criticar la naturaleza de las personas? Justifica tu respuesta con fragmentos del texto. IES VICTORIA KENT FRAN JIMÉNEZ Antología del Renacimiento y Barroco Página 41 TEATRO BARROCO Lope de Vega renovadora del teatro existente. La obra escrita en 1613 Peribáñez y el comendador de Ocaña trata el tema de la defensa de la honra u honor al que todo hombre tiene derecho, sin importar si se trata de un noble o un simple labrador. Similar temática la observamos en Fuente ovejuna. En el pueblo toledano de Ocaña, el joven labrador Peribáñez se acaba de casar con Casilda, durante el festejo de la boda Peribáñez le dedica unos famosos requiebros: PERIBÁÑEZ: Casilda, mientras no puedas excederme en afición, no con palabras me excedas. Toda esta villa de Ocaña, poner quisiera a tus pies, y aun todo aquello que baña Tajo hasta ser portugués, entrando en el mar de España. El olivar más cargado de aceitunas me parece menos hermoso, y el prado que por el mayo florece, sólo del alba pisado. No hay camuesa que se afeite que no te rinda ventaja, ni rubio y dorado aceite conservado en la tinaja que me cause más deleite. Ni el vino blanco imagino de cuarenta años tan fino como tu boca olorosa, que, como al señor la rosa, le huele al villano el vino (...) Contigo, Casilda, tengo cuanto puedo desear, y sólo el pecho prevengo, en él te he dado lugar, ya que a merecerte vengo. Vive en él; que si un villano por la paz del alma, es rey, que tú eres reina está llano, ya porque es divina ley y ya por derecho humano Durante los festejos de la boda, han sacado unos novillos ensogados, el Comendador que pasaba por allí ha sido derribado por un toro y lo traen en brazos desmayado. Una vez repuesto, se enamora súbita y violentamente de Casilda. Peribáñez tiene que viajar a Toledo y, aprovechando que Casilda está sola, el Comendador entra en la habitación de Casilda. Ellas se asoma a la ventana y cree que los que han entrado en la casa son peones de su marido: Labrador de lejas tierras, CASILDA: que has venido a nuesa villa ¿Es hora de madrugar, convidado del agosto, amigos? ¿quién te dio tanta malicia? (...) COMENDADOR: El Comendador de Ocaña Señora mía, servirá dama de estima, ya se va acercando el día, no con sayuelo de grana y es tiempo de ir a segar. ni con saya de palmilla (...) demás que, saliendo vos, Olerále a guantes de ámbar, sale el sol, y es tarde ya. a perfumes y a pastillas, Lástima a todos nos da no a tomillo ni a cantueso, de veros sola, por Dios. poleo y zarzas floridas. No os quiere bien vuestro esposo, Y cuando el Comendador, pues a Toledo se fue me amase como a su vida, y os deja una noche. A fe y se diesen virtud y honra que si fuera tan dichoso por amorosas mentiras, el Comendador de Ocaña, más quiero yo a Peribáñez (que sé que os quiere bien, con su capa la pardilla aunque le mostréis desdén que al Comendador de Ocaña y sois con él tan extraña), con la suya guarnecida (...) que no os dejara, aunque el rey Vete, pues, el segador: por sus cartas le llamara, maña fuese la tu dicha, que dejar sola esa cara que si Peribáñez viene nunca fue de amantes ley. no verás la luz del día. CASILDA: IES VICTORIA KENT FRAN JIMÉNEZ Antología del Renacimiento y Barroco Página 42 Casilda despierta a los segadores y el Comendador, encolerizado, huye. El Comendador, por orden del rey, pide voluntarios para formar dos compañías, una de hidalgos y otra de labradores, que acudan a combatir a los moros. Decide nombrar capitán de una de las compañías a Peribáñez para alejarlo de Ocaña. La compañía labradora se marcha. El Comendador planea entrar en casa de Casilda. Peribáñez, sospechando la trampa, regresa y se esconde, sin que Casilda lo advierta, en la habitación vecina. El Comendador, ayudado por la prima de Casilda, Inés, llega a presencia de Casilda: ¡Oh, prima cruel y fiera, COMENDADOR: vuelta de prima, tercera! Yo soy el Comendador, COMENDADOR: yo soy tu señor. Dejadme, a ver lo que puedo. CASILDA: LUJÁN: No tengo Dejémoslos, que es mejor, señor, más que a Pedro. a solas se entenderán. COMENDADOR: (Se va con Inés.) Vengo CASILDA: esclavo, aunque soy señor. Mujer soy de capitán, Duélete de mí, o diré si vos sois Comendador. que te hallé con el lacayo Y no os acerquéis a mí, que miras. porque a bocados y a coces CASILDA: os haré... Temiendo el rayo, COMENDADOR: del trueno no me espanté. Paso y sin voces. Pues, prima, ¡tú me has vendido! PERIBÁÑEZ (escondido): INÉS: ¡Ay honra!, ¿qué aguardo aquí? Anda, que es locura ahora, Mas soy pobre labrador, siendo pobre labradora, bien será llegar y hablarle... y un villano tu marido, Pero mejor es matarle. dejar morir de dolor (Sale con la espada en la mano.) a un príncipe. Que más va Perdonad, Comendador, en su vida, ya que está que la honra es encomienda en casa, que no en tu honor. de mayor autoridad. (Lo hiere) Peribáñez fue a Toledo. COMENDADOR: CASILDA: ¡Jesús! ¡Muerto soy! ¡Piedad! Muere y Peribáñez mata también a Inés y a Luján. Después, marcha con Casilda a Toledo, donde está el rey, el cual se encoleriza cuando el Condestable le informa de que el Comendador de Ocaña ha muerto por un villano, y ofrece mil escudos a quien entregue al asesino. Peribáñez se presenta ante los reyes con su mujer: este carro de mi honra PERIBÁÑEZ: de los lodos de mi infamia. Yo soy un hombre, Con esto intentó una noche aunque de villana casta, que ausente de Ocaña estaba, limpio de sangre, y jamás forzar mi mujer, mas fuese de hebrea o mora manchada. con la esperanza burlada (...) Fui el mejor de mis iguales, Advertí mejor su intento, y en cuantas cosas trataban mas llamóme una mañana me dieron primero voto, y díjome que tenía y truje seis años vara. de Vuestras Altezas cartas Caséme con la que ves, para que, con gente alguna, también limpia, aunque villana, le sirviese esta jornada. virtuosa, si la ha visto En fin, de cien labradores la envidia asida a la fama. me dio la valiente escuadra; El Comendador Fadrique con nombre de capitán de nuestra villa de Ocaña salí con ellos de Ocaña, señor y Comendador, y como vi que de noche dio, como mozo, en amarla. era mi deshonra clara, Fingiendo que por servicios, en una yegua, a las diez, honró mis humildes casas de vuelta en mi casa estaba (...) de unos reposteros, que eran Hallé mis puertas rompidas cubiertas de tales cargas. y mi mujer destocada Dióme un par de mulas buenas, como corderilla simple mas no tan buenas que sacan que está del lobo en las garras. Dio voces, llegué saqué IES VICTORIA KENT FRAN JIMÉNEZ la misma daga y espada que ceñí para servirte no para tan triste hazaña. Paséle el pecho, y entonces dejó la cordera blanca, porque yo, como pastor, supe del lobo quitarla. Vine a Toledo, y hallé que por mi cabeza daban mil escudos; y así quise que mi Casilda me traiga. Hazle esta merced, señor, porque es quien ahora la gana, porque, vïuda de mí, no pierda prenda tan alta. Antología del Renacimiento y Barroco REY (A la reina): ¿Qué os parece? REINA: Que he llorado, que es la respuesta que basta para ver que no es delito, sino valor. REY: ¡Cosa extraña! ¡Que un labrador tan humilde estime tanto su fama! ¡Vive Dios, que no es razón