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ARCE. DEL MERCANTILISMO A LOS CLÁSICOS. Mayo 2013

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DEL MERCANTILISMO A LOS CLÁSICOS
UNA INTRODUCCIÓN A LAS IDEAS ECONÓMICAS
Gustavo Arce
Profesor de Economía I y II
Licenciatura en Relaciones Internacionales
Facultad de Derecho
Profesor de Economía Política
Carreras de Abogacía y Notariado
Facultad de Derecho
Universidad de la República
2
ÍNDICE
INTRODUCCIÓN GENERAL .………………………….……………………………........……….....…3
CAPÍTULO 1
Los Precursores
Los Mercantilistas 1500-1700
1. Reflexiones iniciales ………………………….....…………………………………...................7
2. El contexto histórico: expansión colonial y formación del mercado mundial............7
3. Las ideas y la política de los mercantilistas …...….…………………………..................10
3.1. Leyendo algunos mercantilistas …………......…..………......………….…...…….....12
CAPÍTULO 2
Los Fundadores
La Fisiocracia 1750-1770
1. Reflexiones iniciales ……………………………………...……………….............................19
2. El contexto histórico: el siglo de las Luces y de las Grandes Revoluciones ............19
3. Una Francia socialmente fracturada …...…………………………………………...…....….21
4. Los Autores y las Ideas de la fisiocracia ……………….……………………..….…........…22
5. F. Quesnay: Una lectura del capitalismo agrícola. La agricultura fuente de riqueza,
la circulación, el producto neto y la reproducción social ….………..…..................…25
5.1. El Orden Natural ………………………………………..….…….….............................25
5.2. La división del trabajo, la circulación monetaria y de los “bienes” ….....….....26
5.3. El comercio recíproco entre las clases: la circulación ..…….……….................27
5.4. Producción y excedente económico: el Producto Neto ……….............…........28
5.5. El Producto Neto, la recuperación, los descuentos y los intereses de los
adelantos de y por la clase productiva ...…………….………………………..….....30
6. R. Turgot: Una lectura del capitalismo agrícola e industrial. El trabajo humano,
el Beneficio y el desarrollo del capitalismo …………......………..….…….…...…..........31
7. Reflexiones finales ...………………………………………………………………...…....…..….33
Bibliografía …………………………………………………………………………...…….......….......34
3
INTRODUCCIÓN GENERAL
El presente trabajo es una versión preliminar que resume notas de los cursos
dictados en la Facultad de Derecho -en Montevideo y en la Regional Norte- de la
Universidad de la República sobre las Escuelas Económicas. Destinado
fundamentalmente a estudiantes de Abogacía, Notariado, Licenciatura en Relaciones
Internacionales y a Licenciados en Relaciones Internacionales, el objetivo principal del
mismo es allanar el camino de ingreso de un lector "profano" a las grandes ideas que
animan los debates sobre la naturaleza y destino de las sociedades humanas.
Es necesario aclarar que su contenido no es propio de un trabajo sobre Teoría
Económica, ni sobre Historia Económica. En ciencias sociales, una Teoría es un
conjunto de hipótesis ordenadas coherentemente que buscan explicar una serie de
fenómenos, en su pasado (¿por qué y cómo han sucedido?) y en su futuro (¿qué podría
suceder y por qué?), especulaciones que deben ser contrastadas en y con la realidad.
Este trabajo no busca ejercitarse verificando si cada una de las escuelas
examinadas cumple, en mayor o menor medida, con los requisitos del método
científico y entonces otorgar o negar el "label" de conocimiento científico.
Este texto debe ser leído, quizás, como notas sobre las Escuelas, las Doctrinas o
las Ideas Económicas. Según lo señala la Real Academia 1, una Escuela es: “un
conjunto de discípulos o imitadores de una persona o de una doctrina, arte, etc.”; una
Doctrina es: “una enseñanza que se da para instrucción de alguno”, o es: “una opinión
de uno o varios autores en cualquier materia”; una Idea es: “el primero y más obvio
de los actos del entendimiento que se limita al simple conocimiento de una cosa ”, es:
“la imagen o representación que del objeto percibido queda en el alma”.
Las ideas económicas son tan antiguas que las sociedades humanas,
cronológicamente, son anteriores a la formación de la propia Economía como forma de
conocimiento “autónomo”, de la Religión, de la Moral, de la Ética, de la Ciencia Política
y del Derecho. En el Código de Hammurabi (1730-1685 a.C.) o en la Biblia se
encuentran largos pasajes donde se recomiendan comportamientos morales con
consecuencias sobre la vida económica de los humanos.
En la Antigüedad, es con Jenofonte (426-354 a.C.) y en su libro Lo Económico
donde se encuentra una reflexión sobre las “Leyes de la Casa” (Oikonomos), es decir,
cómo se debe saber administrar los recursos de una comunidad. Con Platón (428-347
a.C.) el pensamiento económico cobra un nuevo impulso, visto la relación que
establece Platón entre la división del trabajo y la constitución de la Polis.
En la Polis, ciudad ideal, el funcionamiento es armónico debido a la división del
trabajo y a los intercambios de las “cosas” que contienen valor de uso y valor de
cambio en el mercado. En la cúspide de la jerarquía socioeconómica se encuentran
los ciudadanos (alrededor de 5.000); considerada una raza de oro y plata que dirige la
Polis porque posee sabiduría y la protege asumiendo funciones militares. Esta clase se
consideraba pura, noble y sabia, porque está alejada de los problemas, de los riesgos
y de las tentaciones de la economía, y es por ello que esta clase no tiene acceso a la
propiedad privada ni se organiza en la familia, puesto que estas dos instituciones se
1
Diccionario de la Lengua Española, Vigésima Edición, Tomo I y II, Madrid, España, 1984
4
consideran fuentes de pasiones y de sentimientos que exaltan la Riqueza y la
adquisición de bienes lo que provocaría su degeneración y su descomposición.
Debajo de los ciudadanos, convive la clase de los artesanos y de los comerciantes
para quienes los intercambios y la propiedad privada están permitidos y estimulados.
Los intercambios se realizan en un mercado, y el valor o precio de los objetos
transados depende del trabajo que ha exigido su producción.
Con Aristóteles (384-322 a.C.) el pensamiento y las ideas económicas cobrarán un
nuevo desarrollo, puesto que emergen las primeras concepciones sobre: la Riqueza,
la Crematística y las funciones de la moneda en una economía de intercambio. En
sus obras: “La política” y “La ética a Nicómaco”, para el autor la riqueza contiene dos
acepciones: a) la riqueza genuina, verdadera, es decir aquella por la cual las
personas adquieren bienes necesarios a la vida. Estos bienes se adquieren solamente
para una vida feliz; y b) la riqueza superflua, o la artificial, es aquella por la cual las
personas adquieren bienes porque tienen un valor en sí mismo, esta última
concepción de la riqueza aparece asociada a la noción de la Crematística (krema =
riqueza; tística = pasión). Esta concepción nos permite a su vez presentar las
importantes nociones que Aristóteles impondrá sobre las tres funciones de la
moneda en un sistema económico de intercambio, a saber, la moneda sirve
simultáneamente como: 1) patrón de medida; 2) medio de pago; y 3) reserva de
valor. Si la moneda se atesora por el valor que ella contiene en sí misma ( auris sacra
fames -maldita sed del oro-), prevalece la crematística sobre la riqueza. Es por esta
razón que Aristóteles condena el hecho de poseer dinero por el dinero en sí, a la usura
y al capital del préstamo. Se puede afirma que esta concepción de la moneda fundará,
algunos siglos después, los análisis en términos de una economía monetaria.
En la Edad Media, la escolástica (filosofía y teología que los doctores de la Iglesia
enseñaban en las universidades) se divide en dos grandes corrientes sucesivas en el
tiempo.
La primera conocida como corriente “realista”, aproximadamente del siglo X al
XIII, tiene en Santo Tomás de Aquino (1225-1274) el principal exponente de dicha
concepción. Uno de los aportes más trascendentales para el pensamiento económico
es la noción del “justo precio” elaborada por el teólogo y filósofo canonizado en
1323.
Luego de retomar y de adherir a las ideas de Aristóteles condenando el dinero y la
Crematística, el “justo precio” resulta y surge de una estimación común, de un
consenso general de los miembros de una comunidad. Un precio es “justo” porque la
transacción que él sanciona no perjudica a ningún miembro de la comunidad en
cuestión. Entonces para Santo Tomás de Aquino:
“El valor de un objeto no surge de las necesidades del vendedor ni de las del
comprador, sino de la utilidad y de la necesidad de toda una comunidad. (…)”2.
La segunda corriente que se puede denominar “nominalista” tiene en Nicolás
Oresme (1320-1382), Obispo de Lisieux, uno de sus principales exponentes. En su
obra: “Origen, naturaleza y mutación de las monedas”, consideraba que:
“el Estado tiene el poder de la creación monetaria, pero luego, la moneda
obtiene su legitimidad fruto del consentimiento exclusivo que los comerciantes le
otorgan a la misma”3.
2
3
Deleplace, Ghislain, y, Lavialle, Christophe: Histoire de la pensée économique. MAXI FICHES. Ed. DUNOD, París, Francia, 2008, pp. 16-18.
Deleplace, Ghislain, y Lavialle, Christophe: Histoire de la pensée économique, op.cit., p. 17.
5
Dicho en otros términos, luego de creada la moneda por el Estado, su valor, su
circulación y sus funciones son de resorte exclusivo de los agentes privados. Esta idea
bosqueja la concepción liberal, clásica, neoclásica y marginalista de la Moneda.
El otro gran exponente de la corriente “nominalista” fue Jean Buridan (1300-1358)
Rector de la Universidad de París. En sus obras: “Cuestiones sobre la política de
Aristóteles” y “Cuestiones sobre la ética”, Buridan sostiene que los bienes extraen su
valor de la escasez de los mismos y de su utilidad. Algunos autores clásicos, y sobre
todo los marginalistas, retomarán estas ideas sobre las cuales edificarán sus teorías
del precio y del valor de los bienes. Pero, será con el movimiento de la transición entre
las economías tributarias y el surgimiento del capitalismo comercial que se conforma
la primera escuela o doctrina económica: El Mercantilismo, que será examinada en el
Capítulo 1 del presente trabajo.
Los clásicos ingleses y franceses, el pensamiento económico de Carlos Marx y el
de John M. Keynes son presentados y examinados en el trabajo: De los Clásicos a
Keynes, también editado por el CopyCED.
Esta es una versión sensiblemente modificada de la editada en el año 1999 por la
Fundación de Cultura Universitaria (Ficha 76), que fue actualizada especialmente para
ser editada y difundida por el Centro Estudiantes de Derecho, para su colección Nuevo
CopyCED.
Montevideo, mayo de 2013.
Gustavo Arce.
6
CAPÍTULO 1
Los Precursores
Los Mercantilistas
1500-1700
En un gobierno bien organizado, el Estado debe
ser rico y los ciudadanos pobres.
Maquiavelo
El comercio es la fuente de las finanzas y
las finanzas son el nervio de la guerra.
Jean-Baptiste Colbert
7
LOS MERCANTILISTAS
1. Reflexiones iniciales.
El pensamiento de los mercantilistas se forma de la lectura y de la interpretación
que estos autores realizan de la mutación económica, política, tecnológica y cultural
que conlleva el proceso de descomposición social de las sociedades humanas
organizadas según el orden tributario 4, y la lenta, pero inexorable, formación del
capitalismo en el seno de las sociedades mercantiles y monetarias de Europa
Occidental.
Es por ello posible de afirmar que los mercantilistas analizan e interpretan la
llamada “renovación económica5” o la “larga marcha hacia el capitalismo 6”. Estos
procesos mutacionales societarios complejos comprenden varios siglos, en donde se
imbrican la riqueza del Príncipe, la conquista y el pillaje colonial (fines del siglo XV y
todo el XVI) con la formación de las burguesías mercantiles y bancarias (siglo XVI).
