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El mito, la palabra exacta y la intertextualidad en Alejandra Pizarnik

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El mito, la palabra exacta y la intertextualidad en Alejandra Pizarnik
El poeta no es tan importante. Lo importante es la poesía. El
mayor logro que puede conseguir un poeta era que, una vez
muerto, la gente recordara algún verso sin acordarse de quién
lo escribió.
Conversatorio y Lectura en el marco del 50 aniversario
de la muerte de Alejandra Pizarnik
Pasajera de la ausencia: Alejandra Pizarnik 1936-1972
Centro Cultural Tijuana, lunes 25 de julio 2022
Ruth Vargas Leyva
En poco más de quince años, Alejandra Pizarnik (Buenos Aires, 1936- 1972)
publico en vida ocho libros de poemas: La tierra más ajena, La última
inocencia, Las aventuras perdidas; Árbol de Diana, Los trabajos y las
noches; Extracción de la piedra de locura, Nombres y figuras y El infierno
musical. Sus poemas inéditos y otros escritos, se publican en forma póstuma
por Olga Orozco y Ana Becciú en Textos de Sombra y últimos poemas.
Poesía completa se edita en España en el año 2000 y Prosa Completa en
2002. Sus Diarios fueron reeditados en 2013 en una edición revisada,
corregida y ampliada, pero todavía incompleta. Varios libros dan cuenta de
su correspondencia epistolar con poetas y amigos. No dejó nada pendiente,
en la la colección de papeles de Alejandra, en la Biblioteca de la Universidad
de
Princeton,
hay
poemas,
ensayos,
diarios,
cartas.
Siempre,
peligrosamente, al borde del abismo. Conocida fundamentalmente como
poeta, la publicación póstuma de su obra, inédita e inaccesible, la han
convertido en una escritora reconocida a nivel internacional. En la Alejandra
Pizarnik, poeta, se centra este texto.
El mito
Alejandra Pizarnik pertenece a la categoría de escritoras suicidas. Con ella
el mito de una poeta marginal y conflictiva. En varios sentidos, por el origen
de sus padres y el idioma que conoció en su infancia (aprendió a leer y
escribir en yiddish junto al español) su proceso escritural implicó corregir y
buscar la palabra exacta. También por ello, siempre estuvo presente el tema
del desarraigo, que, de acuerdo a varias opiniones, la han convertido en una
exiliada. Escribe cinco años antes de su muerte:
“De esto se trata, soy judía. Hace mucho que se trata solamente de esto. No
soy argentina. Soy judía”
Mucho se ha escrito en el ámbito académico sobre Alejandra Pizarnik. Sus
textos se han catalogado en un género híbrido y se dificulta su clasificación
en algún grupo, en alguna corriente de la literatura latinoamericana. Ha sido
descrita como absolutamente original, sin antecesores ni sucesores
(Zonana, 1997) y una de las voces más singulares e importantes de la
poesía latinoamericana. La poética de Alejandra Pizarnik se distingue por
una variedad de temas que se repiten a lo largo de su vida: el amor, la
pérdida del paraíso de la niñez, la autoagresión, la trasgresión, la violencia.
Sefami (1997) cita que “La
metáfora
principal de la obra de la Pizarnik
radica en la muerte…la vida se va vaciando de sentido, y la escritura se
vuelve poco a poco en un refugio, el único modo de registrar, de dar
testimonio de la existencia”. La muerte y el silencio están ligados al lenguaje
de forma indisoluble. Son los ejes fundamentales que articulan su poesía.
También lo obsceno, como aquello inarticulable, irrepresentable.
Enamorada de las ruinas
Salgo a la calle y siento la suciedad, la ruina. Entro en los bares
más siniestros y tomo un vino como sangre coagulada, como
menstruación, y me rodean brujas negras, perros sarnosos, viejos
mutilados y jóvenes putos de ambos sexos. Yo bebo y me miro en
el espejo lleno de mierda de moscas. Después no me veo más.
Después hablo en no sé cuál idioma. Hablo con estos desechos
que no me echan, ellos m e aceptan, me incorporan, me reconocen
Con ello, Pizarnik transgrede, cuestiona los códigos sociales y en tela de
juicio los dogmas. Su escritura no es la tradicionalmente femenina, quiere
ser vista de esa manera a partir de la poesía. Siente la necesidad de
transmutar en lenguaje lo que solo es ausencia o aullido, de quebrar el orden
del lenguaje, de desconectar el lenguaje y lo referido, las palabras y las
cosas.
