ALUCINAR Y DELIRAR ALUCINAR Y DELIRAR TOMO II Alucinar y Delirar Tomo II Sel ección de te xtos Juan Carlos Stagnaro Colección Clásicos de la Psiquiatría Bajo la dirección de Juan Carlos Stagnaro editorial POLEMOS Serieux, Paul Alucinar y delirar 11. - 10. ed. 2o reimp. - Buenos Aires : Polemos, 2010. 208 p. ;23x15 cm. Traducción de: Clara Maranzano ISBN 987-9165-0 9-8 1. Psiquiatría. I. Título CDD 616.89 Edición, Revisión técnica e Introducciones: Juan Carlos Stagnaro Hecho el depósito que marca la ley 11723 © de todas las ediciones en castellano Editorial Polemos 2010 Moreno 1785, 5° piso (C1093ABG) Buenos Aires, Argentina Telefax: 4383-5291 / 4382-4181 E-mail: editorial@polemos.com.ar www.editorialpolemos.com ISBN: 987 -9165-09-8 Irohibida su reproducción total o parcial Derechos reservados Impreso en la Argentina Arte de Tapa: Sergio Luciani, Ruff's Graph Indice Jules Séglas La demencia paranoide (1900) .... 9 . Paul Sérieux y Joseph Capgras Las locuras razonantes (1909) ................... . Valentin Magnan Delirio crónico (1911) ............. ...... 49 Gilbert Ballet L a psicosis alucinatoria crónica (1911) ... ................ 77 Jules Séglas A lucinaciones psíquicas y pseudo alucinaciones verbales (1914) ................ 89 Pa ul Abely El signo del espejo en las psicosis y más especialmente en la demencia precoz (1930) .. ... ........ 113 Henry Claude y Henri Ey Evolución de las ideas sobre las alucinaciones Posición actual del problema (1932) .................... 121 Jean Lhermitte La alucinosis peduncular (1932) Henricus Corneliu s Rümke Significado de la fenomenología en el estudio clínico de los delirantes (1950).. ...... ..... ........ 155 Ronald David Laing ¿ Qué es la esquizofrenia? (1964) ..... Bibliografía general ..... ........ 205 La demencia paranoide* (1900) Jules Séglas I Al filo del siglo XX apareció e n los Annales Médico-Psychologi A ques, un contundente trabajo de J ules S églas (ver i nformación bi o g rá fica en página 89) en respuesta a la clasificación de Kraepelin c on un respetuoso "sí, pe ro.. . " e n relación a la extensión que este último diera al concepto de demencia precoz. Desde Morel y aún antes para algunos ya Spurzheim habría inspira do los esbozos clínicos d e Esquirol respecto de la idiocia accidental o ad quirida) s e venía desplegando con insistencia, en la clinica franco-alema n a la conceptualización d e un cuadro c l ínico que reunía v arias caracte rísticas particulares: c omienzo en la edad juvenil, delirio carente de sis tematización, conductas bizarras, a lucinaciones y evolución más o me nos prolongada con terminación en demencia sin q ue mediara afección somática alguna. Formas de esta evolución habían sido descriptas por Kalhbaum y su discípulo Hecker, y Kraepelin l as había unificado, j unto a la catatonia descripta por el primero de e llos, p ara constituir la entidad c línica de l a d emencia precoz en la sexta edición de su Tratado aparecida en 1899. Es a la extensión que este autor da al cu a dro que Séglas responde. Años después Kraepelin aceptará que existen otras formas del delirio cró nico pero ya el p anorama se había complicado enormemente y su hermo so edificio nosográ fico comenzado a desmonorarse. En F rancia la psicosis alucinatoria crónica, que culmina formali zando G. Ballet, ya forma parte del acervo n osográfico c uando Bleuler con su concepto de disociación esquizofrénica ( ) y Ph. Chaslin con sus locuras discordantes o cupan el c entro de la escena. El psicoanálisis también intervino en la polémica con el artículo sobre l a P sicología de * Amales Médico-psychologiques , 1900, página 232-246. 10 ]. SÉGLAS la Dementia Praecox que publicó Jung en 1906. Todo esto ocurrió en la década y media siguiente a la publicación del trabajo que reproduci m os a continuación. T Tay pocas cuestiones de patología mental que hayan dado lu gar a tantas controversias como la paranoia. En una revisión 1 1 crítica(1) que se remonta ya a varios años, intenté exponer la historia y el estado actual de las diferentes teorías reinantes en aquella época. Entre los trabajos más recientes, los de Kraepelin(2) merecen una atención muy particular en razón de la originalidad de los puntos de vista que se encuentran expuestos en ellos. Para él, la paranoia está caracterizada por la aparición lenta de un sistema de ideas delirantes bien organizado, que persiste largo tiempo sin modificaciones notables y no culmina en la demencia. Es así que se encuentran excluidos del cuadro de la paranoia to dos los delirantes y alucinados crónicos que más o menos rápida mente terminan por caer en la demencia. Ellos fo rman un grupo apaite, la demencia paranoide q ue el autor liga a la demencia precoz, Por lo tanto, contrariamente a la gran mayoría de los autores ex tranjeros Kraepelin restringe mucho los límites de la paranoia para ampliar, en enormes proporciones, los de la demencia precoz. Por lo menos en nuestra opinión es verosímil que esta concep ción encierre una gruesa exageración; pero no debe ser por esto re chazada en su conjunto. Ella tiene al menos, la ventaja de sacar a la luz un grupo más restringido de hechos englobados hasta aquí con otros muy diferentes, bajo el vocablo de paranoia aguda, de de lirio de los degenerados, y que, sin embargo, parece tener realmen te una sintomatología y una evolución especiales. Este grupo de hechos para los cuales nosotros conservareinos el nombre de demencia paranoide nos parece sobre todo caracterizado por un debilitamiento intelectual de naturaleza demencial que se desarrolla rápidamente y se acompaña, a veces durante un tiempo bastante largo, de errores sensoriales y de ideas delirantes varia bles, desprovistos de todo carácter sistemático. La demencia paranoide 11 He aquí un hecho que podrá servir mejor que toda descripción, para fijar las ideas: D..., de 25 años de edad, entra al Hospicio de Bicêtre el 18 de ma yo de 1899. El padre, bebedor, muere de tifus; la madre es sana. Tu vieron nueve hijos: uno muerto de meningitis a los tres años; otro, de cuarenta años de edad, nacido antes de término, tuvo convulsio nes infantiles; se dice de él que es un poco original, sombrío y con manías bizarras. Un primo murió alienado. La anamnesis personal no revela en nuestro enfermo más que una varicela grave ocurrida hacia los 18 meses o dos años; comen zó a caminar después de esta enfermedad, Siendo joven sufría fre cuentemente de dolores de cabeza. Siempre se lo consideró como inteligente; pero era de carácter desconfiado, dado a la sospecha, celoso de sus hermanos y hermanas, encontrando que sus padres hacían más por ellos que por él; aceptaba, sin embargo, de buena gana lo mal fundado de esas prevenciones y se excusaba por ello. U n año antes de su partida para el servicio militar, sus rasgos de ca rácter se acentuaron progresivamente; además se había vuelto colé rico y mostraba menos gusto por su trabajo. De todas maneras, no había manifestado hasta ese momento ningún trastorno psíquico característico, ninguna idea delirante. En ocasiones tomaba con sus camaradas pero sin exceso. Vuelto de su servicio militar proyectó casarse (octubre de 1898). Los padres de la joven habiéndose enterado que él habría tenido una amante y juzgando su posición económica insuficiente objeta ron la idea. Esto lo afectó mucho y de motu propio rompió las con versaciones temiendo tener que soportar más tarde los reproches de su futura familia. Es en ese momento que aparecen los primeros accidentes men tales. D.... no concurría más a su trabajo regularmente. En el ta ller se quedaba horas encogido en un rincón; acusaba a sus cama radas de burlarse de él, de pensar en hacerle mal. El médico de la fábrica le hizo dar una licencia. Vuelto a su casa se quedaba sen tado en una silla días enteros sin osar salir, creyéndose espiado, temiendo ser arrestado. Tenía alucinaciones, decía escuchar vo ces, se quejaba de sensaciones extrañas, quemaduras en el cora zón, etc. A partir de esa época se entregaba a actos absolutamente ex travagantes . Se desvestía sin motivo, bajaba completamente des nudo las escaleras o se paseaba en pleno día con una vela encen dida dentro de un vaso. Muy rápidamente este estado se agravó. El enfermo ora triste ora inquieto, I, de enemigos que querían hacerle rehacer su servicio mi litar, de un general alemán del cual él seria el ordenanza; 's e decía 12 . SÉGLA S en comunicación con Félix Faure* que se le aparecía y le hacía con fidencias, acusaba a su madre de haber asesinado al dueño del ba zar del Hótel-de-Ville**, manifestaba ideas de suicidio y profería amenazas contra su entorno. A la internación (mayo de 1899), su aspecto exterior, su actitud, no presenta ninguna indicación especial. El enfermo está calmo, no manifiesta ningún síntoma de excitación, de depresión o de ansie dad. Responde bastante correctamente, de una manera lacónica, a las preguntas que se le hacen sobre su edad, su profesión, la fecha de su internación, etc. Sus respuestas no dan testimonio de deso rientación real. Pero al cabo de algunos minutos, no tiene más que propósitos incoherentes: "Ha sido pronunciada la pena de muerte contra él. ¿La puerta es de madera, de hierro, de acero, o en unifor me de politécnico? Lo que lo molesta es el teléfono. Si fuera un cie go lo meterían en un agujero. Defiende el bien. Desea invitar a to dos, lo que es la vida romántica. Pedid, seréis recomendados. Dice ser uno de los siete Cochefert*** de París. Es fácil combinar las ra zas. Debe irse por el estrecho de pasaje. No está enfermo. Se man tiene en su probidad, pero hay platos que se siguen y por la combi nación de los platos se hace confesar cosas a los individuos. Tiene el corazón en hipertrofia. Se lo juzga. Sufre. Hay que plantar flores y seguir un régimen vegetariano, etc." Durante toda su verbalización se llegan a discernir ideas deliran tes diversas: persecución, grandeza, hipocondría, algunas alucina ciones, trastornos de la sensibilidad general. Pero todas esas ideas delirantes son móviles, variables, absurdas, sin ninguna relación re ciproca. Ademnás el enfermo las traduce todas bajo un mismo tono, en ge neral indiferente, a veces con una beatífica satisfacción. Se expresa con calma como si sus respuestas fueran las más ponderadas del mundo. No es de ninguna manera locuaz; la articulación es correcta. La conformación es regular. No existen síntomas somáticos y en particular no hay signos de alcoholismo ni de parálisis general. Los días siguientes D... continúa igualmente incoherente, Pare ciera que las ideas de persecución son más activas entrañando un cierto grado de ansiedad reactiva. D... sabe por el teléfono que se lo busca para matarlo y ha fijado sobre su pecho un papel que debe servir de blanco. * Político francés, Presidente de la II República en 1895 (N. del T.). ** Importante tienda parisina (N. del T.). *** Neologismo (N. del T.). La demencia paranoide 13 Esta crisis de ansiedad es muy pasajera. D... vuelve a estar indife Tente pero está siempre dislógico, como se puede juzgar por la car ta siguiente, escrita en esa época: "Gran libro. -Yo declaro haber querido casar a mi madre con mi her m ano, y a mi hermana L eontine con el Sr. Mollard. Mi tía murió de mie do al enterarse d e v erter vino en lugar de lágrimas. Y o intenté relacionar a mi m uje r con u na doméstica que se hacía pasar por su madre y hacer p as ar su sombrilla por un paraguas. Para decirles que ella tenía el aspec to d e una verdadera torre puntiaguda. Hace s eis meses que me llenan la c abeza.con eso. Hay con qué engrasarse las manos y los zapatos hasta q ue todo el mundo haya visto claro y sepa comprender que el Sr. L o ubet t uvo necesidad d e hacer el r idículo. El paraguas, soy y o. El r idículo, es m i suegra, porque el Sr. Loubet no puede salir una vez s in b esar l a suya. Pa Ta hacerme un negocio hace falta la tierra, el agua Es y la luz eléctrica; así si hace viento n o se verá el polvo e ne l agua y la mercadería. Pero se ve rán bellas achuras que olerán menos que e l joven carnicero de la calle de Halles. .." de señalar que si bien el fondo de este escrito es absolutamen te incoherente, la forma del mismo es muy correcta, el papel lim pio, la líneas muy regulares y sin tachaduras, la escritura firme, ne ta, más bien elegante. Agreguemos que D... recoge y colecciona todo lo que encuentra, trapos, alfileres, pedazos de papel con los que llena sus bolsillos o que fija a sus vestimentas. Rasga sus sábanas y sus vestimentas, arranca todos sus botones, arranca la visera de su gorra, se pone sus zapatos como zuecos, está siempre completamente desarrapado. Muy tranquilo pasa su tiempo errando sin objeto en el patio o se mantiene sentado en su banco, sin importarle el tiempo que haga. No manifiesta jamás sentimientos afectivos. En una palabra, se lo p uede considera como un verdadero demente (junio de 1899). Desde entonces este estado demencial no ha hecho más que acentuarse. El arreglo del enfermo está aún más descuidado y más sucio. Está tranquilo, indiferente; frecuentemente conversa solo, a media voz; a intervalos, se niega a responder cuando se le dirige la palabra y se encierra en un mutismo absoluto. Ordinariamente res ponde; pero su discurso, cada vez más incomprensible no es más que una serie de palabras disparatadas, sin ninguna significación (Wortsalat). Por ejemplo: "F élix F aure tenía una efusión d eu n arreglo de la sangre en un mos trador de descuento de vaporizaciones". Si bien se expresa de una ma niera ininteligible D... parece sin embargo comprender todavía las' palabras que se le dirigen, ya que ejecuta bastante bien y sin dudar lo los actos que se l e ordenan. El estado físico es siempre excelente. 14 ]. SÉGLAS Los puntos capitales que resultan de la observación clínica son: ideas delirantes polimorfas, móviles y absurdas, acompañadas de alguna alucinaciones, demencia incoherente de marcha rápida, au sencia de signos físicos. ¿A qué diagnóstico pueden conducir? Al principio, la multiplicidad, la movilidad, la extravagancia de ideas, la incoherencia de los actos, los signos de debilitamiento in telectual podrían hacer pensar en la parálisis general. Pero faltan los signos físicos que tampoco se presentan luego aunque el estado mental se agrave y la demencia se acentúe. Otros diagnósticos pueden discutirse: los de confusión mental primitiva, delirio alucinatorio, paranoia aguda. . En efecto, la confusión mental primitiva, además de los trastornos intelectuales fundamentales de obnubilación de las ideas, de deso rientación, de incoherencia de actos, comporta frecuentemente síntomas accesorios, ideas delirantes móviles, múltiples, alucina ciones. Existen a veces también fenómenos dislógicos, bastante acentuados por lo que se ha podido señalar una variedad seudo afá sica y parafásica de la confusión mental (Meynert). Ahora bien, en la confusión las ideas delirantes tienen un carác ter de ensoñación muy especial y mantienen siempre la impronta de una duda, de una incertidumbre, que se encuentra también en la expresión verbal, en las respuestas vacilantes, inacabadas. En D..., por el contrario, el delirio parece no ser más que la ex presión del pensamiento desordenado del enfermo que no en cuentra en la conversación más que pretextos para divagaciones traducidas sin vacilación, de la manera más natural del mundo. Al mismo tiempo el tono del discurso es natural, indiferente, en lugar de ser como en el del confuso, monótono, indeciso, inte rrogador. He descrito en otra parte (3) los trastorno dislógicos del confuso: anonadainiento, vacilación del lenguaje por lentitud y embarazo del pensamiento, amnesias verbales, dificultad de adaptar las pala bras a la idea y coordinarlas para expresar un pensamiento. Nada de parecido en D... que conversa sin el menor esfuerzo. Los trastor no dislógicos ofrecerían en el más bien una cierta analogía con la charla incohercible e incoherente de ciertos confusos que murmu ran automáticamente palabras deshilvanadas. Pero en ese caso uno no encuentra más que palabras sin hilación, que se ligan por aso nancia, incapaces de constituir ni siquiera una frase incoherente, Esta distinción es sobre todo llamativa en el escrito de nuestro en fermo. Un confuso parafásico no habría podido siquiera pensar, ni construir frases tan largas y hubiera sido totalmente incapaz de es cribirlas. La demencia paranoiae 15 Agreguemos que la fisonomía atontada, indiferente o plácida de D... es a todas luces más bien la de un demente y no se presenta dis traída, perdida, sorprendida, estupefacta como la de un confuso. No debemos olvidarnos de subrayar la ausencia en él de esa de sorientación en el tiempo y en el espacio que en el confuso mani fiesta de una manera tan llamativa el trastorno intelectual funda mental. En fin, mientras que la confusión mental se acompaña siempre de signos somáticos, en D... ningún signo de ese género se ha mos trado en ningún momento de la observacion, Muy cercana a la confusión mental primitiva, se encuentra una forma que he intentado distinguir bajo el nombre de delirio aluci natorio(4 ), estudiado más exhaustivamente luego por Famarier(5), que se caracteriza por alucinaciones, concepciones delirantes y con f usión de ideas. Sin detenernos mucho en ese diagnóstico recordaremos que en él el fenómeno capital característico está constituido por la aluci nación múltiple, incesante. El delirio no es más que su reflejo y, fre cuentemente, no consiste más que en simples interrogantes que se plantea el enfermo a propósito de sus alucinaciones. De la misma manera la confusión de ideas, completamente secundaria, no es más que la consecuencia directa de la repetición y de la intensidad de los trastornos alucinatorios. Es evidente que esta interpretación no puede aplicarse al caso de D..., y la existencia en el de un delirio alucinatorio tóxico (alcohol) se encuentra excluída por la misma razón. Un último diagnóstico diferencial, el más difícil, es el de para noia aguda. Es importante, en principio, determinar bien la significación de cse vocablo. En efecto, las opiniones de los autores están lejos de ser concordantes en relación a él. Inclusive hay algunos que se re húsan a admitir la existencia de una paranoia aguda; tal es el caso de Kraepelin que citamos más arriba. Esta intransigencia no nos pa rece de ninguna manera en acuerdo con la observación clínica. Para comprender lo que puede ser la paranoia aguda, lo más sim ple es tomar como término de comparación la paranoia crónica. La definición de Kraepelin citada más arriba no encara más que los caracteres y la evolución del delirio. Ahora bien, por importante que éste pueda ser, el delirio para noico no es más que una fase, el punto culminante de la afec ción. Esta tiene por base necesaria una desviación particular de las funciones psíquicas más elevadas, una constitución psíquica especial que se encuentra en los prodromnos, en el delirio, en las 16 ]. SÉGLAS fases de remisión y que, a veces, constituye por ella sola, toda la enfermedad (paranoia llamada indiferente , indeterminada, sin de lirio). Ella consiste sobre todo en anomalías de la inteligencia (asociación de ideas bizarras, paradojas, juicios absurdos, ilógi cos) y del carácter (egoísmo, desconfianza, susceptibilidad, orgu llo, carácter egocéntrico). El delirio no es allí más que un síntoma y de ninguna manera au tónomo. Bien por el contrario tiene su origen en la intimidad mis ma de la personalidad individual, de la que no hace inás que poner en relieve todos los rasgos anormales y se desarrolla así a título pri mitivo, sin causa ocasional necesaria, sin estado emocional mórbi do anterior. Una vez aparecido, ese delirio progresa lentamente, se sistemati za, luego deviene estereotipado, pasando así al estado crónico por una evolución más o menos regular que se continúa durante largos años y no tiende, en general, por sí inisma a una demencia absolu ta. Sin embargo, el debilitamiento intelectual no es una excepción y puede sobrevenir en razón de causas diversas, bajo aspectos dife rentes que no vamos a examinar aquí(6). Tal es la paranoia llamada cronica en razón, sobre todo, de la cronicidad del delirio. Al lado de estos hechos, hay otros en los cuales uno ve desarro llarse sobre el m ismo fondo constitucional un delirio, que aparece en general bastante rápidamente para desaparecer de la misma for ma. Son esos hechos los que nos parece que merecen, muy justa mente, la denominación de paranoia aguda, la cual no tiene nada de paradójico, desde el momento en que uno se da cuenta de que lo que hay de agudo, de hecho, es el acceso de delirio paranoico, mientras que la constitución psíquica especial sobre la cual él repo sa, y que es el elemento necesario e indispensable de la paranoia, lo precede, lo acompaña y persiste después de él, tan inmutable como en la paranoia crónica. Como el crónico, el delirio paranoico agudo reproduce, exage rándolos, los rasgos del carácter individual; se desarrolla así a títu lo primitivo. Pero la sistematización siempre más rápida es, a veces, menos neta. Y esto por dos razones. En principio, la agudeza misma del delirio lo hace más frondo so, más exhuberante; las diferentes ideas que se suceden lentamen te en la forma crónica aparecen rápidamente, sí como un atajo, un a compendio de la forma crónica, y dando al delirio un de entrada, constitu yendo aspecto polimorfo. Pero bajo este aspecto, se puede, sin embargo, entender una relación, un encadenamiento entre las diferentes ideas delirantes, una sistematización, cierta La demencia paranoide 17 mente menos perfecta que en los casos crónicos pero no obstante real y acentuándose de una manera más evidente cuando el delirio se prolonga un poco. Otras veces ocurre que el delirio se desarrolla en sujetos que son profundos débiles intelectuales. La sistematización en ellos queda imperfecta, más aún en la forma que en el fondo ¿pero estaríamos verdaderamente autorizados por ello a excluirlos del cuadro de la paranoia a pesar de presentar los otros caracteres? El grado de siste matización comporta siempre además del elemento inherente a la forma mórbida, un elemento debido al terreno individual. Y uno no puede verdaderamente exigir en las ideas delirantes de un débil un encadenamiento más riguroso y más lógico que en la expresión de su pensamiento normal. Así entendida, la existencia de la paranoia aguda nos parece tan to más aceptable cuanto que la paranoia crónica debuta, frecuente mente, por un estado de paranoia aguda, o presenta en su curso episodios de ese género a título de exacerbaciones. Agreguemos que la terrninación ordinaria es la curación luego de una duración a veces de algunos días, lo más frecuentemente de al gunas semanas o algunos meses, excepcionalinente de más de un año. Por breves que ellas sean estas consideraciones pueden alcanzar para mostrar que el caso de D... presenta notables diferencias. Sin duda, encontramos en su historia algunos detalles habitua les a los casos de paranoia: antecedentes hereditarios que impri men a la enfermedad un