Subido por Javier Hernandez

Frost, Jeaniene - Cazadora de la Noche [Night Huntress] 07 - Up From the Grave

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Índice
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Sinopsis
Capítulo 13
Capítulo 27
Prólogo
Capítulo 14
Capítulo 28
Capítulo 1
Capítulo 15
Capítulo 29
Capítulo 2
Capítulo 16
Capítulo 30
Capítulo 3
Capítulo 17
Capítulo 31
Capítulo 4
Capítulo 18
Capítulo 32
Capítulo 5
Capítulo 19
Capítulo 33
Capítulo 6
Capítulo 20
Capítulo 34
Capítulo 7
Capítulo 21
Capítulo 35
Capítulo 8
Capítulo 22
Capítulo 36
Capítulo 9
Capítulo 23
Capítulo 37
Capítulo 10
Capítulo 24
Epílogo
Capítulo 11
Capítulo 25
Capítulo 12
Capítulo 26
Sinopsis
S
iempre hay una tumba más que cavar
Últimamente, la vida ha sido extrañamente tranquila para los
vampiros Cat Crawfield y su marido Bones. Deberían haber sabido que
no podía bajar la guardia, porque una revelación impactante los envía
de vuelta a la acción para detener una guerra sin cuartel...
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Un agente de la CIA está implicado en terribles actividades secretas que
amenazan con aumentar las tensiones entre los humanos y los no-muertos a
alturas peligrosas. Ahora Cat y Bones están en una carrera contra el tiempo para
salvar a sus amigos de un destino peor que la muerte... porque los secretos más
escondidos son descifrados, provocando la más mortal de las consecuencias. Y si
no, su vida, y la de todo el mundo que aprecian, se cierne sobre el borde de la
tumba.
Prólogo
C
runch.
El sonido fue un alivio, así como la repentina flacidez de la
forma debajo de ella. Eso era todo, saltó fuera del cuerpo antes de que
comenzara a gotear como ellos siempre hacían. Entonces se detuvo
con atención, cuidando de no ver al viejo que la miraba por detrás de una delgada
capa de cristal. A él no le gustaba cuando ella le miraba a los ojos.
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El hombre cerró sus labios como si considerara los resultados de su último
examen. No movió un músculo, pero por dentro ella sonrió a la melodía que él
continuaba repitiendo en su mente. Sus otros instructores raramente cantaban en
sus pensamientos, como él hacía. Si eso no lo hiciera enloquecer, ella le hubiera
dicho que lo disfrutaba, pero a su instructor no le gustaba que la gente se
entrometiera en su mente. Escuchó eso poco después de obtener la habilidad, así
que nunca le dijo al respecto.
―Siete segundos ―le dijo al fin, balanceando hacía abajo el cuerpo―. Esos
sujetos no representan un reto para ti.
El sonaba complacido, pero aun así no sonreía. Mostrar emoción permitía
hacer muchas preguntas, ella quería regresar a sus manuales.
―Es tiempo de movernos a la siguiente fase ―continuó. Las palabras
parecían dirigidas a ella, pero él le estaba hablando realmente al hombre detrás del
espejo de cristal, veinte metros encima de ellos. Desde que ella se suponía no sabía
que él estaba ahí, asintió.
―Estoy lista.
―¿Lo estás?
La forma en la que él dibujó las palabras le advirtió que su próximo examen
no sería fácil, a lo que no pudo detener un parpadeo de sorpresa cuando la rampa
sobre ella se abrió y un nuevo sujeto cayó en la arena.
Se veía similar a los otros que había neutralizado, pero cuando saltó
encarándola, entendió, su nuevo oponente no tenía latidos de corazón.
―¿Qué es esto? ―preguntó, su propio corazón comenzó a latir rápido. Su
oponente tenía una pregunta también.
―¿Qué coño es esto?
―Neutralízalo ―ordenó su instructor de cabellos grises. Ella escondió su
desilusión, tal vez si lo terminaba rápido, sería recompensada con una respuesta.
Al momento al menos, neutralizar esta… cosa le daría más información.
Cargó sin otro momento de duda, barriendo sus piernas bajó él antes de
estampar su codo en su garganta.
Crunch
Sus huesos destrozados con el sonido usual, pero en lugar de aflojar, la cosa
tiró de ella y saltó arriba dándole al viejo una mirada de incredulidad.
―¿Qué has hecho?
5
Mientras hablaba su cuello chasqueó volviendo a su lugar, perdiendo su
deformado ángulo en menos tiempo que le tomó a ella parpadear otra vez. Lo miré
confundida. ¿Qué clase de criatura podía sanar así?
―¿Quieres vivir? ―respondió su instructor a la criatura fríamente―. Tienes
que matarla. ―Esas mismas palabras habían sido dichas a muchos oponentes antes
que éste, aun así por primera vez, las manos de ella se sentían húmedas. Con su
increíble habilidad para sanar, ¿era posible que la cosa no pudiera ser
neutralizada?
Ella miró hacia el viejo, encontrando su mirada por un segundo antes de
mirar a otro lado. Aun en ese breve momento obtuvo su respuesta, la cosa podía
morir, solo tenía que averiguar cómo.
Capítulo 1
I
gnorar a un fantasma es mucho más difícil de lo que crees. Para empezar,
las paredes no son un obstáculo para su clase, así que aunque yo le cierre
la puerta en la cara al espectro holgazaneando fuera de mi casa, el me
sigue adentro como un invitado.
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Apreté mi quijada de irritación, pero comencé a descargar mis compras como
si no lo hubiera notado. Muy pronto ya estaba hecho, ser una vampiro casada con
otro vampiro significaba que mis compras eran muy pocas.
―Esto es ridículo. No puedes continuar rechazándome por siempre, Cat
―murmuró el fantasma.
Síp, los fantasmas pueden hablar también. Eso los hace más difíciles de
ignorar. Por supuesto, no ayudaba que éste fantasma fuera también mi tío. Vivo,
muerto, no muerto… la familia tenía una manera de meterse bajo tu piel lo
quisieras o no.
El punto: A pesar de mi voto de no hablarle, no podía dejar de responder.
―De hecho, desde que ninguno de los dos se está haciendo más viejo, puedo
hacer esto para siempre ―anoté fríamente―. O desde que tú apostaste todo lo que
sabes sobre el hoyo de nuestro viejo equipo.
―Madigan es sobre lo que vine a hablarte ―me dijo.
Sorpresa y sospecha hicieron mis ojos estrechar. Por meses, mi tío Don se
había rehusado a divulgar nada acerca de mi nuevo némesis, Jason Madigan.
Don tenía una historia con el antiguo equipo de operaciones de la CIA, quien
tomó la unidad táctica en la que yo trabajaba, pero él mantuvo silencio en los
detalles aun cuando su silencio significó que Madigan estuvo cerca de tenerme, mi
esposo y otra gente inocente murió. ¿Ahora estaba listo para hablar?, Don era tan
patológicamente reservado que no sabía que éramos parientes hasta cuatro años
después de que yo comencé a trabajar para él.
―¿Qué? ―pregunté sin preámbulos. Él tiró de una ceja gris, un hábito que no
podía romper aun después de perder su cuerpo físico. También aparecía vestido
con su acostumbrado traje y corbata a pesar de que murió en una bata de hospital.
Yo creí que eran mis memorias lo que dictaba como se veía Don excepto por los
cientos de otros cientos de fantasmas que conocí.
Ellos no podían comprar en centros comerciales en su vida anterior, pero su
propia imagen residual era suficientemente fuerte para hacer que otros vieran
fantasmas de la forma en que se ven a sí mismos. Don ha tenido la imagen de un
perfecto arreglo, de un burócrata de sesenta y algo en vida, así era como se veía en
la muerte.
Él tampoco había perdido nada de la tenacidad debajo de esos ojos color
acero metálico, el único rasgo físico que tenemos en común. Mi cabello carmesí y
piel pálida venían de mi padre.
―Estoy preocupado por Tate, Juan, Dave y Cooper ―estableció Don―. Ellos
no han estado en sus casas recientemente, y como tú sabes, yo no puedo ir al
complejo a revisar si están allá.
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Yo no podía asegurar si fue culpa de Don que Madigan supiera cómo
construir un edificio a prueba de fantasmas.
Una fuerte combinación de marihuana, ajo y savia ardiendo podría mantener
a todos los espectros más fuertes a distancia.
Después de que un fantasma casi mata a Madigan el año pasado, revistió
nuestra vieja base con un liberal abastecimiento de los tres.
―¿Hace cuánto que los viste?
―Tres semanas y cuatro días ―replicó. Él podía tener faltas, pero Don era
meticuloso―. Si solo uno de ellos ha estado fuera todo ese tiempo, asumo que él
está en un trabajo encubierto, pero, ¿todos ellos?
Sí, eso era extraño hasta para los miembros del equipo de Seguridad Nacional
encubierto del área que trataba con los miembros mal portados de la sociedad no
muerta. Cuando yo era un miembro del equipo, lo más que había pasado
encubierta fueron once días. Los vampiros y ghouls renegados tendían a frecuentar
los mismos puntos si eran lo suficientemente tontos para actuar fuera lo suficiente
para captar la atención del gobierno.
Aun así, yo no estaba por asumir lo peor. Las llamadas telefónicas estaban
debajo de las capacidades de Don como fantasma, pero yo no tenía esos obstáculos.
Jalé un celular fuera de mi cajón de la cocina, marcando el número de Tate, cuando
saltó al buzón de voz, colgué.
Si algo había pasado, y Madigan era responsable él revisaría los mensajes de
Tate. No necesitaba darle una pista para saber que yo estaba husmeando
alrededor.
―No contesta ―le dije a Don. Entonces puse el teléfono a un lado y tomé
otro celular del cajón, marcando a Juan esta vez. Después de unos cuantos
timbrazos, una melódica voz en español me instruyó a dejar un mensaje. No lo hice
otra vez, colgando y tomando otro teléfono del cajón.
―¿Cuántos de esos tienes? ―murmuró Don, flotando sobre mis hombros.
―Suficientes para darle migraña a Madigan ―dije con satisfacción―. Si él
está rastreando llamadas, no encontrará mi localización en ninguno de ellos, por
mucho que amaría saber en dónde estoy.
Don no me acusó de estar siendo paranoica. Tan pronto como él tomó el
antiguo trabajo de mi tío, Madigan dejó claro que vendría por mí. Yo no sabía por
qué, me había retirado del equipo para entonces, y por lo que Madigan supo, no
había nada especial acerca de mí.
Él no sabía que al transformarme de medio vampiro a uno completo había
venido con un efecto inesperado.
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El teléfono de Dave fue directo al buzón de voz también, así como el de
Cooper. Consideré tratar en sus oficinas, pero eso estaba dentro del complejo.
Madigan podría tener suficientes localizadores en esas líneas como para
encontrarme, no importaba cómo me las arreglara para quemar esos localizadores
de señales telefónicas para ser reenrutados.
―Muy bien. Ahora estoy preocupada también ―dije finalmente―. Tal vez es
tiempo de dejarme caer por la casa de Madigan para una pequeña charla.
―No te molestes ―replicó mi tío―. Él rara vez deja el complejo. ―Eso
también eran noticias, y solo aumentó mi inquietud.
―Cuando Bones llegue a casa, averiguaremos cómo acercarnos a echar un
vistazo al complejo.
Don me advirtió sobriamente:
―Si Madigan ha estado haciéndoles algo, esperara que te aparezcas.
Una vez más apreté la mandíbula. Claro que me aparecería, Tate, Dave, Juan
y Cooper no solo eran soldados; peleé a su lado por años cuando era parte del
equipo. Ellos fueron también mis amigos. Si Madigan era responsable de que algo
malo les hubiera pasado, pronto lo lamentaría.
―Sí, bien. Bones y yo habíamos tenido un par de meses relativamente
tranquilos. Supongo que es momento de animar las cosas de nuevo.
* * *
Mi gato Helsing, saltó a mi regazo al mismo tiempo que el aire se cargó con
pequeñas corrientes invisibles. Emociones rodaron por mi subconsciente, no eran
mías, pero eran casi familiares para mí.
Momentos más tarde, escuché el crujido de llantas en la nieve, para el
momento que la puerta del auto se cerró, su larga cola se enroscó con anticipación.
Yo me quedé donde estaba. Un gato esperando en la puerta era suficiente, gracias.
Con una corriente de aire helado, mi esposo Bones entró. La nieve de una tormenta
de primavera tardía lo cubría, haciéndolo ver como si estuviera espolvoreado de
azúcar glass. Estampó sus pies para descargar los copos de sus botas, haciendo que
Helsing saltara de ahí con un siseo.
―Claramente él piensa que deberías acariciarlo primero y lidiar con la nieve
después ―dije, sus ojos obscuros casi negros se encontraron con los míos.
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Una vez que él lo hizo, mi diversión se convirtió en femenina apreciación. Las
mejillas de Bones estaban sonrosadas, y el color acentuaba su impecable piel, sus
rasgos cincelados y su sensualmente boca llena. Entonces se quitó el abrigo,
revelando una camiseta azul índigo que se pegaba a sus músculos como
deleitándose con ellos.
Jeans negros que se ajustaban en los lugares precisos, resaltando un tenso
estómago, fuertes muslos y cuando se volteó a colgar su abrigo, un trasero que
podría ser el doble de una obra de arte. Para el momento en que se dio la vuelta, su
pequeña sonrisa se había convertido en una amplia sonrisa de conocimiento. Más
emociones envolvieron mi subconsciente mientras su aroma ―una rica mezcla de
especias, almizcle y azúcar quemada― llenaba la habitación.
―¿Me extrañaste, gatita?
Yo no sabía cómo conseguía hacer que la pregunta sonara indecente, aun así
lo hizo. Podría decir que su acento inglés ayudó, pero sus mejores amigos eran
ingleses, y sus voces nunca convertían mi interior en gelatina.
―Sí ―respondí, levantándome y yendo hacia él.
Él me miró, sin moverse cuando deslicé mis manos enlazándolas detrás de su
cuello, me tuve que parar de puntas para hacerlo, pero estaba bien. Eso nos acercó
más, y la sensación de dureza de su cuerpo era casi intoxicante como las olas de
deseo que encrespaban alrededor de mis emociones.
Yo amaba que pudiera sentir sus emociones como si fueran las mías. Si me
hubiera dado cuenta que esa era una ventaja de las cosas que me animarían a
convertirme en un vampiro completo, podría haber subido mi estatus de mestiza
hace años. Entonces él bajó su cabeza pero antes de que sus labios rozaran los
míos, yo me volteé.
―No hasta que me digas que me extrañaste también ―me burlé.
En respuesta, me levantó, su agarre fácilmente sometió mi lucha simulada.
Suave piel encontró mi espalda cuando me puso en el sofá, su cuerpo en una
barricada que no quería desalojar.
Manos se colocaron alrededor de mi cara, manteniéndome con una
posesividad tal que llenaban de verde sus iris y colmillos se deslizaron fuera de sus
dientes. Los míos se alargaron en respuesta, presionando contra sus labios, me
separé en anticipación. Su cabeza se ladeó, pero solo rozó su boca sobre la mía con
una suave caricia antes de reír.
―Dos pueden jugar a burlarse, amor.
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Yo comencé a luchar en serio, con lo que solo hice que su risa se
profundizara.
Mi alto conteo de asesinatos me había ganado el sobrenombre de Read Reaper
en el mundo de los no muertos, pero aún antes de los nuevos asombrosos poderes
de Bones, no había sido capaz de vencerle. Todo lo que mi pelea logro fue frotarme
contra él de una manera erótica, que era el por qué lo seguía haciendo.
El cierre de mi suéter fue bajando sin que sus manos se movieran de mi
cabeza. Mis ropas representaban la mayor práctica de su incipiente telequinesis.
Entonces el broche frontal de mi bra se abrió, desnudando la mayor parte de mis
senos. Su risa cambió a un gruñido que envió un delicioso hormigueo a través de
mí. Pero cuando botaron los botones de su camisa azul obscuro, su color me
recordó los ojos de Tate y las noticias que tenía que decirle.
―Algo se levantó ―dije en un suspiro.
Dientes blancos destellaron antes de que Bones bajara su boca a mi pecho.
―Qué cliché, pero cierto sin embargo.
La parte más vil de mí susurraba que podía posponer está charla por una
hora, pero la preocupación por mis amigos me dio un golpe bajo.
Me di a mí misma una sacudida mental y tomé un puñado de rizos obscuros
de Bones, levantando su cabeza.
―Es en serio, Don vino y reveló cierta información preocupante.
Pareció que le tomó un segundo penetrar a las palabras, pero entonces sus
cejas se elevaron.
―¿Después de todo este tiempo, él finalmente te dijo qué ha estado
escondiendo Madigan?
―No, no lo hizo ―dije sacudiendo mi cabeza realmente esta vez―. Quería
hacerme saber que Tate y los otros no han ido a casa por cerca de tres semanas.
Traté de contactarlos a sus celulares y solo fui a los buzones de voz, de hecho eso
me distrajo de presionar a Don acerca de su pasado con Madigan.
Bones resopló, el breve soplo de aire cayó en el sensible valle entre mis senos.
―Supo que sería una astuta cubierta. Dudo que sea un accidente que te haya
dado esta información mientras yo estaba fuera.
Ahora la preocupación por mis amigos no era lo principal en mi mente, ya
que también dudaba que fuera un accidente.
Don ha estado en mi casa lo suficiente para saber que Bones la deja unas
horas cada ciertos días para alimentarse. Yo no iba con él desde que mis
necesidades nutricionales caían en otra parte, interiormente maldije.
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Averiguar si mis amigos estaban bien, seguía siendo lo más importante, pero
descubrir lo que Don sabía de Madigan también. Debe ser monumental para mi tío
mantenerlo cubierto aun cuando no nos habíamos hablado por meses como
resultado. Después de todo, yo no era la única familia que Don había dejado como
vampiro, también era la única de unas cuantas personas que podía verlo en su
nuevo estado fantasmal.
―Lidiaremos con mi tío más tarde ―dije empujando a Bones con un
suspiro―. Justo ahora, necesitamos encontrar la forma de entrar en mi antiguo
complejo de manera que no involucre terminar con nosotros en una celda en la
cárcel para vampiros.
Capítulo 2
V
olviendo a donde yo trabajaba para el gobierno, diseñé el sistema de
seguridad que protegía la base de operaciones de nuestro equipo.
12
Eso no era suficiente dado que el edificio era un refugio
antibombas de la CIA con cuatro de sus cinco niveles bajo suelo.
También tenía sensores monitoreando el área en un kilómetro en toda dirección, y
quiero decir toda. Si un grupo de ratas escavaban muy cerca de uno de los niveles
bajo suelo, habría encendido muchas alarmas.
Y Madigan era aún más paranoico que yo. Eso era el por qué Bones y yo
estábamos seis kilómetros lejos, mirando la base a través de binoculares desde
nuestra posición en lo alto de un árbol. Desde el exterior, se veía como un anodino
aeropuerto privado que estaba en el borde cercano. Por dentro contenía uno de los
más rudos equipos tácticos en el país, sin mencionar toneladas de información
clasificada. La persona promedio no tenía idea de que compartían el planeta con
los no muertos, y así es como nuestro gobierno intentaba mantenerlo.
La mayoría de los días, yo estaba de acuerdo con ésta política de que la
ignorancia es una bendición. Hoy, sin embargo, hacía las cosas más complicadas.
―Vamos a enfrentarlo, solo tenemos un juego ―dije, bajando mis
binoculares―. Don dijo que Madigan no saldría pronto, nosotros no podíamos
atormentar el lugar sin matar a gente inocente, y ahí no hay posibilidad de mirar a
hurtadillas sin ser atrapados.
Bones dejó salir un resoplido.
―Sofisticadamente tocando el timbre, ¿entonces? ―le di una mirada.
―Eso es exactamente lo que intento hacer. ―Sus cejas oscuras subieron por
un instante, entonces encogió los hombros―. Danos el elemento sorpresa al menos.
Entonces él soltó sus binoculares y sacó su celular, texteando algo muy rápido
para que yo lo pudiera leer.
―¿Qué es eso?
―Nuestro seguro ―me replicó―. Si no le envío a Mencheres otro texto en
seis horas, vendrá por nosotros.
Miré de nuevo al edificio con un escalofrío interno. Por mucho que me
preocupen los transeúntes inocentes, Mencheres no era solamente la versión
vampírica del gran señor de Bones y su co-dirigente de sus dos enormes líneas,
también era el más poderoso vampiro que alguna vez conocí. No quedaría nada
atrás si él se parara aquí para sacarnos.
―Tengamos la esperanza de que Madigan se está sintiendo cooperativo
―dije, tratando de que mi voz sonara ligera.
Bones acomodó su celular entre dos ramas y saltó hacia abajo, aterrizando en
sus pies con más gracia que un jaguar.
―Lo dudo, pero las maravillas nunca paran.
* * *
13
―¿Ella está aquí? ―Fue casi gracioso escuchar el tono impresionado del otro
a través de la línea. No podía ver la cara del guardia a través de su visor entintado,
pero su voz también sostenía un distintivo tono de sorpresa.
―Sí señor, ella y el otro vampiro. ―Bones sonrió, imperturbable por todas las
armas que apuntaban en su dirección, yo solo tenía algunas apuntándome a mí.
Reconozco que los guardias estaban siendo sexistas.
Un largo silencio, entonces la voz de Madigan volvió a la línea, sonando tersa
esta vez.
―Déjenlos entrar.
Bones y yo pasamos a través de los siguientes cinco puntos de revisión sin
incidentes antes de finalmente alcanzar el edificio principal.
Cuando las enormes puertas de metal del complejo se cerraron detrás de
nosotros, yo tenía la esperanza de que el sonido de cerrado fuera un nuevo sistema
de seguridad y no Madigan tratando de atraparnos. Eso no sería un buen augurio
para el destino de mis amigos, y mucho menos de los empleados del interior.
Más guardias en tropel nos escoltaron hacia la oficina de Madigan, no porque
fuera necesario. Yo podía encontrar a ciegas la que había sido la oficina de mi tío.
Madigan no había perdido tiempo alzándose aquí una vez que tomó el cargo.
El hombre cuyo pasado era tan turbio que mi tío se reusó a divulgar lo que sabía
de él se levantó de su asiento en cuanto entramos.
Madigan no era educado, eso agregaba fuerza a las dagas que miraban en
nuestra dirección.
―Usted tiene un nervio sorprendente.
Me encogí de hombros.
―Yo diría que estábamos en el vecindario, pero… ―Dejé la oración
colgando. Bones la captó inmediatamente.
―Tú sabes que no podemos atenernos a ti, así que, ¿por qué pretender que es
una visita social?
Madigan no recordaba la marcada franqueza de Bones o no le importaba el
insulto. Yo no podía decirlo desde que no podía oír sus pensamientos detrás de la
canción de Barry Manilow que él continuaba repitiendo en su cabeza.
Yo odiaba a Madigan, pero tenía que darle en su defensa que él había
desarrollado la defensa contra la lectura mental de los vampiros. Nadie podría
empujar más allá de los molestos mantras que él eligió.
14
Entonces con un brillo en sus ojos que parecía demasiado satisfecho para mi
gusto, él señaló las sillas que estaban opuestas a su escritorio.
―Te dije que tendría que arrestarte si volvías, pero mientras eso pasa,
tenemos algunos negocios que discutir.
¿Él tenía negocios conmigo?, la curiosidad me detuvo de demandarle saber
dónde estaban Tate y los otros.
Vi que Madigan subió su manga primero. Bones se quedó donde estaba, pero
yo me senté extendiendo mis piernas hacia afuera casi relajadamente mirando al
hombre delgado delante de mí.
―Dispara. ―Una pequeña sonrisa relajó la boca de Madigan como si él
contemplara la otra posibilidad detrás de esa directiva.
―La última vez que estuviste en mi oficina, me dijiste que leyera los archivos
de tu personal, tomé tu consejo.
Yo vagamente recordaba haberle dicho que hiciera eso, él se dio cuenta que
mi tío una vez había desconfiado de los vampiros como hacía Madigan. Don
superó sus prejuicios, pero Madigan nunca cambiaría su punto de vista hostil hacia
mi clase, no que me importara nunca más.
―Ah… ha ―dije con un gruñido evasivo.
―Cuando lo hice, encontré algo interesante. ―Prosiguió quitándose sus
lentes como si los examinara.
―¿Qué? ―pregunté, sin molestarme en esconder el aburrimiento en mi voz.
El me miró, y su mirada azul brillaba.
―Tú te fuiste antes de que tu término de servicio concluyera.
Ahora yo bufé divertida.
―Debiste leer esos expedientes más cuidadosamente. Don acordó acortar el
término de mis servicios si Bones hacía vampiros de los soldados que él
seleccionara. Nosotros llevamos a cabo nuestra parte cuando Bones transformó a
Tate y Juan. Dave fue traído de vuelta como ghoul como un bono.
―Ese fue el trato que Don solicitó a sus superiores, pero su solicitud fue
rechazada. ―Madigan me dio una breve sonrisa engreída, mientras se ponía sus
lentes de vuelta―. De acuerdo con el gobierno de los Estados Unidos, tú todavía
tienes cinco años de servicio activo para completar, y a diferencia de tu anterior tío,
yo no voy a falsificar registros para dejarte salir de esto.
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Yo estaba demasiado impresionada para responder, pero la carcajada de
Bones rompió el silencio.
―Debes estar tomando una meada de mí.
―¿Esperas que yo sepa lo que eso significa? ―preguntó Madigan fríamente.
Bones se inclinó hacia adelante, todo rastro de su risa se fue.
―Déjame aclarártelo; si crees que vas a forzar a mi esposa a trabajar contigo,
entonces no sabes con quién estás jodiendo.
Lo que sea que significó para él o para mí, no lo sé, y finalmente encontré mi
voz.
―Te has propuesto decirme la mejor broma que he escuchado en todo el año,
pero no estoy de humor para jugar juegos. Venimos a saber dónde están Tate,
Dave, Juan y Cooper. Por lo que he escuchado no han ido a casa en semanas.
―Eso es porque están muertos.
Mi mente inmediatamente rechazó rotundamente las palabras dichas, por lo
que no salté inmediatamente a la garganta de Madigan.
―Dos bromas, estás en la lista, pero no tengo paciencia. ¿Dónde están?
―Muertos.
Madigan enunció la palabra con algo cercano a la satisfacción esta vez. Yo
estaba de pie, colmillos aplomados para penetrar carne, cuando Bones me arrastró
hacia atrás con un agarre tan fuerte que no pude romperlo aun con mi estado
inducido de ira.
―¿Cómo? ―preguntó Bones calmadamente. Madigan dio un cauteloso
vistazo al agarre que Bones tenía sobre mí antes de responder.
―Murieron cuando trataban de tomar un nido de vampiros.
―Debió ser un nido enorme.
Madigan solo se encogió de hombros.
―Como resulto ser, sí.
―Quiero sus cuerpos. ―Madigan se mostró más sorprendido que cuando me
abalancé sobre él―. ¿Qué?
―Sus cuerpos ―repitió Bones su tono estaba endureciéndose―. Ahora.
―¿Por qué, a ti ni siquiera te agradaba Tate ―murmuró Madigan.
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Mi niebla asesina se había despejado. Él estaba estancado, lo que significaba
con toda probabilidad, que estaba mintiendo acerca de sus muertes. Le di un
golpecito al brazo de Bones. Él me liberó, pero una mano permanecía en mi
cintura.
―Mis sentimientos son irrelevantes ―respondió Bones―. Yo los engendré,
así que son míos, y si están muertos entonces no tienes un uso adicional para ellos.
―¿Que posible uso tienen para ti? ―demandó Madigan.
Levantó una obscura ceja.
―No es asunto tuyo. Estoy esperando.
―Entonces es una buena cosa que no envejezcas ―soltó Madigan mientras se
levantaba de su silla―. Sus cuerpos fueron cremados y sus cenizas esparcidas, así
que no hay nada que darte. ―Si Madigan quería que nosotros creyéramos que
estaban muertos, entonces ellos debían estar en serios problemas. Aun si Madigan
no estuviera detrás, claramente tenía intención de dejarlos a su suerte. Pero yo no.
Algo en mi mirada debió alarmarlo porque el miró de derecha a izquierda
lanzando una mano en dirección a Bones.
―Si no tienes intención de dejarla completar su servicio, entonces los dos
pueden irse. Antes de que la encierre por negligencia en el cumplimiento del
deber, deserción e intención de atacarme.
Yo esperaba que Bones le dijera a dónde irse, lo que es por lo que me
sorprendió cuando se limitó a asentir.
―Hasta la próxima vez.
―¿Qué? ―reventé―. ¡No nos vamos a ir sin más respuestas!
Su mano apretaba mi cintura.
―Lo haremos, Gatita. No hay nada para nosotros aquí.
Miré a Bones antes de prestar mi atención al delgado anciano hombre, la cara
de Madigan estaba pálida, pero debajo de la pesada esencia de colonia, no olía a
miedo. En su lugar su mirada azul era desafiante. Casi… retadora.
Una vez más el agarre de Bones se apretó. Algo más estaba pasando. No sabía
qué, pero yo confiaba lo suficiente en Bones para no tomar a Madigan y comenzar
a morderlo para sacarle la verdad como quería. En su lugar, sonreí lo suficiente
para mostrar mis colmillos.
―Lo siento, pero no creo que tú y yo pudiéramos tener una sana relación de
trabajo, así que tengo que declinar la oferta de empleo.
Múltiples pasos sonaron en el pasillo. Momentos después, guardias
encasquetados pesadamente armados aparecieron en el camino de salida. En algún
punto, Madigan debió haber oprimido una alarma silenciosa, una actualización
que instaló desde mi previa visita a su oficina.
17
―Fuera ―repitió Madigan.
No me molesté con ninguna amenaza, pero una simple mirada que le di dijo
que esto no había acabado.
Fuimos seguidos por el complejo todo el camino de regreso a los árboles
donde Bones había dejado su teléfono celular. Una vez que lo recuperó, nos lanzó
hacia el aire. Tomó una hora pasar a través del cielo antes de que perdiéramos el
helicóptero. Bones podría haberlo estrellado, pero yo no tenía nada en contra del
piloto además de molestarlo sobre sus habilidades de manejo.
Una vez que nos aseguramos de haberlo perdido, me lancé en picado hacia
un campo cercano, aterrizando con un resbalón sordo. Bones se dejó caer cerca de
mí sin siquiera doblar un tallo de pasto.
Un día seré una maestra aterrizando con gracia. Por ahora hice bien en no
dejar un pequeño cráter tras de mí.
―¿Por qué dejamos ir a Madigan tan fácilmente? ―Fueron mis primeras
palabras.
Bones se sacudió algo de polvo que levanté con mi impacto.
―Mi telequinesis no es lo suficientemente fuerte para detener todas las
armas.
Mi risa fue más de incredulidad que de diversión.
―¿Crees que los guardias podrían ser más rápidos que tú?
―No ellos ―dijo Bones firmemente―. Las ametralladoras automatizadas en
las paredes a cada lado de nosotros.
―¿Qué? ―Di un grito apagado. Entonces recordé que Madigan miró hacia la
derecha e izquierda de nosotros cuando estaba por ir tras él. Pensé que estaba
buscando alrededor alarmado. Obviamente no. No hay duda de por qué no olía a
miedo.
―¿Cómo lo supiste? ―pregunté.
―El cuarto olía como a plata y pólvora aunque no podía ser visto, además la
textura de las paredes a través de su escritorio ha cambiado. Su mirada hacia ellas
cuando se sintió amenazado solo lo confirmó.
Y yo que pensaba que la alarma silenciosa había sido la única adición de
Madigan a su oficina. Nota para mí misma: Poner atención a los alrededores.
―¿Por qué no las uso?, siempre nos ha considerado una amenaza, y ahora
que sabemos que está mintiendo acerca de los chicos, está en lo cierto.
18
La expresión de Bones fue fríamente contemplativa.
―Tal vez no estaba seguro de que esas armas serían suficientes, pero lo más
revelador fue la forma en que trató de obligarte a trabajar para él. Te quiere para
algo, Gatita, lo que significa que te necesita viva. Las nuevas medidas de seguridad
eran solo si no tenía otra opción. ―Yo estaba en silencio mientras digería esto.
Desde que nos conocimos por primera vez hace meses, Madigan había
exhibido un interés inusual en mí, y no era de un modo halagador. Lo que sea que
él quería, podría terminar en mi muerte, de eso no tenía duda. La única cosa de la
que no estaba segura era qué esperaba que lograra antes de eso.
Él no tendría oportunidad de averiguarlo. Una vez que descubriera qué había
pasado con mis amigos, mataría a Madigan.
―¿Ahora qué? ―pregunté, mentalmente preparándome para la carretera.
Bones me dio una mirada medida.
―Ahora rastrearemos a tu tío y lo forzaremos a decirnos el secreto que ha
tratado tan duramente de mantener.
Capítulo 3
Q
19
ué suerte la mía que cuando no quería hablar con Don, no pudiera
librarme de él. Ahora que necesitaba hablar con él, no le podía
encontrar por ningún lado.
Tras dos días esperando a que se mostrara, me había quedado
sin paciencia. En algún lugar ahí fuera, mis amigos estaban en peligro, y cada
segundo que pasaba podía acercarles a la muerte. Una vez, había sido capaz de
convocar fantasmas a kilómetros de distancia quisieran venir o no, pero ese poder,
como todos los otros que había absorbido cuando bebí la sangre de los no-muertos,
había desaparecido. En su estado sin forma, no podía llamar ni mandar un mensaje
de texto o un correo electrónico a mi tío para exigir que se presentara, pero había
otra manera de ponerse en contacto con él aunque requería un viaje por carretera.
Bones y yo llegamos al centro comercial de Washington D.C. justo cuando el
sol se estaba poniendo. Las luces estaban todavía encendidas en el interior de
Helen del Jardín de Troya, iluminando los variados arreglos florales que la tienda
vendía.
Más importante era el hombre afroamericano que vislumbré entre las flores,
su camiseta bermeja lo bastante ajustada para parecer pintada.
―Bueno, está aquí ―dije.
No habíamos llamado porque no estaba segura de si Tyler estaría de acuerdo
en ayudarnos. La última vez, casi le matan. La gente tiende a aferrarse a ese tipo de
cosas, pero un buen médium era difícil de encontrar.
Mientras nos aproximábamos a la puerta, un perro comenzó a ladrar.
Segundos más tarde, un rostro peludo, con baba colgando se presionó contra la
parte inferior de la puerta de cristal, todo su culo agitándose por lo fuerte que
movía la cola.
―¿Qué te pasa, Dexter? ―murmuró Tyler. Entonces se acercó y nos vio a
Bones y a mí al otro lado del cristal.
Oh, DEMONIOS, no, pasó a través de su mente.
―¿Es esa forma de saludar a viejos amigos? ―preguntó Bones con sequedad.
Tyler echó sus hombros hacia atrás, estirando aún más la tensa tela de su
camiseta.
―Eso no es un saludo dulce. Es mi respuesta a lo que sea que han venido a
pedirme que haga.
―Hola, Tyler, estás genial ―dije, reprimiendo una sonrisa mientras entraba a
la tienda―. Me encanta la camiseta. ¿Es una Dolce?
Se pavoneó durante un momento antes de controlarse.
―Robert Graham, y no intentes engatusarme. ¡Tuve que teñirme el cabello
para librarme del gris que me provocaste la última vez que te ayudé!
Ignoré eso, acariciando a Dexter y arrullándole. El corpulento bulldog inglés
vibraba con alegría mientras cubría mis manos de besos descuidados.
20
―Traidor ―dijo Tyler con exasperación.
Bones dio una palmada a Tyler en la espalda.
―No hay necesidad de preocuparse, compañero. Sólo queremos que te
pongas en contacto con su tío para nosotros.
―¿Don? ―Tyler dejó escapar un bufido―. ¿Por qué me necesitan para eso?
Levanté la vista.
―Porque no podemos perder más tiempo esperando a que se muestre por sí
mismo. Madigan ha hecho algo a nuestros amigos.
Ante la mención de su nombre, una oleada de insultos cruzaron la mente de
Tyler. Madigan tendía a hacer más enemigos que amigos.
Aun así, la sospecha estrechó los ojos color chocolate de Tyler.
―No edificios trampa ni objetos de madera postergeizados hacia mi garganta
por asesinar fantasmas, ¿verdad? Contacto con Don, ¿y hemos acabado?
―Prometido ―dijo Bones a la vez.
La mirada de Tyler se deslizó sobre él.
―Eres demasiado guapo para negarme, Bonesito ―dijo con un suspiro de
arrepentimiento. Entonces me guiñó el ojo―. Pero no tan guapo como para hacerlo
gratis.
Solté un bufido, acostumbrada al flirteo de Tyler así como a su vena
codiciosa.
―Trato.
Así es como dos vampiros, un médium y un perro fueron a sentarse
alrededor de una tabla Ouija en la trastienda de una floristería. Sonaba como la
trama de una película del canal SyFy un sábado por la noche, pero algunas veces
“raro” era el ingrediente clave para conseguir las cosas hechas. Cuando en las
manos de un habilidoso médium, las tablas Ouija abrían las puertas al otro lado.
La urna que contenía los restos incinerados de Don era para asegurarnos de que no
teníamos que abrirnos paso a través de otros espíritus antes de llegar a Don.
Tyler y yo descansamos nuestras manos en la plancha de madera después de
que él rociara una fina capa de las cenizas de Don en el tablero. Entonces comenzó
a recitar una invitación para que apareciera mi tío. Tras unos pocos minutos, la
plancha comenzó a moverse y sensaciones punzantes subieron por la parte de atrás
de mi cuello. Dexter gimió, el sonido a la vez ansioso y excitado. Los animales
podían sentir la presencia de fantasmas mejor que nadie, incluyendo los vampiros.
21
Entonces un remolino apareció sobre el tablero Ouija, como un tornado en
miniatura que no generaba ningún viento. Tentáculos helados subieron por mi
columna vertebral en una caricia resbaladiza. Ya no éramos los únicos en la
habitación.
―¿Está aquí? ―preguntó Tyler, incapaz de ver los remolinos de energía
todavía.
Los miré fijamente, viéndolos crecer y alargarse hasta formar un viejo hombre
en un traje de negocios, la tabla Ouija sobresaliendo de su abdomen como si
hubiera sido cortado por la mitad con ella.
―Hola, Don ―dije con satisfacción―. Feliz de que lo lograras.
Mi tío miró alrededor con confusión.
―Cat. ¿Cómo...?
―¿Cómo te he sacado de la esquina después de la vida donde sea que te
estabas escondiendo? ―interrumpí―. Soy amiga de un médium, ¿recuerdas?
Don miró el tablero obstruyendo su estómago, su boca curvándose hacia
abajo.
―¿Quién iba a saber que estas cosas realmente funcionaban?
―Haz amistad con otros de tu clase, ganarás un montón de cosas ―dijo
Tyler, entrecerrando los ojos en dirección a Don. Entonces su frente se alisó―. Oh,
ahí estás.
―No hay tiempo para cumplidos, Don ―declaró Bones―. Tienes que
decirnos todo lo que has estado ocultando sobre Madigan. La vida de mi gente
depende de eso.
Don frunció el ceño.
―¿Tu gente?
―Tate, Juan, Dave y Cooper ―proporcioné―. Son considerados de Bones
bajo la ley vampírica. Más importante, son nuestros amigos. Sabes que están
desaparecidos. Bien, Madigan clama que murieron durante un trabajo, pero está
mintiendo, lo que significa que están en serios problemas.
El aire no se movía a pesar del pesado suspiro que Don dejó salir.
―Quería que investigaras su desaparición porque me gustaría que hubieran
desertado de sus puestos y se estuvieran escondiendo de Madigan. O estuvieran
profundamente encubiertos, o incluso hubieran muerto en una misión. Lo que sea
menos esto, porque si Madigan les tiene, entonces, ahora, probablemente estén
muertos.
22
Sólo su falta de forma sólida me impidió sacudirle.
―O están vivos, atrapados en algún sitio, y esperando que hagamos algo.
La mirada que me dio estaba tan llena de tristeza que casi me pierdo la otra
emoción que pasó por su cara. Vergüenza.
―Cuando Madigan me quitó mi viejo trabajo, temí que podría intentar esto,
pero no lo esperaba tan pronto. Lo siento, Cat. No hay nada que puedas hacer.
Ninguno de nosotros podemos. Sin duda Madigan ha hecho a prueba de
fantasmas ese edificio también.
―¿Qué edificio?
Las dos palabras hervían de amenaza. Así lo hizo la mirada que Bones lanzó
a Don. Ambas deberían haber asustado a mi tío para decir la verdad. En cambio,
suspiró una vez más.
―Si alguna vez te acercas a Madigan de nuevo, mátale. No puedes salvar a
Tate y a los otros, pero puedes vengarles y salvar a otros como ellos si las cosas no
han progresado ya demasiado.
Entonces, antes de que pudiera preguntarle qué demonios significaba eso,
desapareció.
―¡Espera! ―grité.
Nada. Si siquiera quedó frialdad en el aire. Bones juró, pero yo empujé la
tabla hacia Tyler y arrojé otro dedal de las cenizas de Don en la tabla Ouija.
―Tráelo de vuelta. Ahora.
―Cat ―comenzó Tyler.
―Hazlo ―dijo Bones cortante.
Tyler murmuró algo sobre lo irrazonables que éramos los vampiros, pero aun
así, invocó el espíritu de Don de vuelta. Lo hizo, pero después de unos pocos
segundos de silencio sepulcral en los que arremetí contra él, mi tío desapareció.
Repetimos el mismo proceso una y otra vez con el mismo resultado. Fue el
equivalente sobrenatural a ser colgado repetidamente.
―¿No puedes hacer algo para hacer que se quede? ―dije enojada.
Tyler me dirigió una mirada sardónica.
―Intenté decirles que no podía, Sr. y Sra. Impacientes, pero no escuchan. Sólo
hay una forma de hacer que un fantasma se quede si no quiere, y acuérdate de la
mierda que fue. Además, ¿realmente quieres encerrar a tu tío en una trampa?
23
En ese momento, la idea era definitivamente atractiva. Conociendo a Don, sin
embargo, permanecería tercamente en silencio incluso si lo encerrábamos en una
celda a prueba de fuga de fantasmas. Además, hacer una llevaría demasiado
tiempo. Por las pocas pistas que Don nos había dado, Tate y los chicos estaban en
problemas letales. Teníamos que actuar ahora, pero no sabía qué hacer. Tyler era
nuestro experto, y estaba sin ideas.
―Esto no tiene sentido ―seguí despotricando―. Don es el que nos advirtió
de que Tate y los otros estaban desaparecidos, sin embargo, ahora que hemos
confirmado que Madigan los tiene, ¡se niega a ayudarnos! No lo entiendo.
Bones se dio unos golpecitos en la barbilla, su expresión a la vez furiosa y
determinada.
―Yo sí. Significa que Don preferiría ver gente por la que se preocupa morir
que revelar lo que sabe sobre Madigan, pero hay una persona que puede forzar a
tu tío a hablar.
―¿Quién? ―me pregunté. Entonces la comprensión me inundó―.
¡Naturalmente! Nadie sabe más sobre los fantasmas que Marie Laveau, y con todo
el poder de las tumbas en ella, no hay nada que no pueda conseguir que Don haga.
Yo debería saberlo, había experimentado una vez las habilidades de Marie
después de que ella me forzara a beber su sangre. El recuerdo me hizo estremecer.
Tener línea directa con el otro lado era más poder del que nadie debería tener.
Bones me lanzó una mirada sombría.
―Lo que me preocupa es lo que pedirá a cambio. Marie no hace nada sin
pedir un precio.
Eso me preocupaba también. La última vez que había visto a Marie no había
sido exactamente amistosa si contabas el hecho de que ambas nos habíamos
amenazado con matarnos la una a la otra.
―Espera un minuto.
Tyler se levantó, una gran sonrisa en medio de la cara.
―¿Estás hablando de Marie Laveau, la reina vudú de Nueva Orleans que
supuestamente murió hace cien años?
―La misma ―dije, cansada de repente.
Tyler aplaudió con la pura alegría de un niño.
―¡Esto va a ser tan divertido!
Ahora la sospecha reemplazó mi cansancio.
―¿Qué pasa?
Me ignoró, tomando a Dexter y gruñendo ante el peso del perro.
24
―No te preocupes, cariño, papi no te va a dejar atrás.
―Ninguno de ustedes va a ningún sitio ―dijo Bones rotundamente.
Tyler le miró como si pensara que él era el que había perdido la cabeza.
―Amigo, déjame deletrearlo para ti. Me debes una enorme, y me la estoy
cobrando. ¿Tienes una idea de lo grande que es Marie en el mundo médium? ¡Es
como descubrir que Santa Claus es real y obtener un billete en primera clase para
su taller!
Intenté con la lógica incluso aunque dudaba que funcionara.
―No lo entiendes, Tyler. Es peligrosa.
Puso los ojos en blanco.
―No esperaba que ella hubiera pasado los últimos cien años tejiendo.
En realidad, Marie sí tejía. También podía invocar espectros llamados
Remnants que atravesaban a los vivos y los muertos vivientes con ridícula facilidad,
además de trabajar con suficiente magia negra para volar una ciudad. Y luego
estaba su poder sobre los fantasmas.
Sí, Marie daba miedo, de acuerdo. Si no hubiera luchado y sangrado al lado
de Tate y los otros durante años, reconsideraría pedir a Marie ayuda. Si accedía, no
querría ser recompensada con dinero. No, querría algo de lejos más valioso.
Intercambié una mirada con Bones. La mirada en sus oscuros ojos marrones
decía que esperaba que esto fuera tan peligroso como yo creía, sin embargo no
había menos determinación en sus delgados y duros rasgos.
―Son mi gente, nacidos con mi sangre o jurados a ella, y ningún señor
abandona a su gente cuando hay una oportunidad de salvarles.
No era señor de una línea, pero estuve de acuerdo con cada palabra. Ningún
verdadero amigo abandonaría a sus amigos para morir, tampoco.
―Parece que vamos a Nueva Orleans ―dije suavemente.
Tyler dejó salir un sonido exasperado.
―¿Podemos dejar de hablar sobre ello y hacerlo ya?
25
Capítulo 4
L
26
as luces de Nueva Orleans brillaban como cristales contra las oscuras
aguas que rodeaban el largo puente que nos llevaba a la ciudad.
Finalmente, estábamos aquí. Había sido casi un día de coche teniendo
en cuenta que habíamos tenido que pasar por nuestra casa en Blue
Ridge para recoger a mi gato. No podíamos volar a Nueva Orleans por los
paquetes de ajo y marihuana que empacamos en caso de que Marie azuzara a sus
espías espectrales sobre nosotros. Y lo de alquilar una caravana en vez de coger el
coche, bueno, esta no era la primera vez que había viajado por carretera con
Dexter.
Los pedos del perro podrían considerarse arma química, y el espacio extra me
daba algo de lugar para correr.
Acabábamos de girar hacia el Barrio Francés cuando Tyler dejó escapar un
suspiro de felicidad.
―Ahí están.
Miré por la ventana. Los fantasmas cubrían el Barrio Francés más
abundantemente que las cuentas de plástico durante Mardi Gras. Flotaban a través
de las multitudes de turistas, colgando de los tejados, en los bares y, por supuesto,
a la deriva a través de los famosos cementerios de la ciudad. Lo más notable era
cuántos de ellos eran inteligentes. La mayoría de los fantasmas solían ser
repeticiones de un momento en el tiempo, incapaces de pensar, simplemente
reviviendo sin cesar el mismo incidente. No es sorprendente que muchos de esos
incidentes estuvieran relacionados con sus muertes.
La muerte era un acontecimiento trascendental para todo el mundo.
Pero los residentes etéreos de la Ciudad Creciente eran diferentes. La mayoría
de ellos estaban tan vivos como la gente que conocía su presencia. Algunos eran
bromistas. El joven que tropezó y cayó de bruces en el escote de una chica bonita
no tenía ni idea de que había sido empujado por un fantasma que se rió de la
bofetada que el disgustado niño recibió. Más arriba en la acera, un par de
fantasmas se divertían inclinando los vasos de los juerguistas para que los sorbos
se convirtieran en salpicaduras en la cara.
Tyler se rió cuando vio eso.
―Espero no volver cuando muera, pero si lo hago, me voy a mudar aquí
donde la fiesta nunca acaba.
Bones le echó un vistazo antes de volver su atención a las estrechas calles.
―No te recomendaría eso, amigo. Nueva Orleans no es la ciudad más
embrujada del mundo por casualidad.
Tyler se encogió de hombros.
―Sirve que un montón de gente es asesinada aquí. Evitaría a los fantasmas
con mal humor.
―Eso no es lo que quiere decir ―susurré las palabras. Estábamos ahora en
medio del territorio de Marie y la reina de Nueva Orleans tenía espía por todas
partes.
27
―El poder de Marie atrae fantasmas hacia ella, y una vez que están atrapados
allí, como insectos en una red, la mayoría de ellos no son lo suficientemente fuertes
para salir.
En lugar de tomarlo como la advertencia que pretendía, Tyler sonrió.
―Tienes que presentármela. Cumpliría el sueño de mi vida.
O tu muerte, pensé cínicamente, pero mantuve eso para mí misma. Marie era
selectiva sobre a quién le concedía una audiencia. Podría ni siquiera estar de
acuerdo en reunirse con Bones y conmigo, así que dudaba que sacara tiempo en su
agenda para charlar con un fan desconocido.
―Maldita sea.
Las palabras gruñidas apartaron mi atención de Tyler. Estábamos casi en la
casa de la ciudad de Bones, sin embargo, él miraba por la calle con una expresión
de resignación en el rostro. ¿Se daba cuenta justo ahora de que la caravana nunca
pasaría por el espacio que conducía al estacionamiento?
Entonces vi al hombre afroamericano alto y grande de pie enfrente de nuestra
casa, mirando hacia nosotros como si hubiera estado esperando toda la noche
nuestra llegada.
―Mierda ―susurré.
Bones me dirigió una mirada que decía que estaba completamente de
acuerdo aunque no habló mientras se dirigía hacia el hombre y bajaba la
ventanilla.
―Jacques ―saludó al gran ghoul con frialdad.
―Bones. Reaper ―respondió, dirigiéndose a mí por mi apodo―. Pueden
dejar su vehículo conmigo. Majestic está esperándolos.
―Ooh, ¿tienes un portero? ―Tyler sonaba impresionado―. No sé por qué
vives en ese escondite en las colinas en vez de aquí.
―No es un portero ―dije, maldiciendo para mí misma―. Es la mano derecha
de Marie.
Tyler miró al ghoul con más interés.
―¿En serio? Pensé que no la habías llamado para decirle que venías.
―Pensaste bien ―dijo Bones, saliendo del coche. Ninguno se molestó en traer
nuestras armas. Son inútiles contra Marie.
Tyler miró a Jacques otra vez antes de encontrar mi mirada. Están jodidos
entonces, ¿verdad?, pasó por su mente.
28
Mi sonrisa era frágil. Marie siempre garantizaba paso seguro hacia y desde
una reunión, pero una vez que nuestra audiencia con ella terminara, todas las
apuestas estaban en contra.
―Eso está por verse.
Bones entregó las llaves de la caravana a Jacques antes de dar un juego
diferente a Tyler.
―Ve dentro. Volveremos más tarde.
Si tenía alguna duda acerca de lo que sucedería después de nuestra reunión,
no lo mostró en su tono. Cuadré los hombros y adopté su actitud de confianza. Así
que los espías de Marie habían descubierto que habíamos entrado en su ciudad.
Por el lado bueno, ahora no tendríamos que esperar a ver si estaría de acuerdo en
hablar con nosotros.
Por el lado malo, dudaba que ella enviara a alguien a buscarnos de inmediato
porque nos echara de menos, pero sólo había una manera de averiguar lo que
quería. Forcé un tono despreocupado mientras me giraba hacia Tyler.
―No tengas demasiada diversión mientras estamos fuera.
Lanzó una mirada mordaz al gran ghoul antes de responder.
―Voy a reservarme para cuando vuelvan. ―Entonces dijo a Jacques―: No te
llevas esta cosa a ningún sitio hasta que tome a mi perro y a su gato.
* * *
Como regla general, los cementerios no me molestaban. Estaban llenos de
gente muerta, y como sabía desde que empecé a cazar vampiros a los dieciséis
años, la gente realmente muerta no podía hacerte daño. Eran los vivos y los
muertos vivientes los que tenían que preocuparte, por lo que caminar entre los
miles de restos del Cementerio de Saint Louis Número Uno no era lo que hizo que
un escalofrío me recorriera la espalda. Era saber lo que había debajo de la cripta del
residente más famoso del cementerio.
29
La tumba de Marie Laveau sería fácil de encontrar incluso si no supiera
dónde estaba situada. Sobre uno ochenta de altura, tenía varios juegos de oscuras
X garabateados en sus lados blanqueados. También tenía siempre ofrendas frente a
ella a pesar de que los saqueadores de tumbas pasaban de forma regular. Las
contribuciones de esta noche consistían en velas apagadas, flores, monedas, perlas,
caramelos, pedazos de papel y un par de auriculares de iPod. Ignoré todos los
tributos mientras me acercaba a la parte delantera de la cripta y golpeaba en su
parte cuadrada superior.
―Estamos aquí, majestic.
El chirrido comenzó al mismo tiempo. Salté hacia atrás y vi que el bloque de
cemento donde estaba se echaba hacia atrás para revelar la estigia oscuridad.
Todas las ofrendas que habían estado en esa área cayeron con un ruido sordo en la
negrura de debajo.
Ninguna voz nos dijo de entrar. Nadie tenía que hacerlo. Esta era toda la
invitación que alguien recibía de Marie. Tenía que concedérselo a la reina vudú.
Sabía cómo aprovechar al máximo su versión de la ventaja de campo.
Estaba a punto de saltar en el agujero cuando Bones me detuvo con una mano
en mi hombro.
―Yo iré primero, Gatita.
No discutí. Esto no era una bofetada a mi feminismo, era una buena
estrategia de batalla. Bones podría no haber dominado su telequinesis, pero un
poco de habilidad para controlar objetos con tu mente era mucho mejor que nada.
Marie tampoco era consciente de su nuevo poder, por lo que si las cosas tomaban
un giro letal inesperado, teníamos el elemento sorpresa.
Bones saltó al foso, aterrizando con una pequeña salpicadura a unos veinte
metros de profundidad. Nada bajo la tierra de Nueva Orleans podía permanecer
seco para siempre, incluso con el impresionante sistema de bombeo que Marie
tenía bajo el cementerio. A continuación salté, contenta de tener las botas para que
lo que fuera que aplasté bajo mis pies no terminara salpicado en mi piel.
El agujero sobre nosotros se cerró de golpe, sumiendo al túnel en lo más
cercano a una oscuridad completa que era posible para la visión de vampiro. Sólo
había un camino que seguir, por lo que Bones se dirigió al interior del túnel, y yo le
seguí. Teníamos que andar en fila india para evitar tocar las paredes, y quería
evitarlas por más razones que su capa de moho esponjoso. Madigan no era la única
persona que amaba las trampas explosivas.
Marie tenía hileras de largos cuchillos escondidos en estas paredes, y un roce
de un interruptor las enviaría a cortar en juliana a quien tuviera la mala suerte de
estar en su camino.
30
Después de unos treinta metros, llegamos a una puerta de metal con bisagras
que deberían haber estado oxidadas, pero que no dejaron escapar ni un crujido
cuando abrimos la puerta. Luego había que subir la corta escalera hacia la sala sin
ventanas que suponía estaba dentro de una de las más grandes criptas comunales.
No tenía salida aparente aparte del camino por el que llegamos, pero una vez más,
las apariencias engañaban.
Tomemos, por ejemplo, la hermosa mujer afroamericana en el sillón frente a
nosotros. Manolo Blahniks asomaban por debajo de su falda fucsia, su brillante
color repetido en la cadena de piedras preciosas que colgaban sobre su suéter
negro. Se había cortado el cabello desde la última vez que la vi, su oscura longitud
ahora terminaba en la barbilla en lugar de los hombros. El halagador nuevo look
enmarcaba sus rasgos moca cremoso que eran a la vez intemporales y ligeramente
marcados.
Lo más cerca que podía llegar a adivinar la edad de Marie cuando había sido
convertida en un ghoul era de los cuarenta a los cincuenta, pero no había duda de
los años en su mirada. Esos ojos avellana ocultaban un conocimiento que
intimidaría al más alabado de los sabios, y no dejé que su suave sonrisa me
engañara. Era más una advertencia que una bienvenida, tan bonita como su labial
de color concha podía ser.
―Majestic ―dijo Bones, llamándola por el nombre que ella prefería.
Esa exuberante boca se curvó más.
―Reaper. Bones. ¿Qué los trae a mi ciudad?
Su acento era puro criollo sureño, más suave que la mantequilla y más dulce
que el pastel, pero como de costumbre, Marie no se molestó con falsas cortesías.
Ese rasgo lo teníamos en común.
Dos sillas desocupadas eran los únicos otros muebles de la pequeña
habitación, pero no nos sentaron. Esto no llevaría mucho tiempo.
―Estamos aquí para pedirle un favor si usted es capaz de hacerlo.
La ceja de Marie se elevó ante mi desafiante declaración. Bones le dirigió una
suave sonrisa, pero con sus escudos levantados, sentí su aprobación pasando a
través de mis emociones. Ahora, al menos, oiría cuál era la solicitud, aunque sólo
fuera para demostrar que podía hacerlo.
―¿Qué es?
―Necesitamos interrogar a un fantasma que sigue desapareciendo de
nosotros ―le dije―. ¿Puede hacerle quedarse si no quiere?
31
Se agachó y tomó un vaso de vino que no había notado antes. Debe haber
estado escondido detrás del pliegue de su falda. La visión de aquel líquido rojo
trajo un rabioso recuerdo de la última vez que los tres habíamos estado en esta
sala: Bones clavado en la pared con los Remnants eviscerándole de adentro hacia
afuera y Marie negándose a llamarles hasta que estuve de acuerdo en beber su
sangre.
Conociendo a Marie, había elegido traer ese vaso porque quería
recordárnoslo. Como si pudiera olvidarlo.
―Puedo hacerlo sin dificultad ―contestó mientras bebía su vino―. Aunque
tomas un riesgo admitiendo ante mí que no puedes.
Me tensé, pero Bones se rió como si no acabara de hacer una alusión a iniciar
una guerra sin cuartel entre vampiros y ghouls.
―Vamos, majestic, usted no tiene ningún interés en enfrentar nuestras dos
especies entre sí. También ha sabido por algún tiempo que Cat ya no manifiesta
sus habilidades, ¿o vamos a pretender que no nos ha estado espiando este año
pasado?
Marie levantó su hombro en un encogimiento tímido.
―Sólo un tonto elige vivir en la ignorancia cuando el conocimiento se obtiene
tan fácilmente.
Había días en que me recordaba a mi amigo Vlad. Sería igual de descarado
sobre ser atrapado espiando.
―Ahora que eso está aclarado, ¿quiere ayudarnos? ―le pregunté sin rodeos.
―Sí.
No dejé escapar un suspiro de alivio. Sabía más que eso.
Igual que lo sabía Bones.
―¿A qué precio?
La sonrisa de Marie me recordó a una serpiente desenrollándose para atacar.
―La ubicación del fantasma que encarcelaste el pasado Halloween. Quiero
saber dónde atrapaste a Heinrich Kramer.
32
Capítulo 5
L
a palabra “no” creció en mí, casi escaldando mis entrañas con la
petición de ser expresada. Otra grieta en sus escudos me permitió
sentir la rabia que se extendía a través de Bones, aunque el único
signo visible fue un músculo que se tensó en su mandíbula.
―¿Por qué? ¿Por qué te interesa el cazador de brujas? ―preguntó él con
admirable calma. Sus ojos parecían brillar con luces en su interior.
―Eso no es de tu incumbencia.
33
―Lo es cuando el hijo de puta me golpeó con un coche, hizo que su cómplice
disparara a mi mejor amigo y, oh sí, me prendió fuego ―le dije con acritud.
Kramer había hecho más, pero hacer una lista de todas sus malas acciones
llevaría demasiado tiempo. Había sido un cabrón asesino en vida, y convertirse en
fantasma no lo detuvo. Sólo le permitió continuar con su reinado de terror durante
siglos. Casi morimos atrapando a Kramer, ¿y ahora Marie quería la dirección de su
celda? Si alguna vez le dejaba salir, Kramer vendría directamente por mí. En el
mejor caso, un día miraría hacia abajo para ver un cuchillo de plata saliendo de mi
pecho. En el peor... bueno, prefiero el cuchillo de plata.
Por el brillo en la mirada de Marie, lo sabía todo a pesar de que sus espías
fantasmales no habían encontrado la celda de Kramer, obviamente.
―Tu precio es demasiado alto ―dijo Bones en voz baja.
―Su necesidad de respuestas de este otro fantasma debe ser mayor o no
habrían venido ―contestó Marie de inmediato.
Recuerdos de la última vez que vi a Kramer me hicieron querer discutir. Dar
a un adversario letal la posesión de otro era como tener siempre un arma cargada
apuntando a tu corazón.
Aun así, lo que mis amigos estaban enfrentando en este momento podría ser
peor.
―Hecho.
La mirada de Bones volvió a mí. Le tendí una mano.
―Tiene razón. Necesitamos lo que Don sabe más de lo que necesitamos
mantener la ubicación de Kramer en secreto.
―¿Don? ―Una pequeña sonrisa apareció en los labios de Marie―. ¿Tu tío es
el fantasma que sigue desapareciendo de ti?
―Ya conoces a las familias. ―Mi tono fue cortante―. Siempre un dolor en el
culo.
Bones miró a Marie. Su expresión no revelaba nada, y sus emociones estaban
cerradas, así que a menos que me parara frente a él, no podía determinar lo que en
silencio le estaba diciendo. Marie parecía saberlo, sin embargo. Ella le devolvió la
mirada de la misma manera inquebrantable antes de inclinar la cabeza en un leve
asentimiento. Entonces su intercambio sin palabras acabó.
34
―La celda de Kramer está enterrada en las alcantarillas bajo la vieja
instalación inundada en Ottumwa, Iowa ―declaró Bones―. Si se rompe de alguna
manera, Kramer podrá escapar.
Una expresión de satisfacción brilló en los rasgos de Marie. Una vez más, me
preocupaba mucho lo que quería del fantasma. Con suerte, la reina vudú sólo
quería poseer uno de los más infames cazadores de brujas del mundo; una ironía
que podía apreciar considerando el odio de Kramer hacia todas las cosas
femeninas y mágicas.
Por otra parte, ¿cuándo fue la última vez que creí en algo tan simple como la
suerte?
―Hemos mantenido nuestra parte, majestic ―dijo Bones en tono uniforme―.
Su turno.
* * *
Los golpes de Bones resonaron en la puerta. Después de un momento, el
“¿Quién está ahí?” de Tyler se podía oír por encima del ruido de los ladridos de
Dexter.
―El propietario de la casa sangrienta.
La puerta se abrió para revelar a un sonriente Tyler.
―Tu casa tiene realmente estilo. ¡Y está justo en el corazón del Barrio Francés!
Dime otra vez por qué vives en esa cabaña en los bosques...
Dejó de hablar cuando vio que no estábamos solos. Bones empujó a Tyler a
un lado lo suficiente para permitirnos entrar a Marie y a mí. Podíamos haber hecho
esto allí en el cementerio, pero no creía que Tyler pudiera perdonarme si le
arrebataba la oportunidad de conocer a su ídolo. Ahora que habíamos acordado
los términos, él estaba a salvo.
―Majestic, este es nuestro amigo, Tyler. Tyler, te presento a madame Laveau.
La mirada de Marie pasó sobre Tyler con educado desinterés.
―Bonjour.
Tyler se quedó mirándola, su boca abriéndose y cerrándose. Durante unos
pocos segundos, ni siquiera respiró. La única vez que le había visto así de
extasiado fue cuando conoció a Ian.
―Madame ―dijo finalmente con voz ahogada―. Es un honor.
