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Cultura El Caribe, Enrique Blanco El Raso que encojono a Trujillo

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Cultura
elCaribe, SÁBADO 15 DE ENERO DE 2022
elcaribe.com.do
El derrumbe
de Anselmo
Paulino
Fortaleza
del destino
turístico de RD
El teatro en el
Santo Domingo
colonial
Pedro Conde Sturla presenta la sexta entrega
de su serie de artículos “El círculo del poder : El
derrumbe de Paulino”. P.4
El ingeniero Pedro Delgado Malagón continúa con
su serie de artículos titulada “Nuevos turistas: la
fortaleza vibrante del destino RD”. P.5
La investigadora Virginia Flores-Sasso relata
sobre las primeras presentaciones teatrales en la
ciudad de Santo Domingo. P.6
JOSÉ MERCADER
[email protected]
T
Enrique Blanco, el raso
que “encojonó” a Trujillo
El exmilitar era considerado como “amigo de los amigos”,
concepto que aprendió en los ranchos de tabaco
odavía hay gente que cree
que a Enrique Blanco lo mató Delfín. Pero ven acá… ¿Y
quién podía con ese hombre?
Nadie conocía mejor la tierra negra del arado que Enrique. Cada mañana tenía que atravesar los surcos que
peinaban conucos donde Genjo, su padre,
con los jarretes repletos de lodo, sembraba, una a una, las matitas de tabaco. Eran
las nueve en punto cuando Enriquito llegaba con el café en una botella chata de
ron, siete trozos de yuca y cuatro huevos
fritos en manteca de puerco. Ni Genjo ni
su hijo se distinguían en aquellas tierras.
Eran tan negros como el arado y como los
primeros viejos que se escondieron en Don
Pedro y Pontezuela huyéndole a los perros
y arcabuces de los colonizadores.
Ni Chingo, ni Churo, ni Chu, sus hermanos, tuvieron el espíritu tan fuñón como Enriquito. Por eso dejó el campo y se
enganchó en La Guaidia cuando se fueron
los americanos y Horacio Vásquez necesitaba reforzar su maquinaria represiva
pa’ poner en cintura al primero que se pasara de la raya y asegurarse su reelección.
Y desde que entró al cuartel se le notó
enseguida que “el greñú cibaeño” no era
fácil. Le apodaron “el cabo” y comía más
que una nigua. Hacía la fila tres veces hasta comer como “come un hombre”.
Para el 1932 ya tenía siete años con el
uniforme kaki y conocía la menéutica, con
su rutina y mañas. Ya sabía quienes eran
los adulones, los mañosos, los “jaraganes”,
los babosos, los allantosos, los hijoeputas,
los asesinos, los pendejos, los hijos de papi, los chivatos, los limpiasacos, los maricones y los que no servían pa’ na. Manejaba el Máuser y el 38 Smith and Wesson
con la misma puntería que tenía con la cuchara, que nunca fallaba al entrar en la boca, hasta con los ojos cerrados.
Era amigo de los amigos, un principio de protección y dignidad que aprendió en los ranchos de tabacos de Tamboril y Licey. Por eso tenía al raso Antonio en la mira cuando lo sorprendió
haciéndose el chulón con Venecia, una
mulata que ya él le había “tirao el ojo”
en un bar, por los lao del cementerio,
camino a Villa Mella.
CONTINÚA EN LA PÁGINA 3
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elCaribe,
SÁBADO 15 DE ENERO DE 2022
Cultura
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historia
de la medicina
salón
de la fauna
La medicina extranjera en
República Dominicana ( II )
S
eguimos con el
trabajo del bachiller Teodoro Díaz,
presentado en 1942
al doctor Heriberto
Pieter: “La medicina francesa se
seguía cadenciosamente y cuando un nuevo método auxiliar de
investigación y diagnóstico estaba en boga en Europa: el laboratorio, también aquí se proyectó la influencia de esta nueva arma de la
ciencia. El laboratorio auxilió a la clínica en Francia a partir del año de
1863 en que Jacomino fue enviado a
Alemania a estudiar las organizaciones médicas y de regreso a su patria elogió en su informe a los progresos y ventajas del laboratorio de Alemania. En
Santo Domingo la influencia del laboratorio se inició con los médicos dominicanos que se graduaron en París durante la década de 1890 a 1900.
La escuela norteamericana ha hecho
y está llamada a hacer grandes progresos; la medicina allí tiene su personalidad propia. Esa gran escuela nos queda
demasiado cerca y a ella debemos recurrir. Su influencia ha comenzado a reflejarse sobre nosotros. Se inició con la invasión americana a nuestro territorio en
el año de 1914; época que fue ocupado
militarmente nuestro país por las fuerzas Yanquis. Ellos higienizaron bastante nuestro país y dieron algunos pasos en
la modernización de nuestros hospitales. El primer dominicano graduado en
una universidad yanqui fue el Dr. Fanduiz, quien regresó a principio del actual
siglo; pero no ejerció influencia en nuestra medicina. A él han seguido otros profesionales que de regreso a nuestro terruño han traído consigo un girón del saber norteamericano. No solo con la llegada de estos médicos es que nuestros
profesionales se han puesto en contacto
con esa escuela, sino también mediante
la abundante literatura que junto con la
francesa nos llega continuamente.
Las otras escuelas médicas de Europa han influido muy poco sobre nosotros, casi nada. Para alguna de ellas la
influencia es nula. Si bien es verdad que
de aquí han ido a estudiar a Alemania,
Viena, Italia, Inglaterra, etcétera, pero
esos profesionales han sido poco numerosos y poco influyente sobre el de-
rrotero de las ideas y prácticas médicas dominicanas.
La mayor influencia, no se
escapa a nadie, ha sido y continúa siendo francesa, aunque últimamente la influencia norteamericana se está haciendo sentir cada vez más y al paso que va, no es
dudar, que, en un futuro, no muy
lejano, sea la escuela yanqui la que
prepondere entre nosotros. Sin ahondar mucho en disquisiciones se comprende a la ligera que en las escuelas
francesas y norteamericana prevalecen conceptos diferentes. En la escuela francesa prevalece por encima de todas las cosas el concepto clínico en el
establecimiento del diagnóstico. Prevalece en ella también el concepto funcional y no anatómico en la clasificación de
las enfermedades.
La prevalencia del concepto clínico en
el profesional francés hace que este siga
un método deductivo en cuando se refiere al establecimiento del diagnóstico
cuando se encuentra frente a otros medios físicos, químicos o bacteriológicos
a los cuáles tienen que recurrir para auxiliarse en el diagnóstico. No así procede el norteamericano: éste sigue por lo
general un método inductivo y edifica,
de acuerdo con esos datos, el diagnóstico que buscaba. El francés examina clínicamente al enfermo y luego si se hace
necesario, recurre a los otros medios de
investigación de acuerdo a lo que le dicte su conciencia de clínico; el norteamericano casi sistemáticamente recurre a
una serie de exámenes físicos, químicos
y bacteriológicos, dándole extrema importancia al resultado de estos exámenes. De manera que en ellos priva la disciplina laboratorio sobre el concepto clínico, y por último en cuanto a terapéutica también difieren, pues mientras el
francés aplica una terapéutica racional,
el norteamericano por lo general recurre
a la terapéutica estándar de la cual son
muy adictos. En nuestro país los mismos
conceptos de la escuela francesa son los
que rigen la conducta a seguir de nuestros médicos: es el fruto que han adquirido de tan sabia escuela”.
