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HISTORIA DE ESPAÑA
dirigida por John Lynch
María Cruz Femández Castro
1. S. Richardson
Roger Collins
Roger Collins
Roger Collins
Bernard F. Reilly
Peter Linehan
Angus MacKay
John Edwards
John Lynch
John Lynch
Iohn Lynch
Martin Blinkhorn
Richard Robinson
JOHN LYNCH
"
La prehistorio
La romanización
Los visigodos, 409-7l/
La conquista árabe, 710-797
Califas y reyes, 798-1033
Cristianos y musulmanes, 103/-l/57
Los siglos XII }' xm
Los siglos de crisis, 1300-/474
Los Reyes Católicos, /474-/520
Los Austrias (/5/6-/598)
Los Austrias (/598-/700)
El siglo XVIII
España, /808-/939
Desde /939 hasta nuestros días
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LOS AUSTRIAS
(1516-1598)
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HISTORIA DE ESPAÑA, X
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TraducCión castellana de
JUAN FACI
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CRÍTICA
BARCEWNA
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PR6WGO
La presente obra es una nueva edición del volumen 1 de España bajo los
Austrias, que ha sido revisado para incorporar las investigaciones realizadas en
el último decenio y para integrar el libro en la colección Historia de España,
en la que cubre el siglo XVI. El libro conserva su estructura e identidad anteriores y sigue siendo un estudio global de la economla, la sociedad y la polltica
españolas y de su expresión en una potencia internar:ional e imperial. Las in~
vestigaciones realizadas en los últimos diez-quince años han incrementado nuestro conocimiento de la población, los recursos y las instituciones de la España
de comienzos de la Edad Moderna. Como consecuencia de el/o se han modificado muchas de nuestras percepciones, no en tan gran número ¡;omo defiende
el revisionismo, pero bastantes como para hacer que los historiadores reflexionen de nuevo sobre cuestiones familiares. Por tanto, he realizado una revisión
sustancial en aquellos casos en que resultaba necesario y, asimismo, modificaciones de detalle. Los principales cambios afectan a los capltulos IV y V. que
han sido reestructurados y ampliados. El impulso que han cobrado los estudios regionales, que marca la investigación histórica espaifola desde 1975, exige
que se rehaga la historia economica y social. El nuevo enfoque respecto a la
población, las estructuras agrarias y las actividades industriales recoge los resultados de la investigación regional e intenta situarla en un marco nacional.
o al menos castellano. El tema de España y América se estudia en un capltulo
separado y he pretendido tanto explicar como identificar la conquista. Al margen de estas secciones «estructurales)" del libro, he incorporado nuevos enfoques al estudio de Fernando e Isabel, de los comuneros, de la Inquisición y la
religión. La investigación moderna tiende a cuestionar más que a corrfirmar
- el absolutismo de Felipe Il. Teniendo esto presente, he revisado el enfoque anterior de la evolución burocrática. las finanzas reales, el papel de las Cortes,
los puntos de inflexión cronológicos y otros aspectos. El libro concluye con una
nueva bibJiografia. que recoge las obras más recientes.
Quedan rigurosamente prohibidas, sin la autorización escrita de los titulares del copyright, bajo
las sanciones establecidas en las leyes, la reproducción total o parcial de esta obra por cualquier
medio o procedimiento, comprendidos la reprografia y el tratamiento informático, y la distribución de ejemplares de ella media.nte alquiler o préstamo públicos.
Titulo original:
SPAIN 1516-1598.FROM NATION SfATE ro WORLD EMPIRE
Basil 'Black.well, Oxford
Diseño' de la colección y cubierta: Enric Satue
,
@ 1991: John Lynch
@ 1993 de la traducción castellana para Espafia y América:
CRíTICA (Grijalbo Comercial, S.A.), Aragó, 385, 08013 Barcelona
ISBN: 84-7423-565-0
Depósito legal: B. 39.143-1992
Impreso en Espana
1992.-HUROPE, S.A., Recaredo, 2, 08005 Barcelona
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. Capítulo 1
LA HERENCIA
DE LOS HABSBURGO
LA UNIÓN DE LAS CORONAS
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I
El 19 de octubre de 1469, Isabel, heredera del trono de Castilla, contrajo
matrimonio con Fernando, hijo y heredero de Juan 11de Aragón. No puede
decirse que fuera un matrimonio por amor, aunque la novia, poco atractiva
y en la que no destacaban sus atributos femeninos, y que a la sazón contaba
con 19 años de edad, llegó a amar lo suficiente a su marido como para sentirse
celosa de sus numerosas infidelidades. No se trató tampoco de un acuerdo dinástico impuesto desde arriba. Isabel, haciendo caso omiso de la oposición de
su hermano, el monarca reinante Enrique IV, y rechazando a sus pretendientes
portugueses. franceses e ingleses, decidió personalmente casarse con Fernando
y pudo imponer su criterio gracias a una gran determinación y sentido político.
así como a un sentimiento de conciencia nacional poco habitual entre sus contemporáneos. El futuro de España se habría de construir sobre los frágiles cimientos de ese matrimonio. Fernando e -Isabel, que heredaron unos reinos diferentes y hostiles entre sí, "quebrantados por las luchas sociales y políticas, dejaron
a sus sucesores Habsb'urgo los elementos necesarios para la creación de un
Estado-nación unido, pacífico y más poderoso que ningún otro de Europa.
Pocos les habrían augurado tan favorables perspectivas en 1469. Dado que
existía entre ellos parentesco de consanguinidad y se habían casado sin la aprobaCÍón papal -aunque con una dispensa tramada en España- desde el punto
de vista canónico vivían en pecado y no tardaron en ser excomulgados. Además. debían tener en cuenta la feroz hostilidad~de Enrique [Y, lleno de resentimiento por las intrigas aragonesas entre sus súbditos rebeldes y partidario de
una alianza castellana con Portugal o Francia. Por otra parte, había quienes
apoyaban los derechos de sucesión de la hija de Enrique, Juana, cuya legitimidad estaba en disputa pero a quien Enrique reconoció como heredera. La joven
pareja, alejada de Castilla por rebelde, poco podía esperar de Aragón. Es cierto que Juan II había alentado su matrimonio con la esperanza de mejorar su
lO
LOS AUSTRIAS
posición, amenazada por la rebelión de Cataluña y la hostilidad de Francia,
pero esas preocupaciones le impidieron prestarles ayuda efectiva. Pero incluso
si sobrevivían para reclamar su herencia, ¿merecía realmente la pena? Las grie~
rras civiles habían determinado que los dos reinos se ""vieransumidos en una
situación de ruinosa anarquía. Cataluñ,a había debilitado a la Corona de Aragón en el curso de una guerra con su monarca que se había prolongado durante
diez años (1462-1472),intensificando su propia decadencia económica y perdiendo una parte de su territorio, que pasó a manos de Francia. En Castilla,
donde la guerra civil tuvo una duración aún más prolongada (1464-1480), la
agresiva aris~ocracia no sólo desafiaba a la corona sino que la controlaba. La
autoridad real, personificada en el degenerado Enrique IV, apodado «el impo~
tente)) (de donde la disputa en torno al derecho sucesorio de Juana) y cuya efigie fuera expulsada a puntapiés del trono por un grupo de nobles rebeldes encabezados por el arzobispo de Toledo, no podía caer más bajo. Apoyándose
tan sólo en su propio ingenio, Fernando e Isab.el supieron sobrevivir a las tormentas de la política peninsular para conseguir la legitimación de su matrimonio, el trono de Castilla a la muerte de Enrique IV en 1474 y la unión de las
coronas de Castilla y Aragón cuando Fernando sucedió a su padre en 1479.
Sólo Navarra y Granada quedaron fuera de la unión, aquella como reino satélite de Francia y ésta como reino moro independiente. Portugal-cuyo
monarca había contraído nupcias con Juana, apoyaba sus derechos y aspiraba todavía a apartar a Castilla de los reinos orientales de la península- fue derrotado
en la batalla de Toro en 1476.
Los dominios de los Reyes Católicos -título que les otorgaría más tarde
su protegido de la familia Borgia, el papa Alejandro VI- contaba ahora con
un gobierno único bajo la misma dinastía. I Dado que España carecía de tradición de unidad y de las instituciones que dieran expresión a esa unidad, el
éxito de ese gobierno dependía de la voluntad de los dos soberanos para cooperar. Por el acuerdo de Segovia de 1475, Isabel quedó a cargo del gobierno interno de Castilla, mientras que Fernando se especializaba en la política exterior
y ambos participaban en la administración de justicia. Sin embargo, este acuerdo
formal tuvo menos importancia que el entendimiento personal que presidió sus
relaciones. Cada uno de los dos soberanos participaba activamente en los asuntos
de los reinos del otro, en ocasiones conjuntamente, a veces por separado, pero
generalmente de mutuo acuerdo.2 A Isabel le dis'gustaba que se hablara de ella
sin mencionar también a su esposo y la costumbre de hacer referencia a todas
sus decisiones y actuaciones como correspondientes «al rey y la reina)) llevó
l. El reinado
Suárez Fernandez,
de Fernando
e Isabel cuenta
I
(1516-1598)
con un historiador
de gran peso específico,
lJJis
La España de los Reyes Católicos (1474-1516). Historia de Espníla, ed. R. Menéndez Pidal, Madrid, 1969,2 vals., y Los Reyes Católicos. Madrid, 1989~1990. Hay que citar también dos buenas obras de síntesis: Joseph Perez, L'Espagne des Rois Catholiques, París, 1971 (hay
trad. cast.: La España de los Reyes Católicos, Cambio 16, Madrid,
1992) y Miguel Ángel Ladero
Quesada, España en 1492, Historia de América Latina, vol. J, Madrid,
1978.
2. Véase A. de la Torre, «(Fernando el Católico, Gobernante»,
en Fernando el Católico. Vida
y obra. V Congreso de Historia de la Corona de Aragón. Estudios. vol. J. Zaragoza, 1955, pp. 9.19.
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LA HERENCIA
DE LOS HABSBUltGO
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al cronista Hemando del Pulgar a satirizar esa manida fórmula comenzando
de esta guisa un capítulo imaginario de su historia del reinado: «En tal día y
a tal hora parieron sus magestades)). Pero, de hecho, la coincidencia instintiva
de ambos en los asuntos políticos, junto con su .buena disposición a.seguir 106
consejos del otro~ hacía difícil atribuir a uno de los dos las ideas o medidas
políticas. El único criterio que guiaba su acción era la búsqueda de las mejores
soluciones para sus problemas respectivos.
En consecuencia, el hecho de que Castilla se convirtiera en el socio dominante no fue fruto de un nacionalismo estrecho, sino que contaba con el apoyo
total de Fernando y es expresión del realismo del rey y no de los prej uicíos de
la reina. Desde el punto de vista geográfico, Castilla contaba con la ventaja
de su posición central, de la extensión de su territorio, tres veces mayor que
la de Aragón y sus estados integrantes, Cataluna y Valencia, y de s'u superioridad humana, con 4,3 millones de habitantes de una población total de 5,2 miHones. Estos hechos, junto con la pobreza de los estados del este peninsular,
otorgó a Castilla la posición de líder natural de la unión y la convirtió en la
base de las operaciones de la corona, tanto más cuanto que sus leyes e instituciones no limitaban la acción real con los obstáculos que existían en 10sreinos
orientales. El rey de Aragón no planteó, por tanto, objeción alguna ,a la supremacía castellana, antes bien, trabajó por ella con mayor ahínco que la propia
Isabel. En las capitulaciones matrimoniales había jurado residir de forma permanente en Castilla y no salir de ella sin el acuerdo de su esposa. Gobernaba,
pues, sus reinos por medio de virreyes ya partir de 1494 con la ayuda del Consejo de Aragón, una institución nueva que, a pesar de que todos sus miembros
eran representantes de Aragón, Cataluña y Valencia, tenía..su sede permanente
en Castilla, donde se hallaba bajo la influencia directa de la corona y de la corte.
La supremacía de Castilla se reflejó también en la expansión de su lengua
y en el renacimiento de su cultura. El castellano era ya el vehículo de expresión
escrita de los vascos y el uso literario del gallego desapareció prácticamente a
partir del siglo xv. Por su parte, el catalán, la más sólida de las lenguas no castellanas, sobrevivió en el nivel popular e incluso como lengua oficial, pero retrocedió rápidamente corno medio de expresión literaria ante la lengua de Castilla. En Cataluña, y más aún en Valencia, el castellano adquirió preponderancia
entre los hombres de letras y el brillante florecimiento de la literatura española
de la Edad de Oro se produjo en lengua castellana. Pero la influencia de la lengua no se detenía ahí, sino que era también considerada como un instrumento
de expansión política, como se puede apreciar en el pensamiento de una de las
figuras más destacadas del Renacimiento español, el humanista y filólogo Antonio de Nebrija. En el elocuente prólogo de su g~ática
castellana, que dedicó a la reina Isabel, Nebrija expresa su convicción de que «siempre la lengua
fue compañera del imperiQ)). En un mom~nto propicio, en vísperas del descubrimiento de América, Nebrija reflejó el encendido patriotismo de sus contemporáneos: «después que vuestra Alteza metiese debaxo de su ingo muchos pueblos bárbaros e naciones de peregrinos lenguas ... aquellos ten~ÍIH1 necesidad
de recebir las leyes que el vencedor pone al vencido e con ellas nuestra lengua?>_
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LOS AUSTR1AS <1516-1598)
LA HERENCIA
Pero creía que con ayuda de su gramática el castellano lo aprenderían no s610
los pueblos sometidos sino también «los vizcaínos. navarros, franceses, italianos, e todos los otros que tienen algún trato e conversación en Espafta».3
Cuando menos en el interior de la península esa "tendencia era ya fuerte y la
lengua de Castilla era la lengua de l~ autoridad y, por tanto, un instrumento
de unificación.
En la medida en "que en ese momento existía un sentimiento nacionalista
en España, era de inspiración castellana más que española, como lo evidencia
el pensamiento de Nebrija. Pero incluso en este sentido limitado Nebrija fue
probablemente precoz, pues la mayor parte de los _súbditos de los Reyes Católicos se consideraban todavía castellanos, aragoneses, catalanes y vascos, más
que españoles. En cierto sentido no podía ser de otra manera, pues Fernando
e Isabel dieron a España un gobierno único pero no una administración
común. La unión de las coronas era personal, no institucional, y cada reino conservó su identidad y sus leyes. A pesar de que ostentaban el título de ({~eyes
de Castilla, de León, de Aragón y de Sicilia», Fernando e Isabel eran, ante todo,
soberanos de sus propios reinos más que monarcas de Espafia, hecho que quedaría perfectamente patente a la muerte de Isabel, cuando Fernando tuvo que
abandonar Castilla y los dos reinos .volvieron a llevar una trayectoria separada
durante un breve período de tiempo. Las diferencias institucionales se expresaban en la existencia de sistemas jurídicos y de Cortes separados para Cas"tilla
Y,Aragón. Incluso en la corona de Aragón había cortes separadas para los distjntos estados componentes, Cataluña, Valencia y Aragón. En Castilla, además del sistema jurídico castellano, existía el de las provincias vascas, que tenían también su propio régimen consuetudinario
y, tras la anexión de Navarra
en 1512, el de Navarra. Estas divisiones se veían reforzadas por las barreras aduaneras existentes entre los diversos reinos, tan eficaces como las que existían entre éstos y los países extranjeros.
.:. Así pues, la unión de la corona sólo fue el comienzo de la unificación de
España. Quedaba todavía por hacer la tarea de asimilar e integrar los diferentes estados y en su realización Fernando e Isabel se mostraron más vacilantes
y menos absolutistas de lo que se piensa muchas veces. -Sin embargo, las esperanzas de alcanzar la unidad permanente de España, y no sólo una alianza dinástica temporal, residían en la constancia con q~e los monarcas intentaron
conseguirla. En efecto, la unidad no era una condición natural en los habitan~
tes de España, por lo cual el impulso tenía que proceder desde arriba. Es cierto
que a la hora de poner en práctica una política común, Fernando e Isabel podían utilizar los recursos conjuntos de sus diferentes estados, especialmente los
de Castilla, que poseía el instrumento más eficaz de unificación: una monarquía potencialmente absoluta, sin la cortapisa de unas instituciones representativas y dispuesta a disputar el poder de la nobleza. Esto les otorgó los medios
, 3. A. de Nebrija, Gramática de la lengua castellano, 1492, ed. 1. González L1ubera, Oxford,
1926, pp. 3-9. Sobre la expansión del castellano véase R.. Menéndez Pidal, La lengua de Cristóbal
Colón, Buenos Aires, 1942, pp. 52-71.
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111.
DE LOS HABSBURGO
13
de constituir un Estado nacional y, en último extremo, un imperio. Pero era
necesario organizar esos medios. y encaminar a sus súbditos hacia unas vías nuew
vas a las que no estaban acostumbrados.
Pero, ante todo, tenían que jmponer
su autoridad e"n Castilla.
Fernando e I'6abel gobernaban como si su autoridad fuera absoluta y sus
súbditos estuvieran dispuestos .a-obedecer de buena gana, pero la realidad era
diferente, pues encontraron núcleos de poder hostiles que escapaban a su control inmediato y ante los cuales sus decretos eran ineficaces y sus representantes perdían su fuerza. La aristocracia castellana, que había monopolizado
los
frutos de la reconquista de España a los moros -tierras
y cargos públicostenía el poder suficiente como para convertirse en una autoridad independiente
que desafiaba a los reyes, se adueñaba de tierras de la monarquía y utilizaba
el poder así obtenido como instrumento de sus propias ambiciones. Así pues,
los monarcas intentaron incrementar su poder limitando el de la aristocracia.
Reacios a introducir innovaciones, se sirvieron de los organismos con los que
sus súbditos ya estaban familiarizados. Uno de ellos, las hermandades, fuerzas
de policía organizadas por numerosas ciudades, ya habían demostrado su utilidad en los años de caos y desorden del reinado de Enrique IV.4 Las reorganizaron creando la Santa Hermandad, obligaron a todo el mundo a contribuir
a sufragar los gastos que generaba, obligación en la que Quedaban incluidos
-y esto era una innovaciónla nobleza y el clero, y crearon el Consejo de
la Hermandad para garantizar que quedara bajo el control de la coron:i~(1476).
Tras un inicio vacilante -sólo ocho municipios enviaron sus representantes a
la reunión fundacionalla Santa Hermandad y sus milicias desempeñaron un
papel fundamental en la reducción del poder de la nobleza y en la persecución
de los criminales, con independencia de su esta tus.
Pero para domeñar a una aristocracia consentida por el trato indulgente de
la corona durante generaciones se hacia necesaria una acción más directa. Por
ello, se destruyeron castillos feudales, se declararon ilegales las guerras privadas, se suprimió la figura del adelantado, o gobernador de los territorios fronterizos, y en cuanto a los funcionarios de la corona se les circunscribió a la
realización de funciones precisas y limitadas privándoseles de toda influencia
en el gobierno y en
diseño de la política. Al mismo tiempo;' se recuperaron
y ampliaron las tierras de realengo, incesantemente enajenadas en el pasado,
y la corona comenzó a competir con sus propios súbditos en riqueza y en el
poder que ésta confería. Los maestrazgos de las órdenes militares,. que habían
sido una de las principales fuentes de desorden, se incorporaron a la Corona
y quedaron bajo el control de otro Consejo Real, el Consejo de.las Órdenes
(1495). Y, lo que es más importante, la administración de justicia fue reformada gradualmente mediante el fortalecimie.,nto progresivo de los tribunales reales a expensas de los feudales. La Audiencia, alto tribunal de justicia. que frecuentemente era presidida por los propios monarcas, pasó a ser el órgano judicial
el
4. Marvin Lunenfeld. The Council o/ (he Sonia Hermandad. A SJudy.oj Ihe Pacificar".", Forces
o/ Ferdinand and Isabella, Coral Gables, Fla .• 1970.
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LOS AUSTRIAS
LA HERENCIA
0516-1598)
supremo y con el establecimiento de audiencias menores en distintos lugares
la justicia regia interfirió más decididamente en el derecho privado de los señores feudales. La justicia ya no podía comprarse como en el corrupto reinado
de Enrique IV, sino que se aplicaba de manera imparcial e inexorable.
Antes del reinado de los Reyes C"atólicos la corona no había podido escapar
al control aristocrático aliándose con las ciudades, porque muchas de éstas eran
partidarias de la nobleza o estaban subordinadas a ella. Sin embargo, a mediados del siglo xv los habitantes de las ciudades estaban cansados de la anarquía
feudal. Conscientes de los inconvenientes prácticos que presentaban el desorden, la guerra civil y el dislocamiento de las comunicaciones normales estaban
dispuestos a tomar la iniciativa. Las primeras hermandades fueron movimientos urbanos y, de hecho, los anhelos municipales de conseguir la paz, la seguridad y la reanudación del comercio fueron unas de las condiciones fundamentales para el éxito del programa real. Pero Fernando e Isabel no tenían la
intención de rescatar a la corona del control de la aristocracia para subordinar~'
la a las ciudades. Muchas de ellas conservaban todavía los privilegios que habían obtenido cuando eran puestos fronterizos en las guerras contra los moros
y, con ellos, el recuerdo de la antigua independencia. Los monarcas intentaron
poner fin a esta situación.
Pero no era fácil. Las Cortes de Toledo de 1480 fueron el punto de partida
y la legislación reformista que el~boraron culminó en los reglamentos respecto
a los, corregidores, oficiales reales enviados por primera vez en 1480 a todas
las ciudades castellanas y que poco a poco se convirtieron en una institución
permanente. Pero los corregidores' hubieron de hacer grandes esfuerzos para
dejar sentir su influencia, y su éxito dependía tanto de sus cualidades personales como de la respuesta de las municipalidades.' En el período 1474-1485,mediante la acción combinada de la coacción y la concesión de favores fue posible
convencer a las oligarquías urbanas reacias de que aceptaran a los hombres de
Isabel y colaboraran con ellos. Una vez que la corona hubo neutralizado a la
aristocracia terrateniente, por medio de títulos, concesiones, legitimación de propiedades y cargos y, cuando fue necesario, mediante la fuerza militar. las muni~
cipalidades quedaron aisladas y sin recurso alternativo si se oponí~n a la voluntad real. En ese momento fue posible introducir a los corregidores para que
supervisaran a los concejos municipales. Durante el decenio siguiente, 1485-1494,
los corregidores pudieron asentar con fuerza su autoridad y su reputación, pero
en los municipios siguió siendo necesario recurrir más a la fuerza del halago
que a la de la coacción. La corona ratificó el carácter prácticamente hereditario
de los cargos conseguidos por los regidores (magistrados municipales) y confirmó la división de esos cargos entre las facciones aristocráticas. En el último
decenio, 1495~1504, la imposibilidad en que se vieron muchos corregidores para
hacer frente a los crecientes problemas económicos y sociales redujo su efica4
cia como agentes del gobierno central, permitió la recuperación de la aristocra-
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1,
'
15
cia y posibilitó el rechazo de las medidas oficiales por parte de las ciudades.
Sólo raramente los corregidores se atrevieron a desafiar el poder de la nobleza,
cuya jurisdicción señorial quedaba prácticamente al margen de su labor de
inspección. La corona, pues, se vio obligada a ejercer su influencia a través
de los métodos tradicionales. concesiones. privilegios y cargos, en el intento de
crear una clientela nobiliaria.6 Quienes sintieron con mayor fuerza el poder
de los corregidores fueron los miembros de la elite urbana, por cuanto en su
condición de hombre..'lde negocios eran quienes pagaban los mayores impues~
tos y quienes esperaban que el gobierno y la justicia alcanzaran unas cotas elevadas de eficacia. Aunque la corona no pudo introducir a los corregidores en
Aragón-Cataluña, pudo reducir la independencia de las corporaciones municipales poniendo en marcha el régimen insaculatorio, en el que los beneficiarios
de los cargos públicos procedían de listas de candidatos adecuados, es decir
de aquellos que mostraban una buena disposición hacia la corona, que se reservaba el derecho de revisar las elecciones. Las ciudades aceptaban de buen
grado la política real ya que salían beneficiadas de la mejora de la administración e incluso, más aún, del restablecimiento de las finanzas municipales, del
crédito y del comercio.7
.
Unas medidas que en Castilla iban dirigidas simplemente a fortalecer la autoridad real parecían más bién una política de desnacionalizaci6n cuando se aplicaban en los reinos orientales. La política que prosiguió Fernando en el intento
de mejorar la posición de la corona en Catalufia no se limitó a los asuQ.tosmunicipales y al gobierno local. Animado de un sentimiento de unidad más intenso
que el de Isabel, estaba deseoso de asimilar sus reinos a los de Castilla. Así,
fomentó los matrimonios de familias aristocráticas castellanas y catalanas, nombró a miembros del.clero castellano para ocupar importantes .beneficios en
Cataluña y en ocasiones llegó incluso -en contra de los preceptos constitucionales- a nombrar castellanos para ocupar cargos públicos catalanes. Aplicó
también esa política en el nivel institucional, admitiendo la Inquisición espa~
Bola en Aragón y Cataluña. Sin embargo, hay que decir que ésta fue la única
institución común a ambas coronas y las protestas con que fue recibida en los
reinos levantinos fueron un claro indicio de sl;l sensibilidad ante los intentos
de limitar su independencia y, tal vez, una advertencia a Castilla sobre la necesidad .de no llegar demasiado lejos en ese contexto. Así lo hizo Fernando. que
no veía razón para modificar su concepción pluralista de la monarquía española y su intervención en Cataluña produjo una reforma política y económica más
que la expoliación general de sus libertades. Dada la pobreza de los reinos orientales de la península tanto por lo que respecta al potencial humano como a
los recursos, no podía existir una fuerte tentaCión de atacar sus instituciones
o de someterlos a una rígida centralizaciQ..n.E~ consecuencia, los Austrias no
6.
Bartolomé Yun Casalilla, Crisis de subsistencia y conflictividad social a principios del si.
Una dudad andalu1P en los comienzos de la modernidad, Córdoba. 1980, pp. 197-198.
7. Véase J. Vicens Vives, Ferran JJ i la ciutat de Barcelona, 1479-1516, Barcelona, 1936-1937,
3 vals.
glo
5. Marvin Lunenfeld. Keepers o/ the City: The Corregidores 01 lsabella l o/ Castile (1474-1504),
Cambridge, 1987 (hay trad. cast.: Los corregidores de Isabel la Católica. Labor, Barcelona, 1989).
DE LOS HABSBURGO
XVI.
16
LOS AUSTRlAS
(l516-IS98)
LA HERENCIA
iban a heredar de los Reyes Católicos un régimen monolítico sino un sistema
abigarrado y descentralizado.
una unión personal de estados independientes.
La situación de anarquía de la sociedad española en vísperas de la implan~ación del nuevo orden se reflejaba también en la condición de la Iglesia. Al
Igual que la corona, había perdido prestigio y propiedades en las ¥"uerras civiles
de los años centrales del siglo xv, en las que sus miembros más poderosos habían participado en uno u otro bando por razones que poco tenían que ver con
la religión y, como la nobleza, reaccionaba con vehemencia a cualquier ataque
contra sus privilegios, en especial, contra la exención tributaria. El comportamiento de una gran parte del alto clero apenas se diferenciaba del de la aristocracia, de cuyas filas procedía,. y la figura de un obispo-guerrero,
como el arzobispo Carrillo de Toledo, no era en modo alguno excepcional. En las órdenes
monásticas había caído en desuso la disciplina originaria con muy pocas ex~
cepciones -entre
las que cabe destacar las de los cartujos y los observantes
franciscanosy sus monasterios no eran, Con frecuencia, más que lugares de
entretenimiento.
Cuando los Reyes Católicos iniciaron la reforma de las órdenes religiosas, muchos de sus miembros tuvieron que ser expulsados de sus
órdenes y los dominicos de Salamanca se defendieron por medio de las armas.
Peor aún era la situación del clero secular. Era producto del sistema vigente,
qu~ prácticamente no preveía medida alguna para la instrucción de los sacerdotes, y con frecuencia carecía por completo de preparación para la realización
de sus tareas. En 1473 el Concilio de Aranda tuvo que ordenar al clero que celebrara misa al menos cuatro veces al año. Es cierto que en los momentos de
decadencia se da publicidad a los vicios del clero, mientras que se ignoran sus
virtudes. La Iglesia española no estaba desprovista de piedad e,integridad y los
val,?res morales se conservaban en los sectores medios de los obispos, abades
y canónigos.
Así pues, los Reyes Católicos tenían material Con el que trabajar y con la
col~boración del cardenal Jiménez de Cisneros pudieron iniciar la tarea de reforma, necesaria desde hacía tanto tiempo, uno de cuyos rasgos fundamentales
era la selección cuidadosa de los candidatos para ocupar los beñeficios eclesiásticos. Por esta razón, así como para apuntalar su soberanía, estaban decidi.
dos a limitar la jurisdicción de Roma. <:;0010 en los asuntos seculares, en los
eclesiásticos estaban decididos también a realizar labores de control y de reforma, y durante su reinado la Iglesia espafiola vio cómo se socavaba su independencia y se limitaban estrictamente sus relaciones Con Roma. Para conseguir
el control sobre el clero español intentaron que el nombramiento de los cargos
eclesiásticos recayera en la corona y no en el papado. nas un enfrentamiento
can el papado obtuvieron de Sixto IV el derecho de presentación en favor de
SUs candidatos para todos los principales beneficio:; eclesiásticos en Espafta,
en el bien entendido de que, de hecho, los candidatos presentados por la corona
8
serían nombrados por Roma. Este derecho, ya de por sí amplio. se 'extende8. T. de Azcona,La elección y reforma del episcopado español en tiempo de los Reyes Cat6-
[jcos. Madrid, 1960.
17
DE LOS HABSBUROO
ría cada vez a un mayor número de cargos. Sin embarg.o,. no hay que exagerar
la preocupación de los Reyes Católicos respecto ~ la rehglón. Apenas les pre~cupaban los problemas más generalcs de la IgleSia y, desde lu~go, poco prestigio aportó al papado el pontIficado de Alejandro VI, un BorgIa ."spañol elegIdo con el apoyo decidido de Fernando e Isabel. In~luso en Espana ~as raZOnes
de Estado prevalecían en ocasiones sobre las neceSIdades de ~~I~lesl~: Fernando, que necesitaba encontrar sinecuras para sus numerosos hIJOSllegItllJ~oS, dei ó a uno de elJos, Alonso de Aragón, para ocupar el.cargo de arzobiSpo de
~agoza
y a éste le sucedió en la sede su propio hijo ilegítimo.
La reducción del poder de los tres estamentos -la nobleza, el clero y las
C. dadesestuvo cargada de consecuencias para la institución que tradicioID
nalmente
los representaba, .Ias Cortes. " Esto no cons.tituyO un pro bl e~a en
Castilla, donde las Cortes eran un organismo que no f~.rmaba parte del s.Istema
regular de gobierno, sino que podía ser consultado cuando la corona as1 lo. d~~
cidiera y que servía para reforzar la autoridad de la coron3:' pero no para limItarla. El derecho de representación correspondía tan sólo a.17 ciudades (18 con
la incorporación d~Granada desde 1492), cada una de las cuales enviaba dos
procuradores en cuya selección la corona intervenía direc~am~nte. Las Cortes
tenían el derecho de presentar peticiones pero no poder legIslativo que, en C~s.
tilla descansaba exclusivamente en la corona. Las nuevas leyes no rcquenan
el a;entimiento de las Cortes, a no ser que estuvieran en contradicción con una
ley antigua. Según una ordenanza de 1387, la corona no P?día revocar w:a l~
válida sin el consentimiento de las Cortes, pero por lo demas su poder legIslatIvo era ilimitado. No era mayor el poder financiero de la institución. A~nque
se entendía que la corona tenía que consultar a las Cortes para obtener IOgresos extraordinarios,
quedando recogido este principio como ley escrita en las
Caries de Valladolid de 1307, incluso esa limitada función se vio debilitada por
la exención tributaria de la nobleza y de la Iglesia y por el hecho de que la corona disponía de fuentes alternativas de ingresos, factores ambos que .aislaron ~
las ciudades y debilitaron cualquier oposición que éstas intentaron ejercer. ASl
pues, las Cortes de Castilla no podían anteponer la resolución de I~s agravios
a la concesión de dinero y, por tanto, careCÍan de capacidad negOCIadora con
respecto a la corona. Sin embargo, podían ser de utilidad como medio de llegar
a la opinión pública y en los primeros años de su reinado Fernando e lsabel
buscaron su colaboración, o la del pueblo llano, en su campaña contra la nobleza. Posteriormente, cuando su ayuda ya no era necesaria, las dejaron de lado
y sólo fueron convocadas prácticamente para jurar lealtad a los herederos del
trono,
En los estados de la corona de Aragón las Cortes contaban
"1
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con prtVl eglOs .
9. Véase R. B. Merriman, (IThe Cortes oC the s;anish Kingdoms in the Later Middle A~es»,
American Historical Review, XVT (191Q.1911), pp. 476-495; M. Colmeiro, Cortes de./os .(Intlg~os
reinos de León y de Castilla: Introducción, Madrid, 1883; se encontrará una relaCIón de var~os
estudios en «Recent Works and Presen! Views on the Origins and Development oC Representa~ve
Assemblicsll, en Re/azioni del X Congresso lnternazionale di Scienze Storiche. vol. T.florenCIa,
1955, pp. 58.63.
18
LOS AUSTRIAS
(1516-1598)
más reales y con mayores medios para escapar al control del gobierno. Las de
Aragón estaban formadas por cuatro estamentos, la alta nobleza, la baja nobleza, el clero y las ciudades, y aunque su convocatoria era una prerrogativa
real, el derecho de asistir a ellas estaba claramente establecido y no dependía,
como en Castilla, de la decisión real. A diferencia del monarca castellano, el
rey de Aragón no podía legislar sin las Cortes ni imponer impuesto alguno sin
su consentimiento. 10 Incluso durante los intervalos entre las reuniones de las
Cortes la corona no podía escapar a su control, pues constituían una Diputa~
ción del Reyno, comité formado por los diferentes estamentos, que s~ reunía
para supervisar el cumplimiento de las leyes por parte de los funcionarios públicos y los particulares y para controlar la administración de los ingresos públicos. En esencia, las Cortes de Cataluña y Valencia eran similares a las de Aragón. La institución catalana estaba formada por tres estamentos, siendo doce
las ciudades representadas en el tercero de ellos. No era posible promulgar ley
alguna sin su consentimiento, ni imponer nuevos impuestos que no hubieran
sido votados por las Cortes, y en la sesión de clausura antes de obtener elsubsidio el monarca tenía que jurar que aplicaría las medidas que habían sido aprobadas por las Cortes, que formaban un comité de los diversos estamentos, la
Diputación General del Reyno, similar a la de Aragón, que realizaba una función de vigilancia. Las Cortes de Catalllfia, más poderosas que las de Castilla,
eran más eficaces, probablemente, que las de Aragón. Pero todas las Cortes
de los reinos orientales eran instrumentos potenciales de oposición a la corona.
Sin embargo, Fernando, que pretendía restablecer la autoridad real, no desafió
sus privilegios, sino que recurrió al expediente de enviar listas oficiales de las
que tenían que ser elegidos los representantes de las ciudades. Por lo demás,
no aplicó en ellas ninguna reforma estructural.
Generalmente, la inmunidad de los reinos orientales ante el poder absoluto
de la corona, en especial por 10 que respecta a los impuestos y al reclutamiento,
y que se prolongó durante todo el período de los Austrias, se explica por razones estrictamente constitucionales y se atribuye al entramado legal que les permitía defenderse, a diferencia de los dominios indefensos de Castilla. Sin duda
alguna, las instituciones de Aragón y Cataluña eran más vigorosas que las de
Castilla y el poder de su monarca menos absoluto. También es cierto que las
monarquías conjuntas aceptaron las condiciones de la unión, que las partes componentes de la nueva España conservaran su identidad y sús leyes. En cualquier
caso, ni Fernando ni Isabel deseaban provocar nuevas guerras civiles mediante
enfrentamientos imprudentes con los grupos de intereses tradicionales. Pero las
instituciones no lo explican todo y es necesario todavía dar respuesta a la pregunta de por qué la corona se avino a disponer de un poder menos absoluto
en Aragón que en Castilla y, asimismo, por qué las instituciones protectoras
de Aragón sobrevivieron incluso en la nueva situación, mientras que las de CasJO. Se ha atribuido gran importancia a la necesidad de contar con una unanimidad tota! para
aprobar cualquier decisi6n, pero congran medida esa exigencia era puramente teórica y en la práctica prevalecía la nonna de la votación mayoritaria.
LA HERENCIA
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DE LOS HABSBURGO
19
tilla eran cada vez más ineficaces. La respuesta a este interrogante hay que buscarla en las condiciones económicas y sociales de cada uno de esos reinos.
De las dos regiones, Castilla era la más rica tanto en població'n como en
bienes imponibles y sólo en ella podía la corona encontrar en cantidad suficiente los dos instrumentos básicos del poder: reclutamiento para su ejército
y dinero para el tesoro. En efecto, la estructura social de Castilla, con 'una im~
portante población campesina, una gran parte de la cual vivía en condiciones
de desempleo camuflado y de casi inanición, proveía un excedente disponible
para el reclutamiento de tropas. Por otra parte, la riqueza de Castilla, que muy
pronto se vería incrementada con las remesas de América, permitía a los contribuyentes hacer frente,a las demandas crecientes del Estado. Así pues, la corona tenía una razón de peso para buscar acceso directo a hombres y dinero
y para apartar cualquier obstáculo que se interpusiera en su camino. En cambio, en Aragón-Cataluña los recursos disponibles apenas servian sino para completar los que la corona ya poseía en Castilla. Como estos reinos tenían poco
que ofrecer también tenían poco que proteger y la corona no encontraba muchas razones para romper las barreras protectoras. No es difícil llegar a la conclusión de que si los reinos del este peninsular hubieran poseído mayores recursos sus instituciones habrían conocido el mismo destino que las de Castilla.
Cualquier monarquía absoluta que pretende construir un Estado e incrementar
su poder se ve obligada a establecer contacto directo con sus súbditos, y si la
corona de España hubiera sido desposeída de su poder fundamental en los reinos periféricos se habría visto obligada a enfrentarse con ellos. Tal como estaba la situación, con poder suficiente en Castilla, no valía la pena correr el riesgo. Aragón y Cataluña quedaron a salvo de la~formas más extremas de gobierno
absoluto debido a su pobreza, y su inmunidad sobrevivió con el consentimiento de la corona. Que ello fue así lo demuestra el hecho de que cuando fue necesario la corona no dudó en imponer su voluntad, incluso cuando encontró resistencia. En las Cortes catalanas de 1510 los representantes de Barcelona se
opusieron a la concesión del subsidio aduciendo razones constitucionales, porque el rey no había satisfecho sus peticiones. Fernando hizo llamar inmediatamente a los representantes de Barcelona, lo cual bastó para sofocar su resistencia. Años más tarde, Felipe n, que hubo de hacer frente a una oposición en
Aragón, pondría a prueba aún con mayor fuerza la vigencia de sus libertades.
No sería hasta el siglo XVII, en el momento en que Castilla ya había agotado
sus recursos, cuando el gobierno central intentó acabar con las inmunidades
de los reinos orientales para explotar sus recursos humanos y económicos.
En definitiva, las Cortes no eran un organismo regular ni fundamental de
gobierno. Ese papel lo desempeñaban los consejos reales, comenzando por el
Consejo de Castilla, cuya creciente impo¡tancia tanto en el plano legislativo
como judicial y consultivo redujo aún má~ la importancia de las Cortes. Los
Reyes Católicos reorganizaron el Consejo de Castilla convirtiéndolo en un organismo de administraci60: más eficaz y crearon nuevos consejos especializados en diferentes zonas territoriales (como el Consejo de Aragón) o en diferentes departamentos de gobierno (como el Consejo de las Órdenes Militares),
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LOS AUSTRIAS
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equipándolos con un conjunto de juristas profesionales y centralizando el trabajo de gobierno según unos esquemas que perduraron durante todo el período do Jos Austrias. Pero imponer la autoridad del Estado por medio de funcio-"
narios -y
su ejército- costaba dinero, por lo que la reorganización
emprendida por la corona exigía aumentar la capacidad financiera. La recuperación de territorios de realengo no era suficiente. Era urgente también reorganizar los impuestos, mejorar su recaudación y ocuparse de su administración
en el centro. Las reformas de estos aspectos comenzaron en 1480 con la creación en el seno del Consejo de Castilla de un departamento de finanzas a cuyo
frente se situó a un dirigente asturiano, Alonso de Quintanilla. La existencia
de una dirección más eficaz y el envío de "recaudadores a todas las partes "del
reino permitieron aumentar los ingresos de forma espectacular. Los ingresos
ordinarios, que en 1479 alcanzaban los 94,4 millones de maravedís, aumenta-"
ron más del triple, situándose en 317,7 millones en 1494. Pero esto se debía fundamentalmente a una mejor administración en tiempo de paz y no a la reforma
del sistema impositivo, que perpetuó su estructura tradicional. La nobleza y
el clero conservaron sus exenciones, lo que significó una carga cada vez mayor
sobre los sectores contribuyentes de la sociedad. Los ingresos ordinarios procedían de la alcabala, un impuesto sobre las ventas, y de los derechos de aduana
e impuestos sobre el consumo. En este reinado el impuesto de la alcabala estaba comprometido por las concesiones a la nobleza y por la medida de permitir
a los municipios que pagaran una suma global, llamada encabezamiento, pero
seguía siendo la fuente más importante de ingresos. Las Cortes podían votar
también subsidios extraordinarios, llamados servicios. La única contribución
uniforme era la cruzada, que obtuvieron los Reyes Católicos del papa para la
g"uerra de Granada y que a partir de entonces constituyó un ingreso permanente y cuantioso. Incluso después de la guerra la presión del gasto se mantuvo,
al incrementarse los gastos de la corte y del gobierno, entre ellos los gastos suntuarios de la reina.
Al dotar a Espafia de un aparato estatal los Reyes Católicos, actuando desde Castilla y aceptando las limitaciones constitucionales de la unión que habían forjado, liquidaron el pasado y construyeron la base sobre la que sus sucesores podrían erigir un Estado nacionaL En el ámbito administrativo su labor
fue creativa y decisiva y dejaron en Castilla, cuando no en todo el conjunto
de sus posesiones, un gobierno centralizado y reformado y cada vez míÍs respetado. Al finalizar el reinado estaba en vías de cumplirse' el ideal de Isabel de
una sociedad bien ordenada: «los soldados en el campo de batalla, los obispos
en sus pontificales y los ladrones en la horca)). Sin embargo, junto a esos logros -por los que había que pagar un precio- había aspectos menos positivos. El incremento de los impuestos, desigualmente repartidos entre sus súbditos, dio comienzo a un largo proceso de presión fiscal que tuvo resultados
ruinosos para la economía castellana. La intervención del gobierno en tantos
aspectos de la vida pública determinó que se multiplicara la burocracia, que
acabó por convertirse en un parásito de la nación y que estaba en constante
peligro de parálisis, que sólo podía evitarse por medio de la iniciativa real. El
LA HERENCIA
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predominio de Castilla supuso el descuido parcial de los reinos del este peninsular, porque la ausencia del monarca determinó que sus asuntos se resolvieran
con una cierta lentitud.
Pero el mayor defecto de la política de los Reyes Católícos, que perjudicó
de manera irreparable los intereses de sil país, fue su actitud de complacencia
con respecto a las condiciones sociales y económicas de España. Mucho era
lo que se había arrebatado a la aristocracia castellana, pero mucho era aún lo
que conservaba. Los monarcas se propusieron alcanzar un objetivo mínimo:
impedir que los más poderosos de sus súbditos compitieran con ellos por la
soberanía y manejar los asuntos del país según su voluntad. Una vez conseguido eso no molestaron más a la nobleza, antes bien buscaron su colaboración
en las tareas de la administración. Tal vez es cierto, como se afirma constantemente, que designaron a juristas profesionales para ocupar los puestos en los
consejos reales y otros organismos y que convirtieron en práctica habitual la
promoción de hombres de segunda fila y su elección para el desempeño de los
cargos públicos, juristas como Palacios Rubios, hombres del clero como JiméDez de Cisneros y soldados corno Gonzalo de Córdoba.ll Los contemporáneos
también eran conscientes de ello. El jurista y cronista Lorenzo GalÍndez de Carvajal (1472-1532)afirmó que preferían nombrar gente prudente apropiada para
su servicio, aunque pertenecieran a la clase media, que la de la nobleza, y algún
tiempo después el cronista DiegoHurtado de Mendoza menciona su costumbre de utilizar juristas, «gente media entre los grandes y los pequeños, cuya
profesión era el estudio de la ley}>.Hay una cierta "exageración en estas afirmaciones, pues Isabel no fue innovadora en la utilización de letrados, ya que esa
tendencia se había iniciado ya anteriormente en el siglo xv. En cuanto a los
nombramientos que realizó la reina, entre los nuevos corregidores no predominaban los letrados, sino que procedían de una variada extracción social, incluyendo a la aristocracia y al pueblo llano. La carrera se realizaba a través de la
promoción real y el ennoblecimiento más que por medio de la educación universitaria, y entre 1474y 1504menos de una cuarta parte de los individuos nombrados para ocupar el cargo de corregidor eran letrados.12 Por otra parte, los
cargos de virrey y gobernador y la mayor parte de los puestos militares de más
alta graduación se reservaban a los grandes nobles. El feudalismo no fue abolido en España el día en que la corona asumió los maestrazgos de las órdenes
militares y la jurisdicción señorial de la nobleza sobrevivió, asentada en una
extraordinaria riqueza territorial. Tras la fachada de la autoridad real, y con
su connivencia, la alta nobleza continuó gozando de una preeminencia económica que la convertía en el sector más poderoso de la sociedad castellana.
