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JORGE MONTENEGRO
LA PRENSA
SAN PEDRO SULA, HONDURAS
Hace varios años sostuve una conversación con el hijo de una señora a la que llamaremos
Amparo, se trataba de un distinguido profesional que llegó a visitarme a mi oficina para
contarme algo insólito de su querida madre.
Cuando yo había cumplido mis 20 años de edad, mientras cenábamos, mis cuatro hermanos y
yo, mi mamá nos dijo en son de broma: “yo me voy a morir el 17 de diciembre de 1992.
A las tres en punto de la tarde”, como es lógico a ninguno nos hizo gracia lo que había dicho
ella.
Mi hermana Patricia se levantó de la silla del comedor un poco disgustada y le reclamó:
“mamá, no diga esas cosas ni en broma porque el único que sabe cuándo nos vamos a morir es
Dios”
Todos guardamos silencio y mi madre no hizo ningún comentario.
Transcurrió el tiempo, yo cumplo años el cuatro de junio y en mi casa siempre lo celebramos;
mi esposa y mi madre se encargaron de elaborar un buen pastel y mis hermanas en hacer la
cena, mis hermanos compraron refrescos y cervezas y algunas botellas de ron para los
invitados.
Me cantaron el Feliz cumpleaños y todo fue alegría. Los invitados se fueron a sus casas, mis
hermanos también y mi mamá se quedó esa noche en la casa ayudándole a mi esposa en los
quehaceres domésticos, arreglamos una habitación y todo marchaba bien, al llegar la noche
me despedí de ella y me fui a mi cuarto, mi esposa se quedó platicando con mi mamá hasta
que el sueño las venció y se despidieron.
CUENTOS Y LEYENDAS DE JORGE MONTENEGRO
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Mi esposa llegó preocupada a nuestra habitación, en silencio le pregunté qué le pasaba, si todo
había salido bien: “No, no es eso -me dijo- es que tu mamá me dijo unas cosas que no me
gustaron, no fue ningún regaño, se rió cuando me lo dijo, sin embargo, me ha dejado pensativa,
muy pensativa”.
Le pregunté qué había dicho mi mamá, levantó la cabeza, me miró a los ojos y manifestó: “no sé
si me lo contó en son de broma o lo dijo en serio, pero sus palabras las tengo en la mente, me
dijo que ella se iba a morir el 17 de diciembre de 1992 a las tres de la tarde, es el próximo año”.
Traté de disimular para que mi esposa no se sintiera mal y le dije que mi mamá era muy
bromista, que le gustaba poner preocupados a los demás, así logré calmarla y terminamos
riéndonos los dos, no quise decirle nada a mis hermanos ni a mis dos hermanas para no
angustiarlos, hacía algunos años que mamá había dicho lo mismo.
Por preocupación en cuanto a la salud de mi vieja la llevé al médico para que le hicieran los
exámenes a un hospital privado, los resultados fueron excelentes, aparentemente ella estaba
bien de salud, únicamente le dije que por su edad era necesario que se hiciera un chequeo de
vez en cuando, ella lo aceptó y las cosas no pasaron a más.
Pasó el tiempo don Jorge y nos olvidamos del asunto.
Llegó 1992, ese mismo año nació mi hija que actualmente se parece mucho a mi madre, se
convirtió en su nietecita predilecta, la niña nació el seis de enero.
Mi hermana Patricia, con quien vivía mi mamá, pasaba peleando con nosotros y nos decía que
mi mamá no le paraba bola a nadie por estar metida en la casa consintiendo a la pequeña, claro
que lo manifestaba con cierta malicia socarrona, en broma, jamás en serio.
CUENTOS Y LEYENDAS DE JORGE MONTENEGRO
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Llegó el mes de diciembre y como le digo, nos habíamos olvidado de las palabras de mi vieja, bien
recuerdo que el día 17 de diciembre yo me encontraba trabajando en mi oficina, cuando recibí una
llamada de mi hermana Patricia, eran las tres de la tarde con cinco minutos.
“Venite a la casa inmediatamente, mi mamá se acaba de morir, le dio un infarto, hicimos todo lo posible
para volverla en sí, pero fue inútil, mamá está muerta”, oí el llanto de mi hermana, hablé a mi casa, a mis
otros hermanos y posteriormente nos encontramos en la casa de mi hermana, tal como lo dijera Patricia,
mi madre había muerto a las tres en punto de la tarde.
Cuando sepultamos sus restos en el cementerio, mi esposa fue la primera en decir: “ella me anunció su
muerte el día de tu cumpleaños, ¿te acordás que te conté?”.
Retrocedimos en el tiempo y nos vimos en la mesa del comedor mientras mi madre nos servía la cena,
fue en aquella ocasión cuando nos anunció que iba a morir un 17 de diciembre a las tres de la tarde en el
año de 1992.
Todos nos hacemos la misma pregunta: ¿Cómo pudo ella saber que moriría en esa fecha, en ese año y a
las tres de la tarde? ése es un misterio que envolvió a mi familia, ¿quién le avisó?, ¿que soñaría? No
encontramos explicación mi amigo. Le he contado el caso de mi madre para que sus lectores se den
cuenta que existen cosas que no tienen explicación en este mundo en que vivimos.
El distinguido profesional me dio un abrazo y finalizó diciendo: le doy las gracias por haberme
escuchado, han pasado doce años desde la muerte de mi madre y hasta ahora me desahogo contando lo
sucedido, siento que me he quitado un peso de encima, muchas gracias.
Insólito...
Una honorable dama predijo el día, la hora y el año en que dejaría este mundo, lo anterior sucedió en
Tegucigalpa.
CUENTOS Y LEYENDAS DE JORGE MONTENEGRO
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Hacía un frío terrible en la ciudad de Siguatepeque, era el tres de mayo, día de la cruz,
corría el año de 1952.
Doña Elsa Maradiaga celebraba ese día con gran entusiasmo colocando una cruz de
madera en el portón de su casa adornándola con flores.
La gente acudió entusiasmada con su fervor religioso pidiendo perdón por los pecados
y bendición para los afligidos, después de entonar varios cánticos, la gente se despidió
con cariño de la buena señora.
Horas después llegaba de Tegucigalpa su hija Nubia que temblaba por la ola de frío
reinante en la ciudad. Mamá -dijo la muchacha- me imagino que estuvo bonita la
celebración. Así es, repuso doña Elsa, vieras qué lindo estuvo todo Nubia, lástima que
llegaste tan tarde.
Se acostumbraba en aquel tiempo cerrar las puertas de los hogares a las siete de la
noche siguiendo las viejas costumbres, Nubia preparó su cama, se despidió de su
madre dándole un beso de buenas noches y se encerró en su habitación.
CUENTOS Y LEYENDAS DE JORGE MONTENEGRO
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Una sombra pasó frente a la cama donde la joven estaba acostada, fue cuestión de
segundos, segundos que la hicieron estremecerse de pies a cabeza. No puede ser -dijoes mi imaginación. Nuevamente abrió el libro que estaba leyendo y poco a poco se fue
quedando dormida.
Nubia tenía dos años de no visitar a su madre y decidió que el día de la cruz era el
adecuado para regresar, doña Elsa tenía por compañía a su hermana Dominga que
había fallecido hacia nueve meses, su muerte repentina agarró por sorpresa a toda la
familia, Nubia no pudo viajar a Siguatepeque por encontrarse enferma.