Asimismo, con la construcción de los Estados modernos se multiplican y se intensifican
los intercambios económicos; el modelo societario occidental se expande y domina a
escala planetaria; se desarrollan e implementan nuevas técnicas de producción, de
transporte y de guerra; surgen nuevas ideas y visiones del Mundo, de las relaciones
humanas y del Hombre con la Naturaleza.
El contexto histórico: expansión colonial y formación del mercado
mundial.
2.
El siglo XI de la era cristiana es aquel en el cual la organización social feudal
alcanza su punto máximo en cuanto a sus posibilidades de desarrollo económico y
político: en el dominio se estructura la producción material (bajo las modalidades de
servidumbre, el trabajo forzado, servicios) y la apropiación del trabajo ajeno (bajo la
forma de tributo, renta en trabajo) que acumula el señor feudal, quien a su vez es no
solo propietario absoluto de los recursos dentro de su dominio, sino que también
ostenta monopólicamente el poder político, el religioso y el judicial.
Pero, desde fines de ese siglo e inicios del XII, las bases económicas, políticas,
tecnológicas y culturales del orden tributario comienzan a ser cuestionadas; en los
siglos XIV y XV ese movimiento será más intenso e irresistible.
Primeramente, en el feudo el excedente económico que constituía la renta en
trabajo comienza a transformarse y a coexistir con la renta en especie o en dinero; se
abre paso, lenta pero en forma progresiva, la formación de la pequeña propiedad
agrícola y consecuentemente la del trabajo libre. En segundo término, la primacía que
gozaba el feudo y el trabajo agrícola como fuentes originarias generadoras de la
4
En la organización tributaria, el trabajo de los campesinos y de los artesanos permite la formación de un tributo (en especie, en trabajo o en dinero) que constituye
el ingreso de una oligarquía que detenta, además del económico, el poder político y religioso. Véase Samir Amin: Classe et Nation. Editions de Minuit, París, Francia,
p. 74.
5
Según la expresión del historiador Heaton, Herbert en: Historia Económica de Europa. Ed. Armand Colin, París, Francia,1952. Véase también Parry, John: Europa
y la Expansión del Mundo. Ed. Fondo de Cultura Económica, México, 1ª edición en español, 1952.
6
Subtítulo de la Primera parte del trabajo de Beaud, Michel: Histoire du Capitalisme. De 1500 à nos jours. Editions du Seuil, París, Francia, 3ª edición 1987, 1ª
edición en español, Ed. Ariel, España, Barcelona, 1980.
8
Riqueza comienzan a ser complementadas (y en competencia) con el comercio
interoceánico y el florecimiento de actividades mercantiles. El comercio, las finanzas y
las actividades bancarias cobran esplendor en las repúblicas italianas en los siglos XIII
y XIV; luego en Holanda e Inglaterra, "enclaves" de economías de intercambio, ya con
moneda, todo ello contribuye al establecimiento de nuevas relaciones de producción
que alternan y alteran el rígido orden y la racionalidad del sistema tributario.
En el siglo XV, algunos cambios tecnológicos anuncian “un Nuevo Mundo” y una
nueva era en la historia de la humanidad, fundamentalmente en su segunda mitad: la
invención de la imprenta; nuevas técnicas engendran progresos en la metalúrgica; el
empleo de la hulla blanca y la utilización de los carros en las minas permiten un
adelanto en la producción de metales y la industria textil; se comienza la producción y
el uso de las armas de fuego; la mejora en la construcción de carabelas y en las
técnicas de navegación hacen posible la apertura de nuevas rutas marítimas, y con
ello se procesó lo que la historia occidental denomina “los grandes descubrimientos”:
Dias dobla el Cabo de Buena Esperanza (1487), Colón descubre América (1492) y
Vasco da Gama, tras bordear África, llega a la India (1498).
Se inaugura entonces una era caracterizada por una espectacular cacería de
riqueza que se logra por medio de la conquista y la colonización; el pillaje colonial
animará el desarrollo de los intercambios comerciales intercontinentales, en y por los
cuales, en esta fase embrionaria del capitalismo mercantil, competirán España,
Holanda, Inglaterra y Francia, y ab initio, el desarrollo del capitalismo mostrará su
capacidad para operar simultáneamente a escala nacional y mundial, y también
combinará la esfera y la propiedad privada con la estatal, sea en competencia o en
monopolio.
En 1503 llegó a España el primer cargamento de metales preciosos proveniente de
las Antillas; el pillaje del tesoro de los Incas comienza en 1534; entre 1521 y 1660, 18
mil toneladas de plata y 200 mil toneladas de oro ingresaron al Reino, pero irán a
fortalecer las incipientes burguesías mercantiles y bancarias de Génova, Amberes y
Ámsterdam.
La producción de caña, de ron y de melaza, el comercio de esclavos, el pillaje de
los metales preciosos son las principales fuentes de riqueza para España, que en 1508
con el Habsburgo en el trono, reúne bajo su dominio toda la península Ibérica, América
Latina, las Filipinas, el Milanesado, el Reino de Nápoles, Cerdeña y Sicilia, y lo que
queda del Estado borgoñés; aliado a su primo el Habsburgo de Austria, extiende su
poderío a los reinos de Bohemia y Hungría. Extenso y poderoso Imperio que con la
derrota de “la armada invencible”, en 1558, y el descenso de los volúmenes de oro y
plata7 del “Nuevo Mundo”, pierde posiciones frente a la ascensión y la competencia
comercial e imperial de Holanda, Inglaterra y Francia.
Las Provincias Unidas (los Países Bajos) se independizaron políticamente de
España en la primera década del 1600. En 1602, en Holanda se crearon 6 Cámaras de
comerciantes y se fundó la Compañía de Indias Orientales, su dirección fue ejercida
por el Colegio de los Diecisiete el cual decidió por mayoría todo lo concerniente a la
organización de la flota, su destino así como la tarifa de las mercancías; gozaba del
monopolio comercial en las Indias donde imponía el “mare clausum” frente a la
competencia inglesa, portuguesa y francesa. La Compañía ejercía derechos de regalía,
de paz, de guerra, tenía un ejército de casi 12 mil hombres y una marina de 47
7
Disminuyeron desde 1550-60; en 1650 son dos veces menos importantes que en 1550; el comercio de Sevilla que contaba con 55 navíos y 20.000 toneladas en
1660 no tiene más que 8 navíos y 2.500 toneladas en 1700. En Beaud, Michel: Histoire du Capitalisme. De 1500 à nos jours. op.cit., p. 33.
9
bajeles, y en 1670 el valor de sus acciones representaba 18.000 florines. En 1609, se
creó el Banco de Ámsterdam que recibió todo tipo de depósito con valores mayores a
300 florines; cumplió el rol de Banco de pago, utilizando el Florín-banco como moneda
de crédito participando ampliamente en el financiamiento y la expansión de las
Compañías de las Indias.
En 1601 los holandeses estaban en Japón y en 1602 en la China; en 1621 crearon
la Compañía de las Indias Occidentales. Pero los holandeses fracasan en su intento de
instalarse en el Brasil y por otra pierden la Nueva Ámsterdam en favor de los ingleses
(1644). Sin embargo, entre 1620 y 1663, dominan ampliamente la ruta del Extremo
Oriente8 de donde importan pimienta y especies; desarrollan el cultivo de la caña en
Java y comercian con África y Europa del Norte. Los suculentos beneficios del comercio
colonial que extrae Holanda, los complementa impulsando un proceso industrial de
"punta" para la época: industria lanera en Leyden y de telas en Harlem; teñido y tejido
de seda, hilado de seda y talla de diamantes en Ámsterdam; en Rotterdam, refinado
de azúcar, cervecerías, destilerías, preparación de la sal, del tabaco y del cacao;
pulido de cristales ópticos, fabricación de microscopios, relojes de péndulo e
instrumentos de navegación, trazado de mapas.
La mitad de la población vive en las ciudades; en 1674, 56 burgueses detentan
casi 400.000 florines, otros 146 burgueses poseen entre 100.000 y 200.000 florines.
Miembros de esta novel burguesía dirigen los negocios, impulsan la industria interna y
promueven el comercio colonial a través de las Cámaras de Comercio. Asimismo, son
poderosos financieramente con su Banco de Ámsterdam; vigilan la Universidad de
Leyden y son tolerantes con las nuevas ideas. Mientras en España la máquina de
guerra que fue la Inquisición impone sus dogmas y su “orden”, Holanda acoge a
Descartes en 1625, donde escribió su Discurso sobre el Método para dirigir la razón y
buscar la verdad en la ciencia (1637) y sus Meditaciones Metafísicas (1641), y
Rembrandt pinta sus telas de campesinos pobres y mendigos, pero también “El
pesador de Oro” (1639), “El constructor de Barcos y su mujer” (1641), “Jean Six,
burgomaestre de Ámsterdam” (1650) y “los Síndicos de los Pañeros” (1661).
Es así que Holanda fue, en la primera mitad del siglo XVII, la nación capitalista por
excelencia y el símbolo del capitalismo comercial y financiero, pero frente al
vertiginoso desarrollo del capitalismo inglés y al férreo proteccionismo francés, con las
tres guerras que la enfrentó a Inglaterra (1652-1654, 1665-2667, 1672-1674), una
contra Francia (1672-1674) y su participación en la guerra de la Sucesión Española, el
capitalismo holandés se endeuda, se debilita y cede posiciones.
En 1600, se crea en Inglaterra la Compañía Inglesa de las Indias Orientales. Una
década después posee monopólicamente cerca de 15 factorías en la India, en las islas
de Indonesia y en el Japón. En 1628, se instalan algunas en Persia, y en 1688, en
Bombay; están ya en Barbados (1625), en Quebec (1629) y en Jamaica (1655);
controlan Nueva Ámsterdam (1644) que deviene Nueva York; después de los
peregrinos de Mayflower (1620) otros emigrados fundan nuevas colonias.
Entre 1610 y 1640 el comercio colonial inglés se multiplicó por diez; la producción
manufacturera interna férreamente protegida acompaña el éxito colonial: alrededor
de 1640, algunas hulleras producen hasta 20.000 toneladas anuales, se fabrican
martillos hidráulicos y, en los pequeños talleres y fábricas de textiles o en el trabajo a
8
En Histoire Universelle des Civilisations. Ed. La Pléiade, Tomo III, pp. 133 y 134. En Beaud, Michel: Histoire du Capitalisme. De 1500 à nos jours. op.cit., p. 34.
10
domicilio, largas jornadas de trabajo anuncian al trabajador libre el duro aprendizaje
de la disciplina al proceso de trabajo capitalista.
En Francia, una débil burguesía debe aliarse con el poder real cuyo absolutismo
alcanzó la cúspide con Luis XIV; es allí donde la dupla mercantilismo-absolutismo es
casi paradigmática y un ejemplo de imbricación entre la expansión colonial, el
esfuerzo de la industrialización interna estatal y el poder político. Frente a la pujante
Inglaterra y la poderosa Holanda, la expansión colonial francesa es más modesta: en
1625 se funda la Compañía de Morbihan, en 1627 la de Navecilla de San Pedro; en
1628 se establece una factoría en Argel y tres años más tarde se abre un Consulado
en Marruecos; la de los Cien Asociados se instala en Canadá, la de Cabo Verde en
Senegal, la de las Islas de las Américas en las Antillas y la de las Indias Orientales en
Madagascar, la cual recibe, en 1670, el monopolio del comercio y la explotación por
los océanos Pacífico e Índico. En 1665, los franceses ponen pie en Santo Domingo, en
el Valle del Misisipi y en Pondicherry. Como veremos más adelante, la burguesía con
Richelieu y después con Colbert sentará las bases del capitalismo manufacturero e
industrial, asociada al poder real, a veces contra la nobleza, a veces contra los
campesinos y proletarios.
