Oscar Acosta El segundo Coliseo Caracas de Edición de la (1819-51) Venezuela Oscar Acosta El segundo Coliseo de Caracas (1819-51) El segundo Coliseo de Caracas (1819-51) @ Oscar Acosta @ Compañía Nacional de Teatro 1a Edición Digital Ilustración y diseño de portada: Efrén Lezcano Hecho el depósito de Ley Depósito legal: lfDC20210014006 ISBN: 978-980-7386-14-2 Caracas, noviembre 2021. Se prohíbe cualquier acto de reproducción total o parcial de la presente obra, en cualquier forma o medio (mecánico, electrónico, reprográfico o de cualquier otro tipo), así como cualquier acto de difusión, comunicación pública o distribución con fines comerciales, sin la previa autorización del autor. En casos de reproducción para el uso académico no debe obviarse el nombre del autor. Índice A modo de preámbulo 4 Introito 9 La apertura 11 El desorden en las funciones 19 Ubicación, descripciones y reconstrucción en 1828 22 El decreto de Bolívar y la Compañía de Cómicos 34 Una provisionalidad que llegó hasta el final 52 Sobre el repertorio 55 Virginia y la crítica al poder 57 Otros autores venezolanos 61 La escena contra el oscurantismo 64 Otras novedades teatrales extranjeras significativas 70 Antiepílogo 76 Ilustraciones 77 Bibliografía 85 Bibliografía secundaria 87 Revistas y prensa histórica 88 Archivos históricos y bibliotecas 88 Repositorios digitales 88 El Segundo Coliseo de Caracas (1819-51) A modo de preámbulo Tengo el privilegio de hacer la presentación de un trabajo del teatrista e investigador Oscar Acosta, quien desde hace años persigue, con la tenacidad de un poseso, arrojar luz sobre los innumerables intersticios de la historia del teatro en Caracas que aún permanecen ignorados por los historiadores especializados. He de aclarar que lo de poseso tiene que ver con el ritmo de búsqueda y detección de los problemas de esta temática que reclaman solución, así como con la solvencia de Acosta para tratarlos e interpretarlos, para luego llevarnos de la mano a muy especiales y sorprendentes contribuciones, ubicándolos acertadamente dentro de los orígenes, trayectoria y singularidad del pasado de la ciudad capital. Esta nueva investigación, cuyo título es El segundo Coliseo de Caracas (1819-51), es una prueba fehaciente de lo antes afirmado. Sus páginas abigarradas de datos, nos iluminan sobre esa interesante historia que se yergue en la compungida ciudad de Caracas de 1819 y que se prolongará hasta 1850. Son los tiempos cuando la ciudad recibe con alegría el triunfo de las armas republicanas en el campo de Carabobo ante las fuerzas españolas, sin haber dejado de extrañar el “corral de Comedias” que se había desplomado junto con la llamada Primera República, el 26 de marzo de 1812, tras el horrendo sismo que sepultó o dejó en escombros los sueños políticos y las representaciones teatrales, de tanta recordación en los gustos de los caraqueños. Diríase que lo arrebatado a la ciudad por la caprichosa naturaleza en 1812, se lo devolvió la inescrutable historia con los cambios políticos –y también teatrales- en 1821. Este nuevo aire de divertimento en la ciudad, nos cuenta Acosta, hubo de respirarse en la friolenta Caracas en diciembre de 1819, cuando unos empresarios pardos de condición social, 4 El Segundo Coliseo de Caracas (1819-51) se lanzan a la aventura de entretener a los caraqueños con los dramas, comedias, bailes y música, que ofrecía el arte dramático. Recordemos que la ciudad aún estaba bajo la férula del resquebrajado viejo orden colonial, y por tanto, se conservaban los prejuicios sociales por nacimiento. Son los pardos José Inés Blanco, quien parece era un humilde albañil con pretensiones de empresario, Ambrosio Cardozo de profesión carpintero y el militar independentista José María Ponce, sin duda también hombre de extracción popular, los que impulsan durante treinta años la escena con el emprendimiento del escenario principal de la ciudad. Los tres, ciertamente, son personajes interesantes que, al momento de intentar reconstruir en un futuro una metódica historia sobre los aportes de las clases populares, deberán tenerse en cuenta por su conspicua singularidad como parte del ámbito artístico en el pasado caraqueño. Lo primero que se destaca en esta historia, es la premura e improvisación con la cual José Inés Blanco y sus socios iniciaron actividades en la víspera de un cambio político. El régimen español, como el republicano que le sucede por las razones ya dichas, no cesan en desenmascarar a través de las autoridades locales, las picardías de José Inés en este negocio de los espectáculos teatrales. A este no le tiembla el pulso para aprovecharse del frenesí que acompañó a los caraqueños en la apertura de las actividades del segundo Coliseo, para conducirlos como rebaños a una casa sombría, escombrada y amenazando desplome, en la vieja esquina caraqueña de Las Sanabria (hoy Coliseo, estación del metro La Hoyada); vendiendo además entradas por encima de la cantidad y el precio acordado, desbordando el aforo disponible del local. Tales irregularidades continuaron pese a que el Ayuntamiento monárquico le cerró el negocio exigiendo mejoras. Instalada después la municipalidad 5 El Segundo Coliseo de Caracas (1819-51) republicana, el problema siguió en curso acompañado de otros asuntos un tanto inquietantes. Según las crónicas que desempolvó el investigador, la calidad de los espectáculos era más cónsona con una estafa que con la sobriedad que ofrecían presentar los empresarios, aunque, al parecer, para los caraqueños eso pasaba a un segundo plano, pues lo importante consistía en que el entretenimiento y la representación con artistas de talento dudoso durante la etapa inicial del espacio tenía también sus atractivos. En aquel sitio, que con los años fue también llamado Coliseo de Ponce, coincidieron el vicepresidente Carlos Soublette y extranjeros como Richard Bache y William Duane, advirtiendo el último de los nombrados, entre otras cosas, que el aforo era como para unas ochocientas personas que se atropellaban y sufrían agravios en la entrada del teatro cada vez que acudían a una función. Los contratos suscritos por el teatro, que Acosta tuvo el cuidado de incluir en este trabajo, son parte interesantísima de su contenido; dan lugar a tener figurativamente una idea de cómo era la trama del negocio escénico antes, durante y después de las comedias. Los propietarios estaban sujetos a muchas condiciones estresantes que exigían los artistas. Nos enteramos, por ejemplo, de los suscritos en 1824 y 1828 donde podían estar comprometidos hasta los detalles baladíes o circunstanciales, como las rechiflas durante la función y las multas a los actores por llegar con retraso o no asistir a los ensayos. Me llamó poderosamente la atención, el caso de la obligación de proveer a las compañías en trato hasta de los trapos para las piezas que debían representar. Aquí debe hacerse un alto y pensar en esas costureras caraqueñas -hoy serían llamadas vestuaristas- que, restándole terreno a los afamados sastres que las precedieron en los largos tiempos coloniales, tenían que ganarse la vida confeccionando 6 El Segundo Coliseo de Caracas (1819-51) complicados vestuarios a los quisquillosos artistas, lo que es señal de su buena preparación profesional. Esto deberá tenerse presente en otros estudios sobre la mujer o la moda, develando de quienes se trataba. Como se podrá conocer en este peculiar trabajo de reconstrucción histórica, prevaleció la provisionalidad de un teatro y los altibajos en el negocio de los espectáculos, pese a lo cual podemos ya tejer la historia de un Coliseo donde convergieron las expectativas, desengaños y alegrías de la ciudad, lo que implicó además la participación de instituciones del gobierno local, como la atención de personajes encumbrados en el poder y la política. Me pregunto sobre este segundo Coliseo, si cuando el Libertador estuvo por última vez en su ciudad natal en 1827 y dado su cultivado gusto por el género dramático, entre los tantos lugares que reclamaron su presencia para homenajearlo habrá ido al escenario que alguno llegó a conceptuar de “desgraciado y exclusivo”. Sobre Bolívar, también la presente indagación informa las razones y motivos de su decreto sobre el espacio teatral desde Bogotá en 1828; aclaratoria que resulta muy valiosa. Y es que no acertaba en explicarme más allá del formulismo y las glorificaciones acostumbradas, el interés del Libertador en un destartalado coso caraqueño, mientras a la vez era el centro de una enconada conspiración a la que poco faltó para acabar con su vida. Para concluir, hay en la segunda parte de este estudio, un argumento para dilucidar la importancia del teatro en los vaivenes políticos del republicanismo. Es aquí donde nos enteramos del papel que hubo de ocupar en este asunto el conocido empresario, editor e intelectual Domingo Navas Spínola, quien fue primer alcalde de Caracas hacia 1826. 7 El Segundo Coliseo de Caracas (1819-51) Contertulio de Andrés Bello en sus mocedades y también refinado literato, concibió un drama que expresa la renuencia de buena parte de los venezolanos contra aquello que simbolizó para El Libertador su mayor realización de envergadura política: la República de Colombia que federó a las colonias libertadas, denominada posteriormente por los historiadores como Gran Colombia. Navas Spínola estrena su tragedia Virginia en 1824, mientras comenzaba a asomarse en el chismorreo político caraqueño la inconformidad con la unión a la Nueva Granada. El declive definitivo del segundo Coliseo sobreviene con su venta en 1851 a Rafael Garmendia, cuando ya está deteriorado. Para entonces tenía años compitiendo con teatros que captaron la atención de los caraqueños amantes de los espectáculos, como lo fueron el teatro de la Unión o Maderero y otros tantos tabladuchos que abrieron sus telones. No obstante, su impronta ya había quedado en firme al sustituir el nombre de la antigua esquina de Las Sanabria por el de Coliseo, que aún se mantiene hoy. Al tablado que inauguró el pardo Blanco, le sucede el teatro Caracas en 1854, como escenario estelar de la ciudad. Habrá que esperar unos pocos lustros más para que la egolatría del general Antonio Guzmán Blanco, mejor conocido como el “Autócrata Civilizador”, hiciera posible la construcción de un magnificente edificio teatral que fue abierto con su nombre y hoy se conoce como Municipal, para que los caraqueños pudieran solazarse en grande con la magia de las tablas. Guillermo Durand G. VI Cronista de la Ciudad de Caracas Caracas, agosto 15 de 2021 8 El Segundo Coliseo de Caracas (1819-51) Introito Por algunas razones que no logramos entender del todo, importantes etapas y facetas del arte escénico venezolano aún permanecen en las sombras. Poco sabemos del teatro indígena antes de la llegada de los europeos; la literatura dramática escrita durante la colonia; el surgimiento y desarrollo del sainete; el teatro popular, de calle y comunitario; el teatro infantil; la enseñanza teatral durante el siglo XIX; las expresiones escénicas de origen o con influencia afro; el movimiento teatral fuera de Caracas antes del siglo XX o, inclusive, ¡en la época contemporánea!... También la historia del teatro capitalino, con sus autores, artistas y escenarios, tiene hondas lagunas. Sobre el punto existen importantísimas contribuciones. Los adelantos de Arístides Rojas, Manuel Landaeta Rosales, Juan José Churión y Carlos Salas, a pesar de contener numerosas imprecisiones debido a la incipiente metodología con la que fueron escritos, señalan nombres, fechas y espacios que bien pueden orientar una pesquisa en la dirección correcta. Debemos sumar a Enrique Bernardo Núñez, quien desde su posición privilegiada como Cronista de la Ciudad de Caracas y custodio del Archivo Histórico Municipal, se dio a la tarea de relatar parcialmente el origen de la escena republicana con una mirada de historiador minucioso; fue el primero que determinó el año exacto de la apertura del segundo Coliseo de la ciudad que es el objeto de este texto, con base en fuentes documentales de primer orden. No obstante, se quedó corto el cronista Nuñez al no , durante las tres reconocer la importancia de esta sala primeras décadas de la República, fue el epicentro de los más importantes hechos escénicos del país. Y no lo afirmamos solo respecto al teatro; también los cosmoramas o imágenes 9 El Segundo Coliseo de Caracas (1819-51) de gran proporción de paisajes y cuadros históricos (una especie de antecedente del cine), la música orquestal europea, los números circenses, el canto lírico y el baile, convocaron al público en el lugar. Hasta ahora, muy poco se ha investigado o escrito sobre este escenario, obviando su función estelar durante el origen de las artes espectaculares en Venezuela. Leonardo Azparren, autor de imprescindibles textos dedicados al teatro y gracias a quien la investigación escénica maduró como especialidad en el país, ha aportado obras y nombres de los primeros dramaturgos que se estrenaron en el espacio en cuestión. José Antonio Calcaño y Mario Milanca Guzmán, en sus ensayos sobre la labor musical capitalina, se refirieron de manera colateral al también mencionado como coliseo de Ponce. Pero no basta lo divulgado hasta ahora para comprender su relevancia en el teatro criollo. Intentaremos cubrir, al menos parcialmente, . ese vacío. Tengamos claro que estos párrafos no buscan agotar el tema, aún siendo resultado de una larga investigación. Fueron redactados como prolegómeno de un estudio más completo, circunscribiéndose solo al arte dramático y sus oficiantes porque es lo que interesó en particular a este autor, a sabiendas de que igualmente las otras artes merecen ser escudriñadas teniendo a este edificio teatral y su época como contexto. De parvis grandis acervus erit: el objetivo es llamar la atención sobre el caso, contribuir a despertar el interés, abrir un sendero en la penumbra del tiempo entre el polvo de viejos papeles, para que otros por venir diluciden en su totalidad el transcurrir del histórico edificio (¿o acaso etapa?) que sirvió de cuna a la escena criolla. 