35
La boca de Marie se curvó y me lanzó una mirada que, si hubiera sido
cualquier otra persona, habría jurado que era una versión humorística de “Al
menos, alguien que me aprecia”.
Entonces extendió su mano. Tyler la agarró pero no la agitó. Se inclinó sobre
ella con más formalidad de lo que le habría pensado capaz.
Mi reina, sus pensamientos dijeron reverentemente.
Mi culo, no le respondí en voz alta.
Para mi sorpresa, Marie sujetó la mano de Tyler, su expresión tornándose
pensativa.
―Tienes poder, así que debes ser el médium del que he oído hablar.
Tyler se irguió de inmediato.
―¿Has oído hablar de mí?
Ella liberó su mano.
―Considero mi obligación saber sobre todos los que pueden invocar con
éxito espíritus.
Si él ganara la lotería, no creo que Tyler pudiera lucir más feliz. Bones, sin
embargo, fue directo a los negocios.
―¿Necesita algo antes de proceder, majestic?
Echó un vistazo alrededor de la sala, haciendo una pausa en la urna que Tyler
había colocado sobre la mesa del café.
―¿Contiene esto las cenizas de tu tío?
Tras mi asentimiento, Marie dejó escapar un pequeño bufido.
―Entonces esto será sencillo.
Se acercó y se sentó en el sillón más cercano a la urna. Bones y yo nos
quedamos donde estábamos, pero Tyler comenzó a descargar su maleta.
―Aquí, señora ―dijo, sacando su tabla Ouija.
Ella le lanzó una mirada desdeñosa antes de tomar la urna.
―Eso no es necesario.
36
Tan pronto como sus dedos tocaron las cenizas, una corriente helada atravesó
la habitación, tan súbita y aguda como si hubiéramos caído en el centro de una
tormenta de nieve. Antes incluso de tener la oportunidad de temblar, mi tío estaba
en el centro de la habitación, lo suficientemente materializado como para ver que
su cabello gris estaba despeinado, como si hubiera sido atraído tan fuerte de donde
estaba que despeinó su estilo marca registrada.
―¿Qué demonios? ―demandó a Marie. Entonces nos vio a Tyler, Bones y a
mí―. No otra vez ―murmuró Don, empezando a desvanecerse por los bordes.
Un momento, Marie estaba sentada en el sofá rodeada nada más que por
seda. El siguiente, tenía una aureola de sombra que dejaba salir alaridos de ruptura
de huesos al convergir sobre mi tío. No la vi sacar la sangre que era el catalizador
para convocar a los Remnants, pero por eso tenía una aguja oculta en su anillo. Una
pequeña punción era todo lo que necesitaba para empuñar su arma más letal.
El poder que los Remnants emanaban rasgó a través de mi piel, haciéndome
dar un instintivo paso hacia atrás. Apenas oí el jadeo de Tyler sobre los gritos de
mi tío mientras aquellas diáfanas formas comenzaron a deslizarse a través de él
como si fueran de acero y él fuera líquido.
―Ya está. ―La voz de Marie cambió, el acento sureño reemplazado por un
eco misterioso que sonaba como miles de personas hablando a la vez―. Haz tus
preguntas. Él no irá a ninguna parte con ellos sosteniéndole.
Hablé a través de la conmoción por lo que ella había hecho.
―Retíralos. Esto no es lo que queríamos.
La ceja de Marie se alzó.
―¿Cómo pensaste que aseguraría a tu tío? ¿Pidiéndole amablemente que se
quedara?
―¡No te dijimos que lo torturaras! ―estallé, la culpa estrellándose contra mí
con la nueva ronda de gritos de mi tío.
―Hice un trato para asegurar que este fantasma respondiera a tus preguntas,
y yo siempre cumplo mi palabra. Cuanto más tiempo esperes para preguntarle,
Reaper, más tiempo sufre tu tío.
Discutir más sería inútil. Ahora, la única persona que podría poner fin a esto
era Don. Le lancé a mi tío una mirada suplicante mientras me acercaba.
―Dinos lo que sabes sobre Madigan. Por favor.
Su cuerpo se inclinaba y estremecía mientras esas formas sin piedad
continuaban atravesándole. Bones miró hacia otro lado, con la boca apretada. Qué
bien sabía él por lo que mi tío estaba pasando.
―¿Cómo pudiste hacerme esto, Cat?
37
La angustiada acusación me desgarraba el corazón. Era demasiado inútil
pronunciar: ¡No quería hacerlo! Además, aunque esto no era lo que yo hubiera
querido, Don había admitido condenar a Tate y los otros a una muerte segura. Si
sólo nos hubiera dicho la verdad, nada de esto estaría sucediendo.
―Eso no importa ―me obligué a decir―. Responde la pregunta, o los
Remnants seguirán atravesándote hasta que no quede nada sino ectoplasma.
Eso era una mentira. No podías matar lo que ya estaba muerto, como a
menudo había lamentado mientras perseguía a Kramer, pero Don no sabía eso.
―Entonces moriré ―dijo con voz rasgada, las palabras rotas por el dolor―.
Mejor... así.
¿Ni siquiera ahora divulgaría su secreto? La frustración me hizo morderme el
labio para no gritarle. No había sentido mis colmillos salir, pero por el sabor de la
sangre, lo habían hecho.
―No seas tonto ―dijo bruscamente Bones―. Los Remnants se alimentan de
dolor, por lo que a medida que aumenta tu sufrimiento, también lo hace su fuerza
para infligir más.
―Noooo.
Mi tío dejó salir la palabra con tal desesperación que mi control se rompió.
No podía soportar verlo así, y no podía hacerlo parar, como la expresión pétrea de
Marie me recordó.
―¡Dime lo que hizo el jodido Madigan! ¡Ahora!
―¡Experimentos genéticos!
Mi boca cayó por la respuesta. La de Don lo hizo, también, antes de que otro
grito lo contorsionara en un manojo de agonía. Además del dolor, algo más
atravesó sus rasgos. Sorpresa, como si no pudiera creer que me hubiera contestado
la verdad.
―¿Experimentos genéticos de qué? ¿Humanos? ―presionó Bones.
Un gruñido seguido por una ristra de maldiciones fue su única respuesta.
Una vez más, me encontré mordiendo mi labio con frustración. Maldita fuera la
cabezonería de Don.
―Contéstale ―espeté.
―No sólo humanos ―dijo Don antes de que otra expresión de ¿Qué
demonios? cruzara su cara.
Marie comenzó a reír.
―Ah, ya veo.
38
Yo no lo veía. La única vez que había sido capaz de obligar a los fantasmas a
hacer lo que yo quería era cuando el poder de la tumba de Marie corría por mis
venas, pero me quede sin él hace mucho tiempo.
―¿Te importaría informar al resto de nosotros? ―le pregunté firmemente.
Su mirada fue de impaciencia y diversión a partes iguales.
―¿Cómo puede ser que muchos de los míos te teman cuando eres tan
ingenua?
Antes de que pudiera ladrarle una respuesta, continuó.
―Murió mientras todavía poseías mis poderes, ¿verdad? ¿Y lloraste mientras
su espíritu dejaba su cuerpo?
No aprecié su tono de ¿no-es-obvio?
―¿No llora todo el mundo cuando un ser querido muere?
―Los mambos no ―dijo, usando la palabra por la que me llamó cuando se
dio cuenta de que absorbí sus poderes después de beber sangre de no-muerto―.
No a menos que quieran que la persona se quede.
―Pero él no se quedó ―dije, ira por el dolor de Don afilando mis palabras―.
Murió.
―Y aun así aquí está ―replicó Marie con un gesto de sus dedos hacia Don―.
Un fantasma. O más precisamente, tu fantasma.
Capítulo 6
―¿Q
ué quieres decir con su fantasma?
La misma pregunta resonó a través de mi
mente, pero Tyler preguntó primero. Quizás yo
estaba todavía demasiado asombrada para
responder.
39
―Es la sangre ―contestó Marie, señalando mi labio manchado de rojo. El eco
sobrenatural había abandonado su voz, y habló con su usual dulce acento del
sur―. La sangre desbloquea el poder de la tumba. Con ella, un mambo puede
levantar Remnants y transformar al recién fallecido en un fantasma si el mambo
derrama su sangre cuando la persona muere.
Me devané los sesos para recordar los últimos momentos de la vida de Don.
¿Había inadvertidamente derramado algo de mi sangre como ahora al morder mi
labio? No, había estado llorando demasiado.
La mirada compasiva de Bones coincidió con un destello de comprensión.
Los fluidos de vampiro son rosas debido al limitado índice agua-sangre en
nuestros cuerpos, pero cuando Don estaba muriendo, había llorado tanto que mis
lágrimas se habían vuelto escarlatas, manchando mi blusa y el suelo al lado de la
cama de Don, donde estaba arrodillada, sin irme siquiera cuando su corazón había
dejado de latir...
―¿Puedes convertir a la gente en fantasmas? ―Tyler sonaba casi asustado.
La culpa hizo mi voz rasposa.
―Ya no.
Entonces encontré la mirada de mi tío. Aunque viviera hasta los mil años, no
olvidaría la angustia que vi ahí, o la ira.
¡Tú me hiciste esto!, gritaba su expresión, y él ya no sufría el asalto implacable
de los Remnants.
Eso acabó, pero su suspensión entre este mundo y el siguiente no lo haría. No
era un espíritu que se había quedado porque aún tenía una última tarea que lograr,
como habíamos estado pensando estos últimos meses. No, era uno de los pocos
malditos que nunca podría cruzar, y era por mi culpa. El hecho de que yo no
supiera lo que estaba haciendo cuando ocurrió era casi insignificante en
comparación.
―Lo siento mucho.
Las palabras vibraron desde la más profunda de mis emociones. Bones tomó
mi mano, su agarre aunando fuerza y confort, pero no sentía nada excepto el peso
aplastante de mi culpabilidad. Ninguna disculpa arreglaría esto, y todos aquí lo
sabían.
Eso es por lo que mis siguientes palabras no fueron para rogar perdón y
también por lo que mantuve las lágrimas a raya.
Considerando lo que ellos habían hecho antes, sería sólo sal en la herida
ahora. En cambio, clavé los colmillos en mi labio inferior, contenta del dolor que
permitió el instantáneo goteo de sangre.
40
―Dijiste no sólo humanos, Don, entonces ¿sobre qué más hace Madigan sus
experimentos genéticos?
La mirada de sorpresa de Tyler coincidió con su pensamiento, “Eres una perra
FRÍA”. No se daba cuenta que todo lo que me quedaba era salvar a mis amigos, y
Don había demostrado que no estaba dispuesto a renunciar a la información.
―¿Qué más?
El ruido que hizo Don fue más un ladrido agonizante que una risa.
―Nada. Todo.
Sostuve la mirada de mi tío mientras dije las siguientes palabras.
―Te ordeno no irte hasta que haya acabado mis preguntas. ¿Entendido?
Su cabeza se sacudió afirmativamente. Mi siguiente mirada fue dirigida a
Marie. Permaneció erguida, y tras un gesto de sus dedos, los Remnants dejaron a
Don, para rodearla como un halo retorcido y etéreo.
―¿Por todo te refieres a ghouls? ―preguntó ella a mi tío con voz sedosa.
Don no contestó. Bones me miró. Apreté los dientes, mordí mi labio otra vez
y repetí la pregunta.
―Probablemente.
―¿Por qué no estás seguro? ―Esta vez vino de mí.
Don se inclinó hacia delante, rodeándose con los brazos el torso como si
intentara protegerse de los Remnants que ya no estaban ahí.
―Cuando trabajábamos juntos, sólo éramos capaces de encontrar cuerpos,
pero esas cáscaras secas eran inútiles para los propósitos de Madigan. Ninguno de
nuestros operativos fue capaz de traer un espécimen vivo... hasta Cat.
Mi culpa se echó atrás ante esa información. La expresión de Bones se cerró y
no necesitaba un espejo para saber que mi propia cara se había endurecido en los
mismos planos pétreos.
―Madigan y tú todavía trabajaban juntos cuando me trajiste a bordo. ―Una
afirmación, no una pregunta. Don la contestó de todos modos.
―No pensamos que te quedarías, así que mientras te teníamos, intentamos
aprender tanto como pudiéramos sobre tu dualidad de especies.
―Oh, lo recuerdo ―le corté―. Me sacaste sangre cada semana, además tenía
más RMNs1, rayos X, TACs2, citologías y biopsias de las que podía contar.
Don alejó la vista, su silueta vacilante durante un momento.
41
―Hey. ―Clavé los colmillos en mis labios, haciéndome sangrar―. No te vas,
te aseguro que aún no he terminado. Cuéntame más sobre esos experimentos
genéticos.
Don devolvió la mirada hacia mí, su boca estrechándose en una línea.
―Era Madigan el que los hacía. Una vez que capturó vampiros y ghouls para
trabajar sobre ellos, su ámbito de aplicación se amplió, pero llegó a un punto
muerto intentando combinar códigos genéticos. Las células humanas podían
incorporarse a las de una especie o la otra, pero no a ambas… hasta ti. Como
mestiza, tus células eran las únicas compatibles con ADN de vampiro y ghoul.
Madigan estaba convencido que hacer el mapa y duplicar tu código genético podía
crear una versión segura y sintética de ambos virus vampiro y ghoul para convertir
soldados normales en súper-armas. No le creí, pero entonces sintetizó Brams.
―Espera, Brams venía de sangre de vampiro, no mía ―interrumpí.
Don no dijo nada, aunque por la clara vergüenza de su expresión, no
necesitaba hablar.
―Cabrón mentiroso y manipulador ―gruñó Bones, avanzando hacia él―. Si
fueras sólido, te sacaría la perfidia a golpes aunque tomara toda mi considerable
fuerza.
Don pasó una mano por su cabello gris, pareciendo más cansado de lo que
nunca le había visto.
―Madigan intentó fabricar Brams primero con sangre de vampiro, luego con
ghoul, pero falló. La completa transformación de humano a no muerto cambió el
código genético demasiado para que él lo manipulara. Sólo la sangre de Cat, con su
1
2
RMN: Resonancias Magnéticas Nucleares.
TAC: Tomografía Axial Computarizada.
ADN humano y de vampiro entrelazado a nivel celular, aunque no completamente
transformado, era adecuada.
Marie miró a los Remnants todavía a su alrededor, elevando una ceja. Di con
la cabeza una enfadada negativa. No, no lanzaría esas criaturas de vuelta sobre mi
tío incluso si él había permitido un uso megalómano de mi sangre para crear una
droga secreta que sanaba huesos rotos y heridas sangrantes como magia. Cuando
Don me habló al principio sobre ello, me dijo que venía de filtrar los componentes
de la sangre de no muerto, así que la llamaríamos Brams en honor al escritor del
vampiro más famoso del mundo.
42
Parece que deberíamos haberla llamado Cats por la mestiza más crédula del
mundo. Pensaba que todas las extracciones de sangre y pruebas eran porque Don
era paranoico sobre mí “volviéndome malvada” por beber sangre de vampiro.
Poco sabía yo que Don estaba en secreto haciendo tratos con el diablo.
―¿Durante cuánto tiempo usó Madigan su sangre, células y tejido para sus
inmundos experimentos? ―preguntó Bones en tono seco.
No tuve que morder mi labio y repetir la pregunta. Don parecía ansioso por
responder.
―Yo le cerré el grifo tan pronto como me di cuenta de que estaba equivocado
con Cat. No era corrupta como mi hermano...
―O tú ―añadió Bones.
―O yo ―concedió Don con cansancio―. Así que cuando Madigan se negó a
echar marcha atrás en sus experimentos con ella, le despedí del programa.
Al fin, aquí estaba el origen de la enemistad entre los dos hombres. No me
extraña que Don haya querido llevárselo a la tumba y más allá. Si hubiera estado
vivo mientras relataba esto, no creo que hubiera podido evitar que Bones le
matara, a juzgar por la rabia que irradiaba su aura.
―No te creo ―espetó Bones―. No despediste a tu socio en silencio porque
de repente recordaras tu conciencia. Madigan debe haber querido algo
verdaderamente horrible para que finalmente actuaras.
La mirada de Don saltó hacia mí, entonces la apartó.
―No.
―Mentiroso.
La acusación no vino de mí, aunque lo pensé el instante antes de que Marie lo
dijera. Los ojos color avellana de la reina vudú se clavaron en Don como láseres
gemelos.
―Miente otra vez, fantasma, y liberaré a mis siervos.
Don miró a los Remnants y tembló. Sus bocas estaban obscenamente abiertas,
y comenzaron a correr alrededor de Marie como si no pudieran esperar a lanzarse
sobre él de nuevo. Dexter gimió mientras se escondía detrás de las piernas de
Tyler. Incluso el perro tenía miedo de ellos.
Mi tío abrió la boca… y nada salió. Entonces, con un temblor final, cuadró los
hombros y extendió los brazos.
Déjales venir, casi gritaba su postura.
Mordí mi labio tan fuerte que los colmillos lo atravesaron.
43
―¿Qué más quería hacer Madigan, Don? ¿Cosechar mis órganos?
¿Vivisección? ―Esas eran las cosas más horribles que se me ocurrieron, pero
cuando su cabeza se alzó y su expresión era una mezcla de vergüenza absoluta y
un ruego de comprensión, supe que era peor.
―Quería fecundarte forzosamente para producir más sujetos de prueba con
tu ADN compatible con tres especies, pero tan pronto como lo sugirió, le eché…
Sentí la grieta en los escudos de Bones justo antes de que la urna atravesara a
Don y estallara en la pared detrás de él. Aunque había sido lanzada con suficiente
fuerza para enviar una nube de cenizas a través de las piezas rotas, ninguno de
nosotros la había tocado, los ojos de Marie se ampliaron mientras miraba
alrededor. Entonces una lenta sonrisa se extendió por sus labios.
―Interesante ―dijo, mirando fijamente a Bones.
―Más bien raro cuando hace eso ―murmuró Tyler a nadie en particular.
A Bones no parecía importarle haber descubierto ante Marie sus habilidades
telequinéticas. Su mirada era toda para Don mientras clavaba un dedo en dirección
a mi tío.
―Mereces permanecer como un fantasma para siempre.
―Yo… yo no lo hice ―comenzó Don.
―Cállatelo ―tronó Bones.
El suelo en realidad comenzó a temblar cuando bajó sus escudos y el
completo peso de su encendida furia rompía en la habitación.
―Permitiste que Madigan viera lo valiosa que ella era para su plan de súpersoldados, entonces despertaste su apetito negándote a permitirle acercarse a ella
durante años. ¡Sangriento infierno, ella es un vampiro por completo ahora, y
todavía sigue obsesionado con ella! Pero tú lo sabías cuando corrió a tomar tu
trabajo tras tu muerte, y aun así te negaste a divulgar la verdad, así que ahora no
tienes permitido defenderte.
No hablé tampoco, todavía aturdida por esta bomba. Mi relación con Don
siempre había sido complicada, es verdad. Cuando nos conocimos, me chantajeó
para que trabajase para él. Fue sólo después de descubrir que estábamos
emparentados que supe la razón de los prejuicios de Don contra los vampiros.
Max, mi padre, había asesinado a sus propios padres después de convertirse en un
vampiro. Durante décadas, Don había culpado de las acciones de su hermano al
vampirismo antes de finalmente admitir que Max había sido un imbécil retorcido
cuando era humano, también.
44
―Hazle decirte dónde está, Gatita. ―El tono duro de Bones me sacó de mis
pensamientos.
―¿Dónde está qué?
―Las instalaciones que Madigan usaba para trabajar. ―Comenzó a dar
vueltas alrededor de mi tío, deteniéndose sólo para extraer un trozo de la urna de
Don de debajo de su bota.
―No estaba trabajando en tu antiguo recinto ―continuó Bones―. Conocías
cada centímetro de ese lugar, sin mencionar que lo habría leído de los
pensamientos de alguno de los empleados. Así que, ¿dónde estaba Madigan
llevando a cabo sus experimentos? Probablemente, sea donde Tate y los otros están
ahora.
―¿Dónde? ―pregunté a Don, rasgando mi labio mientras dije esa única
palabra.
―Charlottesville, Virginia, en la vieja fábrica de suministros de fontanería en
Garrett Street, pero ha estado vacía durante años.
―Lo comprobaremos de todos modos ―afirmó Bones―. Nunca abandonó su
proyecto favorito como su interés en Cat y mi gente desaparecida atestiguan.
Marie alzó las cejas, otro gesto de sus dedos hicieron que los Remnants
desaparecieran como succionados por un torbellino invisible. Entonces se acercó,
su movimiento de alguna forma más amenazante por lo relajada que parecía.
―Cuando encuentres esta instalación, necesitas cerrarla y eliminar a todo el
que esté asociado a los experimentos.
―Oh, tengo intención de hacerlo ―dije, aún dividida por la culpa por lo que
le había hecho a Don y la rabia por lo que él había permitido que Madigan me
hiciera.
―Las intenciones no son suficientemente buenas. Tienes sesenta días.
―¿Qué? ―espeté―. Ni siquiera estamos seguros de dónde está esta
instalación. Además, Madigan ha trabajado en operaciones encubiertas durante
décadas. ¡Podría tener laboratorios secretos y bases por todo el país!
―Exactamente ―dijo Marie.
Entonces apuntó hacia mí, y no creo que fuera un accidente que lo hiciera con
el dedo con el anillo de invocar a los Remnants.
―No soy la única que no tolerará a humanos intentando crear súpersoldados mezclando nuestros códigos genéticos ―continuó Marie―. Si no has
destruido esta operación por completo en sesenta días, asistiré al Consejo
Guardián para eliminarlos por otros medios.
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―¿Ustedes tienen un consejo? ―preguntó Tyler pareciendo intrigado.
No contesté. Estaba demasiado ocupada traduciendo lo que eso significaba.
“Tierra arrasada” sería una amable descripción de lo que quedaría si Marie y el
cuerpo de reglas de los vampiros se ocupaban de esto. No pararían hasta matar a
Madigan y sus científicos locos… destruirían a todos, hasta el último oficinista o
jardinero. Eso significaría cientos de empleados, sin mencionar a mis amigos, si
todavía estuvieran vivos.
Y tal masacre podría provocar que los líderes mundiales que lo sabían
dejaran de hacer la vista gorda ante la existencia de ghouls y vampiros. Marie sabía
esto, pero ella y los Guardianes de la Ley se arriesgarían para asegurarse que la
fusión de especies cruzadas nunca se convirtiera en una realidad. Después de todo,
los vampiros y ghouls casi habían peleado en dos ocasiones antes sobre la
posibilidad de que una persona pueda ser mitad vampiro y mitad ghoul al mismo
tiempo. La última vez, esa persona había sido yo, y sólo mi conversión en un
vampiro completo había impedido tal guerra. Madigan, el tonto arrogante, no
tenía ni idea del nido de avispas que había despertado, y si teníamos mucha suerte,
moriría sin llegar a saberlo.
Naturalmente, necesitaríamos mucho más que suerte, como la desalentadora
mirada que Bones me lanzó me recordó. Me quedé mirando a Marie, sin saber
cómo detendríamos esto en el tiempo asignado, sólo sabiendo que teníamos que
hacerlo.
―Imagino que eso significa que te veremos en sesenta días.
Su sonrisa era delgada.
―Eso espero, Reaper, por el bien de todos nosotros.
Capítulo 7
L
46
a caravana olía como un restaurante italiano que ha sido invadido por
drogadictos. No hace falta decir que no quería hablar con mi tío en ese
momento, así que si Don tenía intenciones de viajar a Charlottesville,
lo iba a hacer por la línea de luz. Teníamos suficiente ajo y hierba para
contener a un ejército etéreo. Tyler tampoco iba con nosotros para investigar el
antiguo recinto de Madigan. La médium estableció que Dexter y él se quedaban
fuera de esto, una sabia decisión. Me dejaba también una persona de confianza con
la que dejar a Helsing. Mi gato había gastado probablemente ocho de sus nueve
vidas en las otras batallas en las que había participado. No iba a abandonarlo en la
que podría convertirse en la más peligrosa hasta ahora.
No fuimos directos desde Nueva Orleans hasta Charlottesville. Nos
detuvimos en Savannah, Georgia, primero. Conociendo a la persona a la que
íbamos a recoger, esperaba que la dirección que nos había dado nos llevara a una
mansión o un club de striptease, pero en cambio acabamos en una casa modesta
cerca del parque Forsythe.
―El sistema de navegación debe habernos perdido ―murmuré.
Entonces la puerta se abrió, y un vampiro alto y de cabello rojizo apareció. Se
detuvo para soplarle un beso a la despeinada rubia que se demoraba en la puerta a
pesar de llevar sólo una toalla.
―Ten esa espátula preparada cuando vuelva ―le canturreó Ian.
―Ni siquiera quiero saber qué significa eso ―fueron mis primeras palabras
cuando se metió a la caravana.
Ian chasqueó la lengua mientras se colocaba en el asiento detrás de nosotros.
―¿No? Qué vergüenza, Crispin. Casado tanto tiempo, ¿y no has azotado a tu
mujer con una espátula metálica todavía?
Me había acostumbrado a la asunción de Ian de que todo el mundo era tan
pervertido como él, así que no vacilé.
―Preferimos batidores para nuestros juegos con utensilios de cocina ―dije
con cara seria.
Bones ocultó su sonrisa tras la mano, pero Ian miró intrigado.
―No he intentado eso… oh, estás mintiendo, ¿verdad?
―¿Eso crees? ―le pregunté con un resoplido.
Ian dio un suspiro de exagerada paciencia y miró fijamente a Bones.
―Estar relacionado con ella a través de ti es una verdadera prueba.
Esta vez, Bones no intentó ocultar su sonrisa.
―Eso es por lo que puedes elegir a tus amigos pero no a tu familia, primo.
Una emoción apareció en la cara de Ian antes de que la cubriera con su
habitual sonrisa afectada de soy un dolor en el culo y estoy orgulloso de ello. Si
fuera alguien más, juraría que era alegría infantil por oír a Bones llamarle “primo”.
47
Eventos recientes habían revelado su conexión humana largamente perdida,
convirtiendo a Ian tanto en el maestro vampiro de Bones como en su único
pariente sanguíneo vivo.
Eso significaba que nunca me libraría de él. Claro que, considerando lo que
mis parientes sanguíneos habían hecho, Ian era casi un santo en comparación.
―No dijiste demasiado cuando me llamaste, ¿así que cuál es la crisis esta
vez? ―dijo Ian arrastrando las palabras, sonando aburrido.
Bones expuso el plan de Madigan para crear súper-soldados mezclando ADN
de vampiro, ghoul y humano. Cuando acabó, Ian ya no parecía como si estuviera
luchando contra un bostezo.
―Tan pronto como escuché que los humanos estaban clonando ovejas,
esperaba que este día llegara. Debería haber imaginado que estarías
completamente involucrada, Reaper.
―Nuestra prioridad es eliminar el programa mientras minimizamos el daño
colateral ―dije, luchando contra una punzada de dolor mientras añadía―: Y
rescatar a nuestros amigos, si todavía están vivos.
Ian gruñó.
―Eso no es todo. Si Madigan tuvo éxito, también tendrás que destruir
cualquier fruto de su trabajo.
Estaba contenta de que Bones estuviera conduciendo porque eso hizo que
cada músculo de mi cuerpo se congelara. Había estado tan preocupada por las
consecuencias de potenciales especies mezcladas que no había considerado lo
horribles que serían las repercusiones si ya hubiera ocurrido. Si los vampiros o
ghouls descubrieran que sus atributos más fuertes podían ser sintetizados, luego
añadidos a cualquier miembro de la raza humana, su reacción sería brutal. No
sería la Tercera Guerra Mundial, sería la Guerra Mundial V y G.
―Tienes razón. ―Mi voz era un graznido―. Si ya ha hecho soldados
genéticamente mezclados, deberán ser eliminados antes de que las naciones de
vampiros y ghouls se den cuenta de que es posible.
U otros gobiernos intenten hacerlo por sí mismos.
No dije eso en voz alta, pero aun así quedó suspendido en el aire. De repente,
la fecha límite de sesenta días de Marie parecía generosa.
―Podría no llegar a eso, Gatita ―dijo Bones, expandiendo su aura para
envolver una suave banda alrededor de mis emociones―. Con suerte Madigan
está todavía en la etapa de ratas de laboratorio.
―Eso espero ―murmuré.
48
Si no, me ponía en la posición de ejecutar a gente por el crimen de ser
genéticamente diferente, un cargo del que yo sería culpable desde el día en que
nací. ¿Podía realmente hacerlo?, me pregunté.
La pregunta más preocupante era, ¿qué pasaría si no pudiera hacerlo?
* * *
Charlottesville, Virginia, me recordaba a una versión más grande de la
ciudad en la que Bones y yo vivíamos. Estaba localizada también en las Montañas
Blue Ridge, y la vista de sus cimas nubladas me provocó una punzada de anhelo.
Crecí entre las suaves colinas de la rural Ohio, pero desde la primera vez que vi las
montañas, sentí que eran como un hogar para mí.
Allí es donde deseaba estar justo ahora. En casa con Bones, rodeados de
montañas que parecían mantener al resto del mundo aparte. Los pasados meses de
relativa tranquilidad me habían mostrado lo que la mayoría de la gente llama una
vida normal, y para mi gran sorpresa, me encantó. En casa, los únicos objetos de
metal afilados que manejaba eran para el nuevo jardín que había plantado, y los
únicos gritos que oía eran los maullidos de Helsing si el gatito sentía que no estaba
recibiendo suficiente atención.
Solía tener prisa por ir de caza, pero por mucho que quería a Madigan
muerto, si hubiera podido matarle yo misma para que todo esto acabara, lo habría
hecho. Sin dudarlo un segundo.
Quizás esto era lo que la gente llamaba volverse viejo. O quizás, después de
tantos años de “cazar, matar, reagruparse y repetir”, me daba cuenta de que no me
quedaba nada más que probar, ni a mí ni a nadie más. El odio a los vampiros ―y a
mí misma― me había puesto en este camino letal a los dieciséis años. Gracias a
Bones, todo ese odio se había ido hace tiempo, y la existencia había sido
reemplazada por una vida real.
49
Quería volver a esa vida, y sólo una cosa se interponía en mi camino.
Madigan. Mi mandíbula se apretó. Gracias a él, no había acabado de cazar y matar
todavía. Dejamos la caravana en un área boscosa y alquilamos un sedan de
apariencia normal para nuestro reconocimiento. Entonces esperamos hasta que
oscureció para rodear Garrett Street, conduciendo hasta pasar la antigua fábrica de
suministros de fontanería tan lentamente como pudimos sin despertar sospechas.
Como Don había predicho, el edificio parecía estar abandonado. Sin coches en el
estacionamiento, sin luces en el interior, y las cámaras de seguridad no estaban
operativas. Eso, o alguien debería ser despedido ya que las lentes de dos de ellas
estaban rotas hasta el punto de ser inútiles para la vigilancia.
―Parece que nadie ha usado este sitio durante años ―comentó Ian.
Tal y como dijo Don. La decepción me inundó. ¿Ahora qué?
―No tenemos tiempo para esperar hasta que Madigan finalmente salga de su
viejo recinto ―dijo Bones.
―Aunque disfrutaría atrapándole y torturándole hasta obtener de él la
verdad, tenemos una fecha límite, y podrían pasar semanas antes de que deje la
seguridad de esas instalaciones.
―Incluso si tenemos suerte y las dejara mañana, sería obvio quién le
secuestró si Madigan “desapareciera” tan poco tiempo después de que fuimos a
verle ―añadí.
Tampoco podíamos irrumpir en mi antiguo recinto para capturarle por esa
misma razón. Si lo hiciéramos, estaríamos mostrando nuestra mano a aquel con el
que Madigan estaba involucrado, y por lo tanto, dando a esa persona una
oportunidad para cambiar su base de operaciones. O incrementar su seguridad.
No, el elemento sorpresa era nuestra única ventaja. Gracias a Dios que Madigan no
sabía que Don se había convertido en un fantasma. Por lo que concernía a
Madigan, no teníamos forma de descubrir sus intenciones de mezclar especies, no
dándole ninguna razón para ser más paranoico sobre protegerse más de lo que ya
estaba. Hasta el día en que me mostrara para matarle, así es como pretendíamos
mantenerlo.
―Podemos intentar alguna de las otras bases que Don y yo usábamos como
casas seguras ―comencé, sólo para obtener un repentino “¡Shh!” de Bones para
silenciarme.
Miré alrededor, sacando un cuchillo de plata. Nada se dirigía hacia nosotros,
y mis sentidos no se habían alertado ante ninguna energía sobrenatural, así que,
¿qué era?
Ian también miró alrededor antes de encogerse de hombros como si dijera,
“Ni idea”.
Miré de vuelta a Bones. Un ceño fruncía sus cejas, y su cabeza estaba
inclinada hacia un lado.
―¿Has oído eso? ―preguntó suavemente.
50
Envié mis sentidos hacia fuera. Ruido del tráfico cercano competía con
sonidos de los restaurantes y otros negocios a lo largo de la calle, pero ninguno de
ellos sonaba amenazante.
―No oigo nada fuera de lo normal ―murmuró Ian.
―No tú ―dijo Bones con un deje de disculpa―. Tú, Gatita.
¿Yo? Qué podría yo oír que Ian no pudiera… oh, cierto. Aparté los sonidos
audibles para concentrarme en el zumbido de pensamientos por debajo. Después
de un momento, trozos de oraciones se deslizaron en mi mente. La mayoría de las
áreas pobladas a lo largo de la calle, pero unas pocas parecían ser transmitidas
desde otro lugar.
Debajo del edificio
Bones comenzó a sonreír.
en
ruinas
que
habíamos
estado
observando.
―No cerraron las antiguas instalaciones de Madigan. Las trasladaron más
abajo.
Capítulo 8
M
51
i amigo Vlad me dijo una vez que a prueba de sonido no
significaba a prueba de mentes porque la telepatía viaja a través
incluso de las paredes más gruesas. Lo que significa: Cualquier
oficial de gobierno que haya respaldado secretamente a Madigan
después de que Don lo despidiera había sido cuidadoso. Incluso con los sentidos
sobrenaturalmente agudizados de un vampiro, nada visible o audible nos daba un
indicio de que el antiguo laboratorio estaba todavía operativo, aunque a cuatro
plantas por debajo de su ubicación original. Sólo la habilidad de Bones y mía de
leer mentes nos dio la pista; aunque si no fuera por él, podría habérmela perdido
de todos modos.
Seguimos los pensamientos de un empleado en la entrada de la instalación,
oculto en el ascensor de un estacionamiento a dos bloques de distancia. Aprieta
uno de los cuatro botones disponibles, y obtienes el nivel del estacionamiento
indicado, pero mantienes el primero y el tercer botón pulsados al mismo tiempo,
entonces introduces un código y desciendes varios niveles hasta un túnel secreto
que conecta las dos localizaciones.
Alguien que pusiera tanto esfuerzo en ocultarse no escatimaría en vigilancia,
así que no intentamos capturar al empleado allí. En cambio, Bones esperó al otro
lado de la calle antes de seguir al joven rubio con gafas que subió a su vehículo y se
marchó. Ian y yo fuimos a pie, esperando en lados opuestos de la calle. Sin
importar qué camino tomara, nos pasaría a uno de nosotros.
Tuve la suerte de que pasara por mi lado y lo aproveché rompiéndome el
tacón y fingiendo tropezar en medio de la calle. El coche del joven se detuvo con
un chirrido a sólo unos centímetros de donde estaba agachada.
―¿Qué demonios, señora? ―espetó, bajando la ventanilla.
Mantuve la cabeza baja para que el cabello ocultara mi cara. ¿Quién sabe si
Madigan había hecho circular mi foto entre sus empleados?
―Mi tobillo ―dije con voz agitada―. Cre… creo que está roto.
Una bocina sonó detrás de él, e hizo un ruido de exasperación.
―Roto o no, tienes que salir de la calle.
Me levanté, todavía manteniendo el cabello en mi cara, y entonces me
desplomé con un grito falso cuando puse peso sobre el tobillo.
―No puedo ―gemí.
Unas pocas personas miraban desde la acera, pero ninguna de ellas se ofreció
a ayudarme. Dios bendiga la indiferencia de la sociedad. Si no hubiera estado
bloqueando la carretera, el empleado de Madigan habría estado igualmente
despreocupado, como sus pensamientos revelaban, pero yo era un obstáculo que
necesitaba ser eliminado. Con un resoplido de irritación, salió de su coche y vino
hacia mí.
―Dame la mano, te…
52
Eso es todo lo que dijo antes de que le golpeara con mi mirada, notando con
alivio que sus ojos se pusieron vidriosos inmediatamente. Había estado medio
preocupada de que Madigan hubiera adoctrinado a sus empleados contra el
control mental dándoles sangre de vampiro.
―No hables. Entra en el coche, en el lado del acompañante ―dije en voz baja
y resonante mientras subía al asiento del conductor. El empleado rubio obedeció,
deslizándose en el asiento al lado del mío sin una palabra.
Unos jadeos sonaron de las personas que miraban este giro de los
acontecimientos, pero entonces Ian se acercó furtivamente al grupo.
―Mío, mío, mío ―dijo mientras recogía los móviles de los espectadores,
mostrando su propia mirada hipnotizadora para detener las instantáneas protestas.
Ahora, al menos, no tendríamos que preocuparnos sobre un vídeo de esto
acabando en internet.
Aceleré sin esperar a Ian. Él sabía dónde íbamos. Conduje lo suficientemente
lejos para abandonar el coche en un área oscura y desierta antes de tirar del
empleado rubio y elevarnos en la noche.
Demasiado tarde, me di cuenta de mi error. Había ordenado al hombre que
no hablara; no le había ordenado que no se asustara. Cuando estábamos a un
kilómetro de distancia, algo cálido traspasó mis vaqueros. Una mirada hacia abajo
confirmó mis sospechas.
―Eww, ¿te has meado sobre mí?
El chorreador no contestó, por supuesto. Le alejé tanto como pude sin dejarlo
caer, ordenándole tardíamente que no tuviera miedo. Dejó de hiperventilar, pero la
mancha delante de su pantalón seguía creciendo. Parece que una vez que el grifo
se abría, no pararía hasta que estuviera vacío. Para empeorar las cosas, sin
importar hacia donde lo girara, una mancha húmeda seguía acercándose a mí.
Ian se reiría hasta la locura cuando viera esto.
Apreté los dientes y me centré en dónde estaba, contenta de que el viento
mantuviera el olor apartado de mí.
Orientarse a vista de pájaro era difícil ya que las señales de la calle eran
ilegibles desde esta altura, pero después de un par de ajustes, aterricé en el césped
cerca de nuestra caravana, levantando sólo un poco de tierra con el impacto.
―Estás mejorando, Reaper ―apuntó una voz con acento inglés detrás de
mí―. Aunque te ha llevado bastante tiempo.
Maldita sea, Ian ya estaba aquí. Me preparé en cuanto salió de detrás de la
caravana. Olió, arrugando la nariz. Luego miró sobre mí y mi rubio cautivo,
sonriendo.
53
―¿Te las arreglaste para participar en una lluvia dorada por el camino? Qué
lujuriosa. Estoy impresionado.
―Ahórratelo ―dije encrespada, liberando a Chorreador y ordenándole que
no corriera. Ya que también le había ordenado que estuviera en silencio y no se
asustara, permaneció ahí, sus pensamientos transmitiendo sólo curiosidad por
estar atrapado en el bosque con dos criaturas de ojos brillantes.
Le transmití todo el peso de mi hipnótica mirada antes de hablar otra vez.
―Cuando te haga una pregunta, contestarás con nada más que la verdad,
¿entiendes?
Un firme asentimiento mientras la palabra “Sí” cruzó su mente.
―¿Cómo te llamas? ―fue mi primera pregunta. No podía seguir llamándole
Chorreador aunque mi pantalón fuera la prueba de la exactitud del apodo.
―James Franco.
―¿Cómo el actor? ―No pude evitar preguntar.
Su expresión se transformó en una sonrisa.
―Sí, pero más pobre y más feo.
No quería que James me resultara divertido. Con su trabajo, esto no parecía
que fuera a acabar bien.
―No hables a no ser que sea para contestar mis preguntas ―dije con voz
dura―. ¿Sabes lo que somos?
―Sí.
Una réplica seca esta vez. Di un brusco asentimiento.
―Bien, eso ahorra tiempo en explicaciones. Ahora, ¿sabes quiénes somos?
―No.
Imagino que no habría necesitado esconder mi cara antes.
―¿Alguna vez has oído el nombre Cat Crawfield?
―No.
Ian y yo intercambiamos una mirada sorprendida. Los pensamientos de
James eran algodonosos debido al control mental que había aplicado sobre él, pero
eran acordes a su respuesta, no es que yo creyera que estuviera fingiendo estar
hipnotizado.
―¿Qué haces en tu trabajo? ―Sería mala suerte haber capturado un
chupatintas que no tenía ni idea…
54
James comentó a detallar una complicada descripción del análisis del ADN,
corte de genes y genética de cruce de especies. No entendí la mitad de lo que dijo,
pero la esencia estaba clara: Estaba justo en medio de los experimentos de
Madigan.
―¿Tienen tus instalaciones gente como yo atrapada? ―pregunté, dejando al
descubierto mis colmillos para enfatizar.
―No.
―¿Por qué mierda no? ―espeté con frustración. Si Tate y Juan no estaban
ahí, entonces Dave y Cooper tampoco lo estaban. ¡Maldita sea, esta había sido
nuestra mejor pista!
―Los sujetos de prueba se encuentran en otros lugares ―replicó James a mi
pregunta retórica.
―¿Dónde? ―preguntó Ian antes de que yo pudiera.
James parpadeó.
―No tengo autorización para esa información.
Bones caminó al claro justo cuando agarraba a James por los hombros y lo
levantaba de sus pies, casi sacudiéndole por mi repentina ola de esperanza.
―¿Quién las tiene?
Las dos palabras salieron espaciadas por mi vehemencia, pero simplemente
se ganaron otro lento parpadeo.
Entonces James habló, y mis recién nacidas esperanzas fueron aplastadas.
―Sólo el viejo, el director Madigan.
* * *
Tiré para abrir la diminuta puerta de la ducha, y maldije cuando la arranqué.
En mi humor de perros, había olvidado controlar mi fuerza, un error de novata
que no había cometido en años. Lo próximo sería mostrar los colmillos a un turista
y decirle con mal acento europeo que quería beber su sangre.
―No todo está perdido, Gatita.
Bones apareció en el diminuto dormitorio de la caravana. Me envolví una
toalla alrededor y le lancé una mirada hastiada.
―Eres famoso por tu honestidad, así que las cosas deben estar bastante mal si
me estás mintiendo para hacerme sentir mejor.
55
Una sonrisa se dibujó en sus labios.
―No miento, amor. James sabe más de lo que cree.
Me acerqué al estrecho armario y elegí otro traje, mirando detrás de mí para
asegurarme de que Bones había cerrado la puerta antes de dejar caer la toalla. Ian
espiaría descaradamente por un espectáculo gratuito, con lazos familiares o sin
lazos familiares.
―Aparte de dañar a mi cerebro con las complejidades del código genético y
empalme de ADN, no veo cómo su conocimiento nos ayudará a encontrar a
nuestros amigos. Si Madigan no los ha matado todavía.
Por las lujuriosas miradas que Bones dirigía a ciertas partes de mi cuerpo, no
estaba por encima de admirar un espectáculo gratuito, tampoco, a pesar de la
seriedad del tema.
―Mientras te duchabas, James reveló que nuevas muestras de sangre se
envían al edificio cada dos semanas para pruebas. La última hace ocho días, así
que pronto llegará una nueva. Ese mensajero tendrá la información de dónde
viene, y encontraremos la instalación a partir de ahí.
―¿Crees que Madigan es lo suficientemente tonto para poner una dirección
de remitente en la etiqueta de FedEx?
Mi pregunta fue brusca para cubrir la chispa que titilaba en mi interior. Por
favor, Dios, deja que esto funcione, no tenemos nada más...
Bones tomó la ropa que iba a ponerme y la echó a un lado.
―No, pero el mensajero o bien procederá de la instalación, o nos dirá de
quién recibió el paquete. Eso nos dirigirá a Tate y los otros, Gatita, te lo prometo.
Entonces me atrajo hacia él, con su boca inclinada sobre la mía. Uno a uno, los
botones de la camisa se abrieron hasta que nada más que dura y lisa carne se
frotaba contra mi piel desnuda. Mi gemido se convirtió en un grito ahogado, en la
demanda de un beso, y cuando sus escudos cayeron y la lujuria se derramó sobre
mis emociones como caramelo caliente, me estremecí.
―Ian ―dije.
Una risa vibró contra mis labios.
―No le apetece unirse a nosotros, lo siento.
Empujé contra su pecho, pero no se movió.
56
―Nos oirá ―dejé salir antes de que la boca de Bones me robara la voz.
Entonces su mano me robó la razón cuando se deslizó entre mis piernas,
acariciando la carne que se hinchó y palpitó bajo su toque.
Otra risa, ésta claramente malvada.
―Sí, así que no seas tacaña con los cumplidos.
Tenía la intención de discutir más. Entonces su mano no fue la única
acariciándome. El poder recorrió mi cuerpo en deliciosos cosquilleos, haciendo que
mi carne ronroneara antes de asentarse en partes más sensibles con sensuales
intenciones. Apenas noté cuando Bones me deslizó sobre la cama, su cuerpo
cubriendo el mío antes de que mi espalda golpeara el colchón. En el momento en
que su boca quemaba mi estómago y se metía entre mis muslos, no me importaba
que Ian nos oyera.
Todo lo que me importaba era que Bones no se detuviera.
Capítulo 9
L
57
a mujer vestía un uniforme de UPS, pero su plano sedan y
pensamientos revelaron que trabajaba para otro empleador. Aun así,
si Bones y yo no hubiéramos tenido sentidos como láseres en todo el
mundo que entraba a ese garaje, habríamos saltado justo sobre ella.
Para comenzar, estacionó en la acera en lugar del interior del garaje incluso
aunque ahí es donde se estaba dirigiendo. Por otra parte, todo en ella parecía
diseñado para ser olvidable, desde su pantalón corto, cabello deslustrado, hasta su
constitución promedio y sus facciones agradables y aun así planas. Vístela en otro
uniforme, y podría servirte panqueques en el desayunador sin una vez picar tu
curiosidad, aun sus pensamientos estaban en completo contraste a su apariencia.
Tomó nota de sus alrededores con precisión militar al igual que yo trabajé duro en
mis hombres cuando lideraba mi antigua unidad.
Nunca caería por la actuación del tacón roto en la calle. Me habría atropellado
primero y comprobado para ver si era una verdadera amenaza más tarde.
Lo que significaba que necesitábamos un nuevo plan.
―Necesitamos cambiar tácticas ―declaró Bones, haciendo eco de mis
preocupaciones.
Le di a la luz del sol una mirada frustrada. ¡Si solo hubiera caído la noche!
Con la cubierta de la oscuridad, podríamos raptarla y volar lejos con la mínima
oportunidad de alguien dándose cuenta. Pero revelar nuestra especie a la
humanidad con una salpicadura de secuestro sobrenatural en medio de la luz del
día haría nuestro actual predicamento parecer leve en comparación. Había una
razón por la que los vampiros permanecieron en sus ataúdes metafóricos por
milenios. Cualquiera que amenazaba el secreto de nuestra existencia terminaba
muerto de forma dolorosa y sucia por los Guardianes de la Ley.
―Podríamos seguirla a casa, tomarla allí ―sugerí.
―No vive en los alrededores de aquí ―una voz ronca y espesa declaró desde
el asiento trasero.
Ian. Casi había olvidado que estaba aquí, probablemente porque había estado
tomando una siesta las últimas siete horas mientras Bones y yo vigilábamos el
garaje. Ahora estaba sentado encorvado, deslizando su antifaz para dormir de
satín negro a la línea de nacimiento del cabello―. Vive cerca del punto de
recogida, no de la localización de retorno ―continuó, parpadeando a la brillante
luz del sol corriendo en nuestro auto―. ¿Quién es?
―La morena vistiendo el uniforme de UPS ―dije, señalándola mientras
caminaba enérgicamente hacia el elevador. Desde nuestras posición, estacionados
en la cima de una colina al otro lado de la calle, teníamos una buena vista del
garaje de varios niveles, que era el por qué elegimos el lugar.
Ian miró hasta que desapareció dentro del elevador. Luego miró de nuevo
hacia mí.
―No te preocupes muñeca. La conseguiré.
58
―Necesitamos hacer esto con discreción. Si quisiera hacer una escena colosal,
me gustaría simplemente arrastrarla pateando y gritando ahora ―dije, sin agregar,
“idiota” solo porque era familia.
―Ella vendrá sin problemas ―dice Ian con confianza.
―Tú no puedes hacer lo de los ojos verdes en el elevador, habría vigilancia
de video. Así que será en el garaje ―repliqué.
―No necesito eso ―dijo Ian, parpadeando esmeralda en su mirada turquesa
por una fracción de segundo―, cuando tengo esto.
Con un golpe casual de su mano, arranco la camisa abierta, causando que los
botones volaran por todas partes. Con otro movimiento se liberó de su antifaz
tirándolo lejos. Finalmente, sus dedos peinaron su cabello largo hasta el hombro y
sonrió a su reflejo en el espejo retrovisor.
―Soy, después de todo, irresistible.
No pude contener mi bufido.
―Me resistí a ti el día que nos conocimos, ¿o no me recuerdas estacando un
cuchillo en tu pecho?
Ian sonrió con una malicia perezosa.
―Lo recuerdo, pero pareces haber olvidado que me besaste primero. Y lo
disfrutamos a fondo.
Atrapada fuera de guardia, me ruborice. ¡Hey, había estado célibe por más de
cuatro años en ese momento, no estaba pensando con claridad!
―Ian ―advirtió Bones.
Él ondeo una mano.
―Deja de gruñir, Crispín. Estoy por encima de mi vieja atracción por tu
esposa, pero el punto es que soy impresionante.
Con eso, se bajó del auto y se acercó con su camisa abierta aleteando detrás
de él como mini capas gemelas.
―Vuelve aquí ―siseé, no grité solo porque estábamos tratando de estar de
incognito.
Ian sopló un beso sobre su hombro y siguió caminando, dirigiéndose por la
colina hacia el garaje. Bones sostuvo mi mano cuando había abierto la puerta del
auto para ir detrás de él.
―Deja que lo intente, Gatita. Los anzuelos funcionan mejor cuando están
cebados.
59
Lo hacían, pero la mensajera que salía era demasiado astuta para morder este
particular pedazo de cebo. Solo esperaba que Ian no soplara nuestra cubierta
después de que su pecho desnudo pavoneándose lograra barrerla.
―Para que conste, traté de detener esto ―dije sombríamente. Luego giré mi
atención de regreso a Ian.
El sol de la tarde le dio a su cabello de tono cobrizo reflejos dorados y se
aseguró que las fuertes líneas de su pecho y abdomen estaban en completa
exhibición cuando a su paso mantuvo su camisa ondulando detrás de él. A
regañadientes, tuve que admitir que muchas cabezas giraron, y más que unos
cuantos autos ralentizaron cuando conductoras le dieron una segunda, tercera, y
cuarta mirada. Ian respondió con una sonrisa deslumbrante, haciéndolo parecer
casi angelical ante cualquiera que no supiera que era un hijo de puta sin
conciencia.
Cuando cruzó la calle, dio un tirón en su cinturón y tuvo a sus vaqueros
estableciéndose incluso más abajo en sus caderas. Otro par de centímetros, y
estaría deslumbrando con la hendidura de la ingle, y desde las miradas ávidas
apuntadas en su dirección, eso podría encontrarse con aplausos espontáneos.
―Tengan un poco de dignidad, señoras ―murmuré.
Entonces me sorprendió al agarrar al trasunte más cercano, quien no estaba
embobado por él y tirando al hombre lo suficientemente cerca para besar. Por un
segundo, me pregunté qué diablos estaba haciendo, pero Bones dijo:
―Está de vuelta. ―Mi mirada chasqueó de regreso al elevador del garaje de
nuevo.
La morena salió al nivel de la calle y se dirigió directo a la acera donde había
estacionado. Sin sorpresa de ver que el maletín con el que había llegado ahora se
había ido. Desde sus pensamientos, estaba menos observadora ya que la entrega
había sido realizada con éxito, pero aún le dio a sus alrededores una minuciosa
mirada una vez más mientras caminaba hacia su auto.
Lo que significa que vio a Ian al momento que él se tambaleó en su camino, el
extraño que había abordado ahora empujándolo y rasgando su pantalón. Mis cejas
se elevaron, pero entonces el hombre tomó la billetera de su bolsillo del frente y
con un empujón final lo hizo caer, para salir corriendo.
―Maldito bruto, ¡robo mi billetera! ―gritó Ian.
60
La morena se detuvo cerca de cuatro metros lejos. Yo estaba concentrada en
sus pensamientos, así que supe el momento cuando su desconfianza natural, y
correcta, fue golpeada lejos por algo más. Miro a Ian, quien estaba sobre su espalda
con sus piernas extendidas y su cabeza inclinada. Luego empujó su cabello hacia
atrás, revelando su rostro mientras se sentaba lentamente, no podría evitar sino
notar las músculos ondeando a través de su pecho y abdomen.
Oh sí, él estaba mostrando todo lo que tenía
―¿Tienes un móvil? ―preguntó, su acento inglés más pronunciado―.
Debería llamar a la policía. Acabo de ser asaltado.
―¿Móvil? ¿Quieres decir, teléfono celular? ―preguntó mientras, ¡Deja de
MIRAR, Barbara!, parpadeó a través de su mente.
Barbara. Ahora sabíamos su verdadero nombre. Nadie utiliza un alias para
hablarse a sí mismo.
―Sí ―dijo. Entonces miró abajo a su pecho desnudo como si no hubiera
rasgado su camisa él mismo―. En qué condición me encuentro ―continuó Ian,
realmente arreglándoselas para sonar triste y sacudido a la vez―. El tipo casi
desgarra mis ropas tratando de conseguir mi billetera. Drogas, sospecho.
Precaución urgió a Barbara para dejar al hermoso extraño solo, pero ignoró
eso y vino más cerca de todos modos. Yo estaba contenta y disgustada a la vez.
Que forma de soplar el ego de Ian y desinflar el feminismo a la vez, Barb!
Luego un grupo de personas los bloqueó de la vista. Me tensé, lista para
entrar en acción, pero al siguiente momento, coros femeninos de “¡Pobre cosa!”
“¿Estás bien?” y “¡Déjame ayudarte!” sonó.
Las otras admiradores de Ian había descendida sobre la escena.
―Increíble .―Suspiré. Por solo caminar por la calle sin camisa, se las había
arreglado para reunir un harén.
―Damas, gracias, pero estoy bien atendido ―dijo Ian. Los pensamientos de
Barbara estaban divididos entre la lógica diciéndole que se fuera y el placer sobre
la confianza del guapo hombre en ella. Cuando Ian continuó rechazando a las otras
mujeres en favor de ella, su indecisión se arrugó.
―¿Están todas ustedes sordas? ―chasqueó, su voz autoritaria levantándose
sobre las otras―. ¡Váyanse, antes de que él llame a la policía por acoso también!
Con unas pocas quejas finales, el serio harén se dispersó, permitiéndome ver
la mirada de gratitud mezclada con promesa sensual que Ian otorgó a Barbara.
61
Eso lo hizo. Ella cerró los últimos pocos pasos entre ellos sin duda,
sosteniendo su teléfono celular. Cuando sus dedos se curvearon alrededor de los
de ella mientras lo tomaba, manos frías, se deslizó a través de su mente antes que la
mirada de él se bloqueara en la suya y se iluminara con un brillante verde
hipnotizador.
Oh, mierda, fue su último pensamiento consciente.
―Te dije que esto sería fácil ―dijo Ian, y no estaba hablándole a ella.
Bones arrancó el auto. Miré lejos, no necesitando ver a Ian subir en el de
Barbara para saber que ellos pronto estarían siguiéndonos.
―No habrá forma de vivir con él ahora ―susurré.
Bones gruño divertido.
―Como siempre, Gatita.
Capítulo 10
L
a buena noticia era, después de horas de interrogar a Barbara, que
sabíamos la ubicación de las instalaciones donde muy probablemente
estaban retenidos Tate, Juan, Dave y Cooper, ya que es de ahí de
donde vienen las muestras de sangre de vampiro. Entonces, como el
no-actor James Franco, Barbara fue enviado a seguir su camino con un recuento
sanguíneo bajo y una nueva memoria.
62
Ian iba a darle un servicio adicional, “Yo soy muchas cosas, pero un bromista no
es una de ellas”, había declarado, sin embargo, lo detuve antes de que pudiera hacer
valer su anterior y tácita oferta a Barbara. No teníamos el tiempo, además, su
atracción anterior no equivalía a un consentimiento actual en mi libro.
La mala noticia era, que no sabía cómo podíamos entrar en la instalación sin
ser descubiertos.
* * *
El área de Manejo de Vida Silvestre McClintic en el condado de Mason, West
Virginia, era más comúnmente conocida como el “área TNT”. Durante la Segunda
Guerra Mundial, fue un gran centro de fabricación y almacenamiento de
explosivos. Además de las decenas de refugios de hormigón sobre tierra que
albergaron el TNT antes mencionado, así como los residuos radiactivos, había
también una red de túneles y búnkeres subterráneos construidos para resistir una
explosión nuclear. Después de la guerra, los planos de la enorme instalación
subterránea desaparecieron convenientemente, aunque los refugios superiores solo
estaban sellados y abandonados para que se pudrieran.
Hoy en día, unos pocos cientos de las vías de tres mil y más acres estaban
fuera del alcance del público debido a preocupaciones de seguridad y ambientales.
Incluso el espacio aéreo estaba cerrado sobre una sección de lo preservado después
de que uno de los búnkeres explotó misteriosamente en 2010, pero mientras que el
gobierno posee y supervisa la zona, alguien como Barbara podía entrar y salir sin
despertar las sospechas de los lugareños. Además de los cazadores que
frecuentaban la zona de Manejo de Vida Silvestre McClintic, en esta también estaba
la ubicación original de los avistamientos del hombre polilla que además atrajo
buscadores paranormales por miles.
―En pocas palabras ―le dije a Bones después de pasar varias horas
infructuosas recorriendo Internet para obtener más información―, estamos
jodidos. Barbara siempre recoge el maletín en la parte delantera del depósito de
almacenamiento S4-A, pero eso no significa que es la entrada al complejo
subterráneo. Esa podría estar en cualquier lugar por debajo de las tres mil
hectáreas de pantanos, bosques y maleza, y no podemos ir allí nosotros mismos
para reducir su ubicación escuchando los pensamientos.
63
Después de todo, esto no estaba ubicado en una ciudad como el laboratorio
de Madigan en Charlottesville. Ahí, no sería raro para los vampiros frecuentar los
alrededores. Los cazadores y los aspirantes a críptidos3 podrían ser capaces de
pasearse por la zona de Manejo de Vida Silvestre McClintic sin levantar sospechas,
pero nadie que se precie de vampiro le dispararía a animales por deporte. Ninguno
perseguiría a una criatura sobrenatural que no existiera.
―Si este lugar tiene la seguridad como el complejo de Tennessee ―continué
con frustración―, las alarmas infrarrojas se apagarán si alguien con una
temperatura corporal inferior a treinta y cinco grados entra en la reserva. Y si esas
alarmas activan una explosión instantánea, bueno… no lo llaman la zona TNT por
nada.
Nadie encontraría eso inusual, solo desafortunado. Madigan tenía la
cobertura perfecta con esta instalación.
―Envía a Fabian a explorarlo ―sugirió Ian, refiriéndose al fantasma del que
era amiga.
Le di una mirada agria.
―Es digno de un vistazo, pero dudo que el lugar más importante en el
esquema de Madigan para crear súper soldados, en parte no-muertos, sea también
el único lugar que no sea a prueba de fantasmas.
Bones se tocó la barbilla, su silencio reconociendo en acuerdo. Luego, con una
sonrisa torcida, me lanzó el bolso.
―Tú eres amiga del único vampiro en el mundo que puede vencer a los
sensores de infrarrojo, y él es a prueba de explosiones para comenzar.
Creo que murmuró “Es una lástima” después de esa declaración, pero estaba
muy entusiasmada para reprenderlo.
3
Críptido: es una criatura o planta cuya existencia ha sido sugerida pero no ha sido descubierta o
documentada por la comunidad científica. Los críptidos a menudo aparecen en el folclor y la
mitología, llevando a historias y creencias acerca de su existencia, a pesar de nunca haber sido
documentado. Ejemplos bien conocidos incluyen al Yeti en los Himalayas, el Monstruo de Loch
Ness en Escocia, Pie Grande en Norte América y el Chupacabras en Latinoamérica.
¡Vlad! Con su pirokinesis4, era más caliente que la mayoría de los seres
humanos, y esa misma capacidad también lo hacía a prueba de fuego. Saqué el
teléfono de mi bolso y marqué su número celular.
Daca nu este ceva important, nu lasati mesaj si nu sunati din nou, una voz
masculina grabada respondió, seguida de la traducción en inglés de: “Si esto no es
importante, no deje un mensaje y no vuelva a llamar”.
Nunca nadie acusó a Vlad el Empalador de ser demasiado encantador. Dejé
un mensaje urgente con mi número de móvil y el de Bones antes de colgar.
―Bueno, eso está hecho. Ahora, vamos a buscar a Fabian y conseguir que
revise la reserva natural McClintic, por si acaso.
64
* * *
Fabian du Brac había tenido cuarenta y cinco años cuando murió, y su cabello
castaño bastante largo aún estaba peinado en un estilo que pasó de moda hace más
de un siglo. Sus patillas y la ropa también lo marcaban como de otra época, pero
fue en sus sombríos ojos azules en los que me centré ahora. Incluso antes de que
hablara, ellos me dijeron que no tenía buenas noticias.
―En efecto, hay una gran y activa instalación muy por debajo de una sección
de la zona de Manejo de Vida Silvestre McClintic, pero no sé dónde está la entrada.
Toda la instalación está cubierta por una barrera que no puedo penetrar y nadie la
ha dejado en todo el tiempo que he estado allí.
Apreté los dientes. El personal de Madigan vivía en el lugar, así nadie podía
conseguir información de sus idas y venidas. O secuestrar a uno de ellos después
de que se fueran, el que había sido mi otro plan para obtener más detalles.
Odiaba al bastardo burocrático, pero si hubiera diseñado la seguridad para el
lugar, habría hecho lo mismo.
Mi respiración salió en un suspiro de resignación.
―Entonces tenemos que esperar once días más hasta la próxima recogida
programada de los laboratorios. Alguien va a tener que salir de ese complejo para
darle el maletín a Barbara.
4
Piroquinésis: Derivado de las palabras griegas πυρ (pûr, que significa "fuego, relámpago") y
κίνησις (kínesis, que significa "movimiento"), es el nombre acuñado por el novelista de terror
Stephen King para la habilidad de crear o controlar el fuego con la mente, el cual le dio al personaje
protagonista Charlie McGee en Firestarter.
Fabian asintió.
―Elizabeth y yo no nos iremos hasta que descubramos la entrada. Ella
permanece ahí ahora en caso de que alguien salga mientras estoy fuera.
Le di una sonrisa aguada.
―Gracias, y agradécele a tu novia por nosotros, por favor.
La resolución brilló en su rostro.
―No me des las gracias. Me diste un hogar cuando nadie me quería, y
Elisabeth no sería mi amada ahora si no la hubieras ayudado en su momento de
necesidad, también.
65
Él fue, como siempre, muy amable. Por milésima vez, deseé poder abrazar a
Fabian, pero en su lugar, hice lo único que podía hacer: levanté mi mano y sonreí
mientras sus dedos transparentes se curvaban junto, y a través, de los míos.
―Ahora todo lo que necesita es hacer una V con la mano y decir en un
estertor de muerte que has sido, y siempre serás, su amigo ―observó Ian con
ironía.
―¿Por qué habría…? ―comencé. Entonces la comprensión se hizo
presente―. ¡Mierda, eres un Trekkie5 de armario!