3. Las Ideas y la Política de los Mercantilistas.
En el espectacular proceso de transición entre el orden tributario y el embrionario
capitalismo mercantil, conviven, en la realidad de la Europa Occidental, producciones
y economías agrícolas (de autosubsistencia en donde el excedente económico -el
tributo- proviene de los campesinos en beneficio del clero, de la nobleza y del Estado
real) con las incipientes formas y modalidades de una economía de mercado,
monetizada y de intercambio, que son nacionales y mundiales, sobre objetos o
“bienes” que materializan trabajo muerto (tesoros, metales preciosos, obras de arte) y
trabajo vivo (producción de nuevos valores, trabajo forzado, esclavitud, en la minas o
en la plantaciones).
Los impactos de la transición no se circunscribieron a la transformación de las
condiciones materiales y tecnológicas de la producción, sino que se expandieron y
alcanzaron las bases políticas e ideológicas que daban racionalidad y sustento al
régimen de las sociedades tributarias.
El sistema del astrónomo griego Claudio Ptolomeo, según el cual, la Tierra además
de ser un cuerpo fijo es el centro del Mundo, era uno de los dogmas sobre el cual se
edificaba el pensamiento y la acción de la filosofía escolástica, la cual inspiraba las
“verdades divinas e inmutables” que se resumían en la Suma Teológica de Santo
Tomás de Aquino, obra vertebral del orden y la racionalidad que gobernaba el
funcionamiento de las sociedades en la Edad Media.
Primero, las ideas del astrónomo polaco Nicolás Copérnico referentes a que los
astros, entre ellos, la Tierra, tienen un doble movimiento, sobre sí mismos y alrededor
del sol; después, las de Calvino, para quien la actividad comercial y el préstamo a
interés no son un pecado, sino un signo de elección divina; y, las de Descartes, y su
método para “acercarse” a la realidad, sentaron las bases cuestionadoras del statu
quo y abrieron paso al surgimiento de una nueva “civilización”, de la cual los
mercantilistas fueron, entre otros, sus intérpretes, analistas y lectores económicos.
11
Esquema 1
COMERCIO MUNDIAL Y PILLAJE DE AMÉRICA EN EL
SIGLO XVI
Fuente: Beaud, Michel: Historia del Capitalismo. Editorial Ariel, Barcelona, España, 1ª edición en
español, 1984, p. 30
Ahora bien, en esa civilización que surge basada en el comercio lejano y en las
primeras manufacturas, en los intercambios y su monetización: ¿Cómo enriquecer al
Rey, al Príncipe y al Estado? ¿Cómo conservar y aumentar el oro y la plata? La
Riqueza: ¿Qué es? ¿Es el atesoramiento de metales? o ¿El comercio y las
manufacturas son también fuentes de riqueza? La moneda, los tributos y el buen
manejo de la hacienda pública: ¿Deben ser tenidos en cuenta para que un Estado sea
catalogado de rico o de pobre? ¿Cómo asociar la iniciativa de los mercaderes y
comerciantes con la construcción de un sector estatal capaz de organizar el mercado
interno y sostener la expansión colonial, estableciendo una división internacional del
trabajo favorable a los intereses de las metrópolis?
Estas son, grosso modo, las grandes preocupaciones políticas que animan la
reflexión de los mercantilistas.
Como la mayoría de los autores precursores y fundadores de las grandes doctrinas
o escuelas económicas, los mercantilistas no son profesionales universitarios ni
“economistas” de formación, y a juicio de Joseph A. Schumpeter, la “literatura
mercantilista9” es preanalítica y propia de espíritus carentes de los rudimentos del
Arte de la exposición10. También es acertado afirmar que no es preocupación de estos
autores elaborar una teoría económica de la sociedad o de la evolución de la
Humanidad, ni tampoco una teoría de la producción y distribución de los “bienes
económicos” (concepto inexistente para la época), ni sobre la naturaleza, función y
manejo de la moneda acerca de la formación de los precios y de la interrelación entre
el campo “real” y el monetario.
Pero es también innegable que estos hombres de acción empresarial sentaron las
bases de lo que Antoine de Montchrestien bautizó como Economía Política (ventajas y
9
En Historia del Análisis Económico. Ed. Ariel, Barcelona, España, 1ª edición, 1971, Capítulo VII, pp. 399 y ss.
En Historia del Análisis Económico. op.cit., p. 389.
10
12
desventajas del “monopolismo exportador 11”, el control de cambios, la tributación,
etc.), de la Ciencia Política (origen, naturaleza y relacionamiento del Estado con la
sociedad civil y el ciudadano), y de las Relaciones Internacionales (la política del poder
de los Estados y de las relaciones interestatales como fundadoras de un Orden
Mundial, de y entre las Naciones). Quizás sea por estas razones, entre otras, que el
severo juicio de Schumpeter sobre los mercantilistas se atenúa, cuando sostiene que a
pesar de ser una obra de individuos que no gozaban de una gran educación, sus
opiniones “(...) no eran ni más ni menos uniformes que las de los economistas de
cualquier otro período (...)12”, de la historia de la humanidad.
Tal vez, paradoja de la evolución de la humanidad, de las mutaciones de los
sistemas y de las estructuras sociales, en la fase actual de transición entre el
capitalismo industrial y el capitalismo tecno-científico y virtual 13, de la globalización y
mundialización de la economía 14 de la integración/ regionalización 15, de la
reformulación del Estado, en la última década, se observa un resurgimiento del
pensamiento y de algunas medidas de política económica del mejor cuño
mercantilista.
3.1. Leyendo algunas escuelas mercantilistas.
El pensamiento mercantilista es definido tradicionalmente como aquel para quien
la Riqueza de un Estado o de una Nación depende de la mayor o menor cantidad de
metales preciosos que se atesoren en los cofres públicos y privados, reclamando, a la
vez, su protección al poder político. Esta es una definición parcial y primaria del
mercantilismo; en un análisis más exhaustivo de la misma, se puede afirmar que para
esa escuela la Riqueza es simultáneamente:
✗
✗
✗
el atesoramiento de oro, plata y de otros metales preciosos,
la actividad comercial (externa e interna),
la industrialización, para la cual es necesario estimular la intervención estatal,
mediante la aplicación de una política económica que coordine, ordene y jerarquice
los emprendimientos públicos y privados, con el objetivo de enriquecer al Estado y
a la Nación.
Estas son las ideas centrales que “comulgan” y agrupan a las escuelas
mercantilistas, porque en realidad el mercantilismo es una suma de “escuelas”
nacionales16: la española, la francesa y la inglesa.
 el mercantilismo español.
Teórica y prácticamente (en términos de política económica) es la versión menos
desarrollada del mercantilismo. Los autores españoles asociaron la noción de Riqueza
con la de atesoramiento de metales pillados en América y evidentemente propusieron
al Rey que impidiera la salida de estos del reino, su evasión siendo sancionada con la
pena de muerte, desde el fin del siglo XVI. Los autores y obras más importantes son:
11
En Historia del Análisis Económico. op.cit., p. 389.
En Historia del Análisis Económico. op.cit., p. 400.
13
Véase, entre otros aportes, la bibliografía en nuestro trabajo: El Capitalismo Virtual, la Globalización y los Bloques Económicos. Ed. FCU, Servicio de
Documentación en Economía, Ficha nº 75, Montevideo, Uruguay, 1997.
14
Ídem nota anterior.
15
Véase, p. ej., los trabajos de Bizzozero y Vaillant en: Inserción Internacional del Mercosur ¿Mirando al Sur o Mirando al Norte? Ed. Arca, Montevideo, Uruguay,
1996.
16
Véase Albertini, Jean M. y Silem, Ahmed: Comprendre les théories économiques. Editions du Seuil, París, Francia, 1984.
12
13
 Luis Ortiz: Memoria al Rey para Impedir la salida del oro (1556).
 Olivares, Ministro de Felipe V: Memoria para prohibir el ingreso de paños
extranjeros (1621).
 el mercantilismo francés.
Esta versión es más fecunda y completa que la española, tanto del punto de vista
teórico como de la puesta en práctica de las ideas pregonadas por los mercantilistas,
es decir, de la política económica.
En efecto, la monetización de las actividades económicas y el desarrollo de los
intercambios en Europa Occidental, como corolario del ingreso del oro y de la plata
fruto del pillaje colonial en el “Nuevo Mundo”, indujo, vía los precios y su elevación (la
inflación)17, a una reflexión y sobre la moneda (su naturaleza, su función y su control),
su relación con los precios, los tributos y el buen funcionamiento del Tesoro público.
En ese debate, uno de los primeros intervinientes fue el jurista angevino Jean
Bodin (1530-1596), este teórico del Estado Absolutista consideraba, en su obra: Los
Seis Libros de la República, que la soberanía de un pueblo radica en el poder ilimitado
y vitalicio del rey; también “economista”, Bodin anuncia una relación causal entre la
cantidad de moneda en circulación y el nivel de precios. En su célebre obra: Réponse
aux Paradoxes de M. de Malestroit touchant le fait des monnaies et l'enchérissement
de toutes choses (1568), se lee lo que puede afirmarse como el bosquejo de lo que
algunos siglos más tarde se conocerá como la teoría cuantitativa de la moneda:
“(...) Encuentro que la carestía que observamos proviene de tres causas (...),
la primera es la abundancia del oro y plata, que es hoy mayor, en este reino, que
durante los cuatro siglos anteriores (...), la segunda causa de la subida de los
precios viene de los monopolios. La tercera es la extrema pobreza, la penuria en
la que vive la mayor parte de la población (...) 18”.
A este primer esfuerzo analítico sobre la moneda y la inflación, le sucede otro
relativo a una nueva visión de la Riqueza y de los Estados; ahora la riqueza no es solo
abundancia de metales preciosos, sino también la promoción y protección del
comercio colonial y la producción industrial interna. Tales ideas son proclamadas por
Antoine de Montchrestien (1576-1621) -hijo de comerciantes-, empresario, hombre de
acción, quien acuña el término de Economía Política; este considera que la riqueza del
Estado no es posible sin la riqueza de los burgueses; piensa que la prosperidad pública
(económica) y la del Tesoro (política) son indisociables 19. Montchrestien presenta en
1615 su Tratado de Economía Política; en él se aprecia claramente la obra de un
ideólogo del mercantilismo.
Para Montchrestien:
“(...) no es la abundancia de oro y plata, la cantidad de perlas y diamantes, la
que hace a los Estados ricos y opulentos; es el acomodo de las cosas necesarias
para la vida y el vestido (...)”;
17
En Europa Occidental el precio medio del trigo se cuadruplicó en la segunda mitad del siglo XVI; en España se triplicó en el correr del siglo XVI; en Italia también
se triplicó entre 1520 y 1599; y, varió positivamente en Inglaterra y Francia (2,6% y 2,2% respectivamente) en el mismo lapso. Véase Beaud, Michel: Histoire du
Capitalisme. De 1500 à nos jours. op.cit., pp. 21 y 22.
18
Citado por Salort, Marie Martine y Katan, Yvette: Les économistes classiques. Ed. Hatier, París, Francia, 2ª edición, 1983, p. 18.
19
“(...) Se puede mantener muy adecuadamente en contra de la opinión de Aristóteles y Jenofonte, que no puede dividirse la economía y política sin desmembrar la
parte principal del todo, y que la ciencia de adquirir bienes, que así nombran, es común tanto a las repúblicas como a las familias (...) ”. Citado por Deyon, Pierre: Le
Mercantilisme. Ed. Flamarion, París, Francia, 1963, p. 18.
14
las mismas pueden obtenerse del comercio, tanto colonial como interno. Para alentar
el primero, pregona la conquista colonial para:
“(...) dar a conocer el nombre de Dios, nuestro creador, a tantos pueblos
bárbaros, privados de toda civilización, que nos llaman, que nos tienden los
brazos, que están dispuestos a someterse a nosotros para que con tantas
enseñanzas y buenos ejemplos les pongamos en el camino de la salvación (...).