10 El Segundo Coliseo de Caracas (1819-51) La apertura El primer Coliseo de Caracas, inaugurado en 1784 a instancias del capitán general y gobernador de la Capitanía General de Venezuela Manuel González Torres de Navarra, significó la consolidación de la afición teatral que comenzó con la llegada de los conquistadores, una vez que fueron reprimidas las manifestaciones culturales y escénicas originarias en los territorios sometidos. De ese edificio inicial ya se ha escrito lo suficiente como para conocer sus características espaciales y hacernos una idea bastante aproximada del repertorio que albergó. Su destrucción por el terremoto de 1812 que asoló las principales ciudades de la entonces capitanía general, así como los rigores de la Guerra de Independencia, truncaron la continuidad de las escenificaciones en Caracas, principal plaza de espectáculos durante la colonia. Casi nada sabemos de otros edificios similares en el resto del territorio durante las primeras dos décadas del siglo XIX. Tan solo una escueta alusión de un viajero a otra construcción parecida aunque de menor dimensión en la ciudad de Cumaná, nos hace pensar que la intención de regularizar las temporadas escénicas no fue exclusiva de la capital. Cuatro meses después de la catástrofe sísmica acaecida el 26 de marzo de 1812, se derrumbó la Primera República al capitular Francisco de Miranda. La contienda seguiría a comienzos del año siguiente con el avance de Bolívar hacia la capital con la Campaña Admirable. El decreto de Guerra a Muerte emitido por el Libertador sirve para contextualizar los ánimos y voluntades que prevalecieron durante esos días. Aún así, si bien las tropas, la pólvora y los fierros eran las prioridades de las facciones que se disputaban el territorio, más de dos siglos de continuas representaciones teatrales lograron cultivar una arraigada afición en la población caraqueña que 11 El Segundo Coliseo de Caracas (1819-51) no desapareció del todo a pesar de las duras circunstancias: las tradiciones y preferencias estéticas suelen sobreponerse a los antagonismos políticos. A pesar de la vorágine guerrera, el interés por los dramas persistió sin importar las cruentas condiciones, como notamos en un acta del cabildo caraqueño donde se registró la orden de inspeccionar en 18141 el derruido Coliseo con la intención de refaccionarlo. Diversos estudios, quizá por la poca constancia documental, concluyeron equivocadamente la merma total de las funciones teatrales durante el periodo, pero hay pruebas de que, a pesar de no existir escenarios permanentes para ello, la afición buscó otros cauces como las representaciones religiosas de los viacrucis en Semana Santa o los nacimientos vivientes 2 durante la Navidad . Tan solo Núñez, registró en unos pocos párrafos de su ensayo titulado El teatro del Coliseo3 la gestión efectiva de la apertura de un escenario en 1819, relevante detalle que hasta el 1 2 3 Archivo Histórico Municipal de Caracas (AHMC). Tomo 1814, folio 81, acta de sesión ordinaria del 10-06-1814. “Estando entendidos que la fabrica del Coliseo con motivo del fenómeno del 26 de marzo del año 12 se halla muy arruinada y tal vez puede venir a su ultimo deterioro, acordaron: que el alarife de carpintería el de albañilería, la reconozcan y expongan su estado, si admite reparo en que cantidad o si es conveniente deshacer toda la obra...” Nota: en todas las citas hemerográficas y documentales se conservará la ortografía original, salvo indicación en contrario. Archivo de la Academia Nacional de la Historia (ANH). Ar, 3, g. 1-27 Colección Laureano Villanueva, años 1816-1823 (VII) Archivos eclesiásticos. N. 25. “Oficio dirigido al Gobernador del Arzobispado por el Capitán general D. Salvador de Moxó, contestando un oficio de aquel, cuyo borrador va anexo, sobre la conveniencia de suprimir la representación de los misterios de la Encarnación y Nacimiento de Jesús, vulgarmente llamados nacimientos. Al respecto manifiesta que ha dispuesto la publicación de un Bando para que no se hagan las representaciones. Caracas, 25 de diciembre de 1816.” “El Teatro del Coliseo”. Enrique Bernardo Núñez. En Crónica de Caracas, número 19. (Agosto.diciembre de 1954): p. 602-603. 12 El Segundo Coliseo de Caracas (1819-51) presente no había sido profundizado. El importante dato fue ignorado, sea por la falta de interés, la aparente irrelevancia o la reserva de las fuentes por parte del historiador en cuestión, lo que hizo muy difícil seguirle la pista y ampliar la información. Hay unas pocas menciones más sobre el edificio debidas a otros investigadores, pero adolecen de inexactitudes, equivocaciones y una subestimación que no repara en la intensa actividad y trascendencia que alcanzó durante las tres primeras décadas de la República, como tampoco en su significación como punto de partida de un teatro propiamente nacional. En octubre de 1819 le fue remitida al capitán general interino Juan Bautista Pardo, una propuesta suscrita por José Inés Blanco y José del Carmen Guevara para la “reedificación y apertura de un Coliseo” en Caracas. El documento inicial enviado a Pardo justifica el plan de la siguiente manera: Si la experiencia a convencido en todos tiempos la utilidad de mantener publicos espectaculos en medio de los pueblos cultos y numerosos, y el comun del hombre civilizado ha encontrado un recurso en las representaciones teatrales: caracas y sus habitantes recibiran con aplausos la nueva feliz de que se le restituye en parte al ser grandioso en que la conservaron sus dignos jefes y que tuvo antes de verse estenuada por el germen de la revolucion y casi moribunda entre las ruinas de acontecimientos fisicos q sucedieron (...) Proporcionar al hombre un medio de distraccion ó recreo y dar principio arestablecer el antiguo teatro de Carácas,comvinamdo al mismo tiempo las ventajas y utilidades que de ello hemos de reportar; he aqui 13 El Segundo Coliseo de Caracas (1819-51) el principal objeto de nuestra pretención. 4 En una glosa al margen se lee la opinión del secretario del alto funcionario colonial, quien reacio a la apertura recomendó a su superior que los proponentes “deberían entrar en el ejercito en reemplazo de tantos valientes q han derramado su sangre en defensa dela Causa del Rey” pues “mal parecerian unos vasallos en la molicie y voluptuosidad del teatro” 5. Seguidamente, Pardo instruyó que le fuera presentado el prospecto de la iniciativa, obviando la opinión negativa del asesor, como se lee en otra anotación marginal del documento. Blanco, un pardo6 que fungía ocasionalmente como peón al servicio del Ayuntamiento, se planteó reconstruir el coliseo del Conde derruido por el terremoto en 1812; debido al retardo en la respuesta de las autoridades, optó por abrir un local “provisional”. Transcribimos de otro expediente sobre el caso hallado en el Archivo Histórico Municipal de Caracas, algunas de las cláusulas estipuladas en la propuesta que fue aprobada y remitida por el capitán general al Ayuntamiento: 2° Correra de mi cuenta limpiar el terreno, terraplenar el patio del mismo Coliseo, techar el foro, componer su entablado, poner corrientes los bastidores y telones para las decoraciones del Teatro. 3° Será también de mi cuenta costear el tablado o palco para la asistencia de la autoridad o 4 5 6 Archivo General de la Nación (AGN). Gobernación y Capítanía General, 1819, Tomo CCCXIII, folio 259, 22 de octubre de 1819. Ibidem, pag. 259 y vuelto Venezuela, registros parroquiales y diocesanos, 1577-1995, ver registro eclesiástico online en FamilySearch (https://familysearch.org/ark:/61903/1:1:QGLD-7K75) . Con acceso el 22-3-2019. Acta matrimonial de Blanco sonde se le alude como pardo, 14 El Segundo Coliseo de Caracas (1819-51) autoridades que deban presidir el acto de cada función y los demás palcos de los particulares serán reedificados a sus costas. 4° Se harán las representaciones teatrales en los días domingos de cada semana, en la celebridad del Santo y compleaños de las personas Reales de Serenísimas Magestades Catolicas y en los días de Pascua y otras solemnidades del año. 5° La entrada de cada persona indistintamente será a real cada una exepto las autoridades ya dichas. 6° Por el asiento de cada individuo se le exigirá la cuota correspondiente con Arreglo a la siguiente condición. 7° Se dividirán los asientos en tres ordenes o clases y las personas que quieren ocuparlos pagaran dos reales por los del primer orden: uno y medios reales por los del segundo y un real por los del tercero. 8° Se expedirá una orden por el Juez competente para que los que tenga escaños pertenecientes al Coliseo los entreguen y será de mi cuenta recogerlos y repasarlos 9° Sera también de mi cuenta completar los números de los escaños que Falten para asiento de los concurrentes 10° A la tropa que haya de concurrir para el respeto y el mejor orden publico que debe guardarse en los actos de la representaciones se gratificarán por mi cuenta con la cantidad que se le designe. 11° Se anunciará con anticipación al publico la 15 El Segundo Coliseo de Caracas (1819-51) pieza que haga de ejecutare el día de la representación por medio de carteles que se fijaran en Los lugares públicos. 12° A las ocho en punto de la noche se dara principio a la representación. 13° Las piezas que deban representarse se llevaran anticipadamente al Señor Capitan General para su revisión e inspección y que ponga la competente Aprobación. 14° Los quatro comicos principales y sus segundos que son los que deben estar dedicados diariamente al estudio y ensayos de las representaciones serán excluidos de las milicias, y al efecto se expedirá la orden correspondiente por el Capitan General. 7 El expediente registra detalladamente el seguimiento de la apertura de la sala en la entonces esquina de Sanabria (hoy llamada Coliseo, justo en la salida suroeste de la estación del metro La Hoyada), desde el mes de octubre de 1819 cuando es presentado el contrato por Blanco, y se extiende hasta el mes de marzo del año siguiente, reseñando un conflicto que veremos a continuación. El 22 de diciembre, concurren al lugar en el cual se abrirá el escenario varios supervisores designados por el Ayuntamiento, informando y recomendando luego en la sesión ordinaria que, habiendo pasado a la casa escombrada, que esta 7 AHMC. Archivos Capitulares, Tomo I, 1819, 4404, folio 28. 16 El Segundo Coliseo de Caracas (1819-51) componiendo José Ignes Blanco para hacer comedias en las próximas Pascuas con el objeto de reconocer la seguridad y comodidad que ofrece al publico, Han encontrado que el lugar donde deben acomodarse los expectadores esta rodeado de paredes desplomadas, y que amenazan ruina y de rincones escusados donde pueden cometerse toda clase de desordenes y de crimines, que además la entrada es muy angosta, que no hay un lugar de desahogo, ó donde pueda refugiarse el Pueblo, en el caso de que la ruina de una pared, o la voz que pueda dar algún mal intecionado consterne a tanta reunión, de que necesariamente han de seguirse consecuencias funestísimas que debe tratar de prevenir esta corporación, en cuya inteligencia y unánime conformidad, se acordó elevar el superior conocimiento del Señor CapitanGeneral la urgente necesidad que hay antes que el acentista haga unos gstos, de que dicho edificio y escombros inmediatos los reconoscan con toda escrupulosidad por los Alarifes, con intervención de los señores Diputados de obras públicas y coliseo, y mientras no se evacúe esta diligencia y resulte providencia, se suspenda los trabajos y las representaciones comicas.8 Muy posiblemente, el entusiasmado productor quiso aprovechar las fechas decembrinas para llamar la atención del público con el montaje de espectáculos teatrales religiosos, los cuales tenían una gran aceptación popular. Lo cierto es que en 8 Ibidem, folio 32 y vuelto. 17 El Segundo Coliseo de Caracas (1819-51) enero de 1819 ya se habían efectuado varias funciones que provocaron la alarma y urgente intervención de las autoridades del cabildo, puesto que, además de no haber respetado las exigencias relativas a la seguridad de la sala, había llegado el desorden hasta el caso de ser ya escandalosa la Estafa que sufre el publico con la entrada a real por persona y dos de asiento, siendo todavía mayor, si se considera Que con respeto a este se reparta un numero de voletines el duplo ó triple mayor que los asientos colocados en el patio de la casa destinada á este objeto.9 Lo anterior es evidencia del rotundo éxito que tuvo el plan de Blanco, hasta el punto de lograr vender el triple de voletines o entradas más de lo que permitía el aforo. Asimismo, el Ayuntamiento se quejaba de no percibir los impuestos respectivos, pues era el ente que supervisaba el costo de las entradas, tasando a la vez las obligaciones tributarias de los espectáculos públicos en la ciudad, lo cual le fue recordado oficiosamente al capitán general quien al dar la autorización para la apertura de la nueva sala usurpó esta atribución de los cabildantes, a cuenta de pechar cada espectáculo para surtir “el calzado de las tropas”. Finalmente, las autoridades hicieron entrar en cintura a Blanco, como consta en la conclusión del registro documental firmado por este “en la Carcel Real”, imponiéndosele varias exigencias con el fin de mejorar físicamente la instalación, a la vez que el justiprecio de las entradas que fueron consideradas muy costosas, con la advertencia de que no podían ser vendidas en mayor cantidad que la razonablemente permitida por la capacidad del . espacio. 9 Ibidem. 18 El Segundo Coliseo de Caracas (1819-51) El desorden en las funciones Ya mencionamos la coyuntura acelerada en la que fue construido el segundo Coliseo. Es elemental suponer que su fundador, de profesión peón, a pesar de haberse asociado con otros inversores 10 , casi con seguridad también pardos, no contaba con el capital necesario para erigir una edificación con el mínimo del confort requerido y provista de unas tablas adecuadas para el desempeño actoral. No debió lograr mucha ayuda Blanco para armar el escenario. A la baja inversión y premura de su inauguración, debemos añadirle las condiciones del momento, cuando la mayoría de la mano de obra integraba las tropas de los factores en guerra; al respecto, nótese la cláusula 14° incluida en el contrato para que los “quatro cómicos principales y sus segundos” fuesen excluidos de las milicias. Indistintamente del partido que se favoreciera, enrolarse en el ejército era para todo hombre a partir de la adolescencia una obligatoriedad y no una opción, a menos que ejerciera una ocupación imprescindible para el mantenimiento de la atención ciudadana en aquellas partes del territorio en las que conviniera a la facción dominante lograr una aparente normalidad; tal fue el caso de curas, maestros, médicos y albañiles (alarifes), entre algunos otros artesanos y profesionales exceptuados de servir en la guerra, previa dispensa escrita de la jurisdicción militar. A los espectadores caraqueños, muchos de los cuales disfrutaron las temporadas en el primer coliseo inactivado por el 10 AGN. Escribanías, 1824, Folios 45 y vuelto, 46. Documento en el cual Juan Felis Parraga “da en arrendamiento al Sñor. Josef Ines Blanco las dos terceras partes que tiene en el Coliceo .” En esta escritura, también figuran como socios de la compañía José Manuel Rivero y José Rafael Uncein. De Rivero sabemos que fue el director de la tragedia Blanca de Rossi de María Rosa Gálvez, a la cual nos referimos más adelante. 19 El Segundo Coliseo de Caracas (1819-51) terremoto, y a otros venidos de fuera conocedores de mejores escenarios, el sitio debió parecerles terriblemente inadecuado, tal como consta en todos los testimonios que hallamos en los que se describen las instalaciones y el funcionamiento artístico. El mes de septiembre de 1822, apenas un año después de la batalla de Carabobo, en el único periódico capitalino que existía un anónimo se queja, “nos estremecemos cuando pensamos en la triste impresión que sentirá un viagero á la vista de lo que aquí llamamos el coliseo”11. Unas semanas después, suponemos que es el mismo redactor quien se lamenta en una larga nota por la falta de una edificación teatral decente en la ciudad, echando de menos el anterior coliseo del Conde, a la vez que describía desalentadores detalles de una función, Desde la puerta principia el desorden, se diría que es la entrada de un laberinto. Gentío inmenso, apretura, gritos, culatazos, riñas, confusión... ¡Que es esto! Allí se impropera al magistrado como al carnicero, al hombre pacífico como al díscolo: la joven inocente oye los sarcasmos del libertinaje y el padre de familia sufre la humillación de su hija. (...) todo esto dimana del escrupulo de los mandadores de la puerta quienes forzarian al público a permanecer en la penosísima situacion de aguantar ahogándose, dos horas más, (...) y como no se puede pasar sino desfilando, claro está que esta operación durará hasta después de empezada la comedia. (...) Después de entrar descompuesto, acalorado, contuso, disgustado, 11 “Teatro”. El Venezolano (Caracas), número 13, 3 de septiembre de 1822, p. 2. Este órgano de prensa, poco referenciado y que se editó en 1822-23, no debe ser confundido con otro posterior del mismo nombre dirigido por Antonio Leocadio Guzmán, creado en 1840. 