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Manual de derecho procesal civil - Lino Palacio - 21 edicion

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Preliminares
© Lino Enrique Palacio
© de esta edición, AbeledoPerrot S.A., 2016
Tucumán 1471 (C1050AAC) Buenos Aires
Queda hecho el depósito que previene la ley 11.723
Todos los derechos reservados
Ninguna parte de esta obra puede ser reproducida
o transmitida en cualquier forma o por cualquier medio
electrónico o mecánico, incluyendo fotocopiado, grabación
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de información, sin el previo permiso por escrito del Editor y el
autor.
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No part of this work may be reproduced
or transmitted in any form or by any means,
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without permission in writing from the Publisher and the author.
ISBN 978-950-20-2633-6
SAP 41998136
Palacio, Lino Enrique
Manual de derecho procesal civil. - 21a ed. - Ciudad Autónoma de
Buenos Aires: Abeledo Perrot, 2016.
1040 p.; 24x17 cm.
ISBN 978-950-20-2633-6
1. Derecho Procesal Civil. 2. Manuales. I. Título
CDD 47.05
ADVERTENCIA VIGÉSIMA PRIMERA EDICIÓN
La presente edición del Manual de Derecho Procesal Civil de
Lino Enrique Palacio recepta el texto de la anterior, actualizada por
los hijos del autor, Lino Alberto y Luis Enrique Palacio.
En esta oportunidad, tal versión ha sido compatibilizada con
el Código Civil y Comercial argentino cuya entrada en vigencia se
produjo el 1 de agosto del año 2015.
De tal modo, se reemplazaron las referencias al derecho privado
derogado (básicamente, el Código Civil de Vélez y el Código de
Comercio) por las equivalentes (cuando existen) del nuevo digesto.
En los casos en que el establecimiento de tal equivalencia no
fue posible, se mantuvo el texto legal no vigenteindicándose tal
circunstancia.
Cuando fue necesario incorporar pasajes o párrafos completos,
tales textos se volcaron en itálica.
Obran mencionadas, asimismo, las reformas al Código Procesal
Civil y Comercial de la Nación, ciertos aspectos novedosos del
derecho procesal —tales como los relativos al trámite electrónico—
y se ponen al día algunas referencias bibliográficas.
El actualizador manifiesta su profundo agradecimiento por haber
sido convocado para la realización de la tarea, que permite poner
en valor esta obra fundamental del recordado y querido profesor
Lino Palacio.
CARLOS ENRIQUE CAMPS
3
4
Manual de derecho procesal civil 21a Ed.
Capítulo XXV - La sentencia definitiva (cont.)………………………………………………698
Capítulo XXVI - Otras formas de terminación del proceso……………………………….715
Tabla de Contenido
Capítulo XXVII - Los recursos……………………………………………………………….752
Portada-………………………………………………………………………………………………..1
Capítulo XXVIII - Los recursos (Cont.)……………………………………………………..784
Manual de derecho procesal civil. - 21a ed.............................................................................2
Capítulo XXIX - Procedimiento ante los Tribunales Superiores…………………………833
Preliminares……………………………………………………………………………………………4
Capítulo XXX - Procesos de ejecución……………………………………………………..864
Capítulo I - Nociones preliminares………………………………………………………………….7
Capítulo XXXI - Ejecución de sentencias………………………………………………….893
Capítulo II - Historia y fuentes…………………………………………………………………….25
Capítulo XXXII - Juicio ejecutivo……………………………………………………………919
Capítulo III - El proceso……………………………………………………………………………73
Capítulo XXXIII - Ejecuciones especiales………………………………………………….982
Capítulo IV - La función pública procesal………………………………………………………..111
Capítulo XXXIV - Medidas cautelares e incidentes………………………………………1008
Capítulo V - Objeto del proceso…………………………………………………………………..124
Capítulo XXXV - Procesos especiales…………………………………………………….1052
Capítulo VI - La organización judicial y los porganos públicos procesales………………….170
Capítulo XXXVI - Procesos especiales (Cont.)…………………………………………..1087
Capítulo VII - La competencia…………………………………………………………………….250
Capítulo XXXVII - Proceso sucesorio……………………………………………………..1130
Capítulo VIII - Las partes………………………………………………………………………….294
Capítulo XXXVIII - Proceso arbitral…………………………………………………………1171
Capítulo IX - Las partes (cont.)…………………………………………………………………..321
Capítulo XXXIX - Procesos voluntarios…………………………………………………….1203
Capítulo X - Procesos con partes múltiples…………………………………………………….362
Capítulo XI - Actos procesales…………………………………………………………………..382
Capítulo XII - Actos procesales (cont.)………………………………………………………….406
Capítulo XIII - Procesos de conocimiento………………………………………………………436
Capítulo XIV - Iniciación del proceso de conocimiento……………………………………….451
Capítulo XV - La defensa…………………………………………………………………………468
Capítulo XVI - La defensa (cont.)………………………………………………………………..486
Capítulo XVII - La Prueba…………………………………………………………………………503
Capítulo XVIII - La prueba (cont.)………………………………………………………………..521
Capítulo XIX - Prueba documental……………………………………………………………….544
Capítulo XX - Prueba de informes……………………………………………………………….572
Capítulo XXI - Prueba de confesión…………………………………………………………….580
Capítulo XXII - Prueba de testigos………………………………………………………………608
Capítulo XXIII - Prueba pericial, de presunciones y de reconocimiento judicial…………..632
Capítulo XXIV - La sentencia definitiva………………………………………………………..656
5
6
1
CAPÍTULO I - NOCIONES PRELIMINARES
SUMARIO:
I. EL
DERECHO
PROCESAL: 1. El derecho
procesal desde el punto de vista
de
la
teoría
general
del
derecho.— 2. El derecho procesal
en
sentido
estricto.—
3.
Contenido
del
derecho
procesal.— 4. Las ramas del
derecho procesal. El derecho
procesal civil.— 5. Naturaleza y
caracteres
del
derecho
procesal.— II. LAS NORMAS
PROCESALES: 6. Concepto.— 7.
Clasificación de las normas
procesales.— 8. Eficacia de las
normas
procesales
en
el
tiempo.— 9. Eficacia de las
normas procesales en el espacio.
I. EL DERECHO PROCESAL(1)
1. El derecho procesal desde el punto de vista de
la teoría general del derecho
a) Entre los más significativos aportes de la Teoría Pura del
Derecho, propiciada por KELSEN, figura la demostración de que toda
norma jurídica, desde el punto de vista formal, reconoce su
fundamento de validez en la circunstancia de haber sido creada por
el órgano y de conformidad con el método específico prescripto por
una norma jerárquicamente superior.
Tal conclusión es válida respecto de toda clase de normas, sean
ellas generales, como las leyes, oindividuales, como las sentencias
judiciales y los actos administrativos. En ese orden de ideas la
Constitución, que se halla ubicada en el grado superior del
ordenamiento jurídico, designa cuáles son los órganos habilitados
para crear normas generales y determina, asimismo,
el procedimiento o procedimientos que
esos
órganos
deben
observar a tal fin: es así como instituye un Poder Legislativo
facultado para emitir ese tipo de normas y prescribecómo ellas
deben sancionarse (iniciativa, votación, mayorías necesarias, etc.).
También la Constitución puede determinar —como ocurre con la
que rige en nuestro país (art. 30)— el procedimiento a seguir para
su propia reforma.
Las leyes, a su turno, cumplen frente a las sentencias y actos
administrativos un papel sustancialmente semejante al de la
Constitución con respecto a ellas, con la sola diferencia de que
gravitan en mayor medida sobre el contenido (elemento material) de
las normas individuales. "La relación entre la legislación y la
jurisdicción o la administración —observa KELSEN— es así, de
manera general, semejante a la que existe entre la constitución y la
legislación. La única diferencia reside en la manera en que la norma
superior determina a la norma inferior. En un caso el elemento
formal prepondera sobre el elemento material, en el otro los dos
elementos se equilibran".
b) Como quiera, pues, que la creación de toda norma jurídica es
el resultado de uno o de variosprocedimientos cumplidos por
un órgano del Estado provisto de competencia para ello, se
comprende que desde el punto de vista de la teoría general del
derecho, el derecho procesal puede ser definido como aquella rama
7
8
de la ciencia jurídica que se refiere al proceso en sentido amplio,
entendiendo por tal a la actividad desplegada por los órganos del
Estado en la creación y aplicación de normas jurídicas generales
o individuales (AFTALIÓN y VILANOVA). En esa línea de reflexiones, y
sobre la base de las etapas más notorias a través de las cuales se
desenvuelve el proceso de individualización y concreción de
normas jurídicas, ese derecho procesal en sentido amplio sería
susceptible de dividirse en: derecho procesal constitucional,
derecho procesal legislativo, derecho procesal administrativo y
derecho procesal judicial.
Sólo este último, sin embargo, reviste suficiente autonomía
como para ser objeto de una disciplinaindependiente con relación a
los diversos sectores en que se divide el llamado derecho material.
El estudioautónomo de los restantes "procesos" precedentemente
mencionados no podría intentarse sin riesgo de mutilar, sin
beneficios científicos apreciables, los derechos constitucional y
administrativo. Corresponde observar, no obstante, que en algunos
países, como Italia y España, se viene propiciando desde hace
algún tiempo laautonomía de ciertos procesos de carácter
administrativo, particularmente del proceso tributario.
tanto por la similitud extrínseca que presenta con el proceso judicial
propiamente dicho, cuanto por la índole de las pretensiones que
pueden originarlo, no se justifica que el proceso arbitral quede al
margen de un adecuado concepto del derecho procesal.
Tampoco es aceptable la asociación exclusiva de dicho
concepto a la idea de jurisdicción —como es corriente en la
doctrina—, pues ello comporta excluir de él a la actividad judicial
desarrollada en los procesos llamados de jurisdicción voluntaria, en
los cuales, como se verá infra, nº 44, existe ejercicio de función
administrativa, y no jurisdiccional. Por lo demás, igualmente reviste
carácter administrativo gran parte de la actividad que los jueces y
tribunales de justicia despliegan en los procesos contenciosos
(providencias de mero trámite).
b) También forma parte del derecho procesal, aunque a título
secundario, el estudio de numerosas actividades vinculadas con la
organización y funcionamiento interno de los órganos judiciales,
cuyo objeto consiste en facilitar el desarrollo de las actividades
precedentemente mencionadas. Dentro de este sector se
encuentran comprendidas las diversas funciones de orden
administrativo y reglamentario conferidas a los tribunales de justicia
(designación,
remoción,
etc.,
de
funcionarios
y
empleados; expedición de reglamentos, etc.).
2. El derecho procesal en sentido estricto
a) La disciplina que tradicionalmente se conoce bajo la
denominación de derecho procesal, estudia por un lado el conjunto
de actividades que tienen lugar cuando se somete a la decisión de
un órgano judicial o arbitral la solución de cierta categoría de
conflictos jurídicos suscitados entre dos o más personas (partes), o
cuando se requiere la intervención de un órgano judicial para que
constituya, integre o acuerde eficacia a determinada relación o
situación jurídica. Es éste, sin duda, el sector más importante del
derecho procesal, y dentro del cual, como se verá oportunamente,
corresponde ubicar la idea de proceso en sentido estricto.
Cuadra asimismo hablar, como se hizo precedentemente, de la
actividad que desarrollan los órganos judiciales y arbitrales, porque
a) Muchas son las materias que, no obstante interesar al
derecho procesal, pertenecen también a otros sectores del
conocimiento jurídico. Son notorias, por ejemplo, las interferencias
de aquél con el derecho constitucional (sistemas de designación de
los jueces, delimitación de la competencia federal, etc.) y con el
derecho administrativo (nombramiento, situación, remoción, etc., de
los funcionarios y empleados judiciales).
9
10
3. Contenido del derecho procesal
b) Asimismo, es fácil advertir la existencia de zonas comunes
entre el derecho procesal y el derecho material, como son, entre
otras, las referentes a las clases de acciones, a las pruebas y a la
cosa juzgada. Esa circunstancia determinó que se propusiera, por
Goldschmidt, el reconocimiento de una categoría jurídicaintermedia
entre ambos derechos, denominada Derecho Justicial Material,
dentro de la cual se incluirían las normas reguladoras de los
presupuestos, contenido y efectos de la pretensión de tutela
jurídica, cuya característica primordial estaría dada por el hecho de
contemplar, no el "proceder" del juez, que sería materiaexclusiva
del derecho procesal, sino el "cómo" de la decisión judicial.
c) Pero aparte de que la experiencia jurídica no tolera fácilmente
esa discriminación, no parece razonable ni científicamente
beneficioso restringir en esa medida el contenido del derecho
procesal, que resulta de tal manera reducido a la condición de un
mero derecho ritual, desconectado de gran parte de los elementos
que inciden en la etapa fundamental de la creación normativa, como
es la decisión.
De allí que resulte preferible una delimitación "extensiva" del
derecho
procesal,
pues
tal
criterio
permite
que
aquél, aun compartiendo el estudio de ciertas materias límites con
otras disciplinas jurídicas, aporte a su respecto un punto de vista
propio, pero aprovechable para la teoría general del derecho.
d) En general, existe acuerdo doctrinario en asignar al derecho
procesal el estudio de las siguientes materias:
1º) Jurisdicción y competencia de los órganos judiciales, y
régimen jurídico a que se hallan sometidos losintegrantes de estos
últimos (facultades, deberes, etc., de los jueces y de sus auxiliares).
Desde el mismo punto de vista orgánico, también forma parte del
derecho procesal lo concerniente a la capacidad, designación y
recusación de los árbitros y amigables componedores.
2º) Régimen jurídico de las partes y peticionarios y de sus
representantes y asistentes. A este punto se halla vinculado el
estudio
de
la pretensión
procesal y
de
la petición
procesal extracontenciosa, que constituyen, respectivamente, el
objeto de los procesos contencioso y voluntario.
11
3º) Requisitos, contenido y efectos de los actos procesales y
trámite del proceso a través de los distintosprocedimientos que
lo integran.
4. Las ramas del derecho procesal. El derecho
procesal civil
a) En el derecho positivo argentino sólo cabe reconocer a dos
tipos de procesos judiciales —el civil y el penal—
suficiente autonomía como para justificar la existencia de sendas
ramas del derecho procesal. Debe sin embargo repararse en que
tal autonomía no implica negar la coincidencia esencial que ofrecen
el proceso civil y el proceso penal en aspectos básicos referidos,
entre otros, a los conceptos de jurisdicción, acción, pretensión,
sujetos y actos procesales, circunstancia que legitimaría, pese a la
contraposición existente entre algunos de los principios
que informan a uno y otro proceso, la construcción de una teoría
general. Pero la variedad y diversificación que conforme a la
legislación
vigente exhiben
muchas
de
sus
respectivas instituciones, tornan científicamente desaconsejable,
una vez agotada la formulación de la base conceptual común, el
tratamiento conjunto de las mencionadas ramas del derecho
procesal.
b) El derecho procesal civil se ocupa del estudio de todos
aquellos procesos cuyo objeto consiste en una pretensión o petición
fundada en el derecho privado (civil y comercial). En nuestro país,
sin embargo, es aún habitual incluir en el marco de aquella
disciplina al proceso laboral, pues no obstante la índole específica
de los conflictos que en él se ventilan, la mayor parte de los
principios del proceso civil mantiene vigencia a su respecto. La
misma reflexión cabe en relación con los procesos judiciales
originados en pretensiones fundadas en normas constitucionales,
administrativas y tributarias.
12
5. Naturaleza y caracteres del derecho procesal
a) La doctrina acepta, corrientemente, la idea de que el derecho
procesal se halla emplazado en un ámbitosecundario con relación
al denominado derecho sustancial o material. Se arguye, en apoyo
de esa tesis, que las normas que regulan el proceso carecen de un
fin en sí mismas y constituyen sólo un medio para lograr la
realización de los intereses tutelados por las normas sustanciales.
Estas últimas serían, así, normas primarias, mientras que las
normas
procesales
serían normas-medio, instrumentales
o
secundarias.
CALAMANDREI resume esa concepción en los siguientes
términos: "Se comprende así lo que se quiere decir cuando, en
contraposición al derecho sustancial, el derecho procesal se
encuentra calificado como instrumental o también como
formal: instrumental, en cuanto la observancia del derecho procesal
no es fin en sí misma sino que sirve como medio para observar el
derecho sustancial; formal, en cuanto el derecho procesal no regula
directamente el goce de los bienes de la vida, sino que establece
las formas de las actividades que deben realizarse para obtener del
Estado la garantía de aquel goce".
Pese a su indudable mérito didáctico, esta tesis es susceptible
de numerosas objeciones. Entre ellas cabe mencionar las
siguientes: 1º) Las normas jurídicas carecen, en rigor, de finalidad,
pues no son más que conceptos a través de los cuales es
posible interpretar una determinada realidad de conducta; 2º)
Aunque se aceptase la idea de que las normas procesales carecen
de un fin en sí mismas, cabría observar que lo mismo ocurre con las
numerosísimas normas mediante las cuales el llamado derecho
sustancial o material establece, por ejemplo, requisitos formales de
los actos jurídicos. Tales normas —como la que dispone, v.gr., que
deben ser hechos por escritura pública los contratos que tuviesen
por objeto la transmisión de bienes inmuebles en propiedad o
usufructo (Cód. Civ., art. 1184)— participarían del mismo
carácter instrumental que la doctrina mayoritaria asigna a las
13
normas procesales, porque, igual que ellas, tampoco
regularían directamente "el goce de los bienes de la vida", sino que
se limitarían a establecer el medio adecuado para obtener ese goce
(convertirse, en el caso del ejemplo, en titular de los derechos que
emergen del contrato); 3º) El esquema normativo completo de que
el
juez
se
vale
para
dictar
sentencia,
se
halla
irremisiblemente integrado por disposiciones contenidas tanto en
las leyes procesales cuanto en las leyes sustanciales, pues unas y
otras concurren, coordinadas en un pie de igualdad, a acordar el
sentido jurídico de la norma individual en que aquélla consiste. A
ello cabe añadir que, de la conducta observada por las partes
durante la sustanciación del proceso, y, por consiguiente, de las
normas procesales que sirven para interpretarla, depende, en
definitiva, la aplicabilidad o inaplicabilidad de las correspondientes
normas materiales.
De lo dicho se sigue que no existen razones válidas que
justifiquen la pretendida subordinación del derecho procesal al
derecho material, ya que dentro de los sectores de conducta a que
respectivamente se refieren, tan "primario" es uno como otro.
b) El derecho procesal constituye una rama autónoma de la
ciencia jurídica. Y ello no es así por razones contingentes y
variables, según ocurre con otros sectores del ordenamiento
jurídico, sino porque opera dentro de un ámbito de conductas
fundamentalmente distinto del que conceptualizan las normas de
derecho material. Aun sin recurrir a la tesis que explica la
naturaleza jurídica del proceso caracterizándolo como una relación
jurídicaindependiente con respecto a la relación de derecho material
(infra, nº 24), la finalidad específica de las actividades que en él se
cumplen explica que los vínculos jurídicos que surgen entre el juez
y las partes, así como los requisitos y efectos de los actos
procesales, se encuentren regidos por principios propios, ajenos a
los del derecho material. Así, por ejemplo, a diferencia de lo que
ocurre en la esfera de los negocios jurídicos del derecho privado, el
mínimo esquema formal necesario para asegurar el rápido
y expedito desenvolvimiento del proceso excluye la indagación de
las motivaciones subjetivas que determinan el cumplimiento de los
actos procesales; el principio de preclusión, fundado en razones de
14
seguridad jurídica, descarta la existencia de nulidades procesales
absolutas, etcétera.
c) El derecho procesal pertenece al derecho público. No obsta a
ello la circunstancia de que los preceptos aplicables a las relaciones
jurídicas que se controvierten en el proceso civil correspondan,
como regla, al derecho privado, por cuanto la inclusión del derecho
procesal dentro de aquel cuadro de las disciplinas jurídicas está
dada por la posición preeminente que en el proceso asume el
Estado a través de sus órganos judiciales. Éstos, en efecto, no se
hallan al nivel de las partes o de los terceros, sino por encima de
ellos, a quienes pueden imponer,unilateralmente, la observancia de
determinadas conductas.
Consecuencia de este carácter del derecho procesal es que las
partes no se encuentren habilitadas para regular el
desenvolvimiento del proceso de acuerdo con su voluntad.
Es inadmisible, en suma, el proceso convencional; lo que no es
óbice, sin embargo, para que ciertas normas específicas (normas
dispositivas), acuerden a las partes la facultad de regular
aspectos particulares del proceso (infra, nº 7).
II. LAS NORMAS PROCESALES(2)
6. Concepto
a) Es sabido que las normas procesales no se encuentran
ubicadas exclusivamente en los Códigos de Procedimientos y en
las leyes sobre organización y competencia de los órganos
judiciales. También las hay —yen número considerable— en
la Constitución Nacional, en los Códigos de fondo a que se refiere
15
el art. 75, inc. 12 de dicha Constitución, y en los ordenamientos
jurídicos nacionales y provinciales de la más diversa índole. De allí
que resulte inapropiado determinar la naturaleza procesal de una
norma sobre la base de su contingente ubicación legal, y que sea
necesario, para ello, atender a otros criterios.
b) La doctrina ha enunciado varios. CARNELUTTI, por ejemplo,
divide a las normas, desde el punto de vista de lafinalidad a que
sirven, en materiales e instrumentales, y sostiene que mientras las
primeras componeninmediatamente un conflicto de intereses,
imponiendo
una obligación y
atribuyendo
eventualmente
un derecho(subjetivo) (por ej.: "Si un fundo está rodeado por otros,
deberá dejarle paso a la vía pública el fundo colindante a través del
que sea más corto el acceso"), las segundas componen el
conflicto mediatamente, atribuyendo un poder (de componerlo) e
imponiendo correlativamente una sujeción (v.gr.: "Si un fundo está
rodeado por otros, el juez decidirá cómo haya de tener acceso a la
vía pública").
Los ejemplos con que dicho autor ilustra su tesis constituyen, sin
embargo, esquemas normativosincompletos, pues a poco que se
medite acerca de las posibilidades de conducta que encierran tales
proposiciones se llega a la conclusión de que toda norma sería, al
mismo tiempo, material e instrumental. Piénsese, por ejemplo, que
en el caso de ser demandado el propietario del fundo colindante
por incumplimiento de la obligación impuesta en la norma, surgirá el
poder del juez para componer el conflicto y la eventual sujeción del
demandado a lo que la sentencia decida. Y adviértase, asimismo,
que en el supuesto de la segunda norma el ejercicio del poder
constituye,
como
el
propio CARNELUTTI lo
reconoce,
una obligación del juez, a la que corresponde un derecho de las
partes.
Por lo demás, el autor mencionado admite la existencia de
normas instrumentales en el ámbito del derecho civil, según ocurre,
por ejemplo, con la contenida en el art. 1123 del Código
Civil italiano (equivalente al 1197 del Cód. Civ. argentino) que
reconoce fuerza de ley al contrato, pues mediante ella se atribuye a
las partes un poderpara componer intereses en conflicto; y sostiene,
finalmente, que no todas las normas procesales soninstrumentales,
pues no revisten tal carácter aquellas que instituyen obligaciones y
16
derechos (subjetivos) procesales, como sucede con la que impone
al vencido la obligación de pagar las costas del proceso, la que
establece la obligación del testigo de narrar al juez los hechos que
conozca, etcétera, obligaciones de las que son correlativos el
derecho del vencedor, el de la parte frente al testigo reticente,
etcétera.
Ello demuestra que la idea de la instrumentalidad no es apta,
por excesivamente genérica, para determinar la naturaleza de las
normas procesales. Recuérdese, asimismo, lo que se dijo supra, nº
5, acerca del carácterinstrumental que también revestirían las
normas del derecho civil referentes a los requisitos formales de los
actos jurídicos.
c) Igualmente merece destacarse el intento de diferenciación
emprendido por James Goldschmidt, y posteriormente completado
por Roberto Goldschmidt. Parte de la existencia de un derecho
justicial, al que se concibe como la disciplina que tiene por objeto
una relación jurídica constituida entre la justicia estatal y los
súbditos y se divide en derecho justicial formal y material según
que, respectivamente, regule el proceder del juez o el cómo de la
decisión judicial. Las normas procesales se hallarían incluidas
dentro de la primera categoría, que sólo contempla el aspecto
"formal" de aquella relación.
En la experiencia jurídica, sin embargo, resultan difícilmente
escindibles tales aspectos formal y material, por cuanto la mayor
parte del "proceder" judicial se exterioriza a través de decisiones.
Es, en cambio, perfectamente posible discernir entre el cómo y
el qué de la decisión, y advertir, en consecuencia, que el primero
corresponde íntegramente al derecho procesal. Por otra parte las
normas procesales concurren, con las llamadas materiales, a la
determinación del contenido de la decisión, bastando pensar, para
demostrarlo, en el caso frecuente del litigante que resulta vencido
por no haber ofrecido su prueba dentro del plazo, o por haber sido
declarado negligente en su producción.
d) La complejidad de la experiencia jurídica descarta la
posibilidad de formular una distinción categórica desde el punto de
vista del funcionamiento de las normas. Pero atendiendo al
contenido de ellas, pueden denominarse normas materiales (en
17
sentido estricto) a las que en razón de mentar el modo o los modos
de ser de la conducta preprocesal de las partes, son invocadas por
éstas como fundamento de sus pretensiones, peticiones o
defensas. Constituyen normas procesales, en cambio, aquellas que
conceptualizan: 1º) La clase de órganos habilitados para intervenir
en los procesos, su competencia y los derechos, deberes, etcétera,
de las personas físicas que los integran; 2º) La actuación de dichos
órganos, de las partes de los auxiliares de aquéllos y de éstas y de
los terceros durante el desarrollo del proceso, así como los
requisitos y efectos de los actos procesales y el orden en que éstos
deben cumplirse; 3º) Cómo debe comportarse el órgano judicial (o
arbitral), en oportunidad de dictar la sentencia definitiva, para
determinar el modo o los modos de ser de la relación o situación
jurídica que motivó el proceso.
En consecuencia, mientras las normas materiales regulan
normalmente el qué de la decisión, o sea, elcontenido de la
sentencia, las normas procesales determinan el quién y el cómo de
dicho acto, comprendiendo, desde luego, a la actividad que lo
precede. Pero tales consideraciones no excluyen, como se advirtió
más arriba, la necesaria incidencia que también tienen las normas
procesales en el contenido de la decisión.
7. Clasificación de las normas procesales
a) Las normas procesales han sido clasificadas desde distintos
puntos
de
vista.
Se
distingue,
por
ejemplo,
entre
normas orgánicas y normas procesales propiamente dichas, según
que, respectivamente, regulen la organización y competencia de los
órganos judiciales o los actos del proceso y el desarrollo del
procedimiento.
También
entre
normas
procesales formales y materiales: mientras las primeras regulan las
condiciones de forma, tiempo y lugar de los actos procesales, las
segundas determinan los requisitos de capacidad y legitimación, el
contenido y los efectos de esos actos.
18
b) Mayor importancia práctica reviste la clasificación de las
normas procesales en absolutas (o necesarias) ydispositivas (u
optativas o voluntarias).
Son normas absolutas aquellas que deben aplicarse siempre
que concurra el supuesto para el que han sido dictadas, de modo
tal que el juez no puede prescindir de ellas aunque las partes lo
pidan de modo concordante. Participan de este carácter, por
ejemplo, las normas que determinan la competencia por razón de la
materia, del valor y del grado; las que establecen los requisitos de
la demanda; las que prohíben la admisión de una prueba; etcétera.
Son normas dispositivas aquellas de cuya aplicación cabe
prescindir, sea por mediar acuerdo expreso de las partes en tal
sentido, sea por la omisión consistente en no poner de relieve
su inobservancia. Ejemplo del primer caso es el art. 155 del CPN,
en cuya virtud "los plazos legales o judiciales son
perentorios; podrán ser prorrogados por acuerdo de partes con
relación a actos procesales determinados". Ejemplo del segundo
caso es la prórroga de la competencia territorial, la que se produce,
entre otras hipótesis, cuando el demandado ante juezincompetente
contesta la demanda sin cuestionar la competencia (CPN, art. 2º).
c) En aquellos casos en que no existan disposiciones expresas,
es desde luego materia de interpretación determinar si una norma
es absoluta o dispositiva. Debe tenerse en cuenta, finalmente, que
la inobservancia de normas absolutas puede subsanarse en el
supuesto de no plantearse la nulidad en el momento oportuno, pues
todas las nulidades procesales son relativas.
8. Eficacia de las normas procesales en el tiempo
La materia se halla reservada al arbitrio del legislador, con la
sola limitación derivada de la existencia dederechos adquiridos.
En ausencia de normas reguladoras del régimen intertemporal de
las leyes procesales, corresponde formular las siguientes
distinciones:
19
1º) Una ley procesal nueva no puede válidamente, por lo pronto,
aplicarse a aquellos procesos que, a la fecha de su entrada en
vigencia, se encuentren concluidos por sentencia firme. Lo contrario
implicaría una manifiesta violación de la garantía constitucional de
la propiedad (CN, art. 17), la cual es comprensiva de los derechos
reconocidos mediante sentencia pasada en autoridad de cosa
juzgada.
2º) Por el contrario, la nueva ley debe aplicarse a los procesos
que se inicien con posterioridad a su entrada en vigencia,
prescindiendo del tiempo en que se constituyeron las relaciones
jurídicas sobre que ellos versen. Si, por ejemplo, una ley modifica,
respecto de una determinada relación jurídica, el tipo de proceso
judicial existente a la fecha en que aquélla se constituyó (como
ocurriría si se sustituyese la vía sumaria por la ordinaria o
viceversa), las partes no podrían invocar el derecho de ser juzgadas
de acuerdo con las reglas del tipo de proceso sustituido.
La doctrina no es uniforme, en cambio, con respecto a la
aplicabilidad de las normas que regulan laadmisibilidad de la
prueba. El problema consiste en determinar qué norma debe
aplicarse en el proceso cuando, por ejemplo, hallándose vigente al
tiempo de celebrarse un contrato una norma que permite acreditarlo
por cualquier medio de prueba, se sanciona con posterioridad otra
norma que sólo autoriza la utilización de determinado elemento
probatorio.
Chiovenda entiende que corresponde aplicar la norma vigente
en el momento en que la prueba debeproducirse, pues sólo ella
puede determinar, en razón de su índole procesal, el medio idóneo
para formar laactual convicción del juez (en el mismo sentido, Costa
y Jofré). La tesis contraria parece, sin embargo, más justa y acorde
con la seguridad jurídica, por cuanto las mayores o menores
precauciones que las partes adoptan al celebrar un acto jurídico
dependen, como es lógico, de los elementos probatorios de que
podrían valerse en ese momento (Satta, Podetti, Alsina, etc.).
3º) Los procesos en trámite pueden ser alcanzados por la ley
nueva siempre que ello no importe afectar a los actos procesales
cumplidos, y que han quedado firmes bajo la vigencia de la ley
anterior. Si la nueva ley, por ejemplo, suprime un recurso, ella
20
puede aplicarse al proceso pendiente en el cual, si bien el recurso
ya ha sidointerpuesto, no existe providencia judicial que lo haya
concedido. La aplicación de la nueva ley a los actos procesales
cumplidos afectaría el principio de preclusión (infra, nº 30),
comprometiendo incluso la garantía constitucional de la propiedad.
El principio enunciado es aplicable tanto a las leyes que rigen al
procedimiento propiamente dicho, como a las leyes modificatorias
de la jurisdicción y competencia de los órganos judiciales.
En las llamadas "disposiciones transitorias", las leyes
procesales suelen disponer que ellas se aplicarán a todos los
asuntos que en lo sucesivo se promuevan y a los pendientes
con excepción de los trámites, diligencias y plazos que hubieran
tenido principio de ejecución o comenzado a correr (v.gr. CPN, art.
812). Consagran, de tal manera, una regla coincidente con el
criterio precedentemente enunciado, pues no cabe hablar
de principio de ejecución si no existe una providencia firme o
consentida que constituya el punto de partida de un determinado
trámite.
9. Eficacia de las normas procesales en el espacio
a) Las normas procesales se hallan sujetas al llamado principio
de la territorialidad de la ley. Sólo tienen vigencia, por lo tanto,
dentro del ámbito territorial del Estado que las dictó, y se aplican
tanto a los procesos íntegramente tramitados ante los órganos
judiciales de ese Estado cuanto a las diligencias procesales
particulares cumplidas por aquéllos a requerimiento de órganos
judiciales extranjeros.
PODETTI expresa, explicando el fundamento de tal principio en
materia procesal, que "siendo la función judicial una de las tres
potestades del gobierno, o sea el ejercicio de uno de los poderes
del Estado, es natural que la organización, la competencia y el
procedimiento mediante los cuales se ejerce esta función sean
determinados por las leyes nacionales para todos quienes habiten
el país".
21
b) Se rigen por la lex fori, en consecuencia, la organización y
competencia de los órganos judiciales y los diversos actos mediante
los cuales se constituye, desarrolla y extingue el proceso. El
principio reconoce, sin embargo, las siguientes excepciones: 1º) En
materia de capacidad de las partes el Cód. Civ. y Com., cuyas
disposiciones son aplicables a la capacidad para estar en juicio,
consagra el principio de que la capacidad de las personas
humanas se rige por el derecho de su domicilio y que el cambio de
éste no afecta su capacidad, una vez que ha sido adquirida (art.
2616); 2º) Tanto las formas de actos jurídicos como el mandato,
como las solemnidades requeridas, su validez o nulidad y la
necesidad de publicidad, se juzgan por las leyes y usos del lugar en
que los actos se hubieren celebrado, realizado u otorgado (locus
regit actum) (Cód. Civ. y Com., art. 2649); 3º) En cuanto a la
prueba, es menester distinguir la admisibilidad de los medios de
prueba, delprocedimiento probatorio. El primer aspecto se halla
regido por las normas vigentes en el lugar en que se llevó a cabo el
acto jurídico (lex loci actus). Tal es la solución admitida —como
vimos— por el Cód. Civ. y Com. con respecto a la forma de los
actos jurídicos (art. 2649 cit.). En cuanto a los contratos, el derecho
aplicable puede ser elegido por las partes en las condiciones del
art. 2651 o, en su defecto, se aplicará el derecho del lugar del
cumplimiento según lo establece el art. 2652. Ello en tanto no se
trate de relaciones de consumo (sistema regulado con
particularidades en el art. 2655). Este conjunto de reglas debe
considerarse extensivo a los medios de prueba en razón de la
íntima conexión práctica existente entre la forma y la prueba de los
actos jurídicos. Concordantemente, el art. 2º del Tratado de derecho
procesal de Montevideo de 1888, celebrado entre la República
Argentina, Bolivia, Paraguay, Perú y Uruguay (ratificado por ley
3192), así como el suscripto en la misma ciudad en 1940 (aprobado
por el decreto ley 7771/56) disponen que "las pruebas se admitirán
y apreciarán según la ley a que esté sujeto el acto jurídico, materia
del proceso. Se exceptúa el género de pruebas que por su
naturaleza no autorice la ley del lugar en que se sigue el juicio".
El procedimiento probatorio, en cambio, se rige por la lex fori, de
modo que, por ejemplo, si la ley del lugar en el cual se celebró el
acto jurídico admite que éste se pruebe por medio de testigos, el
22
juez que entiende en el correspondiente proceso debe atenerse a
dicha ley aun en el caso de que las normas locales descarten la
admisibilidad del referido medio probatorio, pero debe aplicar esas
normas en cuanto regulan los requisitos de lugar, tiempo y forma a
que se hallan sujetos el ofrecimiento y la producción de la prueba
testimonial.
c) En lo que respecta a la operatividad de las leyes extranjeras,
el Cód. Civ. y Com establece que cuando un derecho extranjero
resulta aplicable: a) el juez establece su contenido, y está obligado
a interpretarlo como lo harían los jueces del Estado al que ese
derecho pertenece, sin perjuicio de que las partes puedan alegar y
probar la existencia de la ley invocada. Si el contenido del
derecho extranjero no puede ser establecido se aplica el derecho
argentino; b) si existen varios sistemas jurídicos covigentes con
competencia territorial o personal, o se suceden diferentes
ordenamientos legales, el derecho aplicable se determina por las
reglas en vigor dentro del Estado al que ese derecho pertenece y,
en defecto de tales reglas, por el sistema jurídico en disputa que
presente los vínculos más estrechos con la relación jurídica de que
se trate; c) si diversos derechos son aplicables a diferentes
aspectos de una misma situación jurídica o a diversas relaciones
jurídicas comprendidas en un mismo caso, esos derechos deben
ser armonizados, procurando realizar las adaptaciones necesarias
para respetar las finalidades perseguidas por cada uno de ellos (art.
2595).
en éste se determine expresamente la forma de practicar la
diligencia, con transcripción de la disposición legal en que se funda.
En caso de colisión de normas el tribunal al que se dirige el oficio
resolverá la legislación a aplicar y la diligenciará". El art. 4º de dicho
convenio establece, asimismo, que "el tribunal al que se dirige el
oficio examinará sus formas y sin juzgar sobre la procedencia de las
medidas solicitadas, se limitará a darle cumplimiento, dictando las
resoluciones necesarias para su total ejecución. El tribunal
que interviene en el diligenciamiento del oficio no dará curso a
aquellas medidas que de un modo manifiesto violen el orden
público local. No podrá discutirse ante el tribunal al que se dirige el
oficio la procedencia de las medidas solicitadas, ni plantearse
cuestión de ninguna naturaleza (v.gr. negligencia en la producción
de la prueba). Las de competencia, sólo podrán deducirse ante el
tribunal oficiante".
d) En materia de oficios entre jueces de la República, se hallan
en principio regidos por la lex fori los requisitos de tiempo, lugar y
forma de los actos procesales cuyo cumplimiento se delega a través
de aquel medio de comunicación. No así los requisitos atinentes a
la admisibilidad intrínseca y eventual valoración de dichos actos,
que están sujetos a la ley procesal del lugar donde tramita el juicio,
salvo que contraríen manifiestamente el orden público local. Tales
conclusiones han sido expresamente recogidas por el convenio
celebrado entre la Nación y la provincia de Santa Fe con fecha 19
de octubre de 1979 (aprobado por ley 22.172), y al cual se han
adherido las restantes provincias, cuyo art. 2º dice: "La ley del lugar
del tribunal al que se remite el oficio rige su tramitación, salvo que
23
24
CAPÍTULO II - HISTORIA Y FUENTES
SUMARIO:
I. EVOLUCIÓN
HISTÓRICA DEL PROCESO
Y DE LA LEGISLACIÓN
PROCESAL CIVIL: 10. El
proceso civil romano.— 11.
El proceso germánico.— 12.
El proceso común.— 13.
Formación del proceso civil
contemporáneo.—
14.
Evolución de la legislación
procesal argentina.— II. LAS
FUENTES DEL DERECHO
PROCESAL
CIVIL:
15.
Concepto y clases.— 16. La
Constitución.— 17. Las leyes
procesales.—
18.
Los
reglamentos y acordadas
judiciales.—
19.
La
costumbre.—
20.
La
jurisprudencia.—
21.
La
doctrina.
§ I. EVOLUCIÓN HISTÓRICA DEL PROCESO Y DE LA LEGISLACIÓN
PROCESAL CIVIL(1)
25
10. El proceso civil romano
a) El proceso civil atravesó en Roma por dos grandes
períodos: el del ordo iudiciorum privatorum (desde los
orígenes hasta el siglo III de nuestra era) y el de
la extraordinaria cognitio (desde el siglo III hasta el final).
Dentro del primero, sin embargo, es menester diferenciar
dos épocas: la de las legis actiones (que se prolonga hasta
la mitad del siglo II a. J.C.), y la del procedimiento
formulario. Característica común a ambas épocas es la
división del procedimiento en dos etapas: in jure y apud
iudicem o in iudicio. La primera tiene lugar ante un
magistrado que ejerce los poderes inherentes a la
jurisdicción, pero carece de facultades decisorias, y la
segunda ante unjuez privado (iudex unus), que es
designado por las partes de común acuerdo y a
quien incumbe
la
facultad
de
resolver
la
controversia, aunque carece del imperium necesario para
hacer cumplir su decisión.
b) Las legis actiones son fórmulas orales solemnes y
gestos simbólicos que deben pronunciarse y cumplirse con
estricta sujeción a los términos utilizados por la ley.
Según GAYO,
las
acciones
de
la
ley
son
cinco:sacramentum,
iudicis
postulatio,
condictio,
manus iniectio y pignoris capio. Mediante las tres primeras
el
reclamante
persigue
el
reconocimiento
del
derecho invocado, y se hallan comprendidas en el ámbito
26
de lo que actualmente se denomina proceso de
conocimiento.
Las
dos
últimas
son pretensiones
ejecutivas que pueden ejercerse cuando el actor obtiene
una sentencia a su favor o una confesión del demandado
ante el magistrado.
En el sistema de las legis actiones la instancia in iure se
cierra con la litis contestatio, que es el acto mediante el
cual, a través del trueque de las fórmulas orales quedan
determinados, en presencia de testigos (de ahí el nombre),
los límites y el estado de la cuestión litigiosa que ha de
someterse al iudex. En sus dos etapas el procedimiento
es, durante este período histórico, exclusivamente oral.
c) Ciertas circunstancias —entre las que suelen
señalarse los inconvenientes de todo orden que provocaba
elexcesivo formalismo de las legis actiones y el riesgo que
representaba el hecho de que los testigos presenciales de
la litis contestatio no estuviesen en condiciones de referir
fielmente al juez lo ocurrido ante el magistrado—
determinan la promulgación de la ley Aebutia (130 a. J.C.),
la cual, de acuerdo con el sistema utilizado por el pretor
peregrino
en
los
litigios
suscitados
entre extranjeros, autoriza el uso de una instrucción
escrita (fórmula)librada por el magistrado al iudex a los
fines de la ulterior tramitación y decisión de la
causa, aunque dejando al ciudadano opción entre este
sistema y el de las legis actiones. Posteriormente la Lex
Julia iudiciorum privatorum(probablemente de la época de
Augusto), suprime definitivamente el sistema de las
antiguas acciones y consagra la vigencia exclusiva del
procedimiento formulario, que coincide con la época de oro
del derecho romano.
La fórmula constituye una instrucción escrita mediante
la cual el magistrado designa al juez y fija los elementos
27
que deben ser tenidos en cuenta por éste al dictar
sentencia, esto es: el derecho invocado por el actor, el
objeto litigioso y las defensas del demandado. Contiene,
por lo tanto, el "programa procesal", y con su otorgamiento
por el magistrado al actor (actionem dare), su entrega por
éste al demandado (actionem cedere) y su aceptación por
este último (actionem accipere), se verifica el tránsito de
una a otra etapa del proceso.
Consta la fórmula de partes principales (ordinarias) y
accesorias (extraordinarias). Las primeras son, según
las Instituciones de GAYO: 1º) La demonstratio, que
contiene la enunciación de los hechos que motivan el litigio
y a veces se encuentra implícita en la intentio;
2º) La intentio, que condensa la pretensión del
demandante; 3º) La adiudicatio, que sólo se encuentra en
las llamadas acciones divisorias y persigue la atribución a
una de las partes en propiedad de lo que
correspondía indivisamente a varias; 4º) La condemnatio,
que autoriza al juez a condenar o absolver de acuerdo con
el resultado de la prueba.
Son partes accesorias de la fórmula la praescriptio, que
se antepone a ella y tiene por objeto limitar su contenido, y
la exceptio, que constituye una salvedad incluida a favor
del demandado y condiciona la condena ("si es verdad
esto [intentio], y siempre que no sea verdad también esto
otro [exceptio], condena").
El proceso, que se inicia mediante una citación
personal (in ius vocatio) y cuya desatención, por parte del
demandado, faculta en los primeros tiempos al actor para
obtener la comparecencia forzosa (obtorto collo) yautoriza
luego a colocarlo en posesión de los bienes del
demandado (missio in possessionem), puede concluir sin
entrarse en la etapa in iudicio, sea porque el pretor, en
28
razón
de
faltar
algún
presupuesto
procesal,
rehúseautorizar el litigio (denegatio actionis) o porque el
demandado se allane a la pretensión del actor mediante
laconfessio in iure, que produce efectos equivalentes a los
de la cosa juzgada.
En la etapa in iudicio, al pronunciamiento de la
sentencia precede una exposición de las partes sobre los
hechos controvertidos (perorationes) y la práctica de la
prueba, cuyo resultado valora el juez de acuerdo con su
libre convicción. Al actor incumbe la carga de probar los
hechos por él afirmados en la intentio (actori incumbit
probatio) y al excepcionante la de los hechos en que funda
sus excepciones (reus in exceptione actor est). No caben
recursos contra la sentencia, pero sí la acción de nulidad y
la restitutio in integrum. En el caso de que el vencido no
cumpla voluntariamente la sentencia, debe pedirse su
ejecución al magistrado, mediante el ejercicio de la actio
iudicati.
El impulso de parte se sustituye por el impulso oficial, la
prueba adquiere mayor formalismo y sufren un
pronunciado debilitamiento los principios de oralidad y
publicidad. La sentencia, que se extiende por escrito, es
impugnable
mediante
la appelatio y
por
recursos extraordinarios (supplicatio
y
restitutio
in integrum).
11. El proceso germánico
d) La escisión del procedimiento en dos etapas, propia
de los sistemas precedentemente descriptos, desaparece
con la implantación, probablemente por obra de
Diocleciano,
de
la extraordinaria
cognitio o
sistemaextraordinario,
que
se
había
aplicado
paralelamente con aquéllos en la jurisdicción administrativa
y en virtud del cual el proceso se sustancia en su totalidad
y se resuelve por un magistrado único, que ya no es un
juez privado sino un funcionario estatal.
Durante la vigencia de este sistema la demanda se
presenta por escrito (conventionis), el demandado es
oficialmente citado a comparecer y debe contestar a la
demanda también por escrito (libellum contradictionis).
Lalitis contestatio subsiste nominalmente, pues pierde el
sentido contractual que tenía en los sistemas precedentes.
a) En los pueblos germanos el proceso se halla
configurado como una lucha entre partes y tiene lugar ante
las asambleas populares, en las cuales reside el poder
jurisdiccional, limitándose la función del juez a dirigir
formalmente el debate y a proclamar o "promulgar" la
sentencia dictada a propuesta de una comisión de
miembros peritos en derecho, en los primeros tiempos, y
de jueces permanentes especiales (scabini) durante el
denominado período franco (siglos V a XII de nuestra era).
El proceso se desarrolla, a grandes rasgos, de la
siguiente manera: citado el demandado por el propio
demandante (mannitio) y constituido el tribunal,
se interpone la demanda mediante la utilización de
palabrasexactamente prescriptas e invocación a la
divinidad, debiendo el demandado contestarla, sea
allanándose o negándola en su totalidad. En el segundo
caso, la asamblea dicta la denominada sentencia
probatoria, mediante la cual se coloca al demandado en la
alternativa de justificarse, probando la sinrazón de la
29
30
demanda, o de satisfacer la pretensión del actor. De allí
que la prueba, en tanto comporta un ofrecimiento
formulado al adversario para demostrarle que carece de
razón, reviste dos caracteres fundamentales, a saber: 1º)
se dirige al adversario, y no al tribunal; 2º) configura un
beneficio, no una carga, que corresponde ordinariamente
al sujeto atacado, o sea al demandado.
Las pruebas, que no tienen por objeto formar la
convicción judicial sino provocar el juicio de la divinidad, se
reducen,
esencialmente,
al juramento
de
purificación prestado por lo común con conjuradores, que
son miembros de la misma tribu que declaran sobre la
credibilidad que merece el demandado, y a los juicios de
Dios (pruebas de fuego o hierro candente, agua fría,
ordalías
aleatorias
y
duelo),
consistentes
en
diversas experiencias en cuyo resultado se cree descubrir
la intervención divina.
La sentencia —cuyos efectos, dada la forma pública en
que es acordada, alcanzan no sólo a los contendientes,
sino a todos los presentes en la asamblea— es susceptible
de ejecución privada, mediante apoderamiento particular
de bienes o prenda extrajudicial.
b) En los períodos franco (siglo V a XII de nuestra era) y
feudal (siglo XII hasta la recepción de los
derechosextranjeros) subsisten numerosos aspectos de
ese proceso, pero aparecen importantes innovaciones,
tales como una mayor injerencia del órgano jurisdiccional,
tanto en la etapa de conocimiento como en la de ejecución,
la citación oficial del demandado, la admisión de la prueba
documental y de testigos, la atenuación de las ordalías,
etcétera.
31
12. El proceso común
a) A raíz de la invasión de los bárbaros penetra en Italia
el derecho germánico, que desplaza al derecho romano de
la época imperial en la medida en que se extiende y
consolida el dominio longobardo. Pero a partir del siglo XI
comienza a operarse un resurgimiento cada vez
más intenso del proceso romano, fenómeno que obedece,
fundamentalmente, a la subsistencia del derecho romano
en importantes regiones de la península, al reflorecimiento
del estudio de las fuentes romanas por obra de la escuela
jurídica de Boloña, a las exigencias del tráfico mercantil y a
la extensión cada vez mayor de la jurisdicción de la Iglesia,
que se valía de un procedimiento judicial esencialmente
modelado sobre el tipo romano.
No se retorna, sin embargo, al proceso romano puro u
originario, sino que comienza a desenvolverse un tipo
especial de proceso —denominado proceso común,
romano-canónico o ítalo-canónico— que es el resultado de
la infiltración de elementos germánicos en el proceso
romano. Tal infiltración respondió entre otras, a las
siguientes circunstancias: 1º) Los glosadores, postglosadores, comentadores y prácticos que sucesivamente
trabajaron, entre los siglos XIII y XIV, en la elaboración
científica del proceso romano, no pudieron substraerse a
lainfluencia del proceso vigente en su época, que era de
raíz sustancialmente germánica, y se encontraron a
menudo predispuestos a desinterpretar los textos romanos,
de suyo difíciles, tratando de adaptarlos ainstituciones
32
procesales
que
les
eran
familiares
y
se
hallaban excesivamente arraigadas en las costumbres de
entonces; 2º) El derecho canónico, no obstante hallarse
estructurado sobre bases esencialmente romanas, había
receptado numerosas instituciones del derecho germánico;
3º) El elemento germánico era generalmente el dominante
en las instituciones procesales reguladas por los estatutos
de los municipios y por las constituciones de los príncipes.
b) El proceso común —así llamado porque regía en
cuanto no lo derogasen leyes especiales escritas— se
halla dominado por el principio del orden consecutivo, o
sea por la división del procedimiento en diversas etapas o
estadios, destinado cada uno de ellos al cumplimiento de
un acto procesal o serie de actos semejantes. A la
demanda del actor, que debe formularse por escrito, el
demandado puede oponer defensas previas (terminus ad
omnes diliatorias et declinatorias proponendas), que
son examinadas en un estadio anterior a la discusión sobre
el
fondo
del
asunto,
e invocar
después
las
restantes excepciones posibles en oportunidad de
contestar la demanda. Con posterioridad a la litis
contestatio (que carece del sentido que tenía en el proceso
romano clásico) se presta el juramento de malicia, que
persigue el doble objeto de certificar la buena fe del
litigante y de fijar los términos del litigio. Sigue a ella —
precedida por la práctica de la confesión mediante
absolución de posiciones— el diligenciamiento de la
prueba, que se halla sometida a rigurosas reglas en cuanto
a su clase y valoración. Recibidas las pruebas, y luego de
plantear las partes sus últimas alegaciones (terminus ad
concludendum), el juez cita a aquéllas para
sentencia (citatio ad sententiam), que es dictada en forma
pública y oral, procediendo contra ella la apellatio en caso
33
de considerársela injusta y la querella nullitatis en el
supuesto de objetársela por razones formales, sin perjuicio
de los recursos extraordinarios (restitutio in integrum,
supplicatio ad principem, revisio). Debe destacarse
finalmente que este proceso, en virtud de la costumbre de
documentar todas las actuaciones en él producidas,
termina por convertirse en un proceso exclusivamente
escrito.
Observa CHIOVENDA que
si
bien
los
principios
fundamentales que dominan el proceso común —como los
referentes al objeto de la prueba y a la sentencia— son de
origen romano, la influencia germánica se advierte en
numerosas instituciones, algunas de las cuales han
pasado al derecho moderno, como son, por ejemplo,
laquerella nullitatis (origen del recurso de casación), la
prueba legal (entendida como conjunto de normas
vinculantes de la convicción judicial), la división del
proceso en dos estadios, antes y después de la
contestación de la litis, y la división del procedimiento en
una serie de fases preclusivas.
c) La excesiva lentitud que fue adquiriendo el proceso
común determina la introducción, por la Clementina Saepe
continget (1306),
de
un
tipo
de
proceso
sumario indeterminado, en el cual rigen los principios de
concentración y oralidad y se amplían los poderes de
dirección del juez. Junto a él surgen otros procesos
determinados y especiales, que constituyen el origen de
los actuales procesos de ejecución.
34
13. Formación del proceso civil contemporáneo
A partir del siglo XIV el proceso común pasa de Italia a
los demás países de la Europa continental, a raíz del
llamado "fenómeno de la recepción".
La adaptación de ese tipo de proceso, y sus
modificaciones posteriores, se operan de distinta manera
en cada país. En Alemania se arraiga notablemente en los
territorios meridionales y occidentales, en los que alcanza
vigencia el llamado proceso cameral, que es tributario de
los defectos e inconvenientes más acentuados del proceso
ítalo-canónico; mientras que es resistido en el norte del
país, por obra de la escuela sajona. Pero a partir de la
sanción del Corpus iuris fridericianum (1681) se inicia un
movimiento reformador tendiente a la simplificación del
proceso.
En España la recepción del proceso común se produce
a partir de la baja Edad Media, siendo sus principios
recogidos en la tercera de las Siete Partidas de Alfonso el
Sabio (1258). Durante la Edad Moderna, los
ordenamientos procesales que se suceden se mantienen
fieles a aquel tipo de proceso. Tal lo que ocurre con el
Ordenamiento de Montalvo (1480), las Ordenanzas de
Madrid (1499), las Leyes de Toro (1505), la Nueva
Recopilación (1567) y la Novísima Recopilación (1805).
En Francia también tiene lugar la recepción del derecho
común (particularmente en la zona meridional), pero por
obra de los Parlamentos, especialmente el de París, se
desenvuelve un tipo especial de proceso que si bien
reconoce bases romano-canónicas, con influencia de
elementos
consuetudinarios
germánicos,
ofrece
características que lo diferencian del proceso vigente en el
resto de Europa. Las costumbres judiciales de los
Parlamentos, que son recogidas y sistematizadas por la
35
doctrina, constituyen el punto de partida de la intensa
actividad legislativa llevada posteriormente a cabo por las
Ordenanzas reales referentes a la administración de
justicia, como las de 1539 (Villers-Cotterêts), 1566
(Moulins), 1579 (Blois), que culminan con la
famosaOrdonnance civile de Luis XIV (1667) y las que
luego dicta Luis XV en 1737 y 1738.
Producida la Revolución se intenta, mediante diversas
leyes, una transformación radical de la justicia y del
proceso. Pero la reforma fracasa en la práctica y el
Consulado, por ordenanza del 18 fructidor del año 1800,
restablece la de 1677, cuyas disposiciones se caracterizan
por la sencillez que imprimen al procedimiento y por la
consagración de los principios de oralidad y publicidad. Es
sobre la base de esta ordenanza que se redacta el
proyecto de lo que llega a ser el Code de procédure civile,
que entra en vigor el 1º de enero de 1807. Este
ordenamiento fue objeto de diversas reformas parciales,
particularmente en 1971, 1972, 1973, 1975 y 1981,
posteriormente integradas en un Nouveau Code de
Procédure Civile que mantiene, en lo fundamental, el
sistema del Código de 1807.
Dicho Código estuvo vigente en muchas partes de Italia
durante la ocupación francesa, y fue tomado como modelo
por los Códigos que se dictaron con posterioridad a la
restauración, como los de Nápoles (1819), Módena (1852)
y los sardos de 1854 y 1859. Proclamado el Reino de
Italia, se promulga el Código de Procedimiento Civil de
1865, que responde sustancialmente a los principios del
Código francés. Luego de diversas tentativas de reforma,
una comisión integrada por el ministro de justicia DINO
GRANDI,
los
profesores CARNELUTTI, REDENTI yCALAMANDREI y
el
36
magistrado de la Corte de Casación LEOPOLDO CONFORTI,
redactó un proyecto que dio lugar a la sanción, en 1940,
del nuevo Codice di procedura civile, en vigor desde 1942,
y luego parcialmente modificado en 1950, 1955 y 1990.
También fue decisiva la influencia del Código francés
en la elaboración de la legislación procesal alemana del
siglo XIX. Tal ocurrió con el reglamento procesal civil de
Hannover (1850) y con las ordenanzas posteriores de
Baden (1864) y Wütemberg (1868). La misma influencia se
advierte en la Zivilprozessordnung de 1877, que todavía
constituye la base del derecho procesal civil vigente en
Alemania. Esta ley influye en la redacción de la
Ordenanza austríaca de 1895 (obra de FRANZ KLEIN), y
ambas en numerosas leyes procesales europeas
(Dinamarca, Suecia, Noruega, Hungría, etc.).
A partir de la Constitución de 1812 se sancionan en
España diversos ordenamientos procesales destinados a
sustituir a las antiguas leyes. La codificación íntegra se
concreta recién con la sanción de la Ley de Enjuiciamiento
Civil de 1855, que fue posteriormente sustituida por la ley
del mismo nombre de 1881. El sistema de ambos
ordenamientos respondió, en lo esencial, al del proceso
común, y se mantuvo por consiguiente fiel a una tradición
de la que pudo sustraerse la restante legislación procesal
europea.
Si bien, por último, la Ley de Enjuiciamiento Civil fue
parcialmente modificada en 1984 y no instituyó nuevos
tipos de procesos informados por el principio de oralidad,
el nuevo ordenamiento introdujo diversas medidas
encaminadas a dotar de mayor celeridad al procedimiento
y a estructurar una administración de justicia menos
formalista en cuanto, fundamentalmente, redujo los plazos,
estimuló la autocomposición, amplió el ámbito de los
procesos
plenarios
rápidos, introdujo
la audiencia
preliminar y reformó la casación con sentido antiformalista.
37
38
14. Evolución de la legislación procesal
argentina
a) A partir del descubrimiento se aplica en América, a
través de las llamadas leyes de Indias, la legislación
procesal vigente en España. La necesidad de ordenar el
profuso material normativo acumulado durante la época
colonial determina que, en el año 1680, se promulgue la
llamada Recopilación de Indias, que dedica el libro
segundo a la justicia y establece el orden de prelación de
las leyes que debían regir en América (1º, cédulas,
provisiones u ordenanzas dadas y no revocadas para las
Indias; 2º, leyes españolas desde el ordenamiento de
Alcalá de 1348 hasta la Nueva Recopilación de 1567,
debiendo ser resueltas las cuestiones no previstas por
esas leyes mediante aplicación del Fuero Real, los fueros
municipales, el Fuero Juzgo y las Leyes de Partidas).
La administración de justicia se halla distribuida,
durante la época colonial, entre los siguientes órganos:
1º) La justicia de primera instancia es administrada, en
lo civil y criminal, por dos alcaldes ordinarios (de primero y
segundo voto), que son designados por el Cabildo y duran
un año en el ejercicio de sus funciones. Junto a
ellos existen los alcaldes de Hermandad, que ejercen
funciones de carácter policial en la campaña.
2º) Los gobernadores, aparte de presidir los Cabildos y
de ejercer funciones políticas y administrativas dentro de
sus provincias, tienen competencia para conocer en grado
de apelación de las resoluciones de los alcaldesordinarios.
En los últimos años de la Colonia esa competencia se
transfiere al gobernador intendente.
3º) Son tribunales superiores de justicia de la Colonia
las Reales Audiencias, que conocen en tercerainstancia de
las apelaciones deducidas contra los fallos que dictan los
gobernadores o intendentes u otros jueces en todo el
territorio de su jurisdicción. Además de esa competencia
apelada la tienen también originaria en los denominados
"casos de Corte", que están dados por la índole de ciertos
delitos (muerte segura, mujer forzada, camino
quebrantado, alevosía, traición, etc.), por la calidad de las
personas intervinientes en los juicios (pleitos contra
corregidor o alcalde ordinario) o por circunstancias que
implican una inferioridad en la posibilidad de defensa
(procesos de menores, viudas, iglesias y comunidades).
La Real Audiencia de Buenos Aires fue creada por Real
Cédula del 2 de noviembre de 1661, suprimida en 1671 y
restablecida el 14 de abril de 1783. Se le acordó
competencia territorial en las provincias del Río de la Plata,
Paraguay, Tucumán y Cuyo y estaba compuesta, aparte
de otros funcionarios de menor jerarquía, por el virrey
como presidente, un regente, cuatro oidores (que eran los
verdaderos jueces de esos tribunales) y un fiscal.
4º) Con el propósito de lograr "la más breve y fácil
administración de justicia en los pleitos mercantiles" y
proveer "lo más conveniente al bien y prosperidad del
comercio", la Real Cédula del 30 de enero de 1704 crea el
Real Consulado de Buenos Aires. Se lo integra con un
39
prior, dos cónsules, nueve conciliarios, un síndico, un
secretario, un contador y un tesorero y se lo divide en dos
secciones: el Tribunal del Consulado, a quien se halla
confiada la administración de justicia en los pleitos
suscitados entre comerciantes, y funciona con el prior y
dos cónsules, y la Junta del Consulado, cuya tarea
consiste en dictar medidas referentes a la agricultura y el
comercio, y se halla integrada por todo el personal del
Consulado. En los pleitos de más de mil pesos las
sentencias del Tribunal del Consulado son apelables para
ante la Alzada de Comercio, tribunal compuesto por el
oidor decano de la Real Audiencia y dos colegas
(comerciantes) elegidos por él entre los que propone cada
litigante.
5º) El Consejo Superior de Indias, creado en el año
1524 como un desprendimiento del Consejo de Castilla, es
un organismo residente en España cuyas funciones
comprenden todo lo concerniente al gobierno de las
colonias
americanas
en
los
aspectos
político,
administrativo y judicial. Como tribunal de justicia, el
Consejo de Indias tiene competencia privativa en los
juicios de residencia y en las visitas, y competencia
apelada en los asuntos provenientes de las Reales
Audiencias cuyo monto exceda de seis mil pesos, así
como en las causas criminales graves. Conoce, asimismo,
en instancia extraordinaria, de los recursos de segunda
suplicación y de nulidad e injusticia notoria, deducidos
contra las sentencias pronunciadas en revista por las
Audiencias.
b) Entre los principales ordenamientos procesales
dictados durante el período que suele denominarse
"derecho patrio" (que comienza con la Revolución de Mayo
40
y termina en la época de la codificación), merecen
destacarse los reglamentos de 1812, 1813, 1815 y 1817, y
en lo que al objeto de este libro concierne, ciertos
ordenamientos dictados con posterioridad para regir en la
provincia de Buenos Aires.
Interesa mencionar, entre las más trascendentes
reformas introducidas por el Reglamento de Administración
de justicia del 23 de enero de 1812, la supresión de la Real
Audiencia de Buenos Aires y su reemplazo por una
Cámara de Apelaciones a la que se atribuye competencia
en las instancias de apelación, segunda suplicación,
recursos ordinarios y extraordinarios por nulidad o injusticia
notoria y demás que por leyes y ordenanzas conocían las
Audiencias de América, y la creación del Tribunal de
Concordia, cuya función consiste en procurar el
avenimiento de los litigantes y dictar, ante el fracaso de
esa gestión, "formal sentencia sobre si resulta o no mérito
a un litigio de buena fe por duda mayor o menor de hecho
o de derecho", de manera tal que ningún juez puede
admitir una demanda sin que dicho tribunal acuerde el
"pase" correspondiente.
En su sesión del 21 de mayo, la Asamblea General
Constituyente de 1813 decreta la extinción de la Real
Audiencia de Charcas, reemplazándola por una Cámara de
Apelaciones con jurisdicción en todo el territorio que
comprendía aquel tribunal. Dicha Asamblea aprueba, el 6
de setiembre del mismo año, un "Reglamento de
Administración de Justicia", entre cuyas innovaciones más
importantes cabe mencionar la unificación de los
procedimientos a seguir en las cámaras de Buenos Aires y
Charcas, la admisión de la prueba pericial en las
cuestiones complejas, la imposición de las costas al
litigante temerario y la institución de un Supremo Poder
Judicial para conocer de los recursos de segunda
suplicación y de nulidad o injusticia notoria, disponiéndose
que hasta tanto se estableciera ese Poder Supremo
debían conocer de tales recursos las Cámaras de
Apelaciones de Buenos Aires y Charcas.
En la sección dedicada al poder judicial, el estatuto
provisional de 1815 consagra el principio de
laindependencia de los jueces, suprime el Tribunal de
Concordia
y
encomienda
la
decisión
de
los
recursosextraordinarios de segunda suplicación y de
nulidad o injusticia notoria a juntas especiales, compuestas
de cinco letrados designados por el Director Supremo y
que cesan en sus funciones una vez dictado el respectivo
pronunciamiento.
El Reglamento provisorio de 1817 mantiene, en lo
sustancial, la organización hasta entonces vigente, pero
admite la suspensión de los magistrados por el Director,
cuando medie justa causa, con cargo de dar cuenta al
Congreso, y los gobernadores, intendentes y tenientesgobernadores quedan excluidos del ejercicio de la
jurisdicción civil y criminal, disponiéndose que, en su lugar,
"sería nombrado por el Director del Estado, en cada capital
de provincia, a propuesta en terna de la Cámara de
apelación, un letrado que ejerciera las funciones de Juez
de Alzada de toda ella".
Aparte de los ordenamientos ya citados, merecen
señalarse la ley del 24 de diciembre de 1821, que suprime
los alcaldes y crea los juzgados de paz; el decreto del 5 de
marzo de 1830, mediante el cual se completa la
organización de la Cámara de Apelaciones, tribunal que
recibe el nombre de Cámara de Justicia y que la
Constitución de la provincia de Buenos Aires de 1854
convierte en Superior Tribunal de Justicia; el decreto del 20
41
42
de octubre de 1829, que modifica los recursos de segunda
suplicación; el decreto del 16 de setiembre de 1853, sobre
sustanciación de los juicios civiles y ordinarios; la ley del
30 de setiembre de 1857, que divide al Superior Tribunal
de Justicia en una sala civil y otra criminal, debiendo
conocer ambas, alternativamente, de las causas
comerciales; la del 2 de noviembre de 1860, sobre juicios
ejecutivos y tercerías; la del 5 de octubre de 1870, sobre
comparecencia en juicio, fijación de domicilio y pacto
de cuota litis; la del 4 de setiembre de 1871, que divide al
Superior Tribunal de Justicia en dos cámaras para lo civil y
otra para lo criminal, debiendo alternarse en el
conocimiento de las causas mercantiles, y la Constitución
de la provincia de Buenos Aires del 21 de octubre de 1873,
que crea un Poder Judicial compuesto por una Suprema
Corte de Justicia, cámaras de apelaciones y juzgados de
primera instancia. Al producirse la federalización de la
ciudad de Buenos Aires se dicta la ley 1144sobre
organización de los tribunales de la Capital, aunque hacía
ya varios años que había comenzado el período de la
codificación.
El 14 de setiembre de 1863 se había sancionado, en
efecto, la ley 50 de procedimiento federal, y se contaba,
desde el 18 de agosto de 1880, con el Código de
Procedimiento Civil y Comercial, ordenamiento que fue
sancionado para regir en la provincia de Buenos Aires y
que, con diversas reformas, tuvo vigencia en la Capital
Federal hasta el 1º de febrero de 1968, fecha en que fue
reemplazado tanto en dicho distrito cuanto en toda la
justicia federal por el CPN, aprobado por ley 17.454. Por
último, dicho Código fue parcialmente modificado por laley
22.434, promulgada el 16 de marzo de 1981, que rige
desde el 24 de julio de ese mismo año.
Luego de la ley 22.434, el texto del CPN se ha visto
modificado por la siguiente normativa: decreto 1042/1981
del 27/8/1981; ley 23.377 del 13/2/1987; ley 23.850 del
31/10/1990; ley 24.432 del 10/1/1995; ley 24.441 del
16/1/1995; ley 24.454 del 7/3/1995; ley 24.573 del
27/10/1995; ley 24675 del 17/9/1996; ley 24.760 del
13/1/1997;ley 25.097 del 24/5/1999; ley 25.453 del
31/7/2001; decreto 1387/2001 del 2/11/2001; resolución
114/2001 de la Procuración del Tesoro de la Nación del
5/11/2001; ley 25.488 del 22/11/2001; ley 25.561 del
7/1/2002; resolución 1/2002 de la Procuración del Tesoro
de la Nación del 10/1/2002; ley 25.563 del 15/2/2002; ley
25.587 del 26/4/2002; ley 25.595 del 18/6/2002; ley 25.624
del 7/8/2002; decreto 2415/2002 del 28/11/2002; ley
25.934 del 4/10/2004; ley 25.935 del 4/10/2004; resolución
60/2005 del
Consejo
de
la
Magistratura
del
5/4/2005; resolución 132/2005 del
Consejo
de
la
Magistratura
del
19/4/2005; ley
26.061
del
26/10/2005; disposición 3105/2005 de la Dirección General
de Recursos de la Seguridad Social-AFIP del 30/12/2005;
acordada 18/2006 de la Cámara Nacional de Apelaciones
Contencioso Administrativo Federal de la Capital del
28/8/2006; acordada 2/2007 de la Corte Suprema de
Justicia de la Nación del 7/2/2007; acordada 4/2007 de la
Corte Suprema de Justicia de la Nación del 21/3/2007; ley
26.536 del 27/11/2009; ley 26.546 del 27/11/2009; ley
26.589 del 6/5/2010; ley 26.790 del 4/12/2012; ley 26.854
del 30/4/2013; ley 26.853 del 17/5/2013; acordada 16/2014
de la Corte Suprema de Justicia de la Nación del
19/5/2014; acordada 27/2014 de la Corte Suprema de
Justicia de la Nación del 19/9/2014 y acordada 28/2014 de
la Corte Suprema de Justicia de la Nación del 19/9/2014.
43
44
§ II. LAS FUENTES DEL DERECHO PROCESAL CIVIL(2)
15. Concepto y clases
a) Son fuentes del derecho procesal todos aquellos
criterios de objetividad que, en razón de expresar la
valoración de la comunidad, o de sus órganos, acerca de
una determinada realidad de conducta, pueden
serinvocados por los jueces para esclarecer el sentido
jurídico de las conductas que deben juzgar durante el
desarrollo del proceso.
b) En escala decreciente de obligatoriedad constituyen
fuentes del derecho procesal: 1º) la ley, la costumbre y la
jurisprudencia obligatoria; 2º) la jurisprudencia no
obligatoria; 3º) la doctrina. Conviene aclarar que si bien la
palabra "ley" se utilizó en sentido amplio, es decir,
entendida como toda norma general formulada en
formaexpresa y reflexiva por un órgano competente, al
estudiarse las fuentes del derecho procesal civil en
particular, se analizarán separadamente las normas
contenidas en la Constitución Nacional, en las leyes
procesales propiamente dichas y en los reglamentos y
acordadas judiciales.
45
Corresponde agregar que mientras la ley y la costumbre
son fuentes primarias, la jurisprudencia y la doctrina
constituyen fuentes secundarias, pues se hallan
subordinadas a géneros legales o consuetudinarios
preestablecidos.
c) Sin perjuicio de lo que señala PALACIO respecto de
las fuentes del derecho procesal, cabe poner de relieve
que
el
nuevo
Código
Civil
y
Comercial
contempla expresamente la cuestión de las fuentes del
derecho —y, con íntima vinculación, la de las reglas
de interpretación de la ley— en los arts. 1º y 2º en los
siguientes términos: "Art. 1º.— Fuentes y aplicación. Los
casos que este Código rige deben ser resueltos según las
leyes que resulten aplicables, conforme con la Constitución
Nacional y los tratados de derechos humanos en los que la
República sea parte. A tal efecto, se tendrá en cuenta la
finalidad de la norma. Los usos, prácticas y costumbres
son vinculantes cuando las leyes o los interesados se
refieren a ellos o en situaciones no regladas legalmente,
siempre que no sean contrarios a derecho". "Art. 2º.—
Interpretación. La ley debe ser interpretada teniendo en
cuenta sus palabras, sus finalidades, las leyes análogas,
las disposiciones que surgen de los tratados sobre
derechos humanos, los principios y los valores jurídicos, de
modo coherente con todo el ordenamiento". Si bien estas
previsiones rigen en forma inmediata para el derecho
privado, su alcance impacta —entendemos— de
modo indirecto al derecho procesal destinado a regular los
trámites donde se ventilen pretensiones de esta
naturaleza.
46
16. La Constitución
a) La Constitución Nacional contiene diversas normas
atinentes a la administración de justicia, y en general, a
ciertos derechos y garantías que conciernen directamente
a la regulación del proceso civil.
b) Entre las primeras cabe citar las que disponen la
obligación de las provincias de asegurar su administración
de justicia (art. 5º); la fe que merecen los procedimientos
judiciales de cada provincia en las demás (art. 7º);
la incompatibilidad entre el cargo de juez federal y el de
juez provincial (art. 34); la forma de designar a los
magistrados judiciales (art. 99, inc. 4º); la constitución y
competencia del Poder Judicial de la Nación (arts. 108 a
117); la prohibición de que el presidente de la República
ejerza funciones judiciales (art. 109); la autonomía y
composición del ministerio público (art. 120), etcétera.
c) Entre las segundas cuadra mencionar las que
establecen:
1º) La supresión de los fueros personales (art. 16),
garantía en cuya virtud la condición de la persona no
puede ser tenida en cuenta, en general, como elemento
susceptible de justificar la admisibilidad de un fuero judicial
de excepción, cuando el hecho en sí mismo corresponde a
la competencia de los jueces comunes. Conforme a ese
principio general, la jurisprudencia ha declarado que
la existencia de la jurisdicción militar no afecta el principio
constitucional de abolición de los "fueros personales", por
47
cuanto aquélla no comporta un fuero de excepción
establecido en razón de la simple condición o estado de
las personas, sino un fuero real o de causa basado en la
naturaleza de los actos que sirven de fundamento a los
respectivos juicios (falta o delito esencialmente militar).
2º) La prohibición de que nadie sea juzgado por
comisiones especiales, ni sacado de los jueces designados
por la ley antes del hecho de la causa (art. 18). Se trata de
una garantía ajena, por lo pronto, a la distribución de la
competencia entre los jueces permanentes que integran el
poder judicial de la Nación y de las provincias, razón por la
cual no sufre menoscabo porque uno u otro de
ellos intervenga en el proceso con arreglo a lo que
disponga la respectiva legislación (Fallos de la CSN, 234146; 235-672). Tal garantía, en rigor, tiene por objeto
asegurar a los habitantes del país una justicia imparcial, a
cuyo efecto prohíbe sustraer arbitrariamente una causa a
la competencia del juez que continúa teniéndola para
casos semejantes, con el fin de atribuirla a uno que no la
tiene, pues ello comportaría instituir, indirectamente, una
comisión especial disimulada. Por lo tanto, ella no resulta
afectada por la intervención de nuevos jueces incluso en
los juicios pendientes, como consecuencia de reformas
operadas en la organización de la justicia o en la
distribución de la competencia (Fallos, 234-482; 236-528;
237-673).
3º) La inviolabilidad de la defensa en juicio de la
persona y de los derechos, garantía constitucional que se
analizará al estudiar el principio de contradicción (infra, nº
27).
48
17. Las leyes procesales
a) A partir del año 1862 se han dictado numerosas
leyes relativas a la organización y a la competencia de la
justicia federal, las cuales, en su mayor parte, fueron
objeto de una o de diversas modificaciones.
Entre ellas corresponde mencionar la ley 27, del 16 de
octubre de 1862, sobre organización de los tribunales
federales; la ley 48, del 14 de setiembre de 1863, sobre
jurisdicción y competencia de los tribunales federales y
relaciones de éstos con los tribunales de provincia; la ley
927, del 3 de setiembre de 1878, que excluye de la
competencia de los jueces de sección los juicios
universales de concurso de acreedores y sucesorios, así
como las causas en que el objeto demandado no exceda
de quinientos pesos; la ley 4055, del 11 de enero de 1902,
sobre reformas a la organización de los tribunales
nacionales y creación de las cámaras federales de
apelaciones; las leyes 4074, del 4 de junio de 1902; 5011
del 4 de octubre de 1906, y muchas otras relativas a la
creación de nuevos juzgados y cámaras federales en las
provincias; la ley 13.998, del 6 de octubre de 1950, sobre
organización de la justicia nacional; etcétera. Las leyes
mencionadas continúan vigentes en todos aquellos
aspectos que no hayan sido objeto de expresa derogación
por leyes posteriores y por el decreto ley 1285 del 4 de
febrero de 1958, que es el último cuerpo legal de carácter
orgánico e integral sobre la justicia nacional y ha sufrido
diversas reformas parciales.
49
El procedimiento ante los tribunales federales se
hallaba reglamentado por la ley 50, que fue sancionada el
14 de setiembre de 1863 sobre la base de un proyecto que
elaboró la Corte Suprema tomando como modelo, entre
otras, la ley de procedimiento civil del Cantón de Ginebra
de 1819 y las leyes españolas de enjuiciamiento comercial
de 1830 y de enjuiciamiento civil de 1855. Esta ley fue
objeto de diversas reformas parciales, y finalmente
derogada por el CPN, vigente desde el 1º de febrero de
1968 (art. 820).
b) En lo que concierne a la Capital Federal, el Código
de Procedimiento derogado por la ley 17.454 fue
sancionado el 18 de agosto de 1880 (cuando dicho distrito
era capital de la provincia de Buenos Aires) mediante la
adopción
del
proyecto
presentado
por
una
comisión integrada
por
los
doctores ANTONIO
BERMEJO, CEFERINO
ARAUJO, ÁNGEL
BLANCO, E.
CASARES, JOSÉ M. BUSTILLO y LUIS CORREA LARGUÍA,
quienes trabajaron sobre la base de un proyecto redactado
por la Suprema Corte de la provincia que fue sancionado el
22 de octubre de 1878 y que se basó, a su vez, en el
proyecto presentado por el doctor José L. Domínguez diez
años antes.
Luego de producida la federalización de la ciudad de
Buenos Aires (ley 1029 del 21 de setiembre de 1880), laley
1144 sobre organización de los tribunales dispuso que,
hasta tanto se dictaran las leyes de procedimiento para la
Capital, continuarían rigiendo las leyes vigentes en la
provincia. Posteriormente, la ley 1893, sancionada el 12 de
noviembre de 1886 y conocida con el nombre de Ley
Orgánica de los Tribunales de la Capital, incluyó en su
articulado una disposición similar (art. 318), "hasta tanto se
dicten por el Congreso las que hayan de subrogarlas". No
50
obstante los numerosos proyectos que se sometieron a su
consideración desde entonces, el Congreso nunca llegó a
sancionar un nuevo Código Procesal en reemplazo del
sancionado para la provincia de Buenos Aires en 1880, el
cual sólo fue objeto de sucesivas reformas parciales, entre
las cuales se destacaron las introducidas por la ley 4128
del 3 de octubre de 1902, por la ley 14.237 del 24 de
setiembre de 1953, y por el decreto ley 23.398 del 31 de
diciembre de 1956.
Con posterioridad, una comisión creada por resolución
de la entonces Secretaría de Justicia del 15 de diciembre
de 1966 e integrada por los doctores CARLOS ALBERTO
AYARRAGARAY, NÉSTOR DOMINGO CICHERO, CARLOS JOSÉ
COLOMBO, MARÍA LUISA ANASTASI DE WALGER, JOSÉ J.
CARNEIRO y el autor de esta obra, redactó el CPN,
aprobado luego por ley 17.454. Dicho Código, en vigencia
a partir del 1º de febrero de 1968, fue parcialmente
reformado porley 22.434, cuyo contenido, en lo
fundamental, responde al proyecto que por encargo del
ministro de Justicia de la Nación elaboraron los
doctores CARLOS J. COLOMBO, NÉSTOR D. CICHERO y JAIME
L. ANAYA, quienes tomaron como base para la reforma las
disposiciones de la derogada ley 20.497, de efímera
vigencia. Luego la ley 24.573, además, de introducir un
procedimiento extrajudicial de mediación obligatoria previa
a todo juicio, modificó formalmente sólo seis artículos del
Código, pero alteró implícitamente la eventual aplicación
de otras normas contenidas en aquél, generando un
estado de incertidumbre difícilmente superable.
Finalmente, la ley 25.488 incorporó al Código
numerosas modificaciones, entre las que importa
mencionar la eliminación del proceso sumario como
categoría intermedia entre el proceso ordinario y el
proceso sumarísimo, el mejor ordenamiento de
la audiencia preliminar y la regulación de nuevas
modalidades de notificación personal (acta notarial, carta
documento y telegrama con copia certificada).
El Código en vigor, con las modificaciones introducidas
por las leyes precedentemente mencionadas, consta de
siete
libros
dedicados,
respectivamente,
a
las disposiciones
generales,
a
los procesos
de
conocimiento, a losprocesos de ejecución, a los procesos
especiales, a los procesos universales, al proceso arbitral,
y a losprocesos voluntarios.
Cada uno de esos libros se halla compuesto de
diversos títulos y cada uno de éstos, a su vez, se divide en
varios capítulos, algunos de los cuales se hallan divididos
en secciones. En el libro I el título I se denomina órgano
judicial y cuenta con cinco capítulos en los cuales se
reglamentan
la competencia,
las cuestiones
de
competencia,
las recusaciones y excusaciones,
los deberes y facultades de los jueces y los secretarios y
oficiales primeros. El título II se halla dedicado a
las partes y consta de once capítulos sobre los siguientes
puntos: reglas
generales, representación
procesal,
patrocinio letrado, rebeldía, costas, beneficio de litigar sin
gastos,
acumulación
de
acciones
y
litisconsorcio, intervención de terceros, tercerías, citación
de evicción y acción subrogatoria. El título III se refiere a
los actos procesales y contempla, en diez capítulos,
las actuaciones en general, los escritos, las audiencias,
los expedientes, los oficios y exhortos, las notificaciones,
los traslados yvistas,
el tiempo
de
los
actos
procesales (capítulo dividido en dos secciones relativas
al tiempo hábil y a losplazos), las resoluciones judiciales y
la nulidad de los actos procesales. El título IV comprende
51
52
las contingencias generales y en cuatro capítulos
reglamenta los incidentes, la acumulación de procesos,
las medidas cautelares(donde en ocho secciones se
contemplan las distintas medidas de aquella índole que
son procedentes respecto de los bienes y de las personas)
los recursos (capítulo dividido en ocho secciones
dedicadas a los distintos recursos y a los procedimientos
ante los tribunales superiores) y el título V se refiere a
los modos anormales de terminación del proceso,
hallándose dividido en cinco capítulos dedicados
respectivamente
al desistimiento,
alallanamiento,
a
la transacción, a la conciliación y a la caducidad de
la instancia.
Dentro del libro II (Procesos de conocimiento), el título I
trata sobre las Disposiciones generales y se divide en dos
capítulos dedicados a las clases de procesos de
conocimiento y a las diligencias preliminares. El título II
reglamenta el proceso ordinario y se halla dividido en cinco
capítulos sobre la demanda, la citación del demandado,
las excepciones previas, la contestación a la demanda y
reconvención y la prueba (capítulo dividido en siete
secciones relativas a las normas generales, a los distintos
medios probatorios, y a la conclusión de la causa para
definitiva). El título III versa sobre el proceso sumarísimos
y consta actualmente de un capítulo único destinado a
regular dicho proceso.
El libro III (Procesos de ejecución) se halla dividido en
tres títulos: el primero se ocupa de la ejecución de las
sentencias, y dentro de él existen dos capítulos que se
refieren a las sentencias de tribunales argentinos y a
lassentencias
de
tribunales extranjeros y laudos
de
tribunales arbitrales extranjeros; el segundo se encuentra
dedicado al juicio ejecutivo y se compone de tres capítulos
sobre disposiciones
generales, embargo yexcepciones y cumplimiento de la
sentencia de remate; el tercero, finalmente, se
denomina ejecuciones especiales y se compone de dos
capítulos: uno sobre disposiciones generales y otro
sobre disposiciones específicas, dentro del cual, en cuatro
secciones, se reglamentan las ejecuciones hipotecaria,
prendaria, comercial y fiscal.
El libro IV (Procesos especiales) está integrado por los
siguientes
títulos: interdictos
y
acciones
posesorias,denuncia de daño temido y reparaciones
urgentes (dividido a su vez en ocho capítulos relativos a
los interdictos, al interdicto de adquirir, al interdicto de
retener, al interdicto de recobrar, al interdicto de obra
nueva, a lasdisposiciones comunes a los interdictos, a
las acciones posesorias y a la denuncia de daño temido y
oposición
de
la
ejecución
de
reparaciones
urgentes); procesos
de
declaración
de incapacidad
e inhabilitación (el que se divide en tres capítulos
dedicados a la declaración de demencia, a la declaración
de sordomudez y a ladeclaración de inhabilitación);
alimentos y litisexpensas; rendición de cuentas; mensura y
deslinde (dividido en dos capítulos); división de cosas
comunes y desalojo.
El libro V se compone de un único título referido
al Proceso sucesorio, que se divide en siete capítulos que
versan
sobre disposiciones
generales, sucesiones ab intestato, sucesión
testamentaria, administración,inventario y avalúo, partición
y adjudicación y herencia vacante.
El libro VI (Proceso arbitral) consta de tres títulos
denominados: Juicio arbitral, Juicio de amigables
componedores y Juicio pericial.
53
54
El libro VIII (Procesos voluntarios y disposiciones
transitorias) trata, en el título I, de los procesos voluntarios,
el cual se divide en seis capítulos, dedicados a
la autorización para contraer matrimonio, el discernimiento
de tutela y curatela, a la copia y renovación de títulos, a
la autorización para comparecer en juicio y ejercer actos
jurídicos, al examen de libros por el socio y
al reconocimiento, adquisición y venta de mercaderías, y
en el título II, de lasdisposiciones transitorias.
c) En lo que concierne a la organización judicial de la
Capital, con posterioridad a la ley 1893 se dictaron, entre
otras, las siguientes: nº 7055, de agosto 17 de 1910, sobre
reorganización de los tribunales de la Capital, que crea una
nueva Cámara de Apelaciones en lo Civil, convierte a la
entonces llamada Cámara de Apelaciones en lo Criminal,
Correccional y Comercial en Cámara de Apelaciones en lo
Criminal y Correccional, instituyendo una nueva cámara de
cinco miembros para los asuntos comerciales, determina el
modo de integrarse las cámaras en caso de impedimento o
recusación de algunos de sus miembros, así como la
forma de solucionarse los conflictos de competencia que
pudieran producirse entre ellas, y fija el número de jueces
de primera instancia en los distintos fueros de la Capital; nº
11.924, de octubre 22 de 1934, que creó la justicia de paz
letrada y reglamentó asimismo el procedimiento aplicable
en ella; el decreto ley 33.347/44 (ratificado por la ley
12.948) sobre organización, competencia y procedimiento
de la jurisdicción del trabajo; nº 13.998, de octubre 6 de
1950, que estableció el carácter nacional de los jueces de
la Capital Federal, haciendo así desaparecer la diferencia
que hasta entonces existía en ese distrito entre jueces
ordinarios o locales y jueces federales; el decreto ley
1285/58 que, como se dijo, constituye el ordenamiento que
55
actualmente rige, con algunas modificaciones, la
organización de la justicia nacional y, por ende, de la
Capital Federal; la ley 18.345, sobre organización y
procedimiento de la justicia nacional del trabajo; la ley
22.172 sobre comunicaciones entre tribunales de la
república; la ley 23.637 sobre unificación de la justicia civil;
la ley 23.774 sobre aumento del número de miembros de
la Corte Suprema y reformas a los arts. 280 y 285 del
CPN; las leyes 24.937, 24.939 y 26.080 sobre el Consejo
de la Magistratura y el Jurado de Enjuiciamiento de
Magistrados, y otros múltiples ordenamientos referentes a
la creación de órganos judiciales.
d) Cuadra finalmente señalar que la República
Argentina aprobó o adhirió a diversos tratados, convenios y
convenciones internacionales sobre cuestiones de derecho
procesal civil. Entre ellos cabe citar los Tratados de
Montevideo
de
1889
y
1940
sobre
aplicación interespacial de las leyes procesales y ejecución
de sentencias y laudos, respectivamente aprobados por
la ley 3192 y el decreto ley 7771/56; el Tratado celebrado
con Italia en 1887 sobre diligenciamiento de exhortos y
ejecución de sentencias, aprobado por ley 3983; el
Convenio celebrado con la República Oriental del Uruguay
en 1980 sobre Igualdad de Trato Procesal y Exhortos,
aprobado por la ley 22.410; las Convenciones aprobadas
por las Conferencias de La Haya de Derecho Internacional
Privado sobre Procedimiento civil de 1954 y de obtención
de pruebas en el extranjero de 1970, respectivamente
aprobadas por las leyes 23.502 y 23.480; la Convención
Interamericana sobre recepción de pruebas en
el extranjero adoptada por la I Conferencia Interamericana
de Derecho Internacional Privado y aprobada por ley
23.481; etcétera.
56
e) A los fines de reformar el CPN para modernizar sus
contenidos, incorporar figuras que tiendan a una mayor
efectividad procesal y recoger los lineamientos que aporta
el nuevo Código Civil y Comercial de la Nación desde su
entrada en vigencia el 1 de agosto de 2015, se ha
presentado —ese mismo año— a la comunidad científica
el Anteproyecto de Código Procesal Civil y Comercial de la
Nación del profesor Mario E. Kaminker.
18. Los reglamentos y acordadas judiciales
a) A fin de facilitar el mejor funcionamiento de la
administración de justicia, y frente a la imposibilidad de
prever los múltiples problemas de orden práctico que la
actividad procesal puede suscitar, las leyes suelen conferir
a los tribunales superiores la facultad de dictar normas
generales, destinadas a complementar los textos legales
referentes a ciertos aspectos de la organización judicial y a
la regulación de los procedimientos.
Según versen sobre diversas materias o sobre un punto
determinado, tales ordenamientos de tipo general se
denominan
respectivamente, reglamentos
judiciales y acordadas
reglamentarias, aunque
corresponde señalar que todos los reglamentos judiciales
se dictan mediante "acordadas". Éstas constituyen
resoluciones judiciales, y se las llama así para
diferenciarlas de las sentencias, con las que, en ocasiones,
tienen en común la circunstancia de configurar normas
"individuales", si bien exclusivamente referidas a las
57
materias comprendidas dentro de las facultades de
superintendencia que competen a los tribunales
superiores. Tal lo que ocurre, por ejemplo, cuando éstos
disponen designar, remover o conceder licencia a un
empleado o funcionario.
b) Las disposiciones legales que instituyen la referida
facultad reglamentaria son, en el orden nacional, el art.
18 de la ley 48, que autoriza a la Corte Suprema para
"establecer los reglamentos necesarios para la ordenada
tramitación de los pleitos, con tal que no sean repugnantes
a las prescripciones de la ley de procedimientos"; elart.
10 de la ley 4055, que aparte de establecer la
superintendencia de la Corte Suprema sobre los
tribunalesinferiores de la justicia federal, dispone que dicho
tribunal debe "dictar los reglamentos convenientes para
procurar la mejor administración de justicia"; el art. 102 de
la ley 1893, que autoriza a las cámaras de apelaciones de
la Capital para dictar "los reglamentos convenientes para la
mejor administración" y el art. 21 del decreto-ley
1285/58, que —reproduciendo el mismo artículo de la ley
13.998— prescribe que la Corte Suprema "dictará su
reglamento interno y económico y el reglamento para la
justicia nacional, estableciendo las facultades de
superintendencia
de
la
Corte
Suprema
y
tribunales inferiores". El CPN, por su parte, contiene
diversas normas que, en relación con aspectos específicos
del trámite procesal, remiten a las reglamentaciones que
dicten los tribunales superiores (v.gr. arts. 120, 148, 152,
etc.).
c) Mediante Acordada del 17 de diciembre de 1952, y
en reemplazo del anterior Reglamento para la justicia
federal y letrada de los territorios nacionales, de marzo 3
58
de 1948, la Corte Suprema de Justicia de la Nación dictó el
Reglamento para la Justicia Nacional, parcialmente
modificado luego por diversas acordadas. Este
ordenamiento
regula
todo
lo
concerniente
al
nombramiento, ascenso, remoción, deberes, facultades
eincompatibilidades de los funcionarios y empleados de la
Justicia Nacional, a ciertas formalidades de los actos
procesales, al funcionamiento de la Corte, de las cámaras
nacionales de apelaciones y de los juzgados de
primera instancia y a la organización de los cuerpos
técnicos periciales.
Por su parte, y en cumplimiento de la norma contenida
en el art. 102 de la ley orgánica, las cámaras de
apelaciones de la Capital han dictado numerosos
reglamentos relativos, por ejemplo, al turno de los
juzgados de primera instancia y de las propias cámaras, a
los requisitos para la anotación de embargos e inhibiciones
en el Registro de la Propiedad, a la devolución de escritos
ilegibles, a la traducción de documentos redactados en
idioma extranjero, a la obligación de los empleados
notificadores de enunciar el día y la hora del
diligenciamiento en el duplicado de las cédulas que se
dejan a los interesados, a la publicación de edictos;
etcétera. Todos estos ordenamientos son válidos en tanto
no contraríen lo dispuesto por el Reglamento para la
Justicia Nacional (RJN, art. 104).
Debe empero recordarse que la reforma constitucional
sancionada en 1994 atribuye al denominado Consejo de la
Magistratura, entre otras funciones, las consistentes en
"dictar los reglamentos relacionados con la organización
judicial y todos aquellos que sean necesarios para
asegurar la independencia de los jueces y la eficaz
prestación del servicio de justicia" (CN, art. 114, inc.
6º). La ley 24.937 —del 10/12/1997, BO del 6/1/1998—
vino a regular la creación y funcionamiento de este
organismo. Es obvio que tal régimen normativo, a la hora
de precisar el alcance de los "reglamentos" a que alude
el art. 114, inc. 6º de la CN, debe hacerse cargo del hecho
de que la Corte Suprema continúa siendo, aún con
posterioridad a la reforma, el órgano que ejerce la jefatura
del Poder Judicial de la Nación.
59
60
d) El alcance de los reglamentos judiciales depende de
los términos de la norma legal que concede la facultad
reglamentaria. Por ejemplo, el art. 13 del decreto-ley
1285/58, en tanto dispone que el "nombramiento y
remoción de los funcionarios y empleados que dependan
de la Justicia de la Nación se hará por la autoridad y en la
forma que establezcan los reglamentos de la Corte
Suprema", acuerda a dicho tribunal un amplio margen de
arbitrio para regular la materia, sólo limitado por el art. 12
del mencionado decreto-ley, que determina los requisitos
para ser designado secretario o prosecretario de los
tribunales nacionales, y por el art. 14 del mismo
ordenamiento, que condiciona la remoción de los
funcionarios y empleados de la justicia nacional a la
comprobación de ineptitud o mala conducta, y a la
sustanciación de un sumario previo con audiencia
del interesado.
En lo que respecta a la reglamentación de las normas
referentes al procedimiento propiamente dicho, la función
normativa de los tribunales debe cuidar, según lo expresa
el art. 18 de la ley 48, de no "repugnar" a las
prescripciones contenidas en la ley procesal, o sea que
debe limitarse a regular la actividad que ODERIGOdenomina
"de detalle", sin imponer, por lo tanto, el cumplimiento de
requisitos sustanciales que aquélla no exija. No cabría, así,
que por vía reglamentaria se impusiere al actor la carga
de incluir, en el escrito de demanda, la enunciación de
circunstancias no previstas expresamente por el art. 330
del CPN; pero sí, en cambio, exigir que en el escrito se
utilice exclusivamente tinta negra, o que los abogados y
procuradores que los suscriben indiquen el tomo y folio o el
número de la matrícula de su inscripción, pues en tales
casos no se halla afectada la esencia misma del acto, sino
sus aspectos exclusivamente materiales.
cédulas
de
notificación,
(costumbres extra legem).
oficios
y exhortos
2º) En la vigencia de ciertas "prácticas judiciales"
desarrolladas
en ausencia
de
específicas
reglamentaciones sobre aspectos secundarios del trámite
procesal. Tales, por ejemplo, las referentes a la forma en
que deben redactarse ciertos actos de transmisión, como
3º) Por la caída en desuso de numerosas normas
contenidas en los Códigos y leyes procesales, que
terminan así por desaparecer de la vida jurídica
(costumbres contra legem). Ocurre, en efecto, que de
hecho, y con el asentimiento tácito de las partes, los jueces
y demás funcionarios judiciales ordenan o conducen la
actividad procesal, en ciertos casos, con prescindencia
de expresas prescripciones normativas. Durante la
vigencia del Código derogado constituían realidades
fácilmente verificables, entre otras, el incumplimiento por
parte de los secretarios, del deber que les imponía el art.
188 en el sentido de abrir las audiencias de prueba de
testigos con la lectura del escrito en que se ofrece la
prueba y del auto que la admite; la inveterada eximición de
costas a los jueces no obstante la norma que disponía
imponérselas en el supuesto de ciertas nulidades de
procedimiento (art. 240); etcétera. Por lo demás, son varias
las normas contenidas en el CPN que han caído
prácticamente en desuso, como son, entre otras, la que
otorga a los jueces la potestad de impulsar de oficio el
procedimiento (art. 36, inc. 1º); la que imponía a los jueces
el deber de asistir a las audiencias de absolución de
posiciones (art. 125 bis, derogado ya por la ley 25488); la
que impone a las partes y a sus apoderados la obligación
de notificarse expresamente de ciertas resoluciones (art.
142); etcétera.
Tales costumbres derogatorias constituyen fuentes del
derecho procesal en la medida en que los jueces
puedan invocarlas para objetivar el sentido jurídico de un
caso determinado. No obsta a reconocerles tal carácter el
hecho de que los jueces, por motivos muy explicables, se
61
62
19. La costumbre
La costumbre —entendida como toda norma general
creada espontáneamente a través de la repetición de
determinadas conductas, y a cuyo respecto media el
convencimiento comunitario de su obligatoriedad—
seexterioriza, en el proceso civil, mediante las siguientes
modalidades:
1º) Por la remisión que a ella hacen las normas legales
(costumbre secundum legem). Tal es el caso del art. 565
del CPN, según el cual el martillero, en las subastas
judiciales, percibirá la comisión establecida por la ley, y en
defecto de ésta, por la costumbre.
abstengan de declarar expresamente que determinada
norma ha caído en desuso, aunque ello ha ocurrido
algunas veces, como cuando, por ejemplo, se decidió que
pese al principio establecido por el art. 53 del Código de la
provincia de Buenos Aires (hoy derogado), "los tribunales
jamás lo aplican respecto a términos que podrían reputarse
perentorios como el de prueba" (C2ªCC La Plata, J.A.,
1946-III-401).
Lo
importante
es
que
la
reiterada inobservancia de una norma, por parte de los
órganos encargados de aplicarla, pone de manifiesto que
ha desaparecido el signo positivo de las valoraciones
jurídicas expresadas por ella, y que ha nacido una
costumbre, expresiva de un nuevo sentido comunitario, y
susceptible, por lo tanto, de acordar a una resolución
judicial suficiente fuerza de convicción. Desde luego que
no obsta a la conclusión precedentemente expuesta la
norma contenida en el art. 1º in fine del Cód. Civ. y Com.,
ya que sus prescripciones, como las de cualquier otra
norma, resultan inoperantes frente a laexperiencia jurídica
real.
justificar el carácter jurídicamente objetivo que deben
revestir sus decisiones y constituyen por consiguiente,
fuentes del derecho. Pero a diferencia de lo que ocurre con
las fuentes antes examinadas, la jurisprudencia es una
fuente subordinada a la ley, pues su función consiste en
establecer especies que se incluyen o excluyen del marco
genérico de aquélla. De lo cual se sigue, asimismo, que
hallándose asentada la autoridad de la jurisprudencia en la
fuerza de convicción que le acuerda la reiteración de los
fallos y la consecuente aceptación comunitaria de la
doctrina que éstos consagran, ella carece del grado de
obligatoriedad que reviste la ley.
a) Jurisprudencia significa, en su acepción más
difundida, la forma concordante en que los órganos
judiciales se pronuncian en oportunidad de resolver casos
similares. El conjunto de fallos así dictados determina la
creación de normas o reglas que, como expresión de
valoraciones vigentes, son utilizadas por los jueces para
b) Distinto es el caso en que la ley, por razones de
seguridad jurídica y sin desconocer su carácter de fuente
primaria, disponga la obligatoriedad de la doctrina
establecida
en
los
fallos
de
determinados
tribunales(jurisprudencia
obligatoria).
Tal
era
régimen instituido por el CPN —hoy derogado por la ley
26.853— que tras establecer que a iniciativa de cualquiera
de sus salas las cámaras de apelaciones podían reunirse
en tribunal plenario con el objeto de unificar la
jurisprudencia y evitar sentencias contradictorias (art. 302),
disponía: Lainterpretación de la ley establecida en una
sentencia plenaria será de aplicación obligatoria para la
misma cámara y para los jueces de primera instancia
respecto de los cuales sea aquélla tribunal de alzada, sin
perjuicio de que los jueces dejen a salvo su opinión
personal. Sólo podrá modificarse dicha doctrina por medio
de una nueva sentencia plenaria (art. 303).
Por otra parte, el art. 288 del mismo Código instituía el
recurso de inaplicabilidad de la ley contra la sentencia
definitiva que contradiga la doctrina establecida por alguna
de las salas de la cámara en los diez años anteriores a la
63
64
20. La jurisprudencia
fecha del fallo recurrido y siempre que el precedente se
hubiere invocado
con
anterioridad
a
su
pronunciamiento. Tal sistema hoy se encuentra derogado
por la referida ley 26.853 que, en su lugar, crea los
recursos de casación, inconstitucionalidad y revisión.
Como se advierte, existía en la Capital Federal (y en el
orden nacional) dos modos de unificar la jurisprudencia:
a iniciativa de alguna de las salas de una cámara, o por
medio del recurso de inaplicabilidad de la ley. En materia
procesal, el primero de los medios mencionados era el que
mayores posibilidades ofrecía a los fines de lograr la
uniformidad jurisprudencial, pues no revistiendo la mayor
parte de las resoluciones judiciales de índole estrictamente
procesal el carácter de sentencias definitivas, el recurso
de inaplicabilidad de ley no era admisible respecto de ellas.
Debe tenerse en cuenta, además, que existiendo en la
Capital Federal cuatro cámaras de apelaciones que debían
aplicar un mismo Código Procesal (en lo civil y comercial
federal, en lo contencioso-administrativo federal, en lo civil
y en lo comercial), el procedimiento unificador establecido
resultaba ciertamente limitado, por cuanto las decisiones
plenarias dictadas por aquéllas sólo tenían efectos en
relación con los magistrados que integraban el fuero
respectivo en ambas instancias. Otro tanto sucedía con las
cámaras federales con asiento en las provincias.
Luego de la reforma de la ley 26.853, la búsqueda de la
unificación de la jurisprudencia se habrá de realizar
mediante
los
referidos
recursos
de
casación
e inconstitucionalidad previstos en los arts. 288 a 296.
65
21. La doctrina
a) A diferencia de lo que acontece con las fuentes
precedentemente analizadas, la doctrina de los autores
carece de fuerza vinculatoria para el juez. En aquéllas —
dicen AFTALIÓN, GARCÍA OLANO y VILANOVA— "el sentido
general que goza de acatamiento comunitario está
directamente dado en la comunidad (costumbre), o en sus
órganos (ley y jurisprudencia) a los que respalda el apoyo
comunitario. De aquí su carácter obligatorio. En la doctrina,
en cambio, no ocurre así. El juez acude voluntariamente a
ella para encontrar el sentido objetivo del caso y señala en
ella la intersubjetividad necesaria, pero no se encuentra
constreñido a ella por la comunidad directa
o indirectamente".
En
un
orden
de
ideas
similar expresa ODERIGO que la gravitación de la doctrina
"no se produce por razones institucionales, sino
simplemente morales, en función de su mérito; porque
únicamente se ha de seguir las enseñanzas de la teoría, la
doctrina de los teóricos, en cuanto convenza de la bondad
de los caminos que propone para alcanzar la finalidad que
se persigue".
b) El estudio de la evolución de la doctrina procesal
muestra la sucesiva preeminencia de dos orientaciones
fundamentales en el modo de encarar los problemas que el
proceso plantea: la exegética y la científica osistemática.
La primera —de inspiración francesa— se caracterizó
por el hecho de exponer la disciplina a través de
comentarios formulados a los preceptos legales,
66
generalmente de acuerdo con el orden en que aquéllos se
encuentran establecidos en los Códigos, sin afrontar, por lo
tanto, el análisis de las instituciones y de los principios
procesales en su esencia y conexiones.
