Subido por olfuerte5

Curar el cuerpo eliminar el dolor Dr Joh

Anuncio
1
2
CONTRAPORTADA:
Dolor crónico de espalda, jaquecas, alergias, problemas
gastrointestinales; el Dr. Sarno lleva más de 30 años tratando los
casos más difíciles: personas que ya han probado todos los
tratamientos imaginables y que acuden a él porque todo lo demás
les ha fallado. Sin embargo, consigue curar a casi el 90 por ciento
de ellas.
¿Cómo lo logra? La clave de su tratamiento está en que la gran
mayoría de los dolores que padecemos no se deben a ningún
problema físico. El problema no está en la espalda o en el
estómago, sino en la propia mente. Así, lo que necesitamos no
son sesiones de fisioterapia ni antiácidos, sino una mayor
comprensión de nosotros mismos. Lo que necesitamos es
identificar esas emociones reprimidas que están en la base de los
síntomas que padecemos.
El tratamiento del Dr. Sarno es tan revolucionario y tan sencillo
que a veces cuesta creer que pueda funcionar. Pero la prueba
está en los miles de pacientes curados, muchos de ellos gracias a
la mera lectura de sus libros. En Curar el Cuerpo, Eliminar el
Dolor, el Dr. Sarno amplía enormemente las teorías presentadas
en su libro anterior, Libérese del Dolor de Espalda, y abarca
nuevos trastornos como la úlcera, la jaqueca, el asma, el colon
irritable, y la fiebre del heno, entre muchos otros.
El Dr. John E. Sarno es profesor de rehabilitación clínica en la
facultad de Medicina de la Universidad de New York.
3
Prólogo
El dolor, la incapacidad física, la información errónea y el miedo —este
cuarteto ha sido una plaga para el mundo occidental durante décadas, y esta
plaga no da ninguna muestra de que vaya a remitir—. El dolor de espalda, de
cuello, y en las extremidades es más común que nunca, y las estadísticas indican
que la epidemia se extiende. La incapacidad laboral debida al dolor de espalda
continúa aumentando año tras año en los Estados Unidos.
Las empresas que emplean a gran cantidad de gente que trabaja con
ordenadores están teniendo altas tasas de incapacidad laboral y muchos
problemas con el seguro de salud debido a una nueva dolencia conocida como
lesión por estrés repetitivo (LER). Millones de estadounidenses, sobre todo
mujeres, padecen una dolorosa enfermedad de causa desconocida llamada
fibromialgia. A pesar de que han surgido gigantescas empresas médicas para
diagnosticar y tratar estas dolencias, la plaga continúa.
Este libro trata acerca de esta epidemia. Describe tanto la experiencia clínica
que ha identificado la causa de estas dolencias como el método para tratarlas.
Desgraciadamente, la medicina convencional rechaza nuestro diagnóstico porque
éste se basa en la teoría de que los síntomas físicos han sido producidos por
fenómenos emocionales. Sin embargo, mucha gente inteligente no especializada
ha aceptado la idea, sin duda porque están libres de los prejuicios que impone la
educación médica tradicional.
Y por si la epidemia de dolor no fuera lo suficientemente importante,
numerosas enfermedades han sido identificadas como equivalentes del síndrome
de dolor, dado que parecen tener como origen el mismo proceso psicológico.
Estas enfermedades llevan años siendo muy comunes y, junto a las afecciones
dolorosas, son universales en la sociedad occidental. Me refiero a los muchos
dolores de cabeza, síntomas gastrointestinales y alergias, así como a las
enfermedades respiratorias, dermatológicas, genitourinarias y ginecológicas que
son características de la vida cotidiana.
Si la mayoría de estos problemas son psicogénicos —es decir, tienen su
origen en la mente (y mi meta es demostrar que es así)—, tenemos un problema
de salud pública de proporciones gigantescas. Las consecuencias médicas,
humanitarias y económicas son obvias, y las enumeraré todas.
Este libro trata de la relación que existe entre las emociones y las
enfermedades, y sobre lo que uno puede hacer para mejorar la salud y combatir
ciertos trastornos físicos. Las ideas presentadas aquí están basadas en los éxitos
obtenidos a lo largo de los últimos veinticuatro años en el tratamiento de un
desorden físico de origen emocional conocido como el síndrome de miositis
tensional (SMT). A pesar de que voy a proporcionar una descripción actualizada
de este desorden, el tema principal de este libro es el impacto que las emociones
provocan en el funcionamiento corporal.
Esta conexión estuvo a punto de ser aceptada por la medicina occidental
durante la primera mitad del siglo XX, pero luego cayó en un desprestigio casi
4
total. El repudio de la teoría psicoanalítica, el creciente interés por las
investigaciones de laboratorio y la tendencia de los médicos a evitar los asuntos
psicológicos (ellos se ven a sí mismos como ingenieros del cuerpo humano) son
las razones más probables de esta tendencia histórica. Hoy, son pocos los
profesionales, tanto en la medicina física como en la psicológica, que creen que
las emociones reprimidas puedan originar enfermedades físicas. Los
psicoanalistas son los únicos que han seguido aceptando esta idea, pero su
influencia en el campo de la psiquiatría y de la medicina general es limitada. En el
campo de las especialidades médicas no hay prácticamente nadie que sea
partidario de esta idea.
Pero a pesar de la falta de interés de la medicina convencional, se ha escrito
muchísimo sobre el tema de la «conexión psicosomática». Se han realizado
cuidadosos estudios sobre la relación existente entre los factores psicológicos y
ciertas patologías como la hipertensión o la enfermedad coronaria. Sólo conozco
un investigador fuera del campo del psicoanálisis que haya identificado las
emociones como la causa de una enfermedad física. El estrés, la ira, la ansiedad,
la soledad y la depresión son abordadas como si fueran emociones puramente
subjetivas. En muchos casos, se cree que estos sentimientos agravan los
procesos patológicos estructurales subyacentes, tales como las hernias de disco,
la fibromialgia o la lesión por estrés repetitivo.
Mis ideas están basadas en las observaciones clínicas y en las teorías de
Freud. Supongo que esto será visto con bastante desaprobación dado lo mucho
que se ha atacado a Freud en los últimos tiempos. De cualquier manera, mi
objetivo nunca fue mostrar que Freud tenía razón. Mis ideas son producto de mis
observaciones clínicas; nunca han estado basadas en nociones preconcebidas
sobre la conexión mente-cuerpo. Al igual que sucedió con los pacientes de Freud,
descubrí que los síntomas físicos de los míos son el resultado directo de fuertes
emociones reprimidas en el inconsciente. Además, me he basado también en las
teorías de otros tres psicoanalistas: Franz Alexander, fundador del Instituto de
Psicoanálisis de Chicago, y que realizó investigaciones pioneras en la medicina
psicosomática; Heinz Kohut, que conceptualizó lo que se conoce como la
psicología del yo y señaló la importancia de la rabia narcisista, y Stanley Coen,
que sugirió la idea crucial de que el trastorno psicosomático que yo estaba
estudiando era en realidad una defensa, una estrategia evasiva diseñada para
desviar la atención de las aterradoras emociones reprimidas.
Este libro aborda los problemas físicos que son causados por los sentimientos
reprimidos e inconscientes. Al ser muy específicos, estos problemas pueden ser
diagnosticados con precisión y tratados con éxito.
El síndrome de miositis tensional es actualmente el trastorno físico de origen
emocional más común en los Estados Unidos y probablemente en todo el mundo
occidental. Desde la publicación de Libérese del dolor de espalda, han surgido
otras dolencias que también tienen un gran impacto en la salud pública. Ellas
también son manifestaciones del SMT.
Este libro está dividido en tres partes. La primera es un comentario sobre la
psicología que origina estos trastornos físicos, e incluye un capítulo que puede ser
5
considerado puente, porque describe la psiconeurofisiología de los procesos
psicogénicos; en otras palabras, cómo las emociones estimulan al cerebro para
que produzca síntomas físicos. Después de atravesar este puente (algo que
parece más difícil de lo que en realidad es), la segunda parte cubre los distintos
trastornos de origen emocional, comenzando por el SMT, la enfermedad que me
introdujo en el campo de la medicina psicosomática, e incluye trastornos físicos
como los dolores de cabeza, las alergias, los problemas gastrointestinales y las
afecciones de la piel.
La tercera parte aborda los tratamientos para todas estas dolencias.
Para aquellos que puedan estar interesados, el apéndice cubre los aspectos
más académicos del proceso muerte-cuerpo (o psicosomático).
Una advertencia para el lector: lo que sigue es una descripción de mi
experiencia clínica y de las teorías derivadas de mi trabajo. Nadie debería dar por
sentado que sus síntomas tienen un origen psicológico hasta que un médico haya
eliminado la posibilidad de una enfermedad grave.
6
Introducción:
Una perspectiva histórica
Desde que me gradué como médico, el problema de los distintos tipos de
dolor se ha convertido en una gran epidemia en la mayoría de los países
industrializados. Es como un cáncer que crece sin parar. En los Estados Unidos, el
diagnóstico y tratamiento de estas dolencias se ha convertido en una industria
gigantesca. Sólo el problema del dolor de espalda le cuesta al país más de setenta
mil millones de dólares al año, y si le agregamos todas las epidemias de dolencias
modernas, como el síndrome del túnel carpiano, esa cifra probablemente se
duplicaría. Estos problemas médicos no son considerados una epidemia porque
en general no suponen un riesgo para la vida y porque el público no es
plenamente consciente de sus consecuencias financieras, sociales y emocionales.
El hecho de que no representen un riesgo para la vida es lo único positivo que se
puede decir sobre ellos, dado que pueden ser física y emocionalmente más
incapacitantes que muchas enfermedades aparentemente catastróficas. Una
persona con parálisis en ambas piernas que ha pasado por un buen proceso de
rehabilitación puede llevar una vida esencialmente normal, mientras que alguien
con un fuerte dolor crónico puede quedar completamente incapacitado, sin poder
trabajar y con problemas para realizar la más mínima actividad física.
La pregunta inevitable es: ¿cómo y por qué ha sucedido esto? Después de
millones de años de evolución, ¿es posible que nos hayamos convertido de
repente en seres incapaces de funcionar normalmente? ¿Tendrán acaso nuestros
cuerpos defectos estructurales que sólo se han hecho aparentes en los últimos
cuarenta años? Si estas dolencias no han sido causadas por anormalidades
estructurales, ¿de qué otra forma se puede explicar esta epidemia?
Mi trabajo inicial en el diagnóstico y tratamiento de los síndromes de dolor en
la espalda, el cuello y los hombros fue decididamente frustrante y desagradable.
Los diagnósticos convencionales y los tratamientos conservadores (no quirúrgicos)
producían resultados decepcionantes y poco duraderos. Me sentía incómodo
incluso cuando les explicaba los fundamentos del diagnóstico y del tratamiento a
los pacientes porque las explicaciones parecían carecer de lógica fisiológica y
anatómica.
Ya en el año 1904 los médicos habían descrito una dolorosa patología
muscular —llamada diversamente fibromialgia, miofascitis, fibrositis o
fibromiositis—, pero nadie había sido capaz de identificar la patología exacta o la
causa de esta dolencia. Al final comencé a tratar el dolor de espalda como si no se
supiera nada sobre sus causas. Pronto me di cuenta de que el músculo era el
principal tejido comprometido en este proceso. Algo les estaba ocurriendo a los
músculos del cuello, de los hombros, de la espalda y de las nalgas.
Como son fácilmente identificables en una radiografía, la mayoría de los
profesionales atribuyeron los síntomas a una variedad de anormalidades
estructurales de la columna, tales como cambios producidos por el envejecimiento,
anomalías congénitas o mala alineación. Otros creyeron que los músculos dolían
7
porque estaban débiles o debido a algún tipo de sobrecarga o de desgarro.
Además, los dolores de espalda, de cuello o de hombro venían a menudo
acompañados de dolor (y otros síntomas neurológicos) en un brazo o en una
pierna. Por lo tanto, si se hubiese encontrado una anormalidad estructural en la
proximidad de un nervio vertebral cuyo destino fuese un brazo o una pierna, el
clínico se habría sentido muy tentado a atribuir los síntomas de dolor a esa
anormalidad, sin preocuparse demasiado por hacer un diagnóstico científico
riguroso. Sin embargo, un cuidadoso examen físico y del historial médico solía
revelar que el presunto culpable era inocente y que la distorsión ósea o de disco
no podía ser la responsable de los síntomas. A pesar de todo, se le seguía
echando la culpa del dolor a la columna vertebral.
Surgió una improbable alianza entre disciplinas dispares. Los quiroprácticos,
criticados por los médicos durante años por no ser muy científicos, poco a poco
comenzaron a ser plenamente aceptados como los especialistas en el tratamiento
y diagnóstico de la espalda. Ellos siempre habían mantenido que las
anormalidades estructurales de la columna eran la causa del dolor de espalda. Y
como los médicos también creían lo mismo, era inevitable que los quiroprácticos
se convirtieran en miembros de la comunidad de los terapeutas de la espalda. Los
otros componentes de esta comunidad terapéutica son los osteópatas, los fisiatras
(especialistas en medicina física y rehabilitación), los ortopedistas, los neurólogos,
los neurocirujanos, los fisioterapeutas, los acupuntores, los quinesiólogos y una
multitud de otros profesionales que usan regímenes especiales de ejercicio o de
masaje. Lo que todos tienen en común es la idea de que la columna vertebral y su
musculatura circundante son deficientes y fácilmente susceptibles de lesión, y
necesitan algún tipo de intervención física. La cirugía es la intervención más
drástica y una de las más comunes.
Como se supone que algún tipo de inflamación de origen estructural, cuya
naturaleza nunca ha sido aclarada, es el responsable de la mayor parte del dolor, se
suele recetar una gran cantidad de medicamentos esteroides y no esteroides.
En vista de los muchos programas terapéuticos y de diagnóstico que se
siguen hoy en día para el tratamiento de estas dolencias, cualquier interrupción
importante en la aplicación de las terapias existentes produciría un gran
descalabro económico, ya que el diagnóstico y el tratamiento del dolor crónico son
actualmente una industria gigantesca en los Estados Unidos. Pero un diagnóstico
y un tratamiento acertados economizarían enormes cantidades de dinero.
En el inicio de la década de los setenta y en medio de esta creciente
epidemia, comencé a dudar de la validez de los diagnósticos convencionales —y
por lo tanto de los tratamientos— sobre los síndromes de dolor de cuello, hombro
y espalda. Un examen más detallado había indicado que los músculos de esta
última, desde la nuca hasta las nalgas, eran los principales implicados. Esto
confirmaba el trabajo de todos los profesionales que a través de los años
describieron aquello que llamaron fibromialgia, fibrositis o dolor miofascial. Mi
estudio de la literatura médica y una creciente experiencia con mis pacientes me
llevaron a pensar que estas dolencias formaban parte de una patología dolorosa
que llamo el síndrome de miositis tensional (SMT) (miositis quiere decir alteración
8
fisiológica de los músculos). El SMT es un doloroso pero inofensivo cambio en el
estado de los músculos.
Pero ¿qué sucede con las señales neurológicas y los síntomas en las piernas
y los brazos? Durante un tiempo pensé que debían de ser causados por una
compresión estructural en la columna o por esa misteriosa «inflamación» tan citada por otros profesionales. Sin embargo, a medida que el número de
inconsistencias aumentaba, me vi obligado a concluir que el proceso que
provocaba el dolor muscular también era el causante de los síntomas nerviosos.
Pero ¿cuál era ese proceso?
Cuando los médicos realizan el historial del paciente, normalmente preguntan
sobre enfermedades o síntomas pasados o presentes. Comprobé que el 88% de
mis pacientes tenía un historial de enfermedades gastrointestinales menores tales
como acidez, síntomas preulcerosos, hernia de hiato, colitis, colon espástico,
síndrome de irritación intestinal y otras reacciones inducidas por la tensión como el
dolor de cabeza, la migraña, el eccema y la micción frecuente. Aunque no todos
los médicos están dispuestos a aceptar que estos problemas estén relacionados
con fenómenos emocionales o psicológicos, mi experiencia clínica como médico
de familia y mi propio historial médico hacen que me sienta muy tranquilo con esta
conclusión. Por ejemplo, durante varios años he padecido frecuentes dolores de
cabeza, con las típicas visiones de «luces» que preceden el inicio del dolor.
Alguien me sugirió que la base de estos dolores podía ser la rabia reprimida. La
siguiente vez que vi las luces —presagio de jaqueca—, me senté e intenté pensar
cuál era esa rabia que estaba reprimiendo. No conseguí encontrar una respuesta,
pero por primera vez en mi vida el dolor de cabeza no se manifestó. Fue una clara
prueba de que el dolor de cabeza era causado por fenómenos emocionales.
Por lo tanto, era lógico suponer que los dolores de espalda también pudiesen
formar parte del mismo grupo de trastornos de origen emocional. Cuando puse a
prueba esta hipótesis y le dije a los pacientes que creía que su dolor se debía a la
«tensión», me sorprendió comprobar que aquellos que aceptaban el diagnóstico
mejoraban. Aquellos que lo rechazaban seguían igual.
En aquellos primeros tiempos, todos mis pacientes acudían a sesiones de
fisioterapia, y yo le pedí al fisioterapeuta que les dijera que el objetivo de la terapia
era solamente proporcionar un alivio provisional de los síntomas y que la
verdadera recuperación dependía de que se reconociera la naturaleza del
proceso. Aquellos que mejoraron estuvieron de acuerdo con el diagnóstico. Fue
algo parecido a mi experiencia con el dolor de cabeza: el reconocimiento de una
causa emocional en la génesis de los síntomas servía de alguna manera para
eliminar esos síntomas. Tendrían que pasar muchos años antes de que llegara a
comprender la razón de este fascinante y misterioso fenómeno.
En aquel tiempo se me hacía difícil decirles a los pacientes que su dolor era
causado por la «tensión». Cualquier médico se reiría de esa idea; la persona
corriente se sentiría insultada si uno le sugiriese que sus síntomas físicos estaban
«en la cabeza». Esta es una frase que yo evitaba a causa de su connotación
peyorativa, aunque muchas veces era el propio paciente el que la mencionaba. En
ocasiones conseguía explicar satisfactoriamente la conexión entre la tensión y el
9
dolor, pero me veía obstaculizado por mi propia falta de comprensión de la
psicodinámica implicada. Otras veces mencionaba ciertas características
personales que eran muy corrientes entre los pacientes con SMT, y explicaba
cómo podían producir tensión y ansiedad. También señalé que los síntomas eran
una expresión física de la ansiedad y que los individuos perfeccionistas,
meticulosos, responsables, compulsivos y muy trabajadores eran más proclives al
SMT. No pude proporcionar una definición clínica del vocablo tensión, pero era
una palabra con la que la gente se podía identificar. Psicológico y emocional eran
términos peyorativos que parecían insinuar que el paciente tenía algo raro;
también evité la palabra psicosomático porque para la mayoría significaba que el
dolor era falso o imaginario. Pero seguí haciendo el mismo diagnóstico y mi tasa
de éxito comenzó a subir sustancialmente. En ese momento sentí que comprendía
la naturaleza de la dolencia y que podía predecir con alguna precisión quién iba a
experimentar una mejoría y quién no.
Durante el examen físico, casi todos los pacientes experimentaban
sensibilidad a la palpación de ciertos músculos, independientemente del lugar del
cuello o de la espalda en que sentían dolor. Por ejemplo, alguien podía sentir dolor
únicamente en el lado derecho de la región lumbar pero luego también lo
experimentaba cuando apretaba la parte superior de los hombros (músculo
trapecio superior), la musculatura paraespinal lumbar y la parte exterior de las
nalgas (glúteos). Este hecho indica que el síndrome se origina en el sistema
nervioso central (cerebro) y no en una anormalidad estructural local.
Hacia la mitad de la década de los setenta yo ya había concluido que la
mayoría de los síndromes dolorosos de la espalda, el cuello y los hombros,
acompañados de los dolores frecuentemente observados en las piernas y los
brazos, eran el resultado de un proceso inducido psicológicamente. Es decir, se
trataba de un clásico problema psicosomático en que factores emocionales
desencadenaban una reacción en ciertos tejidos del cuerpo, lo cual producía dolor
y otros síntomas neurológicos.
¿Cuál era la naturaleza de esta reacción? El tratamiento de fisioterapia
consistía en la aplicación de calor profundo (ultrasonido), masaje profundo y la
realización de ciertos ejercicios. La mayor parte de los pacientes experimentaba
como mínimo un alivio temporal. Como yo sabía que estos tratamientos
aumentaban la circulación local de la sangre, era lógico concluir que la causa de
los síntomas era una reducción del flujo sanguíneo hacia los tejidos implicados. La
circulación de la Sangre está controlada por un subsistema del sistema nervioso
central conocido como el sistema nervioso autónomo. Muchas de las otras
patologías psicosomáticas (la úlcera péptica, la colitis, la migraña y los dolores de
cabeza) también están bajo el control del sistema nervioso autónomo. Nada podría
ser más simple: algo en el cerebro decide iniciar este proceso; los centros
autónomos son activados, y en una fracción de segundo se reduce la circulación
de sangre hacia las zonas implicadas. Esto quiere decir que los tejidos no reciben
su dosis completa de oxígeno, lo que es casi con certeza la causa de los
síntomas. Esto encaja con el descubrimiento de dos investigadores alemanes en
1975, según el cual existe una pequeña deficiencia de oxígeno en el núcleo de las
10
células musculares de los pacientes con dolor de espalda, así como con los
estudios, publicados en la literatura médica, de un equipo de reumatólogos suecos
en la década de los ochenta.
Como esta premisa de que la falta de oxígeno era la causante del dolor
ofrecía una explicación lógica de los síntomas, seguí avanzando en ella. Además,
incluso si la causa del dolor acabase siendo algún otro proceso inducido por el
cerebro, seguía estando claro que el tratamiento definitivo debía orientarse hacia
él, y no hacia los tejidos locales.
Les dije a mis pacientes que sus espaldas estaban sanas. Les expliqué que
tenían un trastorno inofensivo que debía ser tratado a través de la mente y no del
cuerpo. Toma de conciencia, comprensión, conocimiento e información eran los
medicamentos mágicos que iban a curar este trastorno —ninguna otra cosa iba a
servir.
En 1979 comencé a reunir a los pacientes y a darles una conferencia sobre los
detalles físicos y psicológicos del SMT. El razonamiento estaba claro: si la
información era la cura, yo debía buscar la mejor manera de proporcionarla. Hoy
en día, estas conferencias son la piedra angular del programa terapéutico y
parecen ser todo lo que necesita la gran mayoría de mis pacientes (entre un 80 y
un 90% de ellos) para seguir avanzando hacia una curación total.
Mi visión del problema a inicios de la década de los ochenta queda bien
reflejada en una carta que le escribí al columnista del New York Times Russell
Baker, cuya columna del 16 de agosto de 1981 tenía por título «¿Dónde se han
ido todas las úlceras?». Como pensé que era algo que le iba a interesar, el 23 de
septiembre de ese mismo año le envié la siguiente carta:
Estimado señor Baker:
Como usted es un hombre bien informado, pensé que le interesaría conocer la
verdadera razón de la disminución en la incidencia de las úlceras, un tema sobre
el cual escribió hace unos días. Las úlceras gástrica y duodenal son miembros
de una familia de trastornos físicos que, como usted señaló correctamente,
reflejan la presencia de grandes cantidades de tensión. Otros miembros de esta
infame familia son la colitis, el colon espastico, el dolor de cabeza y una gran
variedad de alergias, por nombrar sólo los más prominentes. Sin embargo,
existe otro trastorno que no ha sido advertido por la comunidad médica y que es
el que ha asumido el importante papel de la anteriormente omnipresente úlcera.
El porqué de este intercambio de papeles constituye una historia muy
interesante, a la que regresaré en un momento. Este otro trastorno es el muy
común dolor de espalda (o el dolor de cuello o de hombros). Durante años se ha
dado por sentado que el dolor de espalda se debe a alguna deficiencia de la
columna y de sus estructuras adyacentes, pero este diagnóstico no es más que
una cortina de humo que ha logrado confundir a los médicos y a otros profesionales de la salud. De hecho, el dolor de espalda se debe a una
hiperactividad en la misma rama del sistema nervioso que produce úlceras, y el
culpable de esta hiperactividad es el mismo de siempre: la tensión. Estoy muy
convencido de lo que estoy afirmando y mis ideas han sido publicadas en la
11
literatura médica. Sin embargo, no es para preocuparse demasiado, ya que
incluso el más doloroso e incapacitante de estos trastornos refleja un proceso
bastante benigno, —mucho menos peligroso que una úlcera que puede sangrar
o causar una perforación y crear un problema grave. Todos estos trastornos son
miembros de la misma familia y representan variantes de un proceso
subyacente idéntico, el proceso mediante el cual la tensión produce
manifestaciones físicas. Esta es justamente la definición de un trastorno
psicosomàtico. Los ataques cardíacos son manifestaciones de un tipo más
serio de proceso psicosomàtico y no son equiparables a una úlcera péptica.
Veamos ahora el asunto del porqué de ese intercambio de papeles. Esto no se
entiende a menos que uno comprenda que el propósito de una manifestación
física de la tensión consiste en engañar. Nuestros cerebros han decidido que
sentirse tenso, que es la respuesta adecuada a estar tenso, es mucho más
insoportable y mucho menos socialmente aceptable que tener algún dolor
físico. De modo que el cerebro hace algunos ajustes en los circuitos y, en
lugar de hacerte parecer un manojo de nervios, hace aparecer un dolor de
estómago o de espalda. La razón por la cual la úlcera tenía que desaparecer era
que todo el mundo comenzó a darse cuenta de que era una impostora, de que lo
que había tras ella era tensión, y eso no es socialmente aceptable.
El antiguo dolor de espalda siempre ha sido lo que es hoy en día, un asunto de
tensión, pero nadie le prestó mucha atención hasta el advenimiento de la
medicina moderna. "Aquí tenéis algo genuino", dijo el cerebro. Todo el mundo
cree que los dolores de espalda son lo último en trastorno «físico» y por lo
tanto constituyen un sustituto perfecto para la tensión. La úlcera ha perdido su
valor y hoy en día el dolor de espalda es el nuevo abanderado del ejército de bs
tensos. Y así pues, casi toda la gente que uno conoce tiene una historia de
dolor de espalda que contar. La incidencia de todos bs tipos de síndromes
dolorosos relacionados con la espalda del homo sapiens occidental ha
aumentado dramáticamente en bs últimos veinte años, mientras que la
desacreditada úlcera caía en el olvido. ¿No es ésta una historia fascinante?
Al cabo de unos días recibí la siguiente nota, reproducida aquí con la amable
autorización del señor Baker:
Estimado doctor Samo:
Esa fue sin duda una historia fascinante y me ayudó a entender muchas cosas
acerca de mi propio «dolor de espalda». Esta aflicción se presenta después de
cuatro o cinco horas frente a mi máquina de escribir y es más intensa cuando
me doy cuenta de que b que escribo está mal.
La semana pasada ayudé a mi hijo en una mudanza pero le advertí que
probablemente no iba a aguantar mucho tiempo por culpa de mi espalda.
Resultó que la mudanza fue una actividad bastante placentera, en el sentido de
que era una labor manual que consistía en levantar, cargar y empujar objetos, y
todo ello realizado en un agradable ambiente rústico. Además, mi mente estaba
totalmente relajada. Pues bien, después de diez horas de actividad, me acordé
12
de mi espalda por primera vez desde la mañana, y sólo para percatarme de que
no había sentido la menor molestia en todo el día. Atentamente,
Russell Baker
En 1981 yo creía que las manifestaciones físicas eran un sustituto para la
ansiedad. Más adelante, una nueva idea me llevó a una mucho mejor
comprensión del problema y, por consiguiente, a una forma más efectiva de
tratamiento. Esta idea consistía en que los fenómenos emocionales inconscientes
requerían síntomas físicos.
Y, desde luego, las úlceras no han caído en el olvido; hoy en día se dice que
son causadas por la presencia de una bacteria en el estómago. Mi opinión es que
las úlceras siguen siendo inducidas por el estrés y que la bacteria no es más que
una parte de ese proceso. Pero ya no son tan comunes como antes y ni tan
frecuentes como los trastornos dolorosos.
En 1982 llevé a cabo el primer control de seguimiento de mis pacientes.
Ciento setenta y siete escogidos al azar entre los que recibieron tratamiento entre
1978 y 1981 fueron entrevistados sobre su nivel de dolor y su capacidad funcional.
El 76% de ellos llevaba una vida normal y esencialmente se encontraba libre de
dolor. Catorce pacientes habían experimentado alguna mejora y veintiocho (16%)
no mejoraron y fueron considerados fracasos de tratamiento.
Hay que mencionar dos hechos importantes respecto a este último grupo:
antes de acudir a mí, la mayoría de ellos tenía una larga historia de dolor de
espalda y había recibido múltiples tratamientos, incluyendo cirugía en algunos
casos, y a pesar de todo continuaba con síntomas agudos; además, no tuve la
oportunidad de preseleccionar a ninguno de ellos antes de que pidiera una cita.
Desde 1987 he entrevistado a los pacientes que piden una cita para determinar si
nuestro programa es adecuado para ellos. La mayoría de los que presentan estos
síndromes de dolor rechaza la idea de que su problema tenga un origen emocional
y por lo tanto no podría beneficiarse de nuestro programa terapéutico, ya que la
aceptación del diagnóstico es esencial para el éxito del tratamiento. En la
actualidad acepto alrededor del 50% de los que me llaman. Cuando soy criticado
por aplicar este criterio de selección, le recuerdo a mis críticos que, al igual que un
cirujano que se niega a operar cuando el riesgo es excesivo, tengo todo el
derecho a trabajar únicamente con pacientes que tengan unas aceptables
posibilidades de éxito. Esta selección no me beneficia sólo a mí; le evita gastos
inútiles y molestias al paciente.
A pesar de esta falta de selección antes de 1987, un segundo control de
seguimiento ese año reveló un aumento en la eficacia del tratamiento desde 1982.
Esta vez pusimos el listón más alto y limitamos el grupo examinado a la gente con
tomografía computarizada de su hernia de disco. Esta anormalidad es la
responsable de la mayoría de las cirugías de espalda y, sin embargo, según
nuestra experiencia, rara vez es la responsable del dolor. Ciento nueve de estos
pacientes elegidos al azar fueron entrevistados. Entre uno y tres años después del
fin del tratamiento, noventa y seis personas (88%) llevaban una vida normal y no
sentían ningún dolor, once habían experimentado alguna mejoría y sólo dos
13
seguían igual —un avance considerable con respecto a los resultados de 1982.
¿A qué se debió esta notable mejora en nuestros resultados? Mi capacidad
para explicar la naturaleza del SMT había aumentado y por lo tanto los pacientes
tenían más confianza en el diagnóstico; además, en 1985 dejé de recetar
fisioterapia. Aunque todos los fisioterapeutas eran plenamente conscientes de la
naturaleza del proceso que estaban tratando y recalcaban el hecho de que los
factores psicológicos y no los físicos eran los verdaderos causantes del dolor,
comprobamos que algunos pacientes se centraban en el tratamiento físico, fingían
creer en lo que yo enseñaba y experimentaban como máximo una «cura placebo»
(una cura basada en la fe ciega y generalmente transitoria). Además, al solicitar un
tratamiento físico dos o tres veces a la semana, estábamos centrando la atención
de nuestros pacientes en sus cuerpos, mientras que el éxito del tratamiento
requería que la atención pasase del plano físico al emocional. El perjuicio
potencial era mayor que el beneficio potencial. Creo que este cambio desempeñó
un importante papel en la mejora de las estadísticas.
Aunque no hemos hecho un tercer control de seguimiento, creo que nuestros
resultados son hoy mejores de lo que eran en 1987. Esto lo atribuyo al proceso de
selección y también a mi mayor comprensión de la psicología del SMT.
Cuando colaboraba en un artículo médico con Stanley Coen, un colega
psicoanalista, él sugirió que probablemente los síntomas físicos no fuesen una
expresión física de la ansiedad, lo que había sido mi hipótesis de trabajo durante
años, sino el resultado de lo que los psicoanalistas llaman un mecanismo de
defensa, un término que considero algo engañoso. El objetivo de un mecanismo
de defensa (de los síntomas físicos, en este caso) consiste en desviar la atención
de la gente hacia el cuerpo, de modo que pueda evitar tomar conciencia de ciertos
sentimientos inconscientes (reprimidos). Esta nueva comprensión del papel de la
represión fue un hito importante en el viaje que había iniciado hacía unos quince
años. Esta idea no sólo encajaba perfectamente con el diagnóstico, sino que me
proporcionaba por primera vez una explicación de por qué la gente mejoraba
cuando comprendía y aceptaba lo que estaba ocurriendo. En ese momento se
explicaba el hecho de que alguien en Peoría, Illinois, leyese alguno de mis libros
sobre el SMT y experimentase una mejoría completa sin haber hablado nunca
conmigo o haber sido examinado por mí. El misterio había sido resuelto. Una vez
que el paciente aceptaba el diagnóstico, el conocimiento de lo que estaba
sucediendo destruía la estrategia del cerebro. Aunque siempre habíamos sabido
que el SMT era un proceso inducido por el cerebro, no sabíamos por qué éste lo
llevaba a cabo. Ahora estaba claro que el objetivo de los síntomas era desviar la
atención del paciente y alejarla de las emociones escondidas, y que, al
desenmascarar esta operación encubierta y de ese modo ponerle fin, el dolor
desaparecería, como de hecho ocurrió.
Aunque estas ideas sobre la conexión psicosomática representan la
culminación de la experiencia clínica de veinticuatro años, son, de hecho, el punto
inicial para este libro. Y aunque estas ideas se desarrollaron a partir de mi
experiencia con el diagnóstico y el tratamiento del dolor, creo que pueden
aplicarse a muchos trastornos médicos. De hecho, pienso que todo el mundo tiene
14
síntomas psicosomáticos (es decir, derivados de la conexión psicosomática). Muy
pocas personas, si es que hay alguna, viven sin experimentar una o más de estas
manifestaciones, ya que éstas reflejan la organización evolutiva de la psique
humana. Y lo más importante, estas manifestaciones demuestran que no hay
separación entre la mente y el cuerpo; que los dos están inextricablemente
interconectados. Uno no puede estudiar la patología de las enfermedades
humanas sin tomar en cuenta el papel de la psique. Mi experiencia con los
síndromes de dolor más comunes me ha demostrado la insensatez de descuidar
los componentes emocionales de la enfermedad humana. En algunos casos las
emociones desempeñarán un papel secundario; en otras, el principal. Descuidar
esta dimensión es una omisión tan grande como ignorar el papel de los
microorganismos en una enfermedad.
¿Qué emociones son tan terribles para hacer que el cerebro someta a alguien
a un fuerte dolor físico y a espantosos síntomas neurológicos? La respuesta a esta
pregunta es básica para la comprensión no sólo de estos síndromes dolorosos
sino de la gama completa de trastornos psicosomáticos.
Los conflictos siempre están presentes en el inconsciente, nacidos de los
varios elementos que constituyen el mosaico de la psique humana. Estos
conflictos generan el desarrollo de emociones que no pueden ser toleradas y que,
por lo tanto, deben ser reprimidas. Como estos sentimientos indeseables parecen
querer manifestarse, la mente tiene que hacer algo para evitar que lleguen a la
conciencia. De ahí vienen los síntomas derivados de la conexión mente-cuerpo.
Este libro explora la naturaleza y el contenido de estos sentimientos indeseables y
explica por qué la mente elige camuflar la agitación emocional mediante el dolor
físico.
15
Primera
parte
La psicología y fisiología de los
trastornos psicosomáticos
16
1
La psicología de los trastornos psicosomáticos:
una historia de dos mentes
Como el SMT y otros trastornos equivalentes son iniciados por fenómenos
psicológicos, una explicación de la psicología de los trastornos psicosomáticos es
el lugar lógico por dónde empezar. Estos trastornos no son enfermedades, sino
más bien estados sintomáticos inducidos por el cerebro para cumplir un
determinado propósito psicológico. Creo que vas a poder sentirte identificado con
alguno de los siguientes escenarios. Eres una mujer soltera y tienes entre veinte y
cuarenta años. Puedes tener o no un grado universitario, pero intentas abrirte
camino en tu profesión. Tu historia familiar podrá ser buena, indiferente o pésima,
pero puedes recordar cosas de tu infancia que te resultan dolorosas o
desagradables. Tu vida amorosa, seas heterosexual u homosexual, es claramente
mejorable y no nubes si casarte o no casarte, si establecer o no una relación a
largo plazo. Te preguntas si quieres o no formar una familia. Es posible que tengas
problemas de dinero y estés preocupada por tus padres.
Te sientes presionada por todas estas circunstancias y, para empeorar más
las cosas, sientes una fuerte necesidad de hacer que todo funcione, a la
perfección si es posible, una fuerte compulsión por ser una «buena persona»,
alguien que le caiga bien a todo el mundo, alguien en quien pueda contar para
ayudarlos en los momentos difíciles.
Quizá tienes la misma edad que esta mujer pero estás casada. Tu matrimonio
puede estar entre bastante bueno y espantoso, pero en cualquier caso el estar
casada ha agregado una gran cantidad de presiones a tu vida, presiones que no
tenías antes. Te está costando mucho más encontrar el tiempo necesario para
progresar en tu profesión. Incluso mantenerse en forma se ha convertido en un
reto. Si el matrimonio anda mal, el estrés es aún mayor. ¿Intentas luchar por
salvar tu matrimonio? ¿Habrás escogido mal tu pareja? ¿Encontrarás algún día la
pareja ideal? El tiempo vuela y ya puede ser demasiado tarde para tener hijos.
Compliquemos aún más las cosas. Tienes uno o más hijos. Si eres una mujer
trabajadora, las presiones son enormes. Incluso si eres un ama de casa, los niños
cambian de forma drástica tu vida, especialmente si eres una madre dedicada y
responsable. ¿Deberías dejar de trabajar? ¿Qué es lo mejor para tus hijos? ¿Qué
es lo mejor para ti? Paradójicamente, los niños por regla general aumentan el
estrés de un matrimonio. Ahora hay mucho menos tiempo para el romanticismo,
los juegos y la diversión; la despreocupada vida de la joven pareja recién casada
ha terminado. Para loa padres de un bebé, una buena noche de sueño es algo
poco común. Cada año, la paternidad y la maternidad crean nuevas
responsabilidades, más restricciones a la libertad de la pareja. Esto se aplica tanto
al padre como a la madre, por supuesto, a menos que el primero sea un machista
de la vieja escuela cuyo lema es: «La madre cuida a los niños, yo me encargo de
conseguir el dinero».
17
Es posible que pertenezcas a una tradición cultural en que las familias
numerosas son la regla y en que cinco, seis, siete u ocho hijos es algo común. Te
encanta la idea de tener muchos hijos, nunca te has sentido agobiada, pero por
alguna extraña razón has comenzado a tener dolor de espalda. (Resulta que eres
una persona meticulosa y aprensiva.)
¿Por qué todos estos escenarios se refieren únicamente a los aspectos
negativos de la vida? La realidad psicológica es que mientras todos tratamos
conscientemente de hacerlo lo mejor posible, las presiones de la vida producen
reacciones internas en el inconsciente de las cuales no tenemos conciencia.
Seguimos sin tener conciencia de ellas incluso cuando llegan a ser lo
suficientemente perturbadoras para producir síntomas físicos. La dimensión
emocional incluye dos tipos de mente: la conocida mente consciente y la mente
Inconsciente, una tierra remota que de hecho tiene una Influencia más profunda
en nuestras vidas, en lo que hacemos y dejamos de hacer, que su contrapartida
consciente. Aunque mucha gente piensa que el poder de la decisión radica en la
mente consciente, el hecho es que se trata de un proceso que se basa en todo lo
que se ha aprendido y sentido en el pasado, incluyendo la información que reside
en el inconsciente.
Adelantemos el reloj algunas décadas: ahora tienes entre cuarenta y cinco y
setenta años. Los hijos han crecido y se han ido; es posible que te sientas vacía y
desmotivada. Si tu matrimonio no ha sido bueno, puede que se deteriore aún más,
haciéndote sentir atrapada, queriendo marcharte pero sin atreverte a hacerlo por
una serie de razones, a menudo económicas. Comienzas a preguntarte si tu vida
ha valido la pena. Y, por extraño que parezca, fuertes sentimientos negativos
acerca de tu padre o tu madre aún no han desaparecido. De hecho, siguen
reprimidos y pueden dar lugar a síntomas.
Es posible que nunca hayas tenido un hijo y, en un nivel emocional profundo,
sientas tantas carencias que comiences a desarrollar síntomas.
Unos padres ya muy mayores pueden necesitar de muchos cuidados,
provocando enormes cantidades de rabia interna, de la cual no tendrás ninguna
conciencia. A pesar de tu genuino amor por tu padre o tu madre, la ira
inconsciente surgirá espontáneamente. Cuando alcance un cierto nivel crítico,
aparecerán los síntomas.
La jubilación es generalmente «peligrosa para tu salud», seas hombre o
mujer. La pérdida de estatus y el cambio de estilo de vida casi siempre producen
perturbadoras reacciones internas que pueden causar síntomas emocionales o
físicos.
Algunos de los sentimientos más intensos surgen en la vida de la mujer de un
jubilado. Ahora tienes que convivir continuamente con tu marido; es posible que
tengas que cocinar tres veces al día. Una mujer comentó que es como tener de
nuevo a un adolescente en casa.
Si tu marido enferma, puedes multiplicar la ira interna por diez. No importa lo
mucho que lo quieras; el inconsciente no es ni lógico ni razonable. Si tu
matrimonio fue algo difícil antes de su enfermedad, lo más probable es que ésta
empeore las cosas y aumente tu ira interna.
18
Eres un joven soltero, has acabado tus estudios y te resulta muy difícil
encontrar y mantener un empleo adecuado. O quizá tienes uno bueno pero es una
verdadera olla a presión. Trabajas muchas horas, realizas una buena labor, pero
no hay ningún ascenso a la vista. Es posible que no ganes lo suficiente para vivir
por tu cuenta y tienes que seguir en casa de tus padres, lo cual se te hace muy
difícil de sobrellevar a causa de la problemática relación que mantienes con tu
padre (o con tu madre, o con tu hermano o hermana).
Las mujeres pueden resultar un problema, o al menos encontrar una con la
que te sientas a gusto. A veces sales con chicas poco adecuadas para ti, pero tu
necesidad de gustar y de ser aceptado hace que te conformes con menos que tu
ideal. Como te sientes inseguro, aceptas trabajos de poco nivel que están por
debajo de tus capacidades. En el fon-lio de tu ser sientes que no vales gran cosa.
Eso te enfurece.
O quizá seas homosexual. Tu pareja es VIH positivo. O no tienes pareja y
desearías poder encontrar una. Aún no has salido del armario y hecho pública tu
tendencia sexual: ni tu padre ni tu jefe están al tanto. Puede que ni tú mismo estés
muy seguro.
O tienes alrededor de treinta y cinco años, estás casado y con dos hijos
pequeños, eres el propietario de un pequeño negocio o trabajas para una gran
empresa. Tienes éxito pero siempre has sido una persona que se preocupa por
todo, incluso cuando eras niño. Eres extremadamente sensible y fácil de herir;
siempre te denigras a ti mismo; crees que le tienes que caer bien a todo el mundo
y haces lo imposible por ayudar a cualquiera que lo necesite, para luego quedar
en la duda sobre si has hecho lo suficiente o fuiste Io bastante «bueno». Siempre
sientes la necesidad de probarte a ti mismo. Sabes que eres una persona ansiosa;
has tenida ataques de pánico. Curiosamente, muy poca gente sabe esto de ti
porque proyectas una imagen de fuerza. Físicamente eres bastante imponente.
Es posible que siempre hayas sido una persona físicamente muy activa: tenis,
jogging, baloncesto, voley, esquí… Llevas varios años casado, no tienes hijos y
trabajas en publicidad o en un bufete de abogados. Tu jefe es un tirano y te tiene
siempre bajo presión. Tu mujer quiere comenzar una familia pero tú no estás
seguro de si es un buen momento. Hace un año te comenzó a doler la espalda; la
resonancia magnética reveló una hernia de disco. Ahora tienes miedo de practicar
cualquiera de los deportes que tanto te gustaban y estás comenzando a
deprimirte.
Quizá ya estés cerca de los cincuenta años. Has tenido mucho éxito, has
logrado una, buena estabilidad económica, pero siempre te estás metiendo en
nuevos proyectos y buscando nuevos desafíos. Por lo visto, te resulta imposible
relajarte y disfrutar de tus logros. Comienzas a desarrollar síntomas físicos.
Has jugado al golf durante toda tu vida y te encanta este deporte. A tu mujer le
gustaría que practicaseis algún deporte juntos. Como no le interesa el golf, sugiere
el tenis. Has intentado aprender a jugar al tenis sólo para agradarla, pero no se te
da bien y no te gusta. Después de muchos años sin darte problemas, tu espalda
ha comenzado a dolerte de nuevo.
O llevas trabajando en la misma fábrica durante veinte años. Eres bueno en tu
19
trabajo pero tienes un nuevo supervisor que te hace la vida imposible y no te deja
tomar decisiones. Además, está continuamente asignándote tareas que deberían
ser realizadas por empleados más jóvenes y con menos experiencia. Estos días
no te estás sintiendo bien físicamente.
Y, coincidentemente, ese joven que trabaja en tu departamento desde hace un
año parece tener problemas en el cuello y en los brazos; ha estado a menudo de
baja por enfermedad durante los últimos meses. Después de hablar con él, te ha
dado la impresión de que odia su trabajo y que sólo sigue en la empresa porque el
sueldo es bueno. Además, está casado y tiene tres hijos.
Tienes setenta años. Hace un año, en contra de tu opinión, tu familia vendió la
empresa a la que le habías dedicado tu vida. Ellos eran el cerebro financiero de la
empresa, pero tú fuiste el genio creativo que la fundó. Hace seis meses que tienes
un fuerte dolor de cadera, un dolor para el que los médicos no encuentran
explicación. A veces es tan intenso que ni siquiera puedes caminar un par de
manzanas.
Probablemente estos breves bosquejos no describan la vida de todos los
lectores. Su objetivo es resaltar uno de los mensajes principales de este libro:
todos estamos sometidos a algún tipo de presión. Todos reaccionamos
interiormente ante estas presiones, y todos desarrollaremos síntomas físicos en
respuesta a estos sentimientos interiores. No importa cómo reaccionemos
conscientemente ante las presiones de la vida, otro mundo de reacciones existe
en el inconsciente. Como no somos conscientes de estos sentimientos y no los
podemos controlar, y dado que son tan amenazadores y aterradores, el cerebro va
a producir automáticamente síntomas físicos para evitar que los peligrosos
sentimientos se manifiesten y accedan a la conciencia. Así es como aparecen los
síntomas psicosomáticos, unos síntomas que son universales en la sociedad
occidental. No son una señal de enfermedad mental o emocional. Verlos como
algo anormal o aberrante conduce a grandes errores médicos.
La estructura de la mente emocional (psique)
Sigmund Freud desarrolló el concepto de inconsciente y el de represión de las
emociones en el inconsciente. Creo que los trastornos físicos psicogénicos (es
decir, los trastornos inducidos por las emociones) se desarrollan a causa de los
sentimientos reprimidos. Por lo tanto, mis teorías están basadas en los conceptos
psicoanalíticos fundamentales. No soy psicoanalista y no tenía ninguna idea
preconcebida acerca de la naturaleza psicológica de estos trastornos cuando
comencé a estudiar este problema. Sin embargo, pronto me quedó claro que los
complejos de síntomas que estaba estudiando eran el resultado de un proceso
que había comenzado en lo que los psicólogos llaman el inconsciente, esa parte
del mundo emocional de la cual no tenemos conciencia, y que los síntomas físicos
eran una reacción ante los sentimientos inconscientes. Por lo tanto, como ocurre
con tantos otros elementos del mundo de la psicología y de la psiquiatría, sin
Freud aún estaríamos buscando una respuesta. Si él no hubiese introducido la
20
idea de represión, seguiríamos atribuyendo los síntomas a los «nervios» y no
tendríamos la menor idea de qué camino terapéutico seguir.
Según Freud, la mente emocional consta de tres componentes que sus
traductores han llamado el superego, el ego y el id. Los psicólogos transaccionales
se refieren a estos tres componentes como el padre, el adulto y el niño. Para la
enseñanza de mis teorías prefiero esta última terminología.