Alejandra Pizarnik rompe con las formas de poesía que existían hasta el
momento. No se apega con la métrica clásica, en ocasiones rompe la
secuencia lógica, no hay signos de puntuación -son superfluos- recurre a
repeticiones y adjetivos contradictorios; la relación entre significantes y
significados es tenue y en ocasiones llega a romper la correspondencia
biunívoca entre las dos caras del signo (Mancera, 2017). Es irreverente,
escribe poemas breves de una gran intensidad transgresora. Sin embargo,
es de una inmediatez y frescura que mantiene el equilibrio en sus textos. Se
dificulta la clasificación genérica de su obra, sus textos son tanto poemas
como microrrelatos, universos narrativos.
Ser Incoloro
(al conejito que se comía las uñas)
costura desclavada en mi caos humor diario
repiqueo infinito arpa rayada
cadáveres llorosos mar salino
tu opacidad quitará fuentes de verde jabón
banderines colorados
en mano derecha de uñas comidas
Se le asocia al surrealismo, si bien esta referencia es propiciada por sus
lecturas y está influida por los poetas franceses. Su escritura es hermética.,
y, aun así, tremendamente reveladora. No trabajaba con referentes
externos, no hay una alusión a ciudades, calles, sitios, hechos físicos, se
centra en su universo interior, en la búsqueda de ese “otro” que es el yo.
Crea un alter-ego literario de ella misma, la imagen de una persona real o
personaje ficticio quien se reconoce o se identifica a otra o sobre quien esta
se proyecta. “La escritura autobiográfica de Alejandra Pizarnik encarna así todas
las aristas bajo las que se conforma tanto un sujeto real como un personaje”
(Venti, 2008). Se convierte en un “personaje Alejandrino”, excéntrica,
desaliñada, fumadora, malhablada, andrógina, alejada del ideal estético
femenino. Lejos de toda convención social está ahí para ser vista. Su
adscripción como “poeta maldita” se sustenta en sus lecturas: Hölderlin,
Baudelaire, Rimbaud, Mallarmé, el Conde de Lautréamont, Georges Bataille
y Antonin Artaud, poetas que quisieron llevar al límite la experiencia literaria,
y esta es la imagen que predomina a partir de su muerte a los 36 años, La
edición posterior de su obra la convertirá en un mito, una escritora de culto.
De su escritura se ha dicho que permite pensar otras formas de construir el
lenguaje y de habitar el mundo. Peri Rosi dirá de ella: “peligrosa por
independiente, peligrosa por inclasificable” (Peri Rosi, 1995,)
La palabra exacta
Una característica de la obra de Alejandra Pizarnik, a la que refieren autores
que han sucumbido en los abismos de su obra, es la búsqueda de la palabra
exacta. Busca hacer poemas breves, intensos, terriblemente exactos. La
palabra y su sentido esencial y divino, aparecen de forma trasversal en la
totalidad de su obra. Nombrar es convocar, es un acto sagrado en la
tradición judía y un intento de aprehensión del lenguaje divino, una
invocación a la tradición cabalística. Pizarnik declara “…cada palabra dice
lo que dice y además más y otra cosa”. Busca el lenguaje total, los nombres
divinos en el lenguaje de los hombres, y en esa búsqueda, “Alejandra
Pizarnik encontró su escondite en el lenguaje, que parecían anunciar una
decidida ocultación de la personalidad” (Barella, sf). Esconderse en el
lenguaje es saberse diferente. Con una «herida inmemorial. anterior a la
palabra». Y con esa arma Alejandra penetra en las regiones más ocultas de
su ser.
La brevedad y el silencio, la incesante búsqueda de precisión, de la palabra
exacta, de la expresión más pura del lenguaje. Para alcanzar esta forma
máxima de expresión Pizarnik considera necesario sacrificar todo, hasta su
cordura. Confiesa que su oficio es “conjurar y exorcizar”. Su tarea, en
palabras de la misma autora, es reparar la “herida fundamental, la
desgarradura”.
