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MISSIOEVANGELISMO

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MISSIOEVANGELISMO
Por Baltazar Zamora1/México.
12 de agosto de 2015.
La tesis central de este artículo es: no existe misión sin evangelismo, ni
evangelismo sin misión. En algún momento de la historia de la iglesia,
alguien separó estos dos mandatos.
Un autor anota que cuando se define operacionalmente un término donde no
se plantea ninguna oposición tiene éxito, la razón de estas definiciones
operacionales consisten en que se aplican a fenómenos nuevos, nadie se ha
dedicado a estos conceptos ni otros parecidos hasta que se les descubre y se
les pone nombre.2 Se pretende pues, dar sentido al término
missioevangelismo, el cual más allá de ser una palabra compuesta, pretende
ser una acción integradora.
Ciertamente, existen etapas en la cristiandad en las cuales se tienen que
volver a explicar los mismos principios que dieron origen al mayor movimiento
voluntario y espiritual, llamado iglesia del Señor Jesucristo. Por alguna razón el
cristiano tiende a olvidar o dejar de lado las prácticas espirituales que en sus
inicios conoció y le dieron vida y crecimiento espiritual. Tal es el caso de la
misión del discípulo y la iglesia, como la práctica del evangelismo
personal.
Estoy concatenando a propósito los dos términos Misión y Evangelismo ya
que concurren expresiones del cuerpo de Cristo que dan por sentado que la
misión se hace fuera de los límites geopolíticos de sus propias naciones donde
residen físicamente. Por otro lado, también existen –dentro de ésas
expresiones- los que han dejado a un lado la práctica del evangelismo.
Al mismo tiempo, es frecuente encontrarse con los términos separados de
evangelismo y misión, los cuales se han pensado y hablado mucho, estos
conceptos, son ricos en asociaciones anteriores. Tienen significados primitivos
e inherentes en la medida en que se les ha usado con anterioridad. Todos
saben lo que quieren decir, aunque nadie los pueda explicar satisfactoriamente.
Más aún, es probable que el término Missioevangelismo sea un Anacoluto3, y
que no tenga rigor sintáctico, pero el propósito del autor es reunir en una sola
1
Pastor/Sociólogo/Maestrante en Filosofía.
Bolles, Robert. C. (1980). Teoría de la Motivación, Investigación experimental y evaluación. México,
D.F.: Trillas. p. 136
3
(Del latín «anacoluthon», griego «anakóluthos», que no sigue, derivado de «akóluthos», compañero de
camino; gramática). Apartamiento del rigor sintáctico en una frase, por dejarse llevar el que habla o
escribe del curso de su pensamiento;… " [María Moliner: DUE, vol. 1, p. 172]
2
palabra la misión que incorpora el evangelismo y el evangelismo que
incluye y comprende la misión.
Afirmaré ahora que la versión neotestamentaria que tenemos del trabajo de la
iglesia da a conocer un trabajo integral y no distingue la misión del
evangelismo, ni el evangelismo de la misión. Hoy por hoy, los hemos
separado en ministerios, áreas de trabajo o departamentos, privilegiando
a uno y restando recursos y efectividad al otro.
Más aún, desde el primer discurso de Pedro en el pórtico de Salomón (Hechos
3:11-26) el evangelismo estuvo presente en la cotidianidad de la iglesia
naciente. La narrativa del libro de los Hechos da cuenta de acciones y
motivaciones inspiradas por el Espíritu Santo que resultaron en miles de
conversiones: ¨y en ningún otro hay salvación…viendo el denuedo de Pedro y
Juan…y la multitud de los que habían creído era de un corazón y un alma… Y
por la mano de los apóstoles se hacían muchas señales y prodigios…¨.
Ahora bien: el capítulo 13 de Hechos cuasi siempre sirve como base para la
denominada Teología de la misión porque a partir de ahí el evangelismo se
convierte en misión, pero la misión no fue ni será posible sin el
evangelismo y viceversa. El mandato inicial del Señor Jesucristo da cuenta de
ello: Y les dijo: "Vayan por todo el mundo y prediquen el evangelio a toda
criatura. (NBH Mr.16:15)
En el portal de evangelismobíblico.com se lanza la pregunta: “La Misión, ¿Cuál
es la misión de vida? Ellos responden: nuestra misión de vida es el
Evangelismo”. Sobran textos y pasajes bíblicos para corroborar lo anterior, Mt.
28:18-20; Mr. 16:15; Luc. 24:46-47; Hch. 1:8; Rom. 10:13-15 y 2 Tim. 4:5 entre
otros.
Entonces, surge la pregunta: ¿cómo cumplimos con nuestra misión? La
respuesta está en la Palabra de Dios que es la autoridad final para el cristiano,
cumplimos con la misión, al obedecer el mandato de ir y evangelizar,
trabajando en esta visión con el propósito final de hacer discípulos. La
Biblia define nuestro mensaje, pero también los métodos, los cuales por cierto,
son face to face, los que evangelizan y pastorean a distancia tienen pocas
posibilidades de experimentar resultados reales y comprobables de sus
oyentes.
El mapa religioso mundial está cambiando, los fundamentalismos han
regresado, en los países del primer mundo miles de jóvenes son reclutados
para pelear las llamadas guerras santas. Aunque vivamos en la era
posmodernista, del descompromiso y de la huida, las iglesias locales y
denominaciones evangélicas tienen la oportunidad de aprovechar el bono
poblacional a favor de la causa más grande por la cual la iglesia existe: ir y
predicar este evangelio a toda cultura.
Pero recapitulemos: ¿Es más importante la misión que el evangelismo? De
ninguna manera, como lo anoté líneas arriba, se trata más bien de integrar
los dos conceptos en acciones de reconocimiento mutuo y de trabajo en
equipo. Recordando siempre que el marco teórico neotestamentario siempre
incluyó las dos acciones, toda vez que la sustancia misma de la misión
participó en la evangelización y trastornamiento del mundo conocido de los
tiempos de Pablo.
Finalmente, debo reconocer el concepto de misio Dei, acuñado por Karl Barth
(1932) y citado por David Bosch (1991): “En la nueva imagen, la misión no es
primariamente una actividad de la iglesia, sino un atributo de Dios”. “La misión
es, por lo tanto, vista como un movimiento de Dios hacia el mundo”, “Dios es un
Dios misionero”4.
¿Y cómo oirán si no hay quién les predique? (Ro. 10:14-c) NBD.
4
1991. (Bosch, D.) Transforming Mission: Paradigm Shifts in Theology of Mission. Maryknoll, NY: Orbis
Books, p. 389.
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