En nuestras investigaciones, las mayores influencias son de la medicina
española, la francesa y la norteamericana. l DR. HERBERT STERN
Novak
Djokovic
(DÉCIMA CIBAEÑA)
Djokovic no cree en vacuna
Y piensa quej un diosito
Maicriao y como leoncito
Viajó sin tenei ninguna
¡Engreío! Dijo Cunda
Devuéivanlo de inmediato
No gutó su show barato
Que caro ai fin resuitó
Y dique que ai fin ganó
Pa’ jugai frente a tre gato.
Se cumple otra ve la Ley
Que al Oro no se le aplica
Brilla tanto que saipica
Pue nunca debe peidei
E la fueisa de su sei
Que se impone donde quiera
Aunque no cuadra o hiera
Así e la vaina compay
Ete bicho va a jugai
Aunque ei que lo vea muera.
l JOSÉ MERCADER
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Trujillo ofreció mil pesos por Enrique
<VIENE DE LA PORTADA
Antonio, que era un avivato, le hacía jugadas sucias para que en los
días libres a Enrique lo dejaran
acuartelao y no pudiera ver a su Venecia.
El día que Enriquito se dio cuenta de la
traición de Antonio le dio un culatazo que
le puso la cara como un retrato de Picasso
y el patio, debajo de la bandera, se llenó de
curiosos.
Le costó al “cabo”, a partir de ahí, ocuparse de algunos casos pendientes con algunos horacistas que había que quitar del
medio. Hasta ahí llegó Enrique Blanco. Salió a las cinco de la mañana en su rucio y
llegó a las once de la noche a su casa. Su
fuga lo trasladó hasta su campo y se convirtió en un horacista más que había que
cazar.
Ya en el Cibao se sabía que La Guardia
andaba atrás de él y él también.
Discretamente entró, una prima noche
de luna, en la pulpería de Alfredo, un compadre de don Genjo. Pidió pan, queso blanco, ron Caballito, fósforos y unos cuantos
pachuchés. Alfredo Cruz envolvía y despachaba el pedido con la lentitud de una
baboza en el verano y “sin que Enrique se
diera cuenta” le ordenó a su hijo, en la parte atrás, que avisara a Pedro Pérez, el alcalde pedáneo. Alfredo le ponía conversación de una manera sospechosa para retener al joven prófugo. Como a eso de las
ocho de la noche, el “chicharreo” de los grillos se calló y surgió, desde atrás de la mata de jobo de la entrada de la pulpería, una
voz que gritaba:
-Enrique, sabemo que tu tahí. Entriéguese y no le va a pasai na. Los ocho acompañantes del alcalde se apretujaron detrás
del jobo, puñal en mano. De repente se oyó
un tiro en la pulpería.
-Si utede tienen loj caisone bien pueto,
vengan a bucaime. Pero nadie oyó lo que
dijo. La patrulla había salido juyendo con
el estruendo del balazo de Enrique Blanco. A Alfredo le dio una churria instantánea que no pudo contener. Enriquito metió en su macuto, tejido con hoja de cana,
la mercancía del mostrador y se perdió en
la noche pitando un corrido mexicano.
En otra ocasión lo chivatearon… que lo
habían visto entrar en el rancho del conuco de los Almánzar por la carreterita de los
Hernández. Memecio el alcalde buscó a
dos guardias al cuartel de Tamboril, donde ahora vive Democles, y cuando se acercó al rancho, una bala zumbó frente a su
frente. Fue lo último que oyó en su miserable vida. Los guardias tiraron las carabinas que pesaban más que ellos y se espantaron como guineas de cacería.
Cuando se topó con Ramón Mota, un
amigo de infancia, ya este había recibido
su lavado cerebral en su crecimiento y era
otro. Ya no era agricultor. Como chofer se
ganaba la vida y ejercía su adulonería como una profesión lucrativa. La Policía se
beneficiaba de sus servicios que él ofrecía
“gratis” pero a cambio de que le dejaran
pasar sus abusos, como jodiendas de sus
adversarios. Enrique se la llevó, por esa astucia que siempre le fue fiel. Al encuentro
acordado, Mon Cigarro llevaba cinco policías armados hasta los dientes y muelas.
Tipos de armas como las usadas por Enrique Blanco.ARCHIVO
Rafael Leónidas Trujillo Molina.
Horacio Vásquez.
Un solo tiro, en la misma ruta de las cucharas de moro que tanto le gustaba, dejó
a Mon tieso en un charco de sangre, cuyas
salpicaduras no tuvieron tiempo de alcanzar al resto de la pandilla.
Después que el sargento Teodoberto
Castro se cansó de perseguirlo por todas
las jurunelas de Gaspar Hernández, se descuidó y una noche oscura, de cocuyos y
chicharras, se detuvo con su pequeña tropa a orillas del Camú. Allí juntaron leña y
con tres piedras hicieron un fogón para el
café. El único que fumaba era Teodoberto que oía los cuentos mal contados de Juan
Bobo y Pedro Animal cuando el raso Perucho, desdientao y bizco, se reía más que
lo que contaba. Una bala frontal le apagó
el cigarro al sargento. El resto saltó a sus
caballos y, al pelo, llegaron hasta el cuartel. Desde la Capital llegó el aviso que se
regó como rio de aguacero. Trujillo ofrecía dos mil caña por Enrique Blanco más
el rango de teniente a cualquiera, civil o
militar, que “terminara con el relajo”.
Las guaimamas que calzaba Enriquito
se desclavaron y por más amarres que les
dio, tuvo que botarlas. Todavía le quedaban cachazas de cuando recorría descalzo
los surcos y las espinas de cambrones se
rompían sin lastimarlo.
La Guardia de la Fortaleza San Luis
mandó a buscar un brujo a Montecristi que
decía que lo agarraba. Le dieron lo que pidió: diez caballos negros y diez guardias de
los mejores. Los vistieron de blanco y salieron como jinetes apocalípticos detrás
de Enrique.
Enrique visitaba a Domitila en el callejón de los Amaro de Guazumal para comerse, a escondida, un buen chambre de
frijoles verdes con carne de puerco, dor-
mía en un rancho del platanal de Panchito Polanco y en los de Mario Hernández
por los laos de Porfirio Almánzar. Una noche que quiso visitar los suyos, olió la emboscada del brujo montecristeño, dio una
vuelta por detrás de la escuela de Cheíta y
se acostó detrás de unos arbustos de “zapatico”. Metió la mano con su revolver y
cuando el brujo se encontraba a unos 40
metros de su matorral, apretó el gatillo y
el farsante de turbante rojo se fue hacia
atrás con los brazos en cruz. Los guardias
que le seguían dieron media vuelta y no
dejaron el polvazo por una jarina que había caído en la tardecita, pero desaparecieron como si fuese el último acto de magia
del cabecilla de la patrulla disfrazá.
En octubre de 1936 supo que habían
matado a Ramón Eugenio y a Jesús María, dos de sus hermanos y la rabia lo cegó.
Determinó que nunca se entregaría. Días
más tarde apareció baleado el raso Julio
Antonio alias Chingo con varios balazos.
