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Yawar Fiesta (novela) (1)

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Yawar Fiesta (novela)
Yawar Fiesta (Fiesta de Sangre) es la primera novela del escritor
peruano José María Arguedas publicada en 1941. Pertenece a la
Yawar Fiesta
corriente del indigenismo. Ambientada en el pueblo de Puquio
de José María Arguedas
(sierra sur del Perú), relata la realización de una corrida de toros al
estilo andino (turupukllay) en el marco de una celebración
Género
Narración
denominada yawar punchay. Según los críticos, es la más lograda
Tema(s)
Corrida de toros al estilo andino
Idioma
Español
Editorial
Compañía de impresiones y
publicidad
Ciudad
Lima
País
Perú
Fecha de
publicación
1941
Formato
Impreso
de las novelas de Arguedas, desde el punto de vista formal. Se
aprecia el esfuerzo del autor por ofrecer una versión lo más
auténtica posible de la vida andina sin recurrir a los
convencionalismos y al paternalismo de la anterior literatura
indigenista de denuncia.
Índice
Serie
Elaboración
Argumento literario
Temas
Escenarios
Época
Diamantes y
Yawar Fiesta
pedernales
(1954)
[editar datos en Wikidata]
El narrador
Contexto literario
Contexto social
Contexto ideológico
Resumen
Personajes
Principales
Secundarios
Estructura
Resumen por capítulos
Análisis
Adaptación cinematográfica
El Pueblo de Puquio. Su gente
Referencias
Bibliografía
Elaboración
El tema de una corrida de toros al estilo andino (o “indio”) como centro de un conflicto que enfrenta a razas y grupos sociales en un
poblado de la sierra peruana nació en la mente de Arguedas cuando, según su confesión, asistió a una corrida en Puquio, en julio de
1935. En esa ocasión uno de los capeadores indios, apodado el Honrao, fue destrozado por el toro. En 1937 Arguedas publicó dos
relatos que son antecedentes de la novela: uno titulado “El despojo”, que apareció en la revista limeña Palabra, nº 4, mes de abril
(que luego se constituyó en el segundo capítulo de la novela); y el otro titulado “Yawar (Fiesta)”, publicado en la Revista Americana,
año XIV, Nº 156, en Buenos Aires (que es una versión primigenia de la novela). Su deseo de rehacer este relato se vio interrumpido
por su estancia en la cárcel de El Sexto, entre 1937-38, por lo que solo pudo llevarlo a la práctica en el segundo semestre de 1940,
luego de asistir al Congreso Indigenista de Patzcuaro, en México. Se hallaba entonces en Sicuani, donde ejercía la docencia en un
colegio nacional. Aprovechando unas vacaciones de medio año, Ar
guedas escribió de corrido la novela. Un incentivo fue un concurso
continental de novela hispanoamericana convocada por una editorial de los Estados Unidos: jurados reunidos en cada país
hispanoamericano debían elegir una novela representativa que sería enviada a un jurado internacional auspiciado por dicha editorial.