Es por ese motivo, que se abrirán, tanto aquí como allí, grandes e inagotables
fuentes de riqueza (...)20”.
Simultáneamente, considera:
que los “(...) comerciantes son más útiles al Estado y su preocupación por el
beneficio que se ejerce en el trabajo y la industria produce y causa una buena
parte del bien público. Por esta razón debe serles permitido el amor y la
búsqueda del beneficio (...)”, cuando son nacionales, porque los comerciantes
extranjeros son como “(...) sanguijuelas que se agarran al cuerpo de Francia,
chupan su sangre y se colman de ella (...)”.
Entonces, para sostener la producción y el comercio nacional contra el extranjero,
Montchrestien proclama y exige del Poder, el proteccionismo estatal y el nacionalismo,
para impedir que:
“(...) los comerciantes extranjeros saquen el oro y la plata del reino, hay que
reglamentar las profesiones, crear en las distintas provincias de Francia varios
talleres de oficio, dando la superintendencia de estos, como privilegios útiles y
honorables, a espíritus capaces y llenos de inteligencia (...) 21”.
Las ideas de Montchrestien se materializan en política económica, primero en la
administración del cardenal Richelieu, después con Jean. B. Colbert, ministro de Luis
XIV. Con Richelieu se expande el comercio y se protegen los textiles mediante las
tarifas de 1644, y en 1659 con la aplicación de la tasa de 50 sueldos por tonel en
bajeles extranjeros. En el período del ministerio de Colbert (1663-1685), las tarifas
protectoras aumentan ad valorem y se aplican sobre un número mayor de productos;
cobran un nuevo impulso las obras destinadas a aumentar la infraestructura física del
mercado interno (carreteras, acueductos, puentes) y se lanza la política industrial
pública y privada.
Su célebre frase expresa notablemente la política mercantil bajo el Absolutismo:
“(...) las Compañías del rey son sus ejércitos y las manufacturas de Francia, sus
reservas (...)22”; con Colbert se fundaron más de 400 manufacturas, las reales
(Gobelins, Sèvres, Aubusson, Saint-Gobain) y las privadas (sombreros de Troyes,
siderúrgica, civil y militar, en Saint-Étienne).
Con el desarrollo del capitalismo industrial empieza el duro aprendizaje de la
disciplina del trabajo; en los hospitales y conventos, los mendigos, los vagabundos, los
desocupados deben aprender un oficio y son obligados a trabajar; como los obreros,
también escuchan misa antes de comenzar las extensas jornadas (entre 14 y 18
horas); los salarios son reducidos; la sopa y el pan, el alimento cotidiano; en caso de
rebelión y conflicto, la cárcel 23.
20
Deyon, Pierre: Le Mercantilisme. op. cit., pp. 108-111. También Beaud, Michel: Histoire du Capitalisme. De 1500 à nos jours. op.cit., pp. 48 y ss.
Ídem nota anterior.
22
Lettres, mémoires et instructions de Colbert. Citado por Deyon, Pierre: Le Mercantilisme. op.cit., p. 100.
23
En Beaud, Michel: Histoire du Capitalisme. De 1500 à nos jours. op.cit., pp. 49 y ss.
21
15
Es así entonces, que se forjó en Francia un modesto capitalismo manufacturero y
comercial, público y privado, monopólico y competitivo, que tuvo en el mercantilismo
su máxima expresión teórica y política.
Junto a Jean Bodin, A. de Montchrestien y Jean B. Colbert se destacan como autores
mercantilistas:
✗
Barthélémy de Laffemas (1545-1612) fundador de las Cámaras de Comercio y de
Industrias, en 1597 publicó: Règlement pour dresser les manufactures du royaume.
✗
John Law (1619-1683) financista de origen escocés, Inspector de Finanzas y
fundador de la Compañía de Indias.
 el mercantilismo inglés.
Es la versión más “liberal” del mercantilismo. Muchos de sus autores pueden
catalogarse (según los temas que se traten) como los “últimos” mercantilistas o como
los “primeros” liberales; quizás ello se deba a la forma y a la intensidad que asumió el
desarrollo del capitalismo en Inglaterra, comparándolo con el mismo fenómeno en
España, Francia y Holanda.
Como se desprende del punto 2, el capitalismo manufacturero y colonial inglés se
opuso al español en el siglo XVI, en el XVII al holandés y en el XVIII al francés. La
burguesía que anima la expansión de las actividades coloniales, comerciales y
manufactureras, al principio necesitó aliento y protección del Estado.
El mercantilismo inglés también concibió la Riqueza del Estado y la grandeza de la
Nación, como el acto de atesorar los metales preciosos, pero las asoció al de
excedente comercial: este debe surgir de una política que apunte a venderle al
“Mundo” más de lo que se le compra. Ese saldo positivo (entre las exportaciones y las
importaciones) permitirá a su vez una abundancia monetaria, lo que es saludable para
la buena marcha de los negocios. Nótese que la posición de los mercantilistas
ingleses, en cuanto a la abundancia de moneda, difiere a la de Bodin, para quien esta
era causa de inflación.
Los mercantilistas ingleses al considerar la Riqueza como excedente comercial son
precursores del método cuantitativo en el análisis económico, puesto que es en sus
trabajos donde se encuentra un esbozo de lo que mucho más tarde será conocido
como Balanza de Pagos, instrumento necesario para medir el excedente o el déficit del
comercio entre residentes de un Estado y los no residentes.
Con Carlos I (decapitado por no haber respetado las facultades del Parlamento en
materia impositiva) y con la efímera república oligárquica de Cromwell (el Lord
protector de Inglaterra, Escocia e Irlanda) la burguesía inglesa encontró en el
mercantilismo el discurso y la política que necesitaba para su desarrollo: protección
para su industria y estímulo para su expansión colonial y guerra comercial, para
comprar menos y vender más al “resto del mundo”, es lo esencial del mercantilismo
versión inglesa que tiene en Thomas Hobbes con su Leviatán (1651) y Thomas Mun
(1571-1641) sus primeros exponentes.
En su Discurso acerca del comercio en Inglaterra con destino a las Indias (1621),
Mun señala la importancia del comercio exterior en el cual lo esencial no es atesorar
metales, sino hacerlos circular y obtener de ello un saldo positivo.
16
En 1662, en su Informe al Consejo Privado de la Comisión sobre la pañería, Mun
sintetiza las ideas distintivas del mercantilismo inglés, pero es en su England's
Treasure by foreign Trade, publicado en 1664, donde la visión mercantilista es más
nítida:
“(...) el comercio exterior es la riqueza del soberano, el honor del reino, la
noble vocación de los comerciantes, nuestra subsistencia y el empleo de
nuestros pobres, las mejoras de nuestras tierras, la escuela de nuestros marinos,
el nervio de nuestra guerra, el terror de nuestros enemigos (...). Si consideramos
la belleza, la fertilidad, el poderío marítimo y terrestre de Inglaterra,
convendremos en que este reino es capaz de ser dueño del Universo, pues
ninguna otra Nación es tan rica y naturalmente dotada de cosas necesarias para
el alimento, el vestido, la paz y la guerra, no solo por su suficiencia sino también
para proporcionarlas a sus vecinos y obtener cada año abundantes especies y
redondear su felicidad (...) 24”.
Proteger el incipiente esfuerzo productivo interno y el mercado nacional de la
competencia extranjera; ayuda estatal (privilegios, monopolios, subvenciones,
exenciones, etc.) para conquistar el Mundo; organizar un Estado fuerte y con superávit
en sus cuentas, son algunos de los aportes del mercantilismo inglés, pero habrán
otros.
Uno de ellos, célebre y reconocido, es aquel que se expresa a través de la Fábula
de las Abejas, de Bernard Mandeville (1670-1733), por la cual se pone en evidencia
una idea que estará en mayor o en menor medida en casi todas las escuelas, teorías o
grandes debates del pensamiento económico, a saber: ¿Qué relación existe entre el
crecimiento de la población, el ahorro y el consumo -la demanda- en el proceso de
acumulación en una sociedad cualquiera?
Escrita en 1705, la fábula de 500 versos ilustra la idea a través de una imagen; es
la historia de una colmena próspera y rica, organizada a semejanza de la sociedad
humana. La opulencia que ostenta proviene en parte, del gusto de los agentes por el
lujo y la corrupción, pero cuando, bajo la presión de las abejas que se rebelan contra
los vicios de la sociedad, deciden asumir un comportamiento honesto y virtuoso,
entonces la sociedad se empobrece e ingresa en una era de miseria y atraso.
B. Mandeville intenta demostrar por medio de esta fábula, primero, que el interés
general de la sociedad es el resultado de la búsqueda del interés individual (es un
precursor del liberalismo); segundo, que los progresos e intensidades en la
acumulación del capital, el desarrollo económico y la prosperidad de una sociedad
dependen mucho más del consumo (de la demanda efectiva) que de la frugalidad y el
ahorro; en este sentido Mandeville es un precursor de Robert Malthus y de John M.
Keynes, quién le rinde homenaje en varios pasajes de su célebre Teoría general del
Empleo, el Interés y la Moneda, publicada en 1936.
Junto a Thomas Mun y Bernard Mandeville son también considerados autores del
mercantilismo ingleses: John Halles quien escribió Discurso sobre la prosperidad del
reino de Inglaterra (1550); William Petty (1623-1667) con su Tratado de las tarifas y
contribuciones publicado en 1662; Josuah Child (1630-1690) con su trabajo Tratado
sobre el Comercio; y David Hume (1711-1776) publicó su famoso Discurso Político en
1752.
24
Ídem nota 20, p. 39.
17
William Petty, con sus reflexiones acerca de que es el trabajo el fundamento de la
riqueza y del valor de los objetos cómodos y necesarios a la vida, y David Hume, con
su idea de que no es con reglamentos y controles que se gobiernan los pueblos sino
permitiendo el libre juego del interés individual, son dos excelentes ejemplos de
autores definidos, sea en términos cronológicos: como mercantilistas, sea en términos
temáticos: como pioneros del liberalismo económico y político que tendrá en John
Locke, Adam Smith, David Ricardo, Robert Malthus y Jean B. Say algunos de sus
mejores exponentes. Es lo que se tratará en el próximo capítulo, pero primero se debe
volver a Francia, para abordar el pensamiento de los filósofos fundadores: los
fisiócratas.
18
CAPÍTULO 2
Los Fundadores
La Fisiocracia
1750-1770
Propiedad, Seguridad, libertad, he aquí, finalmente,
todo el orden social complejo.
Mercier de la Rivière
El Derecho Natural está indeterminado en el orden natural,
y llega a determinarse en el orden del trabajo.
François Quesnay
En toda clase de trabajo tiene que ocurrir y ocurre en efecto que el
salario del obrero se limite a lo que necesita para ganarse el sustento.
Robert Jacques Turgot
19
LA FISIOCRACIA
1. Reflexiones Iniciales.
El pensamiento económico y político de los Fisiócratas es originariamente francés.
Se inscribe y se desarrolla en el amplio, tumultuoso y revolucionario movimiento social
que expresó notablemente la Enciclopedia.
Filósofos del derecho natural formulado por los doctores escolásticos conciben la
RIQUEZA de la Nación, como el resultado combinado de las propiedades divinas de la
tierra y del trabajo del Hombre. Formulan un análisis macroeconómico mediante el
cual cuantifican la circulación de la Riqueza a través de intercambios monetizados, en
un mercado libre y competitivo, con un Estado protector (de la propiedad) que no
debe intervenir en el comercio recíproco entre las tres clases que constituyen la
Nación.
2. Contexto histórico: el siglo de las Luces y de las grandes
revoluciones.
El siglo XVIII es el siglo de las Luces, del despotismo ilustrado, de la Revolución de
las Trece Colonias americanas, de la Revolución Francesa y de la Revolución Industrial.
