de Echeverría, Esteban. “El Matadero.” Chang

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¿Cuánto vale la madre tierra; los ríos, los arboles, y el
suelo fecundo donde crecen las plantas que nos dan alimento?
¿Cuánto vale el cuerpo humano, el espíritu, la cultura y las
tradiciones de la gente? Para el pueblo indígena de las
Américas, estas preguntas incontestables no fueron figuradas,
sino literales. La tierra que ellos habitaron y los valores
sociales a los cuales se adhirieron fueron bruscamente
arrancados de ellos cuando llegaron los Españoles hace más de
quinientos años. En cambio por sus tierras y su trabajo ellos
recibieron la persecución y desmoralización completa de su
cultura. Las personas indígenas de Hispanoamérica tenían que
contestar y a veces ignorar las preguntas vaticinadas para
mantener la dignidad humana. Hoy en día la mayoría de nosotros
no tenemos que pensar en estas preguntas esenciales que
transcendieron de la gente indígena. Es por eso que debemos de
hacer exactamente eso. A pesar del hecho que las preguntas que
hicimos al principio de esta investigación no tienen respuestas
directas, por la inspección de obras literarias de las regiones
del Caribe y Centroamérica, la región Andina, y la región del
Río de la Plata y Argentina en general podemos ver como dos
grupos de culturas completamente distintos, los indígenas de las
Américas y los Españoles, gradualmente se afectaron mutuamente.
Descubramos como la visión del indígena, su cultura, y su tierra
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eran afectado por los acciones y opiniones de los Españoles, y
viceversa.
La historia de Hispanoamérica comienza con los escritos de
las personas que testificaron la vida durante del tiempo de la
conquista española. Un ejemplo sobresaliente que inspiró nuestro
tema es un poema Náhuatl, anónimo, escrito inmediatamente
después del comienzo de la conquista. La voz poética describe la
destrucción completa que ocurrió en esta región, y la vergüenza
absoluta que le causaron los españoles a la gente indígena.
Cuando el autor nos cuenta que “Se nos puso precio” y “todo
(eso) que es precioso, en nada fue estimado,” (Anónimo de
Tlatelolco 19) nos habla no solo de la indiferencia de los
españoles de los costumbres y valores culturales de la gente
Náhuatl sino también de su incapacidad de reconocer la dignidad,
sabiduría, y raro sentido de unidad con la tierra madre que
perteneció a las culturas indígenas de las Américas.
Esta marcada indiferencia por la santidad de las vidas de
las indígenas provoca una cuestionamiento de los motivos de los
Españoles. ¿Por qué creyeron ellos que los indígenas,
agricultores de la tierra y de fascinantes creencias
espirituales, que desarrollaron complejos sistemas de
arquitectura, educación, y clases sociales, pero tenían armas
inferiores, eran personas que debían ser vencidos y controlados?
En la Carta a Luis de Santángel, Cristóbal Colón comparte con
nosotros una fracción de información que contesta esta pregunta.
Él nos recuerda su justificación para hacer su viaje diciendo
“nuestro Redentor dio esta victoria a nuestros ilustrísimos Rey
y Reina […] adonde toda la cristiandad debe tomar alegría y
hacer grandes fiestas y dar gracias solemnes a la Santa Trinidad
con muchas oraciones solemnes…” (Colón 27) Así recordamos que la
intención del viaje fue multifacético: además de crear una nueva
ruta comercial, el objetivo fue extender el reino de Castillo y
la fe Católica. La ironía que este objetivo religioso fue
llevado a cabo de maneras violentas no escapó a la atención de
Fray Bartolomé de las Casas. Mientras que Colón describe la
gente indígena como “de hermosa estatura, salvo que son muy
temerosas a maravilla,” (25) de las Casas escribe en su
Brevísima relación de la destrucción de las Indias que la gente
“son asimismo las gentes más delicadas, flacas, y tiernas en
complisión e que menos pueden sufrir trabajos y que más
fácilmente mueren de cualquiera enfermedad.” En estos ejemplos
podemos ver como el concepto de otredad y quizás racismo también
hizo un papel en el maltrato hacia la gente indígena.