matarle! Yo le hago gracia de la vida. Página 43 a) El parlamento inicial de Peribáñez sintetiza lo que ha ocurrido en la comedia. Haz un resumen del mismo. b) ¿Qué es lo primero que Peribáñez hace constar? ¿Por qué lo manifiesta tan pronto? c) ¿Qué afirma en segundo lugar? ¿Qué se propone conseguir con ambas declaraciones? d) Di por qué afirma que Casilda es “también limpia, aunque villana”. e) Explica el juego poético de estos versos: “y como vi que de noche/ era mi deshonra clara” f) En las escuelas de retórica (conjunto de técnicas que enseñan el arte de hablar en público) se proponía como modelo de velocidad narrativa la frase de Julio César (“Veni, vidi, vici”: vine, vi, vencí), ¿Hay algún recuerdo de esta frase en este relato? g) El carácter rústico del personaje se manifiesta por el uso de ciertas palabras. Señálalas. El rey confirma a Peribáñez como capitán de los labradores, entrega los mil escudos de la recompensa a Casilda y Peribáñez concluye con estos versos: PERIBÁÑEZ: Senado, con esto acaba la tragicomedia insigne del Comendador de Ocaña. FUENTE OVEJUNA La obra consta de tres actos con doce, diecisiete y veinticinco escenas respectivamente. No existen acotaciones y las escenas, divisi n que no aparece en el original, vienen marcadas por la entrada y salida de personajes. ú ú ó á é á ó é ó ñ á ñ ñ ó í ó í Ó é ó á á í í ó í ó ACTO PRIMERO Escena I (vv. 1-40).- El Comendador, Flores y Ortu o (criados del primero). El Comendador visita al Maestre en Almagro (Ciudad Real) y este se hace esperar. Fern n G mez explica su concepto de la cortes a, virtud que, para l, s lo posee la aristocracia. Escena II (vv. 41-173).- Los anteriores y el Maestre. El Comendador Fern n G mez le recuerda a Rodrigo T llez que a l le debe el haber sido nombrado Maestre de la Orden de Calatrava, a lo que le responde don Rodrigo manifest ndole su estima y respeto. Le sigue un comentario sobre la situaci n pol tica. Escena III (vv. 174-274).- Las campesinas Pascuala y Laurencia en la plaza de Fuente Ovejuna. Asistimos a un di logo “in medias res”. Sabemos que el Comendador “persigue” a Laurencia como era habitual en él. Las dos amigas comentan las malas artes de Fern n G mez, que se sirve de sus criados, de regalos y amenazas con las mujeres. Sin embargo, Laurencia conf a en su orgullo y su valor, en sus palabras aparece el motivo “alabanza de aldea Y menosprecio de corte”. Las dos tachan a los hombres de hip critas, crueles e ingratos. Escena IV (vv. 275-444).- Mengo, Barrildo, Frondoso, Laurencia y Pascuala. Al modo de novela pastoril se introducen un debate sobre el amor: Mengo mantiene una postura aristotélica sobre la discordancia de los elementos; Barrildo se posiciona a favor de la armonía del universo pitagórica; por ltimo, Laurencia se hace eco de la teor a platónica sobre el amor como el deseo de la belleza y virtud de lo amado. Hay un detalle importante, Frondoso llama “damas” a las muchachas, que se desvelará posteriormente este propósito. Escena V (vv. 445-528).- Los anteriores, menos Barrildo, y Flores. Flores describe la toma de Ciudad Real y Laurencia lo llama “azor” por su papel de alcahuete. Escena VI (vv. 529-594).- El Comendador, Ortu o, Juan Rojo, Esteban y Alonso (Alcaldes) y m sicos. La escena se inicia y termina con una canci n en alabanza del Comendador. Creen que regresa de pelear contra los moros, como ser a normal en las rdenes Militares). Escena VII (vv. 595-634).- El Comendador, Ortu o, Flores, Laurencia y Pascuala. Se caracteriza al Comendador como déspota y lujurioso. IES VICTORIA KENT Antología del Página 44 FRAN JIMÉNEZ Renacimiento y Barroco Escena VIII (vv. 635-654).- RRCC, Rodrigo Manrique y acompa amiento de los Reyes. Los Reyes Cat licos aparecen como un matrimonio compenetrado en su habitación. La Reina ofrece una imagen prudente y sabia. Don Rodrigo Manrique, Comendador de la Orden de Santiago, presenta a dos regidores de Ciudad Real. Escena IX (vv. 655-722).- Los anteriores. Los regidores exponen la situaci n en Ciudad Real y se conoce la “labor” de don Fern n ante el Maestre y en Fuente Ovejuna. Los Reyes deciden actuar con rapidez. Escena X (vv. 723-778).- Laurencia y Frondoso. Se sit a esta escena en los alrededores de Fuente Ovejuna. Frondoso le declara su amor a Laurencia y parece despertar cierta inclinaci n de la joven. En estas llega el Comendador de casa y la muchacha le pide al campesino que se esconda. Escena XI (vv.779-832).- Laurencia, Comendador y Frondoso. El Comendador se propone forzar a la joven y lo intenta primero con palabras para pasar inmediatamente a la acci n. Frondoso sale de su escondite y amenaza al tirano con su propia arma que ha soltado antes en el suelo. Escena XII (vv. 833-859).- El Comendador y Frondoso. Frondoso humilla al Comendador. ó é í í á ó ó ó é í ñ ó ó ñ ñ ó ñ ñ ó á á á ó á ó á á ó á á á ó ó ú ó é í ó ú ó ú ó ó ó ú ACTO SEGUNDO Escena I (vv.860-891).- Esteban y el Regidor. La escena se sit a en la plaza de Fuente Ovejuna donde reina la calma. Los dos hombres conversan sobre las escasas reservas de alimentos. Escena II (vv.892-930).- Los anteriores m s el licenciado Leonelo y Barrildo. Un intelectual y un no letrado conversan sobre la imprenta y el valor de los libros. Escena III (vv.931-948).- Los anteriores m s un labrador llamado Juan Rojo. Se comenta el intento fallido del Comendador de deshonrar a Laurencia. Empieza a alimentarse la idea de una sublevaci n. Escena IV (vv.949-1022).- Los anteriores m s el Comendador, Flores y Ortu o. El Comendador, c nico e inconsciente, le reprocha a Esteban el rechazo de su hija y este le contesta con dignidad defendiendo el honor de los villanos ( el asunto de la limpieza de sangre era fundamental en la sociedad del momento y a esta pureza, no siempre clara en los nobles, hace referencia con cierta iron a el regidor).Ante la respuesta del campesino el Comendador monta en c lera y expulsa a los villanos de “su villa”. Escena V (vv.1023-1102).- El Comendador, Flores y Ortu o. Se manifiesta el orgullo del Comendador. Sus criados justifican la actitud de Frondoso al final del primer acto por el poder del amor. El Comendador habla de otras mujeres. Escena VI (vv.1103-1136).- Los anteriores m s el soldado Cimbranos. La escena se centra en las noticias del ataque de los Reyes Cat licos sobre Ciudad Real. Escena VII (vv. 1137-1184).- Mengo, Laurencia y Pascuala. Se inicia “in medias res”. Se expresa el cambio de las ideas amorosas de Laurencia. Escena VIII (vv. 1185-1204).- Los anteriores m s Jacinta. En esta escena las mujeres manifiestan su temor por lo que pueda acontecer. Mengo, en una actitud impropia de su caracterizaci n como “gracioso”, hace un alarde de valent a (un David frente a un Goliat). Escena IX (vv.1205-1216).- Jacinta, Mengo, Flores y Ortu o. Los soldados vienen persiguiendo a Jacinta, Mengo intenta que razonen pero al final amenaza. Escena X (vv.1217-1252).- Los anteriores m s el Comendador. Mengo es azotado por defender a Jacinta y pide el castigo divino para el tirano y sus secuaces. Escena XI (vv.1253-1276).