Subido por Cristopher Tenorio

De los Contratos Civiles - Ramón Sánchez Medal

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Muciana en el Derecho Mexicano,
en
/;¡¡ Deudas de Dinero, en Jus, Rede 1948.
la revista "Liberté d'enseignement"
1, págs. 3 a 7, y junio de 1961, Nos.
Colección Panorama (tres ediciode 1964).
Panorama
nnvi••mhrP
Hijos, estudio presentado ante el V
"El Derecho y la Libertad Religiode 1965. Reproducido en "EducaPlata, Buenos Aires, No. 62, Año
1966.
De rede Derecho Notarial, México,
Impresores, México, 1972.
1973, Distribuido por la Libre-
1993 y de
DE LOS CONTRATOS CIVILES
OTROS ESTUDIOS JURÍDICOS DEL AUTOR
Bienes de ÚJ Esposa en ÚJ Quiebra del Marido, LA Presunción Muciana en el Derecho Mexicano,
Editorial Jus, México, 1942.
El Pacto de Anatocismo y los Daños y Perjuicios Moratorias en las Deudas de Dinero, en Jus, Re-
vista de Derecho y Ciencias Sociales, México, Agosto de 1948.
Le Probléme de l'éducation dans ÚJ legislation mexicaine, en la revista "Liberté d'enseignement"
de París, Francia, mayo de 1961, Nos. 210 y 211, págs. 3 a 7, y junio de 1961, Nos.
214 y 215, págs. 18 a 21.
Discriminazione Scolastica, en Studi Cattolici, rivista di teología pratica, anno VI, luglio-agosto, 1962, n. 31, Roma, Italia.
El Derecho de Educar en la Escuela, Editorial Jus, México, Colección Panorama (tres ediciones: septiembre de 1963, noviembre de 1963 y noviembre de 1964).
En Defensa del Derecho de los Padres de Familia, Editorial Jus, México, Colección Panorama
(dos ediciones: junio de 1964 y noviembre de 1964).
Derecho de los Padres a la Educación Religiosa de sus Hijos, estudio presentado ante el V
Congreso Internacional de Juristas Católicos sobre "El Derecho y la Libertad Religiosa", reunido en Salamanca, España, en septiembre de 1965. Reproducido en "Educadores", Revista Latinoamericana de Educación, La Plata, Buenos Aires, No. 62, Año
X, marzo-abril de 1967.
Hacia la Reforma de las Leyes sobre Educación, J us, México, 1966.
La Educación y el Concilio, Editorial Jus, Colección Panorama, México, 1966.
LA Propiedad Privada en los Cauces Abandonados en el Distristo Federal, en la Revista de Derecho Notarial, México, Año XIII, Núm. 36, octubre de 1969.
La Libertad en el Matrimonio y en el Divorcio, en la Revista de Derecho Notarial, México,
Año XV, No. 41, enero de 1971.
Los Contratos de las Uamadas "Compañías Arrendadoras", en la Revista de Derecho Notarial,
México, Año XVI, No. 47, junio de 1972.
Dos Códigos Civiles y una Escuela de Derecho, Talleres Fuentes Impresores, México, 1972.
El Divorcio Opcional, Talleres Fuentes Impresores, México, 1973, Distribuido por la Librería Porrúa.
Naturaleza Juridica de la Sociedad Conyugal en la Revista de Derecho Notarial, México, Año
XVII, No. 52, septiembre de 1973.
La Reforma de 1975 al Derecho de Familia con ocasión del Año Internacional de la Mujer (dos
ediciones: marzo de 1975 y abril de 1975). Distribuido por la Librería Porrúa.
Un nuevo Matrimonio Civil y el Pacto de Indisolubilidad, México, 1975, estudio para el XIII
Congreso Internacional del Notariado Latino reunido en Barcelona, España.
Una Nueva Legislación sobre ron/ratos y sobre Propiedad Urbana, México, 1976. Distribuido
por Librería Porrúa.
El Nuevo Registro Público de la Propiedad, México, 1979. Distribuido por la Librería Porrúa.
Los grandes Cambios en el Derecho de Familia de México, Editorial Porrúa, (dos ediciones de
1979 y 1991).
El fraude ÚJ Constitución y el único amparo en México contra una reforma demolitoria de la Constitución, Editorial Porrúa, México, 1988.
La nueva Ley sobre arrendamientos para habitación, México, 1985.
Temas Juridicos de Actualidad, México, 1990.
La Nueva Legislación sobre Libertad Religiosa, Editorial Porrúa, (dos ediciones de 1993 y de
1997).
Reformas y no abrogación del Código Civil, México, 2000.
DE LOS CON
RAMÓI\
Alber1o Tr'lllluccfil
111110 ..................
ACADÉMICO DE NÚMERO DE LA ACADE~
PONDIENTE DE LA DE ESPANA. PROFESC
DERECHO, PROFESOR POR OPOSICIÓN DE
UNAM, Y PRESIDENTE HONORARIO
ACCADEMIA NAl!ONALE DEl LINCEI
PadoTa, 30 de urzo 1989
Lic. Ramon Sanchez
Praga 39 - 4° piso
D
~edal
~EXISO
6 D.F.
Caro Collega ed amico Rambn,
~ron ho potuto galutarLa meglio,
come avrei desiderata, prima di partire dal ~ssico. Avrei
desiderata salutare e avrei dovuto ringraziare per 11 prezioso aono della nona edizione del Suo importante volume
sui Contratti Civil!.
Lo faccio ora, dopo aver potuto apprezzare 11 graode valore del volume, nel quale Klla ha avuto la bonta di tenere in canto anche miei studi. Se, purtroppo, non riesco a
parlare la Vostra bP-lla lineua, cap1sco benissimo gli scritti, e lP-ggo ~he la Sua produzione ~ veramente cospicua, varia
e di grande significat~. Alla prima occasione, Le farO avere
alcuni miei recenti scritti, espero che Lei li vorra gradire, istitu~ndo un piu vicino contatto tra il diritto ciTile
italiano e la dottrina messicana.
Ricardo, aquesto proposito, che nella sera del nostro breve incontro s~ ~ parlato anche della possibtli~ di
una traduzione in lingua spagnola delle mi e '·Isti tuzioni a,
giunte ora al traguardo della 30.a ediztone. Se si trova un
traduttore e se c'e un editare di Kexico city disposto, noi
saremmo ben lieti di facilitare la realizzazione del progetto.
Sarebbe una collaborazione cerlaaente proficua per tutti!
In attesa di aTere un ~o corlese riscontro, sono u ..
to di rinnovarLe 11 piu cordiale salute, espressiODe di stlaa e
s~atia. 1 mi creda, aff •.o
CONTRA:
Teoría (
Cont~
Registro Pí
Vige.
Rez;is,
Jaime Inchau
Pri1
EDITO:
AV. REPÚE
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.
., .....__
..........
Alberto Tr8bucc:fil
OT&,
RAMÓN SÁNCHEZ MEDAL
ACADÉMICO DE NÚMERO DE LA ACADEMIA MEXICANA DE JURISPRUDENCIA Y LEGISLACIÓN CORRESPONDIENTE DE LA DE ESPAÑA, PROFESOR TITULAR DE DERECHO CIVIL EN LA ESCUELA LIBRE DE
DERECHO, PROFESOR POR OPOSICIÓN DE DERECHO ROMANO EN LA FACULTAD DE DERECHO DE LA
UNAM, Y PRESIDENTE HONORARIO DE LA COMISIÓN MEXICANA DE DERECHOS HUMANOS
30 de mano 1989
DE LOS
ico Bambn,
ho potuto ulutarLa meglio,
partire dal Uessico. Avrei
to ringraziare per il preel ~o importante volume
CONTRATOS CIVILES
Teoría General del Contrato
Contratos en Especial
Registro Público de la Propiedad
er potuto apprezzare 11 graollla ha avu to la bon ta d1 teSe, purtroppo, non riesco a
cap i seo ben issimo gli scri tb veramente cospicua, varia
ma occasione, Le faro avere
pero che Lei li vorrll. graditatto tra il diritto ciTile
Vigesimocuarta edición
Revisada _y adualizada por
Jaime Inchaurrandieta Sánchez Medal
Primera reimpresión
sito, che nella sera del noanche della possib111~ di
delle mi e '·Isti tuz1oni ~,
.a edizione. Se si troTa un
1 lluico ci ty dispoato, noi
a realtzzasione del progetto.
te proficua per tutti!
O corte11 riiCCIIIlt%0 1 IODO lt~
saluto, etpreniODe di at1aa •
EDITORIAL PORRÚA
AV. REPÚBLICA ARGENTINA 15
MÉXICO, 2011
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1972
11
A MI ESPOSA Y A MIS HIJOS
CHEZ MFil.\L
*
A LA MEMORIA DE MI PADRE,
que me infundió el amor por el Derecho Civil y por el e;erczczo
independiente de su profosión.
son propiedad de
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entro, 060~0. México, DF
e marca la lev
0461-5
ICO
eo
"El Derecho Constitucional representa, dentro de la vida social, la recia
estructura que sostiene y unifica el organismo -nerva et ossa-; pero el torrente
circulatorio, la corriente perenne de la
vida, está regulada por el Derecho Civil"
(Manuel Herrera y Lasso).
"El Derecho civil es el Derecho del
contrato" (Georges Renard).
PRESENTACIÓN
Agotada la primera edición, quise que en las reimpresiones sucesivas
de este libro no sólo se enmendaran el mayor número posible de errores
propios de unos apuntes informales de curso, sino que, además, se completara su estructura primitiva con el desarrollo de nuevos temas, tales
como el error-buena ft, los órganos y tejidos humanos en el objeto de algunos contratos, el contrato por persona a nombrar, las instituciones de
asistencia privada, la sociedad conyugal, la hipoteca de seguridad, el
subcontrato y otros tópicos más, pues a pesar de todas sus deficiencias
constituye, en nuestro medio, el primer intento de ofrecer el estudio de
todos los contratos regulados por el Código Civil y de las más importantes
o más actuales cuestiones que plantea el contrato en general.
La cuidadosa revisión de la obra y su constante adecuación a posteriores leyes, como la de Protección al consumidor y la del Desarrollo
Urbano del D. F., y a reformas legales principalmente del Código Civil,
me ha convencido de que seguirá siendo de gran utilidad para los estudiantes y aun para aquellos proftsionales que agobiados por el trabajo
diario carecen de tiempo para profundas investigaciones. Sea ésta la
contrapartida de no dar cumplida satisfacción a los eruditos que deplorarán la falta de citas doctrinales más precisas o más constantes, no
obstante que sobre cada cuestión procuré, en la medida de mi capacidad,
aprovechar y condensar el texto de los preceptos positivos, su antecedente
histórico, los comentarios de varios tratadistas acerca del punto concreto,
la interpretación de la jurisprudencia y aun la práctica curialesca en
algunos casos.
En el curso escolar de contratos, es indispensable la explicación teórica
acerca de cada tema, pero resulta insuficiente si no va acompañada de la
presentación, discusión y comentarios de casos prácticos longum iter per
preacepta, breve et efficax per exempla. A ello se debe que en su moderna obra Lecciones de Derecho Civil, ofrezcan los hermanos Mazeaud
con frecuencia, al final de cada lección, la lectura de algún fallo judicial referente a la materia acabada de tratar. Varias universidades americanas practican el estudio de los contratos a base de la exposición y
diálogo entre maestros y alumnos sobre un determinado caso concreto que
se somete a la reflexión común. A través de la disección y del análisis de
casos concretos, se aprende a razonar jurídicamente y se forma la mejor esIX
X
PRESENTACIÓN
cuela de juristas a la manera de lo que ocurrió en Roma, cuyo derecho
fue obra esencialmente de la jurisprudencia de los pretores y de la elaboración casuística de los jurisconsultos ex facto jus oritur, como hermosamente
lo puso de manifiesto Manuel García Garrido (Casuismo y Jurisprudencia
Romana, Pleitos Famosos del Digesto, Vigo, España, 1965).
Ante la imposibilidad de proponer en relación con cada contrato
ejemplos adecuados para la redacción o para el debate, porque sería
necesario ampliar exageradamente este texto, dejo a quienes se sirvan de él,
tan importante e insustituible tarea en la enseñanza de los contratos.
México, D. F., 31 de agosto de 1978.
A LA SÉPTIMA EDICIÓN
La exposición de cátedra año con año en la Escuela Libre de Derecho,
me ha permitido revisar con detenimiento cada uno de los ternas que desarrollo en este libro de texto que aparece ahora en su séptima edición.
El resultado de este lento y constante trabajo de revisión no ha sido
sólo el retoque de los diferentes capítulos de la obra, sino la actualización para recoger las últimas reformas al Código Civil y la introducción
de variadas adiciones, unas breves, como las referentes a la reparación
del daño moral, a las deudas pecuniarias, a las obligaciones de suma y
a las obligaciones de valor, a las obligaciones en moneda extranjera, y a
las "cláusulas de estabilización" ante el problema de la inflación monetaria;
y otras extensas, como los nuevos aspectos sobre la controvertida sociedad
conyugal y, principalmente, la completa reelaboración en torno al Registro Público de la Propiedad para ajustarla a la catastrófica reforma en
esta materia al Código Civil.
Adicionalmente, a los propósitos anteriores he reiterado mi contribución al necesario proceso de "desajonización" de nuestras instituciones de
derecho privado, para mantener incólumes en ella su individualidad y
autonomía y e·vitar así sean desnaturalizadas como ocurre hoy día, por
ejemplo, con las ventas en abonos a las que indebidamente se pretende
confundir bajo el impropio nombre de "arrendamientos financieros" con
una de las variadas especies del "leasing" anglosajón, y acontece igualmente con el fideicomiso mexicano al que también indebidamente se ha
tratado de reducir a una inexistente tranmisión y dicotomía de la propiedad que sólo se da en el trust anglosajón, como se pone de manifiesto en un apéndice del presente volumen.
Una vez más reafirmo en esta edición mi doble propósito de colaborar
con profosores y alumnos a la exégesis de nuestra legislación positiva y a
la vez ofrecer mi juicio crítico sobre los temas de mayor trascendencia.
México, D. F., 12 de enero de 1984.
p
A LA N1
Las incesantes reformas le~
ción numerosos cambios y aun
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al Consumidor y a la proteccit
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con mayor pulcritud.
Por ello, espero que quiene.
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y se sirvan acogedas.
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PRESENTACIÓN
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Vigo, España, 1965).
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, dejo a quienes se siroan de él,
enseñanza de los contratos.
xico, D. F., 31 de agosto de 1978.
EDICIÓN
en la Escuela Libre de Derecho,
cada uno de los temas que desara en su séptima edición.
trabajo de revisión no ha sido
s de la obra, sino la actualiza¡ Código Civil y la introducción
o las referentes a la reparación
s, a las obligaciones de suma y
· nes en moneda extranjera, y a
oblema de la inflación monetaria;
s sobre la controvertida sociedad
reelaboración en torno al Regisrla a la catastrófica reforma en
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es en ella su individualidad y
s como ocurre hoy día, por
que indebidamente se pretende
"arrendamientos financieros" con
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nmisión y dicotomía de la proajón, como se pone de manifiesmi doble propósito de colaborar
nuestra legislación positiva y a
de mayor trascendencia.
éxico, D. F., 12 de enero de 1984.
XI
A LA NOVENA EDICIÓN
Las incesantes reformas legislativas han hecho necesarios a esta edición numerosos cambios y aun adiciones importantes no sólo de parágrafos nuevos como el dedicado en especial a la Ley Federal de Protección
al Consumidor y a la protección legal del inquilino, sino de nuevos capítulos enteros cual ocurre con los relativos a los monopolios de Estado
y el contrato y al desequilibrio del contrato por la inflación; y asimismo
los aciertos o desatinos de tan frecuentes reformas a nuestras leyes hacen
muy convenientes los juicios críticos que propongo a la consideración de
mis lectores.
Con esta doble novedad aparece la presente edición, como un intento
de superación y mejora de las anteriores.
México, D. F., 14 de octubre de 1987.
A LA DÉCIMA EDICIÓN
Ninguna edición como ésta tiene tantas modificaciones, supresiones,
actualizaciones y hasta rectificaciones que se hicieron necesarias no sólo
por la aparición de nuevas disposiciones legales, como el último Reglamento del Registro Público de la Propiedad, y reformas a preceptos de
leyes anteriores, como el Código Civil, el Código de Procedimientos Civiles y la Ley Federal de Protección al Consumidor, y por las nuevas tesis
de jurisprudencia o aisladas ejecutorias de Tribunales Federales, sino
también por la conveniencia de hacer más claras o precisas las distintas
exposiciones, así corno también por el propósito de obseroar el sabio consejo romano "saepe vertere stilum" para borrar y escribir de nuevo
con mayor pulcritud.
Por ello, espero que quienes tienen ejemplares de ediciones anteriores
encuentren explicación suficiente en las diferencias que ahora advierten
y se siroan acogerlas.
La preferente y universal importancia que en nuestros días se ha reconocido a los derechos humanos, de los que forman parte del más alto
rango los derechos civiles, hace oportuno el nuevo apéndice que se ocupa de este tema.
México, D. F., 8 de noviembre de 1989.
A LA UNDÉCIMA EDICIÓN
Cuenta Vicente Beltrán de Heredia en su monografía sobre Francisco de Vitoria (Editorial Labor, 1939, págs. 71 a 79) que el personaje
de su obra introdujo en la Universidad de Salamanca varias innovaciones. Una de ellas, fue la de "el dictado o anotación por parte de los
XII
PRESENTACIÓN
estudiantes de las lecciones del profesor", y esta "práctica había ido introduciendo un sistema de abreviaturas, especie de taquigrafía peculiar
de los manuscritos escolásticos españoles de aquella época, que facilitaba
el trabajo", pero que "cuando con anuencia de la autoridad se introdujo el dictado en forma, los alumnos se limitaban a 'patear' si el profesor iba demasiado de prisa" y, además, llevada a la exageración, como
sucedió a fines de aquel siglo XVI, constituía una rémora para el avance del profesor en la materia".
Otra de las actuaciones extraordinarias del mismo maestro salmantino,
fue redactar sus "relaciones", que en número de trece dejó escritas, porque
antes y después de él, "el catedrático preparaba la materia con más o menos
esmero, trazaba el plan, escribía sus notas y se presentaba en el aula con
un poco de mayor estudio que si fuera a dar su lección ordinaria".
"En el lenguaje académico de entonces se daba el nombre de 'refección'
o 'repetición' a las disertaciones o conftrencias que pronunciaban los
licenciados y los catedráticos propietarios ante su respectiva facultad o ante
la Universidad sobre algún punto doctrinal", que "tenían obligación de dar
cada año, generalmente en primavera, y por ley debían versar sobre
alguna cuestión que correspondiese a la materia de aquel curso".
Sin habérmelo propuesto, el ejercicio de mi cátedra desde 194 3 en
la Escuela Libre de Derecho ha seguido una parecida trayectoria en su
método de enseñanza.
En los primeros años, recogieron los alumnos mis lecciones en precipitados y deficientes apuntes, no siempre completos, ni fieles a mis exposiciones verbales. Ello me indujo a la redacción y a la ampliación de
mis lacónicas notas, a escribir mis "repeticiones" o "relecciones" para un
mejor aprovechamiento de mis discípulos.
Esta importante tarea en bien de mis alumnos, además de representar un gran esfuerzo de mi parte, obligándome a hurtar horas al descanso
y al sueño, ha tenido para mí un doble costo.
Por una parte, ha reducido en gran parte la inspiración y hasta la
improvisación en mis exposiciones de clase, puesto que para conferir utilidad a mis apuntes, he tenido necesidad de acoplar mis lecciones al texto de mi libro, ron peligro de caer en la monotonía y de aminorar el
interés del auditorio.
Pero Juera también del recinto de la cátedra, cuando he salido a la
arena de la postulancia en el foro, que es mi ocupación habitual y más
absorbente actividad, he tropezado no pocas veces con inesperados obstáculos, en quienes como colitigantes o como funcionarios consideran mi
intervención en los litigios como una especie de reto, para tratar de demostrarme que hay en ellos conocimientos más sólidos o una mayor experiencia, no obstante que el ánimo que me inspiró al escribir esta obra
fue solo ayudar al estudio de mis alumnos y ofrecer de paso motivos de
p
reflexión o de investigación a
abrigué el intento de blasonar
el necio o ignorante puede pr
tan numerosos temas polémicos
Por fortuna, estas mezquir
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de las cuales he procurado in1
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Con motivo de las reforma
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Aunque en sus líneas fund.
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PRESENTACIÓN
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r su lección ordinaria".
se daba el nombre de 'relección'
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e su respectiva facultad o ante
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por ley debían versar sobre
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de mi cátedra desde 194 3 en
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cátedra, cuando he salido a la
mi ocupación habitual y rnás
cas veces con inesperados obso funcionarios consideran mi
cie de reto, para tratar de demás sólidos o una mayor expeinspiró al escribir esta obra
s y ofrecer de paso motivos de
XIII
reflexión o de investigación a los abogados ya graduados; pero nunca
abrigué el intento de blasonar de una supuesta sabiduría de la que sólo
el necio o ignorante puede presumir en una disciplina tan amplia y de
tan numerosos ternas polémicos.
Por fortuna, estas mezquindades no rne han amargado; no han disminuido en rní el propósito que rne alienta a seguir contribuyendo al estudio de la materia con las nuevas ediciones de este libro, en cada una
de las cuales he procurado incluir, corno ahora lo hago, retoques, supresiones, rectificaciones o adiciones de párrafos, al igual que indicaciones
acerca de las rnás recientes reformas legislativas y de las últimas tesis de
jurisprudencia.
México, D. F., 18 de marzo de 1991.
A lA DUODÉCIMA EDICIÓN
Con motivo de las reformas del 28 de enero de 1992 a los artículos
Jo., 5o., 24, 27, fracción JI, y 130 de la Constitución y de la expedición de la Ley de Asociaciones Religiosas y Culto Público de 15 de julio
de 1992, reglamentaria de los cuatro últimos preceptos constitucionales,
fueron suprimidas de esta edición las distintas referencias a las diversas
mutilaciones del derecho humano a la libertad religiosa que contenía el
texto original de 1917 de los cinco artículos constitucionales antes citados, y, además, se agrega ahora un nuevo capítulo dedicado a las "asociaciones religiosas" a la luz de las referidas reformas constitucionales y
de su correspondiente ley reglamentaria.
Asimismo, hubo necesidad de incluir un estudio sobre la nueva Ley Federal de Protección al Consumidor de 1992 y relacionar sus disposiciones
con diversos contratos; y suprimir igualmente la exposición acerca del Decreto de Congelación de Rentas de 1948, cuyos preceptos fueron abrogados
de manera gradual por Decreto de 21 de diciembre de 1992.
Por último, dentro del contrato de hospedaje, se hace un breve y suficiente comentario sobre el contrato de tiempo compartido, de acuerdo a
la estructura que tiene en la práctica y con sujeción a la citada Ley
Federal de Protección al Consumidor y al Reglamento Administrativo de
1989 para esta clase de contratos.
México, D. F., 4 de febrero de 1993.
:5
A lA DECIMOTERCERA EDICIÓN
Aunque en sus líneas fundamentales se reproducen los apuntes de rni
clase en este texto, no dejo de reflexionar y anotar a propósito de cada
lección sobre los diférentes puntos que abordo, y ello rne ha permitido someter a una revisión constante los distintos ternas que expongo.
XIV
PRESENTACIÓN
A este trabajo constante de remodelación que aparece en las doce
ediciones anteriores, hube de agregar ahora obligados estudios en torno
a algunas definiciones de jurisprudencia, como por ejemplo a propósito
de la prueba del cornodato, y, sobre todo, acerca de las últimas reformas
a nuestra legislación, unas de mayor trascendencia como las relativas a
la capacidad de las personas y al arrendamiento, que ameritaron una
completa reelaboración del texto, y otras no de igual significación en el
caso de las nuevas formalidades del mandato, de la supresión del permiso judicial para la contratación entre consortes, de la desaparición del
control administrativo de las tasas de interés y de otros tópicos más.
Siempre ha sido el propósito de estos apuntes de clase proponer soluciones o explicaciones que pueden o no aceptarse, pero nunca ignorar las
innovaciones que en un derecho vivo se presentan de continuo.
México, D. F., 7 de abril de 1994.
A lA DECIMOCUARTA EDICIÓN
Esta edición no es una escueta reimpresión. Al igual que en las anteriores, he procurado ahora actualizar su texto, como aparece de la reelaboración dP los capítulos de la sociedad conyugal y del compromiso
arbitral. Con este mismo propósito he intercalado nuevos párrafos que
me han jJarecido oportunos, tal es el caso de la intervención de un tercero en el contrato, de los efectos reflejos e indirectos del contrato, de los
depósitos en el JNDEVAL y de la comercialización de órganos, tejidos,
cadáveres, jétos )1 restos de seres humanos; no sin descuidar también la
ocasión para ampliar, aclarar, rectificar, reordenar o suprimir otros párrafos, todo ello con el fin de lograr para mis alumnos el mejor aprovechamiento posible de mis lecciones de clase.
México, D. F., 16 de julio de 1995.
A lA DECIMOQUINTA EDICIÓN
Para esta edición como lo he venido haciendo en ocasiones anteriorPs, hP procumdo revisar ideas y recoger datos nuevos que sirvan para
actualizar mi obra.
Por ello, clarifico ahora conceptos corno, por ejemplo, a propósito de
los contratos de prenda y de hipoteca, y al mismo tiempo señalo las
princijJales innovaciones que introdujeron las reformas de 1996 a los Códigos de Procedimientos Civiles y de Comercio que inciden en los temas de
este libro, tales como el restablecimiento del posible depósito judicial en
el hogar conyugal de la esposa en los juicios de divorcio, la exigencia
de una fianza para la inscripción preventiva de una demanda, los
mandatos judiciales mediante
tribunal que conozca del juic;
embargo una copia de la dil
rácter de aviso preventivo q1
inscrzpción posterior del secu1
dad, y otros cambios más de :
A LA DECL
En el acostumbrado traba
nes contenidas en este libro, ·
del curso que sigo irnpartiend
hecho considerar conveniente
forma esquemática, nuevos te
administrativo, más amplios C(
prenda y abordar cuestiones 1
lesión y la incapacidad no de
Además, para obtener m
diversos párrafos y he cuidad
y de palabras.
A LA DEC
Con el inmerecido compn
licenciado don Ramón Sánch
esta edición con las últimas
propio autor, y actualizada j
en el Diario Oficial de la Fe1
todos los abogados, profesare
otras profesiones de las distint
por la gran aceptación que sz,
Lic
N
ción que aparece en las doce
ora obligados estudios en torno
, como por ejemplo a propósito
acerca de las últimas reformas
cendencia corno las relativas a
damiento, que ameritaron una
no de igual significación en el
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apuntfs de clase proponer solueptarse, pero nunca ignorar las
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~éxico, D. F., 7 df abril de 1994.
tTA EDICIÓN
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intercalado nuevos párrafos que
so de la intervención de un ter: e indirfctos del contrato, de los
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:os; no sin df.1cuidar también la
, reordfnar o suprimir otros pára mis alumnos el mejor apnwe:se.
léxico, D. F., 16 dP julio de 1995.
TTA EDICIÓN
o haciendo en ocasiones anterio!r datos n zwoos quf si roan para
1mo, por fjemjJio, a propósito de
y al mismo tiempo snlalo las
las refonlUL~ de 1996 a los Códi7ÚO que inciden en los temas de
del posible depósito judicial en
juicios de divorcio, la exigencia
·eventiva de una demanda, los
PRESENTACIÓN
XV
mandatos judiciales mediante un simple escrito de autorización ante el
tribunal que conozca del juicio, la obligación de entregar en el acto del
embargo una copia de la diligencia al ejecutado y al ejecutante, el carácter de aviso preventivo que puede tener esa acta para preparar la
inscripción posterior del secuestro en el Registro Público de la Propiedad, y otros cambios más de reciente aparición.
México, D. F., 6 de abril de 1997.
A lA DECIMOSÉPTIMA EDICIÓN
En el acostumbrado trabajo de revisión y actualización de las lecciones contenidas en este libro, me ha continuado ayudando la exposición
del curso que sigo impartiendo en la EScuela Libre de Derecho, y me ha
hecho considerar conveniente incluir ahora para esta edición, así sea en
forma esquemática, nuevos temas corno el concepto general del contrato
administrativo, más amplios comentarios como los dedicados al contrato de
prenda y abordar cuestiones antes intocadas como la diferencia entre la
lesión y la incapacidad no declarada.
Además, para obtener mayor claridad, he ordenado y coordinado
diversos párrafos y he cuidado hacer enmiendas y correcciones de Jl'ases
y de palabras.
México, D. F., abril de 1998.
A lA DECIMOCTAVA EDICIÓN
Con el inmerecido compromiso que adquirí con mi abuelo, el señor
licenciado don Ramón Sánchez Medal, autor de esta obra, se presenta
esta edición con las últimas correcciones y comentarios que realizó el
propio autor, y actualizada por el suscrito con las reformas publicadas
en el Diario Oficial de la Federación en mayo de 2000. Se agradece a
todos los abogados, profesores y estudiantes de Derecho, así como de
otras profesiones de las distintas universidades de la República Mexicana
por la gran aceptación que siempre han tenido para con esta obra.
LIC. JAIME INCHAURRANDIETA SANCHEZ MEDAL
México, D. F. a 14 de septiembre de 2001.
XVI
PRESENTACIÓN
A LA VIGÉSIMA EDICIÓN
El suscrito en su trabajo por actualizar la presente obra se ha limitado a señalar al lector las reformas legales que van surgiendo, dejando
intactas las opiniones vertidas por el autor con el fin de que la misma
mantenga su vigencia y conserve por siempre el criterio jurídico del
Maestro Sánchez Meda!.
LIC. JAIME INCHAURRANDJETA SÁNCHEZ MEDAL
México, D. F. a 30 de septiembre de 2004.
A LA VIGÉSIMA TERCERA EDICIÓN
En atención al Seminario de Contratos que a partir de este año se me ha
encomendado impartir en la Escuela Libre de Derecho, se me ha facilitado la
revisión y actualización de la presente obra y debido a ello es que en esta
edición se encuentran varias precisiones en relación con las reformas llevadas a
cabo al Código Civil para el Distrito Federal en especial al contrato de
arrendamiento. Asimismo, el suscrito se ha limitado a señalar las referidas
reformas, sin alterar de modo alguno las opiniones del autor de la obra.
LIC. JAIME INCHAURRANDIETA SÁNCHEZ MEDAL
México, D. F. a 1° de septiembre de 2008.
A ESTA EDICIÓN
Con motivo de la reforma publicada el 22 de enero de 201 O en la Gaceta
Oficial del Distrito Federal, se incorporó al Código Civil para el Distrito Federal la Teoría de la Imprevisión, también conocida corno cláusula "rebus sic
stantibus", por lo tanto en esta edición se hace un análisis de la reforma; desde luego, y gracias a la exposición del seminario de Contratos que imparto en
la Escuela Libre de Derecho, la revisión y actualización de esta obra va siendo
cada vez más minuciosa, respetando siempre y sin alterar las opiniones y criterio jurídico del maestro Sánchez Medal.
LIC. JAIME INCHAURRANDJETA SÁNCHEZ MEDAL
México, D. F. a 15 de marzo de 2010.
PRl
TEORÍA GENE
IÓN
EDICIÓN
izar la presente obra se ha limiales que van surgiendo, dejando
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siempre el criterio jurídico del
CHALRRAI'\DIETA SANCI-IEZ MEDAL
D. F. a 30 de septiembre de 2004.
PRIMERA PARTE
CERA EDICIÓN
que a partir de este añ.o se me ha
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relación con las refórmas llevadas a
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D. F. a 1° de septiembre de 2008.
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22 de enero de 201 O en la Gaceta
Código Civil j)(lm rl Distrito Fedeconocida como cláusula "re bus sic
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CHAVRR-\NDIETA SANCHEZ MEDAL
ico, D. F. a 15 de marzo de 201 O.
TEORÍA
GENERAL
DEL
CONTRATO
CAPÍTULO 1
INTRODUCCIÓN GENERAL
l. LA DOCTRINA GENERAL DEL CONTRATO. A manera de preámbulo
para el estudio de los contratos en particular, tiene una gran utilidad
práctica la exposición de los principios comunes a todos los contratos,
así como de las reglas propias de cada determinado grupo de contratos
(como por ejemplo, de los contratos onerosos, de los contratos gratuitos, de los contratos de ejecución continuada, de los contratos con prestaciones recíprocas, de los contratos de garantía), ya que al estudiar
cualquier contrato en particular deben siempre tenerse presente esos
principios y reglas.
Estas normas generales o las propias de cada grupo de contratos, a
imitación del Código civil francés, suelen incluirse dentro de la teoría
general de las obligaciones, al estudiar el contrato como una de las
fuentes de las obligaciones; pero su gran importancia y su desproporcionada extensión parecen indicar la conveniencia de destacar con individualidad propia la doctrina general del contrato (Messineo ), a la que
nuestro legislador denomina "reglas generales rk los contraios" (1858), ya
que el contrato es la fuente ordinaria o normal de las obligaciones (Saleilles), que no está limitada a los bienes, sino que se extiende a las
personas y a la familia, pues en el orden extrapatrimonial el matrimonio y la adopción son también contratos osserand).
Es asimismo oportuno un estudio de los comratos en general, porque ha ido creciendo la opinión de ttut: !a noción y la utilidad del contrato tienden a desaparecer, por la prevalencia de los intereses sociales
sobre los intereses individuales, pues ya se proclama la "decadencia rkl
contrato", el dirigismo contractual, la publicización del contrato, queriendo
dar a entender con tales expresiones que hoy día la voluntad de las
partes juega un papel muy limitado y secundario en la formación del
contrato, por la intervención cada vez mayor del Estado en el conteni<.:o del mismo.
Dentro del terreno patrimonial, existe una oposición entre obligaciones contractuales y obligaciones extracontractuales, fundada en la
a
3
4
RAMÓN SÁNCHEZ MEDAL
plasticidad de las obligaciones contractuales, porque en éstas las partes
crean y modelan ellas mismas su ley, pues dan al lazo obligatorio que
las va a unir el carácter que ellas quieren, determinan el objeto, la duración y las modalidades del mismo, deciden la combinación de obligaciones con varios acreedores o con varios deudores, regulan el modo
de ejecución y las consecuencias del incumplimiento. Por el contrario,
cuando la deuda nace de una fuente extracontractual, se presenta bajo
la forma más simple, y muy a menudo tiene que reducirse inmediatamente a su ejecución (Planiol).
Esta dualidad en las fuentes de las obligaciones es reconocida en
alguna de sus disposiciones por el legislador (1988).
Por otra parte, cabe destacar que mediante una nueva disposición
que no existía en los dos Códigos civiles anteriores, el actual Código
civil reconoce la máxima importancia del contrato, al erigir los principios generales de los contratos nada menos que en las normas generales aplicables a toda clase de convenios y de actos jurídicos (1859). Así,
por ejemplo, las normas para la interpretación de los contratos (1851 a
1857) son de aplicarse sustancialmente para la interpretación de los
testamentos ( 1859), como lo confirman en concreto varios preceptos
positivos (1851 y 1302; 1857-2° y 1389).
2. EL CONVENIO Y EL CONTRATO. El Código civil distingue entre
convenio y contrato, pues considera a éste la especie y a aquél el género: "convenio es el acuerdo de dos o más personas para crear, transferir, modificar o extinguir obligaciones" (1792), y contratos son "los
convenios que producen o transfieren las obligaciones y derechos"
(1793).
Esta distinción tiene su antecedente en el Código civil francés que
distingue la convención o acuerdo de voluntades, que es el género, del
contrato que es el acuerdo de voluntades para dar nacimiento a una
obligación. A manera de ejemplo, observa Pothier, cuyas ideas inspiraron
en gran parte a dicho ordenamiento, que hay acuerdo de voluntades y
no existe contrato, en la promesa que hace el padre a su hijo de recompensarle con un viaje el éxito en sus estudios, dado que en rigor
no se crea una obligación jurídica a cargo de dicho progenitor.
Sin embargo, la mencionada distinción no es ya reconocida en la
actualidad, pues el vigente Código civil italiano la ha eliminado (Art.
1321) y nuestro mismo Código civil hace desaparecer toda importancia
de ella al establecer que los principios relativos a los contratos se aplican a todos los convenios ( 1859), lo cual hace que en realidad resulte
ya bizantina la diferencia entre convenio y contrato.
DE LOS (
Por otra parte, hay que t,
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MEDAL
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y contrato.
DE LOS CONTRATOS CIVILES
5
Por otra parte, hay que tener presente que el contrato, según la
definición legal, no sólo puede dar nacimiento a obligaciones y a sus correlativos derechos de crédito, sino también puede crear o transmitir
derechos reales ( 1793 y 20 14), como ocurre en el contrato de hipoteca y
en el de compraventa, respectivamente. Por ello, se indica que el contrato puede tener eféctos obligatorios y ejéctos reales.
3. LA LIBERTAD EN EL CONTRATO. La libertad de contratar (para celebrar o no celebrar el contrato y para escoger a la persona con que se
va a contratar) y la libertad contractual (en cuanto a la forma y al contenido del contrato) siguen siendo principios admitidos por n'uestro Código civil, que distan de las exageraciones del dogma de la autonomía
de la voluntad de los inicios del siglo pasado, así como de las exageraciones del reciente movimiento de "dirigismo contractual" o publización del
contrato. Aún en nuestro días, "la libertad contractual debe considerarse
la regla y el límite, la excepción; y por lo tanto, como límite que es, para
que tenga vigor, debe ser declarado expresamente" (Messineo. Doctrina
General del Contrato, Buenos Aires, 1952, Tomo 1, pág. 15)
El dogma de la autonomía de la voluntad surgió durante el auge del
individualismo y del liberalismo económico del siglo pasado, al amparo
de la teoría del contrato social de Rousseau que creía en la bondad
natural del individuo y en la necesidad de limitar por el pacto social la
libertad sólo para conservar ésta. La autonomía de la voluntad se reducía fundamentalmente a sostener, primero, que salvo muy raras excepciones todas las obligaciones contractuales, nacían de la soberana
voluntad de dos partes libres iguales y, segundo, que eran justas todas
esas obligaciones creadas por la voluntad.
Principalmente los abusos de los patrones frente a sus trabajadores,
que provocaron grandes movimientos sociales y dieron nacimiento al
Derecho Laboral, rama independiente del Derecho Civil en México,
demostraron cómo la teórica igualdad jurídica no siempre es suficiente para asegurar la libertad y la justicia en el contrato, en vista de las
desigualdades económicas que en la práctica se dan entre una y otra
parte.
Asimismo, la aparición y generalización de los contratos de adhesión,
que prescinden de toda discusión precontractual entre las partes y se
reducen a la aceptación total por una de ellas de las condiciones propuestas unilateralmente por la otra, debilitaron también considerdblemente el
principio de la autonomia de la voluntad.
Además, las necesidades sociales y los requerimientos de las grandes mayorías de la población obligaron al Estado a intervenir en la
formación y ejecución de diversos contratos, siendo ejemplo de ello las
6
RAMÓN SÁNCHEZ MEDAL
leyes de moratorias en los pagos, las leyes protectoras de los inquilinos,
las disposiciones para ftiar precios máximos a los artículos de primera
necesidad, la Ley Federal de Protección al Consumidor, la Ley del Desarrollo Urbano del D. F., la Ley para promover la Inversión Nacional
y Regular la Inversión Extranjera, la Ley Federal sobre Metrología y
Normalización, la Ley Federal de Competencia Económica, la Ley General del Equilibrio Ecológico y la Protección del Ambiente, etc.
Estos cambios, a pesar de su enorme trascendencia, no han llegado
al ex!Temo de hacer desaparecer la libertad con!Tactual, (1796, 2014 y 1851 ),
sino que constituyen sólo limitaciones a la misma y fueron las causas que
originaron el llamado "dirigismo contractual" Uosserand), que tiende a
hacer prevalecer los requerimientos de la sociedad sobre los intereses
puramente individuales, pero no de una manera total en esta materia,
sino sólo a propósito de determinados contratos y con respecto a ciertos objetos.
De acuerdo con el pensamiento de su Comisión Redactora y del
Informe Presidencial de la época en que se elaboró, nuestro vigente
Código civil de 1928, al reglamentar los contratos como las demás materias, introdujo diversas innovaciones y reformas "inspiradas en la idea
capital de socializar, cuanto fuere posible, el Derecho Civil, preparando
el camino para que se convierta en un Derecho Privado Social", pero
teniendo, sin embargo, como meta fundamental "armonizar los intereses individuales con los sociales, corrigiendo el exceso de individualismo
que impera en el Código Civil de 1884" (Motivos, Colaboración y Concordancia del Nuevo Código Civil de 1928 por Ignacio García Téllez e
Informe del 1° de Septiembre de 1928 por el Presidente Plutarco Elías
Calles).
4. LA JUSTICIA EN EL CONTRATO. Para tratar de establecer el equilibrio entre las prestaciones recíprocas de ambas partes en los contratos
bilaterales, las legislaciones del mundo han adoptado hasta ahora distintos sistemas que de manera esquemática corresponden también a formas diversas de concebir la justicia en el contrato.
En este sentido puede hablarse de una justicia liberal en oposición a
una justicia igualitaria y asímismo, de una justicia individual en contraste
con una justicia colectiva.
La justicia liberal en el contrato prevaleció durante todo el siglo pasado bajo el imperio de los Códigos civiles que, como los nuestros de
1870 y de 1884, se inspiraron en el principio de la autonomía de la voluntad preconizado por el Código de Napoleón. Según estos ordenamientos, lo fundamental que debía preservarse y garantizarse en el
contrato era la libertad irrestricta de una y otra parte, ya que del ejercicio incontrolado de esa libertad, brotaba espontánea y naturalmente
DE LOS
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DE LOS CONTRATOS CIVILES
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7
el equilibrio de las prestaciones recíprocas de ambos contratantes, a
consecuencia de la ley de la oferta y la demanda, porque si, por ejemplo, el interesado en vender o en dar en arrendamiento un determinado bien pretendía un precio exagerado, no encontraría comprador o
arrendatario, respectivamente, y si a su vez el prestamista trataba de
obtener un rédito usurario no hallaría quien le tomara el dinero en
esas condiciones.
La justicia igualitaria se preocupa, en cambio, por salvaguardar la
igualdad de los contratantes, antes que o por encima de la libertad de
las partes. La frecuente desigualdad económica de uno y otro contratante, da como resultado que el más poderoso de ellos obtenga ventajas desproporcionadas y se aproveche del más pobre o más ignorante
y, por tanto, del más débil, lo que significa que la libertad de las dos
partes en numerosos contratos viene a ser en realidad una ilusión o
una verdadera ficción de la ley. Es más, paralelamente a esa desigualdad económica, concurre otro factor adverso que prácticamente entrega
a la parte más débil en manos de la parte más fuerte, porque hay servicios o bienes tan indispensables que se ofrecen por la segunda a la
primera, tales como artículos de primera necesidad, viviendas, electricidad, gas, transporte, etc., que no dejan ninguna alternativa a la misma
parte débil, sino que la llevan a aceptar fatalmente todas las pretensiones y condiciones que unilateralmente le impone la parte fuerte. "Entre el fuerte y el débil es la libertad lo que oprime", decía Lacordaire.
Ante estas consecuencias ineludibles de la desigualdad económica de
los contratantes, interviene la ley para restablecer la igualdad de las
partes y la equivalencia de las prestaciones que recíprocamente se otorgan. Esta justicia igualitaria puede realizarse de dos maneras:
Primeramente, como justicia individual y correctiva, mediante una
sentencia judicial que en cada caso particular enmienda el desequilibrio
de las dos prestaciones, decretando la nulidad del contrato de que se
trate o reduciendo a sus justos límites la desproporción de las prestaciones. Este primer procedimiento se concreta en la acción de lesión
aplicable a todos los contratos conmutativos y no sólo a la compraventa,
que inspirándose en el art. 138 del Código civil alemán y en el artículo
21 del Código Suizo de las Obligaciones, estableció nuestro vigente Código civil de 1928 en este precepto, reformado así en 1983:
"Art. 17.-Cuando alguno, explotando la suma ignorancia, notoria
inexperiencia o extrema miseria de otro, obtiene un lucro excesivo que
sea evidentemente desproporcionado a lo que él por su parte se obliga,
el perjudicado tiene derecho de pedir la nulidad del contrato o la reducción equitativa de su obligación, más el pago de los correspondientes daños y perjuicios.
RAMÓN SÁNCHEZ MEDAL
"El derecho concedido en este artículo dura un año".
Aunque esta primera manifestación de la justicia igualitaria como
justicia individual y correctiva, de carácter judicial y casuístico, constituyó
un avance notable de nuestra legislación, la verdad de las cosas es que
las sentencias que con base en el citado precepto pudieran haberse dictado, deben tenerse como auténticas piezas de museo por su rareza excepcional. (Lesión civil, requisitos para que se produzca Sem. Jud. de la Fed.,
7a época, Vol. LIX, págs. 17 y sigs.).
Con posterioridad a la celebración del contrato puede también, por la
aparición de situaciones excepcionales e imprevistas, que hagan excesivamente onerosa la prestación a cargo de una de las partes, proponerse
el equilibrio de las prestaciones recíprocas en el contrato y dar lugar a
la revisión de éste por aplicaciones del la cláusula implícita "rebus sic stantibus".
La otra expresión más eficaz de la justicia igualitaria, ha sido sin
duda lo que podría llamarse la justicia colectiva y preventiva, merced al
establecimiento de leyes imperativas o de interés social o de orden público
(2448), tendientes a proteger a la parte débil, pero no a éste o aquel
contratante individual en un concreto y particular contrato, sino a toda
la masa o categoría de personas que celebren un determinado contrato
considerado en abstracto, de ahí la adecuada adopción del nombre de
justicia igualitaria colectiva; y cuyas normas a la vez sirven ya no para
remediar en una sentencia judicial los efectos inequitativos de la desigualdad económica de las partes y reponer el equilibrio roto de las recíprocas prestaciones, sino que son el medio para impedir en una ley
general tales efectos inequitativos antes de que se produzcan, de ahí la
atinada denominación de justicia igualitaria preventiva.
También de esta segunda forma de justicia igualitaria, se encuentran diversos preceptos en el vigente Código civil de 1928 que no existían en los anteriores Códigos civiles, tales como el artículo 2 311, inspirado en el artkulo 226 del citado Código Suizo de las Obligaciones, que
regula de manera imperativa las prestaciones y la manera de cuantificarlas que han de devolverse las partes, en la rescisión de las compraventas en abonos o con reserva de la propiedad; los artículos 2395 y
2396 que permiten al deudor en un préstamo con intereses superiores
al rédito legal, bien sea obtener en ciertos casos la reducción judicial
del tipo de interés convenido, o bien sea la devolución anticipada del
préstamo; los artículos 2431 a 2433 y 2445 a 2490 que facultan al
arrendatario a rescindir el contrato o a pedir la reducción de la renta,
si por caso fortuito o fuerza mayor o debido a reparaciones, pierde durante más de dos meses el uso total o parcial de la localidad arrendada; el artículo 2448-A que hace responsable al arrendador de los
daños y pe1juicios que se causen al inquilino en una localidad que
no sea habitable e higiénica; el artículo 2608 que exime al deudor de
DE LOS
la obligación de pagar honor
sin tener título profesional y 1
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III, IV, V, XI, XIII, XVI, XVI
VI, VII, XV y XIX CCDF) y :
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ahora las 21 causales que esta!:
civil para el D. F., ofrecen en
solver su vínculo matrimonial u
portante hacer notar que desde
se implementó el llamado "I
cualquiera de los cónyuges pue1
señalar causa alguna; circunstar
contempla estas 21 causales.
Por ello, no ha perdido fue
dad el certero juicio del gran ju
"Los legisladores mexicanos,
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rando irrealizable, de Enrico CÍI
MEOAL
lo dura un año".
de la justicia igualitaria como
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, la verdad de las cosas es que
precepto pudieran haberse diezas de museo por su rareza exe produua Sem. Jud. de la Fed.,
1 contrato puede también, por la
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as en el contrato y dar lugar a
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colectiva y preventiva, merced al
interés social o de orden público
débil, pero no a éste o aquel
particular contrato, sino a toda
lebren un determinado contrato
ruada adopción del nombre de
as a la vez sirven ya no para
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ciones y la manera de cuantifien la rescisión de las comprapropiedad; los artículos 2395 y
éstamo con intereses superiores
rtos casos la reducción judicial
ea la devolución anticipada del
2445 a 2490 que facultan al
pedir la reducción de la renta,
bido a reparaciones, pierde duparcial de la localidad arrendaonsable al arrendador de los
nquilino en una localidad que
2608 que exime al deudor de
DE
LOS
CONTRATOS
CIVILES
9
la obligación de pagar honorarios a quien le haya prestado serviciOs
sin tener título profesional y para cuyo ejercicio exija la ley ese título;
el artículo 27 41 que impide que al aparcero se le conceda en los frutos
una participación menor del 40% de la cosecha que se levante; y el artículo 2887 que impide al acreedor pignoraticio apropiarse la prenda,
aunque el valor de ésta sea menor que el de la deuda, así como también disponer de la misma prenda en forma diferente a la expresamente reglamentada por la ley.
En áspero contraste y abierta contradicción con la orientación social
de estas reformas en el campo del derecho patrimonial, se adoptó un
régimen eminentemente individualista en el Derecho de Familia, tanto
por el Código civil de 1928, como sobre todo, por las disolventes reformas de 1975 al mismo ordenamiento, que en lugar de proteger a
los débiles e indefensos, como son los hijos menores y la mujer casada,
desnaturalizó y desarticuló por completo el matrimonio en aras de una
ficticia igualdad de funciones de los dos consortes en relación con el
hogar y la educación de los hijos (R. Sánchez Meda), La Reforma de
1975 al Derecho de Familia, con ocasión del Año Internacional de la Mujer,
México, 197 5, y Un Nuevo Matrimonio Civil y el Pacto de Indisolubilidad,
México, 197 5 ). Ninguna rectificación de fondo aportan las posteriores
reformas de 1983 y menos las de mayo de 2000 al Código civil para el
D. F., que ofrecen mayores facilidades al divorcio (267-IX CCDF) y, por
tanto, a la destrucción de la familia, porque se autoriza el divorcio por
caducidad del matrimonio, es decir, por el simple transcurso de un año
de separación conyugal, cualquiera que sea la causa de ella y haya o
no culpa de alguno de los cónyuges, con lo cual al divorcio-sanción (267
III, IV, V, XI, XIII, XVI, XVII y XX CCDF), al divorcio-remedio (267
VI, VII, XV y XIX CCDF) y al divorcio-capricho (266 CCDF), que ya
existían, se agrega hoy día la vieja figura romana del divorcio-repudio
urdido a través de una separación (267-IX CCDF), de tal manera que
ahora las 21 causales que establece al respecto el art. 267 del Código
civil para el D. F., ofrecen en realidad a los consortes que quieran disolver su vínculo matrimonial un verdadero "divonio a la carta". Es importante hacer notar que desde octubre de 2008, en el Distrito Federal
se implementó el llamado "Divorcio Express" por virtud del cual
cualquiera de los cónyuges puede solicitar el divorcio sin necesidad de
señalar causa alguna; circunstancia por la cual el Código Civil ya no
contempla estas 21 causales.
Por ello, no ha perdido fuerza sino que ha cobrado mayor actualidad el certero juicio del gran jurista español José Castán Tobeñas:
"Los legisladores mexicanos, llenos de optimismo y romanticismo jurídico, han querido hacer realidad el bello sueño, que ya se iba considerando irrealizable, de Enrico Cimballi: se han propuesto dar al mundo
10
RAMÓN SÁNCHEZ MEDAL
y a su país un Código de Derecho privado social. .. Toda la materia de
contratos está animada por el deseo de limitar el dogma de la autonomía de la voluntad, sustituyéndolo por normas de solidaridad social...".
"Hay en la nueva obra legislativa, al igual que en la reciente de
los Soviets rusos, un contrasentido muy común también en las corrientes ideológicas hoy imperantes. Al lado del derecho patrimonial, si no
socialista, cuando menos socializado, se instaura o se quiere instaurar,
un Derecho de familia desenfrenadamente individualista. El divorcio
por consentimiento mutuo, la libertad absoluta de testar, el desconocimiento de la interdicción por causa de prodigalidad y tantas otras soluciones del Código mexicano, ¿qué son sino una regresión a las épocas
más rígidamente individualistas del Derecho romano? ...
"El Derecho civil, por mucho que recoja las aspiraciones y exigencias del medio social, habrá de ser siempre individualista en su fundamento. La etapa del Derecho Social sería la absorción del Derecho
privado por el Derecho Público, profetizada por algunos escritores; pero, en verdad, bien poco deseable." (El Nuevo Código Civil Mexicano:
un ensayo del Código Privado Social, por J. Castán Tobeñas, Revista
General de Derecho y Jurisprudencia, México, 1930, págs. 4 7 y sigs.)
5. EL ESTADO Y EL CONTRATO. Mientras no haya desplegado totalmente su potencial aplicación la reforma constitucional que se analiza
en el siguiente capítulo, no puede exagerarse el alcance de la intervención del Estado en la formación y cumplimiento de los contratos, hasta
el punto de transformar hoy día esta materia en una parte del Derecho
Público, porque a diferencia de éste que regula principalmente relaciones entre el Estado como poder soberano y los particulares, incluyendo
accidentalmente al Estado no actuando como poder soberano, el derecho contractual sigue perteneciendo todavía al Derecho Privado, cuyas
normas rigen relaciones de particular a particular, sin importar que hayan aumentado las disposiciones de carácter imperativo. Dentro del mismo Derecho Privado existen normas imperativas, como las que rigen el
matrimonio, la adopción y la capacidad y que no por ello pueden considerarse pertenecientes al Derecho Público, porque si varias de esas
normas son de derecho imperativo, es sólo por haber de por medio un
interés público y no por existir una relación jurídica directa entre el
particular y el Estado como poder soberano. (Mazeaud, Lecciones de Derecho Civil, Parte Segunda, Vol. I, Traducción, Buenos Aires, 1960, N°
30, páginas 40 y 41 ).
Tampoco puede decirse que la voluntad de las partes ya no juega
ningún papel en el nacimiento y fijación del contenido de las obligaciones del contrato, pues el contrato obliga a las partes a lo que expresamente hubieran pactado (1796) y los contratos no regulados
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DE
LOS
CONTRATOS
CIVILES
II
especialmente por la ley se rigen "por las estipulaciones de las partes"
(1858) y, lo que es más, "por mero efecto del contrato", como lo expresa nuestro legislador, se lleva a cabo la transmisión de la propiedad, sin necesidad de tradición (2014). Asimismo, cuando se trata de
fuar el alcance y los efectos de un contrato, se busca ante todo descubrir "la intención de los contratantes" ( 1851 ).
Aunque la expresión "autonomía de {(¡ voluntad" evoca hoy todavía los
excesos a que se le dejó llegar durante el auge del liberalismo y del
individualismo, no por ello puede afirmarse que las fi·ecuentes limitaciones sociales a la libertad de contratar y a la libertad contractual han
hecho desaparecer ese poder de autodeterminación de la persona, al cual
suele llamarse en nuestros días la autonomía privada y se le define como
"aquel poder complejo reconocido a la persona para el ejercicio de sus
facultades, sea dentro del ámbito de libertad que le pertenece como sujeto de derechos, sea para crear reglas de conducta para sí y en relación con los demás, con la consiguiente responsabilidad en cuanto
actuación en la vida social". Este concepto comprende, pues, tanto el
poder atribuido a la voluntad para la creación, transmisión, modificación y extinción de las relaciones jurídicas, lo que se llama la autonomía
de la voluntad o autonomía privada en el ámbito dPl negocio jurídiro, como
también el poder de esa voluntad referido al uso, goce y disposición de
poderes, facultades y derechos subjetivos y podría denominarse rmtonomía dominical o autonomía privada en el ámbito del ejercicio rfp los derechos
subjetivos (Federico De Castro y Bravo).
No es, por tanto, de aceptarse la tesis extrema y opuesta que expusiera León Dut,ruit en 1911 al exponer las transfórmaciones del Derecho
Privado en sus célebres conferencias en la Universidad de Buenos Aires,
para combatir y aniquilar el principio de la autonomía de la voluntad,
pues a pesar de todo la regla sigue siendo aun la libertad contractual.
En consecuencia, sin caer en las exageraciones del dogma de la autonomía de la voluntad, ni tampoco en las exageraciones opuestas de
quienes ven en la ley la única fuente de las obligaciones y consideran
que el dirigismo contractual ha hecho desaparecer, por la intervención
creciente del Estado, el carácter voluntario de las obligaciones contractuales; debe reconocerse que en nuestro derecho todavía existen los dos
mencionados principios: el de la libertad de contratar, bajo el concepto de
que con fi·ecuencia se limita esta libertad en la práctica, porque nos vemos precisados a contratar y mediante contratos de adhesión para recibir
servicios indispensables, como suministro de energía eléctrica, de gas,
de teléfónos, de transportes (Mazeaud); y el de la libertad rontmctual,
con las limitaciones a que en seguida se alude y, además, las que con
frecuencia derivan también de los contratos de adhesión en compras en
12
RAMÓN
SÁNCHEZ MEDAL
grandes almacenes o para utilizar los servicios indispensables antes
mencionados.
No debe confundirse la libertad contractual con la libertad de contratar,
pues, por ejemplo, existe libertad de contratar a propósito del matrimonio, para casarse o no casarse y para hacerlo con ésta o con aquella
persona; pero no existe completa libertad contractual en materia de matrimonio, porque aunque existan y se requieran los "pactos conyugales"
"son nulos los pactos que los esposos hicieren contra las leyes o los naturales fines del matrimonio" (182), y "cualquier condición contraria a
la perpetuación de la especie o la ayuda mutua que se deben los cónyuges, se tendrán por no puestas" ( 14 7).
La libertad contractual está consagrada en nuestro Derecho civil tanto
por lo que hace a la forma (1832 y 2014), como por lo que toca al fondo (1839 y 1858) del contrato.
Hay libertad contractual en cuanto a la forma ( 1832 y 20 14), porque
gracias a la influencia del Derecho Canónico que superó el formalismo
del Derecho Romano, hoy día existe la regla general de la consensualidad o ausencia de formas obligatorias en la celebración de los contratos,
si bien se advierte un renacimiento del formalismo en nuestros días. A
este particular, obsérvese, por ejemplo, que son formales la promesa, la
venta de inmuebles, la permuta de los mismos, la mayoría de las donaciones, el arrendamiento, el mandato, la sociedad, la aparcería, el contrato de obra a precio alzado, la prenda y la hipoteca. Este
renacimiento moderno del formalismo se funda en las innegables ventajas que ofrece la forma: invita a reflexionar en lo que se hace y da
precisión a las obligaciones que se contraen. Sin embargo, este nuevo
formalismo en numerosos contratos se ve debilitado con la admisión
por nuestro Derecho Civil de la acción "pro forma" para revestir de las
formalidades legales a aquellos contratos que se hubieran celebrado sin
observarlas (1833 y 2232).
Hay asimismo libertad contractual en cuanto al fondo, porque pueden insertarse en los contratos las cláusulas y condiciones que las partes libremente convengan (1839) y pueden celebrarse figuras de
contratos distintos de los expresamente reglamentados ( 1858), sin perjuicio de que existan limitaciones unas de carácter general y otras de
índole particular a la libertad contractual.
Las limitaciones de carácter general están inspiradas en el interés público (6), o en el orden público (1795-111 y 1831) o en las buenas
costumbres (1830, 1831 y 191 0), o aún hasta en intereses políticos
(Mazeaud y Trabucchi), como ejemplo, la Ley de Congelación de Rentas
que sólo por fines electorales se mantuvo en vigor durante varias décadas.
Se hace notar que aumentan cada día las limitaciones por razones
de orden público y que, en cambio, decrecen en algunos aspectos las
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DE
LOS
CONTRATOS CIVILES
13
inspiradas en las buenas costumbres (Mazeaud), citándose como ejemplo de esto último, en la jurisprudencia francesa, que en un principio
se prohibieron y ahora se admiten como válidos, el corretaje matrimonial, el contrato de "claque" (de falsos espectadores que provoquen
aplausos y promuevan así el éxito de un espectáculo), y la cesión de
clientela de un médico. Sin embargo, en otros aspectos se han exaltado
los valores morales en el Derecho Civil (Federico de Castro y Bravo),
como la trascendencia de la buena fe en la preparación ( 191 O) o en la
ejecución del contrato (1796), la responsabilidad objetiva ( 19 13), la
condena del abuso del derecho (840, 1912 y 2492), la responsabilidad
por causar un daño moral ( 19 16), etc.
Las limitaciones de carácter particular, son las relativas a cada contrato en concreto, como en la compraventa (2276, 2280, 2281, 2282,
2268 y 2311, in fine), en la donación (2333 y 234 7), en el mutuo
(2389, 2395 y 2396), en el arrendamiento (2433, 2448, 2448-A a 2448K, 2451 y 2455), en la prestación de servicios profesionales (2608), en
la aparcería (2741), en la prenda (2887), etc.
Resume así con todo acierto los anteriores principios el art. 405
del moderno Código civil portugués de 1967: "Libertad contractual: l.
Dentro de los límites de la ley, las partes tienen la facultad de fuar libremente el contenido de los contratos, celebrar contratos diferentes de
los previstos en este Código o incluir en éstos las cláusulas que ellas
aprueben. 2. Las partes pueden asimismo reunir en el mismo contrato
reglas de dos o más negocios, total o parcialmente re¡.,>ulados en la ley."
Los numerosos estudios dedicados en nuestros días a la crisis del
contrato y del Derecho Civil en general han creado un estado de psicosis
y han tratado sin razón de hacer desaparecer las libertades de la persona y en general el Derecho Privado, ante un avance incontenible del
Derecho Público, que, sin embargo, tiene como barreras las garantías
individuales de nuestra Constitución Federal, como la propiedad (Art. 27),
la libertad de trabajo (Art. 4 y 5 ), la libertad de asociación (Art. 9), etc., y
también las barreras de los derechos humanos mundialmente reconocidos,
como el derecho de todo ser humano al libre desarrollo de su personalidad (Art. 22 de la Declaración Universal de Derechos Humanos).
6. LA LEY FEDERAL DE PROTECCIÓN AL CONSUMIDOR. Dentro de las
leyes de aplicación general en toda la República destinadas de manera
preferente a limitar la libertad contractual, hay que hacer mención especial de la Ley Federal de Protección al Consumidor, una primera del
año de 197 5 y la segunda del ailo de 1992.
