Ecuador ha sido cuna de grandes hombres. En la construcción de la Nación, en los inicios de la etapa republicana, colaboraron personalidades, que de algún modo y como no los conocimos personalmente, los historiógrafos han acomodado a gusto y placer, muchas veces orientados por empatías regionales. El caso de Plutarco Naranjo Vargas es distinto porque lo hemos conocido, ha sido contemporáneo en buen tramo de la vida y en innumerables ocasiones lo hemos escuchado y hemos sentido la estatura de su universalidad. Médico, Naranjo nunca renunció ni a su vocación ni al ejercicio profesional para extender su interés intelectual por otros campos. Ciencias a veces disímiles lo tienen como un gran exponente. La historia, la literatura, la botánica, la nutrición, la zoología del país se han rendido a su impresionante voracidad por conocer, por dominar sus recodos más íntimos y han devenido en la formidable erudición en esos campos que lo adorna y lo distingue. Si a esas virtudes que ya lo eleva, le sumamos su sencillez, su bondad, su calidez de maestro de corazón y el intenso e indesmayable amor por su patria, ya se puede colegir la valía intensa de gran ecuatoriano que irradia como luz. En el campo de la historia, a Naranjo el país le debe tanto. Sus ensayos sobre Montalvo y Espejo, sus textos históricos de medicina, el rescate de las memorias de Roberto Andrade, por ejemplo, son hitos fundamentales de investigaciones arduas, honestas, serias y de servicios exclusivos a la verdad y al conocimiento. Spondylus y Manabí tienen una gran deuda con Plutarco Naranjo. Nunca dejó de asistir a una reunión Dr. Plutarco Naranjo 4 académica o a respaldar con su presencia y palabra el trabajo histórico de algún manabita que así lo solicitara. Consejero paternal de muchas de nuestras inquietudes, hace tres meses recibió fraternalmente nuestra llamada y nos prometió colaborar. En el número 20 consta su colaboración que, aparte de su valor intrínseco, representa para nosotros un motivo de orgullo y nos da una lección: un maestro de esa dimensión distrae su importantísimo tiempo para colaborar en una revista provinciana. Eso solo sucede cuando el maestro ha sentido que la patria es todas las regiones y los pueblos; y, negándose a cumplir el rol de inaccesibilidad que le quieren dar, se abre con sus conocimientos, su afecto de hermano ecuatoriano y el corazón generoso y sencillo a los “olvidados provincianos”. Eso solo puede suceder en hombres ecuatorianos como Plutarco Naranjo Vargas a quien en esta edición rendimos un homenaje de aprecio y de admiración. MEMORIAS FAMILIARES Ramiro Molina Cedeño 51 No. 23 • Un encuentro con la historia toma el nombre de las ciudades por las que atraviesa hasta confundir sus aguas en el extenso y eterno Océano Pacífico. Es a este lugar al que llega, en 1877, mi bisabuelo Felipe Santiago Molina, nacido posiblemente en Quito1 , el 27 de febrero de 1948, y de quien no conozco su segundo apellido, mi padre decía que era Cueva y mi tío Gonzalo proclamaba otro apellido; llega al igual que lo hicieron tantas familias de la serranía ecuatoriana, con la esperanza de encontrar la fortuna perdida en sus tierras, producto de la segunda revolución industrial impulsada por Inglaterra que termina con la industria textilera ecuatoriana; así llegan también europeos, asiáticos y suramericanos cuando las vías férreas permitieron transportar hasta los puertos mayores de Manta y Bahía de Caráquez su producción agrícola; así llega mi bisabuelo Felipe Santiago, solo, con su alforja de soledad infinita cargando sobre su espalda, llega al sitio denominado la Cuesta de Vuelta Larga, hoy Santa Ana de Vuelta Larga, entonces parroquia de Portoviejo, a ejercer la función de preceptor de instrucción primaria y pocos meses después el cargo de Teniente Político parroquial. Ya en su condición de autoridad civil se une a la “Comisión de Vecinos” liderada entonces por don Francisco de Paula Moreira, que según don Romeo Cedeño Mieles, “llegó junto a sus padres y hermanas y otros colonos de ancestro español a poblar esta parroquia eclesiástica de Portoviejo a comienzos del siglo XIX”, Comisión de Vecinos que pide al general Eloy Alfaro, jefe supremo de Manabí y Esmeraldas, se eleve la parroquia a condición de cantón con el nombre de Bolívar, petición que es aceptada en el gobierno de Caamaño, el 2 de agosto de 1884, pero con el nombre de Santa Ana, no había entonces que dar paso a la imposición de nombres que entrañaran independencia o libertad, Alfaro y sus montoneras enarbolaban