El padre es la parte de la mente que nos dice qué es lo que está bien y qué es
lo que está mal, cómo debemos comportarnos y cómo debemos actuar ética y
moralmente. Este pudre reside tanto en la mente consciente como en la
Inconsciente y desempeña un papel fundamental en los trastornos físicos
psicogénicos. El padre es sinónimo de conciencia moral, es lo que nos hace
perfeccionistas y nos convierte en lo que yo llamo «buenistas». Un «buenista»
siente una compulsión por agradar, por ser una buena persona, por ser amable;
evita la confrontación, es un pacificador, siempre está alerta para ver si puede
ayudar a alguien, Incluso si eso implica algún sacrificio. El «buenista» siente una
gran necesidad de gustar, aunada al miedo de no gustar.
El perfeccionista es trabajador, meticuloso, responsable, una persona
ambiciosa que persigue el éxito y que tiene tendencia a preocuparse demasiado
por todo. El ultraperfeccionista no se contenta con sobresalir en su campo de
actividad V está siempre buscando compulsivamente nuevos desafíos.
El adulto opera tanto en la esfera consciente como en la inconsciente. Es el
mediador, el ejecutivo, el capitán de la nave. Su papel consiste en hacer que
funciones en un óptimo nivel y en protegerte de peligros tanto externos como
internos. El adulto inconsciente puede reaccionar de forma automática ante ciertas
situaciones; de ahí que sus decisiones no sean siempre lógicas o racionales
desde un punto de vista consciente. Esta tendencia a la irracionalidad en el
funcionamiento mental inconsciente es fundamental para comprender los
trastornos psicosomáticos. El mundo de las emociones está compuesto de dos
mentes; muchas veces experimentamos el dominio de la parte inconsciente sobre
la consciente. El SMT y otros trastornos equivalentes son ejemplos de ese
dominio.
Por último está el niño, la parte de la mente que no reconocemos pero que
desempeña un papel crucial en nuestra vida diaria. Todo es inconsciente, desde
luego, o nos sentiríamos continuamente avergonzados. Al igual que un niño real,
esta parte busca el placer, tiene tendencia al ensimismamiento, es dependiente,
irresponsable, encantadora a menudo ilógica e irracional. Pero, a diferencia del
niño esta parte está continuamente enfadada. También es poderosa, por mucho
que se vea a sí misma débil e inferior —«después de todo, no soy más que un
niño»—. Está continuamente en conflicto con el padre —una lucha de gran
importancia para los trastornos psicosomáticos.
Las ideas presentadas por Heinz Kohut, un eminente psicoanalista del siglo
XX, son esenciales para comprender la secuencia de hechos que llevan a los
síntomas físicos. En lugar de hablar del niño, Kohut postuló la existencia de un yo
en cada uno de nosotros que se desarrolla bien o mal durante los primeros meses
de vida. Kohut creía que el ensimismamiento, técnicamente conocido como
21
narcisismo, es normal y saludable si se desarrolla adecuadamente, ya que el
narcisismo indica un yo más o menos cohesionado. Señaló la existencia de una
línea de desarrollo para el narcisismo que va desde éste hasta la plena madurez.
Según Kohut, el narcisismo nunca es abandonado y constituye un fenómeno
potencialmente saludable que, en un ambiente favorable, se desarrolla hasta
alcanzar las formas maduras de la autoestima.
Sin embargo, lo que me interesó especialmente fue la referencia que hizo
Kohut a lo que llamó rabia narcisista. Sugirió que el trauma emocional
experimentado durante los años de desarrollo infantil era el responsable de esta
rabia. Yo pensé que quizá podía haber algo de esta rabia en todos nosotros, y me
pregunté si la presión sobre este yo inherentemente narcisista que reside en todos
nosotros podría producir la rabia-ira que parecía ser la responsable de los
trasturnos psicosomáticos. Esta idea está desarrollada más «tensamente en la
sección que sigue.
Con estos antecedentes, podemos examinar ahora qué es lo que sucede
exactamente en el inconsciente y qué da lugar a los síntomas físicos.
Presión y rabia en el inconsciente
Creo que la rabia en el inconsciente tiene tres fuentes potenciales:
1. Aquello que puede haber sido generado en la infancia y que nunca se ha
disipado.
2. Aquello que es producto de una presión autoimpuesta, como le ocurre a la
gente voluntariosa, perfeccionista o «buenista».
3. Aquello que constituye una reacción ante las presiones concretas de la
vida diaria.
He usado la analogía de una cuenta corriente para explicarle esto a los
clientes. Los depósitos de rabia no sólo se hacen durante la infancia, sino a lo
largo de toda la vida de una persona. Como nunca se realizan reintegros, la rabia
que hay en la cuenta se va acumulando. Así, la rabia se convierte en ira, y cuando
alcanza un nivel crítico y amenaza con irrumpir en la conciencia, el cerebro crea
dolor o algún otro síntoma físico como una maniobra de distracción para evitar una
violenta explosión emocional.
La siguiente historia real es una gráfica y dramática demostración de este
proceso. Sólo una pequeña proporción de los pacientes con SMT tiene un historial
tan problemático y difícil como éste. Sin embargo, uso el ejemplo de esta paciente
porque deja clarísima la relación entre los sentimientos reprimidos y el dolor.
Una carta de Helen
Unos meses antes de los hechos que Helen describe en mi carta, yo la había
22
curado de su dolor de espalda. Al cumplir cuarenta y siete años, recordó haber
sufrido abusos sexuales a manos de su padre durante su infancia y adolescencia.
Helen decidió entrar en un grupo de apoyo para mujeres adultas víctimas de
incesto. El día de la primera reunión la espalda comenzó a dolerle, pero como
había sido paciente mía no se preocupó ya que conocía la razón psicológica que
estaba detrás de ese dolor. Para describir lo que sucedió a continuación, es mejor
usar las propias palabras de Helen: «Fui a la reunión con las otras seis mujeres e
Intenté controlarme y no dejarme llevar por mis emociones y mi infelicidad frente a
personas que acababa de conocer. Quería ver si este tipo de grupo era el indicado
para mí. Pero por mucho que intentara mantener una cierta distancia, me vi
abrumada por la cantidad de dolor y sufrimiento que el abuso sexual había
causado en las vidas de estas mujeres —y también en la mía».
Durante las cuarenta y ocho horas siguientes, el dolor fue aumentando
gradualmente hasta obligar a Helen a quedarse postrada en cama: estaba
paralizada por el sufrimiento. Le dijo a su marido que no entendía por qué sentía
tanto dolor. Como había seguido mi tratamiento, comprendía el propósito
psicogénico del dolor y se preguntaba por qué la terapia habitual no estaba
funcionando.
Él le respondió: «Estás hablando de cuarenta años de Ira reprimida». Esto es
lo que sucedió a continuación (según cuenta en su carta):
r
Y entonces, en un instante, comencé a llorar. A llorar como nunca he llorado. A
derramar lágrimas llenas de ira, de angustia y de desesperación. Lágrimas
duras y profundas, lágrimas sin control, que eran mucho más que una queja
sobre mi dolor de espalda. Y me escuché a mí misma decir cosas como: «por
favor, protégeme, no quiero salir nunca de debajo de estas mantas, tengo tanto
miedo; por favor protégeme, no he hagas daño, quiero cortarme las venas, por
favor, déjame morir, tengo que escapar, me siento enferma» y muchas otras
cosas más. No podía parar, y Dios lo bendiga, mi marido me abrazó durante
todo el tiempo. A medida que lloraba y que exteriorizaba todos estos
sentimientos, fue como si hubiese, literalmente, un canal o una tubería entre mi
espalda y mis ojos, a través del cual el dolor fluía hacia fuera. Yo SENTÍA cómo
el dolor fluía hacia fuera a medida que lloraba. Fue una experiencia extraña e
increíble. Supe —realmente supe— que lo que estaba sintiendo en ese
momento era exactamente lo mismo que sentí cuando niña, cuando nadie me
protegió ni cuidó de mí, el mismo miedo, el mismo dolor, la misma soledad, Ia
misma vergüenza, el mismo horror. Mientras lloraba volví a ser nuevamente esa
niña y reconocí las emociones que había sentido toda mi vida y que siempre
había considerado absurdas o, como mínimo, extrañas. Quizá había perdido
toda conexión con mi cuerpo y había reprimido todo lo que sentí cuando era
joven. Pero los sentimientos estaban ahí y ahora fluían hacia fuera de mi ser.
Le estoy muy agradecido a Helen (he cambiado su verdadero nombre) por
dejarme incluir partes de su carta; ilustran perfectamente el proceso que existe
tras el SMT y otros síndromes parecidos. Su historia demuestra los siguientes
23
Importantes puntos:
1. Los sentimientos generados en la infancia y la niñez residen
permanentemente en el inconsciente y pueden causar síntomas
psicológicos y físicos a lo largo de la vida.
2. Los sentimientos intensos, dolorosos, embarazosos y amenazadores como
la ira, la rabia, la tristeza y la vergüenza son reprimidos y se acumulan en el
inconsciente.
3. Las emociones reprimidas intentan constantemente acceder a la conciencia
—es decir, salir del inconsciente y manifestarse de una forma consciente.
4.El objetivo de los síntomas, físicos o emocionales, consiste en evitar que los
sentimientos reprimidos se hagan conscientes, y para ello desvían la
atención hacia el mundo físico. Es una estrategia evasiva, una maniobra de
distracción.
La historia de Helen ilustra estos cuatro puntos. En menos de dos días su
dolor aumentó a pesar de que ella conocía su origen. Gracias a sus conocimientos
sobre el SMT, sabía que la comprensión de aquello que estaba siendo reprimido
normalmente sería suficiente para eliminar el dolor. En este caso no fue así
porque poderosos, dolorosos y amenazadores sentimientos estaban a punto de
irrumpir en la conciencia. El dolor aumentó en un intento desesperado por evitar
esta irrupción. Pero fue imposible reprimir estos sentimientos, y cuando éstos
irrumpieron en la conciencia, el dolor desapareció. El dolor había perdido su razón
de ser; había fracasado en su misión.
En la gran mayoría de los casos, la estrategia del cerebro funciona; logra
reprimir los sentimientos, y el dolor persiste. Sin embargo, los psicoterapeutas que
trabajan conmigo me dicen que reacciones como la de Helen, aunque no tan
dramáticas, suelen ocurrir en el curso de una terapia efectiva. Al igual que le
sucedió a ella, el dolor desaparece después de la experiencia emocional.
Se ahorraría mucho tiempo y esfuerzo si todos mis pacientes pudiesen
experimentar un cambio tan radical. Pero como no suele ser así y como yo no sé
de qué manera provocarlo, tenemos que seguir un proceso más laborioso para
eliminar el dolor. El paciente promedio con SMT no tiene el mismo nivel de rabia
reprimida que Helen y, por lo tanto, no explota de la misma forma que ella.
Ira inconsciente y sentimientos insoportables: los culpables ocultos
En realidad, poseemos tres mentes: la consciente, la inconsciente y la
subconsciente. Este libro se ocupa principalmente de las dos primeras. La tercera,
la mente subconsciente, es el asiento de la percepción, la cognición, la producción
del lenguaje, la comprensión, la razón, el juicio, las habilidades físicas e
instrumentales y es la fuente de la creatividad. Es un área fascinante de la mente
pero en este caso sólo es relevante en la medida en que el aprendizaje tiene lugar
en el subconsciente, y el aprendizaje es la base del proceso terapéutico.
24
Para comprender el proceso que tiene lugar entre el cuerpo y la mente, son
necesarios algunos conocimientos sobre la mente inconsciente. Ya he preparado
un poco el terreno con la descripción del padre, del adulto y del niño, todos los
cuales residen en el inconsciente. La siguiente tabla puede servirnos de ayuda:
La mente consciente
La mente inconsciente
Externa
Lógica
Intelectual
Controlada
Madura
Preocupada por los demás
Busca la perfección
Intenta ser bondadosa
Culpable
Valiente
Independiente
Segura de sí misma
Civilizada
Moral
Interna
Irracional
Emocional
Salvaje
Infantil
Narcisista, ensimismada
Se siente presionada —ira
Se siente presionada —ira
Despreocupada
Miedosa
Dependiente
Baja autoestima
Salvaje
Amoral
El inconsciente no es totalmente negativo, como se podría deducir de las
características presentadas. Sólo estoy enfatizando aquellas que llevan a
síntomas físicos. La mente consciente es perfectamente capaz de lidiar con las
presiones de la vida diaria. Son las reacciones internas a estas presiones las que
dan lugar a la ira acumulada, y a la amenaza de que esa ira irrumpa en la
conciencia. Esa amenaza es la que requerirá un trastorno físico como distracción.
La ira en el inconsciente es percibida por éste como peligrosa y amenazadora, y
de ahí la reacción excesiva en forma de dolor y otros síntomas físicos.
Para evitar cualquier confusión es esencial dejar clara la importante diferencia
que existe entre la ira o la rabia que sentimos conscientemente y la emoción
reprimida a la que me estoy refiriendo aquí.
La investigación médica actual sobre la relación entre las emociones y el
dolor, especialmente el dolor crónico, se concentra exclusivamente en lo que
podemos llamar emociones percibidas. Esto incluye sentimientos como la ira, la
ansiedad, el miedo y la depresión. La persona que experimenta estos sentimientos
es consciente de ellos, ya que no se encuentran reprimidos en el inconsciente.
Según mi experiencia, estos sentimientos conscientes pueden agravar pero
nunca causar un cuadro de dolor. El SMT nos enseña que los sentimientos que la
mente percibe como peligrosos, y que por lo tanto reprime, son los únicos que
producen reacciones físicas.
25
La represión de la ira consciente
El eminente psicoanalista Willard Gaylin escribió en 1984 un libro muy
importante titulado The Rage Within (La ira interior). Se trata de un lúcido y erudito
tratado sobre las musas y los efectos de la ira y la rabia en la era moderna. El
doctor Gaylin deja claro que el control de la ira es un hecho de la vida diaria y, por
lo tanto, un problema psicosocial de gran magnitud.
La ira inhibida o conscientemente anulada contribuye a aumentar la
acumulada en el inconsciente. Mi trabajo consiste en el tratamiento de trastornos
dolorosos que son el resultado directo de la ira-rabia reprimida (inconsciente) y
anulada (consciente). Si bien la ira contenida (y consciente) desempeña un papel
en la génesis del SMT, es mucho menos importante que la generada en el
inconsciente a raíz de:
1. Un conflicto interno.
2. El estrés y las tensiones de la vida diaria.
3. La ira residual proveniente de la infancia o la niñez.
Además, la gente que recibe tratamiento para su SMT mejora
consistentemente; y no se puede decir lo mismo en el caso de todos los que
reciben tratamiento para el dolor crónico dentro de la comunidad médica en
general.
Ira - no enfado
La intensidad del enfado, hasta alcanzar el nivel de la Ira, es la que
determina la necesidad de síntomas físicos que sirvan como estrategia evasiva.
La amenaza de que la ira irrumpa en la conciencia debe ser lo suficientemente
grave para generar un síndrome de miositis tensional o algún otro síndrome
parecido.
¿Cómo sabes que la ira es la culpable?
Los pacientes han sido mi principal fuente de información a lo largo de mis
experiencias con los trastornos psicosomáticos. He aprendido mediante la
observación. Además, nuestros psicólogos encuentran repetidamente evidencias
de tristeza y de ira reprimida, así como un miedo inconsciente de estos
sentimientos. Helen es un clásico ejemplo.
Abundan los ejemplos, como el del hombre cuya familia vendió, pese a sus
objeciones, una empresa que era el orgullo y la alegría de su vida; el que se sentía
obligado a participar en actividades que no le gustaban para agradar a su mujer;
las docenas de hombres y mujeres que tienen que cuidar a unos padres ya muy
mayores, sin poner objeciones conscientemente, pero hirviendo por dentro;
26
aquellos que como Helen fueron víctimas de abusos sexuales en la infancia; la
mujer con seis hijos que adora ser madre pero que no es consciente de la ira
interior que le produce todo lo que la maternidad comporta; la madre que siempre
tiene un ataque de dolor después de las vacaciones debido a la enorme cantidad
de trabajo que tiene que realizar para la familia y que todo el mundo da por
sentado o el hombre de cincuenta y cinco años que siente ira hacia su madre o su
padre desde la infancia.
Creo que, en mayor o menor grado, todos albergamos un cierto nivel de ira
reprimida; es algo normal en nuestros tiempos y en nuestra cultura. Todos
sufrimos algún tipo de presión. Aunque es positivo ser consciente de esta ira, es
Igualmente importante examinar sus orígenes. Antes de que lo hagamos, unas
palabras sobre la evitación.
La evitación: el síntoma como maniobra de distracción
Como señalé en la introducción, Stanley Coen, psicoanalista de la Universidad
de Columbia y escritor, sugirió que el objetivo del dolor era desviar la atención de
las emociones amenazadoras y atemorizadoras, y evitar su expresión. Esto era
crucial para entender la relación entre las emociones y los síntomas físicos, y,
como veremos en el capítulo sobre el tratamiento, para entender por qué el conocimiento puede eliminar los síntomas.
Los síntomas no son sustitutos físicos de los sentimientos negativos como la
ansiedad. Tampoco son un autocastigo por los malos pensamientos o la culpa.
Son parte de una estrategia diseñada para mantener nuestra atención centrada en
el cuerpo, y así evitar que ciertos sentimientos peligrosos irrumpan en la
conciencia y tengamos que enfrentarnos a ellos.
La experiencia de Helen representa una combinación de ambas cosas. Ella
estaba llena de ira y de vergüenza por culpa del abuso sexual que había sufrido y
de la humillación que le había producido. Albergaba sentimientos de terror,
soledad, tristeza y miedo, ninguno de los cuales pudo acceder a la conciencia. Sin
embargo, estimulados por el grupo de apoyo, estos sentimientos comenzaron a
presionar para; acceder a la conciencia; al hacerlo, el dolor aumentó en un intento
desesperado por atraer la atención y evitar la irrupción.
Como el inconsciente es a menudo ilógico e irracional puede reaccionar
automáticamente al verse enfrentado á sentimientos perturbadores. La mayoría de
la gente, ante la elección entre enfrentarse a sentimientos difíciles o experimentar
un intenso dolor físico, elegiría lidiar con los sentimientos. Ésa sería la decisión
lógica. Pero la forma en que está organizado el sistema emocional humano es la
que dicta cómo se va a reaccionar; y en el nivel inconsciente esta decisión es a
menudo ilógica. Si el cerebro continúa evolucionando, es posible que el
inconsciente sea algún día más! racional. Por el momento, la mente inconsciente
está muy influenciada por reacciones ilógicas e infantiles.
Para comprender el fenómeno de la evitación en el SMT, uno debe tener
siempre en mente las enormes diferencias que existen entre la mente consciente y
27
la inconsciente. El inconsciente está aterrorizado por la ira y la rabia, y reacciona
intentando reprimirlas y empleando síntomas físicos para que le ayuden en esa
represión. Uno de los biógrafos de Freud, Peter Gay, comparó el inconsciente con
una prisión de máxima seguridad en la que los peores criminales, los indeseables
y los inaceptables son encerrados bajo llave y detrás de pesados barrotes. En
otras palabras, son reprimidos.
Si estos sentimientos ya han sido reprimidos, te preguntarás: «¿Qué
necesidad hay de una maniobra de distracción?». La analogía de la prisión lo
explica muy bien: los sentimientos reprimidos, al igual que los criminales, van a
intentar escapar. A pesar de la fuerza de la represión, poderosas emociones como
la ira o la rabia van a luchar por acceder a la conciencia. Lo llamo el «impulso hacia
la conciencia». El filósofo y psicoanalista de la Universidad de Yale, Jonathan
Lear, se refiere a este impulso como un «anhelo de expresión» y un deseo de una
«unificación consciente del pensamiento y el sentimiento».
En Más allá del principio del placer, Freud escribió: «El Inconsciente no tiene
otra misión que la de abrirse paso a través de las barreras que lo aprisionan e
irrumpir en la conciencia o disipar su energía mediante alguna acción real».
La experiencia terapéutica confirma esta idea. Cuando los pacientes toman
conciencia de la presencia de la ira o de algún sentimiento insoportable, estos
sentimientos cesan en mi lucha por acceder a la conciencia. Al eliminar esa
amenaza se acaba con la necesidad de la distracción física, y el dolor desaparece.
La ira parece tener el papel protagonista en el síndrome de miositis tensional.
Sin embargo, los sentimientos objetables o insoportables van a ser reprimidos, y,
dado que todos intentarán acceder a la conciencia, todos pueden dar lugar a
síntomas físicos. Esto incluye conflictos internos de todo tipo, muchos de los
cuales necesitan ser desactivados por un psicoterapeuta. Necesidades de
dependencia, conflictos sobre la sexualidad, problemas de identidad o
sentimientos de impotencia, de humillación y de vergüenza no suelen manifestarse
en mi interacción con un paciente. Si estos conflictos se hallan en la raíz de los
síntomas que se presentan, la psicoterapia suele ser necesaria para revertir el
proceso.
La idea de que los síntomas físicos sirven como maniobra de distracción para
evitar fenómenos inconscientes ha sido importante para comprender la naturaleza
del proceso psicosomático, y, por lo tanto, para el desarrollo de un programa
terapéutico. Esta idea básica ha sido confirmada por muchos años de tratamientos
exitosos.
Las fuentes de la ira
Este puede ser el tema más importante de todo el proceso mente-cuerpo.
Aunque tomar conciencia de la ira que existe en el inconsciente es esencial,
concentrarse sólo en eso no es suficiente. Debemos conocer las razones que
están detrás de esa ira para comprender plenamente el proceso.
28
Trauma en la infancia y la niñez
Las experiencias de la infancia y de la niñez son las que realizan las primeras
contribuciones a nuestro depósito de ira. La historia de Helen nos proporciona un
doloroso ejemplo del que es sin duda el tipo más grave de trauma emocional
infantil: el abuso sexual. El abuso emocional y el físico son igualmente destructivos
para el desarrollo psicológico del niño.
El abuso emocional puede producirse bajo el disfraz de; «educación».
Estrictas reglas de conducta, como «a los niños se les debe ver pero no oír» o
«los niños buenos y las niñas buenas no tienen rabietas», y las ideas rígidas sobre
la que está bien y lo que está mal (la educación religiosa puede imponer esto) son
ejemplos bien conocidos. Además, los hijos de padres con graves problemas
psicológicos como el alcoholismo, la drogadicción, la depresión, la ansiedad y la
psicosis también suelen sufrir traumas duraderos.
Si una madre tiene grandes deficiencias psicológicas, los delicados procesos
de la interacción madre-hijo y el establecimiento de la independencia emocional,
que ocurren durante los primeros meses de vida, pueden verse perturbados, Si
una mujer fue muy dependiente de su propia madre, es posible que sienta la
necesidad de aferrarse a su hijo porque esto la hace sentirse más segura. Puede
usar el amor del niño para cubrir la ausencia de amor de su marido o de sus
padres. El padre también desempeña un importante papel en el desarrollo infantil.
Debe ser un modelo para el niño y el precursor de una pareja para la niña. Si
piensa que la educación de los niños le corresponde a la mujer, sus hijos van a
tener problemas. Tanto el padre como la madre pueden tener expectativas
exageradas con respecto a sus hijos —sean de tipo académico, atlético o
artístico—, creando así una gran presión que puede no ser soportable.
Los resentimientos inconscientes pueden producirse en entornos
perfectamente normales. Y esto no quiere decir que los padres sean «malos»,
crueles» o «inadecuados».
Los sentimientos de inferioridad reprimidos propician el desarrollo de rasgos
de la personalidad que son casi universales en las personas con SMT. Estas
personas tienen tendencia a ser perfeccionistas, compulsivas, meticulosas y
ambiciosas; están muy motivadas, son muy críticas consigo mismas y por regla
general tienen éxito. Paralelamente a estos rasgos existe una compulsión por
agradar, por ser una buena persona, por ser servicial y evitar los conflictos. En
resumen, la gente con SMT siente una gran necesidad d buscar la aprobación de
los demás en cualquiera de sus formas: amor, admiración o respeto.
¿Y qué tiene de malo buscar la perfección y ser buena persona? Nada en
absoluto desde el punto de vista de la sociedad y de la carrera profesional, pero
las negativas con secuencias inconscientes pueden ser extremadamente
importantes.
29
Rasgos de la personalidad
BAJA AUTOESTIMA
La baja autoestima es tan común en nuestra sociedad que uno se siente
inclinado a invocar tanto los factores genéticos como los relativos al desarrollo.
Los sentimientos reprimidos de inferioridad y de inseguridad parecen ser
nuestro sino. Es posible que las sociedades primitivas hayan educado mejor a los
niños, creando un entorno más acogedor, menos controlador, con reglas de vida
más claras y simples, y proporcionando ritos de iniciación y buenos modelos que
seguir.
El hecho de que todos alberguemos sentimientos de inferioridad no es algo
que se pueda demostrar, pero los psicoanalistas modernos, como Kohut, han
sugerido que un desarrollo deficiente del yo en los primeros años de vida nos deja
con sentimientos infantiles inconscientes en un mundo adulto.
EL PERFECCIONISMO
La motivación por ser perfectos debe provenir de una profunda necesidad de
demostrarnos a nosotros mismos y al mundo que realmente valemos algo. Casi
todos los pacientes con síndromes dolorosos que he tenido han sido
perfeccionistas en mayor o menor grado. Los que niegan serlo luego confiesan ser
maniáticos de la limpieza, fanáticos del orden o muy exigentes con respecto a
otros aspectos de su vida. Los que no admiten ser perfeccionistas reconocen ser
muy responsables, meticulosos y propensos a preocuparse demasiado. Suelen
ser gente ambiciosa, voluntariosa y que ir exige mucho a sí misma. Su
perfeccionismo se ve alimentado por un profundo sentimiento de insuficiencia. Los
logros de una persona o su posición social suelen ser engañadores. Los
sentimientos de insuficiencia son por completo inconscientes y, paradójicamente,
pueden incitarnos a convertirnos en personas de mucho éxito.
¿Por qué el deseo de ser perfecto lleva a la ira? La presión impuesta por la
mente-padre sobre el residuo de la mente-niño produce ira. Ben Sorotzkin, un
psicólogo en activo, sugiere que los perfeccionistas se plantean exigencias que
nunca van a poder cumplir, y su inevitable fracaso produce ira y vergüenza
inconscientes.
«BUENISMO»
El perfeccionismo es la característica dominante en muchos de mis pacientes.
En otros, sin embargo, el rasgo principal es una compulsión muy parecida —la
necesidad de ser bueno—. Estas personas se sienten impulsadas a ser
30
serviciales, a menudo hasta el punto de sacrificar sus propias necesidades.
Sienten un gran deseo de agradar; quieren ser apreciadas por todo el mundo. Las
influencias culturales religiosas pueden acentuar esta tendencia. La sociedad
exige que uno sea un buen hijo, un buen marido, una buena esposa, un buen
padre, una buena madre o un buen compañero de trabajo. Esta poderosa
motivación, como el perfeccionismo, parece provenir de profundos sentimientos de
insuficiencia.
¿Qué tiene de malo esforzarse por ser perfecto y bueno? ¿Acaso no beneficia
eso a todo el mundo? Desde un punto de vista interpersonal y social, es algo
maravilloso, pero también genera una gran cantidad de rabia interior. Aunque
conscientemente queramos ser buenos y hacer el bien, el yo narcisista no siente
ese imperativo moral. De hecho, reacciona con rabia ante esta imposición.
Agrégale a esto la rabia inconsciente que se produce cuando nuestros esfuerzos
no son debidamente apreciados y, sobre todo, la que sentimos hacia nosotros
mismos por no haber alcanzado nuestras expectativas.
Recuerda, el inconsciente a menudo es irracional. Una joven madre que
acaba de tener un bebé va a estar muy preocupada por hacer bien las cosas, y
casi no va a dormir por las noches. Totalmente concentrada en el hecho de ser
madre, no va a percibir la rabia inconsciente que siente hacia su bebé. A muchos
de mis pacientes les ha costado aceptar la idea de que los padres puedan sentir
rabia hacia sus hijos.
HOSTILIDAD Y AGRESIÓN
Se ha escrito mucho sobre los peligros potenciales que representan para
nuestra salud la hostilidad y la agresión. Se dice que la hostilidad es el más
importante de los rasgos del llamado comportamiento de tipo A, relacionados con
la arteriosclerosis coronaria. Una vez más, la clave radica en las emociones
percibidas. La teoría del SMT identificaría la hostilidad y la agresión como
evidentes manifestaciones de algo mucho más peligroso —ira reprimida y rabia
contenida—. Los síntomas físicos, la ansiedad, la depresión o la hostilidad son, en
realidad, equivalentes entre sí. Todos reflejan poderosos procesos que están
teniendo lugar en el inconsciente.
CULPA
Recientemente una paciente me describió su compulsión por agradar y ser
una buena persona. «No sólo eso —agregó— sino que además me siento
culpable por no ser lo suficientemente buena o por no ayudar más a la gente que
me rodea.»
La culpa es otra reacción creada por el padre psíquico, otra presión
autoimpuesta que contribuye a aumentar la masa crítica de rabia. Uno se puede
sentir culpable por muchas cosas, incluyendo transgresiones y errores del pasado.
Como el yo no puede tolerar ningún tipo de agravio, y como la culpa es otro
31
ataque más contra tu autoestima, todo lo anterior contribuye a aumentar la rabia.
Por lo visto, la autocrítica produce tanta rabia como la crítica ajena.
DEPENDENCIA
El deseo de que nos cuiden es uno de los residuos de la infancia. Como no lo
consideramos un deseo digno de un adulto, lo reprimimos. Nuestra dependencia
pasa a ser una tendencia inconsciente. Esto puede producir sentimientos de rabia
inconsciente porque las necesidades de dependencia nunca se ven satisfechas y,
paradójicamente, podemos estar inconscientemente enfadados con la persona o
las personas de las que dependemos.
La dependencia inconsciente puede producir otras complicaciones, como la
mala elección de pareja (alguien que nos mime) o el hecho de elegir una profesión
que sea segura y esté exenta de responsabilidades, pese a no ser estimulante ni
satisfactoria. Una independencia feroz incluso la agresión son otras reacciones al
arraigado sentimiento de dependencia.
La comprensión del impacto de la baja autoestima, el perfeccionismo, el
«buenismo», la culpa y la dependencia respalda la idea de que la rabia-ira es la
principal emoción implicada en el desarrollo de los síntomas psicosomático en
trastornos como el SMT. Los sentimientos de insuficiencia y dependencia
provocan tendencias perfeccionistas, «buenistas», y generadoras de culpa. El yo,
al igual que un niño, reacciona ante la presión. Se establece un proceso circular: el
yo estimula rasgos de la personalidad que, a su vez, lo enfurecen.
El mundo que nos rodea
La presión enfurece al yo, ya se trate de la presión interior producida por los
dictados de nuestros padres o de las de nuestra vida diaria. Ser una persona seria
y responsable empeora las cosas, agravando la presión para ser un buen
trabajador, un buen cónyuge y progenitor o un buen hijo para con unos padres
envejecidos y dependientes.
Incluso acontecimientos felices como conseguir un buen trabajo, casarse o
tener un bebé pueden provocar preocupaciones, presiones y rabia. Muchas de las
jóvenes madres que comenzaron a sentir dolor de espalda durante la gravidez se
sentían inseguras como madres y ambivalente con respecto al hecho de haber
interrumpido sus carrera» profesionales para tener un bebé.
En el otro extremo del espectro emocional, el yo, sintiéndose abandonado,
puede reaccionar con rabia ante un ser amado que muere o un hijo que abandona
el hogar.
Hace muchos años, dos psiquiatras de Nueva York, Thomas Holmes y
Richard Rahe, estudiaron el papel causativo de los acontecimientos estresantes
en «la historia natural de muchas enfermedades». Hicieron una lista de estos
acontecimientos, algunos de los cuales eran negativos poro muchos socialmente
deseables y «consonantes con los valores americanos del éxito, del materialismo,
32
del pragmatismo, de la eficacia, del progreso, del conformismo y de la autonomía
personal». Esta lista está reproducida aquí. Afirmo que estos sucesos provocan
«enfermedades» a través del mecanismo de la rabia interna. Los acontecimientos
son enumerados en un orden de estrés decreciente:
1. Muerte del cónyuge
2. Divorcio
3. Separación matrimonial
4. Tiempo en prisión
5. Muerte de un pariente cercano
6. Enfermedad o lesión
7. Matrimonio
8. Ser despedido del trabajo
9. Reconciliación matrimonial
10. Jubilación
11. Enfermedad de un pariente
12. Gravidez
13. Problemas sexuales
14. Llegada de un nuevo miembro familiar
15. Reajuste en el trabajo
16. Cambio en la situación financiera
17. Muerte de un íntimo amigo
18. Cambio a otro tipo de trabajo
19. Cambio en la cantidad de discusiones con la pareja
20. Hipoteca de más de 10 000 dólares (en la década de los sesenta)
21. Ejecución de crédito o de hipoteca
22. Cambio en las responsabilidades del trabajo
23. Hijo o hija que abandona el hogar
24. Problemas con los suegros
25. Extraordinario logro personal
26. La esposa comienza a trabajar o abandona su empleo
27. Comienzo o final de los estudios universitarios
28. Cambio en las condiciones de vida
29. Modificación en los hábitos personales
30. Problemas con el jefe
31. Cambio en el horario o las condiciones de trabajo
32. Cambio de residencia
33. Cambio de universidad
34. Transformación en las actividades recreativas
35. Cambio en la actividad religiosa
36. Cambio en las actividades sociales
37. Hipoteca o préstamo inferior a 10 000 dólares
38. Cambio en los hábitos de sueño
33
39. Cambio en el número de reuniones familiares
40. Alteración de los hábitos alimenticios
41. Vacaciones
42. Navidad
43. Infracciones menores de la ley
Tanto el estrés negativo como el positivo generan rabia inconsciente, esté uno
conscientemente enfadado o no. La rabia acumulada se convierte en ira, y la
temible ira inconsciente lleva al desarrollo de síntomas físicos.
Seis necesidades básicas
Nos sometemos a presión para satisfacer nuestras necesidades básicas, y
esto pone furioso al yo. O nos sentimos frustrados y enfadados porque alguna de
estas necesidades no son satisfechas adecuadamente. Estas necesidades
básicas son:
1. Ser perfecto (destacar, lograr, tener éxito; altas expectativas y exigencias;
muy autocrítico y muy sensible a las críticas).
2. Gustar (ser aceptado, amado, respetado, admirado; una compulsión por
agradar, ser un «buen tipo», o un padre o una madre para el mundo).
3. Que cuiden de uno (un deseo que nunca desaparece del inconsciente por
muy ancianos e independientes que seamos).
4. Ser reconfortados (buscamos la gratificación a través de la comida, de la
bebida, del tabaco, del sexo, de la diversión, del juego...).
5. Ser físicamente invencibles (fuerte, desinhibido, sensual...).
6. Ser inmortal (la inexorabilidad de la muerte nos enfurece
inconscientemente).
Esta última categoría es a veces una de las más sutiles. Sin embargo, suele
ser la causante de la aparición del dolor en muchos hombres y mujeres de más de
cincuenta años, el envejecimiento enfurece, algo en lo que nunca había pensado
hasta que lo experimenté en carne propia. Algunos de mis pacientes han tomado
conciencia de este hecho pero la mayoría no se daba cuenta de lo intensos que
eran sus sentimientos a este respecto.
El cociente ira/alivio
Creo que un tipo de cociente ira/alivio puede servir para determinar el
34
momento en que se van a producir lo síntomas físicos. Los pacientes suelen
preguntar: «¿Por qué el dolor ha comenzado ahora?». Yo les respondo siempre lo
mismo: «Porque tu ira ha alcanzado un nivel crítico; porque ahora amenaza con
irrumpir en la conciencia».
Sin embargo, supongo que existe otro elemento más en esta ecuación, que no
es únicamente la cantidad de ira la que produce los síntomas sino también la
presencia o ausencia de factores reconfortantes que sirvan de contrapeso.
Teóricamente, estos elementos agradables en la vida de una persona ayudarían a
reducir la amenaza presentada por la Ira y por lo tanto a hacer innecesarios los
síntomas. Uno puede llevar este razonamiento al absurdo, pero creo que algo así
es lo que sucede, y que la ocurrencia de los síntomas refleja demasiada ira y una
insuficiencia de factores reconfortantes y que proporcionen alivio en la vida de la
persona.
El concepto de equivalencia
El SMT es sólo uno entre un grupo de trastornos físicos. Todos ellos cumplen
la misma función en lo que respecta a la conexión mente-cuerpo y, por lo tanto,
todos son equiparables entre sí. De hecho, cualquier trastorno físico que atraiga la
atención de una persona —por ejemplo, una fractura o una aguda infección
respiratoria— puede reemplazar transitoriamente el síndrome mente-cuerpo. Este
síndrome doloroso suele desaparecer ante la llegada del nuevo trastorno físico,
sólo para volver a reaparecer después de su marcha.
En un estudio realizado en 1975, se comprobó que el 88% de los pacientes
con SMT presentaban historiales en los que figuraban hasta cinco trastornos
psicosomáticos, incluyendo una variedad de síntomas estomacales como acidez,
indigestión, gastritis y hernia de hiato; problemas del tracto gastrointestinal inferior,
como el colon espástico, el síndrome de intestino irritable y el estreñimiento
crónico; enfermedades alérgicas, como la fiebre del heno y el asma; una gran
variedad de afecciones de la piel, como el eccema, el acné, la urticaria y la
psoriasis; jaqueca; infecciones frecuentes del tracto urinario o del sistema
respiratorio y mareos o zumbido en los oídos (no asociado a ninguna enfermedad
del oído). No todo el mundo coincide en que todos éstos sean trastornos
psicosomáticos, pero lo que he comprobado en mi práctica clínica es que sí lo son.
Estos trastornos suelen venir en tándem, lo que sugiere que todos cumplen la
misma función psicológica. El hecho de que fueran tan comunes en los pacientes
con SMT es lo que me llevó concluir que el síndrome también era un trastorno
psicosomático.
La equivalencia entre la ansiedad y la depresión
La idea de que los trastornos físicos mencionados tienen un origen
35
psicológico es controvertida. Y todavía m controvertida es mi conclusión de que la
ansiedad y la depresión son equivalentes en lo que respecta al SMT. Esto significa
que ambas pueden servir para distraernos de las amenazadoras emociones
subyacentes. La psique es ecléctica al escoger sus distracciones.
Las siguientes historias de pacientes sirven para ilustrar la equivalencia entre
la ansiedad y la depresión.
El primer caso es el de una mujer soltera de cuarenta y cinco a cincuenta años
cuyo dolor crónico de espalda en la zona lumbar la había dejado totalmente
incapacitada. Había sido examinada exhaustivamente y seguido todo tipo de
tratamientos, sin éxito alguno. Su columna vertebral era estructuralmente normal y
las radiografías sólo mostraban los cambios normales asociados a la edad. Como
su examen físico era básicamente normal, le diagnostiqué que tenía síndrome de
miositis tensional.
La intensidad de sus síntomas era tal que tuvo que ser Ingresada en un
hospital. Allí recibió un tratamiento que Incluía fisioterapia, mi programa educativo
y psicoterapia. La mujer experimentó un alivio gradual del dolor. Una mañana
entró en mi consulta para decirme que el dolor había desaparecido pero que se
había puesto extremadamente ansiosa, hasta el punto de casi desear el regreso
de su dolor de espalda. Al haber perdido el dolor como maniobra de distracción, el
cerebro lo reemplazó con un estado de ansiedad.
Creo que la depresión puede funcionar de la misma forma. Uno de mis
pacientes era un hombre de cincuenta años que había sido tratado con éxito de
diversas manifestaciones del SMT a lo largo de varios años. También presentaba
una larga historia de depresión, para la cual siguió un tratamiento de psicoterapia
y medicamentos antidepresivos. A comienzos de 1994 se le recetó un
antidepresivo que resultó ser muy efectivo y, llegado el otoño, el paciente se
encontraba en un excelente estado de ánimo. En ese momento, comenzó a
desarrollar agudos síntomas de SMT, Incluyendo una gran debilidad muscular en
uno de los tobillos. Yo lo interpreté como un caso de sustitución de síntomas. La
medicación había alterado la química cerebral y aliviado la depresión, pero no
había hecho nada para cambiar los conflictos intrapsíquicos responsables de ella.
Por lo tanto hacía falta encontrar otra distracción y la mente recurrió a una que ya
había usado muchas veces en el pasado: dolor en la espalda y en las piernas.
Los ataques de pánico (manifestaciones físicas de una intensa ansiedad) son
también reacciones ante la rabia reprimida o contenida. Recuerdo a un paciente
que contó que había estado a punto de ser grosero con una mujer, decidió que no
era caballeroso hacerlo, contuvo su rabia e inmediatamente sufrió un ataque de
pánico. Otros estudios corroboran esta equivalencia. Uno de ellos llamó dolor
crónico (el SMT puede llegar a ser crónico) una emoción patológica, como la
ansiedad y la depresión. Otros lo descrito como psicológicamente equivalente a la
depresión.
El factor miedo
El miedo es otro factor equivalente al dolor que puede ser más efectivo que
36
éste para lograr el objetivo de distrae la atención de la rabia reprimida. El miedo al
dolor, a la actividad física, a las lesiones o a una anormalidad de la columna es
suficiente para perpetuar el SMT, incluso ante la ausencia de dolor. La mente
únicamente está interesada en mantener nuestra atención en el cuerpo; el miedo
ante cualquiera de estos fenómenos logrará este objetivo tan bien como el propio
dolor real. Por esto nuestro programa terapéutico busca no sólo el fin del dolor,
sino también la eliminación del miedo.
Los trastornos obsesivo-compulsivos como equivalentes del SMT
Un paciente muy inteligente y perceptivo es el responsable de este
descubrimiento. Presentaba un caso clásico de SMT, pero no mencionó que
también padecía de un trastorno obsesivo-compulsivo (TOC). El TOC se
caracteriza por la repetición continua de actos rituales y de pensamientos
obsesivos. Es un trastorno molesto que interfiere con un funcionamiento normal.
Un ejemplo clásico es la compulsión de lavarse las manos, en la que los pacientes
lo hacen elencos de veces al día por miedo a los gérmenes. La compulsión por
hacer o pensar ciertas cosas es irresistible.
Este paciente decidió que el TOC y el SMT compartían la misma psicología
subyacente y comenzó a aplicar los principios terapéuticos de esta última al
primero —con excelentes resultados—. De hecho, su trastorno obsesivocompulsivo desapareció antes que su dolor de espalda.
El TOC es un equivalente de la ansiedad, y la ansiedad en un equivalente del
SMT. Por lo tanto, la decisión de Incluir el TOC como un equivalente del SMT es
lógica. Su capacidad para absorber la atención del paciente es parecida a la del
dolor en el SMT. Bastante a menudo, los pacientes con este síndrome están
obsesionados con sus síntomas de dolor, lo que indica la intensa necesidad
inconsciente de tener una distracción.
Muchas de las teorías que he mencionado en este capítulo son controvertidas
y serán rebatidas por todo tipo especialistas. Son el resultado de mi experiencia
clínica, pero como no soy psicoanalista, ni psicólogo, ni psiquiatra, es probable
que sean cuestionadas por los miembros de estas profesiones. Pero es bueno
recordar que el campo de medicina psicosomática ha sido estudiado con
muchísima menos intensidad en la segunda mitad del siglo XX que en los tiempos
de Freud y sus seguidores. Ha sido un campo totalmente abandonado por las
especialidades médicas y psiquiatría. Los psicólogos que no han estudiado
medicina no están preparados para evaluar trastornos físicos y, por consiguiente,
no pueden contribuir al estudio de las manifestaciones físicas de estos trastornos.
Los médicos psicoanalistas han sido el único grupo en mantener el interés en este
tema y continúan escribiendo sobre él, pero su campo de acción es limitado, ya
que no ven más que los ejemplos más agudos de trastornos psicosomáticos,
como la colitis ulcerosa.
Mis teorías psicológicas se refieren tan sólo a los síntomas físicos que son
inducidos emocionalmente. No soy psicoterapeuta, es decir, alguien que trata los
37
síntomas emocionales de los trastornos psicológicos. Soy un médico que ha
identificado la causa psicológica de un trastorno físico. Por lo tanto, lo que
propongo debe ser evaluado en un contexto distinto al de los médicos orientados
hacia la parte física, por un lado, y al de los psicólogos-psiquiatras, por el otro.
Necesitamos un puente conceptual. Veamos si podemos construirlo.
38
2
La mecánica de los
procesos psicosomáticos
El concepto Mente-Cuerpo
Esta sección pretende ser un puente conceptual y de organización que conecte
la actividad emocional del cerebro con los síntomas físicos en el cuerpo. Este libro
comenzó con una descripción del estado emocional, considerado el causante de
muchos trastornos físicos, y continuará, después de este puente, con una
descripción de estos trastornos.
Se ha escrito mucho acerca de la conexión mente-cuerpo en los últimos años.
Autores como Herbert Benson, Deepak Chopra, Norman Cousins, Dennis Jaffe,
Lawrence LeShan, Steven Locke y Douglas Colligan, Joyce McDougall, Morton
Reiser, Ernest Rossi, Bernie Siegel, Graeme Taylor y Andrew Weil, provenientes
de todo tipo de campos y disciplinas, comparten la convicción de que la mente
tiene la capacidad de combatir la enfermedad y mejorar la salud. No hay duda de
que esto es así. Sin embargo, lo que hay que hacer es demostrar científicamente
cómo la mente puede producir o curar dolencias físicas. Este libro presenta un
ejemplo específico de ambos poderes, y describe cómo el cerebro crea los
síntomas físicos del síndrome de miositis tensional y otros trastornos equivalentes,
y cómo puede aliviarlos.
El estado de la medicina psicosomática
A lo largo de este libro he usado los términos psicosomático y mente-cuerpo
de forma intercambiable. Ambos son sinónimos y se refieren a la interacción entre
el cerebro y el cuerpo mediante la cual los procesos psicológicos o mentales
inducen cambios físicos tanto patológicos como curativos. La palabra
psicosomático ha sido ampliamente malinterpretada. Se la ha usado para describir
un trastorno imaginario desarrollado por personas que presentan alguna
anormalidad mental, o como una exageración de los síntomas que tienen alguna
base «real». Para dejar las cosas claras, debo decir que los síntomas
psicosomáticos son reales, que se producen en gente normal y que son muy
comunes en la sociedad occidental.
La mayor parte de la literatura sobre este tema se refiere a la conexión entre
la mente y el cuerpo o conexión mente-cuerpo (con guión). Candace Pert, que
39
realizó investigaciones en el Instituto Nacional de Salud mostrando la íntima
conexión que existe entre el cerebro y el cuerpo, fue el primero en sugerir que se
uniesen las palabras mente y cuerpo. En vista de mi experiencia con el SMT, yo
también he adoptado este uso.
En la introducción de su libro Medicina psicosomática, publicado en 1950,
Franz Alexander escribió: «El paciente en tanto que ser humano con esperanzas,
miedos y preocupaciones, en cuanto todo indivisible y no únicamente el portador
de unos órganos —un hígado o estómago enfermo—, está volviendo a ser el
legítimo objeto de interés médico. Una creciente orientación psicológica está
manifestándose entre los médicos».
Irónicamente, el movimiento creado por Alexander casi muere con él. El
proceso histórico sobre el que escribió, el dominio de una medicina tecnológica,
centrada en la enfermedad y antipsicológica, ha continuado y se ha intensificado
tanto que muy pocas personas están continuando el Importante trabajo que él
inició. La medicina convencional, incluyendo la psiquiatría, no acepta la teoría
presentada en el último capítulo. No cree que las emociones puedan dar inicio a
síntomas físicos. El Manual de diagnóstico y estadística de los trastornos mentales,
la lista oficial de diagnósticos psiquiátricos de la Asociación Americana de
Psiquiatría, no usa la palabra psicosomático.
Alexander creía que los fenómenos emocionales podían dar inicio a trastornos
físicos como las úlceras de estómago y el SMT. El también estudió los efectos de
los fenómenos emocionales sobre el tracto gastrointestinal y sobre los sistemas
respiratorio, cardiovascular, endocrino y muscular. También creía que a cada
trastorno físico le correspondía un cierto estado emocional específico.
