Pedagogías Transgresoras II Transgresoras II Título: Is There a Queer Pedagogy? Or, Stop Reading Straight (¿Existe una pedagogía cuir? O, no leas tan hétero). Artículo publicado originalmente en Educational Theory, 45(2), 151-165, spring 1995. Autxr: Deborah P. Britzman Traducción: gabi herczeg, 2009 revisado para esta edición 2018. Título: Cuirizar/Cuestionar la pedagogía? o, La pedagogía es una cosa bastante cuir. Artículo publicado originalmente en William F. Pinar (Ed.), Queer Theory in Education, Mahwah, NJ: Lawrence Erlbaum Associates, Inc., 1998. Autxr: Susanne Luhmann Traducción: Gabriela Adelstein, Buenos Aires, 2017 revisión técnica: val flores Título: Os estudos feministas, os estudos gays e lésbicos e a teoria queer como políticas de conhecimento. (Los estudios feministas, los estudios gays y lésbicos y la teoría cuir como políticas de conocimiento). Texto presentado en el II Congreso de la Associação Brasileira de Estudos de Homocultura (ABEH), realizado en junio de 2004 en Brasilia, DF, Brasil. Autxr: Guacira Lopes Louro Traducción: gabi herczeg, Neuquén 2009, revisado para esta edición 2018. Título: Masculinidades lésbicas pedagogías de feminización y pánico sexual: apuntes de una maestra prófuga. Artículo publicado originalmene en: Cuerpos minados, masculinidades en Argentina; José J. Maristany – Jorge L. Peralta (comp.). EDULP 2017. Autxr: val flores Título: Queer Pedagogy: Practice Makes Im/Perfect. (Pedagogía cuir: La práctica hace la im/perfección). Artículo publicado originalmente en Canadian Journal of Education, 18(3), 285305, 1993 Autorxs: Mary Bryson y Suzanne de Castell Traducción: gabi herczeg, Neuquén 2016, revisado para esta edición 2018. Título: Esporas de indisciplina. Pedagogías trastornadas y metodologías queer Autxr: val flores, inédito octubre 2018. Arte de Tapa: Fernanda Guaglianone Interiores y edición: fabi tron Bocavulvaria Ediciones, 1era edición, Noviembre 2018, Sauce Viejo, Santa Fe, Argentina Pedagogías Los estudios feministas, los estudios gays y lésbicos y la teoría cuir como políticas de conocimiento Guacira Lopes Louro Traducción: gabi herczeg Transgresoras II 67 68 Pedagogías Los estudios feministas, los estudios gays y lésbicos y la teoría cuir como políticas de conocimiento Guacira Lopes Louro Me veo en un problema para comenzar esta charla: ¿cómo considerar y cómo articular los estudios feministas, los estudios gays y lésbicos y la teoría cuir? Constituidos a partir de una militancia y de una teorización frecuentemente inseparables, estos campos de conocimiento parecen, muchas veces, emparentados entre sí. Marcados por pasiones y por polémicas, en ellos teoría y política se confunden y se nutren mutuamente. ¿Sería razonable tomarlos, entonces, como una especie de continuum, en el cual sutiles diferenciaciones de temáticas o de estrategias acabarían por producir, acumulativamente, desplazamientos significativos? ¿O sería más adecuado entenderlos como campos que se cortan, se desafían y se tensionan unos a otros? Como estudiosa e investigadora he experimentado todo esto, en un proceso que es perturbador y fascinante al mismo tiempo. A veces, tengo la impresión de que puedo deslizarme casi sin sobresaltos de un campo a otro, como si las temáticas o las cuestiones estuvieran, de algún modo, conectadas o relacionadas; otras veces, ocurre lo opuesto: una cuestión construida a partir de uno de estos campos desencadena la problematización de las “certezas” sobre las cuales venía asentando un argumento; las eventuales transposiciones se hacen frágiles, llego a una especie de “callejón sin salida” y la articulación parece Transgresoras II 69 imposible. Pero, ¿serán necesariamente negativos los efectos de tales cuestionamientos? ¿O será posible transformar los eventuales obstáculos en disparadores del conocimiento? No soy capaz de dar una respuesta definitiva. Prefiero asumir, por ahora, que los estudios feministas, los estudios gays y lésbicos, y la teoría cuir son campos teóricos y políticos marcados por