estas ideas. Es en este bello rincón manabita donde conoce a una bella mujer que tiene por nombre Heroína y apellido Bowen2 , con quien se desposa y decide tomar por domicilio permanente la apacible villa de San Gregorio de Portoviejo. Contaba apenas con 29 años de edad, edad ideal para empezar a forjar su historia que serviría de ejemplo para quienes le precedimos y que orgullosamente hoy en día ostentamos su apellido. Felipe Santiago Molina forma parte de la historia perpetua de Portoviejo, historia que mis mayores en sendas obras escritas cuentan, ya como cronistas, ya como historiadores, o como yo, simple apasionado en descorrer el velo que los siglos se encargan de cubrir con polvo de mezquino olvido y que Portoviejo con amplia sonrisa, que demuestra alegría y orgullo, venía desde mucho tiempo reclaman1. Ciertos rastros me empujan a buscar sus raíces en Ambato. 2. Es posible que Heroína Bowen haya llegado a Manabí, junto a Felipe Santiago ya unida en matrimonio o en unión libre. 52 do de sus hijos, recuperar y escribir su historia documentada, documentos que existen en tantas manos y archivos públicos y privados, historia que tiene que ser analizada en forma seria, veraz, objetiva, y no sujeta al criterio antojadizo de aquellos que buscan simple nombradía, que arrastran consigo sus prejuicios de grandeza o de aquellos que siguen comprometidos con los miembros de vergonzantes “castas superiores”, aunque con ello vayan renegando de la humildad de su propia cuna, tratando de darle brillo a la imagen de alguna persona que pasó desapercibida ante la historia, relegando infamemente a aquellos que brindaron, por sus ideales de país, la tranquilidad de su hogar, sus bienes y sus propias vidas. Amanecía el año de 1884, está en calidad de jefe civil y militar de la provincia don Gustavo Rodríguez, autoridad que conoce personalmente a Felipe Santiago, sabe de la riqueza de sus conocimientos y que es poseedor de una hermosa caligrafía, producto de una educación esmerada que lo califica como hijo de buena familia, que lo hacen merecedor a ocupar el cargo de notario de la Notaría Primera de Portoviejo, nombramiento que más tarde fue ratificado por la Corte Superior de Justicia. En enero y marzo de 1888 la ciudad es asolada por incendios que destruye muchas de sus viviendas, por lo que el gobernador de la provincia, José Antonio María García, convoca a los vecinos para conformar el Cuerpo Contra Incendios, convocatoria a la que acude Felipe Santiago y es nombrado jefe de la Compañía Hacheros “Junín No. 4”3 . En 1915, encontrándose en calidad de segundo Jefe del Cuerpo de Bomberos, expone su vida sintiéndose responsable de un ejército de ciudadanos y carabineros, luchando en las calles de Portoviejo, sin hacer uso de trincheras ni barricadas contra las balas, solo por estar junto a los de su compañía de bomberos, dándoles ánimo y valor en el combate contra las fuerzas conchistas, en la que intervienen hombres de valor y pensamiento liberal de esta misma ciudad, como el mayor Juan José Briones, papá de Colombita Briones, nonagenaria que 3. El Cuerpo Contra Incendios de Portoviejo muy posiblemente se construye en 1845, luego de que un gran flagelo dejó en cenizas a las tres cuartas partes de la ciudad. Felipe Santiago Molina 53 No. 23 • Un encuentro con la historia aún labora en institución pública y en la universidad manabita “San Gregorio de Portoviejo”, tropa que invade Portoviejo con el fin de ocuparla. Por esta reconocida acción, el día 26 de junio de este mismo año, el Gobierno de la República dictó una Orden General Meritoria, condecorándole, poniendo de relieve su actuación de “bizarría”. (Diario El Cronista del 29 de junio de 1915, y libro Memorias de Pedro Elio Cevallos Ponce. Desde 1915 hasta el 10 de diciembre de 1918 ocupa la jefatura del Cuerpo de Bomberos. En 1919, esta institución lo condecora con la medalla de Primera Clase. Fallece en Guayaquil el 29 de septiembre de 1926, ciudad en la que se levantó una capilla ardiente en el salón principal de la Compañía de Bomberos “Rocafuerte No. 6”. En mayo de 1933, el Municipio de Portoviejo crea una comisión de notables para que se trasladen hasta la ciudad de Guayaquil y procedan a pedir la exhumación de sus restos para ser trasladados hasta Portoviejo, donde fue recibido y expuesto en el salón principal del Cuerpo de Bomberos; mientras el Municipio dispuso que la Bandera Nacional se mantuviera a media asta, durante tres días, en señal de duelo. Se le dio sepultura en el cementerio general donde tomaron la palabra don Honorio Cedeño Mendoza y don Venancio Larrea y Alvarado destacando los méritos que le adornaron en vida. 1. Felipe Santiago casó en primeras nupcias con Heroína Bowen en quien procreó a: 1.1.