En las primeras décadas de este siglo, la población europea era de 120 millones y
alcanza la cifra de 190 millones hacia 179025; la inflación es alta para los productos
agrícolas y mucho menor para los industriales, tanto los que se extraen de las
colonias, como aquellos que se producen en la metrópolis. En este siglo, el capitalismo
holandés sigue declinando posiciones a favor del francés, fundamentalmente agrícola
y estatal, y del inglés, esencialmente industrial, privado y librecambista.
El comercio exterior de Inglaterra que se había duplicado en los primeros diez años
del siglo, se triplica entre 1710 y 1800. Su Ingreso Nacional -a precios constantes- de
50 millones de libras esterlinas en 1668 sube a 134 millones en 1770, y a 139 millones
en 1798. El valor del comercio exterior de Francia se triplica entre 1716 y 1720, y se
duplica entre 1750 y 1789; su comercio exterior aumenta su participación en el
Producto Mercantil, de 10% a principios de siglo a casi un tercio a fines del mismo 26.
Ambas potencias obtienen del comercio colonial suculentos beneficios; la competencia
se intensifica y se exacerba; nuevas Compañías se fundan y la colonización cobra un
nuevo impulso, integrando así al modelo de sociedad occidental nuevas regiones y por
ende más recursos27.
Por los tratados de Methuen (1703) y Utrecht (1713), Inglaterra logra obtener los
mercados coloniales de Brasil y de España, y amplía considerablemente su potencial
comercial y marítimo a escala planetaria; internamente, continúa el proceso de
formación de la propiedad agrícola capitalista (enclosure acts), se desarrolla la
producción del carbón que aprovisiona al sector manufacturero e industrial, el cual se
estructura en y con varios métodos de trabajo: el artesano, el trabajo a domicilio y la
incipiente fábrica. La invención y el cambio tecnológico, y su inmediata incorporación
25
En Beaud, Michel: Histoire du Capitalisme. De 1500 à nos jours. op.cit., p. 57.
Las estimaciones son de Marczewski, J.: Some aspect of economic growth; y de Deane, Ph. y Cole, W.: British Economic Growth (1688-1959), citados en Beaud,
Michel: Histoire du Capitalisme. De 1500 à nos jours. op.cit., p. 57.
27
Por ejemplo: la inglesa United Company (1709), se refunda la Compañía francesa del Mar del Sur (1710); se crean nuevas colonias inglesas en América del
Norte, la de Carolina (1729), la de Georgia (1732), la de Nueva Orleans (1718).
26
20
en el proceso productivo, así como la generación de nuevos productos, sientan las
bases y anuncian la Revolución Industrial.
En Francia, el desarrollo del capitalismo manufacturero e industrial es más
modesto, continúa confinado en las corporaciones y en las manufacturas reales y
privadas; la producción agrícola es preponderante pero de bajos rendimientos
comparados con los obtenidos en Holanda e Inglaterra; la penuria, la miseria, la
desocupación hacen que una masa considerable de vagabundos pululen en el campo.
La protección de sus industrias y la competencia exacerbada con Inglaterra, por las
vías marítimas y los mercados coloniales 28, crearon las condiciones para que las Trece
Colonias de América del Norte rechacen definitivamente el “monopolio exportador” y
se declaren independientes de la corona inglesa, el 4 de Julio de 1776.
En tales circunstancias el Mercantilismo es definitivamente cuestionado. En
Inglaterra, desde 1690, John Locke (1632-1704) en su libro Ensayo sobre el Gobierno
Civil se opone a Hobbes, sosteniendo que:
“(...) el motivo que impulsa a los hombres a asociarse es la salvaguardia de
su propio interés (...)”
y por lo tanto Locke afirma que:
“(...) cada vez que los legisladores la emprenden con los bienes propios del
pueblo y atentan contra ellos (...), se sitúan en estado de guerra contra el
pueblo29”.
Con John Locke, el contrato social y político que funda una sociedad se sustenta en
el libre consentimiento de los ciudadanos y cuando él no se cumple, la insurrección es
un derecho.
Así, uno de los dogmas fundacionales del Absolutismo es atacado y destruido. El
soberano ya no está más por encima y por fuera de la sociedad civil. Esta visión de
Locke que funda el Liberalismo político es nítidamente desarrollada por el Alcalde de
Londres, Sir Dudley North, quien en 1691 propone el Liberalismo Económico:
“(...) Desde el punto de vista del comercio, el mundo es solo una nación y un
pueblo, en cuyo interés las naciones son como personas (...). En ningún caso
pertenece a la Ley fijar los precios del comercio, pues sus niveles deben fijarse y
se fijan por sí solos (...). Ningún pueblo se ha hecho rico por la intervención del
Estado, sino que son la paz, la industria y la libertad, no otra cosa, las que
proporcionan el comercio y la riqueza (...) 30”.
En el Ensayo acerca de la naturaleza del Comercio (1755), el banquero Richard
Cantillon, de origen escocés y radicado en Francia, también ataca al Absolutismo y
cuestiona la política de Colbert. Es en Francia donde la alianza AbsolutismoMercantilismo fue casi paradigmática, donde Jean de Boisguilbert (1640-1714) en su
obra Le Détail de la France (1695) observa la penuria de los campesinos y el bajo
rendimiento de la agricultura, reclama la libertad de comercio y de precios. En el
28
La rivalidad franco-británica en y por los paños, y el control de la isla de Malta por parte de los franceses irritaba a los ingleses. Estos comenzaron atacando a
España (1739); luego, la guerra de sucesión de Austria (1740-1748), en la cual España y Francia se opusieron a Inglaterra y Austria, desembocó en el tratado de
Paz de Aix la Chapelle. Para los franceses este tratado refrendaba una lucha “por el rey de Prusia”, para los colonos ingleses el tratado no implicaba una disminución
de la presencia francesa, y para los ingleses la competencia francesa no se disipaba, en conclusión, un pésimo tratado para todas las partes involucradas. Solución:
desde 1755, los ingleses atacan directamente intereses franceses y mediante la guerra de los “Siete” Años conquistan Calcuta y Chandernagor (1757), Louisbourg y
Fort-Duquesne (1758), Quebec (1759), Montreal (1760), Pondichery y Mahé (1761). Con la firma del tratado de París de 1763, el imperio inglés se consolida en el
mundo; se queda con todo Canadá y parte de la Luisiana, la Florida, San Vicente, Tobago, Granada; en África, toma a los franceses Senegal y Saint-Louis e inicia
una política de anexiones territoriales en la India. En Beaud, Michel: Histoire du Capitalisme. De 1500 à nos jours. op.cit., pp. 60 y 61.
29
Citado por Beaud, Michel: Histoire du Capitalisme. De 1500 à nos jours. op.cit., p. 45.
30
Denis, Henry: Histoire de la Pensée Économique. Ed. PUF, París, Francia, 1966, pp. 132 y 133.
21
Factum de la France (1707), Boisguilbert define prácticamente lo que puede definirse
como una economía capitalista mercantil:
”(...) Hay que convenir al principio, cuáles de todas las profesiones, sean las
que sean en una región, trabajan unas para las otras, y se mantienen
recíprocamente, no solo para cubrir sus necesidades sino incluso para su propia
existencia. Nadie compra el género de su vecino o el fruto de su trabajo más que
con una condición de rigor, aunque tácita y no expresada, saber que el vendedor
hará lo mismo con el comprador, o inmediatamente, como sucede a veces, o tras
la circulación por varias manos o profesiones interpuestas; lo que viene a ser lo
mismo (...). Establecer primero una igualdad necesaria de vender y de comprar
en toda clase de tráfico, de modo que el único deseo de provecho sea el alma de
todos los mercados (...)31”.
En la Francia pre-revolucionaria, nadie se atreve a pronunciar la palabra
“capitalismo”, aunque su ascenso como lógica de producción es tan lento como
irresistible.
En esa Francia de l’Ancien Régime, la nobleza apoya al Rey, monopoliza los cargos
estatales y vigila celosamente sus privilegios; mira despectivamente a la burguesía
enriquecida con el comercio colonial y las manufacturas, y que aspira acceder al
manejo del Estado; ella observa cómo, en los refinados salones de encajes y oro, se
piensa, se razona, se escribe, se lee, se critica, y en fin, la nobleza mira cómo se forja
y se desarrolla el multifacético movimiento revolucionario que encarna la
Enciclopedia, a quien la Iglesia condena (1756 y 1759), pero la prohibición favorece
aún más su difusión en el selecto y escaso número de personas que saben leer.
Grosso modo, es en ese contexto que se procesan las ideas de los filósofos, siendo
así que se les llamaba a quienes se ocupaban de la Economía Política, entre ellos los
fisiócratas.
3. Una Francia socialmente fracturada.
En La Dîme Royale de 1707, Vauban afirma que ha visto:
“(...) en estos últimos tiempos, cerca de la décima parte del pueblo reducida
a la mendicidad; he visto que de las otras nueve partes hay cinco que no se
hallan en estado de dar limosna a la primera, porque ellos mismos se ven
reducidos, con muy poca diferencia, a esta desgraciada condición; de las cuatro
partes que quedan, tres están en mala situación, llenas de deuda y procesos; y
que en la décima, en donde coloco a toda la gente de Espada, de Toga,
Eclesiásticos y Laicos, toda la alta Nobleza, la Nobleza distinguida y la Gentes
con rentas y los más acomodados, no se puede contar más de cien mil familias, y
no creería mentir si dijera que no llegan a diez mil, pequeñas o grandes, las que
puedan considerarse muy acomodadas (...)32”.
En esa estructura social fuertemente polarizada o como se dice actualmente,
fracturada socialmente, se procesan avances científicos importantes: los fundamentos
de la mecánica son sistematizados por D’Alembert (1743), el aire y el agua son
analizados por Lavoisier (1770 y 1783), Bertholet estudia el cloro (1772) y Lagrange
pone en evidencia los principios de la mecánica analítica (1787).
31
32
Citado por Denis, Henry: Histoire de la Pensée Économique. op.cit., pp. 134-135.
Les Écrivain témoins du peuple. Ed. J’ai Lu, París, Francia, 1964, p. 71; y en Beaud, Michel: Histoire du Capitalisme. De 1500 à nos jours. op.cit., p. 54.
22
También se profundiza la reflexión y el análisis político, ideológico y jurídico sobre
el Poder, los regímenes políticos, la voluntad general y el contrato social. Fuertemente
influenciado por los trabajos de Hobbes y Locke, Montesquieu en El Espíritu de las
Leyes (1748) examina las diferentes “especies de gobierno” (el republicano, el
monárquico, el despótico). Fascinado por la monarquía parlamentaria inglesa,
Montesquieu sabe que en el nuevo orden social inherente a la lógica capitalista,
nuevas y diferentes polarizaciones y fracturas sociales caracterizarán a las nuevas
relaciones sociales. Por ello, defiende la idea del necesario equilibrio entre las clases
(la nobleza, el pueblo y la monarquía), a los efectos de asegurar la cohesión social.
Proclama, entonces, las ventajas de proceder a una división política del Poder entre el
Legislativo, el Ejecutivo y el Judicial, para poder asentar sobre soportes más sólidos la
legitimidad del Estado y del gobierno:
“(...) En una buena democracia, donde solo debe gastarse para cubrir lo
necesario, todos deben tenerlo; pues ¿de quién si no, iban a recibirlo? (...). El
Estado necesita llevar pronto socorro, bien para evitar que el pueblo sufra, bien
para evitar que se subleve (...)33”.
Simultáneamente al análisis de Montesquieu, con Jean-Jacques Rousseau, Diderot,
Helvetius y el abate Mably, para nombrar solamente algunos, se abre otro debate
sobre la Riqueza del Estado y de los ciudadanos, acerca de lo justo o injusto de la
propiedad privada de los bienes, sobre la igualdad y la desigualdad de y entre los
hombres “frente a las cosas cómodas y necesarias a la vida”. Como ocurrió en el caso
de los Mercantilistas, reaparecen casi siempre las mismas preguntas: ¿qué es la
riqueza? ¿Cómo puede ser posible su incremento? ¿Cómo puede procesarse su
distribución? Pero a diferencia de aquellos, los fisiócratas formularán otras respuestas.