¡Brujería mamá! No lo puedo creer. Así fue hija... me imagino que tenía mucha presión
en su alma, en su corazón y el haberse involucrado en esas cosas sin resultados le
produjo una gran depresión, eso la llevó a la tumba. Me pesó la muerte de mi tía
Minga, mamá -dijo la joven- estaba llena de vida. Doña Elsa miró a su hija con cariño y
le dijo: “Así es hija... mi hermana estaba bien físicamente pero hay cosas que la
afectaron, cuando Toño la dejó ella sufrió mucho, trató de hacerlo regresar por varios
medios y por último acudió a esas cosas que no se deben nombrar”.
CUENTOS Y LEYENDAS DE JORGE MONTENEGRO
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Durante el día, Nubia se dedicó a visitar a sus viejas amistades de Siguatepeque y fue recibida con alegría,
encontró a Joaquín un viejo amigo y juntos fueron al parque de la localidad.
“Siento lo de tu tía, era una buena persona”, “gracias Joaquín... Me pesó mucho su muerte... dicen que el amor
pudo causarle la muerte”. “Así dice la gente, repuso Joaquín como en aquel poema de José Martí... dicen que
murió de amor”.
Hablaron de muchas cosas y cuando pasaron las horas el muchacho acompañó a Nubia hasta su casa. “Nos
vemos mañana Nubia”, “Gracias Joaquín... hasta mañana si Dios quiere”.
Doña Elsa estaba feliz con la llegada de su hija, prepararon la cena y hablaron del futuro de la muchacha, de sus
estudios y de sus anhelos: “voy adelante mamá me fascina la carrera de medicina... así que pronto van a tener
una doctora en la familia”.
A las siete de la noche cerraron las puertas de su casa y cada una se fue a su habitación y el frío seguía calando
los huesos de Nubia a pesar de haberse arropado con dos colchas gruesas, se acomodo bien y tomó el libro que
tenía en la mesita de noche para continuar con su lectura.
De repente tuvo la sensación de que alguien la miraba, se puso inquieta. “Creo que de nuevo la imaginación me
traiciona... no... aquí no hay nada”. Suspendió la lectura del libro al sentir una presencia en la habitación.
Sentía de nuevo que alguien la miraba al pie de la cama “quién anda ahí... mamá ¿es usted?”, no hubo
respuesta a la pregunta de Nubia, el pronunciar aquellas palabras le dio el valor suficiente para levantarse de la
cama y buscar el cuarto de su mamá, trató de abrir la puerta y no pudo, una fuerza invisible le impedía, gritó
con todas sus fuerzas y su madre no la escuchó.
CUENTOS Y LEYENDAS DE JORGE MONTENEGRO
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Regresó a su cama para arroparse de pies a cabeza y al levantar las colchas quedó petrificada al
descubrir una mancha negra en el cubrecama, la mancha se fue regando hasta formar un círculo,
instintivamente la muchacha soltó las colchas y de nuevo corrió a la puerta para salir de la
habitación y escapar de aquella extraña presencia, intentó abrir y todo fue inútil.
El mismo miedo que sentía la hizo reaccionar y cayendo de rodillas dijo: “En el nombre de Cristo
si hay en esta habitación alguna maldición que sea echada fuera... tía si es usted hágame saber
qué es lo que quiere”.
En aquel instante las colchas que estaban sobre la cama cayeron al suelo dejando ver el círculo
negro, luego escuchó una voz: “Rompe el colchón Nubia... rompe el colchón y liberame”. La
joven no pudo soportar más y se desmayó.
Los pájaros cantaban alegres en las ramas de los árboles cuando amaneció, Nubia se levantó del
suelo y agarrando una tijera rompió el colchón, con sorpresa vio un muñeco de cera que tenía la
foto del rostro de Antonio el ex compañero de su tía, llamó a su mamá y le contó lo sucedido,
luego tomando aquel muñeco lo llevaron al fogón y lo arrojaron sobre las brasas mientras
elevaban una oración y pedían perdón por el alma de doña Dominga, desde aquel momento
reinó la paz y se produjo una gran tranquilidad en el corazón de Nubia.
Cuentan que años después, Elsa vendió su casa en Siguatepeque y se trasladó a vivir con su hija
recién graduada de doctora. Únicamente hemos cambiado los nombres de los protagonistas de
esta historia real.
CUENTOS Y LEYENDAS DE JORGE MONTENEGRO
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Todas las noches, a la luz de una fugata, don Antonio se reunía con los muchachos del pueblo para
contarles historias de aparecidos. Era un experto en la tradición oral, se sabía cuentos y leyendas,
todos los misterios de aquella comunidad.
Le hablaba a los jóvenes sobre la historia del cadejo blanco que le salvó la vida cuando se perdió
en un cerro un día que andaba buscando venados: “Es como un pequeño perro de color blanco,
me encontraba perdido en ese cerro que ven ustedes enfrente del pueblo cuando es de día. Los
demás cazadores se habían ido con los perros y a mí me dejaron en un puesto por donde iba a
pasar el venado cuando los perros lo levantaran.
Pasaron las horas y me cansé de estar en aquel puesto, me dio por caminar cerro arriba y luego no
encontraba el camino de regreso. Cuando estaba desesperado me apareció el pequeño perrito
blanco, me imaginé que seguramente había una casa cerca y lo fui siguiendo. A veces el perrito
me esperaba y movía la cabeza señalándome el camino, al cabo de caminar por mucho tiempo,
sin darme cuenta había bajado del cerro y me encontraba en la carretera; después me reuní con
mis amigos y les conté lo sucedido. Don Celeo comentó que a mí me había ayudado el cadejo
blanco, dicen que el cadejo negro extravía a la gente y que crece de tamaño, causando el pánico
entre las personas”.
CUENTOS Y LEYENDAS DE JORGE MONTENEGRO
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Josué, un joven que era de Santa Ana y vivía en Ojojona, era de los que asistían a las reuniones nocturnas en
las que don Antonio contaba sus historias. Aquella noche lo acompañaba su primo. No era borracho, no tenía
ningún vicio, pero sí era egoísta, malcriado con la mamá, la hacía sufrir gritándole y diciéndole cosas
horrendas. Dagoberto, ambos formaban parte de la rueda de muchachos que escuchaban con atención.
“Aquí -dijo el viejo- pocos saben la historia de Danilo, un hombre incrédulo y muy malo con la mamá
Cuentan los viejos de aquellos tiempos que Danilo se consiguió una mujer de una aldea cercana a este pueblo
y la llevó a vivir a su casa, pero en lugar de mejorar, las cosas empeoraban para doña Felipa, que así se
llamaba aquella sufrida mujer.
Aquel hijo malvado le daba preferencia a la mujer y a la mamá la ponía a lavar la ropa de la extraña que había
llegado a su casa. Una tarde, doña Felipa le dijo a la mujer de su hijo que le ayudara a arreglar la casa.
La mujer le ayudó de mala gana y cuando Danilo regresó del campo, ella le dijo que doña Felipa la había
golpeado obligándola a ayudarle en los quehaceres del hogar.
El hombre montó en cólera y se fue a la cocina donde doña Felipa estaba moviendo el nixtamal. Sin decirle
una sola palabra le pegó un puñetazo en el rostro, haciéndola rodar por el suelo: “Eso es por faltarle el
respeto a mi mujer y por andarle pegando”.