afinidades y alianzas y, al mismo tiempo, atravesados por debates y divergencias perturbadoras. Vengo aproximándome a esos campos desde una óptica pos-estructuralista, lo que hace que mi atención se dirija más hacia los discursos y las prácticas que constituyen a lxs sujetxs, y hacia las disputas por la representación emprendidas por distintos grupos culturales. Tal vez, las posibilidades de articulación que percibo entre ellos estén ancladas en esa perspectiva teórica, en la medida en que me lleva a asumir el carácter construido e incompleto, la provisoriedad y la inestabilidad de todas las identidades sexuales y de género. Pongo en duda, cada vez más, que alguna instancia o algún grupo sea el portador de la “Verdad”, y admito que pueden coexistir (y confrontar) muchas “verdades”. Desconfío de las grandes generalizaciones y, así, aprendo a lidiar mejor con lo local y lo particular. No me propongo responder a interrogantes “fundamentales”, como los que indagan sobre los orígenes de la opresión femenina o sobre las causas de la homosexualidad; pero me siento, sí, atraída por conocer y cuestionar las formas en que una sociedad (ésta en que vivimos, particularmente) trata a las mujeres y a los grupos homosexuales; quiero describir las relaciones de poder que allí circulan y las resistencias que se oponen, me interesa saber por dónde pasan estas relaciones, qué sutilezas y disfraces asumen, cómo se expresan. Intento escapar de la racionalidad que obliga a decidir si algo (o alguien) es esto o aquello, para pensar que algo (o alguien) 70 Pedagogías puede ser, al mismo tiempo, esto y aquello. Procuro, siempre que sea posible, desmontar dicotomías, deconstruir binarismos, incluyendo aquí las oposiciones -supuestamente sólidas- entre masculino/femenino, heterosexual/homosexual. Estas son algunas disposiciones o estrategias muy desafiantes, que me han permitido transitar entre los estudios feministas, los estudios gays y lésbicos y la teoría cuir. Entiendo que estos campos teóricos y políticos vienen promoviendo nuevas políticas de conocimiento cultural y es por esa vía que me gustaría desarrollar mi argumentación. Una política de conocimiento implica que se privilegia un modo de conocer, lo que involucra, a su vez, decisiones sobre qué conocer, y cómo, por qué y para qué conocer. Los estudios feministas, los estudios gays y lésbicos y la teoría cuir vienen promoviendo una nueva articulación entre sujetxs y objetos de conocimiento. No se trata solamente del abordaje de nuevos temas o nuevas cuestiones. Es mucho más que eso. Hace algunas décadas, los movimientos y grupos ligados a estos campos vienen provocando importantes transformaciones que refieren a quién está autorizadx a conocer, qué puede ser conocido, y a las formas de llegar al conocimiento. Desafiando el monopolio masculino, heterosexual y blanco de la Ciencia, de las Artes, o de la Ley, las llamadas “minorías” se afirman y se autorizan a hablar sobre sexualidad, género, cultura. Aparecen cuestiones nuevas a partir de sus experiencias y de sus historias; las nociones consagradas de ética y de estética se ven perturbadas. Áreas y temáticas consideradas, hasta entonces, poco “dignas” de ocupar el espacio y el tiempo de lxs académicxs serixs, pasan a ser objeto de centros universitarios y núcleos de investigación. Sobre el mundo de lo privado y de lo doméstico; sobre las muchas formas de vivir lo femenino y lo masculino, la familia, las Transgresoras II 71 relaciones amorosas, la maternidad y la paternidad; sobre el erotismo y el placer, sobre la pornografía y las “perversiones”, se elaboran tesis, se escriben libros, se organizan seminarios y cursos. Para ello se movilizan otras estrategias y métodos de estudio y análisis, se reinventan técnicas de investigación, se valorizan “fuentes” hasta entonces despreciadas. Mi apuesta es que las transformaciones que traen estos campos sobrepasan el terreno de los géneros y de la sexualidad, y pueden llevarnos a pensar, de un modo renovado, la cultura, las instituciones, el