Con el atesoramiento de los metales y el comercio colonial, con la industrialización
colbertista, una fase importante del desarrollo del capitalismo ha sido posible. Para su
prosecución, los fisiócratas piensan que la Riqueza se encuentra en la Producción, de
donde: ¿Qué es producir? ¿Qué es productivo? ¿Cómo, cuánto y en qué sectores
puede producirse? ¿Cómo circula la producción? ¿Cómo es posible que una sociedad
pueda reproducirse?
Estos son los principales temas y problemas teóricos y políticos que los filósofos
deben enfrentar, en un contexto social donde cohabitan la exclusión social, la
efervescencia ideológica y el cuestionamiento político al orden Absolutista y
monárquico.
4. Los Autores y las Ideas de la fisiocracia.
En la Enciclopedia publicada entre 1751 y 1772, bajo la dirección de Diderot y
D’Alembert, diccionario de las ciencias, de las artes y de las profesiones, se condensan
y se sistematizan las ideas de la Razón, de la libertad individual, de la libertad
económica y de la autoridad política.
En su artículo Liberté, Louis de Jaucourt afirma:
” (...) la primera condición que el hombre adquiere naturalmente, y que
estimamos la más apreciada entre todos los bienes que se pueda poseer, es la
libertad; ella no puede intercambiarse por nada, ni venderse, ni perderse; porque
naturalmente todos los hombres nacen libres (...)”.
33
Citado por Beaud, Michel: Histoire du Capitalisme. De 1500 à nos jours. op.cit., p. 71.
23
Diderot, en su artículo Autorité Politique, se opone a Hobbes y explica:
”(...) Ningún hombre ha recibido de la Naturaleza el derecho de dirigir a sus
pares (...), la autoridad del Príncipe está limitada por las leyes de la Naturaleza y
del Estado (...)”.
François Quesnay en su artículo Grains, prosiguiendo la línea de pensamiento de
Boisguilbert, critica al intervencionismo estatal y al colbertismo, reivindicando:
“(...) Todo acto de comercio debe ser libre (...). Al gobierno le alcanza con
eliminar los privilegios en las provincias, en las ciudades. Es importante también,
de facilitar las comunicaciones y el transporte de mercancías, reparando los
caminos y dragando los ríos (...)34”.
Los autores fisiócratas participaron del movimiento y de algunas ideas de los
enciclopedistas, fundamentalmente para reclamar la eliminación de toda intervención
estatal en el área económica, exigiendo la libertad económica. En el terreno político se
oponen a sus pares enciclopedistas, porque los fisiócratas son monárquicos y
partidarios de un Estado que reserve sus intervenciones para proteger la propiedad y
la seguridad de las personas, y les asegure la libertad económica. Es por ello que a
diferencia de los ideales resultantes de la revolución de 1789, de Fraternidad, Igualdad
y Libertad de y entre los Hombres, los fisiócratas se reconocen en la célebre frase de
Mercier de la Rivière:
”(...) Propiedad, Seguridad, Libertad, he aquí, finalmente, todo el orden social
complejo (...)35”.
Liberales en lo económico y monárquicos en lo político, los principales autores de
la escuela fisiocrática son el médico Dr. François Quesnay (1694-1774) y Anne Robert
Jacques Turgot, baron de l’Eaulne (1726-81).
Quesnay nació cerca de Versalles (hijo de agricultores) ejerció la medicina en
Nantes; fue el médico de Madame de Pompadour y del Rey Luis XV. Es el maestro de
la Escuela, el verdadero ideólogo de la doctrina fisiocrática. Publicó el Ensayo Físico
sobre la economía animal (1736); y en la Enciclopedia: Colonos y Cereales (1757),
Arriendos (1757), Granos (1757), El Cuadro Económico (1758) -que tiene varias
ediciones-, la Filosofía Rural -junto a Mirabeau que fue quien la firmó-, y finalmente, el
Análisis de la fórmula aritmética del Cuadro Económico (1766).
Robert Turgot fue un alto y fiel funcionario del Estado real (Inspector de Finanzas,
intendente de Limoges, Ministro de Luis XV); comenzó a escribir sobre Economía
Política antes que los otros autores de la Escuela. En 1748, publicó Memoria acerca
del papel moneda, y en la Enciclopedia es autor de los artículos Feria y Fundación. Su
obra más importante es Reflexiones sobre la Formación y la Distribución de la Riqueza
editada en 1766. En ella no solo queda claro su pertenencia a la Fisiocracia y a las
ideas del Maestro (“siempre es la tierra la primera y única fuente de la Riqueza”, p.
106), sino también su propia visión sobre los fundamentos de la Riqueza de los
ciudadanos y de la Nación, que son diferentes a los sustentados por Quesnay, razón
por la cual Turgot es mencionado en los manuales y otros textos sobre las ideas
económicas, como un fisiócrata no ortodoxo.
34
Las tres referencias son tomadas de la Enciclopedia, citada en Histoire-Géographie 4ème, Ed. Hatier, París, Francia, 1988.
En Orden Natural y esencial de las Sociedades Políticas.1787. Citado por Gide, Carlos y Rist, Carlos: Historia de las Doctrinas Económicas. 2ª edición española,
Ed. Instituto Reus, Madrid, España, 1936, p. 11.
35
24
Entre los discípulos más conspicuos de la escuela se debe citar el Marqués de
Mirabeau, quien en su primera publicación, El Amigo de los Hombres (1756), no
expresa nítidamente el ideal fisiocrático, cosa que sí sucede en su Teoría del Impuesto
(1760) y en la ya citada Filosofía Rural. Mercier de la Rivière en su trabajo El Orden
Natural y Esencial de las Sociedades Políticas condensa y sistematiza la doctrina
política y social de la Escuela, en mérito de lo cual es considerado el pensador político
de la doctrina fisiocrática.
Dupont, nacido en la ciudad de Nemours e hijo de comerciantes, fue un activo
militante de las ideas fisiocráticas. Consejero del Rey de Suecia, trabajó junto a Turgot
en la Inspección General de las Finanzas reales y en el servicio de Comercio Exterior.
Radicado en América del Norte, funda una empresa -actualmente una de las primeras
grandes multinacionales del capitalismo global-, participa en la elaboración y firma de
los tratados que dieron lugar a la revolución de las Trece Colonias y del tratado EUAInglaterra. Consejero del presidente Jefferson, presidió la Cámara de Comercio de los
EUA. Retornó a Francia y participó del gobierno que restauró a los Borbones en el
poder (1814). Con el regreso de Napoleón se instala definitivamente en EUA. Autor de
numerosas publicaciones, de las cuales la más importante es La Vida de Turgot
publicada en la época del primer imperio. Finalmente, cabe mencionar Le Trosne,
Abogado del Rey, autor Del interés Social en sus relaciones con el valor, la circulación,
la industria y el comercio (1766), el abate Baudeau con su Primera introducción a la
Filosofía Económica (1771) y el clérigo Roubaud en su Epítome de los principios de la
Ciencia Económica (1771)36.
Ahora sí estamos en condiciones de ingresar al análisis de las ideas económicas de
los fisiócratas.
Es comúnmente aceptada la noción según la cual para los fisiócratas la Riqueza
de una Nación radica en la agricultura a través de la formación y el incremento
incesante de lo que Quesnay llama Producto Neto, que sería lo que le queda a la
Nación después de descontar del producto, su consumo. Si bien esta idea no es ajena
a la de los fisiócratas, la noción que esta escuela tiene de la Riqueza es un poco más
compleja y desarrollada teóricamente. Es por ello que los fisiócratas son reconocidos
como los verdaderos fundadores del liberalismo económico, una de las principales
formas de leer e interpretar el funcionamiento de la lógica capitalista de socialización,
de producción y de intercambio de mercancías en las sociedades humanas.
En puridad la noción de Riqueza para los fisiócratas comprende los siguientes
principios:
✗
✗
El funcionamiento de todas las sociedades humanas se organiza en y por el juego
de leyes de origen natural (el Orden Natural)
La existencia de una división social del trabajo entre las tres clases que componen
la Nación, como condición sine qua non de la producción de la Riqueza.
✗
La formación de un excedente económico (el Producto Neto) basado en el origen
providencial de la productividad de la tierra y su circulación entre las clases por
medio de los intercambios monetizados en un mercado libre y competitivo
(Quesnay).
✗
El trabajo humano como fuente del excedente económico (Turgot).
✗
La reproducción social.
36
Las referencias biográficas son extraídas resumidamente de Gide, Carlos y Rist, Carlos: Historia de las Doctrinas Económicas. op.cit.; Beaud, Michel: Histoire du
Capitalisme. De 1500 à nos jours. op.cit.; José A. Schumpeter: Historia del Análisis Económico. op.cit.
25
5. F. Quesnay: Una lectura del capitalismo agrícola. La agricultura
fuente de Riqueza, la circulación, el Producto Neto y la
Reproducción Social.
Salvo indicación expresa utilizaremos el texto: Análisis de la Fórmula Aritmética
“du Tableau Économique” de la distribución de los gastos anuales de una Nación, de
ahora en adelante citado con las siglas AFATE.
5.1. El Orden Natural.
“(...) Aquí abajo todo está sometido a las leyes de la Naturaleza; los hombres
están dotados de la inteligencia necesaria para conocerlas y observarlas (...)”
(AFATE, p. 368).
Para los fisiócratas, el fundamento que organiza el funcionamiento de las
sociedades humanas es aquel que ha sido establecido por Dios. El orden natural del
que hablan los filósofos es un orden providencial, por lo tanto universal (para todas las
sociedades en todo tiempo y lugar) e inmutable (imposible de modificar por la acción
política de los ciudadanos). En consecuencia, esas leyes naturales no necesitan ser
demostradas ni verificadas; ellas son evidentes per se y solo pueden ser enseñadas a
las futuras generaciones para así perpetuar el orden social existente.
Aquí se percibe claramente la diferencia que los fisiócratas sostienen con los
enciclopedistas, sobre todo con Jean Jacques Rousseau. Para el autor del Contrato
Social el orden social resulta de la voluntad de los hombres de:
“(...) encontrar una forma de asociación que proteja la persona y los bienes
de cada asociado y por la cual cada uno, uniéndose a los demás, no obedezca,
sin embargo más que a sí mismo, quedando tan libre como antes 37”.
Por el contrario, para Mercier de la Rivière:
” (...) las leyes son irrevocables, ellas poseen la esencia de los hombres y de
las cosas, ellas son la voluntad de la expresión de Dios (...)38”.
Este principio de orden natural, universal e inmutable es muy importante para
entender las razones que esgrime Quesnay para fundamentar el origen de la Riqueza
y establecer una correspondencia entre este hecho económico y el sistema político,
del cual el Dr. Quesnay considera el mejor para las sociedades humanas.
5.2. La división del trabajo, la circulación monetaria y de los “bienes”.
En el Análisis de la fórmula aritmética, en muy pocas líneas, Quesnay explica cómo
se manifiestan esas leyes naturales en la Francia de los años 1750 y funda, al mismo
tiempo, algunos principios básicos para la Economía Política que serán desarrollados
por Adam Smith y David Ricardo y criticados posteriormente por Carlos Marx, como
veremos ulteriormente.
Veamos:
“(...) La nación se compone de tres clases de ciudadanos: la clase productiva,
la clase de los propietarios y la clase estéril.
La clase productiva es aquella que hace renacer mediante el cultivo del suelo
las riquezas anuales de la nación, que anticipa los gastos de los trabajos de la
agricultura y que paga anualmente los ingresos de los propietarios de las tierras.
37
38
Las citas son tomadas de Gide, Carlos y Rist, Carlos: Historia de las Doctrinas Económicas. op.cit., pp. 13 y ss.
Ídem a la anterior.