20 El Segundo Coliseo de Caracas (1819-51) se encuentra el espectador en un area sin figura, (...) la confusion se aumenta con la falta de policia para los asientos del patio.12 No es de extrañar que el desagradable cuadro anterior de caos y apretujamiento contraste notablemente con el fervor de la multitud que asistía a la programación, pues se trataba de un público estremecido por una cruenta guerra de más de diez años, ávido de entretenimiento y diversión, cuya principal actividad de socialización masiva antes de la activación de la sala eran las celebraciones religiosas y los toros. El teatro retomaba su lugar de preferencia. 12 “Coliseo”. El Venezolano (Caracas), número 23, 12 de noviembre de 1822, p. 3 21 El Segundo Coliseo de Caracas (1819-51) Ubicación, descripciones y reconstrucción en 1828 El historiador Núñez, es el único que coincide con los datos que aporta el expediente inicial ya citado, de donde seguramente los extrajo. Localiza el teatro en la “antigua esquina de doña Margarita Sanavria”. Cuando fue abierto el recinto, la calle donde está la esquina era llamada del Sol (hoy avenida Universidad) y revestía especial importancia porque en la misma estaban ubicados el convento y la iglesia de san Francisco, sitio este último de celebrados sucesos como la proclamación del Libertador en 1813. A dos cuadras en dirección oeste estaba la esquina de Sociedad, nombre originado porque allí se reunía la Sociedad Patriótica que encabezó . una caminata al principio la gesta independentista. Distaba de unos 5 minutos de la hoy plaza Bolívar, en aquel entonces plaza Mayor, centro político y eclesiástico de la ciudad. Hay posteriores noticias a las ya mencionadas que ratifican la escasa comodidad con la que operaba la sala. Todas coinciden en el lastimoso estado de la construcción, así como en el ánimo del público durante las representaciones, más propio de una fiesta carnavalesca que de un salón de espectáculos teatrales. Estas relaciones descriptivas contribuyeron a la subestimación, cuando no a la exclusión, del escenario en la historia de las artes escénicas nacionales. No contamos con un boceto o plano del lugar. Para hacernos una memoria o idea aproximada de su apariencia y funcionamiento, seguiremos con otras relaciones transmitidas por testigos presenciales en diferentes momentos. Nos extenderemos en las citas, limitando en lo posible el acompañarlas con explicaciones, pues su tono y abundancia permiten ahorrarnos las interpretaciones. 22 El Segundo Coliseo de Caracas (1819-51) 23 El Segundo Coliseo de Caracas (1819-51) Siguiendo con la lectura de la nota de prensa citada páginas atrás que describe con detalle la dinámica y el interior de la sala, se nos hace evidente que el sobrevenido productor Blanco atendió muy poco los reclamos para confortar al público. Pasemos al edificio. Desde la puerta principal el desorden, se diría que es la entrada de un laberinto. Gentío inmenso, apretura, gritos, culatazos, riñas, confusión... Allí se impropera al magistrado como al carnicero, al hombre pacífico como al díscolo: la joven inocente oye los sarcasmos del libertinage, y el padre de familia oye la humillación de su hija. Causa verguenza saber que todo esto dimana del escrúpulo de los recaudadores de la entrada, quienes forzarían a todo el pueblo a permanecer en la penosisima situacion de aguardar, ahogandose, dos horas mas, mientras se examina mil veces si la moneda tiene cobre, si no es de cordon, si le falta un pedazo, por el uso, ó si no admite premio; y como no se puede pasar sino desfilando, claro esta que esta operación durará hasta despues de concluida la comedia (...) no puedo creer se permite el cobro de tres reales, cuando los gastos han sido insignificantes, cuando la representación si exceptuamos las loas patrióticas, no vale nada, cuando el pueblo experimenta tantas privaciones... (... ) Despues de entrar descompuesto, contuso, disgustado, se encuentra el espectador en una area sin figura y en donde la confusión se aumenta con la falta de policia para los asientos del patio; sin seguridad en los chiribitiles, que hacen de palcos, sofocados por las exalaciones hetereogénas, casi narcotizado por la humareda de los cigarros, y 24 El Segundo Coliseo de Caracas (1819-51) aturdido por la algazara, que rara vez calla. Se alza el telón y aparecen unos autores que aunque mucho lo deseasen no pueden merecer este título. ¿Endonde estan los trajes convenientes, el acénto, y el aire de cuerpo teatral; en donde la personificacion, el gusto y la mensura; endonde al fin las suabes inflexiones del canto, el interes y la declamacion? No hay que contar con decoraciones, pues su monotonia, y la ninguna ilustracion que producen, bastan á desterrarlas. La fuerte y fastidiosa apuntacion hace inútil este encargo; mas valdría, para esto, recitar los papeles de memoria pues el placer se pierde al oir el desagradable sonsonete de las repeticiones. Proviene todo de no haber un director, ¿y si no lo hay porque se continua la representacion?13 La segunda descripción la hace el viajero norteamericano William Duane, en 1823. Tiene un valor especial, pues además de dejar constancia de los detalles espaciales, se explaya en el comportamiento del público y el desarrollo de la función, incluyendo pormenores de la actuación, la escenografía y el vestuario. Por sentir cierta curiosidad en ver el teatro que Humboldt14 describe tan satisfactoriamente, resolví ir solo, después de pagar un real por la entrada; al decírseme que el patio era un sitio a la intemperie, preferí subir las escaleras, y me encontré en un 13 14 Ibidem, p. 4 Duane confunde este teatro con el coliseo del Conde descrito por Humboldt en su Viaje a las regiones equinocciales del Nuevo Mundo, texto que obviamente debió servirle de guía al llegar a estas tierras. 25 El Segundo Coliseo de Caracas (1819-51) palco, cuya puerta me fue abierta cortesmente. Mi localidad correspondía a una fila transversal, paralela al escenario y situada enfrente de éste. Otros palcos en serie, que rebosaban de público, especialmente de damas, ocupaban ambos lados del paralelógramo; el piso bajo, es decir, el suelo puro y simple, servía de patio, y en cuanto a la techumbre, sólo se contaha con la serena, azul y estrellada bóveda celeste. El proscenio tendría unos veinticuatro o veinticinco pies de ancho, flanqueado por 10 que los actores llaman bambalinas, que formaban los dos lados de un cuadrado. El telón, cuya caída indicaba los diversos actos, representaba una especie de cuadro pastoral, semejante a los que hace un siglo eran de rigor en .las obras de ficción de los escritores sentimentales; y cuando era alzado, mostraba aquellos bastidores oblícuos que suelen verse en, los teatros ambulantes de cómicos de la legua, con árboles o columnas pintarrajeados al relieve sobre cartón. Las escenas del telón de fondo, disminuidas para conformarlas a las leyes de perspectiva del escenario, se cambiaban de acuerdo con las exigencias de la obra, representando ya un campamento, la cámara de un palacio, una selva o bien un naufragio, todo lo cual iba apareciendo en progresión dramática. Todos los defectos que haya podido tener la pieza son atribuibles a España, de donde proviene esta especie de drama, formado por no sé cuantos actos; la verdad es que la función comenzó a eso de las seis, y cuando me marché a las doce, todavía no había terminado. Mis adelantos en el idioma del país sólo me permitieron percibir una parte del diálogo y del tema, pero 26 El Segundo Coliseo de Caracas (1819-51) pude darme cuenta de que se trataba de una obra con argumento, cuyos dramatis personae eran un Aquiles de faldellín, además de Patroclo, Héctor y otros griegos y troyanos; entre ellos aparecían también Andrómaca y Briseida, y por último -sin que por ello su papel fuera menos importante- una figura que siempre interviene en los dramas hispanos: un bufón, una especie de Scapin, quien se encargaba de convertir en serias las escenas hilarantes, y en risibles las trágicas. Por ejemplo, durante el espantoso conflicto armado que, según creo recordar, se produjo entre Héctor y uno de los griegos, este bufón ibero demostraba, con sus manos extendidas, ojos aterrorizados y acción trémula, todas las contorsiones que expresaban el temor clownesco; (…) el asustado payaso exclamaba: "Jesucristo"! Huelga hacer ver el anacronismo; pero había otras contradicciones, como cuando el "aireado mar" del telón de fondo, calmo al principio como el lago de Valencia, se veía súbitamente agitado, y aparecía un navío de velas cuadradas en el que naufragaba alguna principal heroína, a quien el Scapin, con solemne gravedad, se apresuraba a prestar ayuda, mientras el intrépido Menelao, o quien fuese, permanecía inmóvil en la playa, admirando las rosas que adornaban sus sandalias. Sin embargo, el bufón era bastante divertido; y sus visajes eran preferibles a la calidad de sus chistes, a pesar de estar tan fuera de lugar y tan inoportunos. Aunque su imitación de la realidad era ciertamente abominable, en un drama más adecuado habría obtenido cuando menos tantos aplausos como los que recibió, a lo que no hubiera podido aspirar para sí Héctor o Andrómaca. Después de todo, los 27 El Segundo Coliseo de Caracas (1819-51) defectos que haya podido tener la pieza son atribuibles a España, de donde proviene esta especie de drama, formado por no sé cuantos actos; la verdad es que la función comenzó a eso de las seis, y cuando me marché a las doce, todavía no había terminado. Al poco tiempo de haberme sentado, entró el general Soublette y ocupó el mismo banco, Me hizo varias preguntas acerca del juicio que me merecía el drama, le contesté con toda franqueza y él estuvo de acuerdo con mi opinión. Vestía como un ciudadano corriente, y se presentó sin guardia ni ayudantes, en su condición de magistrado republicano; me fue grato verle y tuve oportunidad de observar, en la manera risueña y cordial con que se dirigía a personas de diferentes categorías, lo adecuadamente que cumplía sus funciones. El teatro mostraba un orden perfecto, aunque todas las localidades estaban llenas; la alegría y el buen humor desbordaban de los palcos; y en los entreactos, tal como ocurre en otras partes, se charlaba en tono ciertamente no muy bajo, algo más fuerte que un cuchicheo y sin embargo bastante agradable, con los amigos que se encontraban en los palcos adyacentes. Tanto aquí como en España dichos palcos son de propiedad privada -como los reclinatorios de nuestras iglesias- y el dueño, al entregar la llave, transfiere el derecho de entrada. 15 15 William Duane. Viaje a la Gran Colombia en los años 1822 y 1823. Instituto Nacional de Hipódromos Caracas, 1968 , p. 94-95 28 El Segundo Coliseo de Caracas (1819-51) Richard Bache, yerno y acompañante de Duane, complementa los pormenores ya señalados por este, apuntando que los palcos estaban divididos por “tabiques de cañas entretejidas” y que en el telón de boca se veían “santos y ángeles”, a la vez que comenta que la pieza, “pésimamente representada” se basaba en un pasaje de la Eneida16 . En otra mención que hace en su libro de viajes, Bache aporta la cantidad aproximada de espectadores que podía contener la sala estimándola en unos ochocientos: Los días de fiesta se abren las puertas de un teatro con capacidad para ochocientos espectadores aproximadamente, y que se llena de bote en bote, a pesar de la baja calidad de la representación. El antiguo, destruido por el terremoto, era de amplitud suficiente para contener alrededor de mil quinientos a mil ochocientos espectadores. En el teatro actual, cuya construcción es provisional, los palcos aparecen separados unos de otros en la manera usual; las familias que concurren a ellos están obligadas a traer consigo sillas u otros asientos, de los que carece el edificio. El patio no tiene techo y el piso es la tierra monda y lironda. Se cobran veinticinco centavos por la entrada, y la policía del espectáculo consiste en seis o siete soldados, al mando de un oficial, apostados cerca del local y armados de arcabuces. La declamación de los actores es pomposa y afectada, y su gesticulación maquinal, totalmente desprovistos de gracia o naturalidad. Durante la función, un bufón se apodera 16 Richard Bache. La República de Colombia en los años 1822 y 1823. Instituto Nacional de Hipódromos, Caracas, 1982, p. 61-62. 29 El Segundo Coliseo de Caracas (1819-51) prácticamente del escenario, procurando convertirse en el centro de la atención general mediante zafias muecas y chocarrerías, y la asombrosa cantidad de pliegues que le va dando a su chambergo. 17 El éxito fue de taquilla y de reconocimiento social; el encuentro con Soublette, quien era el vicepresidente del departamento de Venezuela de la República de Colombia creada luego de la Independencia, durante la bufonesca función que describe Duane, es prueba del interés de la clase gobernante por los espectáculos que se exhibieron. En 1828, el edificio es sometido a una importante reforma, mejorándose la construcción. Las modificaciones fueron financiadas parcialmente con el dinero obtenido de antemano por el remate público de los palcos que le fueron anexados. La iniciativa se debió a José María Ponce y Ambrosio Cardozo, nuevos empresarios del lugar. Este cambio ratifica la proyección del espacio como negocio lucrativo durante sus primeros años, a la par que demuestra el interés de los nuevos productores por atender las críticas de la sociedad caraqueña solicitando una sala más decente y cómoda. Pardo y pobre de nacimiento, José María Ponce (?1852)18 era parte de un sector social que, habiendo 17 18 Ibidem pp. 96-97 Venezuela, registros parroquiales y diocesanos, 1577-1995," database with images, FamilySearch (https://familysearch.org/ark:/61903/1:1:QGLD-74G1 Con acceso el 13-3-2018 30 El Segundo Coliseo de Caracas (1819-51) participado en la Guerra de Independencia 19 a favor del bando patriota, no corrió con suerte en los asuntos económicos luego de la victoria lograda en Carabobo. . En la búsqueda de ascenso social, debió hacer valer sus haberes militares para abrirse paso en la nueva República. Lo anterior se advierte en un documento fechado en 1821, en el cual Ponce se dirige a Carlos Soublette recordando sus méritos patrióticos como veterano de la contienda y solicitando la plaza de inspector de rentas del tabaco debido a que se encontraba en una “situación bastante penosa” y “destituido de recursos para sostenerse” 20. Se explica entonces, como pocos años después emprendió la tarea de relanzar el teatro entendiéndolo como una buena oportunidad de acomodo económico, sin que esto significara necesariamente un gran conocimiento ni afición por el arte. 21 Ambrosio Cardozo (1771 -1859) , también pardo, quien aparece como peón y carpintero en los registros del Archivo Municipal de Caracas 22 , propietario del terreno 19 Archivo del Libertador. Documento 1466. Extracto de la secretaría del Libertador relativo al ascenso de José María Ponce el 5 de mayo de 1816 : “En el Puerto de ]uan Griego, a 5 de mayo de 1816 135. Con esta fecha se ascendió a Sargento Mayor del Batallón Girardot al Teniente de Ejército ciudadano José María Ponce. Se le libró el despacho.” De un microfilme existente en la Fundación John Boulton, de Caracas, Sección Venezolana del Archivo de la Gran Colombia, Serie E, XVII-4-69. 