En su articulado se encuentran normas procesales, que delimitan su
campo de aplicación y crean los órganos de actuación, fijándoles su
competencia y la forma de su funcionamiento, y normas sustantivas, con
14
RAMÓN SÁNCHEZ MEDAL
una serie de restricciones a la libertad contractual para garantizar la
transparencia y la equidad en la contratación, y evitar así que la parte
débil y más numerosa, constituida por los cansumidmes terminales (art. 2-1),
quede a merced de la otra parte, constituida por los proveedores habituales o periódicos (art. 2-11), en aquellos contratos que tengan por objeto
tanto la adquisición, uso o disfrute de bienes, como la prestación de
servicios, excluyendo los de los contratos de trabajo, los de conocimiento competencia! de la Comisión Nacional Bancaria y de Valores y de la
de Seguros y Fianzas y los servicios profesionales que no sean de carácter mercantil (art. 5 ), incluyendo, además, dentro del Distrito Federal,
las ventas de viviendas para uso habitacional efectuadas por fraccionadores o constructores, y los contratos de tiempo compartido (art. 73,
reformado en el D. O. 21-VII-1993).
Compete de manera inmediata a la Procuraduría Federal del Consumidor y a sus Delegaciones y Subdelegaciones en las capitales y ciudades más importantes de los Estados, la aplicación de la ley, como
organismos administrativos que carecen en principio de facultades jurisdiccionales, ya que por excepción solo las ejercen en el caso de que los
interesados en conflicto les hayan designado árbitro de estricto derecho
o amigable componedora (arts. 116, 117 y 118). Sin embargo, en ningún caso tienen imperio dichos órganos administrativos para ejecutar ni
los convenios, ni los laudos que emiten, pues su ejecución compete a
los tribunales judiciales como lo establecía expresamente el art. 59VIII-E, in fine, de la ley anterior, sin que por ello resulte inútil la intervención de la Procuraduría, dado que los convenios ante ella tienen
la misma fuerza ejecutiva que una sentencia o un convenio judicial
(art. 504 Cód. Proc. Civiles) y, además, a través de multas cuantiosas e
indexadas en función del salario mínimo, y a través de clausuras temporales, en casos particularmente graves o de reincidencia, (arts. 25,
11 O, 128 y 129), se puede lograr en forma indirecta la ejecución y
cumplimiento de los convenios y de los laudos, siendo de advertir que
en la actualidad no existe la sanción del arresto que antes permitía expresamente el art. 86-III de la Ley de 1975.
La función normal y más efectiva de la Procuraduría y de sus Delegaciones y Subdelegaciones consiste en recibir y tramitar las reclamaciones o quejas que le presenten los consumidores (arts. 99 a 116) y de
acuerdo a ellas, en proponer y exhortar a que las diferencias entre proveedores y consumidores se resuelvan en una conciliación mediante convenios aprobados por dichos órganos administrativos, pudiendo tal
conciliación llevarse a cabo hasta por vía telefónica u otro medio idóneo, pero que posteriormente se plasme por escrito en el convenio respectivo (art. 111 ).
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vía telefónica u otro medio idóe por escrito en el convenio res-
DE LOS CONTRATOS CIVILES
15
Para su aplicación en toda la República, es evidente la constitucionalidad de la ley en cuestión, dado que el Congreso de la Unión tiene
facultades para legislar en toda la República en materia mercantil (art.
73-X de la Constitución) y la Ley de que se trata solo rige para "las relaciones entre proveedores y consumidores" (art. 1) y se considera
proveedor a toda persona que en el fondo tenga el carácter de comerciante, esto es, a "la persona física o moral que habitual o periódicamente, ofrece, distribuye, vende, arrienda o concede el uso o disfrute
de bienes, productos y servicios" (art. 2-11 de la ley), razón por la cual
quedan exentas de la aplicación de la ley, las personas que no realicen
en forma periódica o habitual las actividades antes mencionadas, de
donde resulta que si, por ejemplo, una persona no comerciante vende
en abonos su automóvil o unos muebles a otra persona, no se encuentra dentro de los mencionados supuestos de la ley y no le es aplicable,
por consiguiente, el art. 71 de la Ley actual que permite al comprador
en mora, que ha pagado más de la tercera parte del precio o del número de abonos y a quien se le ha demandado judicialmente la rescisión por el vendedor, optar por la rescisión o por el cumplimiento de
la compraventa respectiva.
A diferencia de lo que ocurría bajo la Ley de 197 5, en la nueva
Ley de 1992 no tiene el consumidor obligación de intentar previamente la instancia conciliatoria ante la Procuraduría Federal del Consumidor antes de ocurrir a los tribunales judiciales en contra del proveedor,
ni tampoco es un impedimento para promover el juicio aunque se encuentre en trámite todavía la instancia conciliatoria; ya que ahora el
procedimiento administrativo y el procedimiento judicial pueden seguir
un camino paralelo e independiente por completo, salvo que el proveedor
y el consumidor hubieran designado árbitro o amigable componedora a la
Procuraduría, en cuyo supuesto cabría la excepción de "litis pendencia".
Otra diferencia entre ambas leyes es que la ley actual no exige, como lo hacía la anterior, que todo contrato de adhesión deba someterse
a la aprobación y registro de la Procuraduría, dado que en la actualidad, para evitar el recargo innecesario de esta labor, por una parte, es
voluntario y no imperativo para los particulares ese registro (art. 88),
pues solo puede exigirse "mediante normas oficiales mexicanas" la obtención previa de tai registro, cuando el contrato de adhesión implique
o pueda implicar prestaciones desproporcionadas a cargo del consumidor, obligaciones inequitativas o abusivas, o altas probabilidades de incumplimiento (arts. 86, 19-VII y 24-XV), y tiene por fictamente
aprobados aquellos contratos de adhesión cuya solicitud de registro no
haya obtenido contestación de la Procuraduría dentro de los quince
días siguientes a la presentación de ella (art. 87), y, por otra parte,
16
RAMÓN
SÁNCHEZ MEDAL
simplemente declara no válidas y tiene por no puestas las cláusulas que
constituyan determinados ataques injustificados a los intereses del consumidor o ciertos privilegios indebidos al proveedor (art. 90), en lugar
de castigar el uso de los contratos de adhesión carentes del referido registro con la sanción de multa o clausura o arresto, como lo hacía la
ley anterior en sus arts. 63, 86 y 87.
Se ha suprimido en la ley actual la facultad que en el art. 59-D de
la ley anterior tenía la Procuraduría, la cual si con motivo de la tramitación de una instancia conciliatoria en la que no hubiera habido
convenio o sometimiento a arbitraje, descubría que había habido violaciones por la Ley Federal de Protección al Consumidor, podía "instaurar de oficio" un determinado procedimiento administrativo para
analizar y sancionar en su caso tales violaciones. Es más, aún en el caso de que existan ahora esta clase de violaciones y quiera ejercitar la
Procuraduría la "acción de grupo" o ''acción difusa" ante los tribunales en
defensa colectiva de los consumidores, deberá para poder hacerlo recabar un mandato de los consumidores afectados (art. 26-I), y así tener
la legitimación que solo se enuncia de manera general en el art. 24-III
de la Ley.
No se faculta actualmente a la Secretaría de Comercio y Fomento
Industrial ni para ftiar las tasas máximas de interés en las operaciones
a crédito, ni se establece un límite al interés moratorio, como lo hacía
antes la ley de 1975 en sus arts. 22 y 23.
En caso de rescisión de compraventa a plazos, deja la ley actual sin
la debida protección al comprador o consumidor, ya que en el art. 70
no se establece que el monto del alquiler o renta por el uso del bien,
y de la indemnización por el deterioro del mismo bien, se fijen por las
partes al momento de pactarse la rescisión voluntaria o, a falta de
acuerdo, por peritos designados al efecto, como lo prescribía el art. 28
de la ley anterior.
Por último, la ley actual declara expresamente fuera de la protección de la misma a los consumidores intermedios o comerciantes, aunque a su vez ellos sean proveedores de los consumidores terminales o
finales, (art. 2-I y 11), lo que no suc~día en la ley anterior que empleaba términos muy generales en su art. 3° y ello dio lugar a que los tribunales consideraran comprendidos dentro del concepto general de
consumidor a los comerciantes con el posible carácter de consumidores
intermedios.
En suma, la abrogada Ley de 1975 tenía mejor técnica jurídica e
impartía mayor protección a los consumidores que la nueva ley de
1992, diferencia resultante de que aquella fue obra de un destacado jurista José Campillo Sáenz, y, en cambio, la última no fue proyectada,
DE LOS
como lo aconsejaba la lógica )
mentados en la materia de la
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cio y Fomento Industrial.
A continuación, en el estu
particular, se darán a conoce1
relación con cada uno de ellos
6-bis. EL CONTRATO ADMI~
contrato administrativo propia
un régimen de derecho públio
un particular con objeto de cr
gaciones para la satisfacción d;
contrato que otorga la Secret.
un particular para construir y
una autopista de cuota que
Federativas.
En estos contratos no son i
tual absoluta y puede la Admil
unilateral modificar o extinguí
las prerrogativas "exorbitantes" qu
brepasan las facultades que e
sólo para ello los requisitos de
dica protegida por el artículo 1
bidamente el acto de la autoric
al particular afectado para obte
No todos los contratos qu
un particular están sujetos a u1
contratos que están sujetos al
los cuales existe igualdad de
que la Administración Pública r
na! modificar, ni terminar el e
acudir en juicio ante los tribun
de un inmueble que otorga u1
para establecer oficinas o para ;
Una segunda categoría de
que celebra la Administración I
tienden a la satisfacción direct
medio un interés del público e1
ger mediante cláusulas expresa~
Estado para poder modificar o
para ello las garantías individu
MEDAL
por no puestas las cláusulas que
· ICados a los intereses del conal proveedor (art. 90), en lugar
hesión carentes del referido rera o arresto, como lo hacía la
facultad que en el art. 59-D de
cual si con motivo de la tramien la que no hubiera habido
scubría que había habido violaal Consumidor, podía "instauedimiento administrativo para
laciones. Es más, aún en el caviolaciones y quiera ejercitar la
., difUsa" ante los tribunales en
eberá para poder hacerlo recaafectados (art. 26-1), y así tener
manera general en el art. 24-111
etaría de Comercio y Fomento
s de interés en las operaciones
nterés moratorio, como lo hacía
3.
a plazos, deja la ley actual sin
nsumidor, ya que en el art. 70
er o renta por el uso del bien,
del mismo bien, se fijen por las
cisión voluntaria o, a falta de
to, como lo prescribía el art. 28
presamente fuera de la protecntermedios o comerciantes, aunlos consumidores terminales o
en la ley anterior que empleao y ello dio lugar a que los trientro del concepto general de
osible carácter de consumidores
5 tenía mejor técnica jurídica e
umidores que la nueva ley de
lla fue obra de un destacado juio, la última no fue proyectada,
DE LOS CONTRATOS CIVILES
17
como lo aconsejaba la lógica y la experiencia, por los abogados experimentados en la materia de la misma Procuraduría, sino por un grupo
de economistas improvisados en la materia de la Secretaría de Comercio y Fomento Industrial.
A continuación, en el estudio especial dedicado a cada contrato en
particular, se darán a conocer las disposiciones concretas que tengan
relación con cada uno de ellos.
6-bis. EL CONTRATO ADMINISTRATIVO. Una primera categoría, es el
contrato administrativo propiamente dicho que es un contrato sujeto a
un régimen de derecho público que celebra la Administración Pública y
un particular con objeto de crear, modificar, trasmitir o extinguir obligaciones para la satisfacción directa de un servicio público. Ejemplo, el
contrato que otorga la Secretaría de Comunicaciones y Transportes a
un particular para construir y explotar durante un plazo determinado
una autopista de cuota que comumca a ciudades en dos Entidades
Federativas.
En estos contratos no son iguales las partes, ni hay libertad contractual absoluta y puede la Administración Pública en forma discrecional y
unilateral modificar o extinguir los efectos del contrato en ejercicio de
las prerrogativas "exorbitantes" que le corresponden, llamadas así porque sobrepasan las facultades que concede el derecho privado, cumpliendo
sólo para ello los requisitos de la garantía individual de seguridad jurídica protegida por el artículo 16 constitucional de fundar y motivar debidamente el acto de la autoridad y que en determinados casos facultan
al particular afectado para obtener una indemnización.
No todos los contratos que celebra la Administración Pública con
un particular están sujetos a un régimen de derecho público, pues hay
contratos que están sujetos al régimen común de derecho privado, en
los cuales existe igualdad de las partes y libertad contractual, por lo
que la Administración Pública no puede en forma unilateral y discrecional modificar, ni terminar el contrato, sino que para conseguirlo debe
acudir en juicio ante los tribunales comunes. Ejemplo, el arrendamiento
de un inmueble que otorga un particular a la Administración Pública
para establecer oficinas o para abrir una escuela oficial.
Una segunda categoría de contratos administrativos son aquellos
que celebra la Administración Pública con un particular que, aunque no
tienden a la satisfacción directa de un servicio público, existe de por
medio un interés del público en general que el Estado tiene que proteger mediante cláusulas expresas, a las cuales debe a su vez atenerse el
Estado para poder modificar o terminar el contrato, debiendo respetar
para ello las garantías individuales de audiencia, de legalidad y de se-
18
RAMÓN SÁNCHEZ MEDAL
guridad jurídica protegidas en los artículos 14 y 16 constitucionales.
Ejemplo, el contrato por el que la Secretaría de Gobernación otorga
permiso a un particular para la explotación de un hipódromo en el
que se cruzan apuestas.
Para determinar si se trata de la satisfacción directa de un servicio
público, que se exige para la primera categoría de contratos administrativos, hay que esclarecer el concepto general de servicio público.
Al respecto, puede decirse que son servicios públicos aquellos que
satisfacen una necesidad pública-general, de los cuales no puede prescindir una sociedad y que requieren por ello para su gestión de una
prestación regular y continua por parte de una entidad de la misma
Administración Pública o de entidad facultada especialmente por ésta.
Para la prestación de un determinado servicio público por parte de
un particular se requiere que otorgue a éste la Administración pública
un contrato-concesión con las características anotadas al principio; en cambio, para la prestación simplemente de un servicio al público se requiere
un contrato-permiso que otorgue a un particular la Administración pública
con las características anotadas antes en último lugar.
LOS MONOPOLIOS
7. LA CONSTITUCIÓN MEXH
de la libertad contractual tie
derecho positivo la garantía ir
tria y de comercio que a ma1
clamó en los arts. 4" y 5" 1
Constituyente de Querétaro,
tal garantía individual, estable
de Estado, permitiendo solo
art. 28 de la misma Constituci
La plena confirmación de
cisamente en la forma en qt
precepto fundamental.
En el discurso de apertur;
ro, al proponerle su proyecto
virtió que "con estas reformas
artículo 28 a fin de combatir 1
dos los ramos de la actividad
dispensable para asegurar la
todas estas reformas, repito,
mi cargo que las instituciones :
mente a las necesidades socialc
A su vez, el diputado con
el dictamen de la comisión pr
art. 28, insistió en que "la pr
nopolio, comprende que esto t
el que debe dejarse el mayor ct
dustria y solamente como medi
te los derechos tanto de las
reserva a ésta los relativos a 1
fos y radiotelegrafía, y a los a
cir sus obras por determinado
MEOAL
culos 14 y 16 constitucionales.
retaría de Gobernación otorga
ración de un hipódromo en el
tisfacción directa de un servicio
tegoría de contratos administraeral de servicio público.
servicios públicos aquellos que
, de los cuales no puede presor ello para su gestión de una
e de una entidad de la misma
cuitada especialmente por ésta.
do servicio público por parte de
éste la Administración pública
s anotadas al principio; en camun servicio al público se requiere
ticular la Administración pública
último lugar.
CAPÍTULO 11
LOS MONOPOLIOS DE ESTADO Y EL CONTRATO
7. LA CONSTITUCIÓN MEXICANA Y EL CONTRATO. El prinCipiO general
de la libertad contractual tiene como fundamento último en nuestro
derecho positivo la garantía individual de libertad de trabajo, de industria y de comercio que a manera de "decisión política fúndarnental" proclamó en los arts. 4" y 5" de la Constitución de 191 7 el Congreso
Constituyente de Querétaro, el cual como complemento y reverso de
tal garantía individual, estableció la rigurosa prohibición de monopolios
de Estado, permitiendo solo cinco expresas excepciones en el original
art. 28 de la misma Constitución.
La plena confirmación de tales pronunciamientos se encuentra precisamente en la forma en que se gestó la aprobación de este último
precepto fundamental.
En el discurso de apertura del Congreso Constituyente de Querétaro, al proponerle su proyecto de Constitución, Venustiano Carranza advirtió que "con estas reformas al art. 27, con la que se consulta para el
artículo 28 a fin de combatir eficazmente los monopolios y asegurar en todos los ramos de la actividad humana la libre concunencia, ya que es indispensable para asegurar la vida y el desarrollo de los pueblos... con
todas estas reformas, repito, espera fundamentalmente el gobierno de
mi cargo que las instituciones políticas del país responderán satisfactoriamente a las necesidades sociales".
A su vez, el diputado constituyente Francisco J. Múgica, al razonar
el dictamen de la comisión presidida por él sobre el proyecto de dicho
art. 28, insistió en que "la prohibición relativa a todo lo que significa monopolio, comprende que esto es odioso en un país como el nuestro en
el que debe dejarse el mayor campo posible de libertad al comercio y a la industria y solamente como medida de orden para garantizar debidamente los derechos tanto de las personas como de la Nación misma, se
reserva a ésta los relativos a la acuñación de moneda, correos, telégrafos y radiotelegrafía, y a los autores y artistas el privilegio de reproducir sus obras por determinado tiempo".
19
20
RAMÓN SÁNCHEZ MEDAL
Antes de la nusma Constitución ele 1917, en un comentario al texto
similar del art. 28 de la Constitución ele 1857. hizo notar José María
Lozano en su Tratado ele los Derechos del Hombre (México, 1876,
págs. 392 y 39G) que "establecida en el artículo 4" la libertad que todo
hombre tiene para abrazar la profesión, industria o trabajo que le acomode y para aprovechar sus productos, era consecuente, natural y preciso
de esta garantía .la que consagra el artículo 28. No es un efocto compatible
con ar¡upffa !ibt'rtad la existencia dP monopolios concedida por la ley o por
la autoridad pública... En esta materia el gobierno colonial nos dejó
abundantes precedentes que sólo lenta y trabajosamente han ido desapareciendo de nuestras leyes al par que las instituciones se han ido mejorando, haciéndose práctico el principio de libertad humana", agregando que
actualmente la libertad reconocida, ele hecho hace imposible el restablecimiento de monopolios, porque "nuestra Constitución en el artículo 28
r¡ue examina1110.1 _'V en el artículo 4" con que tau ínti111amentP se relaciona,. elevan a aquella imposibilidad de hecho a la categoría de una nnposibihclacl legal".
Es evidente, por tanto, que el Congreso Constituyente en el aüo ele
1917, como ya lo había hecho en 1R57, reiteró con énfasis los dos
principios fundamentales de libertad del individuo en materia contractual y de rigurosa prohibición ele monopolios de Estado, salvo contadísimas excepciones, erigiendo este doble principio a la categoría ele una
verdadera "deá~ión política funda mental", porque a esta clase ele principios
"la conciencia histórica del país y ele la época considera esenciales para
que exista una Constitución", según la expresión ele Felipe Tena Ramírez (Derecho Constitucional Mexicano, 19" Edición, Porrúa. México,
1983, pág. 58) y de acuerdo. además, con las palabras ele Guillermo
Prieto que pronunciara el 14 de agosto de 1856, al debatirse en el
Congreso Constituyente ele ese aüo, el texto del similar art. 28. "La
cuestión ele monopolios, elijo entonces, es tan grave que para librar al
pueblo ele vejaciones fiscales, debe ser resuelta por la Constitución", con
lo cual puso ele manifiesto que el problema relativo a los monopolios
de Estado era ya desde el siglo pasado una cuestión de tanta importancia que debía quedar reservada siempre a un Congreso Constituyente y
no clelegarse ni al Poder Revisor de la Constitución ni menos al Congreso ele la Unión.
A las "deCisiones políticas fundamentales", como ésta, se refiere concretamente el art. 136 ele la Constitución, llamándolas "principzos que ella
sanciona", cuando declara la "inviolabilidad dt' la Constitución" y establece
que en nmgún caso ni por alglHla rebelión ni por cualquier trastorno
público pueden perder observanna tales principios fundamentales.
8. EL "PODER REVISOR" DE
LA
CONSTITUCIÓN En el art. 135 ele la
DE LOS
Constitución se encuentra pre•
es a todas luces un poder con
cepto, para introducir ciertas r
constituyentP, ni tampoco un po<
ficativo tampoco le es aplicable
sino discontínua, en virtud de
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y de enorme trascendencia llél
calificativo ele "Constituyente Pen
Al efecto, durante este siglc
yente en México, que lo fue
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armada entonces triunfante, y
Querétaro y estuvo sesionando
ele enero de 1917.
Dicha asamblea tuvo el car
motivos:
1) Primeramente, los diput
nieron en un mismo sitio parél
ellos y no en forma dispersa 1<
damental del país.
Por falta evidente de este
llamarse congreso constituyent
del "PodeT Revisor" de la Consti
texto, porque primero delibera
de la Unión, después hace lo
disgrega lo aprobado en cada
cada una de las 31 Legislatura
manera que el mencionado "Pe
rente de unidad e indivisibilid;
dado por separado en treinta J
seno sólo se toman en cuent2
integrantes.
2) En segundo término, la
rante el último mes ele 1916
ninguna norma para su integr<
deliberadamente hizo a un 1<
Constitución ele 1857 que inst
similar al actual artículo 135, y
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Por ausencia de este segun
MEOAL
DE LOS CONTRATOS CIVILES
917, en un comentario al texto
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bos concedida por la ley o por
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texto del similar art. 28. "La
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suelta por la Constitución", con
lema relativo a los monopolios
una cuestión de tanta importana un Congreso Constituyente y
Constitución ni menos al Con", como ésta, se refiere concrellamándolas "principws que ella
d de la Constituúóu" y establece
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principios fundamentales.
TUCIÓN
En el art. 135 ele la
21
Constitución se encuentra previsto el "Poder Revisor" de la misma, que
es a todas luces un poder constituido por y en los términos de tal precepto, para introducir ciertas reformas a la Constitución y no un poder
constituyente, ni tampoco un poder permanente, dado que este último calificativo tampoco le es aplicable, porque su actuación no es permanente
sino discontínua, en virtud de que solo esporádicamente se integra ele
tiempo en tiempo, de manera que entraña una suplantación inadmisible
y de enorme trascendencia llamar a dicho "Poder Revisor" con el falso
calificativo de "Constitu-yente Permanente".
Al efecto, durante- este siglo sólo ha habido un Congreso Consti- tuyente en México, que lo fue la Asamblea Nacional convocada por Venustiano Carranza en su carácter de jefe principal de la revolución
armada entonces triunfante, y cuya asamblea se reunió en la ciudad de
Querétaro y estuvo sesionando del 1" de diciembre ele 1916 hasta el 31
de enero de 1917.
Dicha asamblea tuvo el carácter de Congreso Constituyente por cuatro
motivos:
1) Primeramente, los diputados que formaron parte de ella se reunieron en un mismo sitio para estudiar, discutir y aprobar juntos todos
ellos y no en forma dispersa los diversos preceptos de la nueva ley fundamental del país.
Por falta evidente de este carácter unitario e indivisible no puede
llamarse congreso constituyente a la dispersa y fragmentada actuación
del "Poder Revism·" ele la Constitución constituido en el artículo 135 de su
texto, porque primero delibera y vota una de las Cámaras del Congreso
de la Unión, después hace lo mismo la otra de ellas, y enseguida se
disgrega lo aprobado en cada una ele las mismas y votan por separado
cada una de las 31 Legislaturas ele los Estados ele la República, de tal
manera que el mencionado "Pode1· Revism·" de la Constitución resulta carente ele unidad e indivisibilidad y es solo la yuxtaposición de lo acordado por separado en treinta y tres subgrupos o miniasambleas en cuyo
seno sólo se toman en cuenta las opiniones vertidas por sus distintos
integrantes.
2) En segundo término, la asamblea que sesionó en Querétaro duran te el último mes de 1916 y el primer mes ele 191 7 no se atuvo a
ninguna norma para su integración o funcionamiento, porque expresa y
deliberadamente hizo a un lado el art. 127 ele la entonces vigente
Constitución de 1857 que instituía el "Poder Revisor" de ésta en forma
similar al actual artículo 135, y proclamó en su lugar que su único fundamento era la soberana e ilimitada voluntad del pueblo para ejercer
su facultad constituyente por otros procedimientos.
Por ausencia de este segundo requisito, tampoco puede llamarse po-
22
RAMÓN SÁNCHEZ MEDAL
der constituyente al "Poder Rev1sor" de la Constitución constituído en su
art. 135, porque para la integr,ación y actuación del mismo tiene que
sujetarse por fuerza a dicho precepto fundamental y de ahí que su
nombre y su esencia sean ni más ni menos los ele un poder constituido
por dicho art. 135 ele la Constitución, y nunca una asamblea independiente y soberana en cuanto a la forma de constituirse, como lo fue, en
cambio, el Congreso reunido en Querétaro a fines de 1916 y principios
de 1917 que actuó en estado ele naturaleza, como un poder autárquico
de derecho, sin estar vinculado a normas jurídicas ni a procedimientos
existentes.
3) En tercer lugar, la única razón de ser y el verdadero motivo que
tuvo el Decreto de Venustiano Carranza que convocó al Congreso Consuruyente, fue llevar a cabo varios cambios en algunas ele las "decisiOnes
políticas fundamentales" ele la Constitución ele 1857, cambios que pueden
reclunrse a tres en razón ele su importancia, a saber: la incorporación y
reconocmuento de los derechos sociales ele los campesinos y de los
obreros en los arts. 27 y 123 ele la Constitución; el fortalecimiento del
Poder Ejecutivo mediante diversas cortapisas a las sesiones del Congreso
de la Unión, y la consolidación del veto del Presidente ele la República
en la elaboración de las leyes, y más tarde la facultad concedida al mismo para la designación de los Ministros de la Suprema Corte; y la implantación del laicismo obligatorio en todas las escuelas primarias del
país, la proclamación ele la libertad ele conciencia y la privación ele
toda clase ele derechos a las entidades religiosas y a sus ministros, siendo algunas de estas últimas, contrarias a los derechos humanos y por
ello, suscepubles de modificarse como ocurrió después con las reformas
de 1992 a los artículos 3", 5", 24", 27-II v 130 de la Constitución.
4) Por último, el Congreso Constituy~nte de Querétaro no solo actuó sin sujeción a ninguna norma jurídica, sino que tampoco se inclinó
de hecho a las pretensiones a veces autoritarias ele Venustiano Carranza. encargado a la sazón del Poder Ejecutivo Federal, puesto que dicho
Congreso cambió radicalmente algunos ele los preceptos del proyecto de
const1tunón presentado por Carranza, particularmente el texto libertario
del proyectado art. 3".
En claro contraste con esta actittid ele absoluta independencia del
Congreso Constituyente ele 1917 frente al Ejecutivo Federal, puede
constatarse que el "'Poder Revisor" de la Constitución constituido en el art.
135 históricamente se ha sometido ele hecho a la voluntad de los distintos
Presidentes de la República, quienes han sido de ordinario los autores
de las respectivas iniciativas de las múltiples reformas que desde el año
de 1921 hasta las actuales se han hecho a la Constitución.
9. UNA REFORMA "DEMOLITORIA" DE
LA
CONSTITUCIÓN. A ]a Constitu-
DE LOS
non aprobada por el Congres'
le han hecho hasta ahora dos
vatorias, las que mantienen y
les proclamadas por dicho e
dernolitorias, las que niegan y e
les sancionadas por el mismo O
Una de estas últimas refor
a cabo el 3 de Febrero de 198
el art. 135 de la Constitución,
tuyente, para destruir e inve1
entre la libertad de trabajo, el
los arts. 4" y 5" constitucional
lios de Estado, salvo contadísi
constitucional, haciendo que a
ral los monopolios de Estado,
cepción y en forma precaria,
comercio y por consiguiente la
A esto equivale y no a otr;
der Revisor" de la Constitución
art. 28 constitucional, en la qu
ginal art. 28 constitucional, rel
los constituyentes de 1857 y de
dos Unidos Mexicanos quedan
lo contradice enseguida, afirn
funciones que el Estado ejerza
cas a ]as que se refiere este 1
telégrafos, radiotelegrafía y la
lletes por medio de un solo b<
bierno Federal, petróleo y
básica, minerales radioactivos y
dad, ferrocarriles; y las actividat
pida el Congreso de In Unión".
En otras palabras, la nuev:
Quedan estrictamente prohibid
polios de Estado no son mono¡
nopolios de Estado, y pueden
del Congreso de la Unión.
Con semejante reforma al
orden natural de la intervenci<
mía. En lugar de que en prin
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te, y con las solas salvedades d1
nas que generen un enorme
DE LOS CONTRATOS CIVILES
MEOAL
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de 185 7, cambios que pueden
Kia, a saber: la incorporación y
s de los campesinos y ele los
1stitución; el fortalecimiento del
isas a las sesiones del Congreso
del Presidente ele la República
rde la facultad concedida al misde la Suprema Corte; y la imtodas las escuelas primarias del
e conCiencia y la privación ele
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urrió después con las reformas
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yente ele Querétaro no solo ac·ca, -,ino que tampoco se inclinó
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articularmente el texto libertario
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te al Ejecutivo Federal, puede
Constitución constituido en el art.
ho a la voluntad de los distintos
n sido ele ordinario los autores
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a la Constitución.
CONSTITUCIÓN.
A la Constitu-
23
ción aprobada por el Congreso Constituyente de 1917 en Querétaro. se
le han hecho hasta ahora dos clases de reformas: unas reformas conservatorias, las que mantienen y respetan las decisiones políticas fundamentales proclamadas por dicho Congreso Constituyente, y otras reformas
dernolitorias, las que niegan y destruyen esas deczsiones políticas fnndnmentales sancionadas por el mismo Congreso Constituyeme.
Una de estas últimas reformas de111olitonas de la Constitución se llevó
a cabo el 3 de Febrero de 1983, cuando el "Poder Revúor" contituiclo por
el art. 135 de la Constitución, se arrogó funciones de Congreso Constituyente, para destruir e invertir el tradicional paralelismo establecido
entre la libertad de trabajo, de industria y ele comercio, consagrada en
los arts. 4" y 5" constitucionales, y la rigurosa prohibición de monopolios de Estado, salvo contadísimas excepciones, contenida en el art. 28
constitucional, haciendo que a la inversa se erigieran como regla general los monopolios de Estado, y quedara confinada en calidad de excepción y en forma precaria, la libertad de trabajo, de industria y de
comercio y por consiguiente la libertad contractual.
A esto equivale y no a otra cosa la reforma que el mencionado "Poder Revisor" de la Constitución hizo el citado 3 de febrero de 1983 al
art. 28 constitucional, en la que después de reiterar el principio del original art. 28 constitucional, relativo a la prohibición y a la condena ele
los constituyentes de 1857 y ele 1917 en el sentido de que "en los Estados Unidos Mexicanos quedan prohibidos los monopolios", lo rectifica y
lo contradice enseguida, afirmando que "no constituirán monopohos las
funciones que el Estado ejerza de manera exclusiva en las áreas estmtl>gicas a las que se refiere este precepto: acuíiación de moneda, correos,
telégrafos, radiotelegrafía y la comunicación vía satélite; emisión de billetes por medio de un solo banco, organismos descentralizados del Gobierno Federal, petróleo y los demás hidrocarburos, petroquímica
básica, minerales radioactivos y generación de energía nuclear, electricidad, ferrocarriles; y las actividades que exprescnnente setialen las !eres que expidn el Congreso de la Unión".
En otras palabras, la nueva fórmula es este singular razonamiento:
Quedan estrictamente prohibidos los monopolios, pero como los monopolios de Estado no son monopolios, luego no están prohibidos los monopolios de Estado, y pueden multiplicase sin límites a voluntad solo
del Congreso de la Unión.
Con semejante reforma al art. 28 constitucional se ha subvertido el
orden natural de la intervención del Estado en el campo ele la economía. En lugar ele que en principio tal intervención sea supletoria ele la
actuación de los particulares, es decir, cuando ésta falte o sea deficiente, y con las solas salvedades de aquellas contadas y excepcionales ntaterias que generen un enorme poder económico y que, por ello, debe
24
RAMÓN SÁNCHEZ MEDAL
reservarse el Estado; se ha dispuesto ahora que la actuación de los particulares en la economía sea puramente provisional o supletoria, o sea
solo en tanto que el Estado no haya tomado posesión todavía de la totalidad de la actividad económica que por principio corresponde a él
en forma absoluta e irrestricta.
De esta manera el inseparable paralelismo que estableciera la Constitución de 1917 entre la libertad individual en materia contractual fundamentada en las garantías individuales de los arts. 4" y 5"
contitucionales, y la rigurosa prohibición de monopolios de Estado contenida en el art. 28 constitucional, quedó roto con la reforma demolitoria de 3 de febrero de 1983 a este último precepto que erigió en regla
general bajo los nombres de "Rectoría Econólllica del Estado" en "áreas estratégicas", los monopolios de Estado y solo dejó a la libertad contractual
un limitado campo de acción de carácter excepcional y precario.
Es de tanta importancia el nuevo art. 28 constitucional que en él
podría radicar la fuente inagotable de las costosas e ineficientes empresas paraestatales.
Últimamente, el enorme peso de la deuda externa e interna del
país, así como el retorno a la libertad en los paises comunistas, han inducido al Estado mexicano a deshacerse de un buen número de empresas paraestatales y a reprivatizar éstas, a fin de reducir el excesivo gasto
público y su exorbitante personal burocrático, aunque dejando subsistente la amenaza del nuevo artículo 28 constitucional que le podrá permitir retomar y aumentar en el futuro toda clase de actividades
económicas a las que califique a su arbitrio ele "áreas estratégicas".
En la medida y proporción en que el Estado ensanche y desborde
su actividad económica a través ele la creación y multiplicación de monopolios de Estado, en esa misma proporción y medida se estrangulará
y se irá extinguiendo la libertad del individuo y el campo de aplicación
del contrato, porque ahí donde desaparece la libertad no puede existir
el contrato, sino solo un nombre vacío de contenido, "jlatus vocis", ruido
de palabras.
Las únicas reformas "dernolitorias" a la Constitución que puede llevar
a cabo el "Poder Revisor", son las que consistan en reconocer y garantizar aquellos derechos humanos que el texto original de 1917 hubiera desconocido, pero que después el Estado Mexicano hubiera reconocido
como normas jurídicas de Derecho internacional, que fue lo que hizo,
en 1948 con la Declaración Universal de Derechos Humanos, y en
1981 con el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos y con
el Pacto de San José de Costa Rica, en acatamiento de cuyas normas el
"Poder Revisor" de la Constitución llevó a cabo las reformas del 28 de
enero de 1992 para reconocer la libertad religiosa en los nuevos artículos
3", 5", 24", 27-11 y 130 de la Constitución.
LOS ELEME
10. LOS ELEMENTOS DEL
tos del contrato, a saber: ele
y elementos de eficacia.
Los elementos de existencia
tener un acto jurídico para l
cualquiera de esos dos elem
mentos de existencia son el <
Los elementos de valirkz,
mentos que conjuntamente del
tar afectado de nulidad, de •
elementos hace que el contr
jurídicos. Tales elementos d
nulidad, son la capacidad de
sentimiento; la forrna libre o
exterior de dicho consentim
sentimiento; y que el objeto e
rio al orden público ni a las
La presencia de los cuatl
existente impiden que se p
ellos mismos no confieren a
ca efectos jurídicos. Son sólo
duzca la nulidad correspon
directamente no dan o prod1
cunas que evitan la aparición
pondiente a cada una de ell<
al que ha recibido su aplicaci
El elemento de eficacia
que un contrato ya existente
producir efectos jurídicos, bien
patrimonio ajeno. Tal eleme
MEDAL
ra que la actuación de los parprovisional o supletoria, o sea
1ado posesión todavía de la topor principio corresponde a él
elismo que estableciera la Consual en materia contractual funuales de los arts. 4" y 5"
de monopolios de Estado conó roto con la reforma demolitono precepto que erigió en regla
conólllica del Estado" en "áTeas eslo dejó a la libertad cmmactual
cepcional y precario.
rt. 28 constitucional que en él
as costosas e ineficientes emprea deuda externa e interna del
n los paises comunistas, han inde un buen número de emprefin de reducir el excesivo gasto
ático, aunque dejando subsisten1Stitucional que le podrá permiro toda clase de actividades
rio de "áTeas estmtégicas".
el Estado ensanche y desborde
eación y multiplicación de moorción y medida se estrangulará
ividuo y el campo de aplicación
ece la libertad no puede existir
de contenido, "flatus vocis", rmdo
la Constitución que puede llevar
onsistan en reconocer y garantío original de 1917 hubiera desMexicano hubiera reconocido
rnacional, que fue lo que hizo,
1 de Derechos Humanos, y en
·echos Civiles y Políticos y con
acatamiento de cuyas normas el
a cabo las reformas del 28 de
religiosa en los nuevos artículos
ón.
CAPÍTULO
111
LOS ELEMENTOS DEL CONTRATO
10. LOS ELEMENTOS DEL CONTRATO. De tres clases son los elementos del contrato, a saber: elementos de existencia, elementos de validez
y elementos de eficacia.
Los elementos de existencia son dos elementos que conjuntamente debe
tener un acto jurídico para ser contrato, de manera que la ausencia de
cualquiera de esos dos elementos impide que haya contrato. Tales elementos de existencia son el consentimiento y el objeto.
Los elementos de validez, o más bien de inmunidad, son cuatro elementos que conjuntamente debe tener el contrato ya existente para no estar afectado de nulidad, de manera que la falta de uno de esos cuatro
elementos hace que el contrato en cuestión resulte privado de efectos
jurídicos. Tales elementos de validez del contrato o de exonemción de
nulidad, son la capacidad de las personas autoras del mencionado consentimiento; la forma libre o la señalada por la ley para la expresión
exterior de dicho consentimiento; la ausencia de vicios del mismo consentimiento; y que el objeto de referencia sea lícito, es decir, no contrario al orden público ni a las buenas costumbres.
La presencia de los cuatro elementos de validez en un contrato ya
existente impiden que se produzca la nulidad de ese contrato, pero
ellos mismos no confieren a éste eficacia jurídica, es decir, que produzca efectos jurídicos. Son sólo factores de inmunidad que impiden se produzca la nulidad correspondiente a la falta de uno de ellos, pero
directamente no dan o producen eficacia al contrato. Son como las vacunas que evitan la aparición de la enfermedad o padecimiento correspondiente a cada una de ellas, pero que no dan o suministran la salud
al que ha recibido su aplicación.
El elemento de eficacia es el elemento que la ley requiere para
que un contrato ya existente con todos los elementos de validez pueda
produciT efectos jurídicos, bien sea en el propio patrimonio o sobre un
patrimonio ajeno. Tal elemento de eficacia es la legitimación para con25
26
RAMÓN SÁNCHEZ MEDAL
tratar que la ley exige en cada una de las personas que celebran un
determinado contrato.
En esta materia, hay un principio general y dos posibles excepciones.
Por principio general, toda persona puede ser parte en un contrato, y los efectos jurídicos de éste recaen sobre el propio patrimonio de
esa persona.
Por excepción, hay ciertas personas que no pueden ser parte en
determinados contratos, y debido a ello éstos no producen efectos jurídicos. Por ejemplo, ni los abogados, ni los jueces, ni los peritos pueden
ser parte compradora en la venta de los bienes que son objeto de los
juicios en que dichas personas intervengan (2276), razón por la cual la venta en contravención de esa prohibición no produce efectos jurídicos (2282).
Por excepción también, los efectos jurídicos de un contrato se producen no sobre el propio patrimonio de las partes que lo celebraron,
sino sobre el patrimonio ajeno de otra persona. Por ejemplo, la venta
que un apoderado hace de los bienes de su representado produce sus
efectos sobre el patrimonio ajeno de éste y no sobre el patrimonio del
primero (2581). La venta que a un comprador de buena fe hace el heredero aparente, respecto de un bien que le fue adjudicado a éste, produce sus efectos jurídicos sobre el patrimonio ajeno del verdadero
heredero (1343).
Puede ocurrir que un contrato tenga los dos elementos de existencia y los cuatro elementos de validez, y sin embargo, no produzca efectos jurídicos. Por ejemplo: la venta de un inmueble del mandante que
lleva a cabo su mandatario general para actos de administración tampoco produce efectos jurídicos, sólo por carecer el mandatario de legitimación, conforme a los arts. 2554-2° y 2565 del Código civil.
Asimismo, puede ser que un contrato tenga efectos jurídicos independientemente de que tenga los dos elementos de existencia y los
cuatro elementos de validez, sólo porque el contratante tenga legitimación
para celebrarlo. Por ejemplo: la venta de un inmueble que a un comprador de buena fe lleva a cabo la persona que tiene inscrito dicho inmueble a su favor en el Registro Público de la Propiedad produce sus
efectos jurídicos, independientemente de que tal venta tenga también
los dos elementos de existencia y los cuatro elementos de validez, sólo
porque los dos contratantes tienen la legitimación que les otorga el art.
3009 del Código civil.
La mencionada dualidad de requisitos generales (de existencia y de
validez) es muy útil para el estudio del contrato en general, pero resulta innecesaria y hasta estorbosa cuando se aplica, en forma invariable y
detallada, al estudio de cada contrato en particular, como acontece a
algunos autores nacionales. En el examen concreto de cada contrato es
DE LOS
preferible el sistema de la de
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DE LOS CONTRATOS CIVILES
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27
preferible el sistema de la doctrina española que estudia los elementos
personales, los elementos reales y los elementos formales de cada contrato, dentro de los cuales pueden examinarse, cuando las haya, las peculiaridades relativas a los elementos de existencia y a los elementos de
validez de cada contrato en particular.
Además de esta clasificación fundamental de los elementos del contrato, se acostumbra también mencionar otra de origen escolástico que
indirectamente tiene cabida en nuestro Derecho Civil ( 1839): elementos
esenciales del contrato, que son los requisitos o cláusulas sin los cuales
un determinado contrato no puede existir (p. ej.: el precio cierto y la
cosa determinada en la compraventa); elementos naturales, que normalmente acompañan al contrato de que se trata por ser propios de su
naturaleza, pero que por un pacto expreso en contrario pueden suprimirse (p. ej.: la responsabilidad por evicción y por vicios ocultos en la
compraventa); y elementos accidentales, que se agregan a los anteriores
por voluntad expresa de las partes, como el término, la condición y demás datos circunstanciales.
11. EL CONSENTIMIENTO EN EL CONTRATO. El primer elemento de
existencia es el consentimiento, el cual ha de entenderse para este estudio en dos sentidos: como voluntad del deudor para obligarse y como
concurso o acuerdo de voluntades (Marty). Así por ejemplo, en el llamado
"transporte benévolo" o "transporte por complacencia", vulgarmente
conocido corno "aventón" o "riele", existe un cierto acuerdo de voluntades, pero falta la voluntad del supuesto deudor para obligarse, por lo
que no hay un verdadero contrato y por ello mismo el transportista
puede en cualquier momento cambiar de ruta o negarse a llevar a su
acompañante.
1) El consentimiento, en su primera acepción, o sea como voluntad
deL deudor para obligarse, a cuyo elemento llama el Código Civil francés
(Art. 1108) "el consentimiento de la parte que se obliga", exige que en
el deudor haya:
a) Una voluntad real, que no existe en el infante, en el ebrio, en el
hipnotizado, en el drogado y en el demente, si bien los tribunales
suelen considerar estos casos como vicio del consentimiento. Esta situación se presenta también en los casos de incapacidad no declarada que
más adelante se estudia (Núm. 17-2°).
b) Que la voluntad sea seria y precisa, ya que una promesa por
simple juego o ele broma, o en escena o con fines didácticos, o un consentimiento simulado, o cuando vagamente se dice, por ejemplo, que se
vende algo a menos del costo, no constituye la voluntad ele obligarse.
e) Que dicha voluntad se exteriorice, sea en forma expresa, cuando
se manifiesta verbalmente, por escrito o por signos inequívocos, sea ele
manera tácita, si resulta ele hechos o ele actos que lo presupongan o que
28
RAMÓN SÁNCHEZ MEDAL
autorizan a presumirlo, excepto en los casos en que por la ley o por
convenio, la voluntad deba manifestarse expresamente ( 1830). Se citan
como ejemplos de manifestación tácita, la aceptación del mandato (254 7
in fine), y la tácita reconducción por lo que se refiere al arrendatario
que continúa sin oposición del arrendador después del término en el
uso de la cosa arrendada (2487). Este último, además, es el único
caso en que el simple silencio implica consentimiento "qui tacet consentire videtur", y genera obligaciones por lo que hace al arrendador
cuando éste no exige la desocupación después de ese término.
Hay casos en que es el solo hecho de una persona lo que constituye la voluntad de obligarse, como ocurre en los llamados contratos fácticos, p. ej.: el pasajero que aborda el autobús público y paga al cobrador
el importe del pasaje.
d) Que esa voluntad tenga un determinado contenido, requisito éste
que dio origen a dos doctrinas: la francesa, que da preferencia a la voluntad interna, aunque exige la exteriorización de ésta, pues "de internis
neque Ec&sia judicat"; y la alemana, que atiende fundamentalmente a la voluntad declarada. Nuestro derecho corresponde al parecer en este punto al
sistema de la voluntad interna, tanto por la importancia que concede a
los vicios del consentimiento (1812 a 1823), como por su preferente indagación de la intención de los contratantes para interpretar un contrato (1851 y 1857 in fine). Sin embargo, puede afirmarse que nuestro
Derecho más bien se orienta hacia el sistema de la voluntad interna declarada, ya que la escueta voluntad interna que no se exterioriza carece
de relevancia jurídica, al igual de lo que ocurre con las "reservas mentales", en que existe una voluntad oculta que es contraria a lo que se
declara. Sólo en el Derecho Canónico, a propósito del matrimonio (Art.
1101, párrafo 2, del "Codex juris canonici"), se reconoce eficacia a la
reserva mental sobre los fines esenciales del matrimonio para invalidar
éste: "Pero si una de las partes o las dos, por un acto positivo de voluntad, excluyen el matrimonio mismo, o todo derecho al acto conyugal, o
alguna propiedad esencial del matrimonio, contraen éste inválidamente."
Suelen distinguirse dos clases de declaraciones de voluntad en un
negocio jurídico: las declaraciones recepticias, que para producir la eficacia que le es propia deben estar dirigidas a una determinada persona
(notificación al deudor acerca de la cesión de un crédito, oferta contractual, desistimiento, etc.); y las declaraciones no recepticias que para
producir sm efectos no requieren de un destinatario concreto o determinado (promesa al público, el testamento) (Trabucchi).
2) El consentimiento, en su segunda acepción, esto es, como acuerdo de voluntades, no existe cuando no hay coincidencia en las dos voluntades, lo que ocurre principalmente en los casos del llamado
error-obstáculo, que corresponde al "error in corpore" o error sobre el obje-
DE LOS
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MEDAL
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DE
LOS
CONTRATOS
CIVILES
29
to-cosa del contrato (el comprador creyó adquirir una finca y el vendedor creyó que enajenaba otra), y al "error in negotio" o error sobre la
clase de contrato que se celebra (se recibe una suma de dinero en la
creencia de que se le ha hecho una donación, pero el que la entrega
creyó que daba en mutuo tal cantidad). Sin embargo, no toda deficiencia
en el consentimiento hace inexistente el contrato, pues hay vicios del mismo
que afectan sólo la validez de un contrato existente, según acontece
con el error-nulidad o error-vicio y con la violencia moral o intimidación, y defectos que ni siquiera lesionan su validez, como ocurre con el
error indiferente y con el temor reverencial de que se habla después.
Para llegar al concurso de voluntades, ordinariamente hay negociaciones o tratos previos entre las partes, que discuten las cláusulas y
los elementos del contrato hasta ponerse de acuerdo. En esta etapa
precontractual debe actuarse de buena fe, ya que si se llegara a probar
que dichos tratos preliminares en una de las partes fueron, por ~jem­
plo, sólo por diversión o entretenimiento o por mera presunción o con
el propósito de distraer a la otra parte e impedir que contratara con
otra persona, podría incurrirse en un acto ilícito que engendrara responsabilidad (191 0). Expresamente se impone en el Derecho italiano
esta responsabilidad precontractual, llamada "culjJa in contrahendo", que
genera la obligación de pagar los llamados "intereses negativos" (Trabucchi), mismos que consisten en la utilidad que el perjudicado hubiera
obtenido en caso de haberse celebrado el contrato (Enneccerus).
El Art. 1337 del Código civil italiano expresa al respecto: "Tratos y
responsabilidad precontractual. Las partes, en el desarrollo de los tratos y
en la formación del contrato, deben comportarse según la buena fe."
El consentimiento como acuerdo de voluntades se descompone en
dos partes o momentos: la oferta o policitación o propuesta, y la aceptación.
Cuando la oferta se hace a una persona presente, es decir, que se
tiene enfrente, sin fijarle plazo de aceptación, el autor de la oferta
queda desligado si la aceptación no se hace de inmediato, y es lo mismo que ocurre cuando la oferta se hace por teléfono, por h1x trasmitido por teléfono, o a través de cualquier otro medio electrónico, óptico
o de cualquier otra tecnología que permita la expresión de la oferta y
la aceptación de ésta en forma inmediata (1805). La propuesta y la aceptación hechas por telégrafo producen efectos si los contratantes con anterioridad habían pactado por escrito esta manera de contratar ( 1811 ).
En estos casos se trata de contrato entre presentes.
Ahora bien, es importante hacer notar que el Código civil para el D. F.,
de mayo de 2000, sólo aplica la regla entre presentes a la oferta hecha por
teléfono, omitiendo hacer referencia a otros medios electrónicos como lo hacen los artículos 1805 y 1811 del Código Civil Federal antes mencionado.
El contrato entre ausentes tiene lugar cuando la oferta se hace a una
30
RAMÓN SÁNCHEZ MEDAL
persona que no está presente, es decir, que no se tiene enfrente, en
este caso, como en el anterior, si el autor de la oferta pone un término
para aceptar, queda obligado durante todo ese término. Pero si no fija
ningún término para aceptar, la ley establece que queda obligado a
mantener la oferta por el término de tres días, además del tiempo necesario para la ida y vuelta regular del correo o del medio de comunicación que exista o sea posible, a falta de correo público (1806). Aquí
la palabra "ausente" está tomada no en sentido estricto (649), sino en
una acepción amplia que también emplea en ocasiones el propio legislador (2392).
En todos los casos para que exista acuerdo de voluntades y contrato, es menester que la aceptación sea "lisa y llana", porque si se hace
con alguna modificación a la oferta, tal aceptación se convierte en una
nueva oferta (181 0).
La oferta a un destinatario presente o ausente, con expresa fijación
de plazo por el autor de aquélla para aceptar, y la oferta sin fijación
de término para aceptar a un destinatario no presente, constituyen en
realidad una declaración unilateral de voluntad que es fuente de una
obligación a cargo del mismo oferente de mantener en el primer caso
por el tiempo que él fijó, y de mantener en la segunda hipótesis por el
mencionado plazo legal de tres días, la correspondiente oferta. En estos
dos supuestos son conjuntamente la ley y la declaración unilateral de
voluntad la fuente de dicha obligación (Borja Soriano).
No puede confundirse la oferta o declaración unilateral de voluntad
del policitante, que obliga a éste a mantener la propuesta en el término
fijado por él o por la ley, según el caso, con el acuerdo de voluntades
que se da en el contrato de promesa unilateral de contrato, por virtud del
cual ambas partes han convenido que una de ellas quede obligada a celebrar un contrato futuro en las condiciones estipuladas, dentro de un plazo determinado, en caso que la beneficiaria de tal promesa llegue a
decidirlo. (Trabucchi).
En consecuencia, no es admisible la llamada teoría clásica, sustentada por Demolombe, que acude a un supuesto "precontrato tácito" para
explicar la obligación del policitante de mantener la oferta durante un
determinado plazo, ni tampoco hace falta recurrir a la responsabilidad
por hechos ilícitos o contrarios a las buenas costumbres ( 191 0), como lo
sostiene Marty el remitir al art. 1832 del Código de Napoleón, ya que
en nuestro Derecho, a diferencia del francés, la declaración unilateral
de voluntad está reconocida expresamente por el legislador como fuente de obligaciones.
Importa mucho determinar el momento y el lugar en que se perfecciona el contrato entre ausentes, pues por lo que se refiere al lugar,
hay que precisar cuál es el tribunal competente para conocer de la in-
DE L05
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MEDAL
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DE LOS CONTRATOS CIVILES
31
terpretación y cumplimiento de dicho contrato y cuáles son las formalidades que debieron llenarse para el mismo contrato; y por lo que se
refiere al momento en que se perfeccionó, hay también que precisarlo
para saber si había capacidad de las partes en ese momento o para determinar en qué forma se aplica la teoría de los riesgos o para fuar el
inicio de la prescripción o para esclarecer si el contrato se celebró durante el periodo sospechoso en los casos de concurso de acreedores o
de quiebra (Marty).
A este propósito hay cuatro sistemas: el de la declaración, conforme
al cual el contrato se perfecciona cuando el destinatario declara que
acepta; el de la expedición, conforme al cual el contrato se perfecciona
en el momento en que el aceptante de la oferta pone en el correo o
envía a un nuncio para dar a conocer al policitante su aceptación (este
sistema es adoptado por el Art. 80 del Código de Comercio y excepcionalmente también, a propósito de la donación, por el Art. 2340 del
Código Civil); el de la recepción, defendido por Laurent y adoptado por
nuestro Derecho civil ( 1807), que considera perfecto el contrato en el
momento en que el policitante recibe la aceptación, aunque no se haya
enterado todavía de su contenido; y el de la información, que considera
perfecto el contrato hasta que el oferente se entera de la aceptación
por el destinatario de la propuesta.
12. TRES CONTRATOS DISCUTIDOS. Hay algunas formas o expresiones
del consentimiento en las que a primera vista no existe el acuerdo de voluntades y en las que, por tanto, también aparentemente no hay contrato:
1) El contrato consigo rnisrno, que tiene lugar cuando una persona
por su propio derecho celebra un contrato con otra persona a la que
aquélla misma representa.
Teóricamente, no hay dificultad para admitir la posibilidad del autocontrato o contrato consigo núsmo, porque en realidad se está en presencia de dos voluntades jurídicas, aunque sicológicamente sea una sola.
A este respecto, no existe en nuestro derecho una prohibición general
de contratar consigo mismo, ya que sólo se encuentran estas tres prohibiciones especiales:
a) Para que el tutor compre o tome en arrendamiento los bienes
de su pupilo (569), pero no para que el tutor venda o dé en arrendamiento sus bienes al pupilo.
b) Para que el mandatario compre los bienes de su mandante
(2280 a 2282), pero no para que el mandatario venda sus bienes al
mandante.
e) Para que los encargados de los establecinúentos públicos y los funcionarios y empleados públicos tomen en arrendamiento los bienes que
32
RAMÓN
SÁNCHEZ
MEDAL
con las expresadas calidades administren (2405 ), pero no para que dichas
personas den en arrendamiento sus bienes a los establecimientos públicos o a la dependencia gubernamental en donde presten sus servicios.
Por el contrario, el art. 1395 del Código civil italiano establece la
prohibición general del contrato consigo mismo, si bien admite dos
excepciones: cuando el representado ha concretado a su representante
todos los elementos que debe contener el contrato; y cuando el representante ha sido autorizado expresamente por el representado para
contratar con él mismo. Puede considerarse que estas dos excepciones
son admisibles también en nuestro Derecho aun a propósito de la misma compraventa, y especialmente cuando se ha conferido un mandato
irrevocable para que éste se utilice corno medio para que el mandante
cumpla con la obligación contraída con el mandatario (2596-1 °). En estos dos últimos casos de excepción, no existe ya la razón de aquella
prohibición general, que no es otra que evitar el peligro de que el
representante sacrifique en su propio beneficio los intereses de su representado.
2) El contrato de adhesión, opuesto al contrato negociado o paritario
(Josserand), y en el que no hay tratos preliminares o discusiones previas de las partes, sino que una de ellas elabora unilateralmente las
condiciones del contrato y a la otra sólo se le deja la posibilidad de
aceptarlas, si quiere celebrar el contrato, o de no celebrar éste.
Tratándose de servicios indispensables, prácticamente no existe la
posibilidad de abstenerse de celebrar el contrato, como ocurre con los
servicios de transporte, de energía eléctrica, de teléfono, de gas, etc.;
por ello, en estos casos interviene con frecuencia el Estado para vigilar
que las cláusulas no extorsionen a los usuarios de tales servicios. Por
ello, la Ley Federal de Protección al Consumidor exige que en los contratos de adhesión no se inserten cláusulas que establezcan prestaciones
desproporcionadas u obligaciones inequitativas a cargo de los consumidores y que siempre se redacten en español y en términos legibles y
comprensibles (arts. 85 a 90).
Sin embargo, no puede negarse que en todos estos actos jurídicos
haya contrato o acuerdo de voluntades, al menos para aceptar por una
de las partes las condiciones elaboradas o propuestas por la otra, por
lo que no tiene razón Duguit que niega el carácter de contratos a los
conocidos corno contratos de adhesión.
No hay que confundir, corno equivocadamente lo hace la Ley Federal
de Protección al Consumidor (arts. 85 y 87), los contratos de adhesión con
los contratos de machote, ni con las "condiciones generales del contrato" así
llamadas en doctrina y en el artículo 1341 del Código civil italiano, y que
son aquellas cláusulas que a manera de reglamento contractual de aplicación
DE LOS
general ha preparado una de
minado tipo de contratos que
abstracta, que es lo que suce'
ros, y no para celebrar un det
3) Los contratos forzados, .
obliga al particular a celebrar
en el caso de la fianza legal
hipoteca necesaria (2931, 315
El pacto de capitulaciones
recho un pacto obligatorio, 1
régimen legal o presunto, si
por fuerza los consortes optar
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178), formando así dicho p:
que necesariamente debe incl
momo.
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do se pretende ejecutar prm
efecto devolutivo (Art. 699 del
te a otorgar una fianza.
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de la ley, sino que es precise
por tanto, el acuerdo respecti
restricción a la libertad de e
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nadas condiciones. Así, por ej
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servicio y a contratar con n
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(Art. 57 de la misma Ley). l
bién tiene el carácter de con
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F., de la jurisprudencia de 1<
no es obligatorio por una ley
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MEDAL
2405), pero no para que dichas
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concretado a su representante
1 contrato; y cuando el reprete por el representado para
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medio para que el mandante
1 mandatario (2596-1 °). En esexiste ya la razón de aquella
e evitar el peligro de que el
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contrato negociado o paritario
reliminares o discusiones preas elabora unilateralmente las
o se le deja la posibilidad de
o de no celebrar éste.
es, prácticamente no existe la
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DE
LOS
CONTRATOS
CIVILES
33
general ha preparado una de las partes para la integración de un determinado tipo de contratos que ella celebra, y que se redactan en forma
abstracta, que es lo que sucede, por ejemplo, con las pólizas de seguros, y no para celebrar un determinado contrato en un caso concreto.
3) Los contratos forzados, forzosos o impuestos, o sea, cuando la ley
obliga al particular a celebrar un determinado contrato, como acontece
en el caso de la fianza legal o judicial (2850, 315 y 317), en el de la
hipoteca necesaria (2931, 315 y 31 7), al menos en algunos casos.
El pacto de capitulaciones matrimoniales es hoy día en nuestro Derecho un pacto obligatorio, por cuanto que actualmente no existe un
régimen legal o presunto, sino que al celebrar el matrimonio deben
por fuerza los consortes optar expresamente o por la sociedad conyugal
o por la separación de bienes o por un régimen mixto (98-V, 99 y
178), formando así dicho pacto un capítulo o una parte integrante
que necesariamente debe incluirse dentro del mismo contrato de matrimonio.
En el Derecho Procesal se presenta una situación semejante, cuando se pretende ejecutar provisionalmente una sentencia apelada en el
efecto devolutivo (Art. 699 del Cód. Proc. Civiles), obligándose al ejecutante a otorgar una fianza.
En todos los supuestos mencionados, aunque muy restringida, subsiste la voluntad de obligarse y el consentimiento como acuerdo de voluntades, pues las obligaciones de tales contratos no nacen directamente
de la ley, sino que es preciso que exista de por medio el contrato y,
por tanto, el acuerdo respectivo de voluntades. Hay aquí más bien una
restricción a la libertad de contratar, que a la libertad contractual, de
acuerdo con la distinción antes mencionada.
A estos contratos suele llamárseles también "contratos obligatorios",
porque en ellos la ley obliga a una persona a contratar y bajo determinadas condiciones. Así, por ejemplo, el concesionario para explotar una
vía general de comunicación (una carretera, etc.) que por el Art. 62 de
la Ley de Vías Generales de Comunicación está obligado a contratar el
servicio y a contratar con cualquier persona del público que satisfaga
los requisitos legales y reglamentarios, respetando las tarifas oficiales
(Art. 57 de la misma Ley). En el mismo contrato de transporte también tiene el carácter de contrato impuesto o forzado el seguro obligatorio del viajero (art. 127 de la misma Ley) (tesis 400 en el S. J. de la
F., de la jurisprudencia de la 3a Sala hasta 197 5 ). A veces el contrato
no es obligatorio por una ley, sino que la obligación de contratar deriva de la oferta que se ha hecho al público ( 1861 ), como acontece con
el hotelero que ofrece el servicio de alojamiento al público en general;
o bien dimana de otro contrato anterior, como sucede con el "contrato
34
RAMÓN SÁNCHEZ MEDAL
futuro" que se obliga a celebrar el promitente en un contrato preparatorio de promesa (2243).
Dentro de estos contratos impuestos se mencionan también el contrato que es firmado por el juez en rebeldía de una de las partes (224 7)
que ha sido condenada al otorgamiento de dicho contrato. (Art. 517-111
Cód. Proc. Civiles y art. 224 7 Cód. Civil).
En épocas de crisis económicas, la escasez de artículos de primera
necesidad o de viviendas ha hecho que se utilice como remedio ocasional la venta de aquéllos o el arrendamiento de locales, con carácter
forzoso. Este moderno intervencionismo administrativo ha aumentado
considerablemente y ha dado fundamento para afirmar la existencia en
nuestros días de crisis de la autonomía privada (De Castro y Bravo).