Su oficio nos lleva a recordar que “el valor de un poema no reside en lo
que dice sino en lo que le hace al lenguaje, …en su transformación y en la
creación diferente que produce” (Montalbetti citado en Alonso, 2018).
Esta intención modela su estilo, único e irrepetible. No hay manera de
imitarla.
Aún si digo sol luna y estrella me refiero a cosas que me suceden
¿Y qué deseaba yo?
Deseaba un silencio perfecto
Por eso hablo
En su poesía en el verso, están también las pausas, los silencios. Alejandra
escribe: "En mí el lenguaje es siempre un pretexto para el silencio".
En el centro de su escritura está la autorreferencia, el suyo es un universo
cerrado, plegado sobre sí mismo, quizás por ello escribió: “He tenido
muchos amores —dije— pero el más hermoso fue mi amor por los espejos”.
Bague (2012) afirma que Alejandra Pizarnik no admite más horizonte que
su cuerpo.
Solo un nombre
alejandra alejandra
y debajo estoy yo
alejandra
¿Cuál es el significante y cuál es el significado en este poema? La Pizarnik
recurre a un recurso de disolución del verso, del lenguaje y de ella misma.
En su obra está siempre presente el juego de oposiciones:
Hay, en la espera,
un rumor a lila rompiéndose.
Y hay, cuando viene el día,
una partición del sol en pequeños soles negros.
Y cuando es de noche, siempre,
una tribu de palabras mutiladas
busca asilo en mi garganta,
para que no canten ellos,
los funestos, los dueños del silencio
Los textos de Alejandra son con frecuencia muy breves, concentrados:
Balada de la Piedra que llora
la muerte se muere de risa
pero la vida se muere de llanto
pero la muerte, pero la vida
pero nada nada nada
Difícil separar la especial escritura poética en el entramado de su
personalidad. Quienes han analizado su obra identifican
emblemas
poéticos recurrentes; la infancia como paraíso perdido marcada por la
incomprensión , por el sentimiento de extranjera y por diversas carencias
afectivas reflejadas; la soledad y el desamparo y el sentimiento de
desarraigo respecto a su país natal y respecto a sí misma;
el jardín un
espacio abierto y cerrado al mismo tiempo; el bosque como un espacio
interior inmóvil donde el miedo no viene del exterior sino está adentro, su
miedo; el poeta como ser escindido, visitante del reino de los dioses y de los
muertos; el viento, sinónimo de desamparo o de locura. La noche abierta
a revelaciones y autorrealización, pero también de terrores. La suya es una
obra concentrada en temas e imágenes que se repiten en su corpus poético
la imagen recurrente en la poesía de Alejandra Pizarnik que alude a su
peregrinaje en busca del destino definitivo, así como el presentimiento de la
muerte y su poder de seducción, sensaciones que la perseguirán
obsesivamente hasta el fin de sus días. Incapaz de contener las palabras,
la devoran. En un texto escribe:
Esta lúgubre manía de vivir
esta recóndita humorada de vivir
te arrastra alejandra no lo niegues.
Yo lírico, “La enamorada”
La búsqueda de Alejandra Pizarnik va más allá de la palabra exacta, busca
las posibilidades expresivas del lenguaje. Se busca a sí misma. En uno de
sus diarios declara: “La vida perdida para la literatura por culpa de la
literatura. Por hacer de mí un personaje literario en la vida real fracaso en
mi intento de hacer literatura con mi vida real pues esta no existe: es
literatura”.
La Jaula
Afuera hay sol.
No es más que un sol
Pero los hombres lo miran
y después cantan.
Yo no sé del sol.
Yo sé la melodía del ángel
y el sermón caliente
del último viento.
Sé gritar hasta el alba
cuando la muerte
se posa desnuda en mi sombra
. Yo lloro debajo de mi nombre.
Yo agito pañuelos en la noche
y sedientos de realidad
bailan conmigo
Yo oculto clavos
para escarnecer a mis sueños enfermos.
Afuera hay sol.
Yo me visto de cenizas.