Lo habían amarrado en un bejucal del patio de la familia Gutiérrez. Chingo se había enganchao a La Guardia y estaba de
puesto en Pedernales. El coronel Joaquín
Cocco, hijo, pidió su traslado para Santiago y le ordenó la persecución y muerte de
Enrique Blanco. Chingo se negó a matar a
su propio hermano. Le quedaba suficiente dignidad y coraje para no cometer un
acto vil, repugnante y traicionero. A finales de octubre supo Enriquito del asesinato de su padre. Se sintió sin amparo y solo, en este mundo cruel y sin sentido.
El 24 de noviembre de 1936, justo cuanto Trujillo andaba pa’rriba y pa’bajo en sus
afanes reeleccionistas, recibió la noticia
en el Centro de Recreo que “el hombre taba cogío”. Eso le dio más fuerza para felicitar a Tomás Morel quien había leído, segundos antes, su apoteósico poema sobre
Santiago y su renacer en el progreso y la
fuerza campesina de su Cibao.
Enrique Blanco mató al raso Tulín, el
Burro, cuando pasaba por una cañada del
río en El Aguacate. El guardia se parecía
como dos gotas de petróleo a Enriquito
quien tuvo la idea de cambiarle, en su cartera, el carnet de militar. También cambió
de remúa. Cuando se disponía a montarse en el mulo del muerto apareció Delfín
Álvarez, un campesino joven que se puso
blanco como una garza al descubrir sin
querer la escena del crimen y con Enrique
con cara relajada y sonreído, vestido con
el uniforme de Tulín. Delfín le pidió: “no
me mate que tengo un hijo pequeño”.
Enriquito tiró par de chuipes con los labios al tiempo que negaba con la cabeza.
Sacó el revolver del guardia, tiró un tiro
pa’rriba y lo agarró por el cañón para dárselo al asustado joven.
-Ve donde el aicaide y dile que Enrique
Blanco taba duimiendo y que tu le dite un
tiro con su propio jierro. Ello te van a dai
do mil peso oro y te van a enganchai como
teniente a la guaidia. Ve y hate ei guapo.
Enrique Blanco cogió el camino hacia
el oeste, vigilado por el Diego de Ocampo, hasta llegar, cerca de la madrugada,
al poblado de Hincha. Nunca más se supo de él. Cuando vio la foto de Tulín exhibido por La Guardia, se sonrió, sin que
nadie lo viera. l
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elCaribe,
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El círculo del poder (6):
El derrumbe de Paulino
PEDRO CONDE STURLA
[email protected]
P
aulino no lo podía creer,
estaba claro que no lo
podía creer. El querido
Jefe lo había invitado,
le había pedido que se
pusiera su elegante uniforme de mayor general provisional, le
había dicho que fuera a las siete en punto, lo había tratado con deferencia, habían conversado, habían pasado un tiempo juntos y en ningún momento el querido Jefe le había dado una señal, una
muestra de disgusto, se habían separado amigablemente y habían quedado en
verse al día siguiente y ahora no era nadie, peor que nadie: se había convertido en el enemigo público número uno
del país.
Escuchaba a la distancia, como algo
ajeno que no tenía nada que ver con él,
aquellas cosas que en la radio estaban diciendo de un tal Paulino que le resultaba
extraño, que no era el Paulino que conocía. Empezó a sentir, poco a poco, la insoportable levedad del ser o, mejor dicho,
la insoportable levedad del no ser en carne propia, en toda la mucha carne que le
era propia.
Le pareció que iba a perder el control
de su cuerpo, que estaba levitando como un globo y que estaba a punto de desinflarse. Una extraña sensación lo invadió. Se sentía cosas raras y sin sentido,
se sentía absurdo, se sentía inmaterial
y como fuera de sí mismo, perdido como en el vacío.
Además, algo por allá abajo estaba
demasiado apretado, algo en las tripas
se estaba aflojando demasiado. Apresuraría el paso para llegar al automóvil.
De alguna manera, casi sin darse cuenta, conseguiría regresar a su casa. La
casa que ya no sería suya. Por todas parte se escuchaba claramente la vocinglería de la radio hablando del tal Paulino
que le resultaba extraño. Pensó en cómo estarían gozando y celebrando sus
enemigos.
Supuestamente fue Miguel Ángel Báez
Díaz (uno de los cercanos colaboradores
de la bestia que terminaría formando parte del complot para darle muerte), quien
le llevó a Paulino la infausta noticia de
su caída en desgracia.
Cuenta Reynaldo R. Espinal —con mucho lujo de detalles— que Miguel Ángel
Báez Díaz había regresado cansado de su
finca de Yamasá, que se tomaba unos tragos de whisky, cuya marca no identifica,
que quedaba de Paulino, si acaso quedaba algo.
Pero en el malecón, sentado junto a la
bestia, estaba el general Paulino con su
uniforme de militar. El jefe parecía cordial, extrañamente cordial, incluso jovial
y cordial, con Paulino y todos los integrantes de su séquito. Paulino lucía tranquilo, contento, completamente en ayunas de noticias. Creía que todavía era gente. Hasta que Báez Díaz le dio la noticia,
después de que todos los demás se habían retirado.
—Se salieron con la suya —dijo un lacónico Paulino a Báez Díaz—, por eso el
jefe me dijo que estuviera esperándolo a
las siete y media aquí en la avenida y uniformado de general”. (1)
De acuerdo con la versión de Crassweller todo lo anterior puede haber sucedido de otra manera, aunque los resultados
seguirían siendo los mismos. Fue un ayudante de Paulino el que se precipitó a comunicarle la noticia en su oficina palaciega. No estaba, pues, en el malecón. Estaba en su oficina el día de la caída, pero
igualmente cayó.
Su reacción, al recibir la noticia—como ya se ha dicho y sugerido—, fue de incredulidad, de sorpresa, de espanto. Eso
no podía ser. Paulino había estado almorzando con el querido Jefe unos minutos
antes. El jefe no podía haberlo invitado a
almorzar y mandarlo al carajo al mismo
tiempo sin manifestar la menor muestra
de enojo ni resentimiento. Pero era exactamente lo que había hecho.
Así terminó la carrera y comenzó el
via crucis de la persona que Eduardo Sánchez Cabral definió en términos muy precisos como “…el dominicano en quien
más poder delegó Trujillo. El que sin ser
un intelectual dictó normas a hombres
de leyes y a hombres de pensamiento. El
que sin tener rango ni carrera militar influyó en los militares. El que sin ser economista, administró con eficacia todo un
imperio económico. El que tras una relampagueante carrera política concluye
en el ostracismo y sólo por un milagro se
salva de las iras del dictador…Anselmo,
solo, realizaba para Trujillo las tareas que
hubieran precisado de muchos otros hombres, tenía una memoria fotográfica y su
propio y eficiente servicio de información; era espléndido y el funcionario mejor informado del régimen, sus informaciones las ponía todas, contrario a Fouché, al servicio de su jefe.” (2) l
(Historia criminal del trujillato [70])
Bibliografía:
Robert D. Crassweller, “The life and times
of a caribbean dictator.
en la terraza de su hogar y en compañía
del arquitecto Antonio Ocaña y que escuchó la noticia en su radio transoceánico marca Zenith. El radio transoceánico
decía que al segundo hombre fuerte del
país, Anselmo Paulino Álvarez, se le estaban cancelando todos los nombramientos, todos los decretos civiles y militares
expedidos a su favor. Cancelaciones sobre cancelaciones que hacían suponer
que hasta el propio Paulino Álvarez podía ser eventualmente y a su debido tiempo igualmente cancelado.