Doña Felipa se levantó, tenía el labio reventado y ensangrentado. No dijo nada, se encerró en su cuarto y con
un trapo húmedo se limpió la sangre del rostro. Días después la malvada mujer de Danilo le dijo a doña Felipa
que se fuera de la casa, que ellos deseaban que se fuera lejos; acto seguido, agarró las pocas cosas de la
señora y las tiró a la calle. Doña Felipa no dijo nada, agarró su ropa y sus pocas pertenencias y se fue.
CUENTOS Y LEYENDAS DE JORGE MONTENEGRO
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Desde aquella fecha en que doña Felipa abandonó la casa, corrida y repudiada por su
hijo y su nuera, las cosas comenzaron a salir mal. Danilo perdió sus cosechas con una
invasión de zompopos nunca vista en el lugar; la mujer enfermó de gravedad,
comenzaron a salirle granos purulentos en la piel y en la garganta hasta que
finalmente murió. Fue entonces que Danilo dijo: “Es ella, sí, mi mamá nos está
haciendo brujería, vieja maldita que se la ha tragado la tierra”. Desde aquel día
comenzó a buscarla en los pueblos cercanos hasta que le informaron que vivía sola en
una casa cerca del río.
El malvado hijo localizó la vivienda, vio a la anciana lavando en el río, sacó su afilado
machete y despacio se fue acercando a la señora para matarla por la espalda. En
cuestión de segundos el cielo brilló intensamente y un rayo lo mató sin causarle daño
a doña Felipa. Lo que no supo el malvado es que su madre había quedado sorda y casi
ciega, ni cuenta se dio de lo sucedido. Poco después recogió la ropa y se fue a su
casita.
CUENTOS Y LEYENDAS DE JORGE MONTENEGRO
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Pasó el tiempo y una tarde la anciana agonizaba; vecinos del pueblo la asistían en su lecho
de muerte. A las once de la noche se escucharon unos gritos espantosos en la orilla del río,
la gente salió de la casita para ver qué pasaba, entonces vieron la figura de Danilo con el
machete en la mano, la luz de la luna lo iluminó intensamente: “Perdón mamá, perdón,
dame tu perdón para descansar en paz”. Cuentan que la anciana movió la cabeza
negativamente, no lo perdonó. Han pasado los años y se dice que el espectro de Danilo le
aparece en los caminos a los hijos malos.
Josué y su primo abandonaron la fogata después de aquella terrible narración. El
muchacho era incrédulo y mal hijo, en el camino de regreso a su casa dijo: “Son puras
papadas del viejo Toño, lo dice para asustarnos. Vea primo, a mí no me asusta nada y nadie
me hará cambiar con mi mamá, esa vieja me fastidia”.
No había terminado de hablar cuando por los relámpagos de una tormenta que se
aproximaba vieron en medio del camino la siniestra figura de un hombre con un machete
en la mano. Los primos huyeron del lugar hasta llegar a la casa heridos por las zarzas y las
espinas y con gran calentura. Desde aquella noche Josué se convirtió en un buen hijo, él
mismo se encargó de contar lo sucedido: “Danilo anda penando por ser mal hijo. No quiero
ser como él”.
CUENTOS Y LEYENDAS DE JORGE MONTENEGRO
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SAN PEDRO SULA,HONDURAS
A dos kilómetros de distancia de la comunidad de Orocuina en el departamento de Choluteca existe
un torrente de agua que llama la atención de los visitantes, se trata de una hermosa quebrada con
pequeñas cascadas donde los curiosos llegan atraídos por lo que ahí sucedió.
Desde la época de la colonia los habitantes del lugar bautizaron las aguas con el nombre de “Quebrada
del Santo Tuerto”.
El origen de ese nombre se explica por una maravillosa piedra que parece cancelada y, sobre ella, la
imagen del Santo Tuerto, a quien nadie ha podido clasificar en el calendario de la Iglesia Católica.
Lo que más aviva la credulidad es que el Santo Tuerto es misterioso, no se deja ver de buenas a
primeras, únicamente el Viernes Santo, aseguran algunas personas que lo han visto. “Aparece atado a
una torre cilíndrica”.
Según la leyenda, el Santo aparece atado a un pilar cilíndrico que estaba enclavado sobre la roca
inmemorial y era de riguroso mandato que los visitantes tenían que llegar a él sin hacer ruido o
ademán alguno y específicamente a las doce del día, cuando el sol está en el esplendor de su imperio.
Los únicos datos que la tradición posee de la figura del Santo es que era tuerto, como se ha dicho,
y que no llegaba al metro de altura. Aún existe la piedra famosa y es aquí donde quiero llamar su
atención: se trata de una piedra ahuecada en forma de pabellón, pintada por dentro con doce colores
sobrenaturales, y como si algún artífice esculpió en el interior de aquella morada, en cuyo fondo
palpitan llenos de gracia secular y respetados por el tiempo, una luna, un sol, un ojo, una mano y un
pie de niño.
Algunas personas serias se preguntan: ¿quiénes y cómo colocaron la piedra en ese lugar? ¿Se trata de
un meteoro o de una cápsula dirigida desde el espacio?
CUENTOS Y LEYENDAS DE JORGE MONTENEGRO
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La gente mayor de Orocuina refiere que en 1907 unos hombres que fueron derrotados en el combate de
Namasigüe vivieron prófugos en aquel paraje y ascendieron a la piedra utilizando fuertes lazos, llevaron un
poco de agua y un tosco hierro para utilizarlo como un cincel.
Cuando se habían subido descubrieron dibujos extraños en la piedra y utilizando aquella pieza de metal como
un cincel se dedicaron a borrar las figuras y todos los dibujos que ahí había a medida que raspaban con el
improvisado cincel fueron notando con asombro que los colores de aquellas figuras se iban volviendo más
intensos, que de pronto se volvieron resplandecientes y fuertes; era un espectáculo pocas veces visto.
Lógicamente, además del asombro que provocó entre los hombres, el pánico comenzó a invadirlos poco a
poco, especialmente cuando se miraron unos a otros.
Descubrieron que sus rostros se iban iluminando con brillantes matices, no puede ser que tu cara brilla y se
está poniendo de varios colores.
¡La tuya también......bajemos de aquí......esto es cosa del diablo! El miedo los hizo bajar de la piedra en
segundos, corrieron y corrieron abandonando aquel lugar que ellos consideraron hechizados.
Los historiadores no describen qué clases de dibujos fueron los que borraron aquellos prófugos, dejaron
únicamente los del sol, la luna, un ojo, una mano y un pie de niño. Posiblemente del dibujo que emanaron los
radiantes colores, los fugitivos hicieron su blanco principal tratando de borrarlo. Los que se han venido
preguntando si aquellas cosas provenían del espacio exterior afirman que seguramente había un tipo de
energía especial que emanaba de la figura que ahora se conoce como el Santo Tuerto, posiblemente un
habitante de otro mundo al que aquellos hombres trataron de borrar.
CUENTOS Y LEYENDAS DE JORGE MONTENEGRO
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Era la piedra de los astros una especie de altar para los extraterrestres que quizá un
día estuvieron habitando en las cercanías de Oricuina. ¿Qué tipo de energía había en
aquellas figuras que penetró en los rostros de los fugitivos? Aún nadie lo sabe, sólo
existen conjeturas. La piedra de los astros está ahí imperturbable ante la indiferencia
de los viajeros. Los que conocen esta historia visitan con interés el lugar, han tomado
fotografías, el paso del tiempo terminará con esa piedra el día menos pensado.
Hay muchos lugares en nuestro país donde se han descubierto cuevas con pinturas
rupestres que tienen 10 o 15 mil años de existencia.