11. Sobre los principios que segu{an los Reyes Católicos para los nombramientos véase R. Menéndez Pida!, ed. W. Slarki~ The Sponiard$ in Their History. Londres, 1950, pp. 158-164.
12. Lunenfeld, Keepers o/ 'he City, p. 159.
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LA ARISlDCRACIA
LOS AUSTRIAS
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LA HERENCIA
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13. Sobre la situación social y económica en estepcciodo véase $. Sobreques Vida!, «La época
de los Reyes Católicos», en 1. Vicens Vives, ed .. Historia social y econ6mica de Espaffa y América, vol. II, Barcelona, 1957.1959, S vals., pp. 407.492. Véase también J. Vicens Vives. Apuntes
del curso de Historia &onómica de España, Barcelona, 1956, 2 vals.; vol. 1, pp. 249.270.
23
sus posesiones de tierras. 14 Lejos de poner coto a esa situación. los Reyes Católicos sancionaron la ampliación de ese poder. compensando así a la nobleza
de su pérdida de poder político, al preservar sus beneficios económicos," Los
derechos de propiedad establecidos por Fernando e Isabel se prolongaron durante todo el pedodo de los Austrias e incluso aún más allá. En las Cortes de
Toledo de 1480 aprobaron una serie de medidas que obligaban a los nobles a
devolver a la corona unas tierras que éstos le habían arrebatado desde el reinado de Enrique IV (1454), pero al mismo tiempo les ofrecieron seguridad absoluta respecto a las adquisiciones realizadas antes de esa fecha. que de hecho
eran las mayores y más importantes. Los monarcas sancionaron la recaudación
privada de la alcabala en numerosas jurisdicciones señoriales y confirmaron
. el derecho de mayorazgo, que permitía a los terratenientes asegurarse de que
sus propiedades no serían enajenadas y que las vinculaba a perpetuidad a su
familia. Asimismo. aprobaron las alianzas matrimoniales aristocráticas cuyo
resultado era necesariamente una concentración aún mayor de la propiedad en
manos de la clase de los propietarios. Finalmente. en Granada pusieron en marcha una política pro aristocrática. Granada era una conquista nueva, pero con
la excepción de algunas tierras en la parte occidental del reino, que pasaron
a manos de campesinos y artesanos de la Baja Andalucía, una gran parte de
su rico territorio fue entregado a los nobles a efectos de su poblamiento, defensa y control. grandes lotes a la alta nobleza y de menor cuantía a los hidalgos.
Esto estaba en consonancia con la política seguida después de la reconquista
en todas partes y confirmaba el carácter jerárquico de la propiedad de la tierra
. en Castilla.1S La tendencia a la concentración de la tierra continuó. pues. hasta tiempos posteriores, frecuentemente como consecuencia de incentivos económicos y a expensas de las tierras de propiedad pública. En la provincia de
Córdoba los latifundios formados después de la reconquista se integraron. a
comienzos del siglo XVl, en nuevas propiedades formadas mediante compra,
nuevas concesiones reales y ocupación de tierras baldías. Los campesinos productores sucumbieron a la acción de las fuerzas del mercado y a la mayor efica.
cia de las grandes unidades de explotación o se vieron obligados a hipotecar
sus propiedades a sus vecinos más poderosos.1fi
Este tipo de hechos explican las enormes fortunas que acumuló la nobleia
castellana a partir de entonces. ~n la .cima se hallaba un grupo de magnates.
denominados grandes desde mediados del siglo xv, muchos de los cuales estaban unidos entre sí por vínculos matrimoniales y algunos de ellos a la corona.
Extremadura pertenecía. en partes casi iguales. a los Suárez de Figueroa y a
la orden de Alcántara.!? Las inmensas llanuras de La Mancha estaban repar-
y LA TIERRA EN CASTILLA
Una inmensa mayoría de los españoles -aproximadamente el 95 por 100vivían en el campo y eran campesinos, 'pero pocos de ellos eran propietarios
de la tierra que trabajaban, porque en España la tierra estaba prácticamente
monopolizada por la aristocracia y la Iglesia. 13 Entre los campesinos y los nobles existía una incipiente, aunque débil, clase media, consistente en comerciantes
y profesionales, miembros de la burocracia y del clero, y pequeños propietarios
rurales. En conjunto, estos grupos suponían menos del4 por 100 de la población. En el vértice de la pirámide soCÍal se hallaba la aristocracia, una minoría
aún más reducida pero poseedora de poder y riqueza en proporción inversa a
su número. Esta clase privilegiada, junto con el clero, era propietaria de una
gran parte de Castilla. no su totalidad pero lo bastante como para inclinar la
balanza a su favor. La aristocracia castellana de la Baja Edad Media, que había
acumulado las tierras conquistadas a los moros. ampliándolas mediante las de.
predaciones en las tierras de la ":0rona, protegiéndolas mediante la creación de
mayorazgos y convirtiéndolas en tierras de pasto para las ovejas para el provechoso comercio de la lana. había basado su poder político sobre unas bases
económicas inexpugnables. Domeñar ese poder habría sido una tarea de proporciones realmente gigantescas y no habría podido ser realizada en una sola
generación.
Fernando e Isabel se contentaron con arrebatarles el poder político para situarlo en manos de quien debía detentarlo, es decir, de la corona. Pero para
ello tuvieron que aceptar un compromiso: reconocieron la inmunidad de la nobleza frente a diferentes tipos de impuestos y su jurisdicción señorial y sancionaron su posición dominante de la tierra. Ni siquiera consiguieron convertir
en cortesanos a los miembros de la nobleza. como tan frecuentemente se ha
pensado. El noble poderoso tenía dos residencias: un palacio en la ciudad y
una propiedad en el campo. En esta última poseía un poder real y ejercía una
jurisdicción feudal sobre sus,tenentes. desafiando así a la soberanía del Estado.
Medio siglo después del acceso al trono.de los Reyes Católicos. el duque del
Infantado. de la poderosísima familia de los Mendoza era señor todavía de
800 aldeas y 90.000 vasallos y gobernaba sus propiedad';" en Guad;¡ajara c~mo
un príncipe poderoso. Cuando el prestigio real declinó con la mu.erte de Isabel
y la exclusión de Fernando del gobierno de Castilla, el duque de Medina Sidonia ofreció 2.000 soldados de caballería y 50.000 ducados al enemigo de Fernando. Felipe de Austria. y se prestó a intervenir activamente en la política.
Aun cuando la aristocracia castellana desapareció finalmente corno un poder
político independiente, conservó un extraordinario poder material basado en
DE LOS HABSBURGO
:
14. Sobre los orígenes de los latifundios en España véase L.. Redonet y López.Dóriga, (El
latifundio y su formación en la España medievab,,.fiSludios de Historia Social de España, 1949,
vol. (, pp. 139.203 •
15. David E. Vassberg, Land and Society in Colden Age Castile, Cambridge, 1984, pp. 99.100
(hay trad. casL Tierra y sociedad en Castilla, Critica. Barcelona, 1986).
16. Bartolome Yun Casalilla, Crisis de subsistencias y conflictividad social en Córdoba a principios del siglo xVJ, p. 128.
17. Sobrequés Vidal, «La epoca de los Reyes Católicos)}, p. 420.
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LOS AUSTRlAS
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tidas entre las órdenes de Santiago y Calatrava, el arzobispo de Toledo y el marqués de Vi1lena. En Murcia, los terratenientes más importantes eran los Fajardo, en Salamanca los Zúiliga (duques de Béjar) y los Álvarez de lbledo (duques
de Alba), en la Alcarria los Mendoza (duques del Infantado). Los Enriquez
(almirantes de Castilla) eran propietarios de la mayor parte de las provincias
de Valladolid y Valencia y tenían también propiedades en Andalucía y los Pimentel (condes de Benavente) eran grandes propietarios en la de León. Pero
sobre todos los demás destacaban los grandes magnates de Andalucía, dividida
en grandes latifundios entre los Guzmán (duques de Medina Sidonia), los Cerda (duques de Medinaceli), los Ponce de León (duques de Arcos), los Fernández de Córdoba (duques de Sesa) y los Mendoza (condes de Teudilla y de Priego); el resto pertenecía al arzobispo de Toledo. Este desproporcionado volumen
de tierra cuya propiedad correspondía a la nobleza alta y la Iglesia no impedía
su posesión por parte de pequeños propietarios como los hidalgos, las clases
medias e incluso los campesinos. Pero la tendencia a la concentración rústica
favorecía a los sectores privilegiados. En consecuencia, no puede decirse que
los Reyes Católicos resolvieran el problema de la aristocracia.
El éxito fácil de la nobleza creó en el conjunto de la sociedad castellana una
mentalidad pro aristocrática y le dio su impronta característica para los próximos siglos. La pertenencia a esa clase, si era posible conseguirla, ofrecía la forma de escapar a las cargas tributarias en una época de crecIente presión fiscal.
En cambio, la política de la Corona no reportó muchos beneficios a las clases
medias de la sociedad. Sin duda, el restablecimiento del orden público y de la
autoridad con la consiguiente liberación de una serie de fuerzas económicas
hasta entonces reprimidas, estimuló el comercio y la industria y permitió aumentar sus ingresos, pero fue precisamente en tiempo de los Reyes Católicos cuando esos sectores perdieron a una parte de sus componentes. Por mor de la uniformidad religiosa los judíos fueron expulsados del país y los conversos fueron
sometidos a una campafia de investigación que socavó su seguridad. En el conjuñto de la.vKla económica y urbana de España los judíos habían ocupado puestos clave, pues como financieros, artesanos y funcionarios dominaban las empresas productivas, con la excepción de la agricultura. Teniendo en cuenta su.
número, prosperidad e influencia no es sorprendente que despertaran la env{dia y el odio, en especial entre la nobleza y el clero, y su adhesión al judaísmo,
incluso después de su conversión nominal, era una afrenta para las susceptibilidades religiosas de los Reyes Católicos y para muchos de sus súbditos. Por eUo,
los monarcas no dudaron en afrontar los riesgos para conseguir sus objetivos.
Sabían perfectamente qué era lo que estaba en juego y lo vieron aún con mayor
claridad en la reacción de los núcleos urbanos a su política antijudía, especial.
mente ante la decisión de establecer la Inquisición~ Los municipios de Sevilla,
Toledo, Barcelona, Valencia y zaragoza llevaron a cabo urgentes y razonadas
protestas sobre los daños que el establecimiento de la Inquisición entrañaba
para sus ciudades, al provocar la huida de los conversos junto con sus capitales.
Los monarcas respondían invariablemente que preferían el bienestar religioso
del país al económico. Esto era totalmente cierto, p.uesel número de los afectados
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no era insignificante. Los efectos económicos de la campaña contra los judíos y
los conversos fueron menos perjudiciales para España de lo que a menudo se supone, ya que los hombres de negocios italianos y peninsulares pudieron llenar
el hueco dejado por las víctimas de la política real, pero hubo una pérdida de
competencia y capital, y por 'esta razón y también por cuestiones políticas hubo
una gran resistencia al establecimiento de la Inquisición en los reinos orientales.
Con el fin de forzar a los judíos a convertirse al cristianismo, los Reyes Católicos decidieron en 1492eXpulsara quienes se negaran a hacerlo. Muchos aceptaron y engrosaron las filas en aumento de los conversos, pero otros abandonaron el país, buscando refugio en Portugal y en Francia o embarcando en los
puertos del Mediterráneo. Probablemente, su número se ha exagerado. En 1492
había un máximo de 70.000 judíos en Castilla, aproximadamente el 1,75 por
100 de una población de menos de 4 millones, mientras que en Aragón eran
menos de 10.000, el 1,2 por 100 de la población total. Aparte de los que se convirtieron, muchos consiguieron regresar, quedando la cifra total de los expulsados en unos 40.000 o 50.000, no menos trágica para las personas y perjudicial
para el bienestar y la reputación de España. 18
Si la política de los Reyes Católicos no fue muy beneficiosa para la sociedad urbana, menos aún lo fue para las masas rurales. La única excepción fue
Cataluña, en donde una revuelta campesina contra los terratenientes feudales
indujo a ambos bandos a confiar la solución del conflicto al rey Fernando. Su
decisión tomó cuerpo en la Sentencia de Guadalupe (1486), que abolía las servidumbres feudales a cambio de compensaciones a los señores y daba a los campesinos catalanes algunos derechos de propiedad.19 En cambio, en Aragón,
donde el problema del campesinado era similar al de Cataluña, la corona apoyó a los sefiores feudales. En Castilla, la corona, haciendo caso omiso de la
situación real, confirmó el derecho de los tenentes a abandonar a su senor, cambiar de residencia y llevar consigo sus bienes (1481), pero ante el monopolio
de la tierra que detentaba la nobleza ese derecho era en gran medida teórico
y un simple reflejo de confianza aristocrática: como el campesino no tenía lu~
gar alguno a donde escapa'r, no era necesario vincularlo jurídicamente a la tierra. Así pues, en Aragón y en la mayor parte de Castilla el campesino siguió
siendo un tenente que pagaba su renta en especies.~y,a menudo, en servicios
y que careCÍa por completo de seguridad respecto a su tenencia. En los demás
casos, era un trabajador sin tierra. Afectado por las plagas, la sequía y el hambre,
estaba totalmente a merced de su señor o de su patrón, contra el que no tenía
protección legal alguna. En vano trataba de encontrar alguna legislación favorable al pequefio propietario. En Castilla existía gran número de tierras de propiedad pública, las tierras baldías, en muchos casos propiedad de los municipios,
1
18. Véase Henry Kamen, lnquisition and Sodery in Spoin in the Sixteenth and Seventeenth
centuries. Londres, 1985, pp. 6-17, Y del mismo autor, «The Mediterranean and the Expu!sion of
Spanish Jews in 1492}), Post ond Presento 119 (1988), pp. 3().55.
19. J. Viceus Vives, Historia de los remeMOS en el siglo xv, Barcelona, 1945; El Gran Sindicato remensa (J488-1508). La última etapa del pleito agrario catalán duranteel reinado de Fernando el Católico, Madrid, 1954.
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y a las que teóricamente tenían acceso. para su cultivo y para utilizarlas como
pasto, los campesinos sin tierra, pero eran usurpadas cada vez más frecuentemente por los propietarios de las propiedades vecinas y por los funcionarios municipales. Una ordenanza real de 1492 ordenaba a los funcionarios la devolución
de las tierras comunales a los municipios, pero eso no puso fin a la usurpación.
Sin embargo, en toda la zona meridional y central de España existían grandes extensiones de tierra sin cultivar. Una de las razones por las que no se trabajaba era porque lo impedíañ) los propietarios de rebaños, especialmente de
ovejas merinas trashumantes, tan abundantes en España. Desde el siglo xm la
actividad económica más importante de Castilla era la cría de la oveja,merina
por su lana, lo que produjo un grave desequilibrio entre la agricultura y la ganadería. En el reinado de los Reyes Católicos la situación exigía la dirección
del gobierno, pero también en este aspecto la política real fue conservadora y
favorable a la nobleza. Una vez más, Cataluña fue la excepción. En este reino
levantino, donde Fernando sentó las condiciones de una breve recuperación económica, se negó a sancionar las aspiraciones absolutas de los dueños de rebaños de ovejas a los derechos de propiedad y en 15U en las Cortes de Monzón
prohibió el paso de los rebaños por las tierras cultivadas. Esta decisión fue de
importancia crucial para el desarrollo de la agricultura en las regiones mediterráneas de España, pero era la decisión opuesta a la que se había tomado en
Castilla diez años antes. Ciertamente, lo que era posible en Cataluña no lo era
necesariamente en Castilla, donde poderosos grupos de intereses estaban involucrados en la cr~ade ovejas y el comercio de la lana. Pero la corona no se limitó a sancionar la situación existente, sino que su estrechez de miras sólo sirvió
para empeorarla. Se situó firmemente alIado de los intereses de los ganaderos,
representados en su organización, la Mesta, que los Reyes Católicos defendieron frente a toda oposición y consiguieron controlar colocando al frente de ella,
como presidente, a un consejero real en el año 1500,20 Nadie que decidiera cercar las tierras de pasto para cultivarlas tenía posibilidad alguna de éxito frente
a los ataques de los ganaderos, "que contaron en todo momento con el apoyo
real. Ese apoyo culminó en la célebre Ley de arriendo del suelo de 1501, que
otorgó a la Mesta el derecho de utilizar a perpetuidad y mediante el pago de
una renta fija cualquier exten.sión que hubiera sido utilizada alguna vez como
tierra de pasto. Aunque la Mesta sólo arrendaba la tierra, esta medida suponía
la vinculación virtual de sus tierras de pasto y en caso de cualquier litigio sus
propios funcionarios actuaban como jueces. Inmensas extensiones de tierra de
AndaluCÍa y Extrernadura quedaron así vinculadas a la Mesta y a los intereses
de sus dirigentes. Difícilmente podría haberse pensado en un freno más poderoso para el desarrollo de la agricultura.
¿Por qué fue la política real en Castilla tan diferente de la de Cataluña, y
por qué Fernando e Isabel cedieron de esa manera ante los intereses de los, ganaderos? No es sólo un problema de concesiones, pues lo cierto es que uno
LA HERENCIA
;
1
20. J. KJein, The Mesta, Cambridge. Mass" 1920, pp, 52, 316-326 (hay trad. cast,: La Mesta.
Alianza. Madrid, 1990).
27
de los mayores beneficiarios de esa política fue la corona, que obtenía unos
ingresos rápidos y seguros de los jmpucstos sobre los rebaños y sobre la venta
de la lana. Por tanto, en lugar de promocionar el desarrollo de la agricultura
y esperar los beneficios de esa política, la corona prefirió esa fácil salida para
solucionar sus dificultades financieras, que ya había resultado satisfactoria en
el pasado. Además, estaban implicados una serie de intereses comerciales e industriales: la venta de la lana merina en el extranjero era extraordinariamente
lucrativa y su manufactura era la única industria castellana de cierta importancia. Pero era la nobleza la que más se jugaba en el envite, pues muchos aristócratas habían tomado la decisión de convertir sus propiedades casi exclusivamente en tierras de pasto, porque de esa forma obtenían un producto cuya venta
les reportaba piJ:lgüesbenet:i,ciosy que exigí~pocas inversiones en dinero y mano
de obra, a diferencia de l~ que ocurría con la agricultura, dada la aridez de
Castilla. Esa poderosa alianza se constituyó, pues, en torno a unos intereses
reales y explotó la riqueza natural de España. Sólo fue posible oponerse a ella
cuando la agricultura comenzó a ser más productiva y a ser considerada como
una inversión prometedora. Esto comenzó a ocurrir desde los primeros años
del siglo XVI, cuando dos nuevos factores, el crecimiento demográfico y el mercado americano, comenzaron a impulsar el desarrollo agrícola. En España había más bocas que alimentar y la presión sobre los abastecimientos de grano
estimuló la expansión de la superficie cultivada. Al mismo tiempo, la primera
generación de colonos en el Nuevo Mundo quería consumir productos españoles y ello determinó que AndaluCÍa incrementara su producción de trigo, vino
y aceite. Al mejorar las perspectivas para los productores, la corona intentó proteger a los consumidores. En 1502, Fernando e Isabel establecieron, en beneficio de los menos favorecidos, una tasa, o precio máximo, para el trigo, la cebada y el centeno, experiencia que perduró hasta 1512y que se puso en práctica
de nuevo ailos más tarde, provocando una importante huida del campo y un
prolongado debate.21 Entretanto, la corona no podía introducir medidas legislativas para modificar el medio natural y la agricultura española continuó viéndose afectada por la sequía y la escasez, como en 1506, cuando el único recurso
posible fue .la importación de cereales.
Aunque España era básicamente una economía agraria, los Reyes Católicos
tuvieron en cuenta a otro sector, la industria artesanal, fuertemente dependiente del mercado rural pero importante también para las ciudades. La teoría tradicional, según la cual promovieron el desarrollo de la industria en Castilla,
no se ve corroborada por los testimonios que poseemos, pues las industrias que
se mencionan son las que producían bienes de lujo o productos para un mercado local. El ingente número de decretos que promulgaron para regular los procesos de manufactura no pueden ocultarJa falta de coherencia de su política
y el hecho de que ya se habían decantado hacia los intereses de la nobleza mediante la protección de la ganadería, De hecho, sus reglamentaciones fueron
un obstáculo para la industria. A partir de 1480 aproximadamente Fernando
21.
.\
DE LOS HABSBURGO
Vassberg, Land and Society in Colden Age Caslile, pp. 190-191.
28
LOS AUSTRIAS
(1516-1598)
favoreció la extensión de los gremios, que luego se vieron perjudicados por un
número excesivo de disposiciones. En 1511promulgó la Ordenanza de Sevilla,
un conjunto de 120 normas que contemplaban el proceso legal del tejido de
los paños. Durante todo el siglo XVI la industria española sufrió las trabas que
suponían este tipo de disposiciones. En un momento en que la industria del
resto de Europa comenzaba a escapar al control de los gremios, la de Castilla
se vio atenazada por el corsé corporativo. Las únicas industrias de cierta importancia eran la industria siderúrgica de las provincias vascas, que contaba
con recursos naturales y Con la protc;cción de los privilegios regionales, y la industria textil castellana, que recibió un nuevo impulso con el descubrimiento
de América y la consiguiente apertura de nuevos mercados, sobre todo a partir
de 1505 aproximadamente. Pero en general la industria recibiÓ un nuevo golpe
con la huida de los artesanos conversos. No es una simple coincidencia que desde
el momento en que se estableció la Inquisición la corona tuviera que publicar
decretos invitando a trabajadores extranjeros a acudir a España (1484) y que tomara la medida sin precedentes de conceder a los trabajadores extranjeros que
acudieran a Castilla la exención de todo tipo de impuestos durante diez años.22
En cambio, la expansión del comercio castellano coincidió con el reinado
de Fernando e Isabel y se produjo en parte gracias a su iniciativa.23 Ya existía
una tradición comercial en Castilla, que se vio fortalecida gracias a las condiciones de paz impuestas por los monarcas. La exportación de lana era la principal actividad del comercio exterior y la ,corona hizo todo tipo de esfuerzos
para promocionarla, aunque sólo fuera para aumentar los ingresos que reportaba: Se envia~an agentes a los principales mercados exteriores -Brujas, La
Rochela, Londres y Florencia- para analizar la demanda, los precios y la competencia y desde esos centros enviaban información a la corte. Una vez estudiados esos datos se establecían contactos entre los comerciantes extranjeros y las
autoridades de la Mesta para organizar las exportaciones. Los Reyes Católicos
intentaron también reservar para España el transporte de las mercancías mediante leyes de navegación. De cualquier forma, la protección que prestaron
los Reyes Católicos a la industria y el comercio no formaba parte de un progra.
roa elaborado, ni siquiera de tipo' mercantilista. Su interés en ese sentido era
reducido si se compara con la protección que prestaron a 'la aristocracia terrate.
niente. En cualquier caso, no había capital suficiente para invertir en empresas
productivas. El descubrimiento de América era todavía demasiado reciente para
que fuera posible contar con sus riquezas minerales para la expansión industrial de España. Más tarde, cuando empezaron a aumentar 105 envíos de metales prec~osos eran dispersados rápidamente hacia el exterior para hacer frente
a los pagos derivados de las guerras en el extranjero y de los productos importados, entre ellos los cereales. Castilla siguió siendo un país agrario, ganadero
22. Vicens Vives, Apuntes del curso de Historia &on6mica de España, vol. J, p. 263.
23. Véase M. Mollat, «Le role intemational des merchands espagnols daos les ports occiden.
taux a l'époque des ROls Catholiques)), V Congreso de Historia de la Corona de Aragón, Estudios,
vol. [, Zaragoza, 1955, pp. 35-61.
LA HERENCIA
DE LOS HABSBURGO
29
y feudal como lo había sído en la Edad Media y los Reyes Católicos no iniciaron siquiera la tarea -ingente, es cierto- de integrar las diferentes regiones
de España en un conjunto económico.
Las relaciones económicas entre los diversos reinos no se modificaron de
forma radical enJos aftas formativos de la historia nacional de Espafia. En 1479,
cuando Fernando e Isabel comenzaron a gobernar sus dominios conjuntos, los
comerciantes catalanes creyeron que había comenzado un período de herman.
dad hispánica. Para los empobrecidos catalanes y su comercio en declive, conseguir un mercado en Castilla y Andalucía para sus paños y especias, y participar en la exportación de lana habría constituido un beneficio inestimable. Pero
sus ilusiones .sevieron defraudadas no por la aversión castellana hacia los catalanes sino por la oposición de la poderosa organización de la Mesta y porque
sus principales fivales en el comercio mediterráneo, los genoveses, tenían más
que ofrecer a la corona que 105 arruinados catalanes, cuyas demandas fueron,
por tanto, desatendidas. Los catalanes eran considerados todavía como extranjeros y se les negaba el acceso a las ferias de Medina del Campo en condiciones
de igualdad con los comerciantes de Castilla. Por estas razones los dos ejes de
la economía medieval española, el Mediterráneo y el Atlántico, continuaron
su evolución separada y mantuvieron una división que perjudicó la economía
de la España de los Austrias y que no se alteró hasta la segunda mitad del siglo
XVllI. Ciert~mente, este hecho reflejaba el concepto de unidad de los Reyes Católicos, por cuanto la unidad de un país no puede alcanzarse plenamente sin
su integración económica. Durante su reinado hubo una nueva oportunidad.
El imperio americano podría haber constituido un vínculo decisivo. Aparente.
mente, ése era un terreno favorable para los intereses comunes y para una empresa auténticamente española.
La unidad política de España habia sido prácticamente alcanzada cuando
Isabel patrocinó la expedicíón de Colón en 1492 y el Estado que ella y su esposo habían creado había alcanzado la suficiente madurez como para fundar y
explotar un imperio ultramarino. Pero los súbditos de la Corona de Aragón
no pudieron acceder al comercio directo con América. Las razones que se aducen para explicar esa política no son convincentes en todos los casos, pues el
antagonismo polítíco entre Castilla y Cataluña y el hecho de que, legalmente,
América fuera patrimonio exclusivo de Castilla no parecen razones de peso.
Más ajustado a la realidad parece ser el argumento de que la corona estaba
muy interesada en controlar la nueva empresa y monopolizar sus ganancias,
excluyendo, 'por tanto, a los extranjeros, pues eso era más fácil de conseguir
canalizando la empresa a través de Castilla, que había descubierto las Indias.
De cualquier forma, en un principio Cataluña adoptó una actitud renuente y
mostró escaso interés en América hasta t<?safias de 1530, en que aparecen signos de que los comerciantes catalanes comerciaban con América a través de
Sevilla y de las islas Canarias, mientras que otros catalanes eran propietarios
o capitanes de navíos en la carrera de Indias. Sin embargo, para entonces la
situación atlántica favorable de Andalucía y Castilla había resultado decisiva
y les había otorgado el monopolio natural de las comunicaciones con Amé~ica,
30
LOS AUSTRlAS
(¡Sl6-IS98)
que la corona apoyó para excluir a los extranjeros y reservar para España el
comercio y los metales preciosos. Esto dio mayor peso específico a la preemi~
nencia de Castilla en la unión de los reinos espafioles y agudizó las divisiones
económicas entre ellos. Entretanto, Castilla había comenzado a imponer, en
otro terreno, su política sobre el conjunto de España.
LA INQUISICiÓN
ESPAÑOLA
La Inquisición medieval, un tribunal especial para la detección, el juicio y
el castigo de 1~herejía, existía desde 1233, fecha en que fue creada por el papado para hacer frente a la herejía albigense en el sur de Francia. Aunque posteriormente se extendió por otros países, en todas partes encontró la resistencia
de las monarquías a la interVención del papado. Penetró en Aragón -no en
Castilla- pero nunca floreció allí. 'En todas partes había quedado prácticamente obsoleta en el siglo xv, y no reviviría en Roma hasta 1542, en el nuevo
contexto del protestantismo. El rasgo constitucional fundamental de la Inquisición medieval era el control papal, ejercido a través del general y los provinciales de la orden de los dominicos.
La Inquisición española difería de la Inquisición papal tanto por sus orígenes como por su organización.24 Ante todo, en el siglo xv ninguna herejía se
había difundido con fuerza en España y nadie intentaba establecer un nuevo
credo. La Inquisición española fue creada para ocuparse de los judíos conversos. Como ya se ha señalado, durante la Edad Media los judíos habían conseguido un extraordinario progreso en España, situándose en posiciones clave tanto
en la vida política como económica del país, llegando incluso a o~upar cargos
en el Consejo Real. Sus relaciones con los cristianos, amistosas durante mucho
tiempo. se deterioraron en la segunda mitad del siglo XIV, pues en un' período
de fuerte depresión económica, su excepcional buena fortuna engendró resentimientos que dejaron paso al odi.o y que estallaron en actos de violencia, como
las mas~cres de .1391.Para salvar sus vidas y sus fortunas, numerosos judíos,
sobre todo en Andalucía, aceptaron el cristianismo. Estos judíos bautizados
eran llamados conversos, o cristianos nuevos, y eran más de 100.000. Con la
protección de su nueva religión realizaron aún mayores progresos, puesto que
ahora podían acceder tanto a la Iglesia como al Estado y en los dos ámbitos
24. A pesar de su antigüedad y de su carácter sesgado la obra de H. C. Lea. A History of
the lnquisition ofSpain, Nueva York y.Londres, 1922,4 vals .• Cllyaprimera edición data de ,1906-1907,
sigue siendo una fuente útil de información (hay trad. cast.: HÚtorio de la Inquisición espaflola,
Fundación Universitaria' E."pañola, Madrid, 1982.3 vals.). Pero la historiografía moderna ha profundizado enormemente en este tema: véase e:spec:ialmente Kamen, lnquisition and Society in Spain;
Ricardo Garcia Cárcel, Or{genes de la Tnquisición espanola. El tribunal de Valencia, 1478-/530,
Barcelona, 1976; y Herejia y sociedad en el siglo XVI. La Inquisición en Valencia 1530.1609, Barcelona, 1980; Bartolomé .Bennassar, L'Inquisition espagnole (XY'.~ silxle), Paris. 1979; J~an-.Pierre
Dedieu, L'Administration de la foi: L'Inquisition de Tolede XV"'.XVl~ siec!e, Madrid, 1989; Ste.
phen Haliezer, Inquisi(ion and Society in (he Kingdom of Valencia. 1478-1834, Berkeley y Los Ángeles, 1990.
LA HERENCIA
DE LOS HABSBURGO
31
llegaron a ocupar puestos de responsabilidad. En muchos casos, dado que la
conversión al cristianismo había sido fingida, se sabía, o se sospechaba, que
continuaban practicando secretamente la religión judía. No ha de extrañar en
absoluto que muchos conversos no fueran sinceros -judaizantes,
como se los
lIamaba- porque las conversiones masivas de los siglos XIV y xv fueron producto de la persecución y el terror. La persecución no cesaba con la conversión.
y los enfrentamientos entre los cristianos viejos y nuevos fueron frecu~ntes
y, a veces, sangrientos, como en Toledo en 1467 y en Córdoba en 1473. Fmalmente, muchos de los cristianos nuevos se convirtieron en los enemIgos más
encarniiados de sus antiguos hermanos de fe. La obsesión por demostrar su
ortodoxia y de protegerse de las sospechas de los cristianos viejos llevó a los
conversos a denunciar no sólo a los judíos sino también a otros conversos y
este espíritu de rivalidad y de envidia debió de fortalecer ,la intolerancia de la
Inquisición. En los' primeros años de vida de la Inquisición española muchos
de sus miembros, entre ellos Torquemada, descendían de cristianos nuevos.25
Las razones decisivas de la creación de la Inquisición en España fueron
el temor a la apostasía de los judaizantes y la convicción de que la Iglesia y el
Estado estaban sicndo socavados desde dentro. Los Reyes Católicos estaban dispuestos a utilizar la fuerza para asegurar la unidad religiosa y se veían presionados para ello por grupos poderosos de cristianos viejos, especialmente el cle~
ro y la aristocracia. El máximo inspirador de la Inquisición en España fue el
prior de la comunidad dominica de Sevilla, Alo~so de Hojeda, quien ejercía
una fuerte influencia sonre los Reyes Católicos. El fue quien denunció la existencia de numerosos grupos de conversos que supuestamente practicaban el judaísmo. Pero la ofensiva de los dominicos se alimentaba del antisemitismo de
las masas. Artesanos, comerciantes, trabajadores, numerosos cristianos viejos
de las clases menos favorecidas envidiaban el éxito material y social de los judíos y conversos, su posición como financieros de la corona, su talento como
científicos y hombres de profesiones liberales y sus vínculos matrimoniales con
la nobleza. y los acusaban de falsos conversos. La primera generación de familiares, agentes de la Inquisición tan activos en su !unción de cspías e informadores, se reclutaron entre los sectores populares más que entre las clases sociales más elevadas, que sólo más tarde se interesaron por ocupar cargos en la
Inquisición. Pero la corona tenía otros "motivos además del religioso. Si bien
es cierto que la Inquisición no se creó con el único objetivo de despojar a los
conversos de sus bienes, este motivo no estuvo ausente en los cálculos oficiales.
Las finanzas de la corona se hallaban en una situación de crisis en ese momento, antes de que pudieran dar su fruto las reformas de Fernando e Isabel. Por
tanto, quienes aconsejaron medidas económicas contra los conversos -la confiscación de sus propiedadesfueron cq~venientemente escuchados. Sin em25. América Castro, España en su historia. Buenos Aires, 1948 (trad. jng. Edmu~d L. King.
Princeton, 1954, pp. 421-430, 532, 540), afirma que da Inquisición se había estado haCIendo desde
comienzos del siglo XV)}, en gran medida por la actuación de (ldesertores de israeb), Esta tesis no
es plenamente convincente.
32
LOS AUSTRIAS
(1516-1598)
LA HERENCIA
bargo, durante algún tiempo los monarcas apenas actuaron. Estaban totalmente
ocupados en la tarea de asentar su autoridad y sólo podían intervenir esporádicamente. Durante este período el papa Sixto IV renovó los esfuerzos anteriore:s
del papado para introducir la Inquisición papal, pero sin éxito porque Fernando e Isabel estaban firmemente decididos a limitar, más que a ampliar, las oportunidades para la intervención papal. Además, muchos de los cargos más
portantes de su administración estaban ocupados por conversos y estos hombres
debieron de protagonizar una lucha desesperada y discreta .para impedir la introducción de un tribunal que sólo podía acarrearles problemas. Pero cuando
se vieron con las manos libres los monarcas pidieron permiso al papa para establecer la Inquisición, aunque no la Inquisición papal. Querían establecer un
tribunal que estuviera totalmente bajo su control, excluyendo la intervención
de Roma. Por esta razón Sixto IV vaciló antes de acceder a su petición pero
finalmente capituló y mediante la bula de 1 de noviembre de 1478 autorizó a
la corona a nombrar inquisidores con jurisdicción sobre los casos .de herejía.
Así comenzÓ su andadura la Inquisición española.26 Dos años transcurrieron
antes de que comenzara a actuar, debido tal vez a la oposición existente en España. Finalmente, el 27 de septiembre de 1480 y en virtud de los poderes recibidos del papa, los Reyes Católicos nombraron .105 primeros inquisidores para
Sevilla, considerada como un semillero de judaizantes.
Las primeras actuaciones de la Inquisición en Andalucía fueron despiadadas y violentas: el primer auto de fe tuvo lugar en Sevilla el 6 de febrero de
1481yen él fueron quemadas seis víctimas. Otros tribunales surgieron en otros
lugares y, a juzgar por el número y la frecuencia de las sentencias de muerte
y por las numerosas confiscaciones de propiedades, su actuación fue dura y
opresiva. Este establecimiento del reinado deJ terror despertó una virulenta oposición por parte de los conversos, con apelaciones a Roma, a los fueros regionales, a los magistrados locales y también a los monarcas, a quienes ofrecieron
dinero. Cuando fracasaron todas las demás medidas tuvieron que recurrir a acciones violentas, siendo la más-espectacular el asesinato del inquisidor de Aragón Pedro de Arbués en la catedral de Zaragoza, en .1485.Pero esa resistencia
sólo sirvió para inducir a la Inquisición a redoblar sus esfuerzos, y a pesar de
la resistencia que ofrecieron las demás regiones desbordó los límites de Castilla, extendiéndose a todo lo largo y ancho de España. Asimismo, hizo oídos
sordos a las protestas de Roma. Sixto IV, impresionado por la violencia de los
primeros tribunales, lamentó haber concedido tan amplios poderes a la corona
española e intentó poner coto a la drástica política de la Inquisición española
limitando su independencia y sus poderes. Pero una vez más tuvo que ceder
ante la determinación de Fernando e Isabel y ante las negociaciones desarrolladas en su nombre por el cardenal Rodrigo Borgia, futuro Alejandro VI. Autorizó la creación de un Consejo Supremo de la Inquisición y el nombramiento
de un inquisidor general con plenos poderes en la persona de fray Tomás de
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26. Sobre el papel del papado véase B. L1orea. S.J .• Bulario pontificio
!fola en su periodo' constitucional (1478-1525), Roma, 1949.
de la Inquisición
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DE LOS HABSBUROO
33
Torquemada. confesor real y prior del monasterio dominico de la Santa Cruz
en Segovia.
Poco es lo que sabemos con seguridad de Torquemada, aparte de que era
un hombre piadoso y sombrío, y su biografía está todavía por hacer. Pese a
las numerosas as~eraciones en sentido contrario no fue el arquitecto de la Inquisición española y no existen pruebas de que fuera la figura decisiva en el
establecimiento del nuevo tribunal. Pero una vez nombrado inquisidor general
en 1483fue el responsable de dotar a la Inquisición de su organización definitiva. Entre Jos poderes concedidos a Torquemada figuraba el de modificar las
normas tradicionales de la Inquisición para hacer frente a las exigencias españolas. Esto la convirtió en una institución prácticamente autónoma e independiente de. Roma .. Entre 1484 y 1489, año de su muerte, Torquemada elaboró
una serie de instrucciones que definieron la constitución de! tribunal yestablecieron su procedimiento. Esas instrucciones se ampliaron periódicamente has~
ta 1561, año en que el inquisidor general Valdés promulgó una constitución revisada que, con algunas modificaciones posteriores, gobernó la Inquisición
durante e! resto de su trayectoria histórica.
La Inquisición española fue creada con el rango de un Consejo de Estado,
el Consejo de la Suprema y General Inquisición (o la Suprema como se la llamaba habitualmente) con jurisdicción sobre todos los asuntos relacionados con
la herejía. De esta forma se aplicó también a la religión la fórmula de los consejos. utilizada por los Reyes Católicos para la solución de sus problemas administrativos. Para asegurar el control real sobre la nueva institución y excluir
el del papa, los monarcas necesitaban asegurarse de que el presidente de la Suprema tenía pleno control sobre el nombramiento y destitución de los inquisidores y de que el presidente estaría bajo el control real. Así, crearon un nuevo
cargo, inexistente en la Inquisición medieval. el inquisidor general. que presidía las reuniones de la Suprema y que era la máxima figura de toda la Inquisición. El nombramiento del cargo de inquisidor general correspondía exclusivamente a la corona, al igual que el de los funcionarios subordinados, aunque
en la práctica estos últimos eran designados habitualmente por el inquisidor
general y por la Suprema. De esta forma. la corona evitaba la posibilidad de
intervención papal y el peligro de que la Inquisición se convirtiera en un organismo independiente. La Suprema, nombrada también por la corona, estaba
formada por seis miembros, entre los que se incluían representantes de la orden
de los dominicos y del Consejo de Castilla. Conocía las apelaciones de los tribunales locales y controlaba también la administración financiera de la Inquisición, sus propiedades y los procedimientos de sus confiscaciones, cuyos beneficios iban a parar al tesoro real.
¿Quiénes eran los inquisidores? No todos ellos eran dominicos. Es cierto
que al principio estuvieron en el primer pÚÚlO,pero muy pronto perdieron cualquier monopolio que pudieran haber ejercido. A partir de entonces. los inquisidores eran casi siempre miembros destacados del clero secular, titulados universitarios que se estaban labrando una carrera en la Iglesia o el Estado. De
los 45 inquisidores generales que hubo entre 1481y 1820sólo 5 eran dominicos.
I"r.~.,;
34
'¡ja~,l~l.
LOS AUSTRIAS
(1516-1598)
LA HERENCIA
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En cuanto a los tribunales provinciales, nunca estuvieron controlados por los
:;.;s~'t~.
~".:..~ dominicos. En Toledo sólo un mIembro de esa orden ocupó el cargo de mqUlsldar entre 1482 y J598. También en este caso la mayor parte de los inquisidores
eran titulados universitarios, procedentes de los colegios mayores, viveros de
la burot,;racia española.
Desde el punto de vista canónico, dado que la Inquisición era un tribunal
eclesiástico, su cabeza suprema era el papa. En teoría esto era admitido por
las autoridades españolas, pero en la práctica la jurisdicción papal quedaba absolutamente excluida. De igual forma. el papado consiguió mantener el principio de su jurisdicción sobre las apelaciones, pero no pudo aplicarlo. La consecuencia práctica de este hecho es que resultó imposible apelar ante Roma
cualquier caso de la Inquisición española, y en este sentido España constituyó
un ejemplo incluso para los países protestantes. En los asuntos de herejía la
Inquisición tenía jurisdicción sobre toda la población secular y sobre todo el
clero -pero no sobre los obispos-, quedando excluidos todos los demás tribunales. Sus sentencias eran inapelables, incluso ante el papa, que en tres siglos de existencia del tribunal español sólo consiguió intervenir en tres juicios.
La Inquisición española fue un estrecho aliado de la corona, a la que estaba
subordinada, yen más de una ocasión se utilizó su autoridad de forma abusiva
para propósitos políticos. Desde luego, ese doble carácter de la Inquisición española, resultado de la estrecha alianza de la Iglesia y el Estado en España,
era uno de sus rasgos más peculiares: combinaba la autoridad espiritual de la
Iglesia con el poder temporal de la corona.
Bajo Ja autoridad del Consejo Central de la Inquisición actuaban una serie
de tribunales locales permanentes que para el conjunto de la pOblación representaban la encarnación real de su poder. En España había una treintena de
esos tribunales, en las principales ciudades; y fuera de España había tribunales
en las Canarias, en Sicilia y Cerdeña y. desde el decenio de 1570, en las Indias.
La introducción de la Inquisición encontró una fuerte oposición en los estados
de la corona de Aragón, donde era considerada como una institución ajena,
un agente de la intervención castellana y una posible amenaza a los intereses
económicos. En 1484las Cortes de Valencia denunciaron el nuevo tribunal, que
llevaba actuando en este reino desde 1481. corno una violación de sus fueros.
A la aecisión de Fernando de introducir la Inquisición en sus reinos se opusieron casi todos los altos funcionarios, en parte porque era considerada como
un nuevo poder y. también, por la severidad con que había actuado en los momentos iniciales. El monarca respondió otorgando al tribunal una fuerte protección real. Fernando declaró con rotundidad que la institución gozaba de su
apoyo personal, y parece que la consideraba como un instrumento fundamental de centralización.27
La Inquisición en Valencia se cobró casi 1.000 víctimas sólo en 1488. Hasta
1530 este tribunal juzgó a 2.354 personas, 1.197 de ellas hombres y LI5? mujeres. Muy pocos de los acusados procedían de la nobleza y algunos más del cle-
F~'
'..'
27.
Haliczer, Inquisition
and.Sodely
in the Kingdom
01 Va/e.'lcia, pp. 12-17.
- '.