En cambio, la teoría del SMT afirma que el proceso psicológico interno
descrito en el capítulo 1 es el responsable de todas las dolencias físicas
psicogénicas, pero con una gran variación en cuanto a los detalles de los estados
tanto fisiológicos como psicológicos.
La medicina convencional se resiste a aceptar ideas como éstas incluso
cuando son presentadas con pruebas convincentes de su validez. Esto viene a
reflejar el prejuicio filosófico que mantiene que la interacción «mente-cuerpo» no
existe y está basada en la creencia de que la ciencia de laboratorio es la única
válida. Los fenómenos psicosomáticos no pueden ser estudiados en tubos de
ensayo o mediante el uso de animales de laboratorio. Las emociones
inconscientes no son reveladas por los tests psicológicos o por los perfiles de la
personalidad.
La experiencia médica descrita en este libro es un ejemplo de otro tipo de
método científico, en el que hipótesis diagnósticas y terapéuticas son puestas a
prueba en una gran cantidad de pacientes a lo largo de muchos años. El hecho de
que mucha gente se haya «curado» a sí misma mediante el estudio de mis libros
es una prueba de la veracidad del diagnóstico del SMT. He visto alrededor de diez
mil pacientes con este síndrome desde 1973, la mayoría de los cuales ha quedado
libre de dolor y con pleno uso de sus capacidades físicas. Esto también es ciencia.
Veinticinco años de experiencia con el SMT, durante los cuales he tenido un
consistente y numéricamente impresionante éxito terapéutico, constituyen una
40
más que razonable prueba de validez —es una prueba de la veracidad del
diagnóstico.
Stephen Jay Gould, que fue profesor de biología, geología e historia de la
ciencia en la Universidad de Harvard, hizo una excelente defensa de la «ciencia
blanda» en el ensayo que escribió para la edición de junio de 1986 de la revista
Natural History:
Un desafortunado, pero desgraciadamente muy común, estereotipo sobre la
ciencia divide a la profesión en dos esferas de diferente estatus. Por un lado
tenemos las ciencias «duras» o físicas, que operan con precisión numérica y se
ocupan de la predicción y de la experimentación. Por otro lado, las ciencias
«blandas», que manejan los complejos objetos de la historia con toda su
riqueza, deben reemplazar estas virtudes por una «mera» descripción sin
números sólidos en un confuso mundo en el que lo máximo que podemos
esperar es explicar lo que no somos capaces de predecir. La historia de la vida
contiene todo el desorden de este segundo y subestimado estilo de ciencia.
El estudio de las emociones humanas y sus consecuencias también cae
dentro de esta «desordenada» categoría. Ni siquiera posee el relativo orden de la
ciencia histórica —materia que Gould enseña— porque aún no tiene las
herramientas que hacen falta para comprender la base de las emociones.
La investigación psiquiátrica contemporánea asocia ciertas actividades
químicas del cerebro con determinados estados patológicos, como la depresión, y
luego da por sentado que si el síntoma puede ser alterado mediante fármacos, el
trastorno está curado. La teoría del SMT mantiene que la depresión y los cambios
cerebrales asociados a ella son secundarios con respecto a los atemorizantes
sentimientos que existen en el inconsciente.
Las personas que estudian las emociones y la medicina psicosomática deben
superar el complejo de inferioridad que proviene de su incapacidad para usar las
herramientas de la «ciencia dura». Voy a citar otro ensayo de Stephen Jay Goul
Esta innecesaria humildad viene de la deplorable tradición de odio a sí mismos
que existe entre los científicos que operan con los complejos, irrepetibles e
impredecibles hechos de la historia [o también podríamos decir: «con el
complejo y poco entendido mundo de las emociones humanas»]. Se nos
educa para pensar que los modelos de la «ciencia dura», basados en la
cuantificación, la experimentación y la replicación, son inherentemente
superiores a cualquier otro tipo de técnicas. Pero lo que la ciencia histórica
hace es reconstruir una serie de hechos accidentales y explicar
retrospectivamente lo que no podría haber sido predicho de antemano. Si la
evidencia es suficiente, la explicación puede ser tan rigurosa y válida como
cualquiera de la ciencia experimental. De todas formas, así es como funciona el
mundo, no hace falta disculparse por ello.
Existe un paralelismo entre la ciencia histórica de Gould y la ciencia de los
41
trastornos mente-cuerpo o trastornos psicosomáticos. Ninguna de las dos puede
hacer uso del laboratorio pero ambas pueden ser estudiadas rigurosamente. Con
el SMT y otros trastornos equivalentes, la cuidadosa observación y las replicables
experiencias terapéuticas son tan científicas como los concretos métodos de
cuantificación.
Si uno puede eliminar un síntoma mediante el aprendizaje, el síntoma tiene
que haberse originado en el cerebro. Como las investigaciones actuales
mantienen que todas las ficciones cerebrales, incluyendo aquellas que implican
emociones, pueden ser identificadas químicamente, quizá hayamos conseguido
alterar la química cerebral mediante el aprendizaje.
La literatura médica documenta un caso de este tipo que ha sido confirmado
por un método de la «ciencia dura». En un estudio realizado por Jeffrey Schwartz
y sus colegas de la Facultad de Medicina de la Universidad de California en Los
Ángeles,
pacientes
con
trastornos
obsesivo-compulsivos
mejoraron
considerablemente al recibir un tratamiento de psicoterapia cognitiva-conductiva.
Su mejora en los síntomas fue acompañada de un cambio hacia la normalidad en
la medición de la actividad metabólica cerebral, la llamada tomografía por emisión
de positrones (PET).
La psicofarmacología, la rama de la medicina que usa fármacos en el
tratamiento de los trastornos psicológicos, hace gala de un pensamiento muy poco
científico cuando afirma que puede curar un trastorno emocional alterando la
química cerebral que está asociada a ese trastorno. Pero eso puede no ser más
verdadero que decir que la causa de la neumonía es la fiebre. Identificar la
química del estado clínico no es lo mismo que establecer su causa. Podemos
estar observando un resultado en lugar de una causa. Si ése es el caso, tratar la
depresión con fármacos antidepresivos puede ser una mala solución para algunos
pacientes: se está eliminando el síntoma sin identificar su causa.
La experiencia con el SMT indica que si se elimina un síntoma inducido
emocionalmente mediante el uso de un fármaco o de un placebo, puede ocurrir
una de estas dos cosas: el síntoma volverá cuando se deje de tomar el fármaco o,
más problemático aún, va a surgir alguno para ocupar el lugar del síntoma, sea de
tipo emocional o físico. El paciente que mencioné en el capítulo 1 controló su
depresión mediante un medicamento, pero a costa de experimentar una
reincidencia de su dolor de espalda, un dolor que antes había eliminado.
Los síntomas psicosomáticos existen para desempeñar una función. Si ignoras
esa función y eliminas el síntoma sin lidiar con la causa, el cerebro simplemente
encontrará un sustituto para ese síntoma.
Una clasificación de los trastornos físicos inducidos emocionalmente
Mente-cuerpo y psicosomático son términos sinónimos. En mis libros
anteriores no he usado el término psicosomático porque la gente cree que quiere
decir «imaginario» y que todos los que presentan síntomas psicosomáticos son
personas débiles o inadecuadas. Encuentro que esta opinión es particularmente
42
irónica, dado que los trastornos psicosomáticos son extremadamente comunes en
la sociedad occidental. Todos los tenemos; por lo tanto, es normal tenerlos.
Recuerda:
1. Los síntomas psicosomáticos (mente-cuerpo) abarcan una gran cantidad
de dolencias físicas inofensivas como el dolor de cabeza, el dolor de
estómago las alergias y las afecciones de la piel.
2. Todos experimentamos una o más de estas dolencias a lo largo de nuestra
vida.
3. No son imaginarias, tontas o hipocondríacas.
4. Son responsables de la epidemia de síndromes dolorosos de todo tipo que
aflige en la actualidad al mundo occidental, incluyendo la mayoría de los
dolores de espalda, cuello, hombro y extremidades, y muchos otros que
describiré en la segunda parte de este libro.
5. Estas dolencias se han convertido en un problema de salud pública porque
la medicina no reconoce su causa emocional y, por lo tanto, es incapaz de
lidiar adecuadamente con ellas.
La palabra que abarca todos los trastornos emocionalmente inducidos es
psicogénico. Una enfermedad psicosomática es un tipo de manifestación
psicogénica. La siguiente es una clasificación de los procesos psicogénicos.
Explicaré cada uno de ellos:
1. Trastornos psicogénicos locales (conversión, histeria).
2. Intensificación psicogénica de los síntomas.
3. Reducción o eliminación psicogénica de los síntomas.
4. Síntomas psicóticos (ilusorios).
5. Trastornos psicosomáticos (mente-cuerpo).
Trastornos psicogénicos locales (conversión, histeria)
Allan Walters, un neurólogo canadiense, sugirió el uso del término dolor local
psicogénico en lugar de dolor histérico, el término usado por Freud y sus colegas,
ya que estaba claro que muchos pacientes no eran histéricos, a pesar de que la
causa de su dolor fuera emocional. El término conversión también fue usado en
tiempos de Freud, e indicaba que un estado emocional había sido convertido en
uno físico. En esta categoría, los estados emocionales provocan síntomas en el
sistema motor, en el sistema sensorial o en los sentidos como la vista y el oído, sin
producir ninguna alteración fisiológica en el cuerpo, tal como puede verse en la
figura 1.
43
En esta representación el sistema límbico abarca toda la materia cerebral que
genera emociones; las células cerebrales que forman el sistema límbico se
encuentran entre las más importantes de esta categoría. Es en estas estructuras
donde se originan los estados emocionales inconscientes que demandan síntomas
físicos (estados que han sido descritos en el capítulo 1). La «caja negra» se refiere
a esa parte aún no identificada del cerebro —y a los procesos que tienen lugar en
ella— que estimula la actividad en los centros cerebrales que producirá una entre
una variedad de reacciones anormales en el sistema motor, en el sistema
sensorial o en los sentidos especiales como la vista y el oído. Estos síntomas son
percibidos como el resultado de la mera actividad cerebral; no existe ninguna
reacción identificable en el cuerpo que permita explicarlos. Eran comunes en
tiempos de Freud pero hoy se ven con menos frecuencia, probablemente porque
ya no estén de moda.
Edward Shorter, un historiador de la medicina de la Universidad de Toronto, lo
44
expresó con mucha claridad en su libro, From Paralysis to Fatigue (De la parálisis a
la fatiga): la elección del síntoma mente-cuerpo se basa en lo que está de moda en
un momento dado y en aquello que ha sido legitimado como «físico» por los
médicos.
La intensificación psicogénica de los síntomas
El miedo o la ansiedad pueden hacer empeorar cualquier síntoma. Este es el
único proceso psicogénico que es generalmente aceptado en la medicina. Se le
suele llamar «superposición psicológica».
Desgraciadamente, este concepto también es usado para explicar un
trastorno conocido como dolor crónico, una idea con la que estoy en total
desacuerdo. Abordaré este tema en la segunda parte de este libro.
Reducción o Eliminación psicogénica de los síntomas
Esto se refiere a una reducción o incluso a una eliminación de un síntoma como el
dolor, algo que se encuentra raramente en la vida civil, donde el dolor y otros
síntomas suelen venir acompañados de angustia emocional en mayor o menor
grado. En cambio, Henry Beecher, uno de los primeros estudiosos del dolor,
observó que durante la Segunda Guerra Mundial los soldados gravemente heridos
solían necesitar poca o ninguna morfina para controlar el dolor. Los soldados
estaban tan contentos de estar vivos, tan aliviados de no tener que enfrentarse de
nuevo al horror del campo de batalla y de saber que ahora iban a recibir todo tipo
de cuidados, que casi no sentían dolor. Increíble, y otra demostración más del
poder de la mente. Lesiones de gravedad similar en la vida civil vendrían
acompañadas de una gran angustia, y se necesitarían altas dosis de morfina.
Síntomas psicóticos (ilusorios)
Como los síntomas psicogénicos locales, éstos son elaborados
completamente en el cerebro como resultado de una enfermedad mental seria. No
tengo experiencia con ellos, pero los incluyo aquí porque son psicogénicos.
Trastornos psicosomáticos (mente-cuerpo)
Estos trastornos, que serán descritos en la segunda parte, incluyen:
El síndrome de miositis tensional (SMT)
 La mayor parte de los dolores en la zona lumbar de la espalda y en las
45
piernas
 Posible dolor o debilidad debido al nervio craneal (quinto y séptimo nervio
craneal)
 Fibromialgia
 Tensión-mialgia
 Síndrome de dolor miofascial
 Síndrome de la articulación temporomandibular
 La mayor parte de las tendinitis
 Síndrome del túnel carpiano
 Lesión por estrés repetitivo
 La distrofia refleja simpática
 Síndrome pospolio
 La mayor parte de los dolores crónicos
 La mayoría de los llamados síndromes de fatiga crónica
 La mayor parte de los síndromes Epstein-Barr
Los trastornos equivalentes al SMT
 Los trastornos gastrointestinales
 Los trastornos del sistema circulatorio
 Las afecciones de la piel
 Los trastornos del sistema inmunológico
 Los trastornos genitourinarios
 Los trastornos benignos del mecanismo cardíaco
 Trastornos variados
Trastornos en los que las emociones pueden desempeñar un papel
 Trastornos autoinmunes
 Cáncer
 Trastornos cardiovasculares
La neurofisiología de los trastornos psicogénicos
Esta es la premisa básica: los estados emocionales son capaces de inducir
síntomas físicos, con o sin alteración fisiológica de tejidos específicos del cuerpo.
La mayoría de los profesionales médicos, incluyendo a muchos psiquiatras, no
creen que esto sea así. De hecho, la investigación médica hace grandes esfuerzos
por refutar la causalidad psicogénica. Tenemos un buen ejemplo de esto en el
reciente descubrimiento de que algunas personas con úlcera péptica tienen en el
estómago una bacteria llama Helicobacter pylori. Los médicos han concluido que
esta bacteria, y no el estrés, es la causante de la úlcera.
46
La verdad es que la presencia de la bacteria no cambia el hecho de que los
factores emocionales hayan preparado el terreno para la úlcera. He tenido
pacientes que pasaban de tener dolores musculares a experimentar síntomas preulcerosos y ulcerosos, y viceversa, todo ello con los causantes emocionales a
menudo claramente definidos.
¿Cómo inducen síntomas físicos las emociones?
Como la ciencia médica aún no ha desentrañado el misterio de cómo el
cerebro hace lo que hace, no sabemos la respuesta a este interrogante. Uno
podría hacer preguntas parecidas que tampoco encuentran explicación: ¿qué hace
el cerebro para pensar, cómo genera y comprende el lenguaje, cómo crea? En
otras palabras, todavía no comprendemos el funcionamiento básico del cerebro.
La ciencia médica, por lo tanto, no puede descartar la idea de que además de sus
funciones cognitivas, lingüísticas y creativas, el cerebro pueda también causar
síntomas físicos.
La neurofisiología de los trastornos locales (conversión, histeria)
En el estudio de los trastornos físicos psicogénicos, los pacientes son el
laboratorio.
La figura 1 muestra que el proceso es iniciado por un estado emocional
inconsciente. Luego «la caja negra» estimula las áreas del cerebro que controlan
los movimientos voluntarios o la percepción de sensaciones provenientes del
cuerpo, o aquellas que tienen que ver con sentidos especiales como la vista, el
oído, el olfato y el gusto. El punto crucial es que los síntomas no son producto del
daño o de la enfermedad de determinadas partes del cuerpo. Son percibidos como
dolor, debilidad, entumecimiento o ceguera sólo porque las células cerebrales
apropiadas han sido «activadas». A esta reacción se la conoce como conversión.
Un conjunto de células cerebrales es activado por otras; en este caso, las células
estimuladoras son aquellas que tienen que ver con poderosas emociones
inconscientes.
Freud fue el primero en describir los síntomas de conversión, aunque no
especuló sobre el proceso cerebral que podría causarlas. Su reconocimiento de la
capacidad de los fenómenos emocionales para inducir síntomas físicos representa
una de las observaciones científicas más importantes de la era moderna.
Los síntomas psicogénicos locales no producen cambios fisiológicos en el
cuerpo. La totalidad del proceso se desarrolla en el cerebro.
47
La neurofisiologia de los trastornos mente-cuerpo (psicosomáticos)
La figura 2 muestra que el proceso preliminar en evolución de un trastorno
psicosomático es el mismo que en uno psicogénico local. Aunque algunos
investigadores han especulado que estados psicológicos específicos inducen
manifestaciones específicas, ésta no ha sido mi experiencia. Mis pacientes me
han mostrado que, en los casos de conversión y de trastornos psicosomáticos, la
psicología subyacente es la misma. Es como si el cerebro hubiese decidido que
los síntomas de conversión ya no eran convincentes como enfermedad, de modo
que comenzó a producir procesos en los cuales había obvias alteraciones
fisiológicas. Esto se hizo involucrando a los sistemas autónomo e inmunológico en
la producción de los síntomas. La parte del cerebro conocida como hipotálamo es
una estación intermedia esencial en este proceso. El resultado es el SMT y todos
48
los trastornos equivalentes que he mencionado. Los síntomas derivados de una
disfunción del sistema inmunológico reflejan o bien una reacción excesiva ante los
invasores extranjeros, como el polen o las bacterias, o bien una demasiado débil.
La reacción excesiva da lugar a reacciones alérgicas; la demasiado débil, a una
vulnerabilidad con respecto a enfermedades como los resfriados frecuentes, las
infecciones del tracto urinario o las producidas por hongos.
El mito de la somatización
En el Diagnostic and Statistical Manual of Mental sorders, Fourth Edition (DSMIV) (Manual de diagnóstico estadística de los trastornos mentales, cuarta edición),
término psicosomático no aparece en la sección sobre los s tomas físicos de
origen psicológico. Esto es así porque la mayoría de los psiquiatras no creen que
las emociones estimulen procesos fisiológicos. Prefieren los términos
somatización y trastorno somatoforme.
Los principios médicos quedan así establecidos por el dictado de la mayoría
en lugar de por la evidencia científica. Casi todos los científicos rechazan la idea
de que los fenómenos inconscientes den lugar a síntomas físicos, y de ahí la
definición del DSM-IV; pero eso es justamente lo que mi trabajo ha demostrado. El
DSM-IV define la somatización como una «tendencia a experimentar y comunicar
dolor y otros síntomas que no han sido explicados por los resultados de la
Patología» (la cursiva es mía). Mis pacientes se enfurecerían si les dijera que su
dolor no tiene base real. Ellos presentan síntomas físicos reales producidos por
una real alteración patológica de sus músculos, nervios y tendones, y saben que el
proceso está inducido psicológicamente porque el dolor desaparece cuando se
enfrentan a las razones emocionales que se esconden tras él.
El rechazo del papel de los fenómenos emocionales inconscientes forma parte
de la moda actual de atacar a Freud. La psiquiatría contemporánea (con la
excepción de la mayoría de los psicoanalistas) prefiere usar fármacos y técnicas
conductistas en el tratamiento de los pacientes en lugar de dedicarse a la confusa
y complicada tarea de explorar el inconsciente del individuo en cuestión. Esto es
una gran pena, porque el inconsciente es justamente el lugar donde se inician
estos trastornos psicológicos. La utilización de fármacos y de la psicología
conductista lo único que hace es tapar la olla, y no aborda el problema del
peligroso cocido que hierve en su interior.
La fisiopatología del SMT
En el capítulo 1 expliqué que el objetivo de los síntomas psicogénicos es
centrar la atención en el cuerpo y alejarla de los fenómenos emocionales. Todos
los trastornos psicosomáticos abordados en este libro cumplen esa función, pero
49
las varias manifestaciones del SMT son de lejos las más comunes.
¿Qué hace el cerebro para traducir el SMT?
La evidencia clínica y de laboratorio sugiere que el cerebro ha elegido operar
a través del sistema nervioso autónomo, la parte del sistema nervioso central que
controla las funciones involuntarias, incluyendo la circulación de la sangre. Al
restringir levemente el flujo de sangre a los tejidos, se reduce la cantidad de
oxígeno disponible. Si se trata de un músculo o de un tendón, el resultado es
dolor, y si se trata de un nervio, el efecto puede ser hormigueo, entumecimiento,
dolor o debilidad.
La teoría de la leve deficiencia de oxígeno como base de los síntomas se
asienta en el hecho de que los pacientes suelen experimentar un alivio temporal
50
del dolor al recibir un tratamiento de fisioterapia consistente en ultrasonido, masaje
y ejercicios. Como este tratamiento tiende a aumentar el flujo local de sangre, el
culpable parecía ser el reducido nivel de oxígeno.
Algunos estudios han confirmado esta hipótesis. Hace más de veinte años,
unos investigadores observaron pruebas de leve deficiencia de oxígeno en las
células musculares de las personas con dolor de espalda. Hace diez años un
equipo de investigadores suecos detectaron niveles reducidos de oxígeno en los
músculos de las personas con fibromialgia, que es un tipo de SMT. En un segundo
estudio, señalaron que en los pacientes con fibromialgia el bloqueo de los nervios
simpáticos (parte del sistema autónomo) que llegan hasta los músculos doloridos
hace que desaparezca el dolor. Este bloqueo permitía que el flujo de sangre hacia
los músculos volviese a niveles normales.
El estudio más reciente publicado por este grupo comprobó que los músculos
doloridos en la parte superior de los hombros (trapecio) tenían menos oxígeno de
lo normal ser ejercitados. La descripción del estado clínico de los pacientes
estudiados sugiere que tenían SMT.
Como tantos de los síndromes equivalentes del SMT son mediados por el
sistema autónomo, es lógico que el SMT también lo sea. Corroborando esta
conclusión se halla el hecho de que la hipertensión también tiene lugar mediante
la actividad autónoma y se están acumulando evidencias de que la hipertensión es
en muchos casos el resultado de emociones reprimidas.
No me preocuparía que las investigaciones llegaran descubrir algunas otras
patologías dolorosas autónomamente inducidas. Lo importante no es el método
que usa el cerebro para producir síntomas; lo importante es el hecho de que el
cerebro está induciendo síntomas. Me he concentrado en la teoría de la
deficiencia de oxígeno porque es la más lógica y porque hay evidencias de
laboratorio que la confirman.
Como una ligera alteración en el suministro de oxígeno puede afectar a los
músculos, nervios o tendones, una gran cantidad de síntomas está incluida en
este diagnóstico.
La universalidad de los trastornos psicosomáticos
Es una cruel ironía que la causa de los trastornos más comunes no sea
reconocida por los proveedores de atención médica. La mayoría de las dolencias
que nos aquejan son de tipo mente-cuerpo. Éstas son algunas estadísticas
(recopiladas por el Centro Nacional de Estadísticas de Salud para el año 1992)
sobre el número de visitas al médico:
51
Dolor de garganta
17 millones
Dolor de espalda
14 millones
Dolor de estómago
12 millones
Dolor de cabeza
10 millones
Según mi experiencia, el dolor de espalda, el de estómago y el de cabeza son
casi siempre inducidos psicológicamente. Las infecciones del sistema respiratorio
superior se ven muy influenciadas por factores emocionales, que reducen o
aumentan la eficacia del sistema inmunológico para resistir o superar la infección.
Es importante que la gente sepa que los procesos físicos Inducidos
emocionalmente son algo normal. La razón es evidente. Todos padecemos el
estrés y las tensiones de la villa diaria, especialmente si intentamos ser personas
responsables y buenas. La gente «normal» está constantemente bajo presión,
siempre generando ira y rabia inconscientemente.
Si encuentras a alguien que nunca haya sufrido alguno tle estos trastornos
comunes, habrás encontrado al insólito individuo que nunca ha experimentado un
síntoma mente-cuerpo.
El trabajo de Candace Pert y compañía
Una discusión sobre las manifestaciones clínicas del fenómeno psicosomàtico
estaría incompleta sin mencionar la enorme contribución de Candace Pert. De ella
fue la sugerencia de unir las palabras mente y cuerpo. En mi opinión, ella y sus
colegas han realizado el trabajo más fascinante en este campo. Esto es
especialmente importante porque es una científica de laboratorio, una persona que
practica la «ciencia dura».
Por lo que sé, su equipo de investigadores fue el primero en hablar de la
bioquímica de las emociones.
Sustancias químicas llamadas neuropéptidos tienen una conexión con
receptores específicos, como una llave y una cerradura. Por ejemplo, la morfina
reduce el dolor porque activa receptores en el cuerpo que lo mitigan. Los
receptores existen para los sentimientos de rabia, alegría, hambre, dolor, placer,
tristeza, y para todas las emociones, así como para reacciones corporales como el
apetito y el comportamiento sexual.
52
El sistema límbico del cerebro (véanse las figuras 1 y 2) es un importante
centro de emociones. Dos estructuras en el sistema límbico, la amígdala y el
hipotálamo, son especialmente ricos en receptores neuropéptidos.
Según la doctora Pert, «la llamativa pauta de distribución neuropéptida en las
áreas del cerebro que regulan los estados de ánimo, así como su papel como
mediadores de la comunicación a través de todo el organismo, convierten los
neuropéptidos en el candidato ideal para ser el mediado bioquímico de la
emoción».
Los neuropéptidos han sido encontrados en muchos lugares, como en el bazo
y la médula espinal. Los monocitos, células del sistema inmunológico del cuerpo,
tienen receptores neuropéptidos y viajan por todo el cuerpo.
El estudio de los neuropéptidos y sus receptores nos presenta un panorama
en que informaciones de todo tipo, Incluyendo la emocional, circulan por todo el
cuerpo, permitiendo que los órganos y los sistemas se afecten mutuamente. La
distinción entre cerebro y cuerpo desaparece, ya que funciones que
supuestamente se originaban en exclusiva en el cerebro ahora son encontradas
en otros sitios, y viceversa. La insulina, que se creía era producida únicamente en
el páncreas, ahora se sabe que es creada y almacenada en el cerebro, y existe
una gran concentración de receptores de insulina en el sistema límbico.
Estos son estudios espléndidos y con seguridad habrá muchos más en el
futuro. Sin embargo, todavía tenemos la «caja negra», ese factor misterioso que
despierta tantas preguntas. ¿De qué forma el cerebro hace lo que hace? ¿Cuál es
el proceso que nos permite comunicarnos unos a otros? ¿Cómo se producen las
emociones? ¿Cómo decide el cerebro producir una reacción psicosomática y
elegir su localización?
Estas preguntas probablemente no pueden ser respondidas por la ciencia de
laboratorio. Es posible que requieran una nueva epistemología, es decir, una
nueva forma de pensar sobre estas materias y de estudiarlas. Entretanto tenemos
que avanzar de la mejor manera que podamos, haciendo nuestras observaciones,
poniéndolas a prueba y usándolas, aunque no podamos explicar exactamente
cómo funcionan. Benjamín Franklin dijo una vez que «lo más importante para
nosotros no es conocer la forma en que la naturaleza ejecuta sus leyes; basta con
conocer esas leyes».
Teniendo en mente el trabajo de la doctora Pert, si observamos las figuras 1 y
2, podemos ver fácilmente cómo una emoción puede estimular un trastorno físico,
ya sea a través del sistema nervioso autónomo o mediante una alteración de la
función inmune. Esto no es hipotético. Esto sucede. Sólo es difícil de explicar en el
nivel más básico, el nivel de la «caja negra».
Examinemos ahora estos trastornos psicosomáticos comunes.
53
Segunda Parte
Las manifestaciones
físicas de los
trastornos
psicosomáticos
54
3
Introducción al síndrome de miositis tensional:
manifestaciones en la zona lumbar y en las piernas
El proceso causante de dolor en el SMT puede afectar a tres tipos de tejidos:
músculo, nervio y tendón. En lo que respecta al primero, el cerebro ha elegido
concentrarse únicamente en los llamados músculos posturales —los del cuello, de
los hombros y de la espalda—. Algunos son afectados más a menudo que otros.
Con bastante lógica, cuando los nervios están implicados, éstos se encuentran en
los músculos escogidos para un ataque (o en las zonas adyacentes). Por ejemplo,
cuando el objetivo son los músculos de la zona lumbar o de las nalgas, los nervios
espinales lumbares o los nervios ciáticos también pueden estar implicados. El
SMT es imprevisible: algunas veces sólo los músculos pueden estar involucrados;
en otras ocasiones, únicamente los nervios.
Dolor en la zona lumbar y en las piernas
Estadísticamente, el SMT se presenta sobre todo en la zona lumbar, y una o
ambas piernas pueden estar implicadas al mismo tiempo. El dolor puede surgir de
repente cuando estás realizando alguna actividad física, o gradualmente, sin
ninguna razón aparente. A menudo los pacientes afirman haber escuchado un
chasquido en el momento de la punzada inicial, pero nunca he encontrado
ninguna evidencia de algún fallo estructural que explique este dolor. Los
principales músculos implicados son los de la zona lumbar de la espalda. Aunque
hayas realizado esta actividad física muchas veces en el pasado, la repentina
punzada de dolor te lleva a creer que la actividad es su causa y que te has
lesionado. El dolor estará localizado en los músculos de uno o ambos lados de la
zona lumbar o más abajo, incluyendo la parte superior de las nalgas, y a veces la
zona de la cadera. La implicación de los músculos lumbares puede inclinar el
tronco hacia un lado.
El dolor lumbar puede ser insoportable, lo que sugiere un espasmo muscular,
una fuerte contracción que no cede La mayoría de la gente ha experimentado esto
con los calambres en las piernas, a menudo en el músculo de la pantorrilla, que
pueden resolverse mediante el estiramiento del músculo correspondiente.
Desgraciadamente, el SMT no puede solucionarse con el estiramiento, y por eso
la gente que ha sufrido un ataque tiene tanto miedo de sufrir otro. Es posible que
los espasmos persistan durante horas o días, y sólo pueden controlarse mediante
55
fuertes analgésicos. El dolor en la espalda y las piernas es el resultado de algo
que le está sucediendo al músculo. Cuando el espasmo ha sido superado, puedes
seguir sintiendo un dolor sordo o una sensación de ardor. Un persistente
agarrotamiento también es parte del mismo síndrome y puede continuar durante
semanas o meses.
Los músculos lumbares paraespinales y los de las nalgas suelen estar
implicados en el dolor en la zona lumbar y en los músculos de las nalgas.
Infrecuentemente, el SMT afecta a los que forman la base de la pelvis, en el área
conocida como el perineo (entre los órganos genitales al frente y la abertura anal
atrás). Esto suele alarmar a los pacientes y dejar perplejo al médico, pero no es
nada preocupante, ya que se trata de una manifestación clásica del SMT.
El dolor en las piernas, normalmente sólo en una pero a veces en ambas,
puede comenzar en las nalgas e irradiarse hacia abajo, a través del muslo, hasta
los pies. En algunos casos, el dolor se extiende hasta la ingle y la parte superior
de los muslos, y muy raramente, hasta el escroto o la vulva. Hay muchas clases
distintas de implicación muscular: a veces el muslo o la pierna no presentan
ningún síntoma y el dolor se concentra en la parte superior o inferior del pie.
Esta gran variabilidad en la localización es característica del síndrome de
miositis tensional, que la explica mucho mejor que el diagnóstico estructural.
Además del dolor en las piernas, las sensaciones de hormigueo o
entumecimiento son muy comunes —y temibles—. Y más alarmante aún es la
percepción de debilidad en varias partes de la pierna. A veces vemos evidencias
concretas de menor fuerza muscular —las rodillas ceden, dificultad para levantar
el antepie, o para ponerse de puntillas, etcétera—. Estos resultados son comunes
en el SMT y no deberían causar preocupación.
El dolor en las piernas puede ser intenso, sordo o punzante; algunos
pacientes describen sensaciones de presión o de agarrotamiento.
Mientras el dolor en la zona lumbar y en las nalgas es de tipo muscular, los
síntomas en las piernas son producto de la inclusión de uno o más nervios en el
proceso patológico. Cualquier desviación de la normalidad en los tejidos
corporales, sea grande o pequeña, nociva o inofensiva, es llamada patológica. En
el caso del SMT, el proceso es siempre inofensivo, a pesar de que los síntomas
puedan ser extraordinariamente agudos. El dolor en el SMT es tan común, tan
variable e intenso en algunos casos que parece imposible atribuirlo a una
anormalidad estructural, como una hernia de disco. Sin embargo, esto se hace a
menudo.
56
Los nervios implicados en el
dolor en la zona lumbar y en las piernas
Piensa en el sistema nervioso como una red eléctrica de un tipo especial: los
cables parten del cerebro, bajan por la médula espinal y se conectan con otros
que van hasta lo músculos, transportando mensajes para el movimiento. Estos
cables son conocidos como fibras nerviosas motoras. Lo que el sistema nervioso
tiene de especial es que otras fibras nerviosas van en la otra dirección: de la piel,
los músculos, las articulaciones y los tendones, llevando mensajes de dolor,
temperatura, posición del resto de las partes del cuerpo y muchas otras
sensaciones, de vuelta al cerebro para que éste sepa lo que está ocurriendo y lo
que debe hacer. A éstas se las llama fibras nerviosas sensoriales. Los nervios
espinales se ramifican desde la médula espinal (que va desde el cuello hasta el
hueso sacro) hacia fuera y están compuestos de fibras motoras y de fibras
sensoriales. Son los que llevan tanto los mensajes que van al cerebro como los
que parten de él.
Es importante conocer la relación anatómica entre los discos intervertebrales
de la columna y los nervios espinales adyacentes. Los discos están situados entre
las vértebras para actuar como amortiguadores y facilitar los movimientos de giro.
De esta forma, uno identifica la localización de un disco mediante las dos
vértebras entre las que está insertado: por ejemplo, los discos lumbar 4-lumbar 5
(L4-L5). (Hay siete vértebras cervicales, doce torácicas y cinco lumbares.)
A cualquier altura de la columna, los nervios se ramifican desde la médula
espinal hacia fuera, uno a cada lado, pasando por uno de los discos
intervertebrales. Los nervios espinales L5 pasan por el disco L4-L5. Los nervios
espinales S1 pasan por el disco situado entre la última vértebra y el sacro, el disco
L5-S1.
Esta cercanía anatómica es la fuente de muchos problemas; si el paciente
tiene una hernia del disco L4-L5 y presenta un dolor en las piernas, la culpa del
dolor recaerá siempre en la hernia, aunque según mi experiencia ésta sea
raramente la responsable. Este diagnóstico es la base para una gran cantidad de
cirugías de columna.
Si los músculos lumbares son los afectados por el SMT, los nervios que
pueden estar implicados son los espinales lumbares.
Por ejemplo, digamos que el nervio espinal lumbar que va hacia la ingle, el L1,
está implicado en el proceso del SMT; sufre una leve deficiencia de oxígeno. No
contiene ninguna fibra involucrada en el SMT, pero las fibras sensoriales le
comunican al cerebro lo que está pasando en la zona de la ingle. Cuando las
fibras sensoriales sufren una deficiencia de oxígeno, pueden surgir síntomas
variados, incluyendo todo tipo de dolores, escozor o sensaciones de presión,
57
hormigueo o entumecimiento. Cualquiera de estos síntomas en la ingle, y
ocasionalmente en el escroto o la vulva, está indicando que los nervios espinales
L1 están implicados.
Los nervios espinales L2-L3 o L4 llevan importantes fibras motoras hasta los
músculos anteriores del muslo (el cuádriceps). Si uno o más de estos nervios
espinales están implicados, el movimiento reflejo de la rodilla puede ser débil o
nulo. El músculo cuádriceps también puede estar débil. El L4 contribuye junto con
L5 a la acción del músculo que levanta el pie y los dedos del pie, lo que permite
evitar los tropiezos al caminar. La debilidad de estos músculos da lugar al pie
caído; el pie caído (parcial o total) es muy común en el SMT.
Los discos espinales lumbares 2, 3, 4 y 5 proporcionan una función sensorial
a la parte frontal y lateral de la pierna. Al dolor en el muslo anterior y lateral se le
suele llamar meralgia parestésica, un término descriptivo, aunque nadie conoce su
causa. El dolor es claramente una manifestación del SMT.
Si alguien tiene una hernia de disco a nivel del disco L5-S1, que puede afectar
al S1, el primer nervio espinal sacro, y tiene dolor o algún síntoma en la parte
frontal de la pierna, uno debe suponer que la patología de disco no es la responsable del dolor porque el S1 sirve a la parte posterior de la pierna. Por el
contrario, la gente con hernia de disco en L4-L5 —que afecta el quinto nervio
espinal lumbar, L5— suele sentir dolor en la parte posterior de la pierna, lo que
prueba nuevamente que la patología discal no es la responsable del dolor, dado
que la parte trasera de la pierna está abastecida por los nervios espinales S1 y S2
y no por el L5. Los nervios espinales están involucrados a menudo en el SMT y
son la causa del dolor en estos casos.
Estas discrepancias diagnósticas me sugirieron que la hernia de disco podía
no ser la causante del dolor. A veces la localización de la hernia encajaba con los
síntomas. Esto puede ser más que una coincidencia, y hoy en día creo que el
astuto cerebro es consciente de la existencia de la hernia y elige
premeditadamente localizar los síntomas en esa zona.
Ciática
Hay otro importante nervio periférico que a menudo está implicado en el dolor
de piernas del SMT —el nervio ciático—. El término ciática es conocido por todo el
mundo; aunque los médicos y los pacientes lo usan como diagnóstico, se refiere
únicamente al dolor en las piernas. A los pacientes se les suele decir que el disco
herniado está haciendo presión sobre el nervio ciático, lo que produce dolor. Pero
esto es una imposibilidad anatómica. Lo que el médico quiere decir es que el disco
58
herniado está presionando uno de los nervios espinales cuyas ramificaciones
conectan con el ciático. Cinco nervios espinales mandan ramificaciones hacia el
nervio ciático —L3, L4, L5, S1, S2—. La lógica neurofisiológica sugiere que
aunque la continua compresión de un nervio pueda ser dolorosa por corto período
de tiempo, pronto daría lugar a una pérdida total de sensibilidad porque el nervio
no podría seguir funcionando en una situación de compresión permanente. En la
práctica, he comprobado que los nervios lumbares espinales o el propio nervio
ciático están frecuentemente implicados en el proceso del SMT y que la causa de
los síntomas no es la compresión de los nervios, sino la privación de oxígeno. Por
eso la gente con «ciática» siente dolor en tantos lugares distintos de la pierna y
con tantas variaciones de síntomas (a veces el dolor pasa de una pierna a otra).
Una anormalidad estructural, como una hernia de disco, no podría producir un
cuadro clínico semejante. Además, muchos pacientes con ciática no muestran
ninguna anormalidad estructural en las radiografías y otros estudios de imagen.
¿Cómo puedo estar seguro de que el causante del dolor sea el SMT y no el
disco u otra anormalidad estructural? A lo largo de muchos años, he visto a miles
de pacientes con problemas de disco y otras anormalidades estructurales a
quienes se les dijo que estos cambios eran los responsables del dolor. Sus
historiales y exámenes físicos indicaban un diagnóstico de SMT; recibían el
tratamiento correspondiente y mejoraban rápidamente, a menudo después de
semanas o meses de dolor incapacitante.
Condicionamiento
pavloviano - programación
Una de las características clínicas más importantes del SMT es la tendencia
de los que lo tienen a desarrollar una pauta específica de dolor, incluyendo la hora
del día o de la noche en la que sentirán dolor, el tipo de actividades y posturas que
lo producirán, y qué cosas pueden o no hacer.
Estas son reacciones programadas. Se desarrollan automática e
inconscientemente por asociación, al igual que los perros de Pavlov aprendieron a
asociar la aparición de comida con el sonido de una campana. Una vez los perros
fueron programados, Pavlov sólo necesitaba hacer sonar la campana y aquéllos
comenzaban a salivar. Los seres humanos son tan programables como los
animales. Algunas de estas pautas son bastante comunes; otras, muy extrañas.
Por ejemplo, es bastante curioso que una gran proporción de pacientes que sufren
de la zona lumbar no puedan sentarse sin sentir dolor después de sólo pocos
minutos. Algunos pueden tolerar ciertos tipos de sillas pero no otras. La mayoría
no puede sentarse en un coche, especialmente en el puesto del conductor. Otro
59
paciente con dolor en la misma zona dirá que la postura sentada no presenta
problemas pero que el dolor comenzará después de haber estado de pie durante
algunos minutos. Cualquiera de estos dos problemas puede producir grandes
trastornos en la vida diaria del paciente. Alguien con dolor en la zona alta del área
lumbar, lejos de las partes implicadas en el acto de sentarse, también puede
quejarse de lo mismo.
Después de muchos años ha quedado claro que el desarrollo de una pauta,
algo que le sucede a todos los pacientes con SMT, es el resultado de un
condicionamiento pavloviano o, para usar una palabra más moderna, de una
programación. Asociamos rápidamente y de forma inconsciente estas actividades,
posturas y horas del día o de la noche con el inicio del dolor. Como los perros de
Pavlov, que asociaban el sonido de la campana con la llegada de la comidas
nosotros relacionamos varios fenómenos con el inicio del dolor.
Algunas pautas corrientes:
1. Te levantas sintiéndote muy bien pero el dolor empeora a medida que
avanza el día; llegada la tarde, estás fatal y casi no te puedes mover.
2. Las mañanas son el peor momento del día; te cuesta levantarte de la cama.
Una ducha caliente hace que te sientas algo mejor y cuando sales rumbo a
tu trabajo ya puedes moverte con más soltura; a medida que avanza el día
te sientes cada vez mejor.
3. Te sientes bastante bien durante el día pero las ; noches son terribles; te
levantas continuamente y no: puedes encontrar una posición cómoda para
dormir. A menudo tomas pastillas para conciliar el sueño.
4. Duermes bien por las noches pero el dolor durante el día es espantoso.
5. Cada noche te despiertas a las tres de la madrugada con un fuerte dolor;
nunca falla: el dolor es tan puntual que hasta sirve para poner el reloj en
hora.
6. Tienes tu propia camioneta y puedes cargarla y descargarla durante todo el
día sin sentir la menor molestia; sin embargo, sientes un fuerte dolor cuando te inclinas sobre el lavamanos para afeitarte.
7. Estar de pie en un lugar siempre provoca dolor; es terrible tener que
esperar en la fila del supermercado.
8. Apenas pones el pie en la pista de tenis, antes de golpear la pelota por
primera vez, comienza el dolor.
9. Practicas el windsurf pero no puedes sentarte en una silla blanda.
10. Sólo puedes caminar una manzana antes de que comience el dolor, pero
puedes jugar dieciocho hoyos de golf y no sentir ninguno.
11. No sientes dolor al montar a caballo pero sí al subir las escaleras.
12. Puedes practicar el senderismo en las montañas durante dos horas sin
sentir dolor, pero caminar sobre cemento sí te lo produce.
60
Éste es un extracto de una carta que describe maravillosamente bien el
proceso de programación:
Dos meses después de haber iniciado su programa, mis síntomas casi habían
desaparecido por completo. Pero mucho más importante fue la desaparición
de mi constante miedo a hacerme daño. Quizá el momento en el que supe que
estaba «curado» fue cuando reuní el coraje para subirme a la bicicleta estática
que llevaba años acumulando polvo en una esquina de mi habitación. En el
pasado, cada vez que intentaba usarla, aunque fuese un minuto, la espalda
comenzaba a dolerme y luego seguía molestándome durante días o semanas.
Ningún quiropráctico u ortopedista me dio nunca una explicación para esto, ya
que podía montar en una bicicleta de diez velocidades (cuando la espalda no
me estaba fastidiando demasiado) sin ningún problema, a pesar de inclinarme
sobre el manillar en esa posición encorvada que me pidieron que evitara.
Usted me enseñó que m aversión a la bicicleta estática era una reacción
condicionada; que yo creía que me había lesionado en ella en algún momento
y anticipaba más lesiones si la probaba de nuevo. Después de algunas
semanas mirando con desconfianza condenada máquina, me sentí listo. La
primera vez que probé, a pesar de que sólo pedaleé durante cinco minutos,
supe que la pesadilla había terminado. Estaba convencida de que ya no
pasaría nada y que la podía usar sin problemas. Y así fue. Poco a poco fui
aumentando la duración e intensidad del ejercicio. De hecho, debo reconocer
que me sentí tan bien con esta nueva libertad que me convertí en un usuario
un poco fanático de ese aparato.
El miedo, la desinformación y la incapacidad domina hasta tal punto nuestras
creencias sobre el dolor de espalda que no me sorprende que nos programemos
para desarrollar dolor ante una amplia gama de fenómenos. No está muy claro
cómo y cuando sucede esta programación, excepto que ocurre poco después del
inicio del dolor. La programación es una parte real y muy importante del cuadro
clínico y debería ser motivo de tranquilidad y confianza para las personas con
dolor de espalda porque quiere decir que la pauta de dolor es producto del
condicionamiento y no una situación patológica. En otras palabras, el hecho de
sentarse no es el causante del dolor y sentarse no es malo para la espalda. El
dolor comienza cuando comienza porque su inicio está programado.
Afortunadamente, esta programación es reversible. Mis pacientes se liberan de
ese condicionamiento a las pocas semanas de empezar el programa de tratamiento. Las personas que se han curado mediante el estudio de mis libros sobre
el SMT se han liberado de su condicionamiento gracias a los conocimientos
adquiridos en estos libros.
61
El examen físico de los pacientes con dolor en la zona lumbar y en las
piernas
El examen comienza observando la forma de caminar y de estar de pie del
paciente. La debilidad en una pierna no es inusual, de modo que el paciente
puede preferir usar una pierna a la otra. Ocasionalmente la debilidad en los
músculos encargados de levantar el pie es lo suficientemente grande para poder
ser detectada durante el ciclo de la marcha. La inclinación del tronco a uno u otro
lado es común cuantío los músculos lumbares para-espinales han sido el punto
principal de actividad. Pedirle al paciente que se doble hacia delante a partir de la
cintura siempre es revelador: muchos son reacios a hacerlo porque temen que les
va a causar dolor o porque se les ha dicho que doblarse hacia delante es malo
para la espalda. Entre los que están dispuestos a hacerlo, la mayoría comentará
que ya no es tan flexible como antes. Aunque algunos se doblan hacia delante con
normalidad, sin miedo ni dolor, la mayor parte se va quejar de dolor de espalda o
de piernas al hacerlo.
La comprobación de la fuerza de los tobillos y las rodillas se realiza con el
paciente en pie. Se ponen a prueba lo reflejos de la rodilla y los tendones con el
paciente sentado. Estos reflejos nos darán información sobre debilidad motora en
la pierna.
En la mesa de examen, se medirá el pulso en el pie y en el tobillo para
comprobar la circulación en las piernas. Uno busca puntos de dolor palpando los
tendones alrededor de las rodillas y a lo largo de la banda iliotibial, el largo tendón
que recorre todo el muslo lateral y pasa por detrás de la protuberancia ósea de la
cadera conocida como el trocánter. El dolor en este tendón se presenta en el 80%
de los pacientes con SMT, independientemente de cuál sea la zona principal de
dolor (cuello, hombros, parte superior de la espalda, parte media o zona lumbar).
La prueba en que levanta recta la pierna se realiza sólo para ver lo que el paciente
es capaz de hacer y para ver si provoca dolor. No le encuentro ningún valor
diagnóstico a esta prueba.
Con el paciente echado boca abajo se palpará toda la espalda a la búsqueda
de puntos sensibles. He comprobad que en el 99% de las personas con SMT
existe dolor a la palpación en la parte superior de las nalgas, en los músculos
paraespinales y en los músculos del trapecio. Una vez más, esto es así
independientemente de cuál sea la zona principal del dolor. Esto sugiere
claramente que el proceso responsable del dolor se origina en el sistema nervioso
central, en el cerebro.
Finalmente, se realizarán pruebas adicionales para determinar si hay alguna
estructura nerviosa implicada. El hecho de encontrar anormalidades neurológicas
objetivas no determina el diagnóstico, sino que le permite al médico tranquilizar a
su paciente con respecto a sus síntomas.
62
Diagnósticos convencionales para el dolor en la zona lumbar y
en las piernas
Uno ha de tener en cuenta que cuando se encuentra cualquier anormalidad
estructural en una radiografía o en otros estudios de imagen, se la suele
considerar la causa del dolor en los pacientes con SMT. Sin embargo, según mi
experiencia, estas anormalidades son rara vez la causa del dolor.