En el municipio de San Marcos de Colón hay un antiguo camino de herradura que
conduce a una aldea llamada el Jobo ubicada en territorio nicaragüense, existen en el
trayecto tramos cubiertos de lava, lo que indica que en alguna época ése fue un
territorio volcánico. También se pueden descubrir piedras con formas extrañas con
colores diversos similares a la piedra de los astros de Orocuina.
Desafortunadamente nadie investiga esas cosas, nadie se interesa por descubrir los
misterios que hay por muchos caminos de Honduras, especialmente los sitios donde
se asegura hubo hombres que vinieron del cielo.
CUENTOS Y LEYENDAS DE JORGE MONTENEGRO
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SAN PEDRO SULA,HONDURAS
Comayagua es una de las ciudades de Honduras donde hay más iglesias, pero alrededor de cada
una de ellas se cuentan historias que aterrorizan a cualquiera. En uno de los barrios de esa ciudad
vivió una joven que por su belleza era asediada por los hombres, pero sus intereses iban más allá.
Mujer, yo no voy hacerle caso a esos probretones, a mi vida tiene que llegar un hombre con
mucho dinero. Aquí en Comayagua hay muchos hombres de dinero pero pasan de los sesenta
años.Mujer, es mejor así, me quedo con el dinero si él se muere rápido.
Las luces de la calle comenzaron a encenderse a las seis de la tarde y algunas personas de la
ciudad que acostumbraban a visitar el parque para distraerse un poco caminaban en grupos, en
uno de esos grupos iba Rebeca Cervantes la joven bella con grandes ambiciones. Al llegar al
parque comenzó a dar vueltas con una de sus amigas, fue entonces que se fijó en un hombre alto,
de complexión fuerte, piel blanca, un poco rubio y bien vestido.
Con aquella coquetería femenina se acercó al extraño y le preguntó si esperaba a alguien, él negó
con un movimiento de cabeza, sonrió a las dos mujeres y se alejó despacio del bullicio del parque.
Aquella noche Rebeca no podía conciliar el sueño, tenía fija en su mente la imagen de aquel
desconocido, ni siquiera le pregunté cómo se llamaba dijo la muchacha, a lo mejor es de esos
ingenieros que andan midiendo para la nueva carretera que van a construir ...mmm, pero aunque
sea guapo no conviene a mis intereses, voy a pensar que nunca lo vi.
CUENTOS Y LEYENDAS DE JORGE MONTENEGRO
16
Eran las 11 de la mañana cuando Rebeca se dirigía al mercado del centro, de pronto en uno de los
portones del mercado vio al extraño, paso frente a él y quedó intrigada porque el hombre apenas
si la miró, fue totalmente indiferente. Ella con la curiosidad propia de las mujeres volteó a ver
hacia el portón y el hombre ya no estaba ahí
Tres meses habían pasado desde que Rebeca vio aquel hombre que la había impactado en el
portón del mercado, por su mente ya no cruzaban pensamientos con el extraño. En esos días
conoció a un hombre de 65 años de edad propietario de dos haciendas de ganado quien viajaba
constantemente a la zona norte del país donde tenía otros negocios, se llamaba Dagoberto y era
viudo, Doña Esmeralda su esposa, había fallecido de una rara enfermedad, según se dijo en
Comayagua, tres años habían pasado desde el fallecimiento de Doña Esmeralda y no se había
visto a don Dagoberto detrás de ninguna mujer. Al conocer a Rebeca se rindió ante su exuberante
belleza y comenzó a visitarla en su casa.
Don Dagoberto, el viejo ganadero se enamoró perdidamente de Rebeca y seis meses después se
unían por los sagrados vínculos del matrimonio en la santa Catedral de Comayagua. Fue una boda
espectacular con gran derroche de alegría, música, comidas, bebidas, en fin no hizo falta nada.
Al salir de la iglesia y cuando todos aplaudían el paso de los recién casados, Rebeca vio parado en
el parque al hombre que había ocupado su mente momentáneamente, recordó que la última vez
lo vio frente al portón del mercado Central... los novios fueron llevados en un hermoso carruaje
cuando ella volteó a ver hacia atrás aquel hombre ya no estaba ahí.
CUENTOS Y LEYENDAS DE JORGE MONTENEGRO
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Dos meses más tarde, Rebeca se sentía dueña y señora de las haciendas de su esposo, los
peones la respetaban y le llamaban la señora bonita. Una noche mientras su esposo se
encontraba en su escritorio sacando cuentas, ella le llevó una taza de café y galletas, él la
besó intensamente agradeciéndole aquel gesto de cariño. No debería de trabajar tan tarde
Dagoberto.
Es que tengo que sacar muchas cuentas porque al final, y aunque parezca un juego de
palabras, yo también tengo que rendir cuentas.
Yo sé que el dinero nos da comodidades pero usted debe curar su salud, últimamente lo he
visto como enfermo, trata de ocultármelo pero yo lo adivino.
Eso es verdad amor, pero no se preocupe que el día que yo falte usted será una mujer
inmensamente rica por eso hago mis cuentas... sobre el espejo del dormitorio hay una llave
que pertenece a un gran baúl que está en el sótano donde guardo una inmensa riqueza que
desde luego es suya también... por eso saco cuentas para rendirlas.
Rebeca no entendía la forma de hablar de su esposo, una mañana, mientras él andaba de
viaje tomó la llave que estaba sobre el espejo y bajó al sótano y vio aquel inmenso baúl,
abrió el candado y al hacerlo se llevó la impresión más grande de su vida, ahí había joyas de
toda clase, collares de esmeraldas y de rubíes, monedas de oro, lingotes de oro, perlas, en
fin aquél sí era un verdadero tesoro. Eso aumentó su ambición y desde ese momento deseó
la muerte de su esposo.
CUENTOS Y LEYENDAS DE JORGE MONTENEGRO
18
Una noche Don Dagoberto comenzó a quejarse, tenía un gran dolor en el pecho.
Rebeca, creo que voy a morir, pero no será una muerte común... alguien va a
venir por mí. A medianoche se escuchó el ruido de un caballo que se acercaba a
todo galope, la bestia se paró frente a la casa y las puertas se abrieron solas.
Don Dagoberto se levantó de su cama y caminó hacia la puerta principal, iba
suspendido en el aire, un rayo rompió el silencio de la noche y se desató una
tormenta infernal que duró apenas dos minutos. Dagoberto desapareció en el
aire y en la puerta principal apareció la figura de aquel extraño, el mismo que
Rebeca había visto en el parque y en el mercado, señalándola con el dedo le dijo:
Por tu ambición no tendrás nada.
Rebeca estaba paralizada por el miedo. Ahí comprendió que aquel extraño era el
mismísimo satanás. Cuando amaneció tomó la llave del baúl, bajó al sótano y al
abrir el baúl ya no estaban las joyas sino que miles y miles de gusanos, cuentan
que ese mismo día Rebeca envejeció y enloqueció... jamás en su vida quiso
acercarse a Dios por su desmedida ambición.
CUENTOS Y LEYENDAS DE JORGE MONTENEGRO
19
SAN PEDRO SULA,HONDURAS
Durante siglos el hombre ha buscado afanosamente lo desconocido, ha sentido una atracción
especial por el misterio y quizás podríamos decir que anda en busca del miedo, del terror.
En Europa se ideó una tabla de lectura espiritista que poco a poco se fue perfeccionando hasta
convertirse en un juguete que ha perjudicado enormemente a jóvenes y adultos que no tienen la
suficiente preparación para enfrentarse a lo desconocido. Me refiero a la tabla güija, que se
comercializó de tal manera que los demonios se han encargado de penetrar en las fábricas para
que se venda como un juguete inofensivo.