12bis. INTERVENCIÓN DE UN TERCERO EN EL CONTRATO. Es un principio general que son las mismas partes las que mediante un acuerdo de
voluntades determinan los elementos y el contenido del contrato que
ellas han celebrado. Sin embargo, pueden las mismas partes delegar en
un tercero para que sea éste el que determine uno de los elementos del
contrato que han celebrado ellas, o el contenido mismo del contrato en
cuestión. La actuación del tercero en ese caso corresponde a la actuación de un mandatario doble, es decir, de un mandatario de una y otra
parte. Tal es el caso previsto en el art. 2251 del Código Civil que permite que un tercero, sea quien determine el precio en una compraventa, y tal es el caso también de un tercero, como es el árbitro, cuando
las dos partes que tienen entre sí una relación jurídica controvertida,
celebran un acuerdo de arbitraje o compromiso arbitral mediante el
cual encomiendan a ese tercero que, ajustándose a determinado procedimiento, sea dicho tercero el que determine en un laudo la prestación
que una u otra parte debe realizar o la situación que una u otra parte
deban reconocer, ya que con todo acierto existen autores como Ruggiero y Guasp que reconocen en el árbitro a un mandatario doble de uno
y otro de los comprometientes, y, además, la razón de la obligatoriedad
del laudo arbitral es que éste deriva de una obligación contractual asumida por los comprometientes en el acuerdo de arbitraje de cumplir
con dicho laudo, al igual de lo que ocurre con la obligación contractual
de cumplir lo convenido en un contrato de transacción, y, por tanto,
en uno y otro caso, no es ni una obligación judicial derivada de una
sentencia judicial, ni tampoco una obligación legal derivada directamente de la ley.
13. EL OBJETO DEL CONTRATO. El segundo elemento de existencia
del contrato es el objeto, acerca del cual es pertinente hacer la advertencia de que, al igual de lo que ocurre con el consentimiento, no toda
deficiencia en el objeto del contrato se traduce en la inexistencia de éste, sino
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MEDAL
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DE LOS CONTRATOS CIVILES
35
que puede en algunos casos hacerlo sólo anulable, afectándose únicamente la validez de un contrato existente, como ocurre en el caso de
vicios ocultos de la cosa enajenada o de la pérdida parcial de la cosa
vendida (núm. 72)
Conforme a la definición legal del contrato (1793), el objeto directo e inmediato del contrato es la creación o la transmisión de obligaciones o derechos (sean éstos reales o personales); pero por una elipsis
que viene desde el Código Napoleónico, se menciona como objeto de
contrato lo que propiamente es el objeto de la obligación creada o
transmitida por él. Este objeto indirecto o mediato del contrato, puede
ser o la prestación de una cosa (2011) o la cosa misma (1824-I); o
bien, la prestación de un hecho (2027 y 2028) o el hecho mismo
(1824-II). A este particular resulta muy útil el empleo de la terminología de objeto-cosa o de objeto-hecho del contrato (Cuna Concalves).
Considerado ya el objeto mediato o indirecto del contrato, la prestación de cosa puede consistir: o en la enajenación de una cosa cierta o
de un género o en la constitución de un derecho real (ejemplos: en la
venta de una cosa, en la constitución de un usufructo) o en la concesión del uso o goce temporal de una cosa cierta (ejemplos: en el arrendamiento, en el comodato), o en la restitución de cosa ajena o pago de
cosa debida (ejemplos: devolución de la cosa depositada, arrendada o
dada en comodato, devolución de la cantidad dada en mutuo) (2011).
Asimismo, la prestación de un hecho puede consistir: o en que el
deudor haga algo determinado, o que no lo haga (2027 y 2028). Ejemplo de la primera, es la obligación del inquilino de usar la cosa arrendada conforme al destino convenido o a la naturaleza de dicha cosa, y
ejemplo de la segunda, es la obligación del depositario de abstenerse de
usar la cosa depositada.
14. EL OBJETO-COSA DEL CONTRATO. La cosa objeto o el llamado objeto-cosa del contrato debe existir en la naturaleza; ser determinada o
determinable en cuanto a su especie; y estar en el comercio ( 1825 ).
En primer lugar, la cosa debe existir, porque si la cosa ya pereció
antes del contrato, por ejemplo, si murió el animal que se iba a vender o si se extinguió el crédito que se iba a ceder o si el bien de que
se trata desapareció definitivamente o quedó fuera del comercio (2021 ),
no habría objeto del contrato (2224), y el contratante que tuviera conocimiento antes de celebrarlo, de la inexistencia de la cosa, debería
pagar a la otra el "interés negativo" (Enneccerus), o sea la utilidad que
hubiera obtenido si se hubiera celebrado el contrato con dicha cosa.
Sin embargo, las cosas futuras pueden ser objeto del contrato
(1826), como ocurre cuando se compra una cosa que se va a fabricar
después o una cosecha que se espera recoger. Se exceptúan, no obstan-
36
RAMÓN
SÁNCHEZ MEDAL
te, como cosas futuras que no pueden ser objeto de contrato, en el caso de hipoteca (ver núm. 301 ), ni los bienes futuros del donante en la
donación (2333), y la herencia de una persona viva, aunque ésta preste
su consentimiento (1826, in fine, 2950-111, 1665 y 1666). La razón de
aquellas dos primeras excepciones es evitar que se pueda extinguir por
un contrato el estímulo o incentivo para el trabajo del hombre, así como no permitir o reconocer que se asuma una obligación falta de seriedad, pues quedaría al arbitrio del deudor adquirir o no adquirir
bienes en el futuro. La razón de la última excepción ya no es evitar el
"votum mortis", esto es, el deseo de que una persona muera y hasta la
tentación de procurar su muerte, pues existen contratos como el seguro de vida y la renta vitalicia que se admiten en la actualidad a pesar
de dar lugar ellos también al ''votum mortis", sino que el motivo de tal
prohibición radica en la necesidad de preservar la libertad del individuo para disponer de sus bienes para después de su muerte hasta el
momento mismo en que ésta ocurra (1295 y 1493). No debe confundirse esta prohibición con el contrato en el que el deudor fuara como
término su propia muerte, que es la modalidad conocida como término
incierto (Marty).
Además, la cosa debe ser determinada o determinable, pero no sólo en
cuanto a su especie (1825-2"), sino también en cuanto a su cuota o cantidad
(J osserand), cuando el objeto del contrato es un género, pues por
ejemplo, no se obligaría seriamente quien sólo se comprometiera a entregar aceite de olivo o trigo, ya que bastarían unas cuantas gotas de
aquél o unos cuantos granos de éste para cumplir con tal obligación.
La determinación de la cosa puede hacerse a través de un hecho
que está por realizarse (2251 ), como por ejemplo, si se conviene comprar la pastura que coma un caballo durante una exposición o los vinos que se consuman en un festejo; o a través de la fijación que haga
una tercera persona elegida por las partes (2251, in fine, a 2253).
Cuando el contrato tiene un objeto-cosa, puede la cosa consistir: a) en
un cuerpo-cierto y concreto, o una cosa individualmente determinada, por
ejemplo, la finca ubicada en tal sitio que se da en arrendamiento; b) en
un género, por ejemplo, una tonelada de frijol "flor de mayo" que se da
en mutuo; y e) en dinero, en el caso de las obligaciones pecuniarias, las cuales
se subdividen en obligaciones de suma o de cantidad, si el dinero está en el
objeto mismo de la obligación, por ejemplo, la obligación del pago del
precio a cargo del comprador que es precisamente en dinero, y en obligaciones de valoT, cuando el dinero es sólo el medio de pago que permite
la satisfacción por equivalente de la obligación, mas no está él en el objeto
mismo de ella, por ejemplo, la obligación del inquilino de indemnizar
al arrendador en caso de incendio de la finca arrendada (2435). Por
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MEOAL
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DE LOS CONTRATOS CIVILES
37
za a aquellas en las que el dinero no es ni el objeto de ellas, m el me-
dio para solventarlas, como ocurre en las mencionadas obligaciones que
tienen por objeto un cuerpo-cierto o un género, las cuales tienen de
común que no están expuestas a las alteraciones del valor del dinero
(Carbonnier).
Cuando se trata de prestación de cosa y concretamente consista en
la transmisión de la propiedad o de otro derecho real (ejemplo: usufructo o servidumbre) respecto de una cosa cierta y determinada, dicha
transmisión se opera por efecto del mismo contrato (20 14 ), sin que sea
necesario apelar en nuestro derecho a la artificiosa explicación de Planiol, que supone que nace primero la obligación de transmitir el derecho real y que inmediatamente después se ejecuta, pues nuestro
Código Civil, al igual que Bonnecasse, considera inútil esa alambicada
concepción, ya que el objeto del contrato puede ser no sólo crear o
transmitir obligaciones, sino también crear o transmitir derechos reales
(1793). Por excepción, sólo el derecho real de prenda requiere de la entrega
de la cosa para la constitución de ese derecho (2858 y 2984).
Cuando se trata de prestación de géneros, la trasmisión de propiedad de éstos, requiere la "especificación" o "individualización" de ellos, que
consiste en hacer cierta y determinada la cosa objeto del contrato con
conocimiento del acreedor (20 15 ).
Asimismo, es necesario que la· cosa esté en el comercio ( 1825-3"), entendiéndose que están fuera del comercio, las cosas que por su naturaleza
no pueden ser poseídas por algún individuo exclusivamente, o que por
disposición de la ley no pueden ser adquiridas en propiedad por un particular (748 y 749). Tampoco puede ser objeto de contrato ni el estado
civil de las personas (2948), aunque sí los efectos pecuniarios derivados
del mismo (pago de alimentos anteriores o determinación del monto de
los futuros) (2949 y 2951 ), ni la comisión de un delito futuro (2950-1 ).
Acerca de este último requisito cuando no se trata de contratos
traslativos de dominio o de constitución de derechos reales sobre bienes
de dominio del poder público (765 y 767), que están por tanto fuera del comercio, pueden estos bienes ser objeto de contratos válidos, como ocurre con los arrendamientos a particulares de zonas federales en las
riberas de los ríos o en las playas de los mares, y acontece también con
el comodato de pinturas u otras obras artísticas o científicas que facilita
temporalmente el Estado para exposición o para estudios o investigaciones que lleven a cabo los particulares.
En relación con este mismo requisito del objeto-cosa del contrato,
es oportuno referirse a los "derechos de la personalidad", llamados también "bienes de la personalidad", y que son aquellos bienes y derechos
que o son inseparables de la persona, o por lo menos están íntima y
directamente unidos a ella, a diferencia en uno y en otro caso de los
"bi.nu?s patrimoniales" que no tienen ninguna de aquellas dos características.
38
RAMÓN
SÁNCHEZ MEDAL
A los primeros se les llama bienes esenciales de la personalidad, y dentro de ellos se incluye la vida, la integridad corporal, la libertad, etc., y
a los segundos se les conoce con el nombre de bienes sociales e individuales de la personalidad, citándose entre ellos el honor, la intimidad
personal, la imagen, el nombre, las obras artísticas y científicas, etc.
En épocas pasadas los bienes o derechos de la personalidad eran
solo materia del Derecho constitucional, para su reconocimiento y protección frente al Estado en favor del individuo (las "garantías individuales"), o del Derecho penal, para castigar los ataques a los mismos
(homicidio, lesiones, injurias, calumnia, etc). Pero hoy día, principalmente a raíz del reconocimiento de la reparación del daño moral con
independencia del daño material, e igualmente a virtud de los avances
de las ciencias médicas, ha tenido que ocuparse el Derecho civil de los
derechos de la personalidad (Federico de Castro y Bravo, Temas de Derecho Civil, Madrid, 1972, págs. 7 a 33). A este respecto, es oportuno
destacar que el Código civil expresamente protege la honra y sanciona
el daño moral a la misma (406-1, 1819, 1916 y 2370-1), al igual que la
Ley de responsabilidad civil para la protección del derecho a la vida,
el honor y la propia imagen en el D. F.
N o todos estos bienes, ni tampoco en forma absolutamente libre
pueden ser objeto de contrato entre particulares, según lo ponen de
manifiesto por ejemplo la Ley Federal de Derechos de Autor y la Ley
General de Salud.
De acuerdo con esta última ley, en la donación y trasplante de órganos y tejidos de seres humanos, intervienen como partes el "receptor" o
adquirente, y el "disj}()nente" o enajenante, y éste puede ser el "disponente
originario", con respecto a su propio cuerpo y productos del mismo (art.
315 ), incluyendo el propio cadáver o parte del mismo (art. 346), o el
"disponente secundario", que es uno de ciertos familiares de aquél y en defecto de ellos la autoridad sanitaria (art. 316), y a su vez el respectivo trasplante o donación tiene las siguientes restricciones a la libertad contractual:
a) Los trasplantes de órganos y tejidos en seres humanos vivos sólo
pueden hacerse con fines terapéuticos y siempre que estén precedidos
de una investigación satisfactoria y no representen un riesgo aceptable
para la vida y la salud del disponente y del receptor (art. 321).
b) El trasplante o la transfusión sólo puede hacerse por prescripción y bajo control médico (art. 323), y los bancos de órganos y tejidos
requieren ser instituciones específicamente autorizadas por la Secretaría
de Salud (art. 329 y 330).
e) Los trasplantes de órganos y tejidos de seres humanos vivos sólo
pueden hacerse cuando no sea posible utilizar órganos o tejidos de cadáveres y, además, está prohibido el trasplante de un órgano único (como
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DE
LOS
CONTRATOS
CIVILES
39
el corazón), que sea esencial para la conservación de la vida y no regenerable de un cuerpo humano vivo a otro cuerpo humano vivo (art. 322).
d) Para la toma
órganos y tejidos se requiere el consentimiento
expreso, libre y po escrito del disponente originario, otorgado ante
Notario o ante dos testigos idóneos, consentimiento que puede revocar
dicho disponente en cualquier momento sin responsabilidad de su parte
(art. 324), porque dicha disposición solo puede ser a título gratuito, a
diferencia de lo que ocurre al derecho a la propia imagen, que también es un derecho de la personalidad, ya que la autorización concedida por una persona para usar o publicar con fines lucrativos su propio
retrato puede ser revocada por dicha persona, pero con la responsabilidad de pagar daños y perjuicios (art. 316 de la Ley Federal de Derechos de Autor).
e) La enajenación de órganos y tejidos (incluyendo la sangre) en ningún caso podrá hacerse ni por un menor, ni por un incapaz, ni por una
persona en estado de inconciencia (art. 326), y sólo en determinados casos por una persona privada de libertad o por una nn~jer embarazada,
pero siempre que en este último caso "no implique riesgo para la salud
de la mujer o del producto de la concepción", lo cual demuestra que al
igual que otros preceptos del código civil (22) nuestra legislación es contraria al aborto (art. 327 y 328). Ni la sangre (art. 332), ni los demás tejidos y órganos pueden ser enajenados a título oneroso (art. 462-ll).
j) En cuanto a la transfusión de sangre no se requiere que el citado consentimiento sea por escrito (art. 324), y en ocasiones puede trasmitir alguna enfermedad anterior del donador (hepatitis, paludismo,
etc.), sin que ahora haya medios de laboratorio para determinar la existencia de tal peligro, y en cuyo caso habrá la posibilidad de plantear
una responsabilidad al médico o a la institución que hubiera practicado
la trasfusión contaminante, a menos que previamente se advierta el riesgo eventual al paciente y por escrito se le haga renunciar expresamente
a cualquier reclamación posterior.
El artículo 67 de la Ley General de Salud y la Norma Oficial Mexicana, NOM-005-SSA2-l993 de la Secofi son contrarias a los derechos
de la personalidad, porque violan las garantías individuales de libertad
de trabajo, de libertad de manifestación de las ideas y de libertad de
creencias religiosas consagradas, respectivamente, en los arts. 5, 6 y 24
de la Constitución, al tratar de obligarse a quienes trabajan en las unidades de salud, dentro de los sectores público, social y privado, a que
presten el servicio de planificación familiar, y a que aconsejen se eviten artificialmente los embarazos y se promuevan para ello toda clase de métodos anticonceptivos, con lo cual, además, la "planeación familiar" que
significa la libre y autónoma libertad de la pareja individual en orden
al número y espaciamiento de sus hijos, se sustituya por la "planificación
te
40
RAMÓN
SÁNCHEZ MEDAL
familiar" en la que se arroga el Estado atribuciones para suplantar aquella decisión de la pareja, a fin de reducir el crecimiento demográfico, al
cual se han comprometido los Estados mediante degradantes acuerdos
internacionales, a la manera de los acuerdos que conciertan los mismos
Estados para restringir la extracción de barriles de petróleo o la proliferación de armas nucleares.
Finalmente, en doctrina se menciona otro requisito más (Mazeaud)
relativo a la cosa objeto del contrato y consistente en que el deudor
sea titular del derecho sobre la cosa, y cuyo derecho va a constituirse o
a transmitirse en favor del acreedor, pero sin exigirse que ese derecho
se tenga por el deudor en el instante mismo de celebrar el contrat~,
con tal que sea o llegue a ser titular de él en el momento de constituir o de transmitir ese derecho al acreedor.
Sin embargo, éste último requisito atañe más bien a la eficacia del
contrato, y a la legitimación de quienes lo celebran, y por ello en los
contratos no traslativos de dominio, como el arrendamiento y el comodato, no obsta que la cosa sea ajena con tal de que el contratante esté legitimado para conceder el uso de ella (2401).
15. EL OBJETO-HECHO DEL CONTRATO. El hecho objeto del contrato
puede ser positivo (hacer una cosa), como llevar a cabo la ~onstrucción
de una determinada casa, o negativo (no hacer una determmada cosa),
como la obligación de no vender a determinada persona (2301); y,
además, el hecho debe ser posible y lícito (1827).
El hecho debe ser posible natural y jurídicamente. Al respecto, en
los hechos físicamente imposibles cabe distinguir la imposibilidad objetiva o absoluta, de la imposibilidad subjetiva o "ineptitud" del deudor
(Enneccerus), ya que en este último caso la prestación del hecho puede
hacerse por otra persona en lugar del deudor y no hay p~opiamente
un hecho imposible (1829 y 2027). Tampoco debe confundirse el hecho legalmente imposible, con el hecho ilícito, pudiendo ~itarse .como
ejemplos de lo primero: adquirir una cosa que ya es propia, obhgarse
a no revocar un testamento, tratar de obligar a una persona a que
contraiga matrimonio con otra determinada persona, pretender obligar
a una persona a que teste en determinado sentido, el obligarse a no
vender (230 1) o a no hipotecar (290 1).
El hecho ilícito es el que contradice leyes de orden público o las
buenas costumbres ( 1830). Por normas de orden público interno han de
entenderse las relativas a la organización política, a la organización judicial, al régimen de bienes inmuebles, a la capacidad y al estado civil de las personas y, en general, las normas de Derecho Público o las
normas de Derecho Privado que tengan el carácter de imperativas o de prohibitivas (8). El concepto general de orden público interno es gaseoso y
muy variable, en atención a que los intereses sociales que en forma di-
DE LOS
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MEDAL
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arácter de imperativas o de prohipúblico interno es gaseoso y
reses sociales que en forma di-
DE
LOS
CONTRATOS
CIVILES
41
recta y preferente sobre los intereses individuales se tratan de salvaguardar con las normas de orden público, no pocas veces pecan de
convencionalismo del legislador y a veces obedecen a razones de tipo político, pues ni siquiera cabe identificarlas con las normas que protegen
al débil contra el fuerte (Mazeaud).
El concepto de buenas costumbres no ha sido fijado en la ley, ni la
doctrina le da un contenido uniforme. A las buenas costumbres se acude
varias veces por el legislador (1830, 1831, 1910), por lo que importa conocer su significado. Generalmente, la doctrina rehuye fijar este concepto
sociológico de las buenas costumbres, o sea que en cada país y en cada
época la conciencia general acepta una doctrina moral (Laurent), o sea se
tiende a recurrir al ideal moral propio de cada nación y que entre nosotros y demás países de civilización occidental, se aproxima el concepto de
buenas costumbres al aspecto exterior de los principios de la moralidad cristiana (Ripert). Aunque esta última concepción no de:ja de tener cierta incertidumbre, hay que reconocer en ella uno de esos "conceptos-válvula" que
el legislador no define, sino que necesariamente deben ser apreciados por
los tribunales. Cuando el ideal moral se oscurece en la sociedad, debe el
juez colocarse por encima de la opinión general, dirigirla y no sufrirla
(Ripert), en una función semejante a la de los censores romanos que custodiaban las buenas costumbres del pueblo romano. A ello se deben los
cambios en la jurisprudencia en esta materia: en un principio la jurisprudencia francesa se negó a aceptar la licitud del seguro de vida, del corretaje matrimonial, de la cesión de clientela de un médico y del contrato
'de claque' (entre un director de teatro y un contratista de éxitos dramáticos encargado de promover la admiración del público), figuras jurídicas
que posteriormente fueron aprobadas por los tribunales de Francia. Como
ejemplos de contratos contrarios a las buenas costumbres se citan los relativos a la explotación de casas de tolerancia, de centros de juegos prohibidos, la dicotomía entre los médicos, y en algunos países extranjeros el
contrato de "cuota litis".
Una importante sentencia a propósito de una resolución de la Comisión Calificadora de Publicaciones y Revistas Ilustradas que declaró
ilícito el contenido de una revista que publicaba numerosas fotografías
de desnudos de hombres y de mujeres con la clara intención de excitar
los impulsos puramente carnales de los lectores, definió acertadamente
las buenas costumbres como "las directivas y los conceptos morales en
que se inspira nuestro actual derecho positivo y que coinciden con el
sentir del común de las personas equilibradas, intelectual y emocionalmente maduras y de criterio sereno", o bien como "la concepción ética
que predomina en nuestro medio cultural y que informa nuestra legislación, por ejemplo, la observancia de la monogamia y la fidelidad en
el matrimonio, y a la inversa, constituyen actos reprobables, o se califi-
42
RAMÓN SÁNCHEZ MEDAL
can malas costumbres, en mayor o menor grado, el adulterio, el incesto, la prostitución, el lenocinio y el homosexualismo, y también la incitación, directa o indirecta, a tales actos" (ejecutoria de 18 de marzo de
1976, del 2° Tribunal Colegiado en Materia Administrativa del Primer
Circuito, en el amparo en revisión 20/76 de Eros, Cía. Editorial, S. A
y Editorial Posada, S. A El mismo Tribunal sostuvo criterio simi lar ep
y Editorial Posada, S. A El mismo Tribunal sostuvo criterio similar en
"Playboy").
"Los negocios inmorales susceptibles de nulidad no son todos aquellos que se celebran en contra de las normas éticas, sino concretamente
los contrarios a las buenas costumbres, entendidas estas como el aspecto
exterior de la moralidad. Las buenas costumbres dentro del Derecho civil, teniendo siempre en cuenta éste su aspecto exterior, hacen referencia a una vasta comprensión de las normas morales y no se limitan,
como sucede en el Derecho penal, a las relaciones sexuales. Pero no
resulta sancionable toda manifestación de voluntad contraria a la rigurosa moral cristiana; ni tampoco únicamente lo que es contrario a una
regla de normal observancia, porque pueden existir usos contrarios a
las buenas costumbres. El negocio será nulo, o porque el hecho que
constituye su objeto es contrario a los deberes morales fundamentales
(por ejemplo), el acuerdo para un acto obsceno o para la corrupción
de un funcionario público, el contrato de mediación para realizar prestaciones inmorales, etc.), o porque el objeto de por sí lícito no puede
ser materia de coacción o de contratación con fin de lucro (obligación
de contraer matrimonio o estipulación de una compensación dineraria
para el reconocimiento del hijo natural). La inmoralidad para que cause
la nulidad del negocio, debe referirse a la situación que con el negocio se
pretende crear. No es ilícito el negocio por el solo hecho de ser inmora.l la
situación que constituye el antecedente del acto mismo (no puede conside-
rarse ilícita, por ejemplo, la obligación de reparar las consecuencias de
una relación ilícita)."
'También pueden resultar relevantes a los efectos de la licitud del
negocio los motivos. Los negocios de liberalidad (donación, institución
de heredero, legado) son nulos cuando el motivo determinante 'único' y
'expreso' es ilícito; los contratos en general son nulos cuando el motivo
ilícito sea 'único' y 'común' a las partes" (por ejemplo, arrendamiento de
una casa para destinarla a un uso "contra bonos mores") (A. Trabucchi, Istituzioni di Diritto Civile, núm 74).
Las "buenas costumbres" no deben reducirse exclusivamente al buen
comportamiento en materia sexual, como sucede en el Derecho penal,
por ejemplo, la fidelidad en el matrimonio, que es lo que también ordinariamente se cree, sino que abarca también la buena conducta en
otros campos de la actividad social, como por ejemplo, la lealtad y bue-
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DE
LOS
CONTRATOS
CIVILES
43
na fe en el cumplimiento de lo convenido en los contratos ( 1796). Las
"buenas costumbres" comprenden, por tanto, toda la actuación exterior
del individuo dentro de la sociedad en que vive. Así, por ejemplo, es
contrario a las "buenas costumbres" el convenio entre dos postores, durante la celebración de un remate judicial, para que uno de ellos a cambio
de la entrega inmediata o posterior de una suma de dinero, se retire
de la subasta y deje de hacer pujas, para que merced a esta abstención,
pueda aquél quedar como mejor postor y obtener así la adjudicación a
su favor en un precio muy bajo, en perjuicio del deudor ejecutado y de
los acreedores de éste.
En segundo lugar, tampoco deben reducirse las "buenas costumbres" a
todos los actos que permite la legislación y que ésta no reprime ni castiga, como por ejemplo, la prostitución y el homosexualismo. Esta separación de concepto entre lo que permite la ley y lo que condena la
honestidad, lo destaca el aforismo del jurisconsulto Paulo: "non omne
quod licet, honestum est" (no todo aquello que se permite, es honesto).
Esto mismo es también lo que se deduce del artículo 191 O del Código civil, cuando expresa que "el que obra ilícitamente (lo que no está
permitido) o contra las buenas costumbres cause daño a otro, está obligado a repararlo ... ".
Sin embargo, aun después de deslindada así la noción de "buenas
costumbres" y reducirla al concepto "honestidad" en el comportamiento,
como el primero de los tres deberes que imponía la justicia romana
"honeste vivere, suum cuique tribuere, alterum non laedere" (vivir honestamente, dar a cada quien lo suyo, no perjudicar a los demás), no es posible
elaborar un concepto bien definido e invariable de "buenas costumbres".
En este mismo sentido hacen notar Planiol y Ripert: "Los tratadistas
de derecho se han abstenido generalmente de definir extensamente las
buenas costumbres. Sobrada razón han tenido, ya que las buenas costumbres son la moral, cuya definición no les incumbe propiamente. Sin
embargo, dado que los tribunales son los llamados a sancionar, por medio de sus decisiones, ciertas reglas de moral, hay que decidir a qué
fuentes han de acudir.
"Las buenas costumbres no se determinan según un ideal religioso
o filosófico, sino de conformidad con los hechos y la opinión común ...
"Es evidente que las reglas morales imperantes en las sociedades
humanas no son todas inmutables ...
"Pero existe un cuerpo común de doctrina moral, tomado por las
naciones europeas de la filosofía antigua y de las tradiciones cristianas,
sobre la cual las divergencias son mínimas y van atenuándose con el
tiempo ...
"Los tribunales no han vuelto la espalda a la misión que les corresponde como guardianes de la moral...
44
RAMÓN
SÁNCHEZ
MEDAL
"A veces, la obligación, aun teniendo como origen relaciones inmorales, no persigue en el momento en que se contrae, tal fin y más
aún, responde a un deber moral, como en el caso de auxilios prestados
a una concubina abandonada. Por otra parte, un mismo acto puede, según las condiciones en que se realiza, ser o no ser inmoral, especialmente si se atiende a que sea o no remunerado y a las condiciones de
la remuneración ... " (Marcelo Planiol y Jorge Ripert, Tratado Práctico
de Derecho Civil Francés, Tomo VI, Las Obligaciones, Primera Parte,
Habana, 1940, núms. 229 y 230, págs. 314 a 315 ).
A pesar de esta vaguedad y cierta imprecisión del concepto de "buenas costumbres", pueden aceptarse las ideas de Laurent en el sentido que
en cada país y en cada época, la conciencia general de la población
1eepta una doctrina moral, o sea que se tiende a recurrir al ideal moral
propio de cada nación y en un determinado tiempo, lo que hace que
en nuestro país y demás países de civilización occidental el concepto de
buenas costumbres se aproxime, según hace notar Ripert en "La Regla
Moral en las Obligaciones Civiles", al aspecto exterior de los actos conforme a la moral cristiana, y en estas mismas ideas coincide Alberto
Trabuchi en sus Instituciones de Derecho civil.
Hay contratos en los que el objeto-hecho consiste en la obligación del
deudor de realizar una determinada actuación, pudiendo ser ésta de
una de estas dos clases: las obligaciones de medio o de actividad, como
por ejemplo la del profesionista en el contrato de prestación de servicios profesionales (2613 y 2615), u obligaciones de res•tltado, como por
ejemplo las del porteador en el contrato de transporte (264 7 a 2650).
Las primeras sólo exigen del deudor escuetamente su correcta actuación
y diligencia, en tanto que las segundas atienden al resultado mismo o
beneficio concreto que de la obligación deriva el acreedor (Demogue,
Mazeaud, Josserand y Trabucchi). La anterior distinción tiene cierta semejanza con la vieja diferencia romana entre la "locatio operarum" que sólo
atendía a los servicios mismos que se prestaban, y la "locatio operis", que se
interesaba exclusivamente por la obra o resultado de tales servicios.
Esta clasificación reviste cierta trascendencia, porque en las obligaciones de medio o de actividad, para exigir responsabilidad al deudor
que ha realizado o prestado su actividad, es preciso que el acreedor
alegue y compruebe la negligencia, el dolo o la impericia en que haya
incurrido el deudor; mientras que en las obligaciones de resultado, la
responsabilidad se presume a cargo del deudor, quien es el que debe
acreditar el caso fortuito o la fuerza mayor, si pretende eximirse de
responsabilidades. Esta dualidad de obligaciones se ha tratado de reducir a la distinción entre responsabilidad subjetiva y responsabilidad objetiva aplicada a los contratos (J. Frossard, La Distintion des Obligations de
Moyens el des Obligations de Resultat, París, 1965).
DE LOS
Finalmente, se considera
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16. EL OBJETO DEL CONTR
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1965).
DE LOS CONTRATOS CIVILES
45
Finalmente, se considera que el hecho debe ser propio del deudor
y no un hecho ajeno (Josserand), si bien está permitida la llamada promesa de "port-fort", cuando el deudor se obliga a pagar al acreedor
una cantidad de dinero en caso de que un tercero no acepte realizar
un determinado hecho (1841 y 2800).
16. EL OBJETO DEL CONTRATO Y EL ESTADO. Cuatro leyes recientes, la
Ley Federal de Protección al Consumidor de 1992, la Ley de Normalización y Metrología de 1992, la nueva Ley del Desarrollo Urbano del
D.F. de 1996 y la Ley Federal de Competencia Económica de 1993, regulan con normas imperativas y de orden público y substraen, por tanto, de la libertad contractual aspectos esenciales del objeto de muy
numerosos contratos.
Así, se faculta a la Secretaría de Comercio y Fomento Industrial
para definir el contenido obligatorio de productos y servicios comprendidos dentro de las "normas oficiales mexicanas", así como para fijar o autorizar precios de bienes y tarifas de servicios, y a la Procuraduría
Federal del Consumidor, para vigilar y verificar su cumplimiento (art. 7
de la Ley Fed. de Comp. Económica).
Asimismo, debe declararse expresamente en el contrato respectivo el
uso específico que va a darse por el particular a cada inmueble urbano sobre el que se transmita o se conceda cualquier forma de tenencia jurídica sobre dicha clase de predios (incluyendo, por tanto, promesas de
contrato, ventas, permutas, donaciones, arrendamientos, depósitos, comodatos, aportaciones a sociedades, contratos de obra, etc.) y debe tal
uso coincidir con el uso especial que le haya sido asignado a dicho inmueble por el Estado y se haya inscrito en el Registro Público de la
Propiedad (arts. 3034-VII y 3062 Cód. Civ. y 125-VI Regto. Reg. Pub.
Prop. arts. 13-XIII y XIV y 74 Ley del Des. Urb. del D. F.)
Todo este intervencionismo oficial en la elaboración de los contratos, amenaza paralizar la contratación en grandes sectores, o convertir
dichas leyes en letra muerta, ya que se requeriría un gigantesco aparato
burocrático y un enorme presupuesto para hacer expedita y efectiva la
observancia de semejantes disposiciones.
17. LA CAPACIDAD PARA CONTRATAR. La capacidad jurídica es la aptitud que la ley reconoce a la persona para adquirir y tener derechos,
que es la "capacidad de. goce", o para usar o poner en práctica esos derechos, que es la "capacidad de ejercicio".
Sobre la capacidad jurídica de las personas tiene el Código Civil estos dos principios generales:
Primer principio. La "capacidad de goce" la tiene toda persona, sin
excepnon, desde el momento de su concepción hasta el momento de
su muerte. Así lo reconoce el artículo 22 del Código Civil:
46
RAMÓN
SÁNCHEZ MEDAL
"Art. 22.-La capacidad jurídica de las personas físicas se adquiere
por el nacimiento y se pierde por la muerte; pero desde el momento en
que un individuo es concebido, entra bajo la protección de la ley y se le
tiene por nacido para los efectos declarados en el presente código".
Por respeto a esta capacidad de goce, inherente al valor y a la dignidad de la persona humana, y por ser el derecho a la vida el soporte
necesario de todos los demás derechos, no puede la ley permitir ni el
aborto para privar la vida al concebido y no nacido, ni la eutanasia
para poner fin a la vida humana de una persona disminuida, enferma
o moribunda, cualesquiera que sean los medios o motivos para hacerlo.
Es muy importante y de gran actualidad distinguir la eutanasia o
pretendido derecho de dar muerte a una persona, y el derecho a morir
en paz o derecho a una muerte digna.
Existe eutanasia positiva, cuando se realiza una acnon que por su
naturaleza causa la muerte a una persona, y eutanasia negativa, que es
la abstención de suministrar los medios ordinarios y obligatorios para
conservar la vida de una persona.
No hay eutanasia, ni positiva, ni negativa, cuando se suspende el
proceso reanimatorio de medios no ordinarios o no obligatorios para mantener con vida artificial o puramente vegetativa a una persona con
muerte cerebral irreversible sin esperanza de revivir. En estos casos no
se mata, ni se hace morir a la persona, s6fo se le deja morir al no suministrarle los medios no ordinarios o no obligatorios para conservarle
esa vida artificial o puramente vegetativa.
A este respecto Pío XII aprobaba el retiro de aparatos respiratorios
al paciente virtualmente muerto a fin de permitirle morir en paz, y
Paulo VI consideraba una tortura inútil imponer una reanimación vegetativa en la última etapa de una enfermedad incurable para la prolongación estéril de una vida que se dirige naturalmente hacia su final
(Leandro Rossi, Eutanasia, Diccionario Enciclopédico de Teología Moral, Madrid, 1986, págs. 1362 a 1368).
Acerca de este tema sostiene el Moderno Catecismo de la Iglesia
Católica que "aunque la muerte se considere inminente, los cuidados
ordinarios debidos a una persona enferma no pueden ser legítimamente interrumpidos. El uso de analgésicos para aliviar los sufrimientos del
moribundo, incluso con riesgo de abreviar sus días, puede ser moralmente conforme a la dignidad humana si la muerte no es pretendida,
ni como fin ni como medio, sino solamente prevista y tolerada como
inevitable". Pero aclara también que "la interrupción de tratamientos
médicos onerosos, peligrosos, extraordinarios o desproporcionados a los
resultados puede ser legítima", ya que "interrumpir estos tratamientos
es rechazar el "encarnizamiento terapéutico", y agrega que "con ésto
no se pretende provocar la muerte; se acepta no poder impedirla", y
DE LOS
que "las decisiones deben ser
ne competencia y capacidad,
gales, respetando siempre
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J!EDAL
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la protección de la ley y se le
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inherente al valor y a la digni1 derecho a la vida el soporte
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edios o motivos para hacerlo.
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persona, y el derecho a morir
realiza una acción que por su
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ordinarios y obligatorios para
egativa, cuando se suspende el
'os o no obligatorios para manvegetativa a una persona con
a de revivir. En estos casos no
sólo se le deja morir al no suo obligatorios para conservarle
retiro de aparatos respiratorios
de permitirle morir en paz, y
imponer una reanimación vermedad incurable para la proige naturalmente hacia su final
Enciclopédico de Teología Moderno Catecismo de la Iglesia
sidere inminente, los cuidados
a no pueden ser legítimamenpara aliviar los sufrimientos del
iar sus días, puede ser moralsi la muerte no es pretendida,
ente prevista y tolerada como
a interrupción de tratamientos
arios o desproporcionados a los
"interrumpir estos tratamientos
utico", y agrega que "con ésto
acepta no poder impedirla", y
DE LOS CONTRATOS CIVILES
47
que "las decisiones deben ser tomadas por el paciente, si para ello tiene competencia y capacidad, o si no por los que tienen los derechos legales, respetando siempre la voluntad razonable y los intereses
legítimos del paciente" (núms. 2779 y 2278).
Segundo principio. La "capacidad de ejercicio" la tiene también toda
persona, pero con las excepciones expresas de la ley, principio que a
propósito de los contratos enuncia así el artículo 1798 del Código Civil:
"Son hábiles para contratar todas las personas no exceptuadas por la ley".
La "capacidad para contratar" pertenece a la capacidad de ejercicio, y
es una de las manifestaciones de ella. Consiste, según Messineo, en la
aptitud reconocida por la ley a una persona para estipular por sí el
contrato sin necesidad de substitución o de asistencia de otras personas.
No debe confundirse la capacidad de ejercicio con la legitimación en
general, consistente ésta en las condiciones especiales que la ley exige
para adquirir y tener determinados derechos, o bien para ejercitar éstos. Así, por ejemplo, no puede afirmarse que un joven de 20 aúos de
edad tenga una parcial incapacidad de ejercicio por el hecho de no poder ser Presidente de la República con esa edad, en virtud de que la
Constitución exige que para ser Presidente se requiere la edad de 35
aúos cumplidos; como tampoco que un extranjero tenga una parcial incapacidad de ejercicio por el hecho de carecer de derechos políticos
conforme a la Constitución. En anibos casos se trata de una falta de legitimación y no de una incapacidad.
Carecen de la capacidad para contratar los incapacitados o llamados
también discapaces que son personas con incapacidad natural y legal,
en cuyo caso se encuentran los menores de 18 aúos de edad, y "aquellos mayores de edad dismmuidos o perturbados en su inteligencia, aunque tengan intervalos lúcidos" y que "no pueden gobernarse y obligarse
por sí mismos, o manifestar su voluntad por algún medio" (450).
Hay menores que tienen capacidad de ejercicio para contratar. Así
ocurre con los emancipados (643), si bien requieren de una 'formalidad
habilitante" (Mazeaud), que es la autorización judicial para celebrar contratos traslativos de propiedad o de hipoteca sobre bienes raíces (643II). En cambio, es un caso de legitimación y no de capacidad la que se
presenta con los menores que sean peritos en una profesión o actividad
con respecto a los contratos relacionados con ellas (639), como serían la
prestación de servicios profesionales, el contrato de obra a precio alzado, etc. Asimismo, están legitimados para contratar los menores cuando
lo hacen respecto de bienes que han adquirido ellos con el producto
de su propio trabajo (428-1, 429 y 537-IV in fine), pero también con la
imitación de que requieren igualmente de la autorización judicial para
enajenar o gravar sus bienes inmuebles (435 y 643-II).
Para determinados actos tan importantes o mayores aún que el contra-
48
RAMÓN SÁNCHEZ MEDAL
to en general, como el matrimonio y el testamento, se tiene legitimación, aun sin tener todavía una capacidad normal (148 y 1306-1), ya
que pueden realizarse válidamente antes de. llegar a la mayoría de
edad. También para celebrar el contrato de trabajo basta la edad de 14
años (art. 123-111 Constitucional y 5° Ley Fed. Trabajo). Asimismo, para
ciertos actos procesales o formales basta una edad inferior a la exigida
para la mayoría de edad (Arts. 441, 496 y 1502-11 del Cód. Civil).
Aunque los menores que se han hecho pasar como mayores presentando certificados falsos del Registro Civil, o que dolosamente han manifestado que lo eran, no pueden alegar la acción de nulidad, no es
porque sean capaces anticipadamente, sino como una sanción a su actuación dolosa: "malitia suplet aetatem" (640 y 2521 ).
La incapacidad para contratar (450) en una o en ambas partes que
han celebrado un contrato es causa de invalidez de éste (1795-1) y da
origen a una acción de nulidad relativa (2228), de la cual, por tanto,
no podría valerse cualquier interesado, sino sólo el mismo incapaz
(2230), si bien podría convalidarse por confirmación o por prescripción
el mencionado contrato (2233, 2236 y 638). A propósito de la fianza,
se ha considerado que la incapacidad del deudor principal es una excepción puramente personal que sólo por él y no por el fiador puede
ser alegada ante el acreedor (2797 y 637).
La Suprema Corte ha interpretado equivocadamente que la compra
por un abogado respecto de un bien que ha sido objeto de un juicio
en que ha intervenido dicho profesionista, constituye un caso de incapacidad y que implica la nulidad absoluta. Sin embargo, en este supuesto se está frente a una falta de legitimación para celebrar el
contrato de que se trata. Sobre esta cuestión concreta, es oportuno destacar el cambio del Código civil de 1928, que en relación con Jos
abogados (2276), restableció la vieja prohibición del Código civil de
1870 (Art. 2970), que había abolido ya el Código civil de 1884, de
acuerdo con las observaciones de don Miguel Macedo. El artículo 2970
del Código Civil de 1870, suprimido en el Código Civil de 1884, decía:
"Los abogados no pueden comprar los bienes y derechos que sean objeto de un litigio en que intervengan por su profesión." "Este artículo había sido inspirado por el deseo de proteger a los litigantes contra el
abuso de su ignorancia o necesidad: conforme a las ideas modernas de
que la ley sólo debe proteger a Jos que por sí mismos no pueden defenderse, esta disposición era insostenible. Si el cliente que tiene capacidad legal, cree que le conviene vender a su abogado los bienes o
derechos sobre los cuales litiga, no hay razón para que la ley se Jo
prohíba a título de protección y declarándose más competente que él
DE LOS
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Código Civil, 1884, pág. 112).
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MEDAL
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7).
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Miguel Macedo. El artículo 2970
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ay razón para que la ley se lo
rándose más competente que él
DE LOS CONTRATOS CIVILES
49
mismo para juzgar de sus intereses." (Datos para el Estudio del Nuevo
Código Civil, 1884, pág. 112).
Finalmente, en relación con la capacidad para contratar hay que
considerar la cuestión relativa a la posible intervención de un tercero
en el contrato. Al efecto, cuando en la celebración de un contrato interviene un tercero, la función de éste puede ser muy diversa: mediador, si simplemente aproxima o pone en contacto a las partes; nuncio,
si sólo transmite la voluntad de una de las partes; o representante, si es
quien celebra el contrato por cuenta y en nombre de una de las partes (núm. 12bis). En los dos primeros casos, ni el medidor ni el nuncio
requieren tener capacidad para contratar, pero las partes en sí deben
ser capaces de contratar para que el contrato sea válido. En cambio, en
el caso del representante, se necesita que éste sea capaz de contratar,
porque es éste quien manifiesta su voluntad, la cual produce sus efectos
jurídicos sobre el patrimonio del representado, quien no siempre necesita ser capaz de contratar.
Como consecuencia de todo lo expuesto, hay que distinguir tres figuras limítrofes:
a) La capacidad para contratar, que es una subespecie de la capacidad de ejercicio aplicada al contrato (Messineo). Por regla general tienen esta capacidad todas las personas, salvo las expresamente
exceptuadas por la ley (1798), en cuyas hipótesis excepcionales están
los menores de 18 años, y los mayores de edad cuya inteligencia se encuentre en las condiciones anormales que les impidan gobernarse y
obligarse por sí mismos, o manifestar su voluntad por sí mismos (450).
b) La ''formalidad hahüitante", que consiste en una autorización o
permiso que a una persona capaz se otorga por una autoridad, judicial
o administrativa, para la celebración de un determinado contrato (Mazeaud). En este caso se halla el menor emancipado que requiere de autorización judicial, para enajenar o gravar los bienes inmuebles de su
propiedad (643-11). En situación similar se encuentra el extranjero,
quien debe recabar permiso de la Secretaría de Relaciones Exteriores
para comprar un bien inmueble, de aquellos que pueden ser adquiridos
por él, ya que los ubicados en las costas o en la frontera no pueden
adquirirse por los extranjeros (2274). En todos estos casos no se plantea una cuestión de incapacidad, porque las personas de referencia tienen capacidad para contratar en general; pero, sin embargo, para
celebrar determinados contratos, en función de la persona con quien se
contrata o en razón del objeto del contrato, requieren de una autorización judicial o de un permiso administrativo. La falta de una o de
otro, en su caso, hace que el contrato esté afectado de nulidad relativa,
ya que el contrato produce sus efectos y deja de hacerlo hasta que se
pronuncie su nulidad y, sobre todo, el contrato en cuestión puede ser
50
RAMÓN SÁNCHEZ MEDAL
convalidado posteriormente a través de la autorización judicial o del
permiso administrativo que para el efecto se obtengan.
e) La legitimación para contratar, que es la facultad reconocida por la
ley en una determinada persona para que pueda ser parte de un contrato determinado. La falta ele legitimación para contratar produce en
el contrato la nulidad absoluta, porque las normas que privan ele legitimación a determinadas personas en relación con ciertos contratos son
verdaderas normas prohibitivas (8).
Así como se menciona la "capacidad de ejercicio para contratar", entendida como la aptitud reconocida por la ley a una persona para estipular por sí el contrato sin necesidad de substitución o de asistencia de
otras personas (Messineo); también se alude a la incapaciclacl de goce
para contratar cuando una persona no puede ni por sí ni por medio
de representante ser parte en un determinado contrato (Mazeaucl). En
este sentido, la legitimación puede equipararse a la "capaciclacl de goce
para contratar" y se distingue de la antes mencionáda capacidad de ejercicio para contratar, en que en esta última el contrato no puede celebrarse directa o personalmente por el incapaz, pero puede, en cambio,
celebrarse a través ele su representante legal, en tanto que cuando hav
falta ele legitimación no puede celebrarse el colltrato en cuestión ni
por sí ni por medio ele representante. Tenemos como ejemplos ele falta
de legitimación para contratar: el lego en una profesión que no puede
celebrar contrato ele prestación de servicios profesionales sin el título
respectivo (2608); los representantes, los mandatarios, lm corredores y
los empleados públicos no pueden comprar los bienes de cuya venta o
administración están encargados (2280. 2281 y 2282); los tutores no
pueden comprar ni tomar en arrendamiento los bienes ele sus pupilos
(569); los incapaces que no pueden hacer donaciones ni aún por medio
de su tutor (576); los extranjeros que no pueden comprar ni adquirir
por contrato los bienes inmuebles ubicados en las fronteras o en las
costas (2274); los magistrados, jueces y demás empleados públicos que
no pueden tomar en arrendamiento los bienes que deban arrenclarse
en los negocios en que intervengan (2404).
Sólo dos extremos opuestos contempla a propósito de la capaciclacl
nuestra legislación, a saber: por un lado, la capacidad general y presunta que a materia ele regla general establece el artículo 1798 del Código
Civil: "son hábiles para contratar todas las personas no exceptuadas por
la ley"; y por otro lado, las dos mcapacidades que a manera ele excepciones a esa regla general establece el artículo 450 del Código civil, requiriendo siempre para cada una ele estas dos excepciones una
declaración judicial, es decir, o una "declaración de estado de minoridad" (arts. 902 y 903 Cócl. Proc. Civ.), o una sentencia de interdicción,
es decir, "declaración de inca:pacidad por causa de demencia" (arts. 904
y 905 Cód. Proc. Civ.).
DE LC
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DE LOS CONTRATOS CIVILES
51
Entre estos dos extremos opuestos contempla el Código civil italiano
de 1942 dos situaciones intermedias, a saber:
1a. La "inhabilitación" que declara el juez después de un examen
previo con asistencia técnica, cuando una persona se encuentra en condiciones de demencia habitual que no fuere suficientemente grave para
dar lugar a la interdicción, o en los casos de prodigalidad, o de personas que por el abuso habitual de bebidas alcohólicas o de estupefacientes expongan a sí mismas o a su familia a graves perjuicios
económicos, o del sordomudo y ciego de nacimiento que no hubiere recibido educación suficiente, en cuyos supuestos la persona "inhabilitada"
pierde únicamente su capacidad para realizar actos que excedan de la
administración ordinaria (art. 415).
En nuestro Derecho, ya no son incapaces los ''pródigos", que lo eran
bajo el Código Civil de 1870 (Art. 433-1), supresión que ha sido criticada como una supervivencia del individualismo en nuestro Código Civil
que pretende ser un Derecho Privado Social (Castán Taheñas).
2a. La "incapacidad no declarada", para pedir la declaración judicial
de nulidad de actos realizados por una persona que no haya sido declarada en estado de interdicción, pero en los que se prueba: a) que
estaba ella por cualquier causa, incluso de carácter transitorio, en incapacidad de entender o de querer en el momento en que realizó esos
actos, b) que tales actos produjeron un grave perjuicio a dicha persona, y
e) que ese perjuicio resultó de la mala fe del otro contratante (art. 428).
Ninguna de estas dos situaciones intermedias se encuentra prevista
expresamente en nuestra legislación, y por ello no existe la posibilidad
de la declaración judicial de una "inhabilitación" o "incapacidad parcial"
para que una persona no pueda realizar válidamente actos jurídicos que
excedan de la administración ordinaria; sin embargo, es posible con
apoyo en la amplitud de los términos del acto ilícito a que aluden los
artículos 1830, 191 O y 2225 del Código civil, que pueda anularse judicialmente un determinado contrato que una persona que se prueba que
estaba en incapacidad de entender o de querer realizó ese contrato con
grave perjuicio para él y que ese perjuicio resultare de la mala fe con que
actuó el otro contratante. Por ejemplo: para este último caso, verdaderamente excepcional, podría probarse que la persona que realizó el acto
jurídico en cuestión se hallaba bajo la acción de alguna droga, o trastornada como consecuencia de un accidente violento que hubiera sufrido, o debido al gradual deterioro mental de un anciano, etc., debiendo
probarse, además, el grave perjuicio que hubiere sufrido dicha persona
con el acto de referencia y que ese perjuicio fuere el resultado de la
mala fe con que actuó el otro contratante.
Se trataría de un caso similar, pero no igual a la lesión, ya que en
el mismo Código civil italiano existen disposiciones para la lesión (arts.
1447 a 1452) y disposiciones diferentes para la incapacidad no declara-
52
RAMÓN SÁNCHEZ MEDAL
da (art. 428), puesto que en aquel caso hay un hecho accidental y en el
segundo, ordinariamente una situación permanente.
18. LOS VICIOS DEL CONSENTIMIENTO. Aunque exista el consentimiento en un contrato, puede ser deficiente por falta de conocimiento
o por falta de libertad, esto es, por un vicio que afecte a la inteligencia
(error o dolo) o por un vicio que afecte a la voluntad (violencia) o por
un vicio que afecte a una y a otra facultad (la lesión).
La presencia de cualquiera de estos vicios puede invalidar el contrato ( 1795- 11) y lo hiere de nulidad relativa (2228).
19. EL ERROR. Se entiende por error la opinión subjetiva contraria a
la realidad (Mazeaud) o la discrepancia entre la voluntad interna y la
voluntad declarada (Saleilles).
Hay cuatro clases de errores posibles de cometer en un contrato: el
error obstáculo o error impediente (Mazeaud), cuando recae sobre la naturaleza del contrato o sobre la identidad de la cosa (el "error in negotio"
y el "error in corpore" de que antes se habló) que hacen inexistente el consentimiento y, por tanto, el contrato (1794-1 y 2224); el error-nulidad o
error-vicio, que hace anulable el contrato; el error indiferente, que no afecta a la validez del contrato; y el error rectificable, que tampoco anula el
contrato, pero autoriza a una corrección o enmienda posterior del mismo.
El error nulidad puede consistir actualmente en un error de hecho o
en un error de derecho (1813). Por el contrario, en el Cód. Civil de
1884 el error de derecho no anulaba el contrato (Art. 1296). Por excepción, en la transacción no tiene relevancia el error de derecho, porque las partes, en lo que se refiere a la materia controvertida ''res dubia ",
han convenido en prescindir de la solución que daría la ley a la disputa. Un ejemplo aclara cómo el error de derecho puede viciar el consentimiento en un contrato, sin que ello contradiga la presunción
general de conocimiento de la ley (21) "nemo jus ignorare censetur", ya
que se trata de dos conceptos diferentes: una persona adquiere un terreno en una zona residencial con la declarada finalidad de construir en
él un edificio de departamentos, ignorando que en dicha zona está prohibido este tipo de construcción. Existe error de derecho que el comprador puede hacer valer frente al vendedor para reclamarle la nulidad
de la compra-venta, pero ese error no autorizará al comprador a construir el edificio de departamentos en dicha zona.
El error-nulidad existía en el Código napoleónico cuando recaía sobre la sustancia de la cosa o sobre la identidad de la persona, lo que dio
lugar a una larga y casuística interpretación jurisprudencia! que desembocó
a convertir la concepción objetiva del error en una concepción subjetiva
y a reducir el error-nulidad a aquellos casos en que se ha considerado la
sustancia de la cosa o la identidad de la persona u otra circunstancia
concreta como el motivo determinante que se tuvo para contratar. De es-
DE LC
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DE LOS CONTRATOS CIVILES
53
tas conclusiones de la jurisprudencia de Francia se aprovechó nuestro
legislador para establecer que el error-nulidad es el que "recae sobre el
motivo determinante de la voluntad de cualquiera de los que contratan"
(1813 ), pero a condición de que "en el acto de la celebración se declare ese motivo", o bien, "que se pruebe por las circunstancias del mismo contrato que se celebró éste en el falso supuesto que lo motivó y
no por otra causa" (1813). A esta misma conclusión ha llegado la doctrina después de resumir la evolución histórica del error como vicio del
consentimiento, cuyo concepto final se ha condensado en la fórmula siguiente: "El error relevante como vicio del negocio, consiste en la
creencia inexacta, respecto de algún dato que se valora como motivo principal del negocio, conforme a la conducta negocia! de las partes, en las
concretas circunstancias del negocio" (Federico de Castro y Bravo).
No hay que confundir el anterior "motivo determinante" que se tuvo
para celebrar el contrato, con el móvil interno que indujo a la celebración de tal contrato. Ejemplo: Si vendo mi casa a Pedro porque creo
que con el precio que obtenga podré comprar a Francisco un terreno, no podré anular aquella venta por el hecho de que Francisco no
me venda a la postre tal casa. Sin embargo, si al vender aquella casa
expresamente se hace constar que la operación se llevó a cabo con el
único y exclusivo propósito de adquirir con el precio el terreno que
Francisco me ofrece, este pacto podría eventualmente tener consecuencias de nulidad del contrato.
El error indiferente no afecta a la validez del contrato y ordinariamente
se reduce a contratar en condiciones más onerosas o desfavorables de
las que se pensó, pero no al extremo de que de haberse conocido la
realidad no se hubiera contratado. Ejemplo: se compra un edificio muy
bien ubicado y con buenas rentas en un precio razonable, creyéndose
que la duela de los pisos es de encino e ignorándose que son de ocote.
Una cuarta categoría de error lo constituye el error de cálculo, que
aun cuando no anula el contrato, no es completamente indiferente,
puesto que da lugar a la rectificación (1814). Ejemplo: Se compra un
terreno con superficie aproximada de 4,000 metros cuadrados a razón
de $100.00 el metro cuadrado y posteriormente resulta una diferencia de
superficie en más o menos, que debe pagarse o descontarse, según el
caso, del precio que se cubrió.
Por analogía, puede aplicarse el mismo precepto a los errores de
simple escritura. Por ejemplo: Cayo, dueño únicamente de la casa número sesenta de las calles de Hidalgo, vende a Sempronio dicha casa,
pero en el contrato se anota por error de escritura que vende la casa
número setenta en vez de la casa número sesenta. Otro caso podría ser
el de un contrato de arrendamiento de un despacho en un edificio y a
cuyo despacho se le identificara con el número 3028 en vez del número 328. Esta equiparación en materia de error la reconoce acertada-
54
RAMÓN SÁNCHEZ MEDAL
mente el Código civil portugués de 1967: ''Art. 249.-Enor de Cálculo o
de escritura. Los simples errores ele cálculo o de escritura, que aparecen
del propio conrexto ele la declaración o a través de las circunstancias en
que se hizo la declaración, solo dan derecho a la rectificación ele ésta."
En cambio. no constituye propiamente una categoría inclepencliente
de las anteriores el llamado enor de wten11ediario. A él se refiere el Art.
27 del Código Suizo de las Obligaciones: "Las reglas que conciernen al
error se aplican por analogía, cuando la voluntad ele una ele las partes ha
sido transmitida inexactamente por un mensajero o cualquier otro intermediario." Este mismo enor de transmiszón se encuentra previsto en el
Art. 120 del Código civil alemán: "La declaración ele voluntad que ha
sido hecha de una manera inexacta por la persona o el establecimiento
que debía transmitirla. puede 5er atacada en las mismas condiciones
que, según el artículo 119, la hecha por error." A esta clase ele error se
aplican las reglas generales anteriores, ele acuerdo con la más autorizada doctrina: "Error de inlPmiediano. Importa poco que el intermediario
sea un mandatario o un mensajero o que ~ea una admmistración, la aclmimstracíón ele telégrafos, por ejemplo. El error de transmisión, cuando
ha habido falta ele concordancia entre la voluntad y su declaración, es
asimilado el error cometido por los mismos conrratantes" (Rossel):
Para que se tenga en cuenta el enor-nulirlad como vicio del consentimiento, basta que afecte a "cualquiera de los que contratan" ( 1813),
pues es irrelevante que el error sea unilateral o bilateral.
Tampoco se requiere que el enor-wt!idad sea irreconocible o imprevisible, ya que en nuestro Derecho simplemente se ex1ge: 1". que el
error recaiga "sobre el motivo determinante ele la voluntad". o sea sin
importar que el error sea o no previsible; y, 2", que el referido motivo
haya sido declarado expresamente o se pruebe que por las circunstancias del mismo contrato se celebró éste en el falso supuesto que lo motivó y no por otra causa (1813), es decir, que a través de declaración
expresa o de las pruebas mclicaclas pueda reconocerse su existencia.
La nuhdacl del contrato por error sólo pu~de invocarla la pane
que sufrió el error (2230), y la acción para que se declare tal nulidad
prescribe en diez aüos si la víctima del error no llegó antes a descubrir
dicho vicio (638, 1159 y 2236), ya que sí esto último ocurre, la prescripción extintiva se consuma en el plazo ele 60 días a partir del día
en que el error fue conocido (2236), y es también a partir ele ese conocinuento cuando puede la víctima, s1 así lo desea. confirmar el contrato expresamente (2233 ), o ratificarlo tcí.citamente mediante el cumplimíenro voluntario a través del pago o ele cualquier otro modo (2234).
20. EL ERROR-BUENA FE. El Código civil menciona en distintos preceptos y a propósito de muy diversas instituciones la buena fe con que
se ha obrado y con que se debe actuar. Así se alude a la buena fe en
DE LC
el matrimonio putativo ( 19
la posesión en general (801
(81 0-I), a la buena fe en
prescripción positiva ( 1152
ren ele un heredero aparen
de los contratos (1796), a 1
(2126 ), a la buena fe de
enajenaciones que serían st
ciones (1886, 2164, 2165, 2
los terceros que han con1
(2583, 2584, 2565, 2568 y :
Dentro de esta gran va
guir dos diferentes conceptc
En primer lugar, la bt
fundamentalmente, conforrr
ciales y, por tanto, las pa1
con sinceridad, lealtad y h
engaüar a nadie. En la ac
romana entre contratos de e
taban delimitados exclusiva
mula, y los contratos de
naturaleza misma de las p
de las obligaciones.
El Art. 1796 del Cód. C
na fe, cuando establece qu
obligan a los contratantes 1
pactado, sino también a las
conformes a la buena fe, al 1
También con este prím
mano la simple palabra "fo
y honesta, de firme propósi
contraídas y de sincera int1
die. A ella se refería Ulpía
dem fallere" (grave cosa es tr
A esta primera sígnific
fe-vinculante" o "buena je-no1
principio moral que rige la
rar, celebrar y, sobre todo,
lo expresamente pactado o
bién a la naturaleza misma
to celebrado (1976).
En un segundo sentid<
m
MEDAL
7: "Art. 249.-Error de Cálculo o
lo o de escritura, que aparecen
a través de las circunstanCias en
echo a la rectificación de ésta."
te una categoría independiente
1/JNiiano. A él se refiere el /\rt.
: "Las regla' que conciernen al
oluntacl de una ele las partes ha
ensajero o cualquier otro inter"ón se encuentra previsto en el
eclaración ele voluntad que ha
la persona o el establecnniento
da en las mismas condiCiones
error." A esta clase ele error se
e acuerdo con la más autorizaarta poco que el intermediario
sea una aclmmistración, la adEl error de transmisión, cuando
a voluntad y su declaraCJón, es
10s contratantes" (Rossel):
·-nulidad como vicio del consende los que contratan" (1H1~~).
teral o bilateral.
whdad sea Irreconocible o im·mplemente se ex¡gc: 1". que el
ante de la voluntad". o sea sin
e; y. 2". que el referido motivo
pruebe que por las circunstanen el falso supuesto que lo moir. que a través de declaración
a reconocerse su existencia.
sólo pu~cle invocarla la parte
para que se declare tal nulidad
error no llegó antes a descubrir
si esto último ocurre, la preszo ele 60 días a partir del día
es tamb1én a partir ele ese coasí lo desea. confirmar el contácitamente mediante el cumde cualquier otro modo (2234).
civil menciona en distintos pre¡stituciones la buena fe con que
. Así se alude a la buena fe en
DE LOS CONTRATOS CIVILES
55
el matrimonio putativo ( 198, 255 a 257 del CCDF), a la buena fe en
la posesión en general (806 y 807) y para la adquisición de los frutos
(810-1}, a la buena fe en las adquisiciones por accesión (900) o por
prescripción positiva (1152 y 1153), a la buena fe en quienes adquieren de un heredero aparente (1343), a la buena fe en el cumplimiento
de los contratos (1796), a la buena fe de quien enajenó un bien ajeno
(2126), a la buena fe de quienes han adquirido a título oneroso en
enajenaciones que serían susceptibles de impugnación en otras condiciones (1886, 2164, 2165, 2167, 2247, 2330 y 3009) y a la buena fe en
los terceros que han contratado con un mandatario sin facultades
(2583, 2584, 2565, 2568 y 2598).
Dentro de esta gran variedad de disposiciones legales, cabe distinguir dos diferentes conceptos de buena fe.
En primer lugar, la buena fe significa el principio de carácter ético
fundamentalmente, conforme al cual los hombres en sus relaciones sociales y, por tanto, las partes en todos los contratos, deben proceder
con sinceridad, lealtad y honradez y con el ánimo de no lesionar ni
engañar a nadie. En la actualidad ha desaparecido la vieja distinción
romana entre contratos de estricto derecho, cuyo alcance y significación estaban delimitados exclusivamente por los términos escuetos de la fórmula, y los contratos de buena fe, en los que se atendía también a la
naturaleza misma de las prestaciones convenidas, para fijar el alcance
de las obligaciones.