Los diagnósticos se reparten entre dos categorías principales:
1. Anormalidades estructurales de la columna, tanto adquiridas como
congénitas.
2. Trastornos musculares dolorosos de causa desconocida.
Anormalidades estructurales
OSTEOARTRITIS DEGENERATIVA
En el grupo estructural, los cambios de la columna asociados al
envejecimiento son los más comunes. Reciben el nombre de artrosis o de
osteoartritis degenerativa de la columna. Pueden comenzar a una edad tan
temprana como la segunda década de vida y están más avanzadas en las partes
más activas de la columna —las dos últimas vértebras lumbares y la parte central
del cuello—. Este grupo incluye la formación de osteofitos en cualquier parte de la
columna, una enfermedad conocida como espondilosis. Los cambios producidos
por el envejecimiento en las articulaciones de la columna son considerados
asintomáticos hoy en día pese a que fueron tratados como casos clínicos durante
años.
En 1976, unos doctores del Hospital Hadassah de Jerusalén informaron que
no habían encontrado ninguna diferencia de incidencia de dolor de espalda entre
la gente que tenía osteoartritis de la columna y la que no la tenía.
Un grupo de médicos de la Universidad de Copenhague comparó las
radiografías de 238 pacientes con dolor en la zona lumbar con las de 66 sin
historial de dolor en esa zona. Informaron que no habían encontrado ninguna
diferencia en las radiografías de los dos grupos en lo que respecta a la
degeneración de los discos y la presencia de espondilosis (espolones óseos).
Señalaron que la incidencia de estos cambios aumentaba con la edad, como
63
podía esperarse, ya que se trataba de «anormalidades normales».
LA ESTENOSIS ESPINAL
Uno de los cambios más importantes relacionados con la edad es la estenosis
espinal porque a menudo es tratada mediante cirugía. A medida que
envejecemos, se produce un estrechamiento del canal lumbar espinal, el espacio
que permite el paso de la médula espinal o de los nervios espínales. Esto sucede
debido a la acumulación de espolones óseos. Si un paciente con SMT se
encuentra en esta situación, normalmente se le recomienda que se someta a una
cirugía, y, si está desesperado, esta cirugía suele realizarse. Entre el gran número
de pacientes que he visto con este diagnóstico, puedo puedo recordar a uno que
necesitara cirugía. Más convincente es el hecho de que cuando reciben
tratamiento para su SMT, quedan libres de dolor a pesar de la continuada
presencia de estenosis.
H. L. Rosomoff, un neurocirujano, ha dicho que la mayor parte de los casos
de estenosis espinal pueden ser tratados sin necesidad de cirugía. Esto es
especialmente significativo, dado que ha tratado a sus pacientes mediante cirugía
durante muchos años.
En el primer control de seguimiento realizado con mis pacientes, la
incidencia más alta de dolor de espalda se producía entre las edades de treinta y
sesenta años. Después de los sesenta, la incidencia caía enormemente. Si los
cambios producidos por el envejecimiento fuesen los culpables del dolor de
espalda, uno esperaría que la incidencia aumentara con la edad. En cambio, la
gente de mediana edad, es decir, la gente que estaba viviendo los años de mayor
estrés y tensión, es la que padecía estas dolencias más a menudo, lo que sugiere
que la causa del dolor no eran los cambios estructurales de la columna, sino el
SMT.
PATOLOGÍA DE DISCO INTERVERTEBRAL
Estadísticamente, uno de los cambios más comunes y problemáticos del
envejecimiento es el de los discos intervertebrales. Estos discos están diseñados
para actuar como amortiguadores intervertebrales, pero comienzan a desgastarse
a una edad muy temprana. El disco entre la última vértebra lumbar, L5, y el sacro
ya ha sufrido una degeneración en la mayor parte de la gente de sólo veinte años.
La degeneración quiere decir que el disco comienza a perder sustancia y a
estrecharse, juntando más las dos vértebras, o que el material gelatinoso del disco
64
se escapa a través del gastado tejido del anillo fibroso que lo rodea. El resultado
es una protrusión o extrusión de la materia gelatinosa del disco (el núcleo
pulposo). La protrusión y la extrusión son comúnmente conocidas como hernia de
disco.
Según mi experiencia, incluso las grandes extrusiones no son las
responsables del continuo dolor, aunque pueden producirlo cuando suceden por
primera vez.
Durante mucho tiempo me incomodó el hecho de que la localización del dolor
en una persona con una hernia de disco lumbar correspondiese a veces con la
localización de la hernia. Por ejemplo, si había una hernia en las cercanías del
primer nervio espinal sacro (S14), el dolor podía encontrarse en la parte de la
pierna abastecida por ese nervio. Es fácil ver por qué el dolor del paciente era
atribuido a la hernia. Sin embargo, la persistencia de los síntomas durante
semanas y meses, y la presencia de las señales y síntomas del SMT, dejaba claro
que por mucho que la patología de disco pudiera haber causado algún dolor
inicial, ésta no era la responsable del continuo dolor.
¿Por qué iba a querer el cerebro elegir el disco como culpable? La respuesta
a esta pregunta se encuentra en la estrategia que usa el cerebro cuando crea el
SMT. A menudo iniciará los síntomas mientras la persona esté realizando alguna
actividad física, cuanto más vigorosa mejor, para hacer creer que la actividad
causó el dolor. En realidad, el Incidente físico fue más un desencadenante que un
causante del dolor. Esta es una observación extremadamente Importante y el
hecho de no tenerla en cuenta ha dejado a millones de personas atrapadas en las
garras del dolor y con miedo a la actividad física.
La hernia de disco, al igual que un incidente físico, es un desencadenante del
SMT y, además, un desencadenante muy astuto. El cerebro es consciente de la
presencia del problema de disco y elige localizar los síntomas en el lugar
apropiado. A menudo, sin embargo, se sobrepasa y afecta demasiado a una
pierna, por ejemplo, o desplaza el dolor de un lado a otro. En algunos casos, el
dolor se halla en el lado equivocado.
Si esta idea parece absurda, diabólica o arbitraria, recuerda el propósito del
síndrome doloroso. Es una reacción ilógica de la mente inconsciente en respuesta
a algo que es considerado mucho más peligroso que el dolor.
¿Qué dice la literatura médica sobre la hernia de disco lumbar? Aquí tenemos
una pequeña muestra.
H. L. Rosomoff ha comprobado que la hernia de disco lumbar es responsable
del dolor en la parte baja de la espalda y en las piernas en menos del 3% de los
casos, y trata a sus pacientes de manera conservadora, es decir, no quirúrgica. Alf
Nachemson, un estudioso de fama mundial de la parte baja de la espalda, ha
establecido que la causa es desconocida y que los pacientes deberían seguir un
65
tratamiento conservador en el 98% de los casos.
Un grupo de investigación informó haber encontrado hernias de disco lumbar
en las mielografías de 108 pacientes sin dolor de espalda. Sin embargo, les
siguieron la pista y encontraron que después de tres años el 64% de ellos había
desarrollado síntomas nerviosos, y los investigadores concluyeron que estos
síntomas se debían a la hernia original.
Yo tengo muchas dudas de que sea así y creo que estos pacientes
desarrollaron el SMT. La idea de sintomatología tardía está en contradicción con
un estudio realizado por un grupo de médicos de la Universidad de Roma y de
L'Aquila, según el cual el 63% de los pacientes con hernia de disco documentada
mediante resonancia magnética, y que habían recibido un tratamiento no
quirúrgico, mostraban una reducción del tamaño de la hernia cuando se repetían
las resonancias entre seis y quince meses después.
Un grupo de la Universidad George Washington presentó un interesante
estudio en la revista Spine en 1984. Las tomografías computarizadas de pacientes
con dolor en la zona lumbar fueron revisadas por neuroradiólogos que
desconocían el historial clínico de los pacientes. Encontraron anormalidades de
disco, estenosis, y otros cambios debidos al envejecimiento en el 35,4% de las 52
personas del grupo. El porcentaje subía al 50% cuando se trataba de personas
con más de cuarenta años. Estas son “anormalidades normales” y en la mayoría
de los casos no producen ningún dolor.
Richard Deyo, John Loeser y Stanley Bigos, de la Universidad de Washington,
escribieron que sólo entre el 5 y el 10% de los pacientes con hernia de disco
lumbar necesitaban cirugía, aunque creían que ésta era necesaria si la hernia se
documentaba mediante una tomografía computarizada o una resonancia
magnética, estaba acompañada del dolor característico y de debilidad neurológica
y no respondía a un tratamiento conservador.
He comprobado que estos criterios para la cirugía no son confiables, porque el
SMT puede producir un dolor «característico» y cambios neurológicos, y persistir
durante semanas o meses si no es diagnosticado o tratado adecuadamente.
Un estudio más reciente, y que despertó mucho interés en la prensa, apareció
en el New England Journal of Medicine. El estudio fue realizado por Maureen
Jensen y sus colegas. Se le practicaron resonancias magnéticas a 98 personas
sin historial de dolor en la zona lumbar o en las piernas. El 36% de ellas tenían
discos normales en todos los niveles, el 52% un disco abultado en uno o más
niveles, el 27% presentaba una protrusión discal y el 1% una extrusión. Su
conclusión: «El descubrimiento (mediante resonancia magnética) de abultamientos
o protrusiones en gente con dolor en la zona lumbar puede ser a menudo una
coincidencia».
En 1987 hice un control de seguimiento de 109 pacientes cuyo dolor de
66
espalda había sido atribuido a una hernia de disco. En cada caso, la hernia estaba
documentada por una tomografía computarizada. Estos pacientes fueron tratados
entre 1984 y 1986, antes del advenimiento de la resonancia magnética. De
cualquier forma, la hernia podía ser detectada con precisión por la tomografía
computarizada. A cada paciente se le había diagnosticado SMT basándose en el
historial médico y en un examen físico, lo que significaba que la hernia no era la
causante del dolor. Todos participaron en mi programa educacional, y cuando
fueron entrevistados entre uno y tres años después del tratamiento, 96 pacientes
(el 88%) estaban o bien totalmente sin dolor o bien lo suficientemente
restablecidos para llevar una vida normal sin ninguna restricción física ni miedo.
Once (el 10%) había experimentado alguna mejoría pero seguían con algún tipo
de restricción física. Sólo dos personas (el 2%) no había mejorado en absoluto.
Durante los años en que fueron tratados, no hice ningún esfuerzo por saber si
los pacientes potenciales eran receptivos a la idea de que su dolor era inducido
emocionalmente, lo cual quiere decir que algunos no pudieron aceptar plenamente
el diagnóstico. Los pacientes que no pueden aceptar la causalidad psicológica no
mejoran. Ahora los selecciono antes de admitirlos en nuestro programa
La investigación médica hace bien en buscar las pruebas que confirmen las
teorías diagnósticas y los nuevos tipos de tratamiento. La mejor prueba de la
veracidad del diagnóstico de SMT está en el hecho de que más del 90 % de los
pacientes que trato en la actualidad (a menudo después de años de dolor
recurrente e incapacitante) queda permanentemente sin dolor. No puedo imaginar
una prueba más convincente para confirmar que el SMT es el diagnóstico
correcto. El factor crítico, en ésta o en cualquier otra epidemia, es el diagnóstico.
Mientras la comunidad médica continúe rechazando el diagnóstico de SMT, la
epidemia va a continuar.
Otros diagnósticos estructurales también deben ser mencionados, ya que se
les suele echar la culpa del dolor de espalda.
ESCOLIOSIS
Esta es una conocida anormalidad de la columna en que existe una curvatura
lateral y que suele implicar a la mayor parte de la espina dorsal. Su causa nunca
ha sido determinada. Normalmente comienza en la segunda década de vida y es
siempre indolora en los adolescentes, aunque la curvatura puede ser lo
suficientemente severa para requerir cirugía, en especial si continúa empeorando.
Para mí es fuente de asombro que se dé por sentado que la escoliosis en adultos
es dolorosa. Como los médicos no tienen una explicación alternativa para el dolor,
toda lógica desaparece. Una y otra vez el dolor del SMT es atribuido a alguna
67
anormalidad estructural o a un proceso físico o mecánico. Todo porque la
profesión médica no es consciente de la existencia del SMT.
Me acuerdo de una mujer que había sufrido dos intervenciones quirúrgicas
debido a un dolor de espalda supuestamente producido por la escoliosis. Y ya
estaba en el hospital para la tercera. Antes de su operación, fue descubierta por
un psicólogo del personal que estaba al tanto del SMT y que le sugirió al cirujano
que el dolor de esta mujer podía tener una base psicológica. Al final, en lugar de
someterse a la cirugía, la mujer entró en nuestro programa. En cuestión de
semanas ya estaba libre de dolor y continúa así hasta hoy.
ESPONDILOLISTESIS
La espondilolistesis es una anormalidad de aspecto dramático en que una
vértebra lumbar se desliza hacia delante sobre la vértebra inferior. Los casos
varían entre leve y grave. La causa es un misterio, pero según mi experiencia se
trata de una anormalidad indolora. Tengo fotografías de una serie de radiografías
que se le hicieron a una joven que no era consciente de haber desarrollado esta
anormalidad dado que no sentía ningún dolor. Las radiografías se hicieron por
alguna otra razón y la espondilolistesis fue descubierta por accidente. Esto no me
sorprende, ya que todavía no he encontrado a nadie con espondilolistesis que no
tuviese SMT.
EL SÍNDROME PIRIFORME
En el interior de la nalga hay un músculo, el piriforme, que está cerca del
nervio ciático a la altura de la escotadura ciática mayor. No sé ni cuando ni dónde
fue propuesto el primer diagnóstico, pero se teorizó que el dolor en las nalgas era
producido por la compresión del nervio ciático por el músculo piriforme. No se ha
explicado científicamente por qué esto ocurre o bajo qué circunstancias. En mi
opinión, el diagnóstico es insustancial y sólo ha sido propuesto a falta de una
mejor explicación para el dolor en las nalgas. Es claro que el SMT proporciona la
mejor explicación para este dolor. El diagnóstico del síndrome piriforme no es más
que una moda que parece estar perdiendo fuerza.
OSTEOARTRITIS DE LA CADERA
68
Otra adición importante a la lista de anormalidades estructurales
erróneamente acusadas de causar dolor es la cadera artrítica. Los cambios
degenerativos en la articulación de la cadera son bastante comunes y también lo
es el dolor del SMT en la nalga. Siguiendo la pauta habitual, el dolor es atribuido a
la articulación de la cadera, y se realiza una cirugía de cadera incluso cuando la
degeneración es relativamente leve. He intervenido en algunos casos antes de
que se realizara la cirugía y he tratado al paciente con éxito sin necesidad de que
pase por el quirófano. Además, he visto a otros que se han operado y han
continuado teniendo dolor.
Anormalidades congénitas
Existen tres anormalidades congénitas de la columna que supuestamente
causan dolor de espalda: la espina bífida oculta, la espondilosis y la vértebra
transicional. En las dos primeras le falta una vértebra a la columna, y en la tercera
hay una de más. Los investigadores Alexander Magora y Armin Schwartz
comprobaron que estas anormalidades eran tan comunes entre la gente con dolor
de espalda como entre la gente sin dolor. Según mi experiencia, no producen
dolor de espalda.
Otros diagnósticos
FIBROMIALGIA
La dolencia llamada actualmente fibromialgia es una manifestación clásica del
SMT. El término es una entre las muchas designaciones para una dolencia que se
conoce desde el año 1904, cuando fue descrita por primera vez por sir William
Gowers. Esta es una lista parcial de los nombres que se le han dado a esta
dolencia a lo largo del tiempo: fibrositis, fibromiositis, miofibromiositis, dolor
miofascial, reumatismo muscular, tensión mialgia, mialgia, miositis reumática,
miogelosis...
Estos son los criterios diagnósticos de la fibromialgia establecidos por el
Instituto Americano de Reumatologia
69
1. Historial de dolor difuso. La definición oficial luego enumera una serie de
partes del cuerpo, abarcando todo el tronco y zonas de los brazos y las
piernas.
2. Dolor a la presión con el dedo en once de dieciocho puntos sensibles. Los
puntos están en ambos lados (bilateral) de las nueve localizaciones
siguientes:
a.
Occipucio (base del cráneo)
b.
Cervicales inferiores (nuca)
c.
Músculo trapecio (parte superior del hombro)
d.
Músculo supraespinal (parte alta de la espalda, cerca de los
omoplatos)
e.
Segunda costilla (cerca del centro del pecho)
f.
Epicóndilo lateral (zona del codo)
g.
Glúteo (parte alta y externa de la nalga)
h.
Gran trocánter (detrás del prominente hueso de la cadera)
i.
Rodilla (parte interior)
No es una coincidencia que yo haya encontrado, en el 98% de los pacientes a
los que se les ha diagnosticado SMT, e independientemente de la localización del
dolor, puntos bilaterales sensibles a la presión con el dedo en tres de los nueve
puntos. Por ejemplo, el paciente se puede quejar de dolor en el cuello y en un
hombro, pero también lo sentirá cuando se le presione la zona del glúteo, del
hueso de la cadera y del trapecio. Aunque no de forma tan consistente como en
estas tres zonas, muchos de mis pacientes también sentirán dolor a la presión en
el codo, la rodilla, la base del cráneo y la nuca.
Las estructuras dolorosas en cuatro de estas nueve localizaciones —la base
del cráneo, la zona de la cadera, el codo y la rodilla— son tendones; la implicación
de éstos es una de las características principales del SMT.
He mantenido durante años que la fibromialgia era una forma aguda del SMT.
La similitud entre mis hallazgos y los criterios diagnósticos del Instituto Americano
de Reumatología refuerza esta conclusión diagnóstica.
La gente con fibromialgia también suele tener síntomas psicológicos.
Normalmente se siente ansiosa y deprimida, tiene problemas para dormir y
adolece de falta de energía.
Como la fibromialgia es parte del SMT, he visto y tratado con éxito a muchos
70
pacientes a los que se les había diagnosticado esta dolencia antes de que
acudieran a mí. La mayoría de mis casos no satisfacían los criterios diagnósticos
establecidos por el Instituto Americano de Reumatología, pero aún así se les dijo
que tenían fibromialgia.
En los Estados Unidos la proporción de incidencia de la fibromialgia es de diez
mujeres por cada hombre. Hay millones de mujeres estadounidenses
languideciendo con este diagnóstico, porque sus médicos les han dicho que la
causa de la fibromialgia es desconocida y que deben aprender a convivir con el
dolor. Recientemente, uno de estos pacientes escogió el suicidio asistido.
Los clínicos se han preguntado: ¿es acaso la fibromialgia una entidad
separada? Sólo como parte del SMT. Es quiere decir que la fibromialgia es un
proceso psicosomático. Esta es obviamente la razón por la cual ha seguido siendo
un enigma para los médicos.
Veamos los otros trastornos del grupo:
SÍNDROME DEL DOLOR MIOFASCIAL Y SÍNDROME
DE LA ARTICULACIÓN TEMPOROMANDIBULAR
La fibromialgia, el síndrome de dolor miofascial (SDM) y el síndrome de la
articulación temporomandibular (SAT) son a menudo tratados conjuntamente en la
literatura médica. Yo creo que son manifestaciones distintas del SMT. Varían en
su anatomía, epidemiología, cuadro clínico y gravedad. Contrastar la fibromialgia y
el SDM es interesante e ilustrativo. La proporción es de diez mujeres por cada
hombre en la primera y de dos mujeres por cada hombre en el segundo. La
fibromialgia produce puntos sensibles por todo el cuerpo: parte posterior y anterior
del tronco, brazos y piernas. En el SDM los puntos sensibles se encuentran en la
espalda. Los pacientes con fibromialgia suelen estar cansados, ansiosos y
deprimidos, tienen poca flexibilidad y padecen de insomnio. En general no sucede
así con los que tienen SDM. La persona con fibromialgia no suele mejorar.
Lo que tienen en común es el dolor, la misma leve deficiencia de oxígeno y,
en un nivel más profundo, un perfil psicológico similar —esto es, ira reprimida.
El SAT produce un dolor en los músculos de la mandíbula que la mayoría de
los dentistas atribuyen a anormalidades en la articulación temporomandibular. He
descubierto que lo que sucede con los músculos de la mandíbula es parecido al
proceso del SMT en la espalda. Las anormalidades en la articulación son el
resultado y no la causa de los síntomas.
71
El lugar del dolor es el músculo.
Sólo he dado una rápida descripción de estos trastornos porque un examen
exhaustivo de todos ellos estaría más allá del alcance y del propósito de este libro.
Lo que se debe afirmar de manera inequívoca es que todos estos trastornos son
psicogénicos, es decir, inducidos por fenómenos emocionales inconscientes. La
fibromialgia, el SDM y el SAT forman todos parte del SMT. La multitud de estudios
que se han hecho por todo el mundo para comprenderlos sólo puede identificar los
detalles o las consecuencias de estos procesos, pero no su causa. Hasta ahora,
nadie ha realizado Investigaciones que permitan comprobar que estos procesos
son psicogénicos. Hasta que se realicen estas investigaciones, los médicos van a
seguir sin saber qué hacer. El éxito consistente que he obtenido al tratar el SMT,
incluso cuando ha sido originalmente diagnosticado como fibromialgia, SDM o
SAT, debería señalar el camino que hay que seguir.
LA DISTROFIA REFLEJA SIMPÁTICA
Esta dolencia se caracteriza por dolor, inflamación, piel brillante y
anormalidades óseas que pueden verse en una radiografía. Puede afectar a una o
ambas piernas y tiende a ser extremadamente incapacitante. Los síntomas son
supuestamente causados por una excesiva descarga de los nervios simpáticos, lo
que da lugar a una disminución del flujo sanguíneo al área afectada (deficiencia de
oxígeno). Es similar a lo que sucede con el SMT, pero es más grave e implica
músculos, nervios, tendones, piel y hueso.
El siguiente caso es ilustrativo.
Una mujer de veintiocho años comenzó a sentir dolor en los hombros y en los
brazos durante el sexto mes de embarazo. Cuando el niño nació, el dolor había
empeorado mucho y ella quedó seriamente incapacitada. El diagnóstico inicial fue
distrofia refleja simpática. Se aplicó el tratamiento estándar que consistía en
fisioterapia y esteroides, pero no tuvo éxito. La paciente acudió a un centro para el
dolor durante siete meses antes de su consulta conmigo. Esto tampoco resultó
beneficioso.
Cuando la vi por primera vez, se quejó de fuertes dolores en los hombros, los
brazos y la parte alta de la espalda. También afirmó sentir una gran debilidad en
los hombros, los brazos, y dolor y rigidez en la zona lumbar, las nalgas y las
rodillas. Las actividades físicas más suaves le resultaban intolerables tras sólo
treinta minutos, después de lo cual tenía que descansar entre treinta y cuarenta y
cinco minutos. Estaba claro que no podía cumplir sus funciones de madre y ama
de casa. Cuando era una adolescente, había tenido asma, fiebre del heno y un
pequeño trastorno intestinal.
72
El examen neurológico era normal. La amplitud de movimiento estaba limitada
en ambos hombros; sentía dolor a la presión con el dedo en la parte superior de
los hombros, la zona externa de las nalgas y a los lados de ambos muslos (las
bandas iliotibiales).
Su historial y su examen físico sugerían dos diagnósticos: SMT y dolor local
psicogénico (véase el capítulo 2).
Participó en nuestro programa e inmediatamente comenzó con sesiones de
psicoterapia individual y de grupo. Comprendió rápidamente los conceptos del
diagnóstico, pero el progreso en la psicoterapia fue lento. Sin embargo, ocho
meses después de haber comenzado a trabajar con nuestro equipo, ya fue capaz
de cuidar en cierta medida de su bebé. Después de doce meses, ya aguantaba
estar levantada durante cinco horas seguidas, y tras dieciséis meses mantenía la
funcionalidad durante la mitad del día. Esta mujer continuó mejorando lenta pero
progresivamente, hasta llegar a ser una madre y ama de casa a tiempo completo.
Además, volvió a jugar al tenis y a esquiar, y como demostración de su completa
mejoría tanto psicológica como física, estaba lista para tener su segundo hijo.
Este resultado no hubiese sido posible sin un correcto diagnóstico y una
psicoterapia efectiva, ya que ambos fueron cruciales. Sus síntomas eran
claramente psicogénicos. Poderosos factores emocionales pueden inducir
descargas patológicas de los nervios simpáticos.
SÍNDROME POSPOLIO
En años recientes, una dolencia llamada síndrome pospolio ha recibido mucha
atención. Se refiere a la gente con debilidad residual en las piernas debido a la
poliomielitis infantil. Esta gente experimenta una debilidad creciente con el paso el
tiempo, así como dolor en las nalgas y en las piernas. Esta debilidad creciente fue
médicamente documentada hace años como un hecho normal en las personas
que habían tenido poliomielitis. El dolor es un fenómeno nuevo, y de ahí la
creación de un nuevo síndrome. En los pacientes que he visto con este problema,
el dolor se debe al SMT, y sin duda ha sido generado por el miedo y la frustración
asociados a una debilidad creciente. El dolor no forma parte de la poliomielitis.
Este es otro ejemplo del fracaso en reconocer la presencia del SMT y la
creación de otra entidad clínica como consecuencia de ello. Hace treinta años,
trabajé con muchos pacientes que habían tenido poliomielitis y que estaban
viviendo la angustiosa experiencia de pérdida progresiva de fuerza. El SMT no
estaba de moda como lo está ahora y no sentían dolor —de modo que no había
síndrome pospolio—. Intenté ayudarlos a que se adaptaran a la pérdida de fuerza,
a veces con dispositivos asistenciales, pero siempre con mucho apoyo y consejos.
73
TENSIÓN-MIALGIA
Este diagnóstico se ha venido haciendo en la Clínica Mayo durante
aproximadamente cincuenta años. Se refiere al dolor en los músculos (mialgia).
Como en este caso la palabra tensión es usada en un sentido más psicológico que
físico, éste parecería un diagnóstico muy acertado. Sin embargo, el siguiente
extracto de un ensayo de Jeffrey Thompson publicado en el Mayo Clink
Proceedings es muy revelador (la cursiva es mía): «La palabra tensión sugiera
que la tensión psicológica o el estrés pueden desempeñar un papel. Cuando el
diagnóstico es presentado de esta forma, los pacientes están más dispuestos a
aceptar la posibilidad de que su dolencia muscular esté influenciada por factores
psicológicos y es más probable que tomen las medidas necesarias para lidiar con
ellos. Al mismo tiempo, el médico está reconociendo que la perturbación
psicológica no es la causa principal».
Esta afirmación puede parecer contradictoria pero no lo es. El doctor está
diciendo que los factores psicológicos están agravando el dolor, no causándolo, lo
que va al corazón de la epidemia de dolor que está invadiendo los Estados Unidos
en la actualidad. En la fibromialgia, la tensión-mialgia y otras entidades
diagnósticas parecidas, la medicina contemporánea puede admitir que los factores
psicológicos tengan un «papel importante», pero no puede aceptar la idea de que
sean la causa principal. En esencia, se están quedando sin un diagnóstico, ya que
la psicología, en su opinión, sólo está agravando el problema.
Tenemos otro punto interesante. El autor dice: «Cuando el diagnóstico es
presentado de esta forma, los pacientes están más dispuestos a aceptar la
posibilidad de que su dolencia muscular esté influenciada por factores psicológicos
y es más probable que tomen las medidas necesarias para lidiar con ellos».
Tomar medidas para lidiar con los factores psicológicos sólo eliminará la parte
del dolor que haya empeorado por culpa de factores psicológicos. El dolor
subyacente continuaría porque los pacientes no habrían encarado sus causas.
Debo confesar que siento una gran tristeza al ver la total incapacidad y
confusión de la medicina para enfrentarse a estas dolencias. Se aferran a la idea
de que «la perturbación psicológica no es la causa principal». De hecho, no es una
perturbación psicológica, es nuestro estado normal. Todos estamos programados
para reaccionar ante las tensiones internas con síntomas físicos. No reconocer es
hecho crea epidemias.
74
El tratamiento convencional del dolor
en la zona lumbar y en las piernas
El tratamiento varía en cierta medida dependiendo del diagnóstico estructural.
Por ejemplo, si el diagnóstico de una hernia de disco está basado en una
tomografía computarizada o en una resonancia magnética y si el dolor del
paciente es intenso, se suele recomendar la cirugía incluso si no hay cambios
neurológicos en la pierna. Si se dan cambios neurológicos, la cirugía será casi con
seguridad la opción recomendada. Lo mismo ocurre cuando el dolor es atribuido a
los otros diagnósticos estructurales que acabo de describir.
Un hombre me escribió: «Mi pie caído mejoró, como usted me dijo que
ocurriría, a pesar de que dos eminentes cirujanos me aconsejaron que me
operara». Otro me escribió: «Se me dijo que no podría librarme del dolor en la
espalda y en las piernas, y que tenía que operarme. Pues bien, lo que hice fue
asistir a un par de sus conferencias y no he vuelto a tener dolor desde entonces».
Si a los pacientes con dolor intenso no se les recomienda cirugía, el
tratamiento suele ser reposo en cama y casi siempre algún tipo de antiinflamatorio,
sea o no esteroide. Los antiinflamatorios esteroides (como la cortisona pueden ser
administrados mediante una inyección epidural (en la base de la columna). Si
después de dos o tres semanas en cama el dolor persiste, se suele recetar
fisioterapia y este tratamiento puede continuar durante semanas o meses.
¿Cómo están estos pacientes después de tres o cuatro meses? El dolor ha
continuado; están preocupados, contrariados, temerosos, incapaces de realizar
sus actividades normales y al borde de la depresión. Suelen acudir a todo tipo de
profesionales médicos, como los ortopedistas, los neurólogos, los psiquiatras, los
reumatólogos y los especialistas en medicina deportiva. Y nada sirve.
En ese momento comienzan a probar lo que la medicina tradicional llama
medicina no convencional y lo que otros denominan medicina holística o
alternativa. Esto quiere decir acudir a un quiropráctico, un osteópata, un
acupuntor, un masajista, un nutricionista, un naturópata, un especialista en
ejercicio físico, etcétera. Estas personas pueden ser de ayuda, pero algo de dolor
persiste y la advertencia de tener cuidado al realizar actividades físicas como
correr, los deportes o el levantamiento de pesas hace que el paciente se sienta
infeliz, preocupado y parcialmente incapacitado.
Independientemente del diagnóstico convencional, las personas con dolor
recurrente en la zona lumbar y en las piernas suelen ser temerosas y se sienten
incapacitadas de varias maneras. El miedo al dolor hace que eviten las actividades
físicas. Se mueven con mucho cuidado, usan fajas lumbares y almohadas
especiales para sentarse o para la cama. Tienen miedo de agacharse, levantar
peso, cruzar las piernas, tumbarse boca abajo o nadar crol o braza porque les han
75
dicho que curvar la espalda causa dolor. Los han convencido de que una pierna
corta y los pies planos causan dolor de espalda, al igual que unos músculos
abdominales débiles. Les han dicho que unos músculos abdominales fuertes lo
protegen a uno del dolor y que correr es malo para columna. (Si eso fuera verdad,
¿cómo podría haber sobrevivido el Homo sapiens durante los miles de años que
vivió un entorno salvaje?) Creen que un colchón duro es mejor para dormir. El
dolor de espalda domina sus vidas; suele ser lo último en lo que piensan antes de
dormirse por la noche y lo primero de lo que toman conciencia cuando se
despiertan. Se están ahogando en un mar de informaciones erróneas.
Es increíble lo a menudo que los pacientes declaran haber probado todos los
tratamientos imaginables y haber gastado mucho dinero para librarse del dolor.
Muchos me dicen con toda sinceridad que han venido a verme porque todo lo
demás les ha fallado. Llegan a mí los casos más difíciles, las personas que han
tenido episodios recurrentes de dolor durante diez, veinte y treinta años. Quizá
una vez al mes veo un paciente que no haya acudido antes a otro médico; sin
embargo, en la mayoría de los casos, el historial está siempre compuesto de
episodios de dolor recurrente lo largo de los años y el paciente se siente
decepcionado con todos los tratamientos que ha probado.
La medicina está comenzando a reconocer que los factores psicosociales
tienen un papel en la epidemia de dolor de espalda que está azotando al mundo
industrializado. Un estudio de Stanley Bigos y un gran equipo de colaboradores de
la Universidad de Washington, publicado en la revista Spine en 1991, concluyeron
que los factores psicológicos eran más importantes que los físicos para predecir
quién iba a notificar una lesión de espalda en el trabajo.
En Finlandia, un gran grupo de investigadores descubrió que los pacientes con
dolor de espalda a los que se les recomendaba continuar con sus actividades
normales, en lugar de guardar reposo en cama durante dos días o hacer ejercicios
de «movilización de espalda», obtenían mejores resultados estadísticos en lo que
respecta a la duración e intensidad del dolor, flexibilidad de la columna y
capacidad para trabajar.
La medicina tradicional aún no tiene conciencia de la naturaleza de los
procesos psicosomáticos que originan el dolor de espalda, pero quizá estos
estudios en los márgenes de la psicología generen una actitud más abierta.
76
4
Manifestaciones en la parte alta de la espalda,
el cuello, los hombros y los brazos
Entre el 60 y el 65% de la gente con SMT tiene síntomas en la zona lumbar o en
las piernas. La mayoría de ellos afirma tener o haber tenido síntomas de mayor o
menor intensidad en el cuello y los hombros. Esto no es ninguna sorpresa, ya que
el cuello y la parte superior de los hombros son la segunda localización más
común para el SMT; son la principal zona de dolor para entre un 20 y un 25% de la
población con SMT. El síndrome puede afectar a muchas zonas distintas de la
espalda; tiene tendencia a desplazarse de una zona a otra incluso durante un
mismo episodio de dolor. Sin embargo, el cerebro aparentemente necesita crear
sólo una zona principal cada vez, de modo que si no es la lumbar puede ser la del
cuello o de los hombros.
El músculo de esta zona que se ve afectado con más frecuencia es el
trapecio, que se extiende desde la nuca hasta la parte superior de los hombros. El
dolor puede afectar a todo el trapecio superior o sólo a una parte. Al igual que
sucede con el dolor en la zona lumbar, la gente suele afirmar que ha realizado
algún gran esfuerzo físico justo antes del inicio del dolor. En muchos casos el
dolor comienza lentamente o se presenta cuando la persona se despierta por la
mañana. Puede ser tan incapacitante como el dolor en la zona lumbar,
especialmente si afecta a los brazos y a las manos. Cuando el dolor es
relativamente moderado, los pacientes señalan que sienten los músculos tensos.
La gente tiene tendencia a asociar las sensaciones en la zona del cuello con la
tensión nerviosa. Pero no cuando de trata de dolor en la zona lumbar.
Otros músculos cerca de los omoplatos pueden también verse afectados, pero
con mucho menos frecuencia que el trapecio superior.
Implicación del nervio cervical
Al igual que sucede con la zona lumbar, el dolor puede irradiarse hasta el
brazo y la mano, junto con sensaciones de entumecimiento, hormigueo y
debilidad. Los reflejos del tendón pueden ser menores o nulos y es posible que
haya una mensurable debilidad muscular. Las estructuras nerviosas responsables
77
de estos síntomas son los nervios espinales cervicales o el plexo braquial, que
recibe ramificaciones de los nervios espinales cervicales C5, C6, C7 y C8, y el
nervio torácico espinal T1. El plexo braquial luego se divide en todos los nervios
periféricos que sirven al brazo y la mano, como el radial, el mediano y el ulnar.
Esta importante colección de nervios (plexo) está localizada bajo el músculo
trapecio superior. No se puede llegar hasta ella al presionar el trapecio superior,
pero es una zona que suele verse afectada cuando el SMT está activo en ese
músculo, lo que significa que partes del plexo van a sufrir una leve deficiencia de
oxígeno. Es característico del SMT que cuando una gran estructura nerviosa como
el nervio ciático o el plexo braquial está implicada, sólo algunas partes de esta
estructura le vean afectadas. Por esta razón la ciática no es una dolencia de un
solo síntoma. Muchas partes distintas de la pierna —la parte anterior, posterior, los
lados...— pueden doler. Es posible que el dolor se desplace de un lugar a otro,
afectando sólo al muslo, o que afecte únicamente al pie. Lo mismo ocurre con el
plexo braquial, de modo que a veces sólo se siente dolor alrededor del hombro y
en la parte superior del brazo, o en distintas zonas del brazo y de la mano. He
visto todas las variaciones imaginables. Esto no sería así si la causa del dolor
fuese un problema estructural.
En raras ocasiones he observado una cierta debilidad en el músculo que
mantiene el omoplato en su sitio, lo que produce una protuberancia de este hueso.
Este músculo está conectado con el largo nervio torácico de Bell, al cual llegan
ramificaciones de los nervios espinales cervicales C5 y C6. El SMT puede
involucrar a los nervios espinales o al largo nervio torácico.
El SMT y los nervios craneanos
Dos misteriosos trastornos le han amargado la vida a los especialistas en
diagnósticos durante años. Se los conoce como la parálisis de Bell y la neuralgia
trigeminal, y afectan a dos de los doce nervios craneales. Estos nervios se
originan en el tronco cerebral, la sección del sistema nervioso central que está
debajo del cerebro y sobre la médula espinal, y sirven al cerebro y a sus órganos
especializados, ojos, las orejas, la boca y la garganta. Llevan instrucciones sobre
movimiento provenientes del cerebro, traen de vuelta información sensorial y
proporcionan una conexión con el cerebro a los órganos especiales.
El quinto nervio craneal (trigeminal) es un nervio puramente sensorial que
sirve al rostro y los dientes. Durante años ha sido reconocido como la fuente de
dolores insoportables en el rostro y los dientes; esta dolencia recibe el nombre de
neuralgia trigeminal o tic doloroso. Nunca nadie ha sido capaz de explicarla.
Hace algunos años tuve un episodio de dolor dental que no tenía explicación.
78
Después de soportarlo durante algunos meses, estaba un día observando con
unos pacientes unos dibujos anatómicos del sistema nervioso cuando me encontré
con una ilustración especialmente vivida del suministro nervioso hacia los dientes
y de las ramificaciones del quinto nervio, e inmediatamente me pregunté si el dolor
de los dientes podía ser SMT del nervio trigeminal. Concluí que sí lo era —y el
dolor desapareció en menos de cuarenta y ocho horas—. Éste es un ejemplo del
poder terapéutico de la conciencia, tal como lo describiré en la tercera parte de
este libro.
Dado que se me conoce como un especialista en espalda, la gente con dolor
facial no suele acudir a mí. Sin embargo, recientemente me topé por casualidad
con un caso de este tipo. Por fortuna para el paciente, su historial era
extremadamente sugestivo. Era un hombre que estaba en medio de un proceso de
divorcio que había dado un vuelco desagradable. Esto lo dejó especialmente
contrariado, ya que odiaba todo tipo de conflicto y hacía cualquier cosa por evitar
los enfrentamientos. Fue durante este proceso que comenzó su dolor facial.
Antes señalé cómo la gente con SMT puede quedar programada y tener
síntomas en momentos extraños. Este hombre sentía dolor facial cuando se
echaba en ciertas posiciones o realizaba actividades que podían no tener nada
que ver con la función del quinto nervio.
Afortunadamente, estuvo abierto a la sugerencia de que los muy
desagradables acontecimientos que lo estaban enfureciendo interiormente eran la
fuente de su dolor. El dolor desapareció rápidamente.
Una serie de dos casos no es para impresionar ni tampoco se trata de una
prueba concluyente de la causa psicogénica de estos trastornos. Algún día quizá
tendremos las herramientas de investigación para demostrar que la privación local
de oxígeno al quinto y séptimo nervio es la causa de estos misteriosos trastornos.
El séptimo nervio craneal, a diferencia del quinto, es un nervio puramente
motor que sirve a los músculos del rostro (uno a cada lado). El mal funcionamiento
de este nervio produce la apariencia característica de alguien con la parálisis de
Bell, con la pérdida de las arrugas de la frente, imposibilidad de cerrar el párpado y
labios caídos en el lado afectado.
Nunca he visto a un paciente con parálisis de Bell, pero el monumental libro de
Graeme Taylor sobre la medicina psicosomática contiene un caso muy ilustrativo.
Uno de los pacientes del doctor Taylor desarrolló la parálisis de Bell cuando éste
dejó de practicar la psicoterapia. Creo que el paciente estaba inconscientemente
enfurecido al haber sido abandonado por su terapeuta y, como alguien con SMT,
desarrolló un trastorno físico para evitar que su ira se hiciese consciente. La
parálisis de Bell es muy probablemente el resultado de la privación de oxígeno al
séptimo nervio craneal. (Este caso es tratado con más detalle en el apéndice).
79
Diagnósticos convencionales
Osteoartritis y «pinzamiento de un nervio»
Cuando el dolor se limita a los músculos del cuello y del hombro, puede ser
atribuido a un esguince. Si no hay síntomas en los brazos y en las manos, las
radiografías, las tomografías computarizadas o las resonancias magnéticas
muestran invariablemente algún tipo de anormalidad estructural. Los espolones
óseos (osteofitos) son comunes y pueden producir un estrechamiento de las
aberturas través de las cuales emergen los nervios espinales (foramina
intervertebral). Sin embargo, una de estas aberturas tendría que ser virtualmente
eliminada antes de causarle algún problema al nervio emergente. A pesar de esto,
los médicos continúan afirmando que el nervio sufre un «pinzamiento» y
consideran que ésta es la causa del dolor en los brazos y en las manos. Tal como
ocurre con la zona lumbar y las piernas, a menudo uno puede encontrar en un
examen físico cambios neurológicos que no tienen correlación anatómica con la
localización del espolón. Y al igual que sucede con las piernas, los síntomas se
deben al SMT y no al espolón.
Una vez más la literatura médica apoya la idea de que las anormalidades
estructurales son rara vez la causa del dolor. Un estudio publicado por los
investigadores del Medical College of Wisconsin en 1986 demostró que los
cambios degenerativos (osteoartritis) en el cuello, incluyendo la formación de
espolones, el estrechamiento del espacio del disco y el engrosamiento óseo eran
comunes, especialmente a medida que uno envejecía, y muy a menudo no
producían ningún dolor.
Latigazo cervical
Otro problema en esta zona es conocido como el latigazo cervical. La
situación típica es que tu coche recibe un choque trasero, la cabeza te rebota
hacia atrás y en algún momento de las horas o días siguientes el cuello te comienza a doler. El dolor a menudo avanza hasta abarcar uno o ambos brazos, la parte
alta de la espalda e incluso la zona lumbar, y el tratamiento dura semanas o
meses. Las radiografías son normales, no hay daño estructural, y cualquier
esguince debería curarse en unas pocas semanas como máximo. Los síntomas
persisten porque el cerebro ha aprovechado la oportunidad proporcionada por un
pequeño accidente para iniciar el SMT.
80
Esta es una situación que veo una y otra vez con el SMT: incidentes físicos,
como el choque trasero, un resbalón o una caída, la práctica de un deporte o los
movimientos repetitivos son usados por el cerebro como excusas para iniciar el
SMT. Son desencadenantes, no causas, y deben ser identificados como tales.
Poseemos increíbles mecanismos de curación que han evolucionado a lo largo de
millones de años. Por muy graves que sean, las lesiones se curan. El dolor
persistente es siempre la señal de que el SMT ha comenzado. Ten en cuenta que
una fractura del hueso más grande del cuerpo, el fémur (el hueso del muslo), sólo
tarda seis semanas en sanar. Además, el hueso va a ser más fuerte en la zona de
fractura de lo que era antes.
Recibí un gran apoyo en el hecho de que el latigazo es parte del SMT en un
artículo publicado el 7 de mayo de 1996, en la sección de medicina del New York
Times, titulado «Un país en que el latigazo cervical crónico es una dolencia
desconocida».
Citando un artículo de la revista médica británica el periodista informaba que
el latigazo cervical era una dolencia desconocida en Lituania, mientras que en
Noruega alcanzaba proporciones epidémicas. El doctor Harald Schrader, un
neurólogo del Hospital Universitario de Trondheim y el líder aparente del equipo de
investigadores, fue citado diciendo que había «una explosión de casos de latigazo
cervical crónico en Noruega» y «70 000 casos de personas (en un país con 4,2
millones de habitantes) que creen tener una incapacidad crónica a causa del
latigazo cervical». El doctor Schrader llegó a decir que se trataba de una «histeria
masiva». El y su equipo fueron a Lituania y documentaron el hecho de que el
latigazo cervical era una dolencia desconocida en ese país.
Esta es la confirmación de la naturaleza psicogénica del latigazo cervical.
Como los médicos noruegos desconocían la existencia del SMT, concluyeron que
los pacientes estaban motivados por el deseo de ser indemnizados por la lesión, a
pesar de que podía no existir lesión alguna. Esto se conoce como ganancia
secundaria. Lo que hace más confusa la situación es que estos pacientes sienten
un dolor real; no están fingiéndolo para poder recibir dinero. Lo que tienen es
SMT. Pero ni ellos ni sus médicos conocen la verdadera naturaleza del proceso,
de modo que los últimos piensan que los primeros están mintiendo o exagerando,
y los pacientes están indignados ante tal sugerencia. El artículo del New York
Times decía que cuando los resultados del estudio fueron publicados en Noruega,
el líder de la organización de pacientes con latigazo cervical amenazó con
demandar al médico que dirigió el estudio. No me sorprende.
Este informe también ilustra cómo funciona el «contagio social» en estos
trastornos psicosomáticos. La gente va a escoger inconscientemente los síntomas
que estén de moda y que sean considerados legítimos trastornos físicos por sus
médicos. Por eso los síntomas de dolor en el cuello y en la espalda han alcanzado
actualmente proporciones epidémicas en la mayor parte del mundo occidental.
Este es un enorme problema de salud pública, y ni los médicos ni los
81
pacientes conocen la naturaleza de este trastorno. Este problema persistirá hasta
que la medicina oficial acepte la idea de que las emociones inducen síntomas
físicos.
Hernia de disco cervical
Al igual que sucede con la zona lumbar, uno de los diagnósticos más comunes
en el área cervical es la hernia de disco. A pesar de que en el cuello hay una
mayor proximidad del tejido herniado a la médula espinal, se están acumulando
cada vez más evidencias de que estas hernias pueden no ser peligrosas y que se
puede usar con ellas un tratamiento conservador (no quirúrgico). Estas son
buenas noticias, ya que mi trabajo indica que, al igual que con la zona lumbar, la
hernia no es la responsable del dolor ni tampoco de los síntomas neurológicos en
los brazos —la culpa la tiene el SMT.
A lo largo de más de cuarenta años, las evidencias han demostrado que las
anormalidades estructurales en la región cervical raramente producen síntomas.
Donald McRae, del Instituto Neurológico de Montreal, publicó un trabajo en 1956
en el que afirmaba que cualquiera con más de treinta de años de edad podía tener
una hernia de disco en el cuello y no presentar síntomas.
Diecinueve años más tarde, Alian Fox y sus colegas del Centro Médico de la
Universidad de Nueva York informaron que habían encontrado anormalidades en
la columna cervical que ocupaban mucho espacio (como los tumores) y que no
producían ningún síntoma en absoluto. Como consecuencia de estos resultados,
advertían en contra de atribuir el dolor a las hernias de disco y a los espolones
óseos.
Más recientemente, Joel Saaly y algunos de sus colegas informaron del
exitoso tratamiento no quirúrgico de veinticuatro pacientes con hernia cervical de
disco y dolor en los brazos. Ninguno de ellos experimentó un empeoramiento de
los síntomas neurológicos en los brazos y la mayoría reinició sus actividades
físicas normales. Un estudio similar fue realizado en Londres en el año 1996 por
Keith Bush y sus colegas.
Yo sabía hace años de la inocencia de los discos intervertebrales pero no he
podido hacer públicos mis hallazgos excepto a través de mis libros. Un estudio en
que documentaba la curación del 88% de los pacientes de un grupo ton SMT que
tenía hernia de disco lumbar ha sido rechazado por siete revistas médicas.