"
DE 'LOS HABSBURGO
35
'. ro mientras que las clases medias, especialmente los comerciantes, estaban repr~sentadas con un 44,6 por 100 y las clases populares, especialmente l?s artesanoS con un 47 por 100. El tribunal de Valencia, si bien fue menos nguroso
que eÍ de Toledo (6.150 acusados hasta 1505) y que el de Sevilla (con 20.000
víctimas hasta 1524), fue mucho más duro que otros tribunales más «indulgentes» como el de Ciudad Real (269 acusados hasta 1530). La pena de muerte
se i~ponía sólo en algunos casos, pero el porcentaje fue más. elevado en los
primeros años. En Valencia, de 1.842 acusados cuyas sentenclas se conocen,
754, e141 por 100, fueron ejecutados hasta 1530. Más riguroso aún era el tribunal de Sevilla, pero en los demás lugares el número de los quemados en la hoguera era inferior. En conjunto, la Inquisición española aplicó la pena de muerte
a unas 5,000 personas hasta 1530, En cambio, en el período 1560-1700, de un
total de 50,000 procesos sólo hubo 500 sentencias capitales, el J por 100, El
principal objetivo de la Inquisición era eliminar el judaísmo y la mayor parte
de las primeras víctimas, entre el 80 y el 90 por -100 de todos los ejecutados,
eraD supuestos judaizantes.2S El resto habían sido acusados de diferentes delitos, Juteranismo, blasfemia, brujería y, en el caso de los moriscos, práctica de
las costumbres islámicas. Como los moris-.:os eran cOl1sidcrildos tamb!¿n !loa
amenaza para la seguridad, la [unción de la Inquisición en este caso se aproximaba a la de una fuerza de policía al servicio del Estado.
El procedimiento legal de la Inquisición española estaba marcado por el hecho de que los tribunales conjugaban dos funciones, la judicial y la de policía.
No eran tribunales ordinarios de justicia, porque tenían también poderes de
investigación, y además del castigo de los transgresores buscaban también su
confesión y su retractación para salvar sus almas. Ese doble propósito se reflejaba en el procedimiento que seguían. El procedimiento de la Inquisición medieval era el de la simple inquisitio, es decir, el inquisidor actuaba corno fiscal
y como juez. Teóricamente, la Inquisición española procedía con mayor imparcialidad, a través de la acusatio, con un fiscal público corno acusador, mientras. que los inquisidores sólo actuaban corno jueces. Pero ésta era una mera
ficción legal y suponía únicamente que el inquisidor contaba con la ayuda de
un letrado preparado para realizar la acusación. Eran los inquisidores los qu.e
reunían las pruebas y, al igual que sus antecesores medievales" actuaban al mismo tiempo como fiscales y jueces.
Cada localidad era visitada todos los años por un inquisidor que publicaba
solemnemente un Edicto de Fe, que a través de un minucioso cuestionario imponía a todo cristiano, so pena de excomunión mayor, la obligación de denunciar a cualquier hereje conocido. Cuando el tribunal consideraba que existía
una situación sospechosa -10 que ocurrió fundamentalmente en el primer siglo de su existencia- comenzaba publicando un Edicto de Gracia, que concedía nn período de 30 a 40 días a todos aquellos que desearan presentarse voluntariamente para confesar sus faltas y errores. Generalmente, la confesión
28. El 91,6 por 100 de las víctimas dela Inquisición en Valencia, durante el periodo 1484-1530,
eraD conversos; ibid., p. 209.
36
LOS AUSTRIAS
(1516-1598)
entrañaba el perdón con penas muy leves, pero exigía una condición: que el
penitente revelara quiénes eran sus cómplices. En ambos edictos existía la posibilidad de cometer graves abusos. En especial, el Edicto d~ Fe, al exigir la denuncia obligaba a los fieles a cooperar en la tarea de la Inquisición y convertía
a todo el mundo en su agente o espía, constituyendo además una tentación irresistible para dar rienda suelta a los rencores privados. Generalmente, los dos
edictos desencadenaban una oleada de denuncias -en las que tenían que figurar también los nombres de testigos-, siendo éstas, o las investigaciones de los
inquisidores, las que ponían en marcha los procedimientos legales.
Si las acusaciones eran aceptadas el acusado era conducido a los calabozos
secretos de la Inquisición, donde generalmente se lo mantenía en condiciones
humanitarias pero permanecía totalmente aislado del mundo exterior y privado de todo contacto con su familia y amigos. El procedimiento seguía su curso,
lentamente y en estricto secreto, y en todo momento sobre el supuesto de la
culpabilidad del acusado. Pero el mayor defecto en el procedimiento legal de
la Inquisición española era el hecho de que al acusado no se le informaba sobre
la identidad de sus acusadores y de los testigos de éstos, Quienes por tanto estaban libres de toda responsabilidad, mientras que el acusado se veía totalmente
desasistido en la preparación de su defensa. Su única garantía era que podía
elaborar una lista de sus enemigos, y si en ella figuraba alguno de los acusadores su testimonio sería rechazado. Al margen de ello, se aceptaba para la acusación cualquier tipo de prueba y de testimonio, mientras que las preguntas que
se planteaban a los testigos de la defensa, e incluso si se los llamaba o no a
declarar, eran asuntos cuya decisión correspondía totalmente a los inquisidores. Una vez preparado el caso para la acusación podía comenzar la organización de la defensa. Al acusado se le permitía contar con un abogado de oficio.
pero podía ~ecusarlo y solicitar otro. Se le destinaba también un consejero cuya
función era convencerle de que debía realizar una confesión sincera. La presión
del consejero, junto con el se~reto de los acusadores y de los testigos, debilitaba, sin duda, la posición del defendido, situación que difícilmente podía~ esperar superar su abogado y sus testigos. En verdad, el secreto de los infonnadores y testigos fue una innovación en España, que causó la alarma entre los
contemporáneos y que' éra contraria al procedimiento de otros tribunales de
derecho. Pero la situación del acusado se hacía aún más desesperada, si cabe.
como consecuencia del poder que terna la Inquisición, como otros tribunales
de la época, de utilizar la tortura para conseguir pruebas y una confesión. Estaban prohibidos el derramamiento de sangre y todo aquello que pudiera causar un daño permanente, pero aun así quedaba margen todavía para aplicar
tres dolorosos procedimientos de tortura, bien conocidos y no exclusivos de la
Inquisición: el potro, la garrucha y la tortura del agua. Aunque su utilización
era poco frecuente y se realizaba con garantías médicas, eran procedimientos
terriblemente inadecuados en asuntos de conciencia.
Reunidas, las pruebas y tras consultar a cualificados teólogos si era nec~sario -todo lo cual exigía siempre mucho tiempo, a veces cuatro o cinco añosse pronunciaba la sentencia. Si el acusado confesaba su culpa en el curso del
LA HERENCIA
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1
DE LOS HABSBURGO
37
juicio antes de que se hiciera pública la sentencia y se aceptaba su confesión
era absuelto y se le aplicaba tan sólo un leve castigo. En caso contrario, la sentencia era absolutoria o condenatoria. El veredicto de culpabilidad no entrañaba necesariamente la muerte. Dependía, ante todo, de la gravedad de-ia ofensa.
Las penas, que derivaban del derecho civil y canónico medieval, podían suponef una penitencia, una multa o el azote en el caso de ofensas menores y las
temibles galeras o la confiscación de las propiedades para las más graves. Pero
dependían también de muchos otros factores, como las circunstancias del momento, la categoría del acusado y, sobre todo, la condición de los jueces, no
todos los cuales eran igualmente implacables. La pena de muerte era rara en
proporción al número de casos. Sin embargo, un hereje arrepentido que reincidía nunca escapaba a la sentencia de muerte. Quienes persistían en la herejía
o continuaban negando su culpabilidad eran quemados vivos. Aquellos que se
arrepentían en el último momento y después de haber sido pronunciada la sentencia, ya fuera sinceramente o no, primero eran estrangulados y luego quemados. La ejecución no era realizada por la Inquisición sino por las autoridades
civiles. En España, el auto de fe era simplemente una manifestación pública
cuidadosamente escenificada en la que se pronunciaba y explicaba la sentencia
en medio de una gran ceremonia. A continuación, el hereje era entregado al
brazo secular, que ejecutaba la sentencia de la hoguera, frecuentemente en un
lugar y momento diferentes. El auto de fe, que en un principio estaba encaminado a provocar respeto y terror en los fieles, no tardó en degenerar en una
celebración social de perversa excitación y se convirtió en una especie de entretenimiento religioso para celebrar una boda real, la visita de un monarca o cualquier otra manifestación pública, pero sólo los casos de mayor trascendencia
terminaban con un auto de fe. En todos los demás las sentencias se daban a
conocer privadamente.
Así pues, el procedimiento y organización de la Inquisición estaban fuertemente burocratizados y la institución dedicaba una gran cantidad de tiempo
a resolver sus problemas internos, los nombramientos, los ingresos y los gas.
tos. La situación financiera de la mayor parte de los tribunales regionales era
'precaria y.sin el apoyo de la corona y la colaboración de las elites locales los
funcionarios de la Inquisición podían sentirse aislados en un mundo hostil. ¿Era
la Inquisición española, como se ha dicho a veces, una institución «popular»:?
La aceptación de su establecimiento y de sus primeras actividades por la masa
de la población nada nos dice acerca de sus pénsamientos más íntimos ni de
su temor a protagonizar un movimiento de,oposición, y el hecho de que quie.
nes se opornan a la Inquisición eran una minoría de intelectuales y de judíos
cristianizados no significa necesariamente que el tribunal fuera «popular». Posiblemente, es cierto que la Inquisición fue la expresión de una serie de prejuicios religiosos y raciales profundamente enraizados en la sociedad española y
que llegó a convertirse en una institución familiar, en un elemento más del paisaje local. 29 Pero la Inquisición se preocupó muy bien de buscar apoyo y, des29.
Kamen. lnquisirion
and Society in Spa;n, pp. 60-61, 254.
38
LOS AUSTRIAS
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de buen principio, reclutó a un número importante de funcionarios sin sueldo,
los familiares. que constituían, de hecho, una red de clientes y grupos de apoyo
en todos los sectores de la sociedad local, incluso entre las clases populares,
y que de esa forma podían ver incrementado su prestigio social.Y1
Aunque la Inquisición española fue establecida principalmente para ocuparse de ,los conversos, su jurisdicción abarcaba todos los aspectos de la herejía. y, en consecuencia, se ocupó también de los moros convertidos, o moriscos, y de los herejes españoles, ya fueran protestantes o de cualquier otro credo.
Sin embargo, la Inquisición sólo tenía jurisdicción sobre los cristianos y no era
un medio para conseguir la conversión de los no creyentes por la fuerza. Castigal1a la herejía y la apostasía pero no la profesión de una fe distinta, siendo
el bautismo un requisito necesario para que existiera herejía. Por esa razón.
tanto los judíos como los musulmanes y los indios americanos quedaban al
margen de su autoridad. La Inquisición nunca persiguió a un judío ni a un musulmán por el hecho de serlo. Perseguía, en cambio, a Jos conversos de ambos
credos que eran sospechosos, con razón o sin ella, de ser apóstatas en secreto.
Los moros y judíos que se negaban a recibir el bautismo eran expulsados de
España. No obstante, la Inquisición española no actuó únicamente en cuestiones de herejía, sino que se ocupaba también de los casos de bigamia, sodomía
y blasfemia y, ocasionalmente y debido a su eficacia, realizó incluso funciones
administrativas, como el cumplimiento de los reglamentos aduaneros en las fronteras. De cualquier manera, de entre todas sus actividades, la más característica, y tal vez, una de las más perniciosas guarda relación con la cuestión de la
limpieza de sangre.
Los cristianos nuevos eran objeto de sospecha y prejuicio, actitud que adoptó
la forma de un espíritu de exclusividad por parte de los cristianos viejos y que
existía ya antes del establecimiento de la Inquisición española. Ya antes se habían producido intentos de apartarlos de los cargos públicos, a pesar de las protestas del papado, y ese prejuicio contra la sangre judía continuó incluso por
parte de algunas órdenes religiosas. A finales del siglo XVI diferentes instituciones se negaban a admitir en su seno a' las personas de origen «impuTO». Tales
medidas eran practicadas por la Inquisición, por las órdenes de Santiago, Alcántara, Calatrava y San Juan, por todos los colegios universitarios y por numerosos capítulos catedralicios, incluido el de Toledo. donde se promulgaron
Jos primeros estatutos de nobleza, que exigían pruebas de nobleza y pureza de
sangre para admitir a los candidatos. Este tipo de discriminación se reflejaba
en la política de la Inquisición, que continuaba considerando a los judíos como
un riesgo para la seguridad del Estado y de la Iglesia, y cuya sensibilidad ante
la genealogía pareció reforzarse después de que su campaña inicial hubiera aniquilado a gran número de conversos? Naturalmente, la Inquisición era el instrumento para garantizar la pureza de origen. Todas las instituciones mencio-
LA HERENCIA
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7.
JO. Haliczer. /nquisition and Society in the Kingdom oi Valencia, p. 208.
31. A. Domínguez Ortiz. ~(Losconversos de origen judío después de la expuIsióm). Estudios
de Historia Social de España, III (1955), pp. 223-431.
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DE LOS HABSBURGO
39
nadas anteriormente exigían la investigación más rigurosa para descubrir la más
ligera mácula en el grado más remoto de parentesco. En cuanto a la ascendencia, dos eran las causas que producían la impureza de sangre: proceder de un
antepasado judío o moro o de alguien que había sido condenado por la Inquisición. Para poder realizar una carrera sin sobresaltos en la Iglesia o el Estado
y, en muchos casos. simplemente para poder iniciarla. era necesario dirigirse
a la Inquisición para solicitar certificado de pureza de sangre y para ello había
que especificar la genealogía. indicar testigos y pagar un canon. Este proceso
favorecía el perjurio. el soborno y la colusión, y era una buena oportunidad
para dar rienda suelta al rencor. Aquellas familias que podían probar más allá
de toda duda su pertenencia a un secular linaje castellano, sin sangre mora o
judía, aprovecttaban la ocasión pa.ra desacreditar a sus rivales pata ocupar cargos públicos y obtener.estatus sociai, denunciando su condición de conversos.
A pesar de ello una importante minoría de conversos consiguieron sobrevivir
y durante todo el siglo XVI los encontramos desempeñando ocupaciones comer.ciales y profesionales. No les estaban vedados los cargos en la Iglesia y el Estado, aunque los desempeñaban en una situación de inseguridad. Incluso durante el reinado de los Reyes Católicos ocuparon puestos de importancia. Hombres
como Luis de Santángel. notario del rey Fernando, Alfonso de la Cavallería,
vicecanciller del Consejo de Aragón, y fray Remando de Talavera, confesor
de la reina y arzobispo de Granada, eran de raza judía, si bien todos ellos fueron objeto de sospecha o persecución en algún momento. En los reinados siguientes descendientes de conversos conseguirían aún abrirse camino, siendo
el ejemplo más destacado el de Antonio Pérez. secretario de Felipe 1I. Pero.
rechazados socialmente por los cristianos viejos y poco codiciados como compañeros para el vínculo matrimonial, siguieron siendo un grupo cerrado de ciudadanos prácticamente de segunda clase. Todo esto dejó su huella en la mentalidad castellana. En ese contexto se desarrolló el exagerado sentido del honor
y la hipersensibilidad ante el origen y la sangre y lo que fuera en otro tiempo.
al menos en parte, un prejuicio religioso pasó a ser el intento de limitar el número de aspirantes a los cargos públicos y al estatus social.
No contentos con la persecución de los conversos sospechosos, el intento
de conseguir la unidad religiosa y la convicción de que era imposible solucionar el problema de los conversos mientras se tolerara la presencia de sus antiguos hermanos de fe llevó a los Reyes Católicos a realizar una depuración mucho más estricta: la expulsión de los judíos. Esto no fue posible mientras duró
la guerra de Granada y, en cualquier caso. los judíos contribuyeron con sumas
importantes en esta empresa. Pero su contacto prolongado y directo con los
numerosos judíos de la Baja AndaluCÍa mientras se hallaban luchando contra
otra religión extraña fortaleció el deseo de los monarcas de conseguir la unidad
religiosa. El 30 de marzo de 1492, pocos meses después de la caída de Granada, publicaron un edicto que daba a los judíos cuatro meses de plazo para
convertirse al cristianismo o abandonar el reino. De un total de 80.000 judíos,
entre 40.000 y 50.000 prefirieron marcharse. Portugal acogió a muchos de ellos,
pero los Reyes Católicos impusieron. como una de las condiciones para el c~sa-
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LOS AUSTRIAS
(IS16-1598)
LA HERENCIA
miento de su hija Isabel con Manuel 1, que Portugal también los expulsara.
Otros fueron a Francia, a África y al imperio otomano, donde se asentaron
en ciudades como Salónica y Constantinopla, conservando su lengua castellana y un intenso odio hacia Espafia. Pero ¿qué ocurría, entretanto, COn los moros?
RECONQUISTA
y EXPANSIÓN
La unión de los dos reinos más importantes de la península ibérica originó
un núcleo de poder formidable que una vez organizado en su interior comenzó
a extenderse más allá de sus fronteras. La fusión de ideales religiosos y políticos resucitó el espíritu de cruzada contra el islam, adormecido desde hacía más
de un siglo. Sin Granada la reconquista estaba incompleta y España desmembrada. Preparadas para la acción las fuerzas conjuntas de Castilla y Aragón,
había llegado el momento de acabar con los últimos reductos del islam en suelo ibérico. Fue básicamente una empresa de Castilla, que fue quien tomó la
iniciativa, pero que sin embargo no podría haberla realizado sin la' colaboración material de Aragón, Cataluña y Valencia, que participaron enviando tropas.• barcos, dinero y suministros como si se tratara de su propia causa. Aun
así la guerra fue larga y dura y pasaron diez años antes de que el reino moro
fuera vencido y de que capitulara la ciudad de Granada.32 Los términos del
acuerdo fueron engañosamente generosos: los moros podían permanecer en el
páis Conservando su religión, sus leyes y sus propios magistrados. En esas condiciones los Reyes Católicos entraron triunfantes en la Alhambra el 2 de enero
de 1492. Un nuevo reino, que contaba con 300.000 almas, se aiíadió a la corona
de Castilla, junto con un prestigio y una confianza extraordinarios. Pero Castilla acumuló también un inmenso poder, no sólo por la riqueza del territorio
conquistado y la nueva seguridad en sus costas meridionales, sino también' gracias a la, experiencia militar conseguida y al progreso realizado en las técnicas
de infantena. En la guerra desarrollada en las montañas de Granada nació la
infantería español~ y se dio a Conocer un nuevo general. Europa no tardaría
en oír hablar de Gonzalo de Córdoba y sus tropas. Pero no todo eran aspectos
positivos. A Isabel ya sus consejeros, aunque no a Fernando., les era imposible
tolerar a los moro.s, ya fueran los de Granada o los que vivían pacíficamente
en el resto de España desde hacía tanto tiempo. La ,conquista de Granada dio
una nueva dimensión al problema al aumentar el número de moros en España
hasta unos 500.000, en una población de 7 millones. Y no había una solución
perfecta para ese problema. A partir de 1502 Isabel puso en marcha en Castilla
la política de la conversión forzosa, dando a los moros la alternativa del bautismo o la expulsión. Sus sucesores na podrían encontrar una solución mejor.
El proceso lógico de la cruzada contra el islam supanía llevar la ,guer.ra a
través del angasto mar que separaba a España del norte de África. Esto sería
32. A. de la Torre, «Los Reyes Católico!', y Granada»,
XVI (1944), pp. 339-382.
Hispania,
i
XV (1944), pp. 244-397; Y
,'.
DE LOS HABSBURGO
41
positivo también para los intereses estratégicos españales al reforzar la protección del flanco meridional de la península. Castilla, liberados sus ejércitos de
la guerra de Gra"!1ada,estaba dispuesta a canvertir la reconquista en expansión
y a desafiar al islam en el Mediterráneo. Perú ante.s casi de que planteara ese
desafío se alejó del norte de África. En 1492 Colón descubrió América y los
ideales de cruzada y de imperio comenzaron a centrarse en el Nuevo Mundo,
que muy pronto fue considerado como un dominio. imperial mu~ho más fructífero. Pero la expansión en África y América no eran' excluyentes y, de he~
cho, la búsqueda de una vía que -permitiera desbordar al islam fue una de los
motivos ,que impulsaron los primeros viajes de descubrimiento.. Perú Fernando
también teQ,Íaintereses, en Europa y tenía reivindicaciones no sólo contra el islam sino también cantra Francia. Más aún, Frapcia era el enemigo más inmediato que ejercía una presión demasiada intensa sobre la carona de Aragón,
como para que ésta pudiera sentirse tranquila. Aprovechándase de las dificultades del padre de Fernando en Navarra y Catalufta, los franceses ocuparon
los c~ndadas de Rasellón y la Cerdaña, últimas posesiones de los aragoneses
en el Languedoc, y en Castilla Luis XI prestó su apoyo a los enemigos de IsabeL Fernando era consciente de esa presión y consiguió convencer a Isabel para
que renunciara a la política castellana tradicional de alianza can Francia y alineara a su reino en la política antifrancesa de Aragón.
Pero Fernando no era amante de la guerra, sino que prefería la diplomacia.
Apoyándose en el p~e!tigio de su posición de rey de Castilla, desde 1475 comenzó ya a buscar'aliados en lugares clave en torno a Francia -en Inglaterra,
Países Bajos y Alemania- iniciando para ello un sistema de embajadores residentes desconocido hasta entonces fuera de "Italia?3 Por' última, concertó una
alianza activa con el emperador Maximiliano, que quedó sellada por el matrimonio de su hija Juana con el hijo de Maximiliano, el archiduque Felipe (1496).
Ésta fue tan sólo una de las numerosas alianzas matrimoniales en las que los
Reyes Católicos comerciaron con sus hijas sin reparo a1guno. Pero ésta resultaría la alianza más decisiva, pues no sólo. dio a España su futura dinastía sino
que inició su trágica vinculación con el norte y centro de Europa. Esto no era
evidente aún en 1496, pues aunque la Casa de Habsburgo reunía la corona imperial de Alemania y el ducado de Bargoña en la persona del emperador Maximiliano, Juana no era heredera de las posesiones de las reinas católicos. Sin
embarga, para el año 1500 la muerte había reducido el número de sus hijos y
Juana era su previsible sucesora. En ese mismo año. nació su hijo y heredero,
el príncipe Carlos, sobre quien re..:aefÍa la herencia Habsburgo. Por tanto, la
hostilidad aragonesa hacia Francia había hecho recorrer a España un largo camino desde Granada hasta el Mediterráneo~ pero Fernando estaba dispuesto
a ir aúa más lejos. Para acabar de cercar a Francia en el norte preparó una.
33. G. Mattingly, Renaissance Diplomaey. Londres, 1955, pp. 138-,152(hay trad. cast.: La diplomacia del Renacimiento, Centlo de Estudios Constitucionales, Madrid, 1970). Sobre la política
exterior de los Reyes Católicos véase también A. de la Torre, Documentos sobre los relaciones internacionales de los Reyes CatólicOs, Madrid, 1949-1951, 3 vols.; 1. M. Doussinague, La polflica
internacional de Fernando el Católico, Madrid, 1944.
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44
LOS AUSTRIAS
(1516-1598)
alianza con Inglaterra que determinó el matrimonio de su hija Catalina con
el hijo de Enrique VII en 1501. Pero Francia había comenzado ya a romper
las defensas diplomáticas establecidas por Fernando en el sur. Después de de~
volver a Aragón los condados del Rosellón y la Cerdaña Carlos VIII penetró
con sus ejércitos en Italia, en 1494. para reclamar el reino de Nápoles. Una vez
más se vio enfrentado con Fernando, que había reforzado su representación diplomática en Roma y Venecia y que reaccionó ante la iniciativa francesa concertando una alianza con Venecia. el papa Alejandro VI, el duque de Milán"
. y el emperador Maximiliano. Completó esta medida enviando un poderoso ejército español al mando qe Gonzalo Fernández de Córdoba, que derrotó brillantemente a los franceses en Ceriñola (1503) y Garellano (1504). Así, Nápoles no
fue a parar a m¡Úl0Sde Francia sino de Españ<t. La victoria fue un signo de
los tiempos, pues fue posible gracias a la intervención decisiva'del ejército castellano. Esto era una nueva prueba. si acaso era necesaria, del poder inherente
a la unión de Castilla y Aragón y del éxito de su colaboración. El ejército caste.
llano era desconocido hasta ese momento fuera de la península, pero tras su
aprendizaje en la guerra de Granada y su satisfactoria participación en la campaña de Italia se convirtió en el instrumento de guerra más poderoso de Europa.
Con la conquista de Nápoles, España iba a continuar con su firme presencia en Italia y en el Mediterráneo. La expansión en esta dirección era tradicional para Aragón, cuyas co~tas, comercio y posesiones (las islas Baleares, Cerdeña y Sicilia) le obligaban a preservar su poder y sus comunicaciones en el
Mediterráneo o'ccidentai. La adquisición de Nápoles en 1504 fue de enorme valor, no sólo desde el punto de vista estratégico, sino también por sus rentas y
sus recursos agrícolas. Pero la posesión de Nápoles no sólo significó la presencia de España en Italia y, en consecuencia, una dura lucha con Francia, sino
que la situaba más cerca del islam, casi en la frontera de la cristiandad, en un
momento en que la expansión del imperio turco ya había comenzado a amenazar la seguridad de Italia. Nápoles significó, por tanto, nuevos compromisos
pero también nuevos recursos y planteó, asimismo, nuevos problemas de defensa. Avanzar hacia el este sin asegurarse el flanco norteafricano era arriesgado,
ya que cualquier potencia que dominara la costa de Berbería podía amenazar
las comunicaciones entre España e haHa. ¿Podía derrotar España al Turco en
el norte de África? ¿Había descuidado sus intereses inmediatos en un área vital
durante demasiado tiempo?" Antes de que fuera posible dar" respuesta a esos
interrogantes la unión de sus reinos tuvo que afrontar una muy dura prueba.
La conquista de Nápoles coincidió con el fin del reinado conjunto de fernando e Isabel, pues la reina murió el 26 de noviembre de 1504. Nunca había
admitido el derecho de su marido a la corona de Castilla, y con su característica testarudez lo excluyó de la sucesión al trono. A pesar de que su hija y heredera Juana ya mostraba signos de la enfermedad mental que la incapacitaría
permanentemente para gobernar, fue nombrada sucesora junto con su esposo.
Felipe el Hermoso. Pero ni siquiera Isabel, a pesar de su preocupación, tan castellana, por la letra de la ley, podía ignorar que Fernando tenÍá 30 años de experiencia en el gobierno de Castilla. En consecuencia. en caso de ausencia o
LA HERENCLA
¡
DE LOS HABSBURGO
45
incapacidad de Juana para gobernar y hasta que su hijo Carlos fuera mayor
de edad, Fernando sería el gobernador y administrador de Castilla. De esta manera Isabel trataba de cumplir las leyes castellanas de sucesión, que excluían
a Fernando, al tiempo que garantizaba a Castilla la seguridad de su gobierno
frente a la del cx,tranjero Felipe en caso de que Juana resultara ser incapaz de
gobernar. Los resultados de esa locura eran previsibles. Fernando se encontra.
ba desarmado sin el título de rey. El ambicioso Felipe estaba decidido a obligarle a marcharse y en Castilla se formó un fuerte partido hostil al {(viejocatalán». que se vio obligado a retirarse como un fugitivo," siendo sustituido por
un príncipe extranjero y su reina, mentalmente perturbada. Momentáneamente, y como consecuencia de la acción retrógrada de Isabel, de las ambiciones
de los Habsburgo y de la actitud separatista de Castilla, las dos coronas se se.
pararon de nuevo. A Fernando no le quedó otra alternativa que mirar por sus
propios intereses y salvar lo que pudo para Aragón. Por el tratado de Blois de
1505 se alió con Francia y concertó su matrimonio con Germana de Foix,~sobrina del monarca francés, quien renunció a sus derechos sobTt:~
Nápoles. Por
otra parte, destituyó a los castellanos, entre ellos a Gonzalo de Córdoba, de
los más altos cargos en el reino italiano. Existía ahora el riesgo de que si del
nuevo matrimonio nacía un nuevo heredero para la corona de Aragón la separación de los dos reinos fuera definitiva. J.4 La causa de la unidad, atacada des-'
de todas partes. sólo pudo salvarse gracias a una combinación de acontecimientos
en gran medida fortuitos: la muert_e_~eFelipe 1 (septiembre de 1506) poco después de iniciarse el nuevo reinado, la locura incuestionable de Juana y la infertilidad del segundo matrimonio de Fernando. El joven Carlos, heredero de Juana
y fruto de la alianza de Fernando con los Habsburgo, quedó como único heredero <;leambos reinos. Entretanto, para solucionar el problema de la gobernación de Castilla el Consejo de Regencia presidido por Jiménez de Cisneros recibió con agrado el regreso de Fernando.
Posiblemente, los nueve afias de gobierno en solitario de Fernando, entre
1507 y 1516, fueron más favorables para la causa de la unificación que los de
su gobierno conjunto con Isabel. Era difícil superar las lineas tradicionales
de demarcación asignadas a las respectivas coronas: una política atlántica limitada a Castilla y una política norteafricana asociada con Aragón y Cataluña.
América, donde la corona había utilizado "material humano y recursos tanto
aragoneses como castellanos. se consideraba todavía como una empresa castellana y un monopolio que terna que preservar para sus súbditos. De igual forma, y a pesar de la cooperación de Castilla, las conquistas en el norte de África
eran consideradas como adquisiciones de Aragón y Cataluña.
La política de expansión en el norte de África ya había comenzado antes
de la muerte de Isabel.35 Melilla había sido conquistada en 1497, pero otras
empresas, especialmente en Italia, habían interrumpido ,la acción de los mo34.
J. M. Doussinague. Fernando el Católico y Germana de Foix, Madrid • .1944.
35. Véase P. Prieto y L1overa, Política aragonesa en África hasta la muerte de Fernando el
Católico. Madrid.
1952.
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LOS AUSTRIAS
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nafcas en África. En gran medida, esto era responsabilidad de Fernando, aunque Isabel no mostró un mayor sentimiento de urgencia que su marido y la famosa afirmación que se le atribuye en su testamento -«el futuro de España
se halla en África»- es una invención. como muchas otras. Pero lo cierto es
que en los años inmediatamente posteriores a la muerte de la reina, Fernando,
con la colaboración del cardenal Cisneros y utilizando recursos castellanos y
aragoneses, llevó a cabo una serie de expediciones por el Mediterráneo. En 1505
se tomó Mazalquivir, en 1508 el Peñón de la Gomera y los años 1509-1511contemplaron la conquista de Ofán, Bugía y Trípoli. y el sometimiento de Argel.
Naturalmente, las perspectivas económicas del norte de África no eran favorables en comparación con América. Se adjudicó a Catalufia la exclusividad del
comercio con las nuevas bases y se otorgó protección frente a la competencia
extranjera, pero la riqueza potencial que poseía Castilla en el Nuevo Mundo
era mucho más atractiva. Esto explica, en parte, que no continuara el esfuerzo
de expansión hacia el sur, aunque esa zona era estratégicamente vital para la
seguridad política y comercial de España en el Mediterráneo. En este sentido,
su presencia en África -unas pocas bases situadas precariamente en la costa
sin penetración en el interior- era peligrosamente débil e incapaz de contener
el poder conjunto del Turco y de los estados de Berberia, que no tardarían en
dominar el Mediterráneo. Entonces se haría patente que la acción de España
en esa dirección, natural y fundamental para el país, había sido demasiado poco
enérgica y tardía.
Fernando. hizo gala de una mayor determinación que la qüe había exhibido
en el sur a la hora de asegurar su frontera en el norte. Cuando la muerte de
Gastón de Foix planteó la cuestión sucesoria en Navarra, apoyó los derechos
de su segunda esposa con un ejército comandado por el duque de Alba que
rápidamente ocupó el reino (1512). La adquisición de Navarra, separada de los
restantes reinos españoles desde el siglo xrr. completó la unificación de Esp#'
.ña. nas su incorporación a la corona de Aragón, en el seno de la cual permaneció durante un breve período (1512-1515)fue asignada a Castilla, lo cual esta,
ha en consonancia con la política de Fernando de reconocer la supremacía del
mayor de los dos reinos Y.tal vez, era un indicio de que el absolutismo prevalecía sobre las inmunidades regionales que podrían haber sido estimuladas en
Navarra mediante la asociación col') los reinos del este peninsular. Sin embargo, una vez más Fernando no encontró motivos para acabar con las instituciones tradicionales. Existía un Consejo de Navarra para la administración del reino,
sus Cortes continuaban reuniéndose y conservó su Diputación permanente, comité de los diferentes estamentos. A los ojos de Fernando todo esto era menos
importante que la seguridad espaftola en los Pirineos. Se había asestado un nuevo
golpe a Francia y se había abortado una nueva oportunidad de intervención
francesa.
De hecho, la adquisición de Navarra fue un logro no sólo de la fuerza milita.r de Fernando sino f..?mbiénde su ,diplomacia. Su hábil utilización de ambos
instrumentos situó a España en una posición de poder en el exterior y marcó
la dirección de la política española durante algún tiempo. Generalmente, en el
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DE LOS HABSBURGO
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juego de las alianzas de esos años siempre se situó en el bando ganadof"primero en la Liga de Cambrai contra Venecia (1508), cuando liberó los puertos adriáticos del reino de Nápoles, y luego en la Santa Liga contra Francia (1511-1513),
cuando le interesaba menos Italia que España y conquistó Navarra. Durante estos años iote,TItótambién mantener la alianza con Inglaterra en la persona de su cuñado Enrique VIII, alianza dirigida fundamentalmente contra
Francia y su nuevo monarca, Francisco l, cuyas ideas expansionistas en Italia
resultaban peligrosas para los intereses españoles. Fernando rodeó, pues, a
Francia de una barrera diplomática constituida por Espafta, Inglaterra, Alemania y los Países Bajos y bloqueó su avance hacia el sur, hasta Italia. Su sucesor, Carlos 1, comprendió el significado de esta política e intentó perpetuarla. De hech~, Carlos no solamente heredó la unidad política preservada por
Fernando sino también los principios de política exterior que con tanto éxito
había elaborado. En este sentido, el eje central de su gobierno ya había sido
preparado.
Fernando de Aragón murió el 28 de enero de 1516. Casi inmediatamente
después de su muerte comenzaron a agitarse de nuevo los instintos anárquicos
de la aristocracia y de las ciudades, tan trabajosamente reprimidos por los Reyes Católicos. Pcro el temible Cisneros, a quien Fernando había nombrado regente. supo mantcner a España sana y salva durante los meses críticos subsiguientes. sofocando los desórdenes incipientes, conservando intacto el poder
real y transmitiendo a Carlos su herencia española tal como la habían dejado
-los Réyes Católicos. Esta herencia, al igual que su reinado. era compleja. Considerada retrospectivamente, la política de Fernando e Isabel fue una extrafia
mezcla de determinación y timidez. Durante los últimos años del reinado el reformismo perdió una parte de su ímpetu a medida que los ofici~lles reales se
relajaban, la aristocracia recuperaba antiguas posiciones y los grupos urbanos
se desilusionaban. Los monarcas no condujeron a España en una trayectoria
siempre firme desde la anarquía feudal al Estado-nación y su sistema político
no fuc monolítico. La monarquía que restauraron no era una monarquía abso~
luta y distaba mucho de estar centralizada. Su iniciativa en la acción exterior.
especialmente más allá del Atlántico, contrasta fuertemente con su cautela ante
los problemas internos. En la España que dejaron a sus sucesores eran todavía
numerosas las anomalías políticas y sociales, existiendo profundas barreras entre los diferentes reinos constitutivos y divisiones aún más rígidas entre las diversas clases sociales de cada uno de los reinos. De hecho, los Reyes Católicos
sólo habían aportado las condiciones mínimas de orden y.unidad, pero en el
proceso habían solucionado los problemas de la cclnstrucción del Estado antes
que la mayor parte de sus contemporáneos en la .Europa occidental. España
se hallaba muy por delante que cualquiera de sus rivales por lo que respecta
a la revitalización del poder real, el desarrollo de instrumentos de gobierno,
la creación de una poderosa máquina militar y la reforma de la Iglesia, empresas todas ellas que se realizaron o iniciaron en el lapso de una sola generación. Sin embargo, todos estos esfuerzos se habían dirigido a satisfacer las
demandas inmediatas del poder, yen razón de los intereses del poder se habían
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LOS AUSTRIAS
(1516-1598)
soslayado peligrosamente algunas cosas. Muy en especial, el bienestar social
y económico había sido totalmente sacrificado al vigor político. A pesar de ello,
un sentimiento de euforia nacional y un optimismo ilimitado dominaban la España de los Reyes Católicos. ¿Cómo reaccionaría ese espíritu ante el gobierno
inexperto de un príncipe extranjero?
Capítulo II
CARLOS 1 DE ESPAÑA
EL PRfNCIPE
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BORGORóN
El 18 de septiembre de 1517, cuando la flota de 40 barcos que transportaba
al joven Carlos y a su corte borgoftona a España echó anclas ante la costa de
Asturias~la población local huyó a las montañas armada con palos y cuchillos
para regresar s610 cuando se les informó que quien había llegado no era un
enemigo sino su rey. Este incidente fue un extraño 'indicio del recibimiento que
esperaba a Carlos en su nuevo reino, y mientras el séquito real avanzaba dificultosamente a través de las montañas del norte de España, azotado por la lluvia, hacia Valladolid, el monarca, a la sazón de 17 años de edad, que había
enfermado durante el viaje, tuvo tiempo de reflexionar sobre lo agreste dél país
y la suspicacia de sus habitantes.
Por una combinación de matrimonios dinásticos y muertes prematuras recayó sobre Carlos el destino de convertirse en gobernante de un imperio mundial, pero en 1517su sucesión al núcleo central de ese imperio no estaba ni mucho menos asegurada. De su padre. Felipe de Borgoña, al que había perdido
cuando tenía seis años, ya había heredado el ,primero de sus muchos dominios, los Países Bajos. Estos incluían, además de Luxemburgo, Brabante, Flandes, Holanda, Zelanda, Hainaut y Artois. el Franco Condado y el derecho al
ducado de Borgoña, que había revertido a la corona de Francia. En enero de
1515,el joven príncipe, cuya sangre habsburguesa era evidente en su mandíbula
saliente y su expresión embobada, fue proclamado soberano de los Países Bajos. Un año después mona su abuelo materno, Fernando de Aragón, y como
hijo de la reina Juana, cuya locura la incapacitaba para gobernar, Carlos podía
reclamar el trono de Castilla y sus posesiones en América, mientras que de Fernando heredó la Corona de Aragón~Cataluña, que incluía Sicilia, Cerdeña, Nápoles y algunas plazas en el norte de África. En su condición de nieto del em'perador Maximiliano, era también el presunto heredero de las posesiones de
los Habsburgo de Austria, Tirol y algunas zonas del sur de Alemania, que reci-
4.-lH'i;1I.1
50
LOS AUSTRIAS
CARLOS I DE ESPAÑA
(1516-1598)
bió a la muerte de Maximiliano en enero de 1519. «Dios os ha puesto en el camino hacia una monarquía universal», le dijo su gran canciller Gattinara en
1519, palabras que no parecen exageradas cuando se tiene en .cuenta la extensión de los dominios unificados bajo la soberanía de Carlos 1 de Espana, elegido a la sazón emperador Carlos V de Alemania.
Sin embargo, pese a las futuras preocupaciones imperiales de Carlos V, los
dos rasgos más determinantes de su reinado fueron sus orígenes borgoñones
y su herencia española.l De cuantos países heredó, España resultó el más dificil de conseguir. Carlos, nacido en Gante el 24 de febrero del año 1500, era
un extraño en España y no hablaba castellano. En su casa de Bruselas había
pocos españoles. Su educación. en el curso de la cual se le inculcaron una mezcla de ideales caballerescos, piedad y preocupación por su dinastía, había sido
borgoñona y su aprendiz.aje en el arte de gobernar había sido dirigido por el
aristócrata borgoñón Guillaume de eray, señor de Chievres, que incluso dormía en la misma habitación que su tímido y solemne discípulo. Pero en la condición de extranjero de Carlos había otros factores.importantes además de la
lengua y la educación. Yaen 1516, cuando el joven rey permaneció en los Países
Bajos mientras el regente Jiménez de Cisneros intentaba arrancarlo de manos
de los flamencos y conducirlo a España para que gobernara el país, una serie
de cargos importantes fueron otorgados o vendidos a flamencos del círculo del
monarca, al tiempo que se enviaba dinero español a Bruselas para financiar
la corte de Borgoña. Otras razones suscitaban la preocupación del regente. En
ausencia de la mano del soberano la nobleza castellana había comenzado a agitarse, las ciudades estaban dispuestas a alzarse en armas para defender sus privilegios y no existía una trama de influencias que permitiera apaciguar a una
serie de intereses importantes y crear un CÍrculo afecto a la causa del nuevo rey.
De hecho, eran muchos en España los que preferían al hermano menor de Carlos, el infante Fernando, que había sido educado en España y que gozaba de
una gran popularidad. El propio Consejo de Castilla se opuso con fuerza a
la idea de que Carlos adoptara el título de rey en vida de su madre y sólo cediq
porque nada pudo hacer para evitarlo.
1. R. B. Merriman. The Rise 01 the Spanish Empire in the Old World and ¡he New, Nueva
York, 1918.1934,4 vols. (hay trad. cast.: Lalormaddn
de/Imperio espaflol, Juventud, Barcelona.
1965.4 vals.), el vol. 111The Emperor. es valioso todavía por su labor investigadora y sus juicios
críticos. La obra de Manuel Fernández Álvarez. La España del Emperador Carlos V. Historia de
España. ed. R. Menéndez Pidal. Madrid. 1966. es una fuente de consulta importante que se puede
complementar con Pierre Chaunu. L'Espagne de Charles V, París, 1973, 2 vals. (hay trad. cast.:
La España de Carlos V, Península, Barcelona, 1981). Sobre La interacción de los problemas inter.
nos e internacionales vWe M. J. Rodríguez-Salgado. The Changing Face 01 Empire: .Charies V,
Philip Il and Habsburg Authority, 1551.1559. Cambridge. 1988 (hay trad. cast.: Un imperio en
transición: Carlos V, Felipe JI y su mundo. Crítica, Barcelona, 1992).
•.'i;,LA OPOSICIÓN,
51
LAS CORTES y LOS COMUNEROS
En el verano de 1517,cuando Chievres, tras afianzar las relaciones con Fran,"da e Inglaterra, decidió que había llegado el momento de viajar a E~'paña, no
;había duda de qu~ los borgoñones habian triunfado en la lucha por conseguir
. el control del monarca. Esto se hizo evidente a la llegada de Carlos a España
_en un despacho que envió a Cisneros, en el que con gran frialdad e ingratitud
~ prescindía de sus servicios y que no llegó a manos del anciano cardenal, que
" murió antes de haberlo leído. Se hizo patente también en el hecho de que los
'-1' borgoñones continuaron
recibiendo los privilegios más valiosos y contlnuaron
siendo los principales consejeros de ese muchacho silencioso e impasible al que
era imposible acercarse salvo a través de Chievres. Se mantenía alejados de su
monarca a los castellanos, que tenían que contemplar cómo los cargos y sinecuras eran invadidos por recién llegados, y cómo se apoderaban-de la riqueza
nacional unos extranjeros que ni comprendían ni se preocupaban por los problemas de España. Naturalmente, reaccionaron. En la primera reunión de las
Cortes castellanas en Valladolid, en febrero de 1518. cuya presidencia concedió
el rey a un valón, Jean de Sauvage, se levantaron indignadas protestas. Las Cortes, dirigidas por Juan de Zumel -representante
de Burgos-, rechazaron la
presencia de extranjeros en sus deliberaciones. A pesar de las amenazas Zumel
persistió en su resistencia en las sesiones subsiguientes y se pidió al rey que respetara las leyes de Castilla, que prescindiera de los extranjeros a su servicio y
que aprendierá-y hablara español. Ciertamente, Carlos juró respetar las leyes
de Castilla, pero el hccbo de que las Cortes, desprovistas de medios para plantear una resistencia constitucional, le concedieran un subsidio de 600.000 ducados para tres años sin ningún tipo de condiciones, constituyó una nueva victoria del partido borgoñón.
Cuando Carlos se presentó en Aragón en la primavera de 1518tuvo que soportar más duras presiones. Las Cortes aragonesas parecían menos dispuestas
aún que las castellanas a reconocer formalmente al monarca en vida de su madre. En Aragón aún había separatistas, que recordaban con nostalgia los tiempos anteriores a la unión con Castilla y que veían en el infante Fernando una
respuesta a sus expectativas. Carlos ya había enviado al extranjero, a .los Países
Bajos, a su hermano, que gozaba de excesiva popularidad, pero ,las Cortes solicitaron que al tiempo que juraban a Carlos como rey debían jurar también a
su hermano como príncipe heredero. Esa sugerencia ofendió a los castellanos
que acompañaban a Carlos y provocó algunos enfrentamientos, de escasa importancia, entre ellos y los aragoneses en Zaragoza. Sólo en enero de 1519las
Cortes de Aragón reconocieron a Carlos como rey, conjuntamente con su ma~
dre, y votaron un subsidio de 200.000 ducados.
En Cataluña, los problemas entre Carlas V y sus nuevos súbditos exigieron
unas negociaciones aún más largas y duras'. También allí se plantearon objeciones a sus consejeros flamencos y se produjeron los inevitables enfrentamientos sobre cuestiones de procedimiento y de dinero. Además. las Cortes catalanas eran un instrumento más eficaz de resistencia al poder real que las de
r~:
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LOS AUSTRIAS
(1516-1598)
Castilla, y su derecho de discrepancia y su procedimiento establecido podían-convertirlas en un obstáculo mucho más difícil de superar respecto al dinero y a la
legislación. Carlos V tuvo que permanecer un año en Barcelona y allí fue donde recibió la noticia de que había sido elegido emperador el28 de junio de 1519.