En el Perú el jurado nacional estuvo conformado por Augusto Tamayo Vargas, Estuardo Núñez, Luis E. Valcárcel, entre otros. A
medida que avanzaba los capítulos de su novela Arguedas los iba enviando a Lima, a su amigo el poeta Manuel Moreno Jimeno. La
correspondencia entre ambos documenta al detalle la labor de Arguedas. Pero para éste debió ser una decepción que no se eligiera su
novela como representante del Perú en el concurso internacional, siendo desplazado por la obra de un desconocido, José Ferrando,
titulada Panorama hacia el alba. Cabe agregar que la ganadora del concurso internacional fue nada menos que la gran novela
indigenista de Ciro Alegría, El mundo es ancho y ajeno, enviada en representación de Chile, donde dicho escritor se hallaba
desterrado.1
Argumento literario
La novela relata una de las costumbres más tradicionales de las comunidades indígenas del Perú: la “corrida india”, que se celebra
todos los años el 28 de julio, aniversario de la fundación de la República del Perú. La corrida india es un evento espectacular donde
un toro debe enfrentarse, en un pampón, a unos cien o doscientos indios a manera de toreros o capeadores espontáneos, y del cual son
parte otros elementos como la música de los wakawak`ras, (trompetas de cuerno de toro), cánticos populares (huaynos), el consumo
de aguardiente, el uso de dinamita para matar al toro, e incluso la muerte de muchos indios, despanzurrados por el cornúpeta. Esta
tradición se ve amenazada por una orden proveniente de la capital, que la prohíbe pues la considera una práctica “bárbara”. Ante la
negativa de los indios para acatar la orden, las autoridades buscarán la manera de permitir las corridas pero “decentemente”:
contratan un torero profesional que lidiará a la manera “española”. Con ello quitan la esencia misma de la fiesta, pero esta finalmente
se realiza, imponiendo los indios su tradición ante los ojos de los principales del pueblo. Cabe señalar que en este relato de Arguedas
no se menciona al cóndor atado al lomo del toro, que actualmente es la variante más conocida del
yawar fiesta.
Temas
El tema principal es la realización de la corrida de toros al estilo andino. Temas secundarios son: la invasión de los blancos o mistis a
Puquio, los abusos y violencias de los gamonales sobre los indios, la construcción de la carretera de Puquio a Nazca, la migración de
miles de indios a Lima.
Escenarios
La novela está ambientada principalmente enPuquio, capital de la provincia de Lucanas en el departamento de Ayacucho, en la sierra
sur peruana. El pueblo está conformado por cuatro ayllus indios: Pichk’achuri, K’ayau, K’ollana y Chaupi. Cada uno de estos ayllus
tiene su barrio propio y su plaza. Los mistis o principales del pueblo (blancos y mestizos) vivían en el jirón Bolívar, en uno de cuyos
extremos se extiende la plaza principal o de armas, en torno al cual se levantan los principales edificios públicos: la Subprefectura, el
puesto de Guardia Civil, el Juzgado de primera instancia, la Municipalidad, la Escuela Fiscal dearones.
V
Otros escenarios son:
Las zonas altas cercanas a Puquio, donde vivían los punarunas (hombres de la puna) y el toro Misitu.
La ciudad de Lima, adonde habían migrado miles de lucaninos, entre los cuales los puquianos conformaban la
colonia más numerosa y pujante.
Época
Cronológicamente la obra está ambientada en la década de 1930, aunque hace regresiones a épocas pasadas, como los años 1920, e
incluso a siglos antes, en tiempos de la gestación del pueblo puquiano.
El narrador
Para Vargas Llosa, el principal personaje de la obra es el narrador, que es sutil y versátil, diferenciándose así del narrador tradicional
(como por ejemplo, Ciro Alegría) que suele ser intruso, egolátrico y que interfiere constantemente en el relato. Sutil, porque sabe
ocultarse y finge invisibilidad, y versátil, porque tiene la habilidad de desplazarse para mostrarnos cabalmente el mundo complejo
que recrea, dividido en grupos étnicos y culturas enfrentadas entre sí. Según el criterio de Vargas Llosa, el modo de narrar de
2
Arguedas lo acerca más a los modernos narradores, siendo este uno de sus mayores logros literarios.
Contexto literario
La novela es una de las obras representativas del movimiento literario indigenista, donde su autor utiliza una fusión estilizada de la
lengua castellana y el quechua para tratar de describir de la manera más auténtica posible la realidad de los pueblos andinos del Perú,
en particular los pueblos de la sierra centro y sur. El autor, aunque reconoce la importancia de los anteriores representantes del
indigenismo (Enrique López Albújar, Ventura García Calderón), se diferencia de ellos y asegura mostrar más fielmente la realidad del
indio, al haberse él criado y vivido en medio de ese ambiente andino.