- El Comendador, Jacinta y los soldados. En un acto de crueldad innecesaria Fern n G mez entrega a Jacinta a la tropa ofendido por sus protestas de igualdad moral (Jacinta tambi n pide el castigo divino para el Comendador). Escena XII (vv.1277-1316).- Laurencia y Frondoso. Esta escena supone un contraste con la violenta escena anterior. Los j venes expresan su amor. Escena XIII (vv. 1317-1404).- Los anteriores m s Esteban y el Regidor. Se comenta la desolaci n del pueblo por la conducta del Comendador; hablan tambi n del desarrollo de la guerra, en la que ellos desean la victoria de los Reyes Cat licos. El Alcalde se lamenta de que su vara, s mbolo de autoridad, sea un atributo in til. Frondoso pide a Esteban la mano de su hija. Escena XIV (vv.1405-1448).- Los mismos. Preparaci n de la boda (Laurencia estaba escondida). Escena XV (vv.1449-1471).- El Maestre, el Comendador, Ortu o y soldados. Se conoce la derrota militar de los calatravos ante las tropas reales. Ante esta situaci n el Maestre se piensa pasarse al bando de los RRCC y el Comendador quiere desahogar en Fuente Ovejuna la frustraci n que le produce la derrota. Escena XVI (vv.1472-1569).- M sicos, Mengo, Frondoso, Laurencia, Pascuala, Barrildo, Esteban y Alonso. Celebraci n de la boda: se comentan los excesos del Comendador. Escena XVII (vv.1570-1651).- Los anteriores m s el Comendador, Flores y Cimbranos. Es una escena de contrastes, en medio de la boda se produce la interrupci n del Comendador y se detiene a Frondoso. Esteban intenta que comprenda que fue una defensa por amor y el Comendador le golpea con la vara de alcalde una y otra vez por la ira que le produce la expresi n de unos sentimientos que no puede admitir en un vasallo. La r plica la ofrece Mengo que hace una broma aludiendo a sus azotes y con ello se rebaja la tensi n. ACTO TERCERO IES VICTORIA KENT Antología del Página 45 FRAN JIMÉNEZ Renacimiento y Barroco Escena I (vv.1652-1657).-Esteban, Alonso y Barrildo En la Sala del Consejo de Fuente Ovejuna se produce una reuni n para hablar de la situaci n. Escena II (vv. 1658-1711).- Los anteriores m s Juan Rojo, el Regidor y Mengo. Sienten que la p rdida del honor es de todos y se plantean la venganza colectiva. Como posibles soluciones, se descarta acogerse a la protecci n de los RRCC y abandonar la ciudad; tambi n se plantean matar al Comendador pero a pesar de invocar la protecci n divina y de tratarse de un caso de leg tima defensa, los villanos no se sienten plenamente justificados para cometer el tiranicidio. Escena III (vv. 1712-1818).-Los hombres de la Junta y Laurencia. Laurencia enciende la rebeli n popular: llega desmelenada, con los vestidos rotos, apela a la hombr a de los presentes y los insulta. Les anuncia que Frondoso est a punto de ser ahorcado por Fern n G mez. Con todo esto se disipan las dudas ante la rebeli n y deciden que es preciso dar muerte a los tiranos, que es preciso recuperar el honor perdido y que es preciso apoyar a los RRCC, monarcas leg timos. Laurencia llama a las mujeres para que se sumen a la rebeli n. Escena IV (vv. 1819-1847).- Pascuala, Laurencia, Jacinta y otras mujeres. Organizan un ej rcito de mujeres. í ó ó á é í ó por rendir mi castidad a sus apetitos torpes? Mis cabellos ¿no lo dicen? ¿No se ven aquí los golpes de la sangre y las señales? ¿Vosotros sois hombres nobles? ¿Vosotros padres y deudos? ¿Vosotros, que no se os rompen las entrañas de dolor, de verme en tantos dolores? Ovejas sois, bien lo dice de Fuenteovejuna el hombre. Dadme unas armas a mí pues sois piedras, pues sois tigres... --Tigres no, porque feroces siguen quien roba sus hijos, matando los cazadores antes que entren por el mar y pos sus ondas se arrojen. Liebres cobardes nacisteis; bárbaros sois, no españoles. Gallinas, ¡vuestras mujeres sufrís que otros hombres gocen! Poneos ruecas en la cinta. ¿Para qué os ceñís estoques? ¡Vive Dios, que he de trazar que solas mujeres cobren la honra de estos tiranos, la sangre de estos traidores, y que os han de tirar piedras, hilanderas, cobardes, y que mañana os adornen nuestras tocas y basquiñas, solimanes y colores! A Frondoso quiere ya, sin sentencia, sin pregones, colgar el comendador del almena de una torre; de todos hará lo mismo; y yo me huelgo, medio-hombres, por que quede sin mujeres esta villa honrada, y torne aquel siglo de amazonas, eterno espanto del orbe. ESTEBAN: Yo, hija, no soy de aquellos que permiten que los nombres con esos títulos viles. Iré solo, si se pone todo el mundo contra mí. ó á í á ó ó ó ó é é LAURENCIA: Dejadme entrar, que bien puedo, en consejo de los hombres; que bien puede una mujer, sino a dar voto, a dar voces. ¿Conocéisme? ESTEBAN: ¡Santo cielo! ¿No es mi hija? JUAN ROJO: ¿No conoces a Laurencia? LAURENCIA: Vengo tal, que mi diferencia os pone en contingencia quién soy. ESTEBAN: ¡Hija mía! LAURENCIA: No me nombres tu hija. ESTEBAN: ¿Por qué, mis ojos? ¿Por qué? LAURENCIA: Por muchas razones, y sean las principales: porque dejas que me roben tiranos sin que me vengues, traidores sin que me cobres. Aún no era yo de Frondoso, para que digas que tome, como marido, venganza; que aquí por tu cuenta corre; que en tanto que de las bodas no haya llegado la noche, del padre, y no del marido, la obligación presupone; que en tanto que no me entregan una joya, aunque la compren, no ha de correr por mi cuenta las guardas ni los ladrones. Llevóme de vuestros ojos a su casa Fernán Gómez; la oveja al lobo dejáis como cobardes pastores. ¿Qué dagas no vi en mi pecho? ¿Qué desatinos enormes, qué palabras, qué amenazas, y qué delitos atroces, IES VICTORIA KENT FRAN JIMÉNEZ JUAN ROJO: Y yo, por más que me asombre la grandeza del contrario. REGIDOR: ¡Muramos todos! BARRILDO: Descoge un lienzo al viento en un palo, y mueran estos enormes. JUAN ROJO: ¿Qué orden pensáis tener? MENGO: Ir a matarle sin orden. Juntad el pueblo a una voz; que todos están conformes en que los tiranos mueran. ESTEBAN: Tomad espadas, lanzones, Antología del Renacimiento y Barroco ballestas, chuzos y palos. MENGO: ¡Los reyes nuestros señores vivan! TODOS: ¡Vivan muchos años! MENGO: ¡Mueran tiranos traidores! TODOS: ¡Tiranos traidores, mueran! (Vanse todos) Página 46 LAURENCIA: Caminad, que el cielo os oye. ¡Ah, mujeres de la villa! ¡Acudid, por que se cobre vuestro honor, acudid, todas! á ó á ó ó ó í ü ó ó á á é á á ñ ó ú ñ ó í ú á Escena V (vv. 1848-1857).- Flores, Ortu o, el Comendador, Cimbranos y Frondoso. La escena se desarrolla en una estancia de la casa del Comendador. La muchedumbre sorprende a Fern n G mez cuando est a punto de “ajusticiar” a Frondoso. Escena VI (vv. 1858-1876).- Los anteriores. Se produce el asalto al palacio del Comendador. Fern n G mez env a a Frondoso para intentar aplacar a los amotinados y este acepta de buen grado. Escena VII (vv.1877-1887).- Los mismos. Ante la cobard a del Comendador que implora piedad, el pueblo lo asalta con los gritos de “¡Fuente Ovejuna, y los tiranos mueran!” y “¡Nuestros se ores son los Reyes Cat licos!”. Escena VIII (vv.1888-1904).- Igual. Muerte del Comendador. Nos enteramos a trav s de las voces de Esteban: “¡Muere, traidor Comendador!”. Escena IX (vv.1905-1919).