El Art. 1796 del Cód. Civil adopta esta primera acepción de la buena fe, cuando establece que los contratos "desde que se perfeccionan,
obligan a los contratantes no sólo al cumplimiento de lo expresamente
pactado, sino también a las consecuencias que, según su naturaleza, son
conformes a la buena fe, al uso o a la ley".
También con este primer significado se usaba en el Derecho Romano la simple palabra ''fides", sin adjetivo, a manera de conducta leal
y honesta, de firme propósito de ejecutar puntualmente las obligaciones
contraídas y de sincera intención de no lesionar, ni de engañar a nadie. A ella se refería Ulpiano en su sentencia de Digesto: "Grave est fidem fallere" (grave cosa es traicionar la confianza).
A esta primera significación de buena fe, podría llamársele "buena
fe-vinculante" o "buena fe-norma", en virtud de que se identifica con un
principio moral que rige la conducta de las partes y las obliga a preparar, celebrar y, sobre todo, a ejecutar los contratos sin atenerse sólo a
lo expresamente pactado o a la letra del convenio, sino ajustarse también a la naturaleza misma de las prestaciones convenidas y del contrato celebrado (1 976).
En un segundo sentido puede tomarse asimismo la buena fe, en
56
RAMÓN SÁNCHEZ MEDAL
cuanto "buena fe-convalidante" o "error-buena Ji'". Conforme a este concepto
la buena fe implica una especie ele error en que se encuentra una de las
partes al celebrar un determinado contrato o al realizar cienos actos
jurídicos. Este error no v1eia el contrato ni lo anula, sino que a diferencia del error-nulzdad o error-Vlcio que se ha considerado en el parágrafo
precedente, se trata de un error que purifica al contrato y lo hace inatacable. Es un error que lejos ele ser pe1juclicial a la eficacia de los
actos jurídicos, tiene un efecto creador o protector (Cunha Gonc;alvez).
Este error consiste en que una persona que celebra un contrato está convencida ele haber procedido en armonía con el derecho, tal como
ocurre en la posesión, en las adquisiciones por accesión o prescripción
positiva, en el matrimonio putativo, en la restitución de lo indebido,
en la adquisición ele los frutos, en la evicción y en los vinos reclhibitorios en la compraventa y, sobre todo, en una serie de adquisiciones o
ele actos que son inatacables sólo en el caso ele que hubiera habido
buena fe ele por medio (1886, 2164, 2165, 2247. 2330, 2583, 2584,
2565, 2568, 2598 y 1343)
A esta buena fe suele designársele bajo el nombre de ''protPcción de
la confwnw" o principio del respeto a la apariencia jurídica, y se reduce
fundamentalmente a la tutela ele la buena fe, por cuanto que el que
obra de buena fe, fiándose ele cuanto aparece según las manifestaciones
de otro, debe ser protegido, pero esta confianza no es ciega, va que
con tal protección se persigue únicamente la salvaguardia del tercero
que haya sido cuidadoso y diligente en el conocimiento del negocio y ele
sus circunstancias (Trabucchi). L1. buena fe en este segundo sentido no es
un estado de absoluta negación o inacción ele pensamiento, sino ele un
verdadero error, debido a la discordancia entre la verdad de las cosas y la
información en apariencia fundada que ele ella tenga el que celcbr~ el
contrato de que se trata.
El error que se involucra en esta forma de la buena fe es exclusivamente un error de hecho y requiere, además, que sea excu.1able, ya
que de no ser así, habría una culpa grave y muy cercana al dolo "culpa
lata dolus est". "La ignorancia ele hecho, decía Paulo en el Digesto, solamente no perjudica a una persona, cuando no se le puede objetar
suma negligencia, porque ¿qué se dirá si en la ciudad todos supieran lo
que sólo él ignora?" ("Sed focü ignom ntia ita dem11111 wique non 11ocet, si
non ei snrnma negligentia objiciatuT; quid enim si omnes in civitalP sciant,
quod ille solus ignomt".)
21. EL DOLO. La definición legal del dolo es correcta, ·'cualquiera
sugestión o artificio que se emplee para inducir a error o mantener en
él a alguno de los contratantes" (1815), pues está inspirada en la clásica definición romana "Oumis calliditas, jállatia, machinatio ad cinwnvmiendurn, Jallendurn, decipiendum alterum adhibita" (Labeón).
DE
L(
Se distingue el dolo in
mente se alude. así como t
bueno (que consisre más bie1
exagera las cualidades o el
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que clemgra indirectamente
Muy escaso margen se t
no", en virtud de que la ét
correcta no sólo frente a t
zón, frente a aquéllos a q1
servir, es decir. a los cons
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teles, el cine, la radio y,
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ción publicitaria (Roger Fm
Delma~. 1968, págs. 32 v sil
De acuerdo con esta~ ic
midor ex1ge que la publind
turas, etiquetas o empaque
comprensibles v legibles y <
medida, sancionándose los i
su caso hasta clausura del
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zación prescribe que las m;
los servicios que estén CO!l
mexicanas" se ajusten a las
pena en caso ele incumpli
prohíba su comercialización,
11 ~) e imponga multas en s
El dolo pnncipal recae s
voluntad ele los comratante:
un contrato que ele otra n
por consiguiente, un error-vi.
El dolo incidental recae s
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más onerosas, como en el e;
La utilidad ele conside1
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MEOAL
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ifica al contrato y lo hace inapetjudicial a la eficacia de los
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na que celebra un contrato csnonía con el derecho, tal como
es por accesión o prescripción
la restitución de lo indebido,
icción y en los vinos reclhibiton una serie de adquisiciones o
1 caso de que hubiera habtclo
165. 2247. 2330, 25H3, 2584,
ajo el nombre de ''prol!Yóón de
apariencia jurídica, y se reduce
na fe, por cuanto que el que
arece según las manifestaciones
confianza no es ciega, va que
nte la salvaguardia del tercero
conocimiento del negocio y ele
e en este segundo sentido no es
n de pensamiento, sino de un
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e ella tenga el que celebr~ el
rma de la buena fe es exclusiaclemás, que sea exc11sable, ya
e y muy cercana al dolo "c11lpa
ecía Paulo en el Digesto, solaando no se le puede objetar
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DE
LOS
CONTRATOS
CIVILES
57
Se distingue el dolo incidental del dolo principal, a que posteriormente se alude, así como también se establece diferencia entre el dolo
bueno (que consiste más bien en tilla pequeüa astucia '\ollertia". que :;ólo
exagera las cualidades o el valor de una cosa v que usan muc!w los comerciantes, sin tener trascendencia jurídica, ya que sólo engendra un
error-indiferente), y el dolo malo (que tiene efectos jurídicos). Acerca del
dolo bueno hay que tener presente que si bien no afecta a i::1 validez
del contrato, puede constituir en ocasiones frente a terce¡·os un elemento para integrar la competenw; desleal. a virtud de una jJilbiicación blaz
que demgra indirectamente los artículos de los competidon·<>.
Muy escaso margen se trata de dejar hov día al llamado "dolo !meno", en virtud de que la r;bca de la jmblindad exigr que é<>ta sea ie;tl v
correcta no sólo frente a la competencia, sinu tZJmbién con mavor razón, frente a aquéllos a quienes está dirigida v tiene la vocación de
servir, es decir, a los consumidores, que se enutemran clesarm~tdo~ e
indefensos frente a los grandes intereses comerciales c11 esta época en
que los medios masivos ele difusión de todos los órdenes han multiplicado el efecto de la publiciclacl, ya que la prema. los anuncios, los carteles, el cine, la radio y, sobre todo, la televisión producen en el
consumidor sin darse éste cuenta. un estado permanente de impregnación publicitaria (Roger Foures, Lt' Ihoit et la P11UnitrS. Paris Editions J.
Delmas, 1968, págs. 32 y sigs. y 53 y stgs.)
De acuerdo con estas ideas la Lev Federal de Protccuón al Consumidor exige que la publiudacl sea ve{az y completa en anuncios, envolturas, etiquetas o empaques, siempre en idioma espaüol, en téTminos
comprensibles y legibles y conforme al sistema general ele unidades de
medida, sancionándose los incumplimientos al respecto con multas y en
su caso hasta clausura del establecimiento (art'>. 32, :u. 31, 127, 129.
130 y 131-IIl), y a su vez la Lev Fedcral ~obre Metrología v N ormalización prescribe que las matenas primas, los procesos, los productos y
los servicios que estén comprendidos dentro de las "normas oficiales
mexicanas" se ajusten a las características y especificaciones ele éstas, so
pena en caso ele incumplimiento, ele que "la autoridad competentt>'.
prohíba su comercialización, inmovilice los productos (arts. 40, 52, 57 y
112) e imponga multas en su caso.
El dolo pnncipal recae sobre la causa o motivo determinante ele la
voluntad ele los contratantes, esto es, cuando induce a éstos a celebrar
un contrato que de otra manera no hubieran celebrado, y engendra,
por consiguiente, tlll error-vicio o nnn-nJt!idad.
El dolo incidental recae sobre otros aspectos o circunstancias que hacen a un contratante contratar sólo en condiciones menos favorables o
más onerosas, como en el caso ele! nTor-indifi'rente.
La utilidad de considerar al dolo, que al final de cuentas es un
error-provocado y no un error-espontáneo, estriba en que es más fácil pro-
58
RAMÓN
SÁNCHEZ
DE
MEDAL
bar el dolo por las maquinaciones y artificios que se emplean y, además permite exigir daüos y petjuicios que en el error-espontáneo no
es posible reclamar.
Cuando hay dolo bilateral, porque las dos partes procedieron con
dolo, ninguna ele ellas puede reclamar indemnización a la otra ( 1817).
Ejemplo: El comprador para obtener un precio bajo por una detenninada finca, dolosamente hace creer al vendedor que dicho inmueble
está a punto de ser expropiado, y por su parte, el vendedor con el fin
de recibir un precio elevado recaba dolosamente un avalúo exagerado,
o bien presenta contratos ele arrendamiento del mismo bien con rentas
ficticiamente altas.
La mala fe ele una de las partes que consiste en "la disimulación
del error de uno de los contratantes una vez conocido", por parte de
aquella (1815. w fine), se equipara en sus efectos al dolo como vicio
del consentimiento ( 1816).
En el Derecho Romano se distinguía en sus efectos el dolo con respecto a la violencia, por cuanto que el primero viciaba al contrato en
el caso de provenir ele un tercero, sólo cuando la otra parte Jo sabía,
en tanto que la violencia viciaba el contrato aun cuando emanara ele
un tercero sin conocimiento de la otra parte (1816 y 1818). Sin embargo, en nuestro Derecho civil la distinción apuntada tiene una significación puramente histórica, ya que cualquiera que sea el origen del error
provocado, sea que surja espontáneo o que dimane de maniobras dolosas ele la otra parte o de un tercero, dicho error sólo viciará el consentimiento y será causa de nulidad relativa del contrato, exclusivamente
cuando recaiga sobre el motivo determinante del contrato.
El dolo proveniente de un tercero, conocido o no por tmo de Jos
contratantes, sólo vicia el consentimiento cuando provoca en la otra
parte un error-nulidad que ha sido "la causa determinante" del mismo
contrato ( 1H16), o sea cuando recae "sobre el motivo determinante de
la voluntad'' de este últnno contratante ( 1813 ). Es más, cuando el dolo
proviene ele un tercero. con conocimiento de uno de los contratantes,
se configura la mala fe que se equipara al dolo ( 1815, iu fine, y 1816).
La obra el el dolo es el engaüo fa!latw ", que puede producirse lo
mismo con palabras o actos positivos que por medio de deliberadas
omisiones. Debido a ello la reticencia se ha equiparado al dolo, o sea al
"dolo negativo". El silencio o la reticencia pueden ser constitutivos de
dolo en todos aquellos casos en que la buena imponga --como generalmente debe entenderse que impone- el deber ele informar plenamente al otro contratante, sobre Jos hechos o circunstancias importantes
cuyo conocimiento pueda determinarle a desistir de la celebración del
contrato (Diez-Picaza). Así, si en una venta el vendedor calla al comprador la existencia de un litigio pendiente sobre la cosa vendida en que se
Li
encuentra implicado aquél,
impugnar ele nula la venta
Sin embargo, puede o<
de información que impone
nulidad del contrato. sino ,
en una compraventa en q
ocultos de la cosa (2145), 1
to, sino que puede sólo da1
ciones en ningún caso tien
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que en la acción redhibitoria
y petjuicios por dicha retic
o "quanti minoris" se con
(2144). En suma, a pesar
ocultos se refiere a hechos
berse conocido por el com1
o habría pagado un precio
en cuestión es perfectamen
dimana la obligación de
2142), que faculta al perjL
dos mencionadas acciones e
22. LA VIOLENCIA De a,
cia fisica o "vis ablativa" o '!
sica o algún agente materio
llevarle la mano para que
de la embriaguez total, en
se trata propiamente de m
violencia moral, o más pn
Cócl. Civil de 1884 se le 1
medio ele amenazas o de ft
ta disyuntiva: o aceptar en ,
él o para personas muy al!<
to ( 1819), a cuya violencia
virtud ele ella no se supri
liándola a que prefiera un;
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Como requisito objetivo
consentimiento, es necesari<
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para que la coacción sea le
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DE
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indemnización a la otra ( 1817).
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losamente un avalúo exagerado,
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ue consiste en "la disimulación
na vez conocido", por parte de
sus efectos al dolo como vicio
a en sus efectos el dolo con res¡ primero viciaba al contrato en
o cuando la otra parte lo sabía,
ntrato aun cuando emanara de
parte (1816 y 1818). Sin embarón apuntada tiene una significaiera que sea el origen del error
que dimane de maniobras dolo"cho error sólo viciará el consen·va del contrato, exclusivamente
nante del contrato.
, conocido o no por llllü ele los
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(1813). Es más, cuando el dolo
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al dolo (1815, u1 fine, y 1816).
1/atia", que puede producirse lo
que por medio de deliberadas
ha equiparado al dolo, o sea al
Kia pueden ser constitutivos ele
buena imponga --<:omo gene- el deber ele informar plenahas o circunstancias importantes
a desistir de la celebración del
nta el vendedor calla al comprasobre la cosa vendida en que se
LOS CONTRATOS CIVILES
59
encuentra implicado aquél, esta reticencia daría derecho al comprador a
impugnar de nula la venta a causa del dolo o mala fe.
Sin embargo, puede ocurrir que el quebrantamiento ele este deber
de información que impone la buena fe no se traduzca siempre en la
nulidad del contrato, sino en otros efectos diferentes. Así, por ejemplo,
en una compraventa en que el vendedor calla a sabiendas los vicios
ocultos de la cosa (2145 ), no se origina siempre la nulidad del contrato, sino que puede sólo dar nacimiento a las acciones edilicias. Estas acciones en ningún caso tienen por fin obtener la escueta devolución de
las respectivas prestaciones, que es el efecto ele nulidad (2239), sino
que en la acción redhibitoria se persigue la rescisión y el pago de daños
y perjuicios por dicha reticencia (2145 ), o bien en la acción estimatoria
o "quanti minoris" se consigue la reducción proporcional del precio
(2144). En suma, a pesar de que la reticencia en materia de vicios
ocultos se refiere a hechos o circunstancias tan importantes que ele haberse cononclo por el comprador no hubiera éste celebrado el contrato
o habría pagado un precio menor (2142), sin embargo, la compraventa
en cuestión es perfectamente válida y, por tanto, precisamente ele ella
dimana la obligación de saneamiento por vicios ocultos (2283-11 y
2142), que faculta al petjudicado a intentar a su elección una de las
dos mencionadas acciones edilicias.
. 22. LA VIOLENCIA De acuerdo con la distinción romana, hay violenna física o "vis ablativa" o "vis absoluta", cuando se emplea la fuerza fíSica o algún agente material que prive de libertad al contratante, come
llevarle la ~ano para que escriba, moverlo a través del hipnotismo o
de la embnaguez total, en cuyos supuestos no hay consentimiento y no
se trata propiamente de un vicio del consentimiento (Mazeaud); y hay
vwlenna moral, o más propiamente intimidación o miedo, según el
Cócl. Civil de 1884 se le llamaba intimidación, (art. 1299), cuando por
medio de amenazas o de fuerza física se coloca a un contratante en esta disyuntiva: o aceptar en ese momento un mal presente o futuro para
él o para personas muy allegadas al mismo, o bien celebrar el contrato ( 1819), a cuya violencia llamaban los romanos "vis compulsiva". En
v1rtud ele ella no se suprime la voluntad, sino sólo se le vicia, orillándola a que prefiera una cosa a la otra, "qui rnavult, vult", o "coacta
voluntas est voluntas".
Como requisito objetivo para que la violencia constituya un vicio del
consentimiento, es necesario que las amenazas sean ilegítimas o contranas. a derecho, por lo que las consideraciones sobre los provechos y perJlllClOS que puedan resultar de celebrar o no un determinado contrato,
no constituyen o engendran este vicio ele la voluntad ( 1821 ). Con todo,
para que la coacción sea legítima es preciso que exista una relación directa entre el derecho que el autor ele la violencia amenaza ejercer y el
50
RAMÓN SÁNCHEZ MEDAL
contrato que obtiene bajo esa amenaza (Mazeaud). El marido que bajo
la amenaza de acusar a su mujer de un adulterio real, obtiene de ésta
el reconocimiento de un supuesto adeudo, no podría alegar a su favor
que está ejerciendo una amenaza legítima.
En cambio, no es un requisito objetlvo que la violencia proceda ele
la otra parte, ya que puede provenir de un tercero, aun sin saberlo la
parte beneficiada (1818).
Algunas decisiones de la jurisprudencia francesa han equiparado a
la violencia el estado de necesidad. A este particular se cita el caso de un
vapor que encalló en una bahía y cuyo capitán tuvo que aceptar las
condiciones leoninas que en tan crítica situación le propuso el capitán
de un remolcador para salvar aquella embarcación. En igual sentido se
ha pronunciado la doctrina, que considera que hay casos de violencia
fortuita, al igual que casos de error fortuito (Mazeaud). Otro caso de estado de necesidad o de peligro es el del paciente que contrata con un cirujano para que haga una urgente operación y el médico se aprovecha
de esa angustia para cobrar exagerados honorarios (Mazeaud). También
podría plantearse el caso a propósito de un penalista que aprovechando
la angustia y la necesidad de recuperar la pronta libertad de un reo, cobra en forma despiadada e inicua exorbitantes honorarios.
A este respecto el nuevo Código civil italiano considera el contrato
celebrado en estado de peligro como un contrato susceptible de impugnación, cuya acción prescribe en un año (Art. 1449) y que no puede
ser confirmado por ratificación (Art. 1451 ); pero no como un vicio del
consentimiento, sino en una hipótesis similar a la lesión, de acuerdo a
lo que se indica en el número siguiente.
Aunque hay cierta semejanza entre la lesión y estos casos de violencia fortuita causada por un estado de necesidad, se advierte la distinción derivada de que en nuestro Derecho la lesión no incluye el
estado de necesidad, sino que exige como presupuesto suma ignorancia,
extrema miseria o notoria inexperiencia (17).
Como requisito objetivo de la violencia se requiere, por una parte,
que la amenaza importe el peligro de perder la vida, la honra, la libertad, la salud o una parte considerable de los bienes del contratante,
de su cónyuge, de sus ascendientes, de sus ascendientes, o de sus parientes colaterales dentro del segundo grado ( 1819), sin que esta enumeración sea simplemente ejemplificativa y no exhaustiva, pues no se
explica la limitación del parentesco colateral hasta el segundo grado si
fuera meramente enunciativa. A este particular, el proyecto de Código
civil de 1928 (Art. 2142) consideraba que había intimidación como vicio
del consentimiento, cuando se ejercía violencia o amenazas sobre pa-
DE U
rientes colaterales hasta de
1884 que no consideraba
vación fue restringida en e
terales dentro del segundo
de Abogados que elaboran
riano e Ismael Palomino (
nio de 1928, página 199).
Por otra parte, en el
sea seria, es decir, de tal 1
sona razonable, de acuerdo
o sea que no se trate de u
mo tampoco de que neces;
quebrantar a los hombres
Derecho Romano "qui in ho
Finalmente, no se con:
desagradar a las persona
( 1820), ya que tal estado
causa ele nulidad del con
mencionar que en Derech1
edición de la BAC), es cau
reverencial por el sumo et
de los contrayentes e impe
trimonios que por conven
arreglan éstos para sus hijo
La violencia da origen
que sólo puede invocar qu
del consentimiento, una v1
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del consentimiento empiez;
prescripción negativa de la
23. LA LESIÓN. La lesié
en un contrato comnutati
prestación muy inferior a
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nes recíprocas en un contr;
sentido ele la palabra, no
todos los contratos hay un
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La lesión en su sentid<
MEDAL
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cia francesa han equiparado a
particular se cita el caso de un
o capitán tuvo que aceptar las
situación le propuso el capitán
barcación. En igual sentido se
era que hay casos de violencia
(Mazeaud). Otro caso de estaaciente que contrata con un cición y el médico se aprovecha
honorarios (Mazeaud). También
un penalista que aprovechando
a pronta libertad de un reo, cotes honorarios.
·1 italiano considera el contrato
contrato susceptible de impugo (Art. 1449) y que no puede
1); pero no como un vicio del
milar a la lesión, de acuerdo a
la lesión y estos casos de vioe necesidad, se advierte la diserecho la lesión no incluye el
o presupuesto suma ignorancia,
(17).
cia se reqmere, por una parte,
perder la vida, la honra, la lile de los bienes del contratante,
sus ascendientes, o de sus pagrado (1819), sin que esta en uva y no exhaustiva, pues no se
teral hasta el segundo grado si
rticular, el proyecto de Código
e había intimidación como vicio
violencia o amenazas sobre pa-
DE
LOS CONTRATOS CIVILES
61
rientes colaterales hasta del cuarto grado, a diferencia del Código de
1884 que no consideraba para este efecto a los colaterales, y tal innovación fue restringida en el texto definitivo ( 1819) sólo hasta los colaterales dentro del segundo grado por iniciativa de la Barra Mexicana
de Abogados que elaboraron al respecto los juristas Manuel Borja Soriano e Ismael Palomino (El Foro, No. 2, Tomo IX, abril, mayo y junio de 1928, página 199).
Por otra parte, en el aspecto subjetivo se necesita que la amenaza
sea seria, es decir, de tal naturaleza que pueda impresionar a una persona razonable, de acuerdo con lo que expresa el Código napoleónico,
o sea que no se trate ele una mera "balandronada", pero no al extremo tampoco de que necesariamente sea ele tanta gravedad que pueda
quebrantar a los hombres más firmes, en la forma en que lo exigía el
Derecho Romano "qui in hominem constantissimum cadat".
Finalmente, no se considera como violencia el temor reverencial de
desagradar a las personas a quienes se debe sumisión y respecto
( 1820), ya que tal estado de ánimo no vicia el consentimiento ni es
causa de nulidad del contrato. Acerca de este punto, es interesante
mencionar que en Derecho Canónico (Canon 1103, comentario en la
edición de la BAC), es causa de nulidad de matrimonio el grave temor
reverencial por el sumo cuidado que se tiene de preservar la libertad
de los contrayentes e impedir en esta forma dar validez a ciertos matrimonios que por conveniencias sociales o económicas ele los padres
arreglan éstos para sus hijos.
La violencia da origen a la nulidad relativa del contrato, nulidad
que sólo puede invocar quien sufrió aquélla (2230). Además, este vicio
del consentimiento, una vez que ha cesado y siempre que no exista
otra causa de invalidación, es susceptible de ser purgado tanto merced
a la confirmación como al través del cumplimiento voluntario o ratificación tácita (1823, 1233 y 2234). Asimismo, hasta que cesa este vicio
del consentimiento empieza a correr el término ele seis meses para la
prescripción negativa ele la acción para invocar dicha nulidad (2237).
23. lA LESIÓN. La lesión en un sentido amplio es el perjuicio que
en un contrato conmutativo experimenta una parte que recibe una
prestación muy inferior a la que ella a su vez proporciona a la otra
parte. Por regla general, la desproporción en el valor ele las prestaciones recíprocas en un contrato conmutativo, o sea la lesión en el amplio
sentido ele la palabra, no invalida al contrato, pues frecuentemente en
todos los contratos hay una parte que se aprovecha en cierto sentido
de la otra, y, además, es casi imposible que las prestaciones sean siempre iguales. La equivalencia exacta ele las prestaciones recíprocas constituye sólo el ideal de la justicia conmutativa: "aequatio rei ad rern".
La lesión en su sentido estricto o restringido es la causa de invali-
62
RAMÓN SÁNCHEZ MEDAL
dez total o parcial de un contrato conmutativo, establecida en forma
excepcional por el legislador, bien ·sea por la importancia objetiva del men-
cionado perjuicio resentido por el contratante que recibe una prestación de valor muy inferior a la que él proporciona. o bien por la sduación subjetiva de debilidad o de miseria en que contrata dicha parte, o
bien por una y otra de esas dos razones.
En el fondo, la lesión plantea al legislador una disyuntiva o de salvaguardar la seguridad y la estabiliclacl ele las transacciones, o de velar
por la justicia y la equidad en esas mismas transacciones.
El Derecho Romano no exigía que hubiera equivalencia en el valor
de las respectivas prestaciones en un contrato y a ello se debe que no
requería un "pretimn ]Uslu1!1" en la compraventa. Es más, permitía el
''dolus bonus" o el empleo ele cierta astucia "sollertia" por parte ele un
contratante para inducir al otro a contratar en condiciones más onerosas o menos ventajosas. La necesidad de mantener la seguridad en las
transacciones apoyaba este principio general.
Sin embargo. como una excepción a esta regla general estableció
Diocleciano, por razones de eqmdad y de justicia. que cuando en la
venta de un inmueble se pagaba un precio infenor a la mitad del valor real ele la cosa y aunque no hubiera habido engaüo ele por medio.
se daba la "laesio enonnis" o "larsio ultra dúnidium", que facultaba al vendedor a obtener la rescisión ele la venta, a menos que el comprador
prefiriera pagarle el suplemento del precio. Justiniano conservó la institución v la extendió a las particiones hereditarias.
Tres notas se advterten. pues. en la lesión romana: a) una concepción objetiva de la lesión, esro es, atiende sólo a la cuantificación del
petjuicio, independientemente ele todo error (espontáneo o provocado)
v de toda violencia (fortuita o provocada); b) una limitación exclusivamente aplicable a determinado contrato (ventas de inmuebles) v no a
todos los contratos; y e) una opción concedida al "aprovechad¿" para
que. mediante el pago que hiCiera de un suplemento al "perjudicado".
enervara la acción de rescisión que ésta intentara.
E~tas mismas características se encuentran en lo general en la lesión adoptada por el Código civil francés. el cual concedió en caso ele
lesión una acción de nulidad llamada "acción ele rescisión". en recuerdo
ele esta denommación que daba el D~recho anterior a dicho Código a
las acciones de nulidad fundadas en el Derecho romano y que requerían para su e1ercicio cartas de cancillería y pago ele derechos fiscales.
La misma orientación general (lesión objetiva v circunscrita a la
compraventa) siguieron nuestros dos primeros Códigos civiles de 1870
y de 1884 (arts. 1657 y 2890), si bien en ambos ordenamientos se estimó que la lesión no privaba de validez al contrato, m lo anulaba. sino
sólo lo hacía susceptible de ser rescindido.
Nuestro vigente Código civil de 1928 se apartó de los sistemas an-
DE l
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MEOAL
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DE LOS
CONTRATOS CIVILES
63
teriores para inspirarse en el Código Suizo de las Obligaciones (Art.
21) y en el Código civil alemán (Art. 138), cuyos ordenamientos caracterizan a la lesión con estas dos notas: la consideran como un vicio
mixto (objetivo y subjetivo) y la extienden a toda clase de contratos.
El legislador mexicano, según la exposición de motivos del Código
civil de 1928, por una parte, se pronunció contra la teórica igualdad de
las partes, en todos los contratos y contra la irrestricta autonomía de la
voluntad, para dar cabida a la equidad y procurar la equivalencia de las
prestaciones recíprocas y, por otra parte, a fin de mantener la estabilidad y la seguridad de las transacciones, limitó al corto término de un
aiio la vida de la acción derivada de la lesión, conservándole el nombre de "acción de Tescisión" y que después se cambió por el de acción de
"nulidad" en la reforma de 1983. De esta manera concilió nuestro Derecho civil dos exigencias necesarias: la justicia de los contratos y la seguridad de las transacciones.
La lesión no está reglamentada en nuestro derecho dentro de los
vicios del consentimiento, sino al principio del Código civil en las "disposiciones preliminares", pero a pesar de ello, debe considerarse la lesión ( 17) como un vicio del consentimiento, que se integra con un
elemento objetivo (obtener un lucro excesivo que sea evidentemente desproporcionado a lo que por su parte se obliga el perjudicado, pero sin
seiialar el monto o la cuantía de tal desproporción), y otro elemento
snb;etwo (explotar la suma ignorancia, notoria inexperiencia o extrema
miseria de otro), facultando al "petjudicado" para obtener una Tedncaón
de la prestación a su cargo, y no facultando al "aprovechado" para pagar un snjJlemento, en lugar de la rescisión del contrato.
En la única ejecutoria de la Suprema Corte de Justicia acerca de lesión, se analiza lo que ha de entenderse por "suma ignoTancza", al considerar que existió lesión en el caso de un contrato de promesa de
venta a un precio vil celebrado por una anciana de 80 aiios de edad
que "por su estado físico y psíquico motivado por su avanzada edad, le
impidieron prever y calcular las consecuencias y trascendencia de la
operación futura de compraventa", y que de las pruebas aportadas resultaba evidente que dicha persona "carecía de una orientación suficiente para poderse percatar del valor real de los predios rústicos" que
iban a ser objeto de la compraventa prometida, o sea que por "suma ignorancia" no hay que entender que se trate de una persona analfabeta
que viva en el centro del África, sino de una persona que por la situación personal de enfermedad o de edad o de otras circunstancias en
que se encuentre, no pueda darse cuenta cabal de los efectos y alcances
del inicuo contrato que está celebrando (Sem. Jud. de la Fed., 7" época, vol. LIX, págs. 17 y sigs.)
Por las mencionadas razones históricas derivadas del Derecho francés se llamó originalmente en el Cód. civil ( 17) ''acción de Tesczsión" a la
64
RAMÓN SÁNCHEZ MEDAL
acnon concedida en caso de lesión, aunque en realidad se trataba de
una acción de nulidad, pero con sus propias peculiaridades.
En efecto, hay que reconocer que en principio la acción por causa
de lesión es una acción de nulidad relativa que tiende a la invalidación
del contrato (2228), pero al mismo tiempo cabe hacer notar que dicha
acción de nulidad relativa posee sus características propias, que a continuación se destacan. El contrato conmutativo afectado de lesión no
puede ratificarse ni expresamente (2233), ni tampoco tácitamente por
medio de su cumplimiento (2234), a diferencia de lo que ocurre con
un contrato herido de nulidad relativa; y, además, dicha acción por
causa de lesión tiene una breve duración de sólo un año ( 17), en tanto
que la acción de nulidad relativa está sujeta por regla general a la
prescripción decena! ( 1159), salvo determinadas excepciones establecidas
por la ley (2236 y 2237). Finalmente, la acción de referencia no siempre produce la supresión total de los efectos del contrato afectado de
lesión, sino que en ocasiones sólo origina la reducción equitativa de la
obligación a cargo del pe1judicado, cuando fuere imposible la devolución, o bien cuando el pe1judicado ha optado por esa reducción equitativa en lugar de la nulidad, y por ello observa Demogue que la
lesión-nulidad es un anacronismo, y que la reducción o el suplemento
es lo más moderno.
Por otra parte, hace notar un autor contemporáneo que "hoy día
ya no se pretende tanto asegurar la justicia entre los contratantes individualmente considerados cuanto entre categorías de contratantes: patrones y obreros; arrendadores e inquilinos; aseguradores y asegurados.
Esta "justicia contractual de masa" no podría aplicarse sino mediante procedimientos que sean también ellos de masa. Se previene así la lesión
en vez de tenerla que sancionar con una rescisión o una revisión" (J.
Leflour, Droit Civil, París, 197 5, pág. 182). A esta clase de medidas
pueden considerarse varias disposiciones de la Ley Federal de Protección al Consumidor, cuyo propósito es asegurar la justicia entre proveedores habituales y consumidores terminales.
La expresión de acción de "rescisión" aplicada antes por el legislador a los casos de lesión ( 17), propiciaba cierta confusión, dado que el
mismo legislador usa también la palabra rescisión, unas veces como sinónimo de resolución de los contratos ( 1949, 2260, 2489 y 2781) y otras
veces como desistimiento unilateral del contrato (2408, 2638 y 2663).
Aunque la acción por causa de lesión es una acción de nulidad relativa (2228), con las características propias ya anotadas, y aunque por
ese motivo ha sido instituida sólo en beneficio del contratante perjudicado, único facultado para intentarla y no los terceros (2230); sin embargo, dicha acción no puede renunciarse (8), por ser de interés
público el fundamento de la misma, que no es otro que impedir la explotación del débil (Borja Soriano). Esta misma razón explica por qué
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82). A esta clase de medidas
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es una acción de nulidad reías ya anotadas, y aunque por
eficio del contratante perjudio los terceros (2230); sin emiarse (8), por ser de interés
no es otro que impedir la exmisma razón explica por qué
DE LOS CONTRATOS CIVILES
65
no es susceptible de ratificación expresa (2233 ), ni de ratificación tácita
por el cumplimiento voluntario el contrato afectado de lesión (2234).
La lesión puede llegar a constitmr el delito de fraude, castigado
por el Código Penal (Art. 387-VIII); pero en materia mercantil, sin
embargo, no existe la lesión como causa ele invalidación del contrato,
dado que el peligro de anulación de los contratos mercantiles por esta
causa (o de rescisión, como la llama todavía el Art. 385 del Código de
Comercio), introduciría inseguridad en las transacciones mercantiles y,
además, no se compaginaría tal acción con el propósito de lucro que
regularmente alienta a las operaciones mercantiles.
La lesión no existe tampoco ni en los contratos alt·atorios ni en los
contratos a título gratuito. Además, aun en los contratos conmutativos,
para que proceda la acción de nulidad por lesión es necesario que el
perjuicio económico resentido por la parte peijudicada sea contemporáneo a
la celebración del contrato, ya que los perjuicios posteriores a que s<:
refiere la cláusula Implícita "rebus sic stantibus" y que surgen en los contratos de ejecución diferida o en los contratos de duración o de tracto
sucesivo y que se deriven del cambio posterior de la situación económica general, constituyen en todo caso el presupuesto de la wtjnevmón o
de la revisión consiguiente del contrato, posibilidad que no admite nuestro Código civil (Amparo 194 7/80 de Hidrogenadora N aciana!. S.A., Informe de 1980 de la 3" Sala de la Corte, fojas 31 y 32), aunque esté
acogida por otros ordenamientos del país (en Jalisco y en Aguascalfentes) y defendida por algunos autores nacionales.
Mediante la acción de nulidad por causa de lesión puede obtenerse
la devolución recíproca de las respectivas prestaciones, que es el efecto
propio y normal de la nulidad (2239), pero en lugar de dicha acción
de nulidad puede optar el perjudicado por ejercitar a su elección otra
acción para reducir equitativamente la prestación a su cargo y obtener
además el pago de daüos y peijuicios ( 17). Es éste el caso concreto en
el mutuo con un interés más alto que el tipo legal, cuyo rédito puede
el juez, a petición del deudor, reducirlo equitativamente hasta el tipo legal, siempre que se haya abusado del apuro pecuniario, de la inexperiencia o de la ignorancia del mismo deudor (2395 ). En cambio, no
puede considerarse como lesión el simple hecho de pactar en el mutuo
un interés más elevado que el tipo legal, sin que también conjuntamente haya habido abuso del apuro pecuniario, ele la inexperiencia o de la
ignorancia del deudor, porque en ese escueto presupuesto siempre se
permite dar por terminado anticipadamente el plazo para la clevoluciói~
del préstamo, con tal que hayan transcurrido seis meses después de celebrado el contrato y se haya dado tlll preaviso al mutuante por el mutuatario con dos meses de anticipación (2396), pues éste es más bien
un caso de desistimiento unilateral del contrato y no propiamente un
caso de lesión en el mutuo.
66
RAMÓN SÁNCHEZ MEDAL
Para concluir, hay que reconocer que no siempre se ha demarcado
con toda precisión la línea divisoria entre la lesión y los otros vicios
del consentimiento (error, dolo y violencia). A ello obedece que en algunos ordenamientos extranjeros (Argentina, Brasil y Portugal) no se
mencione la lesión como un vicio especial del consentimiento, o como
una causa específica de invalidación del contrato, pues en esos sistemas
se considera que la lesión puede subsumirse dentro de los otros vicios
del consentimiento, o sea que cuando se impugna por lesión a un determinado contrato fue debido a que en el fondo hubo error, dolo o
violencia (fortuita o provocada).
Finalmente, es de advertir que no obstante que el vigente Código
civil italiano considera el contrato celebrado en estado de peligro como
un contrato susceptible de rescisión, sin posibilidad de ser confirmado
por ratificación (Art. 144 7), y no como un vicio de consentimiento; sin
embargo, reglamenta separadamente como una situación distinta la rescisión por causa de lesión (Art. 1448).
24. lA FORMA. Cuando la ley exige determinada forma para la celebración de un contrato, dicha formalidad es un elemento de validez
del propio contrato (1795-IV), ya que la omisión de esa formalidad
exigida por la ley hace que el contrato en cuestión pueda ser impugnado de nulidad relativa (2228).
Acerca de la forma en los contratos, nuestro actual Código civil
contiene disposiciones al parecer contradictorias y que contrastan entre sí.
En efecto, por una parte, nuestro legislador declara, a manera de
un enunciado teórico y como un principio general, la consensualidad
en la celebración de todos los contratos ( 1832 y 1796), y señala como
una excepción también teórica la formalidad para la celebración de determinados contratos ( 1832 y 1796); pero, por otra parte, se advierte a
continuación, al analizar cada uno de los contratos en particular, que la
gran mayoría de los contratos expresamente reglamentados por nuestro
Código civil son contratos formales (2246, 2317, 2320, 2344, 2345,
2406, 2407, 2552, 2555, 2618, 2627, 2656, 2671, 2690, 2740, 2776,
2860, 2917 y 2945). En realidad, pues, al reglamentar los contratos en
especial se convierte la regla general en excepción y la excepción, en
regla general.
Este renacimiento o supervivencia del formalismo en materia de
contratos tiene, sin embargo, una significación diferente a la que tuvo
el formalismo en el primitivo Derecho Romano, donde se reconocía o
se atribuía un valor autónomo a la forma, independientemente de la
voluntad o del contenido de la misma, por una creencia en la fuerza
propia de las palabras mismas, que si no eran pronunciadas o escritas
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no eran pronunciadas o escritas
DE LOS CONTRATOS CIVILES
67
exactamente como lo ordenaba el "jus civile", no se producían los efectos del contrato.
En la actualidad, el renacimiento o la supervivencia del formalismo
obedecen a otros motivos diferentes. Actualmente la forma en los contratos tiene un sentido distinto del que tuvo en el primitivo Derecho
Romano. La forma se exige en nuestros días no porque se atribuya a
las palabras en sí o a las fórmulas escritas o pronunciadas determinada
fuerza propia, sino por otro motivos: interés público en evitar los litigios, dotar de precisión a las obligaciones asumidas y de seguridad a
ciertos bienes de mayor importancia, inducir a mayor reflexión a las
partes contratantes, ventajas todas éstas que explican la formalidad exigida en la mayor parte de los contratos reglamentados.
Al igual que el Código anterior de 1884, el Código civil vigente permite también purgar en un contrato el vicio de la falta de forma exigida por la ley, bien sea a través de la ratificación expresa, mediante la
reiteración del contrato con las formalidades legales omitidas (2231 ),
extinguiéndose así por confirmación la acción de nulidad, o bien a través del cumplimiento voluntario de dicho contrato, mediante su ratificación tácita (2234). Sin embargo, tanto en la confirmación o ratificación
expresa, como en la ratificación tácita o cumplimiento voluntario, son
las dos partes mismas las que han convalidado el contrato que se celebró
sin la formalidad exigida por la ley.
El problema se suscita cuando sólo una de las partes pretende hacer
valer la nulidad relativa del contrato celebrado con omisión de la forma exigida por la ley.
A este respecto el Código de 1884 expresamente prohibió la práctica
existente entonces de permitir a una de las partes demandar judicialmente a la otra el otorgamiento de la formalidad omitida, para exigirle después el cumplimiento de las obligaciones derivadas del contrato
revestido ya de la formalidad omitida. Se consideró que tal práctica entrañaba un contrasentido y una mixtificación ele la ley, ya que, por un
lado, se afectaba de nulidad al contrato y, por otro lado, se permitía a
través de la acción ''pro forma", sobre otorgamiento de la formalidad omitida, el aprovechamiento posterior de dicho contrato como si fuera válido.
El Código civil vigente admitió, sin embargo, la mencionada actuación y reformó en este punto el Código civil de 1884, permitiendo expresamente el ejercicio de la acción ''pro fonna", en virtud de que
estableció que cuando la ley exija determinada forma para un contrato,
si no reviste esa forma, pero consta la voluntad de las partes de manera fet "lciente, cualquiera de ellas puede exigir que se dé al contrato la
forma legal (1833 ), o sea que cuando un contrato no ha revestido la
68
RAMÓN
SÁNCHEZ MEDAL
formalidad exigida por la ley, si la voluntad de las partes ha quedado
manifiesta de manera indubitable y no se trata de un acto revocable,
cualquiera de los interesados puede exigir que el acto se otorgue en la
forma prescrita por la ley (2232 y 3043-111). Es ésta una aplicación del
principio de la conservación del contrato que se acoge también en otra parte
como una regla general dentro de la teoría general del contrato (1853).
Esta innovación no implica ninguna contradicción porque si una de
las partes demanda judicialmente la nulidad del contrato (2228), la otra
parte, al ser emplazada a juicio, pu~de reconvenir el otorgamiento de
la formalidad omitida (1833 y 2232), en cuyo supuesto debe prevalecer
esta última acción frente a la primera por respeto al mencionado principio de la conservación del contrato y también al principio de que nadie puede ir contra sus propios actos "adversum factum suum quis venire
non potest''; pero si dicho demandado no reconviene el otorgamiento de
la forma, con su actitud pasiva y omisa, se conforma prácticamente con
dicha nulidad (en forma similar a la vieja "in jure cessio'} y se configura
entonces en el fondo una retractación o revocación del contrato por
parte de los dos contratantes: por parte del contratante que demanda, al
intentar la acción de nulidad relativa por falta de forma, y también
por parte del otro contratante por virtud de su conformidad tácita a
virtud de que no reconvino o intentó la acción 'pro forma". En este último caso, aunque procede la acción de nulidad no se quebranta ni
el principio de la conservación del contrato ni tampoco el principio
de que nadie puede ir contra sus propios actos, toda vez que tiene entonces aplicación otro principio en el sentido de que el contrato que
nace por mutuo consentimiento, puede también deshacerse o revocarse
por mutuo disenso.
La forma exigida por la ley para la celebración de un determinado
contrato, debe observarse tanto en la oferta o policitación, como en la
aceptación de la misma (1834), siendo una aplicación de esta regla el
caso de la aceptación de la donación (2346), y, en cambio, una excepción a ella ocurre con la aceptación tácita del mandato (254 7, in fine).
En el Derecho francés se llaman "formalidades habilitantes" a las autorizaciones judiciales que se requieren para celebrar un determinado
contrato. como cuando el menor emancipado trata de enajenar o gravar un bien inmueble de su propiedad (643-1).
Finalmente, aunque la falta de la formalidad exigida por la ley hace que el contrato pueda ser invalidado (1795-IV) y que mientras no
revista esa forma legal no será válido (1833); sin embargo, tal defecto
de formalidad sólo produce la nulidad relativa del contrato (2228), y
no impide que dicho contrato produzca provisionalmente sus efectos
DE LC
hasta que se declare su nu
miento voluntario de ese
cualquier otro modo, entraí
gue la referida acción de r
Corte ha sustentado el crite
trato se otorgue en escritur;
la inobservancia de la forn
que lo celebran, dado que
ratificación y extingue la aC<
contratantes puede exigir de
critura respectiva (S.J.F., tes
Tercera Sala hasta 1985).
25. EL FIN O MOTIVO D
Son dos cosas diferent
tivo que determinó a las
causa de una obligación contr
contrato cada parte aceptó
Por ejemplo, Juan compra
con su familia (causa del co
contratar), y, en dicho contr
dro, porque éste a su vez
casa en cuestión (causa de
fin directo o inmediato por
Aunque tanto el objeto
contrato deben ser lícitos (11
jeto del contrato (que cuando
es, el objeto-hecho, debe se1
distinto del fin o motivo de
ser lícito). Así, por ejemplo,
arquitecto se obliga a constr
del contrato), pero el fin o
tes se proponen de acuerd
otra manera, es establecer
gas enervantes (fin o motivo
La causa en el Derecho
r~dora del contrato, que ce
había que cumplir para que
tia" y la "sponsio"; o "factum'
Superadú el formalismo
TOS.
MEDAL
ntad de las partes ha quedado
se trata de un acto revocable,
·r que el acto se otorgue en la
-III). Es ésta una aplicación del
se acoge también en otra parte
'a general del contrato (1853).
contradicción porque si una de
dad del contrato (2228), la otra
reconvenir el otorgamiento de
cuyo supuesto debe prevalecer
or respeto al mencionado prinmbién al principio de que naversum factum suum quis venire
reconviene el otorgamiento de
se conforma prácticamente con
·a "in jure cessio") y se configura
o revocación del contrato por
el contratante que demanda, al
por falta de forma, y también
d de su conformidad tácita a
acción "jlro forma". En este úle nulidad no se quebranta ni
trato ni tampoco el principio
s actos, toda vez que tiene ensentido de que el contrato que
también deshacerse o revocarse
celebración de un determinado
ferta o policitación, como en la
una aplicación de esta regla el
346), y, en cambio, una excep'ta del mandato (2547, in fine).
rmalidades habilitantes" a las aupara celebrar un determinado
'pado trata de enajenar o gra643-1).
rmalidad exigida por la ley hao (1795-IV) y que mientras no
1833); sin embargo, tal defecto
relativa del contrato (2228), y
a provisionalmente sus efectos
DE LOS CONTRATOS CIVILES
69
hasta que se declare su nulidad (2227), razón por la cual el cumplimiento voluntario de ese mismo contrato por pago, novación, o por
cualquier otro modo, entraña la ratificación tácita del mismo y extingue la referida acción de nulidad (2234). A este respecto, la Suprema
Corte ha sustentado el criterio de que cuando exige la ley que el contrato se otorgue en escritura pública, la ineficacia se purga, a pesar de
la inobservancia de la forma, cuando voluntariamente lo cumplen los
que lo celebran, dado que el cumplimiento voluntario se tiene como
ratificación y extingue la acción de nulidad, por lo que cada uno de los
contratantes puede exigir del otro (3043- 111) el otorgamiento de la escritura respectiva (S.J.F., tesis No. 94, pág. 252 de la jurisprudencia de la
Tercera Sala hasta 1985).
25. EL FIN O MOTIVO DETERMINANTE Y LA CAUSA EN LOS CONTRASon dos cosas diferentes la causa del contrato, que es el fin o motivo que determinó a las partes a celebrar un cierto contrato, y la
causa de una obligación contractual, que es el motivo por el que en ese
contrato cada parte aceptó obligarse a algo en favor de la otra parte.
Por ejemplo, Juan compra una casa a Pedro porque quiere habitarla
con su familia (causa del contrato, o sea el fin que persiguió Juan para
contratar), y, en dicho contrato, Juan se obliga a pagar el precio a Pedro, porque éste a su vez se obliga a transmitirle la propiedad de la
casa en cuestión (causa de la obligación, según los causalistas, o sea el
fin directo o inmediato por el que se obligó a Juan).
Aunque tanto el objeto como el fin o motivo determinante de un
contrato deben ser lícitos (1795-111), hay que tener en cuenta que el objeto del contrato (que cuando recae sobre una prestación de hecho, esto
es, el objeto-hecho, debe ser una hecho posible y lícito) es un concepto muy
distinto del fin o motivo determinante del contrato (que también debe
ser lícito). Así, por ejemplo, en un contrato de obra a precio alzado un
arquitecto se obliga a construir unas oficinas (objeto perfectamente lícito
del contrato), pero el fin o motivo determinante que ambos contratantes se proponen de acuerdo con lo que declaran o hacen constar de
otra manera, es establecer en tales oficinas una distribuidora de drogas enervantes (fin o motivo determinante ilícito del contrato).
La causa en el Derecho Romano era la causa eficiente o causa gener ~dora del contrato, que consistía en la formalidad o en el hecho que
había que cumplir para que surgiera el contrato ("verba", como la "stipulatio" y la "sponsio"; o ''factum", como por ejemplo la entrega de la cosa).
Superad0 el formalismo del Derecho Romano por el consensualisTOS.
70
RAMÓN SÁNCHEZ MEDAL
mo del Derecho Canónico, apareció en éste la necesidad de realizar. la
equidad en los contratos, a través de dos principios complementanos
entre sí: la conexión recíproca de las prestaciOnes (no mantener la propia palabra frente a la persona que a su vez no mantiene la suya, frangenti Fidern, fules non est servanda), y la equivalencia mutua de las
prestaciones (equilibrio entre el valor de lo que se da y el valor de lo
que se recibe a cambio).
Con estos antecedentes, Domat al referirse a los contratos onerosos
señaló que "la obligación de uno es el fundamento de la del otro" y "la
obligación en favor de uno de los contratantes tiene siempre su causa
de la parte de la otra: y la obligación sería nula si en verdad fuera sin
causa". Por otro lado, al referirse el mismo autor a los contratos gratuitos en los que no es posible buscar la conexión recíproca y la equivalencia mutua de las prestaciones, porque "sólo uno hace o da: y
donde el otro nada hace o nada da", expresa que hay que buscar el
"fundamento sobre un motivo razonable y justo" y que ese "motivo hace
las veces de causa".
Pothier secundó las anteriores ideas de Domat e inspiró en esta
parte al Código civil francés que enumera entre los requisitos esenciales para la validez del contrato (además del consentimiento, de la capacidad y del objeto) a la causa como un requisito distinto y autónomo
(Art. 11 08), estableciendo que la obligación sin causa, o con una causa
falsa o con una ilícita, no produce ningún efecto (Art. 1131 ).
Tales preceptos dividieron a los autores franceses en dos postnones
opuestas: los causalistas y los anticausalistas.
Los primeros tienen en Demolombe al clásico expositor de la teoría de la causa y en Capitant a un renovador y más reciente defensor
de la misma. Para los causalistas, la causa de la obligación es el. fin directo
e inmediato que el deudor persigue al obligarse.
La causa de la obligación varía según los contratos: en los contratos bilaterales, cada obligación de una parte sirve de causa a la obligación correlativa de la otra parte. Así, por ejemplo, en la venta, el vendedor se obliga a transmitir la propiedad de la cosa que vende, porque
el comprador se obliga a su vez a pagarle un determinado precio y, a
la inversa, el comprador se obliga a pagarle un determinado precio,
porque el vendedor se obliga a transmitirle la propiedad de la cosa
vendida. En los contratos unilaterales, la causa de la obligación es una
cierta prestación recibida. Por ejemplo, en el préstamo de dinero, la
causa de la obligación del mutuatario consiste en la entrega de la suma
que él ha recibido. En los contratos a título gratuito, la causa consiste
en el espíritu de liberalidad que anima al que se obliga.
DE LC
Los causalistas aclaran
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Los anticausalistas y pr
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DE
LOS CONTRATOS CIVILES
71
Los causalistas aclaran que no confunden la c~usa y el motivo, porque la causa es el fin znrnedwto y directo . que persrgue el que se oblig~;
en tanto que el motivo es el fin remoto e mdrrecto. La causa es el fin !urzdico o abstracto de la obligación, mientras que el mouvo es el fin economuo
y concreto. De acuerdo con estas ideas, en la venta, la causa o el fin inmediato que determina al vendedor a obligarse, es que el comprador se
obliga a su vez a pagarle el precio, en tanto que el motivo por el que
vende puede ser, por ejemplo, para realizar un viaje, para pagar una
deuda, para colocar el dinero en valores.
En consecuencia, la causa siempre es idéntica en los contratos de la
misma naturaleza y por ello tiene un carácter objetivo, no así el motivo,
que es de carácter subjetivo, puede variar hasta lo infinito. Por otra parte, aclaran los causalistas que tampoco puede confundirse la causa con
el objeto, por ser dos elementos distintos: el objeto de la obligación es
lo que el deudor se obliga a realizar, responde a la pregunta "quid debetur?", mientras que la causa de la obligación es lo que ha determinado
al deudor a obligarse y responde a la pregunta "cur debetur" (en la venta, la obligación del vendedor tiene por objeto la cosa vendida y por
causa la obligación del comprador).
Los anticausalistas y principalmente Planiol sostienen que la teoría
de la causa es falsa e inútil.
Falsa científicamente, porque en los contratos sinalagmáticos las
obligaciones de una y otra parte nacen al mismo tiempo, no pudiendo
una de esas obligaciones ser la causa y la otra el efecto, pues para ello
debía una preceder a la otra, siendo así que son concomitantes; porque, además, en los contratos reales se hace consistir la causa de la obligación en la entrega efectuada al deudor, confundiéndose aquí la causa
de la obligación con el contrato mismo; y finalmente, porque en los
contratos a título gratuito, si el espíritu de liberalidad es considerado
como causa de la obligación del donante, independientemente de las
motivaciones que hayan podido determinar a éste, se está emitiendo
una opinión vacía de sentido.
Igualmente, es inútil, porque la causa no es un elemento distinto e
independiente de los otros elementos del contrato, ya que cuando todos
los elementos del contrato existen, existe también la causa, y cuando
falta la causa es que falta por lo demás otro elemento del contrato.
Aparece esto muy claramente, sobre todo, en los contratos bilaterales, pues cuando hay ausencia de causa, es porque una de las obligaciones no ha podido formarse por falta de objeto-cosa; cuando la causa es
falsa es porque ha habido error sobre el motivo determinante del contrato, y cuando la causa es ilícita es porque el objeto-hecho de una de las
72
RAMÓN SÁNCHEZ MEDAL
obligaciones es ilícito. Asimismo, en los contratos reales, la ausencia de
la causa entrañaría la ausencia del contrato, pues la falta de entrega de la
cosa al deudor haría que no hubiera contrato. Sólo en materia de donaciones podría reconocerse una aplicación verdaderamente útil a la
teoría de la causa, para anular las liberalidades contrarias a las leyes de
orden público o a las buenas costumbres.
Los Códigos civiles italianos (de 1865 y de 1942) y el Código civil
espailol han secundado al Código civil francés en esta materia y enumeran la causa de la obligación como un elemento del contrato. Por el
contrario, ni el Código civil alemán, ni el Código civil suizo de las obligaciones, ni ninguno de nuestros tres Códigos de 1870, 1884 y 1928
han acogido la teoría de la causa, ya que no señalan la causa entre los
elementos del contrato. Nuestros dos primeros ordenamientos siguieron
la orientación de los Códigos civiles de Portugal y de Austria, al no
mencionar la causa en la enumeración de los elementos del contrato, y
se apartaron en este punto de su principal modelo, el proyecto español
de García Goyena; y, por su parte, nuestro Código civil de 1928 se inspiró en el anticausalismo de Planiol y en la utilización del fin o motivo
determinante del contrato precisado por Bonnecasse (Borja Soriano).
En esta materia, como en otras, debe reconocerse la influencia de
Bonnecasse en nuestro Derecho, ya que este autor aunque no se declara seguidor de la doctrina clásica de la causa, tampoco acepta abiertamente la postura anticausalista, pero prácticamente identifica la causa
con el fin o motivo determinante que se tuvo que celebrar cualquier
contrato, fin o motivo determinante, que, sólo a propósito de los contratos a título gratuito, hacen coincidir los causalistas más modernos
(Capitant) con la causa.
A este respecto nuestro Código civil distingue claramente entre el objeto (que puede ser objeto-cosa u objeto-hecho) del contrato, por una parte,
y el motivo o fin del mismo contrato (1795-111, 1824 y 1831, así como el
rubro "del objeto y del motivo o fin de los contratos"), por otra parte.
N o sólo se reconoce por nuestro legislador esta distinción tan importante, sino que se expresa que el objeto-hecho debe ser lícito (1827-11 y
1830) y que también el fin o motivo determinante de la voluntad de
los contratantes debe ser lícito ( 1831 ). Establece, además, que la ilicitud
en el objeto al igual que la ilicitud en el fin o motivo determinante del
contrato, hacen que éste pueda ser invalidado (1795-111 y 2225).
Cuando es falso el fin o motivo determinante del contrato es anulable el mismo contrato, a virtud del error sobre el motivo determinante
(1813) o del dolo principal sobre el motivo determinante del contrato (1816).
Se elimina, pues, de nuestro derecho, por innecesaria, la causa co-
DE LO
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26. LA LEGITIMACIÓN EN
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MEOAL
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o, por innecesaria, la causa co-
DE
LOS CONTRATOS CIVILES
73
mo un elemento del contrato, ya que la ausencia de causa o la falsa causa en el derecho francés tienen para nosotros su equivalente tanto en
la inexistencia del objeto-cosa o en la imposibilidad del objeto-hecho, que
en una y otro hipótesis hacen anulable el contrato, como en la existencia de un error, espontáneo o provocado, sobre el fin o motivo determinante del contrato; y la causa ilícita del Derecho francés tiene su
equivalente para nosotros en el fin o motivo determinante ilícito del contrato, que hace nulo también al contrato.
Finalmente, la inclusión de la licitud en el fin o motivo determinante del contrato, como un elemento de validez del mismo contrato,
no atenta contra la seguridad de las transacciones, ni entrafla en el terreno jurídico la aceptación de la reserva mental o ele los motivos internos que haya tenido cada parte para celebrar un determinado
contrato, ya que en aquel elemento de validez, al igual que para la
existencia del error ( 1813 ), para que el fin o motivo determinante del
contrato tenga trascendencia jurídica, es menester que se haya declarado expresamente tal motivo al celebrarse el contrato, o bien que de las
circunstancias que rodean la celebración del contrato, aparezca que se
celebró por este motivo y no por otro.
En vista de lo anterior, para que el fin o motivo ilícito produzca la
nulidad o sea causa de invalidez del contrato, es menester que las dos
partes y no una sola de ellas hayan coincidido y hayan exteriorizado el
mismo fin o propósito, bien sea porque así lo hayan declarado expresamente, o porque de las circunstancias que acompañaron al contrato resulte que fue ese el único motivo que se tuvo en cuenta por ambas
para contratar. Ejemplo: Juan, con el ánimo oculto de establecer un
centro de vicio, celebra un contrato de obra a precio alzado con Pedro,
para que éste le construya una casa adecuada a dicha finalidad, pero
sin expresar en el contrato aquel propósito. El contrato no podrá invalidarse por ilicitud en el fin o motivo determinante del contrato, porque ni se declaró por las partes tal finalidad, ni aparece tampoco de
las circunstancias que rodearon al contrato en cuestión que la finalidad
de referencia haya sido el motivo que determinó a las partes para celebrar dicho contrato.
26. lA LEGITIMACIÓN EN EL CONTRATO. Por regla general, toda persona puede ser parte en cualquier contrato y todos los efectos jurídicos
de éste recaen sobre el patrimonio de dicha persona, sin perjuicio de
que tales efectos jurídicos puedan desaparecer por falta de alguno de
los cuatro elementos de validez. Es el caso de la legitimación ordinaria y
74
RAMÓN SÁNCHEZ MEDAL
directa para celebrar un contrato válido con eficacia jurídica Q. Ladaria
Caldentey, Legitimación _r Apariencia Jurídica, Barcelona, Bosch, 1952).
Hay contratos en los que, pm· excepción, a la primera parte de dicha
regla. aunque se hayan celebrado con todos los requisitos generales de
validez, carecen de efectos jurídicos, en virtud de que por razones de interés público y no por ineptitud natural de las personas que los celebran,
la ley prohíbe a estas personas ser parte en un determinado contrato, o
sea les prohíbe su celebración ni por sí, ni por representante. Es el
caso de la fálta de legitimación para celebrar con eficacia jurídica un determinado contrato, cual ocurre, por ejemplo, con el mandatario que
no está legitimado para comprar los bienes de su mandante. (2280-11 y
2282), y con el funcionario judicíal o el abogado que no pueden comprar
los bienes que son objeto de los juicios en que ellos intervengan (2276).
También por excepción a la segunda parte ele la mencionada regla
general, hay otros contratos válidos que por disposición ele la ley producen
su.s efectos jurídicos sobre el patrimomo de 1m.a persona distinta de la que los
celebró, unas veces porque en el mismo contrato consta que una perso-
na es la que lo celebra y otra persona diferente es la que recibe en su
patfimonio los efectos jurídicos del contrato, lo cual ocurre en los casos
de legitimación indzrecta, y otras veces porque existe una situación respetable de apariencia JUrídica, o en el sentido ele que la persona que celebra el contrato es el supuesto titular del patrimonio sobre el que recaen
los efectos jurídicos de ese contrato, o en el sentido de que la persona
que celebra el contrato es el supuesto representante del titular del patrimonio sobre el que recaen los efectos jurídicos del contrato, configurándose
en uno y otro de estos dos últimos casos la legitimación extraordinaria.
Como ejemplos de la mencionada legitimación indirecta, están los casos de quien obra por representación, es decir, en nombre del representado (2581); del que actúa por sustitución, cual ocurre con el síndico
que actúa en lugar del fallido (art. 199 de la Ley de Quiebras), o con el
albacea que lo hace en lugar del difunto y de sus herederos (1706); y
del que obra por autoriz.aczón, como sucede cuando el propietario de un
bien autoriza a una persona para que dé éste en arrendamiento (240 1).
Como ejemplos de legitimación extraordinaria, existe por lo que hace
al titular aparente, la actuación del heredero aparente que enajena o
grava los bienes que le han sido adjudicados en la sucesión ( 1343 ), o
cuando el titular registra! enajena o grava los bienes que aparecen inscritos a su nombre en el Registro Público de la Propiedad, aunque posteriormente se anule o resuelva el título que sustentaba dicha inscripción
(3009); y por lo que se refiere al representante aparente, la actuación del
mandatario que realiza actos a nombre del mandante, después de que
éste revocó el mandato, pero descuidó de notificarlo y de recoger el
-documento donde constaba el mandato (2597 y 2598).