Autores representativos de esta escuela son, en
España, GÓMEZ DE LA SERNA y MONTALBÁN (Tratado
académico forense de procedimientos judiciales,
1856); HERNÁNDEZ DE LA RÚA (Comentarios a la ley de
enjuiciamiento civil, 1856); MANRESA y REUS (Ley de
enjuiciamiento
civil
comentada
y explicada,
1865); MANRESA y NAVARRO (Ley deenjuiciamiento civil,
1908); etcétera, y pese a exceder el simple comentario de
la ley de Enjuiciamiento, también debe ser ubicado dentro
de esta orientación el célebre Tratado histórico, crítico y
filosófico de los procedimientos judiciales en materia civil,
que publicó en 1856 don JOSÉ VICENTE Y CARAVANTES. En
Italia corresponde citar, entre los principales autores
pertenecientes a esta tendencia, a BORSARI (Il Codice
italiano
di
procedura
civile
annotato,
1872), RICCI (Commento al codici di procedura civile
italiano, 1876), y Cuzzeri (Il codice italiano di procedura
civile illustrato, 1908). Las obras de MATTIROLO (Trattato di
diritto giudiziario civile, 1902-1906) y de Mortara
(Commentario del codice e delle leggi di procedura
civile, s/f., y Manuale della procedura civile, 1916), en
cambio, si bien presentan muchos puntos de contacto con
la escuela de la exégesis, y permanecen ajenas al
movimiento que ya había adquirido intenso desarrollo en
Alemania, se inclinan hacia la corriente sistemática. La
orientaciónexegética alcanzó notable arraigo entre
los autores
franceses
(CUCHE, GARSONNET y CEZAR
BRU, GLASSON, etc.), y puede decirse que, con excepción
de las tentativas parcialmente logradas de JAPIOT (Traité
élémentaire de procédure civile et commerciale, 1916 y
1935), MOREL (Traité élémentaire de procédure civile,
1932), y SOLUS yPERROT (Droit judiciaire privé, 1961), la
doctrina procesal no ha alcanzado aún en Francia el
período estrictamente sistemático.
En el último tercio del siglo pasado, a raíz de los
trabajos publicados por WACH, BÜLOW, KOHLER y muchos
otros, surgió en Alemania una nueva escuela de derecho,
a la que caracterizó su preocupación por explicar
lasinstituciones procesales a través de un complejo de
ideas básicas vinculadas, principalmente, a la naturaleza
de la acción y del proceso, figuras jurídicas éstas que
comenzaron a concebirse con arreglo a nuevas pautas,
ajenas a las suministradas por el derecho privado. Tal fue
el origen de la llamada orientación sistemática de la
doctrina procesal a la que permanecieron fieles los autores
alemanes del siglo XX como BUNSEN, ENGELMANN,FITTING,
VON NORMAN, WEISSMANN, KISCH, GOLDSCHMIDT, STEIN,
RICHARD SMITH, BAUMBACH, BOOR, SCHÖNKE, ROSENBERG y
otros.
Esa orientación fue introducida en Italia por CHIOVENDA,
quien, a partir de la conferencia pronunciada en la
Universidad de Boloña en 1903 sobre La acción en el
sistema de los derechos, se dio a la tarea de estructurar
una teoría sistemática del proceso, de la cual constituyen
bases fundamentales sus concepciones de la acción como
derecho potestativo y del proceso como relación
jurídica autónoma.
El
rumbo
abierto
por CHIOVENDA fue
seguido
por insignes procesalistas italianos, entre los cuales
merecen destacarse los nombres de CARNELUTTI,
CALAMANDREI, REDENTI, BETTI, ALLORIO, SATTA, ROCCO,
67
68
ZANZUCCHI, LIEBMAN, COSTA, BELLAVITIS, CRISTOFOLINI,
SEGNI, ANDRIOLI, MICHELI y CAPPELLETTI.
En lo que respecta a España, se advierte el influjo de
las modernas concepciones procesales en autores
como BECEÑA, PRIETO CASTRO, ALCALÁ ZAMORA Y CASTILLO,
DE LA PLAZA, FENECH, FAIRÉN GUILLÉN, GUASP, GÓMEZ
ORBANEJA, HERCE QUEMADA, VIADA, ARAGONESES, MORÓN
PALOMINO, DE LA OLIVA, MONTERO AROCA, RAMOS MÉNDEZ,
GIMENO SENDRA, SERRA DOMÍNGUEZ, ALMAGRO NOSETE y
otros.
En la República Argentina fue TOMÁS JOFRÉ quien, en
su Manual de procedimiento civil y penal (1919), hizo
conocer en el país las concepciones de CHIOVENDA, pues
las obras escritas con anterioridad —como las deMANUEL
ANTONIO DE CASTRO, ESTÉVEZ SAGUI, CASARINO, RODRÍGUEZ,
SILGUEIRA, CALVENTO, DE LA COLINA, y PARODI— no
comprueban, en general, otra influencia que la de los
comentaristas de las leyes españolas y la de
algunosautores franceses. Durante la década de 1930 a
1940 se publicaron diversos trabajos, entre los cuales cabe
mencionar los Comentarios al Código de procedimiento
civil de Mendoza, de PODETTI; el Proyecto de Código de
procedimiento civil, redactado por el Instituto de Altos
Estudios Jurídicos de La Plata, bajo la dirección de DAVID
LASCANO; la Teoría de las diligencias para mejor proveer,
del profesor uruguayo EDUARDO J. COUTURE, que acusan
una marcada influencia de la orientación sistemática
preconizada por la escuela italiana de derecho procesal y
de cuya difusión en el Río de la Plata fue índice
demostrativo el Primer Congreso de Ciencias Procesales,
celebrado en Córdoba en 1939. La adhesión a las
modernas doctrinas se concreta definitivamente con la
publicación, en 1941, del Tratado teórico práctico de
derecho procesal civil y comercial, de HUGO ALSINA, al que
siguen, ese mismo año, Jurisdicción y competencia,
de DAVID LASCANO, y, en el año 1942, Teoría técnica del
proceso civil, de J. RAMIRO PODETTI, y Fundamentos del
derecho procesal civil, de EDUARDO J. COUTURE.
La producción procesal argentina ha proseguido sobre
esa línea, sea en obras generales o en trabajos
monográficos. Entre las primeras corresponde citar
el Derecho procesal civil, comercial y laboral, de JOSÉ
RAMIRO PODETTI, del cual aparecieron ocho Tratados con
anterioridad a la muerte del autor, ocurrida en 1955,
ocupándoseexitosamente de su actualización, a partir de
1968, VÍCTOR A. GUERRERO LECONTE, quien hasta la fecha
ha logrado publicar la segunda edición de los tratados
correspondientes a la competencia, a las ejecuciones, a
las medidas cautelares y a la tercería; el Derecho procesal
civil, de RICARDO REIMUNDÍN, publicado en 1956 (2 tomos);
laIntroducción al estudio del Derecho procesal civil,
de EDUARDO B. CARLOS, publicada en 1959; las Lecciones
de derecho procesal, de MARIO A. ODERIGO, que
comenzaron a publicarse en 1959; el Manual de derecho
procesal, deLEONARDO J. AREAL y CARLOS E. FENOCHIETTO,
del que se han publicado dos volúmenes en 1966 y 1970,
respectivamente, las Instituciones de derecho procesal,
de CLEMENTE A. DÍAZ (fallecido en 1973), obra de la cual se
publicó el primer volumen en 1969 y el segundo en 1972 y
el Derecho procesal civil de OSVALDO A. GOZAÍNI, del cual
se publicaron los dos primeros volúmenes en 1992.
También corresponde incluir en esta categoría al Código
de procedimientos civiles y comerciales concordado y
comentado, de RAYMUNDO L. FERNÁNDEZ (del que existen
tres ediciones), y al Código de Procedimiento Civil y
Comercial anotado y comentado, de CARLOS J. COLOMBO,
69
70
publicado en 1964 (reeditado en 1969 bajo el título
de Código Procesal y Comercial de la Nación, anotado y
comentado), pues pese al método formalmente exegético
con que han sido redactados responden, en lo compatible,
a la corriente sistemática.
Entre los autores de trabajos monográficos cabe
recordar, entre otros, y aparte de los precedentemente
citados, a MANUEL IBÁÑEZ FROCHAM, AMÍLCAR A. MERCADER,
AUGUSTO MARIO MORELLO, JOSÉ SARTORIO, SANTIAGO SENTÍS
MELENDO, JUAN CARLOS HITTERS, OSCAR J. MARTÍNEZ,
ADOLFO ARMANDO RIVAS, ALÍ JOAQUÍN SALGADO, EDUARDO DE
LÁZZARI, ROBERTO G. LOUTAYF RANEA Y FERNANDO DE LA
RÚA. Deben añadirse las colaboraciones en revistas
jurídicas debidas a ADOLFO ALVARADO VELLOSO, ISIDORO
EISNER, CÉSAR DOMINGO YÁÑEZ, ENRIQUE M. FALCÓN,
ALFREDO J. DI IORIO, CARLOS E. FENOCHIETTO, ROLAND ARAZI,
GUALBERTO L. SOSA, ROBERTO BERIZONCE, JUAN PEDRO
COLERIO, JUAN JOSÉ AZPELICUETA, ALBERTO J. TESSONE,
JORGE L. KIELMANOVICH, ATILIO CARLOS GONZÁLEZ, JORGE W.
PEYRANO, EPIFANIO CONDORELLI, EDUARDO OTEIZA, EFRAÍN
QUEVEDO MENDOZA, CARLOS A. NOGUEIRA, JORGE A. ROJAS y
otros.
Existen, asimismo, diversas obras de valor científico y
utilidad práctica destinadas al comentario y explicación de
los Códigos y leyes procesales. Tales La ley 50 y sus
complementarias de procedimiento federal, de JOSÉ
SARTORIO; el Código Procesal Civil y Comercial y leyes
complementarias, de OSCAR SERANTES PEÑA y JAVIER
CLAVELL BORRÁS; el Código de Procedimiento Civil y
Comercial, de JOSÉ O. D'ALESSIO y CÉSAR DOMINGO YÁÑEZ;
elCódigo Procesal Civil y Comercial comentado, anotado y
concordado, de SANTIAGO C. FASSI (luego actualizado
por CÉSAR DOMINGO YÁÑEZ); los Códigos procesales en lo
civil y comercial de la Provincia de Buenos Aires y de la
Nación comentados y anotados, de AUGUSTO MARIO
MORELLO, GUALBERTO L. SOSA y ROBERTO BERIZONCE;
el Código Procesal Civil y Comercial de la Nación anotado,
concordado y comentado de ENRIQUE M. FALCÓN; el Código
Procesal Civil y Comercial de la Nación comentado y
concordado de CARLOS E. FENOCHIETTO y ROLAND ARAZI y el
Código Procesal Civil y Comercial de la Nación
comentado, anotado y concordado con los Códigos
provinciales de ROLAND ARAZI y JORGE A. ROJAS.
En otros países latinoamericanos la escuela sistemática
cuenta con destacados representantes: ADOLFO GELSI
BIDART, ENRIQUE VESCOVI, DANTE BARRIOS DE ANGELIS,
ENRIQUE E. TARIGO, LUIS A. VIERA, LUIS TORELLO, JAIME
TEITELBAUM, JAIME GREIF, ÁNGEL LANDONI y otros, en la
República Oriental del Uruguay; ALFREDO BUZAID, DA COSTA
CARVALHO, MOACIR AMARAL SANTOS, JOSÉ CARLOS BARBOSA
MOREIRA Y ALCIDES DE MENDONÇA LIMA, en el Brasil; F.
ALESSANDRI Y M. CASARINO VITERVO, en Chile; JOSÉ
CASTILLO LARRAÑAGA, HUMBERTO BRISEÑO SIERRA Y
EDUARDO PALLARES, en México;ARÍSTIDES RENGEL
ROMBERG, JOSÉ RODRÍGUEZ URRACA Y JOSÉ SARMIENTO
NÚÑEZ, en Venezuela; HERNANDO DEVIS ECHANDÍA Y
HERNANDO MORALES MOLINA, en Colombia; etcétera.
71
72
11
CAPÍTULO III - EL PROCESO
SUMARIO: I. GENERALIDADES:
22. Concepto y objeto del
proceso.— 23. Elementos del
proceso.— 24. El problema de la
naturaleza jurídica del proceso.—
II. LOS
PRINCIPIOS
PROCESALES: 25. Concepto.—
26. El principio dispositivo.— 27.
El principio de contradicción.—
28. El principio de escritura.— 29.
El principio de publicidad.— 30. El
principio de preclusión.— 31. El
principio de economía procesal.—
32. El principio de adquisición.—
33. Otros principios procesales.—
III. DISTINTAS
CLASES
DE
PROCESOS:
34.
Generalidades.— 35. Procesos
judiciales y arbitrales.— 36.
Procesos
contenciosos
y
voluntarios.— 37. Procesos de
declaración, de ejecución y
cautelares.—
38.
Proceso
ordinario
y
procesos
especiales.—
39.
Procesos
singulares y universales.
§ I. GENERALIDADES(1)
73
22. Concepto y objeto del proceso
a) El vocablo proceso (processus, de procedere) significa
avanzar, marchar hasta un fin determinado, no de una sola vez,
sino a través de sucesivos momentos.
Desde el punto de vista de la teoría general del derecho
aquella expresión denota, según se señaló supra, nº 1, la actividad
que despliegan los órganos del Estado en la creación y aplicación
de normas jurídicas, sean éstas generales o individuales. La
terminología jurídica tradicional, sin embargo, utiliza la designación
de que se trata como sinónimo de proceso judicial, aunque
no excluye a la actividad que se desarrolla por y ante los árbitros y
amigables componedores, siempre que éstos cumplan esa
actividad dentro del mismo ámbito de competencia en el que
pueden intervenir los órganos judiciales.
b) Partiendo de estos conceptos, cabe definir al proceso como el
conjunto de actos recíprocamente coordinados entre sí de acuerdo
con reglas preestablecidas, que conducen a la creación de una
norma individual destinada a regir un determinado aspecto de la
conducta del sujeto o sujetos, ajenos al órgano, que han requerido
la intervención de éste en un caso concreto, así como la conducta
del sujeto o sujetos, también extraños al órgano, frente a quienes se
ha requerido esa intervención.
c) La doctrina, en general, define al proceso como el conjunto de
actos que tienen por objeto la decisión de un conflicto o de un litigio,
y existen autores que, compartiendo en mayor o menor medida ese
concepto, incorporanexpresamente a sus definiciones las ideas de
acción, pretensión y jurisdicción. Sin embargo estas últimas
nociones, por sí solas, carecen de relevancia como notas
definitorias del proceso. La acción, según se verá más adelante, no
es más que un supuesto de la actividad procesal. El concepto de
pretensión, en tanto supone una manifestación de voluntad
formulada frente a un sujeto distinto al autor de esa manifestación,
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es ajeno al ámbito de los llamados procesos voluntarios, cuyo
objeto consiste en una mera petición dirigida al órgano judicial.
También debe descartarse la idea de jurisdicción, porque la
actividad que despliegan los órganos judiciales en ese tipo de
procesos reviste carácter administrativo y no jurisdiccional (infra, nº
36 y nº 44).
d) Es en virtud de tales consideraciones que la definición
propuesta se limita a aludir, como finalidad del proceso, a la
creación de una norma individual destinada a regir un aspecto
específico de la conducta de determinados sujetos, poniendo de
resalto, asimismo, la extraneidad de aquéllos en relación con el
órgano.
Tal definición es por lo pronto comprensiva de todas las
modalidades que es susceptible de revestir el acto con que culmina
cualquier clase de proceso judicial o arbitral (especificación, con
referencia a un caso concreto, de alguna o algunas de las
menciones contenidas en una norma general). Además,
la extraneidad de los sujetos en relación con el órgano decisor
constituye una nota que sólo se presenta, con carácter permanente
einvariable, en los procesos judiciales y arbitrales. Ello no sucede
en los que se desarrollan en el ámbito de la Administración, donde
puede ocurrir que los sujetos afectados por la norma formen parte
del órgano (sanciones disciplinarias aplicadas a funcionarios o
empleados). Lo mismo sucede con motivo de la actividad que
cumplen
los
tribunales
de
justicia
en
el
supuesto
contemplado, supra, nº 2, b), así como en todo proceso legislativo,
cualquiera que sea la naturaleza del órgano que en él intervenga.
e) Aunque a veces se utilizan como sinónimos los
términos proceso y juicio corresponde destacar, sin embargo, que
ellos se encuentran en relación de género a especie, pues el
segundo supone la existencia de una controversia o, por lo menos,
de un conflicto entre partes, supuestos que no se configuran,
respectivamente, en los procesos contenciosos cuando media
rebeldía o allanamiento, y en los denominados procesos
voluntarios.
f)
Tampoco
cabe
términos proceso y procedimiento. El
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identificar
los
proceso representa el
conjunto de actos que son necesarios, en cada caso, para obtener
la creación de una norma individual. El procedimiento, en cambio,
constituye cada una de las fases o etapas que el proceso puede
comprender. Así, al procedimiento de primera instancia puede
seguir, en caso de apelación, un procedimiento de
segunda instancia, en cuyo caso el proceso se integra con dos
procedimientos; o, por el contrario, el proceso puede comprender
menos de un procedimiento en el caso de que, por ejemplo,
se extinga con anterioridad al pronunciamiento de la decisión de
primera instancia. Por ello dice CARNELUTTI que para distinguir
mejor entre proceso y procedimiento se puede pensar en el sistema
decimal: el procedimiento es la decena; el proceso es el número
concreto, el cual puede no alcanzar la decena o bien comprender
más de una.
23. Elementos del proceso
a) Todo proceso consta de un elemento subjetivo y de un
elemento objetivo, e importa, asimismo, una determinada actividad.
b) El elemento subjetivo se halla representado por las personas
facultadas para iniciarlo, impulsarlo,extinguirlo y decidirlo. En los
procesos contenciosos son sujetos primarios el órgano judicial (o
arbitral) y las partes. El primero, como titular de un poder público (o
eventualmente equiparado a tal), se encuentra en un plano
supraordinado con relación a las segundas (supra, nº 5).
En esos mismos procesos existen, necesariamente, dos partes:
la actora y la demandada. La primera es la persona que formula la
pretensión que debe ser satisfecha por el órgano, y la segunda, la
persona frente a quien se formula dicha pretensión, encontrándose
ambas, por debajo del órgano, en una posición jerárquicamente
igualitaria. Sin embargo, como consecuencia de la acumulación
subjetiva de pretensiones, la intervención de terceros, la
acumulación de procesos y la sucesión procesal, el proceso
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contencioso puede desarrollarse mediante la participación de varios
actores o demandados (litisconsorcio, ver infra, nº 130).
En los procesos voluntarios, los sujetos primarios que se
encuentran por debajo del órgano judicial, pudiendo ser uno o más,
se denominan peticionarios.
Finalmente, el cumplimiento integral de las funciones procesales
requiere la intervención de otras personas que actúan en el proceso
como auxiliares (internos o externos) del órgano (secretarios,
ujieres, oficiales de justicia, peritos, martilleros, etc.), o de las partes
o peticionarios (abogados, procuradores y consultores técnicos), a
las que cabe denominar sujetos secundarios.
c) El elemento objetivo del proceso puede hallarse constituido
por una pretensión o por una peticiónextracontenciosa, según que,
respectivamente, la intervención del órgano sea requerida para
definir un conflicto (proceso contencioso) o para constituir, integrar
o acordar eficacia a una relación jurídica (proceso voluntario).
d) La actividad, por último, comprende el conjunto de actos que
deben cumplir los sujetos procesales desde el comienzo del
proceso hasta la decisión que le pone término, escindiéndose en
dimensiones de lugar, tiempo y forma.
24. El problema de la naturaleza jurídica del
proceso
a) La doctrina se viene aplicando, desde antiguo, a esclarecer la
calificación que corresponde al proceso dentro del cuadro general
de las figuras jurídicas, consistiendo el motivo de esa preocupación
en desentrañar la índole de las vinculaciones que aquél genera.
Entre las principales teorías que se han enunciado acerca de este
problema
merecen
destacarse
la
contractualista
y
cuasicontractualista, la de la relación jurídica, la de la situación
jurídica y la de la institución. Ellas serán brevemente examinadas a
continuación.
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b) La teoría contractualista se inspira fundamentalmente en las
modalidades y efectos de que se hallaba revestida
la litiscontestatio en el derecho romano (supra, nº 10). Tanto
durante el período de las legis actionescomo en la época del
procedimiento formulario, la litiscontestatio constituía la actuación
procesal en cuya virtud quedaba cerrado el procedimiento in
iure ante el magistrado, se determinaba el contenido y alcance del
litigio y se lo sometía al iudex. Se trataba de un
contrato formal entre las partes, cuyo efecto más importante era el
de novar el derecho invocado por el actor en un nuevo derecho,
consistente en la obtención de una sentencia dentro del ámbito
asignado
a
la
cuestión
litigiosa.
De
allí
que
la litiscontestatio "consumiese" la acción, impidiendo que ella fuese
renovada
en
otro
proceso.
Durante
la
época
del
procedimiento extraordinario la litiscontestatio perdió sus efectos
más relevantes y, particularmente, su sentido contractual, pues la
sujeción de las partes al imperium del magistrado durante todo el
desarrollo del proceso tornó superfluo cualquier acuerdo de
voluntades tendiente a ese fin. No obstante la total desaparición de
las circunstancias políticas en las que se desenvolvió el derecho
romano clásico, algunos autores de los siglos XVIII y XIX (POTHIER,
DEMOLOMBE, AUBRY y RAU, COLMET DE SANTERRE)intentaron revivir
la figura del contrato judicial de la litiscontestatio, remitiendo
la explicación de fenómenos trascendentes del proceso, como, por
ejemplo, el relativo a los límites de cosa juzgada, a la existencia de
un acuerdo de voluntades entre las partes, tendiente a someter al
juez la solución de sus diferencias.
Son diversos y decisivos los argumentos que cabe oponer a
dicha concepción del proceso. En primer lugar, en el Estado
moderno no se concibe la prestación de la actividad judicial como el
resultado de un previo acuerdo de partes, sino como el ejercicio de
un poder, inherente a la soberanía, y al cual las partes se
encuentran sujetas con prescindencia de su voluntad. En segundo
lugar, mientras el contrato requiere el consentimiento de ambas
partes, el proceso puede constituirse, desenvolverse y extinguirse
contra la voluntad del demandado, e incluso enausencia de él
(proceso en rebeldía). Además, ni la iniciación del proceso ni la
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sentencia que lo decide producen la novación del derecho
controvertido.
La asimilación del proceso a un cuasicontrato fue ideada para
salvar los inconvenientes que importaba, en la concepción
contractualista, la circunstancia de que el proceso pudiese tener
lugar pese a no mediar el libre consentimiento de ambas partes.
Esta tesis alcanzó una difusión totalmente desproporcionada a su
acierto: la sostuvieron ARNAULT DE GUENYVEAU en Francia, los
prácticos españoles (SALGADO DE ZOMOZA, CARLEVAL, CONDE DE LA
CAÑADA) y autores posteriores de la misma nacionalidad
(CARAVANTES,
DE
LA
SERNA y MONTALBÁN), MATTIROLO en
Italia, PEREIRA y SOUSA en Portugal; etc., y la mayor parte de los
procedimentalistas argentinos (DE LA COLINA, PARODI, RODRÍGUEZ,
etc.), siendo común, todavía hoy, que algunas sentencias judiciales
hagan referencia al "cuasi contrato de la litiscontestatio".
Como señala COUTURE, la tesis del cuasicontrato ha procedido
por simple eliminación, eligiendo, dentro de las distintas fuentes de
las obligaciones, la menos imperfecta; pero dejando de lado a una
de ellas —la ley—, que es precisamente la que crea las supuestas
obligaciones cuyo origen se busca. Por lo demás, son aplicables a
esta tesis los restantes reparos formulados a la teoría
contractualista.
c) La concepción del proceso como una relación jurídica es la
que cuenta, incluso en la actualidad, con mayor número de
adeptos, aunque dista de existir uniformidad de criterio acerca de la
forma en que dicha relación se constituye. El primer expositor
sistemático de esta teoría fue Oscar BÜLOW. En Italia fue adoptada
por CHIOVENDA, que hizo del concepto de relación jurídica uno de
los pilares de su sistema. Partiendo de la base de que con
anterioridad al pronunciamiento definitivo sobre la procedencia de la
demanda
las
partes
tienen deberes
y
derechos, expresa CHIOVENDA, siguiendo el pensamiento de BÜLOW,
que el proceso civil contiene una relación jurídica, y que todos los
actos mediante los cuales el proceso se manifiesta revisten
trascendencia jurídica en cuanto pertenecen a esa relación
fundamental, que es: 1º) autónoma, porque nace y se desarrolla
conindependencia de la relación de derecho material; 2º) compleja,
porque comprende un conjunto indefinido de derechos, vinculados
79
no obstante por un fin común, que consiste en la actuación de la
voluntad de la ley mediante el pronunciamiento de una resolución
jurisdiccional definitiva; 3º) de derecho público, porque deriva de
normas que regulan el ejercicio de una potestad pública. En cuanto
al contenido de esa relación, observaCHIOVENDA que existe, por un
lado, un deber del órgano jurisdiccional en el sentido de proveer a
las peticiones de las partes, el cual se halla garantizado mediante
sanciones penales y civiles, agregando que es inútil discutir si dicho
deber (que corresponde fundamentalmente al juez frente al
Estado) existe también respecto de las partes, pues es suficiente
advertir que éstas tienen frente al juez, como persona, el poder
jurídico de ponerlo (con sus demandas) en la necesidad jurídica de
actuar. Las partes tienen, por otro lado, deberes respecto del juez y
entre sí (deber de comunicación de documentos, de no retrasar por
negligencia la instrucción o resolución del pleito, de no exagerar la
defensa con actos culposamente inútiles, etc.). CALAMANDREI, por su
parte, no obstante adherir sustancialmente a la concepción
chiovendiana, observa que las obligaciones que el proceso genera
a cargo de las partes son obligaciones a favor del Estado, no de la
contraparte, como ocurre cuando el ordenamiento jurídicoexige a
aquellas
que
observen
en
el
proceso
un
cierto
comportamiento en interés de la justicia, aun cuando sea contrario a
su interés individual, y acompaña ese mandato con sanciones
especiales (v.gr., deberes de lealtad y probidad, de no
usar expresiones inconvenientes u ofensivas, de no jurar en falso,
etc.). Advierte, sin embargo, que la obligación procesal de las
partes es, en el proceso civil, una figura excepcional, pues en la
mayor parte de los casos las llamadas obligaciones de las partes se
hallan absorbidas por la figura de la carga procesal.
Conforme al pensamiento de quienes propician la teoría
analizada, son sujetos de la relación procesal el juez, por un lado y
las partes (actor y demandado), por otro, aunque es posible
que ingresen a ella otros sujetos, como consecuencia de
la intervención voluntaria o forzosa. La relación procesal se
constituye mediante la notificación de la demanda al demandado,
pero
también
es
necesario
que
concurran
los
llamados presupuestos procesales(competencia del juez, capacidad
de las partes, etc.), pues de lo contrario no nace la obligación del
80
juez de pronunciarse sobre el mérito de la demanda. El desarrollo
de la relación procesal tiene lugar a través de los distintos actos que
deben cumplir las partes y el tribunal, y su fin ocurre, normalmente,
en ocasión de la sentencia que se pronuncia sobre el fondo del
asunto.
Pero como se anticipara más arriba, no existe uniformidad de
criterios acerca de la forma como se constituye la llamada "relación
jurídica procesal". Si bien la construcción triangular, recién
descripta, es la que cuenta con mayor número de adherentes,
también se la ha concebido como un vínculo constituido solamente
entre las partes (KOHLER) y como la fusión de dos relaciones
jurídicas entre el juez y cada una de las partes (ZANZUCCHI,ROCCO),
o sea de la relación que media entre el actor y el Estado (relación
jurídica de acción) y de la relación que media entre el demandado y
el Estado (relación jurídica de excepción), las cuales se hallan
estrechamente ligadas porque coinciden en el sujeto de la
obligación (Estado).
CARNELUTTI, por su parte, entiende que el proceso no es una
relación jurídica, sino un complejo de relaciones jurídicas,
constituidas por los poderes y deberes que la ley instituye en favor
o a cargo de los agentes que en élintervienen (partes, defensores,
oficiales, encargados, terceros).
d) GOLDSCHMIDT ha negado, terminantemente, la conclusión de
que el proceso contenga una relación jurídica. En primer lugar
porque, en su entender, no media relación alguna de
índole procesal entre el juez y las partes: el deber de administrar
justicia, en efecto, se basa en el derecho público, y sólo engendra
para el juez, en caso deincumplimiento, responsabilidades penales
o civiles que deben hacerse efectivas fuera del proceso. En
segundo lugar, porque no existe una verdadera obligación de las
partes de someterse a la jurisdicción estatal, sino unestado de
sujeción que no tiene origen en el proceso sino en la relación
general que liga al ciudadano con el Estado.
El punto cardinal de la tesis de GOLDSCHMIDT reside en la
distinta función que a su juicio cumplen las normas jurídicas según
sea el punto de vista desde el cual se las examine. Así, en su
función extrajudicial
(consideraciónestática),
las
normas
representan imperativos dirigidos a los ciudadanos, siendo deber y
81
derecho, respectivamente, la sujeción a un imperativo y el poder
sobre un imperativo. En su función judicial (consideracióndinámica),
en cambio, las normas constituyen medidas con arreglo a las cuales
el juez debe juzgar la conducta y el estado de los ciudadanos, de
manera tal que, hallándose pendiente el proceso, aquéllas pierden
el
carácter
de
imperativos
para
asumir
el
de promesas o amenazas de determinada conducta del juez. El
proceso genera, de tal suerte, nuevos nexos jurídicos, que se hallan
referidos a la sentencia judicial que las partes esperan:
sonexpectativas de una sentencia favorable o perspectivas de una
sentencia desfavorable. No es por lo tanto el proceso una relación
jurídica, sino una situación jurídica, la que es definida
por GOLDSCHMIDT como el estado en que una persona se encuentra
desde el punto de vista de la sentencia judicial que se espera con
arreglo a las normas jurídicas. Esa situación se concreta en actos u
omisiones determinados: así, la expectativa de una sentencia
favorable depende, por lo general, de la realización de un acto
procesal exitoso, aprovechando para ello la existencia de
una posibilidad u ocasión procesal (por ejemplo, las posibilidades
de fundamentar la demanda, de probar, de replicar, etc.); y por otro
lado, la perspectiva de una sentencia desfavorable depende
siempre de la omisión de un acto procesal, razón por la cual, y a fin
de evitar el perjuicio que ello importa, incumbe a las partes el
cumplimiento de una carga procesal (v.gr., la de comparecer, a fin
de no ser declarado en rebeldía; la de declarar, para no ser tenido
por confeso, etc.).
El proceso engendra, de tal manera, conforme a la teoría
analizada, nuevas categorías jurídicas de carácter netamente
procesal, aunque paralelas a las del derecho material: esas
categorías son los derechos y las cargas procesales. Son derechos
procesales: a) la expectativa de una ventaja procesal, y, en último
término, de una sentencia favorable; b) la dispensa de una carga
procesal (por ejemplo, la admisión de los hechos por parte del
demandado releva al actor de la carga de la prueba); y c)
la posibilidad de llegar a aquella situación mediante la realización
de un acto procesal. La carga procesal, a su turno, constituye la
necesidad de una determinada actuación para prevenir un perjuicio
procesal y, en último término, una sentencia desfavorable. A
82
diferencia de los deberes, que siempre representan imperativos
impuestos en el interés de un tercero o de la comunidad, las cargas
son imperativos del propio interés. "Como la carga procesal —
dice GOLDSCHMIDT— es un imperativo del propio interés, no hay
frente a ella un derecho del adversario o del Estado. Al contrario, el
adversario no desea otra cosa sino que la parte no se desembarace
de su carga de fundamentar, de probar, de comparecer, etcétera.
Se encuentra aquí el fenómeno paralelo al de los derechos
procesales, frente a los cuales no hay obligación. En cambio, existe
una relación estrecha entre las cargas procesales y las
posibilidades, es decir, los derechos procesales de la misma parte,
porque cada posibilidad impone a las partes la carga de
aprovecharla con el objeto de prevenir su pérdida. Puede
establecerse el principio: la ocasión obliga, o más bien, impone una
carga, y la más grave culpa contra sí mismo es dejar pasar la
ocasión".
e) GUASP, por su parte, considera que verificándose en el
proceso más de una correlación de deberes y derechos jurídicos,
aquél contiene, en rigor, una multiplicidad de relaciones jurídicas
que debe reducirse a una unidad superior y que tal unidad sólo la
proporciona la figura de la institución.
Dicho autor entiende por institución al conjunto de actividades
relacionadas entre sí por el vínculo de una idea común y objetiva a
la que figuran adheridas, sea ésa o no su finalidad individual, las
diversas voluntades particulares de los sujetos de quienes proceda
aquella actividad. El proceso, en el concepto de GUASP, participa de
esas características, y es, por lo tanto, una verdadera institución: la
idea común y objetiva que en él se observa es la de la satisfacción
de una pretensión, y a ella adhieren el juez en su fallo, el actor en
su pretensión y el demandado en su oposición, pues todos ellos
tratan de satisfacer la reclamación que engendra el proceso, pese a
que cada uno entienda de una manera particularmente distinta el
contenido concreto que en cada caso debe integrar la satisfacción
que se persigue.
Agrega el autor mencionado que el proceso exhibe los
caracteres naturales propios de toda institución jurídica, que son:
1º) Respecto de los sujetos la jerarquía, pues aquéllos se
encuentran, en el proceso, no en un plano de igualdad o
83
coordinación, sino en un plano de desigualdad o subordinación; 2º)
Respecto del objeto suinmodificabilidad u objetividad, pues la
voluntad de los sujetos no es susceptible de alterar el esquema
objetivo común que el proceso comporta; 3º) Respecto de la
actividad su universalidad en cuanto al espacio (el proceso no
reconoce variaciones territoriales dentro de los límites de la
soberanía de un ordenamiento jurídico); su permanencia en cuanto
al tiempo (pueden nacer y extinguirse continuamente procesos
concretos, pero la idea de satisfacción de pretensiones
perdura indefinidamente en el futuro) y su elasticidad en cuanto a la
forma (el proceso se adapta a la realidad de cada momento, sin
sujeción a estructuras formales como las que se advierten en el
derecho privado).
f) Corresponde ahora formular el análisis crítico de las diversas
concepciones precedentemente enunciadas, con excepción de la
contractualista y cuasicontractualista, respecto de las cuales ya se
han expuesto las razones que impiden su actual aceptación.
Corresponde comenzar destacando, entonces, que si por
relación jurídica se entiende el nexo normativoexistente entre
un deber jurídico y una facultad jurídica, o, en otras palabras, la
peculiar correlación que media entre la conducta de un sujeto
obligado frente a la conducta de un sujeto pretensor, no parece
discutible que el proceso contenga no ya una, sino diversas
relaciones jurídicas.
Existe, por lo pronto, una relación de esa índole entre el juez y
las partes, cuyos términos están dados por eldeber que incumbe al
primero en el sentido de proveer, lo que en derecho corresponda, a
las peticiones que las segundas formulen, en ejercicio
del derecho de acción. El juez, por lo tanto, es sujeto pasivo de una
relación con las partes, y en tal carácter se halla obligado, frente a
ellas y sin perjuicio de la vinculación que lo une al Estado, a llevar a
cabo todos los actos que la ley le impone cumplir, con miras al
desarrollo y conclusión del proceso. La circunstancia de que la
responsabilidad del juez omiso o negligente revista carácter civil o
penal no resulta decisiva para negar la existencia de la mencionada
relación jurídica, en tanto ésta tiene su origen en el proceso yexhibe
una rigurosa correlación entre los términos facultad-deber y
84
consiguiente sanción para la hipótesis deincumplimiento del
segundo.
Asimismo las partes, como se verá oportunamente, tienen
deberes frente al juez o tribunal (infra, nº 105).
El proceso también comprueba la existencia de relaciones
jurídicas entre las partes, como es, por ejemplo, la que se configura
con motivo de la obligación al pago de las costas que puede pesar
sobre el vencido en el juicio, y del consiguiente derecho de la parte
contraria. Pero importa advertir que este tipo de nexos se halla
reducido a proporciones mínimas, ya que, por regla general, el
cumplimiento de los actos procesales responde a la imposición de
cargas (imperativos del propio interés).
Los terceros, finalmente, son también sujetos de relaciones
procesales. El testigo, v.gr., tiene a su cargo diversos deberes
frente al órgano judicial (comparecer, declarar, etc.).
No obstante ser científicamente correctas, no se advierte, sin
embargo, que las teorías de la relación jurídica, o de la pluralidad
de relaciones jurídicas revistan mayor utilidad práctica a los efectos
de la adecuada comprensión de los fenómenos procesales. Para
justificar tal utilidad se ha argüido, por ejemplo, que sólo
concibiendo al proceso como una relación jurídica unitaria
se explica que la nulidad de un acto procesal vicia todos los actos
cumplidos después, o que sea posible la sucesión dentro del
proceso (CHIOVENDA, ROSENBERG). No se trata, sin embargo, de
ejemplos convincentes. En cuanto al primero, si se tiene presente
que la coordinación recíproca que exhiben los actos procesales
responde a la circunstancia de hallarse ligados entre sí por vínculos
de imputación, parece obvio que, sin necesidad de recurrir a la idea
de relación jurídica se impone, por una razón de simple lógica
normativa, la conclusión de que la nulidad de un acto procesal
produce la de los actosconsecutivos. Y en cuanto al fenómeno de la
sucesión procesal basta advertir que es de la esencia de toda
sucesión, como observa REDENTI, que un sujeto sustituya a otro en
las posiciones o situaciones jurídicas que ocupa frente a otros
sujetos de derecho, siendo indiferente que se trate de derechos,
obligaciones o sujeciones efectivamente existentes, o de simples
posibilidades jurídicas cuyo éxito eventual no sea posible prever.
Con prescindencia, pues, de toda idea de relación jurídica, el simple
hecho de la controversia judicial coloca a las partes en una
determinada posición jurídica que, como tal, es susceptible de
transmitirse a sus sucesores.
La teoría de la situación jurídica constituye, en realidad,
una excelente descripción de los procesos dominados por el
principio dispositivo, en los cuales la idea de carga reemplaza en
medida fundamental al concepto de deber, pues la realización de la
mayor parte de los actos con que aquéllos se integran obedece a la
necesidad de asumir una posición ventajosa o de prevenir un
perjuicio, y no a la existencia de un derecho instituido a favor del
Estado o de la contraparte. Sin embargo, ni la explicación referente
a los nexos que el proceso crea, ni la conclusión de que éste
entraña una situación jurídica, son suficientes para perfilar
la autonomía del fenómeno procesal en el ámbito del derecho. No
es exacta, por lo pronto, la afirmación de GOLDSCHMIDT en el
sentido de que en su función extrajudicial (consideración estática),
las normas se hallen exclusivamente representadas por
imperativos, pues éstas constituirían, en todo caso, la consecuencia
de haberse observado determinados requisitos que el ordenamiento
jurídico prevé como simples posibilidades, susceptibles de
asumirseautónomamente por los súbditos. No existe, por ejemplo,
ninguna obligación de observar la forma prescripta para un
determinado contrato, por cuanto la ineficacia del negocio contrario
a las prescripciones legales no comporta un "entuerto" que
justifique la aplicación de sanciones, sino, simplemente, la pérdida
de los beneficios que el ordenamiento jurídico condiciona al
cumplimiento de aquella clase de requisitos. Se advierte entonces
que éstos cumplen, en el ámbito del derecho privado, una función
sustancialmente idéntica a la de las cargas procesales, ya que
serían, como éstas, "imperativos del propio interés". En segundo
lugar, tampoco parece ser un fenómeno privativo del proceso
la existencia de las perspectivas y expectativas a que se
refiere GOLDSCHMIDT. Desde que, en efecto, el sentido jurídico de
toda sucesión de actos humanos se encuentra pendiente hasta el
momento final, y depende, naturalmente, de lo que los partícipes
hagan o dejen de hacer, es claro que mientras se desarrolla esa
"totalidad
sucesiva",
aquéllos
se
hallan
en
una
particular situación con respecto al efecto jurídico que persiguen, en
85
86
la que median expectativas de un efecto jurídico favorable y
perspectivas de un efecto jurídico desfavorable.
No es dudoso, finalmente, que el proceso sea una institución y
que revista, como tal, las características queGUASP señala, pero
la excesiva generalidad del concepto, que ha sido utilizado para
caracterizar las más disímiles realidades sociales y jurídicas lo
priva, en el caso, de utilidad científica y práctica.
Las reflexiones que preceden reafirman la conclusión de que
es inadecuado encasillar al proceso dentro de otras figuras
jurídicas, y estéril el intento de adosarle un rótulo que lo identifique,
tanto más cuanto que todas las calificaciones que se han propuesto
por la doctrina adolecen, como se ha visto, de una generalidad que
las desvirtúa. Es que el proceso constituye, como observa SATTA,
un fenómeno único en el mundo del derecho, y debe entonces
ser explicado, como tal proceso, mediante la ley que lo regula,
desde que, como dice PODETTI, "tanto el deber-derecho de la
jurisdicción, como los llamados deberes y derechos de los sujetos o
cargas yexpectativas para la doctrina de la situación jurídica no
emanan de un contrato, de un cuasicontrato, de una relación
jurídica simple o compleja o de la aludida situación jurídica, sino de
la ley".
§ II. LOS PRINCIPIOS PROCESALES(2)
25. Concepto
a) Llámanse principios procesales las directivas u orientaciones
generales en que se inspira cada ordenamiento jurídico procesal.
Aunque muchos de ellos son comunes a la legislación procesal
moderna, el primado de uno u otro responde a las circunstancias
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históricas, políticas y sociales vigentes en la comunidad de que se
trate. De allí que, como dice PODETTI, "los principios procesales
deben aplicarse con criterio despierto y actual, estructurando
lasinstituciones procesales que de ellos resulten e interpretándolos
en un sentido armónico con las necesidades de la justicia en
relación al tiempo y al pueblo donde han de aplicarse".
b) Los principios procesales cumplen, fundamentalmente, las
siguientes funciones: 1º) Sirven de bases previas al legislador para
estructurar las instituciones del proceso en uno u otro sentido; 2º)
Facilitan el estudio comparativo de los diversos ordenamientos
procesales actualmente vigentes, así como el de los que rigieron en
otras
épocas;
3º)
Constituyen instrumentos interpretativos
de inestimable valor.
c) Aunque no existe acuerdo entre los autores acerca del
número y de la individualización de los principios procesales, a
continuación se han de analizar particularmente los de disposición,
contradicción, escritura, publicidad, preclusión, economía procesal y
adquisición, sin perjuicio de dar luego una somera noticia de otros
principios.
26. El principio dispositivo
Llámase principio dispositivo a aquel en cuya virtud se confía a
la actividad de las partes tanto el estímulo de la función judicial
como la aportación de los materiales sobre los cuales ha de versar
la decisión del juez. La vigencia de este principio se manifiesta en
los siguientes aspectos: iniciativa, disponibilidad del derecho
material, impulso procesal, delimitación del thema decidendum,
aportación de los hechos y aportación de la prueba. Cada uno de
ellos se examinarán seguidamente.
a) Iniciativa. El proceso civil sólo puede iniciarse a instancia de
parte (nemo iudex sine actore; ne procedat iudex ex officio). Este
88
principio está consagrado explícitamente en la ley 27 (art. 2º), e
implícitamente surge del contexto del CPN.
b) Disponibilidad del derecho material. Una vez iniciado el
proceso, el órgano judicial se halla vinculado por las declaraciones
de voluntad de las partes relativas a la suerte de aquél o tendientes
a la modificación o extinción de la relación del derecho material en
la cual se fundó la pretensión. Es así como el actor se encuentra
facultado para desistir de la pretensión (requiriéndose la
conformidad del demandado cuando el desistimiento es posterior a
la notificación de la demanda [CPN, art. 304]), o del derecho (CPN,
art. 305). También el demandado está facultado para allanarse a la
pretensión del actor (CPN, art. 307), y ambas partes
para transigir (CPN, art. 308),conciliarse (CPN, art. 309), o someter
el pleito a la decisión de jueces árbitros (CPN, art. 736) o de
amigables componedores (CPN, art. 766).
Cuadra sin embargo señalar que cierta clase de relaciones
jurídicas, en las cuales existe un interés social comprometido,
imponen la necesidad de que respecto de los procesos en que ellas
se controvierten prevalezcan los poderes del juez sobre las
facultades dispositivas de las partes. Tal es lo que sucede con los
procesos relativos a "derechos en los que está comprometido el
orden público" y a "derechos irrenunciables" donde no está
permitida la transacción (Cód. Civ. y Com., art. 1644). Tampoco
pueden ser objeto de transacción —dice ese mismo artículo— los
derechos sobre las relaciones de familia o el estado de las
personas, excepto que se trate de derechos patrimoniales
derivados de aquéllos, o de otros derechos sobre los
que, expresamente, el Código admite pactar.
dispositivo. Pero debe entenderse que el principio de impulso de
parte es una consecuencia del mencionado principio dispositivo.
A diferencia de lo que ocurría en el Código vigente hasta 1968
y aun después de la sanción de la ley 14.237 y del decreto-ley
23.398/56, que otorgaron a los jueces una mayor injerencia en
aspectos particulares del impulso procesal, el CPN concede a
aquéllos, como norma general, el poder de impulsar de oficio el
proceso. En ese sentido el art. 36, inc. 1º, dispone que aun sin
requerimiento de parte, los jueces y tribunales podrán "tomar
medidas tendientes a evitar la paralización del proceso", a cuyo
efecto, "vencido un plazo, se haya ejercido o no la facultad que
corresponda; se pasará a la etapa siguiente en el desarrollo
procesal, disponiendo de oficio las medidas necesarias".
Esta norma, que comportó la consagración de un nuevo
principio en el ordenamiento procesal nacional, noexcluye empero
la carga que incumbe a las partes en el sentido de impulsar el
proceso, la que subsiste en forma concurrente con la facultad de los
jueces y tribunales. Sin embargo, como se destacó supra, nº 19, se
trata de un precepto que ha caído prácticamente en desuso, lo que
obedece no sólo a las deficiencias que afectan a lainfraestructura
judicial sino también a la prevalencia de hábitos de difícil
desarraigo.
No alcanza a desvirtuar la conclusión el hecho de que la ley
25.488 haya modificado el texto del art. 36, inc. 1º, CPN erigiendo la
facultad judicial de impulso en un deber de los jueces, por cuanto
dicho ordenamiento, sin mayor coherencia, mantuvo el régimen de
la caducidad de la instancia e incluso su declaración de oficio (infra,
nº 311).
c) Impulso procesal. Consiste en la actividad que es menester
cumplir para que, una vez puesto en marcha el proceso mediante
la interposición de la demanda, aquél pueda superar los distintos
períodos de que se compone y que lo conducen hasta la decisión
final.
La doctrina suele referirse a los principios de impulso de parte y
de impulso oficial, según que, respectivamente, la actividad proceda
de las partes o del tribunal, aunque sin dejar de reconocer la
estrecha vinculación que el primero guarda con el principio
d) Delimitación del "thema decidendum". El principio dispositivo
impone que sean las partes, exclusivamente, quienes determinen
el thema decidendum, debiendo el juez, por lo tanto, limitar su
pronunciamiento a las alegaciones formuladas por aquéllas en los
actos de constitución del proceso (demanda, contestación,
reconvención y contestación a ésta). Así lo establece el art.
163, inc. 6º CPN, al prescribir que la sentencia definitiva deberá
contener "la decisión expresa, positiva y precisa, de conformidad
con las pretensiones deducidas en el juicio, calificadas según
correspondiere por ley, declarando el derecho de los litigantes y
89
90
condenando o absolviendo de la demanda y reconvención, en su
caso, en todo o en parte".
e) Aportación de los hechos. Como consecuencia del principio
dispositivo, la aportación de los hechos en que las partes fundan
sus pretensiones y defensas constituye una actividad que les es
privativa, estando vedada al juez la posibilidad de verificar
la existencia de hechos no afirmados por ninguno de los litigantes.
Igualmente le está vedado el esclarecimiento de la verdad de los
hechos afirmados por una de las partes y expresamente admitidos
por la contraria (afirmación bilateral).
No ocurre lo mismo, en cambio, con la determinación de las
normas jurídicas aplicables al caso, pues en lo que a este aspecto
concierne debe atenerse a su conocimiento del orden jurídico
vigente, con prescindencia de las invocaciones legales que
hubieren formulado las partes (iura novit curia).
f) Aportación de la prueba. No obstante que la estricta vigencia
del principio dispositivo exigiría que la posibilidad de aportar la
prueba necesaria para acreditar los hechos controvertidos se
confiase exclusivamente a la actividad de las partes, aun las leyes
procesales más firmemente adheridas a ese principio admiten, en
forma concurrente con dicha carga, aunque subordinada a ella, la
facultad de los jueces para complementar o integrar,ex officio, el
material probatorio del proceso. El CPN, en su art. 36, inc. 4º, a)
y b), autoriza a los jueces y tribunales a "ordenar las diligencias
necesarias para esclarecer la verdad de los hechos controvertidos,
respetando el derecho de defensa de las partes" y a "decidir en
cualquier estado de la causa la comparecencia de testigos con
arreglo a lo que dispone el art. 452, peritos y consultores técnicos,
para interrogarlos acerca de lo que creyeren necesario".
91
27. El principio de contradicción
a) Este principio, llamado también de bilateralidad o
de controversia, deriva de la cláusula constitucional que consagra
la inviolabilidad de la defensa en juicio de la persona y de los
derechos (CN, art. 18).
En términos generales, implica la prohibición de que los jueces
dicten alguna resolución sin que previamente hayan tenido
oportunidad de ser oídos quienes pudieran verse directamente
afectados por ella. Es sobre esa idea fundamental que las leyes
procesales
estructuran
los
denominados
actos
de transmisión o comunicación, como son los traslados, las vistas y
las notificaciones (infra, nº 148).
b)
La
vigencia
del
principio
analizado
requiere
fundamentalmente que las leyes procesales acuerden, a quienes
pudieren encontrarse en aquella situación, una suficiente y
razonable oportunidad de ser oídos y de producir pruebas. No exige
la efectividad del ejercicio de tal derecho, razón por la cual no
puede invocarse cuando la parte interesada no hizo valer, por
omisión o negligencia, los medios de defensa, pruebas o recursos
de que dispuso en su momento.
c) La índole de ciertos procesos, sin embargo, impone la
necesidad de que las resoluciones judiciales que en ellos deben
recaer se dicten, sea sin la previa audiencia de la parte a quien
afectan, sea mediante una audiencia restringida. Así, tanto razones
de urgencia como obvios imperativos de efectividad, requieren que
las medidas cautelares se decreten inaudita parte e igualmente, la
misma naturaleza del proceso de ejecución excluye la posibilidad
de que en él se deduzcan defensas o excepciones atinentes a la
relación de derecho sustancial o fundadas en circunstancias
anteriores a la creación del título ejecutivo o ejecutorio. Pero tanto
en uno como en otro caso no media una derogación del
principio examinado, sino un aplazamiento o postergación de la
facultad de ser oído o de controvertir con amplitud, ya que las
medidas cautelares pueden ser cuestionadas mediante los recursos
de reposición o de apelación una vez llevadas a cabo (CPN, art.
198); y en el caso de los procesos de ejecución la ley acuerda,
92
tanto al ejecutante como al ejecutado, la facultad de promover
un juicio de conocimiento posterior en el que no rigen las
restricciones precedentemente señaladas (CPN, art. 553).
28. El principio de escritura
a) De acuerdo con este principio —al que se contrapone el
principio de oralidad— el juez o tribunal conoce las pretensiones y
peticiones de las partes a través de actos "escritos".
Pero en realidad, como lo hace notar CHIOVENDA, es difícil
concebir hoy un proceso oral que no admita en algún grado la
escritura, ni un proceso escrito que no admita en algún grado la
oralidad.
El principio de oralidad requiere, sustancialmente, que la
sentencia se funde tan sólo en aquellas alegacionesque hayan sido
verbalmente expresadas por las partes ante el tribunal de la causa.
Pero ello no excluye totalmente la necesidad de la escritura. En los
sistemas legales regidos por el principio de oralidad, en efecto,
deben redactarse por escrito los actos preparatorios del examen de
la causa (demanda, contestación,excepciones, ofrecimientos de
prueba), aunque las declaraciones contenidas en ellos, para ser
jurídicamente eficaces, deben ser oralmente confirmadas en
la audiencia. Asimismo, cabe la posibilidad de modificar, rectificar
e incluso abandonar, en dicho acto, las declaraciones anunciadas
en los escritos preparatorios. También constituye aplicación del
principio de escritura, en el proceso oral, la documentación que
debe realizarse de las declaraciones formuladas y de las pruebas
recibidas en la audiencia, en aquellos regímenes procesales
queinstituyen, además, la doble instancia judicial.
El ordenamiento procesal vigente en el orden nacional, pese a
adherir al principio de escritura, tampoco descarta la posibilidad de
que ciertos actos procesales, en razón de su misma naturaleza, se
realicen en forma oral, en cuyo caso la oralidad puede
ser simple o documentada.
Es
simple
cuando
los
litigantes informan in voceante las cámaras de apelaciones (CPN,
93
art. 264), y es documentada en las audiencias de prueba, en las
cuales las declaraciones de las partes o de los testigos y,
eventualmente, el dictamen del perito (CPN, art. 472) deben, como
regla, documentarse por escrito, aunque el tribunal puede decidir
que la documentación se efectúe mediante fonograbación (CPN,
art. 125, inc. 6º).
Sin reunir ciertas características del principio de oralidad
concebido en forma estricta —como es la referente a la índole de
los escritos preparatorios—, aquél se halla estructurado con
respecto al trámite de determinados procesos civiles por los
Códigos de Jujuy, La Rioja y Santa Fe y rige asimismo el proceso
laboral en distintas provincias (v.gr. ley 11.653 de Buenos Aires). Si
bien la demanda y la contestación deben presentarse por escrito y
no existe la posibilidad de ampliar, rectificar o modificar el contenido
de tales actos con posterioridad, la fase más importante del proceso
se halla configurada por la vista de la causa, acto en el cual el
tribunal colegiado deinstancia única, previa lectura de las
actuaciones de prueba producidas con anterioridad a la audiencia,
procede a recibir las restantes pruebas oportunamente ofrecidas y
aquellas que a juicio del tribunal contribuyan al esclarecimiento de
la verdad. Producida la prueba, el presidente del tribunal concede la
palabra a las partes, por su orden, y al ministerio público
si interviniere, para que se expidan sobre el mérito de aquélla. Acto
continuo el tribunal pasa a deliberar a fin de expedirse sobre los
hechos y pronunciar el veredicto, dictándose posteriormente la
sentencia definitiva, o directamente para el pronunciamiento de ésta
según el Código de Santa Fe. El secretario debe levantar "acta de
lo sustancial", sin perjuicio de dejarse constancia de alguna
circunstancia especial a pedido de parte, siempre que el tribunal lo
considere pertinente.
b) Se ha discutido intensamente, en la doctrina, acerca de la
conveniencia de aceptar el predominio de uno u otro de los
principios expuestos. Dice al respecto KISCH: "Los dos tienen sus
ventajas y sus inconvenientes. El de la escritura tiene a su favor la
mayor seguridad que proporciona el que las declaraciones queden
fijas y permanentes, de suerte que en cualquier momento pueden
ser reconstruidas y examinadas. Pero, en cambio de esto, la
reducción a escrito exige mucho tiempo, la lectura es incómoda y la
94
sustanciación se hace pesada por el continuo traslado de escritos
de las partes al tribunal y de aquéllas entre sí. Es un obstáculo
contra la publicidad y se presta fácilmente a que sea sólo un
miembro del tribunal colegiado el que se entere a fondo del asunto
en tanto que los demás se confían por entero a él. La oralidad tiene
también sus puntos débiles. Da ocasión a que al oír se malentienda
o se dejen pasar puntos interesantes, exige que los jueces y las
partes tengan fácil comprensión y memoria y reclama del adversario
una gran destreza y facultades de improvisación para responder al
ataque. Pero vista desde otro punto, la oralidad acelera, simplifica y
da más vida al procedimiento. En la sustanciación de palabra, las
partes, que se ven en presencia del adversario, del tribunal y del
público, sienten cierto temor y procuran prescindir de todo
embrollamiento intencionado y de cualesquiera sofisterías; los
errores pueden ser deshechos con más facilidad; el juez que dirige
la causa está en condiciones de poder rechazar todo lo que no
conduzca al averiguamiento de la verdad y hacer resaltar
y examinar más a fondo los puntos de verdadera importancia; todos
y cada uno de los miembros de los tribunales colegiados se llevan
una impresión viva de la vista y del asunto...".
Pero es indudable que el éxito de la oralidad, aun restringida al
ámbito probatorio, está inexcusablemente condicionado a la
formulación de delicadas previsiones acerca del número de
tribunales compatible con unaexpeditiva sustanciación de las
causas, así como a la solución de múltiples problemas
de infraestructura judicial que actualmente revisten particular
gravedad en la justicia nacional. En tales condiciones la aplicación
de este principio no traería aparejada ninguna mejora en cuanto a la
agilidad y eficacia de la administración de justicia. Por otra parte,
la experiencia de la justicia laboral de la provincia de Buenos Aires
y de otros regímenes semejantes no es en modo alguno alentadora,
pues el excesivo número de causas que debe atender cada uno de
los tribunales sujetos a ese sistema determina sensibles demoras
en la realización de las audiencias de prueba, lo que incide en
desmedro de la celeridad de los procesos y desvirtúa la bondad de
los principios que complementan al de oralidad (inmediación,
concentración, etc.).
95
29. El principio de publicidad
a) El principio de publicidad comporta la posibilidad de que los
actos procesales sean presenciados o conocidos incluso por
quienes no participan en el proceso como partes, funcionarios
o auxiliares. Ha sido adoptado por la mayor parte de las leyes
procesales civiles modernas, y reconoce su fundamento en la
conveniencia de acordar a la opinión pública un medio de fiscalizar
la conducta de magistrados y litigantes. Por ello, aparte de cumplir
una función educativa en tanto facilita la divulgación de las ideas
jurídicas, sirve para elevar el grado de confianza de la comunidad
en la administración de justicia.
b) Desde luego que en los procesos orales en los que este
principio puede alcanzar su máxima efectividad. Pero también ha
sido adoptado por las leyes dominadas por el principio de escritura:
"Las audiencias serán públicas, bajo pena de nulidad —dispone el
art. 125, inc. 1º del CPN conforme a la redacción que le imprimió
laley 25.488—, pero el tribunal podrá resolver, aun de oficio, que
total o parcialmente, se realicen a puertas cerradas cuando la
publicidad afecte la moral, el orden público, la seguridad o el
derecho a la intimidad".
La determinación de tales causales queda librada en cada caso
al prudente arbitrio de los jueces, contra cuyas resoluciones en tal
sentido —que deben ser fundadas— no cabe recurso alguno, salvo
que mediante ellas se excluyese la comparecencia de alguna de las
partes, de sus letrados o apoderados.
Debe destacarse, sin embargo, que dada la forma precaria en
que se celebran las audiencias en nuestros tribunales, la que se
vería agravada por la presencia de personas extrañas a los litigios,
el principio de publicidad carece, en la práctica, de toda
significación.
De ahí que resulte inexplicable el énfasis que exhibe la norma
en su actual versión, tanto más cuanto que es un dato de la realidad
96
el escaso o nulo interés que puede despertar en el público
una audiencia celebrada en un juicio civil o comercial.
c) Existen en cambio normas restrictivas en relación con la
consulta de expedientes judiciales. Establece sobre el punto el
Reglamento para la Justicia Nacional: "Podrán revisar
los expedientes: a) Las partes, sus abogados, apoderados,
representantes legales y los peritos designados en el juicio.
También podrán hacerlo las personas autorizadas debidamente por
los abogados, procuradores y por los representantes de la Nación,
de las provincias, de las municipalidades y de las
reparticiones autárquicas; b)
Cualquier
abogado
o
procurador, aunque no intervenga en el juicio, siempre que
justifique su calidad de tal cuando no fuese conocida; c) Los
periodistas con motivo del fallo definitivo de la causa" (art. 63).
"Exceptúanse de los incs. b) y c) del artículo precedente: a)
los expedientes que contengan actuaciones administrativas que
tengan carácter reservado; b) los expedientes referentes a
cuestiones de derecho de familia (divorcio, filiación, nulidad de
matrimonio, pérdida de la patria potestad, alimentos, insania, etc.),
así como aquellos cuya reserva se ordene especialmente" (art. 64).
"Los particulares que deseen ver un expediente en el que no sean
partes, deberán hacerse acompañar por alguna de las personas
mencionadas en el art. 63, inciso b), o solicitarlo especialmente al
secretario" (art. 66).
d) En la actualidad, el principio de publicidad de las causas
judiciales y las pautas expuestas que lo regulan debe ser adaptado
a los nuevos formatos de consulta de trámite vía web como el que
para las causas radicadas ante la Justicia Nacional y Federal
(incluida la Corte Suprema de Justicia de la Nación) se puede
observar en el siguiente enlace —al que se accede desde la página
oficial
del
Poder
Judicial
de
la
Nación—
http://scw.pjn.gov.ar/scw/home.seam
97
30. El principio de preclusión
a) Con respecto al orden en que deben cumplirse los actos
procesales existen, en la legislación comparada, dos principios
básicos: el de unidad de vista o de indivisibilidad y el de preclusión.
De acuerdo con el primero, de cuya aplicación suministra un
ejemplo la ordenanza procesal civil alemana, los distintos actos
que integran el proceso no se hallan sujetos a un orden consecutivo
riguroso, de manera que las partes pueden, hasta el momento en
que el tribunal declara al asunto en condiciones de ser fallado,
formular peticiones, oponer defensas y proponer elementos
probatorios que no se hicieron valer en un período anterior. Según
el segundo, que tiene su raíz histórica en el proceso romano
canónico (supra, nº 12) y es el que domina en nuestro
ordenamiento jurídico, el proceso se halla articulado en diversos
períodos o fases dentro de cada uno de los cuales deben cumplirse
uno o más actos determinados, con la consecuencia de que
carecen de eficacia aquellos actos que se cumplen fuera de la
unidad de tiempo que les está asignada.
b) Por efecto de la preclusión adquieren carácter firme los actos
cumplidos dentro del período o sección pertinente, y se extinguen
las facultades procesales que no se ejercieron durante su
transcurso. Así, por ejemplo, la falta de agregación de la prueba
documental o de ofrecimiento de todas las demás pruebas en los
escritos de demanda, reconvención o contestación de ambas (CPN,
art. 333, párr. 1º, modificado por la ley 25.488), impide la aportación
de tales elementos en una oportunidad posterior, salvo que se trate
de documentos de fecha posterior o anteriores desconocidos (id.,
art. 335); las excepciones dilatorias y perentorias enumeradas en el
art. 347 deben oponerse, en el proceso ordinario, únicamente como
de previo y especial pronunciamiento y en un solo escrito (id., art.
346, párr. 1º), no siendo admisible que, con posterioridad, se
reproduzcan las ya deducidas o se opongan otras que no fueron
planteadas en su momento; la falta de interposición de un recurso
dentro del plazo respectivo genera la extinción de la facultad
pertinente y lo decidido por la resolución impugnada adquiere
carácter firme; etc., etc.
98
c) Tras definir a la preclusión como la pérdida, o extinción,
o consumación de una facultad procesal,CHIOVENDA explica, con
toda claridad, que tales situaciones pueden ser consecuencia de:
1º) no haberse observado el orden señalado por la ley para su
ejercicio, como los plazos perentorios o la sucesión legal de las
actividades y de las excepciones; 2º) haberse realizado una
actividad incompatible con el ejercicio de la facultad, como la
proposición de una excepción incompatible con otra, o el
cumplimiento de un acto incompatible con laintención de impugnar
una sentencia; 3º) haberse ejercitado ya válidamente una vez la
facultad (consumación propiamente dicha).
d) De lo expuesto se sigue, como también lo hace notar el autor
mencionado, que el concepto de preclusión no debe confundirse
con el de la cosa juzgada. Es inherente a esta última, en efecto,
la incontestabilidad futura del derecho reconocido por una sentencia
definitiva; incontestabilidad que puede hacerse valer en el proceso
en el que aquélla se dictó o en cualquier otro proceso. Pero el
carácter definitivo de la sentencia supone, necesariamente,
una preclusión, que se halla representada, en el caso, por la
pérdida o consumación de las impugnaciones de que aquélla puede
ser objeto. "La relación, pues, entre cosa juzgada y preclusión de
cuestiones —dice CHIOVENDA— puede formularse así: la cosa
juzgada es un bien de la vida reconocido o negado por el juez; la
preclusión de cuestiones es el expediente del que se sirve el
derecho para garantizar al vencedor el goce del resultado del
proceso".
31. El principio de economía procesal
de este principio los de concentración, eventualidad, celeridad y
saneamiento.
b) El principio de concentración apunta a la abreviación del
proceso mediante la reunión de toda la actividad procesal en la
menor cantidad de actos, y a evitar, por consiguiente, la dispersión
de dicha actividad.
Tiene
vigencia,
primordialmente,
en
los
procesos
orales, aun cuando no es incompatible con aquéllos regidos por el
principio de escritura, en los cuales su aplicación contribuye a
eliminar inútiles dispendios de actividad. El CPN lo consagra con
carácter general, en tanto instituye como uno de los deberes de los
jueces el de "concentrar en un mismo acto o audiencia todas las
diligencias que sea menester realizar" (art. 34, inc. 5º). Ejemplos
particulares de este principio se encuentran, entre otras hipótesis,
en la audiencia preliminar prevista en el art. 360 (conforme a la
redacción que le imprimió la ley 25.488), en la cual el juez, luego
de invitar a las partes a una conciliación o a encontrar otra forma de
solución de conflictos (v.gr., arbitraje), fracasado ese intento debe
aquél recibir las manifestaciones de las partes acerca de la
oposición a la apertura a prueba y resolver laincidencia para, en
caso de ser adversa a la oposición, fijar los hechos conducentes
sobre los que debe versar la prueba, recibir la prueba confesoria,
proveer las restantes pruebas que se estimen admisibles, disponer
la concentración de la prueba testimonial en una sola audiencia y,
eventualmente, si correspondiere, decretar que la cuestión se
resuelva como de puro derecho; la realización en un acto único de
la intimación de pago, embargo y citación para defensa en juicio
ejecutivo, así como la oposición de excepciones juntamente con el
ofrecimiento de prueba en dicho juicio (art. 542); la carga de ofrecer
toda la prueba en los escritos iniciales de los incidentes (arts. 178 y
180); etc.
a) Este principio es comprensivo de todas aquellas previsiones
que tienden a la abreviación y simplificación del proceso, evitando
que su irrazonable prolongación haga inoperante la tutela de los
derechos e intereses comprometidos en él. Constituyen variantes
c) El principio de eventualidad es aquel en cuya virtud todas las
alegaciones que son propias de cada uno de los períodos
preclusivos en que se divide el proceso deben plantearse en forma
simultánea y no sucesiva, de manera tal que, en el supuesto de
rechazarse una de ellas, pueda obtenerse un pronunciamiento
favorable sobre la otra u otras, que quedan planteadas in omnem
99
100
eventum. El CPN hace aplicación de este principio al establecer la
carga de oponer todas las excepciones previas al mismo tiempo y
en un solo escrito (art. 346) y al acordar la facultad de acumular
subsidiariamente el recurso de apelación al de revocatoria (art.
241).
d) El principio de celeridad está representado por las normas
que impiden la prolongación de los plazos y eliminan trámites
procesales superfluos u onerosos. Son múltiples las disposiciones
que el CPN contiene en ese sentido, pues además de instituir la
perentoriedad de los plazos legales o judiciales (art. 155) y la regla
de que toda vista o traslado debe dictarse en calidad de autos (art.
150), introduce un sistema más restrictivo en materia de
notificaciones personales (art. 135). Asimismo introduce numerosas
normas que configuran concreta aplicación de este principio, como
son las contenidas, entre otros, en los arts. 41, 120, 152, 153, 154,
247, 346 y 379.
e) El principio de saneamiento, denominado también
de expurgación, es aquel en virtud del cual se acuerdan al juez
facultades suficientes para resolver, in limine, todas aquellas
cuestiones susceptibles de entorpecer el pronunciamiento sobre el
mérito de la causa, o de determinar, en su caso, la inmediata
finalización o la abreviación del proceso. Este principio, incorporado
a numerosos Códigos provinciales, ha sido recogido por el CPN en
su art. 34, inc. 5º, b), norma que impone a los jueces el deber de
"señalar antes de dar trámite a cualquier petición, los defectos u
omisiones de que adolezca, ordenando que se subsanen dentro del
plazo que fije y disponer de oficio toda diligencia que fuere
necesaria para evitar nulidades".
32. El principio de adquisición
a) Si bien las cargas de la afirmación de la prueba se hallan
distribuidas entre cada una de las partes, losresultados de la
actividad que aquéllas realizan en tal sentido se adquieren para el
101
proceso en forma irrevocable, revistiendo carácter común a todas
las partes que en él intervienen.
De acuerdo con el principio de adquisición, por lo tanto, todas
las partes vienen a beneficiarse o a perjudicarse por igual con el
resultado de los elementos aportados a la causa por cualquiera de
ellas.
b) La vigencia del principio enunciado impide, por ejemplo, que
alguna de las partes que produjo una prueba desista luego de ella
en razón de serle desfavorable; que el ponente de las posiciones
pretenda eventualmente desconocer los hechos afirmados en el
pliego respectivo; que el actor niegue los hechos expuestos en la
demanda en el caso de que el demandado los invoque en su
beneficio; etcétera.
33. Otros principios procesales
a) El principio de inmediación es aquel que exige el contacto
directo y personal del juez o tribunal con las partes y con todo el
material del proceso, excluyendo cualquier medio indirecto de
conocimiento judicial (escritos,informes de terceros, etc.). Pese a
las restricciones que la vigencia de este principio sufre en los
procesos escritos, el CPN impone la asistencia del juez a
la audiencia preliminar (art. 360), y de aquél o de los miembros del
tribunal al acto del reconocimiento judicial de cosas o lugares (arts.
479 y 480), y la realización personal, por el magistrado interviniente
en los juicios de desalojo fundados en las causales de cambio de
destino, deterioro delinmueble, obras nocivas o uso abusivo o
deshonesto, del reconocimiento judicial del inmueble con
anterioridad al traslado de la demanda (art. 280 ter, incorporado por
la ley 25.488 —infra, nº 516—). Las dificultades materiales que se
oponen a la presencia del juez o del secretario en las audiencias de
prueba han generado empero una costumbre contra legem que
suele desvirtuar, en tales casos, la vigencia del principio analizado.
102
b) El principio de legalidad de las formas excluye la posibilidad
de que las partes convengan libremente los requisitos de forma,
tiempo y lugar a que han de hallarse sujetos los actos procesales,
pues tales requisitos se encuentran predeterminados por la ley.
Está limitado, sin embargo, por la existencia de normas dispositivas
(supra, nº 7), y es inaplicable en los procesos de árbitros y de
amigables componedores (CPN, arts. 741, inc. 1º y 769).
Este
principio
puede
acarrear
el inconveniente
de
que, extremando su aplicación, se incurra en excesos rituales, y es
por ello que en los últimos cincuenta años ha ganado terreno en la
doctrina y en la legislación procesal el llamado principio de
"instrumentalidad de las formas". Se funda, substancialmente, en la
consideración de la idoneidad de los actos procesales desde el
punto de vista de la finalidad que en cada caso están llamados a
cumplir, sin que la inobservancia de las formas, por sí sola, pueda
dar lugar a su nulidad. El CPN, siguiendo el ejemplo del Código
italiano y de algunos Códigos provinciales, consagra este principio
en su art. 169.
aquella unidad conceptual, autorizan
clasificaciones del proceso.
a
formular
distintas
b) Según la naturaleza del órgano interviniente, el proceso
puede ser judicial o arbitral. El primero, a su vez, puede dividirse en
contencioso o voluntario, según tenga por objeto, respectivamente,
la resolución de un conflicto o el otorgamiento de autenticidad o
eficacia a un estado o relación jurídica.
El proceso judicial contencioso, a su turno, puede clasificarse de
acuerdo con la finalidad de la pretensión que lo origina (de
declaración, de ejecución y cautelar) y con su estructura (ordinario y
especiales).
c) Cabe finalmente, una clasificación general del proceso judicial
atendiendo a su singularidad o universalidad.
35. Procesos judiciales y arbitrales
§ III. DISTINTAS CLASES DE PROCESOS(3)
34. Generalidades
a) Aunque el proceso configura jurídicamente un fenómeno
único, no siempre se halla legalmente regulado con las mismas
modalidades y características. Ciertas circunstancias, como son la
naturaleza del órgano que en él interviene, la existencia
o inexistencia de un conflicto entre partes, la finalidad que se
persigue mediante la pretensión que lo origina, la forma en que se
halla estructurado, etcétera, constituyen variantes que, dentro de
103
a) Junto al proceso judicial, que constituye el proceso por
antonomasia, la ley admite la posibilidad de que las partes sometan
la decisión de sus diferencias a uno o más jueces privados,
llamados árbitros, o amigables componedores, según que,
respectivamente, deban o no sujetar su actuación a normas
determinadas y fallar con arreglo a las normas jurídicas.
Toda
cuestión
entre
partes,
salvo
las
que
estén expresamente excluidas, "podrá ser sometida a la decisión de
jueces árbitros, antes o después de deducida en juicio y cualquiera
fuera el estado de éste", pudiendo tal sujeción ser convenida en el
contrato o en un acto posterior (CPN, art. 736). Igual principio rige
tratándose de amigables componedores (CPN, art. 766).
De la norma contenida en el art. 736 se sigue, en primer lugar,
que es ajena a los árbitros y a los amigables componedores toda
función procesal voluntaria, pues exige, para la viabilidad del
proceso arbitral, el planteamiento de un conflicto entre partes.
Además, al carecer de imperium, les está vedada a los árbitros y
104
amigables componedores la actividad ejecutiva y cautelar (CPN, art.
753).
No pueden comprometerse en árbitros, bajo pena de nulidad,
las cuestiones que no pueden ser objeto de transacción (CPN, art.
737).
Cabe recordar que el Código Civil y Comercial de la Nación
dedica todo un capítulo a regular el Contrato de Arbitraje, fijando
pautas procesales que se superponen y, en algún caso, contradicen
las previsiones del CPN. A ellas habremos de dedicarnos en el
capítulo pertinente (arts. 1649 a 1665).
y reconocimiento, adquisición y venta de mercaderías (arts. 782 a
784).
La característica fundamental de los procesos voluntarios radica
en la circunstancia de que las decisiones que en ellos tienen lugar
se dictan eventualmente en favor del peticionario pero no en contra
o frente a un tercero. Pero ello no obsta para que se transformen
total o parcialmente en contenciosos cuando surgen discrepancias
entre los peticionarios (v.gr., oposición de los herederos a la
aprobación de la cuenta particionaria [CPN, art. 732]), u oposiciones
de terceros o de ministerio público (v.gr., a la autorización para
contraer matrimonio, o a la designación de tutor o curador a favor
del solicitante).
36. Procesos contenciosos y voluntarios
Se denomina contencioso al proceso que tiende a la obtención
de un pronunciamiento que dirima un conflictou oposición
de intereses suscitados entre dos personas que revisten calidad
de partes. Tiene por objeto unapretensión, siendo indiferente que el
demandado se oponga a ella o que rehúya la discusión o la
controversia, ya sea no compareciendo al proceso (rebeldía) o a
través del expreso reconocimiento de los hechos y del
derechoinvocados por el actor (allanamiento).
En el proceso voluntario los órganos judiciales cumplen la
función consistente en integrar, constituir o acordar eficacia a
ciertos estados o relaciones jurídicas privadas. Su objeto se halla
configurado por una o más peticionesextracontenciosas y sus
sujetos privados se denominan peticionarios o solicitantes.
El CPN incluye entre los procesos voluntarios —varios de los
cuales habrán de sufrir adaptaciones a la luz de las regulaciones
del derecho de fondo en el nuevo Código Civil y Comercial, como
se analizará luego en cada caso— a los de mensura (arts. 658 a
672), autorización para contraer matrimonio (arts. 774 y 775), tutela
y curatela (arts. 776 y 777), copia y renovación de títulos (arts. 778
y 779), autorización para comparecer en juicio y ejercer actos
jurídicos (art. 780), examen de libros por el socio (art. 781)
105
37. Procesos de declaración, de ejecución y
cautelares
a)
El
proceso
de
declaración,
llamado
también
de conocimiento o de cognición, es aquel que tiene como objeto
una pretensión tendiente a lograr que el órgano judicial (o arbitral)
dilucide y declare, mediante la aplicación de las normas pertinentes
a los hechos planteados y (eventualmente) discutidos, el contenido
y alcance de la situación jurídica existente entre las partes. El
contenido invariable y primario de los pronunciamientos que recaen
en ese tipo de proceso se halla representado por una declaración
de certeza sobre la existencia o inexistencia del derecho pretendido
por el actor. Cuando a ese contenido se une la integración de una
relación jurídica, o la imposición al demandado de una determinada
prestación (dar, hacer o no hacer) se configuran sentencias
denominadas, respectivamente, determinativas y de condena (infra,
nº 55).
b) El proceso de ejecución tiene por finalidad hacer efectiva la
sanción impuesta por una anterior sentencia de condena que, como
tal, impone al vencido la realización u omisión de un acto, cuando
éste no es voluntariamente realizado u omitido por aquél.
106
Este tipo de proceso, sin embargo, puede agotar en
forma autónoma el cometido de la función judicial. Es el caso de
los títulos ejecutivos extrajudiciales, a los cuales la ley les asigna
efectos equivalentes a los de una sentencia de condena, regulando,
para hacerlos efectivos, un proceso sustancialmente similar al de
ejecución de sentencias.
En la legislación procesal argentina los procesos de ejecución
constituyen, en rigor, procesos mixtos (auncuando prepondere la
función ejecutiva), por cuanto constan de un período declarativo de
conocimiento destinado al planteamiento y examen de ciertas defensas.
c) El proceso cautelar tiende a impedir que el derecho cuyo
reconocimiento o actuación se pretende obtener a través de un
proceso (de conocimiento o de ejecución), pierda su virtualidad o
eficacia durante el tiempo que transcurre entre su iniciación y el
pronunciamiento de la sentencia que le pone fin (desaparición de
los bienes del presunto deudor, o modificación de la situación de
hecho existente al tiempo de deducirse la pretensión).
La característica fundamental de este tipo de procesos consiste
en que carecen de autonomía, pues su finalidad se reduce a
asegurar el resultado práctico de la sentencia que debe recaer
en otro proceso.
38. Proceso ordinario y procesos especiales
a) Desde un punto de vista estructural corresponde distinguir el
proceso ordinario de los procesos especiales.
b) Al primero se refiere el art. 319 CPN, en tanto dispone que
"todas las contiendas judiciales que no tuvieren señalada una
tramitación especial, serán ventiladas en juicio ordinario, salvo
cuando este Código autoriza al juez a determinar la clase de
proceso aplicable".
El proceso ordinario (que es siempre contencioso y
de conocimiento) está estructurado atendiendo a que la ley le
107
asigna la posibilidad de que en él se planteen y decidan, en forma
definitiva, la totalidad de las cuestiones jurídicas que pueden derivar
de un conflicto entre partes. Consta, fundamentalmente, de tres
etapas: introductivao de planteamiento, probatoria y decisoria, cuyo
respectivo desarrollo será explicado infra, nº 159.
c) Los procesos especiales son todos aquellos procesos
judiciales contenciosos (de conocimiento, de ejecución y cautelares)
que se hallan sometidos a trámites específicos, total o parcialmente
distintos a los del proceso ordinario. Se caracterizan por la
simplificación de sus dimensiones temporales y formales, y, en
consecuencia, por la mayor celeridad con que son susceptibles de
sustanciarse y resolverse. Pueden clasificarse en plenarios
rápidos o abreviados y sumarios.
Los "plenarios rápidos" son aquellos cuya simplicidad formal no
obsta al conocimiento judicial exhaustivo del litigio, el cual resulta
decidido, por consiguiente, en forma total y definitiva. Sólo se
diferencian, por lo tanto, de los ordinarios (que son los "plenarios"
tipo), desde el punto de vista de su simplicidad formal, la que está
dada, generalmente, por la escasa cuantía de las cuestiones
debatidas o por la presunta facilidad con que pueden resolverse.
A esta categoría pertenecen los procesos que el CPN
denominaba sumario y sumarísimo (arts. 486 a 497 y 498),
terminología ésta que si bien no se ajusta estrictamente a un criterio
ortodoxo, tiene, en cambio, mayor arraigo en nuestra tradición
procesal. Además de la mayoría de los procesos a que se referían
los arts. 320 y 321 del CPN, responden a esta estructura los de
determinación de capacidad de ejercicio (arts. 624 a 637 quinter),
de rendición de cuentas (arts. 652 a 657), de deslinde (arts. 673 a
675), de división de cosas comunes (arts. 676 a 678), y los que
tramitan ante la justicia laboral. El tema será analizado con mayor
amplitud en el nº 157.
En los procesos sumarios propiamente dichos, a diferencia de lo
que ocurre con los "plenarios rápidos", la simplicidad de las formas
está
determinada
por
la fragmentariedad o
por
la superficialidad impuesta al conocimiento judicial. En el primer
caso están incluidos algunos procesos de conocimiento, como
los interdictos y todos los procesos de ejecución, en los que no se
agota el planteamiento y resolución del conflicto en su totalidad,
108
sino solamente en algunos de sus aspectos. En el segundo figuran
los procesos cautelares, en los que sólo se requiere la justificación
de la apariencia o verosimilitud del derecho invocado, por cuya
razón su característica fundamental es la de la máxima simplicidad
formal.
39. Procesos singulares y universales
Los primeros son aquellos cuyo objeto consiste en una o más
pretensiones o peticiones referentes a hechos, cosas o relaciones
jurídicas específicamente determinadas. Los segundos, en cambio,
son los que versan sobre la totalidad de un patrimonio, con miras a
su liquidación y distribución. Les es inherente el llamado fuero de
atracción, en cuya virtud los jueces que conocen en ellos tienen
competencia con respecto a los procesos pendientes o que se
promuevan contra el caudal común, tal como surgía del
derogado Código Civil en su art. 3284 y surge de la ley de
concursos y quiebras 24.522, art. 132 (su inclusión en el
nuevo Código Civil y Comercial es discutible, como se verá luego al
analizar el proceso sucesorio). En nuestro derecho son procesos
universales el sucesorio y el concursal, los que se hallan
respectivamente regulados por el CPN y por la ley 24.522.
El siguiente cuadro constituye la síntesis de cuanto se
ha expresado precedentemente acerca de las diferentes clases de
procesos.
109
CAPÍTULO IV - LA FUNCIÓN PÚBLICA PROCESAL
SUMARIO: I. GENERALIDADES:
40. Planteamiento del tema.— 41.
Concepto y naturaleza del acto
jurisdiccional.— 42. Clasificación
de
la
jurisdicción.—
II. LA
FUNCIÓN
JUDICIAL:
43.
Concepto de la jurisdicción
judicial.—
44.
La
llamada
jurisdicción
voluntaria.—
45.
Caracteres y extensión de la
función judicial.
La precedente conclusión, que será demostrada en este
capítulo, justifica el empleo de la expresión "función pública
procesal", en reemplazo del vocablo "jurisdicción", para encabezar
el estudio de la naturaleza y características que reviste la actividad
que cumplen los órganos judiciales y arbitrales como sujetos
primarios del proceso.
Lo dicho no importa, naturalmente, desconocer la fundamental
importancia que tiene, dentro de esa función genérica, la función
jurisdiccional, a cuyo estudio corresponde asignar un lugar
preferente.
41. Concepto y naturaleza del acto jurisdiccional
La doctrina suele caracterizar al proceso como el fenómeno
jurídico a través del cual se exterioriza el ejercicio de la función
jurisdiccional del Estado.
Ya se ha anticipado el error que encierra ese criterio,
puntualizándose que la idea de jurisdicción es ajena a toda una
categoría
de
procesos
judiciales,
como
son
los
llamados voluntarios, y a gran parte de la actividad que los órganos
judiciales despliegan en los procesos contenciosos (supra, nº 2).
El lenguaje jurídico acuerda a la palabra "jurisdicción" diversos
significados.
Se la utiliza, en primer lugar, para denotar los límites territoriales
dentro de los cuales ejercen sus funciones específicas los órganos
del Estado, sean ellos judiciales o administrativos. Tal ocurre
cuando se habla de la "jurisdicción territorial" de los jueces, y
cuando se identifica el concepto con el de la circunscripción
espacial asignada a alguna repartición pública.
En segundo lugar, las leyes suelen emplear este vocablo a fin
de señalar la aptitud o capacidad reconocida a un juez o tribunal
para conocer en una determinada categoría de pretensiones o de
peticiones, confundiendo de tal manera la jurisdicción con
la competencia, que es la medida en que aquélla se ejerce (infra, nº
89).
También se utiliza el término jurisdicción con referencia
al poder que, sobre los ciudadanos, ejercen los órganos estatales
(un parlamento, un órgano judicial, o una entidad administrativa).
Finalmente, desde el punto de vista técnico, que es el que
aquí interesa, se considera a la jurisdicción —al igual que la
legislación y la administración— como una de las funciones
estatales, definiéndosela como aquélla mediante la cual los órganos
judiciales del Estado administran justicia en los casos litigiosos.
111
112
§ I. GENERALIDADES(1)
40. Planteamiento del tema
Pero ocurre que si a este esquema, coincidente con la teoría de
la división tripartita de los poderes del Estado (Legislativo, Ejecutivo
y Judicial), se lo confronta con la realidad jurídica positiva, se
advierte que no toda la función jurisdiccional se halla encomendada
a los órganos del poder judicial. Es indiscutible que esa función la
ejercen también numerosos organismos administrativos y el propio
órgano legislativo. Ejemplo del primer supuesto lo constituyen las
sanciones que impone el Tribunal de Faltas cuando se infringen
determinadas ordenanzas, el Tribunal de Cuentas de la Nación
cuando decide sobre la responsabilidad de quienes administran
fondos nacionales, etcétera. En cuanto a la segunda hipótesis, se
impone la misma conclusión respecto del Senado, en el caso del
"juicio político". A la inversa, los órganos judiciales no siempre
ejercen actividad jurisdiccional (reglamentaciones judiciales,
designación de funcionarios o empleados, intervención en los casos
de "jurisdicción voluntaria", etc.).
Por todas esas razones la mayor parte de la doctrina se atiene a
las características que presenta el acto jurisdiccional en sí mismo,
prescindiendo, o colocando en un plano secundario, a su aspecto
orgánico o formal.
La función legislativa resulta fácilmente diferenciable de la
jurisdiccional porque la primera tiene por objeto crear
normas abstractas y generales, en tanto que la segunda se traduce
en la creación de normas individuales, rasgo éste que también es
común a la función administrativa. Por eso la principal dificultad
consiste en distinguir adecuadamente el acto jurisdiccional del
administrativo.
Estos dos tipos de actos presentan diversas notas que les son
comunes, ya que: 1º) Ambos representan laindividualización y
concreción de normas generales; 2º) Su autor es siempre un órgano
del Estado, lo que les confiere el carácter de actos de autoridad que
obligan a sus eventuales destinatarios a cumplir la conducta
prescripta por el órgano respectivo en el caso concreto; 3º) Tanto el
acto jurisdiccional como el administrativo tienen aptitud para
imponerse, eventualmente, a cualquier miembro de la comunidad
cuya conducta o cuyas relaciones pueden encontrarse
comprendidas en el ámbito de competencia asignado a algún
órgano estatal (circunstancia que excluye del concepto a las
llamadas "jurisdicciones domésticas", como la asociativa o la
deportiva).
Establecidos los conceptos precedentes, resulta preciso aclarar
ahora cuál es la específica modalidad con que esa creación
normativa individual que comportan el acto jurisdiccional y el acto
administrativo se exterioriza en la experiencia jurídica, a cuyo fin el
análisis debe desplazarse hacia el objeto que las normas
conceptualizan,
o
sea
hacia
la conducta humana
en interferencia intersubjetiva.
En ese orden de ideas interesa observar que en toda comunidad
se presenta, como situación corriente y originaria, el hecho de que
sus miembros, así como los integrantes de los órganos estatales,
se comportan de acuerdo con las concretas posibilidades que esa
comunidad ofrece y que conforman un proyecto de conducta
común, luego conceptualizado o descripto por las normas jurídicas
que mencionan el conjunto de facultades, deberes, entuertos o
sanciones que dicho proyecto contiene.
Esta situación originaria se exterioriza cuando, por ejemplo, el
testador ejerce la facultad de disponer de sus bienes para después
de su muerte, el deudor cumple puntualmente con las obligaciones
estipuladas en un contrato, o el órgano administrativo acata el
deber consistente en declarar procedente o improcedente la
concesión de una jubilación o una pensión o una marca de
comercio, etcétera, o sea, en términos generales, cuando esas
personas asumen espontáneamente el proyecto de conducta
comunitario al que las normas jurídicas se refieren.
Puede sin embargo ocurrir —y ocurre cotidianamente— que dos
o más miembros de la comunidad, o un órgano estatal y un
ciudadano, en lugar de atenerse u observar el mencionado proyecto
en forma espontánea, discrepen acerca de su verdadero alcance y
asuman, en consecuencia, proyectos individuales y contradictorios
(v.gr. los herederos del testador que impugnan el testamento
porque en éste se acordó indebida preferencia a otras personas, o
el deudor que, por cualquier motivo, no cumple, o lo hace
defectuosamente, con la prestación a que se obligó en el contrato y
el acreedor que reclama el pago). En tales hipótesis aparece, a raíz
de la disputa o discrepancia, un conflicto cuya solución requiere
la intervención de ciertos órganos comunitarios a fin de evitar los
113
114
riesgos y la inseguridad que naturalmente entraña la justicia
administrada por mano propia. Desaparece entonces la asunción
espontánea del proyecto e irrumpe la necesidad de que un órgano
del Estado (o eventualmente un árbitro cuando así se ha pactado
previamente o lo impone la ley), expresen, mediante el
pronunciamiento de un fallo o de un laudo (norma individual y
obligatoria), cuál es el verdadero proyecto comunitario que resultó
malogrado a raíz del conflicto.
Si ahora nos colocamos en el terreno de las relaciones que ligan
a los órganos administrativos con los ciudadanos (administrados)
advertimos con claridad que el proyecto comunitario de que
hablamos puedeexpresarse en forma espontánea o directa
e inmediata, o bien en forma indirecta o mediata. Ocurre lo primero
cuando el ciudadano, no obstante serle desfavorable (v.gr.
denegatoria de un beneficio jubilatorio), acata la decisión del
órgano, pues aunque el acatamiento sea implícito importa una
manifestación de conformidad con el criterio aplicado por aquél
para interpretar el proyecto comunitario de que se trata. Ocurre lo
segundo si el administrado, en razón de discrepar con ese criterio,
formula un reclamo ante un órgano administrativo superior que
será, en definitiva (sin perjuicio de que eventualmente proceda un
recurso ante la justicia), quien exprese el contenido del proyecto y,
en consecuencia, determine el alcance del derecho del
administrado y del correlativo deber del órgano inferior.
De lo dicho se sigue que mientras en la primera hipótesis, por
haberse asumido el proyecto en forma espontánea tanto por el
órgano como por el ciudadano, se configura un acto administrativo
(no importa si acertado o erróneo), en la segunda hipótesis, en
razón de haber mediado un conflicto derivado de la discrepancia
entre los criterios respectivamente sustentados por uno y otro,
medió un acto jurisdiccional. No es óbice a ello el hecho de que tal
acto haya emanado de un órgano administrativo, pues de lo que se
trata, como se anticipara, es de penetrar en la esencia de ese acto,
al margen de un criterio meramente orgánico que nada explica.
Cabe de tal suerte definir al acto jurisdiccional, en términos
generales, como aquél mediante el cual un órgano del Estado
(judicial o administrativo), a raíz de haber mediado un conflicto en
cualquiera
de
las
modalidades
señaladas, expresa
en
forma indirecta y mediata (no espontánea) el contenido de un
concreto proyecto comunitario, haciéndolo a través del dictado de
una norma individual (sentencia, resolución administrativa o laudo)
que declara la existencia de una facultad, de un deber o de un
entuerto (incumplimiento del deber) y aplicando, en este último
caso, una sanción.
Sólo corresponde insistir, para concluir, en la circunstancia de
que la jurisdicción, como función estatal, constituye un género, del
cual la jurisdicción judicial y la administrativa configuran especies.
115
116
42. Clasificación de la jurisdicción
a) Desde el punto de vista del órgano habilitado para decidir el
conflicto, la jurisdicción puede dividirse enjudicial y administrativa.
La jurisdicción administrativa consiste en la actividad que
despliegan los órganos administrativos tanto en la aplicación de
sanciones a los administrados o a los funcionarios o agentes de la
propia administración, como en el conocimiento de las
reclamaciones y recursos que tienen por objeto asegurar el imperio
de la legitimidad dentro de la esfera administrativa. Esas decisiones
son, en principio, revisables por los jueces y tribunales de justicia,
salvo que versen sobre materias privativas del poder administrador.
Pero no debe confundirse dicha jurisdicción administrativa con la
competencia que las leyes asignan al poder judicial para conocer de
los conflictos que se suscitan cuando el Estado, en su carácter de
poder público, y en ejercicio de facultades regladas, afecta un
derecho subjetivo del administrado. En estos casos, en efecto, se
trata de jurisdicción judicial y de competencia tradicionalmente
denominada,
por influjo
del
derecho
francés,
"contenciosoadministrativa".
Dentro de la jurisdicción administrativa se encuentra
comprendida la jurisdicción militar, reglamentada en elart. 108 de
la ley 14.029, modificado por la ley 23.049 (Código de Justicia
Militar).
b) En cuanto a la jurisdicción judicial puede dividirse, atendiendo
al poder político del que emanan las atribuciones de administrar
justicia, en jurisdicción nacional, que tiene su origen en el poder del
Estado
nacional
(CN, arts.
108 y
sigs.)
y
en
jurisdicción provincial proveniente de las respectivas autonomías
locales (CN, arts. 5ºy 122).
Tradicionalmente también se divide la jurisdicción judicial en
contenciosa y voluntaria, aunque, en rigor, como se verá más
adelante, la segunda no reviste carácter jurisdiccional sino
administrativo.
§ II. LA FUNCIÓN JUDICIAL(2)
43. Concepto de la jurisdicción judicial
Todo acto cumplido por un juez o tribunal de justicia que
contenga los elementos enunciados en la noción de acto
jurisdiccional
formulada
anteriormente,
constituye
una exteriorización de jurisdicción judicial. Para determinar su
alcance es menester precisar cuál es el sector del derecho
argentino dentro del cual no resulta admisible privar del ejercicio de
la función jurisdiccional a los órganos judiciales.
En ese orden de ideas cuadra señalar que siempre que medie
un conflicto entre particulares, o entre un particular y el Estado,
referente a derechos subjetivos privados de aquéllos, o se
encuentre en tela de juicio la aplicación de alguna sanción de
naturaleza penal, la intervención de un órgano judicial es
constitucionalmenteineludible. Así lo imponen los arts. 18 y 109 de
la Constitución Nacional. El primero, porque la garantía de la
defensa en juicio supone, básicamente, que todos los habitantes
117
tienen, en situaciones como las señaladas, el derecho de ocurrir
ante algún órgano judicial a fin de obtener el amparo de los
derechos que estimen amenazados o lesionados (CSN, Fallos, 247646 y otros). Y el segundo, porque al prohibir al presidente de la
República ejercer funciones judiciales, descarta el poder de dicho
funcionario, e implícitamente, el de los funcionarios y organismos
administrativos, en el sentido de conocer y decidir el mencionado
género de conflictos. Tal es, por lo demás, la doctrina establecida
por la Corte Suprema de Justicia de la Nación en numerosos
precedentes (Fallos, 249-228; 250-472; 253-485; 255-354; 257-136,
etc.).
Sin embargo, esta prohibición constitucional no es absoluta.
Atendiendo a la creciente complejidad de las funciones asignadas a
la Administración y a la necesidad de hacer efectiva la más expedita
tutela de los intereses públicos, la Corte Suprema ha admitido, en
numerosos casos, la actuación de órganos administrativos con
atribuciones para decidir asuntos de la mencionada índole. Pero ha
cuidado de dejar establecido que la validez constitucional de las
leyes que acuerdan ese tipo de atribuciones se halla supeditada al
requisito de que el pronunciamiento jurisdiccional emanado del
órgano administrativo quede sujeto a control judicial suficiente, es
decir, que sea susceptible de revisión en una instancia judicial
ulterior, cuyo alcance o amplitud depende de las modalidades que
cada situación jurídica ofrezca (Fallos, 249-715; 244-548; 240-235,
etc.).
En otras palabras, lo que la Constitución proscribe no es el
ejercicio de potestades jurisdiccionales por parte de la
Administración, sino que, a través de aquéllas, y con respecto a
cierto tipo de conflictos, se llegue al pronunciamiento de
resoluciones definitivas, es decir no revisables por órganos
judiciales.
44. La llamada jurisdicción voluntaria
118
a) Tradicionalmente se designa así a la función que ejercen los
jueces con el objeto de integrar, constituir o acordar eficacia a
ciertos estados o relaciones jurídicas privadas (ver supra, nº 36).
Como ya se ha destacado, se trata de una función ajena al normal
cometido de los órganos judiciales, el cual consiste en la resolución
de los conflictos jurídicos suscitados entre dos o más personas. El
hecho de que sean aquéllos quienes conozcan en esta clase de
asuntos no contenciosos obedece, entre otras razones, a la índole
estrictamente jurídica que presentan, a la facilidad con que pueden
transformarse en una verdadera contienda y a la conveniencia de
que ciertos actos de particulares, por sus efectos trascendentes,
sean objeto de una previa y segura comprobación o
fiscalización. Nada impide, sin embargo, que tal función pueda ser
legalmente detraída del conocimiento de los jueces y transferida a
organismos administrativos.¿Pero como quiera que el cumplimiento
de dicha función se lleva a cabo mediante un conjunto de actos que
reúnen las diversas notas mencionadas al delimitar el concepto de
proceso, en general (supra, nº 22), nada obsta a la configuración de
un verdadero proceso voluntario. Por ello se destacó que su objeto
consiste en una o más peticiones, y que corresponde el nombre
de peticionarios o desolicitantes a los sujetos privados que en
él intervienen (supra, nº 23).
b) De acuerdo con el contenido de las resoluciones que en esos
procesos pueden recaer, cabe clasificar a los actos de jurisdicción
voluntaria en los siguientes grupos: 1º) Actos de constitución de
derechos (inscripción de una sociedad en el Registro Público,
discernimiento de tutor o curador, etc.); 2º) Actos de
homologación(aprobación del acuerdo propuesto por el deudor en
el concurso preventivo; aprobación del testamento en cuanto a sus
formas, etc.); 3º) Actos de constatación (mensura y amojonamiento,
reconocimiento
de
mercaderías,
etc.);
4º) Actos
de autorización (venia para la enajenación de bienes de
menores, ausentes
o
personas
con
capacidad
restringida, autorización para comparecer en juicio, etc.).
consiguiente, no tiene partes en sentido estricto. Se distingue
también porque el juez, al resolverlo, emite una declaración
basada exclusivamente en los elementos de juicio unilateralmente
aportados por el peticionario o peticionarios, razón por la cual dicha
declaración no produce efectos de cosa juzgada respecto de
terceros cuyos derechos resulten eventualmente afectados por ella.
d) Interesa finalmente señalar que las decisiones que se dictan
en los procesos de jurisdicción voluntaria no revisten carácter
jurisdiccional, por cuanto no suponen la existencia de
un conflicto sino que importan laexpresión directa e inmediata de un
proyecto comunitario por parte de los órganos judiciales (supra, nº
41). Esta circunstancia, la índole del órgano que emite la decisión y
el carácter de norma individual de dicha decisión, permiten calificar
como administrativa a la actividad que los jueces desarrollan en
dichos procesos. Se trata, por lo tanto, de actos administrativos
mediante los cuales el Estado, por intermedio de los jueces y
tribunales de justicia, colabora en la constitución e integración de
las relaciones jurídicas privadas.
45. Caracteres y extensión de la función judicial
c) El proceso de jurisdicción voluntaria se caracteriza porque
no existe en él conflicto a resolver (aunque puede transformarse,
total o parcialmente en contencioso, supra, nº 36) y, por
a) La función judicial, sea jurisdiccional o administrativa, exhibe
los siguientes caracteres: 1º) Es un poder-deber, desde que
comprende la facultad del juez o tribunal de decidir los asuntos que
se someten a su conocimiento y el deber en que se encuentra de
administrar justicia cada vez que esa actividad sea requerida en un
caso concreto (salvo que el caso sometido a la decisión judicial no
requiera la solución de un conflicto, en cuyo supuesto el juez o
tribunal debe denegar su intervención si no existe una ley expresa
que la autorice); 2º) Es ejercida por órganos independientes,
que integran un poder del Estado provisto de autonomía con
relación a los poderes políticos, y que, a diferencia de los órganos
administrativos, no se hallan sujetos a las directivas oinstrucciones
de superiores jerárquicos; 3º) Es indelegable, por cuanto el juez no
119
120
puede delegar en otras personas el ejercicio de sus
funciones, aunque por razones de competencia territorial le está
permitido encomendar a los jueces de otras localidades la
realización de diligencias determinadas (CPN, art. 3º).
b) La función judicial, en tanto atributo de la soberanía del
Estado, sólo puede ser ejercida dentro de los límites territoriales de
aquél y en los lugares en que lo admite el derecho internacional (en
alta mar, en los buques que llevan su bandera o en los que pasan
por aguas de su exclusivo dominio). Ello no obsta a que los jueces
argentinos apliquen normas jurídicas sancionadas por otros
Estados o ejecuten, en ciertas condiciones, sentencias
pronunciadas por tribunales extranjeros, pues en ambos casos se
trata de la aplicación de normas de derecho interno que admiten
la extraterritorialidad de esas leyes y de esas sentencias.
Están sometidas a la función judicial del Estado todas las
personas, físicas o jurídicas, nacionales oextranjeras, que habiten o
se hallen radicadas en su territorio. Dentro de nuestro régimen
jurídico, la extranjería sólo es tenida en cuenta como una de las
circunstancias que justifican la procedencia del fuero federal
(CN, art. 116 y ley 48,art. 2º, inc. 2º) (infra, nº 98).
En cambio, los Estados extranjeros gozan de inmunidad al
respecto, y sólo pueden ser sometidos a la potestad de los órganos
judiciales del Estado cuando media su consentimiento para ello.
Este puede ser expreso o tácito, según que provenga de la
pertinente
declaración
formulada
por
sus
representantes autorizados, o resulte de la circunstancia de
comparecer voluntariamente ante los órganos judiciales argentinos,
como parte actora o demandada. Dispone, sobre esta cuestión, el
art. 24 del decreto-ley 1285/58 que "no se dará curso a la demanda
contra un Estado extranjero, sin requerir previamente de su
representante diplomático, por intermedio del Ministerio de
Relaciones Exteriores y Culto, la conformidad de aquel país para
ser sometido a juicio". "Sin embargo —agrega dicha norma— el
Poder Ejecutivo puede declarar con respecto a un país determinado
la falta de reciprocidad a los efectos consignados en esta
disposición, por decreto debidamente fundado. En este caso, el
Estado extranjero, con respecto al cual se ha hecho tal declaración,
queda sometido a la jurisdicción argentina. Si la declaración del
121
Poder Ejecutivo limita la falta de reciprocidad a determinados
aspectos, la sumisión del Estado extranjero a la jurisdicción
argentina se limitará también a los mismos aspectos. El Poder
Ejecutivo declarará el establecimiento de la reciprocidad, cuando el
país extranjero modificase sus normas al respecto".
En caso de renunciar al privilegio, o de ser aplicable
la excepción precedentemente recordada, los Estadosextranjeros
son justiciables ante los jueces federales o ante la Corte Suprema
en instancia originaria, según que, respectivamente, la causa se
haya suscitado con un particular (CN, art. 116 y ley 27,art. 20) o con
una provincia (CN, art. 117 y decreto-ley 1285/58,art. 24, inc. 1º).
Cuadra añadir que el principio de la inmunidad de los
Estados extranjeros se ha atemperado, en materia de derecho
marítimo, a través de la tesis de que ese régimen alcanza
únicamente a los buques de Estado afectados a servicios
gubernamentales, pero no a los buques estatales que cumplen
actividades de neto carácter comercial, como el transporte de
mercaderías o de pasajeros. Dicha tesis ha sido admitida por la
Convención de Bruselas de 1926 y por el Tratado de Montevideo de
1940, ratificados por nuestro país.
Últimamente, asimismo, la Corte Suprema ha restringido aún en
mayor medida el principio de que se trata, pues declaró que sólo se
aplica a los actos de Gobierno de los estados extranjeros y no
se extiende, v.gr., a los reclamos fundados en el incumplimiento de
obligaciones laborales y previsionales que, por lo demás, no son
susceptibles de afectar el normal desenvolvimiento de una
representación diplomática.
En
cuanto
a
los
embajadores
o
ministros
plenipotenciarios extranjeros gozan del privilegio de inmunidad
mientras conserven su calidad de tales, pudiendo ser renunciado en
la misma forma señalada en relación con los Estados extranjeros.
Al respecto dispone el art. 24 del decreto-ley 1285/58 que no se
dará curso a ninguna acción deducida contra ellos "sin requerirse
previamente, del respectivo embajador o ministro plenipotenciario,
la conformidad de su gobierno para someterlos a juicio". La
competencia corresponde, en tales casos, a la Corte Suprema de
Justicia de la Nación (CN, art. 117 y decreto-ley 1285/58,art. 24, inc.
1º).
122
Finalmente la función judicial comprende, asimismo, todas las
cosas, muebles e inmuebles, que se encuentran dentro del territorio
del Estado.
CAPÍTULO V - OBJETO DEL PROCESO
SUMARIO:
I. GENERALIDADES: 46.
Planteamiento del tema y noción
de objeto procesal.— II. LA
PRETENSIÓN PROCESAL: 47.