Habría profundizado más en esta sorprendente revelación sobre Ian, pero mi
teléfono celular sonó. Miré el número antes de levantarlo con alivio impaciente.
Después de dejar múltiples correos de voz durante tres días seguidos, Vlad
finalmente había llamado.
―¿Dónde has estado? ―contesté, en lugar de un saludo.
―Ocupado
pronunciado.
―fue
su respuesta
cortante,
su acento
cultivado
más
―¿No lo estamos todos? Escucha, necesito tu marca particular de ayuda, lo
cual es el por qué llamé…
―No cuenten conmigo esta vez, Cat.
Yo estaba demasiado molesta por su respuesta, para hacer un chiste sobre el
verdadero Drácula usando la palabra “contar6”.
―Es serio ―le dije, en caso de que pensara que estaba buscando a un
compañero de equipo para el competitivo limado de uñas.
5
Trekkie: La palabra trekkie (a veces también trekker) es un término usado para referirse a los
fanáticos de Star Trek.
6
Contar: aquí la escritora hace un juego de palabras porque en inglés la palabra conde se escribe
count y también significar contar.
―Sea lo que sea, no puedo ayudarte. Por otra parte, tú necesitas estar en
Rumanía esta noche.
Estaba muy versada en la arrogancia de Vlad, pero esto iba demasiado lejos.
―Te niegas a ayudarme con un escenario de vida o muerte, ¿pero quieres que
me suba a un avión y salga de inmediato para tu casa?
―Él ha perdido su ingenio ―murmuró Bones desde la habitación contigua.
Vlad respondió con cuatro palabras que despejaron brevemente mi mente de
todo pensamiento. Le pedí que las repitiera para estar segura de que no había oído
mal, y cuando lo hizo, empecé a sonreír.
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―Entonces supongo que te veré esta noche ―dije, y colgué.
Bones entró en la habitación, sus rasgos cincelados empañados por una
expresión de incredulidad.
―No podemos salir corriendo a Rumania, Gatita. Lo que sea que Vlad piense
que es tan importante puede esperar…
―No, no puede ―le interrumpió, sin dejar de sonreír―. Va a casarse esta
noche.
Capítulo 11
N
os colamos en el avión privado de Mencheres ya que tanto él como
Kira también fueron invitados. De hecho, Mencheres era el padrino
de Vlad. Ian, sin embargo, no venía ya que él y Vlad no eran
cercanos. Diablos, tampoco lo eran Bones y Vlad. Si no fuera por
mí, Bones jamás hubiera sido invitado, y si Bones no supiera, que Vlad estaba en
mi pequeña lista de amigos verdaderos, preferiría apalear arena que ir a su boda.
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Mientras en el avión, Bones y yo, informamos a Mencheres y Kira sobre lo
que habíamos descubierto acerca de Madigan. Aparte de ser la versión vampírica
de un Gran Sire, Mencheres también era el co-regente de sus líneas combinadas,
por lo que era de confianza. Su esposa, Kira, podría comenzar el entrenamiento
para ser una Enforcer, lo cual era la versión vampírica de un policía, pero también
mantendría la boca cerrada. Entonces pasé el resto de nuestro vuelo ideando un
modo de descubrir una entrada que no implicara una espera de once días hasta
que Barbara reclamara otro maletín.
Nuestra corriente inhabilidad de asimilar el compuesto me frustró al máximo.
Pero en este caso, la paciencia no era una virtud. Era una necesidad. Nosotros no
podíamos engañar al sistema de seguridad, y con Vlad seriamente no disponible
porque se estaba casando, no tenía cómo crear un camino alrededor de eso sin que
terminara en una misión suicida. Parte de mí odiaba volar cientos de kilómetros
lejos, mientras nuestros amigos estaban en peligro, pero el resto notó
resignadamente que estando aquí o allí, estábamos atascado en el modo espera.
A menos que…
―Puedes usar tus poderes telequinéticos para congelar todo el subterráneo
mientras buscamos una entrada ―le sugerí a Mencheres a pesar de que eso sonara
ingenuo hasta en mis propios oídos.
Una ceja se le elevó.
―¿Y si esa instalación no es el centro de mando de las operaciones de
Madigan?
Suspiré.
―Entonces estaremos jodidos.
Alguien muy arriba en el gobierno debió de apoyar a Madigan todos estos
años después de que Don lo despidiera. ¿Cómo si no podría tener al menos dos
instalaciones subterráneas a su disposición, sin mencionar la astronómica
financiación que toda su investigación experimental debió de costar? Así que la
sombra (o sombras) detrás de Madigan irían a esconderse una vez que supieran
que teníamos el poder para inmovilizar una base completa. No, había que guardar
nuestra mejor arma para la batalla final, para cuando descubriéramos a Madigan y
a la gente detrás de él, no desperdiciar el factor sorpresa en una batalla.
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Era la única opción lógica, pero no presagiaba nada bueno para sacar a mis
amigos con vida. Intenté recordar la última vez que hablé con Tate. ¿Habíamos
peleado? Posiblemente. Nuestra relación había ido tensándose en los últimos dos
años, pero las cosas habían empezado a volver a la normalidad. Odiaba pensar que
nunca tendría la oportunidad de decirle lo que su amistad había significado para
mí, a través de los tiempos buenos y malos.
Mencheres debió de sentir mi inquietud.
―Regresaremos mañana a los Estados contigo ―dijo en su voz más suave―.
Estaré cerca para cuando me necesites, Cat. ―Le di el destello de una sonrisa de
agradecimiento. Una vez odié al anciano vampiro egipcio. Ahora que sabía que
estaría cerca para la confrontación final me llenó de un profundo alivio.
―¡Gracias!
Me regaló de sus extrañas sonrisas. De nada.
Las palabras no fueron dichas en voz alta. En cambio, se deslizaron
directamente en mis pensamientos al igual que un mensaje de texto telepático.
Mencheres, con su edad y asombrosas habilidades, era el único vampiro que
conocía que podía comunicarse de esta manera aunque sólo lo había hecho una vez
conmigo.
―Fanfarrón ―murmuré.
Otro tirón en sus labios, pero entonces volvió su atención a la ventana y las
luces le revelaron cuando el avión se ladeó bruscamente.
―Llegamos.
La casa de Vladislab Basarab Dacul era exactamente lo que uno espera de un
príncipe de la oscuridad: una enorme mansión que era en parte iguales; tanto
hermosa como barbárica, con balcones de madera tallada y columnas al lado de
gárgolas adornando las torres y torrecillas. También se veía bastante más ocupada
de lo que la había visto. Miembros de su equipo esperaban afuera de los cuatro
pisos, apresurándose en estacionar los coches lo más rápido posible en cuanto
llegaban los invitados. Esa no era la única diferencia desde mi última visita. En
lugar de electricidad, ahora había antorchas iluminando el exterior. Se mantenía
una docena alrededor de los jardines, mientras que las pequeñas adornaban los
muchos balcones de la mansión. Lo habría denominado un llamado al peligro de
no ser por las habilidades de Vlad. Nada se quemaría alrededor de él, si no lo
deseaba. Amablemente nos empujaron dentro del gran vestíbulo, donde más
asistentes tomaron nuestras bolsas de noche después de la petición de nuestros
nombres. Dentro, las velas sustituyeron a las luces normales, y el personal de
esmoquin paseaba con copas llenas de algo carmesí burbujeante. Curioso, cogí una
de las bandejas más cercana y tomé un sorbo.
―Deberías de probar esto ―le dije a Bones entregándole la copa―. Es como
Cristal y 0-negativo para encantar a los niños.
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Bones lo tomó, levantando una ceja de forma apreciativa mientras lo tragaba.
Puede que no fuera el mayor fan de Vlad (está bien, la mayoría de los días se
odiaban mutuamente) pero claramente aprobaba la Drac-infusión de plasma
burbujeante.
Viendo su garganta tragar mientras tomaba un segundo y largo trago me
recordó que no me había alimentado en más de un día. Tan atractivo lucía Bones
en esmoquin con su cabello color marrón oscuro abrazando su cabeza como un
elegante casco, aumentando el hambre dentro de mí. No habíamos tenido tiempo
de hacer las compras antes de que Mencheres nos recogiera, pero afortunadamente
el ex faraón tenía un montón de ropa de lujo. Mencheres y Bones eran de tamaño
similar, por lo que su esmoquin prestado le sentaba como si hubiera sido hecho
para él.
―Toma otro ―le dije a Bones, entregándole un nuevo vaso de sangrechampán después de haberse terminado la primera―. Necesitarás estar bien
hidratado para más tarde.
Su boca se curvó mientras aceptaba la copa. Entonces sus dedos capturaron
los míos mientras sujetaba la copa para beber. Mis nudillos rozaron su suave
barbilla mientras sus oscuros ojos jamás dejaron los míos. Sólo después de haber
drenado la copa me liberó, y para entonces ya no quería que lo hiciera. De hecho,
me estaba preguntando en dónde estaba nuestra habitación y si teníamos tiempo
de escaparnos antes de que comenzara la boda.
Se inclinó, su mirada ahora teñida de verde mientras dejaba el vaso vacío
sobre la bandeja de un camarero que pasaba sin dejar de mirarme ni una sola vez.
―Me lastimas, con lo hermosa que eres Gatita.
El vestido formal y sin tirantes que Kira me había prestado era un poco
estrecho, pero por la forma en que los ojos de Bones, me invadieron, aprobó como
mis pechos sobresalían un poco demasiado desde el corpiño y en que el negro
terciopelo me envolvía como si estuviera pintado en mí. Mi cabello estaba suelto
desde que sujetarlo era inadmisible, pero su profundo color carmesí combinaba
con mi alianza. Era la única joya que llevaba, aun así su magnificencia hacía que
más de una invitada femenina se detuviera a mirarla. Los diamantes se
encontraban en un muso en algún lugar. Resbalé mis brazos a su alrededor,
aspirando su olor y deleitándome con la dura sensación de su cuerpo
presionándome cerca.
―Te dolerá algo más tan pronto nos encontremos solos ―le susurré.
Sus brazos se apretaron a mi alrededor.
―A ti también.
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El bajo y grave tono causó un sensual temblor bailar sobre mí, pero luego
detrás de nosotros, alguien aclaró su garganta. Ya que estábamos en una casa llena
de vampiros, eso no fue un accidente.
―Disculpen la interrupción, pero Mencheres me dejó para ver a Vlad, y no
conozco a nadie más aquí.
―No seas tonta, no estás interrumpiendo ―dije, aunque mi cuerpo protestó
cuando me aparté de Bones. Entonces cogí una copa de cristal de los camareros―.
Además tienes que probar el champán. Está para morirse.
* * *
La ceremonia de boda tuvo lugar en el salón de baile, que además de las
tierras de alrededor del estado de Vlad, era el único lugar lo bastante grande como
para albergar a sus muchos invitados ya que éstos subían hasta más del tercer piso.
Aproximadamente, había unas dos mil aquí, aun así, sólo necesitaba ambas manos
para contar el número de humanos. La novia, Leila, y el hombre mayor que supuse
era su padre, estaban entre las raras excepciones mortales. Ella jadeó cuando entró
al salón de baile, que bien podría haber sido por las miles de personas que se
levantaron cuando ella apareció, o pudo ser por los gigantes pilares hechos de
rosas blancas que se alineaban en la ruta de acceso del altar, o por los antiguos
candelabros que ardían con más velas de las que podría contar. Esa no era la mejor
decoración de Vlad, sin embargo. Cuando Leila comenzó su descenso por el
pasillo, el dosel de hierro bajo el que Vlad esperaba estalló en llamas que ardían
con tanto ardor, al tiempo que ella llegaba junto a él que parecía que estaba
aureolado por una cubierta de oro.
―Wow ―susurré.
―Sabueso de espectáculo ―murmuró Bones por respuesta.
Una vez que Vlad tomó la mano de Leila, la ceremonia comenzó y resultó ser
sorprendentemente tradicional.
Mencheres entregó los anillos cuando llegó el momento y una morena que se
parecía a Leila aceptó el ramo. Vlad, además de dar sus respuestas en inglés y
rumano, y el rugido que dejó salir después de que él declaró que iba a amar,
honrar y apreciar a Leila como su esposa, fue textual al normal libro de boda.
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Y una dosis de normalidad fue al parecer lo que había necesitado. De
inmediato supe que me había perdido en nuestra tranquila vida en las montañas,
pero no me había dado cuenta de cuánto hasta ahora. Algo muy apretado dentro
de mí se relajaba un poco mientras veía a dos personas jurar y asumir todos los
desafíos juntos en el nombre del amor.
En mis treinta años en esta tierra, había visto y hecho más que muchos harían
durante su vida, pero no había llegado tan lejos si no fuera por el amor. Esa había
sido la tierra firme bajo mis pies cuando todo lo demás a mi alrededor se había
retorcido, y a pesar del peligro y de la incertidumbre de lo que pasaría, sé que lo
volvería a hacer.
Por una fracción de segundo, me compadecí de Madigan. Sólo tenía la
ambición y la crueldad para que lo sostuviera. Así de grande sería su caída con una
percha tan tenue y poco fiable.
Silenciosamente, deslicé mi mano en la de Bones. Y a la vez, se la llevó a sus
labios, rozando un suave beso sobre mis nudillos. Otro nudo oculto dentro de mí
fue aliviado al igual que la nube que había estado sobre mí por las semanas de
frustración fue perforada por rayos de esperanza. Habíamos pasado por tantas
cosas juntos. Seguramente no habíamos llegado tan lejos para fallar ahora.
Animada por la idea, me alegré cuando Vlad y Leila fueron declarados
oficialmente marido y mujer (de acuerdo a la ley humana, de todas formas) y juré
aprovechar al máximo la breve interrupción de nuestros problemas. Pronto
comprendí que si la ceremonia había sido más tradicional que natural, la recepción
tenía sombras del excesivo estilo de Vlad. Derramado en todo el tercer piso de su
mansión, tenía suficiente comida y bebida para hacer enfermar incluso a los
vampiros y no estaba contando el pastel de boda que era más alto que yo, en
tacones altos. Ni siquiera tuve la oportunidad de saludar hasta tres horas después,
cuando cerraba la marcha en la línea de la recepción.
El cabello largo y oscuro de Vlad estaba peinado hacia atrás, lo suficiente
como para mostrar el nacimiento en forma de punta. El estilo severo también
resaltó sus altos pómulos, cejas fuertes y extraños ojos verde cobrizo. Él no era
clásicamente guapo como Bones, pero era sorprendente la forma en la cual no
podía ser ignorado. Su capa escarlata con pieles en los bordes y el traje
exquisitamente trenzado debajo de ella sólo reafirmaban su presencia imponente,
sin mencionar que podría golpear a alguien hasta la muerte con el colgante de oro
macizo que colgaba de su cuello.
―Vas a acuñar el término “Fabuloso Medieval” con ese atuendo ―bromeé
mientras me inclinaba para besar su mejilla. Luego murmuré―: Estoy muy feliz
por ti. ―Contra su piel sin afeitar.
Me abrazó breve, pero acogedor.
―Estoy contento de que hayas venido, Cat.
Sus labios se curvaron hacia abajo mientras miraba por encima de mi
hombro, pero todo lo que dijo fue “Bones”, en un tono evasivo.
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―Tepesh ―Bones lo saludó con una voz igual de ambigua.
Puse mis ojos en blanco. Por lo menos no estaban amenazando con matarse el
uno al otro. Eso era un progreso en su relación.
Entonces volví mi atención a Leila, envolviéndola en un abrazo antes de que
un toque de electricidad me recordara que ella desprendía voltajes debido a un
accidente con un tendido eléctrico cuando era una adolescente.
―Felicidades ―le dije a la encantadora novia de cabello negro.
Nos dio las gracias mientras se veía un poco abrumada, no podía culparla. La
primera vez que había estado en una habitación llena de miles de criaturas
sobrenaturales, me había asustado también, y era sólo mitad humana en ese
tiempo. Leila era totalmente humana, nuevo señora Drácula o no. Si hubiera tenido
una bebida fuerte conmigo, se la hubiera dado.
Bones besó su mano enguantada al tiempo que ofrecía sus propias
felicitaciones. Antes de que los dejáramos, me incliné mirando hacia Leila y
misteriosamente le dije:
―Nadie pensó que lo que acabas de hacer se pudiera realizar, ¿sabes? Te
ganarás el apodo de “La asesina de Dragones”. ―Vlad me miró fijamente, pero
Bones se rió, mientras nos alejábamos, se inclinó hasta que sus labios rozaron mi
oído.
―Me haces desear que Denisse estuviera aquí ―susurró Bones―. Ella podría
mostrarle a Tepesh un dragón que pondría en vergüenza el emblema de su casa.
Ella ciertamente podría hacerlo si eso no revelara que era la única
cambiaformas del mundo. Un demonio marcó a Denisse con su esencia,
convirtiéndola permanentemente después de su muerte. Ahora mi mejor amiga
tenía todos los poderes que el demonio había tenido, entre ellos la inmortalidad y
la capacidad de cambiar de forma en cualquier cosa que eligiera. Y había elegido
un dragón para ahuyentar a Heinrich Kramer cuando el fantasma había estado a
punto de matar a Bones. A pesar de que lo había visto con mis propios ojos, parte
de mí todavía no podía creer que Denisse se hubiera transformado en una criatura
mítica de dos pisos de altura, con la misma facilidad como si se hubiera cambiado
de ropa…
Dejé de caminar de forma tan abrupta que sólo los reflejos de un vampiro
permitieron que la pareja de detrás de nosotros no chocara contra nuestras
espaldas.
―¿Qué está mal Gatita? ―preguntó Bones, apartándose de la multitud de
personas.
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La emoción hizo que mi voz vibrara aunque tuve la precaución de hablar sólo
en un susurro.
―Ya sé cómo vamos a infiltrarnos en esa instalación subterránea de Point
Pleasant. Ellos nos van a dejar entrar.
Capítulo 12
T
uvimos turbulencia en el largo vuelo de regreso a los Estados. Estaba
bien con ello, pero Bones, quien odiaba volar incluso bajo buenas
condiciones, estaba en un menos que encantador humor para el
momento en el que aterrizamos en San Luis. Fue su mala suerte que
Spade y Denisse no hubieran estado en su finca de Inglaterra. Eso habría sido
relativamente un viaje corto desde Rumanía.
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Por supuesto, su temperamento podría ser porque él odiaba mi plan. Aun así,
cómo le había dicho más de una vez en el vuelo de regreso con su lucha desigual
de baches, que si tenía una idea mejor, estaba abierta a escucharla. Su silencio sobre
el tema habló a montones, pero conocía a Bones. Él no había terminado de pelear.
Por supuesto, yo tampoco. Además mientras me sentía confiada de la
respuesta de Denisse, también teníamos que convencer a Spade para ir adelante
con esto. Si él no lo hacía, Bones no tenía de que preocuparse.
Para el momento en el que paramos en la casa de Spade y Denisse, el sol
estaba poniéndose, aunque el jet lag y viajar muchas zonas horarias en los últimos
dos días me tenían sintiéndome como si fuera el caer del amanecer. Spade ya
estaba esperando por nosotros en la puerta principal, causando que me preguntara
qué le había alertado de nuestra llegada primero: sentir la presencia de otros
vampiros o escuchar nuestro coche llegando por el camino de entrada.
―Crispin ―dijo Spade, refiriéndose a Bones por su verdadero nombre ya
que, como Ian, lo había conocido tiempo atrás cuando todos eran humanos―. Cat.
Bienvenidos.
Las palabras eran graciosas, pero el tono de Spade era más cauteloso que
cordial. Le di al alto vampiro de cabello negro mi sonrisa ganadora, que me ganó
una mueca al instante.
―Ahora sé que tu visita trae problemas, como si tú diciéndome que limpie
mi personal antes de su llegada no fuera advertencia suficiente.
―No estás equivocado, Charles ―dijo Bones, también usando su nombre de
nacimiento. Luego lo palmeó en la espalda―. Pero necesitas escuchar esto, no
obstante.
Los seguí dentro, contenta de ver un rostro amigable venir por el pasillo.
―¡Denisse!
Ella sonrió, dándome un abrazo cuando me alcanzó. La apreté de regreso, sin
preocuparme sobre lastimarla con mi fuerza. En muchas formas, la esencia
demoníaca con la que Denisse estaba marcada la hacía más fuerte que yo.
Cuando se retiró, sin embargo, su sonrisa se había desvanecido.
―¿Qué está pasando? ¿Está tu madre bien?
―Ella está bien ―dije, hice una nota mental para llamarla pronto―. Estamos
aquí por algo que mi tío comenzó hace un largo tiempo.
Los llenamos de los detalles mientras sorbíamos café en su sala de estar. Los
atractivos rasgos de Spade fueron asentados por duras líneas para el momento en
que terminamos.
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―Él causará una guerra si tiene éxito ―declaró. Luego le dio una mirada a
Bones de acuerdo―. La respuesta es sí, Crispin. Pelearé contigo para prevenir una
contaminación de cruce entre especies y para que no vuelva a suceder.
Bones bufó.
―Nunca dudé eso, amigo, pero ese no es el por qué estamos aquí.
Con eso, aclaré mi garganta.
―No podemos irrumpir en la base donde pensamos que Madigan está
ejecutando sus experimentos (y manteniendo a nuestros amigos) hasta que
sepamos quién es su respaldo en el gobierno. Y no podemos averiguar eso sin
conseguir entrar en la base, así que ha sido un Catch-22 hasta ahora.
Eché un vistazo a Denisse antes de fijar mi atención de regreso a su marido.
―Sólo Madigan puede caminar dentro de la base y conseguir la información
que necesitamos sin levantar sospechas. O alguien que se vea igual que él.
Siempre había pensado que los ojos de Spade se parecían a los de un tigre.
Justo ahora, viéndolos fijos en los míos de una forma que cada uno de mis instintos
de supervivencia gritaba “¡Alerta Roja!”, estuve segura de ello.
―Charles ―dijo Bones.
Aunque la simple palabra fue suave, el impacto de poder que al instante
inundó la habitación era cualquier cosa menos eso.
Spade dejó salir un sonido; medio gruñido, medio siseo.
―No me amenaces, Crispin.
―Entonces no mires a mi esposa de esa manera ―fue su respuesta
instantánea.
―Hey ―Denisse se puso de pie, ondeando su mano para romper su concurso
de miradas―. ¿Me recuerdan, la persona sobre la que trata esto?
Spade miró en su dirección, su expresión suavizándose a la vez.
―Lo hago, querida, pero no puedes caminar por ese centro por tu cuenta. Es
demasiado peligroso.
―Estoy de acuerdo ―dije calmada.
Eso sorprendió a Spade en una mirada hacia mí sin su usual mirada de
muerte.
―¿Qué?
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―Estoy de acuerdo ―repetí―. Incluso si Denisse consigue entrar, no tiene ni
idea de cómo hackear el ordenador de Madigan para conseguir la información que
necesitamos. Mientras no soy tan buena como el grupo de hackeadores anónimos,
sé lo suficiente como para recuperar lo que estamos buscando. Ese es el por qué
estaré yendo con ella. Madigan ha estado tras de mí por años, así que sus
científicos verían que finalmente su objetivo para la experimentación completa es
capturada. Y una vez que estemos en el interior del compuesto, y descubra quién
ha estado respaldando a Madigan, además de lo que le sucedió a Tate, Juan,
Cooper y Dave… la verdadera pelea comenzará.
La mirada de Spade se sacudió hacia Bones.
―¿Estás de acuerdo con dejarla hacer esto?
Una carcajada precedió a su respuesta.
―¿De acuerdo? No. Resignado, sí, pero ella no va a ir sola, tampoco. Estaré
yendo con ella.
―Bones ―dije en un suspiro―. Hablamos sobre esto. Un rehén vampiro, su
personal lo creería, ¿pero dos? Eso es estar empujándolo.
―Normalmente, sí ―dijo en un suave tono―. Pero cualquiera que me viera
juraría que soy completamente inofensivo.
Por supuesto. Porque un maestro vampiro de un metro noventa, musculoso,
conocido por ser un tipo duro de siglos de edad era la imagen de la impotencia.
―Necesitarías usar hipnotismo masivo para convencer a cualquiera de eso, y
sus guardias usan visores para prevenir ser hechizados.
La sonrisa de Bones fue peligrosamente exuberante, como el veneno
escondido en el mejor de los vinos.
―Ya lo verás, pero antes de que lleguemos a eso, necesitamos encontrar una
forma de capturar a Jason Madigan. Denisse no puede hacerse pasar por él en
Virginia del este si todo el mundo sabe que aún está en Tenesse.
* * *
Fabian cayó a través del techo de la cocina de nuestro apartamento alquilado,
sus rasgos translúcidos diciéndome la historia antes de que empezara.
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―Él aún no ha dejado el compuesto, ¿lo ha hecho? ―le pregunté con
resignación.
El fantasma sacudió su cabeza.
―Lo siento, Cat.
El rostro de Denisse reflejó mi propia decepción, pero Spade se giró lejos
antes de que pudiera atrapar su expresión. Probablemente fuera una sonrisa. Él
arriesgaría su propia vida sin ningún reparo, pero cuando suponía la vida de su
esposa, incluso se las arreglaba para dejar a Bones parecer subprotector.
―Esto no está funcionando ―dijo Denisse, declarando la opinión a la que
había llegado días atrás―. Madigan podría haber dejado el compuesto cada par de
semanas antes, pero obviamente se acurrucó como una garrapata hasta ahora.
¿Que si son meses hasta que salga por su cuenta?
―La distancia más corta entre dos puntos es una línea recta ―dije cuadrando
mis hombros―. Llamaré a Madigan y le diré que quiero reunirme. Sabemos cuánto
quiere capturarme, así que eso lo sacará del compuesto.
―Absolutamente no ―chasqueó Bones.
―Los ganchos trabajan mejor cuando están cebados ―repliqué, lanzando sus
palabras del otro día de regreso hacia él―. Soy lo que él quiere. Vendrá afuera si
cree que puede capturarme.
―Sí, con el ejército más fuerte que pueda amasar para capturarte ―dijo
Bones, sus emociones parpadeando a través de las mías con la intensidad de
relámpagos―. Necesito recordarte la última vez que te reuniste con tu adversario
en sus términos, fuiste disparada y casi quemada hasta la muerte.
Por reflejo, recorrí una mano a través de mi cabello. Incluso con las
habilidades de sanación vampira, aún no había crecido a la longitud en la que
había estado la noche en que Kramer me prendió fuego.
―¿Pero quién está aquí y quién está atrapado en una trampa fantasma?
―contesté―. Si el fantasma más poderoso de la historia no pudo hacerme entrar,
entonces el imbécil más grande de la humanidad no tiene oportunidad.
Spade se inclinó hacia atrás, poniéndose más cómodo mientras una expresión
satisfecha cruzaba sus rasgos. Sin duda estaba pensando que los reembolsos son
una perra mientras escuchaba a Bones y a mí discutir sobre riesgos aceptables de
seguridad.
Entonces la persona que menos me esperaba que tomara mi lado entró en la
cocina, usando nada más que una sábana envuelta alrededor de sus caderas.
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―¿Por qué te molestas, Crispin? Te casaste con una luchadora, así que deja
de tratar de convencerla que estar al margen es lo mejor.
―El día que tú ames a alguien además de a ti mismo, será el día que tome en
cuenta tu consejo marital, Ian ―Bones mordió de regreso en un tono helado.
―Entonces hoy es ese día ―contesto Ian abruptamente―. Porque te amo, tú,
miserable granuja testarudo. Y también amo a ese arrogante sobre privilegiado tipo
sonriendo hacia nosotros. ―Una seña señaló a Spade, cuya sonrisa se desvaneció
después de ser mencionado―. Al igual que al emocionalmente fracturado,
psíquico en mal funcionamiento quien me señorea. Y tú, Crispin, amas a un
demonio sediento de sangre quien probablemente mató a más personas en sus
treinta años de vida que lo que tuve en dos siglos de vida, así que de nuevo te
digo, no te molestes en tratar de convencerla de que ella no es quien es.
La boca de Denisse colgaba abierta, o la descripción menos encantadora de
nosotras, al hecho de que maté a más personas que él. La expresión de Spade ahora
era pétrea, pero un músculo palpitó en la mandíbula de Bones (la única indicación
de sus emociones desde que envolvió su aura en una nube impenetrable).
Tanto para mí, no sé si golpear a Ian por llamar a Bones granuja testarudo o
darle las gracias por decir lo obvio. Podría estar cansada de todas las peleas y
constantes cabalgatas entre la vida y la muerte, pero eso no significaba que no
fuera buena en ello.
Algunas personas nacieron para ser madres, padres, inventores, artistas,
oradores, predicadores… y luego, allí estaba yo.
―Él tiene razón ―dije en un tono tranquilo―. Mi verdadera habilidad es
matar. He sobresalido en ello desde que tenía dieciséis años, cuando tomé mi
primer vampiro sin saber nada sobre ellos. ―Entonces fui hacia Bones y enmarqué
su cara entre mis manos―. Fuiste quien me enseñó a no juzgar a las personas por
sus acciones en lugar de sus especies. Me salvaste de una vida de miserias,
arrepentimiento, y recriminación bien merecidas. Ahora es momento de dejarme
hacer mi asunto, Bones. ―Sonreí secamente―. Y confío en que me enseñaste a ser
la mejor jodida asesina que podría ser.
Cubrió mis manos con las suyas, su carne vibrando con el poder que
mantenía tan apretadamente bajo control. Luego me besó, suavemente pero aún
lleno de abrasadora pasión.
Que fue el por qué, cuando se retiró y habló, no podía creer lo que dijo.
―Tienes razón, cariño. Pero aún me rehúso a ser parte de eso.
Entonces, realmente no lo creí cuando caminó fuera del apartamento.
79
Capítulo 13
E
80
sta no era la primera vez que Bones había conseguido enojarse lo
suficiente como para alejarse de mí. ¿Quién dijo que el matrimonio era
fácil? Yo no.
―Sólo necesita tiempo para calmarse ―le dije a Denise, quien
rondaba por la puerta sosteniendo una botella de ginebra en una mano y un bote
de Häagen-Dazs en la otra. Tenía que concedérselo a mi mejor amiga: Sabía cómo
cubrir sus bases.
Señalé hacia la ginebra. Entró y me la entregó. Luego se sentó a mi lado en la
cama y abrió la tapa del helado, cavando en él.
―Por supuesto que regresará ―dijo entre cucharadas―. ¿Pero tú estás al
mismo tiempo, ya sabes, bien?
Tomé un trago de ginebra antes de contestar.
―He estado mejor. Cuando Bones regrese, tendremos que hablar de la
manera que eligió expresar su disidente opinión, pero el matrimonio es un
maratón. No una carrera de velocidad.
Denise levantó la cuchara a modo de saludo.
―Eso es cierto.
Le palmeé el brazo, tomé un último trago de ginebra antes de poner la botella
en la mesita de noche. Luego saqué uno de mis teléfonos de prepago, marcando un
número que solía conectarme con mi tío cuando estaba vivo.
―Madigan ―respondió una brusca voz.
―Esta es Cat Russell ―dije―. Tenemos que hablar.
Pasaron dos latidos antes de que Madigan contestara:
―¿No estamos haciendo eso ahora? ―dijo de una manera que sonaba más
cautelosa que sarcástica.
Dejé escapar una breve carcajada.
―El humor nunca fue tu punto fuerte, Jason. Quiero decir, cara a cara, y más
temprano que tarde.
―Hagámoslo entonces. Ya sabes dónde estoy ―fue su respuesta.
―¿Para así poder quedar atrapada en un fuego cruzado de docenas de
ametralladoras ocultas en tus paredes? ―mi burla fue suave―. Gracias, pero no.
Esta vez su silencio se prolongó un poco más que un par de latidos.
Probablemente tratando de averiguar cómo es que sabía sobre las armas.
―¿Qué tenías en mente? ―preguntó al fin.
―A medianoche esta noche en el embarcadero Rat Branch fuera de Watauga
Lake. Es justo al este de Hampton, Tennessee. Ven solo, y yo haré lo mismo.
La risa flotó a través de la línea, dura como vidrio siendo molido por piedras.
―¿Harás lo mismo? Los dos sabemos que Bones está viendo por encima de tu
hombro en este momento, jurando en silencio acompañarte.
81
―Si él estuviera aquí, lo estaría haciendo ―le dije, y esa era la verdad sin
adornos―. Pero acabamos de tener una pelea, se enojó y se fue. Es por eso que
nuestra reunión tiene que ser esta noche. No se irá por mucho tiempo y una vez
que regrese, insistirá en ir.
Otro prolongado silencio. Ya sea que Madigan estaba meditando sobre esto o
tratando de rastrear la llamada, pero no llegaría a ningún lado con eso. Finalmente,
después del tiempo suficiente para que me preguntara si había colgado, volvió a
hablar.
―Esto me intriga, Crawfield, pero no creo que te dé una oportunidad de
matarme. ¿Quieres hablar? Ven a mí aquí.
―Es Russell ―dije a la vez―, y veamos si esto te intriga: Don hizo arreglos
para que me fuera entregada una carta en caso de su muerte. Me he movido
mucho los últimos meses, así que apenas la acabo de obtener. En ella, se disculpa
por las cosas horribles que permitió que sucedieran mientras ustedes dos
trabajaban juntos…
―¿Qué cosas? ―interrumpió Madigan.
Sonreí. Tengo tu atención ahora, ¿no?
―Eso es lo que quiero averiguar, pero no lo suficiente como para darte la
ventaja de local. El embarcadero en Watauga Lake esta noche u olvídalo.
Demonios, tal vez debas olvidarlo de todos modos. Probablemente está otra carta
en camino con más información.
La frustración prácticamente hervía a través del silencio en el otro extremo.
No sólo Madigan realmente quería capturarme; como todos los burócratas, no era
otra cosa sino paranoico acerca de mantener ocultos sus secretos. La última cosa
que querría era un grupo de vampiros hurgando en sus experimentos ilícitos, y la
idea de que su antiguo némesis podría soltar la sopa póstumamente le debía estar
dando una úlcera.
―Si supiera que tienes una pizca de honestidad en ti ―dijo finalmente entre
dientes―, te haría jurar sobre la vida de Bones que vendrás sin él. O cualquier otra
persona.
―Lo juro ―dije uniformemente―. Y de nosotros dos, yo no soy la mentirosa
más grande.
El ruido que hizo fue demasiado bajo para determinar si fue una burla o una
risa.
―Supongo que a la media noche, lo averiguaremos.
―Hasta entonces ―dije secamente, y colgué.
82
Denise me miró fijamente, con sus ojos color avellana abiertos de par en par
por la alarma.
―¿Realmente no tienes la intención de ir sola, verdad?
―Por supuesto. ―Mis labios se estiraron en una sonrisa fría y
depredadora―. Como he dicho, entre Madigan y yo, yo no soy la mentirosa más
grande.
* * *
El embarcadero Rat Branch en Watauga Lake era un lugar público, sin
embargo, incluso si hubiera elegido el mediodía en lugar de la medianoche para
nuestra reunión, sería todavía muy aislado. Más de la mitad de los veinticinco
kilómetros de costa del lago estaban rodeados por el Bosque Nacional Cherokee,
mientras que una serpenteante carretera eclipsada por el terreno escarpado y
boscoso bordeaba el otro lado. Sólo la luna proporcionaba iluminación ya que el
único poste de luz al lado del muelle estaba roto.
La lluvia constante, más un sinnúmero de árboles susurrantes y la presa
cercana, amortiguaban los sonidos naturales de los moradores del bosque. Aun así,
aquí y allá, capté el brillo de ojos de criaturas nocturnas buscando comida,
compañeros, o ambos.
Esperé en el final del muelle, mi ropa ya estaba empapada por la lluvia de
verano. Las nubes ocultaban la mayor parte de la luz que la luna proyectaba, pero
con mi visión mejorada, no tuve dificultad en ver a Madigan detenerse en un
brillante Cadillac negro antes de estacionarse junto al embarcadero. Incluso si de
repente me hubiera quedado ciega, su mente transmitía su llegada. Esta noche,
había elegido para cantar, el estribillo de la canción de U2 “I Still Haven´t Found
What I’m Looking For7” una y otra vez para bloquearme de sus pensamientos.
Y yo que había pensado que el malparido no tenía sentido del humor.
Madigan estacionó, pero luego se quedó en el auto en vez de salir. Era poco
menos de medianoche; ¿iba a esperar hasta que fueran exactamente las 12:00 a.m.?
¿O es que no me veía en el extremo del muelle? Entonces me tensé cuando
comenzó a hurgar en el asiento delantero, pero lo único que sacó fue un paraguas.
Cosita.
83
Bajó del auto, sosteniendo su paraguas sobre él con una mano y cargando una
pequeña pero potente linterna en la otra. Sus pasos eran seguros mientras
caminaba hacia el muelle, y cuando dobló la esquina hacia la última sección, la
linterna brevemente me cegó cuando alumbró mi cara. Supongo que sabía dónde
había estado esperando todo el tiempo.
―Buenas noches ―dije amablemente.
―Enséñame tus manos ―respondió de una manera mucho menos cordial.
Las saqué de los bolsillos de mi abrigo, sin molestarme en ocultar la mueca de
mis labios mientras meneaba mis dedos hacia él.
―Estás solo en la oscuridad con un vampiro, ¿y tu primera preocupación es
si estoy escondiendo armas? ―Mi tono implicaba: ¿En serio?
Su boca se estrechó en una línea, enfatizando las arrugas provocadas por el
fruncimiento en lugar de sonrisas.
―Deberías saber que si no regreso de esta reunión, he dejado instrucciones
de llevar a cabo un ataque aéreo sobre la ubicación de tu madre.
Mi media sonrisa nunca cayó.
―Si supieras dónde está, me creería eso.
Su mirada me barrió, fría y calculadora.
―Tú eres cuidadosa. Ella no lo es. ¿Puedes creer que regresó a tu hogar de la
infancia en Ohio, como si yo no hubiera tenido el lugar vigilado desde que la
visitaste el otoño pasado? El sentimentalismo puede ser una maldición, ¿verdad?
No sabía a quién quería estrangular con más ganas… si a Madigan por su
amenaza o a mi madre por volver a un lugar que ella sabía que había sido
comprometido. Espera, sin competencia. Madigan, pero no podía. No todavía.
7
Todavía no ha encontrado lo que estoy buscando.
―¿Por qué decirme tu plan de respaldo? Si voy a matarte, ahora sé que tengo
que llamar a mi madre después y decirle que salga pitando de ahí.
Su sonrisa no llegó a sus ojos. Nunca lo hizo.
―El servicio del teléfono ha sido temporalmente deshabilitado en su área.
Dejé escapar una breve carcajada.
―Eres inteligente, te concederé eso, pero no tengo ninguna intención de
matarte esta noche.
84
Entonces mis ojos se pusieron verdes, cortando a través de la oscuridad con
más intensidad que su linterna. Cuando volví a hablar, mi voz resonó con el poder
de las criaturas de la noche.
―Sin embargo, tengo algunas preguntas.
Madigan miró directo a mi brillante mirada esmeralda. Y se echó a reír.
―¿Realmente crees que sería así de fácil?
Rápido como apretar un interruptor, apagué las luces en los ojos. Como había
sospechado, se había inoculado a sí mismo contra el control mental bebiendo la
sangre de vampiro.
―No, no lo creí. ―Entonces le di una sonrisa torcida―. Aun así, tenía que
intentarlo, ¿no?
Me devolvió la sonrisa.
―Mis pensamientos exactamente.
No tuve la oportunidad preguntar lo que quería decir con eso, porque un
poder arremetió a través del aire. Tuve sólo una fracción de segundo para
reconocer su fuente cuando algo grande cayó del cielo, aterrizando detrás de
Madigan con un golpe que hizo temblar el muelle.
―Hola, amigo ―dijo Bones, tirando al viejo contra él.
Madigan no luchó. Ni siquiera lucía sorprendido aunque bien podría
haberme derribado con una pluma ante la repentina aparición de mi esposo.
―Me mentiste, Crawfield ―siseó Madigan.
―Russell ―le corregí automáticamente, sin dejar de mirar a Bones con
incredulidad.
Entonces mi cabeza se levantó de golpe ante ruidos de choque a través del
bosque, el cielo, e incluso las aguas alrededor del muelle. Madigan consiguió
esbozar una sonrisa a pesar del férreo control que Bones tenía sobre él.
―Está bien. Mentí, también.
Si dijo algo más, no lo escuché. El sonido de las ametralladoras era demasiado
alto.
85
Capítulo 14
S
alté al aire, haciendo una mueca mientras las balas me atravesaban más
rápido de lo que podía volar fuera de rango. Ser baleada varias veces
duele, pero el dolor rápidamente se desvaneció, lo que significaba que
las balas no eran de plata.
86
Eso me sorprendió hasta que recordé que Madigan me quería viva. Debe
pensar que tengo algo realmente especial en mi ADN para arriesgarse a no utilizar
fuerza letal para capturarme, pero se le volteó el chiste. Estaré encantada de
entregarle el remate una vez que lo tengamos en el departamento, donde Denise se
transformaría en su gemela no-malvada y nosotras…
Espera, ¿por qué siguen los disparos allá abajo? ¿Acaso no se dan cuenta las
gentes de Madigan que ya nos hemos ido? Hablando de eso, ¿por qué Bones no
había llegado a mí todavía? Él era, por mucho, el volador más rápido.
Me detuve y giré en un círculo para explorar el cielo desde todas las
direcciones, pero lo único que vi fueron nubes de tormenta. No había tampoco
ninguna carga que indicara energía sobrenatural en el aire. ¿Dónde diablos estaba?
Luego una lluvia fresca de disparos hizo que mi estómago se apretara. Él no
podía seguir en el muelle, ¿verdad?
Caí en picada como un gavilán persiguiendo a su presa. Mientras atravesaba
capa tras capa de opacas nubes de tormenta, la escena de abajo finalmente se hizo
visible. Los soldados se reunieron en el muelle saliendo de los bosques, de botes en
el lago, y de autos que chillaban hasta la rampa de lanzamiento. Todos con armas
automáticas que escupían balas hacia el vampiro solitario arrodillado en el
extremo del muelle.
―¡Bones! ―grité―. ¡Vuela, maldita sea!
Pero no lo hizo. En su lugar, cayó hacia adelante, su cuerpo se desplomó
contra las ásperas tablas de madera. Luego el único movimiento que vi fue el de
sus ropas siendo rasgadas mientras las balas lo seguían bombardeando sin piedad.
Aterricé junto a él con tanta fuerza que la mitad de mi cuerpo atravesó el
muelle. Sólo me tomó un segundo liberarme y arrojarme sobre él, contenta de que
las agujas del dolor de hielo caliente que significaban las balas me penetraban a mí
en lugar de a él. Luego, por sobre el sonido de los disparos, oí un grito.
―¡Alto el fuego!
Era la voz de Madigan, amplificada por algún tipo de dispositivo. Levanté la
cabeza, un gruñido escapó de mí mientras lo veía flotando en el agua unas cuantas
docenas de metros de distancia del muelle. De alguna manera, se me había
escapado Bones y salté hacia él. Eso estaba bien. Podría llevármelos a los dos
mientras volaba…
87
Una onda de choque me apartó de Bones y me envió toda despatarrada
contra el otro lado del muelle. Granada de Conmoción, diagnostiqué mentalmente.
Una amplificada lo suficiente para los vampiros. Madigan realmente había
mejorado sus juguetes, pero antes de que pudiera salir en desbandada de nuevo
hacia Bones, vi algo que me heló hasta la inmovilidad. Una línea apareció en su
mejilla manchada de sangre, oscura como boca de lobo y serpenteó a través de su
piel como una grieta en una estatua. Entonces otra línea apareció, y otra. Y otra.
No.
Fue el único pensamiento que mi mente era capaz de producir mientras
líneas negras comenzaban a aparecer por toda su piel, zigzagueando y astillándose
en nuevos y despiadados caminos. Había visto lo mismo sucederle a un sinnúmero
de vampiros antes, por lo general después de torcerles un cuchillo de plata en sus
corazones, pero la negación hizo imposible para mí creer que lo mismo sucedía con
Bones. Él no podía estarse marchitando lentamente frente a mis ojos, la verdadera
muerte cambiaba su apariencia juvenil en algo que se asemejaba a la arcilla de
cerámica cocinada demasiado tiempo en un horno.
Mi inmovilidad desapareció, reemplazada por un terror como nunca había
sentido. Salté al otro lado del muelle, agarrando a Bones en mis brazos mientras
mis lágrimas se unían a la lluvia para empapar mi rostro.
―¡NO!
A pesar de que el grito me dejó, los cambios en él empeoraron. Su musculoso
cuerpo se sentía como si se desinflara, las duras líneas de su cuerpo se volvieron de
goma antes de que empezaran a encogerse. Lo agarré con más fuerza, los sollozos
se convirtieron en lágrimas escarlata, mientras algo empezaba a martillar en mi
pecho. Se sentía como si estuviera siendo golpeada en el interior con duros y
firmes golpes. El latido de mi corazón, registró una parte de mí. Había
permanecido en silencio durante casi un año, pero ahora, golpeaba con más fuerza
de lo que lo hizo cuando era humana.
Otro grito rasgó fuera de mí cuando la piel de Bones se quebró debajo de mis
manos antes de deshacerse en los tablones de madera. Agitada, traté de armarlo de
nuevo, pero más carne comenzó a desprender más rápido de lo que podía
mantenerla unida. Músculos y huesos asomaban por aquellos espacios ampliados,
hasta que su cara, cuello y brazos se parecían a una enorme losa de carne. Pero lo
que arrancó a través de mí como un fuego que nunca se detendría de quemar
fueron sus ojos. Esos orbes marrón oscuro que amaba se hundieron en sus cuencas,
disipándose en una sustancia viscosa. Mi grito, agudo y agonizante, sustituyó los
sonidos aleatorios de soldados ajustando su posición a mi alrededor.
88
No traté de detenerlos. Me quedé sentada allí, agarrando puñados de lo que
ahora parecía cuero seco, hasta que lo único que podía ver bajo la acribillada ropa
de Bones era una cáscara pálida y marchita. Vagamente escuché a Madigan gritar:
“¡Dije que munición de plata no! ¿Quién jodidos disparó esas rondas?”, antes de
que todo se desvaneciera, excepto el dolor que irradiaba a través de mí. Esto hizo
que el dolor que sentí cuando estuve cerca de ser quemada hasta la muerte, fuera
un recuerdo feliz. Eso sólo había destruido mi carne, pero esto rasgó a través de mi
alma, tomando toda emoción y destruyéndola con el conocimiento de que era
demasiado terrible de soportar.
Bones se había ido. Había muerto justo delante de mis ojos, porque insistí en
capturar a Madigan a mi manera. Me merecía todo lo que obtuviera del retorcido
burócrata por llevar a mi amado esposo a su muerte.
―Agárrenla ―gritó Madigan.
Manos ásperas me tomaron, pero no me preocupé ni siquiera cuando algo
duro y pesado se cerró de golpe en mi cuello, hombros y tobillos. Sin embargo,
cuando alguien intentó desencajar a Bones de mi agarre, mis colmillos desgarraron
la garganta de esa persona sin ni siquiera un pensamiento. La sangre caliente roció
mi cara y corrió por mi boca, mientras docenas de rifles se preparaban para
disparar.
―¡Alto al maldito fuego!
La voz de Madigan de nuevo. Si algo importaba además del hombre que
acunaba, habría sido desgarrar su garganta enseguida, pero no hice nada excepto
apretar mis agarre en Bones y dejar caer mi cabeza junto a la suya. Irregulares
parches del cráneo me frotaron donde debería haber habido suave y lisa piel… otra
bola de demolición para mis emociones Nunca me recuperaría.
Los sollozos me sacudían con tanta fuerza que sentía como si me estuviera
desmoronando. Eso estaba bien. Quería ser rasgada en pedazos. Dolería menos
que el conocimiento de la muerte de Bones. Es por eso que no peleé cuando
Madigan dijo: “Déjenla que se quede con el cuerpo. Lo estudiaré, también”. Y una
pesada red fue arrojada sobre mí. Debido a la quemazón dondequiera que tocaba
piel, supe que era de plata, y debido a los cortes sentía como si estuviera más
apretada, también estaba equipada con navajas de plata. Luchar sólo me cortaría, y
no es que tuviera intención de luchar. Sabía sin lugar a dudas que Madigan me
mataría una vez que hubiera terminado conmigo. Si escapaba, sin embargo, mis
amigos tratarían de impedirme que me uniera a Bones.
Hace años, Bones me había hecho prometer que seguiría adelante si él era
asesinado. Yo había dicho que sí, sin embargo ahora, me iba a retractar de esa
promesa. La muerte era mi única oportunidad de reunirme con él. No me perdería
eso por nada.
―Espérame ―susurré, mi voz rompiéndose en otro sollozo―. Estaré ahí
pronto.
* * *
89
Me monté en la parte trasera de una camioneta mientras media docena de
guardias armados apuntaban sus armas hacia mí. Por extraño que parezca, sus
pensamientos estaban silenciados detrás de un ruido blanco estático que emanaba
de sus cascos. Aparte de la gruesa armadura blindada, el vehículo podría haber
sido la parte de atrás de un U-Haul, el interior era demasiado simple. Tampoco
tenía ventanas, pero por lo largo del camino, nuestro destino no era el compuesto
de Madigan en Tennessee. No estaba segura de a dónde nos dirigíamos, pero por
los pensamientos que capté, teníamos un convoy armado acompañándonos todo el
camino.
La pequeña parte de mí que no se retorcía de dolor se preguntó por qué
Madigan no había volado a nuestro destino. Tal vez tenía miedo de que yo
rompiera mis ataduras, una pelea a diez mil metros de altura podría derribar el
avión y matar a todos.
Fue sabio al temer eso. La única cosa que me atraía más que la idea de mi
propia muerte, era la de llevar a Madigan y sus soldados conmigo. De hecho,
ahora que había tenido varias horas para procesar todo, me estaba pateando a mí
misma por dejar que Madigan me atara con varias restricciones, más una red llena
de navajas de plata. Me podría haber ido del muelle en una lluvia de disparos
después de arrancarle la garganta, y luego pisotear sus restos.
Como se suele decir, la retrospección es siempre mejor.
La camioneta comenzó a rebotar mientras la carretera principal se convertía
en una de un solo carril que se sentía de tierra en lugar de grava. Moví por
completo el cuerpo de Bones sobre mi regazo para que los duros empellones no
golpearan nada de él. Él había sido casi invencible en vida, pero en la muerte, sus
restos eran frágiles, tan ancianos como si ahora estuvieran en sus completos dos
siglos y medio de edad. Si no fuera por el triple juego de grilletes restringiéndome,
me habría quitado el abrigo y lo hubiera envuelto con él, pero mis brazos estaban
pegados a mis costados, clavando la chaqueta sobre mí.
Después de quince minutos más o menos, el vehículo se detuvo, y la escotilla
trasera se abrió dejando entrar una pared de luz. Parpadeé hasta que el brillo se
transformó en un fondo de árboles cubiertos de musgo. Entonces inhalé, notando
que el aire fresco estaba cargado de humedad, moho y del punto característico de
químicos rancios. Al ver que el desolado y hermoso paisaje tenía una pequeña
cúpula cubierta de hierba en la distancia, era casi redundante.
90
Madigan me había llevado a la zona Manejo de Vida Silvestre McClintic en
Point Pleasant, West Virginia. Exactamente a donde yo quería ir, excepto que bajo
circunstancias muy diferentes.
Consideré luchar cuando los soldados tiraron de la red para sacarme, pero
luego decidí no hacerlo. Por un lado, eso diezmaría los restos de Bones. Por otra
parte, si Tate, Juan, Dave, y Cooper estuvieran aquí, entonces mi último acto sería
liberarlos. Ellos eran mis amigos. Además, Bones querría que liberara a su pueblo.
¿Cómo podría decepcionarlo?
Una vez fuera de la camioneta, fui apresurada hacia lo que parecía un gran
carrito para equipaje. Cuando aparecieron las finas líneas rojas entrecruzadas de
poste a poste para delimitar el perímetro alrededor de mí, sin embargo, entendí.
Rayos láser. Esta debía ser la forma en que había metido a Tate y los demás en la
instalación sin grandes pérdidas. Cualquier cosa que traspasara esos rayos
conseguiría ser rebanado, y mientras los miembros de vampiros volvían a crecer,
nuestras cabezas no lo hacían.
Mientras era llevada hacia uno de los antiguos iglús de municiones, una voz
masculina gritó mi nombre. Mi cabeza se levantó con sobresalto. A través de la
malla y los rojos rayos láser, vi a Fabian volando en círculos frenéticos por encima
del carrito.
―¿Qué debo hacer? ¿A quién se lo cuento? ―lloriqueó el fantasma.
Ninguno de mis guardias levantó la vista. No podían oírlo, así que cuando
dije: “No hagas nada. Vete a casa”, varias cabezas con cascos se volvieron en mi
dirección antes de mirar alrededor con cautela.
Fabian voló más cerca, hasta que pude ver la determinación en su mirada
azul desteñido.
―No te abandonaré ―dijo en un tono duro.
Aparté la mirada, nuevas lágrimas se derramaban por mis mejillas.
―No tienes opción, mi amigo. Ahora, por favor, vete.
―¡Cat…!
Su voz fue cortada mientras yo era empujada dentro del iglú de concreto y
una puerta oculta parpadeaba en la entrada. Mi carrito de láser se sacudió cuando
algo metálico se sujetó de las ruedas. Luego cuatro postes cortos con forma de T se
elevaron del manchado suelo de cemento. Los guardias los agarraron justo cuando
el suelo comenzó a vibrar, haciendo que la vieja suciedad pegada a él temblara,
antes de que repentinamente cayera por debajo de nosotros.
91
Las paredes cubiertas de grafiti fueron reemplazadas por acero liso mientras
caíamos en picada a unos treinta kilómetros por hora. Mi red de plata brevemente
se levantó por la velocidad, sólo para estrellarse de nuevo sobre mí cuando nos
detuvimos bruscamente un par de minutos después. Entonces la puerta se abrió
con un zumbido revelando una enorme sala con docenas de empleados en
estaciones de trabajo, gráficos de seguridad en 3-D tanto del área de la vida
silvestre de los alrededores, así como de éste complejo, y guardias con cascos
patrullando alrededor como tropas de asalto.
La sala de reuniones subterránea de Marie Laveau no tenía nada que hacer
contra las instalaciones de pruebas secretas de Madigan.
―Lleva el espécimen A1 a la celda ocho ―gritó la odiosa voz de Madigan.
Miré alrededor pero no lo vi, y había una cualidad metálica en su voz. Debió
haber estado dando órdenes a través del intercomunicador. Una vez más, me pateé
a mí misma por no matarlo cuando tuve la oportunidad, pero rectificaría eso en mi
próxima oportunidad. Luego fui sacada de lo que supongo era el centro de mando
y llevada por un largo pasillo. Las botas de mis armados acompañantes sonaban
con un ritmo entrecortado en las baldosas del suelo mientras me guiaban a través
de dos vueltas a la derecha y una a la izquierda antes de llevarme a la entrada de lo
que parecía un ala de hospital de la prisión.
―Escala para exploración ―dijo un guardia en un tono aburrido.
También llevaba un casco de visera completa, pero el suyo no emitía el ruido
blanco para descifrar el pensamiento que el artefacto de mis captores tenía. Me di
cuenta que tampoco lo tenía ninguno de los otros guardianes con cascos aquí.
Debía ser tecnología élite que sólo las unidades tácticas tenían.
Entonces los láseres que rodeaban mi carro desaparecieron y mis escoltas
obedientemente se quedaron firmes mientras aparecían líneas azules en un
formato cuadrado sobre nosotros. El guardia miró hacia la pantalla de su
computadora, y su cabeza se levantó de golpe.
―Hay algo en el carro con ella.
―Un vampiro muerto ―respondió uno de mis acompañantes.
Las palabras hirieron demasiado, me tomó un segundo registrar la respuesta
del otro guardia.
―No, algo con un latido de corazón.
La confusión se enhebró a través de mi dolor. Mi corazón había dejado de
latir hace horas… Con un chillido, algo pequeño y peludo saltó por entre los
agujeros de la red de plata. Dos de mis curtidos guardias realmente saltaron hacia
atrás mientras que un tercero intentó, sin éxito, pisotear a la criatura, la cual lo dejó
atrás, y luego desapareció debajo de una puerta cercana.
―Maldita rata ―murmuró el guardia. Entonces giró su cabeza hacia mí―.
¿Por qué no la mataron? ―preguntó en tono acusador.
92
―Para que así pueda cagar en tu sopa ―espeté.
¿Creía que me iba a disculpar por no ser una buena exterminadora? Incluso si
no hubiera estado demasiado abrumada por la pena para notarla, por qué me iba a
preocupar si un roedor estaba escondido en la parte trasera de mi carrito de
secuestro…
Mis ojos se estrecharon, pero agaché la cabeza antes de que los guardias
pudieran captar algo sospechoso en mi expresión. Esa rata no sólo acababa de
vagabundear en el vehículo equivocado. Había estado dentro de la red de plata, lo
cual sólo sería posible si se hubiera ocultado en la ropa de Bones durante el breve
intervalo entre su muerte y nuestra captura. Y las probabilidades de que un animal
hubiera merodeado alrededor después de un tiroteo tan intenso que mató a un
maestro vampiro eran casi nulas.
―Encierren a la perra ―gruñó el guardia.
Esos rayos láser entrecruzados aparecieron alrededor de mi carrito otra vez.
No dije nada mientras fui llevada a través de las puertas de la unidad y nada aun
cuando el guardia murmuró algo sobre la necesidad de que mantenimiento dejara
trampas para ratas en ese piso.
Las trampas no funcionarán porque este no era un animal ordinario. De
hecho, lo que se escurrió debajo de la puerta hace unos momentos no era un
animal en absoluto.
Era Denise.
Capítulo 15
L
93
as celdas estaban dispuestas en un semicírculo frente a la zona de
trabajo principal del piso, similar a como los cuartos de los hospitales
enfrentan la sala de enfermeras en una unidad de cuidados intensivos.
Una gruesa pared de vidrio y una capa de láseres de respaldo
mantenían a los ocupantes en el interior, pero dejaba sus acciones visibles a los
miembros del personal. Mi celda estaba en el extremo de la línea curva, lo que me
dio una visión clara de las otras mientras era llevada más allá de ellas. La primera
tenía a una niña de cabello castaño en esta, de todas las cosas, pero entonces pasé
un rostro muy familiar.
Desde la primera vez que lo había conocido, Tate había mantenido su cabello
castaño en un corte al ras, un homenaje a sus antiguos días como un sargento de
las Fuerzas Especiales. Ahora era unos centímetros más largo, y la mitad inferior
de su rostro estaba ensombrecido por la espesa barba, enfatizando su expresión
encantada. En la celda contigua a la suya estaba Juan, su masa de cabello negro
ahora colgando más allá de sus hombros, mientras su piel lucía pálida incluso para
un vampiro. Dave estaba en la celda después de la suya, viéndose igualmente
descuidado y pálido, pero fue el cambio de Cooper en la segunda celda del final lo
que me hizo jadear.
Había perdido quince kilos al menos, transformando su estructura muscular
en algo demacrado. Su corte de cabello normalmente al ras ahora parecía un afro
de los setenta, y su piel color moca mantenía un enfermizo tinte azul. Me tomó un
segundo darme cuenta de que este venía de extensas contusiones, con especial
énfasis en sus muñecas, manos y el pliegue interior de sus brazos.
Pinchazos de agujas, me di cuenta con una oleada de furia. Sólo había una
razón por la que Madigan se molestaría con repetidas muestras de sangre o
inyecciones en un ser humano. Estaba experimentando con Cooper.
Mis manos se apretaron en los bordes de la agujereada chaqueta de
Bones. Espera por mí, repetí en silencio, sintiendo crecer mi ira. Tengo algo que hacer
antes de verte de nuevo.
Y con Denise aquí, ahora tenía una mejor oportunidad de tener éxito.
Dado que ninguno de mis amigos miró cuando yo pasé, ellos no debían ser
capaces de ver a través del cristal de sus celdas. Mi sospecha resultó ser correcta
cuando uno de mis guardias dijo: “Abre la celda ocho”, entonces mi carro fue
empujado dentro sin contemplaciones. Cuando la puerta de cristal se cerró, todo lo
que vi fue mi propio reflejo debajo de un montón de malla de navajas y plata.
―¿No olvidaste algo? ―grité, sabiendo que los empleados tenían estas
habitaciones supervisadas para el sonido, también.
Ninguna respuesta, aparte de los láseres desapareciendo en mi carro. Suspiré
y me apoyé contra uno de los postes, nuevas lágrimas deslizándose mientras
miraba al cuerpo de mi marido. Desde los huesos me levanté y en Bones me volví, él
había dicho cuando me contó la historia de cómo escogió su nombre después de
despertarse como un vampiro en un cementerio. Eso es todo lo que era ahora,
huesos, y el conocimiento hizo que mis lágrimas fluyeran rápidas y rojas.
94
Entonces el choque siguió los pasos del dolor mientras un clic sonó en mi
triple juego de esposas y varios cuchillos me apuñalaron a la vez. Cuando ese
dolor comenzó a deslizarse a través de todo mi cuerpo, quemando mis
terminaciones nerviosas mientras corría, me di cuenta de que no eran cuchillos.
Eran agujas inyectándome con plata líquida.
No quería dar a los hijos de puta que me vigilaban la satisfacción de oírme
gritar, pero después de unos pocos minutos, lo hice. Entonces, yo realmente no
quería darles la satisfacción de escucharme abogar para que esto se detuviera, pero
después de varias agonizantes horas de ser quemada de adentro hacia afuera, hice
eso, también. Ninguna misericordia llegó, sin embargo. Sólo la inconsciencia que
me llevó a la oscuridad.
* * *
Me desperté atada a una mesa en una habitación diferente. Las luces
halógenas salpicaban el techo con brillo parecido al sol, y estaba tan fuertemente
atada que mis movimientos estaban limitados a menear los dedos de mis pies, pero
para mi alivio, el dolor horrible se había ido.
―Ah, estás despierta ―dijo una voz agradable―. Sin duda sintiéndote mejor,
también. Sacamos la plata de ti disolviéndola con ácido nítrico, luego extrayéndola.
Es el único método seguro cuándo ésta penetra tan profundamente.
Traté de levantar mi cabeza, pero estaba apretada, también. Entonces busqué
con mi mente. La mayoría de los pensamientos vinieron con la aleatoriedad de
escuchar la radio mientras te desplazas por los canales, pero los de una persona
resonaron claramente, y ella estaba en esta habitación.
Entonces una mujer de cuarenta y tantos apareció en mi limitada línea de
visión, todos menos unos pocos mechones de cabello rubio cenizo ocultos por una
gorra médica. Sus rasgos estaban controlados en una máscara cortés, y su pálida
mirada verde mantenía el desapego que los médicos clínicos de todas partes
habían perfeccionado.
No te molestes en intentar el control mental, pensó ella hacia mí. Estoy inoculada.
Lo intenté de todas formas. ¿Qué tenía que perder?
―Libérame ―dije, poniendo toda mi rezagada potencia en mi voz y mirada.
Ella ni siquiera parpadeó.
95
―Sólo aprendes de la manera difícil, ¿no? ―dijo en voz alta.
―Siempre ―le contesté con firmeza―. ¿Dónde está mi marido?
Un inseguro encogimiento de hombros que la colocó justo después de
Madigan en mi lista de blancos.
―¿El vampiro muerto? En el congelador. ―Con el resto de ellos, concluyó sus
pensamientos.
Cerré los ojos, una ola de dolor aplastándome bajo su peso. Cuando los abrí,
la hembra médico había desaparecido. Probé mis restricciones aplicando presión
en una extremidad a la vez. Nada. Entonces intenté lanzarme contra ellas con todo
lo que tenía, todo a la vez.
Ni siquiera un movimiento. Madigan no había escatimado en gastos para la
creación de una mesa de examen a prueba de vampiro.
―Ahora que has conseguido que eso salga de tu sistema ―dijo la voz de la
doctora secamente―, ¿qué tal un poco de comida?