82
Síndrome del desfiladero torácico
Uno de los diagnósticos que se hacen ocasionalmente cuando alguien tiene
dolor en el hombro y en el brazo es el síndrome del desfiladero torácico, nombre
por el que es conocido el espacio atravesado por los grandes vasos sanguíneos
que van hacia el brazo. Este espacio puede sufrir un estrechamiento a causa de
una costilla suplementaria, pero esto es muy poco frecuente. Ante la ausencia de
una costilla suplementaria, los médicos teorizaron que los músculos en el hombro
estaban comprimiendo los vasos sanguíneos y produciendo dolor en el brazo. No
hay evidencias de que esto sea así. Y esta situación no debe confundirse con lo
que ocurre en el SMT, cuando el reducido flujo de sangre a través de las miles de
pequeñas arterias que alimentan una lona que puede incluir músculo y nervio
causa una leve deficiencia de oxígeno. Cuando esto sucede en el hombro, se
produce dolor muscular local y síntomas nerviosos en él y en la mano a causa de
la implicación de los nervios que van al brazo y a la mano. Esto es muy distinto a
lo que se conoce actualmente como síndrome del desfiladero torácico.
Lesión por estrés repetitivo
Como ha sucedido con los problemas de dolor en la zona lumbar, los errores
de diagnóstico y el mal manejo de la situación han causado que la lesión por
estrés repetitivo haya adquirido proporciones epidémicas. En 1993 se estimó que
la lesión por estrés repetitivo (LER) le estaba costando a las grandes empresas de
los Estados Unidos veinte mil millones de dólares al año y era responsable del
56% de las enfermedades relacionadas con el trabajo. El síndrome del túnel
carpiano, uno de los componentes más importantes de la LER, era responsable de
un aumento del 467% en las solicitudes de incapacidad en los Estados Unidos
entre 1989 y 1994. Los analistas industriales son muy conscientes de que el
problema ha seguido aumentando desde 1994.
Como el propio término indica, los síntomas son atribuidos a tareas
repetitivas, como trabajar con un ordenador. En muchos casos, la implicación de
los músculos, nervios y tendones se combina con síntomas en el cuello, los
hombros, los brazos y las manos, a menudo a ambos lados. Los pacientes se
quejan de dolor, entumecimiento, hormigueo y debilidad, síntomas que han sido
causados o agravados por las tareas que realizan en sus trabajos. En muchos
casos, el síndrome del túnel carpiano es el diagnóstico principal. Dolor,
entumecimiento y hormigueo afectan a la mano y son atribuidos a la compresión
del nervio mediano por un poderoso ligamento que cruza la muñeca, el flexor
retinaculum. Sin embargo, un experto en este tema ha sugerido que las
83
manifestaciones de los trastornos son explicadas mejor por el tipo de leve
anormalidad vascular que es característica del SMT.
Estos son algunos historiales clínicos de gente con LER:
 «Intenso dolor en ambos brazos, a veces mejora, pero nunca desaparece, y
esto me impide realizar mi trabajo. Comenzó hace dos años en los codos y gradualmente fue afectando a las manos, los brazos, los hombros y el cuello.
Tengo problemas para vestirme y para asearme. Padezco insomnio. Necesito
muchas almohadas para ponérmelas bajo los brazos. Tener relaciones
sexuales resulta muy doloroso, así que he perdido el interés. Las tareas
domésticas me resultan imposibles: cocinar, limpiar, comprar, lavar la ropa... Me
es muy difícil ser una buena madre para mi hijo. Este problema ha invadido
cada parte de mi vida. Casi todo lo que hago con las manos o los brazos duele.
Es realmente increíble».
 «He ido a diez médicos distintos; la mayoría de ellos ha diagnosticado síndrome
del túnel carpiano. He seguido un tratamiento de fisioterapia durante un año,
me han puesto inyecciones de cortisona que parecen haber empeorado las
cosas, y ahora están hablando de cirugía».
 «En pocos días la cosa se puso tan mal que no podía levantar el brazo
derecho. Pensé que nunca más iba a poder usar un teclado de ordenador. Lo
que me asustó fue el hecho de que esta enfermedad parecía no tener cura. Ya
estoy algo mejor, gracias a un estupendo fisioterapeuta, pero no estoy curado.
Debo tener mucho cuidado y no usar demasiado el teclado del ordenador. Paso
mucho tiempo con los brazos en hielo».
 «Creo que esto ha ido creciendo durante año Recuerdo haber tenido una
sensación de entumecimiento en los dedos durante la noche y una extraña
sensación de debilidad en los brazos. Estoy mejor, pero aún tengo que andar
con mucho cuidado para no excederme».
Sin el conocimiento del SMT, sería imposible explicar estos síntomas. Un
paciente dijo: «Mi neurólogo afirmó que era un problema reumatológico, y mi
reumatólogo que se trataba de un problema neurológico».
Uno podría muy bien preguntarse: «¿Y qué hay de las generaciones de
mujeres (y de algunos hombres) que trabajaron con máquinas de escribir durante
años y nunca desarrollaron la LER?». Son como los millones de hombres y
mujeres que realizaron duros trabajos físicos durante años y nunca tuvieron
problemas graves de espalda o de cuello. La gente desarrollará las
manifestaciones psicosomáticas que estén de moda. Hace cincuenta años las
presiones de la vida pueden haber producido síntomas estomacales o dolores de
cabeza. Hoy en día se trata sobre todo de dolor de espalda, LER o fatiga crónica.
No tiene ninguna lógica pensar que después de millones de años de
evolución, durante los cuales nos hemos convertido en la especie dominante de
84
este planeta, nuestros cuerpos se hayan vuelto estructuralmente incompetentes, o
que nos hemos vuelto tan frágiles que tenemos que ser cuidadosos al movernos,
al usar nuestros cuerpos o al realizar actividades repetitivas. Esto es un completo
disparate. No estamos hechos de papel maché; somos fuertes y resistentes,
versátiles y de rápida curación.
Otro grupo que ha venido sufriendo los síntomas de la LER, mucho antes de
que fuera identificado como síndrome, es el de los músicos. Qué simple es,
cuando uno tiene SMT, echarle la culpa del dolor de cuello, de hombro, y de
brazos y manos a los repetitivos, complicados y a menudo extremadamente
fatigosos movimientos de un pianista o de un violinista.
Recuerdo claramente a una joven concertista de violonchelo que primero vino
a verme a causa de un dolor de espalda. Cuando finalmente conseguimos eliminar
ese problema, comenzó a tener dolor en los brazos, las manos y los hombros,
hasta el punto de hacer peligrar su carrera. Afortunadamente, la violonchelista se
mostró muy receptiva a la idea del SMT, experimentó una rápida recuperación y
no ha sentido dolor desde entonces.
Al igual que sucede con los problemas en la zona lumbar, un ejército de
médicos y terapeutas le confirma al paciente que los síntomas de la LER son
inducidos por factores estrictamente físicos y le sugiere un montón de soluciones,
todas ellas basadas en evitar los movimientos y posturas supuestamente
perjudiciales. Me pregunto si esa violonchelista habría acudido a mí si sus
síntomas iniciales hubiesen sido en los brazos y en las manos en lugar de en la
espalda. Después de haber tenido éxito con su problema de espalda, comprendió
el intento del cerebro por situar el dolor en los brazos y en las manos.
Tratamiento convencional
El tratamiento para los síndromes de la parte alta de la espalda, del cuello y
de los brazos es el mismo que para el dolor en la zona lumbar. Consiste en el uso
de esteroides o de antiinflamatorios no esteroides, fisioterapia, masaje y otros
tratamientos físicos. Muchas personas acuden a un quiropráctico, después de
haber sido informadas de que tienen una «subluxación», una pequeña dislocación.
En mi experiencia, no es posible dislocarse partes de la columna excepto
mediante un violento trauma como podría ser un accidente de coche. Cualquier
alivio a raíz de estos tratamientos debe estar basado en el efecto placebo. Se
suelen recetar collares cervicales así como la tracción cervical. Se supone que los
primeros sirven para inmovilizar el cuello y la tracción para separar las vértebras
verticales. La cirugía suele realizarse cuando hay una hernia de disco con cambios
neurológicos en los brazos o en las manos.
Cuando la SMT es la causa de los síntomas, ninguno de estos tratamientos
85
tiene fundamento, ya que están basados en una anormalidad estructural o en un
proceso inflamatorio que nunca ha sido identificado. La eliminación completa y
definitiva del dolor depende de un diagnóstico acertado.
86
5
Manifestaciones en los tendones
Tendinitis en la rodilla
Aunque cualquier tendón del cuerpo puede ser afectado por el SMT, algunos
lo son con más frecuencia que otros.
La rodilla es uno de los lugares más comunes. El dolor puede presentarse en
cualquier parte de esta articulación, tanto en la parte delantera como en la trasera,
ya que alrededor de ella se insertan muchos tendones. El más grande es el tendón
rotuliano, que contiene en su interior la rótula; es el tendón del cuádriceps, un
músculo que soporta el peso del cuerpo y que evita que la rodilla ceda al caminar
o al correr. El dolor se localiza normalmente sólo en una parte del tendón, ya sea
arriba o debajo de la rótula. Hay muchos otros, incluyendo los tendones de los
músculos isquiotibiales y los de otros músculos por debajo de la rodilla. Los
ligamentos que se encuentran alrededor de la articulación son importantes
estructuras que también pueden verse afectadas por el dolor. Todo esto se puede
comprobar fácilmente mediante un examen físico: el tendón afectado duele al ser
presionado. El problema no afecta a la articulación de la rodilla en sí, sino a los
tendones que se insertan en los huesos que rodean esta articulación. El dolor en
la rodilla suele achacarse a una afección conocida como condromalacia. Se trata
de una alteración de la cara interior de la rótula, diagnosticada mediante una
radiografía y, según mi experiencia, indolora. Una vez más tenemos una situación
en que el dolor es achacado a una anormalidad detectada mediante radiografía, y
esto ocurre porque el médico no conoce la existencia del SMT. El dolor puede
también ser achacado a una rótula inestable o a ese viejo chivo expiatorio, la
artritis. Ocasionalmente, se dice que una pequeña lesión en el menisco (cartílago)
es la causante del dolor. Las lesiones de menisco pueden verse en las
resonancias magnéticas y son a menudo indoloras, pero se les echará la culpa de
un dolor que realmente ha sido causado por una tendinitis del SMT. A menudo
estos pacientes serán sometidos a una artroscopia. Hace poco vi a un paciente
que había sufrido una operación de este tipo. Después de la cirugía seguía
sintiendo dolor, y el médico realizó una segunda artroscopia porque
supuestamente había un pliegue de tejido que lo producía. Pero el dolor continuó.
Aunque este paciente vino a verme por un problema espalda, le dije cuál era la
verdadera naturaleza de su dolor en la rodilla y así pudo resolver ambos
simultáneamente.
87
Aunque es menos común, la tendinitis puede venir acompañada de una
inflamación de la rodilla. Cuando observé esto por primera vez, me sentí un poco
inseguro al decirle al paciente que la inflamación formaba parte del SMT. A la luz
del consistente éxito de mis tratamientos, hoy en día me siento muy cómodo con
este diagnóstico.
Tendinitis en el hombro
El SMT se presenta con frecuencia en el hombro. El diagnóstico puede ser
complicado ya que es posible que el dolor en esta zona sea debido a la
implicación del plexo braquial. A menudo forma parte de la L. E. R.
El historial diagnóstico del dolor en esta región (donde el brazo se une con el
hombro) es interesante. Antes del advenimiento de la resonancia magnética, el
sistema que permite un preciso diagnóstico del desgarro del manguito rotador del
hombro, los diagnósticos más comunes eran la hursitis y los depósitos de calcio.
Este último diagnóstico llevaba a menudo a una extirpación quirúrgica. Hoy en día
el diagnóstico más frecuente es el desgarro del manguito rotador.
Nunca pensé en cuestionar este diagnóstico hasta que tuve la siguiente
experiencia con una paciente. Era una mujer de unos cincuenta años que había
sido tratada con éxito de un dolor de espalda hacía algunos años. Me llamó para
decirme que había desarrollado un dolor en un hombro y que había ido a consulta
con algunos de los mejores ortopedistas de la ciudad. Como la resonancia
magnética había revelado un desgarro del manguito rotador, ella decidió operarse.
Hoy en día, aunque estaba más aliviada, había comenzado a experimentar el
mismo dolor en el otro hombro y se preguntaba si esto podía ser una
manifestación del SMT. Le dije que era probable y le di una cita para examinarla.
Vino unos días después y me dijo que el dolor había desaparecido al día siguiente
de nuestra conversación telefónica. La zona aún estaba algo sensible a la presión,
sobre todo si apretaba uno de los tendones del hombro.
Esta fue una experiencia importante para mí. Sin duda, los tendones
desgarrados necesitan ser reparados, especialmente en atletas como los
lanzadores de béisbol, pero aquí tenemos nuevamente una situación en la que los
médicos curan a las radiografías en lugar de a los pacientes. Ahora acostumbro a
tratar el dolor de hombro como parte del SMT en caso de que encuentre un tendón
dolorido en el examen físico. Además, la literatura médica sugiere que los
desgarros del manguito rotador pueden ser parte del proceso de envejecimiento.
Esto es lo mismo que sucede con cambios artríticos de la columna: siempre se los
culpa erróneamente del dolor.
88
He dicho a menudo que la resonancia magnética ha sido una ventaja a
medias para la gente con síndromes de dolor. La hernia de disco, la lesión de
menisco en la rodilla y el desgarro del manguito rotador del hombro, todos los
cuales dependen de la resonancia magnética para su identificación, han dado
lugar a muchas cirugías bien intencionadas pero innecesarias.
Codo de tenista
Esta es una clásica dolencia que se ha visto eclipsada últimamente por
problemas más dramáticos como las lesiones de rodilla y los desgarros del
manguito rotador. Hay que tener en cuenta que el SMT sólo necesita un lugar de
dolor cada vez. Si el dolor en la rodilla o en el hombro se presenta más a menudo,
en el codo puede ser menos frecuente. Sin embargo, sigue siendo bastante
común y puede formar parte de la LER, como sucede con otras zonas del brazo.
Como la mayoría de la gente ya sabe, el codo de tenista no es exclusividad de los
que juegan al tenis. Aún es considerado como una sobrecarga en el tendón que
conecta el músculo con el hueso en el codo. El tratamiento habitual consiste en
reposo e inmovilización. A veces se aplican infiltraciones. Al igual que sucede con
otras manifestaciones del SMT, el codo de tenista responde bien a mi programa
educativo una vez que el paciente ha aceptado el hecho de que su dolor es debido
al SMT.
Tendinitis en el pie
El pie es una importante localización para el SMT. Cualquiera que haya
tenido dolor en los pies sabe lo incapacitante que puede llegar a ser. Hay muchos
tendones en la parte superior del pie y alrededor del tobillo, cualquiera de los
cuales puede verse afectado por el síndrome de miositis tensional. El dolor suele
presentarse más a menudo en la planta que en la parte superior. El dolor en la
parte frontal se llama metatarsalgia y a menudo es atribuido a un neuroma (un
tumor benigno en el nervio); la extirpación quirúrgica del neuroma no es
infrecuente. Cuando el dolor está localizado en el arco plantar, la dolencia se llama
fascitis plantar. Si se encuentra en el talón, es atribuido a un espolón óseo, en el
caso de que éste aparezca en una radiografía. Como a los pacientes les cuesta
más aceptar que el dolor de pie sea parte del SMT, aquél tiende a prolongarse.
89
A menudo se suele achacar erróneamente el dolor pies al hecho de tener pies
planos.
Periostitis tibial
Éste es un término que les resultará familiar a los atletas, los entrenadores y
los médicos especialistas en medicina deportiva. La periostitis tibial se caracteriza
por dolor en la parte frontal de la pierna, entre la rodilla y el pie. Al igual que
muchos otros síndromes de dolor, la periostitis ha sido siempre un misterio en lo
que respecta a su diagnóstico. Normalmente asociada a la actividad deportiva, es
otro ejemplo de tendinitis del SMT. Estudios recientes han mostrado cambios
radiográficos en la tibia, pero yo me sigo inclinando por atribuir el dolor al SMT.
La tibia, el gran hueso que está debajo de la rodilla, puede palparse con
facilidad en la parte frontal de la pierna, ya que se encuentra justo por debajo de la
piel. Conectado a la tibia a lo largo de una gran parte de su extensión se halla el
importante músculo tibial anterior. En la pierna derecha, puedes sentir el tibial
justo a la derecha de la tibia. Este músculo se encarga de levantar el antepie
durante el ciclo de la marcha o de la carrera: su importancia es obvia. (Para dejar
dolorido este músculo, camina lo más rápido que puedas durante al menos treinta
minutos.) La gente con periostitis tibial siente dolor al presionar ese músculo. El
tendón del músculo tibial está conectado con la tibia a lo largo de toda su
extensión. La periostitis tibial es una tendinitis del SMT. El dolor muscular posterior
al ejercicio físico desaparecerá en uno o dos días. Cuando el dolor persiste y se
intensifica, quiere decir que el SMT es la causa.
Distensión en los isquiotibiales
Esta es una situación muy común entre los atletas, incluso entre aquellos que
están en mejor forma física: el atleta está practicando su deporte cuando de
repente siente un agudo dolor en parte posterior del muslo. Como el inicio es muy
agudo, se da por sentado que el dolor es provocado por una lesión muscular.
Tras haber observado un cierto número de distensiones en los isquiotibiales
en los jugadores profesionales de fútbol americano, y teniendo en cuenta las
circunstancias en que estas lesiones se producen y la rápida recuperación de los
atletas, me siento muy inclinado a pensar que los jugadores están experimentando
90
un ataque agudo de tendinitis del SMT. Recuerdo sobre todo a un jugador que
había sufrido una distensión en los isquiotibiales durante un partido. Se dijo que
había recibido un tratamiento intensivo para prepararlo para el partido siguiente y,
efectivamente, estuvo listo para jugar a la semana siguiente. Jugó la mayor parte
del partido pero al final del tercer cuarto tuvo que ser sustituido por haber sufrido
una distensión en los isquiotibiales —esta vez en la otra pierna—. Cuando los
periodistas le preguntaron qué creía que había pasado, dijo que había
sobrecargado esta pierna porque se había lesionado la otra la semana anterior.
Esta idea es ridícula; no hubo cambios en su forma de correr, ninguna evidencia
de que cojeara. Lo observé con atención y no pude ver ninguna razón para una
lesión cuando desarrolló el nuevo dolor —simplemente comenzó a cojear—. Se
trataba de un hombre muy tenso, la estrella de su equipo, el jugador con quien
todos contaban. Las presiones sobre él debían de haber sido enormes. No me
extraña que fuese propenso a episodios frecuentes de SMT.
Coccidinia (coccigodinia, coccialgia)
Otras tendinitis menos comunes también son manifestaciones del SMT. En la
coccidinia, los tendones afectados son los de los músculos que se insertan en los
varios huesos pélvicos, y en el sacro y el cóccix. Estos dos últimos son
considerados a menudo como extensiones de la columna lumbar. El cóccix es
todo lo que queda de la cola en los humanos y otras especies de mamíferos
avanzados como el chimpancé. El dolor se siente en la hendidura entre los glúteos
y lo más probable es que sea debido al hecho de que el SMT afecta a los
tendones de los músculos que se insertan en el sacro. Se comporta de la misma
forma que los síntomas en la zona lumbar: el dolor puede presentarse en
circunstancias especiales, aunque, como era de esperar, el hecho de sentarse
siempre lo provoca.
Bastante menos frecuente es que se vean afectados los tendones de los
músculos del muslo que se insertan en los huesos pélvicos, como por ejemplo los
isquiotibiales y los aductores. En la mayoría de los casos los tendones duelen al
ser presionados con el dedo. He tenido pacientes en los que se ha visto afectado
el poderoso ligamento de la ingle, el ligamento inguinal. Cualquier tendón o
ligamento del cuerpo puede verse afectado por el SMT.
Con esto concluyo la descripción de las manifestaciones del SMT en
músculos, nervios y tendones. Veamos ahora una de las consecuencias más
penosas de estos síndromes de dolor, el dolor crónico, y una de las más extrañas,
la enfermedad de Lyme.
91
6
El dolor crónico y la enfermedad de Lyme
El dolor crónico
Aún puedo recordar nuestros intentos en el Instituto de Rehabilitación Médica
del Centro Médico de la Universidad de Nueva York por establecer, hace ya
muchos años, un programa para el tratamiento del dolor crónico. Como estaba
comenzando a comprender que la mayor parte de los dolores de espalda eran
inducidos psicológicamente y como la literatura médica estaba sugiriendo que el
dolor crónico era el resultado de factores psicológicos, establecer un programa
para su tratamiento parecía una buena idea. Así pues, seguimos las indicaciones
de los expertos, creamos un equipo multidisciplinario formado por un
fisioterapeuta, un terapeuta ocupacional, una enfermera, un psicólogo, un trabajador social y un médico, y comenzamos a aceptar pacientes en el programa.
Los que tratamos sufrían varios tipos de trastornos estructurales dolorosos,
incluyendo artritis de columna, hernia de disco y fibrositis (o fibromialgia). Su dolor
había continuado durante más de seis meses a pesar de los tratamientos y era tan
fuerte que dominaba sus vidas. Impedía el trabajo y las relaciones sociales
normales y les producía todo tipo de problemas personales. En la mayoría de los
casos, tomaban una gran variedad de fármacos en altas dosis.
El postulado central del programa terapéutico era que los pacientes
conseguían un beneficio secundario de su dolor, lo que significa que necesitaban
inconscientemente que el dolor continuara para poder seguir recibiendo cuidados,
para evadir responsabilidades o trabajo, o tal vez para obtener dinero. Gran parte
de ellos se sentían ansiosos y deprimidos, tenían problemas para dormir, se
alimentaban mal y presentaban un aspecto enfermizo. Estaba claro que no fingían.
Por eso se decía que el beneficio secundario era inconsciente. El dolor crónico era
considerado una entidad independiente.
Basado en estas observaciones, el programa se desarrolló de la manera
siguiente:
1. Examen psicológico al ser admitido al programa.
2. Evaluación de cada miembro del equipo para determinar cuál iba a ser su
contribución en el proceso de recuperación.
3. Ninguna conversación sobre el dolor y ninguna recompensa por
92
aparentarlo.
4. Se alentaron las actividades físicas, vocacionales y sociales.
5. Creación de un «cóctel» con los fármacos que el paciente tomaba, y
reducción gradual de los componentes sin que aquél lo supiera.
Todos participamos en el programa con gran entusiasmo. Era perfecto para la
medicina de rehabilitación porque trabajábamos regularmente en equipo para
tratar muchas dolencias incapacitantes. Al poco tiempo comenzamos a sospechar
que el postulado central era incorrecto. Nuestras evaluaciones psicológicas
sugerían que había, en efecto, poderosos factores psicológicos en juego y que
éstos perpetuaban el dolor, pero no producían ningún beneficio secundario. Un
buen ejemplo era una mujer que había sido objeto de un abuso sexual y
emocional tan enorme durante su infancia que a todos nos asombró que hubiese
conseguido sobrevivir a algo así. El dolor la había dejado casi totalmente
incapacitada, tan grande era la ira que acumulaba en el inconsciente.
Comenzamos a hablar cada vez más con los pacientes a cerca de su dolor, de
dónde provenía y por qué no desaparecía cuando el veneno psicológico era
revelado. Comprobamos que no era necesario reducir subrepticiamente los
medicamentos; los pacientes dejaron de tomarlos de manera espontánea. Y, por
supuesto, la explicación fisiológica del dolor comenzó a tomar forma. El dolor
crónico era una de las manifestaciones más graves del SMT. No hacía falta crear
una entidad separada llamada dolor crónico.
Esto fue hace unos veinte años y el tiempo no ha hecho más que confirmar
nuestras conclusiones.
¿Cuál es el estatus del diagnóstico y del tratamiento del dolor crónico en la
actualidad? Existen centros de tratamiento para el dolor repartidos por todo el país
en los que se llevan a cabo programas para el dolor crónico basados en la
teoría del beneficio secundario. Estos programas han sido aprobados por los
médicos y por las asociaciones de psiquiatras y psicólogos. El Diagnostic and
Statistical Manual of Mental Disorders (Manual diagnóstico y estadístico de los
trastornos mentales) considera que el trastorno doloroso es uno entre otros
trastornos somatoformes, pero no identifica los factores inconscientes como la
causa del dolor. La palabra somatoforme identifica la dolencia como física.
Algunos profesionales, sin embargo, le están dando más importancia a las
emociones. En un artículo del New York Times, publicado el 12 de diciembre de
1992 y titulado «El dolor crónico afecta a muchos pero carece de causa clara»,
Elisabeth Rosenthal citó a un conocido investigador del problema del dolor, el
doctor John Loeser de la Universidad de Washington: «Todas las evidencias
sugieren que para la mayoría de la gente el dolor crónico es un trastorno
relacionado con el estrés, como la úlcera. La diferencia con el dolor es que no
sabemos dónde poner el tubo para poder mirar».
En el mismo artículo se citaba a otro experto: «Quizá no sea realmente dolor
93
sino una metáfora de la ansiedad, la depresión o el sufrimiento espiritual. Usamos
la palabra dolor para el sufrimiento tanto físico como mental, y a veces la gente no
sabe hacer muy bien la distinción.
Esta es una prueba clara de que hay gente seria en el mundo de la medicina
que reconoce la base psicológica del dolor crónico. Pero esto no es más que el
comienzo. La medicina aún tiene que aceptar el proceso mediante el cual fuertes
emociones inconscientes inducen síntomas físicos. Sin esta aceptación, la
profesión está perdida en lo que respecta al diagnóstico, y la epidemia continúa.
La enfermedad de Lyme
Aunque difiere considerablemente de los trastornos que he comentado, hay
otra enfermedad que merece nuestra atención. En este caso tenemos el proceso
de un mal al que se le atribuyen erróneamente una serie de síntomas físicos. La
enfermedad de Lyme es una infección bacteriana producida por la picadura de una
pequeña garrapata y que puede dar lugar a síntomas neurológicos y artríticos. Si
alguien tiene un dolor que no puede ser explicado por ninguno de los diagnósticos
típicos y además existen pruebas inmunológicas (provenientes de un análisis de
sangre) de haber sido infectado, los síntomas van a ser atribuidos a la enfermedad
de Lyme. Siempre que un organismo extraño, como una bacteria, entra en el
cuerpo, el sistema inmunológico pone en marcha medidas de protección. Una de
ellas es la creación de sustancias llamadas anticuerpos que se adhieren a las
bacterias y las neutralizan. Los anticuerpos son específicos para cada bacteria;
cada uno de nosotros tiene muchos distintos circulando por la sangre. La cantidad
de un anticuerpo específico puede ser medida en un laboratorio y es conocida
como el título de anticuerpo. Mediante esta prueba uno puede determinar si el
anticuerpo para una enfermedad determinada está o no presente en la sangre, en
qué cantidad. He visto a mucha gente con SMT cu dolor fue atribuido a la
enfermedad de Lyme porque tenía en la sangre anticuerpos para la bacteria de
Lyme.
Uno de los muchos casos con los que me topé fue el de un hombre con
síntomas graves de SMT que no aceptaba su diagnóstico y que luego resultó tener
en la sangre anticuerpos para la enfermedad de Lyme. Este hombre demandó por
negligencia médica a los neurólogos que lo atendieron inicialmente, alegando que
éstos no le habían hecho la prueba para detectar los anticuerpos para la
enfermedad de Lyme. Sus síntomas eran claramente los del SMT, pero dada la
ausencia de aceptación médica con respecto al síndrome, a los médicos no les
resultó fácil defenderse.
94
7
Los equivalentes del SMT
Las reacciones físicas a los estados emocionales son el pan de cada día.
Estás a punto de tener un accidente en la carretera y el corazón se te dispara. Te
levantas para dar un discurso ante mucha gente, y sientes la boca seca y
mariposas en el estómago. Sudas copiosamente al enfrentarte a una situación
difícil. Reprimes un ataque de rabia y todas estas reacciones se producen al
mismo tiempo.
El cuerpo está íntimamente conectado a la mente, y en especial a las
emociones. ¿Cómo podría ser de otro modo? Los trastornos que voy a describir a
continuación son un poco más complicados que los mencionados hasta ahora, y
todos parecen cumplir la misma función que el SMT, es decir, están diseñados
para distraerte de la ira inconsciente.
Muchos trastornos físicos son equivalentes del SMT. Al igual que los
síndromes dolorosos, la mayoría de estos trastornos son básicamente inofensivos.
Se los divide en siete categorías, y se trata de trastornos de:
1. El sistema gastrointestinal
2. El sistema circulatorio
3. La piel
4. El sistema inmunológico
5. El sistema genitourinario
6. El mecanismo cardíaco
7. índole variada
Con todos estos trastornos es esencial que consultes regularmente a tu
médico para así eliminar cualquier enfermedad grave.
95
Trastornos gastrointestinales
Entre los trastornos físicos emocionalmente inducidos, los trastornos
gastrointestinales (TG) han sido durante mucho tiempo los más comunes.
Trastornos del tracto gastrointestinal superior
El esófago, en la parte más alta del tracto gastrointestinal, puede verse
afectado por espasmos, que son percibidos como un dolor en el pecho, justo
debajo del esternón. Se siente una especie de apretón en la parte baja del
esófago. Cuando se trata de un trastorno más serio, se produce un
estrangulamiento en la unión con el estómago, lo cual requiere a veces una
intervención quirúrgica. Este problema es poco frecuente.
Lo que sí son comunes son los síntomas estomacales. Uno de los más
corrientes, el ardor de estómago, es causado por la hiperacidez y puede ser
aliviado por medicamentos antiácidos. La regurgitación de pequeñas cantidades
de alimento después de una comida también es un fenómeno bastante usual. Las
molestias estomacales leves son atribuidas frecuentemente a la gastritis. Algunos
de estos síntomas han sido asociados a lo que se conoce como hernia de hiato.
Cuando el ardor de estómago y las molestias en la parte alta del abdomen son
recurrentes, se dice que son el resultado de la formación de una hernia, en la que
se produce una protrusión de una pequeña parte del estómago superior hacia la
cavidad pectoral cuando la persona está echada. Esta hernia puede ser
identificada mediante una radiografía. El tratamiento convencional consiste en
tomar antiácidos y elevar la posición de la cabeza cuando la persona está
tumbada.
Creo que todos los TG del tracto superior pueden ser equivalentes del SMT, y
por lo tanto que todos son inducidos psicológicamente. Como la hernia de hiato es
una anormalidad estructural, uno puede entender la reticencia a atribuirla a
factores emocionales. Sin embargo, nadie ha explicado nunca el proceso que
origina una hernia de hiato. Su asociación con el ardor de estómago y con el
reflujo esofágico sugiere que también se trata de un equivalente del SMT.
Aunque no son tan comunes como solían serlo, las úlceras pépticas aún se
consideran un gran problema médico. El descubrimiento de que la gente con
úlcera tiene a menudo (pero no siempre) una bacteria, el Helicobacter pylori,
alojada en el estómago ha despertado un gran interés. Esta bacteria es
considerada actualmente como la causa de las úlceras de estómago y de
96
duodeno. Pero, entonces, ¿cómo se explica la úlcera cuando no se encuentra la
bacteria en el estómago de una persona que la padece? El New York Time
informó el 7 de agosto de 1997 que los científicos han sugerido que la bacteria
Helicobacter pylori ha sido un habitante inofensivo del tracto intestinal de los seres
humanos durante millones de años. ¿Por qué esta inofensiva bacteria habría de
volverse patológica de repente? En mi opinión, el Helicobacter pylori no es
patológico. Su presencia en el estómago de algunas personas con úlcera no
quiere decir que sea su causa. Puede que simplemente forme parte del aún
bastante misterioso proceso mediante el cual se desarrolla la úlcera. Lo que tengo
claro es que son los factores emocionales los que inician el proceso.
La buena disposición por parte de la medicina actual para aceptar la
explicación bacteriana de la causa de las úlceras es otro ejemplo de sus prejuicios
filosóficos, los mismos prejuicios que los llevan a rechazar la posibilidad de que las
emociones den lugar a trastornos físicos.
Las enfermedades graves como el cáncer siempre tienen que ser descartadas
antes de que uno pueda concluir que los síntomas estomacales son inducidos por
el estrés. Esto vale para cualquier trastorno. Afortunadamente, las úlceras
benignas de estómago son mucho más comunes que las malignas.
El siguiente incidente es una excelente ilustración de la naturaleza emocional
de los trastornos estomacales. Un señor de alrededor de cuarenta y cinco años
acompañó a su mujer, que era paciente mía, a una sesión educativa en la que yo
hablaba de los muchos equivalentes del SMT. Unas semanas después recibí una
carta de este hombre en la que me decía que los síntomas estomacales que había
padecido cada día a lo largo de los últimos veinticinco años habían desaparecido.
Había comprendido y aceptado el principio de causalidad psicológica como algo
aplicable a sus síntomas —y se había curado.
Otra fuente de dolor estomacal es el espasmo pilórico. El píloro es el tejido
muscular a la salida del estómago que actúa como esfínter, impidiendo o
permitiendo el paso de la comida desde el estómago hasta el intestino delgado. El
espasmo pilórico también es un equivalente del SMT.
Trastornos del tracto gastrointestinal inferior
La diarrea o la defecación frecuente han sido siempre asociadas al hecho de
«estar nervioso» o a tener un «estómago nervioso». La defecación irregular, el
dolor abdominal, los calambres abdominales y los gases dan lugar a diagnósticos
como colon espástico, colitis y síndrome de colon irritable. Todos estos trastornos,
al igual que el estreñimiento, son especialmente de origen psicológico.
97
Como sucede con el SMT, los trastornos gastrointestinales son producidos por
el sistema nervioso autónomo. Muchos síntomas son el resultado de alteraciones
en la motilidad normal del tracto gastrointestinal inferior, lo que produce
defecaciones frecuentes cuando esta motilidad ve aumentada y estreñimiento
cuando se ve reducida. La palabra motilidad se refiere a la acción peristáltica
(contracciones musculares) del intestino, que hace avanzar los materiales sólidos
a través del tracto digestivo. Si la peristalsis se detiene por completo o se produce
un espasmo intestinal, van a comenzar los síntomas dolorosos.
Todos estos cambios son el resultado del proceso psicológico descrito en el
primer capítulo.
Trastornos del sistema circulatorio
Cefalea tensional, migraña, fenómeno de Raynaud
La cefalea tensional y la migraña son trastornos muy comunes. La gente los
suele confundir porque los intensos dolores de cabeza unilaterales, a veces
acompañados náusea y vómitos, que son característicos de la migraña también se
producen en las cefaleas tensionales más fuertes. Aunque ambos trastornos
pueden parecer similares, los pacientes con migraña experimentan
frecuentemente un cierto fenómeno visual justo antes de que comience el dolor de
cabeza. El término técnico para este fenómeno es escotoma, y se trata de una
perturbadora y centelleante línea en zigzag que aparece en el campo visual y que
dura unos quince minutos.
La cefalea tensional es clasificada como trastorno circulatorio, ya que se cree
que el dolor de cabeza es causado por una isquemia local en los músculos
pericraneales, al igual que el SMT proviene de una isquemia local en los músculos
posturales, los nervios o los tendones.
Por otro lado, en el caso de la migraña se cree que el dolor es causado por un
repentino estrangulamiento de un único vaso sanguíneo en el interior del cerebro.
Esto suena amenazador pero raramente da lugar a algo más grave que un simple
dolor de cabeza.
Hace muchos años, mi propia experiencia con la migraña me dejó muy clara
su relación con los factores psicológicos. Cuando era un joven médico con las
típicas presiones y tensiones del trabajo y la familia, tuve migrañas durante unos
seis años. Un colega me habló de un estudio médico que había leído en el que se
98
sugería que la migraña era el resultado de la rabia reprimida. Como estaba llegando a la conclusión de que los factores psicológicos eran algo muy común en los
problemas médicos del día a día, estuve abierto a esa idea. Cuando comenzaron
las siguientes «luces» premonitorias, me senté y me puse a pensar sobre qué
rabia podía estar reprimiendo. Años después descubrí lo que era, pero en ese
momento no tenía la menor idea. Sin embargo, para mi gran sorpresa, el dolor de
cabeza nunca se volvió a presentar. Tampoco he vuelto a tener otra migraña
desde entonces, aunque las «luces centelleantes» han continuado. Las «luces»
me anuncian que estoy reprimiendo la rabia y a veces tengo que pensar mucho
para descubrir la razón de esta rabia. En ocasiones, la razón es obvia.
Hay una lección muy importante que se desprende de esta experiencia, y que
se aplica al SMT y a todos los trastornos equivalentes: en muchos casos el mero
hecho de reconocer que un síntoma pueda tener un origen emocional es suficiente
para hacerlo desaparecer. Yo no sabía por qué razón me encontraba
inconscientemente enfadado, pero estaba dispuesto a aceptar que algo
psicológico era responsable de mi dolor de cabeza. Esto bastó para eliminarlo
definitivamente.
Me sucedió algo parecido cuando comencé a realizar los diagnósticos de
SMT, aunque en esa época no lo relacioné con mis migrañas. Les decía a mis
pacientes que sus dolores de espalda eran inducidos por el estrés y la tensión, y si
estaban abiertos a esa idea, mejorarían. Durante muchos años, aunque sabía que
este enfoque funcionaba, no comprendía por qué. La explicación se halla en la
primera y en la tercera parte de este libro. Pero la importancia de esta observación
no debería pasar desapercibida: un síntoma físico es eliminado por el proceso del
pensamiento. No se trata de un fenómeno mágico. Al desplazar tu atención de la
dimensión física a la psicológica, haces desaparecer un síntoma físico. Yo
personalmente lo he hecho con migrañas, alergias al polen, síntomas
gastrointestinales y reacciones dermatológicas. Mis pacientes mencionan
frecuentemente experiencias similares, y lo mismo sucede con sus parejas.
El último de los trastornos circulatorios, el fenómeno de Raynaud, se refiere a
la tendencia que tienen las extremidades, manos y pies, a reaccionar
excesivamente ante el frío y ponerse blancuzcas o incluso azules. Esta es una
reacción excesiva a la respuesta normal del sistema nervioso autónomo ante el
frío que consiste en restringir el flujo de sangre a las extremidades con objeto de
conservar el calor. Obviamente, esta reacción es inducida psicológicamente y se
trata de un ejemplo más de la hiperactividad del sistema nervioso autónomo al
reaccionar a los estímulos emocionales.
99
Trastornos de la piel
Sospecho que muchas afecciones de la piel —sobre todo el acné, los
eccemas, la urticaria y la psoriasis— son emocionalmente inducidas, una idea que
la mayoría de los dermatólogos rechazaría. Los trabajos realizados en los laboratorios de investigación dermatológica tenderían a apoyar mi afirmación. Los
investigadores del departamento de dermatología de la Facultad de Medicina de la
Universidad de Pensilvania encontraron evidencias de una conexión potencial
entre factores cerebrales y una respuesta inflamatoria celular observada
comúnmente en una variedad de afecciones de la piel. De acuerdo con un estudio
publicado por miembros de este departamento: «Esta conexión podría tener
relevancia clínica en la comúnmente observada exacerbación de muchas
dermatosis, tales como la psoriasis y las enfermedades atópicas, a causa del
estrés emocional». Aunque aún no se ha encontrado una prueba directa de la
conexión entre los estados emocionales y las afecciones dermatológicas
específicas, estos estudios proporcionan claras evidencias de que ese
descubrimiento se producirá.
Mi experiencia clínica muestra que el estrés emocional rn estos trastornos
físicos no es necesariamente el resultado de causas externas. El responsable de
los síntomas es un proceso interno generador de poderosos sentimientos, un
proceso que la mente inconsciente considera peligroso y amenazador y que, por lo
tanto, debe ser reprimido. Como se ha descrito en la primera parte de este libro,
los síntomas físicos tienen un papel en el proceso de represión.
El estudio dermatológico que acabo de mencionar es extremadamente
importante porque comienza a cerrar la brecha según la cual el cuerpo y la mente
son entidades separadas que no tienen nada que ver entre sí.
Trastornos del sistema inmunológico
Los científicos de la medicina están llegando lentamente a la conclusión de
que existen importantes conexiones entre los procesos emocionales y una
variedad de sistemas físicos, como el endocrino y el inmunológico. Algunos de los
trabajos más excitantes están siendo realizados por aquellos que están
interesados en el sistema inmunológico. Un artículo en el New England Journal of
Medicine señaló que «la influencia del sistema nervioso central sobre el sistema
inmunológico está bien documentada y proporciona un mecanismo mediante el
cual los estados emocionales podrían influenciar el curso de enfermedades que
afectan a las funciones inmunológicas. El hecho de que los factores emocionales
100
puedan o no influenciar el curso de una enfermedad autoinmune, de un cáncer o
de una infección en los humanos es un asunto que no ha sido resuelto de forma
satisfactoria en este momento y que está siendo intensamente investigado».
Más adelante me ocuparé de las enfermedades autoinmunes y del cáncer.
Por el momento veamos un grupo de enfermedades benignas que son ejemplos
de cómo las emociones afectan a la función inmunológica.
Las alergias
En las reacciones alérgicas al polen, al polvo y al moho, el sistema
inmunológico reacciona exageradamente a la sustancia extraña, produciendo los
conocidos síntomas de ojos llorosos, estornudos y secreciones nasales. El asma
puede tener una causa similar, aunque es posible que las emociones ejerzan un
efecto directo en el mecanismo respiratorio mediante el estrechamiento de los
bronquiolos, lo que da lugar al jadeo y a la dificultad para respirar.
Las reacciones alérgicas en los niños son el resultado de un proceso distinto
cuya causa no se conoce.
Otro ejemplo de hipersensibilidad es el de la urticaria. Normalmente consiste
en lesiones que pican, pero puede ler más extensiva, con inflamaciones en gran
parte de la piel y del tejido subcutáneo. A veces la urticaria forma par-fe de una
reacción explosiva llamada anafilaxis, que produce problemas respiratorios y
colapso vascular. Se cree que la urticaria o la anafilaxis son reacciones a la
ingestión de alimentos o a sustancias inyectadas por un humano o por un Insecto.
Los libros de texto de medicina nos dicen que estas reacciones son alérgicas pero
no explican qué fue lo que inició el proceso.
La gente puede tener una reacción adversa al serle Inyectada una sustancia
extraña. La revista Medical World News informó en su edición de octubre de 1974
que un radiólogo de Cleveland había concluido que las reacciones alérgicas
(náusea, vómitos, urticaria y a veces la muy grave anafilaxis) al tinte inyectado
para realizar estudios radiográficos del sistema renal no eran alérgicas en
absoluto, sino emocionales, es decir, causadas por miedos «poco razonables y
muy extendidos». El doctor Lalli comprobó que cuando apaciguaba los miedos de
los pacientes mediante un «trato confiado y tranquilo, unido a un comportamiento
relajado y con bastante conversación informal», era capaz de realizar repetidos
estudios urográficos sin ningún problema, incluso en pacientes con un historial de
intensas reacciones alérgicas. El doctor Lalli documentó su experiencia en un
artículo publicado en la revista Radiology.
101
Mi experiencia personal con la urticaria es ilustrativa. Después de enrolarme
en el ejército en 1943, me presenté voluntario para entrar en las Fuerzas Aéreas.
Mientras estudiaba en la Universidad de Alabama y asistía a clases de vuelo con
un instructor en un avión ligero, comencé a despertarme por las mañanas con una
terrible urticaria en el rostro. Después de algunas pruebas, el médico del ejército
encontró que era alérgico a una gran cantidad de alimentos que luego evité
cuidadosamente, pero seguí con mi urticaria. Entonces nos trasladaron a un
puesto del ejército en Tejas en donde íbamos a ser clasificados como pilotos,
marines o artilleros. Pero allí se nos dijo que las Fuerzas Aéreas habían decidido
que ya no necesitaban más gente. Todos fuimos enviados de vuelta al lugar de
donde veníamos — en mi caso al Departamento Médico—. Los ataques de
urticaria se acabaron.
Mi experiencia es un claro ejemplo de las dos mentes de las que he hablado.
Mi mente consciente quería luchar contra los nazis, pero la respuesta de la
inconsciente fue: «¿Acaso no sabes que los vuelos de combate son peligrosos?
¿Te has vuelto loco?». Esto produjo la secuencia de acontecimientos psicológicos
que terminaron en urticaria.
¿Y qué papel tuvieron los alimentos a los que era supuestamente alérgico? Le
podríamos hacer la misma pregunta a alguien que tiene una fuerte reacción
alérgica a una picadura de insecto. Obviamente existe una conexión, pero está
claro que la picadura o los alimentos no fueron los causantes, sino sólo una parte
del proceso. Una emoción inconsciente hace que el sistema inmunológico
reaccione unte ese alimento o esa picadura de avispa.
La ciencia médica continúa aprendiendo sobre los detalles de las reacciones
alérgicas y sobre cómo funciona el sistema inmunológico. Se trata de un sistema
muy complicado; debemos tener cuidado para evitar confundir los componentes y
mecanismos de una máquina con aquello que la hace funcionar. La electricidad es
lo que hace que se active un motor eléctrico, no sus componentes.
La ciencia médica moderna estudia los detalles de las enfermedades pero
rechaza que procesos emocionales Inconscientes puedan ser la causa. Y cuando
la medicina convencional estudia el papel de la psicología como posible causante
de patologías, tiende a examinar emociones percibidas como la ansiedad y la
depresión, y se basa en perfiles psicológicos para categorizar a la gente.
Desgraciadamente, las emociones percibidas y los perfiles psicológicos no nos
dicen nada sobre lo que está ocurriendo en el inconsciente.
Si alguien me hubiese hecho un examen psicológico cuando tenía urticaria, no
le habría servido de nada. Yo era un joven lleno de entusiasmo por luchar contra
el enemigo me encantaba volar y no estaba ansioso o deprimido. Por otro lado, un
psiquiatra con una orientación psicoanalítica o un psicólogo que sospechara del
origen emocional de la urticaria habrían descubierto rápidamente lo que estaba
sucediendo en mi mente. Sin embargo, no todo el mundo necesita a un
psicoterapeuta para descubrir lo que le pasa cuando tiene el SMT o uno de los
102
trastornos equivalentes —la mayoría de la gente sólo necesita conocimiento-.
Todos generamos sentimientos inconscientes; y algunas veces son lo
suficientemente problemáticos como para dar lugar a síntomas físicos.
Infecciones
El segundo grupo de reacciones del sistema inmunológico emocionalmente
inducidas refleja una respuesta inadecuada o idiosincrásica a los agentes
infecciosos. Los resfriados o las infecciones del tracto urinario frecuentes, la
prostatitis, el acné, todos ellos son ejemplos de una inadecuada respuesta
inmunológica a un invasor.
Las infecciones son tal vez aún más comunes que las reacciones alérgicas
pero rara vez se las considera psicogénicas porque nos hemos acostumbrado a
pensar en las enfermedades únicamente en función del agente infeccioso que las
produce. Los resfriados son causados por un virus, al igual que la gripe y muchas
otras enfermedades; un dolor de garganta es originado por un virus, con o sin la
presencia de una bacteria como el estreptococo; la meningitis es causa por una
variedad de organismos, la neumonía por otros. Tomamos medidas para evitar el
contacto con los gérmenes, nos ponemos inyecciones para protegernos de ellos y
buscamos antibióticos para eliminarlos. Todas estas son ideas válidas desde un
punto de vista médico.
Sin embargo, a pesar de todos nuestros esfuerzos por evitar las
enfermedades, no hacemos nada para mejorar el funcionamiento del sistema
inmunológico, el sistema encardado de evitar o en última instancia de eliminar esa
infección, con o sin antibióticos. El sistema inmunológico es el Ministerio de
Defensa de tu cuerpo. Sus armas incluyen sustancias químicas que se adhieren al
agente infeccioso y lo anulan, y células que destruyen o devoran al invasor. Es un
sistema asombroso, pero se ha estado perfeccionando a lo largo de unos 570
millones de años, por lo cual creo que su eficiencia no debería sorprendernos.
Mi experiencia clínica indica que las emociones pueden aumentar, modificar o
reducir la eficiencia del sistema Inmunológico. El funcionamiento de estos
procesos aún no ha sido explicado, ya que están a la espera de ser estudiados.
103
El síndrome de Epstein-Barr
El síndrome de Epstein-Barr es un trastorno mal definido caracterizado por la
fatiga y toda una variedad de dolores y molestias. Su nombre proviene del hecho
de que las personas con estos síntomas tienen un elevado nivel de anticuerpos
para el virus Epstein-Barr. (Este virus es el que causa la mononucleosis
infecciosa, así que es probable que todos tengamos en la sangre anticuerpos
contra él.) Muchos de mis pacientes con SMT me comentaron que como se les
había detectado niveles elevados de anticuerpos en la sangre, se les había dicho
que tenían el síndrome de Epstein-Barr.