- Felipe casado con Sara Murillo, residiendo en Manta y tienen por hijos a Sara Heroína, María, América, Felipe, Aurelio, Diógenes, Enrique y Jorge. 1.2. Rosa María, casada con Francisco Solórzano Paredes, sin sucesión. 1.3. Isabel, casada con Carlos Clotario Calero, y tienen por hijos a Carlos, médico radicado en Panamá; Aurelio, quien fue gobernador, diputado por Manabí, activo y próspero industrial; Rosa Carlota, Alberto, José, Felipe e Isabel, residen en Manta; y, 1.4. Noemí, casada con el médico cuencano Dr. Alfonso Heredia Crespo, tuvo por hijos a Piedad, Gonzalo, Maruja, Talía y Gladys. Residieron en Cuenca. En segundas nupcias, por viudez, Felipe Santiago, casó en 1896 con Rosa Mercedes Cevallos Ponce, hermana de Pedro Elio quien intervino en la cantonización de Manta y Rafael quien fue el primer cronista nombrado por la Municipalidad de Portoviejo, y tuvieron por hijos a: 1.4. Gastón, nacido el 8 de septiembre de 1903, de quien, gracias a su sobrina, la hermosa y delicada dama quiteña Mercedes Ortega de Vásconez y de Juan Molina Salvador, hijo de Gastón, he conocido que luego de que Gastón culminara sus estudios secundarios en el cole- 54 gio Olmedo se radicó en Quito donde laboró en la Dirección Nacional de Minas, trabajo que le permitió un conocimiento profundo del Ecuador así como formar una valiosa colección de su riqueza minera que donó a la Universidad Técnica de Manabí con motivo de su fundación. Conjuntamente con don Enrique Coloma Silva, socio minoritario, instaló la fábrica Fruco (The General Fruit Company) que se montó en el tradicional barrio La Loma de Quito, empresa dedicada a la producción de mermeladas, vinagres, salsa de tomate y pickles, así como al envase de mostaza, cebolla perla, aceitunas y vinos, de hecho fue una de las primeras importadoras de vinos chilenos que hubo en el país. Fue miembro de la Asociación de Manabitas residentes en Quito, fue un gran billarista logrando varios campeonatos locales, aficionado al automovilismo y al fútbol, participó en la directiva de AFNA y fue uno de los gestores de la transformación del club “Argentina” al actual club “Deportivo Quito”, institución de la que fue uno de sus principales directivos. Fue miembro y parte del directorio de la Cámara de Industriales de Pichincha. Vicecónsul honorario de la República Oriental del Uruguay y cónsul honorario de la República Dominicana. Condecorado por el Gobierno del Dr. Galo Plaza Lasso y amigo personal del mismo. Se casó con la dama quiteña Blanca Inés Salvador Larrea con quien procreó dos hijos: Pablo, casado con María Sol Cordovez Noboa y tuvieron por hijos a Pablo José, Esteban, Isabel María y María Sol; y, Juan, casado con Susana Granda Centeno Garcés, tienen por hijos a María Helena, Margarita, Juan Fernando y María Susana. Gastón Molina Cevallos 55 No. 23 • Un encuentro con la historia 1.5 Jaime Napoleón, nacido el 8 de diciembre de 1899, falleció el 20 de diciembre de 1978, casado con Ángela Matilde García Zambrano, nacida en 1896 y fallecida el 24 de febrero de 1969, ésta fue la primera hija (la otra llamóse Alejandrina) del músico y pintor José Ramón García Mejía, muerto de un balazo a la edad de 27 años, y Ángela Teresa Zambrano Vinces, quien en segundas nupcias se casó con José Chávez Barba y tuvieron por hijos a: Gustavo, José Silvio, Guadalupe, Dioselina y Donatila, esta última casada con el quiteño José “Coco” Cevallos, buen futbolista, seleccionado por Manabí y Pichincha y son sus hijos Charito, José “Coco” eterno dirigente del Aucas; Norita, el torero Ricardo y Gonzalo. Jaime Napoleón y Ángela Matilde tuvieron por hijos a: 1.6 Aurelio Sigifredo, nacido el 12 de septiembre de 1923, casado con Augusta Vélez Alarcón con sucesión de Jaime Aurelio Napoleón casado a su vez con Martha López Pinoargote, tienen por hijos a Roberto Aurelio casado con Monserrate Arteaga y Jaime Geovanny divorciado de Maribel Espinoza, Martha Gissela casada con Roddy Sornoza; Mariana de Jesús, quien casó y divorció de Tito Aveiga y tiene por hija a Anna Karina casada con Vladimir Tola Polanco y Mariana Katherine casada con Carlos Mendoza Mendoza; y, Ángela Matilde casada con Juan Bosco García Loor, procrearon a Rossana Maribel casada con Jimmy Xavier Briones Vélez, Joanne Verouska casada con Víctor Chávez Cantos, Karen Vanessa casada con Enrique Guzmán Lanata y María Fernanda comprometida con Daniel Arámburo Jurado. 