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Alfred Jarry y el teatro de vanguardia

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ALFRED JARRY Y EL TEATRO DE VANGUARDIA
Paulina Alejandra Rivera Velázquez
Alfred Jarry nació en Laval el 8 de septiembre de 1873, sus padres fueron Anselme Jarry, un
hombre acomodado que se dedicaba al comercio de telas, y Caroline Quernest. Cuando Jarry
era todavía un niño, la empresa de su padre fracasa y su madre decide llevarlos a él y a su
hermana a vivir a Saint-Brieuc y posteriormente a Bretaña. Tiempo después, Alfred ingresa
a La Sorbona para estudiar literatura. Aunque no concluyó la licenciatura, muy pronto
alcanzó el éxito literario gracias a su poesía. Publicó su primera obra al cumplir 20 años.
Poco tiempo después sus padres murieron, heredó de su padre una gran cantidad de dinero,
lo cual le permitió llevar una vida despreocupada durante mucho tiempo.
Entabló amistad con Alfred Vallette (director del Mercure de France) y su esposa
Rachilde. Es en casa de este matrimonio donde su obra más emblemática Ubu Rey, vio su
primera luz en 1894. Casi en paralelo comienza a publicar en el Mercure de France y la La
Revue Blanche, junto a los escritores y artistas más importantes.
Ese mismo año y hasta 1895 en colaboración con Remy de Gourmont, dirige la revista
Ymagier. En 1895, después de fracturarse su relación con de Gourmont, funda su propia
revista, Perhindérion, pero sólo publicó dos números. En 1896 se encarga de la programación
del Théâtre de l'Œuvre, en París, mismo donde se estrena Ubu Rey el 10 de diciembre de
1896, la emblemática obra que se ha considerado la antecesora del teatro del absurdo. Aunque
el estreno sucedió con atropellos, pues sufrió varias interrupciones por parte del público que
se sintió ofendido, mientras que los vanguardistas le dieron el aplauso, debido a la
controversia solo tuvo dos representaciones.
Además de la vida bohemia parisina, la personalidad de Jarry lo hacía un personaje
peculiar, de costumbres excéntricas e ideas radicales: vivía en lugares deplorables, criaba
búhos, gustaba de pasear armado por la ciudad con pistolas descargadas y fingía disparar a
los falsos artistas que se cruzaban en su camino, visitaba con frecuencia la Biblioteca
Nacional, el ocultismo era una de sus pasiones y dominaba a la perfección el griego y el latín.
En 1897, el dramaturgo ya había terminado con su fortuna y tuvo que mudarse a un
departamento más pequeño. En 1902, publica Le Surmâle (novela) y comienza
colaboraciones con la revista La Renaissance Latine. Al año siguiente publica varios artículos
en la revista Le Canard Sauvage (la cual tuvo solo 7 meses de vida), y participa en la revista
La Plume, también empieza su obra, La Dragonne. Colabora con Claude Terrasse en la ópera
bufa Pantagruel.
Aunque continuó teniendo éxito no pudo recuperarse de la debacle económica, es por tal
motivo que se muda a casa de su hermana Charlotte. El 1 de noviembre de 1907 muere de
meningitis tuberculosa en el Hospital de la Caridad.
Su producción literaria fue bastante prolífica, además de ser el precursor del teatro del
absurdo, escribió poesía simbolista y una novela surrealista, El supermacho (1902). Entre sus
obras destacan: Les minutes de Sable Mémorial (1894), César-Antéchrist (1895), Ubu Rey
(1896), L´Amour en visites (1898), L´Amor Absolou (1899), Ubu encadenado (1900),
Mesalina,novela de la antigua Roma (1901), El supermacho (1902), Ubu en la colina (1906),
Albert Samain (1907), La Papisa Juana (1908), Gestas y opiniones del doctor Faustroll,
Poémes, La Dragonne y Ubu cornudo.
La estética de Alfred Jarry fue un antecedente directo de los movimientos de vanguardia,
especialmente del dadaísmo y el surrealismo, Jarry revolucinó las formas en que se hacía el
teatro, además sentó el precedente ideológico para la vanguardia: la renovación de la forma
y la destrucción de los cánones. En lo que compete al drama, se rebeló contra el teatro del
siglo XIX, pues los dramas se construían conforme al canon realista, tanto en los diálogos,
como en las actuaciones, situaciones y construcciones plásticas. Alfred estaba convencido de
la necesidad de expulsar los elementos realistas del escenario, así como de romper con los
convencionalismos como verosimilitud, profundidad en el pensamiento y belleza. Fue tan
radical la puesta en escena de Ubu Rey que se ha considerado como una obra construida
desde la antiestética.
Una de las aportaciones más representativas de Jarry es la patafísica. Fue tal la relevancia
de dicha teoría que el 11 de mayo de 1948 se creó en forma irónica el Collége patafhysique,
con la participación de artistas como Jean Dubuffet, Joan Miró, Marcel Duchamp, Marx
Ernest, entre otros.
En palabras de Alfred Jarry, la patafísica se define como:
“…la patafísica irrumpe, a veces de manera estruendosa, para acabar con los pensamientos
únicos que pretenden ofrecerle a la vida una linealidad coherente. La patafísica es
continuidad, es creación y destrucción de las formas por el azar y la risa; es aceptación sin
vergüenza de nuestro lado grotesco…”
La patafísica es la ciencia de las soluciones imaginarias, estudia las leyes que rigen las
excepciones y explica el segundo universo, el complementario. La patafísica aparece en
contraposición a la lógica estructural, se caracteriza por la transgresión a lo establecido.
El Collége patafhysyque estaba compuesto por disciplinas como: Liricopatología y clínica
de los retoriconosos, onirocrítica, cocodrilología, aliética e ictibalística, pedología y
adelfismo, tonosofía africana o aniñamiento voluntario e involuntario, entre otras. La
patafísica es una suerte de ruptura con el pensamiento positivista del siglo XIX, desestima la
idea de progreso. Claro está que no se basa en lo probable, pero sí cuestiona los estatutos
sustentados en generalidades.
BIBLIOGRAFÍA
SCHWARTZ, Gustavo Ariel, “Patafísica en 748 palabras[19 de septiembre de 2018]
Disponible en: https://gustavoarielschwartz.org/2013/04/29/patafisica-en-748-palabras/
VÁSQUEZ Roca, Adolfo, Nómada, “Alfred Jarry. Patafísica, virtualidad y heterodoxia”,
Revista crítica de ciencias sociales y jurídicas, 13 (2006).
GÓMEZ García, Manuel, “Escritura teatral: de las vanguardias al futuro”, 3° Época, 6 (2001)
pg. 53-63.
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