Después vendrían los oprobios, una
larga lista de oprobios, los insultos al gra-
nel las acusaciones de malversación de
fondos públicos, acusaciones de haber
recibido comisiones de contratistas de
obras públicas y muchas cosas peores
que hundirían a Paulino en el abismo de
la degradación y la humillación.
Miguel Ángel Báez Díaz —cuenta Reynaldo R. Espinal— no pensaba acompañar esa noche al querido Jefe en su cotidiana caminata nocturna, pero cambió de idea al escuchar las noticias, se
vistió elegantemente, como era de rigor,
y salió para el malecón, rumbo a la playa de Güibia, donde terminaba habitualmente la caminata nocturna, para ver lo
Nota
(1) Anselmo Paulino Álvarez: Ascenso y
caída del principal valido de Trujillo (1-2)
Reynaldo R. Espinal
https://acento.com.do/opinion/anselmopaulino-alvarez-ascenso-y-caida-delprincipal-valido-de-trujillo-1-2-9005349.
html
(2) Ibid.
https://nuevotallerdeletras.blogspot.com/
Amazon.com: Pedro Conde Sturla: Books,
Biography, Blog, Audiobooks, Kindle
http://www.amazon.com/-/e/B01E60S6Z0.
elCaribe,
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Apuntes de infraestructura
Nuevos turistas: la fuerza
vibrante del destino RD (2)
PEDRO DELGADO MALAGÓN
[email protected]
«Un hombre que pueda encontrar una
falta con este clima
encontraría un fallo en el paraíso».
J. Dennis HARRIS
(Expresión, hace un siglo,
de un viajero ante Puerto Plata).
L
os esfuerzos por captar
una clientela turística de
alta categoría comienzan
a dar sus resultados. Florecen ya en el país recintos e instalaciones que satisfacen el más riguroso estándar mundial de calidad. Los innumerables y soberbios hoteles de lujo levantados en el
enclave Punta Cana-Bávaro, las Casas
del XVI en la Ciudad Colonial, junto a los
espacios fastuosos de Casa de Campo,
Amanera Resort y Punta Arena proponen el ejemplo a seguir. Tales cambios se
realizan como parte de una transformación gradual del modelo ‘todo incluido’
hacia un esquema turístico de rango premium, generador de elevados ingresos y
con muy alto valor añadido.
Es obvio, además, que el rápido crecimiento de los flujos de visitantes nos obliga, en el futuro inmediato, a moderar la
presión humana sobre los espacios turísticos proyectados. La maniobra ha de consistir, de esta suerte, en orientar la oferta
hacia segmentos que permitan elevar paulatinamente el ingreso monetario, a la vez
que propiciar instalaciones de baja densidad, con una carga habitacional moderada y respetuosas del medio ambiente. Esa
práctica, como se ve, registra ya un franco
crecimiento.
El turismo gastronómico
La culinaria del país germinó, hace siglos,
como un gaje de encuentros y desencuentros, de desplazamientos y contingencias.
Durante largo tiempo, la escasez apremió
una gesta del instinto y la prudencia. Era
la cocina del ‘conuco’: intuitiva, sobria, desnuda de regustos señoriales. Las migraciones traen a esta tierra, luego, un arco iris
de sazones y fragancias. Y en el vetusto fogón hierven ahora, junto a la sapiencia nativa, las más ocultas notaciones europeas
y africanas, del cercano oriente y del firmamento asiático. Así, en las calles de Santo Domingo, en los hoteles de Punta CanaBávaro, en Puerto Plata o Las Terrenas podrá el viajero saborear una langosta a la
thermidor, un pescado ‘al coco’, un sirloin
steak a la pimienta, un sancocho de ‘siete
carnes’, una paella valenciana o el mejor
fetuccini alla puttanesca que podría conseguir en Nápoles. Si tal vez lo incitan las
intrépidas hazañas culinarias, aquellas
proezas surrealistas de la ‘cocina de autor’,
no faltaba más, aquí las tiene: Merluza con
alioli de azafrán, Brazo de gitano ‘carnívoro’, Solomillo de lenguado, Sorbet de fromage de tête…
El auge internacional de la gastronomía dominicana está ahora en manos de
figuras señeras de ese arte. Como, por ejemplo, María Marte: una chef nacional, antes
a la cabeza del Club Allard de Madrid (con
dos estrellas Michelin), quien recibiera el
Premio Nacional de Gastronomía 2015 al
Mejor Jefe de Cocina de España. Ella dice: “Para que la gastronomía del país se posicione hay que hacer que los productos
criollos tengan más protagonismo. No es
renunciar a los platos tradicionales, sino
que se utilice la imaginación. Nuestra tierra es rica, tenemos ingredientes y frutas
tropicales que son una bendición y debemos sacarles partido”.
Las luces del futuro alumbran ahora
la escena. Por decisión conjunta de la
Academia Iberoamericana de Gastronomía y la Real Academia Española de Gastronomía se otorga a la ciudad de Santo
Domingo el título de “Capital de la Cultura Gastronómica del Caribe”. María
Marte inicia la colaboración para crear
una escuela de alta culinaria que funcionará en el país dentro de poco. La Academia Dominicana de Gastronomía, cuyo propósito es investigar, divulgar, promover y proteger las cocinas y actividades gastronómicas dominicanas,
despliega esfuerzos en una dirección similar. Son de óptima calidad los géneros
y productos nacionales de la ganadería,
la avicultura, la pesca, la agroindustria y
la agricultura. Y es también la época en
que se instala en el país un puñado de cocineros con destrezas inusuales, dignas
de verdaderos creadores del género.
La “Chef Tita” (Inés Páez Nin), con
estudios universitarios en Hostelería,
Turismo y Artes Culinarias, es promotora de la “Nueva Cocina Dominicana” a
través de la reinvención en el empleo de
los géneros y productos locales. Ha indagado en las cocinas europeas, asiáticas y
afrocaribeña. Chef ejecutiva y propietaria del restaurante Travesías, ofrece un
menú inspirado en los platos tradicionales de la República Dominicana.
Erik Malmsten nació en Suecia, de padre sueco y madre dominicana. Vive en
Santo Domingo hace más de 10 años. Fue
premiado en los certámenes de gastronomía para jóvenes cocineros que auspiciaba el egregio chef francés Paul Bocuse, uno
de los mentores de la nouvelle cuisine. Dirige en la actualidad el restaurant O’Livia
y la trattoria Francesco. Su cocina es ima-
ginativa, deleitosa, con señales de tenue
exotismo.
El chef Martín Omar (Martín Omar
González Mayí) regresó de España hace
cuatro años y dirige hoy el restaurant “Dos
Mundos” del hotel Hodelpa Nicolás de
Ovando. En su alforja traía el lema que
aprendió de un escritor ibérico: “La gastronomía de un país es su paisaje dentro
de una cazuela”. Él expresa ahora: “Me he
dedicado a hacer que el dominicano, cuando se ponga la cuchara en la boca, descubra que hay algo suyo dentro de esa cucharada, en los ingredientes o en mezclas que
a lo mejor no se le hubieran ocurrido”.