LA INTERPRE
27. LA INTERPRETACIÓN
pretar otras normas juridicas
contratos (1851 a 1857). La:
cialmente objetiva de la ley, (
más compleja, porque llevar
mente subjetiva (para indaga
vez objetiva (Messineo).
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dos grupos: las normas pan
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para todos los demás acto:
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MEDAL
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, Barcelona, Bosch, 1952).
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sí, ni por representante. Es el
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rque existe una situación respedo ele que la persona que celepatrimonio sobre el que recaen
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to y de sus herederos (1706); y
e cuando el propietario de un
éste en arrendamiento (240 1).
rdinaria, existe por lo que hace
reclero aparente que enajena o
icados en la sucesión ( 1343 ), o
va los bienes que aparecen inso de la Propiedad, aunque posque sustentaba dicha inscripción
entante aparente, la actuación del
del mandante, después de que
de notificarlo y de recoger el
(2597 y 2598).
CAPÍTULO
IV
LA INTERPRETACIÓN DEL CONTRATO
27. LA INTERPRETACIÓN DEL CONTRATO. Existen normas para interpretar otras normas jurídicas (9, 11 y 19), y normas para interpretar los
contratos (1851 a 1857). Las primeras realizan una interpretación esencialmente objetiva de la ley, en tanto que las segundas tienen una función
más compleja, porque llevan a cabo una interpretación preponderantemente subjetiva (para indagar la intención común de las partes) y a la
vez objetiva (Messineo ).
Al efecto, las normas para interpretar los contratos se dividen en
dos grupos: las normas para investigar la intención común de las partes ( 1851 y 1852) y las normas para eliminar las dudas y ambigüedades del contrato (1853 a 1856) (Messineo ).
Mediante la interpretación del contrato se trata de fijar la significación y el alcance de los términos empleados y de las cláusulas convenidas por las partes. La interpretación del contrato vuelve a plantear la
necesidad o de atenerse para tal interpretación a la sola voluntad interno,
de las partes, o bien recurrir exclusivamente a la voluntad declarada por las
mismas partes. En realidad, la teoría de la voluntad interna y la de la
voluntad declarada son posiciones extremas, ya que la sola voluntad interna no tiene relevancia jurídica, en virtud de que las reservas mentales
no sirven de guía para la interpretación del contrato, como tampoco
tiene trascendencia jurídica en forma escueta la voluntad declarada, en
vista de que no son de tomarse en cuenta las declaraciones emitidas en
broma o por simple juego o con fines didácticos. Así pues, para interpretar el contrato no hay que pronunciarse únicamente por la voluntad
interna, ni sólo por la voluntad declarada, sino acudir a la voluntad intema declarada, o sea ir al encuentro de la intención común de las partes en la medida que ambas exteriorizaron su voluntad interna.
Las reglas generales para la interpretación de los contratos sirven
para todos los demás actos jurídicos (1859) y, por tanto, se aplican
también, en lo conducente, para la interpretación de los testamentos,
75
76
RAMÓN SÁNCHEZ MEDAL
cuyas principales disposiciones especiales en esta materia concuerdan en
lo substancial con aquellas reglas generales (1851 y 1302; 1857-2° y
1389).
28. LA INTERPRETACIÓN SUBJETIVA. El hecho fundamental que sirve
para interpretar el contrato es la voluntad interna o la intención común
que las partes han exteriorizado a través de las palabras, de los términos o de las cláusulas que han empleado ellas al celebrar el contrato.
Debido a esto cuando "los términos de un contrato son claros y no dejan duda sobre la intención de los contratantes, se estará al sentido literal de sus cláusulas" (1851) "in claris non fit interpretatio". Por esta
misma razón lo que ante todo debe buscarse al interpretar el contrato
es "la intención de los contratantes", siempre que se trasluzca ella a
través de de los términos claros empleados por los contratantes, pues si
las palabras usadas fueran contrarias a la intención de las partes, deberá prevalecer esta intención sobre aquellas palabras ( 1851 ); pero aun
también en este caso de divergencia entre las palabras y la intención,
se trata de una voluntad interna que ha sido declarada o manifestada
aunque sea en forma inadecuada, esto es, con palabras impropias hacia
el exterior.
Tiene tanta importancia la intención común o la voluntad interna de
los contratantes en la interpretación del contrato, que cuando no es
posible descubrir frente a las dudas, equívocos o ambigüedades de las
palabras o cláusulas empleadas por los contratantes, cuál fue la voluntad interna o la intención común de los mismos contratantes, el contrato se considera nulo (1857, in fine), dado que en el fondo no hubo
en ese caso el acuerdo de voluntades.
Otro reconocimiento explícito de que para la interpretación del
contrato tiene la máxima importancia la intención común de los contratantes, se encuentra en la regla de hermenéutica acogida en nuestra legislación: "Cualquiera que sea la generalidad de los términos de un
contrato, no deberán entenderse comprendidos en él cosas distintas y
casos diferentes de aquellos sobre los que los interesados se propusieron contratar" (1852).
Los preceptos anteriores, como ya se indicó, tienden a descubrir la
intención común o voluntad interna de los contratantes ( 1851, 1852 y
1857, in fine), por ello, realizan lo que se llama la interpretación subjetiva, histórica o concreta (Trabucchi).
29. LA INTERPRETACION OBJETIVA. Las normas subsecuentes (1853 a
1856) son para eliminar dudas o ambigüedades en las palabras, términos
DE LO
o cláusulas del contrato, y p
pretación objetiva o abstrac
Dentro de este grupo de
contrato hay que mencionar
del contrato (Messineo), del n
te aplicación la siguiente reg
mitiera diversos sentidos, de
que produzca efectos" (1853)
te, pues resulta más sensato
un contrato lo hicieron pan
mente para realizar algo ce
efecto. Esta norma de interp
mo: "In dubio benigna interpr
qua m pereat." Sin embargo, (
el contrato, en caso de amb
que produzca el máximo ef¡
efectos jurídicos y no sea a
inútil.
Muy frecuente es la apli
del contrato a diversas situado:
a) Hay figuras llamadas
del préstamo con interés usu
duce el tipo de interés al réc
bién en una venta en que
inmediata del precio al con
nulo en cuanto compravent
cuanto donación (Planiol y Jc
cipio de la conservación del
senta en la renta vitalicia n
el constituyente de la renta e
mo son superiores al monto
pagar el deudor, ya que ento
y 2337).
Acerca de este punto es í
vil alemán, en el Art. 140: "~
lo corresponden a los de otn
puede entenderse que se hub
su nulidad", disposición con l
liano de 1942: "Art. 1424 CG
podrá producir los efectos de
elementos de sustancia y de
MEO AL
en esta materia concuerdan en
rales (1851 y 1302; 1857-2° y
~:1 hecho fundamental que sirve
1tad interna o la intención común
és de las palabras, de los térmi¡do ellas al celebrar el contrato.
un contrato son claros y no detratantes, se estará al sentido liis non fit interpretatio". Por esta
lScarse al interpretar el contrato
siempre que se trasluzca ella a
dos por los contratantes, pues si
la intención de las partes, debeleilas palabras ( 1851 ); pero aun
ntre las palabras y la intención,
ha sido declarada o manifestada
es, con palabras impropias hacia
común o la voluntad interna de
le! contrato, que cuando no es
quívocos o ambigüedades de las
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que para la interpretación del
la intención común de los contranenéutica acogida en nuestra leeralidad de los términos de un
1rendidos en él cosas distintas y
que los interesados se propusie-
se indicó, tienden a descubrir la
~ los contratantes ( 1851, 1852 y
se llama la interpretación subje-
.as normas subsecuentes ( 1853 a
ledades en las palabras, términos
DE LOS CONTRATOS CIVILES
77
o cláusulas del contrato, y por esa razón se les llama normas de interpretación objetiva o abstracta (Trabucchi).
Dentro de este grupo de normas para la interpretación objetiva del
contrato hay que mencionar, desde luego, el principio de la conservación
del contrato (Messineo), del cual puede considerarse como una importante aplicación la siguiente regla: "Si alguna cláusula de los contratos admitiera diversos sentidos, deberá entenderse en el más adecuado para
que produzca efectos" (1853). La justificación de esta norma es evidente, pues resulta más sensato sostener que cuando las partes celebraron
un contrato lo hicieron para que produjera algún efecto y no simplemente para realizar algo completamente inútil y desprovisto de todo
efecto. Esta norma de interpretación se hallaba formulada en el aforismo: "In dubio benigna interpretatio adhibenda est, ut magis negotium valeat
qua m pereat." Sin embargo, esta misma regla no autoriza a interpretar
el contrato, en caso de ambigüedad, en el sentido más adecuado para
que produzca el máximo efecto, sino simplemente para que produzca
efectos jurídicos y no sea algo carente de todo efecto y enteramente
inútil.
Muy frecuente es la aplicación de este principio de la conservación
del contrato a diversas situaciones, según aparece en estos ejemplos:
a) Hay figuras llamadas de "conversión de contrato", como en el caso
del préstamo con interés usurario, en que por resolución judicial se reduce el tipo de interés al rédito legal (2395) (Trabucchi); y como también en una venta en que el vendedor hace remisión simultánea o
inmediata del precio al comprador, contrato que no debe declararse
nulo en cuanto compraventa, sino que ha de considerarse válido en
cuanto donación (Pianiol y Josserand), de acuerdo también con el principio de la conservación del contrato. Una hipótesis semejante se presenta en la renta vitalicia cuando el interés del capital entregado por
el constituyente de la renta o los frutos del bien que entregó este mismo son superiores al monto de la pensión o renta vitalicia que va a
pagar el deudor, ya que entonces habría una donación con carga (2336
y 2337).
Acerca de este punto es útil recordar una disposición del Código civil alemán, en el Art. 140: "Si los requisitos de un negocio jurídico nulo corresponden a los de otro negocio jurídico, valdrá éste entonces, si
puede entenderse que se hubiera querido su validez, de haberse sabido
su nulidad", disposición con la que concuerda otra del Código civil italiano de 1942: "Art. 1424 Conversión del contrato nulo. El contrato nulo
podrá producir los efectos de un contrato distinto del que contenga los
elementos de sustancia y de forma, cuando, teniendo en consideración
78
RAMÓN SÁNCHEZ MEDAL
el fin perseguido por las partes, éstas lo habrían querido Sl hubiesen
conocido su nulidad."
b) La nulidad del contrato no impide que produzca éste provtslünalmente sus efectos (2226), de acuerdo también con el principio de la
conservación del contrato (Trabucchi).
e) Cuando se ha celebrado un contrato sin llenar la forma exigida
por la ley, si una de las partes demanda la nulidad de tal contrato por
defecto de forma (2228) y la otra parte contrademanda el otorgamiento de la formalidad omitida ( 1833 y 2232), debe prevalecer esta
acción rcconvencional en homenaje al principio de la conservación del contrato.
d) Si en un contrato de arrendamiento de un inmueble destinado a
habitación se pacta un plazo mayor de diez años (2398 in fine), dicho
contrato no debe declararse nulo, sino reducirse su duración al tope legal máximo de diez años (Rezzónico), en aras del principio de la conservación del contrato, situación que también se presenta cuando el
fiador se ha obligado a más que el deudor principal, en cuyo caso se reduce la obligación del fiador a los límites del deudor (2799).
e) La admisión expresa de la nulidad parcial de un contrato, cuando
las partes integrantes de éste pueden legalmente subsistir separadas, a
menos que se demuestre que al celebrarse el contrato se quiso que sólo
íntegramente subsistiera (2238).
Asimismo, para la interpretación objetiva del contrato hay que seguir la misma regla que para la interpretación de las normas jurídicas,
observándose al respecto la llamada interpretación sistemática, por virtud
de la cual "las cláusulas de los contratos deben interpretarse las unas
por las otras, atribuyendo a las dudosas el sentido que resulte del conjunto de todas" (1854).
En consonancia también con esta interpretación sistemática del contrato, a las palabras empleadas por las partes, aunque tengan diversas
acepciones, hay que darles la significación más acorde con la naturaleza
y el objeto del contrato de que se trata ( 1855 ). Esta regla no significa,
sin embargo, que para la interpretación correcta del contrato haya de
respetarse por fuerza la calificación o el nombre que las partes hayan
aplicado al contrato, dado que la calificación exacta o el "nomen juris"
del contrato, depende de la naturaleza misma de las prestaciones convenidas, y, por consiguiente, del contrato que en realidad celebraron
las partes, aunque hayan podido darle ellas un nombre equivocado. "La
naturaleza de los contratos depende no de la designación que le hayan
dado las partes, que puede ser errónea, sino de los hechos y actos consentidos por las mismas en relación con las disposiciones legales aplicables" (Tesis 129 en el S. J. de la F. de la Jurisprudencia de la Tercera
Sala de la Suprema Corte hasta 1975). Como ejemplo de calificación
equivocada pueden citarse las frecuentes operaciones (especialmente so-
DE LOS
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desde luego a ejecutar las o
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MEOAL
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. Como ejemplo de calificación
; operaciones (especialmente so-
DE LOS CONTRATOS CIVILES
79
bre lotes de terreno, sobre casas o sobre condominios) en las que se
trata de encubrir con el nombre inexacto de "promesas de venta" verdaderos contratos de compraventa, puesto que las partes comienzan
desde luego a ejecutar las obligaciones propias de la compraventa: entrega y posesión de la cosa al comprador y pago de parte del precio al
vendedor. Situación similar se presenta con las hoy llamadas "compañías arrendadoras", que bajo el falso nombre de arrendamientos, celebran verdaderos contratos de ventas en abonos (principalmente de
equipo o maquinaria o de vehículos), con el fin de evitar impuestos
más altos, pero que, sin embargo, para el caso de rescisión por incumplimiento de pago de las exhibiciones periódicas deben quedar sujetos
a las reglas de las compraventas en abonos y no a las de un arrendamiento (2311 y 2314 del Código Civil y 70 de la Ley Federal de Protección al Consumidor).
30. LA INTERPRETACION INTEGRADORA. Muy ligada a la interpretación del contrato es la cuestión relativa a la integración del contrato, ya
que, como hace notar Planiol, es muy raro que las partes al celebrar el
contrato tengan presentes todas las consecuencias, alcances y efectos
que va a tener el mismo contrato, por lo que es indispensable integrar
el contrato, completando con normas supletorias establecidas por el legislador, las omisiones o lagunas que las cláusulas convenidas por las partes
hubieren dejado. Para tal efecto, en la integración del contrato hay que
tomar en cuenta que las cláusulas que se refieren a requisitos esenciales del contrato o sean consecuencia de su naturaleza ordinaria, deben
tenerse por puestas aunque no se expresen, a no ser que las segundas
sean renunciadas cuando lo permita la ley (1839). Sobre este particular, cabe mencionar que las cláusulas de un contrato pueden ser esenciales, cuando no pueden suprimirse ni por convenio so pena de hacer
desaparecer el contrato de que se trate, como, por ejemplo, pretender
eliminar en lo absoluto la obligación de conceder el uso o goce temporal de la cosa arrendada en el arrendamiento; naturales, cuando son
consecuencia ordinaria del contrato, por lo que se tienen por puestas,
salvo pacto en contrario, como es, por ejemplo, la obligación del
arrendador de hacer reparaciones en la cosa arrendada; y accidentales,
que requieren de pacto expreso, y las obligaciones que imponen sólo
existen en la medida de ese pacto y no en función de normas supletorias, como por ejemplo la autorización al arrendatario para ceder sus
derechos a tercera persona.
La ausencia de normas supletorias específicas o propias en los contratos innominados o atípicos plantea un importante problema de integración e interpretación de tales contratos, cuya solución se estudia al
80
RAMÓN SÁNCHEZ MEDAL
tratar de esta clase de contratos ( 1858). Asimismo, la falta de normas
legales supletorias para los contratos en el Derecho Anglosajón explica
la redacción reiterativa y farragosa de sus contratos.
Si las cláusulas convenidas entre las partes y las normas supletorias
establecidas por la ley a propósito de cada contrato en especial resultaran todavía insuficientes, la integración deberá continuarse con las consecuencias que deriven de la buena fe, del uso, o de otras disposiciones
legales (1796), y finalmente con los principios generales de derecho
(19), y en especial los fundados en la equidad (20 y 1857-1 °). A esta
interpretación suele llamársele interpretación integradora del contrato
(Trabucchi).
Por último, aunque no fueron expresamente acogidas por nuestro
legislador, conviene servirse de otras reglas de lógica que el derecho
comparado ha prohijado para la interpretación de los contratos. En
este caso se encuentran las siguientes disposiciones del Código civil ita: ; . . - 1942:
a) "El contrato debe ser interpretado de acuerdo con la buena fe"
(Art. 1366), buena fe que consiste, como lo expresa la exposición del
mencionado ordenamiento extranjero, en "la recíproca lealtad de conducta entre las partes" y que, según Planiol, es "la obligación de conducirse como hombre honrado y concienzudo no solamente en la
formación sino en la ejecución del contrato y de no atenerse a la letra
de éste", o sea el deber de actuar con honradez.
A pesar de no haber sido invocado este principio por nuestro legislador especialmente a propósito de la interpretación del contrato, tiene
de todas maneras cabida legítima, porque t:c<mbién para la ejecución de
los contratos, y, por tanto, para determinar el alcance de las obligaciones que deben ejecutarse, hay que atenerse a la buena fe (1796).
El concepto de buena fe en materia contractual es de un alto contenido ético y no coincide con el menos riguroso que se adopta para la
posesión de buena fe (806), ya que en materia de posesión no es indispensable en todo caso la ignorancia de los vicios del título que se tiene
para poseer, sino basta simplemente tener un título suficiente que dé
derecho a poseer, ni concuerda tampoco con la buena fe registra!
(3007), que sólo se mide a través de los datos que aparezcan en el Registro Público de la Propiedad y se desentiende de otras fuentes de conocimiento que de hecho hubieran informado al interesado.
b) En casos de contratos-tipo o contratos de adhesión o condiciones
generales del contrato, cuando surgen dudas sobre la significación o alcance de alguna palabra o cláusula, la interpretación ha de hacerse en
el sentido más favorable para aquel contratante a quien se impusieron
las cláusulas y en contra del autor de las mismas. Es ésta una de las
DE LOS
diferencias que se señalan e
de adhesión y los contratos
contra el autor de la cláusula.
generales del contrato o en
tratantes se interpretarán e
1370).
e) "Para esclarecer la
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DE LOS CONTRATOS CIVILES
81
diferencias que se señalan en doctrina (Josserand) entre los contratos
de adhesión y los contratos paritarios o de igual a igual. "Interpretación
contra el autor de la cláusula. Las cláusulas insertas en las condiciones
generales del contrato o en formularios dispuestos por uno de los contratantes se interpretarán en caso de duda, a favor del otro" (Art.
1370).
e) "Para esclarecer la intención común de las partes se deberá
apreciar su comportamiento total, aun posterior a la conclusión del
contrato" (Art. 1362 in fine). Esta regia no es sino la aplicación del sabio aforismo "ex antecedentibus et consequentibus recta jít interpretatio ", que
en no pocas ocasiones constituye la clave fundamental para descubrir, a
través del comportamiento de las mismas partes, qué fue lo que éstas
quisieron convenir en el contrato. "El camino más seguro que señala la
hermenéutica para la interpretación de los contratos, es la ejecución
voluntaria del mismo contrato" (Sem. Jud. de la Fed. 6a época, 1a parte, vol. XXVII, pág. 71, y vol. XXXIV, pág. fí5). Acerca de esta conducta interpretativa, es importante destacar que cuando se sometió el
proyecto del actual Código de 1928 a la Barra Mexicana de Abogados,
formuló ésta por conducto de los licenciados Manuel Borja Soriano e
Ismael Palomino esta observación: "De la interpretación de los contratos.
En este capítulo se reproducen los artículos del Código civil español sobre esta materia, lo cual merece nuestra aprobación; aunque creemos
que no debe suprimirse el Art. 1282 del Código español, el cual debe
agotarse ampliándolo en estos términos: 'Para juzgar de la intención de
los contratantes deberá atenderse principalmente a los actos de éstos,
coetáneos y posteriores al contrato, así como a los inmediatamente anteriores con él relacionados y preparatorios'" (El Foro. N" 2, tomo IX,
abril, mayo y junio de 1928, página 200).
CAPÍTULO V
EFECTOS DEL CONTRATO
31. EFECTOS DEL CONTRATO. Los efectos del contrato son las consecuencias jurídicas que dimanan de éste, efectos que se producen ordinariamente al momento mismo en que se perfecciona el contrato
(nacimiento o transmisión de obligaciones y transmisión o constitución
de derechos reales); pero que también se generan en ocasiones hasta
que se ejecuta el contrato, como ocurre, por ejemplo, en el caso en que
las obligaciones quedan sujetas a un término o a una condición, o
bien, en el contrato de fianza en el que fiador adquiere ciertos derechos contra el deudor principal (las acciones de reembolso y de subrogación) solamente hasta que haga pago el propio fiador al acreedor de
dicho deudor. Igualmente, en los contratos sinalagmáticos imperfectos,
las obligaciones eventuales a cargo de una de las partes nacen hasta
después de celebrado el contrato y con base en hechos posteriores.
32. lA OBLIGATORIEDAD DEL CONTRATO. El primer efecto que produce el contrato consiste en su carácter obligatorio, o sea que el acuerdo
de voluntades de los contratantes tiene fuerza de ley entre las partes,
expresión ésta que no debe entenderse literalmente, pues aún la misma
revocación del contrato por voluntad bilateral de ambos contratantes
no es omnipotente, ya que sólo produce efectos para el futuro y no retroactivamente, y, además, cuando el contrato ha creado derechos reales,
deben éstos retransmitirse. La mencionada expresión que equipara la ley
general al contrato como una ley de las partes, hay que aceptarla sólo
en forma metafórica, en el sentido de que ninguna de las partes puede
sustraerse al deber de observar el mismo contrato, sino que ha de
cumplirlo y respetar la palabra dada ''pacta sunt servanda" (1796). Sin
embargo, no existe en ese caso un deber establecido en forma abstracta y con una aplicación de extensión general.
33. LA INTANGIBILIDAD DEL CONTRATO. De la obligatoriedad deriva
como corolario otro efecto que consiste en la intangibilidad del contrato
por cuanto que no puede una de las partes, por voluntad unilateral, di83
84
RAMÓN
SÁNCHEZ
MEDAL
solver o modificar el contrato ( 1797), salvo casos específicamente previstos en la ley, salvedad ésta que expresamente hacía el Código civil
de 1H84 (Art. 1278 in fine), cosa que no hace ahora el texto actual,
por lo que dicha excepción puede establecerla un precepto expreso de
la ley, o bien, un pacto expreso de las mismas partes que faculte a una
de ellas a desistir unilateralmente del contrato. Los casos de excepción
por precepto expreso de la ley, son: la terminación por preaviso unilateral de cualquiera de las partes del arrendamiento por tiempo voluntario (24 78), la revocación del mandato y la renuncia del mismo
(2596), la separación o renuncia voluntaria del socio de la asociación
civil (2680) o de la sociedad civil (2720-VI), el desistimiento del dueño
de la obra en el contrato de obra a precio alzado (2635) y el desistimiento análogo del cliente en la prestación de servicios profesionales, el
desistimiento del cargador en el transporte (2663). Sin embargo, aun
los casos excepcionales de denuncia o desistimiento del contrato puede
existir la responsabilidad derivada del desistimiento inoportuno, ejs. en
los arts. 2423-III, 2596, in fine, 2723, 2724 y 2531 del Cód. civ., o si
tal desistimiento constituye un abuso del derecho en los casos de los arts.
840 y 1912 del Cód. civ., y en otros casos la misma ley establece una
compensación a favor de la otra parte (2635 y 2663). La retractación
del contrato sin responsabilidad para el que la hace, existe por la ley
en el caso de la promesa de enajenación de órganos o tejidos propios
para su trasplante (art. 324 Ley General de Salud), y en el caso de
ventas a domicilio (art. 56 Ley Fed. de Protección al Consumidor). En
el Derecho Mercantil puede tener un mayor alcance la denuncia unilateral de ciertos contratos, como sucede en la apertura de crédito en
que mediante el solo aviso del acreditante (acreedor) puede restringirse
el monto del crédito convenido y aun anticiparse el plazo para la devolución de las cantidades dispuestas por el acreditado o deudor (Art.
294 de la Ley Tít. y Op. Créd.). (Jaime Inchaurrandieta Sánchez Medal, El desistimiento Unilateral de los Contratos Civiles, México, 1998).
Como excepción a la obligatoriedad y a la intangibilidad tenemos
también a la reforma de enero de 2010 al Código Civil para el
Distrito Federal, que como se verá más adelante (núm. 40) faculta a
una de las partes la rescisión del contrato o la modificación del mismo,
cuando en los contratos no aleatorios sujetos a plazo, condición o de
tracto sucesivo se presentan acontecimientos extraordinarios de carácter
nacional que no fueran posibles de preveer y que generen que las
obligaciones de una de las partes sean más onerosas.
34. LA RELATIVIDAD DEL COJ\TRATO. El contrato, conforme a su definición legal (1793), puede ser puramente obligatorio, o bien con efectos
reales, o bien una y otra cosa a la vez.
DE LC
Suele estimarse que nur
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MEDAL
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e Inchaurrandieta Sánchez Meatos Civiles, México, 1998).
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DE
LOS
CONTRATOS
CIVILES
85
Suele estimarse que nunca puede el contrato dejar de tener efectos
obligatorios; pero, sin embargo, en el contrato de hipoteca se da la excepción porque dicho contrato no genera ninguna obligación o derecho
de crédito, sino sólo el derecho real de hipoteca (ver núm. 291 ).
De ordinario los efectos reales del contrato se producen simultáneamente al perfeccionamiento del contrato, tanto para transmitir la propiedad, como para constituir otros derechos reales (20 14); pero hay
casos en que esa transmisión o constitución de derechos se realiza posteriormente, lo cual tiene importancia, sobre todo, para la aplicación
de "la teoría de los riesgos" (20 17 -V). Estos casos en que se difiere para
un momento posterior el efecto real son, por ejemplo, los siguientes:
en~jenación de cosas genéricas que exigen la "especificación"
o "individualización" (2015); la enajenación en una obligación alternativa (1862);
la venta con reserva de dominio (2312) y la enajenación de cosa futura
( 1826). Asimismo, los efectos obligacionales del contrato se producen simultáneamente a la celebración del contrato, pero pueden también
surgir con posterioridad, como ocurre por ejemplo en los contratos sinalagmáticos imperfectos a los cuales se hizo alusión anteriormente.
La relatividad en los efectos del contrato consiste en que éste sólo
aprovecha o perjudica directamente a las partes y sólo también para ellas
crea derechos u obligaciones ( 1796), conforme al principio "res inter
alias acta, aliis neque prodesse, neque nocere potest''. A este particular, es necesario tener presente el concepto de "parte" en un contrato, tanto en
su sentido formal como en su aspecto material.
Por "parte" en un contrato no puede entenderse simplemente lo
que algunos (Marty) pretenden, "a las personas cuyas voluntades han
concurrido a su formación" (parte en sentido formal), sino que por regla general, son "partes" en un contrato las personas que han emitido
su voluntad en la policitación o en la aceptación y cuya coincidencia de
ambas constituye el acuerdo de voluntades de ese contrato, y que a la
vez son también los titulares del interés o de la relación jurídica materia de dicho contrato (parte en sentido material).
Por excepción y sólo cuando la ley así lo establece directamente, es
"parte" en un contrato la persona titular del interés o de la relación
jurídica materia de ese contrato (parte en sentido material), aunque no
haya sido ella la autora de una de las voluntades que formó el consentimiento de dicho contrato (parte en sentido formal).
Esto último ocurre en los casos de los llamados "contratos sobre el patrimonio ajeno", como en la representación (por ejemplo, el tutor, los padres en ejercicio de la patria potestad, el mandatario), en la sustitución
(por ejemplo, el síndico, el albacea, el acreedor prendario autorizado a
la venta extrajudicial de la cosa pignorada), y en las hipótesis de apariencia jurídica (de un representante o de un propietario aparentes).
En vista de lo anterior, el concepto de "parte" en un contrato no
86
RAMÓN SÁNCHEZ MEDAL
se identifica con el concepto de persona, sino que coincide con el concepto de centro de intereses en el propio contrato (Trabucchi).
A menos que se esté en presencia de un contrato sobre el patrimonio ajeno
~n que, por excepción, dicho contrato produce sus efectos directam~nte,
f~vorables o adversos, en su aspecto activo y pasivo, sobre el patrimo-
mo de una persona que no emitió directamente el consentimiento en
el respectivo acuerdo de voluntades, la regla general es que el contrato sólo
apror,echa o perjudica directamente a las que fueron "partes" a la vez en sentido formal y en sentido material en ese contrato. En consonancia con este
principio general, todos los terceros extraños al contrato no se benefician ni se perjudican directamente, pues ni les obliga ni les otorga derechos ese contrato, de acuerdo con el aforismo "res inter alios acta, aliis
neque prodesse, neque nocere jJOtest".
Para precisar el alcance de la relatividad de los contratos "obligatorios", esto es, los que sólo generan obligaciones por oposición ~ los
contratos "traslativos" o con eficacia real, que crean o transmiten derechos reales, es menester tomar en consideración que entre las partes y
los terceros hay estas tres categorías de personas intermedias:
1) Los causahabientes a título universal, que son aquellos que suceden
a_ una persona en todo_ o en una parte alícuota de su patrimonio, considerado como una umdad de derecho y compuesto de todos los derechos y obligaciones que no están estrictamente ligados a dicha persona.
Tienen este carácter de causahabientes a título universal, por ejemplo,
los he_redero~ en una sucesión, la sociedad incorporante con respecto a
la souedad mcorporada en la fiJ.,sión de sociedades, y la sociedad escindente con respecto a las sociedades escindidas en la escisión de sociedades, y cuyos causahabientes se consideran como si fueran las mismas
partes, como si formaran una unidad con ella, salvo las relaciones derivadas d_e. los contr~tos "intuitu personae", como el mandato, la prestación
de serviciOs profesiOnales, el comoclato, etc.
2) Los causahabientes a título particular, que son aquellos que adquieren ele una persona un determinado bien en concreto o un derecho
real sobre el mismo. A estos causahabientes no debe afectar directamente el contrato celebrado por su causante, con la única excepción en
el caso ele la enajenación ele la cosa arrendada (2409).
3) /"os acreedores quirografarios que son aquellos que sólo tienen un
crédito sin ninguna garantía real en contra de otra persona. Estos
acreedores, a pesar del Art. 2964 del Código civil, no deben asimilarse
al causahabiente a título universal ni pueden considerarse como parte,
p_ues aun_ la. acción oblícua (Art. 29, Cócl. Proc. Civ. y Art. 2641 Cocl.
uv.) se ~¡eruta no como propia por los acreedores, sino como subrogatarios ele su deudor.
En suma, los derechos y las obligaciones dimanados ele un contrato solo aprovechan o perjudican directamente a las partes, hayan ac-
DE LC
tuado éstas por sí o por
causahabientes ele ellas a tíl
clican directamente ni a ](
mismas partes, ni tampoco
A manera de excepcior
ele la producción ele efecto!
independientemente de los
sobre el patrimonio ajeno, '
a) La posible creación
que ocurre en la estipulaci<
señalamiento ele destinatari(
(2656-III), en la renta vital
en el caso ele los derechos
rio en el contrato de obra
mo supuesto, se trata p
subrogatoria u oblícua (Art.
b) La aparente imposici'
cero, siendo de mencionars~
ro, que puede ocurrir cm
causa eficiente a realizar el
fiador que se obliga a paga
cipal no cumple el hecho a
el tercero no está obligado
según acontece en la llam
2"), en la que se paga una
e) El contrato por persc
tucl del cual una de las p<
pués a la persona que
derechos y las obligaciones
desaparecer totalmente al e
ciones jurídicas "ex tune", d(
el contrato, y no "ex nunc",
cer el nombre del tercero
designado "arnicus electus".'
mandato otorgado antes de
en éste y se reservó hacer 1
ra como un contrato con su
Aunque nuestro Código
cie ele contrato, como lo I
1405) y el de Portugal (452
paro ele la libertad contrae
países (Luis Diez Picazo en
tina), ya que sólo para el
Proc. Civ.) está prohibida e1
DE
MEDAL
, sino que coincide con el cono contrato (Trabucchi).
contrato sobre el pa!Tirnonio ajeno
roduce sus efectos directamente,
ivo y pasivo, sobre el patrimoctamente el consentimiento en
egla general es que el contrato sólo
fueron ''partes" a la vez en sentitratu. En consonancia con este
raños al contrato no se benefini les obliga ni les otorga deforismo "res inter alias acta, aliis
vi dad de los contratos "obligato!igaciones por oposición a los
, que crean o transmiten dereideración que entre las partes y
personas intermedias:
, que son aquellos que suceden
alícuota de su patrimonio, cony compuesto de todos los deremente ligados a dicha persona.
a título universal, por ejemplo,
ad incorporante con respecto a
sociedades, y la sociedad escinindidas en la escisión de sociedaran como si fueran las mismas
n ella, salvo las relaciones dericomo el mandato, la prestación
etc.
r, que son aquellos que adquieien en concreto o un derecho
ientes no debe afectar directasante, con la única excepción en
endada (2409).
on aquellos que sólo tienen un
contra de otra persona. Estos
ódigo civil, no deben asimilarse
ueden considerarse como parte,
'd. Proc. Civ. y Art. 2641 Cod.
acreedores, sino como subrogaaciones dimanados de un conectamente a las partes, hayan ac-
LOS
CONTRATOS
CIVILES
87
tuado és_tas por sí o por medio de representante suficiente, y a los
c~usaha~Ientes de ella~ a título universal, pero no aprovechan ni peijudi~an directame~te m a los causahabientes a título particular de las
mismas partes, m tampoco a los acreedores quirografarios de ellas.
A manera de excepciones al principio general de la relatividad o
la pr~ducción de efectos directos del contrato solo entre las partes,
Independientemente de los casos antes mencionados de los contratos
sobre el patrin_wnio ajen_~, cabe citar las tres situaciones siguientes:
a) La posible creacwn contractual de derechos a favor de tercero,
qu_: ocu:re en la estipulación en favor de tercero (1869 y 18 71 ), en el
senalamiento de destinatario o beneficiario en el contrato de transporte
(2656-III), en la renta vitalicia constituida a favor de tercero (2777), y
e~ el caso de los derechos de proveedores y trabajadores del empresano en el contrato de obra a precio alzado (2641 ), si bien en este último supu~sto, se trata propiamente del ejerciciO de una acción
subrogatona u oblícua (Art. 29 del Cód. Proc. Civiles).
b) . La aparente i~posición contractual de obligaciones a carKo de tercero, siendo de menciOnarse al respecto la promesa de hecho de tercero, que I_Juede ocur~ir cuando el tercero ya está obligado por otra
causa efiCiente a realizar el hecho de que se trata, como en el caso del
fi_ador que se obliga a pagar una cantidad de dinero si el deudor prinCipal no cumple el hecho a que ya está obligado (2800), o bien cuando
el t~rcero no está obligado todavía a realizar el hecho de que se trata,
s~,gun acontece en la llamada p~omesa de "port-fort" (1841, párrafo
2 ), en la que se paga una pena si el tercero no acepta obligarse.
e) El contrato por persona a nombrar, ''pro arnico eligendo" , por virtud del cual una de las partes se reserva expresamente designar después a la persona que adquirirá retroactiva e íntegramente los
derechos y las obligaciones derivadas de dicho contrato, haciendo así
desaparecer totalmente al estipulante, para quedar establecidas las relaciones jurídicas "ex tune", desde entonces, es decir, desde que se celebró
el contrato, y no "ex nunc", desde ahora o fecha en que se dio a conocer el nombre del tercero, solamente entre el promitente y el tercero
designado "arnicus electus". Esta figura jurídica tiene como soporte un
mandato otorgado antes del referido contrato a la parte que intervino
en éste y se reservó hacer la designación posterior, o bien se estructura como un contrato con sujeto alternativo (Messineo).
. Aunque nuestro Código civil no contempla expresamente esta espeCie de contrato, como lo reglamentan al detalle el de Italia (140 1 a
1405) y el de Portugal (452 a 456), debe reconocerse su validez al amparo de la libertad contractual ( 1858), como se ha sostenido en otros
~aíses (Luis Di~z Picazo en España y Federico D. Quinteros en Argentina), ya que solo para el caso de remate judicial (Art. 576 del Cód.
Proc. Civ.) está prohibida en México.
?e
88
RAMÓN SÁNCHEZ MEDAL
35. LA OPONIBIUDAD DEL CONTRATO. Es importante distinguir entre efectos directos y efectos reflejos (Trabucchi) del contrato. Los primeros son aquellos a los que ya se hizo referencia al hablar de la
relatividad del contrato, en tanto que los segundos son los que derivan,
sobre todo, de los contratos con efoctos reales (los terceros tienen que
respetar las transmisiones o constituciones de derechos reales derivados
de los contratos) y aún también las relaciones o situaciones jurídicas
creadas por el contrato en el caso excepcional de ciertos contratos obligatorios, como por ejemplo, en un suministro con pacto de exclusiva, así
como en el arrendamiento (2409).
A estos efectos reflejos corresponde la oponibilidad a los terceros de
los efectos del contrato (Mazeaud y Marty). Estos efectos reflejos del contrato u oponibilidad a los terceros del mismo contrato se advierten, sobre
todo, en los casos de enajenación o constitución de los mismos derechos reales por virtud de diversos contratos en favor de distintas personas no cotitulares, para cuya situación se han establecido una variedad
de normas:
1) Para que un contrato constitutivo o traslativo de derechos reales
sobre inmuebles pueda oponerse o peijudicar a los terceros, es menester su inscripción en el Registro Público de la Propiedad (3007 y
3042), si bien dichos terceros podrán aprovecharse de aquel contrato
aunque no se haya inscrito (30 11 ).
2) Si un mismo inmueble fue enajenado por la misma persona a
diversas personas, pero no en copropiedad, prevalece la enajenación
que primero se haya inscrito en el Registro Público de la Propiedad, y
si no se hizo tal inscripción de ninguna de ellas, prevalece la primera
en fecha, y de no ser posible determinar la prioridad de ésta, prevalece
la enajenación en favor del adquirente que se encuentre en posesión
del inmueble (2264 a 2266, 3015 y 3042).
3) Si un mismo bien mueble fue enajenado por la misma persona
a diversas personas, pero no en copropiedad, prevalece la enajenación
primera en fecha, y de no ser posible determinar esta prioridad, prevalece la enajenación hecha al que se halle en posesión de la cosa (2264
y 2265).
4) Si un mismo crédito fue cedido por el mismo cedente a favor de
varios cesionarios, pero no en cotitularidad, prevalece la cesión que
primero se haya notificado al deudor (2039 y 2036).
5) Finalmente y aunque no se trate de derechos reales, si la misma
cosa ha sido dada en arrendamiento separadamente a dos o más personas y por el mismo tiempo, prevalece el arrendamiento primero en fecha y de no ser posible determinar esa prioridad, tiene preferencia el
arrendamiento del arrendatario que esté en posesión de la cosa arren-
DE LC
dada (2446), y cuando se t
en el Registro Público de
inscrito (3007 y 2446) y s
presentó primero para su i
Se presenta aquí un fe1
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dictada en un juicio produ
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cipio de "res inter alias jud
(Sem. Jud. de la Fed. 7a. é
Inmobiliaria Homero, S. A.
Juzgada en Materia Civil,
1959, págs. 286 a 297). A
que el dueño de un inmt
comprador en un cierto pr
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en caso de acreditar que
para la compra de ese inm
dueño del inmueble y el iJ
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dueño en cuestión el otorg;
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juzgada dictada en el prim
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DE
LOS
CONTRATOS
CIVILES
89
MEDAL
. Es importante distinguir enucchi) del contrato. Los primezo referencia al hablar de la
segundos son los que derivan,
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039 y 2036).
de derechos reales, si la misma
aradamente a dos o más perso1 arrendamiento primero en feprioridad, tiene preferencia el
é en posesión de la cosa arren-
dada (2446), y cuando se trata de arrendamientos que deben inscribirse
en el Registro Público de la Propiedad (3042-111) sólo tiene valor el
inscrito (3007 y 2446) y si todos se inscribieron, prevalece el que se
presentó primero para su inscripción al Registro (30 15 ).
Se presenta aquí un fenómeno semejante a lo que ha dado en llamarse "los efectos reflejos de la cosa juzgada", que hace que la sentencia
dictada en un juicio produzca efectos reflejos o indirectos con respecto
a personas que no fueron partes en ese juicio, derogándose así el principio de "res inter alias judicata, aliis neque prodesse, neque nocere potest" .
(Sem. Jud. de la Fed. 7a. época, 4a. parte, vals. 163-168, A D. 991/82,
Inmobiliaria Homero, S. A; y José Alfonso Abitia Arzapalo. De la Cosa
Juzgada en Materia Civil, Cárdenas Editor y Distribuidor, México,
1959, págs. 286 a 297). Así ocurrió, por ejemplo, en un juicio en el
que el dueño de un inmueble convino en vender a un determinado
comprador en un cierto precio ese inmueble, pero antes de formalizar
el contrato de compraventa notificó al inquilino de ese inmueble que,
en caso de acreditar que tuviera por ley un derecho de preferencia
para la compra de ese inmueble en el mismo precio··propalado entre el
dueño del inmueble y el interesado comprador, hiciera valer ese derecho de preferencia. Acto continuo, el inquilino demandó en juicio al
dueño en cuestión el otorgamiento del contrato de compraventa al mismo precio antes indicado, pero a pesar de que no acreditó en el juicio
los requisitos para tener el derecho legal de preferencia, el juez del conocimiento dictó sentencia firme en la que se condenó al dueño del inmueble al otorgamiento de la escritura de compraventa en favor del
inquilino. Posteriormente, el tercero interesado en comprar demandó
en juicio al dueño del inmueble para que le otorgara la escritura de
compraventa en el mencionado precio, aduciendo que el inquilino de
referencia no cumplía los requisitos legales para tener el derecho de
preferencia, probando al efecto la falta de esos requisitos. Ni en aquél
primer juicio fue llamado el tercero interesado comprador, ni en el segundo juicio fue llamado el inquilino, por lo que la cosa juzgada en
aquel primer juicio no podía perjudicar directamente al tercero interesado en comprar, ni en este segundo juicio la sentencia o cosa juzgada
podía afectar directamente al inquilino. No obstante, pues, que no hubo identidad de personas en aquel primer juicio y en este segundo, la
sentencia dictada en el segundo juicio fue en el sentido de que la cosa
juzgada dictada en el primer juicio debía tener un efecto reflejo e indirecto en perjuicio del tercero interesado en comprar, y debido a ello
era improcedente la acción intentada por éste en el segundo juicio.
U na situación muy similar se plantea en el caso de que el dueño
de un inmueble hubiera celebrado en una fecha determinada un contra-
90
RAMÓN SÁNCHEZ MEDAL
to de arrendamiento con un primer inquilino respecto de un inmueble,
y que a pesar de ello celebrara con posterioridad un nuevo contrato de
arrendamiento con otro segundo inquilino respecto del mismo inmueble y lo pusiera en posesión del inmueble. En este caso podría el primer inquilino, alegando que por ser anterior en fecha debía prevalecer
el primer contrato de arrendamiento sobre el segundo de acuerdo al
art. 2446 del Código civil, obtener que el segundo inquilino, a pesar de
no haber sido parte en el primer contrato de arrendamiento, quedara
afectado en forma indirecta y refleja por los efectos del contrato celebrado entre el propietario y el primer inquilino.
Sin embargo, es de hacer notar que pueden impedirse la producción de estos efectos reflejos e indirectos de una sentencia con categoría de una cosa juzgada, y los efectos reflejos e indirectos de un contrato,
cuando ha existido fraude de por medio cometido en perjuicio de tercero por las partes en el juicio o por las partes en el contrato. Así ocurre en el caso de juicio por aplicación del art. 93 del Código de
Procedimientos civiles que establece que "el tercero puede excepcionarse contra la sentencia firme, pero no contra la que recayó en juicio de
estado civil, a menos que alegue colusión de los litigantes para perjudicarlo" (Alberto Vázquez del Mercado, la Cosa Juzgada y la Defensa de
los Acreedores Quirografarios, en Anales de jurisprudencia, Tomo
XXXIII, Núm. 2, 30 de abril de 1941, y Manuel Romero Sánchez, La
Revocación de los Actos Realizados en Fraude de Acreedores, Porrúa,
México, 1941, págs. 152 a 163).
Asimismo, en el caso de contratos celebrados por un deudor en
fraude de sus acreedores, puede un tercero, a través del ejercicio de la
acción pauliana regulada en los arts. 2163 a 2179 del Código civil, impedir que se produzcan en contra de él los efectos reflejos o indirectos
de un contrato realizado por su deudor cuando por virtud de ese contrato ha enajenado éste un bien y ha provocado o aumentado su insolvencia el mismo deudor.
EL DESEQUl
POR LA 11'
36.
EL DINERO Y LAS
1
sentido común que los cont
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cuando se cumplen, se solv
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que debe estudiarse no sol
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Son obligaciones pecuni
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MEDAL
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e pueden impedirse la producs de una sentencia con categoejos e indirectos de un contrato,
·o cometido en perjuicio de terpartes en el contrato. Así ocuón del art. 93 del Código de
"el tercero puede excepcionar:ontra la que recayó en juicio de
5n de los litigantes para perjudi~ Cosa Juzgada y la Defensa de
nales de jurisprudencia, Tomo
, y Manuel Romero Sánchez, La
l Fraude de Acreedores, Porrúa,
s celebrados por un deudor en
rcero, a través del ejercicio de la
163 a 2179 del Código civil, im~1 los efectos reflejos o indirectos
,r cuando por virtud de ese conprovocado o aumentado su insol-
CAPÍTULO VI
EL DESEQUILIBRIO DEL CONTRATO
POR LA INFLACIÓN MONETARIA
36. EL DINERO Y LAS OBLIGACIONES PECUNIARIAS. Es una regla de
sentido común que los contratos se celebran para cumplirse, y a su vez
es una regla de derecho que las obligaciones jurídicas que nacen de los
contratos tienen en su proceso de cumplimiento una relación necesaria
o posible por lo menos con el dinero, porque unas de esas obligaciones,
cuando se cumplen, se solventan con dinero; y las demás de esas obligaciones, cuando se incumplen, se indemnizan también por medio del
dinero, inclusive para la reparación del daño moral, a través de la "satisfacción por equivalente". En uno y otro caso, aunque sea con papeles
diferentes, interviene el dinero. Una obligación de origen contractual
no susceptible de apreciarse en dinero o de valuación pecuniaria, no es
una obligación jurídica, sino de otro orden (Cunha Gon~alves).
Esta primera observación hace que el dinero sea un tema común
que debe estudiarse no solo en economía, sino igualmente en la ciencia del derecho.
A este respecto hay que distinguir dentro de las obligaciones jurídicas
de origen contractual dos grandes grupos: las obligaciones pecuniarias y
las obligaciones no pecuniarias, u obligaciones en naturaleza.
Son obligaciones pecuniarias aquellas que se cumplen mediante la
entrega de dinero y que pueden subdividirse en dos clases.
Primeramente, las obligaciones de suma, como la obligación del
deudor en un préstamo monetario, en las que el dinero es además el
objeto directo de la obligación En el dinero hay dos elementos, a saber:
un elemento abstracto o intelectual, que es un poder de cambio indiferenciado, es decir, el poder patrimonial o económico de servir corno unidad de cambio y que proporciona al tenedor la posibilidad de disponer
del valor expresado en el valor nominal; y otro elemento material constituido por la pieza metálica o el billete de banco o papel moneda al
que se incorpora aquél primer elemento. En las obligaciones de suma
91
92
RAMÓN SÁNCHEZ MEDAL
se atiende exclusivamente al mencionado elemento intelectual o abstracto, independientemente de los signos, piezas o medios solutorios a
los que está incorporado dicho elemento intelectual o abstacto; en tanto que en las llamadas "deudas de rrwneda individual" o "deudas de especie
rrwnetaria" se atiende no solamente a la suma señalada, sino a las específicas y concretas piezas monetarias en que debe ser cumplida la obligación.
Las otras obligaciones pecuniarias son las obligaciones de valor que,
aunque no tienen por objeto directo el dinero, sin embargo es el dinero el medio de solventarlas, como acontece por ejemplo con la obligación del inquilino de indemnizar al arrendador por haberse incendiado
por culpa de aquél la cosa arrendada. En la deuda de valor se lleva a
cabo "la traducción en dinero de aquello que se debe". Mientras que
las deudas de suma quedarán inmutablemente fijas en su valor nominal;
las deudas de valor, por el contrario, escaparán a la depreciación monetaria, porque el valor incluído en la deuda no será convertido a dinero
sino hasta el día en que se haga efectivo el pago de ellas.
Las demás obligaciones jurídicas no tienen al dinero ni como objeto directo de ellas, ni tampoco es el dinero el medio de cumplirlas, pero al sobrevenir el incumplimiento hacen posible su evaluación en
dinero para dar al acreedor la mencionada "satisfacción por equivalente"
mediante la respectiva indemnización en dinero.
Interesa, por tanto, fundamentalmente a propósito de las obliga
ciones pecuniarias y en especial de las obligaciones de suma, el estudio
de la moneda o del dinero.
37. FUNCIONES Y ENVILECIMIENTO DE LA MONEDA. Tres aspectos diferentes hay que considerar en la moneda, los cuales definen a la vez
los distintos valores que ella puede representar y la variedad de funciones que pueden asignársele.
Ante todo, corresponde a la esencia misma de la moneda ser un
valor de cambio, es decir, que la moneda sirve como una medida común
de todos los demás valores, puesto que es esa precisamente su principal
razón de ser y que explica su origen histórico cuando apareció para
hacer posible la sustitución o desaparición del trueque. En este sentido
la moneda es un instrumento análogo a otras pesas y medidas, como el
metro, el kilo, el litro. Este primer aspecto, valor y función de la
moneda, hace que el volumen de ésta tenga que guardar una correspondencia o proporción adecuada con la cantidad de bienes y de servicios que por su mediación van a intercambiarse en una determinada
sociedad, al grado de que si se altera esa proporción o correspondencia
pierde entonces su carácter esencial, su principal razón de ser y se con-
DE L<
vierte en una cosa diferente
lo mismo que ocurre cuand
establece la equivalencia en
del otro platillo, porque en
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engaño.
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nuestro país, a pesar de qt
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MEOAL
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En la deuda de valor se lleva a
llo que se debe". Mientras que
ente fijas en su valor nominal;
aparán a la depreciación moneda no será convertido a dinero
el pago de ellas.
tienen al dinero ni como objeero el medio de cumplirlas, peacen posible su evaluación en
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dinero.
nte a propósito de las obliga
obligaciones de suma, el estudio
Tres aspectos dida, los cuales definen a la vez
esentar y la variedad de funcioE LA MONEDA.
a misma de la moneda ser un
a sirve como una medida común
esa precisamente su principal
histórico cuando apareció para
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otras pesas y medidas, como el
pecto, valor y función de la
tenga que guardar una correscantidad de bienes y de servícambiarse en una determinada
a proporción o correspondencia
principal razón de ser y se con-
DE LOS CONTRATOS CIVILES
93
vierte en una cosa diferente y causante de engaño o de confusiones. Es
lo mismo que ocurre cuando la balanza que emplea un comerciante no
establece la equivalencia entre las pesas de un platillo y las mercancías
del otro platillo, porque en ese caso dicha balanza ya no es tal, ha perdido su función esencial, y es solo un instrumento de confusión o de
engaño.
Infortunadamente, esta necesaria coordinación o armonía entre el
monto del circulante monetario y el volumen de bienes y servicios que
mediante él van a intercambiarse,¡ no se ha mantenido siempre en
nuestro país, a pesar de que se ha pretendido implantar en la legislación el indispensable control a través del Banco de México, encomendándole las decisiones relativas a las cantidades de billetes o de
monedas fraccionarias que se hace necesario emitir. Con este propósito
específico fue reformado prontamente (D.O. 1 O marzo 1932) el art. 13
de la entonces reciente Ley Monetaria de 25 de julio de 1931, aduciéndose al efecto en la exposición de motivos que en lo sucesivo sería el
Banco de México quien tendría a su cargo "restablecer el equilibrio,
ahora roto, entre el total de signos de cambio y la producción consumible." Sin embargo, la realidad de las cosas ha sido otra, porque tan
importante función reguladora no ha sido ejercitada por un organismo
técnico y autónorrw como en este renglón debiera hacerlo el Banco de
México, sino por las decisiones unipersonales de carácter político emanadas del Presidente de la República, e impuestas a dicho Banco.
Al margen de ese indispensable valor de cambio y de esa función
esencial de la moneda, puede ésta tener accidentalmente un valor intrínseco considerada en sí misma, sin hacer relación a otros valores, o
sea sin tomarla como una medida común de otros valores. Este segundo valor intrínseco es el valor que pueda tener el metal fino de que esté
hecha y que hace que pueda por ello servir de instrumento de atesoramiento. Hoy en día este valor intrínseco de la moneda ha casi desaparecido por completo, porque la moneda metálica ha sido sustituida en su
mayor parte por moneda fiduciaria o el llamado papel-moneda.
Esta pérdida del valor intrínseco de nuestra moneda ocurrió a partir
del año 1935, cuando el Presidente Lázaro Cárdenas sustituyó la tradicional moneda de plata, para cambiarla por la rrwneda de papel (bilimbiques). Al efecto, el inciso b) del art. 2° de la Ley Monetaria establecía
originalmente como monedas circulantes "las monedas de plata de un
peso del cuño creado por la Ley de 27 de octubre de 1919", y a su vez
el art. 4° disponía que "las monedas de plata de un peso, del cuño
creado por la Ley de 27 de Octubre de 1919, tendrán poder liberatorio ilimitado". Ahora bien, las reformas de 1935 suprimieron del artículo 2° las monedas de plata y establecieron en su lugar, en un nuevo
94
RAMÓN SÁNCHEZ MEDAL
art. 3°, que "los billetes del Banco de México tendrán poder liberato
rio ilimitado", y en el art. 7°, que "la obligación de pagar cualquier suma en moneda mexicana, se solventará entregando por su valor nominal y hasta el límite de su respectivo poder liberatorio, billetes del
Banco de México o monedas fraccionarias del curso legal". Para introducir esta trascendental reforma se adujo en la exposición de motivos
por el Presidente Cárdenas (D. O. 27 abril 1935) que "es indispensable
aprovechar la coyuntura que ofrece el alza de la plata, para cambiar
nuestro sistema monetario tradicional, basado en la circulación de piezas metálicas, por otro mucho más racional, más eficaz económicamente y más barato, al mismo tiempo dotado de mayor flexibilidad ante
contingencias y necesidades en el futuro. Este sistema no puede ser
más que el de moneda de papel, apoyada en una fuerte reserva metálica", y
agregando, además que las mencionadas circunstancias "decidieron al
Poder Ejecutivo a adoptar, sin vacilaciones, la solución consistente en
sustituir las monedas metálicas de plata por billetes y por nueva moneda fraccionaria". Este sustancial cambio de nuestro sistema monetario
tuvo su complemento al año siguiente, cuando el mismo Presidente
Cárdenas reformó (D. O. 31 agosto 1936) el artículo 1o de la Ley Monetaria para establecer que "la unidad del sistema monetario de los Estados Unidos Mexicanos es el 'peso', con la equivalencia que por ley se
señalará posteriormente", aludiendo así a la antes prometida e ilusoria
"fuerte reserva metálica" de la reforma de 1935, pero es el caso que hasta ahora no se ha dotado de ninguna reserva metálica a la desmedida
cantidad de billetes que se emiten sin control técnico, sino solo por razones políticas en la República Mexicana, haciendo que la moneda no
tenga hoy día absolutamente ningún valor intrínseco en nuestro país.
Finalmente, en el Estado moderno se ha reconocido como un atributo de su soberanía reservar al Estado en exclusiva no solo la emisión
de la moneda (art. 28 constitucional), sino principalmente conceder a
ésta una función liberatoria como instrumento de pago para que dicha
moneda sea la única que tenga curso legal, y para estos efectos se adjudica por el Estado a la moneda lo que se llama su valor nominal, valor
que el Estado debe cuidar sea una consecuencia del mencionado valor
de cambio, a fin de que el volumen de moneda emitida por el Estado
corresponda adecuadamente a la cantidad de bienes y servicios que han
de intercambiarse por medio de ella, de tal suerte que el Estado tiene
el deber de procurar que el mencionado valor de cambio de la moneda
o el poder adquisitivo de ella se acerque lo más posible al valor nominal
que le asigne, ya que cuando no lo hace así el Estado provoca él mismo y nadie más que él, el llamado fenómeno de la "inflación monetaria", comparable a una "erosión monetaria" que evoca la degradación
DE U
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ce así el Estado provoca él misnómeno de la "inflación monetazna" que evoca la degradación
DE LOS CONTRATOS CIVILES
95
irreparable e irreversible de las tierras, fenómeno en el que los signos
monetarios emitidos por el Estado de manera irrestricta exceden o desbordan con exageración creciente los bienes y los servicios que tendrán
que intercambiarse por medio de la moneda. Por esta razón se ha hecho notar acertadamente que "siendo la inflación la consecuencia más
frecuente de los gastos excesivos del Estado, éste es el más grande deudor y, por tanto, el principal beneficiario del mantenimiento del nominalismo durante la depreciación monetaria" (Noirel).
38. lA INDEXACIÓN EN lAS LEYES. Hoy por hoy, la Ley Monetaria
ha sido convertida en una especie de entelequia, no solo porque el original texto de ella compuesto de 17 artículos principales y 15 transitorios, ha sufrido nada menos que 39 reformas, sino porque la
legislación proliferante en el país ha ido haciendo a un lado el valor
nominal de nuestra moneda, sustituyéndola recientemente por otra clase de valores para la cuantificación en el monto de las obligaciones o
en el valor de los bienes.
Así podemos observar desde luego que han sido reformados varios
artículos del Código civil. El antiguo art. 730 que establecía el valor
máximo de los bienes afectos al patrimonio de familia, asignándole varios miles de pesos, fue cambiado por el actual art. 730 en el sentido
de que "el valor máximo de los bienes afectados al patrimonio de familia ... será la cantidad que resulte de multiplicar por 3,650 el importe
del salario mínimo general diario vigente en el Distrito Federal en la
época en que se constituya el patrimonio"; por su parte el art. 730 del
Código civil para el D. F., de mayo de 2000 establece que "el valor
máximo de los bienes afectados al patrimonio familiar... será por la
cantidad resultante de multiplicar el factor 1O, 950 por el importe de
tres salarios mínimos generales diarios... autorizando como incremento
anual, el porcentaje de inflación que en forma oficial, determine el Banco
de México ... ". El art. 1915 que fijaba las normas para la reparación del
daño, procurando el restablecimiento de la situación anterior a él, y
cuando ello era imposible, imponiendo el pago de los daüos y perjuicios", fue adicionado a efecto de que cuando el daüo se cause a las
personas, "para calcular la indemnización que corresponda se tomará
como base el cuádruplo del salario mínimo diario más alto que esté en
vigor en la región". El reformado art. 311 ha establecido para las deudas alimenticias que "los alimentos tendrán un incremento automático
mínimo equivalente al aumento porcentual del salario mínimo vigente
en el Distrito Federal, salvo que el deudor alimentario demuestre que
sus ingresos no aumentaron en igual proporción". La necesidad de la
escritura pública para las ventas, las donaciones y las hipotecas de inmuebles cuando el valor de éstos excede de 365 veces el monto del sa-
96
RAMÓN SÁNCHEZ MEDAL
lario mm1mo general en el D. F. en el momento de la operanon (arts.
2317, 2320, 2345 y 2917). Para distribuir las competencias de los diversos tribunales también se ha recurrido al monto del salario m1mmo,
como aparece en el Código de Procedimientos Civiles del D. F. en lo
tocante a los jueces de paz.
El importe de las multas se ajusta progresivamente al valor de un
determinado número de veces el salario mínimo, cual ocurre en varios
artículos de la Ley de Amparo, de la Ley General de Salud, de la Ley
Federal de Protección al Consumidor, etc.
Idéntica tendencia se advierte también en la incontenible legislación
fiscal. En la Ley del Impuesto sobre Adquisición de Inmuebles se establece una deducción para el cálculo de la base gravable a razón de
diez veces "el salario mínimo general elevado al año" (art. 1°); en la
Ley del Impuesto sobre la Renta se concede una exención en las compensaciones por separación del trabajador a razón de "noventa veces el
salario mínimo general de la zona económica del contribuyente por cada año de servicio" (art. 77-X) y una deducción del "salario mínimo
general de la zona económica del contribuyente elevado al año" (art.
140-I), para el pago del impuesto a cargo de las personas físicas; en el
Código Fiscal de la Federación (art. 82, in fine) se fija un tope máximo
para ciertas multas a efecto de que no puedan exceder del equivalente
"al salario mínimo general de la zona correspondiente al Distrito Federal elevado al año" (art. 82, in fine).
Esta progresiva y reciente indexación legislativa para la valorización
de los bienes, para la cuantificación de las obligaciones, para la fijación
de las competencias y para la imposición de sanciones, constituye la
evidencia de que nuestras propias leyes han prescindido o hecho a un
lado el valor nominal que asigna a la moneda nacional la Ley Monetaria y que el nominalismo monetario se ha ido transformando en nuestro
país en un opuesto valorismo monetario.
39. EL NOMINALISMO MONETARIO Y LA INFLACIÓN El nominalismo
monetario ha sido adoptado en las legislaciones modernas de los Estados y tiene para México su antecedente en Francia, donde el célebre
Pothier preconizaba que "en el dinero no se considera el cuerpo, ni las
piezas de moneda, sino exclusivamente el valor que el príncipe le asigna". Esta declaración fue recogida más tarde en el artículo 1895 del
Código civil de Napoleón: "La obligación que nace de un préstamo de
dinero no es sino la suma numérica enunciada en el contrato", precepto éste que a su vez también sirvió en el pasado de uniforme inspiración a nuestras leyes.
Según el nominalismo monetario, para efectos jurídicos el único va-
DE LC
lor del dinero es solo el va1
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LA INFLACIÓN El nominalismo
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unciada en el contrato", precepel pasado de uniforme inspira-
ra efectos jurídicos el único va-
DE
LOS CONTRATOS CIVILES
97
lor del dinero es solo el valor nominal o numérico que le asigna autoritariamente el Estado que lo emite. Un peso es igual a un peso y vale
siempre igual de un día a otro día, por muchos años que sea la distancia entre uno y otro día. El nominalismo monetario significa que lo
que define a la moneda es el nombre que le otorga el Estado y no su
poder de compra real; que supone también la invariabilidad del signo
monetario, y que hace que la moneda tenga una permanencia jurídica
en el tiempo a pesar de la inestabilUúul de su valor real, y no obstante
que al producirse el mencionado fenómeno de la inflación, pierde la
moneda su función de medida común de todos los valores, ya que entonces esa función esencial desaparece cuando se trata de comparar los
valores de la moneda en dos tiempos diferentes.