La decisión de Carlos V de obtener el título imperial derivaba, en parte,
de su temor de que recayera en Francisco I de Francia. quien, si disponía de
poder en Alemania y en Francia podría amenazar no sólo la herencia borgoñona de Carlos V sino también sus dominios de la Casa de Habsburgo. Posiblemente, también, consideraba necesario poseer ese título como consecuencia de
la diversidad de las posesiones que gobernaba con muy diferentes títulos. En
este sentido, el título de emperador constituiría, al menos. un símbolo de unidad. Sin embargo, la razón de mayor peso era su convicción de que el título
imperial le correspondía por derecho, para coronar los reinos del gobernante
más poderoso de la cristiandad, y que la extensión de sus dominios lo convertía
en la persona más cualificada para obtenerlo. Carlos V tuvo que gastar un millón de florines de oro en su elección para que los electores tuvieran no sólo
razones políticas sino también económicas para elegirle y la operación le_obligó a contraer una deuda de medio millón de florines con los Fugger. Pero fue
Chievres, y no ~n español, quien negoció su elecci6,n, y si es cierto que algunos
españoles comprendían las posibilidades que abría el título imperial de Carlos 'Y,en modo alguno satisfacía ni impresionaba a la mayoría de sus súbditos
españoles. Lo que éstos deseaban era un monarca propio y no compartir a un
emperador extranjero. En consecuenCia, aunque había indicios de que el régimen borgoñón podía ser transitorio -en especial tras la muerte del rapaz Sauvage en junio de 1518y su sustitución en el puesto de gran canciller por el piamontés Mercurino de Gattinara, humanista, erasmista y apasionado defensor
de la idea imperial- ahora existía una nueva causa de resentimiento, más fuer'te y permanente.
Esto se manifestó especialmente en Castilla, donde la hostilidad al nuevo
soberano, a sus ministros y su política adoptó la forma de una oposición colectiva con base en las ciudades y encabezada por Toledo. A fin de preparar la
coronación imperial, obtener dinero y embarcarse para los Países Bajos, Carlos Y retornó desde Barcelona a Castilla y convocó las Cortes, que se reunirían
en Santiago en marzo de 1520. Los representantes de Toledo no acudieron a
estas Cortes y las restantes ciudades intentaron dar a sus procuradores instruc~
ciones precisas. Por su parte, la corte deseaba que tuvieran libertad de acción.
De hecho, las Cortes se negaron a conceder el subsidio solicitado por el rey
yen contra de cualquier precedente constitucional insistieron en que se analizaran los agravios planteados antes de conceder el subsidio. A raíz de ello, las
Cortes continuaron en L1. Coruña y fue allí donde Carlos V presentó lo que
los historiadores han calificado como el germen de su programa imperial. El
doctor La Mota, obispo de Badajoz y uno de los pocos españoles que acampanaban al monarca desde sus años de estancia en Bruselas, dirigió estas palabras
a las Cortes: «ahora viene el Imperio a buscar el emperador a España, y nuestro rey de España es hecho por la gracia de Dios, rey de romanos y emperador
CARLOS 1 DE ESPAÑA
53
del mundo».2 Se afirmó que Carlos había aceptado el título imperial para ha':.cerse cargo de la defensa de la fe católica contra sus enemigos infieles y que
-'España siempre sería la base de su poder y la fuente de su fuerza. 3 ~sto pare.'cía más un intento desesperado de conseguir dinero mediante la adulación que
la presentación de,un programa imperial bien preparado. De cualquier forma,
no consiguió impresionar a las Cortes y, aunque una mayoría de los procura~
dores habían sido sobornados para que aprobaran el subsidio, ello se realizó
con la oposición de los representantes de seis ciudades y la abstención de otras
diez, de un total de 18. El dinero nunca llegó a recaudarse y las multitudes atacaron las casas de los procuradores que habían votado a favor. Por otra parte,
salió reforzada la mala impresión inicial que Carlos Y había causado en los
espailole,.
Cuando el monarca partió de Espafia en mayo de 1520, rodeado de extranjeros y en una misión que era ajena a sus súbditos españoles, la agitación ya
había dejado paso a la rebelión. La acumulación de agravios contra el régimen
borgoñón había producido el primer sentimiento de ultraje: la pobre impresión
que habían causado el rey y sus representantes extranjeros, el desprecio de Chievres hacia los españoles, su monopolio venal de las influencias, el nombramiento
de extranjeros para ocupar cargos y obispados españoles, la opresión de los recaudadores de impuestos~ las enormes cantidades de dinero enviadas fuera del
reino y, como culminación de todo ello, el nombramiento de un regente extranjero, Adriano de Utrecht, para gobernar Castilla durante .la ausencia del rey.
La crisis se precipitó cuando Carlos V se comprometió con una idea imperial
que apenas tenía cabida en las tradiciones de España y que despertó escaso eco
en el país.4 La pequeña nobleza y las ciudades castellanas se rebelaron, entonces, contra un régimen al que consideraban contrario a sus intereses y que amenazaba con sacrificar Castilla a una política imperial o dinástica. Pero la re.
vuelta de los comuneros no fue simplemente un movimiento politico, sino una
revolución que tuvo lugar en una región profundamente dividida por intereses
opuestos y en una sociedad en conflicto. s
t, ' r;,
..
;
2. Cortes de fos antiguos reinos de León y Castilla, Madrid, 1861-1903,5 vals.; vol. II, p. 293.
3. Véase B. Chudoba, Spain and rhe Empire 15/9.1653, Chicago, 1952, p. 20 (hay' trad. casto:
España y el Imperio (15/9-/643), Rialp, Madrid, 1963), quien, sin embargo. al calificar la declaración de Carlos ante las cortes como (iel autentico programa de un estadista), pro'bablemente exagera su importancia.
4. Véase, en cambio, la tesis de R. Menéndez Pidal, ldea imperial de Carlos JI; Madrtd, 1945,
que ve a Carlos como una figura plenamente española y que sitúa su política -aunque de forma
poco convincente- en el contexto de la tradición española. Respecto a la oposición de los pensa~
dores políticos españoles, incluido Francisco de Vitoria, a la idea imperial. véase J. A. MaravaU,
Carlos V y el pem;amiento politico del Renacimiento, Madrid, 1960, pp. 235.268.
5. Vease el autorizado estudio sobre el tema de Joseph Perez, La revolución de las Comunidades de Castilla (1520-/52/), Madrid, 1977, cuyas conclusiones son ampliamente compartidas por
Juan Ignacio Gutierrez Nielo, Las Comunidades como movimiento antiseñorial, Barcelona,- 1973•
y que se complementa con la obra de Stephen Haliczer, The Comuneros 01 Casti/e: the Forging
01 a Revofution 1475-152/. Madison, Wis., 1981 (hay trad. cast.: Los comuneros de Castilla. La
forja de una revolución. Universidad de Valladolid, Valladolid, 1987).
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54
LOS AUSTRlAS
(1516-1598)
En Castilla existía desde hacía tiempo una industria manufacturera artesanal, y fue el sector textil,el que se situó a la cabeza. Pero la industria textil sufría una situación de estancamiento a comienzos del siglo XVI, carente de capital y con escasez de mano de obra, privada de protección e incapaz de competir
con los productos extranjeros de más calidad. La industria estaba subordinada
a otros intereses más poderosos. La producción y exportación de lana en bruto
satisfacían tanto a la aristocracia, de cuyas propiedades procedía, como a los
comerciantes que la exportaban, a la corona que la gravaba fiscalmente y a
los negociantes extranjeros que la compraban. Así pues, la mayor parte de la
producción de lana era enviada al extranjero y los manufactureros castellanos
eran demasiado débiles para competir por ella y para desafiar a la coalición
de intereses que convertía a Castilla en un exportador de materias primas y que
comprometía el desarrollo de una industria textil nacional. Ante el empeoramiento de su situación, los manufactureros recurrieron a la corona, pero en
vano, pues ni Isabel ni Carlos V se mostraron dispuestos a ayudarlos. Mientras
florecían las exportaciones de lana desde Burgos-Bilbao y el comercio de Sevilla con las Indias, la Castilla interior se sentía cada vez más marginada. Éste
fue el bastión de los comuneros y los intereses en conflicto eran los de los manufactureros contra los exportadores de lana, el centro contra la periferia, Segavia, que apoyó la revuelta, contra Burgos, que muy pronto la abandonó.
Estas tensiones se inscriben en el conflicto secular entre las ciudades y la
nobleza, un problema que empezaron a afrontar Fernando e Isabel para luego
dejarlo sin resolver. En los últimos años de su reinado la nobleza intentó un .
nuevo asalto al poder, reagrupando sus fuerzas privadas. ocupando los puestos
dirigentes del ejército real y compitiendo de forma implacable por copar los
puestos de la administración. Luego comenzaron a apoderarse de tierras de
las ciudades, a usurpar rentas y cargos urbanos y a incrementar sus exigencias
señoriales a sus vasallos urbanos. l..os habitantes de las ciudades, los comerciantes y artesanos se consideraban víctimas de una revitalizada aristocracia y
de una corona complaciente. con ella. y cuando los enfrentamientos adquirie~
ron mayor virulencia intentaron en vano conseguir el arbitraje real y un acuerdo pacífico. La situación empeoró a la muerte de Isabel. La regencia fue incapaz de salvar a la monarquía del declive militar y financiero, y las ciudades
negaron su ayuda. Carlos V se vio inmerso en una crisis de la que no fue totalmente responsable, pero sus peticiones de dinero y tropas contribuyeron a aumentar el resentimiento de grupos urbanos que consideraban esas demandas como
una nueva versión de una vieja política.
Los comuneros pertenecían a los sectores medios de la sociedad y se levantaron contra la aristocracia terrateniente y sus aliados. Sin embargo, no fue únicamente una lucha de gentes del común cóntra nobles ni una mera protesta contra un régimen impopular y sus servidores. Antes bien, puso de relieve las
divisiones subyacentes en la sociedad que emergieron a la superficie tras el reinado de .1bs Reyes Católicos. Fernando e Isabel, que desconfiaban de la alta
nobleza e intentaron reducirla, favorecieron la promoción de la baja nobleza,
los caballeros e hidalgos, que desempeñaron una función importante en la ad-
CARLOS 1 DE ESPAÑA
55
_ministración, el ejército y el gobierno local. Pero muchos de ellos fueron recha.' zados por el nuevo monarca en 1517, y algunos, resentidos, se integraron en
:".las filas de los comuneros. No constituían una clase media. Ya se tratara de
hidalgos rurales o letrados urbanos se consideraban auténticos nobles o, Como
los grandes comerciantes y banqueros, aspiraban a la nobleza. Por otra parte,
.entre los comuneros se incluían pequeños comerciantes y manufactureros, que
constituían una incipiente clase media, aunque su número era reducido en la
polarizada sociedad de Castilla. La crisis sucesoria que siguió a la muerte de
Isabel Yel largo vacío de poder real durante los anos 1504-1517 permitieron a
la nobleza castellana mejorar su suerte e intentar un nuevo asalto al poder a
expensas del Estado debilitado. Al mismo tiempo, los intereses económicos más
vulnerables intentaron mejorar su posición, los comerciantes de las ciudades
del interior contra el monopolio del consulado de Burgos y los comerciantes
extranjeros, los industriales contra los exportadores, y los manufactureros nacionales contra los exportadores de lana. Durante la regencia del rey de Aragón, los productores textiles castellanos obtuvieron algunos favores frente a los
importadores extranjeros y la exportación excesiva de lana, política continuada
por el cardenal Cisneros. Fue ésta una nueva etapa en el equilibrio de poder
económico. la primera protesta de la zona central de Castilla contra la privilegiada periferia. La siguiente etapa fue más violenta.
El levantamiento de los comuneros fue dirigido por Toledo, que ya antes
de que Carlos V partiera de Espana el 20 de mayo de 1520 había expulsado
. a su corregidor y establecido una comunidad. Durante el mes de junio la revuelta se difundió por la mayor parte de las ciudades de Castilla la Vieja que,
una tras otra. expulsaron a los oficiales reales y a los recaudadores de impues.tos y proclamaron la comunidad. Fueron revueltas populares espontáneas, aunque el patriciado urbano también participó y en zamora estuvo al frente del
movimiento un obispo soldado, Antonio de Acuña. Toledo tomó la iniciativa
en el intento de extender la base política del movimiento y en el mes de julio
convocó una reunión de cuatro. ciudades en ÁVila, de la que surgió una junta
revolucionaria que obligó al regente Adriano a salir de Valladolid y organizó
un gobierno alternativo rival. En septiembre de 1520 el movimiento alcanzó
el punto álgido de su poder. Con una causa. una organización y un ejército,
ya no pedía reformas, sino que intentaba imponer condiciones al monarca. En
este punto, comenzaron a producirse divisiones entre revolucionarios y reformistas. La junta pretendía redefinir la relación entre el rey y el pueblo, sobre
la base del principio de que el reino estaba por encima del rey y de que la junta
representaba al.reino. En el nuevo orden político las Cortes ejercerían una función más importante y tendrían el derecho de estudiar sus quejas antes de votar
los impuestos. y se permitiría «a los representantes de la comunidad» que votaran a sus delegados.6 Estas posturas determinaron que abandonaran el movimiento los elementos moderados de Burgos y Valladolid, que estaban someti6. Artículos redactados en Valladolid, citados por Haliczer, The Comuneros
179.182.
01 Casti/e, pp.
56
LOS AUSTRIAS
dos a una importante presión por parte de las autoridades reales y de la alta
nobleza. Cuando la junta comenzó a reclamar todos los poderes del Estado,
los moderados abandonaron la lucha y las fuerzas reales entraron en acción.
EI5 de diciembre, con la ayuda de la aristocracia y el oportuno envío de fuerzas desde Portugal. tomaron Tordesillas, el cuartel general de la junta.
Pero los comuneros no estaban derrotados todavía. Su revolución no era
simplemente un movimiento político, sino también social; era más que un con.flieto entre las ciudades y el poder real, era un enfrentamiento con la alta nobleza y los grandes comerciantes. Carlos V había tenido la habilidad de situar
al almirante y al cO;Idestable de Castilla, Fadrique Enríquez e Íñigo de Velasco
respectivamente, junto a Adriano de Utrecht como cogobernadores del país,
alineando, con ellos, a los magnates castellanos en favor de la causa real. En
una carta dirigida al almirante el 30 de enero de :1521, los representantes de Valladolid denunciaban al partido realista como el partido de la nobleza que serVÍaa sus propios intereses contra las ciudades, que habían sido el auténtico apoyo
financiero del rey: «estamos pensando no sólo en defendernos contra vuestro
ejército, sino en pasar a la ofensiva y reducir a todo el estamento de la nobleza
al servicio de Su Majestad».1 En el campo de batalla los comuneros no eran
enemigo para el ejército real y las fuerzas de la nobleza, y fueron derrotados
en la balalla de Villalar el 24 de abril de 1521. Al dia siguiente fueron ejecutados los jefes de la rebelión, Juan de Padilla, Juan Bravo y Pedro Maldonado,
representantes de Toledo, Segovia y Salamanca respectivamente. En cuanto a
la aristocracia, sus miembros comenzaron inmediatamente a reclamar sus recompensas y pensiones, pero su presencia en Villalar no era simplemente un
servicio, sino la defensa de sus propios intereses. Toledo resistió seis meses más,
con sus fuerzas comandadas por el último jefe rebelde, el obispo Acuña, que
fue recibido por toda la ciudad con gritos de «¡Comunidad!, ¡Comunidad! ¡Acuña!, ¡Acuña!». El almirante de Castilla describió este episodio afirmando que
había recibido el apoyo de los judíos y del populacho, utilizando los dos peores
insultos en los que pudo pensar. Pero Acuña sólo duró un mes. Fue capturado
y encarcelado en el castillo de Simancas, en donde finalmente fue ejecutado a
garrote tras un violento intento de fuga. En octubre de 152i también Toledo
tuvo que capitular.
Para entonces se apreciaba más claramente cuál era la base social de los comuneros. El grueso de sus filas lo formaban los sectores populares urbanos,
que se enfrentaban a la oligarquía tradicional de las ciudades. Es decir. el pueblo llano contra el patriciado. Segovia, centro de una activa región agrícola y
de un sector industrial en crecimiento, desempefl.6 un papel destacado en la revuelta y sufrió las consecuencias al recaer sobre ella con mayor rigor las multas
y castigos. De las 7.715 personas que fueron castigadas en Segovia, más del
71,S por 100 pertenecían al sector del artesanado y de los servicios, seguidos
a notable distancia por una minoría -el 8,7 por 100- de intelectuales y profesionales liberales, en tanto que faltan casi por completo los agricultores y cam7.
CARLOS 1 DE ESPAÑA
(1516-1598)
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57
pesinos. Sólo algunas de las víctimas, e11,5 por lOO,eran nobles, y aunque ocuparon un lugar destacado, lo cierto es que la mayor parte de la nobleza perma~
nceió ajena al movimiento o se opuso a él. 8 Pero los aristócratas urbanos eran
sólo iIna parte de la nobleza. Los grandes y la alta nobleza también actuaron
en contra de los comuneros, en defensa de la ley y el orden y para restablecer
su propio poder allí donde se había visto menoscabado. No les preocupaban
seriamente los derechos de Carlos V, hacia el que no sentían admiración, y la
mayor parte de los nobles se mostraron impasibles mientras los comuneros se
limitaron a desafiar el poder real. Pero junto al ala política de los comuneros
se había desarrollado un movimiento antiseñ,orial radical que desafiaba el poder feudal de la nobleza. Era una revolución desde abajo, un levantamiento de
los vasallos de la nobleza. Un grupo de grandes señores comenzaron a armarse
para d~fender sus derechos señoriales, Jo que llevó a los jefes comuneros a endurecer su actitud y tomar las armas. El movimiento adquirió entonces el carácter de una revolución social, en la que los comuneros luchaban no sólo contra el poder real sino contra el privilegio y la supremacía aristocráticos. En
algunos lugares se produjo una lucha sin cuartel: hubo castillos destruidos y
propiedades saqueadas, y las fuerzas urbanas recibieron un apoyo entusiasta
de la población rural en su ,intento de liberarse de las cargas feudales. En consecuencia, los grandes no sólo luchaban para servir al rey sino para defender
su jurisdicción señorial.
Las capas medias urbanas -los pequeños propietarios. artesanos, comerciantes al por menor y titulados universitarios- estuvieron en el centro del movimiento comunero y protagonizaron la dirección del mismo. Aunque no eran
pobres (algunos de eUos tenían tierras, otros eran profesionales y no se identificaban con los desheredados) tampoco eran ricos y poco tenían en común con
Jos acomodados comerciantes exportadores, aliados de la nobleza contra los
comuneros. En definitiva, las capas medias no constituían una clase social homogénea, una burguesía urbana, y si bien los comuneros tenían base social carecían de una base de clase. En el conflicto se enfrentaban intereses sectoriales
distintos, y cada uno de los bandos constituía una coalición de grupos o una
alianza política. El programa de los comuneros tenía algo que ofrecer a la mayor parte de quienes los ap.oyaban: la limitación del poder real, el freno al poder de la nobleza, la reducción de los impuestos, la reducción de los gastos del
gobierno y la represión de la corrupción y la reforma de los municipios que
permitiera una mayor participación de los sectores no privilegiados, la comunidad. Pedían también la reducción de las exportaciones de lana en favor de
los compradores nacionales y la protección de la industria textil castellana. Estas últimas reivindicaciones estaban alentadas por los manufactureros yartesa-,
nos de Segovia, Palencia, Cuenca y otras ciudades del interior, frente a aquellos que se beneficiaban de las exportaciones de lana, los ganaderos, los nobles
que poseían tierras de pasto, los comerciantes de Blirgos y los hombres de ne8. .Pedro Álvarez de Frutos. {(Segovia y la guerra de las comunidades: análisis social», Hispanía, 44, 158 (1984), pp. 469-494.
Citado en ¡bid., p. 192.
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•
LOS AUSTRIAS
58
gocios extranjeros. En 1520, el poder real se alineó de forma explícita en esta
coalición de intereses dominantes, sabedor de que los derechos de aduana que
obtenía de esas exportaciones constituían una parte importante de sus ingresos
. y de que los súbditos flamencos de la corona querían la lana de España y aspiraban a acceder a los mercados españoles. Pero aunque Carlos V contó con
la colaboración de los grandes y los nobles para aplastar a los comuneros, lo
cierto es que no satisfizo sus ambiciones ni les otorgó el poder que reclamaban.
Fue una victoria de la aristocracia sobre la población de las ciudades pero el
premio del triunfo fue a parar a manos del rey.
Entretanto, Carlos V tuvo que hacer frente a una nueva revuelta. Ahora bien,
mientras que los comuneros poseían una organización, unos líderes y un ideario, los levantamientos de las Germanías, hermandades cristianas, de Valencia
y Mallorca en 1519fueron protestas sociales espontáneas que planteaban peti~
ciones determinadas, y que nunca llegaron a constituir realmente un programa
político. ()Los dos movimientos no se influyeron mutuamente. Las Germanías
no cooperaron con los comuneros, y su revuelta tenía un origen distinto. El
movimiento valenciano comenzó como una protesta contra los funcionarios de
la ciudad y los aristócratas, y a continuación la violencia se convirtió en una
guerra abierta contra los musulmanes, quienes a su vez apoyarc:'n a sus señores
frente a las hermandades. Los cabecillas de la revuelta supieron ver las ventajas
que suponía invocar una justificación religiosa para su acción y darle un interés más general del que originalmente poseían. En Valencia, las tensiones
sociales no eran meros conflictos de clase y ésta no fue una rebelión homogénea. Partíciparon en ella artesanos que luchaban por su supervivencia y, tal vez
también, por conseguir protección, campesinos oprimidos por las cargas feudales, algunos representantes de las capas medias de la población con conciencia política y algunos miembros del bajo clero, todos ellos unidos únicamente
por unas míseras condiciones de vida y por los abusos señoriales, así como por
su odio hacia los musulmanes, a quienes estaban dispuestos a atacar, destruir
y convertir.
En 1519se había armado a los gremios de Valencia para hacer frente a la
amenaza de un ataque de piratas turcos. Al mismo tiempo, un brote de peste
llevó a abandonar la ciudad a una- gran parte de la nobleza, incluido el propio
gobernador. También el emperador era un monarca ausente, que había postergado repetidamente la reunión de las Cortes de Valencia. El pueblo aprovechó
la oportunidad para enfrentarse a una nobleza opresora y urios funcionarios
impopulares. Exigieron representación en el gobierno municipal, que aún no
poseían, y el acc~so a la justicia del emperador, que les era negada por sus se~
ñores locales. El primer dirigente de la Germanía, el tejedor Juan Lloren9, deséaba dotar a Valencia de una constitución republicana al estilo de las de Génova y Venecia. Sin embargo, tras su muerte otros cabecillas de segunda fila
9.
Vease L. Pites Ros. ((Aspectos sociales de la Germanía de Valencia». Estudios de historia
1I (t952). pp. 431-478, Y el estudio moderno de Ricardo Garda Cárcel. Las Ger.
mantas de Valencia, Barcelona, 1975, pp. 22-40, 62-88, 164.187.
social de Espaffa,
CARLOS 1 DE ESPAÑA
(1516-1598)
59
llevaron al movimiento hacia la perpetración de violencias y atrocidades sin do~
tarlo de un programa preciso. Los insurgentes no tardaron en controlar la capital de Valencia, con el apoyo de la mayor parte de los gremios y desde allí diri~
gieron el levantamiento del resto de Valencia, organizando enfrentamientos
armados con el virrey y la nobleza, obligando a los moros a bautizarse, suprimiendo todo tipo de impuestos y amenazando con interferir en la distribución
de la tierra. En ese momento, la rebelión perdió el apoyo de un sector de la
clase media de la que había obtenido gran parte de su fuerza y no pocos de
sus líderes. Esto permitió al virrey, Diego Hurtado de Mendoza, y a los aristócratas que le apoyaban enderezar la situación y destruir las fuerzas de la Germanía en octubre de 1521. Era inevitable que la victoria de las fuerzas realistas
fuera seguida de una dura represión en la que más de 800 rebeldes fueron condenados -la mayor parte de ellos con multas y confiscacionespor el «cTim
de germania e unió populao). Pero sólo en diciembre de 1524 fue posible sofocar cualquier atisbo de resistencia fuera de la capital y un nuevo virrey, Gerina~
na de Foix, promulgó un perdón general.
Aunque la Germanía de Valencia acabó enfrentándose con el poder real,
se.había iniciado como una protesta contra el poder de la aristocracia terrateniente.y contra sus tenentes y jornaleros moros. Contó también con un importante apoyo entre las clases medias y con la cooperación de casi todos los gremios. Sin embargo, el movimiento careció de una base social definida. Era una
alianza heterogénea de grupos qu~ expresaban sus protestas, artesanos pobres,
. pequeños agricultores y jornaleros, el bajo clero y algunos comerciantes. Fue
el levantamiento de grupos de rebeldes, una protesta campesina contra la escasez de productos de primera necesidad, contra la jurisdicción señorial y la com- .
petencia por parte de la mano de obra mora. Fue también una protesta contra
la administración local y una oposición a la carga fiscal y poseyó también algunos rasgos auténticamente revolucionarios y de oposición a las estructuras existentes. Indirectamente fue también un movimiento de resistencia a la corona.
La nobleza y el alto clero, conscientes de cuáles eran sus auténticos intereses,
prestaron un apoyo unánime a Carlos V, y por esta razón la represión del movimiento fue una nueva victoria del absolutismo.
EL SOMETIMIENTO
DE CASTILLA
Las sublevaciones del Levante español no indujeron al poder real a atacar
las instituciones de esos reinos, que consiguieron preservar sus antiguos derechos y privilegios incluso en el nuevo mundo de Jos Austrias. Sus fueros, o prerrogativas regionales, eran firmemente sustentados por sus Cortes. Las Cortes
generales de los dominios de la corona de Aragón se reunieron en seis ocasiones durante el reinado de Carlos V, frente a las Cortes de cada uno de los componentes, Aragón, Cataluña y Valencia, que raras veces eran convocadas. Aquellas sólo eran generales por el nombre, en el sentido de que se reunían,siempre
en Monzón por razones de conveniencia, pero ~ncluso allí las Cortes de cada
60
LOS A USTRIAS
uno de los tres estados deliberaban por separado Y.de hecho, el emperador tenía que tratar con tres organismos diferentes. Además, los derechos que cada
una de estas Cortes seguían teniendo en materia de procedimiento, fiscalidad
y legislación continuaban limitando la soberanía absoluta. 10 Siempre se resistían a conceder al emperador grandes sumas de dinero, y cuando otorgaban
un subsidio prácticamente siempre se reservaba una tercera parte de la cantidad votada para asuntos internos, quedando, por tanto, en manos de las Cortes. Por esta razón~ tanto en Cataluña como en Aragón existían delegaciones
permanentes de los estamentos, que actuaban durante los intervalos entre las
convocatorias de Cortes para controlar la administración de los ingresos vota- .
dos y vigilar la observancia de las leyes. Pero la influencia de las Cortes no se
reduCÍa a eso. En Aragón ejercían también una estricta tarea de control sobre
una institución aragonesa característica, el cargo de Justicia, que, aunque su
prestigio y su autoridad estaban en declive, era potencialmente uno de los maw
yores obstáculos para el ejercicio de la soberanía en Aragón. El cometido del
Justicia era proteger a los súbditos frente a la injusticia pública y privada, y
podía intervenir incluso en los juicios si se consideraba que contravenían los
fueros de Aragón. Era una mezcla de juez supremo y juez de apelación, cuya
especial posición hacía que frecuentemente fuera considerado como un árbitro
entre la corona y los súbditos al que todos los aragoneses tenían derecho a apelar.
Sería erróneo considerar que las instituciones de Aragón y Cataluña eran
populares o democráticas. En efecto, muchos de los privilegíos que defendían
eran monopolizados por una nobleza que todavía poseía una importante jurisdicción señorial, y cuyos derechos feudales sobrevivíeron durante más tiempo
que los de la mayor parte de la nobleza de la Europa occidental. La rebelión
de'las Germanías de Valencia había llamado la atención sobre el control aristocrático de las instituciones "locales. Por otra parte, ya hemos vísto que si estas
instituciones pudieron defender a los reinos del este peninsular frente a los abusos
del poder real ello se debió en gran medida a que la corona carecía de incentivos materiales para desafiarlas. De Aragón y Catalufla Carlos V obtenía las
rentas del patrimonio real y los subsidios votados por las Cortes. Es cierto que
éstas tuvieron buen cuidado en impedir la introducción de nuevos impuestos,
pero no parecía prob:;¡.bleque Carlos V se decidiera a presionar en esta cuestión, pues la riqueza imponible era escasa y no justificaba una crisis. Aragón
era un país relativamente pobre y la prosperidad comercial de Cataluña había
declinado al perder su influencia en el Mediterráneo, que había contemplado
la expansión del poder turco.lI Así pues, la inmunidad de los reinos del este
sobrevivió más por su debilidad económica que por su fortaleza institucional.
Las instituciones protectoras carecen prácticamente de importancia cuando es
poco 10 que hay que proteger. Al igual que sus antecesores, Carlos Vencontraba mayores recursos en otros lugares. especialmente en Castilla, argumento decisivo que convirtió a Castilla en la base de su imperio o, utilizando las pala10. Véase supra, pp. 17 18.
11. Véase ¡nfm, pp. 166.167.
w
CARLOS 1 DE ESPAÑA
0516-1598)
61
bras del obispo Mota dirigidas a unas Cortes indiferentes en 1520, en «su bolsa
y su espada». y que determinó que las instituciones de -Castilla suscitaran el
mayor interés en el emperador. La COTOnaactuaba con toda decisión cuando
era la riqueza lo que estaba en juego.
La derrota de Villalar dejó a Castilla más indefensa que antes frente al ab.
solutismo. Naturalmente, Carlos V no ignoraba las reivindicaciones constitu~
cionales y las criticas sociales que habían alimentado la revuelta de los comuneros, Y sabía que era necesario dotar de mayor credibilidad a su gobierno y
de mayor eficacia a su administración, así como restablecer la alianza,entre la
y las ciudades que había caracterizado los años reformistas de los Reyes
,., corona
Católicos. Rechazó las pretensiones de la nobleza de conseguir generosas re"",,:\
compensas por su apoyo durante la rebelión y, en general, disminuyó su depenw
dencia respecto a los grandes magnates territoriales. Pero aunque no tomó re~
iJ',1i
presalias, no inició una nueva política urbana. El gobierno municipal no ejerCÍa
ya una autoridad independiente. Las elecciones locales estaban lejos de ser dcw
!&¡
mocráticas, pero incluso los funcionarios electos de las ciudades tenían escaso
poder frente a los corregidores, funcionarios judiciales que desde el reinado de
los Reyes Católicos habían acumulado también poderes administrativos, sien~
do enviados a todas las ciudades castellanas, donde actuaban, de hecho, como
gobernadores reales con la misión de controlar todos los aspectos de la admi~
. nistración municipal. Como consecuencia de las menores exigencias en los criterios de selección, los corregidores eran ahora menos populares que en el reinado anterior y cada vez eran más frecuentes las quejas de que los que habían
sido nombrados por Carlos V no eran juristas formados en la universidad sino
recomendados sin los conocimientos necesarios e incapaces de realizar sus fun',' :rí;
~.~~- ciones judiciales. una prueba más de que la corona los consideraba fundamentalmente como agentes políticos a través de los cuales podía hacer llegar su auto"",y
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15\.-,
ridad a la masa de la población.
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No cabía esperar que las ciudades gobernadas por elites nobiliarias y domi.
nadas por los corregidores reales enviaran representantes independientes a las
Cortes. Ciertamente, las Cortes de Castilla nunca habían sido consideradas como
una institución popular, pero desempeñaban una función específica en los aspectos fiscales y legislativos y el monarca no podía ignorarlas para actuar en
esas esferas. Aunque estaban divididas en tres estamentos -la nobleza, el clero
y
el pueblo llano- normalmente, las Cortes sólo estaban formadas por el ter:1:,~:,I,t,"~",
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cer estado, es decir, los 36 representantes de 18 ciudades, ya que los dos prime::. ; '.
ros grupos poseían la exención tributaria en razón de sus funciones medievales
militares y espirituales.12 El principio de atender las quejas planteadas ante~
de conceder el dinero nunca se había aplicado en Castilla. Así, en el reinado de
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Carlos V, las Cortes poco podían hacer respecto a sus peticiones salvo que re-
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12. En Ca~tilla los hidalgos eran
dio de 1541, los hidaJgos (exentos del
cheros (contribuyentes) erdn 784.578.
se puede calcular un total de 487.61l
numerosos. En la estadística para la distribución del subsipaga del tributo) ascendlan a 108.358, mientra~ que los peDado que estas cifras se referían a los cabezas de familia.,
hidalgos y 3.530.601 pecheros.
LOS AUSTRIAS
62
0516-1598)
currieran a la rebelión. Al fracasar la rebelión en Villalar la consecuencia inmediata de la derrota fue un sometimiento aún mayor al soberano, una nueva
insistencia en que no negaran fondos al monarca ni intentaran controlar sus
gastos~ y una nueva negativa a aceptar diputados con unas instrucciones que
limitaban sus posibilidades de actuación.
A su regreso a España en 1522, los gastos realizados con motivo del viaje
para la elección imperial y en la represión de la revuelta de Castilla indujeron
a Carlos a convocar las Cortes en Valladolid, en julio de 1523, para que votaran un, nuevo subsidio. En esta ocasión las Cortes realizaron un último intento
de anaiizar cuestiones relativas al góbiemo antes de conceder el dinero, no con
el argumento de que era su derecho tradicional sino con el ingenuo razonamiento
de que Carlos V podía autorizar esa innovación. Como cabía esperar, el monarca se negó: «ayer os pedí caudales; hoyos pido vuestro parecer». Especificó
así con toda claridad que ése era el orden que estaba dispuesto a mantener.13
De esta forma, las Cortes quedaban reducidas a la condición de un organismo
con capacidad para votar impuestos y al que la corona concedía la gracia oe
presentar peticiones. En conjunto, las Cortes de Castilla fueron convocadas en
15 ocasiones durante el reinado de Carlos V, habitualmente cuando regresaba
a España en busca de nuevos fondos después de realizar sus empresas en el extranjero. Aunque las Cortes podían plantear dificultades, discutir asuntos de
detalle y protestar con fuerza ante los subsidios extraordinarios, generalmente
acababan por ceder a las presiones del rey. En el decenio de 1530 aceptaron
sustanciales incrementos de los impuestos, aunque consiguieron también una
nueva forma de recaudación que era beneficiosa para ambas partes. En 1534
la corona aceptó recibir una cantidad fija que incluía el importe esperado del
ingreso más importante, la alcabala, permitiendo que las ciudades determinaran la cuota a pagar y recaudaran el dinero como lo desearan. Ese acuerdo,
conocido con el nombre de encabezamiento, fue renovado en 1547 y resultó un
4
método eficaz para mantener la fiscalidad dentro de unos límites definidos.1
Sin embargo, no dió a las Cortes el control sobre las rentas reales, una gran
parte de las cuales -los ingresos americanos y la venta de los recursos de la
corona, por ejemplo- quedaba al margen de su jurisdicción. Incluso tuvieron
que luchar por el derecho de petición de nueva legislación. Carlos V prometió
respetar ese derecho y recibir peticiones antes de que las Cortes fueran clausuradas, pero no estaba obligado a llevarlas a la práctica.
Dentro de esos límites Carlos V intensificó la actividad de las Cortes. Las
reunió con mayor frecuencia que sus antecesores y la legislación poseía un mayor grado de credibilidad si era confirmada por las Cortes, de forma que sus
oficiales trabajaban junto con los diputados para elaborar nuevas normativas
y se apoyaban en ellos para inducir a la obediencia a las localidades a las que
representaban. El monarca reforzó también las tareas administrativas de las Cortes en la distribución y la recaudación de los ingresos, también en este caso con
13.
14.
Merriman. The Rise aj the Spanish Empire, vol. m. p. 125.
Rodríguez-Salgado, The Changing Face o/ Empire, pp. 60, 121.122.
CARLOS 1 DE ESPAÑA
63
el objetivo de estimular a los contribuyentes. Asimismo, utilizó las reuniones
de la asamblea para identificar a quienes le apoyaban en el ámbito de la vida
loc3.t y recompensarles. Naturalme~te, ésas no eran las funciones propias de
una asamblea legislativa vigorosa, pero resultaban adecuadas para las Cortes
castellanas. Contribuían a incorporarlas a las tareas de gobierno y permitían
a Carlos V conseguir la colaboración de las elites locales.
La única resistencia importante que Carlos encontró en las Cortes de Castilla procedió de la nobleza. En 1538, y a raíz de las deudas contraídas durante.
sus campañas en Alemania, el norte de África y Francia, el presupuesto reveló
que los ingresos previstos durante los cuatro años siguientes no bastarían ni
siquiera para hacer frente a los gastos ordinarios del gobierno, y mucho menos
aún para financiar la campaña prevista contra los turcos. Al carecer de nuevas
fuentes de ingresos, el emperador decidió pedir a sus súbditos castellanos la
creación de un nuevo impuesto, la sisa, que era una tasa sobre los productos
alimentarios. En septiembre convocó a las Cortes en Toledo para incluir a los
tres estamentos con el argumento de que la contribución tenía que ser un esfuerzo común para hacer frente a un peligro común. La nobleza ya se había
negado al pago de impuestos en 1527 con ocasión de la campaña contra el Thrco en la Europa oriental. Ya en aquella ocasión había señalado que se trataba
de una situación extraordinaria. Pero una vez más se encontró con la oposición
de la nobleza, que concluyó que no podía aprobar la sisa ya que constituía el
quebrantamiento de su privilegio tradicional' de exención impositiva. Para hacer frente a la situación financiera el emperador tendría que firmar la paz con
Francia, permanecer en Españ.a y reducir sus gastos personales. Los otros dos
estamentos se mostraron más flexibles, pero Carlos no consiguió nada de la
nobleza y después de esa humillante derrota tuvo que contentarse con lo que
aportaron sus súbditos más adinerados a cambio de juros, títulos de la deuda
asignados sobre los ingresos futuros con un elevado interés. Nunca volvió a :intentar conseguir que la nobleza aprobara su política y nunca más reclamó su
asistencia a las Cortes. Por su parte, los nobles, conscientes de su inmunidad
financiera, no tenían razón para oponerse a sus costosas empresas y, en consecuencia, su preocupación respecto a la paz y a la limitación de los objetivos
sólo se manifestó en aquellas ocasiones en que sus propios bolsillos se veían
afectados. De hecho, al ingresar en las cada vez más nutridas filas de los acree.
dores del Estado podían esperar obtener incluso beneficios económicos de una
política imperial que ya había mejorado sus perspectivas en la carrera militar.
Así pues, la carga del imperio recayó en gran medida sobre Castilla, más concretamente sobre las clases populares castellanas. En tanto en cuanto esto era
así, Carlos V pudo gobernar en España contando con la alianza de una clase
privilegiada que le demostraba lealtad siempre que sus privilegios no sufrieran
merma alguna. De hecho, el monarca practicó la política de la división para
llevar adelante su gobierno. Pero ¿cómo se impuso ese gobierno?
64
LOS AUSTRlAS
,
LA MONARQUíA
HABSBURGO
;,
',,&tucionalmente subordinada a otra. Esa estructura federal no estaba engloba
.2da en una administración imperiaL El Consejo de Estado, que estaba formado
::;,poritalianos. españoles y borgoñones. y que desempeñaba una función COD~}sultiva en los asuntos imperiales, era demasiado ineficaz como para convertirse
. :(-~nun organismo que diseñara una política común. Desde luego, sin una políti:iJ:". ca y una organización financiera globales que permitieran que cada Estado aporI,'t~__tara Yrecibiera un porcentaje determinado de ingresos y gastos, no podía exis,."'~tir gobierno imperial. Es cierto que en 1518Mercurino de Gattinara había sido
nombrado por Carlos «Gran Canciller de todos los dominios y reinos del monarca».17 Gattinara tenía en mente un sistema imperial de gobierno y trató de
crear una maquinaria supranacional que resultara adecuada no sólo para el reino de Castilla sino para una monarquía universal. A esta idea se oponían tanto
Carlos V como Castilla. A la muerte de Gattinara desapareció el cargo de Gran
Canciller, Yel único elemento de unidad del imperio de Carlos Vera la persona
del emperador y su responsabilidad exclusiva respecto de la política y de la toma
de decisiones.
Carlos V gobernaba sus domiIÚos como cabeza de una organización dinástica. En cada uno de sus estados estaba representado por un regente o virrey,
en ocasiones un miembro de la dinastía Habsburgo, como ocurría en España
cuando se ausentaba, y en otros casos elegido entre la nobleza española, como
en Italia. El emperador tenía virreyes en cada uno de los países que formaban
la monarquía: Aragón, Catalufia, Valencia. Sicilia, Nápoles, Cerdeñ.a y Navarra, así como en Perú y en Nueva España. En los Países Bajos estaba representado por un gobernador general, primero su tía Margarita de Austria (1518-1530)
y posteriormente su hermana, Maria de Hungría (1531-1555), El gobierno de
. Alemania también estaba en manos de un Habsburgo, su hermano Fernando.
Ni siquiera en España existía una unidad formal y una institución única que
le permitiera imponer su dominio. Carlos Vera rey de CastUla y Aragón más
que rey de España y no tenía el mismo poder en Aragón que en Castilla. El
grado de unidad existente procedía de la hegemonía de Jacto de Castilla. que
era su principal fuente de riqueza y la mayor proveedora de tropas. y de las
actividades de la Inquisición, cuya jurisdicción se extendía sobre toda España
sin consideración de las fronteras legales. En España, como en todas partes,
el sistema de gobierno de Carlos Vera la monarquía personal que ejercía a través de unas instituciones centralizadas pero no unificadas., y el instrumento elegido por la monarquía austríaca era el Consejo Real. que el emperador había
heredado de Fernando e IsabeL Les Reyes Católicos habían reorganizado el gobierno a través de consejos, reduciendo el número de sus miembros e ffitrodu,.~.
ciendo la burocracia y la especialización. que habían determinado la ~parición
de consejos especializados en las diferentes funciones del gobierno. Carlos V
llevó aún más allá estas reformas, de manera que el gobierno por medio de consejos, o administración mediante comisiones, se convirtió en el rasgo caracte-
y SUS AGENTES
w
Sofocada la revuelta de los comuneros, Carlos V regresó ,a Espafia en 1522,
permaneciendo allí los siete afios siguientes. Durante ese período se convirtió
en un rey español y sentó las bases de su gobierno. A medida que se fortalecia
su estatura como hombre y como monarca comenzó a aprender de sus errores.
pasados. En 1529, analizando la conveniencia de trasladarse a Italia para la coronación imperial, observó con abierta franqueza que las posibilidades de que
estallara una rebelión eran mucho menores que cuando había partido hacia los
Países Bajos en 1520:
entonces era yo mancebo y gobernado por Me. de ChevrC's. y las cosas destos Reinos no tenía edad para conocerlas ni aun experiencia para gobernarlas. Y come
entonces yo me partí para Flandes, habiendo residido en estos Reinos muy poco
y, lo que es más, que no era casado ni dejaba legítimo heredero, no es maravilla
que se alteras.en y escandalizasen. l'
Sin embargo. desde entonces Carlos V había realizado un esfuerzo real de
adaptación. El espafiol se había convertido en la lengua del monarca y de su
corte y su matrimonio en 1526 con su prima Isabel. hermana del rey de Portugal, resultó del agrado de sus súbditos espafioles, EI21 de mayo de 1527 la emperatriz le dio un hijo, el futuro Felipe 11. Los españoles aprendieron a apreciar
las cualidades humanas de su monarca y a reconocer que. hablaba y actuaba
cada vez con mayor autoridad. Incluso cuando no sintonizaban con él en sus
preocupaciones por otros intereses más generales que no sentían como suyos,
le mostraron comprensión por la enorme carga que se veía obligado a soportar.
Hay que decir que de algunos de sus súbditos no sólo recibió lealtad sino también gratitud. pues había empezado a ceder respecto a los consejeros extranjeros y poco a poco los españoles, que comenzaron siendo una minoría en su
servicio, llegaron a monopolizar los cargos no sólo en España sino en las diferentes partes constitutivas de su imperio.
Aunque España formaba parte de un imperio más amplio, 'era gobernada
mediante una organización espafiola y no imperial. El imperio de Carlos V,
o monarquía como la llamaban los contemporáneos, aglutinaba a una serie de
países bajo la dirección de una persona que era rey de numerosos reinos más
que emperador del conjunto. Como escribió más tarde el gran jurista español
Juan de Solórzano, «los reinos han de ser gobernados como si el rey que está
por encima de todos fuera el único rey de cada uno de el1os».16Cada una de
las partes constitutivas de su imperio poseía una administración separada, así
como sus propias leyes, instituciones e impuestos, y ninguna de eUasestaba cons15. En J. Sánchez Montes. «Actitudes del español en la época de Carlos V}),Estudios Americanos. 111 (1951), p. 193.