1.7 Felipe Gonzalo, nació en Portoviejo el 12 de noviembre de 1921; estudió en el Seminario Cristo Gonzalo Molina García 56 Rey y en la escuela Tiburcio Macías. En Guayaquil, en la Sociedad Filantrópica del Guayas, sección de Artes y Oficios, se graduó de profesor de Litografía, en 1942, con la calificación máxima de cinco sobresalientes y un primer premio de portada “El Filántropo”, más cuatro medallas de plata “Honor al talento”, que este centro educativo entregaba al mejor estudiante de cada promoción. En Guayaquil formó parte del conjunto coral de la Escuela de Música y Ópera dirigida por el maestro Angelo Negri. Se radicó en Quito ciudad en la que labora en el Departamento de predios rústicos del Ministerio del Tesoro. En este mismo año realiza su primera exposición de pinturas con motivo de la presencia del Vicepresidente de Estados Unidos Henry A. Wallace recibiendo mención honorífica. Producto de sus ahorros viajó a la República de Argentina a estudiar en la Escuela de Bellas Artes, MEEBA, donde tuvo por maestros a Felisa Zir en pintura y Constanzio Vigil, hijo, en dibujo. En este país, y por solidaridad con el Ecuador por el terremoto de Ambato, 1949, que destruyó varias poblaciones de la Sierra, participó y ganó un concurso internacional de pintura organizado por el Ministerio de Trabajo, cuya titular era la Sra. Eva Perón de Duarte de manos de quien recibió el premio consistente en una beca de intercambio cultural para estudiar pintura, con todos los gastos pagados en la Escuela de Pintura y Escultura del Instituto Nacional de Bellas Artes de la Secretaría de Educación Pública de México, escuela dirigida por el muralista Diego Rivera. En este país, 1951, tuvo como maestro de pintura al fresco a don Pablo O´Higgins, y como profesora de pintura a Frida Kahlo. En 1952, en México, realiza su segunda exposición de pinturas en el Club de Turismo “PEMEX”, exponiendo los retratos de quienes posaron ante su paleta como Dolores del Río, la princesa Maya Nicté Há, la periodista Teresa Romero Juárez, el maestro Antonio Gómez Anda, director de la Orquesta Sinfónica, Libertad Lamarque, Mechita Torres, Leonor Rico de Casa Caicedo, siendo un total de 30 pinturas, evento del cual doña Rosario Sansores vertió elogiosos comentarios que se publicaron tanto en México como en Ecuador y el gobierno ecuatoriano, a través de su embajador en México don Gonzalo Almeida Urrutia, le hizo llegar su reconocimiento en nombre del pueblo ecuatoriano, reconocimiento al que se adhirió el Círculo de Estudiantes Ecuatorianos residentes en México, presidido por la Sra. Jorgelina de Jáureguiberry. En 1953 es favorecido con una beca otorgada por el Instituto de Cultura Hispánica en Madrid, España, para 57 No. 23 • Un encuentro con la historia estudiar Bellas Artes, Instituto en el cual, en el mes de diciembre del mismo año, realiza su tercera exposición junto a sus compatriotas Alfonso Castell B. y Aníbal Villacís. El 9 de diciembre de 1959 se hace acreedor al primer premio de pintura patrocinado por la República Dominicana y el Seminario de Estudios Americanistas de la Facultad de Filosofía y Letras de España, con motivo del Día del Indio Americano. Reconocido como investigador histórico, credencial y registro 441 de la Dirección General de Archivos Históricos de Indias, de Simancas y Corona de Aragón y de Bibliotecas del Ministerio de Educación Nacional de España. En el año de 1966 es nombrado vicecónsul adhoc del Ecuador en Madrid, y promovido al rango de cónsul en 1985. Fue el creador del Escudo de Portoviejo en 1968. En 1986, la Fundación Universitaria Española presenta su libro de historia titulado El Capitán Francisco Pacheco en la conquista de América. Fundador de la ciudad de Portoviejo, libro que es galardonado por la Fundación “Juan March” de Madrid. En 1987, gana el primer premio en el Tercer Certámen de Poesía “Miguel Hernández” por su libro titulado De la oculta presencia. Mantiene inéditos el poemario El fondo de las palabras, un libro de cuentos Cuentos del adiós y del retorno, una novela La vieja amiga y un folleto Maty. El 12 de diciembre de 1992, el Gobierno ecuatoriano, presidido por el Dr. Rodrigo Borja Cevallos, lo condecora con la Orden Diplomática “Honorato Vásquez” en el grado Placa de Oro, condecoración que le fue entregada por el embajador del Ecuador en España don Alfredo Valdiviezo Gangotena. El 12 de marzo de 2001, el Ilustre Municipio de Portoviejo le entrega la condecoración postmorten al Mérito Histórico. Casado con la dama y poetisa madrileña Gloria Calvo de Nava, que, sin conocer Ecuador solo por referencias de su esposo, le cantó a Portoviejo, Quito y Guayaquil, en esta última ciudad su cabildo le condecoró por su poema titulado “Canto a Guayaquil”. Tienen por hijos a Matilde quien es baletista, fue secretaria del consulado ecuatoriano en Madrid y es doctora en Biología, y Gonzalo es técnico en sonidos de TeleMadrid, radican en España. Felipe Gonzalo falleció en Madrid el 2 de abril de 2007. 