Intertextualidad
La obra de Alejandra Pizarnik suscita en su análisis interesantes problemas
literarios, uno de ellos es la intertextualidad, como una estrategia no solo de
creación sino de supervivencia. Establece un diálogo con autores con
quienes encontró afinidad a través de sus constantes lecturas y relectura,
traduce y reescribe obras ajenas para falsearlas y tergiversarlas ‘(Venti,
2006), y así intentar atrapar en éstas aquella fuerza vital que ha sido
ignorada.
Las llamadas intertextualidad, constituyen una red de correspondencias, de
identidades, de similitudes, de paralelismos que un lector puede establecer
entre las obras que lee o que conoce. El texto puede ser definido como un
tejido de signos y la red como un tejido de textos (Becerra, 2014). Kafka,
Hölderlin, Proust, Hölderlin, Rimbaud, Rilke, Nerval, Dostoievski, están en
las voces que la acompañarán durante toda su vida. Lee también a Quevedo
y Góngora
En Los “textos pizankianos”, que incluyen sus diarios, está siempre presente
la intertextualidad. Mancera (2017) cita que. el ejercicio de plagio, en
Pizarnik, significa el uso y la lucha contra la ultimidad estética, es decir la
imposibilidad de generar lo inédito, lo nunca producido: su acto de
reescritura no es una simple copia neutra de un texto ajeno, sino que
significa tanto una imitación como una diferencia, una substitución y
perversión de la fuente e incluso de su interpretación oficial. En toda su
obra, en los diarios, la prosa, la poesía, se encuentran referencias,
alusiones, citas, que no solo la relacionan con los escritores admirados por
Pizarnik, como Artaud, Kafka, Mallarmé, Michaux, Carroll, sino referencias
a personajes y pasajes bíblicos, mitológicos, de distintas tradiciones y
credos.
Hay también una influencia, objeto de tesis, ponencias y ensayos, sobre la
obra de Lewis Carroll Alicia en el país de las maravillas y Alicia a través del
espejo. Pizarnik recurre a citas que ha leído para insertarlas en su discurso
y tejer puentes entre voces ajenas, su yo autoral y su yo poético. Alicia y el
retorno a la infancia, Alejandra y el espejo que cruza al pensarse como otra
persona:
y alguien entra en la muerte
con los ojos abiertos
como Alicia en el país de lo ya visto.
En la Condesa sangrienta – escrita después de estar internada en un
pabellón neuropsiquiátrico- Pizarnik sintetiza en once fragmentos la historia
de la condesa Erzebet Bathory y presenta un texto renovado donde la
atrocidad es descrita en un lenguaje poético y la historia es contada en otro
tiempo, sin citar a Valentine Penrose, quien la publica en francés en 1962.
Pizarnik construye su relato de forma similar al de Penrose: una introducción
y once capítulos. Hay, sin embargo, diferencia en los procedimientos de
transcripción, apropiación y la escritura de Pizarnik sobre la de Penrose.
El teatro de la crueldad representado por Pizarnik alcanza su destilación
más estremecedora en el largo poema Extracción de la piedra de locura,
que toma su título del grabado homónimo de El Bosco. Pampin y Barbero
(2015) analizan la corporalidad en este poemario.
La conocida frase de la Pizarnik:
“en el centro puntual de la maraña
/ Dios, la araña”
Refiere a una cita literal de un poema de Borges, a cuyo segundo verso se
le habían quitado las primeras palabras: “En el centro puntual de la maraña/
Hay otro prisionero, Dios, La Araña”. Quizás no quería plagiar sino reescribir.
Es el mismo caso de La Condesa Sangrienta, donde hay una reescritura.
Incesante lectora, Pizarnik no sólo reescribe los textos ajenos, sino que relee
y practica la reescritura de los textos propios. La lectura marca y reconfigura
su escritura.
En el caso de Alejandra Pizarnik, más bien está presente la transgeneridad
literaria, referido a “los modos en que ciertos rasgos propios de
determinados géneros literarios se desplazan sobre otros, entramándose
con ellos y constituyendo una red que explica la productividad-originalidadindividualidad que logran algunos textos. Ferro (2012) señala que la
inscripción de un género en otro y el cambio de un modo de representación
a otro nunca carece de consecuencias y no es objetiva ni inocente. Ella lee,
escribe y reescribe. Venti (2008) destaca que” los textos autobiográficos
destacan su reconocimiento como receptáculos de una reflexión literaria, en
la cual se logra advertir un método particular de trabajo”
A través de sus múltiples lecturas, Alejandra Pizarnik llegó a su propia voz.