20 Archivo General de la Nación de Colombia, Sección República, Peticiones y Solicitudes, Solicitudes dirigidas a la Vicepresidencia de Venezuela y al Supremo Poder Ejecutivo de Colombia, Agrupación, [Solicitudes de Venezuelao(continuación)]–PETICIONES-SOLICIT:SR.75,17,D.2,1821, http://consulta.archivogeneral.gov.co/ConsultaWeb/imagenes.jspid=3838240&idNodo Imagen=3838305&ini=1&total=100. Con acceso el 5-4-2018. No fueron hallados datos del resultado de la gestión. En 1817, el general en jefe Carlos Manuel Piar le otorgó a Ponce el mando de un batallón con el grado de teniente coronel, luego de la rotunda victoria patriota en la batalla de san Felix. 21 Venezuela, registros parroquiales y diocesanos, 1577-1995," database con imágenes, FamilySearch (https://familysearch.org/ark:/61903/1:1: QGLD-4TS5. Con acceso el 13-3-2018 22 AHMC. Archivos Capitulares, 1820, folios 44 y 47. El Segundo Coliseo de Caracas (1819-51) donde se levantó el Coliseo en 1819 y quien residía en la casa adyacente, probablemente fue asociado en la idea por Ponce, tomando en cuenta la experiencia que ya tenía en armar los templetes para las grandes festividades de la ciudad, como también por haber contribuido con las representaciones durante la etapa del funcionamiento inicial. Una prueba de que colaboró con el adelantado Blanco es que, en el año de 1821, Francisco García y Miguel Carrasquel solicitaron al Ayuntamiento que “concluida que fuera la representacion de comedias” que se permitieron al ciudadano Ambrosio Cardozo, ningunos otros más que ellos "pudieran dar al público diversiones teatrales”. La petición fue negada argumentando que ello dependía no de contrato alguno con el cabildo, sino de la autorización "otorgada por el gobernador político” 23. Las reformas proyectadas por el duo de emprendedores fueron aplicadas durante el transcurso de 1828, como se infiere de lo publicado en la Gaceta de Gobierno en octubre de ese año. Veamos: Los empresarios del teatro trabajando incesantemente en el edificio en que el público caraqueño pasará algunos ratos de placer, invitan á los amigos de esta clase de establecimientos á que concurran por su parte al logro de él. (…) El local proporciona palcos en el primero y segundo órden, y se desea que los aficionados, tanto por cooperar á la pronta conclusión de él, como por la ventaja que les resultará de tomarlos por trimestres o semestres, ocurran á los que suscriben para hacer los 23 AHMC. Libro de Actas. 1821, 18 de octubre, folio 53. Las autoridades del Ayuntamiento evadían ladinamente la petición, pues ya antes habían intervenido imponiendo condiciones poco después de la apertura. 32 El Segundo Coliseo de Caracas (1819-51) respectivos arreglos, asegurando que obtendran una grande diferencia en el precio los que adelanten algunas sumas. José Maria Ponse-Antonio Cardozo 24 Para lograr su objetivo acudieron al sistema de abonos, ofreciendo por la prensa la exclusividad de los palcos que se construían para hacer posible la culminación de la refacción. Esta forma de mecenazgo cultural no era extraña en la ciudad. La contribución o patronazgo de los sectores ilustrados y/o dominantes de la sociedad caraqueña en la naciente república, seguía el ejemplo de los grandes salones en Europa que se empleó en el primer coliseo del Conde, en el cual los palcos se remataban públicamente para uso exclusivo de las familias o ciudadanos pudientes. Apelando al mecenazgo público, los empresarios buscaban cumplir dos objetivos: a.-Obtener la inversión para la reconstrucción proyectada con el apoyo del sector privilegiado de la ciudad, y; b.- Garantizar con la publicidad adelantada durante los meses de paralización, la asistencia de público en las futuras temporadas. No se han encontrado suficientes evidencias que nos permitan detallar cuáles fueron las reformas y cuánto la totalidad de lo invertido, solo podemos deducir por las informaciónes publicadas la adición de nuevos palcos y, posiblemente, la inclusión del techo del patio. 24 “Aviso”. Gaceta de Gobierno (Caracas), 18 de octubre de 1828. Pag. 4. 33 El Segundo Coliseo de Caracas (1819-51) El decreto de Bolívar y la Compañía de Cómicos Para el relanzamiento, los empresarios tramitaron un decreto del Libertador que, establecido en Bogotá, ejercía la presidencia de la República. Aunque es indudable el interés y la comprensión que debió tener Bolívar sobre la necesidad de promover las gestiones culturales y educativas, se equivocan quienes le atribuyen la iniciativa del edicto teatral. Transcribimos a continuación el decreto, agregando luego algunos alcances que profundizan su verdadera significación. CONSIDERANDO 1.-Que la construcción de casas de coliseo contribuyen al ornato de las ciudades. 2.-Y que aquellos establecimientos bien dirigidos influyen en las reformas de las costumbres, pues pueden darse en ellos sanas lecciones de moral, teniendo presente la solicitud que por conducto del Jefe Superior Civil y Militar de Venezuela, me ha dirigido José María Ponce y Ambrosio Cardozo, reducida a pedir algunos privilegios para llevar a efecto la obra de un coliseo en la ciudad de Caracas. Decreto Artículo Primero. Se concede a José María Ponce y Ambrosio Cardozo el permiso que solicitan para formar un teatro en Caracas, en el mismo sitio en que en los años anteriores se han representado personalmente algunas piezas dramáticas. Artículo Segundo. Los empresarios de esta obra gozarán de un privilegio exclusivo para dar al 34 El Segundo Coliseo de Caracas (1819-51) público esta clase de diversiones por el término de Quince años que se contarán desde el día en que se abra el coliseo. Artículo Tercero.- Se concede también a los mismos empresarios la gracia de que no paguen en los dos primeros años derechos ni contribución alguna para las representaciones que dieren al público; pero pasados dichos dos años contribuirán en cada uno de los posteriores para los hospitales de caridad con el producto íntegro de una diversión. El Ministro Secretario de Estado en el Departamento del Interior queda encargado de la ejecución de este decreto. Dado en Bogotá, 13 de Noviembre de 1828. Simón Bolívar. 25 Lo primero a destacar, tal como claramente se indica en el texto del decreto, es que la solicitud para “formar” un teatro es presentada por José María Ponce y Ambrosio Cardozo “por conducto del Jefe Superior Civil y Militar de Venezuela”, a la sazón José Antonio Páez. No fue, como se ha sostenido, una intención particular de Bolívar. Difícilmente podía El Libertador ocuparse especialmente de la construcción de un teatro estando a miles de kilómetros de distancia, mientras desmantelaba los entresijos de una peligrosa conspiración que menos de dos meses antes, la noche del 25 de septiembre del mismo año para ser 25 AGN. Provincia de Caracas, 1836, tomo 14. N. 105. Teatro. Privilegio de esta capital en labor de José María Ponce. De este documento existen otras copias de la época en el AGN y el AHMC. 35 El Segundo Coliseo de Caracas (1819-51) exactos, casi termina con su vida; claramente atendió una solicitud presentada por el subalterno inmediato que para ese momento ostentaba el máximo cargo político en Venezuela. Sobre el caso, es necesario hacerse la siguiente pregunta, ¿por qué solicitar un decreto para refaccionar una edificación que ya existía desde hace casi una década o, como se precisa en el artículo primero, “formar un teatro en el mismo sitio en que en los años anteriores se han representado personalmente algunas comedias dramáticas”? El permiso o, mejor dicho, el privilegio otorgó a los empresarios dos importantes ventajas que les facilitaban el éxito comercial del proyecto: 1.-La exclusividad de las representaciones teatrales en la ciudad, con lo cual el Coliseo logró la prerrogativa legal del monopolio de esta actividad artística, librándose de competidores futuros durante 15 años. 2.-La exención de la contribución obligatoria que solía establecer el Ayuntamiento, de manera total durante el primer bienio y los siguientes 13 años a cambio del producto o las ganancias por las entradas vendidas de una "diversión" - o función - anual a beneficio de los hospitales. Para los solicitantes del decreto, que ya regentaban el lugar un tiempo antes de ser emitido, según se entiende en en el segundo apartado cuando expresa “en que en los años anteriores se han representado personalmente algunas piezas dramáticas”, la gestión fue una jugada con la cual buscaban blindar su inversión. Para el relanzamiento, establecieron un contrato con el actor y director cubano José Ferrer, que había llegado a Caracas desde el exterior en compañía de su paisana la actriz Cecilia Baranis, a fin de que se encargara de liderizar la marcha artística del teatro con la constitución de una 36 El Segundo Coliseo de Caracas (1819-51) compañía. El convenio, firmado en mayo del mismo año, estableció condiciones bastante precisas sobre las obligaciones de las partes signatarias, así como el tercio de las ganancias para cada uno de los socios de la utilidad producida por las funciones, una vez se dedujeran los gastos causados. Gracias a este documento sabemos aproximadamente las dimensiones del edificio, ya que específica el tamaño del solar donde se construyó: 18 varas y tercio de frente por 65 de fondo, lo que equivale a 15,30 por 54 metros 26 . El contrato establecía en la tercera cláusula para el carpintero Cardozo, quien también era vecino y propietario del terreno, la obligación de construir el teatro de una manera Firme y Duradera, todo techado con un orden de Palcos y otro de Palquetes asientos de patio, decoraciones, y Demas que diga relacion con el establecimiento en Si, Como lo respectivo de manufactura carpinteria y albañilería.27 Según otra cláusula, Ferrer se encargaría íntegramente de la marcha de la empresa en sus aspectos artísticos. …el Señor Ferrer se constituye á trabajar en la empresa encargandose de executar el papel pral, dirigir las piesas correr con todo aquello q sea anexo a la Compañia de Comicos, y al cumplimiento delas funciones, q queden bien ejecutadas y á satisfaccion del público: elegir las piesas que debran ejecutarse á saver tragedias, comedia, saynetes: Dar visados 26 27 1 vara española = 0,8359 mts. AGN. Escribanías, 1828, 1188-B. Folio 11. 37 El Segundo Coliseo de Caracas (1819-51) pasadas las campanas28, enseñar los comicos, hacer los anuncios, dar los voletines y finalmente hacer todo cuando este desuparte para que las funciones queden con aquel lucimiento que exige la empresa; y los antedichos Cardozo y Ponce se obligan a entregar al Señor Ferrer P. Recompensa, la tercera parte del producto liquido de cada diversion, deducidos los gastos.29 Al año siguiente, el carpintero Cardozo cede su participación a Ponce por no haber correspondido al esfuerzo financiero al que estaba obligado, desapareciendo ese año de los registros hemerográficos relacionados con el teatro. Citamos in extenso seguidamente el documento por el cual Ponce pasó a ser dueño de la totalidad del recinto, incluyendo el derecho a comprar el terreno donde fue levantado: En la Ciudad de caracas a seis de Agosto de mil ochocientos veinte y nueve, antemi el Escribano y testigos comparecieron los Señores Ambrosio Cardozo y Rita Plaza marido y muger legitimos de este vecindario, á quienes doy fe que conozco y Dijeron que habiendo el primero de los comparecientes entrado en la empresa de formar un Coliseo en esta capital en union del Señor Jose Maria Ponce de este propio vecindario, celebraron una contrata el dia veinte de Mayo de mil ochocientos veinte y ocho en la cual entre otras cosas estipularon que los gastos de la obra/fuesen de por mitad; pero como el otorgante se encontró sin dinero desde el 28 29 Es decir, dejar entrar a los espectadores una vez se anunciara con tres toques de campana intercalados el comienzo de la función. Ibidem. 38 El Segundo Coliseo de Caracas (1819-51) principio, para este efecto suplicó al compañero los cumpliese todos, con la reserva de pagarle al compareciente los que le corresponían, mas no habiendole sido posible por sus atrasos y falta de medios, de su libre y espontanea voluntad y por convenir asi á su propia tranquilidad, bien de su familia y á sus derechos, viene a declarar, como por este instrumento declara: Primero: que nada ha impendido, ni ganado en la fabrica del coliseo por la causa espuesta, y que por consiguiente ninguna parte tiene, ni accion en/el valor de cuanto contienen el coliseo espresado. Segundo: que tampoco tiene/derecho al privilegio concedido por el Supremo Gobierno á los empresarios por el Decreto del Excelentisimo Señor Libertador, librado en trece de Noviembre del mismo año de veinte y ocho, por que ningun gasto ha hecho el esponente de su bolsillo, ni de sus bienes, y por tanto, no se concidera con accion para gozar de dicho privilegio. Tercero: declara tambien que no habiendo adquirido el otorgante ningun derecho á la empresa, ni á su privilegio, por no haber hecho ningun gasto, como era/de su deber, segun la contrata precitada, toda la obra que ecsista en el coliseo, sus adherentes y utencilios, es todo de la exclusiva propiedad y pertenencia del Señor Jose Maria Ponce. Cuarto: declaran igualmente ambos comparecientes con la misma solemnidad, que el solar donde se halla la fabrica de dicho Coliseo es de la propiedad de estos, pero prometen , y se obligan desde ahora en debida forma á venderle dicho solar al citado 39 El Segundo Coliseo de Caracas (1819-51) Señor Ponce, con inclusion delas paredes que/miran acia la calle, que tambien son de los comparecientes dentro del termino de un año contado desde esta fecha , trascurrido el cual, quedarán los esponente en plena y absoluta libertad para disponer libremente á su arbitrio del indicado solar y su fabrica, los que se comprometen formalmente á dicha venta por la suma de ochocientos pesos, sin poder aumentarla en ningun tiempo, ni con motivo, ni pretesto alguno, pudiendo en este concepto hacer el señor Ponce desde ahora la fabrica que le convenga en dicho solar, la cual le pertenecerá simpre esclusivamente; pero mientras no tenga efecto la venta indicada ganará el solar para los comparecientes veinte reales de alquiler en cada funcion que se haga en el Coliseo; pero si por cualquier motivo, sea el que fuese, se suspendieren , ó dejaren de hacer funciones en el Coliseo, á menos que sea durante el tiempo cuadragesimal, entonces convendrán mutuamente