Perspectiva kantiana del racismo

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UNIVERSIDAD NACIONAL DEL COMAHUE
FACULTAD DE HUMANIDADES
PROBLEMAS DE LA FILOSOFÍA 2012
Alumno: Jorge Rubén Fernández
Legajo: 91.318
Abstract
La perspectiva Kantiana de la antropología y la geografía física, complementadas
para el estudio del hombre, desarrolla una teoría que explica la diversidad humana
racializada y jerarquizada. Es interesante constatar (Chukwudi Eze) el repertorio de fuentes
de que se nutren los trabajos antropológicos de Kant, las representaciones que toma y que
refuerza con su labor, y preguntarnos si estas representaciones sociales, acerca de
colectivos humanos no europeos, se expresan en la literatura y qué relevancia tiene en tal
caso, tanto en el periodo de trabajo de Kant, como antes y después del siglo XVIII.
También debemos indagarnos las razones de la acción discursiva racializante de las élites
simbólicas (Van Dijk) de occidente desde el trabajo de Kant, cómo la influencia en los
espacios discursivos (medios de comunicación, libros de texto, novelas, películas, etc.)
configura programas políticos de dominación y, expone (o esconde) ideología. Finalmente,
cabe escudriñar el discurso contra-hegemónico desde las ciencias, y contra las “ciencias”,
que intenta desabastecer la racialización que producen las élites.
Introducción
Cuando vimos a Kant, lo vimos a través de la inversión copernicana, lo vimos a
través de su sapere aude, su atrévete a pensar pero obedece, y también lo vimos a través de
su teoría raciológica por medio del trabajo de Chukwudi Eze, que hace una crítica de varios
aspectos de este trabajo de Kant. Algo de lo que escribe Chukwudi es el hecho que Kant no
es el primero en hacer teoría de clasificación de razas, sino que continua una línea de
1
trabajo empezada no hace mucho tiempo. Específicamente, para dar un ejemplo, en 1727 el
conde de Boulainvilliers escribe un libro que intenta probar la supremacía de la nobleza de
Francia por su descendencia de las razas dominantes de los francos. 1 Esto indica la
necesidad que tienen las élites europeas, la nobleza y luego la burguesía, de teorías que
sustenten el poder y la obtención del mismo. Esto puede acercarnos a dar con las razones
del racismo y la raciología. Podemos decir que el racismo es una práctica ideológica,
política, social, en razón de legitimar derechos de un “nosotros” por sobre derechos de un
“ellos”, apoyado en la jerarquización de los colectivos humanos que desarrolla la
raciología. Entonces, la raciología es una herramienta de los programas racistas de las
élites, una herramienta investida falazmente con el discurso científico. El trabajo
raciológico de Kant, como continuación de una línea discursiva, tiene la novedad de
constituirse como profundamente teorética y sobre las bases trascendentales que desarrolla
Kant, dice Chukwudi. Kant enlaza recíprocamente el contexto de génesis y desarrollo de
los colectivos humanos con la conformación racional y moral de los sujetos. Cuando
Chukwudi hace una crítica de las fuentes de Kant para tales trabajos, encuentra, tras
investigar, que el filósofo alemán se vale de casi cualquier escrito, serio o trivial, que
encuentra en su pueblo acerca de los sujetos no europeos, y que además recoge todos los
relatos de los navegantes que atracan en Königsberg. Kant no desoye ninguna
representación social establecida, que pueden expresarse en el comercio simbólico usual y
contemporáneo, y en la literatura precedente y también contemporánea.
Racismo y literatura
Nos interesa discurrir brevemente, desde el estudio de la literatura, si las líneas
discursivas racistas y raciológicas se entremeten en la elaboración de textos literarios. Si
hemos de estar de acuerdo con Van Dijk de que las élites siempre han sido y aún son parte
del problema del racismo, también estaremos de acuerdo con el hecho de que “el racismo
de las élites es principalmente discursivo”2. La literatura forma parte de las prácticas
discursivas, como también las emisiones de los medios de comunicación, los artículos de
1
2
Georg Lukács, 1959. Pág. 539.
Van Dijk, 2006. Pág. 16.
2
opinión, los trabajos académicos, etc. Definitivamente las élites siempre han producido
textos literarios, un ejemplo del siglo XVII es Francisco de Quevedo, poeta madrileño de
familia de hidalgos. Entre la obra de Quevedo hallamos el romance Boda de Negros. En
este poema encontramos algunas representaciones de la negritud africana:
Vi, debe de haber tres días,
en las gradas de San Pedro,
una tenebrosa boda,
porque era toda de negros.