La franqueza y la honestidad en sus textos, el sentido de la conciencia
humana, de la fragilidad en que se asienta la identidad personal, son
incuestionables. Moratiel (2017). Cita que probablemente no exista poesía
más sobrecogedora, repulsiva e hiriente en la literatura latinoamericana que
la de Alejandra Pizarnik. Peri Rossi (1995) opina que “A pesar de su enorme
capacidad para expresar los contenidos más personales, más exclusivos, la
poesía de Pizarnik se movía entre el horror a la esterilidad (ese silencio tan
temido en sus textos), la desconfianza acerca de las posibilidades de
comunicación del lenguaje, el temor a la locura y el presentimiento de la
muerte.
Fue siempre un ser escindido entre su origen extranjero y su existencia en
Argentina; entre la mujer que era y la niña que aparentemente nunca creció,
entre sus preferencias sexuales y su adscripción de género, en su estado
de separación entre su intimidad y el mundo. Escindida respecto a sí misma,
la literatura fue el único sitio donde abordó los aspectos irreconciliables de
la existencia. En sus propias palabras, hizo de su cuerpo el cuerpo del
poema. Creó un mundo literario y se convirtió en un personaje literario. En
el suicidio encontró la palabra exacta y el silencio.
La franqueza, la honestidad en el compromiso con la propia obra, son
incuestionables. “No quiero ir nada más que hasta el fondo", dejó escrito.
Cristina Piña y Patricia Venti (2021), en una emotiva biografía, describen a
una mujer extravagante y libre, singularmente inteligente y con un gran
sentido del humor, evocan su gracia, su ironía y su alegría. Cortázar dijo que
amaba las cosas nimias. Una mujer con una explícita fascinación por la
muerte, así como por el sexo. Hombres y mujeres la atraían por igual.
Terriblemente inteligente y lúcida, escribió los poemas más oscuros y más
intensos, más desnudamente honestos de la literatura latinoamericana.
Muchas veces transgresora pero fascinante. Puede ser herética, críptica,
pero al mismo tiempo transparente. Quienes han estudiado su obra declaran
que es imposible separar su obra de su vida personal, de su soledad y de la
incomprensión.
En el Mito de Sísifo, Camus afirma “un artista puede escoger la muerte por
amor a la vida, escoger el definitivo silencio por amor a la palabra y
justamente esa opción no es el resultado de un extravío (mental o moral)
sino de una lucidez que se extravía por exceso de claridad ante la vida y la
historia”. Montoya (citado por Saliche, 2016) asegura que "ocupa en la
literatura argentina un lugar análogo al de Xiu Xiu en la música. Es lo
suficientemente experimental como para no ser leída masivamente. Lo
suficientemente sensible como para producir estupor. Lo suficientemente
lacerante como para que la pretensión de olvidarla sólo refuerce su retorno
como vampiro".
Raquel Lanseros (2016) declara en torno al hecho poético: “Todos estamos
aterrorizados en el fondo, fingiendo tener el control de alguna manera. Es
ese inevitable agujero existencial que llevamos dentro por el simple hecho
de nacer, y de estar vivos, y de saber que algún día no lo estaremos, y de
ver que los seres que más amamos dejan de estarlo”.
Las preguntas son: ¿Cuáles son los límites entre el arte y la vida en los
procesos de creación literaria? ¿Hay un género literario al que se pueda
adscribir Alejandra Pizarnik? Varios autores afirman que es inclasificable.
Una de biógrafas, Cristina Piña (2011) expresa: «De la misma manera que
en la prosa el castellano no es lo mismo después de Borges, en poesía
el castellano no es lo mismo después de Pizarnik. Ha cambiado el idioma.
Ha hecho un castellano oscuro que da matices que no encontramos en
ningún otro poeta».
Alejandra, con un exceso de claridad ante la vida, se ve reflejada por última
vez en el espejo que ha sido su autorreferencia, y cruza, al otro lado del
espejo para reconciliarse con ella misma, para caer al vacío y encontrarse,
por vez primera, pasajera de la ausencia..
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