Guillermo Izaguirre compró en una tienda de Tegucigalpa la famosa güija porque había oído de
sus amigos que con ese juguete se podía comunicar con personajes históricos como Napoleón
Bonaparte, Cristóbal Colón, Abraham Lincon, Francisco Morazán, etc. También escuchó que con
esa tabla se obtenían respuestas y soluciones para los problemas de la vida cotidiana. Así, muy
contento con su nuevo juguete, llegó a su casa, sacó la tabla y la colocó sobre la mesa del
comedor, vio las letras del abedecedario y dos pequeños objetos para colocarlos sobre la tabla.
En un extremo estaba escrita la palabra “sí” y en el otro la palabra “no”, esos son los componentes
básicos de la famosa güija. “Memo”, como le decían sus conocidos, leyó cuidadosamente las
instrucciones y dijo: -“Mmm... esto se ve muy fácil, pero para jugar tengo que llamar a mis
amigos”.
CUENTOS Y LEYENDAS DE JORGE MONTENEGRO
20
En horas de la tarde había reunido a cuatro de sus mejores amigos explicándoles el
funcionamiento de la güija, estaban entusiasmados y a uno de ellos se le ocurrió decir que de ahí
en adelante ellos serían “Los hombres de las sombras”.
A las cinco de la tarde todos se sentaron alrededor de la mesa mientras “Memo” colocaba la tabla
en el centro. -Vamos a preguntar, dijo Carlos, uno de los participantes, si funciona esta cosa.
Con el pequeño vaso de plástico comenzaron a preguntar, ¿cómo me llamo yo? El vaso se movió
solo y comenzó a pasar por las letras, comenzó con la G, hizo su recorrido por el tablero hasta
formar el nombre de Guillermo. -Esto es increíble, ¿qué preguntamos ahora?, dijo el joven.
-¿Por qué no le hablamos a mi abuelita, que murió hace seis años?, propuso Carlos. Preguntaron si
ella se podía comunicar y el vaso giró hasta el sí, posteriormente siguió moviéndose hasta formar
las palabras “Pregunta hijo”.Los hombres se asustaron un poco y aún con el temor reflejado en el
rostro de Carlos, éste preguntó: Abuela, ¿dónde dejó escondido su collar de perlas?
El vaso se movió y la respuesta fue: “El collar está en el fondo del baúl donde guardaba mi ropa.
Es tuyo”. En los días siguientes, “Los hombres de las sombras”, que así se llamaban entre ellos, se
reunieron varias veces hasta que a alguien se le ocurrió decir: “Siempre consultamos la güija a las
cinco de la tarde, ¿por qué no lo hacemos a las 10 de la noche? Puede ser más emocionante y
posiblemente nos podemos comunicar con espíritus elevados”.
CUENTOS Y LEYENDAS DE JORGE MONTENEGRO
21
Así acordaron que la próxima sesión la harían en la casa de Carlos a las 10 de la noche.
Cuando el reloj marcaba la hora indicada los amigos estaban instalados alrededor de una
mesa en la casa de Carlos. La güija estaba en el centro y los hombres, entusiasmados por el
nuevo horario, empezaron a preguntar cosas. ¿Quién está hoy con nosotros?, inquirió uno
de ellos. La respuesta fue: “Alguien que no conocen, pero que van a conocer uno por uno”.
“¿Eres de esta vida o de la otra?”. “De la eternidad”, fue la respuesta.
“¿Y cómo sabemos que vienes de la eternidad? Danos una prueba”.Inmediatamente la casa
comenzó a temblar, se cayeron los vasos de la mesa y todo se movió, menos la tabla. Los
muchachos estaban mudos de asombro, nadie podía hablar, de pronto una sombra salió de
la tabla y se colocó momentáneamente detrás de Carlos, luego desapareció y en ese
instante las luces se apagaron. Uno de ellos abrió la puerta y todos salieron corriendo,
afuera había luz.
Siete días después Carlos falleció repentinamente, en su rostro se adivinaba que antes de
morir había visto algo terrorífico. “Los hombres de las sombras”, es decir, sus amigos,
estaban increíblemente asustados. Guillermo, que asistía a la Iglesia católica, fue en busca
del sacerdote y le contó lo sucedido punto por punto hasta llegar a la muerte de su amigo
Carlos.
CUENTOS Y LEYENDAS DE JORGE MONTENEGRO
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Ahí comenzó todo Padre, la casa tembló, vimos una sombra, se apagó la luz y lo
demás ya lo sabe. El sacerdote le dijo: “Nunca se debe jugar con esa tabla
maldita, ése es un instrumento del diablo, una tabla de lectura espiritista. Han
dejado salir al demonio de la venganza y todos corren el mismo peligro que tu
amigo Carlos”. -Pero, ¿qué podemos hacer?, quiso saber el muchacho.
-Vamos a quemar esa güija.
Ese mismo día, en horas de la noche, Guillermo y sus atemorizados amigos en
compañía del sacerdote se fueron a un solar baldío. El cura tomó agua bendita y
la arrojó sobre la güija, en ese instante el viento sacudió los árboles cercanos y se
escuchó claramente el aullido de un gato. Una fuerza invisible hizo caer al
sacerdote, quien no dejó de sostener en sus manos una cruz de plata, se levantó
del suelo y arrojando gasolina sobre la güija, le metió fuego.
Todos se pusieron a orar mientras aquella fuerza invisible los golpeaba, se
escucharon gritos y lamentos alrededor y luego todo quedó en paz, las llamas
estaban consumiendo la tabla maldita. Usted que ha escuchado esta historia
tenga presente que la güija no es un simple juguete, sino una tabla demoníaca.
CUENTOS Y LEYENDAS DE JORGE MONTENEGRO
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SAN PEDRO SULA,HONDURAS
Las playas de la Coca Cola estaban llenas de veraneantes. Un grupo de
estudiantes del instituto José Trinidad Reyes de San Pedro Sula había llegado a
Puerto Cortes para disfrutar de sus vacaciones, se trataba de seis buenos amigos
y compañeros de estudios que habían ahorrado para poder divertirse en aquella
ocasión.
Se entretuvieron durante la tarde del primer día que llegaron metidos en las
aguas del mar, jugando con una pelota y piropeando a las jovencitas que exhibían
atrevidos trajes de baño.
Fueron tres días de plenas vacaciones, tres días en que los muchachos supieron
divertirse sanamente sin ingerir bebidas alcohólicas y sin tabaco. Virgilio era el
mayor de todos, tenía 22 años de edad, era quien conducía el vehículo en el que
se transportaban y fue el que al llegar la tarde los reunió a todos para que
tomaran sus cosas y las depositaran en el auto con el propósito de no olvidar
nada. “Vamos a salir a las seis de la tarde -dijo Virgilio, aprovecharemos que el
clima se pone fresco”. Sus compañeros estuvieron de acuerdo y a las seis en
punto salieron de Puerto Cortés rumbo a la Ciudad del Adelantado.