En épocas de estabilidad económica no causa el nominalismo monetario los problemas que ocasiona en tiempos de crisis económicas, en
las que el deterioro progresivo del valor de cambio o poder adquisitivo de
la moneda produce graves desequilibrios en las prestaciones de obligaciones de ejecución diferida y en los contratos que ameritan otorgamiento de créditos a plazo, como ocurre en los casos de promesas de
venta, de mutuos, de arrendamientos, de ventas a crédito, de suministros, de rentas vitalicias, etc., ya que en todos estos contratos se rompe
el equilibrio económico del contrato, al extremo de que en los contratos bilaterales en sentido estricto la necesaria interdependencia de las
obligaciones recíprocas desaparece para convertirse en una fórmula vacía o en una verdadera ficción, porque, como se ha hecho notar, "la
historia demuestra que el nominalismo monetario es una ficción cómoda y útil cuando la moneda tiene una estabilidad suficiente, pero que
se convierte en un engaño cuando dicha estabilidad está gravemente
comprometida" (Noirel).
Estos efectos perjudiciales del nominalismo monetario no afectan de
manera directa o inmediata a toda clase de obligaciones, sino solo a las
mencionadas obligaciones de suma en las que el dinero es el objeto directo de la deuda y no simplemente un medio para solventarla.
Cuando dichas obligaciones de suma están sujetas a un plazo del
que depende su exigibilidad, el acreedor puede verse expuesto a sufrir
en el ínterin una pérdida o detrimento por efecto de la depreciación
de la moneda nacional, siendo de advertir que tal pérdida por cualquier causa de este fenómeno monetario que afecta al acreedor de una
obligación de suma, es una pérdida superveniente o posterior a la celebración del contrato, en lo cual se diferencia de la lesión que es un detrimento contemporáneo a la celebración del contrato.
98
RAMÓN SÁNCHEZ MEDAL
La merma o deterioro en su valor de la moneda nacional obedece
a dos causas, a saber, al nominalismo monetario, por virtud del cual el Estado en ejercicio de su soberanía emite y fija a su moneda un valor
numérico, sin tomar en cuenta el valor de cambio de esa moneda, y
en segundo lugar, a una separación cada vez mayor entre el valor de
cambio de la moneda o su poder adquisitivo en el mercado, y el mencionado valor nominal, ya que en realidad solo estos dos valores son los
únicos que hoy en día tiene la moneda nacional por haber desaparecido en la práctica la moneda metálica y con ella el valor intrínseco de
la moneda, del cual carece actualmente porque la moneda es ahora solo moneda fiduciana, dado que los billetes del Banco de México ya no
amparan una cantidad determinada de moneda metálica, o sea de monedas de plata o de oro que pudieran canjearse a cambio de ellos.
Esta separación que se origina en la multiplicación incesante de la
moneda por el Estado sin tomar en cuenta que la cantidad de ella debería ser exclusivamente la cantidad equivalente a los bienes y servicios
que pudieran obtenerse a cambio de la misma, produce la pérdida del
valor de cambio que afecta a la moneda emitida de manera exorbitante por el Estado, y hace que el acreedor en las obligaciones de suma a
plazo quede expuesto a sufrir un detrimento en su patrimonio y lo induzca a tratar de ponerse a cubierto de esta clase de riesgos.
Los efectos perjudiciales de la inflación monetaria son muy diversos, pero de entre ellos pueden destacarse el empobrecimiento de numerosos acreedores a plazo que les produce una pérdida progresiva de
una parte de sus medios de subsistencia al estar recibiendo una moneda cada día más envilecida; la reacción de defensa de esa misma clase
de acreedores a plazo que tratan de escapar de la ruina y de huir de
la moneda nacional como parámetro de cambio y a utilizarle solo como instrumento de . pago, recurriendo para ello a una variedad de remedios de los cuales se señalan algunos más adelante; y la desaparición
del crédito a plazo, ante la falta de una moneda estable que induce a
los particulares a abstenerse de otorgar o de tomar créditos a plazo y
en lugar de ello, compran valores reales que aceleran la circulación
monetaria y aumentan la inflación.
La falta de correspondencia en un país entre el volumen excesivo
de signos monetarios y la cuantía real de bienes y servicios que representa, produce a su vez la falta de correspondencia entre el valor nominal y el valor real de las prestaciones monetarias a plazo en los
contratos. Al desequilibrio por la inflación sucede así el desequilibrio
del contrato, razón por la cual ha dicho Trasbot: "bajo el punto de
DE LO
vista jurídico, la gran víctin
trato".
40. LA TEORÍA DE L\ !MI
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DE
LOS
CONTRATOS
CIVILES
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40. LA TEORÍA DE LA IMPREVISI(>N Y 1..\S CLÍ.LSl L\S IH: ESCAlA M0\"11.
Para proteger al acreedor a plazo de una suma de dinero contra los
efectos de la pérdida considerable e imprevisible del l'alor rfp unnhio o
poder adquisitiz'o de la moneda nacional a causa de la inflaci(m, pueden
reducirse los remedios jurídicos a dos grandes grupos, por cuanto que
solo pueden tener su origen en cualquiera de estos dos hechos: o en
una intervención directa del legislador para que se puedan revisar y
modificar o rescindir los contratos afectados gravemente por el desequilibrio posterior a su celebración y debido a la mencionada desvalorización monetaria, o bien en una cl{ll!sula o estipulación especial acordada
expresamente por las mismas partes en el texto del propio contrato
que haya previsto y regulado ele antemano la situación planteada; pero
nunca compete al juez hacerlo si no existe la autorización precisa en
la ley o sin haberlo previsto y bcultado las partes en el mismo contrato, ni a pretexto ele que al celebrarse éste no pudieron prever los
con tratan tes que sobrevendrían después cambios inesperados y ext raordinarios que aumentarían o menguarían de manera excesiva el valor
real de las obligaciones pecuniarias de uno de ellos.
La admisi(m de la revisión contractual -dice Beltr{m Hcredia- "es
misión del legislador, no del juez ni de la doctrina, por el peligro que
entraiia para el comercio jurídico v para la seguridad del tr;ífico. \fíentras tanto, no puede pasar de ser un deseo o ideal, sin trascendencia
positiva alguna".
Sobre la intervención del legislador, cabe decir que en nuestro C:údigo civil federal no hav ninguna clisposiciún especial que permita la
revisión del contrato p;u·a rescindido o para modificarlo por aplicación
ele lo fporía de la imprn 1i.1ión o ele la daúsula sobreentendida "relms sic
stantibus", y por esa razón la Suprema Corte ele .Justicia de la Naciún
así lo ha sustentado en dos ejecutorias (amparo 1H6~3/:JH, .José de la Luz
Valdés, Sem . .Jucl. de la Fed., 6" época, tomo XXIV, 4" parte, p<íg. b~.
y amparo 1947/HO, Hidmgenadora Nacional, S. :\., t·n el ,Inf(mne de
19HO de la 3" Sala de la Corte, p{tgs. ;) 1 y ;)~).
En esta última ejecutoria aprobada por unanimidad de cinco votos
se sostuvo que el art. 1796 del entonces Código civil del D.F., "siguiendo
el sistema rígido de los contratos, acorde con el principio relativo a los
efectos de la declaración de voluntad, dispone que aquellos obligan a las
partes al exacto cumplimiento de las prestaciones expresamente pacta-
100
RAMÓN SÁNCHEZ MEDAL
das, y además, a las consecuencias que de los mismos se deriven, según
su naturaleza, conforme a la buena fe, al uso o a la ley, precepto que
en esas condiciones, no deja lugar a su interpretación a fin de aplicar
la teoría de la imprevisión en razón de esa buena fe, que obviamente
constituye un principio general de derecho, pues precisamente, con base en ella, el obligado debe conducirse como persona consciente de su
responsabilidad en el cumplimiento cabal de sus obligaciones "cualquiera que resulte la magnitud de su contenido, aun cuando sobrevengan
acontecimientos que no se previeron o no pudieron preverse y que la
modifiquen", como lo estima don Trinidad García en su "Teoría de la
Imprevisión en los contratos bajo el régimen de derecho civil y del
"Comrnon Law".
A la vez también la más aceptada doctrina nacional (Borja Soria
no) ha rechazado con acierto la pretensión de que el art. 1796 del Código civil, que establece que los contratos desde que se perfeccionan
obligan no solo a lo expresamente pactado por las partes, sino también
a aquello que es conforme a la buena fe, pudiera servir de fundamento
a la mencionada teoría de la irnjJrevisión, a pesar de que en el Derecho
comparado y en la doctrina extranjera ha tenido fervientes partidarios,
pero que no son aprovechables para nuestro Derecho positivo al cual,
en cambio, es perfectamente aplicable la sabia observación de Ripert:
"dando al juez el poder de revisar el contrato conforme a la buena fe,
se despierta en los contratantes esta inmensa esperanza: no estar obligados, y esta buena fe del legislador engendra la mala fe del contratante".
A diferencia de nuestro Derecho positivo en general, con la salvedad
de los Códigos civiles de los Estados de Jalisco, Aguascalientes, Estado de
México y del Distrito Federal que se mencionan en el capítulo VIII
(núm. 50), existen Códigos civiles extranjeros que expresamente permiten que en determinados contratos sinalagmáticos se pueda obtener la
resolución por excesiva onerosidad sobreveniente, que equivale a la revisión del contrato por los tribunales y ya no solo por el legislador, cuando acontecimientos extraordinarios e imprevisibles llegaran a hacer
excesivamente onerosa la prestación de una de las partes. Así lo establece al respecto el Código civil italiano de 1942 en este precepto.
"Art. 1467. Contrato con prestaciones recíprocas. En los contratos de
ejecución diferida, si la prestación de una de las partes hubiere llegado
a ser excesivamente onerosa por acontecimientos extraordinarios e imprevisibles, la parte que deba tal prestación podrá demandar la resolución del contrato... La resolución no podrá ser demandada si la
onerosidad sobreveniente entrara en el área normal del contrato".
DE LO
"La parte contra quien
evitarlo ofreciendo modificar
A su vez, el moderno C
forma similar:
"Resolución o modificación
Art. 437. Condiciones de adm
partes fundaron la decisión
anormal, tiene la parte lesi01
a la modificación de él confo
de las obligaciones asumidas
de buena fe y no esté cubie
Demandada la resolución, la
clarando aceptar la modificae
anterior".
"Art. 438. Mora de la pa¡
derecho de resolución o moc
el momento en que la altera
Finalmente, el artículo 1
acoge el mismo criterio:
"Art. 1198. Los contratos
de buena fe y de acuerdo e
dieron o pudieron entender,
"En los contratos bilatera
sos y conmutativos de ejecuc
cargo de una de las partes ~
tecimientos extraordinarios (
demandar la resolución del
los contratos aleatorios cuan
causas extrañas al riesgo pro
"En los contratos de ej(
zará a los efectos ya cumplic
"No procederá la resolu
culpa o estuviese en mora".
"La otra parte podrá i
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No obstante que nuestro
presa de estos ordenamientc
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MEDA!
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ón de que el art. 1796 del Cútos desde que se perfeccionan
do por las partes, sino también
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a pesar de que en el Derecho
a tenido ftT\'ientes partidarios,
estro Derecho posi t i\'o al cual,
la sabia obser\'aci(m de Ripert:
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Jalisco, Aguascalientes, Estado de
mencionan en el capítulo \'III
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~na de las partes. Así lo estable~ 194~ en este precepto.
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na de las partes hubiere llegado
ecimientos extraordinarios e imtción podrá demandar la resolu) podr{t ser demandada SI la
área normal del contrato".
DE
LOS
CONTRATOS
Cl\'ILES
101
"La parte contra qUien se hubiere demandado la resolución podrá
evitarlo ofreciendo modificar equitativamente las condiciones del contrato."
A su vez, el moderno Código civil portugués de 196H dispone en
forma similar:
"Resolución o modificación del contrato por altemrión rLP las circunstancias.
Art. 43 7. Condiriones de admisibilidad. I. Si las circunstancias en que las
partes fimdaron la decisión de contratar hubieren suh·ido una alteración
anormal, tiene la parte lesionada derecho a la resolución del contrato o
a la modificación de él conforme a la equidad, desde que la reclamación
de las obligaciones asumidas por ella afecte gravemente a los principios
de buena fe y no esté cubierta por los riesgos propios del contrato. ~.
Demandada la resolución, la parte contraria puede oponerse a ella, declarando aceptar la modificación del contrato en los términos del inciso
anterior".
"Art. 43H. Mora de la jmrte lesionada. La parte lesionada no goza de
derecho de resolución o modificación del contrato, si estaba en mora en
el momento en que la alteración de las circunstancias tm·o verificativo."
Finalmente, el artículo 119H, reformado, del Código civil argentino
acoge el mismo criterio:
"Art. 119H. Los contratos deben celebrarse, interpretarse y ejecutarse
de buena fe v ele acuerdo con lo que verosímilmente las partes entendieron o pudieron entender, obrando con cuidado y previsiún.
"En los contratos bilaterales conmutativos v en los unilaterales onerosos y conmutativos ele ~jecución diferida o continuada, si la prestación a
cargo de una de las partes se tornara excesivamente onerosa, por acontecimientos extraordinarios e imprevisibles, la parte perjudicada podrá
demandar la resolución del contrato. El mismo principio se aplicará a
los contratos aleatorios cuando la excesiva onerosidad se produzca por
causas extrañas al riesgo propio del contrato.
"En los contratos de ejecución continuada la resoluciún no alcanzará a los efectos ya cumplidos."
"No procederá la resolución, si el perjudicado hubiese obrado con
culpa o estuviese en mora".
"La otra parte podrá impedir la resoluciún ofreciendo mejorar
equitativamente los efectos del contrato."
No obstante que nuestro Derecho positivo no acepta la solución expresa de estos ordenamientos extranjeros, puede sostenerse sin mengua
de ello que, como en el caso de las obligaciones prescritas, la inexistencia solo por razones de seguridad jurídica, de la acciún ci\'il para exigir
su cumplimiento en términos de justicia, no excluye de ninguna manera la existencia de una obligwión natural a cargo de quien puede aprovecharse del nominalismo monetario para solventar sus deudas a plazo
102
RAMÓN
SÁNCHEZ
MEDAL
con dinero envilecido y depreciado, ya que si de hecho las llegara a
pagar en moneda nacional por una cantidad superior a su valor nominal, pero en la proporción resultante de la depreciación de esa moneda,
no podría después repetir por pago de lo indebido para reclamar el
reembolso de tal excedente. "El nominalismo, decía la Corte de París,
es una injusticia que grita "surnmum jus, summa injuria", pues es de recordar al respecto el aforismo de Paulo "non omne quod licet, honestum
est" (no todo aquello que permite la ley, es honesto).
Ante un problema complejo en que está implicada la justicia conmutativa, pero también muy involucrada la seguridad jurídica, y en
que la solución ha de consistir en una elección de jerarquía en aras
del orden y de la estabilidad de las transacciones, la teoría de la imprevisión pretende reducir la cuestión a una decisión simplista en favor
de la justicia conmutativa y prescindir de consideraciones de prioridad
entre dos valores fundamentales para el derecho, como son la segundad y la justicia que se encuentran en conflicto, al igual que en el caso
de la prescripción adquisitiva.
Ahora bien, es de suma importancia atender a la reforma que se
hizo al Código Civil del Distrito Federal en enero de 2010, en su artículo 1796 y la adición del 1796 bis y 1796 ter, con lo cual el legislador de la Ciudad de México le ha dado entrada a la Teoría de la
Imprevisión. De esta reforma, podemos concluir lo siguiente:
l. La Teoría de la Imprevisión no aplica en los contratos aleatorios, sólo a los st~jetos a plazo, condición o de tracto sucesivo.
2. Los acontecimientos deben ser extraordinarios de carácter nacional que no fuesen posibles de prever y que generen que las obligaciones de una de las partes sean más onerosas.
3. La solicitud para recuperar el equilibrio entre las obligaciones
del contrato debe notificarla el pe1judicado a la contraparte dentro de
los treinta días siguientes a los acontecimientos extraordinarios y debe,
en esta solicitud, indicar los motivos sobre los que está fundada.
4. La solicitud no confiere el derecho a suspender el cumplimiento
del contrato.
5. Las partes tienen treinta días contados a partir de la recepción
de la solicitud para acordar extrajudicialmente el equilibrio de las obligaciones; y pasados estos días en caso de no llegar a un acuerdo, el
solicitante tendrá la acción para acudir al juez, acción que caducará de
no ejercerse dentro de los treinta días siguientes.
6. Si dentro de los treinta días posteriores a la notificación de la
solicitud las partes llegan a un acuerdo, el perjudicado ya no podrá
acudir al juez para la modificación o ajuste (1776 bis a contrario sensu)
7. Si el juez determina la procedencia de la acción, el demandado
DE LO:
podrá elegir entre la modifi
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MEOAL
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, el perjudicado ya no podrá
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ia de la acción, el demandado
DE
LOS
CONTRATOS
CIVILES
103
podrá elegir entre la modificación de las obligaciones, según los lineamientos impuestos por el juez, o la resolución del contrato.
8. Los efectos de la modificación o la rescisión del contrato no
aplicarán a las prestaciones realizadas antes ele que surgiera el acontecimiento extraordinario e imprevisible, sino que estas modificaciones
aplicarán a las prestaciones por cubrir con posterioridad a éste.
9. El legislador, de manera por demás desafortunada, establece que
no procederá la rescisión si el perjudicado estuviese en mora o hubiere
obrado dolosamente; en nuestro concepto, consideramos que esto es un
error, puesto que haciendo una interpretación histórica y ele derecho
comparado lo que debemos entender es que el perjudicado no puede
solicitar la modificación si se encuentra en mora, ya que como se puede apreciar el único que tiene la facultad de resolver el contrato es el
demandado; por lo tanto, en caso de que el juez determine la procedencia de la acción para evitar una incorrecta interpretación, cuando el
perjudicado que se encuentre en mora ejerza la acción para la modificación del contrato, el demandado deberá reconvenir la rescisión del
contrato por incumplimiento.
Por otro lado, también la exclusión de los contratos aleatorios a la
aplicación de la Teoría de la Imprevisión olvida que una cosa es que
la existencia de la obligación de una de las partes dependa de un alea
y otra muy diferente es que esa misma obligación se torne excesivamente onerosa por hechos totalmente ajenos. (Fernando Martínez García de León. Problemática Procesal de la Teoría de la Imprevisión. México
201 0). Siguiendo al Código Civil Argentino, la reforma debió precisar
que la aplicación de la rebus sic stontibus a los contratos aleatorios sólo
opera cuando la excesiva onerosidad se produzca por causas extrañas
al riesgo propio del contrato.
Distinto del desequilibrio de la lesión que es un desequilibrio contemporáneo a la celebración del contrato, es el desequilibrio superveniente
que se origina en un contrato después de celebrado y que se debe a
que con posterioridad a la celebración de dicho contrato, unas veces se
produce la desvalorización de la moneda nacional por disminución económica de su poder adquisitivo, y otras veces, se decreta una devaluación
de la misma por un acto de autoridad que le fija una paridad inferior
a la vigente con respecto a otras monedas extranjeras, induciendo en
uno y otro caso a los contratantes a tratar ele valorizar contractualmente las deudas de dinero pendientes de pago, a fin de mantener para
ellas el valor real y no el valor nominal de las mismas.
Tales cláusulas suelen clasificarse en dos grupos, a saber: las cláusulas monetarias, que hacen referencia al valor del oro o de una moneda extranjera, y las cláusulas económicas, llamadas también en forma especial "cláusulas de escala móvil" o "cláusulas de indexación" que remiten
104
RAMÓN
SÁNCHEZ
MEDAL
al valor de ciertas mercaderías (trigo, petróleo, etc.) o de determinadas
prestaciones (salario mínimo, etc.) o al costo de la vida conforme a los
índices de precios.
En Francia los tribunales se han negado a aceptar la validez jurídica de las cláusulas monetarias, porque han estimado que atentan contra
el orden público monetario en virtud de que todo Estado soberano
emite su propia moneda y solo a ella otorga poder liberatorio para las
deudas de dinero, y por considerar, además, que dichas cláusulas tienden a reemplazar la moneda nacional por la moneda extranjera. Solo
para las transacciones internacionales admiten las cláusulas monetarias,
porque en esas ·operaciones la moneda nacional carece de carácter legal por no tener poder liberatorio y se reduce a simple divisa con su
correspondiente poder de compra (Boris Stark).
Un criterio semejante no puede observarse en nuestro Derecho, dado que se encuentran expresamente permitidas las cláusulas monetarias
en el artículo 2389 del Código Civil, en el artículo 359 del Código de
Comercio y, sobre todo, en el artículo 8° de la Ley Monetaria, y en
congruencia lógica con esta directa permisión, deben también considerarse válidas en nuestro Derecho positivo para todos los contratos, las
mencionadas cláusulas monetarias y las económicas por virtud de la mencionada libertad contractual, con excepción para el mutuo de dinero, ya
que en este contrato se aplica con todo rigor el nominalismo monetario para el efecto de que el deudor pague una cantidad igual a la debida conforme a la Ley Monetaria vigente al momento de hacerse el
pago, sin que esta disposición sea renunciable, de acuerdo al "tantumdem", u obligación de devolver, en lo tocante al capital, otro tanto de la
misma especie y calidad (2384 y 2389), si bien en lo referente a los intereses caben las cláusulas de escala móvil.
En ningún sistema económico, al menos en los de tipo capitalista o
mixto como el nuestro, puede prescindirse del crédito como elemento
necesario en la vida de los negocios, y a nadie deberá obligarse al
otorgamiento de un crédito de cierta duración si el peligro del "nominalismo" monetario tiene que afectarle de manera inexorable. Se impone, por tanto, para evitar la asfixia económica a que conduciría la falta
o el encarecimiento del crédito, que se permita la valorización contractual de las deudas de dinero, por medio de las cláusulas monetarias o
de las cláusulas económicas.
Tales cláusulas han tenido infundados opositores que pretenden su
prohibición absoluta, por considerarlas como factores inflacionistas y
contrarias al orden público monetario, a pesar de que los principales
autores de toda inflación son los gobiernos y no los particulares y de
que con dichos pactos tratan éstos solamente de protegerse de los efec-
DE LOS
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MEDAL
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DE
LOS
CONTRATOS
CIVILES
105
tos de una inflación ya en pleno desarrollo y no de crearla cuando aún
no existe.
Las objeciones principales en contra de la validez de las cláusulas
de escala móvil, pueden reducirse a estas tres:
a) Que con tales cláusulas se pretende eludir el "curso forzoso" de la
moneda nacional, negándole su poder liberatorio que impone de manera imperativa la ley Monetaria respectiva.
Esta objeción carece de consistencia, puesto que dichas cláusulas se
refieren solo al modo de pago, o sea que no se trata de eludir la moneda
de pago, sino solo de establecer el quantum de la obligación que se determina de una manera definitiva, no en el momento de la celebración
del contrato, sino en el de la ejecución de cada una de las prestaciones
estipuladas, siendo de advertir al respecto que inclusive puede un tercero con posterioridad a la celebración del contrato señalar el quantum
de la obligación (2251 y 2252), y con mayor razón fijarse ese quantum
a través de un sencillo cálculo aritmético de acuerdo con la estipulación
respectiva en las cláusulas de referencia.
b) Que se rompe la equivalencia de las prestaciones, originando consecuencias leoninas, y que, además, esas cláusulas revelan la imposición
del económicamente fuerte, que es el acreedor, haciendo desaparecer la
pretendida libertad contractual, misma que no se respeta en tales cláusulas, razón por la cual debe reservarse al poder público la determinación
de los casos en que la desvalorización monetaria sea de tal gravedad
que sus consecuencias ameriten ser corregidas por el legislador. Se agrega asimismo que tales cláusulas van contra el principio de "casus sentit
creditor" (el caso fortuito debe soportarlo el acreedor), por cuanto que la
depreciación de la moneda implica un caso fortuito, que aunque no provoca la pérdida de la cosa, ciertamente determina su deterioro o menoscabo, y tal riesgo debe ser soportado por el acreedor.
Sin embargo, cabe replicar que las normas referentes a los riesgos
tienen carácter supletorio o dispositivo, y no son de índole imperativa,
ya que admiten pacto en contrario. Además, quien se ha obligado en
el modo en que lo ha declarado quererse obligar, debe permanecer
indiferente al hecho de haber sobrevenido nuevas circunstancias que
hayan cambiado la economía del contrato, sin importar que sea difícil
o imposible preverlas.
e) Se alega que la depreciación de la moneda constituye una calamidad nacional que debe soportarse por todos los cuidadanos, sin que
pueda admitirse la tentativa individualista de que a través de semejantes cláusulas se permita a unos cuantos sustraerse a los efectos perjudiciales del contrato, creándose una desigualdad irritant€ entre unos
acreedores precavidos que se pusieron a cubierto del riesgo y otros que
no previeron el evento. Asimismo, se agrega, que es interés vital para
106
RAMÓN
SÁNCHEZ
MEDAL
el Estado mantener en el país la confianza en su signo monetario y no
permitir que con las cláusulas en cuestión se si~mbre la de:confianza
hacia la moneda nacional y caiga ésta en descrédito, repercutiendo ello
en los intereses económicos del país y aumentando la circulación fiduciaria, porque se necesitará a causa de esas c~áusulas un J_Dayor número de monedas para la satisfacción de los créditos monetanos ..
Sin embargo, hay que reconocer que estas cláusulas. c~nstltuyen ~n
mal menor que regulariza el curso de la inflación, supnmiei_Ido las mjusticias a que conduce el alza de precios_, . y ~~e const1tuy~n Igualmente
un medio técnico para asegurar la estabiiiZaoon monet~na, ya q~e los
particulares, seguros de recibir la exacta correspond~noa de .sus mversiones, no vacilarían en suscribir los empréstitos públicos y pnvados.. .
Asimismo, estas cláusulas tienen la utilidad económica de constitmr
un freno contra el abuso de la inflación por parte del Estado, ya que
el mayor peligro es la fuerte tentación que ofrece _ella a los gobiernos
agobiados, porque encuentran muy cómodo crear nqueza aparen~e . mediante la multiplicación de una moneda que nada cuesta. Por ultimo,
hay que advertir que la prohibición de es~as . cláusulas frustra 1~ confianza de los acreedores; aparta a los capitalistas de los negooos de
ejecución retardada; y provoca una contracción ~n el mo,vi~iento :irculatorio de la riqueza y un estancamiento en la vida econom~:=a nacw~~l.
Puede decirse con razón, según la frase de Jeze, que la la negaoon
sistemática de estas cláusulas, equivale a favorecer el agio del deudor,
que tiene la real e inmoral ventaja de pagar en m~neda .~epreciada".
Aunque es cierto que en la actualidad la prohferaoon de los c~n­
tratos de adhesión y la creciente intervención del Estado en las relaciOnes económicas han disminuido considerablemente la libertad contractual,
cabe repetir una vez más que, sin embargo, aún subsiste ésta en términos generales, según observa Messineo, "la libertad contractual, debe, c~n­
siderarse la regla y el límite, la excepción ; y por lo tanto, como limite
,
que es, para que tenga vigor, debe ser declara d o expresamente .
Al efecto, la libertad contractual como regla general encuentra su
fundamento en diversos preceptos del Código Civil. "Los contratantes,
dice el art. 1839, pueden poner las cláusulas que crean convenientes"; "los
contratos, dice a su vez el artículo 1858, que no estén especialmente
reglamentados en este Código se regirán por las reglas generales de
los contratos", y "por las estipulaciones de las partes"; e igualmente el artículo 1796 determina que los contratos obligan a los contratantes al
cumplimiento de lo expresamente pactado. Las excepciones o cortapi~~s a la
libertad constractual las establece en general el art. 1795, fraccwn 111,
por cuanto que el contrato puede ser invalidado cuando sea ilicito su
objeto, su motivo o su fin, esclareciéndose en el artículo, 1~30 que es
ilícito el hecho que es contrario a las leyes de orden publico o a las
DE LC
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de la voluntad de los que
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MEDAL
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ilización monetaria, ya que los
correspondencia de sus inverréstitos públicos y privados.
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por parte del Estado, ya que
que ofrece ella a los gobiernos
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estas cláusulas frustra la concapitalistas de los negocio~ de
acción en el movimiento urcuen la vida económica nacional.
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favorecer el agio del deudor,
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8, que no estén especialmente
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las partes"; e igualmente el ars obligan a los contratantes iil
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ose en el artículo 1830 que es
leyes de orden público o a las
DE
LOS
CONTRATOS
CIVILES
107
buenas costumbres, y en el art. 1831 que el fin o motivo determinante
de la voluntad de los que contratan tampoco debe ser contrario a las
leyes de orden público ni a las buenas costumbres. Ahora bien, estas limitaciones expresas a la libertad contractual no pueden aplicarse a las
cláusulas de indexación, como lo pone de manifiesto el mismo legislador
en la serie de reformas legales antes señaladas y, además, resulta del
hecho mismo de no haberse expedido hasta ahora ninguna disposición
en concreto que hiera o afecte de nulidad a tales estipulaciones.
En suma, la validez de estas cláusulas económicas no puede ser cuestionada a pretexto de ser supuestamente contrarias al orden público, ya
que la mencionada indexación legislativa en nuestro Derecho_ ha reu_H~o­
cido su validez y concordancia con nuestro sistema monetano y, adiCIOnalmente, la existencia hoy día de los "petrobonos" que emite Nacional
Financiera con intervención de Petróleos Mexicanos, que son dos organismos descentralizados del Estado, confirma esta misma conclusión.
No obstan a ello dos aisladas ejecutorias de la Tercera Sala que la
Suprema Corte, aprobadas por apretada mayoría de solo tres votos a
favor y dos votos en contra, a saber:
a) Una ejecutoria que resolvió que "en el supuesto de que se hubieran previsto las devaluaciones de la moneda (en un arrendamiento), la
cláusula respectiva sería nula de pleno derecho por ser contraria al orden público e interés nacional, ya que cláusulas semejantes crearían
desconfianza en el valor de la moneda y producirían motivos int1acionarios ... el valor de la moneda está fijado por la ley y su poder liberatorio no depende de convenciones privadas, de suerte cualquier
convenio en tal sentido concertado por los contratantes sería nulo" (S.
J. F., 6 3 época, tomo XXIV, parte, págs. 71 y 72, amp~n.) 1_863/58, .José de la Luz Valdéz). Esta ejecutoria carece de toda ehuaua en lo tocante al tema a estudio porque se ocupa de un caso hipotético y distinto
al concreto de la litis constitucional planteado en autos, apartándose así
del mandamiento constitucional de que la sentencia en todo juicio de
garantías debe ceñirse a amparar al quejoso "en el caso especial sobre
el que verse la que:ja" (art. 107-11 de la Constitución).
.
b) Otra ejecutoria que se limitó a definir que no era renta oerta y
determinada como lo exige el arrendamiento en los arts. 2398 y 2399
del Código civil, cuando la renta no consiste en una "suma de dinero",
sino en "otra cosa equivalente", la cláusula que remite durante la vigencia del contrato para la determinación de la renta a la medida de
las alzas que se registren en los índices de precios que publica el Banco de México (amparo 6645/79, Ricardo Kuri Slim, 29-X-80, Informe
de la 3a Sala de la Corte de 1981, fojas 15, núm. 14 ). Sin embargo,
esta e:jecutoria no analiza si un contrato de esta naturaleza, aún sin ser
arrendamiento por decirse que no contiene precio cierto y determinado,
108
RAMÓN
SÁNCHEZ
MEDAL
puede considerarse como un contrato innominado válido semejante al
arrendamiento, de acuerdo con el art. 1858 del Código civil, que permite
expresamente a los particulares la creación de nuevas figuras contractuales
que no estén reglamentadas en la ley y a las males se les apliquen las
normas de los contratos con los que guarden mayor analogía.
Por desgracia, la Corte desconoce, además, en esta singular ejecutoria la realidad que priva hoy día en nuestro país, donde un gran número de arrendamientos de locales comerciales se celebra a base de
una renta mínima fija y un complemento variable en proporción a los
ingresos por ventas efectuadas en el local materia del arrendamiento.
Aisladamente se ha sostenido (amparo 322/79 de Inmobiliaria Fram,
S. A., 25-IV-1980, 2" Trib. Colegiado del 2" Circuito), secundando a la
mencionada jurisprudencia francesa, que hay que distinguir dos clases de
"cláusulas de escala movil": unas nulas, cuando obedecen a la sola "intención monetaria" de sustraerse a la depreciación de la moneda nacional y
al alza en el costo de la vida; y otras válidas, mando sólo tienden a que
se mantenga el equilibrio interno del contrato y sean equitativas las
prestaciones pactadas. Semejante criterio además de infundado y gaseoso, dejaría la solución al arbitrio casuístico del juez y amenazaría seriamente la seguridad de las transacciones económicas (F. Borja Martínez).
Suele también insertarse en el texto del contrato una "cláusula de revisión" para que el precio sea revisado en caso de alteración importante
del valor del dinero o del costo de la vida, pudiendo tener dicha cláusula la naturaleza de una "cláusula compromisoria", mando se designa de
antemano a una persona o entidad para que actúe como amigable componedor en caso de surgir después la controversia entre las partes por
no haberse podido poner de acuerdo, o bien la designación del tercero
se hace para que sea él quien fije el precio a la manera de lo que puede
ocurrir en la compraventa conforme al art. 2251, in fine, del Código civil.
41. LAS OBLIGACIONES EN MONEDA EXTRANJERA. Particularmente se
ha acostumbrado últimamente recurrir a la llamada "dolarización", esto
es, a la conversión de las obligaciones de suma a plazo en obligaciones
de moneda extranjera, por lo que tiene un interés actual examinar esta
clase de obligaciones a la luz de nuestra legislación.
Respecto de las obligaciones en moneda extranjera llamadas también
"deudas de valuta", hay que decir desde luego que no son nulas, así
como también que la moneda extranjera no es una cosa que esté fuera
del comercio, sino un bien sujeto a las tres reglas siguientes contenidas
en la Ley Monetaria.
1a La regla general es que la moneda extranjera no tiene circulación
legal, o sea que carece de mrso legal, de manera que las obligaciones
de moneda extranjera no se solventan en esa moneda, sino en moneda
DE
LO
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pruebe que lo que recibió el
operación, fue moneda nacio
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la Ley Monetaria), según lo
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votos en la 3a Sala de la Co
ella don Francisco H. Ruiz,
sirvieron de punto de partid
rías de la misma Sala emitid
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En la primera de dichal
1938, en el amparo 5424/9~
estableció con toda claridad '
sitorio de la Ley Monetaria,
que erróneamente las denon
nan una excepción a la reg
propio ordenamiento, y las
refieren a operaciones verific
todas aquéllas en que las o!
mente en moneda extra~er:
miento debe tener lugar en
operaciones hechas en mor
MEDAL
innominado válido semejante al
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n de nuevas figuras contractuales
a las cuales se les apliquen las
den mayor analogía.
demás, 'en esta singular ejecutouestro país, donde un gran nú. merciales se celebra a base de
to variable en proporción a los
al materia del arrendamiento.
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el 2° Circuito), secundando a la
hay que distinguir dos clases de
ando obedecen a la sola "inteneciación de la moneda nacional y
álidas, cuando sólo tienden a que
contrato y sean equitativas las
además de infundado y gaseotico del juez y amenazaría seriaeconómicas (F. Bmja Martíncz).
del contrato una "cláusula de reen caso de alteración importante
vida, pudiendo tener dicha cláuomisoria", cuando se designa de
que actúe como amigable comcontroversia entre las partes por
o bien la designación del tercero
cio a la manera de lo que puede
art. 2251, in fine, del Código civil.
EXTRANJERA. Particularmente se
a la llamada "dolarización", esto
de surna a plazo en obligaciones
un interés actual examinar esta
a legislación.
neda extranjera llamadas también
de luego que no son nulas, así
ra no es una cosa que esté fuera
tres reglas siguientes contenidas
da extranjera no tiene circulación
, de manera que las obligaciones
en esa moneda, sino en moneda
DE LOS CONTRATOS CIVILES
109
nacional (art. 8°, primer párrafo, de la Ley Monetaria), es decir, aunque en ellos la moneda extranjera está "in obligatione" porque es el objeto directo de la obligación; sin embargo, la moneda nacional está "in
solutione", porque es el medio de pago de ellas. En estos casos la moneda extranjera es "moneda de contrato", pero la moneda nacional es la
"moneda de pago". Tan drástica es esta regla general que aunque en un
mutuo se hubiera recibido moneda extranjera por el mutuario, la obligación a su cargo sería de restituir moneda nacional y no moneda extranjera, alterándose así la esencia de la obligación del "tantundem" de
devolver otro tanto de la misma especie y calidad (art. 2385 Cód. civil).
2a Dentro de esa regla general, que niega curso legal a la moneda
extranjera, la cantidad de moneda nacional que ha de pagarse en lugar
de la moneda extranjera, se determina en función del tipo de cambio vigente en el lugar y fecha del pago (art. 8°, párrafo 2°, de la Ley Monetaria), a menos que, tratándose de un mutuo o de otra operación, se
pruebe que lo que recibió el deudor o se tomó en cuenta para hacer la
operación, fue moneda nacional y se hizo luego la conversión de ésta a
su equivalente en moneda extranjera, porque en este caso especial el
tipo de cambio que se aplica para efectuar el pago también en moneda
nacional no es el mencionado tipo de cambio vigente en el lugar y fecha del pago, sino el que regía entonces en el lugar y la fecha en que se
contrajo la respectiva obligación en moneda extranjera (art. 9° transitorio de
la Ley Monetaria), según lo ha definido la jurisprudencia de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.
Al efecto, dos primeras ejecutorias aprobadas por unanimidad de
votos en la 3a Sala de la Corte, en la época en que formaba parte de
ella don Francisco H. Ruiz, principal autor en 1928 del Código civil,
sirvieron de punto de partida y de apoyo a nueve posteriores ejecutorias de la misma Sala emitidas en los años de 1980, 1981 y 1982, después de la devaluación monetaria de 1976.
En la primera de dichas ejecutorias, dictada el 17 de febrero de
1938, en el amparo 5424/936 de María Sánchez viuda de Fuente, se
estableció con toda claridad que "las prevenciones del artículo 4° transitorio de la Ley Monetaria, no son propiamente transitorias, por más
que erróneamente las denomine así la propia Ley, puesto que consignan una excepción a la regla general contenida en el artículo 8° del
propio ordenamiento, y las disposiciones del citado artículo 4°, no se
refieren a operaciones verificadas antes de la vigencia de la Ley, sino a
todas aquéllas en que las obligaciones de pago, se contraen nominalmente en moneda extranjera, dentro de la República, y cuyo cumplimiento debe tener lugar en ésta, pero que en realidad provienen de
operaciones hechas en moneda nacional de cualquiera clase, inde-
110
RAMÓN SÁNCHEZ MEDAL
pendientemente de la época en que hayan sido concertadas". La razón
de la supervivencia para el futuro de la referida disposición "transitoria" se encuentra en la misma ejecutoria: "la mente del artículo 4° de
las disposiciones transitorias de la relacionada Ley Monetaria, es proteger a los que apremiados por la necesidad o urgencia de conseguir un
préstamo de dinero, convienen en devolver en moneda extranjera, lo
que recibieron en moneda nacional; de manera que esa mente reconoce como base el bien público y social, puesto que el legislador en esa
forma defiende los intereses de comerciantes, industriales y en general
de todos los que se ven obligados a contraer préstamos de dinero".
(Sem. jud. de la Fed., 5a época, Tomo LV, págs. 1623, 1624 y 1639)
La segunda de esas dos primeras ejecutorias en cuestión fue dictada
el 8 de febrero de 1939 en el amparo 6255/1936 de Fernando Lira, en
la que se sostuvo que el hecho de que el entonces art. 4° transitorio,
hoy art. 9° transitorio de la Ley Monetaria, estuviera comprendido "entre los artículos transitorios de la ley, ésto no significa que no sea claro
el texto de la misma en el sentido de no regir sobre el pasado exclusivamente, sino también sobre operaciones futuras, dada la naturaleza de
la misma Ley que norma el curso monetario en el país". En otro párrafo de la misma ejecutoria se insiste en que "aunque técnicamente
las disposiciones transitorias únicamente deben regir, por su naturaleza,
a casos anteriores a la ley que las contiene, pues tienden a regir las
cuestiones surgidas al amparo de la anterior y pendientes de resolución
al expedirse la nueva ley, posiblemente la clasificación de la disposición
aludida, proviene de que el legislador previó que como consecuencia de
la expedición de la Ley que prohibió el curso legal de la moneda extranjera y del oro, para eludirla los acreedores recurrirían al medio de
hacer aparecer, contra la realidad, que pactaban las obligaciones en
moneda extranjera, conservando en su beneficio la diferencia del tipo
de cambio que sufriera la moneda nacional" (Sem. Jud. de la Fed., 5a
época, tomo LIX, págs. 1425 y 1426). Esta ejecutoria tiene, además la
especial importancia de que en ella se tuvo en cuenta que el antiguo
art. 4° transitorio había sido substituido con los mismos efectos para el
futuro en el año de 1935 por el actual art. 9° transitorio, ya que en
ella se asienta que "esencialmente igual excepción está contenida en el
artículo 9° transitorio de la Ley Monetaria de veintiséis de abril de mil
novecientos treinta y cinco" (op. cit., pág. 1433).
La serie de trece ejecutorias que últimamente secundaron a las dos
primeras fueron las siguientes: seis en 1980, a saber, amparo 2995/78
de Blanca Aquila Lechuga de Rosado, amparo 2450/77 de Mas de Reynasa, S. A., amparo 5455/77 de Banco de Londres y México, S. A. sucursal Durango, amparo 450/79 de Seguros Monterrey Serfin, S. A.,
DE L
amparo 1887/80 de Urba
3743/78 de José María Gal
la 3a Sala de la Corte, foj
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(Informe de 1981 de la mis
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DE LOS CONTRATOS CIVILES
111
amparo 1887/80 de Urbanizadora Buenos Aires, S. A., y amparo
3743/78 de José María Gallardo Inzunza y coag. (Informe de 1980 de
la 3a Sala de la Corte, fojas 64 a 68); dos ejecutorias en el año de
1981, a saber, amparo 3390/80 de Arturo Cortés Villada, y amparo
6286/80 de Carlos Villarreal Alanís y María Elena Ríos de Villarreal
(Informe de 1981 de la misma 3a Sala, f~jas, 66, 67, 81 y 82); amparo
1149/82 de Kenwort Mexicana, S. A (Informe de 1982 de la 3a Sala,
foja 78); y las últimas cuatro en el año de 1987, amparo 436/86 de
Multibanco Comermex, S. N. C., amparo 1484/86 de Balfour Williamson & Limited, amparo 4216/86 de Luis R. González Ramos y amparo
1523/87 de María Cusi de Escandón, sucesión (Informe de 1987 de la
3a Sala de la Corte).
Es más, la doctrina nacional ha sustentado el mismo criterio como
puede verse en Mantilla Molina, quien para sostener la aplicabilidad
del art. 9° transitorio a las operaciones efectuadas después de 1935 expresa como razón que "la finalidad última de defender nuestra moneda, a cuya firmeza atacan quienes ostentan su desconfianza al exigir
estipulaciones que los amparen con el manto de la moneda extranjera.
Y a más de defender nuestra moneda, la norma protege-tendencia
constante de nuestra legislación- a la parte contractualmente más débil:
quien apremiado por la necesidad de obtener dinero consiente, con viciada voluntad, en tomar sobre sí el riesgo de la fluctuación monetaria".
3a Por única excepción a dicha regla general, la obligación de moneda extranjera debe solventarse precisamente en esa moneda extranjera y no en moneda nacional, "en los casos en que la ley determine
expresamente otra cosa" (art. 8° de la Ley Monetaria), como ocurre con
los depósitos bancarios de moneda extranjera en este precepto de la
Ley General de Títulos y Operaciones de Crédito: "Art. 267. El depósito de una suma determinada de dinero en moneda nacional o en divisas o monedas extranjeras transfiere la propiedad al depositario y lo
obliga a restituir la suma depositada en la misma especie, salvo lo dispuesto en el artículo siguiente".
Por último, es de mencionar la jurisprudencia (tesis N° 2 del 2°
Trib. Col. del 1er. Cir. en Mat. Civil, fojas 257 y 258 de la 3a parte
del Informe de la Corte de 1 988), que al interpretar el art. 132 de la
Ley de Quiebras y Suspensión de Pagos para convertir a moneda nacional las deudas del quebrado en moneda extranjera y fijar así la
cuantía de ellas, sustenta el criterio de que debe tomarse en cuenta no
el tipo de cambio vigente en la fecha del pago, ni tampoco el tipo vigente en la fecha en que se contrajo la obligación en cuestión, sino el
tipo de cambio vigente en la fecha de la sentencia de quiebra, porque
produce ésta los efectos similares a una instantánea fotográfica sobre el
patrimonio del fallido.
CAPÍTULO VII
CLASIFICACIÓN DE LOS CONTRATOS
42. CLASIFICACIONES LEGALES DE LOS CONTRATOS. Muy diversos son
los criterios propuestos para clasificar los contratos. Desde luego, importa estudiar primero las clasificaciones adoptadas por nuestro Código
civil. En seguida, conviene señalar la clasifica ción didáctica que se seguirá en este curso, para el estudio de cada uno de los contratos en
particular. Finalmente, será también de gran utilidad mencionar cuáles
son las otras clasificaciones más conocidas o más fundadas de las que
propone la doctrina.
Nuestro Código civil divide los contratos, bajo un criterio estrictamente jurídico, en "unilaterales", "cuando una sola de las partes se obliga
hacia la otra sin que ésta le quede obligada" (1835); y bilaterales, "cuando las partes se obligan recíprocamente" (1836). Son bilaterales en un
sentido amplio, cuando simplemente una y otra parte se obligan, y son
sinalagmáticos o bilaterales en un sentido propio o estricto, cuando las
obligaciones que nacen a cargo de una y otra parte tienen entre sí una
interdependencia recíproca. A esta importante clasificación se dedican mayores explicaciones más adelante.
No es una división disyuntiva o exhaustiva la de los contratos unilaterales y bilaterales, ya que hay contratos unilaterales en su origen,
pero que por hechos posteriores a su celebración, generan después
obligaciones a cargo de la otra parte que no se obligó incialmente (por
ejemplo, el comodante queda obligado a reembolsar al comodatario los
gastos extraordinarios que aquél hubiera erogado para la conservación
de la cosa dada en comodato) y hay también contratos que aunque generan obligaciones desde su inicio a cargo de las dos partes (por ejemplo, los contratos retribuidos de mandato, de depósito y de fianza), sin
embargo, tales obligaciones no son interdependientes y, por ello, no se
está en presencia de verdaderos contratos sinalagmáticos. Además, el
contrato de hipoteca no crea obligaciones, sino solo derechos reales.
Asimismo, nuestro legislador clasifica los contratos, bajo un criterio
1I3
114
RAMÓN SÁNCHEZ
MEDAL
preponderantemente económzco, en onerosos, cuando "se estipulan provechos
y gravámenes recíprocos", y gratuitos, cuando "el provecho es solamente
de una de las partes" (1837).
El Código civil subdivide a su vez el contrato oneroso, en conmutativo, "cuando las prestaciones que se deben las partes son ciertas desde
que se celebra el contrato, de tal suerte que ellas pueden apreciar inmediatamente el beneficio o la pérdida que les cause éste", y en aleatorio, "cuando la prestación debida depende de un acontecimiento incierto
que hace que no sea posible la evaluación de la ganancia o pérdida, sino hasta que ese acontecimiento se realice" (1836). Esta última definición legal de los contratos aleatorios, por su generalidad, es inexacta e
incompleta, ya que dentro de ella podrían acomodarse también los contratos de sociedad y aparcería, lo que demuestra que la sola incertidumbre sobre el beneficio o la pérdida no es suficiente, sino que,
además, debe haber la alteridad y oposición de las prestaciones, de manera
que esa incertidumbre se refiere también a que lo que para una de las
partes es ganancia, para la otra parte es una pérdida en la misma proporción y medida que aquella ganancia, tal como aparece en los diversos contratos aleatorios reglamentados expresamente por el legislador
(2764 a 2793).
Tiene trascendencia la división antes apuntada de contratos gratuitos u onerosos, toda vez que para la procedencia de la acción pauliana,
en caso de fraude de acreedores, es requisito para impugnar los contratos onerosos que el acreedor perjudicado pruebe la mala fe del deudor y del tercero que contrató con él (2164), "concilium frauda:ndi", en
tanto que la citada acción es procedente aunque haya habido buena fe
cuando se trata de contratos gratuitos (2165 ). Idéntica distinción se hace en los casos de enajenación de una cosa a tercero, con violación de
un contrato de promesa anterior (224 7), y en las adquisiciones de derechos reales sobre un inmueble de persona no propietaria, pero con
inscripción a su favor en el Registro Público de la Propiedad (3009).
Por último, en los contratos gratuitos la responsabilidad del que hace
la liberalidad solo existe cuando hay dolo o mala fe en su actuación, y
no cuando él solo incurre en culpa o negligencia.
Además de estas clasificaciones generales que expresamente contempla nuestra legislación positiva, se encuentran en ésta también elementos para otras clasificaciones de interés:
1) Contratos nominados, o sea los estructurados expresamente en el
Código civil (como compraventa, arrendamiento, etc.), y contratos innominados o atípicos, que no están especialmente reglamentados en el Código civil, sino que se rigen "por las reglas generales de los contratos,
por las estipulaciones de las partes y, en lo que fueren omisas, por las
DE L<
disposiciones del contrato
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DE LOS CONTRATOS CIVILES
Il5
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contrato oneroso, en connzutatien las partes son ciertas desde
que ellas pueden apreciar inque les cause éste", y en alea toe de un acontecimiento incierto
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2) Contratos consensuales, que son los que no requieren de formalidades determinadas para su validez ( 1832); y contratos formales, que
son aquellos a los que le ley exige determinada forma para su validez
(1833 y 1795-IV), y
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e aunque haya habido buena fe
2165). Idéntica distinción se hacosa a tercero, con violación de
), y en las adquisiciones de de:rsona no propietaria, pero con
'úblico de la Propiedad (3009).
la responsabilidad del que hace
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3) Contratos reales, son los que se perfeccionan con la entrq~a de
la cosa, como ocurre todavía con la prenda (2R58), de los cuales en el
Código civil vigente han perdido ya este carácter el mutuo (2384), el
depósito (2516) y el cornodato (2497), que tradicionalmente eran contratos reales desde el Derecho Romano; y contratos consensuales, que no
requieren de la entrega de la cosa para su perfeccionamiento, aunque
tal entrega pueda ser objeto de una obligación nacida del contrato ya
celebrado.
4) Es de gran trascendencia la división de los contratos en contratos civiles y contratos mercantiles, siendo éstos aquellos que constituyen
alguno de los actos de comercio enumerados en el artículo 75 del Código de Comercio. Esta clasificación es importante no sólo para efectos
procesales y principalmente con el fin de determinar la vía procesal
que ha de seguirse para plantear ante la autoridad judicial las cuestiones derivadas de un contrato, según sea civil, mercantil o mixto (Art.
1050 del Cód. de Comercio), sino también por algunas razones de fondo: a) los contratos mercantiles entre ausentes se perfeccionan conforme a la teoría de la expedición (Art. 80 del Cód. de Com.), en tanto que
los contratos civiles entre ausentes se perfeccionan conforme a la teoría
de la recepción (1807); b) En los contratos mercantiles no cabe la lesión
(Art. 385 del Cód. de Com.), que, en cambio, sí es posible en los contratos civiles (17 y 2228); e) en los contratos mercantiles son más breves los plazos para reclamar por los vicios ocultos en las enajenaciones
de bienes (art. 383 Cód. Com.), que los que se conceden para los contratos civiles (2149); y d) Hay contratos esencialmente civiles, como el
arrendamiento de inmuebles, y otros contratos que de ordinario son
mercantiles o mixtos, por lo menos, como el contrato de obra a precio
alzado (Art. 75- VI del Cód. de Com). Conviene hacer notar a este particular que contra cierta opinión doctrinal (Mazeaud), puede haber contratos mercantiles gratuitos, en cuanto accesorios de un contrato
mercantil (Art. 75-XVII del Cód. de Com.), como ocurre por ejemplo,
con el comodato de pequeños refrigeradores o hicieras que se prestan
gratuitamente para la venta de refrescos u otras bebidas; el comodato
116
RAMÓN SÁNCHEZ MEDAL
de mesas, sillas y lonas para la venta de lo mismo en determinados
festivales; y el comodato de aparatos automáticos para venta de café,
de cigarros, de comestibles, etc.
5) Puede aludirse también a la clasificación de los contratos en función del objeto de los mismos: según impongan obligaciones de dar
(20 11 ), de hacer (2027) o de no hacer (2028), ya que en los primeros,
además de la capacidad general para contratar de las partes (1798), se
requiere para su eficacia o producción de los efectos jurídicos propios del contrato en cuestión que la parte que se obliga a dar tenga
legitimación, esto es, que por regla general, sea titular del derecho con
relación a la cosa, sea para enajenarla, para disponer de un derecho
real sobre la misma, o para conceder el uso sobre ella, como en el
arrendamiento, o bien que por excepción, está facultada para celebrar
un contrato sobre el patrimonio ajeno, como ocurre, por ejemplo, en
los casos de representación y en los de sustitución o de titularidad aparente antes contemplados.
De las clasificaciones legales mencionadas es importante dedicar algunos comentarios a los contratos bilaterales y a los contratos aleatorios,
para entender mejor la definición legal de estos dos grupos de contratos.
43. LOS CONTRATOS BILATERALES. Ante todo, no hay que confundir
el contrato bilateral con el contrato oneroso, ya que el mutuo, por
ejemplo, es hoy día en nuestro Derecho un contrato bilateral y gratuito, aun cuando pueda ser oneroso, en el caso del préstamo con interés.
Tampoco puede decirse que todos los contratos gratuitos sean unilaterales, pues, por ejemplo, la donación onerosa (2334 y 2337) no deja de
ser un contrato gratuito y a la vez bilateral en el más amplio sentido,
porque impone obligaciones a ambas partes.
Por otra parte, para que el contrato sea bilateral en un sentido
propio o estricto, o mejor dicho para que sea sinalagmático, es menester que no sólo existan obligaciones derivadas del contrato a cargo de
una y de otra parte, sino que, además, es menester que tales obligaciones sean recíprocas ( 1836 y 1949), lo que implica que debe haber una
estrecha interdependencia de la obligación a cargo de una parte y de la
obligación a cargo de la otra parte, de tal manera que si una de dichas
obligaciones, por imposibilidad del objeto (por ejemplo, si la cosa vendida había perecido antes de celebrarse la compraventa), no nace al celebrarse el contrato "ex tune", tampoco nace la obligación a cargo de la
otra parte (o sea, en el ejemplo propuesto no nace la obligación del
comprador de pagar el precio), porque en tal caso se estaría ante un
contrato al que le faltaría un elemento de existencia como es el objetocosa. Implica también que esa interdependencia no sólo es necesaria al
DE LO
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DE LOS CONTRATOS CIVILES
117
momento de perfeccionarse el contrato "ex tune", sino que debe perdurar hasta la ejecución del mismo. A la primera interdependencia se llama vínculo sinalagmático genético y a la segunda vínculo sinalagmático
funcional (Trabucchi). Esta última interdependencia se manifiesta en los
cuatro efectos siguientes:
1) Si una de las partes no cumple con la obligación a su cargo, no
puede tampoco exigir judicialmente a la otra que cumpla con la obligación a cargo de ella, ya que en este caso podría ésta última oponer
la excepción dilatoria de "non adimpleti contractus" (de contrato no cumplido). Una aplicación de este principio existe en la compraventa en lo
tocante al cumplimiento de las obligaciones de una y otra parte (2286
y 2295 ). En el Código de 1884 existía un precepto expreso al respecto
(art. 1434), pero en el Código vigente solo se encuentran aplicaciones
de él.
2) Si la obligación de una de las partes no puede cumplirse por
una imposibilidad sobrevenida después de celebrado el contrato, no subsiste ya la obligación a cargo de la otra parte, como ocurre, por ejemplo,
cuando por caso fortuito o fuerza mayor o por aparición de defectos o
de vicios ocultos no conocidos del arrendador, se priva al arrendatario
del uso total o parcial de la cosa arrendada, lo que trae como consecuencia la reducción de la renta o la rescición del contrato (2431,
2432, 2421, 2445 y 2490), siendo ésta una aplicación al arrendamiento
de la regla general en el sentido de que cuando se hace imposible el
cumplimiento de la obligación a cargo de una de las partes, puede la
otra pedir la resolución del contrato ( 1949 in fine).
Suele estudiarse la imposibilidad sobreveniente en el cumplimiento
de las obligaciones a cargo de una de las partes en un contrato bilateral, dentro de la llamada "teoría de los riesgos", que es un problema que
no se plantea en los contratos unilaterales, sino sólo en los contratos
sinalagmáticos, y que consiste en determinar si en un contrato bilateral, que ha dado nacimiento a obligaciones recíprocas interdependientes
entre sí, cuando una de esas obligaciones no puede cumplirse porque
su ejecución se ha hecho después imposible, la otra obligación debe o
no ejecutarse.
La solución que generalmente se ha dado a este problema por la
doctrina establece como regla general que si una de esas dos obligaciones llega después a hacerse imposible de cumplir, la otra obligación no
debe subsistir, pero que, por excepción, cuando la obligación cuyo
cumplimiento se hace después imposible tiene por objeto la transmisión
118
RAMÓN SÁNCHEZ
MEDAL
de un cuerpo cierto y determinado, la imposibilidad de su cumplimiento deja de todas maneras subsistente la obligación de la otra parte.
El planteamiento antes enunciado es equívoco y descansa en una
confusión. La llamada excepción antes apuntada no tiene carácter de
tal, toda vez que cuando la obligación principal de una de las partes
tiene por objeto un cuerpo cierto y determinado y éste se transmite por
virtud del mismo contrato (2014), la obligación de transmitir la propiedad
ya se ejecutó al celebrarse el contrato, aunque después la cosa perezca por
caso fortuito o fuerza mayor, y lo único que por vía de consecuenc-ia
lógica se hace imposible es hacer entrega de dicha cosa a la otra parte,
por lo que en tal supuesto subsiste la correlativa obligación a cargo de
esta última parte. Situación muy distinta es la que se presenta cuando
por caso fortuito o fuerza mayor posterior a la celebración de un contrato sinalagmático se hace imposible el cumplimiento de la obligación
a cargo de una de las partes, lo que determina, por la interdependencia de aquélla y esta obligación, que esta última obligación quede insubsistente (1949, in fine, 2431, 2432, 2421, 2445 y 2490).
En cambio, cuando la principal obligación de una de las partes ya
se ejecutó, como la transmisión de la propiedad de la cosa vendida en
una compraventa (2014), la posterior pérdida fortuita o casual de esa
cosa, hace que el comprador sufra esa pérdida (20 17-V), sin que libere
al mismo comprador de la obligación de pagar el precio al vendedor,
pues, como observa Josserand, "la interdependencia no sobrevive a su
ejecución".
Un ejemplo ayuda esclarecer este tema: En una compraventa de
una yegua concretamente identificada, después de perfeccionado el contrato y cuando ya se ha transmitido la propiedad de dicha hembra
(2014), perece ésta a consecuencia de un rayo, hecho que hace imposible el cumplimiento de la obligación del vendedor de entregar al comprador ese animal, pero que, sin embargo, no extingue la obligación
del comprador de pagar el precio, pues sufre éste la pérdida de la cosa, como dueño de ella que ya lo es. Esta solución se aclara y se confirma en el mismo ejemplo de la compraventa de dicha yegua, si con
posterioridad a la celebración del contrato y cuando ya la propiedad
del animal ha pasado al comprador, aunque no se le haya hecho la entrega todavía, la referida hembra da a luz algunas crías, éstas pertenecen al comprador y no al vendedor aunque la cosa no haya sido
entregada todavía: "res perit domino, res Jructifícat domino", "cujus periculum est, commodum ejus esse debet''.
3) Si existe temor fundado de que la obligación a cargo de uno de
los contratantes no será cumplida a su vencimiento, puede el otro con-
DE LO
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pw cargo, a menos que aqu
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A este respecto el Art.
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a propósito de este efecto, 1;
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Hay contratos en los que
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Z MEDAL
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es equívoco y descansa en una
s apuntada no tiene carácter de
principal de una de las partes
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igación de transmitir la propiedad
nque después la cosa perezca por
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ga de dicha cosa a la otra parte,
correlativa obligación a cargo de
ta es la que se presenta cuando
rior a la celebración de un conel cumplimiento de la obligación
determina, por la interdependenesta última obligación quede in2421, 2445 y 2490).
ligación de una de las partes ya
propiedad de la cosa vendida en
pérdida fortuita o casual de esa
pérdida (20 17 -V), sin que libere
de pagar el precio al vendedor,
erdependencia no sobrevive a su
tema: En una compraventa de
después de perfeccionado el conla propiedad de dicha hembra
un rayo, hecho que hace imposiel vendedor de entregar al combargo, no extingue la obligación
es sufre éste la pérdida de la caEsta solución se aclara y se conpraventa de dicha yegua, si con
ntrato y cuando ya la propiedad
unque no se le haya hecho la ena luz algunas crías, éstas pertener aunque la cosa no haya sido
~s fructificat domino", "cujus pericu-
la obligación a cargo de uno de
u vencimiento, puede el otro con-
DE LOS CONTRATOS CIVILES
II9
tratante suspender a su vez el cumplimiento de la obligación a su propio cargo, a menos que aquél garantice a este último que cumplirá con
dicha obligación a su respectivo vencimiento, como acontece en la compraventa, pues aunque se haya concedido al comprador un plazo para
el pago del precio, no podrá obligarse al vendedor a entregar la cosa,
si descubre después de la venta y aún antes de que venza tal plazo,
que el comprador se halla en estado de insolvencia, de suerte que dicho vendedor corra serio peligro de no cobrar el precio en su oportunidad, a menos que el citado comprador garantice con fianza que va a
pagar el precio dentro del plazo convenido (2287); y asimismo, por
contrapartida, cuando el comprador a plazo o con espera del precio,
fuere perturbado en la posesión de la cosa o tuviere justo temor de
serlo, podrá suspender el pago, mientras el vendedor no le asegure la
posesión o le otorgue fianza (2299).
A este respecto el Art. 1461 del Código civil italiano prescribe:
"Art. 1461. Modificación de las condiciones patrirrwniales de los contratantes.
Cada parte podrá suspender la ejecución de la prestación debida por
él, si las condiciones patrimoniales del otro llegasen a ser tales que pusieren en peligro evidente la consecución de la contraprestación, salvo
que se prestare una garantía suficiente."