16. Véa~e la introducción de J. M. Batista i Roca en H. G. Koenigsberger, The Governmenl
01 Sicily under Philip Il 01 Spain, Londres, 1951.pp. 9-35.
65
CARLOS ¡ DE ESPAÑA
(1516-1598)
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I
f
17. John M. Headley, The Emperor and his Chancellor: a Study
under Gaujnara. Cambridge. 19B3. p. 20.
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Imperial Chance/lery
66
LOS AUSTRIAS (1516-1598)
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CARLOS 1 DE ESPAÑA
67
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rÍstico de la monarquía Habshurgo. Los consejos no eran asambleas constituidas por consejeros procedentes de la aristocracia, como lo habían sido o~iginalmente, sino comisiones burocráticas. en las que la mayor parte de sus miembros eran juristas, para la aplicación de la política real.
Existían dos tipos básicos de consejos. En primer lugar hay que mencionar
el Consejo de Estado, un organismo honorífico y formal, formado por grandes del reino y oficiales. cuya función teórica consistía en asesorar al monarca
en los asuntos más importantes de la política del Estado. Ahora bien, lo cierto
es que al margen del breve desempeño del duque de Alba y del duque de Béjar,
Carlos V no confió en los grandes del reino para ocupar cargos políticos y su
consejo estaba formado por siete eclesiásticos y administradores. Con todo, Carlos V no consultó regularmente al consejo, sino que tomó las decisiones personalmente con el asesoramiento de sus principales secretarios. En consecuencia,
el Consejo de Estado no tenía influencia política y sólo muy escasa importancia administrativa. En ocasiones, siendo reforzado en tales casos por expertos
militares, se transformó en un Consejo de Guerra al que Carlos V podía consultar sobre cuestiones concretas. En segundo lugar, existía un grupo mucho
más numeroso de consejos, que pueden ser calificados de auténticos organismos administrativos y divididos en dos categorías según el territorio que gobernaban y la función que desempeñaban.
Cada una de las partes constitutivas de la monarquía tenía su propio consejo. El Consejo de Castilla tenía su origen en el Consejo Real medieval de los
reyes de Castilla que Fernando e Isabel habían convertido en un organismo
más burocrático. Carlos V completó el proceso de modernización de la institución, excluyendo más decididamente aún a la aristocracia, que sustituyó por
miembros de la pequeña nobleza y juristas, y reduciendo a la mitad el número
de consejeros, que hasta entonces era de 16. Como la mayor parte de los consejos españoles, desempeñaba funciones legales y administrativas. Como tribunal de justicia entendía las apelaciones de las audiencias y, si se ha de dar
crédito a las quejas de las Cortes, asumía un excesivo número de asuntos judi-.
ciales, provocando retrasas interminables. Como organismo administrativo se
ocupaba de la mayor parte de los asuntos internos de Castilla, incluyendo aspectos de.jurisdicción eclesiástica, e incluso en ocasiones se manifestaba sobre
cuestiones de política exterior.
Para la administración de los reinos del Levante peninsular Carlos V heredó el Consejo de Aragón que, tras las reformas de Fernando se convirtió, como
el de Castilla, en una burocracia moderna, de la que quedó excluida la nobleza. El Consejo de Aragón, además de administrar justicia, ejercía también funciones administrativas generales. A esos efectos contaba éon una cancillería y
una tesorería estrictamente organizadas, y cuyos miembros eran en su mayoría
juristas procedentes de los tres reinos.lll Cuando Carlos V se hizo cargo del gobierno de España conservó la estructura del Consejo de Aragón, y aunque el
l
18. Véase F. Sevillano Colom, «La cancillería de Fernando el CatólicQI), V Congreso de Historia de la Corona de Aragón, Estudios, Zaragoza, 1955, vol. 1, pp. 217.253.
)~monarca nombraba siempre a un castellano para ocupar el cargo de tesorero
¡'~oÜocierto es que en Aragón la mayor parte de los cargos estaban reservados para
~ los nativos de esos territorios. No puede decirse lo mismo respecto a la admij:nistración real en Italia, que tradicionalmente era competencia de Aragón. Fer.
.Dando el Católico ya había nombrado un mayor número de castellanos que de
;\.catalanes para ocuparse de la administración de Nápoles, y fueron los castella:-noS los que se beneficiaron de la adquisición de Milán por Carlos V. Este proceso se intensificó aún más cuando en 1555 los asuntos de Italia quedaron se~ gregados, por mor de una mayor eficacia y especializaciÓn, de la jurisdicción
.~,de Aragón, creándose un consejo específico, a imagen del de Castilla. Los aSUlltos relativos al imperio colonial español ya habían sido asignados a un consejo
especial, el Consejo de Indias, en 1524. Sin embargo, todos estos consejos territoriales sólo eran territoriales nominalmente. De hecho, se trataba de instituciones centralizadas, que no estaban situadas en los países que administraban sino al lado del monarca.
Finalmente, había un grupo de consejos a los que hay que reservar un lugar
aparte por las funciones especializadas que desempeñaban. Los más importantes de ellos eran el Consejo de la Inquisición, cuya jurisdicción se extendía más
allá de los límites de Castilla, abarcando al conjunto de España, y cuyas fun$;, ciones equivalían prácticamente a las de un consejo de asuntos eclesiásticos,
, ,~ y el Consejo de Hacienda, creado originalmente en 1522 para la administra., ción de las finanzas de Castilla pero que gradualmef!te se responsabilizó de suministrar a Carlos V mayores recursos para sus guerras en el exterior.19 Entre
los consejos funcionales ~e incluían una serie de consejos subordinados como
el de las órdenes militares, el de la Cruzada y, durante un determinado período,
el de la Hermandad.
A pesar de que el sistema fue .perfeccionado por los Reyes Católicos y por
Carlos V, el gobierno por medio de consejos no era un instrumento eficaz p;ua
resolver los asuntos. El farragoso procedimiento de los consejos en los que los
despachos se leían y comentaban con toda la formalidad de un tribunal judicial y, sobre todo, la confusión de funciones administrativas y judiciales, determinaron que se acumularan los asuntos sin resolver y amenazaban con paralizar casi por completo la administración. De hecho, Carlos V no solía mantener
un contacto directo con los consejos, sino que se comunicaba con ellos a través
de los secretarios. Estos fueron los que evitaron que su gobierno cayera en la
parálisis y permitieron que funcionara el sistema, al dar respuesta a la necesidad de un poder ejecutivo más eficaz, estableciendo un nexo entre la corona
y sus consejos. En consecuencia, hay que considerar a los secretarios como la
figura clave en el sistema de gobierno de la monarquía Habsburgo.
El cargo de secretario se desarrolló en estatus y poder en el reinado de Car. los V. Las secretarías del emperador, como las otras esferas de su gobierno, estaban organizadas sobre una base nacional y no imperial, y en España la más
r
o
¡,
J9.
Sobre la Inquisición
Pp .. 72-73.
véase supra, pp. 30-37; sobre el Consejo de Hacienda véase in/ra,
68
LOS AUSTRIAS
importante era la de Castilla. Sin embargo, Aragón poseía ya una cap.cilleria
burocrática estrictamente organizada, fruto de las reformas de Fernando el Ca~
tólico en el marco del Consejo de Aragón.20 La cabeza de la administración
era el vicecanciller, que refrendaba todos los documentos reales y a quien ayudaba en sus tareas un protonotario, que estaba a cargo de las tres secretarías
y de su gestión. Cuando Carlos V se hizo cargo del gobierno de España conservó la estructura de la cancillería en Arag6n. En cambio, Castilla tenía un sistema diferente. El Consejo de Castilla era el principal organismo gu~ernamental
y todos los documentos tenían que llevar, al menos, la firma de tres de sus miembros. No obstante, los secretarios reales eran el punto de contacto entre el soberano y el Consejo. Preparaban el orden del día de las reuniones y, a tra'vés de
sus ayudantes, eran responsables de la redacción de todo.<;los documentos reales, que tenían que ser refrendados por uno de los secretarios. En general, la
administración castellana estaba mucho menos definida que la de Aragón, hecho que, por una parte, se prestaba a la confusión o al abuso de autoridad,
pero que permitía también la aparición de un coordinador con amplios poderes. El consejo veía con malos ojos que los secretarios actuaran con independencia y promulgaran decretos reales sin la aprobación de esa institución y que
controlaran la red de influencias y los cargos. Pero la necesidad de tomar decisiones con mayor rapidez y el deseo del monarca de ejercer una autoridad sin
cortapisas por parte de los consejos fueron las causas de que el cargo de secretario viera ampliada su autoridad. Hay que mencionar a dos secretario~ a los
que se puede calificar adecuadamente como secretarios de Estado para distinguirlos del amplio grupo de secretarios cuyas funciones subordinadas hacía que
fueran poco más que meros empleados administrativos. El primero de esos secretarios de Estado es Francisco de los Cabos.
Cobas, nacido en la pobreza y la oscuridad en la pequeña ciudad andaluza
de Úbeda, y sin haber recibido educación formal, había realizado un aprendizaje de 15 afias en la secretaría antes de ser nombrado secretario real en 1516,
y aunque compartía sus tareas con otros secretarios, no tardó cn convertirse
en el personaje más importante del personal de la secretaría y, a raíz de las reformas de 1523, en la figura que controla.ba el nuevo Consejo de Hacienda~
además de ser miembro y secretario de la mayor parte de los restantes consejos.
Todo ello le otorgaba un importante papel como coordinador.21 El ascenso de
Cabos al primer plano redujo a los demás secretarios ,a un papel secundario.
También provocó la rivalidad con otros oficiales más antiguos, en especial con
el Gran Canciller Gattinara. Desde el regreso de Carlos V a Espaila en 1522,
Gattinara y Cabos se enfrentaron por conseguir el control de la maquinaria
del gobierno. Dado que Cabos vio incrementar su influencia sobre el rey y situó a sus ayudantes en puestos clave de la administración, Gattinara reaccionó
y comenzó a reclamar la posición de jefe de toda la administración con control
tanto sobre los nombramientos como sobre los asuntos de los consejos. El em20.
21.
CARLOS 1 DE ESPAÑA
(1516-1598)
Véase Sevillano Coloro, «La cancillería de Fernando el CatólicO»). pp. 217.253.
Véase infra, pp. 72-17.
69
~~rador manifestó que ésa no era la función del canciller, que era un cargo de
'rigen borgoñón. Eso correspondía a la administración de Castilla, corazón
de su imperio Y base de su poder.u A partir de 1527 se hizo evidente que el
.':1l.;:s~cretario
Cabos, que ocupaba un cargo fuertemente institucionalizado. oc u~'paba el puesto de.mayor responsabilidad y confianza, al tiempo que la influen"da de Gattinara, básicamente de carácter personal, comenzaba a eclipsarse. Cas~;.tina nacionalizó, pues, el concepto.de imperio y los territorios de los Habsburgo
eran gobernados no por instituciones imperiales sino por consejos y secretarios
;~ que dividían el trabajo según las áreas y funciones administrativas.2J
i':
Gattinara dejó de ser incluso el principal consejero en los asuntos extranjeros. En 1529, Nicolás Perrenot, señor de Granvela, hijo de una modesta familia borgoñona que había alcanzado pre.cminencia mediante el servici~ en los
Paises Bajos y en la diplomacia, fue nombrado miembro del Consejo de Estado y comenzó a participar de forma destacada en la dirección de la política exterior. A la muerte de Gattinara en 1530, el cargo de Gran Canciller
desapareció Yel emperador asumió la responsabilidad personal de la política,
sirviéndose de Cabos y Granvela como sus principales agentes y consejeros, acordándose entre ambos una repartición de funciones, que determinaba la especialización de Granvela en los asuntos exteriores e imperiales, mientras que
Cobas se encargaba del gobierno de Castilla, que era claramente ahora el ámbito de ejercicio ~e su cargo. Cuando Carlos V partió hacia los Países Bajos
en el otoño de 1539, Cobas 110 10 acompañó y asumió la responsabilidad especial de poner orden en el caos financiero, que era el principal problema en Castilla. Thmbién en 1543, cuando el emperador zarpó desde Barcelona para no
regresar hasta 14 años después, dejó a Cobas, junto con el arzobispo Tavera
y el duque de Alba, como principales consejeros de su joven hijo Felipe, a quien
había nombrado regente y Cabos desempeñó esa función hasta su muerte en
1547.
Se puede considerar a Cabos como a uno de los creadores de la burocracia
habsburguesa en Castilla. Fue él quien reclutó y preparó para Carlos V un grupo de oficiales que gradualmente adquirieron un espíritu corporativo y profesional y que consideraban a Cobas como su patrón.24 En un principio no se~
leccionó al personal en cl amplio grupd de secretarios que se haBían iniciado
en sus tareas con los Reyes Católicos, sino 'entre sus propios protegidos, que tenían experiencia en otras ramas de la administración y ,en los que sabía que
podía confiar. Así pues, una vez conseguido el control de la mayor parte de
la administración de Castilla, comenzó a preparar hombres para la administración, como su sobrino Juan Vázquez de Molina, Gonzalo Pérez, que sucedió
al humanista Alfonso de Valdés, y Francisco de Eraso, a todos los cuales les
dio el cargo de secretarios ayudantes. Entre esos hombres no había segundones
~t
22. Véase H. Keniston, Francisco de los Cobos, Secretary of the Emperor Charles JI; Piusburgh. Pa., 1960, pp. 99-103 (hay trad. cast.: Francisco de los Cobos, Castalia, Madrid, 1980).
23. Headley, The Emperor and his Chancellor, pp. 54-55, 140-141.
24. Keniston, Francisco de los Cobos, pp. 9.12, 332~355.
•
70
LOS AUSTRIAS
CARLOS 1 DE ESPAÑA
(1516-1598)
de la nobleza y, con la excepción de Gonzalo Pérez. ningún hombre culto ni'
de formación universitaria. Al igual que Cobos. pertenecían a la pequeña nobleza de ciudades pequeñas, tenían una mentalidad':y una preparación burocráticas y les animaba el deseo de conseguir beneficio y promoción.:La clave
para la promoción no era pertenecer a la nobleza ni poseer educación, sino la
red de intluencias, los lazos familiares, los amigos y protectores. La actuación
de esos protectores no era tanto un acto de amistad personal como la forma
de conseguir una clientela útil y la creación de una trama de apoyos que pudiera ayudar al patrón.2S
La organización de la administración quedó más claramente definida bajo
la di.rección de Cobos. Desde un principio tenía a su cargo los asuntos.referentes a Castilla, Portugal y las Indias, y a partir de 1530 quedaron también bajo
su responsabilidad los asuntos de [taHa. Sin embargo, se guardó mucho en no ..
interferir en la labor de los secretarios de la corona de Aragón. Si intervino
para tomar de los aragoneses el control de los asuntos de Italia fue porque creía
que esa tarea debía corresponder a Castilla, y porque consideraba negado el
momento de poner fin a la idea de que Nápoles y Sicilia eran reinos aragoneses
y no españoles. Se abstuvo de interferir también en la tarea de Granvela, que
a partir de 1530 se hizo cargo del resto del imperio y de las relaciones exteriores. El secretario era la figura clave en la distribución de la correspondencia
recibida, ya fuera remitiéndola directamente al monarca con un informe o deriváúdola 'hacia el consejo correspondiente. Por tanto, todas las cuestiones llegaban al emperador después de haber sido exhaustivamente examinadas por
Cabos y Jos consejos. Excepto en los asuntos de interés internacional, raramente
leía la correspondencia personalmente y las decisiones las tomaba generalmente el secretario que preparaba el documento para la firma y el despacho. De
esta forma se consiguió que comenzara a funcionar gradualmente la chirriante
maquinaria del gobierno por medio de consejos.
Sin embargo, los secretarios no podían obrar milagros. Debido a que los
intereses de Carlos V eran tan variados, y al hábito cada vez más firme de seguir su propio criterio a la hora de tomar decisiones, se acumulaban los asuntos, que la maquinaria burocrática, aunque funciQnaba con laboriosidad, no
podía controlar. Además, la burocracia llegó a ser un grupo de intereses y creció hasta convertirse en un auténtico parásito. Los secretarios no sólo eran importantes como medio de acceso al monarca y, por tanto, objeto de.los favores
de aquellos que estaban ansioso,90de llegar hasta él, sino que además estaban
próximos a la fuente de influencias, cuya distribución podía permitirles amasar grandes fortunas y propiedades, como ocurrió en el caso de Cabos y, asimismo, formar una clientela de la que cabía esperar que apoyara a su patrón.
Cobas tendió a utilizar únicamente a sus protegidos y gradualmente llegó a mo¥
nopolizar casi por completo el control de los cargos. Por otra parte, dedicaba
mucho tiempo a observar las tácticas y la política de sus rivales.
25. José Martinez Millán, «([..aselites de poder durante el reinado de Carlos V a través de los
miembros del Consejo de Inquisición (1516-1558»), Hispania. 48, 168 (1988), pp. 103-167.
71
."f., El emperador estaba al tanto de las maniobras que se desarrollaban en el
Ls~node la administración para conseguir poder, influencia y riqueza. En la «lnsúucción Secreta)) que envió a su hijo Felipe en mayo de 1543 cuando partió
.,' .::'delpaís dejándolo como regente de Espafia, Carlos V realiza un agudo análisis
l~"del faccionalismo, existente en su gobierno.26 Era consciente de las rivalidades
.~~.-queexistían entre los hombres que había dejado con su hijo como consejeros
): en los asuntos de Estado. He aquí lo que escribió acerca del cardenal lavera
~;j'y del secretario Cobas: «y aunque ellos son las cabe~as del vando, todavya los
.¡- quise juntar porque no quedássedes solo en manos del uno dellos)). También
'.i,' desconfiaba de la ambición del duque de Alba, y advirtió a Felipe que no permitiera que él ni ningún otro grande de España ocuparan un lugar importante
.1( en el gobierno civil, aunque podía confiar en ellos para los cargos militares.
Thmbién aconsejó a su hijo que no dependiera de Cabos de forma exclusiva
y que se mantuviera vigilante ante su acumulación de privilegios, que el emperador consideraba ya excesivos.
Sin embargo, Carlos V sabía apreciar también al buen administrador y no
albergaba dudas acerca de la lealtad y eficacia de Cobos. Al final de su vida,
gracias sobre todo a su capacidad y experiencia, y a la confianza que el emperador había depositado en él, más que a la condición de su cargo, Cobas había
alcanzado una posición de poder e influencia y estaba al frente de una administración amplia y sumisa. En esa trayectoria ascendente había elevado también la importancia del cargo de s'ecretario y, sin dudí,l.alguna, Cobas era un
secretario de Estado y no un simple administrativo. Por tanto, es significativo
que esta figura crucial en la administración de Carlos V no mostrara interés
hacia los grandes problemas intelectuales, políticos y religiosos de la era del
Renacimiento y la Reforma. En su correspondencia no se menciona el gran tema
de la Iglesia y el imperio, ni aparece preocupación alguna respecto a la misión
imperial de su señor, a la que con tanta intensidad se entregaron Gattinara y
otros servidores de Carlos V. Cobas era un administrador español y encarnaba
un punto de vista más realista y, tal vez, más representativo. De hecho, el emperador consideraba que Cobas había prestado sus más importantes servicios en
el terreno de las finanzas.
,'l
Los «PERTRECHOS DE GUERRA»)
Castilla era la base financiera de la política de Carlos V. Como él mismo
explicó de forma espontánea a las Cortes de Castilla en julio de 1523, consideraba «estos reinos como cabeza de todos los restantes» y tenía el propósito de
utilizar sus recursos no sólo para conservar los otros que Dios le había otorga~
do sino también para conquistar otros nuevos y llevar sus fronteras aún más
allá en aras del progreso de la santa fe católica.21 Ocasionalmente las Cortes
26, Citado en 1. M. March. Niñez y juventud de Felipe ll, Madrid,
JI, pp. 23-]9.
27. Merriman, The Rise o/ the .Spanish Empire, vol. m. p. 122.
1941~1942,2 vals.; vol.
72
LOS AUSTRIAS
CARLOS 1 DE ESPAÑA
(1516-1598)
de Aragón. Catalufta y Valencia le otorgaban modestos subsidios, pero como
hemos visto sus posibilidades eran limitadas. Los Países Bajos. consu comercio, su poder naval y su industria eran una fuente más importante de riqueza y el proceso centralizador continuado por Carlos V le permitió acceder a
ella más eficazmente que a la de sus reinos de Aragón. Así pues, explotó de
forma implacable los recursos financieros de sus súbditos de los Países Bajos
hasta que ya no les fue posible pagar más. Tenía, además, sus posesiones en
Italia y también podía recurrir a los grandes mercados financieros como Génova, Augsburgo y A~beres. así como a banqueros internacionales como los Fugger y los Welser. Pero por lo que respecta a los empréstitos. consiguió cuatro
veces más préstamos en Castilla que en Amberes. Al finalizar su reinado, Castilla realizaba la aportación más importante y sobre tila recaía la carga de la
política imperial.28 En forma gradual, y probablemente antes de 1550. los Países Bajos se mostraron incapaces de soportar el peso financiero que la política
imperial hacía descansar sobre ellos. Por otra parte, cada vez eran menores las
aportaciones de Nápoles, Milán y Sicilia. Sus dominios italianos, aunque fundamentales para la estrategia del emperador, no desempeñaban un papel importante en las finanzas. El mayor esfuerzo procedía de España y dentro de
España de Castilla y, más allá de ésta, de América. El agotamiento de sus recursos europeos determinó que Carlos V dependiera cada vez más de las remesas de metales preciosos procedentes de las Indias españolas. Fue a partir de
los últimos años del decenio de 1520 cuando .esos tesoros comenzaron a llegar
a España en cantidades que aumentaban con gran rapidez, pero eso no sirvió
para relajar la carga que pesaba sobre los contribuyentes de Castilla ni para
disminuir su aportación a las finanzas imperiales.
En España, la situación financiera de la corona ya se había deteriorado antes de que Carlos V accediera al trono, y desde luego la rapacidad de su CÍrculo
borgoñón y los gastos derivados de la elección imperial y de la revuelta de los
comuneros no sirvieron para mejorarla. Una de las primeras tareas que tuvo
que afrontar a su regreso a España en 1522 fue la reorganización de las finanzas reales, y para ello decidió ~rear un nuevo consejo. el Consejo de Hacienda.
para supervisar y controlar todos los ingresos y gastos, y para preparar un presupuesto anual. El nuevo consejo, que comenzó a actuar en febrero de 1523,
era similar al que existía en los Países Bajos y con el cual el monarca estaba
familiarizado. Por ello, Carlos situó a su frente al conde Enrique de Nassau,
quien fuera el responsable de las finanzas allí. Pero, a no tardar, ese nuevo organismo pasó a ser totalmente español, de acuerdo con la nueva política de
Carlos y estuvo totalmente dominado por su secretario, Francisco de los Cobas.
Sin embargo, no tardó en desvanecerse el optimismo que había determinado la creación de ese nuevo organismo. Lejos de mejorar la situación del emperador. de hecho Cabos presidió el derrumbamiento financiero de España durante el reinado de Carlos V. aunque en ningún caso hay que atribuir a la
28. Véase F. Braudel, «Les emprunts de Charles.Quint
Quinl el son temps, C.N.R.S., París, 1959. pp. 191-201.
sur la place d'Anvew).
en Charles.
73
administración la responsabilidad de esa situación.29 Cobas administró el tesoro cuidadosamente y con honradez. y consiguió frenar a la nobleza en sus
~. intentos de conseguir prebendas y pensiones. El consejo elaboraba puntualmente
sus estimaciones presupuestarias anuales y, aunque no siempre eran realistas
y nO consideraban el pago de la deuda como un capítl,llo de gastos, el auténtico
problema residía en que las exigencias de una nueva campaña o la negociación
de un préstamo importante por parte del emperador sin dar noticia de ello a
los responsables del presupuesto hacían imposible realizar una estimación fiable. Nadie conocía mejor que Cabos la realidad de la situación financiera. La
principal causa de la bancarrota fueron las guerras del emperador en el exte.
rior, que fueron financiadas por Espada. Un motivo adicional fue la extravagancia personal de Carlos V en su casa real -que absorbía una décima parte
de los ingresos nacionales-, sus viajes incesantes y sus constantes-adquisiciones de joyas y obras de arte. Sin paz y economía no había solución. tan sólo
una serie de expedientes desesperados que llevaron a la corona al límite de la
bancarrota.
La mayor parte de los ingresos ordinarios procedía de la alcabala, impuesto
sobre las ventas, que en este período se convirtió en una cuota fija que pagaba
cada ciudad o aldea. Estos ingresos, complementados con los procedentes de
las órdenes militares y los subsidios de las Cortes. aumentaron aproximadamente
un 50 por 100 durante el reinado del emperador, pese a lo cual quedaban muy
por debajo de los gastos ordinarios.3o Pero raramente -si es que lo eran alguna vez- eralllos gastos «ordinarios» y las campañas del monarca en el exterior los que devoraban cada vez mayores cantidades de ingresos extraordinarios. Estos se obtenían de dos fomas. Ya antes del reinado de Carlos V, la corona
había iniciado la práctica de obtener recursos extraordinarios mediante empréstitos. Esto se realizaba mediante la venta de títulos de la deuda Guros), cuyos
compradores obtenían el compromiso de la corona de pagar una tasa de interés
especificada. Los juros podían ser también pensiones sin que la corona hubiera
obtenido préstamo alguno. Todos los juros, ya fueran títulos de la deuda o pensiones, se asignaban a fuentes específicas de ingresos ordinarios, recibiendo el
tesoro tan sólo el saldo que quedaba tras haber hecho frente a esos pagos. Esta
práctica fue agravada por C.arlos V al asignar cada vez mayores cantidades a
los ingresos ordinarios para devolver los préstamos, cada vez más numerosos,
que obtenía de los banqueros. Así, eran cada vez menores los ingresos directos
que permanecian en manos del rey. Por ejemplo, desde 1524 las rentas procedentes de las tres órdenes militares de Santiago, Calatrava y Alcántara, que hasta
entonces iban a parar directamente a la corona, ~e entregaban á los Fugger,
que las habían obtenido como garantía de sus préstamos. Evidentemente, este
ti.po de transacciones bancarias presentaban ciertas ventajas para el empera29. A pesar del juicio negativo de K. Brandi, The Emperor Charles V, trad. ing., Londres,
1939, p. 463.
30. Sobre las finanzas espaftolas véase la obra original y pionera de R. Carande, Carlos V
y sus banqueros, Madrid. 1944-1949,2 vals.; vol. 11, Ln Hacienda Real de Castilla, Madrid, 1949.
74
LOS AUSTRIAS
CARLOS 1 DE ESPAÑA
(1516-1598)
dor, en tanto en cuanto los banqueros no sólo prestaban dinero sino que también lo transferían al exterior. Esas transferencias de créditos y su pago donde
se necesitaban, en Alemania, Italid o los Países Bajos, eran rápidas y seguras,
en tanto que el transporte de numefario desde España era lento e inseguro. Los
problemas comenzaron cuando se generalizaron esas prácticas más allá de los
recursos reales de la corona.
No obstante, estaban también los ingresos procedentes de las Indias: ingresos de impuestos, monopolios, el tributo que pagaban los indios y el quinto
real, que era el porcentaje que cor~espondía a la corona de todas las extracciones de metales. Los ingresos ameritanos del emperador, que aumentaron vertiginosamente desde 1529, alcanzaron un promedio de 252.000 ducados anuales
entre 1534 y 1543.31 Pero tras los disturbios ocurridos en Perú, las remesas de
metales preciosos descendieron a unos 118.000 ducados anuales entre 1544 y
1550. Sin embargo, incluso teniendo en cuenta las fluctuaciones, es posible exagerar las cantidades obtenidas por el monarca en América. El total de las importaciones públicas de América en el período 1503-1560 es de 12,6 millones
de- ducados, un promedio anual de unos 220.000 ducados. Los ingresos ordinarios de la corona en España durante ese período se estimaban en algo más de
l millón de ducados anuales, sin tener en cuenta las cargas prioritarias que pesaban sobre esos ingresos y que conforme avanzaba el reinado absorbían todos
los ingresos normales e incluso más. En consecuencia, los ingresos procedentes
de América no constituían un porcentaje importante de las rentas totales del
emperador y, desde luego, no guardaban proporción alguna con sus gastos. Por
poner sólo uno de los numerosos ejemplos, la desastrosa campaña contra Metz
en 1552 entraftó un coste de más de 2 millones de ducados. Cuando hablamos
de gastos de esta magnitud, no pueden impresionarnos las cantidades que obtenía en América cada año, ni siquiera durante el quinquenio 1551-1555,en el
que las remesas fueron más importantes, antes dc producirse un nuevo descenSO.32 Pese a todo, esos ingresos podían tener una enorme importancia ya que
servían para pagada alimentación, el equipamiento y las soldadas de sus turbulentos ejércitos, permitiéndoles tomar la iniciativa contra sus enemigos.
Cabe situar en los años de 1540 el inicio de las dificultades financieras graves -por oposición a las dificultades normales- de la corona. Tras la campaña de Argel de 1542, las de Francia de 1543-.1544 y en el imperio en 15461547, la situación.se deterioró de 'tal forma que durante el resto del reinado los
ingresos ordinarios estaban siempre totalmente gastados con varios años de antelación. Además, los gastos eran varias veces superiores a los ingreªos extraordinarios, porque esas grandes operaciones militares coincidieron, entre 1542 y
1547, con el descenso de las re[,Ilesasamericanas. La crisis se puede ilustrar con
un ejemplo tomado de ese período. En abril de 1546 el emperador escribió desde
31. E. J. Hamilton, American Treasure and (he Price Revolution in Spain. 150/*1650, Cam*
bridge, Mass., 1934. pp. 32-45 (hay trad. cast.: El tesoro americano, Ariel, Barcelona, 1983).
31. En el período 1551~15S5las remesas se situaron en un promedio de 1,2 millones de duca~
dos anuales, para descender a la mitad de esa cifra en el quinquenio siguiente. Véase ibid., pp. 34-35.
75
.."Ratisbona a su hijo Felipe, a la sazón regente de Espafta, comunicándole que
"había decidido luchar contra los príncipes protestantes de Alemania. Para ello
..necesitaría grandes cantidades de dinero, y Cobos tenía que solicitar préstamos
~ a los agentes de los banqueros alemanes e italianos en Espafta. Pero a Cobos
, le resultó casi imposible obtener es~s créditos, ya que la mayor parte de los in:jI. gresos de la corona ya habían sido vendidos o empeñados hasla finales de 1549,
'o:t:-:, e incluso para una parte de 1550; una parte de los ingresos de las Indias ya esta.~} ban comprometidos y no había siquiera dinero suficiente para pagar el interés
de los pré~tainos en vigor. Cabos no pudo sino sugerir al emperador que firmara la paz y aconsejó a su seftor que
no olvide la importancia de encontrar un remedio y descanso para estos reinos,
a causa de su extrema necesidad, pues de lo contrario no podía dejar de haber
inconvenientes, ya que el aprieto es tan público que no sólo lo conccen los natu~
rales del reino, negándose a intervenir en ninguna transacción financiera, sino
aun los extranjeros ... hacen lo mismo, pues conocen que no hay de qué pagarles.33
Pero la paz fue la única solución que Carlos V no contempló y, dadas las circunstancias, Cobas y el Consejo de Hacienda recurrieron. contra sus propias
convicciones, a un último recurso desesperado, la confiscación de todas las remesas:de las Indias y de todo el numerario en España, para enviarlo al emperador. Esto financió la victoria de Carlos V sobre los protestantes alemanes en
Mühlberg, pero dejó terribles secuelas en la economía española, especialmente
para el comercio de las Indias. En teoría, el tesoro confiscado era un préstamo
reembolsable pero su devolución era sumamente problemática y la operación
impedía el comercio legítimo y estimulaba el fraude. En marzo de 1557, el propio emperador se quejaba de que sus oficiales de Sevilla habían permitido que
quedara sin registrar un 90 por 100 de una remesa de metales preciosos.
El golpe definitivo fue asestado tras la reanudación de las hostilidades con
Francia en 1551. Para hacer frente al problema francés en 1552 Carlos recurrió
a un empréstito de más de 4 millones de ducados; sólo la campaña de Metz
costó 2,5 millones y recibió un préstamo de 2,5 millones cada uno de los años
siguientes. Las remesas de metales preciosos procedentes de las Indias superaron los 2 millones de ducados en 1552-1553, pero la política exterior del emperador continuó siendo tan costosa que en septiembre de 1554 se calculó el déficit para el año en curso en más de 4,3 millones de ducados, incluso después
de haber empeñado y gastado todos los ingresos de ,los seis anos siguientes.
Las condiciones de los préstamos concedidos al monarca espaftol empeoraron
rápidamente porque a los banqueros les era cada vez más difícil conseguir su
devolución. Cuando podía obtenerlos, la corona tenía que pagar el 43 por 100
de interés o más.34 Algunos acreedores se sentían obligados a continuar prestando por temor a perderlo todo si se negaban. Por esa razón, Carlos V no
33.
34.
Keniston, Francisco de los Cobas, p. 302.
Carande, Carlos V y sus banqueros. vol. l, La vida ~conómica de España, p. 208.
LOS AUSTRIAS
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77
CARLOS I DE ESPAÑA
0516-1598)
'A
deseaba decretar la suspensión total de pagos y en lugar de ello recurrió al expediente de reducir unilateralmente los pagos a sus ac:eedores. Todo lo que quedaba eran las remesas de metales preciosos de las IndIas. Aunque una gran parte de esas cantidades ya habían sido gastadas y se .debían a los acreedore.s, en
1557 la corona se negaba incluso a entregar esas sumas porque las necesItaba
de forma inmediata para la guerra contra Francia. Así fue cómo los ejércitos
de Felipe Il en los Países Bajos pudieron pasar a la ofensiva y ganar la batalla
de San Quintín en agosto de 1557, pero ese esf~erzo agotó sus re~ursos y le
obligó a poner fin a la política de su padre. Parallza~o .por la ca~encIa.de dmero y ante la imposibilidad de obtener nuevos emprestItos, se VIO obligado en
1559 a firmar una paz con Francia largamente demorada. La~ fin~Ilzas fuer~n
la clave de una gran parte de la política de Carlos V y de la hlstona de Espana
durante su reinado. Sin embargo, no hay que interpretar entusiasmo por la c~usa
de los Habsburgo la ausencia de acontecimientos políticos en Espa.ñ~ ~ el Silencio de sus súbditos a partir de 1522. La sociedad espaflola estaba dWldIda entre
una aristocracia numerosa Yprivilegiada, que actuaba como aliada de la corona, y el resto de la población, espectadores pasivos y contribu~entes forzosos.
No se trataba de una lucha de clases: ambos grupos no eran nI mucho menos
homogéneos. Era más bien el enfrentamiento de una serie de grupos ~e intereses que trataban de dejar oír su voz y de obtener una recompensa: eh.tes urbanas artesanos comerciantes de Sevilla. campesinos castellanos y contnbuyentes
en ¡odas part~s. Castilla, dividida e indefensa, no esta~a en situación de ~~onerse a la creación de una superestructura que monopolIzaba el control polItIco
y dictaba su destino: la monarquía Habsburgo, la aristocracia, el alto clero, el
ejército y un sector de los intelectuales. Estos grupos a~oyaron las ~ndes empresas que emprendieron Carlos V y sus sucesores, y ~udl.eron benefi~Iarse ~e ellas.
Eran numerosos. sin embargo, los signos que mdlcaban la eXistencia de un
divorcio entre el pueblo castellano y su clase gobernante. Es cierto que el emperador y algunos de sus consejeros podían proclamar elideal de un gran impe.
rio cristiano cuyo centro era' España y que se extendería sobre los dos hemisferios, que hombres de letras como Alfonso de Val~és y ~ray A.ntonio de Gucvara
podían aportar una justificación intelectual al Ideal ~mpenal, y q~~,la lucha
contra el protestantismo y el Thrco podía ser presentada como la mlSlOn suprema de España y de su imperio. Pero' cuando el sentir popular conseguía hacerse oír, ya fuera en un impulso colectivo como el de los comuneros o. en los escritos de los cronistas, en las protestas de las Cortes, en los consejOS de sus
administradores españoles o en la oposición latente al hijo y heredero de Carlos V en los años 1550, se hada evidente que las preocupaciones urgentes de
los españoles estaban más próximas a su patria, eran más nacionales en sus
objetivos y m~s económicas en su coste: la seguridad de Navarr~ y d~ las bases
del norte de Africa, la lucha contra los turcos, pero en el Medlterr~neo y no
en el Danubio, la defensa de las costas españolas y la paz con FranCia y otros
países cristianos.)~ Francisco de los Cabos, secretario del emperador español,
35.
vol. 1,
Vease J. Carrera Pujal. Historia de la economia espaflola. Barcelona, .1943-1947. 5 vals.;
pp.
101-203.
aconsejaba una Yotra vez la paz, «que podamos tener un respiro». Incluso el
..,almirante de Castilla escribió en 1531: "La prolongada ausencia de Su Majestad de sus reinos españoles, aunque quizás indispensable para la seguridad de
la Cristiandad en peligro y el ade,lantamiento de su~ propios puntos de vista.
es algo a lo que a-vuestros súbditos españoles cuesta acostumhrarse)).)(i Sin em1
bargo, «la seguridad de la Cristiandad en peligro)) exigía la presencia del emperador en Alemania y en este punto sus súbditos mostraron hacia él una cierta
comprensión, porque el luteranismo era odiado en España.
,'it-~,
REFORMADORES
y HUMANISTAS
La Contrarreforma, aunque fue acelerada por el desafío cada vez más grave
que planteó el protestantismo, tenía sus raíces en un movimiento de reforma
en el seno de la Iglesia católica que fue anterior a la revuelta de Lutero. El camino a seguir fue indicado por España. Aun antes de que los esfuerzos de Contarini, Giberti, Caraffa y otros reformadores de primera hora dieran sus frutos
y dejaran sentir su impacto en Roma, la Iglesia española ya había comenzado
a hacer inventario de su situación y a poner su casa en orden. De la misma
manera que la Reforma fue algo más que un ataque contra los abusos del clero,
también la reforma católica, en España y en otros lugares, estuvo acompañada
de un renacimiento intelectual y espiritual que fue más allá de una mera corrección de los defectos existentes. En España «basta decir que la reforma se
pedía por todos los buenos y doctos; que la reforma empezó en tiempo de los
Reyes Católicos y continuó en todo .el siglo, XVI;que a ella contribuyó en gran
manera la severísima Inquisición, pero que la gloria principal debe recaer en
la magnánima Isabel y en Fr. Francisco Jiménez de Cisneros)).37Cisneros, confesor de la reina Isabel desde 1492. provincial de los franciscanos en Castilla, arzobispo de Toledo y primado de España desde 1495, inquisidor general
desde 1507 y regente del reino en dos ocasiones, dominó la vida religiosa de
España durante los veinte años anteriores al inicio de la Reforma.38 Tras renunciar, con cierta renuencia, a la vida de retiro, no tardó en convertirse en un hombre de poder e influencia, implacable con quienes se le enfrentaban e inflexible
en la consecución de sus objetivos. Como obispo era
auténtico pastor. Aparte
de dar ejemplo en su persona y en su casa, intentó reformar su diócesis. atacando el concubinato eclesiástico e intentando dar contenido a la expresión «cura
de almas)), amonestando a su clero para que residiera en sus parroquias, predicara el Evangelio a sus feligreses todos los domingos y enseñara la doctrina cristiana a los niflos. Ese programa de actuación del clero secular alcanzó tan sólo
un éxito limitado a pesar de que fue continuado por otros prelados posteriores.
un
36. Merriman, The Rise 01 the Spanish Empire. vol. III, p. 122.
37. M. Menéndez Pclayo, Historia de los hetemdoxosespailoles. Santander. 1946-1948,8 vol~.•
vol. III, p. 32.
,r"
38. Vease M. Bataillon. Érasme el I'Espagne, París, 1937. pp. 1-75 (hay trad. cast.: Erasmo
y España, Fondo de 'Cultura Económica, Madrid, 19913).
78
LOS AUSTRIAS
(1516-1598)
En España, como en otras partes de la cristiandad, seguían existiendo sacerdo~
tes inmorales y mundanos, y entre el episcopado la dignidad era más valorada,
muchas veces, que austeridad. Cisneros. cuya práctica de la pobreza y penitencia franciscanas en su condición :de arzobispo de Toledo era notoria, tuvo
que escuchar los reproches del papa Alejandro VI por no mantener una adecuada dignidad episcopal. En general, el clero secular no estaba a la altura de
la misión que le estaba encomendada. Ésta es una de las razones del ,progreso
de las órdenes religiosas. especialmente de los mendicantes, que se convirtieron
en una elite espiritual, siendo considerados por los laicos como los auténticos
representantes del ideal cristiano. También en ese sector eran necesarias las reformas, pero las perspectivas eran más favorables y la resistencia menos obstinada. Cisneros, contando con el apoyo de la corona y la sanción de Roma, comenzó a elevar el nivel de las casas religiosas, con. algunas dificultades en el
caso de los benedictinos, pero con mayor éxito entre sus compañeros franciscanos, donde sus métodos consistieron en dar preeminencia a los observantes en
lugar de a los conventuales. Los dominicos ya habían iniciado un programa
de reforma basado en la observancia más estricta de las normas de la orden,
y acompañado de un renacimiento educativo y teológico que se reflejó en la
fundación del colegio de San Gregorio en Valladolid en 1496 y de la universidad de Ávila en 1504.39 Gracias a esos esfuerzos el nivel de las órdenes monásticas en España -y el número de sus miembros- era superior al del resto de
Europa, y no es una simple coincidencia que en los reinados de Carlos V y Felipe II fueran sus misioneros los que llevaron la fe cristiana hacia las nuevas
fronteras.
Cisneros no sólo era un hombre lleno de celo, sino también clarividente y
él fue el principal inspirador de la idea de que la nueva cultura se situara al
servicio de la Iglesia. La fusión de sus intereses religiosos y culturales, junto
con la oportunidad que proporcionaban los inmensos ingresos de la sede de
Toledo, determinaron la fundación de la universidad de Alcalá, que comenzó
Cisneros en 1498 y que se inauguró diez años después. Se pretendía que esta
institución ofreciera una preparación eclesiástica completa -elemental, intermedia y avanzada-, y que de ella surgiera una elite clerical para ocupar los
cargos de la Iglesia española. Los estatutos que dio a la universidad seguían
el modelo de los de la de París y muchos de los profesores, como Pedro de Lerma, primer rector de Alcalá, habían estudiado en la Sorbona. Pero fue la facultad de teología la que distinguió a Alcalá de las restantes universidades españolas. Al crear cátedras no sólo de teología tomista, sino también escotista
y nominalista, Cisneros reforzó los estudios teológicos en España y les dio un
nuevo estatus.-40La nueva universidad creció rápidamente, y lo que había comenzado como una especie de seminario pronto emuló a Salamanca y se convirtió en uno de los centros culturales- más brillantes de Europa, destacado no
la
39. Sobre la reforma de los dominicos véase V. Beltrán de Heredia, Historia de la reforma
de la Provincia de España, 145{J..1550,Roma. 1939.
40. Bataillon, Érasme et l'Espagne, pp. 17-18.
CARlOS
1 DE ESPAÑA
79
sólo por sus estudios teológicos y canónicos, sino también por la promoción
de las humanidades, las lenguas y la medicina. Cisneros sentó también las bases de una buena biblioteca universitaria, enriquecida con numerosas obras científicas árabes que se habían salvado de la quema de literatura árabe en Granada, que él mismo había ordenado, así como del saqueo de Orán. En Alcalá
funcionaba una imprenta desde 1494, pero también en.este aspecto fue decisiva
la influencia de Cisneros, pues fue él quien llamó a la ciudad universitaria al
distinguido impresor Arnaldo Guillermo de Brocar y quien le encargó los trabajos más importantes, entre ellos la impresión de textos espirituales para la
formación cristiana del clero y de la población laica y, sobre todo, de la Biblia
Políglota. La dedicación del humanismo cristiano al servicio del movimiento
reformista español se hizo especialmente patente en el desarrollo de los estudios bíblicos que alcanzaron su punto culminante en. España antes de que Lutero y los reformadores protestantes comenzaran a reclamar para sí la exclusividad de la Biblia. A fin de otorgar a los estudios sagrados una base firme en
las fuentes de la revelación, Cisneros organizó una edición crítica de la Biblia
mediante el cotejo de diversos textos. Para ello coleccionó manuscritos, consiguió el oportuno permiso para que sus colaboradores consultaran los CÓdices
de la Biblioteca del Vaticano y reunió en Alcalá a un grupo de eruditos españoles y extranjeros. A una serie de judíos conversos como Alfonso de zamora,
Pablo Coronel y Alfonso de Alcalá les encomendó la tarea de cotejar los textos
hebreo y caldeo, y de establecer una versión correcta, mientras que el cretense
Demetrio Ducas y españoles como Hernán Núñez, Juan de Vergara, Diego 1..6pez de Estúiliga y AnIonio de Nebrija trabajaban en el texto griego. El resultado fue la Biblia Políglota, cinco de cuyos volúmenes contenían el Antiguo y
Nuevo Testamento impresos en las lenguas originales y la Vulgata latina en columnas paralelas, mientras que el sexto volumen se dedicaba al vocabulario y
la gramática. La obra -un gran trabajo, tanto desde el punto de vista de la
impresión como de la erudición- quedó terminada en 1517, aunque de hecho
no se publicó hasta 1522. Si el trabajo erudito no era impecable, lo cierto es
que había comportado una labor investigadora mucho más intensa que el Nuevo Testamento -anterior y de mayor difusión- de Erasmo, que poseía un conocimiento imperfecto del griego y que realizó su trabajo con un material manuscrito insuficiente.41
El renacimiento religioso impulsado por Cisneros~ reforzado por hombres
Como Hernando de Talavera, arzobispo de Granada, y continuado más avanzado el siglo XVI por reformadores como san Pedro de Alcántara santa Teresa
de Ávila y san Juan de la Cruz, produjo resultados profundos y ~ermanentes.