CUENTOS Y LEYENDAS DE JORGE MONTENEGRO
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Habían recorrido unos 15 kilómetros cuando se desinfló una de las llantas delanteras; estacionaron el
auto a un lado de la carretera y colocaron el gato, se disponían a poner la llanta de repuesto cuando
vieron que se acercaba un anciano. El hombre llegó cuando acababan de cambiar la llanta: “Hola
muchachos -dijo- ¿Tuvieron mala suerte con la llanta, verdad?”. Todos asintieron con la cabeza, el viejo
siguió hablando: “¿No han escuchado ustedes que en esta carretera ocurren cosas extrañas? Vale más
que los encontré para avisarles, para que vayan con cuidado.
Ah, otro consejo muchachos, no se vayan a parar en la carretera pase lo que pase. Que tengan un buen
viaje”. Emprendieron de nuevo la marcha comentando lo del anciano. “Ese viejo está loco muchachos, la
edad hace que muchas personas hablen brutadas”. Todos se rieron de lo que dijo Saúl, el menor de ellos,
luego Virgilio remató: “Ese don no sólo está loco, sino que a lo mejor se escapó del manicomio.
Estamos aburridos de viajar por esta carretera y lo único que hemos visto en raras ocasiones han sido
accidentes automovilísticos que no han sido de gravedad. De todos modos, pobre viejo, además, no
hablemos mal de él porque todos vamos para viejos”.
La tarde comenzó a declinar, las primeras sombras se dibujaban en los cerros y las colinas que bordeaban
la carretera, un aire agradable soplaba en ese momento, para disfrute de los estudiantes.
Se aproximaban a una aldea cuando de repente un hombre atravesó la vía, siendo atropellado por el
vehículo; las llantas quedaron “pintadas” en el pavimento debido al tremendo frenazo.
Los muchachos bajaron inmediatamente para auxiliar al hombre atropellado, pero no estaba frente al
auto y pensaron lo peor: “Debe estar debajo del carro completamente aplastado”.
CUENTOS Y LEYENDAS DE JORGE MONTENEGRO
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Dos de los estudiantes se tendieron en el suelo para reanudar la marcha, Virgilio encendió la
máquina visiblemente nervioso: “Yo lo vi cuando lo levanté en el aire, no es posible que haya
desaparecido así nomás, esto es muy extraño”.
De nuevo comentaron las palabras del viejo: “Él dijo que pasara lo que pasara, no
detuviéramos la marcha y fue lo primero que hicimos”. La noche los sorprendió en el camino,
iban en silencio recordando el incidente, muy nerviosos y con los ojos clavados en la carretera.
Roberto, otro de los muchachos, sugirió: “¿Por qué no cantamos? Alegrémonos durante lo que
nos falta del camino de regreso a San Pedro. ¿Cuál nos echamos? Inmediatamente
improvisaron un coro desafinado para darse valor: “Estas son las mañanitas que cantaba el rey
David...”.
Iban muy alegres cantando corridos mexicanos, olvidando completamente al viejo y al
hombre que atropellaron, platicaron de las novias, de las compañeras que les gustaban, de
armar un nuevo paseo, de ir al puerto de Tela o a las lindas playas de Trujillo y muchos planes
más para un futuro cercano.
Saúl dijo: “Bueno, si queremos hacer lo que venimos platicando desde mañana hay que
comenzar a ahorrar y ‘chambiar’ para poder tener el pisto que necesitamos”. Sus compañeros
lo aplaudieron con entusiasmo.
CUENTOS Y LEYENDAS DE JORGE MONTENEGRO
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Faltaban pocos kilómetros para llegar a San Pedro Sula, cuando por los focos del
auto vieron que en medio de la carretera venía caminando un hombre hacia ellos.
“Agárrense -gritó Virgilio-, ese hombre viene borracho”. De inmediato frenó
bruscamente y todos vieron con claridad que atropellaban al viejo que habían
visto al salir de Puerto Cortés.
Gritaron aterrados. El golpe fue tremendo, el anciano fue suspendido y lanzado a
varios metros de distancia frente al automóvil. Con las luces encendidas del
vehículo corrieron hacia el anciano atropellado y no lo encontraron, había
desaparecido misteriosamente. Cuando se dieron cuenta de que era imposible
que ese hombre les hubiera aparecido antes de llegar a la ciudad, subieron
apresurados y Virgilio no paró hasta llegar a San Pedro.
Cuentan que todos enfermaron de gravedad y que Saúl murió de pánico. Cuando
contaron lo sucedido en sus hogares comprobaron que habían sido señalados por
un maligno que había sorprendido a otras personas en la carretera entre San
Pedro Sula y Puerto Cortés.
“No vayan a parar en la carretera, pase lo que pase”.
CUENTOS Y LEYENDAS DE JORGE MONTENEGRO
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SAN PEDRO SULA, HONDURAS
La tarde iba cubriendo con sus sombras la comunidad de Morocelí, las pinceladas
anaranjadas y amarillas cubrían los cerros lejanos y se respiraba una gran tranquilidad en el
ambiente, don Manuel y su compadre Juan José caminaban por una recta que existe entre
el puente de Quebrada Seca y el de Los Mangos en la jurisdicción de Morocelí.
-Sabe una cosa, compa Juan... Ya tiempos no miraba un atardecer tan bonito.-Lo mismo
digo yo, ni el mejor pintor podría lograr esos matices que aparecen en el cielo, sólo la mano
de Dios. -Tenemos que volar tata, todavía falta para llegar al puente de Los Mangos.
-Bueno, si nos cansamos nos sentamos por ahí en unas piedras, además se ve tan bonito el
cielo.
-No tarda en oscurecer... ajá compita, y dígame qué pasó con aquella cipota que le tiraba
corriente a usted.
-Cállese, compa, no ve que la condenada me salió piruja je, je, je, je...
- ¿Y por qué dice eso...?
- No ve que la condenada estaba comprometida para casarse y había salido conmigo cuatro
veces, le digo que ya me estaba gustando, ella mismita me dijo que era la última vez que
nos hacíamos tucos porque estaba para casarse...
CUENTOS Y LEYENDAS DE JORGE MONTENEGRO
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-No le creo... papo, compa, hay mujeres que le ganan el valor a uno, eso que me está contando si que me
deja pensativo.
-Y a usted ¿qué tal le va con la Carmen...?
-Es más resabida que una mula, pero ahí la vamos pasando juntos.
Los compadres iban platicando muy contentos por la vistada del nanzal, el tramo es largo y como dicen
en el pueblo, ahí si hay que volar, de repente don Manuel dijo:
-Mire compa, allá viene un carro trae las luces encendidas, a lo mejor nos sale jalón.
-Si quiere sentémonos aquí a esperarlo.
-No es mala idea compa... mire, viene volando polvo a lo caballo.
-Es que en esta temporada seca hasta los zanates levantan polvo je, je, je, je...
-Ahí sentémonos, compa... en esas turuncas. -Ya está cayendo la tarde, compa, vale más que ya vamos a
conseguir jalón para llegar al Suyate.-Es un bonito tramo desde Morocelí al Suyate, compa, lástima que
nos cansamos rápido, no es lo mismo estar joven que llegar a viejo.
Los compadres sacaron un paquete de cigarrillos y comenzaron a fumar mientras se acercaba el vehículo
que venía levantando polvo, poco a poco iban apareciendo las primeras estrellas en el cielo.
-¿Ya se fijó, compa Manuel...? -¿En qué cosa, compa...?
-Que ese carro jodido como que no avanza...
-Hombre... ¿será que se quedó parado en medio de la carretera?
-Así parece.
CUENTOS Y LEYENDAS DE JORGE MONTENEGRO
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-Eso está bien raro porque todavía se ve que viene aventando polvo... se ve por las luces.
-Mejor caminemos, compa... puede ser que se les haya arruinado esa papada.