Contexto social
La obra describe una realidad enmarcada durante la primera mitad del siglo XX, época en que la sierra del Perú se hallaba sumida en
un enfrentamiento entre los terratenientes blancos o mestizos (patrones) y los siervos indios (campesinos). Los opresores, apoyados
por el gobierno central, trataban de imponer sus costumbres occidentales sobre los pueblos autóctonos del Perú; en contraparte, los
indígenas pugnaban por mantener sus tradiciones, en muchos casos ya amestizadas. Es también la época en que Lima empieza a
inundarse de inmigrantes andinos, quienes se organizan en asociaciones o centros regionales para ayudarse mutuamente frente a los
abusos y las discriminaciones que sufren.
Contexto ideológico
La novela surge en medio de una polémica nacional entre las dos posiciones ideológicas más representativas de la segunda mitad del
siglo XX: el socialismo y el capitalismo. La primera estaba ligada a la valorización de la figura de José Carlos Mariátegui y a la
defensa del indio contra los abusos y la marginación de las autoridades. El capitalismo, a su vez, estaba vinculado a una estructura
económica basada en capitales americanos que desconocía las tradiciones autóctonas. Esta tensión desigual fue la causa de que
muchas personas, entre ellas Arguedas, enfrentaran conflictos de identidad y tomaran conciencia de la importancia de revalorizar el
mundo andino, sus derechos y su idioma. Por ello, las obras de este escritor plasman un mundo en conflicto entre indios y
“principales” a la vez que proponen una visión estética diferente basada en la perspectiva que tiene el mundo andino de su realidad y
de las realidades ajenas.3
Resumen
Los primeros capítulos ofrecen el trasfondo histórico de los hechos dramáticos que van a seguir. Se habla de un tiempo en que la
ciudad de Puquio y los lugares aledaños eran propiedad de los ayllus (comunidades indígenas), los mismos que después fueron
invadidos por los mistis (gente blanca y mestiza), quienes se apoderaron de las tierras de cultivo para convertirlas en pastizales para
alimento del ganado.
Luego se narra magistralmente las preparaciones para el turupukllay (corrida de toros) en el marco de las celebraciones por el
aniversario patrio; se oyen cánticos, suenan los wakawak`ras, trompetas de cuerno de toro que se tocan incesantemente durante las
fiestas. Luego se describe al “Misitu”, el toro montaraz, el cual debe ser traído por los indios desde la puna hasta el coso. El ambiente
de la fiesta sube de temperatura y los ánimos se exaltan.
Aparecen los problemas cuando el subprefecto prohíbe por mandato del gobierno central que la fiesta sea a la manera “india”, es
decir, con la intervención del público como toreros espontáneos y con el uso de dinamita para matar al animal. Los principales mistis
sugieren que la fiesta sea en adelante con la participación de un torero profesional y que se sigan las reglas de la tauromaquia
española.
El pueblo de Puquio no está de acuerdo con que se realice la fiesta de la manera como quiere el gobierno central, pero algunos
puquianos que radican en Lima contratan un torero español y lo envían a Puquio. Llega el día de la fiesta taurina, y el pueblo
puquiano impone finalmente su tradición. El torero español es abucheado y en su lugar entran al coso los toreros puquianos, para
lidiar a la manera “india”, ante lo cual el subprefecto y las demás autoridades no se atreven a oponerse, temerosos de la reacción de la
muchedumbre.
Personajes
Los personajes de la obra se pueden dividir en tres grandes grupos:
Los indios de Puquio, divididos en cuatro ayllus: K’ayau, Pichk’achuri, Chaupi, K’ollana. Sus autoridades son los
varayoks, cuatro por ayllu, dieciséis en total. Cada uno de los cuatro grupos de varayok’s está encabezado por un
varayok alcalde.
Los mistis (blancos y mestizos), son los vecinos notables o principales del pueblo, que viven en el jirón Bolívar.
Conforman la clase dominante: terratenientes, negociantes, letrados, autoridades municipales. Junto con ellos están
las autoridades enviadas desde Lima como representantes del gobierno central (subprefecto, jueces), generalmente
blancos y costeños.
Los chalos o mestizos pobres, al servicio de los mistis.
Pero por una cuestión didáctica es necesario individualizar a los personajes en principales y secundarios.