los esponentes con el Señor Ponce sobre la cuota que deba satisfacerle en razon de alquileres por el tiempo en que dejen de hacerse dichas funciones. Quinto: últimamente declara el Señor Cardozo que por todo lo espuesto, la contrata celebrada con el Señor Ponce para la empresa en veinte del citado Mayo, queda desde luego nula en todas sus partes, sin ningun valor, ni efecto, y tal como si no la hubiera celebrado, exigiendome, le anote asi á su margen para la debida constancia, á fin de que no valga, ni haga fe extra, ni judicialmente, comprometiendose además los comparecientes á recibir por ahora las aguas del Coliseo, hasta tanto 40 El Segundo Coliseo de Caracas (1819-51) se aclare un litis que hay pendiente sobre el caso con la casa vecina por donde deben ir y corren, y si los amos de dicha casa no quedaran corrientes, en tal/ caso el Señor Ponce deberá recogerlas acia la parte del Coliseo, ó por donde mejor le convengan, sin causar perjuicio en ello á los esponentes, ni á ningun otro vecino. Todo lo cual declaran en la mas solemne forma, ofreciendo cumplir exactamente lo aqui estipulado, acerca dela venta del solar y recepcion de las aguas, segun queda espuesto. Y estando tambien el prenarrado Señor Jose Maria ponce, de cuyo conocimiento doy igualmente fe, enterado del contenido de esta escritura dijo: que la acepta en debida forma , y esta conforme con su tenor en todas sus partes, comprometiendose todos tres comparecientes á su firmeza y cumplimiento con la generalidad de sus bienes presentes y futuros, dando poder á las Autoridades competentes para que a ello les compelan y apremien por todo rigor legal y via efectiva, sobre que renuncian cuantas leyes, fueros y derechos sean en su favor y la/que prohibe el que el general puedan ser renunciadas.30 El anterior documento enmienda el error de varios cronistas que atribuyen a Cardozo la construcción de un teatro en su casa en 183131 ; como ya vimos, quedó totalmente fuera de la empresa teatral en 1829 cuando ya el Coliseo funcionaba regularmente, según lo refrendan algunos avisos y notas 30 31 AGN. Escribanías C, 1829. Folios vuelto 157 y 158. La grafía original ha sido ligeramente actualizada para facilitar su comprensión. En este error incurren Arístides Rojas, Manuel Landaeta Rosales y Juan José Churión, entre otros. 41 El Segundo Coliseo de Caracas (1819-51) críticas publicadas en prensa que comprueban la realización de las temporadas y algunas dificultades financieras durante el reinicio. El sistema de abonos al parecer no fue del todo exitoso; transcurridos varios meses desde las mejoras, en un anuncio, se deja ver que quedaban palcos por alquilar, lo que obligó a bajar el precio de las entradas. Veamos: El empresario de este establecimiento tiene el honor de anunciar al respetable publico, que deseando conciliar la diversión del coliseo con el menos gravámen de los concurrentes a los espectáculos dramáticos ofrece por ahora, que desde el próximo domingo 23 del corriente, por la entrada general al teatro y por los asientos solo se pagarán tres reales por cada persona, quince reales por el alquiler de un palco, y doce reales por cada función para los que quieran tomar palcos por temporadas, abonando anticipadamente su importe.32 También el aviso, a diferencia de otros un año antes, solo menciona al “empresario de este establecimiento”, omitiendo el plural que incluía a Cardozo. Del régimen de trabajo artístico en el Coliseo tenemos noticias gracias a un contrato de 1824, entre José Inés Blanco y el actor José de la Rosa Villalobos, que reproducimos a continuación en su casi totalidad. En la ciudad de Caracas a diez de Julio del año de mil ochocientos venticuatro: Ante mi (…) el señor Jose dela Rosa Villalobos de este vecindario mayor de venticinco a quien doy fe que conozco dijo que espontaneamente se 32 “Teatro”. Gaceta de Gobierno (Caracas) , 26 de agosto de 1829, pag. 4. 42 El Segundo Coliseo de Caracas (1819-51) compromete con el asentista del Coliseo Don Jose Ines Blanco tambien vecino a representar en él los papeles que a su arbitrio le encargue por el preciso termino de un año contado sin intermision desde primero de abril ultimo bajo los pactos penas y condiciones siguientes: Primero: que se le han de satisfacer cinco pesos en plata por cada funcion en que represente con deduccion de las anticipaciones que se le hagan en dinero, billetes o efectos según lo escoja. Segundo: que se le suministren los vestidos, adherentes y utiles necesarios en cada funcion con respecto al papel que vaya a representar, sin prejucio de llevar por su cuenta y riesgo lo que consiga en la calle para mayor comodidad y lucimiento Tercero: que los papeles se le hayan de entregar listos, enteros y correctos ocho dias antes de representarse sea cual fuere su volumen, a cuyo ensayo debera asistir diariamente dos oras y media aunque no concurran los demas comicos, desde las cuatro de la tarde los dias comunes y desde las seis y media de la mañana, los de funcion. Cuarto: que a las siete y media en punto de la noche defunción deberá estar en el coliceo espedito para salir al teatro, sea cual fuere el acto en que empiese su representacion . Quinto: que una grave enfermedad justificada por un documento de fisicos es el unico motivo que lo escime del desempeño de los papeles qe se le encarguen, y la concurrencia a los ensayos, 43 El Segundo Coliseo de Caracas (1819-51) aunqe a estos podra faltar alguna vez con previo permiso del asentista. Sesto: que las faltas a ensayos que no esten comprendidas en el anterior deberan imputarsele a dos reales que se descontaran el dia de la funcion, pero que pasando de tres en la semana, el descuento del esceso sera solo de doce reales. Setimo: que por las representaciones en que el publico lo silve, ode algun modo lo vitupere no se le satisfagan mas q veinte [ilegible) en el unico caso de que acontesca por no saber el papel, porque no responde de los defectos del ensayo. Octavo: que las dudas que ocurran, en razon del articulo anterior, y sobre si la befa del publico haya sido inventada de malquerientes quedan tenidas al juicio de personas que nombren y [ilegible] que estos elijan y los contratantes sujetos sin recurso a su resolucion. Noveno: que siempre que por enfermedad en los terminos prescrytos, no pudiere desempeñar algun papel algun dia de su estudio se leha de gratificar con tres p. [pesos]. Decimo: que siempre que se le encargue representar el papel correspondiente a algun comico ausente o enfermo se le han de pagar por el asentista: diez pesos si lo toma dos dias antes de la funcion, ocho si tres, o seis si dentro de cuatro o cinco, cuyas [fechas] decidiran los recibos que diere, y el asentista a quien tambien doy fe conocer enterado del literal [ilegible] dijo: que la acepta en todas sus partes y la cual esta exactamente arreglada a lo que tienen convenido 44 El Segundo Coliseo de Caracas (1819-51) espontaneamente y a la primera y [en] cumplimiento se obligan respectivamente ambos otorgantes con sus personas y bienes futuros.33 Otro contrato firmado por Ferrer y el grupo de actores de la Compañía de Cómicos constituida en 1828 formaliza, que tengamos noticia al día de hoy, la primera agrupación de teatro profesional venezolano. En la Ciudad de Caracas á veinte de Mayo de mil ochocientos veinte y ocho antemi el Escribano y testigos comparecieron por. una parte los Señores Jose María Ponce, Ambrosio Cardozo y Jose Ferrer, y por la otra los Señores Cecilia Baranis, Micaela y Felipa Pagola, Jose Maria Alcoyta, Francisco Dias, Jose Maria Guebara, Pedro Palacios y Jose María Borges, los dos primeros empresarios y todos los demas miembros de la Compañia de comicos de esta Ciudad á todos los cuales doy fe que conozco y los dos primeros dijeron que por cuanto han proyectado construir en Sociedad un Teatro estable y duradero, bajo los pactos y convenios que consideren necesarios, y comprometieron con la escritura anterior; y siendo una de sus condiciones el aseguramiento de las representaciones, para escritura formal que en todos tiempos obliguen á los comparecientes ál cumplimiento de sus respectivos deberes, por la presente otorgan haber celebrado contrata con Dicha Compañia bajo los convenios siguientes. 33 AGN. Escribanías, 1824. Tomo 1154-B, folios 76 (y reverso), 77. Grafía actualizada. 45 El Segundo Coliseo de Caracas (1819-51) Primeramente: Que Dicha compañia comica reconocerá por Director gral del teatro por lo q respecta a la representacion al Señor Jose Ferrer. Segunda: Q abonaran a la Señora Cecilia Baranis primera Dama ochenta pesos, á la Señora Micaela Pagola cincuenta y cinco P. Como Dama Segunda a la Señora Felipa Pagola, tercera dama y cantarina cuarenta á José Maria Alcoyta como galan primero y segundo cuarenta y cinco pesos, a Francisco Dias segundo y tercero cuarenta y cinco A Jose Maria Guevara Barba o grasioso cuarenta y cinco, A Pedro Palacios treinta y siete y al cantarin Jose Maria Borges veinte y cinco Pesos: en razon de sueldos detallados que onraran todos mensualmente por el termino de un año comenzado a correr desde el dia que se de la primera función. Tercera: Que siempre que el proyecto corresponda con los calculos de los otorgantes y sea felis su exito, en el año siguiente ó entrante aumentarán Dichos Sueldos, Segun y como fuese el huzo y convenio que pactasen al intento Cuarta: Que sera obligada la Compañia a dar cinco funciones cada mes atendiendo que la mayor parte de los meses trabajen cinco Domingos, y de no, hacer una rebaja proporcional en dichos sueldos, siendo las piesas cuatro de ellas nuevas y la otra repetida Quinto: Que siempre que la compañia quiera dar una o dos funciones mas en el mes, es de la obligacion de los empresarios abornarlas Por separado, graduandolas Por el sueldo que cada una onra. 46 El Segundo Coliseo de Caracas (1819-51) Impuestos los demas comparecientes de los cinco articulos anteriores, espusieron estar conformes con ellos por ser lo mismo que han conversado con los tres primeros otorgantes, por lo que se obligan y comprometen en la mas bastante forma que con derecho se requiera á cumplir estrictamente con lo que han estipulado; para evitar disgustos en lo venidero y que quede mas aclarado tanto de los empresarios al mismo tiempo que de los otorgantes, hacen las advertencias y aclaraciones Siguientes: Primera: Que siempre que por algun acontecimiento de llubia u otro motibo no puedan darse en el mes las cinco funciones q se exigen, seran obligados a reintegrarlas en el mes, ó meses entrantes. Segunda: Es de Su peculiar obligacion vestir los papeles segun el caracter de ellos, o como el Director lo disponga, a propia costa de los otorgantes. Tercera: Deben asistir a los ensayos a la hora que el Director designe, bajo la multa que se impone de dos pesos aplicables á los mismos empresarios. Cuarta: Estan obligados a recibir todo papel que el Director tenga a bien encargar, tanto en las tragedias y Comedias como en los sainetes, no habiendo para esto escusa alguna, pues que aquel Debe Dirigir las piezas y es el responsable á su lucimiento. Quinto: En los seis dias que se le conceden para el estudio de las tragedias o Comedias nuevas deben 47 El Segundo Coliseo de Caracas (1819-51) incluir los Sainetes y si por falta de aplicacion o estudio no lo Supiera el q le haya tocado: Sera multado con Seis pesos q quedarán á favor de los de la empresa. Sexto: Aunque queden francos en alguna piesa algunos de la compañia, no por eso Dejan de estar obligados a asistir a la hora asignada. Principíado el ensallo y la noche de la funcion Son del mismo modo comprometidos a presentarse al Director una hora despues de las oraciones vestidos y en ademan de salir a cualesquiera ocurrencia que pueda presentarse o de acompañamiento. Siendo multado el que falte a lo dicho con un peso aplicado como los antecedentes. Septimo: Si por algun acontecimiento se enfermase alguno despues de distribuido el papel, debera presentar justificación De un facultativo q asegure serle prohibida la representacion dicha; y prosiguiendo la dolencia ó enfermedad y no siendo adquirida por si mismo, en ese caso gozara de la mitad del Sueldo que le esta asignado como si fuese por su mal comportamiento, no tiene lugar á reclamo alguno. Octavo: los Sueldos asignados comenzarán a correr desde el dia de la primera función y Su pago Sera por quincenas y las multas en que hayan incurrido Se descontaran entonces. Nono: La contrata es duradera por el termino de un año que Se comenzará á contar desde el dia de la primera funcion como se ha dicho, pero desde esta fecha Son todos obligados y comprometidos a todo lo que viene relacionado. 48 El Segundo Coliseo de Caracas (1819-51) Decimo: No se comprende en el año contratado, el tiempo cuadragesimal, ni otros cualesquiera acontecimientos que puedan presentarse como incendio de teatro citio de plaza o suspensión por. el gobierno de las representaciones para las reuniones, u otras causas; en cuyos casos cesará el goce de los Sueldos que tienen detallados. En cuyos terminos, y condiciones quedan comprometidos Solamente los comparecientes bien incoado cada uno en los casos que le comprenden respectivamente, sin que á ninguno sea permitido alguna icnorancia, pues reflexionando la obligacion que contraen han entrado en el negocio De la libre y espontanea voluntad…34 Podemos notar la diferencia entre los dos contratos al cabo de cuatro años. El primero resulta más simple y elemental, no solo en las obligaciones acordadas entre las partes sino también por estar suscrito entre individualidades. El segundo contrato es mucho más completo, incluyendo apartados de mayor exigencia que especificaban el régimen y funcionamiento del equipo actoral, estando convenido por dos grupos; por una parte, como empresarios suscribieron Ponce, Cardozo y Ferrer; por la otra, firmaron los integrantes de la Compañía de Cómicos: José María Alcoyta, Francisco Días, Jose María Guevara, Pedro Palacios, José María Borges, Cecilia Baranis, Micaela y Felicia Pagola. Sobre la dinámica artística quedó convenido lo siguiente: 1.-El equipo actoral reconocía como director general de la 34 AGN. Escribanías, 1828. Tomo 1188-B. folio 12 y vuelto, 13. Grafía actualizada. 49 El Segundo Coliseo de Caracas (1819-51) compañía a José Ferrer. 2.-Los actores estaban obligados a representar los días domingos, cuatro obras “nuevas” al mes y una ya montada, lo cual hace un estimado de unas 47 funciones anuales, si restamos “el tiempo cuadragesimal”, lo que es decir cinco fines de semana de la Cuaresma. Aunque la cifra es relativamente baja, no fue poca cosa para una compañía que comenzaba, pues ascendía a cuatro estrenos por mes. 3.-Los integrantes de la compañía teatral proveerían de manera individual el vestuario del personaje que debían interpretar. Igualmente se obligaban a encarnar los personajes o roles que el director decidiera, fuesen de tragedias, comedias o sainetes. 4.-Los actores que estuvieran “francos”, es decir sin papeles asignados para la pieza que se representara, debían estar vestidos y listos en la sala para los ensayos “luego de las oraciones”, atendiendo a la liturgia de rezos de la iglesia católica que establece varias horas concretas al día para ello, en prevención de que sucediera alguna “ocurrencia”, como la falta de un integrante del elenco o algún cambio inesperado en la cartelera. Así mismo, toda la agrupación debía acudir a los ensayos cuando lo estipulara el director, so pena de multa en caso de incumplimiento. 