Cada vez existen más evidencias de que los niveles de anticuerpos para el
virus Epstein-Barr se ven afectados por los procesos psicológicos. Un estudio
publicado en el Jounal of Consulting and Clinical Psychology en 1994 reveló «una
disminución en los niveles de anticuerpos para el virus Epstein-Barr» en aquellas
personas a las que se les dio la oportunidad de escribir o de hablar sobre los
sentimientos que hasta entonces habían sido reprimidos. En otro estudio, quienes
expresaron por escrito lo que sentían sobre un acontecimiento estresante
produjeron una mayor cantidad de linfocitos, una de las células del sistema
inmunológico que combaten las infecciones. Estos estudios muestran el
claramente cómo las emociones afectan a las funciones del sistema inmunológico.
Este descubrimiento tiene una gran importancia para la salud pública. Las
solicitudes de incapacidad basadas en el síndrome de Epstein-Barr han
aumentado un 320% entre 1989 y 1994. El síndrome parece ser la combinación de
un funcionamiento defectuoso del sistema inmunológico (lo que da lugar a los
elevados niveles de anticuerpos) con los síntomas del SMT. Y ambos factores
pueden ser atribuidos al proceso emocional descrito en la primera parte de este
libro.
Trastornos genitourinarios
Quizá el trastorno genitourinario más común sea la micción frecuente,
especialmente por la noche. Según la medicina convencional, la nocturia puede
ser un síntoma indicativo de diabetes, enfermedad cardíaca o renal, o algún otro
trastorno más exótico, de modo que debería ser tomada en serio y estudiada por
tu médico. En la mayoría de los casos no va a encontrar nada. Entonces puedes
suponer que el síntoma es inducido psicológicamente, sobre todo si tienes un
historial de trastornos psicogénicos, como el SMT y los trastornos
gastrointestinales.
104
Las infecciones frecuentes del tracto urinario inferior fueron mencionadas en la
sección sobre el sistema inmunológico. Estas infecciones deberían ser tratadas
con antibióticos cuando sea necesario, pero sería positivo prestarle atención a los
factores psicológicos, ya que ellos son básicamente los responsables de la
infección al haber reducido la eficacia del sistema inmunológico y permitido que el
agente infeccioso se implantara en el organismo.
La prostatitis es inducida frecuentemente por el estrés. Incluye síntomas como
molestias, un dolor leve y sensación de ardor al orinar. A menudo no hay ninguna
evidencia de infección. Los urólogos también saben que la pérdida de la libido y
varias formas de impotencia pueden ser el resultado de factores psicológicos. Por
lo tanto, no debería sorprendernos que los estudios a menudo no consigan
encontrar una razón física para la impotencia.
Trastornos del mecanismo cardíaco
Los equivalentes del SMT en esta categoría tienen que ver con anormalidades
en la frecuencia y el ritmo cardíaco
La taquicardia paroxismal auricular se caracteriza por una frecuencia cardíaca
muy alta que comienza de repente y, según mi experiencia, es precipitada por una
situación emocional. Va a ser necesaria una intervención médica para hacer que
la frecuencia cardíaca vuelva a la normalidad en el caso de que esto no ocurra
espontáneamente.
Los latidos ectópicos son muy comunes y parecen ser el resultado de
emociones inconscientes más sutiles, según mi experiencia personal con este
trastorno. Siempre deben ser evaluados para eliminar la enfermedad cardíaca.
Aunque más comunes en reposo, también pueden producirse durante una intensa
actividad física. Los latidos ectópicos en alguien con prolapso de la válvula mitral
son erróneamente atribuidos al prolapso. La única relación que tienen estos dos
trastornos es que ambos son consecuencia del estrés. Hablaré más adelante
sobre el prolapso de la válvula mitral en la sección correspondiente.
105
Trastornos de índole variada
La hipoglucemia
La hipoglucemia (nivel de azúcar demasiado bajo) otra afección cuyo origen
psicogénico es difícil de proba Sólo puedo presentar la idea, basándome en
evidencias anecdóticas, de que la hipoglucemia es inducida emocionalmente. Yo
la experimento de vez en cuando, pero nunca persiste porque soy consciente de
su causa. Como todos los síntomas psicogénicos, es muy sensible a la sugestión
con placebos; por lo tanto, la alteración de la dieta, aunque no cure la
hipoglucemia, a menudo hace que disminuya.
El mareo
Aunque es frecuentemente atribuido a una infección de los canales
semicirculares, en mi experiencia la mayoría de los casos de mareo, incluyendo
los de vértigo, son inducidos por el estrés. Naturalmente, el mareo debe ser estudiado por los especialistas adecuados, pero cuando no se encuentra ninguna otra
causa (como suele ser el caso), el verdadero motivo es obvio. Desgraciadamente,
al no reconocerse la naturaleza psicogénica del problema, se suelen aplicar
tratamientos que ayudan a perpetuar los síntomas en lugar de aliviarlos. Los
tratamientos pueden ser inofensivos pero fomentan la idea de que el responsable
es un agente infeccioso, y así le dan luz verde a la mente para que continúe la
maniobra de distracción. He tenido pacientes cuyo mareo ha desaparecido
rápidamente después de que hubiesen comprendido que era inducido
psicológicamente.
Tinitus
Éste es un síntoma muy desagradable, comúnmente llamado «zumbido en los
oídos». Puede ser una señal de trastorno en el oído o de problema neurológico y
siempre deberá ser examinado a fondo por el especialista apropiado. Si no se
encuentra ninguna otra causa, uno puede presuponer sin temor a equivocarse que
106
se trata de un equivalente del SMT. Muchos pacientes con SMT han indicado que
han tenido estos síntomas en algún momento del pasado y han comentado que
desaparecieron cuando comenzó a dolerles la espalda. Es difícil evitar la
conclusión de que cumplen la misma función psicológica que el SMT.
Síndrome de fatiga crónica
Este trastorno sigue desconcertando a la comunidad médica, que no puede ni
definirlo ni identificar su causa. La fatiga, los dolores y las molestias inespecíficas,
las infecciones crónicas y la imposibilidad de encontrar evidencias físicas del
trastorno han dejado a los médicos con una sensación de frustración e impotencia.
La dificultad para concentrarse, los cambios de humor y la depresión forman parte
de los síntomas de muchos pacientes con síndrome de fatiga crónica (SFC), pero
los estudiosos de este problema se quejan de que en el Manual de diagnóstico y
estadística de los trastornos mentales (DSM-IV) no haya ningún diagnóstico que
identifique a la persona con SFC, dando a entender que no se trata de un
trastorno mental.
Tanto la comunidad psiquiátrica como la no psiquiátrica rechazan el concepto
de psicogenicidad; como he dicho antes, la palabra psicosomático no aparece en
el DSM-IV. Con la excepción de los síntomas de conversión, hoy en día poco
frecuentes, la medicina no cree que los fenómenos inconscientes puedan producir
síntomas físicos. Por lo tanto, los médicos están condenados a seguir ignorando la
causa de trastornos como el SFC y el síndrome de Epstein-Barr. Las
investigaciones sobre el SFC, la fibromialgia y el dolor miofascial identifican
similitudes en todos estos trastornos; hay buenas razones para ello: su causa es la
misma.
Una extensa recopilación de todos los aspectos del SFC fue publicada en
octubre de 1996. Se trataba de un estudio realizado por un grupo de trabajo
formado por los tres colegios reales —médicos, psiquiatras y médicos de medicina
general—. Basándose en los estudios ya publicados así como en su propia
experiencia clínica, este grupo exploró la definición del SFC, sus posibles causas,
las pruebas diagnósticas que hacían a los pacientes con el síndrome y los
tratamientos.
Fueron incapaces de identificar un proceso patológico (por ejemplo, una
infección, cáncer, etcétera) como causa posible, pero advirtieron que más de la
mitad de la gente con SFC presentaba uno o más de los siguientes síntomas:
depresión, problemas para dormir, mala concentración, agitación, sentimientos de
inferioridad, culpa, pensamientos suicidas y cambios de apetito o de peso. Un 25%
tenía ansiedad y lo que los investigadores llaman trastornos de somatización, es
107
decir, síntomas físicos asociados a la depresión y la ansiedad.
El informe enfatizaba que los médicos debían acepta los síntomas como
reales (y no como imaginarios o hipocondríacos). Los enfoques terapéuticos más
prometedores fueron una mayor actividad física y la terapia cognitiva de
comportamiento, un tipo de psicoterapia cuyo objetivo es «aumentar la actividad,
reducir el comportamiento evasivo, mejorar la confianza y el control de las
enfermedades, reevaluar la comprensión de la enfermedad, combatir la depresión
y la ansiedad, y buscar las pautas subyacentes de pensamiento y las suposiciones
que puedan contribuir a la incapacidad».
Aunque no acierte de lleno, este informe es un documento importante. Señala
la psicología como el factor dominante en el SFC, tanto en su causa como en su
tratamiento. Los médicos deberían reconocer que tanto los síntomas psicológicos
como los físicos pueden ser el resultado de poderosos sentimientos inconscientes.
El dolor, la fatiga, la ansiedad y la depresión son todos síntomas. El enfoque
terapéutico debe ser cognitivo-analítico. Uno no puede «combatir» la ansiedad y la
depresión, sino que tiene que encontrar las razones que se esconden detrás de
esos síntomas. Cuando los pacientes encaran los sentimientos inconscientes que
son responsables de sus síntomas, éstos desaparecen.
La disfonía espasmódica
La disfonía espasmódica, anteriormente llamada disfonía espástica, es un
trastorno de la voz causado por el espasmo de las cuerdas vocales (espasmo
laríngeo). Durante muchos años se pensó que tenía un origen psicológico pero, IIl
igual que con muchas otras enfermedades, los estudiosos actuales del problema
creen que la mayoría de los casos son neurogénicos, es decir, el resultado de un
trastorno cerebral. Algunos casos aún son diagnosticados como psicogénicos, sin
embargo, y en otros la causa no está clara (idiopáticos).
Existen dos tipos principales de disfonía espasmódica (DE): la forma aductora,
en la que las cuerdas vocales se mantienen más o menos cerradas, produciendo
una voz ronca, estrangulada y espasmódica; y la forma abductora, en la que las
cuerdas vocales se mantienen separadas y que se caracteriza por una voz
entrecortada. A veces no es posible la fonación.
Basándome en los pocos pacientes con DE que he visto, todos los cuales han
sufrido dolores de espalda, mi sospecha es que la mayoría de los casos de
disfonía espasmódica son psicogénicos, aunque no son identificados como tales
porque la persona no parece tener ningún problema psicológico evidente. Las
emociones significativas son reprimidas en el inconsciente.
108
La dificultad con las investigaciones sobre trastornos como el SMT y la DE
radica en que los tests psicométricos no revelan la presencia de sentimientos
reprimidos. Comprensiblemente, aquellos sentimientos que son más dolorosos e
insoportables van a ser los más reprimidos y los de más difícil acceso.
Un excelente estudio publicado en el Journal of Communication Disorders
ilustra el problema de las investigaciones. El autor comprobó que diez de los
dieciocho pacientes con DE tenían ansiedad o depresión y cinco de esos diez,
ambas cosas. Además, los pacientes con DE se quejaban más de síntomas físicos
que sus compañeros en el grupo de control. Los miembros de ambos grupos
fueron clasificados por edad, por sexo y por su condición de diestros o zurdos.
Desde mi punto de vista, el estudio no reveló las razones psicológicas de la
DE en ninguno de los pacientes porque no descubrió lo que estaba siendo
reprimido en el inconsciente. La ansiedad o la depresión encontrada en esas diez
personas era obviamente el reflejo de una contrariedad más básica en el
inconsciente que fue la que produjo estos problemas.
Los psicólogos y psiquiatras con orientación psicoanalítica son criticados por
no conseguir datos objetivos para respaldar sus conclusiones sobre los trastornos
psicosomáticos. Desgraciadamente, la mayoría de las medidas psicométricas son
inútiles porque lo que miden no tiene que ver con el problema que tenemos entre
manos. Sacar a la luz poderosos y atemorizantes sentimientos sólo puede ser
realizado por un terapeuta cualificado. No concibo un test psicométrico que pueda
hacer lo mismo, aunque si alguien pudiese diseñar uno que lo haga, sería muy
beneficioso para la humanidad.
Además de los ya mencionados, hay una gran cantidad de trastornos físicos
inducidos psicológicamente que son menos comunes pero igualmente
incapacitantes. Las afecciones oftalmológicas sin diagnóstico, el síndrome de boca
seca y la laringitis idiopática, por ejemplo, son trastornos psicogénicos. Creo que
no hay ningún órgano o sistema en el cuerpo que no pueda verse afectado por un
trastorno psicogénico.
Es importante evitar la peyorativa conclusión siguiente: como las emociones
están implicadas en la etiología, los pacientes son los que están produciendo la
enfermedad. Esto no es más lógico que sentirse culpable por «haber dejado» que
las bacterias penetren en el cuerpo. Las personas con trastornos psicogénicos no
están enfermando deliberadamente o fingiendo sentirse mal. Lo que estamos
viendo es la interacción de complejos procesos, tanto fisiológicos como
psicológicos, que están más allá de nuestro control y de nuestra conciencia.
Muchos factores genéticos y ambientales contribuyen a crear este producto final
llamado personalidad. Su desarrollo es un proceso extremadamente complejo que
estamos apenas comenzando a comprender. Sentirse culpable por padecer
trastornos inducidos psicológicamente es tan inútil como ilógico. Por fortuna,
conocer nuestras propias emociones y saber que producen disfunciones
corporales es de hecho terapéutico. Esta es la lección que he aprendido en mis
109
experiencias con el SMT y otros trastornos equivalentes.
Los trastornos que acabo de describir son indudablemente los responsables
de una gran parte de los problemas médicos del mundo occidental. Su adecuado
tratamiento aliviaría mucho sufrimiento y reduciría el enorme coste de la atención
médica y la carga que esto representa para la sociedad moderna.
110
8
Trastornos en los que las emociones
pueden desempeñar un papel
Aunque existe una relación directa y clara entre las emociones y el SMT (y
otros trastornos equivalentes), sólo hay sugerentes observaciones de que los
procesos inconscientes participen en la génesis de los trastornos que voy a
abordar a continuación. Como se trata de enfermedades más graves y que a
menudo ponen en peligro la vida del paciente, la posibilidad de que las emociones
puedan desempeñar un importante papel etiológico exige un estudio intensivo.
Creo que una gran parte de las investigaciones que se han realizado al respecto
es defectuosa porque no considera la posibilidad de que las emociones puedan
contribuir a desencadenar estas enfermedades y, por lo tanto, no incluye ese
factor en el diseño de la investigación, estudios recientes han dejado pocas dudas
de que el cerebro está íntimamente implicado en una variedad de sistemas
corporales que se creía funcionaban autónomamente. Sin
embargo, los investigadores toman en cuenta los factores emocionales sólo en el
contexto de su influencia en el desarrollo de una enfermedad autoinmune, de un
cáncer o de una infección, pero no como su causa.
Las enfermedades autoinmunes
En contraste con el SMT y otros trastornos equivalentes, las enfermedades
autoinmunes se caracterizan por una alteración patológica de tejido que es más o
menos permanente. Esto es particularmente diabólico porque los procesos
destructores de tejido son generados en el propio cuerpo de la persona (de ahí la
designación auto). Las enfermedades autoinmunes parecen ejemplos de un
malévolo funcionamiento defectuoso en el sistema inmunológico.
Este grupo incluye la artritis reumatoide, la esclerosis múltiple, la diabetes, la
111
enfermedad de Grave, la periartritis nodosa, el lupus eritematoso, la anemia
hemolítica, la púrpura trombocitopénica, la anemia perniciosa, la enfermedad
idiopática de Addison, la glomerulonefritis, el síndrome; de Sjogren, el síndrome de
Guillain-Barré, algunos casos de infertilidad y posiblemente una gran cantidad de
otras enfermedades. La descripción de estas enfermedades está más allá del
ámbito de este libro.
Una gran cantidad de estudios demuestra la variedad de formas en que el
cerebro puede producir cambios en el sistema inmunológico. Por ejemplo, las
múltiples hormonas secretadas por la glándula pituitaria que afectan directa o
indirectamente al sistema inmunológico están bajo el control del hipotálamo, que a
su vez puede ser influenciado por niveles superiores del cerebro
(suprahipotalámicos), aquellos que tienen que ver con el pensamiento y la
emoción.
En su libro Anatomy of an lllness (Anatomía de una enfermedad), Norman
Cousins describe su experiencia con la artritis reumatoide, una típica enfermedad
autoinmune. El estaba empeorando progresivamente cuando decidió intervenir en
su propio beneficio, por decirlo de alguna forma. Recordaba la obra de Walter B.
Cannon sobre la sabiduría del cuerpo y sobre todo las observaciones de Hans
Selye de que los factores emocionales como la frustración o la ira reprimida
pueden llevar a un agotamiento suprarrenal, el cual, según las investigaciones
modernas, puede deteriorar seriamente la función inmunológica. Norman Cousins
se curó a sí mismo mediante la aplicación de lo que llamó «emociones positivas»,
para contrarrestar el efecto de las «emociones negativas». También reconoció el
valor de elevadas dosis de vitamina C en su recuperación, pero admitió que esto
podría haber sido el resultado de un efecto placebo.
El libro de Cousins y un artículo que escribió para el New England Journal of
Medicine causaron una gran impresión entre la clase médica y el público en
general. El movimiento en busca de practicantes de métodos alternativos de
tratamiento ya había comenzado. Históricamente, muchos médicos sabían del
poder de la mente. Sin embargo, Cousins debe de haber estado predicando entre
los conversos porque la mayor parte de la medicina ha continuado siguiendo el
enfoque mecanicista en el diagnóstico y el tratamiento que él tanto criticó. La
medicina convencional todavía no se ha dado cuenta de que la búsqueda de una
medicina alternativa en los Estados Unidos refleja su propio fracaso a la hora de
lidiar eficazmente con una variedad de enfermedades, entre las que los síndromes
de dolor representan el mejor ejemplo.
Enfermedades cardiovasculares
112
Hipertensión
Aunque he tenido unos pocos pacientes que desarrollaron hipertensión
después de que su dolor desapareciera, no la incluí entre los equivalentes del
SMT por una serie de razones.
En primer lugar, se trata de una enfermedad sin síntomas. La gente no sabe
que la padece, excepto en raros casos, hasta que se le toma la tensión. De modo
que no hay ninguna maniobra de distracción, ninguna estrategia evasiva que esté
operando.
En segundo lugar, la hipertensión puede contribuir al desarrollo de problemas
médicos tan serios como la arterioesclerosis (endurecimiento de las arterias) y el
agrandamiento del corazón, lo que la coloca en una categoría distinta a la del SMT
y otros trastornos equivalentes.
Finalmente, los expertos creen que algunos casos de hipertensión pueden ser
genéticos, lo que no ocurre con el SMT o con cualquier otro trastorno equivalente.
Otros casos de hipertensión se deben a patologías muy específicos como la
enfermedad renal o un tumor suprarrenal conocido como feocromocitoma.
Aunque no sea un equivalente del SMT, existen evidencias de que algunos
casos de hipertensión son trastornos psicogénicos. En el centro cardiovascular del
Hospital de Nueva York y de la Facultad de Medicina de Cornell, un internista,
Samuel J. Mann, ha llegado a la conclusión de que las emociones reprimidas y no
«el estrés conscientemente percibido» son las que desempeñan el papel principal
en el desarrollo de muchos casos de hipertensión. Sus resultados son muy
excitantes; representan un gran avance en el campo de la medicina «física». Al
final, doctores físicos como el doctor Mann y yo debemos reconocer la naturaleza
psicogénica de los trastornos corporales porque los síntomas físicos están en
nuestra área de competencia y en la del psiquiatra. La gente que va al psiquiatra
representa sólo una pequeña parte de la población psicosomática, una población
que parece incluir a todo el mundo.
Otro grupo de investigadores dirigido por el doctor Peter Schnall (también del
mismo centro) demostró de manera concluyente que la hipertensión estaba
relacionada con el estrés laboral, e identificó la falta de control como un importante
factor específico. No es difícil imaginar que esta falta de control se traduzca en
una ira inconsciente que no puede ser expresada por obvias razones y que sea
automáticamente reprimida.
La hipertensión es una enfermedad que parece ser más grave que el SMT y
otros trastornos equivalentes pero no tanto como otras afecciones
cardiovasculares, las enfermedades autoinmunes o el cáncer. Psicológicamente,
113
uno supondría que los hipertensos están más necesitados de patologías físicas
que los pacientes con SMT, pero menos que las personas que desarrollan
enfermedades más graves. Diré una vez más que esto puede estar relacionado
con la magnitud de la ira y la profundidad de la represión. Cuanto más
profundamente esté reprimida la ira, mayor es el potencial para que se desarrolle
una enfermedad grave. Esta idea es desde luego altamente teórica.
Arteriosclerosis, aterosclerosis,
endurecimiento de las arterias
Todos estos términos se refieren a la acumulación de depósitos grasos (placa)
en el interior de las paredes de las arterias. Esta acumulación produce un
estrechamiento de la arteria y puede dar lugar a un bloqueo. En el cerebro el
posible resultado es un infarto; en el corazón pueden darse una variedad de
reacciones, incluyendo un ataque al corazón. Las arterias de cualquier parte del
cuerpo pueden verse afectadas, dando lugar a problemas tan diversos como
trastornos circulatorios en las piernas, enfermedad renal o ceguera.
El avance de la arteriosclerosis depende de varios factores, incluyendo la
herencia genética, la predisposición, la dieta, la presencia de diabetes, la cantidad
de ejercicio físico y las emociones.
Los doctores Meyer Friedman y Ray Rosenman, en su libro Type A Behaviour
and Your Heart (Comportamiento del tipo A y tu corazón) señalaron que los
factores psicológicos pueden tener un papel en el desarrollo de la aterosclerosis
de la arteria coronaria. Hoy en día clasificar a algunas personas como tipo A casi
forma parte de nuestra cultura. El libro sugiere que la personalidad agresiva,
competitiva, adicta al trabajo, exigente, hostil —los atributos del tipo A—
predispone de alguna forma a la arteriosclerosis coronaria. Estudios posteriores
indican que, entre todas las anteriores, la hostilidad es la característica más
importante. Como la hostilidad puede ser la manifestación externa de la ira interna,
es razonable pensar que la ira sea el principal factor causante. Las características
de una personalidad de tipo A son similares a las que dan lugar al SMT y otros
trastornos equivalentes.
Un estudio publicado en 1990 volvió a confirmar la importancia de los factores
emocionales en el desarrollo de la aterosclerosis de la arteria coronaria. Dean
Ornish y sus colegas de la Facultad de Medicina de la Universidad de California
demostraron que las placas arterioscleróticas de las arterias coronarias podían
disminuir a lo largo de unos meses si los pacientes seguían un programa que
consistía en una dieta especial; actividades para controlar el estrés, como la
114
meditación; relajación, técnicas de respiración y de visualización; ejercicio
aeróbico moderado, y reuniones para alentar a los pacientes a no desviarse del
programa. Los pacientes del grupo de control mostraron un aumento gradual de la
aterosclerosis mientras que los del grupo de estudio tuvieron menos episodios de
angina cardíaca (dolor) y un menor endurecimiento de las arterias coronarias. En
mi opinión, la atención a los factores psicológicos fue la razón principal tras la
reducción de la aterosclerosis coronaria.
Si los factores emocionales son la causa principal de la arteriosclerosis de las
arterias coronarias, es lógico concluir que desempeñan un papel en la
aterosclerosis de cualquier parte del cuerpo.
Prolapso de la válvula mitral
Ésta es una interesante y misteriosa anormalidad estructural en una de las
válvulas del corazón. Parece ser inofensiva, puesto que no impide un
funcionamiento cardíaco normal. Varía de gravedad de un año para otro y en
algunas personas desaparece por completo.
Las investigaciones han revelado que esta enfermedad parece ser el
resultado de la actividad del sistema nervioso autónomo, como el SMT y muchos
otros trastornos equivalentes. Un editorial sin firmar en la revista Lancet, publicado
el 3 de octubre de 1987, hizo una revisión de la literatura médica que establecía
una conexión entre el sistema nervioso simpático y el prolapso de la válvula mitral
(PVM) y señaló que se encontraba una disfunción autónoma similar en la gente
con ansiedad. Creo que los cambios químicos que han sido asociados tanto con la
ansiedad como con el PVM son el resultado de fenómenos emocionales
inconscientes y que la ira reprimida puede ser el denominador común entre estas
enfermedades aparentemente dispares. Una vez más, es la psicología la que
dirige a la química y no al revés.
Otro estudio señala la elevada incidencia de PVM en pacientes con
fibromialgia, que forma parte del SMT.
Según mi experiencia, el PVM no es la causa de irregularidades en el ritmo
cardíaco, tal como se suele dar por sentado. Ambos trastornos son
psicosomáticos y, por lo tanto, pueden coexistir. La gente con PVM puede pasar
largos períodos sin experimentar latidos irregulares a pesar de que el prolapso de
la válvula mitral esté constantemente presente.
115
Cáncer
Muchos estudios y observaciones a lo largo de los años han señalado el
posible papel de las emociones en la etiología y el desarrollo del cáncer. A los que
estén interesados en este tema, les sugiero que lean la obra de Lawrence LeShan,
Kenneth Pelletier, Carl Simonton, Steven Locke y Lydia Temoshok. El libro del
doctor Locke, The Healer Within (escrito con Douglas Colligan), hace una
excelente recopilación del trabajo realizado en este campo a lo largo de los años.
Existe una amplia evidencia de que los factores psicológicos desempeñan
algún papel en la génesis y el subsiguiente desarrollo del cáncer una vez éste ha
comenzado. En qué consiste exactamente ese papel es algo que está aún por
determinar.
Probablemente todos los seres humanos generamos nuevos tumores
regularmente, pero el sistema inmunológico los reconoce como entidades
indeseables y los destruye. ¿Participan acaso las emociones en esas primeras
etapas de la carcinogénesis, cuando los nuevos tumores no son más que unas
pocas células malignas? Esta es una pregunta que debe ser abordada por las
investigaciones sobre el cáncer.
Si el sistema inmunológico fracasa en esta primera misión, las células
cancerosas continúan reproduciéndose y el tumor crece. ¿Tendrán las emociones
algún papel en esta segunda etapa? En el capítulo de The Heder Within que trata
del cáncer y la mente, Locke y Colligan mencionan las investigaciones de Lydia
Temoshok con pacientes que padecen melanoma maligno. Ella y sus colegas
hallaron que la mayoría de estos pacientes sentían una gran necesidad de ser
amables. Nunca expresaban rabia, miedo o tristeza y solían preocuparse más por
sus seres queridos que por ellos mismos. Los sentimientos negativos no estaban
permitidos. Qué interesante, pensé, que muchos pacientes con SMT tengan las
mismas características. ¿Por qué habrán contraído SMT en lugar de un melanoma
maligno?
La teoría que propongo es que debajo del plácido exterior de algunos
pacientes de cáncer existe una ira monumental que es a la vez el resultado de la
compulsión por ser una buena persona («buenismo») y la fuente de esa
necesidad. Como señalé en la primera parte de este libro, la compulsión por
agradar pone furioso al yo narcisista y al mismo tiempo el padre en la mente está
diciendo: «Eres una persona tan desagradable y violenta por dentro... Más vale
que seas amable». Tenemos que acostumbrarnos a la idea de que el cerebromente es una aglomeración de pensamientos y sentimientos que a menudo están
en conflicto. No es el órgano ordenado, lógico y bien organizado que nos gustaría
que fuera.
Otros factores psicológicos han sido relacionados con el cáncer. Durante
116
años, los psicólogos han asociado esta enfermedad con la melancolía y la
depresión. Los acontecimientos traumáticos en la vida de una persona son a
menudo los precursores del cáncer. Algunos pacientes de cáncer son
emocionalmente contenidos, otros se sienten impotentes y desesperanzados, y
muchos tienen una historia de malas relaciones con sus padres. Todas estas
características también han sido observadas en pacientes con SMT y otros
trastornos equivalentes. Pero ¿por qué las personas con SMT contraen una
enfermedad básicamente benigna en lugar de un cáncer?
Una parte esencial de la teoría del SMT es que muchos aspectos de la vida
son fuentes de presión, tal como lo expliqué en la primera parte de este libro, y
que estas presiones inducen una ira interna. La interacción psicodinámica entre el
perfeccionismo, el «buenismo» y la ira es un ejemplo. Los acontecimientos
estresantes de la vida producen ira en el inconsciente; los abusos sufridos en la
infancia y los problemas con los padres a veces dan lugar a una ira permanente.
El hecho de que la ira acumulada dé lugar al SMT y equivalentes, a una
enfermedad autoinmune, a trastornos cardiovasculares o al cáncer puede
depender de la magnitud de ira y de la profundidad o el poder de la represión. Al
menos así lo indica la teoría del SMT. La gente que sufre una gran pérdida
personal como la muerte del padre, de la madre o de la pareja puede generar
enormes cantidades de ira, la suficiente para producir cáncer. La razón por la cual
muchos factores psicológicos han sido relacionados con esta enfermedad es que
todos inducen ira interna. En mi opinión, éste es el denominador común que da
lugar a una variedad de reacciones psicosomáticas, algunas benignas, otras
malignas. Obviamente, si uno va a utilizar la psicoterapia en un esfuerzo por
revertir un proceso psicosomático, hay que trabajar con las fuentes de la ira y no
con la ira en sí.
Mi experiencia con el SMT me ha proporcionado una oportunidad única para
teorizar sobre el tema. He tratado con éxito un trastorno que en la mayoría de los
casos es claramente el resultado de la ira reprimida, y lo he hecho enseñándole a
los pacientes a reconocer este hecho y, en el caso de que fuera necesario,
haciendo que acudiesen a un psicoterapeuta. Como veremos en la tercera parte
de este libro, entre el 85 y el 90% de los pacientes pueden ser tratados con éxito
sin necesidad de psicoterapia. El hecho de que mi programa pueda ser o no
aplicado a personas con enfermedades autoinmunes, cardiovasculares o
cancerosas es un asunto que requiere más investigación. Es posible que se pueda
aplicar el mismo principio, pero sospecho que el proceso terapéutico resultaría
mucho más difícil con estas enfermedades más graves que con el SMT.
Esto me recuerda una reciente cura milagrosa del cáncer de la que informó
inicialmente la revista Vogue. A Alice Epstein se le diagnosticó un cáncer de riñón
extremadamente maligno y se le dijo que no le quedaba mucho tiempo de vida.
Ella rechazó esta prognosis, comenzó a examinar detenidamente su vida e inició
un tratamiento de psicoterapia. Sobrevivió a su enfermedad y contó sus
experiencias en un libro.
117
Norman Cousins y otros llevan años abordando este tema.
Existen muchas preguntas por responder y misterios que resolver en el campo
de la medicina psicosomática. Por ejemplo, ¿qué es lo que determina si el cerebro
va a elegir cáncer o una enfermedad cardiovascular o autoinmune cuando la ira
está escondida más profundamente? Va a ser más fácil identificar los procesos
patofisiológicos implicados en cada caso que determinar por qué ha sido cáncer,
artritis reumatoide o enfermedad de la arteria coronaria.
El Homo sapiens representa el pináculo de la evolución, al menos en este
sistema solar. La gloria máxima de nuestra especie es la mente, que sin duda
continúa evolucionando, pero que ya es bastante asombrosa. El poder del habla y
el pensamiento creativo, por mencionar sólo dos de sus capacidades, son tan
especiales y complejos que aún no tenemos ni idea de cómo funcionan.
El estudio de las emociones también está en su infancia, y en tal medida que
muchos médicos aún no son conscientes del impacto de las emociones sobre la
función corporal. El objetivo de este libro es llamar la atención hacia esta
conexión.
118
Tercera
parte
El tratamiento de los trastornos
psicosomáticos
119
9
El programa terapéutico:
el poder del conocimiento
Dado que estás leyendo este libro, es posible que hayas padecido un
síndrome doloroso durante semanas, meses o años. La cantidad de tiempo no
afecta al diagnóstico de SMT, ni tampoco el hecho de que hayas tenido episodios
recurrentes de dolor que comenzaron con una lesión o un accidente. Piensa que
ésta es tu primera consulta conmigo. Tu dolor puede estar localizado en la zona
lumbar, acompañado de entumecimiento, hormigueo o debilidad en cualquier parte
de una o ambas piernas. O puede localizarse en la parte media o superior de la
espalda. O quizá en el cuello y en el hombro, con dolor, entumecimiento, hormigueo o debilidad en uno o ambos brazos, o en las piernas. Es posible que se halle
en la zona de la articulación del hombro, en el codo, la muñeca, los dedos, la zona
de la cadera, la rodilla, el tobillo, la parte superior o la planta del pie, en uno o
ambos lados.
Todas éstas son manifestaciones comunes del SMT.
El dolor puede ser peor durante el día o durante la noche. Quizá sea intenso
al despertar y cuando intentas levantarte, mejorando gradualmente a medida que
el día avanza, o puede que te encuentres mejor por las mañanas y el dolor vaya
aumentando a lo largo del día. El dolor puede aumentar o disminuir al estar
sentado, al caminar o al permanecer de pie sin moverse. Es probable que tengas
miedo de agacharte o de levantar objetos pesados; si no eres capaz de hacer
estas cosas, no vas a serlo de realizar tu trabajo, correr o practicar cualquier
deporte. Puede que tengas miedo de realizar cualquier actividad física, por muy
fácil que sea.
O puede que sigas siendo una persona activa que practica incluso deportes
vigorosos, a pesar del dolor. Puede que el dolor se presente en momentos
intempestivos, ilógicos y no cuando debería presentarse.
Todos éstos son escenarios comunes para las personas con SMT y ejemplos
clásicos de cómo estas personas son programadas para sentir dolor en ciertos
momentos y en asociación con distintas actividades y posturas físicas.
La mayor parte del tiempo tienes la impresión de que hay algo que no va bien
120
en tu espalda, en tu cuello o en tus hombros, algún defecto estructural, una
degeneración o un deterioro de partes de tu columna, una hernia de disco,
fibromialgia, un desgarro o un esguince muscular, una tendinitis en alguna parte...
Normalmente estos diagnósticos están confirmados por radiografías, tomografías
computarizadas o resonancias magnéticas, y es muy probable que tu dolor haya
empeorado considerablemente desde que te enteraste de lo que mostraban estas
pruebas.
Puede que tu vida esté literalmente dominada por el síndrome doloroso; es
algo que te atormenta a lo largo del día. Has acudido a muchos médicos y has
probado infinidad de tratamientos distintos, pero aunque a veces mejoras durante
un tiempo, el problema siempre regresa.
Tus amigos y tu familia se muestran comprensivos y siempre te están
advirtiendo que tengas cuidado.
He aprendido todas estas cosas de ti al redactar tu historial. El examen físico
o bien no reveló ninguna anormalidad neurológica o bien reveló una variedad de
pequeñas anormalidades como la pérdida del reflejo del tendón, alguna leve
debilidad o un cambio en la percepción de un estímulo doloroso, como por ejemplo
un pinchazo. Algunos de vosotros teníais una capacidad de movimientos
extremadamente limitada; otros podíais moveros con gran agilidad. Sin embargo,
casi todos vosotros sentíais dolor cuando yo presionaba ciertos músculos en la
parte lateral de las nalgas, en la zona lumbar y en la parte superior de los
hombros. Además, el 80% de vosotros sentisteis dolor cuando presioné los largos
tendones de ambos muslos.
Gracias al examen físico y al historial pude concluir que tenías SMT y mi
siguiente paso fue decirte lo que eso significaba. Te advertí que las anormalidades
estructurales que te habían detectado anteriormente no eran la causa de tu dolor y
que iba a presentar evidencias en ese momento y a lo largo de mis conferencias
para respaldar esa conclusión. El dolor, el agarrotamiento, la sensación de ardor o
de presión, el entumecimiento, el hormigueo y la debilidad eran causados por una
leve deficiencia de oxígeno en los músculos, nervios y tendones implicados en
cada caso. En sí misma, esta deficiencia es inofensiva. Aunque este síndrome
pueda producirte un dolor más intenso que cualquier otra cosa en la medicina
clínica, no te va a dejar ninguna secuela cuando los síntomas desaparezcan.
Luego te expliqué por qué el cerebro había decidido reducir el flujo sanguíneo
hacia esas áreas, produciendo los síntomas de dolor. Te expuse que la ira, la
rabia y otros poderosos sentimientos en el inconsciente amenazaban con irrumpir
en la conciencia y que el dolor tuvo que ser creado como una maniobra de
distracción para evitar que eso ocurriera. En la mayoría de los casos, tú tomaste
conciencia de los importantes factores psicológicos como el estrés en tu vida, el
perfeccionismo y el «buenismo» o un trauma infantil, que eran los responsables de
tu dolor. Te tranquilizó saber que la curación vendría con la comprensión del
proceso. Te dije que todo esto iba a quedar claro después de dos conferencias
121
sobre el tema, ya que no había tiempo suficiente para presentar la historia
completa durante la consulta. En total, pasamos unos cuarenta y cinco minutos
juntos.
Este compendio realizado durante la consulta inicial da una idea de cuál va a
ser el programa terapéutico. Tenemos que frustrar la estrategia del cerebro. Para
lograrlo, aliento a los pacientes a que:
 Rechacen el diagnóstico estructural, las razones «físicas» del dolor (el SMT es
un tipo distinto de proceso físico).
 Reconozcan la base psicológica del dolor.
 Acepten la explicación psicológica y todas sus ramificaciones como algo normal
entre las personas con buena salud en nuestra sociedad.
Rechaza el diagnóstico estructural
El dolor no va a desaparecer mientras no seas capaz de decir: «Tengo una
espalda normal y sé que mi dolor se debe a un trastorno inofensivo iniciado
por el cerebro para cumplir un objetivo psicológico, y sé también que las
anormalidades estructurales que han aparecido en las radiografías,
tomografías computarizadas o resonancias magnéticas no son más que
cambios normales asociados con la actividad y el envejecimiento».
Esta comprensión inicial es esencial para frustrar la estrategia del cerebro que
consiste en lograr mantener tu atención centrada en el cuerpo y alejada de los
amenazadores sentimientos de tu inconsciente. Como expliqué en la primera parte
de este libro, la mente teme que la ira inconsciente irrumpa en la conciencia.
¿Por qué deberías desechar la importancia de las anormalidades
estructurales? En la mayoría de los casos, la anormalidad no explica
adecuadamente el dolor; éste aparece en el lugar equivocado y a veces en el
momento equivocado, como cuando estás descansando cómodamente en la
cama. Recuerdo a un hombre que cargó su camioneta durante todo el día y luego
sólo sintió dolor cuando se inclinó sobre el lavamanos para afeitarse por la
mañana. Quizá lo más convincente sea el hecho de que he visto cómo miles de
pacientes con una gran variedad de cambios estructurales en la columna (o que
tenían un diagnóstico como la fibromialgia) se curaban totalmente días o semanas
después de haber sido informados sobre el SMT. La experiencia es una gran
maestra.
122
El principio de la simultaneidad
Los síntomas del SMT a menudo comienzan en asociación con una conocida
anormalidad estructural —por ejemplo, el dolor en la espalda y en las piernas de
alguien cuya tomografía computarizada o resonancia magnética muestra una
hernia de disco en la posición adecuada para servir de explicación a los
síntomas—. En estos casos, la velocidad con que una persona se ve libre de estos
síntomas nos confirma que la hernia de disco no era la responsable del dolor.
La presencia de una anormalidad de disco constituye un obstáculo para los
pacientes que no son conscientes de que ésta es una demostración de la astucia
e ingeniosidad de la mente cuando quiere crear una maniobra de distracción
física. La mente es consciente de todo lo que sucede en el cuerpo, incluyendo la
localización de la hernia de disco, las lesiones de menisco y los desgarros del
manguito rotador del hombro. Puede sonar extraño, pero la experiencia demuestra
que el cerebro iniciará el dolor del SMT en el lugar donde exista una anormalidad
estructural. El cerebro hace esto para impresionarte y para mantener tu atención
centrada en el cuerpo. Del mismo modo, la mente iniciará el dolor en el lugar de
una antigua lesión.
La tendencia a atribuir el dolor a una anormalidad estructural es irresistible y
en algunos casos puede ser legítima, pero en la mayoría claramente no lo es; el
SMT es por regla general la verdadera causa del dolor. Un médico que esté
familiarizado con el SMT sabrá hacer la distinción.
Afortunadamente, nuevos estudios están facilitando la tarea de convencer a
los pacientes de que las anormalidades estructurales son muy comunes y rara vez
producen dolor. Uno de los más impresionantes apareció en el New England
Journal of Medicine en julio de 1994. Un grupo de investigadores del Hoag
Memorial Hospital de Newport Beach, en California, y la Cleveland Clinic
informaron que habían encontrado protuberancias y protrusiones en las resonancias magnéticas de los discos lumbares de sesenta y cuatro pacientes (entre un
total de noventa y ocho) que nunca habían sentido dolor de espalda. Este es sólo
uno entre los muchos estudios recientes que prueban que las anormalidades
estructurales no causan dolor de espalda. A pesar de esto, casi todos los médicos
y otros profesionales de la salud siguen atribuyendo el dolor a las anormalidades
estructurales.
123
Reconoce la base psicológica del dolor
El cerebro intenta desesperadamente desviar nuestra atención de la ira
que se halla en el inconsciente. Esta es una reacción automática de la mente que
no está basada en la lógica o en la razón. De modo que debemos incorporar la
razón a este proceso. Ésta es la esencia de una idea muy importante —que
podemos influenciar las reacciones automáticas e inconscientes mediante la
aplicación de procesos de pensamiento consciente.— Ya no es una teoría, puesto
que la he visto en funcionamiento en miles de pacientes.
Las muchas razones que están detrás de la ira reprimida fueron abordadas en
la primera parte de este libro. Puede que quieras darles un repaso en este
momento. Tienes que pensar en la ira en lugar de en la localización y la intensidad
del dolor.
El reino del inconsciente no es lógico ni razonable como la mente consciente.
Reacciona automáticamente y a veces de forma muy extraña. El desarrollo del
SMT es un buen ejemplo.
«Pero ¿qué sentido tiene crear un dolor para distraer nuestra atención de la
ira reprimida?», te preguntarás. Parece más lógico ocuparse de la ira que tener el
dolor.
Sí, es más lógico, pero la forma en que está organizado el sistema emocional
humano es la que dicta cómo éste va a reaccionar, y a menudo la reacción no es
racional. Como el cerebro está evolucionando, llegará un día, dentro de siglos o de
milenios, en que el inconsciente será más racional. Pero por el momento debemos
ver las grandes diferencias que existen entre la mente consciente y la inconsciente
si queremos comprender cómo se producen el SMT y otros trastornos
equivalentes. La mente consciente está aparentemente aterrorizada por la ira, y
reacciona en consecuencia.
Acepta lo psicológico
Debemos decirnos a nosotros mismos: «Está bien ser como somos: ilógicos,
inconscientemente iracundos, como un niño con un ataque de rabia. Es parte de
nuestra humanidad y es universal».
He enumerado tres principios del tratamiento: rechaza lo físico, reconoce y
124
acepta lo psicológico. ¿Cómo podemos cumplir estos objetivos en la práctica? Las
siguientes son algunas estrategias.
Piensa psicológicamente
Les digo a mis pacientes que deben pensar conscientemente en la ira
reprimida y las razones en las que se basa siempre que sean conscientes del
dolor. Esto está en contradicción con lo que el cerebro intenta hacer. Este esfuerzo es un contraataque, un intento por deshacer la estrategia del cerebro. Es
esencial concentrarse en pensamientos y sentimientos amenazadores y
desagradables para anular la función del dolor —desviar tu atención de esos
sentimientos.
Cuando el dolor es intenso, es difícil concentrarse en los sentimientos, pero
debes considerar este proceso como un combate en que tu voluntad consciente se
enfrenta a las reacciones inconscientes y automáticas de tu cerebro.
Habla con tu cerebro
Parece una tontería, pero es muy eficaz. La mente consciente se dirige a la
inconsciente, y con cuanto más vigor mejor. Los pacientes tratados con éxito
informan que cuando sienten una punzada de dolor, del tipo que suele anunciar un
ataque, se hablan o se gritan a sí mismos y el dolor desaparece. Dile a tu mente
que sabes lo que está haciendo, que sabes que el dolor físico es inofensivo y que
no es más que una maniobra de distracción frente a la ira reprimida, y que ya no te
vas a dejar distraer o intimidar. Incluso podrías pedirle que aumente el flujo
sanguíneo a los tejidos implicados. Esto es especialmente razonable a la luz de
las investigaciones actuales que muestran cómo el cerebro se comunica con el
resto del cuerpo.
Haz una lista por escrito
Haz una lista de todas las presiones en tu vida, ya que todas ellas
125
contribuyen a tu ira interior. Existen las presiones autoimpuestas, típicas del
meticuloso perfeccionista o del «buenista», y las del día a día, incluyendo
acontecimientos «felices» como el matrimonio y los hijos, ya que éstos también
representan una gran presión. También deberías incluir en la lista la rabia que es
un remanente de la infancia.
Los pacientes han opinado que este ejercicio es de gran ayuda. Recuerdo a
un hombre que dijo haber quedado sorprendido al ver lo larga que era su lista.
Los pacientes suelen preguntar: «¿No empeoraré las cosas al concentrarme
en todos los problemas y dificultades de mi vida?». Paradójicamente no, porque lo
que ha dado lugar a trastornos como el SMT, la acidez, el dolor de cabeza, la
ansiedad y la depresión es el hecho de no haber comprendido el impacto de estos
problemas sobre la mente interior. Al identificar y afrontar conscientemente las
fuentes de estas presiones, reduces su potencial efecto negativo sobre el
inconsciente.
Un período diario de reflexión o de meditación
Esta parte del tratamiento es esencial para la gente muy ocupada que no tiene
un momento durante el día para pensar en nada que no sea su trabajo. El
tratamiento para el SMT y equivalentes consiste en liberarse de estos trastornos
mediante el pensamiento. Esto se hace mejor en silencio y soledad, de modo que
hay que encontrar un momento cada día en que te puedas sentar y pensar sobre
lo que se necesita para mejorar.
La actividad física y el factor miedo
Sabemos que el objetivo de los síntomas físicos como el SMT y equivalentes
es el de mantener tu atención centrada en el cuerpo. Si el dolor desaparece pero
sigues con miedo de realizar cualquier actividad física, con miedo del dolor
recurrente, de una lesión o de la degeneración progresiva de los componentes de
la columna, quiere decir que aún no se ha ganado la batalla. El dolor regresará a
menos que superes esos miedos. De modo que se les recomienda a los pacientes
que reinicien sus actividades físicas normales, sin ningún tipo de restricción, una
vez que el dolor haya desaparecido, o casi lo haya hecho, y cuando sientan
confianza en el diagnóstico. Los pacientes han informado que el regreso a la
126
actividad física puede llevar meses, lo cual es comprensible dado los años que
han estado expuestos a todas esas concepciones erróneas sobre la supuesta
fragilidad de la espalda.
No hagas esto o aquello, hazlo de este modo, se nos dice; ten cuidado, te vas
a hacer daño, tu columna está mal alineada, los discos han sufrido una
degeneración y se produce una fricción entre las vértebras, una de tus piernas es
más corta que la otra, los humanos no fuimos diseñados para caminar erguidos,
tienes pies planos, no nades crol o braza, no arquees la espalda, nunca duermas
boca abajo, siempre dobla las rodillas al agacharte, no levantes peso, пo hagas
los ejercicios abdominales tradicionales, haz abdominales de recorrido corto, y así
sucesivamente.
Todas estas advertencias y prohibiciones, acentuadas por malos consejos
médicos, hacen que tu atención se mantenga centrada en el cuerpo, lo cual es
justamente la intención de tu cerebro.
El camino hacia el reinicio de una plena actividad física, sin miedo, puede ser
lento e irregular. No te preocupes si comienzas a ejercitarte demasiado pronto y
sientes algo de dolor. No puedes hacerte daño; el SMT es un proceso benigno.
Esta continuación del dolor quiere decir que el cerebro aún no ha acabado de
cambiar su programación. Tienes que saber esperar, intentarlo una y otra vez, y
tener la seguridad de que al final vas a ganar. Así ha sido para miles de pacientes.