fondo constitucional; ciertos rasgos de ca r ácter, desconfianza, celos, que reproducen los de la constitución paranoica; accidentes psicopáticos de origen puramente intelec tual, primitivos como el delirio paranoico e ideas delirantes de for mula análoga. Pero, por otro lado, esas ideas delirantes están absolutamente desprovistas de sistematización, aun rudimentaria. Desde el co m ienzo ellas tienen como los actos la impronta de una incoheren cia que no puede explicarse ni por un estado maníaco ni por un es t ado de confusión mental primitiva o secundaria a alucinaciones múltiples e incesantes, sino que corresponde a un estado demencial cuyos síntomas no tardan en dominar toda la escena. Todo indica, por lo tanto, que se trata de un proceso mórbido particular que nos parece justamente merecer la denominación de demencia paranoide. Hasta ahora, confundidos con otros, estos casos no constituyen excepciones. Encontramos ejemplos en otros autores y en menos de dos años hemos podido observar cuatro enfermos del mismo gé 18 ! SÉGLAS nero. Sin reproducir aquí esos diferentes hechos, nos conformare mos con utilizarlos para trazar rápidamente el cuadro clínico. La etiología nos parece residir casi exclusivamente en la herencia mórbida. L as causas ocasionales son nulas o insuficientes en sí mismas. La anamnesis individual, permite de ordinario encontrar las ma nifestaciones de una constitución psicopática, en particular los ras gos de la constitución paranoica. Es de notar que todos nuestros enfermos eran de un nivel inte lectual ordinario; uno de ellos incluso, había obtenido ciertos éxi tos escolares; otro era estudiante de medicina, La afección se desarrolla en general rápidamente. Desde el co mienzo aparecen ideas delirantes con alternativas de depresión, de ansiedad, traduciéndose por discursos bizarros, deshilvanados, y conduciendo a actos incoherentes. Si bien los en fermos tienen a veces la apariencia de confusos, no hay desorienta ción, confusión real, como tampoco manía o excitabilidad, de melancolía. Las ideas delirantes son polimorfas (persecución, grandeza, hipo condría) y se acompañan ordinariamente de alucinaciones preco ces. Muy rápidamente sus caracteres clínicos se afirman, por su multiplicidad, su movilidad, su inconsistencia, su extravagancia, ellas igualan si es que no superan, las del paralítico general. No es más que muy excepcionalmente y sólo al comienzo, que se asocian a uria reacción emocional adecuada. De ordinario el en fermo es indiferente, o aun invariablemente satisfecho y plácido. Rápidamente aparecen otros signos de cronicidad y de debilita miento demencial: actos barrocos y sin motivo, tics, estereotipias, ecomimia, negativismo, coleccionismo, desarreglo de la vesti menta, desgarro de las vestimentas, soliloquios, neologismos, ver bigeraciones. Pero el síntoma más llamativo es, sin duda, esta in coherencia del lenguaje, esta dislogia particular cuyos ejemplos hemos reproducido más arriba, y que hace del discurso una serie de frases deshilvanadas, casi incomprensibles, emitidas de la for ma más natural del mundo, con un aire incluso satisfecho, sin que sea posible ni por un instante la menor frase correcta y sensata. Luego, el lenguaje, los actos, se vuelven de más en más incohe rentes, la demencia progresa siguiendo una marcha uniforme o a veces entrecortada por remisiones, para devenir completa en un lapso que puede variar entre unos meses a uno o dos años. En nin gún momento se observan signos somáticos. Vemos en esta exposición rápida que los fenómenos demencia les tienen un amplio lugar en el cuadro clínico ¿Pero cuál es su in terpretación nosográfica? ¿Se trata simplemente de un periodo de demencia secundaria, terminal? La d emencia paranoide 19 Podría decirse, por ejemplo, que se trata de casos de paranoia aguda con delirio asistemático, en razón de una debilidad mental nativa, profunda y por la misma razón excepcionalmente arriba a una demencia rápida, Sin embargo, nosotros subrayaremos que esos enfermos no son más -y frecuentemente mucho menos, dé biles que otros que hacen delirios paranoicos y sistematizados de tal manera que la demencia no parece depender tanto de la debili dad mental anterior como de la forma vesánica misma. Nos inclinaríamos a pensar que se trata aquí de una demencia primitiva que se acentúa progresivamente, pero que existe desde el comienzo enmascarada por los síntomas agudos (ideas delirantes, alucinaciones) que, por el contrario, están sujetos a remisión y pue d en aún desaparecer completamente. De hecho, ocurre aquí lo mismo que en la parálisis general con delirio, y las relaciones de los dos órdenes de trastornos intelectua les, delirio y demencia, son exactamente los mismos. Desde el comienzo de la enfermedad uno puede encontrar sín tomas demenciales que no hacen más que acentuarse luego sin im primir al cuadro clínico una modificación radical. Las ideas delirantes mismas, que pueden enmascararlos en una observación superficial tienen, sin embargo, caracteres clínicos que no pueden depender más que de un estado demencial subyacente, En efecto, no hay estado fundamental de confusión, de manía, que pueda explicar el desorden de las ideas, la incoherencia del lengua je y de los actos. La explicación por un estado nativo de debilidad intelectual profunda tampoco concuerda siempre con la noción del estado mental anterior y sobre todo con el contraste creado desde el comienzo por la enfermedad. Por otro lado, las ideas delirantes desaparecen muy rápido, frecuentemente dejando al desnudo el f ondo demencial. La noción de esta demencia primitiva, s us caracteres clínicos, al mismo tiempo que la edad en la cual aparece (d e 18 a 30 años en nuestras observaciones) podrían entonces justificar la opinión de Kraepelin quien la considera como una forma de la demencia precoz. Es importante, de todas maneras, hacer distinciones y no gene ralizar demasiado. En su forma paranoide de la demencia precoz Kraepelin describe dos grupos(7): el primero nos parece corresponder aproximadamente a los ca sos que acabamos de estudiar; el segundo comprende todos los casos ordenados bajo el nom-bre de phantastiche Formen o d e "formas alucinatorias" de la paranoia. A nuestro criterio e stos últimos casos no pueden ser asimilados a l os 20 ISÉGLAS del primer gr up o, a unque presentan bien los caracteres de la para noia. Y no es sin alguna sorpresa que vemos clasificar dentro de la demencia precoz todas esas variedades más o menos sistemáticas y alucinatorias de la paranoia que no arriban sino a veces -y sólo al cabo de un tiempo muy largo y por causas diversas-- a un cierto gra do de debilitamiento intelectual y que comprenden para Kraepelin hasta el delirio crónico de Magnan, es decir la más larga, la más sis temática de todas las formas vesánicas, y en la cual la demencia ver dadera, aún en el período terminal es todavía objeto de muchas controversias. Referencias bibliográficas 1. Séglas, J., "La Paranoia", Archives neurologiques, 1887; ver también Keraval, "Paranoia", Ibid, 1 894-1895; Crámer y Bædeker, "Rapport sur la paranoia", Allgmeine. Psych., t. LI. 2. Kraepelin, E. Compendium der Psychiatrie, 6a edición. 1899. 3. Séglas, J, Leçoris cliniques, p. 156. 4. Séglas, J., Leçons cliniques, p. 450 sq. 5. Farnarier, La Psychose hallucinatoire aigüie , thèse, Paris, 1899. 6. Tanzi y Riva, "La Paranoïa", Riv . s p. d i f ren., 1884, 1885, 1886. 7. V er también Finzi, Breve compendio di psichiatria, M ilan, 1899; Finzi y Vedra ni, "Contributo clinico aglia dottrina della demenza precoce", Riv. sp. di fren, 1-II, 1899. Las locuras razonantes* (1909) Paul Sérieux y Joseph Capgr a s T aul Sérieux ( 1864-1947) fue alumno de V. Magnam, bajo cuyos Pa uspicios culminó l a carrera de Medicina con la Tesis "I nvestigacio I nes clínicas sobre las anomalías de los instintos sexuales" ( Recher ches cliniques sur les anomalies des instincts sexuels). Poco después como consecuencia de un viaje d ee studios sobre los sistemas de atenci ón p siquiátrica escribe su " Informe sobre la asistencia de los alienados e n Francia, A lemania, Italia y Suiza" ( Rapport sur l'assistance des alié nés en France, e n Allemagne, en Italie et en Suisse). En 189 2 escribe c on M agnam u n texto sobre "El del irio crónico de evo lución sistemática" (Le délire chronique à évolution systématique) y en 1 894 otro también en colaboración con su maestro, sobre "La parálisis ge neral" (La paralyse générale). Junto a su hija y otros colaboradores escri b ió trabajos de suma importancia sobre la historia de la psiquiatría en F rancia d urante el período del fin de la monarquía y comienzos de l a R e volución de 1789. Sérieux fue t ambién uno de los primeros médicos fran ceses q ue introdujp en 1900 la clasificación de Kraepelin en su país. A través de una dilatada carrera hospitalaria ejercida en l os hospita les de Perray-V aucluse, V illejuif, Ville-É vrard y Sainte Anne, P aul Sérieux adquirió u nm erecido r enombre como organizador y clínico. Es en Mai son Blanche adonde cuenta c omo colaborador y alumno a Jean Marie Jo s eph Capgras (1 873- 1950). Este último quien había sido también alum- v no de M agnan y Joffroy inició su carrera hospitalaria en provincia para l uego pasar a t rabajar c on Sérieux y culminarla como él, en el H ospital S ainte Anne de París. El síndrome de Capgras es el nombre con el que ha quedado designado un cuadro delirante que él formaliza en u n trabajo publicado e n 1923 en * Les folies raisonnantes. L ed élire d' interpretation, París, Alcan, 1909 22 PAUL SÉRIEUX Y JOSEPH CAPGRAS colaboración c on C. Reboul-Lachaux: "La ilusión de 'sosias' en un d elirio s istematizado crónico" ( L'illusion des "sosies" en un délire systematisé chronique). Este cuadro que Capgras presentó como una suerte de agnosia de identificación en la cual el s ujeto n o reconoce a una persona que le e s fa miliar y la confunde c on u n sosías ha sido considerado recientemente a la luz de ciertos desarrollos de la neuropsicología con el resultado de una l esión cerebral en sujetos con una personalidad particular e n el plano afectivo. Pero e s en c olaboración con P aul Sérieux q ue C apgras producirá el tra bajo que l os h ará c élebres y del cual, siguiendo el recorte propuesto p or ). P ostel en su antología "Psiquiatría" (Psychiatrie) Ofrecemos e l pasaje que sigue. En e ste extracto de "L as locuras razonantes. El delirio de i nterpreta ció n" (Les folies raisonnantes. Le délire d'interpretation), publicada en 1909, se aprecia el rigor descriptivo y l a r iqueza clínica de l os que ha c en gala los autores. A pesar d e su devoción por Magnan, ellos contribuyen, junto a otros alienistas de la época - Ballet con la psicosis alucinatoria crónica, Dupré con e ld elirio de imaginación, a desmembrar el cuadro del delirio cróni c o d e e volución s istemática creado por s u maestro. El cuadro descrito por Sérieux y Capgras es una psicosis sistematiza da c onstitucional, caracterizada, según los autores por la mul ti plicidad y la o rganización de las i nterpretaciones delirantes, la ausencia de aluci naciones o trastornos psicosensoriales (lo cual será sujeto a c ríticas, en particular por H. Ey) y la incurabilidad c on evolución progresiva de las interpretaciones, a unqu e s in evolución demencial. Los pacientes se man t ienen lúcidos y pueden vivir en s ociedad largo tiempo p ero con cierta fre cuencia sufren hospitalización debido a problemas médico-legales origi nados en su pel igrosidad por las reacciones violentas e impulsivas a las que los arrojan sus interpretaciones paranoicas. Síntomas del delirio de interpretación 1. Síntomas positi vos. - A. Concepciones delirantes: sus variedades, su s grados de semejanza y d e sistematización; s u disimulación, - B. In terpretaciones delirantes: 1) exógenas, tomadas del mundo exterior; - 2) endógenas, tomadas: a) del estado orgánico; b) d el estado mental, - Inte rpretación d e los recuerdos: d elirio r etrospectivo. - Transformación del mundo exterior; falsos reconocimientos. II. Síntomas negativos. - A . Estado mental: persistencia de la integri dad de las facultades intelectuales y de los sentimientos afectivos. - escritos, conductas. - B. Ausencia de trastornos sensoriales. - A veces alucin aciones episódicas: Len guaje, síntoma accesorio y transitorio. Las locuras razonantes 23 T l delirio de interpretación se ve caracterizado por la existencia R de dos órdenes de fenómenos aparenternente contradictorios: U por un lado, trastornos delirantes manifiestos, por el otro, una sorprendente conservación de la actividad mental; en primer lugar, síntomas positivos aportados por concepciones e interpretaciones d elirantes, en segundo lugar, síntomas negativos, a saber: la integri dad de las facultades intelectuales y la ausencia, o escasez, de aluci naciones. Antes de analizar estos síntomas, una observación detallada apo yará con hechos nuestra descripción. Observación I. L a Sra. X... (antecedentes hereditarios poco conoci dos) nació en 1870. Fue una niña mimada; la vanidad y desconfian za eran los rasgos salientes de su carácter. Se casa a la edad de 20 años con un funcionario. Fue un matrimonio por conveniencia. Los espo sos no simpatizaban entre sí. La desconfianza de la Sra. X... se mani fiesta poco después: tiene tendencia a ver amantes de su marido en mujeres desconocidas; de allí ciertas escenas violentas (1890). En 1891, habría dicho a su suegra que su suegro había querido envene narla (niega el hecho). En 1896 y 1897, algunas falsas interpretacio nes la llevan a atacar verbalmente a su marido. Exige que éste último y la mucama le pidan perdón de rodillas, Cuando toma su taza de ca fé sin prestar atención, acusa a su marido o a la mucama de habérse la tomado ellos. Le reprocha a su marido haber cometido actos inmo rales con su hija de 7 años, estando en la cama con ambas. En 1900, el Sr. X... cae gravemente enfermo de abril a diciembre (flerón del perineo con perforación rectal). La Sra. X..., de 30 años entonces, lo cuida con devoción; se cansa y sufre anemia. Interpreta frases triviales: "Eso es por tomar las cosas al revés"; "¿ Cómo está fu lano?" C oncluye que su marido tuvo relaciones inconfesables con un muchacho que antes era su intimo amigo. El lugar de la enfermedad, la naturaleza de los medicamentos, prueban que el Sr. X... es homose xual desde hace tiempo, y que tiene sífilis. Sobre todo desde esta épo ca la Sra. X... se queja de ser perseguida por él. Una vez curado, su ma- - rido hace "bromas de gusto dudoso y amenazas". El Sr. X... abre arma rios y cajones, revuelve su ropa y sus papeles: quiere decidirla así a de jar su departamento para hacerle abandonar todas sus amistades. En varias oportunidades, los coches que la Sra. X.., toma parten a excesi va velocidad, para provocar un a ccidente mortal. La siguen en la ca lle, le hacen señas; son parientes que la ahuyentan; su suegra le dio 2000 francos a una agencia para que la espíen y obtener así indicacio nes precisas para el divorcio. Su marido quiere hacerla desaparecer pa ra evitar que hable. S i la Sra. X... oye un ruido, es que alguien está es 24 PAUL SÉRIEUX y JOSEPH CAPGRAS cuchando detrás de la puerta; si una carta llega tarde, es porque ha si do interceptada; si cae un ladrillo en la chimenea es que están tratan do de introducirse por ella... En abril de 1901, la Sra. X... sufre una gripe de forma delirante que dura unos ocho días. Imagina entonces que su marido le c on tagió la s ífilis. Durante la enfermedad, aunque prohibió toda visita, dejan entrar en su habitación, intencionalmente, a unas amigas que la cansan mucho. Durante el año, las interpretaciones conti núan, El Sr. X... oculta objetos para intrigarla; hace un agujero en . la pared; hače imprimir especialmente para ella un ejemplar del diario, como lo prueban los extraños artículos e incluso los anun cios; así es como quiere enloquecerla, exasperarla, perderla, hacer creer que ha perdido el juicio. Finalmente, la empuja al suicidio de mil maneras, con actitudes burlonas o ameriazantes. Desesperada, piensa en pegarse un tiro y termina por tomar un vaso de licor de Van Swieten?. Apenas restablecida, otra vez intentan intrigar en su contra: en su habitación encuentra un papel en el que escribieron una máxima que es una irónica alusión a su situación: "La gente de bien suele ser víctima de los malvados". Los amigos de su marido siguen bromeando sobre las supuestas tendencias anormales de es te último (en realidad se trata de frases insignificantes mal interpre tadas); también ve alusiones en los diarios. Intenta arrojarse a un pozo, toma un frasco entero de bromuro. En agosto de 1901, la pareja parte hacia Italia. La Sra, X..., con vencida de que se producirá una catástrofe, enfrenta la muerte con resignación. Su marido tiene la intención de hacerla desaparecer, de envenenarla. Durante el viaje, nota ciertos hechos significativos que provocan escenas. En el Vesuvio, sospecha que su marido quie re empujarla al cráter; en el Lido, teme que la arroje al mar; en los acantilados de Surriento, recordando un drama reciente (un padre había arrojado a su hijo al mar), se cuida de no caminar entre su marido y el vacío. Ve agujeros en el techo de las habitaciones de ho tel: es para exasperarla, enloquecerla. Está convencida de que en Niza el Sr. X... llamó a un pariente para que los espíe en la cama. A su regreso de este viaje, "donde a menudo había visto la muer te de cerca, el Sr. X..., recomienza sus bromas y me obliga a ir a vi vir en las afueras de la ciudad, en pleno invierno, en un sitio don de no tengo ni familia ni amigas". Allí las amenazas continúan. Persuadida de que su vida está en peligro, de que su marido quiere 1. Solución de 1/ 000 de cloruro m ercúrico inventada por el médico holandés Gérard Van Swieten (1700-1772) empleada en el pasado como antisifilítico. Las locuras razonantes 25 deshacerse de ella para casarse con otra mujer, la Sra, X... se torna triste, ya no come, llora. Interpretando una broma de su marido so bře un negro, imagina que él quiere que "un negro la posea". Exas perada, una noche se lanza contra su marido amenazando con es trangularlo. En marzo de 1902, se refugia en lo de un pariente a quien confía su intención de obtener el divorcio. En presencia de su exaltación inquietante (habla de suicidio, de irse de juerga por los bulevares, de gente que la sigue, del hipnotismo al que teme es t ar sometida), la encierran con llave y corren a avisar a la familia. La Sra. X... salta por la ventana (del entrepiso). Es internada de marzo a septiembre de 1902 (primera interna c ión). Ya desde su llegada, pretende que una enfermera, que ha sido admitida recientemente (y pagada por su marido), trató de estrangu larla por la noche con el cordón de un timbre. Al día siguiente, tras fracasar, la supuesta enfermera desaparece. Sin embrago, bajo la in fluencia del aislamiento, la situación parece mejorar. La Sra. X... sa le en libertad y acepta retomar la vida en común. Pero las interpre taciones no tardan en multiplicarse: todos los actos, todas las pala bras de su marido son alusiones, amenazas, intentos dirigidos en su contra. El Sr. X ..., al fotografiarla, arruina varias placas seguidas, es para llevarla al límite. Hace una prueba donde su rostro aparece ne gro como el de una africana; otra vez bromea sobre el negro; ¡quie te volverla loca! La Sra. X... llega a preguntarse si no ha sido violada por un negro mientras domnía, Arman una "verdadera escena" para llamar su atención acerca de un cajón donde se guardan venenos, su suegra repite con afectación; "Allí hay violentos venenos"; después de alcanzarle una taza de tisana, la dejan sola. Era para sugerirle el suicidio, o bien, internarla si el intento de suicidio fallaba. Su mari do arroja un fósforo a una cesta que contiene leña, es para hacerla considerar como algo peligroso, hasta el punto de que puede incen d iar el departamento. Cuando se queja a su madre, ésta, por temor al escándalo le dice que exagera. En cuanto al Sr. X..., achaca todo a supuestas alucinaciones, a la locura. A veces la obliga a tomar una dosis de medicamentos que podrían envenenarla. Las ampollas de cacodilato de sodio que le inyectan, contienen morfina; lo sabe por las sensaciones que tiene después de que se absorbe el medicamen to. L a conducta de su marido sigue siendo extraña, hostil. Vuelve a la casa con perfumes sugestivos en sus ropas. Por la noche, lo oye ca minar en la habitación situada arriba de la suya: prueba de que está esperando ya sea a la criada, ya a u n individuo invertido. Acusa a un médico de q uerer hipnotizarla. En suhtia, acorralada por estas preocupaciones, la Sra. X... reclama jueces, el divorcio, y al fin se decide a hacer un escándalo para provo 26 PAUL SÉRIEUX y JOSEPH CAPGRAS car una investigación, entonces dispara cinco veces contra su marido (la enferma dice haber tirado al techo; sin embargo, una de l as balas pasó muy cerca de la frente del Sr. X...). Es internada por segunda vez en el lugar del que había salido sólo dos meses antes. (Segunda inter nación, noviembre de 1902-septiembre de 1903). Allí pasa once me ses y sale a pesar de la opinión de los médicos-inspectores, por el ex preso y reiterado pedido de su esposo. Lejos de estarle agradecida, la Sra. X... está convencida de que ha hecho todo eso para lograr que la m antengan internada. Sin embargo, dice consentir a "perdonar", a re nunciar al divorcio y a retomar la vida en común sin segundas inten ciones, pero con la condición de que cesen las "burlas y amenazas". Vive así diez y ocho meses en libertad, aunque siempre delirante. Cre yéndose víctima de las maquinaciones de su marido, q ue según ella se vuelve cada vez más agresivo, no oculta su desprecio y su odio para con ese envenerador hipócrita que, ante los demás, parece muy mo ral y muy afectuoso. Escribe así: "El Sr. X..., estaba cada vez más pro vocador para conmigo: una vez que yo sufría de bronquitis, le dijo a la criada que me pusiera cataplasmas frías, Cuando el doctor me aus cultó y vio que la enfermedad había empeorado, le conté el hecho. (Para la Sra. X..., este es uno de los más claros intentos criminales). Otra vez, dejó el gas abierto, por fortuna ine di cuenta y lo cerré antes de que h ubiera un accidente. Otra vez, remplazó el sulfato de sodio que debía servirme de purgante por sal de cocina; se lo conté a mamá. Yo seguía teniendo paciencia; pero empezó a acosar a mi hija. Le es cribía a escondidas, la hizo salir del convento, fue a almorzar a la ciu dad con ella y todo esto aterrorizándola y prohibiéndole expresamen te que me lo contara." Todos estos hechos eran incorrectos y cuando la madre de la enferma intentaba demostrarselo, la Sra. X... pretendía que su madre mentía, como todo el mundo a su alrededor. En agosto de 1904, aparecen manchas en una de sus piernas (eritema nudoso) que el médico atribuye a la medicación arsénica; pero dado que la misma había sido suspendida diez m eses atrás, lo que pasaba era que s eguían dándole