Acción y pretensión.— 48.
Pretensión y demanda.— 49.
Caracteres de la pretensión.—
50. Elementos de la pretensión.—
51.
Identificación
de
las
pretensiones.— 52. Requisitos de
la pretensión.— 53. Vicisitudes de
la pretensión.— 54. Extinción de
la pretensión.— 55. Distintas
clases de pretensiones.— 56.
Relaciones entre la pretensión
civil y la pretensión penal.—
III. PROCESOS
CON
PLURALIDAD DE OBJETOS: 57.
Concepto
de
proceso
acumulativo.— 58. Acumulación
originaria de pretensiones.— 59.
Acumulación
sucesiva
por inserción de pretensiones.—
60. Acumulación sucesiva por
reunión
de
pretensiones
(acumulación de procesos).—
IV. LA
OPOSICIÓN
A
LA
PRETENSIÓN: 61. Concepto.—
62. Naturaleza de la oposición.—
63. Clases de oposiciones.—
V. LA PETICIÓN
PROCESAL
EXTRACONTENCIOSA:
64.
123
124
Concepto.—
65.
Elementos,
requisitos, vicisitudes y extinción
de la peticiónextracontenciosa.—
66.
Clases
de
peticiones extracontenciosas.—
67.
Acumulación
de
peticionesextracontenciosas.
§ I. GENERALIDADES
46. Planteamiento del tema y noción de objeto
procesal
El presente capítulo se halla destinado al estudio de la
primordial actividad que incumbe a las partes y peticionarios, tema
éste que se encuentra íntimamente vinculado con el referente al
objeto del proceso y con el cual ha de ser estudiado conjuntamente.
Es objeto del proceso la materia alrededor de la cual gira
su iniciación, desenvolvimiento y extinción. Dichoobjeto se halla
representado
por
una
o
más
pretensiones
o
peticiones extracontenciosas, según se trate, respectivamente, de
un proceso contencioso o de un proceso voluntario.
§ II. LA PRETENSIÓN PROCESAL(1)
125
47. Acción y pretensión
a) Antes de entrar al estudio de la pretensión procesal es
menester precisar el concepto de acción, pues el hecho de haber
sido éste considerado por la doctrina dominante como uno de los
pilares fundamentales de toda la sistemática del proceso,
contribuyó a que no se percibiese la utilidad científica y práctica que
reviste la idea de pretensión.
b) Las doctrinas elaboradas en torno de la naturaleza jurídica de
la acción se agrupan en dos grandes concepciones —la tradicional
y la moderna— que responden a puntos de vista fundamentalmente
distintos.
Dentro de la concepción tradicional, que predomina hasta
mediados del siglo XIX, se advierten a su vez dos posiciones: la que
considera a la acción como el mismo derecho subjetivo material
alegado ante los tribunales de justicia, y la que la concibe como un
elemento o una función del derecho material. Ninguna de ellas,
como se puede observar, reconoce la autonomía de la acción.
Para la concepción moderna, en cambio, que surge a mediados
del siglo XIX, la acción y el derecho subjetivo material constituyen
dos entidades jurídicas independientes, criterio que, para
algunos autores, implica un punto de partida de la autonomía del
derecho procesal como disciplina jurídica.
Dentro de esta última orientación, un grupo de teorías considera
a la acción como un derecho concretodirigido a la obtención de una
sentencia favorable, y que sólo corresponde, por lo tanto, a quienes
son los efectivos titulares de un derecho subjetivo sustancial o de
un interés jurídico tutelable. Esta línea conceptual se escinde, a su
vez, en dos tendencias: la que define la acción como un derecho
público subjetivo a la tutela jurídica, deducido frente al Estado en la
persona de sus órganos jurisdiccionales, sobre los cuales pesa el
deber de impartir la tutela jurídica reclamada por el titular del
derecho (MUTHER, WACH), y la que le atribuye el carácter de
un derecho potestativo que se ejerce frente al adversario,
126
encaminado a que éste soporte "el efecto jurídico de la actuación de
la ley" (CHIOVENDA).
El segundo grupo de teorías, dentro de la concepción moderna,
concibe a la acción como un derecho abstracto a la tutela jurídica.
Contrariamente a lo que postulan las teorías correspondientes al
primer grupo, aquélla constituiría un derecho público subjetivo
que incumbe a todos los ciudadanos por el solo hecho de serlo y
cuyo objeto consistiría, simplemente, en la prestación de la
actividad jurisdiccional, cualquiera que sea el contenido (favorable o
desfavorable) del fallo en que esa prestación se concrete.
c) Todas estas teorías han sido objeto de críticas. A las
comprendidas dentro de la concepción tradicional se les objeta la
identificación que sostienen entre el derecho subjetivo material y la
acción, pues tal identificación esinconciliable con la falta de
coincidencia que separa a ambas entidades jurídicas en lo que
atañe a sus respectivos sujetos y contenido; a lo que se suma
la existencia de derechos sin acción (obligaciones naturales) y de
acciones sin derecho (acciones declarativas y constitutivas,
acciones cautelares, etc.).
A la concepción concreta se le objeta que, de acuerdo con sus
postulados, el derecho a la tutela jurídica o a una sentencia
favorable sólo nacería al término del proceso, pues con anterioridad
sería imposible afirmar, con plena certeza, la efectiva existencia del
derecho de acción, tanto más cuanto que el contenido de la
sentencia depende, fundamentalmente, de la conducta que tanto el
actor como el demandado hayan observado durante el desarrollo
del proceso. Además, esta concepción no logra demostrar que la
acción configure un verdadero derecho, pues el deber final del
órgano jurisdiccional consiste, simplemente, en dictar una sentencia
que dirima el conflicto suscitado entre las partes, la que puede o no
ser favorable al pretendido titular de la acción. Tampoco es
convincente la opinión de quienes sostienen que la acción es un
derecho potestativo dirigido frente al adversario, ya que carece de
sentido práctico concebirla como un derecho que generaría, en todo
caso, un deber genérico de abstención a cargo de toda la
comunidad.
La concepción abstracta supera esas objeciones, pero no logra,
como lo pretenden sus adherentes, erigir al concepto de acción en
127
una de las claves directrices a cuyo derredor giraría gran parte de la
problemática procesal. Dentro de esta posición, difícilmente cabe la
posibilidad de vincular dicho concepto con fenómenos
fundamentales en la ciencia del proceso como son, entre otros, los
representados por la litispendencia, la congruencia y la cosa
juzgada. Por tal razón algunos de los autores embanderados en ella
han complementado el concepto de acción con el de demanda, a la
que se considera como el acto mediante el cual se ejerce, en un
caso concreto, el poder meramente procesal en que el derecho de
acción consiste, con lo cual el tema de las condiciones de la acción,
por ejemplo, resulta absorbido por el de las condiciones de
fundabilidad de la demanda.
d) Se observa, pues, que toda la elaboración doctrinaria
encaminada a esclarecer la esencia del derecho de acción
resulta infecunda para resolver los concretos problemas que
la experiencia del proceso plantea.
Como enseña GUASP, "el poder de provocar la actividad de los
tribunales, sin más, sea un auténtico derecho, sea una res merae
facultatis, constituye un puro poder político o administrativo si se
quiere, supuesto de la actividad procesal, pero previo a la misma y
fuera por ello del mundo del proceso". Agrega que el concepto de
acción es relativo respecto al proceso porque no depende de
estructuras procesales sino que es independiente de ellas como es,
igualmente, intrascendente para el proceso, el concepto de acción
procesal. Estas conclusiones, dotadas de singular fuerza
persuasiva, conducen a dicho autor a reemplazar el estudio de la
acción por el de la pretensión procesal, a la que cuadra definir como
el acto en cuya virtud se reclama ante un órgano judicial y frente a
una persona distinta, la resolución de un conflicto suscitado entre
dicha persona y elautor de la reclamación. Dicho acto suministra,
precisamente, la materia alrededor de la cual el proceso se inicia,
desarrolla y extingue.
Concebida, por lo tanto, la pretensión como objeto del proceso
(contencioso), y admitiendo que la acción sea un derecho cívico
(CARNELUTTI), o una de las especies en que se manifiesta el
derecho constitucional de peticionar ante las autoridades
(COUTURE), resulta claro que esta última no es otra cosa que
128
el poder de hacer valer una pretensión y que constituye, por lo
tanto, un supuesto de la actividad procesal.
Sin embargo, conviene aclarar que la acción es supuesto de la
actividad de cada una de las partes y que, por lo tanto, no
constituye un derecho privativo de quien deduce la pretensión, pues
también la actividad del demandado, sea que se traduzca en un
pedido de rechazo de aquélla o en una admisión de sus
fundamentos, tiene sustento en un derecho cívico de petición,
análogo al ejercido por el actor.
Es preciso aclarar, también, que las precedentes observaciones
son aplicables al proceso voluntario, con la sola diferencia de que
en éste no se trata de pretensión sino de petición extracontenciosa,
pero son ajenas, en cambio, al proceso arbitral. Con respecto a este
último resulta más apropiada la expresión "derecho al arbitraje", que
difiere del derecho de acción tal como se lo ha definido
precedentemente y que puede ser utilizada en dos sentidos
diversos: 1º) como contenido de la pretensión procesal que se dirige
a la constitución del tribunal arbitral; y 2º) como derecho de las
partes que han celebrado el compromiso contra el árbitro o árbitros
que no cumplen con su cometido.
48. Pretensión y demanda
a) Al circunscribir el análisis científico al binomio acción y
demanda, y entendiendo que esta última es el modo de ejercitar la
primera en cada caso particular, un considerable sector de la
doctrina se ha visto forzado a atribuir a la demanda las
características y funciones que corresponden a la pretensión
procesal.
En cambio, si se concibe a esta última como objeto del proceso,
adquiere un significado específico que la distingue de la acción y de
la demanda. Ya se ha explicado que la acción no puede confundirse
con la pretensión, pues aquélla no es otra cosa que el derecho en
cuya virtud la pretensión puede ser llevada a la consideración de un
órgano judicial. Sólo falta entonces destacar que tampoco puede
129
ser identificada con la demanda, en tanto ésta no sólo no constituye
el objeto del proceso sino que es sólo un medio de promoverlo o, en
otras palabras, un mero acto de iniciación procesal.
Quizás una de las razones que ha impedido percibir la diferencia
entre estos dos conceptos deriva de la circunstancia de que, en la
gran mayoría de los casos, la pretensión procesal se encuentra
contenida en la demanda, lo cual, sin embargo, no es forzoso, como
ocurre por ejemplo en el régimen de la justicia de paz vigente en
algunas provincias. Conforme a él la demanda no cumple otra
función que la de determinar la simple apertura del proceso,
debiendo la pretensión formularse en una oportunidad posterior que
se halla constituida por una audiencia a la que corresponde citar al
demandado a fin de que en ella haga valer su oposición.
b) Conviene también señalar que cuando la pretensión procesal
se halla contenida en la demanda, como es el caso corriente, es
posible que aquélla, manteniendo los mismos elementos en cuanto
a los sujetos, el objeto y la causa, se complemente o se integre
mediante un acto que es posterior a la presentación de la demanda
y que, por lo tanto, no puede identificarse con ella. Tal es el
supuesto del hecho nuevo, que constituye un complemento de
la causa de la pretensión, pero no de la demanda, cuya
función iniciadora ha quedado ya cumplida a esa altura del
desarrollo procesal (CPN, art. 365).
c) Finalmente, es preciso recordar que la demanda puede
contener más de una pretensión, como ocurre en los casos de
acumulación objetiva o subjetiva de pretensiones (infra, nº 58).
49. Caracteres de la pretensión
De la definición que se ha enunciado de la pretensión procesal
cabe extraer las siguientes conclusiones:
1º) No constituye un derecho, como la acción, sino un acto que
puede caracterizarse como una declaración de voluntad petitoria.
130
Se diferencia fundamentalmente de la pretensión sustancial en que,
mientras la primera constituye un acto que tiene por destinatario a
un órgano decisor, la segunda es la facultad o derecho de exigir el
cumplimiento de una prestación y sólo puede actuarse contra el
sujeto pasivo de la correspondiente relación jurídica material.
2º) Debe necesariamente deducirse frente a una persona
distinta del autor de la reclamación, pues en su base se encuentra
siempre un conflicto que enfrenta, por lo menos, a dos
protagonistas.
3º) Finalmente, la configuración jurídica de la pretensión
procesal sólo requiere que ésta contenga una afirmación de
derecho o de consecuencia jurídica derivada de determinada
situación de hecho, con prescindencia de que tal afirmación
coincida o no con el ordenamiento normativo vigente. La pretensión,
en otras palabras, puede ser fundada o infundada.
50. Elementos de la pretensión
a)
La
pretensión
se
halla integrada
por
un
elemento subjetivo (sujetos)
y
por
dos
elementos objetivos (objeto ycausa), e involucra, necesariamente,
por otro lado, una determinada actividad (lugar, tiempo y forma).
b) Toda pretensión consta de tres sujetos: la persona que la
formula, la persona frente a quien se formula y la persona ante
quien se formula. Las dos primeras son los sujetos activo y
pasivo de la pretensión (actor-demandado, o ejecutante-ejecutado,
según el caso), y la tercera está representada por un órgano que
reviste el carácter de destinatario de la pretensión y tiene el deber
de satisfacerla, ya sea acogiéndola o rechazándola.
pronunciamiento que se reclama (condena, declaración, ejecución,
etc.), y el segundo el bien de la vida sobre el cual debe recaer el
pronunciamiento pedido (v.gr., la suma de dinero o el inmueble
cuya restitución se solicita; el hecho que el demandado debe
realizar; la relación jurídica cuya existencia o inexistencia debe
declararse, etc.). En una pretensión reivindicatoria, v.gr., es
objeto inmediato la sentencia de condena correspondiente, y objeto
mediato lacosa (mueble o inmueble) que deberá restituirse a raíz de
dicha sentencia. Si la pretensión versa sobre un pago por
consignación, el objeto inmediato se halla representado por la
sentencia declarativa de la validez del pago, y el objeto mediato por
la suma consignada; etcétera.
d) La causa, fundamento o título de la pretensión consiste en
la invocación de una concreta situación de hecho a la cual el actor
asigna una determinada consecuencia jurídica. En el ejemplo de la
pretensión reivindicatoria, la causa estaría constituida por la
propiedad invocada por el actor sobre la cosa, por el hecho de
haber sido desposeído de ella por el demandado, por las
circunstancias en que la desposesión se produjo, etcétera. No debe
confundirse la causa con los simples argumentos expuestos por el
actor, ni mucho menos, con la norma o normas jurídicas invocadas,
pues no son éstas las que individualizan la pretensión sino
loshechos afirmados, en la medida de su idoneidad para producir
un determinado efecto jurídico. De manera que, por ejemplo —
y tomando figuras del anterior régimen de derecho privado
argentino—, si en la pretensión porindemnización de daños y
perjuicios se hubiera invocado la culpa aquiliana (Cód. Civ., art.
1109), la sentencia que la acoja podría haberse fundado en el
régimen de la responsabilidad contractual (Cód. Com., art. 184)
porque, en tal hipótesis, la causa de la pretensión está
representada por el hecho dañoso y no por la calificación jurídica
efectuada por el actor.
c) El objeto de la pretensión (petitum) es el efecto jurídico que
mediante ella se persigue y puede ser considerado desde dos
aspectos: el inmediato y el mediato. El primero es la clase de
e) Finalmente, la actividad de la pretensión procesal entraña las
correspondientes dimensiones de lugar, tiempo y forma que
coincidirán, necesariamente, con las del proceso en que aquélla se
haga valer. Por consiguiente la pretensión tendrá, como lugar, la
sede que corresponda al juez o tribunal competente para conocer
131
132
del proceso; como tiempo, el del acto que ese mismo proceso
destina al planteamiento del objeto litigioso (generalmente será el
de la demanda) y, como forma, la que la ley asigne al proceso de
que se trate (oral o escrito, ordinario, especial, etc.).
51. Identificación de las pretensiones
a) Es el procedimiento mediante el cual dos o más pretensiones
son confrontadas entre sí con el objeto de establecer si se trata de
una misma pretensión o de distintas pretensiones. Su importancia
práctica se advierte en diversos aspectos del proceso,
particularmente cuando corresponde decidir acerca de la
procedencia de lasexcepciones de litispendencia y cosa juzgada, o
cuando se trata de determinar si la sentencia ha sido dictada dentro
del ámbito de la pretensión procesal (CPN, art. 163, inc. 6º), así
como para verificar si ha mediado o no transformación de la
pretensión con posterioridad a la notificación de la demanda.
b) La primera identidad que debe verificarse es la que
pudiere existir
entre
los sujetos (activo
y
pasivo),excluido
naturalmente el órgano judicial, que es ajeno a la relación jurídica
sustancial sobre la que la pretensión versa. Para ello es menester
atenerse a la cualidad jurídica en que dichos sujetos
han intervenido en cada caso, no siendo suficiente que se trate
físicamente de las mismas personas. No existe identidad, por
ejemplo, si una misma persona actúa en un proceso a nombre
propio y en otro como representante legal de su hijo menor, pues es
distinta la calidad que ha asumido en uno y otro caso. Asimismo,
puede operarse un cambio de las personas físicas que intervienen
en los respectivos procesos sin que ello implique una modificación
subjetiva de la pretensión, como ocurre, v.gr., si el heredero deduce
una pretensión que se rechazó cuando fue intentada por el
causante (principio que surgía del art. 3417, Cód. Civ. y hoy puede
encontrarse en el art. 2280, Cód. Civ. y Com.).
133
Como regla, la identificación subjetiva de las pretensiones debe
establecerse con respecto a las personas que revisten el carácter
de partes en los respectivos procesos. Sólo excepcionalmente los
efectos de la sentencia recaída en un proceso pueden alcanzar a
quien, sin haber actuado en él como parte, revistió ese carácter en
la situación jurídica sustancial sobre la que versó la correlativa
pretensión. Tal sería el caso de la entidad demandada por daños y
perjuicios derivados de un accidente de tránsito, la que puede
oponer la defensa de cosa juzgada si existe sentencia firme contra
el actor en el juicio seguido por la compañía aseguradora de dicha
entidad, que se subrogó en los derechos y acciones de esta última
(CNCiv., D, E.D., 6-262 y L.L., 112-47).
c) Para la adecuada identificación de las pretensiones desde el
punto de vista del objeto, es preciso atender a los dos aspectos de
aquél, es decir, al objeto inmediato y al mediato. No basta, pues, en
este caso, que dos o más pretensiones versen sobre un mismo bien
de la vida, por cuanto éste es susceptible de ser tutelado mediante
pronunciamientos judiciales de distinta índole. Por ejemplo, el
rechazo de una pretensión ejecutiva referente a una determinada
suma de dinero no impediría el planteamiento de una posterior
pretensión de conocimiento cuyo objeto mediato fuese la misma
suma, si mediante esta última pretensión se persiguiese la
resolución de cuestiones que no pudieron legalmente debatirse en
el proceso ejecutivo (v.gr., un vicio del consentimiento). Habría, en
cambio, identidad de pretensiones, si rechazada una pretensión
declarativa sobre la base de la inexistencia del derecho material
reclamado, se formulase posteriormente una pretensión de condena
relativa al mismo objeto mediato, pues la sentencia de condena
debe fundarse, necesariamente, en la existencia de ese derecho.
d) Con respecto a la causa, finalmente, debe entenderse que el
simple cambio de argumentación jurídica en que se fundó una
pretensión, excluye la procedencia de una pretensión posterior que
se sustente en las mismas circunstancias de hecho. De modo que,
por ejemplo, rechazada una pretensión de daños fundada en el
menoscabo
de
derechos individuales stricto
sensu,
no
cabría intentar una nueva pretensión sosteniéndose quelos mismos
hechos atacan derechos individuales homogéneos.
134
52. Requisitos de la pretensión
Para que la pretensión procesal satisfaga su finalidad debe
reunir dos clases de requisitos: I) de admisibilidady II)
de fundabilidad.
La pretensión es admisible cuando posibilita la averiguación de
su contenido y, por lo tanto, la emisión de un pronunciamiento sobre
el fondo del asunto sometido a la decisión del tribunal.
Es fundada, en cambio, cuando en razón de su contenido
resulta apropiada para obtener una decisión favorable a quien la ha
planteado.
En consecuencia, el examen de los requisitos de admisibilidad
es previo al de la fundabilidad, pues lainexistencia de los
primeros excluye la necesidad de una sentencia sobre el mérito de
la pretensión.
El siguiente cuadro, que será posteriormente desarrollado,
ilustra acerca de las subclasificaciones que corresponden a esos
dos tipos de requisitos:
135
I) Los requisitos de admisibilidad de la pretensión se dividen, de
acuerdo con el cuadro precedente, en 1º)extrínsecos y
2º) intrínsecos. Los extrínsecos se subdividen, a su vez
en: A) procesales y B) fiscales. Los procesales se relacionan, por
un lado, con a) los sujetos; b) el objeto; c) la causa; d) los sujetos,
objeto y causa, conjuntamente. Coinciden, básicamente, con los
tradicionalmente denominados presupuestos procesales. Por otro
lado se vinculan con: e) la actividad que la pretensión involucra, en
sus tres dimensiones de lugar, tiempo yforma.
1º) Requisitos extrínsecos de admisibilidad.
A) Procesales. a) Con respecto a los sujetos, el órgano ante
quien se deduce la pretensión debe hallarse provisto
de competencia para satisfacerla. En este sentido debe distinguirse
según se trate de la competencia por razón de la materia, valor o
grado, o de la competencia territorial, pues en el primer supuesto
los jueces se hallan habilitados para declararse incompetentes de
oficio, en tanto que en el segundo la incompetencia sólo puede ser
declarada si el demandado articula la correspondiente excepción
(infra, nº 90).
En cuanto a los sujetos activo y pasivo de la pretensión, los
requisitos extrínsecos de admisibilidad se refieren a su capacidad
para ser parte (aptitud para ser titular de derechos y deberes
procesales) y a su capacidad procesal (aptitud para realizar
personalmente, o por medio de un mandatario convencional, actos
procesales válidos) (infra, nº 103 y nº 104). Cuando el actor o el
demandado actúan por medio de un representante necesario o
voluntario se hallan incluidos, entre estos requisitos, la presentación
de los documentos que justifiquen la personería, así como la validez
y suficiencia de tales documentos.
Los defectos que mediaren acerca de la capacidad o de la
representación autorizan, tanto al actor como al demandado, a
oponer la excepción dilatoria de "falta de personería", si bien el juez
está facultado para hacerlos valer ex officio.
Dentro de esta misma categoría deben incluirse otros requisitos,
tales como la reclamación administrativa previa en el supuesto de
demandarse a la Nación (ley 19.549, art. 30), y la conformidad del
respectivo gobierno cuando se interpone una pretensión contra un
136
Estado, embajador o ministro plenipotenciario extranjero (decretoley 1285/58, art. 24, inc. 1º).
También constituye un requisito procesal de admisibilidad de la
pretensión, con referencia al sujeto activo, el "arraigo del juicio por
las responsabilidades inherentes a la demanda", en el supuesto de
que aquél no tenga domicilio ni bienes inmuebles en la República,
el
que
sólo
se
puede
hacer
valer
mediante
la
correspondienteexcepción previa (CPN, art. 348).
b) En cuanto al objeto de la pretensión constituye
requisito extrínseco, en primer lugar, que aquél resulteidóneo con
relación al tipo de proceso en el cual la pretensión se ha deducido
(sería inadmisible, v.gr., la pretensión de divorcio formulada en un
proceso por alimentos o en cualquier otro de naturaleza sumaria).
En segundo lugar, constituye también requisito extrínseco, la
carga del actor de designar "con toda exactitud" la "cosa
demandada" y formular "la petición en términos claros y positivos"
(CPN, art. 330, incs. 3º y 6º).
En ambos casos las deficiencias correspondientes pueden
determinar la inadmisión de la pretensión ad limine, por decisión
dictada de oficio, o por vía de una excepción de defecto legal (CPN,
art. 347, inc. 5º).
Existen, además, requisitos extrínsecos previstos por las leyes
de fondo, como la previa excusión de todos los bienes del deudor
(Cód. Civ. y Com., art. 1583 —antes, art. 2012, Cód. Civ.—); la
terminación de la instancia posesoria para poder deducir la
pretensión petitoria (Cód. Civ. y Com., art. 2271 —antes, art. 2484,
Cód. Civ.—); la necesidad de haber satisfecho las condenaciones
pronunciadas en el posesorio para que el vencido en él pueda
comenzar el juicio petitorio (Cód. Civ. y Com., art. 2272 —antes, art.
2486, Cód. Civ.—); etcétera, cuyaausencia debe hacerse valer
mediante excepciones de previo y especial pronunciamiento (CPN,
art. 347, inc. 8º).
hechos en que se funda, explicados claramente" (CPN, art. 330, inc.
4º). En caso de incumplimiento, lainadmisibilidad de la pretensión
puede resultar de resolución dictada de oficio, o que declare
procedente laexcepción de defecto legal en el modo de proponer la
demanda (CPN, art. 347, inc. 5º).
d) Concierne, conjuntamente, a los sujetos, al objeto y a
la causa de la pretensión, el requisito consistente en la inexistencia
de otra pretensión deducida anteriormente, ante el mismo u otro
órgano judicial, en la cual dichos elementos coincidan. En este
supuesto la declaración de inadmisibilidad de la pretensión puede
dictarse de oficio (CPN, art. 347, in fine) o en el caso de que el
demandado oponga la excepción de litispendencia (CPN, art.
347,inc. 4º). Procede, en cambio, la excepción de cosa juzgada,
cuya existencia también puede ser declarada de oficio (CPN, art.
347, in fine), si ha recaído decisión definitiva sobre la pretensión
anteriormente planteada (CPN, art. 347, inc. 6º), o, en su caso, las
de transacción, conciliación y desistimiento del derecho si aquélla
se hubieseextinguido como consecuencia de esos actos (CPN, art.
347, inc. 7º).
c) En lo que se refiere a la causa, configura requisito extrínseco
de admisibilidad de la pretensión el de que ella se fundamente
mediante una prolija relación de los antecedentes fácticos a los que
el actor imputa el efecto jurídico que persigue. A dicho requisito se
refiere la ley cuando prescribe que la demanda debe enunciar "los
e) En cuanto a los requisitos vinculados con la actividad que la
pretensión entraña, deben ser analizados en las tres dimensiones
de lugar, tiempo y forma en que dicha actividad se exterioriza.
El lugar de la pretensión debe coincidir con la sede
correspondiente al juez o tribunal competente para conocer de ella.
El tiempo en que la pretensión debe ser deducida tiene
limitaciones genéricas y específicas. Las primeras están contenidas
en las normas procesales que determinan cuáles son los días y
horas hábiles para cumplir actos procesales válidos (CPN, arts.
152, 153 y 154). Las segundas se hallan establecidas en aquellas
normas que excluyen la admisibilidad de ciertas pretensiones
cuando éstas son planteadas antes o después de transcurrido
determinado plazo. El primer supuesto está dado, v.gr., por el art.
2289 Cód. Civ. y Com. —antes, art. 3357 Cód. Civ.—, que impide
deducir contra el heredero pretensión alguna tendiente a que
acepte o renunciar la herencia hasta pasados nueve días de la
muerte del causante, y al segundo se refiere, por ejemplo, el art.
621 CPN en tanto dispone que los interdictos de retener, de
137
138
recobrar y de obra nueva no podrán promoverse después de
transcurrido un año de producidos los hechos en que se fundaren.
Hacen a la forma de la pretensión, el modo en que ella
debe expresarse (escrito, en nuestro derecho), el idioma a utilizar
(CPN, art. 115), la redacción del escrito correspondiente (CPN, art.
118), la firma del letrado (CPN, art. 56), etcétera. Al juez le incumbe
vigilar la concurrencia de estos requisitos para disponer, según el
caso, el rechazo ad limine o la concesión de un plazo para obviar el
defecto, sin perjuicio de que el demandado haga valer la falta de
tales requisitos por vía de impugnación de la providencia que da
curso a la demanda. En cambio, no constituye requisito extrínseco
de admisibilidad de la pretensión la carga de acompañar con la
demanda la prueba documental que estuviese en poder del actor
(CPN, art. 333), pues ella está destinada a justificar la aptitud de la
pretensión para obtener la decisión final que el actor reclama y
concierne, por lo tanto, a la fundabilidad de aquélla.
B)
Finalmente,
constituye
un requisito extrínseco
de
admisibilidad de la pretensión, de carácter fiscal, el pago del
impuesto con que las leyes tributarias gravan las actuaciones
judiciales (tasa de justicia). Existen sobre el particular situaciones
en que se exime del pago de tales gravámenes, atendiendo a los
sujetos de la pretensión (Nación, provincias, municipalidades,
bancos oficiales, personas que gocen del beneficio de litigar sin
gastos, etc.) o al objeto o naturaleza de aquélla (peticiones al poder
judicial fundadas en el ejercicio de un derecho político; defensa en
juicio criminal, etc.).
2º) Requisitos intrínsecos de admisibilidad. Se vinculan con
los sujetos (activo y pasivo) y con el objeto de la pretensión
procesal.
A) En relación con los sujetos corresponde analizar, en primer
lugar, una aptitud de aquéllos referida a lamateria sobre la que
versa la pretensión procesal en cada caso concreto, y que se
diferencia de la capacidad para ser parte y de la capacidad procesal
en tanto éstas configuran aptitudes genéricas que habilitan
paraintervenir en un número indeterminado de procesos (infra, nº
103 y nº 104). Además de tales aptitudes genéricas, en efecto, es
preciso que quienes de hecho intervienen en el proceso como
139
partes (actora o demandada), sean quienes deban figurar en ese
proceso concreto asumiendo tal calidad. Son éstas las "justas
partes" o las "partes legítimas", y la aptitud jurídica que las
caracteriza se denomina legitimación para obrar o legitimación
procesal, a la que cabe definir como aquel requisito en cuya virtud
debe mediar una coincidencia entre las personas que efectivamente
actúan en el proceso y las personas a las cuales la ley habilita
especialmente para pretender (legitimación activa) y para
contradecir (legitimación pasiva) respecto de la materia sobre la
cual versa el proceso.
Con ello queda dicho que la legitimación es un requisito que
afecta tanto al actor como al demandado, pues ambos deben estar
procesalmente legitimados. Además, el concepto enunciado pone
de manifiesto los distintos ámbitos en que se mueven los requisitos
de capacidad y legitimación, pues un sujeto puede gozar de
capacidad procesal y carecer de legitimación, y viceversa.
La pauta para determinar la existencia de legitimación procesal
está dada, en principio, por la titularidad, activa o pasiva, de la
relación jurídica sustancial controvertida en el proceso. En estos
casos la prueba de la legitimación se encuentra absorbida por la
prueba de la relación jurídica sustancial. Si A, por ejemplo,
demuestra haber dado a B en locación un inmueble de su
propiedad, también prueba, al mismo tiempo, que se halla
legitimado para deducir la pretensión de desalojo frente a B, y que
éste, como locatario, reviste legitimación como sujeto pasivo (lo
cual
no
debe
confundirse,
naturalmente,
con
el
eventual derecho que puede asistir a las partes, pues éste es tema
que concierne a la fundabilidad de la pretensión).
El ordenamiento jurídico prevé, sin embargo, casos
de legitimación anómala o extraordinaria, a las que caracteriza el
hecho de que personas ajenas a la relación jurídica sustancial que
se controvierte en el proceso resultan habilitadas para intervenir en
él. En estas hipótesis, que se agrupan bajo el nombre de sustitución
procesal (infra, nº 124) se opera una verdadera disociación entre los
sujetos legitimados para obrar y los sujetos titulares de la respectiva
relación sustancial. El sustituto debe probar no sólo la existencia de
la relación sustancial de la que fue participe el sustituido, sino
también las circunstancias de las cuales emerge su legitimación.
140
Tal el caso de la acción subrogatoria a que se refieren los arts. 739
a 742 del Cód. Civ. y Com., según la cual el actor debe acreditar,
además de la titularidad del crédito reclamado por parte de su
deudor, su condición de acreedor de este último.
Asimismo, existen casos en los cuales la legitimación, activa o
pasiva, se halla atribuida a una pluralidad de personas,
correspondiendo distinguir según que el juez se encuentre o no
habilitado para dictar sentencia sobre el fondo del asunto cuando no
han intervenido, o no han sido citados al proceso, todos los sujetos
legitimados. En la primera categoría se ubica, por ejemplo, el
supuesto de las obligaciones indivisibles o solidarias, en el que si
bien todos los acreedores y todos los deudores están,
respectivamente, activa y pasivamente legitimados (Cód. Civ. y
Com., arts. 833 y 844), el juez puede examinar la pretensión en
cuanto al fondo aunque ésta haya sido deducida por uno solo de los
acreedores y frente a uno solo de los deudores. En cambio el juez
no puede proceder así, v.gr., en la hipótesis del art. 582 del Cód.
Civ. y Com., según el cual la pretensión de filiación matrimonial
debe ser intentada contra el padre y la madre conjuntamente y por
fallecimiento de éstos, contra sus herederos (litisconsorcio
necesario) (infra, nº 131).
Consideración aparte merece el tema referente a la protección
judicial
de
los
denominados interesessupraindividuales, colectivos o difusos —
derivados, particularmente, de los elementos contaminadores del
medio ambiente, de la perturbación o amenaza del patrimonio
natural y cultural, o de la circulación de productos defectuosamente
elaborados—
cuya existencia
impone
necesariamente
un
ensanchamiento de la legitimación procesal acorde con la titularidad
plural, masiva o indistinta de los bienes o valores de que se trata. A
raíz de la reforma que se le introdujo en 1994 la CN, arts. 41 a 43,
contempla —como
lo
hacían
con
anterioridad
algunas
constituciones provinciales— ese tipo de intereses y legitima
para interponer la respectiva pretensión al afectado (usuario o
consumidor), al defensor del pueblo y a las asociaciones que
propendan a la defensa de los derechos de incidencia colectiva,
registradas conforme a la ley, la que debe determinar los requisitos
y formas de su organización (art. 43, párr. 2º).
La ausencia de legitimación, activa o pasiva, torna admisible
la excepción prevista en el art. 347, inc. 3º CPN, que se resuelve
como artículo previo si apareciere manifiesta y, en caso contrario,
en la sentencia definitiva.
Corresponde asimismo aclarar que la legitimación no incide en
la calidad de parte, pues como se verá en el nº 102 se trata de
conceptos independientes.
Entre los requisitos intrínsecos de admisibilidad de la pretensión
relacionados con los sujetos, figura además el interés procesal, que
consiste en la necesidad o imprescindibilidad del proceso para
satisfacer, en cada caso concreto, el derecho afirmado como
fundamento de aquélla. En el caso de no concurrir esa
circunstancia la pretensión procesal es inadmisible, porque la
misión de los jueces consiste en decidir "colisiones efectivas de
derechos", y no en formular declaraciones abstractas. Se puede
afirmar, entonces, que existe interés procesal toda vez que el
derecho se encuentre en estado de insatisfacción, y en forma tal
que, sin la intervención del órgano judicial, la expectativa, inherente
al mismo derecho, quedaría irrealizada.
Mientras que en el caso de derechos a una prestación el interés
procesal surge con motivo de un estado deinsatisfacción derivado
del incumplimiento de aquélla por parte del sujeto obligado, existen
supuestos en los cuales el interés resulta de una situación jurídica
objetivamente dañosa que sólo puede ser removida mediante
laintervención de un órgano judicial. Tal lo que ocurre cuando, sin
que medie incumplimiento de prestación alguna, se haya producido
una situación de falta de certeza acerca de la existencia
o inexistencia de un derecho; o cuando, existiendo en concreto
ciertas situaciones susceptibles de producir la modificación de un
estado o relación jurídica, tal modificación sólo puede tener lugar
mediante una sentencia judicial (nulidad de matrimonio, declaración
de capacidad restringida, etc.).
El interés procesal tiene, como regla, un contenido económico,
pero éste puede ser exclusivamente moral cuando la pretensión
tiende, por ejemplo, a la tutela del nombre, a adoptar —o legalizar—
medidas protectorias de menores en riesgo, etcétera.
Además, el interés debe ser actual, aunque en ciertos casos se
puede reclamar la protección de derechos eventuales o futuros,
141
142
siempre que concurran determinadas circunstancias de carácter
actual (v.gr., una deuda sujeta a condición o pendiente de
plazo, autoriza a pedir un embargo preventivo cuando se justifica
que ha disminuido notablemente la responsabilidad del deudor
después de contraída la obligación). Existen asimismo pretensiones
de condena a una prestación futura, como ocurre con la de
desalojo, la cual, de conformidad con lo dispuesto en el art. 688
CPN, puede interponerse antes del vencimiento del plazo
convenido para la restitución del bien, en cuyo caso la sentencia
que ordena la desocupación debe cumplirse una vez vencido aquél.
Dado que la necesidad de tutela jurídica constituye un
presupuesto básico del ejercicio mismo de la función judicial, a la
que es ajena, como se expresó, la formulación de declaraciones
abstractas, la ausencia de interés procesal puede ser declarada de
oficio.
B) Corresponde, por último, incluir dentro de esta categoría
de requisitos intrínsecos de admisibilidad, el de que el juez se
encuentre legalmente habilitado para dictar el pronunciamiento
pedido, es decir, que el objeto de la pretensión sea jurídicamente
posible. No reunirían este requisito, v.gr., las pretensiones
tendientes a obtener el pago de una deuda de juego o el
cumplimiento de un contrato que tenga por objeto una herencia
futura o una cosa que se encuentra fuera del comercio. En razón de
que en todas estas hipótesis las pretensiones versan sobre
materias acerca de las cuales se halla vedada cualquier decisión
judicial de mérito, los jueces pueden repelerlas de oficio.
En el ámbito del proceso arbitral, tal requisito se encuentra
referido a todas aquellas cuestiones respecto de las cuales no cabe
comprometer en árbitros (CPN, art. 737).
II) Fundabilidad de la pretensión. Resuelta o verificada la
concurrencia de los requisitos de admisibilidad, el juez se
encontrará en condiciones de pronunciarse sobre el mérito de la
pretensión o, lo que es lo mismo, sobre si ésta es o no fundada. Lo
será cuando la pretensión procesal, en razón de su contenido,
resulte apropiada para obtener una decisión favorable a quien la
ha interpuesto. Como dicho contenido se halla representado por
una concreta situación de hecho a la que se atribuye un
determinado efecto jurídico, el examen de fundabilidad consiste,
143
primordialmente, en determinar si ese efecto jurídico corresponde, o
no, a la situación de hechoinvocada.
Para esa determinación el juez aplica el orden jurídico vigente,
pudiendo prescindir de las normas invocadas por las partes y suplir
las omisiones de fundamentación jurídica en que aquéllas
hubieren incurrido (iura novit curia).
Incumbe a las partes, en cambio, la aportación de los datos
configurativos de la situación de hecho que ha de ser jurídicamente
valorada por el juez. En la generalidad de los casos no es suficiente
la aportación de los hechos, pues en el supuesto de ser
controvertidos las partes deberán probarlos y el juez los apreciará
en oportunidad de pronunciarse sobre el mérito de la pretensión, de
acuerdo con ciertas reglas distributivas que se estudiarán en su
oportunidad (infra, nº 197).
El juez debe examinar la situación de hecho con referencia al
momento en que la pretensión fue deducida, sin tener en cuenta las
modificaciones operadas durante el desarrollo del proceso, salvo
que concurran situaciones especiales como el pago, el
cumplimiento de la obligación o la extinción del plazo, ocurridas
durante el trascurso de aquél, las cuales pueden ser valoradas por
el juez cuando se pronuncia sobre la fundabilidad de la pretensión.
El CPN dispone al respecto, en el art. 163, inc. 6º, que la sentencia
definitiva "podrá hacer mérito de los hechos constitutivos,
modificativos o extintivos, producidos durante la sustanciación del
juicio y debidamente probados,aunque no hubiesen sido invocados
oportunamente como hechos nuevos".
53. Vicisitudes de la pretensión
La pretensión procesal puede experimentar, fundamentalmente,
tres clases de vicisitudes: transmisión,transformación e integración.
a) Transmisión. Existe transmisión de la pretensión cuando la
persona del sujeto activo es reemplazada por otra que actúa
144
procesalmente en su lugar. Por lo tanto, no es más que una
consecuencia de la transmisión de derechos que se hallan en litigio.
Cuando es motivada por una sucesión a título universal, el
sucesor o sucesores del sujeto activo, como continuadores de la
personalidad jurídica de éste, pueden intervenir en el proceso
asumiendo la posición de las partes principales, con los mismos
derechos, cargas y deberes procesales del causante. En cambio, si
se trata de una sucesión a título singular, la transmisión se halla
supeditada a la conformidad que preste la otra parte para que ese
sucesor intervenga en reemplazo del transmitente del derecho
litigioso (CPN, art. 44).
No son transmisibles las pretensiones que se fundan en
derechos inherentes a la persona humana (Cód. Civ. y Com., art.
1617), como, por ejemplo, las de divorcio, nulidad de matrimonio,
reconocimiento de filiación, etcétera. La regla al respecto la
establece el art. 1616 del Cód. Civ. y Com.: "Derechos que pueden
ser cedidos. Todo derecho puede ser cedido, excepto que lo
contrario resulte de la ley, de la convención que lo origina, o de la
naturaleza del derecho".
b) Transformación. Ésta se opera cuando, mediante un acto
unitario, tiene lugar la alteración de alguno de los elementos
objetivos de la pretensión (objeto o causa).
No hay transformación, en cambio, cuando la alteración sólo
afecta a los sujetos activo o pasivo de la pretensión, porque en este
caso
no existe
un
acto
unitario
sino
dos
actos
procesales independientes: desistimiento de la anterior pretensión y
formulación de otra distinta.
En primer lugar se opera la transformación de la pretensión
siempre que se modifique la base fáctica que la sustenta (el actor
que originariamente alega su condición de propietario y luego la de
usuario usufructuario, o si se ha atribuido al demandado la calidad
de inquilino y después se pretendiera atribuirle la de subinquilino).
También se configura la situación analizada cuando se modifica
el objeto inmediato o mediato de la pretensión, como ocurre, por
ejemplo, si primero se solicita la declaración de rescisión de un acto
jurídico y posteriormente su nulidad. No implica transformación, sino
desistimiento parcial de la primitiva pretensión, en cambio, el pedido
de un pronunciamiento de entidad inferior al originariamente
145
solicitado, o la reducción cuantitativa del objeto mediato, siempre
que no se produzca una alteración de la causa. Tampoco la
configuran las alteraciones introducidas en la fórmula en que se
manifiesta el objeto de la pretensión, y que tienden a mejorarla o a
eliminar los errores materiales de que adolezca el escrito en que
está contenida.
La transformación de la pretensión sólo es admisible antes de
que la demanda sea notificada (CPN, art. 331), por cuanto es a
partir de ese momento que el demandado adquiere el derecho a
obtener el pronunciamiento de una sentencia sobre el tema
propuesto por el actor y, consecuentemente, a preparar su defensa
dentro de los límites de ese tema. Después de producido dicho
acto, la transformación de la pretensión es admisible cuando el
demandado acepta, expresa o implícitamente, debatir los nuevos
planteamientos introducidos por el actor.
El CPN, como arbitrio encaminado a evitar la reiteración de
procesos sobre una misma cuestión, admite la posibilidad de que la
sentencia recaiga también sobre las cuotas o fracciones de una
misma obligación, vencidas durante el transcurso del proceso (art.
331). A su vez la jurisprudencia había decidido, por ejemplo, que la
desvalorización monetaria podía ser invocada hasta la oportunidad
de presentar el alegato, porque en este caso la transformación no
alteraba sustancialmente la postura defensiva del demandado, que
configura, como se ha visto, el fundamento esencial de la regla
prohibitiva de que aquélla tenga lugar con posterioridad a la
notificación de la demanda.
c) Integración. Existe integración de la pretensión cuando, sin
alterarse ninguno de sus elementos constitutivos, se incorporan al
proceso una o más circunstancias de hecho tendientes a confirmar
o complementar su causa.
A ella se refieren los arts. 365 y 260, inc. 5º, párr. a) del CPN. El
primero dispone que cuando con posterioridad a la contestación de
la demanda o reconvención ocurriese o llegase a conocimiento de
las partes algún hecho que tuviese relación con la cuestión que se
ventila, podrán alegarlo hasta cinco días después de notificada la
providencia de apertura de prueba. El último de esos preceptos
contempla la invocación del hecho nuevo en segunda instancia.
146
Las pretensiones de conocimiento son aquéllas mediante las
cuales se solicita al órgano judicial que dilucide y determine el
contenido y alcance de una situación jurídica. Se dividen, a su vez,
en pretensiones declarativas, de condena y determinativas.
54. Extinción de la pretensión
Normalmente la pretensión procesal se extingue mediante la
sentencia que la actúa, o que deniega su actuación. Sin embargo,
corresponde distinguir los casos en que la sentencia rechaza la
pretensión por no concurrir algún requisito intrínseco de
admisibilidad, o bien se pronuncia sobre su fundabilidad (positiva o
negativamente), de aquéllos en que el acto decisorio rechaza la
pretensión por carecer ésta de algún requisitoextrínseco de
admisibilidad.
Las sentencias comprendidas en el primer grupo están
revestidas de cierta cualidad en cuya virtud resultainadmisible la
proposición eficaz de la misma pretensión en otro proceso (cosa
juzgada). En cambio, las del segundo grupo no impiden que la
misma pretensión, obviadas las deficiencias de que adolecía, sea
nuevamente propuesta.
Los modos anormales de extinción de la pretensión se agrupan
en dos categorías según que posibiliten, o no, la reproducción de
aquélla en un proceso posterior. A la primera pertenecen el
desistimiento de la pretensión (o del proceso) y la caducidad de
la instancia; a la segunda, el desistimiento del derecho, la
transacción y la conciliación.
55. Distintas clases de pretensiones
a) Las pretensiones procesales pueden clasificarse, por una
parte, en pretensiones de conocimiento, deejecución y cautelares,
y, por otra, en pretensiones reales y personales, según que,
respectivamente, se tenga en cuenta la índole del pronunciamiento
que persiguen, o la naturaleza del derecho material invocado como
fundamento de ellas.
147
b) Las pretensiones declarativas tienden a obtener un
pronunciamiento que elimine la falta de certeza sobre laexistencia,
eficacia, modalidad o interpretación de una relación o estado
jurídico.
La característica fundamental de este tipo de pretensiones
consiste en que la mera declaración de certeza resulta suficiente
para satisfacer el interés de quien las propone y, por lo tanto, para
agotar el cometido de la función jurisdiccional.
Pueden ser positivas o negativas según que, respectivamente,
se basen en la afirmación de un efecto jurídico favorable al actor o
en la inexistencia de un efecto jurídico favorable a la otra parte.
Constituyen ejemplo de las primeras, la pretensión declarativa de
adquisición de propiedad por prescripción (arts. 24 y 25, ley
14.159), la de reclamación de filiación (Cód. Civ. y Com., arts. 576 a
587), la de pago por consignación (Cód. Civ. y Com., arts. 904 y
sigs.), etcétera; y de las segundas, la pretensión negatoria (Cód.
Civ. y Com., art. 2248), la de nulidad de un acto jurídico (Cód. Civ. y
Com., arts. 386 a 392), la de falsedad de un instrumento público
(Cód. Civ. y Com., art. 296).
El Código vigente admite, en términos generales, la pretensión
meramente declarativa
"para hacer cesar
un estado
de incertidumbre sobre la existencia, alcance o modalidades de una
relación jurídica, siempre que esa falta de certeza pudiera producir
un perjuicio o lesión actual al actor y éste no dispusiere de otro
medio legal para ponerle término inmediatamente" (CPN, art. 322).
De esta norma se infiere que la admisibilidad de la pretensión se
halla supeditada a la concurrencia de dos requisitos: 1º) que el
estado de incertidumbre en que se funda derive de circunstancias
de hecho que,objetivamente apreciadas, revistan suficiente aptitud
para provocar un daño (v.gr., si en razón de discreparse sobre
la existencia de un contrato, o de su validez, el actor se ve impedido
de disponer del bien a que aquél se refiere); 2º) que no exista otra
vía legal para hacer cesar la incertidumbre.
148
Cabe añadir que tras una prolongada jurisprudencia adversa a
la pretensión declarativa deinconstitucionalidad, la Corte Suprema,
a partir del precedente de Fallos, 307-1373, viene admitiendo su
admisibilidad, con fundamento en la norma citada, a fin de emitir
pronunciamiento sobre la validez constitucional de normas
nacionales y provinciales.
Una modalidad particular de las pretensiones declarativas se
halla representada por las llamadas pretensiones constitutivas, las
cuales se configuran toda vez que, según la ley, la incertidumbre
sobre laexistencia, validez, etcétera, de una relación o estado
jurídico debe ser eliminada, insustituiblemente, a través de una
declaración judicial (declaración de restricción a la capacidad, de
adopción, de divorcio, de nulidad de matrimonio, etc.).
c) Denomínase pretensiones de condena a aquéllas mediante
las cuales se reclama el pronunciamiento de una sentencia que
imponga al demandado el cumplimiento de una prestación (de dar,
de hacer, o de no hacer) a favor del actor. Además, dicha sentencia
hace explícita la sanción que la ley imputa a ese incumplimiento y
configura, por ello, un título ejecutivo judicial (también llamado
"título ejecutorio") que puede ser hecho valer por el acreedor como
fundamento de una nueva pretensión tendiente a obtener la
realización coactiva de su derecho.
d)
Las
pretensiones determinativas o especificativas son
aquéllas mediante las cuales se pide al juez que fije los requisitos o
condiciones a que quedará supeditado el ejercicio de un derecho.
Tienden, por lo tanto, a la complementación o integración de ciertas
relaciones jurídicas cuyos elementos o modalidades no se
encuentran determinados o especificados por completo (la
pretensión de fijación del plazo en los términos del art. 871 del Cód.
Civ. y Com.; la que persigue la determinación de un régimen de
comunicación respecto de hijos, etc.).
Llámanse pretensiones de ejecución a las que tienen por
finalidad hacer efectiva la sanción impuesta en una sentencia de
condena (título ejecutivo judicial), u obtener el cumplimiento de una
obligación documentada en algunos de los instrumentos a los
cuales la ley acuerda una presunción de legitimidad (títulos
ejecutivosextrajudiciales: confesión de deuda líquida y exigible;
149
créditos documentados en letras de cambio, pagarés, cheques,
etc.).
La diferencia entre estas pretensiones y las de conocimiento
reside en sus efectos inmediatos. Mientras las segundas producen,
como efecto inmediato, la posibilidad de que el sujeto pasivo las
contradiga mediante el planteamiento de oposiciones no limitadas
en cuanto a su alcance y contenido, las pretensiones
ejecutivasinciden en forma inmediata sobre el patrimonio del deudor
a través del cumplimiento de las medidas coactivas previstas por la
ley, sin que sea necesaria la previa provocación del contradictorio.
Ello sin perjuicio de que en una etapa ulterior de conocimiento, el
ejecutado deduzca determinadas oposiciones al progreso de la
ejecución, no relacionadas con la legitimidad de la causa del
crédito.
Denomínanse pretensiones cautelares las que tienden a la
obtención de una medida judicial (embargo, secuestro, anotación de
la litis, etc.) que asegure el eventual cumplimiento de la sentencia
de mérito a dictar en un proceso de conocimiento o de ejecución.
No son, por lo tanto, pretensiones autónomas, pues se encuentran
subordinadas a una pretensión principal ya deducida, o próxima a
deducirse. Están sujetas a los siguientes requisitos: 1º) La
verosimilitud del derecho invocado como fundamento de la
pretensión principal; 2º) El temor fundado de que ese derecho se
frustre durante la tramitación del proceso tendiente a tutelarlo; 3º)
La prestación de una contracautela por parte del sujeto activo.
e) La clasificación de las pretensiones en reales y personales,
como ya se ha dicho, atiende a la naturaleza del derecho —real o
personal, respectivamente— invocado como fundamento de la
pretensión procesal.
Esta distinción reviste importancia práctica en los siguientes
aspectos: 1º) La determinación de la competencia por razón del
territorio. El CPN establece que en las pretensiones reales
sobre inmuebles será competente el juez del lugar donde esté
situada la cosa (art. 5º, inc. 1º); en las pretensiones personales de
origen contractual el juez del lugar en que deba cumplirse la
obligación y, en su defecto, a elección del actor, el del domicilio del
demandado o el del lugar del contrato, siempre que el demandado
se encuentre en él, aunque sea accidentalmente, en el momento de
150
la notificación (art. 5º, inc. 3º), y en las pretensiones personales
derivadas de delitos o cuasidelitos, el del lugar del hecho o del
domicilio del demandado a elección del actor (art. 5º, inc. 4º); 2º) El
fuero de atracción en los procesos universales (en el derogado Cód.
Civ., art. 3284; en la vigente ley 24.522,arts. 21, inc. 1º y 132); 3º)
La eficacia de las sentencias extranjeras para ser cumplidas en el
territorio nacional (CPN, art. 517, inc. 1º).
Las pretensiones personales mencionadas por tales normas son
las que emergen de derechos personales de contenido patrimonial,
pero dentro del concepto de "derechos personales" pueden incluirse
tanto los derechosautopersonales o personalísimos (derecho a la
vida, al honor, al nombre, a la libertad física, etc.) como los
derechos potestativos (derechos que corresponden a los cónyuges
entre sí, a los padres respecto de sus hijos, y a los tutores y
curadores respecto de sus pupilos). El Cód. Civ. y Com. fija reglas
de competencia respecto de las pretensiones de estado fundadas
en ese tipo de derechos, como en los casos de divorcio y nulidad de
matrimonio (art. 717); discernimiento de tutela (art. 112), etcétera.
Tanto a las pretensiones personalísimas, como a las de estado,
les son aplicables en lo compatible, y a falta de normas expresas,
las reglas establecidas para las pretensiones personales de
contenido patrimonial, y lo mismo cabe decir con respecto a las
pretensiones fundadas en derechos intelectuales e industriales.¿Se
habla también de pretensiones mixtas para denotar a aquéllas
mediante las cuales se hace valer un derecho de crédito y un
derecho real que han nacido de una misma operación jurídica. En
nuestro Derecho no existen, porque como lo señala ALSINA las que
se ponen como ejemplo constituyen, en realidad, dos pretensiones,
de las cuales una es, necesariamente, accesoria de la otra, como
ocurre con la pretensión de cobro de una deuda garantizada con
hipoteca.
151
56. Relaciones entre la pretensión civil y la pretensión
penal
Aun cuando pueden fundarse en un mismo hecho, la pretensión
civil y la penal son, como principio,independientes y así pueden ser
ejercidas (Cód. Civ. y Com., art. 1774).
La oportunidad en que la pretensión penal se deduce incide, por
otra parte, en el proceso civil, pues si aquélla hubiere precedido a la
pretensión civil, o fuere intentada pendiente ésta, no puede haber
condenación del acusado en el proceso civil antes de la
condenación del acusado en el proceso penal (Cód. Civ. y Com.,
art. 1775). Ello no impide la deducción de la pretensión civil ni la
prosecución del respectivo proceso, sino solamente que en éste se
dicte sentencia antes de que recaiga un pronunciamiento en sede
penal, pues esta decisión tiene efectos de cosa juzgada en el
proceso civil. Las excepciones a este principio están previstas en el
referido art. 1775 Cód. Civ. y Com. en los siguiente términos:
"Suspensión del dictado de la sentencia civil. Si la acción penal
precede a la acción civil, o es intentada durante su curso, el dictado
de la sentencia definitiva debe suspenderse en el proceso civil
hasta la conclusión del proceso penal, con excepción de los
siguientes casos: a. si median causas de extinción de la acción
penal; b. si la dilación del procedimiento penal provoca, en los
hechos, una frustración efectiva del derecho a ser indemnizado; c.
si la acción civil por reparación del daño está fundada en un factor
objetivo de responsabilidad".
Cuadra finalmente señalar que la pretensión civil resarcitoria es
susceptible de ser planteada dentro del proceso penal (Cód. Civ. y
Com., art. 1774), siempre que la ley procesal le atribuya
competencia para ello a los tribunales represivos. La absolución del
procesado por inexistencia de delito penal o porque no está
comprometida la responsabilidad penal del agente no obsta a que el
tribunal penal se pronuncie, en la sentencia, sobre la pretensión civil
(doct. arts. 1774 y 1777, Cód. Civ. y Com.).
152
§ III. PROCESOS CON PLURALIDAD DE OBJETOS(2)
que las interponen, o frente a quienes se interponen, cabe distinguir
entre dos clases de acumulación originaria de pretensiones:
la objetiva y la subjetiva.
a) Según se atienda simplemente a la pluralidad de
pretensiones o, además, a la pluralidad de sujetos activos o pasivos
b) La acumulación objetiva de pretensiones es la reunión, en
una misma demanda, de las distintas pretensiones que el actor
tenga frente al demandado, realizada con el fin de que sean
sustanciadas y decididas en un proceso único.
Su admisibilidad no se halla supeditada al requisito de que
medie entre las pretensiones acumuladas un vínculo de conexión
por la causa o por el objeto, por cuanto la institución responde
primordialmente a razones de economía de tiempo, actividad y
gastos.
El CPN se refiere a la acumulación objetiva de pretensiones en
el art. 87, que dispone: "Antes de la notificación de la demanda el
actor podrá acumular todas las acciones que tuviere contra una
misma parte, siempre que: 1º) No sean contrarias entre sí, de modo
que por la elección de una quede excluida la otra. 2º) Correspondan
a la competencia del mismo juez. 3º) Puedan sustanciarse por los
mismos trámites".
El primer requisito que exige dicha norma se justifica porque si
las pretensiones fueran contrarias entre sí se destruirían
mutuamente (v.gr.: si se demandase conjuntamente el cumplimiento
y la rescisión del contrato, o la nulidad de un testamento y la
entrega de un legado establecido en él).
La incompatibilidad entre las distintas pretensiones no obsta, sin
embargo, a su acumulación condicional oeventual, la que se verifica
cuando se propone una pretensión como principal y otra a título
subsidiario, a fin de que el juez conozca de la última sólo en el caso
de desestimar la primera (v.gr.: la acumulación subsidiaria de las
pretensiones de nulidad y simulación de acto jurídico; de nulidad y
cumplimiento de contrato, etc.).
Junto a esta modalidad la doctrina admite también la
denominada acumulación sucesiva, la que tiene lugar cuando una
pretensión es interpuesta con la condición de que, previamente, sea
acogida otra pretensión que actúa como presupuesto de ella (v.gr.:
en el caso de una obligación sin plazo determinado, cabe acumular
al pedido de fijación judicial del plazo [Cód. Civ. y Com., art. 871], la
pretensión de condena, etc.).
153
154
57. Concepto de proceso acumulativo
a) El proceso acumulativo, o por acumulación, es aquel que
sirve para la satisfacción de dos o más pretensiones.
b) En líneas generales, la justificación del proceso acumulativo
reside en dos tipos de fundamentos: uno atiende a la reducción de
tiempo, esfuerzo y gastos que comporta el tratamiento conjunto de
dos o más pretensiones; el otro tiene en mira la necesidad de evitar
la eventualidad de pronunciamientos contradictorios a que puede
conducir la sustanciación de pretensiones conexas en procesos
distintos.
c) La acumulación de pretensiones dentro de un mismo proceso
puede ser originaria y sucesiva, según que, respectivamente, las
pretensiones se propongan conjuntamente desde el comienzo del
proceso, o que, durante el transcurso de éste, a la pretensión
originaria se agreguen o incorporen otra u otras.
Dentro de la sucesiva se debe distinguir la acumulación
por inserción, de la acumulación por reunión. La primera se opera
cuando una nueva pretensión se incorpora dentro de un proceso ya
pendiente para la satisfacción de otra. La segunda tiene lugar
cuando, existiendo diversas pretensiones que se han hecho valer
en otros tantos procesos, éstos se funden en uno solo.
58. Acumulación originaria de pretensiones
Pueden existir casos en los cuales la acumulación se encuentra
prohibida por la ley, como sucedía con la pretensión redhibitoria y
la quanti minoris o en el supuesto del vendedor con pacto comisorio
que demanda el pago del precio, a quien le está vedado, en
adelante, demandar la resolución del contrato, ambos ejemplos del
derogado régimen del Código Civil (arts. 2175 y 1375, inc. 3º,
respectivamente).
El segundo requisito exigido por el art. 87 CPN consiste en que
las pretensiones acumuladas pertenezcan a la competencia del
mismo juez. De allí que corresponde descartar la acumulación de
pretensiones cuyo respectivo conocimiento incumbe a jueces
distintos por razón de la materia. No sería procedente, v.gr., la
acumulación de una pretensión de naturaleza civil a una de
naturaleza comercial y de ninguna de ellas a una pretensión que
correspondiese a la competencia de la justicia laboral.
El tercer requisito, o sea el consistente en que las pretensiones
puedan sustanciarse por los mismos trámites, se funda en razones
de orden procesal e implica que no procede, v.gr., acumular una
pretensión ejecutiva a una ordinaria, ni ésta a ninguna pretensión
que se encuentre sometida a una clase especial de proceso
(sumario, sumarísimo, etc.).
Si la acumulación no reúne los requisitos que el CPN exige el
demandado puede deducir la excepción de defecto legal y, en el
caso del inc. 2º, la de incompetencia.
c) La acumulación subjetiva de pretensiones, que constituye la
otra modalidad de la acumulación originaria, tiene lugar toda vez
que, entre más de un actor o demandado (acumulación activa y
pasiva, respectivamente), o entre más de un actor y más de un
demandado (acumulación mixta) se sustancian, en un mismo
proceso, pretensiones conexas por la causa o por el objeto.
Se halla justificada no sólo por razones de economía
procesal —como ocurre en el caso de acumulación objetiva— sino,
particularmente, por la necesidad de conjurar el riesgo de
decisiones contradictorias y el consiguiente escándalo jurídico que
fácilmente puede originar el tratamiento autónomo de pretensiones
vinculadas por el mencionado tipo de conexión.
La acumulación subjetiva procede siempre que las distintas
pretensiones sean conexas en virtud de la causa, del objeto, o de
155
ambos elementos a la vez (CPN, art. 88), o sea, respectivamente,
cuando se invoque como fundamento de ellas una misma relación
jurídica o una misma situación de hecho o cuando medie
coincidencia respecto de la clase de pronunciamiento que se pide
(objeto inmediato) y la cosa, hecho o relación jurídica sobre que
dicho pronunciamiento debe versar (objeto mediato).
Entre otros casos, la jurisprudencia ha admitido la acumulación
subjetiva de pretensiones de varios contribuyentes que tienen por
objeto repetir el pago de determinada contribución que se considera
ilegal por el mismo motivo; las de diversos compradores que
persiguen la devolución de sumas de dinero y pago
deindemnizaciones fundados en los efectos emergentes de la
suscripción de boletos de compraventa, relativos a distintas
unidades de una misma finca; las pretensiones del damnificado por
un accidente contra el conductor del vehículo, contra su propietario
y contra el asegurador; las de reivindicación contra los detentadores
de distintas fracciones del mismo inmueble; las de desalojo contra
diversos inquilinos de una misma finca cuando aquél se funda en
una causa común a los demandados; etcétera.
Con respecto a la competencia, y a la posibilidad de su
desplazamiento, la existencia de acumulación subjetiva de
pretensiones determina la aplicación de los siguientes principios:
1º) La acumulación subjetiva comporta una excepción a las
reglas que gobiernan la competencia ordinaria por razón de la
materia civil y comercial, pues la necesidad de evitar el
pronunciamiento de sentencias contradictorias, que constituye,
como antes se señaló, el fundamento esencial de la institución,
debe prevalecer sobre las simples razones de división del trabajo
judicial que justifican aquella distribución de la competencia.
2º) Tratándose de la competencia territorial, en cambio, rige el
principio de que cada demandado se halla facultado para reclamar
su propio fuero en razón del distinto domicilio. Media una excepción
cuando los distintos demandados se hallan vinculados por una
obligación de carácter solidario o indivisible, en cuyo caso la
demanda puede deducirse ante el juez del domicilio de cualquiera
de ellos (CPN, art. 5º, inc. 5º). Si se produce el fallecimiento de uno
de los litisconsortes demandados, la competencia se desplaza
156
hacia el juez de la sucesión, siempre, desde luego, que ello no
comporte desconocer el derecho al propio fuero que corresponde a
los restantes litisconsortes.
3º) Con respecto al fuero federal (infra, nº 98), el art. 10 de la ley
48 dispone que "en las sociedades colectivas, y en general en todos
los casos en que dos o más personas asignables pretendan ejercer
una acción solidaria, o sean demandadas por una obligación
solidaria, para que caigan bajo la jurisdicción nacional se atenderá a
la nacionalidad o vecindad de todos los miembros de la sociedad o
comunidad, de tal modo que será preciso que cada uno de
ellos individualmente tenga el derecho de demandar, o pueda ser
demandado ante los tribunales nacionales, con arreglo a lo
dispuesto en el inciso 2º del art. 2º".
59. Acumulación sucesiva por inserción de
pretensiones
a) Este tipo de acumulación tiene lugar cuando una pretensión
se incorpora, ex novo, dentro de un proceso ya pendiente para la
satisfacción de otra.
La inserción de la nueva pretensión puede provenir del primitivo
actor, del primitivo demandado, o de un tercero, según se trate de
la ampliación de demanda, de la reconvención, o de
la intervención excluyente y de latercería.
b) La ampliación de demanda se configura cuando el actor, en
lugar de acumular todas las pretensiones que tiene frente al
demandado en la demanda inicial, lo hace en un momento procesal
posterior, cuyo límite está dado por la notificación de la demanda.
Cumplido este acto, el actor pierde la facultad de proponer nuevas
pretensiones dentro del mismo proceso (CPN, art. 87).
c) La reconvención es la pretensión procesal que puede deducir
el demandado frente al actor. Sólo puede plantearse en el mismo
escrito de contestación a la demanda y no haciéndolo entonces, no
157
podrá deducirla después, salvo su derecho para hacer valer su
pretensión en otro juicio (CPN, art. 357).
Por cuanto reviste los caracteres de una verdadera pretensión,
es aplicable a la reconvención lo expuesto acerca de los elementos
y requisitos de aquélla. Sin embargo, por tratarse de una pretensión
que se inserta en un proceso ya pendiente, su admisibilidad está
supeditada a ciertos requisitos específicos que se estudiarán más
adelante (infra, nº 187).
d) En los supuestos de intervención excluyente y tercería, la
nueva pretensión proviene de terceros, o sea de personas ajenas a
las partes originarias, las cuales vienen a convertirse en sujetos
pasivos de aquélla (infra, nº 134 y nº 140).
60. Acumulación sucesiva por reunión de pretensiones
(acumulación de procesos)
a) Consiste en la reunión material de dos o más procesos que,
en razón de tener por objeto pretensionesconexas, no pueden ser
sustanciados separadamente sin riesgo de conducir al
pronunciamiento de decisiones contradictorias, e incluso de
cumplimiento imposible por efecto de la cosa juzgada.
En su base existe, en rigor, una pluralidad de pretensiones, las
cuales, al acumularse, determinan la unión material de los distintos
procesos en los que aquéllas se hicieron valer.
b) La acumulación de procesos corresponde: 1º) Cuando es
admisible la acumulación subjetiva de pretensiones, o sea, siempre
que éstas sean conexas por la causa, por el objeto, o por ambos
elementos al mismo tiempo; 2º) Cuando siendo el actor titular de
diversas pretensiones conexas frente al demandado, aquéllas se
hayan hecho valer en otros tantos procesos, sin haber tenido lugar,
por consiguiente, su acumulación objetiva; 3º) Cuando el
demandado, absteniéndose de la facultad de reconvenir, deduce,
en otro proceso, una pretensión conexa a la interpuesta por el actor
frente a él.
158
El CPN regula la institución en el art. 188, conforme al cual
"procederá la acumulación de procesos cuando hubiese sido
admisible la acumulación subjetiva de acciones de conformidad con
lo prescripto en el art. 89 y, en general, siempre que la sentencia
que haya de dictarse en uno de ellos pudiere producir efectos de
cosa juzgada en otro u otros".
Dicha norma condiciona la admisibilidad de la acumulación de
procesos a los siguientes requisitos:
1º) Que los juicios se encuentren en la misma instancia.
2º) Que el juez a quien corresponda entender en los procesos
acumulados sea competente por razón de la materia, a cuyo efecto
no se consideran distintas las materias civil y comercial.
3º) Que puedan sustanciarse por los mismos trámites, aunque
pueden acumularse dos o más procesos de conocimiento, o dos o
más procesos de ejecución sujetos a distintos trámites, cuando su
acumulación resulteindispensable como consecuencia de los
efectos de cosa juzgada que la sentencia a dictar en uno de ellos
puede producir en el otro u otros. En tal caso, el juez debe
determinar el procedimiento que corresponde imprimir al juicio
acumulado.
4º) Que el estado de las causas permita su sustanciación
conjunta sin producir demora perjudicial einjustificada en el trámite
del o de los que estuvieren más avanzados.
El primero de los mencionados requisitos ha de entenderse en
el sentido de que la acumulación es admisible en segunda o
ulterior instancia, siempre que los procesos a acumular se
encuentren en ellas con motivo de recursos deducidos contra la
sentencia definitiva o resolución recaída en un trámite común a
todos ellos.
El inc. 2º del art. 188, en tanto establece que no se considerarán
distintas las materias civil y comercial, se funda en la circunstancia
de que no media razón alguna de orden público que justifique la
diversidad de competencia en lo que a esas materias respecta, sino
simples motivos de división del trabajo judicial que no es razonable
hacer privar sobre los principios comprometidos en esta institución.
159
También cabe la acumulación de procesos que tramitan ante
órganos judiciales de distinta competencia territorial, aunque en tal
supuesto es necesaria la expresa conformidad del litigante
facultado para prorrogar la competencia.
El requisito establecido en el inc. 3º del art. 188 obedece a
razones de orden, pero admite la posibilidad de que, ante la
eventualidad que contempla, se disponga la acumulación de
procesos ordinarios y sumarios, o de procesos ejecutivos y
ejecuciones especiales, debiendo el juez determinar el tipo de
proceso aplicable a los trámites posteriores.
El inc. 4º del art. 188 recepta una reiterada jurisprudencia en
cuya virtud la acumulación es inadmisible cuando tiende,
manifiestamente, a obtener la suspensión de un proceso que se
encuentra en avanzado estado de sustanciación con respecto a otro
promovido con posterioridad, ya que lo contrario conspira contra
elementales razones de orden cuando no implica la aceptación de
peticiones extemporáneas y maliciosas.
c) La acumulación de procesos puede disponerse de oficio o a
pedido de parte formulado al contestar la demanda o
posteriormente por vía de incidente. Éste puede promoverse en
cualquier instancia o etapa del proceso, hasta el momento de
quedar en estado de sentencia, salvo lo dispuesto por el art.
188, inc. 4º (CPN, art. 190).
d) La acumulación debe efectuarse sobre el expediente en el
que primero se hubiese notificado la demanda; pero si los
jueces intervinientes en los procesos tienen distinta competencia
por razón del monto, la acumulación debe hacerse sobre el de
mayor cuantía. Así lo establece el art. 189 del CPN recogiendo las
conclusiones de numerosos precedentes judiciales, aunque importa
tener presente que habiéndose eliminado, en el orden nacional, la
distribución de la competencia por razón del valor, el segundo
párrafo de esa norma carece actualmente de aplicación.
e) El art. 191 del CPN determina cuál es el juez competente
para disponer la acumulación, expresando al respecto que
"el incidente podrá plantearse ante el juez que debe conocer en
definitiva o ante el que debe remitir el expediente. En el primer
caso, el juez conferirá traslado a los otros litigantes y si considerase
160
fundada
la
petición
solicitará
el
otro
u
otros expedientes, expresando los fundamentos de su pedido.
Recibidos, dictará sin más trámite resolución, contra la cual no
habrá recurso, y la hará conocer a los juzgados donde tramitaban
los procesos. En el segundo caso, dará traslado a los otros
litigantes, y si considerase procedente la acumulación, remitirá
el expediente al otro juez, o bien le pedirá la remisión del que
tuviese en trámite, si entendiese que la acumulación debe
efectuarse sobre el que se sustancia ante su juzgado, expresando
los motivos en que se funda. En ambos supuestos la resolución
será inapelable. Si se declarase improcedente el pedido, la
resolución será apelable".
En cuanto a los conflictos de competencia que pudieran
suscitarse entre jueces con motivo de la acumulación dispuesta de
oficio o a pedido de parte, el art. 192 CPN prescribe que cuando el
juez requerido no accediere, deberá elevar el expediente a la
cámara que constituya su alzada y que ésta, sin sustanciación
alguna, debe resolver en definitiva si la acumulación es procedente.
La norma se coloca en la hipótesis de que el conflicto se plantee
entre jueces nacionales que ejerzan la misma o distinta
competencia por razón de la materia, y el criterio que la inspira
coincide sustancialmente con el adoptado por el art. 24, inc. 7º, del
decreto-ley 1285/58(infra, nº 101), con la diferencia de que no
atiende a la cámara de que dependa el juez que hubiese prevenido,
sino a aquella que fuese superior jerárquico del juez requerido a
remitir el expediente, que puede ser la misma que la del juez
solicitante (v.gr. conflicto entre dos jueces en lo civil).
Con vistas a la ordenación del trámite, dispone el art. 193 CPN
que "el curso de todos los procesos se suspenderá, si tramitasen
ante un mismo juez, desde que se promoviere la cuestión. Si
tramitasen ante jueces distintos, desde que se comunica el pedido
de acumulación al juez respectivo. Exceptúanse las medidas o
diligencias de cuya omisión pudiere resultar perjuicio".
Esta norma prevé, como efecto fundamental de la acumulación,
la unidad de pronunciamiento, el cual debe versar sobre la totalidad
de las cuestiones que se han planteado en los procesos
acumulados.
La jurisprudencia ha decidido que son nulas las sentencias
dictadas separadamente en los distintosexpedientes; pero como se
trata de una nulidad relativa, si las partes no objetan el
pronunciamiento de sentencias separadas, y nada reclaman en
la expresión de agravios o su contestación, aquélla no puede
declararse.
g) Si en el momento de decretarse la acumulación los procesos
no se encuentran en el mismo estado, corresponde disponerse la
suspensión del que se halle más avanzado hasta que el otro u otros
se encuentren en la misma etapa procesal, salvo que concurra la
hipótesis del art. 188, inc. 4º. En el caso de disponerse la
sustanciación separada de los expedientes, la suspensión debe
comenzar cuando el más adelantado se encuentre en estado de
dictar sentencia.
A fin de facilitar la comprensión de todo lo expuesto
precedentemente acerca de las modalidades del proceso
acumulativo, se lo sintetiza en el siguiente cuadro:
f) "Los procesos acumulados se sustanciarán y fallarán
conjuntamente, pero si el trámite resultare dificultoso por la
naturaleza de las cuestiones planteadas, podrá el juez disponer, sin
recurso, que cada proceso se sustancie por separado, dictando una
sola sentencia" (CPN, art. 194).
161
162
formuladas por el demandado cuenten con efectivo respaldo en las
normas jurídicas que invoca en apoyo de su posición procesal.
b) Si bien la pretensión y la oposición aparecen así como
anverso y reverso de una misma figura, sólo la primera constituye
objeto del proceso. Los distintos tipos de oposición que el
demandado puede formular sólo tienen incidencia en la delimitación
del área litigiosa y en la mayor amplitud que imprimen al thema
decidendum, pero no alteran el objeto del proceso, que
está exclusivamente fijado por el contenido de la pretensión.
62. Naturaleza de la oposición
§ IV. LA OPOSICIÓN A LA PRETENSIÓN(3)
61. Concepto
a) La oposición (o defensa) es el acto en cuya virtud el sujeto
pasivo de la pretensión reclama ante el órgano judicial, y frente al
sujeto activo, que se desestime la actuación de aquélla. Es,
asimismo, una declaración de voluntad petitoria, para cuya
configuración resulta irrelevante el hecho de que las afirmaciones
163
Generalmente
la
doctrina
pone
de
resalto
el
paralelismo existente entre la acción y una de las clases de la
oposición: la excepción. Se afirma que frente a la acción del actor,
que tiende a una declaración positiva, pertenece al demandado, a
modo de réplica, una acción destinada a obtener una declaración
negativa, de modo tal que la excepción sería la acción del
demandado.
Como consecuencia de este criterio la polémica suscitada en
torno de la naturaleza de la acción, a la cual se hizo
referencia supra, nº 47, se ha hecho extensiva al ámbito de
la excepción. Sus conclusiones son susceptibles de los mismos
reparos expuestos
en
esa
oportunidad
y
resultan
también inoperantes para resolver los concretos problemas que
suscita la experiencia del proceso. Basta señalar que la oposición a
la pretensión, en general, y no sólo la excepción, constituye un acto
procesal del demandado que reconoce, como presupuesto, el
derecho de acción que también corresponde a este último en
calidad de ciudadano y frente al órgano judicial.
164
63. Clases de oposiciones
a) Las oposiciones son susceptibles de clasificarse atendiendo a
su contenido y a sus efectos.
b) Desde el primer punto de vista, la oposición puede
configurarse como una negación o como unaexcepción.
Existe negación cuando la actitud del demandado se reduce a
desconocer la concurrencia de cualquiera de los requisitos de la
pretensión, absteniéndose de invocar, frente a las afirmaciones del
actor, nuevas circunstancias de hecho.
La excepción, en cambio, es la oposición mediante la cual el
demandado coloca, frente a las afirmaciones del actor,
circunstancias impeditivas o extintivas tendientes a desvirtuar el
efecto jurídico perseguido por dichas afirmaciones. En este
caso, incumbe al demandado la carga de la prueba respecto de
esos nuevos datos que seincorporan al proceso.
c) Desde el punto de vista de los efectos que producen, las
oposiciones pueden ser perentorias o dilatorias.
Son perentorias aquellas oposiciones que, en el supuesto de
prosperar, extinguen definitivamente el derechodel actor, de manera
tal que la pretensión pierde toda posibilidad de volver a proponerse
eficazmente. Pueden referirse a cualquiera de los requisitos de la
pretensión: extrínsecos e intrínsecos de admisibilidad (denuncia
sobre la existencia de cosa juzgada, o sobre la falta de legitimación
o de objeto lícito, respectivamente) y a los de fundabilidad (negativa
del hecho constitutivo afirmado por el actor; denuncia de un hecho
impeditivo como laincapacidad, el error, el dolo, etc., o extintivo,
como el pago, la novación, la prescripción, etc.).
El CPN admite, entre las excepciones de previo y especial
pronunciamiento (infra, nº 173), algunas oposiciones que revisten el
carácter de perentorias, tales como las de falta manifiesta de
legitimación para obrar, cosa juzgada, transacción, conciliación y
desistimiento del derecho (art. 347, incs. 3º, 6º y 7º).
Son dilatorias aquellas oposiciones que, en el caso de
prosperar, excluyen temporariamente la posibilidad de un
pronunciamiento sobre el derecho del actor, de tal suerte que sólo
hacen perder a la pretensión su eficacia actual, pero no impiden
que ésta vuelva a proponerse una vez obviados los defectos de que
165
adolecía. Únicamente se refieren a los requisitos extrínsecos de
admisibilidad de la pretensión y están previstas tanto en los
Códigos Procesales como en las leyes de fondo. Hasta la sanción
del CPN unas y otras se diferenciaban según que las respectivas
oposiciones pudieran deducirse o no como artículos de previo y
especial pronunciamiento. En la actualidad, en cambio, ambas se
hallan equiparadas también en este último aspecto (CPN, art. 347).
§ V. LA PETICIÓN PROCESAL EXTRACONTENCIOSA(4)
64. Concepto
a) El objeto del proceso voluntario está constituido por una
petición extracontenciosa, que es el acto en cuya virtud se reclama
ante un órgano judicial, y en interés del propio peticionario, la
emisión de un pronunciamiento que constituya, integre o acuerde
eficacia a determinado estado o relación jurídica privada (ver supra,
nº 23 y nº 44).
b) Al igual que la pretensión y que la oposición, constituye
un acto, respecto del cual el derecho de acción, concebido como
poder jurídico de promover el ejercicio de la función judicial, es un
supuesto previo. También resulta adecuado caracterizarla como
una declaración de voluntad petitoria, la cual, a diferencia de lo que
ocurre con la pretensión, no persigue una decisión entre dos partes
y, por lo tanto, frente a una de ellas, sino solamente en relación con
el sujeto o sujetos que reclaman el ejercicio de la actividad judicial
en el caso concreto.
c) En el proceso voluntario el concepto de parte debe ser
sustituido por el de peticionario, y el de demanda por el de
166
"solicitud". Sin embargo, la diferencia entre petición y solicitud no es
la misma que existe entre pretensión y demanda, pues la primera
sólo alude a una relación de contenido a continente.
65. Elementos, requisitos, vicisitudes y extinción de la
petición extracontenciosa
a) La petición de que se trata consta de elementos análogos a
los de la pretensión procesal (supra, nº 50), con la lógica diferencia
derivada de la falta de un sujeto (demandado) frente a quien aquélla
se formule. Lainexistencia de partes, en el proceso voluntario, no se
encuentra desvirtuada por la eventual participación que en él debe
darse al ministerio público en calidad de órgano de vigilancia o
contralor y no de sujeto pasivo de la petición. Naturalmente la
oposición de un interesado legítimo, o las discrepancias que se
susciten entre los propios peticionarios, transforman, total o
parcialmente, al proceso voluntario en contencioso.
b) La petición procesal extracontenciosa se halla sujeta a los
mismos requisitos de admisibilidad y fundabilidad que la pretensión,
con la única diferencia de que la vigilancia sobre su cumplimiento
estáexclusivamente confiada al juez y a los representantes del
ministerio público. En el ámbito de los requisitosextrínsecos de
admisibilidad, una particularidad de ciertos procesos voluntarios
está constituida por el hecho de que pueden ser promovidos por
personas carentes de capacidad procesal (autorización para
contraer matrimonio, comparecer en juicio y ejercer, en general,
actos jurídicos).
c)
En
lo
que
concierne
a
sus
vicisitudes,
la
petición extracontenciosa es transmisible de acuerdo con las reglas
enunciadas al analizar la pretensión, las que son aplicables en lo
pertinente. En materia de trasformación ointegración es, en
principio, modificable sin restricciones, pues no rige para ella la
limitación fundada en la necesidad de asegurar la adecuada
167
defensa del demandado (sujeto que no existe en los procesos
voluntarios).
d) Se extingue, normalmente, mediante la resolución judicial que
la actúa, o que deniega su actuación, pero a diferencia de lo que
ocurre con la pretensión procesal, lo decidido con motivo de una
petición extracontenciosa
es
modificable
a instancia
de
eventuales interesados legítimos.
No le son aplicables, en cambio, aquellos medios anormales
de extinción de la pretensión que entrañen laexistencia de un acto
bilateral o que requieran la conformidad de otro sujeto (transacción,
conciliación y desistimiento), ni tampoco las normas sobre la
caducidad de la instancia (CPN, art. 313, inc. 2º).
66. Clases de peticiones extracontenciosas
a) La clasificación de las pretensiones no puede
hacerse extensiva, sin más, a las peticionesextracontenciosas. Sin
embargo, por aplicación de un criterio meramente analógico,
pueden admitirse dos clases: de conocimiento y cautelares.
b) Dentro de las primeras corresponde excluir la posibilidad de
peticiones extracontenciosas de condena, ya que, por esencia,
es extraño a la idea de proceso voluntario cualquier planteamiento
fundado en la lesión de un derecho subjetivo del peticionario.
En cambio, dichas peticiones participan, en cierta medida, de la
modalidad constitutiva que pueden revestir las pretensiones
declarativas, pues el proceso voluntario configura generalmente el
medio irreemplazable de obtener determinados efectos jurídicos.
Sin perjuicio de esa modalidad también existen peticiones
determinativas o especificativas (v.gr.: la que tiende a fijar el modo
en que debe ejercerse la administración de la herencia).
c) Las peticiones cautelares tienen por objeto asegurar la
efectividad de la resolución judicial que debe recaer respecto de
168
una petición principal (v.gr.: las destinadas a obtener la seguridad
de los bienes y documentación del causante [CPN, art. 690]).
67. Acumulación de peticiones extracontenciosas
No media impedimento, en principio, para que en un solo
proceso se satisfagan dos o más peticionesextracontenciosas. Un
caso particular de acumulación sucesiva es el previsto en el art. 696
CPN, en relación con la coexistencia de procesos sucesorios.
CAPÍTULO VI - LA ORGANIZACIÓN JUDICIAL Y LOS ÓRGANOS
PÚBLICOS PROCESALES
SUMARIO: I. ORGANIZACIÓN
JUDICIAL: 68. Generalidades.—
69. Organización del Poder
Judicial de la Nación.— 70.
Organización del Poder Judicial
en la Provincia de Buenos
Aires.—
II. EL
JUEZ:
71.
Concepto y caracteres.— 72.
Modos
de
designación
y
requisitos.— 73. Deberes.— 74.
Facultades.—
75.
Incompatibilidades.—
76.
Garantías.— 77. Sanciones.—
78.
Responsabilidad.—
79.
Remoción.— 80. Recusación
y excusación.—
III. EL
MINISTERIO
PÚBLICO:
81.
Concepto,
caracteres
y
composición.—
82.
Designación, incompatibilidades, i
nmunidades,
responsabilidad
disciplinaria y remoción.— 83. El
ministerio público fiscal.— 84. El
ministerio
público
de
la
defensa.— IV. EL PERSONAL
JUDICIAL: 85. Generalidades.—
86.
El
secretario.—
87.
Prosecretarios administrativos y
jefes de despacho.— 88. Oficiales
de justicia y ujieres.— 89. Los
cuerpos técnicos periciales.
§ I. ORGANIZACIÓN JUDICIAL(1)
169
170
68. Generalidades
a) Antes de afrontar el estudio del juez como sujeto del proceso,
corresponde hacer un somero análisis de la forma en que se
encuentran estructurados los órganos judiciales, con particular
referencia a la organización de la justicia en el orden nacional y en
la provincia de Buenos Aires(2).
b) Es sabido que, tomando como modelo a la Constitución
norteamericana de 1787, nuestra Constitución creó un doble orden
judicial. De acuerdo con ese régimen existen en el país, por un
lado, una justicia nacional que ejerce sus atribuciones en todo el
territorio de la República con respecto al conocimiento de los
asuntos mencionados por el art. 116 de la Constitución
(competencia federal) y sin esa limitación en los lugares sometidos
a la potestad del Gobierno Nacional; y, por otro lado, una justicia
ordinaria o común que ejerce sus funciones a través de los órganos
judiciales que cada provincia debe crear y organizar con
prescindencia del gobierno central (CN, arts. 5º, 121, 123 y 126)
y cuya competencia abarca el conocimiento de todos los asuntos
regidos por el derecho común y local, con las limitaciones
establecidas por el art. 75, inc. 12 de la Constitución Nacional.
69. Organización del Poder Judicial de la Nación
a) El art. 108 de la Constitución Nacional determina que el
Poder Judicial de la Nación será ejercido por una Corte Suprema de
Justicia y por los tribunales inferiores que el Congreso estableciere
en el territorio de la Nación.
b) La Corte Suprema de Justicia —cuya competencia se
analizará infra nº 99— se compone de cinco jueces y actúan ante
171
ella el Procurador General de la Nación, los procuradores fiscales
de la Corte y los defensores oficiales de ese mismo tribunal en los
términos de la ley 24.946 y demás legislación complementaria
(cfr. ley 26.183 —modificatoria del art. 21 del decreto-ley 1285/58—
que redujo el número de miembros del tribunal de nueve a cinco.
No obstante, la norma al tiempo de su sanción fijó transitoriamente
en siete el número de sus miembros, contemplándose su gradual
reducción en la medida en que se produjeran las correspondientes
vacancias definitivas en su seno hasta llegar al número proyectado
de cinco). Corresponde a la ley la fijación del número de jueces de
la Corte y de sus fiscales, por cuanto la reforma constitucional de
1860 (mantenida en este tema por la de 1994) dejó sin efecto el art.
91 de la Constitución de 1853, según el cual dicho tribunal
estaríaintegrado por nueve jueces y dos fiscales. Las leyes 27 (art.
6º) y 13.998 (art. 21) y el decreto-ley 1285/58 (art. 21) fijaron la
composición del tribunal en cinco jueces, número que fue elevado a
siete por la ley 15.271, reducido a cinco por la ley 16.895 (ambas
modificatorias del art. 21 del referido decreto-ley), aumentado a
nueve por la ley 23.774 y llevado nuevamente a cinco por la ley
26.183.
c) La Corte Suprema tiene su asiento en la Capital Federal y
designa a su presidente. El art. 79, RJN, dispone que el presidente
de la Corte y los vicepresidentes primero y segundo son elegidos
por mayoría absoluta de votos de los jueces del tribunal y duran tres
años en el ejercicio de sus funciones.
d) La Corte dictará su reglamento interno (CN, art. 113) y el
Reglamento para la Justicia Nacional, estableciendo las facultades
de superintendencia de la propia Corte y tribunales inferiores
(decreto 1285/58). La facultad conferida a la Corte en el sentido de
delegar en los tribunales inferiores el ejercicio de la
superintendencia fue hecha efectiva por el tribunal mediante
acordada de fecha 3 de marzo de 1958 (Fallos, 240-107), en la cual
dispuso transferir a las cámaras nacionales de apelaciones la
facultad de designar y promover a su personal y al de los juzgados
y ministerios públicos, a propuesta de los jueces y funcionarios
titulares, así como la de otorgar licencias a su propio personal y,
172
dentro de ciertos límites, a los magistrados de todas las instancias y
funcionarios titulares de los ministerios públicos.
Pero debe tenerse en cuenta que si bien la decisión de tales
asuntos deriva de la superintendencia inmediata que corresponde a
las cámaras de apelaciones, ello no obsta a que cuando la Corte lo
estime conveniente ejerza, por vía de avocación, las facultades
de superintendencia general que le incumbe como órgano máximo
de la justicia nacional. Lo mismo cabe decir en cuanto a la
aplicación de sanciones disciplinarias efectuadas por los
tribunales inferiores (RJN, art. 22).
competencia exclusivamente
federal, exclusivamente
ordinaria
o indistintamente ambas clases de competencia. Los juzgados y
tribunales comprendidos en el segundo grupo sólo ejercen, en
cambio, competencia federal en tanto coexisten, en los ámbitos
locales donde funcionan, con los órganos de la justicia provincial a
quienes incumbe, por imperio de lo prescripto en las normas
constitucionales recordadassupra, nº 68, el conocimiento de las
causas regidas por el derecho común o local.
El siguiente cuadro, que será posteriormente desarrollado,
ilustra acerca de la clasificación precedentemente enunciada.
e) En los casos de recusación, impedimento, vacancia o licencia
de alguno de los miembros de la Corte Suprema, este tribunal
se integra, hasta completar el número legal para fallar, mediante
sorteo entre los presidentes de las cámaras nacionales de
apelación en lo federal de la Capital Federal y los de las cámaras
federales con asiento en las provincias. En el caso de que el
tribunal no pueda integrarse mediante ese procedimiento,
corresponde practicar un sorteo entre una lista de conjueces hasta
completar el número legal para fallar, debiendo éstos ser
designados en número de diez por el Poder Ejecutivo con acuerdo
del Senado, correspondiendo que el nombramiento recaiga en
personas que reúnen las condiciones establecidas para ser juez de
la Corte y tenga una duración de tres años que puede extenderse al
solo efecto de resolver las causas en que el juez haya sido
sorteado, hasta tanto se dicte el pronunciamiento (decreto-ley
1285/58,art. 22, modif. por ley 23.498).
f) En cumplimiento del mandato contenido en el art. 108 (ex 94)
de la CN, el Congreso ha sancionado numerosas leyes de creación
de órganos judiciales inferiores a la Corte Suprema, los cuales, en
la actualidad, pueden clasificarse en tres grupos sobre la base de
que tengan competencia territorial en toda la República, en las
distintas provincias conforme a las delimitaciones que para cada
órgano establezcan las leyes, y en la Capital Federal.
A su vez, los órganos comprendidos en el primer grupo se
diferencian según que ejerzan exclusivamente competencia federal,
o indistintamente competencia federal y ordinaria, y los incluidos en
el
tercer
grupo
conforme
se
hallen
provistos
de
173
174
A) Órganos con competencia territorial en toda la República
a) La Cámara Nacional Electoral fue originariamente creada por
la ley 19.108 como una sala integrante de la ex Cámara Nacional
de Apelaciones en lo Federal y Contencioso Administrativo, y se le
acordó posteriormente, por la ley 19.277, el carácter de
órgano autónomo. Tiene su sede en la Capital Federal y
competencia en todo el territorio de la Nación, y se halla integrada
por tres jueces. Conoce en grado de apelación de las resoluciones
definitivas recaídas en las cuestiones iniciadas ante los jueces de
primera instancia en lo federal con competencia electoral y tiene las
siguientes atribuciones especiales: 1º) dirigir y fiscalizar los
Registros Nacionales de Electores y de Afiliados de los Partidos
Políticos, y fiscalizar los de los distritos, de acuerdo con las
disposiciones legales vigentes en la materia; 2º) dictar normas
sobre formación y funcionamiento de los registros generales, de
distritos, de cartas de ciudadanía, de inhabilitados por faltas
electorales, de juicios paralizados en razón de inmunidades; de
nombres, símbolos, emblemas y números de identificación de los
partidos políticos y las características uniformes de las fichas de
afiliación que debe llevar y conservar la justicia federal electoral; 3º)
organizar un cuerpo de auditores contables para verificar el estado
contable de los partidos y el cumplimiento, en lo pertinente, de las
disposiciones legales aplicables; 4º) trasladar su sede
temporariamente a los distritos si así lo exigiere el mejor
cumplimiento de sus funciones.
En caso de recusación, excusación, licencia, vacancia u otro
impedimento de los jueces de la Cámara Nacional Electoral, ésta
se integra por sorteo entre los miembros de la Cámara Nacional de
Apelaciones en lo Criminal y Correccional Federal de la Capital
Federal (decreto-ley 1285/58,art. 31, incorporado por la ley 26.371).
175
176
b) La Cámara Federal de Casación Penal reconoce como
antecedente a la Cámara Nacional de Casación Penal creada por
la ley 24.050 (art. 7º), cuyo nombre fue sustituido por el actual, por
la ley 26.371. Se hallaintegrada por trece miembros y funciona
dividida en cuatro salas de tres miembros cada una, ejerciendo la
presidencia del tribunal el miembro restante (ley 24.121,art. 1º, y su
modif. ley 26.371). Tiene su sede en la Capital Federal y
competencia territorial en toda la República, considerada a tal
efecto como una sola jurisdicción judicial, hallándose provista de la
competencia material determinada por el Código Procesal Penal y
leyes especiales. Una de sus salas juzga de los recursos previstos
por el art. 445 bis de la ley 14.029 (Código de Justicia Militar)
(cfr. ley 24.050,arts. 7º y 8º, modifs. por la ley 26.371).
De acuerdo con la reforma incorporada al Código Procesal
Penal por la ley 26.371, la Cámara Federal de Casación Penal
conoce de los recursos de inconstitucionalidad, casación y
revisión interpuestos contra la sentencia y resoluciones dictadas por
los Tribunales Orales en lo Criminal Federal con asiento en la
Capital Federal y en las provincias, la Cámara Nacional de
Apelaciones en lo Criminal y Correccional Federal de la Capital
Federal y las cámaras federales de apelaciones con asiento en las
provincias, jueces nacionales en lo criminal y correccional federal
de la Capital Federal y jueces federales de primera instancia con
asiento en las provincias y tribunales orales y Cámara Nacional de
Apelaciones en lo Penal Económico, respectivamente. Entiende
asimismo en los casos previstos en el art. 72 bis de la ley 24.121.
Además, hasta la puesta en funcionamiento de la Cámara
Nacional de Casación en lo Criminal y Correccional de la Capital
Federal —cuya creación contempla la ley 26.371—, aquélla
continuaba ejerciendo la competencia de carácter ordinario de la
anterior Cámara Nacional de Casación Penal que corresponde
ahora a ese nuevo tribunal (v.gr., recursos de inconstitucionalidad,
casación y revisión interpuestos contra la sentencias y resoluciones
dictadas por los tribunales orales en lo criminal, los tribunales orales
de menores, la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Criminal y
Correccional, los jueces nacionales correccionales y los jueces
nacionales de ejecución penal con asiento en la Capital Federal; cfr.
art. 9º, ley cit.).
c) La Cámara Federal de Seguridad Social fue creada por la ley
23.473 con el nombre de Cámara Nacional de Apelaciones de la
Seguridad Social, su actual denominación le fue conferida por el art.
18 de la ley 24.463 y actúa dividida en tres salas de tres jueces
cada una. Tiene su sede en la Capital Federal y conoce en los
recursosinterpuestos contra las sentencias dictadas a raíz de
impugnaciones de resoluciones o actos administrativos que afecten
derechos relacionados con el régimen de reparto del Sistema
Integrado de Jubilaciones y Pensiones; en los recursos deducidos
contra resoluciones dictadas por la Dirección General Impositiva
que denieguen total o parcialmente impugnaciones de deuda
determinadas por aquélla en ejercicio de las funciones asignadas
por eldecreto 507/93; en los recursos interpuestos contra
resoluciones de los entes que administran los subsidios familiares y
de la Comisión Nacional de la Previsión Social al decidir conflictos
suscitados con motivo de la aplicación del régimen de
reciprocidad instituido por el decreto 9316/46; en los recursos de
queja por apelación denegada y en los pedidos de pronto despacho
conforme al art. 28 de la ley 19.549 (art. 18, ley 24.463, modif. del
art. 39 bis, decreto-ley 1285/58).
177
178
B) Órganos judiciales con competencia territorial en las
provincias
a) La ley 4055 creó cuatro cámaras federales de apelaciones,
con asiento en la capital de la República y en las ciudades de La
Plata, Paraná y Córdoba, las cuales vinieron a sustituir a la Corte
Suprema en sus funciones de tribunal de alzada que, respecto de
los jueces de sección, le había asignado la ley 27. Con
posterioridad se crearon las cámaras federales de Rosario (ley
7099), Bahía Blanca (ley 11.539), Mendoza (ley 12.217), Tucumán
(ley 12.345), Resistencia (decreto-ley 4256/45), Comodoro
Rivadavia (decreto-ley 4257/45 y ley 22.176), San Martín (ley
21.161), Posadas (ley 23.138), General Roca (ley 23.158),
Corrientes (ley 23.650), Mar del Plata (ley 23.735) y Salta (23.867).
b) Con excepción de las cámaras federales de San Martín,
Rosario, Córdoba y Salta, que se hallan integradas por seis jueces,
de la de La Plata que cuenta con ocho, y de las de Bahía Blanca,
Tucumán y Posadas que se encuentran compuestas de cinco, así
como de las cámaras con sede en la Capital de las que se dará
noticia alexaminar la organización de la justicia en aquel distrito,
todas las restantes se componen de tres jueces.
c) Dispone la ley 26.376 que las cámaras federales de
apelaciones con asiento en las provincias seintegrarán con el juez o
jueces de la sección donde funcione el tribunal, y, de no resultar ello
posible, por sorteo entre una lista de conjueces que con acuerdo del
Senado confeccionará el Poder Ejecutivo cada tres años y que
estará integrada por los abogados de la matrícula federal que
reúnan los requisitos exigidos por la normativa vigente para los
cargos que deberán desempeñar (ley cit, art. 2º y decreto-ley
1285/58,art. 31).
d) Las cámaras federales de apelaciones con asiento en las
provincias conocen de los recursos deducidos contra las sentencias
y resoluciones de los juzgados federales de primera instancia con
asiento en sus respectivas circunscripciones. Asimismo conocen de
las cuestiones de competencia que se susciten entre dichos jueces,
en los recursos por retardación o denegación de justicia por parte
de ellos (ley 4055,arts. 17 al 19, con modificación introducida por
la ley 17.765), y de los recursos deducidos contra las resoluciones
administrativas en el supuesto de aplicación de ciertas leyes
especiales (v.gr., ley 12.970,art. 3º; decreto-ley 73/78 [Prefectura
Marítima]; decreto-ley 6677/63 [Marina Mercante]; etc.).
e) Como consecuencia de los distintos ordenamientos
sancionados a partir de la ley 27, que los instituyó con el nombre de
jueces seccionales, existen actualmente en el interior de la
República setenta y nueve jueces federales de primera instancia,
distribuidos de la siguiente manera: treinta y siete en la provincia de
Buenos Aires (ocho en La Plata, diez en San Martín, uno en Azul,
tres en Morón, dos en San Isidro, dos en Bahía Blanca, uno en
Mercedes, uno en Junín, dos en San Nicolás, tres en Mar del Plata,
tres en Lomas de Zamora y uno en Dolores); 2º) cinco en Santa Fe
(tres en Rosario y dos en la ciudad capital); 3º) cinco en Córdoba
(tres en la ciudad capital, uno en Río Cuarto y uno en Bell Ville); 4º)
tres en Mendoza (dos en la ciudad capital y uno en San Rafael); 5º)
tres en Río Negro (uno en General Roca, uno en Viedma y uno en
Bariloche); 6º) dos en Entre Ríos (uno en Paraná y otro en
179
Concepción del Uruguay); 7º) dos en Corrientes (uno en la ciudad
capital y otro en Paso de los Libres); 8º) dos en el Chubut (uno en
Rawson y otro en Comodoro Rivadavia), 9º) dos en Tucumán
(ambos en la ciudad capital); 10) dos en Neuquén (uno en la ciudad
capital y otro en Zapala); 11) dos en Misiones (uno en la ciudad
capital y otro en El Dorado); 12) dos en Salta (uno en la ciudad
capital y otro en San Ramón);13) dos en el Chaco (uno en la ciudad
capital y otro en Presidente Roque Sáenz Peña); 14) uno en cada
una de las provincias de San Luis, San Juan, La Rioja, Catamarca,
Santiago del Estero, Jujuy, Formosa, La Pampa, Santa Cruz y
Tierra del Fuego (todos con asiento en sus respectivas capitales).
f) El organigrama de la justicia federal con sede en el interior se
cierra con los tribunales orales en lo criminal federal creados por
la ley 24.050 (arts. 16 y 17). Se hallan integrados por tres jueces
cada uno, funcionan cinco en el distrito judicial de San Martín, dos
en los distritos de Córdoba, La Plata y Rosario, y uno en cada uno
de los distritos de Bahía Blanca, Comodoro Rivadavia, Corrientes,
General Roca, Mar del Plata, Mendoza, Paraná, Posadas,
Resistencia, Salta, Santa Fe y Tucumán, y tienen competencia para
conocer, en única instancia, de los delitos cuya competencia no se
atribuya a otro tribunal, de los delitos previstos en el art. 210 bis y
en el Título X del Libro II del Código Penal y en los delitos federales
cometidos por menores que no hayan cumplido 18 años al tiempo
de la comisión del hecho.
En caso de recusación, excusación, licencia, vacancia u otro
impedimento de los jueces de primera instancia, nacionales o
federales, la respectiva cámara de la jurisdicción procederá a la
designación de un subrogante de acuerdo con el siguiente orden: a)
con un juez de igual competencia de la misma jurisdicción, teniendo
prelación el juez de la nominación inmediata siguiente en aquellos
lugares donde tengan asiento más de un juzgado de igual
competencia; y d) por sorteo, entre una lista de conjueces
confeccionada cada tres años por el Poder Ejecutivo con acuerdo
del Senado, que se integra con abogados de la matrícula federal
que reúnan los requisitosexigidos para los cargos que deberán
desempeñar (ley 26.376,arts. 1º y 3º).
C) Órganos con competencia territorial en la Capital Federal
180
a) En la Capital Federal existen, como se anticipó, tres clases de
órganos judiciales (aunque todos revisten carácter nacional): los
federales, los ordinarios y los que ejercen indistintamente la
competencia federal y ordinaria.
b) Entre los primeros corresponde mencionar, en primer lugar, a
las tres cámaras federales que existen en la actualidad en la capital
de la República: la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Civil y
Comercial Federal, compuesta por nueve jueces divididos en tres
salas de tres miembros cada una; la Cámara Nacional de
Apelaciones en lo Contencioso-Administrativo Federal integrada por
quince jueces divididos en cinco salas de tres miembros cada una y
la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Criminal y Correccional
Federal que consta de seis jueces y actúa dividida en dos salas de
tres miembros cada una. Antecedente de los órganos mencionados
lo constituye la Cámara Federal de la Capital que fuera creada
por ley 4055 (art. 12) y compuesta en su origen por tres jueces,
número que fue elevado a cinco por la ley 7055, a nueve por la ley
12.927 que dispuso, además, su división en salas, y a quince por
la ley 17.928. El decreto-ley 1285/58 la designó con el nombre de
Cámara Nacional de Apelaciones en lo Federal y ContenciosoAdministrativo y la dividió en cinco salas de tres jueces cada una:
dos para entender de lo civil y comercial federal, dos en lo
contencioso-administrativo y una en lo criminal y correccional.
La ley
21.628, posteriormente
modificada
por
las leyes
21.937,22.090 y 24.384, dispuso la división de la mencionada
Cámara en las tres a las que se ha hecho referencia al principio.
Actúan, respectivamente, como tribunales de alzada de los jueces
nacionales de primera instancia en lo civil y comercial federal, en lo
contencioso-administrativo federal y en lo criminal y correccional
federal. Asimismo, la Cámara Nacional de Apelaciones en lo
Contencioso-Administrativo Federal conoce de los recursos de
apelación que se interpongan contra las resoluciones de los
organismos administrativos en los casosautorizados por las leyes, y
la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Criminal y Correccional
Federal hace lo propio con respecto a los recursos deducidos
contra las resoluciones del jefe de la Policía Federal en materia de
derecho de reunión.