Por otro lado, no comiences el programa físico demasiado pronto —no porque
te puedas hacer daño, sino porque el cerebro puede seguir rigiéndose por los
programas del SMT—. Recomiendo esperar algunas semanas después de haber
aceptado el diagnóstico, de modo que el dolor pueda disminuir, la confianza
aumente y el cerebro tenga tiempo para ser reprogramado.
Prevención sí, aspirina no
El objetivo del tratamiento consiste en cambiar la reacción de la mente
inconsciente a los estados emocionales. Cuando esto se haya logrado, el dolor
desaparecerá. Como el proceso terapéutico lleva algo de tiempo, debes considerarlo como un ejercicio de medicina preventiva. En cierto sentido, estamos
eliminando el dolor de mañana y cualquier otro que pueda surgir más adelante.
Esto es muy distinto a la idea convencional que consiste en tratar el dolor. Pero
tratar únicamente el dolor equivale a tratar la fiebre en lugar de la infección que la
ha producido. Nosotros queremos eliminar su causa, y por eso digo que el
conocimiento representa la penicilina en el tratamiento del SMT. Sin embargo, a
diferencia de los antibióticos, el uso del conocimiento para revertir el proceso tarda
127
tiempo. Tienes que ser paciente —pero persistente—. En la mayoría de los casos
la desaparición del dolor lleva sólo algunas semanas, aunque para erradicar el
miedo necesitarás mucho más tiempo.
Cómo funciona la estrategia
¿Por qué el rechazo de lo físico y el reconocimiento y aceptación de lo
psicológico hace que el dolor desaparezca?
Recuerda que el objetivo del dolor es desviar la atención de lo que está
sucediendo en el terreno emocional y mantenerte centrado en el cuerpo.
Esencialmente, se trata de una lucha por la atención.
Recuerda lo que le ocurrió a Helen, la joven sobre quien escribí en el capítulo
1. Cuando el proceso de represión y la estrategia de distracción fallaron, sus
poderosas emociones irrumpieron de golpe en la conciencia. Su atención se
centró en las emociones que se habían hecho conscientes. Y así, como ya no
necesitaba el dolor, éste desapareció inmediatamente.
Como no podemos recrear la experiencia de Helen cada uno de los pacientes,
nuestra mejor opción es hacer que te centres en la ira inconsciente, imaginándola
y visualizándola, y pensando en todas las presiones que la han producido. La
reflexión es una herramienta terapéutica. En la mayoría de los casos eliminará el
dolor y generalmente evitará su regreso. Para casi toda la gente, el mero hecho de
pensar en la ira de esta manera es tan útil como experimentarla.
Me gustaría poder decir que esta estrategia fue el resultado de una idea
brillante. La verdad es que la descubrí por accidente. Mucho antes de comprender
los detalles de la génesis psicológica del dolor del SMT, había observado que
algunos pacientes mejoraban después de que les dijera que el dolor tenía un
origen más psicológico que estructural. Este misterio me dejó perplejo durante
muchos años hasta que finalmente comprendí que el papel del dolor consistía en
desviar la atención de los sentimientos amenazadores.
El conocimiento es la cura
Para algunas personas el mero hecho de desplazar la atención de lo físico a lo
128
psicológico bastará para que surta efecto. Otros necesitarán más información
sobre cómo funciona la estrategia, y otros precisarán psicoterapia. Pero en todos
los casos el conocimiento es esencial para la «curación», porque al hacer que la
gente tome conciencia de lo que está sucediendo tanto en el nivel físico como en
el psicológico estaremos frustrando la estrategia del cerebro. (He puesto la
palabra curación entre comillas para recordarte que el SMT no es una
enfermedad: una persona mejora y el dolor desaparece, pero realmente no hay
nada que «curar».) Al desplazar la atención del cuerpo a la psique estamos inutilizando el dolor, quitándole su razón de ser y revelando lo que estaba intentando
esconder. En un pequeño número de casos, la persona debe experimentar
realmente la emoción, como la ira o la profunda tristeza, antes de que el dolor pueda cesar. Esto siempre requiere la ayuda de un psicoterapeuta cualificado.
Recuerdo un paciente en la cincuentena que albergaba un perdurable
sentimiento de rabia hacia su madre, un sentimiento del cual era parcialmente
consciente. Sin embargo, su dolor persistió hasta que fue capaz, con la ayuda de
un psicoterapeuta, de experimentar su rabia reprimida.
Curaciones gracias a un libro
Como muestra del papel crucial que tiene el conocimiento, muchas personas
han tenido éxito en eliminar el dolor por el mero hecho de haber estudiado mis
libros sobre el SMT, especialmente el más reciente, Libérese del dolor de espalda.
Este es un extracto de la carta que me envió James Campobello, fechada el 13 de
noviembre de 1991:
Le escribo para agradecerle lo que ha hecho por mí. Su libro Libérese del
dolor de espalda me ha salvado de una vida de incapacidad física.
Tengo cuarenta y tres años y, hasta que comenzó mi problema de espalda,
nunca había tenido ninguna lesión o enfermedad grave. En marzo de 1989
comenzaron los síntomas. Primero fue una leve rigidez en la zona lumbar y
hacia el final de la semana ya sentía un dolor intenso y debilitante, con
espasmos continuos. Durante dos años sufrí un dolor prácticamente constante
en la espalda, que fluctuaba entre leve e intenso, pero nunca desaparecía por
completo. Sin entrar en muchos detalles, puedo decir que era profundamente
desgraciado. No podía permanecer sentado durante más de media hora, no
podía agacharme, no podía levantar peso ni montar en bicicleta durante más
de dos minutos. Había renunciado a realizar todas las actividades que me
gustaban. Trabajaba de pie, descansaba con frecuencia echándome sobre el
129
escritorio y pasaba el tiempo libre echado en el suelo del cuarto de estar de mi
casa.
Recorrí toda la gama de especialidades médicas (y seudo-médicas), y no sirvió de
nada. Vi a cinco médicos distintos, incluyendo a los mejores especialistas en
espalda de la zona. Seguí tres programas terapéuticos diferentes, con cinco
terapeutas distintos. Probé el yoga, la acupuntura y la quiropráctica. Nada sirvió;
siempre que mejoraba un poco, en breve volvía a empeorar.
Sin embargo, después de leer (y releer) su libro y aplicar lo que propone, mi
espalda pasó de incapacitada a normal en alrededor de dos meses. Hoy en día
hago todo lo que solía hacer —sentarme normalmente, montar en bicicleta, conducir durante horas, practicar deporte, agacharme y levantar peso como una
persona normal—, cosas a las que pensé que iba a tener que renunciar para
siempre. Hace ya más de seis meses que estoy totalmente restablecido. Me
mostré escéptico, por decirlo suavemente, cuando me dieron su libro. Casi no
terminé de leerlo, porque su teoría simplemente no me parecía creíble. Sin
embargo, los rasgos de la personalidad descrita se parecían mucho a los míos, así
que finalmente lo terminé (pero seguí siendo un escéptico). Mi novia, que fue
quien encontró el libro y meló compró, lo leyó una semana después y me instó a
que lo leyera de nuevo. (De hecho, me dijo algo como: «Si no te ves reflejado en
cada página de ese libro, entonces quiere decir que estás loco o ciego. Vuelve a
leerlo».) Por pura desesperación, y con un reticente reconocimiento de que el
concepto básico se aplicaba a mí, volví a leer el libro.
Comencé a mejorar gradualmente pero de forma sostenida. En ese momento
llamé para pedir una cita con usted, con la esperanza de completar la curación y
participar en las conferencias para grupos que forman parte de su tratamiento. Sin
embargo, en el mes anterior a mi cita, volví a leer el libro cuatro veces más, seguí
aplicando su sistema y continué mejorando. Cuando llegó el día de mi cita, me di
cuenta de que ya no la necesitaba. Después de seis semanas, me encontraba
prácticamente restablecido. Durante esa época, dejé de ir a la fisioterapia y al
quiropráctico, renuncié a tomar pastillas y a realizar los ejercicios de estiramiento
para la espalda. No he realizado ninguna actividad especial para la espalda desde
entonces —y me siento estupendamente.
Si no lo hubiese vivido, no lo habría creído. Supuestamente, mi problema se
debía a defectos estructurales de la columna. Se me había diagnosticado una
serie de problemas vertebrales y de disco, y estaba a punto de someterme a
cirugía. (¡No puedo decirle lo agradecido que estoy de que me haya salvado de
esa operación!)
El señor Campobello me ha seguido escribiendo después de esta carta inicial
y puedo decir que sigue sin ningún dolor y libre de cualquier restricción.
Recientemente me adjuntó una copia del programa terapéutico que diseñó
130
para un amigo. Lo he llamado «El programa terapéutico de Jim Campobello para
superar el SMT»:
En primer lugar tienes que decidir que vas a probar en serio el sistema del doctor
Sarno, ya que sólo funciona en aquellas personas que hacen un gran esfuerzo por
aplicarlo. Tienes que creer que va a funcionar en tu caso o, si no, has de estar tan
desesperado como para hacer todo lo que esté en tu mano por aplicarlo.
No creí en el sistema cuando leí el libro por primera vez. Soy muy escéptico por
naturaleza. No creía en poderes mentales de ningún tipo y había perdido la
esperanza en los milagros. Sin embargo, estaba desesperado. Sentía dolor todo el
tiempo. Mi vida consistía en estar de pie para realizar el poco trabajo del que era
capaz y en estar echado sobre una colchoneta en el suelo durante el resto del día.
De modo que aunque no pensé que sirviera para algo, mi mujer me convenció de
que probara. Tú puedes hacer lo mismo. Así pues, en primer lugar tienes que
comprometerte a que vas a probar el sistema del libro. No cuesta dinero pero tienes que estar dispuesto a dedicarle algún tiempo cada día durante un mes como
mínimo. Vale la pena que lo pruebes. ¿Qué tienes que perder?
No creo que haya una única manera de hacerlo, pero te voy a contar lo que ha
funcionado en mi caso. Te recomiendo que lo pruebes.
1. Lee unas treinta páginas del libro cada día. No lo hagas mecánicamente,
¡reflexiona sobre lo que estás leyendo! Presta atención a lo que dice el doctor
Sarno y piensa en cómo se aplica a ti. Es muy fácil estar poco atento, así que haz
un esfuerzo y concéntrate en las ideas. Presta especial atención cuando leas
partes que te recuerden a ti mismo. Además, recuerda continuamente que las
personas mencionadas en el libro tenían problemas similares al tuyo, y todas
mejoraron. Cuando termines de leerlo, vuelve a comenzarlo al día siguiente.
Tienes que leerlo continuamente durante un mes o más. Y has de prestar atención
cada vez que lo leas.
2. Dedica un tiempo cada día para pensar sobre los problemas que puedan estar
molestándote, sobre qué cosas puede haber en tu vida y en tu mente que estén
causándote dolor de espalda. Pasa al menos treinta minutos cada día pensando
sobre esto. Yo solía pasar quince minutos por la mañana, después de levantarme,
y luego treinta por la tarde. Usa este tiempo para lo siguiente: Piensa en todas las
cosas que puedan estar molestándote —en el trabajo o la universidad,
responsabilidades familiares, problemas financieros, etcétera—. Sé lo más
específico que sea posible. No puedes decir simplemente: «Me preocupa mi
trabajo» —eso no es suficiente—. Debes intentar identificar cada ítem específico.
Me resultó útil redactar una lista para seguirles la pista. (Cuando eres muy
131
específico, se te ocurren un buen montón de cosas.) Préstale atención a todas las
áreas de tu vida, pequeñas y grandes. Ten en cuenta no sólo los problemas más
obvios, sino también aquellos que estén escondidos. Presta atención a los
problemas tanto reales como imaginarios que pueden estar afligiéndote.
Una vez los hayas identificado, divídelos en dos categorías: aquellos sobre los que
puedes hacer algo y aquellos que están más allá de tu control. Sé realista al
decidir dónde encaja cada uno. Respecto a los que sí puedes hacer algo,
comienza a actuar desde ahora. Haz todo lo que puedas por resolverlos, o como
mínimo inténtalo. Respecto a los otros, dite a ti mismo que sabes que te molestan,
pero que debes aceptarlos —y sobre todo, que no vas a dejar que te causen más
dolor de espalda—. Recuerda, no tienes que eliminar tus problemas para que la
curación funcione, sólo ser consciente del proceso.
Piensa en cómo eres —qué hay en ti que permite que estos problemas te causen
tanto dolor—. Yo presento las típicas características que describe el doctor Sarno:
perfeccionista, colérico, muy motivado, ambicioso, algo compulsivo e impaciente
con la gente. Estos son los rasgos que forman parte de mi personalidad y que
llevaron a mi mente a desarrollar el dolor de espalda. Una de mis compañeras de
trabajo es una mujer alegre, agradable y de trato fácil, pero desarrolló un dolor de
espalda tan intenso como el mío, y el libro también la curó. (Tardó unos tres
meses, por cierto, pero hoy en día se encuentra perfectamente.) Intenta averiguar
qué es lo que dentro de ti necesita esa maniobra de distracción. ¿Qué es lo que le
permite al dolor desarrollarse y persistir? Sé sincero contigo mismo. De nuevo,
recuerda que no tienes que cambiar tu personalidad para que el sistema funcione
—sólo comprenderla y luchar contra ella.
3. A lo largo del día, no dejes de recordarte a ti mismo continuamente todo este
proceso. Cada vez que surja un problema, piensa: «Está bien, eso no me gusta,
pero no voy a dejar que me afecte la espalda y me cause dolor». Cada vez que te
duela la espalda (si tu caso es parecido al mío y te duele todo el tiempo, hazlo
cuando el dolor sea especialmente intenso), piensa: «Mi espalda se está portando
mal. ¿Qué está pasando en mi vida o en mi mente para hacer que me duela?».
4. Después de haber seguido estas recomendaciones durante tres o cuatro
semanas, comienza poco a poco a comprobar si has mejorado. No intentes hacer
mucho, demasiado pronto. Concéntrate en las pequeñas mejoras; encuentra algo
que ahora puedes hacer y que ya no te duele tanto como antes. Ve poco a poco,
pero después de unas pocas semanas notarás que tu espalda está un poco mejor.
Aprecia los pequeños avances —la más ligera mejoría es una señal de que el
proceso está funcionando, y eso debería alentarte a seguir en la brecha.
132
5. No te rindas. Créeme, sé lo deprimente y desalentador que es. No obstante,
hay esperanza. Pero para que el sistema funcione, tienes que dedicarle el tiempo
necesario y poner todo de tu parte.
Incluí un añadido en el programa del señor Campobello en el que señalaba
que el «buenismo» es un instigador tan potente de la ira inconsciente como lo
pueda ser el perfeccionismo, y como también lo es la rabia que proviene de las
experiencias de la infancia. Esta última es muy importante para algunas personas
con SMT.
El placebo y el nocebo
Un excelente artículo publicado en el Journal of the American Medical
Association en 1994 señaló la necesidad de examinar muy críticamente los
resultados de cualquier tratamiento a causa de que pueda haber un posible efecto
placebo. Si alguien cree que un determinado tratamiento es bueno —aunque
pueda no tener ningún valor, como una píldora de azúcar—, el resultado final
puede ser el alivio de los síntomas o incluso la curación. El efecto está basado en
la fe ciega. Por desgracia, el efecto es invariablemente transitorio y los síntomas
no tardan en regresar. Esta es la razón por la cual los muchos tratamientos
utilizados para el dolor de espalda, incluyendo la fisioterapia, los medicamentos y
la cirugía, al final fracasan; sus beneficios transitorios son atribuibles al efecto
placebo.
Yo me suelo referir a él como el «glorioso placebo» porque demuestra el gran
poder de la mente para alterar las funciones corporales. Se sabe que los placebos
han revertido temporalmente el cáncer.
Pero ¿qué hay de la gente que pasado por una cirugía y se ve libre de
síntomas durante mucho tiempo? Dado que el objetivo de los síntomas consiste
en distraer la atención de aquello que está sucediendo en el inconsciente, si el
dolor es aliviado por el efecto placebo de un poderoso tratamiento como la cirugía,
el cerebro simplemente desplazará el dolor a otro lugar o incluso a otro órgano del
cuerpo para que la maniobra de distracción pueda continuar.
Uno mis pacientes se sometió a una exitosa cirugía en la zona lumbar,
después de la cual comenzó a tener constantes problemas de úlcera. Esto
continuó durante años, a pesar de seguir un tratamiento, y cuando finalmente
133
consiguió controlar la úlcera, comenzó a sentir intensos dolores en el cuello. En
ese momento comenzó a tratarse conmigo y mejoró rápidamente después de que
se le diagnosticara SMT.
Sin embargo, muchos pacientes tienen recaídas en la zona donde fue
realizada la cirugía cuando ésta ha funcionado como placebo.
Por qué el tratamiento del SMT no es un placebo
El tratamiento del SMT es principalmente un proceso educativo; la fe ciega no
interviene. Los pacientes tienen que llegar a la conclusión de que lo que han
escuchado es lógico y razonable, y quedar satisfechos de que el trastorno descrito
como SMT se aplica a ellos.
Los resultados terapéuticos son casi siempre permanentes.
El hecho de que una gran cantidad de gente sea «curada» por el mero hecho
de leer libros sobre el SMT no tiene por supuesto nada que ver con el efecto
placebo. No existe ningún tratamiento, ninguna interacción con ningún
«curandero»; lo único que hay es la adquisición de información. El conocimiento
es el que lleva a cabo la curación.
Recientemente, hemos comenzado a oír hablar del nocebo, el fenómeno
opuesto al placebo, en que la gente puede enfermar por culpa de «malas»
interacciones. La palabra quiere decir «haré daño». Las personas familiarizadas
con las prácticas del vudú saben de su existencia. Un viejo médico de familia que
conozco tenía una paciente que decidió que iba a morir y murió al poco tiempo
pese a no tener ningún problema de salud.
La epidemia de dolor que ha invadido la sociedad occidental en la actualidad
es casi en su totalidad el resultado de un nocebo. Tienes un ataque de dolor en la
espalda y las piernas, acudes al médico y te dicen que es probablemente un
problema de columna, casi con seguridad una hernia de disco. Aunque el SMT es
inofensivo, el hecho de que te digan que el dolor es el resultado directo de un
problema estructural garantiza que aquél va a continuar. Como te recomiendan
guardar cama, comienzas a creer que debe de ser grave, y el dolor empeora. A
pesar del reposo, el dolor continúa y se pide una resonancia magnética. Esta no
sólo muestra una hernia de disco en L5-S1, sino que además el médico te informa
que los dos discos por encima del herniado sufren una degeneración y que existe
una fricción entre las vértebras. Esto es espantoso, ahora tienes la prueba objetiva
de que tu espalda es «defectuosa». A veces se recomienda una cirugía inmediata,
o te dicen que puede ser necesaria en el caso de que no respondas al tratamiento
134
conservador. El resultado de todo esto: el dolor se intensifica.
He escuchado esta historia miles de veces. Cuando finalmente veo al
paciente, ya ha probado todos los tratamientos conocidos, o ha pasado por una
cirugía, a veces dos, y todo porque se ha potenciado el efecto nocebo desde el
comienzo. Independientemente del tratamiento empleado, siempre está basado en
patologías estructurales o musculares, lo que sirve para intensificar el miedo y
prolongar los síntomas.
¿Qué tiene entonces de raro que algunas personas puedan mejorar al leer un
libro que les explica la verdadera causa del dolor y les dice que en realidad su
espalda es normal y que la mayoría de las hernias de disco son «anormalidades
normales»? Esto es revertir el nocebo, no mediante un placebo sino a través del
uso del poder de la mente para curar el cuerpo. Más específicamente, el SMT se
«cura» enseñándole a la gente a ser consciente de la naturaleza de la conexión
psicosomática. Como sugería el doctor Pert, no habría que colocar un guión entre
ambas palabras. Es un solo término: mente-cuerpo.
El programa
El programa comienza en mi consultorio. Esta, les suelo decir a mis pacientes,
es vuestra primera lección. Luego se fija la hora para que asistan a dos
conferencias: la primera sobre la anatomía y la fisiología del SMT, así como temas
relacionados con el diagnóstico; la segunda sobre la psicología y el tratamiento del
SMT. Ambas conferencias cubren la materia de este libro. Algunos se han referido
al programa como una cura hablada, lo cual es ciertamente algo único en el
tratamiento de un trastorno físico.
La consulta y las conferencias llevan a la eliminación de los síntomas en un 80
a un 85% de los pacientes, generalmente en un plazo de semanas. Aquellos que
sigan con bastante dolor son invitados a participar en reuniones semanales en las
que se revisan las características principales del SMT, y los principios y aplicación
del tratamiento. Los pacientes suelen decir que necesitan escuchar algunos
conceptos varias veces para poder asimilarlos. En ocasiones se dice algo que
suena familiar o que tiene un significado especial para la persona. Abordamos
varios problemas y obstáculos en el proceso de recuperación, y se alienta a los
pacientes a que hablen de su situación particular.
Si el dolor persiste a pesar de las conferencias y las reuniones semanales,
significa que se necesita una indagación más profunda y se receta psicoterapia.
Esto suele tener éxito en la mayoría de los casos y nos deja con alrededor de un
5% de los pacientes que continúan sintiendo un dolor significativo.
135
¿Qué es lo que hace que el tratamiento sea efectivo? He afirmado que la
toma de conciencia es el ingrediente terapéutico principal. Sin duda también hay
otros factores implicados. En la primera parte de este libro, presenté las teorías de
Heinz Kohut, que creía que la rabia narcisista era la causa de ciertos trastornos
emocionales. Estoy sugiriendo que todos generamos rabia narcisista en mayor o
menor grado, y por eso los trastornos psicosomáticos están tan extendidos en la
sociedad occidental, variando únicamente en tipo e intensidad.
Fue una paciente, Muriel Campbell, quien me dio a conocer la obra de Kohut.
Así explica ella la eficacia de mi programa:
Como los pacientes con SMT se hallan en un estado de ira, deben de haber
sido heridos en su narcisismo. Al expresar esa ira somáticamente, acuden a
un médico convencional que les aconseja guardar cama o una cirugía. Esto
los hiere aún más en su narcisismo y los debilita, lo cual hace que aumente su
ira. Sintiéndose impotentes, se meten en sus camas y, como usted ha
explicado tan claramente, se sienten aún más heridos en su narcisismo y aún
más impotentes.
Sin embargo, a diferencia de los padres faltos de empatía, cuando estas
personas finalmente van a verlo, usted les da la bienvenida y les devuelve la
confianza en sus posibilidades, además de ayudar a calmar y apaciguar esos
sentimientos de ira. También les proporciona una experiencia de similitud
esencial al presentarles a otras personas con SMT. De esta forma no sólo los
hace conscientes de los aspectos desechados de su ira, sino que los ayuda a
reducirla. Usted activa una percepción de poder (yo grandioso) después de
que esa percepción ha sido debilitada y disminuida. Puede hacerlo
rápidamente, porque la ira no es vista como un impulso, sino como un
producto de desecho posterior a una herida en el narcisismo, la cual es
disminuida por su empatía al proporcionarle al sujeto las funciones de
afirmación (reflejo), apaciguamiento (idealización) y similitud esencial
(igualdad). Obviamente, el paciente sigue siendo vulnerable a lesiones
adicionales, y a la ira, lo que explica por qué algunos de nosotros
regresamos.
Estoy de acuerdo con una parte de esta interpretación de la eficacia de mi
programa terapéutico, ya que está claro que intervienen otros factores además del
conocimiento impartido (que considero el ingrediente esencial). Puede ser que el
reflejo, la idealización y la igualdad participen en el proceso. Si es así, puede
producirse una reducción en la rabia interna, lo cual es ciertamente compatible con
la desaparición del dolor. Esta puede ser la razón por la cual los pacientes afirman
a menudo que las conferencias han sido muy importantes para su recuperación, al
proporcionarles algo que no podían obtener mediante la mera lectura de los libros
136
sobre el SMT.
Sin embargo, de acuerdo con la teoría del SMT, el dolor no es una expresión
somática de la ira, como ha indicado la señora Campbell, ni tampoco considero la
ira «un producto de desecho». Más bien, como he dicho repetidamente, creo que
es una reacción a las presiones internas y externas.
El problema de la interpretación estrictamente kohutiana de la eficacia de mi
programa terapéutico (usada por la señora Campbell) radica en que mis pacientes
no son conscientes de su ira porque ésta es inconsciente. El ingrediente
terapéutico principal consiste justamente en tomar conciencia de la existencia de
esta ira inconsciente.
Por otro lado, una de las observaciones de la señora Campbell merece ser
enfatizada. Las personas que tienen ataques recurrentes de dolor a lo largo de
muchos años deben de sentir sin duda que han perdido el control, y eso
posiblemente enfurezca al yo. Nunca saben cuando vendrá el siguiente ataque ni
qué intenso va a ser. Sufren restricciones parciales o totales con respecto a las
actividades físicas que pueden realizar y les resulta difícil hacer planes porque
nunca saben cómo va a estar su espalda.
Cuando los pacientes se enteran de que pueden tomar el control para librarse
de esta horrible aflicción, la sensación de poder es embriagante. Una mujer dijo
que ahora que se había librado de su dolor de espalda, sentía que podía hacer
casi cualquier cosa con su cuerpo. Otorgar poder a la gente es un eficaz
medicamento.
Obstáculos, problemas, preguntas
Lo que no necesitas hacer para mejorar
Una vez que los pacientes comprenden que en el SMT la ira es la culpable y
que tiene su origen en un trauma de la infancia, en la necesidad de ser perfecto y
bueno o en toda una serie de presiones del día a día, suponen que todos estos
factores estresantes tienen que ser eliminados para que ellos puedan mejorar. La
lógica dicta que si la ira es la causa, como el demonio, ésta debe ser exorcizada.
Si la ira pudiese escapar del inconsciente y expresarse, como en el caso de Helen,
137
esto produciría seguramente una «curación». Por desgracia, esto rara vez es
posible. La ira ha sido reprimida, no la sentimos y, por lo tanto, no podemos lidiar
con ella.
Tampoco nos es posible cambiar nuestra personalidad y dejar de intentar ser
perfectos y buenos. Si tomamos conciencia de poseer estas características,
podemos modificar nuestro comportamiento y aminorar los efectos negativos que
éstas tienen sobre nosotros, pero básicamente seguimos siendo la misma persona
de siempre. Incluso con el psicoanálisis, una actividad que investiga las
profundidades emocionales de la persona, nuestra personalidad no cambia.
Cuanto mejor nos conozcamos, menos nos asustarán los sentimientos como la ira.
Aunque ésta nunca desaparece y seguimos generándola, una vez la
reconocemos, se hace menos amenazadora y pierde algo de su capacidad para
hacernos daño.
El estilo de vida tampoco suele cambiar demasiado. Afortunadamente, la
experiencia ha demostrado que es el conocimiento, y no el cambio, el que produce
la curación. Esto requiere repeticiones en el proceso de aprendizaje.
El factor tiempo
Sabemos que los procesos psicosomáticos no son intrínsecos a la
personalidad porque incluso los síndromes de dolor que han estado activos
durante años pueden desaparecer en cuestión de días o semanas. La experiencia
de Jim Campobello es típica.
El hecho de que el dolor desaparezca es asombroso y sugiere que el SMT es
una estrategia reactiva elegida por la mente a causa de su eficacia. Por fortuna, el
SMT es claramente reversible. Si el proceso dependiese de la personalidad,
llevaría años revertirlo, en el caso de que fuese posible hacerlo.
La mayor parte de la gente que participa en mi programa se ve libre de dolor
en cuestión de semanas, independientemente del tiempo que lleve sintiéndolo.
Vencer el miedo a la actividad física puede tardar un poco más. ¿Qué es lo que
determina el factor tiempo?
La comprensión y la aceptación de la naturaleza del SMT es un proceso
intelectual, una acción de la mente consciente. Como el SMT se origina en el
inconsciente, las nuevas ideas deben ser asimiladas y aceptadas para que el dolor
cese. Ésa es la clave. Si las emociones son lo suficientemente amenazadoras, la
mente no va a querer abandonar una estrategia que las ha mantenido escondidas
e impotentes. La calidad e intensidad de la emoción subyacente determina cuánto
138
tiempo se va a tardar en llegar a una resolución, o si ésta se va a producir o no. En
efecto, la incapacidad para rechazar la explicación estructural del dolor es una
medida del mismo asunto; la negación del síndrome es parte intrínseca de éste.
La mente ha decidido que no puede prescindir del dolor.
¿Quiere esto decir que estamos derrotados? De ningún modo. A veces, la
repetición de los principios fundamentales será suficiente. Si no lo es, existe la
opción de la psicoterapia.
Psicoterapia
Algún día comprenderemos que el estudio de nuestra personalidad es más
importante que saber leer o escribir y que los conocimientos de aritmética.
Conocer algo del inconsciente y de la represión, y sobre todo saber lo que cada
uno de nosotros está restringiendo, formará parte de la educación básica.
Aprenderemos que un padre, un adulto y un niño habitan simultáneamente en
nuestro cerebro y que muchas veces los tres están en conflicto los unos con los
otros. La psicoeducación será un prerrequisito para conseguir un cargo público o
entrar en la policía, porque cuanto mejor se conozca uno a sí mismo, mejor va a
poder servir a la comunidad. Cuando le recomiendo a alguien que siga un
tratamiento psicoterapéutico, me siento como si lo estuviese enviando a una
escuela especial de posgrado.
Hay dos grandes campos en la psicoterapia: conductista y analítica (orientada
hacia la comprensión). La psicoterapia conductista suele concentrarse en ciertos
acontecimientos de la vida y en cómo lidiar con ellos de la mejor manera posible.
Los terapeutas conductistas ayudan a la gente a superar fobias como el miedo de
volar y a librarse de hábitos indeseables como el tabaco.
Por lo que se desprende de las teorías presentadas en este libro, debería ser
evidente que la terapia elegida para la gente con SMT y equivalentes es la
analítica. Los terapeutas que les recomiendo a mis pacientes han sido educados
para ayudarlos a explorar el inconsciente y a tomar conciencia de los sentimientos
que están allí enterrados, generalmente porque son amenazadores, vergonzosos
o de algún modo inaceptables. Estos sentimientos, y la rabia que a menudo
producen, son los responsables de los numerosos síntomas psicosomáticos que
he descrito. Cuando tomamos conciencia de estos sentimientos, en algunos casos
al tornarnos gradualmente más capaces para sentirlos, los síntomas físicos se
vuelven innecesarios y desaparecen.
139
Los psicoterapeutas suelen comentar: «Estamos tan ocupados resolviendo
sus profundos conflictos interiores respecto a su matrimonio —o respecto a algún
otro asunto emocional— que ya ni siquiera habla del dolor».
La psicoterapia es un proceso lento, no una solución mágica. Pero como
aborda asuntos que afectan virtualmente a todos los aspectos de nuestras vidas,
el tiempo que se le dedica está bien empleado, no importa cuánto sea.
Una gran desventaja de la psicoterapia es su coste. Esto se está convirtiendo
en un grave problema porque los proveedores de servicios médicos se muestran
cada vez más reacios a cubrir los gastos de la psicoterapia. Esta tendencia refleja
una triste y peligrosa ignorancia respecto a lo que es realmente importante para la
buena salud.
Preguntas
Como la mayoría de la gente no está familiarizada con los conceptos que se
hallan detrás de la causa y de la curación del SMT, les lleva un cierto tiempo
asimilarlos. Además, es imposible anticiparme a todas las preguntas que puedan
surgir en la mente de alguien. Estas son algunas de las que más me han hecho
mis pacientes.
Pregunta: ¿Puedo seguir con los ejercicios y estiramientos que he venido
haciendo para prevenir un nuevo ataque?
Respuesta: Ya hace muchos años que dejé de recetar la fisioterapia como parte
del tratamiento del SMT. Aunque los fisioterapeutas eran estupendos y
enfatizaban la base psicológica del dolor, cada sesión hacía que el paciente
centrase su atención en el cuerpo, lo cual era incompatible con mi objetivo
terapéutico principal —ignorar lo físico y concentrarse únicamente en Io
psicológico—. La misma idea se aplica a cualquier programa de ejercicios
diseñado para tratar la espalda, ya sea mediante estiramientos, fortalecimiento o
cualquier tipo de movimientos.
De modo que les aconsejo a mis pacientes que dejen de realizar los ejercicios
diseñados para proteger la espalda o para ayudarla de alguna forma. La espalda
no necesita protección. Los ejercicios de calentamiento antes de realizar cualquier
140
actividad deportiva son adecuados para un mejor rendimiento, pero los específicos
son innecesarios.
La actividad física de cualquier tipo es altamente recomendada, ya que tiene un
gran valor para la salud tanto física como psicológica.
P: Seguí un tratamiento de psicoterapia durante más de un año. ¿Por qué
continuaba con dolor si éste era inducido psicológicamente? De hecho, mi
terapeuta cree que el dolor es en cierto modo psicológico pero nunca ha oído
hablar del SMT.
R: Continúas con dolor porque el cerebro no ha abandonado su estrategia. El
dolor se mantendrá mientras no hayas establecido una conexión entre
los acontecimientos físicos y los psicológicos. Tu psicoterapeuta,
independientemente de su especialización, no ha sido educado para realizar
diagnósticos físicos y, por lo tanto, no puede ayudarte a efectuar esa conexión
crucial. Puedes acudir a tus sesiones de psicoterapia, pero si sigues tomando
antiinflamatorios, si continúas con tu tratamiento para corregir las
anormalidades estructurales y si no reconoces que tu dolor es causado por
una inofensiva alteración circulatoria inducida por el cerebro, el dolor va a
continuar. En resumen, el cerebro no va a abandonar su estrategia de
distracción a menos que se vea obligado a hacerlo.
P: Sé que estoy enfadado. Puedo sentirlo. De hecho, a menudo lo demuestro.
¿Por qué sigo teniendo dolor?
R: Porque la rabia que conoces y que expresas no es la que está causándote
el dolor. El SMT es una respuesta; a la rabia-ira generada en el inconsciente
(en cuyo caso no eres consciente de ella), o a la rabia consciente que ha sido
reprimida. El SMT no es una respuesta a la rabia consciente que es
sentida o expresada.
Esta es una distinción sutil pero importante. De hecho está en el corazón del
enfoque divergente respecto a las investigaciones mente-cuerpo. Los
psicólogos interesados en trastornos como la fibromialgia y el dolor crónico se
centran en las emociones percibidas como la ansiedad, la depresión y la
hostilidad. La teoría del SMT considera que estos trastornos —y trastornos
físicos como el SMT— son la manifestación externa de un proceso más
fundamental que tiene lugar en el inconsciente.
141
Ten en cuenta que reprimimos la rabia que daña nuestra imagen de nosotros
mismos. Por ejemplo, si tengo una gran necesidad de buscar la aprobación de
los demás y alguien hace algo que me enfurece, voy a reprimir
automáticamente esa rabia porque destruye la imagen de «buena persona»
que tengo de mí mismo. La represión es una consistente reacción
inconsciente que nunca falla. Nos enfadamos por dentro y no lo
exteriorizamos.
Finalmente, la rabia de la que eres consciente puede ser lo que se conoce
como rabia desplazada. Es decir, te enfadas con algo relativamente poco
importante, como un embotellamiento de tráfico o el mal servicio en un
restaurante, en lugar de enfadarte con tu pareja o tus padres, porque tu
psique simplemente no permite esta última opción. Esto es muy común entre
mis pacientes.
P: Todo el mundo sabe que soy una persona tranquila y controlada, que sé llevar
muy bien las cosas y que nunca estoy preocupado. ¿Por qué diablos tengo dolor
de espalda?
R: Porque todos los rasgos de tu personalidad que hacen de ti alguien
tranquilo están estimulando interiormente una gran cantidad de ira. El niño
que hay en ti dice: «Me estás presionando demasiado y eso me enfurece.
Quiero que me dejen tranquilo, que cuiden de mí, y tú me estás obligando a
cuidar de otros. Yo sólo me preocupo por mí mismo».
P: No hay nadie mejor que yo para superar las dificultades. ¿Cómo es posible que
me duela la espalda?
R: Porque la gente como tú se presiona mucho, y eso es algo que no le gusta
nada al yo.
P: Creo saber de dónde proviene mi ira interior; de hecho, estoy seguro de que
tiene que ver con el hecho de que mi madre siempre me estaba denigrando
cuando era niño. ¿Por qué entonces no desaparece el dolor?
R: Las preguntas como ésta son muy comunes. Existen tres razones posibles
para la persistencia de los síntomas. Una de ellas es que los pacientes no
142
saben lo enfadados que están interiormente. Ser consciente de esto puede
resultar de gran ayuda, ya que los pacientes experimentan una reducción del
dolor cuando se dan cuenta de que hierven de rabia por dentro. Además de
reconocer su rabia, algunas personas necesitan sentirla directamente. Luego,
si su sintomatología no mejora, podrían pensar en seguir un tratamiento de
psicoterapia. Algunas veces, aquello que está estimulando la ira no es lo que
el paciente piensa. En estos casos, la psicoterapia puede ser también la mejor
opción.
P: ¿Cómo puedo detectar la diferencia entre un dolor muscular ordinario y el
SMT?
R: El dolor muscular que viene después de una actividad física inhabitual
suele desaparecer en uno o dos días. El SMT continúa durante días, semanas
o meses.
Sustitución de la localización del dolor
Ocasionalmente, los pacientes con SMT desarrollarán dolor en nuevas
localizaciones. En las conferencias describo las múltiples variaciones del síndrome
y cómo éste afecta a distintos músculos, nervios y tendones, de modo que los
pacientes reconozcan un nuevo dolor cuando se presente como una manifestación
alternativa del SMT. Pese a mis advertencias de que esto puede ocurrir, y mi
consejo de llamarme cuando lo haga, la tendencia a atribuir el nuevo dolor a
alguna otra cosa parece ser irresistible.
Una antigua paciente mía pasó un año con un dolor en el pie derecho que le
causó muchísimos problemas. Por ejemplo, tenía que conducir usando el pie
izquierdo para frenar y acelerar. Cuando finalmente se le ocurrió que podía ser
SMT, vino a verme. Una vez quedó establecido el diagnóstico, regresó a casa
usando el pie derecho para conducir.
Otra paciente me llamó por teléfono. Su dolor de espalda había desaparecido
hacía un par de años y hoy en día salía a correr regularmente. Tres semanas
antes de su llamada, le había comenzado a doler el lado derecho de la cadera
después de haber salido a correr. Fue a un médico que le diagnosticó bursitis del
trocánter. El tratamiento: una inyección local de esteroides y antiinflamatorios por
143
vía oral. Como el dolor continuaba, comenzó a pensar en el SMT y llamó a mi
consultorio. Le dije que ésa era una localización común del SMT y que con toda
certeza se trataba de un sustituto del dolor de espalda. Colgó el teléfono y —
según me contó en una carta— «me enfurecí tanto con mi cerebro por haber
jugado sucio conmigo que le di un buen grito, y el dolor desapareció».
A menudo la gente se somete a una cirugía a causa de una manifestación
sustituía del SMT. Recibí otra llamada de teléfono de una mujer a la que había
tratado con éxito hacía tres años. Unos tres meses antes había comenzado a
tener dolor en el hombro. Acudió a varios especialistas, se hizo una resonancia
magnética que mostró un desgarro del manguito rotador del hombro y se sometió
a una cirugía para «reparar el desgarro».
.
El dolor desapareció, pero cuando, unas semanas después, desarrolló
exactamente el mismo en el otro hombro, comenzó a desconfiar y decidió
llamarme. Le dije que el hombro era una localización común para la tendinitis del
SMT y le recomendé que viniese a verme. Unos días después, en mi consulta, me
dijo que el dolor había desaparecido al día siguiente de nuestra conversación
telefónica.
La rápida desaparición del dolor experimentada por estos pacientes al saber
que sus síntomas eran una manifestación del SMT se produjo porque ellos ya
estaban familiarizados con el síndrome. Habían pasado por el período de
asimilación progresiva de los conceptos y no necesitaban repetir ese proceso.
Apenas reconocieron que el dolor era parte del SMT, aquél perdió su capacidad de
distracción y desapareció rápidamente.
A propósito, la desaparición casi instantánea del dolor en estos casos tiene
algo que decirnos sobre la patofisiología del SMT. El dolor no podría ser el
resultado de un proceso inflamatorio ni de una anormalidad estructural que
produjese síntomas por compresión, ya que ninguno de estos trastornos podría
desaparecer en cuestión de minutos o de horas. Pero es totalmente compatible
con un proceso en que el dolor es debido a una leve privación de oxígeno, ya que
el sistema autónomo puede cambiar la tasa de flujo sanguíneo en cuestión de
segundos si así lo quiere.
í
La sustitución también puede tener lugar con los síntomas psicológicos. Una
joven que está actualmente bajo tratamiento me dijo que no tenía dolor hacía días
pero que durante ese tiempo había sido emocionalmente un «caso perdido».
Quería comenzar un tratamiento de psicoterapia para poder lidiar con la
conmoción emocional mientras la «herida está abierta». Me sentí gratificado al ver
que había aprendido tan bien los conceptos del SMT. Sin duda, el dolor y los
estados emocionales son creaciones del cerebro para desviar la atención, y éstos
pueden tomar el lugar de aquél.
Sigo advirtiendo a los pacientes sobre la posibilidad de una sustitución de la
localización del dolor, pero cuando han pasado dos o tres años, suelen olvidarse
144
—y experimentan unas molestias innecesarias.
Reincidencia
¿Puede volver el dolor? Sí, pero es muy poco frecuente. Los controles de
seguimiento así lo indican. El índice de curaciones «permanentes» está entre el 90
y el 95%.
Este alto índice de «curación» se halla muy influenciado por el hecho de que
durante mucho tiempo mis pacientes han tenido que pasar por una preselección
antes ser admitidos en mi programa. No tendría sentido tratar a personas que, sea
por el motivo que sea, no son capaces de aceptar la idea de que un trastorno
físico pueda ser psicológicamente inducido. El reconocimiento y la aceptación de
esa idea es esencial para la recuperación.
Cuando se produce una reincidencia (rara vez grave), puedo realizar o no un
examen, dependiendo de las circunstancias. El paciente ha de regresar a las
conferencias y a las sesiones de grupo durante las que se discutirá y se
descubrirá la razón de la vuelta del dolor. Algunos deciden comenzar un
tratamiento de psicoterapia.
El sine qua non del tratamiento
Al final de las conferencias les digo a mis pacientes que no se pueden
considerar «curados» hasta que puedan afirmar inequívocamente que:
 El dolor del SMT ha desaparecido por completo o casi por completo. Un pequeño
dolor, sin consecuencias físicas o emocionales, es admisible. Después de todo,
sólo somos humanos.
 Están listos para la actividad física sin restricciones
145
 Ya no sienten ningún miedo hacia cualquier tipo de actividad física.
 Han abandonado todos los tratamientos físicos o farmacológicos.
Como aprendimos en la primera parte de este libro, el miedo funciona mejor
como maniobra de distracción que el dolor. Por lo tanto, a menos que se cumplan
estos requerimientos, el dolor no desaparecerá o acabará regresando. Debemos
probarle a nuestro cerebro que sabemos lo que está ocurriendo, que no nos
hemos dejado engañar y, sobre todo, que no estamos intimidados ni tenemos
miedo. Esto es una lucha entre nuestra conciencia lógica y nuestro inconsciente
irracional. Es la historia de dos mentes.
Medicina alternativa
Millones de estadounidenses acuden a practicantes de lo que se ha venido en
llamar medicina alternativa o no convencional. ¿Por qué? La respuesta es obvia.
La medicina convencional ha fracasado. Y esto es especialmente cierto en
relación con los trastornos musculoesqueléticos abordados en este libro. La
medicina ha fracasado al tratar de curar a estos pacientes porque no ha sabido
ofrecer un diagnóstico atinado. No puedes curar a tus pacientes si no has
identificado la naturaleza de la enfermedad o del trastorno que padecen.
La mayoría de los tratamientos de la medicina alternativa deben sus éxitos
(sean cuales fueren) al efecto placebo. Si éste no existiese, tampoco existirían la
mayoría de estos tratamientos. Son potencialmente útiles pero no curan porque el
efecto placebo es siempre transitorio.
Como la mayoría de los trastornos musculoesqueléticos son manifestaciones
del SMT, cualquier método de tratamiento que se centre en el cuerpo va a
perpetuar el dolor en lugar de eliminarlo. De modo que, paradójicamente, aunque
el tratamiento alternativo puede ofrecer un alivio transitorio (generalmente parcial),
a menudo garantizará la continuación del proceso subyacente porque mantiene la
atención del paciente centrada en la parte del cuerpo que le duele.
Esta es la razón por la cual no apruebo la mayoría de los métodos de
tratamiento de la medicina alternativa. El diagnóstico y el tratamiento del SMT no
son un ejemplo de medicina no convencional u holística, sino de buena medicina
clínica. El reconocimiento del papel causativo de las emociones lleva a un
diagnóstico acertado y a un tratamiento exitoso.
146
Uno de los enfoques alternativos respecto a la enfermedad es básicamente
correcto. Andrew Weil, un graduado de la Facultad de Medicina de Harvard,
enseña, al igual que Norman Cousins, que cada uno de nosotros tiene una gran
capacidad para la autocuración y que somos, como decía Cousins, «más fuertes
de lo que pensamos». En libros como Spontaneous Healing (La curación
espontánea), el doctor Weil ha documentado las muchas maneras en que
podemos luchar contra la enfermedad y mejorar nuestra salud usando métodos
que están más allá de la medicina convencional.
El enfoque terapéutico respecto al extendido problema médico descrito en
este capítulo es un ejemplo específico del potencial para la autocuración que
todos poseemos. Es una prueba de que somos, en efecto, más fuertes de lo que
creemos.
Una advertencia y una sugerencia: las numerosas cartas que he recibido de la
gente que ha leído mis libros sobre el dolor de espalda y que ha mejorado
representan una buena prueba del poder del conocimiento para revertir trastornos
psicosomáticos. Sin embargo, no debes dar por sentado que tu problema sea el
resultado de un proceso psicosomático a menos que hayas sido debidamente
examinado por un médico y se haya comprobado que no tienes ninguna enfermedad grave.
Esto no quiere decir que los diagnósticos psicosomáticos se realicen por
eliminación, es decir, porque no hay ningún otro. Sin embargo, como hay tan
pocos médicos que hagan un diagnóstico psicosomático, un individuo puede verse
forzado a llegar a esa conclusión por sí solo. Por esta razón es esencial eliminar
antes cualquier trastorno no psicológico.
Recibo muchas cartas y llamadas de personas que han llegado a la
conclusión de que tienen SMT y buscan una orientación adicional.
Desgraciadamente, por motivos tanto éticos como médicos me es imposible
aconsejarlas. Lo que sí puedo aconsejar (en el caso de que estén convencidas de
tener SMT o uno de sus equivalentes, hayan seguido los tratamientos de su
médico y continúen teniendo síntomas) es que consideren la posibilidad de iniciar
un tratamiento psicoterapéutico con un psiquiatra o un psicólogo de orientación
analítica.
Conclusión
¿Cuáles son los puntos más importantes que hay que recordar sobre los
trastornos psicosomáticos y sobre la forma de curarlos?
147
El SMT y los numerosos síndromes equivalentes son esencialmente
inofensivos, aunque esto resulte difícil de creer dada la intensidad de los síntomas.
Los síntomas psicosomáticos están extremadamente extendidos en la
sociedad occidental y no indican la presencia de ninguna enfermedad mental o
emocional ni constituyen ninguna anormalidad.
Somos mucho más fuertes de lo que creemos, y tenemos la capacidad para
influenciar en aquello que sucede en nuestros cuerpos. Pero debemos aprender la
forma de hacerlo.
En lo que respecta al grupo de trastornos psicosomáticos descritos en este
libro, el conocimiento del proceso, y sobre todo el conocimiento de los orígenes
emocionales, es esencial y casi siempre acaba en una «curación».
Nuestros mayores enemigos son el miedo y la información errónea. En el
ámbito de las emociones, tenemos dos mentes y no debemos cometer el error de
juzgar la mente inconsciente con las reglas aceptadas de la lógica y de la
racionalidad que son características de la consciente.
La mente y el cuerpo son un todo indivisible y están en constante interacción.
Esto da lugar a un maravilloso y asombroso organismo, poseedor de una
complejidad infinita.