1.8 Luis Alberto, nació en Portoviejo el 8 de julio de 1928; estudió en la escuela Tiburcio Macías y en el Colegio Olmedo. Por beca educativa concedida por el Municipio estudió Radiotelegrafía Morse en el Instituto Técnico Superior de Quito en 1944. Poeta de profundo sentimiento humanista que lo hizo merecedor de ser nombrado miembro de la Casa de la Cultura Ecuatoria- 58 na, núcleo de Manabí en 1962, Miembro de la Confederación Nacional de Periodistas en 1975 y miembro de Prensa Hispana (HIPAC) en Canadá, en 1990. Fue creador y miembro activo de muchas organizaciones culturales. Colaboró con sus artículos históricos en el diario Manabita, La Tarde, diario La Prensa, diario La Provincia, y varias revistas institucionales de la provincia. Conjuntamente con el Dr. Alejandro Cevallos Viteri, primer radiólogo que tuvo la provincia en 1947, hijo de Pedro Elio Cevallos Ponce, hermano político de Felipe Santiago Molina, creó en 1968 la revista Recado Cultural, que circuló mensualmente hasta el año de 1980. En 1977 publica Contrastes, folleto donde se identifica con el dolor humano; en 1979 publica su obra El fusilamiento de un artista en el que narra la sentencia y muerte por fusilamiento en Portoviejo, 1890, de uno de los grandes músicos que tuvo la provincia como lo fue el montecristence José Gregorio Murillo. Desde este año hasta 1999, publica siete tomos de su obra mayor Crónicas del ayer Manabita, y desde este año hasta el 2003, conjuntamente con mis hermanos Raúl y Gonzalo publicamos los tomos 8 y 9; y, finalmente, una selección especial de crónicas de Portoviejo en el libro titulado Crónicas del ayer manabita. Portoviejo en la historia, obras por las que podemos conocer la historia provincial. En octubre de 1984 fue designado, por el Municipio de la ciudad, por el fallecimiento de su primer cronista su tío Rafael Cevallos Ponce, como cronista Vitalicio de Portoviejo. Convocó y conformó, 1975, con el Ing. Eduardo Zambrano Izaguirre, alcalde de la ciudad, Dr. Alejandro Cevallos Viteri, Dra. Vicenta Alarcón, Fernando Macías Pinargote, José Arteaga Parrales y Ramiro Molina Cedeño, el “Comité ProRecuperación de la Carta Magna de Adhesión de Portoviejo a la Independencia de Guayaquil el 9 de octubre de 1820”, con inútiles esfuerzos por no existir en la ciudad un museo para su permanente exposición. Desde mayo de 1981, se radicó en Toronto, Canadá, donde fue designado miembro de “Prensa Hispana” y se le otorgó el título honorífico Alberto Molina García 59 No. 23 • Un encuentro con la historia de periodista. Fue miembro de varias organizaciones sociales y culturales, principalmente del club “Ciudad de Portoviejo” del que fue su presidente honorario. Fue condecorado por varias instituciones, especialmente por la Casa de la Cultura de Manabí y el Municipio cantonal; el Consejo Provincial le entregó la condecoración, post morten, al Mérito Histórico. En primeras nupcias casó con Vicenta Modesta Cedeño Velásquez (fallecida el 9 de noviembre de 1961), hija de Alfonso Cedeño Álava y Regina Alejandrina Velásquez. Tuvieron por hijos a Gonzalo Aurelio, casado con María Bravo y autor de dos libros de poesía, creador del Himno de la milenaria y aborígen parroquia urbana Picoazá de Portoviejo y varios himnos de escuelas de la provincia, tiene por hijos a María Isabel, Pavel Alberto, María Vicenta, Felipe, María Eugenia y Gonzalo; Raúl Alberto casado con Gabriela Lima Maiato, de Portugal, residentes en Canadá, tiene por hijos a Luis, Ricky y Vanessa; Eduardo Ramiro, autor de esta historia familiar, casado con María Otilia Macías Mora, hija de Carlos Macías y Fausta Mora, todos ellos del cantón Santa Ana, tiene por hijos a la ingeniera en Auditoría María Vicenta, ingeniero eléctrico Carlos Alberto y al arquitecto Paúl Eduardo, es catedrático por eventos de la Pontificia Universidad Católica, capítulo Manabí, Secretario Académico de la Facultad de Odontología de la Universidad Particular “San Gregorio de Portoviejo”, miembro