Eventualmente de las Casas, en su defensa de la gente indígena,
dice a Don Felipe, príncipe de las Españas, que
“nunca los indios de todas las Indias hicieron mal
alguno a cristianos, antes los tuvieron por venidos
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del cielo, hasta que, primero, muchas veces hubieron
recibido ellos o sus vecinos muchos males, robos,
muertes, violencias, y vejaciones dellos mesmos.”
En resumen, la violencia que mostraron los indios fue en
defensa, no por motivos provocados. A continuación, de las Casas
menciona la acusa que “la causa por que han muerto … tan
infinito número de ánimas … ha sido solamente por tener su fin
último el oro y henchirse de riquezas … e subir a estados muy
altos.” Este punto nos vuelva a nuestro tema: el valor del ser
humano. Si los indígenas no presentaron amenazas a los españoles
al principio, es fácil concluir que el maltrato hacia ellos fue
el resulto del hecho que los españoles los vieron como artículos
de comercio, sin almas, y por eso prescindibles.
Más de 300 años más tarde, viajamos con José Joaquín
Fernández de Lizardi afuera de la Ciudad de México con El
Perequillo Sarniento. Perequillo es un ciudadano que intenta a
mejorar su vida por manera deshonesta. Un de los eventos de esta
cuenta picaresca es la cuenta de cómo Perequillo y Andrés
sirvieron a la comunidad indígena de la región. Perequillo nos
dice que “no me entendía de enfermos, especialmente indios, los
que nunca venían con las manos vacías.” (Fernández 88) Que estos
indios no venían con manos vacías indica que ellos eran honestos
y entendían la importancia de pagar por un servicio. Tanto como
los indios intentaron de hacer intercambios valiosos, sus
“gallinas, frutas, huevos, verduras, quesos y cuanto los pobres
encontraban” (Fernández 88) no fueron tan valiosos a Perequillo
y Andrés, que deseaban monedas. Al principio parece que este
pasaje representa una pura visión de cómo los indios parecieron
a los Mexicanos, pero en nuestro investigación de la visión
indígena podemos ver una sobrante inclinación de ver los indios
como inferiores por razones socioeconómicos. Después de 300
años, la gente indígena queda el estatus de segunda clase en la
jerarquía Mexicana.
También importante a nuestra investigación de los valores
de la indígena en contraste con los valores de los colonizadores
españoles es la visión de la gente del imperio tawantinsuyu y la
región andina. Ellos eran fenómenos arquitecturas y agricultores
que desarrollaron grandes sociedades. Como descubrió Alonso de
Ercilla y Zuñiga cuando llegó en Chile, la sociedad de Arauco no
fue fácilmente vencido porque ellos habían tenido dificultades
con otros grupos en el pasado. En su poema épico La Araucana,
Zuñiga describe una gente “que no ha sido por rey jamás regida
ni a extranjero dominio sometida.” (51) Aunque al final La
Araucana describe la victoria de los españoles, en la visión de
la indígena la importancia de esta obra es que ella describe un
grupo poderoso y orgulloso que no fue fácilmente vencido, y que
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los eventos allá eran tan notables a ser el tema de un gran
poema épico.
En su propio tiempo, El Inca Garcilaso de la Vega escribió
los Comentarios Reales de los Incas, justificando el derecho de
promover la historia y cultura nativa a pesar de los esfuerzos
de los españoles a someterla completamente. Los esfuerzos del
Inca fueron ayudado por el hecho que nació de una madre de la
familia real de Tawantinsuyu y un padre que era un capitán
español. El Inca tuvo lo mejor de dos mundos y usó este
privilegio para relacionar el uno al otro. En la sección de los
Comentarios nombrada “Protestacion del autor sobre la historia,”
El Inca da una cuenta de sus esfuerzos y enfatiza su deseo que
“todos ellos generalmente, así los reyes como los no reyes, se
preciaron de imitar en todo y por todo la condición, obras y
costumbres de este primer príncipe Manco Capac.” (Garcilaso 67)
Todo eso es decir que El Inca quiere que su propia historia sea
guardado por la gente indígena y entendido por los españoles
como una cuenta representativa de la cultura indígena, agregando
que
“la relación que mamé en la leche, y la que después acá he
habido, pedida a los propios míos, y prometo que la afición
de ellos no sea parte para dejar de decir la verdad del
hecho, sin quitar de lo malo ni añadir a lo bueno que
tuvieron…”
El objetivo del Inca es preservar la historia incaica, que las
generaciones que vienen saben sus raíces y el valor de su
cultura natal, tan fabulosa como sea.