- Los mismos m s los criados del Comendador. Las mujeres castigan a los criados pero no est muy claro el proceso. Escena X (vv.1920-1947).- Los RRCC y don Rodrigo Manrique. La escena se desarrolla en una sala del palacio de los Reyes. El Maestre les comunica la liberaci n de Ciudad Real (esto ya lo sabemos por la escena XV del ACTO SEGUNDO). Escena XI (vv. 1948-2027).- RRCC, Manrique y Flores. Flores, que ha logrado escapar milagrosamente de las iras de los sublevados, narra a los RRCC lo sucedido en la villa; lo hace seg n su conveniencia y consigue del rey la promesa de una acci n justiciera: la muerte del Comendador ser vengada. Los Reyes deciden enviar un juez a la villa para que averig e la verdad. A partir de este momento las dos acciones de la obra confluyen, hasta llegar a un final nico para sus conflictos respectivos. Escena XII (vv.2028-2071).-Los del pueblo. El pueblo entero celebra la desaparici n del tirano y pasean su cabeza clavada en el extremo de una lanza. Esteban les avisa de que han recibido el escudo con las armas reales y todos se dirigen jubilosos hacia el Ayuntamiento. Escena XIII (vv.2072-2112).Escena XIV (vv.2113-2124).- Los mismos. Se ponen de acuerdo, alentados por Esteban para no confesar y responder siempre Fuente Ovejuna, hasta la muerte si es preciso. Escena XV (vv.2125-2160).- El Maestre y el soldado mensajero. Don Rodrigo primero se encoleriza pero luego comprende que le conviene congraciarse con el Rey para no perder el Maestrazgo. Intenta justificar sus acciones achac ndolas a su juventud. Escena XVI (vv.2161-2174).- Laurencia. Protagoniza un mon logo en la plaza del pueblo. En un soneto manifiesta su preocupaci n por Frondoso. Escena XVII (vv.2175-2202).- Laurencia y Frondoso. Laurencia le ruega que huya, pero el joven labrador no quiere abandonarla ni tampoco a sus vecinos. Escena XVIII (vv.2203-2257).- Los anteriores y dentro el juez con unos villanos. Tortura a los villanos ( Laurencia y Frondoso lo oyen). IES VICTORIA KENT FRAN JIMÉNEZ Antología del Renacimiento y Barroco Página 47 Dice dentro el JUEZ y responden JUEZ: Decid la verdad, buen viejo. FRONDOSO: Un viejo, Laurencia mía, atormentan. LAURENCIA: ¡Qué porfía! ESTEBAN: Déjenme un poco. JUEZ: Ya os dejo. Decid: ¿quién mató a Fernando? ESTEBAN: Fuenteovejuna lo hizo. LAURENCIA: Tu nombre, padre, eternizo; [a todos vas animando]. FRONDOSO: ¡Bravo caso! JUEZ: Ese muchacho aprieta. Perro, yo sé que lo sabes. Di quién fue. ¿Callas? Aprieta, borracho. NIÑO: Fuenteovejuna, señor. JUEZ: ¡Por vida del rey, villanos, que os ahorque con mis manos! ¿Quién mató al comendador? FRONDOSO: ¡Que a un niño le den tormento y niegue de aquesta suerte! LAURENCIA: ¡Bravo pueblo! FRONDOSO: Bravo y fuerte. JUEZ: Esa mujer al momento en ese potro tened. Dale esa mancuerda luego. LAURENCIA: Ya está de cólera ciego. JUEZ: Que os he de matar, creed, en este potro, villanos. ¿Quién mató al comendador? PASCUALA: Fuenteovejuna, señor. JUEZ: ¡Dale! FRONDOSO: Pensamientos vanos. LAURENCIA: Pascuala niega, Frondoso. FRONDOSO: Niegan niños. ¿Qué te espanta? JUEZ: Parece que los encantas. ¡Aprieta! PASCUALA: ¡Ay, cielo piadoso! JUEZ: ¡Aprieta, infame! ¿Estás sordo? PASCUALA: Fuenteovejuna lo hizo. JUEZ: Traedme aquel más rollizo, ese desnudo, ese gordo. LAURENCIA: ¡Pobre Mengo! Él es, sin duda. FRONDOSO: Temo que ha de confesar. MENGO: ¡Ay, ay! JUEZ: Comenza a apretar. MENGO: ¡Ay! JUEZ: ¿Es menester ayuda? MENGO: ¡Ay, ay! JUEZ: ¿Quién mató, villano, al señor comendador? MENGO: ¡Ay, yo lo diré, señor! JUEZ: Afloja un poco la mano. FRONDOSO: Él confiesa. JUEZ: Al palo aplica la espalda. MENGO: Quedo; que yo lo diré. JUEZ: ¿Quién lo mató? MENGO: Señor, ¡Fuenteovejunica! JUEZ: ¿Hay tan gran bellaquería? Del dolor se están burlando. En quien estaba esperando, niego con mayor porfía. Dejadlos; que estoy cansado. FRONDOSO: ¡Oh, Mengo, bien te haga Dios! Temor que tuve de dos, el tuyo me le ha quitado. ó é é í ó í ó ó á á á ó ñ í é Escena XIX (vv.2258-2281).- Laurencia, Frondoso, Mengo, Barrildo y el Regidor. De los torturados s lo aparece Mengo, al que todos cuidan. Escena XX (vv.2282-2289).- Laurencia y Frondoso. Frondoso quiere saber el nombre de la persona que asesin al Comendador. Laurencia se extra a ante la pregunta y responde que fue Fuente Ovejuna. 6 Escena XXI (v.2290-2309).- RRCC y don Rodrigo Manrique. En el palacio real de Tordesillas don Rodrigo Manrique intercede por el Maestre don Rodrigo T llez con el argumento de su juventud. Escena XXII (vv.2310-2345).- RRCC y el Maestre. El Maestre solicita el perd n de los Reyes. Escena XXIII (vv.2346-2357).- Los anteriores m s Manrique. Los Reyes preguntan por los resultados de la labor del juez. El Maestre interviene impulsivamente pero los Reyes le hacen ver que la villa ya no pertenece a su jurisdicci n. Escena XXIV (vv.2358-2385).- los anteriores m s el juez. Informe del juez a los monarcas: m s de trescientos habitantes han sido torturados y con valent a todos han respondido lo mismo, es decir, Fuente Ovejuna. Escena XXV (vv.2386-2453).- El Rey, Esteban, Alonso, Frondoso, Laurencia y Mengo. Los villanos le explican al Rey sus razones para el crimen; el Alcalde solicita al monarca que tome la villa bajo su autoridad y pide clemencia para todos sus habitantes. El Rey, al igual que el juez, condena los hechos ocurridos en la villa y concede el perd n por la falta de pruebas acerca de qui nes son los verdaderos culpables. La villa se incorpora a la Corona, hasta que la herede otro Comendador. La obra termina con una alabanza al Rey y con la cita del t tulo, como era habitual en las comedias de la poca: “Y aqu , discreto senado, Fuente Ovejuna da fin”. IES VICTORIA KENT Antología del FRAN JIMÉNEZ Renacimiento y Barroco (Salen los dos ALCALDES, FRONDOSO, las del modo que me trató. mujeres, y los villanos que quisieren.) Porque quise defender una moza de su gente, LAURENCIA que con término insolente ¿Aquéstos los reyes son? fuerza la querían hacer, FRONDOSO aquel perverso Nerón Y en Castilla poderosos. de manera me ha tratado, LAURENCIA que el reverso me ha dejado Por mi fe, que son hermosos: como rueda de salmón. ¡bendígalos San Antón! Tocaron mis atabales ISABEL tres hombres con tal porfía, ¿Los agresores son éstos? que aun pienso que todavía ESTEBAN me duran los cardenales. Fuenteovejuna, señora, Gasté en este mal prolijo, que humildes llegan agora porque el cuero se me curta, para serviros dispuestos. polvos de arrayán y murta La sobrada tiranía más que vale mi cortijo. y el insufrible rigor ESTEBAN del muerto Comendador, Señor, tuyos ser queremos. que mil insultos hacía, Rey nuestro eres natural, fue el autor de tanto daño. y con título de tal Las haciendas nos robaba ya tus armas puesto habemos. y las doncellas forzaba, siendo de piedad extraño. Esperamos tu clemencia FRONDOSO y que veas esperamos Tanto, que aquesta zagala, que en este caso te damos que el Cielo me ha concedido, por abono la inocencia. en que tan dichoso he sido REY que nadie en dicha me iguala, Pues no puede averiguarse cuando conmigo casó, el suceso por escrito, aquella noche primera, aunque fue