secretamente el arsénico. Por otra parte, sus vómitos no eran naturales; el médico le dijo un día que tenía una intoxicación, Esta confesión la emocionó profundamente; y comenzó a alimentar se exclusivamente de huevos. Siguen enloqueciéndola, provocándola, quizás para hipnotizarla. En su habitación encuentra un papel en el que habían escrito: "Me quedaré con tu felicidad y tu buen nombre". Su marido afecta con la criada una gran intimidad, un "acuerdo", únicamente para exaspe rarla, ernpujarla al suicidio. Lo acusa de haber querido sumergirla en agua hițviendo en ocasión de uno de sus -.. .. --I... baños. Le reprocha ante tes tigos haber tratado de asfixiarla con el gas de las lámparas. Afirma Las locuras razonantes 27 que él ya no forma parte de la Administración, que pasa el día con sus amantes, Quiere que su madre acuda a una agencia para vigilar lo y le reprocha a ésta tomar partido por el culpable. Reclama jueces, lanza invectivas atroces contra su marido y lo increpa a suicidarse pa ra evitar la deshonra. N o salę más, su salud física se altera, y sus ma lestares son o tras tantas pruebas de los atentados que sufre. Lo que la irrita sobre todo es la insistencia que pone el Sr. X... para que su hija le mienta: la fisionomía de ésta última es reveladora: en presen cia de su padre, se queda callada y se sonroja. Finalmente, luego de una discusión sobre el temna, ultrajada, burlada, exasperada, segúa di ce, por la insolencia de las mentiras, se levanta de la mesa, va a la co cina, vuelve armada con un hacha y asesta cinco violentos golpes en la cabeza de su marido. Una vez detenida, la Sra. X... es enviada a Saint-Lazare, y luego del sobreseimiento, es internada una vez más (tercera internación, marzo de 1905). La Sra.. X... es una mujer de mundo, instruida, inteligente, con u na muy buena opinión de sí misma. Se declara feminista porque las mujeres son más inteligentes que los hombres. Habla y escribe con facilidad y elegancia. Dice sentir profundamente la alegría y la pena, gustar de la discusión, con la pasión de probarle a su adver sario que ella tiene razón, pero detesta la mala fe. Se presenta como víctima de su marido que, según ella, sólo tiene unos pocos raspo nes, cuando en realidad está gravemente herido. La Sra. X... des confia del personal, sabe que ponen algunas drogas en sus alimen tos. Más tarde confesará que un día que sintió una somnolencia anormal, sospechó que el médico le había provocado ese "comple to letargo", La Sra. X... cuenta con gusto su historia; a veces finge que sobre ciertos puntos sólo hace hipótesis; pide que le aclaren las cosas y se declara dispuesta a modificar su manera de ver si le dan argumentos convincentes. Pero es sólo una pose; en realidad, la en f erma permanece absolutamente refractaria a todo intento de recti ficar sus interpretaciones. Por otra parte, su aspecto es totalmente normal. Sólo acusa a su m arido, quien intentó envenenarla, violó a su hija y la llevó deli-1. beradamente a un acto de violencia con una serie de mentiras, de burlas y villanías cuyo único objeto era exasperarla. Es una tremen da injusticia dejarla internada, mientras que su marido, "el verda dero culpable", sigue libre. En agosto, la Sra. X... recibe la visita del fiscal; se inquieta, se pre gunta (sin razón) si no se trata de su interdicción. Está convencida de que s u marido quiere deshacerse de ella para casarse con su pri ma y reunir así sus propiedades; afirma que su hija no está más en el convento, s i bien las cartas que recibe prueban lo contrario. 28 PAUL SÉRIEUX Y JOSEPH CAPGRAS Septiembre de 1905. La Sra. X... se pregunta si no agregan a las cartas que le envía al fiscal ciertas frases o palabras que modi fiquen completamente el sentido: esto ya ocurrió, según ella, en cartas escritas a su madre, a su marido. Acusa a éste último de ha berle contagiado una enfermedad; "Me robó la salud, el honor, mi dinero, mi hija; sólo me queda la vida, que no me interesa." Dice tener todavía un secreto terrible que la ahoga y que no pue de confiar a nadie; se trata una vez más del Sr. X..., quien podría ir a la cárcel si se revelara este secreto, La S ra. X... teme por sobre todas las cosas que la hagan pasar por una "impulsiva", ella no cedió a un acceso de locura impulsiva cuando golpeó a su mari do, dice, sino que ejecutó su acto fríamente, con sangre fría y "premeditación". La Sra. X... se queja de que su familia la descuida y que la deja r ía internada con gusto para poder disponer de su fortuna. Un día, después de una visita del magistrado, afirma que su divorcio y su interdicción fueron pronunciados durante su internación anterior: a los magistrados les presentaron una enferma inconsciente y les dijeron que era la Sra. X... ; engañados con esta substitución, pro nunciaron el divorcio o la interdicción. El Dr. P. Garnier, que pare cía bien dispuesto para con ella cuando pasó por el Dépôt, murió súbitamente al día siguiente; fue su marido quien lo hizo desapare cer; lo m ismo hará con el médico del asilo si la deja en l ibertad. La Sra. X.., duda de la autenticidad de los documentos emanados de la Justicia, Octubre. La enferma interpreta los nombres de las enfermeras; ve "coincidencias muy extrañas". Desea volver a ver una carta que escribió al fiscal y que se le entrega, para verificar que el tex to no ha sido alterado. La sorprende sentir la necesidad de dor mir con frecuencia; deben estar poniendo algo en sus comidas. Examinada a su demanda por el cirujano, lamenta que no haya encontrado rastros de sífilis, lo que hubiera demostrado la exac titud de sus palabras. Se preocupa al ver en sus sábanas manchas semejantes a una yema de huevo: "¿A caso quieren hacerla pasar por senil?" El practicante trata de hacer creer que está inconsciente: sin du da está comprado por su marido, así como todo el personal y los magistrados. Cree que de vez en cuando se la duerme con drogas o con hipnotismo: el practicante se sonroja y empalidece al verla co mo alguien que tiene la conciencia sucia. Al médico le reprocha el ignorar lo que ocurre en su servicio, haciendo alusión a los narco ticos y a los venenos que le dan: "Usted es responsable, exclama, de lo que ocurre en su servicio día y noche (enfatiza esta última pala Las locuras razonantes 29 bra); aquí pasan cosas abominables. Por la noche me hacen experi mentos; ino son suposiciones, son hechos!" Algunos días después, la Sra. X... renueva contra su marido la acusación de haber hecho desaparecer al Dr. Garnier, a un enfermo de un asilo y a una tercera persona; también trata de deshacerse del médico. El Sr. X... es capaz de todo y no duda en contratar una agencia especial para hacer desaparecer a la gente que le molesta. Noviembre. - La Sra. X... se queja de que quieren hacerla pasar por alucinada, impulsiva, paralizada, lesbiana y senil. Las persecuciones de las que es víctima recrudecen precisamente en el momento en que se hacen trámites en su favor. Aquí dos enfermeras la hipnotizan, sė trata de secuaces de su marido. Antes creía que ejecutaban las órdenes del médico, quien deseaba que cometiera una acto de violencia. Por la noche, entran en su cuarto, tal como lo prueban cantidad de obje tos cambiados de lugar. Sus hemorragias, su somnolencia, sus vómi tos son el resultado de las maniobras de los practicantės. La enferma escapa el 22 de noviembre de 1905, pasa once meses en una propiedad en la provincia, desde donde le escribe al médi c o la carta citada más adelante. En octubre de 1906, vuelve al asilo (cuarta internación). La Sra. X... se queja de que su familia la secuestro luego de su evasión; ha soportado las peores afrentas, resistido a las provocacio nes, permaneciendo invariablemente dulce y resignada. Pero tiene que revelar aún hechos más graves. Su madre y la monja que la asis tía trataban de exasperarla todo el tiempo; azotaban las puertas contra ella, le pisaban los pies, la trataban como a una niña o a una idiota para llevarla a cometer hechos por los que la internarían nue vamente. Por fin su madre y la monja, no dudaron en envenenar la: después de dormir durante tres días y tres noches, sufrió vómi tos que sin duda se debían al arsénico. Debió guardar reposo, recha zar todo alimento, salvo huevos crudos, y también los huevos esta ban envenenados: tuvo que provocarse el vómito. Cuando les dio a la cocinera y a su perra la comida que le estaba destinada, ambas presentaron síntomas de intoxicación. Este envenenamiento tenía por objeto, si no hacerla morir, al menos enfermarla física y moral mente y legitimar así su internación. Un médico que debía venir a verla, t ambién sufrió vómitos. La Sra. X... se sigue creyendo perse guida por una agencia cuya misión es hacerla desaparecer, a ella y a los que se interesan por ella. La enferma mantiene formalmente la acusación contra su ma dre; afirma que su hermano y otros parientes (uno escribano, el otro abogado) la despojaron de su fortuna en 1902 y por ello deben ir a juicio. Si la internan, es para iinpedir estas denuncias. 30 PAUL SÉRIEUX Y JOSEPH CAPGRAS Acusa a todos los que se acercan, o casi, de haber sido compra dos por sus enemig os: el practicante, el médico, el personal tam bién están pagados para hacer informes falsos, decir que está perse guida, alucinada, paralítica. El fiscal que viene a verla y le afirma que se equivoca, también es cómplice: se ha puesto de acuerdo con su familia y ha falsificado documentos, y si la recibe mal es que es tá furioso por no saber cómo salir del lío.. Quieren hacerla desaparecer con narcóticos, la hacen dormir tre ce horas con "substitución de remedios". Ve que su lengua está su cia. ¿Por la comida, por el cloral? "Estoy convencida de que me duermen con veronal. No tengo somnolencia cuando como ali mentos que yo misma elijo en la cocina. Un día vi a la enfermera con un cuentagotas en la mano y con láudano: es fácil equivocarse de taza. Un gato al que le di a beber de mi leche, vomitó, lo hicie ron desaparecer; en mi almohada vi rastros de jarabe." Afirma estar interdicta y divorciada desde 1902; su marido se vol vió a casar y tiene hijos, Se entero de su divorcio por los diarios; tu vo en la mano ciertas pruebas que su familia hizo desaparecer. El Sr. X... es bígamo ya que, después de 1902, vivió más de un año con ella. Sobre este punto cito un pasaje de una carta enviada al Fiscal: "Me llenó de indignación tener la prueba de que el Sr. X... , quien había retrocedido ante un juicio público, había obtenido del tribunal d e la Seine, a mis espaldas y contra mí, un fallo de divor cio, la custodia de mi hija, un fallo de interdicción gracias a docu mentos falsificados y substitución de persona y que, durante largos meses yo había vivido en concubinato, dado que estaba divorciada sin saberlo y que el Sr. X... e ra bígamo, con mujer e hijos en otro departamento. A pesar de la ley que protege los bienes de los a lie nados, me encuentro desposeída de mi fortuna, que se eleva a unos 200.000 francos, y de todos mis objetos personales. Desde mi sali da de Ville-Evrard, mi vida es ejemplar, pero se me considera muer ta y secuestrada completamente. Confío en vuestra integridad, Se ñor Fiscal, y espero que la Justicia me devuelva a mi hija, mi liber tad y mi fortuna. Tengo el honor de dejar e n vuestras manos una demanda contra el Sr. X... y sus cómplices". La Sra. X... estudia minuciosamente las cartas que recibe. Los sig nos de puntuación, las faltas de ortografía dan lugar a numerosas in terpretaciones. Su hermano le escribe: "deseamos que te recuperes", Hace notar que el punto final es de un grosor inusitado, por lo tan to, hay que leer: "No deseamos que te recuperes"*. La palabra "esta * La palabra punto, en francés: point, s e puede utilizar también para construir la negación de la frase (N. de la T.). Las l ocuras razonantes 31 do" se repite con una línea de intervalo: esta repetición, voluntaria, alude al deseo que a menudo manifestó la enferina de que la pusie ran en una casa del Estado. Así también se repite la palabra "diferen te": se quiere hablar de diferendos. Su hermano le anuncia el envío de distintos objetos de toilette, pone de más las dos letras "es" (es cierto); es para decirle que los objetos de los que habla están de más. Los devuelve. En una carta de su madre encuentra las palabras: "cam biado.., no para ti", lo que quiere decir que el practicante no está bien dispuesto para con ella. En su pabellón está la mujer de un abogado que "cuenta" sin cesar; ahora bien, uno de sus perseguidores, su pa riente, es abogado. Esto significa que éste último no escatimará en gastos para dejarla aquí, etc. Su hermano fragua falsos mensajes. Te me que cambien sus cartas, que supriman palabras con ciertos áci dos, que la hagan pasar por epiléptica o histérica. Noviembre de 1906. La Sra. X.., interpreta los retratos de las ce lebridades del día que aparecen en los diarios: se trata de gente mezclada en su historia. La fotografía de un ministro es para ella la de un oficial que la apoya. El retrato de un gran duque se parece muchísimo a su marido: en la columna vecina, encuentra las pala bras: "suprimir" y ciertas iniciales que son las suyas; esto significa que su marido quiere suprimirla. Se corre el rumor de que es la enfermera quien escribe sus cartas, nos propone escribir sola en una habitación. Pide que la revise una comisión de control. "Estoy débil y sola, escribe, pero estoy en m i d erecho y en mi sano juicio. Aún espero que la verdadera ciencia y la justicia terminen con la expoliación, la intriga y el crimen." La Sra. X... sigue afirmando que le ponen polvos en la comida para dormirla. Una mañana se queja de trastornos dispépticos, de gases, y esa misma mañana oye disparos de cañón (hecho cierto). Esta coincidencia le parece extraña. Diciembre. - La Sra. X... nos señala una extraña asociación: una e nfermera se llama Viste (pronunciado vist, en francés), ahora bien, en el juego de cartas llamado whist, h ay un "muerto" : ¿a caso es ella "el muerto"? Afirma que uno de los médicos fue comprado por su m arido; fabrica certificados falsos. "Estoy enterrada en vida aquí. Todos me engañan y desconfío de todo. Yo sola digo la verdad y no querría mentir por nada en el mundo, pues aprovecharían para de cir que estoy alucinada. Mis parientes, mi ex-marido me despojaron con medios criminales, acumularon documentos falsificados, por eso tienen miedo de verme en libertad. Harán todo lo posible para mantenierme secuestrada aquí." La Sra. X... sospecha que s e interceptan sus cartas (lo cual es fal so); su familia hace correr el rumor d e que está sifilítica para impe 32 PAUL SÉRIEUX Y JOSEPH CAPGRAS dirle volver a casarse y hallar así un defensor en su nuevo marido. Si Dios no la protegiera, ya la habrían asesinado hace tiempo. Un diario que lee y comenta con atención, está al corriente de su caso y cada día publica notas destinadas a chantajear a sus enemi gos. Por ejemplo, una frase dice: "acaba de estallar un escándalo"; en la columna siguiente, en otro artículo: "lo sabemos y lo daremos a conocer". Se trata de una alusión a su caso que por otra parte, la Sra. X... compara con el caso Dreyfus; la frase: "ese malvado de D..." habla de uno de sus parientes. En el siguiente recuadro : "El padre Z.., doctor e n teología, canónigo de Tours, sacerdote de Charenton, t iene el honor de ofrecer al Sr. Lemaître? ...". La Sra. X... reconstitu ye con la ayuda de las palabras destacadas, la siguiente frase: "El doctor de Tours (uno de los médicos que la han tratado) ponerlo (debería ser internado) en Charenton"3. Ve el siguiente título: "Un capitán destituido"; comprende que el capitán que podría haberla ayudado ha sido asesinado4. Enero de 1907. La Sra. X... sigue interpretando frases o palabras halladas aquí y a llá en el diario: "El doctor X... le anuncia al Sr. F ... cuánto... ". Esto quiere decir, jugando con un parecido de nombre del médico: "El doctor pregunta cuánto se le pagará." Más adelante, en un anuncio aparece la cifra de 2 0.000 francos. ¿Es una simple coin c idencia? Su hermano le envía una tarjeta con un dibujo de violetas: alusión a la violación de su hijas. Le dan un diario desgarrado, otra alusión a la v iolación. A veces permanece tendida en una reposera; s e aprovechan entonces para presentarla ante el médico-inspector como una enferma de parálisis general. Una carta de su madre termi n a con las palabras: “por el momento" seguidas de la fórmula: "te mando un beso", lo que da ; "te miento" y significa que su madre ha mentido a lo largo de toda la carta. Durante todo el año de 1907, la Sra. X... sigue inultiplicando las interpretaciones. En una carta de su madre, hay una sílaba suprimida en una palabra: esto quiere decir que suprimirán a la enferma. El practicante cobró 25.000 franıcos pa ra hacerla desaparecer: la prueba son las cifras encontradas en los anuncios. Se propone demandarlo por 100.000 francos; él l a hace pa 2. Destacamos las palabras, s ílabas o letras que l a enferma utiliza para construir una frase que se adapte a su sistema delirante. (N, de la T.). 3. Le d octeur de Tours l e mettre à Ch arenton, en francés Lernaîtr e asociado por iden tidad fonética con le mettre=ponerlo, Charenton= el asilo de dicho lugar. (N. d e la T.). 4. "Un c apitaine destitué", en francés tué quiere decir matado, asesinado. (N. de la T.). 5. En francés violettes, e s decir viol=violación. (N. de la T.). 6. "Pour l e moment." "Je t 'enbrasse" Je= yo, ment= miente. (N. de la T.). Las locuras razonantes 33 sar por sifilítica, Un diario anuncia que una tortuga fue vendida en 400 francos. ¿No es un poco excesivo? Otra alusión a su caso... En cuentra las siguientes palabras en distintas columnas de un diario: "En venta... cuánto... 30.000 francos". Esa es una coincidencia signi ficativa, La Sra. X... nos muestra la puerta de la estación de Lisboa, en forma de herradura: eso significa que "la matarán" en Ville Evrard?. En un diario, lee "viento del oeste" (vent d'ouest) quiere decir "vendi do" (vendu) ( un médico). Interpreta los anuncios: "honorarios fijos 4000 francos" significa que los honorarios del médico fueron reduci dos a la mitad. Ciertas publicidades tienen por objeto invertirla. No ta ciertos signos gráficos singulares que antes no existían en la escri tura de su hermano; estos signos quieren decir algo. Así también, en las cartas de su madre halla "jeroglíficos interesantes" y frases que sa be interpretar, La siguiente: "Olvidas imputarte a ti misma todos l os hechos que me reprochas, siempre actué para contigo como debía hacerlo", significa: "Mátate... debías hacerlo... todos en tu casa", to dos tus enemigos se han instalado en tu casa, sólo te queda matartes Actualmente (1908), la Sra. X... acusa a su hermano de tratar de ma tar a su madre. La enfermedad lleva ya unos nueve años, sin tender ni hacia la cura ni hacia el debilitamiento intelectual, El delirio, siem pre a base de interpretaciones, se hace cada vez Inás invasivo. No hay alucinaciones. 1. Síntomas positivos Las manifestaciones mórbidas del delirio de interpretación resi den en las concepciones y en las interpretaciones delirantes. A. Concepciones delirantes Haciendo un somero examen, la naturaleza de las concepciones delirantes parece ser el síntoma principal, y la atención se fija en el t ema novelesco. En general se hallan ideas de persecución y de grandeza, aisladas, combinadas o sucesivas, Las ideas de celos, místicas y eróticas son fre cuentes. Se observan a veces ideas hipocondríacas, excepcionalmente, 7. En francés herradura es fer à cheval, j ugando con las palabras la enferma ob tiene l'achèv e ra, es decir, "acabarán con ella". (N, de la T.). 8. "Th oublies de t'imputer à toi-même tous les faits que tu me reproches; j'ai toujours agi envers toi comme j e devais le f aire" da tu asociado por identidad fonética con el imperativo del verbo matar tue-toi= m átate, t u devais le faire d ebías hacerlo, tous =todos, ches, asociado por la escritura y la fonética a la preposición cliez= en la ca s a de. (N. de la T.). 34. PAUL SÉRIEUX Y JOSEPH CAPGRAS ideas de autoacusación; más raramente, ideas de posesión, transitorias o específicas de los débiles mentales. Nunca hay ideas de negación. En realidad, estas fórmulas delirantes sólo tienen un valor con tingente; su descripción detallada aparecerá en el próximo capítu lo; basta con indicar aqui brevemente sus características. Los rasgos comunes de las concepciones delirantes están asocia dos al estado mental característico de los interpretadores, quienes saben defender sus ficciones con argumentos tomados de la reali dad. A veces quiméricas, estas concepciones se mantienen en el ám bito de lo posible, de lo verosímil (burlas, perjuicios, robos, enve nenamientos, etc.). No se ven intervenir a poderes sobrenaturales. La coordinación de estas concepciones en un sistema se efectúa de manera muy variable; a veces rápida, a veces muy lenta, esta coordinación puede ser precisa y segura o rudimentaria y vacilan te, pobre o muy compleja. La falta de sistematización proviene ya sea de la abundancia de las interpretaciones que desorientan al enfermo, ya del carácter dubitativo de éste último. En ciertos ca sos, se trata menos de convicciones delirantes propiamente di chas que de dudas delirantes (Tanzi): el hecho inverosímil no se considera cierto, sino posible. Volveremos a estas diferencias su perficiales estudiando las variedades y evolución del delirio de in terpretación. . Estas concepciones delirantes suelen guardarse en secreto. La di simulación es tan frecuente que se la podría considerar casi como un síntoma. Observada a veces en los sujetos en libertad, se torna, por así decir, la regla en los sujetos internados. El interpretador, que deconfía poco o mucho del entorno y del médico, no comparte su pensamiento más que a través de reticencias y sobreentendidos. En general, en el momento de la internación hay un período de exci tación con cierta locuacidad, pero pronto el enfermo se encierra en u n semi-mutismo. Como por otro lado la conducta es correcta, es ta disimulación le origina al médico ciertas dificultades, que pue den llegar a ser muy grandes, dado que la disimulación puede du rar largo tiempo. Una mujer supo callar durante un año un delirio de grandeza, que sus escritos terminaron por revelar. Un persegui do interpretador de Séglas y Barbé durante casi cinco años no re veló nada de su delirio, a pesar de las interpretaciones activas. La disimulación de las ideas de grandeza es particularmente frecuente. A veces el enfermo se calla, no para disimular, sino porque tiene conciencia de lo inverosímil de su delirio. Una megalomana, que 9. Séglas y Barbé, "Un aliéné réticent", Encéphale, Junio de 1907. Las locuras razonantes 35 terminó por confesar que era la cuñada del rey de Inglaterra, agre gó: "No hablo de eso pues me tomarían por loca; ¡e s increíble!". B. Interpretaciones delirantes Los interpretadores no inventan totalmente los hechos imagina rios; no se trata de ficciones sin fundamento o de ensoñaciones de u na fantasía enfermiza. Se conforman con deformar, trasvestir, am plificar los hechos reales: su delirio se apoya casi exclusivamente en l os datos exactos de los sentidos y de la sensibilidad interna. Una mirada, una sonrisa, un gesto, los gritos y las canciones de los ni ños, la tos o los esputos de un vecino, los susurros de los transeún tes, los pedazos de papel hallados en la calle, una puerta abierta o cerrada, una cosa insignificante sirve de pretexto para las interpre taciones. Cuanto más insignificante parece el hecho ante los dernás, más perspicaces se creen. Allí donde otra gente no ve más que coinci dencias, ellos, gracias a su clarividencia interpretativa, saben desen trañar la verdad y las relaciones secretas de las cosas. Esta aptitud para adivinar las alusiones ocultas, para comprender las.insinuacio nes y las palabras de doble sentido, para interpretar los símbolos, le confirman al enfermo la buena opinión que tiene de su sutileza: "Comprendo lo que nadie comprende", nos dicen. Dos enfermas de Régis son características desde este punto de vista. La primera dice: "Tengo la sensación de que con esta penetra c ión que me ha dado mi mala estrella y que siempre me lleva a hur gar en la corteza para ver lo que hay más profundamente, es mejor vivir sola y alejada." La segunda construye una historia sobre el he cho más nimio; las expresiones por lo que parece", "por lo que en tendí", "tal como yo lo había adivinado" aparecen todo el tiempo en su conversación. Declara luego: "Me basta con una palabra para comprender toda la idea que usted quiere desarrollar." Siente la ne cesidad de darles explicaciones a sus compañeros acerca de cual quier cosa, y luego interpreta en tal o cual sentido, aunque no ha ya nada que pueda interesarle. Si el enfermo busca en vano la explicación, esta misma dificul tad suscita una nueva interpretación: quieren confundirlo, actúan por caininos perversos; sin "su sólida razón" no podría encontrar la explicación. Esta tendencia al simbolismo se exagera a veces al pun to de aparecer en el lenguaje y la conducta. El sujeto emplea enton ces frases con doble sentido, expresa su pensamiento en forma de juegos de palabras o criptogramas. Un perseguido, después de ha ber disparado contra un individuo, pone en la puerta del herido, que creía muerto, un "pedazo" (morceau) d e "aro" (cerceau) para in 36 PAUI. SÉRIEUX Y JOSEPH CAPGRAS . --- dicar así: "El muerto era un tonto, así trato a los tontos" (Pac- tet 10, El c ampo d e las interpretaciones es ilimitado. El análisis del de lirio sería incompleto si no consideráramos los principales agentes que ayudan a establecerlo, a consolidarlo, a amplificarlo. Examina remos así 1) las interpretaciones exógenas, cuyo punto de partida son -. ..... --.