Este proceso de generalización para erigir en principios generales
del contrato, disposiciones concretas relativas a un contrato nominado
en particular, es destacado por Messineo, aludiendo a una interpretación sistemática de diversas normas concretas. Así, por ejemplo, la teoría de los riesgos y las obligaciones de saneamiento por evicción y por
vicios ocultos nacieron a propósito de la compraventa, para erigirse
después a través de un proceso de generalización, merced a una interpretación sistemática de sus disposiciones, en una norma más general
inserta en la teoría general de las obligaciones.
4) Cuando una de las partes no haya dado cumplimiento a la obligación a su cargo podrá la otra exigir el cumplimiento forzado del
contrato o la resolución de éste, con el resarcimiento de daños y perjuicios en ambos casos, siendo de advertir que la ley vuelve a emplear
a propósito de este efecto, la misma expresión anterior de obligaciones
"recíprocas" (1949).
Hay contratos en los que a pesar de existir obligaciones a cargo de
una y otra parte no son propiamente contratos bilaterales o sinalagmáticos, en virtud de que falta el nexo de reciprocidad o interdependencia de
una y otra obligación. Ocurre esta dualidad de obligaciones y esta falta
de interdependencia de las mismas, por ejemplo, en el depósito retribuido, y en el mandato remunerado, contratos que "no son sinalagmá-
120
RAMÓN SÁNCHEZ
MEDAL
ticos porque la actividad del depositario o del mandatario no encuentra
su causa en el precio; sino en la fiducia que es el elemento fundamental y causal de estos contratos, así que cuando falte la fiducia o confian~a, cesará la relación, pero en cambio la falta de pago de precio no
será motivo para resolver el contrato" (Trabucchi).
Cabe advertir que en estos dos ejemplos, no por el simple hecho
de haber retribución, son interdependientes las obligaciones de una y
otra parte, pues podría pactarse la retribución al mandatario simplemente por aceptar el mandato y estar dispuesto él a ejecutar los actos
jurídicos que le encomienda el mandante, aunque tales actos, por alguna razón no imputable al mandatario o por haberlo dispuesto después
así el mandante, no lleguen en definitiva a ejecutarse. Puede ocurrir
asimismo que no haya interdependencia de obligaciones en el depósito
retribuido, cuando se pacta la retribución al depositario y éste dispone
o acondiciona ciertas bodegas o locales para recibir el depósito, sin que
éste llegue a efectuarse porque el depositante no entregue las cosas al
depositario.
La exigencia de reciprocidad propia de las obligaciones en los contratos bilaterales, no es lo mismo que correlatividad. En efecto, no son
contratos bilaterales en un sentido propio o estricto, aquellos que desde
el momento en que se perfeccionan simplemente producen obligaciones
para las dos partes contratantes, cualquiera que sea la relación que entre dichas obligaciones exista; sino que son contratos bilaterales en un
sentido propio o estricto los que generan obligaciones de tal naturaleza
que guardan entre sí una perfecta reciprocidad, siendo una la condición de la otra, hasta el punto que no se conciben aisladamente (Manresa).
l<:stas últimas observaciones aparecen corroboradas por el legislador, ya que el deposiw.rio no puede alegar la excepción de contrato no
cumplido para negarse a devolver la cosa, aun cuando el depositante
no le haya pagado lo que le adeude (2533). Además, en la enumeración exhaustiva de las causas de terminación del mandato (2595), no figura la resolución por incumplimiento y, en cambio, al enumerarse las
causas de terminación del arrendamiento, aparece expresamente la rescisión (2483-IV). Es más, aunque en el mandato puede el mandatario
retener en prenda las cosas que son objeto del mandato hasta que el
mandante le indemnice por los daños y perjuicios que hubiere sufrido
o le reembolsase las cantidades que hubiere gastado, ninguna de estas
prestaciones nacen al celebrarse el contrato de mandato sino por hechos posteriores (2577, 2578 y 2579) y tal derecho de retención, qu_e
pudiera tener alguna similitud con la excepción de contrato no cumplido, no está establecido con respecto al pago de la retribución conveni-
DE LO
da a favor del mandatario.
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La distinción entre los
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44. LOS CONTRATOS AL
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MEDAL
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2533). Además, en la enumeración del mandato (2595), no fiy, en cambio, al enumerarse las
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trato de mandato sino por hetal derecho de retención, que
cepción de contrato no cumplípago de la retribución conveni-
DE LOS CONTRATOS CIVILES
121
da a favor del mandatario. Asimismo, nada autoriza al mandatario a
dejar de ejecutar el mandato aceptado por él, aunque el mandante no
le haya pagado aún la retribución pactada.
La distinción entre los contratos bilaterales en sentido propio o sinalagmáticos y los llamados sinalagmáticos imperfectos no puede cifrarse
solamente en que en los primeros todas las obligaciones a cargo de una
y de otra parte nacen desde el momento de celebrarse el contrato, y
en los segundos, en cambio, todas las obligaciones a cargo de una de
las dos partes nacen hasta después de celebrado el contrato y a consecuencia de un hecho posterior y eventual. No es suficiente este criterio distintivo, puesto que también en algunos contratos bilaterales en sentido
propio o sinalagmáticos varias de las obligaciones pueden nacer de hechos posteriores y eventuales, como por ejemplo, la obligación de saneamiento al producirse la evicción en la compraventa ,y la obligación
del arrendador de efectuar reparaciones en la cosa arrendada por los
desperfectos posteriores que por causas no imputables al arrendatario
llegue a experimentar dicha cosa arrendada. La verdadera línea divisoria entre los contratos sinalagmáticos y los llamados sinalagmáticos imperfectos radica en la mencionada interdependencia de las obligaciones
recíprocas de ambas partes en los contratos bilaterales en sentido propio, según se acaba de poner de manifiesto.
44. LOS CONTRATOS ALEATORIOS. La definición legal los hace con
sistir escuetamente en que "la prestación debida depende de un acontecimiento incierto que hace que no sea posible la evaluación de la ganancia o pérdida, sino hasta que ese acontecimiento se realice" (1838).
Carece de exactitud este concepto, por cuanto que en varios contratos,
como en la sociedad, en la aparcería, en la compraventa y en el contrato de obra a precio alzado, hay elementos aleatorios que impiden
precisar o evaluar la pérdida o ganancia que derivará del contrato. Cabe destacar, en cambio, que en los contratos aleatorios o de suerte lo
que para una de las partes es ganancia al realizarse o conocerse el
acontecimiento incierto, para la otra parte viene a ser pérdida, o sea
hay aquí una reciprocidad y alteridad, entre la ganancia de uno y la pérdida exper imentada por el otro. Sin embargo, en la citada definición legal
no es el beneficiario de la prestación, que es lo característico del contrato aleatorio, sino la prestación misma, lo que depende del acontecimiento futuro e incierto. Resulta de esta aguda observación que la
definición tan general o tan amplia que trae el legislador es incompleta,
como lo demuestra una interpretación sistemática del Código civil que en
el capítulo de "contratos aleatorios" (2764 a 2793), no incluye ni la sociedad, ni la aparcería, ni el contrato de obra a precio alzado, a cuyos
RAMÓN SÁNCHEZ
122
DE Lm
MEDAL
contratos podría aplicarse la definición tan general e incompleta del legislador (1838), sino sólo incluye el juego, la apuesta, la renta vitalicia
y la compra de esperanza (2761 a 2793), contratos todos estos que implican no sólo la incertidumbre de la ganancia o de la pérdida, sino
que lo que para una parte es ganancia, para la otra parte resulta pérdida. "El contrato será aleatorio o de suerte cuando el valor concreto
de la prestación o de la contraprestación depende de un factor incierto,
que puede actuar en ventaja de una parte contratante y en contra de la
otra" (Trabucchi).
45. lJ:-.:A CLASIFICACIÓN DIDÁCTICA. Para fines didácticos en la exposición que se hará de cada uno de los contratos en particular, resultará
muy conveniente observar, con algunos retoques o modificaciones, la
clasificación que suelen hacer algunos autores españoles de los contratos en estas ocho categorías:
a) Contratos traslativos de dominio: compraventa, permuta, donación
y mutuo;
b) Contratos traslativos de uso y disfrute: arrendamiento y comodato,
incluyendo en éste el precario;
e) Contratos de prestación de servicios o de gestión: prestación de servicios profesionales, contrato de obra a precio alzado, transporte y mandato;
d) Contratos asociativos o de gestión colectiva: asociación civil, sociedad
civil, aparcería y sociedad conyugal;
e) Contratos de custodia: depósito, incluyendo el secuestro, y en cierto sentido el hospedaje;
f) Contratos aleatorios o de suerte: juego y apuesta, renta vitalicia,
compra de esperanza y decisión por suerte;
g) Contratos de garantía· fianza, prenda, hipoteca y promesa;
h) Contratos de afirmación y esclarecimiento de derechos: transacción y
compromiso arbitral.
46. ÜTRAS CLASIFICACIONES DOCTRINALES. Además de las clasificaciones adoptadas por nuestro legislador y de la clasificación que para fines didácticos se adoptará en este curso, es muy conveniente
mencionar otras clasificaciones que se han hecho en doctrina acerca de
los contratos en general o de ciertos grupos de ellos:
1) Contratos obligatorios, o sea que sólo generan obligaciones, como el
arrendamiento; y contratos "traslativos" o con efectos reales, que transmiten la propiedad o que constituyen derechos reales, sin perjuicio de dar
nacimiento también a obligaciones, como la compraventa. De esta divi-
sión ya se hicieron antes alg¡
vidad de los efectos directos 1
2) Contratos de ejecución
do, y contratos de ejecución ~
alzado v la compra-venta de ,
3) Contratos de ejecución
do, y contratos de duración 1
contratos ele ejecución continua
ejecución periódica o de tracto su
4) Contratos de adhesión )
do a que las partes hayan d
ponerse ele acuerdo sobre ést
en los primeros. Esta clasific¡
ción ele las cláusulas dudosas,
tido contrario al autor de
adhirió simplemente y al qu
que se exige en la ley que se
y 90 Ley Fed. Prot. Consum
la aprobación y registro prev:
ley).
5) Suele hablarse de cont
sión ele cosa común y el d,
declarativa y no constitutiva.
6) Otros autores españole~
ción ele Jos contratos en tres l
a) Contratos preparatorios
derecho como preliminar, ne
tratos posteriores", como prm
b) Contratos principales "q
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compraventa, permuta y arre
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ción), y la compra de espera¡
y la decisión por suerte (ale
menciona al mutuo, al comoc
ter en nuestro derecho, y st
para algunos autores españolt
e) Accesorios, "que sólo p
que pueden ser consensuales:
'.IEDAL
n general e incompleta del lego, la apuesta, la renta vitalicia
), contratos todos estos que imganancia o de la pérdida, sino
, para la otra parte resulta pérsuerte cuando el valor concreto
depende de un factor incierto,
e contratante y en contra di' la
~ara fines didácticos en la exposi:ontratos en particular, resultará
)S retoques o modificaciones, la
autores españoles de los contra-
compraventa, permuta, donación
rute: arrendamiento y comodato,
o de gestión: prestación de serviprecio alzado, transporte y man,o/ectiva. asociación civil, sociedad
¡cluyendo el secuestro, y en cier-
juego y apuesta, renta vitalicia,
erte;
·nda, hipoteca y promesa;
:imiento de derechos: transacción y
Además de las clasificacioy de la clasificación que para fie curso, es muy conveniente
han hecho en doctrina acerca de
rupos de ellos:
)lo generan obligaciones, como el
o con efectos reales, que transmirechos reales, sin perjuicio de dar
no la compraventa. De esta diviNALES
DE LOS CONTRATOS CIVILES
123
swn ya se hicieron antes algunos comentarios a propósito de la relatividad de los efectos directos del contrato.
2) Contratos de ejecución inmedioia, como la compraventa de contado, y contratos de ejecución diferida, como el contrato de obra a precio
alzado y la compra-venta de cosa futura.
3) Contratos de ejecución instantánea, como la compraventa de contado, y contratos de duración o contratos duraderos, que se subdividen en
contratos de ejecución continuada, como el arrendamiento, y contratos de
ejecución periódica o de tracto sucesivo, como el suministro.
4) Contratos de adhesión y contratos paritarios o negociados, atendiendo a que las partes hayan discutido las condiciones del contrato para
ponerse de acuerdo sobre éstas, como ocurre en los últimos y no se da
en los primeros. Esta clasificación tiene importancia para la interpretación de las cláusulas dudosas, mismas que deben entenderse en un sentido contrario al autor de ellas y favorable al contratante que se
adhirió simplemente y al que se le impusieron tales cláusulas, por lo
que se exige en la ley que se cumplan determinados requisitos (arts. 85
y 90 Ley Fed. Prot. Consumidor), o que, además, se sujete su texto a
la aprobación y registro previo de la autoridad (arts. 86 y 87 de dicha
ley).
5) Suele hablarse de contratos liquidaiivos, como el contrato de división de cosa común y el de transacción, que tienen una naturaleza
declarativa y no constitutiva.
6) Otros autores españoles (Clemente de Diego) adoptan la clasificación de los contratos en tres grandes grupos:
a) Contratos preparatorios "que tienen por objeto crear un estado de
derecho como preliminar, necesario para la celebración de otros contratos posteriores", como promesa de contrato, mandato y sociedad;
b) Contratos principales "que pueden existir por sí y tienen fin propio independiente de los demás", y que pueden ser o bien consensuales:
compraventa, permuta y arrendamiento (conmutativos todos ellos por lo
general, pero existe una excepción al incluir dentro de ellos a la donación), y la compra de esperanza, el juego y la apuesta, la renta vitalicia
y la decisión por suerte (aleatorios); o bien reales, entre los cuales se
menciona al mutuo, al comodato y al depósito, que no tienen tal carácter en nuestro derecho, y se omite, en cambio, la renta vitalicia que
para algunos autores españoles es un contrato real; y
e) Accesorios, "que sólo pueden existir por consecuencia de otros",
que pueden ser consensuales: fianza, hipoteca, transacción y compromiso
124
RAMÓN SÁNCHEZ
MEDAL
arbitral; o reales: la prenda. A este particular cabe advertir que la dependencia de un contrato accesorio puede ser frente a una obligación y
no necesariamente frente a un contrato, como acontece en la fianza
para garantizar una deuda legal alimenticia.
7) Planiol hace notar que es una creencia generalizada que, a diferencia de los derechos reales que constituyen un ·~umerus clausus" (porque no hay posibilidad de inventar o constituir otros derechos reales
que los contemplados expresamente en la ley); en cambio, en materia
contractual las combinaciones de prestaciones que pueden obtenerse
son en cierto sentido infinitas. Rechaza esto último el mismo Planiol,
porque según él, las únicas combinaciones que pueden hacerse y los
únicos contratos que pueden ceiebrarse se encuentran comprendidos
dentro de una clasificación sintética que al efecto propone, la cual divide a los contratos atendiendo a dos criterios: al objeto de los mismos
(objeto-cosa, objeto-trabajo u objeto-derecho) y a la contraprestación
(que pueda existir o no existir dicha contraprestación y en caso de
existir, ser de naturaleza variable).
TERMINA(
47. MODOS r:~<NERALES
sentido amplio puede decirse
mismo o por extinción de sus
Un contrato se frustra c1
o circunstancias contemporánet
Asimismo, un contrato p
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48.
LA FRUSTRACIÓN DE
fuentes de las obligaciones, ~
gura del delito frustrado. Al
frustrado, porque "en éste,
que el agente ha desarrollac
la consumación, sin que eH
voluntad. El delito frustrado
incompleto en la objetiva; e
una como en la otra" (Euset
Por otra parte, "frustra1
contra la intención de quie
hace más adecuada la expres
nominación surrealista de "p
Hay frustración del contr<
1) Cuando falta alguno <
consentimiento u objeto (17!
un contrato inexistente.
2) Cuando el contrato e:
se presenta si el contrato re1
ejemplo, una compraventa e
público o un arrendamiento
MEDAL
icular cabe advertir que la dee ser frente a una obligación y
acontece en la fianza
·cia.
eencia generalizada que, a dife"tuyen un "numerus clausus" (porconstituir otros derechos reales
la ley); en cambio, en materia
taciones que pueden obtenerse
esto último el mismo Planiol,
iones que pueden hacerse y los
se se encuentran comprendidos
~ al efecto propone, la cual diviriterios: al objeto de los mismos
erecho) y a la contraprestación
contraprestación y en caso de
CAPÍTULO VIII
TERMINACIÓN DEL CONTRATO
47. MODOS r:~<"NFRALFS DE TERMINACIÓN DEL CONTRATO. En un
sentido amplio puede decirse que el contrato termina por frustración del
mismo o por extinción de sus efectos.
Un contrato se frustra cuando no produce efecto a causa de hechos
o circunstancias contemporáneas a la celebración del contrato (Mesineo).
Asimismo, un contrato puede extinguirse o dejar de producir efectos a causa de hechos o circunstancias supervenientes, acaecidas con posterioridad a la celebración del contrato.
48. LA FRUSTRACIÓN DEL CONTRATO. El vocablo no es aJeno a las
fuentes de las obligaciones, ya que en Derecho Penal es conocida la figura del delito frustrado. Al efecto, se distingue entre tentativa y delito
frustrado, porque "en éste, la ejecución es completa, en el sentido de
que el agente ha desarrollado toda la actividad necesaria para llegar a
la consumación, sin que ella se opere, por circunstancias ajenas a su
voluntad. El delito frustrado es completo en la ejecución subjetiva, pero
incompleto en la objetiva; el delito tentado es incompleto, tanto en la
una como en la otra" (Eusebio Gómez).
Por otra parte, "frustrar" significa quedar sin efecto un propósito
contra la intención de quien quería llevarlo a cabo, significación que
hace más adecuada Ia expresión efe "lrustración del contrato" que la denommación surrealista de "patología del contrato" (Trabucchi).
Hay frustración del contrato en los cinco casos siguientes:
1) Cuando falta alguno de los elementos de existencia del contrato:
consentimiento u objeto (1794 y 2234), y se trata, por consiguiente, de
un contrato inexistente.
.
2) Cuando el contrato está afectado de nulidad absoluta, misma que
se presenta si el contrato recae sobre un objeto imposible o ilícito (por
ejemplo, una compraventa entre particulares sobre un bien de dominio
público o un arrendamiento de una casa de asignación) o si el fin o
125
126
RAMÓN SÁNCHEZ MEDAL
motivo determinante del contrato es ilícito (por ejemplo, un contrato
de obra a precio alzado para construir una casa que las partes convienen se destinará a la explotación de juegos prohibidos). Estos casos son
causa de invalidez del contrato (1795-111) y producen generalmente la
nulidad absoluta del mismo (6, 8 y 2225). La Ley del Desarrollo Urbano del D.F. sancionaba con nulidad absoluta aquellos contratos en los
que se concediera o transmitiera cualquier forma de tenencia jurídica
sobre un predio urbano (ventas, donaciones, arrendamientos, etc.), si
las partes omitían expresar el uso a que se destinaría tal inmueble o si
el uso que se indicara en el contrato no concordara con el uso específico que concretamente hubiera asignado el Departamento del D.F. a
ese bien y se hubiera inscrito en el Registro Público de la Propiedad.
3) Cuando hay falta de capacidad en alguna de las partes (a veces
la falta de ella equivale en realidad a la ausencia del consentimiento,
como el contrato celebrado por un demente completo o por un niño
"minor infans"), o ha habido algún vicio del consentimiento (error, dolo
o violencia), incluyendo por analogía en nuestro derecho el estado de
necesidad (especie de violencia fortuita), o cuando no se ha llenado la
formalidad exigida por la ley ( 1795-1, 11 y IV). En todos estos supuestos, por el principio de conservación, que tiende a conservar la eficacia
de los actos jurídicos (Trabucchi), el contrato produce provisionalmente
sus efectos, hasta en tanto no se deduzca la acción ele nulidad (2227).
Acerca de estas tres primeras causas de frustración del contrato, es
muy importante destacar un doble criterio de la Suprema Corte de
Justicia de la Nación:
a) Que en nuestro derecho no hay contratos nulos de pleno derecho, sino que en todos los casos se necesita la declaración judicial.
"Nulidad, no existe de pleno derecho. Si no hay disposiciones expresas
en las leyes y para los casos que ellas comprendan, nuestra legislación
no autoriza que se reconozca la existencia de nulidades de pleno derecho, sino que las nulidades deben ser declaradas por la autoridad judicial, en todos los casos, y previo el procedimiento formal correspondiente"
(Tesis jurisprudencia! N o. 198 de la Tercera Sala de la Suprema Corte
hasta el año de 1985).
b) Que las diferencias entre nulidad e inexistencia de los contratos,
son puramente académicas.
"Nulidad e inexistencia. Sus diferencias son meramente teóricas. Aun
cuando el artículo 2224 del Código civil para el Distrito y Territorios
Federales emplea la expresión 'acto jurídico inexistente', en la que pretende basarse la división tripartita de la invalidez de los actos jurídicos,
según la cual se les agrupa en inexistentes, nulos y anulables, tal distinción tiene meros efectos teóricos, porque el tratamiento que el pro-
DE U
pio Código da a las inexis
verse en las situaciones p1
1826, en relación con el 2
que, teóricamente, se trata d
te, el código las trata como .
2182 y 2183, en los que la
tencia, pero también el cód
dencial No. 197 de la Tero
4) Cuando una de las
ignorancia, de la notoria in
del estado de necesidad) de
trato un lucro excesivo que
aquella se obliga ( 17), cuyc
miento a la nulidad del cm
francés lleva el nombre de
mente concuerda en lo fun
puede identificarse plename
pecto de ella varias diferenci;
5) Cuando sin ser nul
respecto a determinadas pe
to a otras personas a las q
principio de la relatividad ((
brado el contrato), pero pa1
bilidad del contrato frente
contrato respecto de tercero
Este fenómeno jurídico
"falso procurador", que no
mandato (1802, 1568, 258~
produce efectos entre el ter·
sable a éste de los daños y
al supuesto representado. E1
de efectos puede desapareo
supuesto representado ratific
el caso inverso al de la n
producen efectos, pero pw
intentarse la acción de nulic
Así acontece también en
titutivo ele derechos reales
ha inscrito en e] Registro P
en tal caso dicho contrato n'
entre las partes y aún con 1
reales sobre el inmueble en
MEDAL
ito (por ejemplo, un contrato
na casa que las partes conYieos prohibidos). Estos casos son
1) y producen generalmente la
). La Lev del Desarrollo Urbaoluta aquellos colltratos en los
ier forma ele tenencia jurídica
oncs. arrendamientos. etc.), si
se destinaría tal inmueble o si
concordara con el uso específiel Departamento del D.F. a
¡stro Público de la Propiedad.
n alguna de las partes (a veces
la ausencia del consentimiento.
nente completo o por un niúo
del consentimiento (error, dolo
1 nuestro derecho el estado de
o cuando no se ha llenado la
1 y 1\'). En todos estos supucsIe. tiende a cons(TYar la eficacia
1trato produce provisionalmente
1 la acción de nulidad (2227).
' de frustración del contrato, es
terio de la Suprema Corte de
contratos nulos de pleno deresita la declaración judicial.
,¡ no hav disposiciones expresas
comprendan, nuestra legislación
:ia de nulidades de pleno dcn·.eclaradas por la autoridad judilimiento formal correspondiente"
rcera Sala de la Suprema Corte
e inexistencia ele los contratos,
ias son meramente teóriws. Aun
'il para el Distrito y Territorios
dico inexistente', en la que preinvalidez ele los actos jurídicos,
:ntes, nulos y anulables, tal disrque el tratamiento que el pro-
DE
LOS
CONTRATOS
CIVILES
127
pio Código da a las inexistencias, es el de las nulidades, según puede
verse en las situaciones previstas por los artículos 1427, 1433, 1434,
1826, en relación con el 2950 fracción III, 2442, 2270 y 2779, en las
que, teóricamente, se trata de inexistencias por falta de objeto, no obstante, el código las trata como nulidades, y en los casos de los artículos 1802,
2182 y 2183, en los que la falta ele consentimiento originaría la inexistencia. pero también el código los trata como nulidades". (Tesis jurisprudencia! No. 197 ele la Tercera Sala de la Suprema Corte hasta 1985).
4) Cuando una de las partes, mediante la explotación de la suma
ignorancia, ele la notoria inexperiencia o de la extrema nuseria (pero no
del estado ele necesidad) de la otra parte, ha obtenido a través del contrato un lucro excesivo que sea evidentemente desproporcionado a lo que
aquella se obliga ( 17), cuyos supuestos configuran la lesión y clan nacimiento a la nulidad del contrato, la cual a pesar ele que en el Derecho
francés lleva el nombre ele "rescisión" sólo por razones históricas, realmente concuerda en lo fundamental con la nulidad relativa, si bien no
puede identificarse plenamente con ésta (Messsineo), porque guarda respecto de ella varias diferencias, según se indicó antes al estudiar la lesión.
5) Cuando sin ser nulo el contrato, porque produce efectos con
respecto a determinadas personas, es, sin embargo, ineficaz con respecto a otras personas a las que les es inoponible. Opera en este caso el
principio ele la relatividad (efectos directos entre las partes que ha celebrado el contrato), pero parcialmente no opera el principio de la oponibilidad del contrato frente a terceros (efectos indirectos o reflejos del
contrato respecto ele terceros).
Este fenómeno jurídico se presenta en el contrato celebrado por el
"falso procurador", que no tiene poder o ha traspasado los límites del
mandato ( 1802, 1568, 2583 y 2584), pues el acto no es nulo porque
produce efectos entre el tercero y el falso procurador, haciendo responsable a éste de los daños y pe1juicios; pero no produce efectos frente
al supuesto representado. En este caso la falta inmediata de producción
ele efectos puede desaparecer en forma retroactiva si posteriormente el
supuesto representado ratifica el contrato ( 1802 y 2583, in fine), que es
el caso inverso al de la nulidad relativa en que provisionalmente se
producen efectos, pero pueden desaparecer éstos retroactivamente al
intentarse la acción ele nulidad.
Así acontece también en el contrato traslativo de propiedad o constitutivo de derechos reales sobre inmuebles, cuando el contrato no se
ha inscrito en el Registro Público ele la Propiedad (3007 y 3011 ), pues
en tal caso dicho contrato no es nulo, porque produce todos sus efectos
entre las partes y aún con respecto a terceros que no tengan derechos
reales sobre el inmueble en cuestión (como los acreedores quirografa-
128
RAMÓN
SÁNCHEZ
MEDAL
rios), pero sin embargo es ineficaz o inoponible frente a terceros registrales, que son los que tienen derechos reales sobre dicho inmueble.
Lo mismo ocurre con los contratos onerosos concertados de mala
fe y con todos los contratos gratuitos celebrados por un deudor insolvente, que hubieren sido revocados a consecuencia del ejercicio de una
acción pauliana (21 7 5 ), en cuyos contratos el acto no es nulo, a pesar
de la impropia expresión empleada por la ley, pues el contrato produce
efecto entre las partes y aún con respecto a los terceros, incluyendo a
los acreedores del deudor que no hubieran intentando la acción, pero, sin
embargo, el contrato es ineficaz o inoponiblc y en la medida sólo en
que los perjudica con respecto a los acreedores que hubieran intentado
la acción. Puede decirse también del subarriendo sin permiso del arrendador, que produce efectos entre el subarrendador y el subarrendatario,
pero que no los produce en contra del arrendador. Mateas Alarcón señala también que la venta de una parte alícuota de la copropiedad, sin
respetar el derecho del tanto, no hace nula la venta entre comprador y
vendedor, sino inoponible o ineficaz frente al condueüo preterido.
Como se ve en estos últimos casos, la frustración no es completa o
absoluta, sino sólo relativa, situación muy semejante a la de las que se
produce, a virtud del principio de la conservación del contrato, en los
casos de "conversión del contrato" antes señalados.
·
49. LAS CAUSAS DE TERMINACIÓN DEL CONTRATO. Un contrato que
se ha celebrado válidamente y ha empezado a producir sus efectos,
puede dejar de producir éstos o extinguirse estos mismos a consecuencia de hechos o acontecimientos posteriores a dicha celebración y que
constituyen propiamente las causas de terminación del contrato, mismas
que puede reducirse principalmente a los siguientes supuestos:
1) El agotamiento natural del contrato, o lo que es lo mismo la ejecución total de las obligaciones derivadas del mismo contrato. Es el
modo natural y ordinario de terminación del contrato, al igual que el
vencimiento del plazo en los contratos duraderos.
2) El vencimiento de un término. En algunos contratos, particularmente en los de ejecución duradera, se establece un plazo para la terminación del contrato. Así ocurre, por ejemplo, en el arrendamiento a plazo
fijo (2483-1), en el comodato a término (2512), en la aparcería (2742 y
2750), en el mutuo (2385) y en la asociación y en la sociedad (2720-11.
La fuación de un plazo puede ser, a veces, esencial al mismo contrato, como ocurre en la promesa de contrato (2246) y producir, además, al
vencimiento del plazo, no precisamente la terminación del contrato, sino la caducidad misma de los derechos derivados del propio contrato,
según acontece también en el mismo contrato de promesa, cuando sin
culpa de ninguno de los promitentes y por inactividad de éstos mismos no
se celebró el contrato definitivo dentro del plazo pactado en la promesa.
DE LOS
Finalmente, el término ce
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MEDAL
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DE
LOS
CONTRATOS
CIVILES
129
Finalmente, el término concedido a una de las partes para la ejecución del contrato puede ser de tal manera esencial, que una vez vencido el plazo y no ejecutado por dicha parte, el contrato debiera tenerse
por resuelto. Es lo que en el Código civil italiano se denomina "plazo
esencial" y se halla previsto en su Art. 1457: 'Término esencial para una
de las pmtes. Si el término fijado para la prestación de una ele las partes debiera considerarse esencial en interés de la otra, ésta, salvo pacto
o uso en contrario, si quisiera exigir su ejecución a pesar del vencimiento del término, deberá dar noticia de ello a la otra parte dentro
de tres días. En su defecto, el contrato se entenderá resuelto de derecho aunque no se hubiere pactado expresamente la resolución."
3) La muerte de uno de los contratantes. Hay contratos en los que por
ley la muerte de uno de los contratantes pone fin al contrato, como sucede en el mandato cuando muere el mandante o el mandatario (259511). Esto ocurre generalmente en los contratos duraderos y que se
celebran "intuitu personae", como, por ejemplo, el comodato (2515 ). Sin
embargo, existe la excepción en el arrendamiento, que aunque es un
contrato duradero e "intuitu personae" por lo que toca al inquilino, no
concluye con la muerte del arrendatario, a menos que exista pacto expreso que lo establezca (2408).
En varios otros contratos al fallecer una de las partes, es protestativo
para la otra la continuación del contrato o la terminación del mismo,
como acontece en el contrato de obra a precio alzado cuando fallece el
empresario (2638) y en el contrato de aparcería cuando muere el aparcero (2742).
·
Finalmente, la muerte de una ele las partes puede ser causa de la
terminación del contrato en los casos en que haya pacto expreso en ese
sentido, como ocurre en el arrendamiento (2408). Por otra parte, la muerte de una persona puede establecerse directamente como hecho para la
terminación de un contrato, según acontece en la renta vitalicia al acaecer la muerte de la persona sobre cuya vida se constituyó dicha renta
(2788 a 2790), y en la sociedad cuando fallece el socio industrial o alguno de los socios que tenga responsabilidad ilimitada (2720-IV y V).
4) La incapacidad sobreviniente ele una ele las partes, cuando se trata
de un contrato duradero e "intuitu. personae", puede también poner fin
al contrato (2595-IV, 2720-IV y 2639), en el mandato, en la sociedad,
en el contrato de obra a precio alzado y en la prestación de servicios
profesionales.
5) Por desistimiento o por voluntad unilateral de una de las partes, cuando en casos excepcionales a la regla general de la intangibilidad del
contrato ( 1797), faculta el legislador a uno de los contratantes para desistirse unilateralmente del contrato, como ocurre en el caso del arrendamiento por tiempo voluntario (2480) o de una sociedad (2703 in fine
y 2720-VI), de renuncia o de revocación del mandato (2595-1 y 11), del
130
RAMÓN SÁNCHEZ MEDAL
desistimiento del transporte (2663), del contrato de obra a precio alzado (2635), y de la prestación de servicios profesionales, del desistimiento de la promesa con arras penitenciales y de la expresa denuncia
unilateral por el síndico en los contratos bilaterales pendientes de ejecución al ocurrir la quiebra de una de las partes. (véase el núm. 33).
La Ley Federal de Protección al Consumidor establece dos casos
verdaderamente excepcionales de desistimiento unilateral del contrato de
compraventa: en las ventas a domicilio puede el comprador retractarse
del contrato dentro de los cinco días de celebrado (art. 56), y en las
ventas en abonos se faculta en ciertos casos al comprador en mora que
ha sido demandado por el vendedor por el cumplimiento o por la rescisión, para optar unilateralmente aquél o por el cumplimiento o por
la rescisión del contrato (art. 71 ), según se indica más adelante.
6) Por mutuo consentimiento de las partes, en virtud de que ambos
contratantes pueden ponerse de acuerdo para revocar o resolver voluntariamente el contrato que han celebrado, como ocurre, por ejemplo,
en el arrendamiento (2483-11) y en la sociedad (2720- 11).
Aunque el mutuo disenso es un modo general de poner fin a cualquier contrato, no siempre, empero, es plenamente eficaz el mutuo
consentimiento para dejar sin efecto el contrato, ya que en los contratos traslativos de propiedad o de derechos reales se requiere una retransmisión para dejar las cosas en el estado que antes tenían,
retransmisión que puede tropezar con el obstáculo de los derechos adquiridos por los terceros sobre los mismos bienes, durante el tiempo
intermedio.
7) La quiebra de una de las partes, en cuyo caso cuando se trata de
contratos bilaterales pendientes de ejecución total o parcialmente, puede la otra parte "exigir al síndico que declare si va a cumplir o rescindir el contrato, aun cuando no hubiese llegado el momento de su
cumplimiento", pudiendo el contratante no quebrado "suspender la ejecución del contrato hasta que el síndico cumpla o garantice el cumplimiento ele su prestación" (Art. 139 de la Ley de Quiebras). Una regla
semejante existe a propósito ele los contratos unilaterales (Art. 141 ).
8) Por r·esolución del contrato bilateral, resolución que puede presentarse en los tres casos que se analizan con detenimiento a continuación.
50. U . RESOLUCIÓN DEL CONTRATO. La rescisión o resolución ele un
contrato sinalagmático puede producirse por cualquiera ele estas causas:
a) por incumplimiento ele una ele las partes, que reconoce expresamente
nuestra legislación (1949); b) por imposibilidad superveniente de las obligaciones a cargo de una de las partes en el contrato bilateral, que admite
también nuestra legislación tanto en forma general ( 1949 in fine), como al aplicarla al arrendamiento (2431, 2445 y 2490); y e) por excesiva
onerosidad sobreviniente, fundada en la teoría de la imprevisión, que no
DE LOS
acoge toda nuestra legislación
doctrina, pero que es acept
legislaciones en México (Códi
A6'1Jascalientes) o del extranje
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La norma general para
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contra, Gutiérrez y González
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Códigos anteriores no permi
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DE
LOS
CONTRATOS
CIVILES
131
MEDAL
contrato de obra a precio alzas profesionales, del desistimienles y de la expresa denuncia
s bilaterales pendientes de ejes partes. (véase el núm. 33).
onsumidor establece dos casos
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se indica más adelante.
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cuando se trata de
parcialmente, pueeclare si va a cumplir o rescinse llegado el momento de su
no quebrado "suspender la ejecumpla o garantice el cumplila Ley de Quiebras). Una regla
atos unilaterales (Art. 141 ).
resolución que puede presentaretenimiento a continuación.
La rescisión o resolución de un
por cualquiera ele estas causas:
tes, que reconoce expresamente
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rma general (1949 in fine), co' 2445 y 2490); y e) por excesiva
eoría de la imprevisión, que no
acoge toda nuestra legislación mexicana, ni admite la mayoría de nuestra
doctrina, pero que es aceptada por algunos autores, y por algunas
legislaciones en México (Código Civil para el Distrito Federal, Jalisco y
Aguascalientes) o del extranjero (Italia, Portugal, Argentina, entre otros).
a) La resolución por incumplimiento. El incumplimiento de las obligaciones a cargo de una de las partes, da derecho a la otra a pedir la
resolución del contrato bilateral (1949), a la que a veces llama el legislador rescisión ele contrato (2483-IV, 2300 y 2781 ), pudiendo en general
tomarse estos dos términos como sinónimos (Borja Soriano). Sin embargo, también este término de "rescisión" se usa en ocasiones por nuestro legislador simplemente para indicar la terminación del contrato,
como sucede en el contrato ele obra a precio alzado (2638), en el
arrendamiento (2408), en el transporte (2663) y en la revocación de la
clonación por superveniencia de hijos (2362).
La norma general para este modo ele terminación ele contrato es
que la parte perjudicada que quiera resolverlo por incumplimiento de
la otra, debe promover el juicio correspondiente ante la autoridad judicial, y que, por tanto, dicha resolución no opera ele pleno derecho. En
contra, Gutiérrez y González quien se basa en que los Códigos civiles
anteriores de 1870 (Art. 1537) y de 1884 (Art. 1421) expresamente exigían acudir a la autoridad judicial para obtener la resoluciún por incumplimiento del contrato bilateral, en tanto que el Cúdigo actual ele
1928 (1949), ya no impuso tal exigencia. El argumento no es convincente, pues el contraste literal entre ambos ordenamientos en este punto, puede interpretarse satisLrctoriamente en el sentido ele que los dos
Códigos anteriores no permitían el pacto cornisorio exjneso, sino que exigían siempre la intervención judicial, mientras que el Codigo vigente
autoriza implícitamente prescindir de la intervenciún judicial, mediante
el ¡meto comisorio expreso; que faculta a la rescisión automática si se incumple una determinada obligación, es decir, no cualquiera de las obligaciones derivadas del contrato.
Una excepción en la ley a este prinup10 es la f~¡cultad concedida al
arrendatario para rescindir el contrato sin necesidad ele sentencia judicial, cuando el arrendador se niega a efectuar las reparaciones en el
bien arrendado que por ser necesarias le han sido requeridas por el
mismo arrendatario (2416).
Inspiradas en el derecho comparado hay otras dos excepciones a
dicha norma general: una, admitida por nuestros tribunales, que es el
caso del pacto umzisorio expreso o cláusula resolutoria expresa; y la otra,
el caso antes mencionado del plazo esencial concedido a una ele las partes para cumplir con el contrato, que por pacto expreso pudiera también establecerse en un contrato en uso de la libertad contractual
admitida por nuestro derecho ( 1839).
132
RAMÓN
SÁNCHEZ MEDAL
Aunque en una y en otra excepción no se requiere la intervención
judicial, por haberse pactado así expresamente por las partes, en la
primera excepción, o sea la del pacto comisario expreso, es menester para
que opere la resolución, que la parte perjudicada haga saber la resolución a la parte incumplida, pues bien podría ocurrir que a la primera
conviniera más exigir el cumplimiento del contrato y no la resolución;
mientras que en la segunda excepción, o sea la del plazo esencial, la resolución es automática sin necesidad de aviso previo de la parte perjudicada a la parte incumplida, pues el aviso de parte de ésta sólo se
necesitaría no para resolver el contrato, sino para exigir su cumplimiento,
o sea a la inversa de lo que ocurre en el pacto comisario expreso.
Uno y otro supuesto han sido expresamente reconocidos por el Código civil italiano en los Arts. 1456 y 1457. El segundo precepto ya fue
transcrito antes y el primero es del tenor siguiente: "Cláusula resolutoria
expresa. Los contratantes podrán convenir expresamente que el contrato
se resuelve en el caso de que determinada obligación no se cumpliera
según las modalidades establecidas. En este caso la resolución se producirá de derecho cuando la parte interesada declare a la otra que
quiere valerse de la cláusula resolutoria."
A este respecto la Suprema Corte ha sostenido que el incumplimiento en los contratos bilaterales no resuelve automáticamente el contrato,
sino que es necesario acudir a la autoridad judicial; pero que, sin embargo, dicha resolución es automática cuando ha habido pacto comisario
expreso: "El pacto comisario expreso es legítimo y en virtud de él y diversamente a lo que acontece en el tácito en que en el incumplimiento
se requiere la declaración judicial para lograr la rescición, el contrato se
resuelve automáticamente por el solo efecto del incumplimiento y sin intervención de los tribunales; por tanto, si el pacto comisario no es expreso sino tácito, es evidente que una de las partes no pudo rescindir,
por sí y ante sí, el contrato tan sólo porque la otra haya dejado de
cumplir con las obligaciones que el propio contrato le impuso. Si el pacto comisario, o sea la cláusula por la que las partes convienen en que el
contrato será resuelto si una u otra de ellas no cumpliere con su obligación, no figura expresamente en el documento en que consta el contrato
respectivo, es evidente que tal pacto no pudo operar de pleno derecho"
(Sem. Jud. de la Fed. 5a época, 4a parte, Vol. 1, pág. 119, amparo de
México Tractor and Machinery Co., S.A. y en igual sentido el amparo
5061!1952, Banco de Crédito Ejidal, 27 enero 1955).
Para que un incumplimiento sea causa de rescisión de un contrato,
es menester que tal incumplimiento sea de consideración, en atención a
la importancia de la obligación incumplida, pues los pequeños incumplimientos no sirven de fundamento a una acción de rescisión. Por esta razón, el Código civil italiano prescribe con todo acierto. "Art. 1455.
Importancia del inclumplimiento. No se podrá resolver el contrato si el
incumplimiento de una de las partes tuviese escasa importancia, habida
DE LOS
cuenta del interés de la otr;
art. 2489-IV al exigir que po
sión del arrendamiento sean
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más de dos meses la pérdida
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de éste que le haga el pago
Sala, Apéndice de 1975, S. J
Por excepción, puede o
miento o por la resolución e
en mora que ha pagado m;
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71 Ley Fed. de Protección ;
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dado, haya pagado más de
jurisprudencia de la Tercera
Corte de 1990, foja 893). E
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ción para venta al púbico o
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Ley Fed. Prot. al Consumidc
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una construcción que se le (
segura y adecuada.
MEDAL
no se requiere la intervención
samente por las partes, en la
isorio expreso, es menester para
rjudicada haga saber la resoluodría ocurrir que a la primera
el contrato y no la resolución;
sea la del plazo esencial, la reaviso previo de la parte peljuviso de parte de ésta sólo se
o para exigir su cumplimiento,
acto comisario expreso.
amente reconocidos por el Có57. El segundo precepto ya fue
r siguiente: "Cláusula resolutoria
~ expresamente que el contrato
fu1a obligación no se cumpliera
este caso la resolución se proteresada declare a la otra que
•
. sostenido que el incumplimienve automáticamente el contrato,
!dad judicial; pero que, sin emuando ha habido pacto comisario
legítimo y en virtud de él y dito en que en el incumplimiento
ograr la rescición, el contrato se
cto del incumplimiento y sin insi el pacto comisorio no es exle las partes no pudo rescindir,
porque la otra haya dejado de
io contrato le impuso. Si el pace las partes convienen en que el
nas no cumpliere con su obligamento en que consta el contrato
pudo operar de pleno derecho"
te, Vol. 1, pág. 119, amparo ele
" y en igual sentido el amparo
enero 1955 ).
Jsa de rescisión ele un contrato,
1 de comideración, en atención a
~da, pues los pequeños incumpliacción de rescisión. Por esta racon todo acierto. "Art. 1455.
podrá resolver el contrato si el
viese escasa importancia, habida
DE
LOS
CONTRATOS
CIVILES
133
cuenta del interés de la otra." Así lo confirma el Código Civil en el
art. 2489-IV al exigir que para poder demandar el arrendador la rescisión del arrendamiento sean graves los daños a la cosa arrendada imputables al arrendatario, y el art. 2445 al exigir que para que el arrendatario pueda demandar la rescisión del arrendamiento haya perdurado por
más de dos meses la pérdida total o parcial del uso de la cosa arrendada por causa de reparaciones.
Por regla general sólo el contratante cumplidor con las obligaciones
a su cargo puede pedir judicialmente, a su elección, o la resolución o
el cumplimiento del contrato a la parte incumplida. A este respecto,
hay casos en que el deudor para poder cumplir con su obligación
necesita la previa colaboración del acreedor, de manera que si ésta no
se realiza, no se puede producir el incumplimiento o mora del deudor.
Así, p. ej., para que el arrendador pueda cumplir con la obligación de
hacer reparaciones en la casa arrendada, se requiere que previamente
el inquilino le haya avisado de la necesidad de tales reparaciones.
Cuando en un contrato de arrendamiento de un inmueble no se ha
señalado el lugar donde el inquilino debe pagar la renta, es necesario
que el arrendador requiera previamente a dicho deudor en el domicilio
de éste que le haga el pago (Tesis de Jurisprudencia 82 y 83, Tercera
Sala, Apéndice de 1975, S. J. F.).
Por excepción, puede optar a su conveniencia o por el cumplimiento o por la resolución de la compraventa en abonos el comprador
en mora que ha pagado más ele la tercera parte del precio o del nú
mero total de pagos convenidos y que ha sido demandado por el vendedor para exigirle la rescisión o el cumplimiento de tal compraventa (art.
71 Ley Fecl. de Protección al Consumidor), opción que puede hacerse
valer al contestar la demanda o en cualquier etapa del juicio, hasta antes de que se dicte sentencia, siempre que el enjuiciado, al ser demandado, haya pagado más de la tercera parte del adeudo vencido, según
jurisprudencia ele la Tercera Sala de la Suprema Corte (Informe de la
Corte ele 1990, foja H93). Esta excepcional facultad cuando se trata de
actos relacionados con inmuebles solo rige cuando el vendedor o proveedor es &accionador o constructor de viviendas destinadas a casa habitación para venta al púbico o cuando otorguen al consumidor el derecho
a usar inmuebles mediante el sistema de tiempo compartido (art. 73
Ley Fed. Prot. al Consumidor).
Al incumplimiento del contrato puede equipararse también el cumplimiento defectuoso o llamado también "violación contractual positiva",
cuando no hubo falta ele prestación, ni atraso o mora, sino vicios, defectos o irregularidades en la prestación (2027, in fine). Por ejemplo,
en un contrato de obra a precio alzado, el empresario ha terminado
una construcción que se le encomendó, pero que carece ele cimentación
segura y adecuada.
134
RAMÓN
SÁNCHEZ
MEDAL
En los casos de rescisión por incumplimiento, puede el contratante
perjudicado con éste agregar una reclamación por daños y perjuicios
(1949), comprendiéndose dentro de ellos no sólo los daños matenales,
sino también el daño moral (1916 y 2116, reformados, 1916 bis, in fine).
b) La resolución por imposibilidad sobreviniente. Además del innnnplimiento de una de las partes, puede dar lugar a la resolución del contrato sinalagmático el hecho de que después de celebrado dicho u_mtr~to
haya sobrevenido la imposibilidad de cumplir con una de las obhgaoone~ derivadas del propio contrato (1949, in fine), como ocurre en el
arrendamiento cuando por caso fortuito o fuerza mayor o a causa de
reparaciones se priva totalmente o por más de dos meses parcialmente,
del uso de la cosa arrendada al arrendatario (2431, 2445 y 2490). En
este mismo caso de imposibilidad sobreveniente, puede el perjudicado
optar por la reducción de la prestación en lugar de la resol~ción del
contrato, cuando la imposibilidad superviniente es sólo paroal, como
acontece también en el arrendamiento (2445 y 2490).
Sobre esta causa de resolución del contrato bilateral tiene el Código civil italiano estas dos disposiciones que podrían servir de criterio
interpretativo general en consonancia con los mencionados preceptos
relativos al arrendamiento.
"1963. Imposibilidad total. En los contratos con prestaciones recíprocas, la parte liberada por la imposibilidad sobreviniente de la prestación debida no podrá pedir la contraprestación y deberá restituir la
que ya hubiere recibido, de acuerdo con las normas relativas a la repetición de lo indebido."
"1964. hnposibilidrul parcial. Cuando la prestación ele una parte hubiese llegado a ser sólo parcialmente imposible, la otr~a parte. tendrá
derecho a una reducción correspondiente de la prestaciÓn debrda por
ella, y podrá también rescindir el contrato cuando no tuviese un interés apreciable en el cumplimiento parcial."
..
Según ya se indicó antes, la imposiblidad sobrevmrente para el
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contrato sinalagmático, que f~Kulta a la otra parte a pedrr la resolucwn
judicial de est~ contrato (1949, in fine), no es lo mismo que la aplica.ción de la teoría general de los riesgos cuando la cosa después ele haber:se
transmitido por virtud del mismo contrato, se pierde por caso fortwto
o fuerza mavor (20 14 v 3017 -V). En este caso la obligación del contratante-adquir~nte subsiste a su cargo, aunque la cosa hubiese perecido
por caso fortuito o fuerza mayor en perjuicio de este mismo.
La imposibilidad superviniente no produce la resolución del contrato bilateral cuando éste tuvo ya efectos reales sobre cierta cosa cierta y
determinada, esto es, cuando la transmisión de propiedad o la constitución de derechos reales se verificó va entre los contratantes por mero
efecto del contrato (20 14). Al efecto,' si en este contrato, después de celebrado, se pierde dicha cosa por caso fortuito o fuerza mayor, aunque
DE LC
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cen "genera non pereunt",
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Sin embargo, hay que 1
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cutivo (Arts. 449-III, 450-III
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MEOAL
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DE
LOS
CONTRATOS
CIVILES
135
todavía no haya sido entregada al contratante-adquirente, continuará
éste de todas maneras obligado a cumplir con la prestación a su cargo,
pues en tal hipótesis ya no existirá simplemente la obligación secundaria
del contratante-enajenante de entregar la cosa y sufrirá la otra parte la
pérdida de la misma cosa (2017-V), de acuerdo con la llamada "teoría
de los riesgos".
Asimismo, tampoco se produce la resolución del contrato por imposibilidad sobreviniente cuando dicho contrato tuviera efectos reales sobre alguna especie indeterminada y en el que se hubiera hecho la
necesaria "especificación", o sea la individualización de la cosa con conocimiento del contratante-adquirente (20 15 ), ya que los géneros no perecen "genera non pereunt", y la transmisión de propiedad se habría
realizado al llevarse a cabo dicha individualización de la cosa.
Este mismo principio ha sido acogido con notorio acierto por el
Código civil italiano:
"1465. Contrato con eféctos traslatizJOs o constitutivos. En los contratos
que transfieren la propiedad de una cosa determinada o constituyen o
transfieren derechos reales, la pérdida de la cosa por causa no imputable al enajenante no libera al adquirente de la obligación de ejecutar
la contraprestación aunque la cosa no le hubiese sido entregada ...
"Cuando fuese objeto de la transferencia una cosa determinada sólo
en su género, el adquirente no quedará liberado de la obligación de
ejecutar la contraprestación, si el enajenante hubiera hecho la entrega
o si la cosa hubiera sido individualizada ... ".
Sin embargo, hay que hacer notar que aunque la prestación a cargo de una de las partes sea imposible de obtener directamente por la
otra parte mediante un procedimiento judicial, según el aforismo "nema
praecise cogi potest ad Jactum", puede sin embargo, optar esta última parte por no exigir la resolución del contrato, sino preferir "la satisfacción
por equivalente", a base de reclamar una suma ele dinero en sustitución
de aquella prestación incumplida (2027) y otra cantidad por daños y
perjuicios, cuyo monto en uno y en otro caso puede el juez moderar
prudentemente si tal reclamación se promueve al través de un juicio ejecutivo (Arts. 449-III, 450-III y 451, in fine, Cód. Proc. Civiles).
e) La resolución por excesiva onerosidad sobreviniente. Por último, una
parte de nuestra doctrina (Celso Ledesma, Rojina Villegas, Néstor de
Buen y Reyes Tayabas) en contra de otros autores (Borja Soriano, Trinidad García, Castillo Larrañaga y Gutiérrez González), sostienen que
existe un tercer caso ele resolución del contrato sinalagmático fJor excesiva onerosidad sobreviniente, que equivale a la revisión del contrato por
los tribunales y ya no sólo por el legislador, cuando acontecimientos
extraordinarios e imprevisibles agraven considerablemente la prestación
de una de las partes. Los autores que sustentan este criterio apelan a
construcciones doctrinales basadas en los Arts. 1796, 1838, 1845, 1857
136
RAMÓN
SÁNCHEZ
MEDAL
y 211 7 del Código civil. Invocan el Art. 1796, por cuanto que para el
cumplimiento de los contratos hay que respetar "la buena fe"; el Art.
1838, en atención a que en los contratos conmutativos las prestaciones
de las partes han de ser ciertas desde que se celebra el contrato de
manera que permitan apreciar inmediatamente la pérdida o la ganancia que
derivará del contrato; el Art. 1845, que concede al juez la facultad de
reducir equitativamente la pena, cuando la reducción no pueda ser proporcional en los casos de incumplimiento parcial de la obligación; el
Art. 1857, en el que se apela para la interpretación de los contratos
oscuros, a la mayor reciprocidad de intereses en los contratos onerosos; y
el Art. 2117, por virtud del cual el legislador establece un tope máximo a la responsabilidad por incumplimiento en las deudas de dinero.
Los Códigos civiles de Jalisco (arts. 1771 y 1772 del Cód. civil del
1936 y arts. 1787 y 1788 del Cod. civil de 1995) y Aguascalientes (arts.
17 33-1 734) prohijan con disposiciones verdaderamente equitativas, la
teoría de la revisión de los contratos por los tribunales en caso de
agravación de una de las prestaciones a causa de "haber variado las
condiciones generales del medio en que debían tener cumplimiento" o
a consecuencia de "alteraciones imprevisibles que sobrevinieren por hechos de carácter general", o "acontecimientos extraordinarios que rompan
con la reciprocidad, la equidad o la buena fé de las partes", permitiendo
en tales supuestos la rescisión del contrato, pero imponiendo a la vez
al contratante que la hubiere obtenido, la obligación de indemnizar a
la otra parte, "por mitad de los perjuicios que le ocasionen la carencia
repentina de las prestaciones materia de dicho contrato; incluyendo
gastos y demás que tuvieren que hacerse para lograr las mismas prestaciones en los términos que sean usuales o justos en ese momento".
Por su parte y como lo vimos anteriormente (Núm. 40), el Código
Civil del Distrito Federal mediante la reforma publicada el 22 de enero
de 201 O, integró la Teoría de la Imprevisión a los contratos no aleatorios sujetos a plazo, condición o de tracto sucesivo, cuando surjan en el
intervalo acontecimientos extraordinarios de carácter nacional que no
fuesen posibles de prever y que generen que las obligaciones de una
de las partes sean más onerosas; haciendo hincapié en que el único facultado para rescindir este contrato es el demandado y no la parte
perjudicada (1796, 1796 Bis y 1796 Ter.).
Con todo, según se indicó antes (Núm. 40), ni los mencionados esfuerzos de una parte de nuestra doctrina, ni las soluciones que ofrece
también una parte del derecho comparado, autorizan la aplicación general a nuestro derecho, con la salvedad de las legislaciones de Jalisco,
Aguascalientes, Estado de México y del Distrito Federal que acaba de
indicarse, de la teoría de la imprevisión o de la revisión del contrato o
DE
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MEOAL
1796, por cuanto que para el
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1771 y 1772 del Cód. civil del
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·ormente (Núm. 40), el Código
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o de la revisión del contrato o
DE
LOS
CONTRATOS CIVILES
137
de la resolución por excesiva onerosidad sobreviniente, pues la admisión de estas instituciones quebrantaría gravemente la seguridad en la
contratación. Es más, nuestra legislación rechaza expresamente esta revisión del contrato a propósito del contrato de obra a precio alzado, ya
que "el empresario que se encargue de ejecutar alguna obra por precio
determinado, no tiene derecho de exigir ningún aumento, aunque lo
haya tenido el precio de los materiales o el de los jornales" (2626).
El único caso admitido en la mayoría de las legislaciones locales de
algo parecido a la revisión del contrato, mas no para resolver el contrato, sino sólo para reducir la contraprestación, es el de la pérdida de
la cosecha por casos fortuitos extraordinarios (2455 ), a propósito de los
arrendamientos rústicos y en una disposición inspirada en el Código civil español (Art. 1575).
SEGUNDA PARTE
CONTRATOS EN ESPECIAL
CAPÍTULO IX
PROMESA DE CONTRATO
51. DEFINICIÓN. La promesa es el contrato preparatorio por el que
una o las dos partes se obligan a celebrar, dentro de un cierto plazo,
un contrato futuro, cuyos elementos esenciales se determinan al efecto
por escrito (2243 y 2246).
Este contrato se denomina también antecontrato, precontrato, contrato preparatorio, contrato preliminar y promesa de contrato. A su
vez, el contrato que se promete se llama contrato futuro, contrato definitivo o contrato prometido.
52. CLASIFICACIÓN. La promesa es un contrato preparatorio, porque
crea una relación jurídica preliminar para la celebración posterior de
un contrato futuro. Según la doctrina española, se considera también
contrato accesorio, porque tiene siempre dependencia de un contrato futuro, y un contrato de garantía, porque sirve para asegurar la celebración del contrato futuro. Es un contrato ·unilateral o bilateral, según
quede obligada una o las dos partes a celebrar el contrato futuro
(2244). En sí mismo, no es oneroso ni gratuito, ya que este carácter
sólo corresponde al contrato futuro, en tanto que la promesa no implica por sí misma ningún desplazamiento de riqueza o de bienes económicos y, por ello, su función es netamente jurídica (Clemente de
Diego). Es un contrato forrruzl, porque debe constar por escrito (2246).
53. HISTORIA. El contrato de promesa en general no fue considerado por el Derecho Romano, sino únicamente la promesa de venta y
la promesa de mutuo. Tampoco en el Código napoleónico se reglamentó
la promesa en general, sino sólo la promesa de venta, pero en forma
equivocada, ya que dicho ordenamiento consideró que había venta
cuando en la promesa se habían determinado el precio y la cosa (Art.
1859: "La promesa de venta equivale a venta cuando hay consentimiento recíproco de las dos partes sobre la cosa y el precio"), por lo
141
142
RAMÓN
SÁNCHEZ MEDAL
que en el Derecho francés no existe la posibilidad de una promesa bilateral de compraventa, y generalmente la doctrina sólo admite la promesa unilateral de contrato.
Nuestros Códigos civiles de 1870 (arts. '2917 a '2919) y 1881 (ar.ts.
'281 9 a '28'21) admitieron expresamente la ¡nornesa de venta y estableCieron que el promitente comprador perdería las arras que hubiera dado,
en caso de que por su culpa no tuviera efecto el contrato, y por s~
parte, el promitente vendedor estaba obligado a devolver las arras reCIbidas por él y a pagar otro tanto, si la venta no se llevaba a cabo por
su culpa. Borja Soriano sostuvo bajo dichos ordenamientos 1~ posibilidad del contrato preparatorio en general, como un contrato mnommado, no sujeto a los requisitos de forma, ni a los requisitos de fondo
(elemento~ esenciales del contrato futuro y plazo) que posteriormente
se exigieron para este contrato en el Código actual de 1928.
El Código vigente de 1928 reglamentó, ya en forma general, el
contrato preparatorio de promesa, pero a propósito de la compraventa
estableció una disposición equívoca y confusa en el sentido de que "por
regla general, la venta es perfecta y obligatoria para las partes cuando
se ha convenido sobre la cosa y su precio, aunque la primera no haya
sido entregada ni el segundo satisfecho" (2219). Esta disposición da lugar también a confundir la promesa de compraventa con la compraventa misma, desde el momento en que en uno y en otro contrato hay
acuerdo sobre cosa y precio, pero con la diferencia de que en la promesa, el convenio es para celebrar después una compraventa futura sobre una determinada cosa y a un cierto precio, en tanto que en la
compraventa misma el convenio versa ya de presente sobre una cosa a
cambio de un determinado precio. La correcta interpretación de tal
precepto sería sólo para hacer resaltar que la compraventa no es un
contrato real, sino consensual, porque no requiere de la entrega de la
cosa m para perfeccionarse, ni para transmitir la propiedad de la cosa
(2014).
54. FIGURAS AFINES. La promesa de contrato se distingue de la policitación, porque en aquélla la fuente de la obligación es un acuerdo de
voluntades, bien sea para obligar a una sola de las partes o para obligar
a ambas partes a celebrar el contrato futuro, en tanto que la policitación es una declaración unilateral de voluntad que obliga a su autor a
mantenerla en el plazo fijado por el mismo o, en su defecto, en el plazo de tres días fijado supletoriamente por la ley (1806), cuando se trata
de un contrato entre ausentes. Además, la manera de perfeccionar el
contrato, cuando ya existe una policitación, se reduce simplemente a la
aceptación unilateral que oportunamente haga el destinatario de la men-
DE LDS
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haga el destinatario de la men-
DE LOS CONTRATOS CIVILES
143
cionada oferta dentro del plazo indicado, a diferencia de la manera de
perfeccionarse el contrato futuro, aím a consecuencia de una promesa
unilateral de contrato, porque en este último caso se requiere siempre
el concurso ck las dtJs voluntacks, en el acto de celebrarse el contrato futuro previsto en la promesa.
Debe distinguirse también de los tratos previos, negociaciones o
discusiones preliminares que ordinariamente preceden a la celebración
de un contrato y de las cuales pueden los interesados desistirse libremente en cualquier momento, con la única salvedad de incurrir en responsabilidad de pagar los llamados "inte1·eses negativos" cuando uno de
los interesados ha actuado de mala fe, o ha cancelado sin razón las negociaciones en tiempo inoportuno. Esta excepcional responsabilidad se
fundaría en México en la obligación de pagar daños y peijuicios cuando se obra ilícitamente o contra las buenas costumbres ( 191 O).
En el Derecho italiano esta misma culpa "in contrahendo", está expresamente regulada por el Cód. civil de 1942 en el Art. 1337: "Negociaciones y responsabilidad precontmctual. Las partes, en el desarrollo de las
negociaciones y en la formación del contrato, deben comportarse de
acuerdo con la buena fe."
"Las negociaciones no son vinculatorias, en el sentido de que el resultado de ellas no es todavía el contrato, por lo tanto, las negociaciones no obligan; pero las negociaciones obligan en otro sentido: esto es,
que cuando han llegado a tal punto que permita prever que el
contrato debería poderse formalizar y una de las partes rompe las
negociaciones sin un justo y atendible motivo (culpa in contrahendtJ, es decir,
culpa en el curso de negociaciones contractuales; responsabilidad precontractual), la contraparte tendrá derecho al resarcimiento del daüo, o sea,
al llamado interés contractual negativo (id quod interest contractum initum
non fuisse) en contraposición con el llamado interés contractual positivo, o interés en el cumplimiento cuando pueda probar que, confiando en el estado de las negociaciones, ha incurrido en gastos que no hubiera hecho
si hubiese podido prever que el contrato no se concluiría, o bien ha
perdido oportunidades o rehusado ofertas igualmente (o más) ventajosas de otra persona, sufriendo así un daño" (Messinneo).