181
Luego de una prolongada evolución que comienza con la ley
1144 y atraviesa por diversos ordenamientos (leyes 1893, de
presupuesto de los años 1897 y 1948, 13.278, 13.998, 14.180 y
17.928), actualmente la justicia nacional de primera instancia en lo
federal de la Capital se halla integrada de la siguiente manera: 1º)
diez juzgados nacionales de primera instancia en lo civil y comercial
federal, cuya competencia surge de lo dispuesto por las leyes
1893,art. 111 y 13.998, art. 42 (decreto-ley 1285/58,art. 40); 2º)
doce juzgados nacionales de primera instancia en lo contencioso
administrativo, que conservan la competencia que les asignó el art.
45 de laley 13.998 (decreto-ley 1285/58,art. 42); 3º) seis juzgados
nacionales de primera instancia en lo criminal y correccional federal,
con la competencia establecida por los arts. 111 de la ley 1893, 33
del Código Procesal Penal, y 43 de la ley 13.998, y diversas leyes
especiales (decreto-ley 1285/58,art. 41). Seis juzgados federales de
ejecuciones fiscales tributarias creados por la ley 25.293.
El
cuadro
de
órganos
judiciales incluidos
en
la
categoría examinada se completa con los tribunales orales en lo
criminal federal, instituidos por el art. 15 de la ley 24.050 y creados,
en número de seis, por el art. 8º de la ley 24.121. Se
hallan integrados por tres miembros cada uno y tienen competencia
para juzgar, en instancia única, de los delitos cuyo conocimiento no
se atribuye a otro tribunal así como de los previstos en el art. 210
bis y en el Título X del Libro II del Código Procesal Penal (Cód.
Proc. Penal, art. 32).
c) Los órganos judiciales de la Capital Federal que
corresponden al fuero ordinario o común se agrupan de acuerdo
con la siguiente división de competencia: civil, comercial, penal y
laboral. Con exclusión de la competencia penal, que por razones de
método
será
objeto
de examen independiente
más
adelante, existen, conforme a la división de competencia
precedentemente mencionada, las siguientes cámaras nacionales
de apelaciones:
1º) Cámara Nacional de Apelaciones en lo Civil. Creada por
la ley 1893, que la denominó cámara de apelaciones en lo civil y fijó
en cinco el número de sus componentes, la ley 7055 (art. 1º) la
designó cámara primera, para diferenciarla de la otra cámara que,
182
con el mismo número de miembros, fue creada por dicho
ordenamiento. Posteriormente, la ley 12.330 dispuso que ambas
cámaras estarían constituidas por seis jueces cada una y
funcionarían divididas en dos salas de tres. La ley 13.998 las unificó
en un solo tribunal, que denominó cámara nacional de apelaciones
en lo civil, cuyo número de jueces fue elevado a quince por el
decreto-ley 15.390/57, a dieciocho por la ley 14.755 y a veintiuno
por la ley 22.189. En la actualidad, a raíz de la unificación de la
justicia en lo civil con la especial en lo civil y comercial, dispuesta
por la ley 23.637, la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Civil se
halla constituida por trece salas de tres miembros cada una. Es
tribunal de alzada respecto de los jueces nacionales de
primera instancia en lo civil (decreto-ley 1285/58,art. 35).
2º) Cámara Nacional de Apelaciones en lo Comercial. Instituida
por la ley 7055, que la denominó cámara de apelaciones en lo
comercial, desdoblando de tal manera a la Cámara de Apelaciones
en lo Criminal, Correccional y Comercial creada por la ley
1893, e integrándola con cinco miembros, la ley 12.330 elevó a seis
el número de éstos y dispuso que el tribunal debía funcionar
dividido en dos salas de tres, habiendo recibido su actual
denominación de la ley 13.998 (art. 36). El número de jueces fue
elevado a nueve por la ley 14.769, a doce por laley 19.455 y a
quince por la ley 22.189. El tribunal funciona dividido en cinco salas
de tres miembros cada una.
Es tribunal de alzada respecto de los jueces nacionales de
primera instancia en lo comercial (decreto-ley 1285/58,art. 36).
3º) Cámara Nacional de Apelaciones del Trabajo. Creada por el
decreto-ley 32.347/44 (ratificado por ley 12.948), su número
originario de siete jueces fue elevado a nueve por la ley 13.072, a
doce por la ley 13.998 (que además le dio su denominación actual),
a quince por la ley 14.776, a dieciocho por la ley 18.345, y a
veinticuatro por la ley 22.098. Actúa dividida en ocho salas de tres
miembros cada una.
Es tribunal de alzada respecto de los jueces nacionales de
primera instancia del trabajo (decreto-ley 1285/58,art. 38).
Los actuales jueces nacionales de primera instancia de la
Capital Federal con competencia ordinaria en las materias
183
precedentemente
mencionadas
fueron
creados:
los
correspondientes a los fueros civil y comercial por la ley 1893 y los
del fuero del trabajo por el decreto-ley 32.347/44. La denominación
de jueces "nacionales" proviene de la ley 13.998.
Luego de sucesivas leyes, su número actual es el siguiente:
ciento diez en lo civil, veintiséis en lo comercial y sesenta y ocho del
trabajo.
d) El fuero penal de la Capital Federal con competencia
ordinaria se halla integrado por los siguientes órganos judiciales:
1º) Cámara Nacional de Apelaciones en lo Criminal y
Correccional. Surgida con motivo del desdoblamiento de la antigua
Cámara de Apelaciones en lo Criminal, Correccional y Comercial,
la ley 8918aumentó el número de sus jueces a siete y la dividió en
tres salas, integradas por un presidente común a todas y por dos
vocales, siendo su composición modificada por la ley 12.327, que
elevó a diez el número de sus miembros y formó cuatro salas: dos
de ellas presididas por el presidente del tribunal y las otras dos por
el vicepresidente, y las cuatrointegradas por dos vocales cada una.
La ley 13.998 la denominó cámara nacional en lo penal, y el
decreto-ley 1285/58, cámara nacional de apelaciones en lo criminal
y correccional. Su número de miembros fue llevado a doce por
la ley 14.458, a dieciocho por la ley 15.736 y a veintiuno por la ley
22.088, y reducido a dieciséis por laley 24.121. En la actualidad se
halla dividida en cinco salas de tres miembros cada una, ejerciendo
la presidencia el miembro restante.
Es tribunal de alzada respecto de las resoluciones dictadas por
los jueces en lo criminal de instrucción, en lo correccional, de
menores, de ejecución penal y en lo penal de rogatorias (ley
24.050,art. 18).
En primera instancia existen cincuenta juzgados en lo criminal
de instrucción, catorce en lo correccional, siete de menores, tres de
ejecución penal y uno en lo penal de rogatoria (ley 24.121,arts.
26, 42 y 48).
2º) Tribunales orales en lo criminal. Instituidos por el art. 12 de
la ley 24.050, fueron creados en número de treinta por el art. 36 de
la ley 24.121. Se hallan integrados por tres miembros cada uno y
tienen competencia para juzgar, en instancia única, de los delitos
184
cuyo conocimiento no se atribuya a otro tribunal (Código Procesal
Penal,art. 24).
Federal cuatro de esos tribunales, integrados por tres miembros
cada uno.
3º) Por último, corresponde destacar que la ley 26.371 creó la
Cámara Nacional de Casación en lo Criminal y Correccional de la
Capital Federal. Este tribunal estará integrado por diez miembros y
funcionará dividido en tres salas de tres miembros cada una,
ejerciendo su presidencia el juez restante (art. 11 bis de la ley
24.050,incorporado por la ley 26.371). En razón de la materia tiene
la competencia que determina el Código Procesal Penal y las leyes
especiales (v.gr., recursos de inconstitucionalidad, casación y
revisión interpuestos contra las sentencias y resoluciones dictadas
por los tribunales orales en lo criminal, los tribunales orales de
menores, la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Criminal y
Correccional, los jueces nacionales correccionales y los jueces
nacionales de ejecución penal con asiento en la Capital Federal; cfr.
art. 23 del Código Penal, modificado por la ley 26.371).
3º) Los tribunales orales de menores. Fueron instituidos por
el art. 14 de la ley 24.050 y juzgan en únicainstancia en los delitos
comunes o federales cometidos por menores que no hayan
cumplido los dieciocho años al tiempo de la comisión del
delito, aunque hubiesen excedido dicha edad al tiempo del
juzgamiento, y que estén reprimidos con pena privativa de la
libertad mayor de tres años (Código Procesal Penal).
En la investigación de tales delitos intervienen los jueces de
menores (ya mencionados), a quienes tambiénincumbe conocer en
única instancia en los delitos y contravenciones cometidos por
menores que no hayan cumplido los dieciocho años al tiempo de la
comisión del hecho y que estén reprimidos con pena no privativa de
la libertad o pena privativa de la libertad que no exceda de tres
años, así como en los casos de simpleinconducta, abandono
material o peligro moral de menores que no hayan cumplido
dieciocho años al tiempo de encontrarse en esa situación, conforme
lo establecen las leyes especiales (Código Procesal Penal, art. 29).
Durante la instrucción tienen como tribunal de alzada, como se vio
más arriba, a la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Criminal y
Correccional.
e) Los órganos judiciales de la Capital Federal que
ejercen indistintamente la competencia federal y la ordinaria son:
1º) La Cámara Nacional de Apelaciones en lo Penal Económico.
Fue creada por la ley 14.558, que fijó en cinco el número de sus
jueces, habiendo recibido su actual denominación de la ley 14.831.
Posteriormente la ley 17.014 elevó a siete el número de sus
miembros. Se halla dividida en tres salas, compuestas por el
presidente del tribunal y dos vocales, número que fue reducido a
dos salas con tres jueces por el art. 64 de la ley 24.121.
Es tribunal de alzada de los juzgados de primera instancia en lo
penal económico, cuyo número asciende a ocho, así como de los
tres juzgados en lo penal tributario creados por la ley 25.292.
2º) Los
tribunales
orales
en
lo
penal
económico.
Fueron instituidos por el art. 13 de la ley 24.050 y juzgan en
única instancia los delitos investigados por los juzgados nacionales
de primera instancia de esa especialidad, figurando entre aquéllos
algunos de índole ordinaria (v.gr., cheques sin provisión de fondos,
agiotaje, ofrecimiento fraudulento de efectos y publicación de
balances falsos) y otros de naturaleza federal (v.gr.,
contrabando,infracciones cambiarias, etc.). Funcionan en la Capital
185
f) Todas las cámaras nacionales de apelaciones con asiento en
la Capital Federal (comprendiendo a las que corresponden al fuero
federal) designan su presidente y uno o más vicepresidentes, que
distribuyen sus funciones en la forma determinada por las
reglamentaciones que se dicten (decreto-ley 1285/58,art. 25).
Las decisiones de dichas cámaras o de sus salas se adoptan
por el voto de la mayoría absoluta de los jueces que las integran,
siempre que éstos concuerden en la solución del caso. Si media
desacuerdo, se requieren los votos necesarios para obtener la
mayoría de opiniones. Si se trata sentencias definitivas de unas u
otras en procesos ordinarios, se dictan por deliberación y voto de
los jueces que lo suscriben, previo sorteo de estudio. En las demás
causas las sentencias pueden ser redactadas en forma impersonal
(decreto-ley 1285/58,art. 26).
186
Los jueces integrantes de los tribunales orales deben emitir su
voto motivado sobre cada una de las cuestiones que hayan sido
objeto del juicio, en forma conjunta o en el orden que resulte de un
sorteo que debe hacerse en cada caso. Dictarán sentencia por
mayoría de votos (Código Procesal Penal, art. 398).
Cuando corresponda subrogar a un integrante de alguna de las
cámaras o tribunales orales federales de la Capital Federal se
procederá de la siguiente forma: cuando se trate de la cámara
federal de casación penal, la cámara nacional de casación en lo
criminal y correccional de la Capital Federal, los tribunales orales y
las cámaras nacionales de apelaciones en lo criminal y correccional
federal, en lo criminal y correccional y en lo penal económico
se integrarán por sorteo entre los demás miembros de aquéllas;
luego del mismo modo, con los jueces de la otra Cámara en el
orden precedentemente establecido y, por último también por
sorteo, con los jueces de primera instancia que dependan de la
Cámara que debe integrarse. De no resultar posible laintegración,
se recurrirá a un sorteo entre una lista de conjueces que con
acuerdo del Senado confeccionará el Poder Ejecutivo cada tres
años y que estará integrada por los abogados de la matrícula
federal que reúnan los requisitos exigidos por la normativa vigente
para los cargos que deberán desempeñar (art. 31 del decreto-ley
1285/58, modif. art. 2º, ley 26.371).
El sistema de integración antes establecido se aplicará para las
cámaras nacionales de apelaciones en lo civil y comercial federal,
en lo contencioso administrativo federal y federal de la seguridad
social de la Capital Federal.
También regirá este sistema para las cámaras nacionales de
apelaciones en lo civil, en lo comercial y del trabajo de la Capital
Federal.
g) Importa destacar, finalmente, que con fundamento en una
errónea comprensión del art. 129 de la CN que otorga a la ahora
denominada Ciudad Autónoma de Buenos Aires facultades propias
de "legislación y jurisdicción", y con prescindencia del carácter
nacional que revisten, según se ha visto, los juzgados y tribunales
mencionados en el número precedente, la legislatura local sancionó
la ley 7mediante la cual dispuso el traspaso condicional, a dicha
ciudad, de los referidos órganos judiciales, con excepción de
187
aquellos que ejercen competencia federal exclusiva y de algunas
salas de la Cámara Nacional de Casación Penal. En razón de
hallarse vigente la ley 24.588, y que deberá estarlo mientras la
ciudad de Buenos Aires sea capital de la Nación, dicho traspaso,
afortunadamente, no se hizo efectivo, por cuanto el art. 8º de ese
ordenamiento dispuso que la judicatura nacional ordinaria
mantendrá su situación en el Poder Judicial de la Nación y que la
ciudad de Buenos Aires tendrá jueces "en materia de vecindad,
contravencional y tributaria locales". Por ello la primera norma
transitoria de la ley 7suspendió la vigencia de los artículos relativos
al funcionamiento de los órganos judiciales nacionales de los fueros
ordinarios, condicionándolo al acuerdo que el gobierno de la Ciudad
celebre con el gobierno federal.
Al margen de lo expuesto, la ley 7creó, en el ámbito del Poder
Judicial de la Ciudad de Buenos Aires, un Tribunal Superior de
Justicia integrado por cinco jueces (art. 21), y dotado de
competencia originaria para conocer en los conflictos suscitados
entre los poderes de la Ciudad y en las demandas promovidas por
la Auditoría General; en las pretensiones declarativas
de inconstitucionalidad y en materia electoral y de partidos políticos
hasta que se constituya el Tribunal Electoral; por vía de recurso
de inconstitucionalidad; en los casos de privación, denegación o
retardo de justicia y de recursos de queja contra denegatoria de
recursos para ante el Tribunal Superior; en instancia ordinaria de
apelación en las causas en que la Ciudad sea parte cuando el
monto reclamado exceda al que se establezca legalmente, y de las
cuestiones de competencia y las contiendas que en juicio se
planteen entre jueces y tribunales de la Ciudad que carezcan de un
superior jerárquico común que deba resolverlas (art. 26).
La ley de que se trata creó asimismo una Cámara de
Apelaciones en lo Contravencional y de Faltas integrada por doce
jueces dividida en cuatro salas de tres, siendo tribunal de alzada
respecto de las resoluciones dictadas por los jueces de
primera instancia en lo contravencional y de faltas (art. 36).
El art. 37 de la ley 7instituyó también una Cámara de
Apelaciones en lo Contencioso Administrativo y Tributario integrada
por seis jueces, que funciona dividida en dos salas de tres y es
188
tribunal de alzada respecto de las resoluciones dictadas por los
jueces de lo contencioso administrativo y tributario.
Funcionan quince juzgados en lo contencioso administrativo y
tributario que entienden en todas las cuestiones en que la Ciudad
sea parte, cualquiera fuera su fundamento y origen, tanto en el
ámbito del derecho público como del derecho privado (art. 48).
La justicia de primera instancia en lo contravencional y de faltas,
por último, está integrada por cuarenta y ocho juzgados que
conocen en la aplicación del Código Contravencional de la Ciudad
de Buenos Aires, la legislación de faltas y las leyes de aplicación en
la ciudad (art. 49).
Corresponde, por último, destacar que el Congreso de la Nación
sancionó la ley 26.357 que aprobó el Convenio de Transferencia
Progresiva de Competencias Penales de la Justicia Nacional al
Poder Judicial de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y estableció
que diversos delitos, cometidos en el territorio de la Ciudad
Autónoma de Buenos Aires, serán investigados por el Ministerio
Público Fiscal de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y juzgados
por sus jueces competentes, con excepción de la competencia
federal, conforme a los procedimientos establecidos por el Código
de Procedimiento Contravencional de la Ciudad Autónoma de
Buenos Aires, y hasta tanto se dicten las normas procesales
penales de la Ciudad, con aplicación supletoria del Código Procesal
Penal de la Nación en todo lo que no se encuentre expresamente
previsto en aquella ley.
Dentro de los delitos cuya órbita de competencia se transfirió a
la justicia contravencional y de faltas seincluyen los siguientes: a)
lesiones en riña (arts. 95 y 96, Código Penal); b) abandono de
personas (arts. 106 y 107, Código Penal); c) omisión de auxilio (art.
108, Código Penal); d) exhibiciones obscenas (arts. 128 y 129,
Código Penal); e) matrimonios ilegales (arts. 134 a 137, Código
Penal); f) amenazas (art. 149 bis, primer párrafo, Código Penal); g)
violación de domicilio (art. 150, Código Penal); h) usurpación (art.
181, Código Penal); i) daños (arts. 183 y 184, Código Penal); j)
ejercicio ilegal de la medicina (art. 208, Código Penal); k) los
tipificados en lasleyes 13.944, 14.346 y art. 3º de la ley 23.592.
189
70. Organización del Poder Judicial en la Provincia de
Buenos Aires
a) La constitución provincial vigente destina la sección 6ª al
"Poder Judicial", el que, según el art. 160 de dicho estatuto, "será
desempeñado por una Suprema Corte de Justicia, Cámaras de
Apelación, Jueces y demás Tribunales que la ley establezca".
b) La ley orgánica del Poder Judicial (nº 5827 y modificatorias
hasta la ley 14.723) establece, a su turno, que la administración de
justicia de la provincia será ejercida por: 1º) la Suprema Corte de
Justicia; 2º) el Tribunal de Casación en lo Penal; 3º) las cámaras de
apelación en lo civil y comercial, de garantías en lo penal y en lo
contencioso administrativo; 4º) los jueces de primera instancia en lo
civil y comercial, de familia, en lo contencioso administrativo, de
garantías, de garantías del joven, de responsabilidad penal juvenil,
en lo correccional, de ejecución penal y de ejecución tributaria; 5º)
los tribunales en lo criminal; 6º) los tribunales del trabajo; 7º) los
jueces de paz; 8º) el Juzgado Notarial; 9º) el cuerpo de magistrados
suplentes.
c) La Suprema Corte de Justicia se compone de siete miembros,
un procurador y un subprocurador general, y ejerce jurisdicción en
todo el territorio de la provincia (ley 5827,art. 27, texto reformado
por la ley 13.662 que redujo el número de miembros del tribunal de
nueve a siete. Dicha norma entrará en plena vigencia una vez que
se produzcan las vacantes que no serán cubiertas a fin de llegar al
número de miembros pretendido por la norma). Tiene, según el art.
161 de la Constitución, las siguientes atribuciones:
1º) Ejerce la jurisdicción originaria y de apelación para conocer y
resolver acerca de la constitucionalidad einconstitucionalidad de
leyes, decretos, ordenanzas o reglamentos, que estatuyen sobre
materia regida por la Constitución y se controvierta por
parte interesada;
190
2º) Conoce y resuelve originaria y exclusivamente en las causas
de competencia entre los poderes públicos de la Provincia y en las
que se susciten entre los tribunales de justicia con motivo de su
jurisdicción respectiva;
3º) Conoce y resuelve en grado de apelación:
A) De la aplicabilidad de la ley en que los tribunales de justicia
en última instancia, funden su sentencia sobre la cuestión que por
ella deciden, con las restricciones que las leyes de procedimientos
establezcan a esta clase de recursos;
B) De la nulidad argüida contra las sentencias definitivas
pronunciadas en última instancia por los tribunales de justicia,
cuando se alegue violación de las normas contenidas en los arts.
168 y 171 de la Constitución.
d) El Tribunal de Casación en lo Penal tiene su sede en la
ciudad de La Plata, se halla integrado por diez miembros y funciona
con una presidencia fija y tres salas de tres miembros cada una.
Ejerce competencia territorial en toda la provincia en los términos
del art. 20 de la ley 11.922 (Código Procesal Penal), en cuya virtud
conoce en el recurso de casación, en la acción de revisión y en las
cuestiones de competencia entre tribunales que no tengan un
superior común (ley 11.982,art. 2º).
e) Las cámaras de apelaciones en lo civil y comercial son
tribunales de alzada de los fallos y demás providencias recurribles
dictadas por los jueces de primera instancia en lo civil y comercial
de su respectivo departamento. Funcionan tres en los
departamentos judiciales de La Plata, San Martín, Lomas de
Zamora, Mar del Plata, Mercedes, Morón y San Isidro, dos en los
departamentos judiciales de Bahía Blanca, La Matanza y Quilmes, y
una en cada uno de los restantes departamentos judiciales de la
Provincia (Azul, Dolores, Junín, Necochea, Pergamino, San Nicolás
de los Arroyos, Trenque Lauquen y Zárate-Campana). La mayoría
de ellas se divide en salas de dos miembros cada una con un
presidente común a todas, algunas se componen de sólo tres
miembros y otras lo son en lo civil y comercial y de garantías en lo
penal (ley 5827,arts. 33 y 38, texto según ley 12.060,arts. 25 y 27).
191
f) Las cámaras de apelación y garantías en lo penal son
tribunales de alzada de los fallos y demás providencias recurribles
dictadas por los jueces o tribunales de la responsabilidad penal
juvenil, de garantías, de garantías del joven, de ejecución penal y —
en su caso— del tribunal en lo criminal sin perjuicio de la
competencia a que se refiere el art. 21 de la ley 11.922 (Código
Procesal Penal). Funciona una en cada uno de los departamentos
judiciales, la mayoría se divide en salas de tres miembros cada una
con un presidente común a todas, algunas se hallan integradas por
tres miembros y otras lo son también en lo civil y comercial (normas
citadas).
g) Las cámaras de apelación en lo contencioso administrativo
son tribunales de alzada en las causas previstas en el art. 166,
último párrafo, de la Constitución de la Provincia, y en las
ejecuciones de créditos fiscales de naturaleza tributaria; y son
competentes en instancia originaria y juicio pleno, en las demandas
promovidas contra las resoluciones del Tribunal de Cuentas de la
Provincia y sentencias definitivas del Tribunal Fiscal de Apelación.
Funcionan en algunos de los departamentos judiciales (La Plata,
San Martín, Mar del Plata y San Nicolás) con competencia
territorial extendida a otros departamentos tal como lo define la ley
12074 y sus modificatorias.
h) Los juzgados de primera instancia en lo civil y comercial
entienden en los asuntos civiles, comerciales y rurales cuyo
conocimiento no se encuentre asignado a los juzgados de familia y
juzgados de paz; los de garantías y garantías del joven ejercen la
competencia que les asigna el art. 23 del Código Procesal
Penalrespecto de la etapa penal preparatoria en todas las causas
correccionales y criminales, y los juzgados en lo correccional son
competentes, en la etapa de juicio, en el conocimiento de las
causas mencionadas en el art. 24 del Código citado (ley 5827,arts.
52 y 52 bis, conforme al texto de la ley 12.060,arts. 29 y 30). Tales
juzgados funcionan, en distinto número, en todos los departamentos
judiciales.
i) Los juzgados de ejecución penal ejercerán la competencia que
les confiere el art. 25 del Código Procesal Penal.
192
j) Los tribunales en lo criminal entienden, en única instancia y
bajo el régimen de oralidad, respecto de la etapa de juicio, en los
delitos cuyo conocimiento no esté atribuida a otro órgano judicial
(ley 5827,art. 52 ter, texto segúnley 12.060 y Cód. Proc. Penal, art.
22). Funcionan, en número de uno como mínimo, en todos los
departamentos judiciales.
k) Los juzgados de familia (ley 13.634) ejercerán la competencia
que les asigna el art. 827 del Código Procesal Civil y Comercial de
la Provincia (separación personal, divorcio, nulidad de matrimonio,
adopción, alimentos, guarda de personas).
l) Los juzgados de primera instancia en lo contencioso
administrativo entienden en los asuntos cuyo conocimiento se
encuentra asignado por la ley 12.008 y concordantes (Código
Contencioso Administrativo). Tales juzgados funcionan, en distinto
número, en todos los departamentos judiciales.
m) Los tribunales del trabajo están constituidos por tres jueces
cada uno, actúan en única instancia y conforme al régimen de
oralidad y ejercen su jurisdicción en territorio provincial con la
competencia que les atribuye la ley orgánica del Poder Judicial y
la ley 7718. A los fines de su competencia territorial, la provincia se
halla dividida en distintas circunscripciones que abarcan uno o más
partidos, funcionando uno o más tribunales en las ciudades más
importantes (uno en cada una de las ciudades de Azul, Bragado,
Campana Coronel Suárez, Dolores, Junín, Mercedes, Moreno,
Necochea, Olavarría, Tandil, Trenque Lauquen, Tres Arroyos y
Zárate; dos en cada una de las ciudades de Bahía Blanca,
Pergamino y San Nicolás; tres en cada una de las ciudades de
Lanús y San Miguel; cuatro en la ciudad de Avellaneda; cinco en
cada una de las ciudades de La Plata, San Martín y Morón; seis en
cada una de las ciudades de Lomas de Zamora, Mar del Plata, San
Justo y Quilmes, y siete en la ciudad de San Isidro). Cabe añadir
que en razón de no hallarse aún constituidos los juzgados
pertenecientes al fuero rural y conforme a las previsiones de los
decretos-leyes 868/57 y 21.209/57, la competencia para conocer en
dicha materia fue acordada a los tribunales del trabajo (decreto-ley
3739/58,art. 1º).
193
n) Los tribunales de menores fueron dejados sin efecto por la
reforma operada a la ley 5827 por la ley 13.634.
o) En lo que atañe a la justicia de paz, el art. 160 de
la Constitución provincial vigente hasta 1994 prescribía que la
legislatura establecería juzgados de paz en toda la provincia y otros
de menor cuantía, teniendo en consideración la extensión territorial
de cada distrito y su población.
En cumplimiento de esa norma constitucional se crearon, en
todos los partidos de la provincia, juzgados de paz, y en algunos,
una o más alcaldías, estando, unos y otras, a cargo de
funcionarios legos, con competencia para conocer en asuntos de
menor cuantía y en algunos procesos voluntarios. La ley
9229instituyó, en cambio, una justicia de paz letrada, y dispuso que
además de los recaudos exigidos por la Constitución (art. 61), para
ser juez de paz se requiere: 1º) ciudadanía argentina; 2º) haber
acreditado buenas condiciones morales eintelectuales; 3º) tener
título de abogado válido a los efectos del ejercicio profesional en la
provincia, aunque sin necesidad de encontrarse efectivamente
matriculado.
De conformidad con la modificación que le introdujeron las leyes
9504 y 10.571, el art. 59 de la ley 5827prescribe que en cada uno
de los partidos de la provincia funcionará un juzgado de
paz, excepto en aquéllos en los cuales se encuentre instalada la
sede de cada departamento judicial creado o a crearse, o en los
que funcionen juzgados de primera instancia en lo civil y comercial.
En los partidos de Almirante Brown, Avellaneda, Berazategui,
Berisso, Ensenada, Esteban Echeverría, Ezeiza, Florencio Varela,
Hurlingham, Ituzaingo, José C. Paz, Lanús, Malvinas Argentinas,
Merlo, Presidente Perón, San Fernando, San Miguel, Tres de
Febrero, Tigre y Vicente López los jueces de paz letrados tienen
competencia para conocer de determinados procesos contenciosos
(v.gr., cobro de medianería, restricciones y límites al dominio,
deslinde y amojonamiento, medidas preparatorias, apremios y en
los casos de familia previstos en el art. 827 del Código Procesal
Civil),
de
algunos
voluntarios
(v.gr.,
asentimiento
conyugal, autorización para comparecer en juicio, realizar actos
jurídicos y contraer matrimonio; copia y renovación de
194
títulos; inscripción de nacimientos fuera de plazo, informaciones
sumarias requeridas para la acreditación de hechos por organismos
públicos o por personas de derecho privado, mensura;
reconocimiento; adquisición y venta de mercaderías, rectificaciones
de partidas y certificaciones de firmas y constataciones de estado
material
de
documentos;
etc.),
de
los
trámites
de
notificaciones, intimaciones, etcétera, a solicitud de otros órganos
judiciales en materia de faltas y de la aplicación de las sanciones
previstas por el decreto-ley nacional 8204/63 y contemplado por el
decreto-ley provincial 7309/68. Los restantes jueces de paz letrados
de la provincia no comprendidos en la enumeración precedente
conocen, además, de juicios de familia (separación personal,
divorcio vincular, alimentos, tenencia de hijos y régimen de visitas,
homologación de acuerdos de liquidación de sociedad conyugal en
los casos en que el divorcio se hubiere tramitado por ante el mismo
juzgado, suspensión de ejercicio de responsabilidad parental, etc.),
en las internaciones urgentes, en loshabeas corpus, en la
adquisición de dominio por usucapión, en los desalojos urbanos
por intrusión, falta de pago y/o vencimientos de contratos,
consignación y cobro de alquiler, procesos que versen sobre
materia de competencia del fuero rural, en la traba de medidas
cautelares, en los juicios ejecutivos y ejecuciones especiales, en los
procesos universales, consistentes en sucesiones ab intestato y
testamentarias y en las curatelas einsanias cuando el incapaz
carezca de patrimonio y se solicite su declaración para la obtención
del beneficio de pensión social.
El art. 172 de la actual Constitución provincial contiene una
norma semejante a la derogada, con la diferencia de que prevé el
carácter letrado de la justicia de paz y faculta a la legislatura para
crear, donde no existan juzgados de esa índole, otros órganos
judiciales, también letrados, para entender en cuestiones de menor
cuantía, vecinales y faltas provinciales.
causas relativas a la falta de ética y las que afecten la dignidad de
la investidura o del prestigio del notario; 2º) las recusaciones del
secretario del tribunal (ley 9020,art. 41).
El juez notarial —que es nombrado y removido en la forma en
que lo son los jueces de primera instancia— tiene competencia para
conocer; 1º) en los procesos por mal desempeño de la función
notarial; por la expedición de las segundas copias de escrituras
públicas y por renovación de títulos; 2º) en la recusación de los
miembros del tribunal notarial y de los secretarios del juzgado
notarial; 3º) en las cuestiones suscitadas entre los requirentes o
entre éstos y el notario con motivo de la aplicación del arancel; 4º)
en grado de apelación en las causas en que hubiese intervenido el
tribunal notarial y la sanción fuera de amonestaciones (ley citada,
art. 40, modific. por ley 9435).
Compete, finalmente, a las cámaras de apelación en lo civil y
comercial entender: 1º) en grado de apelación en los procesos
mencionados en el párrafo anterior; 2º) de la recusación del juez
notarial; 3º) en grado de apelación de las sanciones impuestas por
el tribunal notarial, cuando éstas sean de suspensión (ley 9020,art.
39).
§ II. EL JUEZ(3)
71. Concepto y caracteres
p) Existe asimismo en la provincia una jurisdicción notarial que
es ejercida por el tribunal notarial, por un juez notarial con sede en
la capital de aquélla y por las cámaras de apelaciones en lo civil y
comercial del departamento de La Plata (ley 9020,art. 38).
Competen al tribunal notarial (compuesto por tres escribanos de
registro designados de una lista formada por la cámara): 1º) las
a) La administración de justicia —cuya organización en el orden
nacional y en la provincia de Buenos Aires se termina de esbozar—
hállase confiada a determinados órganos del Estado, cada uno de
los cuales se compone de un conjunto o agregado de personas
195
196
cuyas actividades concurren al cumplimiento integral de la función
judicial.
Las más trascendentes de esas actividades —que son
las instructorias, ordenatorias y decisorias— incumben al juez o,
eventualmente, a varios jueces, según se trate, respectivamente, de
un órgano unipersonal (juzgado) o colegiado (tribunal). Las
restantes actividades —como son, por ejemplo, las referentes a la
custodia deexpedientes o documentos, o a las notificaciones—
revisten carácter secundario o instrumental respecto de aquéllas, y
se hallan encomendadas a quienes cabe denominar auxiliares de
los jueces (supra, nº 23).
b) No obstante la pluralidad de personas que es consustancial a
la existencia de todo órgano judicial, solamente en los jueces reside
la potestad que imprime a dichos órganos un sentido específico
dentro de nuestro régimen institucional de división de poderes,
potestad que consiste en juzgar determinada clase de conflictos
(supra, nº 43), sea originariamente o mediante revisión de lo
resuelto por funcionarios u organismos administrativos. De esa
circunstancia
derivan,
fundamentalmente,
las
previsiones
constitucionales y legales tendientes a asegurar la independencia
de los jueces con respecto a los restantes poderes del Estado.
c) Los jueces nacionales revisten los siguientes caracteres:
1º) Son permanentes, pues el art. 18 de la Constitución
Nacional ha proscripto los juicios por comisiones especialmente
designadas para un caso determinado, aunque, como bien lo
puntualiza RUBIANES, esta calidad no apunta a los jueces como
personas físicas sino a los órganos que integran, ya que aquéllos
pueden cambiar por renuncia, jubilación, fallecimiento o remoción.
2º) Son sedentarios, es decir, que sólo pueden cumplir sus
funciones dentro de la circunscripción territorial establecida como
sede del respectivo juzgado o tribunal. Hacen excepción a esta
regla los jueces de la Cámara Nacional Electoral, quienes, como se
ha visto, pueden trasladar su sede temporariamente a los distritos.
3º) Son inamovibles por cuanto, sin perjuicio de la caducidad y
duración limitada de sus designaciones por razones de edad,
conservan sus empleos mientras dure su buena conducta y no
197
pueden ser separados del cargo sino por juicio político —en el caso
de los jueces de la Corte Suprema— o por un proceso ante el
jurado de enjuiciamiento (CN, arts.53, 59, 60, 110 y 115). Con
anterioridad a la vigencia de la ley 22.429, hacían excepción a esa
regla los jueces de paz del ex-Territorio Nacional de la Tierra del
Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur.
4º) Son letrados, pues constituye requisito de su designación la
posesión del título de abogado (CN, art. 111 y decreto-ley
1285/58,arts. 4º, 5º y 6º, con relación a los jueces de la Corte
Suprema y demás jueces inferiores). Escapaban a la regla, antes
de la ley 22.429, los jueces de paz mencionados en el número
precedente.
72. Modos de designación y requisitos
a) Respecto del modo de designación de los jueces nacionales
corresponde distinguir, de acuerdo con la reforma constitucional
operada en 1994, según se trate de los magistrados de la Corte
Suprema de Justicia o de los que integran los tribunales inferiores.
Los primeros, en efecto, deben ser designados por el Presidente
de la Nación con acuerdo del Senado por dos tercios de sus
miembros presentes, en sesión pública convocada al efecto
(CN, art. 99, inc. 4º, párr. 1º), y previo cumplimiento de lo prescripto
en el decreto 222/2003 acerca de las observaciones que pueden
formularse, tras la publicación pertinente, respecto de la persona
propuesta para cubrir la vacante.
En cuanto al nombramiento de los jueces integrantes de los
tribunales inferiores, también incumbe al Presidente de la
Nación, aunque con la diferencia de que debe hacerlo sobre la base
de una propuesta en terna vinculante emitida (previo concurso
público) por el Consejo de la Magistratura.
Este organismo, regulado por las leyes 24.937, 24.393 y sus
modificatorias las leyes 26.080 y 26.855, según las pautas
establecidas en el art. 114 de la CN, está integrado por diecinueve
198
miembros de acuerdo con la siguiente composición: 1. Tres
(3) jueces del Poder Judicial de la Nación, elegidos por el pueblo de
la Nación por medio de sufragio universal. Corresponderán dos
(2) representantes a la lista que resulte ganadora por simple
mayoría y uno (1) a la que resulte en segundo lugar. 2. Tres
(3) representantes de los abogados de la matrícula federal, elegidos
por el pueblo de la Nación por medio de sufragio universal.
Corresponderán dos (2)representantes a la lista que resulte
ganadora por simple mayoría y uno (1) a la que resulte en segundo
lugar. 3. Seis (6) representantes de los ámbitos académico o
científico, de amplia y reconocida trayectoria en alguna de las
disciplinas universitarias reconocidas oficialmente, elegidos por el
pueblo de la Nación por medio de sufragio universal.
Corresponderán cuatro (4) representantes a la lista que resulte
ganadora por simple mayoría y dos (2)a la que resulte en segundo
lugar. 4. Seis (6) legisladores. A tal efecto, los presidentes de la
Cámara de Senadores y de la Cámara de Diputados, a propuesta
de los bloques parlamentarios de los partidos políticos, designarán
tres (3) legisladores por cada una de ellas, correspondiendo dos
(2) a la mayoría y uno (1) a la primera minoría. 5. Un
(1) representante del Poder Ejecutivo. Los miembros del Consejo
prestarán juramento en el acto de su incorporación de desempeñar
debidamente el cargo por ante el presidente de la Corte Suprema
de Justicia de la Nación. Por cada miembro titular se elegirá un
suplente, mediante igual procedimiento, para reemplazarlo en caso
de renuncia, remoción o fallecimiento (art. 2).
Otra variante reside en el hecho de que cuando se trata de los
jueces propuestos por el Consejo de la Magistratura, el acuerdo del
Senado, si bien debe prestarse en sesión pública en la que
corresponde tener en cuenta la idoneidad de los candidatos,
no exige un quorum especial (CN, art. 99, inc. 4º, párr. 2º).
En relación con todos los jueces nacionales, es sin embargo
necesario un nuevo nombramiento para mantenerlos en el cargo
una vez que cumplan la edad de setenta y cinco años. Asimismo
todos los nombramientos de magistrados cuya edad sea la indicada
o mayor deben hacerse por cinco años, y podrán
repetirse indefinidamente por el mismo trámite (CN, art. 99, inc.
4º, párr. 3º).
b) Para ser juez de la Corte Suprema de Justicia se requiere ser
ciudadano argentino, abogado graduado en universidad nacional,
con ocho años de ejercicio y tener las calidades exigidas para ser
senador (CN, art. 111, y decreto-ley 1285/58,art. 4º), o sea: treinta
años de edad, haber sido seis años ciudadano de la Nación y
disponer de una renta anual de dos mil pesos fuertes o de una
entrada equivalente (CN, art. 55).
Para ser juez de la Cámara Federal de Casación Penal, de la
Cámara Nacional de Casación Penal en lo Criminal y Correccional
de la Capital Federal, de las cámaras nacionales de apelaciones y
de los tribunales orales se requiere ser ciudadano argentino,
abogado con título que tenga validez nacional, con seis años de
ejercicio de la profesión o función judicial que requiera el
título indicado y treinta años de edad (decreto-ley 1285/58,art. 5º,
sustituido por el art. 1º de la ley 26.371). Los mismos requisitos de
ciudadanía y título se requieren para ser juez nacional de
primera instancia, bastando cuatro años de ejercicio y veinticinco de
edad (decreto-ley 1285/58,art. 6º).
Importa recordar que, conforme a lo prescripto en el art.
114, inc. 1º de la CN, la selección de los magistrados
precedentemente mencionados, previa a su designación, debe
realizarse mediante concursos públicos. A tal fin el art. 13 de la ley
24.937 y la misma norma de su correctiva 24.939 (sustituidas por
el art. 9º de la ley 26.080) disponen que es competencia de la
Comisión de Selección y Escuela Judicial del Consejo de la
Magistratura llamar a concurso público de oposición y antecedentes
para cubrir las vacantes de magistrados judiciales, sustanciar los
concursos designando al jurado que intervendrá (compuesto en
todos los casos, previo sorteo de las listas elaboradas para cada
especialidad, por dos jueces y dos profesores de derecho) y
confeccionar las propuestas de ternas elevándolas al plenario del
organismo, que debe adoptar su decisión —que será irrecurrible—
por mayoría de dos tercios de miembros presentes.
199
200
73. Deberes
a) Es deber primario y fundamental de los jueces el
de administrar justicia cada vez que tal actividad les sea requerida
en un caso concreto. Existe, en efecto, un deber de ejercer la
actividad judicial, que es correlativo del derecho que incumbe a las
partes en el sentido de que sus peticiones sean resueltas o
proveídas,independientemente del contenido (favorable o
desfavorable) de la respectiva decisión (supra, nº 47).
El art. 34, inc. 3º CPN establece que los jueces deben dictar las
resoluciones con sujeción a los siguientes plazos: a) Las
providencias simples, dentro de los tres días de presentadas las
pretensiones por las partes o del vencimiento del plazo conforme a
lo prescripto en el art. 36, inc. 1º e inmediatamente, si debieran ser
dictadas en una audiencia o revistieran carácter urgente; b) Las
sentencias interlocutorias y las sentencias homologatorias, salvo
disposición en contrario, dentro de los diez o quince días de quedar
el expediente a despacho, según se trate de juez unipersonal o de
tribunal colegiado; c) Las sentencias definitivas en juicio ordinario
salvo disposición en contrario, dentro de los cuarenta o sesenta
días, según se trate de juez unipersonal o de tribunal colegiado. El
plazo se computará, en el primer caso, desde que el llamamiento
de autos para sentencia, dictado en el plazo de las providencias
simples, quede firme; en el segundo, desde la fecha de sorteo
del expediente, que se debe realizar dentro del plazo de quince días
de quedar en estado; d) Las sentencias definitivas en el juicio
sumarísimo, dentro de los veinte o treinta días de quedar
el expediente a despacho, según se trate de juez unipersonal o
tribunal colegiado. Cuando se tratare de procesos de amparo el
plazo será de 10 y 15 días, respectivamente. En todos los
supuestos, si se ordenase prueba de oficio, no se computarán los
días que requiera su cumplimiento.
En el CPN no existen, sin embargo, disposiciones que fijen
plazos distintos para dictar este último tipo de resoluciones, razón
por la cual es menester atenerse a lo que establezcan otras leyes.
Por otra parte, debe tenerse en cuenta que, en virtud de lo
prescripto por el art. 162, las sentencias que dispongan homologar
el desistimiento, la transacción o la conciliación, deben dictarse
201
dentro del plazo de tres días previsto para el pronunciamiento de
las providencias simples.
Los plazos previstos en el art. 34 concuerdan, en su dimensión
temporal, con los teóricamente fijados por el CPN en su versión
anterior, pero con dos variantes. Una consiste en que, al haberse
eliminado el llamado juicio sumario, sólo se han fijado plazos para
dictar sentencia definitiva en el juicio ordinario —que coinciden con
los actuales— y se elevaron ligeramente los correspondientes al
llamado juicio sumarísimo (veinte o treinta días) cuando éste
procede por razón del monto discutido, y se mantuvieron los de diez
y quince días en relación con los restantes casos
(amparo, interdictos, etc.).
Aunque tales plazos continuarán computándose desde que
adquiere firmeza la providencia de autos o desde la fecha del sorteo
del expediente, a partir de la vigencia de la reforma la primera
deberá dictarse dentro del plazo de las providencias simples (vale
decir en el de tres días) y el sorteo practicarse dentro del plazo de
quince días de quedar la causa en estado.
Corresponde asimismo tener presente que el CPN fija plazos
específicos para dictar sentencia en cierta clase de juicios. Tal lo
que ocurre con los de alimentos, ejecutivos y de declaración de
capacidad restringida, en los cuales dichos plazos son de cinco,
diez o quince días, respectivamente (arts. 644, 548, 550 y 633).
En lo que concierne al orden en que deben resolverse las
causas, dispone el art. 34, inc. 2º, CPN que aquéllas se decidirán
en lo posible de acuerdo con el orden en que hayan quedado en
estado, salvo las preferencias establecidas por el RJN.
b) También es deber de los jueces "Asistir a la audiencia
preliminar y realizar personalmente las demás diligencias que este
Código u otras leyes ponen a su cargo, con excepción de aquellas
en las que la delegación estuviere autorizada. En los juicios de
divorcio, separación personal y nulidad de matrimonio, en la
providencia que ordena el traslado de la demanda, se fijará
una audiencia en la que deberán comparecer personalmente las
partes y el representante del Ministerio Público, en su caso. En ella
el juez tratará de reconciliar a las partes y de avenirlas sobre
cuestiones relacionadas con la tenencia de hijos, régimen de visitas
y atribución del hogar conyugal". Esta segunda parte de la norma
202
habrá de ser adaptada a las necesidades —y terminología— de los
nuevos procesos que tienen lugar luego de la sanción del Código
Civil y Comercial unificado.
Fiel a la acentuación que la ley 25.488 imprimió, así sea
teóricamente, al principio de inmediación, erige en deber del juez,
como surge de la norma transcripta, su asistencia a la audiencia
preliminar y la realización de las restantes diligencias que el Código
u otras leyes ponen a su cargo. Entre estas últimas deben ser
destacados los casos en que el Código Civil y Comercial establece
como esencial la inmediación. Además de conformar una de las
reglas propias del proceso de familia (art. 706), el nuevo régimen de
derecho privado dispone que "Las personas mayores con
capacidad restringida y los niños, niñas y adolescentes tienen
derecho a ser oídos en todos los procesos que los afectan
directamente. Su opinión debe ser tenida en cuenta y valorada
según su grado de discernimiento y la cuestión debatida en el
proceso" (art. 707).
La recepción de las restantes audiencias no requiere, según
surge del nuevo art. 125, la ineludible presencia o dirección del
juez, quien puede delegar aquélla en sus auxiliares.
c) Como una garantía contra la arbitrariedad, y con el fin de
asegurar el debido control sobre la actividad judicial, la ley impone a
los jueces el deber de motivar o fundar sus decisiones. A ello se
refiere el Código Civil y Comercial cuando en su art. 3 prevé el
"Deber de resolver" estableciendo que "El juez debe resolver los
asuntos que sean sometidos a su jurisdicción mediante una
decisión
razonablemente
fundada".
El
CPN
lo instituyeexpresamente con respecto a las sentencias definitivas
o interlocutorias, agregando que los jueces deben respeta1|r la
jerarquía de las normas vigentes y el principio de congruencia (art.
34, inc. 4º). Asimismo, el nuevo digesto de derecho privado,
establece un panorama normativo amplio al cual recurrir en esta
tarea (art. 1: "Fuentes y aplicación. Los casos que este Código rige
deben ser resueltos según las leyes que resulten aplicables,
conforme con la Constitución Nacional y los tratados de derechos
humanos en los que la República sea parte. A tal efecto, se tendrá
en cuenta la finalidad de la norma. Los usos, prácticas y
costumbres son vinculantes cuando las leyes o los interesados se
203
refieren a ellos o en situaciones no regladas legalmente, siempre
que no sean contrarios a derecho").
Por lo demás, la Corte Suprema Nacional tiene decidido,
reiteradamente, que a la condición de órganos de aplicación del
derecho vigente, va entrañablemente unida la obligación legal de
los jueces de fundar sus sentencias —documentando así que ellas
son derivación razonada del derecho vigente y no producto de su
voluntad individual— y que la exigencia de que las decisiones
judiciales tengan fundamentos serios reconoce raíz constitucional.
d) Incumbe asimismo a los jueces dirigir el procedimiento, y
"dentro de los límites expresamente establecidos en este Código;
1º) Concentrar en lo posible, en un mismo acto o audiencia todas
las diligencias que sea menester realizar; 2º) Señalar, antes de dar
trámite a cualquier petición, los defectos u omisiones de que
adolezca, ordenando que se subsanen dentro del plazo que fije, y
disponer de oficio toda diligencia que fuere necesaria para evitar o
sanear nulidades; 3º) Mantener la igualdad de las partes en el
proceso; 4º) Prevenir y sancionar todo acto contrario al deber de
lealtad, probidad y buena fe; 5º) Vigilar para que en la tramitación
de la causa se procure la mayor economía procesal; 6º) Declarar,
en oportunidad de dictar las sentencias definitivas, la temeridad o
malicia
en
que
hubieran incurrido
los
litigantes
o
profesionales intervinientes" (CPN, art. 34, incs. 5º y 6º, modificado
por la ley 25.488).
Cuadra empero advertir que tal declaración de inconducta no es
imperativa en tanto depende de la apreciación circunstancial del
juez.
e) En materia civil les está vedado a los jueces proceder de
oficio, sin perjuicio de lo que excepcionalmente establece el Código
Civil y Comercial en su art. 709 respecto de procesos de familia
donde se ventilen cuestiones extrapatrimoniales: "Principio de
oficiosidad. En los procesos de familia el impulso procesal está a
cargo del juez, quien puede ordenar pruebas oficiosamente. El
impulso
oficioso
no
procede
en
los
asuntos
de
naturaleza exclusivamente económica en los que las partes sean
personas capaces".
204
La regla de la actuación a instancia de parte, expresamente
consagrada por art. 2º de la ley 27, surge asimismo del contexto del
CPN, especialmente de la norma contenida en el art. 163, inc. 6º,
en cuya virtud la sentencia definitiva debe contener
decisión expresa, positiva y precisa, con arreglo a las pretensiones
deducidas en juicio. Debe entenderse, sin embargo, que la regla no
es aplicable con respecto al derecho, pues de conformidad con el
principio iura novit curia incumbe a los jueces la facultad de calificar
jurídicamente los hechos de la causa, con prescindencia de la
norma o normas invocadas por las partes. Existen, asimismo,
disposicionesexpresas que autorizan al juez, durante el desarrollo
del proceso, a pronunciarse sin que medie petición de parte, como
ocurre, por ejemplo, en los casos en que su incompetencia resulte
de los términos de la demanda (CPN, art. 4º), en las
medidas instructorias (CPN, art. 36, inc. 2º), etcétera.
f) "Los jueces de primera instancia —dice el art. 11 del decretoley 1285/58— concurrirán a su despacho todos los días hábiles,
durante las horas que funcione el tribunal. Los jueces de la Corte
Suprema, de la Cámara Nacional de Casación Penal, de las
cámaras nacionales de apelación y de los tribunales orales lo harán
los días y horas que el respectivo tribunal fije para los acuerdos
y audiencias".
g) La proximidad entre la residencia de los jueces y el asiento
del juzgado o tribunal en que desempeñen sus funciones,
constituye una exigencia fundada en la necesidad de que aquéllos
se encuentren en condiciones de concurrir con prontitud a sus
despachos siempre que el tratamiento de alguna cuestión urgente
así lo requiera. De allí la norma contenida en el art. 10 del decretoley 1285/58, conforme a la cual "los jueces residirán en la ciudad en
que ejerzan sus funciones o en un radio hasta setenta kilómetros de
la misma. Para residir a mayor distancia, deberán
recabar autorización de la Corte Suprema".
205
74. Facultades
a) Tanto los tribunales nacionales, como los provinciales, tienen
la facultad de declarar la inconstitucionalidad de las leyes, decretos
u ordenanzas sancionados por los otros poderes del Estado, en los
casos concretos que se lleven a su decisión. Tal facultad reconoce
fundamento en el art. 31 de la Constitución Nacional, que asigna a
ésta carácter de ley suprema de la Nación, y a la cual, por
consiguiente, los jueces deben otorgar prelación sobre cualquier
otra ley. El principio, y las implicancias que comporta en cuanto al
ejercicio de la función judicial, ha sido ratificado por diversos textos
de nuestro derecho positivo. Así, el art. 21 de la ley 48, dispone que
los tribunales y jueces nacionales deben proceder, en el ejercicio de
sus funciones, aplicando la Constitución como ley suprema de la
Nación, las leyes que haya sancionado o sancione el Congreso, los
tratados con naciones extranjeras, las leyes particulares de las
provincias, las leyes generales que han regido anteriormente a la
Nación y los principios del derecho de gentes, según lo exijan
respectivamente las causas que se sujeten a su conocimiento, en el
orden de prelación que va establecido. Asimismo, según se ha
visto, es deber de los jueces fundar sus decisiones atendiendo a
la jerarquía de las normas vigentes (CPN, art. 34, inc. 4º).
Pero la facultad analizada reconoce dos limitaciones
fundamentales, que son: 1º) La prohibición de declarar de oficio
la inconstitucionalidad de las leyes nacionales. Ha dicho, al
respecto, la Corte Suprema: "Que si bien la Constitución, las leyes
de la Nación que en su consecuencia se dicten por el Congreso y
los tratados con las potencias extranjeras, son la ley suprema de la
Nación, conforme a lo preceptuado por el art. 31 de la Carta
Fundamental de la Nación, ello no significa que los jueces puedan
declarar de oficio la inconstitucionalidad de las leyes vigentes
sancionadas por el Congreso, porque como lo tiene reiteradamente
declarado esta Corte, 'es condición esencial de la organización del
Poder Judicial, el que no le sea posible controlar por su
propia iniciativa—de oficio— los actos legislativos, ni aun los actos
administrativos que, por serlo, tienen en su favor la presunción de
constituir el ejercicio legítimo de la actividad administrativa y, por
consiguiente, toda invocación de nulidad contra ellos debe
necesariamente ser alegada y probada en juicio'" (Fallos, 234-235).
206
En otros precedentes, aparte de aludir a la presunción de validez de
los actos estatales, el mismo tribunal dijo que sólo condicionando la
declaración de inconstitucionalidad al pedido expreso de parte se
mantiene el equilibrio entre los poderes y no se quiebra por la
absorción del Poder Judicial en desmedro de los otros (Fallos, 280840; 250-716; 258-157, etc.); 2º) El deber de los jueces de respetar
los actos de los otros poderes del Estado que signifiquen, por parte
de éstos, el ejercicio de facultades privativas.
Vale empero señalar que parte de la doctrina (BIDART CAMPOS,
SAGÜÉS, HITTERS, etc.) e inclusive seis ministros de la Corte
Suprema (caso "Mill de Pereyra, R. A. v. Prov. de Corrientes" del
27/9/2001) se han pronunciado en contra de la prohibición
mencionada en el nº 1 y admitido, por ende, la declaración
de inconstitucionalidad de oficio.
Los argumentos que sustentan esa tesis radican,
esencialmente, en la facultad judicial de suplir el derecho
noinvocado por las partes (iura curia novit) y en la naturaleza de la
referida presunción de legitimidad de los actos legislativos y
administrativos, aunque se supeditó la declaración a la concurrencia
de los siguientes requisitos: 1º) que la violación constitucional
revista tal entidad que justifique la abrogación de la norma en
desmedro de la seguridad jurídica; 2º) que la repugnancia a la
Constitución sea manifiesta e indudable; 3º) que la incompatibilidad
sea inconciliable, de manera que resulte imposible solucionar el
caso por razones diversas a las constitucionales; 4º) que su
ejercicio descarte en absoluto la admisión de declaraciones fuera
de
una causa
concreta;
5º)
que
la
declaración
de inconstitucionalidad no vaya más allá de lo estrictamente
necesario para resolver la causa y no tenga efecto derogatorio
genérico.
Tales desarrollos que provienen del caso "Mill de Pereyra" han
sido luego confirmados y ampliados —en su fundamentación—
en "Rodríguez Pereyra" (causa R. 401. XLIII, sentencia del
27/11/2012).
Pero
a
pesar
de
hacerse
cargo
de
la
gravedad institucional involucrada en el tema, la tesis comentada no
parece conciliarse con la carga que el art. 14, ley 48 impone a las
partes en el sentido de "cuestionar" la validez de una norma en
función directa o indirecta con la Constitución.
207
208
b) En el art. 36 el CPN confiere a los jueces diversas
atribuciones ordenatorias e instructorias, que la ley 25.488 ha
calificado indistintamente
como deberes y facultades,
en
la ingenua inteligencia de que, modificando la terminología legal
"podrán" por "deberán" obligaría a los jueces a adoptar
determinadas
medidas
que
en
su
mayoría
entrañan, intrínsecamente, y como surge de su propio enunciado,
meras facultades.
Entre las potestades ordenatorias figuran las de: 1º) Tomar
medidas tendientes a evitar la paralización del proceso a cuyo
efecto, vencido un plazo, se haya ejercido o no la facultad que
corresponda, se pasará a la etapa siguiente en el desarrollo
procesal, disponiendo de oficio las medidas necesarias; 2º) Intentar
una conciliación total o parcial del conflicto o incidente procesal,
pudiendo proponer y promover que las partes deriven el litigio a
otros medios alternativos de resolución de conflictos, pudiendo en
cualquier momento disponer la comparecencia personal de las
partes para intentar una conciliación; 3º) Proponer a las partes
fórmulas para simplificar y disminuir las cuestiones litigiosas
surgidas en el proceso o respecto de la actividad probatoria, con la
salvedad de que en todos los casos la mera proposición de
fórmulas conciliatorias no importará prejuzgamiento; 4º) Impulsar de
oficio el trámite, cuando existan fondos inactivos de menores
o incapaces, a fin de que los representantes legales de éstos o, en
su caso, el asesor de menores, efectúen las propuestas que
estimen más convenientes en interés del menor o incapaz, sin
perjuicio de los deberes propios de dicho funcionario con igual
objeto; 5º) Corregir, en la oportunidad establecida en el art.
166, incs. 1º y 2º, errores materiales, aclarar conceptos oscuros, o
suplir cualquier omisión de la sentencia acerca de las pretensiones
discutidas en el litigio, siempre que la enmienda, aclaración o
agregado no altere lo sustancial de la decisión.
Entre las facultades instructorias la norma citada prevé las
siguientes: 1º) Ordenar las diligencias necesarias para esclarecer la
verdad de los hechos controvertidos, respetando el derecho de
defensa de las partes; 2º) Disponer, en cualquier momento, la
comparecencia
personal
de
las
partes
para
requerir
las explicaciones que estimen necesarias al objeto del pleito; 3º)
Decidir en cualquier estado de la causa la comparecencia de
testigos con arreglo a lo que dispone el art. 452, peritos y
consultores técnicos, para interrogarlos acerca de lo que creyeren
necesario; 4º) Mandar, con las formalidades prescriptas en este
Código, que se agreguen documentosexistentes en poder de las
partes o de terceros, en los términos de los arts. 387 a 389 (art.
36, inc. 4º a 389, modificado por la ley 25.488).
c) En virtud de las potestades disciplinarias que la ley acuerda a
los jueces para mantener el decoro y buen orden en los juicios que
tramitan ante sus estrados, aquéllos hállanse autorizados (aunque
en su actual versión el art. 35 del CPN recurre a un erróneo vocablo
imperativo) para: 1) Mandar que se testee toda frase injuriosa o
redactada en términos indecorosos u ofensivos, salvo que alguna
de las partes o tercero interesado solicite que no se lo haga; 2)
Excluir de las audiencias a quienes perturben indebidamente su
curso; 3) Aplicar las correcciones disciplinarias autorizadas por el
Código, la ley orgánica, el Reglamento para la Justicia Nacional, o
las normas que dicte el Consejo de la Magistratura.
Corresponde advertir, por último, que el Consejo de la
Magistratura sólo está facultado para aplicar sanciones a los
magistrados, no a las partes y a sus auxiliares, por cuestiones
vinculadas a la eficaz prestación del servicio de justicia (infra, nº
77).
75. Incompatibilidades
a) Es incompatible el ejercicio de la magistratura judicial "con
toda actividad política" (decreto-ley 1285/58, art. 9º). Ello no
significa, naturalmente, impedir a los jueces el ejercicio de los
derechos políticos (como el sufragio) ni la posibilidad de que
abriguen una determinada ideología en materia política, sino que
comporta la prohibición de "estar afiliados a partidos políticos" o de
209
"actuar en política", como con mayor precisión dispone el art.
8º, inc. c), RJN.
b) El art. 22 del derogado Cód. Com., prohibía a los jueces el
ejercicio del comercio dentro del territorio donde ejercen
su autoridad y jurisdicción con título permanente, agregando el art.
23 de dicho Código que la prohibición no comprendía la facultad de
dar dinero a interés, con tal que no se haga de ello profesión
habitual, ni tampoco la de ser accionista de sociedades
comerciales, siempre que no tomen parte de la gerencia
administrativa. Pero el art. 9º del decreto-ley 1285/58, prohíbe a los
jueces nacionales "el ejercicio del comercio", sin formular
distinciones en cuanto al lugar y clase de actividades y el art.
8º, inc. j) del RJN, agrega la prohibición de realizar "actividad
lucrativa alguna sin autorización de la respectiva autoridad de
superintendencia". A tales restricciones cabe agregar las contenidas
en los arts. 1002, inc. b del Cód. Civ. y Com., y en el art. 20 del
Código de Minería.
c) También es incompatible el ejercicio de la magistratura
judicial con la "realización de cualquier actividad profesional, salvo
cuando se trate de la defensa de los intereses personales, del
cónyuge, de los padres y de los hijos" (decreto-ley 1285/58, art. 9º).
La prohibición reviste carácter absoluto: comprende tanto el
asesoramientoextrajudicial como el patrocinio y la representación
en juicio, cualquiera que sea la jurisdicción en que tales funciones
se ejerzan.
d) Tampoco está permitido a los jueces nacionales el
desempeño de la docencia primaria o secundaria; pero sí, en
cambio, la participación en comisiones de estudio de carácter
honorario y el ejercicio de la docencia universitaria o de la
enseñanza superior equivalente, previa autorización de la autoridad
que ejerza la superintendencia (decreto-ley 1285/58, art. 9º). La
misma norma les prohíbe el desempeño de los cargos de rector de
universidad, decano de facultad o secretario de esas instituciones.
e) "A los jueces de la Nación —dice el art. 9º decreto-ley
1285/58— les está prohibido practicar juegos de azar o concurrir
210
habitualmente a lugares destinados a ellos, o ejecutar actos que
comprometan la dignidad del cargo".
asignado no comporte una disminución jerárquica (CSN, Fallos,
201-245).
f) "No podrán ser, simultáneamente, jueces del mismo tribunal
colegiado, parientes o afines dentro del cuarto grado civil. En caso
de afinidad sobreviniente, el que la causare abandonará el cargo"
(decreto-ley 1285/58, art. 8º).
c) Aparte de consagrar la garantía de inamovilidad el art. 110 de
la Constitución Nacional dispone que los jueces nacionales
"recibirán por sus servicios una compensación que determinará la
ley, y que no podrá ser disminuida en manera alguna, mientras
permaneciesen en sus funciones". Agrega, al respecto, el art. 2º del
decreto-ley 1285/58, que la "compensación será uniforme para
todos los jueces de una misma instancia, cualquiera sea el lugar
donde desempeñen sus funciones".
76. Garantías
a) Como manera de asegurar la independencia de los jueces
respecto de los otros poderes del Estado, cuentan aquéllos con dos
garantías: la inamovilidad y la intangibilidad de sus retribuciones.
b) La inamovilidad significa, en términos generales, que los
jueces no pueden ser separados de sus cargos o cesar en el
ejercicio de sus funciones sino cuando median algunas de las
circunstancias específicamente previstas por la Constitución o por
la ley. Según los principales sistemas conocidos, tales
circunstancias pueden consistir en el vencimiento del período para
el cual fueron designados (constituciones de Catamarca, Jujuy, La
Rioja, etc.), en el cumplimiento de cierta edad (legislación europea
en general y de algunos países americanos, como Uruguay y
Nicaragua), o en el propio comportamiento de los magistrados,
previamente calificado mediante un proceso de responsabilidad. A
raíz de la reforma que se introdujo en 1994 a la CN, ésta ha venido
a consagrar un sistema mixto en tanto establece, por un lado, que
los jueces nacionales "conservarán sus empleos mientras dure su
buena conducta" (art. 110), pudiendo solamente ser removidos de
sus cargos mediante el llamado juicio político (arts. 53, 59 y 115) y,
por otro lado, como se vio en el nº 72, prevé la caducidad y
duración limitada de las designaciones en función del cumplimiento
de determinada edad.
La garantía de la inamovilidad comprende, además, el derecho
de los jueces a no ser trasladados, sin su conformidad, a otra
circunscripción territorial, aun en el caso de que el nuevo destino
211
77. Sanciones
a) Sin perjuicio de la máxima sanción de que son pasibles —que
consiste en su remoción mediante previo proceso de
responsabilidad— los jueces pueden ser sancionados por los
tribunales superintendentes, a título de corrección disciplinaria, por
las faltas que cometieren en el desesmpeño de sus funciones, las
que son susceptibles de exteriorizarse en actos de irrespetuosidad
hacia los tribunales superiores, ofensivos al decoro de la
administración de justicia, y de negligencia en el cumplimiento de
sus deberes (cfr. ley 4055, art. 11; ley 1893, art. 103; ley 12.330,
art. 6º, etc.). El art. 16 del decreto-ley 1285/58 (con la
reforma introducida por las leyes 17.116, art. 5º; y 21.708, art. 3º)
establece que las faltas de los jueces podrán ser sancionadas con
prevención, apercibimiento y multa hasta determinada cantidad de
pesos, "sin perjuicio de lo dispuesto sobre enjuiciamiento y
remoción". La aplicación de tales sanciones corresponde a la Corte
Suprema respecto de los jueces de las cámaras de apelaciones y
de los de primera instancia, y a las cámaras con relación a estos
últimos, aunque es del caso recordar que en tanto el art. 114, inc. 4º
de la CN acuerda al Consejo de la Magistratura la atribución de
"ejercer facultades disciplinarias sobre magistrados" vino a
212
asignarle a ese organismo un área de competencia concurrente con
el que corresponde a la Corte y a las cámaras.
A tal fin el art. 14 de la ley 24.237 e igual disposición de su
correctiva 24.939 (sustituidos por el art. 10 de la ley 26.080)
acuerdan competencia a la Comisión de Disciplina y Acusación de
dicho Consejo para proponer al plenario de éste la aplicación de
sanciones disciplinarias a los magistrados, las que pueden consistir
en advertencia, apercibimiento y multa de hasta el 30% de sus
haberes, y se configuran a raíz de faltas vinculadas a la eficaz
prestación del servicio de justicia (v.gr., infracción a las normas
sobre incompatibilidades, faltas de consideración debidas a otros
magistrados,
abogados,
peritos, auxiliares
judiciales
o
litigantes, inasistencias reiteradas, etc.) siendo apelables por ante la
Corte Suprema.
b) Aparte de tales medidas disciplinarias, interesa recordar que
el art. 167, CPN sanciona con multa que no puede exceder del 15%
de su remuneración básica a los jueces de primera o
segunda instancia que no dictaren las sentencias definitivas dentro
del plazo legal o del que hubiese sido fijado a su pedido.
78. Responsabilidad
a) De acuerdo con el principio general establecido en el art.
1112 del derogado Cód. Civ. los jueces respondían ante los
tribunales ordinarios por los daños y perjuicios que pudieran
ocasionar en el desempeño de sus funciones. Pero la jurisprudencia
tiene decidido, en general, que ello estaba subordinado al previo
desafuero del juez por el tribunal político que tiene competencia
para juzgarlo y a la circunstancia de que este último haya calificado
la conducta del juez. Algunos ordenamientos autorizan a deducir la
pretensión de responsabilidad civil sin necesidad de suspensión o
remoción previa del magistrado (Cód. Proc. Mendoza, art. 2º; Const.
Santa Fe, art. 109, inc. 2º; y Ley Org. Trib. misma prov., art. 23, inc.
2º).
213
b) Los jueces pueden también incurrir en responsabilidad penal
en el caso de que su conducta encuadre en alguna de las hipótesis
contempladas por los arts. 257, 269, 270 y 273 del Cód. Penal.
También en este caso constituye presupuesto de la pretensión
penal el previo desafuero del juez, pero no es necesario, como en la
hipótesis de responsabilidad civil, que el tribunal que haya
decretado la separación se pronuncie sobre la conducta del juez
desde el punto de vista penal, porque la ley atribuye expresamente
esa función a los jueces ordinarios (ALSINA).
79. Remoción
a) Como se anticipara, los jueces nacionales de cualquier
jerarquía sólo pueden ser separados de sus cargos mediante el
procedimiento del juicio político (CN, arts. 53, 110 y 115), el cual
puede intentarse "por mal desempeño o por delito en el ejercicio de
sus funciones o por crímenes comunes"; debiendo incluirse, dentro
del concepto de "mal desempeño", todos aquellos casos que, sin
tipificar
una
conducta
delictiva,
importen
actitudes
o
hechos incompatibles con el adecuado ejercicio de la función
judicial (v.gr.: morosidad, negligencia, inhabilidad física o mental,
etc.).
De acuerdo con las pertinentes disposiciones constitucionales,
cuando se trata de miembros de la Corte Suprema, el derecho de
acusación corresponde a la Cámara de Diputados, la que
previamente debe declarar haber lugar a la formación de causa por
mayoría de dos terceras partes de sus miembros presentes (art.
53). Al Senado corresponde juzgar en juicio público (y con las
garantías procesales consiguientes) al acusado por la Cámara de
Diputados, debiendo sus miembros prestar juramento para este
acto. El acusado no podrá ser declarado culpable sino por mayoría
de los dos tercios de los miembros presentes (art. 59). Su fallo,
dispone el art. 60, no tendrá más efecto que destituir al acusado,
y aun declararle incapaz de ocupar ningún empleo de honor, de
confianza o a sueldo de la Nación. Pero la parte condenada
214
quedará, no obstante, sujeta a acusación, juicio y castigo, conforme
a las leyes, ante los tribunales ordinarios.
b) Si se trata, en cambio, de los jueces de los
tribunales inferiores de la Nación, la facultad de decidir la apertura
del procedimiento de remoción y de ordenar en su caso la
suspensión de aquéllos, así como la de formular la acusación
correspondiente incumbe al Consejo de la Magistratura (art.
114, inc. 5º).
La potestad de decidir la remoción pertenece en cambio a un
jurado de enjuiciamiento integrado por legisladores, magistrados y
un abogado de la matrícula federal (conforme a lo que dispone,
como se verá más abajo, la ley 24.937, modificada por la ley
26.080), mediante fallo que es irrecurrible y tiene el mismo efecto
que el previsto respecto del fallo del Senado en el art. 60.
Prescribe asimismo el art. 115, párr. 3º de la CN, que
corresponde archivar las actuaciones y, en su caso, reponer al juez
suspendido, si transcurren ciento ochenta días contados desde la
decisión de abrir el procedimiento de remoción sin que se haya
dictado el fallo.
El art. 22 de la ley 24.937 e igual norma de la ley
24.939 (sustituidos por el art. 14 de la ley 26.080) disponen, a su
turno, que el jurado de enjuiciamiento a que se refiere el art. 115 de
la CN estará integrado por siete miembros de acuerdo con la
siguiente composición: 1º) dos jueces de cámara, uno de ellos
perteneciente al fuero federal del interior de la República y el otro a
la Capital Federal. A tal efecto, se confeccionan dos listas,
una integrada con todos los camaristas federales del interior del
país y otra con los de la Capital Federal; 2º) cuatro legisladores, dos
por la Cámara de Senadores y dos por la Cámara de Diputados,
debiendo efectuarse dos listas por Cámara, una con los
representantes de la mayoría y la otra con los de la primera minoría;
y 3º) un abogado de la matrícula federal, debiendo confeccionarse
una lista con todos los abogados matriculados en el Colegio Público
de Abogados de la Capital Federal y en las cámaras federales
del interior del país que reúnan los requisitos para ser elegidos
jueces de la Corte Suprema de Justicia de la Nación.
215
Todos los miembros son elegidos por sorteo semestral público a
realizarse en los meses de diciembre y julio de cada año, entre las
listas de representantes de cada estamento.
Los arts. 25 a 27 de la ley 24.937 (según la versión incorporada
por la ley 26.080), reglamentan el procedimiento aplicable, que
debe ser oral y público y asegurar el derecho de defensa del
acusado. Producida la prueba y los informes finales, el jurado debe
resolver en un plazo no superior a veinte días, debiendo el fallo que
decida la destitución emitirse con mayoría de dos tercios de sus
miembros.
De conformidad con lo dispuesto en el art. 53 de la CN,
constituyen causales de remoción el mal desempeño, la comisión
de delito en el ejercicio de sus funciones y los crímenes comunes.
Se considerarán causales de mal desempeño las siguientes: a)
el desconocimiento inexcusable del derecho;b) el incumplimiento
reiterado de la Constitución Nacional, normas legales o
reglamentarias; c) la negligencia grave en el ejercicio del cargo; d)
la realización de actos de manifiesta arbitrariedad en el ejercicio de
sus funciones; e) los graves desórdenes de conducta personales; f)
el abandono de sus funciones; h) la aplicación reiterada de
sanciones disciplinarias; e i) la incapacidad física o psíquica
sobreviniente para ejercer el cargo (art. 25 de la ley
24.937, segundo párrafo incorporado por el art. 17 de la ley 26.080).
80. Recusación y excusación
a) Llámase recusación al remedio legal de que los litigantes
pueden valerse para excluir al juez del conocimiento de la causa, en
el supuesto de que las relaciones o actitudes de aquél con alguna
de las partes o con la materia del proceso sean susceptibles de
poner en duda la imparcialidad de sus decisiones. Laexcusación
tiene lugar, en cambio, cuando concurriendo las mencionadas
circunstancias, el juez se inhibe espontáneamente de conocer en el
juicio.
216
b) El CPN admite, sin embargo, la facultad de recusar a los
jueces sin expresarse causa alguna para ello, consagrando de tal
manera un principio que si bien puede afectar en cierta medida la
celeridad de los juicios, representa muchas veces una verdadera
garantía para el litigante, particularmente cuando, pese a mediar
una causa legal de recusación, la prueba de los hechos pertinentes
resulta dificultosa o imposible. No obstante, el Código excluye la
posibilidad de plantear esta clase de recusación en el proceso
sumarísimo y en las tercerías, en el juicio de desalojo y en los
procesos de ejecución (art. 14, párr. 5º, modificado por la ley
25.488).
La facultad de recusar sin expresión de causa debe ejercerse,
por el actor, al entablar la demanda o en su primera presentación; y
por el demandado en su primera presentación antes o al tiempo de
contestar la demanda, o de oponer excepciones en el juicio
ejecutivo, o de comparecer a la audiencia señalada como primer
acto procesal (art. 14).
Aunque la ley se refiere al actor y al demandado, también
pueden recusar sin causa quienes lleguen a adquirir el carácter de
partes en el proceso, como ocurre con el tercero coadyuvante
cuya intervención hubiese sido admitida, o con el presunto
beneficiario de la transferencia de la locación cuya validez se
cuestiona en el juicio de desalojo.
Las partes pierden la facultad de recusar sin causa cuando no
hacen uso de ella al cumplir cualquier acto procesal anterior a la
presentación de la demanda o de la contestación (lo cual ocurriría,
por ejemplo, si el actor se hubiese abstenido de recusar en
oportunidad de solicitar el diligenciamiento de una medida
preparatoria de la demanda, o el demandado hubiese adoptado
igual actitud al deducir excepciones previas en el proceso
ordinario). Corresponde aclarar, asimismo, y así lo hace el art. 14
CPN, que si el demandado pierde la oportunidad de contestar la
demanda, de oponer excepciones en el juicio, o de comparecer a
la audiencia preliminar del proceso (como es, por ejemplo, la
prevista en el art. 630 CPN respecto del juicio de alimentos), no
podrá ejercer en adelante la facultad de recusar sin causa.
Con excepción de los procesos sumarísimos y de las tercerías,
esta clase de recusación es admisible en cualquier clase de
procesos, sean contenciosos o voluntarios. En el juicio sucesorio,
v.gr., pueden recusar sin causa los herederos que han acreditado el
vínculo.
De acuerdo con lo dispuesto en el art. 15 CPN la facultad de
recusar sin causa puede usarse una vez en cada caso. La norma
agrega, consagrando la solución establecida por numerosos
precedentes judiciales anteriores a su vigencia, que cuando son
varios los actores o los demandados (litisconsorcio), sólo uno de
ellos puede ejercerla.
Deducida la recusación sin expresión de causa, el juez recusado
debe inhibirse y pasar las actuaciones, dentro del primer día hábil
siguiente, al juez que le sigue en el orden del turno, sin que por ello
se suspenda el trámite, los plazos, ni el cumplimiento de las
diligencias ya ordenadas (CPN, art. 16). La recusación sin causa,
por lo tanto, determina el inmediato desprendimiento de los autos
por parte del juez recusado y su envío al juez que sigue en orden
del turno, sin que el primero pueda, bajo pena de nulidad, producir
actuación alguna en elexpediente, como no sea proveer sobre la
recusación. El juez recusado, sin embargo, tiene facultades
paraexaminar la oportunidad de la recusación y el carácter de
parte de quien la deduce. En consecuencia, puede desestimar la
recusación deducida fuera de las oportunidades antes
mencionadas, o por quien no reviste la calidad de parte.
Corresponde agregar que la ley 22.434, receptando un criterio
jurisprudencial firmemente consolidado,introdujo al art. 16 CPN un
párrafo en virtud del cual "si la primera presentación del demandado
fuere posterior a los actos indicados en el segundo párrafo del art.
14, y en ella promoviere la nulidad de los procedimientos recusando
sin expresión de causa, dicha nulidad será resuelta por el juez
recusado". Esta solución se justifica porque, frente al supuesto de
que la nulidad prospere, la retrogradación del procedimiento que
aquélla lleva aparejada debe necesariamente producirse hasta la
etapa en la cual el demandado pudo ejercer válidamente la facultad
de recusar. En otras palabras, dependiendo del resultado de la
impugnación determinar si la recusación fue o no oportuna, es
razonable conferir al propio juez recusado la potestad de
pronunciarse acerca de la procedencia de dicha impugnación.
217
218
c) También puede ser recusado sin expresión de causa un juez
de las cámaras de apelaciones, al día siguiente de la notificación de
la primera providencia que se dicte (CPN, art. 14, párr. 4º).
d) En lo que respecta a la recusación con expresión de causa —
a la que son aplicables los mismos principios que se terminan de
enunciar en cuanto a quiénes pueden deducirla—, el art. 17 CPN
contempla las siguientes circunstancias que autorizan a plantearla:
1º) El parentesco por consanguinidad dentro del cuarto grado y
segundo de afinidad con alguna de las partes, sus mandatarios o
letrados.
2º) Tener el juez o sus consanguíneos o afines dentro del
grado expresado en el inciso anterior, interés en el pleito o en otro
semejante, o sociedad o comunidad con algunos de los litigantes,
procuradores o abogados, salvo que la sociedad fuese anónima.
3º) Tener el juez pleito pendiente con el recusante.
4º) Ser el juez acreedor, deudor o fiador de alguna de las partes,
con excepción de los bancos oficiales.
5º) Ser o haber sido el juez autor de denuncia o querella contra
el recusante, o denunciado o querellado por éste con anterioridad a
la iniciación del pleito.
6º) Ser o haber sido el juez denunciado por el recusante en los
términos de la ley de enjuiciamiento de magistrados, siempre que la
Corte Suprema hubiere dispuesto dar curso a la denuncia (aunque
en la actualidad la causal debe entenderse referida al requisito de
que la Cámara de Diputados de la Nación o el Consejo de la
Magistratura, según se trate respectivamente de magistrados de la
Corte Suprema o de los tribunales inferiores, hayan declarado
haber lugar a la formación de causa).
7º) Haber sido el juez defensor de alguno de los litigantes o
emitido opinión o dictamen o dado recomendaciones acerca del
pleito, antes o después de comenzado. Las circunstancias
descriptas en esteinciso configuran la causal corrientemente
llamada de "prejuzgamiento", en cuya virtud procede apartar del
conocimiento de la causa al juez que, sea como apoderado, letrado,
219
perito o funcionario judicial, hayaexteriorizado su opinión acerca de
la forma de resolver las cuestiones debatidas en aquélla.
La norma no es aplicable, según la jurisprudencia, con respecto
a las opiniones expresadas por los jueces en sus sentencias, sobre
los puntos cuya dilucidación requirieron los juicios en que fueron
dictadas, aun en el supuesto de que se plantearan nuevamente
cuestiones idénticas o análogas a las ya resueltas, o las opiniones
abstractas, vertidas en trabajos de índole teórica. Tampoco con
relación a las decisiones que no recaigan sobre la cuestión de
fondo debatida en el pleito, como son, por ejemplo, las que se
pronuncian sobre la admisión o rechazo de una medida cautelar.
8º) Haber recibido el juez beneficios de importancia de alguna
de las partes.
9º) Tener el juez con alguno de los litigantes amistad que se
manifieste por gran familiaridad o frecuencia en el trato.
10) Tener contra el recusante enemistad, odio o resentimiento,
que se manifieste por hechos conocidos. En ningún caso procederá
la recusación por ataques u ofensas inferidas al juez después que
hubiere comenzado a conocer del asunto.
e) En cuanto a la oportunidad de la recusación con causa, el
CPN determina que ella debe plantearse en las mismas
oportunidades previstas para la recusación sin expresión de causa,
salvo que la causal seasobreviniente, en cuyo caso puede hacerse
valer dentro de quinto día de haber llegado a conocimiento del
recusante y antes de quedar el expediente en estado de sentencia
(art. 18).
f) La recusación debe deducirse ante el juez recusado, o ante la
Corte Suprema o cámara de apelaciones respectiva, cuando lo
fuese de uno de sus miembros (CPN, art. 20), pero la procedencia
de aquélla no puede, en ningún caso, ser decidida por el juez
recusado, sino, como se verá, por el tribunal jerárquicamente
superior (cámara de apelaciones) si se trata de un juez de
primera instancia o por el mismo tribunal a que pertenece si se trata
de un juez de cámara o de Corte.
El incidente de recusación se inicia mediante un escrito en el
cual la parte que recusa debe expresar la causa de la recusación, y
220
proponer y acompañar, en su caso, toda la prueba de que intenta
valerse (CPN, art. 20). Los testigos ofrecidos no pueden exceder de
tres (art. 24, párr. 2º).
El tribunal competente para conocer de la recusación (cámara
de apelaciones o Corte Suprema, según los casos), se halla
habilitado para desecharla, sin darle curso, cuando en el escrito no
se alegase concretamente alguna de las causales previstas por la
ley, la invocada fuere manifiestamente improcedente, o el recusante
se hubiese presentado fuera de las oportunidades anteriormente
referidas (CPN, art. 21).
Cuando la recusación se deduce contra un juez de
primera instancia, conoce de ella la cámara de apelaciones
respectiva (CPN, art. 19, párr. 2º). Abierto el incidente de
recusación mediante la presentación del escrito correspondiente, el
juez recusado debe, dentro de los cinco días, remitir a la cámara
dicho escrito con uninforme sobre las causas alegadas, y pasar
el expediente principal al juez que sigue en el orden del turno o,
donde no lo hubiere, al subrogante legal (v.gr., secciones servidas
por un solo juez federal) para que continúe su sustanciación (CPN,
art. 26). El trámite del incidente de recusación no suspende, por lo
tanto, los procedimientos del juicio, que continúa sustanciándose
ante el juez subrogante.
El procedimiento ante la cámara (sin perjuicio de la facultad que
a ésta otorga el citado art. 21), varía según que del informe elevado
por el juez resultare la exactitud de los hechos, o éstos hubiesen
sido negados. En el primer caso se tendrá al juez por separado de
la causa; en el segundo, se recibirá el incidente a prueba por el
plazo de diez días o la ampliación que corresponda según la
distancia, vencido el cual se agregarán las pruebas producidas, se
dará vista al juez recusado y se resolverá el incidente dentro de
cinco días de contestada aquélla o vencido el plazo para hacerlo
(CPN, arts. 24, 25 y 27). Cabe puntualizar, sin embargo,
que aun cuando el juez haya reconocido la exactitud de los hechos
alegados como fundamento de la recusación, la cámara puede
desestimarla si considera que tales hechos no encuadran en alguna
de las causales previstas por la ley.
juez recusado. Si fuese admitida, los autos quedan radicados ante
el juez subrogante con noticia al juez recusado, aun cuando con
posterioridad desaparezcan las causas que la originaron (CPN, art.
28).
h) Cuando la recusación se deduzca contra uno de los jueces de
la Corte Suprema o de las cámaras de apelaciones, aquélla debe
serle comunicada a fin de que informe sobre las causas alegadas
(CPN, art. 22). Si el recusado reconociese los hechos se lo tendrá
por separado de la causa (sin perjuicio de la facultad de apreciación
precedentemente mencionada); si los negase, se procederá a
sustanciar el incidente, que tramitará en expediente por separado
en la forma más arriba descripta (CPN, art. 23). Conocen de la
recusación los jueces que quedan hábiles, debiendo integrarse el
tribunal, si correspondiese, en la forma prescripta por la ley
orgánica y el RJN (CPN, art. 19).
Si se hace lugar a la recusación, siguen conociendo en la causa
el o los integrantes o sustitutos legales que hubiesen resuelto
el incidente (CPN, art. 28, párr. 3º).
i) A título de sanción contra el litigante que se vale de la
recusación como instrumento meramente dilatorio, dispone el art.
29 CPN, que desestimada una recusación con causa, se aplicarán
las costas y una multa de hasta cierta suma por cada recusación, si
ésta fuere calificada de maliciosa por la resolución desestimatoria.
g) Si la recusación fuese desechada, corresponde hacer saber
la resolución al juez subrogante a fin de que devuelva los autos al
j) "Todo juez que se hallare comprendido en alguna de las
causas de recusación mencionadas en el artículo 17 —dice el art.
30
CPN—
deberá excusarse.
Asimismo
podrá
hacerlo
cuando existan otras causas que le impongan abstenerse de
conocer en el juicio, fundadas en motivos graves de decoro o
delicadeza. No será nunca motivo de excusación el parentesco con
otros funcionarios que intervengan en el cumplimiento de sus
deberes".
Las partes no pueden oponerse a la excusación ni dispensar las
causales invocadas. En el supuesto de que el juez que sigue en el
orden del turno entienda que aquélla no procede, corresponde
formar incidente por separado y remitirlo sin más trámite al tribunal
de alzada, sin que ello paralice la sustanciación de la causa. Si
laexcusación es aceptada, el expediente queda radicado en el
221
222
juzgado
que
corresponde, aun cuando
con
posterioridad
desaparezcan las causas que la originaron (CPN, art. 31). El art. 32
del Código, finalmente, establece que incurrirá en la causal de "mal
desempeño", en los términos de la ley de enjuiciamiento de
magistrados (actualmente de conformidad con los arts. 53 y 115 de
la CN), el juez a quien se probare que estaba impedido de entender
en el asunto y haya dictado en él resolución que no sea de mero
trámite.
§ III. EL MINISTERIO PÚBLICO(4)
81. Concepto, caracteres y composición
a) Denomínase Ministerio Público al conjunto de funcionarios a
quienes se halla confiada, como misión esencial, la defensa
de intereses vinculados al orden público y social.
Sus miembros integran una magistratura especial, distinta
y autónoma con respecto a la de los jueces y tribunales, con
quienes colaboran en la función de administrar justicia, pero de
cuyos poderes decisorios carecenaunque, en materia penal, las
leyes reconocen al Ministerio Público (fiscal) ciertas potestades
ordenatorias einstructorias.
Por ello se dice que frente a la función juzgadora que ejercen,
como regla, los órganos judiciales, a losintegrantes del Ministerio
Público incumbe
el
cumplimiento
de
la
llamada
función requirente, la cual se manifiesta a través de la interposición
de cierta clase de pretensiones, de la defensa de determinadas
personas y del control que deben ejercer con respecto a la
observancia de normas que interesan al orden público.
223
El art. 120 de la CN, de acuerdo con la reforma promulgada en
1994,
dispone
que
"el
Ministerio
Público
es
un
órgano independiente
con autonomía
funcional
y autarquía
financiera, que tiene por función promover la actuación de la justicia
en defensa de la legalidad, de los intereses generales de la
sociedad, en coordinación con las demás autoridades de la
República", agregando que "está integrado por un procurador
general de la Nación y un defensor general de la Nación y los
demás miembros que la ley establezca", y que "sus miembros
gozan
deinmunidades
funcionales
e intangibilidad
de
remuneraciones".
De tal suerte se ha colocado al Ministerio Público entre los
órganos denominados "extrapoder" en tanto no se lo incorpora al
Poder Judicial ni se lo subordina —como ocurría con anterioridad—
al Poder Ejecutivo. Se le otorgó asimismo una jefatura bicéfala
ejercida por el procurador general de la Nación en su calidad de
máximo responsable del ministerio fiscal y del defensor general de
la Nación como cabeza del ministerio pupilar, concebido, en
términos generales, como el conjunto de funcionarios encargados
de la defensa de los incapaces, de personas con capacidad
restringida, pobres y ausentes.
Conforme a lo prescripto en el art. 1º in fine de la ley orgánica nº
24.946 el Ministerio Público posee asimismo una organización
jerárquica que, por un lado, exige que cada uno de sus miembros
controle el desempeño de sus inferiores y de quienes los asisten y,
por otro lado, fundamenta las facultades y las responsabilidades
disciplinarias que la ley reconoce a los distintos magistrados o
funcionarios que lo integran.
b) Luego de determinar, conforme al ya citado texto
constitucional, que el Ministerio Público está compuesto por el
Ministerio Público Fiscal y el Ministerio Público de la Defensa (art.
2º), la ley 24.946 dispone, en su art. 3º, que el primero
está integrado por: a) el Procurador general de la Nación; b) los
procuradores fiscales ante la Corte Suprema y el Fiscal nacional
de investigaciones administrativas; c) los fiscales generales ante los
tribunales colegiados de casación, de segunda instancia y
de instancia única, los de la Procuración General de la Nación y los
de investigaciones administrativas; d) los fiscales generales
224
adjuntos ante los tribunales y de los organismos enunciados en
el inc. c); e) los fiscales ante los jueces de primera instancia, los
fiscales de la Procuración General de la Nación y los fiscales
de investigaciones administrativas; f) los fiscales auxiliares de las
fiscalías de primera instancia y de la Procuración General de la
Nación.
El Ministerio Público de la Defensa está a su turno integrado, de
acuerdo con lo prescripto en el art. 4º de la ley citada por: a) el
Defensor general de la Nación; b) los defensores oficiales ante
la Corte Suprema; c) los defensores públicos de menores
e incapaces ante los tribunales de segunda instancia, de casación y
ante los tribunales orales en lo criminal y de sus adjuntos, y los
defensores públicos oficiales ante la Cámara Nacional de Casación
Penal y sus adjuntos, ante los tribunales orales en lo criminal y sus
adjuntos, de primera y segundainstancia del interior del país, ante
los tribunales federales de la Capital Federal y los de la Defensoría
General de la Nación; d) los defensores públicos de menores
e incapaces adjuntos de segunda instancia, y los defensores
públicos oficiales adjuntos de la Defensoría General de la
Nación; e) los defensores públicos de menores eincapaces de
primera instancia y los defensores públicos oficiales ante los jueces
y cámaras de apelaciones; y f) los defensores auxiliares de la
Defensoría General de la Nación. Integran asimismo el Ministerio
Público de la Defensa, en calidad de funcionarios, los tutores y
curadores públicos cuya actuación también regula la ley más arriba
citada.
c) Los integrantes del Ministerio Público pueden excusarse o ser
recusados por las causales que, a su respecto, prevean las normas
procesales (ley citada, art. 10). De tal suerte debe reputarse
implícitamente derogado el art. 33 del CPN en cuanto vedaba la
recusación de esos funcionarios.
82. Designación, incompatibilidades, inmunidades,
responsabilidad disciplinaria y remoción
225
a) El Procurador y el Defensor general de la Nación son
designados por el Poder Ejecutivo con acuerdo del Senado por dos
tercios de sus miembros presentes, al paso que para designar a los
restantes magistrados que se mencionan en los arts. 3º y 4º de
la ley 24.946, el Procurador o el Defensor general de la Nación, en
su caso, deben presentar al Poder Ejecutivo —previa realización de
un concurso público de oposición y antecedentes— una terna de
candidatos de la cual aquél elegirá uno cuyo nombramiento
requerirá el acuerdo de la mayoría simple de los miembros
presentes del Senado (ley 24.946,arts. 5º y 6º).
Los requisitos exigidos para la designación o, en su caso, para
presentarse a concurso, guardan sustancial equivalencia con los
establecidos respecto de los jueces (supra, nº 72), y atienden, en lo
esencial, a la jerarquía del cargo o a la del órgano judicial ante el
cual los miembros del Ministerio Público ejercen sus funciones.
Hacenexcepción los fiscales auxiliares, a quienes sólo se les exige
la ciudadanía argentina, la mayoría de edad y tener dos años de
ejercicio efectivo en el país de la profesión de abogado o de
cumplimiento, por igual término, de funciones en el Ministerio
Público o en el Poder Judicial nacional o provincial con dos años de
antigüedad en el título profesional (ley citada, art. 7º).
Rige asimismo para los magistrados y funcionarios del Ministerio
Público el límite de edad y la necesidad de nueva
designación, excedida aquélla, establecidas en relación con los
jueces (ley citada, art. 13).
b) Los integrantes del Ministerio Público se hallan alcanzados
por las mismas incompatibilidades establecidas respecto de los
jueces y no pueden ejercer las funciones inherentes a su cargo
quienes sean parientes dentro del cuarto grado de consanguinidad
o segundo de afinidad de los jueces ante quienes corresponda
ejercer su ministerio (ley citada, art. 9º).
c) Los magistrados de que se trata no pueden ser
arrestados excepto en el caso de ser sorprendidos en flagrante
delito; están exentos del deber de comparecer a prestar declaración
como testigos, pudiendo hacerlo por escrito, y no pueden ser
condenados en costas en las causas en que intervienen como tales.
226
d) En caso de incumplimiento de los deberes a su cargo, el
Procurador y el Defensor general de la Nación pueden imponer a
los magistrados que integran sus respectivas áreas las sanciones
disciplinarias de prevención, apercibimiento y multa de hasta el 20%
de sus remuneraciones mensuales. La misma atribuciónincumbe a
los fiscales y defensores respecto de los magistrados de
rango inferior que de ellos dependan.
Las mencionadas sanciones son recurribles administrativamente
y, agotada esta instancia, pueden impugnarse en sede judicial (ley
citada, art. 16).
Los jueces y tribunales, asimismo, se hallan facultados para
imponer a los miembros del Ministerio Público las mismas
sanciones disciplinarias que determinan las leyes para litigantes y
por iguales motivos (supra, nº 74), salvo la de arresto (ley citada,
art. 16).
e) Mientras que el Procurador y el Defensor general de la
Nación sólo pueden ser removidos por las causales y mediante el
procedimiento establecido en los arts. 53 y 59 de la CN, los
restantes magistrados del Ministerio Público pueden serlo por un
Tribunal de Enjuiciamiento. Dicho Tribunal, de conformidad con
la ley 25.909, estaráintegrado por siete (7) miembros: tres
designados respectivamente por el Poder Ejecutivo, por el Senado
y por la Corte Suprema de Justicia de la Nación, dos abogados de
la matrícula federal designados uno por la Federación Argentina de
Colegios de Abogados y otro por el Colegio Público de Abogados
de la Capital Federal y dos elegidos por sorteo: uno entre los
procuradores fiscales ante la Corte Suprema de Justicia de la
Nación o fiscales generales y otro entre los defensores oficiales
ante la Corte Suprema de Justicia de la Nación o defensores
públicos ante tribunales colegiados. La remoción dará lugar por las
causales de mal desempeño, grave negligencia o por la comisión
de delitos dolosos de cualquier especie, siendo la sentencia del
Tribunal de Enjuiciamiento recurrible por el fiscal o el imputado ante
la Cámara Nacional de Apelaciones en lo ContenciosoAdministrativo Federal.
227
83. El Ministerio Público Fiscal
a) Pese a los intentos que se han realizado para demostrar que
los orígenes remotos del ministerio fiscal se encuentran en ciertas
magistraturas del derecho romano imperial (curiosi, praefecti urbi,
defensores civitatis, advocati fisci, procuradores caesaris, etc.), o de
la legislación visigótica (saiones), la opinión mayoritaria reconoce
que la institución, con los caracteres sustanciales que reviste en la
actualidad, tuvo su origen en la organización judicial de la Francia
medieval. Inicialmente, en efecto, el Ministerio Público Fiscal se
hallaba representado por procuradores o abogados ordinarios a
quienes el rey confiaba la defensa de sus propiosintereses
patrimoniales y fiscales, cumpliendo aquéllos tales tareas sin
perjuicio de la atención de su clientela privada. La designación de
tales funcionarios obedeció a la necesidad de mantener la influencia
de la corona ante los tribunales, así como a la de defender sus
derechos y prerrogativas contra las pretensiones de los señores
feudales; pero más tarde, a raíz del fortalecimiento de la autoridad
real, los procuradores y abogados del rey se convirtieron en
verdaderos magistrados (los primeros en 1302 y los segundos en
1525), dejando así de atender los asuntos de clientes particulares y
añadiendo, a su primitiva función de defensa de los intereses
patrimoniales y fiscales del rey, la consistente en defender
los intereses generales de la sociedad y del Estado.
Posteriormente, en armonía con la evolución política que condujo al
establecimiento de un poder central cada vez más poderoso, esa
última función se convirtió en la única y exclusiva encomendada a
los miembros del Ministerio Público. El sistema fue recogido por las
sucesivas reglamentaciones de la institución (ordenanza de 1679,
ley de 16-24 de agosto de 1790, etc.), y es el que mantienen las
actuales leyes francesas.
Si bien la antigua legislación hispánica no contiene una
reglamentación específica de la institución, se considera como una
manifestación de ella al llamado Patronus fisci, que, según las
Partidas, tanto quier dezir en romance, como ome que es puesto
228
para razonar, e defender en juyzio, todas las cosas e los derechos
que pertenescen a la Cámara del Rey (Partida 4ª, título XVIII, ley
XII). Asimismo, la ley 1ª, título 5, del libro II de la Recopilación de
Leyes de Indias, mencionaba la existencia del Fiscal del Consejo de
Indias, cuyas funciones consisten en la defensa de la jurisdicción,
patrimonio y hacienda real, en la vigilancia del cumplimiento de las
leyes y en la protección y amparo de los indios y de "personas
pobres y miserables". Con análogas funciones a las de dicho
magistrado, el mismo ordenamiento instituye dos fiscales en las
Audiencias de Lima y de México (uno en lo civil y otro en lo
criminal), y uno en la de Buenos Aires.
Con respecto a los antecedentes en nuestro derecho
patrio, interesa recordar que los Reglamentos de Administración de
Justicia dictados en 1812 y 1813 instituyeron el cargo de "agente de
la Cámara", en reemplazo del Fiscal de la Audiencia, y que de aquél
deriva, luego de sucesivas transformaciones, la organización actual
del Ministerio Público Fiscal.
b) El Ministerio Público Fiscal se halla organizado en la forma y
con las atribuciones que se mencionarán a continuación:
Su más alto magistrado es el Procurador general de la Nación a
quien incumben, aparte de las funcionesinherentes a esa jefatura y
a la superintendencia que ejerce sobre los miembros del Ministerio
Público Fiscal (dictado de instrucciones generales, diseño de
políticas, delegación de funciones, relaciones con los poderes
Legislativo y Ejecutivo, aplicación de sanciones, promoción de
enjuiciamiento, etc.), los siguientes deberes y atribuciones: a)
dictaminar en los asuntos que tramitan ante la Corte Suprema
cuando se plantean causas en las que se pretenda suscitar la
competencia originaria prevista en el art. 117 de la CN; cuestiones
de competencia que deba dirimir la Corte; causas en las que ésta
entienda a raíz de recursos de apelación ordinaria, en las materias
previstas en el art. 24, inc. 6º, aparts. b) y c) del dec.-ley 1285/58 y
procesos en los que su intervención resulte de normas legales
específicas; causas en las que se articulen cuestiones federales
ante la Corte a efectos de dictaminar si corresponden a su
competencia extraordinaria y expedirse en todo lo concerniente a
losintereses que el Ministerio Público tutela; b) impulsar la acción
pública ante la Corte Suprema en los casos que corresponda y
229
dar instrucciones generales a los integrantes del Ministerio Público
Fiscal para que éstos ejerzan dicha acción en las
restantes instancias, con las atribuciones que prevé la ley,
e intervenir en las causas deextradición que lleguen por apelación a
dicho Tribunal (ley 24.946,art. 33).
Los procuradores fiscales ante la Corte Suprema, aparte de
asistir al Procurador general y de cumplir las directivas impartidas
por éste, poseen las funciones consistentes en: a) ejercer la acción
pública ante la Corte Suprema en aquellas causas en que así lo
resuelva el procurador general; b) sustituirlo en las causas
sometidas en su dictamen, cuando aquél así lo resuelva; c)
reemplazar a dicho magistrado en el caso de licencia,
recusación, excusación, impedimento o vacancia; d) informar al
procurador general sobre las causas en queintervienen; e)
colaborar con éste en su gestión de gobierno del Ministerio Público
Fiscal (ley citada, art. 35).
Aparte del cumplimiento de ciertas funciones administrativas y
consustanciales a la superintendencia que ejercen sobre los
fiscales que actúan en las instancias anteriores, los fiscales
generales ante los tribunales colegiados de casación,
segunda instancia y de instancia única tienen los siguientes
deberes y atribuciones: a) promover ante los tribunales en los que
se desempeñan el ejercicio de la acción pública o continuar ante
ellos laintervención que el Ministerio Público Fiscal hubiera tenido
en las instancias inferiores; b) desempeñar en el ámbito de su
competencia las funciones que la ley confiere a los fiscales ante la
primera instancia y promover las acciones públicas que
corresponda a fin de cumplir en forma efectiva con las funciones
asignadas al Ministerio Público Fiscal; c) dictaminar en las
cuestiones de competencia y dirimir los conflictos de esa índole que
se planteen entre los fiscales de las instancias inferiores y en todas
las causas sometidas a fallo plenario; d) peticionar la reunión de la
Cámara en pleno, para unificar la jurisprudencia contradictoria o
requerir la revisión de la jurisprudencia plenaria y participar en los
acuerdos generales del tribunal ante el que actúan, con voz pero sin
voto, cuando fueren invitados o lo prevean las leyes (ley citada, art.
37).
230
Los fiscales generales adjuntos ante los tribunales colegiados
precedentemente mencionados actúan en relación inmediata con
los fiscales generales ante dichos tribunales y tienen los siguientes
deberes y atribuciones: a) sustituir o reemplazar al fiscal general
titular en el ejercicio de la acción cuando por necesidades
funcionales éste así lo resuelva y en caso de licencia, excusación,
recusación, impedimento o vacancia; b)informar al fiscal general
titular respecto de las causas en que intervengan y asistirlo en el
ejercicio de sus funciones, en la medida de las necesidades del
servicio (ley citada, art. 38).
Los fiscales ante los jueces de primera instancia tienen, en
general, las facultades y deberes propios del Ministerio Público
Fiscal en el ámbito de su competencia por razón del grado,
debiendo realizar los actos procesales y ejercer todas las acciones
y recursos necesarios para el cumplimiento de los cometidos que le
fijen las leyes.
Deben asimismo intervenir en los procesos de amparo, de
hábeas corpus y de hábeas data y en todas las cuestiones de
competencia e imponer sanciones disciplinarias a los funcionarios y
empleados que de ellos dependan, en los casos y formas
establecidos por la ley y su reglamentación (ley citada, art. 39).
En particular, los fiscales ante la justicia de primera instancia en
lo criminal y correccional tienen los siguientes deberes y
atribuciones: a) promover la averiguación y enjuiciamiento de los
delitos y contravenciones que se cometieren y que llegaren a su
conocimiento por cualquier medio, velando para que en las causas
se respete el debido proceso legal, requiriendo para ello las
medidas necesarias ante los jueces o ante cualquier otra autoridad
administrativa, salvo aquellos casos en que por las leyes penales
no esté permitido obrar de oficio;b) hacerse parte en todas las
causas en que la acción pública criminal o contravencional fuese
procedente, ofreciendo pruebas, asistiendo al examen de testigos
ofrecidos en la causa y verificando el trámite de las otras pruebas
presentadas en el proceso; c) ejercitar todas las acciones y
recursos previstos en las leyes penales, contravencionales y de
procedimiento, cuidando de instarlos cuando se trate de prevenir o
de evitar una efectiva denegación de justicia; d) concurrir a las
cárceles y otros lugares de detención, transitoria o permanente a fin
de formar conocimiento y controlar la situación de los alojados en
ellos, así como para promover o aconsejar medidas tendientes a la
corrección del sistema penitenciario y dar cumplimiento a lo
dispuesto en el art. 18 de laCN (ley citada, art. 40).
Por su parte, los fiscales ante la justicia de primera instancia
federal y nacional de la Capital Federal, en lo civil y comercial,
contencioso-administrativo, laboral y de seguridad social, tienen los
siguientes deberes y atribuciones: a) hacerse parte en todas las
causas o trámites judiciales en que el interés público lo requiera de
acuerdo con el art. 120 de la CN, a fin de asegurar el respeto al
debido proceso, la defensa del interés público y el efectivo
cumplimiento de la legislación, así como para prevenir, evitar o
remediar daños causados o que puedan causarse al patrimonio
social, a la salud y al medio ambiente, al consumidor, a bienes o
derechos de valor artístico, histórico o paisajístico en los casos y
mediante los procedimientos que las leyes establezcan; b) ofrecer
pruebas en las causas y trámites en que intervengan y verificar la
regularidad de la sustanciación de las restantes ofrecidas o
rendidas en autos, para asegurar el respeto al debido
proceso; c) intervenir en las cuestiones de competencia y en todos
los casos en que se hallaren en juego normas o principios de orden
público (ley citada, art. 41).