grave el delito, mejor que si suya fuera, por fuerza ha de perdonarse. a su casa la llevó; Y la villa es bien se quede y a no saberse guardar en mí, pues de mí se vale, ella, que en virtud florece, hasta ver si acaso sale ya manifiesto parece Comendador que la herede lo que pudiera pasar. FRONDOSO MENGO Su majestad habla, en fin, ¿No es ya tiempo que hable yo? como quien tanto ha acertado. Si me dais licencia, entiendo Y aquí, discreto senado que os admiraréis, sabiendo Fuenteovejuna da fin Página 48 La vida es sueño de Calderón de la Barca. Su mensaje es característico del Barroco: los bienes terrenales son frugales y hay que despreciarlos para aspirar a la vida eterna. Además, transforma la alegría del Carpe diem del Renacimiento en una meditación sobre la muerte. El tema de La vida es sueño (vita teatrum o vita somnium) es el siguiente: El rey de Polonia, Basilio, recluye a su hijo Segismundo desde que nace lejos de la corte con la única compañía de su guardián Clotaldo. La causa principal es que un horóscopo le ha vaticinado que si Segismundo llega a reinar, será un tirano cruel. El siguiente fragmento corresponde al principio de la obra, en él Segismundo, cubierto de pieles, atado con una cadena, se lamenta de su inexplicable encierro: ¡Ay mísero de mí! !Y ay infelice! Apurar, cielos, pretendo ya que me tratáis así, qué delito cometí contra vosotros naciendo; aunque si nací, ya entiendo qué delito he cometido. Bastante causa ha tenido vuestra justicia y rigor; pues el delito mayor del hombre es haber nacido. Sólo quisiera saber para ayudar mis desvelos, (dejando a una parte, cielos, el delito de nacer) qué más os pude ofender, para castigarme más. ¿No nacieron los demás? Pues si los demás nacieron, ¿qué privilegios tuvieron IES VICTORIA KENT FRAN JIMÉNEZ que yo no gocé jamás? Nace el ave, y con las alas que le dan belleza suma, apenas es flor de pluma, o ramillete con alas, cuando las etéreas salas corta con velocidad, negándose a la piedad del nido que deja en calma: ¿y teniendo yo más alma, tengo menos libertad? Nace el bruto, y con la piel que dibujan manchas bellas, apenas signo es de estrellas, gracias al docto pincel, cuando, atrevido y crüel, la humana necesidad le enseña a tener crueldad, monstruo de su laberinto: ¿y yo con mejor distinto tengo menos libertad? Nace el pez, que no respira, aborto de ovas y lamas, y apenas bajel de escamas sobre las ondas se mira, Antología del Renacimiento y Barroco Página 49 cuando a todas parte gira, midiendo la inmensidad de tanta capacidad como le da el centro frío ¿y yo con más albedrío tengo menos libertad? Nace el arroyo, culebra que entre flores se desata, y apenas, sierpe de plata, entre las flores se quiebra, cuando músico celebra de las flores la piedad que le dan la majestad, el campo abierto a su ida: ¿y teniendo yo más vida tengo menos libertad? En llegando a esta pasión, un volcán, un Etna hecho, quisiera sacar del pecho pedazos del corazón. ¿Qué ley, justicia o razón negar a los hombres sabe privilegio tan süave, excepción tan principal, que Dios le ha dado a un cristal, a un pez, a un bruto y a un ave? a) ¿Cuál es el tema principal del monólogo? b) ¿Qué estrofa ha utilizado Calderón? c) Señala las metáforas con que Calderón se refiere al ave, el bruto, el pez y el río. Un día Basilio lleva a la corte narcotizado a Segismundo para comprobar la verdad del horóscopo. Cuando este, que desconoce su origen, se despierta, se comporta despóticamente y llegar a arrojar a un criado por la ventana. Segismundo es de nuevo encerrado y Clotaldo le explica que todo ha sido un sueño. El príncipe lo admite, pero algo le hace dudar: el amor que ha despertado en él Rosaura. Una rebelión del pueblo contra el rey Basilio saca a Segismundo de nuevo de la torre y lo eleva al trono. La lección que ha recibido anteriormente hace que reprima sus pasiones y se comporte con enorme prudencia. Así es como reflexiona sobre lo que ha experimentado: en el sueño de la muerte! SEGISMUNDO Sueña el rico en su riqueza Es verdad; pues reprimamos que más cuidados le ofrece; esta fiera condición, sueña el pobre que padece esta furia, esta ambición su miseria y su pobreza; por si alguna vez soñamos. sueña el que a medrar empieza, Y sí haremos, pues estamos sueña el que afana y pretende, en mundo tan singular, sueña el que agravia y ofende que el vivir sólo es soñar; y en el mundo, en conclusión, y la experiencia me enseña todos sueñan lo que son, que el hombre que vive sueña aunque ninguno lo entiende. lo que es hasta despertar. Yo sueño que estoy aquí Sueña el rey que es rey, y vive destas prisiones cargado, con este engaño mandando y soñé que en otro estado disponiendo y gobernando; más lisonjero me vi. y este aplauso que recibe ¿Qué es la vida? Un frenesí. prestado, en el viento escribe, ¿Qué es la vida? Una ilusión, y en cenizas le convierte una sombra, una ficción, la muerte (¡desdicha fuerte!); y el mayor bien es pequeño: ¡que hay quien intente reinar, que toda la vida es sueño, viendo que ha de despertar y los sueños, sueños son. a) ¿Qué términos se hacen sinónimos de vivir y vida en el texto? b) Señálense los casos de anáfora y paralelismo c) Medida y rima de estos versos, ¿qué estrofa forman? IES VICTORIA KENT FRAN JIMÉNEZ Antología del Renacimiento y Barroco Página 50 Farsa del molinero Diego Sánchez de Badajoz [Nota preliminar: Edición digital a partir de la Recopilación de metro (Sevilla, 1554), según la edición facsímil de la Real Academia Española (Madrid, 1929) y cotejada con las ediciones críticas de Frida Weber de Kurlat (Buenos Aires, Universidad de Buenos Aires, 1968) y Miguel Ángel Pérez Priego (Madrid, Cátedra, 1985).] FARSA DEL MOLINERO en que entran quatro figuras: un MOLINERO que sirve de Pastor, muy enharinado, y un FRAILE, y un CIEGO y su MUCHACHO que lo adiestra. Habla del Sanctíssimo Sacramento del Corpus Christi. Aquí entra un CIEGO con su MUCHACHO que lo adiestra. MOLINERO ¿Reísos de verme ansina? Ya dirá algún adevino: «De hurtar vien del molino.» ¡Oh, quánta gente malina!: quien mal haz, mal adevina. 5 Yo trabajo y me consuelo, mas, ¡qué andar sin polvo y pelo y mi casa sin harina! Muda el hombre mil oficios tras este negro dinero; 10 solía ser ovegero, bevía más a mis vicios. Llos dineros son provicios que dan all ombre mill calmas y hazen arder llas almas: 15 cobdicia saca de quicios. ¡Olvidéme el «Dios mantenga»! Si os nojáis estáos ansí, que tampoco vos a mí dexistes: «En buena benga»; 20 vuestro bien no está en mi lengua ni mi mal en boca agena; tenga yo la vida buena, que al bueno nunca el bien mengua. Husen llos hombres hermanos 25 y las buenas obras luengas, y esténse llos «Dios mantengas» en inviernos y en veranos; mas ora llos palancianos, ¿sabéis qué tienen por mañas?: 30 remorderos las entrañas y después, «Beso llas manos». ¿Cree que ser molinero es comportable tormento? ¡Dios, qué molido me siento!, 35 más que un asno de recuero; en fiesta ni festigero nunca ell ombre a de parar; si no huese el maquilar ya tuviera dado el cuero. 