Aunque las historias de la conquista de la región
Rioplatense no son tan sensacionalistas como las historias del
resto de Hispanoamérica, las cuentas de la búsqueda de la
emancipación cultural de esta región sirven para ilustrar las
relaciones entre la gente indígena y la gente española. En la
edad de revoluciones y gobiernos autoritarios, la visión de la
indígena se hizo la visión de toda la gente que deseó una
identidad aparte de ella de España, que marcara una nueva época
en la historia de la región. En El Matadero de Esteban
Echeverría, aprendemos de la lucha entre los Unitarios y los
Federalistas, y Echeverría describe el sufrimiento de la clase
pobre a la mano de la clase alta, que recuerda las historias de
Fray Bartolomé de las Casas de hace casi 300 años. En su obra
Echeverría dice que “el foco de la federación era en el
matadero” (135) pero la escena brutal en que muere el joven
unitario es representativa también de la campaña de los
españoles en contra de los indígenas al principio de la
conquista, un recuerdo de las vidas inocentes gastados en la
búsqueda de poder.
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Tenemos también la poesía de José Hernández, que presenta
el canto El Gaucho Martín Fierro. El gaucho vive como los
indios, en las afueras de la sociedad, perseguido y a veces
impuesto por una vida que él no se escogió. En su canto, el
personaje de Martín Fierro nos presenta los eventos de su vida y
su punto de vista de la sociedad argentina. El canto es más
metafórico que literal en su referencia a los indígenas.
Interesante es que Martín Fierro parece a pensar que los indios
tienen más libertad que él tiene sí mismo. Durante de su
servicio en el militario, él dice:
“andaba desperado,
aguardando una ocasión;
que los indios un malón
nos dieran y entre el estrago
hacérmelés cimarrón
y volverme pa mi pago.” (Hernández 183)
En este verso, Fierro habla de su deseo de vivir libre de las
limitaciones de las fuerzas armadas y el gobierno restrictivo,
como le parece que viven los indios.
El perspectivo presentado por Martín Fierro es muy
diferente del perspectivo de la gente Náhuatl, y es
representativo de los cambios que suelen pasar dentro de
políticas y sociedades al correr de tiempo. Se puede decir que
la lucha de la indígena siga hoy en día en Hispanoamérica,
Norteamérica, y en otras partes del mundo donde la cultura
indígena ha sido interrumpido por visitantes extranjeros. No es
posible decir cómo sería el mundo hoy en día si Colón había
quedado con la teoría que el mundo no era redondo y que la idea
de su viaje fue una locura. La lección que debemos sacar de las
cuentas de los primeros escritores hispanoamericanos es que la
civilización humana está cambiando continuamente. Aunque no
podemos cambiar los sucesos del pasado, hay mucho que aprender
de ellos. Con estas lecciones del valor de herencia cultural y
el poder del espíritu humano, podemos continuar a un futuro más
prospero sin cometer los mismos errores.
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Bibliografía
de las Casas, Bartolome. “Brevisima relación de la
destrucción de las Indias Occidentales.” Ciudad Ceva: Hogar
electrónico del escritor Luís López Nieves. Biblioteca Digital
Ciudad Ceva, 10 Nov. 2010. Web. 11 Dec. 2011.
Chang-Rodriguez, Raquel, and Malva E. Filer, eds. Voces de
Hispanoamérica: Antología literaria. New York, NY: Heinle, 2004.
Print.
Anónimo de Tlatelolco. “Después de la derrota.” Trans. Angel María
Garibay. Chang-Rodriguez and Filer 18-19.
Colón, Cristóbal. “Carta a Luis de Santángel.” Chang-Rodriguez and
Filer 24-26.
de Ercilla y Zuñiga, Alonso. “La Araucana.” Chang-Rodriguez and
Filer 50-59.
de Echeverría, Esteban. “El Matadero.” Chang-Rodriguez and Filer
122-135.
de la Vega, El Inca Garcilaso. “Comentarios Reales de los Incas.”
Chang-Rodriguez and Filer 63-68.
Fernández de Lizardi, José Joaquín. “El Periquillo Sarniento.”
Chang-Rodriguez and Filer 88-91.
Hernández, José. “El Gaucho Martín Fierro.” Chang-Rodriguez and
Filer 177-185.
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