Los fiscales auxiliares ante los tribunales de primera instancia, a
su turno, actúan en relación inmediata con dichos tribunales y
tienen las siguientes facultades y deberes: a) sustituir o reemplazar
al fiscal titular en el ejercicio de la acción cuando por necesidades
funcionales éste así lo resuelva y en caso de licencia, excusación,
recusación, impedimento o vacancia; b) informar al fiscal titular
respecto de las causas en que intervengan y asistirlo en el ejercicio
de sus funciones.
La Fiscalía de Investigaciones Administrativas forma parte del
Ministerio Público Fiscal como órgano dependiente de la
Procuración General de la Nación y está integrada por el Fiscal
nacional de Investigaciones Administrativas y demás magistrados
que la ley establece (ley citada, art. 43).
El Fiscal nacional de Investigaciones Administrativas tiene,
además de ciertas atribuciones que conciernen al gobierno de la
Fiscalía, los siguientes deberes y facultades: a) promover
231
232
la investigación de la conducta administrativa de los
agentes integrantes de la Administración nacional centralizada y
descentralizada, y de las empresas, sociedades y todo otro ente en
que el Estado tenga participación debiendo las investigaciones
realizarse
por
el
solo
impulso
de
la
Fiscalía; b)
efectuar investigaciones en toda institución o asociación que tenga
como principal fuente de recursos el aporte estatal, en caso de
sospecha razonable sobre irregularidades en lainversión dada a
esos recursos; c) denunciar ante la justicia competente los hechos
que, como consecuencia de las investigaciones practicadas, sean
considerados delitos, en cuyos casos las investigaciones de la
Fiscalía tienen el valor de la prevención sumaria, correspondiendo
el ejercicio de la acción pública a los fiscales competentes y sin
perjuicio de que, cuando éstos tengan un criterio contrario a la
prosecución de la acción, ésta sea ejercida por la Fiscalía; d)
asignar a los fiscales generales, fiscales generales adjuntos, y
fiscales,
lasinvestigaciones
que
resolviera
no
efectuar
personalmente (ley citada, art. 45).
84. El Ministerio Público de la Defensa(5)
a) Con anterioridad a la promulgación de la ley 24.946 el ahora denominado Ministerio Público de
la Defensa carecía, en el orden judicial de la llamada justicia ordinaria de la Capital Federal, de una
jefatura única y se hallaba dividido en dos ramas: el Ministerio Público de Menores e Incapaces y las
defensorías de pobres y ausentes. Mientras el primero —que reconoce origen en las ordenanzas
provisionales del Excelentísimo Cabildo, Justicia y Regimiento de la Ciudad de Buenos Aires del 21 de
octubre de 1814 y estaba integrado por los asesores de menores de primera instancia, de cámara y ante
los tribunales orales en lo criminal— intervenía en todo asunto judicial que interesara a la persona o
bienes de los menores de edad, dementes y demás incapaces, y entablaba en su defensa las acciones y
recursos necesarios, sea directa o juntamente con los representantes de aquéllos, a las defensorías de
pobres y ausentes incumbía, fundamentalmente, en materia civil y comercial, el patrocinio en juicio de
las personas que hubiesen obtenido el beneficio de litigar sin gastos, la representación y defensa de
losausentes con presunción de fallecimiento y de las personas cuyo nombre no se conociera o se
ignorara su domicilio y, en materia penal, la defensa de los imputados que no hubiesen designado
defensor de confianza.
233
Interesa añadir que si bien en la justicia federal los defensores
de pobres y ausentes desempeñaban también, en materia civil y
comercial, el ministerio de menores e incapaces, aquellos
funcionarios carecían de toda conexión con los asesores y
defensores que actuaban ante la justicia nacional con competencia
ordinaria y también, por consiguiente, de un superior jerárquico
común.
b) Con posterioridad a la vigencia de la ley 24.946, y conforme a
lo prescripto en el art. 120 de la CN, el Defensor general de la
Nación es el jefe máximo del Ministerio Público de la Defensa y
tiene fundamentalmente, además de las funciones inherentes a esa
calidad (dictado de instrucciones generales, promoción de políticas
tendientes a facilitar el acceso a la justicia de los sectores
discriminados, propuesta de ternas, promoción de enjuiciamientos,
coordinación de actividades con otras autoridades, aplicación de
sanciones, etc.), los siguientes deberes y atribuciones: a) ejercer
ante la Corte Suprema, en los casos que corresponda, las
facultades del Ministerio Público de la Defensa; b) delegar sus
funciones en los defensores oficiales ante dicho tribunal, de
conformidad con lo previsto en el art. 52; c) realizar todas las
acciones conducentes para la defensa y protección de los derechos
humanos, sin perjuicio de lo dispuesto por el art. 86 de la CN; d)
disponer fundadamente, de oficio o a pedido de cualquiera de los
magistrados que integran la defensa oficial, cuando la importancia o
dificultad de los asuntos la hagan aconsejable, la actuación
conjunta o alternativa de dos o más integrantes del Ministerio
Público de la Defensa, de igual o diferente jerarquía, respetando la
competencia en razón de la materia y del territorio, limitación que no
alcanza a los magistrados de la Defensoría General; e) asegurar en
todas lasinstancias y en todos los procesos en que se ejerza la
representación y defensa oficial la debida asistencia de cada una de
las partes con intereses contrapuestos, designando diversos
defensores cuando así lo exija la naturaleza de las pretensiones de
las partes; f) asegurar en todas las instancias y en todos los
procesos con menores e incapaces la separación entre las
funciones correspondientes a la defensa promiscua o conjunta del
defensor de menores e incapaces y la defensa técnica que, en su
caso, pueda corresponder al defensor oficial;g) patrocinar y asistir
234
técnicamente, en forma directa o delegada, ante los
organismos internacionales que corresponda, a las personas que lo
soliciten (ley citada, art. 51).
Los defensores oficiales ante la Corte Suprema, aparte de asistir
al Defensor general en las funciones que éste les encomiende,
tienen los deberes y atribuciones consistentes en: a) sustituir o
reemplazar al Defensor general en las causas sometidas a
su intervención o dictamen cuando por necesidades funcionales
éste así lo resuelva y en caso de licencia, excusación, impedimento
o vacancia; b) informar al Defensor general respecto de las causas
en que intervengan; c) desempeñar las demás funciones que les
encomienden las leyes y reglamentos (ley citada, art. 53).
Los defensores públicos de menores e incapaces en
las instancias y fueros en que actúen, tienen los siguientes deberes
y atribuciones: a) intervenir, en los términos del art. 59 del Código
Civil (hoy, pautas del art. 103 del Cód. Civ. y Com.) en todo asunto
judicial o extrajudicial que afecte la persona o bienes de los
menores oincapaces, y entablar en defensa de éstos las acciones y
recursos pertinentes, ya sea en forma autónoma o junto con sus
representantes necesarios; b) asegurar la necesaria intervención
del Ministerio Público de la Defensa de los Menores e Incapaces,
en las cuestiones judiciales suscitadas ante los tribunales de las
diferentesinstancias, en toda oportunidad en que se encuentre
comprometido el interés de la persona o los bienes de los menores
o incapaces, emitiendo el correspondiente dictamen; c) promover
o intervenir en cualquier causa o asunto y requerir todas las
medidas conducentes a la protección de la persona y bienes de los
menores,incapaces e inhabilitados, de conformidad con las leyes
respectivas cuando carecieran de asistencia o representación legal;
fuere necesario suplir la inacción de sus asistentes o
representantes legales, parientes o personas que los tuviesen a su
cargo; o hubiere que controlar la gestión de estos últimos; d)
asesorar a menores e incapaces, inhabilitados y penados bajo el
régimen del art. 12 del Código Penal, así como también a sus
representantes necesarios, sus parientes y otras personas que
puedan resultar responsables por los actos de los incapaces, para
la adopción de todas aquellas medidas vinculadas a la protección
de éstos; e) requerir a lasautoridades judiciales la adopción de
medidas
tendientes
a
mejorar
la
situación
de
los
menores, incapaces einhabilitados, así como de los penados que se
encuentren bajo la curatela del art. 12 del Código Penal, cuando
tomen conocimiento de malos tratos, deficiencias y omisiones en la
atención que deben dispensarles sus padres, tutores o curadores o
las personas o instituciones a cuyo cuidado se encuentren,
pudiendo en su caso por sí solos tomar medidas urgentes propias
de la representación promiscua que ejercen; f) peticionar a
lasautoridades judiciales la aplicación de las medidas pertinentes
para la protección integral de los menores eincapaces expuestos
por cualquier causa a riesgos inminentes y graves para su salud
física o moral, conindependencia de su situación familiar o
personal; g) concurrir con la autoridad judicial en el ejercicio del
patronato del Estado nacional, con el alcance que establece la ley
respectiva, y desempeñar las funciones y cumplir los deberes que
les incumben de acuerdo con la ley 22.194, sobre internación
y externación de personas (también, a la luz de la ley de Salud
Mental 26.657), y controlar que se efectúen, al Registro
de incapaces, las comunicaciones pertinentes; h) emitir dictámenes
en los asuntos en que sean consultados por los tutores o curadores
públicos; i) inspeccionar periódicamente los establecimientos
de internación, guarda, tratamiento y reeducación de menores
e incapaces,
sean
públicos
o
privados,
debiendo
mantener informados a la autoridad judicial y, por la vía jerárquica
correspondiente, al Defensor general de la Nación, sobre el
desarrollo de las tareas educativas y de tratamiento social y médico
propuestas para cada internado, así como el cuidado y atención
que se les otorgue; k) poner en conocimiento de la autoridad judicial
competente las acciones y omisiones de los jueces, funcionarios o
empleados de los tribunales de justicia que consideren susceptibles
de sanción disciplinaria y requerir su aplicación; l) responder los
pedidos de informes del defensor general; m) imponer sanciones
disciplinarias a los magistrados, funcionarios y empleados que de
ellos dependan, en los casos y formas establecidos en la ley y su
reglamentación (ley citada, art. 54).
Por su parte, los defensores públicos de menores e incapaces
ante los tribunales de casación y de segundainstancia, cuando no
hubieren sido designados para actuar también en primera instancia,
235
236
tienen, sin perjuicio de sus atribuciones de orden administrativo, las
siguientes competencias especiales: a) desempeñar en el ámbito
de su competencia las funciones que la ley confiere a los
defensores públicos de menores e incapaces ante la
primera instancia y promover o continuar las acciones que
correspondan a fin de cumplir en forma efectiva con las funciones
asignadas al Ministerio Público de la Defensa de Menores e
Incapaces; b) promover acciones en forma directa en las instancias
anteriores sólo por razones de urgencia que se tendrán que fundar
debidamente en cada caso; c) dictaminar en las causas sometidas
a fallo plenario cuando la cuestión se refiera al derecho de los
menores e incapaces; d) dirimir los conflictos de turno y
competencia que se planteen entre los defensores de menores
e incapaces de las instancias anteriores (ley citada, art. 55).
Corresponde añadir que los jueces federales y nacionales de la
Capital Federal deben designar, en los procesos judiciales, tutores
o
curadores
públicos
de
aquellos
menores, incapaces
o inhabilitados que sean huérfanos o se encuentren abandonados,
lo que no impide la designación de tutores o curadores privados
cuando los jueces hallen personas que reúnan las condiciones
legales de idoneidad necesarias para desempeñar tales cargos (ley
citada, art. 58).
Dichos funcionarios tienen las atribuciones previstas en los
títulos VII a XIV de la Sección II de Libro I delCódigo Civil, sin
perjuicio de las demás propias de la naturaleza de su cargo y las
que les encomiende el Defensor general de la Nación.
Especialmente deben: a) cuidar de las personas de los
menores, incapaces oinhabilitados asignados a su cargo,
procurando que los primeros sean instruidos para que puedan, en
su momento, acceder a una profesión, arte, oficio o actividad útil, y
en el caso de quienes padezcan enfermedades mentales,
toxicomanías o alcoholismo, procurar su restablecimiento y pedir,
cuando corresponda, su rehabilitación; b) ejercer la representación
legal de los incapaces que han sido confiados a su cargo, asistir a
losinhabilitados, cuidar las personas de ambos así como también su
patrimonio y proveer, cuando corresponda, a su adecuada
administración; c) ejercer la defensa de las personas sin bienes en
el carácter de curadores provisionales en los procesos de
declaración de incapacidad e inhabilitación y representarlos en los
restantes procesos que pudieren seguirse contra ellas según el
régimen de la ley procesal y en las mismas condiciones, tratándose
de personas sin parientes ni responsables de ellas, ejercer su
curatela definitiva; d) aplicar correctivos a sus pupilos en los
términos que lo permite el ejercicio de la patria potestad; e)
proceder de oficio yextrajudicialmente en la defensa de las
personas o intereses puestos a su cuidado, tanto en el ámbito de la
actividad privada como frente a la Administración pública; f) ejercer
la defensa de las personas internadas en los términos del art. 482
del derogado Código Civil (hoy, aplicación de las figuras de la ley de
Salud Mental 26.657), tanto en lo personal como en lo patrimonial,
gestionando tratamientos adecuados, así como también los
amparos patrimoniales que puedan corresponder; g) citar y hacer
comparecer a su despacho a cualquier persona, cuando a su juicio
ello sea necesario a fin de requerirle explicaciones para responder
sobre cargos que se les formulen por tratamientos incorrectos o la
omisión de cuidado respecto de los menores, incapaces
o inhabilitados que se hallen a su cargo, o por cualquier otra causa
vinculada con el cumplimiento de su función; h) concurrir
periódicamente a los establecimientos en donde se hallen alojadas
las personas a su cargo e informar al juez y al defensor público
sobre el estado y cuidado de aquéllos, debiendo efectuar las
gestiones que consideren convenientes para mejorarlos; i)
mantener informado al defensor de menores e incapaces de
primera instancia sobre las gestiones y asuntos que se encuentren
a su cargo y responder a cualquier requerimiento que éste les
formule (ley citada, art. 59).
Por su parte los defensores públicos oficiales, en las instancias
y fueros en que actúen, deben, aparte de las funciones
administrativas que les conciernen respecto del Defensor general y
de los magistrados, funcionarios y empleados que de ellos
dependan, proveer lo necesario para la defensa de la persona y los
derechos de los justiciables toda vez que sea requerida en las
causas penales, y en otros fueros cuando aquéllos fuesen pobres o
estuviesen ausentes a cuyo fin, sin perjuicio de las demás funciones
que les encomiende el Defensor general de la Nación tienen los
siguientes deberes y atribuciones: a) ejercer la defensa y
237
238
representación en juicio, como actores o demandados, de
quienes invoquen y justifiquen pobreza o se encuentren ausentes
en ocasión de requerirse la defensa de sus derechos; b) ejercer la
defensa de los imputados en las causas que tramitan ante la justicia
en lo criminal y correccional, en los supuestos en que se requiera
conforme a lo previsto por el Código Procesal Penal de la Nación
teniendo, en el cumplimiento de esta función, el deber de entrevistar
periódicamente a sus defendidos, y de informarles sobre el trámite
procesal de su causa; c) con carácter previo a la promoción de un
proceso, en los casos, materias y fueros que corresponda, intentar
la conciliación y ofrecer medios alternativos a la resolución de
conflictos debiendo en su caso presentar al tribunal los acuerdos
alcanzados para su homologación; d) arbitrar los medios para hallar
a los demandados ausentes, debiendo cesar en suintervención
cuando notifiquen personalmente al interesado de la existencia del
proceso y en los demás supuestos previstos por la ley procesal; e)
contestar las consultas que les formulen personas carentes de
recursos y asistirlas en los trámites judiciales pertinentes,
oponiendo las defensas y apelaciones en los supuestos que a su
juicio correspondan y patrocinarlas para la obtención del beneficio
de litigar sin gastos (ley citada, art. 60).
Asimismo los defensores públicos oficiales ante los tribunales
colegiados de segunda instancia tienen, en especial, las siguientes
atribuciones: a) dirimir los conflictos de turno y competencia que se
planteen entre los defensores públicos oficiales de las instancias
anteriores; b) ejercer la superintendencia sobre los defensores
públicos
oficiales
ante
las instancias inferiores
e
impartirles instrucciones en el marco de la presente ley y de la
reglamentación pertinente que dicte el Defensor general; c) elevar
al Defensor general un informe anual sobre la gestión del área bajo
su competencia; d) desempeñar las demás funciones que les
encomiende el Defensor general de la Nación.
Los defensores públicos oficiales ante los tribunales colegiados
de casación tienen las atribuciones descriptas en los incisos c) y d),
(ley citada, art. 61).
Los defensores públicos adjuntos de menores e incapaces y
públicos oficiales adjuntos ante los tribunales colegiados de
casación, segunda instancia y de instancia única, actúan por su
parte en relación inmediata con los defensores públicos ante dichos
tribunales, y tiene los siguientes deberes y atribuciones: a) sustituir
al Defensor público titular en el ejercicio de sus deberes, cuando
por necesidades funcionales éste así lo resuelva, y en caso de
licencia, excusación,
recusación,
impedimento
o
vacancia; b) informar al defensor público titular respecto de las
causas sometidas a su intervención y asistirlo en el ejercicio de sus
funciones, en la medida de las necesidades del servicio (ley citada,
art. 62).
Finalmente el imputado en causa penal que, a su pedido por
falta de designación de defensor particular, sea asistido por un
defensor público oficial, debe solventar la defensa, en caso de
condena, si cuenta con los medios suficientes, a cuyo fin incumbe al
tribunal regular los honorarios correspondientes a la actuación
profesional de la defensa conforme a la ley de aranceles (ley citada,
art. 63).
En caso de incumplimiento en el pago de los honorarios dentro
de los diez días de notificado el fallo, el tribunal debe emitir un
certificado que será remitido para su ejecución al organismo
encargado de ejecutar la tasa de justicia. Las sumas que se
recauden por tal concepto, así como los honorarios regulados a los
defensores públicos en causas no penales, deben incorporarse a
los fondos propios del Ministerio Público de la Defensa (ley citada,
art. 64).
239
240
§ IV. EL PERSONAL JUDICIAL(6)
85. Generalidades
a) El adecuado desarrollo del proceso requiere la actividad de
un conjunto de personas que colaboran con los jueces y tribunales
en la función de administrar justicia, y a las que cabe la
denominación de auxiliares internosde aquéllos (supra, nº 23). Se
hallan agrupados en categorías que responden a la mayor o menor
importancia de sus funciones, las cuales están previstas en las
leyes orgánicas, Códigos de Procedimientos y acordadas y
reglamentos de los tribunales superiores.
b) En el orden nacional, tales auxiliares se dividen
en funcionarios y empleados. El RJN, en efecto, llama magistrados
a los jueces de todos los grados; "funcionarios" a los secretarios de
primera y segunda instancias y a los demás empleados de los
tribunales nacionales que perciben igual o mayor sueldo, y
"empleados" al resto del personal (art. 1º).
c) El nombramiento y remoción de los funcionarios y empleados
que dependan de la Justicia Nacional se realiza por la autoridad
judicial establecida por los reglamentos de la Corte (decreto-ley
1285/58,art. 13). Tales reglamentos disponen, actualmente, que la
Corte Suprema y las cámaras de apelaciones designan al personal
que respectivamente depende de ellas (RJN, arts. 13 y 78). La
designación del personal de los juzgados se practica por las
cámaras respectivas a propuesta de los jueces (RJN, art. 13).
d) Para ser funcionario de la justicia nacional se requiere ser
argentino mayor de edad (los secretarios y prosecretarios de
primera y segunda instancia deben ser, además, abogados
graduados en Universidad nacional o privada reconocida) y, para
ser empleado, argentino mayor de dieciocho años debiendo darse
preferencia, respecto de estos últimos, a quienes hayan completado
estudios secundarios y sepan escribir a máquina (RJN, art. 11). El
citado reglamento dispone, asimismo, que los funcionarios y
empleados "deberán observar una conducta irreprochable",
teniendo, entre otras obligaciones, las de residir en el lugar en que
desempeñen sus tareas o dentro de un radio de pronta
comunicación que no exceda de 70 kilómetros; guardar reserva con
respecto a los asuntos judiciales; no gestionar asuntos de terceros,
salvo en los supuestos de representación necesaria; rehusar
dádivas o beneficios, no practicar juegos por dinero; no ejercer
241
profesiones liberales; no practicar deportes como profesional;
etcétera (art. 8º).
e) Los funcionarios y empleados de la justicia de la Nación no
pueden ser removidos sino por causa deineptitud o mala
conducta previo
sumario
administrativo
con audiencia
del interesado (decreto-ley 1285/58,art. 14). Las faltas que
cometieren podrán ser sancionadas con prevención, apercibimiento,
multa hasta una suma determinada, suspensión no mayor de treinta
días, cesantía y exoneración, debiendo estas dos últimas ser
decretadas por las autoridades judiciales respectivas que tengan la
facultad de designación (id., art. 16).
86. El secretario
a) El secretario es el más importante de los auxiliares del juez o
tribunal, con quien colabora en los actos de transmisión y
documentación del proceso (infra, nº 148/9), ocupándose,
fundamentalmente, de todo lo relativo a la ordenación, formación
material y custodia de los expedientes judiciales, y ejerciendo,
además, ciertas funciones decisorias.
Es de destacar que en la labor y en las funciones de los
Secretarios habrá de impactar profundamente el cambio que se
encuentra en desarrollo y que tiene por objetivo pasar del proceso
"en soporte papel" al proceso electrónico. Ello se evidencia
claramente en lo atinente al uso de sistemas informáticos de
gestión, firma digital y electrónica, notificaciones y subastas
electrónicas, comunicaciones electrónicas con otras dependencias
judiciales, videograbación de audiencias, etc.
b) Para ser secretario de primera instancia se requiere ser
ciudadano argentino, mayor de edad y abogado graduado en
Universidad nacional o privada reconocida, no pudiendo designarse
en tal carácter el pariente del juez dentro del cuarto grado de
consanguinidad o segundo de afinidad (decreto ley 1285/58,art. 12).
242
Según la ley 1893,art. 163, con las modificaciones derivadas de
leyes posteriores, los secretarios de primerainstancia tienen los
siguientes deberes:
1º) Concurrir diariamente a su despacho y presentar al juez los
escritos y documentos que les fueren entregados por
los interesados.
2º) Autorizar las diligencias y demás actuaciones que pasen
ante ellos y darles su debido cumplimiento en la parte que les
concierne.
3º) Organizar los expedientes a medida que se vayan formando,
y cuidar de que se mantengan en buen estado (aunque la tarea
material incumbe, en la práctica, a los empleados subalternos).
4º) Redactar las actas, declaraciones y diligencias en
que intervengan, con excepción de las que constaten notificaciones
personales en el expediente o la remisión de éste a la cámara, las
cuales deben ser extendidas por los prosecretarios administrativos
(CPN, arts. 142 y 251).
5º) Custodiar los expedientes y documentos que estuvieren a su
cargo, siendo directamente responsables por su pérdida o por
mutilaciones o alteraciones que en ellos se hicieren.
6º) Llevar los libros de conocimientos y demás que establezcan
los reglamentos (el RJN, art. 136, dispone que sin perjuicio de los
libros a que se refiere la ley y el RJN, en las secretarías de los
juzgados nacionales se llevarán libros de entradas y salidas
de expedientes; de oficios y comunicaciones; de recibos de giros y
transferencias; de sentencias; de causas promovidas de oficio o
a instancia del ministerio público y de los trámites principales del
procedimiento).
7º) Dar recibo de los documentos que les entregaren
los interesados, siempre que éstos lo soliciten.
1º) Comunicar a las partes y a los terceros las decisiones
judiciales, mediante la firma de oficios, mandamientos, cédulas y
edictos, sin perjuicio de las facultades que se acuerdan a los
letrados respecto de las cédulas y oficios, y de lo que establezcan
los convenios sobre comunicaciones entre magistrados de distintas
jurisdicciones, debiendo ser firmadas por el juez las
comunicaciones dirigidas al Presidente de la Nación, ministros y
secretarios del Poder Ejecutivo y magistrados judiciales.
2º) Extender certificados, testimonios y copias de actas.
3º) Conferir vistas y traslados.
4º) Firmar, sin perjuicio de las facultades que se confieren al
prosecretario administrativo o jefe de despacho, las providencias de
mero trámite, observando, en cuanto al plazo, lo dispuesto en el art.
34, inc. 3.a), y en la etapa probatoria todas las providencias simples
que no impliquen pronunciarse sobre la admisibilidad o caducidad
de la prueba.
5º) Dirigir en forma personal las audiencias testimoniales que
tomare por delegación del juez.
6º) Devolver los escritos presentados fuera de plazo.
Prescribe el apartado final del art. 38, que dentro del plazo de
tres días las partes pueden requerir al juez que deje sin efecto lo
dispuesto por el secretario y que el pedido debe resolverse sin
sustanciación. Aunque el párrafo final de la norma agrega que la
resolución del juez es inapelable, debe entenderse que se coloca
en la hipótesis de que aquélla no cause un gravamen que no pueda
ser reparado por la sentencia definitiva, porque de lo contrario es
susceptible del recurso de apelación en los términos del art.
242, inc. 3º CPN.
c) Los secretarios de las cámaras de apelaciones deben reunir
los mismos requisitos que los de primerainstancia. Al referirse a
ellos el art. 147 de la ley 1893 les impone los siguientes deberes:
8º) Desempeñar todas las demás funciones designadas en las
leyes generales y disposiciones reglamentarias. A este
respecto interesa señalar que el art. 38 CPN impone a los
secretarios los siguientes deberes:
2º) Formular los proyectos de sentencia en vista de los
acuerdos.
243
244
1º) Concurrir a los acuerdos y redactarlos en el libro respectivo.
3º) Dar cuenta de los escritos, peticiones, oficios y demás
despachos, sin demora.
4º) Autorizar las actuaciones que ante ellos pasen.
5º) Custodiar los expedientes y documentos que estuvieran a su
cargo, siendo directamente responsables de su pérdida o deterioro.
6º) Llevar en buen orden los libros que prevengan las leyes y
disposiciones reglamentarias.
7º) Conservar el sello de las cámaras.
8º) Cumplir las demás obligaciones que les impongan las leyes
y reglamentos.
También incumbe a los secretarios de las cámaras el
cumplimiento de los deberes impuestos en el art. 38 CPN.
d) Los secretarios de la Corte Suprema deben reunir los
requisitos exigidos para ser juez de las cámaras nacionales de
apelaciones, y tienen su jerarquía, remuneración, condición y trato
(RJN, art. 88).
Conforme a los arts. 89, 99 y 100 del RJN les corresponde:
1º) Proveer con su sola firma el despacho de trámite y las
providencias simples correspondientes a sus respectivas
secretarías, sin perjuicio de que tales actos sean realizados por el
presidente del tribunal si éste lo estima pertinente o cuando su
naturaleza lo requiera, así como suscribir las comunicaciones que
no firme el Presidente o que no se encomienden por ley o
reglamento a otros funcionarios o empleados;
2º) Presentar al presidente o a la Corte Suprema los escritos y
actuaciones pendientes de despacho, y someter al tribunal
los incidentes a resolución en los juicios;
3º) Expedir los testimonios, certificados y demás piezas
análogas, correspondientes a los expedientes judiciales;
4º) Intervenir en: a) la clasificación y distribución de
los expedientes en estado de sentencia; b) la confrontación
y autenticación de las sentencias; c) el registro de la
245
jurisprudencia; d) la publicación oficial de los fallos, acordadas y
digestos del tribunal.
Existe además en la Corte una Secretaría de Superintendencia,
cuyas atribuciones se hallan contempladas por los arts. 93 y 97 del
RJN.
c) Los secretarios de primera instancia únicamente pueden ser
recusados por las causas previstas en el art. 17 CPN, o sea las
mismas que las establecidas con respecto a los jueces.
Deducida la recusación, el juez se informará sumariamente
sobre el hecho en que se funde, y sin más trámite dictará resolución
que será inapelable.
Los secretarios de la Corte Suprema y los de las cámaras de
apelaciones no son recusables: pero deben manifestar toda causa
de impedimento que tuvieren, a fin de que el tribunal lo considere y
resuelva lo que juzgue procedente.
En todos los casos son aplicables, en lo pertinente, las reglas
establecidas para la recusación y excusación de los jueces (CPN,
art. 39).
87. Prosecretarios administrativos
a) Incumbe a los prosecretarios administrativos, en su calidad
de auxiliares internos de los jueces de primerainstancia, el
cumplimiento de las funciones administrativas y notariales
consistentes en certificar la circunstancia de suplirse la omisión de
firma de letrado en los escritos (CPN, art. 57) o las firmas puestas a
ruego (id., art. 119) (en ambos concurrentemente con los
secretarios); librar el acta del mandato conferido por la parte a quien
se concedió el beneficio de litigar sin gastos (id., art. 85); autorizar
el cargo puesto en los escritos (id., art. 124); mantener a disposición
de los litigantes y profesionales el libro de asistencia (id., art.
133); extender la diligencia de las notificaciones personales (id., art.
142); requerir ese tipo de notificación a quienes concurran
a examinar elexpediente y firmar, junto con el secretario, la
246
atestación referente a la negativa al requerimiento o a la
circunstancia de que el interesado no supiere o no pudiere firmar
(norma citada); dejar constancia de la remisión del expediente a la
cámara en los casos de los arts. 245 y 250 (id., art. 251), y recibir la
aceptación del cargo por el perito (id., art. 469).
Las mismas funciones competen, en lo pertinente, a los jefes de
despacho, en su carácter de auxiliares de las cámaras de
apelaciones.
b) De conformidad con el art. 38 bis CPN, incorporado por el art.
1º de la ley 25.488, se han conferido a los prosecretarios
administrativos y jefes de despacho las siguientes funciones, que
con anterioridad a la promulgación de la ley 22.434 se hallaban
atribuidas a los secretarios:
1º) Firmar las providencias simples que dispongan:
a) Agregar partidas, exhortos, pericias, oficios, inventarios,
tasaciones, división o partición de herencia, rendiciones de cuentas
y, en general, documentos o actuaciones similares.
b) Remitir las causas a los ministerios públicos, representantes
del fisco y demás funcionarios queintervengan como parte.
2º) Devolver los escritos presentados sin copia.
Asimismo, el art. 482 CPN (modific. por la ley 22.434, y luego
por la 25.488) acuerda a los prosecretarios administrativos, en el
proceso ordinario, la función de dictar la providencia que pone
los autos en secretaría para alegar.
Como ocurre en el caso de los secretarios, según el art. 38, in
fine dentro del plazo de tres días las partes pueden requerir al juez
que deje sin efecto lo dispuesto por el prosecretario administrativo.
En el caso de que la providencia haya sido dictada por un jefe de
despacho, el pedido debe ser formulado ante el presidente de
la sala de la correspondiente cámara de apelaciones.
En cuanto a la apelabilidad de la resolución dictada por el juez,
son aplicables las consideraciones expuestas en el número
precedente.
247
88. Oficiales de justicia y ujieres
a) El art. 74 de ley 1893 asignaba a cada juzgado de
primera instancia de la Capital Federal un oficial de justicia,
encargado de cumplir las diligencias ordenadas por los jueces. En
la actualidad tales empleados dependen de la Oficina de
Mandamientos y Notificaciones, repartición que fue organizada por
el decreto 25.559/48 con la finalidad de diligenciar los
mandamientos y cédulas de notificación expedidas por los juzgados
nacionales de primera instancia de la Capital Federal y que
actualmente se encuentra sometida a la superintendencia de la
Corte Suprema (decreto-ley 1285/58, arts. 47 y 48).
b) Los ujieres son los empleados que en los tribunales
superiores (Corte Suprema y cámaras de apelaciones) tienen a su
cargo el cumplimiento de las notificaciones, embargos y demás
diligencias que les encomiende el respectivo tribunal o su
presidente.
89. Los cuerpos técnicos periciales
a) Como auxiliares de la justicia nacional, y bajo la
superintendencia de la Corte Suprema (que puede delegarla en
otras autoridades judiciales y lo ha hecho en la Cámara Nacional de
Apelaciones en lo Criminal y Correccional) actúan: 1º) Cuerpos
técnicos periciales de médicos forenses, contadores y calígrafos;
2º) Peritosingenieros, tasadores, traductores e intérpretes (decretoley 1285/58,art. 52).
Cabe añadir que el Cuerpo Médico Forense cuenta con uno o
más peritos químicos y odontólogos que deben reunir las mismas
248
condiciones que sus miembros y tienen sus mismas obligaciones
(decreto-ley cit., art. 60).
b) Intervienen en los procesos a requerimiento de los jueces en
lo penal, pero sus servicios pueden serexcepcionalmente utilizados
por los jueces de los restantes fueros cuando medien notorias
razones de urgencia, pobreza o interés público; o cuando las
circunstancias particulares del caso, o el monto del juicio, a criterio
del juez, hicieren necesario su asesoramiento (decreto-ley
1285/58,art. 63, inc. c] y RJN, art. 154).
c) Los integrantes de los cuerpos técnicos y los peritos son
designados y removidos por la Corte Suprema (decreto-ley
1285/58,art. 54). Los primeros requieren, para ser designados,
ciudadanía argentina, veinticinco años de edad y tres años de
ejercicio en la respectiva profesión o docencia universitaria
(decreto-ley cit., art. 55). Los mismos requisitos son necesarios para
ser perito ingeniero o traductor (decreto-ley cit., art. 61). Para ser
tasador oficial se exigen las mismas condiciones de ciudadanía y
edad y tres años de ejercicio de la profesión de martillero público o
de funciones de tasación en instituciones públicas especializadas
(decreto-ley cit., art. 61 y RJN, art. 149). Y para la designación
de intérprete oficial se requieren idénticas condiciones de
ciudadanía y edad y tener versación comprobada por título
nacional, cuando lo hubiere, en los idiomas para los cuales haga la
respectiva designación el Poder Ejecutivo (decreto-ley cit., art. 61 y
RJN, art. 150).
CAPÍTULO VII - LA COMPETENCIA
SUMARIO: I. GENERALIDADES:
90. Concepto, clasificación y
caracteres de la competencia. —
91. Oportunidades en que se
determina
la
competencia.—
II. COMPETENCIA ORDINARIA:
92. Competencia por razón del
territorio.— 93. Competencia por
razón de la materia.— 94.
Competencia por razón del
valor.— 95. Competencia por
razón
del
grado.—
96.
Excepciones a las reglas de
competencia.—
III.COMPETENCIA
FEDERAL:
97. Concepto y caracteres.— 98.
Competencia de los tribunales
federalesinferiores.—
99.
Competencia
de
la
Corte
Suprema de Justicia de la
Nación.— IV. CUESTIONES DE
COMPETENCIA: 100. Concepto,
clases y procedimiento.— 101.
Modos de dirimir las cuestiones
de competencia.
§ I. GENERALIDADES(1)
249
250
90. Concepto, clasificación y caracteres de la
competencia
a) La extensión del territorio, la diversa índole e importancia de
las cuestiones que se ventilan en los procesos, y la posibilidad de
que los asuntos sean examinados en sucesivas instancias, imponen
la necesidad de distribuir el ejercicio de la función judicial de
manera tal que cada órgano, o grupo de órganos, cumpla aquella
función en forma compatible con la existencia de las referidas
circunstancias. Tal necesidad de repartir la labor judicial determina
la aparición del concepto de competencia, a la que cabe definir
como la capacidad o aptitud que la ley reconoce a un juez o tribunal
para ejercer sus funciones con respecto a una determinada
categoría de asuntos o durante una determinada etapa del proceso.
De allí que se exprese, corrientemente, que la competencia es la
"medida" de la jurisdicción.
fundamental división de la competencia en ordinaria y federal, que
representan, respectivamente, manifestaciones de la autonomía de
las provincias y de la soberanía de la Nación.
Como se verá oportunamente, la competencia de los jueces y
tribunales federales se determina también con arreglo a los criterios
precedentemente expuestos, a los que cabe añadir el
criterio personal (competencia ratione personae), emergente de la
calidad o condición de las partes (Nación, embajadores, cónsules,
etc.), o de la vecindad o nacionalidad de éstas.
De tal manera, para establecer en un caso concreto a qué juez o
tribunal corresponde el conocimiento de un asunto, debe
comenzarse por examinar si es de la competencia de la justicia
federal o de la justicia ordinaria; luego es preciso determinar la
circunscripción territorial en que ha de radicarse y, dentro de ella, la
competencia por razón de la materia y del valor.
b) La competencia puede clasificarse sobre la base de tres
criterios fundamentales: el territorial, el objetivo y el funcional.
El criterio territorial se vincula con la circunscripción territorial
asignada por la ley a la actividad de cada órgano judicial.
La atribución de la competencia territorial contempla
fundamentalmente la proximidad del órgano judicial con el lugar en
que se halla ubicado alguno de los elementos de la pretensión o
petición que constituye el objeto del proceso (infra, nº 92).
El criterio objetivo atiende a la naturaleza y al monto de las
causas, y a él corresponden, respectivamente, la competencia por
razón de la materia (infra, nº 93) y del valor (infra, nº 94).
El criterio funcional, finalmente, toma en cuenta la diversa índole
de las funciones que deben cumplir los jueces que intervienen en
las distintas instancias de un mismo proceso (competencia
funcional o por el grado,infra, nº 95).
Pero como consecuencia del doble orden judicial instituido por
nuestra Constitución (supra, nº 68), cuadra admitir una primera y
c) La competencia puede ser relativa o absoluta, según que
admita o no ser prorrogada o renunciada por las partes. Como
dice LASCANO, no media ninguna razón de orden esencial para que
cada una de las clases de competencia a las que se ha hecho
mención precedentemente deba ser necesariamente adscripta a
alguna de esas categorías, pues en definitiva sólo el texto de la ley
puede servir de pauta válida para establecer si determinada clase
de competencia es o no prorrogable.
El CPN sólo admite la prórroga de la competencia territorial
siempre que se trate de asuntos exclusivamentepatrimoniales,
aclarando que si tales asuntos son de índole internacional (es decir
conectados a varios sistemas jurídicos nacionales y no
absolutamente internos) la prórroga puede admitirse aun a favor de
jueces extranjeros o de árbitros que actúen fuera de la República,
salvo en los casos en que los tribunales argentinos tienen
jurisdicción exclusiva o cuando la prórroga está prohibida por ley
(art. 1º). La norma, asimismo, deja a salvo lo dispuesto por los
tratados internacionales y la hipótesis contemplada en el art. 12 de
la ley 48, referente a la prórroga de la competencia federal por
razón de las personas.
Estas pautas del CPN hoy se ven reflejadas en el texto
del Código Civil y Comercial unificado. Su art. 2605 reza "Acuerdo
de elección de foro. En materia patrimonial e internacional, las
251
252
partes están facultadas para prorrogar jurisdicción en jueces o
árbitros fuera de la República, excepto que los jueces argentinos
tengan jurisdicción exclusiva o que la prórroga estuviese prohibida
por ley". Este digesto contiene un Título completo (el IV del Libro
Sexto, bajo el nombre "Disposiciones de derecho internacional
privado") dedicado a la problemática, ampliando en mucho los
contenidos que al respecto preveía el Código de Vélez. En lo que
aquí interesa, se destaca el art. 2609 que contempla —no de
manera taxativa— casos de jurisdicción nacional exclusiva:
"Jurisdicción exclusiva. Sin perjuicio de lo dispuesto en leyes
especiales, los jueces argentinos sonexclusivamente competentes
para conocer en las siguientes causas: a. en materia de derechos
reales sobreinmuebles situados en la República; b. en materia de
validez o nulidad de las inscripciones practicadas en un registro
público argentino; c. en materia de inscripciones o validez de
patentes, marcas, diseños o dibujos y modelos industriales y demás
derechos análogos sometidos a depósito o registro, cuando el
depósito o registro se haya solicitado o efectuado o tenido por
efectuado en Argentina".
La prórroga de la competencia puede ser expresa o tácita:
es expresa cuando las partes, mediante convenio escrito (pacto de
"foro prorrogando") eligen al juez que ha de conocer en los litigios
que se susciten entre ellas con motivo de las obligaciones
contraídas (antes, en el derogado Cód. Civ., art. 101; hoy, en el
Cód. Civ. y Com., art. 75 "Domicilio especial. Las partes de un
contrato pueden elegir un domicilio para el ejercicio de los derechos
y obligaciones que de él emanan"); y es tácita cuando las partes
realizan actos que implican renunciar a la competencia del juez
determinado por la ley. Tal renuncia se infiere, respecto del actor,
cuando presenta la demanda ante un juez que no corresponde; y,
respecto del demandado, cuando contesta la demanda, deja de
hacerlo u opone excepciones previas sin cuestionar la competencia
del juez mediante la declinatoria (CPN, art. 2º).
d) La competencia es indelegable: "La competencia tampoco
podrá ser delegada, pero está permitido encomendar a los jueces
de otras localidades la realización de diligencias determinadas"
(CPN, art. 3º, párr. 1º).
253
La aparente excepción que contempla la última parte de la
norma transcripta no significa que el juez requerido actúe por
delegación del exhortante, pues el primero ejerce, en rigor, su
propia competencia, limitada al cumplimiento de las diligencias
encomendadas.
e) En lo que concierne a su extensión, la competencia
comprende todos los poderes inherentes a la función judicial, se
refieran ellos a la cognición o a la ejecución. En lo que respecta al
estadio de cognición, el juez competente tiene atribuciones para
conocer del objeto principal del pleito, de las excepciones previas
(una de las cuales, como se verá, le acuerda facultades para
pronunciarse acerca de su propia competencia), de la reconvención
y, en general, de los incidentes que se promuevan durante el curso
del proceso. Y en lo que atañe al estadio de ejecución, la
competencia incluye los poderes necesarios para que el juez,
mediante el uso de las medidas coactivas pertinentes, haga efectivo
el cumplimiento de sus resoluciones.
91. Oportunidades en que se determina la
competencia
a) La competencia se determina con arreglo a las normas
vigentes en oportunidad de iniciarse el proceso, y atendiendo,
asimismo, al estado de cosas existente en dicha oportunidad. En
consecuencia, debe prescindirse tanto de las normas vigentes en la
oportunidad de constituirse la relación jurídica sobre la que versa el
proceso o de producirse los hechos que configuran la causa de la
pretensión, como de los hechos sobrevinientes al momento
de interponerse la demanda.
Debe estarse, por otra parte, a los elementos integrantes de la
pretensión y no al contenido de las defensas deducidas por el
demandado, ya que éstas no alteran el objeto del proceso y
sólo inciden en la delimitación de las cuestiones litigiosas. De allí
que la ley 22.434, receptando la doctrina de reiterada
254
jurisprudencia, incorporó, como párrafo final del art. 5º del CPN, el
siguiente: "La competencia se determina por la naturaleza de las
pretensiones deducidas en la demanda y no por las defensas
opuestas por el demandado".
b) De acuerdo con el régimen instituido por el CPN el juez tiene,
durante el curso del proceso, dos oportunidades para pronunciarse
acerca de su competencia. La primera es la de la presentación de la
demanda:
"Toda
demanda —dice
el
art.
4º
CPN—,
debe interponerse ante juez competente, y siempre que de
la exposición de los hechos resultase no ser de la competencia del
juez ante quien se deduce, deberá dicho juez inhibirse de oficio.
Consentida o ejecutoriada la respectiva resolución, se procederá en
la forma que dispone el art. 8º, primer párrafo", es decir, se remitirá
la causa al juez tenido por competente.
Todavía, a fin de facilitar un examen más amplio sobre
dicho extremo, el art. 337, párr. 2º, establece que "si no resultare
claramente de ellas (las demandas) que son de su competencia,
mandarán que el actor exprese lo necesario a ese respecto". Pero
tal declaración de oficio no corresponde en el caso de la
competencia territorial, pues ésta, como se ha dicho, puede ser
prorrogada de conformidad de partes siempre que se trate de
controversias de exclusivo carácter patrimonial. El art. 4º CPN lo
aclara al prescribir que "en los asuntosexclusivamente patrimoniales
no procederá la declaración de incompetencia de oficio, fundada en
razón del territorio".
La segunda oportunidad corresponde al momento en que el juez
debe resolver la excepción de incompetencia (CPN, art. 347, inc.
1º), que debe oponerse como de previo y especial pronunciamiento,
pero juntamente con la contestación de la demanda o la
reconvención (art. 346), pues al haberse eliminado el llamado
"proceso sumario" por la ley 25.488, el mencionado requisito
temporal es aplicable tanto al proceso ordinario como al llamado
"sumarísimo".
A diferencia del Código derogado, que autorizaba un nuevo
pronunciamiento sobre la competencia al recibirse la causa a
prueba en las cuestiones de hecho, o al correrse el segundo
traslado en las de derecho (art. 87), el CPN establece que una vez
firme la resolución que desestima la excepción de incompetencia, ni
255
las partes podrán argüir la incompetencia en lo sucesivo, ni los
jueces se hallan habilitados para declararla de oficio (art. 352). Sólo
se exceptúa de esa regla la incompetencia de la justicia federal, que
puede ser declarada por la Corte cuando interviene en instancia
originaria y por los jueces federales con asiento en las provincias en
cualquier estado del proceso, lo cual se explica en virtud del
carácter limitado que reviste la competencia federal. Laexcepción
no rige en la justicia federal de la Capital, por cuanto todos los
jueces que ejercen sus funciones en dicho distrito tienen el mismo
carácter nacional.
c) La limitación del art. 352 CPN no rige en la justicia del trabajo,
cuyos tribunales tienen decidido, fundados en el carácter de orden
público y de excepción que reviste la competencia laboral, que se
hallan habilitados para declarar su incompetencia en cualquier
estado del proceso.
§ II. COMPETENCIA ORDINARIA(2)
92. Competencia por razón del territorio
a) La competencia por razón del territorio ha sido regulada tanto
por el derecho de fondo civil y comercial como por las leyes
procesales, que establecen distintas reglas atendiendo a la
circunstancia de que en el proceso se hagan valer derechos
personales o reales. Se expondrán a continuación, aunque
aclarando previamente, de acuerdo con lo dicho en su oportunidad
(supra, nº 55), que los vocablos "acciones personales" y "acciones
reales", utilizados por el Código, deben entenderse en el sentido de
256
"derechos" personales o realesinvocados como fundamento de las
respectivas pretensiones.
c) Cuando se deducen pretensiones personales es competente
el juez "del lugar en que deba cumplirse la obligación expresa o
implícitamente establecido conforme a los elementos aportados en
el juicio y, en su defecto, a elección del actor, el del domicilio o el
del lugar del contrato, siempre que el demandado se encuentre en
él,aunque sea accidentalmente, en el momento de la notificación"
(CPN, art. 5º, inc. 3º).
"El que no tuviere domicilio fijo —agrega dicha norma—, podrá
ser demandado en el lugar en que se encuentre o en el de su última
residencia".
Constituye, por lo tanto, principio general, que la competencia se
determina por el lugar que las partes han elegido para el
cumplimiento de sus obligaciones (forum solutionis), principio que
concuerda con las razones de comodidad de los litigantes en que
primordialmente se funda la competencia territorial, y con las reglas
establecidas en los arts. 101 y 102 del Cód. Civ. y que hoy pueden
hallarse en las previsiones de los arts. 75 y 78 del Cód. Civ. y Com.
Rige
tal
principio
no
solamente
cuando
se
ha
designado expresamente el lugar del cumplimiento de la obligación,
sino también cuando él resulta implícitamente establecido en el
contrato, siendo función de los jueces, en este último
caso, interpretar la voluntad de los contratantes en tal sentido,
sobre la base de los elementos aportados al proceso. Se ha
resuelto, así, entre otros casos, que a falta de estipulación expresa
en el boleto de compraventa, y aunque el inmueble objeto del
contrato se encuentre situado en una provincia, compete a la
justicia de la Capital Federal conocer de la demanda por
escrituración si en ella fue suscripto el boleto, se pagó parte del
precio y tenían su domicilio el demandado y el escribano designado
para extender la escritura, aunque el lugar en que se encuentra
situado el bien inmueble objeto de una pretensión personal debe
ser tenido en cuenta cuando concurren otras circunstancias
presuntivas de haberse elegido ese lugar para la ejecución del
contrato; que es juez competente para conocer del juicio en que el
vendedor demanda el pago del saldo del precio estipulado para la
compraventa de su producción de uvas, el del lugar donde se hallan
situados los inmuebles en los que el comprador debía cosechar la
uva vendida, pues a falta de elementos de juicio que demuestren lo
contrario, éste es el lugar del cumplimiento de las obligaciones
emergentes de la compraventa; que cuando se demanda por cobro
de locación de servicios es juez competente el del lugar en que los
servicios se han prestado; etcétera.
257
258
b) Cuando se trata de pretensiones reales, el CPN regula la
competencia territorial distinguiendo según que aquéllas se ejerzan
sobre bienes inmuebles o sobre bienes muebles.
Es juez competente cuando se ejercitan pretensiones reales
sobre bienes inmuebles, "el del lugar donde está situada la cosa
litigiosa. Si éstas fuesen varias o una sola pero situada en
diferentes jurisdicciones judiciales", "el del lugar de cualquiera de
ellas o de algunas de sus partes, siempre que allí tenga su domicilio
el demandado. No concurriendo tal circunstancia será el del lugar
en que esté situada cualquiera de ellas, a elección del actor". La
misma regla rige tratándose de pretensiones posesorias, interdictos,
restricción y límites del dominio, medianería, declaratoria de la
prescripción adquisitiva, mensura, deslinde y división de condominio
(CPN, art. 5º, inc. 1º).
La vigencia del principio forum rei sitae —consagrado por la
norma transcripta— parte de la razonable suposición de que el juez
del lugar en que el bien inmueble se encuentra situado es el que en
mejores condiciones se halla para resolver el conflicto en razón de
su proximidad con las pruebas y con el objeto de la pretensión.
Cuando se interponen pretensiones reales sobre bienes
muebles es juez competente "el del lugar en que se encuentren o el
del domicilio del demandado, a elección del actor" (art. 5º, inc. 2º).
La opción que se acuerda al actor obedece a la facilidad con
que las cosas muebles pueden transportarse de un lugar a otro, y a
la circunstancia de que, generalmente, se encuentran en el
domicilio del demandado. Pero si la pretensión versa sobre bienes
muebles e inmuebles conjuntamente, es juez competente, de
acuerdo con la norma mencionada, el del lugar en que están
situados estos últimos.
Consagraba también la regla del forum solutionis el derogado
Cód. Civ., arts. 1215 y 1216: "En todos los contratos que deben
tener su cumplimiento en la República —decía el art. 1215—
, aunque el deudor no fuere domiciliado o residiere en ella, puede,
sin embargo, ser demandado ante los jueces del Estado"; y el art.
1216 prescribía que "si el deudor tuviese su domicilio o residencia
en la República, y el contrato debiese cumplirse fuera de ella, el
acreedor podrá demandarlo ante los jueces de su domicilio; o ante
los del lugar del cumplimiento del contrato, aunque el deudor no se
hallase allí".
Hoy, con el nuevo Cód. Civ. y Com. puede acudirse al texto del
art. 2650, el que establece: "Jurisdicción. Noexistiendo acuerdo
válido de elección de foro, son competentes para conocer en las
acciones resultantes de un contrato, a opción de actor: a. los jueces
del domicilio o residencia habitual del demandado. Si existen varios
demandados, los jueces del domicilio o residencia habitual de
cualquiera de ellos; b. los jueces del lugar de cumplimiento de
cualquiera de las obligaciones contractuales; c. los jueces del lugar
donde se ubica una agencia, sucursal o representación del
demandado, siempre que ésta haya participado en la negociación o
celebración del contrato".
A falta de un lugar expresa o implícitamente convenido para el
cumplimiento de la obligación, el CPN resuelve el problema de la
competencia asignándola al juez del lugar del domicilio del
demandado (actor sequitur forum rei), solución que reconoce
fundamento en una razón de justicia como es la de evitar las
molestias y perjuicios que generalmente entraña substraer a aquél
de sus jueces propios, cuando aún no se ha declarado la
procedencia de la pretensión deducida por el actor. A los efectos la
determinación del domicilio debe estarse a las reglas contenidas en
el Cód. Civ. y Com. (arts. 73 a 78, 152 y 2613 a 2615).
El actor puede optar, según la norma citada (CPN, art. 5 inc. 3º),
entre el juez del domicilio del demandado y el juez del lugar en que
el contrato se celebró, "siempre que el demandado se encuentre en
él, aunque sea accidentalmente". Basta, pues, la simple habitación
en el lugar, aun con carácter accidental, que es la nota que define a
la "residencia" en los términos del art. 92 del derogado Cód. Civ.,
concepto al que hoy se refiere el art. 2613 in fine del Cód. Civ. y
Com.
La falta de domicilio fijo del deudor, finalmente, autoriza a
demandarlo en el lugar en que se encuentre o en el de su última
residencia.
En materia de cobro de documentos comerciales, la
competencia territorial depende del tipo de documento de que se
trate. En las letras de cambio la competencia se determina por el
lugar que en ellas se ha designado para el pago y, a falta de
especial designación al respecto, por el lugar designado al lado del
nombre del girado (decreto-ley 5965/63,art. 2º). En los pagarés, por
el lugar indicado en el respectivo documento y, a falta deindicación
especial, por el lugar de creación del título (decreto-ley id., art.
102, párr. 3º). En los cheques finalmente, por el lugar del domicilio
que el librador tenga registrado ante el banco girado (ley
24.452, Anexo I, art. 3º).
259
260
d) El CPN contempla también la competencia en el supuesto de
deducirse pretensiones personales derivadas de delitos y
cuasidelitos y la asigna al juez del lugar del hecho o al del domicilio
del demandado, a elección del actor (art. 5º, inc. 4º).
Con respecto a las pretensiones personales en general,
establece el principio según el cual cuando sean varios los
demandados, y se trate de obligaciones indivisibles o solidarias, es
juez competente el del domicilio de cualquiera de ellos, a elección
del actor (art. 5º, inc. 5º).
El Código, finalmente, regula supuestos específicos de
pretensiones personales de contenido patrimonial, como son las de
rendición y aprobación de cuentas, cobro de impuestos, tasas y
multas, y las derivadas de relaciones societarias.
En las pretensiones de rendición de cuentas, es juez
competente el del lugar donde éstas deben presentarse, y no
estando determinado, a elección del actor, el del domicilio de la
administración o el del lugar en que se hubiere administrado el
principal de los bienes. La misma regla es aplicable a la pretensión
por aprobación de cuentas, con la salvedad de que si no se
encuentra especificado el lugar donde éstas deben presentarse,
puede ser también juez competente el del lugar del domicilio del
acreedor de las cuentas, a elección del actor (art. 5º,inc. 6º).
En las pretensiones fiscales por cobro de impuestos, tasas o
multas y salvo disposición en contrario, la competencia corresponde
al juez del lugar del bien o actividad gravados o sometidos
a inspección, inscripción o fiscalización, al del lugar en que deban
pagarse o al del domicilio del deudor, a elección del actor; regla que
no se modifica por razones de conexión con otras pretensiones (art.
5º, inc. 7º).
Cuando se interponen pretensiones derivadas de las relaciones
societarias, es juez competente el del lugar del domicilio
social inscripto, y si la sociedad no requiere inscripción (como
ocurre con las simples asociaciones, Cód. Civ. y Com., arts. 187
a 192) el lugar del domicilio fijado en el contrato; en su defecto o
tratándose de sociedad irregular o de hecho, el del lugar de la sede
social (art. 5º, inc. 11).
En el caso, finalmente, de interponerse la pretensión por cobro
de expensas comunes de inmuebles sujetos al régimen de
propiedad horizontal o cualquier otra pretensión derivada de la
aplicación de dicho régimen (v.gr.,inobservancia de las
prohibiciones contempladas en el art. 6º de la ley 13.512), es juez
competente el del lugar de la unidad funcional de que se trate.
e) En materia de pretensiones relativas al estado civil y a la
capacidad de las personas, el art. 227 del Cód. Civ. (texto según ley
23.515) había hecho perder virtualidad al art. 5º, inc. 8º, párr. 1º del
CPN, en tanto disponía que las pretensiones de separación
personal, divorcio vincular y nulidad, así como las que versaran
sobre los efectos del matrimonio, deben intentarse ante el juez del
último domicilio conyugal efectivo o ante el del domicilio del
cónyuge demandado.
La ley 25.488, en concordancia con esa regla, agregó en el
mencionado art. 5º, inc. 8º, a las pretensiones de separación
personal y de nulidad de matrimonio, la de divorcio vincular.
El art. 5º, inc. 8º CPN prescribe que en los procesos por
declaración de incapacidad por demencia o sordomudez, y en los
derivados de los supuestos previstos en el art. 152 bis del —
derogado— Cód. Civ., es juez competente el del lugar del domicilio
del presunto incapaz o inhabilitado, y, en su defecto, el de su
residencia. En los procesos de rehabilitación, la competencia
corresponde al juez que declaró la interdicción.
261
Todas estas pautas del CPN habrán de ser adaptadas a las
nuevas reglas que trae el Código Civil y Comercial relativas al
matrimonio y uniones convivenciales —y todas sus posibles
derivaciones litigiosas— y a la cuestión de la determinación de
restricciones a la capacidad. Y ello así tanto en lo que hace a
nuevas pretensiones que puedan plantearse como a la diferente
denominación de las ya existentes.
Las restantes reglas de competencia sobre dichas cuestiones se
hallan establecidas en las leyes de fondo, siendo las principales las
siguientes:
1º) Cuando se deduzcan pretensiones o peticiones respecto de
la gestión de los tutores o curadores, así como las relativas a las
personas y bienes de los incapaces, administración, remoción,
etcétera, el juez competente será el que lo sea para el
discernimiento de la tutela o curatela, y éste será el del lugar donde
la persona tiene su centro de vida aunque los bienes administrados
estén fuera del lugar que abrace su jurisdicción (Cód. Civ. y Com.,
art. 112 y concordantes).
2º) La declaración del día presuntivo del fallecimiento debe
pedirse ante el juez del domicilio del ausente (Cód. Civ. y Com., art.
87 in fine).
3º) Es juez competente para la adopción el que otorgó la guarda
preadoptiva o, a elección de los pretensos adoptantes, el del lugar
en el que el niño tiene su centro de vida si el traslado fue tenido en
consideración en esa decisión (Cód. Civ. y Com., art. 615)
f) Finalmente, en materia de peticiones extracontenciosas, el
CPN instituye el principio general conforme al cual, salvo en el
proceso sucesorio o disposición en contrario, es juez competente
para conocer de ellas el juez del domicilio de la persona en
cuyo interés se promueven (art. 5º, inc. 12). Reglas particulares
sobre el punto se encuentran, asimismo, en los incs. 9º y 10 de
dicho artículo, con arreglo a los cuales es juez competente, en los
pedidos de segunda copia o de rectificación de errores de escrituras
públicas, el del lugar donde se otorgaron o protocolizaron, y en la
protocolización de testamento, el del lugar donde debe iniciarse la
sucesión.
262
93. Competencia por razón de la materia
a) La competencia ordinaria de los tribunales de la Capital
Federal se halla fundamentalmente dividida en cinco materias: civil,
comercial, laboral, seguridad social y penal. El conocimiento de los
asuntos vinculados a las tres primeras corresponde,
respectivamente, a los juzgados de primera instancia y cámaras de
apelaciones en lo civil, en lo comercial y del trabajo, en tanto que el
de los asuntos relacionados con la seguridad social
competeexclusivamente a la cámara respectiva (supra, nº 69, F]).
b) Los arts. 43 y 43 bis del decreto-ley 1285/58, delimitan, con
las reformas de la ley 23.637, la competencia de la justicia civil y de
la comercial. Conforme a la primera de las normas citadas los
juzgados nacionales de primera instancia en lo civil conocen en
todas las cuestiones regidas por las leyes civiles cuyo conocimiento
no haya sido expresamente atribuido a los jueces de otros fueros y,
además, en las causas: a) en las que sea parte la Municipalidad de
la Ciudad de Buenos Aires, excepto en las de naturaleza penal y
contencioso-administrativa;b) en las que se reclame indemnización
por daños y perjuicios provocados por hechos ilícitos, sin perjuicio
de lo dispuesto en el art. 29 del Cód. Penal; c) en las relativas a las
relaciones contractuales entre los profesionales y sus clientes o a la
responsabilidad civil de aquéllos, a cuyo fin sólo deben
considerarse profesionales las actividades reglamentadas por el
Estado. Cabe añadir que, hasta tanto se pongan en funcionamiento
tribunales con competencia exclusiva en asuntos de familia y
capacidad de las personas, el art. 4º de la ley 23.637 dispone que
ocho de los actuales juzgados de primera instancia en lo civil
conocerán en forma exclusiva y excluyente de dichos asuntos
ascendiendo aquéllos, actualmente, a veinticuatro.
A su turno, el art. 43 bis del decreto-ley 1285/58 asigna a los
jueces nacionales de primera instancia en lo comercial competencia
para conocer en todas las cuestiones regidas por las leyes
263
mercantiles cuyo conocimiento no haya sido expresamente
atribuido a los jueces de otro fuero, como así también: a) en los
concursos civiles; b) en las acciones civiles y comerciales
emergentes de la aplicación del decreto 15.348/46,ratificado por
la ley 12.962 (prenda con registro); c) en los juicios derivados de
contratos de locación de obra y de servicios, y los contratos atípicos
a los que resulten aplicables las normas relativas a aquéllos cuando
el locador sea un comerciante matriculado o una sociedad
mercantil; pero cuando en estos juicios también se demanda a una
persona por razón de su responsabilidad profesional, el
conocimiento de la causa corresponde a los jueces en lo civil.
Si bien las normas citadas adhieren, en principio, a la regla
conforme a la cual la delimitación de las competencias civil y
comercial debe hacerse con criterio objetivo, o sea teniendo en
cuenta la naturaleza del acto o del hecho sobre que versa el
proceso y prescindiendo de que las partes, o sólo una de ellas,
revista
la
calidad
de
comerciante,
contemplan
diversas excepciones. El art. 43, por un lado, prescinde de la
naturaleza civil de los actos determinantes de los juicios en los que
es parte la Municipalidad de Buenos Aires y confiere competencia a
la justicia civil para conocer, v.gr., en causas que pueden versar
sobre actos objetivos de comercio, como ocurre en aquéllas en que
se ventilan las relaciones contractuales contraídas entre ciertos
profesionales como los corredores y martilleros y sus clientes (tal
como se preveía en el derogado Cód. Com., art. 8º, inc. 3º). El art.
43 bis, por otro lado, y más allá de que en la actualidad no cabe
hablar de "concursos civiles", otorga competencia a la justicia en lo
comercial para conocer en pretensiones que tienen como objeto
actos objetivamente civiles, según ocurre con las de esa naturaleza
que emergen de la aplicación de la ley de prenda con registro, con
los contratos de locación de servicios y con parte de los de locación
de obra, y hace además una concesión al criterio subjetivo en tanto
condiciona la competencia comercial, cuando se trata de contratos
atípicos a los que resultan aplicables las normas relativas a los
contratos mencionados (v.gr. contratos de elaboración), al requisito
de que el locador sea un comerciante matriculado o una sociedad
mercantil.
264
c) La competencia de la justicia del trabajo de la Capital Federal
se halla delineada por el art. 20 de la ley 18.345, conforme a la cual
"serán de competencia de la justicia nacional del trabajo, en
general, las causas contenciosas en conflictos individuales de
derecho, cualesquiera fueren las partes —incluso la Nación, sus
reparticiones autárquicas, la Municipalidad de la Ciudad de Buenos
Aires y cualquier ente público—, por demandas o reconvenciones
fundadas en los contratos de trabajo, convenciones colectivas de
trabajo, laudos con eficacia de convenciones colectivas, o
disposiciones legales o reglamentarias del derecho del trabajo; y las
causas entre trabajadores y empleadores relativas a un contrato de
trabajo, aunque se funden en disposiciones del derecho común
aplicables a aquél. La competencia también comprenderá a las
causas que persiguen sólo la declaración de un derecho, en los
términos del art. 322, párr. 1º del CPN".
Por "conflictos de derecho" corresponde entender aquellos que
se susciten entre el empleador y el dependiente como
consecuencia de la violación de una norma preestablecida, sea que
se hayan planteado por los propios dependientes (uno o varios), o
por el organismo sindical respectivo en ejercicio de la
representación que la ley le acuerda para la aplicación de una
norma vigente. La justicia del trabajo es, en cambio, incompetente
para conocer de los llamados "conflictos de intereses" o
"económicos", los cuales tienen por objeto establecer nuevas
condiciones de trabajo, sea creando la norma o modificando una
norma existente, e interesan al grupo de trabajadores como entidad.
En nuestro régimen jurídico este tipo de conflicto se resuelve en
sede administrativa, con intervención del Ministerio de Trabajo o a
través de la celebración de convenios entre las asociaciones
profesionales de trabajadores y representantes patronales.
Los contratos de trabajo a que se refiere la norma transcripta
son todos aquellos que comportan una prestación de servicios
realizada bajo relación de dependencia y mediante una
determinada remuneración, siendo indiferente la índole de las
actividades del empleador (comercial, civil, industrial o rural) y la
forma de la remuneración (mensual, o jornal o a destajo).
265
94. Competencia por razón del valor
a) En el orden nacional, con anterioridad a la promulgación de
la ley 21.203 la entonces llamada justicia especial en lo civil y
comercial (antes denominada justicia de paz letrada) tenía
competencia para conocer en los juicios civiles y comerciales,
fueren de conocimiento o de ejecución, en los que el valor
cuestionado no excediere de determinada suma, así como en los
juicios sucesorios cuyo haber hereditario no excediera cierto límite
cuantitativo. A partir de la promulgación de dicha ley desapareció
esa competencia por razón del valor, en gran medida ligada al
carácter lego que revestían los primitivos jueces de paz de la
Capital Federal.
También regía la competencia por razón del valor con respecto
a los llamados jueces de paz letrados con sede en el ex Territorio
de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur.
b) Este tipo de competencia subsiste aún en algunas provincias
(Jujuy, Mendoza, Salta, Santa Fe, etc.), generalmente referida a la
actuación de la justicia de paz (lega o letrada).
95. Competencia por razón del grado
a) La competencia funcional o por el grado supone la división
del proceso en diversas instancias, en cada una de las cuales el
conocimiento del asunto se halla encomendado a jueces distintos.
El ordenamiento procesal nacional en materia civil, comercial,
laboral y contencioso-administrativo se halla estructurado sobre el
sistema de la doble instancia, en virtud del cual el
conocimiento inicial del proceso corresponde a órganos
unipersonales (juzgados), cuyas resoluciones son susceptibles de
266
recursos para ante tribunales colegiados (cámaras de apelaciones).
El principio, sin embargo, admite excepciones fundadas en el valor
de las causas, pues son irrecurribles las sentencias dictadas por los
jueces federales y por los jueces nacionales en lo civil y en lo
comercial en los asuntos en los que el monto cuestionado
no exceda de determinada cantidad de pesos (CPN, art. 124, in
fine).
Dicho ordenamiento, asimismo, prevé la posibilidad de un tercer
grado de conocimiento en el supuestoexcepcional del recurso
ordinario ante la Corte Suprema y en los casos en que proceden los
recursosextraordinarios ante dicho tribunal (o en el caso de los
recursos de casación e inconstitucionalidad que contemplan los
arts. 288 a 296, CPN, derogando así al recurso de inaplicabilidad de
ley que daba lugar a plenarios de Cámara).
Pero corresponde tener presente que en estas tres últimas
hipótesis la competencia de los respectivos tribunales se halla, en
principio, limitada a la revisión de las cuestiones de derecho y no
configura, por lo tanto, el ejercicio de una tercera instancia.
El régimen es empero distinto en materia penal, pues si bien
la instrucción se halla sujeta al sistema de la doble instancia,
el juicio se desarrolla ante tribunales orales de instancia única,
cuyas sentencias sólo son susceptibles de recursos extraordinarios
de casación e inconstitucionalidad ante la Cámara Nacional de
Casación Penal, así como del recurso extraordinario federal ante la
Corte Suprema. También, en la etapa del juicio, actúan en instancia
única los jueces en lo correccional y los tribunales y jueces de
menores.
b) La competencia funcional reviste, fundamentalmente, los
siguientes caracteres:
1º) El tribunal de segunda instancia no actúa como superior
jerárquico del juez inferior, por cuanto los recursos no tienen por
objeto homologar lo actuado por este último sino perfeccionar el
conocimiento del asunto mediante la revisión de la sentencia
recurrida, y su ulterior modificación, anulación o confirmación. "Se
trata —como dice LASCANO— de una distinta competencia por razón
de la actividad que ejercen los jueces, y no de una graduación de
éstos por su importancia. Por eso, dentro de su esfera, en ejercicio
267
de su competencia diremos tanta categoría tiene el juez de
primera instancia como el de apelación".
2º) Los tribunales de apelación no pueden fallar en
segunda instancia sobre ningún capítulo que no se hubiese
propuesto a la decisión del inferior, salvo intereses, daños y
perjuicios u otras cuestiones derivadas de hechos posteriores a la
sentencia de primera instancia (CPN, art. 277), ni sobre ninguna
cuestión respecto de la cual no haya mediado agravio concreto del
recurrente (tantum appellatum quantum devolutum).
c) Las cámaras nacionales de apelaciones ejercen su
competencia funcional mediante el conocimiento de los
recursos interpuestos contra las resoluciones dictadas por los
jueces de primera instancia de los cuales son tribunales de alzada.
Con excepción de los supuestos de irrecurribilidad por razones
cuantitativas, dichas cámaras ejercen la misma competencia por
razón del territorio y de la materia que los respectivos jueces de
primera instancia.
Algunas de ellas, por otra parte, tienen una competencia por
razón de la materia más amplia que la de dichos jueces. Así, la
Cámara Nacional de Apelaciones en lo Civil conoce de los recursos
que se interpongan contra las resoluciones del director del Registro
de la Propiedad Inmueble (ley 17.417,art. 28); la Cámara Nacional
de Apelaciones en lo Comercial conoce de los recursos contra las
resoluciones definitivas mediante las cuales la Comisión Nacional
de Valores aplique determinadas sanciones (ley 17.811,art. 14); la
Cámara Nacional de Apelaciones del Trabajo entiende de los
recursos que las leyes sometan a su conocimiento, así como de
aquéllos instituidos por las leyes contra resoluciones de la autoridad
administrativa que sancionen infracciones a las normas legales o
reglamentarias del derecho del trabajo (ley 18.345,art. 23, incs. b] y
c]), etcétera.
96. Excepciones a las reglas de competencia
268
a) Ya se ha visto que, sea a raíz de una declaración de
voluntad expresa o tácita de las partes o de una disposición legal,
las reglas generales en materia de competencia pueden
sufrir excepciones, en forma tal que se detraiga del conocimiento de
un órgano judicial el conocimiento de una o de varias causas que,
de acuerdo con esas reglas, encuadran dentro de su competencia,
y se las asigne al conocimiento de un órgano distinto.
b) Dicho desplazamiento se verifica por conformidad de partes
en
los
supuestos
de
competencia
territorial
en
asuntos exclusivamente patrimoniales (supra, nº 92) y cuando la
competencia federal corresponde por razón de las personas (infra,
nº 98).
El desplazamiento de la competencia por disposición legal
funciona en las hipótesis de conexión y de fuero de atracción.
c) Existe conexión, en sentido procesal, cuando dos o más
pretensiones tienen en común alguno de sus elementos objetivos
(objeto o causa), o se hallan vinculadas por la naturaleza de las
cuestiones involucradas en ellas.
En la primera de las referidas hipótesis cabe hablar de
una conexión sustancial que produce un desplazamiento de la
competencia fundado, en términos generales, en la necesidad de
evitar el pronunciamiento de sentencias contradictorias. Es lo que
ocurre en los casos de acumulación subjetiva de pretensiones
(supra, nº58) y de acumulación de procesos (supra, nº 60), los
cuales comportan una excepción a las reglas que gobiernan la
competencia ordinaria por razón de la materia civil y comercial.
En la segunda de las hipótesis mencionadas media, en cambio,
una conexión instrumental, la que produce el mismo resultado a raíz
de la conveniencia práctica de que sea el órgano judicial
competente para conocer en un proceso determinado quien, en
razón de su contacto con el material fáctico y probatorio de aquél,
también lo sea para conocer de las pretensiones, accesorias o no,
relacionadas con la materia controvertida en dicho proceso.
El art. 6º CPN, con las adecuaciones —de fondo y
terminológicas— que deban practicarse frente a lo previsto en los
arts. 434, 716, 717, 718, 719, 2621, 2629 y concordantes del Cód.
269
Civ. y Com., disponen, en orden a este tipo de conexión, que será
juez competente:
1º En los incidentes, obligaciones de garantía, citación de
evicción, cumplimiento de acuerdos de conciliación o transacción
celebrados en juicio, ejecución de sentencia, regulación y ejecución
de honorarios y costas devengadas en el proceso, y pretensiones
accesorias en general, el del proceso principal.
2º En los juicios de separación de bienes y liquidación de la
sociedad conyugal, el del juicio de divorcio o nulidad de matrimonio.
3º En la exclusión del cónyuge, tenencia de hijos, régimen de
visitas y litis expensas, el del juicio de separación personal, divorcio
vincular o nulidad, mientras durare la tramitación de estos últimos.
Si aquéllos se hubiesen iniciado con anterioridad, pasarán a
tramitar ante el juzgado donde quedare radicado el juicio de
separación, divorcio o nulidad. No existiendo tales juicios en trámite
(hipótesis no concebible en el caso de pedido de exclusión) y no
probado dónde estuvo radicado el último domicilio conyugal, se
aplicarán las reglas comunes sobre competencia (de manera que
las pretensiones deben interponerse ante el juez que tenga
competencia en el lugar del domicilio del demandado o en el que se
encuentre o en el de su última residencia [art. 6º, inc. 3º]).
Respecto de los juicios de alimentos y pensiones
compensatorias entre cónyuges o convivientes es competente el
juez del último domicilio conyugal o convivencial, o el del domicilio
del beneficiario, o el del demandado, o aquel donde deba ser
cumplida la obligación alimentaria, a elección del actor (art. 719.,
Cód. Civ. y Com.). Mediando juicio de inhabilitación (CPN, art.
6º, inc. 3º, sin motivo atendible, omitió contemplar el caso del juicio
de incapacidad —hoy, capacidad restringida—), el pedido de
alimentos contra el inhabilitado deberá promoverse ante el juzgado
donde se sustancia aquél.
4º En las medidas preliminares y precautorias, el que deba
conocer en el proceso principal.
5º En el pedido de beneficio de litigar sin gastos, el que deba
conocer en el juicio en que aquél se hará valer.
270
6º En el juicio ordinario que se inicie como consecuencia del
ejecutivo, el que entendió en éste.
d) Fuero de atracción. Razones de conveniencia práctica y
el interés general de la justicia, aconsejan que sea un solo juez
quien entienda en ciertas cuestiones vinculadas a los bienes que
han de ser recaudados, liquidados y transmitidos bajo su dirección.
De tal circunstancia deriva el llamado fuero de atracción, en cuya
virtud el juez que conoce en un proceso universal (sucesión o
quiebra), es competente para entender en las pretensiones
relacionadas con el patrimonio o los derechos sobre que versa
dicho proceso.
Con respecto al juicio sucesorio (ab intestato, testamentario o de
herencia vacante), determinaba el art. 3284 del derogado Cód. Civ.
que ante los jueces del lugar del último domicilio del difunto (que
son los competentes para conocer en aquél), debían entablarse: 1º)
Las demandas concernientes a los bienes hereditarios, hasta la
partición inclusive, cuando son interpuestos por algunos de los
sucesores universales contra sus coherederos. 2º) Las demandas
relativas a las garantías de los lotes entre los copartícipes, y las que
tiendan a la reforma o nulidad de la partición. 3º) Las demandas
relativas a la ejecución de las disposiciones del testador, aunque
sean a título particular, como sobre la entrega de los legados. 4º)
Las pretensiones personales de los acreedores del difunto, antes de
la división de la herencia.
Las pretensiones personales activas, y las pretensiones reales,
en cambio, no se hallaban incluidas en el fuero de atracción del
juicio sucesorio y se regían por las reglas comunes. El fuero de
atracción de la sucesión concluía con la partición, ya que desde el
momento en que ella tiene lugar cada heredero queda desvinculado
de los restantes y se juzga que ha recibido su derecho del
causante. No basta, pues, el hecho de haberse inscripto la
declaratoria de herederos o el testamento. Agregaba el art. 3285 del
derogado Cód. Civ. que si el difunto no hubiere dejado más que un
solo heredero, las acciones deben dirigirse ante el juez del domicilio
de este heredero, después que hubiese aceptado la herencia.
Hoy, el Código Civil y Comercial alude al tema en dos artículos.
El art. 2336 que reza: "Competencia. La competencia para entender
en el juicio sucesorio corresponde al juez del último domicilio del
causante, sin perjuicio de lo dispuesto en la Sección 9ª, Capítulo 3,
Título IV del Libro Sexto. El mismo juez conoce de las acciones de
petición de herencia, nulidad de testamento, de los demás litigios
que tienen lugar con motivo de la administración y liquidación de la
herencia, de la ejecución de las disposiciones testamentarias, del
mantenimiento de la indivisión, de las operaciones de partición, de
la garantía de los lotes entre los copartícipes y de la reforma y
nulidad de la partición. Si el causante deja sólo un heredero, las
acciones personales de los acreedores del causante pueden
dirigirse, a su opción, ante el juez del último domicilio del causante
o ante el que corresponde al domicilio del heredero único" y el art.
2643, cuyo texto es el siguiente "Jurisdicción. Son competentes
para entender en la sucesión por causa de muerte, los jueces del
último domicilio del causante o los del lugar de situación de los
bienes inmuebles en el país respecto de éstos".
"La declaración de quiebra —prescribe el art. 132 de la ley
24.522— atrae al juzgado en el que ella tramita, todas las acciones
judiciales iniciadas contra el fallido por las que se reclamen
derechos patrimoniales. Salvo las ejecuciones de créditos con
garantías reales, quedan exceptuados de este principio los
casos indicados en el art. 21 incs. 1º a 3º bajo el régimen allí
previsto. El trámite de los juicios atraídos se suspende cuando la
sentencia de quiebra del demandado se halle firme; hasta entonces
se prosigue con el síndico, sin que puedan realizarse actos de
ejecución forzada".
Esta norma debe ser complementada con el art. 21 que
establece: "Juicios contra el concursado. La apertura del concurso
produce, a partir de la publicación de edictos, la suspensión del
trámite de los juicios de contenido patrimonial contra el concursado
por causa o título anterior a su presentación, y su radicación en el
juzgado del concurso. No podrán deducirse nuevas acciones con
fundamento en tales causas o títulos. Quedan excluidos de los
efectos antes mencionados: 1. Los procesos de expropiación, los
271
272
7º En el pedido de determinación de la responsabilidad
establecida en el art. 208, el que decretó las medidas cautelares; en
el supuesto del art. 196, aquel cuya competencia para intervenir
hubiese sido en definitiva fijada.
que se funden en las relaciones de familia y las ejecuciones de
garantías reales; 2. Los procesos de conocimiento en trámite y los
juicios laborales, salvo que el actor opte por suspender el
procedimiento y verificar su crédito conforme lo dispuesto por los
arts. 32 y concordantes; 3. Los procesos en los que el concursado
sea parte de un litis consorcio pasivo necesario. En estos casos los
juicios proseguirán ante el tribunal de su radicación originaria o ante
el que resulte competente si se trata de acciones laborales nuevas.
El síndico será parte necesaria en tales juicios, excepto en los que
se funden en relaciones de familia, a cuyo efecto podrá otorgar
poder a favor de abogados cuya regulación de honorarios estará a
cargo del juez del concurso, cuando el concursado resultare
condenado en costas, y se regirá por las pautas previstas en la
presente ley. En los procesos indicados en los incs. 2º y 3º no
procederá el dictado de medidas cautelares. Las que se hubieren
ordenado, serán levantadas por el juez del concurso, previa vista a
los interesados. La sentencia que se dicte en los mismos valdrá
como título verificatorio en el concurso. En las ejecuciones de
garantías reales no se admitirá el remate de la cosa gravada ni la
adopción de medidas precautorias que impidan su uso por el
deudor, si no se acredita haber presentado el pedido de verificación
del crédito y su privilegio".
El fuero de atracción del juzgado de la quiebra, como se
advierte, reviste mayor amplitud que en el proceso sucesorio —
según el régimen del Código Civil derogado—.
§ III. COMPETENCIA FEDERAL(3)
97. Concepto y caracteres
273
a) La competencia federal es la facultad reconocida a los
órganos que integran el Poder Judicial de la Nación para ejercer
sus funciones en los casos, respecto de las personas y en los
lugares especialmente determinados por la Constitución Nacional.
Esta competencia deriva de la forma de gobierno adoptada por
nuestra Constitución, y su razón de ser obedece a diversas
circunstancias. "La coexistencia del estado nacional con los estados
provinciales —diceLASCANO—, puede originar conflictos entre éstos
o entre éstos y aquél, que deben ser resueltos por otra justicia que
la local: además, correspondiendo a la Nación lo relativo a las
relaciones internacionales, hay conveniencia de que ésta ejerza la
función jurisdiccional en los casos en que deba responder de su
ejercicio ante elextranjero... Al lado de éstas —agrega—, militan
razones de otro orden que también aconsejan el fuero federal,
sobre todo para ventilar cuestiones de interés general al que se
vinculan el honor de la Nación, la seguridad de sus instituciones, el
cumplimiento de las leyes militares, la solución de problemas
imprevistos que el progreso general crea y que son materia de
'leyes especiales', las necesidades de la navegación y del
comerciointernacional, el patrimonio fiscal, etcétera".
b) La Constitución Nacional determina, en sus arts. 116 y 117,
los asuntos cuyo conocimiento incumbe a la justicia federal. Dice el
art. 116: "Corresponde a la Corte Suprema y a los
tribunales inferiores de la Nación, el conocimiento y decisión de
todas las causas que versen sobre puntos regidos por la
Constitución Nacional, y por las leyes de la Nación con la reserva
hecha en el inc. 12 del art. 75 y por los tratados con las
nacionesextranjeras; de las causas concernientes a embajadores,
ministros públicos y cónsules extranjeros; de las causas de
almirantazgo y jurisdicción marítima; de los asuntos en que la
Nación sea parte; de las causas que se susciten entre dos o más
provincias; entre una provincia y los vecinos de otra; entre los
vecinos de diferentes provincias; y entre una provincia o sus
vecinos contra un Estado o ciudadano extranjero". Y agrega el art.
117: "En estos casos la Corte Suprema ejercerá su jurisdicción por
apelación según las reglas y excepciones que prescriba el
Congreso; pero en todos los asuntos concernientes a embajadores,
274
ministros y cónsulesextranjeros, y en los que alguna provincia fuese
parte, la ejercerá originaria y exclusivamente".
Diversas leyes orgánicas sancionadas por el gobierno nacional
han reglamentado dichas normas constitucionales, delimitando el
alcance de la competencia originaria de la Corte Suprema y de la
que
corresponde
a
los
demás
tribunales inferiores.
Serán examinadas en los números siguientes.
c) La competencia federal reviste los siguientes caracteres:
1º Es limitada, pues no puede ejercerse fuera de los
casos expresamente
enumerados
en
las
disposiciones
constitucionales antes transcriptas.
2º Es privativa y, por lo tanto, excluyente de la de los tribunales
de provincia. De allí que, tratándose de causas constitucionalmente
asignadas al conocimiento de los jueces federales, aquéllos deban
declarar suincompetencia, incluso de oficio, en cualquier estado del
pleito.
No obstante, la ley 927 sustrajo del fuero federal las causas de
jurisdicción concurrente (o sea aquéllas en que dicho fuero procede
por distinta vecindad o nacionalidad de las partes) en las que el
valor del objeto demandado no exceda de quinientos pesos, así
como también los juicios universales de concurso de acreedores y
de sucesión.
La Corte Suprema, al pronunciarse a favor de la validez de
tales excepciones a la procedencia del fuero federal, expresó "que
no obstante la generalidad de los términos de los arts. 67, inc. 11,
94 y 100 de la Constitución (actuales 75, inc. 12, 108 y 116), que
disponen que el Poder Judicial de la Nación, en los casos regidos
por las leyes nacionales y otros, fuera de los Códigos será ejercido
por una Corte Suprema de Justicia y por los demás
tribunales inferiores que el Congreso establezca, aquéllos han sido
siempre entendidos en la República y en los Estados Unidos, cuya
Constitución es la fuente reconocida de los mismos, en el sentido
de que ni se oponían a exclusiones completas de los tribunales
federales en caso de no existir los propósitos que losinforman, por
la escasa importancia civil o penal de dichos casos u otros motivos,
ni a la investidura de jurisdicción en distintas autoridades, con
recursos ante los tribunales referidos" (Fallos, 99-383; 36-394; 119275
161; 152-344). La misma doctrina ha sido aplicada por la Corte a fin
de justificar la exclusión de la competencia federal en el
conocimiento de los asuntos de índole laboral, cuando aquélla fuere
pertinente en razón de la distinta vecindad o nacionalidad de las
partes (Fallos, 235-280; 241-104; 244-29; 245-445; 247-740; 252190; 256-244, etc.).
3º Es improrrogable en el supuesto de ser procedente por razón
de la materia. Pero "siempre que en pleito civil un extranjero
demande a una provincia, o a un ciudadano, o bien el vecino de una
provincia demande al vecino de otra ante un juez o tribunal de
provincia, o cuando siendo demandados el extranjero o el vecino de
otra provincia, contesten a la demanda, sin oponer la excepción de
declinatoria, se entenderá que la jurisdicción (competencia) ha sido
prorrogada, la causa se sustanciará y decidirá por los tribunales
provinciales; y no podrá ser traída a la jurisdicción (competencia)
nacional por recurso alguno, salvo en los casos especificados en el
art. 14". Es por lo tanto prorrogable la competencia federal por
razón de las personas.
98. Competencia de los tribunales federales inferiores
a) La competencia de los jueces federales con asiento en las
provincias se halla reglamentada, en las materias civil, comercial y
contencioso-administrativa, por los arts. 2º de la ley 48 y 55 incs.
b), c) y d) de la ley 13.998 (decreto-ley 1285/58,art. 51). En la
Capital, la justicia federal en las mencionadas materias se halla
desempeñada por jueces nacionales de primera instancia en lo civil
y comercial federal, cuya competencia está reglamentada por el art.
111 de la ley 1893, que reproduce con algunas modificaciones
el art. 2º de la ley 48, y por el art. 42 de la ley 13.998 (decreto-ley
1285/58,art. 40), y por jueces nacionales de primera instancia en lo
contencioso-administrativo federal, cuya competencia está
determinada por la ley 13.998,art. 45 (decreto-ley 1285/58,art. 42).
A continuación se analizará la competencia de todos estos jueces
276
en forma conjunta, haciendo desde luego las aclaraciones
correspondientes, y examinando separadamente la competencia
por razón de la materia, de las personas y del lugar.
b) Por razón de la materia, incumbe a la justicia federal conocer
en las:
1º Causas
especialmente
regidas
por
la Constitución
Nacional(CN, art. 116; leyes 48,art. 2º, inc. 1º y 1893, art. 111, inc.
1º). Para que corresponda la competencia federal, en este caso, es
necesario que el derecho en cuya virtud se demanda se
encuentre directa e inmediatamente fundado en una norma
constitucional. No basta, en consecuencia, la circunstancia de que
los derechos que se dicen violados estén garantizados por la
Constitución, pues en la medida en que los Códigos comunes
tienden, en gran parte, a reglamentar o a hacer efectivos derechos
y garantías constitucionales (así lo están todos los que se refieren a
la propiedad y a la vida de los habitantes de la República), aquel
criterio comportaría una considerable e inadmisible limitación de la
competencia de los jueces provinciales, en la interpretación y
aplicación de dichos Códigos (CSN, Fallos, 26-233; 43-234; 96-347;
115-167).
Cuando se trata de demandas por inconstitucionalidad de
impuestos provinciales, la jurisprudencia ha establecido que sólo
pueden ser deducidas ante la justicia federal si ha mediado el
previo pago del impuesto mediante la correspondiente protesta. En
caso contrario la causa es de la competencia de los jueces
provinciales, sin perjuicio de que el contribuyente deduzca
oportunamente el recurso extraordinario que autoriza el art. 14 de
la ley 48 (Fallos, 31-103; 159-46). Se ha decidido, asimismo, que la
demanda por repetición de lo pagado en juicio de apremio tramitado
en el orden local debe deducirse ante la justicia ordinaria, por
cuanto, promovido ante ésta el juicio de apremio, queda
implícitamente fijada en esa misma competencia para entablar el
juicio de repetición subsiguiente al ejecutivo con arreglo a las leyes
procesales en vigor (CSN, Fallos, 184-59).
2º Causas
especialmente
regidas
por
leyes
del
Congreso (CN, art. 116; leyes 48,art. 2º, inc. 1º y 1893, art. 111, inc.
1º). Se trata de las leyes sancionadas por el Congreso en ejercicio
277
de las potestades que le acuerda elart. 75 de la CN, vale decir, las
que dicta para todo el territorio de la Nación, y que no estén
comprendidas en las materias que corresponden a los Códigos
Civil, Comercial, Penal, de Minería, del Trabajo y de la Seguridad
Social(CN, art. 75, inc. 12). Revisten aquel carácter, entre otras, las
leyes sobre patentes de invención, marcas de fábrica, correos y
telecomunicaciones,
enrolamiento,
aduanas, expropiación,
ferrocarriles, impuestos y contribuciones nacionales, vinos, etcétera,
y en general, aquellas que reglamentan servicios, instituciones y
actividades que se extienden a todo el territorio de la Nación (v.gr.:
Banco Central, Banco de la Nación, Banco Nacional de Desarrollo,
Caja Nacional de Ahorro y Seguro, Yacimientos Petrolíferos
Fiscales, Junta Nacional de Carnes, etc.).
Es también presupuesto de la competencia federal, en esta
hipótesis,
que
el
derecho invocado
se
fundedirecta
e inmediatamente en una ley nacional.
El art. 111, inc. 1º de la ley 1893excluye expresamente de la
competencia de los jueces federales de la Capital el conocimiento
de las causas regidas por leyes "que se refieren al gobierno y
administración de la Capital" (v.gr., contribuciones municipales,
impuesto a la herencia, etc.), pues aquéllas son dictadas por el
gobierno nacional para regir exclusivamente en el mencionado
distrito.
3º Causas especialmente regidas por los tratados con las
naciones extranjeras (CN, art. 116; leyes 48,art. 2º,inc. 1º y 1893,
art. 111, inc. 1º). Como en los dos casos anteriores, el
derecho invocado debe estar directa einmediatamente fundado en
alguna disposición del tratado, salvo que ésta forme parte de la
legislación común.
4º Causas de almirantazgo y jurisdicción marítima (CN, art. 116).
Son las que se refieren a los actos que han tenido lugar en el mar y
a los actos y contratos referentes a la navegación. La expresión
general utilizada en la Constitución ha sido explicitada por los arts.
2º, incs. 7º a 10 de la ley 48, y 111, incs. 6º a 9º de la ley 1893, que
comprenden, dentro de aquélla, todas las causas a que den lugar
los apresamientos o embargos marítimos en tiempos de guerra; las
que se originen por choques o averías de buques, o por asaltos
278
hechos, o por auxilios prestados en alta mar, o en los puertos, ríos y
mares en que la República tiene jurisdicción; las que se originen
entre los propietarios o interesados de un buque, sea sobre su
posesión o sobre su propiedad; las que versen sobre la
construcción y reparos de un buque; sobre hipoteca de su casco;
sobre fletamentos y estadía; sobre seguros marítimos; sobre
salarios de oficiales y marineros; sobre salvamento civil y militar;
sobre naufragios; sobre avería simple y gruesa; sobre contratos a la
gruesa ventura; sobre pilotaje; sobre embargos de buques y penas
por violación de las leyes de impuestos y navegación; sobre
nacionalidad del buque y legitimidad de su patente o regularidad de
sus papeles; sobre arribadas forzosas; sobre reconocimientos;
sobre abandono, venta y liquidación de créditos del buque, sobre
cumplimiento de las obligaciones del capitán, tripulantes y, en
general, sobre todo hecho o contrato concerniente a la navegación
y comercio marítimo.
La competencia federal en las causas de almirantazgo y
jurisdicción marítima presupone que tales causas se relacionen
directamente con la navegación y el comercio marítimos, que son,
de acuerdo con la jurisprudencia de la Corte, los que se cumplen
entre un puerto de la República y otro extranjero, o entre dos
provincias por ríosinteriores declarados libres para todas las
banderas por el art. 26 de la CN. Se trata, asimismo, de la solución
consagrada por la ley 20.094, cuyo art. 515 atribuye competencia a
los tribunales federales para entender "en las causas emergentes
de la navegación interjurisdiccional, o que puedan considerarse
conexas a éstas". Tal limitación, sin embargo, no rige con respecto
a los tribunales federales con sede en la Capital Federal.
Los arts. 55, inc. b) y 42, inc. b) de la ley 13.998, establecen la
regla general de que los jueces federales con asiento en las
provincias y los jueces nacionales de primera instancia en lo civil y
comercial federal de la Capital, respectivamente, conocerán de las
causas regidas por el derecho de la navegación y el derecho
aeronáutico.
Concordantemente con ello el Código Aeronáutico (ley
17.285,art. 198), dispone que corresponde a la justicia federal el
conocimiento y decisión de las causas que versen sobre
navegación aérea o comercio aéreo en general y de los delitos que
puedan afectarlos.
279
280
5º Causas concernientes a hechos, actos y contratos relativos a
los medios de transportes terrestre, conexcepción de las acciones
civiles por reparación de daños y perjuicios causados por delitos o
cuasidelitos (ley 13.998,arts. 55, inc. b], y 42, inc. b], refiriéndose,
respectivamente, a los jueces federales con asiento en las
provincias y a los jueces nacionales en lo federal de la Capital). De
acuerdo con esta norma, por consiguiente, la justicia federal es
competente para conocer de todas aquellas pretensiones por
resarcimiento de daños que se fundaban en el art. 184 del
derogado Cód. Com. (hoy, arts. 1286 y su remisión al 1757, Cód.
Civ. y Com.), las cuales son de origen contractual, y no delictual o
cuasidelictual (CSN, Fallos, 243-372; CNApel. Com., en pleno,L.L.,
108-883, etc.). En lo que concierne a los jueces federales de las
provincias, el conocimiento de esta clase de asuntos se halla
supeditado a la circunstancia de que ellos versen sobre hechos,
actos y contratos relativos a los medios de transporte que liguen a
la Capital Federal o un territorio nacional con una provincia, o dos
provincias entre sí, o un punto cualquiera de la Nación con un
Estado extranjero y siempre, además, que la pretensión se funde,
en forma directa e inmediata, en normas dictadas por el gobierno
nacional en ejercicio de la facultad que le confiere el art. 75, inc.
13 de la CN. Esta limitación no rige en relación con los jueces
federales de la Capital, a quienes la ley puede conferir, sin
desmedro constitucional, atribuciones para conocer en asuntos
ajenos a la competencia exclusivamente federal.
c) Por razón de las personas, compete a los jueces federales
conocer de:
1º Las causas en que la Nación sea parte (CN, art. 116; leyes
48,art. 2º, inc. 6º, y 1893, art. 111, inc. 5º). La norma comprende al
Estado nacional, a sus entes descentralizados y a las empresas del
Estado.
En la Capital Federal, la competencia para conocer en las
causas en que la Nación es parte puede corresponder, en ciertos
casos, a los jueces nacionales en lo contencioso-administrativo
federal. La delimitación de la materia "contencioso-administrativa" a
que se refiere el art. 45, inc. a) de la ley 13.998, ha sido objeto de
numerosos fallos judiciales que, en lo fundamental, condicionan la
respectiva competencia a la circunstancia de que exista una
resolución que haya violado algún derecho establecido
anteriormente por una ley, decreto, reglamento u otra disposición de
índole administrativa, y se haya agotado previamente la vía
administrativa, deduciéndose en su caso el recurso jerárquico
(CNFed., J.A., 1951-IV-57). Se ha dicho, asimismo, que el
verdadero fundamento de la competencia del fuero especializado
en materia contencioso-administrativa está dado por la norma
objetiva que, de manera preponderante, ha de utilizarse para dirimir
la contienda judicial, procurándose así que las cuestiones propias
del derecho administrativo sean sustanciadas y resueltas por jueces
especializados en tal disciplina (CNFed., en pleno, L.L., 96-243). En
ese orden de consideraciones se ha resuelto que corresponde a los
jueces en lo contencioso-administrativo conocer de la demanda
entablada contra la Nación para que se condene a ésta a conceder
una pensión de retiro militar denegada por vía administrativa
(CNFed., J.A., 1951-IV-57); de la demanda cuyo título determinante
lo constituye un decreto del Poder Ejecutivo de la Nación dictado
por éste en su misión de poder administrador de los caudales de la
Nación (CNFed., L.L., 67-320), etcétera.
Los arts. 2º, inc. 6º de la ley 48, y 111, inc. 5º de la ley
1893,extienden la competencia federal al supuesto de que sea
parte en el juicio un recaudador de las rentas de la Nación,
habiéndose interpretado, como es obvio, que el pleito ha de
referirse a hechos relacionados con la renta y el servicio público,
pues sólo en ese ámbito cabe identificar al recaudador con la
Nación. Directamente vinculados con el punto analizado se hallan
los arts. 2º,incs. 4º y 5º de la ley 48, y 111, incs. 4º y 5º de la ley
1893, según los cuales compete a la justicia federal conocer de
"todo pleito que se inicie entre particulares, teniendo por origen
actos administrativos del gobierno nacional", y "toda acción fiscal
contra particulares o corporaciones, sea por cobro de cantidades
debidas o por cumplimiento de contrato, o por defraudación de
rentas nacionales, o por violación de reglamentos administrativos".
En relación con esta última norma corresponde también aclarar
que, en la Capital Federal, es de competenciaexclusiva de los
jueces en lo contencioso-administrativo el conocimiento "de las
causas que versen sobre contribuciones nacionales y
sus infracciones" (ley 13.998,art. 45, inc. b]). Pero el precepto debe
correlacionarse con lo dispuesto en el art. 111, inc. 5º de la ley
1893, que excluye de la competencia de los jueces federales (y, por
lo tanto, de los jueces en lo contencioso-administrativo), el
conocimiento de las acciones fiscales por cobro de rentas o
impuestos que sean exclusivamente para la Capital y no generales
para la Nación.
281
282
2º Las causas civiles en que sean parte un vecino de la
provincia en que se suscite el pleito y un vecino de otra (CN, art.
116; ley 48,art. 2º, inc. 2º). El art. 111, inc. 2º de la ley
1893 otorgaba competencia a los jueces federales de la Capital
para conocer en los pleitos suscitados entre un vecino de la Capital
y el de una provincia, pero la norma fue derogada por art.
41, inc. a) de la ley 13.998, que excluyó la competencia de aquéllos
para entender en "las causas cuyo conocimiento les está atribuido
por razones de la nacionalidad o el domicilio de las personas", lo
cual encuentra fundamento en la circunstancia de que todos los
jueces de la Capital revisten carácter nacional.
El art. 11 de la ley 48 establece que la vecindad en una
provincia "se adquirirá para los efectos del fuero, por la residencia
continua de dos años, o por tener en ella propiedades raíces, o un
establecimiento de industria o comercio, o por hallarse establecido,
de modo que aparezca el ánimo de permanecer". Respecto de esta
norma la Corte Suprema ha resuelto que la vecindad se fija por el
hecho de "hallarse establecido, de modo que aparezca el ánimo de
permanecer", y que las restantes circunstancias a que aquélla se
refiere, carecen de valor propio para determinar la vecindad, siendo
meros elementos de juicio de los cuales puede inducirse el hecho
de la residencia con carácter permanente (CSN, Fallos, 137-337).
Para que proceda el fuero federal por razón de distinta vecindad
es necesario que ambos litigantes seanargentinos, y que quien
lo invoque sea el vecino de extraña provincia, por cuanto a nadie le
es dado declinar los jueces de su propio fuero. Además, es
necesario
que
el
derecho
que
se
disputa
pertenezca originariamente y no por cesión o mandato a quien lo
hace valer en juicio (ley 48,art. 8º).
"Las corporaciones anónimas creadas y haciendo sus negocios
en una provincia, serán reputadas, para los efectos del fuero, como
ciudadanos vecinos de la provincia en que se hallen establecidas
cualquiera que sea la nacionalidad de sus socios actuales" (ley
48,art. 9º). Pero "en las sociedades colectivas, y en general en
todos los casos en que dos o más personas pretendan ejercer una
acción solidaria, o sean demandados por una obligación solidaria,
para que caigan bajo la jurisdicción nacional, se atenderá a la
nacionalidad o vecindad de todos los miembros de la sociedad o
comunidad, de tal modo que será preciso que cada uno de
ellosindividualmente tenga el derecho de demandar, o pueda ser
demandado ante los tribunales nacionales, con arreglo a lo
dispuesto en el inc. 2º del art. 2º" (ley 48,art. 10). Esta última norma
es también aplicable a las sociedades de responsabilidad limitada y
a las sociedades en comandita simple.
3º Las causas civiles en que sea parte un ciudadano argentino y
otro extranjero (CN, art. 116; ley 48,art. 2º,inc. 2º). El fuero federal
en razón de la distinta nacionalidad de las partes (que no rige en la
Capital
[ley
13.998,art.
41, inc.
a])
constituye
un
privilegio instituido exclusivamente en beneficio del extranjero,
quien por lo tanto puede renunciarlo expresa o tácitamente; pero
el extranjero demandado por un argentino ante la justicia federal no
puede declinar la competencia de ésta.
Es aplicable al caso en estudio, lo que se ha dicho en el número
anterior acerca de la forma en que debe corresponder el derecho
debatido y de los casos en que son partes sociedades o se
demande el cumplimiento de obligaciones solidarias.
Los Estados extranjeros pueden también ser demandados ante
la justicia federal, siempre que renuncien al privilegio de exención
de jurisdicción examinado en su oportunidad (supra, nº 45).
en su carácter público incumben a la Corte Suprema en instancia
originaria y exclusiva (decreto-ley 1285/58,art. 24, inc. 1º).
El privilegio del fuero federal corresponde solamente a la
persona del cónsul o vicecónsul, y no al personal del Consulado
(dependientes, sirvientes, familiares).
d) La competencia de la justicia federal por razón del lugar se
vincula con la cuestión atinente al alcance de los poderes otorgados
al Estado nacional por el art. 75, inc. 30 de la CN, para ejercer
potestades legislativas, administrativas y judiciales en los lugares
adquiridos por compra o cesión en cualquiera de las provincias con
el fin de instalar allí establecimientos de utilidad nacional.
En la jurisprudencia de la Corte prevaleció el criterio en cuya
virtud la adquisición, por el gobierno federal, de lugares en las
provincias con destino a establecimientos de utilidad nacional, no
implica la federalización de esos territorios al extremo de que la
Nación atraiga, por ese solo hecho, toda la potestad legislativa,
administrativa y judicial, en forma exclusiva y excluyente, de
manera que la jurisdicción provincial sólo debe quedar excluida en
la medida en que su ejercicio interfiera, directa o indirectamente, en
la satisfacción del servicio de interés público que requiere el
establecimiento nacional (Fallos, 201-536; 215-250; 240-311; 248824; 259-414; 293-287; 296-449; 301-856).
Tal doctrina ha sido explícitamente adoptada por la reforma
constitucional de 1994 por cuanto el art. 75, inc. 30 se refiere a los
"fines específicos de los establecimientos de utilidad nacional" y
dispone que "las autoridades provinciales y municipales
conservarán el poder de policía e imposición sobre estos
establecimientos, en tanto nointerfieran en el cumplimiento de
aquellos fines".
4º Las causas que versen sobre negocios particulares de los
cónsules extranjeros y todas las concernientes a los
vicecónsules extranjeros (CN, art. 116; leyes 13.998,art. 55, inc. c] y
1893, art. 111, inc. 3º). Cuando se trata de cónsules, la
competencia de los jueces federales de primera instancia se halla
circunscripta a las causas referentes a sus "negocios particulares",
pues las que versan sobre los privilegios y exenciones de aquéllos
e) Los jueces federales con asiento en las provincias tienen
también competencia para conocer, en grado deapelación, de
resoluciones dictadas por organismos administrativos. Tal atribución
les ha sido acordada por diversas leyes especiales como las de
defensa agrícola, policía sanitaria, policía vegetal, armas
y explosivos, etcétera.
Con respecto a la Capital Federal, el art. 45, inc. d) de la ley
13.998 asignó competencia a los jueces nacionales de
283
284
primera instancia en lo contencioso-administrativo para conocer "de
los recursos contra las resoluciones administrativas, que las leyes
en vigor atribuyen a los jueces federales existentes a la fecha de la
sanción de esta ley". Corresponde a tales jueces, entre otros casos,
conocer de los recursos interpuestos contra los fallos dictados por
los administradores de aduanas sobre infracciones, repetición y
retardo; contra las resoluciones denegatorias de inscripción de
marcas de fábrica o de comercio, etcétera.
f) La competencia de las cámaras federales de apelación con
asiento en las provincias, así como la de las cámaras nacionales de
apelaciones en lo civil y comercial federal y en lo contenciosoadministrativo federal, ha sido examinada en oportunidad de
estudiar la organización de la justicia nacional (supra, nº 69).
99. Competencia de la Corte Suprema de Justicia de
la Nación
a) La competencia de la Corte Suprema está actualmente
reglamentada por el art. 24 del decreto-ley 1285/58,con las
modificaciones introducidas por las leyes 15.271, 17.116, 21.708 y
24.463. Dicho tribunal tiene competencia originaria y apelada,
habiendo sido establecida la primera, como regla, atendiendo a las
personasintervinientes en las causas y la segunda, teniendo en
cuenta las personas, la materia y la importancia del asunto.