40 Desque ayunto y cojo y pico y torno a echar a moler, ya no me puedo tener ni queda de mí çatico; pero yo vos certifico 45 que al maquilar no ay dolores. ¡Si no uviese secutores ya ell ombre estuviera rico! No tengo bancal ni prato que no me leven por prenda. 50 ¡Do al diabro la molienda que a de gormar cada rato! Quatro mil mañas le cato para esquitalle las nuezes, mas préndanme tantas vezes que hazen pagar el pato. Mill vezes me he confesado, pero en fin, no monta nada: mi cueça tengo marcada y ansí lo tengo jurado; verdad es que pongo a un lado esta mano ansí retuerta, y a vezes, porque no vierta, este braço ansí enroscado. Llas mugeres con maldades, como campanas, ¡dan, dan!, diz que le sal poco pan; ¡escuchá qué bovedades! Yo acudo con las verdades; digo, desque las escucho: «Andá, andá, que cernís mucho, para her bollos abades.» Algunas se van riendo, otras me dizen vellaco; palabras no rompen saco, hago que no las entiendo. Después os vernéis, viniendo el verano, a mi molino con pan y torrezno y vino, y aún me hallaréis riñendo. Si lla vista no me miente, millagroso Jesuchristo, aun diré que nunca he visto tal mastragada de gente; alguna fiesta vallente se deve oy de festejar; téngolo de pescudar a este fraile, a ver qué siente. ¡Hi de puta, y qué llanchazo lle daría lla persona baxito de aca corona, si os llo topase en el llazo! Tortezuelo es de espinazo, ¡landre del año de siete!, ¡soga nueva de Alcaudete que te cuelgue, dun borrazo! Él algo está comidiendo; de habralle he, juri a nos. ¡Ha, padre, gracias a Dios! 55 60 65 70 75 80 85 90 95 IES VICTORIA KENT FRAN JIMÉNEZ FRAILE ¿Tú hablas escarneciendo? PASTOR No entendéis o yo no entiendo. «Gracias a Dios», de consuno, y «Deo gracias» todo es uno, si no estáis, padre, durmiendo. FRAILE Ora, en fin, qu'es la verdad. Ved si queréis otra cosa. PASTOR También pica lla raposa. ¿Sois fraile sólo o abad? FRAILE No entiendo tu necedad. PASTOR Ora, cuerpo de los ciegos, ¿no ay frailes, cregos y legos? FRAILE Bien dizes. PASTOR No es bovedad. Dezíme, si sois letrado, qué haz tanta gente junta. FRAILE ¡Donosa está la pregunta! Honran a Dios consagrado. PASTOR Ora yo estoy espantado. ¿Dios, de enfenito poder, nuestra honra ha menester? ¿Él no se está harto honrado? FRAILE Molinero, norabuena, no deves ser tan puntoso. PASTOR No quiero bivir dudoso, o lévenme a la cadena. FRAILE ¿No ves que la Iglesia hordena esta fiesta, perdimiento, por el Sancto Sacramento que Christo nos dio en la cena?; que quando fue a la Passión, en su cuerpo divinal convertió el pan material para nuestra salvación; nunca fue tan alto don del cielo hasta el abismo: dársenos Dios a sí mismo por nuestra consolación. Y por esto festejamos, y aun cierto con mucha falta, fiesta de merced tan alta en que a Dios comunicamos; nuestro bien regozijamos. PASTOR Esso sí, ansí digo yo: por lla honra que nos dio, que no por lla que le damos. FRAILE Visto está que representa la Iglesia los beneficios porque hagamos servicios. PASTOR Antología del Renacimiento y Barroco 100 105 110 115 120 125 130 135 140 145 Luego, todo anda por renta. FRAILE No, son porque el hombre sienta que se ha de dar justamente 150 aquella gloria excellente. PASTOR Essa deve ser lla cuenta. Mas dezí: ¿mejor no huera remembrando su Passión llorar pidiendo perdón, 155 que no andar desta manera? Pues bivimos en espera de lo que ora estamos faltos, ¿para qué bailes y saltos en vida tan lastimera? 160 FRAILE Bien has, hermano, apuntado, pues esta vida es batalla y en ella nunca se halla el contento desseado; mas en el campo hordenado 165 también ay trompas y sones que animan los coraçones del cavallero esforçado. Y por esto festejamos en la Iglesia militante, 170 porque el alma se levante al premio que desseaTos; aun el Domingo de Ramos, siendo día de passión, haz la Iglesia processión 175 con que nos regozijamos. PASTOR Yo estoy, en fin, satisfecho, que es bien que aya en estas fiestas alegrías, siendo honestas, por llo que Dios nos ha hecho; 180 mas sacáme deste pecho dos o tres dudas que están: ¿cómo en Dios se torna el pan y Dios cabe en tanto estrecho? FRAILE Quien hizo el mundo de nada 185 -mira por donde te salgo¿no hará más algo de algo? PASTOR Essa cosa es bien provada. FRAILE Si de una gallina echada se torna el huevo en pollito, 190 ¿qué hará Dios infinito en la ostia consagrada? Y en tu ojo tan menor, exemplo de lo segundo, cabe visto medio mundo 195 que es tanto y tanto mayor. Dime: quien dio este primor a tus ojos materiales, ¿en las obras divinales qué podrá tan gran Señor? 200 PASTOR Bien va, par Dios, acrarado por exemplos, que me abucha; mas otra habra me escucha porque no quede preñado. Página 51 IES VICTORIA KENT FRAN JIMÉNEZ FRAILE Deves aver almorzado, 205 que por aquesso te alargas. PASTOR Dos o tres vezes amargas puede el hombre aver colado. Di: ¿cómo está de consuno Dios todo bivo y entero 210 en qualquier hostia, de vero, pues que Dios es todo uno? FRAILE ¿Tú no notas, importuno, que una habla que hablares va junta a muchos lugares 215 toda entera en cada uno?, PASTOR Ora yo juro a Sant Juan que essa es muy garrida muestra, que a mi oreja y vuestra y vuestra va junta una boz que dan; 220 dize la campana «dan», «dan» oyen mil sacristanes, y es un «dan» y no mil «danes». El exempro es muy galán. FRAILE Yo desseo sosegarte 225 PASTOR Ya lla cholla me segura. FRAILE ¿Has notado tu figura en un espejo a mirarte? Si aquel espejo se parte, tu figura, tal qual era, 230 en cada parte va entera, toda en todo y toda en parte. PASTOR Créolo como lo sellas, que en cien mil hostias qu'e visto está entero Jesuchristo 235 en todas y en qualquier dellas. Tus palabras son muy bellas. FRAILE En cosas de Dios tan altas si fe no suple tus faltas más dudas verás que estrellas; 240 son maravillas secretas porque con fe merezcamos y procuremos que vamos a ver sus obras perfetas. PASTOR Yo llo juro a llos pranetas, 245 qu'es la vía verdadera andar con fe muy entera camino de llas carretas. CIEGO ¡Ayudá, fieles hermanos, al ciego lleno de males! 250 ¿Los salmos penitenciales si mandáis rezar, christianos ¡Dios os guarde pies y manos, vuestra vista conservada!, la oración de la enparedada 255 y los versos gregorianos; Antología del Renacimiento y Barroco las angustias, la Pasión, las almas de purgatorio, la oración de San Gregorio, la santa Resurreción; 260 la muy devota oración, la beata Caterina y la christiana doctrina la misa y su devoción; la vida de Sant llario, 265 comienda de San Antón, la oración de Sant León, la devoción del rosario, la vida de San Macario trobada... PASTOR Notá el chiste. 270 CIEGO ... los gozos, el ánima Christe…? PASTOR ¡Mirá si ay más calandario! CIEGO Muchacho, ¿quién habla aquí? MUCHACHO Un fraile. CIEGO ¡Guárdame acá! ¡Perro, ladrón! MUCHACHO Acabá. 275 ¡Ay, ay, ay, triste de mí! CIEGO ¿No te tengo dicho a ti que me alexes de quien pide? MUCHACHO ¡Qué sé yo! Agora lo vide. PASTOR Escuchá, hi, hi, hi, hi. 280 FRAILE Él tiene razón, de veros, que los chicos y mayores aborrecen pedidores. PASTOR Y más, cas de cavalleros. FRAILE Parleros y lisongeros, 285 aquellos son venturosos; mas pobres y virtuosos, ¡vayan para majaderos! CIEGO ¡Perico! ¡Perico!, ¿a dó estás? ¡Ven, vellaco, mala pieça! 