Permitió el perfeccionamiento de las órdenes monásticas y del alto clero en España hasta tal punto que en los años cruciales de la Reforma la jeraraquía religiosa española pudo desempeñar un papel de primera magnitud en los concilios eclesiásticos, en especial en el Concilio de Trento. Al mismo tiempo, la
revitalización teológica impulsada por los dominicos de la escuela de Salaman41. Véase una .:ritica de la Biblia Políglota en ibid., pp. 43-46.
~,~-------~---------80
LOS AUSTRlAS
CARLOS t DE ESPAÑA
(1516.1598)
81
~.f.
,ro
ca como Francisco de Vitoria (1480-1546),Melchor Cano (1509-1560)y Domingo
de Soto (1494-1560) e intensificada por la recientemente creada Compañia de
Jesús. permitió a los teólogos españoles no sólo exponer la doctrina catóticá
en el gran debate contemporáneo con el protestantismo sino también realizar
importantes contribuciones a los problemas del imperio, las relaciones entre
razas distintas y el derecho internacional, que se plantearon como consecuencia de la singularísima posición de España en el mundo. De manera más inmediata, el hecho de que la Iglesia espafiola ya hubiera emprendido su propia reforma privó al protestantismo de una gran parte de los argumentos reformistas
que utilizaba en el norte y centro de Europa, y contribuyó a que España estuviera menos expuesta que otros países a ]a propaganda protestante. Por otra
parte, la reforma española se había iniciado bajo los auspicios de la monarquía
y con independencia de Roma, a cuyo renacimiento religioso se anticipó en muchos años. Esto contribuyó a potenciar el poder. de la corona en los asuntos
eclesiásticos, alimentó las suspicacias españolas respecto de Roma y tuvo re42
percusiones duraderas sobre las relaciones entre España y el papado. Fue un
augurio interesante que, antes de que Lutero protestara contra la predicación
de indulgencias, el cardenal Cisneros la hubiera prohibido en España, no por
motivos doctrinales sino porque pensaba que existían necesidades más urgentes que la reconstrucción deja basílica de San Pedro en Roma. Las autoridades
eclesiásticas españolas consideraban poder garantizar la ortodoxia sin la intervención de Roma; Sin embargo, el renacimiento espiritual que impulsaron en
los inicios del siglo xV] pronto produjo nuevos brotes que comenzaron a mirar
con desconfianza y tuvo una serie de efectos no deseados. El interés que despertaba la vida religiosa determinó un aumento incesante del clero, tanto regular como secular, una gran parte del cual vivía en condiciones de miseria al
margen de la religió..ny evadiendo el control eclesiástico. Además, las tendencias evangélicas que inspiraron los movimientos de reforma de los franciscanos
y dominicos, en especial el enorme crecimiento de los observantes franciscanos, permitió la incorporación de numerosos individuos poco fiables cuyo entusiasmo los inclinaba hacia las exageraciones del iluminismo y, según opinaban algunos, incluso hacia el protestantismo. Al mismo tiempo, el castigo de
los desórdenes monásticos por parte de Cisneros sancionó de alguna forma los
aiaques contra el clero regular en general, siendo éste uno de los rasgos del éxito de Erasmo en España.
El instrumento para hacer frente a la heterodoxia, real o potencial, era la
Inquisición.43 Entre 1510 y 1520 aproximadamente. el prestigio de la institución
se situó en el punto más bajo desde su establecimiento. Su campaña implacable contra los cristianos nuevos había aplastado cualquier posible amenaza para
la ortodoxia procedente de esa dirección, y había quitado fuerza a una de las
principales justificaciones de su existencia, en tanto que sus métodos arbitra42. Véase in/ro, pp_ 316-3~8.
43. Véase supra, pp. 32-38; sobre el movimiento para reducir el poder de la Inquisición ~.éase
lea, A History al the lnquisition o/ Spain, vol. 1, pp_ 216-223.
~:noS y absolutistas eran el blanco de una crítica cada vez más generalizada. Quienes se oponían a la Inquisición dirigieron sus ojos esperanzados al nuevo mo"l. narca, Carlos V, y dl;lrante un tiempo el destino de la institución estuvo pendiente de un hilo. El joven rey, de quien se sabia que se oponía a los métodos
del tribunal de acusación secreta y confiscación de las propiedades, fue instado
a reducir sus poderes y sus funciones. Pero por lo que respecta a Carlos V, la
postura contra la Inquisición perdió toda su fuerza cuando los críticos de la
corona de Aragón recurrieron a Roma para reforzar su postura. El emperador
rechazó con ~gual fuerza que sus antecesores la intervención papal. especialmente porque amenazaba cpn poner fin al control que la corona ejercía sobre
el tribunal. y por esa razón abandonó el proyecto de reforma de la Inquisición
y silenció a sus enemigos. A partir de 1523 no había dudas de que la Inquisición española había sobrevivido a la crisis con el apoyo de la monarquía y conservaba intacto todo su poder. Ciertamente, ahora podía apuntar hacia nuevos
objetivos: no sólo continuó su incansable persecución del judaísmo, sino que
en la era de Lutero dirigió cada vez más su atención a dos grupos •.los iluministas y los erasmistas.
La secta de los iluministas, o alumbrados, era de origen exclusivamente español, como lo revela tal vez su peculiar ,carácter místico. Surgida con independencia del protestantismo, existía ya en 1512 en Guadalajara y Salamanca, y
comenzó a existir entre un grupo de franciscanos, algunos de los cuales eran
conversos de ascendencia judía.44 El iluminismo era una aberración del misticismo. Su credo (;onsistía en la sumisión de la voluntad a Dios y en la .capacidad -o supuesta capacidad- de establecer comunicación personal con la esen.
cia divina por medio del éxtasis, considerando que en tales ocasiones no podían
cometer pecado, lo cual los llevaba frecuentemente a determinar la inutilidad
de las buenas obras. Algunos de sus practicantes encontraron en estas doctrinas un pretexto adecuado para dar rienda suelta a sus pasiones sexuales, y no
es una mera coincidencia que uno de los cabecillas no oficiales del movimiento
fuera la enamoradiza Francisca Hernández, «de quien los hombres hablaban
con fanática veneración y las mujeres Con no tanto respeto».45 Otros simplemente se presentaban como santos y profetas, muchas veces con fortuna, consiguiendo la protección de la nobleza. A comienzos del decenio de 1520 se descubrió en Toledo un floreciente grupo de iluministas, formado en su gran mayoría
por monjas y frailes. La Inquisición no encontró dificultades para erradicarlo,
y mediante un edicto del 23 de septiembre de 1525 condenó la doctrina del iluminismo. A partir de entonces el movimiento tuvo escasa importancia, pero
la Inquisición mantuvo siempre una estrecha vigilancia sobre los sospechosos
de pertenecer a él, de manera que todo aquel que estuviera animado de entusiasmo religioso era un probable sospechoso. Así, Ignacio de Loyola, el futuro
l';t-
~.
Bataillon,
Spam, pp. 67-68;
45. A. Selke,
LXIV (19l2), pp.
Erasme el I'Espagne, pp. 65.75, 179-242; Kamel1, Inquisition and Society in
Haliczer, lnquisilion and Society in 'he Kingdom o/ Valencia, pp. 276-217.
«Algunos datos nuevos sobre los primeros alumbrados)), Bulletin Hispanique,
12l.152.
LOS AUSTRIAS
82
(1516-1598)
fundador de la Compañía de Jesús, fue encarcelado en 1527 e interrogado en
tres ocasiones como sospechoso de inclinaciones iluministas.
Aunque el iluminismo español precedió a la revuelta luterana, muchas de
sus doctrinas -como la inutilidad de las obras externas- eran similares a las
del reformador alemán y, de hecho, 'este movimiento preparó el camino para
la iIÍtroducción del protestantismo en España." En 1520 se publicó en Flandes una traducción española del comentario de Lutero a la Epístola a los gálatas, a la que siguió la de su obra Libertad. del cristiano. Poco era lo que se sabía
en este momento en España sobre Lutero más allá de un rumor general sobre
un «hereje que se ha levantado en Alemania». Pero alentado por Roma, el inquisidor general Adriano publicó el 7 de septiembre de 1521 el primer decreto
contra libros luteranos en España. A partir de entonces las autoridades ec1e-.
siásticas mantuvieron una estricta vigilancia contra la penetración de literatura
y misioneros luteranos, especialmente en los puertos del norte, aunque no consiguieron un éxito total. Un decenio después de iniciada la rebelión luterana,
nuevos nombres, desconocidos para la mayor parte de los espafioles, se habían
añadido a la lista de reformadores protestantes Y sus escritos se difundían por
España sin c.ortapisas. Los propios inquisidores no siempre estaban seguros respecto a cuáles eran.sus objetivos, Ysu incapacidad para identificar las doctrinas heréticas con un mínimo atisbo de seguridad explica en parte la torpeza
de sus métodos y la virulencia de sus acusaciones. Los juicios aislados de supuestos luteranos que se celebraron en los años 1520 y 1530 no revelaron la existencia de una herejía organizada en España, pero demostraron más allá de toda
duda cuán fácil era utilizar la Inquisición como medio de ejercer una venganza
personal y hasta qué punto un numeroso sector de la sociedad laica española
ignoraba las doctrinas católicas más elementales. En diversos lugares se señalaban coma víctimas a algunos españoles y extranjeros. En 1523 el tribunal de
la Inquisición de Mallorca ejecutó a un tal Gonsalvo el Pintor como sospechoso de luteranismo.47 En 1524 un alemán llamado Blay Esteve fue condenado
como luterano por el tribunal de Valencia y en 1528 un individuo de nombre
Carne lis, pintor de Gante, fue encontrado culpable de luteranismo por el mismo tribunal y sentenciado a cadena perpetua. Ese mismo año el tribunal de
Toledo comenzó el juicio contra Diego de Uceda, sobre el que pesaba la acusación de luteranismo. Este caso es singular entre los primeros procesos, en parte
porque es el primer caso de luteranismo juzgado en Toledo y tambiéJ?-porque
Uceda no era luterano, sino seguidor entusiasta de las enseñanzas de Erasmo ..;8
La difusión de las doctrinas de Erasmo inició una nueva fase en el renacimiento español. Hasta cierto punto el terreno estaba ya abonado. La estima
de que gozaba la erudición en España propiciaba un clima intelectual favora46. Sobre los iniciós del protestantismo en España véase J. E. Looghtrrst, «Luther in Spain:
152Q..154011. Proceedings o/ the American Philosophical Society, cm (1959), pp. 66-73.
47. Como sei'1a1aLea, A History o/ the lnquisition o/ Spain, vol. 11I, p. 413. es dificil dar
crédito a una acusación de estas caracteristicas en esa fecha.
48. Véa~e J. E. Longhurst, Luther and the Spanish lnquisition.' (he case o/ Diego de Uceda,
1528-J529, Albuquerque,
1953.
CARLOS I DE ESPAÑA
~"
..
83
'"-~,,;ble a la introducción
de sus escritos. En 1516,tras la publicación de su versÍón
del Nuevo Testamento, el propio Erasmo fue invitado a Espafta por el cardenal
Cisoeros, aunque "finalmente la visita no se llevó a efecto.49 Al mismo tiempo,
el ataque contra los abusos monásticos iniciado por los reformadores españoles, aunque tenía un contenido más positivo que la ridiculización de las órdenes religiosas realizada por Erasmo, posibilitó un nuevo punto de contacto. Erasmo, que defendía la necesidad de una reforma general de la Iglesia, convertía
en objeto de sus sátiras a todo aquel que consideraba responsable de corrupción, instando al retorno a la sencillez de los tiempos apostólicos. En las etapas
iniciales de la ruptura de Lutero con Roma se negó a tomar partido y aconsejó
moderación a ambas partes. Desde su punto de vista, la Iglesia tenía que reformarse antes de comenzar a condenar otras doctrinas. Sin embargo, en 1521sus
principios 10 oblig~ron a enfrentarse a Lutero sobre la cuestión del libre ~lb~dría y a partir de entonces en España quedaron disipadas las dudas que existían respecto a su ortodoxia. Poco importaba a los españoles que en Roma hubiera reservas sobre sus doctrinas, por cuanto la política de Clemente VII
despertaba suspicacias en España y era hostil a Carlos V. Lo cierto es que las
opiniones de Erasmo fueron bien recibidas por aquellos que ambicionaban la
concordia cristiana y deseaban alcanzarla bajo los auspicios del emperador más
que del papa. so En la corte de Carlos V había influyentes partidarios de Erasmo, entre los que se incluía el secretario del emperador, el latinÍsta Alfonso de
Valdés. Desde 1522 la corte se hallaba en España y, por tanto, los erasmistas
españoles ocupaban una posición estratégica para promocionar y proteger los
escritos de su maestro. En la universidad de Alcalá los seguidores de Erasmo
eran más numerosos aún que en la corte, mientras que Juan de Vergara, que
había trabajado en la Biblia Políglota, colaboró en e'lapoyo del erasmÍsmo con
el prestigio de su erudición y la influencia de su posición como secretario del
arzobispo Fonseca. Esto tenía gran importancia. Los dos cargos eclesiásticos
más importantes de España estaban ocupados por entusiastas de Erasmo. Uno
de ellos, Alfonso de Fonseca, arzobispo de Toledo, le concedió una pensión
de 200 ducados de oro mientras trabajaba en la edición de las obras de San
Ag~stín, y Alfonso Manrique, arzobispo de Toledo e inquisidor general, lo protegIó cuando Edward Lee, embajadnr de Enrique VI1I en España, inducia a
los franciscanos a que lo acusaran de herejía.
Entre 1522 y 1525 se produjo el triunfo del movimiento erasmista en España. Acogidos con entusiasmo por los humanistas y con la aprobación de Fonseca y Manrique, muchos de sus escritos se publicaron en traducciones español~.sl El propio Erasmo, que en un principio desconfiaba del clima de opinión
exIstente al otro lado de los Pirineos, no tardó en ser consciente de la populari-
49. Batail!on, Érasme et I'Espagne, pp. 77.78.
. 50. Véase in/ro, ~p. 88-89; sobre la relación entre el erasmismo, la tradición hebrea y el iluminismo véase E. Asenslo. «El erasmismo y las comentes espirituales afines)), Revista de Filologla
XXXVI (t952), pp. 31-99.
'
51. Bataillon, Érasme el I"Espagne, pp. 172-177,253-257.
84
LOS AUSTRlAS
(1516-1598)
dad de que allí gozaba y expresó su gratitud por ello: «debo más a España que
a mi propio país o a otro cualquiera». Sin embargo también tenía enemigos.
En España, así como en otros lugares, continuaba con toda virulencia la controversia sobre su ortodoxia y la tensión aumentó a medida que se radicalizó
el enfrentamiento religioso en Alemania. Las órdenes monásticas, que eran el
blanco principal de los ataques de Erasmo, lanzaron su ofensiva y lo acusaron
de herejía, especialmente después de que apareciera una traducción española
del Enchiridion -con una dedicatoria a Manrique- en 1527. Para dar mayor
fuerza a sus ataques consiguieron el apoyo de la Inquisición, en la que sólo
algunos de sus componentes eran tan liberales como el inquisidor general y en
la que algunos de los oficiales eran también frailes. Para resolver la cuestión
de la ortodoxia de Erasmo. Manrique convocó en Valladolid, en 1527, una asamblea de 32 teólogos para examinar una lista de proposiciones de Erasmo Y.dado
que, transcurridas seis semanas de discusiones fue imposible llegar a un punto
de acuerdo, prohibió los ataques contra el erudito, decisión que un breve papal
intentó modificar exculpando tan sólo sus críticas hacia Lutero. ~2 Por indicación de Alfonso de Valdés, Carlos V envió a Erasmo una carta amistosa en la
que le comunicaba que no debía temer una decisión desfavorable para él Yen
la que expresaba su convicción personal respecto a su piedad. ~l
Durante los dos años siguientes, mientras se multiplicaban en España las
traducciones de las obras de Erasmo, que alcanzaron entre los sectores más cultivados una popularidad muy superior a la que gozaban en cualquier otro país,
europeo, algunos de sus seguidores comenzaron a producir también literatura
humanista. En 1527 y 1528 Alfonso de Va1dés escribió dos diálogos populares
en castellano contra los abusos clericales, justificando el saqueo de Roma por
la perversidad del papa y elogiando las proposiciones de Erasmo. ~4 El nuncio
papal en España, Baltasar de Castiglione, autor de El Cortesano, exigió que
se requisaran y destruyeran todos los ejemplares de los escritos contra el papa,
a lo cual se negó el inquisidor general. En el verano de 1530 Valdés se entrevistó
personalmente con Melancthon en Augsburgo y, aunque en España cobraba
fuerza el movimiento de oposición contra él, continuó gozando del favor de
Carlos V hasta el último momento. En 1529 el hermano de Alfonso, Juan de
Valdés, publicó su Diálogo de doctrina cristiana, en el que no sólo ensalzaba
las virtudes de Erasmo sino que afirmaba que sus enemigos eran estúpidos y
que d"esconocían el alcance de la piedad cristiana real. En esta ocasión la Inquisición actuó rápidamente y comenzó una serie de investigaciones que determinaron la huida de Valdés a Italia y su posterior condena por herejía~ así como
la prohibición de sus obras en España. ~~
La condena de Juan de Valdés es un signo de los tiempos. La Iglesia espa-
52.
53.
54.
55.
querque,
¡bid., pp. 260-284.
[bid., pp. 298-299.
Véase in/ro, p. 89; Bataillon. Érosme el /'Espagne, pp" 373-393, 395-414, 417-419.
J. E. Longhurst, Erasmus and the Spanish lnquisition: 'he case o/ Juan de Valdés, Albu1950.
CARLOS 1 DE ESPAÑA
";
f;
85
,{fiola,consciente del progreso del protestantismo en otros países, comenzó a mos-~trarsecada vez más sensible a las críticas y menos capaz de tolerar la disensión,
ii:;-aunquefuera ortodoxa. La Inquisición, actuando sobre la base de una inter,'-pretación muy amplia de la herejía, reanudó su campaña con creciente energía
) y súbitamente derribó las defensas de los humanistas, tanto en la corte como
..en las universidades.~6 En junio de 1529 Carlos V partió de España hacia lta'.."lia, llevando consigo a muchos de los cortesanos erasmistas influyentes. En"dii' ciembrc de ese mismo año el inquisidor
general Manrique, que era todavía un
: firme defensor de Erasmo. fue expulsado de la 'corte por contrariar a la emperd.triza propósito de un asunto matrimonial sin importancia. Cuando Carlos V
regresó a España en 1533 la Inquisición ya había conseguido asociar, a los ojos
de la opinión pública, las enseñanzas de Erasmo con las herejías de Lutero y
los principales erasmistas españoles se hallaban en prisión, acusados de protoluteranos, o habían huido del país. Juan de Vergara, hombre de vasta cultura
y conocimientos y cristiano nuevo -hecho siempre significativo para" la
Inquisición- fue encarcelado ,en 1533, a pesar de los esfuerzos que desplegó
para evitarlo su protector, el arzobispo Fonseca. El procedimiento que se siguió contra Vergara era característico de la Inquisición y muy eficaz: se le calumnió con acusaciones de luteranismo, iluminismo y erasnüsmo, presentando
las tres acusaciones como parte de una misma herejía.
También se investigó a diversos eruditos de la universidad de Alcalá. Su rector, Pedro de Lerma, era un viejo seguidor de Erasmo. En 1537 abandonó la
universidad cuando contaba setenta años de edad, pero ese mismo año fue encarcelado por la Inquisición acusado de herejía. Después de un largo proceso,
durante el cual se le acusó de utilizar en sus sermones algunas de las enseñanzas de Erasmo. fue obligado a retractarse públicamente, en todas las principales ciudades de España donde habia predicado. de once proposiciones calificadas de heréticas, escandalosas y perversas. Asimismo, se le exigió que declarara
que las falsas doctrinas que había predicado en sus sermones le habían sido
inspiradas por el diablo para sembrar el mal en la Iglesia. Lerma abandonó
Esp~ña a la primera oportunidad y regresó a la Sorbona, donde en otro tiempo
había sido decano de la Facultad de Teología. Allí habria de permanecer, negándose a volver a su país de origen donde, según afirmaba, las personas cultas no podían vivir entre esos perseguidores. En 1538, con la muerte del inquisidor general Manrique desapareció, en Espafia, la última figura erasmista que
ocupaba una posición de autoridad en la Iglesia. Poco importaba que Erasmo hubiera expresado públicamente, hacía ya mucho tiempo, su oposición a
Lutero. Luis Vives escribió desde el extranjero al erudito holandés: «estamos
pasando por tiempos difíciles, en que no se puede ni hablar ni callar sin peligro. En España han sido encarcelados Vcrgara y su hermano Tovar. como también otros hombres doctos. En Inglaterra, los obispos de Rochester y de londres, y Tomás Moro. Ruego al cielo que te dé una vejez tranquila»S7. En 1538
56.
57.
Bataillon. Érosme el I'Espagne, pp. 467-532.
Citado en ¡bid., p. 529.
LOS AUSTRlAS
86
(1516-1598)
estaba en vías de desaparecer la expresión abierta del erasmismo en España.
El movimiento erasmista, ejemplo, tal vez, de la tendencia de los intelectuales españoles a exagerar la importancia de los productos de la cultura extranje.
fa, era un movimiento ortodoxo y sus seguidores nunca pretendieron la ruptura
con la Iglesia católica. Desde luego. en España no existía un peligro real de
que enraizara la herejía y de que el protestantismo alcanzara a la masa de la
población. Durante los veinte años siguientes España no constituyó una preocupación para Roma con motivo de las nuevas doctrinas procedentes del norte
de Europa. Hubo incidentes ocasionales de individuos aislados que fueron encarcelados por la Inquisición acusados de luteranismo, pero en todos los casos
parecen haberse retractado y pocas veces las penas fueron severas. En Francia,
Alemania y los Países Bajos hubo emigrados españoles que abrazaron la fe luterana y Miguel Servet, hereje para los católicos en su condición de panteísta,
y que negaba la existencia de la Santísima Trinidad, suscitó en Cal vino un rechazo lo bastante fuerte como para atraerlo a Ginebra, donde murió en la hoguera en 1553. En Espafia hubo sólo 105 casos de luteranismo hasta 1558 y de
ese número 66 fueron protagonizados por extranjeros. ss La Inquisición espa~
Bola, tras haber silenciado a los erasmistas, se sentía lo bastante segura respecto a la situación religiosa como para no realizar grandes persecuciones de herejes y una calma relativa se enseñoreó de nuevo en la península. Sin embargo,
en el extranjero el monarca español libraba una batalla perdida.
58. E. Schiifer, Beitrage zur Geschichte des spanischen Protestantismus.
vols.; vol.
pp. 1-271, 342, 352.
n.
Gütersloh,
1902. 3
" Capítulo III
EL EMPERADOR CARLOS V
LA MONARQUíA
UNIVERSAL
Y SUS ENEMIGOS
Para Carlos V y para muchos de sus contemporáneos la unidad de la cristiandad bajo el dominio imperial y su defensa frente a los musulmanes y herejes era.la misión suprema que les había sido encomendada. Sólo él, así parecía,
tenía la voluntad y los medios para imponer la paz en Europa y el dominio
sobre sus enemigos. «Un monarca, un imperio y una espada», el ideal expresado en los nobles versos de Hernando de Acuña, seguía ejerciendo una permanente atracción sobre muchas personas en un mundo dividido y amenazado. Sin embargo. algunos súbditos de Carlos V alimentaban ciertas reservas;
muchos españoles creían que su acceso a la dignidad imperial perjudicaba los
intereses nació'ñ::i.lesde su país. Inevitablemente, la diversidad de su herencia,
por _mucho poder que confiriera a su misión internacional, incrementaría las
presiones sobre España com.o consecuencia de los compromisos en el exterior,
perjudicaría sus perspectivas y haría que disminuyeran sus recursos. En consecuencia, el pueblo español se mostraba favorable a una política nacional, frente a la política imperial, y los administradores españoles de Carlos V consideraban a su señor rey de España más que emperador de Europa. 1 Sin embargo,
lo cierto es que los contemporáneos no utilizaban el término «imperia!» para
. referirse a la política de su monarca. Éste es un concepto añadido por los historiadores posteriores y atribuye una coherencia y una premeditación a la política de Carlos V que nunca poseyó.
Es cierto que ,la fórmula «paz entre los cristianos y guerra contra los infieles) da unidad y sentido a la política del emperador y, además, cuenta con la
sanción de sus propias manifestaciones. Su declaración ante las' Cortes de La
1. Véase P. Rassow. Die Kaiser-Idee Karls V, Berlín. 1932. pp. 232-233. Véase una visión espa~
ftola de la polItica internacional de Cartos V en J. M. Doussinague, Lapolítica exterior de Espaila
en el siglo XVI, Madrid. 1949. pp. 123.290.
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Corufia no es un caso único. En abril de 1521, exasperado por la actitud de
Lutero, escribió una declaración personal de principios para la Dieta de Worms:
«estoy decidido a empuñar en d.efensa de la Cristiandad mis reinos y dominios,
amigos. cuerpo y sangre, alma y vida». Unos días antes. y ante la misma asamblea, había hecho referencia al tema de la organización imperial en Alemania
y a los obstáculos que planteaba el particularismo de los príncipes y afirmó:
«nuestro deseo y voluntad es que no haya muchos señores, sino uno solo, como
está constituido el Santo Reino de los Cieios».2 Ocho años después. pronunció su famoso discurso en Madrid (el 16 de septiembre de 1529) en el que anunciaba su marcha a Italia para ser coronado por el papa y convencerle de la necesidad de reunir un concilio general que restableciera la unidad católica. Parece
que además de atribuir al imperio una misión religiosa lo veía como una entidad política, aunque sólo pretendía conservar su propio legado y no extenderse
por medio de conquistas. Sin embargo, es discutible si las ideas que expresó
en su discurso de Madrid -muchas de las cuales eran moneda de uso corriente
en la mayor parte de los monarcas de la época- correspondían realmente a Carlos V o derivaban simplemente de la influencia de Gattinara.
De cualquier forma, las palabras de los gobernantes no son necesariamente
los mejores indicadores de su política. En la práctica, Carlos V no consideró
nunca todos aquellos aspectos que conllevaba una politica imperial ni estableció un sistema de prioridades que pudiera dar contenido a sus palabras. Lo cierto
es que le asediaban demasiadas preocupaciones. much:as de ellas contradictorias, como para poder atender a todas ellas e integrarlas en un programa coherente. Dados sus intereses concretos, no podía existir una política imperial, universal o supranacional, y sin una organización imperial no podía existir un
imperio.3 En Carlos V destaca su papel de heredero, y no de creador, y el móvil de su política hay que encontrarlo en la defensa de los elementos concretos
de su herencia.
Sin embargo, no puede decirse que no hubiera «imperialistas» en la corte
de Carlos V. Su Gran Canciller Gattinara lo ilustró sobre su destino imperial
e intentó dotarlo de una organización imperial. Pero para Gattinara Italia -otro
interés concreto y fuente de conflictos, que no de paz- era el centro de un nuevo imperiO cristiano e intentó persuadir a su señor para que lo jugara todo a
la carta de su dominio allí. No hay que exagerar la influencia de Oattinara,
que ya había comenzado a desvanecerse antes de su muerte en 1530. Además~
incluso durante los años de administración de Gattinara la política realista de
Carlos V, sobre todo con respecto a Francia, poco tenía que ver con una «Universitas Christiana» que algunos historiadores le han atribuido inmediatamente después del saqueo de Roma por las tropas imperiales en 1527.' La expre-
2. Brandi, The Emperor Charles V, pp. 128.133.
3. J. Vicens Vives, dmperio y administración en tiempo de Carlos V)},en Charles-Quint et
son temps, C.N.R.S., Paris, 1959, pp. 9-21, reali7.a un análisis brillante de las limitaciones del concepto de imperio de Carlos V.
4. Vease Menéndez Pidal, Idea imperial de Carlos V, por ejemplo.
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.-:"~sión de esa filosofía no correspondía a Carlos V sino a la pluma de su secreta2: 'rio~ el latinista Alfonso de Valdés, uno de los muchos humanistas españoles
, que escribieron a favor de la causa imperial.
En respuesta a la protesta papal contra los excesos de las tropas de Carlos V,
Valdés escribió una dura diatriba contra la política de Clemente VII, argumen~~.tanda que el saqueo de Roma era el castigo de Dios a los pecados del papa
. y de su corte dominada por el vicio, mientras que el emperador deseaba restablecer la paz entre los reinos cristianos para luchar contra Jos turcos e imponer
una vez más la concordia en la Iglesia. Pero esos ideales no eran específicamente españoles y no reflejaban la política calculadora del emperador. Eran la pro......paganda de los humanistas y erasmistas, muchos de los cuales contemplaban
la restauración de la unidad cristiana por medio de una monarquía universal
y dirigían su mirada al emperador, antes que al papa, para Ia-.salvación de la
cristiandad. ~En 1527, el humanista español Luis Vives, emigrado de su patria,
escribió a Erasmo en referencia también a la victoria de Carlos V en Italia y
al saqueo de Roma: «Cristo ha concedido a nuestro tiempo la más hermosa
oportunidad para esta salvación, por las victorias tan brillantes del Emperador, y gracias al cautiverio del Papa». Algunos de los hombres de letras españoles defendieron la idea imperial no sólo con sus plumas sino también con
sus espadas. Así, Boscán participó en la expedición para liberar Rodas en 1522,
Garcilaso de la Vega fue herido en África y murió en el asalto del castillo de
Mai en Provenza en 1536, Hernando de Acuña luchó en Francia y Alemania
y participó en la batalla de San Quintín en 1557 y, años más tarde, Diego Hurtado de Mendoza, además de escribir la historia de la guerra contra los moriscos de Granada participó en ella.6
Un administrador como Francisco de los Cabos, que vigilaba los costes,
que afirmaba que había que volver a ocuparse de los intereses españoles más
inmediatos y que instaba a Carlos V a permanecer en España y gobernar a su
pueblo en paz y prosperidad, puede parecer extraordinariamente prosaico al
lado de estas figuras heroicas. Pero la administración reflejaba las realidades,
mientras que los humanistas suministraban sueños. Esto se hacía evidente no
sólo en la ausencia de una organización imperial, hecho que ya se ha señalado.
sino también en la distribución de los costes del imperio y de sus beneficios.
En ambos casos el mayor porcentaje se asignaba a Castilla, pero el imperio que
Castilla valoraba se hallaba en América. no en Europa. Pese a que durante un
cierto tiempo imperó una cierta relajación, autorizada por Carlos V, el imperio
americano era un monopolio de Castllla. Es cierto que entre 1524 y 1538 CarIas V trató de ampliar el permiso de comerciar y residir en las Indias a todos
los súbditos de su imperio y durant~ esos años una serie de extranjeros, espe-
5. BatailloiJ. Érosme et I'Espagne, pp. 243-253.
6. Véase J. Sánchez Montes, Franceses, Protestantes, Thrr:os. Los espailoles ante la política
internacional de Carlos V, Madrid, 1951 y su o:a.men crítico por M. Bataillon en Bu//etin Hispanique, LIV (1952), pp. 208-211; tambien Sánchez Montes, «Actitudes del espanol en la época de Carlos V}), Estudios Americanos, 1II (Sevilla, 1951), pp. 169,199.
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Carlos V, de Tiziano, detalle (reproducido por cortesía del Musco del Prado).
cialmente alemanes, participaron en el"comercio y las empresas coloniales.7
Pero las razones que explican esta actitud eran financieras y técnicas. y respondían al intento de Carlos V de conseguir los recursos navales y los capitales
necesarios para la expansión colonial. Desde luego, no se dejaban sentir sobre
ellas la influencia de las ideas supranacionales de los humanistas.,ni su fe en
la misión y las posibilidades universales del imperio. En cualquier caso, tos españoles tenían sus propios intereses comerciales, y no estaban dispuestos a compartirlos con otros súbditos del emperador, cuyo único punto de contacto con
España era una herencia dinástica. Incluso la misión cristiana de España en
el Nuevo Mundo era nacional más que universal, cuando men~s por lo que res7_ R_ Konetzke, «La legislación sobre inmigración de extmnjeros en América durante el reinado de Carlos V», en Charles.Quint el son ternps, C.N.R.S., Parí.5, 1959, pp. 93-1l1.
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pecta al material humano, pues Carlos V continuó la política de sus antecesores españoles de excluir de las Indias tanto a los comerciantes como a los misioneros extranjeros. He aquí una prueba más de que en el imperio de Carlos V
las fuerzas individuales eran más fuertes que las colectivas y de que España
se estaba revelando como la más poderosa de esas fuerzas individuales.
Sin embargo, la idea de un gobernante y un imperio no sólo era considerada con reservas por los españoles sino que era necesariamente rechazada por
otros gobernantes y otras naciones que la consideraban como una afrenta a su
soberanía. Es cierto que en la práctica Carlos V no tuvo que elegir simplemente
entre el imperio y el Estado nacional, y es comprensible que intentara conservar las posesiones que su singular posición dinástica le había permitido conseguir. Ningún gobernante del siglo XVI renunciaba voluntariamente a una herencia. ¿A quién habría podido donar Carlos V sus posesiones más distantes? La
situación de Europa en Jos albores del sigJo XVI favorecía todavía la existencia
de superestados, para cuyo gobierno existía un poder administrativo y militar
mayor aún del que habían gozado los gobernantes medievales, y sería un anacronismo insistir en que en ese momento los estados universales estaban condenados a desaparecer. Existían todavía zonas de Europa que no estaban preparadas para la soberanía nacional, y ante la política francesa en Italia a partir
de 1494 y las aspiraciones de Francisco 1 al imperio en 1519 no es posible desechar la idea de que si España no las hubiera reclamado para sí lo habría hecho
. Francia. También los monarcas franceses tenían ambiciones dinásticas no muy
diferentes a las de los Habsburgo. Pero lo cierto es que Francia estaba a la de.
fensiva.
La permanente hostilidad de Francia puede explicarse como un mecanismo
de defensa de un Estado centralizado y unificado que se veía cercado por el
poder de Carlos V. Es cierto que la rivalidad francoespañola era anterior a la
entronización de Carlos V y la idea de cercar diplomáticamente a Francia ya
había sido contemplada por Fernando de Aragón, que forjó la alianza anglo~
germano-española que continuó el emperador. En parte, la rivalidad era también inevitable como consecuencia de la vecindad de dos grandes potencias. Pero
Carlos V afiadió una dimensión nueva al conflicto con Francia. Desde el mo.-'
mento en que ocupó el trono de-España, la frontera espafioJa con Francia dejó
de estar únicamente en los Pirineos para extenderse a muchas otras partes de
Europa. De hecho, el poder de Carlos V presionaba sobre Francia en casi todas
sus fronteras: en el norte desde los Países Bajos y Artois, en el este desde el
Franco Condado y en el suroeste desde España y el Mediterráneo. Así las cosas, Francia tenía que elegir entre la lucha por conseguir una existencia inde
pendiente como una gran potencia o la aceptación, de la condición de Estado
satélite, que conllevaba el riesgo permanente de intervención. Para Francia éste
era un problema nacional y la cuestión de [talía, aunque influyó de manera
importante para agravar la rivalidad. era secundaria. El principal objeÜvo de
la política francesa era el de resistir el enorme poder de los Habsburgo, golpeándolos, al mismo tiempo que lo hacían sus otros enemigos, los alemanes
y los turcos. y con la mayor fuerza posible, en su punto más sensible, ya fuera
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Alemania, Italia o el Mediterráneo. La omnipresencia del poder de los Habsburgo determinaba que no fuera difícil encontrar aliados contra él. Uno de ellos
eran los turcos.
En el imperio otomano Carlos V encontró no sólo una potencia terrestre
formidable sino también a su más poderoso enemigo marítimo. Una vez más
éste era un conflicto heredado, pero en tanto que con sus predecesores España
había tenido que hacer frente al islam prácticamente en solitario, ahora se enfrentaban en el Mediterráneo dos sistemas imperiales similares pero incompatibles. Al mismo tiempo, y debido a que los intereses de Carlos V eran mucho
más extensos, su responsabilidad no se limitaba a la defensa de España, sino
también de otras partes de Europa, ya que el impresionante poderío de los tur-'
cos se dirigía contra tres zonas: la Europa oriental, el Mediterráneo y España.
El avance turco hacia el norte, en dirección al centro de la península balcánica,
ya había comenzado antes de la captura de Constantinopla en 1453, pero a partir
de esa fecha la frontera entre el imperio turco y la cristiandad se desplazó más
hacia el interior de Europa y con la conquista de Belgrado en 1521, año que
contempló el inicio del gran conflicto entre Carlos V y Francisco 1, el Turco
estaba en condiciones de penetrar en Hungría. Sin embargo, la ocupación de
Constantinopla había añadido un nuevo factor a la expansión turca. En efecto,
al entrar en posesión de muelles y arsenales abandonados y poder acceder fácilmente a la madera de los vastos bosques de la zona del mar Negro, el imperio turco se convirtió en una gran potencia marítima y comenzó a amenazar
las rutas del comercio occidental con el Mediterráneo oriental. Por ende, ya
no sólo había que defender la frontera terrestre a lo largo del Danubio sino
también un nuevo frente marítimo en el levante mediterráneo y en el Adriático,
donde inc1u,so Italia se veía amenazada.
..•.Atravesar el Mediterráneo y atacar España iba más allá de las posibilidades
y recursos incluso del imperio turco, y no existía un peligro real de que las costas españolas fueran atacadas por escuadras procedentes de Constantinopla.8
La flota turca no podía alcanzar España directamente, sino que necesitaba una
base, ya fuera en el litoral berberisco del norte de África o en la costa mediterránea de Francia. El peligro para España residía en que los turcos tenían aliados en ambos lugares y podían encontrar un aliado incluso dentro de España.
El poder naval del islam se veía reforzado por la fuerza conjunta de las pequeñas pero numerosas flotas de los piratas musulmanes del norte de África, que
comenzaron a colaborar estrechamente con" los turcos y que contaban con el
apoyo del propio sultán. El vigor y la hostilidad de los moros del norte de África se habían incrementado en los últimos años del siglo xv tras la caída de Granada. Los moros que abandonaron España se refugiaron en las costas vecinas
del norte de África y muchos de ellos continuaron la lucha contra su enemigo
tradicional, no sólo capturando embarcaciones en el mar sino también reali8. Sobre los problemas de EspaJ'Ja en el Mediterráneo véase la gran obra maestra de F. Braudel. La Méditerranée el le monde méditerranéen a i'époque de Philippe 11. París. 1949 (hay trad.
cast.: El Mediterráneo, Espasa-Calpe, Madrid. 1988).
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'iando incursiones contra la costa española. En este caso, existía el peligro adi:.cional de que encontraran aliados entre los moriscos, moros que habían decidi':-do permanecer en Espana y a los que las autoridades españolas consideraban
} como un elemento subversivo. En esta coyuntura, en 1516 piratas de origen tUl"_.. co establecieron s\l dominio sobre Argel, donde encontraron refugio entonces
un gran número de sus amigos moros. El nuevo Estado, pronto enriquecido
~ gracias al pillaje, Comenzó a construir flotas, convirtiéndose en una potencia
en el Mediterráneo, una amenaza para los cristianos a los que apresaban para
obtener un rescate en dinero, y una fuente de inseguridad en lo que en otro
tiempo eran aguas seguras del Mediterráneo occidental. En esta zona estaban
directamente afectados los intereses españoles, así como los de toda Europa,
aunque sobre España recaía el grueso de la responsabilidad de la defensa y la
contraofensiva, en una guerra que resultaba perjudicial tanto desde el punto
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de vista económico como para su prestigio. Como esta situación coincidió con
la guerra contra Francia, los dos enemigos de España cooperaron y concluyeron la alianza francoturca, que fue un escándalo en toda la cristiandad pero
también una tentación irresistible para la diplomacia francesa. Otra tentación
del mismo tipo era Alemania.
En el mismo año en que Carlos V llegó a España, en 1517, Lutero publicó
sus tesis contra las indulgencias. La crisis religiosa, junto con los obstáculos
políticos que encontraba el gobierno imperial en Alemania, redoblaron las presiones sobre Carlos V y sobre España. Pese a que poseían el título impeñal,
los Habsburgo tenían escaso poder en Alemania fuera de sus dominios y pronto comprendieron que era poco lo que podían hacer contra el partiwlarismo
de los príncipes alemanes. Además, debido a su distancia de los acontecimientos, el monarca español tuvo que renunciar a intervenir personalmente en Alemania, aunque mantuvo en sus manos la dirección política. En 1521 nombró
a su hermano Fernando representante permanente en Alemania y en febrero
de 1522 le cedió sus posesiones austríacas, de manera que Fernando se convirtió en archiduque de Austria, viéndose así compensado de la pérdida de sus
perspectivas de futuro en España. La rebelión protestante determinó que Alemania escapara aún más al control del emperador y abrió una nueva brecha
en sus defensas. Era ésa una debilidad que muchos de sus enemigos podían
explotar y Francia en particular comenzó a buscar un aliado en las filas protes~
tantes, así como en el islam. Al monarca espaftol le resultaba extraordinariamente difícil separar los aspectos políticos y religiosos en Alemania. Carlos V,
al margen de su propia posición ortodoxa, valoraba la paz religiosa en su "imperio como condición necesaria para la unión política. En su aspecto po"lítico el
luteranismo podía implicar una mayor independencia de los príncipes respecto
del imperio y reforzar el desarrollo de unidades autónomas en las que sus gobernantes fueran al mismo tiempo cabeza de la Iglesia y del Estado. En realidad, los príncipes no se vieron muy beneficiados por la Reforma, porque
su penuria los obligó a vender territorios eclesiásticos y sus constantes y cada
vez mayores demandas de dinero permitieron a las asambleas representativas conseguir nuevos privilegios y una cierta influencia en los asuntos ecle-
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siásticos.9 Pero no importa quién saliera beneficiado. Carlos V se vio obligado a oponerse al luteranismo. que encarnaba el rechazo de una Alemania imperial bajo un gobierno central y suponía un nuevo golpe para sus esperanzas
de dotar de algún contenido a la idea del Sacro Imperio Romano.
No obstante, los presupuestos religiosos del emperador, aunque no muy elaborados, siempre fueron totalmente ortodoxos y fue en el terreno religioso donde
reflejó con mayor exactitud los puntos de vista que prevalecían en sus reinos
españoles, intensamente antiluteranos. Carlos V debía de ser consciente de ello,
pues habitualmente respondía a las quejas sobre sus largas ausencias de España argumentando que estaba luchando contra los luteranos. Pero también en
ese aspecto Carlos V tenía que atender a sus propios intereses, además de tener
en. cuenta las opiniones de sus súbditos españoles. Sus objetivos políticos en
. Alemania, que poco tenían que ver con los intereses españoles, lo obligaban
a mantener abierta la posibilidad del diálogo con los príncipes alemanes. En
consecuencia, su política hacia el luteranismo fluctuaba entre el deseo de destruirlo y el de impedir que se atrincherara aún más. Para conseguir el segundo
objetivo estaba dispuesto a negociar, pero esto desencadenó un nuevo conflicto
con otro poder, el papado.
Los proyectos internacionales del emperador nunca obtuvieron el apoyo papal
que él creía que merecían. Al igual que otros gobernantes europeos, el papa
era consciente de la -omnipresencia del poder Habsburgo. En Italia planteaba
una amenaza inmediata para él: si e'l mismo rey poseía Milán y Nápolcs la jodependencia del papado, atenazado entre esos dos estados, podía verse amenazada.