-----. . -. -.-. -.-. los datos que aportan los sentidos: el mundo exterior; 2) las in terpretaciones que se originan en sensaciones internas, la ceneste sia, así como las que utilizan las modificaciones psíquicas, los tras tornos funcionales del cerebro, los estados de conciencia (Interpre taciones endógenas). 1) Interpretaciones e xógenas. Los pequeños detalles de cada día le son útiles al interpretador. Un empujón accidental en la calle es in dicio de una emboscada; una mancha en las ropas, el más eviden te de los ultrajes. Sus pantalones, zapatos, corbatas, están rotos, gas tados merced a "procedimientos científicos". Alguien se niega a darle la mano o se la da fríamente, recibe "saludos" irónicos. Si en su camino encuentra una carreta de basura, es una alusión injurio sa. Nada escapa a su ingenio: ¿qué significan cada mañana esas sa banas, esas cobijas rojas en las ventanas vecinas? ¿y esas rayas que después de un minucioso examen con lupa descubre en sus fotogra fias; no es una burla a sus arrugas? Le hablan a un enfermo de la operación de cataratas: lo toman por un marido ciego. Si alguien le pregunta si hay peces en el río de su región, le está insinuando que es una "caballa"l1 ¿Por qué le enseñan al hijo de ese funcionario, que pidió una licencia por enfermedad, la fábula del "Falso enfer mo"? ¿P or qué sus colegas golpean el suelo con su bastón, o a ve ces llevan el bastón sobre el hombro? Una mujer cree que su mari do le anuncia la intención de separase de ella pegando en una car ta dos estampillas de cinco centavos en lugar de una sola de diez (Ziehen). Para un enfermo de Tanzi, los zapatos de charol expues tos en la vidriera de un zapatero, significan por su coquetería de mal gusto: "Eres un pederasta pasivo", Otra enferma ve en cada co lor un símbolo: el rosa quiere decir "un hermoso bebé" que ella ha bría matado; el blanco alude a su amante el Sr. Blan... La ropa de las vecinas, pantuflas, pañuelos: ¡burlas manifiestas! Un pedazo de tra po, un hilo constituyen "evidencia". 10. Le m ort était sot, c ' est ainsi que je sers les sots, asociado por idéntica pronuncia ción morcealt=n ort-sot ( muerto-tonto), cerceau= sers-sots (trato-tontos). (N. de la T.). 11. En francés caballa=maquereau, esta palabra es usada en lenguaje popular co mo insulto, con el sentido de "proxeneta". (N, de la T.). Las locuras razonantes 37 Las actitudes, los gestos, la mímica de los demás o de ellos mis mos tienen un papel considerable. Uno nos dice "¿Por qué la gen te se lleva la mano a los ojos, si no es para decirme que estoy ciego; por qué mi mujer, m i hermano y yo mismo miramos para arriba? q uizás para probarine que yo no veía bien." Por qué tiene a veces los ojos en blanco: lo hipnotizan. "Al ver la expresión de la fisiono mía de la Sra. A..., escribe una enferma, y sobre todo su gesto de meterse el dedo en la nariz, como cuando uno va a hundir un sa cancorchos en una botella, me pregunté de quién era ella el instru mento inconsciente, pero arbitrariamente vindicativo. ¿Había pre meditación? Lo ignoro... la Sra. B... me mira fijamente en la mesa, me mira con descaro en el salón, me acompaña al jardín y, cosa in comprensible, adonde quiera que voy, se presenta de golpe, me lan za una mirada y, fingiendo que no s e ocupa de mí, se aleja." Para otra enferma, los brazos cruzados significan que su hijo está vivo; si alguien se rasca la frente, se alude al Sr. X..., si alguien se toca la nuca, se trata del Sr. Y ..., bostezar, t amborilear con los dedos en la m esa o en las ventanas, son otros tantos actos provocadores; un ac ceso de tos, dos, tres accesos, representan tal o cual cosa: así se re presentan continuamente con "farsas y muecas", escenas de su vi da. Una enferma de Deny y Camus, se aprendió de memoria un pe queño libro análogo a la Clef des songes, (La clave de los sueños) en el que todos los objetos usuales tienen un significado particular: al filer igual a injuria; paraguas, protección; escoba, cambio, e tc.; así creó un lenguaje simbólico. Los menores indicios dan lugar a extraordinarias conclusiones: una muchacha cree que una actriz la mira en distintas oportunida des; se convence de que es la hija de esta actriz. Ciertos delirios sis tematizados eróticos descansan casi exclusivamente en el supuesto significado de movimientos fisionómicos; varios amantes de artis tas líricos interpretan así en su favor el juego escénico. Como vemos, se trata de un verdadero delirio de significado per sonal: "tua r es agit ur" e sa podría ser la divisa del interpretador. Las investigaciones de los enfermos se extienden a veces a acon tecimientos importantes: penas domésticas, duelos, malos nego cios. Atribuyen la muerte de un pariente a un envenenamiento o a un crimen. La especialidad de algunos es la gran actualidad: sus car tas a los ministros y a los soberanos tienen una influencia decisiva en la diplomacia; gracias a sus consejos, Rusia y Japón firman la paz; el rey de Inglaterra hace varios viajes para venir a ayudarlos; el poder de su crédito cubrió varias veces tal préstamo. Una persegui da ambiciosa de Joffroy es muy interesante desde este punto de vis ta. Su delirio, desde hace muchos años, sólo concierne a los acon 38 PAUL SÉRIEUX Y JOSEPH CAPGRAS tecimientos contemporáneos: guerras, catástrofes, discusiones polí ticas, juicios sensacionales. El caso Dreyfus, el caso Humbert, siem pre se trata de su caso con nombres convencionales; la guerra an glo-boer, la guerra ruso-japonesa, el problema de las congregacio nes, la separación de las Iglesias y del Estado, las crisis ministeria les, todo es una parodia de sus querellas. Para estos sujetos no hay signo simbólico más importante que la palabra; la palabra oral y escrita es fuente inagotable del "delirio de extrospección". Al interpretador suele bastarle con apropiarse de los gritos de la calle: "Eh, exagerado!" "Mejillones!"12, "Charen ton-Vincennes..." Joffroy ha insistido mucho en este punto; a las preguntas que se les hacen, estos enfermos responden a menudo: "me lo dijeron", y es cierto, Cuidado con dejarles entrever que se los considera alucinados; nada los indigna más, nada los hace du dar más de la buena fe del médico. · Una frase, por anodina que sea, basta para hacer surgir las su posiciones más audaces. "Tiene que conocerlo" le dicen a una en ferma, mostrándole un retrato: el de su padre seguramente, un poderoso monarca. Otro oye en la calle que una mujer le dice a un niño: "Estás bien peinado", y un empleado dice en un nego cio "No hay arañas en el techo", alusiones a su supuesta locura13. Al pasear con su prometida, sorprende en la conversación de dos individuos estas significativas palabras: "Ella no es para ti". "Re ma y naufraga", cantan delante de él. Diálogos enteros, despoja dos de su sentido, provocan concepciones delirantes. Una enfer ma escucha que su madre y su tío murmuran: "Llegamos dema siado tarde, el testamento estaba hecho - Sí, si no muere... mala cosa para nosotros..." Estas palabras se graban en su memoria; al asociarlas con la reciente muerte de un obispo, concluye que, hi ja de este obispo, sus supuestos parientes quieren que muera para quedarse con su herencia. A veces, la expresión percibida toma u n sentido emblemático: verdaderos juegos de palabras constituyen así otros tantos argu mentos para el interpretador. Gallo, significa orgulloso; pera, imbé cil14; si se le da un cepillo, no obtendrá lo que deseals, te ofrecen 12. En francés, moule=m ejillón, en lenguaje popular tiene el sentido de tonto, imbécil. (N. de la T.). 13. in francés, l a expresión Avoir une araignée au plafond=literalmente "tener una araña en el techo" significa en lenguaje familiar "estar loco". (N, de la T.). 14. En francés poire=pera significa en leriguaje familiar "tonto". (N, de la T.). 15. En francés brosse -cepillo, de allí el verbo brosser y la expresión familiar "tu p erex toujours te b rosser"= no obtendrás lo que deseas, (N. de la 1.). Las locuras razonantes 39 arroz (riz), se ríen de él (on s e rit de lui) ; le dan un metro (mètre), ¿él es el amo (maitre) ? Se habla de piel (peau) o de gruyère: su mujer es una prostituta con experiencia 6, un individuo llamado Lafay se sienta a su lado: ¿acaso lo acusan de un crimen?17. Una enferma pretende que una enfermera ha sido contratada para matarla, a ella y a otra paciente: la oye tararear la "canción del rey de Thulé"18. Estas interpretaciones basadas en similitudes de sonido, en apro ximaciones, en juegos de palabras, son bastante características. Hasta utilizan los nombres propios de las personas del entorno. Una de nuestras pensionistas, mujer inteligente (obs. I), nos habla un día de "asociaciones muy interesantes". "En la época de la vio lación (supuesta) de mi hija, repetí con frecuencia su nombre: Ma rie. Pues bien, al llegar al asilo, me entero de que una enfermera se llama Marie Potin" alusión a los chismes que le reprochaban que contaba sobre su hija19 "Otros hechos curiosos, mi suegra habla ba un día en una habitación vecina con mi marido: la oí decir: “Hi jo mío, ella se está volviendo peligrosa, cuento con su internación" y lo repitió tres veces. Pues bien, hay una enfermera que se llama Conté. Finalmente, mi marido me decía a menudo que oía voces (voix), y me entero de que una enfermera es originaria de Sabo ya20". El Dr, Mauclaire viene a examinarla: otro nombre significati vo: su situación no e s clara!21, La letra manuscrita es también punto de partida de cantidad de interpretaciones. La forma de las frases, la forma de las letras, una p alabra subrayada, las faltas de ortografía, la puntuación, la firma, c ualquier cosa despierta las sospechas. "Al final del nombre de mi hijo, dice una enferma, parece que hay una u y no una ri; él nunca escribiría así"; su conclusión es que le envían correspondencia fal sa. Otra cree reconocer dos escrituras en el sobre: por ende, la están engañando. Una tercera halla un punto demasiado grande al final de una frase: esto equivale a una negación, a la retractación de la frase amable (ver ejemplo ya citado). La lectura de los diarios da innumerables datos, Los enfermos 16. En francés, en lenguaje popular peau=p rostituta; grteyère, asociado por fone tica a grue= prostituta en lenguaje popular, d'hier= de ayer, de antes, con expe riencia. (N, de la T.). 17. Asociación por idéntica pronunciación Lafay=il l'a f ait, es decir, "él lo hizo". (N. de la T.). 18. En francés Thulé a sociado por idéntica pronunciación a tue-les: mátala. (N. de la T.). 19. En francés potin=chisme, rumor. (N. de la T. ). 20. Savoie, asociación fonética por igual pronunciación. (N. de la T.). 21. Maux-males, claire=clara. (N. de la T.). 40 PAUL SÉRIEUX y JOSEPH CAPGRAS descubren en los artículos alusiones personales; las noticias policia l es, las novelas, relatan su propia historia; algunos creen mantener co rrespondencia a través de los anuncios. Los periódicos ilustrados publican con nombres falsos los retratos de sus enemigos: uno de nuestros pensionistas toma los retratos del rey y de la reina de Ita lia por los de su esposa y de un supuesto amante. En una mujer cul ta (obs. I), el Matin tiene un importante papel como causa de inter pretaciones: títulos sensacionalistas, grabados, programas de teatro, informes meteorológicos, todo sirve para alimentar su delirio; la administración del diario, al corriente de las infamias y de las falsi ficaciones cometidas por sus enemigos, trata de chantajearlos. El t riple titular "hacen falta rehenes... hacen falta... hacen falta..." sig. nifica que sus perseguidores cometieron tres falsificaciones22. 11 L os títulos de artículos: "La falsificación familiar", "Protectores del fraude", "La trata de blancas", "En flagrante delito de mentira", "Traición, robo y venta de documentos", "El pabellón de la eterni dad", "El secreto de la ganancia", etc, son otras tantas alusiones a su familia, al médico, al asilo. Un periódico ilustrado reproduce una mezquita con tres puertas, lo que indica las tres salidas de la enfer ma de distintos establecimientos. Le envían una tarjeta con dos ca bañas y una guirnalda de violetas para recordarle las dos violacio nes de su hija. . Finalmente, para algunos la cosa se complica; la lectura de los diarios o de las cartas sirve para descifrar enigmas muy complejos, "verdaderos criptogramas", "jeroglíficos interesantes". Explican, comentan, traducen en lenguaje claro ciertas fórmulas criptográfi cas. Este desciframiento parece tener lugar con un procedimiento análogo al de las grillas criptográficas que, aplicadas a un texto, ocultan ciertas palabras y sólo dejan ver las que sirven para compo ner la frase secreta. Nuestra enferma (obs. I) aísla de este modo en un artículo cualquiera palabras, sílabas, letras con las que pretende reconstituir el sentido oculto del texto. Por ejemplo, en la frase si guiente de una carta a su madre: "No te gusta que te hablen del tiempo, pero no se puede hacer otra cosa. En esta estación en la que se debería poder salir sin temor...", lee agrupando las palabras su brayadas: "En esta casa (asilo) donde se debería salir"23. En la se gunda página de la carta se lee : "mi pobre pequeña", en la tercera 22. faut= h ace falta, asociado por idéntica pronunciación con faux=falsifica ción.(N. de la T.). 23. "Tu n'aimes pas qu'on te parle du temps, mais 011 n e peut faire autrement. Dans cette saison où on devrait sortir sans crainte... mais on a sociado gráfica y fo néticamente a maison= casa. (N. de la T.). Las locuras razonantes 41 se habla de una sombrilla desgarrada y, algunas líneas más abajo, de la Srta. Y.... la enferma asocia así estas palabras "mi pobre peque ña señorita desgarrada" (su hija, que ella cree ha sido violada por su marido). En el informe meteorológico de un diario: viento del oeste (vent d'ouest) s ignifica que el médico está vendido (vendu), combinando las letras que ella subraya. Cuando su madre (que, se g ún ella, la persigue) le escribe: "Tú olvidas que... 24 concluye que su madre le aconseja que se suicide. En una tarjeta postal encuen tra las siguientes palabras: Unión postal (logo impreso), saludos... bien... con... B..., y forma la siguiente frase, destacando que la s de saludos, anormalmente grande, equivale a "es": "Es con B... que de seabas unirte?" En las informaciones financieras, la frase: "El alza va a acentuarse, se duplicará el capital..." quiere decir que se dupli cará la suma prometida para el que la mate (accentuer, tuet: matar). Las palabras Tirol, Vénétie, significan que X..., que vuelve del Tirol, tiene sífilis25 Algunos interpretadores llegan a sostener que se imprime un nú mero especial del diario sólo para ellos: "En junio de 1900, escribe un enfermo de Legrain, aunque estaba suscripto al Matin, recibí de g olpe una serie de números donde me decían claramente que yo era el emperador de Alemania, Más tarde fui hasta el Matin para buscar estos números, Revisé toda la colección. Pero me fue impo sible hallar estos artículos. De allí mi conclusión de que habían im preso un número especial para mí." Dos de nuestras pensionistas hacen una suposición análoga: una habla de los diarios "enloque cedores" y hechos especialmente para ella, (obs.I); la otra, buscan do en vano un número que llamó su atención, asegura que estaba previsto vender sólo una pequeña cantidad de ejemplares de dicho número. 2) Interpretaciones endógenas. a ) Interpretaciones tomadas del es tado orgánico. A las incalculables causas provocadoras emanadas del mundo exterior se agregan las sensaciones internas, La intros pección somática (Vaschide y Vurpas) a veces es sólo la expresión de un delirio de interpretación. A menudo el enfermo no basa sus deducciones en ningún tras torno mórbido, sino únicamente, como lo destacan las autores mencionados, en la observación minuciosa de su organismo "que 24. T uo ublies t oi- même... = tue-toi: m átate. (N. de la T.). 25. Por la raíz véré... empleada p or ejemplo en la palabra vénérien=venéreo. (N. de la T.). 42 PAUI. SÉRIEUX Y JOSEPH CAPGRAS le hace considerar patológicas ciertas verificaciones que antes no había realizado, simplemente porque no las había buscado", Cier tos fenómenos fisiológicos (fatiga, erección...) sirven de punto de partida para las interpretaciones. Uno de nuestros perseguidos le imputa a la intervención del médico los desordenados" que siente en los miembros; si después de l eer el diario, "pinchazos" o "los movi mientos está cansado, es que lo hipnotizan; sus poluciones nocturnas provienen de ingredientes que le dan a sus espaldas, etc. Una mujer explica las crisis clitoridianas que siente por una in fluencia extraña oculta; acusa a distintas personas de actuar a dis tancia sobre sus órganos genitales. Algunos atribuyen a un envenenamiento ciertos trastornos pro vocados por la neurastenia, la tuberculosis, la dispepsia, la entero colitis, etc...... En ocasión de un problema gástrico, un enfermo se dice "embebido de arsénico". Otra enferma escribe: "A veces a la noche me despierta una sensación indefinible, como un fluido que se obstina en caer sobre mi frente, mis sienes, arriba de mi cerebro; el resultado de esta sensación tan penosa se resume en unos tirones torturantes e insoportables zumbidos en los oídos... El plomo fun dido o la cal viva corriendo por las venas podrían definirles este martirio. Es sobre todo al levantarme de la mesa o bien por la ma ñana cuando los actos de crueldad implacable se obstinan contra m í." Sacudidas musculares, escalofríos, calambres, son el efecto de corrientes eléctricas. El insomnio o un sueño profundo, la somno lencia después de las comidas, son causados por drogas. En ocasión de una angina, un enfermo escribe: "En este momento soy víctima de los procedimientos más violentos en la garganta, en las amígda las; están hinchadas sabiamente." Y agrega: "Hacen caer mis cabe llos, cuando me peino; el barbero me rasguñó cuatro veces la cara esta mañana y me arrancó pelos: parece que lo hace para avejentar me; mis cabellos están grises como los de un viejo; me ablandan los dientes para que no pueda masticar; la sangre está viciada y me apa recen eczemas por culpa de infames maniobras... Sólo gracias a la ciencia personal que despliego y a la robustez de mi constitución, logro conservar intactas mis fuerzas físicas e intelectuales." Las mujeres explican sus trastornos menstruales, los accidentes de la menopausia por la intervención de sus enemigos. Una pensio nista, en edad crítica, atribuye sus calores, sus alternativas de rubor y de palidez, a chorros de fluido. "Le arrugan la piel, la hacen ama rilla, deforman sus mejillas, le pinchan los ojos." Los tres puntos dolorosos de su neuralgia facial se deben a tres granos de plomo que le arrojaron allí mientras dormía. Las locuras razonantes 43 Observación II. M . Célestine, sesenta años, internada en 1900, Dispepsia y migrañas desde los veinticinco años. Carácter celoso y buscapleitos. Cerca de los cuarenta años, manifiesta algunas ideas de persecución: una banda de desvergonzadas la persigue; una se rasca la cabeza, la otra cruza los brazos, ésta hace muecas, aquélla se pinta el cuello de negro. En el momento de la menopausia, se asombra de no tener más reglas: es el efecto del veneno. Algunos años después, su hermano muere súbitamente; cree que hubo en venenamiento y realiza una demanda. Como aparecen dificultades para realizar la sucesión, supone que quieren robarle su herencia. Se torna cada vez más agresiva y desconfiada; la muerte de su madre, ciertos reveses de fortuna agravan su delirio que se sistematiza de finitivamente. Son los magistrados, los oficiales y los sacerdotes los que la persiguen, dirigidos por el comandante G... y dos sacerdotes con la complicidad de su marido. Célestine los acusa de crímenes y de atentados anarquistas leídos en los diarios. Todos los días, el Pe tit Journal se ocupa de ella. Los periódicos ilustrados publican gra · bados que siempre tienen que ver con algo personal. Vive sucesiva mente en cinco localidades: en todas ellas los vecinos se tornan rá pidamente sus enemigos. En el asilo engloba en su delirio al personal y a los enfermos, se ex cita, injuria a sus compañeros, los amenaza y a veces habla de suici darse. La mayoría de sus interpretaciones son provocadas por trastor nos de la sensib ilidad. Acusa a sus vecinos de hacer aparecer arrugas en su rostro, de lanzarle un fluido caliente, o frío, sobre todo después de las comidas: Todos los gestos que se hacen ante ella sirven sólo pa r a arrojarle este fluido. Si alguien se suena la nariz, tose, es una "du cha de suciedades" en su rostro. Se emplean los procedimientos más extraños. Sus vecinas ponen una servilleta en la ventana, un trapo, un edredón rojo y, con c ada señal, Célestine siente una conmoción en to do el cuerpo, su rostro enrojece y se hincha. No lejos de su casa hay una máquina que lanza como granos de trigo a la casa. Célestine sien te como tres arvejas debajo de la piel (localizado en el punto de elec ción de la neuralgia del trigémino). Toda clase de bichos penetran en su piel y la llenan de excoriaciones. En ciertos momentos, parecería que unos títeres bailan sobre su cara. se producen como unos peque ños bolsillos bajo sus párpados. La tornan roja a veces, a veces amari Ila. Le pinchan los ojos, la hacen llorar, le arrugan la frente, hunden su mejilla bajo sus dientes: su boca se vuelve irregular y gesticulante, le causan picazón bajo el mentón, ponen "rajaduras en esas pequeñas venas (rosácea), marmolan sus muslos". Es fácil reconocer en estas quejas la interpretación de los síntomas ya sea de la senilidad que co mienza, ya de la neuralgia facial. 