Principales
El Misitu, es el toro elegido para la “corrida india”. Vive solo en la puna, abrigado por los queñuales de Negromayo,
en K’oñani, adonde los indios temían entrar. Posiblemente había huido de algún criadero cercano, pero los indios
imaginaban que había salido de las aguas de una laguna y le atribuían cualidades sobrenaturales.
Los varayok’s o autoridades indígenas de Puquio, cuatro por cada uno de los cuatro ayllus, dieciséis en total.
Encabeza cada ayllu un varayo’k alcalde.
Don Julián Arangüena, misti o vecino notable de Puquio, es un terrateniente dueño del territorio donde vive el toro
Misitu. Es detestado por los indios por sus violencias y abusos. No se opone a la “corrida india”, aunque no
simpatiza para nada con los indios, a quienes considera seres inferiores.
Don Pancho Jiménez, es otro misti o vecino principal de Puquio, dedicado a la venta de aguardiente y abarrotes. Es
unos de los principales defensores de la “corrida india”. Por su constante oposición a la autoridad y por azuzar a la
gente del pueblo es apresado y tenido incluso como un peligro necesario de eliminar
.
El Subprefecto, es la autoridad que representa al gobierno central. Es costeño y detesta las costumbres de los
indios, por lo que está dispuesto a hacer cumplir la prohibición de las corridas indias.
Secundarios
El alcalde don Antenor y sus concejales.
El Juez.amigo del alcalde
Don Demetrio Cáceres, vecino principal de Puquio, que se pone a favor de la abolición de la corrida india, pero se
deja entrever que solo lo hace para adular a las autoridades.
Don Jesús Gutiérrez, otro vecino principal de Puquio, quien también está contra las costumbres de los indios que
considera bárbaras.
El Sargento, natural deArequipa, encargado de resguardar el orden en el pueblo.
Los capeadores o toreros indios: Wallpa, K’encho, el “Honrao” Rojas, el Tobías.
El Vicario, representante de la Iglesia Católica en Puquio. Es quien dirige la construcción de la carretera de Puquio
a Nazca y quien convence a los indios a aceptar la realización de una corrida a la española.
El layka o brujo de Chipau, quien se ofrece a acompañar a los indios k’ayaus durante la captura del Misitu, pues
decía hablar de parte del auki K’arwarasu, deidad tutelar de la montaña de dicha nombre a quien los indios invocan
su favor. Muere destripado por el toro.
Ibarito II, torero español, radicado en el Perú desde hacía diez años. Es contratado en Lima por la comunidad de
Lucanas, a fin de que toree “civilizadamente” en una plaza construida para tal fin en Puquio. Al final, rehuye
enfrentarse al Misitu, ante las pifias del público.
El Estudiante Escobar o Escorbacha, mestizo de Puquio residente en Lima, es el presidente del Centro Unión
Lucanas, asociación de hijos o naturales de la provincia de Lucanas residentes en la capital. Ideológicamente está
influenciado por la prédica indigenista y el pensamientomariateguista.
El chofer Martínez, indio de Puquio residente en Lima, es fiscal del Centro Unión Lucanas. Aprendió a hablar
castellano y de vuelta a Puquio, se atreve a insultar al gamonal Julián Arangüena, llamándolo “ladrón”.
Guzmán, apodado el “Obispo”, es otro lucanino residente en Lima. Es empleado y ejerce como vocal del Centro
Unión Lucanas. Destaca como orador.
Estructura
La novela está dividida en 11 capítulos, titulados y numerados con dígitos romanos; cada capítulo trata temas aislados pero
secuenciales, aunque algunos capítulos refieren hechos sucedidos tiempo atrás con respecto al relato central, como el capítulo II
donde se relata del despojo que cometieron los invasores mistis, y el capítulo VII, donde se narra la construcción de la carretera de
Puquio a Nazca y la migración de los lucaninos a Lima.