poder, las formas de aprender y de estar en el mundo. Por cierto que, tal como ocurre con cualquier otra área de conocimiento, aquí también es posible aproximarse a estas cuestiones y temáticas de manera disciplinada. Si adoptamos esta forma disciplinada, probablemente, conseguiremos que nos reciban en los espacios más “serios” y “consagrados” y tal vez podamos garantizar la tolerancia de lxs colegxs académicxs, pero, muy probablemente, esto sucederá a costa de la cristalización de las teorías y la inmovilización de los debates. Si queremos mantener “el oxígeno” en estos campos de conocimiento, será preciso continuar asumiendo desafíos: hay que aceptar el riesgo de incomprensiones o aún de rechazo por parte de los grupos y sectores dominantes. La fuerza y la gracia de lidiar con las cuestiones abordadas por feministas, gays, lesbianas y cuir residen justamente allí, en esta disposición a ser continuamente subversivxs, en esta tendencia a desobedecer. Esa disposición se muestra particularmente compleja a la hora de ser asumida por quienes, como yo, trabajamos con el campo de la Educación. Operamos en un campo históricamente disciplinador, un campo regulado, comprometido con la integración social y poco afecto a las 72 Pedagogías transgresiones. La subversión, en este caso, no siempre es bienvenida. Aunque a veces sucede, y puede traer oxigenación. Tal vez la gran dificultad sea, precisamente, reinventar la educación en la posmodernidad. El gran desafío es pensar la posmodernidad no sólo como una época, sino como un conjunto de movimientos culturales y como una nueva episteme. Un conjunto de movimientos, de prácticas y de saberes que desafía la noción de centro en todas sus formas, que vuelve su atención hacia los márgenes, hacia lo excéntrico, hacia las diferencias; que se dispone a repensar todos los tipos de fronteras y sus atravesamientos. Ahora, cuando se pone en cuestión el centro, se amenaza la universalidad, se fractura la unidad, se desestabiliza lo que parecía estable; se afirman la diferencia y lxs diferentxs, lo heterogéneo y lo transitorio; se hacen visibles quienes viven la ambigüedad y la provisoriedad de las fronteras. Todo eso es verdaderamente muy complejo. Para muchxs analistxs contemporánexs, las políticas de la identidad y las que se autodenominan pos-identitarias (como la teoría cuir) no serían sólo constitutivas de la posmodernidad; en verdad, se podría decir que son ellas las que hicieron (y hacen) que la posmodernidad sea posible. Lxs protagonistxs de estas políticas osan asumirse diferentes, y aquí me interesan, particularmente, quienes se asumen como diferentes en el género y en la sexualidad. Estxs sujetxs desafían muy especialmente a lxs educadorx (acostumbradxs a disciplinar y a normalizar), y parecen haberse multiplicado en la posmodernidad. Como sabemos, la historia de las políticas de identidad de género y de la sexualidad se construyó, como muchas otras, en el marco de tensiones, aproximaciones y divisiones. A través del tiempo, los movimientos que Transgresoras II 73 constituyen esa historia se multiplicaron, así como sus propósitos. Entonces, si algunos grupos feministas acentuaban el derecho de las mujeres a la igualdad, otros clamaban por la valorización de la diferencia, y otros se preocupaban, fundamentalmente, por analizar las redes de poder en las que se enredan mujeres y hombres; mientras algunos grupos homosexuales luchaban por reconocimiento y legitimación, buscando la inclusión en el conjunto de la sociedad, otros desafiaban las fronteras tradicionales de género y sexuales, poniendo en jaque las dicotomías masculino/femenino, hombre/mujer, heterosexual/homosexual; y aún otros no se contentaban con atravesar las divisiones sino que decidían vivir en la ambigüedad de la frontera misma. La dinámica de los movimientos sexuales y de género fue provocando, en este proceso, cambios en las teorías y, al mismo tiempo, fue alimentada por ellas. Ubico algunos de los puntos de tensión en ese proceso. Algunas