Ella regresó a mi línea de visión, colgando una bolsa de plasma en un largo
tubo por encima de mí. Le di a sus dedos una breve y calculadora mirada.
Demasiado lejos para morderlos. Claramente, yo no era su primera cautiva.
Ya que me sentía más débil que un vampiro bebé al salir el sol, cogí el
extremo del tubo entre mis labios y tomé un largo sorbo. Entonces hice una mueca.
―Marca equivocada ―le dije, escupiendo el tubo.
Por primera vez, la rubia mostró un destello de emoción genuina. Sorpresa.
―Fuiste drenada casi hasta secarte para extraer la plata de ti. ¿Cómo puedes
negarte a comer basada apenas en la preferencia de grupo sanguíneo?
Ella tenía razón; estaba tan hambrienta que me dolía, pero para mí, esto no
era comida.
―No es el tipo, es la fuente. No bebo sangre humana.
Su frente se arrugó, profundizando las finas líneas de expresión ya visibles.
―Pero eres un vampiro.
―Voy a llamarte Dra. Obvia ―murmuré.
Ante eso, su expresión regresó a su serena máscara clínica.
―Tú no eres mi primer chico problemático. Si te niegas a la sangre por vía
oral, te será inyectada. El director Madigan ha ordenado extenso trabajo de
laboratorio una vez que estés rehidratada.
Apuesto a que lo hizo.
96
―Estoy segura de que Madigan te dijo que yo era un caso especial, pero él no
sabe tanto como piensa. Como el hecho de que bebo sangre de vampiro, no
humana.
Yo había agrietado esa heladamente agradable expresión exterior de nuevo.
Sus ojos se abrieron, y abrió los labios como si estuviera a punto de discutir. Luego
los frunció cerrándolos, asintiendo.
―Voy a informar al director. Si él lo aprueba, vamos a traerte un poco de
sangre de vampiro.
―Embolsada no funcionará ―dije, pensando rápido―. Tiene que ser directo
de la vena de un vampiro de mi árbol genealógico de no-muertos, o me moriré de
hambre, y Madigan no conseguirá sus preciosas muestras. Afortunadamente para
él, tiene dos vampiros que mi marido engendró justo aquí.
Yo no sabía cuándo Denise haría su movimiento, pero si Tate o Juan estaban
fuera de sus celdas cuando lo hiciera, tanto mejor. Ahora, a esperar que Madigan
creyera mis inusuales requisitos alimenticios.
La Dra. Obvia se me quedó mirando el tiempo suficiente para hacer que la
persona promedio o se retorciera o dejara escapar una confesión. No hice ninguno.
La peor cosa en mi vida ya había sucedido, así que aparte de la pena y la furia
asesina, el resto de mi cuerpo estaba entumecido.
―Voy a dejarte saber lo que el director dice ―respondió finalmente. Luego
desapareció de mi vista.
Cerré mis ojos contra el resplandor de las luces del techo. No tenía nada que
hacer sino esperar, pero pronto, sería capaz de matar.
Y una vez que hubiera terminado con eso, yo sería capaz de morir.
Alrededor de una hora más tarde, varias personas entraron en la habitación,
por el ruido y la repentina crecida de pensamientos. De nuevo traté de estirar el
cuello y sólo conseguí clavar profundamente la correa de metal en mi cabeza lo
suficiente como para extraer sangre. No tuve que esperar mucho para saber
quiénes eran mis visitantes, sin embargo. Dos voces cortaron a través de los otros
sonidos, ambos familiares, pero sólo uno bienvenido.
―Cat.
Un grito de angustia de Tate, seguido por el de Madigan.
―Si esto es un truco, lo lamentarás, Crawfield.
―Por última vez, es Russell ―le solté.
97
Madigan se aseguró de inclinarse sobre mí, así pude ver cada matiz de su
petulante expresión antes de hablar.
―Ya no más, pero eso es tu culpa. Juraste sobre la vida de Bones que habías
venido sola, y no lo hiciste.
Había oído el dicho “ver rojo” pertinente a un repentino aumento de rabia,
pero nunca lo había experimentado antes. Ahora lo hice, porque tomó varios
segundos antes de que mirara a Madigan y viera nada más excepto una visión de
él cubierto de sangre y muriendo en dolor extremo. Luego que se desvaneció, y
tomé una respiración profunda para calmarme, solté el aire lentamente.
Tú conseguirás liberarte, y lo matarás, juré. Hasta entonces, esto sólo ayudaría si
Madigan se sentía satisfechamente superior. Entonces sería más probable que
cometiera un error.
―¿Voy a conseguir alimentarme, o estás bien con no descubrir todos los
nuevos tesoros en mi sangre? ―pregunté en un tono uniforme.
Madigan retrocedió, soltando: “Pon su muñeca contra su boca”, a cualquiera
de los guardias que tenían a Tate.
―¿No puedo conseguir ponerme en posición vertical primero? Vamos, sé que
buscaste esa característica con esta extra elegante mesa de examen.
Un gruñido de satisfacción consigo mismo.
―Por supuesto. No necesito ser un mal ganador.
La mesa en la que estaba atada se desplazó lentamente a una posición
vertical, dándome mi primera visión completa de la habitación. Miré a mi
alrededor, tomando nota de la ubicación de las puertas (dos), el número de
guardias (seis), y las armas que llevaban (carabinas M-4 totalmente automáticas en
sus manos, respaldadas con pistolas semi-automáticas en sus cinturones), todo ello
en menos tiempo del que le tomaba a la persona promedio parpadear. Luego mi
mirada se posó en la Tate.
Tenía las mismas esposas cuello-hombro-brazos con las que Madigan me
había restringido anoche, con un conjunto adicional alrededor de sus tobillos que
limitaban su paso a unos pocos centímetros a la vez. Probablemente tenían las
agujas con el líquido plateado en ellas, también, lo cual tenía que admitir, era un
maldito buen disuasivo. No sólo quemaba como tener un lanzallamas funcionando
dentro de tu cuerpo, era una de las pocas cosas aparte de la muerte que podrían
incapacitar a un vampiro. Pero lo más inquietante sobre Tate era su mirada. Si ya
no hubiera resuelto liberarlo y a los demás sin importa qué, viendo la mirada
atormentada me habría influido.
―Hola ―dije en voz baja.
98
Su boca era una dura línea recta, pero esos ojos azul oscuro comenzaron a
llenarse con lágrimas coloreadas.
―Oh, Cat, preferiría nunca verte de nuevo que verte aquí.
Forcé una sonrisa porque no podía empezar a llorar, también. Ya que
perdería el control delgado como telaraña que tenía sobre mi dolor.
―Estoy segura de que no es tan malo. Probablemente Madigan sólo es
incomprendido.
Tate resopló con cansado desdén.
―No sabes ni la mitad de lo que él ha hecho.
―Se supone que debes ser alimentada, no ponerte al día ―dijo Madigan
secamente―. Hazlo, o él se va.
Incliné mi cabeza tanto como pude, indicando mi deseo de empezar. Los
guardias de Tate lo empujaron, y sólo sus reflejos de no-muerto le impidieron caer
hacia adelante con esas restricciones de tobillo. Entonces, con una expresión pétrea,
se volvió y agitó sus manos hacia ellos.
―A menos que la desaten o yo de repente me vuelva casi un metro más alto,
ella va a tener que alimentarse de mi cuello, no de mis muñecas.
La sonrisa de Madigan podría haber convertido el agua en hielo.
―Ella se queda amarrada y tú también, por lo que es el cuello.
Tate se inclinó y su olor familiar superó el olor a lejía, germicida, sangre, y el
miedo al que esta habitación apestaba. Cuando su cuello rozó mi boca, el hambre
se hizo cargo; poderosa, exigente y sin importarle cómo el dolor había destrozado
mi voluntad de vivir. Por su propia voluntad, mis colmillos se clavaron en su
garganta, liberando ese delicioso líquido carmesí en mi boca.
Mientras tragaba, los labios de Tate rozaron mi oreja. Luego habló tan bajo
que ninguno de los humanos debía haber sido capaz de escucharlo.
―Si tienes la oportunidad, vete. No vuelvas por nosotros.
No respondí. Por un lado, mi boca estaba llena, y por otro, no podía
arriesgarme a hablarle de Denise. La restricción de su cuello podría tener un
micrófono, además de sus otros aparatos.
Luego susurró algo más que hizo que mi garganta se cerrara a pesar de la
demanda sin conciencia de mi hambre.
―¿Bones realmente está muerto?
99
Yo no podía hablar ahora, porque si lo hacía, esto saldría con un gemido de
angustia. En cambio, asentí y me obligué a tragar. Su sangre se sentía como si
estuviera ahogándome todo el camino hacia abajo.
El suspiro de Tate parecía venir de muy dentro de él.
―Lo siento mucho.
Aun así no le respondí. No podía tragar más, tampoco, y los pocos bocados
que había consumido se sentían como si fueran a devolverse. Entonces, como si el
espíritu de Bones estuviera susurrando desde el más allá, casi pude escucharle
hablar, y parecía molesto.
¿Quieres matar a los bastardos, Gatita? Necesitarás tu fuerza, por lo que deja de
lloriquear y bebe.
Él estaba en lo cierto. Casi siempre había estado en lo cierto, y yo rara vez
había escuchado. Lo haría ahora, sin embargo. Manteniendo mi resolución, mordí
el cuello de Tate de nuevo, pero me quedé mirando a Madigan mientras tragaba.
No has ganado. Simplemente aún no lo sabes.
Capítulo 16
E
llos se llevaron a Tate después de que hubiera bebido cerca de un
cuarto de él, pero luego lo trajeron de vuelta después de que Madigan
drenara eso mismo de mí para realizar sus primeras rondas de
pruebas. Por los pensamientos de la Dra. Obvia, estaban muy
emocionados por los resultados preliminares porque mi sangre parecía ser
compatible con el ADN ghoul.
100
Me preguntaba sobre eso. Cuando yo era una mestiza, todo el mundo sabía
que podría haber sido convertida en un ghoul y aun así conservar las habilidades
de ambas especies. Ese fue el motivo por el cual las dos razas casi van a guerra por
mi culpa. Incluso como un vampiro completo, mi corazón aún latía cuando estaba
bajo presión extrema, y mi dieta era nada sino ordinaria, dos hechos que habíamos
mantenido en secreto para que la nación ghoul ya no me considerara una amenaza
de cruza de especies.
Si estas pruebas estaban en lo cierto, tal vez lo era todavía.
Hablando de guerra, ¿dónde estaba Denise? Había pasado casi un día desde
que se había escurrido bajo esa puerta. Tenía que apurar su culo peludo antes de
que Madigan comenzara a transmitir los resultados de mi sangre a las otras partes
interesadas. ¿Qué estaba esperando?
Otro, más oscuro pensamiento se deslizó en mi consciencia. Ella quizá no
estaba esperando algo. Tal vez la rata que había visto había sido sólo eso, una rata
que se había acurrucado en el interior de la ropa de Bones para escapar de una
lluvia de disparos, para después, correr a la primera oportunidad que tuvo. No mi
mejor amiga cambiaforma disfrazada.
Si es así, estaba simplemente por mi cuenta. Estaba atada desnuda a una tabla
incapaz de liberarme, y mucho menos podía liberar a Tate, Juan, Dave, y Cooper.
O hacer que Madigan pagara por lo que había hecho. Diablos, ni siquiera podía
evitar que la Dra. Obvia hundiera otra aguja en mi yugular para poder extraer más
sangre.
"Jodida" no empezaba a cubrir mi situación.
La desesperación se deslizó en mis emociones, hundiéndose más
profundamente en un pozo de oscuridad. Si sólo eso fuera lo peor que me hubiera
pasado, pero Bones se había ido. Aunque Denise apareciera por arte de magia, y
nos las arreglamos para matar a todos los presentes a excepción de mis amigos, él
aún se habría ido. Las lágrimas comenzaron a fluir de mis ojos. Todo lo que
quedaba de él era el cuerpo en el congelador y un poco de su sangre en mí que no
había sido drenada todavía…
Sangre.
En medio del fango negro de la desesperación llegó una rendija de luz.
Todavía tenía algo de la sangre de Bones en mí, lo que significaba que había
absorbido sus habilidades como lo hice con todos los vampiros o ghoul de los que
antes bebí. Por su increíble fuerza no había sido capaz de hacer ceder las múltiples
correas de titanio que me restringían a esta tabla, pero eso no era el truco más
impresionante de Bones. Lo era el más reciente.
101
Esperé hasta que la Dra. Obvia terminó con su última extracción y
desapareció al otro lado de la habitación antes de que comenzara con la correa más
pequeña. La que detenía mi cabeza. No moví un solo músculo en mi intento de
moverla pero, en cambio, enfoqué toda mi concentración en imaginar que la correa
se abría y rompía.
Nada.
Muy bien, así que no lo conseguí en el primer intento. ¿Cuándo algo
importante había sido tan fácil? Cerré los ojos y me concentré de nuevo, tratando
de forzar la correa a abrirse con la fuerza de mis pensamientos. Un poco más, un
poco más, de acuerdo, uno más debería hacerlo…
Todavía nada.
Dejé escapar un suspiro de frustración. La capacidad tenía que estar en mí.
Mis habilidades para leer la mente vinieron de la sangre de Bones, eso era seguro.
Bones había dominado eso plenamente, y él todavía estaba explorando su
telequinesis incipiente. Es por eso que habíamos asumido que no se había
manifestado en mí antes, pero todavía tenía que estar allí, incluso si no se había
mostrado espontáneamente todavía…
¿La correa de metal vibró un poco? No podía estar segura, pero me dije que
sí, que lo hizo. Entonces me concentré más duro, disponiendo que esas vibraciones
aumentaran hasta que se desprendiera.
Éstas no lo hicieron. No sentí ninguna presión, vibraciones, sólo el frío metal
contra mi frente y mi creciente ira por el hecho de que Madigan podría haber
ganado después de todo.
Maldita sea, yo podría no merecer golpearlo, pero ¡él merecía perder! Y Bones
merecía algo también. Había estado en ese muelle porque estaba tratando de
protegerme, así que lo último que querría era que yo estuviera atrapada en esta
tabla como la última rata de laboratorio de Madigan. Él me querría levantada y
desencadenando el infierno para todos los que habían ayudado a encarcelar a su
gente, aquellos que le habían disparado a muerte, y que me habían empujado a
este retorcido laboratorio subterráneo, en especial al imbécil que lo había
orquestado todo. Si Bones estuviera aquí, me exigiría que dejara de intentar hacer
estallar mis ataduras e hiciera volar esa cosa a través de la maldita sala dándole a
la Dra. Obvia justo en medio de…
Click.
102
Con ese sonido único, glorioso, la presión en mi frente desapareció. La Dra.
Obvia no lo oyó, sin embargo. Cuando volví la cabeza sin restricciones todo el
camino hacia un lado, ella estaba mirando a su computadora, haciendo
comparaciones mentales sobre las similitudes entre el porcentaje de mis genomas y
el porcentaje de los genomas de células de vampiros y humanos normales.
No iba a tener la oportunidad de terminar sus hallazgos. La ira siempre había
sido el catalizador de mis capacidades, pero en mi estado casi paralizante de pena,
me había olvidado de eso. Qué apropiado que el recuerdo de Bones me lo hubiera
recordado. Ahora todo lo que tenía que hacer era dejar que mi rabia fluyera, y
teniendo en cuenta todo lo que había sucedido, esa parte era fácil.
Con un empujón de furia alimentada por mi mente, las otras seis correas se
abrieron de golpe con múltiples sonidos de clicks. Eso llamó la atención de la Dra.
Obvia, pero antes de que su mano pudiera volar a su boca con incredulidad yo
estaba al otro lado de la habitación y tirando de ella hacia arriba por las solapas de
su bata de laboratorio.
―Nunca nos presentaron adecuadamente ―dije con un ronroneo vicioso―.
Soy Red Reaper, y tú estás muerta.
Capítulo 17
D
103
espués que aplasté su laringe, lo desnudé de su bata de laboratorio
y me la puse. No porque pensara que engañaría a alguien para que
pensaran que trabajaba aquí, sino porque había algo inquietante
sobre caminar alrededor completamente desnuda sobre una serie de
cuerpos asesinados. Luego escaneé la habitación por armas, muy consciente de que
solo tenía unos minutos. Como cada otro lugar en este centro, había cámaras de
seguridad. Efectivamente poco después el pitido de una alarma se encendió. Solo
me las había arreglado para encontrar dos pistolas semiautomáticas y dos
cargadores extras, que no era mucho, pero tendría que ser suficiente.
Entonces irrumpí a través de la puerta justo antes de que se cerrara y gruesos
barrotes se deslizaron de los marcos como algún tipo de cerradura automática.
Una vez en el pasillo corrí hacia el grupo de pensamientos aproximándose hacia
mí en lugar de alejarse. Tan pronto como los soldados rodearon la esquina, me
lancé hacia adelante, mi vientre deslizándose sobre el azulejo con fuerza suficiente
para romper mis costillas. El dolor fue fiero e inmediato, pero sus disparos pasaron
sobre mi cabeza. Mantuve mis brazos extendidos cuando el impulso y el azulejo
pulido me llevaron hacia delante mientras disparaba hasta que ambas armas
estuvieron vacías.
Los guardias se dejaron caer con múltiples golpes. Habían sido equipados con
chalecos kevlar y collares de malla de acero alrededor de sus gargantas, pero
mientras sus visores tintados eran a prueba del control mental, no eran a prueba de
balas.
Dejé caer las pistolas en mis bolsillos con los cargadores extras. Luego
arrebaté tantos de sus rifles de asalto como podía llevar.
Ahora, esto era más de mi agrado.
No es un momento demasiado justo, tampoco. Adelante en el pasillo, otra
estampida de botas sonaba. Miré alrededor, decidí que estar a la intemperie era
demasiado riesgoso incluso con mi nuevo arsenal, y me propulsé hacia arriba lo
suficientemente duro para acabar con el techo. Dejó mi cabeza repiqueteando con
más sonidos además del de las armas de fuego cuando el siguiente grupo de
soldados encontró a sus compañeros y comenzó a disparar al agujero que hice,
pero ya me había ido para entonces. La capa exterior de este centro estaba
demasiado reforzada para explotar mi camino a la luz del día, aun como la
mayoría de hospitales y laboratorios, tenía espacios intercalados entre sus pisos.
Y este, al menos, no estaba vigilado o equipado con puertas automáticas de
cierre.
Salté sobre tuberías y otros equipos mientras corría hacia adelante a lo que
supuse era la sección de celdas de vampiros, basada en los pensamientos de los
empleados además del hecho que tenía una pared solida de acero por todo el
camino hacia arriba al siguiente piso. Antes de que pudiera intentar disparar mi
camino a través de la base, sin embargo, tuve que zambullirme por un bombardeo
de balas. Los soldados habían encontrado el camino en el espacio entre los pisos,
también.
104
―¡Tenemos el espécimen A1 arrinconado sobre la sección 9! ―Alguien
informó.
Eso fue seguido por una réplica que no conseguí oír cuando tuve que
esquivar otra lluvia de disparos. Me puse a cubierto detrás de uno de los refuerzos
de acero, manteniéndome abajo mientras disparaba de regreso. Solo un tercio de
los guardias cayeron con sus vísceras hechas añicos, y escuché más refuerzos
viniendo.
Comencé a disparar a los soldados con un arma mientras disparaba al piso
con la otra. Mirando atrás y adelante entre los dos y necesitando cambiar posición
para evitar ser disparada hizo que perdiera puntería incluso más. La división de
mi atención también me costó ser rozada por más que unas cuantas balas. Para mi
sorpresa, estaban disparando municiones regulares, no plata. Aun así, si una me
golpeaba entre los ojos, estaría indefensa mientras mi cerebro se armaba de nuevo
lo suficiente para poder pensar.
Entonces una granada fue lanzada a mi rincón. La pateé lejos una pequeña
fracción de segundo antes de que explotara. No era una granada de conmoción
amplificada como solían utilizar en el muelle, pero contenía astillas de plata.
Debían estar poniéndose impacientes. Pasé unos tensos pocos minutos disparando
a ciegas mientras mis ojos sanaban, y cuando mi visión estuvo restaurada, para mi
consternación vi que las barreras de acero sobre mis amigos estaban aún intactas a
pesar de mis dos cargadores vacíos en el piso.
Otra granada llena de plata explotó cerca, forzándome a alejarme de la
protección del refuerzo resistente a balas. No podía arriesgarme a que una fuera
detonada cerca de mi corazón.
La frustración casi me hizo ajena al dolor cuando me dispararon muchas
veces a pesar de seguir abajo en el piso. La barrera de acero sobre las celdas de
vampiros era demasiado gruesa, no podía llegar a Tate y los otros de esta forma.
Muy pronto, tuve que impulsarme a través del techo o arriesgarme a ser explotada
donde estaba agachada, y eso era solo si le ganaba a los soldados que ya estaban de
camino al subnivel sobre mí. Desde los pensamientos que escuché, sin mencionar
sus dispositivos de comunicación inalámbricos, Madigan les había ordenado
atacarme desde el nivel superior también. Él podría querer más de mi sangre para
sus propósitos de prueba, pero no arriesgaría mi escape para conseguirla.
Madigan.
Mis dedos se apretaron sobre la M-4 a pesar de haber sido disparada lo
suficiente para hacer el metal abrasador. Parecía como si no fuera capaz de liberar
a mis amigos, pero todavía había algo que podía hacer.
105
Pasé muchos minutos inestables tratando de no ser disparada mientras
enviaba mis sentidos hacia fuera para buscar a través de la gran cantidad de
pensamientos en este recinto. Al menos, encontré el que estaba buscando, y por
una vez, no estaba cantando algo para sí mismo. Madigan estaba implementando
los procedimientos de seguridad de emergencia que nunca antes habían sido
necesarios, todo el tiempo corriendo a un lugar seguro en el centro.
Me concentré en sus pensamientos como si fuera un faro de guía. Luego
utilicé las correas para colgar las dos M-4 alrededor de mi cuello antes de
empujarme arriba con una gran unidad de control térmico. Sosteniendo la
máquina de metal en frente de mí, volé hacia el rincón opuesto y al espacio
cerrado, haciendo una mueca cuando más municiones dieron en su blanco. Aun
así, ninguno de ellos estaba cerca de mi cabeza. No podía disparar de regreso
mientras sostenía la pesada unidad, pero era un efectivo, algo tosco, escudo a
prueba de balas.
También lo utilicé como un ariete cuando lo empujé sobre mi cabeza y me
propulsé hacia arriba al mismo tiempo. Escombros obstaculizando mi visión, y mi
mitad inferior tomo la peor parte de disparos cuando me forcé a través del
concreto, madera, y acero al siguiente nivel sobre mí. Me tomó más tiempo desde
que esta sección estaba más reforzada que la otra por la que había irrumpido.
Entonces, en medio una nube de polvo y partículas aislante, busqué a Madigan. No
estaba aquí, pero por sus pensamientos, estaba cerca. Antes de que pudiera ir en su
búsqueda, un nuevo grupo de guardias corrían a la sencilla puerta. Sin dudar, tiré
la maquina congelante demolida hacia ellos.
Con la velocidad sobrenatural que usé, hizo un fuerte sonido cuando los
golpeó, pero tristemente, solo a unos pocos de ellos. El resto se esparció a través de
la puerta mientras abrían fuego.
Traté de escapar a través de la pared más cercana y terminé estrellándome
contra ella como pensé que lo haría en una caricatura. La habitación a la que había
intentado forzar mi camino tenía paredes de acero que debía ser de más de medio
metro de espesor y una sola puerta cerrada con el amenazador sonido de
cerraduras pesadas. Cuando traté de forzar el camino a través del techo siguiente,
tuve el mismo triste resultado, con un agregado perjuicio de agrietamiento de mi
cráneo, con suficiente fuerza para marearme.
Esta no era una oficina ordinaria. Con su falta de muebles u otros accesorios,
más paredes increíblemente gruesas de acero y puerta, tenía que ser una habitación
de pánico. La única forma de salir era hacia abajo, y una mirada al agujero que hice
mostraba casi una docena de guardias con armas apuntadas justo hacia mí.
¡Hijo de perra, me atrapé en la habitación de pánico de Madigan antes de que
el bastardo entrara aquí!
106
―Cambio a la munición de plata ―gritó un guardia con casco, al sonido
acompañado de múltiples recamaras siendo cambiadas.
Oh, oh, trate de atascar sus armas con mis habilidades telequinéticas
prestadas, pero no funcionó, probablemente porque mi cabeza todavía realmente
dolía. No creo que todas las fisuras de mi cráneo se hubieran tejido uniéndose aún,
y no quería saber qué era la cosa húmeda y pegajosa que estaba cayendo por mi
cuello.
―No hay forma de salir, cabeza de chorlito. ―El mismo guardia espetó―.
Ríndete.
¿Cabeza de chorlito? Eso me hizo reír, lo que envió alarmas a mi parte que
todavía podía pensar. Haz lo que dice, o te mataran, esa parte urgió. No estás en forma
para pelear, y te han arrinconado.
Cierto, y, cierto. Pero cuando hablé, no dije “Me rindo”. En cambio, dije otra
palabra.
―Jódete.
La muerte no me asusta. Era mi camino de regreso a Bones.
Entonces me tensé, a punto de atacar y tomar tantos de ellos conmigo como
pudiera, cuando una voz frenética estalló a través de su sistema de comunicación.
―¡Este es Falcon 1. Espécimen A1 esta suelto en la sección 6!
¿No era yo el espécimen A1 como los otros me habían llamado? Eh, algo
como salsa de carne… sacudí mi cabeza empeorándola al tratar de detener esa
inútil línea de pensamientos. ¡Sana rápido, cerebro!
―Negativo, Falcon 1. Este es Falcon 7, y tengo al espécimen A1 contenida en
la sección 13 ―dijo el que me había llamado cabeza de chorlito.
―Falcon 7, estoy mirando a A1. ―Vino la respuesta enfática.
―No puede ser, la perra está aquí ―espetó mi chico, sonando molesto.
Mi confusión se levantó, no porque mi cabeza finalmente terminó de sanar o
porque era la única que sabía quién era la persona que podía hacer que yo
estuviera en diferentes lugares al mismo tiempo. Cuando me reí de nuevo, no fue
en una forma aturdida. Era con alivio.
Denise estaba aquí, y por los gritos que venían a través de la siguiente
transmisión, estaba pateando algunos traseros.
―Estoy diciéndote que A1 está aquí, y también tenemos un desconocido hostil
irrumpiendo en la sección 11. ¡Necesitan respaldo, ahora!
Cabezas con cascos comenzaron a oscilar de mí al guardia, que había
deducido era el líder de la unidad.
107
―¿Qué diablos? ―murmuró alguien.
No sabía quién era ese otro “hostil”, pero conocía una buena distracción
cuando veía una. Me lancé arriba y me moví cerca del techo a máxima velocidad
mientras pasaba entre los guardias. El impacto mato a dos en su lugar, pero los
otros abrieron fuego. Llevé uno de los guardias muertos encima de mí,
utilizándolo como un escudo mientras me lanzaba hacia el resto, rompiendo
tobillos y luego cuellos cuando caían.
La habitación sellada que me había atrapado ahora los atrapó a ellos. Los
guardias más allá comenzaron a disparar a través del agujero, pero golpearon a sus
amigos más que a mí. Además, con los chalecos kevlar que los guardias usaban, el
escudo de cadáver mantenía las balas lejos de cualquier lugar vital, aunque mis
brazos y piernas crepitaban por toda la plata bombeada en ellas. Ignoré el dolor,
concentrándome en terminar mi tarea. Por todo lo que sabía, uno de esos guardias
había hecho el disparo que mató a Bones, así que era inmisericorde en mis
acciones.
Romper. Aplastar. Rasgar.
Repetí eso hasta que nada a mi alrededor se movía. Luego empujé cuerpos en
el agujero para dejar que las balas acribillaran la habitación y rebotaran en las
paredes de acero. Cuando eso estuvo hecho, dejé salir un alarido de victoria que
terminó cuando me di cuenta que había ganado, pero todavía no podía salir de la
habitación a menos que alguien abriera la puerta.
Tal vez podía conseguir que alguien hiciera eso. Presa de una idea, agarré el
guardia muerto más cercano y hablé en su sistema de comunicación.
―Denise ―grité―. ¡Tienes que encontrar una forma de abrir esta puerta!
―¿Quién diablos eres tú? ―espetó la voz en el otro lado.
No me importaba lo suficiente para responder. Escuché un ruido de fondo, el
que significaba que Denise debería haber sido capaz de escucharme también, si
aún estaba cerca de este chico. Dado el rudo sonido de pelea, tenía que estar.
Luego una voz diferente estalló desde un dispositivo de comunicación en
otro cuerpo.
―TODAS las unidades a la sección 13, ¡situación crítica!
Au, diablos, la sección 13 era donde yo estaba. Los guardias debían haber
llamado por el hecho de que había destruido a los soldados en la habitación de
pánico.
108
―¡De prisa, Denise! ―grité en el comunicador. Luego comencé a reunir M-4,
de los que tenían más munición antes de tratar de tirar de un chaleco kevlar de un
guardia muerto. Mucho más manejable que tomar su cuerpo conmigo.
―¡Repito, situación crítica! ―gritó una voz con pánico a través del
comunicador―. Visión hostil y… oh Dios. ¿Qué es eso? ¿QUÉ ES ESO?
Me puse el chaleco salpicado de sangre, preguntándome qué forma había
tomado Denise esta vez. Por el sonido del guardia, podría haber sido un
Tiranosaurio Rex. Llegó a mi piso rápido, también. Solo momentos antes, había
estado en la sección 6, donde sea que eso estuviera.
La cerradura de titanio grueso de la puerta chasqueó de regreso en las
paredes más rápido de lo que se había plegado. Entonces no se abrió, se estrelló
hacia dentro, aplanando un cuerpo debajo con suficiente fuerza para hacer algo
que parecía como mermelada de frambuesa chorreando de sus lados.
Pero eso no fue lo que me hizo congelar, mi M-4 vacilando medio camino
arriba en un arco. Fue la cosa en el otro lado de la puerta. Cabello blanco
enmarcando un rostro que mostraba más cráneo que piel excepto por un juego de
llameantes ojos esmeraldas. Ropas acribilladas colgando fuera de un cuerpo que
parecía como cuero viejo y carne seca envuelta alrededor de hueso. Cuando
desnudó sus dientes en una espantosa versión de una sonrisa, instintivamente
retrocedí.
Y entonces habló.
―Hola… Gatita.
Capítulo 18
M
ás tarde había estado avergonzada de que no corrí a sus brazos
cuando me di cuenta de quién era, pero en ese momento, mi
cerebro se negó a conciliar al cuerpo medio podrido y caminante
con el hombre que amaba. Bones no notó mi indecisión. Tampoco
tenía más del sesenta por ciento de su carne, pero ese era el punto.
109
Agarró mi brazo y me sacó de la habitación del pánico, luego me empujó
hacia el pasillo. Le permití que me guiara, todavía tratando de lidiar con la
realidad de él estando aquí, y ni hablar de darle sentido a la condición en la que se
encontraba. Los cuerpos de los guardias cubrían el pasillo, sobre todo con las
cabezas arrancadas y los charcos de su sangre provocaron que me resbalara una o
dos veces mientras corríamos. Las luces rojas destellaron y las alarmas sonaron,
pero no encontramos más guardias, y si esta sección tenía empleados, los habían
evacuado hace tiempo.
Entonces un gran conjunto de puertas dobles entorpeció nuestro camino a la
siguiente sección. Desde la vacía estación de seguridad, de donde el guardia de la
entrada había abandonado su puesto y a través del pequeño panel de
visualización, no vi a nadie en la sala de más allá tampoco.
―Iniciando protocolo Dante para la sección 13 en quince segundos ―entonó una
voz automatizada desde el sistema de comunicaciones. Extendí mis sentidos hacia
afuera tratando de descubrir lo que eso significaba, y los pensamientos que capturé
fueron de mal agüero.
¡No pueden incinerar la sección 13! ¡Es posible que haya sobrevivientes!
Oh, Dios, voy a morir…
¡Así es, quema a todos y cada uno de esos hijos de puta!
―Van a incendiar esta sección ―le dije a Bones, entonces lo sacudí cuando lo
único que hizo fue cerrar los ojos―. ¡Bones! Tenemos que irnos ahora o vamos a
arder.
Todavía no abría los ojos. ¿No me escuchaba? Puede que no, no parecía que
algo de sus oídos quedara bajo esa mata de cabello blanco.
Lo agarré y traté de volar, con la intención de llevarnos a través del techo
hacia una sección que no estuviera a punto de ser asada, pero él plantó sus pies y
no se dejó mover. Pude concluir que estaba más allá de mí mientras lucía como un
extra de Night of the Living Dead, aun así bien pude haber tratado de levantar una
montaña.
―No ―dijo con esa gutural y poco familiar voz.
―Cinco segundos para el protocolo Dante en la sección 13 ―entonó el sistema de
advertencia.
Bones todavía no se movía. Si volaba sin él, tendría una oportunidad de
lograrlo, pero prefería morir que hacer eso. Luciendo peculiar o no, éste era Bones,
y mi lugar estaba con él, en la vida o en la muerte. Lancé mis brazos a su alrededor
y cerré los ojos con fuerza, esperando que el fuego fuera tan intenso que esto
terminara rápido.
110
Las explosiones sonaron, provocando que todo se estremeciera como si
estuviéramos en un terremoto, aun así no había calor o dolor. Después de unos
segundos, me atreví a abrir los ojos.
Ningún muro o llamas se precipitaron hacia nosotros. O a los guardias, para
el caso, pero debido al crescendo frenético de gritos en mis pensamientos, la gente
estaba muriendo en algún lugar. Me tomó algo de trabajo ordenar lo suficiente a
través del caos mental para averiguar lo que pasó, y cuando lo hice, me quedé
atónita.
―Utilizaste tu poder para sabotear su máquina de incineración antes de que
pudiera incendiar éste piso, y explotó donde estaba localizada.
Hablando de atacar fuego con fuego. O con telequinesis, en éste
caso. ¿Cuándo Bones había llegado a ser tan poderoso? Una pregunta
mejor, ¿cómo podía todavía serlo en su condición?
Asintió.
―Y… abrí… puertas.
Hablar era claramente difícil para él, pero sus habilidades estaban a niveles
sorprendentes, a juzgar por lo que había hecho.
―¿Qué puertas? ―Con suerte las que los llevaban a la superficie.
―Todas… ellas.
Diciendo esto, las puertas frente a nosotros se desbloquearon y se abrieron.
Cuando una oleada de nuevos gritos invadió mi mente, comprendí el significado
de lo que había dicho. No solo había abierto esas puertas. Había abierto todas las
puertas de la instalación, incluyendo las que mantenían cautivos a los no-muertos
en sus celdas. Esta vez, cuando escuché los gritos mentales, sonreí. A decir por los
sonidos, Tate, Juan, Dave y Cooper tenían la situación bajo control, pero más
guardias podrían estar de camino a ellos.
―Quédate aquí, iré por los chicos ―le dije a Bones.
Podría faltarle más de la mitad de la carne en su rostro, pero aun así no tuvo
problema para verbalizar con su expresión: ¿Estás bromeando?
―Es posible que haya peleas, y tú luces como si una dura mirada pudiera
arrancarte una extremidad ―dije con exasperación.
Algo me golpeó en la espalda. Me volví, ya disparando, pero había sido
golpeada con una asquerosa cabeza decapitada, sin embargo, no era peligrosa.
Luego, otra cabeza se apuró hacia mí como si fuera una bola de bolos, y mis
piernas fueran los bolos. La esquivé solo para que se girara en el aire y me golpeara
en el culo.
111
―¡Detente, ya has demostrado tu punto!
Supongo que debería haberme dado cuenta de quién mató a todos esos
guardias para empezar, aunque con lo deteriorado que se veía Bones la única
amenaza que alguien asumiría que representaba era su apetito…
Me golpeó entonces. Todo. Tal vez debería haber sido obvio desde el
momento en que rompió la puerta de la habitación del pánico, pero la impresión
me había impedido poner las piezas juntas. Ahora sabía que seguía vivo a pesar de
que lo había visto morir, y por qué se veía de la forma en que lo hacía. Y si no
supiera que le quitaría un pedazo de su carne, le habría dado un puñetazo justo en
la cara.
―Eres un bastardo sin corazón. ―Me atraganté.
Sus ojos no parpadeaban. La carencia de párpados le haría eso a una persona.
―Más tarde ―respondió con esa voz ronca.
Ah, podía apostar a eso.
―¡Cat!
Me volví, viendo un reflejo de mí misma saltando por el pasillo. En algún
momento desde su transformación de rata a mi doble, Denise había robado un
uniforme médico. Por todos los agujeros en ellos, también tomaron el fuego pesado
mientras se hacía pasar por mí. Mi felicidad de verla se vio atenuada cuando me di
cuenta de que no se veía mínimamente sorprendida de ver a Bones vivo, o en la
condición en la que estaba. ¿Era yo la única que no había conocido el verdadero plan
detrás de mi reunión con Madigan en el muelle?
―Vamos, la sección de la cárcel vampiro es por aquí ―dijo Denise, antes de
correr más allá de nosotros y girar a la derecha justo donde se bifurcaba el pasillo.
La seguí, empujando mis confusas emociones para enviar mis sentidos hacia
el exterior. No sería bueno para nosotros correr derecho a una trampa. Después de
escuchar unos segundos, mi tensión disminuyó. La destrucción de Bones de la
máquina del protocolo de Dante no solo había matado un montón de gente.
También había lesionado gran parte del resto de ellos ya que la mayoría de
los pensamientos que recogí eran desarticulados por el dolor. Los pensamientos
que todavía estaban claros parecían en pánico, ya que los empleados de Madigan
se dieron cuenta de que todas las puertas interiores estaban abiertas, pero el
ascensor principal a la superficie estaba fuera de servicio. Bien. Ya era hora de que
supieran lo que era sentirse indefenso y atrapado en este infierno subterráneo.
112
Busqué a través de los pensamientos lo mejor que pude, pero Madigan no
estaba entre ellos, ya sea que estuviera muerto o inconsciente. Esperaba que fuera
la última ya que quería matarlo yo misma. Sin embargo, primero lo primero.
Denise pasó corriendo las puertas de seguridad abiertas en la sección donde
estaban las celdas de detención. Entonces se detuvo, arrugando la nariz. Las celdas
estaban vacías pero los cuerpos estaban desplomados encima de los monitores de
los ordenadores, las sillas, y en el suelo manchado de rojo. Tate y los chicos habían
estado ocupados. Múltiples huellas ensangrentadas guiaban a una habitación
interior más allá de las celdas, aunque otro conjunto más pequeño había ido por el
pasillo en dirección opuesta de donde habíamos venido.
―Un poco más, amigo ―canturreó la voz baja de Juan desde la habitación
interior. Luego en un tono más suave y más urgente dijo―: Prepárate. Alguien
viene.
Me fui en esa dirección en lugar de hacia el pasillo.
―Soy Cat ―dije en voz alta, no queriendo que me dispararan de nuevo.
―¿Querida? ―Juan dejó escapar una cansada risa―. Por supuesto. ¿Quién
más podría causar tantos problemas?
Mire a Bones y a Denise antes de hablar.
―La mayor parte de ellos no los cause yo esta vez.
Entonces pasé por otra forma abollada mientras entraba a lo que parecía ser
una sala de operaciones. Equipo médico colgaba del techo en varios lugares,
mientras que escalpelos, sierras para huesos y otros instrumentos afilados
descansaban en una mesa junto a una gran losa de metal con correas de sujeción.
Esa mesa estaba vacía, pero la máquina tubular en el lado opuesto de la habitación
no lo estaba. Tate estaba dentro de ella, unos tubos sobresalían por todas partes de
él, mientras que Juan y Cooper estaban junto a un panel de control. Dave salió de
la esquina, bajando una jodida carabina M-4.
―Me da mucho gusto verte, Cat ―dijo, dándome un breve y fiero abrazo.
Luego se aferró a mi brazo cuando traté de llegar a los demás―. Espera. Están
sacando la plata líquida de Tate.
Miré a mi alrededor con sombrío entendimiento. No recuerdo haber estado
aquí, pero ésta debía ser la máquina a la que la Dra. Obvio se refirió cuando dijo
que la plata líquida se había disuelto con ácido nítrico y se había purgado. Eso
significaba que la mesa de restricción y los múltiples instrumentos eran para casos
menores cuando la plata se podía sacar, no por ello sería menos agonizante.
―¿Cómo consiguió Tate la plata?
113
Dave comenzó a responder, entonces miró por encima de mi hombro. Denise
y Bones estaban detrás de mí, y fue un cara o cruz en cuanto a cuál de ellos lo
había sorprendido más.
―Denise puede cambiar de forma, y Bones estaba jugando a hacerse el
muerto ―resumí―. Se regenerará completamente cuando beba más sangre.
―Ahora lo he visto todo ―murmuró Dave, negando con la cabeza―. Las
abrazaderas de sujeción de Tate estaban todavía cuando lo regresaron a su celda
después de que bebiste de él. Cuando de manera inesperada las puertas se
abrieron, nos fuimos por los cabrones, pero uno de ellos se las arregló para golpear
el interruptor que metía el zumo en ellos.
Inundando el cuerpo de Tate con plata líquida. Me estremecí ante el recuerdo de
cómo de insoportable se sentía.
―Lo sacarán pronto, no llegó muy profundo ―continuó Dave.
―¿Cómo supiste cómo funcionaba la máquina?
Me dio una oscura mirada.
―La entendieron después de todas las veces que se había utilizado para sacar
la plata de ellos.
Tate murmuró algo que sonó como mi nombre, pero su voz era apenas
audible por encima del ruido que hacía la máquina.
―Estoy aquí ―dije en voz alta.
―Tú no, querida ―dijo Juan, levantando la vista antes de presionar más
botones―. Katie. Corrió cuando las celdas se abrieron. ¿La has visto?
―¿Es una empleada? ―Si era así odiaba romperlos, pero estaba
probablemente muerta.
―La niña ―dijo Cooper, impacientemente.
Hice una mueca. Qué horror si alguien había traído a su hija al trabajo hoy de
todos los días…. espera.
―¿La niña de la celda? ―pregunté, sacando de la memoria a la que le había
dado un vistazo cuando los guardias me llevaron allí.
Dave dejó escapar un gruñido.
―Sí, esa niña. ¿La has visto?
―Pasos ―declaró una voz gutural detrás de mí.
Bones tenía razón. Ahora sabíamos a quién pertenecían los pequeños pasos
que se alejaban de esta sección.
114
―Iré por ella ―dijo Denise de inmediato―. Prefiero hacer eso a lo que
ustedes tienen que hacer.
―Bien gracias.
Denise odiaba matar, y yo no podía dejar a ninguna pobre niña
deambulando, sin embargo tampoco podíamos apartar tiempo para buscarla. Ya
habíamos gastado demasiado como estaban las cosas. Dave agarró a Denise antes
de que pudiera salir.
―No trates de forzarla si no quiere ir contigo.
―No voy a asustarla ―dijo con un bufido.
―Eso no es…
―Madigan.
La áspera voz de Bones cortó cualquier cosa que Dave había estado a punto
de decir. Todos nos volvimos excepto Denise, quien se fue con una velocidad
sobrenatural.
―¿Qué? ¿Madigan qué? ―espoleé.
Su boca se estiró en una sonrisa verdaderamente aterradora.
―Vivo.
Agarré su brazo y dije una sola palabra.
―¿Dónde?
Capítulo 19
B
ones redefinió el término “comida rápida" mientras corríamos por el
laberinto de pasillos y túneles en esta enorme instalación. Cada treinta
metros, más o menos, agarraba un cuerpo, lo exprimía hasta que
ningún pulso igualaba el bombeo natural de la sangre, chupaba duro,
y luego lo lanzaba para buscar uno nuevo. Tenía una gran cantidad para elegir,
dada la alucinante masacre en la que se debió de haber ocupado antes de llegar a
mí.
115
Mantuve los ojos bien abiertos ya que los pasillos laterales podrían contener
soldados esperando para emboscarnos, pero tampoco podía dejar de mirarlo. Con
cada cuerpo del que bebía, su estructura se llenaba, y nueva piel volvía a crecer
para cubrirlo. Pronto, todos los horribles huecos estaban cerrados y los músculos
sobresalían donde había tejido seco y hundido. Era como ver a un vampiro
marchitarse al revés mientras la juventud y la vitalidad superaban todo vestigio de
su desaprovechada apariencia. Si no fuera porque su grueso y rizado cabello
seguía siendo blanco, luciría exactamente a como había estado antes.
Ese no fue el único cambio notable.
A medida que su cuerpo se regeneraba, también lo hacía su aura hasta que el
aire a su alrededor se volvió cargado de ondas pulsantes. Sentir su conexión
conmigo de nuevo fue un alivio casi tan grande como ver su cuerpo restaurado.
―Si podías regenerarte así de rápido, ¿por qué no bebiste sangre antes? ―No
pude evitar preguntar.
―No tenía tiempo.
Era su voz de nuevo, ese suave acento inglés como siempre, aunque su tono
estuvo bordeado con algo que no podría nombrar.
―Drenaste más de una docena de cuerpos mientras apenas bajabas el ritmo
―señalé.
Me dirigió una mirada sesgada, su mirada castaño oscuro expresaba tanta
ternura como frustración.
―Estuve en un estado de hibernación hasta que Denise mató a un tipo y dejó
caer su sangre en mi boca. Entonces lo drené y a los siguientes dos cabrones con los
que me encontré, lo cual me dio la suficiente fuerza mental para ir por ti. En cuanto
a por qué no bebí más en el camino, fue porque te habían disparado. Cualquier
tiempo gastado alimentándome, era demasiado tiempo para perder contigo en
peligro.
No supe qué decir a eso. Todavía echaba humo contra él por llevar a cabo el
engaño más cruel posible, pero debajo de eso, estaba tan feliz de que estuviera
vivo, que quería abrazarlo y nunca dejarlo ir. Tal vez las ganas de estrangularlo
con una mano mientras lo acunaba con la otra, era cómo había hecho sentir a Bones
todos estos años. Si era así, se podría argumentar que había visto esto venir.
116
De pronto, me agarró deteniéndonos por completo sin un solo derrape. El
abrupto cambio en la velocidad hizo que mi cabeza chasqueara hacia atrás lo
suficientemente fuerte como para romper mi cuello, pero antes de que siquiera el
dolor fuera registrado, lo vi. Redes de láseres colgaban como una tela de araña
frente a nosotros, el mismo color azul claro de las paredes y tan cerca, que si
extendía la mano, perdería mis dedos.
―Hijo de puta ―solté. Tres pasos más, y Madigan hubiera recogido nuestros
restos con una pala.
Entonces Bones me dejó en el suelo y se aplanó sobre mí. Ahora tenía la
mandíbula y la caja torácica rotas, también, pero cuando una lluvia de balas pasó
por encima de nuestras cabezas en lugar de dentro de ellas, no me importó.
―Cabrón ―lo escuché gruñir por encima del tiroteo―. Vamos a ver cómo
disfrutan de su propia trampa.
No podía moverme con un furioso vampiro maestro sosteniéndome contra el
suelo, pero todavía podía ver, a los guardias que habían salido de su escondite
para dispararnos repentinamente, se convirtieron en el aire y se precipitaron hacia
la red de láser. Gritaron en tono alto y entraron en pánico mientras trataban de
luchar contra la invisible fuerza que tiraba de ellos. Entonces sus gritos fueron
cortados, seguidos por repugnantes golpes alrededor y encima de nosotros.
Cuando eso se detuvo, Bones me puso de pie.
―¿Estás bien, Gatita?
Me aseguré de no mirar a los lados. Claro, no era ajena a la fealdad de la
muerte. Solo hoy, había matado a mucha gente y tenía la intención de añadirle a
esa cifra, pero esto era… repugnante.
―Bien ―dije, manteniendo mi mirada en él―. ¿Puedes derribar la red de
láser, o tenemos que encontrar una manera rodeándola?
Cerró los ojos, sus cejas se juntaron por la concentración. Los láseres
desaparecieron momentos después. Negué, debatiéndome entre el asombro y la
irritación. No se había graduado en las habilidades de mega-maestro durante la
noche, lo cual significaba una sola cosa. Había estado escondiendo su creciente
poder de mí.
―Tienes mucho que explicar ―murmuré.
Su boca reclamó la mía en un rápido beso.
―Lo sé ―dijo, acariciando mi cara cuando se apartó―. Pero más tarde.
Correcto. Teníamos que encontrar a alguien, y por los pensamientos que
atrapé, estaba cerca.
117
Continuamos por el pasillo, los pensamientos de Madigan señalaban el
camino. Esta vez, sin embargo, fuimos más lento y mantuvimos nuestras armas
levantadas delante de nosotros. Habíamos tenido suerte de que Bones hubiera
descubierto la red de láser hace un momento. No hay necesidad de empujar esa
suerte yendo ahora hacia adelante imprudentemente.
A medida que nos acercábamos al eje central del complejo subterráneo, más
cadáveres cubrían el pasillo. No por obra de Bones; las paredes estaban negras por
el hollín, y los cuerpos estaban ya sea quemados o ametrallados por los escombros
voladores. La máquina Dante debió haber estado ubicada en las cercanías para que
los daños fueran así de extensos. Entonces, al final del pasillo a nuestra derecha,
vislumbré el epicentro de la instalación. Empezamos a ir hacia él. En medio de los
gemidos del personal herido y los pensamientos frenéticos de los que trataban de
ocultarse, capté una señal de estática como ruido. Al principio pensé que venía del
sistema eléctrico dañado del recinto, entonces me di cuenta de que me resultaba
familiar. ¿Dónde había oído esto antes…?
Arrastré a Bones hacia atrás antes de que pudiera dar un paso más.
―Guardias ―articulé, apuntando hacia el techo a unos cien metros más
adelante.
Sus labios se curvaron. Luego apretó los puños y los dejó caer.
Guardias con cascos explotaron a través del techo para caer de golpe al suelo.
Los que sobrevivieron al violento impacto fueron fusilados mientras el poder de
Bones quitaba sus armas de sus manos y las giraba para abrir fuego en sus viseras.
Fue demasiado para los aparatos de bloqueo de pensamiento que Madigan había
instalado en sus cascos.
Saltamos sobre los cuerpos de los guardias y continuamos hacia el eje
principal. La enorme sala que había parecido tan impresionante cuando fui
arrastrada a través de ella, ahora se asemejaba a un extinto centro de llamadas. No
había guardias patrullando el perímetro, y todas las estaciones de trabajo estaban
vacías. Los ordenadores que monitoreaban el área Manejo de Vida Silvestre
McClintic y el interior del recinto, mostraban estática en lugar de los
impresionantes gráficos en 3-D, y las luces rojas de emergencia bañaban la zona
alguna vez iluminada con un resplandor misterioso.
¡Mueran, monstruos!
Me volví hacia la dirección del pensamiento a tiempo para sentir algo zumbar
por mi cara. No tomó mucho leer la mente para averiguar de qué se trataba, y me
agaché antes de que el siguiente tiro fuera disparado.
Dos cosas ocurrieron al mismo tiempo.
118
La pistola salió volando de la mano del empleado, y su cuello se rompió con
un audible crujido. Se desplomó sin otro pensamiento, pero mi mente estaba lejos
de tranquilizarse. El tirador era la única persona visible, sin embargo, la habitación
no estaba vacía.
―La siguiente persona que le dispare a mi esposa obtendrá que su pistola sea
metida en su culo ―chasqueó Bones. Luego movió la mano hacia un gran archivo
empotrado en la pared.
―Salgan.
Los sollozos sonaron mientras el archivador era hecho a un lado, revelando
un espacio de escondite interior. Varios heridos estaban apoyados contra las
paredes, y las cuerdas de mi corazón se sacudieron cuando vi a una mujer
agachada protectoramente sobre un inconsciente y sangrante hombre. Debido a
sus ropas casuales supe que eran empleados, no guardias o médicos, y sus
pensamientos revelaban que todos estaban convencidos de que estaban a punto de
morir en las manos ―y colmillos― de dos monstruos despiadados. Una vez, no
hace mucho tiempo, yo me sentía de la misma forma por los vampiros.
A pesar del hecho de que cada uno de ellos me mataría si se daba la
oportunidad, me acerqué a Bones y le toqué el brazo.
―No lo hagas ―dije en voz muy baja.
Su boca se torció, no con la sonrisa cruel que había brillado cuando sacó a los
guardias del techo, pero sí algo irónica.
―Como si necesitaras decirlo, Gatita.
Luego su mirada brilló verde intenso mientras volvía su atención a los
aterrorizados espectadores.
―A diferencia de los hijos de puta para los que trabajan, no asesino
inocentes, así que si no estuvieron directamente involucrados en el secuestro o
experimentación con mi gente, no serán perjudicados. Hasta entonces, no se
muevan o hablen. ¿Gatita?
Me acerqué a ellos, contenta de escuchar su ritmo cardíaco volver a su estado
normal mientras el poder de Bones los convencía de que no serían asesinados en el
acto. Entonces busqué a través de los que estaban de pie y los heridos. El hombre
que buscábamos no estaba entre ellos, pero estaba aquí. Podía oír sus
pensamientos, por no hablar de su pesada respiración.
119
―Ahí ―dije, señalando la entrada cerrada a la plataforma de elevación.
Bones cerró los ojos. Momentos después, la puerta de acero silbó abriéndose,
revelando el manchado departamento que, a un kilómetro o algo así hacia arriba,
llevaba al iglú de hormigón y la libertad. Gracias al poder de Bones, la plataforma
no era operacional por el momento. Ningún humano podría escalar esos muros
lisos de acero tampoco, así que no me sorprendí al ver a Madigan presionado tan
lejos de la puerta como podía, tratando de ocultarse pero incapaz de escapar. Lo
que no esperaba era la pistola Desert Eagle que él había presionado en su sien.
―Acércate un paso más, y dispararé ―advirtió.
Tomada por sorpresa, me reí. Me lo había imaginado diciendo un montón de
cosas cuando lo encontráramos, pero esa no había estado en ningún lugar en mi
lista.
―¿Se supone que es una amenaza? ¿Te perdiste la parte donde
te queríamos muerto?
Los labios de Madigan se estiraron en algo demasiado feo para ser llamado
una sonrisa.
―Sí, pero lo que más deseas es información. Déjame ir, y tendrás la
oportunidad de obtenerla algún día. En cambio, muévete un centímetro más, y
salpicaré todo lo que sé sobre esta pared.
Por primera vez, no cantó nada en su mente, así que lo escuché alto y claro
cuando pensó: Pruébame y ven, Crawfield.
Nunca conseguiría mi apellido correcto.
Me quedé mirando sus ojos azul claro y supe que no estaba faroleando. Si nos
movíamos tan siquiera un poquito, jalaría el gatillo, y el poder de esa arma volaría
su cráneo al siguiente reino. ¿Sabía él algo que no pudiera encontrar hackeando sus
ordenadores aquí? Tal vez, y por eso no lo haría.
―Ah, Bones ―dije con dulzura.
Los ojos de Madigan se desorbitaron cuando Bones dijo:
―Ya está hecho, Gatita.
Entonces Bones se adelantó con deliberada y burlona lentitud. La mano de
Madigan bajó de su cabeza a pesar de que sus pensamientos gritaban en señal de
protesta. Su frustración era una sinfonía para escuchar al darse cuenta de que no
tenía control de su propio cuerpo. Me acerqué también. Sonriendo. Sin un solo
adelanto de pensamiento para advertirnos, su mandíbula chasqueó. Bones se lanzó
hundiendo los dedos dentro de la boca de Madigan, pero era demasiado tarde.
Espuma burbujeaba de sus labios y sus ojos rodaron hacia atrás de su cabeza.
Luego todo su cuerpo comenzó a convulsionar.
―¡No! ―jadeé, reconociendo los signos de envenenamiento por cianuro. Al
ver la medio disuelta cápsula encerrada en un diente falso que Bones sacó de su
boca fue casi redundante. Debió haber contenido una dosis enorme. El pulso de
Madigan se disparó, y luego se detuvo abruptamente.
120
―No, tú no ―gruñó Bones.
Cortó su muñeca con un colmillo y la sostuvo en la boca de Madigan,
trabajando la garganta del otro hombre para obligarlo a tragar. Luego lo golpeó en
el pecho, tratando de hacer circular manualmente los poderes curativos de su
sangre a través de él.
No fue suficiente.
El carmesí burbujeó fuera de los labios de Madigan, y sus ojos se pusieron
fijos y dilatados. Sucedió tan rápido que no tuvo tiempo para un último
pensamiento. Si lo hubiera tenido, habría sido probablemente: Jódanse.
Y nos había jodido.
La frustración y la rabia contenida me hicieron sacar espuma. Después de
todo lo que había hecho, Madigan se las había arreglado para escapar aun cuando
lo teníamos atrapado y acorralado. Cualquier cosa acerca de sus patrocinadores y
los resultados de sus retorcidos experimentos que no fueron guardados en los
ordenadores estaban ahora fuera del alcance, para siempre.
―Maldito seas ―dije con voz ahogada por la furia.
Bones dejó caer a Madigan y se retiró, dándole al muerto una mirada
fríamente calculada.
Capítulo 20
U
na vez que habían conseguido sacar la plata líquida de Tate, él, Juan
y Cooper hicieron un barrido de la instalación, asegurándose de que
más guardias no estuvieran escondidos en algún lugar esperando su
oportunidad para atacar. Denise todavía no había regresado con la
niña desaparecida, pero no estaba preocupada. Solo el hueso de demonio clavado a
través de sus ojos podía matar a Denise, y Madigan no tenía ninguno. Casi nadie lo
tenía. Un hueso de demonio era más difícil de conseguir que el Astatine8.
121
Dave, como siempre, se fue con Bones y conmigo. Él se quedó mirando el
cadáver de Madigan, su boca comprimida en una línea delgada, apretada.
―Normalmente, disfrutaría escarbando el pecho del bastardo, pero en este
momento, la idea no me atrae.
Bones golpeteó el gran cuchillo que había confiscado de la sala de
operaciones del complejo contra su muslo.
―No puedes permitirte el lujo de esperar. Con cada día, la sangre pierde
poder.
La frente de Dave subió.
―Tú me levantaste después de que estuve en la tierra durante más de tres
meses.
―Ella forzó una gran cantidad de sangre de vampiro en ti mientras estabas
muriendo ―dijo Bones, con una mirada de aprobación hacia mí. Luego pateó el
cuerpo tendido de Madigan―. Este cabrón apenas bebió una gota.
Dave dejó escapar un suspiro de concesión antes de quitarse su camisa y
entregármela con una sonrisa sardónica.
―Estuviste allí para ver esto puesto en mi pecho. Supongo que es lógico que
estés aquí para verlo fuera, también.
―Era de Rodney, luego, tuyo, así que es un buen corazón ―le contesté,
preparándome para lo que estaba por venir―. Él no lo merece.
Dave gruñó.
―Y yo no quiero el suyo, pero aquí estamos de todos modos.
8
Astatine: Es un material radiactivo.
Diciendo esto, aceptó el cuchillo de Bones y se arrodilló junto a Madigan. En
lugar de desabotonar los botones, cortó a través de la camisa de Madigan,
exponiendo el pálido torso, cubierto de vello gris, del hombre mayor.
―¿Algún truco para esto? ―preguntó Dave, apoyando la punta afilada sobre
el pecho de Madigan.
Bones dejó escapar un leve resoplido.
―No, esta es la parte fácil. Ponerlo de nuevo correctamente es donde
necesitas delicadeza y precisión.
122
Dave clavó la hoja a través del centro del pecho de Madigan. Luego cortó una
sección de la caja torácica, dejando al descubierto el corazón del ex operario. Unos
pocos cortes más tarde, y Dave estaba sosteniéndolo como un trofeo sombrío.
―Habría jurado que sería negro ―murmuró.
Si el mal dejaba una mancha, habría estado en este, pero el corazón de
Madigan se parecía al de todos los demás. Eso no quería decir que quisiera un
contacto más estrecho con esto, pero cuando Dave lo extendió hacia mí, lo tomé.
Tan inquietante como era esto, no se comparaba con lo que se avecinaba.
Dave le entregó el cuchillo ensangrentado a Bones y se preparó visiblemente.
Bones no dudó. Lo empujó hasta el fondo bajo la caja torácica de Dave.
Entonces, tan rápido como brutal, cortó un espacio lo suficientemente amplio para
su mano y se lanzó a eso en el siguiente momento. Ruidos ásperos escapaban de
los labios bien cerrados de Dave, pero no gritó. Yo lo habría hecho, si fuera mi
corazón el que estuviera siendo sacado de mi pecho.
En repetidas ocasiones, sin embargo, esos sonidos rasgados eran la única
indicación que Dave daba de cuánto le dolía, más allá del trauma mental de ver a
Bones retirar su corazón de su pecho.
―Ahora, Gatita ―dijo Bones en un tono cortante.
Le entregué el corazón de Madigan y tomé el de Dave, colocándolo en la
cavidad torácica abierta de Madigan. Luego me limpié las manos en mi bata de
laboratorio prestada, la cual ahora era más roja que blanca. En el poco tiempo que
tomó hacer eso, Bones terminó con Dave, que se tambaleó mientras retrocedía.
―Tienes que comer ―le dijo Bones―. Hay mucho aquí, así que tómalo, y
recuerda, lo crudo te reparará más rápido.
No se estaba refiriendo a la comida habitual de un ghoul de cortes de
carnicería sin cocinar. Me regañé a mí misma por mi instantánea sensación de
náuseas, mientras Dave se iba para seguir esas instrucciones. No podía evitar lo
que necesitaba para sobrevivir, y como Bones había señalado, había un montón de
soldados muertos para elegir. Además, la parte de Dave en esto podría estar
terminada, pero la nuestra no lo estaba.
―Tráeme a dos ―dijo Bones. Se arrodilló junto al cuerpo de Madigan,
organizando las partes internas con la habilidad nacida de la práctica.
Salí del pozo del elevador y fui a la otra habitación, donde los empleados del
complejo esperaban en silencio obediente. Luego seleccioné a dos de los que se
veían más sanos y los saqué del grupo. Antes de que vieran el interior del pozo,
miré fijamente a sus ojos con mi mirada iluminada.
―No tengan miedo ―les dije con voz resonante―. No serán lastimados.
123
Si yo no hubiera hecho eso antes de conducirlos dentro de la sala circular,
habrían estado horriblemente aterrorizados al ver un cuerpo con el pecho abierto y
un vampiro inclinado sobre este mientras cortaba su propia garganta. Diablos, esto
me ponía inquieta, y yo había visto lo mismo hace años, cuando Bones levantó a
Dave como un ghoul. Cambiar a alguien en un vampiro era francamente cursi de
aspecto en comparación.
Una vez que Bones había drenado un par de pintas de su sangre en la
cavidad torácica de Madigan, se sentó de nuevo.
Rápidamente, encaminé al hombre y a la mujer. Bebió de cada uno de ellos y
volvió a su espantosa tarea de sacar más sangre de él, y hacia el pecho abierto de
Madigan. Ya que él no necesitaba mi ayuda para esto, me llevé a los dos donantes
de regreso a su grupo. Estarían un poco mareados, pero por lo demás bien.
Antes de que pudiera volver a la plataforma de elevación, me encontré con
Tate.
―Tenemos un problema ―afirmó.
Miré alrededor con cautela.
―¿Más guardias?
―No, nos ocupamos de los rezagados ―dijo de una manera despectiva.
Entonces su tono se endureció―. Estoy hablando del software. Resulta que la
máquina de Dante no era la única con mecanismo de autodestrucción.
Gemí.
―No quieres decir...
―¿Que Madigan tenía un interruptor de apagado de emergencia que de
inmediato frió cada tarjeta de memoria y disco duro de aquí? ―informó Tate
oscuramente―. Sí, lo creo. Ni siquiera los teléfonos y las tabletas escaparon. Todo
está tostado.
Luché contra el impulso de golpear mi cabeza contra la pared más cercana.
No es de extrañar que el bastardo engreído hubiera dicho que si él se mataba,
¡nunca descubriríamos sus secretos! Máquinas de incineración. Redes de láser.
