Carmina o revienta; Paco León

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Carmina o revienta (2012) de Paco León
Por David Vázquez Fernández
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 Recién estrenada, Carmina o revienta es una de las opciones más refrescantes para combatir los
sofocos de este verano recalentado por furores futboleros patrios y pantalones más cortos que nunca. Antes
de que la subida del IVA nos impida asistir con más asiduidad a las salas, aprovechemos ahora para apoyar
nuestro cine, o ahorremos -quien pueda- para siempre.
Paco León (Sevilla, 1974) es uno de nuestros hombres, popular y querido gracias a sus imitaciones -no
miméticas pero sÃ− paródicas y caricaturescas- y a su papel de Luisma en Aida, serie barriobajera y
polÃ−ticamente incorrecta que aunque por ser de producción propia no parezca meritoria, sÃ− merece el
aplauso de ciertos crÃ−ticos de cine exigentes y temibles. Ahora nos demuestra su talento como director, y
detrás de las cámaras sigue marcando sonrisas con su sello inconfundible de una cierta causticidad
desenfadada.
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Todo queda en familia, dirigiendo a su hermana - la guapa y fresca MarÃ−a León, la única actriz
profesional del reparto- a su padre -Antonio León- y su madre, Carmina Barrios; principal personaje,
motivo, gracia y sentido de la pelÃ−cula. No les hace falta interpretar, se limitan a ser ellos mismos, o a
exagerar para la pantalla una autenticidad incuestionable. AsÃ− sucede con los otros personajes que parecen
caricaturas de sÃ− mismos, desde esa amiga de Carmina que se codea con Mayra Gómez Kemp y con la
reina SofÃ−a, a ese cobrador del Frac digno de un personaje de Ibáñez -el creador del Botones Sacarino y
Mortadelo.
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Refresco con burbujas por la novedad que supone con el valor añadido de ser ópera prima y por la
hilaridad bien dosificada. Grotesca hasta lo esperpéntico, escatológica en algún gag -pues cada
capÃ−tulo de las memorias de esta madre es un gag que puede ser contado aparte hilvanado por el hilo
común de la trama.
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La pelÃ−cula cuenta las horas de insomnio que Carmina pasa en la cocina, esperando la hora fatal de la
madrugada con una inevitable llamada telefónica. Va recordando los sucesos que la han llevado a esa
situación de espera y ansiedad mientras fuma cigarrillo tras cigarrillo, devora yogures y lÃ−quidos
inclasificables, y da de comer a una cabra que le hace compañÃ−a.
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Es difÃ−cil clasificar esta pelÃ−cula, sin ser un docudrama es una narración documental naturalista hasta el
extremo, quizá podrÃ−amos inventar un término para clasificarla: docucomedia. No sabemos hasta qué
punto está basada en experiencias reales, ni qué papel juega la ficción.
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En las fiestas de amigos y familia, Paco León y su hermana MarÃ−a han contado con éxito las
anécdotas de su madre tan temperamental. La decisión de recapitular estas vivencias han sido acertadas
como homenaje a tantas madres y para sacar al espectador sonrisas y algún alarido de escándalo que
siempre se agradece para salvarle de la monotonÃ−a.
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La amoralidad aquÃ− es un tanto a su favor, pues aunque se trata de la lucha de una madre contra ese
leviatán social que limita más que protege, no cae en la fácil setimentalidad de ciertas comedias que nos
llegan con su moralina incorporada. Carmina o Revienta hace honor a nuestra tradición humorÃ−stica, la
picaresca de aquel lazarillo que no hace otra cosa que saciar el hambre que le atormenta, que defender su
estancia en el mundo. Ya don Américo Castro nos avisaba a los lectores de la amoralidad del personaje y
escasa ejemplaridad, pese a la innegable importancia de El Lazarillo de Tormes.
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Carmina o Revienta ha sido laureada en el Festival de Málaga con tres premios: público, crÃ−tica y otro a
la magnÃ−fica Carmina Barrios.
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Arrasa la pelÃ−cula en las salas a una semana de su estreno, y es más, triunfa on line y se vende como si no
hubiera crisis en DVD, por esta apuesta arriesgada de Paco León de ofrecerla en estos tres formatos y que
sea el espectador el que escoja.
Que cunda el ejemplo.
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