de varias organizaciones sociales y culturales, miembro de la Casa de la Cultura de Manabí, de la Academia Nacional de Historia, expositor permanente de fotos y documentos antiguos de la ciudad y la provincia, colaborador cultural en varios medios de información radial y escrito de la provincia y autor de los libros Historia de la Universidad San Gregorio de Portoviejo, Editorial Ramírez de Portoviejo, 2006; Portoviejo histórico-fotográfico. Siglo XX, Ediciones La Tierra de Quito, 2007; “La Aviación en Manabí”, inédito; Portoviejo cronológico, documental y Fotográfico, dos tomos, desde 1522 hasta el año 2005, inédito; “Manabí y sus cantones desde 1822”, inédito. Laura Isabel casada con Antonio Mendoza, tiene por hijos a Teresita, Antonio, residente en Italia, Melina, Tania y María del Mar; Gastón Orlando casado con Consuelo Mejía Vera, tiene por hijos a Andrew, Jasson y Cristina, residentes en Canadá. Luis Alberto contrajo segundas nupcias, el 2 de enero de 1964, con su prima hermana Teresa Virginia Chávez Mendoza, nacida el 6 de agosto de 1943, hija de José Silvio Chávez Zambrano y Lilia Mendoza, teniendo por hijos a Luis Alberto Martín casado 60 con Italia Montalván, de Balzar provincia del Guayas; Juan Carlos casado con Susana Shwan de Canadá; y Rocío del Alba, casada con Michel Kennedy de Canadá. Todos residentes en Canadá. En relación extramatrimonial tuvo por hija a Martha Judíth, fallecida a temprana edad y Alexandra. Alberto Molina García falleció en Canadá el 4 de diciembre de 1999. 1.9 María Teresa, nacida el 25 de septiembre de 1930, casada con el ingeniero agrónomo Ulbio Roque Adalberto Alcívar Barreiro, con quien procreó a María Laura casada con Jacinto Vera, tiene por hijos a: Glen Patricio casado con Irina Cabrera Loor, Javier Fernando, Boris Daniel, divorciado de Karla Vélez, y Heidi María casada con Roberto Sánchez; María Cecilia casada con José Coral Marriot, tiene por hijos a: Pablo José casado con Mercedes Guillem, Juan Carlos y Luis Fernando; María Teresa casada con Armando Flor Hidalgo, tienen por hijos a: Armando Ignacio casado con Karla Valeria Hernández Velásquez; María Estrella casada con Luis Manuel Falques Alcívar y Miguel Ángel; Patricia Narcisa (fallecida), casada con Alejandro Reyes y tiene por hijo a Joao Alejandro; Ulbio Ramón casado con Fresia Zavala y tiene por hija a Cristina Andrea, residentes en Guayaquil, y Beatriz Matilde casada con Jaime Marín y tiene por hijos a Jaime Andrés, Alejandra y Cinthia Patricia, residentes en Esmeraldas. María Teresa falleció en 1994. 1.10 Laura Judith, nacida el 16 de julio de 1937, divorciada de Gustavo Chávez Zambrano, tuvieron por hijos a Martha Susana, casada con el guayaquileño Rodolfo Idrovo, con quien tiene por hijos a Rodolfo y José Alberto, y tuvo también, con Ian Rugel, una hija llamada Mónica, todos residentes en Guayaquil; Janeth casada con Miguel Reyes Loor, tienen por hijos a Sofía, Andrea, Pedro, José y Luis; y Marlene divorciada de Carlos Lara con quien procreó a Eduardo, Javier y Andrés, unida actualmente a Oswaldo Barrezueta Loor sin descendencia. Laura Judíth falleció el año 1998. En julio del 2008 me cupo el honor de presentar en Guayaquil, en el Salón de la Ciudad, una obra del Dr. Carlos Matamoros Trujillo, titulada Emblema de Guayaquil. Tuve entonces la oportunidad de expresar mi admiración en grado sumo por el trabajo serio y profundo del autor y de inclinarme –ese es realmente el término– ante su sapiencia. Justamente por eso hoy, cuando él ha dejado su cuerpo físico, su ausencia me conduce de un extremo a otro de ese misterio que tiene, de un lado, el Alfa que es la nacencia y, de otro, el Omega que es la muerte, o lo que es lo mismo, el Alfa que es advenimiento, júbilo innegable por la llegada a la luz, y el Omega que es retorno, ocaso, silencio, penumbra. Y en medio de esas cavilaciones siento la necesidad de escribir estas cuartillas para que se conozca más y mejor quién fue este investigador que con devoción –sí, con santa devoción e infinita modestia–; y, en forma casi silenciosa tributó de manera permanente su homenaje a la patria con investigaciones históricas muy serias realizadas durante más de cuatro décadas. Estoy convencida de la fuerza que imprime en el ser humano el entorno familiar, pues es como el cuño que nos marca en la cuna y que nos va a identificar hasta la tumba. Y en el caso del Dr. Carlos Matamoros Trujillo, debo presumir que su inclinación por la historia, por la heráldica, por la filatelia, por la numismática, por la nota