Parecía matrimonio
concertando en el infierno,
Lo negro y lo demoniaco se relacionan en el poema. También se reproduce la
representación de la pestilencia, y se construye a los personajes desde lo marcadamente
social, son esclavos, pobres:
Tan pobres son que una blanca
no se halla entre todos ellos
No nos es desconocida esta estrategia de construcción. En Argentina, Esteban Echeverría,
produce, a mediados del siglo XIX, dos de sus textos más conocidos, La cautiva y El
matadero, de forma que nos recuerda el poema de Quevedo. La fiesta de los indios,
posterior al malón, en el poema La cautiva, contiene las representaciones que vimos en
Boda de negros: lo infernal, la pestilencia, la miseria. En Echeverría se agrega lo
amenazante, que también es parte del relato El matadero, pero donde lo político ya está
muy presente. Si en La cautiva, el indio, como sujeto del territorio apropiado por lo
occidental, es un factor de desestabilización por la amenaza que representa, en El matadero,
el pueblo, mezcla de criollos, negros, mulatos y mestizos, todos pobres, es también una
amenaza política por ser identificado directamente con el partido de los federales, liderados
en ese momento por Juan Manuel de Rosas. Quevedo también tiene entre su obra textos
políticos, uno de ellos es Execración contra los judíos, en el que exhorta al reino español a
no tomar préstamo de los banqueros judíos, ni aunque cobren menores intereses que otros
banqueros:
3
Lo segundo, afirmo que sus socorros y letras antes son espías, contra las
órdenes de V.M., a sus enemigos, que socorros. Siendo verdad infalible que
todos los judíos de España consisten para los asientos en dos cosas, que son
caudal pronto y crédito puntual: con el caudal trajinan y negocian, con el
crédito socorren. El caudal, como siempre le tienen sus pecados temerosos del
Santo Oficio y amenazado de confiscaciones, consiste en moneda y mercancías
portátiles y siempre dispuestas a la fuga.
Aquí notamos la representación común acerca de los judíos como sujetos enriquecidos por
la usura. En tal caso, y por otras muchas razones que describe en su escrito, Quevedo
propone la expulsión de todos los judíos del territorio español:
Si yo hubiese acertado a interpretar los retiramientos deste capítulo, no habré
perdido el tiempo ni la esperanza de autorizar en la brutalidad mía estas
palabras encaminadas a sólo el servicio de V.M. y gloria de Jesucristo en la
total expulsión y desolación de los judíos, siempre malos y cada día peores,
ingratos a su Dios y traidores a su rey, prometiéndome y creyendo que en todo
será lo justo y más acertado lo que V.M. determinare como monarca católico
lleno de admirables y esclarecidas virtudes.
Estos ejemplos, Quevedo y Echeverría, nos muestran la producción del discurso racista,
desnudando programas sociales y proyectos políticos, develando la ideología, los sistemas
existentes en la práctica de la sociedad respecto a lo económico, lo social, lo político, lo
cultural, lo moral, lo religioso, etc., con la intención de conservar el poder obtenido.
Sin embargo, no toda utilización de las representaciones y los estereotipos de las
comunidades humanas en la literatura es necesariamente racista. Podemos sospechar que
hay grados de conciencia en el empleo de tales imaginarios públicos en la construcción de
cualquier texto, porque no debemos olvidar que el autor siempre es un sujeto situado, y su
creación simbólica también está situada por tanto. El contexto de escritura, temporal y
geográfico, junto con la condición del escritor y el texto en sí, nos pueden decir algo de este
grado de conciencia, tanto para la literatura como para las demás prácticas discursivas. Al
decir de Chukwudi al respecto: “Kant se revela como el guardián de la imagen que tiene
Europa de sí misma como superior del resto del mundo como bárbaro”, y en otro pasaje:
“Es claro que lo que Kant establece como esencia de la humanidad, aquella en la que uno
4
debe convertirse para merecer la dignidad humana, suena propio del mismo Kant: blanco,
europeo y macho.”3
William Shakespeare, por ejemplo, se vale muchas veces de los estereotipos y
representaciones habituales de aquellos “otros”. Tenemos a Shylock de El mercader de
Venecia, judío que presta dinero y exige como garantía una libra de carne del pecho del