Resumen por capítulos
I.- PUEBLO INDIO.- Se describe a Puquio, “pueblo indio” conformado por cuatro ayllus o barrios indios: Pichk’achuri, K’ayau,
K’ollana y Chaupi. Entre ellos existía rivalidad para demostrar quién sobresalía más. Los mistis o principales del pueblo (blancos y
mestizos) habían invadido el pueblo ya hacía mucho tiempo atrás, constituyendo un barrio que después fue conocido como el jirón
Bolívar.
II.- EL DESPOJO.- En este capítulo se describe los abusos y robos que realizaban los mistis contra los indios. Les arrebataban sus
tierras mediante argucias legales y convertían terrenos tradicionalmente dedicados al cultivo de papa y trigo en alfalfares para
alimentar al ganado, pues la venta de carne era más rentable. Incluso invadieron las tierras altas o puna, obligando a los indios de esa
zona a entregarles ganado y a trabajar la tierra como peones.
III.- WAKAWAK’RAS, TROMPETAS DE LA TIERRA.- Al acercarse las fiestas patrias del 28 de julio empiezan a oírse en el
pueblo el sonido de los wakawak’ras, trompetas indias hechas de cuernos de toro y que anunciaban las corridas de toros al estilo
indio (toropukllay). Se comentaba que para esta ocasión el ayllu de K’ayau se había comprometido a traer al toro Misitu, animal
montaraz que vivía en la puna, al cual hasta entonces nadie había podido sacarle de su querencia.
IV.- K’AYAU.- Los del ayllu K’ayau lograron convencer al hacendado don Julián Arangüena para que les cediera al Misitu, que
pasteaba en las tierras altas de su propiedad. Todos celebraron el acontecimiento y en el pueblo no se hablaba sino de las próximas
corridas que prometían ser todo un acontecimiento. Hasta mistis como el negociante don Pancho Jiménez se alegran, más no el
Subprefecto, quien consideraba las fiestas como algo bárbaro y pagano.
V.- EL CIRCULAR.- El Subprefecto anuncia la llegada de un circular de parte del Gobierno por la cual se prohibían en toda la
República las corridas de toro al “estilo indio”, a fin de evitar muertos y heridos. Los vecinos principales se dividen ante tal noticia:
unos, encabezados por don Demetrio Cáceres, están de acuerdo con abolir lo que consideran una costumbre salvaje, mientras que
otros, a través de la voz de don Pancho, solicitan que al menos se permita ese año celebrar por última vez las corridas según la
costumbre india, pues los preparativos ya estaban avanzados. El Subprefecto se muestra inflexible y advierte que castigará a quien se
atreva contradecirle. Don Pancho es encarcelado, acusado de revoltoso. Las autoridades municipales aceptan lo ordenado en la
circular y como alternativa se acuerda la contratación de un torero profesional en Lima, a fin de realizar corridas al estilo
“civilizado”, es decir, español.
VI.- LA AUTORIDAD.- Enterados de la prohibición, los indios se reúnen en masa en la plaza principal, donde el alcalde y el vicario
logran tranquilizarlos, garantizándoles que de todas maneras habría turupukllay. El Subprefecto hace traer a su despacho a don
Pancho, con quien tiene una conversación muy accidentada; al final lo suelta, advirtiéndole que no azuzara a los indios, pues de lo
contrario volvería a prisión. Cuando ya estaba don Pancho retirándose, caminando en medio de la plaza, el Subprefecto ordena al
Sargento que le dispare por la espalda, pero el Sargento se niega a realizar tal villanía. Este capítulo nos muestra descarnadamente la
degeneración moral de las autoridades enviadas desde la capital.
VII.- LOS “SERRANOS”.- En este capítulo se describe la migración de miles de lucaninos hacia la capital, lo cual fue posible
gracias a la carretera de Puquio a Nazca, que los mismos puquianos construyeron en solo 28 días, dirigidos por el Vicario o cura del
pueblo. La mayoría de los inmigrantes andinos trabajan como obreros, empleados y sirvientes, e invaden terrenos en los arenales
donde construyen viviendas precarias, aunque también llegan a Lima algunos mistis adinerados quienes instalan negocios y compran
terrenos para vivienda en zonas residenciales. En general son tratados despectivamente por los limeños y llamados “serranos” a modo
de insulto. Los lucaninos residentes en Lima forman una asociación para defenderse y apoyar a sus coterráneos, el Centro Unión
Lucanas. Su presidente es el estudiante Escobar, un mestizo de Puquio, influenciado por el pensamiento de José Carlos Mariátegui,
sociólogo marxista.