Sin embargo, las reservas que el papa manifestaba respecto al emperador
no eran simplemente las de un hombre de Estado hacia otro, sino que derivaban también de motivos religiosos. Nadie en España, y naturalmente tampoco
la corona, desafiaba la autoridad espiritual del papa pero se intentaba por todos los medios minimizar la intervención papal en los asuntos temporales e incluso en cuestiones eclesiásticas como los nombramientos y la jurisdicción. Carlos V heredó y reforzó esa tradición. Por ejemplo, en 1523 consiguió de su
antiguo tutor y regente, Adriano VI, la concesión perpetua del derecho de presentación para las sedes episcopales. Pero los papas subsiguientes se mostraron
menos complacientes, y los enfrentamientos sobre la jurisdicción eclesiástica
fueron una fuente constante de tensiones entre España y el paparlo. Por lo d~más, el papado veía con desconfianza algunos de Jos objetivos religiosos del
emperador y consideraba que o no comprendía las doctrinas de Lutero o subestimaba su distanciamiento de la ortodoxia católica. Pero si el papa desconfiaba de los .objetivos del emperador, también desconfiaba de sus métodos. Muy
en especial consideraba que sus críticas a la decadencia moral de la curia y su
defensa de la convocatoria de un concilio ecuménico reflejaban tanto sus intereses políticos corno religiosos. Carlos V había recibido el concepto medieval
9. F. L. Carstcn, Princes and Parliaments in Germany from the lifteenth
century, Oxfard, 1959, pp. 431, 437.
to thc eighteenth
CARLOS V
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de que el emperador estaba obligado a convocar un concilio cuando la situa"ción crítica de la cristiandad así lo exigía. Pero también convenía a sus intere~ses,en primer lugar porque la probable diferencia de opiniones entre el concit lio y el papa permitía al emperador utilizar la amenaza de un concilio para
presionar al papa,do, y Carlos V concedía gran valor a esa arma en su diploma.~da antifrancesa. En segundo lugar, el emperador deseaba la celebración de un
. concilio en el que pudiera expresarse libremente la opinión protestante para al- .
canzar un compromiso a través de una cierta relajación de la disciplina de la
Iglesia, en aspectos concretos como la autorización al clero para contraer maItrimonio y la celebración de los servicios religiosos en las lenguas vernáculas.
En este caso, lo que le impulsaba ~ mantener esa postura era más la política
alemana que la idea de conseguir la revitalización de la Iglesia. En Espana nunca
había tenido gran predicamento la teoría conciliar, aunque incluso en la opinión española 10 de comienzos del siglo XVI la cuestión de la reforma eclesiástica incluía la idea de un concilio ecuménico. Sin embargo, a la Iglesia española le interesaba más el problema práctico de asegurar que se celebraran frecuentes
concilios reformistas y que se garantizara el cumplimiento de sus decretos que
la cuestión de la autoridad papal como tal, y siempre hizo gala de una hostilidad implacable frente al luteranismo en todos .10slugares donde se manifestaba. Pero ni siquiera la importancia de España le permitió a Carlos V conseguir
la alianza papal. Sus consejeros españoles consideraban, al igual que el propio
monarca, que Pablo lB tenía que abandonar su posición de neutralidad en el
conflicto entre su señor y Francisco I. y basaban esa conclusión en que el papa
estaba obligado a apoyar a una nación ortodoxa como España antes que a otra
poco segura corno Francia. Pero lo cierto es que cuando el papado abandonó
su neutralidad no siempre lo hizo a favor de España.
En el enfrentamiento entre Jos Habsburgo y los Valois, el rey de Francia podía contar con nUqJ.erososaliados dispuestos a ofrecerle ayuda material y moral: los turcos otomanos, los protestantes alemanes, Dinamarca, el papa y muchos príncipes italianos, todos ellos hostiles a Carlos V, en mayor O menor
medida. Por su parte, las posesiones europeas del emperador, dispersas y no
integradas en un conjunto coherente. estaban expuestas a numerosos enemigos
y contaban con muy pocos aliados. Sólo el rey de Inglaterra y el sha de Persia
apoyaban en ocasiones la causa de los Habsburgo, el primero contra Francia
y el segundo contra los turcos. En un mundo hostil, la alianza inglesa podía
ser de gran utilidad para Carlos V. El futuro enfrentamiento marítimo-colonial
entre España e Inglaterra no se había planteado todavía, aunque estaban cobrando forma los elementos que lo originarían. En cualquier caso, Inglaterra
no era todavía una gran potencia. Sin embargo, para el emperador Inglaterra te.nía una gran importancia diplomática y un valor estratégico aún mayor.
10. Véa~e H. Jedin, A History 01 the Counci/ 01 Trent, vol. J, trad. ing., Londres, 1957 (hay
trad. cast.: Historia del Concilio de Trento, Eunsa, Pamplona, 1981, 4 vals.). También R. Burgos,
España en Trento, Madrid, 1941;C. Gutiérrez, Españoles en Tremo, Valladolid, 1951; F. Cereceda,
Diego Lainez en la Europa religiosa de su tiempo, 1512./565, Madrid, 1945-1946, 2 vals.
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Una de las primeras iniciativas de política exterior que tomó personalmente el
emperador fue la de confirmar la alianza inglesa mediante el tratado de Canterbury con Enrique VIII en 1520 y mediante el proyectado matrimonio del propio Carlos V can María Tudor en 1521. La boda no llegó a celebrarse pero la
alianza perduró casi sin interrupción durante todo el reinado y culminó en otra
unión matrimonial, la del hijo de Carlos V, Felipe, con María Thdor en 1554.
En ese momento el emperador atribuía una impar.taneia vital a la alianza Inglesa para la defensa de los Paises Bajos y de sus comunicaCiones con España.
LAS FUERZAS ARMADAS DEL IMPERIO
Para asegurarse los contactos diplomáticos y defender ~us numerosos intereses, Carlos V contaba con una red de embajadas permanentes que había he~
redado de Fernando de Aragón y que estaban atendidas por uno de los cuerpos
diplomáticos más eficaces de Europa.u Sin embargo, el elemento último en el
que se basaba su política eran sus ejércitos y el dinero que se les podía
asignar.12
Una de las necesidades vitales del vasto imperio de Carlos Vera la de mantener las comunicaciones políticas y comerciales por medio del poder naval,
pero, al mismo tiempo, tenía que defenderlo frente a un poder marítimo rival
en el Mediterráneo. Pero era precisamente en el mar donde se hacía patente
la 'debilidad de su imperio, en parte por un problema de material humano. En
efecto, en comparación con los recursos humanos de los que disponían los turcos y los piratas de Argel, Carlos V sufría de una importante escasez de marineros bien preparados capaces de manejar adecuadamente las galeras de su flota
del Mediterráneo. Al carecer de los remeros suficientes. la flota española se veía
obligada a utilizar gran número de presidiarios y prisioneros de guerra, a pesar
de 10 cual no podía hacer frente a todos los compromisos. Ante las crecientes
necesidades marítimas que planteó el descubrimiento de América un número
cada vez mayor de marineros españoles. especialmente de Vizcaya y Andalucía. comenzaron a participar en las travesías del Atlántico. Por su parte. Cataluña no estaba en condiciones de desempeñar una función similar en el Me.diterráneo, pues la decadencia catalana, ya evidente en el siglo xv, era ya total
cuando Carlos V accedió al trono. Su actividad marítima había quedado reducida a un comercio de escasa envergadura con Marsena y las islas Baleares, Y
en raras ocasiones los barcos catalanes se aventuraban a navegar hasta Cerdeña
o Sicilia o hasta los presidios del norte de África. Catalufia, alejada de las zonas de pesca del norte de Europa y sin un comercio activo en el Mediterráneo,
no estaba en condiciones de ser un «vivero)) de marinos experimentados para
las flotas españolas. Otra de las consecuencias de la interrupción de la actividad comercial fue el declive de la flota mercante catalana que produjo, a su
ll. Mattingly. Rena;ssance Dt'plomacy, pp. 138-152.
12. Sobre el dinero disponible para la guerra véase supra, pp. i2-76.
EL EMPERADOR
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.~~.vez. el descenso de la construcción naval y, por ende, la pérdida d~ una mano
:w. de obra y unos mandos experimentados. Desaparecida la tradición de la consf~{:trucción naval, era difícil sustituirla. y Carlos V no lo intentó. Hasta tal punto
;.: llegaba la paralización de la costa catalana que cuando en 1562 Felipe II deci': dió poner en mar..chaun amplio programa de construcción y armamento naval
tuvO que conceder los contratos a astiUeros italianos, y para intentar revitalizar
el arsenal de Barcelona se vio obligado a utilizar técnicos genoveses.13
El obstáculo decisivo para que España pudiera conseguir el poder marítimo era la escasez de pertrechos navales imprescindibles. España se hallaba en
una gran desventaja respecto a los turcos, cuyo aprovisionamiento de madera
de la región del mar Negro era ca"i inagotable. Al igual que sus vecinos, se veía
afectada por la deforestación general del Mediterráneo occidental y central. y
carecía de madera suficiente para construir mástiles y de roble para los cascos.
En el siglo XVI, España se vio obligada cada vez en mayor medida a aprovisionarse de madera en el Báltico. lo que significaba mayores distancias a recorrer
y más obstáculos que salvar que sus enemigos del norte de Europa:l" El gobierno de Carlos V dedicó muy poca atención a las condiciones esenciales de
la posición marítima de España pero, ocasionalmente, el emperador invirtió
grandes sumas de dinero. Al igual que la mayor parte de los gobernantes del
siglo XVI organizaba sus fuerzas navales cuando las necesitaba mediante contratos con armadores privados, en lugar de disponer de una armada real permanente. En España el mayor contratista era Álvaro de Bazán, padre del marqués
de Santa Cruz, que fue quien concibió la idea de la Armada Invencible. Por
otra parte, la situación del emperador en el Mediterráneo habría sido realmente desesperada sin los barcos que alquilaba a su aliado genovés Andrea
Doria.
Si España no podía proporcionar a Carlos V una flota poderosa, sí pudo
ofrecerle el mejor ejército de Europa. La larga lucha contra los moros en España había determinado el desarrollo de una tradición militar que subsistió tras
la caída de Granada en ,1492. La carrera militar se había convertido en una profesión bien considerada y rentable no sólo para la pequeña nobleza sino para
el conjunto de la población .. En consecuencia, el reclutamiento no era un problema insuperable y tras la experiencia de la guerra de Granada se estableció
en 1496 ona forma modificada de servicio militar nacional que fue el primer
paso en la sustitución de las huestes feudales por un ejército nacional, reclutado, pagado y controlado por el gobierno central.
El ejército español destacaba sobre todo por su infantería, cuya superioridad fue señalada por Maquiavelo y se mantuvo hasta el período de la guerra
de los Treinta Aftas. De hecho. las fuerzas de infantería para las guerras en el
exterior fueron las únicas organizadas con seriedad en España durante el siglo
XVI. Por 10 que respecta a la península. sólo se utilizaban las milicias o fuerzas
de policía. ~ su tarea fundamental era mantener el orden público y la seguri13. Braudel, lA Médilerranée el le monde méditerranéen lJ I'époque du Philippe 1I, p. 114.
14. lbid .• pp. 108-,110.
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It~;
'v
:diCión de que se enrolaran en el ejército español. Por último, había siempre
"rquienesse ofrecían voluntarios porque no podían ganarse el sustento excepto
-mediante el trabajo manual y para algunos castellanos la carrera militar era in~ iinitamente mejor que trabajar. En efecto, ofrecía perspectivas de ganar dinero
. j~üficiente con el que comprar una propiedad en un momento en que quedaban
~~muypocos caminos, además de ése, para labrarse una fortuna en España. Las
.•:tearreras de algunos de los grandes comandantes de Carlos Y, como Antonio
~deLeyva y Fernando de Alarcón, que adquirieron riqueza y gloria, constituyen
'~:notablesejemplos de los beneficios que podían obtenerse en la profesión mili'M tar y una razón de peso que explica el apoyo que la monarquía universal afir'roaba tener entre algunos de los súbditos del emperador. Pero si el ejército es.~_'pañolreflejaba la situación social de España, también reflejaba con frecuencia
.•.,.,.elestado de la Hacienda real. El motín, muchas veces perfectamente organizado, era un mal endémico en el ejército español del siglo XVI y generalmente se
:producía por la imposibilidad del gobierno de pagar a las tropas. España, aun"que prolífica en cuanto al número de soldados, no podía aportar tropas sufi~cientespara las numerosas campañas del emperador, que tenía que recurrir taroién a mercenarios reclutados en diferentes partes de sus dominios, como
'alemanes y valones. La disciplina de estos regimientos, menos fiables que las
'tropas españolas, dependía totalmente del pago de sus soldadas, lo cual dependía a su vez;de la capacidad del emperador para conseguir dinero. Sin embar.~-go,Carlos Y no era el único monarca con dificultades económicas, y aunque
,.'susrecursos nunca estuvieron a la altura de sus compromisos, por .lo general
Jenía mayor disponibilidad de dinero que su rival europeo más poderoso, Franw
cisco 1 de Francia.
:¡J:~.,
dad. La caballería era considerada comO un arma subordinada,que aco~pañaba a cada regimiento de infantería. Estos regimientos habían sIdo orgamzados
originalmente por un brillante y joven oficial de Fernando e Is~bel, su Gra~
Capitán Gonzalo de Córdoba.l' En las guerras de Italia de comle~zos del SIglo XVIhabía conseguido aumentar la efl~acl~.de las u":ldades espan.ol~s mtroduciendo cambios radicales en su orgamzaClOn, cambIos que consistieron .en
el refuerzo del armamento al añadir lanceros y arcabuceros, y en el perfecclo~
namiento de la táctica prestando atención a la movilidad. Las reformas d~ Gonzalo de Córdoba, junto con la introducción del tercio en 1534, que Pf~oa ser
la unidad básica, significaron una revolución en la forma de combatIr de. la
infantería, que estableció la reputación del ejército españo~ durant,e, los CIen
años siguientes. La esencia de este método consistía en la l~tegraclon de I~
diferentes armas. De los 3,000 hombres que forma~:n un tercIO cs~añol, habla
1.500 lanceros, 1.000 rodeleros y 500 arcabuceros. En la formacl?n de batalla los lanceros se situaban en formaciones cuadradas protectoras" quedando
los rodeleros en el centro de forma que pudieran sorprender al enenngo cuando
se produjera la lucha cuerpo a cuerpo. Esas formaciones en cuadrado eran muy .
difíciles de romper, sobre todo porque contaban con el fuego de apoyo de los ~
arcabuceros y de la artillería, situados en otro lugar.
Los tercios españoles, así llamados probablemente por los tres e!ementos
de los que estaban compuestos, aparecieron por primera vez en ItaIta y ~r,an
conocidos por el nombre de las regiones donde e~taban ac~~tona~os, MII~,n,
Nápoles, Sicilia o Cerdeña. Más tarde, cuando FelIpe 1I decIdió enviar un eJercito a los Países Bajos, creó el tercio de Flandes. Los hombres que los componían pertenecían a las diversas nacionalidades del imperio, pero Carlos V y su
sucesor mostraron una predilección especial po~ el soldado e,spañ.ol, que era
el que les inspiraba más confianza, y en la medida de lo posl~le se mantuvo
la homogeneidad en los regimientos españoles. En Espafia~ las dIez o ~oce compañías que constituían un tercio se formaban con :?luntano~. La HaCienda. real
firmaba un contrato con un capitán cuya reputaclOn garant~zaba su capaCidad
para reclutar el número de soldados necesario, Luego, los msp~ctores. del g~bicrno comprobaban, antes de pagar al capitán, que la compañIa posela el numero de tropas especificado en el contrato.
,
Entre esos voluntarios figuraban muchas veces los segundone~,d~ las famIlias nobles que preferían la carrera militar a la cortesana o ecl:Slasttca, y ,~ue
querían realizar su aprendizaje al mando de oficiale~ co.n.la m~)or reput~clon.
Otra parte de los reclutas trataban de escapar de la JustIcia; asl, años mas tarde, cuando Felipe II necesitaba desesperadamente tropas para la guerra e.nFlandes, reclutó un tercio formado por bandidos catalanes a los que perdono a con-
15, Piero Pieri. «Gosalvo di Cordova e lo origine del modern.o esercito. spagnolQ), Fernando
el Católico e !talia, V Congreso de Historia de la Corona de Aragon, estudIOS, vol. 111, Zarago1.a,
1955. pp. 207.225.
.
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.
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d 2000
16 En los años posteriores de la centuna el tamano del terCIOse redUJO a menos e .
.
hombres.
.
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. LA WCHA
CON FRANCIA
.La primera vez en que se puso a prueba la fuerza de Carlos V y Francisco l.
.:así como su relación con el poder financiero, fue el enfrentamiento por la COfO~; na imperial, que se decidió a favor de Carlos V. A partir de entonces el monar.:..ca francés permaneció siempre atento a la posibilidad de fortalecer su posición
~;Latacandolos puntos débiles de su rival. Decidido a sacar partido de la revuelta
oe los comuneros en España, Francisco 1 declaró la guerra al emperador (22
~deabrii de 1521), comenzando así un nuevo período de conflictos. Un ejército
francés invadió Navarra pero era demasiado tarde para beneficiarse de los desórdenes de Castilla, donde, de hecho, los rebeldes se situaron .Hado del ejér:~ito real para rechazar a los franceses y pusieron fin al intento de Navarra de
.recuperar su independencia bajo la protección de Francia. Sin embargo, este,
tipo de hostilidades fue en gran medida accidental, pues el principal escenario
.' .de la guerra, y. el enfrentamiento permanente, se hallaba en Italia.
;{ En tanto que la política de ChU:vres, que.murió en mayo de 1521, se había
i:.dirigido a conseguir la protección de los Países Bajos buscando fórmulas de
--.r~;entendimientocon Inglaterra y Francia, Gattinara deseaba convertir a Italia en
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'i
el núcleo central de los intereses del emperador, argumentando que una vez que
los franceses hubieran sido expulsados de Italia podría establecer un pacto <:on .;;
el papa y controlar toda Europa. La influencia de Gattinara cambió la orientación de la política de Carlos V, pero en parte esto se debió a que sus consejos .,~
coincidían también con los intereses estratégicos del imperio Habsburgo. 'Milán, feudo en otro tiempo del imperio alemán, ocupaba una posición clave en
el eje hispanoaustríaco; dado que tenía fácil acceso desde Génova constituía .~.
un nexo vital en la línea de comunicaciones entre España y el Franco Condado,
así como entre España y el Tirol.17 Carlos V, convencido de la importancia de
Milán; actuó con rapidez y envió una expedición a Lombardía que conquis .•.~
tó Milán para el emperador en noviembre de 1521. En enero de 1522 el antiguo '('
tutor de Carlos V, ahora regente de España, Adriano de Utrecht. fue elegido :'~
papa con el nombre de Adriano VI. Así pues, las dos condiciones de Gattinara ,'para el éxito del imperio de Carlos V -el dominio en Italia y la alianza con
el papado- estaban a punto de verse cumplidas y en agosto de 1523 el emperador y sus estados vasallos, junto con el papa, Venecia, Florencia e Inglaterra.
estaban aliados contra Francisco I. Pero Adriano VI. que era la pieza clave de
la alianza, murió en septiembre. sucediéndole Clemente VII, cuya elección dio
comienzo a una serie de papas italianos deseosos ante todo de mantener el equi- •
, librio entre las dos grandes potencias, Quedando incumplida así una de las con- "
• diciones fundamentales para el éxito de la política de Gattinara.
,
Pero, mientras tanto, Carlos V había estado Of;upándose del flanco norte. ' '
Así, el 16 de junio de 1522 había concluido en Windsor una alianza con Enrique VIII, a la que siguió un tratado secreto.18 Como consecuencia de ese pac- ,
to el monarca español quedaba prometido a la hija Enrique VIII, María, que'
tenía entonces seis años de edad, y los aliados acordaron un plan para la con-'
quista total de Francia por medio de unos ejércit.os a cuyo frente estarían los;
dos reyes en persona. En el reparto del botín correspondería a Enrique VIII'.
la corona y las provincias occidentales del reino, mientras que el emperador ,~.
recuperaría todos los antiguos territorios borgoñones, a los que añadiría Languedoc. Provenza Y el valle del Ródano. consiguiendo así un nuevo nexo entre ';
España e Italia. y las posesiones habsburguesas del norte. A pesar de su natu~ :
raleza fantasiosa, el tratado de .Windsor constituye una expresión elocuente de. '
la naturaleza dinástica y caballeresca de la política de Carlos V en ese momento, y sirve como justificación de la resistencia francesa al poder de los Babs.;
burgo. Ambos monarcas actuaron con pleno convencimiento al plantear esos ~
objetivos y la actitud belicosa del emperador respondía a
proyecto que siempre .
había acariciado en lo más profundo de su ser, la recuperación de su patrimo- .
nio borgoñón. Lo cierto es que el plan era irreal y ,estaba condenado al fracaso,"
porque subestimaba la debilidad militar y financiera de los aliados y la gran'
capacidad defensiva de Francia.
un
17.
Sobre el Milan imperial véase F. Chabod. Lo Sialo di Mi/ano nell' Impero di Carlo
v."
Milán, 1934.
18. Véase Calendar olSlate Papers. Spanish. Further Supplement lo vols. 1 and 2 (/513-1542),
ed. G. Mattingly. Londres, 1947, pp. Xvn-XVUL
!..
Siendo Inglaterra un aliado diplomático más que militar y dado que el papa
.'¡pabía comenzad? a desinteresarse por la coalición formada en tiempo de su
.. ,'antecesor, la perspectiva de unir toda Italia en contra de los franceses parecía
lejana como la conquista de F.rancia. Francisco [ reconquistó Milán en Del tubre de 1524 y en diciembre Clemente VII concluyó una alianza con Francia
y Venecia. En esas circunstancias, Carlos V llegó a la conclusión de que no merecía la pena llevar a efecto la proyectada boda con la princesa inglesa, ya que
'Ji una novia portuguesa aportaría, en concepto de dote, una cantidad mayor de
)f efectivO. que le permitiría resolver la cuestión de Italia antes de recuperar su
,,~.'
gran proyecto contra Francia. En ese momento recibió la noticia (ellO de mac•.zo de 1525) de que sus generales, Pescara, Leyva y Lannoy, habían derrotado
, totalmente a los franceses en Pavía haciendo prisionero a Francisco I. Carlos V estaba en situación de establecer las condiciones de paz sin teoer en cuen: ta a Inglaterra. Sin embargo, le resultó mucho más difícil completar su victoria
sobre Francia. En efecto, el cautiverio del monarca francés en Madrid, aunque
; fue un acontecimiento que conmovió a los contemporáneos. no podía resolver,
por sí solo, el problema de poder planteado por las relaciones de Carlos V con
::,'Francia ni poner fin al dilema de dar la prioridad a Italia o a Borgoña. Sus
. consejeros españoles le instaban a abandonar el espejismo italiano y el emperador. contra el parecer de Gattinara, rechazó la oferta de Francisco 1 de pagar
un elevado rescate, abandonar Italia y renunciar a todas sus pretensiones sobre
Flandes y Artois, pues deseaba sobre todo el ducado de Borgoña. En cualquier
caso, ¿qué valor tenían esas ofertas? Por el tratado de Madrid, firmado el 15
de enero de 1526, Francisco 1se comprometió, a cambio de su libertad, no sólo
a renunciar a sus derechos sobre Italia y Flandes, sino también a entregar Borgoña al emperador. Pero éste comprendió que para hacer cumplir el tratado
sería necesario el uso de la fuerza y un gasto considerable.
En efecto, lejos de cumplir las cláusulas del tratado de Madrid, Francisco 1
organizó la Liga de Cognac contra el emperador. Fuera o no la aspiración de
Carlos V conseguir un imperio univcrsal.lo cierto es que aun sin tener en cuenta ninguno de los territorios en disputa -Milán y Borgoña- sus dominios eran
ya demasiado universales 'ylesionaban demasiados intereses como para no provocar un resentimiento generalizado Y. por lo que respecta a su objetivo de alcanzar la concordia cr~stiana. no puede decirse que estuviera presente en las
exigencias que había planteado en el tratado de Madrid. A Francisco I no le
fue difícil, en consecuencia, encontrar aliados en Italia, en primer lugar el papa.
pero también Venecia, Florencia y otras ciudades. y al mismo tiempo Enri~
que VIII abandonó momentáneamente la alianza española. Ese refuerzo del
frente enemigo en Italia ,era peligroso para Carlos V, quien en un movimiento
defensivo decidió dirigir sus fuerzas contra el eslabón más débil de la cadena
el papa. Pero empezaba ya a dejarse sentir la falta de dinero. era difícil contro:
l~r a unos ejé,rcitos que no habían recibido su soldada y el asalto de Roma rea~
hzado en mayo de 1527 por tropas españolas y alemanas fue seguido del pillaje
y de profanaciones sacrílegas que se prolongaron durante toda una semana.
Ahora bien, estas campañas, al igual que la victoria de Pavía, no pennitie1 ~)an
J:
(l
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~.~l'
ron a Carlos V inclinar de su lado el equilibrio del poder en Italia ni llevar a
efecto el programa en el que Gattinara aún insistía. Desde 1526 sus administradores españoles le aconsejaban evitar cualquier plan que implicara una mayor,'
participación en Italia, en gran medida por razones financieras. De hecho, la
situaci6n de impasse de 1527 se produjo porque ni Carlos V ni Francisco I tenían dinero para seguir adelante. Pero, gradualmente, al mejorar las perspecti- f-,
vas económic~s de Carlos V, éste comenzó a alcanzar una posición ventajosa 7
frente a su rival. Comenzaban ya a llegar cantidades importantes de metales ~
preciosos desde las Indias y, por otra parte, en julio de 1528 Andrea Doria de- -.~
sertó de Francia',para entrar, junto con su flota, al servicio del emperador, quien ;:
podía contar ahora con una base naval importante y con una mayor seguridad ':i;"
en las comunicaciones. El ejército francés que habia invadido Milán y Nápoles :.;.,
fue dcrrotado, yen julio de 1529 cl papa y el emperador se reconciiiaron me-, .;diante la firma del tratado de Barcelona y, finalmente, Clemente VII aceptó ;)..
recibir a Carlos V en Italia. Francisco 1, desbordado diplomáticamente y de- '~'
rrotado por las armas, se vio obligado a ceder. Por la paz de Cambrai (3 del;
agosto de 1529) reconoció la soberanía de Carlos V sobre Artois y Flandes y":.'
renunció a todos sus derechos sobre Milán, Génova y Nápoles, mientras que, ;'~
por su parte, Carlos V renunciaba momentáneamente a Borgoña, aunque vol-' ,
vía a afirmar sus derechos sobre ella. Poco después Carlos V reconocía a Fran- '~"f
cesco Sforza, duque de Milán, como vasallo imperial.
\~
Conseguida, así, la reconciliación con el papa, Carlos V decidió trasladarse 'i.'
a Italia para recibir de sus manos la corona imperial. En ese momento, inmediatamente antes de abandonar España, pronunció su discurso «imperiah> en ..
Madrid, en el que expres6 su ideal de un imperio cristiano_ 19 Aparentemente, ,
había triunfado la política de Gattinara: Carlos V completó su victoria política '/
en Italia alcanzando un acuerdo con el papa, simbolizado por su coronación ,~,
en Bolonia por Clemente VII. Pero, de hecho, la posición de Gattinara en la,;
administración del emperador empezaba a perder fuerza y su política acarrea-;;
ría a Carlos V mayores problemas de los que solucionó. La posición dominante
en Italia, que' según Gattinara lo convertiría en dueño de Europa, en realidad.:
le impidió pacificar el continente y utilizar su imperio cristiano contra los tur- .
COS, con los que Francia ya había establecido relaciones diplomáticas. Francia,-.
que sentía la presión del poder de los Habsburgo en todos sus territorios fron-.t,
terizos, atacaría cuando se le presentara la oportunidad. La muerte del duque .,'
de Sforza de Mt+é.nen 1535 determinó que se planteara de nuevo la cuestión 'f:~'
de Italia al pretender el gobierno francés que el sucesor fuera uno de sus candi- " i
datos, y cuando en marzo de 1536 un ejército francés invadió Sabaya y Pia- '",:::1
monte y ocupó Tudn se cernió una inminente amenaza sobre Milán. En conse- .1:
cuencia, Carlos V no pudo completar su campaña de éxitos en África, en 1535,J
que culminó con la conquista de Túnez, porque se vio obligado a dirigir una lo'
.{
vez más su atención hacia Francia. A su regreso triunfal de Túnez y acarician- J
do la idea de la unificaci6n de la cristiandad y de la organización de un ataque-:'
-:.¥
'c
19. Véase"supra, pp. 88.89.
-~ontra el poder turco. se encontró con que Francisco 1 seguía interponiértdose
~ensu camino, lo que llevó al emperador, en su encuentro con el papa en presen":cia de dos embajadore, franceses (17 de april de 1536), a dar rienda suelta a
exasperación en un discurso en el que denunció el incumplimiento de las pro~~mesasrealizadas.por Francisco 1 y sus actividades subversivas en las posesiones
:; del emperador. anunciando que estaba dispuesto a ir a la guerra si no aceptaba
o :sus condiciones de paz. La única alternativa que pudo ofrecer fue el enfrenta':'{miento personal entre él y Francisco 1: si el emperador salía victorioso su precio sería Borgoña, mientras que si triunfaba el monarca francés obtendría Mi, ~:~lán. Pablo 111 no pudo tomar en serio esa propuesta -dada la situación de
c~Ja cristiandad, la obsesión del emperador por Borgoña rayaba en la testarudez-,
',.'.pero Carlos V hablaba en serio al referirse a la reanudación deJ~ guerra.
No obstante, él mismo había agravado la situación al permitir que se cele: braran negociaciones 'para situar a un candidato francés en Milán, cuando en
:realidad no estaba dispuesto a ceder. Las negociaciones causaron el enfrentat miento entre Carlos V y sus propios ministros. En efecto, tanto Cobas como
~.Granvela instaron al emperador a practicar una política de paz aunque eso sig.nificara ceder; Cabos porque era conocedor de]a situación financiera del em.
':;{:,
pecador, y Granvela llevado del d~seo de que el mantenimiento de la paz en
'~~:losfrentes italiano y flamenco dejara las manos libres a Carlos V para solucio., ':1:.:narel conflicto con los protestantes alemanes. Pero el monarca español en nin~'::gún momento estuvo dispuesto a hacer concesiones y todo parece indicar que
1-: permitió que sus ministros participaran en las negociaciones con el único obje~.;..
, tivo de ganar tiempo. Finalmente, contra el parecer de sus consejeros, pero ani:...mado por sus dos principales comandantes, Andrea Doria y Antonio de Ley.11' va, Carlos V decidió reanudar las hostilidades. Tras el éxito de sus operaciones
combinadas contra Túnez el año anterior, planeaba un ataque doble, por tierra
'.~;y por mar, contra Francia, lo que exigía la reorganización total de las tropas.
",que había formado, en un principio, para la proyectada invasión de Argel al
:' '.afio siguiente, y su traslado al frente en el norte de Italia. De entre los múltiples
',~'ataques pensados contra Francia, fue necesario abandonar la invasión.del norte del país desde los Países Bajos por falta de dinero, pero Carlos V avanzó
',' personalmente por el sur a través de Provenza en el verano de 1536, con la intenci6n de aliviar la presión sobre Milán mediante una operación combinada
contra Marsella. La campaña se saldó con un desastre total y en octubre Car' ..los V estaba de regreso en Génova, más endeudado que nunca y en una total
ruina militar. La guerra también fue costosa para Francia, y fue el agotamiento
~.'de los dos contendientes lo que determinó la interrupción de las grandes opera~~,;.
ciones. Después de que fracasaran las negociaciones de paz a consecuencia de
.~,.Iasexigencias del emperador sobre Milán, sobre la ayuda de Francia contra los
. ,turcos y sobre el apoyo francés para la celebración de un concilio ecuménico,._
el papa consiguió organizar una reunión en la cumbre en Niza entre el rey de
Francia y el emperador, en el curso de la cual no se entrevistaron personalmen'te, sino que negociaron por separado con el papa. De ahí salió la tregua de
Niza (18 de junio de 1538) con el acuerdo de que debería prolongarse durante
~su
tr
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LOS AUSTRlAS
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diez aftes y cuyas cláusulas eran la formación de una liga contra los turcos,
la guerra contra los protestantes y la cooperación en un concilio general.
Sin embargo, dada la situación la cooperación era lo último que cabía esperar y la lucha se reanudó antes de 'que expirara la tregua, una vez -más sobre
la cuestión de Milán. Francisco 1, aprovechando la coyuntura del agotamiento
de los recursos del emperador en la expedición de Argel de 1541, renunció a
la tregua de diez años en julio de 1542 y envió un ejército invasor a los Países
Bajos. donde la administración de Carlos V se veía ya acosada por la presencia
de la herejía y el descontento a propósito de las exacciones fiscales. Sin embargo, este tipo de amenazas impulsaban al emperador a dar lo mejor de sí mismo
y actuó con toda decisión. A fin de asestar un golpe definitivo a Francia. renovó la alianza inglesa (11 de febrero de 1543), ordenó a Cobos que reuuiera todos los fondos disponibles en España y acudió personalmente a Alemania para
concertar un compromiso religioso y conseguir dinero y tropas para realizar
un ataque contra Francia desde el este. Una vez conjurado el peligro en los Países Bajos, Carlos V reunió un ejército en Metz y. mientras una fuerza inglesa
invadía Normandía, penetró en Francia por Champagne llegando hasta una corta
distancia de Patis. Apoyándose en esa posición ventajosa y deseoso de conseguir libertad de acción para enfrentarse a los luteranos en Alemania, decidió
negociar inmediatamente sin la participación de su aliado inglés. En la paz de
Crépy (19 de septiembre de 1544) el rey francés renunció a sus pretensiones sobre los Países Bajos y Nápoles, mientras que el emperador le ofrecía dos posibles matrimonios al duque de Orleans, hijo segundogénito del monarca de Francia: bien con su hija J\.1aría, lo que le reportaría los Países Bajos a la muerte
de Carlos Y, o con su sobrina, Ana de Hungría, con el ofrecimiento del ducado
de Milán un año después. Carlos V prefería la segunda alternativa, pero ignoramos si se trataba de un intento decidido de liberarse de la carga de Milán
y liquidar el problema italiano o de una medida desesperada para apaciguar
a Francisco 1 mientras él dedicaba sus energías a Alemania, ya que el duque
d"é Orleans falleció antes de que ese proyecto matrimonial pudiera materializarse.2O
Teniendo en cuenta la actitud equívoca que mantuvo el emperador durante
muchos años de discusiones acerca de Milán, probablemente no contempló en
ningún momento la posibilidad de renunciar a esa posesión ni lo consideró como
otra cosa que un feudo que pertenecía a su dinastía. En este asunto, como en
tantos otros, los objetivos de los dos monarcas seguían siendo los mismos de
antes, y el fracaso del acuerdo de Crépy dejó sin resolver los problemas que
los enfrentaban. El emperador deseaba la paz porque tenía que resolver urgentes problemas en Alemania y los dos reyes estaban en paz cuando murió Francisco I el 31 de marzo de 1547. Pero si había llegado a su fin la rivalidad de
los monarcas persistía el conflicto de poder y las disputas telTitoriales entre Fran20. Sin embargo, sobre las prioridades que conllevaba este proyecto véase el acertado análisis
de F. Chabod. «¿Milán o los Países Bajos? Las discusiones en España sobre la "alternativa" de
1544», en Carlos V (/500-1558), Homenaje de la Universidad de Granada. Madrid, 1958, pp. 331.372.
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CARLOS V
105
. ,¿I~y el monarca
austríaco. Entretanto, Carlos V siguió siendo un gobernante
'i~transigente. En un testamento político que redactó el 18de enero de 1548para
id heredero aconsejaba a Felipe que nunca abandonara sus derechos sobre el
ducado de Borgoña, «nuestra patria».21
CA DEFENSA FRENTE A LOS TURCOS: EL DANUBIO
y EL MEDITERRÁNEO
~:. Durante las últimas etapas de la lucha del emperador con Francisco 1 una
,:tercera potencia, los turcos otomanos, habían. intervenido al lado de Francia
"'para redoblar la presión sobre Carlos V en la Europa occidental, de la misma
'"trnanera que ya amenazaban su posición en la Europa oriental y en el Meditex': rráneo. El poder turco, como el del emperador, era omnipresente y a Carlos V
: 1" le era imposible resistirlo con la misma fuerza en todas las zonas del imperio.
:-"En1526, Solimán el Magnífico inició su gran ataque contra Hungría y con un
~~~ingente
ejército derrotó y dio muerte a Luis 1I de Hungría y Bohemia en la ba1; talla de Mohács (29 de agosto de 1526). Unos dias más tarde les turcos llega,. ban a Buda, capital de Hungría, y se situaban a escasa distancia de la frontera
,.:.oriental de Aus.tria, posesión de la Casa de Habsburgo que había heredado Car'los V. Ahora bien, la contribución del emperador a la defensa del Danubio fue
insignificante.22 Incluso sus súbditos españoles, complacientes ante la mayor
parte de sus peticiones, se desentendieron de los intereses de los Habsburgo en
la Europa oriental y' siempre se mostraban reacios a aportar tropas y dinero
para esa zona. Carlos V comprendió que tendría que delegar el poder en esos
'_territorios en su hermano Fernando. En 1522 ya.le había cedido sus posesiones
orientales convirtiéndolo en archiduque de Austria, y continuó ayudándole en
los preparativos de defensa con una parte de los ingresos obtenidos en Nápoles. Ahora, tras la muerte de Luis n, Fernando fue elegido rey de Bohemia y
Hungría, lo que le permitió ampliar su patrimonio en la Europa oriental. Sin
embargo, estaba todavía por ver si era lo bastante poderoso como para resistir
a los turcos.
En 1529, dos años después de que 'Carlos V viera cómo le era rechazado
un subsidio en -España para organizar una expedición a Hungría, el sultán co_l menzó una segunda invasión. Recuperó Buda y sitió Viena, y los Habsburgo
se vieron ante la más grave amenaza que les había sido planteada hasta entonces. Como estaba en juego el destino de Austria, Carlos V tuvo que intervenir
personalmente_ En 1532 consiguió organizar un ejército en Alemania,.a cuyo
frente estaban sus mejores generales, incluidos Antonio de Leyva y el marqués
de Vasto, y 10 envió en ayuda de su hermano. Un pequeño contingente de tropas españolas participó en la defensa de Viena y el propio emperador estuvo
/e
21. Véase B. Beinen, «El testamento político de Carlos V de 1548. Estudio críticO», en Car1"" V (1500-1558), pp. 4Ot-438.
22. Sobre la política de Carlos V en la Europa oriental véase Chudoba. Spain and lhe Empire, /519-1643, pp. 61-67, 7()..78,
106
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EL EMPERADOR
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presente en la campaña. Los turcos tuvieron que retirarse a Buda, aunque du_.
rante muchos años seguirían lanzando constantes ataques contra H ungria y Austria. Mientras Carlos V estaba dispuesto a defender la herencia de la ,Casa de
Habshurgo en Austria, se negaba a comprometerse en la defensa de Hungría.
Por tanto, sobre este punto existía una divergencia de intereses entre él y Fernando. Incluso durante su corta estancia en Viena en el otoño de 1532 el emperador puso en claro. más allá de toda duda, que sólo le interesaba la defensa
de la capital del Danubio y no la resolución del problema húngaro, ya que tenía
.otros compromisos que le obljgaban a intentar la pacificación de la Europa onental. Pero aunque el emperador consideraba que el destino de Hungría no le afectaba directamente, no abandonó totalmente a su hermano. pues al salir de Vie- ..1
na le asignó algunas tropas. En el curso de los encarni7.ados enfrentamientos :,j
que se produjeron durante los años 1530 fueron enviadas nuevas unidades de .,
tropas espafiolas, pero los Habsburgo tuvieron que limitarse a la defensa de una
angosta frontera en Hungría y dados los compromisos que tenian en otras zo- .'.:.
nas aceptaron de buen grado una tregua en noviembre de 1545.
Algunos de esos compromisos a los que se ha aludido tenían que ver también con los turcos y también eran parte de una batalla perdida. Pero si la contribución española a la defensa del Danubio fue reducida, el emperador exigió
mayor apoyo para la defensa del Mediterráneo, donde se veían directamente
afectados los intereses de España. En 1522 Solimán conquistó Rodas, la isla
de los Caballeros Hospitalarios. obteniendo una nueva base desde la cual dirigir sus operaciones contra Carlos V. Para atacarle más directamente tenía un
aliado de valía inapreciable en la persona de Jair ed-Din Barbarroja, cristiano
renegado y uno de los piratas africanos más sanguinarios. En nombre del islam ~"
y como vasallo del sultán, Barbarroja podía dirigir la lucha en el Mediterráneo ';~
occidental donde era la cabeza de una nueva potencia: Argel. También España.
había puesto el pie en África. Para la defensa de sus costas contaba con una '\
sucesión de fortalezas en el norte de África que habían sido establecidas en el '..
reinado de Fernando de Aragón. Pero la intervención en Italia había hecho que"
Fernando no pudiera ampliar sus defensas africanas ocupando la zona interior'
del Magrib, y esa oportunidad perdida no volvió a presentarse de nuevo. A partir de 151610s piratas de Berbería.se establecieron en Argel. colonizaron el inte. <,:
rior del Magrib y constituyeron un nuevo Estado en el Mediterráneo. occiden- _.~.
tal. En 1518 se situaron bajo la protección del sultán, y se convirtieron en su :~
brazo armado más poderoso en la guerra naval con España. Gradualmente comenzaron. a desembarazarse de las fortalezas españolas enemigas de la costa
norteafricana.
El peligro se agudizó cuando comenzaron a atacar también las costas españolas Y. asimismo. a causa del problema de los moriscos en España. Tras la
caída de Granada en 1492 y la conversión forzosa de los moros asentados en
Castilla en 1502, España poseía una importante minoría extranjera. sólo nomi~
nalmente cristiana. nunca asimilada y considerada siempre como una amenaza
para la seguridad interna y corno un aliado potencial de sus enemigos islámicqs en el Mediterráneo. En cierta medida los temores españoles estaban justifi- ,.
CARLOS
V
107
1
2. Lo emperatriz Isabel, de Tiziano (reproducido por cortesía del Museo del Prado).
LOS AUSTRIAS
108
cados. ya que un gran número de moriscos habitaban .las regiones costeras, remotas y en gran medida indefensas, de la zona meridional y oriental de EspaAa, moriscos cuya simpatía hacia la causa del islam en el norte de África era
bien conocida. Como acto de acción de gracias por la victoria de Pavía, y teniendo en cuenta también la seguridad interna, Carlos V decidió en 1525 extender el decreto castellano de 1502 a Valencia y plantear a los moriscos de ese
rcino la alternativa de expulsión o conversión.23 Esto provocó una revuelta armada en la sierra de Espadón en 1526, y tras unas negociaciones los moros aceptaron el bautismo para evitar la expulsión. Pero la cuestión se complicó con
la de los piratas de Berberia. En 1529, uno de los capitanes de Barbarroja dirigió una flota de galeras en una expedición de saqueo contra la costa de Valencia, haciendo numerosos prisioneros españoles. Entretanto, la piratería continuaba ya que los argelinos se lanzaban contra las embarcaciones Y las costas
occidentales a la búsqueda de los abastecimientos que el norte de África oc
podía proveerles. España, que no había continuado ias conquistas de Fernando e ISabel en el norte de África, pagaba ahora el precio de descuidar sus recursos navales. Carlos V, enfrentado a una potencia marítima. continuó huérfano
de un proyecto para revitalizar el poderío naval de Cataluña, mientras que fracasaban todos los esfuerzos para organizar una flota eficaz en el sur de España.
, Sólo a comienzos del decenio de 1530 pudo el emperador dar respuesla al
poder naval del islam gracias a la ayuda de su nuevo aliado, Génova. La importancia de los refuerzos genoveses se ilustra con el éxito de la poderosa flota conducida por Andrea Doria hacia el golfo de Corinto en 1532: ocupó Palrás y
al año siguiente capturó Coron en el Peloponeso, aunque la ocupación de ambas fue sólo temporal. Es posible que esta expedición sirviera para distraer la
atención del sultán y aliviar la presión sobre Austria, pero también indujo a
Solimán a renovar sus esfuerzos. A la sazón se alió más estrechamente co~ Barbarroja, a quien nombró comandante en jefe de la flota turca, y que demostró
slj.'arrojo al atacar 1a'costa de Italia y capturar Túnez expulsando al aliado moro
de España, Muley Hassan. en agosto de 1534. Al mismo tiempo, Solimán comenzó también a intentar estrechar su alianza con Francia. La lucha se centraba ahora en el control del Mediterráneo central.
Carlos V y Espafia tenían que realizar un esfuerzo supremo. El poderío naval turco era cada vez mayor y la amenaza estaba cada vez más próxima de
las costas de Nápoles, Sicilia y España. Con el fin de dividir el frente naval
islámico en el Mediterráneo Yestablecer una base española entre Argel y Constantinopla, Carlos V decidió atacar Túnez. La oportunidad se presentó al fir~
marse la paz con Francia en 1535 y los medios necesarios se consiguieron mediante un subsidio extraordinario votado por las Cortes de Castilla y con la
confiscación de remesas de particulares procedentes de las Indias. Una expedición numerosa, aunque organizada de forma apresurada, y que no inspiraba
mucha confianza a los consejeros castellanos del emperador, partió de Barcelona para reunirse en Cerdefia antes de poner rumbo hacia el norte de África.