290 PASTOR ¡Oh! ¿Veis, veis cómo trompieça? MUCHACHO Ansí, pese a Santiás. CIEGO Ora, hijo, ya no más; sin ti dame por perdido. PASTOR De la guía desasido 295 anda el ciego caratrás. FRAILE Pues ansí son los humanos, Página 52 IES VICTORIA KENT FRAN JIMÉNEZ que perdido el governalle pierden el camino y calle sin poderse darse a manos; 300 en misterios soberanos es la fe la que govierna y al monte de vida eterna lleva por caminos llanos. Villancico Pasa nuestro entendimiento Antología del Renacimiento y Barroco 305 las cosas sobre natura mientra la carne nos dura. Copla En la carne soterrados como la lumbre más clara, mas si vuestra vista esvara 310 ansí somos ofuscados; los misterios más preciados sonnos cosa más oscura mientra la carne nos dura. Entremés de un ciego, un mozo y un pobre JUAN DE TIMONEDA CIEGO Mandad, señores, rezar la muy bendita oración de la santa Encarnación, del que nos vino a salvar; otra oración singular excelente, del santo Papa Clemente, Gozosos de Nuestra Señora. ¡Qué poca devoción mora hoy día en toda la gente! No hay cosa que me escalienta por aquí. Hermanillo. MOZO Señor. CIEGO ¿Do me llevas? Por la plaza. CIEGO Bellaco, za za Rabaza, ¿Dijiste yo por ahí? MOZO ¿Nos dijo en la iglesia? CIEGO Sí. MOZO Pues señor… CIEGO Ah, don bellaco traidor, ¿dónde estás? Llégate acá. MOZO No quiero, que me dará. CIEGO Ven acá, no hayas temor. MOZO Dárame CIEGO No por mi amor. MOZO Alce el dedo CIEGO Cátalo aquí, no hayas miedo. MOZO Eh, que lo torna bajar. CIEGO Pues ¿cómo? ¿Siempre de estar así con el dedo quedo? ¡A fe si cogerte puedo, don rapaz! Venga aquí, ¿donde te vas? ¿Andas jugando conmigo? Agradéceselo a quien digo, don miembro de Satanás. MOZO Rece, que vienen detrás; tenga tino. CIEGO La santa oración que vino de Roma no mes y medio, que tiene gracias sin medio, compuesta por Valentino, la pasión del Rey divino bien trobada; no acertamos hoy pellada; todo es dar en los broqueles; llévame por dónde sueles, que aquesto no vale nada. MOZO Alguna cosa cantada o tañida, será mejor por mi vida, porque da grado a la gente. CIEGO Tú has hablado sabiamente, ¡qué cosa tan trascendida! MOZO Ya no es en nada tenida la oración, si a manera de canción no va tañido, o cantado. CIEGO Digo que tú has acertado, digo que tienes razón: pues por ver si llevo el son que es menester, oye, y di tu parecer a ver si voy entonado. Hermano, ¿hete agradado? MOZO No, no es cosa para ver. CIEGO Donoso es el bachiller y alcaldada, ¿y esta voz va mal cantada? MOZO Parece voz de bocina. CIEGO Pues esa es la negra fina, que no la que va gritada. Página 53 IES VICTORIA KENT FRAN JIMÉNEZ MOZO A toda ley, la delgada es la mejor. CIEGO Hora, o sea a tu sabor, echemos por lo delgado: piense que te contentado, ¿qué tal va? MOZO Por dios, peor. CIEGO Donoso está tu primor y su asnada; ¿y aquesta voz no te agrada? ¿Estás, muchacho, beodo? Pues pongámonos del lodo Si aquesto no vale nada; en fin, buena va rezada la oración. POBRE Dueñas, habed compasión desde pobre amancillado, tullido y acancerado con tanta llaga y visión; muévaseos del corazón a piedad, en ver tanta enfermedad en este cuerpo cristiano; algún camisón mal sano me dad por la caridad. CIEGO Válame la Trinidad, ¡Qué plaguero! ¡O, hideputa limosnero, y cómo encaja la letra! Hasta l’ánima penetra con su tono lastimero; Hernando, sé tan mañero, oye acá, que donde aquel pobre está me llegues disimulando, y verás de que rezando me vea como se va. POBRE ¿Quien, señores, hoy me da consolación? CIEGO Mandad rezar la oración de los santos confesores. POBRE Dadme limosna, señores, por Dios y por su Pasión. CIEGO La santa resurrección, canticum grado POBRE Quiero medir disimulado, pues éste la vez me quita, junto aquella agua bendita; cuando irá estaré asentado. CIEGO ¡Oh, cuál lo habemos parado! ¡Cuál irá! MOZO ¡Oh, qué trotando que va! Antología del Renacimiento y Barroco CIEGO Aguija con alcanzalle, que si nos toma la calle, el lugar nos tomará. POBRE ¿Quien, señores, hoy me da consolación? CIEGO Mandad rezar la oración de los santos confesores. POBRE Dadme limosna, señores, por Dios y por su Pasión. CIEGO Pide quedo, baladrón. POBRE Alza la voz. CIEGO Si yo rezare, callavos, y no os lo torne a decir. POBRE No, más quitadme el pedir, duelos malos os dé Dios. CIEGO ¡Oh, hideputa y qué coz me has de llevar si te oigo plaguear! Bellaco, ¿por qué no afanas, pues tienes las manos sanas y los ojos para mirar? Usa el coser y cortar, rozanguero, asentado en un tablero. POBRE Y tú, qué andas a rezar, ¿no sería mejor estar hollando en casa un herrero? CIEGO ¡Ah, don bellaco plaguero! que si fuera justicia, yo te hiciera tomar a dos galeotes y abrirte a puros azotes en un banco de galera. POBRE A ti mejor estuviera eso tal, quizá a mí bástame a mi mal. CIEGO ¿Bástame, bellaco, ahorcado? Andas muy entrapajado y más sano que un coral; si estás malo, ¿un hospital no hay sobrado? POBRE Señores, a este llegado que Dios os encomendó, habed piedad, que estó contrahecho, manco y lisiado. CIEGO Ah, don bellaco: estudiado fue ese quejo; la oración de San Alejo. Página 54 IES VICTORIA KENT FRAN JIMÉNEZ POBRE ¿Por qué me sigues, a ladrón? Mal siguimiento y lisión venga por ti y mal aquejo; ¿quies me dejar? CIEGO Ya te dejo; ¿qué te hago, bellaco, voz de embriago? POBRE Anda, fardel de malicias, saco lleno de codicias, que Dios te dará tu pago; Antología del Renacimiento y Barroco Página 55 ¡oh, triste día aciago, que primero con este ciego logrero que con hombre he de topar! MOZO ¿Rabiar no te ha de dar, don bellaco chocarrero? POBRE Anda, bellaco alcucero, no tabones, que so color de oraciones andas el mundo robando. CIEGO ¿Yo robando? Dale, Hernando, no aguardemos más razones. La tierra de Jauja LOPE DE RUEDA Camino apartado con árboles al fondo, al atardecer. Al levantarse el telón, la escena sola. Unos segundos después entra por el lateral derecho Honzigera, ladrón, y tras él, andando trabajosamente, su compinche Panarizo. HONZIGERA: Anda, anda, hermano Panarizo; no te quedes rezagado, que ahora es tiempo de tender nuestras redes. PANARIZO: ¿Y cómo quieres que ande, hermano Honzigera, si no puedo con mis huesos? Tres leguas llevamos dándole a los pies. ¡Ay, yo no aguanto más! (Se sienta, se saca una bota y se acaricia el pie con gesto dolorido.) HONZIGERA: ¡Ea!, no te dejes amilanar, hermano Panarizo. Di, ¿tienes hambre? PANARIZO: ¿Que si tengo hambre? Un pollo me comería con plumas y todo. HONZIGERA: Pues aguarda y podrás engullirte una buena cena. PANARIZO: ¿Qué dices, Honzigera? ¿He oído bien? HONZIGERA: Has oído perfectamente. ¿Sabes por qué te he traído aquí? PANARIZO: ¿Y cómo quieres que lo sepa? HONZIGERA: Escucha. (Se sienta a su lado y sigue diciendo:) A estas horas suele pasar por aquí un labrador, un tal Mendrugo, con una cazuela de comida para su mujer, que está en la cárcel. Este Mendrugo es bastante simple, y no nos será difícil, sin que él se dé cuenta, comernos lo que lleva en la cazuela. PANARIZO: ¿Y cómo nos arreglaremos para ello? HONZIGERA: ¿Cómo? Aguzando el ingenio, amigo Panarizo. Le contaremos aquel