44 PAUI. SÉRIEUX Y JOSEPH CAPGRAS Célestine emplea numerosos procedimientos de defensa. En el surco de la encía introduce pedazos de corcho, cáscaras de naranja para borrar las arrugas. Lleva siempre una venda que cubre la mi tad del rostro que sufre de neuralgia, para protegerse contra los cho rros de fluido. Llena con masilla las ranuras del piso donde hay un "depósito de bichos". Vigila con cuidado el menor repliegue de su rostro; en cada momento se mira en el espejo con un monóculo y cuenta sus arrugas. Examina con la lupa sus fotografías y si percibe una fina raya, también la ve en el mismo lugar de su cara. Sus enemigos imaginan inil maneras de anunciar sus maquina ciones. El carbonero disimula con un polvo negro las arrugas que le lanza. Le envían una caja con la etiqueta rasgada para decirle que lo mismo le pasará a su piel, Le presentan catálogos de ortopedia para predecirle una parálisis próxima. Los anuncios sobre el trata miento del eczemna la amenazan con e sta enfermedad. El objetivo de todas estas persecuciones es afearla, hacerla repul siva para sus parientes y su marido. Nadie la injuria, ¿pero todos es tos tormentos no son acaso diez veces peores que las injurias? b) Interpretaciones tomadas del estado mental. C iertos estados de conciencia, ciertos trastornos funcionales psíquicos alimentan las interpretaciones (delirio por introspección mental de Vaschide y Vurpas). Algunos enfermos se asombran de ser asaltados por pensa mientos inusuales, o bien, ven una relación entre estos pensamien tos y los hechos concomitantes. Uno de ellos pensaba en el maris cal Biron, un traidor nacido en su región, cuando en ese mismo ins tante entró su hermano: por ende, su hermano lo traiciona, es el a mante de su mujer. "¿C ómo pude contarle toda ini vida a mi mu jer como a un confesor? Es extraño, están tratando de volverme lo co." Otro se asombra de las extraordinarias confesiones que le hizo a sus padres; tiene que ser que con "procedimientos refinados" lo obligan a "develar su estado de ánimo". Algunos buscan una causa para sus sentimientos; uno de ellos, sorprendido de no sentir afec to alguno por su madre, concluye que no es hijo suyo. Los actos re prensibles cometidos anteriormente se atribuyen a sugestiones. Hasta las manifestaciones debidas a las emociones, al cansancio, al agotamiento nervioso son interpretadas, Uno de nuestros enfei mos nota que cada vez que es examinado por un magistrado pierde todos sus medios, balbucea, no llega a explicarse: ¿qué le dan para que le pase esto? ¿Quieren hacerlo pasar por un enfermo de paráli sis general? Otro no puede concebir su pusilanimidad; deben pro yectarle rayos especiales que tienen la propiedad de provocar mie do. "¿Por qué estoy nervioso, irascible, excitado; o bien asustado, La s locuras razuplures 45 boquiabierto, incapaz de decir nada? ¿Cómo es posible que algunos días escriba con dificultad, como si me retuvieran la mano? A veces, yo que soy maestro, hago faltas de ortografía! ¿Se trata de hipnotis mo, sugestión? Otras veces no puedo despegar mi mirada de las lám paras eléctricas. ¿P or qué estuve dando vueltas alrededor de un po zo y sentí el impulso de arrojarme a él? Magnetismo, seguro!" Mu chos interpretan trastornos neurasténicos o psicoasténicos. Maran don de Montyel publicó26 una observación que parece ser un caso de delirio de interpretación edificado sobre trastornos neurasteni. cos, ocasionados, según el enfermo, por individuos contratados pa I a envenenarlo, trastomarlo en sus estudios y en su trabajo. En otros casos, los episodios delirantes agudos (estados de depre sión, accesos alucinatorios, etc.) aparecen a veces durante el delirio de interpretación, y sí son considerados por el sujeto mismo como accesos de locura, pero los atribuye a un envenenamiento o a su g estiones. Algunos llegan a interpretar su delirio retrospectivo: no es natu Tal rememorar así los hechos pasados más nimios, alguien actúa so bre ellos para que puedan recordar sus más insignificantes pecadi Ilos. Finalmente, cierto número de concepciones delirantes toman de los sueños del sueño normal quimeras aceptadas sin modificación alguna o deformadas. Un místico justifica su llamado a la tiara por los terrores nocturnos de su infancia; predice los acontecimientos políticos por haberlos visto en sueños. Una alemana, llamada Kat zian, tuvo así la revelación de que no era una Katzian; vio en un sueño a su padre que era cocinero en la cárcel, con una perra a su derecha, símbolo de fidelidad, a su izquierda un gato, símbolo de falsedad, por ende ella es una falsa Katzian (Katz, gato en alemán). Interpretación de los recuerdos. L a observación del momento pre sente, la son interpretación de los hechos actuales no suficientes para el enfermo. Llevado por su necesidad de hallar nuevos moti vos para sus desgracias, o para satisfacer su orgullo, hurgan en lo profundo de su memoria; revivir recuerdos lejanos da mucho ma terial para cometer errores de juicio (delirio retrospectivo). Uno de ellos se pregunta si es "por haber guardado estampillas, como a su p esar, hace veinticuatro años, que lo molestarán toda la vida". Cier tas frases insignificantes, pronunciadas hace tiempo, confirman las palabras de hoy, aclaran los sobreentendidos. Reflexiones pueriles 26. Marandon de Montyel, "Une aberration de la personnalité physique", Anna les médico-psychologiques. 1878. 46 PAUL SÉRIEUX y JOSEPH CAPGRAS -.-..-.. . . .- de la infancia, pequeños cumplidos, caricias o reprimendas toman de golpe un significado preciso. El día de su primera comunión uno d eclara: "Quiero ser Papa", inspiración divina evidentemente, que prueba su derecho a la tiara. En esta investigación retrospectiva, la interpretación tiene un papel predominante, pero no es la única. Las ilusiones, la falsifica ción de los recuerdos deben figurar aquí también. Tal vez la trama de este delirio retrospectivo comporta algunos hechos exactos, pe ro todo lo que la adorna es, en gran parte, obra de la imaginación, Un paranoico de Bleuler construyó su delirio únicamente sobre ilu siones de la memoria: éstas se producían largo tiempo después del hecho real, .-.-..-.-.. TALL N TY incluso a veces un año después. Un enfermo de Kraepe lin dibujaba con detalles el castillo de su padre que según él había sido ministro de Finanzas en Hanovre; cuando le probaron que nunca había habido un ministro con su niombre, pretendió que ha bían destruido todos los archivos de Hanovre y habían hecho im primir documentos falsos para remplazarlos. Transformación del mundo exterior. Co n años de entrenamiento en esta gimnasia especial del espíritu, los enfermos hacen progresos sorprendentes en el arte de interpretar: su perspicacia se agudiza y adquiere una singular penetración. Por fin, por la deformación sis emática de los hechos, llegan a una concepción delirante del mun 1o exterior. El interpretador no ve nada más desde el ángulo habi ual; todo le parece extraño, vive en un medio ficticio, de donde se excluyen las explicaciones naturales. "Es el mundo al revés, dice, es in laberinto de sobreentendidos; qué enorme comedia, cómo cada ino desempeña bien su papel; ¡hay que tener la cabeza bien pues a para no volverse loco!" Todo lo que se hace a su alrededor le pa iece artificial, ilusorio, incluso el calendario miente. Entonces se producen errores de personalidad, frecuentes falsos reconocimien cos: el entorno está repleto de nombres reales o ficticios. Una mu chacha cree hallar a su madre en una de sus compañeras. Una sna Ire no reconoce más a su hija que ella misma afirma haber cortado in pedazos27 He aquí una observación de delirio de persecución a base de in erpretaciones, donde los frecuentes falsos reconocimientos con Tastan, por su carácter de certeza, con las habituales dudas deliran es de la enferma. 7. Ejemplos interesantes de ilusiones de falso reconocimiento en el delirio de aterpretación fueron publicados reciente por Albès y por Dama ye (loc. cit. ) LUS TULLIUS FUZUIIUTAL ES 4/ Observación III. C... Hortense fue internada a los cuarenta y ocho años, por un acceso inelancólico que duró alrededor de un mes. Es te acceso no era más que un episodio durante una vida delirante ya vieja; la enferma lo apreció de manera exacta. Su delirio de persecución parece haber comenzado doce años an tes, poco después de que la abandonara su marido y tras su divor cio. La siguen en la calle, se hacen alusiones sobre ella. un supues to sastre comete en su presencia toda clase de excentricidades y de obscenidades. Los agentes de policía dicen al verla pasar: "La vamos a encerrar esta noche." Obligan a su hijo a casarse a pesar de ella, a casarse con la hija de una especie de magnetizadora. Una joven la empuja sin querer en la escalera, luego se entera de que esta perso na, hipriotizada, se arrojó por la ventana. En la casa ocurren cosas atroces. Terminan por hacerle perder la cabeza, de manera que sale v arias veces sin saber adónde va. Teme ser envenenada, se alimen ta muy poco. Entonces aparece el acceso de depresión durante el cual habría tenido algunas alucinaciones auditivas. Su delirio está débilmente sistematizado. No designa formal mente a un perseguidor. Es quizás su tío (éste escandalizaba a la gente hablando con tono malvado); tal vez un joven que antaño la pidió en matrimonio y que lanzó una mirada torva a su hijo en el bulevar. ¿Quizás una mujer que, para atraerla hacia una embosca da, le dio cita una tarde? ¿Querían impedir que se volviera a caşar? U n hombre la protegía y deseaba casarse con ella. Lo comprendió por mil indicios: siempre estaba en su ventana cuando ella pasaba por la calle; un día este hombre le dijo a su hijo: "Es triste no tener padre", ofreciendo así darle uno; llegó a decirle: "Déme la mano". Durante su estadía en la colonia de Dun, donde fue transferida en 1902, su delirio permanece impreciso, sin alucinaciones, pero enriquecido por frecuentes interpretaciones; varias personas de la l ocalidad están presentes en él. A su llegada oyó que alguien decía: "El médico quería burlarse de la vaca"; se trataba de ella. Este mis mno médico, ante quien se quejaba de tener pérdidas, le propuso verla; ¿se puede admitir semejante ultraje? ¿Por que se fabrican tan tas cartas aquí? ¿p or qué tratan de imitar tal o cual escritura? N o de jan de atormentarla; las enfermeras que le dan de comer no dejan de decir palabras de doble sentido. Por el aspecto de los alimentos, comprende que les ponen ácido bórico, arsénico, de allí sus fre cuentes cólicos. Por la noche, trabajan en sus dientes. La acusan de mostrarse desnuda; los niños le sacan la lengua. Algunas interpre taciones retrospectivas: su padre le decía cuando era pequeña: "Ha blas chino", por ende, ya entonces actuaban sobre ella; un día tu vo miedo de arrojarse a un pozo, conclusión: la magnetizaban. 48 IMU L JLINILUAY VJENLAR Múltiples falsos reconocimientos: reconoció al supuesto sastre que se ocultaba detrás de un árbol. En dos ocasiones vio a su tío: la primera vez se escondía detrás de una señora; la segunda, tenía un traje extraño y estaba más gordo. También vio a la Sra. R... y al Sr. X..., éste tenía una barba postiza. Se encontró con el Sr. Y... quien se rió al verla, y luego tomó en dirección opuesta a la suya; sin embar go, cosa extraña, se cruzó de nuevo con él y lo vio girando su bas tón, con aire amenazador. Una enfermera no es otra que la mujer que intentó atraerla hacia la emboscada; ésta vivió en Aubusson y le habla sin cesar de Aubusson; ahora bien, el joven que ella rechazó y del que su padre decía: "Te guardará rencor toda la vida", trabajaba para las tapicerías de Aubusson: extraña coincidencia. Además, vio en un diccionario una cabeza de dictador singularmente parecida a este individuo. También tiene la certeza de haber encontrado a su hijo, errando por las calles. Y cuando este viene a verla, se pregunta si es él en realidad; ¿no es sólo un muchacho que se le parece? ¿Por qué lleva puesto un saco rosa, si en realidad sólo le gusta el azul? Las cartas que le envía su hijo, pura comedia: no es su firına, hay una u en lugar de una n; además, el formato del papel es idéntico al que hay en las oficinas de la colonia; además, los pliegues están muy po co marcados como para que la carta haya llegado por correo; final mente, la dirección indicada es falsa: su hijo nunca vivió allí. La en ferma responde a una dirección imaginaria; sus cartas le son devuel tas: nueva prueba de que la están engañando. La falta de sistematización se traduce en su manera habitual de interrogar y de expresarse: "Es un misterio que dura desde hace tiempo... busco el porqué sin encontrarlo... hay cosas que no com prendo." C... no tiene melancolía, ni depresión, ni dolor moral; no hay ideas de humildad, sino por el contrario, una satisfacción mar cada: compone poemas de mala calidad de los que se ufana. Su apa ciencia es correcta, su conversación, normal fuera del delirio (...). Delirio crónico* (1911) Valentin Magnan Tacques Joseph Valentin Magnan n ació e l 16 de marzo d e 1835 en Perpignan, estudió Medicina en Montpellier y e n1 858 , i nició sus ta r eas c omo médico interno de los hospitales de Lyon, para luego ac ceder, e n1 863, al intemado de los hospitales de París. Fue discípulo de L. Marcé y P. Lucas en Bicêtre y d e J. Bai llarger y J. P . Falret en la Sal pêtrière. Pue amigo de ). M. Charcot, con quien redactó trabajos clínicos y por cuyas concepciones fue influenciado. En 1866 presentó su tesis "La l esión anatómica de la parálisis general" [De la lesión anatomique de la paralysie générale]. En 1 867, tomó a su cargo el S ervicio de Admi s ión del hospital Sainte Anne, en 1 877 comenzó su enseñanza clínica, que nunca abandono, y, en 1893, fue admitido en la Academia de Me dicina. Dejó su trabajo en e l hospital en 1912 y murió en París el 27 de setiembre de 1916 a la edad de 81 años, Magnan perteneció a la pléyade de psiquiatras franceses -J. P. Falret, Ch. Laségue, ). F alret, J. Séglas, Ph. Chaslin, J. C otard, P. Sérieux, J. Cap g ras y G. Ballet, H . Dagonet y tantos otros- q ue durante la segunda mi tad del siglo XIX participaron de la creación d el paradigma de las E nfer medades Mentales, como lo describe G . Lantéri Laura, en el cual la no sografia psiquiátrica s e organiza e n relación a las nociones de e volución y de cronicidad. Los trastomos psiquiátricos ligados al alcoholismo -en 1864 publ ic a su primer trabajo sobre los accidentes producidos por la ingesta de licor de ajenjo, en 1874 su Tratado sobre Alcoholismo y sobre la fecha de su r etiro, e n 1912, presenta una estadística de bebedores internados que compila lo estudiado en sus 45 años de práctica clínica y propone la crea * Extraído de A. Marie. Tra i té intemnational d e psychologie patholo gique, t . I I: P sychopathologie clinique, p. 605 a 6 39, Alcan, Paris, 1911. 50 VALENTIN MAGNAN ción d e a silos especiales para alcoholis tas, siempre revistieron un g ran interés para Magnan y sus discípulos: su alumno P. Garnier describió, en 1890, l os estados d e e briedad patológica. Desde s u llegada a Sainte Anne Magnan s e p ronunció e n c ontra de los métodos restrictivos en el tratamiento d e los alienados, r echazó el e mpleo del chaleco de fuerza y luchó contra el uso de las celdas de ais l amiento abogando p or e l sistema d en on restraint. A partir d e1 897, propuso el método de l a clinoterapia o encamamiento prolongado que, s egún él, permitía un reposo cerebral útil a l a recuperación de los en fermos mentales. Pero, s in duda, la parte más fecunda y perdurable de la o bra de Magnan está vi nculada a sus aportes a la nosografia psiquiátrica de la c ual se ocupó a partir de 18 81 . L as ideas que vertebran el trabajo que se presenta a continuación constituyeron el epicentro de su clasifica ción, el punto de referencia insoslayable con el cua l s e contrastaron to d os los trastornos delirantes que nutrieron las elaboraciones nosográfi cas centrale s de la psiquiatria francesa hasta la época de la Primera Guerra Mundial La nosografía de Magnan giró en t orno a un concepto que articu laba y d aba coherencia interna a toda su propuesta: l a teoría de la de g eneración, que hab í a g anado n otoriedad a partir de la publicación del "T ratado de la degeneración" (Traité de la dégéneration] de A, Morel, en 1 857. E ne sa o bra el postu la do central era la existencia de un tipo humano primigenio ideal, pensado a imagen del Adán ante rior a l pecado original, cuya descendencia, a lo largo de l a historia de la humanidad se habría ido alejando de ese ideal hasta llegar, en al gun as líneas evolutivas familiares, a una "desviación malsana" que, irremediablemente, desembocó en el "desequ ili brio mental". E sta con c epción eminente mente religiosa, inspirada en la metaf ísica d e Ph. Buchez, el transformismo del conde de Buffon y, particularmente, en l a t eoría de la herencia de l os caracteres adquiridos de J-B. Lamarck, nada tiene que ver con el evolucionismo positivista de Ch. Darwin y H. Spencer, como muchos autores interpretaron después. La teoría de l a degeneración dominó la psiquiatría francesa hasta la segunda dé cada del siglo X X y la obra d e Morel estimuló las investigaciones psi quiátricas en tres direcciones: las caus a s de las enfermedades, los es tudios fami lia res y la psiquiatría social. En 1895, Magnan definió a la degeneración como "el estado patoló gico del se r que, en comparación con sus generadores más inmediatos, e n su constitución está menoscabada su resistencia psicofisica, y sólo par c ialmente p ropicia las condiciones biológicas de l a l ucha hereditaria por la vida. Este menoscabo se traduce en estigmas permanentes y en esen cia es progresivo, salvo en caso de regeneración intercurrente y, cuando és Delirio crónico 51 ta falta, se desemboca, más o menos rápidamente, e n la aniquilación de l a especie" , Como b ien s eñala N. Conti, Magnan incorpora a su pensamiento la teoría de la d egeneración de una manera particular: po r un lado, al ha c er referencia a generadores más inmediatos, retira su concepto del ám b ito religioso referido a un tipo i deal humano originario anterior al p eca d o y, por ot r o, al enfatizar fenómenos tales como las condiciones biológi cas de la lucha hereditaria por la vida, s e i nscribe en el marco del positi vismo evolucionista que, vía Darwin, dominó el pensamiento europeo fi nisecular. En síntesis, la degeneración en Magnan supone un concepto biológico h ereditario que, e n las afecciones mentales se expresa clínicamente a tra vés de: 1) la predisposición o estado inicial del degenerado, caracteriza do p or una fragilidad psicológica u orgánica que puede variar d em ínima a máxima y de lo cual depende la aparición de la descompensación, 2) el desequilibrio, que califica la pérdida de sinergia entre diferentes cen t ros n erviosos y la pérdida de armonía e ntre las d iferentes f unciones y 3) los estigmas a través de los cuales se expresa y evidencia la degeneración que pueden ser morales (retraso intelectual o afectivo y desadaptación so c ial) y físicos (atrofias, hipertrofias o distrofias). Para Magnan las psicosis se dividen en dos grandes grupos: las que s e instalan sobre terreno sano y las que lo h acen sobre degenerados consti -tucionales. Sobre terreno sano se encuentran la manía y la me lancolía pu r as, llamadas por nuestro autor elementos simples; dife r enciadas de una segunda entidad, las locuras interm it entes confor madas por "accesos maniacos o melancólicos aisl ados o combinados de d iversas maneras", y el Del irio Crónico de Evolución Sistemática, e je central de su clasificación. Esta última afección aparece según Magnan, por accidente, en la e dad adulta de sujetos normales y reco rte d em anera lenta, pr ogresiva y regular cuatro períodos: inquietud e i nterpretación, p ersecución y alucinación, megalomanía y demencia.. El ciclo completo puede durar 20 o 30 años y su duración, y la part i c ular marcha en fases regulares, evidencia, par a el clínico francés, la resistencia del cerebro íntegro, s a no, a la irrupción y desarrollo de la enfermedad. Por su lado, e l grupo de los degenerados constitucionales incluye cua tro tipos de del i rios diferentes: 1) los estados de excitación maníaca o de presión melancólica d e tipo razonante, 2 ) e l delirio de los perseguidos perseguidores, 3) el delirio sistematizado, único, de instalación brutal, sin tendencia evolutiva y 4) el delirio polimorfo, múltiple, de muy rápi da evolución hacia u n completo desorden. E stos delirios p ueden s er de curso breve, "b ouffées delirantes", o prolongado, en ambos casos recidi van frecuentemente sin dañar la integridad mental. 