03-18 Domingo de Ramos - C

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O3-18 Domingo de Ramos – C
Lc.19.28-40 // Is.50.4-7 // Fil.2.6-11 // Lc.22.14-23.56
Imagínate un Cristiano de la primera generación, que acogió el Evangelio de boca del propio San
Pablo. Pero desde que éste se había ido para predicar en otras partes, lo único que alimentaba su fe
eran las cartas que Pablo de vez en cuando escribía (pues los cuatro Evangelios todavía no existían: fueron escritos unos 50 años después). Un tal Cristiano ¿qué habrá sabido de Cristo mismo? Pues en sus
cartas Pablo nunca habla de su nacimiento, su juventud, su vida pública o su Pasión sangrienta. Lo único
que informa es: que murió en la cruz y luego resucitó. – Gracias a Dios que, después, los Evangelistas nos
han informado más sobre la vida de Jesús, su predicación, sus actuaciones, sus milagros, y su PasiónResurrección. En concreto, el relato sobre su Pasión-Resurrección ocupa gran parte de los Evangelios.
Hoy leemos la Pasión según la versión de San Lucas (capítulos 22 y 23). Como todos conocemos
en grandes líneas la Pasión del Señor, voy a concentrarme en aquellos aspectos que diferencian la versión de San Lucas de la manera como los otros evangelistas la presentan. –
La Última Cena (22.14-38)
En este segmento vale analizar seis pasajes en que Lucas se diferencia de los otros Evangelios:
1/ v.14-20 se refieren a la Cena Pascual (v.14-18) así como Jesús, igual que todos los Israelitas,
cada año solía celebrarla como ‘memorial’ de la liberación de Egipto y de la Alianza que Dios entonces
estableció con Israel. Era una comida sagrada a base de cordero (llamado ‘pascua’) y vino. – Después
(v.19-20) Jesús inaugura la Nueva Alianza entre Dios y la humanidad entera, expresada y fundada en su
propio Cuerpo y Sangre como del Cordero de Dios. Y nos encarga: “Haced esto en conmemoración mía”
(v.19). Más que los otros Evangelistas, Lucas quiere claramente diferenciar la Vieja Alianza de la Nueva
(vea Jer.31.31-34), que Jesús inaugura en la Pasión que empieza esta misma noche. –
2/en v.21-38 Lucas presenta un ‘discurso de despedida’, así como los historiadores solían poner
en boca de su protagonista cuando éste iba a morir (otro ejemplo, mucho más extenso, es Jn.14-17). Algunos detalles: (1) Cuando Jesús exclama “¡Ay de aquél por quien soy entregado!” (v.22), su dolor no
es por sí mismo, sino por Judas: le rompe el corazón el que alguien que, durante tres años, ha sido su
amigo y compañero, esté en peligro de perderse eternamente. Llora por Judas, no por sí: por Judas solo
ya habría derramado su sangre (vea v.48). – (2) “Reinar es servir” (v.27): esta realeza servicial la practicó
Jesús mismo en esta cena, cuando les lavó los pies a los discípulos (Jn.13.4-15). – (3) En v.28-30 Jesús
habla como Rey que, en sus pruebas, recibió apoyo y compañía de sus amigos (y que, según Lucas,
nunca lo abandonarán en su Pasión: vea 22.39 y 531; 23.49). Por esto, como Rey les promete ahora
participación en su gobierno regio “para gobernar a las doce tribus del (nuevo) Israel”. Por esto, ahora
desde el cielo los amigos de Jesús nos siguen asistiendo aquí en la tierra. – (4) La desgracia de la caída de
Pedro (v.31-34) se volvió ‘gracia’: porque así experimentó su propia debilidad y su urgente necesidad de
que el Señor mismo actuara en él con su poder. Así, la ‘infalibilidad’ de Pedro (y de sus sucesores) descansa exclusivamente sobre la promesa del Señor: “Yo he rogado por ti, para que tu fe no desfallezca”.
Mientras nos cobijemos bajo la protección de la continua oración de Jesús por nosotros, “el Maligno no
nos puede tocar” (I Jn.5.18). – (5) Mientras tanto, nos envía por el mundo (v.35-38), para ser sus testigos: ¡sin miedo!, pues nos asegura: “Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo. Pero os he dado el
poder de pisar sobre serpientes y escorpiones, y sobre toda potencia enemiga: y nada os podrá hacer
daño,… pues vuestros nombres están escritos en los cielos” (Lc.10.18 y 20). –
Lucas ‘Suaviza’ el Horror de la Pasión
1/ En Getsemaní, cuando Judas lo traiciona mediante un beso, Jesús, en vez de rechazarlo lejos
de sí, todavía trata de ganárselo: lo abraza y le dice: “Judas, si de todos modos tienes que traicionarme,
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Entre 22.53 y 22.54 falta lo que dicen Mc.14.50 y Mt.26.56: “Todos los discípulos lo abandonaron y huyeron”.
¿tienes que hacerlo mediante el beso de nuestra amistad?”(22.47-48). Además, a Malco le cura la oreja:
pues “haz el bien a los que te odian” (22.51; Mt.5.44). – 2/ Cuando Pedro, no una sola vez como Judas,
sino tres veces niega a Jesús y así lo ‘traiciona’, “el Señor se volvió y miró a Pedro, y Pedro recordó las
palabras del Señor: ‘hoy mismo me negarás tres veces’, salió fuera y rompió a llorar amargamente” (22.