Se examinarán los distintos casos siguiendo el orden legal.
b) La Corte conoce originaria y exclusivamente:
1º En todos los asuntos que versan entre dos o más provincias y
los civiles entre una provincia y algún vecino o vecinos de otra o
ciudadanos o súbditos extranjeros (decreto-ley 1285/58,art. 24, inc.
1º).
Cuando el litigio se plantea entre dos o más provincias
corresponde la competencia originaria de la Corte, con
prescindencia de la naturaleza de las cuestiones que aquél
285
comprenda, salvo las cuestiones sobre límites, que deben ser
resueltas por el Congreso (CN, art. 75, inc. 15).
En cambio, cuando la causa se suscita entre una provincia y
un extranjero o un nacional vecino de otra provincia, aquélla debe
revestir carácter civil. Por causas civiles debe entenderse, según
una reiterada jurisprudencia de la Corte, no solamente aquellas en
las que se debaten derechos nacidos de estipulación o contrato,
sino, en general, las regidas por el derecho común. De allí que la
Corte carezca de competencia originaria para entender en aquellos
juicios cuya solución dependa, fundamentalmente, del conocimiento
de cuestiones regidas por preceptos de naturaleza local. De
conformidad con tales principios se ha decidido, v.gr., que es ajena
a la competencia originaria de la Corte la demanda por cobro de
pesos entablada a raíz de haber sido dejado sin efecto, por decreto
de la Junta Militar a cargo del gobierno de una provincia, el
convenio suscripto por el anterior gobernador referente a la
prestación de servicios profesionales para planificar la
administración pública local (Fallos, 244-76); la demanda dirigida
contra una provincia a fin de que, declarándose la nulidad de
los autos de embargo de títulos y remate de éstos, dictados por los
jueces provinciales en el juicio de apremio sobre cobro de
impuestos establecidos por una ley local, se condene a su
restitución (Fallos, 245-104); la demanda sobre reversión de
dominio entablada contra una provincia, que se funda en
disposiciones de derecho público y administrativo local (Fallos, 254411); la demanda que persigue la nulidad de inscripciones y
resoluciones internas realizadas por el Registro de la Propiedad de
una provincia y de una escritura pública labrada por un escribano
provincial (Fallos, 301-661), etcétera.
El inciso examinado excluye de la competencia originaria de la
Corte las cuestiones que se susciten entre una provincia y sus
propios vecinos, salvo que el derecho debatido revista carácter
federal, como cuando, por ejemplo, se impugna la validez
constitucional de actos de las provincias cumplidos en su calidad de
poder público, por cuanto en tales casos, la competencia de la
Corte surge por ser la causa de competencia federal en los
términos del art. 116 de la CN y por ser parte en ella una de las
286
provincias integrantes de la Nación (CN, art. 117, y decreto-ley
1285/58,art. 24, inc. 1º) (Fallos, 249-165; 255-256, etc.).
Deben considerarse "vecinos" a los efectos de la competencia
originaria de la Corte Suprema: a) Las personas físicas domiciliadas
en el país desde dos o más años antes de la iniciación de la
demanda, cualquiera que sea su nacionalidad; b) Las personas
jurídicas de derecho público del país; c) Las demás personas
jurídicas constituidas y domiciliadas en el país; d) Las sociedades y
asociaciones sin personería jurídica, cuando la totalidad de sus
miembros se halle en la situación prevista en el párr. a) (decreto-ley
1285/58,art. 24, inc. 1º). En cuanto a la forma de adquirirse la
"vecindad" en determinada provincia, rige lo dispuesto por el art.
11 de la ley 48(supra, nº 98).
2º En los asuntos que versen entre una provincia y un
Estado extranjero (decreto-ley 1285/58,art. 24, inc. 1º). En este
caso debe prescindirse, para determinar la competencia de la
Corte, de la naturaleza y monto de las cuestiones debatidas, por
cuanto aquélla surge exclusivamente en razón de las personas.
Pero "no se dará curso a la demanda contra un Estado extranjero,
sin requerir previamente de su representante diplomático,
porintermedio del Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto, la
conformidad de aquel país para ser sometido a juicio", salvo que
concurran las circunstancias señaladas supra, nº 45.
3º En las causas concernientes a embajadores u otros ministros
diplomáticos extranjeros, a las personas que compongan la
legación y a los individuos de su familia, del modo que una Corte de
Justicia puede proceder con arreglo al derecho de gentes (decretoley 1285/58,art. 24, inc. 1º).
Son causas concernientes a embajadores o ministros
plenipotenciarios extranjeros, las que les afecten directamente por
debatirse en ellas derechos que les asisten o porque comprometen
su responsabilidad, así como las que en la misma forma afecten a
las personas de su familia, o al personal de la embajada o legación
que tenga carácter diplomático (decreto-ley 1285/58,art. 24, inc.
1º, párr. 5º). Pero el privilegio de la competencia originaria de la
Corte, que alcanza a las personas de la familia de los embajadores
o ministros plenipotenciariosextranjeros, no se extiende a
287
los individuos de la familia del personal de la embajada que tenga
carácter diplomático.
No cabe dar curso a las acciones contra las personas antes
mencionadas sin requerirse previamente, del respectivo embajador
o ministro plenipotenciario, la conformidad de su gobierno para
someterlas a juicio (decreto-ley 1285/58,art. 24, inc. 1º, párr. 6º).
4º En las causas que versen sobre privilegios y exenciones de
los cónsules extranjeros en su carácter público(decreto-ley
1285/58,art. 24, inc. 1º). Agrega el párr. 6º del mismo inciso que
"son causas concernientes a cónsules extranjeros las seguidas por
hechos o actos cumplidos en el ejercicio de sus funciones propias,
siempre que en ellas se cuestione su responsabilidad civil o
criminal". Entran en esta categoría, v.gr., las causas relativas a
las injurias inferidas a un cónsul en el local del consulado (Fallos,
10-324); a la acusación de usurpación de autoridad contra un
cónsul (Fallos, 29-66); al despido del canciller de un consulado
(J.A., 59-758), etcétera.
c) La Corte tiene competencia apelada extraordinaria cuando
conoce en las causas por vía del recursoextraordinario (leyes
48,art. 14 y 4055, art. 6º), y en los recursos directos deducidos con
motivo de la denegatoria de aquél (decreto-ley 1285/58,art. 24, incs.
2º y 4º).
d) Ejerce competencia apelada ordinaria con motivo de:
1º Los recursos ordinarios de apelación contra las sentencias
definitivas de las Cámaras Nacionales de Apelaciones, en los
siguientes casos: a) Causas en que la Nación directa
o indirectamente sea parte, cuando el valor disputado en último
término, sin sus accesorios, sea superior a determinada cantidad de
pesos; b)
Extradición
de
criminales
reclamados
por
países extranjeros; c) Causas a que dieren lugar los apresamientos
o embargos marítimos en tiempo de guerra, sobre salvamento
militar y sobre nacionalidad del buque, legitimidad de su patente o
regularidad de sus papeles (decreto-ley 1285/58,art. 24, inc. 6º).
2º Los recursos contra las sentencias definitivas de la Cámara
Federal de la Seguridad Social, cualquiera fuere el monto del juicio
(ley 24.463,art. 19).
288
3º Los recursos directos que sean consecuencia de la
denegatoria de los recursos mencionados precedentemente
(decreto-ley 1285/58,art. 24, inc. 4º).
e) Finalmente, corresponde a la Corte Suprema conocer de:
relativo a su interposición directa ante la Corte, aunque debe
razonablemente entenderse que no puede exceder del de diez días
previsto en el art. 257 del CPN en relación con el
recurso extraordinario, y computarse desde la fecha de la
notificación de la medida cautelar cuestionada.
1º Los recursos de queja por retardo de justicia en contra de las
cámaras nacionales de apelaciones (decreto-ley 1285/58,art.
24, inc. 5º).
2º Las cuestiones de competencia y los conflictos que en juicio
se planteen entre jueces y tribunales del país que no tengan un
órgano superior jerárquico común que deba resolverlos, salvo que
dichas cuestiones o conflictos se planteen entre jueces nacionales
de primera instancia, en cuyo caso serán resueltos por la cámara
de que dependa el juez que primero hubiese conocido. Decidirá
asimismo sobre el juez competente en los casos en que
su intervención sea indispensable para evitar una efectiva privación
de justicia (decreto-ley 1285/58,art. 24, inc. 7º).
Por aplicación del principio en cuya virtud las autoridades
provinciales no pueden prevalerse de lo dispuesto por sus propias
leyes para trabar o turbar en forma alguna la acción de los jueces
que hacen parte del Poder Judicial de la Nación (decreto-ley
1285/58,art. 20), la Corte Suprema ha decidido, entre otros casos,
que la falta de respuesta por un juez provincial a las rogatorias
libradas por un magistrado federal constituye una efectiva traba a la
acción de la justicia nacional, a la que el tribunal debe poner
término, en ejercicio de la competencia que le confiere el art.
24, inc. 7º del decreto-ley 1285/58, mediante la respectiva orden de
que el primero dé cumplimiento en breve plazo al encargo
formulado (Fallos, 242-480; 244-457; 245-61; etc.).
§ IV. CUESTIONES DE COMPETENCIA(4)
100. Concepto, clases y procedimiento
a) Existe cuestión de competencia cuando se desconoce a un
juez, sea por alguna de las partes, o por otro juez, la facultad de
conocer en determinado proceso.
Dichas cuestiones pueden originarse mediante el uso de dos
vías
procesales
denominadas declinatoria einhibitoria, aunque
también cabe la posibilidad de que ellas sean planteadas de oficio
por los jueces.
3º Los pedidos formulados por las entidades estatales cuando
se dicten medidas cautelares que en forma directa o indirecta
afecten,
obstaculicen,
comprometan
o
perturben
el
desenvolvimiento de actividades esenciales de dichas entidades
(CPN, art. 195 bis (hoy derogado por ley 25.587) y ley 18.345,art.
62 bis (incorporado por eldecreto 1387,arts. 50 y 51).
Se trata de un "salto de instancia" a cuyo respecto el decreto
1387, al margen de su ambigüedad, no ha fijado plazo alguno
b) Mediante la declinatoria el demandado se presenta ante el
juez que lo citó y le pide un pronunciamiento negativo acerca de su
competencia, en tanto que por la inhibitoria, en cambio, aquél se
presenta ante el juez que cree competente, pidiéndole que así lo
declare y remita un oficio o exhorto inhibitorio al juez que está
conociendo en la causa a fin de que se abstenga de continuar
conociendo de ella.
Las partes pueden utilizar una u otra vía, salvo que la cuestión
comprenda a jueces que ejercen la misma competencia territorial,
en cuyo caso sólo procede el planteamiento de la declinatoria. En
ambos supuestos se requiere que no se haya consentido la
competencia de que se reclama. Además, la declinatoria y
289
290
la inhibitoria seexcluyen recíprocamente: la elección de una es
definitiva y obsta el planteamiento de la otra (CPN, art. 7º).
c) En cuanto al procedimiento a seguir, el art. 8º CPN dispone
que "la declinatoria se sustanciará como las demás excepciones
previas y, declarada procedente, se remitirá la causa al juez tenido
por competente". En los procesos ordinario y sumarísimo debe
plantearse como excepción de incompetencia juntamente con la
contestación de la demanda o la reconvención, en su caso (CPN,
art. 346 y 498).
En lo que se refiere a la inhibitoria, el mencionado art. 8º
establece que "podrá plantearse hasta el momento de
oponer excepciones o de contestar la demanda si aquel trámite no
se hallare establecido como previo en el proceso de que se trata".
La cuestión de competencia por inhibitoria se inicia mediante
escrito presentado ante el juez que la parte entiende competente,
en el cual corresponde formular una reseña de la demanda y de los
antecedentes susceptibles de justificar la competencia de aquél. Al
referirse al planteamiento y decisión de la inhibitoria, el art. 9º CPN
dispone que "si entablada la inhibitoria el juez se declarase
competente, librará oficio o exhorto acompañando testimonio del
escrito en que se hubiere planteado la cuestión, de la resolución
recaída y demás recaudos que estime necesarios para fundar su
competencia. Solicitará, asimismo, la remisión del expediente o, en
su defecto, su elevación al tribunal competente para dirimir la
contienda.
La
resolución
sólo
será
apelable
si
se
declarase incompetente".
En cuanto al trámite de la inhibitoria ante el juez requerido, una
vez recibido el oficio o exhorto, aquél se pronunciará aceptando o
no la inhibición. En el primer caso, su resolución será apelable y
una vez consentida o ejecutoriada, "remitirá la causa al tribunal
requirente, emplazando a las partes para que comparezcan ante él
a usar de su derecho". En cambio, "si mantuviere su competencia
enviará sin otra sustanciación las actuaciones al tribunal
competente para dirimir la contienda y lo comunicará sin demora al
tribunal requirente para que remita las suyas" (CPN, art. 10).
La ley 25.488 sustituyó no obstante dicha norma por otra en
cuya virtud "las cuestiones de competencia se sustanciarán por vía
de incidente. No suspenden el procedimiento, al que seguirá su
291
trámite ante el juez que previno, salvo que se tratare de cuestiones
de competencia en razón del territorio".
En razón de que el precepto transcripto excluye de su marco
significativo a las cuestiones suscitadas entre jueces de distintas
circunscripciones judiciales, en cuyos supuestos corresponde
entender, a contrario sensu, que ambos magistrados deben
suspender los procedimientos relativos a la causa principal, dicho
precepto sólo puede considerarse aplicable a los casos en que dos
jueces con una misma competencia territorial se han declarado
competentes para conocer en un mismo proceso, que configura la
hipótesis de conocimiento simultáneo aludida en el art. 13 del CPN.
Pero aun así se ha incurrido en un manifiesto error, por cuanto la
prosecución de la causa principal ante el juez que previno puede
culminar en una declaración de nulidad, emergente de la
circunstancia de haberse tramitado aquélla —inclusive en su
totalidad—
ante
un
órgano
judicial
en
definitiva
declarado incompetente por el tribunal llamado a dirimir la cuestión.
101. Modos de dirimir las cuestiones de
competencia
Dispone el art. 11 CPN que "dentro de los cinco días de
recibidas las actuaciones de ambos jueces, el tribunal superior
resolverá la contienda sin más sustanciación y las devolverá al que
declare competente, informando al otro por oficio o exhorto". Agrega
que "si el juez que requirió la inhibitoria no remitiere las actuaciones
dentro de un plazo prudencial a juicio del tribunal superior, éste
lo intimará para que lo haga en un plazo de diez a quince días,
según la distancia, bajo apercibimiento de tenerlo por desistido de
su pretensión".
Es preciso aclarar que la Corte Suprema es tribunal competente
cuando la contienda se suscite entre jueces que no tengan un
órgano superior jerárquico común, quedando excluidas de su
competencia las cuestiones o conflictos que se planteen entre
jueces nacionales de primera instancia, los que deben ser resueltos
292
por la cámara de que dependa el juez que primero hubiere
conocido. Asimismo, la Corte debe decidir sobre el juez competente
en los casos en que su intervención es necesaria para evitar una
efectiva privación de justicia (decreto-ley 1285/58,art. 24, inc. 7º).
En consecuencia, la Corte Suprema de Justicia de la Nación
tiene competencia para resolver los conflictos que se susciten entre
jueces o tribunales de distintas provincias, o entre jueces
nacionales y provinciales. En ejercicio de esa facultad, la Corte
debe declarar la competencia del juez o tribunal que realmente la
tenga, aunque tal juez o tribunal no haya intervenido en la contienda
(Fallos, 250-604; 256-164 y 401).
La segunda parte de la norma antes transcripta se refiere a los
denominados conflictos negativos de competencia, los cuales
tienen lugar cuando, habiéndose declarado incompetente un juez o
tribunal (sea de oficio o en razón de haber prosperado
una excepción de incompetencia), la misma declaración es emitida
por el juez o tribunal ante el cual el actor ocurre en segundo
término. Pero debe tenerse presente que la Corte sólo interviene,
en tales casos, cuando los jueces o tribunales respectivos no
tengan un superior jerárquico común que deba resolver la
contienda.
Finalmente, el art. 13 CPN dispone que "en caso de contienda
negativa o cuando dos o más jueces se encontraren conociendo de
un mismo proceso, cualquiera de ellos podrá plantear la cuestión de
acuerdo con el procedimiento establecido en los artículos 9º a 12".
La remisión a esas normas, sin embargo, debe entenderse en el
sentido de que ellas son aplicables en cuanto sea pertinente, pues
algunas, como las referentes al régimen de recursos, a la
suspensión de los procedimientos, y al apercibimiento que puede
formular el tribunal superior, no se adecuan a la índole de este tipo
de contienda.
CAPÍTULO VIII - LAS PARTES
SUMARIO: I. GENERALIDADES:
102. Concepto de parte.— 103.
Capacidad para ser parte.— 104.
Capacidad
procesal.—
105.
Deberes
de
las
partes.—
II. REPRESENTACIÓN DE LAS
PARTES: 106. Justificación de la
personería.— 107. El gestor.—
108.
La
representación
convencional.— 109. Deberes de
los
procuradores.—
110.
Extensión del mandato.— 111.
Cesación del mandato.— 112. La
representación
legal.—
III. UNIFICACIÓN
DE
LA
PERSONERÍA: 113. Concepto y
fundamento.—
114.
Procedimiento.—
115.
Revocación y cesación.
§ I. GENERALIDADES(1)
102. Concepto de parte
293
294
a) Es parte —dice CHIOVENDA— el que demanda en nombre
propio (o en cuyo nombre se demanda) una actuación de ley, y
aquel contra el cual esa actuación de ley es demandada. En un
orden de ideas sustancialmente similar, GUASP expresa que parte
es quien pretende y frente a quien se pretende, o, más
ampliamente, quien reclama y frente a quien se reclama la
satisfacción de una pretensión.
b) Tales conceptos —con los que coincide la mayor parte de la
doctrina— destacan dos notas fundamentales, a saber: 1º) Que la
noción de parte se halla circunscripta al área del proceso: es parte
quien reclama, o frente a quien se reclama la protección
jurisdiccional, o sea, quienes de hecho intervienen o figuran en el
proceso como sujetos activos y pasivos de una determinada
pretensión, con prescindencia de que revistan o no el carácter de
sujetos legitimados (supra, nº 52), porque la legitimación constituye
un requisito de la pretensión y no de la calidad de parte. Si ésta, en
otras palabras, no se encuentra legitimada, ocurrirá que su
pretensión será rechazada, pero esta contingencia no la privará de
aquella calidad; 2º) Que sólo es parte quien actúa en nombre
propio (o en nombre de quien se actúa). No reviste tal calidad, en
consecuencia, quien, como el representante (legal o convencional),
actúa en el proceso en nombre y por un interés ajeno.
c) En ese orden de consideraciones, corresponde reconocer
calidad de partes tanto al sustituto procesal como a los terceros
que ingresan al proceso mediante cualquiera de las modalidades de
la intervención. También son partes (aunque transitorias
o incidentales) quienes, siendo ajenos a la relación jurídica
sustancial que se debate en el proceso, actúan en él defendiendo
un derecho o un interés propio. Tal lo que ocurre con los peritos en
los incidentes promovidos con motivo de su recusación; con los
abogados y procuradores cuando intentan el cobro de sus
honorarios regulados con motivo de una condena en costas;
etcétera.
d) Necesariamente, las partes no pueden ser más que dos:
actora y demandada (principio de dualidad de las partes). Pero
como se verá oportunamente (infra, nº 130), el proceso puede
295
desenvolverse con la actuación de más de un sujeto en la misma
posición de parte.
e) Importa señalar, asimismo, que la posición de las partes en el
proceso puede no coincidir con la que les corresponde en la
relación jurídica sustancial que en aquél se discute. Porque si bien
es lo normal que el sujeto activo de la relación sustancial sea quien
adopte en el proceso la calidad de actor (caso de la pretensión de
condena deducida por el acreedor), también puede ocurrir que sea
el sujeto pasivo de dicha relación quien asume aquella calidad
(caso de la pretensión declarativa de nulidad del crédito deducida
por el deudor).
f) Las precedentes conclusiones sólo resultan aplicables a los
procesos contenciosos, pues únicamente en ellos cabe hablar de
"partes" en sentido estricto. En los procesos voluntarios el concepto
de parte debe ser reemplazado por el de "peticionarios", a quienes
corresponde definir, en concordancia con las nociones enunciadas
oportunamente (supra, nº 36), como aquellas personas que, en
nombre e interés propio, o en cuyo nombre e interés se reclama,
ante un órgano judicial, la emisión de un pronunciamiento que
constituya, integre o acuerde eficacia a determinado estado o
relación jurídica privada. No obstante, con la salvedad que se
formulará al examinar la capacidad procesal, son aplicables a los
peticionarios las mismas reglas y principios que se analizarán
seguidamente con relación a las partes.
103. Capacidad para ser parte
a) Este tipo de capacidad, que constituye un reflejo de la
capacidad de derecho genéricamente considerada, se refiere a la
posibilidad jurídica de figurar como parte en un proceso, y no es
otra cosa, por consiguiente, que la aptitud para ser titular de
derechos y de deberes procesales.
296
b) Del principio general en cuya virtud toda persona humana
goza de la aptitud para ser titular de derechos y deberes jurídicos
(Cód. Civ. y Com., art. 22) se infiere que toda persona, por el solo
hecho de serlo, goza de capacidad para ser parte. La adquisición y
pérdida de esta clase de capacidad, en consecuencia, ha de
coincidir necesariamente con la adquisición y pérdida de la
personalidad.
c) Por aplicación de los principios generales, las personas
humanas adquieren capacidad para ser partes desde la concepción
(Cód. Civ. y Com., art. 19) y la pierden con la muerte, sea ésta
constatada (Cód. Civ. y Com., art. 93) o presunta (Cód. Civ. y Com.,
art. 85 y ss.).
d) Tienen también capacidad para ser partes las personas
jurídicas (Cód. Civ. y Com., art. 141), sean públicas (Estado
nacional,
provincial
o
municipal,
entidades autárquicas,
estados extranjeros, etc. e Iglesia Católica, Cód. Civ. y Com.,
art. 146) o privadas (asociaciones, fundaciones, sociedades,
iglesias, cooperativas, consorcios, etc., Cód. Civ. y Com., art. 148).
Dice el Código unificado respecto de esta última categoría: "Las
personas jurídicas privadas que se constituyen en la República, se
rigen: a. por las normas imperativas de la ley especial o, en su
defecto, de este Código; b. por las normas del acto constitutivo con
sus modificaciones y de los reglamentos, prevaleciendo las
primeras en caso de divergencia; c. por las normas supletorias de
leyes especiales, o en su defecto, por las de este Título. Las
personas jurídicas privadas que se constituyen en elextranjero se
rigen por lo dispuesto en la ley general de sociedades" (art. 150).
e) Generalmente, la jurisprudencia ha reconocido capacidad
para ser parte a las asociaciones sin personalidad jurídica,
admitiendo su representación procesal por el presidente de la
entidad. Hoy, el art. 142 delCódigo Civil y Comercial prevé
"Comienzo de la existencia. La existencia de la persona jurídica
privada comienza desde su constitución. No necesita autorización
legal para funcionar, excepto disposición legal en contrario. En los
casos en que se requiere autorización estatal, la persona jurídica no
puede funcionar antes de obtenerla".
297
104. Capacidad procesal
a) No todas las personas que tienen capacidad para ser partes
se hallan dotadas de capacidad procesal, o sea de la aptitud
necesaria para ejecutar personalmente actos procesales válidos.
La capacidad procesal supone, pues, la aptitud legal
de ejercer los derechos y de cumplir los deberes y
cargas inherentes a la calidad de parte. De allí que coincida con la
capacidad de hecho reglamentada en el derogado Código Civil, hoy
denominada capacidad de ejercicio (Cód. Civ. y Com., art. 23),
cuyas normas sobre el tema resultan aplicables a ella.
b) De acuerdo con las reglas contenidas en dicho ordenamiento,
son incapaces de ejercicio: a. la persona por nacer; b. la persona
que no cuenta con la edad y grado de madurez suficiente, con el
alcance dispuesto en la Sección 2ª de ese Capítulo, dedicada a las
personas menores de edad y c. la persona declarada incapaz por
sentencia judicial, en la extensión dispuesta en esa decisión (Cód.
Civ. y Com., art. 24).
Las personas precedentemente mencionadas carecen de
aptitud para actuar válidamente por sí dentro de un proceso,
debiendo hacerlo, en su lugar, los representantes a los que se
refiere el art. 101, Cód. Civ. y Com. ("Son representantes: a. de las
personas por nacer, sus padres; b. de las personas menores de
edad no emancipadas, sus padres. Si faltan los padres, o ambos
son incapaces, o están privados de la responsabilidad parental, o
suspendidos en su ejercicio, el tutor que se les designe; c. de las
personas con capacidad restringida, el o los apoyos designados
cuando, conforme a la sentencia, éstos tengan representación para
determinados actos; de las personas incapaces en los términos del
último párrafo del art. 32, el curador que se les nombre"), sin
perjuicio de la actuación acordada al ministerio pupilar (art. 103,
Cód. Civ. y Com.).
c) Conforme el art. 26 Cód. Civ. y Com. y las normas
concordantes, el menor "que cuenta con edad y grado de madurez
298
suficiente puede ejercer por sí los actos que le son permitidos por el
ordenamiento jurídico. En situaciones de conflicto de intereses con
sus representantes legales, puede intervenir con asistencia letrada".
Se presenta aquí el caso en el que habrá que indagar respecto del
"grado de madurez" de un menor para determinar si es o no capaz
de ejercicio y, por ende, si posee capacidad procesal. Existen, en
ese
mismo
artículo
legal,
casos
de
"madurez —y,
consecuentemente, capacidad de ejercicio— presumidos por la ley":
"Se presume que el adolescente entre trece y dieciséis años tiene
aptitud para decidir por sí respecto de aquellos tratamientos que no
resultan invasivos, ni comprometen su estado de salud o provocan
un riesgo grave en su vida o integridad física. Si se trata de
tratamientos invasivos que comprometen su estado de salud o está
en riesgo la integridad o la vida, el adolescente debe prestar su
consentimiento con la asistencia de sus progenitores; el conflicto
entre ambos se resuelve teniendo en cuenta su interés superior,
sobre la base de la opinión médica respecto a las consecuencias de
la realización o no del acto médico. A partir de los dieciséis años el
adolescente es considerado como un adulto para las decisiones
atinentes al cuidado de su propio cuerpo".
Debe entenderse, asimismo, que el menor adolescente goza de
plena capacidad procesal para intervenir en todos aquellos juicios
relacionados con actos civiles que puede válidamente ejecutar
sin autorización paterna (v.gr. reconocimiento de hijos: Cód. Civ. y
Com., art. 680) o con actos respecto de los cuales ha mediado
talautorización (v.gr. ejercicio de oficio, profesión o industria, Cód.
Civ. y Com., art. 681, etc.).
Interesa señalar, sin embargo, que los menores adolescentes
gozan de plena capacidad procesal paraintervenir en aquellos
procesos voluntarios que tienden a suplir la autorización de sus
representantes legales para realizar determinados actos jurídicos
(v.gr. CPN, arts. 774 y 780).
Cabe añadir, por último, que de acuerdo con el art. 30, Cód. Civ.
y Com., "La persona menor de edad que ha obtenido título
habilitante para el ejercicio de una profesión puede ejercerla por
cuenta propia sin necesidad de previa autorización. Tiene la
administración y disposición de los bienes que adquiere con el
producto de su profesión y puede estar en juicio civil o penal por
cuestiones vinculadas a ella".
299
300
d) El Código Civil y Comercial contempla una sola forma de
emancipación: por matrimonio.
El art. 27 establece al respecto: "La celebración del matrimonio
antes de los dieciocho años emancipa a la persona menor de edad.
La persona emancipada goza de plena capacidad de ejercicio con
las limitaciones previstas en este Código. La emancipación es
irrevocable. La nulidad del matrimonio no deja sin efecto la
emancipación, excepto respecto del cónyuge de mala fe para quien
cesa a partir del día en que la sentencia pasa en autoridad de cosa
juzgada. Si algo es debido a la persona menor de edad con
cláusula de no poder percibirlo hasta la mayoría de edad, la
emancipación no altera la obligación ni el tiempo de su exigibilidad".
Sin embargo, esta forma de emancipación no brinda plena
capacidad, tal como ocurría en el Código de Vélez. El art. 28 del
digesto citado prevé: "La persona emancipada no puede, ni
con autorización judicial: a. aprobar las cuentas de sus tutores y
darles finiquito; b. hacer donación de bienes que hubiese recibido a
título gratuito; c. afianzar obligaciones". A ello se suma la previsión
del art. 29: "El emancipado requiere autorización judicial para
disponer de los bienes recibidos a título gratuito. La autorización
debe ser otorgada cuando el acto sea de toda necesidad o de
ventaja evidente".
e) Aun cuando pueda discutirse si la declaración de quiebra
genera una verdadera incapacidad, lo cierto es que, por efecto del
desapoderamiento, la representación patrimonial del deudor queda
confiada al síndico, y aquél, por lo tanto, privado de aptitud para
ejecutar actos procesales válidos en todo juicio que verse sobre
bienes de pertenencia del concurso. El fallido, sin embargo, goza de
plena capacidad para intervenir en los procesos relativos a
pretensiones inherentes a su persona (ley 24.522, arts. 107 y 110).
f) La situación de los penados se halla prevista por el art. 12
Cód. Penal, conforme al cual "la reclusión y la prisión por más de
tres años llevan como inherente la inhabilitación absoluta, por el
tiempo de la condena, la que podrá durar hasta tres años más, si
así lo resuelve el tribunal, de acuerdo con la índole del delito.
Importan además la privación, mientras dure la pena, de la patria
potestad, de la administración de los bienes y del derecho de
disponer de ellos por actos entre vivos. El penado quedará sujeto a
la curatela establecida por el Cód. Civ. para los incapaces". El
penado, por lo tanto, queda privado de capacidad procesal
para intervenir en aquellos juicios en los cuales se ventilen
pretensiones de naturaleza patrimonial, pero no en los que versen
sobre derechos personalísimos.
La figura, ante el cambio de paradigma en lo que hace a la
capacidad de ejercicio de derechos de las personas, se encuentra
profundamente cuestionada. Al punto de que ya existen
pronunciamientos que declarar su inconstitucionalidad por
restringir innecesariamente la capacidad de las personas privadas
de la libertad.
105. Deberes de las partes
a) Si bien, como oportunamente se ha señalado, la actividad de
las partes en el proceso se manifiesta, en principio, mediante el
cumplimiento de cargas, ello no descarta la existencia de ciertos
deberes procesales. Son éstos el de respeto al tribunal y el
de lealtad y buena fe.
b) Infringe el deber de respeto al tribunal la parte o el
representante o patrocinante de ella que, en la ejecución de
cualquier acto procesal, asume actitudes o utiliza expresiones
reñidas con la autoridad, dignidad o decoro de la magistratura.
En oportunidad de examinarse las facultades disciplinarias de
los jueces se indicaron las sanciones a que puede dar lugar
el incumplimiento de este deber (supra, nº 74).
Aquí corresponde agregar que la admisibilidad de la adopción
de sanciones a abogados y funcionarios por faltas que cometieren
contra la dignidad de los jueces y tribunales, debe
considerarse extensiva, en virtud de lo dispuesto por el art. 58 CPN,
a las cometidas contra la dignidad de los mismos abogados. De allí
301
que se haya resuelto, sobre la base de una norma análoga a la
mencionada (decreto-ley 23.398/56,art. 6º), que el hecho de que un
profesional impute a un colega falta de ética equivale a tachar
de inmoral la conducta de éste, lo que evidentemente configura una
grave ofensa para la dignidad profesional que autoriza a los
tribunales para aplicar las medidas disciplinarias correspondientes
(CNApel. Com., A, L.L. 100-734 [5451-S]).
No existe en cambio, fuera de las posibilidades excepcionales
contempladas en el art. 102 de la ley de concursos 24.522, un
deber de auxilio al tribunal, entendido en el sentido de que las
partes estén obligadas a comparecer personalmente al llamamiento
o citación de aquél a facilitar informes o a presentar documentos
que se encuentren en su poder. El deber de comparecencia fue
establecido por art. 21 de la ley 14.237, queautorizaba a los jueces
a hacer uso de la fuerza pública en el caso de que los litigantes o
sus mandatarios dejaren de comparecer a las audiencias fijadas
para lograr avenimientos o suministrar explicaciones sobre los
puntos litigiosos. Pero esta norma fue derogada por el art. 21 del
decreto-ley 23.398/56, y el actual ordenamiento procesal
sólo instituye
un
deber
de
comparecencia
en
los
casos excepcionales, sancionados con multas, de los arts. 640 y
691. Y en cuanto a la orden de exhibir documentos en poder de una
de las partes no genera, en rigor, un deber procesal, sino
una carga, porque la falta de exhibición sólo puede configurar una
presunción en contra del litigante si, por otros elementos de juicio,
resultare manifiestamente verosímil la existencia y contenido del
documento (CPN, art. 388).
c) Entre los poderes acordados a los jueces, el CPN incluye el
de "prevenir y sancionar todo acto contrario aldeber de lealtad,
probidad y buena fe" (art. 34, inc. 5º, párr. d]).
Para delimitar el alcance de tales deberes corresponde, ante
todo, descartar la hipótesis de que mediante ellos se exija a las
partes la total certidumbre de que sus pretensiones o defensas han
de ser favorablemente resueltas por el órgano judicial, o la
observancia de una conducta procesal que redunde en detrimento
de susintereses, como podría ser la consistente en no omitir
alegaciones o actos probatorios que incluso perjudiquen la posición
que han asumido en el proceso.
302
Tales exigencias resultarían manifiestamente inconciliables con
la garantía de la defensa en juicio y con la vigencia del principio
dispositivo, al que fundamentalmente adhiere, según se ha visto, el
ordenamiento procesal vigente. No constituye, por lo tanto,
conducta procesal sancionable aquella que simplemente traduce la
destreza o aptitud defensiva de los litigantes. Tampoco, como es
obvio, la que se manifiesta a través de argumentaciones jurídicas
respaldadas por un mínimo de seriedad, aun cuando ellas estén
destinadas a obtener la modificación de una doctrina jurisprudencial
reiterada y pacífica.
Existen, por el contrario, dos clases de actitudes procesales
reñidas con la vigencia de aquellos deberes. Una de ellas es la del
litigante que deduce pretensiones o defensas cuya falta de
fundamento no puede ignorar de acuerdo con una mínima pauta de
razonabilidad. Se trata, en otras palabras, de la actuación procesal
que se cumple con la conciencia de la propia sinrazón (CARNELUTTI,
COUTURE). Tal sería, por ejemplo, el caso de la parte que, al
contestar la demanda, manifiesta categóricamente que no le consta
en modo alguno la existencia del hecho ilícito en que se fundó la
demanda, si en esa oportunidad ya habían transcurrido cinco
meses desde la fecha de la sentencia definitiva recaída en un
proceso penal en que se impuso pena de multa e inhabilitación a su
dependiente, y en cuyo trámite también prestó declaración el
gerente y representante de la empresa demandada, a quien se hizo
entrega del camión que ocasionó el accidente; el del ejecutado que,
después de haber negado su firma, desiste de la excepción opuesta
con tal fundamento o que reconoce, en el memorial, que alegó la
falsedad de la firma como medio para dilatar la causa; el de quien, a
sabiendas de su falsedad, sostiene que la actora no es la titular del
crédito que reclama; etcétera.
La otra actitud que transgrede los deberes de lealtad, probidad y
buena fe es la del litigante que oponeinjustificada resistencia a la
marcha del proceso, mediante la realización de actos tendientes a
obstruir o dilatar su curso normal, tales como la promoción
de incidentes
o
la
deducción
de
recursos
manifiestamenteinadmisibles.
Como resulta fácil advertir, tanto en uno como en otro caso la
conducta de la parte deja de ser la manifestación de su habilidad o
capacidad defensiva, para adquirir el carácter de temeraria o
maliciosa. Tales modalidades de la conducta procesal, que son
sustancialmente equiparables al dolo civil, se hallan mencionadas
en el art. 45, de acuerdo con el texto que le imprimió la ley 25.488:
"Cuando se declarase maliciosa o temeraria la conducta asumida
en el pleito por alguna de las partes, el juez le impondrá a ella o a
su letrado o a ambos conjuntamente, una multa valuada entre el
diez y el cincuenta por ciento del monto del objeto de la sentencia.
En los casos en que el objeto de la pretensión no fuera susceptible
de apreciación precautoria, el importe no podrá superar la suma
de $ 50.000. El importe de la multa será a favor de la otra parte. Si
el pedido de sanción fuera removido por una de las partes, se
decidirá previo traslado a la contraria.
"Sin perjuicio de considerar otras circunstancias que estime
corresponder, el juez deberá ponderar la deducción de
pretensiones, defensas, excepciones o interposición de recursos
que resulten inadmisibles, o cuya falta de fundamento no se pueda
ignorar de acuerdo con una mínima pauta de razonabilidad o
encuentre sustento en hechos ficticios o irreales o que
manifiestamente conduzcan a dilatar el proceso".
De la norma transcripta se sigue en primer lugar que, lo mismo
que el art. 45 en su redacción anterior, se refiere a la inconducta
procesal genérica, vale decir, a aquella que se exterioriza en forma
continuada o persistente a través de las diversas etapas del juicio
apreciadas en su totalidad, de modo que las sanciones a que alude
sólo pueden aplicarse, como por lo demás lo prescribe el art.
34, inc. 6º, en oportunidad de dictarse la sentencia definitiva.
En segundo lugar el nuevo art. 45 no circunscribe la declaración
de inconducta a la parte vencida en el pleito, total o parcialmente,
sino que la extiende a cualquiera de las partes. Sin embargo, una
comprensión coherente con el segundo párrafo del precepto y con
lo prescripto en el art. 551 en relación con el ejecutado, excluyen la
aplicación de multas a quien resultare vencedor total, sin perjuicio,
naturalmente, de su eventual responsabilidad derivada
de inconductas específicas (v.gr., CPN, arts. 29, 129, 130 y 145).
No alcanza empero a percibirse el momento en que puede
pedirse, en su caso, la aplicación de la sanción, porque más allá de
que ésta depende exclusivamente del arbitrio discrecional del juez,
303
304
resultaría notoriamente prematuro el formulado en los
escritos iniciales, e inoficioso el realizado en los alegatos, a cuyo
respecto la ley no prevé, como es obvio, traslado alguno a la parte
contraria.
§ II. REPRESENTACIÓN DE LAS PARTES(2)
106. Justificación de la personería
a) La capacidad procesal habilita, a quien goza de ella,
para intervenir en el proceso personalmente o por medio de
un representante convencional. Respecto de las personas a
quienes afecta una incapacidad de hecho, funciona, en cambio, la
denominada representación legal (infra, nº 112). En análoga
situación a los incapaces de hecho se encuentran las personas
de existencia ideal (corporaciones, sociedades, etc.), que por efecto
de su propia naturaleza y composición solamente pueden actuar
por medio de sus representantes legales o estatutarios.
b) El art. 46 CPN impone a los representantes, sean legales o
convencionales, la carga de acreditar formalmente la personería
que invocan. Dispone, en efecto, que "la persona que se presente
en juicio por un derecho que no sea propio, aunque le competa
ejercerlo en virtud de una representación legal, deberá acompañar
con su primer escrito los documentos que acrediten el carácter
que inviste" (párr. 1º).
Así los tutores, apoyos y curadores, cuando actúan en ejercicio
de la representación legal, deben exhibir el testimonio de la
resolución o de la escritura relativa al discernimiento de la tutela o
curatela o al diseño del plan de apoyos; los representantes de una
sociedad o asociación deben justificar tal carácter mediante el
305
testimonio del acta de la asamblea o reunión de socios o asociados
que los haya designado, etcétera.
No obstante, el segundo párrafo de la norma citada agrega que
"si se invocare la imposibilidad de presentar el documento, ya
otorgado, que justifique la representación y el juez considerare
atendibles las razones que seexpresen, podrá acordar un plazo de
hasta veinte días para que acompañe dicho documento, bajo
apercibimiento de tener por inexistente la representación invocada".
Es el caso, v.gr., del poder otorgado en el extranjero cuya oportuna
presentación hubiese tropezado con obstáculos derivados de su
legalización o de otra contingencia semejante.
Excepción al principio general que impone la carga de acreditar
la personería lo constituye el último párrafo del art. 46 CPN, con
arreglo al cual "los padres que comparezcan en representación de
sus hijos y el marido que lo haga en nombre de su mujer, no
tendrán obligación de presentar las partidas correspondientes, salvo
que el juez, a petición de parte o de oficio, los emplazare a
presentarlas, bajo apercibimiento del pago de las costas y perjuicios
que ocasionaren".
c) El art. 47 CPN, refiriéndose a los apoderados o procuradores,
dispone que éstos "acreditarán su personalidad desde la primera
gestión que hagan en nombre de sus poderdantes, con la
competente escritura del poder" y añade: "Sin embargo, cuando
se invoque un poder general o especial para varios actos, se lo
acreditará con la agregación de una copia íntegra firmada por el
letrado patrocinante o por el apoderado. De oficio o a petición de
parte, podrá intimarse la presentación del testimonio original".
Aunque la norma no exige la declaración jurada del letrado o
apoderado sobre la fidelidad de la copia, es obvio que aquéllos son
legalmente responsables de cualquier falsedad o inexactitud.
Estas reglas procesales habrán de ser interpretadas hoy a la luz
de lo que contempla el nuevo Código Civil y Comercial de la Nación
en lo relativo a la representación (arts. 358 a 381) y en lo atinente al
contrato de mandato (arts. 1319 a 1334).
306
107. El gestor
a) Desde el punto de vista procesal denomínase gestor a quien,
limitándose a invocar la representación de un tercero, o careciendo
de poder suficiente, comparece en nombre de aquél para realizar
uno o más actos procesales que no admiten demora, aunque con la
condición de acreditar personería o de obtener la ratificación de su
actuación dentro de un plazo determinado.
b) El art. 48 CPN, de acuerdo con la reforma que le introdujo
la ley 22.434, dispone al respecto que "cuando deban realizarse
actos procesales urgentes y existan hechos o circunstancias que
impidan la actuación de la parte que ha de cumplirlos, podrá ser
admitida la comparecencia en juicio de quien no tuviera
representación conferida. Si dentro de los cuarenta días hábiles,
contados desde la primera presentación del gestor, no fueren
acompañados los instrumentos que acrediten la personalidad o la
parte no ratificase la gestión, será nulo todo lo actuado por el gestor
y éste deberá satisfacer el importe de las costas, sin perjuicio de su
responsabilidad por el daño que hubiere producido. En su
presentación, el gestor, además de indicar la parte en cuyo
beneficio pretende actuar, deberá expresar las razones que
justifiquen la seriedad del pedido. La nulidad, en su caso, se
producirá por el solo vencimiento del plazo sin que se
requiera intimación previa. La facultad otorgada por este artículo
sólo podrá ejercerse una vez en el curso del proceso".
c) La gestión procesal —como también ocurría con anterioridad
a la reforma del art. 48— sólo puede admitirse en los
casos urgentes. Los fallos anteriores a la promulgación de la ley
22.434, si
bien
pusieron
énfasis
en
puntualizar
el
carácter excepcional de la facultad acordada por el art. 48 CPN,
generalmente resolvieron que la "urgencia" requerida por la norma
puede objetivamente resultar de la petición misma o de la índole de
la situación procesal de que se trate, lo que ocurre, v.gr., si se
encuentra en curso el plazo para contestar la demanda u
oponer excepciones o está por prescribir la acción. Otros fallos, en
cambio, se pronunciaron en el sentido de que la mera perentoriedad
de un plazo no configura la urgencia requerida para encuadrar el
supuesto en el ámbito de la norma analizada, siendo por lo tanto
307
necesario que el compareciente invoque los motivos en que se
funda laausencia de representación.
La ley 22.434 se ha inclinado hacia este último criterio, pues
condiciona la admisibilidad de la comparecencia de quien carece de
representación conferida a la existencia de "hechos o circunstancias
que impidan la actuación de la parte" que ha de cumplir los actos
procesales de que se trate, e impone al gestor la carga de "indicar
la parte en cuyo beneficio pretende actuar" y de "expresar las
razones que justifiquen la seriedad del pedido".
Las circunstancias obstativas a la actuación de la parte en cuyo
beneficio interviene el gestor, pueden surgir de las constancias
del expediente. En caso contrario aquél debe aportar elementos de
juicio que acrediten, prima facie, la verosimilitud de dichas
circunstancias, siendo innecesaria la producción de prueba
concluyente. Basta, por lo tanto, un simple acreditamiento, como el
que contempla, v.gr. el art. 90, inc. 1º CPN.
d) La norma contenida en el art. 48 CPN es aplicable a cualquier
clase de representación (voluntaria o necesaria), y no sólo rige con
respecto a los actos de constitución del proceso (demanda,
reconvención o contestación de ambas), sino que es extensiva a
cualquier acto urgente que deba realizarse dentro de un proceso en
trámite, con prescindencia del estado de éste. Ello puede ocurrir,
por ejemplo, en los casos de muerte o incapacidad del apoderado o
de la parte que actúa sin representación, en los cuales, por
cualquier circunstancia, medie algún impedimento que obste a una
presentación regular con posterioridad al vencimiento de la
suspensión de los plazos. Pero en virtud de la índole excepcional
que reviste la facultad que acuerda la norma examinada, ella puede
ejercerse una sola vez en el curso del proceso, según lo dispone,
con acierto, el párrafo final del art. 48 en su actual redacción.
e) A diferencia de la hipótesis contemplada en el art. 46, la
calidad de gestor, en sentido estricto, depende de la circunstancia
de que el otorgamiento del poder sea posterior al momento en que
aquél se presente en elexpediente invocando el impedimento de la
parte en cuyo reemplazo actúa, siempre, naturalmente, que el
documento habilitante se acompañe dentro del plazo de cuarenta
días hábiles que fija el art. 48, por cuanto la mencionada
308
circunstancia importa ratificación en los términos de los arts. 369 y
370, Cód. Civ. y Com. Incluso cabe, de acuerdo con la redacción
acordada a la norma ("o la parte no ratificase la gestión") la
convalidación de lo actuado por quien en momento alguno obtuvo el
correspondiente mandato.
Pese a la diversidad de situaciones previstas por los arts. 46 y
48, cabe interpretar que debe admitirse como gestor, y, por
consiguiente, beneficiario del mayor plazo establecido en la
segunda de las normas citadas, a quien, no obstante tener
representación conferida, acredita no sólo la imposibilidad de
presentar el documento, sino también los hechos o circunstancias
que obstan a la actuación de la parte que debe cumplir el acto o
actos procesales urgentes.
El plazo legal, por lo demás, se computa "desde la primera
presentación del gestor", o sea a partir de la fecha en que éste se
arroga la facultad de actuar en sustitución de la parte impedida, con
prescindencia de su eficacia y de toda declaración sobre el
particular.
Finalmente dispone el art. 48, en su nueva redacción, que "la
nulidad, en su caso, se producirá por el solo vencimiento del plazo
sin que se requiera intimación previa". Esta norma, sin embargo, no
ha hecho perder virtualidad a la jurisprudencia en cuyo mérito la
tardía acreditación de la personería sanea la nulidad cuando la
agregación del poder o de la ratificación ha sido admitida —expresa
o tácitamente—, por la parte contraria y no ha mediado hasta
entonces decisión judicial que la declare.
Porque, en efecto, ni la referencia al "solo vencimiento del
plazo" ni mucho menos la circunstancia de no requerirse la
"intimación previa" pueden inducir a postular el carácter automático
de la nulidad, que contraría ostensiblemente el régimen vigente en
materia de nulidades procesales y a nadie beneficia.
108. La representación convencional
a) Si bien toda persona procesalmente capaz tiene el derecho
de comparecer en juicio personalmente o porintermedio de un
mandatario, sólo puede conferir el mandato a aquellas personas
309
que la ley 10.996 (modificada por la ley 22.892) habilita para ejercer
la procuración judicial.
b) Dispone, en efecto, dicha ley, que la representación en juicio
ante los tribunales de cualquier fuero en la Capital de la República,
así como ante la justicia federal de las provincias, sólo podrá ser
ejercida por las personas que enumera, entre las cuales
corresponde hacer un distingo según deban o no inscribirse en la
matrícula de procuradores que la misma ley crea.
Deben cumplir con el requisito de la inscripción los procuradores
(art. 1º, inc. 2º) y los escribanos que no ejerzan la profesión de tales
(art. 5º, inc. 2º). Los abogados, actualmente, deben inscribirse en
las matrículas creadas por las leyes 22.192 y 23.187, conforme a
cuyos preceptos una vez cumplida esa exigencia aquéllos están
habilitados para ejercer la procuración (infra, nº 128).
Se hallan eximidos del requisito analizado, en cambio: 1º) Los
que ejerzan una representación legal (art. 1º,inc. 4º), como los
padres respecto de sus hijos, los tutores o curadores con respecto
de sus pupilos, etc.; 2º) Las personas de familia dentro del segundo
grado de consanguinidad y primero de afinidad (art. 15, 1ª parte),
vale decir, los padres, hijos, abuelos, nietos, hermanos, suegros,
yernos y nueras; 3º) Los mandatarios generales con facultades de
administrar, respecto de los actos de administración (art. 15, 2ª
parte); 4º) Los que han de representar a las oficinas públicas de la
Nación, de las provincias y de las municipalidades, cuando
obrenexclusivamente en ejercicio de esa representación (art. 17).
La circunstancia de que las personas mencionadas en último
término no necesiten título habilitante ni deban cumplir con el
requisito de la inscripción en la matrícula no significa, sin embargo,
que ellas se encuentreneximidas del cumplimiento de los deberes
que impone a los procuradores judiciales el art. 11 de la ley.
c) Están inhabilitados para inscribirse en la matrícula de
procuradores: 1º) Los que hubiesen sido condenados a
penitenciaría o presidio o a cualquier pena por delitos contra la
propiedad o contra la administración o la fe pública, lo mismo que
en las falsedades y falsificaciones; 2º) Los escribanos con registro,
titulares o adscriptos, que ejerzan la profesión de tales; 3º) Los
funcionarios o empleados públicos nacionales, provinciales o
310
municipales que hagan parte del personal administrativo de
organización jerárquica y retribuido (art. 5º).
d) El art. 3º de la ley 10.996 (modific. por la ley 22.892) dispone
que para obtener la inscripción en la matrícula se requieren las
siguientes condiciones: 1º) Acreditar identidad personal; 2º) Mayoría
de edad; 3º) Presentar título universitario habilitante; 4º) Constituir
domicilio legal en la jurisdicción que corresponda, y declarar el
domicilio real; 5º) Prestar juramento de tener el pleno goce de los
derechos civiles, de no estar afectado por ninguna de
lasinhabilidades establecidas en la ley y que la profesión se
ejercerá con decoro, dignidad y probidad.
e) Mientras en la Capital Federal la matrícula de procuradores
está a cargo de la Secretaría de Superintendencia de la Corte
Suprema de Justicia de la Nación (RJN, art. 97), en el interior es
llevada por las cámaras federales de apelaciones o por los jueces
seccionales, en su caso (ley 10.996, art. 2º).
De conformidad con la acordada reglamentaria de la ley 10.996
dictada por la Corte Suprema el 29 de noviembre de 1919,
modificada, entre otras, por la del 19 de agosto de 1976, quienes
deseen inscribirse en la matrícula deberán producir una información
sumaria ante el juez en lo civil o en lo civil y comercial federal en
turno, en la Capital Federal, o ante el juez federal en turno en las
provincias, en la cual debe acreditarse, mediante la correspondiente
documentación, que el interesado reúne las condiciones legales.
Elevadas las actuaciones a la Corte Suprema, o al tribunal
competente, se fijará en la correspondiente tablilla el nombre de los
procuradores que soliciten su inscripción, durante el plazo de ocho
días, vencidos los cuales el secretario de la Corte o el tribunal
respectivo aprobará o rechazará la información producida. Si fuese
aceptada, ordenará se entregue un certificado en el que conste
estar el solicitante habilitado para ejercer la procuración.
Rechazada la información por el secretario de la Corte,
el interesado puede recurrir ante ésta dentro del tercer día de
notificado.
represiones disciplinarias o una graveincorrección en el desempeño
del mandato judicial; 3º) Por condena sobreviniente a causa de los
delitos enumerados en el inc. 1º del art. 5; 4º) Por insania
o incapacidad declarada judicialmente; 5º) Por pérdida de los
derechos civiles posterior a la inscripción.
g) Los procuradores pueden ser suspendidos por un plazo de
uno a seis meses, como máximo, en los casosautorizados por las
leyes de procedimiento y por haberse dictado auto de prisión
preventiva en cualquier proceso criminal (art. 9º, modific. por la ley
22.892).
h) Con arreglo a lo dispuesto por los arts. 6º y 9º de la ley,
constituye facultad de los distintos jueces y tribunales disponer la
eliminación o suspensión de los procuradores, sea por mediar
respecto de ellos alguna de las inhabilidades legales o a título de
medida disciplinaria, pudiendo el afectado interponer el recurso de
apelación ante el tribunal superior correspondiente, o el de
revocatoria, si la medida fuese dictada por la Corte Suprema o
cualquiera de las cámaras de apelaciones. La eliminación por
reiteradas correcciones disciplinarias sólo puede ser decretada por
la autoridad judicial que tiene a su cargo el registro.
109. Deberes de los procuradores
a) Una vez aceptado el poder por el hecho de presentarse a
ejercitar el mandato, y admitida su personería, el apoderado asume
todas las responsabilidades que las leyes le imponen y sus actos
obligan al poderdante como si él personalmente los practicare
(CPN, art. 49). Sin perjuicio de los principios contenidos en el Cód.
Civ. y Com. en lo atinente a la representación y el contrato de
mandato, las leyes procesales imponen a los procuradores
responsabilidades y deberes que se examinarán seguidamente.
f) Según el art. 8º de la ley examinada, los procuradores pueden
ser eliminados del registro en los siguientes casos: 1º) Por
cancelación voluntaria de la inscripción; 2º) Por reiteradas
b) Están obligados, por lo pronto, a seguir el juicio mientras no
hayan cesado legalmente en el caso. Hasta entonces, las citaciones
311
312
y notificaciones que se hagan, incluso las de las sentencias
definitivas, tienen la misma fuerza que si se hicieren al poderdante,
sin que les sea permitido pedir que se entiendan con éste. Sólo
seexceptúan de esta regla los actos que, por disposición de la ley
(absolución de posiciones, reconocimiento de firmas, etc.), deban
ser notificados personalmente a la parte (CPN, art. 50).
c) Sin perjuicio de la responsabilidad civil o criminal por el
ejercicio del mandato, el mandatario debe abonar a su poderdante
las costas causadas por su exclusiva culpa o negligencia, cuando
éstas son declaradas judicialmente. Además el juez puede, de
acuerdo con las circunstancias, establecer la responsabilidad
solidaria del mandatario con el letrado patrocinante (CPN, art. 52).
d) El art. 11 de la ley 10.966 y los arts. 56 y 57 CPN imponen
también a los procuradores los siguientes deberes: 1º) Interponer
los recursos legales contra toda sentencia definitiva adversa a su
parte y contra toda regulación de honorarios que le corresponda
abonar a aquélla, salvo el caso de tener instrucciones por escrito en
contrario de su respectivo comitente; 2º) Asistir, por lo menos en los
días designados para las notificaciones en la oficina, a los juzgados
o tribunales donde tengan pleitos y con la frecuencia necesaria en
los casos urgentes; 3º) Presentar los escritos, debiendo llevar firma
de letrado los indicados en el art. 56 CPN (infra, nº 127). Se tendrá
por no presentado y se devolverá al firmante todo escrito que
debiendo llevar firma de letrado no la tuviese, si dentro del segundo
día de notificada por ministerio de la ley la providencia que exige el
cumplimiento de ese requisito no fuese suplida la omisión, sea
suscribiendo un abogado el mismo escrito ante el secretario u
prosecretario administrativo, quien certificará en los autos esta
circunstancia, sea por la mera ratificación que separadamente se
hiciere con firma de letrado (CPN, art. 57); 4º) Concurrir
puntualmente a las audiencias que se celebren en los juicios en
que intervengan.
313
110. Extensión del mandato
a) "El poder conferido para un pleito determinado, cualesquiera
sean sus términos —dispone el art. 51 CPN— comprende la
facultad de interponer los recursos legales y seguir todas
las instancias del pleito. También comprende la facultad
de intervenir en los incidentes y de ejercitar todos los actos que
ocurran durante la secuela de la litis, excepto aquéllos para los
cuales la ley requiera facultad especial, o se hubiesen
reservadoexpresamente en el poder".
b) La norma es aplicable a los poderes otorgados para intervenir
en todos los juicios iniciados o a iniciarse por o contra el mandante
(poderes generales), y a los que se confieren para un juicio
determinado (poderes especiales).
111. Cesación del mandato
Termina el mandato judicial:
1º) Por revocación expresa del mandato en el expediente. No es
aplicable, en materia procesal, la revocación tácita del mandato
(como la que autorizaba el art. 1972 del derogado Cód. Civ.), razón
por la cual aquélla sólo puede tenerse por configurada sea
mediante la constitución de un nuevo apoderado para el mismo
asunto, o mediante la presentación directa del mandante
acompañada de la expresa manifestación de revocar el poder
(CPN, art. 53, inc. 1º).
2º) Por renuncia. Esta debe notificarse al mandante por cédula,
en su domicilio real, y el apoderado deberá continuar sus gestiones
hasta que haya vencido el plazo señalado al apoderado para
reemplazarlo o comparecer por sí, bajo pena de daños y perjuicios.
Si al vencimiento del plazo señalado no compareciese el
poderdante, por sí o por medio de otro apoderado, el juicio
314
continuará en su rebeldía, previa notificación por cédula en el
domicilio real del primero (id., art. 53, inc. 2º).
3º) Por haber cesado la personalidad con que litigaba el
poderdante (id., art. 53, inc. 3º). Tal lo que ocurre, por ejemplo,
cuando por haber llegado a la mayoría de edad el pupilo, cesa la
personalidad del tutor y, por consiguiente, los poderes que en tal
calidad hubiese conferido este último.
4º) Por haber concluido la causa para la cual se le otorgó el
poder (id., art. 53, inc. 4º).
5º) Por muerte o incapacidad del poderdante. En estos casos el
apoderado debe continuar ejerciendo su personería hasta que los
herederos o el representante legal tomen la intervención que les
corresponda en el proceso o venza el plazo que se les fije. Mientras
tanto, comprobado el deceso o la incapacidad, el juez debe señalar
un plazo para que los interesados concurran a estar a derecho,
citándolos directamente si se conocieren sus domicilios, o por
edictos, durante dos días consecutivos, si no fuesen conocidos,
bajo apercibimiento de continuar el juicio en rebeldía en el primer
caso y de nombrarles defensor en el segundo. Cuando el deceso o
laincapacidad hubiesen llegado a conocimiento del mandatario, éste
deberá hacerlo presente al juez o tribunal dentro del plazo de diez
días, bajo pena de perder el derecho a cobrar los honorarios que se
devengaren con posterioridad. En la misma sanción incurrirá el
mandatario que omita denunciar el nombre y domicilio de los
herederos, o del representante, si los conociere (CPN, art. 53, inc.
5º).
6º) Por muerte o inhabilidad del apoderado. Producido el caso,
debe suspenderse la tramitación del juicio y el juez fijar al mandante
un plazo para que comparezca por sí o por nuevo apoderado,
citándolo en la forma ya descripta para el caso de fallecimiento del
poderdante. Vencido el plazo sin que el mandante satisfaga el
requerimiento, se continuará el juicio en rebeldía (CPN, art. 53, inc.
6º).
112. La representación legal
a) Son representantes de los incapaces, según refiere el art.
101, Cód. Civ. y Com.: a. de las personas por nacer, sus padres; b.
de las personas menores de edad no emancipadas, sus padres. Si
faltan los padres, o ambos son incapaces, o están privados de la
responsabilidad parental, o suspendidos en su ejercicio, el tutor que
se les designe; c. de las personas con capacidad restringida, el o
los apoyos designados cuando, conforme a la sentencia, éstos
tengan representación para determinados actos; de las
personas incapaces en los términos del último párrafo del art. 32, el
curador que se les nombre".
A ello debe sumarse la actuación acordada al ministerio pupilar
que, a partir de lo que contempla el art. 103, Cód. Civ. y Com.,
posee las siguientes características: "Actuación del Ministerio
Público. La actuación del Ministerio Público respecto de personas
menores de edad, incapaces y con capacidad restringida, y de
aquellas cuyo ejercicio de capacidad requiera de un sistema de
apoyos puede ser, en el ámbito judicial, complementaria o principal.
a. Es complementaria en todos los procesos en los que se
encuentran involucrados intereses de personas menores de
edad, incapaces y con capacidad restringida; la falta de intervención
causa la nulidad relativa del acto. b. Es principal: i. cuando los
derechos
de
los
representados
están
comprometidos,
y existeinacción de los representantes; ii. cuando el objeto del
proceso es exigir el cumplimiento de los deberes a cargo de los
representantes; iii. cuando carecen de representante legal y es
necesario proveer la representación. En el ámbito extrajudicial, el
Ministerio Público actúa ante la ausencia, carencia o inacción de los
representantes legales, cuando están comprometidos los derechos
sociales, económicos y culturales" (supra, nº 83).
b) La representación legal de la mujer por el marido desapareció
con la sanción de la ley 11.357, cuyo art. 2º,inc. 2º, g) autorizaba a
aquélla para estar en juicio en causas civiles que afecten su
315
316
persona o sus bienes o a la persona o bienes de sus hijos. El punto
había sido reafirmado por el art. 3º de la ley 17.711.
Hoy, la cuestión se encuentra absolutamente superada,
no existiendo diferencia alguna entre la actuación de cualquiera de
los cónyuges —sin que importe el sexo de éstos—.
c) Finalmente, aunque la ausencia judicialmente declarada no
comporta un supuesto de incapacidad, la ley 14.394instituía un
sistema de representación que subsistía hasta la declaración de
fallecimiento presunto.
El Código Civil y Comercial unificado prevé lo siguiente:
"Procedimiento. Curador a los bienes. El juez debe nombrar
defensor al ausente o dar intervención al defensor oficial, y citar a
aquél por edictos una vez por mes durante seis meses. También
debe designar un curador a sus bienes, si no hay mandatario con
poderes suficientes, o si por cualquier causa aquél no desempeña
correctamente el mandato. La declaración de simpleausencia no
constituye presupuesto necesario para la declaración de
fallecimiento presunto, ni suple la comprobación de las diligencias
realizadas para conocer la existencia del ausente" (art. 88)
y "Declaración del fallecimiento presunto. Pasados los seis meses,
recibida la prueba y oído el defensor, el juez debe declarar el
fallecimiento presunto si están acreditados los extremos legales,
fijar el día presuntivo del fallecimiento y disponer la inscripción de la
sentencia" (art. 89).
§ III. UNIFICACIÓN DE LA PERSONERÍA(3)
113. Concepto y fundamento
a)
Tiene
lugar
la
unificación
de
la
personería
cuando, existiendo litisconsorcio (infra, nº 130), se designa a un
317
apoderado único para que represente a todos los litigantes que
tienen en el proceso un interés común.
Si bien con anterioridad a la sanción de la ley 14.237 no existía,
en el orden nacional, ninguna norma que reglamentase la
unificación de personería con carácter general, la jurisprudencia
había admitido su procedencia ya fuere por aplicación del art. 52 del
CPC, que imponía a los jueces el deber de mantener el "buen orden
en los juicios", ya por interpretación extensiva de las normas
contenidas en los arts. 633 y 722 del mismo Código relativas,
respectivamente, al pedido de partición de los sucesores del
heredero fallecido y a la oposición al concurso formulada por varios
acreedores, o mediante la aplicación subsidiaria de las reglas
contenidas en las antiguas leyes españolas (ley 3ª, tít. 2, lib. 2 del
Fuero Juzgo, y ley 6ª, tít. 1, lib. 2 del Fuero Real), vigentes entonces
en virtud de lo dispuesto por el art. 814 del Código derogado.
b) El art. 54 CPN, dispone, en su primer párrafo, que "cuando
actuaren en el proceso diversos litigantes con un interés común, el
juez de oficio o a petición de parte y después de contestada la
demanda, les intimará a que unifiquen la representación siempre
que haya compatibilidad en ella, que el derecho o el fundamento de
la demanda sea el mismo o iguales las defensas".
De los términos de la norma se infiere que la unificación de la
personería es admisible en cualquiera de las modalidades que
presenta el litisconsorcio, y que la razón de ser de la institución
reside en la necesidad de evitar la profusión de trámites y el
consiguiente
desorden
procesal
que
origina
la
actuación independiente de cada uno de los litisconsortes. Pero la
norma también es clara en el sentido de que no es suficiente, para
que la unificación proceda, la mera circunstancia de existir
pluralidad de partes en las posiciones de actora o demandada; es
necesario, además, que los litisconsortes se hallen vinculados por
un interés común o compatible. No es por tanto admisible la
unificación cuando, no obstante mediar un vínculo de conexidad
entre las pretensiones planteadas por los litisconsortes, cada uno o
algunos de ellos hayan invocado argumentos o defensas opuestas
a las de los restantes. Pero mediando un interés común —extremo
que en cada caso queda librado a la apreciación de los jueces—, no
es óbice a la unificación el hecho de que los litisconsortes, por
318
ejemplo, no hayan contestado la demanda en forma absolutamente
coincidente.
Debe agregarse que la jurisprudencia anterior a la sanción de
la ley 14.237 dejaba a salvo, como razón que podría obstar a la
unificación de la personería a pesar de mediar el requisito
del interés común, la existencia de "motivos especiales" que
impusiesen o aconsejasen la actuación autónoma de los
litisconsortes, habiéndose considerado comprendido entre esos
motivos, por ejemplo, el hecho de mediar tirantez en las relaciones
personales de aquéllos. Debe entenderse que tales excepciones
caben incluso en el régimen actual.
c) La unificación puede decretarse en cualquier estado del
proceso, pero siempre con posterioridad a la contestación de la
demanda, por cuanto es recién en esa oportunidad cuando el juez
se halla en condiciones de comprobar si existe la necesaria
compatibilidad de intereses que constituye presupuesto de
esta institución.
114. Procedimiento
a) Establece el art. 54, segundo párrafo, CPN que a los efectos
de unificación el juez "fijará una audiencia dentro de los diez días y
si los interesados no concurriesen o no se aviniesen en el
nombramiento de representante único, el juez lo designará
eligiendo entre los que intervienen en el proceso".
c) Por aplicación de los arts. 1319 y 289, Cód. Civ. y Com., la
resolución mediante la cual se designa al representante común
constituye suficiente título habilitante.
115. Revocación y cesación
El mandato conferido al representante común puede revocarse
por acuerdo unánime de las partes, o mediante resolución judicial,
cuando alguno de los litisconsortes lo solicitare, acreditando
la existencia de justa causa por ello. La revocación, sin embargo, no
produce efectos mientras no tome intervención el nuevo mandatario
(CPN, art. 55, párr. 1º).
Debe tenerse en cuenta, sin embargo, que el nombramiento
común subsiste aunque se produzca el fallecimiento de uno de los
herederos que han unificado la representación, debiéndose cumplir
respecto del mandante fallecido los que contempla la segunda parte
del art. 1333, Cód. Civ. y Com.
La unificación, finalmente, debe ser dejada sin efecto cuando
desaparecen los presupuestos fundamentales que la condicionan, a
saber: la existencia de litisconsorcio y la compatibilidad de intereses
entre quienes lointegran (CPN, art. 55, párr. 2º).
b) La designación de representante único debe efectuarse por el
juez cuando no exista, sobre ella, acuerdo unánime de los
litisconsortes, pues los términos en que se halla concebida la norma
no justifican la solución —consagrada por los tribunales de la
Capital Federal con anterioridad a la sanción de la ley 14.237—, de
que en el respectivo nombramiento debía prevalecer la opinión de
la mayoría. Por lo tanto, bastará que una de las partes no concurra
a la audiencia designada para que el nombramiento lo haga el juez
en la forma ya vista.
319
320
CAPÍTULO IX - LAS PARTES (CONT.)
SUMARIO: I. RESPONSABILIDA
D DE LAS PARTES POR LOS
GASTOS DEL PROCESO: 116.
Concepto de costas.— 117.
Fundamento.— 118. Régimen
legal.— 119. Beneficio de litigar
sin gastos.— II. LA REBELDÍA:
120.
Concepto.—
121.
Requisitos.— 122. Efectos de la
declaración de rebeldía.— 123.
Cesación del procedimiento en
rebeldía.—
III. SUSTITUCIÓN
PROCESAL: 124. Concepto.—
125.
Distintos
supuestos.—
IV. AUXILIARES
DE
LAS
PARTES: 126. Generalidades.—
127. El patrocinio letrado.— 128.
Requisitos, derechos, deberes,
prohibiciones
e incompatibilidades.—
129.
Honorarios.
116. Concepto de costas
a) Denomínase costas a las erogaciones o desembolsos que las
partes se ven obligadas a efectuar como consecuencia directa de la
tramitación del proceso, y dentro de él, como son el sellado de
actuación, el impuesto de justicia, los honorarios de los abogados y
procuradores o de los peritos, etcétera.
Antiguamente
los
gastos
judiciales
se
dividían
en costas y costos, según se tratase de gastos fijos (papel sellado,
remuneración de los actuarios, etc.) o a fijarse (honorarios de los
profesionales intervinientes). Pero tal distinción, que era admitida en
el procedimiento vigente con anterioridad a nuestra emancipación
política, no perduró en la práctica ni fue consagrada en las leyes.
b) Durante el curso del proceso cada parte soporta los gastos
que de él derivan, siendo en la sentencia donde corresponde
determinar cuál es el litigante que, en definitiva, debe hacerse cargo
de ellos. Lo mismo que todos los ordenamientos vigentes en la
República, el CPN ha adherido al sistema en cuya virtud las costas
deben ser pagadas, como regla, por la parte que ha
resultado vencida en el pleito. Más adelante se volverá sobre el
punto y se indicarán las excepciones que tal principio admite en el
citado ordenamiento.
117. Fundamento
§ I. RESPONSABILIDAD DE LAS PARTES POR LOS GASTOS DEL PROCESO(1)
321
Nadie mejor que CHIOVENDA expuso el verdadero fundamento
de la condena en costas al vencido al expresar "que la justificación
de este instituto encuéntrase en que la actuación de la ley no debe
representar una disminución patrimonial para la parte en favor de la
cual se realiza, siendo interés del comercio jurídico que los
derechos tengan un valor posiblemente puro y constante".
322
La teoría desarrollada por dicho autor, según la cual el
fundamento de la condena en costas no es más que elhecho
objetivo de la derrota, sitúa a la institución en el terreno
estrictamente procesal y descarta la aplicación de teorías extraídas
del derecho privado que, como la fundada en la presunción de
culpa, no se avienen con la licitudque reviste, en principio, el
ejercicio del derecho de acción, ni con el alcance de dicha condena,
que se limita a los gastos directa e inmediatamente producidos por
el proceso y no comprende otros daños que puedan ser
consecuencia de aquél.
La conclusión de CHIOVENDA, en efecto, sólo remite a la
necesaria "incolumidad" que debe revestir el derecho reconocido
por una sentencia judicial, por cuanto "el juicio, como medio de
conseguir el ejercicio del derecho, no puede conducir sino a la
declaración de éste en su mayor y posible integridad; el derecho...
debe reconocerse como si lo fuese en el momento de interponerse
la demanda; todo lo que fue necesario para ese reconocimiento, es
disminución del derecho y debe reintegrarse al sujeto del derecho
mismo, a fin de que éste no sufra detrimento por causa del pleito".
118. Régimen legal
a) Dispone el art. 68, párr. 1º CPN que "la parte vencida en el
juicio deberá pagar todos los gastos de la contraria, aun cuando
ésta no lo hubiese solicitado".
Lo mismo que la legislación vigente con anterioridad, el CPN
admite, en materia de imposición de costas, el principio derivado del
"hecho objetivo de la derrota", con prescindencia de la buena o
mala fe del litigante vencido. Por ello la jurisprudencia remite
constantemente al mencionado principio y considera a la condena
en costas como una restitución de los gastos que se ha visto
obligada a efectuar la parte vencedora para obtener el
reconocimiento judicial de su derecho.
El CPN asimismo adhiere, con carácter general, al sistema en
cuya virtud las costas deben imponerse de oficio, es decir, aun en el
323
caso de que la condena a su pago no haya sido solicitada por las
partes.
b) La segunda parte del art. 68 prescribe que "sin embargo, el
juez podrá eximir total o parcialmente de esta responsabilidad al
litigante vencido, siempre que encontrare mérito para
ello, expresándolo en su pronunciamiento bajo pena de nulidad".
Como es obvio, la posibilidad de que los jueces eximan del pago
de las costas al litigante vencido no quiere decir, como
observa PODETTI, que la eximición alcance a todas las costas del
proceso, sino solamente a las del litigante vencedor. De allí que el
vencido a quien se exime de las costas debe abonar las propias y la
mitad de las comunes.
En tanto supedita la eximición a la circunstancia de que el "juez
encuentre mérito para ello", el CPN deja librado el punto al arbitrio
judicial, aunque exige, "bajo pena de nulidad", que el
pronunciamiento respectivo seafundado. Los fallos judiciales suelen
justificar la eximición y, por lo tanto, la imposición de las costas en
el orden causado, en la existencia de "razón probable o fundada
para litigar", concepto amplio y elástico que remite, en definitiva, a
la conducta del vencido, y que resulta aplicable cuando, por las
circunstancias del caso, puede considerarse que aquél actuó sobre
la base de una convicción razonable acerca de la existencia de su
derecho. También se ha hecho aplicación de la excepción
contenida en la norma en los casos de cuestiones jurídicas
complejas, o respecto de las cuales existe jurisprudencia
contradictoria, o recientemente modificada, o cuando se trata de la
aplicación de leyes nuevas.
Idéntico principio rige en materia de incidentes, pero con la
variante de que no se sustanciarán nuevos por quien hubiere sido
condenado al pago de las costas en otro anterior mientras no
satisfaga su importe o, en su caso, lo dé a embargo, salvo que se
trate de incidencias promovidas en el curso de las audiencias (CPN,
art. 69).
En el juicio ejecutivo rige un sistema distinto: las costas son a
cargo de la parte vencida, con excepción de las correspondientes a
las pretensiones de la otra parte que hayan sido desestimadas (art.
558).
324
Existen casos, asimismo, en que la eximición del pago de las
costas se funda en actitudes de la parte vencida que revelan el
propósito de facilitar la solución del conflicto y de evitar
erogaciones innecesarias. Se hallan contempladas en el art. 70
CPN, según el cual no cabe imponer costas al vencido: 1º) Cuando
hubiese reconocido oportunamente como justas las pretensiones de
su adversario, allanándose a satisfacerlas, a menos que
hubiere incurrido en mora o que por su culpa hubiere dado lugar a
la reclamación, 2º) Cuando se allanare dentro del quinto día de
tener conocimiento de los títulos o instrumentos tardíamente
presentados. Para que proceda la exención de costas —agrega la
norma—,
el
allanamiento
debe
ser real, incondicionado, oportuno, totaly efectivo.
c) Una de las contingencias posibles en todo proceso es la de
que su resultado final, o de alguno de susincidentes, sea
parcialmente favorable a ambos litigantes. Tal lo que ocurre, por
ejemplo, en el caso de que prosperen tanto la demanda como la
reconvención, o en el de que ambas sean rechazadas. El CPN
prescribe que, en tales hipótesis, las costas se compensarán o se
distribuirán prudencialmente por el juez en proporción al éxito
obtenido por cada uno de los litigantes (art. 71).
d)
Excepcionalmente las costas
pueden imponerse
al vencedor cuando las constancias del proceso demuestren la
total inutilidad de la pretensión o su planteamiento en términos
notoriamente exagerados. Al primer supuesto se refiere el apartado
final del art. 70 en tanto dispone que cuando de los antecedentes
del proceso resultase que el demandado no hubiere dado motivo a
la promoción del juicio y se allanare dentro del plazo para contestar
la demanda, cumpliendo su obligación, las costas se impondrán al
actor. El segundo supuesto se halla contemplado por el art. 72, con
arreglo al cual será condenado en costas el litigante que incurriere
en pluspeticióninexcusable, si la otra parte hubiese admitido el
monto hasta el límite establecido en la sentencia, aunque si no
media dicha admisión o ambas partes incurren en pluspetición es
aplicable la ya mencionada regla del art. 71. La pluspetición debe
ser descartada cuando el valor de la condena depende legalmente
del arbitrio judicial, de juicio pericial o de rendición de cuentas o
325
cuando las pretensiones de la parte no son reducidas por la
condena en más de un veinte por ciento.
En materia de prescripción la jurisprudencia tenía
reiteradamente decidido que cuando la demanda es rechazada a
raíz de haber prosperado tal defensa corresponde que, en virtud de
la índole de ésta, las costas se impongan en el orden causado.
Pero el ámbito de esta doctrina, según lo resolvieron numerosos
precedentes, debe circunscribirse al caso de que el actor no discuta
la procedencia de dicha excepción y que se allane a ella
de inmediato. Este último es el criterio consagrado en el art. 76
CPN, conforme al cual "si el actor se allanase a la prescripción
opuesta las costas se distribuirán en el orden causado".
e) El CPN contiene asimismo en materia de costas las
siguientes reglas particulares:
1º) Si el juicio concluye por transacción o conciliación, las costas
deben ser impuestas en el orden causado (art. 73). La norma aclara
que tal proceder será aplicado respecto de quienes celebraron el
avenimiento, rigiendo las reglas generales en cuanto a las partes
que no lo suscribieron. Tal agregado remite a la existencia de
litisconsorcio (infra, nº 130) y deriva del principio general de que los
actos de disposición del objeto procesal realizados por uno o
algunos de los litisconsortes no afectan la situación jurídica de los
restantes ni, por tanto, su responsabilidad por el pago de las costas.
En caso de desistimiento las costas son a cargo de quien
desiste, salvo cuando el acto se debaexclusivamente a cambios de
legislación o jurisprudencia y se lleve a cabo sin
demora injustificada.
Corresponde exceptuar, en todos los casos, lo que puedan
acordar las partes en contrario (art. 73).
Finalmente, en caso de declararse la caducidad de la
primera instancia, las costas del juicio deben imponerse al actor
(norma citada).
2º) Si el procedimiento se anula por causa imputable a una de
las partes, deben ser a su cargo las costas producidas desde el
acto o la omisión que dio origen a la nulidad (art. 74).
326
3º) En los casos de litisconsorcio, las costas deben distribuirse
entre los litisconsortes, salvo que por la naturaleza de la obligación
correspondiere la condena solidaria. Pero cuando el interés que
cada uno de ellos represente en el juicio ofrezca considerables
diferencias, puede el juez distribuir las costas en proporción a
eseinterés (art. 75).
f) En lo que concierne a su alcance la condena en costas
comprende, por lo pronto, todos los gastos causados u ocasionados
por la sustanciación del proceso y los que se hubiesen realizado
para evitar el pleito, mediante el cumplimiento de la obligación
(CPN, art. 77, párr. 1º). Se hallan por lo tanto comprendidos dentro
de la condena en costas, entre otros, el importe del impuesto de
justicia y sellado de actuación; los gastos correspondientes a las
fotocopias de los documentos originales presentados, hechas a fin
de reservar a éstos en el juzgado; los gastos desembolsados para
el otorgamiento de un poder especial; los gastos de
diligenciamiento
de exhortos;
los
honorarios
de
los
profesionales intervinientes, etcétera. Asimismo, de acuerdo con el
texto del art. 77, las erogaciones producidas para procurar que el
deudor cumpla con su obligación (v.gr. la ocasionada con motivo de
la emisión de un telegrama intimatorio).
Los gastos correspondientes a pedidos desestimados son a
cargo de la parte que los efectúa u origina,aunque la sentencia le
sea favorable en lo principal (art. 77, párr. 2º).
Asimismo, no son objeto de reintegro los gastos superfluos
o inútiles (art. 77, párr. 3º), como pueden ser v.gr., los ocasionados
por pruebas declaradas impertinentes o por una pericia innecesaria
para la solución del pleito (art. 478).
El juez, no obstante, se halla facultado para reducir
prudencialmente los gastos, en el supuesto de que
resulten excesivos (art. 77, párr. 4º).
En virtud, por último, del párrafo incorporado al art. 77 CPN por
la ley 24.432, los peritos intervinientes se hallan facultados para
reclamar de la parte no condenada en costas hasta el 50% de los
honorarios que les fueren regulados, sin perjuicio de lo dispuesto en
el mencionado art. 478.
El Código Civil y Comercial de la Nación contempla, respecto de
este tópico, lo siguiente: "Efectos con relación al acreedor. La
327
obligación da derecho al acreedor a: a. emplear los medios legales
para que el deudor le procure aquello a que se ha obligado; b.
hacérselo procurar por otro a costa del deudor; c. obtener del
deudor lasindemnizaciones correspondientes. Si el incumplimiento
de la obligación, cualquiera sea su fuente, deriva en litigio judicial o
arbitral, la responsabilidad por el pago de las costas, incluidos los
honorarios profesionales, de todo tipo, allí devengados y
correspondientes a la primera o única instancia, no debe exceder
del veinticinco por ciento del monto de la sentencia, laudo,
transacción o instrumento que ponga fin al diferendo. Si las
regulaciones de honorarios practicadas conforme a las leyes
arancelarias o usos locales, correspondientes a todas las
profesiones y especialidades, superan dicho porcentaje, el juez
debe proceder a prorratear los montos entre los beneficiarios. Para
el cómputo del porcentaje indicado, no se debe tener en cuenta el
monto de los honorarios de los profesionales que han representado,
patrocinado o asistido a la parte condenada en costas" (art. 730).
119. Beneficio de litigar sin gastos
a) Sin perjuicio de las exenciones de orden fiscal con que las
leyes facilitan la actuación procesal de determinados litigantes
(Estado
Nacional
o
provincial,
municipalidades,
reparticiones autárquicas, asociaciones, entidades civiles de
asistencia social), los ordenamientos procesales han debido
contemplar la situación de aquellas personas que carecen de los
recursos indispensables para afrontar los gastos de un proceso.
A tal necesidad obedece la institución del beneficio de justicia
gratuita o beneficio de litigar sin gastos, el que por un lado se
fundamenta en la garantía constitucional de la defensa en juicio
(CN, art. 18), pues en razón de que ésta supone básicamente la
posibilidad de ocurrir ante algún órgano judicial en procura de
justicia, es obvio que tal posibilidad resulta frustrada cuando la ley
priva de amparo a quienes no se encuentran en condiciones
328
económicas de requerir a los jueces una decisión sobre el derecho
que estiman asistirles.
Corresponde evocar, al respecto, lo resuelto por la Corte
Interamericana de Derechos Humanos en el caso "Caso Cantos Vs.
Argentina", sentencia del 28 de noviembre de 2002 en el marco de
una causa donde, justamente, el derecho de acceso a la justicia se
ponía en jaque por los costos del proceso.
También acuerda fundamento al beneficio analizado el principio
de igualdad de las partes, el cual supone que éstas se encuentren
en una sustancial coincidencia de condiciones o circunstancias
entre las que no cabeexcluir las de tipo económico, de modo que se
impone la necesidad de neutralizar las ventajas que en ese orden
pueden favorecer a uno de los litigantes en desmedro del otro.
c) El pedido de concesión de beneficio de litigar sin gastos
puede formularse con anterioridad a la presentación de la demanda
o en cualquier estado del proceso, aunque el límite está dado
actualmente por laaudiencia preliminar o la declaración de puro
derecho (art. 84, párr. 3º, modificado por la ley 25.488) (CPN, art.
78, párr. 1º). La solicitud debe contener: 1) La mención de los
hechos en que se funde, de la necesidad de reclamar o defender
judicialmente derechos propios o del cónyuge o de hijos menores,
así como la indicación del proceso que se ha de iniciar o en el que
se deba intervenir; 2) El ofrecimiento de la prueba tendiente a
demostrar la imposibilidad de obtener recursos. Debe, además,
acompañarse el interrogatorio de los testigos y su declaración en
los términos de los arts. 440 primera parte, 441 y 443, firmada por
ellos, de modo que el pliego debe contener juramento o promesa de
decir verdad, las preguntas formuladas a los testigos y las
respuestas dadas por éstos (art. 79, modificado por la ley
25.488); 3) Presentada la solicitud el juez debe ordenar sin más
trámite las diligencias necesarias para que la prueba ofrecida se
produzca a la mayor brevedad y citará al litigante contrario o a
quien haya de serlo, y al organismo de determinación y recaudación
de la tasa de justicia, quienes no sólo pueden fiscalizarla y ofrecer
otras pruebas, sino también solicitar la citación de los testigos
propuestos por el peticionario para corroborar su declaración (arts.
79 in fine y 80, modificados por la ley 25.488).
Producida la prueba, corresponde dar traslado por cinco días
comunes al peticionario y a la otra parte y al organismo de
determinación y recaudación de la tasa de justicia, y contestado
dicho traslado o vencido el plazo para hacerlo, el juez debe dictar
resolución acordando, el beneficio, total o parcialmente, o
denegándolo (CPN, art. 81). La resolución que acuerda el beneficio,
por consiguiente, puede restringir el alcance de éste a una
determinada proporción de los gastos del proceso, en aquellas
hipótesis en que no resulte acreditada la falta absoluta de recursos
computables para afrontar las erogaciones judiciales.
Las resoluciones dictadas en los pedidos de concesión del
beneficio son apelables en relación (CPN, art. 243). En el caso de
ser favorables al peticionario, el recurso procede en efecto
devolutivo (CPN, art. 81).
Por otra parte, cualquiera fuere su contenido, tales resoluciones
sólo producen efectos provisionales: "La resolución que denegare o
acordare el beneficio —dice el art. 82 CPN— no causará estado. Si
fuere denegatoria, el interesado podrá ofrecer otras pruebas y
solicitar una nueva resolución. La que lo concediere, podrá ser
329
330
b) El CPN condiciona la obtención del beneficio a la
concurrencia de dos requisitos: la carencia de recursos y
la necesidad de reclamar o defender judicialmente derechos propios
o del cónyuge o de hijos menores.
A diferencia de algunos ordenamientos, por consiguiente, el
CPN no habla de "pobreza", que constituye un concepto difícilmente
definible, y deja librada a la apreciación judicial, en cada caso
concreto, la determinación de la suficiencia o insuficiencia de los
recursos del interesado para afrontar los gastos del proceso de que
se trate. Suministra sin embargo una pauta general a la que debe
atenerse dicha apreciación, en tanto establece que "no obstará a la
concesión del beneficio la circunstancia de tener el peticionario
lo indispensable para procurarse su subsistencia, cualquiera fuere
el origen de sus recursos" (art. 78, párr. 2º).
La concurrencia del requisito referente a la "necesidad" de litigar
por parte del peticionario, queda también librada a la apreciación
del juez, quien debe efectuarla atendiendo a la "verosimilitud" del
derecho que aquél pretende hacer valer y cuidando, naturalmente,
de no incurrir en prejuzgamiento sobre el fondo del asunto.
dejada sin efecto a requerimiento de parte interesada, cuando se
demostrare que la persona a cuyo favor se dictó no tiene ya
derecho al beneficio. La impugnación se sustanciará por el trámite
de los incidentes".
Corresponde señalar, sin embargo, que las posibles
modificaciones de la resolución, que autoriza la norma transcripta,
se hallan condicionadas a la invocación y prueba de circunstancias
de hecho ocurridas con posterioridad a la denegación o concesión
del beneficio. La revisión de lo decidido no procede, por lo tanto, si
elinteresado se limita a aportar nuevos elementos de juicio
tendientes a reparar los defectos o la insuficiencia de la prueba
oportunamente producida.
La ley 25.488incorporó, como párrafo final del art. 81, que en el
caso de comprobarse "la falsedad de los hechos alegados como
fundamento de la petición del beneficio de litigar sin gastos, se
impondrá al peticionario una multa que se fijará en el doble del
importe de la tasa de justicia que correspondiera abonar, no
pudiendo ser esta suma inferior a la cantidad de $ 1.000. El importe
de la multa se destinará a la Biblioteca de las cárceles".
d) Como arbitrio orientado a facilitar la obtención del beneficio y
a nivelar la posición de los litigantes, "hasta que se dicte resolución,
la solicitud y presentaciones de ambas partes estarán exentas del
pago de impuestos y sellado de actuación. Éstos serán satisfechos,
así como las costas, en caso de denegación" (CPN, art. 83, párr.
1º).
Pero en el supuesto de concederse el beneficio, éste tiene,
respeto de las costas o gastos judiciales no satisfechos, efecto
retroactivo a la fecha de promoción de la demanda.
El trámite para obtener el beneficio no suspenderá el
procedimiento, salvo que se solicite al momento de suinterposición,
que debe serlo hasta la audiencia preliminar o la declaración de
puro derecho, salvo que se aleguen y acrediten circunstancias
sobrevinientes (CPN, arts. 83 y 84, párr. 3º, modificados por la ley
25.488).
84, párr. 1º). En consecuencia, el beneficio comprende el derecho
de no abonar suma alguna en concepto de sellado de actuación y
de impuesto de justicia; de que se publiquen los edictos en el diario
oficial sin pago previo; de obtener medidas cautelares sin otorgar
caución; de ser representado y defendido por el defensor oficial, sin
perjuicio de que el interesado prefiera hacerse patrocinar o
representar por abogado o procurador de la matrícula (CPN, art.
85), y el de que el mandato que confiera, en este último caso, se
haga por acta labrada ante el prosecretario administrativo (id.).
En el supuesto de que el beneficiario resultare vencedor en el
pleito, debe sin embargo pagar las costas y gastos causados en su
defensa hasta la concurrencia máxima de la tercera parte de los
valores que reciba (CPN, art. 84). De manera que si el beneficiario
vencedor se hubiese hecho patrocinar o representar por abogado o
procurador de la matrícula, y se hubiese declarado el pago de las
costas
por
su
orden,
dichos
profesionales
podrán,
proporcionalmente, exigir a su cliente el pago de los honorarios. En
el caso de que la parte contraria haya sido condenada al pago de
las costas, los profesionales que han patrocinado o representado al
beneficiario pueden: 1º) Exigir a aquélla el pago total de sus
honorarios; o 2º) Exigir el pago, proporcionalmente, al beneficiario,
sin perjuicio del derecho de repetición que incumbe a éste contra su
adversario (CPN, art. 84, párr. 2º).
f) A pedido del interesado, finalmente, el beneficio de litigar sin
gastos puede hacerse extensivo para litigar con otra persona, en el
mismo juicio, si correspondiere, con citación de ésta (CPN, art. 86).
En tal caso debe seguirse el mismo procedimiento analizado
anteriormente.
§ II. LA REBELDÍA(2)
e) El efecto de la concesión del beneficio consiste en que el
beneficiario queda exento, total o parcialmente, del pago de las
costas o gastos judiciales, hasta que mejore de fortuna (CPN, art.
331
332
120. Concepto
a) En sentido estricto, rebeldía o contumacia es la situación que
se configura respecto de la parte que no comparece al proceso
dentro del plazo de la citación, o que lo abandona después de
haber comparecido. Implica, por lo tanto, la "ausencia total" de
cualquiera de las partes en un proceso en el cual les
corresponde intervenir, y no debe confundirse con la omisión del
cumplimiento de actos procesales particulares, pues esa
circunstancia sólo determina, como regla general, el decaimiento de
la facultad procesal que se dejó de ejercitar y no genera, como la
rebeldía, efectos dentro de la estructura total del proceso.
b) En los sistemas procesales antiguos no se concebía que un
juicio pudiese constituirse y desarrollarse enausencia de una de las
partes. Así, en el primitivo derecho romano, el demandado estaba
obligado a acompañar al actor a presencia del magistrado cuando
aquél lo citaba personalmente a juicio (in ius vocatio) y cabía, según
las XII Tablas, la posibilidad de llevarlo por la fuerza en caso de
negativa. Durante la época del sistema formulario tampoco podía
constituirse válidamente un proceso si no tenía lugar la in ius
vocatio, razón por la cual el actor, en caso de incomparecencia del
demandado, podía solicitar al pretor que lo pusiese en posesión de
bienes de aquél (missio in possessionem), a cuya venta podía
eventualmente proceder (venditio bonorum) si no se verificaba la
comparecencia
dentro
de
ciertos
plazos.
En
el
procedimiento extraordinario subsistieron medidas compulsorias
semejantes, pero el actor podía optar porque se elucidase la
cuestión de fondo abriendo un verdadero proceso por contumacia.
También el derecho germánico conoció medidas de coacción
tendientes a provocar la comparecencia del demandado, como la
proscripción, la excomunicación, la puesta al actor en posesión de
sus bienes (possessio tedialis) y otras análogas.
c) El derecho actual excluye el uso de medidas coercitivas
tendientes a compeler a las partes a comparecer al proceso, por
cuanto en rigor no existe un deber en tal sentido, sino una "carga
333
procesal" cuyo incumplimiento no apareja la imposición de sanción
alguna. Las legislaciones modernas admiten y prevén la posibilidad
de que el proceso se constituya válidamente incluso sin el efectivo
concurso de una de las partes, y establecen, para tales supuestos,
un conjunto de reglas elaboradas sobre la base de ciertas ficciones
destinadas
a
allanar
losinconvenientes
derivados
del incumplimiento de la carga de comparecer. Tales ficciones —
como son, por ejemplo, las referentes al conocimiento, por parte del
rebelde, de la mayor parte de las resoluciones que se dictan
durante el transcurso del proceso, o a la admisión de los
hechos invocados por la otra parte—, debeninterpretarse, sin
embargo, en una medida compatible con las exigencias de la
justicia. "La posición del juez frente a la rebeldía —
escribe PODETTI— debe ser siempre favorable al esclarecimiento de
la verdad por los medios que la ley brinda, eliminando o
disminuyendo, en lo posible, los efectos de las ficciones creadas
por la misma".
121. Requisitos
a) Dispone el art. 59, párr. 1º CPN que "la parte con domicilio
conocido, debidamente citada, que no compareciere durante el
plazo de la citación o abandonare el juicio después de haber
comparecido, será declarada en rebeldía a pedido de la otra".
b) Del contenido de esa norma, y de otras disposiciones que se
mencionarán, despréndese que la declaración de rebeldía se halla
condicionada a la concurrencia de los siguientes requisitos: 1º) La
notificación de la citación en el domicilio del litigante; 2º)
La incomparecencia de éste una vez transcurrido el plazo de la
citación, o el abandono posterior del proceso; 3º) La falta
de invocación y justificación de alguna circunstancia que haya
impedido la comparecencia; 4º) La petición de la parte contraria.
c) En primer lugar, por lo tanto, el CPN subordina la declaración
de rebeldía a la circunstancia de que la citación se haya practicado
334
en el domicilio de la parte, y que ésta, naturalmente, sea conocida,
pues respecto de las personas inciertas o de domicilio ignorado, a
quienes debe notificarse por edictos, no cabe dicha declaración en
caso de incomparecencia sino la designación del defensor oficial a
fin de que las represente en el juicio (CPN, art. 343, párr. 2º).
También puede ser declarado en rebeldía el actor o el
demandado que ya compareció cuando, actuando por medio de un
representante, sobrevenga la revocación o renuncia del mandato y
el poderdante no compareciere por sí mismo o por medio de otro
apoderado (CPN, art. 53, incs. 1º y 2º). La misma solución cabe en
caso de producirse el fallecimiento del mandatario (art. 53, inc. 6º).
En caso de muerte o incapacidad sobreviniente del poderdante
procede la declaración de rebeldía si, citados los herederos o
representante legal, no concurren a estar a derecho dentro del
plazo que el juez determine (art. 53, inc. 5º).
d) En lo que respecta al tercer requisito antes mencionado,
importa señalar que la invocación y prueba de alguna circunstancia
configurativa de fuerza mayor (enfermedad, incapacidad, ausencia),
puede impedir la declaración de rebeldía o la producción de sus
efectos.
e) El CPN, finalmente, supedita la declaración de rebeldía al
pedido de la parte contraria. El carácter perentorio que reviste el
plazo para contestar la demanda no excluye la necesidad de tal
petición, pues el vencimiento de aquél sólo autoriza al juez para dar
por perdida, de oficio, la facultad no ejercitada oportunamente, pero
no para declarar la rebeldía.
122. Efectos de la declaración de rebeldía
a) Aunque la declaración de rebeldía no altera la secuela regular
del proceso (CPN, art. 60), produce diversos efectos que se
concretan en el régimen de las notificaciones, en la posibilidad de
adoptar medidas cautelares contra el rebelde, en el contenido de la
335
sentencia, en las posibilidades probatorias y en el curso de las
costas. Serán examinados a continuación.
b) El proceso contumacial se caracteriza, en primer lugar, por la
considerable limitación que en él sufren las notificaciones que
deben practicarse al rebelde. Dice, al respecto, el art. 59, párr. 2º
CPN que "esta resolución (se refiere a la que declara la rebeldía) se
notificará por cédula o, en su caso, por edictos durante dos días.
Las sucesivas resoluciones se tendrán por notificadas por ministerio
de la ley". Agrega el art. 62: "La sentencia se hará saber al rebelde
en la forma prescripta para la notificación de la providencia que
declara la rebeldía".
Con excepción, por consiguiente, de la providencia que declara
la rebeldía y de la sentencia definitiva, las restantes resoluciones
judiciales que se dicten en el juicio en rebeldía se notifican al
rebelde por ministerio de la ley, es decir, en la forma prescripta en
el art. 133 del Código. Importa señalar, asimismo, que la
notificación por edictos a que se refiere el primero de los artículos
transcriptos, sólo procede en el supuesto de que el rebelde haya
abandonado el domicilio donde se practicó la notificación del
traslado de la demanda.
Prescribe asimismo el art. 59, párr. 3º CPN que "si no se hubiere
requerido que el incompareciente sea declarado rebelde, se
aplicarán las reglas sobre notificaciones establecidas en el primer
párrafo del art. 41", de modo que a la parte que se encuentre en
esa situación deben notificársele las sucesivas resoluciones por
ministerio de la ley, "con excepción de la que cita a absolver
posiciones y la sentencia".
De ello se sigue que la situación procesal del declarado en
rebeldía y la del mero incompareciente se diferencian, por lo que
concierne al régimen de las notificaciones, en las siguientes
circunstancias: 1º) Mientras que al primero corresponde notificarle
por cédula la resolución declarativa de la rebeldía y la sentencia, al
segundo se le deben notificar en la misma forma la citación para
absolver posiciones y la sentencia; 2º) La notificación por medio de
edictos, cuando corresponda, sólo puede practicarse con respecto a
la parte declarada en rebeldía. En consecuencia, si se desconoce el
domicilio del mero incompareciente por haber abandonado aquél en
el cual se le notificó el traslado de la demanda, corresponde
336
que todas las notificaciones le sean practicadas por ministerio de la
ley.
constituirá presunción de verdad de los hechos lícitos afirmados por
quien obtuvo la declaración" (CPN, art. 60, párr. 3º).
c) "Desde el momento en que un litigante haya sido declarado
en rebeldía —expresa el art. 63 CPN— podrán decretarse, si la otra
parte lo pidiere, las medidas precautorias necesarias para asegurar
el objeto del juicio o el pago de la suma que se estime en concepto
de eventuales costas si el rebelde fuere el actor".
Se ha decidido, con discutible acierto, que para el otorgamiento
de tales medidas no basta la mera declaración de rebeldía, sino que
es necesario, además, que la respectiva resolución se encuentre
consentida o ejecutoriada. Por otra parte, como la rebeldía crea una
presunción de verosimilitud del derecho pretendido, las medidas no
se hallan supeditadas al previo examen judicial de los elementos de
juicio que funden su procedencia, aunque tampoco cabe
desconocer al juez la posibilidad de denegarlas en el caso de que
las constancias del proceso demuestren que su improcedencia es
manifiesta.
e) No obstante la ausencia de controversia que implica el
procedimiento en rebeldía, prescribe el art. 61 CPN (reformado por
la ley 22.434) que "a pedido de parte, el juez abrirá la causa a
prueba, o dispondrá su producción según correspondiere al tipo de
proceso; en su caso, podrá mandar practicar las medidas
tendientes
al
esclarecimiento
de
la
verdad
de
los
hechos autorizadas por este Código".
En consecuencia, la resolución de apertura a prueba en el
proceso ordinario, o de fijación de plazo para su recepción en los
procesos sumario (donde exista) y sumarísimo —que con
anterioridad a la reforma se interpretó que dependía de la
apreciación circunstancial del juez— se halla ahora subordinada al
cumplimiento de una carga de la parte interesada, consistente en
solicitar el pronunciamiento de la correspondiente decisión. Ello, sin
embargo, no importa que la petición sea vinculatoria para el juez, ya
que éste puede rechazarla cuando cualquiera de las partes hubiese
aportado elementos de juicio suficientes para generar su
convicción, lo que ocurriría, v.gr., en el caso de que el actor o el
demandado hubiesen acompañado, con la demanda o el responde,
respectivamente, prueba documental susceptible de acreditar
suficientemente los derechos que invocan, porque en tal hipótesis
la incomparecencia del demandado o el abandono del proceso por
parte del actor implican, necesariamente, el reconocimiento de esa
prueba (CPN, art. 356, inc. 1º).
El juez se encuentra habilitado, por último, para adoptar de
oficio cualquiera de las medidas a que se refiere el art. 36, inc. 2º.
Debe tenerse en cuenta, asimismo, que si bien el rebelde puede
ofrecer y producir prueba tendiente a desvirtuar la de la otra parte,
en ningún caso es admisible que, a través de ese procedimiento,
pretenda hacer valer hechos que sólo son susceptibles de alegarse
en el momento procesal oportuno, como es, por ejemplo, el de la
contestación de la demanda.
d) Respecto de las consecuencias que la declaración de
rebeldía produce con relación a los hechos afirmados por la otra
parte, el ordenamiento procesal vigente adhiere, como regla de
carácter general, al sistema en cuya virtud dicha declaración sólo
puede configurar una presunción "simple o judicial". Es por lo tanto
el juez quien, apreciando la conducta de las partes y las
constancias del proceso, debe estimar si la incomparecencia o el
abandono importan, o no, el reconocimiento de los hechos
afirmados por la otra parte. "La sentencia —dispone el art. 60, párr.
3º CPN— será pronunciada según el mérito de la causa y lo
establecido en el art. 356, inc. 1º", norma ésta según la cual el
silencio, las respuestas evasivas o la negativa meramente general
del demandado "podrán estimarse como reconocimiento de la
verdad de los hechos pertinentes y lícitos a que se refieran". De allí
que la declaración de rebeldía no exime al actor de la carga de
acreditar los extremos de su pretensión, ni descarta la posibilidad
de que aquéllos sean desvirtuados por la prueba de la otra parte.
La mencionada regla general admite excepción en los casos de
duda, respecto de los cuales "la rebeldía declarada y firme
337
f) Luego de referirse a los efectos que la declaración de rebeldía
produce sobre el contenido de la sentencia, el art. 60 in fine CPN,
338
dispone que "serán a cargo del rebelde las costas causadas por su
rebeldía".
La norma no se refiere a las costas de todo el proceso, que
deben imponerse de acuerdo con los principios establecidos por los
arts. 68 y sigs. CPN, sino solamente a las ocasionadas con motivo
de la incomparecencia o abandono del litigante declarado en
rebeldía
(por
ejemplo,
los
gastos
de
notificaciones
mediante exhortos o edictos).
aplicables a las partes, deben hacerlo en su primera presentación"
(art. 2553).
g) "Ejecutoriada la sentencia pronunciada en rebeldía —
prescribe el art. 67 CPN—, no se admitirá recurso alguno contra
ella". Pero esta norma no impide que, siendo nula la notificación del
traslado de la demanda, o demostrándose la existencia de un hecho
impeditivo de la comparecencia (fuerza mayor insuperable, por
ejemplo), pueda eventualmente declararse la nulidad de lo actuado,
que cabría obtener mediante la promoción del respectivo incidente
(CPN, arts. 169 y sigs.).
La ley 22.434introdujo al art. 60 CPN un párrafo con arreglo al
cual "el rebelde podrá oponer la prescripción en los términos del art.
346". Este último, a su vez, tras disponer que "la prescripción podrá
oponerse hasta el vencimiento del plazo para contestar la demanda
o la reconvención", agrega que "el rebelde sólo podrá hacerlo
siempre que justifique haber incurrido en rebeldía por causa que no
haya estado a su alcance superar".
Esta norma se justifica, por un lado, si se tiene en cuenta que
la incomparecencia que responde a un hecho impeditivo
grave autoriza, como se vio, a declarar la nulidad de las
actuaciones, y, por otro lado, en razón de que la comparecencia del
declarado rebelde en esas condiciones configura "la primera
presentación en el juicio" a que se refería el art. 3962 del derogado
Cód. Civ.
El Código Civil y Comercial, por su parte, sobre el punto
establece que "la prescripción puede ser articulada por vía de
acción o de excepción" (art. 2551) y, en lo que hace a la
oportunidad, señala que "la prescripción debe oponerse dentro del
plazo para contestar la demanda en los procesos de conocimiento,
y para oponerexcepciones en los procesos de ejecución. Los
terceros interesados que comparecen al juicio vencidos los términos
a) "Si el rebelde compareciere en cualquier estado del juicio
será admitido como parte, y cesando el procedimiento en rebeldía,
se entenderá con él la sustanciación, sin que ésta pueda en ningún
caso retrogradar" (CPN, art. 64).