52 VALENTI N MAGN AN Vemos entonces que para Magnan el único delirio que s e desarrolla so bre terreno sano e s el Delirio Crónico d e Evolución Sistemática y q ue l a nota esencial que lo define no es la cronicidad, que comparte con los de generados, sino la evolución sistemática, f ruto de la lucha del sujeto a ex pensas d eu n cerebro sano. Con este ordenamiento Magnan dominará la psiquiatría francesa de su tiempo y enfrentará l os desarrollos d e la obra de E. Kraepelin, su in t erlocutor a lemán, q uien p ublica la primera edición de su tratado en 1883, y con quien polemiza hasta ya entrado el siglo X X. En las pági n as que siguen, se reproduce la última y más completa versión del con cepto d e D elir io Crónico, que M agnam escribió junto a su discípulo Paul S érieux par a e l Tratado Internacional de Psicología Patológica, editado en Francia en 1911, bajo la dirección de Auguste M arie. La influencia de ese constructo clínico caerá definitivamente hacia 1915. Por un lado porque l a t eoría d e l a degeneración se tornó insoste n ible, c omo lo atestig ua l a t esis de Genil- P errin de 1913 "H istoria de l os orígenes y de l a evolución de la idea de degeneración en la medici na m ental" [Histoire et évolution de la notion de dégénérescence dans la médecine mentale]; y por otro -e n el terreno propiamente c li nic o por la crítica al Delirio Crónico de Magnan que establecen, en 1911, G. Ballet con su noción de Psicosis Alucinatoria Crónica y E. Bleuter con s u perspectiva d e la "D ementia Praecox o e l grupo de las Esquizofrenias" (Dementia praecox oder Gruppe der schizophre nien], aparecida en el Tratado de psiquiatría compilado por G. A schaf fenburg Delirio crónico Sinonimia(1) y generalidades urante largo tiempo, se agruparon con el nombre de delirios sistematizados, delirio de persecución, megalomanía, para noia... especies nosológicas heterogéneas cuya naturaleza, síntomas y evolución son en realidad, muy disímiles. Sin embargo, es preciso diferenciar tipos clínicos radicalmente distintos, a pesar d e las analogias superficiales; es preciso distinguir, entre los deliran tes sistemáticos, aquéllos que son víctimas de alucinaciones perma nentes y aquéllos cuyo delirio se forma sobre la base de interpreta ciones; aquéllos cuya psicosis desemboca en la demencia y aquéllos cuya actividad psíquica permanece intacta. Es preciso por fin carac terizar, entre los perseguidos, a los que se tornarán megalomanos, luego dementes, sin posibilidad de volver atrás, y a los que, por el contrario, serán a su vez perseguidos, ambiciosos, hipocondríacos, místicos, y cuyo pronóstico es totalmente diferente. Es con este propósito que hemos descripto y aislado de las psicosis sistematiza das de los degenerados -alucinatorias o interpretativas, el delirio Crónico de evolución sistemática(2) y el delirio de interpreta ción(3). Definición El delirio crónico de evolución sistemática es una enfermedad claramente definida, metódicamente regular en su evolución, que recorre cuatro etapas sucesivas en las que el sujeto, aun siendo el mismo en el fondo, se presenta de modos diferentes. En la primera etapa está nervioso o inquieto, perseguido en la segunda, ambicio so en la tercera, para terminar en la demencia de la cuarta etapa. Es tos alienados, a la inversa de los degenerados que pueden presentar desde el comienzo todas las formas de delirio, atraviesan regular mente las cuatro fases de la enfermedad, tanto es así que el médi co, en ausencia de mayor información, puede restablecer todo el pasado del delirante crónico e indicar con certeza los fenómenos que se desarrollarán más tarde. En general no se conoce bien la eta. pa de inquietud. Impresionado de manera dolorosa por el mundo exterior, el enfermo se vuelve sombrío, inquieto. No delira aún, pe ro se acostumbra a las interpretaciones erróneas, a las ilusiones sen soriales. Luego se organiza un delirio de persecución que se sistema tiza progresivamente bajo la influencia de alucinaciones sensoria les, cenestésicas y motoras: se trata de la segunda etapa o etapa de persecución. Poco a poco, ciertas concepciones ambiciosas se mez 54 VALENTIN MAGNAN clan con las ideas de persecución; estas concepciones terminan por: predominar, luego hacen casi desaparecer al delirio de persecución: el enfermo llegó así al tercer estadio, o etapa de grandeza. Final mente, la declinación intelectual avanza y al mismo tiempo se di s uelven las concepciones delirantes. Es la etapa de demencia. Agre guemos que la enfermedad jamás retrocede: sigue su curso inexora ble hasta la muerte, y se pueden encontrar delirantes crónicos cu yas psicosis se iniciaron hace veinte, treinta o más años. Una vez que se admite esta evolución, basada en la observación de enfermos, es menester reconocer que, entre los distintos delirios sistematizados (de persecución, de grandeza, etc.), hay cierta canti dad que, lejos de representar distintas entidades clínicas, deben ser considerados como las etapas sucesivas de una misma enfermedad: e l delirio crónico de evolución sistemática. Etiología El delirio crónico no es una psicosis común, aunque es frecuen te. Las distintas estadísticas de los delirios sistematizados arrojaron resultados diferentes según se agrupara en una misma categoría a todos los perseguidos o sólo a los delirantes crónicos. Calmeil ha llaba a 1 monomaníaco por 2,17 alienados. Lasègue, entre las mu jeres, llegaba a 26 perseguidas entre 100 y entre los hombres, al 8%. Más recientemente, Planès, para el delirio de persecución llegaba al 12% entre las mujeres y al 6% entre los hombres. Ritti y Christian dan el 14% para las mujeres, siempre en cuanto al delirio de perse cución, y el 6% para los hombres. Por fin, la estadística de Garnier informa que cada 100 alienados de cada sexo, hay 8 mujeres y 2 hombres con delirio crónico de evolución sistemática. Vemos la diferencia considerable entre la estadística de Lasègue (delirio de persecución) y la de P. Garnier (delirio crónico). En la úl tima hay, por el contrario, fiumerosos delirios de degenerados. Comprobamos que todos los autores señalan que la enfermedad aparece con mayor frecuencia en el sexo fernenino. A la inversa del delirio de los degenerados que puede manifestar se en cualquier edad, revelando así de manera precoz la tara origi nal, el delirio crónico sólo aparece en la edad adulta, en general en tre los 35 y 45 años, a menudo como secuela de penas y preocupa ciones. . Otra particularidad importante es la integridad del estado men tal anterior. Numerosos autores admiten una predisposición espe cial (constitución paranoica, Del Greco), it. caracterizada por un hu Delirio crónico 55 mor sombrío, tendencia a la misantropía, al orgullo, a la descon fianza. En realidad, el delirio crónico alcanza generalmente a individuos sin ninguna tåra intelectual y de inteligencia desarrollada: "El deli rio de persecución no es dice L asègue-la c onsecuencia de una f or m a del carácter, aparece en individuos que difieren mucho entre sí por su humor habitual". Tal vez se puedan hallar taras hereditarias en un delirante crónico, pero al mismo título que en los paralíticos generales, los maníaco simples o incluso los individuos bien equi librados. Entre los delirantes crónicos, encontramos individuos con una cultura intelectual bastante desarrollada, y una predisposición real a la observación. No encontramos en ellos el pasado de los de generados, tan rico a veces en aventuras, en desórdenes de todo ti po. La misma inestabilidad mental de estos sujetos los hace refrac tarios a una psicosis de evolución sistemática, Síntomas y evolución ( 4 etapas) 1. Etapa de incubación o de inquietud La psicosis comienza insidiosamente con trastornos de la cenes tesia. El enfermo experimenta un malestar general, se torna nervio so, excitable, inquieto, atento a los incidentes más triviales. Obser va en la manera de ser de su entorno ciertos cambios que lo pertur ban. Preocupado, duerme mal, pierde el apetito, trabaja con dificul tad. En esta etapa podría confundírselo con un hipocondriaco si, a, la inversa de este último, no tuviera ya una tendencia a buscar fue ra de él, en influencias extrañas, la causa de los trastornos que su fre, a atribuirle a los otros el vago malestar que soporta. Poco a poco comienza a interpretar los más mínimos gestos de los demás, las miradas ajenas. En las mujeres, aparece a veces un es tado de celos muy característico. En esta etapa de la psicosis, le pa r ece ser observado, se vuelve desconfiado". No sori -dice Lasègue ni grandes perturbaciones ni profundos dolores (...); se trata de emociones personales insignificantes para aquél que recibe las con f idencias. Provocado por hechos nimios, el delirio no está acompa ñado por grandes trastornos de sentimiento". Así pues, el delirante crónico se vuelve inquieto, se ve asaltado por mil preocupaciones tenaces y no se interesa por nada más. Se t orna indiferente a la vida política, insensible a las penas y alegrías de los suyos, absorto en las múltiples preocupaciones que le provo can los hechos más insignificantes. Para él, todo tiene un sentido 56 VALENTIN MAGNAN personal; el sujeto capta alusiones, insinuaciones... Un gesto, una puerta que se abre, un vecino que tose o que escupe, una sonrisa, una mirada, cualquier cosa sirve como tema de una serie de inter pretaciones erróneas. Para él, se trata de pruebas que vienen a con firmar convicciones cada vez más fuertes, El desdichado vive así en permanente acecho; espía, y ora sorprende en una conversación una frase que se atribuye (interpretación delirante), ora se ofende por una palabra insignificante que presenta una analogia con un insulto y que confunde con éste (ilusión). Finalmente, la idea cons tante de una persecución, la tensión mental de estar siempre escu chando, terininan por afectar el centro cortical auditivo; el mero pensamiento basta para producir la imagen auditiva verbal: es la alucinación auditiva. El enfermo entra entonces en la segunda eta pa de la psicosis. 2. Etapa de persecución Al principio, la alucinación auditiva no es verbal. Se limita a re producir sonidos elementales. Se trata de "zumbidós", "campanas", luego vienen las "voces bajas", los "susurros". "Hablan tan bajo, di ce el paciente, que no entiendo". Luego oye palabras aisladas pro nunciadas en voz alta. A menudo se trata de insultos: "ladrón, ase sino, sodomita" o de amenazas. Más tarde oye monólogos, conver saciones. Dado que el eretismo del centro auditivo va en aumento, cada sensación auditiva puede provocar la alucinación vețbal. El ruido del agua cayendo en la bañera, los latidos del corazón, el tic tac de un reloj desgranan las frases: "Tie-ne usted ra-zón... cerdo". Las voces pueden producirse sin ninguna excitación sensorial, en el más profundo silencio. El enfermo las oye constantemente; vienen de todos lados, del piso, de las paredes, del techo, a veces de luga res muy lejanos. Si el alucinado se vuelve, no ve a nadie, de allí la expresión tan empleada por los delirantes crónicos: "mis invisi bles". Algunos explican sus voces por el teléfono, el fonógrafo. A veces estas voces no se diferencian en modo alguno de las palabras reales; a veces el enfermo distingue las "voces naturales" de las "vo ces hipnóticas". Estas últimas, nos explicaba uno de ellos, se trans miten por los tubos de la policía y se acompañan de un ruido "ipap! ipap!" que se debe al ruido de los labios en el tubo. Algunos sujetos oyen que se repiten sus pensamientos apenas los formulan. Se tra ta del fenómeno de eco del pensamiento. "Todo lo que pienso lo es cucho a lo lejos, me roban mis pensamientos". A veces, cada acto del sujeto es enunciado en voz alta, la idea que acompaña al acto basta para evocar la imagen auditiva corres Delirio crónico 57 pondiente. El enfermo escucha decir: "Vaya, ahora se viste...". etc. A menudo las alucinaciones no le dan tregua alguna, lo exasperan con la repetición incesante de los mismos insultos. "Esa lluvia de susurros -escribe uno de ellos, que cae permanentemente sobre uno, termina por ser algo grotesco y monstruoso a la vez...". En al gunos casos, la alucinación es imperativa y el paciente obedece pa sivamente a la orden que se le da (asesinatos, suicidios). A medida que avanza la enfermedad, se producen palabras, fra ses, fuera de la coniente de ideas de los sujetos; el centro cortical se emancipa, entonces, el delirante crónico es interpelado por sus ene migos y al responderles, sin saberlo, produce un verdadero diálogo. A veces asiste a conversaciones más complicadas. H ay un acusador, un defensor; una voz insulta, la otra alienta; finalmente, como en la comedia antigua, a veces interviene un tercer grupo de persona jes. Se trata del coro que da su parecer sobre los hechos enunciados. Cuando el insulto es divertido, el coro ríe y se burla, protesta en cambio si el insulto sobrepasa la medida y aprueba las palabras del defensor. La alucinación, que comúnmente afecta las dos mitades simétri cas del mismo sentido, es unilateral en algunos casos. El paciente es influenciado sólo a través de un oído. A veces uno, el derecho, por ejemplo, oye frases agradables, mientras que el izquierdo percibe los insultos. Las alucinaciones auditivas nunca faltan en el delirio crónico; constituyen uno de los elementos sintomáticos más importantes, sin ser exclusivas de otros trastornos sensoriales. En algunos sujetos, la excitación del centro cortical auditivo se propaga al centro motor del lenguaje que está fuertemente ligado al estado fisiológico. Se trata de las alucinaciones psíquicas de Ba i llarger o motoras verbales de Séglas. Voces interiores hablan silen ciosamente en el estómago, en la garganta; los enfermos oyen vo ces "que no son voces, que no resuenan en los oídos...". He aquí un fenómeno psicomotor provocado más o menos directamente por la alucinación auditiva. Sin embargo, las alucinaciones motoras ver bales serían, a veces, las primeras en aparecer (Régis). Los trastornos alucinatorios psicomotores no sólo comprometen a la función del lenguaje oral o escrito: a veces se extienden a las funciones motoras en general ( movimientos imaginarios de una parte del cuerpo o del cuerpo entero; impulsos, fenómenos de de tenimiento). En ciertos casos, son las alucinaciones psicomotoras y no los trastornos sensoriales, las que están en el primer plano del cuadro sintomático por su precocidad, su frecuencia, su intensidad (variedad psicomotora d e Séglas). A este predominio marcado de 58 VALENTIN MAGNAN los trastornos psicomotores, se le agregan a menudo las siguientes particularidades: mayor frecuencia de las alucinaciones visuales, . pocas alucinaciones auditivas, sobre todo verbales, desdoblamiento acentuado de la personalidad, idea de posesión, a menudo de carác ter místico(4). Son muy frecuentes los trastornos de la sensibilidad general (alu cinaciones táctiles o cenestésicas). Los enfermos sienten hormi gueos, foces, pellizcos, pinchazos, choques, sensaciones de corrien te eléctrica, de calor o de frío, etc. Experimentan dolores, quema duras en diferentes órganos que también se encuentran desubica dos, deformados; perciben cuerpos extraños, vivos o inanimados, en su propio cuerpo. Uno siente insectos que caminan sobre su picl, otro se queja de quemaduras, aquél está magnetizado por sus enemigos, aquel otro es consumido desde el interior por vampiros, otro más está siendo "desangrado a distancia por largos tubos", etc. Una de n uestras enfermas sentía "como si hubiera carne que se es taba adaptando a su propia carne, sin por ello confundirse con e lla..." Las alucinaciones genitales, frecuentes sobre todo en la mujer, tienen a veces tal importancia que relegan a un segundo plano a las alucinaciones auditivas. Las pacientes pretenden ser el objeto de odiosos ultrajes que se repiten sin cesar: las violan, cometen sobre cllas actos obscenos hasta en su propia cama, junto a sus maridos. Una de ellas se acostaba de lado, poniendo las caderas en una cace rola para protegerse contra sus "execrables torturadores que, duran t e toda la noche le introducían cuerpos extraños de todo tipo en las partes sexuales", Las alucinaciones olfativas no son poco frecuentes: olores a ori n a, excrementos, a azufre, etc.; el enfermo se queja de que lo ador mecen con gas, etc. A veces existen trastornos de la sensibilidad gustativa: sabor metálico, gusto a arsénico, a veneno, a narcóticos. Es difícil describir aquí las ilusiones e interpretaciones provocadas, por ejemplo, por un estado defectuoso del aparato digestivo. Algu nos enfermos llegan a rechazar cualquier alimento por miedo a que los envenenen. Las alucinaciones visuales son las nenos, fuera de toda intoxica ción alcohólica concomitante. Fueron negadas por Lasègue, Le grand du Saulle y Falret. No obstante, hay casos en los que, en au sencia de toda complicación ( intoxicación, neurosis o enfermedad orgánica), aparecen alucinaciones visuales. Observamos a un enfer mo que tenía alucinaciones visuales muy claras: su perseguidor se le aparecía ya sea mostrando sólo los ojos, ya su rostro haciendo muccas, Delirio crónico 59 Todos estos elementos sensoriales mórbidos, que invaden la con ciencia, se vuelven los únicos elementos de la actividad intelectual conservada y dedicada, a partir de este momento, a la sistematiza ción del delirio. Paralelamente a la extensión de los trastornos alu cinatorios, y gracias al encadenamiento de las interpretaciones de lirantes, las ideas de persecución adquieren cada día una intensidad mayor; el delirio se coordina y se implanta en la mente con mayor profundidad. Las ideas delirantes se circunscriben, se limitan, se precisan. Ciertos hechos del pasado reciben una explicación nueva conforme al sistema delirante (delirio retrospectivo). El paciente quiere conocer a los que lo persiguen así, cómo actúan sobre él y con qué fin lo atormentan. Ya no se trata de las locuciones vagas de un comienzo; "ellos me guardan rencor, me persiguen". Al precisar sus acusaciones, el delirante crónico denuncia a sus perseguidores, asociación cualquiera a la que atribuye un poder peligroso: es la po licía secreta, la masonería, los jesuitas, los médicos, etc, La sistematización del delirio avanza día a día. El carácter insóli to de los trastornos experimentados lleva a estos delirantes a consi derar como medios de persecución tanto a la física, a la electricidad, al teléfono, al magnetismo, a la sugestión, a los rayos X, etc., como, en otro orden de ideas, a la magia, a los poderes ocultos, a la bruje ría, a los diablos, a los espíritus, etc. Los motivos por los que los delirantes crónicos se dicen persegui dos son tan variados como los medios de persecución. Uno es ator mentado por la Internacional por no haber querido participar en la, Comuna; otra se queja porque la hacen caer en estado de letargo a fin de abusar de ella; éste piensa que sus enemigos quieren su dine ro, aquél que l e roban sus pensamientos para hacer un libro con ellos, etc. De deducción en deducción, el delirante crónico se for ma una convicción inalterable. Pronto denunciará a un personaje determinado como el perseguidor responsable de su sufrimiento. En cuanto a las reacciones, el delirante crónico pasa en general por las siguientes etapas: huye, se defiende, ataca. Al comienzo pasa sus días espiando a los vecinos, trata de evitar a sus enemigos, deja su taller, su oficina, se muda permanentemen te, a veces viaja y cambia de nombre para despistar a sus persegui dores. Aquél que teme al envenenamiento se prepara sus propias comidas; otro que debe escapar a descargas eléctricas, se pone un corset con imanes y calcetines de seda. A este período le sigue uno de defensa activa. Los enfermos se quejan en todas partes, ante el comisario, ante el fiscal general, an te cualquiera que vean. Uno de ellos lanza su candidatura a las elec ciones municipales, señalándole al público "el horrible crimen que 60 VA LENTIN MAGNAN se cometió en su contra. Si votan por mí, -dice-con el voto protes tarán contra el siniestro horror de la comunicación electromagné tica a distancia". Otros enfermos se encierran en su casa, pasan meses sin cambiar se de ropa, tapan todos los orificios, cubren con papeles, con dia rios, las paredes y las ventanas de su habitación. Algunos, fatigados por esta lucha sin tregua, se desesperan y no encuentran otra sali da más que la muerte. Pero otios, más numerosos, se arman para defender su existen- . cia; se tornan agresivos, se consideran como en estado de defensa propia: es el período de las reacciones peligrosas. Se levantan por las noches, encienden su linterna y salen a acechar en la escalera empuñando un revólver. A menudo estos sujetos, afectados por una alucinación, golpean a un transeúnte con su paraguas o con un cuchillo. Entonces nombran a los que los persiguen, los amenazan, los persiguen a su vez, los espían y a veces los matan. Otros enfer mos recriminan, demandan. Este período de agresividad aparece más o menos rápidamente y las formas de ataque varían según el carácter del sujeto. Es así como el delirante crónico pasa varios años de su existen cia, entre alucinaciones y persecuciones; luego, el delirio termina por estercotiparse; el paciente crea neologismos, ya que no encuen tra en el idioma las palabras que convengan al mundo de sensacio nes nuevas en el que vive. Uno está "emetizado", otro recibe "gila das" de estricnina, otro más oye ruidos de "papotamiento". Los hay que acusan a los "husmeadorillos", a los "langosteros", la "desaus cultación", la "subyugación"; l es roban sus intusiones. En este período el enfermo está ya muy transforinado. Bajo los efectos de la inanición y del insomnio, el estado general puede tor narse muy malo. Las pruebas a las que el delirante crónico se ve so metido sin cesar, esa forma de surmenage de todos sus centros sen soriales y sensitivos, la permanente tensión mental, le provocan fe nómenos de agotamiento nervioso. Estos trastornos funcionales le dan al delirio un nuevo impulso. "Al enfermo le extraen el cerebro, le impiden pensar, se siente próximo a perder la razón". La actitud del característica. delirante crónico es ahora Acosado día y noche por sus "invisibles", intenta, con mil sub terfugios, ponerse fuera del alcance de sus "torturadores", se en vuelve la cabeza con pañuelos, se pone un velo frente al rostro, se tapa los orificios nasales, las orejas, se frota los ojos, la nariz, llena su boca con papel y adopta las posiciones más extrañas. Pasa la no che completamente vestido, luchando contra el sueño. Para él, el mundo real ya no existe. Dedicado por completo a su sufrimiento, Delirio crónico 61 indiferente a todo lo que no puede servir para la sistematización de su delirio, da muestras de un egoísmo desmesurado, trata a todos con desconfianza, se niega a veces a dar una respuesta si no es fren te a un abogado, o responde a las preguntas del médico con una re ticencia característica: "Usted sabe la respuesta". Y sin embargo, en la mayoría de los casos, la lucidez persiste, la memoria permanece intacta, el enfermo puede mantener una conversación o escribir con apariencia razonable. Al tiempo que el delirio se coordina y estereotipa (etapa de cris talización de Falset), la personalidad del delirante crónico sufre al teraciones cada vez más grandes que, tarde o temprano, terminan por trastornar la unidad del yo. A medida que se acentúan los tras t ornos auditivos y que a la alucinación constituida por palabras ais ladas le sucede el diálogo, el eco del pensamiento, las alucinaciones motoras verbales y otros trastornos psicomotores la personalidad se ve cada vez más afectada. "El miserable que me mantiene en esta do de comunicación dice uno de ellos, me ha aplastado y molido tanto, ha sometido hasta tal punto mi naturaleza y se ha adherido con fuerza superior a mi, a mi ser, a mi fibra, que a pesar de toda mi resistencia él toca, a distancia, contacta, visita mi cerebro y las cosas que allí hay como quiere, como podría hacerlo yo mismo. Por fin, ese miserable ha entrado tanto en mi materia, se ha adherido tanto a mi individuo que allí donde voy, allí él ve por mis ojos to do lo que hay y escucha con mis oídos". No son las alucinaciones auditivas las que más alteran la perso nalidad del delirante crónico. Mucho más importante es el papel de l as sensaciones viscerales, de los trastornos de la sensibilidad gene ral y de los psicomotores. En los casos en los que predominan los trastornos de la cenestesia, la aparición en la conciencia de un haz de sensaciones internas, insólitas, sin relación con los elementos del yo normal, tiende a formar una segunda personalidad. "M e cambian de carne y de sangre, decía una enferma, ya no siento na da, mi carne está muerta, me empequeñecen, me deforman, me im primen el velo de la ceguera, Anteayer, casi no me reconocí, me es tán robando el cerebro, están inoculándome personas extrañas, me están poniendo cabezas de enfermos en la mía, por momentos ya no soy yo misma, soy un muchacho. En tanto haya una parcela de mí misma, no me dejarán tranquila". Entonces surgen ciertas ideas en la conciencia, que el paciente no reconoce como propias. "Me están cambiando el carácter, me quitan el recuerdo y el pudor. Me quitan todo sentimiento, ya no podría reconocer a mis hijos, es un desmembramiento de mi todo. Le dieron l a mitad de mi cabeza a otro individuo". 