Ciro Casola, italiano con treinta años
en el país y quien fuera chef del insuperable restaurante Fellini, constituye una de
las figuras de mayor prestigio en el ambiente gastronómico nacional. Ante el reconocimiento de Santo Domingo como
“Capital de la Cultura Gastronómica del
Caribe”, Ciro expresó: “República Dominicana goza de una gastronomía exquisita, pero no se le estaba dando la importancia que se merece. Ahora se valora más y
se están dedicando los esfuerzos para resaltarla al nivel que corresponde”.
En realidad, no parecería un sueño el
imaginar la culinaria nacional convertida,
al doblar de la esquina, en otro emblema
de nuestra hospitalidad turística. No habrá trayectos insalvables, por supuesto,
cuando la voluntad y la ilusión avanzan
también, como el país todo, a velocidad de
crucero.
El turismo en brazos de la naturaleza
La República Dominicana mantiene 128
5
áreas protegidas, terrestres y marítimas.
Las unidades de protección cubren 12,442
kilómetros cuadrados, 26% del suelo nacional, y 45,904 kilómetros cuadrados de
sus aguas territoriales. Existen 12 áreas de
protección estricta (reservas científicas,
santuarios de mamíferos marinos y reservas biológicas), 31 parques nacionales (terrestres y submarinos), 31 monumentos
naturales, 22 áreas de manejo de hábitat y
especies, 15 reservas forestales y 17 paisajes protegidos (vías panorámicas, áreas naturales de recreo y corredores ecológicos).
El ministerio de Medio Ambiente registró
1.84 millones de visitantes a las áreas protegidas en el año 2017. Causa sorpresa, no
cabe duda, que alrededor de 1.40 millones
de los visitantes fueran extranjeros, esto
es, más de 20% del total de los turistas que
ingresaron al país en ese año.
La conservación ambiental gana adeptos cada día. La defensa ecológica, ante el
quiebre climático de grandes espacios del
planeta, se alza a la manera de un predicamento religioso. Así, millones de personas
transitan, en éxtasis, por los bosques y senderos intocados. Se sumergen, con intención cuasi sacramental, en los charcos y
corrientes de aguas claras. El asombro ante un pajarillo desconocido (o una mariposa multicolor) desata luminosas e inéditas emociones. Acaso sea el reencuentro
del ser humano con un mundo que inexorablemente cambia ante sus ojos. La riqueza y diversidad de la naturaleza dominicana (y su estado de conservación, por supuesto) abren un anchuroso espacio: altas
montañas, reservas forestales, santuarios
de mamíferos marinos, corredores ecológicos. He ahí el escenario disponible que
ofrece el país a la multitud de devotos de
la protección del medio ambiente.
¿Y qué hacer con los millennials, esos
mozalbetes que se hicieron adultos después del año 2000 y encarnan el alegato
crítico de la modernidad? Aman la tecnología, su herramienta natural: el internet,
el teléfono móvil, las redes sociales. Están
descontentos y son incrédulos. Confían
menos en las personas que las generaciones anteriores. Se declaran independientes y forman una colectividad, a ratos, desencantada. Se preocupan por la salud. Poseen un nivel educativo superior, si se compara con el de sus ancestros. Se conducen
con un cierto inmediatismo existencial.
Aman la acción y la competencia. Disipan
energías en deportes de alto riesgo. Montean a pie, en motocicleta o un todoterreno. Colgados de una catenaria, cruzan de
una montaña a otra. En grupos, se lanzan
aguas abajo en un bote. Brincan y retozan
entre las rocas y burbujas de un torrente.
Son los turistas de la adrenalina. Las montañas y ríos de Jarabacoa parecen hechos
para ellos. Más de 200 habitaciones de costo medio están disponibles para alojarlos.
Cerca de 20 restaurantes, cafés y pizzerías
les brindarán servicio en la ciudad. Llenemos de millennials a Jarabacoa. Hagámoslos descubrir los ríos y senderos de la Cordillera Central. Que también conozcan
Constanza, Jánico y San José de las Matas. No lo olviden: representan hoy una tercera parte de la población mundial. l
___________________________________________________
El texto y las ilustraciones de este artículo
proceden del libro “Turismo dominicano: 30
años a velocidad de crucero”, publicación
institucional del Banco Popular Dominicano
en 2018.
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elCaribe,
SÁBADO 15 DE ENERO DE 2022
Cultura
elcaribe.com.do
La representación teatral en
el Santo Domingo colonial
Tablado callejero en Alcalá de Henares.
Teatro ambulante, Francisco de Goya (1793).
VIRGINIA FLORES-SASSO, PHD,
MARCH, BARCH.
DOCTORA EN ARQUITECTURA, INVESTIGADORA Y
DOCENTE DEL CENTRO DE ESTUDIOS CARIBEÑOS.
PUCMM
[email protected]
E
l concepto de teatro es muy
amplio pues está relacionado a la actuación y la representación, que tiene una base literaria, un guión o un
argumento escrito por alguien para ser
representado ante un público. El teatro
se desarrolló a partir de las festividades
llevadas al archipiélago de Las Antillas de
mano de los colonizadores españoles que
lo utilizan como una herramienta de entretenimiento, de propagación de ideas y
de propaganda monárquica.
Las primeras manifestaciones teatrales en las islas del Caribe surgen a principios del siglo XVI, al igual que nacen los
primeros literatos y poetas criollos. Tal
como señala Pedro Henríquez Ureña, en
su libro “La cultura y las letras coloniales
en Santo Domingo” publicado en 1936, “el
gran número de hombres ilustrados que
la ciudad de Santo Domingo albergó en el
siglo XVI preparó el ambiente para la aparición de escritores nativos”. Pero no solo fueron hombres, pues la isla de Santo
Domingo tiene el privilegio de que en sus
tierras naciera la primera mujer poetisa
en el Nuevo Mundo. Se trata de doña Leonor de Ovando, priora del convento femenino Regina Angelorum, quien escribió
cinco sonetos y unos versos, y redactó cartas muy interesantes, que son hoy objetos de estudios. Esta poetisa, de padres
extremeños nació en la ciudad de Santo
Domingo en el siglo XVI. Otra poetisa que
nació en Santo Domingo fue doña Elvira
de Mendoza, quien junto a su esposo Eugenio de Salazar escribió “Cantares de
Santo Domingo”.
También se destacaron por su literatura Juan de Guzmán, Francisco de Liendo, el padre Diego Ramírez, fray Alonso
Pacheco, Cristóbal de Llerenas y fray Alonso de Espinosa, así como el abogado Francisco de Tostado de la Peña, autor del primer soneto conocido en el Nuevo Mundo, titulado “Heroico ingenio del sutil Tostado’’, entre otros. Además, algunos
españoles se inspiraron y escribieron des-
Dia de Reyes en La Habana, Victor Patricio Landaluze (siglo XIX).
de tierras caribeñas como el mercedario
Gabriel de Téllez o mejor conocido por su
seudónimo Tirso de Molina, dramaturgo,
poeta y narrador, y que escribió, entre
otras, “El burlador de Sevilla”, obra que se
dice está inspirada en la vida amorosa de
don Luis Colón. También, el sacerdote
Juan de Castellano que estuvo por varias
islas del Caribe, escribió “Elegía de varones ilustres de Indias” (1570), de 113.609
versos endecasílabos en tres octavas reales, considerado el poema más extenso, y
el “Discurso del Capitán Francisco Drake”,
entre otros. Casi todas estas obras se representaban, por eso en ese momento, el
teatro y la dramatización eran un recurso muy utilizado.