-Dicen que los carros de antes eran los buenos.
-Caminemos, compa... caminemos, como dice aquella canción.
-Ajá, compa, no terminó de contarme lo de la chava.
-¡Ah! sí, pues me dijo que era la última vez que nos mirábamos porque ya estaba pedida para
casamiento, pero eso no es nada, el mero día que se casó me invitó.
¿Y usted fue el casorio...?
Claro que fui... se miraba bien bonita, pues en medio de la fiesta siento que me agarran de la
mano y que me jalan, era ella, me llevó debajo de un palo de mango en el solar y me dio tres picos
con lengua.
-Papo, qué atrevida esa jodida.
-Y sabe que me dijo... esta noche te la dedico papacito, je, je, je, je, no le digo. -Vea compa, para
que una mujer lo comprometa a uno es cuestión de segundos.
-Hay bandidas que en la mera cara del marido le pueden poner los cachos, ja, ja, ja. Mire para
atrás, compa, como que el carro se regresó.
Los compadres vieron hacia atrás, el carro ya no estaba allí, lo extraño es que se miraba la misma
nube de polvo como si el carro siguiera avanzando por la vistada del nanzal, los dos hombres
vieron entonces un reflejo de luz que alumbró los árboles lejanos y parte del camino.
CUENTOS Y LEYENDAS DE JORGE MONTENEGRO
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-Apurémonos, compa... esto no es cosa buena.
-Apretemos el paso, compa... Los Mangos no están tan lejos.
Los compadres apresuraron el paso y caminaron con gran energía iban lo
más rápido que podían temiendo que les pasara algo, de pronto
escucharon el ruido del motor detrás de ellos, se apartaron
instintivamente a la orilla del camino para que el carro pasara, un ruido
inusual se produjo en ese instante, el motor del automóvil no se escuchó
sobre la carretera sino que en el aire.
Pasó aquel ruido y una fuerte ráfaga de viento sobre las cabezas de los
compadres que cayeron al suelo aterrados, todo quedó en silencio, los
hombres se levantaron y siguieron su camino, ni cuenta se dieron cuando
llegaron a Los Mangos llenos de miedo, los vecinos del lugar les dijeron
que era peligroso caminar por esa vistada porque desde Morocelí hasta el
Suyape se miraban fantasmas.
CUENTOS Y LEYENDAS DE JORGE MONTENEGRO
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SAN PEDRO SULA, HONDURAS
Eran los años cincuenta, por la avenida Lempira de San Pedro Sula, había poca circulación de
vehículos y comenzaban a construirse algunos edificios.
Los estudiantes del Reyes que residían en esa zona se instalaban en grupos bajo la estatua del
Indio Lempira, especialmente en horas de la noche para estudiar. Al fondo de la mencionada
avenida se encuentra el cementerio sampedrano que era muy transitado en aquellos días por las
personas que vivían al otro lado en el barrio el Benque, la gente estaba acostumbrada a atravesar
el cementerio en horas de la noche y nadie hablaba de espantos o de que alguien que hubiese
sentido miedo.
José García tenía un taxi de su propiedad con el que recorría la ciudad que comenzaba su
expansión en los años cincuenta, tenía muchos clientes por su don de gente, su amabilidad y
sobre todo su espíritu de colaboración con los usuarios solía esperar clientes en el portón del
cementerio, algunos eran fijos y otros casuales.
Aquel viernes próximo a la Semana Santa, José fue a dejar a un cliente al portón del cementerio
aproximadamente a las nueve de la noche, era la última carrera que haría para ir a descansar a su
casa, cuando el cliente bajó una joven le hizo señal de parada, por cuánto me lleva a la catedral,
dijo la joven me urge llegar allá. El taxista la vio y le dijo: señorita es muy tarde ya, además la
catedral está cerrada a estas horas, ella insistió, la llevaré por cincuenta centavos, dijo José, pero
sé que a nada irá a la iglesia, es por la hora.
CUENTOS Y LEYENDAS DE JORGE MONTENEGRO
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En el corto trayecto del cementerio sampedrano a la santa iglesia Catedral, José por curiosidad
preguntó: ¿Usted trabaja con la iglesia...? La muchacha sonrió y expresó: No, no trabajo ahí, sólo
voy a recoger un encargo... dígame ¿usted cómo se llama...? El taxista mirando a su pasajera
sonrió: Me llamo José García, soy de los García de Copán. ¿Y usted cómo se llama...? Me llamo
Sonia y vivo en Guamilito, quiero que me haga un favor, cuando lleguemos a la catedral usted va
esperar mientras recojo el encargo que le dije, no importa si me cobra más. No hay problema, dijo
José.
El taxista se sorprendió al ver que las luces de la catedral estaban encendidas y vio la silueta de
varias personas que se encontraban en su interior. “Espéreme ya regreso”, dijo la pasajera
llamada Sonia, y se fue directo al altar mayor y poco después regresó diciendo: Perdone que
abusé de usted, necesito que me haga otro favor, en este papel hay una dirección, ahí deberá
entregar este pequeño paquete, le voy a dar diez lempiras, le parece...? está bien afirmó José,
ahora ¿adónde la llevo...? ella lo miró con agradecimiento y le dijo, aquí me quedaré rezando, le
agradezco su gentileza... que le vaya bien.
Con un apretón de manos, José se despidió de Sonia, su pasajera. Buenas noches señorita Sonia,
quizás la vuelva a ver un día de estos. partió José con su vehículo hacia su casa, iba muy cansado
por fortuna vivía al otro lado de la línea férrea en el barrio Medina. Aquel día sábado José daba
vueltas en su cama, se lo comía la pereza, de repente se levantó de un salto. ¡Ijjj... las ocho de la
mañana, hoy si se me pegó la cobija... salió de su casa hacia la avenida Lempira, acostumbraba
comer en “El Indio”, comedor que pertenecía a don Gustavo Lemus, de grata recordación.
CUENTOS Y LEYENDAS DE JORGE MONTENEGRO
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Estuvo platicando con otros motoristas que frecuentaban el comedor El Indio, intercambiaban
experiencias y hablaban del precio de los repuestos de sus vehículos.
José sintió que algo le estorbaba en una de las bolsas de su pantalón, metió su mano y dio con el
pequeño paquete que le había entregado la pasajera la noche anterior, luego sacó el papel donde
estaba escrita la dirección donde tenía que entregarlo, se levantó de su asiento despidiéndose de
sus amigos, luego recogió unos pasajeros en el portón del cementerio y se “adentró” en la ciudad.
Aquella mañana encontró muchos pasajeros y olvidó momentáneamente el encargo; sin
embargo, a las seis de la tarde decidió buscar la dirección que la joven le había entregado y se
dirigió al barrio Guamilito, una casa de madera de color verde construida sobre polines, una
especie de barracón, una verja de tubos de color negro y un portón de metal... creo que aquí es...
vamos a ver.
José abrió el portón, no había candado, subió una gradas de madera y tocó la puerta, buenas
tardes joven dijo una señora canosa en qué puedo servirle, La verdad es que yo le traigo un
encargo que me dejó una muchacha anoche frente a la catedral, tome es este pequeño paquete,
luego a petición de la señora describió a la pasajera de la noche anterior, el paquete contenía dos
anillos de matrimonio, la señora agarró un retrato y se lo mostró, es ésta la muchacha que le
entregó los anillos...? José asintió con la cabeza, esto es increíble, mi sobrina Sonia murió hace
seis meses justo antes de casarse, murió repentinamente.