5.-El elenco debía asistir a los ensayos a la hora que el director fijara, concediéndose seis días para el estudio de los roles encargados; comenzaban los ensayos el día lunes para estrenar el domingo siguiente. La celeridad de la memorización y la puesta en escena se explica porque empleaban un apuntador o persona oculta en el proscenio, encargada de sacar del apuro al actor o actriz dictando las líneas necesarias en caso de que la memoria le fallara en plena función. No obstante lo anterior, llama la atención la severidad del contrato cuando expresa sobre el estudio de la obra -y sus roles- por cada miembro del elenco que 50 El Segundo Coliseo de Caracas (1819-51) “ si por falta de aplicacion o estudio no lo Supiera el q le haya tocado: Sera multado con Seis pesos q quedarán á favor de los de la empresa.” Queda un margen de duda sobre el empleo del apuntador. Sostenemos que la creación de la Compañía de Cómicos es el punto de partida del teatro profesional en Venezuela, entendiendo este como el practicado por personas cuyo ejercicio intelectual y laboral prioritario es la realización escénica. Lo afirmamos también con base en la experticia que aportaron José Ferrer y Cecilia Baranis en lo que se refiere a la calidad de los montajes, como también por el disciplinado régimen que estipuló el contrato. La Compañía, además, amplió el repertorio teatral caraqueño, incluyendo piezas que, aunque versionadas o traducidas al castellano, fueron escritas originalmente por autores no ibéricos; tal fue el caso de los franceses Moliѐre y Voltaire 35. 35 “Teatro”. Gaceta de Gobierno (Caracas), 15 de agosto de 1829, número 204, p. 3 51 El Segundo Coliseo de Caracas (1819-51) Una provisionalidad que llegó hasta el final A pesar de otras intervenciones posteriores a las de 1828, no hubo modificaciones importantes en las características físicas del espacio ni en la falta de compostura durante las escenificaciones. Más de 10 años después, a pesar de ser muy concurrido, según una información crítica publicada seguía presentando la comentada precariedad inicial. … poco antes de la hora prefijada para levantar el telón, encontrábame yo buscando mi asiento a favor de la débil luz de un candil que desde el foro y a semejanza de sirio pascual, debería comunicar su llama a los opacos compañeros en el acto mismo de romper la orquesta. Dolores y estrujones tuve que sufrir para ocupar mi puesto penetrando por el estrecho espacio que entre banco y banco se dejara, y difícilmente me hubiera yo persuadido de que permanecía sentado, a no ser que retuviera en mis manos la papeleta que se me había dado para que ocupara un asiento.(…) En la peor de las posiciones en que puede imaginarse sentado una animal racional, me hallaba yo ocupado de ciertas reflexiones no favorables a la situación, disposición, aseo, capacidad y aspecto de nuestro excéntrico teatro, y menos favorables aún a la generalidad de nuestro público, por el punible descuido con que miran aquel desgraciado y exclusivo establecimiento, cuando me llamaron al orden fuertes golpes de bastón que en mi espalda descargaban: eran tres jóvenes (…) que por medio de golpes querían hacerse entender de los actores, pidiéndoles que 52 El Segundo Coliseo de Caracas (1819-51) elevaran el telón… (…) Fumábase en el patio y aún debajo de los primeros palcos delgados cigarrillos de la Habana y pestilentes tabacos de Guaruto36. Oi que algunos decían “ este teatro es incapaz para la población, es vergonzoso que lo tenga la capital, no son soportables los empellones luego que excede la concurrencia de quinientas personas. Es de absoluta necesidad otro teatro.37 Continúa el relator describiendo un pandemonium de función en la que más espectacular era el desorden y la espontaneidad estrepitosa del público que el escenario. Esta vez no se trata de un viajero que apunta su ocasional experiencia en el trópico, sino de un buen conocedor del arte histriónico, como se deduce por las menciones que hace en su narración de Aristóteles y las tres unidades dramáticas, así como de Metastacio, Cervantes, Voltaire, Molière y Moratín. Siguieron sin cesar las críticas por el mal estado de la instalación; los encargados reaccionaron con retoques de pintura y apliques ornamentales que apenas disimulaban el deterioro sin remediar los frecuentes señalamientos. En noviembre de 1843, próximo a vencer el privilegio concedido por Bolívar, Ponce intentó renovarlo sin éxito38, posiblemente debido las quejas generalizadas por el mal funcionamiento. Ante el reclamo ciudadano, se gestionaba 36 37 38 Se refiere a una localidad llamada Guaruto, situada en el estado Aragua, donde existían plantaciones de tabaco. “REMITIDO . Una noche de teatro”. Correo de Caracas (Caracas), 30 de abril 1839, pag. 3- 4 “Cronica Interior. Diputación de la Provincia de Caracas”. El Promotor (Caracas). 1943. vol 1, número 32. p. 286. 53 El Segundo Coliseo de Caracas (1819-51) oficialmente la construcción de otra edificación para los espectáculos, cónsona con una ciudad que comenzó a ser frecuentada por compañías actorales y operáticas extranjeras, así como por una importante variedad de atracciones tales como recitales sinfónicos, bailes, magos, cosmoramas, bailarines, etc. El lugar dejó de ser simplemente “el teatro de la ciudad”, a secas, pasando a ser llamado teatro Principal, compitiendo al menos de nombre con otros tablados que fueron inaugurados, el más frecuentado de ellos el llamado de la Unión o de Maderero, muy popular por presentar nacimientos vivientes. En 1851, el empresario vendió a Rafael Garmendia el establecimiento, el cual, según la escritura notariada de la transacción39, se hallaba “deteriorado”; el cierre fue definitivo. José María Ponce falleció el 1 de junio del año siguiente. 39 AGN, Escribanía, 1951. Tomo II, folios 275 y vuelto, 276. 54 El Segundo Coliseo de Caracas (1819-51) Primeras noticias sobre el repertorio Aunque tenemos pocas noticias de la cartelera en el segundo Coliseo durante los años iniciales, es deducible que, desde su apertura a finales de 1819 hasta mediados de 1821, cuando las autoridades españolas fueron desplazadas por los patriotas luego de la batalla de Carabobo, no hubo grandes novedades en comparación con los autores y temas montados en el primer coliseo (1784-1812). Si acaso, las escenificaciones se remozaron un tanto con la introducción de obras neoclásicas y autores ya popularizados en España, tales como Francisco Martínez de la Rosa con sus nuevos aportes estéticos o Ramón de la Cruz quien impuso el sainete, género de masiva atracción que evolucionaría décadas después en toda Latinoamérica tomando matices autóctonos. No obstante, el teatro como arte colectivo por excelencia, aun manteniendo la dependencia cultural de Europa, reflejó de manera evidente los cambios y contradicciones de esos años. Durante la confrontación bélica imperó un estricto control de las opiniones y, por supuesto, de la escena caraqueña, que velaba por la hegemonía de los valores monárquicos. La censura no cesó con el fin de la guerra, sino que permaneció vigilante de la normativa moral que, pese a la renovación política republicana, siguió sin aparentes transformaciones. Paulatinamente, se fueron deslizando algunas novedades escénicas con las cuales pudiéramos caracterizar el inicio de un teatro auténticamente venez.olano. Citar todas las piezas que hallamos y que fueron montadas en este escenario es tarea para un trabajo futuro, pero mencionaremos algunos títulos y sus respectivos autores para aproximarnos a la idea y amplitud del repertorio que gestó, caracterizó y alentó el resurgimiento escénico en los comienzos republicanos. En mayo de 1822, El Anglocolombiano, publicación 55 El Segundo Coliseo de Caracas (1819-51) bilingüe caraqueña a cargo del coronel Francis Hall, oficial inglés residente en Caracas que participó en la guerra a favor de los patriotas, informa de la representación en la sala de Otelo, el moro de Venezia, de William Shakespeare. En una nota entre cómica y compasiva, Hall comenta “no podemos dejar de sonreírnos al mirar al moro Otello con un casco de dragón”, dudando que “en las presentes circunstancias de escacez pueda juntarse una suma suficiente” para construir un teatro regular 40 . La primera noticia segura que tenemos de una obra venezolana en el segundo Coliseo data del 16 de diciembre de 1822. Se trata de El café en Venezuela, calificada en una breve nota de El Venezolano41 como “comedia nueva” que fue muy mal representada por los actores, siendo repudiada con “limones, manzanas verdes, naranjas y otros proyectiles.” El título nos remite a un tema nacional y presagia el advenimiento de una dramaturgia vernácula, con la manifiesta intención de abocarse a una escena de contradicciones que se apartarán de lo foráneo. 40 41 “Variedades”. El Anglocolombiano (Caracas) , num 4, 11 de mayo de 1822, Caracas. Pag. 2. “Coliseo”. El Venezolano (Caracas), n. 27, 16 de diciembre de 1822. Caracas. Pag. 3 56 El Segundo Coliseo de Caracas (1819-51) Virginia y la crítica al poder El estreno de Virginia. Tragedia en cinco actos de Domingo Navas Spínola (1784-1838), tuvo lugar el 5 de julio de 1824. Un folleto editado ese mismo , año nos refiere, Esta tragedia es original. El señor Navas Spínola no ha tenido a la vista para su composición más que la historia. Su regularidad, belleza de estilo, hermosa rima, y sobre todo sus sentimientos nobles y republicanos, la hacen recomendable. (...) La señorita Micaela Pagola, que desempeño el papel de Virginia, ha desplegado unos talentos nada comunes. Ella, sin más escuela que la de la naturaleza nos hace ver que Caracas bajo un sistema liberal y justo tomará en todos los objetos la primacía de América del Sur.42 Al contrario de lo sostenido en la anterior valoración, en cuanto a trama y personajes la Virginia de Spínola tiene muy poco de original. Su argumento tiene base en un episodio legendario contenido en la Historia de Roma desde su fundación del historiador Tito Livio, siendo una de las decenas de versiones dramáticas que se escribieron sobre el tema. No obstante, la pieza es importante para nuestra historiografía teatral, pues además de ser el primer texto dramático impreso en el país, sintonizó claramente con el panorama político en el que ya se perfilaban tímidamente los recelos contrarios al bolivarianismo. No es, como entienden algunos, una tragedia escrita en 42 Conmemoración del 5 de julio de 1811, Imp. de Espinal, Caracas, 1824. Citado por Pedro Grases en Domingo Navas Spínola, Impresor, Editor y Autor, UCAB , Caracas, 1978. Pag. 25 57 El Segundo Coliseo de Caracas (1819-51) alusión a la monarquía española que ya estaba de rrotada. La intención de Navas Spínola fue la de advertir sobre los peligros del autoritarismo en la recién creada nación, en un solapado alegato contra el poder de Bolívar, quien era el presidente de la República de Colombia (1819-30) -también llamada en los libros de historia como Gran Colombia- , nombre dado a las excolonias de Nueva Granada y Venezuela confederadas desde 1819 en el Congreso de Angostura, a las que posteriormente se unieron Quito, Guayaquil y Panamá. El autor se tomaría muy en serio la premisa política de esta tragedia cuando, en su carácter de primer alcalde de la ciudad de Caracas, se sumó menos de dos años después al episodio llamado “La Cosiata”, insubordinación separatista de José Antonio Paéz que fue favorecida por varios ayuntamientos. El intento se debilitó una vez que Bolívar se trasladó a Venezuela en 1827 para sofocar las disensiones. Es en ese contexto de enfrentamiento político latente por la contradicción Gran Colombia-separatismo que debemos situar el argumento de Virginia, en el cual el antagonista principal es un gobernante supremo que, de ser considerado benefactor de la república romana, pasó a convertirse en un tirano envanecido caracterizado por el arbitrio e irrespeto a la ley, aprovechando de modo oportunista su prestigio inicial: justo la acusación que fue alimentándose contra El Libertador durante años, desde que asumió como presidente de la nación hasta que renunció en abril de 1830, obligado por poderosas facciones que evolucionaron desde la murmuración hasta convertirse en partidos. Aunque la información sobre la reposición de la obra 43 publicada a propósito del cumpleaños de El Libertador el 28 de 43 “Caracas. Cumpleaños del Libertador” El Constitucional Caraqueño (Caracas), 1 de noviembre de 1824, número 7, p. 2 - 3 58 El Segundo Coliseo de Caracas (1819-51) octubre, 44 día de san Simón, se refiera profusamente en términos laudatorios al prócer, “poniendo en contraste las virtudes de Bolívar con la loca ambición de Iturbide”, este último autonombrado emperador de México después de su independencia, es muy clara la correspondencia del tema y el argumento con las aprehensiones antibolivarianas que existían desde el Congreso de Cúcuta en 1821, cuando fue promulgada la Constitución de la nueva república. En el prólogo de esta segunda función de Virginia publicado por la prensa, reconocemos las feroces críticas y calificativos a los que se asociaría de manera constante la figura del Libertador en numerosos panfletos y periódicos pocos años después. Vosotros, Colombianos, que aspirais a caminar por el sendero recto De la sana razón y la justicia, contemplad estos trágicos ejemplos: ellos la obra son del despotismo Que de las leyes usurpó el imperio: Ellos la obra son del temerario Que hollando de los hombres los derechos Y aquellas garantías sacrosantas Que para el bien social establecieron, Hombres bajos encuentra que lo apoyen, Si dice “yo lo mando, yo lo quiero.” No hay sociedad sin leyes; lo contrario Podrá decirlo un impostor un necio Que llamándose patria solicite Que todo el mundo le obedezca ciego. ¡Oh tu Libertador, guerrero digno De toda gratitud, todo respeto, 44 Se acostumbraba celebrar el cumpleaños el día del onomástico. 59 El Segundo Coliseo de Caracas (1819-51) Cuyo nombre este día celebramos; Tus sienes ceñirá laurel eterno, Si como conseguiste con la espada El yugo quebrantar del estranjero, Obtienes que las leyes inmutables, Fijen las garantías de estos pueblos. (S.N)45 En los subrayados, notamos que el mensaje político es explícito, invitando a Bolívar a tomar un camino opuesto al despotismo y cumplir las leyes por encima de las ambiciones personales. Pudiera objetarse en contra de este enfoque que en el momento prevalecían las loas y alabanzas al Libertador en vez de los señalamientos opuestos, tal como notamos en los panegíricos de la reseña, pero el teatro tiene la versatilidad de fabular las críticas y advertencias de un modo subtextual, encubriéndolas al mismo tiempo con las múltiples lecturas e interpretaciones que pueda hacer el público, como un veneno imperceptible en la copa de vino que ni la misma víctima percibe hasta que ya es demasiado tarde. 45 Ibidem, pag. 3. 