Subido por AndreaHoyos Fotografía

Cambio de perspectiva desde la fotografia

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UNIVERSIDAD DEL CAUCA
FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS Y SOCIALES
DEPARTAMENTO DE ESTUDIOS INTERCULTURALES
LICENCIATURA EN ETNOEDUCACIÓN
VII SEMESTRE
Docente: Marcela Piamonte
Estudiante: Karent Andrea Hoyos Br
Proyecto de Práctica Pedagógica Etnoeducativa
La escuela es un espacio donde convergen niños y niñas de diferentes contextos, al
interior podemos encontrar una relación y socialización de diferentes realidades, múltiples
personalidades en formación, niños y niñas que responden a un tipo de crianza, familia y
desarrollo diferentes entre sí, es el espacio donde pasamos gran parte de nuestra infancia y una
parte importante de la adolescencia, constituye junto al hogar como los pilares importantes en el
desarrollo del ser humano; por tanto “Aquellos días cuando fuimos por primera vez a la escuela
nunca se olvidan, debido a qué significan una ruptura de un ritmo de vida hogareño.” (Álzate,
2020, p.16) y establece un momento decisivo para nuestras vidas, debido a que en este punto
ponemos en juego, lo que Freire llamaría “la lectura del mundo que antecede la lectura de la
palabra”, teniendo en cuenta que antes de recibir una enseñanza por parte de un maestro, el
primer escenario de aprendizaje es el hogar y el contexto inmediato con el que interactuamos.
Sin embargo, al momento de ingresar a la escuela estos elementos no son ajenos a la vida
educativa, debido a que interactúan entre sí, de manera positiva o negativa, generando espacios
de crecimiento, pero también de discriminación, racismo y rechazo por parte de los estudiantes.
Estos patrones y comportamientos, como bien sabemos obedecen a “identificaciones desde la
niñez temprana con los modelos adultos y el tipo de relaciones que el niño establece con sus
semejantes a lo largo de su vida” (Tenorio, 1998); y que se sustenta en la idea neoliberal de que
“un sujeto debe ser formado unitario, autónomo, independiente y emancipado…” (Vol. 11 No.
1, 2015. p180).
Para Dewey, la sociedad se ha configurado como “un organismo social donde las
personas que la conforman comparten una voluntad común”, sin embargo, para este caso
“nuestra sociedad” parte de “un proceso hegemónico que influye en la visión del mundo, sus
valores, normas, rechazos e identificaciones” que se dan en el marco de conceptos como raza,
genero, etnia o clase y adscripciones como el origen nacional, la edad, la música, la región, la
religión, entro otros; que “orientan la conducta, se internalizan, se expresan y se reproducen
como realidad” (Vol. 11 No. 1, 2015. p180).
Así pues, estos procesos se empiezan a fundamentar desde el hogar y en nuestro paso por
la escuela, siendo la educación un medio para moldear y construir al ser humano, para este caso,
la historia y conformación de lo que hoy llamamos escuela, parte de procesos integracionistas y
hegemónicos, que han propiciado la invisibilización y discriminación de las comunidades
indígenas y afrodescendientes. En estos procesos escolares los niños y niñas frecuentemente
padecen múltiples discriminaciones e invisibilización, debido a que se enfrentan a la
homogenización cultural, a la exclusión, al racismo y al choque social que genera el cambio de
ambiente, de costumbres y de contextos, entre otros.
A partir de los procesos de observación en la Escuela Juan XXIII, el Colegio Bilingüe
Cesco y mi experiencia en el paso por la escuela, decido retomar como situación/ problema la
discriminación racial e identitaria que se da dentro del plantel educativo, entendiendo así que
“todas las formas de discriminación a la cual nos enfrentamos en la escuela provocan profundas
dificultades en ese proceso de formar y moldear identidades de los sujetos que es preciso tener
en cuenta” (Gómez, F (2015) y deja, desde mi sentipensar, huellas y marcas en la vida de quien
lo padece, generando la normalización de estas prácticas, el desconocimiento, “la negación,
vergüenza, y rechazo de las tradiciones culturales e identidad propia” (Vol. 11 No. 1, 2015
(enero - junio. p180) por y hacía los niños y niñas dentro y fuera de la escuela.