cuento de Jauja, ya sabes; y como él estará embobado escuchándonos, nos embaularemos bonitamente algunos bocados, por lo menos. (Escuchando.) Espera... Parece que se oyen pasos. Voy a ver. (Se levanta y se asoma al lateral opuesto.) ¡Sí, es él! Levántate y estate preparado, que ahí llega nuestro hombre. (Aparece Mendrugo con una cazuela en la mano, atada con un pañuelo.) MENDRUGO: ¡Diablos, esta mujer va a acabar conmigo! Le da por empinar el codo más de la cuenta, luego arma una trifulca y a la cárcel. Y después, ¡hala!, Mendrugo que sude y que se afane para darle de comer. HONZIGERA: (Acercándose.) ¿Adónde vas, buen hombre? MENDRUGO: ¿Adónde voy a ir? A la cárcel, a llevarle el pienso a la Tomasa. HONZIGERA: ¿Y quién es la Tomasa? MENDRUGO: La Tomasa, señor, es la esposa de Mendrugo. Y Mendrugo soy yo, para servirle. HONZIGERA: ¡Vaya, vaya! ¿Y qué llevas en ese recipiente? MENDRUGO: Ah, ¿esto? No es ningún recipiente; es una cazuela. Llevo unas albóndigas para la Tomasa, que se pirra por ellas. Las he hecho yo mismo, con carne de la mejor, huevos y especias, todo bien rebozado con harina blanca. HONZIGERA: Estarán buenas. MENDRUGO: Como para chuparse los dedos. HONZIGERA: ¿Y le llevas todos los días la comida a la cárcel? MENDRUGO: Todos, sin faltar ni uno solo. ¡Y menudos trabajos me paso para poderla mantener! Trabajo como un burro desde la mañana hasta la noche, y encima esta caminata, cuando ya apenas puedo tenerme en pie. HONZIGERA: ¡Qué pena! ¡Pensar que te ahorrarías todos esos trabajos si vivieras en la tierra de Jauja! MENDRUGO: Y eso ¿con qué se come? HONZIGERA: ¡Cómo! ¿No sabes lo que es la tierra de Jauja? Ven, siéntate un momento con nosotros y te describiremos todas sus maravillas con pelos y señales. MENDRUGO: Bueno, pensándolo bien, un ratito de descanso no me vendrá mal. (Se sienta entre Honzigera y Panarizo y se dispone a escuchar, luego de poner la cazuela sobre las rodillas.) A ver, ¿qué tierra es ésa? (Durante el diálogo que sigue, Honzigera y Panarizo se las arreglarán, de la manera más cómica posible, para irse engullendo las albóndigas de la cazuela, procurando cada uno distraer a su víctima para dar tiempo a que el otro coma.) HONZIGERA: Verás... Es un lugar en donde pagan a los hombres por dormir. MENDRUGO: ¿Es verdad eso? HONZIGERA: La verdad pura. PANARIZO: Una tierra en donde azotan a los hombres que se empeñan en trabajar IES VICTORIA KENT Antología del Página 56 FRAN JIMÉNEZ Renacimiento y Barroco MENDRUGO: (Con la boca abierta.) ¡Qué me dice! PANARIZO: Como lo oyes. MENDRUGO: ¡Oh, qué buena tierra! Cuénteme las maravillas de ese 1ugar por su vida. HONZIGERA: (Volviendo, con un rápido movimiento de mano, la cara de Mendrugo hacia él.) Escucha. MENDRUGO: Ya escucho, señor. HONZIGERA: Mira: en la tierra de Jauja hay un río de miel y otro de leche, y entre río y río hay una fuente de mantequilla y requesones, y caen en el río de la miel, que no parece sino que están diciendo: «cómeme, cómeme». MENDRUGO: ¡Pardiez!, no hacía falta que me lo dijeran a mí dos veces. PANARIZO: (Repitiendo el ademán de Honzigera.) Oye, amigo. MENDRUGO: Ya oigo, ya. PANARIZO: Mira: en la tierra de Jauja hay unos árboles que son de tocino. MENDRUGO: ¡Oh, benditos árboles! Dios los bendiga, amén. PANARIZO: Y las hojas son de pan fino, y los frutos de estos árboles son de buñuelos, y caen en el río de la miel, y ellos mismos están diciendo: «máscame, máscame». (Mendrugo se pone a mascar, como si los tuviera en la boca.) HONZIGERA: Vuélvete acá. MENDRUGO: Ya me vuelvo. HONZIGERA: Mira: en la tierra de Jauja las calles están empedradas con yemas de huevo, y entre yema y yema, un pastel con lonjas de tocino. MENDRUGO: ¿Asadas? HONZIGERA: Asadas, fritas y de todo, de modo que ellas mismas están diciendo: «trágame, trágame». MENDRUGO: Ya parece que las trago. PANARIZO: Escucha, bobazo. MENDRUGO: Diga, diga. PANARIZO: Mira: en la tierra de Jauja hay unos asadores de trescientos pasos de largo, con muchas gallinas, capones, perdices... MENDRUGO: (Relamiéndose.) ¡Huuum! ¡Con lo que a mí me gustan! PANARIZO: Y junto a cada ave un cuchillo, de modo que no es necesario más que cortar, pues ellos mismo lo dicen: «engúlleme, engúlleme». MENDRUGO: (Pasmado.) ¡Cómo! ¿Las aves hablan? HONZIGERA: ÿyeme. MENDRUGO: Ya le oigo, señor. Me estaría todo el día oyendo cosas de comer. HONZIGERA: Mira: en la tierra de Jauja hay muchas cajas de confituras mazapanes, merengues, arroz con leche, natillas... MENDRUGO: Por favor, señor, más despacio, que así no puedo gustarlo como quisiera. HONZIGERA: Y hay unos barriles de vino dulce junto a las confituras, y unas y otras están diciendo: «cómeme, bébeme, cómeme, bébeme.. .» MENDRUGO: ¡Ay, ya parece que las como y las bebo! PANARIZO: Mira: en la tierra de Jauja hay muchas cazuelas con huevos y queso. MENDRUGO: ¿ Cómo ésta que yo traigo? (Mira la cazuela) ¡ Anda, si está vacía! (Honziguera y Panarizo hacen mutis corriendo. Mendrugo, dando voces tras ellos) ¡Ladrones! ¡Ladrones! (Se detiene de pronto y mira la cazuela tristemente) Me han dejado sin un buñuelo. ¡Pobre de mí! ¿ Y qué hago yo ahora? (Pausa) Pobrecillos, a lo mejor es que tenían hambre...¡ Que Dios les perdone el daño que me han hecho! La culpa la he tenido yo, por creer que hay tierras en donde se puede vivir sin trabajar. Esto me servirá de lección (Vase tristemente por donde vino). IES VICTORIA KENT FRAN JIMÉNEZ TEXTOS DE APOYO. 1. Antología del Renacimiento y Barroco Página 57 ANEXO ANTECEDENTES BARROCOS. - Iñigo López de Mendoza, Marqués de Santillana (1398-1458) Sonetos fechos al itálico modo I [En este primero soneto quiere mostrar el autor que cuando los cuerpos superiores, que son las estrellas, se acuerdan con la natura, que son las cosas bajas, fasen la cosa muy más limpia e muy más neta] Cuando yo veo la gentil criatura qu'el cielo, acorde con naturaleza formaron, loo mi buena ventura, el punto e hora que tanta belleza me demostraron, e su fermosura, ca sola de loor es la pureza; XIV [En este catorçessimo soneto el actor muestra quél, cuando es delante aquella su señora, le paresçe que es en el monte Tabor, en el cual Nuestro Señor aparesçió a los tres discípulos suyos, e por cuanto la historia es muy vulgar, non cura de la escribir.] Cuando yo so delante aquella donna, a cuyo mando me sojuzgó Amor, cuido ser uno de los que en Tabor vieron la grand claror que se razona, mas luego torno con igual tristura e plango e quéjome de su crueza. o aquella sea fija de Latona, segúnd su aspecto e grande resplandor: así que punto yo non he vigor de mirar fijo su deal persona. Ca non fue tanta la del mal Tereo, nin fizo la de Aquila e de Potino, falsos ministros de ti, Ptolomeo. El su grato favor dulce, amoroso, es una maravilla çiertamente, en modo nuevo de humanidad: Así que lloro mi servicio indigno e la mi loca fiebre, pues que veo e me fallo cansado e peregrino. el andar suyo es con tal reposo, honesto e manso, e su continente, que libre, vivo en cautividad. IES VICTORIA KENT FRAN JIMÉNEZ Antología del Renacimiento y Barroco Página 58
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