23.
Véase ¡niTO, pp. 261-267.
EL EMPERADOR
(1516-1598)
CARLOS
V
109
. ,Alcanzó Túnez en una de las calurosas jornadas de mediados de junio y des4 pués de una dura lucha, en la que el propio Carlos V estuvo en primera línea
, ,'conquisló La Golela y, luego, Túnez (21 de julio de 1535). Además de capturar:
se una flota de 82 galeras, millares de prisioneros cristianos fueron liberados
~;-y ~uley Hassan:fue restablecido en 'el trono. Sin embargo, -Barbarroja consi- .J ~ guió escapar para refugiarse
en Argel y continuar la lucha desde allí. "
.:t~ Au~que I~S,triunfos del emperador en el norte de África causaron una profunda lrnpreslon en Europa y fueron seguidos de numerosas celebraciones organizadas po~ ~ac.orte en Nápoles, la conquista de Túnez no fue suficiente para
alterar el eqUlltbno de poder en el Mediterráneo. Carlos V no tenía la fuerza
naval necesaria ~ara compl~tar su victoria y perseguir a Barbarroja hasta Argel
Y.en consecuenCIa, el cabecilla de los piratas pudo organizar nuevas razzias contra las islas Baleares y la costa de Valencia en 1536 y un nuevo ataque a gran
escala contra el sur de Italia en 1537, al socaire de la nueva ofensiva de Francia
que ya había concluido su primera alianza con los turcos en febrero de 1536:
Ciertamente, la guerra de Carlos V con Francia entre 1536 y 153B supuso abandonar la campaña del Mediterráneo, que no pudo ser rcanudada hasta que se
firmó la tregua de Niza en 1538. En febrero de ese año el emperador intentó
organizar una nueva ofensiva contra los turcos estableciendo una alianza con
el papado y Venecia, pero las fuerzas de la liga fueron derrotadas por Barbarroja en Prevesa en septiembre de 1538 y la liga se desintegró completamente
cuando Venecia, muy preocupada sief!lpre por su comercio y su abastecimiento
de trigo en el Mediterráneo oriental, firmó una paz por separado con los turcos en 1540. Sin la flota veneciana la coalición occidental no podía hacer frente
a la flota otomana •.y ello impulsó al monarca español a concentrar todos los
recursos de que disponía en Occidente para conquistar el bastión de Barbarroja, Argel, y completar así la operación que había iniciado en Túnez. El propio
emperador dirigió una importante expedición en la que participó también el
.conquistador de México, Hernán Cortés, y que llegó a Argel en octubre de 1541.
Pero la estación estaba demasiado avanzada para esa campafta y perdió 150
d~ sus ~arcos en una tormenta, Aunque Carlos V consiguió desembarcar y atacar Arg.cl, se vio obligado a reembarcar e interrumpir la operación para evitar
un mayor desastre.
El fracaso de Argel constituyó una de las mayores catástrofes que sufrió
el emperador durante todo su reinado y la última de sus grandes acciones navales~A partir de entonces su situación en el Mediterráneo se deterioró rápida~ente. AJ reanudarse la lucha con Francia (1542-1544) los turcos prestaron un
Importante servicio a su aliado, y galeras francesas reforzaron la flota otoma?a., Barbarroja cooperó en el asedio de Niza y en 1544 la flota turca pasó el
ITIVIernOen Toulon con su cargamento de esclavos cristianos. A la muerte de
Barbarroja en 1546 lo sustituyó otro pirata experimentado, Dragut, que continuó su campaña. En agosto de 1551, cuarenta afias después de haber sido conquistada por España, Trípoli fue atacada por los turcos y hubo de ser evacuada
por los Caballeros Hospitalarios, pasando a ser en manos de los turcos .una
.f
110
LOS AUSTRIAS
EL EMPERADOR
()516-1598)
base importante y un nuevo nexo de unión con ArgeL24 Gradualmente cayeron en manos de los musulmanes otras plazas de la costa norteafricana y el
sultán continué enviando flotas poderosas para atacar las costas del Mediterráneo central. Sin embargo, hubo un punto más allá del cual el sultán no consiguió explotar su posición ventajosa: ocupado en la guerra con Persia y debilitado por la creciente laxitud de la cooperación francesa una vez que sus flotas
hubieron atravesado las vastas extensiones del Mediterráneo, no consiguió establecer su supremacía naval en Occidente. Fue el factor
la distancia más
que la fuerza de España o de cualquier otra potencia cristiana, lo que permitió
un cierto respiro a Occidente. Con todo, los aliados del sultán en el norte de
África continuaron amenazando la seguridad del Mediterráneo occidental y hostigando el comercio y la navegación entre Espana e IÚllia. Los piratas de Berbería infestaban las aguas del Mediterráneo entre Ccrdeña y la costa africana,
obligando a las embarcaciones cristianas a seguir rutas más seguras cerca del
cabo de Córcega, pero la ocupación francesa de Córcega, conseguida con ayuda de los turcos, amenazó las comunicaciones entre España e Italia incluso"allí
y no hubo tregua para Carlos V en la defensa de las rutas marítimas de su
imperio.
En consecuencia, lejos de realizar la gran cruzada contra Constantinopla,
que fuera el sueño de su juventud, Carlos V no consiguió siquiera atender a
los intereses inmediatos de España. Es cierto que nunca consiguió la cooperación plena de Aragón y Cataluña, factor crucial para la supremacía española
en el Mediterráneo occidental.2s Pero no cabe pasar por alto que distrajo recursos y esfuerzos nacionales para intereses imperiales más remotos. Para conseguir el poder naval no basta con expediciones preparadas de forma apresurada, sino que es necesario un proceso largo y arduo de construcción, reclutamiento
y preparación. Ese programa nunca fue puesto en rnarchá por Carlos V y tuvo
que esperar a la iniciativa de Felipe TI ..
de
PRíNCIPES
y PRarESTANTES
EN ALEMANIA
Para el emperador el problema' del protestantismo era todavía más complejo que el de los turcos y fue en último extremo el que desbarató por completo
su política. No sólo estaba vinculado a su Jucha con Francia, sino que afectaba
también a sus relaciones con el papado. Sobre todo, socavó su posición en Alemania" ya bastante precaria. Auil dejando al margen su vertiente p.olítica, el
protestantismo tenía una profunda significación para el emperador y para España. A~nque Carlos V no fue un hombre de la Contrarreforma ni el adalid
24.
Véase Braude!, La Médilerranée
el le monde méditerranéen
a /'époque
de Phi/ippe 11,
pp, 739.742.
25. J. Vicens Vives. «l..a Corona de Aragón y el ámbito del Meditenáneo Occidental durante
la época de Carlos V», Karl V. Der Kaiser und seine Zeil, Colonia, 1960, pp. 211-217 (hay trad.
cast.: Historia de los papas, Gustavo Gili, Barcelona, 1961).
á~-unrenacimiento
CARLOS V
111
espiritual de la Iglesia católica, era un encendido enemigo
los medios necesarios la habría destruido, como
i~ientó hacerlo en ~spaña y en los Países Bajos, donde su poder era más fuerte
&ueen Alemania. Esta era también la posición espaftola y en este aspecto la
coincidencia de puntos de vista era espontánea. Las tropas y el dinero necesa,nos para la lucha contra los herejes procedían en su mayor parte de España
,y_muchosde los grandes líderes intelectuales que combatieron la Reforma, como
~'ignaciode Loyola, eran españoles. La reunión de un concilio, al que serían con.tvocados lo:; luteranos para ver condenadas sus doctrinas y donde se reafirma, "han el dogma y las tradiciones de la Iglesia católica, fue idea de los teólogos
":españolesy de su rey. Tras el saqueo de Roma en 1527, y en respuesta a un
irbre-veen el que Clemente VII manifestaba su protesta, Carlos V ya recurrió a
-,\~.esaamenaza y habló de convocar un concilio gen_~!al,sLeC~apa no variaba su
~política, que a los ojos del emperador era desastrosa para la-cristiandad. Pero
¡~;hastael pontificado de Pablo lB no pudo superar las reticencias y desconfian. Zasdel papado, e incluso entonces surgieron complicaciones que retrasaron una
i: cción decidida. Esto se debía no sólo a que el movimiento conciliar despertaba, tradicionalmente, las susceptibilidades papales, sino también a la concienCiade Roma del enorme poder de Carlos V. La concordia católica que trataba
:de alcanzar el emperador había de estar bajo su inspiración y hegemonía, e
.~implicaba la conservación y, posiblemente, la extensión de un imperio europeo
, que era inaceptable para los países vecinos y que inevitablemente provocaba
j'la desconfianza de Francia que, a pesar de la opinión imperial y española, era
.~,~'tambiénuna potencia católica. Sin negar la sinceridad del emperador, es necej,f 'sario tener en cuenta la tendencia contemporánea a recurrir a justificaciones
, religiosas, especialmente en las declaraciones oficiales, para la política secular.
;, Hay que decir también que pese a la misión divina a la que haCÍa referencia
el emperador para Juchar contra infieles y herejes, no dio prioridad a .la revuelr: la protestante, como tampoco a la amenaza del islam. El emperador afirmaba
~: que no podía hacerlo hasta que hubiera pacificado la Europa occidental y al;? canzado un entendimiento con el papa y con Francia. Pero al margen de que
.. él era un obstáculo para ese entendimiento, su constante preocupación respecto
a los medios le impidió conseguir el fin.
A pesar de la declaración realizada por el joven emperador ante Ja Dieta
de Worms en abril de 1521, la primera de sus grandes declaraciones políticas
escritas de su propia pluma, en la que manifestó su decisión de asumir la de. fensa de la cristiandad y de las doctrinas de la Iglesia, lo cierto-es que Carlos V
,~subestimó las diferencias entre Lutero y la Iglesia, y que tardó en pasar a la
acción con decisión. No puede negarse que la situación era difícil. Carlos V
se veía enfrentado ya a un problema político en Alemania derivado de la soberanía de los parlamentos y de la independencia de los príncipes, aspectos am.bos que frustraron su deseo de dar contenido y eficacia al gobierno imperial.
Como consecuencia de sus compromisos en otras partes, Carlos V tuvo que
,re~egarla responsabilidad en Alemania en su hermano Fernando. Los problemas religiosos se sumaron a los políticos. Aunque Lutero fue declarado pros-
¡fe la herejía y de haber poseído
112
LOS AUSTRIAS
EL EMPERADOR
(1516-1598)
CARLOS V
1I3
T,
erito por el Edicto de Worms, pudo contar con la protección del elector de Sa- .!
jonia, mientras que 10 que Carlos V consideraba como un cisma temporal se
convirtió en una ruptura duradera, cuyas ventajas políticas fueron explota~as _;.
tanto por los reformadores como por los príncipes. En junio de 1526 una de- ',-.
daración realizada en términos vagos por la Dieta de Espira se interpretó como
el derecho de cada príncipe a decidir la religión en su propio Estado. En .1529,.,,;
en una nueva Dieta en Espira, la mayoría católica reafirmó la decisión de Worms ?
contra el luteranismo y, al tiempo que negaba cualquier derecho a los reforma- .,-:
dores, exigía tolerancia para los católicos en los estados reformados. Esta deci-' '.;
sión. que a primera vista constituía un éxito, fue el inicio del camino hacia el -i
desastre para Carlos V y para la causa católica. Los luteranos protestaron con- .~
tra ella y comenzaron a perfeccionar su organización política. En ese momento
Carlos V decidió pasar personalmente a la acción. Con las manos libres al ha- .'.:
ber puesto fin a la guerra con Francia en la paz de Cambrai (1529) y recién ..~
conseguida su coronación de manos del papa, regresó a Alemania después de _.~
ocho años de ausencia y asistió a la Dieta de Augsburgo en 1530. En el séquito .
del emperador en Augsburgo figuraban numerosos erasmistas, entre ellos su :"
secretario Granvcla, y aunque no es seguro que él estuviera influido por las ideas :-.
de Erasmo, 10 cierto es que hizo gala de una gran paciencia durante las largas :.!
discusiones e intentó encontrar una solución que no comprometiera el dogma ";~,
católico. Pero sus intentos de arbitraje fracasaron e incluso su oferta de convo- "
car un concilio general fue rechazada por los protestantes, así como por el papa. ~
Los protestantes salieron de Augsburgo con su fórmula intacta, aunque recha-.-j.,;
zada -la profesión de fe presentada por Melancthon Yconocida como la Con- --~
fesión de Augsburgo- y consiguieron hacerla sobrevivir. No había nada que.':;
Carlos V pudiera hacer excepto recurrir a la fuerza, lo cual no entraba en sus ,}
planes. Por tanto, las amenazas sin sanciones fueron de escaso efect.o, excepto '.:
el de impulsar a los protestantes a reforzar su posición política formando la _!~
Liga de Esmalcalda (febrero de 1531), dirigida por el elector de Sajonia y el'
landgrave de Hesse, y aliada potencial de los otros enemigos del emperador~ .:~,
en el norte de Europa.
,.
Pero el imperio también estaba amenazado por el Turco. El hermano de Car-.~:
los V, Fernando, que acababa de obtener el título de Rey de Romanos (enero ';~:
de 1531) necesitaba urgentemente la ayuda de los príncipes alemanes para de- .r.
rénder sus dominios frente a Solimán. La invasión turca de Austria en 1532obligó ':~
a Carlos V a aceptar un acuerdo temporal en Alemania, conocido como la paz ~:
de Nuremberg (mayo de 1532), mediante la cual se alcanzó una paz general enJ
el imperio. en el que nadie sería condenado por sus convicciones religiosas; :
hasta la celebración de un concilio. La medida resultó eficaz para alcanzar los::,~
objetivos pretendidos. y con el apoyo protestante el emperador consiguió orga-;j;¡
nizar un poderoso ejército que liberó Austria y forzó la retirada de los turcos. J
Durante todo el decenio de 1530 Carlos V se vio obligado a seguir contem--~
porizando con los protestantes. en parte porque la presión de los turcos era'
agobiante,.en parte a causa de Francia, pero sobre todo, tal vez, debido a su ,:
desesperad'a situación financiera. Por todas esas razones el emperador deseaba "~')i
t
j;.;
cbnseguir UD frente unido en Alemania y para ello estaba dispuesto a ceder aún
~ ás. por otra parte, tanto Carlos V como Granvela tenían la convicción de que
.iI emperador le asistía el derecho de resolver los problemas religiosos, si era
ílecesario sin la intervención del papa, y creían que la renovación católica tenía
que comenzar con la supresión de los abusos en la Iglesia. Así pues, teórica7.inentePablo III debería de haber sido la respuesta a sus esperanzas, pues se
'trataba de un papa reformista y deseoso de convocar un concilio. u Pero esto
~ultó ser simplemente una nueva dificultad para Carlos V, pues planteaba el
broblema de la participación protestante en un concilio. En consecuencia, a
faita de la convocatoria del concilio y deseoso de conseguir la ayuda de los par:'iamentos imperiales contra Francia y el Thrco, Carlos V decidió imponer su
':'propia solución en Alemania, la Declaración de Ratisbona Gulio de 1541). Por
~'ella se garantizaba la seguridad de los que se hábian adherido a la Confesión
if.;de Augsburgo, se aceptaba la secularización de algunas propiedades eclesiásti~cas, se concedía a los príncipes protestantes el derecho de reformar los monas_terios y otras instituciones reiigiosas, y se redoblaba la influencia de los protes¡i!ántes en la Cámara Imperial.
, ;<~;. El papa condenó la Declaración de Ratisbona, como también la condena/tton los acontecimientos. El emperador no obtuvo de ella beneficio alguno, cx, <cepto el descubrimiento de que cuanto mayores fueran las concesiones a los
Jprotestantes, más patente se hacía su debilidad y más importantes eran sus 00[g~ncias. Sin embargo, no estaba todavía preparado para actuar. En junio de
,:1542 Pabló 1II promulgó una bula convocando el Concilio de Trento para el
,'1-de noviembre, pero en ese momento Francisco 1 quebrantó la tregua de Niza
,,"y se preparó para atacar al emperador, lo que hizo imposible la convocatoria
del co.ncilio en esa fecha. El papa intentó reconciliar a los dos rivales, pero Car)o.s V trataba de ganar tiempo, ansioso de conseguir la ayuda de Mauricio de
Sajonia, de Alberto de Brandeburgo y de otros principes alemanes contra Francia, y sabedor de que los protestantes se oponían a un concilio convocado por
:,elpapa. Pero tras firmar la paz de Crépy con Francisco 1en septiembre en 1544,
'.C.arlos V estaba en situación de atacar al protestantismo con mayor firmeza.
No obstante, no iba a tratarse todavía-de un ataque teológico. Cuando comeo: zó finalmente el'ConciBo de Trento en diciembre de 1545, los representantes
del emperador intentaron impedir una definición dogmática del problema de
la justificación, porque no quería provocar el rechazo de los luteranos, de quienes esperaba todavía que aceptaran la invitación para participar en el concilio.
. :pe hecho, el concilio defendió la doctrina de la justificación y de los sacrament~s, y el estado de ánimo del emperador cuando decidió participar en la lucha
,.contra los protestantes era de resentimiento contra el papa y otros obispos.
'Muchos católicos en el círculo del emperador, entre los que se incluía su
propio confesor, el dominico español Pedro de Soto, defendían desde hacía tiem, po el recurso a la guerra, aunque sin resolver el dilema de cómo hacer frente
.'
<~
26.
Véase L. von Pastor, History 01 [he Popes. trad. ing., Lon<:ms. 1894-1953, vol. Xl, pp, 41-217.
114
LOS AUSTRIAS
EL EMPERADOR
0516.1598)
a un movimiento religioso con medios militares Y Pero los mismos protestan~,
tes contaban con una organización política y militar, con la que el emperador,
esperaba poder acabar cuando la alianza con el papado (junio de 1546) y los'
esfuerzos de Cobos en Espafta le permitieran conseguir fondos suficientes como~
pam levantar un ejército. Las tropas imperiales, mandadas por el duque de Alba.
y con el propio emperador al frente, vencieron en la batalla de Mühlberg el Ú'
de abril de 1547, victoria en la que la confusión en el mando imperial-com~:
pensada. como de costwnbre, por la valentía de las tropas españolas de Cai~
los V- sólo era superada ligeramente por la de los protestantes. El triunfo d~c
Carlos V sobre la Liga de Esmalealda lo situó, por fin, en posición de intentar
imponer sus condiciones políticas y religiosas en Alemania. Sin embargo, el re~.
sultado. fue en ambos casos negativo para la causa imperial.
/'
La victoria del emperador en Mühlberg, aunque fue negativa para los pr¿~
testantes, también aumentó las disensiones en el bando católico. En el seno de.
la Iglesia existía temor ante el poder de Carlos V, y el Concilio de Trento se':,
dispersó tras la victoria del emperador. Los prelados que apoyaban a Carlos .~:~'
permanecieron en Trento, mientras que los demás se reunieron de nuevo en'
Bolonia siguiendo las instrucciones del papa. Posteriormente, se suspendió eiconcilio debido a la oposición de Carlos V. El emperador, actuando con inde!
pendencia del papado y sobre el supuesto de que podía ejercer funciones ecl~~
siásticas, impuso un nuevo compromiso conocido como Ínterim (30 de junid:
de 1548), un documento redactado por sus teólogos, entre ellos Pedro de Soto,~
que preservaba la doctrina católica y la autoridad del papa pero que haCÍa tod'o~
tipo de concesiones a la opinión luterana en materias de disciplina y culto. Ha'~
bía indicios de que la política religiosa del emperador no era p~enamente ace.t~
tada por la opinión española y el jesuita Bobadilla, que divulgó una crítica deF
Ínterim en presencia de Carlos Y, hubo de ser llamado al orden. En definitiv~::l
el Ínterim conoció el destino de la mayor parte de los compromisos religiosos~'
fue rechazado tanto por los protestantes como por los católicos, y no si[V¡,~~
para conseguir el objetivo que perseguía, la paz religiosa en Alemania.
.~ .
Si las condiciones religiosas impuestas por Carlos V provocaron disensio~
nes en el seno de la Iglesia, sus objetivos políticos causaron la disensión entr<
los propios Habsburgo. Fra-ncisco 1 había'muerto antes de la batalla de Mühi.:-:
berg, 10 que permitió al emperador libertad de acción en Alemania. Se le preI~
,-"
sentaba la oportunidad de realizar su ideal político y de promover los intereseS:'~
de su familia haciendo realidad un deseo que sentía en lo más profundo de sí1\
ser: conseguiría la sucesión imperial en Alemania para su hijo Felipe, y de es~~c
forma vincularía la herencia alemana con la borgoñona y la espaftóla. Sin em!~
bargo. esa solución no era aceptable para la opinión alemana, ya fuera católic~;~:
o protestante, y en noviembre de 1550 incluso el cardenal de Augsburgo protes~
tó contra la intolerable presencia de españoles en Alemania y afirmó que AI~j,
1
. -r:t:¡
-,
27. Sobre De Soto véase V. D. Carro:' Pedro de Soto y las controversias polltico-teológieaf
en el siglo XVI, SalamancCi. 1931; y del mismo autor, El maestro Fr. Pedro de Soto, O.P. (confes.or'l
de Carlos V). Salamanca, 1931.
"~t
CARLOS V
115
wu'a sólo aceptaría para el título imperial a un príncipe alemán. Carlos V
e:,¡¿ncontrótambién con la oposición implacable de su propia familia.
Felipe, a quien habia llamado para que acudiera desde Espafia, donde era
ge.ntedesde 1542, había salido de Valladolid en octubre de 1548. Tenía entonetiJ21 añoS Y era la primera vez que viajaba por Europa. Se unió a su padre
entBruselas en abril de 1549, y allí fue reconocido como heredero de 105 Países
'~~j~s;A continuación recibió honores en Alemania. En el invierno de 1550-1551
~SiHabsburgo celebraron en Augsburgo una conferencia familiar que se prolo~ó durante más de seis meses, y en la que los planes de Carlos V fueron
'"1V""sirados
por las ambiciones de su hermano Fernando y la hostilidad de su
;~¡;rinoMaximiliano, hijo primogénito de Fernando. El poder de los Habsbur:i~:órientales, con base en Austria y que se extendía sobre Bohemia y Hungría,
'~ronado con el título de Rey de Romanos, honor que el propio Carlos había
. c't,iítribuido a crear, se volvió contra él, en unas circunstancias en que le fue
'~"'posibleplantear resistencia alguna. En efecto, la independencia creciente de
"i'~Habsburgo orientales coincidió con intereses poderosos en Alemania. En
.. r edida en que Alemania se negaba a aceptar la subordinación
política y las
W
'Cl 's.cat6licas,
se negaba también a aceptar un régimen españ.ol que personifiambas cosas y rechazó aún con mayor fuerza la perspectiva de ser ocupa~
d;por tropas españolas e italianas. Por ello, la opinión alemana se volvió ha6;¡:los príncipes de Viena. a los que creía poder manejar más fácilmente que
"'n sucesor español. Deseaba a Fernando como emperador, y como su suce.::a-Maximiliano y no a Felipe. La cada vez mayor influencia de que gozaba
, f;Yríando en la Europa central y su decisión de conservar el imperio, implícita
eWsutítulo de rey de romanos, obligaron a Carlos V a ceder en el acuerdo del
,~de:marzode 1551, por el cual Fernando sucedería a Carlos V como empera,li¿)r pero, a su vez, apoyaría a Felipe como sucesor suyo, quedando Maximilia(')tc'omotercero en discordia. Sin embargo, el acuerdo quedó en papel mojado,
'por la pobre impresión que causó en Alemania el'jov~n Felipe, al igual que
n';todas partes fuera de España. sino porque los hechos estaban en su contra_
--.":,~deterrninación
de .los Habsburgo austríacos y la hostilidad de Alemania se
c9:l1jugaronpara frustrar las aspiraciones de Carlos V respecto a su dinastía.
:~io.faltaban los acontecimientos de 1551-1552 para impulsarlo a salir de
'cmania.
~rFrancia fue el factor clave en la renovada ofensiva contra el emperador, con....écando que sus dificultades en AJemania ofrecían una gran oportunidad para
" itar su poder de una vez por todas. Los príncipes protestantes alemanes al.:.~zaronun compromiso con Enrique II y aceptaron su ocupación de Metz,
"ul y Verdún, que eran parte del imperio_ A los enemigos de Carlos Y se les
lió otro príncipe alemán, Mauricio de Sajonia, que a pesar de ser protestante
'a.~íaluchado hasta entonces alIado del emperador. Francia renovó también
,~alianzacon los turcos e instó al sultán a romper la tregua con los Habsbur:...: En agosto de 1551 los otomanos ocuparon Trípoli. Carlos V, acosado pOI
:~peligros en numerosos frentes y por unas dificultades financieras más gras,que las que había conocido hasta entonces, vio cómo su mundo comenzaba
a~a
~8
116
LOS AUSTRIAS
EL EMPERADOR CARLOS V
(1516-1598)
a desintegrarse. Ante la imposibilidad de acudir a todos los frentes y temiendo ;'...
sobre todo por el Mediterráneo, tomó una de las decisiones más trascendenta~.'~"
les de su vida al ordenar en el mes de agosto que sus tropas españolas e italia~;"
nas evacuaran Württemberg. Al retirar sus fuerzas de ocupación, Carlos V pre-. t
paró de forma indirecta el camino para la explosión alemana de 1552. Para"~:,
proteger Alemania tenía que recurrir ahora a su hermano Fernando, cuyos com~..~"
prom"¡sos en Hungría le dejaban escasos recursos y entusiasmo por la causa de":
Carlos V, y cuyas relaciones con los rebeldes en Alemania eran vistas con gran>
desconfianza por el emperador. En esa") circunstancias habría sido más prudente que Carlos V se refugiara en la relativa seguridad de los Países Bajos para:
atacar Francia desde allí, pero en lugar de "actuar así continuó arriesgándose!
en Alemania y cuando Mauricio de Sajonia dirigió contra él un repentino ata- .~
que cerca de lnsbruck en mayo de 1552 tuvo que huir a través de los Alpes ha,,- ~~
ta Villach, en Carintia. La segunda sesión del Concilio de Trento fue rápida- ":,~
mente clausurada, Metz, Toul y Verdún cayeron en manos de Francia y los turcos}
amenazaban la seguridad de Austria. Poco era lo que podía salvarse del desas- ",
trc en Alemania y el tratado de Passau, negociado por Fernando y Mauricio '
de Sajonia, y ratificado por Carlos V el 15 de agosto de 1552, no fue más que'.
la sanción de la derrota del emperador. En el reconocimiento del protestantis-,;;
mo en igualdad de condiciones con la religión católica en el imperio sobre la,:
base de la fórmula cujus regio, ejus religio, el tratado de Passau prefiguró la")
paz de Augsburgo tres años después (25 de septiembre de 1555), en la que se
dio forma constitucional a esas concesiones. Augsburgo fue la culminación ló- ..
gica de la política y de la debilidad del emperador en Alemania. Fue un duro '
golpe para él y dejó las ~egociaciones en manos de Fernando.
'";"~
Tras la derrota en Alemania, Carlos V fracasó también contra Francia. Acon- "'.~
sejado por el duque de Alba y lleno de ansiedad respecto a las comunicaciones ~
entre los Países Bajos y el Franco Condado. intentó recuperar Metz en el in- ..•.
vierno de 1552. Sus ejércitos atacaron una y otra vez hasta que en enero de 1553"_ ":~
se vio obligado a levantar el frustrado asedio y retirarse a los Países Bajos, donde '~,
permaneció hasta su retorno a España en 1556. Ahora tenía motivos para te_~,r
mer por la seguridad de su herencia directa. Perdida Alemania, y con ella la .
frontera católica e imperial más allá de Flandes. era necesario al menos garan- "¡
tizar la seguridad de los Países Bajos, ante la actitud amenazadora de Francia. "~:
En sus últimos años ésa fue una de las mayores preocupaciones del emperador. ":
su regreso al punto de partida. El amor hacia su tierra natal y "lapreocupación ~
por su hijo le indujeron a desgajar del imperio a los Países Bajos. Pel'O ¿cómo '"
podía defenderlos, estando tan distantes y aislados, y cómo podía asegurar las"
comunicaciones con España, que era, más claramente que nunca. la base de'~
su poder?
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.,2:,"OS PAÍSES BAJOS y LA ALIANZA
117
INGLESA
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diferencia de Alemania, en los Países Bajos Carlos V tenía ~n regente
confiar. Tras la muerte de Margarita de Austria nombró a otro
miembro de la familia Habsburgo, su hermana Maria de Hungría. como go,'bernadora de los Países Bajos en 1531. Durante el resto de su reinado. gobernó
. ¿on toda la firmeza y tacto que las circunstancias permitían. Circunstancias
~"Que,sin embargo, no eran propicias, pues Carlos V se veía enfrentado a un crc'dente descontento religioso y económico.
f El luteranismo había penelrado en los Países Bajos desde 1518. El empera':dor, aunque rechazaba decididamente el luteranismo, también rechazaba la in.tervención papal y durante el resto de su reinado intentó mantener el control
::1de la política religiosa. Dos meses después de la publicación de la bula que cx! t"comulgaba a ~utero, el emperador publicó un edicto en el que ordenaba la que'''ma de todos los libros luteranos (20 de marzo de 1521).Un año después, el 23
, .~deabril de 1522, y sin consultar al papa, nombró un inquisidor general de los
~tPaíses Bajos, en la persona de Van der Hulst, que era laico y que perte"necía
~:"alConsejo de Brabante, siendo, por tanto, un oficial del rey. Pero los intentos
"""deCarlos V de conservar el control exclusivo sobre la Inquisición fracasaron
'cuando en 1523 Adriano VI nombró a Van der Hulst inquisidor papal para los
!ti.PaísesBajos y aunque poco después fue depuesto de su cargo por Margarita
~'de Austria en razón de la implacable persecución que inició, esto cercenó los
;"intentos del emperador de introducir inquisidores imperiales en los Países
. ''.'ajos. En 1524 tres sacerdotes nativos fueron nombrados inquisidores papales
~::con plenos poderes, aunque posteriormente Carlos V insistió en que era nece.~"sariocontar con el acuerdo de un miembro del Consejo Provincial para que
: ~ pudiera pronunciarse cualquier sentencia. Desde 1525 Carlos V hizo públicos
.-'diversos edictos contra el luteranismo, acompañados de severas sanciones. De
"hecho, desde 1550 la única pena prescrita para todos los delitos religiosos era
la muerte. En un principio el poder judicial correspondía a los consejos muru',cipales, pero más tarde Carlos V transfirió esa jurisdicción a los consejos provinciales, 10 cual le permitió mantener el control sobre las persecuciones de
~ herejes.28
Aunque consiguió contener, pero no eliminar. el progreso de la herejía, poco
pudo hacer el emperador por atajar el particularismo político y fiscal de sus
. diferentes provincias: De entre todas sus posesiones, los Países Bajos eran los
~ Quegozaban de una situación de mayor prosperidad, basada en los sólidos ci",mientos del comercio y la industria, y eran, junto con España, su fuente más
",importante de dinero, que explotaba de manera implacable. Dado que las guci -ITaS del emperador devoraban su riqueza, los Países Bajos tenían razones aún
.;.."más urgentes que España para pedir la paz, cosa que nunca dejaron de hacer.
,¿n quien podía
28. Léon.E. Halkin. La Ré/orme en Belgique SQUSCharles Quint, Bruselas, 1957; M. Dienclcx, 5.J .• (¿Fue cesarop~pista la política religiosa de Carlos V en los Países Bajos?», Hispanio,
XIX (1959), pp. 378-J8S.
118
LOS AUSTRIAS
EL EMPERADOR
(1516-1598)
Sin embargo, la prosperidad y libertad de los Países Bajos en tiempo de. Carlos V, .~
que siempre se contrastan con la miseria y la opresión existentes bajo Feli- o::.
pe I1,29 eran monopolio de una clase reducida Y.junto a las fortunas que unos '::
pocos habían conseguido en el período anterior, coexistía la tc:rrible pobreza: ...
de la gran masa de la población, especialmente en las ciudades. con unos salarios que quedaron muy por detrás de los precios durante todo el período desde ,.1521 a 1556.30 Esta situación social engendraba descontento y estalló en la agi- _".
tación de los anabaptistas. cuyo movimiento era en esencia proletario, con im- 1
plic~ciones sociales y religiosas, y que, por ambos conceptos, exigí,eroo la inee- E
sante atención de las autoridades a partir de 1535. No había anabaptistas en ~
las clases adineradas, cuyo apoyo a la política de represión del gobierno impi- .f.
dió que el movimiento llega~a a convertirse en un desafío 'popular a la autoridad del Estado, como ocurrió más adelante con el calvinismo.
.
Sin embargo, esa alianza no se producía para todos los aspectos de la política de Carlos V. Las comunidades comerciantes e industriales de los Países Ba--:
jos defendían celosamente sus derechos autónomos frente a los intentos del em- j'
perador de completar el proceso de unificación y centralización iniciados por 'i"
sus predecesores borgoñones. Los Estados Provinciales y los Estados Genera- .\
les plantearon una tenaz resistencia a los órganos del gobierno central -el Con- ~1
sejo de Estado, el Consejo de Finanzas y el Alto Tribunal de Apelación-, re- ..
gateando en las entregas de dinero, e insistiendo en la satisfacción de los agravios ,:
y ejerciendo el derecho de informar a las provincias y ciudades. Carlos V nunca intentó introducir españoles en su administración borgoñona, pero incluso 'f
con oficiales nativos le resultó difícil ejercer, en su tierra natal, un gobierno,
tan absoluto como en Castilla y sus incesantes exigencias financieras podían:
dar al traste con la alianza con las clases adineradas que sustentaba su gobier- :~
no. En 1539 la resistencia dejó paso, en Gante, a una violenta revuelta -enér- ;~
gicamente sofocada- cuando los ciudadanos depusieron a las autoridades que
se habían plegado a las exigencias de Carlos V.
La resistencia ante la política religiosa, financiera y administrativa del go- .¡
',~,.
bierno central convirtió a los Países Bajos en terreno abonado para la interven- ."
ción de los enemigos del emperador, especialmente Francia, que ocasionalmente :,.
cooperó eficazmente con sus enemigos en el noreste. Carlos V vivió la más dura
experiencia de este período en el ducado de Güeldres, donde encontró a algu- ..;
nos de sus más encarnizados enemigos que, con dinero y apoyo de Francia, 50- :
cavaron de forma incesante su posición en los Países Bajos. Hasta 1543 no con- ,
siguió anexionarse Güeldres y asegurar su frontera nororiental en los Países l'
Bajos. Sin embargo, en 1552, la pérdida de Alemania, la hostilidad de Francia
y el hecho de que su dominio en Flandes distaba de ser absoluto a pesar de ..
su popularidad personal, le hacían tener buenas razones para temer no sólo'"
por su frontera nororiental sino por el conjunto de su herencia borgoñona ..
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CARLOS Y
119
:i¡. . En estas circunstancias
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la alianza con Inglaterra se convirtió en la solución
i,ara el desastre alemán, las amenazas francesas y el peligro en los Países Ba;joS.31Para la defensa y las comunicaciones con España podía garantizar un
. ;puerto en Inglaterra y el paso del Canal. Pero podía significar mucho más que
jeso. Mediante la .boda de Felipe con la reina María, Inglaterra podía situarse
!:en la órbita de los Habsburgo. El matrimonio entre Felipe y María Tudor (25
..1de julio de 1554) significaba mucho para ambas partes. María buscaba en Feli~~peel apoyo para sus planes de restaurar el catolicismo en Inglaterra, y buscaba
~¡unheredero que continuara su régimen. El emperador y su hijo veían a Inglate.
;?ri-a como a una compensación por la pérdida de Alemania y como la seguridad
<~paralos Países Bajos. Mediante esa boda Inglaterra y los Paises Bajos se aso~-.ciabanen una unión personal. Como Felipe heredaría España y los Países Ba~joS,ello significaba que las coronas de España, Borgoña e Inglaterra queda.rían temporalmente en manos de una sola persona. Si Felipe y Maria tenían
"_<unheredero, éste recibiría no sólo Inglaterra sino también los Países Bajos y
. 'el Franco Condado, mientras que España y sus dominios serian para don Carlos,
hijo de Felipe habído de un matrimonio anterior. Esto permitiria a Inglaterra de'fender a los Países Bajos, especialmente contra Francia, mientras que España
:se concentraría en la defensa de Italia y del Mediterráneo. Si don Carlos moría
'~sindescendencia, toda la herencia recaeria en el heredero de Felipe y María.
El hecho de que Carlos V considerara la posibilidad de separar los Países
~Bajos de la corona de Espafia, aunque con la intención de arraigarlos más fir...memente,en el seno de su familia, demuestra que no consideraba que la unión
. de ambos fuera inevitable y sacrosanta, tanto desde el punto de vista de los
.:,'intereses españoles como del prestigio. Sólo más tarde, en el reinado de Felipe U,
,:"seconsideró inconcebible esa separación, y la determinación de conservar los
:-PaísesBajos a cualquier precio se convirtió en una obsesión ruinosa que perduró hasta el final del régimen Habsburgo. Ahora bien, cuando llegó el momento de tomar la decisión, 10 cierto es que Carlos V determinó que todos esos
territorios permanecieran unidos a la corona de Espafta para la herencia de su
.hijo. Pero para entonces se había desvanecido la posibilidad de que pasaran
a manos de un nieto y no quería que fueran a parar a Fernando de Austria.
El hijo que Felipe y María deseaban nunca llegó y la boda sólo sirvió para hacer muy impopulares a los españoles en Inglaterra. Muy pronto el sentimiento
nacional y religioso se sumó a la rivalidad marítima para deteriorar completa, mente las relaciones entre las dos naciones.
Entretanto, el hecho de que se desvaneCieran las perspectivas de un eventual
imperio angloespañol constituyó un profundo alivio para Enrique II de Francia y reforzó su oposición al emperador. El ascenso de Pablo IV al solio pontificio situó a' un nuevo enemigo de los Habsburgo en el escenario internacional
o
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29. Véase infra, pp. 330-339. con un análisis más completo de esta cuestión.
30. C. Verlinden, ((erises économiques et sociales en Belgique a l'époque qe Charies-Quintl>,
en Charles-Quint el son temps, C.N.R.S., París, 1959, pp. 177.190.
~1
.• -
31. Véaseun buen análisis del matrimonio y la alianza inglesas en Royall1}rler, The Emperor
Charles the Fifth, Londres, 1956, pp. ~8()"231(hay trad. cast.: El emperador Carlos V. Juventud.
. Barcelona, 1987), y un estudi.o más documentado en Rodríguez.Salgado, The Changing Face 01
Em¡jtre, pp. 88-100..
'1
120
LOS AUSTRlAS
y anunció nuevas dificultades para ellos en todas- partes, en especial en Italia.
Era más de lo que Carlos V podía soportar. Durante años, enfermo y desilusionado y envejecido prematuramente, había esperado el momento de descargar
su pesada carga sobre los hombros de su hijo. Era mejor entregar a Felipe su
herencia en ese momento, en vida de su padre, que arriesgarse a que accediera
al trono después de su muerte en medio de los desórdenes de la guerra.
Ya en enero de 1548' el emperador había redactado su testamento político
para su hijo. J2 En 1550 había comenzado a dictar sus memorias y cinco años.
después consideró que habia llegado el momento. Así, e125 de octubre de 1555,
ante los Estados Generales en Bruselas y después de rememorar su trayectoria
vital en un discurso que provocó sus lágrimas y las de la audiencia que lo escuchaba, Carlos V renunció en favor de Felipe a la soberanía de los Países Bajos.
Tres meses después (el 16 de enero de 1556), yen la casa en la que vivía en las
afueras de Bruselas, entregó a su secretario la abdicación de todos sus dominios españoles tanto en el Viejo como en el Nuevo Mundo. Realizó la renuncia
en tres documentos diferentes y la llevó a cabo en consonancia con la naturale-?:a de la monarquía austríaca. En uno de ellos renunciaba a la corona de Castilla y Aragón, junto con el reino de Navarra y las Indias; en el segundo renunciaba a la corona de Aragón-Cataluña, con el reino de Cerdeña, y en el tercero
a la corona de Sicilia. El reino de Nápolcs y el ducado de Milán ya estaban
en manos de Felipe desde el momento de su boda con María Thdor, en que
Carlos V se lo había entregado para concederle un título real y ~onseguir que
el nuevo novio tuviera mayor prestigio. En un último gesto -escasamente significativo, al margen de reflejar sus dificultades financieras- consiguió incluso firmar una tregua con Enrique II de Francia (5 de febrero de 1556) y dejar
el Franco Condado en manos de su hijo. Sólo le quedaba ya el imperio, donde
en realidad había gobernado su hermano Fernando desde 1553. También renunció a él en septiembre de 1556, aunque no fue hasta febrero de 1558 cuando
los electores aceptaron su abdicación y eligieron a Fernando para que ocupara
su lugar. En septiembre de 1556, Carlos Y dejó a Felipe en los Países Bajos,
zarpó hacia España y en febrero del año siguiente llegó a Yuste, remoto y tranquilo monasterio de Extremadura donde decidjó pasar sus últimos afios, aunque no totalmente retirado, ya que siguió siendo nominalmente emperador, conservó un gran interés por los asuntos internacionales y continuó aconsejando
y ayudando a su hijo. Allí murió el 21 de septiembre de 1558.
Más allá de las formalidades y el ceremonial, el período de transición fue
un tiempo de tensiones. Desde 1551, cuando era regente de España a la sombra
de su padre, hasta 1559, en que se convirtió en gobernante a escala mundial
por derecho propio, Felipe se vio atrapado entre las exigencias del emperador
y la presión de sus súbditos, entre la necesidad de.'demostrar que podía gobernar y el deseo de evidenciar que se preocupaba por su pueblo. En parte se trataba de un problema financiero. Las empresas imperiales de Carlos V habían sido
financiadas por Castilla, y en el decenio de 1550 Felipe tuvo que conseguir di32.
EL EMPERADOR
(1516-1598)
8einert, «El testamento politico de Carlos V)). pp. 401438.
.;j
CARLOS V
121
,~nerono sólo mediante los impuestos ordinarios sino también recurriendo a pro?''cedimientos extraordinarios -confiscando remesas privadas de América, ena.'jenando jurisdicción real ~ cargos públicos y solicitando préstamos-, muchos
~delos cuales eran concesiones al mal gobierno. J3 Estos problemas se agrava. ron cuando Carlos V regresó a España y recayó sobre su hijo la responsabili:'dad de las decísiones en el norte de Europa. Cuando a España se le exígia realizar mayores esfuerzos, se consideraba que sus intereses y defensas en el
: Mediterráneo eran descuidados. La ausencia de Felipe 11,junto con sus exigen~cias impopulares, debilitaron su posición en la península y permitieron que el
'gobierno de regencia se opusiera a sus deseos y pusiera en práctica su propia
~; política en el Mediterráneo y en el norte de África -política que realmente
.'!~:¡.rindiópocos frutos positivos- en connivencia con grupos de intereses opues~ tos a las exigencias financieras del monarCa 'español. 34 Así pues, su posición
,."":~'
política en su patria no era sólida y tuvo que esforzarse para restablecer su auto" - ridad y reorientar la política española.
Al regresar a Espafia para morir, una España que ya había separado de Alemania, Carlos V reconocía el curso que su imperio había seguido durante muchos años'. Los sueños imperiales se habían desvanecido con la pérdida -deAlemania y la división de Italia. Los Países Bajos y España seguían siendo los dos
pilares del poder de la monarquía austríaca en Europa, y España era la fuente
más importante de dinero y tropas, y la base natural de la monarquía Habsbur";go. La administración y las finanzas de la monarquía, que nunca habían llega.do a ser imperiales, eran ahora plenamente españolas. La crea!=ióndel Consejo
". eri Italia en 1555 fue una prueba de que la política mediterránea comenzaba
a no ser ya una parte de la política imperial, para convertirse en expresión de
la política exterior española 0, tal vez, del imperialismo españoL Esa decisión
revelaba la presencia de una nueva generación, la de Felipe 11, que no era un
emperador, sino un monarca absoluto, y de unos nuevos castellanos, cuyo monopolio casi total en los virreinatos y consejos del gobierno subrayaba la preponderancia de España. Si bien esta situación se correspondía más estrictamente
con las realidades del poder, significó también que la posibilidad de elegir entre varias direcciones, que había existido durante el reinado de Carlos V, fue
sustituida por un régimen monolítico que era español tanto en su material humano corno en sus objetivos. De cualquier forma, la hueHa que el imperialismo de Carlos V dejó en la política española nunca podría ser borrada y el legado de los compromisos en el exterior, especialmente en los Países Bajos,
continuaría pesando sobre España durante los próximos 150 años.
i
33. Rodríguez-Salgado.
34. [bid., pp. 287-288,
The Changing Face
01 Empire,
pp. 71, 208-213.
I
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