Dispositivos de autodestrucción de software. Madigan había estado
paranoico en un grado fantástico para instalar todas estas medidas de seguridad en
estas instalaciones. ¿A quién, o qué, había estado tratando de proteger?
Por lo menos todavía podríamos ser capaces de averiguarlo.
―No todo está perdido necesariamente ―dije, señalando con la cabeza a la
plataforma de elevación abierta detrás de Tate.
124
Él se dio la vuelta, mirando como Bones inundaba el corazón de reemplazo
de Madigan con sangre de vampiro, en un intento de traerlo de vuelta como un
ghoul.
Si él hubiera bebido más de esta antes de morir, su transformación sería
inevitable después de cambiar su corazón con el de un ghoul y reactivarlo con
sangre de vampiro.
Pero Madigan había tragado solo unas pocas gotas de sangre de Bones como
máximo. ¿Sería suficiente?
Eso esperaba.
Finalmente, después de que Bones reacomodó las costillas de Madigan sobre
su corazón y cubrió esa área con más sangre, se levantó, se pasó una mano cansada
por su cabello blanco como la nieve.
―¿Cuánto tiempo antes de saber si funciona? ―le pregunté.
Se encogió de hombros.
―Se levantará en unas pocas horas o se quedará muerto para siempre. De
cualquier manera, tenemos que irnos. Una señal de socorro podría haber sido
enviada, cuando comenzó nuestro ataque, así que nos hemos quedado demasiado
tiempo en esto.
Es cierto, y no necesitamos la complicación añadida de tratar con los
refuerzos mientras esperamos para ver si Madigan volvió de la tumba. Pero antes
de ir a ninguna parte...
―¿Ha encontrado ya Denise a la niña? ―le pregunté a Tate.
Antes de que pudiera responder, una voz femenina se le adelantó.
―Ella me encontró ―dijo Denise, sonando sorprendida.
Me volví, mis ojos se abrieron cuando la vi. Había cambiado de nuevo a su
propia apariencia, y su cuello y el cabello de color caoba estaban empapados con
sangre fresca. El uniforme médico que llevaba estaba más ensangrentado, también,
y tenía un gran agujero nuevo en él, alrededor de su corazón.
―Traté de advertirte ―gritó Dave desde lejos detrás de ella.
―¡Debiste haber sido más específico! ―replicó, la molestia reemplazando a
su conmoción.
Tate negó con la cabeza.
―Esto es culpa mía. Hace un par de semanas, le dije a Katie que si alguna vez
tenía la oportunidad, necesitaba escapar y matar a cualquiera que intentara
detenerla.
125
―¿Matar? ―repetí incrédula―. Es una niña, Tate.
La mirada que me dio fue compasiva.
―Solo en edad. Te dije que no sabías ni la mitad de lo que Madigan había
hecho. Bueno, ella es la mitad.
―Ella es más que la mitad ―respondió Denise hoscamente―. ¡Esa niña
rompió mi cuello tan pronto como me vio, luego cortó mi garganta cuando me
levanté después de eso, y entonces me empaló con un tubo que arrancó de la pared
cuando me levanté después de eso! Huelga decir, que después de que lo último
pasó, me quedé abajo hasta que Ricitos de Oro homicida se fue.
Me le quedé mirando, mi mente negándose a aceptar lo que Denise dijo
incluso aunque sabía que ella no mentiría. La niña de cabello castaño rojizo que
había vislumbrado no podría haber tenido más de diez años. También parecía
tener menos de la mitad del peso de Denise. ¿Cómo podría tener la fuerza para
hacer todo eso, por no hablar de la determinación de ser así, sin piedad?
―Maldita sea. ―Suspiró Bones―. Ella lo es, ¿no es así?
―¿Ella es qué? ―pregunté, aun tratando de aceptar en mi mente, la idea de
que un niño de quinto grado había azotado el culo de mi sobrenatural, e imposible
de matar, amiga de tres diferentes y letales maneras.
―La culminación de todo el trabajo de Madigan ―dijo Tate con voz firme―.
Katie es humana, pero también es parte vampiro y parte ghoul, y Madigan la
entrenó para que fuera una máquina de matar.
Capítulo 21
K
126
atie no estaba en la instalación subterránea más. Tate siguió su
esencia y descubrió un conducto secreto entre las paredes que
conducían directamente a la superficie. El tapón de metal grueso
sobre ella había sido expulsado. Era demasiado estrecho para que un
adulto cupiera, en lo que podría haber sido un conducto de ventilación, en algún
momento en que esta instalación fue un refugio antiaéreo. Pero para un niño
delgado con una dosis doble de genética inhumana, habría sido un ascenso
relativamente fácil hacia la libertad.
Una vez en la superficie, los estanques, los lagos y los húmedos alrededores
disiparon su olor lo suficiente para que fuera imposible de rastrear. Entonces las
únicas huellas que Katie dejó terminaron en un canal poco profundo, así que no
pudimos encontrarla de esa manera. Aun había luz de día, también, lo que
significaba que no podía arriesgarme a hacer un barrido aéreo. Algo del tamaño de
un hombre volando por encima de la zona Manejo de Vida Silvestre McClintic
alimentaría rumores del hombre polilla durante décadas, y no podíamos dar
vueltas hasta la noche para hacerlo entonces.
Tendríamos que volver en otro momento para buscarla. Súper humana o no,
Katie no era más que una niña. No debería ser muy difícil de encontrar.
Una vez de regreso en la base, se determinó que los empleados sobrevivientes
no estaban directamente involucrados en los experimentos de especies cruzadas de
Madigan y reemplazamos sus recuerdos de los acontecimientos del día con una
nueva versión. Entonces les dejamos del lado superior en un iglú de concreto con
instrucciones de no dejarlo hasta el amanecer. Si una señal de socorro no se había
enviado, tendríamos tiempo extra para escapar.
Luego fuimos de regreso bajo tierra y prendimos fuego al resto de la
instalación. Mi ADN fue archivado con esas personas, y yo no quería dejar más
prueba de que había participado en la destrucción, incluso aunque yo sería la
primera, segunda y tercera suposición para los partidarios en las sombras de
Madigan. Es por eso que estuve llamando a mi madre tan pronto como tuve un
teléfono celular funcionando. Madigan podría haber estado tirándose un farol
sobre ella estando en nuestra vieja casa en Ohio, pero si no estaba, no estaba a
punto de poner a prueba su amenaza de atacar. Si éramos ridículamente
afortunados, partidarios de Madigan creerían la historia de cubierta que
implantamos en las mentes de los sobrevivientes: un malfuncionamiento interno
disparó la explosión de la maquina Dante, que encendió otros gases inflamables en
el compuesto y dieron lugar a una reacción en cadena de fuego.
Era una teoría plausible a menos que alguien se molestara en la autopsia a
todos los cuerpos.
Madigan todavía no había despertado. El retraso no era algo inaudito, me
dijo Bones, pero no presagia nada bueno por sus posibilidades de levantarse como
un ghoul. La mayoría lo hace en cuestión de minutos, como Dave había hecho.
Quizás Madigan se las había arreglado para escapar de nosotros después de todo.
Si era así, solo puedo consolarme que no escaparía de Dios.
127
Así, salpicados de sangre y cansados, los siete salimos del iglú que contenía el
conducto de elevación secreto. Spade estaba esperando cerca ya que Fabian le dio
el visto bueno para entrar al área de Manejo de Vida Silvestre McClintic. El
fantasma había estado muy contento de ver que estaban todos vivos y bien, ya que,
como yo, no había sabido que mi llegada con el cadáver de mi marido había sido
un montaje.
Eso era algo que tenía la intención de abordar tan pronto como estuviera sola
con Bones. En este momento, tenemos que salir de aquí sin ser detenidos por
refuerzos, luego teníamos que buscar a la diminuta, multiespecie preadolescente
que podría ser lo más mortífero sobre dos piernas.
Lo que no necesitábamos era encontrar a un grupo de jóvenes, aspirantes a
cryptozoologitas que estaban vagando alrededor para preservar el intercambio de
historias del hombre polilla.
―Te lo digo ya, ahí vi algo ―dijo un muchacho pecoso que llevaba una
camiseta, quiero creer, estaba diciendo mientras señalaba a un iglú sellado.
Dejó de hablar cuando nos vio. Las tres chicas y dos chicos que lo acompañaban en
un principio nos miraron, luego rieron nerviosamente.
¿Qué les sucedió? ¿Eso es sangre? corrió a través de sus pensamientos.
Estaba a punto de empezar a hipnotizar al grupo cuando Denise habló.
―Tienes que probar zombie larping ―les dijo―, es la única manera de vivir
la acción de juego de roles.
―Ah.
El muchacho pecoso asintió con aprobación mientras veía mi bata empapada
de sangre, las ropas de Bones rasgada, acribillada, el uniforme medico
ensangrentado de Denise, y los trajes igualmente manchados de rojo de los chicos.
El hecho que Tate tenía el cuerpo de Madigan lanzando sobre su hombre
probablemente se añadía a su aire de autenticidad. Entonces los chicos fruncieron
el ceño cuando vieron la inmaculada camisa blanca de Spade y sin arrugas, y
pantalón a la medida.
―Su disfraz apesta.
―Él lo sabe ―dije, cubriendo el sonido del gruñido de advertencia de Spade.
―Bueno… que se diviertan ―contestó la chica rubia con una cola de
caballo. Nerds, pensó. Entonces, Oh, él es sexy, siguió mientras miraba a las nalgas
de Bones mientras caminábamos pasándolos.
128
Si no hubiera tenido ya un día del infierno, le habría dicho que dejara de
comprobar el trasero de mi esposo. En cambio, tomé el brazo de Bones y seguí
caminando. Si no estaba tratando de matarnos, no era digno de mi atención por el
momento.
Caminamos fuera del área de Manejo de Vida Silvestre McClintic sin mayores
incidentes, luego nos apilamos dentro de una Suburban negra que tenía a Ian
esperando en el volante.
―¿Quién es el muerto? ―fue su único comentario mientras conducía.
―El tonto que ha estado tras Cat ―contestó Bones secamente.
―Estoy buscando por una niñita con cabello castaño quien podría haber
pasado por aquí hace una hora. ¿La viste? ―le preguntó Tate a Ian.
Él se encogió de hombros.
―¿Pequeña en estatura o juventud?
―Muy joven. Alrededor de diez años de edad.
A eso, las cejas de Ian se levantaron.
―¿El cautiverio ha hecho de ti un retorcido, no?
Tate golpeó la parte posterior del asiento de Ian demasiado duro, el
reposacabezas chasqueó fuera y lo golpeó en la cabeza.
―¡Ella era una prisionera, imbécil!
Ian golpeó sobre los frenos y puso el auto en punto muerto. Bones se inclinó
sobre mí y agarró el brazo de Ian cuando él estaba a punto de abrir su puerta.
―Yo me encargaré ―le dijo en una voz baja y dura.
Los ojos de Ian ardían verde mientras miraba a Tare en el espejo retrovisor.
―No te molestes. Olvidaré su ofensa porque está perturbado tras su reciente
experiencia.
―Gracias aun así ―dijo Bones, aun con ese acero templado en su voz. Luego
se dio medio vuelta para encarar a Tate―. Hace años, cuando querías que te
convirtiera en un vampiro, te dije que un día terminarías con tu trabajo pero aun
vinculado por las reglas de mi mundo. Hoy es ese día, compañero.
―¿Qué se supone que eso significa? ―preguntó Tate en una voz áspera.
―Significa que como mi creación, el que golpees a otro vampiro es como si
yo lo hiciera ―respondió bruscamente Bones―. Ese es el por qué no vas a hacerlo
de nuevo sin mi permiso. ¿Bastante claro ahora?
Tate miró hacia él, las líneas rugosas de sus rostros endureciéndose.
―Había olvidado cuánto de desagradas ―dijo suavemente.
129
Me dije que no debería interferir, pero esto era demasiado.
―Oh, métetelo por el culo, Tate. La ventaja de ser creación de Bones es él
arriesgando su vida para rescatarte de tu prisión, así que trata con la parte de la
lealtad menos divertida. Como él dijo, firmaste por ella cuando te convertiste en un
vampiro. ―Luego me volví hacia Ian―. ¿Un comentario sórdido sobre niños? ¿En
serio?
―Pensé que él estaba siendo sórdido ―respondió Ian a la vez―. Y lo llamé
retorcido por ello, como si alguien se interesaría de esa forma por una niña.
Él realmente se las arregló para sonar ofendido. Bueno de saber que Ian tenía
algún tipo de centro moral, incluso si estaba cubierto por pilas de pornografía y
violencia.
―Entonces esto fue un malentendido que fue demasiado lejos ―resumí
mientras me preguntaba cuántas guerras habían comenzado por la misma cosa―.
¿Estamos bien ahora?
La última parte fue dirigida a Bones. No sabía todo sobre la jerarquía de
vampiros, así que no estaba segura si Tate aún tenía que pagar por asaltar a su
amigo incluso si Ian estaba dispuesto a pasarlo por alto.
―Por ahora ―dijo Bones, mirando a Tate.
El vampiro más joven apartó la mirada. De la forma en que Tate cruzó sus
brazos sobre su pecho, esta no sería la última lucha de poder entre ellos, pero su
silencio confirmó su conformidad.
Entonces Bones giró su atención a Ian.
―Nunca respondiste si viste a la niña.
―No, no lo hice ―contestó Ian mientras ponía el vehículo de regreso en el
camino―. ¿Por qué tu problemático cadáver se molestaría en encerrar a una niña?
Bones suspiró.
―Eso, amigo, no lo vas a creer.
130
Capítulo 22
E
n caso de que nos estuvieran siguiendo, abandonamos la Suburban
una vez que estuvimos lejos de las miradas indiscretas de las zonas
pobladas. Entonces, como la mitad de nuestro grupo no podía volar,
el resto de nosotros agarró a una persona y jugó a la versión de Iron
Man del Barril de los Monos. Una vez en el aire, los únicos cruces de los que
necesitábamos preocuparnos eran aviones, helicópteros o aviones no tripulados,
pero por suerte no habíamos visto ninguno de ellos todavía.
131
No volamos por mucho tiempo. El cielo estaba demasiado claro como para
arriesgarnos a volar sobre las ciudades y Madigan podría despertar en cualquier
momento. Además, ahora que el peligro inmediato había pasado, mi estallido de
energía de supervivencia había pasado, dejándome peligrosamente cansada. Volar
mientras llevaba un macho de gran tamaño no ayudaba. Cuando me encontré
mirando una parcela de tierras de cultivo y fantaseando con estrellarme contra ella
para así poder dormir, supe que había agotado todas las reservas que había estado
usando. Afortunadamente Ian y Spade comenzaron a descender, lo que indicaba
que estábamos cerca de nuestro destino.
Ese resultó ser un grupo de elevadores de almacenamiento de grano junto a
una vía muerta del tren. El área alrededor de los altos silos estaba desierta y no oí
ninguna actividad dentro de ellos, lo que significaba que no tenía que
preocuparme por seguir encubierta. Me estrellé contra la tierra blanda detrás de los
silos de almacenamiento, aterrizando incluso más fuerte que mi plaf habitual,
Dave, mi pasajero desafortunado dejo salir más “¡Oofs!” durante nuestra caída de
los que había hecho cuando Bones le había sacado el corazón.
―Pido una pistola con nadie más que ella para el próximo vuelo ―dijo
cuando finalmente nos detuvimos.
Entonces un grito atrajo nuestra atención hacia un kilómetro más arriba. Tate
corría hacia nosotros, agitando los brazos como si estuviera tratando de aletear una
manera de salir de su caída libre. No funcionó, por supuesto. Aterrizó con
suficiente fuerza como para crear un contorno de unos centímetros de profundidad
en el suelo blando a su alrededor.
―De acuerdo, una pistola con cualquiera excepto él también ―modificó
Dave, mientras Ian flotaba hacia abajo hasta el terreno al lado del agujero del
tamaño de Tate. Bones aterrizó el siguiente, pero a diferencia de Ian, él se aferró a
su pasajero todo el tiempo.
―Esss… túpido ―gimió Tate mientras se impulsaba a sí mismo de pie, con el
acompañamiento del sonido de varios huesos rotos volviendo a su lugar.
Bones miró a Tate y luego a Ian, que no se molestaba en ocultar su sonrisa.
―Es bueno saber que estás atrapado por tu palabra de permitir que su asalto
se deslice ―dijo Bones con sarcasmo.
La sonrisa se convirtió en una sonrisa lobuna.
―Cambió mi mente, Crispin.
La llegada de Spade con Denise y Cooper cortó lo que fuera que Bones había
estado a punto de responder a eso.
132
―Él está muy débil ―anunció Spade, todavía aferrando a Cooper a pesar de
estar ya en el sólido suelo―. Le di sangre, pero los experimentos que sea que han
hecho con él le están matando.
Me acerqué a Cooper, percibiendo el aroma empalagoso de la enfermedad
que dominaba sobre su olor natural a clavo y musgo de roble. Incluso con los
efectos curativos de la sangre de vampiro, su tono de piel aún tenía un tono
grisáceo y su mirada de obsidiana parecía ligeramente fuera de foco.
―¿Recuerdas cuando solía llamarte monstruo? ―preguntó, su risa un poco
sibilante al final―. Lo que ellos me han hecho te hace parecer normal.
Me tragué el nudo que subía por mi garganta.
―Madigan trató de duplicar la naturaleza tri-especies de Katie contigo, ¿no
es así?
Otra risa áspera.
―Síp, pero no funcionó. No conmigo ni con los dos mil hijos de puta con
mala suerte anteriores a mí. Madigan mantuvo la esperanza de otro golpe de
suerte como Katie, pero debió de necesitar algo más de lo que tomó de ustedes
hace años para conseguir que funcionara. Eso, o esperar hasta que Katie se hiciera
mayor.
Yo sabía lo que esa última parte quería decir, cría forzosa. Madigan había
tenido la intención de hacer lo mismo conmigo, así que mientras me hizo enfermar,
no me impresionó el dato que Cooper había transmitido.
―¿Madigan te dijo el número de personas que había matado con sus
experimentos? ―¿Estaba el hijo de puta orgulloso de ser el asesino en serie más
grande de América?
―Él no tuvo que decírnoslo, podíamos contar.
Esto vino de Tate, que finalmente se había levantado del agujero que había
hecho al caer por el impacto. Cooper sacudió la cabeza en señal de sombrío
asentimiento.
―Yo era W98. Es difícil hacer un apodo bonito saliendo de eso.
―Explícate ―dijo Bones, haciéndose eco de mi propio pensamiento.
Tate hizo una pausa para mirar a Ian con el ceño fruncido una vez antes de
hablar.
133
―Madigan etiquetaba sus muestras en orden alfabético y luego
numéricamente, hasta el cien por cada letra. La primera vez que nos trajo hasta
aquí, nos enfrentó con su único éxito, espécimen A80, con el fin de afinar sus
habilidades de combate. Por su número de muestra tan pequeño, debe haberla
tenido durante mucho tiempo, tendría que haberla cogido cuando ella era un bebé,
así que ella no sabía su nombre real. No podía soportar referirme a ella como un
número de espécimen, como él hacía, así que la llamé Katie.
Ahora no había manera de tragar el nudo que se había disparado a través de
mi garganta. Al mismo tiempo estaba temblando de rabia. A mí también me había
asignado un número de espécimen. A1, de acuerdo con los guardias de Madigan,
pero, ¿cómo había podido Madigan secuestrar y experimentar con un bebé? Katie
nunca había tenido una oportunidad a causa de él.
No tenía sentido, sin embargo me di la vuelta y pateé el cadáver de Madigan
lo suficientemente fuerte como para golpear el silo cercano.
―¡Levántate! ―le grité―. ¡No puedes permanecer muerto, tienes mucho por
lo que responder!
―Gatita, detente.
Bones me agarró cuando iba a patear el cuerpo de Madigan dentro del silo
otra vez.
―Puedes desprenderle el corazón e impedirle que se alce de nuevo.
Me detuve, quedándome flácida entre los fuertes brazos que me agarraron.
―¿A quién estamos engañando? Han pasado tres horas. No va a volver.
Bones miró a la luz del sol que se desvanecía pintando los silos en varios
tonos de naranja, rosa y malva antes de hablar.
―Tal vez no, pero nos quedaremos con él esta noche para estar seguros. Tate.
Su cabeza se levantó, la mirada añil llena de aversión apenas contenida.
―¿Qué?
―¿Estableciste una buena relación con Katie?
Se encogió de hombros.
―Tal vez. Con sus habilidades y sus ojos brillantes, supe de inmediato qué
era, pero Madigan no nos dejó relacionarnos. La única vez que estuvimos juntos
fue cuando recibió instrucciones de matarme. Al principio ella era implacable al
respecto. Entonces empecé a llamarla Katie y hablarle mientras luchábamos. Ella
nunca lo dijo, pero le gustaba eso.
―¿Cómo te diste cuenta?
Tate encontró su mirada en este momento sin resentimiento.
134
―Porque en las últimas dos semanas, ella fue lo suficientemente buena como
para tomar mi cabeza, pero no lo hizo, y le escondió eso a Madigan.
Mis ojos ardían con las lágrimas no derramadas. La pobre chica había
permanecido en la forma más cruel de cautiverio desde que era un bebé. Tate
debía haber sido lo más parecido a un amigo que había tenido.
―Así que ella vio ―continuó Bones―, que no podía ejecutarte. O tratar de
asesinarte como hizo con Denise.
Spade se tensó ante eso. Denise miró hacia otro lado con aire de culpabilidad.
Imagino que ella no le había contado quien la ensangrentó hasta el máximo.
La sonrisa de Tate era irónica.
―Depende. Le dije cómo matar a cualquiera que hubiera sido producido
después de ella. Eso podría incluirme, teniendo en cuenta la forma metódica en
que funciona su cabeza.
―¿Estabas dispuesto a correr ese riesgo? ―preguntó Bones sin rodeos.
Tate resopló.
―¿Acaso me veo como un imbécil para ti?
―No ―respondió Bones con el fantasma de una sonrisa en sus labios―. Te
ves como el mismo terco, imprudente, leal cabrón que casi he matado más de cien
veces, por lo que tú eres perfecto para el trabajo.
―Y tú eres el mismo idiota arrogante que siempre has sido ―respondió Tate,
con los ojos verdes brillando―. Pero tienes razón, por esto soy tu hombre.
De alguna manera, después del discurso cargado de insultos, intercambiaron
una mirada de completa comprensión. Negué con la cabeza. Tal vez a ellos no les
gustase siempre lo que había entre sí, pero tal vez aún podría existir entre ellos el
respeto mutuo.
―Entonces llega a ella ―dijo Bones―. ¿Ian? Llévalo de vuelta a Point
Pleasant. Fabian quédate atrás para ayudar. Quizás él tenga buenas noticias.
A Ian realmente no le gustaba Tate, así que me esperaba cualquier cosa menos
su júbilo.
―¡Vámonos entonces! ―dijo antes de agarrar a Tate y despegar como un
cohete. ¿Por qué iba a hacerlo…? Ah, cierto.
―¡Detenlo, está feliz con esto porque tiene la intención de matar a Tate!
Bones me lanzó una mirada hastiada.
135
―No es por eso, cariño. Ian colecciona lo raro e inusual y esa niña es la
persona más rara, más inusual en el mundo ahora mismo. Va a rastrear el mundo
con Tate y Fabian en busca de ella.
Esa idea fue casi tan inquietante como la primera. Entonces me consolé con el
conocimiento de que Ian era muchas cosas, pero un pedófilo no era una de ellas.
Podría querer “coleccionar” a Katie, pero no pondría un dedo perjudicial ―o
lujurioso― sobre ella. No podría decirse lo mismo de otros que podrían andar a la
caza del experimento perdido de Madigan.
―Puesto que todo asunto urgente ha sido atendido, necesito un momento de
intimidad con mi esposa ―dijo Spade, interrumpiendo mi línea de pensamiento.
Denise me lanzó una mirada compungida antes de marcharse con Spade.
Ambos desaparecieron dentro del silo más alejado de nosotros. Con los muros de
hormigón y las paredes metálicas que subían hasta los treinta metros de alto,
apenas podía oírlos una vez que estuvieron en el interior.
Mi mandíbula se apretó. Tenía un par de cosas que discutir con mi esposo,
también, pero antes de que pudiera hacerlo, el estado de Cooper todavía
necesitaba ser atendido.
―Después de lo que Madigan te haya podido hacer, no podemos correr el
riesgo de llevarte a un hospital ―le dije, cambiando mentalmente sobre la
marcha―. Pero Bones conoce algunos médicos fuera de la red.
―No más médicos. ―Cooper se estremeció al decirlo, los recuerdos de los
experimentos brutales revoloteando por su mente.
Después de todo lo que había pasado, lo entendía, pero Spade estaba en lo
cierto. Cooper se estaba desvaneciendo justo delante de nuestros ojos. Ni siquiera
estaba segura de que más sangre de vampiro pudiera curar todo el daño celular. Él
no solo necesitaba un médico. Necesitaba varios.
―Cooper, vas a morir ―le dije lo más gentilmente que pude.
Sus dientes blancos brillaron en una sonrisa.
―Ese es mi plan, y preferiría más bien temprano que tarde ya que me duele
por todas partes. ¿Bones?
―No necesitas preguntar ―respondió mi marido de manera uniforme―. Has
sido uno de los míos durante años. Es hora de que recibas todos los beneficios de
eso.
Oh, quería decir ese tipo de muerte. Mi tensión disminuyó. Madigan podía ser
comida para los gusanos, pero parecía que traeríamos a alguien de regreso de la
tumba esta noche después de todo.
136
―Gatita, haz que Charles llame a Mencheres y dile que necesitamos un
vehículo seguro para transportar un nuevo vampiro ―indicó Bones, ya que
ninguno de nosotros tenía teléfono móvil.
Entonces empujó a Cooper hacia él, inclinando la cabeza hacia atrás casi
casualmente antes de golpear sus colmillos en la garganta del otro hombre.
Parecía que Spade tendría que hacer la llamada a Mencheres justo en este
momento.
En el momento en el que volví de avisar a Spade y Denise de lo que estaba
pasando y esperar mientras Spade hacía la llamada, Bones ya lo había hecho.
Cooper yacía en el suelo, su pulso en silencio, solo una pequeña mancha de color
rojo en su boca indicaba la magnitud del cambio que estaba teniendo lugar en él.
En algún momento en las próximas horas, se levantaría como un vampiro,
permanentemente libre de todo el daño que Madigan le había infligido y
vulnerable solo a la decapitación y a la plata atravesando su corazón.
Bueno, y manteniéndose lejos de la salida del sol durante los primeros meses,
pero la gente de Bones le protegería a través de esa etapa temporal.
Y ya que, finalmente, no teníamos ninguna situación de vida o muerte que
resolver, podía dirigir mi atención hacia otros asuntos urgentes.
―Bones. ―Mi voz era suave pero inflexible―. Tenemos que hablar.
Capítulo 23
E
l interior del silo de grano me recordó a la plataforma de elevación de
Madigan. Ambos eran altos espacios circulares con paredes lisas, que
no podían escalarse. La principal diferencia era que la luz brillaba a
través de la parte superior del silo y su altura de treinta metros era
mucho más corta que el kilómetro y medio de alto del ascensor secreto de
Madigan.
137
El interior estéril me vino bien. Bones y yo no teníamos nada en que
concentrarnos salvo en nosotros mismos aunque me quedé tan lejos de él como el
estrecho espacio permitía. Por su parte, Bones bloqueó su aura hasta que no sentí
nada de él, excepto un ligero matiz en el aire. Su expresión era igualmente
inescrutable. Sólo manchas de sangre estropeaban sus rasgos cincelados, el color en
vívido contraste con su cremosa piel de cristal.
―El sabotaje de la máquina de Dante, arrancando puertas, desactivando los
sistemas de seguridad completos, y arrojando soldados como muñecas de trapo…
tus poderes telequinéticos han crecido enormemente ―comencé a decir―.
Escondiste eso de mí. ¿Por qué?
Su boca se curvó como si se hubiera tragado algo de mal gusto.
―Al principio, pensé que te sorprendería por la forma en que se habían
desarrollado. Entonces no dije nada porque temía que un día, iba a necesitar hacer
algo imprudente.
―¿Estabas planeando contenerme con ellos? ―No pude contener mi
resoplido enfadado―. ¿Cuál era tu plan para cuando me dejaras ir? ¿Correr como
el infierno?
―No me importaba mucho lo que pasaría después, si alguna vez necesitaba
emplear medidas tan drásticas ―replicó. Luego su tono se endureció―. El
enemigo más peligroso que he enfrentado es a ti misma, Gatita. Sé eso incluso si
todavía no lo admites.
Esto no era para nada como me había imaginado que esta conversación iría.
Esperaba que Bones me pidiera perdón por su terrible engaño. En cambio, parecía
que él estaba poniendo mis acciones en juicio.
―¿Yo soy un peligro para mí misma? En el muelle, utilizaste un poder
hereditario que sólo has trabajado por accidente una vez antes ―le lancé de
regreso.
Su mirada marrón oscuro no vaciló.
―No, cariño. Me aseguré de que había dominado el don que heredé de
Tenoch antes de usarlo en el muelle.
Él. Había. Estado. Practicado. Durante unos segundos, estaba tan aturdida,
que me quedé sin palabras. Entonces dije las palabras que habían estado ardiendo
dentro de mí desde que me di cuenta que su degeneración en un cadáver había
sido un truco.
―Me dejaste verte morir.
138
Mi voz era cruda, mientras que la memoria de verlo marchito rasgó a través
de mí como navajas reemplazando a mis emociones. Deseé que nuestro vínculo
sobrenatural fuera en ambos lados para que yo pudiera meter esos sentimientos de
nuevo en él y verlo doblarse bajo su peso.
―Tú sabías que pensaría que era real, ¡y lo hiciste de todos modos!
Él agarró mis hombros, pero golpeé sus manos lejos con un siseo incoherente.
Bones no trató de tocarme de nuevo. Sólo su mirada sostuvo la mía mientras
hablaba.
―Tú misma lo has dicho: Eres una luchadora, y no puedo esperar que
cambies. No importan mis objeciones o el peligro, ibas a usarte a ti misma como
cebo para conseguir a Madigan porque es un bastardo malvado que necesitaba
apuntar a algo. Eso es lo que eres, Gatita. Es lo que siempre has sido.
Entonces su boca se torció en una sonrisa sin humor.
―Pero se te olvidó que soy un bastardo despiadado que hará cualquier cosa
para mantenerte a salvo. Así que sí, fingí que uno de los soldados me disparó balas
de plata con el fin de que tú y todos los demás creyeran que me había muerto. Era
la única forma de protegerte cuando Madigan te trajo de vuelta al complejo, y no
tuve dudas de que te habría capturado si ibas a su encuentro. Ha esperado
demasiado tiempo para no venir a ti con todo lo que tenía, y si te hubiera dicho mi
plan de antemano, tu reacción no hubiera sido auténtica, y Madigan hubiera olido
una trampa.
Él extendió la mano de nuevo, pero mi mirada se lo impidió. ¿Qué le había
sido difícil de controlar sus sentimientos y sus manos sobre mí?
―Madigan nunca me habría capturado si no hubieras sacado ese truco sucio
―le dije con los dientes apretados―. Podríamos haberlo agarrado e irnos. Me las
arreglé para volar muy bien cuando su equipo descendió. Sólo regresé cuando vi
que no estabas conmigo.
―Tenía drones en posición y láser con el blanco apuntando a ti desde el
momento en que llegamos ―dijo bruscamente Bones―. Pregúntale a Denise, ella
los vio. Ninguno de nosotros saldríamos del área, excepto bajo su custodia. Mi
"truco sucio" aseguró que Madigan no apretara los gatillos. Él sabía, como yo, que
nunca me dejarías atrás.
139
La noticias de los drones y la focalización del láser me sobresaltó, pero la
buena voluntad de Madigan fue golpeada junto con nosotros, si se trataba de eso,
no lo hizo. Él había demostrado definitivamente que prefería morir antes que estar
bajo nuestro cautiverio, así como su cuerpo lo atestiguaba. Parece que Bones había
pensado en todo antes de tirar su artimaña, su Caballo de Troya para lograr que
Madigan nos llevara a su súper secreta instalación ultra-vigilada.
Bueno, casi todo.
―En toda tu planificación, ¿se te ha ocurrido pensar que no me gustaría vivir
si pensaba que estabas muerto? Casi te despertabas para una gran sorpresa, porque
tenía la intención de estar fuera tan pronto como matara a Madigan.
Horror cruzó sus facciones, y él me agarró demasiado rápido para
bloquearlo.
―¡Me prometiste que nunca harías eso, Gatita!
―Para citar a Ian, “he cambiado de opinión, ¡Crispin!” ―le grité de vuelta.
Entonces me metí debajo de él, empujándolo cuando trató de agarrarme de nuevo.
Él se quedó donde estaba, con las manos todavía estiradas como si agarrara
carne fantasma. Luego las dejó caer, y esta vez con ellas, bajó sus escudos.
Las emociones estallaron en mí con tal fuerza, que retrocedí hasta que la
pared me detuvo. Entonces no había ningún lugar para ir cuando un géiser de
angustia atormentada me inundó, ahogando mi ira en sus profundidades. Se
convirtió en glaciares de determinación despiadada que me heló, la sensación de
traición que había cristalizado en mí se hizo añicos. Por último, un infierno de
amor barrió los restos, quemó del todo mi dolor con sus abrasadora e
insoportablemente hermosas llamas.
Sin querer, me deslicé por la pared. Yo había pensado que mis emociones
harían encorvarse a Bones si podía sentirlas, pero yo era la que se había sacudido
bajo el ataque de las suyas. No negó lo que había hecho. En cambio, lo afirmó. Lo
que sentíamos no podía ser razonado, controlado, o domesticado, y con la
vorágine todavía arremolinándose dentro de mí, yo sabía que Bones haría lo
mismo otra vez a pesar de que estaría dando un golpe demoledor para los dos.
―Te amo, Gatita.
Cuán enclenques esas palabras parecían en comparación con los sentimientos
que me ametrallaban, pero su voz vibró cuando las dijo. Luego se agachó junto a
mí.
―Nunca te haría daño de esa manera salvo por una razón: para mantenerte a
salvo. Puedo vivir con tu ira, tu infierno castigo sangriento, si es necesario, pero no
esperes que me comporte como si tú no fueras la cosa más importante en mi vida.
Lo eres, y no voy a dejar que nadie, incluida tú misma, te hagas daño.
140
Yo no le dije que era imposible. Sabía que nuestras vidas eran peligrosas
incluso en un buen día. Era maestro de una enorme línea de vampiros; en
cualquier momento, podía ser llamado a arriesgar su vida por uno de los suyos.
Algo podría suceder con Tate o Ian esta noche donde tendría que arriesgar la mía
también, pero ahora sabía que no había límites a lo que Bones haría para evitar eso.
Él tenía razón, que era quien era, y yo no podía esperar que él cambiara cuando no
podía alterar quién era yo, tampoco.
Esto significó que tendríamos más peleas y dolor en el corazón por delante de
nosotros, pero era el precio que pagaría por estar con el hombre que amaba más
que a la vida misma.
Podría haberlo dicho, sin embargo, ambos ya lo sabíamos. Además, siempre
había sido más acerca de la acción que las palabras. Así que no le dije nada cuando
bajé la cabeza hacia él, aplastando mis labios contra los suyos y hundiendo las
manos debajo de la ropa, de repente desesperada por sentir su piel bajo mis dedos.
Entonces sentí su peso cuando aplanó su cuerpo contra el mío. Gemí contra
su boca por la intensidad de su beso. Mi lengua pasó hasta que la espiga de la
sangre se desvaneció, y no quedó nada, excepto su gusto. Sólo lo empujé para
inhalar hasta que su olor estaba muy dentro de mí, y cuando él inclinó su boca
sobre la mía de vuelta, lo bebí tratando de ahogarme en él.
Un fuerte tirón sacó mi chaleco antibalas y me abrió la bata de laboratorio,
revelando mi desnudez debajo. Sus ropas arruinadas eran fáciles de arrancar, y
luego no había nada entre nosotros. Sentir el roce de su cuerpo duro y liso, casi me
llevó al orgasmo, y me arqueé contra él con un grito mudo por más. Él me llevó
más cerca, tocándome como si necesitara sentir cada centímetro de mí ahora, o
nunca habría otra oportunidad. Cuando él se deslizó hacia abajo y agarró mis
caderas, me levanté a él en necesidad flagrante.
Su boca era fresca, desmintiendo el calor que disparó a través de mí con cada
película de su codiciosa lengua. Los gemidos se convirtieron en gritos que
resonaban a nuestro alrededor, uniéndose al sonido gutural que hizo mientras
colocaba mis muslos sobre sus hombros y se adentraba profundamente en mi
carne. Mis manos corrieron por su cabello de una manera febril, pero si yo estaba
tratando de tirar de él hacia arriba o empujarlo más cerca, no lo sabía. Yo quería
que se detuviera, para poder sentirlo dentro de mí, y no quería que se detuviera
porque el placer era abrumador.
Hizo su decisión más adelante cuando se deslizó hacia arriba, la longitud de
su cuerpo una fricción atormentadora hasta que sus caderas se colocaron entre mis
piernas. Entonces yo no sabía nada, excepto la dicha de adormecer la mente con su
carne dura acuchillándome. Su boca se tragó el grito que hice, grandes manos
acunando mi cabeza mientras se movía más profundo, contra mi molido clítoris, lo
que desencadenó una tormenta de sensaciones.
141
Las terminaciones nerviosas se encendieron con cada nuevo empuje, torsión y
apriete, haciéndome jadear, gemir y luego crecer al éxtasis. Los músculos
ondulaban en su espalda mientras se movía más rápido, más fuerte, y clavé las
uñas en él sólo para aguantar. Sus movimientos fueron contundentes al punto de
aspereza, pero las lágrimas que se deslizaban de mis ojos no eran de dolor. Eran
porque necesitaba más de esto, de él. Todo. Sus brazos eran como acero a mi
alrededor, los empujes tan profundos que apenas podía soportarlo, sin embargo,
todavía no era suficiente. En mi desesperación, envolví las piernas alrededor de su
cintura y hundí mis colmillos en su garganta.
Un sonido áspero vibró contra mi boca. Su sangre, aún caliente de su reciente
alimentación, tenía un sabor fuerte y dulce. Salado, caramelo por igual. Tragué
saliva, estremeciéndome en el instante que las sacudidas entraron en mi sistema.
Cada sentido repentinamente aumentado, cristalizando las sensaciones que me
hacían retorcerme contra él y desgarrando mi garganta en lo que sonaba como
gritos. Entonces todo lo apretó con tanta fuerza que casi dolía antes de que el
éxtasis me inundara, sentí palpitantes oleadas dobles cuando el clímax de Bones
invadió mi subconsciente con placer feroz.
Él no me soltó después del último temblor que causó a sus músculos
contraerse en la manera más deliciosa. En cambio, nos puso a un lado, usando su
brazo como almohada para mi cabeza. Su otra mano se arrastró por mi cuerpo de
una manera que habría llamado perezoso excepto por la mirada en sus ojos.
Ninguna languidez acechaba en esas profundidades. Ellos brillaron con una
intensa resolución, provocando escalofríos que estallaron encima de mí. Por un
segundo, sabía lo que se sentía ser una presa justo antes de que fuera devorada. Si
no me quemara con un deseo igualmente convincente para ser consumidos ambos,
podría haber tenido miedo.
―Crispin.
La sola palabra reverberó a través del silo, haciendo que el sonido metálico
contra el exterior obtuviera una atención innecesaria. Bones no detuvo sus caricias.
―Vete, Charles ―gritó con una que voz nunca le había oído usar con su
mejor amigo.
―No puedo ―fue la respuesta igualmente concisa de Spade―. Tu nueva
descendencia justo ha despertado.
La mano de Bones se quedó quieta, y suspiró.
―Lo siento, cariño, no podemos correr el riesgo de un nuevo vampiro
alrededor de Denise. Si Cooper bebe algo de su sangre…
―No Cooper ―Spade interrumpió con gravedad―. Madigan está despierto.
142
Capítulo 24
E
143
speraba no tener que llevar puesto esto nunca más, pero dado que no
tenía más opciones, me puse nuevamente el abrigo empapado de
sangre. Al menos tenía un cinturón ya que Bones le había arrancado
todos los botones. Sin embargo, su ropa estaba destrozada. Pero para
un vampiro centenario que había pasado sus años humanos como un gigoló no era
algo de lo que preocupase. Así que salió del silo tal y como Dios lo trajo al mundo.
A pesar de que lamentaba su falta de modestia tenía que admitir que era valiente
por su parte, ya que si yo fuese un hombre no me atrevería a poner mis partes
colgantes delante de un recién renacido y malvado ghoul. Dado que me llevó un
rato vestirme, aún estaba en el silo cuando escuché a alguien gritar con una voz
cantarina.
―Hambre… hambre…
Me detuve un instante. ¿Era Madigan? Tenía que serlo aunque su voz era
como la de un niño, y no con la rabia que esperaba después despertarse y darse
cuenta que no nos había atrapado.
Salí del silo para ver a Bones, Dave, Spade y Denise en círculo rodeando a
una tercera persona que supuse debía ser Madigan. Mientras me acercaba, noté
con cierta diversión que las mejillas de mi mejor amiga estaban rojas y que estaba
mirando hacia delante rígida.
―… no estamos jugando ―dijo Bones seriamente―. Cuanto antes te des
cuenta menos doloroso será para ti.
―¡Hambre! ―fue la petulante respuesta.
Me metí dentro del grupo para ver a Madigan y me quedé de piedra.
No era su aspecto desaliñado, o más bien diría que "medio muerto" era la
frase apropiada, ya que nadie despertaba de la tumba viéndose fabuloso. Y aun así
su aspecto era mejor que el de muchos otros ya que había muerto envenenado y no
de una forma más sucia. Tampoco era su pecho manchado de rojo, la camiseta
abierta o el traje sucio lo que me sorprendió.
Fue su mirada. Estaba acostumbrada a ver tantas cosas en esos ojos azul cielo:
desprecio, arrogancia, crueldad, fría satisfacción, ciega ambición… pero ahora todo
lo que podía ver era confusión y curiosidad, como si no supiese quiénes éramos
nosotros y estuviese algo interesado en descubrirlo.
―Hambre, hambre, hambre ―soltó mientras movía la cabeza de un lado a
otro como si estuviese escuchando una voz dentro de él.
Este era solo el segundo ghoul que veía renacer pero las expresiones tensas en
los rostros de Bones y Spade me decían que esto no era normal. ¿Qué le pasaba?
―¿Bones? ―pregunté por lo bajo.
Apretó mi brazo un momento pero no respondió.
―Felicitaciones, colega. Muy inteligente por tu parte fingir que estás loco,
pero he hecho esto durante centenares de años por lo que sé que no lo estás. Estas
jodidamente asustado, y deberías de estarlo si no dejas de fingir. Voy a lastimarte
de formas que no puedes ni imaginarte.
144
No había señales de que Madigan hubiese entendido, pero hizo un mohín.
―Haaaaammbreeeee ―soltó como si estuviese enojado porque no lo
habíamos entendido antes.
Bones lo golpeó tan fuerte que un reguero rojo salió de su cabeza manchando
el silo. El hombre de cabello gris se encogió cuando Bones lo agarró de su
estropeada chaqueta.
―¿Te gustó? ―gritó Bones―. A mí sí. Te voy a mostrar cuánto.
Y con esto empezó a darle una paliza tremenda a Madigan. Hace una hora
tendría que haber confesado que me hubiese encantado presenciar algo así, pero
cuando los golpes empezaron a ser más fuertes y Madigan no paraba de llorar
dolorido y confundido, me empecé a sentir enferma. Denise debía de sentirse así
también ya que se marchó y no porque le avergonzara que Bones estuviese dando
una paliza desnudo. O bien Madigan era el actor más convincente del mundo o
bien no estaba fingiendo. Pero cuanto más miraba, más me convencía de que este
no era mismo frío empleado del gobierno que una década atrás había planeado
juntar tres especies distintas para crear un arma invencible. Sino que era un niño
pequeño atrapado en el cuerpo de un hombre adulto, y no tenía la menor idea de
por qué ese hombre malo no dejaba de lastimarlo.
―Ya basta ―dije finalmente, agarrando el brazo de Bones cuando estaba a
punto de darle otro puñetazo.
Esperaba que se soltara y siguiese atacándole. En cambio, bajo su puño y
soltó a Madigan que quedó acurrucado en el suelo a sus pies.
―Duele, duele, duele ―dijo lastimosamente.
―Está sangrando como debería ―dijo Bones, dándole una última patada que
lo dejó en posición fetal―. Tienes suerte de que esté agotado. Seguiremos por la
mañana cuando esté más descansado.
No sabía si estaba fingiendo o no pero no dije nada. Bones había visto ciento
de ghoul renacidos. Y si en realidad me estaba dejando engañar por un excelente
actor, decidí que ya era suficiente por hoy, no quería verlo más.
―Déjenlo en el dispensador de granos ―le dijo Bones a Spade, el cual había
observado todo atónitamente―. Lo mantendremos hasta que llegue Mencheres.
Entonces Bones se fue y yo lo seguí al igual que Dave. Detrás de nosotros,
Madigan sollozaba.
―Por favor, no me lastimes ―le suplicó a Spade.
Se me revolvió el estómago. Había oído niños menos asustados y vulnerables.
145
Bones fue hasta el silo dónde habíamos hecho el amor. Su ropa estaba aún en
el suelo desgarrada, pero él siguió de largo como si no le importase. Dave no dio
señales de sentirse incómodo con la desnudez de Bones. Nos siguió adentro y cerró
la puerta.
―Hay algo que está mal ―dijo Dave quedamente.
Bones levantó la vista, la frustración selladas por todas partes en sus rasgos.
―No, no lo es.
Suspiré. Así que no me estaba engañando, y me di cuenta de la gravedad del
asunto. Esperaba que Mencheres fuese lo suficientemente previsor como para traer
una muda de ropa de más. Dos a ser posible ya que Bones llamaba mucho la
atención desnudo y yo estaba deseando sacarme este abrigo lleno de sangre.
―¿Ha pasado algo así antes? ―pregunté, dándome una sacudida mental―. Y
si así, ¿es pasajero?
Bones me miró con seriedad.
―Ha pasado con anterioridad, normalmente en circunstancias similares
cuando a la persona no le han dado mucha sangre de antemano. Regresan...
dañados. Y no, no es pasajero.
Acepté la idea sin sentirme furiosa, lo que demostraba lo cansada que estaba.
Nuestro enemigo nos había golpeado exitosamente sin dejar la más mínima pista
para ayudarnos a mitigar el daño causado. Esa era nuestra realidad, pero aun así
me quedó un sabor amargo al saber que el Madigan que queríamos traer de vuelta
se había ido para siempre.
Además por supuesto, estaba el tema de qué íbamos a hacer con él. No quería
quedarme con el Madigan loco, pero me parecía cruel ejecutarlo por crímenes que
estrictamente hablando él no había cometido.
Bones se pasó una mano por el cabello, y por un momento bajó sus barreras
haciendo que una ráfaga de cansancio llegara hasta mis emociones. Si aún fuese
humana me hubiera desmayado pero ahora era demasiado fuerte. De todos
modos, sus reservas de energía estaban casi agotadas.
―Estás cansado ―dije, y esto debía de ser lo más inteligente que había dicho
en toda la semana―. Si Madigan nos está engañando, ya lo descubriremos. Si no es
así, va a seguir igual después de que nos echemos una siesta.
146
Tan pronto como dije esto, escuché un helicóptero acercándose hacia
nosotros. Mi primera reacción fue agarrar un arma hasta que me di cuenta que no
llevaba ninguna encima, y a continuación sentí un tremendo alivio cuando Bones
dijo:
―Es Mencheres.
No podía sentir quién estaba en el helicóptero pero confiaba en Bones. Años
atrás había compartido el tremendo poder de Mencheres, creando una conexión
entre ellos aún más fuerte que la que tenían los vampiros con su creador. El legado
de Caín, lo llamaban, un poder capaz de trazar todas la conexiones hasta el primer
vampiro, Caín, al cual Dios había maldecido a beber sangre para siempre como
pena por derramar la de su hermano Abel.
La noche en que Bones recibió este poder, fue cuando empezó a desarrollar
sus poderes telepáticos. Más tarde, manifestó la habilidad de destruir y mover
objetos con su mente. Sinceramente, esperaba que nada más sucediese a partir de
ahora. Hay cosas que nadie debería ser capaz de hacer.
De todos modos, si Bones alguna vez llegase a manifestar la habilidad para
controlar el fuego, Vlad insistiría en prenderse fuego mutuamente. Así de
competitivo era.
Los tres salimos del silo, y una vez afuera vimos que Spade aún no se había
llevado a Madigan. Cuando el agente de la CIA vio a Bones, se agarró de la pierna
de Spade como si fuera su salvavidas. Spade trato de quitárselo de encima pero
Madigan se aferraba como un mono psicótico, presionando el rostro contra su
muslo para evitar mirar a Bones.
―No, por favor, no, por favor ―empezó a suplicar gimiendo.
Ya no hacía falta confirmar su condición, estaba segura de que el Madigan
que conocía hubiera preferido que le arrancaran la piel a trozos antes que rebajarse
así, sobre todo delante de un grupo de vampiros. No, definitivamente murió
cuando se tomó esa píldora de cianuro, y retornamos una cáscara vacía.
Tal vez lo más humano sería matarlo. En este estado no iba a ser capaz de
sobrevivir en el mundo de los no muertos y al ser un ghoul, tampoco podría estar
con los humanos. Con su nueva hambre sobrenatural no pasaría mucho tiempo
antes de que intentase comerse a la primera persona que viera.
El helicóptero aterrizó, trayéndome de vuelta de mis deprimentes
pensamientos. Mencheres estaba sentado adelante junto a Kira, quien manejaba los
controles. Debía de haberle enseñado como conducir su nuevo elegante helicóptero
europeo.
―Te dije que teníamos que traer una muda de ropa. ―Escuché decir a Kira
por encima del ruido de las hélices.
Me hizo sonreír, ella era como yo, lo suficientemente humana como para
preocuparse por este tipo de cosas.
147
Spade fue el primero en subir, un poco incómodo ya que Madigan seguía
pegado a su pierna. Denise le siguió y a continuación subió Dave quien me lanzó
una pila de ropa doblada. Agradecida me puse un pantalón por debajo del abrigo
y luego me lo quité para ponerme una camiseta demasiado grande para mí. De
todas formas, no dejé el abrigo ensangrentado en el suelo ya que tenía muchas
pruebas de ADN encima al igual que la ropa destrozada de Bones, por lo que volví
al silo a recogerla. Dejé la ropa dentro del helicóptero, en la esquina más lejana.
Bones, quien llevaba el cuerpo de Cooper, fue el último en entrar. Él puso los
ojos en blanco cuando vio el pantalón que dejé a propósito en la puerta del
helicóptero, pero dejó a Cooper y se lo puso.
―¿Dónde está Ian? ―preguntó Mencheres.
―Buscando a alguien con Tate ―respondió Bones.
Parecía que Mencheres fuera a cuestionar el tema, pero tan pronto como
Bones se sentó en el helicóptero, los gemidos de Madigan se convirtieron en
sollozos.
―No, aléjate ―lloriqueo mientras se sentaba encima de Spade.
―Bájate de mí ―dijo Spade.
Madigan lo ignoró subiéndose con su renovada fuerza. Denise se movió a los
asientos del otro lado para evitar que Spade la golpease cuando empujó a
Madigan. Pero enseguida el ghoul de cabello gris volvió a subirse rápidamente.
Spade miró frustrado alrededor para darse cuenta de que si lanzaba a Madigan lo
suficiente fuerte como para quitárselo de encima podría dañar el helicóptero.
Entonces miró a Bones.
―¿Un poco de ayuda tal vez? ―gruñó.
El poder se sintió a través del aire, dejando a Madigan en el asiento de al lado
de Spade con los brazos cruzados sobre su regazo. Pero no fue Bones el que usó su
poder, sino el antiguo faraón egipcio.
―Ha gastado mucho de su poder ―dijo Mencheres mirando hacia Bones―.
Usar más podría ser peligroso.
148
Durante un momento capté el cansancio de Bones y estuve de acuerdo.
Gracias a Dios que Mencheres era los suficientemente fuerte para manejar a
Madigan y a Cooper, si es que se despertaba durante el vuelo. Demonios, la
turbina podría romperse y aun así Mencheres sería capaz de llevarnos volando a
salvo a cualquier sitio. Así que aunque teníamos mucho por delante, me permití
relajarme durante un rato.
Después de que Bones pusiera a Cooper en el asiento de delante, apoyé mi
cabeza en su hombro. Me rodeó con su brazo y sentí que se recostaba en su asiento.
Cuando el helicóptero dejó los silo de granos atrás, él ya estaba dormido.
Capítulo 25
A
liento caliente sopló en mi cara antes de que mi mejilla fuera
cubierta por una larga y húmeda lamida. Eso me sorprendió
llevándome a una posición sentada, que fue cuando me di cuenta de
que (a) había estado acostada en una cama, y (b) que la cama debía
estar en la casa de Mencheres. Solo él tenía mastines ingleses de noventa kilos
dando vueltas como si poseyeran el lugar.
149
―No quiero otra lamida ―le dije a mi visitante de color leonado, acariciando
su enorme cabeza. Hizo caso omiso de eso, meneando la cola mientras limpiaba mi
otra mano. Miré alrededor, reconociendo la sala ámbar y crema de la última vez
que Bones y yo habíamos estado aquí. Él se había ido, pero a partir de la muesca al
lado de donde yo había estado yaciendo, no se había ido hace mucho tiempo.
Dado que todavía estaba ensangrentada y sucia debajo de mis ropas
prestadas, mi primera tarea fue tomar una ducha. Si pudiera haberme quedado
bajo esa gloriosa y caliente pulverización durante horas, lo habría hecho, pero
después de limpiarme, salí y busqué algo más para ponerme. Mencheres siempre
mantenía sus habitaciones de invitados abastecidas. Una vez vestida, salí de la
habitación, sorprendida de ver la luz de la luna brillando a través de una de las
muchas ventanas de este piso. Había dormido mucho más tiempo de lo que
pensaba.
―Aquí abajo, Gatita.
Seguí la voz de Bones a la segunda planta. Estaba en un estudio/salón, con
paneles de madera en azul oscuro y madera, o como sea que los ricos llamen a las
habitaciones extra que rara vez utilizan. Él se había duchado y cambiado a un
nuevo conjunto de ropa, también. Su color se veía mejor, indicando que se había
alimentado, pero estaba más aliviada por su aura. No estaba fracturada por el
cansancio como lo había estado antes. Bones podría no estar en toda su fuerza
todavía, pero por lo menos no se sentía como si estuviera a punto de desmayarse.
Mencheres estaba con él, su largo cabello azabache recogido en una sola
trenza. Ninguna sorpresa, otro mastín estaba acurrucado a sus pies. Obviamente,
nadie le había dicho que los egipcios de su época se suponían que fueran adictos a
los gatos.
―¿Cómo está Cooper? ―Fue mi primera pregunta. Por favor, no dejes que
nada haya ido mal con su transformación…
―Está bien, amor. A salvo, asegurado en una habitación abajo.
Una preocupación aliviada. Tomé asiento a su lado en el sofá, notando con
aire ausente que el cuero era como mantequilla blanda.
―¿Alguna noticia sobre Katie?
―Ian llamó hace unas horas, dijo que no la han encontrado todavía. ―Bones
acarició mi brazo, viéndose reflexivo―. Tate no estaba sorprendido. Dijo que ella
evitaría a las personas y se escondería hasta que hubiera evaluado totalmente su
situación.
150
Sonaba como si estuviera citando a Tate. Una vez más, la ira se encendió
cuando pensé en todo lo que le habían hecho a ella. Katie no debería estar sola y
operando como militar, como precaución. A su edad, sus mayores preocupaciones
deberían haber sido jugar con muñecas contra las figuras de acción.
Casi no quiera preguntar, pero tenía que hacerlo.
―¿Madigan?
En ese momento, las facciones de Bones se tensaron.
―Igual.
Vuelta dos. Tomé una bocanada de esperanza.
―¿Algo de suerte sacando alguna información de los discos duros que
trajimos?
Mencheres respondió a esa:
―Tengo a mi gente trabajando en ellos, pero hasta el momento, han sido
incapaces de recuperar los datos.
Vuelta tres. Frustrada, dejé escapar el aliento.
―Así que no estamos más cerca de descubrir a quién ha estado escondiendo
Madigan todos estos años.
Y esa persona, probablemente, estaba en alerta roja después de escuchar lo
que sucedió en el complejo McClintic. En definitiva, estábamos de regreso al punto
de partida. Tal vez incluso a algunos puntos detrás ya que no tenía ni idea de si
existían más Katies en otras instalaciones secretas.
Algunos días, no valía la pena salir de la cama.
―Mencheres tiene una teoría acerca de eso.
Si el nerviosismo en su voz no era indicio suficiente, esas caricias suaves en
mi brazo se detuvieron. Claramente, Bones no era un fanático de esta idea.
―¿Qué? ―pregunté, mirando fijamente la insondable mirada obsidiana de
Mencheres.
―Los vampiros y ghouls en la condición de Madigan a menudo no recuerdan
nada de sus vidas humanas. Algunos, sin embargo, recuerdan pedazos de su
pasado, si se le presentaran los estímulos adecuados.
―Bones estimuló lo suficiente de él con la paliza que recibió ―respondí
secamente ―. Eso no funcionó.
Un encogimiento de hombros elegante.
―No es ese tipo de estímulo. Lo más exitoso es la interacción con un asociado
personal de largo tiempo.
151
―¿Quieres decir que Madigan pase el rato con un viejo amigo? ―No pude
contener mi carcajada―. Eso es imposible. Su único amigo era su enfermo y
retorcido trabajo…
Dejé de hablar cuando la comprensión llegó. Ahora sabía por qué Bones
odiaba esta idea.
―Don. ―Bones escupió el nombre de mi tío, como si supiera mal―. A pesar
de que ellos no eran amigos, Mencheres cree que su asociación fue por tiempo
suficiente y sobre todo importante para tal vez desencadenar recuerdos.
No sabía si estaría enojada con mi tío para siempre, pero de seguro que no
había estado lista para verlo tan pronto.
Por otra parte, ¿cuándo “preparada” se había tenido en cuenta para cualquier
cosa?
―Es digno de una oportunidad ―dije al fin.
Ahora teníamos que ver si Don estaría de acuerdo en hacerlo.
* * *
Mencheres nos prestó su helicóptero, ya que tomaría demasiado tiempo
conducir todo el camino hasta D.C. Tuvimos que parar una vez para repostar y
luego una vez más fuera de la ciudad, porque esa era una zona de identificación de
defensa aérea. No estábamos a punto de anunciar nuestra llegada a los
funcionarios gubernamentales interesados. Así que, cinco horas después decidimos
involucrar a mi tío, estacionamos en la parte trasera del edificio de Tyler en el
Boulevard Macarthur.
Era medianoche, pero las luces en su apartamento estaban encendidas. Esta
vez, habíamos llamado primero.
Tyler no se había emocionado acerca de convocar a un fantasma a esta hora,
pero presentarlo a Marie Laveau parecía haber aumentado nuestros puntos de
favor. Abrió la puerta a nuestro primer toque a pesar de que no se molestó en
ocultar su bostezo.
―Entren. Quiero terminar con esto de modo que pueda volver a la cama.
Por su atuendo de pantalón de pijama y bata, eso era obvio. Dexter fue más
entusiasta en su bienvenida. Bailó alrededor de mis pies, oliendo locamente donde
los mastines de Mencheres se habían rozado contra mí.
152
Lo acaricié, extrañando a mi gato una vez más. Uno de los socios de Bones
tenía a Helsing, ya que a mi gato no le había gustado vivir en lugares cerrados con
Dexter.
Luego nos sentamos en el suelo con un tablero de Ouija colocado sobre su
mesa de café. Al igual que la mayoría de los condominios en la ciudad, el de Tyler
estaba construido estilo estudio, con la cocina, dormitorio y sala de estar ocupando
todos, el mismo pequeño espacio.
―Ojalá pudiera enseñarte a hacer esto por ti misma ―dijo Tyler, colocando
sus dedos sobre la tablita―. Demasiado malo que perdieras tu juju fantasma.
Algunos días, me arrepentía de eso. La mayoría de las veces, no lo hacía.
―Todo termina con el tiempo.
Luego agitamos la tablita alrededor del tablero, mientras Tyler comenzó sus
invocaciones. Como yo no tenía ningún artículo personal de la casa de mi tío, en
esta ocasión, tuvimos que abrirnos paso a través de unos espíritus al azar antes de
que Don se materializara en la habitación.
Cuando se dio cuenta de quién lo había convocado, pareció sorprendido.
Entonces la culpa me atravesó cuando su próxima expresión fue de miedo
mientras miraba alrededor.
―No hay Remnants, ni Marie ―dije firmemente―. Solo nosotros, Don.
Su forma vaciló, desdibujándose en los bordes. Ahora que sabía que no
teníamos medios para detenerlo, ¿se estaba yendo?
Entonces su nebulosidad se aclaró, revelando su cabello impecablemente
peinado y su sofisticado pero discreto traje de negocios. Un nudo en mi interior se
alivió. Por más razones por las que necesitara su ayuda, no habría querido que
Don desapareciera tan pronto como nos vio. Todavía estaba enojada con él, y no
estaba segura de dónde sus acciones habían dejado nuestra relación, pero parece
que eso no me había detenido de extrañarlo.
―¿Qué quieres, Cat? ―preguntó en tono reservado.
Don ni siquiera miró a Bones; una buena cosa ya que su mirada era lo
suficientemente fría para congelar rápidamente el vapor. Saqué mis dedos de la
tablita en favor de golpearlos contra el tablero de la Ouija.
153
―Madigan quemó sus unidades de disco duro más allá de su uso y se suicidó
cuando nos infiltramos en sus instalaciones secretas ―resumí rápidamente―.
Bones lo trajo de vuelta como un ghoul, pero algo salió mal. Su mente es una sopa
de verduras, y estábamos esperando que tú pudieras sacar un poco de carne de
esta.
La boca de Tyler cayó al oír esto. Tal vez él había pensado que quería que
levantara a mi tío solo para que pudiera quejarme de él de nuevo. La expresión de
Don no cambió aunque su contorno vaciló por un momento.
―¿Por qué? ―preguntó al fin―. Cerraste su operación como querías, y ahora
él es tu prisionero. ¿Qué más queda?
―Detener a quien sea que ha estado apoyándolo ―dije, sin mencionar
deliberadamente a Katie. No quería que Marie averiguara acerca de ella, y ella era
una de las únicas personas en el mundo que podía interrogar a un fantasma con
éxito―. Alguien desembolsó incontables millones para mantener la operación de
Madigan funcionando, sin mencionar el dinero que gastó esa persona para evitar
que tú averiguaras acerca de esto.
Me metía con su orgullo con ese último comentario. Cuando vivía, el
despacho de Don había estado por encima del Máximo Secreto, pero había estado
inadvertido de que Madigan estaba continuando sus experimentos con la
bendición completa del tío Sam. Mientras tanto, Madigan sabía todo sobre la
operación de Don e incluso se puso a cargo de ésta después de su muerte. Eso tuvo
que doler.
―Si no lo detenemos, esa misma persona encontrará a otra persona para
reemplazar a Madigan ―continué―. No podemos permitir que eso suceda.
―¿Y si el patrocinador tiene un rango demasiado alto para atraparlo?
―preguntó Don.
La voz de Bones mantuvo la misma resonancia de un bajo y ominoso trueno.
―Para esto, nadie tiene un rango demasiado alto.
Don se puso rígido, mirando una vez a Bones antes de que su mirada se
dirigiera de nuevo hacia mí.
―Este nunca ha sido su país, pero es el tuyo, Cat. ¿Realmente asesinarías a
quien sea que esté detrás de esto, sin importar quién es?