garante. Otro es Otello, moro veneciano, en una inicial representación del negro que se roba
una mujer blanca, y que es odiado por su alférez Yago sin una explicación convincente que
no sea un odio que usualmente es llamado odio racial. También está Aarón de Tito
Andrónico, otro moro, asociado a la idea del mal más satánico y destructivo. O, podemos
nombrar a Calibán de La tempestad, imagen asociada al indígena latinoamericano, con la
representación del esclavo artero, holgazán y cobarde, y también asociado al “hombre
natural” de Rousseau. Sin embargo, cierta crítica suele decir que Shakespeare, utiliza este
imaginario para confrontar, vía negativa, las ideas racistas de su época. Shakespeare le da
voz al “otro”, estos personajes reclaman vehementemente su condición humana ante la
expresión que los diferencia, reclaman sus derechos y posesiones, su cultura en fin. Uno de
los más impactantes reclamos es el de Shylock:
Él me había avergonzado y perjudicado en medio millón, se rio de mis
pérdidas y burlado de mis ganancias. Despreció a mi nación, desbarató mis
negocios, enfrío a mis amigos y calentó a mis enemigos y cuál es su motivo,
“Soy un judío”. ¿Es que un judío no tiene ojos? ¿Es que un judío no tiene
manos, órganos, proporciones, sentidos, afectos, pasiones? ¿Es que no se
alimenta de la misma comida, herido por las mismas armas, sujeto a las
mismas enfermedades, curado por los mismos medios, calentado y enfriado
por el mismo verano y por el mismo invierno que un cristiano? Si nos pincháis,
¿no sangramos? Si nos hacéis cosquillas, ¿no nos reímos?, Si nos envenenáis,
¿no nos morimos? Y si nos ultrajáis, ¿no nos vengaremos?
Tenemos las palabras de Calibán también, que podemos relacionar claramente con la
colonización, no solo territorial sino además lingüística como expresa el mismo personaje:
Tengo que comer. Esta isla
es mía por mi madre Sícorax,
y tú me la quitaste. Cuando viniste,
3
Chukwudi Eze, 2001. Págs. 250-251.
5
me acariciabas y me hacías mucho caso,
me dabas agua con bayas, me enseñabas
a nombrar la lumbrera mayor y la menor
que arden de día y de noche. Entonces te quería
y te mostraba las riquezas de la isla,
las fuentes, los pozos salados, lo yermo y lo fértil.
¡Maldito yo por hacerlo! Los hechizos de Sícorax
te asedien: escarabajos, sapos, murciélagos.
Yo soy todos los súbditos que tienes,
yo, que fui mi propio rey; y tú me empocilgas
en la dura roca y me niegas
el resto de la isla.
Me enseñaste a hablar, y mi provecho
es que sé maldecir. ¡La peste roja te lleve
por enseñarme tu lengua!
Como vemos también hay un uso no racista y quizá antirracista de las representaciones
habituales de la diversidad humana en la literatura, a diferencia de los ejemplos anteriores
¿quizá porque Shakespeare no pertenecía a ninguna élite? Es sencillo contrastar la situación
de los autores de los ejemplos, Quevedo y Echeverría fueron realmente representantes de
élites en sus respectivos contextos.
Para finalizar, hay que decir, como vimos, que en la producción discursiva de las
élites, en la que se incluye la literatura, se produce y reproduce el racismo, pero que
siempre hallamos un contradiscurso en el medio cultural dispuesto a desabastecer la
“razón” raciología y desmontar el racismo hegemónico que influencia hasta las charlas más
habituales de las personas. La raciología de Kant, con su elaboración discursiva investida
de cientificidad, ha influenciado en los siglos posteriores una búsqueda y desarrollo de la
raciología. Pero desde la ciencia misma se opone fuertemente un discurso racional y
científico que desmiente la posibilidad de que existan las razas.
6
Bibliografía
Chukwudi Eze, E. (2001). «El color de la razón», en Walter Mignolo (coord.):
Capitalismo y Geopolítica Del Conocimiento: El Eurocentrismo y la Filosofía de la
Liberación en el Debate Intelectual, págs. 201-251. Ed. del Signo Bs. As.,
Argentina.
Lukács, G. (1959). El Asalto a la razón: la trayectoria del irracionalismo desde
Schelling hasta Hitler, capitulo VII, I, «Los orígenes del racismo en el siglo XVIII».
Fondo de cultura económica, Mexico, D.F.
Van Dijk, T. A. (2006). «Discurso de las élites y racismo institucional», en Lario
Bastida, M. (coord.): Medios de comunicación e inmigración, págs. 15-36. Murcia:
Caja de Ahorros del Mediterráneo y Convivir sin Racismo.
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