estrategias de la política de la identidad, que pueden ser centrales para la afirmación feminista, gay y lésbica, son problematizadas por lxs teóricxs cuir. Para estxs últimxs, una política de la identidad puede volverse cómplice del sistema contra el cual pretende luchar, en la medida en que mantiene como referencia a la “norma” -es decir, el sujeto masculino heterosexual-, para la construcción de sus demandas o de sus luchas. Para lxs teóricxs cuir, sería necesario pensar, ahora, en una política y una teoría pos-identitaria, dirigida no solamente a las condiciones de vida de hombres y mujeres homosexuales, sino que tenga como meta, fundamentalmente, la crítica de la oposición heterosexual/homosexual omnipresente en la sociedad; la crítica de la oposición que, según sus análisis, organiza las prácticas sociales, las instituciones, el conocimiento, las relaciones entre lxs sujetxs. 74 Pedagogías Se trata aquí, nuevamente, de un desplazamiento epistemológico y político. Y, una vez más, quiero argumentar que esta teoría, que se apoya o se construyó inicialmente a partir de cuestiones de género y de sexualidad, termina por superarlas. Desde la perspectiva cuir, el objetivo no será introducir un contra-conocimiento o un (otro) saber que se contraponga al saber dominante. Entiendo que la ambición es de otro orden: se trata de poner en cuestión al propio conocimiento; se trata de llegar a pensar más allá de los límites de lo pensable. En otras palabras, se trata de poner en cuestión lo que es posible conocer, cómo se llega a conocer y, principalmente, cómo se llega a desconocer algo; qué se soporta conocer y qué se prefiere ignorar. Pensando particularmente en el campo de la Educación: es posible pensar que los currículos de nuestras escuelas y universidades son una especie de texto “generizado” y sexualizado (o sea, son textos que terminan por constituir los géneros y las sexualidades de estudiantxs y profesorxs (Louro, 2004). Allí, habitualmente se reafirma la premisa que dice que un determinado sexo indica un determinado género y este género, a su vez, indica o induce el deseo. En esta lógica, se supone que el sexo es “natural” y se entiende lo natural como “dado”. El carácter inmutable, ahistórico y binario del sexo impone límites a la concepción de género y de sexualidad. Naturaleza es, de algún modo, equiparada con heterosexualidad, entonces el deseo “natural” sólo puede dirigirse al sexo/género opuesto. La heterosexualidad se constituye, así, como la forma compulsiva de sexualidad. Dentro de esta lógica -que es la lógica afirmada por los currículos (además de otras innumerables instancias sociales)– lxs sujetxs que, por cualquier razón o circunstancia, escapan de la norma y promueven una discontinuidad en la secuencia Transgresoras II 75 sexo/género/sexualidad serán tomados como “minoría” y serán dejados al margen de las preocupaciones de un currículo o de una educación que se pretenda para la mayoría. Paradójicamente, estxs sujetxs “marginadxs” continúan siendo necesarixs, pues sirven para circunscribir los contornos de quienes son normales y que, de hecho, se constituyen en lxs sujetxs que importan. Entonces, queda claro: el límite de lo “pensable”, en el campo de los géneros y de la sexualidad, queda circunscripto a los contornos de esa secuencia “normal”. Ya que ésta es una lógica binaria, se termina admitiendo la existencia de un polo desvalorizado –un grupo designado como minoritario que tal vez pueda ser tolerado como desviante o diferente. Es insoportable, sin embargo, pensar en múltiples sexualidades. La idea de multiplicidad escapa a la lógica que rige toda esta cuestión. Esta idea de multiplicidad (de sexualidad o de género) es insoportable, entre otras razones, porque quien la admite puede ser tomadx como particularmente implicadx en la multiplicidad. Consecuentemente, es frecuente que escuchemos a personas que dicen, con cierto orgullo, que ignoran las formas no-hegemónicas de sexualidad. Al declarar su ignorancia, pretenden decir: “yo no