61-62): ¡aún a nosotros se nos rompe el corazón! – 3/ En Getsemaní no se postró ‘desesperado’ en tierra, ni siente pavor, angustia, tristeza hasta punto de morir, buscando tres veces en vano consuelo en los
discípulos (como en Mc.14.33-34), sino ora una sola vez, de rodillas, en espíritu de voluntaria obediencia
al Padre (22.41-42)2. – 4/ Mientras Mc.14.50 y Mt.26.56 dicen que todos los discípulos abandonaron a
Jesús, Lucas evita decir esto (vea Lc.22.39 y 53; 23.49): porque los ‘necesita’ como testigos oculares de
todo este drama. Pues, según Hch.1.21-22, el criterio para que alguien pueda ser uno de los doce Apóstoles (= testigo fidedigno del misterio de Jesús) es: que haya andado con Jesús todo el tiempo, desde su
bautismo hasta su ascensión. Por tanto, aunque fuera “de lejos” (23.49), los discípulos son “testigos presenciales” de todas las fases de la Pasión de Jesús. – 5/ Lucas ‘suaviza’ la Pasión: no menciona la corona
de espinas, tampoco la flagelación inhumana, ni la burla del homenaje como rey (como en Mc.15.16-20).
En vez de ‘flagelar’, pone en boca de Pilatos dos palabras más suaves que significan ‘castigar’ (22.63;
23.16 y 22); además, tres veces Pilatos declara que Jesús es inocente (23.4 y 15 y 22). – 6/ Solo Lucas
(23.27-31) menciona que las mujeres de Jerusalén lo seguían llorando y compadeciéndose de él, - y que
Jesús les dirigió una predicción fatídica sobre la próxima destrucción de la Ciudad Santa (como en efecto
ocurrió en el año 70): “pues, si en el leño verde ya hacen esto, ¿qué se hará en el seco?”(v.31). Tres de las “Siete Palabras”
Marcos (15.34) y Mateo (27.46) tienen una sola palabra de Cristo en la cruz: “¡Dios mío, ¿por
qué me desamparaste?!” – En Lucas y Juan falta este grito desesperado, pero cada uno tiene tres otros.
En Juan: “Mujer, he aquí a tu hijo” (19.26), “Tengo sed” (v.28) y “Todo está cumplido” (v.30). – En Lucas:
1/ “Padre, perdónales, porque no saben lo que hacen” (23.34). – Esta palabra convenció al filósofo Federico Nietzsche que Jesús enseña una moral para esclavos: gente pequeña, enclenque, débil, incapaz de hacerse valer en la sociedad. – Pero en Jesús vemos que perdonar a ofensores sólo le es posible a la persona realmente grande: el que sabe que, unido a Cristo, su valía depende sólo de él mismo,
no de otros, - mientras comprende la debilidad del otro. En el cielo Jesús está orando por todos los hombres ‘débiles’: que pecan, violan, odian, etc. Él es nuestro Gran Intercesor ante el Padre como “Mediador
de la Nueva Alianza, y de la aspersión de su sangre que habla mejor que la de Abel” (Hbr.12.24). 2/ “Yo te aseguro: hoy estarás conmigo en el Paraíso” (v.43). – El drama de la Pasión ilustra el
contraste entre los que se endurecen en el mal, cerrándose ante Jesús, como Judas y el ladrón ‘malo’, - y
los que se abren al perdón, como Pedro y el Buen Ladrón. - Además, el Paraíso está abierto por igual a la
Madre de Jesús que nunca cometió pecado, - y al Buen Ladrón, cargado con crímenes, pero que, los
últimos cinco minutos, se arrojó en los brazos de Jesús, abiertos en la cruz: los dos son ahora eternamente felices en el corazón del Padre (vea Mt.20.11), - aunque esto sí: el grado de felicidad en ellos no
es igual, pues: “El Hijo del hombre pagará a cada cual según su conducta” (Mt.16.27; I Cor.4.5). 3/ “Padre, en tus manos entrego mi espíritu” (v.46). – Jesús, nacido en el seno del Padre Eterno,
vino a este mundo. Ahora, cumplida ya la tarea que el Padre le había encomendado, vuelve confiado a
Él: “Tengo siempre presente al Señor: con Él a mi derecha no puedo dudar. Se me alegra el alma, y hasta
mi cuerpo descansa en seguridad: pues no me abandonarás en la muerte, ni dejarás a tu amigo pasar
por la corrupción. Me enseñarás el sendero de la vida, me saciarás de gozo en tu presencia, cuando he
de morar para siempre con alegría a tu derecha” (Ps.16; vea Hch.2.24-31; 13,35-37).Pero Jesús vuelve al
Padre, pero con nosotros en sus brazos: “Heme a mí, y a los hijos que Tú mismo me diste” (Hbr.2.13). 2
Con esto contrastan v.43-44, que lo presentan sudando hasta sangre por puro terror, y necesitado del consuelo
de un ángel. – Pero estos versos no son de Lucas, y faltan en muchos manuscritos; otros lo dan entre Mt.26.39/40.
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