VIII.- EL MISITU.- En este capítulo se cuenta sobre el toro Misitu, que era un ser cuasi legendario, pues los indios decían que no
tenía padre ni madre sino que había surgido de un remolino de las aguas de la laguna Torkok’ocha; su fama sobrepasaba los límites
de la provincia de Lucanas. Vivía en la puna o zona alta, abrigado por los queñuales de Negromayo, en K’oñani. El hacendado don
Julián Arangüena había intentado capturarlo, sin lograrlo, por lo que decidió regalarlo, primero a los habitantes de K’oñani y
finalmente a los de K’ayau.
IX.- LA VÍSPERA.- El Subprefecto llamó a su despacho a los principales vecinos para acordar la manera prudente de hacer cumplir
la circular sin causar el malestar de los indios. Uno de los vecinos, don Demetrio, le informa del plan del Vicario: harían construir un
pequeño coso en la plaza de Pichk’achuri y se convencería a los pobladores que era mejor espectar allí el evento, en vez de usar todo
el pampón de la plaza. También se les persuadiría de evitar el uso de dinamita y el ingreso del público a la arena, a fin de evitar
muertos y heridos. Se informa también que ya en Lima el Centro de Lucanas había contratado a un torero español para enviarlo a
Puquio. El Subprefecto acepta todos estos planes; el Vicario cumple entonces su parte y convence a los varayok’s indios de construir
un pequeño coso con troncos de eucaliptos.
X.- EL AUKI.- El narrador explica la relación y la veneración que tienen los puquianos hacia los espíritus de los cerros,
especialmente hacia el auki (jefe) K’arwarasu, padre de todas las montañas de Lucanas. Los del ayllu de K’ayau se encomiendan a él
para lograr la captura del Misitu. Encabezados por el varayok alcalde suben a su cumbre y entierran una ofrenda. De regreso les
acompaña el layka (brujo) de Chipau, quien se ofrece a guiarlos a capturar al toro. Los de K’ayau logran lacear al Misitu y lo llevan a
rastras hacia el coso de Puquio. El layka es destripado por el toro y su muerte se entiende como un sacrificio de sangre para
compensar el favor otorgado por el auki.
XI.- YAWAR FIESTA.- El día de la festividad patria apareció una multitud inmensa en Puquio, proveniente de toda la provincia de
Lucanas e incluso de otros lugares más lejanos, para ver el evento taurino que se realizaría en el coso armado en la plaza de
Pichk’achuri. Mientras tanto, don Pancho y don Julián fueron encerrados en la cárcel por órdenes del Subprefecto, para evitar que
revolvieran a los indios. El coso rebalsó y muchos se quedaron en las afueras, insistiendo ingresar vanamente. Apareció el Misitu en
la Plaza y de inmediato ingresó el torero Ibarito II, quien ante la música de los wakawak’ras y el canto lúgubre de las mujeres, sintió
inseguridad. Al principio capeó bien, pero luego el toro buscó su cuerpo y trató de arrollarlo, aunque pudo escapar y refugiarse en los
escondederos. Ello provocó la burla de los indios, quienes exigieron que salieran a torear los suyos: el Wallpa, el Honrao, el Raura, el
K’encho. El primero en ingresar fue Wallpa, quien luego de dos hábiles capeadas, fue alcanzado por el toro, que incrustó uno de sus
cuernos en su ingle, clavándolo en uno de los troncos de la cerca. Los demás toreros indios lograron con gran esfuerzo separar al toro
del cuerpo de Wallpa. El varayo’k alcalde de K’ayau alcanzó un cartucho de dinamita al Raura, con el que finalmente hirieron
mortalmente al toro, mientras que Wallpa sangraba a borbotones por la pierna hasta inundar el suelo con su sangre. El alcalde le dijo
entonces al Subprefecto que así eran sus fiestas, elyawar punchay verdadero.