filia, por la arqueología, por la escultura, por la medicina, en fin, por todo aquello que engrandece los conocimientos de un pueblo, vino en sus genes, pues tanto en la rama paterna como en la rama materna, sus antepasados fueron personas que dejaron huellas indelebles en la cultura de nuestro país. Y esa percepción que tuve se esclareció en una de las conversaciones mantenida con él, robándole un EL DR. CARLOS MATAMOROS TRUJILLO Marigloria Cornejo Cousín 47 No. 23 • Un encuentro con la historia espacio en su agenda siempre corta, y entrando en su vida como recurso necesarísimo para comprender mejor su copiosa producción. Las conclusiones a las que llegué después de esa conversación me permitieron acercarme más a él, y son justamente las que quiero resaltar conduciendo a mis lectores hacia el paralelismo que encontré entre abuelo y nieto, los dos igualmente valiosos. Yo sabía desde antes quién fue el Prof. Carlos Matamoros Jara, pues su nombre y sus huellas en el Magisterio Nacional fueron siempre recordados por mi padre. Lo que no habría imaginado nunca es que tendría yo la oportunidad de conocer a su ilustre nieto y menos aún de presentar una de sus obras. Pues bien, a la muerte del abuelo, acaecida el 11 de abril de 1938, nuestro autor tenía once años, edad suficiente como para recordar con claridad las enseñanzas recibidas y guardar en el consciente o en el subconsciente la responsabilidad de continuar una obra gigantesca que la vida no dio tiempo para terminar. Muchos de los caminos que dejó abiertos el abuelo son los que transitó nuestro autor con perseverancia y absoluta fidelidad a sus ancestros, enriqueciéndolos sin declinar y manteniendo un sano orgullo familiar. Pienso yo que las visitas del abuelo y sus nietos tanto al Museo como a la Biblioteca Municipal de los que había sido su Director, deben haber parecido a los chiquillos como la entrada al mundo de la fantasía y de los sueños, guiados por un hado que contestaba todas las preguntas porque todo lo sabía. Y no podía ser en otra forma, pues el bagaje de conocimientos del Prof. Matamoros Jara era infinito. No por nada había sido director de la Biblioteca Municipal y del Museo Municipal de la ciudad, y durante treinta años se desempeñó como editorialista del decano de la prensa nacional, diario El Telégrafo. Y nuestro autor decía, con justificado orgullo, que conservaba parte de la biblioteca de su abuelo. Estas circunstancias muy singulares me permitieron entender la responsabilidad del Dr. Matamoros Trujillo ante la cultura del país, pues cuando se crece entre libros, cuando se aprende a valorar lo que el libro representa, cuando con la lectura llenamos la vida más que con el mejor de los manjares, podemos saber la angustia existencial de quien no pensó que la muerte llegara tan pronto, sin dejarle tiempo para concluir las tareas iniciadas. Además, en cuanto a sus ancestros culturales, debemos agregar algo más: por el lado materno, las raíces están en la provincia verde, pues su madre fue nada menos que doña Clemencia Trujillo Salas, hija del hacendado esmeraldeño Dn. Julio Trujillo Gutiérrez, hermano del jurisconsulto y catedrático e internacionalista, Dr. José Vicente Trujillo Gutiérrez, y aunque los lazos afectivos fueron más próximos por la rama paterna, no podemos dejar de mencionar este dato porque, como lo siento y lo dije en 48 líneas precedentes, hay factores que nos llegan en los genes. El análisis profundo de las facetas de investigación y estudio de nuestro autor será tarea de los especialistas. Por eso, dejando ese campo para los versados, quiero más bien retomar la parte personal del autor haciendo énfasis en las circunstancias que enlazan su vida a la de su abuelo paterno. Para ello bastaría solo recordar, por ejemplo, que mientras aquel escribió sobre la historia de la Catedral de Guayaquil, el nieto estudia a Santiago, Patrono de Guayaquil, obra a través de la cual interpreta la evolución del cristianismo en función del apóstol, y tratando de hallar la relación con el antiguo medallón de madera de la vieja catedral de Guayaquil. Justamente a sus pesquisas y a esa perseverancia tan suya debemos el haber salvado ese medallón que ahora luce hermoso en la sala del despacho del Alcalde. El abuelo publica en 1932, en el Boletín del Centro de Investigaciones Históricas de Guayaquil, la “Breve sinopsis histórica descriptiva del Archipiélago de Galápagos”; el nieto, en el 2001, publica la “Historia de las islas Galápagos a través de la Filatelia ecuatoriana”. El