Dicho lo anterior, mi objetivo es llevar a cabo el desarrollo de esta situación/ problema en
la Institución Educativa Técnica Tomás Cipriano de Mosquera, en la sede de niñas Manuela
Beltrán, que se encuentra ubicada en la comuna siete de la ciudad de Popayán, sobre el barrio
Retiro alto, en límites con el barrio Solidaridad, la Campiña, retiro Bajo y Tomás Cipriano. El
colegio cuenta con oferta educativa desde el grado preescolar hasta grado once, y se encuentra
ubicado sobre un contexto de diversidad cultural y social, donde cohabitan y conviven personas
de contextos diferentes tanto de la zona rural como urbana de Popayán y otras ciudades/
departamentos.
Amplificando un poco esta información, según (Navia y Quiñonez, 2011; Macuacé, 2007;
2008; Méndez y Rodríguez Méndez, 2006) el tema con las migraciones hacia la ciudad de
Popayán que “han incidido sobre el crecimiento de la ciudad” responden en parte a “los efectos
del conflicto armado” y la creciente demanda del sector urbano. Señalando de esta manera, que
“la población que llega a la ciudad proviene de departamentos como Nariño, Putumayo, Huila y
Caquetá y de algunos municipios del Departamento del Cauca como La Vega, Argelia, Bolívar,
San Sebastián y Florencia”.
Teniendo en cuenta lo anterior, Macuacé, Landázury (2013) en una encuesta realizada,
mencionan que la población que se encuentra ubicada en estos espacios está conformada por
“amas de casa o trabajadores independientes” aludiendo a trabajos informales como “ventas
ambulantes, construcción, mototaxismo, vigilancia en urbanizaciones, servicio doméstico, entre
otros”, de estrato social uno, dos y tres.
Ahora bien, retomando el tema, estas problemáticas educativas y/o tensiones que se dan al
interior del sistema educativo, tienen una raíz histórica debido a que “la escuela se constituye
como una institución donde la ideología de la superioridad racial se ha reproducido desde los
orígenes y a lo largo de casi dos siglos” (Castillo,2011), por tanto, dentro de esta conformación
e ideología encontramos los manuales, los textos, libros y saberes escolares que reproducen la
invisibilización y “tratamiento de la historia y la cultura de los pueblos del tercer mundo”
(Castillo, 2011. P.62) de una manera lineal e impositiva.
Estos contenidos entran en socialización con los niños y niñas desde los primeros grados
de escolarización, los cuales van generando ideas y conceptos acerca de sus pares y los “otros”,
más adelante estos elementos se internalizan y normalizan, debido a que alrededor de lo que
aprendemos, vemos y escuchamos (las ilustraciones, las representaciones) y el discurso que se
genera, se hace referencia a “dinámicas de la vida moderna, en donde la económica, la política
y la sociedad” generan “un discurso multicultural globalizado”, qué “no solo colonizó nuestros
terrenos, sino que también se entrometió con nuestras raíces, y, por tanto, con nuestra
identidad” (Ramírez, Lara, Cruz, Gómez y Álvarez. 2020). Sin embargo, no podemos pasar por
alto el hecho de que desde los años 70s, se han hecho apuestas por “otras educaciones”, por
otras formas de aprender y comprender el mundo que nos rodea, que no responden
necesariamente a un plantel educativo, como lo proyecta la ley 115 de educación en varios de
sus capítulos, al expresar que en Colombia contamos con educación oficial, educación informal,
educación para los grupos étnicos, entre otros.