Incluso muerto, la lealtad de Don a su nación no había disminuido; una
cualidad admirable. Si tan solo hubiera mostrado la misma lealtad a su familia.
154
―Manejaste una operación secreta que protegía a los ciudadanos
estadounidenses de peligros que ellos no conocían que existían ―le contesté,
sosteniendo su mirada de color acero―. Quien sea que está detrás de Madigan a
sabiendas financió el secuestro, la tortura y la muerte de miles de estadounidenses,
todo con el propósito de la manipulación ilegal de genética. Eso es suficientemente
reprobable, pero lo que es peor es la guerra que esto podría desencadenar si la
noticia se filtra a los oídos de no-muertos equivocados.
Luego me levanté y me acerqué a él, casi retándolo a salir mientras hablaba
de la siguiente parte.
―¿Todavía amas a tu país, Don? Demuéstralo.
Entonces él sonrió. Triste, cansado y tan agotado que la culpa me golpeó una
vez más. Los seres humanos, vampiros y ghouls podían encontrar breve respiro en
el sueño, pero ¿podrían los fantasmas? ¿O era su existencia un día sin fin que se
estiraba sin piedad hasta la eternidad?
Incluso si no lo era, mientras miraba a Don, la simpatía empezó a superar a
mi enojo. Me había mentido, me manipuló, y permitió que un burócrata
despiadado usara mi ADN para experimentos secretos, aún había algo más en él
que eso. Don había protegido a los soldados que trabajaban para él, no
experimentando y matado como Madigan había hecho. Una vez que Brams fue
inventado, Don rechazó incontables millones en patentes farmacéuticas porque se
negó a liberar el fármaco al público. Cuándo Madigan abordó su idea de una
fuerza de cría, Don le disparó y lo escondió de mí. Años después, cuando me
reveló eso, yo estaba enamorada de un vampiro, Don permitió a Bones unirse al
equipo. Entonces les mintió a sus superiores sobre mi acuerdo por tiempo de
servicio, para que pudiera renunciar cuando mi vida tomó una dirección diferente,
por no hablar de todas las veces que usó su influencia cuando los conflictos de
vampiros me pusieron en el lado equivocado de la ley.
Sus buenas obras no pudieron superar sus malas, pero los mayores delitos de
Don ocurrieron cuando todavía estaba bajo la idea errónea de que todos los
vampiros eran malos. A través de mi adolescencia y tempranos veinte, había hecho
algunas cosas horribles bajo ese concepto erróneo también. En los años posteriores,
había tratado de compensar eso, y así, a su manera, lo había hecho Don.
Incluso si no lo había hecho, no se merecía este destino. Un día me habría ido,
sin embargo, él todavía estaría encadenado entre un mundo al que nunca podría
cruzar y uno al que nunca podría volver. Inadvertida o no, eso era gracias a mí, un
castigo que superó con creces sus crímenes.
Por encima de todo lo demás, Don era familia. Imperfecto casi hasta el punto
de ruptura, pero familia. Podría no ser capaz de perdonarlo hoy, pero con el
tiempo, lo haría. La familia era demasiado valiosa para apartarla si aún había una
oportunidad para la reconciliación.
Don demostró eso cuando por fin dio su respuesta.
155
―No te molestes en llamar a mi patriotismo, Cat. Mi país está perdido para
mí ahora, pero si esto te ayuda con algo que estás decidida a hacer de todos
modos… bueno, entonces llévame con él. Veré lo que puedo hacer.
Capítulo 26
M
adigan reconoció a Don. Tan pronto como le vio, dejó escapar un
chillido excitado:
―¡Donny! ―Mi tío hizo una mueca, no sé si de simpatía
hacia lo que su némesis se había convertido o de aversión por el
horrible apodo.
156
No importaba. Donny fue y Donny seguía siendo, día y noche mientras
Madigan divagaba sobre cosas sin sentido, tales como lo triste que era que el
helado aquí fuera terrible (no lo era; el gusto de Madigan solo quería carne cruda,
un hecho que su mente no había asimilado todavía) o cómo quería jugar en el patio
(no iba a pasar; no queríamos que se comiera a los vecinos de Mencheres). Tras los
primeros días de aburrida idiotez, no me habría importado entrever aunque fuera
de vez en cuando, como un rayo de luz en una habitación oscura, algo de lucidez.
―Estoy muy infeliz con su progreso, Donny ―comentó Madigan el otro
día―. Deberían haber sido capaces de duplicar su ADN ya.
―¿Te refieres al de Crawfield? ―replicó Don en un cuidadoso tono neutral.
―El suyo, también. ―Madigan sonó grosero―. Pero después de siete años,
¡nada! No se pueden tener todos los huevos en una sola cesta… jeje. Huevos. Hay
que esperar años para más de esos…
A pesar de que Don intentaba volver a dirigirle al tema, Madigan desvariaba
desde huevos a tener hambre de nuevo, y una vez que eso ocurría, nada más
importaba. Entonces cuando había acabado de comer, caía dormido. Por lo que
sabía, ahora dormía mientras se chupaba el pulgar. No podía decirlo, porque
nunca entraba en su celda. Me había convertido en sinónimo de Bones en su mente
destrozada, y Bones le provocaba sollozos y un terror incoherente.
Don, sin embargo, parecía tranquilizar a Madigan, algunas veces al recordar
al otro hombre crueldades pasadas.
―Robé tu trabajo cuando moriste ―dijo Madigan ayer en un susurro
alegre―. Robé tus soldados también. Morirán pronto.
Antes de que Don pudiera contestar a eso, Madigan estaba jugando a Yo
Espío. Lo que no debería haber llevado demasiado tiempo ya que su habitación era
de cemento y sin ventanas, pero Madigan lo alargaba durante horas. Si Don fuera
sólido, podría haberse golpeado la cabeza contra la pared solo para bloquear la
charla sin fin. Yo quería hacerlo, y eso solo tras veinte minutos.
La realidad era que no tenía mucho más que hacer. Tate, Ian y Fabian no
habían encontrado a Katie todavía. Cómo una niña sin dinero ni experiencia en el
mundo normal podía evadir a dos vampiros y un fantasma, no tenía ni idea, pero
lo había hecho.
La gente de Mencheres todavía no tenía nada sobre los discos duros fritos, así
que no había pistas que seguir ahí tampoco. Bones podía a duras penas
permanecer bajo el mismo techo que Don, dejándome a solas para escuchar su
charla sin sentido con Madigan durante horas, así que no podía pedirle que me
encantara.
157
Además, las pocas cosas racionales que Madigan decía probablemente
provocarían que Bones le golpeara de nuevo.
Después de seis días de no aprender nada más que lo que ya sabía, estaba
harta. Madigan parecía ser un callejón sin salida para cosechar información en su
sombrío estado, pero quizás había algo más que pudiera hacer para localizar a
Katie. Conocía a alguien muy bueno en rastrear actividad sobrenatural, y como
bonus, no era miembro de ninguna línea de no-muertos.
Así es como Bones y yo acabamos en el Comic Con de San Diego.
He visto un montón de cosas raras en mi vida, pero esta extravagancia de
ciencia ficción y fantasía todavía consiguió sorprenderme. Enfrentémoslo;
cadáveres convertidos por la magia en asesinos imposibles de matar palidecían
respecto a codearse con Lobezno, Xena, Chewbacca, el Joker, Wonder Woman y
una princesa Leia con biquini de hierro y eso fue solo mientras hacíamos cola para
conseguir nuestros pases.
Una vez dentro del enorme complejo de varias plantas, caminamos a través
de miles de personas vestidas de sus personajes favoritos de películas, series de
televisión, vídeo-juegos o comics. Algunos trajes eran simples, tales como pintura
de cuerpo y otros tan elaborados, que tenían funcionando accesorios robóticos.
―Voy a transformarme en vampiro ―le dije a Bones, con el enorme ruido de
fondo haciéndome gritar a pesar de su oído―. Nadie se dará cuenta.
―Probablemente no ―creo que contestó, pero no podía estar segura. El stand
cercano comenzó a proyectar el tráiler exclusivo de una película. Si eso no era
suficiente, los gritos y aplausos instantáneos apagaron todo lo demás.
Podría no tener la dedicación para pasar horas aplicándome maquillaje y
prótesis para parecerme a mi personaje de ficción favorito, pero la idea de dejar
mis preocupaciones detrás vistiéndome de alguien más durante una tarde me
atrajo definitivamente. Hacerlo con un millar de gente que pensaba parecido debía
contribuir a que la energía en la habitación fuera casi palpable. Mis sentidos se
sobrecargaron por la feria de vistas, olores, sonidos y contacto continuo con la
gente que nos rozaba en su paso a paneles, puestos, firmas o exhibiciones. Por el
hormigueo que se empezaba a generar bajo mi piel, casi juraría que este lugar era
un punto caliente sobrenatural.
Desafortunadamente, no estábamos aquí para conseguir un colofón de toda la
energía frenética. Teníamos que encontrar a un reportero y de acuerdo a su
mensaje de texto, estaba en la sección de vídeo-juegos.
158
Bastante fácil, excepto que teníamos el equivalente a ocho campos de fútbol
llenos de fans y exhibiciones entre nosotros. Podíamos descubrirnos como
vampiros volando por encima de todo el mundo, o bien empujar a través de la
gente tan lenta y educadamente como pudiéramos.
Elegimos lo último, aunque aquí, volar podría haberse tomado como un truco
moderadamente entretenido. Llevó más de treinta minutos alcanzar el área de
vídeo-juegos, entonces tuvimos que buscar a través de la multitud. Finalmente,
cerca de la pared trasera, vi un hombre delgado de cabello rubio rojizo, la barba de
su rostro añadiendo un toque más áspero a su natural aspecto juvenil. Gracias a
Dios que no se había disfrazado; no había forma de rastrear gente por el olor en
esta mezcla olfativa.
―¡Timmie! ―grité.
Mi vecino de mis días universitarios no levantó la vista. Después de todo, yo
era solo una voz elevada entre miles. Unos pocos minutos de educados empujones
después, y finalmente le alcanzamos.
―¿Por qué sangrante infierno no te reuniste con nosotros fuera? ―Fueron las
primeras palabras de Bones. Timmie se estremeció ante su tono duro. Entonces me
miró y cuadró los hombros, como si recordara que nunca permitiría que Bones le
hiciera daño.
―Voy con el tiempo justo. Además, creí que les gustaría esto. Va a empezar
un panel de True Blood pronto.
―¿De verdad? ―espeté.
La elevación de cejas de Bones me hizo añadir contra mi voluntad,
―No estamos aquí por diversión. Vinimos a pedirte si podías ayudarnos a
encontrar a alguien.
Una sonrisa curvó los labios de Timmie.
―No es que no disfrute verte, Cathy, pero podrías haberme mandado un
mensaje.
―No estamos poniendo nada de esto por escrito ―dije un poco
sombríamente―. O confiándolo por teléfono.
―Ah, relacionado con lo sobrenatural. ―Timmie lanzó una foto a alguien
que pasaba por allí, entonces dejó colgar la cámara de la cuerda de su cuello―. ¿Es
seguro hablar en público?
―¿En este sitio? Sí. Cualquiera que lo oiga no creerá ni una palabra ―replicó
Bones despectivamente.
Cierto, además, solo había visto humanos aquí. Lástima. Los no-muertos se
estaban perdiendo un buen rato.
159
―Si les ayudo a encontrar a esta persona, ¿estoy autorizado a informar sobre
algo de esto? ―preguntó Timmie con voz esperanzada.
―No solo no, demonios no ―dije firmemente.
Suspiró.
―Apestas, Cathy.
―¿De verdad dijiste eso? ―pregunté, sonriendo.
Timmie sonrió de vuelta.
―Lo siento. Algunas veces olvido que eres… ya sabes.
―Necesitamos que encuentres a una niña de alrededor de diez años ―dijo
Bones, entrando en negocios―. Empieza con rumores de una niña de brillantes
ojos verdes, o cuerpos de gente con cuellos rotos que fueron vistos por última vez
con una niña pequeña.
La boca de Timmie se abrió. Entonces nos miró.
―¿Han perdido un pequeño vampiro? ―¿Por qué necesitan MI ayuda para
encontrarla?, cruzó a través de su mente.
―No podemos pedírselo a nuestro aliados usuales porque no queremos que
la gente de nuestro mundo sepa sobre ella. ―Agarré su brazo mientras mi sonrisa
desaparecía―. No puedo explicar por qué, pero la matarían, Timmie. O la usarían
para hacer que cosas realmente horribles ocurrieran.
Por sus pensamientos, estaba intrigado, aunque todavía dudaba. Necesitaba
encontrar otro trabajo como fotógrafo freelance para pagar el alquiler de este mes. Además,
apestaba tener que investigar algo que no podía contar a nadie…
―Te daremos veinticinco mil dólares para empezar ―dijo Bones, congelando
los pensamientos de Timmie en un único coro de ¡SÍ!―. Y otros veinticinco si tu
información nos lleva a la pequeña.
―¿C-cuando empiezo? ―logró decir Timmie, sorprendido hasta el
tartamudeo.
Bones rompió la cuerda alrededor del cuello de Timmie con un golpe casual,
enviando la cámara al suelo estrepitosamente.
―Ahora, así que no necesitarás esto más.
* * *
160
Sabíamos que Timmie era bueno. Había dado a Don, y luego a Tate, dolores
de cabeza cuando continuaba exponiendo secretos sobrenaturales al público a
través de su blog de investigación. También era digno de confianza, como había
demostrado hace un año cuando reclutamos su ayuda para rastrear a los ghouls
renegados. Cuando dejamos California, tenía altas esperanzas de que pudiera
encontrar el rastro de Katie finalmente.
Lo que no esperaba era el mensaje de texto solo dos días más tarde.
―Busca tu paquete en el lado este en Detroit.
―Vaya, Timmie piensa que tiene una pista, y está en algún sitio cerca de
donde Ian y Tate han estado buscando ―dije a Bones.
Echó una mirada al texto.
―El lado este de Detroit es uno de los sitios con más crímenes en América.
Por extraño que parezca, sonaba a que lo aprobaba, y matices de admiración
pasaron a través de mis emociones.
―¿Y por qué estás contento de que una niña pequeña esté sola en esa área?
―Está más segura ahí ―replicó Bones, arqueando una ceja―. Tiene miles de
edificios abandonados para elegir en un área donde la gente no se mete en los
asuntos de los demás, y donde el cuerpo ocasional de alguien que intente jugar con
ella no elevará una protesta pública.
Un análisis frío y lógico. Bones había pasado cientos de años luchando por su
vida para pensar así. Katie solo tenía una década de vida, y aun así estaba
demostrando la misma mentalidad si había elegido Detroit por esas razones en
lugar de terminar allí por accidente.
―Si fue deliberado, también muestra moderación por su parte ―continuó
Bones. Algo helado rozó contra mis emociones esta vez―. Eso es bueno. Menos
oportunidades de tener que matarla si es susceptible a quedarse oculta.
Durante varios segundos, no pude hablar, mi mente rechazando la idea de
que realmente había dicho eso.
―¿Tener que matarla? ―repetí finalmente―. ¿Estás loco?
La mirada que me lanzó fue tan escalofriante que me recordó que Bones
había sido un asesino a sueldo durante casi dos siglos antes de conocernos.
―El peligro de la guerra no disminuye debido a su edad. Es la razón por la
que estoy dispuesto a dejar a Katie vivir si nos permite ocultarla durante el resto de
su vida. De otro modo, ya sea por nuestra mano o por la de alguien más, tendrá
que morir.
161
Mi expresión debe haber transmitido mi rotunda negativa porque me agarró
de los hombros y me sacudió.
―¡Me pone enfermo, pero sabes que llevo razón! Te convertiste en vampiro
por completo porque la mera posibilidad de que pudieras añadir atributos de
ghoul a tu naturaleza medio-vampírica casi provoca una guerra. Katie es esa
adicción, y si alguna vez se convierte en conocimiento público, empezará la guerra
que todos tememos. O será asesinada para impedirlo.
―Pero no tiene que permanecer oculta para siempre ―susurré, todavía
aturdida por el futuro negro que Bones había presentado para la niña―. Cuando
sea suficientemente mayor, podría elegir convertirse a una especie o la otra…
―Es demasiado tarde ―dijo Bones en un tono mucho más suave―. Katie ya
es una combinación de vampiro y ghoul. Perder su humanidad no negará eso; solo
lo aumentará.
No tenía palabras para refutar eso. Demasiado bien, recordaba los cientos que
habían muerto cuando los ghouls empezaron a acabar con maestros vampiros en
las etapas iniciales de un levantamiento de especies. Entonces los cientos más, de
ambos bandos, que murieron sofocando ese conflicto. Bones llevaba razón; solo mi
transformación había impedido que esos cientos se convirtieran en millones ya que
el diez por ciento de la población mundial era no-muertos. Eso, y nuestra frágil
tregua con la nueva reina ghoul, Marie Laveau, que ya había establecido que si no
acabábamos con esta nueva amenaza, ella lo haría.
Tomé un suspiro entrecortado, más por la familiaridad del acto que por la
esperanza de que eso me calmara.
―Tienes razón. ―¡Maldito seas, Madigan!―. Lo mejor que Katie puede
esperar es una vida oculta. Quizás no sea demasiado horrible. Debido a su sangre
demoníaca alterada para ser una droga para vampiros, Denise tiene que ocultarse
también.
Bones me dejó ir, solo su mirada mantenía la mía mientras hablaba.
―Y si prueba ser imposible de ocultar, no seremos capaces de protegerla de
lo siguiente que pase.
Dejé escapar mi aliento en un suspiro amargo.
―No. Supongo que no.
162
Katie era una vida contra la de millones. Muchos millones, añadiendo el
hecho de que los humanos serían daño colateral si los vampiros y los ghoul se
veían involucrados en una guerra sin cuartel. No solo estaríamos luchando contra
nuestros enemigos intentando mantenerla con vida. Lucharíamos contra nuestros
aliados también. Haría todo lo que estuviera en mi poder para prevenir que una
joven fuera sacrificada por el bien mayor, pero como mi larga lista de pasados
arrepentimientos probaba, algunas veces, todo lo que podía hacer no era suficiente.
Por favor, Dios, deja que esta vez sea suficiente.
Mencheres eligió ese momento para entrar en la habitación. Con sus oídos de
murciélago, habría oído todo lo que habíamos dicho, pero no discutió, y eso era lo
mismo que su completo acuerdo.
―Hemos recuperado algunos datos ―estableció―. Vengan y miren.
Capítulo 27
C
uando Mencheres dijo que su, gente, trabajaba en los discos que
habíamos traído de las instalaciones de Madigan, había asumido que
se refería a vampiros. Cuando le seguimos a la habitación que había
convertido en el paraíso de los amantes de la tecnología, sin
embargo, el chico de cabello negro que sonreía a su ordenador era humano. Y
parecía tener unos diecisiete años.
163
―Soy un genioooo ―dijo el adolescente con voz cantarina. Luego se dio la
vuelta, sonriendo al vampiro egipcio de cerca de cinco mil años―. ¿Quién es tu
papi, M?
Lejos de ofenderse, Mencheres se acercó y ejecutó perfectamente un apretón
de manos de estilo callejero con toque de dedos, choque de puños y una palmada
arriba-abajo final.
―Eres un genio ―estuvo de acuerdo solemnemente.
No pude permanecer en silencio más tiempo.
―¿Usaste a un adolescente para rescatar información lo suficientemente
sensible para provocar una guerra mundial?
Mencheres me dirigió una mirada tolerante.
―La mayoría de los vampiros son más lentos para adoptar la tecnología que
los ciudadanos corrientes de la tercera edad. Tai es leal, y ha estado escribiendo
códigos desde antes de que aprendieras cómo mandar mensajes de texto.
El chico me sonrió.
―No te preocupes, dulce, sé cómo estarme callado. Además, M es uno de mis
principales.
Bones elevó una ceja ante el comentario de, dulce, pero lo dejó pasar.
―De acuerdo, Tai, muéstranos lo que tienes.
Como si un interruptor hubiera sido activado, el adolescente pasó por
completo a los negocios.
―Tuve que arreglar todo esto porque los discos estaban tan quemados, que
los archivos estaban fragmentados. Entonces pasé de lo que M me dijo que no
necesitaban, como los resultados del genoma y los registros de los experimentos.
Muchos de ellos están…
―¿Intactos? ―interrumpí. Podrían no ayudarnos a encontrar al respaldo de
Madigan, pero podrían ser útiles para la comprensión de Katie.
Un gruñido.
―Lo están ahora. De todos modos, vamos a lo bueno. Deben haber tenido
cámaras por toda la habitación donde ella se encontraba, porque este archivo ―sus
dedos volaron por el teclado―, tiene las mejores imágenes de tu pequeña Godzilla
en acción.
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La pantalla del ordenador se llenó con una imagen distorsionada, como si el
vídeo hubiese pasado por una trituradora y vuelto a unir después. Aun así, Katie
era fácil de identificar. Era la niña con el cabello castaño rojizo hasta los hombros
que encaraba a un hombre que la apuntaba con una pistola.
―…no… me… hgs… ―venía a través de sonidos indistinguibles.
―La calidad del sonido es pésima, pero si lees sus labios, está diciendo que
no quiere dispararle ―dijo Tai.
Más sonido gorgoteó del vídeo, entonces un borrón de acción. Si no hubiese
sido vampiro, habría necesitado cámara lenta para ver a Katie lanzarse hacia
delante y esquivar la bala que le disparó el hombre, antes de barrerle las piernas y
clavarle el codo en la garganta.
―Eso fue ella cuando se le dijo que lo neutralizara ―añadió Tai
sombríamente.
Sabía que mataría gente, pero saberlo y verlo eran dos cosas diferentes. No había
dudado ni un segundo y nada cambió en la expresión de la pequeña cuando dio un
salto y se puso en posición de firmes, impávida al cuerpo convulsionando en
agonía a sus pies. Una niña que pudiera mostrar tal desapego mientras quitaba
una vida me heló el alma. Parecía no tener conciencia de lo que había hecho.
Por otra parte, ¿cómo podría? Todo lo que recibió como respuesta fueron
unas pocas palabras de elogio de Madigan por su celeridad. Estaba en el vídeo,
también, mirando a Katie desde detrás de una pared de cristal. Era todo lo que
podía hacer para no golpear la pantalla cuando la distorsión se despejó lo
suficiente para ver su expresión solapadamente complacida.
¿Sería posible que Katie desaprendiera todos los comportamientos violentos
y desalmados que Madigan le había enseñado?
Incluso si lo fuera, ¿podría estar demasiado conectada con el uso de sus
habilidades para ocultarlas para siempre y pretender ser humana, como tendría
que hacer si la mantuviéramos oculta y a salvo? Después de todo, a menos que
estuviera encerrada en una celda toda su vida, Katie estaría fuera en público en
algún momento. Una exhibición de fuerza sobrehumana o velocidad frente a la
persona equivocada, y el secreto saldría a la luz.
En la pantalla, Madigan despidió a Katie. Una puerta oculta chirrió al abrirse
y la niña desapareció a través de ella. No lanzó siquiera ni una mirada al cuerpo
detrás de ella. Yo estaba tan abrumada por las probabilidades en contra del
reacondicionamiento de Katie en una niña un tanto normal que me llevó un
segundo entender el comentario de Tai:
―Este viejo podría ser el que están buscando.
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Alguien apareció detrás de la pared de cristal donde Madigan había estado
observando a Katie. Al principio, lo único que pude distinguir era a un hombre de
unos cincuenta años, supongo que eso era viejo para un adolescente, con cabello
canoso de la misma altura que Madigan aunque más corpulento. Bones dejó
escapar un silbido cuando la imagen borrosa se aclaró y se pudo distinguir su cara.
Ahogué un grito, reconociéndolo también. Tai sonrió.
―Eso pensaba. Lo he visto antes en televisión.
Igual que la mayor parte de América. Richard Trove era un ex-jefe de
personal de la Casa Blanca y actualmente asesor político. No podías cambiar de
canal durante las últimas elecciones presidenciales sin encontrarte con él, pero solo
había una razón que pudiera pensar por la que estaría en una instalación secreta
subterránea viendo una niña tri-especies, fruto de la ingeniería genética, ejecutar a
algún pobre chico comando.
Era el respaldo en la sombra de Madigan.
Dudamos de que hubiera alguien por encima de Trove, aunque para estar
seguros, Denise cambió a una réplica de él y entró a la celda de Madigan. Al igual
que con Don, Madigan le reconoció al momento y parecía encantado de hablar con
él.
Después de muchas horas mayormente sin sentido, recogimos suficientes
cositas para convencernos de que el último responsable era Richard Trove. Había
estado en activo cuando la operación de Don comenzó, y aunque había dejado el
gobierno desde entonces, era ampliamente conocido que era el poder detrás de
muchos de los actuales senadores y al menos un antiguo presidente. Además, era
lo bastante rico para financiar las operaciones de Madigan por sí mismo si no
quería pasar los gastos a través de un político marioneta.
Después de investigar un poco, Tai descubrió que Trove estaría en la ciudad
de Nueva York este fin de semana para una cena política de recaudación de
fondos. No sabíamos dónde estaría después de eso, lo que significaba que tenía
que elegir entre ir detrás de él o de Katie. Trove ganó puesto que ya teníamos dos
vampiros y un fantasma rastreando a Katie. Le enviamos un mensaje a Ian con la
información que Timmie había transmitido sobre su potencial localización,
entonces aportamos una astronómica cantidad de dinero para conseguir reservas
para la cena de recaudación de fondos.
Finalmente, fuimos de compras.
166
A quince mil dólares el plato, no podíamos aparecer en vaqueros y camisetas.
Dos días más tarde, nos registramos en el Waldorf Astoria en Park Avenue. A las
7:00 de la noche siguiente, estábamos en la cola para entrar al Gran Salón de Baile.
La seguridad era estrecha ya que se esperaban más de unas pocas prominentes
figuras políticas. Sin problema; Bones tenía varios alias que habían sido
ciudadanos respetuosos de la ley durante décadas. Todo lo que hizo falta fue que
Tai hackeara unas pocas bases de datos para actualizar las fotos, y tener un
falsificador de confianza que imprimiera los documentos, y voilà.
―Sr. y Sra. Charles Tinsdale ―le dijo Bones al agente del servicio secreto que
comprobaba los invitados a la cena. Luego le entregó su invitación y su cartera, el
nuevo carnet de conducir mostrado hacia fuera. Después de que fueran
verificados, pasó a través del detector de metales, la luz verde confirmando que no
llevaba armas encima.
Me sorprendió no tener que quitarme el magnífico collar de diamantes y los
pendientes que Kira me había prestado, o mi anillo de boda, antes de pasar por la
máquina. Otro agente del servicio secreto me hizo vaciar mi pequeño bolso de
mano, sin embargo, sólo revelando el labial, el polvo compacto y mi móvil. Sonreí
aceptando el bolso de vuelta antes de enlazar mi brazo con el de Bones.
Bien, estábamos aquí para matar a alguien, pero no íbamos a ser tan obvios.
Entonces atravesamos la planta principal del Gran Salón de Baile. La
extravagante habitación dorada de tres pisos estaba bañada en un suave
resplandor azul que lentamente cambiaba a púrpura, naranja, entonces rosa
conforme pasábamos por las mesas profusamente decoradas. Altos puestos con
velas y rosas intercalados entre ellas, su forma recordándome los legendarios
árboles Truffula del Dr. Seuss.
Las flores y los candelabros reflejaban los diferentes tonos de las luces
continuamente cambiantes, añadiendo una hermosa luminiscencia al ya elegante
ambiente.
Pasamos a un par de senadores y congresistas que reconocí de C-Span, pero
además de un educado asentimiento o sonrisa no les presté ninguna atención.
También intenté dejar fuera sus pensamientos ya que la mejoría de sus
ciudadanos no era lo que pasaba por sus mentes. Lo que se deslizó a través de mis
barreras eran diferentes variaciones del mismo tema, ¿quién eres y qué puedes hacer
por mí? Con algo de celos, odio y lujuria por medio.
En cambio, hasta que Trove llegara, elegí centrarme en mi marido. El traje de
Bones era gris y de corte ajustado y su cabello rizado estaba de vuelta a su natural
y profundo castaño. Estaba contenta de que se hubiera librado del blanco; traía
demasiadas malos recuerdos. En lugar de estar bien afeitado, se había permitido
una delgada capa de barba sombreando su mejilla y mandíbula, dándole un toque
duro a sus perfectamente perfilados rasgos. Nadie podría saber quién era, pero su
mayor desventaja estaba en que era inolvidable una vez que lo habías visto.
167
Como gesto simbólico por disfrazarme, me había teñido el cabello, eligiendo
el negro por mis oscuras intenciones. Había sido recogido en un complicado moño
que le había llevado al estilista del hotel una hora conseguir. Lentillas azules
cubrían mis ojos grises como el metal de una pistola, y mi vestido era de un
susurrante color rosa, el revestimiento y encaje superpuestos solo unos tonos más
rosados que mi pálida piel. El color recatado no se ajustaba a mi estado de ánimo,
pero estaba tratando de mezclarme, no de destacar usando un rojo de te voy a
dejar bien muerto.
Los camareros pasaban con vino, champán y lujosos entremeses. La cena no
era hasta dentro de una hora y Trove no había aparecido todavía, así que Bones y
yo tomamos un poco de champán mientras charlábamos con quien se acercaba a
nosotros, usando nuestra tapadera de ser una pareja rica recién trasladada desde
Londres. Nadie preguntó por qué Bones era el único con acento inglés. De hecho,
yo apenas estaba hablando aparte de recibir cumplidos por mi aspecto. Mi
feminismo se sentía ultrajado mientras mi practicidad estaba agradecida.
Era difícil ver a un dulce vacuo como una amenaza.
Nuestro plan había sido mezclarse hasta alcanzar a Richard Trove una vez
que llegara, maniobrar para llevarle a una de las alcobas privadas y mostrarle
nuestros ojos verdes hasta que nos dijera si tenía otras instalaciones secretas,
entonces hacer que Bones telequinéticamente exprimiera su corazón hasta que
cayera. Sin ningún alboroto y una autopsia mostraría una vieja y simple parada
cardíaca. Sucede todos los días, nada que ver aquí, amigos.
El problema era que resultó haber más en Trove de lo que revelaba el vídeo.
La sala de baile estaba llena de cientos de invitados, perfumes, colonias, y
lociones para después del afeitado superpuestos con el aroma de la comida, el olor
corporal, el alcohol y el humo de los que se lo permitían. El resultado fue una
cornucopia química que se hizo tan espesa, que no me di cuenta del otro olor de
inmediato.
Bones lo hizo. Todo su cuerpo se tensó justo antes de que su aura se cerrara
de golpe con fuerza suficiente para echarme a patadas de sus emociones.
―¿Qué pasa? ―susurré.
Su respuesta fue baja, resonante y llena de odio helado.
―Demonio.
168
Cuando seguí la mirada de Bones, mi pesimismo no se sorprendió al
encontrar al final a Richard Trove. Esa ola familiar y repugnante de azufre penetró
a través de los otros olores cuando el pulido hombre mayor con la apariencia de
Jack Kennedy comenzó a andar en nuestra dirección. La gente alrededor de Trove
no parecía consciente del olor que emanaba de él, y debía haber escondido los
puntos rojos de su mirada debajo de lentillas.
Una parte de mí estaba salvajemente divertida de que un demonio hubiera
logrado engañar a Madigan y hacerle creer que era humano todo este tiempo, pero
el resto se preguntaba qué diablos íbamos a hacer. Los demonios no podían ser
hipnotizados y aún tenía que conocer a uno que estuviera de acuerdo en venir
tranquilamente.
Trove se fijó en mi cuerpo primero. Sus ojos se detuvieron sobre él como si mi
vestido se hubiera vuelto de repente transparente.
Cuando por fin arrastró su mirada hacia mi cara y vio que lo que estaba
haciendo había sido observado, sonrió con encantadora picardía del tipo ―me
atrapaste―.
Entonces su sonrisa se desvaneció mientras me miraba. Sus ojos se estrecharon y
articuló una palabra que no necesitaba escuchar para saber que me había
reconocido.
Crawfield.
Hasta aquí había llegado lo de hacerlo sin ningún alboroto.
Capítulo 28
M
ás rápido que una llamativa cobra, el poder de Bones destelló,
envolviéndose alrededor de Trove. El famoso político se detuvo
en seco, una expresión extraña arrugando sus facciones. Entonces
Bones se deshizo del agarre invisible a su alrededor con todo el
odio que sentía por los demonios. Teniendo en cuenta que uno lo poseyó el año
pasado y casi obligó a Bones a matarme, eso era importante.
169
Debajo de ese maltrato, todo el cuerpo vibró, Trove no debería haber sido
capaz de respirar, y mucho menos dar un paso. Sin embargo, hizo ambas cosas, y
su extraña expresión se convirtió en éxtasis.
―Eso hace cosquillas justo en los lugares correctos ―ronroneó en su viejo
acento de chico texano.
Mi mandíbula cayó. Del poder que emanaba de él, Bones no estaba teniendo
problemas de rendimiento. ¿Cómo es que Trove aún venía hacia nosotros? Bones
debía estar preguntándose lo mismo. Duplicó la dosis y se niveló a Trove.
La posterior explosión de energía fue como una bomba apagándose. Los
humanos en la habitación pueden no haberlo sentido, pero a mí me sacudió hacia
atrás con la fuerza suficiente para enviarme contra el camarero detrás de mí.
Aterrizamos en un montón de champagne y vidrio roto, y aun así, Trove seguía
intacto.
¿Cómo es que hace esto? mi mente gritaba. ¡Bones había utilizado menos
energía cuando hizo levitar una docena de guardias a través de una red de láser!
Trove estaba solo a un par de metros de distancia ahora. Cogí un trozo de
cristal roto por instinto para tener cualquier arma disponible. Entonces se me cayó.
No tenía latido de corazón, así que era un demonio corpóreo, no un espíritu
demoníaco que poseía humanos. Como tal, solo una cosa podría matarlo,
apuñalando sus ojos con un hueso de demonio. Y no teníamos ninguno.
―Parece tener un derrame desagradable, señorita ―dijo Trove en un tono
conversacional―. Permíteme ayudarte.
El demonio me tendió la mano, inclinándose. Antes que su piel rozara la mía,
Bones lo arrastró de vuelta.
Por alguna razón insondable, su telequinesis no pareció afectar a Trove, pero
su puño funcionaba bien.
―No. La. Toques.
Cada palabra silbó con enemistad. La gente a nuestro alrededor comenzó a
susurrar detrás de sus manos.
Hombres musculosos con cables pegados a sus orejas comenzaron a empujar
a través de la multitud. Agentes del servicio secreto, sin duda. Trove les dirigió
una sonrisa, levantando las manos tanto como el agarre de Bones se lo permitía.
―Todo está bien, amigos. Como solía decir cuando era joven, no es una fiesta
hasta que algo se rompe.
Luego bajó la voz y le dijo a Bones:
170
―Si no quieres que empiece a matar gente inocente, tienes que dejarme ir.
Bones le devolvió la sonrisa, pero no aflojó el agarre que tenía en los brazos
de Trove.
―¿Una habitación llena de políticos? La tengo.
―Bones.
Me levanté, tirando al camarero conmigo sin apartar los ojos de los dos
hombres.
―No.
Aparte que no todos los políticos merecen ese destino, sus familias estaban
aquí también. Eran personal del hotel, y además de eso, periodistas. Si las cosas
tomaran un letal giro sobrenatural, estaría en todas las noticias antes de que
pudiéramos contenerla.
―Creo que tomé demasiado champán ―le dije de una manera avergonzada,
entrelazando mi brazo con el de Bones―. Cariño, ¿llévame a tomar un poco de
aire?
Estaba tan tenso, su carne se sentía como acero debajo de mi tacto. Traté de
tirar de forma discreta, pero no se movió. Los agentes del servicio secreto, que
habían comenzado a alejarse por la declaración de Trove, regresaron. Por sus
pensamientos, estaban a punto de entrar en acción.
―No aquí ―dije en voz baja, cuando Bones seguía sin moverse.
Luego, más fuerte a Trove,
―¿No le gustaría acompañarnos?
El demonio sonrió, mostrando los dientes tan blancos, que debe habérselos
blanqueado profesionalmente.
―Por supuesto.
Luego miró sus brazos donde Bones seguía sosteniéndolo, levantando una
sola ceja gris. Por fin, Bones lo liberó, le contestó con un destello de sus dientes
demasiado breve para ser llamada una sonrisa.
―Después de ti, compañero.
Subimos las escaleras hasta el segundo nivel del gran salón de baile, donde
muchas menos personas estaban reunidas. Trove se removió con un gesto de
impaciencia cuando un escolta del servicio secreto trató de acompañarlo, lo que
aumento mi cautela. Claro, él no tenía ni idea de que sabíamos cómo despachar un
demonio, pero, ¿por qué lo hizo parecer como si tuviera prisa por dejarnos a solas?
171
Solo una razón se me ocurrió: Tenía la intención de matarnos. Despiadado,
escoger un lugar público para hacerlo. Sabía lo que éramos, y los vampiros solo
mueren de forma desastrosa, no es que tuviera intención de morir esta noche.
Una vez establecidas las miradas indiscretas, la máscara de encanto de Trove
desapareció, y tuve una visión de la persona real que había debajo. Decir que era
como mirar a los ojos de una bestia era un insulto a los animales.
―Golpéame con más de ese delicioso poder, ¿quieres? ―le dijo a Bones con
voz sinuosa―. Se siente tan bien, casi me corrí.
―¿Qué clase de demonio eres? ―le pregunté sobre el gruñido de Bones.
―Un Ornias ―respondió Trove, sorprendiéndome. Realmente no había
esperado una respuesta.
Bones dejó escapar un resoplido fuerte.
―Es por eso que mi poder no funciona en ti. Tu tipo absorbe energía y se
alimenta de ella.
No sabía que existían los demonios de absorción de energía, pero solo había
tenido experiencia con algunos.
La primera había marcado a Denise, el segundo poseyó y casi mató a Bones, y
el tercero había intentado empeñar mi alma a cambio de información. Decir que no
me agradó su tipo era un eufemismo.
Trove se estremeció en lo que parecía un recuerdo dichoso.
―Tengo que drenar la fuerza de vida de más de una docena de humanos
para absorber una décima parte de lo que me acabas de dar. Quiero sentirlo una
vez más, que es una de las razones por la que todavía están vivos.
―¿Crees que puedes matarme? ―Una pequeña sonrisa peligrosa curvó la
boca de Bones―. Eres bienvenido a probarlo.
Debajo de nosotros, los ricos y los poderosos siguieron mezclándose, sin
darse cuenta de lo cerca que estaban de la muerte. Si Trove dejara su acto humano
y fuera hacía Bones, nadie estaría a salvo en la inminente lucha. No teníamos
ningún hueso de demonio, y los poderes de Bones solo hacían que la criatura se
hiciese más fuerte, pero no iba a dejar que le hiciera daño a mi marido. De sus
palabras y la rabia que emanaba de los escudos de Bones, no lo veía a punto de
agitar la bandera blanca.
―¿Por qué apoyaste a Madigan en sus intentos de crear tri-especies de súper
soldados? Normalmente, nuestra clase no se mete en los negocios de los demás.
172
Mi voz era enérgica. Ya sea que el demonio respondiera o no, no me costaba
nada preguntar.
Trove llevó su mirada ámbar lejos de Bones el tiempo suficiente para caer
sobre mí de una manera que me hizo esperar un rastro de sonrisa donde aterrizo.
―¿Ya sabes lo mucho que odio a los vampiros? ―preguntó en tono
conversacional―. Lo único más repugnante son los comedores de carne, y aunque
sus razas se acercan una o dos veces, simplemente no van a llegar y destruirse
unos a otros.
Traté de no mostrar mi sorpresa cuando lo comprendí. Madigan no tenía ni
idea del riesgo que corría mezclando el ADN de vampiro y de demonio en un ser
humano para crear una nueva subespecie. Trove, sin embargo, sabía exactamente
lo que iba a suceder. La guerra resultante había sido su intención desde el
principio.
Bones dejó escapar una risa burlona baja.
―¿Pensaste que habías encontrado una manera de resolver nuestro problema
de paz? Lamento decepcionarte.
―Mi gente estaba aquí primero.
La voz de Trove perdió su acento tejano suave, revelando una entonación
gutural y un acento que nunca había oído antes.
―Entonces llegó tu raza ―escupió―. Los seres humanos eran fáciles de
dominar, pero no nosotros. Y como han protegido su preciado alimento de
nosotros, nos han llevado casi a la extinción, obligándonos a ocultarnos por
milenios, hasta que ninguno podía recordar lo cerca que había llegado el fin para
mi pueblo. La única razón por la que sé lo que pasó es porque yo estaba ahí.
Me pregunté por qué nos estaba diciendo esto. A los demonios no les
importaba si entendíamos sus motivaciones. ¿Qué esperaba?
―Por último, en 1400, demonios y vampiros comenzaron a pelear uno contra
el otro. ―Trove se encendió―. Tal sorpresa darse cuenta que todo lo que tenían
era una chica francesa mestiza y la amenaza que era ella. Lástima que Juana fue
sacrificada tan rápidamente. Ella casi causó que su raza se aniquilara entre sí.
―Y más de seiscientos años más tarde, otro mestizo apareció ―resumí―.
Debes haber pensado que el infierno había concedido una Navidad.
Trove sonrió de una manera que parecía realmente divertido.
173
―Junto con los avances de la ciencia, lo hice. Cuando me enteré que Don
había descubierto otro mestizo, dejé todo por ti, Catherine Crawfield. Invirtiendo
dinero en el departamento que tu tío fundó y asegurándome de que Madigan
seguía ocupado experimentando con tu material genético incluso después de que
Don lo despidió. ¿De qué otra forma iba a garantizar mi éxito si, como Juana de
Arco, morías antes de tu realización?
Sus revelaciones estaban empezando a recordarme las clásicas películas del
villano: monólogo. Sospechando las emociones de Bones, estaba preocupado por
eso, también. Trove tenía que tener una razón para esto. ¿Estaba haciendo tiempo,
esperando que llegaran refuerzos demoníacos?
Fue entonces cuando me di cuenta de que Bones estaba maniobrando junto a
una de las altas ventanas con vista al paisaje urbano. Nuestra salida si la
necesitábamos.
Como si leyera mis pensamientos, Trove echó un vistazo a la ventana, a
continuación, sacudió su mano.
―Son mis invitados, pero como ya he dicho, no quiero hacerles daño.
Vampiro o no, quiero que vivas, Catherine. De lo contrario, te habría matado hace
mucho tiempo. ¿Sabes cuántas veces alguno de los míos estuvo sobre tu cuerpo
inconsciente después de que regresaras de una de las misiones de tu tío?
Ante mi mirada sobrecogida, sonrió, mostrando los dientes de horario estelar
de nuevo.
―¿El nombre de Brad Parker te suena?
Sí, pero no podía recordar quién… ¡espera!
―El ayudante de laboratorio que trabajaba para Don. ―Bones lanzó un
gruñido―. Lo maté hace años, después de que traicionó a su padre.
Ahora me acordé de quien era Brad. El día que Bones lo asesinó fue también
el día que conoció a Don y me reveló que mi jefe era realmente mi tío. Después de
eso, la muerte de un asistente de laboratorio era casi incidental.
Trove se encogió de hombros.
―La codicia de Parker sacó lo mejor de él, pero eso es común en su tipo.
Además, ya había servido a su propósito.
―¿Transportar su sangre a Madigan después de que Don lo despidió? ―El
tono de Bones fue de desprecio―. Fallaste, amigo. Ninguno de sus experimentos
funcionó salvo uno, y estará muerta una vez que la encontremos.
Me estremecí a pesar de que Bones no tenía la intención de matar a Katie.
Trove no pareció creerle, tampoco. Su sonrisa se ensanchó.
―No vas a matar a esa niña. Ella no te dejará.
¿Estaba jugando la carta de la debilidad femenina? Enderecé mis hombros,
haciendo que mi expresión y voz parecieran duras.
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―¿Poner fin a una vida para salvar a millones de personas? Sin lugar a
dudas. La chica se muere.
Trove chasqueó la lengua mientras teñía de rojo sus ojos ámbar.
―¿Qué está pasando en el mundo cuando alguien quiere matar a su propia
hija?
Al oír la palabra ―hija―, un rugido comenzó en mis oídos. Me obligué a
volver, riendo como si hubiese dicho una broma.
―No lo creo. A diferencia de los hombres, las mujeres sabemos si hemos
tenido hijos, con toda la cosa del embarazo y el trabajo de parto.
―Oh, nunca has estado embarazada ―dijo Trove con desdén, con los ojos
brillando cada vez más―. Pero, sin embargo, A80 es tu hija.
Capítulo 29
B
175
ones lo tenían por el cuello antes de que pudiera reaccionar, su pálida
mano apretando hasta que el cuello del demonio se rompió con un
audible sonido. Todo lo que Trove hizo fue una mueca de dolor.
―… ausando… escena… ―trató de decir.
A pesar de que estábamos en el rincón más alejado de la parte más desierta
del segundo nivel de la sala de baile, en cualquier momento, sería claro que pasaba
más que una charla privada. Y de repente estaba desesperada por escuchar lo que
el demonio tenía que decir incluso mientras me recordaba a mí misma que no
podía ser posible.
―He dicho déjalo ir ―le pedí a Bones.
―Él está atormentándote para su propia diversión ―gruñó Bones.
Le di un tirón en su brazo. Duro.
―Dije déjalo ir.
Bones lo dejo caer. Trove se tambaleó ante un tirón agudo lateral que
chasqueo su cuello de regreso en su lugar.
―Tócame otra vez, y voy a hacer esto ―dijo entre dientes.
El demonio desapareció por espacio de unos instantes antes de reaparecer de
nuevo en el mismo lugar. La única evidencia de su notable hazaña fue un aumento
de olor a azufre.
No estaba de humor para comentar su truco de fiesta.
―¿Cómo puedo ser la madre de esa niña si admites que nunca estuve
embarazadas?
Trove echó una mano a través de su grueso cabello, instalándolo de nuevo en
su lugar después que la manipulación brusca de Bones lo había revuelto.
―Como digo, los avances en la ciencia. Con toda la patología que Don
ordenó cuando empezaste con él, no fue nada para Brad Parker, deslizar dentro
medicamentos para la fertilidad. Era más difícil para él extraer los huevos durante
las veces que volviste de una misión inconsciente, pero cuando lo hizo, nunca te
diste cuenta de las marcas de agujas después. Con todas tus otras lesiones, ¿por
qué lo harías? En total, Parker anotó sobre unos cien huevos. Todos fueron
fertilizados e implantados en madres sustitutas, pero solo uno sobrevivió hasta el
final.
Entonces el demonio se acercó, sonriendo.
―Madigan se impacientó con la baja tasa de éxito de su fecundación in vitro,
por lo que solicitó a tu tío para que te reprodujeras. Eso hizo que lo despidieran, y
Don te monitoreo más de cerca. Parker sabía que no podía arriesgarse a más
extracciones, así que después de unos años, encontró otra manera de hacer dinero
traicionándote con tu padre.
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―Estás mintiendo. ―Forcé las palabras a pesar del torbellino emocional que
hacía difícil estar de pie, dejarle hablar. Entonces mi columna vertebral se puso
rígida, y dije de nuevo―. Estás mintiendo. La niña que vi tenía que ser de diez
años, por lo menos. Empecé a trabajar para Don hace menos de ocho años.
―A80 cumplió siete años el mes pasado ―respondió Trove―. Solo tomó las
sustitutas de cinco meses para llevarla, y las hormonas de crecimiento se
encargaron del resto. Madigan quería ver lo que su nuevo juguete podía hacer, y
una vez que añadió ADN ghoul a su composición genética, hizo nacer a A80.
Ese tornado volvió a arrasar mi equilibrio. Cinco meses. Ese fue el tiempo que
mi madre me había llevado, y había estado completamente desarrollada al nacer.
Si me hubieran dado hormonas de crecimiento y una dosis adicional de ADN nomuertos, podría haber parecido años mayor de los siete años, también.
Bones agarró mi brazo cuando mis rodillas empezaron a ceder a pesar de mi
determinación a no comprar nada de esto. Los demonios mienten, me recordé.
Incluso si lo que Trove dice era científicamente posible, eso no hace nada de ello
cierto.
―La impaciencia de Madigan también lo hizo obsesionarse contigo
―continuó Trove alegremente―. No quería esperar a que A80 madurada lo
suficiente como para producir sus propios óvulos, y sus intentos para
sintéticamente replicar su tri-naturaleza meramente resultó en miles de sujetos de
prueba muertos. Estoy acostumbrado a esperar, por lo que unos años más no
significaban nada para mí, pero entonces tuviste que atacar su compuesto y darle a
la mocosa una oportunidad de escapar.
Hizo una pausa para darme una mirada tolerante.
―Es por eso que estás aquí, ¿no? ¿Para ver si sé dónde está? No lo sé, pero no
te voy a detener de buscarla. De hecho, quiero que la encuentres. Una vez que lo
hagas, por favor, ejecuta pruebas para verificar que todo lo que he dicho es verdad.
―Si es así, ¿por qué nos dices esto? ―Me atraganté.
El demonio se limitó a sonreír, y con brutal claridad, lo entendí.
Ahora que Katie estaba fuera de su alcance, necesitaba que supiera que era mi
hija. Era su seguro de que arriesgaría todo para mantenerla con vida, y junto a mí,
Bones y sus aliados. El demonio quería guerra, y no podía tener una si nadie estaba
dispuesto a luchar. Bueno, Trove acababa de darme algo por lo que me matarían y
moriría, como él estaba contando. Probablemente había estado esperando que nos
mostráramos esta noche, para que pudiera soltar la sopa. Si no lo hubiéramos
hecho, podría habernos buscado, sin saber que teníamos los medios para matarlo.
177
Lástima que no habíamos traído el cuchillo de hueso. En este momento, nada
me encantaría más que empujarlo a través de su ojos para regodearme sobre la
manera horrible que había utilizado, y aún intentaba utilizar, a una niña que
podría ser mía.
Con lo cerca que estaba de pie, sentí el teléfono de Bones cuando vibró en su
bolsillo. Lo ignoró, y unos segundos más tarde, el mío se encendió en mi pequeña
bolsa apretada.
Trove miró abajo con una sonrisa de complicidad.
―Es posible que desees responder esa. Es importante.
Antes de que pudiera responder, desapareció.
* * *
―¿Qué tan malo es? ―Fueron las primeras palabras de Bones cuando entró
en la casa de su co-regente.
Mencheres se deslizó hasta la entrada, con una expresión sombría mientras
extendía un iPad.
―Muy malo ―dijo simplemente.
Bones tomo la tableta. Una mirada a la pantalla explicó la llamada urgente de
Mencheres. A pesar de nuestra conmoción por la revelación de Trove, habíamos
volado hasta que estábamos agotados, entonces condujimos en auto para llegar
aquí. Ahora sabíamos que Trove simplemente no había estado esperando a que
Bones y yo nos presentáramos en la recaudación de fondos. Él había estado
preparado para ello.
¡VAMPIROS ENTRE NOSOTROS! gritaba el titular de la página Web. Más
contundente, cuando Bones se desplazó, eran las páginas y páginas de informes de
situación sobre los experimentos de Madigan, completa con vídeo que mostraban
una niña de ojos brillante asesinar a varios completamente crecidos ante una
orden.
Dado que los discos duros se habían frito, solo una persona habría tenido esta
información, aunque por supuesto, el nombre del ex jefe de la Casa Blanca no
estaba en ninguna parte en los documentos.
―Trove ―siseó―. Mientras estaba hablado monótonamente, no éramos los
únicos estando de lleno en el pleno alcance de los experimentos de Madigan. ¡Así
que era alguien con los ojos y una conexión a Internet!
178
―Más sitios están apareciendo como teorías de conspiración y criptozoólogos
posteando nuevamente la información ―dijo Mencheres en acuerdo sombrío―.
Tai está tratando de llevarlos hacia abajo para retardar la progresión de la
información, pero… hay demasiados.
Para ilustrar su punto, Mencheres minimizó esa página y abrió una nueva.
NO ESTAMOS SOLOS, PERO NO POR QUIEN CREÍAS, el nuevo titular anunció,
seguido por un amplio informe de patología en la naturaleza tri-especies de Katie y
que había hecho la fusión posible.
Estaba demasiado devastada incluso para maldecir cuando Mencheres abrió
sitio tras sitio lleno aún de más información destinada a inflamar las relaciones
ghoul y vampiros. Estaba en lo cierto; ya era demasiado tarde para contener esto.
Se había esparcido como un virus, tal como pretendió Trove.
Por supuesto, la mayoría de la gente que viera estos documentos escaneados
no sabría quién era el espécimen A1, y creían que la fecundación in vitro a partir
de un huevo medio-vampiro se traduciría en un niño cuarto-vampiro que había
sido capaz de absorber ADN ghoul en su genética. Quiero decir, yo era la muestra
A1, y todavía me costaba creerlo. Lanzado en el hecho de que la mayoría de los
humanos no saben que los vampiros o ghouls existían, y la reacción, a juzgar por
los comentarios, era la burla abierta.
Pero el problema no eran los humanos, quienes pensarían que todo esto era
un engaño. Eran todos los demás los que sabrían que no era así.
Al final, Bones devolvió la tableta a pesar de que todavía había estado
leyendo con una creciente sensación de perdición.
―Necesitamos… ―Comenzó, luego se detuvo abruptamente cuando una
rubia delgada con belleza de muñeca de porcelana abrió la puerta principal sin
llamar.
―¿Necesitas qué? ―preguntó Veritas fríamente.
No gemí en voz alta, pero estaba cerca. ¿Un Guardia de la Ley irrumpiendo?
Las cosas habían ido de horribles a trágico.
―Veritas ―dijo Mencheres, su tono ahora suave como la mantequilla
helada―. Bienvenida.
Ella le lanzó una mirada que decía que sabía que era tan bienvenida como un
caso de herpes enconado pero asintió en el saludo. La guapa rubia podía aparentar
tener la misma edad que Tai, pero era mayor que Mencheres y casi tan poderosa.
También tenía todo el peso del consejo del gobierno vampiro detrás ella. Para que
se presentara sin previo aviso pocas horas después de la fuga significaba que
estaban tan asustados como Trove había esperado.
179
Sin importar lo que pasó, tenía que matar a ese demonio por todo lo que
había hecho.
Cuando la mirada de la Guardián de la Ley aterrizó en mí, por un segundo,
me pareció ver compasión en sus ojos verde salvia. Antes de que pudiera estar
segura, lo que sea que fuera se desvaneció, dejando nada más que voluntad de
granito.
―Sabes por qué estoy aquí ―afirmó―. El consejo ya se ha pronunciado, y su
decisión será inapelable. Dime dónde está la niña. Debe ser destruida.
―¡Es una niña que no pidió por nada de esto! ―estallé.
Su mirada medida no vaciló.
―Ni tú lo hiciste, según los documentos publicados, por lo que no estás bajo
arresto por traición.
Avancé hacia adelante hasta que la mano de Bones en mi brazo me detuvo.
―¿Estás diciendo que el consejo lo habría considerado traición si hubiera
tenido un hijo a sabiendas de ser un mestizo?
Ahora estaba segura de que la simpatía cruzó el rostro de Veritas.
―La gente como tú y yo no elegimos nuestro destino.
Una nota nostálgica tiñó su voz, y sus características se endurecieron una vez
más.
―Si no lo sabes ya, sin embargo, con el tiempo, aprenderás. Ahora, dime
dónde está la niña.
Incluso si no fuera mi hija, aunque le había sido lavado el cerebro más allá de
la reparación y que nunca tuviera éxito en ocultarse, no podía condenarla a muerte
por responder con la verdad.
―No lo sé.
Katie se merecía lo que nunca le habían dado antes. Una oportunidad. Sabía
lo que estaba arriesgando haciendo esto, pero, ¿qué otra opción tenía? Tal vez fue
la fe que me hizo creer que Dios no permitiría a nuestras razas destruirse unos a
otros por no matar a un niño por el delito de ser diferente.
Entonces miré a Bones, notando cuán fuerte había cerrado su aura y cuán
pétreas sus rasgos estaban. No me miró, tampoco. Su mirada era toda para la
Guardiana de la Ley, cuya mirada creció incisiva.
Mi alma parecía aspirar una bocanada de aire temerosa. Haré lo que sea para
protegerte, había jurado. ¿Traicionaría la ubicación de Katie con el fin de detenerme
de salvarla? Podría costarme la vida, y ambos lo sabíamos.
180
No lo hagas, pensé, deseando desesperadamente que aún pudiera leer mi
mente. Por favor, Bones. No.
―Si estás buscando a la niña ―dijo con una voz plana, su poder congelando
mi boca cuando comencé a interrumpirle―, comienza con Richard Trove. Es el
demonio que financió su creación. En cuanto a Madigan, llévatelo contigo cuando
te vayas. No hemos reunido nada útil de él. Tal vez tengas mejor suerte.
Luego le dio la espalda, despidiéndola efectivamente.
Todavía no podía hablar ya que no había quitado su mordaza telequinética,
pero Veritas no sabía eso. Me di la vuelta hacia él, agarrando su mano para
transmitir el agradecimiento que las palabras no cubrirían de cualquier modo.
Bones apretó de regreso, una promesa silenciosa que estábamos juntos en
esto. Ahora realmente sentí que teníamos una oportunidad. Juntos, habíamos sido
capaces de hacer cosas increíbles.
Veritas dejó escapar lo que sonó como un suspiro.
―¿Te das cuenta de lo que sucederá si el consejo descubre que estás
mintiendo?
Bones miro por encima del hombro con un encogimiento de hombros.
―¿Vamos a ser condenado a muerte?
―Nada menos ―dijo brevemente―. Si deseas revisar tus respuestas, puedes
hacerlo ahora, sin repercusiones.
Al igual que un trozo de cinta arrancada, sentí el poder de Bones dejar mi
boca. Me dio la oportunidad de retractarme si elegía.
Por un momento, vacilé. El recuerdo de él arrugándose en mis brazos todavía
estaba fresca e indeciblemente horrible. Nunca quería experimentar eso otra vez,
pero si íbamos tras Katie, podría dar lugar a la muerte de Bones.
Podría haber leído el miedo en mi mirada. O tal vez era mi olor lo que me
traicionó. Muy lentamente, trajo mis manos a su boca y las besó.
―Te quiero, Gatita ―respiró en contra de mi carne.
Luego las dejó, girándose para darle a la Guardián de la Ley una mirada
dura.
―Te dimos nuestra respuesta, Veritas. Ahora, si no te importa, cierra la
puerta detrás de ti cuando te vayas.
181
Capítulo 30
V
eritas no se llevó a Madigan con ella. Bones quería matarlo desde
que ya no lo necesitábamos para averiguar quién era su
patrocinador, pero yo tenía algunas preguntas para mi antiguo
némesis. Trove podría haber falsificado los registros que publicó en
línea, sin embargo, en algún lugar de la destrozada mente de Madigan, sabía la
verdad sobre la madre biológica de Katie.
182
Tomó horas sacárselo. Además de las grandes lagunas-del tamaño del Gran
Cañón en los recuerdos de Madigan, también tenía la capacidad de atención de un
hurón drogado. Para el amanecer, sin embargo, se las había arreglado para dar
bocaditos de lucidez como para verificar las afirmaciones de Trove sobre Katie
siendo mi hija. Si los fantasmas se pudieran desmayar, Don habría caído cuando se
dio cuenta de que era ahí a dónde se dirigían las preguntas que le pedí que le
hiciera a Madigan.
Tuve la tentación de hacer lo mismo al caer en la cuenta de convertirme
repentinamente en algo que nunca creí que sería… una madre. Este era un reto
donde todas mis habilidades de lucha eran totalmente inútiles. Mi infancia
tampoco había sido un ejemplo como para sacar a relucir. Debido a que mi padre
le lavó el cerebro vampíricamente a mi madre, me habían criado creyendo que yo
era mitad maldad. Había odiado la alteridad que me hacía diferente de todos los
demás, y ahora tenía una hija con una doble dosis de esa "alteridad" en ella.
Por supuesto, eso significaba que sabía todo lo que no había que hacer.
Por ejemplo, nunca le diría a mi hija que ser diferente era algo de lo que
avergonzarse. Katie podría tener que ocultarlo para sobrevivir, pero si de mí
dependiera, sabría que su naturaleza única no era el problema. Los prejuicios de la
gente lo eran. Y nunca, nunca tendría que temer que un día haría algo que le
hiciera perderme. Nunca había tenido esa seguridad al crecer, y podría no saber
mucho sobre la maternidad, pero sabía lo mucho que duele cuando se siente que
estás a un error de perder a tu familia.
Si tuviera algo que decir al respecto, Katie nunca conocería ese sentimiento.
Pero primero, tenía que asegurarme de que nadie la matara, mejor antes que
después de tener la oportunidad de conocerla oficialmente.
Era por eso que Bones y yo no fuimos a Detroit, a pesar de mi deseo de llegar
rápidamente a ese lugar para encontrar a mi hija. En cambio, después de algunas
horas de sueño para así estar en nuestra mejor condición para pelear, nos
dirigimos al sur.
Una tormenta tropical agitó las aguas del lago Pontchartrain, moviéndonos a
todos lados del barco que habíamos robado como si fuera un juguete en una
bañera. Aunque eso no era lo que tenía mi estómago apretado. Comparado con lo
que estaba a punto de hacer, tener el barco zozobrando era pura diversión.
183
A lo lejos, la costa a la que nos dirigíamos no estaba iluminada como de
costumbre. La tormenta eliminó la electricidad en varios lugares, pero la falta de
electricidad nunca fue la mayor preocupación para Nueva Orleans. Eran los
diques. Crescent City estaba recibiendo un golpe directo, aunque
afortunadamente, por una tormenta tropical en vez de un huracán lo
suficientemente fuerte como para romper los diques.
No sabía si el mal tiempo ayudaría o perjudicaría mi misión, pero cuando
Bones dijo:
―Ahora, gatita. ―Salté del bote sin dudarlo. Los pesos que me había atado
me mantuvieron muy por debajo de la superficie, sin embargo, como se pretendía,
no eran suficientes para enviarme al fondo. Aun así, la tormenta había vuelto el
agua turbia. Incluso con la máscara que mantenía el agua salada fuera de mis ojos,
mi visión estaba limitada a solo unos cuantos metros delante de mí,
desorientándome.
Presioné un botón en el reloj especializado de buceo en torno a mi muñeca.
La luz verde que emitía hacía juego con el brillo de mi mirada mientras mostraba
un mapa digital. Entonces di unas patadas experimentales con mis nuevas aletas
de buceo, complacida con lo bien que me impulsaron a través del agua. Quería
toda la ayuda que pudiera conseguir para conservar mi energía.
Unas horas más tarde, trepé al dique que bordeaba el río Mississippi,
quitándome la máscara, el traje de buceo completo, y las aletas, una vez que estuve
de vuelta en tierra. Debajo de eso, vestía mallas y un top de mangas largas, ambos
negros como mis zapatos de buceo y mi cabello teñido.
Puede que no sea el equipo ideal para una noche húmeda en Nueva Orleans,
pero mi piel me anunciaría como un vampiro para los que supieran qué buscar, y
no quería que nadie supiera que estaba pagando por una visita esta noche a los
residentes de la ciudad más famosa. Marie tenía espías en todos los aeropuertos,
estación de tren, muelle, y carretera en Nueva Orleans, pero ni siquiera el vudú ni
la maligna reina podrían tener cada metro cuadrado del río vigilado, por no hablar
de los canales que conducían desde el lago Pontchartrain al poderoso Mississippi.
Es por eso que había nadado por debajo del ocultamiento de las olas, y el por qué
ahora caminaba con lo que parecía agonizante lentitud a través de la carretera
hasta Fourth Street, en dirección hacia el Garden District.
Ya no necesitaba el mapa de mi reloj. Ya había visitado el Garden District en
mi primer viaje aquí hace años con Bones. Como a muchos otros, me había
maravillado las hermosas casas señoriales, algunas de ellas construidas antes de la
Guerra Civil. Prytania Street había sido una de mis favoritas, y la casa de dos pisos
color beige con rosa, bordeada por una puerta con flores de madreselva asomando
a través de las barras de hierro, era una que recordaba bien.