abuelo, en 1913, promueve el primer Comité de Boys Scouts de la Villa de Daule, en donde era director del Instituto Vicente Piedrahita; y, en 1920 fue nombrado Presidente de la primera asamblea para constituir la Asociación Nacional de Boys Scouts del Ecuador. El nieto deja iniciado un libro sobre la historia del Movimiento Scout en el Ecuador. Estas comparaciones son apenas un muestreo como para convencernos que el abuelo dejó muchos caminos abiertos que han sido continuados y enriquecidos por el nieto, que tuvo razón suficiente para hablar con sano orgullo de las huellas que en el campo de la cultura dejaron sus ancestros. Y digo ancestros porque no solo marcó su vida y sus pasiones el ejemplo de su abuelo el Prof. Carlos Matamoros Jara. También su tío, el Dr. Carlos Set Matamoros Suástegui, presidente del M.I. Concejo Cantonal en 1930, fue una persona a la que admiraba y a quien no olvidaba nuestro amigo y contaba siempre que fue en esa administración municipal que justamente, cuando se concluyeron las obras de la Rotonda; fue su tío quien puso las bases para levantar el reloj público que aún nos acompaña. Y algo más: las lámparas que iluminan el salón de la ciudad se importaron durante esa presidencia del Concejo. Lo dicho cuenta con la información de respaldo celosamente recogida y conservada por el Dr. Matamoros Trujillo, quien como dato curioso contaba que también en la época de Carlos Set se registra la adquisición del primer gramófono del Municipio. Por todo lo dicho, creo yo que por la responsabilidad que muchas veces asumimos como descendientes de hombres de cultura, y considerando que Dn. Carlos Matamoros Jara fue de aquellos seres de excepción que se echaron a cuestas una tarea gi- 49 No. 23 • Un encuentro con la historia gantesca que la vida no les permitió concluir, el nieto asumió con amor y devoción indiscutibles ese papel sin que por estas circunstancias desmerezca su trabajo; todo lo contrario: hay que entender que el mundo familiar del autor fue diferente al del común de los mortales, y lo marcó desde la cuna haciendo de él un ser muy especial. Todo esto explica por qué con tanto ahínco –junto a la Medicina, que fue una verdadera pasión en su vida–el Dr. Carlos Matamoros Trujillo haya colocado otras pasiones: pasión por la arqueología, por la filatelia, por la heráldica, por la historia, por la numismática, por la nota filia, por la escultura, etc. En una de las tantas tertulias que mantuve con nuestro autor, me atreví a preguntar algo muy peculiar de él; le pregunté por qué no ha permitido que su obra trascienda… pues he visto que las ediciones de sus libros son limitadas en su número y casi exclusivamente lucen solo en dos o tres bibliotecas… Entendí la respuesta que me dio, y la comparto con ustedes porque la experiencia acumulada por mí misma, a lo largo de los últimos 22 años me, ha hecho sentir que en nuestro medio aún resulta sumamente difícil publicar. Me contestó que su trabajo era muy personal, porque se sabe impulsivo e independiente. Él mismo las tipeó, las editó y las empastó, y eso impidió que se enrede en trámites burocráticos que realmente acortan la vida. Su difusión la hizo –aunque sea en forma limitadísima– entregando sus pocos ejemplares al Archivo Histórico del Municipio y a la Biblioteca Municipal o a la Biblioteca Carlos A. Rolando, también ahora en el Municipio guayaquileño. Esa fue realmente una limitante muy dolorosa porque el gran público no llegó a beneficiarse con sus publicaciones. Me quedo con su respuesta, la respeto, pero me duele porque soy de aquellos que piensan que cuando la persona pasa un límite y llega a lo trascendente, especialmente en un país como el nuestro, debe iluminar y más aún en el caso del Dr. Matamoros Trujillo que fue excepcionalmente una luz en el conocimiento. Por lo dicho y todo lo que aún queda por decirse acerca de este ilustre ecuatoriano que desde el 4 de febrero último nos acompaña desde la región sutil, creo que corresponde a la Academia Nacional de Historia aquilatar su legado, difundirlo y considerar seriamente la concesión de una membrecía post mortem en justísimo homenaje al Dr. Carlos Matamoros Trujillo, erudito y amigo ante cuya sapiencia –como lo digo en la apertura de este escrito– siempre me inclinaré reverente
0
Puede agregar este documento a su colección de estudio (s)
Iniciar sesión Disponible sólo para usuarios autorizadosPuede agregar este documento a su lista guardada
Iniciar sesión Disponible sólo para usuarios autorizados(Para quejas, use otra forma )