CUENTOS Y LEYENDAS DE JORGE MONTENEGRO
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Se cuenta que José dejó de trabajar como taxista y que aún vive en
San Pedro Sula, contando con 85 años de edad aproximadamente,
existe otra versión de este suceso sobrenatural, se dice que José
llevó a la difunta Sonia a la catedral, que la esperó durante diez
minutos y luego regresó con ella hasta al portón del cementerio
donde le entregó los anillos de aquella boda que nunca se realizó
por la repentina muerte de la joven.
Hay una historia parecida a la que han leído, es la de la mujer de la
chumpa, hecho que tuvo lugar en Tegucigalpa y que narró en uno
de mis libros de cuentos y leyendas de Honduras.
Los religiosos afirman que los muertos no salen, que se trata de
demonios que adoptan la figura de gente que dejó este mundo.
CUENTOS Y LEYENDAS DE JORGE MONTENEGRO
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SAN PEDRO SULA,HONDURAS
Así se llama una colonia de la capital de Honduras y fue ahí precisamente donde ocurrieron cosas
insólitas en una casa recién construida.
Amanda Membreño Ruiz compró un lote de terreno en la citada colonia a fin de construir una vivienda
para su hijo Danilo Calderón. El ingeniero encargado de la obra hizo los cálculos del primer material que
se compraría, ladrillo, cemento, piedra de cantera, varilla de hierro, dos carretas, alambre de amarre y
todo lo necesario para comenzar la edificación. Los albañiles hicieron las bases de la casa y comenzaron
a levantar las paredes, hasta ahí todo iba normal.
Cuando las paredes fueron levantadas se procedió a la construcción del techo y por el bajo presupuesto
de doña Amanda únicamente dejó trabajando a un albañil y su ayudante. Faltaba el repello y la
instalación del ladrillo del piso, don Rómulo, que así se llamaba el albañil, le dijo a su ayudante: “Ya está
la mezcla, agarrá la carreta y comenzá a pasarme un poco para comenzar el repello”.
El muchacho hizo lo que se le ordenaba, el albañil subido en un andamio inició la tarea, el ayudante le
dejó la carreta en el sitio donde la necesitaba y salió a remover la mezcla fuera de la casa.
“Hey vos cipote, ¿para qué te llevaste la carreta?”. El ayudante escuchó la voz del albañil y regresó a la
casa, la carreta no estaba en el lugar en el que él la había puesto, la buscó y la encontró en otro cuarto,
haciéndose muchas preguntas mentalmente.
De nuevo llevó la carreta bajo el andamio. -“Aquí está la mezcla don Rómulo”. -¿Para qué te llevaste la
carreta muchacho loco? Me ves trabajando y te la llevas”.
CUENTOS Y LEYENDAS DE JORGE MONTENEGRO
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El ayudante, intrigado, respondió: “Yo estaba moviendo la mezcla allá afuera, ¿no sería usted quien se la
llevó al otro cuarto?”.
Don Rómulo no dijo nada y siguió con la labor del repello.
Poco después el albañil salió furioso de la casa: “Mirá cipote jodido, conmigo no vas a jugar, deja de estar
escondiendo la carreta con la mezcla si no querés que te quite la chamba”. El muchacho, más intrigado
aún, dijo: “Pero don Rómulo, si yo estoy aquí, ¿cómo voy a esconder la carreta? ¿No será que padece de
olvido y me está echando la culpa?”.
El señor buscó la carreta y él mismo la colocó debajo del andamio donde trabajaba sin decir nada, había
subido dos ladrillos sobre la mezcla y siguió con su labor.
Cuando se bajó del andamio para subir un ladrillo se dio cuenta de que los ladrillos no estaban sobre la
carreta, nuevamente montó en cólera y se fue directo donde estaba el ayudante.
“Mirá, vos ya jodiste con tus bromas. ¿Por qué me fuiste a quitar los ladrillos de la carreta?”.
El joven albañil se rió y le dijo: “Don Rómulo yo creo que usted está botando aceite. ¿Cuáles ladrillos?”.
Para no discutir don Rómulo regresó al andamio y con sorpresa vio que la carreta no estaba donde él la
había dejado. “Dios mío, esto es cosa del diablo”, exclamó.
Al día siguiente don Rómulo y su ayudante no llegaron a trabajar, ambos se enfermaron y la dueña de la
casa, para acelerar el trabajo, contrató a varios hombres que en poco tiempo finalizaron la construcción.
CUENTOS Y LEYENDAS DE JORGE MONTENEGRO
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Un mes después llegaron los primeros inquilinos que se instalaron con todas las comodidades. La
señora se vio obligada a alquilarla porque a su hijo Danilo no le gustó vivir en el Hato de Enmedio.
Doña Rosa Almendárez se pasó a vivir con su esposo y sus dos hijas, una de cuatro años y a otra
de seis; una semana después la niña pequeña le dijo a su mamá que en la sala estaba una señora
que no la conocía. Doña Rosa fue a ver y no encontró a nadie y pensó que la imaginación de la
pequeña la hacía ver cosas. Cuando llegó la noche, la niña de seis años se metió al cuarto de los
papás diciendo que una señora no la dejaba dormir. Don Carlos, que así se llamaba el padre, se
levantó a ver y no había nadie;, igual que en el primer caso, pensó que su hija está imaginando
cosas.
Al día siguiente doña Rosa estaba barriendo la sala cuando sonó el porrón en la estufa, fue a ver y
tuvo una duda: no estaba segura si ella lo había colocado y encendido la estufa. Siguió con su
labor de asear la casa y de pronto escuchó de nuevo que sonaba el porrón, esta vez sí sintió que
un frío terrible la estremecía, pues se había asegurado de haber apagado la estufa y de haber
quitado el porrón de la hornilla.
Llamó a don Carlos por teléfono y le contó lo sucedido, él, por su parte, sintió una inquietud
inexplicable después de la llamada. Doña Rosa le dijo a sus hijas que no se separaran de ella
mientras llegaba su papá y las niñas le dijeron que habían visto a la señora vestida de blanco en la
cocina. Cuando llegó don Carlos, platicó con su esposa sobre los extraños sucesos que los
mantenían bajo la sombra del terror. Sin embargo, el hombre era de esos que no dejaban que las
cosas empeoraran, fue a la pulpería y comenzó a preguntar si habían escuchado algo de la casa
que él alquilaba.
CUENTOS Y LEYENDAS DE JORGE MONTENEGRO
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El propietario del negocio manifestó que los albañiles que la
construyeron tuvieron que salir huyendo porque ahí asustaban, explicó
que antes de que edificaran esa casa, en el solar habían enterrado un
feto. Aconteció que una joven de 25 años abortó, se sacó el niño a la
fuerza y ese mismo día se murió, sus familiares enterraron el feto en el
solar baldío donde con el tiempo construyeron la casa. Seguramente se
trataba de la mujer que iba en busca de su hijo.
Con aquellas explicaciones don Carlos fue en busca de un sacerdote,
llamaron a varias personas, se bendijo la casa, se pidió perdón para la
mujer por haber cometido aquel acto criminal y se rezó un rosario.
Desde aquella ocasión no se volvieron a escuchar ruidos ni a ver a la
mujer rondando la casa. Posteriormente un conocido periodista de la
capital alquiló esa casa y dijo que jamás sintió nada en ella, ni pasos ni
entrañas presencias.
CUENTOS Y LEYENDAS DE JORGE MONTENEGRO
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