Don la había recordado también.
184
Solo le hizo falta una mirada al collage de fotos en línea para que dijera “Esa”
al tiempo que señalaba con un dedo transparente hacia la pantalla. Él había sido
atraído a la casa de Marie cuando estaba buscándome y yo tenía el poder de la
tumba de ella. Por esa razón, la mayoría de los fantasmas, probablemente, sabían
dónde vivía Marie. Otros vampiros y demonios lo hacían también, pero solo
alguien con un deseo de muerte se dejaría caer por ahí sin previo aviso.
Es por eso que Marie no tenía guardias apostados. Su casa también pasaba a
ser una de las pocas en la ciudad que no tenía fantasmas merodeando alrededor.
Don me dijo que se sentía "blindada", queriendo decir que Marie la tenía
abastecida con salvia ardiente, mala hierba y ajo. Incluso la reina del vudú debía
querer un descanso de lo sobrenatural de vez en cuando.
Esta noche, no lo tendría.
Escalé la verja rodeando su propiedad y me dirigí a la puerta principal. En
lugar de tocar, la derribé con una patada. Eso debería llamar su atención, pero en el
improbable caso de que no fuera así…
―Marie ―grité fuerte―. Tenemos que hablar.
Por supuesto, mi dramática entrada se desperdiciaría si no estuviera en casa.
―¿Eres tú, Reaper? ―Una voz familiar se arrastró disipando esa
preocupación―. Y si es así, ¿has perdido la cabeza?
Marie apareció en lo alto de la escalera en el segundo piso, vistiendo una bata
blanca de seda sobre un largo camisón del mismo material. O se estaba retirando
temprano a dormir o se estaba divirtiendo a su muy personal manera.
No me importaba lo que hubiera interrumpido.
―Nunca había pensado más claramente ―respondí brevemente―, y estoy
segura de que sabes por qué estoy aquí.
Marie sonrió de esa graciosa manera que las mujeres del sur habían
perfeccionado, pero no dejé que su agradable expresión me engañara. Ella no era
una magnolia de acero. Era un tanque de ataque cubierto por un velo de rosas.
―Si te vas ahora, Reaper, consideraré el no matarte.
185
Por supuesto no mostraba el más mínimo miedo por mi interrupción a su
casa. Yo estaba sola y desarmada, como lo revelaba mi traje ajustado, y ella podía
invocar suficientes Remnants para reducirme a una mancha en la alfombra en
cuestión de minutos. Incluso si Bones hubiera venido conmigo, no se hubieran
equilibrado las probabilidades. Él podría haber dominado su telequinesis lo
suficiente para controlar humanos y máquinas, ¿pero utilizarlo con éxito contra
uno de los demonios más poderosos de la existencia? Dudoso.
Yo podía hacer aún menos con las habilidades de telequinesia que había
absorbido de él. Mi capacidad para mover brevemente objetos inanimados era
inútil contra un rival como Marie… a menos que su arma más mortífera
dependiera de algo pequeño.
Me concentré en su anillo con la misma desesperación impulsada por el
temor que me había llevado a irrumpir en la casa de la maligna reina. Hice volar el
anillo, éste bajó las escaleras en un rápido camino hacia mí.
Marie dejó escapar un jadeo y lo persiguió. Me lancé, aterrizando sobre su
espalda antes de que llegara a mitad de la escalera. Entonces me giré hasta que ya
no estuve frente a sus pies por más tiempo. Eso le dio la oportunidad de conseguir
un golpe hacia atrás que me hizo sentir temblar el cerebro. En vez de defenderme
de su siguiente golpe, envolví un brazo alrededor de su cuello y llevé el otro a su
boca abierta.
Ella mordió con fuerza suficiente para aplastar los huesos, sin embargo, lo
mantuve metido entre sus dientes con determinación. Mejor que sangre mi carne y
no la de ella. Entonces lancé mi cabeza hacia abajo y hundí mis colmillos en su
cuello, chupando su sangre por todo lo que valía la pena.
Marie comenzó a corcovear como si se hubiera transformado en un bronco
galardonado. Me aferré, sellando mi boca sobre los pinchazos y tragando su sangre
con sabor a tierra tan rápido como pude. Sus luchas se volvieron más frenéticas, y
en lugar de tratar de tirarme, nos aplastó contra la pared. Pasamos hasta el otro
lado, y aunque logré mantener mi boca sujetada a su cuello, ella pasó su brazo a
través del lado desigual de una viga expuesta antes de que pudiera detenerla.
El pequeño corte que hizo fue suficiente.
Tan pronto como su sangre fue expuesta, sonó un aullido ensordecedor,
procedentes de todas partes y de ninguna al mismo tiempo. Entonces el dolor se
estrelló contra mí en olas de agonía. Por unos momentos, no pude pensar más allá
de la agonía mientas docenas de Remnants desgarraban a través de mí con la
ferocidad de tiburones durante un frenesí alimenticio. Marie se aprovechó,
empujándome hacia atrás y aflojando mi agarre de su cuello.
Entonces recordé cómo hacer que se detuviera. Marie debió darse cuenta de
mi intención. Me agarró, tratando de meter sus manos en mi boca como yo lo había
hecho con ella. Sin embargo, mi necesidad de escapar del dolor me hizo más fuerte,
y aparté la cabeza de un tirón.
―Atrás ―dije con voz áspera, hundiendo mis colmillos en mi muñeca.
186
La sangre goteó en un rastro escarlata por mi brazo, pero los Remnants
continuaron desgarrándome. Marie aprovechó su oportunidad metiendo su brazo
entre mis dientes para que no continuara drenando más sangre. La aparté con la
misma saña que ella me había mostrado, pero lo único que hizo fue arrastrarnos
por el agujero que había hecho en la pared. Una vez de vuelta en la escalera, me
empujó hacia los escalones, saltando sobre mi espalda para mantenerme allí. Con
su fuerza y el asalto de los Remnants, no podía liberarme.
―Te lo advertí, Reaper ―gruñó por encima de los gritos que hacían sus
criaturas―. Debiste de haberte ido cuando tuviste la oportunidad.
Si tenía alguna duda de que tenía la intención de matarme, eso la eliminaba.
La desesperación aumentó mientras el rostro de Bones destellaba en mi
mente. Habíamos apostado que yo sería capaz de llamar a los Remnants si bebía la
sangre de Marie con el fin de absorber su poder. Yo había manifestado sus
habilidades de inmediato la última vez, pero si las tenía ahora, su control sobre
ellos era demasiado fuerte.
Los Remnants incrementaron su asalto, cada vez más fuerte a medida que se
alimentaban de mi dolor. En seguida, el rostro de Katie cruzó por mi mente, sus
rasgos nebulosos porque la única vez que la había visto cara a cara, no había tenido
el interés suficiente como para memorizarlos. Una nueva oleada de agonía me
recorrió, pero esta no tuvo nada que ver con los Remnants rasgándome desde
adentro.
Ahora nunca sería capaz de decirle cuánto sentía haberme perdido los
primeros siete años de su vida. O hacerle saber que Madigan no podría hacerle
daño nunca más, y que había más… ¡mucho más! en este mundo aparte de la
fealdad que le habían mostrado. O decirle que mientras que pudiera estar sola
ahora, no había sido abandonada, y aunque era diferente de todos los demás, para
mis ojos, era perfecta en todos los sentidos…
Ese dolor todo incluido se detuvo. Su ausencia aclaró mi mente lo suficiente
para ver el cristal roto al pie de la escalera. Por un segundo, me sentí confundida.
Había entrado por la puerta, no por la ventana… Bones.
Sentí su dolor antes de verlo rodando por el suelo cubierto por los mismos
Remnants que habían entrado en mí. Con un gruñido, traté de quitarme a Marie de
encima, pero un nuevo lote de Remnants apareció, asolándome con un nuevo
asalto.
―¡No! ―traté de gritar, aunque con el brazo de Marie todavía metido en mi
boca, solo un gorgoteo salió.
187
De repente, los movimientos de Marie se vieron lentos, como si hubiera sido
encerrada en cemento y estuviera tratando de abrirse paso. El entendimiento se
elevó, y con él, la esperanza.
Bones estaba utilizando su poder en ella.
A pesar del dolor que amenazaba con romper mi mente, así como mi cuerpo,
aproveché la oportunidad, enviándome lejos de la maligna reina.
El brazo de Marie fue arrancado de mi boca, dejando trozos entre mis
colmillos, los cuales escupí. Sin embargo, antes de que pudiera morder mi propia
carne, ella metió su otro brazo entre mis dientes, moviéndose tan rápido que debió
de haberse sacudido del poder de Bones.
―Mátenlo ―rugió, con su brazo libre aún sangrando por causa de mis
colmillos.
Los Remnants comenzaron a meterse en Bones con mayor fervor, aumentando
en número hasta que no pude ver más. Tampoco lo podía oír. Los aullidos que
emitían eran demasiado fuertes. La determinación se levantó con tanta fuerza que
me adormeció al dolor. No le fallaría a mi hija, y no ―¡no!― vería a Bones morir de
nuevo.
No traté de quitarme a Marie esta vez. En cambio, agarré el brazo que había
metió entre mis colmillos y jalé de él con todas mis fuerzas. Se liberó, golpeando la
escalera con la fuerza suficiente para cubrirla de rojo. No me detuve a saborear su
grito, pero mordí mis labios con fuerza suficiente para abrirlos.
―¡Retrocedan! ―gruñí a través del instantáneo chorro de sangre.
El hielo se disparó a través de mis venas como si hubiera sido congelada. Al
mismo tiempo, un rugido sobrenatural llenó mis oídos, ahogando los furiosos
gritos de los Remnants y de Marie. El rugido aumentó como si tratara de explotar
mi mente con voces demasiado numerosas para contar, pero a pesar de eso, sonreí.
Sabía de qué se trataba. Cuando hablé de nuevo, mi voz resonó junto con
muchos otros que habían sido consignados a la tumba.
―Re.tro.ce.dan.
Los Remnants se alejaron como si Bones y yo nos hubiéramos convertido en
algo venenoso. Luego se deslizaron a lo largo de las paredes como sombras
sinuosas y plateadas. Marie arremetió, ya sea para agarrarme o para correr, pero
no se pudo mover ni un centímetro antes de detenerse con lo inesperado de
golpear una pared de ladrillo.
188
Lentamente, dolorosamente, la levanté, entonces jalé de su brazo
desprendido por la escalera. Rebotó en el último escalón, aterrizando con un golpe
seco a pocos metros de Bones.
―Como dije antes, Marie ―rechiné―, tenemos que hablar.
Capítulo 31
N
uestra conversación quedó en espera porque aparecieron policías.
Uno de los vecinos de Marie debió de haber llamado a la policía
por el ruido. Cómo no, los oficiales que vinieron a investigar eran
ghouls. Su dirección indicada había preocupado a alguien más que
las autoridades normales.
189
Marie pateó su extremidad amputada debajo de la silla más cercana y
escondió su creciente reemplazo bajo una colcha antes de ir hacia la puerta. Por
supuesto, Bones había amenazado con matarla a menos que jugara limpio, pero
creo que lo hizo por otra razón. Hacer un gesto en busca de ayuda o mostrar cómo
había sido herida habría estado cerca de admitir que dos vampiros habían podido
con ella en su propia casa (algo que la reina ghoul nunca hubiera admitido). Aun
así, Bones mantuvo su poder alrededor de su cuello mientras hablaba con los
oficiales. Después de unos minutos, ella los envió fuera y cubrió la entrada con la
puerta rota.
―¿Qué quieren de mí? ―preguntó cuando nos encaró de nuevo.
Bones arqueó una ceja.
―Antes de contestar, ¿hay alguien más aquí?
La mirada que le dirigió estaba llena de hostilidad.
―No. Cuando estoy en casa, valoro mi privacidad.
No habíamos esperado que fuera una buena perdedora, así que no hice
comentarios sobre su mirada. O su tono venenoso.
―Queremos que dejes tranquila a la niña ―le dije, temblando por mi nueva
conexión con la tumba. La muerte era fría, y como los Remnants evidenciaban,
siempre hambrienta―. Eso significa no enviar fantasmas, ghouls o secuaces en su
busca. Y, naturalmente, tu promesa de no matarla nunca. Lo mismo que a
nosotros.
Marie comenzó a reír, un sonido bajo y burlón que incluso contenía rasgos de
verdadera diversión.
―Si esa es su demanda, vinieron para nada. Ya he dado la orden. Mi gente la
busca mientras hablamos.
―Dejemos una cosa clara, majestic. ―Bones caminó hacia ella, su aura
chispeando con mal controlada rabia―. Cuando azuzaste a tus pequeños
demonios fantasmales contra mí la primera vez, quería arrancarte la cabeza.
Hacerlo otra vez esta noche me hace querer hacerlo de verdad, ¿pero ser forzado a
mirar mientras rasgaban a mi esposa? ―Extendió la mano, acarició su cuello con
un toque engañosamente suave―. Eso me hace querer matarte tanto, que apenas
puedo pensar en nada más ―acabó con un susurro letal.
Entonces su mano se cerró sobre su garganta. Apretando hasta que los
crujidos eran el único sonido de la habitación. Los ojos avellana de Marie
comenzaron a llenarse de rojo, y los Remnants empezaron a cambiar sin descanso.
―Bones ―dije bruscamente―. No.
190
Si quería salvar a Katie, necesitaríamos a Marie. Si la matábamos, nos
apresuraríamos a una potencial guerra con los ghouls, y mientras que nos las
podríamos arreglar para evadir a los Guardianes de la Ley, con la red de Marie de
fantasmas de cualquier que ella quisiera encontrar, lo haría, y más pronto que más
tarde.
―Hemos venido a hacerte una oferta ―continué―. Una que será
mutuamente beneficiosa.
Con los puños de Bones tan apretados que sus dedos se tocaban, ella no
podía reír, pero su boca se estrechó con una sonrisa dolorida.
―No puede hablar a menos que la sueltes ―dije con voz severa.
La liberó con obvia reticencia aunque su poder permaneció enrollado
alrededor de su cuello. No apretado; holgado, como una serpiente decidiendo si
estaba o no hambrienta.
Marie esperó hasta que su cuello sanara de vuelta a su forma normal antes de
hablar.
―¿Cuál es su oferta?
―Te daremos a la gente responsable de crear niños de especies cruzadas:
Richard Toreve y Jason Madigan. Puedes ejecutarles para solidificar tu posición
como reina de los ghouls. A cambio, queremos que prometas por tu sangre que
llamarás de vuelta a tu gente y cumplirás todas nuestras demandas previas sobre
la niña pequeña y sobre nosotros mismos.
Algo de la hostilidad desapareció de su cara.
―Sé que es una niña, Reaper, pero debes de entender que nada excepto la
muerte detendrá la guerra entre nuestras razas.
Las palabras no fueron una sorpresa; las emociones que agitaron sí. Los
colmillos que habían retrocedido saltaron mientras luchaba contra la fuerte
urgencia de desgarrar su garganta por atreverse a decir tal cosa.
―Por eso es por lo que vas a decirle a todos que ya la mataste ―respondí en
una voz mucho más calmada de lo que me sentía.
La incredulidad arrugó su suave piel café con leche.
―¡Si la verdad fuera descubierta, mi gente me destrozaría!
La sonrisa de Bones fue una mezcla de hielo y acero.
―He ahí tu motivación para mantener tu palabra, ya que tu honor se prueba
vulnerable.
Marie le fulminó con la mirada un momento. Entonces dejó escapar un
suspiro profundo.
191
―Incluso si lo quisiera, lo que piden es imposible.
Su cuello sujeto por el poder de Bones se enroscó un instante.
―Si eso es verdad, entonces no nos eres de utilidad.
Sujeté su brazo, urgiéndole a no aumentar ese castigo sostenido. Es cuando
noté lo caliente que estaba. Debía de haberse alimentado justo antes de atravesar
la ventana.
―Dale una oportunidad ―dije, tan bajo que ella no era capaz de oírme.
Entonces miré a Marie―. Tu gente pasó cientos de años en cautividad por su raza.
Incluso después de todo ese tiempo, el recuerdo de eso aún debe de quemar.
La cabeza de Marie se sacudió cuando Bones la liberó para que contestara. La
conexión que compartíamos ahora me permitía sentir su ira como si palpitara a
través del aire.
―No ―soltó―. No tienes derecho, chica blanca.
―Yo no, pero Katie lo tiene. Hasta que huyó, la cautividad era todo lo que
conocía, también, y ahora ha sido marcada de muerte por su raza. ―Mi voz se
puso áspera―. O crees que eso está mal, o no.
Marie continuó mirándome, pero no dijo nada.
De repente, se sintió como si la temperatura cayera setenta grados. Al mismo
tiempo, el hambre aumentó con un picor que me recordaba a despertar como un
vampiro nuevo. Los Remnants empezaron a balancearse como si escucharan una
música que nadie más podía oír. Habían sido reactivados.
―Páralo ―dije cortante―. Si intentas usarlos otra vez contra nosotros, Bones
te cortará la cabeza.
Marie me lanzó una mirada irritada.
―No soy yo la que los está canalizando, eres tú.
―Gatita. ―La voz de Bones era suave pero urgente―. Mírame.
Cogió mis hombros y casi salto para alejarme. Sus dedos se sentían ardiendo.
Fue sólo cuando su agarre se apretó, sosteniéndome, que me di cuenta de que
había estado balanceándome como los Remnants. Marie tenía razón. Aunque no
estaba teniendo la misma respuesta loca que la primera vez que bebí su sangre,
estaba siendo arrastrada hacia el voraz y helado abrazo de la tumba. Lo forcé a
retroceder, intentando olvidar lo bien que empezaba a sentirse el frío. Entonces
sacudí la cabeza para aclarar los susurros que no venían de los pensamientos de los
vecinos cercanos. Si me perdía a mí misma, podría llevarme días recuperarme, y
no teníamos ese tiempo.
192
¡Déjalo salir!, me ordené a mí misma. Enfócate en Bones. Él es real, no este poder
hambriento y frío, y...
―¿Por qué estás aquí? ―le solté de repente―. Acordamos que vendrías sólo
cuando te llamara y te diera el visto bueno. De esa manera, si las cosas salían mal,
aún estarías vivo para ayudar a Katie.
Una sardónica sonrisa curvó sus labios.
―Olí tu miedo cuando Veritas preguntó si queríamos cambiar nuestro
acuerdo. Nunca tienes miedo por ti, así que sabía que era miedo por mí.
Luego me acercó, sus labios rozando mi frente mientras sus manos recorrían
mi espalda de una forma que era relajante y a la vez posesiva.
―Por eso no cumplí nuestro acuerdo, Gatita. Si no podías convencer a Marie
de salvarte, sabía que no me dejarías morir.
Qué arrogante presunción temeraria, y qué humillante que hubiera tenido
razón. Lo que no sabía era que la otra razón por la que había peleado tan duro para
vivir.
Katie. No podía dejarla morir tampoco.
Pensar en ella, ahí afuera sola, me dio la fuerza para sofocar el canto de sirena
de la tumba. Preparada o no, era madre ahora, y mi hija me necesitaba. No podía
decepcionarla. Demasiadas personas lo habían hecho ya. No estaba por añadir mi
nombre a esa lista.
Animada por ese conocimiento, cogí las manos de Bones, contenta de que ya
no se sintieran como si quemaran. Las voces se había ido también y, aunque aún
estaba hambrienta, el agujero sin fondo dentro de mí había disminuido.
Satisfecha de que no me iba a perder, volví mi atención hacia Marie.
―Si no quieres hacer esto por las razones correctas, hazlo por las egoístas.
Necesitamos que participes en esto tanto como nosotros, así que o llamas a tu
gente y les dices a todos que has matado a Katie o te matamos a ti.
Ella dejó escapar un suspiro que parecía contener todo el cansancio del
mundo, y cuando su oscura mirada encontró la mía, fue con resignación.
193
―Sí, recuerdo el cautiverio de mi pueblo, Reaper, por lo que si fuera tan
simple como decir que la niña está muerta, lo haría. No sólo para salvar mi propia
vida, sino porque soy mejor que esos que una vez esclavizaron a mi raza ―Luego
su voz se volvió frágil por amargura―. Pero a menos de que haya una ejecución
pública, seguirán cazándola. Incluso si juro que la maté, no estarán satisfechos, y
nuestras razas irán a la guerra finalmente. No puedo permitir eso, así que haz lo
que debas.
En ese momento, esperaba que Bones le cortara la cabeza. Una gran parte de
mí quería que lo hiciera. Lo que había esbozado era un futuro con nada más que la
muerte de Katie, y eso no podía aceptarlo. Por la sombría mirada en el rostro de
Marie, esperaba que Bones la matara también. Por eso las dos nos sorprendimos
cuando lo único que hizo fue tocarse la barbilla de forma reflexiva.
―Ejecución pública, ¿no? Si te prometemos eso, ¿estarás de acuerdo con el
resto de nuestros términos?
―¿Has perdido la cabeza? ―le pregunté horrorizada.
―¿Lo harás o no? ―presionó, ignorándome.
La sospecho convirtió las cejas de Marie en una sola línea oscura.
―Viniste a negociar por la vida de la niña. ¿Ahora estás dispuesto a
ejecutarla públicamente?
Los dientes de Bones brillaron con una salvaje sonrisa.
―Públicamente.
―Un demonio que lo estamos ―gruñí, golpeándolo con la suficiente fuerza
como para hacerlo retroceder.
Su poder destelló, abrazándome con lo que es el equivalente a una camisa de
fuerza sobrenatural.
―Gatita ―dijo muy bajo―. Confía en mí.
Marie nos miraba con el mismo grado de cautela, pero la curiosidad teñía su
mirada, también.
―De acuerdo ―dijo. Entonces aceptó el cuchillo que Bones le extendía,
cortando su mano con una sola dura tajada―. Lo juro por mi sangre.
El agarre invisible soltó su cuello.
―Entonces llama de vuelta a tu gente ―dijo Bones, dando a mi mano un
ligero apretón―. Nosotros haremos el resto.
194
Capítulo 32
E
195
sta sección del lado este de Detroit me recordaba a las fotos que había
visto de Alemania después de la invasión de los Aliados. Los edificios
abandonados se erguían maltratados, gigantes de concreto sobre las
calles que parecían vacías, hasta que los montículos de ropa a lo largo
de ellas se movían. La mayor parte de las farolas estaban apagadas, lo cual podría
explicar los cubos de basura en llamas, dado que la noche de verano no estaba fría.
De vez en cuando, una sirena lejana se escuchaba por encima de los otros sonidos,
pero a pesar de las peleas, cristales rotos, y un disparo ocasional, no había visto ni
un sólo coche de la policía. Bien por nosotros. Malo para aquel que llamaba hogar
a este lugar abandonado de América.
―¡Cat!
Fabian se me acercó con el rostro iluminado por una hermosa sonrisa.
Entonces un movimiento en el techo de uno de los edificios más bajos atrapó mi
atención. Me tensé hasta que reconocí al vampiro caminando hacia el borde.
―Bienvenidos ―dijo Ian, dijo sonando menos cordial―. Espero que
disfruten del olor. Un poco más de aguas negras, y sería igual al lugar en el cual
crecí.
Otra forma apareció detrás de él. En algún momento desde que había visto a
Tate por última vez, se había afeitado la cara y se había rapado el cabello a su corte
habitual a ras.
―El Sr. Pantalones Caros no ha dejado de joder desde que ha llegado
―murmuró.
Entonces Tate frunció el ceño, mirando más allá hacia la vacía calle.
―¿Por qué tienes un montón de fantasmas siguiéndote?
Me volví para ver al menos dos docenas de fantasmas arrastrándose a unos
cincuenta metros detrás de nosotros. Bien. Habíamos estado seguros que el poder
prestado de Marie atrajera a los fantasmas como si fueran mariposas y yo una
brillante llama. Detroit era una ciudad grande, y aunque Ian y Tate habían olido a
Katie en varios puntos, no habían logrado poner sus ojos sobre ella. Ahora
teníamos refuerzos, y gracias al poder de la tumba corriendo por mis venas, los
fantasmas se verían obligados a obedecer mis órdenes.
―¿Hacia dónde crees que se haya reducido la ubicación de Katie? ―pregunté
evadiendo la pregunta de Tate.
Su ceño me dijo que notó mi omisión, pero respondió sin más comentarios.
―Por lo que hemos reunido, se mueve alrededor, pero su olor ha sido más
fuerte en el antiguo depósito de libros, la antigua planta de coches Packard, la
antigua Estación Central, y la antigua iglesia en el bulevar East Grand.
―Gracias.
Entonces enfrenté a los fantasmas, quienes se habían aproximado más debido
a mis señales de acercarse.
196
―Necesito que encuentren a una niña por mí ―les dije―. Mide cerca de
metro y medio, cabello castaño, y sus ojos podrían brillar. Probablemente se está
escondiendo en uno de los lugares que mi amigo acaba de mencionar. Si la ven,
sólo díganmelo a mí o a este fantasma. ―Asentí hacia Fabian.
Mi séquito se dispersó tan pronto como terminé de hablar. Fabian se fue con
ellos antes de que pudiera especificar que él no estaba incluido en la orden. Tate
negó con incredulidad, pero una mirada de complicidad cruzó el rostro de Ian.
―Estás de vuelta en la salsa de Marie.
Bones voló hasta el techo. Lo seguí, aterrizando con sólo un paso adicional
para equilibrarme.
―Sí ―dije brevemente.
―¿Qué salda? ¿Y quién es Marie? ―preguntó Tate, recordándome que él se
había perdido mucho mientras trabajaba para Don estos últimos años.
―No es relevante en este momento ―declaró Bones―. Estos nuevos
acontecimientos lo son.
No dije nada mientras le informaba rápidamente acerca de Richard Trove
siendo un demonio, y por qué él había respaldado a Madigan durante casi una
década. Aún no hablé cuando Bones reveló que Katie era mi hija biológica, y cómo
eso era posible. Sólo después de que Ian preguntó. “Si ella era la madre, ¿quién es
el padre?”, rompí mi silencio.
―Los registros que Trove publicó nunca dieron un nombre. Dado que el
donante de esperma era cien por ciento humano, fue considerado… sin
importancia.
Entonces me detuve. Había estado dándole vueltas a si revelaba o no la
siguiente parte, pero mucho me había sido ocultado, por lo tanto no podía hacerle
lo mismo a otra persona. Especialmente a un amigo.
―Le pregunté a Madigan, pero todo lo que conseguimos de él es que era uno
de los soldados con los que estaba trabajando en ese tiempo ―terminé.
Tate dejó escapar un bufido de disgusto.
―Es por eso que seguían obteniendo muestras de cada líquido de nuestro
cuerpo. Don dijo que era para asegurarse de que nadie estuviera bebiendo para lo
que realmente era... ―Su voz se apagó mientras los puntos se conectaban.
Luego cayó de rodillas cediendo al peso del descubrimiento. No estaba tan
afectada porque ya había sacado cuentas. Alrededor de dos docenas de soldados
habían estado trabajando conmigo durante mi primer año. Algunos habían sido
asesinados en la misión, otros más desertaron debido al estrés, y algunos habían
sido transferidos a otras divisiones, pero sólo uno había estado allí todo el tiempo.
―Dios mío ―exclamó Tate.
197
―No es definitivo ―dije en voz baja―. Podría haber sido uno de los otros
chicos, pero Tate… pero incluso si hiciéramos pruebas en ustedes dos, no hay
manera de estar seguros. Desde que te convertiste en vampiro, cada célula de tu
cuerpo cambió. También el de Katie una vez que añadieron ADN demoníaco a su
composición genética.
Tate todavía lucía conmocionado ante la posibilidad de que la niña que había
estado tratando de encontrar podría ser su hija biológica.
Finalmente, pasó una mano por su cabello y me miró.
―Si las pruebas son inútiles, ella nunca sabrá quién es su padre.
Bones deslizó su mano sobre la mía, su agarre fue fuerte y seguro.
―Ella siempre sabrá quién es su padre.
Eso puso a Tate de pie en un instante. Ian lo regresó cuando se abalanzó
sobre Bones.
―Tú no... ―comenzó a decir Tate antes de que su boca se congelara junto con
el resto de su cuerpo.
―Así está mejor ―dijo Bones satisfecho.
No me gustó su método para frenar el argumento de Tate, pero para ser
justos, estábamos cortos de tiempo. Atravesé la distancia entre ellos y toqué el
puño cerrado de Tate, el cual se había congelado a medio lanzamiento.
―Tienes la posibilidad de uno entre veinte de ser el padre biológico, así que
si quieres ser parte de la vida de Katie, por supuesto que puedes. Bones no se
interpondrá en tu camino, pero él estará allí para ella, también. Como es mi deseo.
―Entonces me incliné para que así Tate no pudiera evitar mi mirada―. Pero
primero, tenemos que sacarla de aquí con vida. Eso tiene prioridad por sobre todo
lo demás, ¿no es así?
Tate parpadeó, lo cual me tomé como un sí. Bones lo liberó. Los dos hombres
se miraron el uno al otro mientras Tate sacudía sus miembros como para
asegurarse de que estaban de nuevo bajo su control. Luego, sus manos se
apretaron, y una mirada de pura determinación cruzó sus rasgos. No otra vez,
pensé, esperando que le lanzara un golpe a Bones otra vez. El alivio me llenó
cuando lo único que Tate hizo fue extender la mano.
―No me gustas, y probablemente nunca lo harás, pero a partir de este día,
estoy dispuesto a hacer una tregua por Katie.
Bones estrechó su mano con una breve y sardónica sonrisa.
198
―Tregua aceptada, y ya que siento lo mismo, al igual que Justina, al parecer
ahora tampoco podré librarme de ti nunca.
Tate dejó escapar una carcajada.
―Olvidé que esta tregua incluye a su madre. Eso es algo feo del karma que
los dos estamos pagando.
Fabian voló sobre el techo, deteniendo a Bones de cualquier que fuera a ser su
respuesta.
―¡La han encontrado! ―anunció el fantasma.
―Eso fue malditamente rápido ―murmuró Ian.
Lo fue, pero de nuevo, nadie podía esconderse de los muertos. Especialmente
cuando te tenían cercado en una pequeña área. Fue por eso que habíamos lidiados
con Marie primero antes de apurarnos a venir aquí. Ella no había sabido que Katie
estaba en Detroit, pero con un poco de tiempo, la hubiera encontrado. Lancé una
tensa sonrisa a los cuatro hombres, sintiendo la versión del vampiro de adrenalina
recorriendo a través de mi cuerpo.
―Muy bien muchachos. Vamos por nuestra chica.
* * *
Aterrizamos en el tejado de un edificio grande y cuadrado de grafitis
cubriendo cada centímetro de la cornisa. Al otro lado de la calle, un edificio mucho
más alto bloqueaba la luz de la luna, su hermosa arquitectura contrastaba con la
podredumbre que podía oler dentro.
―¿Dónde estamos? ―susurré.
―En Roosevelt Warehouse ―dijo Bones, manteniendo también su voz muy
baja―. Más comúnmente conocido como el depósito de libros de Detroit. Los
túneles lo conectan a la antigua estación de tren del otro lado de la calle. Tal vez es
así cómo Katie ha estado viajando de un lado a otro entre los dos.
Fabian asintió, luciendo triste mientras veía alrededor.
―Vine aquí antes, cuando era nuevo. Me encantan los libros, pero es muy
difícil para mí leer. Tengo que flotar detrás de la gente a medida que dan vueltas a
las páginas...
―Fabian, ¿dónde dijeron los fantasmas que estaba Katie? ―interrumpí.
Salió de su evocación.
―Síganme.
199
Fabian pasó a través de una de las puertas con barricadas de la estructura en
forma de choza. La impaciencia me hizo querer abrirla de una patada, pero eso
sería demasiado ruido. Esperé mientras Bones telequinéticamente retiraba las
tablas, luego la abrió tan silenciosamente como lo permitieron las oxidadas
bisagras.
Todavía me estremecía ante el ruido que hacía, ese sonido de crujido como
dos ollas golpeando mis crispados nervios. Una vez dentro, solo tomó una mirada
a la deteriorada escalera metálica para hacerme gesticular la directriz “a volar”.
Bones agarró a Tate, sujetándolo con una facilidad que desmentía la pesada
constitución del otro vampiro.
Sin hacer ruido, salimos disparados por la escalera, siguiendo a Fabian, quien
entraba y salía por los estrechos espacios hasta que desapareció por otra puerta.
Esta no estaba entablillada. Estaba abierta, dejando entrar un hediondo tufillo más
allá. Me obligué a pasar con el mayor silencio posible, extendiendo mi mirada
hasta la habitación contigua.
El olor a humo antiguo estaba casi dominado por el olor del papel en
descomposición, orina, muerte y desesperación. Libros, revistas, y manuales
acolchonaban el suelo casi treinta centímetros de profundidad en algunos lugares,
la tinta era casi ilegible por el tiempo y la exposición al agua. Pequeñas criaturas
habían hecho nidos en los escombros literarios, algunas de ellas seguían allí,
aunque en diferentes estados de descomposición.
Por el olor, no eran los únicos cuerpos en esa habitación, pero como Fabian
me hizo señas de avanzar, no me detuve ante el zapato que sobresalía de una pila
de pergaminos en ruinas. De todas maneras, esa persona estaba mucho más allá de
mi capacidad de ayudar.
El olor de humo reciente picó mi nariz cuanto más me acercaba al final de la
habitación. Fabian hizo una pausa flotando cerca del techo, y señaló hacia abajo.
La luz de una vela proyectaba un débil resplandor ámbar en medio de un
montón de libros apilados como un iglú parcial. Desde mi ángulo, no podía ver
por encima de él, así que fui más arriba, rozando el decadente techo en mi
entusiasmo.
Alcancé a ver una niña en cuclillas sobre un libro medio podrido, cuando el
derrumbe del yeso por mi cercanía la hizo levantar la cabeza. Nuestros ojos se
encontraron, y mientras yo la observaba, los ojos de ella comenzaron a volverse
brillantes, verde brillante. Mi dormido corazón comenzó a latir en un errático
staccato por la emoción que se apoderó de no mí.
Estaba viva, bien y (una vez que la sacáramos de aquí) segura.
200
―Katie ―exhalé, volando más rápido hacia ella.
Su mano se levantó como si me estuviera saludando. Entonces algo ardió en
mi pecho. Bones soltó a Tate y me cogió, girándome hacia él. Eso hizo que la
sensación de ardor fuera peor, pero todavía me retorcía para ver a Katie antes de
que finalmente la intensidad del dolor me hiciera bajar la mirada.
Un cuchillo sobresalía de entre mis pechos. El mango era de una extraña
combinación de papel y cuero viejo, pero debido al incendio que se propagaba por
todo mi cuerpo, podía decir que la cuchilla era de plata.
Capítulo 33
H
201
abía olvidado lo mucho que dolía al ser apuñalado en el corazón
con plata. La mayoría de los vampiros sólo sentían eso una vez;
afortunadamente para mí, esta era mi tercera vez. Tan horrible
como el dolor era, no me asustaba tanto como la debilidad que
volvía cada músculo flácido con parálisis instantánea. Luego venía la visión
borrosa y la audición embotada que causaba que todo pareciera muy lejano. Sólo el
dolor estaba cerca, enterrando al resto de mis sentidos bajo una cascada
inmisericorde de agonía.
Eso crecía con ferocidad insoportable mientras el cuchillo en mi pecho se
movía. Alguien gritó, un estridente y angustiado sonido. Habría huido en
cualquier dirección para escapar del terrible dolor, excepto que mis miembros no
funcionaban. Peor aún, un gran y opresivo peso se abalanzó sobre mí,
aplastándome.
Tal vez el edificio se derrumbó, razonó una parte aún funcionando de mi mente.
Eso explicaría la sensación de ser aplastada y sentir que el cuchillo se sacudía con
brutales movimientos de tijera. Si es así, debería estar muerta ya, así que, ¿por qué
todavía dolía tanto…?
Otro grito salió de mí, y convulsioné mientras las terminaciones nerviosas
surgieron con repentino y espasmódico movimiento. Entonces vi el destello de la
luz de la luna en una hoja manchada de rojo, antes de que se arrugara como si
fuera aplastada por un puño invisible.
―¿Gatita?
El dolor se desvaneció con su voz, y me dejó mareada por el alivio. La
debilidad fue más lenta al liberar su agarre, sin embargo, me llevó dos intentos
para sentarme.
―¿Dónde está Katie? ―Fueron mis primeras palabras.
Un músculo se flexionó en la mandíbula de Bones.
―No lo sé. Corrió después de que lanzó los cuchillos.
Salté levantándome, y rápidamente comencé a caer porque mis piernas se
negaban a sostenerme. Bones me atrapó antes de que aterrizara en la pila de libros
sobre la que me había puesto.
―¿Por qué no la detuviste? ―gemí―. ¡Podrías haberla congelado en el lugar
con tu poder!
Su agarre se apretó, la luz de su mirada brillando hasta que coloreó todo lo
que nos rodeaba de verde.
―Esa hoja aterrizó directamente en tu corazón ―respondió con los dientes
apretados―. Concentré todo mi poder en inmovilizarlo y a los tejidos a su
alrededor, así tú no morirías justo en frente de mí.
202
Su aura se quebró mientras hablaba, devastando mis emociones con un géiser
de rabia, alivio y miedo. Tal vez fue bueno que él no hubiera usado su poder en
Katie. Si la hubiera tocado con este mientras estaba así de molesto, podría haberla
matado accidentalmente.
Agarré su chaqueta, tanto para no perder el equilibrio como para acercarlo
más.
―Ella no conoce nada más, Bones. Depende de nosotros enseñarle.
―No, si ella sigue tratando de matarte ―fue su respuesta inmediata.
Nuestra primera pelea sobre crianza. Sin imaginar que sería sobre alguna
amenaza de vida en lugar de cuán tarde ella podía quedarse viendo televisión.
―Debería haberlo sabido mejor, en lugar de acercarme a ella cuando no sabía
quién era yo o si estaba allí para lastimarla. Esto no va a suceder de nuevo.
Luego descansé mi cabeza contra su pecho, dejando escapar un resoplido.
―Como si no lo supiéramos ya, esto demuestra que ella es mi hija. Yo
acostumbraba a apuñalar vampiros primero y presentarme después, también.
Un sonido oscuro se escapó de él, pero parte de la rabia se aplacó de su aura.
―Lo recuerdo muy bien, Gatita.
Estruendos llegando desde abajo me tenían girando fuera de sus brazos. Sólo
avancé un par de metros antes de que sintiera como que había corrido directo
hacia una pared invisible.
―Acababas de prometer que serías más cuidadosa ―dijo Bones con voz
exasperada―. ¡Correr con un desgarro apenas curado en tu corazón es lo contrario
de cuidadoso, Gatita!
Correcto. Puede ser que me tome días para estar de regreso con toda mi
fuerza, y Katie era más rápida y más hábil de lo que me di cuenta. Si sólo la parte
lógica de mi cerebro no fuera tres pasos detrás de mis recién despertados instintos
maternales, yo actuaría con mucha más prudencia.
―Ve tú primero ―le dije. ¿Ves? Muy cautelosa.
Bones me dio un corto y feroz beso, luego pasó por delante de mí, haciendo
crujir sus nudillos, como si se anticipara.
―Recuerda, no hay castigo por lo que ella hizo ―le advertí―. Es solo una
niña.
Su sonrisa depredadora no alivió mi preocupación.
―Tú solo aprendiste de la manera difícil, cariño. Si ella está mostrando tus
tendencias, entonces, sólo hay una manera de manejarla.
* * *
203
El estrépito había llegado desde el sótano, donde una de las muchas y
desvencijadas escaleras de caracol llevaba a una húmeda y desprotegida área del
edificio. Seguí el camino de Bones y salté hacia abajo, ya que ellas no parecían
como que podían soportar el peso de Katie, mucho menos el de un adulto. Esta
parte del antiguo almacén tenía más suciedad que libros, y si la conmoción
adelante no señalaba el camino, varios conjuntos de nuevas huellas lo hacían.
―¡Está dirigiéndose a los túneles! ―Escuché decir a Fabian.
Mi paso se aceleró, pero mis piernas todavía se sentían tambaleantes.
Malditos efectos persistentes por perforar mi corazón con plata. No había estado
tan debilitada después de tener todo mi cuerpo bombeado por completo de esto.
―¿Dijiste que este edificio se conecta a la estación de tren por debajo de la
calle?
Bones asintió, reduciendo la velocidad para envolver un duro brazo a mi
alrededor, soportándome. Debió haber captado mi ligero bamboleo.
―La estación de tren tendrá aún más túneles ―dije con una preocupación
creciente―. Podríamos perderla en el laberinto subterráneo, lo cual debe ser el por
qué está corriendo hacia allí.
Chica inteligente, pensé, y sentí una oleada de orgullo incluso cuando aparté el
brazo de Bones.
―Tú eres más rápido. Déjame y ve a buscarla. Voy a estar justo detrás de ti.
―!Katie! ―gritó Tate, su voz comenzando a hacer eco―. ¡Detente!
Bones me recorrió con la mirada, como si juzgara mis capacidades, luego se
volvió y voló, dirigiéndose hacia la oscuridad por delante. Traté de volar también,
y rápidamente planté la cara en el suelo.
―Ah ―gemí antes de escupir lo que esperaba fuera suciedad. Luego, con un
ligero tambaleo, me levanté y comencé a correr en la dirección en que Bones había
desaparecido.
―Si hubieras escuchado razones, muñequita…
La voz de Ian rebotó en las paredes antes de que escuchara un duro sonido de
golpe, entonces un indignado.
―¡Por qué, pequeña granuja!
Su voz había contenido distintos matices de dolor y sorpresa. A pesar de
sentirme horrible, sonreí. Parece que no era la única a la que Katie había logrado
tumbar.
204
―Suficiente.
La voz de Bones se acompañó de un crujido de poder que sentí, aunque
estaba a un par de cientos de metros detrás de él. Corrí más rápido, casi
tropezando sobre basura y escombros en mi prisa. Cuando doblé una esquina que
se abría a una sala de calderas, me detuve al ver lo que me saludó.
La camisa de Ian tenía un gran corte, revelando una cortada carmesí en su
pálido abdomen que todavía estaba sanando. Comparado con Tate que había
salido mucho mejor. Sólo tenía un corte manchado de rojo en su hombro y más
sangre fresca recubriendo su frente.
Bones no tenía ni una marca en todo su conjunto negro. Estaba parado en la
esquina de la habitación, su mano extendiéndose como si llamara un taxi.
Katie estaba suspendida en mitad del aire a unos quince metros de él, sus
piernas pateando la nada ya que el suelo no estaba en ninguna parte cerca de sus
pies.
Me acerqué, saboreando mi primera vista completa de ella que no implicara
un video granulado. Su cabello castaño ahora estaba casi negro de la suciedad, el
viejo hollín, o ambos. Lo había atado en una cola de caballo con una tira de tela
escocesa que debía haber cortado de la parte inferior de su camisa demasiado
grande. Un igualmente grande pantalón estaba enrollado en los tobillos y
amarrado a su delgado cuerpo con más material a cuadros. Sus zapatos también
parecían varias tallas más grandes, pero había envuelto cuerda con fuerza
alrededor de sus pies para evitar que se cayeran.
Si se había puesto creativa con sus ropas prestadas, eso no era nada en
comparación a los cuchillos que apretaba en esas manos pequeñas y pálidas. Las
cuchillas consistían de vidrio roto limado en precisas puntas, con portadas de
libros de cuero y cinta formando los mangos. Plata brillaba a lo largo del borde de
las cuchillas, provocando otra retorcida oleada de orgullo maternal. Casi me había
matado con uno de sus cuchillos caseros, pero maldita sea si ella no tenía
habilidades. Le habría tomado horas fundir suficiente plata para cubrir esas hojas,
y a pesar de que su peso estaba desequilibrado con respecto a los mangos, aún se
las había arreglado para tirar uno justo en el blanco.
Llegué más cerca, deseando saber de qué color eran sus ojos. Por el momento,
estaban iluminados con el verde vampiro, su brillo aterrizando en mi cara mientras
me acercaba.
205
Tantas emociones se dispararon mientras miraba hacia ella. Proteccionismo y
la preocupación que esperaba; había pasado por tantas cosas a una edad en que su
mayor preocupación debería haber sido perder sus dientes de leche. Miedo y
timidez como había predicho; quería tanto gustarle, y, por supuesto, no tenía ni
idea de cómo empezar a construir nuestra relación. Hola, soy tu mamá era
demasiado, demasiado pronto, y si trataba de abrazarla, ella probablemente me
apuñalaría de nuevo.
Lo que no había tenido en cuenta fue el amor que me golpeó justo en el
corazón. Ella podría también haberme golpeado con la flecha de Cupido antes, fue
tan repentino y fuerte. Yo, que tenía problemas de confianza de más de un
kilómetro de largo y había rehusado admitir que amaba a Bones hasta varios meses
después de nuestra relación, ahora sabía con absoluta certeza que amaba al
pequeño demonio homicida mirándome. Con ese conocimiento, una gran y
estúpida sonrisa estalló en mi cara.
Estábamos juntas ahora. Arreglaríamos el resto después.
La cautela reemplazó su expresión extrañamente estoica, recordándome
frenar los signos de mi recién descubierta alegría. Sonreírle mientras ella estaba
atada en una red telequinética probablemente me hacía parecer como una loca
villana.
―Hola ―dije, en lo que esperaba fuera una voz neutral―. Mi nombre es Cat.
No te preocupes, nadie va a lastimarte.
Ella miró a su cuerpo suspendido, luego a mí. Mentirosa, declaró su mirada
claramente.
―Vamos a bajarla ―le pedí a Bones.
Salió de la esquina, y su corazón se aceleró. Con su ropa negra, abrigo largo,
cabello oscuro y la mirada de nuevo a su color marrón natural, debía haberse casi
mezclado en las sombras para ella.
―Soy Bones ―afirmó en un tono firme―. Es mi poder el que te detiene allí, y
podría hacerlo mucho peor si lo decido.
―Bones ―le susurré―. ¡Deja de asustarla!
―No estoy asustándola ―respondió de manera uniforme―. Estoy hablando
con ella en términos que entiende.
Su mirada fría nunca se apartó de Katie mientras lentamente la bajó con cada
paso que daba.
―Sé un poco sobre crecer en circunstancias difíciles ―le dijo―. Hace que
entiendas dos cosas inmediatamente, quién tiene el poder y quién no. Yo sí, y tú lo
sientes tan bien como lo ves, ¿verdad?
206
Asintió, su expresión todavía sin revelar nada. He visto a personas con siglos
de edad que no tienen tan buena cara de póquer. Que ella pudiera reprimir
manifestaciones de emoción a una edad tan asombrosamente joven era una prueba
más de la forma retorcida en que había sido criada. La mayoría de los niños
mostraban sus sentimientos abiertamente, pero cualesquiera fueran los de Katie,
los había encerrado detrás de esa máscara de desapego.
Fue entonces cuando se me ocurrió que no podía oír sus pensamientos. Tal
vez era porque todavía estaba bajo el efecto del reciente estacamiento con plata que
me había hecho. Me concentré más fuerte, pero no conseguí nada más que un
sólido muro de negrura. Increíble.
Aparte de sus ojos brillando, parecía totalmente humana. Su piel estaba
demasiado sucia para ver si tenía la misma luminiscencia que la mía tenía cuando
era una mestiza, pero su respiración, los latidos del corazón y el olor, todo gritaba
mortal. No es de extrañar que fuera tan fácil olvidar que ella no lo era.
―Ya que tengo este poder ―continuó Bones―, puedes confiar en que
nosotros no te haremos daño, por la simple razón de que si te quisiéramos muerta,
ya lo estarías.
―¡Bones! ―le espeté.
―En camino a ganar el padrastro del año ―murmuró Tate.
Katie, sin embargo, apretó los labios en el primer despliegue de emoción que
había visto: contemplación. Entonces sus pies tocaron el suelo mientras Bones
terminaba de bajarla. Una vez que ella probó su peso y descubrió que estaba
parada por sus propios medios, sus ojos perdieron su resplandor sobrenatural y
comenzaron a oscurecerse. Cuándo volvieron al gris metálico, casi dejé escapar un
sollozo.
Tenía mis ojos. Mi nariz, también, y aquí estaba la esperanza de que el borde
de su barbilla fuera sucio en lugar de señales de la marca de terquedad Crawfield.
Sin darme cuenta, me agaché hasta que estuvimos a la altura de los ojos.
Y luego ella habló.
―Tú sanas como ellos, pero no eres uno de ellos, porque tu corazón aún late
a veces. ¿Por qué?
Dejo que su voz fluyera por encima de mí, almacenándola en partes que no
había sabido que existían hasta ahora. Su vocabulario estaba a años por encima de
su edad, al igual que el resto de sus rasgos, pero su voz mantenía el alto tenor y
juvenil tono agudo de un niño.
―Porque una vez ―dije con voz ronca―, yo fui como tú: parte humana y
parte algo más. Especial.
―Katie.
207
Tate se agachó junto a mí, sonriéndole con un brillo en sus ojos que no trató
de ocultar.
―Sé que me veo diferente ya que me afeité y corté mi cabello, pero me
recuerdas, ¿no es así? Aplastaste mi cuello cinco segundos después de que nos
conocimos.
―Seis ―corrigió con un solemne y pequeño parpadeo.
Él sonrió.
―Muy bien, seis. La única otra chica para patear mi culo así de rápido es Cat.
Ella me entrenó para pelear, ya sabes.
Ojos grises oscuros se encontraron con los míos, haciéndome que tomara
aliento. ¿Conseguiría acostumbrarme a ver mis propios ojos mirarme desde esa
carita?
―Me acuerdo de ti de la base ―declaró―. Tú intentaste hacerme ir contigo.
Eres muy difícil de neutralizar.
Por su tono, esa última parte fue un cumplido, aunque no estaba segura de
cómo responder. La persona que ella recordaba tratando de “neutralizar” en ese
entonces había sido Denise, cambio de forma para parecerse a mí. En realidad,
Katie sólo había intentado matarme una vez, y había estado malditamente cerca de
lograrlo.
―Gracias. ―Estuve de acuerdo, añadiendo―: Tú eres muy dura, también,
pero no tienes que serlo ya. Vamos a cuidar de ti.
Entonces no pude evitarlo; tomé su mano. Ella se estremeció, sus dedos
apretando su cuchillo. Después de una mirada a Bones, su agarre se aflojó.
La dejé ir. Si su primer instinto fue todavía apuñalarme, obviamente era
demasiado pronto para las muestras táctiles de afecto.
La mirada de Tate captó lo que pasó, también. Él puso su brazo alrededor de
mis hombros, dándome un firme apretón.
―Cat es mi amiga ―dijo cuidadosamente―. Abrazo a mis amigos a veces
para mostrar que estoy feliz de que ellos estén aquí. O tomo su mano así.
Sus dedos se entrelazaron con los míos, y sostuvo nuestras manos en alto.
Ella miró como si él mágicamente hubiera sacado un conejo de un sombrero.
Lo comprendí entonces, y no pude detener las lágrimas. A Katie nunca le
había sido enseñado tocar a nadie, excepto con violencia. No es de extrañar que
ella se hubiera estremecido cuando tomé su mano. Pensó que estaba a punto de
lastimarla.
208
―Pobre niña ―le susurré―. Está bien ahora, lo prometo.
―¿No es esto asquerosamente dulce?
El ronroneo burlón no vino de Ian, aunque por su expresión, había estado
pensando en algo similar. La tensión se disparó a través de mis emociones
mientras el poder de Bones hacía erupción, disparándose hacia esa voz, sólo para
tenerlo disipado como si lo hubiera canalizado al vacío.
―Ooh, haz eso de nuevo ―instó nuestro intruso invisible.
Lo reconocí ahora, y todo en mí se puso rígido. Trove.
Sonriendo, el demonio entró en la sala de calderas, su mirada teñida de rojo
saltando entre Katie y yo.
Estaba vestido con un traje y corbata, su cabello color acero peinado a la
perfección y los característicos rasgos guapos colocados en una máscara agradable.
Él podría haber estado yendo a otro evento de recaudación de fondos, parecía tan
planchado y pulido, y ya que no le habíamos oído acercarse, debía haber utilizado
su truco de teletransportarse para llegar hasta aquí, maldita sea su malvado
ocultamiento.
Bones bajó su mano. El demonio sólo se volvería más fuerte con otra
explosión telequinética.
―Cat ―dijo Trove con un ronroneo satisfecho―. ¿No vas a presentarme a tu
hija?
Me levanté de un salto, parándome entre Katie y Trove sin la menor
preocupación de que ella tuviera dos cuchillos de plata, y le había dado la espalda.
Tate gruñó, flanqueándome. Ian sacó sus armas, su boca curvándose en una
sonrisa desagradable.
Si éramos la imagen de la hostilidad, Bones parecía como en estado Zen.
Prácticamente se encaminó hacia el demonio, ambas manos en sus bolsillos como
si no pudiera preocuparse en levantar su peso por sí mismo.
―¿Qué te trae por aquí, compañero? ―preguntó con notable indiferencia.
Trove sonrió. La visión de esos costosos dientes blancos me hizo fantasear
con metérselos por su garganta hasta que se atragantara con ellos.
―Un gusto por el caos, por supuesto.
No quería quitar mis ojos de nuestro visitante no deseado. Entonces una voz
pequeña y clara preguntó:
209
―¿Realmente tú eres mi madre? El anciano dijo que estaba muerta.
No pude evitarlo; miré detrás de mí.
Inmediatamente, deseé no haberlo hecho. La cautelosa esperanza en la
mirada de Katie casi me puso de rodillas. Quería cubrirla con garantías de que
nunca, nunca estaría sola otra vez, luego quería abrazarla hasta que olvidara lo que
era sentir miedo. El único impulso más fuerte era mi necesidad de matar a la sucia
criatura que la amenazó.
Ya que tenía que hacer eso antes que lo otro, esto me dio la fuerza para dar la
vuelta, enfrentar a mi enemigo en lugar de a mi hija.
―El anciano mintió. Yo soy tu madre, y no voy a dejarte otra vez ―le dije, mi
voz fuerte a pesar de las paredes emocionales rompiéndose por todas partes
dentro de mí.
Tate me dio un codazo, lanzando un vistazo a un lado. Seguí su mirada,
viendo una pequeña puerta en la esquina más lejana de la habitación. Trove
bloqueó el camino por el que habíamos entrado a la sala de calderas, pero no
estábamos atrapados. Esta debía conducir a los túneles que Bones había
mencionado. No creía que fuera un accidente que su acercamiento hubiera
colocado a Bones justo en el camino de Trove. En caso de que el renombrado
político intentara detenernos, tendría que pasar través de Bones primero. Incluso si
la telequinesis de Bones era ineficaz contra él, eso aún le tomaría algún trabajo.
Trove miró detrás de nosotros, como si adivinara nuestra intención. Y luego
sonrió.
Sentí el zumbido antes de que el familiar olor terroso llenara la habitación.
Katie dejó escapar un pequeño jadeo.
Cuando me di la vuelta, más de dos docenas de ghouls bloqueaban la otra
puerta. De sus niveles de poder, ellos no eran chicos al azar que Trove había
teletransportado desde algún bar local de muertos vivientes. Eran combatientes
entrenados, y su musculosa construcción sólo añadía amenaza a su aire.
―¿Olvidé mencionarlo? ―preguntó Trove con falsa inocencia―. Decidí traer
a algunos amigos conmigo.
210
Capítulo 34
E
sto se sigue poniendo mejor y mejor, pensé cansadamente. No habíamos
traído a nadie con nosotros porque no quería llamar la atención de los
Guardianes de la Ley, y ahora éramos superados en número por
mucho.
El líder del grupo, un hombre alto afro-americano con los bíceps más gruesos
que mi muslo, dio un paso adelante.
211
―Danos a la niña ―ordenó.
―Jódete ―salió de mi boca antes de que me diera cuenta de que (a) en serio
necesitaba cuidar mi lenguaje ahora, y (b) la diplomacia sería la mejor táctica. Yo
podría ser capaz de limpiar el suelo con ellos si utilizaba mis poderes prestados,
pero estábamos tratando de evitar una guerra, no de iniciar una.
―Um, me refería a palitos de caramelo blando ―me retracté rápidamente―.
Y ustedes no necesitan llevarse a la niña. Su reina acordó llamar una tregua.
Trove parecía más sorprendido que los necrófagos.
―¿Ella qué?
No pude resistir una sonrisa de suficiencia.
―Oh, ¿así que no nos seguiste cuando fuimos a ver a Marie? Nosotros
llegamos a un acuerdo. Todo lo que tenemos que hacer es mantener nuestra parte
del trato, y ella y los ghouls nos dejan solos.
Nuestro fin era lanzar un video de Katie siendo supuestamente asesinada,
Marie había dicho que nada más que una ejecución pública serviría, y el Internet
era público, pero yo no estaba a punto de decirle eso a Trove. O la otra sorpresa
que teníamos reservada para él.
El ghoul corpulento sacó su teléfono celular, marcando.
―Mi reina, es Barnabus ―dijo momentos después―. Estoy con los vampiros,
y tienen a la niña. Ellos afirman que… ―Pausa―. Sí, lo entiendo… si esa es su
orden, majestic.
Colgó. Los otros necrófagos lo miraron expectantes. Trove casi saltó arriba y
abajo de impaciencia. Mis colmillos se deslizaron fuera, lista para extraer sangre, si
era necesario.
―¿Y bien? ―preguntó el demonio.
Barnabus se quedó mirándome, la frustración impresa por todas partes en sus
rasgos.
―La Reaper dice la verdad ―dijo, casi escupiendo las palabras.
No me moví, pero por dentro, estaba dejando escapar un grito y golpeando
los puños en el aire. ¡Marie había cumplido! Era conocida por mantener su palabra,
pero decir que estaba preocupada de que haría una excepción en este caso era
decirlo suavemente.
―Hemos recibido la orden de irnos ―continuó Barnabus.
¿Puedo decir Demonios. Sí?, sonó en mi mente, aunque una vez más, me quedé
perfectamente tranquila. Ni siquiera mostré una sonrisa: Me voy.
212
Trove, sin embargo, reaccionó como si hubiera tenido la cara llena de sal.
―¡Tienes que estar bromeando! ―El demonio hervía―. ¿Después de décadas
de planificación, lo mismo por lo que sus especies casi fueron a la guerra dos veces
está justo aquí, y están de acuerdo en alejarse en vez de pelear?
Las murmuraciones de los ghouls estaban de acuerdo con su evaluación. Mi
buen humor se desvaneció. Tal vez, a pesar de que Marie estaba manteniendo su
palabra, esto no había terminado aún después de todo.
―Lo he dicho siempre, si quieres que algo se haga bien, tienes que hacerlo tú
mismo ―continuó Trove con disgusto. Entonces se acercó a los ghouls mientras su
brazo se extendía en dirección de Katie―. Incluso si su reina es demasiado ciega
para verlo, esa niña es su perdición. Los vampiros ya tienen más habilidades que
los ghouls, pero ustedes han evitado que ellos los subyuguen porque ustedes son
más difíciles de matar. ¡Ella cambia esa dinámica de poder! A través de ella, los
vampiros pueden crear una nueva raza. ¡Una leal a ellos, con toda su inmunidad a
la plata y todos sus trucos de fantasía! Cuando eso suceda, ¿cuánto tiempo creen
que pasará antes que su pueblo esté encadenado? ¿Un siglo? ¿Dos?
―Tonterías. ―La voz de Bones resonó, cubriendo las murmuraciones más
fuertes de los ghouls―. Esta bestia podría dar una mierda por los de su clase. A él
le gustaría que ustedes creyeran que está siendo tan cooperativo, pero todo lo que
quiere es que nuestras razas se maten entre sí, comenzando con muchos de
nosotros aquí.
―Apollyon trató de advertirte ―declaró Trove sombríamente―. Él dijo que
si a ella se le permitía vivir, los ghouls sufrirían. ¿Y qué pasó? ¡El consejo de
vampiros lo asesinó, sin embargo, aquí parada está la prueba de que él tenía razón!
¡He aquí, a su hija, la primera de muchos en una nueva línea de sus
conquistadores!
A partir de sus expresiones endurecidas, Trove estaba golpeando un nervio.
Apollyon podría estar muerto, pero el daño que había hecho aún persistía. Si
representara a un político sería un experto en el uso de la retórica distorsionada
para su ventaja, sin importar cuán falsa o paranoica fuera.
―Marie dijo que se retiren ―les recordé―. ¿Quieren desobedecer a su reina?
―Oh, sí, obedezcan ―se burló Trove inmediatamente―. Pero, ¿a quién están
ustedes realmente obedeciendo, si dejan ir a la niña con ellos? ¿Crees que es una
coincidencia que sus órdenes cambiaron después de que ella le hizo una visita a
majestic? ¿No pueden ver? ¡Su sometimiento a los vampiros ya ha comenzado!
213
Oh, mierda, pensé cuando varios cuchillos salieron de sus vainas ante eso.
Parecía que Trove había logrado cambiar sus mentes.
―Y aquí vamos ―murmuró Ian.
Tres cosas sucedieron al mismo tiempo: Me giré, empujando a Katie hacia los
brazos de Tate con una urgente súplica: “¡Sácala de aquí!”, y el poder de Bones se
estrelló alrededor de los ghouls, congelándolos en su lugar. Trove desapareció,
reapareciendo un instante después detrás de Bones para envolverlo en un abrazo
aplastante.
Sentí el poder drenarse de Bones, tan repentinamente como si hubiera sido
estacado con plata. No lo había sido, sin embargo.
Las manos de Trove estaban vacías, los dedos abiertos cuando se clavaron en
el pecho de Bones mientras que el demonio se estremeció con lo que parecía
arrobamiento.
―No eres una comida, tú eres un banquete ―gimió.
Con un chasquido, la red invisible que Bones había echado sobre los ghouls
se rompió. Sólo habían estado confinados por unos segundos, sin embargo, eso
pareció ser suficiente para llevarlos de enojo decidido a rabia asesina.
―¡Maten a los vampiros! ―aulló Bernabé, levantando su cuchillo de plata.
―Corre ―insté a Tate, maldiciendo mentalmente cuando Katie se retorció de
su agarre. Al menos ella corrió en la dirección opuesta de los ghouls, Tate seguía
de cerca detrás de ella. Entonces saqué uno de mis cuchillos de mi abrigo. Había
usado este trapo en el calor del verano por una razón. En lugar de cargar contra los
ghouls como Ian hizo, corté mi brazo con un largo y ancho corte.
―¡Vengan!
Mi llamado retumbó a través de la sala de calderas, el eco regresando a mí
con un nuevo y misterioso coro. Hielo se disparó a través de mis venas, su efecto
escalofriante bienvenido debido a lo que anunciaba. Justo cuando Ian chocaba
cuchillos con Bernabé, los Remnants se alzaron del suelo y cayeron sobre los
ghouls.
Sus gritos se unieron a los aullidos que llenaron mi mente, así como mis
oídos. A diferencia de antes, yo no tenía la fuerza suficiente para luchar contra el
ser absorbida por el poder rodeándonos. La parte de mí que todavía podía pensar,
odiaba lo que estaba pasando porque los Remnants eran imbatibles. Hacía todo
para detener a la gente que quería matarme, pero liberar a los Remnants era similar
a presenciar una pelea de un cuchillo contra una bomba nuclear.
214
El resto de mi cuerpo estaba demasiado en sintonía con los Remnants para
preocuparme por la equidad. Con la puerta al otro lado ahora abierta de par en
par, su hambre me consumía. Eran las astillas de las emociones más primitivas que
las personas arrojaban cuando cruzaban, agudizadas por el paso del tiempo y
frenéticas por la negación sin fin. A medida que ellos atacaban a los ghouls, labios
y dientes que se habían vuelto polvo hace milenios finalmente llegaban a
alimentarse de nuevo, y por breves y brillantes momentos, su necesidad
insoportable fue apaciguada. Entonces, al igual que los adictos persiguiendo su
siguiente subidón, los Remnants desgarraron a los ghouls con más saña, buscando
los fragmentos de alivio que su dolor traía.