60 El Segundo Coliseo de Caracas (1819-51) Otros autores venezolanos Además de las citadas piezas, que señalan el inicio de la dramaturgia nacional, sumaremos unas más que se representaron también en el Coliseo, cuya autoría es de otros escritores criollos pioneros que se animaron a ofrecer al público sus creaciones, copiando y, a la vez, compitiendo con Europa; algunos al editar mencionaron al escenario como lugar de estreno. En 1839, Pedro Pablo del Castillo publica El fanatismo 46 druida o la sacerdotisa , drama en verso de tres actos. La lista de suscriptores que financiaron la edición la leemos en las primeras páginas y la conforma una nutrida selección de la élite intelectual y política caraqueña, encabezada por José Antonio Páez. El nombre en la nómina de Andrés Juliá García, director durante esos años de la compañía del teatro, y los de sus familiares Teodora y Eduardo Juliá García en el elenco que se incluye en el texto, indican que fue representada en el Coliseo. Tres años después, del Castillo edita El 19 de abril o un verdadero patriota 47 drama dedicado a Páez y que, como reza en su portada, también fue representado "en el teatro de Caracas el día cuyo título lleva”. En 1840 está fechado El Drama patriótico 48 de José María Gámez, una breve composición poética teatral que fue representada EN ELOGIO Y RECUERDO DEL GLORIOSO DÍA 19 DE ABRIL DE 1810 Y DE LOS TRIUNFOS INMORTALES DEL PRIMER CAUDILLO DE LA LIBERTAD SUD-AMERICANA. 46 47 48 Pedro Pablo del Castillo. El fanatismo druida o la sacerdotisa. Imprenta de A. Damirón, Caracas, 1839. 93 p. Pedro Pablo del Castillo. El 19 de abril o un verdadero patriota. Imprenta de G. Corser, Caracas, 1842, 31 p. José M. Gámez. Drama patriótico, Imprenta de Manuel Marquis, Caracas, 1840. 24 p. 61 El Segundo Coliseo de Caracas (1819-51) Otro dramaturgo estrenado en el Coliseo fue el pardo Gerónimo Pompa, oficial veterano de la Guerra de Independencia, maestro masón, alcalde caraqueño y diputado. Ascendido a general hacia el final de su vida, alcanzó cierta notoriedad formando parte de la cúpula que forjó la República. Como publicaciones de su autoría, al popular y extravagante recetario llamado Medicamentos indígenas que aún se sigue imprimiendo en Latinoamérica, debemos sumarle artículos de prensa, algunos poemas, una traducción del francés y las obras dramáticas El libertino Arrepentido (1838), El amor casado o extravíos de los esposos en el matrimonio (1850) y Victoria o hallar la horma de su zapato (1854). Apartándose de la tendencia predominante que calcaba los argumentos y ambientes exóticos, tuvo el mérito de situar sus tres dramas en Venezuela, por lo cual es digno de ser señalado como un precursor importante en la búsqueda de una literatura de color local. Debemos mencionar a Heraclio Martín de la Guardia, (1829-1907), quien debutó en la sala con la obra Cosme Segundo de Medicis, el 9 de diciembre de 1849, comenzando a ganarse la reputación de ser uno de los dramaturgos venezolanos más exitosos del siglo XIX. La pieza fue un suceso importantísimo, pues se trató del primer gran éxito dramático nacional según las crónicas y registros hemerográficos. El mismo escritor, en la reedición de sus obras en 1905, comenta el hecho: escrita á los diez y ocho años para una compañía de hijos del país, que se hundía, fué tan aplaudida que se repitió, y, publicada luego, se agotó la edición, habiéndose representado en todas las ciudades y pueblos de Venezuela, y levantándose teatros en casas particulares y héchose actores muchos jóvenes. Aún hoy me sorprenden algunos ancianos, desconocidos para mí, recitando á mi paso versos de esa obra, que 62 El Segundo Coliseo de Caracas (1819-51) aprendieron entonces y no han olvidado. 49 Otras obras de La Guardia fueron Un capricho real, o venganza y fatalidad (1850); Don Pedro de Portugal (1851); Policarpa Salavarrieta (1851); Luisa de Lavalliere (1854); Guelfos y Gibelinos (1859); Don Fadrique, gran maestre de Santiago (1863); Parisina (1864); Honra y crimen por amor 50 (1867); Fabricar sobre arena (1873) y Luchas del progreso (1879). Tales ejemplos nos bastan para calificar al segundo Coliseo como el lugar donde nació la escena venezolana. Sobre sus tablas fue que se estrenaron los primeros dramaturgos venezolanos, con temas y personajes que exploraban con gran dificultad y a tientas un modelo dramático que se correspondiera con la nueva nación. Obras como El 19 de abril, o un verdadero patriota, Drama patriótico o la comedia Victoria o hallar la horma de su zapato, se apartaron de la inspiración extranjera para ambientarse en lo local. . Aunque no fueron más que el producto de una débil intuición en busca de nuestra idiosincracia, cuentan mucho para valorar el papel que jugó la sala para el inicio dramático criollo. 49 50 Heraclio Martín de La Guardia. Obras literarias, T III., Caracas, 1904. p. 5. Publicada en 1867 de forma anónima. 63 El Segundo Coliseo de Caracas (1819-51) La escena contra el oscurantismo Los nuevos tiempos luego de la victoria en Carabobo, trajeron una recomposición de los mecanismos ideológicos de la hegemonía. El clero, en su mayoría alineado con la monarquía durante la guerra acatando la orientación papal, debió ajustarse a las maneras de la clase política criolla. Los patriotas gobernantes continuaron siendo leales feligreses, pero debido a los cambios y la secularización que significó el establecimiento de la república, impusieron reglas que relajaron el control doctrinal ejercido por la religión. También la influencia abierta de la masonería, que privilegiaba la razón iluminista en contraposición al dogma católico, instituyó debates, valores y prácticas ciudadanas inéditas, rompiendo el predominio eclesial como un factor indiscutible que durante más de dos siglos y medio totalizó las posibilidades de expresión de los. caraqueños. Militares y políticos como José Antonio Páez, Santiago Mariño, Carlos Soublette, Pedro Gual, Juan Bautista Urbaneja, José María Vargas, Juan Bautista Arismendi y José Tadeo Monagas o intelectuales y artistas como Juan Lovera, José María Pelgrón, Rafael Isaza, Atanacio Bello y Francisco de Paula Avendaño, entre otras ilustres figuras de la época, hicieron parte de la membresía masónica 51. El teatro no se apartó de la influencia francmasónica transoceánica que colmó las excolonias recién liberadas; la 51 Américo Carnicelli. La masonería en la guerra de independencia. Secretos de la historia. Tomo II. Cooperativa de Artes Gráficas. Bogotá. 1970. pp. 429. El texto, con base en abundantes fuentes documentales originales, proporciona una extenso listado de los masones caraqueños, entre los que contamos al dramaturgo Gerónimo Pompa y los empresarios del Coliseo José María Ponce y Ambrosio Cardozo. También el actor y director cubano José Ferrer, era un adepto a la masonería; lo sabemos por los tres puntos en triángulo en su firma autógrafa, seña característica de quienes profesan esta doctrina. 64 El Segundo Coliseo de Caracas (1819-51) onda espiritual que irradiaron las logias, fue el alimento ético y filosófico que orientó la construcción de los nuevos estados y partidos. Es así como el 19 de abril de 1825, se conmemoró en Caracas la efeméride patria de la Declaración de la Independencia, cerrando la fiesta con una escenificación que aludía al oscurantismo religioso. De ello tenemos noticia cierta por la relación del evento que fue publicada en El Constitucional Caraqueño. Diose fin al convite a las nueve de la noche, y todos los asistentes con la música que los había alegrado se dirigieron al coliseo entre aclamaciones del más puro gozo. Con dificultad pudo penetrar a la escena esta parte adicional del concurso: los palcos, el patio, todo estaba ocupado sin dejar cabida para una persona más. Se represento esa noche, la comedia moderna titulada La virtud perseguida, la mas análoga á las circunstancias del dia, y tanto por la propiedad con que los actores desempeñaban su papel, como por lo interesante de las escenas el pueblo manifestaba su complacencia con palmoteos y otros signos de aprobación. En este enajenamiento se paso el dia, prolongado hasta la media noche... 52 El título completo del drama en cuestión, impreso en La Habana en 1822, es La virtud perseguida por la superstición y el fanatismo 53 , del actor y dramaturgo posiblemente español Juan López Estremera, cuyo tema trata la represión ejercida 52 53 “Fiesta patriotica del 19 de abril.” El Constitucional Caraqueño (Caracas), número 32, lunes 25 de abril de 1825, p. 3 Juan López Estremera. La virtud perseguida por la superstición y el fanatismo. Imprenta del Comercio de Antonio Valdéz, La Habana. 1822. Datos de la edición en El Curioso Americano, 15 de febrero de 1893, número 6, La Habana, p. 84. 65 El Segundo Coliseo de Caracas (1819-51) por la Inquisición, con una óptica que libraba a la masonería de las calumnias y anatemas del catolicismo. Su publicación en Cuba, que siguió siendo una colonia española hasta finales de siglo, fue posible gracias al llamado Trienio Liberal, breve periodo político que implicó una merma importante del poder real con un gobierno que suprimió la Inquisición y la censura, entre otras medidas que pretendían ampliar las libertades públicas y eliminar los privilegios de la iglesia, tales como el cobro del diezmo a la producción agrícola o al lucro de los fieles con el objeto de sufragar la manutención de los sacerdotes y las necesidades del culto. En 1823, culminaría esta avanzada política y Fernando VII reinstauraba plenamente el absolutismo, aplicando con dureza las prohibiciones antimasónicas o contrarias a las ideas progresistas. Aunque no pudimos dar con el texto, conocemos sus personajes y el desarrollo del argumento por la reseña crítica en el semanario El Centinela, con motivo de su estreno en la ciudad de Buenos Aires en 1823. Si este drama no refiere precisamente un hecho positivo, al menos su argumento es tan verosímil en el fondo, y se parece tanto en su iniquidad á los horrores que deben haberse repetido millones de veces, bajo diversas formas, en los tenebrosos anales de la Inquisición, que hace estremecer el alma, al contemplar el profundo abismo de males á que se halla expuesta la humanidad, bajo el doble yugo del despotismo y de la superstición ; y arrancaría, aún de un enemigo mortal de España, la súplica de que el cielo no permita jamas que el Santo oficio renazca de la hoguera á que lo ha condenado la justicia, la razón, y la sensibilidad del sig!o presente. Anastasio, 66 El Segundo Coliseo de Caracas (1819-51) fiscal de este tribunal, se enamora de Hortensia, hija de un labrador, y halla frustradas todas sus tentativas por seducirla. Pretende al cabo emplear la fuerza; y encuentra en el aposento, en vez de la niña, á un moro, que el padre ha hospedado, habiéndole hallado peligrosamente herido en las playas de la isla de Mayorca. Se vale el fiscal de este acontecimiento para sepultar á toda la familia en los calabozos de la Inquisición, con la esperanza de que la virtud de la hija venga á ser el precio de la libertad del padre. Rechaza Hortensia sus ofertas, y las descubre D. Cándido el cual por extraño que parezca en un secretario de la Inquisicion, es un hombre de bien. Este resuelve á todo riesgo salvarla. Entretanto el fiscal vé que, sin lograr su objeto, no ha hecho mas que exponer á Hortensia y á su padre á la tortura y á la muerte; porque los señores inquisidores hallan que es crimen horroroso el socorrer á un moro moribundo, y se figuran que nadie sino un mazon (¡terrible animal!) sería capaz de hacerlo. Por malos cristianos, pues, y por mazones, van á atormentar y quemar al padre, á la hija, y al moro, cuando el fiscal se vale de un ardid para ganar tiempo: confía sus designios al secretario, el cual le da en recompensa una puñalada, le deja por muerto en el suelo del calabozo, y huye con Hortensia. En seguida (en medio de una conversación bastante cansada entre el moro y el padre de aquella joven) aquel tropieza con el moribundo fiscal, cuya alma no se sabe porque milagro no se la lleva el diablo en todo el largo intervalo que media entre el penúltimo y último acto. Toca el moro la campana para que vengan á socorrer al herido ; acuden en efecto, y por este 67 El Segundo Coliseo de Caracas (1819-51) medio descubren los inquisidores la fuga del secretario y de Hortensia, y corren para asegurarse del padre el mahometano: pero en este momento crítico penetra el calabozo, guiada por el secretario, una partida de moros que por fortuna andaban buscando á su jefe; y se apoderan de los señores inquisidores para llevarlos á Argel, junto con las víctimas de su fanatismo, prometiendo dar á estos el premio, y á aquellos el castigo que merecen.54 La pieza fue estrenada también en la ciudad de México, pocos meses antes de que lo fuera Caracas, como consta en otra nota periodística que comenta, Este drama, sacado de un hecho histórico perteneciente á la isla de Mallorca, manifiesta a que extremos llevaban su tiranía los satelites del llamado Santo Tribunal de la Inquisición, oprimiendo a los virtuosos que caían bajo su despótico furor. Otro país menos culto miraría esta representación con aquel fanatismo que ofrece la esclavitud; más el director ofenderia a la ilustración mexicana si vacilase un momento en creer que no la recibiese México como un pueblo libre que detesta la iniquidad.55 Venezuela, departamento de Colombia, no fue ajena a las convulsiones políticas que enfrentaba España. La disputa república vs. iglesia desbordó el plano de los discursos hasta mostrarse de manera explícita y efectiva con la llamada Ley de 54 55 “Teatro”. El Centinela (Buenos Aires), 5 de octubre de 1823, número 63, p. 205 Enrique de Olavarría y Ferrer. Reseña histórica del teatro en México. Tomo II, Imprenta "La Europea", México, 1895. p. 211 68 El Segundo Coliseo de Caracas (1819-51) Patronato aprobada el 28 de julio de 1824 por el Congreso Nacional colombiano, la cual establecía la continuidad jurisdiccional del Estado sobre la jerarquía católica en asuntos tales como el nombramiento de los cargos eclesiásticos (incluyendo obispos y arzobispos) y el control de las rentas de los curatos y canonjías, lo cual dependió durante la colonia de la autoridad monárquica con la aprobación de la máxima jerarquía vaticana. Mientras esto sucedía en las excolonias americanas Fernando VII emitió una Real Cédula en agosto de 1824 que prohibía "de nuevo y absolutamente en lo sucesivo, en los dominios de España e Indias, todas las Congregaciones de Francmasones, Comuneros y otras Sociedades secretas, cualquiera que sea su denominación y objeto…" 56, azuzando el enfrentamiento en los territorios recién liberados. Los masones republicanos en Caracas fueron ripostando tanto como fuera viniendo: con la representación de La virtud perseguida por la superstición y el fanatismo, un encendido panfleto contra los abusos del clero , los teatristas se alinearon activamente en la lucha de las ideas que prosiguió despúes de la derrota del imperio español en el plano militar. 