En base a mi experiencia en el paso por la Institución nombrada anteriormente, quiero
apostarle desde lo etnoeducativo a generar procesos que permitan a las estudiantes conocer y
ampliar su mirada acerca de los grupos étnicos presentes a nivel del departamento del Cauca,
debido a qué dentro del plan de estudios, (ciencias sociales, lenguaje o ciencias naturales) no
está contemplado la visibilización étnica y cultural presente en Colombia, específicamente en el
Cauca, como está contemplado en el artículo quinto (5to) en su sexto punto, por lo cual nos dice
que la educación se desarrollara “con un estudio y comprensión critica de la cultura nacional y
de la diversidad étnica y cultural del país, como fundamento de la unidad nacional y de su
identidad” entendiendo que para este caso, a nivel regional contamos con presencia mayoritaria
de comunidades Indígenas, Afrocolombianas y mestizas, que conforman la diversidad étnica,
cultural y social de esta zona, (departamento, ciudad, comuna y colegio) Manuela Beltrán,
como proceso que busca minimizar y transformar el desconocimiento y la discriminación entre
los estudiantes, pero también, como forma de cambiar la perspectiva y la mirada occidental que
se nos enseña, dando cabida a las historias de vida propias, sus lugares de procedencia, su
memoria y formas de vida.
Es por eso por lo que mi situación refiere a un problema etnoeducativo debido a que
desde la etnoeducación se busca una conciencia colectiva acerca de quienes somos, nuestros
anhelos, los intereses y necesidades que responden a una relación con el territorio, las
concepciones de vida, las relaciones, las costumbres, entre otros, y de las tensiones que se dan a
nivel multicultural, político, social y económico de quienes conformamos esta región.
Por lo anterior, mi objetivo es, como decía anteriormente es lograr un acercamiento con
las estudiantes de grado tercero o cuarto (de acuerdo con la asignación por parte de la directiva)
a la diversidad étnica y cultural del departamento del Cauca expresada en los ocho grupos
Indígenas presentes en el Cauca y su forma de vida a nivel general, entre los que tenemos a los
Nasas, Yanaconas, Kokonukos, Misak, Paéces, Siapidara, Eperara e Ingas y las comunidades
Afrodescendientes, razón por la cual según el SINIC (Sistema NAL de información Cultural) El
Cauca es uno de los más diversos a nivel geográfico, social y cultural.
Por tanto, en el desarrollo de este proceso tomaré a cuatro de los ocho grupos Indígenas
nombrados anteriormente, dejando en claro que la elección de las mismas responde al hecho de
que su presencia es más notoria dentro de la ciudad de Popayán y debido a los procesos que
ellos han desarrollado a lo largo de estos años, como marchas, exigencias, bloqueos,
reclamaciones, entre otros, las personas mestizas tienen y tienden a generar ideas
estigmatizantes y erróneas acerca de los mismos, que entran en juego en su hogar y también en
la escuela.
Es necesario aclarar que, en el colegio, se cuenta con diversidad cultural, pero no cuento
con datos estadísticos o información oficial que den cuenta de presencia de personas adscritas a
un resguardo o comunidad indígena en específico, pero sí de personas afrodescendientes. Ahora
bien, mi pretensión con respecto a estos cuatro grupos Indígenas es que las estudiantes
conozcan, puedan hacer conciencia y aprendan acerca de la memoria y las formas de vida de
ellos, específicamente de quienes son, cómo son, donde se encuentran ubicados, que los
caracteriza y cuales han sido sus luchas más importantes, por las cuáles se han hecho presentes
en escenarios puntuales en las vías del departamento. Con ello podremos analizar y comprender
la otra cara de la historia, develando de cierta manera los mitos y los estigmas que van
adquiriendo las estudiantes por medio de medios digitales y/o comentarios de las otras personas
a su alrededor, no con el objetivo de dar por sentado que esta postura responde a la verdad
absoluta, sino más bien, a que ellas mismas puedan generar y contrastar una postura crítica en
base a lo que van conociendo.