148
Apéndice:
Temas Académicos
Esta sección está destinada a las personas que estén interesadas en los
aspectos más académicos de la medicina psicosomática y, por consiguiente,
contiene algunos términos técnicos. Debería interesar especialmente a los
psicólogos y psiquiatras que estén familiarizados con la literatura de la medicina
psicosomática.
Freud y más allá.
Al mantener que el síndrome es elaborado en el inconsciente para cumplir una
función inconsciente, la teoría del SMT está firmemente basada en la teoría
psicoanalítica. En particular, la conceptualización freudiana del inconsciente
proporciona un modelo para la comprensión del papel de la represión, que es de
crucial importancia en la teoría del SMT. Por lo tanto, al igual que con tantos otros
aspectos en el aspectos en el mundo de la psicología y la psiquiatría, sin Freud
seguiríamos buscando explicaciones. La comparación de la teoría del SMT con algunas
de las ideas de Freud es realizada con un profundo sentimiento de deuda hacia él y sus
revolucionarias ideas.
Lo que sigue es un análisis de cómo la teoría del SMT se compara con las
teorías de la psicomatosis, antiguas y recientes.
Conversión versus síntomas psicosomáticos
Freud hizo una distinción entre los síntomas histéricos de la conversión y lo
que llamó los equivalentes de la ansiedad. Inicialmente dijo que los síntomas
«orgánicos» como las irregularidades cardíacas, la diarrea, los mareos, los
calambres musculares y las parestesias no eran tratables por el psicoanálisis, ya
que no eran el resultado de un conflicto escondido. En lugar de eso, creía que
eran debidos a una excitación sexual somática que no podía ser reconocida físi149
camente y que tenía que buscar otra vía de expresión, de ahí la manifestación
afectiva de la ansiedad o de un sustituto físico. Más adelante en su carrera, Freud
consideró la ansiedad como una señal de peligro.
La experiencia con el SMT ha dejado claro que los síntomas psicogénicos
locales (conversión) y los psicosomáticos cumplen la misma función psíquica,
dado que pueden presentarse simultáneamente en el mismo paciente. Además, la
ansiedad parece ser un equivalente de los síntomas físicos ya que a menudo los
reemplaza a medida que éstos desaparecen.
Que la misma psicología subyazca tanto a los síntomas psicogénicos locales
como a los psicosomáticos está respaldado por el hecho de que muchos de los
pacientes histéricos de Freud presentaban síntomas que eran claramente «vegetativos». Dora sufría «asma nerviosa» y episodios de vómitos, trastornos que
reflejan una fisiología alterada, a diferencia de los síntomas histéricos como la
parálisis y la anestesia, que son el resultado de un proceso elaborado
enteramente en el cerebro.
Por lo que sé, Freud nunca habló de la neurofisiología de los síntomas
histéricos o psicosomáticos. Esto sería coherente con su visión de sí mismo como
psicólogo y no como fisiólogo.
Es interesante mencionar que Freud idolatraba a Fliess, según se desprende
de la correspondencia inicial entre ambos. ¿Se debía esto en parte a que Fliess
fuese un fisiólogo eminente y que en ese tiempo, al igual que hoy en día, la
fisiología y la anatomía eran consideradas las disciplinas médicas más
importantes? En los comienzos de su carrera, Freud puede haberse sentido algo
inferior y, a pesar de que se sintió inevitablemente impulsado a crear una nueva
psicología, la consideró siempre una rama inferior de la ciencia. Su petición de
ayuda y aliento a Fliess ¿habría estado basada únicamente en una necesidad
psicológica personal, o acaso su soledad y depresión se habrían debido al hecho
de que era un renegado de la categoría de lo «realmente científico»?
Los estudiantes de la medicina psicosomática (y del psicoanálisis) siempre
han tenido que lidiar con un sentimiento de inferioridad, sin duda generado por la
incapacidad para describir y definir su trabajo según las normas que gobiernan la
ciencia de laboratorio. Si todas las funciones humanas son definidas en términos
físicos y químicos, la medicina psicosomática no forma parte de esa ciencia.
Según esta ciencia, la enfermedad o el mal funcionamiento son el resultado de
aberraciones físicas y químicas que sólo pueden ser corregidas mediante el uso
de métodos mecánicos o químicos. La medicina contemporánea, incluyendo una
gran parte de la psiquiatría, parece estar gobernada por esta filosofía.
Entonces ¿cómo explicamos la total resolución de un trastorno doloroso (sea
de conversión o fisiológico) mediante el mecanismo de la educación, tal como lo
describo en este libro?
150
Obviamente, debe intervenir algún otro factor sobre el cual sabemos muy
poco. Podríamos llamarlo «la ciencia de la mente», o, si adoptamos la
interpretación de Bruno Bettelheim sobre el trabajo de Freud, «la ciencia del alma
o del espíritu». Los métodos de las ciencias duras no pueden aplicarse a ésta.
Como hasta la fecha no hay forma de obtener datos objetivos sobre esta
dimensión de la experiencia humana, debemos basarnos en el conocimiento
empírico.
Freud se sentía justificadamente confiado, incluso arrogante, porque sabía
que había descubierto algo de suma importancia sobre el funcionamiento del
animal humano. El hecho de que sus teorías hayan sido modificadas con el tiempo
tiene poca importancia a la luz de su monumental contribución al conocimiento
humano. Como verdadero científico que era, Freud confiaba en sus observaciones
pese a que no pudieran ser explicadas en términos físico-químicos.
Hoy es un hecho bien conocido que los fenómenos mentales y emocionales
pueden estimular la actividad neuronal en el cerebro, un proceso mediante el cual
se elaboran reacciones químicas y físicas que son las progenitoras de síntomas
afectivos o físicos. La química cerebral no inicia la disfunción en este caso; la
química está al servicio de la psique. En el proceso mente-cuerpo, la máquina
fisioquímica es controlada por las emociones y no al contrario. (La palabra psique,
proveniente del griego, quiere decir «alma».)
Síntomas físicos
Freud, al igual que muchos otros, afirmó que la neurosis y la formación de
síntomas denotaban enfermedad. Pensó que los síntomas físicos presentaban
más de un significado y representaban varios procesos mentales inconscientes al
mismo tiempo.
El modelo del SMT mantiene que la formación de síntomas psicogénicos es
universal, mostrando variaciones únicamente en cuanto a gravedad, intensidad y
la elección de los síntomas. Es algo que le ocurre a todo el mundo y no es una
enfermedad. El objetivo psicológico de los síntomas físicos (y también de algunos
afectivos) es desviar la atención de la ira amenazadora o de los insoportables
sentimientos que son consecuencia de una variedad de presiones tanto internas
como externas.
Freud dijo: «El motivo para estar enfermo es siempre, por supuesto, la
conquista de alguna ventaja». Veía la «enfermedad» como el medio para resolver
un conflicto psíquico; ésa es la ganancia primaria (paranósica). Pero Freud
parecía otorgarle una mayor importancia a la ganancia (epinósica) derivada de la
151
«enfermedad» como, por ejemplo, la atención, la compasión y la evasión de
responsabilidades y del trabajo.
Existe una disparidad fundamental entre la teoría psicoanalítica tradicional y lo
que he observado en el diagnóstico y tratamiento del SMT.
Si existe alguna ventaja en tener un síntoma psicogénico, como en el SMT,
ésta sería el síntoma primario inconsciente de evitar la expresión ostensible de la
ira o de algún otro sentimiento insoportable. Aunque es indudable que la ganancia
secundaria tiene lugar (y también es inconsciente), la experiencia clínica con el
SMT indica que es menos importante que la ganancia primaria.
Este tema tiene una importancia que trasciende la diferencia con la teoría
psicoanalítica tradicional, ya que el concepto de la ganancia secundaria constituye
actualmente la base sobre la que se realiza el diagnóstico y el tratamiento del
dolor crónico en centros por todo el país. Su teoría postula la existencia de
razones subyacentes del dolor que son estructurales o el resultado de trastornos
de deficiencia muscular, y afirma que la intensidad y la cronicidad del dolor son
consecuencia del deseo inconsciente por conseguir una ganancia secundaria.
En mi experiencia con el SMT, el dolor crónico tiene la misma patofisiología
que el agudo; la cronicidad y la intensidad dependen de la importancia del estado
psicológico subyacente que requirió inicialmente el dolor como maniobra de
distracción. Al basar el tratamiento en la ganancia secundaria, se incurre en un
doble error: primero no se reconoce la verdadera etiología del dolor, lo que ayuda
a perpetuar el trastorno en lugar de curarlo; y luego se pierde la importancia
psicológica del síntoma y por lo tanto no se puede emplear el tratamiento
adecuado. Además, se está humillando a los pacientes al sugerir que ellos se
benefician de su enfermedad.
En mi experiencia, factores psicológicos como éstos son el resultado de
procesos inconscientes o contribuyen a ellos, y son estos procesos los que
estimulan los síntomas físicos característicos del SMT que son la base para la
continuación del dolor.
Freud concluyó: «Un síntoma histérico se desarrolla sólo cuando dos deseos
opuestos, cada uno surgido de un sistema psíquico distinto, pueden converger en
una única expresión».
El ejemplo que da, no como prueba sino para dejar claro su punto de vista, es
el de una joven con vómitos histéricos. (Los vómitos son fisiológicos, y por
consiguiente no son histéricos.) Freud teoriza que uno de los deseos opuestos
emana del inconsciente y consiste en estar continuamente embarazada (de
muchos hombres), y el otro emana del pre-consciente que la castiga por ese
deseo inconsciente, ya que los vómitos le harían perder su buena figura y su
belleza. Freud había afirmado previamente que los síntomas psico-neuróticos
deberían ser considerados como la satisfacción de deseos inconscientes.
152
Según la teoría del SMT, por el contrario, los síntomas, tanto psicosomáticos
como psicogénicos, están diseñados para funcionar como una reacción de
protección frente a la rabia narcisista o algún otro sentimiento insoportable, y no
son un mecanismo para castigar o satisfacer un deseo inconsciente.
Una explicación dinámica alternativa a los síntomas de los pacientes de
Freud, basada en la teoría del SMT, sería que el crítico superego está
proclamando que los deseos inconscientes de esta mujer son peligrosos,
absurdos, infantiles e incluso inmorales, y no pueden ser tolerados. El yo
narcisista reacciona con rabia ante este juicio y los síntomas son inducidos por el
ego y el superego inconscientes como maniobra de distracción, ya que se teme
que los sentimientos indeseables acaben irrumpiendo en la conciencia.
En otro de los casos de Freud, un joven de catorce años experimentó «un tic
convulsivo, vómitos histéricos, dolores de cabeza, etcétera» cuando su padre
viudo llevó a casa una nueva esposa. Freud concluyó que el joven ya sentía una
ira reprimida contra su padre, quien le había recriminado que «jugara con sus
genitales». Aunque no lo dice explícitamente, Freud parece sugerir que los
síntomas del joven son un sustituto de la ira.
Según la teoría del SMT, la interpretación sería que el factor precipitante no
hizo más que aumentar la ira que el joven había acumulado, llevándola a un nivel
crítico en que amenazaba con acceder a la conciencia. El inicio de los síntomas
sirvió para desviar la atención de la ira. Nótese que una vez más un síntoma
vegetativo, el vómito, es identificado por Freud como histérico.
Sobre el tema de la culpa, Freud dijo: «Finalmente comprendemos que
estamos frente a lo que podría llamarse un factor «moral», un sentimiento de culpa
que encuentra su satisfacción en la enfermedad y se niega a abandonar el castigo
o el sufrimiento. Tendríamos razón al considerar definitiva esta desalentadora
conclusión. Pero en lo que respecta al paciente, este sentimiento de culpa es
estúpido; no le dice que es culpable; él no se siente culpable, se siente enfermo.
Este sentimiento de culpa se expresa únicamente como una resistencia a la
recuperación que es extremadamente difícil de superar».
La resistencia a la recuperación se manifiesta por una continuación de los
síntomas. Freud concluyó que el sentimiento reprimido debe de ser la culpa,
puesto que el síntoma —llamémoslo dolor—es percibido como un castigo y la
persona debe de estar castigándose a causa de un sentimiento de culpa. Además,
Freud sugiere que los sentimientos de inferioridad «tan conocidos entre los
neuróticos» también son una consecuencia de la condenación del ego por el
hipercrítico superego.
Según el modelo del SMT, la falta de autoestima es la consecuencia de
muchos factores, incluyendo una mala crianza, las exigencias de la sociedad
moderna y factores genéticos. Los elevados ideales del superego son el resultado
de la necesidad de demostrarse a sí mismo y al mundo que uno puede ser bueno
153
y perfecto.
El modelo del SMT mantiene que no es la necesidad de castigarse a sí mismo
la que produce la continuación de los síntomas, sino la de desviar la atención de
los aterradores sentimientos que pueden quedar al descubierto. Este es un acto
más de autopreservación que de autoflagelación. No es una resistencia a la
recuperación, sino a la revelación.
El superego desempeña un papel crucial en la represión porque la irrupción
en la conciencia de sentimientos como la ira violaría sus idealistas estándares de
perfección. El ego participa en la represión y en la resistencia para que la totalidad
del individuo no sufra las consecuencias prácticas de una ira desatada, como la
condena, el rechazo y la represalia.
Según mi experiencia, los pacientes cuyos síntomas no responden a la terapia
albergan sentimientos reprimidos recónditos y complicados, y se necesita una
exploración en profundidad, es decir, psicoterapia.
¿Y qué hay de la culpa consciente? De acuerdo con la teoría del SMT, los
sentimientos inconscientes son los únicos que producen síntomas físicos. En El
ego y el id, Freud aborda la culpa consciente en las neurosis obsesivas y la
depresión, y afirma que no está claro por qué la culpa es tan fuerte en estos
trastornos, pero la atribuye a la actividad del superego.
Si uno sigue la teoría del SMT, la culpa es la consecuencia normal de las
exigencias del superego. Estas exigencias inducen una ira inconsciente que puede
dar lugar a síntomas físicos o a una variedad de síntomas afectivos como la
obsesión, la ansiedad o la depresión. La obsesión con los síntomas es común en
las personas con SMT, lo que sugiere que en estos pacientes la ira es muy grande
y las razones para ella muy apremiantes. La base para la elección, —es decir,
entre obsesión o depresión— sigue sin estar clara, pero en cualquier caso la ira
permanece escondida.
Como mencioné en el primer capítulo de este libro, la depresión, la ansiedad y
los síntomas obsesivo-compulsivos son todos equivalentes del SMT.
Los sentimientos conscientes, por muy desagradables, dolorosos y
amenazadores que sean, no producen síntomas. Los únicos que originan
síntomas (físicos o afectivos) son los sentimientos reprimidos e inconscientes.
La rabia narcisista
Aunque fue Kohut el que desarrolló plenamente el concepto de la rabia
154
narcisista como base de la patología afectiva, el siguiente extracto de Más allá del
principio del placer sugiere que Freud tenía ideas similares:
El florecimiento temprano de la vida sexual infantil está condenado a la
extinción porque sus deseos son incompatibles con la realidad y con la
inadecuada fase del desarrollo que el niño ha alcanzado. Este florecimiento
llega a su fin en unas circunstancias extremadamente angustiantes y
acompañado de los sentimientos más dolorosos. La pérdida del amor y el
fracaso dejan como secuela una herida permanente en la autoestima bajo la
forma de una cicatriz narcisista, la cual en mi opinión... contribuye más que
ninguna otra cosa al «sentimiento de inferioridad» que es tan común entre los
neuróticos.
Más adelante Freud escribió: «La decreciente cantidad de afecto que recibe,
las crecientes exigencias de la educación, las críticas y el castigo ocasional, todo
esto le muestra finalmente lo mucho que se le ha despreciado. Estos son algunos
típicos y recurrentes ejemplos de las formas en que llega a su final el amor
característico de la infancia».
Esta es una contribución del maestro a la relevancia de la idea de la rabia
narcisista y de los profundos sentimientos de inferioridad que, en mi opinión, son
universales en la sociedad occidental moderna, con variaciones de persona a
persona en cuanto a su importancia. Se encuentran en el centro de la mayor parte
de la sintomatología psicogénica. Aunque Freud no menciona la rabia como una
de las consecuencias de esta pérdida del amor, dudo que hubiese rechazado la
idea.
Tengo que agregar, sin embargo, que no sólo es la pérdida del amor la que
contribuye a la rabia narcisista y a las heridas en la autoestima, sino también una
variedad de otras experiencias negativas en el proceso de desarrollo.
Freud se refirió frecuentemente a los profundos sentimientos de inferioridad
pero no los incluyó entre los factores que fomentan el desarrollo de síntomas y
neurosis. La teoría del SMT, en cambio, atribuye el perfeccionismo y el
«buenismo» a una baja autoestima.
Parece que la rabia generada en la infancia y la niñez es permanente —está
depositada en el banco, por decirlo de alguna manera—. Y se continúan
realizando depósitos en esta «cuenta de la rabia» a lo largo de toda la vida. Quizá
esto explica por qué algunas personas comienzan a tener síntomas físicos en la
niñez, algunas en la adolescencia, otras en su juventud, pero la gran mayoría en la
edad adulta, cuando las presiones y tensiones alcanzan su máximo nivel. Parece
haber un umbral cuantitativo en que el nivel de rabia, después de haber
aumentado lo suficiente como para amenazar con irrumpir de forma explosiva en
155
la conciencia, requiere una maniobra de distracción, que puede ser un síntoma
físico o una reacción afectiva indeseable como la ansiedad, las tendencias fóbicas
u obsesivas o la depresión.
Síntomas físicos, ansiedad, fobias y obsesiones
Al abordar la importancia de la fobia histérica o agorafobia, Freud dice:
«Supongamos que un paciente neurótico es incapaz de cruzar la calle solo —una
situación que, con razón, consideramos un «síntoma». Si eliminamos este síntoma
al obligar a este hombre a realizar una acción de la que se considera incapaz, la
consecuencia será un ataque de ansiedad; y sin duda el advenimiento de un
ataque de ansiedad en medio de la calle es a menudo la causa desencadenante
del inicio de la agorafobia. Podemos ver, por lo tanto, que el síntoma ha sido
creado para evitar un ataque de ansiedad; la fobia es erigida como una
fortificación contra la ansiedad».
En el modelo del SMT, el síntoma es erigido como una maniobra de
distracción frente a la ira-rabia o frente a sentimientos insoportables. Tanto la fobia
como la ansiedad son «defensas», maniobras de evasión que buscan mantener
los sentimientos en el inconsciente. Si se elimina la fobia y se fuerza al individuo a
cruzar la calle, éste se pondrá ansioso.
Las fobias y la ansiedad son síntomas equivalentes cuyo objetivo es desviar
nuestra atención de la rabia reprimida o de otros poderosos sentimientos y evitar
que irrumpan en la conciencia. Se trata de una forma de evitación y una defensa
clásica. He afirmado que las obsesiones, la ansiedad, la depresión y los síntomas
físicos son todos equivalentes; ahora he agregado las fobias a esta equivalencia.
El demonio y el santo interior
Freud escribió en El ego y el id:
Uno puede... aventurar la hipótesis de que una gran parte del sentimiento de
culpa generalmente debe de permanecer inconsciente, porque el origen de la
conciencia está íntimamente conectado con el complejo de Edipo, que forma
156
parte del inconsciente. Si cualquiera se sintiese inclinado a plantear la
paradójica afirmación de que el hombre normal no es sólo mucho más
inmoral de lo que cree sino también mucho más moral de lo que tiene
conciencia, el psicoanálisis, en cuyos descubrimientos descansa la primera
parte de la aseveración, no tendría ninguna objeción que hacer con respecto
a la segunda parte.
La afirmación de Freud de que el superego tiene sus raíces en el complejo de
Edipo proviene de la idea de que después de pasar por las etapas de conflicto y
competición con los padres, el individuo en desarrollo adopta los valores de
aquéllos y esto se convierte en su conciencia (yo-superior, yo-ideal, superego).
Es difícil comprender cómo estos padres que han representado una variedad
de elementos negativos en el proceso de desarrollo ahora se convierten en la
personificación de todo lo que es bueno y perfecto, como en el ideal del padre, o
de todo lo que es dulce y cariñoso, como en el ideal de la madre. Que se hayan
convertido en seres totalmente perfectos y buenos es algo que resulta difícil de
creer.
Parece más lógica la idea siguiente: «Debo probarme a mí mismo y al mundo
que soy perfecto y bueno». Los estándares para estos ideales están por todas
partes: la civilización, la ley, la religión... Son administrados por los padres, los
profesores y los líderes religiosos. La motivación para ser perfecto y bueno
proviene de un profundo sentimiento de inferioridad.
La teoría del SMT postula que la conciencia moral no se deriva del complejo
de Edipo, sino de múltiples factores, incluyendo un profundo sentimiento de
inferioridad e imperativos familiares, sociales y culturales. Las órdenes dictatoriales del superego están diseñadas para demostrarle al individuo en cuestión y al
mundo en general que él o ella es una persona valiosa (perfecta) y buena. Este es
el santo interior, pero también hay un demonio. Hay un demonio en los vestigios
narcisistas e infantiles de la persona que está indignada con las exigencias del
superego. Por lo tanto, como dijo Freud, en un nivel inconsciente somos a la vez
mejores y peores de lo que creemos.
Sean cuales fueren las raíces del superego, nadie discute su duro y dictatorial
papel psíquico. La teoría del SMT afirma que esto enfurece al yo nuclear, guiado
al igual que el yo por deseos infantiles, hedonistas e irresponsables.
La comprensión de los síntomas psicogénicos físicos
Con relación al lenguaje de la neurosis obsesiva, Freud dice: «Sobre todo, no
157
implica el salto de un proceso mental a una inervación somática —conversión
histérica— que nunca puede ser plenamente comprensible para nosotros».
Lo que Freud llama un salto no lo es en el modelo del SMT, que reconoce que
las emociones tienen el poder de estimular reacciones fisiológicas de todo tipo,
ejemplificadas por los síntomas de los pacientes con conversión histérica de Freud
y por todos los procesos físicos que he calificado como psicosomáticos. Si Freud
quería decir que no sabemos cómo el cerebro hace lo que hace (la «caja negra»),
su afirmación se aplica a todos los procesos mentales y emocionales, pero
sabemos lo suficiente sobre la fisiología cerebral para poder establecer una
conexión entre el sistema límbico, el hipotálamo y los sistemas autónomo e
inmunológico, lo cual quiere decir que ahora podemos explicar los síntomas
psicogénicos físicos e ir más allá de la «caja negra».
El filósofo-analista Jonathan Lear afirma: «En efecto, ningún salto es posible,
no porque exista una brecha insalvable entre la mente y el cuerpo sino porque en
el nivel arcaico el cuerpo es la mente».
En el adulto, las evidencias del nivel arcaico siguen existiendo. Aunque no sea
la totalidad de la psique, es una parte muy importante de ella. Pero hay sólidas
evidencias de que no existe ninguna brecha y no hay ninguna necesidad de saltar.
Podemos encontrar algunas de estas evidencias en el trabajo de Candace Pert y
sus colegas, quienes han mostrado la red de información que existe entre los
centros emocionales del cerebro y el cuerpo.
George McNeil menciona a un paciente con lo que se conoce como trastorno
límite o borderline que desarrolla una fiebre de origen desconocido. McNeil cree
que procesos psíquicos podrían activar las vías neuronales entre el sistema
límbico y el hipotálamo dando lugar a una «desregulación» y a la fiebre. Esto es
análogo a lo que dice la teoría del SMT sobre los síntomas de dolor descritos en la
segunda parte de este libro.
La contribución de Franz Alexander
La literatura médica sobre la medicina psicosomàtica ha sido producida casi
exclusivamente por psicoanalistas. Si el SMT y otros trastornos equivalentes son
el resultado de fenómenos inconscientes, como afirma la teoría del SMT, esto
tiene sentido, ya que el inconsciente es el ámbito del psicoterapeuta con una
educación analítica. Sin embargo, estos profesionales están en desventaja al
estudiar el problema, ya que no tienen acceso a la gama completa de personas
con trastornos psicosomáticos. Por este motivo, sus teorías sobre la naturaleza de
la psicogénesis pueden carecer de precisión.
158
Frosch señaló el hecho de que Alexander, fundador del Instituto de
Psicoanálisis de Chicago, y sus colegas French y Pollock realizaron una gran
contribución al campo de la medicina psicosomática en el siglo XX y casi lograron
la aceptación de sus teorías por la medicina convencional. Sin embargo, no pudo
ser.
Alexander incluyó un gran número de enfermedades en su definición de
psicosomático, pero ni él ni sus sucesores advirtieron las manifestaciones
psicosomáticas más comunes, los trastornos neuromusculoesqueléticos que son
el tema principal de esta obra.
Alexander introdujo el concepto de «neurosis vegetativas», refiriéndose a lo
que en su libro denominó psicosomático, en oposición a los trastornos de
conversión. En su clasificación, incluían la migraña, la hipertensión, el
hipertiroidismo, las neurosis cardíacas, la artritis reumatoide, el síncope
vasopresor, la úlcera péptica, la colitis ulcerativa, el estreñimiento, la diarrea, los
estados de fatiga y el asma.
Alexander relacionó conflictos inconscientes específicos con trastornos físicos
específicos, pero no hizo la distinción entre los síntomas psicosomáticos y de
conversión que señalo en la segunda parte de este libro. Alexander indicó, al igual
que yo, que Freud a menudo se refería a síntomas que eran claramente
psicosomáticos como si fuesen de conversión —y por lo tanto, el resultado de un
conflicto inconsciente.
La teoría del SMT está en completo acuerdo con este punto de vista, aunque
se diferencia en la naturaleza de los procesos inconscientes responsables de los
síntomas, en el objetivo de éstos y en el principio de especificidad. A pesar de la
diferencia en los detalles, el trabajo de Freud y Alexander respalda la teoría del
SMT. El concepto más importante es que los síntomas son el resultado de
fenómenos inconscientes, aunque esta idea es rechazada por algunos teóricos
contemporáneos.
Es interesante comparar y contrastar los principios más importantes de las
teorías de Alexander con la teoría del SMT:
1. Alexander creía que las características personales de formación temprana
desempeñaban un papel principal en la evolución de los síntomas
psicosomáticos. La teoría del SMT está en completo acuerdo con esto,
especialmente si esas características incluyen la necesidad de ser bueno y
perfecto.
2. Alexander pensaba que los acontecimientos o las circunstancias
estresantes de la vida activaban procesos emocionales en el inconsciente, y
que esto daba lugar a síntomas. Totalmente de acuerdo. Estos
acontecimientos generan rabia interna, ya que representan una presión
sobre el yo narcisista.
3. El grupo de Alexander atribuía la elección de órgano y síntoma a un factor
159
constitucionalmente determinado al que llamaron «X».
Basándose en las evidencias empíricas derivadas de la experiencia clínica
con muchos miles de pacientes, la teoría del SMT mantiene que el mismo estímulo
psicológico da lugar a síntomas que pueden desplazarse de un órgano a otro o de
un sistema a otro, sin que exista ninguna evidencia de determinantes genéticos,
bioquímicos o fisiológicos. Postula distintos grados de implicación fisiológica, con
el SMT y equivalentes representando las categorías menos graves, y el cáncer y
los trastornos cardiovasculares y autoinmunes, las más graves. Aunque es
probable que las emociones desempeñen un papel en la etiología de los
trastornos más graves, aún está por determinar cuál es exactamente ese papel.
Por qué el cerebro elige las partes del cuerpo y los síntomas que elige es un
asunto de gran interés. Uno sólo puede especular sobre este proceso dentro de la
categoría del SMT y equivalentes.
Edward Shorter, un historiador de la medicina, ha escrito muy
convincentemente sobre este tema y ha llegado a la conclusión de que la gente
escoge inconscientemente un trastorno que esté de moda y que sea considerado
un trastorno físico legítimo por la comunidad médica. Uno podría referirse a esto
como «contagio social». Estoy de acuerdo con su explicación de la elección del
síntoma.
Dos llamativos ejemplos son los dos tipos de trastornos que son responsables
de una gran proporción de la incapacidad debida al dolor en los Estados Unidos:
1. Toda la gama de síndromes dolorosos en la zona lumbar, el cuello, los
hombros y las extremidades —el SMT.
2. Los síndromes de lesión por estrés repetitivo (LER) que también forman
parte del SMT.
Estos dos grupos afectan a una enorme cantidad dé gente pero nunca son
diagnosticados como psicosomáticos. Los pacientes prefieren un diagnóstico
estructural y no psicológico, y los profesionales de una gran variedad de
disciplinas están dispuestos a complacerlos. El escenario es perfecto para una
epidemia.
Si un síntoma es tratado con éxito, como puede serlo la úlcera péptica
mediante el uso de poderosos agentes farmacológicos, la psique simplemente
buscará en otras partes. Esta es una observación muy común, y en la mayoría de
los casos la localización alternativa sigue dentro de la misma categoría. Por
ejemplo, la localización puede cambiar y es posible que el síntoma pase de un
dolor de estómago a uno de espalda, o de un dolor de cuello a uno de cabeza. Las
nuevas localizaciones dentro del SMT son frecuentes: por ejemplo, de la espalda
al cuello y del cuello a la rodilla o al hombro.
160
Creo que la elección de categoría, es decir, SMT y equivalentes, una
enfermedad autoinmune, un trastorno cardiovascular grave o un cáncer, puede
estar en función de la intensidad del estado emocional. Es posible que los estados
emocionales más intensos sean más reprimidos y que eso pueda ser un factor en
la elección de enfermedad.
Finalmente, he tenido muchos pacientes que han pasado de manifestaciones
psicosomáticas más graves a otras más benignas: de la bulimia o la anorexia
nerviosa al dolor de espalda, por ejemplo. Mi interpretación es que han mejorado
psicológicamente y ya no necesitan una maniobra de distracción tan poderosa.
Una vez más, la intensidad del estado psicológico es un factor en la elección del
síntoma.
Alexander fue más allá que Freud al sugerir que los síntomas vegetativos eran
el resultado de procesos conflictivos
y podían, por lo tanto, ser tratados mediante una terapia analítica.
La teoría y la práctica del SMT coinciden con Alexander y han demostrado que
estos síntomas son tratables. Mantienen que el conflicto principal se produce entre
el tiránico y despótico superego y el quejumbroso yo narcisista.
Heinz Kohut
Al ir más allá que Freud, tanto conceptual como históricamente, las teorías de
la psicogénesis y la psicosomatosis basadas en la experiencia con el SMT están
fundamentadas, en lo que respecta a su estructura, en los conceptos de psicología
del yo de Heinz Kohut, un destacado analista que publicó en la década de los
setenta y los ochenta.
Desde un comienzo estaba claro que ciertos rasgos de la personalidad tienen
un papel importante en la génesis de los trastornos psicosomáticos; se trata de las
compulsiones por ser perfecto o bueno que han sido inspiradas por el superego.
La pregunta era: ¿cuál es la conexión entre estos rasgos y los síntomas físicos?
La teoría de Kohut sobre la rabia narcisista cerró la brecha.
Kohut fue el creador de las bases teóricas de lo que se conoce como
psicología del yo. Una de las ideas fundamentales de su teoría es que existe un
proceso de desarrollo en la infancia en que el niño obtiene respuestas de su
madre (a la que se conoce como el objeto del yo en la jerga de la psicología del
yo) que son esenciales para su crecimiento y desarrollo normales. En óptimas
circunstancias, el yo del niño tiene experiencias en las que es admirado, elogiado
161
y valorado, llamadas reflejo del «yo grandioso». Experiencias tranquilizadoras
provenientes del sentimiento de haberse fusionado con la poderosa figura paterna,
unido a los reconfortantes sentimientos de similitud con la madre, contribuyen
adicionalmente al desarrollo de un yo saludable.
Kohut mantenía que la psicopatología estaba basada en «defectos de la
estructura del yo, en distorsiones del yo o en la debilidad del yo», y que éstos eran
el resultado de una incompatibilidad entre la madre y el niño (o la niña). La
contribución de la madre a esta incompatibilidad es evidente si presenta
problemas psicológicos pero también puede provenir de imperativos culturales o
sociales. Presumiblemente, la contribución del niño está basada en factores
genéticos.
El niño cuyas necesidades psicológicas no son atendidas adecuadamente se
convierte en un adulto con problemas, entre los cuales están los que conocemos
como trastornos de la personalidad narcisista, caracterizados por la rabia
narcisista.
Esta teoría representa una clara desviación del modelo clásico de
psicopatología, al sugerir que la rabia es el resultado de una deficiencia del yo. Por
lo tanto, según Kohut, la terapia debe estar diseñada para curar las heridas
narcisistas, por decirlo de algún modo, en lugar de confrontar al paciente con lo
que está sucediendo en el inconsciente; curar en lugar de revelar el conflicto.
¿Cómo se desarrolla esto en el adulto y, sobre todo, qué relación tiene con el
SMT?
Kohut teorizó que existe una línea separada de desarrollo para el narcisismo
que, adecuadamente alimentada durante la infancia y las siguientes etapas de la
vida, lleva a un yo adulto que es normalmente narcisista, maduro, integrado y
saludable. El estado patológico existe cuando el yo deficiente es herido fácilmente,
y se mantiene por lo tanto en un perpetuo estado de ira y rabia. La teoría de la
psicología del yo afirma que la rabia es un «producto de desintegración» posterior
a una herida narcisista y que los síntomas son una expresión física de la rabia.
La teoría del SMT ve la rabia como una reacción normal del niño residual en
cada uno de nosotros frente a una herida narcisista. Intelectualmente, nos
sentimos impulsados a encontrar una excusa lógica para la rabia, ya que se nos
hace difícil aceptar una reacción tan primitiva y excesiva ante la herida. Debemos
aceptar la rabia como algo normal para el niño residual que existe en nosotros.
La teoría del SMT necesitaba el concepto de la rabia narcisista para explicar
plenamente los trastornos psicosomáticos. Pero el modelo del SMT para la
psicosomatosis va más allá, sugiriendo que el narcisismo y la rabia narcisista son
universales. Esto está basado en la observación de que los síntomas
psicosomáticos son universales entre la gente normal de todas las edades y de
ambos sexos. De modo que razonamos hacia atrás, del soma a la psique. Si los
162
síntomas psicosomáticos existen para desviar la atención de la rabia inconsciente,
y todo el mundo tiene síntomas psicosomáticos, entonces todo el mundo debe de
albergar rabia inconsciente. Creo que esto es cierto y sugiero que la falta de
conocimientos sobre este hecho básico ayuda a explicar la epidemia de dolor y de
otros trastornos en la sociedad occidental.
Stanley Coen
Estoy en deuda con el psicoanalista de la Universidad de Columbia Stanley
Coen por su sugerencia de que los síntomas del SMT no son equivalentes de la
ansiedad, sino manifestaciones de un proceso de evitación. Esta idea fue de una
importancia crucial para conceptualizar el SMT, porque identificaba
simultáneamente el objetivo de la sintomatologia física, por un lado, y la razón de
por qué los pacientes eran «curados» por la terapia cognitiva-analítica, por el otro.
Los síntomas físicos distraían a los pacientes, desviando su atención de lo
psíquico a lo físico, y ayudando así al proceso de represión en su importante tarea
de evitar la exteriorización de la temida rabia. Mi programa desenmascaraba esta
operación encubierta, anulándola e inutilizándola. Al percatarse de la existencia de
la rabia inconsciente, los pacientes ya no necesitan una distracción. Esto nos lleva
a pregunta siguiente.
¿Puede el inconsciente hacerse consciente?
Éste es un asunto bastante importante, ya que afecta a la fisiología de los
trastornos psicosomáticos así como a la estrategia terapéutica.
Graeme Taylor
En su libro Psychosomatic Medicine and Contemporary Psychoanalysis
(Medicina psicosomática y psicoanálisis contemporáneo), Graeme Taylor, un
psicoanalista canadiense, afirma: «Hay indicios clínicos de que los sueños no son
instigados únicamente por la mente inconsciente. Si lo fueran, a medida que el
psicoanálisis o la terapia psicoanalítica ayudaran a hacer consciente el
163
inconsciente [la cursiva es mía], uno esperaría una reducción en el número de
sueños. Pero esta introspección no da como resultado un menor número de
sueños».
Aquí hay un error importante. La introspección psicoanalítica no hace
consciente al inconsciente, sino que nos permite tomar conciencia de la existencia
de emociones reprimidas. En los muchos años que llevo diagnosticando y tratando
los trastornos psicosomáticos inducidos por la rabia reprimida, sólo he conocido a
una persona cuyos sentimientos irrumpieron de golpe en la conciencia (véase el
caso de Helen). Los psicoterapeutas que trabajan conmigo me dicen que sólo han
visto este proceso ocasionalmente. Pero esto no quiere decir que ya hemos
dejado de reprimir los sentimientos. Los sentimientos poderosos y atemorizantes
se repiten constantemente y continúan acumulándose y siendo reprimidos.
Obviamente, la introspección no da como resultado una menor cantidad de
sueños porque no hace consciente al inconsciente. El proceso de la represión es
extremadamente eficaz; por eso los síntomas afectivos y psicosomáticos son
universales. Ellos significan el triunfo de la represión.
Esto no significa que las emociones reprimidas no estén intentando acceder a
la conciencia. Esto está en el corazón del proceso psicosomático. Este impulso
hacia la conciencia, la amenaza de que aquello que está reprimido saldrá a la luz y
será sentido y expresado conscientemente es lo que crea la necesidad de una
maniobra de distracción y, por lo tanto, de síntomas físicos o afectivos.
Lear ha descrito este impulso como «un anhelo de expresión» o «una
unificación de pensamiento y sentimiento». Lo hace en el contexto de si lo que
Freud y Breuer llamaron catarsis era realmente eso o más bien el intento de
unificar pensamiento y sentimiento, que Lear consideró algo psicodinámicamente
muy distinto. Asevera que no era la descarga de sentimientos, sino su
reconocimiento, lo que efectuaba la curación. Esto es precisamente lo que he
observado en la mayoría de los pacientes con SMT que he tratado con éxito.
Para la mayoría de los pacientes con SMT, el mero hecho de hacerles tomar
conciencia de que sus síntomas son inducidos psicológicamente y enumerar los
principales factores psicológicos implicados es suficiente para eliminar los
síntomas. Como he señalado antes, la experiencia consciente de sentimientos
fuertemente reprimidos es un fenómeno relativamente raro. La psicoterapia de
orientación analítica puede, después de un largo período de tiempo, llevar a los
pacientes a experimentar emociones previamente reprimidas, pero es posible que
existan múltiples líneas de defensa que eviten que esto ocurra.
164
Neurobiología, psicobiología y desregulación
Éste no es el lugar para una discusión exhaustiva sobre las teorías
alternativas de la psicomatosis. Sin embargo, vale la pena mencionar una de ellas,
ya que afecta a la validez de la teoría del SMT.
Taylor expresa sucintamente la base teórica del SMT: «El modelo
psicosomático tradicional de la enfermedad es uno en que las circunstancias
estresantes o los conflictos intrapsíquicos evocan ciertos estados mentales que
llevan a una fisiología alterada y finalmente a cambios patológicos en las
funciones corporales y en la estructura del cuerpo. Este modelo lineal presupone
que las respuestas fisiológicas y las respuestas psicológicas a las experiencias de
la vida están casualmente relacionadas e implican los mismos procesos
neurales». Luego pasa a rechazar este modelo en favor de uno nuevo.
El SMT sigue el modelo lineal. No necesita uno nuevo. Nuestro consistente
éxito terapéutico, basado primordialmente en la toma de conciencia y tal vez en
algún grado de empatía e interés por el paciente, es comparable al éxito de Freud
con sus pacientes de histeria. No veo la necesidad de teorías alternativas.
En el centro del nuevo modelo parece estar la idea de que los fenómenos
psicosociales y los estímulos externos pueden alterar el cuerpo directamente sin
necesitar hacerlo sólo a través de su impacto sobre la mente. A partir de esta idea
básica se ha construido una elaborada hipótesis usando la teoría general de
sistemas, el biofeedback, y los conceptos de autorregulación y desregulación para
explicar lo que ocurre en la salud y la enfermedad.
Taylor cita como ejemplo un estudio según el cual la longevidad de los
supervivientes masculinos a un infarto de miocardio era significativamente superior
en los hombres que tenían una buena vida social que en los que llevaban una vida
más aislada.
Sin embargo, yo no consigo ver en qué respalda esto al nuevo modelo. Sin
duda el viejo modelo aún no ha descubierto todos los detalles de cómo las
experiencias tanto positivas como negativas afectan a las funciones corporales,
pero tampoco lo ha hecho el nuevo. La experiencia del SMT proporciona una clara
descripción de cómo tiene lugar toda una serie de trastornos psicológicos, y no
necesita los conceptos de la desregulación psicobiológica para explicarlo.
Las nuevas teorías sugieren que hay procesos duales implicados, que los
fenómenos psicológicamente afirmativos pueden afectar a la mente y al cuerpo
simultáneamente o, por otro lado, que las personas maltratadas psicológicamente
durante la infancia tendrán ciertos defectos psíquicos al convertirse en adultos
pero también estarán «desreguladas» físicamente. Así es como concluyen que las
manifestaciones psicosomáticas son el resultado de un efecto directo sobre los
órganos afectados en lugar de por medio del cerebro.
165
Si esto fuera así, no habría forma de explicar los resultados terapéuticos de la
terapia para el SMT, porque la desaparición de los síntomas está mediada
directamente por el cerebro. La persona en cuestión toma conciencia —el dolor
desaparece.
El historial de uno de los propios pacientes de Taylor es especialmente
instructivo. Se trata de una mujer divorciada de cuarenta y dos años que
presentaba una serie de síntomas psicosomáticos. Ella se mantenía a sí misma,
tenía una difícil relación con una madre anciana y contaba con pocas amistades.
Taylor comenzó el tratamiento conductista pero le dijo a la mujer que sus síntomas
estaban relacionados con su madre. Él se describía a sí mismo como un objeto del
yo que estaba realizando una función reguladora. Cuando intentó terminar la
relación terapéutica, la paciente desarrolló una parálisis de Bell.
Mi interpretación de este caso es que la paciente estaba enfurecida al sentirse
atrapada en la relación con su madre, al no tener pareja (ya que era divorciada) y
al carecer de amigos. Taylor debe de ser un médico amable y ayudó, al aceptar
tratarla, a apaciguar la rabia que esta mujer sentía. Escogió técnicas de relajación
muscular pero le proporcionó a su paciente una visión introspectiva al decirle que
sus síntomas estaban relacionados con el conflicto interior que le producía la
relación con su madre. Es posible que la elección del método terapéutico no haya
tenido ninguna trascendencia. Lo importante era que la paciente sentía que este
comprensivo doctor estaba cuidando de ella, apaciguando su rabia y, de hecho,
proporcionándole toda la empatía y el apoyo del que hablaba Kohut. Y esto es lo
que hizo que sus síntomas disminuyeran.
¡Entonces el médico la abandona! Ese fue el golpe final. Su rabia aumentó
hasta un nivel «peligroso», es decir, hasta un nivel en que amenazaba con
escapar a la represión e irrumpir en la conciencia. Pero (le dice su inconsciente),
sería imperdonable enfadarse con este buen doctor que tanto la ha ayudado. Así
que la psique hizo lo que tenía que hacer para distraerla —creó una
mononeuropatía en el séptimo nervio craneal, seguramente mediante el
mecanismo psicosomático que caracteriza al SMT, es decir, isquemia local
mediada por el sistema autónomo—. La parálisis de Bell es una de las
mononeuropatías que enumero como posibles manifestaciones neurales del SMT.
El caso de la paciente de Taylor es un excelente ejemplo de cómo funciona el
proceso del SMT. También sugiere que no hay necesidad de hablar de una
«función reguladora», aunque se debería conservar la denominación de Kohut,
objeto del yo. Taylor no estaba «regulándola», sino proporcionándole información
y cuidando de ella.
Para resumir los factores psicodinámicos de la paciente de Taylor: una
concatenación de rasgos personales y circunstancias de la vida habían producido
una cantidad suficiente de rabia narcisista como para ordenar la creación de
síntomas físicos, los que tenía la primera vez que acudió a Taylor. El la trató, los
síntomas disminuyeron, y luego la abandonó.
166
Este caso confirma el valor terapéutico de ayudar a los pacientes a identificar
el origen de la rabia, un principio fundamental en el tratamiento del SMT. Taylor le
dijo a la paciente que el «conflicto» producido por la relación con su madre era el
responsable de los síntomas (todos los cuales eran típicos del SMT). También le
proporcionó una buena dosis de empatía, que en este caso puede haber sido el
ingrediente terapéutico más importante. Según mi experiencia clínica, la visión
introspectiva parece ser primordial, un hecho especialmente bien ilustrado por los
pacientes que se han «curado» al leer uno de mis libros.
Parece que la necesidad de ese nuevo modelo para las enfermedades
psicosomáticas mencionado por Taylor refleja por un lado el fracaso de la
medicina contemporánea para explicar y tratar con éxito los trastornos
psicosomáticos, y por otro una compulsión por unirse a las filas de lo que es
considerado «científico». A medida que el psicoanálisis comenzó a caer en
desgracia con los psiquiatras, dejó de ser la base teórica para la psicosomatosis y
se hizo necesaria una nueva teoría. Y, por supuesto, tenía que ser una que fuese
aceptable para las «ciencias duras». De ahí vienen los conceptos como «defectos
psíquicos estructurales» o los defectos neuroanatómicos postulados para la gente
a la que se le diagnostica alexitimia.
Este término ha sido aplicado a pacientes que no expresan verbalmente sus
sentimientos y que aparentan no reconocerlos siquiera. Nemiah, un estudiante de
medicina psicosomática, ha propuesto que éste es un trastorno separado y
distinto, y como he señalado antes, puede estar relacionado con defectos
estructurales del cerebro.
Estoy de acuerdo con McDougall en que el comportamiento observado en los
pacientes con alexitimia representa una defensa contra sentimientos
atemorizantes. Este comportamiento es bastante común entre los pacientes con
SMT a los que se les recomienda psicoterapia. Todos ellos presentan síntomas de
dolor físico, de modo que son típicamente psicosomáticos y no son conscientes,
tal como sugiere McDougall, de que sus problemas son de origen psíquico. Esto
indica un gran rechazo a ver las cosas por parte del paciente, un estado que no
justifica la creación de otro diagnóstico psicológico. Lesser y Lesser han advertido
en contra de dotar de existencia material a un concepto teórico como la alexitimia.
Uno no puede evitar pensar que los puros conceptos psicosomáticos
«lineales» nunca tuvieron oportunidad de desarrollarse. Alexander comenzó el
proceso pero nadie ha continuado su trabajo.
Trabajando bajo el complejo de inferioridad señalado anteriormente, y porque
han tenido que basar sus planteamientos en resultados empíricos en lugar de en
resultados de laboratorio, muchos psicoanalistas han aceptado ávidamente las
teorías que sonaban más «científicas». La teoría de la psicosomatosis presentada
en este libro no necesita usar conceptos derivados de la cibernética para explicar
la base teórica de sus diagnósticos y tratamientos. Además, su base teórica ha
sido puesta a prueba con éxito, de modo que debe de ser correcta.
167
El ámbito de las emociones y de la sintomatología inducida emocionalmente
sigue envuelto en un velo de misterio y probablemente seguirá así hasta que
sepamos cómo funciona básicamente el cerebro. Ni la física, ni la química, ni la
cibernética desentrañarán ese misterio. La solución puede requerir una nueva
epistemología. Hasta entonces debemos contentarnos con realizar cuidadosas
observaciones y tener la integridad científica para actuar en consecuencia.
168
INDICE
Prólogo
Introducción: una perspectiva histórica ........
Primera parte. La psicología y fisiología de los trastornos psicosomáticos
1. La psicología de los trastornos psicosomáticos:
Una historia de dos mentes.
2. La mecánica de los procesos psicosomáticos
Segunda parte.
psicosomáticos
Las
manifestaciones
físicas
de
los
trastornos
3. Introducción al Síndrome de Miositis Tensional:
manifestaciones en la zona lumbar y en las piernas
4. Manifestaciones en la parte alta de la espalda, el cuello, los hombros y
los brazos
5. Manifestaciones en los tendones
6. El dolor crónico y la enfermedad de Lyme
7. Los equivalentes del SMT
8.Trastornos en los que las emociones pueden desempeñar un papel
Tercera parte. El tratamiento de los trastornos psicosomáticos
9. El programa terapéutico: el poder del conocimiento
Apéndice: temas académicos
169
Descargar