La iglesia, también aprovechó los recursos escénicos y dramáticos, para divulgar la liturgia, el mensaje bíblico, la historia de Cristo, de los santos, de la virgen, así
como los valores del cristianismo. Por lo
general, en las iglesias se representaba la
Epifanía, el día de Pentecostés, la visita al
sepulcro, la Pasión de Cristo, Corpus Christi, Imposición del cíngulo de la castidad a
Santo Tomás de Aquino y las fiestas de
Nuestra Señora, entre otros. Las efemérides religiosas se extendían para dar paso
a presentaciones teatrales. Tal es el caso
de la fiesta en honor a la Nuestra Señora
de las Mercedes, donde todas las noches
hay saraos y danzas en la iglesia a la manera de los seises sevillanos, con danzas
de “hombres y mujeres cubiertas, con mucha gala y bizarría”.
Asimismo, en las universidades y los
colegios mayores, también se realizaban
representaciones dramáticas como ejercicio literario donde los estudiantes se convertían en actores de las comedias, tragedias, entremeses y otros actos que se representaban. Esta actividad estaba regu-
lada en sus estatutos. En la Universidad
de Santiago de la Paz y de Gorjón, fundada en Santo Domingo en 1558, al momento de promulgar su constitución el 25 de
mayo de 1583, en el artículo 34 dispone
que se debe hacer una representación anual
de una comedia o tragedia en latín con algunos entremeses en romance de cosas
que no sean torpes, y que para los gastos y
premios a los mejores actores de esta actividad se destinaban 300 reales.
En un principio las representaciones
se realizaban en el interior de la iglesia, pero en la segunda mitad el siglo XVI surge
la representación teatral autónoma totalmente ajena a las ceremonias religiosas,
se deja de usar el interior de las iglesias como espacio de teatro y se comienzan a realizar las representaciones en los pórticos,
el atrio y las plazas contiguas a las iglesias.
Estas representaciones dentro y fuera del
templo, vinculadas o no a la fiesta litúrgica y civil, traen cierta discrepancia en la
población colonial, llegando a ser consideradas por los moralistas como demasiadas
jocosas, indignas y hasta vulgares. En ese
momento se comenzó a utilizar un lenguaje más sencillo, incluso vernáculo, vestimentas con mayor libertad de diseños, bailes más llamativos, el uso de carros y otros
elementos escenográficos. El teatro se convirtió en el evento social más importante
de las colonias y muchos dejaban de hacer
sus labores para ensayar y participar. En
Santo Domingo para la fiesta del cíngulo
de santo Tomas, se cierran las aulas y los
estudiantes invaden la ciudad.
Por esta razón, las críticas y acusaciones al teatro surgieron de inmediato. Por
ejemplo, el 23 de junio de 1588, Cristóbal
de Llerena representó en las gradas de la
catedral de Santo Domingo un entremés,
cuyo contenido fue criticado a tal punto
que el autor fue suspendido de sus tareas
como docente y se le impuso varios meses
de prisión. Otro evento sucedió en 1740,
también en el atrio de la catedral, cuando
un grupo de clérigos actores presentaron
la noche de Navidad y en ese momento el
espectáculo fue criticado por tener “entremeses profanos e indecentes”, causando
un escándalo en la sociedad del momento. Asimismo, en 1663, el arzobispo de Santo Domingo, Francisco de la Cueva y Maldonado, se molestó porque las comedias
que encargó a los estudiantes universitarios por motivo de las fiestas del Rosario
provocaron que reprobaran una asignatura ya que dedicaban “más de dos meses a
los ensayos, faltando a sus estudios”. Por
tal motivo prohibió “so pena de excomunión,” la intervención activa de los estudiantes en el teatro.
Las viviendas de los principales también era escenario para el teatro y la excusa para visitarse unos a otros y relacionarse. Asimismo, en el palacio del gobernador
se realizaban obras religiosas y comedias
populares que gustaban mucho. Pero, en
1771, en plena Ilustración, el gobernador
y capitán general de Santo Domingo don
José Solano y Bote y su esposa doña Rafaela Ortiz, quisieron cambiar esta costumbre por funciones teatrales realizadas
por jóvenes actores con invitados selectos
prohibiendo la entrada al pueblo. Esto causó mucha molestia en la sociedad a tal punto que la queja llegó a España, pues ya el
teatro estaba arraigado en la sociedad.
El teatro también se llevó a las calles,
plazas mayores y plazas contiguas a las
iglesias y ermitas, donde se levantaban los
“tablados al uso” o simplemente “tablados”, que eran teatros provisionales donde se realizaban representaciones escénicas entre ellas comedias, autos, obras breves, entremeses y sainetes. El abogado martiniqués Médéric Moreau de Saint-Méry,
narra que en la plaza se representaban óperas y una especie de farsas, que se realizaban al caer la tarde y se iluminaban por la
noche con antorchas. A estas representaciones iba todo el pueblo y si la actividad
estaba ligada a una efeméride religiosa,
también participaban los esclavos negros.
Una plaza muy concurrida y donde se
realizaban buenos espectáculos en la ciudad de Santo Domingo era la de la iglesia
de san Andrés, donde se realizaba un tablado entre el hospital, la iglesia y el cementerio. También se montaba tablado en
la plaza mayor al lado de la catedral, en la
plaza frente a la iglesia de las Mercedes y
en todas las plazas que estaban al lado de
iglesias.
En San Juan de Puerto Rico, en La Habana, Cuba y en todas las ciudades españolas del Caribe, fueran estas grandes o
pequeñas, existen registros de tablado en
la plaza mayor o en las plazas contiguas a
las iglesias. Además, en todo el Caribe hay
informes de representaciones teatrales en
iglesias y residencias. Sin duda alguna, el
teatro se convirtió en la vida de la sociedad colonial caribeña. l
_________________________________________________
Este artículo forma parte de las
investigaciones realizadas en el proyecto
“Connected Worlds: The Caribbean, Origin
of Modern World”, dirigido por Consuelo
Naranjo Orovio desde el Instituto de
Historia-CSIC, España y financiado por la
Unión Europea, Horizonte 2020, código Nº
823846.
SÁBADO 15 DE ENERO DE 2022
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Cultura
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Max Henríquez Ureña, gloria
de la literatura dominicana
Era hijo de Francisco Henríquez y Carvajal y Salomé Ureña de Henríquez, y uno de
sus hermanos fue el humanista Pedro Henríquez Ureña
1944 y El ideal de los Trinitarios (Madrid, 1951).
SERGIA MERCADO
[email protected]
Trayectoria profesional
Vida
L
a entrega de esta semana es
en memoria al ilustre y estudioso de la literatura dominicana e hispana, Max
Henríquez Ureña, quien cumplirá el próximo 24 de este mes un aniversario más de fallecido.
54 años atrás, la República Dominicana y parte de Latinoamérica vieron partir a una de las figuras más brillantes en
el campo de la literatura, don Max Henríquez Ureña, quien fuera un destacado
catedrático, poeta, periodista, escritor,
crítico literario, diplomático, historiador,
orador y ensayista dominicano.
Nacido en Santo Domingo el 16 de noviembre de 1885, hijo de los ilustres dominicanos, la educadora y poetisa, Salome Ureña y del médico, escritor y nacionalista, Francisco Henríquez y Carvajal,
quien fue presidente de la República, en
los años de la primera ocupación militar
norteamericana en el país en 1916.