El rebelde que se apersona debe, por lo tanto, aceptar el
proceso in statu et terminis, salvo que mediase alguno de los
supuestos mencionados bajo la letra g) del número anterior.
339
340
123. Cesación del procedimiento en rebeldía
b) "Las medidas precautorias decretadas de conformidad con el
art. 63, continuarán hasta la terminación del juicio, a menos que
el interesado justificare haber incurrido en rebeldía por causas que
no haya estado a su alcance vencer. Serán aplicables las normas
sobre ampliación, sustitución y reducción de las medidas
precautorias. Las peticiones sobre procedencia o alcance de las
medidas precautorias tramitarán por incidente, sin detener el curso
del proceso principal" (CPN, art. 65).
c) Finalmente, prescribe el art. 66 CPN que "si el rebelde
hubiese comparecido después de la oportunidad en que ha debido
ofrecer la prueba y apelare de la sentencia, a su pedido se recibirá
la causa a prueba en segundainstancia, en los términos del art.
260, inc. 5º, párr. a). Si como consecuencia de la prueba producida
en segundainstancia la otra parte resultare vencida, para la
distribución de las costas se tendrá en cuenta la situación creada
por el rebelde". Este último párrafo, en alguna medida similar al art.
70, inc. 20, autoriza a prescindir de la aplicación del principio
objetivo de la derrota (supra, nº 117), consagrado por el art. 68,
permitiendo la eventualexención de costas al vencido con
fundamento de la presentación extemporánea del rebelde.
las mismas defensas que cabrían contra la pretensión del
sustituido, desde que ambas tienen sustancialmente el mismo
contenido.
§ III. SUSTITUCIÓN PROCESAL(3)
e) La sentencia pronunciada con respecto al sustituto produce,
como principio, eficacia de cosa juzgada contra el
sustituido, aunque éste no haya sido parte en el proceso.
124. Concepto
a) Existe sustitución procesal cuando la ley habilita
para intervenir en un proceso, como parte legítima, a una persona
que es ajena a la relación jurídica sustancial que ha de discutirse en
ese proceso.
Como se destacó supra, nº 52, 2º), la sustitución procesal
constituye un ejemplo de legitimación procesal "anómala
o extraordinaria", por cuanto a través de ella se opera una
disociación entre el legitimado para obrar en el proceso y el sujeto
titular de la relación jurídica sustancial en que se funda la
pretensión.
b) Esta figura se diferencia de la representación en la
circunstancia de que, mientras el sustituto reclama la protección
judicial en nombre e interés propio, aunque en virtud de un derecho
vinculado a una relación jurídica ajena, el representante actúa en
nombre de un tercero —el representado— y carece de todo interés
personal en relación con el objeto del proceso.
c) De lo dicho se sigue que el sustituto, a diferencia del
representante, es parte en el proceso. Tiene, por ello, todos los
derechos, cargas, deberes y responsabilidades inherentes a tal
calidad, con la salvedad de que no puede realizar aquellos actos
procesales que comporten, directa o indirectamente, una
disposición de los derechos del sustituido (confesión, transacción,
desistimiento del derecho, etc.).
d) No obstante la legitimación autónoma y originaria que reviste
el sustituto procesal, el demandado puede oponer a su pretensión
341
125. Distintos supuestos
a) Entre las hipótesis más frecuentes de sustitución procesal
corresponde examinar en primer término, la representada por el
ejercicio de la acción subrogatoria (o pretensión oblicua o
subrogatoria) a que se refieren los arts. 739 a 742 del Cód. Civ. y
Com., según los cuales "el acreedor de un crédito cierto, exigible o
no, puede ejercer judicialmente los derechos patrimoniales de su
deudor, si éste es remiso en hacerlo y esa omisión afecta el cobro
de su acreencia" (art. 739).
La norma agrega que "el acreedor no goza de preferencia
alguna sobre los bienes obtenidos por ese medio". Contemplando
regulaciones típicamente procesales, el art. 740 se refiere a la
citación del deudor ("El deudor debe ser citado para que
tome intervención en el juicio respectivo") y el art. 742, a las
defensas oponibles ("Pueden oponerse al acreedor todas
las excepciones y causas de extinción de su crédito, aun cuando
provengan de hechos del deudor posteriores a la demanda, siempre
que éstos no sean en fraude de los derechos del acreedor").
Finalmente, el art. 741 alude a los derechos excluidos de esta
particular modalidad ("Están excluidos de la acción subrogatoria: a.
los derechos y acciones que, por su naturaleza o por disposición de
la ley, sólo pueden ser ejercidos por su titular; b. los derechos y
acciones sustraídos de la garantía colectiva de los acreedores; c.
las meras facultades, excepto que de su ejercicio pueda resultar
una mejora en la situación patrimonial del deudor").
342
La admisibilidad de la pretensión oblicua se halla condicionada,
entonces, a la demostración, por parte del acreedor, de que es
titular de un crédito cierto, sea o no exigible, de que su deudor ha
sido "remiso" en perseguir el cobro y que tal inactividad perjudica la
percepción de su deuda. Por otra parte, la jurisprudencia
predominante—construida en base a las normas del ya no
vigente Código Civil— considera que el ejercicio de la pretensión
oblicua no se halla supeditado al requisito de que el acreedor sea
judicialmente subrogado en los derechos de su deudor.
Esta última conclusión jurisprudencial ha sido expresamente
recogida por el art. 111 CPN —cuya referencia al art. 1196 del
digesto de Vélez debe entenderse ahora dirigida a los arts. 739 a
742 citados—, el cual, además, a diferencia del Código derogado,
reglamenta el trámite de esta pretensión.
Lo mismo que algunos Códigos provinciales (Santa Fe,
Córdoba, Jujuy, etc.), el CPN admite la previaaudiencia del deudor
(sustituido) y su eventual intervención en los procedimientos.
Dispone, en efecto, el art. 112 CPN que antes de conferirse
traslado al demandado, se citará al deudor por el plazo de diez
días, durante el cual éste podrá: 1º) Formular oposición fundada en
que ya ha interpuesto la demanda o en la manifiesta improcedencia
de la subrogación (lo que ocurriría, por ejemplo, en el caso de no
ser el actor, a su respecto, titular de un crédito cierto, exigible o no o
bien de que se trate de derechos fuera del campo de la
subrogación); 2º) Interponer la demanda, en cuyo caso se le
considerará como actor y el juicio seguirá con el demandado.
Pero aunque el deudor, en oportunidad de ser citado, no ejerza
ninguno de los derechos mencionados en el art. 112,
puede intervenir en el proceso como litisconsorte del actor
(acreedor) (art. 113), sin que su presentación sea susceptible de
retrogradar o suspender el curso del proceso (art. 93).
Igualmente, aun en los casos en que el deudor interponga la
demanda al ser citado, o la haya deducido con anterioridad, el
acreedor puede intervenir en el proceso como tercero adhesivo
simple (infra, nº 134), siendo por lo tanto su actuación accesoria y
subordinada a la del deudor (CPN, art. 112, párr. 2º, y art. 91, párr.
1º).
En todos los casos, de acuerdo con el principio recordado en el
número anterior (letra c]), el deudor puede ser llamado a absolver
posiciones y reconocer documentos.
Prescribe, finalmente, el art. 114 CPN que la sentencia hará
cosa juzgada en favor o en contra del deudor citado haya o no
comparecido.
Ejecutoriada la sentencia, el sustituto puede también intervenir
en el procedimiento de ejecución a fin de posibilitar el ingreso de
bienes suficientes en el patrimonio de su deudor. Pero sólo puede
percibir el importe resultante de la ejecución hasta cubrir el monto
de su crédito.
343
344
b) Revisten asimismo el carácter de sustitutos procesales, entre
otros, el asegurador que ejerce los derechos que corresponden al
asegurado contra un tercero, en razón del siniestro, y hasta el
monto de la indemnización abonada (ley 17.418,art. 80); el
enajenante citado de evicción cuando el adquiriente demandado
opta por serexcluido de la causa (infra, nº 136); etcétera.
§ IV. AUXILIARES DE LAS PARTES(4)
126. Generalidades
a) Razones de orden técnico justifican la actuación procesal de
dos clases de auxiliares de las partes: losabogados y
los procuradores.
Desde el punto de vista que aquí interesa llámase abogado a la
persona que, contando con el respectivo título profesional y
habiendo cumplido los requisitos legales que la habilitan para
hacerlo valer ante los tribunales, asistejurídicamente a las partes
durante el transcurso del proceso.
Procurador, a su vez, es la persona que teniendo título de
abogado, escribano o procurador, y habiendo cumplido los
requisitos legales que la habilitan para ejercitarlo, representa a las
partes ante los tribunales.
b) De lo dicho se infiere que, a diferencia del procurador, que
actúa en lugar de la parte a quien representa (o del representante
legal de ésta), el abogado desempeña su función junto a aquélla o a
su representante (legal o convencional), prestándole el auxilio
técnico-jurídico que requiere el adecuado planteamiento de las
cuestiones comprendidas en el proceso. El abogado patrocina a su
cliente, sin perjuicio de que, al mismo tiempo, ejerza su
representación, pues no existe incompatibilidad entre ambas
funciones (supra, nº 108).
c) Sobre la base, en lo esencial, de las prescripciones
contenidas en el art. 11, inc. 3º de la ley 10.996, y art. 45 de la
12.997, el art. 56 CPN impone el patrocinio obligatorio en los
siguientes términos: "Los jueces no proveerán ningún escrito de
demanda o excepciones y sus contestaciones, alegatos
o expresiones
de
agravios,
ni
aquéllos
en
que
se
promuevan incidentes, o se pida nulidad de actuaciones y, en
general, los que sustenten o controviertan derechos, si no llevan
firma de letrado. No se admitirá tampoco la presentación de pliegos
de posiciones ni de interrogatorios que no lleven firma de letrado, ni
la promoción de cuestiones, de cualquier naturaleza, en
las audiencias, ni su contestación, si la parte que las promueve o
contesta no esté acompañada de letrado patrocinante". Por lo tanto
el procurador tampoco puede, durante las audiencias, ampliar el
pliego de posiciones o de preguntas, o repreguntar a los testigos, si
carece de patrocinio letrado.
En cuanto al procedimiento a observar frente a los escritos que
no llevan firma de letrado (CPN, art. 57), véase supra, nº 109.
127. El patrocinio letrado
a) El patrocinio letrado comprende no sólo la facultad de
asesorar a las partes en el planteamiento de las cuestiones de
hecho y de derecho sobre las que versa el pleito, sino también la de
asistirlas en la ejecución de los actos que requieran la expresión
verbal como medio de comunicación con el tribunal (audiencias y
juicios verbales). En esta última clase de actos, la regla consiste en
que el abogado formule directamente (aunque en presencia de la
parte o de su representante) las peticiones que correspondan
(repreguntas, ampliación de preguntas o de posiciones, oposiciones
a una pregunta o a una posición estimada inadmisible o
impertinente, etc.).
b) La institución del patrocinio letrado responde, por un lado, a la
conveniencia de que la defensa de los derechos e intereses
comprometidos en el proceso sea confiada a quienes, por razones
de oficio, poseen una competencia técnica de la que generalmente
carecen las partes; y, por otro lado, a la necesidad de evitar que
éstas, llevadas por su apasionamiento o ignorancia obstruyan la
gestión normal del proceso.
345
128. Requisitos, derechos, deberes, prohibiciones e
incompatibilidades
a) El primer requisito para el ejercicio de la profesión de
abogado es la posesión de título habilitante, expedido por
universidad nacional o privada autorizada, o revalidado ante
universidad nacional. Además, según el tratado de Montevideo de
1888, celebrado entre nuestro país, Perú, Paraguay, Bolivia y
Uruguay, los nacionales oextranjeros que en cualquiera de los
Estados signatarios de esa Convención hubiesen obtenido título o
diplomaexpedido por la autoridad nacional competente para ejercer
profesiones liberales, se tendrán por habilitados para ejercerlas en
los otros Estados.
b) Aparte de la posesión de título profesional, el abogado debe
hallarse inscripto en la matrícula correspondiente, cuyo gobierno en
346
el ámbito de la Capital Federal, así como la potestad disciplinaria,
la ley 23.187—siguiendo el criterio adoptado por algunas leyes
provinciales— ha conferido al denominado Colegio Público de
Abogados, que funciona con el carácter, derechos y obligaciones de
las personas jurídicas de derecho público, siendo sus órganos, que
se eligen por el voto directo, secreto y obligatorio de los
matriculados, la Asamblea de delegados, el Consejo Directivo y el
Tribunal de Disciplina.
Conforme a lo dispuesto en el art. 2º de la mencionada ley, para
ejercer la profesión de abogado en la Capital Federal (y en todo el
territorio de la República de acuerdo con el régimen desregulatorio
establecido por el decreto 2293/92) se requiere: 1º) Poseer título
habilitante expedido
por
la autoridad
competente;
2º)
Hallarse inscripto en la matrícula que lleva el referido Colegio, no
siendo exigible este requisito al profesional que litigue ante la Corte
Suprema o ante tribunales administrativos por causas originadas en
tribunales federales o locales en las provincias (en cuyos casos
basta la inscripción en las cámaras federales con asiento en
el interior o ante lasautoridades locales respectivamente); 3º) No
encontrarse incurso en las incompatibilidades o impedimentos que
se mencionarán más adelante (art. 2º).
Para inscribirse en la matrícula se requiere: 1º) Acreditar
identidad personal; 2º) Presentar título de abogadoexpedido y/o
reconocido por autoridad nacional competente; 3º) Denunciar el
domicilio real y constituir uno especial en la Capital Federal; 4º)
Declarar bajo juramento no estar afectado por ninguna de
lasincompatibilidades o impedimentos legales; 5º) Prestar juramento
profesional; 6º) Abonar las sumas que establezca la reglamentación
(art. 11).
Aprobada la inscripción por el Consejo Directivo del Colegio, el
abogado debe prestar, ante el citado organismo, juramento de
fidelidad en el ejercicio profesional a la Constitución Nacional y a las
reglas de ética, tras lo cual corresponde comunicar la inscripción a
la Corte Suprema (arts. 12 y 16). Si la inscripción es denegada —lo
que sólo puede fundarse en el incumplimiento de algunos de los
requisitos previstos en el art. 11— elinteresado puede interponer y
fundar, dentro de los diez días desde la notificación de la
resolución, recurso ante la Cámara Nacional de Apelaciones en lo
Contenciosoadministrativo Federal, el que debe concederse en
efecto devolutivo. El tribunal debe decidir la impugnación previo
traslado al Colegio y eventual apertura a prueba (art. 13).
Tras establecer, en el art. 5º, reproduciendo sustancialmente el
texto del art. 58 del CPN, que "el abogado en el ejercicio profesional
estará equiparado a los magistrados en cuanto a la consideración y
respeto que se le debe", la ley 23.187 prescribe, en el art. 7º, que
son derechos específicos de los abogados: 1º) Evacuar consultas
jurídicas y percibir remuneración no inferior a las fijadas en las leyes
arancelarias; 2º) Defender, patrocinar o representar judicialmente
o extrajudicialmente a sus clientes; 3º) Guardar el secreto
profesional; 4º) Comunicarse libremente con sus clientes respecto
de los intereses jurídicos de éstos, cuando se hallaren privados de
libertad; 5º) La inviolabilidad de su estudio profesional, a cuyo fin,
en caso de allanamiento, la autoridad competente que hubiere
dispuesto la medida debe dar aviso de ella al Colegio al realizarla, y
el abogado puede solicitar la presencia de un miembro del Consejo
Directivo durante el procedimiento, sin que ello implique
suspenderlo. Sin perjuicio de los demás derechos que les acuerden
las leyes, es también facultad de los abogados en el ejercicio
profesional requerir a las entidades públicas información
concerniente a los asuntos que se les hayan encomendado, y tener
libre acceso a archivos y demás dependencias donde existan
registros de antecedentes, salvo que se trate de informaciones
estrictamente privadas o de registros y archivos cuyas constancias
se declaren reservadas por ley (art. 8º). Asimismo, en dependencias
policiales, penitenciarias o de organismos de seguridad deben
proporcionarse al abogado, por escrito, los informes que éste
requiera acerca de los motivos de detención de cualquier persona y
el nombre del juez que conozca en la causa (art. 9º).
Son deberes específicos de los abogados, de acuerdo con lo
prescripto en el art. 6º de la ley examinada, sin perjuicio de otros
previstos en leyes especiales, los siguientes: 1º) Observar fielmente
la Constitución Nacional y la legislación dictada en su
consecuencia; 2º) Aceptar y ejercer los nombramientos de oficio
que por sorteo efectúan las autoridades del Colegio para asesorar,
defender o patrocinar gratuitamente a litigantes carentes de
recursos suficientes; 3º) Tener estudio o domicilio especial en la
347
348
Capital; 4º) Comunicar al Colegio todo cambio de domicilio, así
como la cesación o reanudación de sus actividades profesionales;
5º) Comportarse con lealtad, probidad y buena fe en el desempeño
profesional; 6º) Observar con fidelidad el secreto profesional,
salvoautorización fehaciente del interesado.
Pesan sobre los abogados las siguientes prohibiciones: 1º)
Representar, patrocinar o asesorar simultánea o sucesivamente, en
una misma causa, intereses opuestos; 2º) Ejercer la profesión en
procesos en cuya tramitación hubiese intervenido anteriormente
como juez de cualquier instancia, secretario, o representante del
ministerio público; 3º) Autorizar el uso de su firma o nombre a
personas que, sin ser abogados, ejerzan actividades propias de la
profesión; 4º) Disponer la distribución o participación de honorarios
con personas que carezcan de título habilitante para el ejercicio
profesional; 5º) Publicar avisos que induzcan a engaño u ofrecer
ventajas que resulten violatorias de las leyes vigentes o que atenten
contra la ética profesional; 6º) Recurrir directamente, o por terceras
personas, a intermediarios remunerados para obtener asuntos (art.
10).
No pueden ejercer la profesión por incompatibilidad: 1º) El
Presidente y vicepresidente de la Nación, los ministros, secretarios
y subsecretarios del Poder Ejecutivo nacional, el procurador y
subprocurador del Tesoro, elintendente de la Ciudad de Buenos
Aires y los secretarios de la Municipalidad de esa ciudad; 2º) Los
legisladores nacionales y concejales de la Capital mientras dure su
mandato en causas judiciales y gestiones administrativas en que
particulares tengan intereses encontrados con el Estado Nacional,
la Municipalidad de la misma Ciudad, sus respectivos
entes autárquicos o empresas estatales, excepto en las causas
penales y correccionales; 3º) Los magistrados, funcionarios y
empleados judiciales de cualquier fuero y jurisdicción y los que se
desempeñen en el ministerio público y Fiscalía de Investigaciones
Administrativas,
así
como
los integrantes
de
tribunales
administrativos, salvo cuando el ejercicio profesional resulte de una
obligación legal representando al Estado nacional, provincial o
municipal; 4º) Los miembros de las fuerzas armadas y los
funcionarios y autoridades de la Policía Federal, Gendarmería
Nacional, Prefectura Naval Argentina, Policía Nacional Aeronáutica,
Servicio Penitenciario Federal, cuando las normas que regulen a
dichas instituciones así lo dispongan; 5º) Los magistrados y
funcionarios de los tribunales municipales de faltas de la ciudad de
Buenos Aires; 6º) Los abogados jubilados como tales, cualquiera
que sea la jurisdicción donde hayan obtenido el beneficio, en la
medida dispuesta por la legislación previsional vigente a la fecha en
que aquél se concedió; 7º) Los abogados que ejerzan la profesión
de escribano público; 8º) Los abogados que ejerzan las profesiones
de contador, martillero o cualquiera otra considerada auxiliar de la
justicia, en la actuación ante el tribunal en que hayan sido
designados como auxiliares y mientras duren sus funciones; 9º) Los
magistrados y funcionarios jubilados como tales en la actuación
ante el fuero al que hubieran pertenecido y por el plazo de 2 años a
partir de su cese. Por especial impedimento no pueden ejercer la
profesión: 1º) Los suspendidos en el ejercicio profesional por el
Colegio; 2º) Los excluidos de la matrícula tanto de la Capital como
de cualquier otra de la República, por sanción disciplinaria aplicada
por el Colegio o por los organismos competentes de las provincias y
mientras no estén rehabilitados (art. 3º).
Los abogados matriculados pueden ser pasibles de sanciones
disciplinarias por: 1º) Condena por delito doloso a pena privativa de
la libertad cuando de las circunstancias de la causa surja que el
hecho afecta al decoro y ética profesionales; o condena que importe
la inhabilitación profesional; 2º) Calificación de conducta fraudulenta
en el concurso comercial o civil, mientras no sean rehabilitados; 3º)
Violación de las prohibiciones establecidas en el art. 10; 4º)
Retención indebida de documentos o bienes pertenecientes a sus
mandantes, representados o asistidos; 5º) Retardo o negligencia
frecuente o ineptitud manifiesta, u omisiones graves en el
cumplimiento de los deberes profesionales; 6º) Incumplimiento de
las normas de ética profesional sancionadas por el Colegio; 7º)
Todo incumplimiento de las obligaciones o deberes establecidos en
la ley analizada (art. 44).
Las sanciones disciplinarias son: 1º) Llamado de atención; 2º)
Advertencia en presencia del Consejo Directivo; 3º) Multa cuyo
importe no podrá exceder la retribución mensual de un juez de
primera instancia de la Capital; 4º) Suspensión de hasta un año en
el ejercicio profesional; 5º) Exclusión de la matrícula que sólo podrá
349
350
aplicarse: a) Por haber sido suspendido el imputado cinco o más
veces con anterioridad dentro de los últimos diez años; b) Por haber
sido condenado por la comisión de un delito doloso a pena privativa
de la libertad y siempre que de las circunstancias del caso surja que
el hecho afecta el decoro y ética profesional (art. 45). Conforme a lo
dispuesto en el art. 47, las sanciones mencionadas requieren, de
acuerdo con su gravedad, distintos números de votos de los
miembros del tribunal de disciplina, pero todas son apelables con
efecto suspensivo. El recurso debe ser interpuesto y fundado dentro
de los diez días de notificada la resolución, entendiendo de aquél la
Cámara Nacional de Apelaciones en lo Contenciosoadministrativo
Federal, la que, antes de resolver, debe conferir traslado al Consejo
Directivo del Colegio.
c) El CPN ha asignado a los abogados el cumplimiento de
diversas funciones cuya índole no se ajusta, en rigor, al concepto
de patrocinio anteriormente enunciado, pero que revisten señalada
utilidad en orden a la economía y simplificación de los trámites
procesales. De acuerdo con dicho ordenamiento, los abogados
están facultados para:
1º) Certificar la fidelidad de copias de poderes generales que se
agreguen a la causa. La misma atribución se ha conferido a los
procuradores (art. 47, párr. 2º).
2º) Firmar las cédulas de notificación que interesen a sus
patrocinados, salvo las que tengan por objeto notificar resoluciones
que dispongan sobre medidas cautelares o la entrega de bienes
(art. 137).
3º) Firmar y diligenciar los oficios mediante los cuales se
requieran informes, expedientes, testimonios y certificados de
oficinas públicas o de entes privados (art. 400, párr. 1º).
4º) En los juicios sucesorios dirigirse directamente mediante
oficio, sin necesidad de previa petición judicial, a bancos, oficinas
públicas y entes privados al único efecto de acreditar el haber (art.
400, párr. 2º).
351
129. Honorarios
a) A título de retribución por los trabajos que realizan en el
proceso, o extrajudicialmente, los abogados y los procuradores
tienen derecho a la percepción de honorarios cuyo monto se halla
tarifado con arreglo a los porcentajes establecidos en las leyes
arancelarias y con las limitaciones emergentes de los arts. 730
último párrafo ("Si el incumplimiento de la obligación, cualquiera sea
su fuente, deriva en litigio judicial o arbitral, la responsabilidad por el
pago de las costas, incluidos los honorarios profesionales, de todo
tipo, allí devengados y correspondientes a la primera o
única instancia, no debe exceder del veinticinco por ciento del
monto de la sentencia, laudo, transacción o instrumento que ponga
fin al diferendo. Si las regulaciones de honorarios practicadas
conforme a las leyes arancelarias o usos locales, correspondientes
a todas las profesiones y especialidades, superan dicho porcentaje,
el juez debe proceder a prorratear los montos entre los
beneficiarios. Para el cómputo del porcentaje indicado, no se debe
tener en cuenta el monto de los honorarios de los profesionales que
han representado, patrocinado o asistido a la parte condenada en
costas") y 1255, Cód. Civ. y Com. ("Precio. El precio se determina
por el contrato, la ley, los usos o, en su defecto, por decisión
judicial. Las leyes arancelarias no pueden cercenar la facultad de
las partes de determinar el precio de las obras o de los servicios.
Cuando dicho precio debe ser establecido judicialmente sobre la
base de la aplicación de dichas leyes, su determinación debe
adecuarse a la labor cumplida por el prestador. Si la aplicación
estricta de los aranceles locales conduce a una evidente
e injustificada desproporción entre la retribución resultante y la
importancia de la labor cumplida, el juez puede fijar equitativamente
la retribución. Si la obra o el servicio se ha contratado por un precio
global o por una unidad de medida, ninguna de las partes puede
pretender la modificación del precio total o de la unidad de medida,
respectivamente, con fundamento en que la obra, el servicio o la
352
unidad exige menos o más trabajo o que su costo es menor o
mayor al previsto, excepto lo dispuesto en el art. 1091").
En el orden nacional rige la ley 21.839, de cuyo contenido
esencial se dará cuenta seguidamente.
b) Los honorarios pueden fijarse por convenio celebrado entre el
profesional y el cliente, o judicialmente, cabiendo inclusive la
posibilidad de que el primero renuncie al cobro de aquéllos, sea por
anticipado o con posterioridad a la prestación de su labor, ya que
la ley 24.432 derogó las normas que fulminaban la validez de todo
pacto que tuviese como contenido la primera de esas alternativas.
Por lo que concierne a la fijación convencional, las partes
pueden ajustar libremente el precio del servicio profesional, sin que
tal facultad sea susceptible de cercenamientos por las leyes
arancelarias aunque, naturalmente, debe encuadrarse en los
términos del art. 1255 ya transcripto.
Dentro del tipo de fijación analizado corresponde incluir el
denominado pacto de cuota litis, que es el convenio en virtud del
cual se reconoce al abogado o procurador, con ciertas limitaciones,
una participación en el resultado económico del proceso. Si bien el
art. 4º de la ley 21.839 regula dicho pacto y dispone a su respecto
que los honorarios del abogado y del procurador, en conjunto, no
pueden exceder del cuarenta por ciento del resultado económico
obtenido, el texto del último párrafo del art. 730 del Cód. Civ. y
Com. ha venido a derogar virtualmente tal limitación sin perjuicio de
las eventuales correcciones que pueden hacer los jueces en función
del citado art. 1255.
Pueden en cambio reputarse compatibles con la finalidad de
estas normas las disposiciones del art. 4º de laley 21.839 en tanto
prohíben pactar honorarios en asuntos o procesos alimentarios o de
familia y, en general, con relación a la duración del asunto o
proceso.
La fijación de honorarios mediante convenio está prohibida para
los profesionales que fueren designados de oficio (como, v.gr.,
curadores ad litem, interventores, veedores, etc.), quienes tampoco
pueden percibir importe alguno a título de adelanto, excepto cuando
se tratare de gastos, con cargo de oportuna rendición de cuentas y
previo auto fundado (ley citada, art. 51). El profesional que violare
estas prohibiciones —que se fundan en la necesidad de preservar
353
la imparcialidad y honestidad con que debe desempeñarse— es
pasible de una multa equivalente a la suma que pactare o
percibiere, además de ser eliminado de la matrícula y de
prohibírsele el ejercicio de la profesión por el término de uno a diez
años (id., art. 52).
c) El art. 6º de la ley de arancel establece que para fijar el monto
del honorario deben tenerse en cuenta las siguientes pautas, sin
perjuicio de otras que se adecuen mejor a las circunstancias
particulares de los asuntos o procesos: a) El monto del asunto o
proceso, si fuere susceptible de apreciación pecuniaria (no lo son
generalmente los asuntos de familia, algunos penales, etc.); b) La
naturaleza y complejidad del asunto o proceso;c) El resultado que
se hubiere obtenido y la relación entre la gestión profesional y la
probabilidad de efectiva satisfacción de la pretensión reclamada en
el juicio por el vencido; d) El mérito de la labor profesional,
apreciada por la calidad, eficacia y extensión del trabajo; e) La
actuación profesional con respecto a la aplicación del principio de
celeridad procesal; f) La trascendencia jurídica, moral y económica
que tuviere el asunto o proceso para casos futuros, para el cliente y
para la situación económica de las partes. El valor del juicio no es,
por lo tanto, la única base computable para las regulaciones de
honorarios, las que deben ajustarse asimismo al mérito y a la
naturaleza e importancia de esa labor, disponiendo los jueces de un
amplio margen de discrecionalidad para la ponderación de los
distintos factores que influyen en la retribución de los profesionales
(CSN, Fallos, 296-124).
Sin perjuicio de la limitación establecida en el art. 703 —último
párrafo— Cód. Civ. y Com., los honorarios de los abogados por su
actividad durante la tramitación del asunto o proceso en
primera instancia, cuando se trate de sumas de dinero o de bienes
susceptibles de apreciación pecuniaria, deben ser fijados entre el
11% y el 20% del monto del proceso. Los honorarios del abogado
de la parte vencida deben serlo entre el 7% y el 17% de dicho
monto (id., art. 7º) pero en ningún caso la retribución del trabajo
profesional puede fijarse, salvo pacto en contrario, en
sumas inferiores a las previstas en el art. 8º. Los honorarios de los
procuradores deben fijarse entre un 30% y un 40% de lo que
corresponda a los abogados, pero cuando éstos actúen también
354
como procuradores deben percibir los honorarios que corresponde
fijar si actúan por separado abogados y procuradores (id., art. 9º).
Cuando actúan conjuntamente varios abogados o procuradores
por una misma parte, a fin de regular honorarios debe considerarse
que ha existido, respectivamente, un solo patrocinio o una sola
representación. En la hipótesis de actuación sucesiva, los
honorarios deben distribuirse en proporción a la importancia jurídica
de la respectiva actuación y a la labor desarrollada por cada
profesional (id., art. 10).
En los casos de litisconsorcio, activo o pasivo, en que actúen
diferentes profesionales al servicio de cualquiera de las partes, los
honorarios de cada uno de ellos deben regularse atendiendo a la
respectiva actuación cumplida, al interés de cada litisconsorte y a
las pautas del art. 6º, pero el total de las regulaciones no
puede exceder en el 40% de los honorarios que correspondan por
aplicación de los porcentajes previstos en el art. 7º (id., art. 11).
El profesional que actúa en causa propia debe percibir sus
honorarios de la parte contraria si ésta es condenada a pagar las
costas (id., art. 12).
Al solo efecto de regular honorarios, la firma del abogado
patrocinante en un escrito implica el mantenimiento de
su intervención profesional en las actuaciones posteriores, aunque
éstas no sean firmadas por él. Laintervención profesional cesa por
renuncia del abogado, o cuando así lo manifiesta en forma expresa
el cliente o su apoderado (id., art. 13).
Por las actuaciones correspondientes a segunda o
ulterior instancia, cabe regular en cada una de ellas del 25% al 35%
de la cantidad que deba fijarse para los honorarios de
primera instancia; pero si la sentencia apelada es revocada en
todas sus partes en favor del apelante, el honorario de su letrado
debe fijarse en el 35% (id., art. 14).
d) Corresponde considerar "monto del proceso", a los fines
regulatorios, "la suma que resultare de la sentencia o transacción"
(id., art. 19), de manera que para los profesionales de la actora
dicho monto está representado por la suma por la cual la pretensión
prospera, y para los profesionales de la demandada por la suma
reclamada por la actora y que el fallo desestima. Si el juicio
355
concluye por transacción, el monto a computar es el que las partes
determinen al celebrar dicho acto.
Cuando el honorario deba regularse sin que se haya dictado
sentencia ni sobrevenido transacción, corresponde considerar
monto del proceso la suma que, razonablemente, y por resolución
fundada, hubiera correspondido, a criterio del tribunal, en caso de
haber prosperado el reclamo del pretensor, pero dicho monto no
puede en ningún caso exceder la mitad de la suma reclamada en la
demanda y reconvención si ésta se ha deducido (id., art. 20), pero
si después de fijado el honorario se dicta sentencia debe incluirse
en ella la nueva regulación de acuerdo con los resultados del
proceso (id., art. 21).
e) Debe sin embargo recordarse que, conforme al párrafo final
del art. 703 Cód. Civ. y Com. ya referido, "si elincumplimiento de la
obligación, cualquiera sea su fuente, deriva en litigio judicial o
arbitral, la responsabilidad por el pago de las costas, incluidos los
honorarios profesionales, de todo tipo, allí devengados y
correspondientes a la primera o única instancia, no debe exceder
del veinticinco por ciento del monto de la sentencia, laudo,
transacción o instrumento que ponga fin al diferendo. Si las
regulaciones de honorarios practicadas conforme a las leyes
arancelarias o usos locales, correspondientes a todas las
profesiones y especialidades, superan dicho porcentaje, el juez
debe proceder a prorratear los montos entre los beneficiarios. Para
el cómputo del porcentajeindicado, no se debe tener en cuenta el
monto de los honorarios de los profesionales que han representado,
patrocinado o asistido a la parte condenada en costas".
El art. 23 de la ley 21.839 dispone en su primer apartado que
"cuando para la determinación del monto del proceso debiera
establecerse el valor de bienes muebles o inmuebles, el tribunal
correrá vista al profesional y al obligado al pago del honorario, para
que en el plazo de tres días estimen dichos valores".
Esta norma es aplicable, en términos generales, a aquellos
procesos en los cuales se discute la propiedad, posesión o tenencia
de bienes muebles o inmuebles, como son, v.gr., los de
reivindicación, pretensiones posesorias e interdictos, así como en
los casos en que resulta menester determinar el monto del acervo
sucesorio. Es inaplicable cuando la ley fija el porcentaje y la pauta
356
de la regulación, según ocurre con el juicio de desalojo (art. 26)
o en el caso, por ejemplo, de que el proceso verse sobre el
cumplimiento o la resolución de un contrato de compraventa, en el
cual corresponde computar como monto del juicio el valor del bien
vendidoexteriorizado en el boleto, sin perjuicio de su actualización
(CNFed., Sala I, Civ. y Com., J.A., 1981-II-527). Cabe añadir que la
vista de estimación de valores a que alude la norma analizada
constituye uno de los casos en que la ley exige pronunciarse, razón
por la cual el silencio debe interpretarse como asentimiento
(CNCiv., F, L.L., 1981-B-421; G, E.D., 92-874).
"Si no hubiere conformidad —agrega el apartado segundo de la
norma citada— el tribunal, previo dictamen de un perito tasador
designado de oficio, determinará el valor del bien y establecerá a
cargo de quién quedará el pago de los honorarios de dicho perito,
de acuerdo con las posiciones sustentadas, respectivamente, por
las partes". Los honorarios del perito, en consecuencia, deben ser
soportados por quien resulte vencido (CPN, art. 69), o bien se
distribuirán atendiendo a las diferencias que pudieren mediar entre
los valores que informó elexperto y los que las partes habían
proporcionado (CNCiv., B, E.D., 85-624; G, E.D., 92-874).
f) La ley arancelaria, asimismo, contiene diversas reglas
particulares relativas al monto a computar para la regulación, a los
porcentajes aplicables a ese monto, así como a otras pautas,
atendiendo, por un lado, a las funciones ejercidas por los abogados
ajenas al patrocinio, y, por otro lado, al tipo de proceso de que se
trate.
Desde el primero de esos puntos de vista el ordenamiento
vigente contempla los casos en que el profesionalinterviene como
administrador judicial (art. 15), interventor y veedor (art. 16), partidor
(art. 17), árbitro (art. 18) yalbacea (art. 24, ap. 4º).
Sobre la base del tipo de proceso prevé los juicios sucesorios
(art. 24: aplicación de los porcentajes del art. 7º sobre el valor del
patrimonio transmitido, reduciéndose el resultante en un 25%, y
sobre los gananciales el 50% del honorario que correspondiere por
aplicación del art. 7º reducido en un 25%); de alimentos (art. 25:
importe correspondiente a un año de la cuota que se fije, o la
diferencia durante igual lapso en caso de posterior reclamo
de aumento); de desalojo (art. 26: importe de un año de alquiler); de
357
consignación (art. 26: porcentajes del art. 7º sobre el monto de lo
consignado); de expropiación (art. 28: mismo porcentaje, sobre la
diferencia que existiere entre el importe depositado en oportunidad
de la desposesión y el valor de la indemnización fijada en la
sentencia o transacción, comparados en valores constantes); de
retrocesión (art. 29: id. sobre el valor del bien al tiempo de la
sentencia que haga lugar a la demanda y el importe de
la indemnización percibida por el expropiado, o en su caso el de la
transacción, todos ellos comparados en valores constantes); de
derechos de familia no susceptibles de apreciación pecuniaria (art.
30: aplicación de las pautas del art. 6º; si hubiese bienes sobre los
cuales tuviere incidencia la decisión con relación al derecho
alimentario, la vocación hereditaria y la revocación de donaciones
prenupciales, debe tenerse en cuenta el valor de ellos de acuerdo
con lo dispuesto en el art. 23; y en los divorcios por presentación
conjunta corresponde fijar como mínimo en $ 500, salvo pacto en
contrario, los honorarios del letrado patrocinante de cada uno de los
cónyuges); de concursos civiles, quiebras y concursos preventivos
(art. 31: pautas del art. 6º y de la legislación específica, regulándose
el honorario del letrado de cada acreedor tomando en cuenta los
porcentajes del art. 7º sobre la suma líquida que debe pagarse en
los casos de acuerdo preventivo homologado, el valor de los bienes
que se adjudiquen o la suma que se liquide al acreedor en los
concursos civiles o quiebras y el monto verificado en el
pertinente incidente); de pretensiones posesorias,interdictos,
mensuras, deslindes, división de cosas comunes y escrituración
(art. 32: aplicación de los porcentajes del art. 7º sobre el valor de los
bienes determinado conforme al procedimiento del art. 23 si la
actuación es de beneficio general y con relación a la cuota parte
defendida si la actuación es sólo en beneficio del patrocinado). La
ley contempla asimismo las regulaciones a efectuar en las medidas
precautorias (art. 27: 33% de los porcentajes del art. 7º sobre el
valor asegurado), en los incidentes (art. 33: 2 al 20% de los que
correspondan al proceso principal), en las tercerías (art. 34:
aplicación de los mencionados porcentajes sobre el 50 al 70% del
monto que se reclame en el proceso principal o en la tercería si el
de ésta es menor) y en la liquidación de sociedad conyugal (art. 34:
al patrocinante de cada parte el 50% de lo que corresponda por
358
aplicación del art. 7º sobre el 50% del activo de la sociedad
conyugal), y en los procesos por hábeas corpus, amparo
y extradición, respecto de los cuales fija un monto mínimo de $ 500
salvo pacto en contrario (art. 36).
A los fines de la regulación en los casos de conclusión del
proceso o cesación en la representación o patrocinio con
anterioridad al pronunciamiento de la sentencia, la ley considera a
los procesos, atendiendo a su naturaleza, divididos en tres y dos
etapas. Constan de tres etapas los procesos ordinarios (art. 38: 1ª
Demanda, reconvención y sus respectivas contestaciones; 2ª
Actuaciones de prueba; y 3ª Alegatos y cualquier actuación
posterior hasta la sentencia definitiva), los sucesorios (art. 43: 1ª
Escrito inicial; 2ª Actuaciones posteriores hasta la declaratoria de
herederos o aprobación del testamento; y 3ª Trámites posteriores
hasta la terminación del proceso) y los penales (art. 45: 1ª Hasta el
dictado de los autos de sobreseimiento o de prisión preventiva; 2ª
Hasta el traslado de la defensa; y 3ª Hasta la sentencia definitiva).
Se consideran divididos en dos etapas los procesos sumarios
(donde
corresponda),
sumarísimos,
laborales
ordinarios
e incidentes (art. 39: 1ª Demanda, reconvención, sus respectivas
contestaciones y ofrecimiento de prueba; y 2ª Actuaciones sobre
producción de la prueba y demás diligencias hasta la sentencia
definitiva, aunque, a raíz de la reforma introducida por la ley 22.434
al proceso sumario, éste debe considerarse integrado por tres
etapas); los de ejecución (art. 40: 1ª Escrito inicial y actuaciones
hasta la sentencia; y 2ª Actuaciones posteriores hasta el
cumplimiento de la sentencia); los especiales (art. 41: 1ª
Escrito inicial; y 2ª Su contestación y actuaciones posteriores hasta
la sentencia definitiva); los concursos civiles, quiebras o concursos
preventivos (art. 42: 1ª Trámites cumplidos hasta la declaración de
quiebra o apertura del concurso; y 2ª Trámites posteriores hasta la
clausura del proceso) y los correccionales (art. 46: 1ª Hasta la
acusación y defensa; y 2ª Hasta la sentencia definitiva).
Todas estas disposiciones se complementan con otras que
contemplan la retribución por la labor extrajudicial (gestiones,
consultas, estudios, proyectos y gestiones administrativas, arts. 57
a 59).
g) Prescribe el art. 47 de la ley 21.839 que al dictarse sentencia
debe regularse, fundadamente, el honorario de los profesionales de
ambas partes aunque no medie petición expresa.
Esta regla se halla también establecida en el art. 163, inc. 8º
CPN, y es extensiva a las sentenciasinterlocutorias y
homologatorias (arts. 161 y 162), aunque importa advertir que la
omisión de regulación de honorarios en la sentencia no comporta
motivo de nulidad por cuanto aquélla puede practicarse
ulteriormente, cuando sea requerida.
En el caso de que para proceder a la regulación sea necesario
establecer el valor de los bienes, y con anterioridad a la sentencia
no se hubiese producido la determinación conforme al art. 23, el
juez debe diferir elauto regulatorio y dejar constancia de ello en la
sentencia.
Los profesionales, sin embargo, pueden solicitar la regulación y
cobrarle a su cliente al cesar en su actuación y el juez debe regular
el mínimo del arancel que corresponda, sin perjuicio del derecho a
posterior reajuste, una vez determinado el resultado del pleito (id.,
art. 48).
359
360
h) En el supuesto de mediar condenación en costas, los
obligados al pago del honorario, frente al profesional beneficiario,
son tanto la parte condenada cuanto el cliente de aquél. Mientras
que de acuerdo con la ley arancelaria derogada, el profesional
podía optar entre dirigir la pretensión ejecutiva de cobro contra su
patrocinado o mandante o contra el obligado al pago de las costas,
sin perjuicio, en la primera hipótesis, de la repetición de lo abonado,
la ley vigente, con discutible acierto, instituye una prelación en el
cobro del honorario, por cuanto dispone que el profesional debe
dirigirse en primer lugar contra la parte condenada en costas dentro
de los treinta días de notificado el auto regulatorio firme (si no se
hubiese fijado un plazo menor), y que en el supuesto de que el
pago no se efectúe, aquél recién puede reclamar el pago al cliente
(art. 49), a quien se concede otro plazo de treinta días contado
desde la notificación del reclamo profesional (art. 50, párr. 1º). Es
obvio que si es el cliente quien en definitiva abona el honorario
puede repetir el monto correspondiente de la parte condenada en
costas.
Agrega el párrafo final del art. 50 que "la acción para el cobro de
los honorarios tramitará por la vía de ejecución de sentencia",
norma que coincide con la contenida en el art. 500, inc. 3º CPN. Si
no media, en cambio, condena en costas, la pretensión debe
tramitar por la vía del juicio ejecutivo.
i) La omisión, en la ley 21.839, de toda referencia a la apelación
deducida contra las resoluciones regulatorias de honorarios, dio
motivo a la formulación de conclusiones jurisprudenciales
contradictorias. El vacío vino a ser cubierto por la ley 22.434 que
agregó al art. 244 CPN un apartado en virtud del cual "toda
regulación de honorarios será apelable. El recurso de apelación
deberá interponerse y podrá fundarse dentro de los cinco días de la
notificación".
j) Como arbitrio destinado a garantizar el pago de los honorarios
profesionales, dispone el art. 55 de la ley 21.839 que "los tribunales,
antes de los dos años de la última intervención profesional, al dar
por terminado un juicio o expediente, disponer su archivo, aprobar
transacción, admitir desistimiento, subrogación o cesión, ordenar el
levantamiento de medidas cautelares y entrega de fondos, deberán
hacerlo con citación de los profesionales cuyos honorarios no
resulte de autos haber sido pagados y siempre que aquéllos
hubiesen constituido domicilio legal a los efectos del presente
artículo. La citación no corresponderá en los casos queexistiere
regulación de honorarios de los profesionales intervinientes".
CAPÍTULO X - PROCESOS CON PARTES MÚLTIPLES
SUMARIO: I. LITISCONSORCIO:
130. Concepto y clasificación.—
131. El litisconsorcio necesario.—
132. El litisconsorcio facultativo.—
II. INTERVENCIÓN
DE
TERCEROS: 133. Concepto y
clases.—
134.
Intervención
voluntaria.— 135. Intervención
obligada o coactiva.— 136.
Citación
de
evicción.—
III.TERCERÍAS: 137. Concepto y
clases.— 138. Requisitos.— 139.
Efectos.— 140. Procedimiento.—
141. Connivencia entre tercerista
y embargado.
§ I. LITISCONSORCIO(1)
130. Concepto y clasificación
a) Existe litisconsorcio cuando, por mediar cotitularidad activa o
pasiva con respecto a una pretensión única, o un vínculo
de conexión entre distintas pretensiones, el proceso se desarrolla
con la participación (efectiva o posible) de más de una persona en
la misma posición de parte.
361
362
b) Según que la pluralidad de sujetos consista en la actuación
de varios actores frente a un demandado, de un actor frente a
varios demandados, o de varios actores frente a varios
demandados,
el
litisconsorcio
se
denomina,
respectivamente, activo, pasivo y mixto.
c) El litisconsorcio es facultativo cuando su formación obedece a
la libre y espontánea voluntad de las partes, y es necesario cuando
lo impone la ley o la misma naturaleza de la relación o situación
jurídica que constituye la causa de la pretensión.
d) Puede también ser el litisconsorcio originario o sucesivo,
según que la pluralidad de litigantes aparezca desde el comienzo
del proceso (acumulación subjetiva de pretensiones) o se verifique
durante su desarrollo posterior (integración de la litis, intervención
adhesiva litisconsorcial, etc.).
131. El litisconsorcio necesario
a) El litisconsorcio es necesario cuando la sentencia sólo puede
dictarse útilmente frente a todos los partícipes de la relación jurídica
sustancial controvertida en el proceso, de modo tal que la eficacia
de éste se halla subordinada a la citación de esas personas. Por
ello prescribe el art. 89 CPN que "cuando la sentencia no pudiere
pronunciarse útilmente más que con respecto a varias partes, éstas
habrán de demandar o ser demandadas en un mismo proceso".
Según ha tenido oportunidad de declararlo la Corte Suprema
nacional, el fundamento último del litisconsorcio necesario reside en
la exigencia de resguardar el derecho de defensa en juicio de todos
aquellos cointeresados a quienes ha de extenderse la cosa juzgada
propia de la sentencia dictada sobre el fondo del litigio (Fallos, 252375; 256-198).
b) A veces es la ley la que impone la constitución del
litisconsorcio. Tal es el caso del art. 582 del Cód. Civ. y Com.,
según el cual la demanda de filiación matrimonial, cuando ésta no
363
resulte de las inscripciones en el correspondiente Registro, debe
entablarse conjuntamente contra el padre y la madre, y por
fallecimiento de éstos contra sus herederos. Otras veces el
litisconsorcio está determinado por la misma naturaleza de la
relación o estado jurídico que es objeto de la controversia. Así, por
ejemplo, cuando se pretende la declaración de simulación de un
contrato, la demanda debe necesariamente dirigirse contra las dos
partes otorgantes del acto; la demanda de división o partición debe
entablarse contra todos los herederos o condóminos; el juicio por
disolución de una sociedad irregular debe ventilarse con citación de
todos sus integrantes; etcétera.
c) Como principio, ante el silencio de la ley sobre la cuestión,
puede decirse que el litisconsorcio necesario procede cuando por
discutirse una relación o estado jurídico que es común
e indivisible con respecto a varias personas, su modificación,
constitución o extinción sólo puede obtenerse a través de un
pronunciamiento judicial único.
d) A diferencia de lo que ocurre en el caso de litisconsorcio
facultativo, en el litisconsorcio necesario existe siempre
una pretensión única, cuya característica esencial reside en la
circunstancia de que sólo puede serinterpuesta por o contra varios
legitimados, y no por o contra alguno de ellos solamente, por cuanto
la legitimación, activa o pasiva, corresponde en forma conjunta a un
grupo de personas y no independientemente a cada una de ellas.
De allí que cuando el proceso no está debidamente integrado
mediante la participación o citación de todos los legitimados, es
admisible la llamada defensa de falta de acción. Pero sin perjuicio
de esta defensa, y como manera de evitar la tramitación de un
proceso que puede carecer, eventualmente, de toda utilidad
práctica, el CPN determina que, en el supuesto de incomparecencia
o falta de citación de todos los legitimados, "el juez de oficio o a
solicitud de cualquiera de las partes ordenará, antes de dictar la
providencia de apertura a prueba, la integración de la litis dentro de
un plazo que señalará, quedando en suspenso el desarrollo del
proceso mientras se cita al litigante o litigantes omitidos" (art.
89, párr. 2º).
364
e) El litisconsorcio necesario produce los siguientes efectos: 1º)
Los actos de disposición realizados por uno de los litisconsortes
(desistimiento, allanamiento, transacción), no producen sus efectos
normales hasta tanto los restantes litisconsortes adopten igual
actitud, pues en razón de la indivisibilidad que caracteriza a la
relación jurídica controvertida, tales actos sólo producen la
consecuencia de liberar a su autor de las cargas inherentes al
ulterior desarrollo del proceso, pero no lo excluyen de los efectos de
la sentencia, cuyo contenido debe ser el mismo para todos los
litisconsortes; 2º) Las defensas opuestas por uno o alguno de los
litisconsortes, sea que se funden en hechos comunes
o individuales, favorecen a los demás; 3º) Las alegaciones y las
pruebas aportadas por los litisconsortes deben valorarse en su
conjunto, aunque resulten contradictorias, pero la confesión o
admisión de hechos formuladas por uno o por alguno de los
litisconsortes no pueden invocarse contra los restantes sin perjuicio
de que tales actos valgan, eventualmente, como prueba indiciaria;
4º) Los recursos deducidos por uno de ellos aprovechan o
perjudican a todos; 5º) La existencia de litisconsorcio necesario
comporta una derogación de las reglas de competencia.
Corresponde tener en cuenta, por último, que en virtud del principio
general contenido en el art. 312 CPN cualquiera que sea el tipo de
litisconsorcio de que se trate, el impulso del procedimiento por uno
de los litisconsortes beneficia a los restantes.
132. El litisconsorcio facultativo
a) Es el que depende, según se anticipó, de la libre y
espontánea voluntad de las partes, y su formación puede obedecer:
1º) A la existencia de un vínculo de conexión entre distintas
pretensiones; 2º) A la adhesión que un tercero puede formular
respecto de una pretensión ya deducida, o de la oposición a ella, en
el supuesto de que, según las normas de derecho sustancial,
hubiese estado legitimado para demandar o ser demandado en el
juicio en el que la pretensión se hizo valer.
365
La primera hipótesis se halla contemplada en el art. 88 CPN,
conforme al cual "podrán varias partes demandar o ser
demandadas en un mismo proceso cuando las acciones
(pretensiones) sean conexas por el título, o por el objeto, o por
ambos elementos a la vez". A la segunda hipótesis se refiere el art.
90, inc. 2º del mismo ordenamiento, al definir la condición
del interviniente adhesivo autónomo o litisconsorcial.
Pero ya sea que existan varias pretensiones conexas, o una
sola pretensión a la que posteriormente adhiera un tercero, la
característica de este tipo de litisconsorcio reside en la
circunstancia de que cada uno de los litisconsortes goza de
legitimación procesal independiente, razón por la cual tanto el
resultado del proceso como el contenido de la sentencia pueden ser
distintos con respecto a cada uno de ellos.
b) De las ideas precedentemente expuestas se sigue que el
litisconsorcio facultativo produce los siguientes efectos: 1º) El
proceso puede concluir para uno o algunos de los litisconsortes y
continuar en relación con los restantes. Ello puede ocurrir sea por
efecto de una excepción procesal que prospere tan sólo respecto
de uno o algunos de los sujetos que se encuentran en la misma
posición de parte, o como consecuencia de un acto de disposición
realizado por uno o algunos de ellos; 2º) En relación con la prueba
es
menester
distinguir
entre
loshechos
comunes y
los hechos individuales a cada litisconsorte. Si uno de los
litisconsortes, por ejemplo, produce prueba acerca de un hecho
común, ella bastará para tenerlo por acreditado con respecto a
todos, pero debe tenerse en cuenta que, como ocurre en el
litisconsorcio necesario, la confesión o el reconocimiento de un
hecho de ese tipo formulado por uno de los litisconsortes, no
perjudica a los restantes. Si se trata de hechosindividuales, debe
estarse a la prueba producida por el litigante al cual ellos se
refieren, sin perjuicio de que la prueba producida por los otros
litisconsortes pueda ser tenida en cuenta como indicio; 3º) Los
recursosinterpuestos por un litisconsorte no benefician a los
restantes, salvo que la aplicación de esa regla conduzca al
pronunciamiento de sentencias contradictorias respecto de un
hecho común a todos los litisconsortes; 4º) En ciertas hipótesis, el
366
litisconsorcio facultativo trae aparejada una derogación de las
reglas de competencia (supra, nº 58).
§ II. INTERVENCIÓN DE TERCEROS(2)
133. Concepto y clases
a) La intervención de terceros tiene lugar cuando, durante el
desarrollo del proceso, y sea en forma espontánea o provocada,
se incorporan a él personas distintas a las partes originarias a fin de
hacer valer derechos o intereses propios, pero vinculados con la
causa o el objeto de la pretensión.
b) Según que la intervención responda a la libre y espontánea
determinación del tercero, o a una citación judicial dispuesta de
oficio o a petición de alguna de las partes originarias, se la
denomina voluntaria o coactiva.
c) Interesa destacar que, una vez declarada admisible
la intervención en cualquiera de sus formas, el tercero deja de ser
tal para asumir la calidad de parte, pues el objeto de la institución
consiste en brindar a aquél la posibilidad de requerir la protección
judicial de un derecho o interés propio.
134. Intervención voluntaria
a) La doctrina, así como la legislación que reglamenta el tema,
contemplan generalmente tres categorías de este tipo
367
de intervención: 1º) principal o excluyente; 2º) adhesiva autónoma o
litisconsorcial; 3º) adhesiva simple.
b) En la intervención principal (ad infrigendum iura utriusque
competitoris) el tercero hace valer un derecho propio y una
pretensión incompatible con la interpuesta por el actor. Tal lo que
ocurre, por ejemplo, si en un juicio en el que las partes discuten
acerca de la propiedad de una cosa, el tercero alega ser su
propietario, o si tratándose de un proceso referente al cobro de una
suma de dinero, el tercero invoca la titularidad del crédito
respectivo.
La intervención principal constituye, como se dijo supra, nº 59,
un caso de acumulación sucesiva porinserción de pretensiones, y
se halla reglamentada en algunos Códigos provinciales (Mendoza,
Jujuy, Santa Fe, etc.). El CPN, en cambio, ha omitido su regulación,
por cuanto según se expresa en la Exposición de Motivos, el
funcionamiento de la institución puede ser fuente de
situaciones extremadamente complejas, inconciliables con la
celeridad que aquel ordenamiento persigue imprimir al proceso, y
porque los problemas que dan lugar a esta clase de intervención
pueden ser obviados mediante la acumulación de procesos.
Este tipo de intervención no debe ser confundido con las
"tercerías". En estas últimas —como se verá más adelante— el
tercero se limita a hacer valer su derecho de dominio sobre algún
bien que haya sido embargado en el proceso principal, o el derecho
a ser pagado con preferencia al ejecutante con motivo de la venta
de la cosa embargada; y en tanto no deduce una
pretensión incompatible o conexa con aquella sobre que versa la
litis, a cuyo resultado, por lo demás, es indiferente, no pierde su
condición de tercero. En la intervención excluyente, en cambio, el
tercero asume la calidad de parte.
c)
En
la
llamada intervención
adhesiva autónoma o litisconsorcial, la participación del tercero en
el proceso tiene por objeto hacer valer un derecho propio frente a
alguna de las partes originarias, adhiriendo a la calidad asumida por
el otro litigante. Como ejemplos de esta clase de intervención
pueden mencionarse el del acreedor solidario que interviene en el
juicio entablado por otro acreedor contra el deudor, o el caso
368
recíproco del codeudor solidario no demandado; el del socio
que interviene en el juicio promovido por otro socio impugnando la
validez de una asamblea de accionistas o solicitando la extinción de
la sociedad, etcétera.
La característica primordial de esta forma de intervención está
dada por la circunstancia de que el tercero habría gozado
de legitimación propia para demandar o ser demandado en el
proceso, a título individual o juntamente con el litigante a quien
adhiere. Tal es el concepto que enuncia el art. 90, inc. 2º CPN,
disposición que caracteriza al tercero adherente litisconsorcial como
a aquel que, "según las normas del derecho sustancial, hubiese
estado legitimado para demandar o ser demandado en el juicio".
Sobre la base de las consideraciones expuestas, la doctrina, en
general, asimila la posición del interviniente, en este caso, a la de
un litisconsorte facultativo, con quien tiene en común,
fundamentalmente, la calidad de parte y la autonomía de actuación
procesal
(puede,
en
efecto,
asumir
actitudes
procesales independientes y auncontrapuestas a las de la parte a
quien adhiere, y sus actos no redundan en provecho ni en perjuicio
de éste). El CPN recoge esa conclusión en tanto prescribe que
el interviniente "actuará como litisconsorte de la parte principal y
tendrá sus mismas facultades procesales" (art. 91, párr. 2º).
d)
La intervención
adhesiva
simple,
llamada
también coadyuvante, tiene lugar cuando el tercero, en razón de ser
titular de un derecho conexo o dependiente respecto de las
pretensiones articuladas en el proceso, participa en éste a fin de
colaborar en la gestión procesal de alguna de las partes. De
acuerdo con ese concepto, el CPNautoriza a intervenir en el
proceso, como tercero adhesivo simple, a quien "acredite
sumariamente que la sentencia pudiere afectar su interés propio"
(art. 90, inc. 1º). Pueden señalarse, como ejemplos de intervención
coadyuvante, la del fiador en el juicio pendiente entre el deudor y el
acreedor sobre la existencia o validez de la obligación principal y
otras excepciones (Cód. Civ. y Com., art. 1587, 1588); la del tercero
beneficiario de una carga contenida en una donación, en el proceso
que versa sobre la validez del respectivo contrato (Cód. Civ. y Com,
art. 1562); etcétera.
369
Se sigue, de lo expuesto, que el tercero coadyuvante no reviste
el carácter de parte autónoma, por cuanto su legitimación
para intervenir
en
el
proceso
es subordinada o dependiente respecto de la que corresponde al
litigante con quien coopera o colabora. CARNELUTTI califica al
tercero coadyuvante como parte accesoria, atendiendo al hecho de
que, "a diferencia de lo que ocurre en los casos
de intervención excluyente o litisconsorcial, en los cuales el
tercero interviene para hacer valer un derecho propio, en esta forma
deintervención el tercero lo hace para sostener las razones de un
derecho ajeno".
De allí que la actuación procesal del tercero coadyuvante se
encuentra limitada por la conducta del litigante principal, pues si
bien se halla autorizado para realizar toda clase de actos
procesales, éstos sólo son eficaces en la medida en que no
sean incompatibles o perjudiquen el interés de aquél.
Concordantemente con las ideas expuestas, el CPN prescribe
que la actuación del interviniente simple "será accesoria y
subordinada a la de la parte a quien apoyare, no pudiendo alegar ni
probar lo que estuviese prohibido a ésta" (art. 91, párr. 1º).
En consecuencia le está vedado, v.gr., utilizar una prueba
respecto de la cual la parte coadyuvante hubiere renunciado o
hubiese sido declarada negligente, o contraponer sus pretensiones
a las de dicha parte; pero está habilitado, en cambio, para
subrogarse procesalmente a aquélla en la hipótesis de que obrare
negligente, ineficaz o dolosamente en su perjuicio.
e) En lo que respecta al procedimiento a observar, el art. 92
CPN dispone que "el pedido de intervención se formulará por
escrito, con los requisitos de la demanda, en lo pertinente. Con
aquél se presentarán los documentos y se ofrecerán las demás
pruebas de los hechos en que se fundare la solicitud. Se conferirá
traslado a las partes y, si hubiese oposición, se la sustanciará en
una sola audiencia. La resolución se dictará dentro de los diez
días".
El interviniente voluntario debe aceptar la causa en el estado en
que se encuentre en oportunidad de ingresar a ella. "En ningún
caso —dice el art. 93 CPN— la intervención del tercero retrogradará
el juicio ni suspenderá su curso".
370
Mientras la resolución que admite la intervención es inapelable,
la que la deniega es apelable en efecto devolutivo (CPN, art.
96, párr. 1º).
La sentencia dictada después de la intervención, finalmente,
afecta al tercero de la misma manera que a las partes principales
(art. 96, párr. 2º).
135. Intervención obligada o coactiva
a) Tiene lugar este tipo de intervención cuando el juez, de oficio
o a petición de alguna de las partes, dispone que se cite a un
tercero para participar en el proceso a fin de que la sentencia que
en él se dicte pueda serle eventualmente opuesta. El art. 94 CPN
contempla esta modalidad de la intervención en tanto dispone que
"el actor en el escrito de demanda, y el demandado dentro del plazo
para oponer excepciones previas o para contestar la demanda,
según la naturaleza del juicio, podrán solicitar la citación de aquél a
cuyo respecto consideren que la controversia es común". Ello no
descarta, sin embargo, que la intervención pueda ser ordenada de
oficio, lo que se halla autorizado, como se ha visto, en los
supuestos de integración de la litis (CPN, art. 89).
b) Fundamentalmente, el art. 94 CPN es aplicable cuando la
parte, en el caso de ser vencida, se halle habilitada para intentar
una pretensión de regreso contra el tercero (como es la que
corresponde al principal contra el dependiente que causó un acto
ilícito por lo que hubiere pagado al damnificado [Cód. Civ. y Com.,
arts. 851 y 2535]; la del fiador contra el deudor principal [Cód. Civ. y
Com., art. 1592]; la del asegurado o damnificado contra el
asegurador [ley 17.418,arts. 109 y 110]; la que corresponde al
deudor que se obligó juntamente con otros y pagó la obligación
[Cód. Civ. y Com., arts. 820 y 821]), o cuando la relación o situación
jurídica sobre que versa el proceso guarde relación con otra
relación jurídica existente entre el tercero y cualquiera de los
litigantes originarios, de manera tal que el tercero podría haber
371
asumido, inicialmente, la posición de litisconsorte del actor o del
demandado (como ocurriría si el demandado por el pago
de indemnización derivada de un cuasidelito pidiese la citación al
respectivo proceso del tercero coautor de aquél, o de quien revista,
con el actor, el carácter de cotitular del crédito correspondiente).
Por lo que atañe a la mencionada modalidad de la intervención
coactiva de terceros, la doctrina y la jurisprudencia, en general, se
pronunciaron en el sentido de que, salvo en los casos previstos en
las leyes materiales (v.gr., art. 118 de la ley 17.418), la eventual
sentencia condenatoria dictada en los términos del art. 96 sólo
constituía un antecedente favorable a la fundabilidad de la
pretensión regresiva que se interpusiera contra el citado, pero no
podía ejecutarse contra éste.
La ley 25.488, en cambio, sobre la base de lo decidido en
algunos precedentes, incorporó como párrafo tercero del art. 96 el
siguiente: "También será ejecutable la resolución contra el tercero,
salvo que, en oportunidad de formular el pedido de intervención o
de contestar la citación, según el caso, hubiese alegado
fundadamente, laexistencia de defensas y/o derechos que no
pudiesen ser materia de debate y decisión en el juicio".
De tal suerte no cabe la ejecución contra el tercero citado
cuando éste invoca, con fundamentos atendibles, alegaciones o
defensas que, en razón de su carácter estrictamente personal, no
pudieron, sin riesgo de afectar la garantía constitucional de defensa
en juicio, ser discutidos ni resueltos en el juicio en el cual tuvo lugar
su citación.
c) El art. 94 CPN, sin embargo, no descarta la admisibilidad de
otras modalidades de la intervención obligada, como son las
denominadas nominatio o laudatio auctoris y llamado del tercero
pretendiente.
La nominatio o laudatio auctoris se verifica cuando, entablada
una pretensión real contra quien tiene temporariamente la posesión
de una cosa ajena (en calidad de inquilino, prestatario, depositario,
etc.), el demandado denuncia en el proceso el nombre y domicilio
del poseedor mediato a fin de que el litigio continúe con éste. Una
aplicación de esta modalidad de la intervención es, entre otras, la
del art. 2255 Cód. Civ. y Com., conforme al cual "La acción
reivindicatoria debe dirigirse contra el poseedor o tenedor del
372
objeto, aunque lo tenga a nombre del reivindicante. El tenedor de la
cosa a nombre de un tercero puede liberarse de los efectos de la
acción si individualiza al poseedor. Si no lo individualiza, queda
alcanzado por los efectos de la acción, pero la sentencia no hace
cosa juzgada contra el poseedor."
La norma es clara en el sentido de que el actor, una vez
formulada la denuncia acerca del nombre y residencia de la
persona a quien interesa la defensa de la propiedad de la cosa,
debe modificar su demanda y dirigirla contra dicha persona,
permitiendo la extromisión del primitivo demandado, porque si así
no lo hace, persistiendo en su pretensión inicial, se expone al riesgo
de
que
ésta
sea
declarada inadmisible
por
falta
delegitimación pasiva.
El llamado del tercero pretendiente tiene lugar en el caso de
que, denunciada por alguna de las partes laexistencia de un tercero
que pretende un derecho sobre la cosa que es objeto del proceso,
se lo cita a éste a fin de que haga valer su pretensión. Por ejemplo,
entablada demanda por cobro de un crédito, y teniendo el
demandado conocimiento de que un tercero pretende para sí la
titularidad de dicho crédito (porque, v.gr., se lo habría cedido el
actor), puede solicitar la citación de ese tercero con el objeto de que
quede esclarecida la situación jurídica real.
Puede ser también la parte actora quien solicite la citación del
tercero o terceros pretendientes, como ocurre en el caso del pago
por consignación cuando "b. existe incertidumbre sobre la persona
del acreedor; c. el deudor no puede realizar un pago seguro y válido
por causa que no le es imputable" (Cód. Civ. y Com., art. 904), y en
el de la consignación judicial de la cosa depositada cuando no
mediase acuerdo en recibirla entre los depositantes (derogado Cód.
Civ., art. 2211).
Un caso de aplicación de esta modalidad de la intervención
obligada puede verse en un fallo de la Sala C de la CNCiv. (L.L.,
85-550) en el cual se decidió admitir, en un juicio por escrituración
de un inmueble, la citación, pedida por el propietario demandado,
de un tercero que, con título de inquilino principal, pretendía el
mismo derecho que el actor a la compra del inmueble,
habiendo expresado el demandado, además, que vendería a quien
justificase mejor derecho.
d) Al comparecer al proceso al cual ha sido citado, el tercero
asume calidad de parte. Pero a diferencia de lo que ocurre con
el interviniente voluntario, no puede ser obligado a aceptar el
proceso in statu et terminis, pues ello podría configurar un injusto
menoscabo de su derecho de defensa, susceptible de haberse
ejercido con toda amplitud en un proceso independiente. Por ello el
art. 95 CPN dispone que la citación del tercero (que debe hacerse
en la misma forma que al demandado), "suspenderá el
procedimiento hasta su comparecencia o hasta el vencimiento del
plazo que se le hubiese señalado para comparecer".
373
374
e) En lo que respecta al alcance de la sentencia, y a la
apelabilidad de la resolución, son aplicables las normas enunciadas
al examinar a la intervención voluntaria.
136. Citación de evicción
a) Si bien esta institución constituye una de las formas de
hacerse efectiva la intervención obligada de terceros, las
características especiales que presenta han determinado que el
CPN, lo mismo que algunos Códigos provinciales, la hayan
sometido a reglas particulares.
El nuevo Código Civil y Comercial, en su art. 1046, establece
que "si un tercero demanda al adquirente en un proceso del que
pueda resultar la evicción de la cosa, el garante citado a juicio debe
comparecer en los términos de la ley de procedimientos. El
adquirente puede seguir actuando en el proceso".
b) La citación de evicción puede ser pedida tanto por el actor
como por el demandado: el primero debe hacerlo al deducir la
demanda y el segundo dentro del plazo fijado para la contestación
de la demanda. La respectiva resolución debe dictarse sin
sustanciación previa, y sólo cabe hacer lugar a la citación si ella es
manifiestamente procedente. La resolución denegatoria es apelable
en efecto devolutivo en el proceso ordinario (CPN, art. 105)
e inapelable en el juicio sumarísimo (art. 498, inc. 5º).
c) La citación debe practicarse en la misma forma y plazo
establecidos para el demandado (art. 106, párr. 1º). El citado, sin
embargo, no puede invocar la improcedencia de la citación y debe
limitarse a asumir o no la defensa (id., párr. 2º), por cuanto aquélla
no constituye una demanda, sino simplemente un aviso que se
formula al citado a fin de que, si así lo desea, tome intervención en
el proceso. La incomparecencia del citado, por lo tanto, no autoriza
a constituirlo en parte ni a declararlo en rebeldía, pero la citación
basta para someterlo a las consecuencias de una eventual
sentencia condenatoria.
Si el citado no asume la defensa, su responsabilidad debe
establecerse en el juicio que corresponda (CPN, art. 106, párr. 3º).
d) La citación solicitada oportunamente suspende el curso del
proceso durante el plazo que el juez fije, siendo carga del citante
activar las diligencias necesarias para el conocimiento del citado
(CPN, art. 107). Y aunque la norma dispone, en su segundo párrafo
que la suspensión no alcanza al plazo para oponer excepciones
previas ni a la sustanciación de éstas, corresponde considerarlo
implícitamente derogado por la ley 25.488, la cual no previó un
plazo específico para oponer excepciones previas.
e) Si el citado no comparece, o habiendo comparecido se resiste
a asumir la defensa, el juicio debe proseguir con quien pidió la
citación, salvo los derechos de éste contra aquél (CPN, art.
108, párr. 1º).
Si, por el contrario, el citado comparece, pueden presentarse las
siguientes situaciones: 1º) Que asuma la defensa del citante, y este
último opte, mediando conformidad de la contraparte, por
ser excluido de la causa; 2º) Que el citado obre conjunta o
separadamente con el citante, en calidad de litisconsorte (CPN, art.
109). En este último caso rigen las reglas del litisconsorcio
necesario (supra, nº 131).
Si, finalmente, el citado comparece extemporáneamente, debe
tomar la causa en el estado en que se encuentre, aunque en la
contestación puede invocar las excepciones que no hubiesen sido
opuestas como previas (CPN, art. 108, párr. 2º, donde se deslizó el
mismo error precedentemente puntualizado).
375
f) Si el citado pretende, a su vez, citar a su causante, puede
hacerlo en los primeros cinco días de haber sido notificado, sin
perjuicio de la carga de proseguir el proceso por sí. En las mismas
condiciones cada uno de los causantes puede requerir la citación
de su respectivo antecesor, siendo admisible el pedido de citación
simultánea de dos o más causantes. Pero en todo caso es ineficaz
la citación practicada sin la antelación necesaria para que el citado
pueda comparecer antes del pronunciamiento de la sentencia de
primera instancia (CPN, art. 110).
g) En cuanto a la incidencia de esta citación respecto del
régimen de la responsabilidad por evicción, elCódigo Civil y
Comercial regula: "En los casos en que se promueve el proceso
judicial, la responsabilidad por evicción cesa: a. si el adquirente no
cita al garante, o lo hace después de vencido el plazo que establece
la ley procesal; b. si el garante no comparece al proceso judicial, y
el adquirente, actuando de mala fe, no opone las defensas
pertinentes, no las sostiene, o no interpone o no prosigue los
recursos ordinarios de que dispone contra el fallo desfavorable; c. si
el adquirente se allana a la demanda sin la conformidad del
garante; o somete la cuestión a arbitraje y el laudo le es
desfavorable. Sin embargo, la responsabilidad subsiste si el
adquirente prueba que, por no haber existido oposición justa que
hacer al derecho del vencedor, la citación oportuna del garante por
evicción, o la interposición o sustanciación de los recursos,
eran inútiles; o que el allanamiento o el laudo desfavorable son
ajustados a derecho".
h) Finalmente, en cuanto a los gastos causídicos, el Código
unificado prevé que "el garante debe pagar al adquirente los gastos
que éste ha afrontado para la defensa de sus derechos. Sin
embargo, el adquirente no puede cobrarlos, ni efectuar ningún otro
reclamo si: a. no citó al garante al proceso; b. citó al garante,
y aunque éste se allanó, continuó con la defensa y fue vencido. (art.
1047).
376
§ III. TERCERÍAS(3)
138. Requisitos
137. Concepto y clases
a) Denomínase tercería a la pretensión en cuya virtud una
persona distinta a las partes intervinientes en un determinado
proceso, reclama el levantamiento de un embargo trabado en dicho
proceso sobre un bien de su propiedad, o el pago preferencial de un
crédito con el producido de la venta del bien embargado.
El concepto enunciado comprende a las dos clases de tercerías
que admite el ordenamiento procesal, o sea a las de dominio y a las
de mejor derecho. Las primeras deben fundarse en el dominio de
los bienes embargados; las segundas, en el derecho que el
tercerista tenga a ser pagado con preferencia al embargante (CPN,
art. 97, párr. 1º).
b) De lo dicho se sigue que la admisibilidad de la tercería,
cualquiera que sea su carácter, se halla condicionada a
la existencia de un embargo. En caso contrario no existiría interés
jurídico que la sustentase, pues en el supuesto de que en un
proceso constituido entre otras personas la controversia versara
sobre un bien de propiedad del tercerista, la sentencia que en ese
proceso se dictara le sería inoponible y carecería por lo tanto de
toda virtualidad para despojarlo de ese bien.
c) Si bien las tercerías tienen su mayor ámbito de aplicabilidad
en los procesos de ejecución, ellas son procedentes, según lo tiene
resuelto la jurisprudencia, en cualquier clase de procesos. De allí
que el CPN reglamente la institución en la parte general.
377
a) La ley procesal sujeta a las tercerías a requisitos específicos
de tiempo y de forma.
A su vez, el requisito de tiempo varía según se trate de tercería
de dominio o de mejor derecho.
En el primer caso la pretensión debe deducirse antes de que se
otorgue la posesión del bien embargado al comprador (CPN, art.
97, párr. 2º), pues este último cuenta, una vez cumplida aquella
formalidad, con una presunción de propiedad. Corresponde aclarar,
sin embargo, que la extemporaneidad de la tercería no obsta a la
posterior pretensión reivindicatoria que el tercerista puede hacer
valer contra el tercer adquirente, en el correspondiente proceso
ordinario (Cód. Civ. y Com., art. 2248).
La tercería de mejor derecho debe deducirse antes de que se
pague al acreedor que ha obtenido el embargo (CPN, art. 97, párr.
2º).
Corresponde agregar que si el tercerista dedujere la demanda
después de diez días desde que tuvo o debió tener conocimiento
del embargo o desde que se rechazó el levantamiento del embargo
sin tercería, debe abonar las costas que origine su
presentación extemporánea, aunque las del juicio sean impuestas a
la otra parte por ser procedente la tercería (CPN, art. 97, párr. 3º).
b) Constituye requisito de forma que el tercerista pruebe,
con instrumentos fehacientes o en forma sumaria, la verosimilitud
del derecho en que se funde. Pero aun no cumplido dicho requisito
la tercería es admisible si quien la promueve da fianza para
responder de los perjuicios que puede producir la suspensión del
proceso principal (CPN, art. 98, párr. 1º).
Si se trata de un bien inmueble, el tercerista debe acompañar el
testimonio de la escritura pública respectiva, no siendo suficiente,
por ejemplo, la agregación de un boleto de compraventa otorgado a
su favor, pues dicho documento no acredita la titularidad del
dominio. En materia de bienes muebles, corresponde dar curso a la
pretensión si el tercerista prueba sumariamente que, a la fecha de
la traba del embargo, se encontraba en posesión de aquéllos, por
cuanto el poseedor cuenta a su favor con la presunción de
propiedad, incumbiendo al embargante la prueba tendiente a
378
desvirtuar esa presunción. Si, por el contrario, a la fecha de
trabarse el embargo el bien se encontraba en posesión del
embargado, el tercerista debe acompañar elementos de juicio que
prueben la verosimilitud de su derecho de dominio.
Si la tercería deducida es de mejor derecho, el tercerista debe
acreditar la titularidad del crédito y la existencia de un privilegio
especial a su favor o de un embargo obtenido con anterioridad.
En el supuesto de desestimarse la tercería, no es admisible su
reiteración si se funda en título que hubiese poseído o conocido el
tercerista al tiempo de entablar la primera; pero esta regla
es inaplicable si la tercería no hubiese sido admitida sólo por falta
de ofrecimiento o constitución de la fianza (CPN, art. 98, párr. 2º).
llegare a acreditar que los bienes embargados le pertenecen (art.
99, párr. 2º).
b) Si se trata de tercerías de mejor derecho, previa citación del
tercerista (que tiene calidad de parte en las actuaciones
correspondientes al remate), pueden venderse los bienes y sólo
corresponde suspender el pago hasta que se decida sobre la
preferencia invocada, salvo que el embargante otorgue fianza para
responder a las resultas de la tercería (CPN, art. 100). También en
este caso el juez puede desestimar la pretensión si la
verosimilitud inicial del derecho ha quedado desvirtuada.
c) Finalmente, constituye un efecto común a ambas clases de
tercerías que el embargante puede pedir una ampliación o mejora
del embargo, o la adopción de otras medidas precautorias
necesarias (CPN, art. 102).
139. Efectos
a) Difieren según se trate de tercerías de dominio o de mejor
derecho.
En el primer caso, consentida o ejecutoriada la orden de venta
de los bienes, corresponde disponer la suspensión del
procedimiento principal hasta tanto se decida la tercería (CPN, art.
99, párr. 1º). No obstante que, según lo dispuesto por el art. 98 CPN
la admisibilidad de la tercería está condicionada a la prueba de la
verosimilitud del derecho en que se funda, el juez está habilitado
para desestimar la suspensión en el supuesto de que, al tiempo en
que ella deba disponerse, existan en el proceso elementos de juicio
que hayan logrado desvirtuar esa verosimilitud inicial.
El CPN establece, asimismo, que no corresponde decretar la
suspensión cuando se tratare de bienes sujetos a desvalorización o
desaparición o que irroguen excesivos gastos de conservación, en
cuyo caso el producto de la venta quedará afectado a las resultas
de la tercería (art. 99, párr. 1º).
El citado ordenamiento otorga también al tercerista el derecho
de obtener, en cualquier momento, el levantamiento del embargo,
dando garantía suficiente de responder al crédito del embargante
por capital,intereses y costas en caso de que, en definitiva, no
379
140. Procedimiento
a) Las tercerías deben deducirse contra ambas partes del
proceso principal (embargante y embargado) (CPN, art. 101),
configurándose por lo tanto un caso de litisconsorcio pasivo
necesario, al que le son aplicables las reglas oportunamente
enunciadas (supra, nº 131). En concordancia con esas reglas, la
norma anteriormente citada dispone que el allanamiento y los actos
de admisión realizados por el embargado no pueden ser invocados
en perjuicio del embargante.
b) El trámite de la tercería puede ser el del juicio ordinario o el
del incidente, según lo determine el juez atendiendo a las
circunstancias (norma citada).
El CPN, sin embargo, en concordancia con reiterados
precedentes judiciales fundados en razones de celeridad y
economía procesal, concede al tercero perjudicado por un embargo
el derecho de pedir su levantamiento sin promover tercería para lo
cual
debe
acompañar
título
de
dominio
u
ofrecer
380
sumaria información sobre su posesión, según la naturaleza de los
bienes. Previo traslado al embargante, el juez debe dictar
resolución que es recurrible si hace lugar al desembargo. Si el
pedido es denegado, el interesado puede deducir directamente la
tercería, cumpliendo los requisitos exigidos por el art. 98 (CPN, art.
104).
Se trata, como se advierte, de un incidente dentro del proceso
en el cual se trabó el embargo, cuya procedencia se halla
supeditada a la circunstancia de que se acredite, en forma efectiva
y fehaciente, la propiedad o posesión de los bienes embargados,
debiendo esa circunstancia surgir de los elementos probatorios
acompañados por el incidentista en su primera presentación.
CAPÍTULO XI - ACTOS PROCESALES
SUMARIO: I. GENERALIDADES:
142. Concepto y naturaleza del
acto
procesal.—
143.
Elementos.—
144.
Clasificación.—
II. LUGAR,
TIEMPO Y FORMA DE LOS
ACTOS PROCESALES: 145. El
lugar de los actos procesales.—
146. El tiempo de los actos
procesales.— 147. La forma de
los actos procesales.
141. Connivencia entre tercerista y embargado
En el caso de resultar probada la connivencia del tercerista con
el embargado el juez debe ordenar, sin más trámite, la remisión de
los antecedentes a la justicia penal, e imponer al tercerista, al
embargado o a los profesionales que los hayan representado o
patrocinado, o a ambos, las sanciones disciplinarias que
correspondan. Asimismo, puede disponer la detención del tercerista
y del embargado hasta el momento en que comience a actuar el
juez en lo penal (CPN, art. 103).
Conforme a la jurisprudencia, las medidas a que se refiere la
norma sólo pueden ser decretadas en la sentencia y deben
fundarse en las pruebas producidas, siendo improcedente
adoptarlas cuando el proceso ha concluido en otra forma, como
puede ser la caducidad de la instancia.
381
§ I. GENERALIDADES(1)
142. Concepto y naturaleza del acto procesal
a) Son actos procesales los hechos voluntarios que tienen por
efecto directo e inmediato la constitución, el desenvolvimiento o
la extinción del proceso, sea que procedan de las partes (o
peticionarios) o de sus auxiliares, del órgano judicial (o arbitral) o de
sus auxiliares, o de terceros vinculados a aquél con motivo de una
designación, citación o requerimiento destinados al cumplimiento de
una función determinada.
Como todos los actos jurídicos, los actos procesales constituyen
manifestaciones voluntarias de quienes los cumplen. En tal
382
circunstancia reside su diferencia respecto de los hechos
procesales, que se encuentran, frente a aquéllos, en relación de
género a especie, y a los que cabe definir como todos los sucesos o
acontecimientos susceptibles de producir sobre el PROCESO los
efectos antes mencionados (v.gr., fallecimiento o incapacidad de
alguna de las partes; transcurso del tiempo; pérdida o destrucción
de documentos; etc.).
Aquellos conceptos, construidos en base a las nociones de acto
jurídico del Código de Vélez, hoy se deben vincular con las nuevas
definiciones que contiene el Código Civil y Comercial al respecto.
Así, leemos en el art. 259 que "El acto jurídico es el acto voluntario
lícito que tiene por fin inmediato la adquisición, modificación
oextinción de relaciones o situaciones jurídicas" y en el 260, "El
acto voluntario es el ejecutado con discernimiento,intención y
libertad, que se manifiesta por un hecho exterior".
b) No encuadran en el concepto de acto procesal, por lo pronto,
aquellas
actividades
cumplidas
fuera
del
ámbito
del
proceso, aunque eventualmente puedan producir efectos en él. No
son actos procesales, por ejemplo, la elección de un domicilio
especial, el otorgamiento de un poder para estar en juicio o una
confesión extrajudicial; pero revestiría aquel carácter la
presentación, en el respectivo expediente, de los documentos que
acreditasen cualquiera de las mencionadas circunstancias, pues tal
actividad
se
hallaría
dotada
de
la
eficacia inmediata
precedentemente aludida.
En ese mismo orden de ideas, deben excluirse del concepto
antes enunciado las actividades meramente preparatorias de los
actos procesales, como son, v.gr., las instrucciones impartidas al
apoderado para interponer la demanda, el estudio de la causa por
el juez con carácter previo a la decisión, etcétera. Actos procesales
serían, en cambio, respectivamente, la presentación de la demanda
y el pronunciamiento de la decisión.
Pero si el acto se cumple dentro del proceso, con los efectos ya
señalados, no afecta su calidad de acto procesal la circunstancia de
que también produzca consecuencias jurídicas fuera de aquél,
según ocurre, por ejemplo, con el desistimiento del derecho, la
confesión judicial, la sentencia definitiva, etcétera.
383
c) Tampoco median razones atendibles para excluir del
concepto de acto procesal todas aquellas actividades que
despliegan en el proceso quienes no revisten en él el carácter de
sujetos directos o de auxiliares permanentes de éstos, como son los
testigos, peritos, intérpretes, martilleros, depositarios, etcétera.
La circunstancia generalmente aducida en apoyo de
la exclusión, de que los actos de los terceros se integran, por lo
común, con actos procesales de las partes y del órgano judicial (la
declaración de un testigo, por ejemplo, implica la aportación de la
prueba respectiva, la indicación de los hechos sobre los cuales
aquél debe deponer, la recepción de la declaración por el juez o el
secretario, etc.), comprueba, a lo sumo, la existencia de
actuaciones subjetivamente complejas que también tienen lugar con
respecto a los sujetos directos del proceso (piénsese, por ejemplo,
en la absolución de posiciones, en las notificaciones, etc.). Existen,
por lo demás, numerosos actos de terceros dotados de
suficiente autonomía como para incluirlos en el concepto analizado:
presentación de uninforme pericial, realización de una subasta,
etcétera. Como dice ALCALÁ ZAMORA, partiendo de la distinción de
los sujetos procesales en principales y secundarios, no es posible,
en orden a la actividad procesal que desenvuelven, ni reabsorber
éstos en aquéllos, ni muchísimo menos, porque sería negar la
evidencia, sostener que no realizan actos procesales (ya que no
cabría tampoco reputarlos preprocesales ni extraprocesales).
d) Finalmente, con la incorporación al Código Civil y Comercial
de la Nación de la posibilidad de que laexpresión escrita que se
vuelque en los instrumentos de cualquier tipo que sean (públicos o
particulares, estos últimos firmados o no) conste "en cualquier
soporte, siempre que su contenido sea representado con
textointeligible, aunque su lectura exija medios técnicos" (art. 286)
y del cambio radical en lo concerniente a la firma, admitiéndose la
digital para los instrumentos electrónicos (art. 288.— Firma. La
firma prueba la autoría de la declaración de voluntad expresada en
el texto al cual corresponde. Debe consistir en el nombre del
firmante o en un signo. En los instrumentos generados por medios
electrónicos, el requisito de la firma de una persona queda
satisfecho
si
se
utiliza
una
firma
digital,
que
asegure indubitablemente la autoría e integridad del instrumento),
384
entendemos que se abre paso —ahora con basamento legal en el
digesto de derecho privado argentino— una nueva dimensión para
el acto procesal: el relativo a su versión digital o electrónica.
143. Elementos
a) Tres son los elementos del acto procesal: los sujetos,
el objeto y la actividad que involucra. Este último elemento se
descompone, a su vez, en tres dimensiones: de lugar, de tiempo y
de forma.
Más arriba se ha dicho que pueden ser sujetos de los actos
procesales las partes (o peticionarios), el órgano judicial (o arbitral)
o sus auxiliares y los terceros directamente vinculados al proceso.
Su respectiva posición acusa, sin embargo, diferencias de
importancia, pues mientras que el órgano judicial y sus auxiliares
cumplen sus actividades en ejercicio de un deber de oficio que
tienen hacia el Estado y también hacia los litigantes, en virtud de lo
cual la omisión del acto o su cumplimiento defectuoso aparejan la
imposición de sanciones contra el magistrado o funcionario
responsable, los actos de las partes y peticionarios responden a la
libre determinación de éstas, que no se hallan sujetas, como
principio, a deber alguno, sino a cargas instituidas en su
propio interés. Cuando los actos de los terceros responden al
cumplimiento de una carga pública —como ocurre en el caso de los
testigos—
la
actuación
personal
de
aquéllos
resulta
sustancialmente equiparable a la del órgano o a la de sus auxiliares
permanentes.
Con exclusión de la responsabilidad política y disciplinaria, que
se halla descartada por el origen de su designación, la posición de
los árbitros es también equivalente a la de los órganos judiciales.
Para que el acto procesal produzca sus efectos normales es
necesario, por lo pronto, que el sujeto que lo realiza
tenga aptitud para ello: el órgano, en ese sentido, debe
ser competente, y las partes y peticionarios (o sus representantes)
procesalmente capaces.
385
Aparte de la aptitud, constituye requisito subjetivo del acto
procesal el de la voluntad, pues aquél comporta, por definición,
una expresión voluntaria de quien lo realiza. En lo que al tema
concierne, la doctrina más generalizada señala que el requisito de
la voluntad no juega, en los actos procesales, la misma función que
en los actos jurídicos del derecho privado. Ocurre, en efecto, que
mientras en estos últimos la voluntad del sujeto determina
directamente la producción de efectos jurídicos, los actos
procesales producen efectos en la medida en que se hayan
cumplido, a su respecto, los requisitos prescriptos por la ley, con
prescindencia de las motivacionesinternas del sujeto de quien
proceden. Como GUASP señala, es regla del derecho procesal la de
la prevalencia de la voluntad declarada sobre la voluntad real. De
allí que, como principio, se descarte la aplicabilidad, a los actos
procesales, de las normas contenidas en el Cód. Civ. y Com.
acerca de los vicios de la voluntad (error, dolo, violencia), tanto más
cuanto que las modalidades características de aquéllos,
particularmente la consistente en laintervención de un órgano del
Estado (o equiparable a tal), excluyen en medida sustancial la
posibilidad de que tales vicios interfieran la voluntad de los sujetos
procesales. Algunos autores, sin embargo, admiten la aplicación
analógica de las normas referentes a los actos jurídicos del derecho
privado con respecto a los actos procesales a los que atribuyen el
carácter de negocios jurídicos, como el juramento, la confesión, la
renuncia, etcétera. Se trata, de todas maneras, de un aspecto
todavía insuficientemente elaborado por la doctrina, cuyo
estudioexhaustivo escapa al propósito de este libro. Pero
corresponde dejar debidamente aclarado que, aun en el caso de
admitirse, excepcionalmente, la relevancia jurídica de la voluntad en
el cumplimiento de los actos procesales, los vicios consecuentes
serían en todo caso convalidables dentro del proceso y conforme al
régimen prescripto en la ley procesal.
Aunque con exclusiva referencia a las partes y peticionarios,
finalmente, constituye requisito subjetivo del acto procesal
el interés que determina su cumplimiento. No concurriría tal
requisito, por ejemplo, respecto de la parte o peticionario que
impugnase una actuación o resolución que la beneficia.
386
b) El objeto es la materia sobre la cual el acto procesal recae.
Dicho objeto debe ser: 1º) Idóneo, o sea apto para lograr la finalidad
pretendida por quien lo realiza. Carecerían de este requisito, v.gr.,
el reconocimiento judicial requerido para probar un hecho que no ha
dejado rastro alguno, o la sentencia dictada sobre el fondo del litigio
si éste ha sido objeto de transacción o conciliación.
2º) Jurídicamente posible, es decir no prohibido por la ley. No
reúnen esta condición, por ejemplo, el testimonio de las personas
mencionadas en el art. 427 CPN; el embargo sobre los bienes a
que se refiere el art. 219 del mismo Código; etcétera.
c) Las dimensiones en que se escinde la actividad serán
analizadas en el próximo parágrafo.
144. Clasificación
a) Sobre la base de un criterio objetivo o funcional, y
concibiendo el proceso como una secuencia cronológica, resulta
adecuado formular una clasificación de los actos procesales
atendiendo a la incidencia que éstos revisten en las tres etapas
fundamentales de dicha secuencia que, como tal, tiene un
comienzo, un desarrollo y un final. De allí que, correlativamente a
la existencia de esas tres etapas, y en concordancia con la
definición enunciadasupra, nº 142, resulte pertinente distinguir, ante
todo, entre actos procesales de iniciación, de desarrollo y
deconclusión o terminación.
b) En ese orden de ideas son actos de iniciación aquellos que
tienen por finalidad dar comienzo a un proceso. En el proceso civil
el acto típico de iniciación procesal se halla constituido por
la demanda, aunque, a títuloexcepcional, aquél puede comenzar
con el cumplimiento de ciertas diligencias preliminares (CPN, arts.
323 a 329).
Denomínanse actos de desarrollo a aquellos que, una vez
producida
la iniciación
del
proceso,
propenden
a
su
desenvolvimiento ulterior hasta conducirlo a su etapa conclusional.
387
Este tipo de actos admite, a su vez, una subclasificación fundada en
la circunstancia de que tiendan a proporcionar al órgano judicial la
materia sobre la cual ha de versar la decisión definitiva o a
posibilitar la adecuada utilización o manejo de esa materia.
Atendiendo a cada una de esas finalidades cabe hablar,
respectivamente, de actos de instrucción y de dirección.
Los actos de instrucción, a su turno, implican el cumplimiento de
dos tipos de actividades. Por un lado, en efecto, es preciso que las
partes introduzcan o incorporen al proceso los datos de hecho y de
derechoinvolucrados en el conflicto determinante de la pretensión y,
por otro lado, se impone la necesidad de comprobar la exactitud de
tales datos. La diferencia existente entre esas dos clases de
actividades permite subclasificar a los actos de instrucción en actos
de alegación y de prueba.
Los actos de dirección pueden a su vez subdividirse en actos
de ordenación,
de comunicación o transmisión,
de documentación y cautelares.
Son actos de ordenación los que tienden a encauzar el proceso
a través de sus diversas etapas, sea impulsándolo para lograr el
tránsito de una a otra de éstas, sea admitiendo o rechazando las
peticiones formuladas por las partes, sea impugnando los actos que
se estiman defectuosos o injustos. Dentro de la categoría analizada
cabe, de tal manera, diferenciar tres tipos de actos: de impulso,
de resolución o decisión y deimpugnación.
Son actos de impulso aquellos que, una vez iniciado el proceso,
tienden a hacerlo avanzar a través de las diversas etapas que
lo integran.
Los actos de resolución son los que tienen por objeto proveer
las peticiones formuladas por las partes durante el curso del
proceso o adoptar, de oficio, las medidas adecuadas al trámite de
éste o a la conducta asumida por las partes (v.gr., correcciones
disciplinarias). Corresponde advertir que este tipo de actos carece,
en rigor, de un encuadramiento jurídico autónomo, ya que, al mismo
tiempo, pueden revestir el carácter de actos de impulso (CPN, art.
36, inc. 1º, supra, nº 26), de instrucción (prueba de oficio), de
comunicación (traslados y vistas) y cautelares.
Son actos de impugnación, por último, aquellos que tienden a
obtener la sustitución de una resolución judicial por otra que la
388
reforme, anule, rectifique o integre, o a lograr la invalidación de uno
o más actos procesales defectuosos. De acuerdo con este concepto
son actos típicos de impugnación los recursos y el incidente de
nulidad.
Debe entenderse por actos de comunicación o transmisión a los
que tienen por finalidad poner en conocimiento de las partes, de los
terceros o de funcionarios judiciales o administrativos, una petición
formulada en el proceso o el contenido de una resolución judicial.
Algunos de estos actos, como las resoluciones que disponen
traslados, vistas o intimaciones, incumben a los jueces
y, excepcionalmente a los secretarios. Otros, que en rigor
constituyen consecuencias de aquellas resoluciones, competen,
según los casos, al órgano judicial, o a los auxiliares de éste
(oficiales de justicia y ujieres) o de las partes (letrados
patrocinantes).
Son actos de documentación aquellos cuya finalidad consiste en
la formación material de los expedientes a través de
la incorporación ordenada de los escritos y documentos
presentados por las partes o remitidos porterceros; en dejar
constancia, en los expedientes, mediante actas, de las
declaraciones verbales emitidas en el curso de las audiencias o en
oportunidad de realizarse otros actos procesales que permiten esa
forma deexpresión (v.gr.: notificaciones e interposición del recurso
de apelación) y, finalmente, en la expedición de certificados o
testimonios
de
determinadas
piezas
del expediente.
El
cumplimiento de este tipo de actos corresponde, como principio
general, a los secretarios, y excepcionalmente a los prosecretarios
administrativos.
Los actos de comunicación y los de documentación son aquellos
que, a la fecha, se ven más influenciados por el avance del derecho
procesal electrónico en las diferentes jurisdicciones.
Los actos cautelares son los que tienden a asegurar
preventivamente el efectivo cumplimiento de la decisión judicial
definitiva. Se disponen mediante actos de resolución y su
ejecución incumbe a los auxiliares del órgano (oficiales
notificadores, oficiales de justicia y ujieres).
Por último, constituyen actos de conclusión aquellos que tienen
por objeto dar fin al proceso. El acto normal de conclusión de todo
proceso hállase representado por la sentencia definitiva, con
prescindencia de que alcance eficacia de cosa juzgada en sentido
material o meramente formal, aunque los procesos de ejecución
ofrecen la variante de que aquel acto debe complementarse con
una actividad procesal ulterior que culmina con la entrega o
transformación de los bienes embargados.
Existen asimismo actos anormales de conclusión, los cuales
pueden provenir de declaraciones de voluntad formuladas por una o
ambas partes (allanamiento, desistimiento, transacción y
conciliación) o ser la consecuencia de un hecho, como es el
transcurso de ciertos plazos de inactividad, a los que la ley atribuye
efectos extintivos sobre el proceso (caducidad de la instancia).
El siguiente cuadro resume la clasificación precedentemente
enunciada:
389
390
§ II. LUGAR, TIEMPO Y FORMA DE LOS ACTOS PROCESALES(2)
145. El lugar de los actos procesales
a) Con respecto al ámbito espacial dentro del cual deben
cumplirse los actos procesales, corresponde formular un distingo
que atiende a los sujetos de que dichos actos provienen.
Como regla, los actos del juez y de las partes se realizan en la
sede o recinto en que funciona el respectivo juzgado o tribunal.
Existen, sin embargo, diversas excepciones a esa regla: v.gr., la
recepción de la prueba de confesión o testimonial en el domicilio de
la persona que se encuentra imposibilitada de concurrir al juzgado o
tribunal (CPN, arts. 418 y 436), o el reconocimiento judicial de
lugares o de cosas (CPN, art. 479, inc. 1º).
Prescribe asimismo el art. 382 CPN que "cuando las
actuaciones deban practicarse fuera del radio urbano, pero dentro
de la circunscripción judicial, los jueces podrán trasladarse para
recibirlas, o encomendar la diligencia a los de las respectivas
localidades". Ese mismo artículo dispone también que cuando se
tratare de un reconocimiento judicial "los jueces podrán trasladarse
a cualquier lugar de la República donde deba tener lugar la
diligencia". Pero aparte de este último caso, cuando se trata de
actos procesales que deben realizarse fuera de la circunscripción
en que ejerce competencia territorial el respectivo juzgado o
tribunal, debe encomendarse el cumplimiento de aquéllos, mediante
libramiento de exhorto u oficio, al juez de la correspondiente
localidad (v.gr., CPN, art. 453).
b) Los actos de ciertos auxiliares del juez (notificadores, ujieres,
oficiales de justicia) se cumplen en el domicilio de las partes o de
los
terceros, aunque
las
constancias
de
tales
actos
deben incorporarse luego alexpediente.
A los efectos de realizar las notificaciones —que constituyen los
actos más importantes dentro de la categoríaexaminada— la ley
impone a todo litigante el cumplimiento de una carga específica: la
constitución de domicilio procesal dentro de un radio determinado y
la denuncia del domicilio real.
Prescribe, sobre el punto, el art. 40 CPN que "toda persona que
litigue por su propio derecho o en representación de tercero, deberá
constituir domicilio legal (procesal) dentro del perímetro de la ciudad
que sea asiento del respectivo juzgado o tribunal". Agrega la norma
391
que ese requisito "se cumplirá en el primer escrito que presente,
o audiencia a que concurra, si es ésta la primera diligencia en
que interviene", debiendo en las mismas oportunidades
"denunciarse el domicilio real de la persona representada". También
dispone dicho artículo que "se diligenciarán en el domicilio legal
(procesal) todas las notificaciones por cédula que no deban serlo en
el real".
Finalmente, con referencia al domicilio convencional o de
elección (del derogado Cód. Civ., art. 101) y con miras a preservar
el principio de lealtad y buena fe, el art. 40 prescribe que "el
domicilio constituido en el de la parte contraria no es eficaz para las
notificaciones que deben ser realizadas en el domicilio real del
constituyente". Hoy, el Cód. Civ. y Com. en su art. 75 prevé:
"Domicilio especial. Las partes de un contrato pueden elegir un
domicilio para el ejercicio de los derechos y obligaciones que de él
emanan".
Asimismo el CPN contempla, en el art. 41, las consecuencias de
la falta de constitución y denuncia de domicilio, disponiendo, con
respecto al primer supuesto, que cuando no se cumpliere con esa
carga, "las sucesivas resoluciones se tendrán por notificadas en la
forma y oportunidad fijadas por el art. 133, salvo la notificación de
la audiencia para absolver posiciones y la sentencia".
En lo que se refiere a la falta de denuncia del domicilio real o de
su cambio, la misma norma establece que las resoluciones que
deban notificarse en ese domicilio "se notificarán en el lugar en que
se hubiere constituido, y, en defecto también de éste, se observará
lo dispuesto en el primer párrafo".
Tanto el domicilio procesal como el real subsisten para los
efectos legales hasta la terminación del juicio o su archivo, mientras
no se constituyan o denuncien otros. Así lo dispone el art. 42 CPN,
el que también establece que "cuando no existieren los edificios,
quedaren deshabitados o desaparecieren, o se alterare o
suprimiere su numeración, y no se hubiese constituido o
denunciado un nuevo domicilio", será suficiente el informe del
notificador para proceder de acuerdo con lo previsto en el art. 41,
según se trate, respectivamente, del domicilio procesal o del real.
Corresponde destacar, sin embargo, que de conformidad con
numerosos precedentes la vigencia del domicilio procesal cede
392
frente a circunstancias de excepción como pueden ser el
fallecimiento del mandatario que lo constituyó en sus oficinas, la
paralización del expediente durante un lapso excesivamente
prolongado, etcétera.
El art. 42 prescribe, finalmente, que "todo cambio de domicilio
deberá notificarse por cédula a la otra parte", teniéndose por
subsistente el anterior mientras que esa diligencia no se hubiese
cumplido.
Al respecto, habrá de tenerse también en cuenta las previsiones
que respecto del domicilio electrónico se han establecido mediante
acordadas de la Corte Suprema de Justicia —en la jurisdicción
federal y nacional, el caso de la acordada 31/2011 y las que se
dictaron en consecuencia— y de modo diverso —acordadas de
superiores tribunales, decretos, reformas legales— en las
provincias y Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
c) Los actos de los terceros deben cumplirse, sea en el recinto
del tribunal (declaraciones testimoniales) o fuera de él (v.gr.:
subastas judiciales). Sin embargo, cuando se ejecutan fuera de la
circunscripción territorial del juzgado o tribunal, lo deben ser
con intervención del juez de la respectiva localidad.
con excepción de los que determine el Reglamento para la Justicia
Nacional", dice el art. 152 CPN. A su vez, el art. 2º RJN dispone
sobre el particular que "los tribunales nacionales no funcionarán
durante el mes de enero, la feria de julio, los días domingo, los que
por disposición del Congreso o del Poder Ejecutivo no sean
laborables y los que la Corte Suprema declare feriados judiciales.
Los tribunales nacionales delinterior del país tampoco funcionarán
los días señalados no laborables por los respectivos gobiernos.
Todos los demás días del año son hábiles". (Debe recordarse,
asimismo, que por acordada de fecha 13 de junio de 1950, la Corte
Suprema resolvió "declarar feriado con carácter general y
permanente para toda la justicia nacional los días sábados").
La inhabilidad de un día determinado produce dos efectos: 1º)
No corren ese día los plazos procesales, salvo los establecidos a
los efectos de la caducidad de la instancia y con la excepción que
se señalará oportunamente (CPN, art. 311); 2º) Durante su
transcurso no puede cumplirse ningún acto procesal útil.
En lo que concierne a las horas hábiles, es menester formular la
siguiente distinción:
1º) Con respecto al transcurso de los plazos procesales y a
algunas clases de notificaciones (como la telegráfica), son hábiles
todas las horas de los días hábiles.
a) Como regla, la eficacia de los actos procesales depende de
su realización en el momento oportuno. De allí que la ley haya
debido reglamentar cuidadosamente la incidencia del tiempo en el
desenvolvimiento del proceso, sea estableciendo períodos
genéricamente aptos para realizar actos procesales, sea fijando
lapsos específicos dentro de los cuales es menester cumplir cada
acto procesal en particular.
2º)
Para
los
actos
que
deben
realizarse
en
el expediente (peticiones, audiencias, notificaciones personales,
etc.), solamente son hábiles las comprendidas dentro del horario
establecido por la Corte Suprema para el funcionamiento de los
tribunales (CPN, art. 152). Sin embargo, ese mismo artículo señala
que "para la celebración de las audiencias de prueba, las cámaras
de apelaciones podrán declarar horas hábiles, con respecto a
juzgados bajo su dependencia y cuando las circunstancias
lo exigieren, las que median entre las 7 y las 17 o entre las 9 y las
19, según rija el horario matutino o vespertino", aunque en la
actualidad sólo rige el horario matutino.
b) Al primer aspecto (aptitud genérica del tiempo) se halla
vinculada la determinación de los días y horas hábiles e inhábiles.