62 VALENT IN MAGN AN El sujeto termina por creer que tiene una doble personalidad. Una de nuestras enfermas pretendía que la emperatriz Eugenia se había introducido en su cuerpo y vivía en él a su antojo. Otra, te nia una cabeza envenenada en su propia cabeza, Tenía en su cuer po a otra mujer que a veces "s e endurecía, se hinchaba, tenía pro tuberancias". Esta otra mujer la substituía en sus relaciones conyu gales y en ese caso ella misma quedaba indiferente. Hemos terminado así con la exposición de la segunda etapa del delirio crónico. A pesar de la extensión, siempre en aumento, de la psicosis, las facultades psíquicas más importantes subsisten indem nes hasta aquí. Pero su integridad va a empezar a verse comprome tida por la duración del delirio y aparecerán entonces las ideas de grandeza. 3. Etapa de grandeza La aparición de las ideas de grandeza se observa no sólo durante el delirio crónico, sino también en degenerados cuya inteligencia tiene una tara de origen, o bien en individuos cuyo nivel mental baja como consecuencia del avance de la enfermedad: paralíticos generales, alcohólicos crónicos, intermitentes, melancólicos ansio sos. Lo mismo ocurre con los delirantes crónicos y, como lo hicie ra notar P. Garnier, el paso que media entre las ideas de persecución y las ideas de grandeza indica una ruptura aún más profunda con lo posible y verdadero. La inteligencia comienza a perder su integri dad tanto por la edad como por la duración de la vesanía misma. Desacostumbrado al mundo real, invadido por trastornos cenes tésicos múltiples, el sujeto se halla preparado para aceptar una per sonalidad nueva. De este modo, el perseguido, el paria, se transfor m a en un personaje ilustre, poderoso, el jefe del Estado, es millona rio y se autoproclama de "raza infalible y triplemente real". Uno ex clama: "Están viendo al hijo de Napoleón"; otro habla de millones y se dice propietario del asilo, aquélla es perseguida por un clérigo que quiere robarle una herencia de treinta millones; aquella otra es "hija de Luis Felipe, sobrina y ahijada del soberano pontífice". A ve ces las ideas de grandeza alcanzan un nivel extraordinario. Un en fermo de Arnaud se expresa como sigue: "Yo controlo y dirijo el mundo; yo soy el origen, la fuente, el principio, el vínculo, y la vi da eterna. Yo soy el sueño de Dios, los estados-Dios de todo lo que hay". Se queja de que hayan "destruido sus nueve pisos de cabeza de doble superficie". Otra enferma declara ser "l a Madre, la Herma na y la Hija de Dios(5) ". Este paso hacia las ideas de grandeza, como dice Foville, se Delirio crónico 63 realiza a menudo por deducción lógica. Los perseguidos se dicen que deben ser grandes personajes ya que atrajeron tantos odios te naces. Una de nuestras enfermas exclamó un día : "Si no hubiera si do inteligente, no me habrían atacado: vendieron mi orgullo a 15.000 F, mi carácter a 45.000 F, me sacan los pensamientos para hacer "un libro". Los delirantes crónicos descubren entonces que tienen un origen y facultades sobrenaturales. La familia cuyo nom bre llevan no es más que una familia de adopción; en realidad, ellos descienden de reyes, tienen que cobrar una herencia colosal, e tc. Para Marandon de Montyel, la transformación del delirio no se debe a una deducción lógica, sino al carácter anterior del enfermo resumido en dos palabras: desconfianza y orgullo. Christian hace notar que estos alienados ya no son aptos para hacer deducciones lógicas y que la megalomanía puede aparecer como un accidente fortuito: sueño, reminiscencia. A veces, es una alucinación la que da origen a la idea ambiciosa: una de nuestras enfermas oye que la llaman "reina de Francia"; un perseguido oye que lo saludan con el nombre de "Napoleón". Una mujer, luego de diez años de persecución, oye la voz de Dios que le dice: "Todo lo que digas, sucederá", así es que se cree profeta y cam bia sus gestos y actitud. A veces, cosa extraña, el delirante crónico resistė largo tiempo a esta sugestión de origen sensorial. Las alucinaciones que tienden a provocar las ideas ambiciosas no favorecen la convicción, en un primer momento: "Me dicen que seré reina -nos decía una enfer m a-pero yo no lo creo". Camuset no cree que la deducción lógica pueda bastar para transformar al delirio. "No logramos -nos dice- poner al persegui do en la senda de las ideas ambiciosas, a pesar de los argumentos que esgrimamos para hacerlas aparecer. Asimismo, las causas acci dentales no consiguen nada, en tanto el cerebro no se halle madu ro para las ideas de grandeza". Así también, admitimos que la alucinación auditiva no basta pa ra crear el delirio ambicioso. La transformación del delirio se prepa ra durante un tiempo muy largo y el trastorno sensorial sólo "le da una fórmula", al decir de Garnier. A veces la transformación del delirio tiene lugar espontánea mente, sin que se pueda hallar la causa determinante. Parecería que el terreno se volvió propicio para la eclosión de las ideas ambicio sas; el paciente, como lo hace notar Christian, soporta su delirio pa sivamente. En los casos en que la transformación de la psicosis es de origen intelectual, los trastornos sensoriales concuerdan siempre con el 64 VALENTIN MAGNAN nuevo matiz de las ideas delirantes; junto con las alucinaciones do lorosas, "las voces del demonio", se oyen "voces consoladoras, ce lestiales", que reconfortan al paciente y contribuyen a la sistemati zación del delirio ambicioso. En el caso de las alucinaciones bilate rales de carácter diferente, las alucinaciones dolorosas disminuyen en el oído que podríamos llamar perseguido, a medida que el deli rio se transforma y que se desarrollan las alucinaciones del oído ambicioso. Los olores a fósforo y a azufre son templazados por per fumes de iris y de vainilla; a los sabores amargos y sospechosos le siguen sabores de curaçao y de almendra. Para J. Falret, las ideas de grandeza serían sólo un delirio agrega do al delirio de persecución. Para nosotros se trata, en cambio, de una transformación capital de la psicosis. En efecto, el delirio de persecución termina por atenuarse: "Son tonterías -dice el enfer mo- ya no les hago caso". Por fin, dicho delirio desaparece poco a poco para dar lugar a las nuevas concepciones delirantes. Es así co mo se crea una nueva personalidad, muy diferente de la del deliran t e crónico en la etapa de persecución. El delirio de grandeza es en general un síntoma de mal augurio que indica que la inteligencia ha perdido su integridad. Poco a po c o, se sistematiza, se circunscribe; el sujeto perfecciona su vocabu lario de neologismos. La idea delirante se enuncia entonces siem pre de la misma manera y de modo estereotipado. Ciertos deliran tes crónicos adoptan un gesto, un movimiento invariable que res ponde a ideas delirantes. Es conveniente tener en cuenta que la transformación del delirio no siempre es notoria, ya que el enfermo no siempre es expansivo y a veces g uarda para sí sus ideas de riqueza y de grandeza. Incluso pue de disimularlas con extremo cuidado y mostrarse extraordinariamen -te reticente(6). Entonces es preciso buscar con particular atención la transformación de las ideas delirantes. A veces una modificación del carácter, de la fisionomía, de la actitud, de las relaciones con la fami lia o el entorno, nos dan la pista. A pesar de todo, el tránsito de la se gunda a l a tercera etapa del delirio crónico puede pasar inadvertido. Falret nos dice: "me ha sucedido con frecuencia desconocer durante mucho tiempo la existencia del delirio de orgullo en los perseguidos crónicos, aun tratándose de aquéllos con quienes viví íntimamente durante varios años y sólo muy tarde pude verificar ese delirio de grandeza que existía desde hacía tiempo en estado laiente... Es nece saria una circunstancia accidental o una feliz coincidencia para que el médico llegue a descubrir su existencia". Marandon de Montyel y Camuset demostraron que otra causa de error puede impedirnos ver la transformación ambiciosa. No es Delirio crónico 65 necesario que el delirante cónico se proclame "Dios" o "rey", La de saparición de los trastornos sensoriales dolorosos, el optimismo, la opinión exagerada que el enfermo tiene de sí mismo, la aparición de ideas de defensa (Séglas) bastan para cambiar totalmente el ma tiz del delirio y modificar de punta a rabo la personalidad. ¿N o se trata acaso de una nueva etapa que no puede confundirse con la fa se de persecución? Citaremos como ejemplo a una delirante cróni ca que, en el comienzo de la etapa ambiciosa, mientras que los tras tornos sensoriales dolorosos estaban aún muy activos, imaginaba que tenía poderes sobrenaturales y que les devolvía a los persegui dores la electricidad con la que éstos la atormentaban. Hería a sus enemigos con el pensamiento; le clavaba un cuchillo en la cabeza a un muchacho que se había inoculado en ella: "Maldigo a tus hi jos - decía, hasta la cuarta generación, te pongo un hierro canden te en la cabeza!". En general, el delirio ambicioso se traduce por comportamientos característicos. Cesan las quejas y las recriminaciones. El enfermo adopta una actitud toda altanería y desprecio. Sonríe ironicamen te, se niega a dar la mano, guarda un desdeñoso silencio: Si se de cide a hablar, confiesa las persecuciones que sufría en otra época, "pero no es nada ahora", actualmente, es completamente libre, el aşilo le pertenece y, si así lo quisiera, le abrirían las puertas; oye vo ces a distancias prodigiosas, pues está dotado de un oído excepcio nal. A veces hay acciones bizarras que son el resultado de su creen cia en un poder sobrenatural. Observamos a una mujer que abría y cerraba bruscamente la boca mostrando los dientes: imaginaba que así se tragaba a sus enemigos: "le bastaba con una dentellada para hacerlos desaparecer". Hemos descripto los caracteres generales del delirio crónico; pero el aspecto del enferno varía según sus creencias, su educación, el me dio social en el que vivió. Sejutre de estos elementos para edificar su delirio y darle así la marca de su propia individualidad. En el final de la Edad Media y durante el Renacimiento, se hablaba de brujería, de posesión diabólica, de incubos, de súcubos; en el siglo XVIII, el mesme rismo, el fluido magnético, más tarde las mesas giratorias, les espíritus hechiceros, les dieron a los pacientes la explicación de sus sensaciones mórbidas. Hoy en día son las fuerzas naturales, electrici dad, física, química; es el hipnotismo, ciertas corporaciones que to maron el lugar de lo maravilloso de los siglos pasados, Asimismo, mientras que los delirantes crónicos ambiciosos de antes eran teómanos, se llamaban profetas, Dios, Anticristo, Juana de Arco, los de hoy día son emperadores, reyes, presidentes de la República, millonarios, reformadores, etc. VALEN TIN MAGNAN Estos variados aspectos de las concepciones delirantes no son Inás que fenómenos accesorios; el hecho capital consiste en la transformación de las ideas de persecución en ideas de grandeza. Lo que es preciso considerar es, no ya el matiz del delirio, sino su evo lución. Esta marcha progresiva de las ideas de persecución hacia las ideas ambiciosas le otorga al pronóstico su carácter grave. Desde ahora el enfermo se encaminará más o menos lentamente hacia un estado de debilitamiento psíquico. 4. Etapa de demencia Poco a poco el nivel mental decae, la memoria se debilita, se bo Ita el recuerdo de las distintas etapas del delirio, la actividad inte lectual se limita a repetir algunas fórmulas estereotipadas. El deli rante crónico se muestra desde entonces indiferente a todo lo que lo rodea, a veces adopta actitudes especiales invariables, se mantie ne aparte, inmóvil, a veces hablando solo y en voz baja, o hacien do de pronto ciertos gestos, siempre los mismos, en relación con concepciones que no cambian más. Si se lo interroga, mira, aparen temente asombrado, no responde o da, en un lenguaje sembrado de neologismos, una respuesta confusa, difícilmente inteligible. J. Fallet se niega a admitir la etapa de demencia. Es cierto que d espués de veinte o treinta años algunos delirantes crónicos pue den aún conversar razonablemente sobre temas ajenos a su delirio; pero en otros, el nivel mental baja considerablemente. A la deca d encia intelectual debida a la evolución de la psicosis se agrega la senilidad, pues el delirio crónico empieza en la adultez y tiene una evolución de veinte, treinta y hasta cuarenta años. Las lesiones ce rebrales seniles bastan para provocar la disminución de la memo ria, la sensiblería, la confusión en las ideas. El patrimonio intelec tual se va disolviendo así cada día bajo la doble influencia de la marcha progresiva de la vesanía y de los trastornos de nutrición de la corteza cerebral. Nos vemos obligados a admitir que luego de la etapa de grandeza del delirio crónico se manifiesta una real deca dencia de la inteligencia, nueva fase de la enfermedad que pode mos designar con el nombre de demencia. Este término se refiere de manera general a los estados intelectuales que van declinando. Diagnóstic o Ahora veremos las distintas formas clínicas que presentan pun tos de contacto con el delirio crónico para observar las característi Delirio crónico 67 cas que las diferencian de este último. Este diagnóstico diferencial se verá facilitado si se tienen presentes los elementos característicos de la enfermedad: psicosis alucinatoria crónica, evolución sistemá tica, en cuatro etapas: inquietud, persecución, grandeza y demen cia. Los estados melancólicos se distinguen por el estado de depre sión y el dolor cenestésico primordial que constituyen sus síntomas esenciales. Se agregan ideas de culpabilidad, de ruina, trastornos SO máticos. Por fin, las alucinaciones son en general menos importan tes que en el delirio crónico. Inicio, evolución, duración, final, constituyen otras tantas diferencias entre las dos enfermedades. El melancólico es un culpable; el perseguido, una víctima. La génesis de las ideas delirantes y de las alucinaciones es muy diferente en las dos formas. En la primera, sólo son, de alguna manera, el eco de las preocupaciones dolorosas íntimas del paciente; en la segunda, sor prenden a la conciencia, provocan protestas. En una etapa más o menos avanzada de la melancolía ansiosa, se produce a veces un delirio de negación (Cotard), que puede considerarse como la anti poda de la fase de grandeza del delirio crónico. En ciertos casos se produce una pseudomegalomania, caracterizada por ideas de in mortalidad y de inmensidad que Cotard describió con el nombre de delirio de enormidad: el paciente es infinito en el tiempo como en el espacio, Lejos de que esta enormidad sea una compensación pa ra el delirio melancólico, indica en realidad el grado más: excesivo del misino. E incluso, cuando este delirio desemboca en verdaderas ideas de grandeza, éstas permanecen teñidas por un matiz melan cólico; la confusión con el delirio crónico es casi imposible. No podemos desconocer el delirio alcohólico agudo o subagudo. En efecto, éste lleva la marca de las psicosis tóxicas. Predominan las alucinaciones, las ilusiones visuales, mientras que, en el delirio cró n ico, s e trata sobre todo de trastornos sensoriales auditivos. A de más el alcohólico se encuentra asustado, incluso aterrorizado, mientras que el delirante crónico no se preocupa por las persecu ciones que sufre más que para quejarse amargamente. En el prime ro, los fenómenos mórbidos tienen la movilidad de las visiones de un sueño (delirio onírico), las concepciones son confusas, la con ciencia se halla trastornada; en el segundo, las alucinaciones tienen una claridad perfecta y se aprecian y discuten con una inteligencia lúcida. Las alucinaciones auditivas, cuando se muestran en el alco hólico, son menos complejas que las del delirante crónico; no exis ten los fenómenos de diálogo, de eco del pensamiento, que necesi tan de una larga incubación. En general se trata de reproches, ge midos, insultos que aparecen sin orden, percepciones vagas: ruido de campanas, música, cantos, gritos confusos. Esta confusión aluci 68 VALENTIN MAGNAN natoria no existe en el delirante crónico. Por fin, la brusquedad del inicio, la brevedad y la posibilidad de cura del delirio tóxico, el in somnio, los trastornos digestivos y el temblor que lo acompañan, son otras tantas particularidades características. En ciertos casos, recordémoslo, el delirio alcohólico puede im plantarse sobre un delirio crónico preexistente; hay que cuidarse de los errores que podrían producirse por la coexistencia de estas dos psicosis. Lis conveniente señalar que en ciertos degenerados la intoxica ción alcohólica puede determinar un delirio de persecución aluci natoria que se parece a la segunda fase del delirio crónico. Las alu cinaciones auditivas predominantes se acompañan de alucinacio nes olfativas, gustativas, trastornos de la cenestesia y determinan ideas de persecución muy activas, más o menos sistematizadas, que pueden subsistir durante meses enteros. Algunos síntomas nos harán pensar en esta psicosis alucinatoria alcohólica, como ser: la actividad de las alucinaciones visuales, el predominio de las ideas de celos, de envenenamiento, impulsos ho micidas, sin mencionar los signos físicos y psíquicos de la intoxica ción alcohólica y de la evolución. No insistiremos en las ideas de grandeza y de persecución que se muestran en el transcurso de la parálisis general. Nada difiere inás del delirante crónico perseguido o ambicioso que el paralítico gene ral. En este último, la actitud no está en armonía con el delirio; las concepciones delirantes llevan la huella del estado mental que las originó. Son móviles, incoherentes, múltiples, extravagantes y pue riles. Detrás de las ideas de persecuciones confusas del paralítico, se Inuestran los signos de un debilitamiento intelectual generalizado: los enfermos las emiten como vienen, sin preocupación alguna so bre lo que dijeron antes, ni sobre lo que dirán después. Sin embar go, es necesario saber que a veces en la parálisis general se observan delirios alucinatorios de persecución más o menos sistematizados (forma sensorial). En la tabes dorsalis, se pueden observar ideas de persecución pro vocadas y mantenidas por los trastornos sensitivos y sensoriales de bidos a la afección cerebro-espinal. Pero estas evolutiva y no podrían confundirse con las del delirio CIO nico. Lo mismo sucede respecto de las ideas de persecución o de grandeza que pueden mostrarse en la parálisis agitante, en los epi ideas no tienen una marcha lépticos, en los dementes seniles, en los sujetos afectados por lesio nes cerebrales circunscriptas. A pesar de las analogías superficiales, hay una gran distancia entre estas ideas mal sistematizadas, secun darias y episódicas y las del delirio crónico. Delirio crónico 69 En cuanto a la confusión alucinatoria aguda (halluci n atorischer Wahnsinn, Krafft-Ebing; amentia), ésta se distingue por un defecto de sistematización y por el trastorno profundo de la conciencia asaltada por alucinaciones múltiples. Aquí el delirio es puramente s ensorial; todo va a la buena de Dios y el enfermo, verdadera presa de sus sentidos, desorientado, sin conciencia del tiempo ni de los lugares, ha perdido toda noción exacta del mundo exterior. El bo rrascoso inicio, las circunstancias etiológicas (delirio de los prisio neros, psicosis post-febriles y puerperales), la frecuente cura, son otros tantos puntos diferenciales. Es menester distinguir ahora las psicosis sistematizadas de los de generados del delirio crónico. Recordemos que los degenerados tie nen un cierto número de caracteres casi patognomónicos. Desde el punto de vista somático, la mayoría tiene diversas mal formaciones que son el sello de su decadencia: se trata de los estig mas físicos de la degeneración (malformaciones del cráneo, del ros tro, de los miembros, de los órganos genitales, etc.). Desde el pun to de vista psíquico, en todos ellos el desequilibrio mental es una constante. En estos enfermos hallamos una serie muy variada de impulsos, obsesiones, fenómenos emotivos: dipsomanía, onomato mania, locura de la duda, delirio del tacto, cleptomanía, piromanía, impulsos homicidas, suicidas, inversión del sentido genital, agora fobia, etc. Estos trastornos tienen como rasgo común el carácter irresistible del impulso, la angustia concomitante; la conciencia completa del estado y la satisfacción consecutiva a la realización del acto. Estos síndromes episódicos de la degeneración, constitu yen otros tantos estigmas psíquicos. En los degenerados, las mani festaciones delirantes están marcadas por el terreno especial en el que se originan. Recordemos el inicio frecuente en la juventud e in cluso en la infancia, la aparición a menudo brusca de las ideas de lirantes, la ausencia de evolución y de sistematización o la sistema tización menos perfecta, el polimorfismo del delirio, su posibilidad de curarse, la ausencia, en ciertas formas, de trastornos sensoriales (delirio sobre la base de interpretaciones, delirio de reivindicación). Para el diagnóstico diferencial del delirio crónico con las psicosis de los degenerados, el estudio del pasado de los enfermos nos da ya in dicaciones muy útiles. En el delirante crónico no encontramos los an t ecedentes hereditarios ni el desequilibrio mental anterior. Hay nume Tosas diferencias respecto de la edad en la que aparece el delirio, del comienzo de este último, de su aspecto sintomático, de s u evolución y de su final. El delirio crónico se inicia en la edad adulta; la psicosis del degenerado puede desencadenarse en cualquier edad, incluso en la infancia (variedad filial del delirio de interpretación). En el deliran 70 VALEN TIN MAGNAN le crónico