Max Henríquez cursó estudios en el
Instituto de Santo Domingo y en la Universidad de la Habana, donde obtuvo el
titulo en Leyes en 1912, y posteriormente, en Filosofía y Letras en 1915.
Don Henríquez Ureña era hermano
de Pedro Henríquez Ureña, sobresaliente hombre de letras, reconocido internacionalmente y hermano de Camila.
Max Henríquez Ureña, el nuevo embajador de la Republica Dominicana ante el vaticano,
atraviesa con Monseñor Beniamino Nardone en el Salón Clementino en el Vaticano
momentos después de haber presentado sus credenciales. 17 de julio de 1952. OGM
¿Quién fue Max Henríquez Ureña?
Su nombre completo era Maximiliano
Adolfo Henríquez Ureña, sin embargo
firmaba como Max Henríquez Ureña. Los
recortes de periódicos de la época lo describen como un amante de la investigación literaria y de la crítica histórica. Fue
un intelectual polifacético que incursionó en todas las áreas del humanismo.
A lo largo de su fructífera vida, Max Henríquez Ureña desempeñó funciones muy
importantes, tanto en el país como en el
exterior, tales como embajador dominicano en Cuba, Representante Permanente de la República Dominicana ante las Naciones Unidas y embajador en
el Vaticano. Ejerció el periodismo en
México. Trabajó como abogado y catedrático por un periodo de más de veinte años en Cuba. Fue catedrático de humanidades en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD). En su
faceta de conferencista, dictó muchas
conferencias en varios países de habla
hispana, en Francia y España. Ocupó el
puesto de Secretario del Presidente de
la República en 1916; fue Inspector de
Instrucción Pública, en 1931; Secretario de Estado, durante los periodos 19311933. Además, Embajador en Brasil y
Argentina entre 1934-1945. Max Henríquez Ureña fue Delegado Permanente ante la Sociedad de Naciones 19351940; representante en el Consejo de la
Sociedad 1938-1940; Presidente de las
delegaciones dominicanas en la Conferencia Monetaria y Económica, celebrada en Londres en 1935; en la Conferencia Interamericana para la Consolidación de la Paz, en Buenos Aires, Argentina, en 1936 y en la Conferencia
Panamericana de Lima, Perú, 1938.
Mantuvo hasta el día de su muerte una
columna llamada “Desde mi Butaca” en
el Listín Diario, y la firmaba con el seudónimo de Hatuey.
Muerte
Obras
A la izquierda vemos al destacado orador Max Henríquez Ureña al momento de
pronunciar una conferencia el 8 de febrero de 1965. OGM
Algunos de sus libros poéticos son Ánfora, 1914; Fosforescencias, 1930 y Garra de Luz, 1958. Entre sus obras de crítica literaria e historia literaria publicó “Panorama Histórico de la Literatura Dominicana”, (Río de Janeiro 1945),
“Breve Historia del Modernismo”, publicada por el Fondo de Cultura Económica de México y “Panorama Histórico de la Literatura Cubana”, un volumen de 400 páginas.
Otras de sus obras “La independencia efímera” (París, 1938), “La Conspiración de los Alcarrizos (Lisboa, 1941);
El Arzobispo Valera (Río de Janeiro,
Aquí se observa a don Max Henríquez
Ureña, en su calidad de embajador de la
República Dominicana ante las Naciones
Unidas como presidente del Consejo de
Administración Fiduciaria. 2 de junio de
1950. OGM
Foto de una serie sobre Max Henríquez
Ureña, presidiendo un debate en el
Consejo de Administración Fiduciaria. En
ese momento, don Max era el Jefe de la
Delegación de la Republica Dominicana en
las Naciones Unidas, enero de 1951. OGM
Este destacado diplomático e intelectual
dominicano falleció el 23 de enero de
1968 a la edad de 83 años.
En honor a este célebre escritor y crítico literario, el presidente Joaquín Balaguer declaró dos días de duelo oficial
bajo el decreto número 2011 y lamentó
su muerte con las siguientes palabras “El
fallecimiento del ilustre intelectual doctor Max Henríquez Ureña, es una perdida dolorosa para la Republica Dominicana y para la cultura de América”, y añadió que era un “notable hombre de letras,
profesor universitario, académico, humanista y diplomático, doctor Max Henríquez Ureña, miembro de la Comisión
Consultiva de Relaciones Exteriores”.
Don Max, al momento de su muerte
fungía como catedrático de literatura en
la Universidad Nacional Pedro Henríquez Ureña, UNPHU. l
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elCaribe,
SÁBADO 15 DE ENERO DE 2022
Cultura
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CERTIFICO Y DOY FE
Muerte de un gran sacerdote
RAMÓN DE LA ROSA Y CARPIO
ARZOBISPO DE SANTIAGO
Introducción
V
amos a recoger trabajos escritos sobre el padre Luis Rosario, célebre por su labor con la
juventud, la niñez y la
familia.
1- Padre luis rosario pasó por la vida
haciendo el bien
“Nació el 1 de enero de 1945 en Moca.
Su primera profesión al término del Noviciado fue el 16 de agosto de 1963 en
Moca. Hizo su Posnoviciado y Tirocinio
en Aibonito, Puerto Rico, de 1963 a 1970.
Su profesión perpetua fue en Roma el
15 de mayo de 1969. Estudió teología en
Benediktbeuern, Alemania. Recibió la
ordenación sacerdotal el 29 de junio de
1975 en la Basílica de San Pedro, Roma,
por la imposición de manos del Papa San
Pablo VI.
El Señor lo ha llamado al paraíso eterno el 29 de diciembre del 2021. Será recordado siempre por su sensibilidad humana, su amor a la familia, la Iglesia y a
la Congregación Salesiana, su servicio a
la infancia y a la juventud y a la defensa
de la vida”.
PERIÓDICO CAMINO,
9 DE ENERO 2022
2- Homilía del padre José Pastor
Ramírez en el funeral del padre Luis
Rosario
“Su Excelencia Mons. Francisco Ozoria,
arzobispo de Santo Domingo, sacerdotes
de la arquidiócesis de Santo Domingo y
de otras diócesis del país, salesianos,
miembros de la familia salesiana, amigos
y familiares del P. Luis:
Estamos aquí reunidos celebrando la
Eucaristía, para entregar al Señor, en este contexto de acción de gracias, la vida,
el buen hacer y el ser de nuestro hermano salesiano el P. Luis Rosario, es decir,
todo lo que significa él para nosotros. Un
dominicano, un cristiano y un salesiano
inquieto, preocupado por los valores de
la vida y de la paz; comprometido con el
pueblo, con la familia, con los jóvenes y
sobre todos con los más pobres.
Hemos escuchado en el texto del Evangelio un anuncio de dicha, de felicidad,
de vida (y diría que, incluso, de triunfo)
que pronunció Jesús en el inicio de su
predicación. He elegido el texto de las
bienaventuranzas para esta celebración
porque fueron los criterios que siempre
movieron al P. Luis a ser y a actuar, has-
ta convertirse en un sacerdote con olor
a oveja.
Precisamente, al formular las bienaventuranzas, Mateo, a diferencia de Lucas, se preocupa de trazar los rasgos que
han de caracterizar a los seguidores de
Jesús: mansos, misericordiosos, y defensores de la justicia; esto lo entendió perfectamente el P. Luis a lo largo de toda su
vida y por ello las asumió.