"Las actuaciones judiciales se practicarán en días y horas hábiles,
bajo pena de nulidad. Son días hábiles todos los del año
3º) Con relación a los actos que deben cumplirse fuera
del expediente (diligenciamiento de cédulas, mandamientos, etc.),
son hábiles las horas que median entre las 7 y las 20 (CPN, art.
152).
393
394
146. El tiempo de los actos procesales
Pero los días u horas inhábiles pueden, en determinadas
circunstancias, habilitarse, es decir, declararse utilizables para el
cumplimiento de actos procesales.
"A petición de parte o de oficio —dispone el art. 153 CPN— los
jueces y tribunales deberán habilitar días y horas cuando no fuere
posible señalar las audiencias dentro del plazo establecido, o se
tratase de diligencias urgentes cuya demora pudiera
tornarlas ineficaces u originar perjuicios evidentes a las partes". La
apreciación de la "urgencia" queda librada en cada caso al criterio
del juez, cuya resolución, en el supuesto de ser denegatoria, sólo
es susceptible, según la norma citada, del recurso de reposición.
También prevé el CPN que "la diligencia iniciada en día y hora
hábil podrá llevarse hasta su fin en tiempoinhábil sin necesidad de
que se decrete la habilitación" y "si no pudiere terminarse en el día,
continuará el siguiente hábil, a la hora que en el mismo acto
establezca el juez o tribunal" (art. 154). Esta norma consagra el
sistema
de
la habilitación
tácita y
evita
dilaciones
y
trámites innecesarios, por cuanto comenzada una diligencia ella
puede concluirse aun después de fenecido el horario de tribunales,
sin que sea menester que las partes formulen ninguna petición con
ese objeto, ni que el juez emita declaración alguna.
Como se ha visto, el art. 152 CPN sanciona con la nulidad los
actos cumplidos en horas y días inhábiles. Se trata, sin embargo, de
una nulidad relativa, pues el vicio queda convalidado si el litigante a
quien afecta no lainvoca en tiempo oportuno.
c) Los plazos —a los que más arriba se definió como los lapsos
dentro de los cuales es preciso cumplir cada acto procesal en
particular— pueden ser: 1º) Legales, judiciales y convencionales;
2º) Perentorios y no perentorios; 3º) Prorrogables e improrrogables;
4º) Individuales y comunes; 5º) Ordinarios y extraordinarios.
Son judiciales los plazos fijados por el juez o tribunal. Revisten
tal carácter, entre otros, el que el juez debe fijar para que los peritos
designados se expidan (CPN, art. 460); el que corresponde señalar
en el proceso ordinario para la recepción de las pruebas ordenadas,
el cual no puede exceder de cuarenta días (CPN, art. 367); el que
debe fijar el juez en el juicio ejecutivo para producir la prueba
ofrecida (CPN, art. 549); etcétera.
Debe recordarse, asimismo, que el CPN establece, como regla
general, que cuando él no fijare expresamente el plazo que
corresponda para la realización de un acto, lo señalará el juez de
conformidad con la naturaleza del proceso y la importancia de la
diligencia (CPN, art. 155, párr. 2º).
Son plazos convencionales los que las partes pueden fijar de
común acuerdo. El art. 155 CPN admiteexpresamente esta
modalidad en tanto, tras establecer el principio de la perentoriedad
de los plazos legales y judiciales, agrega que "podrán ser
prorrogados por acuerdo de partes manifestado con relación a
actos procesales determinados". Los apoderados, sin embargo, no
pueden acordar una suspensión mayor de veinte días sin acreditar
ante el juez o tribunal la conformidad de sus mandantes (CPN, art.
157, párr. 1º).
Asimismo, las partes pueden acordar la abreviación de un plazo
mediante una manifestación expresa por escrito (CPN, art.
157, párr. 2º).
2º) Un plazo es perentorio (preclusivo o fatal) cuando, una vez
vencido, se opera automáticamente la caducidad de la facultad
procesal para cuyo ejercicio se concedió. El CPN consagra —
conforme a la orientación predominante en la moderna legislación
procesal— el principio de la perentoriedad de todos los plazos
legales y judiciales (art. 155).
1º) Llámanse plazos legales a aquellos cuya duración se
halla expresamente establecida por la ley. Tales, por ejemplo, el de
quince días para contestar la demanda en el proceso ordinario
(CPN, art. 338); el de cinco días para deducir el recurso de
apelación (CPN, art. 244) o para oponer excepciones en el juicio
ejecutivo (CPN, art. 542), etcétera.
3º) Un plazo es prorrogable cuando cabe prolongarlo a raíz de
una petición unilateral en ese sentido formulada con anterioridad a
su vencimiento, y es improrrogable cuando no puede ser objeto de
tal prolongación.
Con anterioridad a la sanción de la ley 4128, cuyo art. 3º declaró
la improrrogabilidad de "todos los términos señalados en la ley de
enjuiciamiento civil", el Código derogado (art. 42) disponía —como
395
396
actualmente lo hacen los Códigos de Córdoba, Corrientes y Salta—
que eran prorrogables los plazos que no estuviesen declarados
perentorios o fatales, condicionándose la concesión de la prórroga
a: 1º) Que se pidiese antes de vencer el plazo; 2º) Que se alegase
justa causa a juicio del juez (art. 43). Las prórrogas que se
concediesen, por lo demás, en ningún caso podían exceder del
plazo prorrogado. Se mantuvo implícitamente, no obstante, la regla
de la prorrogabilidad de los plazos judiciales, hasta que el decretoley 23.398/56 (art. 5º) extendió a ellos el principio de la
perentoriedad, el cual se mantiene en el CPN (art. 155). En la
actualidad, por consiguiente, no existen plazos prorrogables para
las partes, pues la excepción contenida en el art. 155 comporta,
como se señaló, un supuesto de plazo convencional y no de plazo
prorrogable. El CPN, sin embargo, asigna tal carácter al plazo que
tienen los jueces y tribunales para dictar sentencia, supeditando la
concepción de la prórroga al requisito de que la imposibilidad de
cumplir dicho acto dentro del plazo legal se haga saber al tribunal
superior con anticipación de diez días a su vencimiento, y se juzgue
admisible la causa invocada (art. 167).
No debe confundirse plazo improrrogable con plazo perentorio.
Todo plazo perentorio es improrrogable, ya que, por esencia,
descarta la posibilidad de que pueda ser prolongado a pedido de
una de las partes. Pero no todo plazo improrrogable es perentorio,
pues mientras que el primero admite su prolongación tácita en el
sentido de que el acto correspondiente puede cumplirse después de
su vencimiento, pero antes de que la otra parte pida el decaimiento
del derecho o se produzca la pertinente declaración judicial, el
segundo produce, a su vencimiento, la caducidad automática del
derecho, sin necesidad de que el otro litigante lo pida ni de que
medie declaración judicial alguna.¿En el CPN, un ejemplo de plazo
improrrogable es el establecido para que se produzca la caducidad
de la instancia, pues hasta tanto ella no haya sido judicialmente
declarada son válidos los actos cumplidos con posterioridad al
vencimiento del plazo (art. 316).
4º)
Son
plazos individuales aquellos
que
corren independientemente para cada parte, aun en el caso de que,
como ocurre en el litisconsorcio, actúe más de una persona en la
misma posición de parte. Tales son, v.gr., los plazos para contestar
397
la demanda, para interponer recursos, para expresar agravios,
etcétera. Son comunes, en cambio, los plazos cuyo cómputo se
efectúa conjuntamente para todos los litigantes, sean partes
contrarias o litisconsortes (v.gr., el plazo de prueba, el plazo para
alegar). Constituye característica de los plazos comunes la de que
comienzan a correr desde el día siguiente al de la última
notificación (CPN, art. 156).
5º) Los plazos son ordinarios o extraordinarios según que,
respectivamente, se hallen previstos para los casos comunes o
atendiendo a la distancia existente entre el domicilio de las partes y
la circunscripción territorial donde funciona el juzgado o tribunal.
Ejemplo de plazo extraordinario es el que debe conceder el juez
para que conteste la demanda el demandado domiciliado o
residente fuera de la jurisdicción o de la República (CPN, arts. 342 y
158).
d) El art. 29 del derogado Cód. Civ. determinaba que las
disposiciones que él contiene con relación al "modo de contar
los intervalos del derecho" (art. 23 al 28) son aplicables a todos los
plazos señalados por las leyes, por los jueces, o por las partes en
los actos jurídicos, siempre que en las leyes o en esos actos no se
disponga de otro modo. De allí que las reglas establecidas por el
Cód. Civ. revestían carácter supletorio en materia procesal.
Entendemos que lo mismo puede predicarse del art.
6del Código Civil y Comercial unificado cuando establece "Modo de
contar los intervalos del derecho. El modo de contar los intervalos
del derecho es el siguiente: día es elintervalo que corre de
medianoche a medianoche. En los plazos fijados en días, a contar
de uno determinado, queda éste excluido del cómputo, el cual debe
empezar al siguiente. Los plazos de meses o años se computan de
fecha a fecha. Cuando en el mes del vencimiento no hubiera día
equivalente al inicial del cómputo, se entiende que el plazo expira el
último día de ese mes. Los plazos vencen a la hora veinticuatro del
día del vencimiento respectivo. El cómputo civil de los plazos es de
días completos y continuos, y no se excluyen los días inhábiles o no
laborables. En los plazos fijados en horas, a contar desde una hora
determinada, queda ésta excluida del cómputo, el cual debe
398
empezar desde la hora siguiente. Las leyes o las partes pueden
disponer que el cómputo se efectúe de otro modo".
"Los plazos —dice el art. 156 CPN— empezarán a correr desde
la notificación y si fuesen comunes, desde la última. No se contará
el día en que se practique esa diligencia, ni los días inhábiles".
Del contexto de esa norma, y de las que son supletoriamente
aplicables, surge que: 1º) Los plazos procesales se computan a
partir del día siguiente a aquél en que tuvo lugar la notificación; o,
más precisamente, a partir del momento en que finaliza el día de la
notificación, esto es, a las 24 horas; 2º) La norma se refiere sólo a
los plazos en días, excluyendo del cómputo a los días inhábiles.
Tal exclusión, por lo tanto, no es aplicable a los plazos fijados en
meses (que aunque no contemplados por el Código, salvo en
materia de caducidad de lainstancia, pueden ser establecidos por el
juez o convenidos por los litigantes). Los plazos fijados en horas
correnininterrumpidamente, salvo que ínterin medie un día inhábil,
en cuyo caso corresponde descontar esas horas; 3º) Los plazos
fijados en días o meses terminan a la medianoche del día de su
vencimiento (Cód. Civ. y Com., art. 6). Si se trata de un plazo fijado
en horas, el vencimiento se opera al terminar la última de las horas
fijadas.
e) Los plazos procesales son susceptibles de suspensión o
de interrupción.
"Suspender —dice PODETTI—
implica
privar
temporariamente de efectos a un plazo, inutilizar a sus fines, un
lapso del mismo; interrumpirlo, en cambio, implica cortar un plazo
haciendo ineficaz el tiempo transcurrido". Tales conceptos, como se
advierte, coinciden con los enunciados por los arts. 2539 y 2544
Cód. Civ. y Com. con respecto a la suspensión einterrupción de la
prescripción.
La suspensión de los plazos procesales puede producirse de
hecho, por resolución del juez o por acuerdo de partes.
La primera hipótesis tiene lugar, por ejemplo, cuando en razón
de haberse concedido un recurso de apelación, y remitido
el expediente a la cámara, no resulta materialmente posible realizar
actos procesales ante el juez inferior; cuando el juez ordenare
prueba de oficio con posterioridad al llamamiento de autos,
supuesto en el cual no se computan, a los efectos del plazo para
399
dictar sentencia, los días que requiere el cumplimiento de esa
prueba (art. 34, inc. 3º, párr. 6º), etcétera.
La suspensión de los plazos se produce por resolución judicial,
entre otros casos, en los de fallecimiento oincapacidad de alguna
de las partes que actuare personalmente (CPN, art. 43); en los de
fuerza mayor (conflagración, inundación, incendio, enfermedad
repentina, prisión de una de las partes) que hagan imposible la
realización del acto pendiente (CPN, art. 157, párr. 3º); etcétera.
La fijación convencional de plazos que prevé el art. 155, párr. 1º
CPN comprende, implícitamente, la suspensión de aquéllos por
acuerdo de partes. Una aplicación de tal modalidad se halla prevista
en el art. 375 con respecto al plazo de prueba. Cabe señalar, sin
embargo, que los apoderados no pueden acordar una suspensión
mayor de veinte días sin acreditar ante el juez o tribunal la
conformidad de sus mandantes (art. 157,párr. 1º).
En cuanto a la interrupción, puede operarse de acuerdo con las
mismas modalidades precedentementeexpuestas.
El plazo de caducidad de la instancia, v.gr., se interrumpe de
hecho a raíz de cualquier petición de las partes, o resolución o
actuación del juez, secretario u prosecretario administrativo que
tuviese por efecto impulsar el procedimiento (CPN, art. 311).
La interrupción de los plazos por resolución judicial puede tener
lugar en los mismos casos mencionados al tratar de la suspensión,
siempre que resulte acreditada la imposibilidad de obrar durante
todo el transcurso del lapso respectivo.
Finalmente, la interrupción de los plazos por acuerdo de partes
se configura toda vez que éstas, en uso de la facultad que les
concede el art. 155 CPN, resuelven neutralizar el tiempo
transcurrido desde que aquéllos han comenzado a correr.
f) Con respecto a la ampliación, establece el art. 158 CPN que
para toda diligencia que deba practicarse dentro de la República y
fuera del asiento del juzgado o tribunal, quedarán ampliados los
plazos legales a razón de un día por cada doscientos kilómetros o
fracción que no baje de cien.
g) Corresponde señalar, por último, que las disposiciones que el
CPN contiene en materia de plazos son aplicables tanto a las partes
400
como a los miembros del ministerio público y a los funcionarios que
a cualquier títulointervienen en el proceso (art. 159).
147. La forma de los actos procesales
La forma es la disposición mediante la cual el acto procesal
se exterioriza, saliendo del dominio puramenteintelectual de quien
lo cumple para penetrar en el ámbito de la realidad objetiva. Al
respecto es menester distinguir entre el modo de expresión y el
modo de recepción de la actividad procesal.
A) Modo de expresión. Impone, a su vez,
del lenguaje y del idioma de los actos procesales.
el
análisis
a) En lo que atañe al lenguaje que ha de utilizarse en el
cumplimiento de los actos procesales, el ordenamiento procesal
vigente adhiere, como se ha dicho (supra, nº 28), a la forma escrita.
Sólo
constituyeexcepción
a
esa
regla
el informe in
voce que autoriza el art. 264 CPN, y, naturalmente, la emisión de
declaraciones verbales que deben recibirse en audiencias, aunque
en ese último caso no cabe hablar de oralidad en sentido estricto,
sino de oralidad actuada.
b) En la realización de los actos procesales debe utilizarse
el idioma nacional. Cuando éste no fuere conocido por la persona
que deba prestar declaración, el juez o tribunal designará por sorteo
un traductor público; correspondiendo la designación de intérprete
cuando deba interrogarse a sordos, mudos o sordomudos que sólo
puedan darse a entender por lenguaje especializado (CPN, art.
115).
Tratándose de documentos en idioma extranjero, debe
acompañarse su traducción realizada por traductor público nacional
(CPN, art. 123).
debe emplearse exclusivamente tinta negra (RJN, art. 46),
encabezándose con laexpresión de su objeto (suma), el nombre de
quien lo presenta, su domicilio constituido y la enunciación precisa
de la carátula del expediente (id., art. 47). Las personas que actúen
por terceros deberán expresar, además, en cada escrito, el nombre
completo de todos sus representados y del letrado patrocinante si lo
hubiere (id., art. 47). Los abogados y procuradores deben indicar el
tomo y folio o el número de la matrícula de su inscripción (id., art.
46, párr. 3º).
Cuando
un
escrito
o
diligencia
fuere
firmado a
ruego del interesado, el secretario o el prosecretario administrativo
deberán certificar que el firmante, cuyo nombre expresarán, ha
sido autorizado para ello en su presencia o que la autorización ha
sido ratificada ante él (CPN, art. 119).
Se inserta aquí, como se adelantara, la problemática que genera
el uso de la generación electrónica deinstrumentos y de la firma
digital en el marco del proceso. Al respecto, son diferentes las
regulaciones que hoy encontramos en las jurisdicciones que
paulatinamente incorporan la cuestión a su orden normativo.
d) Asimismo, como arbitrio tendiente a facilitar la actuación
procesal de las partes, el art. 117 CPN establece que "podrá
solicitarse la reiteración de oficios o exhortos, desglose de poderes
o documentos, agregación de pruebas, entrega de edictos y, en
general, que se dicten providencias de mero trámite, mediante
simple anotación en el expediente, firmada por el solicitante". La
CSN dispuso, mediante acordada reglamentaria, que el secretario u
prosecretario administrativo deben poner cargo a dichas peticiones,
o suscribirlas junto con el solicitante (E.D., 21-40). Por su parte, la
CNCom. estableció además que aquéllas deben formularse en
forma concreta, con clara indicación de su fecha (E.D., 22-102).
Otra forma de simplificar la actividad procesal se halla prevista
por el art. 116 CPN, en virtud del cual "cuando para dictar
resolución se requiriese informe o certificado previo del secretario,
el juez los ordenará verbalmente".
c) Con respecto a la redacción de los escritos, el Código vigente
remite a las normas contenidas en el RJN (art. 118). En todos ellos
e) El art. 120 CPN, finalmente, exige acompañar copias no sólo
de los escritos de que deba darse vista o traslado y de sus
contestaciones, sino también de los que tengan por objeto ofrecer
401
402
pruebas, promoverincidentes y constituir nuevo domicilio, y de los
documentos con ellos agregados (ver infra, nº 148).
B) Modo de recepción: Se relaciona con los principios
de publicidad e inmediación, que fueren examinadossupra, nº 29 y
nº 33, pero involucra asimismo otros aspectos que se analizarán
seguidamente y que corresponde complementar con lo que se
dirá infra, nº 149.
a) Al pie de todo escrito el prosecretario administrativo debe
asentar una constancia, denominada cargo(CPN, art. 124), que
tiene por objeto dar fecha cierta a las peticiones formuladas en el
proceso y a las comunicaciones dirigidas al tribunal.
A diferencia de lo que dispone el art. 45 RJN, el CPN establece
que el escrito no presentado dentro del horario judicial del día en
que venciera un plazo, sólo podrá ser entregado válidamente en la
secretaría que corresponda el día hábil inmediato y dentro de las
dos primeras horas del despacho (art. 124). Se ha reemplazado, en
consecuencia, el sistema del cargo fuera de las horas de oficina,
por un plazo de gracia instituido a favor de los propios litigantes y
profesionales.
El art. 124 CPN prescribe, también, que si la Corte Suprema o
las cámaras de apelaciones hubiesen dispuesto que la fecha y hora
de presentación de los escritos se registre con fechador mecánico,
el cargo quedará integrado con la firma del secretario o del
prosecretario administrativo a continuación de la constancia del
fechador.
b) El art. 125 del CPN, relativo a las audiencias en general,
dispone en el inc. 1º (conforme a la redacción que le imprimió la ley
25.488) que aquéllas "serán públicas, bajo pena de nulidad, pero el
tribunal podrá resolver, aunde oficio, que total o parcialmente, se
realicen a puertas cerradas cuando la publicidad afecte la moral, el
orden público, la seguridad o el derecho a la intimidad" y que "la
resolución, que será fundada, se hará constar en el acta". Pero más
allá del escaso o nulo interés que puede despertar una audiencia
celebrada en juicio civil, es sabido que las instalaciones que al
efecto poseen los edificios judiciales apenas permiten, con mínima
comodidad, la presencia de las partes, de sus auxiliares, del
declarante y del funcionario encargado de documentar la audiencia,
403
que es el auxiliar a quien generalmente, con la aquiescencia tácita
de las partes y de sus letrados o apoderados, se delega de hecho la
recepción de las manifestaciones y declaraciones que se emiten en
las audiencias. De allí, asimismo, que siendo relativa la nulidad a la
que se alude en el inciso inicial del art. 125, jamás se declara
porque las partes no denuncian la irregularidad.
El inc. 2º de la norma citada prescribe que las audiencias "serán
señaladas con anticipación no menor de tres días, salvo por
razones especiales que exigieren mayor brevedad, lo que
debe expresarse en la resolución", y que siempre "que proceda la
suspensión de un audiencia (v.gr., por el excesivo número de
declarantes o de losinterrogatorios), se fijará, en el acto, la fecha de
su reanudación, de modo que los presentes quedan notificados en
ese momento y resulta innecesaria una nueva resolución y su
notificación".
El inc. 3º del art. 125 dispone que "las convocatorias se
considerarán hechas bajo apercibimiento de celebrarse con
cualquiera de las partes que concurra" y el inc. 4º agrega que
"empezarán a la hora designada" y "los citados sólo tendrán
obligación de esperar treinta minutos, transcurridos los cuales
podrán retirarse dejando constancia en el libro de asistencia".
Finalmente el inc. 5º determina que "el secretario levantará acta
haciendo una relación abreviada de lo ocurrido y de lo expresado
por las partes. El acta será firmada por el secretario y las partes,
salvo cuando alguna de ellas no hubiera querido o podido firmar" y
que "el juez firmará el acta cuando hubiera presidido la audiencia".
En relación, en particular, con las audiencias de prueba, el inc.
6º del art. 125 dispone, de acuerdo con la redacción que le imprimió
la ley 25.488, que aquéllas "serán documentadas por el Tribunal. Si
éste así lo decidiere, la documentación se efectuará por medio de
fonograbación. Ésta se realizará en doble ejemplar, uno de los
cuales se certificará y conservará adecuadamente hasta que la
sentencia quede firme; el otro ejemplar quedará a disposición de las
partes para su consulta. Las partes que aporten su propio material
tendrán derecho a constancias similares en la forma y condiciones
de seguridad que establezca el tribunal de superintendencia. Estas
constancias carecerán de fuerza probatoria. Los tribunales de
alzada, en los casos de considerarlo necesario para la resolución
404
de los recursos sometidos a su decisión podrán requerir la
transcripción y presentación de la fonograbación, dentro del plazo
que fijen al efecto a la parte que propuso el medio de prueba de que
se trate o a la que el propio tribunal decida, si la prueba fuere
común".
El inc. 7º del art. 125 dispone, a su turno, en su actual versión,
que "en las condiciones establecidas en elinciso anterior, el tribunal
podrá decidir la documentación de las audiencias de prueba por
cualquier otro medio técnico".
En punto a la celeridad del juicio tal vez sean los incisos
transcriptos, así como los preceptos regulatorios de las
notificaciones expresas, que se analizarán más adelante, las
normas que revisten mayor importancia y acaso también las únicas
que justificaron la reforma resultante de la ley 25.488.
Al preverse, en efecto, la fonograbación, no sólo se ahorra el
tiempo utilizado por el escribiente para transcribir las declaraciones
y manifestaciones vertidas en las audiencias, sino que, además, se
logra la genuina versión de lo expresado en ellas, muchas veces
desvirtuada a causa de errores sintácticos e incluso ortográficos.
Hoy la videograbación de audiencias es una de las prácticas
que integra el ámbito más amplio del proceso electrónico y se
encuentra en curso de implementación en algunas jurisdicciones del
país (ver el caso de la Provincia de Buenos Aires, mediante
la resolución 1904/2012 de la Suprema Corte de Justicia).
CAPÍTULO XII - ACTOS PROCESALES (CONT.)
SUMARIO: I. ACTOS
DE
TRANSMISIÓN
Y
DE
DOCUMENTACIÓN: 148. Actos
de transmisión.— 149. Actos de
documentación.—
II. RESOLUCIONES
JUDICIALES: 150. Concepto y
clasificación.— 151. Requisitos.—
III. NULIDADES PROCESALES:
152. Concepto.— 153. Nulidad
e inexistencia.— 154.
Presupuestos.— 155. Formas de
alegar la nulidad.— 156. Efectos
de las nulidades.
§ I. ACTOS DE TRANSMISIÓN Y DE DOCUMENTACIÓN(1)
148. Actos de transmisión
Corresponde incluir en esta categoría a los traslados, vistas,
oficios, exhortos y notificaciones.
A) Traslados: a) Llámanse traslados a las providencias mediante
las cuales el juez o tribunal resuelve poner en conocimiento de una
de las partes alguna petición formulada por la otra.
405
406
El art. 120 CPN prescribe que de todo escrito de que deba darse
vista o traslado y de sus contestaciones, y de los documentos con
ellos agregados, deberán acompañarse tantas copias firmadas
como partes intervengan, salvo que hayan unificado la
representación (o cuando, según la jurisprudencia, actúen de hecho
en forma conjunta).
En su redacción anterior a la reforma que le introdujo la ley
22.434, el art. 120 disponía que si no se cumplía con el requisito de
acompañar copias, ni se subsanaba la omisión dentro del día
siguiente, debía tenerse por no presentado el escrito o el
documento, en su caso, correspondiendo que se dispusiera su
devolución
alinteresado.
La
norma
engendró
criterios
jurisprudenciales divergentes, por cuanto mientras algunos fallos,
ateniéndose a una exégesis estrictamente literal, consideraron que
si no se subsanaba la omisión dentro del día siguiente al de la
presentación del escrito o documento correspondía, sin más, su
devolución, otros, acertadamente, estimaron que, de conformidad
con el art. 34, inc. 4º, el hecho de que la norma citada descarte la
necesidad de la intimación previa no implica que el plazo de
subsanación deba computarse al margen de lo dispuesto en el art.
156, párr. 1º, y que, por lo tanto, aquél debía comenzar a contarse
desde la fecha en que, por la aplicación del art. 133, quedaba
notificada, por ministerio de la ley, la providencia dictada a raíz de la
presentación del escrito.
La ley 22.434 adhirió a esta última solución, pues dispone que
"se tendrá por no presentado el escrito o documento, según el caso,
y se devolverá al presentante, sin más trámite ni recurso, salvo la
petición ante el juez que autoriza el art. 38, si dentro de los dos días
siguientes a los de la notificación, por ministerio de la ley, de la
providencia que exige el cumplimiento del requisito establecido en
el párrafo anterior, no fuera suplida la omisión".
Corresponde señalar que, si por inadvertencia del juzgado se
corre traslado de un escrito al cual no se han agregado las copias
pertinentes, la parte a quien incumbe contestarlo debe
requerir expresamente, dentro del plazo establecido para la
contestación, que se suspenda dicho plazo y se exija el
cumplimiento del requisito analizado. En el caso contrario debe
tenerse por consentida la providencia irregular y dar por decaído el
derecho de evacuar el traslado, si éste no hubiese sido contestado.
Puede ocurrir, asimismo, que pese a la circunstancia de haberse
acompañado las copias, se omita su entrega al interesado en el
acto de la notificación. En tal hipótesis corresponde disponer
la suspensión del plazo hasta tanto se haga efectiva la entrega.
407
408
b) Las copias pueden ser firmadas indistintamente por las
partes, sus apoderados o letrados que intervengan en el juicio.
Deben, asimismo, glosarse al expediente, salvo que por su
volumen, formato u otras características resulte dificultoso
o inconveniente, en cuyo caso corresponde conservarlas
ordenadamente en la secretaría. Sólo pueden entregarse a la
parte interesada, su apoderado o letrado que intervenga en el juicio,
con nota de recibo. Cuando deben agregarse a cédulas, oficios
o exhortos, las copias deben desglosarse, dejándose constancia de
esa circunstancia. Finalmente, a la reglamentación de
superintendencia corresponde determinar los plazos durante los
cuales deben conservarse las copias glosadas al expediente o
reservadas en la secretaría (norma citada). Dichos plazos han sido
establecidos para los fueros federal, civil y comercial en sesenta
días para ambas instancias (Acordada del 18-XII-67; RJC, art. 188 y
Acordada del 15 de diciembre de 1967, respectivamente).
No es obligatorio acompañar la copia de documentos cuya
reproducción resulte dificultosa por su número,extensión o cualquier
otra razón atendible, siempre que así lo resuelva el juez a pedido
formulado en el mismo escrito. En tal caso, el juez debe arbitrar las
medidas necesarias para obviar a la otra u otras partes
losinconvenientes derivados de la falta de copias (art. 121).
Entre las medidas que tienden a allanar tales inconvenientes
pueden citarse las consistentes en la entrega de la documentación
a la parte interesada, previa individualización, o en la ampliación del
plazo del traslado.
Asimismo, cuando con una cuenta se acompañan libros, recibos
o comprobantes, es suficiente que éstos se presenten numerados y
se depositen en secretaría para que la parte o partes interesadas
puedan consultarlos (art. 121).
Finalmente, el art. 122 CPN dispone que en el caso de
acompañarse expedientes administrativos deberá ordenarse su
agregación sin el requisito de acompañar las copias.
En este terreno, es necesario hacer referencia a la Resolución
3909/2010 de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, con el
siguiente contenido: "1º) Establecer que, cuando la documentación
que se adjunta a una cédula de notificación supere las cincuenta
hojas, deberá ser remitida en soporte magnético o, en su defecto,
quedará reservada en el tribunal de origen —dejando debida
constancia en el texto de la cédula— para ser retirada por los
letrados de las partes. 2º) Disponer que —pasados sesenta días de
la publicación de la presente— la falta de cumplimiento del citado
requisito habilitará a la Dirección General de Notificaciones a
devolver, sin más trámite, al tribunal de origen la documentación
que exceda las cincuenta fojas, a efectos de que sea retirada por
las partes. En ese caso, el tribunal deberá comunicar a las partes
dicha circunstancia".
c) En cuanto al plazo para contestar vistas y traslados, es
de cinco días, salvo disposición en contrario de la ley (CPN, art.
150). Dispone asimismo dicho artículo que todo traslado o vista se
considerará decretado en calidad de autos, debiendo el juez o
tribunal dictar resolución sin más trámite. El texto de la norma indica
claramente que una vez contestado el traslado o vencido el plazo
respectivo no procede el llamamiento de autos, debiendo resolverse
la cuestión planteada sin necesidad de ningún otro trámite.
Además, con motivo de la reforma que le introdujo la ley
22.434, prescribe el art. 150, en su párrafo final, que "la falta de
contestación del traslado no importa consentimiento a las
pretensiones de la contraria", consagrando el principio de que el
mero silencio de la parte carece de aptitud para vincular al juez a
los términos de una petición que puede contrariar el orden jurídico
vigente.
B) Vistas. Las vistas tienen, fundamentalmente, la misma
finalidad que los traslados, y el CPN, en su versión originaria, las
utilizaba cuando la aprobación judicial de un acto de parte (v.gr.
presentación de una liquidación, arts. 503 y 504) se hallaba
supeditada a la conformidad de la otra, o cuando ambas partes
409
debían ser oídas respecto de un acto ejecutado por un tercero (v.gr.
una tasación, art. 569).
También se confiere vista a los ministerios públicos en los casos
en que éstos debían emitir dictámenes sobre alguna
cuestión involucrada en el proceso.
La ley 25.488 abandonó la discutible distinción entre vistas y
traslados que formulaba la ley 22.434 sobre la base de que se
confieran, respectivamente, a los magistrados y funcionarios a las
partes, y aparentemente se atuvo al criterio más arriba expuesto.
El CPN establece que en los juicios de divorcio, separación
personal y nulidad de matrimonio sólo se dará vista a los
representantes del ministerio público en los siguientes casos: 1º)
Luego de contestada la demanda o la reconvención; 2º) Una vez
vencido el plazo de presentación de los alegatos; y 3º) Cuando se
planteare alguna cuestión vinculada a la representación que
ejercen. En este último supuesto la vista será conferida por
resolución fundada del juez (art. 151).
En los procesos indicados, por lo tanto, se limita la intervención
de
dichos
funcionarios
a
los
casos
específicamente
enumerados, aunque se deja a salvo la posibilidad de que el juez
pueda ordenar otras vistas fuera de las mencionadas, siempre
que existiere fundamento para ello.
C) Oficios: Son las comunicaciones escritas que los jueces
nacionales pueden cursar: 1º) A otros del mismo carácter (CPN,
art. 131) a fin de encomendarles el cumplimiento de alguna
diligencia (recepción de pruebas, notificaciones, etc.), o de
requerirles informes sobre el estado de una causa o la remisión de
algún expediente,aunque en la actualidad la ley 22.172, aprobatoria
del convenio celebrado entre la Nación y la provincia de Santa
Fe —al cual han adherido las restantes provincias—, erige al oficio
en el medio de comunicación normal entre todos los jueces de la
República, sean nacionales o provinciales; 2º) A los funcionarios del
Poder Ejecutivo que enumera el art. 38, inc. 1º CPN (Presidente de
la Nación, ministros y secretarios del Poder Ejecutivo), con el objeto
de pedirles informes o la remisión de actuaciones administrativas.
Dispone el art 1º del convenio aprobado por la citada ley
22.172, que "la comunicación entre los tribunales de distinta
jurisdicción territorial se realizará directamente por oficio, sin
410
distinción de grado o clase, siempre que ejerzan la misma
competencia en razón de la materia".
Dicho ordenamiento establece asimismo que el oficio no
requiere legalización y debe contener: 1º) Designación y número del
tribunal y secretaría y nombre del juez y del secretario; 2º) Nombre
de las partes, objeto o naturaleza del juicio y el valor pecuniario,
si existiera; 3º) Mención sobre la competencia del tribunal oficiante;
4º) Transcripción de las resoluciones que deban notificarse o
cumplirse, y su objeto claramenteexpresado si no resultare de la
resolución transcripta; 5º) Nombre de las personas autorizadas
para intervenir en el trámite; 6º) El sello del tribunal y la firma del
juez y del secretario en cada una de sus hojas (art. 3º).
D) Exhortos: Denomínanse exhortos o cartas rogatorias a las
comunicaciones escritas que los jueces nacionales dirigen a los
jueces provinciales (art. 131) con el objeto de requerirles el
cumplimiento de determinadas diligencias (notificaciones, recepción
de pruebas, medidas cautelares, etc.), o para hacerles conocer
resoluciones adoptadas con motivo de una cuestión de
competencia planteada por vía de inhibitoria,aunque en virtud de lo
dispuesto en el mencionado convenio, cabe interpretar que
el exhorto sólo es utilizable en esta última hipótesis. En cambio,
debe emplearse el exhorto en las comunicaciones dirigidas
a autoridades judiciales extranjeras (art. 132).
Ante la ausencia de normas expresas en el Código derogado
algunos fallos admitieron, por razones de economía procesal, que
los jueces de la Capital Federal se dirigiesen directamente
por exhorto a autoridades judiciales de inferior jerarquía con
jurisdicción en otras circunscripciones territoriales, evitándose de tal
manera el doble trámite que implica la comunicación al juez de la
misma clase cuando no es a éste a quien corresponde el
cumplimiento
de
la
medida
encomendada.
El
CPN
admite expresamente tal solución con respecto a las
comunicaciones dirigidas a los jueces de paz y alcaldes de
provincias (art. 3º, párr. 2º).
Los oficios o exhortos pueden entregarse al interesado, bajo
recibo en el expediente, o remitirse por correo, siendo admisible
que, en los casos urgentes, se expidan o anticipen
telegráficamente. Asimismo, debe dejarse copia fiel en
411
el expediente de todo exhorto u oficio que se libre (CPN, art. 131,
párrs. 2º y 3º). De acuerdo con sendas Acordadas de las cámaras
en lo federal y en lo comercial, dichas copias deben presentarse en
papel de calidad que permita su conservación, ser legibles y estar
firmadas por el profesional interviniente.
Finalmente el art. 132 CPN tras disponer, como se ha visto, que
las comunicaciones dirigidas a autoridades judiciales extranjeras
debe hacerse mediante exhorto, agrega que se dará cumplimiento a
las medidas solicitadas por dichas autoridades "cuando de la
comunicación que así lo requiera resulte que han sido dispuestas
por tribunales competentes según las reglas argentinas de
jurisdicción internacional y siempre que la resolución que las ordene
no afecte principios de orden público del derecho argentino. En su
caso, se aplicarán los demás recaudos establecidos en los tratados
y acuerdos internacionales, así como la reglamentación de
superintendencia". El juez requerido, por lo tanto, puede denegar el
diligenciamiento del exhorto si la jurisdiccióninternacional le
pertenece de manera exclusiva o si el objeto de la rogatoria (no así,
en principio, el del proceso tramitado en el extranjero), compromete
principios de orden público vigentes en el derecho argentino (v.gr.
diligenciamiento de una prueba que afecte la libertad, la moral o las
buenas costumbres).
E) Notificaciones. Las notificaciones son los actos mediante los
cuales se pone en conocimiento de las partes, o de terceros, el
contenido de una resolución judicial. Tienen por objeto,
fundamentalmente, asegurar la vigencia del principio de
contradicción y establecer un punto de partida para el cómputo de
los plazos.
A grandes rasgos, las modificaciones pueden clasificarse
en expresas o fictas según que, respectivamente, configuren un
efectivo acto de transmisión o éste se presuma verificado.
Entre las notificaciones expresas el CPN regula las realizadas
personalmente en el expediente o mediante cédula, acta notarial,
telegrama con copia certificada y aviso de entrega, carta documento
con aviso de entrega, edictos, radiodifusión y televisión.
Debería incluirse en este elenco —como notificación expresa—
la notificación electrónica dispuesta por la acordada 31/2011 por la
Corte Suprema de Justicia de la Nación.
412
Son en cambio notificaciones fictas la automática o por
ministerio de la ley, y las resultantes del retiro delexpediente o de
las copias de escritos agregados a aquél (notificación tácita).
a)
La
notificación automática
o ministerio
legis (antes
denominada notificación "por nota") es la que verifica determinados
días prefijados por la ley, aun en el supuesto de que,
por incomparecencia de la parte, ésta no haya tomado un efectivo
conocimiento de la resolución de que se trate.
El fundamento de tal sistema, que constituye la regla en materia
de notificaciones, reside en la imposibilidad de conminar a las
partes para que comparezcan a notificarse personalmente, y en la
necesidad de evitar las dilaciones que trae aparejada la notificación
por cédula.
El art. 133 del CPN (modificado por la ley 25.488) prescribe
sobre el particular que, salvo los casos en que procede la
notificación por cédula, y sin perjuicio de lo dispuesto frente a la
hipótesis de notificación tácita (es decir por retiro del expediente o
de copias), "las resoluciones judiciales quedarán notificadas en
todas lasinstancias los días martes y viernes", y "si uno de ellos
fuere feriado la notificación tendrá lugar el siguiente día de nota" (o
sea el siguiente martes o viernes). Agrega la norma que "no se
considerará cumplida tal notificación" "si el expediente no se
encontrare en el tribunal" o "si hallándose en él, no se exhibiere a
quien lo solicita y se hiciera constar tal circunstancia en el libro de
asistencia" "que deberá llevarse a ese efecto". Asimismo el
precepto considera incurso en falta grave al prosecretario
administrativo que no mantenga a disposición de los litigantes o
profesionales el libro mencionado.
De acuerdo, pues, con este régimen, toda providencia que no
deba notificarse por cédula se considera notificada desde el primer
día martes o viernes subsiguiente a aquel en que fue dictada, de
modo
que
si
la
providencia
se
dicta
un
lunes
queda automáticamente notificada el martes o si se dicta un
miércoles o jueves tal efecto se opera el día viernes.
Mientras que en su anterior versión el art. 133 disponía que si
algún martes o viernes fuese feriado la notificación se tendría por
verificada el siguiente día hábil, la ley 25.488 prescribe que frente a
tal hipótesis la notificación se tendrá por cumplida el siguiente "día
413
de nota", o sea el siguiente martes o viernes. No alcanza sin
embargo a comprenderse la utilidad práctica de la reforma, la que
puede hallarse reñida con el principio de celeridad frente a los
casos en que el siguiente día de nota sea también feriado.
Prescribe asimismo el art. 133 que frente al supuesto de que
el expediente no se encuentre en secretaría o no se exhiba a quien
lo solicita, la notificación no se produce en esa fecha sino el día de
asistencia obligatoria posterior, siempre que el expediente se hallen
en secretaría o esté en condiciones de exhibirse, o la parte o la
persona autorizada omita dejar constancia de lo contrario.
Dicha constancia debe ser suscripta no sólo por el
compareciente sino también por el prosecretario administrativo, a
quienes incumbe autorizar y dar de ese modo autenticidad a las
diligencias, aun en el supuesto de que, por razones materiales, no
les sea posible asentarlas personalmente.
La carga de las partes de concurrir a la secretaría los días
establecidos por el art. 133 del CPN cesa cuando el expediente se
halla en condiciones de dictar sentencia.
Es también una notificación ficta, como se anticipara más arriba,
la notificación tácita, que se configura a través de dos variantes
previstas en el art. 134 del CPN (modificado por la ley 25.488). Una
consiste en el retiro del expediente realizado en los casos del art.
127 (es decir, alegar, practicar liquidaciones, etc.), hecho que
importa la notificación de todas las resoluciones. La otra variante,
más restringida, se opera a raíz del retiro de las copias de escritos
por partes, o su apoderado o su letrado, o persona autorizada en
el expediente, circunstancia que implica la notificación personal del
traslado que respecto del contenido de aquéllos se hubiere
conferido.
b) La notificación personal es aquella que tiene lugar en
el expediente, mediante diligencia extendida por el prosecretario
administrativo o jefe de despacho que, con indicación de fecha,
debe ser firmada por el interesado. Así lo dispone el art. 142 del
CPN (modificado por la ley 25.488), agregando, el art. 143 (también
modificado por dicha ley) que "en oportunidad de examinar
el expediente, el litigante que actuare sin representación o el
profesional que interviniera en el proceso como apoderado, estarán
obligados a notificarse expresamente en las resoluciones
414
mencionadas en el art. 135" (es decir de las que corresponde
notificar por cédula), y que, "si no lo hicieran, previo requerimiento
que les formulará el prosecretario administrativo o jefe de
despacho, o si elinteresado no supiere o no pudiere firmar, valdrá
como notificación la atestación acerca de tales circunstancias y la
firma de dicho empleado y la del secretario".
Se trata, como fácilmente se percibe, de un arbitrio encaminado
a evitar la notificación por cédula y a ahorrar, por ende, el tiempo
que insume su diligenciamiento, aunque en la práctica el precepto
ha caído virtualmente en desuso.
También constituye un caso de notificación personal la que debe
practicarse, como lo prescribe el art. 135 in fine, a los
representantes el ministerio público.
7º) La providencia que hace saber la devolución del expediente,
cuando no haya habido notificación de la resolución de alzada o
cuando tenga por objeto reanudar plazos suspendidos por
tiempo indeterminado.
c) La notificación por cédula es aquella que se practica en el
domicilio de la parte o de su representante, mediante las formas
que se analizarán más adelante.
De acuerdo con lo previsto en el art. 136 del CPN (modificado
por la ley 25.488), sólo se notificarán personalmente o por cédula
las siguientes resoluciones:
12) Las que se dicten como consecuencia de un acto procesal
realizado antes de la oportunidad que la ley señala para su
cumplimiento.
1º) La que dispone el traslado de la demanda, de la
reconvención y de los documentos que se acompañen con sus
contestaciones.
8º) La primera providencia que se dicte después que
un expediente haya vuelto del archivo de los tribunales, o haya
estado paralizado o fuera de secretaría más de tres meses.
9º) Las que disponen vista de liquidaciones.
10) La que ordena el traslado del pedido de levantamiento de
embargo sin tercería.
11) La que dispone la citación de personas extrañas al proceso.
13) Las sentencias definitivas y las interlocutorias con fuerza de
tales y sus aclaratorias con excepción de las que resuelvan
caducidad de la prueba por negligencia.
14) La providencia que deniega los recursos extraordinarios.
2º) La que dispone correr traslado de las excepciones y la que
las resuelva.
15) La providencia que hace saber el juez o tribunal que va a
conocer en caso de recusación, excusación o admisión de
la excepción de incompetencia.
3º) La que ordena la apertura a prueba y designa audiencia
preliminar conforme al art. 360.
16) La que dispone el traslado del pedido de caducidad de
la instancia.
4º) La que declare la cuestión de puro derecho, salvo que ello
ocurra en la audiencia preliminar.
17) La que dispone el traslado de la prescripción en los
supuestos del art. 346, párrafos segundo y tercero.
5º) Las que se dicten entre el llamamiento para la sentencia y
ésta.
18) Las demás resoluciones de que se haga mención expresa
en la ley o determine el Tribunalexcepcionalmente, por resolución
fundada.
No corresponde notificar mediante cédula las decisiones
dictadas en la audiencia preliminar a quienes se hallaren presentes
o debieron encontrarse en ella.
6º) Las que ordenan intimaciones, o apercibimientos no
establecidos directamente por la ley, hacen saber medidas
cautelares o su modificación o levantamiento, o disponen la
reanudación de lazos suspendidos por tiempo indeterminado, o
aplican correcciones disciplinarias.
415
416
La cédula constituye un documento que consta de un original y
de una copia, y que debe contener las siguientes enunciaciones:
5º) El objeto, claramente expresado, si no resulta de la
resolución transcripta.
En el caso de acompañarse copias de escritos o documentos, la
cédula deberá contener detalle preciso de aquéllas (CPN, art. 135,
modificado por la ley 25.488).
Las cédulas son firmadas por el letrado patrocinante de la parte
que tenga interés en la notificación o por el síndico, tutor o
curador ad litem —o, en general, las personas encargadas de asistir
a una persona con restricciones a su capacidad de ejercicio—, en
su caso, quienes deben aclarar su firma con el sello
correspondiente. La presentación de la cédula en la secretaría
importa la notificación de la parte patrocinante o representada.
Deben en cambio ser firmadas por el secretario o prosecretario las
cédulas que notifiquen medidas cautelares o entrega de bienes, y
las correspondientes actuaciones en las que no intervenga letrado,
síndico, tutor o curador ad litem. Corresponde asimismo que sean
suscriptas por el secretario las cédulas que, por razones de
urgencia o por el objeto de la providencia el juez así lo disponga
(art. 137, modificado por ley 25.488).
La secretaría debe enviar las cédulas a la oficina de
notificaciones dentro de las veinticuatro horas, debiendo ser
diligenciadas y devueltas en la forma y en los plazos en que
disponga la reglamentación de superintendencia. La demora en su
agregación se considera falta grave del prosecretario administrativo
(CPN, art. 138 modificado por la ley 25.488). De conformidad con
las Acordadas dictadas por las cámaras en lo federal y en lo
comercial, dicho funcionario debe agregar las cédulas al expediente
en el plazo de cuarenta y ocho horas a partir de la devolución de
aquéllas al tribunal, siempre que el expediente se encuentre en
secretaría (ED, 21-165 y 22-101, respectivamente).
Cuando la diligencia deba cumplirse fuera de la ciudad asiento
del tribunal, una vez selladas deben devolverse en el acto, y previa
constancia en el expediente, al letrado o apoderado (CPN, art.
138 in fine, incorporado por laley 25.488).
En cuanto al procedimiento a observar para realizar la
notificación, el funcionario o empleado encargado de practicarla
dejará en el domicilio del interesado copia de la cédula haciendo
constar, con su firma, el día y la hora de la entrega. El original se
agregará al expediente con nota de lo actuado, lugar, día y hora de
la diligencia, debiendo aquélla estar suscripta por el notificador y
el interesado, salvo que éste se negare o no pudiere firmar, de lo
cual se dejará constancia (CPN, art. 140).
Cuando el notificador no encontrare a la persona a quien va a
notificar, entregará la cédula a otra persona de la casa,
departamento u oficina, o al encargado del edificio y procederá en
la misma forma que en el caso anterior. Así lo establece el art. 141
CPN, norma que, en su última parte, dispone que si no pudiere
entregar la cédula, el notificador la fijará en la puerta de acceso
correspondiente a esos lugares.
Según se advierte, el CPN ha simplificado sensiblemente el
procedimiento establecido en los arts. 38 y 39 del Código derogado,
eliminando requisitos que, como el consistente en requerir la
presencia de dos testigos cuando el notificado se negaba a firmar la
diligencia, carecían de todo fundamento en la realidad y se
prestaban a situaciones ficticias.
Corresponde puntualizar, asimismo, que la validez de la
notificación diligenciada con otra persona de la casa, departamento
u oficina, o con el encargado del edificio, se halla condicionada a la
circunstancia de que el notificador se cerciore previamente acerca
de la presencia de la persona a quien va a notificar.
Finalmente, dispone el art. 139 CPN que en los juicios relativos
al estado y capacidad de las personas, cuando deba practicarse la
notificación por cédula, las copias de los escritos de demanda,
contestación, reconvención y contestación de ambas, así como las
de otros escritos cuyo contenido pudiere afectar el decoro de quien
ha de recibirlas, serán entregadas bajo sobre cerrado. Igual
417
418
1º) Nombre y apellido de la persona a notificar, o designación
que corresponda, y su domicilio, con indicación del carácter de éste.
2º) Juicio en que se practica.
3º) Juzgado y secretaría en que se tramita el juicio.
4º) Transcripción de la parte pertinente de la resolución.
requisito debe observarse respecto de las copias de los
documentos agregados a dichos escritos. El sobre debe ser cerrado
por personal de secretaría, con constancia detallada de su
contenido.
suscriba aquélla deberá agregar a las actuaciones copia de la pieza
impuesta y la constancia de entrega (CPN, art. 144, modificado por
la ley 25.488).
d) Conforme a lo prescripto en el art. 136 del CPN en su versión
resultante de la ley 25.488, en todos los casos en que dicho
ordenamiento u otras leyes establezcan la notificación por cédula,
ella también podrá realizarse por acta notarial, telegrama con copia
certificada y aviso de entrega y carta documento con idéntico aviso
pero la notificación de los traslados de demanda, reconvención,
citación de personas extrañas al juicio, la sentencia definitiva y
todas aquellas que deban efectuarse con entrega de copias (salvo
los indicados, las restantes vistas y traslados y los escritos
constituyendo nuevo domicilio), deben efectuarse únicamente por
cédula o acta notarial, y sin perjuicio de la facultad reglamentaria
concedida a la Corte Suprema de Justicia,aunque la norma aclara
que debe tenerse por cumplida la entrega de copias si se transcribe
su contenido en la carta documento o telegrama. Asimismo, los
gastos que arrojen tales notificaciones integrarán la condena en
costas.
La elección del medio de notificación debe realizarse por los
letrados, sin necesidad de manifestación alguna en el expediente, y
ante el fracaso de una diligencia de notificación no será necesaria la
reiteración de la solicitud del libramiento de una nueva, la
que incluso podrá ser intentada por otra vía.
Los medios de comunicación analizados deben contener las
mismas enunciaciones de las cédulas y firmarse por las personas
mencionadas en el art. 137 o por el notario, en su caso.
La notificación por acta notarial debe diligenciarse mediante el
mismo procedimiento aplicable al diligenciamiento de las cédulas
(arts. 140 y 141), con prescindencia naturalmente, de
la intervención de la oficina de notificaciones.
Por otra parte, la presentación del telegrama o carta documento
en la oficina de correos, o el requerimiento al notario, importará la
notificación de la parte patrocinada o representada (art. 137, párrafo
octavo) y, asimismo, cuando se notifique mediante telegrama o
carta documento certificada con aviso de recepción, la notificación
será la de la constancia de la entrega al destinatario, y quien
e) La notificación por edictos es aquella que se practica
mediante publicaciones por la prensa, tendientes a hacer conocer
una resolución judicial a alguna persona incierta o cuyo domicilio se
ignore.
Ejemplos del primer supuesto (personas acerca de
cuya existencia no media certeza) son el del juicio de mensura, en
el que una vez presentada la solicitud el juez debe citar a quienes
tuvieran interés en ella (CPN, art. 661); el de la demanda por cobro
de impuestos cuando se ignora el nombre del propietario
del inmueble afectado por el gravamen y tampoco consta en los
registros; etcétera. Un ejemplo corriente del segundo supuesto se
da cuando conociéndose la existencia de los sucesores del deudor
o de un litigante que ha fallecido, se ignoran sus nombres o
domicilios.
Dispone el art. 145 CPN, refiriéndose a la notificación por
edictos, que, además de los casos determinados en el Código,
procederá "cuando se tratare de personas inciertas o cuyo domicilio
se ignorase". Exige también dicha norma que, en este último caso,
"la parte deberá manifestar bajo juramento que ha realizado sin
éxito gestiones tendientes a conocer el domicilio de la persona a
quien se deba notificar". Esta disposición innova en relación con el
régimen vigente con anterioridad, en tanto no exige la justificación
previa y sumaria de que se realizaron sin éxito las gestiones
tendientes a conocer el domicilio de la persona a quien corresponda
notificar, sustituyendo el cumplimiento de esa carga, que se
prestaba a dilaciones innecesarias, por la manifestación bajo
juramento acerca de la realización infructuosa de tales gestiones.
La norma citada agrega que si resultara falsa la afirmación de la
parte que dijo ignorar el domicilio, o que pudo conocerlo empleando
la debida diligencia, se anulará a su costa todo lo actuado con
posterioridad, y será condenada a pagar una multa cuyo importe
aquélla establece entre un mínimo y un máximo. El CPN dispone,
asimismo, que "la publicación de los edictos se hará en el Boletín
Oficial y en un diario de los de mayor circulación del lugar del último
domicilio del citado, si fuere conocido, o, en su defecto, del lugar del
419
420
juicio, y se acreditará mediante la agregación al expediente de un
ejemplar de aquéllos". Si no existieren diarios en esos lugares, "la
publicación se hará en la localidad más próxima que los tuviera, y el
edicto se fijará, además, en la tablilla del juzgado y en los sitios que
aseguren su mayor difusión". En el proceso sucesorio, sin embargo,
cuando los gastos que demande la publicación sean
desproporcionados con la cuantía del juicio, las notificaciones
pueden practicarse en la tablilla del juzgado (art. 146).
Los edictos deben contener, en forma sintética, las mismas
enunciaciones de las cédulas, con transcripción sumaria de la
resolución; su número será el que en cada caso determine el
Código y la resolución que se haga conocer por este medio se
tendrá por notificada al día siguiente de la última publicación. La
Corte Suprema puede disponer la adopción de textos uniformes
para la redacción de los edictos, y el Poder Ejecutivo ordenar que
aquellos a los que corresponda un mismo texto se publiquen
en extractos, agrupados por juzgados y secretarías, encabezados
por una fórmula común (CPN, art. 147).
f) El CPN incorporó, como novedad en el orden nacional,
la notificación por radiodifusión, y si bien el sistema ya había sido
adoptado por algunos Códigos provinciales, en la práctica,
particularmente por su elevado costo, no se lo utiliza. La ley
25.488 agregó, sin embargo, la notificación por televisión.
Dicha notificación procede, a pedido del interesado, en todos los
casos en que el Código autoriza la publicación de edictos. Las
transmisiones se harán en el momento y por el medio que
determine la reglamentación de superintendencia, y "la diligencia se
acreditará agregando al expediente certificación demanda de la
empresa radiodifusora o de televisión en la que constará el texto del
anuncio, que deberá ser el mismo que el de los edictos, y los días y
horas en que se difundió". Al igual que en los supuestos de los
edictos, la resolución se tendrá por notificada al día siguiente de la
última transmisión radiofónica o televisiva. En cuanto a los gastos
que irrogue esta forma de notificación, quedan incluidos en la
condena en costas (CPN, art. 148, modificado por la ley 25.488).
Como se explicó precedentemente, cada una de las distintas
formas de notificación está sujeta al cumplimiento de determinados
requisitos. El incumplimiento de los recaudos que en cada
421
caso exige el CPN, "siempre que la irregularidad fuere grave e
impidiere al interesado cumplir oportunamente los actos procesales
vinculados a la resolución que se notifica", trae aparejada la nulidad
de la notificación (art. 149, párr. 1º). Esta norma ha perfeccionado el
texto del art. 149 en su versión anterior a la ley 22.434, siendo
suficientemente clara en el sentido de que el vicio emergente de
la inobservancia de los requisitos legales no determina, por su sola
configuración, la declaración de nulidad, pues ello contrariaría el
principio establecido por el art. 169, párr. 3º CPN, en cuya virtud
es inadmisible dicha declaración "si el acto, no obstante su
irregularidad, ha logrado la finalidad a que estaba destinado" (infra,
nº 154).
Una aplicación específica del mencionado principio general lo
constituye precisamente el párr. 2º del art. 149 en tanto dispone que
"cuando del expediente resultare que la parte ha tenido
conocimiento de la resolución, la notificación surtirá sus efectos
desde entonces".
El alcance de la responsabilidad del funcionario o empleado que
realizó la notificación al margen de los requisitos impuestos por la
ley también ha sido afectado por la reforma, pues mientras que de
acuerdo con el régimen anterior esa responsabilidad se contraía a
raíz de la simple irregularidad del acto, actualmente sólo es
susceptible de hacerse efectiva en el supuesto de declararse la
nulidad de la notificación, sin perjuicio, desde luego, de que puedan
aplicarse al oficial notificador sanciones disciplinarias menores de
las que corresponden en los casos de "falta grave".
En cuanto al pedido de nulidad debe tramitar por incidente,
aplicándose las normas de los arts. 173 y 172 (infra, nº 155).
Finalmente, debe señalarse que todas estas pautas relativas a
las validez de las notificaciones habrán de resultar de aplicación —
con las adaptaciones necesarias, a tenor del diferente formato y
soporte— en el campo de las notificaciones electrónicas (acordada
31/2011, CSN).
422
149. Actos de documentación
Los actos de documentación se exteriorizan a través de la
formación del expediente judicial, que constituye un legajo de
foliatura corrida en el cual se reúnen, en forma ordenada, todas las
actuaciones producidas por las partes, el juez y sus auxiliares y los
terceros. Como se señaló oportunamente (supra, nº 86), incumbe a
los secretarios la organización y el cuidado de los expedientes y
documentos que estuviesen a su cargo.
a) "Los expedientes —dispone el art. 54 RJN— serán
compaginados en cuerpos que no excedan de doscientas fojas,
salvo en los casos en que tal límite obligue a dividir escritos o
documentos que constituyen una sola pieza. Se llevarán bien
cosidos y foliados, con exclusión de broches metálicos, y estarán
provistos de carátulas en que se indique el nombre de las partes, la
naturaleza del juicio, el tomo y folio de su registro y el año de
su iniciación. Cuando los litigantes fuesen más de uno por parte, la
carátula podrá limitarse al nombre del primero de ellos con el
agregado 'y otros'".
b) "Los documentos —dice el art. 48 RJN— deberán ser
agregados a los autos en forma tal que sean legibles en su
totalidad".
Al respecto interesa señalar que, en razón del gran número
de expedientes judiciales desaparecidos, a los cuales, en muchos
casos, están agregados los instrumentos en que fundan sus
derechos los litigantes, la Corte Suprema dictó, con fecha 14 de
julio de 1959 (Fallos, 244-142), una Acordada que, en lo sustancial,
dispone: 1º) Los magistrados en la primera providencia de escritos
con los que se acompañen documentos, deberán disponer el
desglose de éstos para ser reservados en secretaría, pudiendo
prescindirse de la reserva cuando se trate de documentos
otorgados por duplicado, o la obtención de otro ejemplar no
estuviera supeditada a la voluntad de las partes contra las que el
documento se invoca, o de terceros; 2º) Los secretarios harán
constar, mediante nota asentada en el expediente, el cumplimiento
de la mencionada disposición; 3º) Las partes deberán acompañar
copia fotográfica o simple —firmada— de los documentos que
presenten, la que se agregará alexpediente en el lugar
423
correspondiente al original; 4º) Los documentos originales se
reservarán en lugar que asegure su debida custodia.
c) En lo que concierne a los llamados cuadernos de prueba,
cabe remitir a lo que se dirá infra, nº 206.
d) En las actas de las audiencias debe expresarse el nombre de
los asistentes destacándose con letra mayúscula el del absolvente
o testigo, y en sus referencias a interrogatorios, pliegos de
posiciones y documentos, hacerse constar la foja en que corren
agregados (RJC, art. 231).
e) Los desgloses de poder en los juicios en trámite deberán
hacerse con transcripción íntegra de ellos en elexpediente.
f) Los expedientes únicamente pueden ser retirados de la
secretaría, bajo la responsabilidad de los abogados, apoderados,
peritos o escribanos, en los siguientes casos: 1º) Para alegar de
bien probado, en el juicio ordinario; 2º) Para practicar liquidaciones
y pericias; partición de bienes sucesorios; operaciones de
contabilidad; mensura y deslinde; división de bienes comunes;
cotejo de documentos y redacción de escrituras públicas; 3º)
Cuando el juez lo dispusiere por resolución fundada. En los dos
últimos supuestos, el juez fijará el plazo dentro del cual deberán ser
devueltos. El Procurador General de la Nación, los procuradores
fiscales de la Corte Suprema y los procuradores fiscales de cámara
podrán también retirar los expedientes, en los juicios en que actúan
en representación del Estado nacional, para presentar memoriales
y expresar o contestar agravios (aunque este último párrafo carece
actualmente de virtualidad en razón de haberse suprimido la
representación estatal de dichos magistrados por la ley 24.946)
(CPN, art. 127).
Si vencido el plazo el expediente no es devuelto, quien lo retiró
es pasible de una multa fijada entre un mínimo y un máximo de
pesos por día de retardo, salvo que manifieste haberlo perdido (art.
128). En caso de comprobarse que la pérdida es imputable a
alguna de las partes o a un profesional, éstos son también pasibles
de una multa fijada en la misma forma, sin perjuicio de su
responsabilidad civil o penal (art. 130).
424
También dispone el citado art. 128 que cuando un expediente
fuere retenido por la parte que lo retiró, el secretario debe intimar
su inmediata devolución y si ésta no se efectuara, el juez mandará
secuestrar elexpediente con el auxilio de la fuerza pública, sin
perjuicio de remitir los antecedentes a la justicia penal.
En materia de reconstrucción de expedientes, el art. 129 CPN
dispone que una vez comprobada la pérdida, el juez debe ordenar
la reconstrucción conforme al siguiente procedimiento:
de que parte de esa información pueda ser consultada vía web
("mesas de entradas virtuales") son factores que—enmarcados en
el concepto amplio de "derecho procesal electrónico"— tienden a
una paulatina "despapelización" del trámite, acercándonos al
concepto de "expediente digital" (como correlato del "instrumento
digital"), con las ventajas que tal reemplazo de formato acarrea.
1º) El nuevo expediente se iniciará con la providencia que
disponga la reconstrucción.
2º) El juez intimará a la parte actora, o iniciadora de las
actuaciones, en su caso, para que dentro del plazo de cinco días
presente la copia de los escritos, documentos y diligencias que se
encontraren en su poder y correspondieren a actuaciones
cumplidas en el expediente perdido. De ella se dará traslado a la
otra u otras partes, por el mismo plazo, a fin de que se expidan
acerca de su autenticidad y presenten, a su vez, las que tuvieren en
su poder. En este último supuesto también se dará traslado a las
demás partes por igual plazo.
3º) El secretario agregará copia de todas las resoluciones
correspondientes al expediente extraviado que obren en los libros
del juzgado o tribunal, y recabará copias de los actos y diligencias
que pudieren obtenerse de las oficinas o archivos públicos.
4º) Las copias que se presentaren u obtuvieren serán
agregadas al expediente por orden cronológico.
5º) El juez podrá ordenar, sin sustanciación ni recurso alguno,
las medidas que considerare necesarias. Cumplidos los trámites
enunciados dictará resolución teniendo por reconstruido
el expediente.
Como ya se indicara, la recepción en el Código Civil y Comercial
de pautas normativas que otorgan validez ainstrumentos generados
digitalmente, permitiendo que la escritura y firma digital en tal
soporte sean válidas; los avances en las vías de comunicación
electrónica entre abogados, órganos de justicia, dependencias
públicas, etc.; la cada vez más difundida utilización de
sistemas informáticos de gestión de la tarea judicial, con posibilidad
425
§ II. RESOLUCIONES JUDICIALES(2)
150. Concepto y clasificación
a) El modo normal de terminación de todo proceso es el
pronunciamiento de la sentencia definitiva, que constituye el acto
mediante el cual el juez decide el mérito de la pretensión, y cuyos
efectos trascienden al proceso en que fue dictada, pues lo decidido
por ella no puede ser objeto de revisión en ningún otro proceso
(cosa juzgada).
b) Pero durante el transcurso del proceso, y con el objeto de
preparar o facilitar el pronunciamiento de la sentencia definitiva, el
juez debe dictar numerosas resoluciones, destinadas a producir
efectos únicamentedentro de aquél, y cuya adecuada clasificación
reviste singular importancia desde el doble punto de vista de las
formas en que deben dictarse y de los recursos que contra ellas
proceden.
c) El CPN divide a ese tipo de resoluciones en dos
categorías: providencias simples y sentenciasinterlocutorias.
Son providencias simples aquellas resoluciones que propenden
simplemente al desarrollo o impulso del proceso u ordenan actos de
mera ejecución (art. 160). Su característica primordial, mencionada
por dicha norma, reside en la circunstancia de que son dictadas sin
426
sustanciación, es decir, sin necesidad de instrucción o discusión
previas. Son ejemplos de interlocutorias simples la que tienen
por interpuesta una demanda, la que ordena la agregación de un
documento, la que dispone la apertura de la causa a prueba, la que
designa fecha para una audiencia; etcétera. Se trata, como se
advierte, de resoluciones que el juez puede dictar de oficio o
proveyendo a peticiones de las que no corresponde conferir
traslado a la otra parte.
Esta clase de resoluciones admite, a su vez, una
subclasificación, fundada en el hecho de que causen o nogravamen
irreparable.
Una providencia causa gravamen irreparable cuando, una vez
consentida, sus efectos no pueden subsanarse o enmendarse en el
curso ulterior del procedimiento. En esta categoría cabe incluir, por
ejemplo, a la resolución que dispone declarar la causa de puro
derecho o que aplica una sanción.
Importa señalar que las providencias simples son las únicas
resoluciones judiciales susceptibles del recurso de reposición o
revocatoria, siendo apelables solamente aquellas que causan
gravamen irreparable.
Denomínanse sentencias interlocutorias a las que resuelven
cuestiones que requieren sustanciación, planteadas durante el
curso del proceso (CPN, art. 161). Deciden, en otras palabras, todo
conflicto que se suscite durante el desarrollo del juicio, y se
diferencian de las providencias simples porque se dictan
previaaudiencia
de
ambas
partes.
Constituyen
sentencias interlocutorias aquellas que se pronuncian, por ejemplo,
sobre una excepción previa o sobre un incidente de nulidad, pues
en tales casos el juez no puede pronunciarse sin conferir traslado al
adversario de la parte que plantea la cuestión. Esta clase de
sentencias sólo son susceptibles del recurso de apelación.
d) El CPN se refiere, asimismo, en el art. 162, a las sentencias
que recaigan en los supuestos de desistimiento, transacción o
conciliación, pero lo hace al solo efecto de determinar las formas en
que deben dictarse, pues no se trata, en rigor, de una categoría de
resoluciones provistas de autonomía con relación a las sentencias
definitivas, de cuyos efectos participan.
427
151. Requisitos
a) Existen requisitos comunes a todas las resoluciones
judiciales, cualquiera que sea su naturaleza,incluyendo por lo tanto
a la sentencia definitiva. Revisten carácter extrínseco, y son los
siguientes:
1º) Su redacción por escrito (CPN, arts. 160, 161 y 163) y, como
es obvio, tratándose de instrumentos públicos, en idioma nacional
(Cód. Civ., art. 999).
2º) La indicación de la fecha y del lugar en que se dictan (CPN,
arts. 160, 161 y 163).
3º) La firma del juez, cuando se tratare de resoluciones dictadas
en primera instancia, o de los miembros del tribunal o del presidente
de éste según se trate, respectivamente, de sentencias (definitivas
o interlocutorias) o de providencias simples dictadas en
ulteriores instancias, con la salvedad que, con respecto a estas
últimas, hace el art. 160 (CPN, arts. 160, 161, 163, 164, 272 y 273).
Por lo que atañe a las providencias que corresponde suscribir a
los secretarios, prosecretarios administrativos y jefes de despacho,
cabe remitir a lo expuesto supra, nº 86 y nº 87.
b) En lo que respecta a los requisitos específicos a cada tipo de
resolución judicial, y reservando para más adelante la enunciación
de los referentes a las sentencias definitivas, interesa señalar que
las providencias simples no requieren otras formalidades que
su expresión por escrito, indicación de fecha y lugar, y la firma del
juez o presidente del tribunal. Sin embargo, ellas deben ser
motivadas cuando causan gravamen irreparable, porque en tal caso
entrañan, para el litigante afectado, la pérdida de una facultad
procesal.
En cuanto a las sentencias interlocutorias, deben contener,
aparte de los requisitos precedentemente señalados, los siguientes
(CPN, art. 161):
428
1º) Los fundamentos. Ello significa que deben apoyarse en los
hechos controvertidos en el respectivoincidente y en las normas
jurídicas que los rigen, respetando la jerarquía de las normas
vigentes y el principio de congruencia (art. 34, inc. 4º).
2º) La decisión expresa, positiva y precisa de las cuestiones
planteadas.
3º) El pronunciamiento sobre costas.
En lo que atañe, finalmente, a las sentencias dictadas con
motivo de un desistimiento, de una transacción o de una
conciliación, deben dictarse en la forma prevista para las
providencias simples o para las sentenciasinterlocutorias según
que, respectivamente, homologuen o no tales actos.
acto). De allí el término genérico que utiliza el art. 169, párr. 2º
CPN.
b) Constituye un principio suficientemente afianzado, el de
que todas las nulidades procesales son susceptibles de
convalidarse por el consentimiento expreso o presunto de las partes
a quienes perjudiquen. Noexisten por lo tanto en el proceso
nulidades absolutas; y no altera esta conclusión la circunstancia de
que la leyautorice a declarar de oficio la nulidad (CPN, art. 172),
pues la facultad acordada a los jueces en tal sentido juega en forma
paralela y concurrente con la carga de impugnación que incumbe a
la parte interesada en la declaración de nulidad, y no puede
ejercerse cuando ha tenido lugar la preclusión o renuncia de la
respectiva impugnación. De allí que la norma mencionada
condicione la declaración a la circunstancia de que "el vicio no se
hallare consentido".
§ III. NULIDADES PROCESALES(3)
153. Nulidad e inexistencia
152. Concepto
a) La nulidad procesal es la privación de efectos imputada a los
actos del proceso que adolecen de algún vicio en sus elementos
esenciales y que, por ello, carecen de aptitud para cumplir el fin al
que se hallen destinados.
Si bien en virtud de la trascendencia que revisten
las formas dentro del proceso, es usual que las leyes vinculen el
concepto de nulidad a la idea de quebrantamiento o violación de
algún requisito formal, no existen razones válidas que autoricen
a excluir, del concepto enunciado, aquellos vicios que afecten a los
requisitos propios de los restantes elementos del acto procesal
(falta de competencia del órgano o de capacidad de las partes,
vicios del consentimiento cuando ellos fueren invocables; ilicitud del
429
a) Frente a los actos procesales nulos (de nulidad relativa) sólo
corresponde diferenciar la categoría de los denominados actos
procesales inexistentes. Estos últimos, cuyo análisis ha sido objeto
de una abundante literatura, suelen caracterizarse como aquellos
actos que se hallan desprovistos de los requisitos
mínimosindispensables para su configuración jurídica, como serían,
en el ámbito procesal, la sentencia dictada por un funcionario ajeno
a la magistratura, o pronunciada oralmente, o carente de la parte
dispositiva, o provista de un dispositivo imposible o absurdo,
etcétera.
A diferencia de la nulidad, la inexistencia no apunta, como
advierte IMAZ, a la validez del acto, es decir a su coherencia con los
elementos y requisitos que la ley le impone, sino a su vigencia o
sea a la posibilidad de suefectivo acatamiento. Si este último resulta
impracticable significa que media, con respecto al acto, una repulsa
430
axiológica que lo priva de vigencia y lo descalifica como acto
jurídico existente.
b) El interés práctico de la distinción entre actos nulos
e inexistentes reside en la forma y plazo en que pueden o deben
repararse las consecuencias de unos y otros. Se ha interpretado, en
ese orden de consideraciones, que mientras la sentencia afectada
de nulidad es susceptible de convalidarse al tener lugar la
preclusión o renuncia de las impugnaciones que caben contra ella,
la sentencia inexistente carece de toda posibilidad de pasar
enautoridad de cosa juzgada, y si fuere necesario, puede ser objeto
de impugnación sin límite temporal alguno,incluso mediante el
ejercicio de una simple pretensión declarativa de la inexistencia.
154. Presupuestos
Son tres los presupuestos a que se halla condicionada la
declaración de nulidad: 1º) Existencia de un vicio en alguno de los
elementos del acto procesal; 2º) Demostración de interés jurídico en
la invalidación del acto, y de que la nulidad no es imputable a quien
pide su declaración; 3º) Falta de convalidación del acto viciado.
a) En relación con el primero de los presupuestos señalados, el
art. 169 CPN prescribe que "ningún acto procesal será declarado
nulo si la ley no prevé expresamente esa sanción. Sin embargo, la
nulidad
procederá
cuando
el
acto
carezca
de
los
requisitos indispensables para la obtención de su finalidad. No se
podrá declarar la nulidad, aun en los casos mencionados en los
párrafos precedentes, si el acto, no obstante su irregularidad, ha
logrado la finalidad a que estaba destinado".
La fórmula de la norma responde a la establecida por el art. 156
del Código italiano, y con anterioridad a la vigencia del CPN había
sido adoptada, en nuestro país, por los Códigos de Mendoza (art.
94-I), Jujuy (art. 179) ySanta Fe (art. 128, inc. 1º). La finalidad a que
tienden los requisitos de los actos procesales no es otra que la de
salvaguardar el adecuado ejercicio del derecho de defensa, de
431
modo que no puede haber declaración de nulidad cuando el acto
impugnado, pese a su irregularidad, exista o no expresa sanción de
ésta en la ley, no ha afectado el mencionado derecho.
b) No basta, sin embargo, para declarar la nulidad, que haya
mediado la violación de algún requisito del acto, si no resulta que tal
violación ha impedido al interesado ejercer sus facultades
procesales y si aquél no demuestra el perjuicio concreto que le
ha inferido el vicio que invoca. Si quien pide la nulidad, v.gr.,
no indica cuáles son las defensas o pruebas de que se vio privado
como consecuencia de los actos que impugna, aquélla carece de
finalidad práctica y su declaración no procede, pues no existe la
nulidad por la nulidad misma (pas de nullité sans grief). Por ello el
art. 172 CPN impone al impugnante la carga de expresar, al
promover el respectivoincidente, el perjuicio sufrido y el interés que
procura subsanar con la declaración de nulidad y mencionar, en su
caso, las defensas que no pudo oponer como consecuencia del
vicio alegado. El incumplimiento de dicha carga, por otra
parte, autoriza al juez a desestimar sin más trámite el pedido de
nulidad (art. 173).
Tampoco puede pedir la declaración de nulidad el litigante que
ha contribuido con su conducta a la producción del vicio. El art. 171
CPN consagra este principio en tanto dispone que "la parte que
hubiere dado lugar a la nulidad, no podrá pedir la invalidez del acto
realizado". Quien, por ejemplo, ha pedido expresamente que se
imprima a una cuestión un trámite determinado, a pesar de no ser
dicho trámite el adecuado, no puede sostener luego la nulidad de
aquél.
c) Finalmente, aun en el supuesto de concurrir los presupuestos
precedentemente analizados, la declaración de nulidad
es inadmisible si el interesado consintió, expresa o tácitamente, el
acto defectuoso. En consecuencia, cuando no se reclama el
pronunciamiento de la nulidad dentro de los plazos que la ley fija al
efecto, corresponde presumir que aquélla, aunque exista, no
ocasiona perjuicio, y que la parte ha renunciado a la impugnación,
convalidando de tal manera al acto de que se trate. Todo lo cual
obedece a razones de seguridad y de orden, porque como
dice COUTURE, "frente a la necesidad de obtener actos
432
procesales válidos y no nulos, se halla la necesidad de obtener
actos procesales firmes, sobre los cuales pueda consolidarse el
derecho".
El art. 170 CPN determina sobre el punto que "la nulidad no
podrá ser declarada cuando el acto haya sido consentido, aunque
fuere tácitamente, por la parte interesada en la declaración", y
agrega que "se entenderá que media consentimiento tácito cuando
no se promoviere incidente de nulidad dentro de los cinco días
subsiguientes al conocimiento del acto".
El "conocimiento" a que se refiere la norma transcripta puede
derivar de la intervención directa y posterior en el proceso, de una
notificación expresa, o de un acto realizado fuera de las
actuaciones (v.gr. el diligenciamiento de una medida cautelar).
155. Formas de alegar la nulidad
a) Existen en nuestro derecho cuatro formas para alegar la
nulidad de los actos procesales: el incidente, el recurso,
la excepción y la acción de nulidad.
b) El incidente constituye la única vía adecuada para plantear la
nulidad de cualquier acto procesal realizado en el curso de
la instancia, aun cuando, como consecuencia de un procedimiento
irregular, se haya dictado alguna resolución judicial (interlocutoria o
definitiva). Si, por ejemplo, en un juicio ejecutivo se dicta sentencia
de remate habiéndose omitido citar de remate al deudor, la nulidad
resultante de tal omisión no puede hacerse valer mediante
recurso interpuesto contra esa sentencia, sino por incidente de
nulidad que debe promoverse ante el mismo juez que la dictó, y
contra cuya resolución, al respecto, cabrá el recurso de apelación.
El incidente debe promoverse dentro del plazo de cinco días
contados desde que el interesado tuvo conocimiento del acto
viciado (CPN, art. 170), rigiendo, en la tramitación de aquél, las
normas relativas a losincidentes en general (arts. 175 a 187). El
433
juez puede prescindir de esos trámites, declarando la nulidad sin
sustanciación, cuando el vicio resulte manifiesto (CPN, art. 172).
c) El recurso de nulidad será examinado
correspondiente a los recursos.
en
el
capítulo
d) La excepción de nulidad se halla contemplada entre
las excepciones admisibles en el juicio ejecutivo (CPN, art. 545)
frente a la hipótesis de que mediare incumplimiento de las normas
establecidas para la preparación de la vía ejecutiva.
e) El CPN no admite la acción (pretensión) de nulidad como
vía autónoma tendiente a obtener la declaración de nulidad total o
parcial de un proceso. El único supuesto de acción de nulidad es el
del art. 771, que la autoriza contra el laudo de los amigables
componedores en la hipótesis de haberse fallado fuera de plazo o
sobre puntos no comprometidos; debiendo entablarse dentro de los
cinco días de aquél en que se hizo saber el laudo.
Hoy, esta previsión del ritual debe compatibilizarse con las
previsiones que al respecto contiene el Código Civil y Comercial de
la Nación, en especial, lo regulado en el art. 1656: "Efectos.
Revisión de los laudos arbitrales. (...) Los laudos arbitrales que se
dicten en el marco de las disposiciones de este Capítulo pueden ser
revisados ante la justicia competente por la materia y el territorio
cuando se invoquen causales de nulidad, total o parcial, conforme
con las disposiciones del presente Código. En el contrato de
arbitraje no se puede renunciar a la impugnación judicial del laudo
definitivo que fuera contrario al ordenamiento jurídico".
156. Efectos de las nulidades
"La nulidad del acto —dispone el art. 174 CPN— no importará la
de los anteriores ni la de los sucesivos que sean independientes de
dicho acto".
Por "actos sucesivos" debe entenderse no a los
simplemente inmediatos al acto nulo, sino a los que son
434
unaconsecuencia directa de él. Si, por ejemplo, se declara la
nulidad de la notificación de la providencia que dispuso recibir la
causa a prueba, serán nulos los actos de ofrecimiento y recepción
de ella, pero declarada la nulidad de una declaración testimonial la
resolución invalidatoria no alcanza a las restantes diligencias
probatorias, auncuando sean posteriores.
Asimismo, la nulidad de una parte del acto no afecta a las
demás partes que sean independientes de aquélla (CPN, art.
174, párr. 2º).
CAPÍTULO XIII - PROCESOS DE CONOCIMIENTO
SUMARIO: I. GENERALIDADES:
157. Concepto y clases.— 158.
Ámbito de procedencia de los
procesos
ordinario
y
sumarísimo.— 159. Estructura de
los procesos de conocimiento.—
II. DILIGENCIAS
PRELIMINARES: 160. Concepto
y clases.— 161. Examen de las
diligencias preparatorias.— 162.
Medidas conservatorias.— 163.
Procedimiento y responsabilidad
por incumplimiento
de
las
medidas preliminares.
§ I. GENERALIDADES(1)
157. Concepto y clases
a) Oportunamente se definió al proceso de conocimiento como
aquel que tiene como objeto una pretensión tendiente a que el
órgano judicial (o arbitral) dilucide y declare, mediante la aplicación
de las normas pertinentes a los hechos planteados y
(eventualmente) discutidos, el contenido y alcance de la situación
jurídica existente entre las partes (supra, nº 37).
435
436
El efecto invariable y primario de los pronunciamientos que
recaen en esta clase de procesos consiste en unadeclaración de
certeza acerca de la existencia o inexistencia del derecho
reclamado por el actor, declaración que requiere, por parte del
órgano decisor, una actividad cognoscitiva tendiente a valorar los
elementos de juicio que las partes incorporan al proceso mediante
sus alegaciones y pruebas. Tal actividad resulta necesaria en la
medida en que, a diferencia de lo que ocurre en los procesos de
ejecución, en la base del proceso de conocimiento existe
una incertidumbre jurídica inicial que es menester disipar a través
del contradictorio.
b) No obstante que las características mencionadas concurren
respecto de la mayoría de los procesos que no sean de ejecución o
cautelares, el CPN ha agrupado bajo la denominación de "procesos
de conocimiento", a aquellos procesos judiciales que:
1º) Permiten la discusión exhaustiva del conflicto que los motiva
y conducen, por ello, al pronunciamiento de una sentencia de fondo
susceptible de resolver dicho conflicto en forma definitiva y con
eficacia de cosa juzgada en sentido material.
c) El proceso tipo, dentro de los que el Código denomina de
conocimiento, es el proceso ordinario. Junto a él, el CPN en su
versión originaria —como lo siguen haciendo los Códigos
provinciales que se adaptaron a sus normas— reglamentaba los
llamados procesos "sumario"(2)y "sumarísimo".
Según se puntualizó entonces (supra, nº 38), la denominación
apropiada de los procesos sumario y sumarísimo es la de plenarios
rápidos o abreviados, pues tal denominación, por un lado, da la idea
de la aptitud de esos procesos para que en ellos se discuta y
resuelva el respectivo conflicto en toda su extensión y, por otro
lado, alude a la única circunstancia que los separa del proceso
ordinario, la que no es otra que su mayor simplicidad desde el punto
de vista formal.
158. Ámbito de procedencia de los procesos ordinario
y sumarísimo
2º) No se encuentren sometidos, en cuanto a su trámite, a
reglas distintas (v.gr., declaración de restricciones a la capacidad de
ejercicio de derechos) o que representen variantes, aun mínimas,
con relación a los llamados procesos ordinario, sumario y
sumarísimo (v.gr. división de cosas comunes, rendición de
cuentas).
Ello no obsta, sin embargo, a que numerosas reglas y principios
del llamado proceso de conocimiento —como son, v.gr., los
referentes al diligenciamiento de la prueba—, sean aplicables a los
restantes tipos de procesos que el Código reglamenta, incluso a los
de ejecución.
Asimismo, el trámite correspondiente a uno de los tipos en que
se divide el denominado proceso de conocimiento (proceso
sumarísimo), es aplicable a cierta clase de procesos cuyas
sentencias no producen efectos de cosa juzgada en sentido
material (interdictos: CPN, arts. 608, 611, etc.).
a) Dispone el art. 319 CPN que "todas las contiendas judiciales
que no tuvieran señalada una tramitación especial, serán ventiladas
en juicio ordinario, salvo cuando este Código autoriza al juez a
determinar la clase de proceso aplicable".
Esta norma instituye al proceso ordinario en el proceso de
conocimiento tipo, por cuanto establece que sus reglas son
aplicables siempre que la respectiva contienda no se encuentre
sujeta a trámites específicos, o el juez esté autorizado para
imprimir, a un caso determinado, los trámites correspondientes a
otra clase de proceso. Ejemplos de esta última posibilidad son el
art. 101, de acuerdo con el cual las tercerías deben sustanciarse
por el trámite del juicio ordinario o de los incidentes, según el juez lo
determine atendiendo a las circunstancias; el art. 516, que otorga al
juez la misma facultad cuando se trata de liquidación de sociedades
impuesta por sentencia, etcétera.
"Cuando leyes especiales remitan al juicio o proceso sumario se
entenderá que el litigio tramitará conforme el procedimiento del
juicio ordinario. Cuando la controversia versare sobre los derechos
437
438
que no sean apreciables en dinero, o existan dudas sobre el valor
reclamado y no correspondiere juicio sumarísimo, o un proceso
especial, el juez determinará el tipo de proceso aplicable. En estos
casos así como en todos aquellos en que este Códigoautoriza al
juez a fijar la clase de juicio, la resolución será irrecurrible".
Corresponde, en líneas generales, considerar un acierto de la
reforma la supresión del juicio sumario como categoría
procesal intermedia entre el juicio ordinario y el sumarísimo, por
cuanto aquél, por un lado, a raíz del vasto número de
controversias incluidas en el art. 320 del Código (derogado por
la ley 25.488) y, por otro lado, a causa de las escasas variantes
que exhibía en relación con el juicio ordinario, llegó a convertirse en
el tipo de proceso de utilización más corriente. A raíz de la reforma
sólo coexistirán, por consiguiente, el proceso ordinario—
suficientemente abreviado y en alguna medida "sumarizado"— y el
proceso sumarísimo, a cuyas reglas, conforme a lo dispuesto en el
nuevo art. 321, quedarán sometidos los procesos de conocimiento
en lo que el valor cuestionado no exceda de la suma de $ 5.000, el
amparo deducido contra actos de particulares y los demás casos
previstos por el Código (v.gr., interdictos, oposición al otorgamiento
de segunda copia de una escritura pública, etc.).
La norma anteriormente transcripta elevó igualmente a la
categoría de principio general —como también lo había hecho la ley
22.434— el de la irrecurribilidad de todas aquellas provincias en las
cuales establezca la clase de proceso aplicable, aunque no
mantuvo, en virtud de haberse suprimido el llamado "juicio
sumario", la eventual adecuación de la demanda.
a) El proceso ordinario consta, fundamentalmente, de tres
etapas: introductiva (o de planteamiento),probatoria y decisoria.
La etapa introductoria comienza —previa frustración, en su
caso, del procedimiento de mediación regulado por la ley
24.573 (infra, nº 320)— con la interposición de la demanda (CPN,
art. 330), de la cual debe correrse traslado al demandado por el
plazo de quince días (art. 338), aunque el proceso ordinario puede
prepararse mediante el pedido de ciertas diligencias preliminares
(art. 323).
En la contestación el demandado deberá oponer
las excepciones de previo y especial pronunciamiento, así como las
restantes excepciones y defensas, pudiendo, además, en el mismo
escrito, deducir reconvención de la cual se conferirá traslado a la
actora por el plazo de quince días (arts. 357 y 358).
La etapa probatoria sólo tiene lugar cuando "se hayan alegado
hechos conducentes acerca de los cuales no hubiese conformidad
entre las partes" (art. 359), y previa celebración de una audiencia en
la cual, luego deintentar una conciliación y de resolver las
alegaciones de las partes acerca de la oposición que cualquiera de
ellas hubiese formulado a la apertura a prueba, el juez debe fijar los
hechos sobre los cuales aquélla versará, reabrirá la prueba
confesoria y proveerá a las restantes que considere admisibles, ya
ofrecidas por las partes en los escritos de demanda, reconvención y
contestación de ambas, fijando un plazo máximo de cuarenta días a
fin de que dichas pruebas se produzcan (CPN, arts. 360 y 367,
modificada por la ley 25.488).
En cuanto a las pruebas admisibles, el CPN reglamenta
la documental (arts. 387 a 395), la de informes (arts. 396 a 403), la
de confesión (judicial y extrajudicial) (arts. 404 a 425), la
de testigos (arts. 426 a 456), la de peritos(arts. 457 a 478) y la
de reconocimiento judicial (arts. 479 a 480). Una vez vencido el
plazo de prueba y agregada la producida, las partes pueden
presentar un alegato sobre su mérito (art. 482) y, luego de
presentados éstos o vencido el plazo para hacerlo, el secretario, sin
petición de parte, pondrá el expediente a despacho, agregará los
que se hubiesen presentado y el juez, acto continuo, llamará autos
para sentencia (art. 483).
Con esta providencia comienza la etapa decisoria, pues desde
entonces queda cerrada toda discusión y no podrán presentarse
más escritos ni producirse más pruebas, salvo las que el juez
dispusiere de acuerdo con la facultad instructoria que le acuerda el
art. 36, inc. 2º, las que deberán ordenarse en un solo acto. El juez
439
440
159. Estructura de los procesos de conocimiento
debe dictar sentencia dentro del plazo de cuarenta días contado
desde que quede firme el llamamiento de autos para sentencia (art.
34, inc. 3º, subinc. b]).
Contra la sentencia definitiva proceden los recursos de
aclaratoria ante el propio juez que la dictó (art. 166,inc. 2º) y los de
apelación y nulidad ante las cámaras de apelaciones (arts. 242 y
253). En segunda instancia se desarrolla un procedimiento que
consta de una etapa introductoria o de planteamiento, en la cual se
presenta laexpresión de agravios y su contestación (arts. 259 y
265), y de una etapa decisoria que comienza con el llamamiento
de autos (art. 268) y concluye con el pronunciamiento de la
sentencia. Entre ambas etapas, sin embargo, puede intercalarse un
período probatorio (art. 260, incs. 2º, 3º, 4º y 5º).
En algunos casos las sentencias definitivas de las cámaras de
apelaciones son susceptibles del recursoextraordinario que prevé
el art. 14 de la ley 48 (arts. 256 a 258), del ordinario de apelación
contemplado en el art. 24, inc. 6º, a) del decreto-ley 1285/58 (arts.
254 y 255) y del de inaplicabilidad de ley (arts. 288 a 303), este
último hasta tanto entre en vigencia la reforma de la ley 26.853 que
procedió a derogarlo (así como a la norma que daba fuerza
obligatoria a los fallos plenarios dictados en consecuencia) y creó
dos recursos nuevos: el de casación y el de inconstitucionalidad
(además de la vía de la revisión de sentencia). Consideramos que a
partir de ese momento, el recurso extraordinario federal contra
sentencias de las cámaras de apelaciones sólo podrán canalizarse
a través de la figura del recurso extraordinario por salto
de instancia, contemplado en el art. 257 bis y 257 ter, CPN.
Corresponde finalmente añadir que, en la hipótesis de no mediar
hechos controvertidos debe el juez, en la mencionada audiencia,
declarar que la cuestión es de puro derecho, con lo cual el pleito
quedará concluido para definitiva (CPN, art. 360, inc. 4º).
b) El proceso sumario constaba, y consta en la mayoría de los
Códigos provinciales, de las mismas etapas y vicisitudes, aunque
con las siguientes variantes:
las excepciones previas deben oponerse juntamente con la
contestación de la demanda (art. 488).
2º) En la etapa probatoria, corresponde al juez la fijación del
plazo respectivo, transcurrido el cual, conforme a algunos Códigos,
las partes pueden alegar sobre la prueba (art. 489).
3º) En lo que respecta a la etapa decisoria, el plazo para dictar
sentencia es de treinta días (art. 34, inc. 3º, subinc. c]).
El procedimiento en segunda instancia es similar al del proceso
ordinario, con muy escasas variantes (v.gr., improcedencia de la
confesión).
c) El proceso sumarísimo se halla estructurado de acuerdo con
las mismas reglas del ordinario, con las variantes de que no son
admisibles la reconvención, las excepciones de previo y especial
pronunciamiento, ni la presentación de alegatos; el plazo para
contestar la demanda es de cinco días y la apelación, que sólo
procede contra la sentencia definitiva y las providencias que
decreten o denieguen medidas cautelares, se concede en relación y
en efecto devolutivo, salvo cuando el cumplimiento de la sentencia
puede ocasionar un perjuicio irreparable, en cuyo caso corresponde
otorgarla en efecto suspensivo (art. 498, incs. 1º, 2º, 5º y 6º).
§ II. DILIGENCIAS PRELIMINARES(3)
160. Concepto y clases
1º) En la etapa introductiva, el plazo para contestar la demanda
es de diez días (art. 486); toda la prueba debe ofrecerse en los
escritos de demanda, reconvención y contestación de ambas (id.) y
a) Los arts. 323 a 329 CPN enumeran y reglamentan diversas
medidas susceptibles de diligenciarse con carácter previo a
la interposición de la demanda. Pueden ser pedidas tanto por el
actor como por el demandado, ya que el art. 323 acuerda este
441
442
derecho al "que pretenda demandar", o a "quien, con fundamento,
prevea que será demandado".
b) Sin embargo, no todas esas medidas preliminares participan
de la misma naturaleza jurídica y, según sea la finalidad que
persiguen, pueden dividirse en preparatorias y conservatorias.
Las medidas preparatorias tienen por objeto asegurar a las
partes la posibilidad de plantear sus alegaciones en la forma más
precisa y eficaz. Persiguen, esencialmente, la determinación de la
legitimación procesal de quienes han de intervenir en el proceso, o
la comprobación de ciertas circunstancias cuyo conocimiento es
imprescindible, o manifiestamente ventajoso desde el punto de vista
de la economía procesal, para fundar una eventual presentación en
juicio. En general, están contenidas en el art. 323 CPN.
Las medidas conservatorias en cambio, procuran, ante la
posibilidad de que desaparezcan determinados elementos
probatorios durante el transcurso del proceso, que éstos queden
adquiridos antes de que ese riesgo se produzca, o bien impedir,
mediante el secuestro, que la cosa mueble reivindicada se pierda o
deteriore en manos del poseedor.
161. Examen de las diligencias preparatorias
a) Declaración jurada sobre hechos relativos a la personalidad.
La primera medida preparatoria que contempla el art. 323 CPN es
la que autoriza al actor a pedir "que la persona contra quien se
proponga dirigir la demanda preste declaración jurada, por escrito y
dentro del plazo que fije el juez, sobre algún hecho relativo a su
personalidad, sin cuyo conocimiento no pueda entrarse en juicio"
(inc. 1º). La declaración a que este inciso se refiere sólo puede
versar sobre aquellas circunstancias relativas a la legitimación del
futuro demandado, con prescindencia de los hechos relacionados
con el fondo del litigio. La medida es admisible, por ejemplo, para
determinar si aquél es propietario del edificio que amenaza ruina o
443
del animal que causó el daño; o heredero de determinada persona;
etcétera.
La providencia que disponga esta medida debe notificarse por
cédula o acta notarial, con entrega delinterrogatorio. Si el requerido
no responde dentro del plazo, "se tendrá por ciertos los hechos
consignados en forma asertiva, sin perjuicio de la prueba en
contrario que se produjera una vez iniciado el juicio" (CPN, art.
324).
b) Exhibición y secuestro de cosas muebles. El inc. 2º de la
norma citada dispone que podrá solicitarse laexhibición de la cosa
mueble "que haya de pedirse por acción real, sin perjuicio de su
depósito o de la medida precautoria que corresponda". Tal medida
puede revestir el doble carácter de preparatoria y conservatoria. Se
da el primer supuesto cuando se solicita la mera exhibición de la
cosa mueble (actio ad exhibendum), con el objeto de formular la
demanda con mayor precisión y claridad, o cuando se pide su
secuestro como consecuencia de no haberse exhibido la cosa
dentro del plazo fijado por el juez (art. 329, in fine). En cambio,
según se destacó anteriormente, constituye una medida
conservatoria cuando se solicita su depósito u otra medida
precautoria, en el caso de mediar alguna de las circunstancias
enunciadas por el art. 2786, Cód. Civ.
c) Exhibición de testamento. Según el inc. 3º del precepto
analizado cabe solicitar, como diligencia preparatoria, la exhibición
de un testamento "cuando el solicitante se crea heredero,
coheredero o legatario, si no pudiera obtenerlo sin recurrir a la
justicia". La exhibición sólo es admisible, por lo tanto, en los casos
de testamentos ológrafos (o cerrados, figura contemplada en el
derogado Cód. Civ. que no se encuentra regulada en el Cód. Civ. y
Com.), pero no si se trata de un testamento por acto público, pues
respecto de éste existe la posibilidad de obtener un testimonio.
d) Exhibición de títulos en caso de evicción. También puede
pedirse, de acuerdo con el inc. 4º de la citada disposición, que el
enajenante o el adquirente, en caso de evicción, exhiba los títulos u
otros documentos que se refieran a la cosa vendida. Cuando
se intenta una demanda reivindicatoria contra el comprador, y éste
opta por defenderse personalmente en el proceso, puede solicitar
444
que el vendedor exhiba los títulos o documentos referentes a la
cosa vendida. Si, en cambio, cita de evicción al vendedor para que
salga en su defensa, en los términos del art. 1046, Cód. Civ. y
Com., es este último quien tiene el derecho de exigir la exhibición al
adquirente, a fin de poder defender el derecho transmitido.
e) Exhibición de documentos comunes. Dispone el inc. 5º del
mencionado art. 323 que se puede pedir "que el socio o comunero o
quien tenga en su poder los documentos de la sociedad o
comunidad, los presente oexhiba". El precepto se justifica porque
los documentos sociales pertenecen a todos los que tengan interés
en la sociedad, y el socio en cuyo poder se encuentran no puede
privar a los demás del derecho de hacerlos valer en juicio.
f) Declaración sobre el título en cuya virtud se ocupa la cosa
objeto del juicio. El inc. 6º del preceptoexaminado autoriza a
solicitar que la persona "que haya de ser demandada por
reivindicación u otra acción queexija conocer el carácter en cuya
virtud ocupa la cosa objeto del juicio a promover, exprese a qué
título la tiene". Esta norma permite establecer con certidumbre
contra quién debe entablarse una pretensión real o de desalojo
cuando existan dudas acerca del carácter de la ocupación de la
cosa objeto del proceso.
h) Citación al eventual demandado para que constituya
domicilio. Dispone el inc. 8º del artículo mencionado que si el
eventual demandado tuviere que ausentarse del país, podrá
solicitarse que "constituya domicilio dentro de los cinco días de
notificado, bajo apercibimiento de lo dispuesto en el art. 41". Esta
norma arbitra un medio tendiente a facilitar la constitución del
proceso, impidiendo los inconvenientes y demoras que implica la
notificación de la demanda en el extranjero.
i) Mensura judicial. Autoriza el inc. 9º del art. 323 a pedir "que se
practique una mensura judicial", medida que sería admisible, por
ejemplo, para preparar una pretensión reivindicatoria o de división
de condominio.
j) Citación para reconocer la obligación de rendir cuentas. El inc.
10 del precepto citado prevé la posibilidad de que se solicite la
citación para el reconocimiento de la obligación de rendir cuentas,
con lo cual el actor puede evitar la promoción del juicio ordinario y
obtener que la rendición de cuentas tramite por incidente (art.
653, inc. 2º).
g) Nombramiento de tutor o curador. El inc. 7º del citado artículo
permite solicitar "que se nombre tutor o curador para el juicio de que
se trate". Esta disposición prevé, entre otras situaciones, las que se
configuran cuando ha de demandarse a una persona con capacidad
de ejercicio restringida que carece de representante legal, curador o
apoyos —según el caso—; cuando un menor con edad y grado de
madurez suficientes debe demandar a terceros por intereses
propios o a sus representantes legales en casos de conflictos
de intereses con éstos (Cód. Civ. y Com., art. 26. Ejercicio de los
derechos por la persona menor de edad. La persona menor de
edad ejerce sus derechos a través de sus representantes legales.
No obstante, la que cuenta con edad y grado de madurez suficiente
puede ejercer por sí los actos que le son permitidos por el
ordenamiento jurídico. En situaciones de conflicto de intereses con
sus representantes legales, puede intervenir con asistencia letrada
[...]).
k) Reconocimiento de mercaderías en los términos del art. 782,
CPN. La ley 22.434 agregó, como inc. 11 del art. 323, la posibilidad
de obtener esta medida, la que será analizada en el capítulo XL.
Asimismo, introdujo como párrafo final del art. 323 el siguiente:
"Salvo en los casos de los incs. 9º, 10 y 11, y del art. 326, no
podrán invocarse las diligencias decretadas a pedido de quien
pretende demandar, si no se dedujere la demanda dentro de los
treinta días de su realización. Si el reconocimiento a que se refiere
el inc. 1º, y el art. 324 fuere ficto, el plazo correrá desde que la
resolución que lo declare hubiere quedado firme".
El fundamento de esta norma estriba no sólo en la falta
de interés que traduce la inactividad procesal del peticionario, sino
también en la necesidad de evitar al destinatario de la diligencia
la incertidumbre y los eventuales perjuicios que esa actitud le puede
generar, particularmente a raíz de las modificaciones a que se
hallan expuestas, por el transcurso del tiempo, las circunstancias de
hecho inicialmente existentes. El plazo se computa desde que la
medida fue realizada, salvo que el intimado a prestar declaración
jurada sobre algún hecho relativo a su personalidad no responda
445
446
dentro del plazo que el juez le confiera para ello, en cuyo caso los
treinta días que fija la norma se cuentan a partir del momento en
que quede firme la resolución que tenga por reconocido el hecho de
que se trate.
A diferencia de lo que ocurre en el caso previsto por el art. 529
CPN, la caducidad de las diligencias preparatorias no se produce
en forma automática y se halla por lo tanto supeditada al pedido
que en ese sentido formule la parte afectada por la medida.
No se opera la caducidad, de acuerdo con lo prescripto por la
norma comentada, cuando se trate de una mensura judicial, de la
citación para el reconocimiento de mercaderías, así como en los
supuestos de las medidas conservatorias de prueba previstos en el
art. 326.
a ausentarse del país; 2º) El reconocimiento judicial o dictamen
pericial para hacer constar laexistencia de documentos, o el estado,
calidad o condición de cosas y lugares; 3º) El pedido de informes
(aunque en ciertos casos esta medida puede revestir
carácter preparatorio: ver, por ejemplo, L.L., 71-110 y 92-177); y 4º)
La exhibición, resguardo o secuestro de documentos concernientes
al objeto de la pretensión, conforme a lo dispuesto en el art. 325",
es decir al trámite aplicable a la exhibición. En cuanto a la
absolución de posiciones, la norma citada dispone que únicamente
puede pedirse en proceso ya iniciado.
b) Las medidas a que se refiere el art. 326 CPN sólo tienen
lugar antes de trabada la litis y, después de esa etapa, cuando
mediasen las razones de urgencia indicadas en la misma norma, o
cuando el juez lo dispusiere, en uso de las facultades instructorias
que le acuerda el art. 36, inc. 2º (CPN, art. 328).
162. Medidas conservatorias
a) La legislación anterior a la vigencia del CPN limitaba el
ámbito de las medidas conservatorias a la declaración del testigo de
muy avanzada edad, o gravemente enfermo, o próximo
a ausentarse del país. Si bien la jurisprudencia se inclinó hacia
una interpretación restrictiva de esta clase de medidas, en diversas
oportunidades hizo lugar a diligencias periciales tendientes a
comprobar el estado de cosas cuando éstas podían sufrir
modificaciones durante el transcurso del pleito.
El CPN, en cambio, ha adherido a la orientación amplia de los
Códigos modernos y extendido, en consecuencia, el número tanto
de las medidas preparatorias como de las conservatorias.
De ahí que en el art. 326 autorice a quienes sean o vayan a ser
parte en un proceso de conocimiento a solicitar el diligenciamiento
de prueba anticipada, siempre que esas personas tengan motivos
justificados para temer que la producción de sus pruebas pueda
resultar imposible o muy dificultosa en el período probatorio. Las
medidas pueden consistir en: 1º) La declaración de algún testigo de
muy avanzada edad, o que esté gravemente enfermo, o próximo
447
163. Procedimiento y responsabilidad por
incumplimiento de las medidas preliminares
a) El CPN contiene diversas normas que fijan el procedimiento a
seguir con respecto a las medidas preliminares. Algunas de ellas
son comunes a ambos tipos de medidas (preparatorias y
conservatorias) y otras son aplicables a cada una de éstas en
particular.
b) Revisten el carácter de normas comunes las contenidas en
los tres primeros párrafos del art. 327 y en los párrs. 1º y 4º del art.
329.
Prescribe el art. 327 CPN que en el escrito en que se soliciten
medidas preliminares se indicará el nombre de la futura parte
contraria, su domicilio si fuere conocido y los fundamentos de la
petición. El juez accederá a las pretensiones, si estimare justas las
causas en que se fundan. En caso contrario, las repelerá de oficio.
Sólo podrá apelarse de la resolución si fuere denegatoria de la
diligencia. Es decir, que queda librada al arbitrio judicial la
448
apreciación de la razonabilidad de los motivos indicados, debiendo
resolverse sin previa audiencia de la otra parte.
Dispone el art. 329 CPN con respecto a la responsabilidad por
el incumplimiento de las medidas ordenadas, que "cuando sin justa
causa el interpelado no cumpliere la orden del juez en el plazo
fijado, o diere informaciones falsas o que pudieren inducir a error o
destruyere u ocultare los instrumentos o cosas cuya exhibición o
presentación se hubiese requerido, se le aplicará una multa" que no
puede ser menor de cierta suma ni mayor de otra, "sin perjuicio de
las demás responsabilidades en que hubiere incurrido&