Para llevar a cabo este proceso he tomado como referente pedagógico el constructivismo
y la escuela activa, tomando elementos del constructivismo biológico de Jean Piaget,
constructivismo social Lev Vygotsky y la pedagogía progresista de Jhon Dewey, como una
amalgama entre estas perspectivas que me permitirán el desarrollo de mi objetivo. Ahora bien,
para comenzar debo expresar que “los niños no han sido pensados ni tratados de la misma
manera a lo largo de los siglos… no existe un modelo de niño universal, existen sociedades con
diferentes sistemas de producción y de organización de la vida” (Tenorio, 1999) y la forma en
como aprenden; de ahí que en cierto momento de la historia se considerara que los niños y niñas
no tenían mayor conocimiento del mundo y por ello al ingresar a la escuela, su concepción y
percepción del mundo eran nulas, siendo el maestro el portador de esa luz que requería en su
vida escolar.
Sin embargo, diferentes autores han demostrado que los niños y niñas van adquiriendo
conocimiento, percepciones y concepciones de su entorno y de quienes lo rodean por medio de
la socialización y se va dando en diferentes niveles a medida que el niño va creciendo y
experimentando. Para Piaget, existen dos procesos simultáneos en el desarrollo cognitivo del
niño, por una parte, se encuentra los procesos de asimilación, que refiere a como el estudiante
interioriza una experiencia y la va relacionando con elementos de vida y/o entorno, llegando así
a “la acomodación”, donde el niño a partir de estas prácticas retoma “sus esquemas internos” o
previos y los empieza a acoplar en base a lo que esta aprendiendo.
Junto a este planteamiento, tenemos a Vygotsky que retoma el entorno social y cultual de
los niños como componente clave en su aprendizaje, mencionando así que el mismo responde a
un proceso social que se va desarrollando en la medida que compartimos, conocemos,
experimentamos y confrontamos con los otros y el ambiente. Uno de los elementos más
importantes dentro de la pedagogía de Vygotsky es su famosa ZDP (zona de desarrollo
próximo) donde expresa que un niño o niña tiene un nivel de logro actual, entendiéndose como
las habilidades que el niño posee y un nivel de logro que puede alcanzar en relación con el
docente y sus pares, como habilidades que puede conseguir con ayuda de un agente externo y
qué según el autor, representan el “andamiaje” que refiere a los recursos y herramientas que le
servirán para desarrollar una determinada acción.
Ahora bien, es claro que en el momento que se formularon estos procesos pedagógicos los
tiempos eran diferentes al momento en el cual nos encontramos, considero que son pertinentes
en la medida que los contextualicemos a las necesidades y al tipo de niños y niñas que tenemos
de frente, de la mano con las herramientas tecnológicas presentes en la actualidad y el tipo de
demandas que exige la sociedad actual. Dicho lo anterior, retomo algunos de planteamientos de
la Pedagogía de Dewey y otros autores, que aluden a que la acción de aprender no respondía
solamente a la acción de recibir información, sino que, la educación objeta procesos de
activismo y critica en pro de mejorar la sociedad en la que nos encontramos.
De esta manera, expresa que educarse debería potencializar la vitalidad del niño, para que
a medida que va adquiriendo conocimientos y saberes, pueda ser participe de los procesos de la
sociedad, frente a cuestiones que lo involucren como individuo y como colectivo; que no se
limite a una mera acción de “votar” y/o elegir un gobernante y dejar que ellos tomen las
decisiones del país, sin tomar postura alguna frente a procesos que involucran a todos, que no se
limitan solo a la sociedad, sino que, se encuentran inmersos en la escuela además.
De esta manera al volver en sí y revisar ¿por qué? De esta apuesta, considero que a partir
de estos elementos pedagógicos y educativos los estudiantes podrán expandir su mirada y
memoria más allá de sus competencias, entendiendo así que constantemente estamos en
contacto con otros espacios, otras formas de concebir y vivir la vida, otros pensamientos y otras
culturas. A partir de esto, requerimos y construimos procesos de empatía frente a lo diverso, lo
diferente y sus expresiones.
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escribirlo para no morir" Repositorio Institucional Universidad Católica de Oriente.
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