Ian no estaba canalizando poder de tumba, sin embargo, mostró menos
preocupación que yo por la injusticia de nuestra ventaja. Mientras los ghouls
estaban enfocados en las sombras agitadas que los desgarraban, quitó cabezas a
izquierda y derecha. Quería decirle que se detuviera, que tenía la intención de
cancelar a los Remnants y dar a los ghouls otra oportunidad de reconsiderar, pero
no podía hablar. Todo lo que salió de mi boca fue un largo y agudo gemido que se
hizo más fuerte, cuanto más fuerte se volvían los Remnants.
Luego, con el súbito cierre de golpe de una puerta, mi conexión a la tumba
fue cortada. La gloriosa frialdad corriendo a través de mí se volvió cenizas frías, y
las voces resonando en mi cabeza silenciadas.
Uno por uno, los Remnants desaparecieron. Mientras el lazo infinito de
necesidad dentro de mí se despejó, la confusión se levantó.
¿Qué había ocurrido?
―Libérala ―gruñó alguien.
Ahí fue cuando me di cuenta de que estaba retenida en un fuerte abrazo
desde atrás. No por Bones, cuando echando un vistazo hacia abajo me mostró
brazos más gruesos y peludos a través de mi abdomen en lugar de pálidos y
tensos. Los de Richard Trove.
El demonio se estremeció en forma enfermizamente parecida a la liberación.
―Eso es, de lejos, lo mejor que he sentido ―murmuró él en mi oído.
La repugnancia despejó lo último de la esclavitud a la tumba. En algún
momento, Trove me había agarrado y comenzó a alimentarse de mi poder.
Juzgando por cuán débil me sentía y que el último de los Remnants se estaba
deslizando de regreso hacia el suelo, había limpiado su plato.
Una vez más, tres cosas parecieron suceder a la vez: Bones se abalanzó sobre
Trove, sus movimientos lentos y torpes. Mordí mi labio para llamar a los Remnants
de regreso, pero no pasó nada excepto otro entusiasta estremecimiento detrás de
mí. Y los ghouls que todavía tenían sus cabezas se levantaron tambaleándose,
recogieron sus cuchillos de plata, y se dirigieron hacia nosotros.
215
―Cabrón ―dijo Ian con profunda convicción.
Capítulo 35
T
rove esquivó la estocada de Bones, disparándole mientras se
tambaleaba más allá. En lugar de recuperarse con su gracia habitual,
Bones aterrizó en un montón cerca de donde los ghouls avanzaban.
Por la sensación irregular de su aura, Trove había chupado todo su
poder con su abrazo castigador. A Bones apenas le había quedaba suficiente para
moverse, permitiéndole solo defenderse.
216
Eso me advirtió para luchar con todo lo que tenía, lo que resultó ser
terriblemente inútil.
Al mayor esfuerzo que ponía en liberarme, más vibraba Trove mientras hacía
ruidos felices. El demonio era como un Remnant de energía, volviéndose más fuerte
mientras me debilitaba bajo el asalto implacable de su hambre.
―¡No! ―grité cuando un descomunal ghoul fácilmente contuvo a Bones y
luego levantó su cuchillo para un golpe mortal.
Un borrón se dirigió hacia ellos, apartando a Bones y lanzándolo lejos de ese
golpe mortal. Un segundo más tarde, ese borrón regresó, acompañado por un
destello de plata que se convirtió en un arco de color rojo.
Ian aterrizó con fuerza suficiente para romper el suelo. Se dio la vuelta,
levantando la cabeza del ghoul que había intentado matar a Bones. Luego la lanzó
contra los comedores de carne restantes.
―¿Quién quiere un poco de mí? ―se burló de ellos.
Al menos ocho ghouls permanecieron, y todos ellos aceptaron la oferta.
Cuchillos de plata volaron hacia él, pero Ian fue más rápido, volando fuera de su
camino, con impresionantes acrobacias aéreas de las que no hubiera pensado que
fuera capaz. Cada pocos segundos, había usado esa velocidad increíble para
impulsarse hacia un ghoul, cortando una cabeza antes de que sus compañeros se
dieran cuenta de que uno de ellos estaba bajo ataque. Entonces había clavado la
cabeza como un receptor de la NFL celebrando una anotación.
Decir que eso enfureció a los ghouls era un eufemismo. Patearon a través de
las paredes, en sus intentos de usarlas como trampolines para atrapar a Ian
durante sus intercambios en pleno vuelo. Yeso, madera podrida, y polvo de
hormigón pronto espesaron el aire, haciendo más difícil ver. Pronto, solo las burlas
de Ian, más las amenazas de los ghouls y los ruidos de cosas estrellándose me
dejaron saber que la lucha continuaba. Sin embargo, sus travesuras incendiarias los
habían llevado lejos de Bones, quien todavía era apenas capaz de moverse a paso
de tortuga.
Mejor que nadie diga nada malo acerca de Ian a mi alrededor después de
hoy. Oficialmente amaba a ese hijo de perra.
Ya que mis luchas no habían hecho nada, me di por vencida, centrándome en
cambio en deslizar mis manos por debajo del abrazo férreo de Trove. Necesitaba
alcanzar mis bolsillos. Cuando el demonio tensó su agarre, previniendo eso, me
desplomé, fingiendo un desmayo.
217
No me sentía muy lejos de eso, en realidad. Mis oídos estaban zumbando, y
un cosquilleo nauseabundo había tomado residencia en mis miembros. No me
había sentido así de impotente desde que era mitad humano y un vampiro estaba
dándose un festín con mi cuello. Bones me había salvado entonces, pero ahora, me
tocaba a mí salvarlo. Se estaba arrastrando hacia nosotros, con una expresión
asesina aunque claramente le faltaba la fuerza para respaldar sus intenciones. Y
Trove podría no dudar en matarlo. Había dicho que me quería viva para alimentar
su guerra. No había dicho lo mismo de Bones.
No estaba dispuesta a correr el riesgo de descubrir lo que el demonio haría
una vez que Bones lo alcanzara. Mi debilidad de cuerpo completo tenía a Trove
ajustando su agarre, y eso me permitió lanzar una mano hacia mi bolsillo. Cuando
sentí la dura y delgada daga, casi sonreí, excepto que me negué a malgastar la
energía. Necesitaría todo lo que me había quedado para lo que iba a hacer.
Después de todo, Marie no había sido la única persona que visitamos antes
de llegar a Detroit. También nos habíamos detenido con Denise.
La cabeza de Trove estaba por encima de la mía, la barbilla descansando en
mi cráneo, por lo que sentía. Me apretaba como si fuera una caja de jugo, todo el
tiempo quejándose por mí quedándome sin energía. Estaba en lo cierto. Aparte de
agarrar ese cuchillo, no tenía ni un gramo de energía. Solo la había robado.
Bones casi nos había alcanzado. Sentí más que vi a Trove mirarlo, tal vez
contemplando drenar el resto de lo que había dejado, o con intención más siniestra.
Aun así, me quedé floja hasta el punto de falta de vida, reprimiendo mi creciente
ira.
―¿Ya vacía? Pensé que tendrías más lucha en ti ―dijo Trove, su tono
cargado con decepción.
Con ese comentario despectivo, me soltó, sin duda esperando que cayera al
suelo. No lo hice. Mis rodillas temblaron, pero se mantuvieron, y tan pronto como
su abrazo chupador de energía se había ido, el cuchillo de hueso que Ian había
hecho hace meses a partir de la pierna de Dense, brilló en un arco ascendente.
Aparte de sostener brevemente la mano de mi hija, sentir el cuchillo chocar
en el ojo de Trove fue el punto culminante de mi semana.
El demonio gritó, el sonido cortando a través del aire como si todos los
perros del infierno lo siguieran. Me di la vuelta, tratando el segundo y fatal golpe,
pero golpeó mi mano. Entonces su traje de Armani se dividió en las costuras
cuando su cuerpo comenzó a crecer a un ritmo increíblemente rápido. Rojo
apareció debajo de esos trozos de tela. No sangre. Piel, mientras el demonio
desgarraba su apariencia humana y se transformaba en su verdadera forma.
―¡Te voy a matar! ―rugió, agarrando el cuchillo de hueso.
218
Una parte de mí se sintió aliviada de que no hubiera utilizado su truco de
teletransportarse y desapareciera. El resto me dejó con un interno oh-oh, porque no
estaba en condiciones de defenderme. Tenía que intentarlo, sin embargo, y me
aferré al cuchillo con el agarre de los condenados mientras Trove trataba de
enviarlo lejos.
Incluso con un ojo destruido, su fuerza era demasiada. La hoja comenzó a
resbalarse de mis manos, cortándome por lo apretadamente que trataba de
aferrarme a esta. Justo cuando estaba a punto de ser arrancado completamente,
algo grande cayó sobre Trove.
Bones.
Podría haber perdido su fuerza física, pero su peso y volumen fueron
suficientes para aflojar el agarre de Trove. Conseguí un agarre más firme en el
cuchillo, evitando que el demonio lo arrojara. Trove soltó una feroz maldición,
tratando de lanzar a Bones y tirar de la hoja al mismo tiempo. No drenaba el poder
de ninguno de nosotros, sin embargo, y eso no podía haber sido un accidente. Tal
vez con un ojo destruido, no podía ya.
Traté de arrancar la hoja para otro golpe, pero el agarre de Trove era
demasiado fuerte. También había crecido medio metro durante nuestra lucha, su
forma ahora minimizada por el vampiro que se aferraba a él con sombría
determinación.
Esto no sería suficiente. Los dos estábamos demasiado debilitados para
contener a Trove el tiempo suficiente para golpear la hoja a través de su otro ojo.
Teníamos que intentar algo más. Algo más para obtener una ventaja.
Por un breve momento, los ojos marrón oscuro de Bones se clavaron en los
míos mientras nuestros rostros se alineaban; él sobre la espalda de Trove, yo
enfrente comprometida en un juego letal de tira y afloja. Mi mirada debió haber
transmitido mi desesperación, porque Bones hizo otra cosa. Algo impensable.
Sus colmillos se estrellaron contra la garganta de Trove y chupaba con tanta
fuerza que las venas de su cuello se hincharon. En un segundo, estaba tan
horrorizada que me congelé. ¡Bones sabía que la sangre demoníaca alterada era
similar a la heroína para los vampiros! Es por eso que Denise tuvo que mantener
su nueva naturaleza en secreto. La sangre demoníaca solía ser vendida en el
mercado negro de los muertos vivientes como una droga, y los Guardianes de la
Ley la ejecutarían en el acto si supieran que era una fuente de la misma.
219
Trove soltó otro aullido y trató de arrojar a Bones. Solo tuvo éxito en
desgarrarse un canal de alimentación más grande cuando los colmillos de Bones
cortaron más profundo por los empujones. A pesar de los esfuerzos frenéticos del
demonio, Bones se mantuvo. Ante mis ojos, sus movimientos se hicieron menos
lentos y descoordinados. Pronto, estaba agarrando a Trove con tal ferocidad que el
demonio tuvo que dejarme ir para evitar que Bones masticara su cuello.
Ahí fue cuando comprendí. Mermado de todo su poder de costumbre, sin
sangre humana disponible para reponerlo, Bones se había volteado hacia la única
fuente disponible, la sangre del demonio. Con sus propiedades narcóticas para los
vampiros, esta le dio a Bones la misma fuerza artificialmente inflada que un ser
humano con PCP9 experimentaba.
Probablemente no sintió cuando Trove los llevó hacia atrás, aplastando a
Bones contra el suelo con su nuevo y más grande cuerpo. El hormigón se abolló
alrededor de ellos, y todavía Bones se mantuvo rasgando el cuello de Trove,
tragando esa corriente carmesí tan rápido como aparecía. Luego, sus brazos y
piernas se envolvieron alrededor del demonio, sin liberarlo, incluso cuando Trove
comenzó a chocar contra todo en un intento de liberarse.
Esta era mi oportunidad.
Salté hacia Trove, y por algunos y molestos momentos, fui golpeada y
aplastada junto con ellos.
Se sentía como estar atrapado en el fondo de una roca de concreto que estaba
siendo rodada por la ladera de una montaña, pero no pude revertir el dolor
cuando las costillas chasquearon y los huesos se quebraron con los movimientos
castigadores del demonio.
Todo en lo que me concentré fue en aferrar ese cuchillo, y cuando Trove nos
impulsó hacia un rincón, acuñándonos brevemente entre dos redes de
intersecciones de tuberías, golpeé.
PCP: La fenciclidina, conocida por su abreviatura del inglés, PCP, es una droga disociativa usada
como agente anestésico que posee efectos alucinógenos y neurotóxicos. Se le conoce comúnmente
como Polvo de ángel, Hierba mala o Píldora de la paz.
9
El cuchillo se estrelló contra su mejilla, una falla. Seguí adelante, la sangre
deslizándose por los bordes afilados mientras lo empujaba más duro, más
profundo, tratando de hundirlo a través de su pómulo.
Las nuevas garras de Trove desgarraron a lo largo de mi espalda, triturando
el cuero, luego piel y tejido. Todo mi cuerpo palpitaba de dolor y el mareo que se
apoderó de mí era, o bien de la utilización de lo último de mis fuerzas en mis
esfuerzos por matarlo, o daño craneal por los intentos brutales de Trove de
liberarnos de la maraña de tubería.
220
Nada de eso importaba. Todo en lo que me centré fue en su único y brillante
ojo rojo. Seguí clavando el cuchillo en su cabeza, pero pronto quedó claro que
carecía de la fuerza para empujarlo más allá de la defensa de su pómulo.
Entonces Trove nos arrancó del laberinto de tuberías que nos había atrapado
brevemente. Por un momento, estuvimos en el aire, Bones aferrándose a la parte
posterior del demonio, todavía en lo alto con un cuchillo sobresaliendo bajo el ojo
del demonio. Como en cámara lenta, vi el piso del sótano acercarse, y se apoderó
de mí una idea.
Con un grito que era a partes iguales furia y frustración, equilibré la
empuñadura del cuchillo contra mi pecho y me lancé hacia adelante. Golpeamos el
suelo en el instante siguiente.
Mi peso más el impulso de nuestros tres cuerpos chocando contra el concreto
logró lo que mi debilitada fuerza no pudo. La cuchilla de hueso llegó a casa,
hundiéndose hasta el final a través del ojo de Trove.
La sangre salió a borbotones cubriendo mis manos, y un nuevo dolor agudo
era ocasionado por la empuñadura o bien agrietando mi esternón o pinchándolo.
Me negué a soltarlo. En su lugar, le di a lo que podía sentir de la hoja un feroz
empujón, sin parar hasta que este golpeó la parte trasera del cráneo de Trove. Solo
cuando esa tremenda forma empezó a encogerse, arrugándose sobre sí mismo
como un globo desinflándose lentamente, aflojé mi agarre sobre el cuchillo de
hueso. Finalmente, cuando nada más que un esqueleto, un traje, y el olor a azufre
permaneció entre Bones y yo, lo solté.
Durante unos dichosos segundos, cerré los ojos, todos los músculos de mi
cuerpo aflojándose con un alivio tan profundo, que pensé que realmente podría
haberme desmayado. Entonces la voz familiar de Bones penetró a través de mi
agotamiento.
―Quítate, cariño, estoy volando como un maldito cometa. No quiero ni
pensar en lo que haré.
Una carcajada se me escapó. Si Bones volando era nuestro mayor peligro, esto
había resultado ser el mejor día.
221
Capítulo 36
R
uidos entremezclados llamaron mi atención hacia el otro lado de la
sala de calderas. Ian apareció, cubierto de tierra, sangre, y de mucho
menos ropa, de que lo que le habían dejado, le había arrancado la
mitad. Incluso le hacían falta mechones de su largo cabello cobrizo.
Nunca lo había visto peor… y nunca había estado más feliz de verlo.
―Lo hiciste ―exhalé.
222
Echó un vistazo a los restos del demonio entre nosotros.
―Así como tú, pero esto no ha terminado. Mencheres está aquí, y trajo a
Marie Laveau, a los Guardianes de la Ley, y al consejo de vampiros con él.
Sentí hasta los pies cómo mi sangre fue sustituida por combustible para
cohetes. Todos mis peores temores se hicieron realidad cuando Tate apareció
detrás de Ian, y su expresión mostraba una mezcla de rabia y desesperación. Ni un
músculo en él se movía, y flotaba varios centímetros por encima del suelo.
Desde que el poder de Bones había mermado, Mencheres debía de haber
estado controlando a Tate, pero no lo había visto todavía. Mi mirada era solo para
Katie mientras flotaba detrás de Tate, la alarma plegaba sus delicados rasgos en
lugar de su estoicismo habitual.
Corrí hacia ella. O lo intenté. Después de los dos primeros pasos, me
encontraba envuelta en lo que parecía ser un puño gigante invisible. Me apretaba
desde la barbilla hacia abajo, haciendo imposible escapar y dificultando el hablar.
―Déjame ir ―me las arreglé para decir con los dientes apretados.
Mencheres sí apareció entonces, y tenía un séquito. Veritas era la única
Guardián de la Ley que conocía por su nombre, pero reconocí a los otros tres
hombres. Hace años, habían supervisado el duelo de Bones con Gregor, lo que
significaba que teníamos historia. Casi había sido ejecutada por interferir en ese
duelo, y había algunos que todavía pensaban que lo debí haber sido.
Marie estaba a un lado, su larga falda negra, y chaqueta sastre del mismo
color enviaban más destellos de temor a través de mí. Lucía como si fuera a un
funeral, y aunque los tres vampiros detrás de ella no estaban ataviados
sombríamente, sus expresiones eran más oscuras que la boca de un lobo.
―¿Qué demonios es esto?
El duro tono de Bones no pudo ocultar su insulto. Dopado como estaba, se las
arregló para ponerse de pie sin tropezar. Sin embargo, no fue más lejos. El poder
de Mencheres se disparó y lo detuvo.
―Estoy haciendo lo que debe hacerse ―dijo su amigo y gran señor. Entonces
unos ojos de obsidiana encontraron los míos, había abundancia de compasión en
sus profundidades―. Lo siento, Cat ―añadió Mencheres en voz baja.
―¡No!
223
Salió de mí con toda la agonía de las esperanzas suscitadas, que luego fueron
destruidas. ¡No podíamos haber llegado tan lejos para perder todo ahora! Trove
estaba muerto, Marie había jurado dejarnos en paz, y habíamos encontrado a Katie.
Miré a los ojos de mi hija y juré protegerla. Podría no creerme, pero con el tiempo,
se lo demostraría. Iba a tener todo el amor y la aceptación que se le había negado
antes, y para hacer mi promesa una realidad, lo único que teníamos que hacer era
irnos.
Gracias al vampiro mega-maestro y sus asociados no-muertos, no podríamos,
incluso si Bones y yo tuviéramos toda nuestra fuerza. Olvídate de Marie; la sala de
calderas crepitaba con el poder viniendo de los cuatro Guardianes de la Ley y tres
concejales. En cualquier momento, podía empezar a llover chispas.
―¿Cómo pudiste?
Mis palabras eran ahogadas sobre todo por la dificultad de decirlas con mi
barbilla congelada. Marie y los otros vampiros no nos habían encontrado por
suerte. Solo Mencheres sabía a dónde íbamos.
Veritas dio un paso adelante, su túnica blanca crujía por toda la energía
sobrenatural en el aire.
―Mencheres hizo lo que pudo por ustedes. A cambio de entregarnos a la
niña, sus mentiras ahora quedarán impunes.
―¡Nosotros no pedimos tu maldita ayuda! ―gritó Bones.
Mencheres dejó escapar un profundo suspiro.
―Ustedes no lo hicieron, pero como co-gobernante de nuestra línea, no te
podía permitir arrastrar a nuestro pueblo a la guerra. Eso es lo que habría pasado,
y el resultado habría sido el mismo. Tarde o temprano la niña moriría. De esta
manera, solo una vida se perdería en lugar de miles y miles.
Todo mi cuerpo vibraba por las virulentas emociones que me recorrían. Si me
hubiera quedado algo de poder, la cabeza de Mencheres habría sido arrancada de
sus hombros al escuchar esas palabras.
―Por favor, no hagas esto.
Mi voz se quebró por el odio y el miedo corriendo dentro de mí. Quería
matar a todos, no mendigar, pero con mi cuerpo inmovilizado y mis habilidades
agotadas, rogar era lo único que me quedaba.
―Por favor. Nos la llevaremos lejos. Nunca tendrán que volver a verla, y no
habrá ninguna guerra, ¡lo prometo!
Gruñidos urgentes salieron de Tate, era su única manera de expresar su
suplicante acuerdo. Mencheres había congelado todo en él, al parecer.
―No hay otra manera ―dijo un miembro del consejo quien podría haber
sido el doble de Gandalf de El Señor de los Anillos. Luego sorbió mientras se
adentraba más en la habitación, acercándose al cuerpo de Trove.
224
―El hedor de azufre que emana de ese demonio está en todas partes.
―¿Estás a punto de asesinar a una niña y lo que encuentras más
desagradable es el hedor de un demonio? ―El tono de Ian era mordaz―. Se
llaman a sí mismos protectores de nuestra raza, pero lo único que veo delante de
mí son cobardes.
―Silencio ―ordenó el vampiro de cabello blanco. Luego se volvió hacia el
Guardián de la Ley del cabello negro salvaje y de características mediterráneas―.
Thonos.
El vampiro sacó una hoja curva de plata que era más larga que mi antebrazo.
Luego se acercó a Katie, agarrando su cabello. Veritas desvió la mirada, su boca
estaba apretada.
―¡No, por favor! ―grité. Mis dientes desgarraron mi labio inferior,
derramando la sangre, pero aunque deseé con todo mi pánico que aparecieran los
Remnants, nada sucedió. Trove me había drenado demasiado.
Las lágrimas borboteaban de mis ojos, nublando mi visión de rosa que
rápidamente de convirtió en escarlata.
―Espera ―dijo Marie.
La esperanza surgió cuando Thonos se detuvo con la perversamente larga
hoja en alto. El que se parecía a Gandalf alzó una ceja, pero asintió en señal de
conformidad.
Marie se me acercó, limpiando mis ojos con enérgicos golpes no carentes de
suavidad.
―No puedes llorar, Reaper ―dijo con la voz muy baja para que nadie más
que yo pudiera oírla―. Llevas mi poder. Si lloras, condenarás a tu hija a la misma
suerte que a tu tío. Debes ser fuerte ahora. Esa es la única cosa que puedes hacer
por ella.
Una loca esperanza me recorrió. Es verdad, si yo lloraba, ¡la sangre en mis
lágrimas regresaría a Katie a ser un fantasma! Por un loco momento, disfruté el
pensamiento. Si era la única manera en que pudiéramos estar juntas, lo tomaría.
Había visto a otros niños fantasmas, y no parecía que fueran miserables…
―Kitten.
Mi mirada pasó de Marie a Bones. Me miraba fijamente, su expresión
transmitía en igual medida severidad y angustia.
―No ―dijo simplemente.
225
Fue entonces que el dolor estalló, tan sobrecogedor que casi se sentía
purificador. Por supuesto que no podía hacer eso. Estaría sentenciado a Katie a un
destino más duro que el que estos bastardos despiadados habían decretado, y peor
aún, por la misma razón. El egoísmo.
Querían acabar con la amenaza de la guerra por el camino más fácil en lugar
de enfrentar el tema principal… que después de decenas de miles de años, los
vampiros y demonios aún tenían una desconfianza profunda entre sí porque eran
de diferentes razas. ¿Por qué tratar de resolver su feo y subyacente prejuicio
cuando cada pocos cientos de años, podían simplemente asesinar a cualquier
persona que se los recordara?
Quería a mi hija conmigo, pero a diferencia de ellos, prefería el camino duro.
El cual me dolería más a mí que a ella. Si tan solo pudiera ser una madre para ella
durante los próximos segundos, me aseguraría de no fallar.
Marie tenía razón. Era lo único que podía hacer por mi hija.
Con un sonido áspero, contuve mis lágrimas. Luego usé toda mi fuerza de
voluntad para mantener a raya las nuevas que querían salir. Cuando mis ojos
estuvieron finalmente secos, asentí tanto como pude.
―Lo tengo.
Marie tocó mi cara. No para enjugar ninguna lágrima perdida, ya no estaban.
Como una bendición.
―Eres un adversario digno ―dijo en voz baja.
Luego se dio la vuelta y se fue, tomando lugar junto al consejo de vampiros y
Guardianes de la Ley. Con amargura, noté que esperaban en una sola línea detrás
de Thonos. Habían ordenado la muerte de Katie, pero debían no desear verla a los
ojos mientras moría. La espalda del alto y musculoso ejecutor bloqueaba la mayor
parte de su visión.
Nada bloqueaba la mía. Me quedé mirando a Katie, cada célula de mi cuerpo
gritaba por el dolor que me negué a expresar por medio de las lágrimas. La niña se
quedó mirando el cuchillo que estaba por encima de ella como si estuviera
hipnotizada, su facciones reflejaban una mezcla de miedo y determinación.
Entonces, como si hubiera sentido mi mirada, volteó a verme.
226
En toda mi vida, me habían disparado, apuñalado, estacado, quemado,
mordido, golpeado, estrangulado, había sido golpeada por un auto, y me habían
torturado por medios físicos y metafísicos. Nada se comparaba a la angustia que
sentí cuando nuestras miradas se encontraron y vi la aceptación en la de ella. Sabía
que nada podía salvarla, y a pesar de su evidente miedo, estaba de acuerdo con
eso. Tal vez era porque, en su corta y cautiva existencia, nunca había sabido que
había más por lo que vivir, y no solo la fealdad y la muerte. Mucho más, como la
esperanza, el amor, la risa, el baile… y ahora nunca lo conocería.
Todo terminaría aquí.
Algo se rompió dentro de mí. Me las arreglé para contener las lágrimas, pero
no pude detener el sonido que se me escapó. La agonía se convirtió en mi aliento y
rompió el silencio que se había apoderado de la habitación.
Entonces tres palabras se deslizaron en mi mente, habladas en un susurro y
que alguien se las había arreglado para que resonaran a través de mis
pensamientos.
Confía en mí.
Mis ojos se abrieron de par en par. Mencheres era la única persona que
conocía que tenía la habilidad de comunicarse telepáticamente, sin embargo, esa
no había sido su voz.
Era la de Bones.
Una pequeñita parte de mí estaba asombrada de que tuviera esta habilidad,
pero el resto estaba demasiado destruido por la pena como para preocuparse.
¿Confiar en él? ¡Era tan inútil como yo para detener esto!
Confía en mí, repitió su voz interiormente, lo suficientemente enfática para
ahogar mis pensamientos.
La ira estalló a través de mi dolor. ¿Confiar en qué, en que íbamos a superar
esto juntos?, o ¿en que el tiempo iba a curar todas las heridas? Bien, no tenía
intención de sanar. Quería sentir este dolor para siempre porque sería lo único que
me quedaría de mi hija…
¡Confía en mí!
La cuchilla de Thonos comenzó a descender hacia esa pequeña y vulnerable
garganta. Katie todavía me miraba, y por una fracción de segundo, sus ojos
cambiaron del mismo tono gris profundo igual al mío a algo más.
Roja.
La mirada de Katie debía de ser capaz de volverse de un solo color. Color
vampiro verde brillante. El rojo era el signo de otra raza. El único que se suponía
que la niña no tenía en su composición genética mixta.
La esperanza me aplastó con la fuerza suficiente para derribarme si hubiera
estado de pie bajo mi propio poder, pero no lo estaba. Mencheres todavía me
tenían en ese agarre invisible, y en el instante desgarrador antes de que la mortal
cuchilla tocara su carne, vi la sala de calderas a través de nuevos ojos.
227
Cuatro Guardianes de la Ley, tres miembros del consejo, y la reina de los
demonios, estaban todos presentes para la ejecución de la niña de especies
mezcladas. Todos desde la línea de Bones podría considerarse testigos poco fiables
por razones personales, pero nadie se atrevería a cuestionar a cualquiera de ellos si
realmente
se hubiera dado el caso. Nunca antes habían actuado
misericordiosamente cuando se trataba de proteger el equilibrio de poder entre las
razas, y nada había cambiado a través de los siglos desde entonces.
Al menos sin una ejecución pública, Marie había dicho, continuaran su cacería.
Había creído tanto en eso, que se había preparado a morir por ello.
Y Bones había dicho: Si te prometemos eso, ¿estarás de acuerdo con el resto de
nuestros términos? Me había horrorizado, pero antes de que pudiera expresar mi
indignación, me había inmovilizado al igual que Mencheres.
Kitten, confía en mí, había dicho entonces.
Confía en mí, me había insistido tres veces en este rato.
Me aferré a eso con toda la esperanza en mí, mientras la cuchilla cortaba el
cuello de Katie, saliendo empapada de carmesí al otro lado. Su cuerpo cayó, y la
visión de Thonos sosteniendo su cabeza me golpeó como una bola de demolición
directamente al corazón. La colocó junto a su cuerpo, eliminando el exceso de
sangre de su espada, y mi propia sangre pareció gritar en respuesta.
Las lágrimas eran un flujo interminable en los ojos de Tate. Marie agachó la
cabeza. Los otros dos Guardianes de la Ley estaban estoicos a excepción de Veritas,
quien se quedó mirando el cuerpo de Katie con una intensidad que me enfureció.
¿Estaba tratando de memorizar la horripilante vista?
Los miembros del consejo no veían su obra. Se removieron casi
incómodamente. Ahora que el hecho estaba consumado, parecían mucho menos
entusiasmados con el asunto.
No podía dejar de mirar la desplomada forma de Katie, con la cabeza
descansando a varios centímetros del resto de ella. Horror, esperanza y terror se
mezclaron en un nauseabundo brebaje dentro de mí.
¿Me equivoqué y estaba viendo a mi hija? ¿O era esta mi mejor amiga
transformada para parecerse a ella? Y si así era, ¿podría regresar de esto? Se
suponía que nada la mataría a excepción del hueso de un demonio clavado en sus
ojos, pero Dios mío, ¡ya no tenía cabeza!
―Dejen el cuerpo.
228
La voz de Mencheres me sobresaltó. Pareció sorprender a los miembros del
consejo, también. El que se parecía a Gandalf frunció los labios en señal de
desaprobación.
―No acordamos eso.
―Lo hicieron. ―El acero bordeaba las palabras de Mencheres―. Y dejarán la
espada. Como madre de la niña, tiene derecho a ambos.
Los otros miembros del consejo se miraron unos a otros, claramente
indecisos.
Veritas dio un paso adelante agarrando la mano de Thonos antes de que este
pudiera poner su arma de nuevo en la funda.
―Ordenaron la muerte de la niña por necesidad ―dijo secamente―. Negar
esta solicitud sería crueldad. No le nieguen esto cuando hemos tomado todo lo
demás.
Thonos no la detuvo cuando le quitó la espada y la puso a mis pies. Mientras
se ponía de pie, por un segundo, su penetrante mirada se topó con la mía.
Lo que vi me hizo jadear. Sin decir una palabra, se las arregló para transmitir
tanto admiración como una clara advertencia. A menos que supiera más que los
otros, ¿por qué haría eso?
¡Ella no podía saber!, rugió mi mente. ¿O sí podía?
Entonces Veritas se dio la vuelta.
―La niña y la espada se quedan, pero tendré algunos huesos del demonio.
No fue una pregunta. Aspiré una bocanada de puro terror. ¿Y si quería
revisar los ojos de Katie/Denise?
Mencheres fue hacia el cuerpo del demonio, rompió uno de los brazos de
Trove como si no fuera más que una ramita seca.
―¿Suficiente? ―preguntó, extendiéndosela.
Veritas lo tomó, analizándolo críticamente.
―Servirá.
Entonces, para mi gran alivio, pasó por delante de la forma encorvada de
Katie sin darle una sola mirada para unirse a los otros Guardianes de la Ley.
Ninguno de ellos me miraba. Eso estaba bien. No quería ver otra vez a
ninguno de ellos.
―Hemos terminado ―declaró el líder de cabello blanco―. Tu colaboración
será recordada, Mencheres.
229
―Así como su traición ―replicó inmediatamente Bones, pronunciando en
voz alta las primeras palabras desde que Thonos había agarrado a Katie. Luego
miró a Mencheres―. Juré por mi sangre que gobernaríamos juntos nuestras líneas.
Por el bien de mi pueblo, no anularé eso, pero mi esposa y yo nos iremos, y no nos
verás por mucho tiempo.
Mencheres dejó caer la cabeza.
―Lo entiendo, y una vez más, lo siento mucho.
―Y con mucha maldita razón lo sientes ―dijo Ian con disgusto.
Se acercó a Trove, quitó la chaqueta de los restos óseos del demonio. Luego
fue y envolvió el cuerpo de Katie en ella, cabeza y todo. Debido a lo pequeña que
era, la cubrió en su totalidad.
Marie, los Guardianes de la Ley, y los miembros del consejo se fueron sin
decir nada más. Durante unos momentos, el ruido de sus pasos resonó en el suelo
ruinoso del depósito de libros; y luego se hizo el silencio. El poder opresivo que
habían emanado también se disipó, hasta que no quedó nada, excepto la energía
que irradiaba de Mencheres.
Con un chasquido tangible, el capullo en el que había estado encerrada
desapareció. Así como los de Bones y Tate. Ambos nos apresuramos hacia el
montón de ropa frente a Ian, pero Tate fue directo a Mencheres y lo golpeó tan
duro, que escuché los huesos de su mano hacerse añicos.
―Te mataré por esto ―juró con voz estrangulada.
El pulso de energía que sentí fue probablemente Mencheres regresándolo a
una restricción invisible, pero no me moví de los montoncitos frente a mí. Mi mano
se extendió, luego me detuve. Tenía miedo de retirar la tela y también de no
hacerlo. ¿Encontraría todo lo que esperaba, o descubriría que todo lo que había
temido se había hecho realidad?
Mencheres se arrodilló junto a nosotros. Cuando miró los bultos debajo de la
cubierta, la resignación cruzó su rostro moreno y apuesto.
―Charles me matará una vez que escuche de esto.
―Solo después de que haya terminado de freír mi culo ―respondió Bones en
un tono igualmente sombrío.
―¿Charles? ―Ian sonaba furioso y confundido―. ¿Qué tiene él que ver con
todo esto?
―Mucho ―respondió Bones, recogiendo cuidadosamente el abrigo y
pegando el bulto a su pecho―. Lo explicaré más tarde. Agarra a Tate y traten de
mantener el ritmo. ¿Mencheres?
230
―Te tengo ―respondió su co-gobernante, lanzándome una de sus raras
sonrisas―. A todos ustedes.
No tuve oportunidad de responder. O de preguntar si el bulto que Bones
acunaba era Denise, ¿dónde estaba Katie? Mencheres agarró la espada
ensangrentada y el resto del esqueleto de Trove, luego todos fuimos catapultados
al aire. Antes de que llegáramos al techo, un jodido agujero se abrió,
permitiéndonos pasar sin impactarnos. Entonces las ventanas vacías en la primera
planta cambiaron, los marcos de metal se extendieron hacia afuera como ramas
desnudas tratando de alcanzar el cielo.
Nos apuramos a través de ellas hacia la noche, sin dejar nada detrás en el
edificio en ruinas, excepto sangre y el olor a azufre.
Capítulo 37
M
231
encheres nos llevó de vuelta a Chicago, pero no a la gran finca que
compartía con Kira. Una vez que llegamos a las afueras de la zona
metropolitana, descendimos en la parte posterior de una iglesia
de dos pisos.
Era bien pasada la medianoche, por lo que no había luces encendidas en el
interior. Sin embargo, todo el ruido de los edificios de los alrededores hizo
imposible discernir si estaba vacío. Puede ser que fuera tarde, pero partes de
Chicago seguían muy despiertas, y nos encontrábamos justo fuera del distrito más
concurrido de la ciudad.
Bones cambió el paquete que sostenía y seguimos a Mencheres a la puerta
lateral. Con la rapidez con la que Mencheres nos había impulsado aquí, no había
sido capaz de confirmar quién estaba en el abrigo porque el viento había
arrebatado mis palabras. Ahora, la pregunta se disparó de mí como una bala de un
arma.
―Eso es Denise, ¿no es así?
La puerta lateral se abrió y Mencheres entró. Bones me miró, dudando.
―Sí.
El alivio volvió mis rodillas gelatina. La alegría me mantuvo en posición
vertical, y la ansiedad hizo a mi estómago tambalearse. Todavía podía ver dos
piezas distintas debajo del abrigo que Bones sostenía.
―¿Eso es Denise? ―dijo Tate con incredulidad.
Ian dejó escapar un silbido.
―Tienes razón; Charles te va a matar, y eso solo si ella regresa de esta. Si no
lo hace, va a mantenerte con vida para que pueda torturarte durante décadas.
Temor por mi mejor amiga hizo que mi voz temblara, no preocupación por la
predicción de Ian.
―¿Puede volver de esto? Claro, otros demonios dijeron que solo un hueso de
sus hermanos podría matarlos, pero la decapitación mata a un cien por ciento del
resto de la población.
―Considero que estamos a punto de averiguarlo ―murmuró Bones.
Luego desapareció en el interior por la misma puerta que lo había hecho
Mencheres. Los seguí, demasiado preocupada acerca de Denise para comentar
acerca de la ironía de la elección de una iglesia para ver si alguien marcada con
esencia demoníaca podría resucitarse a sí misma.
232
La sección trasera tenía una pequeña cocina, tres oficinas y un baño.
Mencheres y Bones pasaron por todos ellos, entrando en el santuario principal por
una puerta lateral. La esencia de velas, incienso, y pulidor de madera perfumaba el
aire. Vidrieras bordeaban el perímetro superior del santuario, transformando la
luz ordinaria de la calle en rayos de malva, azul, ámbar y esmeralda. Los colores
iluminaron las bancas vacías, el área de coro, y la cruz que colgaba al frente y al
centro sobre el altar.
Katie estaba por debajo de ella, flanqueada por Gorgon, Kira, y un hombre
humano que me resultaba vagamente familiar. No les presté a ninguno de ellos
una segunda mirada porque no podía apartar los ojos lejos de mi hija. Estaba viva.
Entera. Sin heridas. Mientras miraba, se apoderó de mí el deseo de abrazarla
mientras la giraba en delirantes círculos, feliz, y con la urgencia de dejarme caer a
mis rodillas mientras sollozaba mi agradecimiento a Dios.
Ambas acciones la alarmarían. Ya había hecho grandes progresos por estar
allí de pie en lugar de correr o tratar de apuñalar a nadie, y verme descomponerme
en un ataque de histeria difícilmente sería tranquilizador.
En su lugar, le sonreí mientras me acercaba con pasos lentos y medidos.
―Hola, Katie. Veo que has conocido a mis amigos.
Esos matices de colores bailaban sobre su cara mientras daba un paso hacia
mí, con la cabeza inclinada hacia un lado.
―Me quedé con ellos como pediste ―dijo con su voz aguda y musical.
¿Al igual que pedí? Antes de que pudiera preguntarle a qué se refería, Tate me
pasó empujándome con los hombros, deteniéndose cuando vio a Katie. Por su
expresión atónita, no había creído lo que le dije acerca de Denise hasta ese
momento.
―Katie ―respiró con el mismo susurro reverente que la mayoría de las
personas utilizan cuando están en la iglesia. Entonces cayó de rodillas, sus anchos
hombros empezando a temblar por los sollozos.
Sus ojos se abrieron, y ella miró hacia atrás. Sí, alarmada, como había
imaginado. Le di un codazo a Tate, susurrando:
―Recomponte, estas asustándola ―dije mientras mantenía la sonrisa en mi
rostro.
Bones proporcionó una amplia distracción cuando puso el abrigo voluminoso
sobre la banca más cercana. Mientras desprendía la tela empapada de sangre, no
fui la única quien jadeó a lo que estaba debajo.
Una réplica exacta de la cabeza de Katie descansaba contra el pequeño y
delgado cuerpo. Pequeños, pálidos brazos cruzados, casi haciendo que pareciera
que la doble sin cabeza estaba abrazándola contra su pecho.
Tan inquietante como la vista era, estaba más molesta de que no hubiera ni
un atisbo de regeneración en los tejidos expuestos. Denise no se estaba
recuperando de la horrible lesión.
Bones tenía la misma preocupación.
233
―Nathanial ―dijo firmemente―, ¿por qué no le ha crecido una nueva cabeza
todavía?
Nathanial. Ahora lo recordaba; el pelirrojo desgarbado era relativamente
mucho más viejo que Denise. Una vez había sido marcado por esencia demoniaca,
también, que es el por qué no había envejecido en los siglos desde entonces.
―¿Cuánto tiempo ha pasado desde que esto sucedió? ―preguntó Nathaniel,
sonando más inquisitivo que preocupado.
―Casi dos horas ―dice Bones.
Lógicamente, sabía que estaba en lo cierto, pero se sentía como solo minutos
desde que habíamos dejado el depósito de libros. Emociones actuaron como su
propio tipo de máquina del tiempo, ralentizando o avanzando rápido
dependiendo de las circunstancias.
―¿Porque eso se ve como yo? ―preguntó Katie en un tono muy calmado.
Contuve mi gemido. Había estado tan ansiosa por Denise que no había
pensado en proteger su mirada. Un día en el trabajo y ya era una mala madre,
dejando que mi niña mirara un cuerpo decapitado.
―Um, creo que debemos ir a la otra habitación… ―comencé.
―Ella es un cambiaformas ―interrumpió Bones, respondiendo a la pregunta
en lugar de preocuparse por lo que Katie vio. Tal vez era porque todavía estaba
borracho de sangre de demonio.
Cuando Katie siguió mirando, Bones explicó.
―Los cambiaformas pueden transformarse en cualquier cosa que ven o se
imaginan. Dado que las personas estaban detrás de ti, esta eligió su forma. Eso
permitió a Gorgon llevarte lejos sin que supieran que te habías ido.
―¿Por qué me ayuda? ―preguntó.
Le respondí, mi voz resonante de emoción.
―Porque es mi amiga, y sabía que no quería que murieras.
Por un breve momento, la máscara facial de Katie se agrietó de una manera
que nunca había visto antes. Su boca poco a poco curvándose en una tentativa
sonrisa.
―Su engaño fue brillante ―dijo en su lengua vernácula demasiado formal.
234
Terrible Momento de Madre Numero dos: no me atreví a decirle a Katie que
no había sabido sobre el cambio de Denise hasta los últimos segundos antes de que
la espada de Thonos se balanceara. No habría admitido que había sido incapaz de
cumplir con mi promesa de mantenerla a salvo solo unos minutos después de la
hice, ya que Katie me había sonreído. Mentí para conseguir otra de esas.
―Gracias ―digo, luchando con otra urgencia de abrazarla.
Su sonrisa se desvaneció, demasiado rápidamente.
―Pero ahora está muerta, deberías llevarla lejos antes de que comience a oler.
Me estremecí, tanto en el razonamiento frío y el temor de que podría estar en
lo cierto. ¡Querido Dios, por favor, deja a Denise volver de esto! Lo que había hecho iba
más allá de la amistad, y más allá de la valentía. No podía soportar que pudiera
haber desaparecido para siempre por su desinteresado acto. Incluso el
pensamiento me hizo querer llorar sobre sus restos hasta que no quedara nada en
mí.
―No “eso”―dije con voz ronca―. Ella, Katie. Ella.
Teníamos una batalla cuesta arriba para desprogramar todo de la formación
sin conciencia de Madigan. Katie tenía siete años, y su número de muertos podría
ser docenas, pero de alguna forma dentro de esa cáscara militante prematuramente
envejecida era una niñita. Solo tenía que pelar las capas para encontrarla.
―Y Denise no está muerta ―añadí con una rápida oración de que estuviera
en lo correcto―. Regresará de esto.
Katie expresó su duda con un lento y solemne parpadeo.
―Está regresando, niña ―acordó Nathaniel, su tono confiado era un bálsamo
para mis miedos―. Me ocurrió la misma cosa una vez, y aquí estoy, todo en una
pieza. Estará bien. Ya verás.
Ian lanzó una mirada sardónica a la cruz sobre nosotros.
―Mejor escuchar la esperanza de alguien, amigo, o una vez Charles llegue,
todos estaremos jo…
―Completamente conscientes ―interrumpí, mirándolo―. Completamente
conscientes de cuán terrible sería su perdida.
Ian bufó.
―Mi lenguaje es la menor de sus preocupaciones, Reaper.
Cierto, pero…
―Todo el mundo tiene que comenzar en alguna parte, Ian.
―Silencio. Siento algo.
235
La voz de Mencheres cortó a través de la iglesia, arrastrando los ojos de todos
hacia él. A su grave expresión, me tensé. ¿Nos había seguido hasta aquí uno de los
miembros del concejo y Guardianes de la Ley?
Entonces un ruido crepitante chasqueó mi mirada de regreso a la banca, y
aspiré un horrorizado aliento. La cabeza decapitada de no Katie se hundió, la piel y
el tejido evaporándose con la misma rapidez que Trove lo hizo cuando lo apuñalé
una segunda vez en el ojo. Esa corona de cabello castaño sucio cambió también,
curvándose en la nada como siendo quemado por llamas invisible. En cuestión de
segundos, solo un cráneo desnudo había quedado. Un grito escapó de mí cuando,
con un pop, implosionó dentro de sí mismo, desapareciendo hasta que todo lo que
quedaba era una pequeña pila de polvo.
―No ―susurré. ¡Oh, Denise, no!
Algo onduló sobre los restos sin cabeza, de color grisáceo y tan rápido que
me recordó a los Remnants durante un frenesí asesino. Luego cambió,
convirtiéndose en un rosa más pálido en lugar de ceniza, explotando sobre la
pequeña forma sin vida como ola tras ola de golpes de surf. En lugar de contraerse,
el cuerpo de la no Katie se hinchó, incrementándose hasta ropas que se habían
hundido del exceso de material ahora estirado y apretado.
No recuerdo moverme hacia ella, pero de alguna forma estaba de pie sobre la
banca, mirando abajo con incredulidad como color caoba satinado parecía
derramarse desde el enorme agujero en su cuello. Un globo pálido siguió,
expandiéndose como un balón debajo de un grifo corriendo libremente. Otro
borrón de movimiento y se convirtieron en características distinguibles en medio
del lienzo de su nueva piel. Justo cuando el botón superior se desprendió de su
camisa manchada de sangre de su cuerpo para llenar sus proporciones normales
con curvas, pestañas oscuras se abrieron, revelando ojos color avellana
parpadeando hacia mí.
―Cat ―dijo Denise con voz áspera―. ¿Fun… funcionó?
Me hundí a mis rodillas, un feliz sollozo estallando fuera de mí. Fue la única
respuesta de la que fui capaz.
236
Epílogo
La gran nave se balanceaba arriba y abajo en las olas agitadas del Atlántico,
sujeta en el lugar por el ancla que habíamos dejado caer hace una hora. REAPER
solía estar estampado en rojo a través del casco, pero ahora decía RESPITE10 en
letras de color verde espuma de mar.
237
Me gustaba más el nuevo nombre. Significaba el cambio de dirección en mi
vida. La Red Reaper no estaba más, para todos los intentos y propósitos. Al menos
por un buen, buen rato. La sociedad vampiro y ghoul creía que Bones y yo
habíamos desaparecido porque estaba sobrecogida por el dolor, y él estaba enojado
realmente con su co-gobernante. Solo un puñado de personas sabía que ningún
escenario era correcto.
La mayoría de esas personas se habían reunido en la rocosa costa de Nueva
Escocia cerca de dos kilómetros de donde estaba anclado nuestro barco. No
habíamos tenido la oportunidad de decir un adiós apropiado antes, especialmente
con algunos de ellos estando al otro lado del mundo, mientras los acontecimientos
estaban pasando en Detroit y Chicago.
Esto resolvió lo que había pasado hace un par de semanas desde entonces.
Ahora, Spade ya no trataba de golpear a Mencheres y a Bones al verlos.
Todavía los miraba mal, sin embargo, y su brazo parecía estar soldado
permanentemente al costado de Denise.
Ni siquiera la dejó ir cuando ella me abrazó después de que Bones y yo
salimos de nuestro bote.
―Por milésima vez, estoy bien ―lo reprendió Denise, apretándole la mano.
Entonces me dio una sonrisa torcida―. Aunque nunca quiero hacer eso de nuevo.
No fue realmente doloroso, pero, ¿sabes que todavía podía ver por unos segundos
antes de desmayarme? Si hubiera tenido pegado un estómago, habría vomitado a
ciencia cierta.
Siempre estaría agradecida, y sorprendida, por lo que ella había hecho. Que
pudiera bromear al respecto ahora mostraba cuán profundo corría su valentía.
En cuanto a Katie, estábamos enseñándole un discurso normal en lugar de su
jerga de estilo milicia, entre las muchas otras formas en que tratábamos de
reacondicionar el entrenamiento de Madigan. Tomaría un tiempo, y estaba bien
10
Respite: significa respirar.
con eso. Se rió por primera vez ayer, cuando mi madre había aplastado a Tate,
luego a Bones, con un mero recién capturado después de que los dos hombres
habían estado riñendo sobre la mejor manera de prepararlo. Nosotros cinco en el
mismo bote había hecho a mi madre murmurar “Vamos a necesitar un barco más
grande” más de una vez, pero estaba tan feliz como nunca la había visto.
Si nunca había pensado en ser madre, ella realmente nunca pensó en ser
abuela, y parecía hacer su misión compensar los errores de crianza que había
cometido conmigo prodigando amor a Katie.
―Es mi segunda oportunidad ―había dicho, mirándome con remordimiento
en sus ojos azules.
238
Entendí la silenciosa disculpa, y la acepté. A veces, todo el mundo merecía
una segunda oportunidad.
Es por eso que un fantasma ahora se cernía sobre el Respite, permaneciendo
en el barco con Katie, Tate, y Justina mientras que Bones y yo nos despedíamos.
Don no tenía a nadie a quien necesitara decir adiós. Como un fantasma, podía
pasar rápidamente de un lugar a otro con facilidad, sobre todo porque la esencia
de Marie actuaba como una especie de GPS en mis venas. Además, no se estaba
quedando en el barco mientras viajábamos. Bones no lo había perdonado y tal vez
nunca lo haría, pero ante mi insistencia, a Don le estaba permitido visitar a Katie
por un par de horas cada pocos días.
Una vez que eligiéramos un lugar más permanente al que llamar casa, podría
colgar su ectoplasma cerca si quería. La familia era la familia, y ¿qué si algunos
miembros no se llevaban bien? Bueno, queríamos darle a Katie una educación tan
normal como fuera posible. No se volvería más normal que eso.
―Voy a extrañarte ―le dije a Denise, liberándola de mi abrazo.
Sonrió, parpadeando para alejar el brillo en sus ojos color avellana.
―También voy a extrañarte, pero vamos a vernos la una a la otra después de
que te instales en alguna parte.
―No demasiado pronto después de eso ―murmuró Spade en voz baja.
Denise le dio un golpe simulado.
―Escuché eso.
La mirada que le dirigió a ella era tan amorosa, que no me importó que Spade
de alguna forma nos odiara en este momento. Él era maravilloso para mi mejor
amiga, que era lo importante. Además, no podía culparlo por estar enojado, a
pesar de que Denise actuó por su propia voluntad. Cuando amas a alguien, la idea
de casi perderlos te volvía loco. ¿Quién era yo para juzgarlo por eso?
―Hasta la vista, amigo ―dijo Bones, tendiéndole la mano.
Spade la miró. Entonces la agarró, utilizándola para tirar de Bones en un
abrazo rápido y firme.
―Hasta la vista, Crispín ―dijo con voz firme.
Escondí mi sonrisa. Sabía que él perdonaría a Bones finalmente. Su historia
era demasiado larga y con múltiples capas para que no lo hiciera.
239
Entonces Bones se volvió hacia la voluptuosa vampiro rubio fresa que estaba
de pie a la izquierda de Spade. Nosotros estábamos en una playa rocosa con rocío
salino salpicándonos, y Annette todavía se había vestido para la oficina. Incluso
llevaba tacones. Su maquillaje se veía un poco peor por el desgaste, pero eso era de
las lágrimas derramándose de sus ojos color champaña.
―Oh, Crispín, te echaré mucho de menos ―dijo cuando la envolvió en un
abrazo.
Una vez, la visión de Bones abrazando a su ex amante me habría llenado de
celos. Ahora, solo me sentía mal por Annette. Lo había amado desde que los dos
eran humanos, y mientras Bones tenía un gran afecto por ella, nunca se había
sentido de la misma manera. Tenía la esperanza de que un día, encontrara a
alguien para amar quien la amara de regreso. A pesar de sus defectos, y un
incidente muy memorable el día en que nos conocimos, Annette había demostrado
ser muy leal. Es por eso que Bones confió en ella con este, su mayor secreto.
―Vas a ser un padre maravilloso. ―Oí su susurro cuando ella lo dejó ir.
―Ya lo es ―le dije, sonriendo a Bones. Luego abracé a Annette, queriendo
decir cuando dije―: Tuvimos un comienzo difícil, pero resultaste ser una buena
persona.
Su resoplido de alguna manera era propio de una dama.
―¿Qué es un intento de matarnos la una a la otra entre amigas, verdad,
querida?
Me reí cuando la dejé ir.
―Mis pensamientos exactos.
―¿Podemos pasar esto de largo? ―declaró una voz aburrida―. Tengo
lugares en lo que estar y gente a la que follar.
―Ian, no voy a abrazarte ―dije mientras me acercaba a él―. Te conozco bien.
Con eso, le di una bofetada lo suficientemente dura para voltear su cabeza
hacia un lado. Cuando se había enderezado, me lanzó una sonrisa maliciosa.
―Finalmente, me das lo que quiero. Sabía que me amabas, Reaper.
―Oh, desde el principio ―le aseguré, rodando mis ojos.
Bones agarró a Ian, abrazándolo mientras los dos intercambiaban palmadas
de hombres en la espalda.
―Te veo pronto, primo ―declaró Bones cuando terminaron.
―En realidad lo harás ―respondió Ian, guiñándome un ojo.
Conseguí abrazos de oso de Juan, Dave, y Cooper el siguiente. Cambiar había
erradicado la mayor parte del daño que Madigan había hecho, pero Cooper
siempre se vería en el lado áspero de la delgadez en lugar de su voluminoso
cuerpo normal.
240
―Los voy a extrañar mucho chicos ―les dije―. Manténgase a salvo,
¿quieren?
Cooper dejó escapar un gruñido divertido.
―Bones está dejando a Mencheres cuidando nuestras espaldas mientras estás
fuera, así que, ¿cómo no podríamos? ―Entonces su expresión se volvió seria―. He
estado encerrado aprendiendo a controlar mi hambre, así que dime una cosa, Cat:
¿Él está muerto?
―Sí ―dije firmemente―. Madigan está muerto.
No había estado allí para verlo. Ni tampoco lo había estado Bones. Mencheres
había ejecutado a nuestro antiguo némesis, quitando su cabeza con una explosión
de ese poder increíble. Madigan nunca supo qué lo golpeó, había dicho Don. En un
momento, había estado balbuceando acerca de los colores de creyones que le
gustaban; al siguiente, ya no estaba más.
El Madigan que había destruido tantas vidas no se merecía un final tan fácil,
pero todo lo que habíamos tenido para dejar era su caparazón. Hacer que ese
caparazón pagara por los crímenes del otro no me parecía justo. Concederle la
misericordia de una muerte rápida y sin dolor lo hizo. Incluso el caparazón sabía
demasiado para que Katie estuviera segura.
Una forma oscura apareció en el cielo oscuro por encima de nosotros,
ahuyentando esa línea de pensamiento. Entonces esa forma se dejó caer con
velocidad cercana a la del sonido, aterrizando de espaldas a nosotros a una docena
de metros de distancia.
Solo tenía que ver el largo cabello negro azotado en el viento para saber que
era Mencheres. Le concedo al antiguo faraón el saber cómo hacer una entrada.
Cuando se dio la vuelta, esperaba que la mujer estrechada contra su pecho
fuera Kira. Cuando vi el corto y espeso cabello negro, y un tono de piel
decididamente más oscuro, me quedé atónita.
―¿Por qué está ella aquí? ―dije jadeando.
Marie se desprendió de Mencheres con majestuosa gracia, pero parecía tan
sorprendida de verme como había estado de verla.
―Dijiste que tenías negocios críticos conmigo, Mencheres ―dijo ella, con la
voz más fría que la temperatura de la brisa de la tarde―. ¿En su lugar, me has
traído aquí por venganza?
―No ―dijo Bones, agarrando mi mano y tirando de mí hacia adelante―.
Estás aquí para serte recordada tu palabra, majestic.
241
¿Él iba a decirle que Katie estaba todavía viva? Dios mío, ¿por qué?
¡Estábamos casi listos con nuestras despedidas y en nuestro camino a una salida
limpia!
Entonces me detuve. Bones nunca pondría en peligro a Katie, así que ¿que me
estaba perdiendo? Una sombra apareció en mi visión periférica, y después de un
vistazo, la empujé a un lado.
Solo un fantasma. Había estado atrayéndolos como la peste atraía a las
moscas, lo cual era el por qué estábamos pasando unos pocos meses en un barco
antes de establecernos bien en Nueva Zelanda o en Australia. Los fantasmas no
frecuentaban el agua abierta, y para el momento en que tomáramos nuestra
decisión de a dónde ir, y llevar a Katie hasta el punto en donde pudiera interactuar
con la gente sin lanzar grande banderas rojas, el poder de Marie estaría fuera de mi
sistema.
Hasta entonces, tendría que enviar a este lejos con instrucciones de no repetir
nada de lo que hubiera visto u oído.
Lo mismo que había hecho con todos los demás últimamente, y…
―¡Por supuesto! ―dije en voz alta.
Las cejas de Marie subieron como diciendo, ¿estás compartiendo con el resto de
la clase o no?
―Bones está en lo cierto, no estás aquí porque queremos venganza ―dije
secamente―. No la necesitamos. Katie está viva.
La boca de Marie en realidad cayó, entonces me miró de un modo extraño,
como si se preguntara si mi mente se había roto por el dolor.
―No veo cómo eso es posible ―dijo en un tono neutral.
―Un demonio cambiaformas quien nos hizo un favor ―le informé―. Solo
puedes matar a los demonios de una manera, y la decapitación no lo es.
La sospecha y la incredulidad compitieron en sus rasgos antes de que se
volvieran perfectamente lisos.
―Si la persona ejecutada no era la niña, ¿por qué me lo dirías?
―Eres la única persona que puede encontrarnos sin buscar ―declaró
Bones―. Con esos esbirros vaporosos tuyos, nadie puede ocultarse de ti.
―Así que si algunos fantasmas cuentan cuentos de una extraña familia de
vampiros que encontraron, puedes ordenarles que se callen ―añadí―. Mi poder
para mandar a los fantasmas se desvanecerá, pero el tuyo nunca lo hará. Es por eso
que estamos contándote acerca de Katie. Vas a ayudarnos a mantenerla en secreto.
La boca de Bones se curvó.
242
―Y tú querrás hacer eso, porque si la noticia de su supervivencia se extiende,
podrás ser considerada una cómplice en engañar al consejo vampiro.
―¿Cómo? ―preguntó Marie sin rodeos.
―Con esto ―dijo Ian en un tono alegre.
Todos nos volvimos. Levantó una cámara, sonriendo.
―Tengo algunas fotos encantadoras de ti hablando con Crispin, Cat y
Mencheres, pero es el barco en el fondo el que realmente lo hace incriminatorio.
―Además ―la sonrisa de Mencheres era lo suficientemente amplia como
para mostrar sus colmillos―, lo harás porque si no lo haces, puedo arrancar tu
cabeza desde dos ciudades de distancia.
Marie dejó escapar una risa aguda ante eso.
―Puedo enviar a Remnants detrás de ti desde la misma distancia, así que
vamos a prescindir de las amenazas.
―Sí, vamos ―les dije a la vez―. En lugar de ello, ¿por qué no intentamos
algo que ninguno de nuestras especies ha sido capaz de hacer antes? Vamos a
confiar el uno en el otro.
Le tendí la mano, mirando a los ojos avellana de Marie.
―De vuelta en Nueva Orleans, juraste por tu sangre que si había una
ejecución pública, dejarías a Katie y al resto de nosotros solos. Conseguiste tu
ejecución. Ahora danos nuestra paz, y vamos a prometer hacer lo mismo contigo y
tu gente.
Marie miró a mi mano, luego al barco más allá.
―¿Estás preparada para esconderla hasta que muera de muerte natural? Con
su línea de sangre, eso podría ser un tiempo muy largo.
―Entonces eso es el tiempo que vamos a estar lejos ―le contesté de manera
uniforme―. Mencheres se ha comprometido a manejar las cuestiones con su gente,
y yo nunca fui una mariposa social de todos modos.
Su mirada se desvió después hacia Bones.
―¿Renunciarías a tanto por el hijo de otro hombre?
―Katie es mi hija ―respondió Bones al instante―. Puede no ser mi hija
biológica, pero eso simplemente significa que va a tener dos padres.
243
Marie miró al barco de nuevo. Yo también. Tate estaba en la cubierta, Katie de
pie junto a él. Ella tenía a Helsing en sus brazos, como de costumbre. Para mi gran
alegría, a Katie le encantaba tener una mascota, y mi gatito tomó el afecto adicional
como su deuda. Era casi de noche, pero todavía podía ver los nuevos reflejos
rubios en su cabello castaño. A ella le encantaba el sol, aunque tuvimos que untarla
con SPF50. Tal vez pasaba tanto tiempo en este ahora porque lo había visto pocas
veces antes.
Entonces Marie miró hacia mí. Con un atisbo de una sonrisa sardónica,
agarró mi mano.
―Vamos a confiar la una en la otra, entonces. Después de miles de años, es
más allá del momento para que nuestras dos especies traten de llevarse en lugar de
las amenazas y muerte.
― Más vale tarde que nunca ―le dije, apretándole la mano.
Cuando nos soltamos, tomé la de Bones, saboreando la sensación de su carne
y el poder que se acurrucó a mi alrededor con su propia caricia.
Podríamos lograr cualquier cosa juntos. No había creído eso antes, pero lo
hacía ahora.
―Mencheres ―dijo Marie, volviéndose hacia el otro vampiro―. Ya que
estamos todos de acuerdo, necesitas regresarme a mi ciudad. Tengo que
asegurarme de que nadie más de mi gente me desobedezca como hicieron los de
Detroit.
―El trabajo de una reina nunca termina ―le dije a la ligera.
Ahora su risa era conocedora.
―Tampoco el de una madre, Reaper, como pronto descubrirás.
Miré al barco otra vez, agitando la mano esta vez. Tate devolvió el saludo.
Katie lo miró, y a mí, y levantó la mano, dándole un meneo tentativo.
No podría estar más orgullosa si ella hubiera compuesto un soneto y lo
hubiera clavado a una claraboya, lanzando un cuchillo desde cincuenta pasos.
Cuando volví a mirar a Marie, yo estaba sonriendo.
―No puedo esperar para averiguarlo, lo cual es por qué estoy empezando
ahora. ¿Bones?
Él soltó un bufido.
―He estado listo, cariño. Es a ti a la que le toma más tiempo, como siempre.
No pude detener mi sonrisa.
―Así que ya no esperemos más. Todo el mundo... los veremos de nuevo, a
algunos pronto, a algunos más tarde, pero como dicen los vampiros, hasta luego.
Entonces, en vez de subir de nuevo al bote y remar, lo agarré y volé.
244
Fin
Créditos
Moderadora:
Ivonne cullen
245
Traductoras
Correctoras
Alejandrag
Liraz
mariajoazo
Jhosel
rihano
EntreOtros
Lililamour
Luxsi
Monica
Roxi
paola_p
Yanita
Xiamara
Mayelie
peke chan
FranÁngel
Bibliotecaria70
plluberes
Recopilación: Luna2604
Revisión: Connie
Diseño: Francatemartu
Con este libro cerramos esta maravillosa saga, gracias por confiar en
nosotras y seguir siempre fiel al foro, los invitamos a que continúen
con la traducción de:
246
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