Análisis
Antonio Cornejo Polarseñala que
“Yawar fiesta rectifica varias normas básicas de la novela indigenista tradicional. Por lo pronto, más que
revelar la opresión y congoja de los indios, esta novela busca subrayar el poder y la dignidad que el pueblo
quechua ha sabido preservar pese a la explotación y al desprecio de los blancos. Es la narración del triunfo
de este pueblo en su decisión de conservar su idiosincrasia cultural y ciertos aspectos de su organización
social. La victoria de los ayllus frente a las autoridades del poder central, los terratenientes y los mestizos
"alimeñados" es un episodio absolutamente insólito dentro de la norma indigenista. De otra parte, Yawar
fiesta inicia el tratamiento de un tema que tendrá su plasmación cabal mucho más adelante: el de los
señores que sin dejar de oprimir al pueblo indígena han sido ganados por su cultura y en este sentido se
sienten más cercanos a sus siervos que a los hombres de la costa. Don Julián es el antecedente de don
Aparicio (Diamantes y pedernales) y de don Bruno (Todas las sangres). De aquí se desprende que en
Yawar fiesta se ausculta la posibilidad de entender el mundo andino como una totalidad, aunque
internamente conflictiva, y de oponerla, con todas sus contradicciones, al sistema socio-cultural
occidentalizado de la costa peruana. De esta manera comienza a construirse la secuencia de ampliaciones y
contrastes que sólo terminará en El zorro de arriba y el zorro de abajo. Arguedas fue muy consciente de la
necesidad de este proceso de contextualización: "solamente pueden conocer bien al indio —decía— las
personas que conocen también, con la misma profundidad, a las gentes o sectores sociales que han
determinado que el indio sea tal como es ahora".”4
Julio Ramón Ribeyro ha dicho de esta novela que su autor
“traza en ella la mejor semblanza social y económica de lo que puede ser un pueblo grande de la sierra, que
no tiene parangón en nuestra literatura por la exactitud de la información y la lucidez del análisis.”
Adaptación cinematográfica
La novela fue llevada al cine por Luis Figueroa, cineasta cuzqueño. Se estrenó en 1986 y su realización mereció varios
reconocimientos internacionales. Cabe destacar que en la película se adiciona un detalle que no figura en la novela: la participación
del cóndor atado al lomo del toro de lidia, que no obstante es una variante veraz del yawar fiesta celebrado especialmente en los
departamentos de Ayacucho y Apurímac.
El Pueblo de Puquio. Su gente
Un lugar para mantener vivos, los recuerdos de su puebloAsociación Provincial Lucanas Puquio
Referencias
1. Vargas Llosa 1996, pp. 114; 127-128.
2. Vargas llosa 1996, pp. 119; 128-131.
3. Ángel Heredia, ficha nº 15, Biblioteca El Comercio 2002.
4. A. Cornejo Polar, 1980, pp. 128-129.
Bibliografía
Arguedas, José María: Yawar Fiesta. Lima, PEISA, 2002. Gran Biblioteca de Literatura latinoamericana El
Comercio, Tomo 15, con ficha de lectura.ISBN 9972-40-219-3
Cornejo Polar, Antonio: Historia de la literatura del Perú republicano. Incluida en Historia del Perú, Tomo VIII. Perú
Republicano. Lima, Editorial Mejía Baca, 1980.
Sánchez, Luis Alberto: La literatura peruana. Derrotero para una historia cultural del Perú, tomo V. Cuarta edición y
definitiva. Lima, P. L. Villanueva Editor, 1975.
Vargas Llosa, Mario: La utopía arcaica. José María Arguedas y las ficciones del indigenismo. Fondo de Cultura
Económica. México, 1996.ISBN 968-16-4862-5
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