El P. Rosario estaba persuadido de que
no era posible proponer la Buena Noticia de Jesús de cualquier forma. Estaba
muy claro de que el Evangelio solo se difunde desde actitudes evangélicas. Y,
esencialmente, las bienaventuranzas indican el espíritu que ha de inspirar la actuación de la Iglesia y de cada cristiano
mientras peregrinamos hacia el Padre.
Cuando Jesús proclamó este mensaje de las Bienaventuranzas, no buscaba
que se cumplieran sus expectativas, sino que vivía creando nuevas condiciones
de felicidad para todos. Se le hacía difícil ser feliz sin incluir a los demás. A todos proponía criterios nuevos, más libres
y personales, para hacer un mundo más
digno y dichoso.
Desde los criterios del sermón de la
montaña, propuesto por Jesús, podemos
comprender mejor las grandes opciones
del P. Luis. Por ello se mostró siempre
con una personalidad persistente, sensible, misericordiosa, amable, honorable,
emprendedora, humilde y cercana. Desarrolló la capacidad de entrar en diálogo con cualquier persona sin importar su
condición o estatus social. Hablaba con
igual facilidad y sencillez con el eclesiástico como con el empresario; con el político como con el niño de la calle; con el
migrante y el desamparado como con el
ciudadano más distinguido. Se hizo un
amigo fiel de los amigos de Dios, los pobres; un amante de la paz y de las buenas
relaciones; un defensor de la vida y de los
derechos humanos. Felices los que trabajan por la paz con paciencia y con fe.
Sin desalentarse ante los obstáculos y dificultades, y buscando siempre el bien de
todos.
En definitiva, el P. Luis creía en un
“Dios feliz”, el Dios creador que mira a
todas sus criaturas con amor entrañable, el Dios amigo de la vida y no de la
muerte, más atento al sufrimiento de las
personas que a sus pecados. Felices los
que lloran al ver sufrir a otros. Son gente buena. Con ellos se puede construir
un mundo más fraterno y solidario.
Ser cristiano es aprender a “vivir
bien” siguiendo el camino apuntado por
Jesús, y las bienaventuranzas son el núcleo más significativo y “escandaloso”
de ese camino. Hacia la felicidad se camina con un corazón sencillo y transparente, con hambre y sed de justicia,
trabajando por la paz con entrañas de
misericordia, soportando el peso del camino con mansedumbre. Este camino
diseñado desde las bienaventuranzas
lleva a conocer, ya en esta tierra, la fe-
Padre Luis Rosario.
licidad vivida y experimentada por el
mismo Jesús.
Gracias a que el P. Rosario siguió el
camino delineado por las bienaventuranzas, hoy, se constituye para los jóvenes,
para los salesianos, para la Iglesia y para
el país en un ejemplo de trabajo, de entrega y dedicación a los más pobres. Los
salesianos nos sentimos orgullosos de
haber tenido en él a un hermano que ha
sabido personalizar a Don Bosco con todas las características de un quisqueyano y de un caribeño.
Este fiel hijo de Don Bosco, desde el
dolor que genera la enfermedad, sobre
todo del cáncer y de las secuelas heredadas del COVID, nos dio cátedra de
amor a la vida, valorándola siempre como el más grande regalo de Dios; anunciando con su testimonio que la enfermedad tiene sus aguijones y tentáculos
destructores, pero la fortaleza de su fe
y de su amor a Dios eran más poderosa.
Él ofreció cada hora de su existencia por
los jóvenes, por la Familia Salesiana, por
la Iglesia y por la Patria que le vio nacer
y amó siempre.
La muerte de nuestro hermano y amigo, P. Luis, no nos sumerge en el dolor
desesperado porque estamos convencidos de que quienes viven inspirándose
en este programa de vida estructurado a
partir de las bienaventuranzas, un día
“serán consolados”, “quedarán saciados
de justicia”, “alcanzarán misericordia”,
“verán a Dios” y disfrutarán eternamente en su Reino.
Nunca perdió su buen sentido del humor y lo demostró, incluso, al escribir el
texto “Cuando yo muera” que hoy encontramos en el inmenso océano de las redes
sociales. Expuso lo que no le gustaría y lo
que sí quería en el día de su funeral. Les expongo algunas de sus peticiones: …ataúd
bien sencillo… si fuera de madera de caja
de arenque mejor…, ataúd cerrado para no
ver llorar a la gente…, no quiero flores porque los muertos casi se ahogan entre los
arreglos…, el dinero de las flores que se use
para alimentar a niños y niñas abandonados…, si me van a acompañar hasta el cementerio no lo hagan con trajes, menos aún
de color negro…las camisas y los poloshirts
son más cómodos…, que el coro esté formado por muchachos de la calle aunque desafinen…, y que cayese una buena lluvia… Pedimos disculpas al P. Luis, pero esperamos que esto último no acontezca. Todos
estos deseos son el resultado de una vida
definida a partir de las bienaventuranzas
que hemos escuchado del evangelio de san
Mateo.
“En tus manos, Padre de bondad, encomendamos el alma del querido amigo
y hermano P. Luis Rosario”.
Despidamos todos juntos al hermano,
elevemos todos juntos por él una oración
y entonemos la victoria del Señor.
P. Luis, la Iglesia y la sociedad dominicana; los salesianos y la Familia Salesiana; tus familiares y amigos; los niños
y niñas de la calle aquí presentes, te deseamos que descanses junto a Dios. Hasta pronto, hasta el cielo. Cristo te dé la
vida y te reciba en su amistad.
Que María Auxiliadora, Don Bosco y todos los santos y beatos de la Familia Salesiana te acompañen a la patria celestial a
celebrar la Pascua eterna. Amén”.
3- Padre Luis Rosario. Su sobrina
“Mi tío querido, cuando te tomé esta foto en la capilla de la clínica, frente al Santísimo, nunca imaginé que era la última
foto que te iba a tomar. Entramos un momento a saludar a Jesús, y cuando te vi
ahí, contemplando al Amado, pensé en
el día que te tocara contemplarlo cara a
cara.
Hoy ese día llegó! Y entre una mezcla
de nostalgia, tristeza y alegría, te digo hasta pronto; como me escribió alguien hace un momento: es sólo “un diálogo interrumpido momentáneamente que se retomará en la eternidad”.
Doy gracias a Dios por permitirme
acompañarte en estos últimos días. Por
poder hacerte en la frente la señal de la
cruz cada día, como me la hiciste a mí
por tantos años al darme la bendición.
Gracias a Dios porque ya volviste a recuperar tu sonrisa, esa que nos iluminó
toda la vida, porque no recuerdo un momento, antes de esta larga enfermedad,
en el que no estuvieras sonriendo. Aun
estando serio sonreías.
Gracias por tu legado, por tanto amor
que nos diste, por las vidas que transformaste, por predicar con el ejemplo. Hoy
ganamos un intercesor en el cielo, sé que
desde allá seguirás luchando contra el
aborto y a favor de la niñez y la juventud
dominicana y del mundo”.
Catherine Forde Rosario
Conclusión
CERTIFICO que los textos recogidos
aquí, son citados al pie de la letra.
DOY FE en Santiago de los Caballeros,
a los trece (13) días del mes de enero del
año del Señor 2022. l
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