56 Jose Antonio Ferrer Benimelli. Utopía y realidad del liberalismo masónico. De las cortes de Cádiz a la independencia de México en Revista de estudios históricos de la masonería. En 300 años: Masonerías y Masones. TOMO I. Migraciones(1717-2017). Editorial Palabra de Clío, México. p. 10-45. Edición electrónica en https://docplayer.es/58251079-300-anos-masonerias-ymasones.html. Con acceso el 22 de febrero de 2021 69 El Segundo Coliseo de Caracas (1819-51) Novedades extranjeras significativas El repertorio extranjero del segundo Coliseo fue abundante y al día con novedades llegadas de Europa, algunas de características excepcionales como las que reseñaremos a continuación. De 1823, data el estreno de Blanca de Rossi (1804) de la española María Gálvez de Cabrera (1768-1806), primera obra dramática representada en el país escrita por una mujer de la que hay constancia. La tragedia desató la censura de las autoridades municipales caraqueñas, quienes resolvieron notificar al director del único teatro a “que pusiese en poder del Juez Político la tragedia Blanca de Rosi, así como el sainete y tonadilla que habían chocado al público; y otrossí: se le prevenía que en lo adelante no ofreciese obras que no fueran examinadas” 57 con ocho días de anticipado. Blanca de Rossi es analizada en un agudo estudio por el hispanista italiano Rinaldo Froldi, quien considera que Gálvez, fue representante de un iluminismo abierto que anticipa el liberalismo, muy empeñada en promover una renovación favorable a los valores de la libertad, a la condena de la tiranía y la violencia, a las virtudes civiles que favorecen la libertad social. Un teatro en suma, con función reformadora y educativa incluso cuando se inspira en episodios de la historia o leyendas del pasado, pero con temas siempre reconducibles a la actualidad.58 57 58 Juan José Churión, El Teatro en Caracas, Tipografía Vargas, Caracas, 1924, pag. 134 La tragedia Blanca de Rossi de María Rosa Gálvez, Rinaldo Froldi, 2004, Biblioteca Virtual Universal, https://www.biblioteca.org.ar/libros/155557.pdf Con acceso el 22 de febrero de 2021. 70 El Segundo Coliseo de Caracas (1819-51) En el recuento, contamos con autores como Moliѐre, de quien se representó por primera vez en la ciudad una de sus obras. Se trató de una versión española de El avaro, como se anunció en prensa en 1829. El empresario de este establecimiento tiene el honor de ofrecer al respetable público, para el domingo próximo 20 del corriente la representación de la célebre comedia EL AVARO. En tres actos, libre traducción en prosa de don Damaso de Ymsguiza. Para recomendar esta pieza es bastante el anunciar que su autor es el inmortal Moliere. Este poeta filósofo, regenerador del teatro de su siglo, el maestro de la comedia y el modelo de este género de los que le sucedan, es el que nos ha pintado el Avaro con toda la gracia y propiedad que copió de la misma naturaleza. Este vicio aún infesta la sociedad, pero desde que Moliere lo ridiculizó, se avergüenza de si mismo y a tomado el nombre de Economía. El Avaro es una de las obras maestras del gran genio que produjo al médico á su pesar, al gasmoño o hipocrita, á las mugeres sabias y otras de cuyo mérito podemos juzgar tan fácilmente con solo compararlas con todo lo que la antiguedad ofrece de perfecto en este arte. Cuando se ha visto el teatro favorecido de un inmenso concurso en las dos últimas noches de maromas ¿Cual debe ser la alagüeña esperanza que anime al empresario en la representacion del 71 El Segundo Coliseo de Caracas (1819-51) Avaro? Dudar un momento de que no se le dispense por esta pieza al menos una asistencia igual sería poner en problema la cultura é ilustracion del pueblo de Caracas.59 Es evidente que a la intención de propagandizar la función le fue sumada la de educar a los espectadores, mientras a la vez se buscaba captar la atención de la capa social caraqueña más ilustrada. El montaje de una pieza molieresca, aun siendo una versión del español Dámaso de Isusquiza, constituyó una gran novedad en el panorama artístico de la ciudad que comenzaba a familiarizarse con autores no castellanos. Llama la atención que como preámbulo a la representación , el escenario fue “favorecido de un inmenso concurso” de maromas o “volatines”, como eran llamados los acróbatas que deambulaban por el Caribe desde la época colonial. El empresario Ponce se esforzaba en ofrecer una programación constante y variada para mantener la afluencia permanente del público. En 1837 se representó la pieza Las esposas vengadas, original de Michel-Jeanne Sedaine, dirigida por el español Andrés Juliá García quien lideraba la agrupación dramática que llevaba adelante la cartelera en el lugar. Al respecto, Juan José Churión60 acota que fue “tenida por inmoral, contraria a la decencia y buenas costumbres”, siendo prohibida por las autoridades. De cuando en cuando, la interpretación del elenco encontraba intenciones en el texto que escapaban a los censores. Como ejemplo más completo de las temporadas que se ofrecían, tenemos una lista presentada en 1841 a la Junta de 59 “Teatro” Gaceta de Gobierno (Caracas). Número 214, miércoles 16 de septiembre de 1829. Pág. 4. 60 El teatro en Caracas, pag.137-138 72 El Segundo Coliseo de Caracas (1819-51) Censura por Juliá García, obligación que existía desde años atrás cuando fue promulgado el Reglamento de Teatro: ¡Atrás! O El puerto del honor, comedia en un acto. Un angel en las boardillas, comedia en un acto. ¡Lo que es mudar de vestido, y Oros son triunfos, comedia en tres actos. El paje hablador, sainete. El tirano de Tauride o Ifigenia y Orestes, tragedia en cinco actos. El tío Roque en la cuba, o la casa de vinos generosos, sainete. El Kuakero y la Cómica, comedia de dos actos. Seis cabezas en un sombrero, comedia en un acto. Cristina de Suecia, o El Casamiento diplomático, comedia en dos actos. Al amigo y al caballo, no hay que apretallo, o Los tres canastos, sainete. 61 Para acercarnos más al repertorio de lo escenificado, veamos un estudio argumental del sainete llamado en el inventario El tío Roque en la cuba, o La casa de vinos generosos. Se trata con toda seguridad de Amo y criado en casa de los vinos generosos de Sebastián Vásquez, relacionado en una compilación 62 de la siguiente manera: : 61 62 “Censura de las Obras de Teatro en 1841”. Crónica de Caracas. Ibidem. Pag. 653. El teatro breve de Sebastián Vásquez: estudio y edición. Peytavy, Christian. 2010 en http://betawebs.net/corpus-vazquez/?q=node/69 Con acceso el 21 de enero de 2020 73 El Segundo Coliseo de Caracas (1819-51) Introducción: Este sainete fue estrenado en Madrid el 8 de noviembre de 1782, en el teatro del Príncipe y por la compañía de Manuel Martínez. Se representó con Triunfos de amor y honor de Laviano. (…) Contenido: Un hombre viejo (Don Roque) está enamorado de Petrona, la joven de quien es el tutor. Pero ésta está enamorada de Fermín, un mozo que trabaja en la bodega de don Roque. Después de manifestarse verbalmente y físicamente los celos de uno y otro, don Roque despide a Fermín. Éste recurre a su amigo el alcalde de barrio, el cual deja a don Roque tres posibilidades: devolver al instante una suma de dinero que debe, ir a la cárcel, o dejar que Petrona se case con Fermín, a cambio de la deuda. Don Roque termina cediendo. Éste es un sainete muy tradicional en cuanto a su temática (los jóvenes amantes que consiguen casarse mediante algún embuste o chantaje). Los celos entre don Roque y Fermín o incluso entre Fermín y Petrona dan mucha viveza y gracia a los diálogos, los cuales también encierran alguna que otra picardía. Por otra parte se reafirma el derecho de los amantes a elegir su destino. Así lo afirma Fermín, cuando Petrona le pregunta cómo van a lograr casarse si don Roque no quiere: "Anda, en queriendo los dos, / poco importa que él no quiera." El predominio de la dramaturgia española -lo que 74 El Segundo Coliseo de Caracas (1819-51) incluyó dramas versionados del resto de Europa, en especial de Francia- va a ser la constante en el segundo Coliseo. No obstante, también las primeras piezas escritas por nacionales tuvieron cabida. El nuestro era un arte teatral nuevo, sin la cuantía, tradición y excelencia suficiente para competirle el público a la hegemonía histriónica hispana; pese a esto, la sala caraqueña sirvió como catapulta para el despegue dramático nacional, no solo por estimular y albergar el origen de una dramaturgia propia sino también por ser un factor fundamental para la profesionalización de los oficios escénicos, toda vez que se asumió el montaje de los textos con un mayor rigor, dejando atrás la artesanía actoral para dar paso a un esfuerzo artístico que buscó sintonizarse con las novedades de escenarios extranjeros de gran prestigio, en los que las pautas eran las virtudes interpretativas y el disciplinado abordaje de una gran diversidad de géneros y dramaturgos. 75 El Segundo Coliseo de Caracas (1819-51) Antiepílogo La presente indagatoria, aunque contiene datos inéditos que dan una idea bastante aproximada de la trascendencia del segundo Coliseo caraqueño, no podemos estimarla como tema concluido que da total cuenta de su trascendencia. Develamos apretadamente aspectos centrales de su transcurrir, tales como la apertura y el cierre, los principales gestores, el funcionamiento artístico y la variedad teatral que hospedó; una información suficiente para rescatarlo del ostracismo historiográfico al que injustamente se le ha sometido que es, a la vez, un llamado a abarcar nuevas facetas y otros personajes estelares de su historia. Como ejemplos para ampliar en el futuro lo ya expuesto y de los cuales contamos con pocos datos, justo es mencionar el papel jugado por Andrés Juliá García, español que arribó al país tomando las riendas artísticas del sitio aproximadamente en 1834 y autor del primer ensayo teatral 63 publicado en Venezuela, como también la exhibición de otras artes y entretenimientos que fueron primicias para el público caraqueño. Asimismo, hay que profundizar en los indicios de actos políticos e institucionales ocasionales, muestra de que el coso fue centro de reuniones en las que se decidieron asuntos colectivos de enorme interés para la vida ciudadana. Hasta aquí llegamos. Como se decía al final de las comedias en la antigua Roma: acta est fabula. Sí, esta fue la historia; o mejor, esta fue la historia de la que aún falta mucho por decir. Ojalá haya quien recoja el testigo. 63 “De la declamación teatral” Andrés Juliá García. En Miscélanea política y literaria. Tomo primero, Imprenta de George Corser. Caracas, 1839. P. 350-365 76 Ilustraciones El Segundo Coliseo de Caracas (1819-51) Afiche de función a beneficio de José María Ponce, dueño del teatro, 1838. (Archivo ANH) 78 El Segundo Coliseo de Caracas (1819-51) Afiche de El 19 de abril o un verdadero patriota de Pedro Pablo del Castillo, estrenado en 1839. (Archivo ANH) 79 El Segundo Coliseo de Caracas (1819-51) Volante de función teatral de la Compañía Dramática, dirigida por Andrés Julia García, 1842. (AGN) 80 El Segundo Coliseo de Caracas (1819-51) Los bailes se alternaban con el teatro en los intermedios Anuncio de prensa en El Liberal, 24 de junio de 1842. 81 El Segundo Coliseo de Caracas (1819-51) El segundo Coliseo también prestó sus tablas para los espectáculos circenses. Afiche, 1844. (Archivo ANH) 82 El Segundo Coliseo de Caracas (1819-51) Afiche de Cosme Segundo de Medicis, primera pieza estrenada de Heraclío Martín de La Guardia. (Archivo ANH) 83 El Segundo Coliseo de Caracas (1819-51) Al desaparecer el segundo Coliseo ya existían otros teatros como el de la Unión o Maderero. Afiche, 1851.(Archivo ANH) 84 El Segundo Coliseo de Caracas (1819-51) Bibliografía citada Baché, Richard La República de Colombia en los años 1822 y 1823. Instituto Nacional de Hipódromos, Caracas: 1982 Carnicelli, Américo La masonería en la guerra de independencia. Secretos de la historia. Tomo II. Cooperativa de Artes Gráficas. Bogotá: 1970. Churión, Juan José El teatro en Caracas. Tipografía Vargas, Caracas: 1924. De La Guardia, Heraclio Martín Obras literarias, Tomo III. Caracas:1904. Del Castillo, Pedro Pablo El fanatismo druida o la sacerdotisa. Imprenta de A. Damirón, Caracas: 1839. El 19 de abril o un verdadero patriota. Imprenta de G. Corser, Caracas: 1842. De Olavarría y Ferrer, Enrique. Reseña histórica del teatro en México. Tomo II, Imprenta "La Europea". México: 1895. Duane, William Viaje a la Gran Colombia en los años 1822 y 1823. Instituto Nacional de Hipódromos. Caracas: 1968 Ferrer Benimelli, Jose Antonio “Utopía y realidad del liberalismo masónico. De las cortes de Cádiz a la independencia de México.” En Revista de estudios históricos de la masonería, 300 años: Masonerías y Masones. 85 El Segundo Coliseo de Caracas (1819-51) TOMO I. Migraciones (1717-2017). Editorial Palabra de Clío, México. p. 10-45. Edición electrónica en https://docplayer.es/58251079-300-anos-masonerias-ymasones.html Con acceso el 5 de marzo de 2021 Froldi, Rinaldo La tragedia Blanca de Rossi de María Rosa Gálvez. 2004, Biblioteca Virtual Universal. En https://www.biblioteca.org.ar/libros/155557.pdf Con acceso el 10 de febplenó rero de 2021. Gámez, José María Drama patriótico, Imprenta de Manuel Marquis, Caracas: 1840. Grases, Pedro Domingo Navas Spínola, Impresor, Editor y Autor, UCAB , Caracas: 1978. Juliá García, Andrés “De la declamación teatral” en Miscélanea política y literaria. Tomo primero, Imprenta de George Corser. Caracas: 1839. pp. 350-365 Núñez, Enrique Bernardo “El teatro del Coliseo”, en Crónica de Caracas, Número 19, pp. 588-605. Caracas: 1954. Peytavy, Christian El teatro breve de Sebastián Vásquez: estudio y edición. 2010. Edición digital - 86 El Segundo Coliseo de Caracas (1819-51) Bibliografía secundaria Baralt, Rafael María Resumen de la historia de Venezuela. Tomo II. Fondo editorial UNERMB. Cabimas: 2016. Edición digital. Acosta, Cecilio Opúsculos críticos. Editorial Hispanoamericana. París-Buenos Aires: 1913 González Guinand, Francisco Historia contemporanea de Venezuela. Tip. Empresa El cojo. Caracas: 1909 González Stephan, Beatriz Fundaciones : canon, historia y cultura nacional. La historiografía literaria del liberalismo hispanoamericano del siglo XIX. Editorial Iberoamericana. Madrid: 2002 Oleary, Daniel Gran Colombia y España. Editorial América. Madrid: 1919. Salas, Carlos Historia del teatro en Caracas. Concejo Municipal del Distrito Federal, segunda edición. Caracas: 1967 Suarez Radillo, Carlos Miguel El teatro neoclásico y costumbrista hispanoamericano : una historia crítico-antológica. Ediciones Cultura Hispánica, Instituto de Cooperación Iberoamericana. Madrid: 1984 87 El Segundo Coliseo de Caracas (1819-51) Hemerografía Correo de Caracas. Caracas, 1839. Crónica de Caracas. Caracas, 1954. El Anglocolombiano. Caracas, 1822. El Centinela. Buenos Aires, 1823. El Constitucional Caraqueño. Caracas, 1824-25. El Curioso Americano. La Habana, 1893. El Promotor, Caracas, 1843-44. El Venezolano. Caracas, 1822. Gaceta de Gobierno . Caracas, 1828- 29. Archivos y bibliotecas Archivo de la Academia Nacional de la Historia (ANH) Archivo General de la Nación (AGN) Archivo Histórico Municipal de Caracas (AHMC) Biblioteca de la Academia Nacional de la Historia Biblioteca del Archivo Histórico Municipal de Caracas Hemeroteca Nacional Leoncio Martínez- Biblioteca Nacional de Venezuela Repositorios digitales https://archive.org Archivo General de la Nación-Colombia (AHNC-portal digital) https://www.archivogeneral.gov.co/ https://www.biblioteca.org.ar http://betawebs.net https://docplayer.es https://familysearch.org Archivo General de la Nación-Colombia (AHNC-portal digital) https://www.archivogeneral.gov.co/ 88
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