26
Se incluyen en esta clase todos los trabajos y todos los gastos que se hacen en
ella hasta la venta de los productos a la primera mano; es a través de esta venta
como se conoce el valor de reproducción anual de las riquezas de la nación.
La clase de los propietarios comprende al soberano, a los poseedores de las
tierras y a los diezmeros. Esta clase subsiste por la renta o producto neto de la
agricultura que le paga anualmente la clase productiva después de descontar de
la reproducción, que aquella hace renacer anualmente, las riquezas necesarias
para reembolsar sus anticipos anuales y para mantener su riqueza de
explotación.
La clase estéril está formada por todos los ciudadanos ocupados en servicios
y trabajos distintos de la agricultura y cuyos gastos son pagados por la clase
productiva y por la clase de los propietarios, que a su vez obtienen sus ingresos
de la clase productiva (...)” (AFATE, p. 363)
Se desprende de la lectura de este pasaje:
a) Implícitamente la idea ya presente en el pensamiento griego, de la división del
trabajo entre las tres clases de la nación, como condición para dominar la
naturaleza sometiéndola a las necesidades del hombre, proceso mediante el cual
los objetos se transforman en aquellas “cosas cómodas y necesarias a la vida”.
Este principio será característico y definirá no solo a la escuela económica clásica,
sino también al pensamiento de Carlos Marx y a otras disciplinas de las ciencias
sociales, fundamentalmente en el pensamiento sociológico de Emilio Durkheim y
Max Weber, por ejemplo.
b) Explícitamente se define el lugar que ocupa cada una de las clases en la división
del trabajo y sus componentes. En el modelo de Quesnay hay una clase que
produce la riqueza (“aquella que hace renacer mediante el cultivo del suelo las
riquezas anuales”), que adelanta el dinero necesario a la producción (2 mil
millones de francos y reproduce 5 millones) y que transfiere una parte de la
nueva riqueza, lo que genera el Ingreso de la clase de los propietarios; la clase
estéril (manufactura) posee su propio dinero inicial y realiza intercambios con las
otras dos clases.
c) La riqueza producida es cuantificable. Su valor es posible medirlo gracias al dinero
(en francos), en forma anual y a través de los intercambios entre las clases en un
mercado de “libre concurrencia de comercio y con entera seguridad de la
propiedad de las riquezas de explotación de la agricultura” (AFATE, p. 368).
Se puede advertir también cómo en este pasaje aparecen definidas algunas
funciones clásicas del dinero, en tanto unidad de medida de las transacciones y del
valor anual de la reproducción de la nación y como unidad de cambio de las
mismas.
d) Se nota que estamos frente a un enfoque macroeconómico, es decir, es un análisis
de los grandes agregados económicos (la riqueza de la nación, la producción, el
consumo y el ingreso de las clases que participan de los intercambios).
5.3. El comercio recíproco entre las clases: la circulación.
Quesnay prosigue su análisis. Ahora es la circulación de la riqueza entre las clases
que es abordada y explicada. Ello es posible observando los gastos que realizan las
tres clases; en el AFATE, p. 366, leemos:
“el Tableau Économique incluye las tres clases y sus riquezas anuales y
describe su comercio de la forma siguiente:
27
(…)
CLASE PRODUCTIVA
ANTICIPOS
CLASE DE LOS PROPIERARIOS
RENTA
Anuales de esta clase,
por un importe de dos
mil millones, que han
producido
cinco
mil
millones, de los cuales
dos mil millones son
producto neto o renta.
De dos mil millones para
esta clase: De ellos se
gastan mil millones en
compras
a
la
clase
productiva y los otros mil
millones en compras a la
clase estéril.
CLASE ESTÉRIL
ANTICIPOS
De esta clase por un
importe
de
mil
millones,
que
se
gastan por la clase
estéril en compras
de materias primas a
(…)”
la clase productiva.
Al comienzo de la circulación los propietarios poseen un ingreso de 2 mil millones y
la clase estéril mil millones. Los propietarios gastan su ingreso en partes iguales: mil
millones en productos agrícolas y mil millones en manufacturas. Por su parte, la clase
estéril adelanta mil millones en la producción comprando materias primas y gasta
otros mil millones (que había recibido de los propietarios), adquiriendo bienes de
subsistencia que consume integralmente durante el período analizado.
La clase productiva afecta mil millones (que recibió de los propietarios por la venta
de materias primas) a la compra de manufacturas a la clase estéril, lo que le permite a
esta clase reconstituir su adelanto de mil millones.
Con el producto de las ventas de materias primas y bienes de subsistencia, la clase
productiva puede pagar la Renta o producto neto a la clase propietaria por el uso
de sus tierras. Así, los propietarios reconstituyen sus 2 mil millones, la clase estéril sus
mil millones y la circulación puede reiniciarse el próximo año. Como propone
Deleplace39 interpretando “le Tableau Économique”, la circulación nos aparece de la
siguiente manera:
Esquema 2
La circulación monetaria entre las clases
Fuente: Deleplace, Ghislain: Théories du capitalisme: une introduction. Ed. Presses Universitaires
de Grenoble, François Maspero., France, 1979, p. 95.
39
Las interpretaciones y los análisis sobre las ideas de Quesnay plasmadas en el Tableau Économique son abundantes aunque no siempre exhaustivas
en la literatura sobre las Teorías o las Escuelas Económicas. Dejamos constancia que en esta parte del trabajo sobre la Fisiocracia, nuestro enfoque se
inspira y se inscribe en los realizados por: Ghislain Deleplace, Carlo Benetti, Jean Cartelier y la obra colectiva editada bajo la dirección de Alain
Gedelau, citados en la Bibliografía.
28
De lo expuesto se infiere, primeramente, que estamos en presencia de un análisis
en términos de flujos y en forma de circuito económico, hecho este que exige un
comentario breve pero significativo.
La original idea de imaginar la Producción como un circuito entre producción y
consumo, entre el hecho circular de comprar “bienes” destinados a producir otros
“bienes” y así sucesivamente, marcará definitivamente todo el pensamiento
económico posterior a los fisiócratas. En efecto, desde Adam Smith en adelante,
pasando por el sistema de Marx y llegando al “circuito” de Keynes (y su propuesta de
Matriz de las Transacciones llamada también de Insumo-Producto), el otro gran
paradigma de Producción opuesto y alternativo al fundado por Quesnay es el de la
escuela neoclásica, para la cual la Producción es imaginada en forma lineal partiendo
de los factores de producción para llegar a los bienes finales 40.
En segundo lugar, ese circuito puede funcionar ilimitadamente, a condición de que
no se le perturbe por ningún concepto, es decir si se cumplen in totum los postulados
de universalidad e inmutabilidad de las leyes del Orden Natural. Si ello es así, las
posiciones iniciales de las clases se reconstituyen al fin de cada ciclo económico; la
sociedad se reproduce anualmente sobre las mismas bases. En ese sentido es un
circuito o modelo estático como lo señala Schumpeter 41.
En tercer término, puede afirmarse que es un circuito entre actores económicos
privados y es un circuito cerrado en la medida que no tiene en cuenta el sector
público ni el intercambio internacional, respectivamente. Como puede apreciarse, no
es en vano que F. Quesnay sea reconocido ya en este siglo, no solo como el más
lejano antecedente del análisis cuantitativo y macroeconómico sino también como uno
de los precursores del análisis en términos de modelo econométrico.
5.4. Producción y excedente económico: el Producto Neto.
Para que los “bienes” puedan circular, es necesario que sean previamente
producidos en las condiciones y montos definidos por Quesnay (3 mil millones en la
agricultura y 2 mil millones en la manufactura).
Veamos primero cómo se produce en el sector industrial y por qué esta clase es
estéril o improductiva económicamente.
La industria estéril
La clase estéril adquiere materias primas (insumos necesarios a la producción de
otros bienes) y bienes de subsistencia (destinados a la reproducción de los
trabajadores). Así esta clase gasta o consume 2 millones para producir y vender por
un valor idéntico; ergo, su producción no crea un nuevo valor o una nueva riqueza y
por ello es estéril:
“(...) Esta última clase retiene esta suma para reponer sus anticipos, que
fueron ya gastados en la clase productiva en compras de las materias primas
que empleó en sus manufacturas. Así sus anticipos no producen nada, los gasta,
le son devueltos y permanecen en reserva de año en año.
Las materias primas y el trabajo en las manufacturas hacen subir las ventas
de la clase estéril a dos mil millones, de los cuales mil son gastados en la
subsistencia de los agentes que la componen; se ve que ahí no hay más que
consumo o aniquilamiento de productos, pero no reproducción; pues esta clase
40
41
Véase Piero Sraffa. Producción de Mercancías por otras Mercancías. Citado en la Bibliografía.
En Historia del Análisis Económico. op cit., pp. 1267 y ss.
29
no subsiste más que con el pago sucesivo de la retribución debida a su trabajo,
que es inseparable del gasto empleado en subsistencia, es decir, en gastos de
puro consumo, sin regeneración de lo que se aniquila por este gasto estéril, que
es tomado por entero de la reproducción anual del territorio. Los otros mil
millones se reservan para reponer los anticipos, que el año siguiente serán
empleados de nuevo en compras de materias primas a la clase productiva para
las manufacturas que fabrica la clase estéril (...)” (AFATE, p. 367).
Pasemos ahora a examinar cómo se produce en la agricultura, señalando el hecho
de que los fisiócratas fueron los primeros en realizar un esfuerzo teórico para
comprender y explicar la riqueza como proceso de transformación y dominio de la
naturaleza para satisfacer las necesidades de la especie humana.
La agricultura creadora de riqueza
Para hacer renacer anualmente mediante el cultivo del suelo las riquezas de la
Nación, los agricultores necesitan para producir los llamados por Quesnay “adelantos
anuales”. Es el dinero que el productor debe disponer ex ante de la producción a los
efectos de sostener el consumo diario de su familia y de otros labradores integrantes
del proceso de trabajo y producción. Estos adelantos no figuran en el esquema 1
porque los mismos no participan en la circulación entre las clases. Esos bienes
de subsistencia circulan solo al interior de la clase productiva que es quien los
produce y los consume42.
Pero a diferencia de lo que sucede con la clase estéril, los adelantos anuales de
la clase productiva, de un valor inicial de 2 mil millones, tienen una “virtud”:
reproducen un valor de 5 mil millones:
“(...) los datos de los que hemos partido fijan, según la regla más constante
en el orden natural, en cinco mil millones la reproducción total que la clase
productiva hace renacer anualmente, con dos mil de anticipos anuales, sobre un
territorio tal como el que hemos descrito (...)” (AFATE, p. 367).
La agricultura realiza entonces sus operaciones de la siguiente manera: adelanta 2
mil millones y compra manufacturas por valor de mil millones; total 3 mil millones que
reproducen un valor de 5 mil millones; le queda una diferencia de 2 mil millones, es el
producto Neto o Renta, que ella transfiere a los propietarios de tierras.
Desde las sociedades de economía de subsistencia y con escasa división del
trabajo, todo sistema económico genera un excedente; el Producto Neto es la forma
específica que asume el excedente económico en la visión fisiocrática y
fundamentalmente en la de François Quesnay.
Ahora bien: ¿Por qué razón es solo en la agricultura (y no en las minas por
ejemplo) donde adelantando una suma de dinero, la misma se incrementa al fin del
ciclo productivo? ¿Por qué el producto neto que hace surgir la clase productiva es
apropiado por la clase de los propietarios?
Las respuestas no son explícitas en el texto de Quesnay. Pero como afirma
Deleplace43, es posible sostener el argumento según el cual la tierra tiene una
fertilidad de origen providencial que permite la generación de ese “plus”, el cual a su
vez constituye el Ingreso de una clase también improductiva (los terratenientes), que
42
43
Véase Deleplace, Ghislain: Théories du capitalisme: une introduction. Ed. Presses Universitaires de Grenoble, François Maspero. France, 1979, p. 98.