tengo nada que ver con eso”. Llego, aquí, a una cuestión a la que la teoría cuir brinda especial atención: la ignorancia. Una cuestión a la que, por cierto, también la Educación da mucha importancia. En verdad, para la Educación, la dicotomía conocimiento/ ignorancia siempre fue central y en este campo, usualmente, la ignorancia es vista como una falta o como una ausencia de conocimiento. Ahora, permítanme regresar a la dicotomía, con ayuda de las teóricas cuir. Estas autoras se preguntan: ¿no sería posible pensar a la ignorancia como efecto de un modo de conocer?; ¿no se podría pensar que conocimiento e ignorancia están 76 Pedagogías mutuamente implicados? Si así fuera, la ignorancia tal vez debería ser comprendida como el producto de un modo de conocer, tal vez podría ser entendida como una “forma” de conocer. Déborah Britzman dice que “cualquier conocimiento ya contiene en sí sus propias ignorancias”; la ignorancia sería una especie de “residuo” del conocimiento. Acuerdo con estas autoras. Cuando formulamos determinados problemas lo hacemos con ayuda de una determinada lógica que nos permite plantearlos; una lógica que, por otro lado, deja fuera otros problemas, otras preguntas. La misma formulación del problema indica qué será objeto de conocimiento y qué deberá quedar “desconocido”, qué será reconocido, admitido, y qué permanecerá irreconocible, imposible de ser reconocido como verdad. Existen, por cierto, conocimientos en relación a los cuales hay un “rechazo” a aproximarse; conocimientos a los cuales se niega acceso, a los cuales se resiste. No discuto aquí ese rechazo en términos individuales o psicológicos, aunque eso también pueda ser importante, sino que quiero enfatizar ese rechazo o resistencia al conocimiento en términos culturales, es decir, aquello que una cultura no se permite conocer. Hay cosas y hay sujetxs que son impensables al interior de una determinada cultura -como dice Foucault-, y son impensables porque no se encuadran en una lógica o un marco admisibles dentro de esa cultura, en ese momento. Estas prácticas y estxs sujetxs son extrañxs, excéntricxs, tal vez se pueda decir que son cuir; en fin, transgreden la imaginación, son incomprensibles o impensables y entonces son rechazadxs, son ignoradxs. En general, este rechazo se plantea como insalvable para lxs educadorxs. Es un punto límite, a partir de cual Transgresoras II 77 dejamos de formular preguntas, pues no sabemos cómo plantearlas dentro de la lógica consagrada. No acostumbramos aceptar curiosidades impertinentes, a menos que podamos volverlas “pertinentes”, es decir, a menos que podamos domesticarlas. Pero tal vez podríamos subvertir estas prácticas: tal vez podríamos poner en cuestión nuestra propia resistencia al conocimiento y preguntarnos cuándo, en qué punto, algo deja de “tener sentido”. Tal vez podríamos preguntar, como hacen varias teóricas cuir: “¿qué se puede aprender de la ignorancia?” Y, entonces, forzar ese punto límite, intentar ir más allá, pensar a través del límite, por medio del límite... Ya se dijo muchas veces que sin sexualidad no habría curiosidad, y sin curiosidad el ser humano no sería capaz de aprender. Todo ello me lleva a apostar que las teorías y las políticas que consideren, inicialmente, la multiplicidad de las sexualidades, de los géneros, y de los cuerpos, pueden contribuir a transformar nuestros modos de pensar y de aprender, de conocer y de estar en el mundo, volviéndolos procesos más efectivos, más intensos y más placenteros. Bibliografía: Britzman, Deborah. “O que é essa coisa chamada amor. Identidade homossexual, educação e currículo”. En: Educação e Realidade. Vol.21(1), jan/jul.1996: 71-96. [Edición en español: “¿Qué es esa cosa llamada amor?” En: Pedagogías Transgresoras I. Bocavulvaria ediciones, Córdoba, 2016. Traducción: gabi herczeg]. Lopez Louro, Guacira. Um corpo estranho. Ensaios sobre sexualidade e teoria queer. Autêntica Editora: Belo Horizonte, 2004. 78 Pedagogías
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