hallamos un largo período de incubación que contrasta con el estado mental anterior del sujeto; el inicio de la psicosis del dege nerado es a menudo brusco (delirio agudo). En el delirio agudo no hay ninguna característica de la primera etapa por la que pasa el delicante crónico. La psicosis, que evoluciona en un terreno de degeneración eminentemente favorable, da lugar rápidamente a trastornos alucina t orios intensos, a las alteraciones de la personalidad que crónico requieren de una larga elaboración. Ya en un comienzo el degenerado formula sus en el deliran te ideas ambiciosas que en el otro sólo aparecen cuando la resistencia cerebral es afectada por una psicosis de larga da ta. He aquí la explicación, hasta cierto punto, de las frecuentes fragi lidad y brevedad del delirio de los degenerados. Pero lo que caracteriza además a los delirios de los degenerados en la etapa de estado, son, por un lado, las frecuentes variaciones en las formas del delirio, por otro, la posible coincidencia de varias ideas delirantes. Las psicosis degenerativas son en efecto proteifor mes, múltiples, polimorfas. La coexistencia de las ideas de grande za y de las ideas de persecución es particularmente frecuente; pue den asociarse, además, con delirios místicos, eróticos, hipocondría cos, con estados inaníacos o melancólicos. Estas diferentes formas también pueden desaparecer, remplazarse, reproducirse, sin que se pueda comprobar nunca una sucesión evolutiva determinada. Un enfermo que hoy es un perseguido, en unos días puede ser hipo condriaco. El contraste es sorprendente entre la irregularidad, el po limorfismo de estas psicosis y la evolución metódica del delirio cro nico. Agreguemos que si bien algunos de estos delirios (delirios in terpretativos) no descansan sobre trastornos sensoriales, para la mayoría los fenómenos alucinatorios, por su intensidad y multipli cidad, llevan a un estado de confusión, a una obnubilación de la conciencia que impideni la sistematización del delirio. Finalmente, en el degenerado pueden aparecer impulsos, obse siones varias que constituyen otros tantos sindromes episódicos de su estado de desequilibrio mental. Junto con estos delirios de per secución y de grandeza cuyo aspecto especial los muestra como aso ciados con la degeneración mental, hay otras psicosis sistematiza das de los degenerados que pueden confundirse en ciertos casos con el delirio crónico. Veremos ahora sucesivamente las formas alu cinatorias y no alucinatorias, 1. Delirios sistematizados alucin atorios de los degenerados Si sólo consideramos algunas de estas formas en su período de estado, sin tener en cuenta el inicio de la afección y su evolución, Delirio crónico 71 podemos encontrar todos los rasgos aparentes de la segunda o ter cera etapa del delirio crónico, Es verdad que con gran frecuencia el delirio del degenerado no presenta la sistematización completa que una psicosis de larga data ha operado en el delirante crónico. Pero este signo puede estar ausente y entonces la distinción se torna de licada. Se trata de las mismas ilusiones e interpretaciones erróneas, los mismos trastornos sensoriales que en el delirio crónico. Se trata de las mismas alteraciones de la personalidad, los mismos neologis mos, las mismas reticencias. Hallamos, como en el delirante cróni co, el predominio de las alucinaciones auditivas (monólogos, diálo gos, eco del pensamiento); trastornos de la sensibilidad general, alucinaciones e ilusiones genitales, olfativas, gustativas, visuales, alucinaciones motoras verbales. He aquí, entre otras, las diversas formas descriptas con el nombre de perseguidos autoacusadores, de melancólicos perseguidos, de perseguidos melancólicos, de hipo condríacos melancólicos, que desembocan en el delirio de persecu ción (Séglas, Gilbert Ballet, Régis, Lalanne). Estos delirios de perse cución pueden parecer delirio crónico. Pero la poca edad del suje to, el inicio brusco del delirio, su rápida evolución y el desarrollo de la enfermedad impedirán que se confunda el diagnóstico. Lo que distingue en todos estos casos al degenerado del delirante CIO nico, es la irregularidad del delirio del primero opuesta a la marcha cíclica, a la evolución siempre similar a ella misma de la psicosis del segundo. 2. Delirios sistematizados no aluc inatorios d e los degenerados El delirio de interpretación es, como sabemos, un delirio siste matizado caracterizado por: 1. la multiplicidad, la organización y la permanencia de interpretaciones delirantes; 2. la ausencia -o la es casez- de las alucinaciones; su papel siempre secundario; 3. la per sistencia de la lucidez y de la integridad psíquica; 4. la evolución por extensión progresiva de las interpretaciones; 5. la imposibilidad de la cura sin demencia terminal. Estas dos formas nosológicas, el delirio crónico y el delirio de interpretación, presentan algunos ras gos semejantes: sistematización precisa, intervención de las inter pretaciones, conservación de la lucidez, que explican los errores que a veces se cometen. Pero, sin considerar la evolución, cada una de las dos psicosis presenta un síntoma casi patognomonico, a sa ber: el papel preponderante de las alucinaciones en una, y las inter pretaciones en la otra. Este criterio parecería, a p riori, tener que im pedir toda confusión; no obstante, se siguen cometiendo errores: el más frecuente --podemos afirmarlo- consiste en tornar a un i nter VALENTIN MAGNA N pretador perseguido por un delirante crónico "reticente", que "di simula sus alucinaciones". En general se admite con demasiada fa cilidad la existencia de trastornos sensoriales en los delirantes siste matizados. Si profundizamos en la crítica de sus pretendidos tras tornos sensoriales, aun cuando confiesan haber oído tal o cual fra se-, nos percatamos de que a menudo se trata de hechos exactos o de la interpretación de miradas, de signos, de gestos o de palabras cualquiera. El diagnóstico es más difícil cuando un interpretador presenta de manera episódica algunas alucinaciones. Pero en este caso los tras tornos sensoriales son transitorios, reducidos a una frase, a una pa labra, no bastan para dirigir la sistematización del tema vesánico. En la tercera etapa del delirio crónico, cuando predominan las ideas de grandeza, el diagnóstico se apoya en las conmemoracio nies. "Si esto falta, la confusión no es posible. La aparición de las ideas de grandeza coincide con la desagregación incipiente y se acompaña de una alteración profunda de la personalidad. Las alu cinaciones, los neologismos, las frases y actos estereotipados, el de bilitamiento intelectual manifiesto, son otros tantos signos que es tablecen un marcado contraste con la integridad psíquica persisten te de los interpretadores(7)". Delirio de reivindicación( 8 ) Los reivindicadores, que corresponden a una parte de los enfer mos agrupados con el nombre de perseguidos-perseguidores, son degenerados que se presentan al clínico con una fisonomía muy ca racterística. Poseen un elemento maníaco indudable: toman de los m aníacos razonadores su incansable actividad, y a menudo, de los falsos morales, su ausencia de sentido moral; pero lo que los carac teriza ante todo, es el ensañamiento patológico con el que persi guen a sus enemigos imaginarios, En estos sujetos hallamos los an tecedentes de la herencia, los estigmas físicos de la degeneración, y ya desde la juventud, la disarmonía de las facultades psíquicas. Ob sesionados por el resentimiento de supuestas injusticias de las que habrían sido víctimas, emprenden una obstinada campaña, mos trando en sus reivindicaciones una tenacidad incansable. Con lógi ca aparente acumulan sus supuestas pruebas. Sin detenerse, como los delirantes crónicos, en una larga etapa de incubación, pasan rá pidamente de la idea al acto, Se dirigen a los tribunales, a los per sonajes influyentes, escriben cartas, memorias. Los repetidos fraca sos no los desalientan, sino que no hacen más que confirmar su de lirio. Enseguida llegan a los insultos, los escritos difamatorios, las Delirio crónico 73 amenazas, los actos de violencia e incluso se erigen en justicieros, no dudando en atacar al que han condenado. Lo que los distingue de los delirantes crónicos, es la ausencia de trastornos sensoriales. En ellos las alucinaciones son excepcionales. Sin embargo puede ocurrir que un reivindicador presente alucina ciones auditivas, como puede que un delirante crónico disimule las suyas y adopte en sus reacciones actitudes reivindicadoras. Pero el diagnóstico no puede ser dudoso durante mucho tiempo. En el de lirio de reivindicación no hay evolución metódica, ninguna meta morfosis del delirio: el reivindicador se muestra desde un comien zo orgulloso y perseguido; es hoy el que era ayer, el que siempre se rá. La historia de la enfermedad es la del enfermo. Mientras que en el delirante crónico la psicosis contrasta con el pasado cerebral del sujeto, la psicosis del reivindicador no es más que la exageración del carácter anterior de un individuo desequilibrado. Aplicaciones médico-legales y terapéuticas Al examinar las reacciones del delirante crónico, vemos en pri mer lugar a un sujeto pasivo, tratando de huir de sus enemigos, lue go defendiéndose, quejándose ante todas las autoridades y por fin, hastiado de ver que sus intentos son inútiles, que se arma, decidi do a terminar con todo. Los actos delictuosos o criminales cometi dos en estas circunstancias requieren de pericias médico-legales destinadas a demostrar el carácter patológico de los móviles que impulsaron al inculpado y a mostrar la estrecha relación del acto incriminado con un delirio de larga data que tiene trastornos sen soriales predominantes, La relativa integridad de las facultades intelectuales, el cuidado con el que los sujetos esconden sus ideas delirantes, los hacen pa recer responsables. A pesar de sus reticencias, los médicos siempre podrán poner en evidencia el carácter patológico de sus actos: po drán demostrar que tal individuo cuya inteligencia parece intacta, es un alucinado en el que se ha sistematizado un viejo delitio. De berán reconstruir la marcha y las etapas de la enfermedad, poner de manifiesto las relaciones que existen entre los hechos incriminados y el delirio del sujeto, y con estos datos podrán, con la naturaleza de la psicosis, afirmar la irresponsabilidad del inculpado. En efecto, a pesar de la premeditación innegable del acto criminal y la lógica con la que lo justifica, el delirante crónico no puede ser considera do responsable. No sólo el delirio provoca una modificación com pleta de la individualidad psíquica sino que a esta causa se agregan 74 VALENTIN MAGNAN las alucinaciones que, en cada momento, intervienen como una in citación muy activa en las agresiones. "En todos los grados y en to dos los casos -nos dice Tardieu, estos alienados son irresponsables y el médico puede y debe, con plena tranquilidad de conciencia, es forzarse por sustraerlos de los veredictos de condena que afectarían no ya a criminales sino a enfermos dignos de piedad". Ya conocemos la evolución fatal del delirio crónico que sigue su marcha inexorable sin esperanza de cura. Por lo tanto, no es nece sario insistir sobre el tratamiento que es puramente sintomático. En primer lugar, no hay que perjudicar al enfermo, no recurrir a pro cedimientos terapéuticos que con el pretexto de descongestionar el cerebro no hacen más que debilitarlo. El método de intimidación de Leuret que, bajo la ducha, hacía que el enfermo renunciara a sus convicciones y "lo obligaba a hablar sensatamente se ha abando nado definitivamente; Bailllarger ya experimentó el método de Hif felsheim para combatir las alucinaciones. El paciente llevaba alre dedor de la cabeza una batería de pequeñas pilas cuyos polos se aplicaban a las orejas, una débil corriente galvánica le atravesaba el cerebro de lado a lado. Estos ensayos no dieron resultado alguno. Moreau de Tours propuso combatir los trastornos sensoriales con agentes terapéuticos que, como el datura stramonium y el haschich, provocan alucinaciones. Se esperaba así remplazar los trastornos alucinatorios espontáneos por otros provocados y fáciles de elimi nar con la supresión del medicamento. Tentativas vanas; por otra parte, ¿no sabemos acaso que el alcohol, que también provoca alu cinaciones, sólo hace que las del delirante crónico se vuelvan más activas? Si bien no existe un tratamiento del delirio crónico, no debemos por ello dejar de tratar al enfermo inspirándonos en las indicacio nes variables con cada sujeto y según las etapas de la afección. Los tónicos, el hierro, el quinquina, las aplicaciones hidroterapéuticas, los alcalinos, el arsenico, se emplean ventajosamente cuando el es tado general lo exige. Es inútil insistir sobre la importancia de una rigurosa higiene. Estos sujetos, perseguidos por sus ideas de enve nenamiento, se alimentan mal, de manera irregular o insuficiente. Así pues, se debe controlar la regularidad de las comidas, de la ves timenta, y de la alimentación en general. Si el enfermo se niega a alimentarse o sólo absorbe una cantidad de alimento insuficiente, nos vemos obligados a veces a recurrir a la alimentación artificial. En el transcurso del delirio crónico, se puede observar cierta ex citación con una mayor actividad de los trastornos sensoriales y del delirio. Durante estos episodios, se emplean con gran provecho las sales de bromuro o los baños tibios. El insomnio se combatirá con Delirio crónico 75 el cloral. El cambio de medio produce a menudo una remisión pa sajera en los trastornos sensoriales; a los viajes o mudanzas les sigue por lo común una corta fase de tranquilidad. La indicación primordial a la que debe responder el médico con sultado sobre las medidas que se deben tomar respecto de un deli rante crónico, es la internación del enfermo en cuanto se vuelve pe ligroso. Cuando designa y amenaza al autor de sus persecuciones, cuando llegó a la fase de las reacciones violentas, la internación se torna urgente. Luego del aislamiento sobreviene en general una mejoría pasajera: el aislamiento tiene la doble ventaja de poner al paciente al abrigo de las causas de excitación que encuentra fuera y de obstaculizar sus propias agresiones, Esta medida salvaguarda su propio interés al tiempo que es necesaria para la seguridad pública. Referencias bibliográficas 1. Sinonimia: Psychose systématique progressive (P. Garnler). --- Délire chronique régulier (Camuset). – Délire systématisé progressif (Cullerre). - Paranoia completa (Moebius). – Délire de la persécution à évolution systématique (Gilbert Ballet). – Psychose systématisée essentielle progressive (Régis). — Folie systématique primitive (Séglas). – Délire de persécution à évolution systématique (A rnaud), 2. V. Magnan y P. Sérieux, Le Délire chronique à évolution sytématique, Encyclopé die Aide-niémoire L éauté, Masson, 1892, 3. P. Sérieux y J. Capgras, Les Folies ratsonnantes; Le D élire d'Interprétation, 1 vol., Alcan, 1909. 4. ). Séglas. Annales médico-psychologiques, 1893; "Les persécutés possédés", in Leçons cliniques, 1 895; y A. Marie, Mysticisme et Folie, ed., 1907. 5. Arnaud, "Délire systématisé chronique", in Traité de pathologie mentale de G. Ballet, 1903. 6. Lachaux, De la dissimulation des idées d eg randeurs dans le délire chronique, te sis, París, 1893. 7. V. P. Séricux y J. Capgias, Les Folies raisonnanites - Le délire d'interprétation, op. cit., cap. “Diagnostic", p. 277; Le délire d'interprétation, in Traité i nteriational de psychopathologie, t. II, p. 640. 8. P. Sérieux y J. Capgras, "Le délire de revendication", in Traité i ntenzational d e psychopathologie, t. 11, p. 691. I. . La psicosis alucinatoria crónica* (1911) Gilbert Ballet ilbert Louis Simeón Ballet (1853-1916) f ue alumno de ). M. Char T yc ot y uno de sus herederos en la Cátedra de Enfermedades Menta U les y del Encéfalo del Hospital Sainte A nne de París, en la cual su c edió a A. Joffroy en 1909. A lo largo de su brillante carrera de especia lista incursionó en el ámbito de la Neurología, de la Psiquiatria y de la Historia de la Medicina. Entre sus principales obras figuran "El lenguaje interior y las formas clínicas de la afasia (L e langage interieur et les formes cliniques de l'aphasie, 1888), "La higiene del neurasténico (L'hygiène du neurast hénique, 1897 ) , "Lecciones de clínica médica. Psicosis y afecciones net viosas (Leçons de clinique médicale. Psychoses et affections nerveu ses, 1897), "Swedenborg, historia de un visionario" (S wedenborg, his toire d'un visionnaire, 1899), estudios sobre Leonardo da Vinci y sobre M aría Leczinsk a y sobre todo el gran "Tratado de patología mental" (Traité de pathologie mentale, 1903), escrito bajo su dirección, en co l aboración con otros maestros de la época pertenecientes al grupo de la Salpêtrière, que constituyó con sus 1600 páginas, una obra de referencia durante mucho tiempo. Primero como Jefe de Servicio en el Hospital Saint Antoine y después en el Hôtel Dieu, Ballet fue el precursor de los moder no s Servicios de Psicopatología en los Hospi tales Generales. Su trabajo sobre la que él llamó "psicos is alucinatoria cróni ca", q ue se reproduce a continuación, data de 1911 y ha permanecido como un concepto propio de la clínica psiquiátrica francesa siendo rechazado en o tras latitudes. Dicha entidad, aislada previamente por ). Séglas, E. Du pré, L. Cotard y algunos otros, fue consagrada por Ballet en un momen to histórico particular de las relaciones políticas entre Francia y Alema * L'Encéphale, 1911, 8, No 6, p. 501-508 (De la Lección transcripta por el Jefe de Clínica, Dr. Barbe) 78 GILBERT BALLET nia que coincidió en el plano interno con un período de erifrentamiento sostenido e ntre l os alienistas franceses del grupo de la S alpêtrière y los d e f ensores de las enseñanzas que había dejado Magnan. E fectivamente, Ballet rechaza la distinción que hace este ú ltimo entre el "d el i rio de los degenerados" y el "delirio d e evolución sistemática", y extiende el campo d e la patología, que recubre s up sicosis alucinatoria crónica, hasta englo bar ciertas formas delirantes de la demencia precoz. . Kraepelin, tomando nota de esta c onceptuación c reará la categoría de p arafrenias, separándolas de la demencia precoz. Otros autores, sin em b argo, rechazan la hipótesis de esta mutua influencia de las nosografias d e los d elirios crónicos, sosteniendo q ue a ambos lados del R in la e volu ción de las clasificaciones obedeció a razones intrínsecas d e cada escue l a y por lo tanto heterogéneas entre sí. Como sea, a mbas aludirían a la s upuesta e xistencia de f ormas de evo lución crónica alucinatoria sin franca e volución demencial. . La psicosis alucinatoria crónica sigue siendo reconocida en Francia, como lo prueban encuestas y textos, mientras que esos mismos cuadros son diagnosticados como esquizofrénicos en el espacio a nglosajón. eñores, en las lecciones anteriores les mostré cierto número de enfermos afectados todos, como recordarán, por ideas de pers ecu ción con alucinaciones. En la mayoría, a las ideas de persecución se le asociabası ideas ambiciosas. H ice un estudio analítico de estos en fermos. Hoy mi objetivo es mostrarles que deben asociarse unas con otras y que, a pesar de las diferencias de detalles, diferencias relativas al relieve de los grupos de síntomas, al modo de sucesión, a su desen lace, estos diversos casos se pueden considerar, al menos hasta nue va orden, como modalidades distintas de una misma afección a la que me parece conveniente llamar psicosis alucinatoria crónica. En medicina mental siempre es riesgoso tratar de constituir indi vidualidades nosológicas y les pido que consideren ésta que les pro pongo sólo como un intento de agrupamiento legítimo de hechos que ya hemos visto. Después de estudiar estos hechos de manera aislada, debemos re solvernos a disociarlos unos de otros o a asociarlos. Ahora bien, per sonalmente creo que su asociación corresponde más a la realidad que la disociación, y espero convencerlos de ello. En patología hay personalidades clínicas bien determinadas, son las que, como la fiebre tifoidea por ejemplo, descansan en una cuá druple base etiológica, patogénica, anatomopatológica y sintomáti La psicosis alucinatoria crónica 79 ca: en efecto, sabemos que esta enfermedad se debe a un agente mi crobiano, el bacilo de Eberth; conocemos las principales condiciones en las que se desarrolla y se transmite este bacilo, su modo de acción en el organismo y las reacciones del mismo frente a este microbio, las lesiones que determina y los síntomas de estas lesiones. Las persona lidades clínicas de este orden no son comunes en psiquiatría: está sin duda la parálisis general de la que conocemos al menos la causa, las lesiones, los síntomas, si bien ignoramos la patogenia. Pero cuando abordamos el grupo de las psicosis, la etiología se hace indecisa o ba nal, por ende, la patogenia se torna oscura, y la anatomía patológica, casi nula. Nuestros únicos recursos para establecer entidades mórbi das residen en la sintomatología y en la evolución de los trastornos: aun así la noción de evolución está a veces sujeta a caución, ya que una misına entidad puede tener un desarrollo y un desenlace varia bles. Por ello, Señores, las individualidades clínicas que admitimos deben ser consideradas provisorias, ya sea porque ciertos caracteres sintomáticos o evolutivos que valoramos hoy día mañana pueden perder dicho valor, ya sea porque otros, que aparecerán tal vez más tarde, nos llevarán a introducir divisiones en agrupamientos de he chos que habíamos estimado homogéneos. Con estas reservas es que hoy voy a describir la psicosis alucina toria crónica, Los hechos que reúno con este nombre, por analogías que pre sentan entre sí, no son nuevos, pero hasta ahora fueron agrupados y clasificados de otra manera. Los marcos en donde se los ubicó me parecen insuficientes en la actualidad, y les diré porqué. Si es así, hay que modificar estos marcos. Los hechos en cuestión son los que ya les he presentado. Recuer den cómo se caracterizan: lo repetiré brevemente, pues debo volver sobre este punto en un instante: En todos ellos hallamos originariamente un estado cenestésico pe noso, hecho de vaga inquietud. Este estado cenestésico lleva muy rá pidamente, rápida o lentamente, a ideas explicativas de persecución y de ambición. Estas ideas se yuxtaponen, se suceden o se reemplazan con rapidez o lentitud. Siempre se asocian a alucinaciones de los dis t intos sentidos que, por su constancia, parecen condicionarlas. Los casos en cuestión, abordados desde un punto de vista pura mente sintomático y abstracción hecha de su evolución, correspon den a los que Lasègue describió en 1852, en su memorable trabajo sobre el Delirio de persecución. Pero Lasègue sólo había resaltado los síntomas dominantes: las ideas de persecución con las alucinacio nes que los acompañan; no había llamado la atención sobre las ideas ambiciosas que son como su corolario.
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