Véase Deleplace, Ghislain:Théories du capitalisme: une introduction. op.cit., p. 98.
30
justifica el derecho a percibir ese ingreso, en función del monopolio que el derecho
natural le otorga sobre la tierra.
Entonces el Producto Neto cumple así una doble función en el sistema de Quesn ay:
él expresa el fenómeno de dominación económica y política de la clase de los
propietarios sobre la sociedad, y los fundamentos de dicho poder se encuentran en el
orden natural. En el texto del Cuadro Económico de 1758, Quesnay es muy preciso y
deja en claro la correspondencia entre su sistema político y su modelo económico:
“(...) La mayoría de los gastos de los propietarios son al menos gastos
estériles, excepto aquellos realizados para conservar y mejorar sus bienes. Pero
estos gastos necesarios a la reparación y dirección de sus patrimonios son parte
del derecho natural y ellos no deben confundirse con los realizados por la clase
estrictamente estéril (...). Es la necesidad de los gastos que solo los propietarios
pueden realizar para incrementar sus riquezas y para el bien general de la
sociedad, lo que determina que la seguridad de la propiedad de la tierra sea una
condición esencial del orden natural del gobierno de los imperios (...) 44”.
5.5. El Producto Neto, la recuperación, los descuentos y los intereses
de los adelantos de y por la clase productiva.
La producción en la agricultura exige no solamente los adelantos anuales, sino
también, los llamados “anticipos primitivos”. Estos son aquellos que constituyen “el
fondo de establecimiento de la agricultura”, “el fondo de las riquezas de
explotación”45 y que no desaparecen con la primera producción. Los adelantos o
anticipos (anuales y primitivos) deben ser recuperados a los efectos de reponer lo
consumido y asegurar las condiciones materiales para la reproducción de la sociedad.
Para ello la clase productiva debe descontar sobre sus ventas una cierta cantidad de
dinero:
“(...) Estos tres mil millones constituyen lo que se denomina la recuperación
de la clase productiva; dos mil de los cuales son los anticipos anuales que se
consumen para el trabajo directo de la reproducción de los cinco mil millones que
esta clase hace renacer anualmente; para restituir y perpetuar los gastos que se
aniquilan por el consumo; los otros mil millones son descontados por esta
clase sobre sus ventas para atender a los intereses de los anticipos de
su establecimiento (...)”.(AFATE, p. 368).
Entonces para reponer el fondo de las riquezas de explotación y prevenirse de
aquellos accidentes (lluvias, sequías, mortalidad de los animales) que impiden una
buena reproducción anual de la nación, la clase productiva debe descontar sobre sus
ventas los “intereses de los anticipos” (AFATE, p. 369).
Los anticipos anuales son de un valor de 2 mil millones y los anticipos primitivos
son aproximadamente cinco veces el valor de los anuales (10 mil millones); los
intereses representan el 10%, es decir mil millones. Son esos mil millones que los
productores gastan comprando bienes manufacturados a la clase estéril.
Así, la suma de 2 mil millones de adelantos anuales más mil millones por los
intereses constituyen lo que Quesnay llama “los descuentos”, que es lo que la clase
productiva retira sobre sus ventas: el Producto Neto es, ahora y también, la diferencia
entre las ventas de la clase productiva y sus descuentos.
44
Quesnay, F.: Tableau Économiques des Physiocrates. Ed. Calmann-Lévy, París, Francia, 1968, pp. 62-63, citado también por Deleplace, Ghislain: Théories du
capitalisme: une introduction. op.cit.
45
En La Fórmula aritmética. pp. 366-369.
31
En estas condiciones la “reproducción anual de la Nación” puede representarse de
la siguiente manera:
Esquema 3
La reproducción anual de la Nación
Fuente: Ghislain, Deleplace: Théories du capitalisme: une introduction. Ed. Presses
Universitaires de Grenoble, François Maspero, France, 1979, p. 95.
Simultáneamente al uso de los adelantos primitivos (cuya usura representa un
décimo), los anticipos anuales reproducen 5 mil millones de los cuales 3 mil millones
son vendidos a las otras clases y 2 mil millones reconstituyen los adelantos anuales.
La adquisición de manufacturas a la clase estéril por un valor similar a los que
representan los intereses de los adelantos primitivos permite que estos sean
reconstituidos y, en consecuencia, el funcionamiento de la sociedad asegura su
reproducción.
Examinemos a continuación algunos elementos esenciales del otro gran autor de
la fisiocracia y del liberalismo económico.
6. Robert Turgot: Una lectura del capitalismo agrícola e industrial.
El trabajo humano, el beneficio y el desarrollo del capitalismo.
Sin el espíritu doctrinario del gran “maître” pero con la experiencia que emana del
ejercicio de altos cargos estatales, Turgot es el otro magistral exponente de las ideas
fisiocráticas. En la mayoría de los manuales y otros textos sobre las teorías o las
escuelas económicas, su pensamiento y sus ideas son olímpicamente ignorados; su
figura y su obra son mencionadas solo en aquellos análisis completos sobre el
pensamiento económico en general y de la fisiocracia en particular (por ejemplo Marx,
Walras, Schumpeter, Keynes, Sraffa, por citar solo los más célebres)
Turgot considera la posibilidad de generar y de aumentar la Riqueza de la Nación
no solo gracias a un don divino sobre la tierra, sino también por la aplicación del
trabajo humano sobre la Naturaleza. Si el dogma de la fisiocracia es incuestionable
(“la tierra es la primera y única fuente de toda riqueza” p. 106), Turgot merece, a
32
justo título, ser considerado no solo un “hereje” de la fisiocracia, sino también el
portador de una visión relativamente diferente sobre los fundamentos de la riqueza
cuando afirma:
“(...) ¿Cuáles son las riquezas de un Estado? ¿Quién da valor a las tierras, si
no el número de los habitantes? (...) ¿Si el trabajo es la auténtica riqueza, si el
dinero no es más que signo, el país más rico no es aquél donde exista más
trabajo? ¿No es aquél donde los habitantes más numerosos se procuran empleo
unos a otros? (...)46”.
Su originalidad como fisiócrata se manifiesta aún más cuando observa, analiza y
promueve el desarrollo del capitalismo manufacturero simultáneamente al agrícola,
utilizando para ello las nociones ya presentes en Quesnay.
Primero, al concepto de la división del trabajo entre las tres clases que
constituyen la Nación, Turgot afina el análisis y observa el mismo principio pero al
interior de cada clase:
“(...) la clase industriosa se subdivide en dos órdenes: el de los empresarios
manufactureros, patrones, fabricantes, poseedores todos de grandes capitales
que valorizan haciendo trabajar por medio de sus adelantos; y el segundo orden
compuesto de simples artesanos sin más bienes que sus brazos que solo
avanzan por su trabajo diario y que no tienen más provecho que su salario (...).
La clase de los cultivadores se divide, como la de los fabricantes, en dos órdenes
de hombres, el de los empresarios o capitalistas que realizan todos los adelantos
y el de los simples obreros asalariados (...)47”.
Después, describe y analiza cómo y dónde se procesa y se incrementa la Riqueza;
adelantando dinero en la compra de bienes que sirven a la producción de nuevos
bienes, un fabricante o una clase de empresarios pone en valor las riquezas del
trabajo humano, tanto el del asalariado (trabajo vivo), como aquel incorporado en los
instrumentos de trabajo (trabajo muerto):
“(...) Quien haya visto el taller de un curtidor siente la absoluta imposibilidad
de un hombre o incluso varios hombres pobres se aprovisionen de cuero, cal,
tanino, instrumentos, etc., hagan construir los edificios necesarios para montar
una curtiduría y vivan varios meses hasta que los cueros se vendan (...). Por lo
tanto, ¿quién reunirá los instrumentos necesarios para la preparación? ¿Quién
hará construir los canales, los cobertizos, los edificios de toda clase? ¿Quién hará
vivir hasta la venta de los cueros el gran número de obreros ninguno de los
cuales podrá preparar por sí solo un solo cuero, y cuyo beneficio sobre la venta
de un solo cuero no podrá hacer subsistir a uno solo de ellos? (...). Será uno de
esos poseedores de capitales o de valores mobiliarios acumulados quien los
empleará, parte en los adelantos de la construcción y de las compras de
materiales, parte en los salarios diarios de los obreros que trabajan en su
preparación. Él esperará que la venta de los cueros le devuelva no solo sus
adelantos sino también un beneficio (...). A medida que ese capital regresa
gracias a la venta de los productos, lo emplea en nuevas compras para alimentar
y sostener sus fábricas gracias a esta continua circulación; vive de sus beneficios
y reserva lo que puede ahorrar para acrecentar su capital e invertirlo en su
empresa, aumentando la masa de sus adelantos para aumentar así, de nuevo,
sus beneficios (...)48”.
46
Turgot, R.: Questions importantes sur le commerce. Ed: Dalloz. Paris. France. p. 261.
Turgot, R.: Réflexion sur la formation et la distribution des richesses. op.cit., pp. 111, 112 y 114.
48
Turgot, R.: Réflexion sur la formation et la distribution des richesses. op.cit., p. 111
47
33
En pocas palabras, se encuentra una precisa definición de la lógica y de la
empresa capitalista de producción. Para impulsar aún más el capitalismo naciente,
Turgot en el gobierno logrará hacer aprobar al gobierno real su famoso proyecto de
liberalización de la economía: entre 1774 y 1776 se produce la eliminación de “la
corvée” o sea la carga (impuesto o tributo ligado a una propiedad o a un
estado y al uso que de estos se hace) , la suspensión de los monopolios
comerciales, la abolición de los impuestos interprovinciales, se decreta la libertad en
el comercio de granos y la libre contratación del trabajo.
Finalmente, anuncia y vislumbra una idea que algunas décadas más tarde Marx
llamará plusvalía:
“(...) A partir del momento en que el labrador produce más de lo que necesita
para vivir, puede emplear el rendimiento superfluo que la naturaleza le concede
graciosamente después de recompensar su esfuerzo para comprar el trabajo de
otros miembros de la sociedad. Estos, al vendérselos, se limitan a ganarse la
vida, pero el labrador recoge, además de su sustento, una riqueza independiente
y disponible, que no ha comprado y, sin embargo, vende. En él se halla, pues,
la fuente única y exclusiva de todas las riquezas que al ser puestas en
circulación animan todo el trabajo de la sociedad, pues es el único cuyo trabajo
produce más de lo necesario para resarcir el trabajo invertido (...) 49”.
Sí, es evidente, Turgot es el “hereje” y el fisiócrata no ortodoxo, pues en realidad,
está más cerca de Marx que de Dios 50.
7.
Reflexiones finales.
Los mercantilistas marcaron el sendero del análisis económico y político para
poder interpretar y poder actuar sobre la realidad del incipiente capitalismo mercantil
y financiero. Así pusieron en evidencia las estrechas relaciones entre las nuevas
fuentes de riqueza y las clases emergentes, con el Estado y las políticas económicas.
Los fisiócratas continuaron el esfuerzo de los pioneros, su análisis se centró en
explicar la producción, el consumo y la circulación de la riqueza. Así fundaron los
principales elementos y categorías analíticas para que la Economía Política se
consolidara como disciplina distinta a la Moral, a la Ética, al Derecho y a la Gestión.
49
50
Idem a la nota anterior, op.cit. p. 117.
La expresión es de Beaud, Michel: Histoire du Capitalisme. De 1500 à nos jours. op.cit., p. 82.
34
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Gustavo Arce.
Licencia, Maestría y Doctorado en Economía. Universidad de París 8. Francia.
Catedrático de Economía Política y de Economía I y II. Coordinador de la Licenciatura
en Relaciones Internacionales. Coordinador de la Sala Docente de Economía. Facultad
de Derecho. UdelaR. Investigador activo del Sistema Nacional de Investigadores, Nivel
1, ANII. Últimas publicaciones:
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Edición digital: www.fcu.com.uy
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Dirección e-mail: [email protected]
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