Muy relacionadas con los tratos o negociaciones preliminares y sujetas a la misma responsabilidad precontractual, son las llamadas "cartas
de intención", que no constituyen tampoco promesas de contrato, sino documentos en que dos o más personas interesadas en celebrar después
un determinado contrato, hacen constar provisionalmente el estado que
guardan las pláticas o discusiones previas y los puntos o condiciones en
que se han pue5to de acuerdo como parte de ese posible contrato.
Debe igualmente distinguirse la promesa con respecto al "contrato
normativo", o "contrato-marco", ya que en éste sólo se fijan los elementos
144
RAMÓN SÁNCHEZ MEDAL
característicos y las reglas o el marco jurídico a que se sujetarán los
contratos futuros que las partes celebren en adelante, pero sin que ninguna de éstas quede obligada a celebrar dichos contratos. "De un contrato normativo obligatorio no se deriva en lo absoluto, la obligación
de concluir el futuro contrato, sino solamente la de darle un cierto
contenido, en la hipótesis de que se formalice" (Cariota-Ferrara). Ejemplo: en la "cuenta corriente" las partes se obligan a que las remesas
recíprocas que se hagan (pero no se obligan a hacerlas) se anotarán
como partidas de abono o de cargo, y sólo el saldo que resulte a la
clausura de dicha cuenta será exigible (Art. 302 de la Ley General de
Tít. y Op. de Crédito).
Asimismo, hay que distinguir el contrato de promesa y el contrato
de corretaje, pues en éste no se obliga ninguna de las partes a celebrar
un contrato futuro con la otra parte, sino sólo se obliga una de ellas a
pagar a la otra una prestación si obtiene que un tercero contrate directamente con la primera en las condiciones o bases fijadas de antemano.
Finalmente, no existe promesa de contrato en "el contrato por persona a nombrar" que describe así el Cód. civil italiano: "En el momento
de la conclusión del contrato una de las partes podrá reservarse la facultad de nombrar posteriormente la persona que deba adquirir los derechos y las obligaciones que nacen de dicho contrato" (Art. 1401). En
este contrato no existe un contrato preliminar y un posterior contrato
futuro, sino uno solo y mismo contrato con sujeto alternativo y con efecto
alternativo que se tiene por señalado o por producido, respectivamente,
en forma retroactiva desde la celebración misma del contrato "ex tune"
y no sólo "ex nunc" a partir de la designación o nombramiento del tercero (Messineo ).
55. NATURALEZA JURÍDICA. Algunos autores españoles (De Castro y
Roca) consideran, respectivamente, que la promesa es un contrato-base
en que se fijan sólo los elementos característicos que después habrá de
desarrollar el contrato futuro, o bien que la promesa es únicamente la
etapa inicial en el "iter" contractual que desemboca en el contrato definitivo. Otros autores franceses (Planiol y Demogue) y españoles (Valverde y Alguer) identifican también la promesa de contrato con el
contrato definitivo considerando a aquél como un contrato imperfecto,
o como el mismo contrato definitivo en el que las partes sólo han diferido los efectos de éste para que se produzcan más tarde. A esta concepción unitaria, porque identifica la promesa con el contrato
prometido, y negativista, porque no admite la autonomía del contrato
preparatorio, corresponden en cierto sentido las definiciones legales del
DE LOS
mutuo (2384), del comodatc
Código civil de 1928.
En suma, esta corriente
bilateral al contrato definitiv
al contrato definitivo sujeto :
Si la promesa unilateral
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Sin embargo, a esta última
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Al respecto, es de record
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de que aquel cumplimiento
cia de estar vinculado o COé
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A este respecto cabe tar
puestos o forzados de que ya
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Por otra parte, el objete
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consentimiento en el contra
mismo puede ser un dar, q1
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Finalmente, no puede <
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ría nula, por tanto, la pron
dado que en todo caso la
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1944).
__________________________________________________................
w.~-----------
MEDAL
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en adelante, pero sin que ninlr dichos contratos. "De un conva en lo absoluto, la obligación
olamente la de darle un cierto
·malice" (Cariota-Ferrara). Ejem:s se obligan a que las remesas
obligan a hacerlas) se anotarán
y sólo el saldo que resulte a la
(Art. 302 de la Ley General de
,ntrato de promesa y el contrato
linguna de las partes a celebrar
no sólo se obliga una de ellas a
: que un tercero contrate directa; o bases f~adas de antemano.
:ontrato en "el contrato por persacivil italiano: "En el momento
lS partes podrá reservarse la fa:rsona que deba adquirir los dedicho contrato" (Art. 1401 ). En
:liminar y un posterior contrato
, con sujeto alternativo y con efecto
por producido, respectivamente,
ón misma del contrato "ex tune"
1ción o nombramiento del terce-
autores españoles (De Castro y
: la promesa es un contrato-base
cterísticos que después habrá de
ue la promesa es únicamente la
desemboca en el contrato defiy Demogue) y españoles (Vala promesa de contrato con el
:1 como un contrato imperfecto,
el que las partes sólo han difeoduzcan más tarde. A esta conla promesa con el contrato
mite la autonomía del contrato
ntido las definiciones legales del
DE LOS CONTRATOS CIVILES
145
mutuo (2384), del comodato (2497) y del depósito (2516), en nuestro
Código civil de 1928.
En suma, esta corriente doctrinal asimila en el fondo la promesa
bilateral al contrato definitivo sujeto a término y la promesa unilateral
al contrato definitivo sujeto a condición.
Si la promesa unilateral fuera el contrato futuro sujeto a condición,
bastaría la sola declaración de voluntad del promisario para que produjera efectos el contrato futuro; y si la promesa bilateral fuera el contrato futuro st~eto a término, bastaría el solo vencimiento de dicho
plazo para que produjera efectos el contrato futuro. Ni una ni otra cosa ocurre, ya que para que exista el contrato futuro y produzca efectos,
es menester tanto en la promesa unilateral como en la promesa bilateral, un nuevo acuerdo de voluntades y no una sola voluntad unilateral,
ni tampoco el simple vencimiento de un término.
Esta tesis unitaria que identifica la promesa con el contrato futuro,
alega además que la voluntad para celebrar este último ya no serla
libre, sino que estaría viciada por la existencia de una coacción legal.
Sin embargo, a esta última objeción se replica que el contrato preparatorio no obliga a querer, sino a un hacer que consiste en otorgar el
contrato futuro.
Al respecto, es de recordar aquí que hay dos maneras de satisfacer su
crédito a un acreedor, a saber: o por el cumplimiento voluntario de su
deudor, o por la ejecución forzada de la obligación, en la inteligencia
de que aquel cumplimiento no deja de ser voluntario por la circunstancia de estar vinculado o coaccionado legalmente el deudor por la obligación anterior que ya existe a su cargo.
A este respecto cabe también recordar que existen los contratos impuestos o forzados de que ya se hizo mención con anterioridad, como la
hipoteca y la fianza necesarias, que no pierden su carácter contractual.
Por otra parte, el objeto del consentimiento en la promesa consiste
en un "[acere": celebrar el contrato futuro; en tanto que el objeto del
consentimiento en el contrato futuro puede ser muy variado, porque lo
mismo puede ser un dar, que un hacer o un no hacer, según la prestación propia del contrato definitivo.
Finalmente, no puede aceptarse que en la promesa unilateral haya
sólo un contrato principal sujeto a una condición potestativa y que haría nula, por tanto, la promesa. Esta concepción carece de fundamento,
dado que en todo caso la realización de esa condición potestativa dependería no de la voluntad del deudor promitente, sino del acreedor
promisario y, por consiguiente, fuera de la prohibición legal (1797 y
1944).
146
RAMÓN SÁNCHEZ MEDAL
56. ESPECIES. Además de la clasificación en promesa bilateral y promesa unilateral (conocida también esta última con el nombre de "opción" especialmente cuando el contrato futuro es una compraventa), hay
que mencionar dos especies de promesa que en nuestro Derecho se encuentran sustraídas al régimen general de los contratos preparatorios:
a) Los esponsales o la promesa bilateral de matrimonio, que también debe hacerse por escrito (139), no produce la obligación de contraer matrimonio (aplicándose aquí la máxima "nema praecise cogi potest
ad facturm"), ni puede estipularse en ella una pena convencional (142).
Sin embargo, genera la responsabilidad de pagar los daños causados
cuando por culpa de uno de los promitentes se deja de celebrar el matrimonio o se da motivo grave para que no se contraiga, así como la
obligación de devolver lo que se hubiere donado con motivo del matrimonio prometido ( 143 y 145 ), esto es, la devolución de los regalos de
boda. Se hace notar que el Código Civil para el D. F., de mayo de
2000 abrogó de manera definitiva la figura de los esponsales.
b) La promesa de mutuo (2384), de comodato (2497) y de depósito
(2516) que en nuestro Derecho son tratadas hoy día como contratos
definitivos y no como simples promesas. Además, en el vigente Código
Civil de 1928 estos tres contratos han perdido su carácter de contratos
reales, y por no ser considerados como promesas de contrato, no están
sujetos al requisito formal de otorgarse por escrito, ni tampoco al reqmsito de fondo de exigir la fuación de un plazo determinado.
57. ELEMENTOS PERSONALES. La parte que se obliga en la promesa
a celebrar el contrato futuro se llama "promitente" y a esta palabra se le
agrega el nombre del respectivo contratante en el contrato definitivo
(por ejemplo, promitente-comprador, promitente-arrendatario, etc.). A
la otra parte se le denomina "beneficiario" o "promisario". Cuando las
dos partes se obligan a celebrar el contrato futuro, o sea en la promesa bilateral, las dos partes se llaman promitentes.
En cuanto a la capacidad de las partes para celebrar el contrato
preparatorio, no se requiere anticipadamente encontrarse en la situación
especial que se necesite para la celebración del contrato definitivo, puesto que sólo se exige de momento la capacidad general para contratar
(1798), como por ejemplo: la promesa de un emancipado para vender
un inmueble (643-11). Precisamente, en ocasiones, una de las partes no
puede celebrar de momento el contrato futuro, por necesitar una autorización o permiso judicial o administrativo, o bien por una imposibilidad de hecho, como falta de tiempo, o no haber un Notario disponible
o carecer de momento de la documentación necesaria, llenando así una
utilidad práctica el precontrato que permite asegurar la celebración del
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DE LOS CONTRATOS CIVILES
147
contrato futuro, razón por la cual se le considera en la doctrina española como un contrato de garantía.
58. ELEMENTOS REALES. Son dos Jos elementos reales de la prome-
sa: el contrato futuro y el plazo.
1) El objeto mediato de la promesa del contrato es Pl contr·ato fúturo,
ya que el objeto inmediato es una obligación di' !wCI'r: celebrar el contrato definitivo de acuerdo con Jos elementos característicos de éste
previamente determinados (2245 ). Estos elementos característicos del
contrato definitivo y que deben seüalarse desde el contrato preliminar,
son los elementos Psenciales de dicho contrato, y no los elementos naturales o accidentales del mismo ( 1839).
No todos los contratos pueden ser objeto de un contrato de promesa. Así, por ejemplo, el contrato de promesa no puede ser a su vez objeto de otra promesa, ya que de admitirse se llegaría al absurdo de
reproducir inútilmente este contrato un número ilimitado de veces.
Tampoco pueden ser objeto ele promesa aquellos contratos que jJor m
esencia misma requieran que una de las parte~ P)ewte la obligación a su
cargo precisamente antes que la otra parte pueda dar cumplimiento a
la obligación a su cargo, que es lo que acontece en el mutuo, en el elepósito y en el comodato, sin que esto sea obstáculo para que se difiera
a un plazo o se supedite a una condición el cumplimiento de la obligación del mutuante, del depositante o del comodante. En estos tres contratos la obligación del mutuante, la del depmitante y la del comodante
deben por esencia ejecutarse antes que la obligación de la otra parte, y
tal ejecución no es el perfeccionamiento de un contrato. sino la ejecución o cumplimiento por una de las partes.
Además, en nuestro Código civil ya es mutuo lo que en teoría sería
promesa de mutuo. Así, si Cayo se obliga hoy a entregar dentro ele un
plazo de tres meses la suma de diez mil pesos a Sempronio, para que
éste le devuelva igual suma al cabo de un aüo, se estaría celebrando
desde ahora un contrato de mutuo (2384), y no de promesa de mutuo.
Igual ocurre con el depósito y con el comoclato que nuestro Código civil identifica con la teórica promesa de depósito y con la teórica promesa de comodato.
Tampoco puede ser objeto de una promesa de contrato una donación futura, porque ello implicaría tlll fraude a la ley, ya que el espíritu
de ésta eÍ1 lo tocante a la donanún es proteger a la familia del donante,
impidiendo u obstaculizando las liberalidades impremeditadas o precipitadas, como lo revelan la necesidad de que las donaciones recaigan sobre bienes presentes (2332 y 2333), la" excesivas formalidades ele la
donación, aún para las donaciones sobre muebles (2344 y 2345) y para
-148
RAMÓN SÁNCHEZ MEDAL
la necesaria aceptación formal por parte del donatario todavía en vida
del donante (2346), así como la necesidad de la información por el donante de la aceptación del donatario en caso de donación entre ausentes (2340).
2) El otro elemento real de la promesa es el plazo para la celebración del contrato futuro, pues la falta de plazo haría nula la promesa.
Cuando expira el plazo sin que ninguna de las partes con conocimiento
de la otra haya realizado actos tendientes a la celebración del contrato
futuro, caducan los derechos de las mismas partes para exigir la celebración del contrato prometido.
El plazo debe considerarse como parte del contenido esencial del
contrato de promesa, por lo que la falta de él hace inaplicable supletoriamente la norma relativa a las obligaciones de hacer que no tuvieran
plazo fijado por las partes para su cumplimiento (2080), ya que esta regla es para que se cumpla una obligación ya existente, mientras que en
aquél caso se trata de un plazo necesario para que pueda existir el mismo contrato preparatorio y puedan nacer de él obligaciones. En la promesa, por tanto, hay un "término esencial constitutivo", distinto del
anteriormente mencionado "plazo esencial solutorio" como modo de terminación automática de un contrato si una determinada obligación de ese
contrato no se cumple en una fecha límite (ver núm. 49-2).
La exigencia ineludible de UH plazo expreso se explica porque sólo
con él se reviste de seriedad y de precisión a la obligación del promitente, ya que de Jo contrario la falta de él haría que la obligación asumida fuera vaga y carente de respeto. Por ello, hace notar Coviello
que "el contrato preliminar, teniendo por objeto un contrato futuro, es
esencialmente una obligación a término".
Sin perjuicio de Jo anterior, ya que no es el caso de una nulidad
absoluta, sino de una subsanable nulidad relativa (García López, Rojina
Villegas, Pablo Macedo y Borja Martínez), puede complementarse después por las partes la omisión del plazo, en vista de que los dos
promitentes pueden por escrito señalar posteriormente dicho plazo,
convalidando así la promesa nula celebrada por ellos con anterioridad.
Puede el término estar ligado a una condición. Ej.: en una promesa de venta se pacta que la compraventa futura se celebrará si en el
plazo de un mes se recaba un permiso administrativo de importación
de la cosa que va a ser objeto de dicha compraventa (1946).
59. ELEMENTOS FORMALES. La promesa de contrato es un contrato formal, que debe constar por escrito (2246), sin que sea posible su inscripción en el Registro Público de la Propiedad, porque generalmente se considera que no crea derechos reales, sino derechos puramente personales.
Sin embargo, cuando se demanda judicialmente el cumplimiento de
una promesa, esto es, el otorgamiento del contrato futuro que tenga
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MEOAL
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DE LOS CONTRATOS CIVILES
149
por objeto la transmisión de una propiedad inmueble o la constitución
de un derecho real sobre el mismo, puede inscribirse preventivamente
la demanda (3043-111) en el Registro Público de la Propiedad (arts. 41
y 42 del Reglamento del Registro Público de la Propiedad). En la práctica se apela en ocasiones a promover la demanda, aun sin notificarla
al demandado, para obtener de esta manera indirecta la inscripción de
la promesa en el Registro Público de la Propiedad. Este expediente o
artificio no prohibido por la ley, permite alcanzar mediante un rodeo
un resultado jurídico a través de un procedimiento judicial, semejante a
lo que hacían los romanos con la "in jure cessio", que era una "lis imaginaria", o sea un litigio imaginario, como la "mancipatio" era a su vez
una venta ficticia "imaginaria venditio" (Girard).
En algunos Estados de la República (Chihuahua, Nuevo León y Yocatan) se permite la inscripción de la promesa de venta en el Registro
Público de la Propiedad, lo cual no parece un desatino, dado que, por
una parte, también por excepción se inscriben en dicho Registro actos
u operaciones que no generan un derecho real, como ocurre con ciertos arrendamientos (3042-111) y las anotaciones preventivas de las fianzas legales y judiciales (2852 y 2854), y, por otra parte, si la promesa
de venta se anota en forma de inscripción preventiva, sirve de preparación a la inscripción definitiva una vez que se lleve a cabo la venta
prometida dentro del plazo pactado en la misma promesa. Así, pues,
dicha inscripción preventiva significa que se tiene por nacido el derecho real ''pro nato habetnr" en forma retroactiva a partir del momento
en que se hizo tal inscripción preventiva "ex tune" (desde entonces) en
caso de que después llegue a efectuarse la inscripción definitiva de la
venta, y no "ex nunc" (desde ahora), sólo a partir del momento en que
se celebra la compraventa. La inscripción preventiva de la promesa de
venta, produciría efectos parecidos a los del aviso preventivo de una
escritura que acaba de otorgarse, y cuyo testimonio está en proceso de
expedición (3016).
A este mismo respecto, una parte de la doctrina española menciona
la existencia de ''derechos reales de adquisición" que corresponden a los
llamados derechos reales de segundo grado, porque no recaen directamente
sobre el bien, y para aprovechamiento parcial o total del mismo, sino sobre el derecho de propiedad sobre él y que pueden tener un origen negocial, como la opción, o un origen legal, como el derecho al tanto, y
el derecho de prenda (Manuel García-Amigó, Revista de Derecho Privado,
Madrid, febrero 1976, págs. 99 a 131 ).
Anteriormente, la promesa no causaba ciertos impuestos, por lo
que en numerosos casos se trataba de encubrir bajo el nombre de promesa de venta una verdadera compraventa, como ocurría en el comer-
150
RAMÓN SÁNCHEZ MEDAL
cio de lotes de terreno. de automóviles, de artículos eléctricos, etc. Sin
embargo. en la actualidad se exige el pago de tales impuestos, pero sin
que este requisito fiscal sea necesario satisfacer para la validez del contrato preliminar. Para evitar el impuesto que hoy día grava la promesa
de venta, suele utilizarse una ofr'rta o policitación con un largo plazo de
vigencia (1804 1n fine), que dirige el interesado en comprar al mteresado en vender, fundándose para ello en la va seüalada distinción: la
promesa, aun la unilateral, es un contrato; en cambio, la policitación u
oferta es una declaración unilateral de voluntad. Con el mismo fin de
no incurrir en la obligación de pagar dicho impuesto, se recurre en
ocasiones a firmar ambas partes dos ejemplares, uno para cada una de
ellas, de una mrta rll' insh11crionPs dirigida a tlll Notario Público determinado, dándole a conocer los pormenores del contrato que han acm:dado ellas mismas celebrar. y pidiéndole otorgue dicho Notario en su
protocolo la correspondiente escritura dentro ele cierto tiempo.
60. CONTENIDO osuc;ACIONAL. Como consecuencia del contrato
preliminar nacen obligaciones a cargo de uno o de los dos promitentes (según se trate ele una promesa unilateral o de una promesa bilateral ele contrato) de realizar una prestación ele hacn, consistente ésta
en celebrar el contrato futuro (2245 ).
En ocasiones, es costumbre, sobre todo, en las promesas unilaterales, a las que también se llama "opción" principalmente si tienen por
objeto una compraventa futura, que el promitente reciba del beneficiario de la promesa una cantidad determinada de dinero al momento del
otorgamiento de la promesa. Esta entrega puede ser: o en concepto de
arras, es decir, a título de garantía para el efecto de que si no se cumple con la promesa, se pierde a manera de pena convencional el importe entregado por el promitente incumplido; o bien, es una cantidad
que se entrega en firme como retribución simplemente a cambio de la
promesa; o bien una cantidad que se entrega ya en calidad de abono a
cuenta de precio, en algunos casos de promesa de compraventa.
Si la suma se entrega como arras de garantía o como una retribución por la promesa, se está en presencia de cláusulas accidentales del
contrato que no alteran la esencia de la promesa; pero si la suma se
paga como abono de precio, la jurisprudencia de la Suprema Corte ha establecido con razón que no existe promesa de venta, sino ya la misma
compraventa, cuando han empezado a cumplirse de inmediato por alguna o por las dos partes, las obligaciones propias del contrato definitivo de compraventa, o sea pagar parte o la totalidad del precio, o·
entregar la cosa objeto del contrato (tesis 114, fojas 323, de la jurisprudencia de la Tercera Sala hasta 1975 en el apéndice del S.J. de F.).
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la promesa; pero si la suma se
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(tesis 114, fojas 323, de la juris5 en el apéndice del S.J. de F.).
DE LOS CONTRATOS CIVILES
151
61. INCUMPLIMIENTO DEL CONTRATO. Cuando el promitente se resiste al otorgamiento del contrato futuro, puede el beneficiario de la promesa exigir judicialmente el otorgamiento de éste y hacer efectivo tal
otorgamiento a través de la firma que estampe el juez en rebeldía del
promitente (Arts. 2247 del Cód. civil y 517-III del Cód. de Proc. Civiles), al ejecutar la sentencia condenatoria a cargo del promitente incumplido, en la inteligencia de que aunque el contrato futuro no exija
hacerse constar por escrito, el juez deberá firmar un documento en ejecución de la mencionada sentencia que dicte y que haya condenado al
otorgamiento del contrato prometido. En este caso el juez actúa no
como representante del promitente recalcitrante, sino como sustituto de
éste.
Ahora que si el contrato futuro tenía por objeto la transmisión de
la propiedad de una cosa y ésta, antes de que se exija el otorgamiento
del contrato futuro, ha sido enajenada o gravada por el promitente en
favor de un tercero de buena fo, a virtud de un acto a título oneToso, la
obligación del promitente se convierte en una obligación de pagar daños y perjuicios. Por el contrario, cuando la enajenación se ha hecho a
un tercero de mala fe o bien por virtud de un acto a título gmtuito,
tal enajenación queda sin efecto, aunque en este último caso no haya
mediado mala fe de parte de dicho tercero (224 7). La buena fe que se
requiere en el tercer adquirente a título oneroso, no es la "buena fe
registra!", esto es, que aunque en el Registro no aparezca ningún elemento para denunciar que el promitente carece de derecho para enajenar un determinado bien, si el tercero conoce de hecho la existencia de
la promesa, y a sabiendas de ella, adquiere dicho bien, debe considerársele de mala fe, por aplicación analógica de lo que ocurre en la acción Pauliana (2164 y 2165).
Sin embargo, ni la mala fe del adquirente en la enajenación onerosa, ni el hecho de que la enajenación haya sido hecha a título gratuito,
evitan que la nulidad de una u otra enajenación tenga que ser siempre
declarada en juicio por la autoridad judicial, por no tratarse de una
nulidad de pleno derecho, según la tesis jurisprudencia! arriba indicada.
(núm. 48-3).
No deriva de la promesa una obligación altemativa: o de celebrar el
contrato, o bien de pagar daños y perjuicios, ya que el deudor promitente no puede optar por lo último cuando lo primero sea posible, como tampoco puede el beneficiario optar por los daños y perjuicios
compensatorios cuando la celebración del contrato no sea posible (Clemente de Diego). El promisario no podrá obtener la ejecución forzada
de la promesa, o sea la firma del contrato futuro por el juez en rebeldía del promitente recalcitrante, cuando la prestación personal objeto
152
RAMÓN SÁNCHEZ MEDAL
del contrato definitivo, sea una prestación insustituiblemente personal del
obligado, como por ejemplo, la ejecución de un programa musical en
público por un artista.
Al parecer pueden configurarse como obligaciones alternativas las
derivadas de una promesa, cuando median arras penitenciales o de arrepentimiento, que permitan optar o por el cumplimiento o por el pago de
la pena. Sin embargo, no es así, porque si en tal supuesto llega a hacerse imposible la celebración del contrato futuro (p. ej., la Sría. de
Relaciones Exteriores negó un permiso para adquirir), no se está obligado al pago de la pena, cosa que sí acontecería si en realidad hubiera
una obligación alternativa ( 1962).
62. TERMINACIÓN DEL CONTRATO. La promesa termina ordinariamente por agotamiento natural de los efectos del contrato, o sea al
otorgarse el contrato futuro; pero también puede caducar porque haya
vencido el término sin que haya habido acto alguno de una de las partes con conocimiento de la otra, tendiente a la celebración del contrato
futuro ( 1946).
Para evitar esta caducidad debe el promisario requerir al promitente antes o en la misma fecha-límite del plazo pactado en la promesa,
para que en esa fecha celebre el contrato prometido, o debe el promisario realizar dentro de ese plazo actos positivos con conocimiento del
promitente (como por ejemplo, entregar los antecedentes de propiedad,
las boletas de contribuciones, las instrucciones relativas a un Notario
Público, etcétera) que revelen la decisión del mismo promisario de celebrar en tiempo el contrato prometido. Es, pues, sólo la pasiva inactividad de ambas partes dentro del mencionado plazo lo único que
provoca la caducidad de la promesa. De no admitirse esta caducidad, sería suprimir todo sentido jurídico a la inserción de un plazo esencial al
celebrar la promesa.
Asimismo, puede la misma promesa ser anulada y no producir efectos, bien sea porque no se hizo por escrito, a menos que en este caso
se intente y pruebe la acción ''pro forma", o porque se haya omitido
consignar el plazo o los elementos esenciales del contrato definitivo, o
bien que el contrato definitivo tenga un objeto ilícito.
Generalmente, en los contratos sinalagmáticos la obligación de cada
parte es diferente de la obligación de la otra parte (p. ej.: la obligación
del comprador de pagar el precio, es muy distinta de la del vendedor
de transmitir la propiedad de la cosa). Por el contrario, en la promesa
bilateral las respectivas obligaciones de ambos promitentes son idénticas, a saber: celebrar ambas partes el contrato definitivo. Esta circunstancia, aunada al hecho de que el legislador sólo prevé expresamente
DE LO
la acción de eJecución forza
lución de la promesa, hace
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63. PECULIARIDADES DEL
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para adquirir), no se está obli:ontecería si en realidad hubiera
La promesa termina ordinaria-
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no admitirse esta caducidad, sellserción de un plazo esencial al
ser anulada y no producir efec:rito, a menos que en este caso
na", o porque se haya omitido
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Por el contrario, en la promesa
ambos promitentes son idénti:ontrato definitivo. Esta circunsslador sólo prevé expresamente
DE
LOS CONTRATOS CIVILES
153
la accwn de ejecución forzada (224 7), y no alude para nada a la resolución de la promesa, hace dudar acerca de la posibilidad de dicha resolución en caso de incumplimiento de una de las partes. Sin embargo,
si el promitente requiere formalmente al otro dentro del plazo de vigencia de la promesa para que ambos celebren el contrato definitivo, y
la parte requerida se niega expresa e infundadamente a celebrarlo, podrá aquel promitente demandar la resolución de la promesa y exigir el
pago de los daños y perjuicios compensatorios ( 1949).
Finalmente, puede terminar por muerte de uno de los promitentes,
cuando el contrato futuro es "intuitu personae" y ocurre el fallecimiento
de la persona cuyas cualidades personales han sido tomadas en consideración como motivo determinante del contrato. Ej.: En una promesa de
un contrato futuro de obra a precio alzado, fallece antes de celebrarse
éste el empresario o contratista.
63. PECULIARIDADES DEL CONTRATO. Como una de las peculiaridades
de este contrato puede señalarse la posibilidad de que se establezcan
arras para que el beneficiario en una promesa unilateral o los dos promitentes en una bilateral, puedan desistirse de la promesa (jus poenitendi"), y no celebrar el contrato futuro, en cuyo supuesto quien desiste
del contrato debe perder como pena las arras entregadas o devolver
éstas y otro tanto, según el caso, a su contratante, pero sin quedar obligado además a celebrar el contrato prometido.
CAPÍTULO X
COMPRAVENTA
64. DEFINICIÓN. Nuestro Código civil define con acierto la compraventa como el contrato por el que "uno de los contratantes se obliga a
transferir la propiedad de una cosa o de un derecho, y el otro a su vez
se obliga a pagar por ellos un precio cierto y en dinero" (2248).
Aunque inspirada en el Código civil argentino (Art. 1323: "Habrá
compraventa cuando una de las partes se obligue a transferir a la otra
la propiedad de una cosa, y ésta se obligue a recibirla y a pagar por
ella un precio cierto y en dinero"); sin embargo, difiere de dicho ordenamiento en dos puntos: a) incluye en la definición la venta de derechos,
según lo pretende la doctrina (Josserand), si bien en punto de terminología cabe hacer notar que en este último caso lo que propiamente se
transfiere es la titularidad sobre los derechos ("res incorporales, qu.ae tangi
non posunt") y no la propiedad sobre los mismos, dado que la propiedad más bien se reserva para las cosas ("res corporales, quae tangi posunt"); y b) suprime de la definición la obligación del comprador de recibir
la cosa, sin que ello signifique que tal obligación no exista en la compraventa, pues efectivamente tiene el comprador la de recibir la cosa,
porque de no hacerlo incurre en la "mora accipiendi" (2292), pero hay
ocasiones en que no existe en rigor una verdadera recepción de la
cosa, cuando se trata de venta de derechos si éstos no autorizan a la
posesión de una determinada cosa; y también cuando se trata de venta
de cosas que ya obran en poder del comprador o que continúa poseyendo el vendedor ya no como dueño, sino bajo otro título (arrendatario,
comodatario, depositario, etc.), o sea en los supuestos, respectivamente,
de la "traditio brevi manu." y del llamado "constitu.to posesorio".
Se ha pretendido censurar la definición legal de nuestro Cód. civil,
alegando que ilógicamente se inspiró en el Cód. civil argentino donde
a diferencia del nuestro, se exige la entrega de la cosa para la transmisión de la propiedad en la compraventa, de la cual no se requiere por
el legislador mexicano, dado que en nuestro Derecho civil "la trasla!55
I56
RAMÓN SÁNCHEZ MEDAL
non de la propiedad se verifica entre los contratantes, por mero efecto
del contrato, sin dependencia de tradición ya sea natural, ya sea simbólica" (2014), pero en nuestro Derecho civil al igual que en el francés,
existe en la compraventa, a cargo del vendedor, la obligación de entregar la cosa, sin que tal entrega sea necesaria para transmitir la propiedad de la cosa vendida; por ello, en el Derecho francés y en el
nuestro, el riesgo o el peligro de la cosa lo corre el comprador desde
el momento en que se perfecciona el contrato, porque a partir de entonces se transmite generalmente, por virtud de éste, la propiedad de la
cosa (esto no ocurre, por excepción, en la venta con reserva de la propiedad, en la venta de géneros, en la venta de cosa futura, en la venta
de cosa alternativa y en la venta bajo condición), en tanto que en el
Derecho argentino y en el Derecho alemán dicho riesgo o peligro lo
corre el comprador hasta que recibe la cosa.
En suma, la definición legal del Código Civil fue aceptada con beneplácito al publicarse el proyecto del Cód. civil (Borja Soriano en El
Foro, 2, IX, abril a junio de 1928, pág. 200) y tiene estos tres aciertos:
a) comprende la venta de cosas y derechos; b) menciona las dos únicas
obligaciones esenciales que nunca pueden faltar en la compraventa: la
de transmitir la propiedad de la cosa o la titularidad del derecho, y la de
pagar el precio cierto en dinero; y e) pero no se mencionan aquellas
obligaciones que, aunque ordinariamente dimanan de la compraventa,
pueden faltar en ella, tales como la obligación de entregar y la correlativa de recibir la cosa, que faltan ordinariamente cuando se trata de
venta de derechos, así como la obligación de garantizar por evicción o
por vicios ocultos, que pueden eliminarse por un pacto en contrario.
65. CLASIFICACIÓN. La compraventa es un contrato sinalagmático;
oneroso; generalmente conmutativo, salvo la compra de esperanza que tiene el carácter de aleatoria; generalmente contrato de ejecución instantánea, pero también en ocasiones de ejecución diferida (venta a plazo)
o de ejecución escalonada (venta en abonos); consensual, cuando recae
sobre muebles, y formal, cuando versa sobre inmuebles; traslativo de
propiedad; muchas veces es un contrato de adhesión, en las compras
que se hacen en las llamadas tiendas de autoservicio, en grandes almacenes o por distribuidores automáticos (refrescos, cigarros, comestibles,
etc.); compraventa "obligatoria" (si sólo genera de inmediato la obligación de transmitir la propiedad) o compraventa "real" o de eficacia real
(si transmite desde luego la propiedad); contrato principal; un verdadero contrato-tipo, dado que varios de sus efectos a través de un proceso
de generalización en una interpretación sistemática e inductiva, han
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DE LOS CONTRATOS CIVILES
!57
servido para elaborar principios generales aplicables a todos los contratos sinalagmáticos onerosos y conmutativos y aun en materia de obligaciones, como ocurrió con el saneamiento por evicción y por vicios
ocultos que hoy día es una responsabilidad general que se impone al
enajenante a título oneroso en todos los casos de enajenación contractual de bienes (2120 y 2142), similar a la responsabilidad del cedente
de un crédito respecto de la existencia o legitimidad de éste (2042).
66. HISTORIA. Es sin duda la compraventa el más importante y el
más frecuente de todos los contratos. Resultó de la evolución del trueque o permuta, cuando apareció la moneda como común denominador
de los valores de cambio.
La venta romana, a diferencia del Derecho moderno, tenía únicamente efectos obligatorios: no derivaba de ella ningún derecho real a
favor del comprador, sino sólo obligaciones recíprocas entre las partes,
no adquiría el comprador el "dominium" sobre la cosa, sino únicamente
derechos de crédito que podrían hacerse valer exclusivamente frente al
vendedor. Quedaba éste obligado, ante todo, a entregar la cosa vendida
al comprador, entrega que atribuía a este último la pacífica posesión
de la cosa "habere licere". El vendedor no se obligaba a transferir la
propiedad, sino sólo a procurar la posesión pacífica; no estaba obligado a
un "dare" sino a un 'Jacere", esto es, a hacer que el comprador saliera
victorioso en el juicio posesorio que eventualmente un tercero le promoviera en su contra.
La pacífica posesión "habere licere" se atribuía mediante la "nuda traditio", la cual se distinguía de la otra "traditio" que implicaba transmisión
de propiedad, porque la primera consistía en un "tradere vacuam possessionem", o sea la entrega de una escueta posesión.
Naturalmente que cuando se trataba de "res nec mancipi" en el derecho justinianeo, la "traditio" hacía adquirir al comprador el dominio sobre la cosa, siempre que el vendedor fuera el propietario de ella.
Para evitar los inconvenientes de esta singular estructura de la venta romana, se concedía la "usucapio" por la cual el comprador, poseyendo, según los casos, por uno o dos años la cosa, adquiría el "dominium"
sobre ella con base en el título ''pro emptore"; y en el ínterin, el pretor
le concedía la ''actio Publiciana", cuando la cosa le había sido entregada
(Biondo Biondi), cuya acción corresponde hoy a la acción plenaria de
posesión.
En el derecho moderno y concretamente en nuestro derecho, según
se apuntó antes, "la traslación de propiedad se verifica entre los con-
158
RAMÓN
SÁNCHEZ MEDAL
tratantes, por mero efecto del contrato, sin dependencia de tradición ya
sea natural, ya sea simbólica" (20 14), por lo que generalmente la compraventa tiene una eficacia real, pudiendo sin embargo, ser compraventa
"obligatoria" cuando se difiere para después la transmisión de propiedad
en los casos de venta con reserva de dominio, de venta bajo condición,
de venta de cosa futura, de venta de géneros y de venta de cosa alternativa, de las que más adelante se hará mención especial.
67. FIGURAS AFINES. En primer lugar, se distingue de la permuta en
lo siguiente:
a) En que la totalidad o la mayor parte de la contraprestación a
cambio de la cosa, se paga con otra cosa, en la permuta; en tanto que
en la venta, la totalidad o la mitad por lo menos del precio se paga en
dinero (2250 y 2327).
b) En la compraventa aunque tuviere el comprador justo temor de
ser perturbado en su posesión o derecho, deberá hacer el pago del
precio que no hubiere efectuado todavía, si el vendedor le ha asegurado la posesión o le ha dado fianza, salvo convenio en contrario (2299);
en tanto que en la permuta, cuando el contratante que ha recibido la
cosa y teme que va a ser perturbado en su posesión o derecho, acreditando que tal cosa no era de la parte que se la dio, no puede ser obligado a entregar la cosa que él ofreció a cambio, aunque se le asegure
la posesión de aquélla o se le dé fianza, sino que dicho contratante
únicamente queda obligado a devolver aquella cosa que recibió (2328).
e) En la compraventa, cuando el comprador sufre la evicción de la
cosa, el vendedor debe pagarle daños y perjuicios sólo que hubiere
procedido de mala fe (2126 y 2127); en tanto que el permutante que
ha sufrido la evicción de la cosa que recibió a cambio, podrá reivindicar la que él dio, si se halla aún en poder del otro permutante, o exigir su valor o el valor de la cosa que se le hubiere dado en cambio,
con el pago de daños y perjuicios (2329), lo cual constituye una agravación de responsabilidades en la permuta con relación a la compraventa.
Se distingue la venta de cosa futura con relación al contrato de obra a
precio alzado, a pesar de que algunos autores identifican ambas figuras
(Mateas Alarcón, Troplong, Chironi y Baudry-Lacantinerie). El criterio
de distinción podría ser mixto: hay contrato de obra cuando la cosa futura que se obliga a entregar una de las partes va a producirse por el
trabajo de ésta, aunque con el auxilio o la colaboración de otras personas (Planiol) y aunque dicha persona proporcione los materiales, con
DE LO
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MEDAL
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111
DE LOS CONTRATOS CIVILES
!59
tal que éstos sean lo accesorio o tengan secundaria importancia (Colin
y Capitant); en cambio, hay venta de cosa futura, cuando la cosa que
se obliga a entregar una persona a otra es una cosa que existirá en el
futuro por un fenómeno natural o por el trabajo de un tercero (Planiol). Otro criterio de distinción de carácter subjetivo consiste en atender a la voluntad e intención de las partes: si únicamente se tuvo en
cuenta que debía entregarse un determinado objeto dentro de cierto
plazo, sin considerar para nada el trabajo que costaría realizarlo, se
trataría de una compraventa; si por el contrario se tuvo en cuenta
principalmente el trabajo que se necesitaría para ajustar la obra a un
diseño o modelo, se estaría en presencia de un contrato de obra a precio alzado (De Diego y Puig Peña).
En forma análoga a la tesis muy simple de la doctrina argentina
(Rezzónico ), puede afirmarse que en nuestro Derecho cuando la dirección de la obra por ejecutar y los materiales por emplear se dejan a la
responsabilidad de uno de los contratantes, el contrato es de obra a
precio alzado (2616) y no venta de cosa futura.
Esta cuestión no es puramente teórica, pues interesa distinguir la
venta de cosa futura con respecto al contrato de obra a precio alzado,
dado que en la primera no existe el derecho de desistimiento unilateral
del contrato, que ciertamente existe en el segundo (2635 y 2637), y,
además, la obligación de responder por los vicios ocultos a cargo del
vendedor está sujeta a ciertos requisitos (2143) y a una breve caducidad de seis meses (2149), en tanto que la responsabilidad del empresario no está sujeta a dichos requisitos y perdura por el plazo de la más
amplia prescripción de diez años por lo que hace a ciertos defectos o
vicios que aparezcan posteriormente en la obra ejecutada (2634 y
1159).
Por otra parte, en ocasiones resulta más conveniente a los interesados la estructuración de su convenio como contrato de obra a precio
alzado en vez de venta de cosa futura, para pagar así un impuesto más
bajo. Tal ocurre por ejemplo, con una compañía fraccionadora que .en
vez de celebrar una venta de cosa futura de una casa que va a adqumr
uno de sus clientes, recurre a la venta del terreno y agrega a esta operación un contrato de obra a precio alzado, para construir ella misma
en dicho terreno y con garantía de éste, una casa de la naturaleza y especificaciones que le encargue el comprador y dueflo del terreno a la
misma compañía fraccionadora o a una empresa o persona dependientes de ella.
Asimismo, la compraventa se distingue del arrendamiento en lo SI-
160
RAMÓN
SÁNCHEZ
MEDAL
guiente: a) El precio por el uso en el arrendamiento no debe ser por
fuerza dinero, a diferencia del precio por la cosa en la compraventa
que debe consistir en dinero. b) La compraventa es de ordinario un
acto de disposición o de dominio, en tanto que el arrendamiento es comúnmente un acto de administración, salvo los arrendamientos de más
de seis años o con anticipos de rentas por más de tres años. e) La
compraventa es ordinariamente un contrato instantáneo, a diferencia
del arrendamiento que es un contrato de tracto sucesivo o de ejecución
duradera. d) En la compraventa la cosa ha de recibirse en el estado en
que se encontraba al celebrarse el contrato (2288), en tanto que el
arrendamiento la cosa ha de entregarse en buen estado para que sirva
para el uso convenido (2412-I). e) En la compraventa el comprador usa
de la cosa como le parezca, y en el arrendamiento sólo puede usar de
ella conforme a su naturaleza o al uso convenido (2425-III). j) Si se
pierde la cosa después de celebrado el contrato, perece para el comprador que la adquirió (2017-V), en tanto que en el arrendamiento aunque perezca la cosa por caso fortuito es a riesgo del arrendador y no
del arrendatario que la tiene en su poder (2431 ), a menos que el
arrendatario se encuentre en mora de devolver la cosa por haber concluido el contrato y a virtud de la "perpetuatio obligationis" responda de
la pérdida aun en caso fortuito o de fuerza mayor. g) Los vicios ocultos
sólo hacen responsable al vendedor si son anteriores al contrato (2157
y 2159), a diferencia del arrendamiento en que el arrendador responde
de tales vicios aunque sean posteriores al contrato (2421 ). h) La diferencia sustancial consiste en que en la compraventa se dan estos dos
elementos esenciales: se paga de cualquier forma un precio cierto en
dinero y se transmite también de cualquier forma la propiedad de la totalidad o de parte de la cosa. En cambio, en el arrendamiento el precio
no consiste por fuerza en dinero y nunca se transmite, por virtud de dicho contrato, al arrendatario la propiedad de la cosa objeto del mismo
contrato. Acerca de esta capital diferencia es oportuna la siguiente cita
doctrinal:
"Frecuentemente se sufre de dificultades cuando se quiere saber si
un determinado contrato constituye una compraventa o un arrendamiento; esto ocurre cuando la transmisión de la propiedad se difiere
hasta una fecha lejana, después de que se haya pagado el precio a plazos anuales.
"En la resolución de estos problemas, los tribunales de instancia
han de indagar la verdadera intención de las partes, independizándose
de la denominación usada por ellas ...
DE LOS
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DE LOS CONTRATOS CIVILES
161
"En prinCipiO, las partes habrán constituido una compraventa cuando hayan pactado la transmisión de la propiedad de la totalidad o de parte de la cosa, de modo definitivo, sea cual fuere la fecha en que se
efectúe esa transmisión, sean cuales fueren los modos de pago del precio. En cambio, los tribunales entienden que existe arrendamiento
cuando el contrato se circunscriba al disfrute de la cosa, es decir, al derecho de obtener todas las ventajas cuyo ejercicio no disminuya su valor" (Planiol y Ripert, Tratado Práctico de Derecho Civil, tomo X, trad.
española de M. Díaz Cruz, pág. 3, núm. 3).
La Suprema Corte de Justicia ha resuelto que cuando la intención
de las partes fue que, al concluir de pagar todas las mensualidades pactadas y completar determinada suma de dinero se otorgará el título de
propiedad "no se está en presencia de un contrato de arrendamiento
sino de compraventa a plazos sujeto a la condición suspensiva de perfeccionarse definitivamente mediante el pago total del precio convenido" (S.J. de F., 5a época, tomo LXX, pág. 2592 y tomo LIX, pág. 113).
Hay contratos en que al parecer la distinción no es muy clara y
que suscitan vivas discusiones al respecto. Por ejemplo, la concesión para explotar canteras, arenas, mármoles, etc., o para recolectar frutos o
cortar yerbas o madera, pueden ser, según los casos, o arrendamiento
del predio (si se atiende a la unidad-tiempo) o venta de dichos frutos o
productos (si se atiende a la unidad-cosa); la concesión de una sepultura a perpetuidad en un cementerio, que algunos autores consideran
arrendamiento, y otros, como venta de un derecho real ''sui géneris",
dado que sólo se autoriza el uso para el reposo del propio cadáver o
de los parientes; y la llamada locación-venta sobre vehículos, máquinas,
equipo, etc., que amerita un comentario especial por el desarrollo que
han cobrado en nuestro medio bancario las llamadas compañías arrendadoras. A este último tema de gran actualidad, se dedica más adelante
un estudio más amplio a propósito del arrendamiento.
Es importante también la distinción entre la compraventa, aun la
de entregas parciales o repartidas en que de todas maneras hay una
sola y única prestación, y el contrato de suministro, en que hay multiplicidad de prestaciones, porque las entregas son periódicas y autónomas
(Mossa). Además, para que un incumplimiento en el suministro sea causa suficiente de rescisión del contrato, se requiere según la doctrina
(Degni) y el derecho comparado, que el incumplimiento sea grave y de
tal naturaleza que quebrante seriamente o haga desaparecer la confianza en la exactitud de los posteriores cumplimientos (Art. 1564 Cód. civil
italiano), o sea que se produce en el suministro una exigencia similar a la
162
RAMÓN SÁNCHEZ MEDAL
DE LOS
que se da en el contrato de renta vitalicia, también de prestaciones periódicas, donde la sola falta de pago de una o varias pensiones no autoriza a pedir la rescisión, sino sólo el pago de tales pensiones vencidas
y el aseguramiento de las futuras (2782 y 2783), ya que únicamente la
negativa o falta de tal aseguramiento permite recurrir a la rescisión del
contrato, precisamente también porque en ese caso desaparece la confianza en que las pensiones futuras van a ser pagadas con puntualidad.
A pesar de las diferencias apuntadas entre la compraventa y el suministro, se suele denominar a la venta de entregas parciales como venta de
entregas repartidas, y al suministro con el nombre de venta de e;ecución
continuada (Ravá).
dominio, ventas por acervo,
que se dedica después un pár
e) Finalmente, cabe habl;
necesaria, según sea consentic
estar obligado a hacerla, o b
sión jurídicas (De Diego, Rez
últimas: la expropiación fow
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quebrado (arts. 211 y sigs. l
cumplimiento de una promes;
68. ESPECIES. a) En pnmer lugar, hay compraventa civil y compraventa mercantil. Esta última lo es cuando se hace con el propósito directo y preferente de traficar o especular (Art. 75-1 y 11 y 371 del Cód.
de Comercio). Son también mercantiles las que se celebran entre comerciantes (Arts. 75-XXI del Cód. de Comercio), y las que tengan por
objeto títulos de crédito, como acciones, obligaciones, etc. (Art. 75-111,
XIX y XX, del Cód. de Comercio). Cobra, sobre todo, importancia esta
primera clasificación, porque en las compraventas mercantiles no se da
la lesión (385 del Cód. de Comercio), a causa del propósito de especulación, expreso o presunto, que persiguen las partes; además, en las
compraventas mercantiles, son muy breves los plazos para reclamar los
defectos de calidad o de cantidad o los vicios ocultos de las cosas vendi-·
das (art. 383 del Cód. de Comercio), debido a la mayor rapidez y a la
mayor seguridad que reclaman las transacciones mercantiles; y finalmente, la compraventa entre ausentes, cuando es mercantil se perfecciona por la expedición de aceptación por el destinatario de la oferta
(art. 80 del Cód. de Comercio) y, en cambio, cuando es civil, el perfeccionamiento del contrato se produce hasta que el policitante recibe dicha aceptación ( 1807).
b) Se distingue también entre compraventa pública y compraventa privada, según que el vendedor la contrate con un comprador a su elección (privada), o sea llevada la cosa a una almoneda para adjudicarla al
que ofrezca mejor precio (pública).
e) Hay compraventa judicial y compraventa extrajudicial, según que mtervenga o no la autoridad judicial en la venta de la cosa.
d) Existe compraventa común u ordinaria, que se rige por las disposiciones generales en materia de compraventa; y compraventa especial, que
no se ajusta a dicho tipo común y se rige por disposiciones especiales.
Ejemplos de estas últimas: ventas "ad gustum", ventas con reserva de
principales especies de comF
que se sujeta el consentimient
1) Venta a ensayo o a prue,
condición suspensiva de que la
la venta se perfecciona hasta
uso o servicio que pretende
tanto, las condiciones requeri
prueba o el ensayo son desf;
que queda sin efecto.
En las ventas a domicilie
consentimiento en el plazo d
Protección al Consumidor), si
la ley de antedatar falsamentt
No puede establecerse la
quedan al libre arbitrio subj•
determinarse objetivamente a
puesto dependen de lo que
propósito de cada caso en pa
2) La venta "ad gustwn" 1
del gusto del comprador a q
que en este caso el contrato
le haya agradado la cosa (2
trata más bien de una promes
jeta a condición suspensiva.
mo una policitación u ofe1
condición, consistente esta co
del agrado del destinatario
puesto se necesitará además
para el perfeccionamiento de
69. MODALIDADES DEL O
MEDAL
·a, también de prestaciones peuna o varias pensiones no augo de tales pensiones vencidas
y 2783), ya que únicamente la
ite recurrir a la rescisión del
n ese caso desaparece la conser pagadas con puntualidad.
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1 nombre de venta de ejecución
y compraventa civil y compralo se hace con el propósito di. (Art. 75-1 y 11 y 371 del Cód.
las que se celebran entre coomercio), y las que tengan por
, obligaciones, etc. (Art. 75-III,
ra, sobre todo, importancia esta
1praventas mercantiles no se da
causa del propósito de especulen las partes; además, en las
es los plazos para reclamar los
~cios ocultos de las cosas vendi·
bido a la mayor rapidez y a la
tsacciones mercantiles; y finalcuando es mercantil se perfecor el destinatario de la oferta
nbio, cuando es civil, el perfec.sta que el policitante recibe di-
tventa pública y compraventa pri-
: con un comprador a su elecla almoneda para adjudicarla al
extrajudicial, según que inventa de la cosa.
ia, que se rige por las disposienta; y compraventa esfJecial, que
ge por disposiciones especiales.
rustum", ventas con reserva de
mta
DE
LOS
CONTRATOS
CIVILES
163
dominio, ventas por acervo, ventas con cláusula resolutoria, etc., a las
que se dedica después un párrafo especial.
e) Finalmente, cabe hablar de compraventa voluntaria o compraventa
necesaria, según sea consentida espontáneamente por el vendedor sin
estar obligado a hacerla, o bien la haga por una necesidad o compulsión jurídicas (De Diego, Rezzónico y Aubry y Rau): Ejemplos de estas
últimas: la expropiación forzosa, la venta de cosa indivisa (939, 940 y
1772), la venta en remate judicial (2323), la venta de los bienes del
quebrado (arts. 211 y sigs. Ley de Quiebras), la venta que se haga en
cumplimiento de una promesa de venta (2243 y 2245).
69. MODALIDADES DEL CONSENT,IMIENTO EN LA COMPRAVENTA. Las
principales especies de compraventa en función de las modalidades a
que se sujeta el consentimiento son:
l) Venta a ensayo o a prueba, en la que el contrato queda stueto a la
condición suspensiva de que la cosa sea ensayada o probada, por lo que
la venta se perfecciona hasta que dicha cosa es reconocida apta para el
uso o servicio que pretende el comprador y hasta que satisface, por
tanto, las condiciones requeridas por el mismo comprador (2257). Si la
prueba o el ensayo son desfavoPables, la venta no se perfecciona, sino
que queda sin efecto.
En las ventas a domicilio, se faculta al comprador para revocar su
consentimiento en el plazo de cinco días (art. 56 de la Ley Federal de
Protección al Consumidor), si bien en la práctica se recurre al fraude a
la ley de antedatar falsamente el contrato.
No puede establecerse la regla general de que la prueba o ensayo
quedan al libre arbitrio subjetivo del comprador, o bien de que deba
determinarse objetivamente a través de peritos, ya que uno u otro supuesto dependen de lo que en concreto hayan convenido las partes a
propósito de cada caso en particular.
2) La venta "ad gnstum" o al gusto, en cuyo contrato todo depende
del gusto del comprador a quien se deja la facultad de degustar. Aunque en este caso el contrato no se perfecciona hasta que el comprador
le haya agradado la cosa (2257) y así lo comunique al vendedor, se
trata más bien de una promesa unilateral de venta y no de una venta sujeta a condición suspensiva. Se ha pretendido configurarla también como una policitación u oferta, sujeta no a término ( l H05 ), sino a
condición, consistente esta condición en el hecho de que la cosa resulte
del agrado del destinatario de dicha propuesta, pero aún en ese supuesto se necesitará además una declaración de voluntad del aceptante
para el perfeccionamiento del contrato, y no el simple agrado del mis-
164
RAMÓN SÁNCHEZ MEDAL
mo destinatario, lo cual haría muy alambicado el perfeccionamiento del
contrato y, por otra parte, nada impediría que aunque la cosa resultara
del agrado del destinatario de la oferta, no aceptara dicha oferta el
propio destinatario y no se celebrara el contrato. Esta venta se acostumbra principalmente para la compra del vino, del aceite y de otros
alimentos. Para estructurar esta venta, hay que atender al uso o costumbre que al respecto exista en el lugar en que se celebre el contrato.
3) La venta a vistas, de idéntica naturaleza que la anterior, porque
en ella depende también el perfeccionamiento del contrato del agrado
subjetivo que experimente y manifieste el comprador después de haber
examinado la cosa o su funcionamiento. Hay, pues, una promesa unilateral de venta, y no una venta sujeta a condición suspensiva.
1) Venta por cuenta, peso o medida, en la que el contrato se perfecciona desde luego, aunque todavía no se hayan pesado o no se haya
hecho la cuenta o la medición de las cosas vendidas. Antes de estas
operaciones materiales todavía no se ha determinado el total del precio, sino únicamente se ha convenido a tanto la medida, por unidad de
número, de peso o de cantidad, por lo que si las cosas no llegan a
existir o perecen antes de la cuenta, de la medición o del peso de las
cosas, la pérdida es reportada por el vendedor.
La medición o la cuenta o el peso no se requieren para individualizar la cosa vendida, sino para determinar el precio total, como ocurre
cuando se vende todo el trigo que se levante en una cosecha o todo el
camarón que se pesque en un cierto tiempo, o toda la producción de
leche en un mes en un establo determinado. La acción de pesar, de
medir o de contar es una operación material que determinará la cosa
medida y su precio total, pero aún antes de esta operación material
existe ya el contrato, por lo que el comprador puede exigir la entrega
de las cosas o el pago de los daños y perjuicios en caso de incumplimiento del vendedor que se resista a efectuar dicha operación material.
A su vez, el vendedor podría obligar al comprador a recibir las cosas y
a pagarle el precio.
5) La venta por acervo o a precio alzado, que se perfecciona en el
momento en que el comprador acepta pagar un determinado precio
global, aunque se trate de cosas que se suelen contar, pesar o medir,
no pudiendo dicho comprador pedir la rescisión del contrato por no
haber encontrado él en el acervo la cantidad, peso o medida que él
calculaba (2259), por lo que no es aplicable aquí la regla general a
propósito del error del cálculo que da lugar a la rectificación (1814).
Sólo habrá lugar a la rescisión de este tipo de contrato, si el vendedor
propuso el acervo como de especie homogénea (por ejemplo, frijol de
DE LOS
determinada especie y calidac
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6) Venta sobre muestras
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DE LOS CONTRATOS CIVILES
MEDAL
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mogénea (por ejemplo, frijol de
165
determinada especie y calidad) y ocultó la existencia de especies de mferiar calidad o clase diferente de las que estaban a la vista (2260).
6) Venta sobre muestras o calidades conocidas, que en caso de inconformidad entre los contratantes se dirimen las controversias con auxilio de peritos (2258).
7) La venta de un inmueble puede ser: a) venta "ad rnensuram",
cuando se f~e un precio por unidad de medida, aunque se exprese la
superficie total del predio, en cuyo supuesto la diferencia en más o
menos de esta última determinará la consiguiente modificación del precio total, por tratarse en tal caso de un error de cálculo (1811); o bien,
b) venta ''ad corpus", cuando las partes fijan un precio alzado y aunque
hayan expresado los linderos y las medidas del predio, en cuyo supuesto aquel precio no sufrirá alteración, aunque al verificarse la medición
del inmueble resultara mayor o menor la superficie del mismo inmueble (2261 y 2290).
70. LA TRANSMISIÓN DE LA PROPIEDAD Y EL PROBLEMA DE LOS RIES-
La transm1s10n de propiedad en la compraventa se realiza generalmente por virtud del mismo contrato en el mismo momento de su
celebración (20 14), pero hay especies de compraventa en que no se
produce de inmediato este efecto traslativo, sino que se difiere para un
momento posterior, o bien que pueden suscitar dudas al respecto, como acontece:
l. En la compraventa sobre géneros, que requiere la individualización
o "especificación" de la cosa (20 15) para la transmisión del riesgo al
comprador.
II. En la compraventa sujeta a cuenta, peso o medida, que aunque
desde luego genera obligaciones a cargo de las partes, sin embargo, la
transmisión de propiedad y del riesgo sólo opera hasta que se practica
la cuenta, peso o medida. Esto es, la venta es perfecta y produce efectos, desde antes de la cuenta, peso o medida, pero la transmisión de
propiedad y del riesgo es posterior a la celebración del contrato (Mazeaud).
III. En la compraventa "en bloque" (todo el trigo de mi bodega a
tanto la tonelada), está determinada la cosa ya existente, pero no el
precio total, porque hay que pesar, contar o medir, si bien desde la celebración del contrato se transmite la propiedad y el riesgo al comprador (S.J. de la F., 5a época, 4a parte, Vol. XL VIII, pág. 120).
IV. En la venta de cosas que han de transportarse a distinta ciudad
o a diverso país en que el riesgo se transmite al momento de entregar
la cosa al porteador. Es el caso de las llamadas ventas "FOB" o "LAB"
flibre a bordo).
La regla general de que la propiedad se transmite al comprador,
GOS.
166
RAMÓN SÁNCHEZ MEDAL
junto con los riesgos, desde la conclusión de la compraventa, no es de
carácter imperativo, sino que admite pacto en contrario para diferir o
anticipar la transmisión de los riesgos (Mazeaud). Esto último ocurre,
por ejemplo, en los tres casos siguientes:
1) En la venta con reserva de la propiedad puede diferirse por pacto expreso la transmisión de propiedad hasta que el comprador pague
el precio.
2) En la misma compraventa con reserva de dominio puede pactarse (2017-V, in fine) que aunque todavía no se haya transmitido la propiedad al comprador, quede a cargo de éste la pérdida de la cosa por
caso fortuito o de fuerza mayor si ello ocurre durante el tiempo en que
está en posesión de la cosa y se encuentre pagando el precio de la
cosa comprada.
3) Pueden disociarse la transmisión de propiedad y la transmisión
de los riesgos, y convenirse por las partes en que aunque la propiedad
se haya transmitido ya por virtud del contrato, se difiera la transmisión
de los riesgos hasta que se haya hecho la entrega.
En esta variedad de posibilidades se fundan una gama de especies
de compraventas en las que directamente se retrasa la transmisión de la
propiedad, aunque se haya perfeccionado el contrato, o indirectamente
se difiere la misma transmisión, aplazando el perfeccionamiento del
contrato, pudiendo utilizarse para aquél y para este caso las modalidades del término suspensivo o de la condición suspensiva o resolutoria
(Mazeaud), con cualquiera de estos fines:
a) Dar tiempo al comprador para el examen concreto de la cosa o
para reflexionar sobre la conveniencia del contrato, bien sea obligando
sólo al interesado en vender a través de una promesa unilateral de
compraventa, como ocurre en la venta "ad gustmn" (2257, m principio) o
a vistas; o bien insertando una condición suspensiva, como acontece en
la venta a ensayo o prueba o sobre muestras (2258).
b) Garantizar al vendedor el pago del precio, como ocurre en la
venta con reserva ele la propiedad (2312), a través de una condición
suspensiva, y como acontece también con la venta con cláusula resolutoria (2310).
71. ELEMENTOS PERSONALES. Las dos partes que intervienen, que
son el comprador y el vendedor, para celebrar este contrato requieren
sólo de la capacidad general para contratar (1798). No es, por tanto,
necesario agregar que el vendedor necesita, además ele ella, de la capacidad para disponer del bien objeto del contrato, pues quien tiene la
capacidad general, es decir, la capacidad natural y legal, por no hallarse en ninguno ele los casos de excepción de incapacidad natural y legal
(450), tiene la capacidad para disponer. A este mismo respecto, si bien
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MEDAL
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DE
LOS CONTRATOS CIVILES
167
el menor emancipado tiene capacidad natural y legal, sin embargo
para disponer de sus bienes inmuebles, o sea para enajenar o gravar
éstos, requiere de la "formalidad habilitante" consistente en la autorización judicial (643-1). Los menores y los mayores discapaces (450) no
pueden vender, y sus representantes legales solo pueden vender con
autorización judicial en almoneda pública cuando se trate de inmuebles, de alhajas, de muebles preciosos o de acciones con valor de más
de cinco mil pesos (art. 563 Cód. Civ. y arts. 915 a 920 Cód. Proc. Civ.),
o en ciertos casos sólo con autorización judicial (art. 564 Cód. Civ. y 917
y 918 Cód. Proc. Civ.).
Por otra parte, existe también como regla general la libertad para
vender o para comprar, pero al lado de esa libertad se dan diversas restricciones, unas de carácter convencional, otras de carácter legal (Mazeaud), así como en casos muy raros, ciertas restricciones Judiciales.
Como casos de restricciones convencionales, esto es, que derivan de
un pacto expreso entre las partes, pueden mencionarse: el pacto para
no vender a determinada persona (2301); el pacto de preferencia (2303
a 2308); la existencia de una promesa anterior de compraventa (2243 y
224 7), y los diversos pactos de exclusiva, bien sea para no vender a
ciertas personas, para no comprar a determinadas personas, para no
vender fuera de cierta zona o para no vender a un precio distinto o
inferior al acordado.
Como ejemplo de restricciones de carácter Judicial, esto es, de limitaciones impuestas por el juez a propósito de la compraventa, puede citarse el caso del heredero al que se le han adjudicado bienes y a quien
el juez le prohibe enajenarlos, cuando su coheredero en lo tocante a
otros bienes heredados es embargado o vencido en un juicio por hechos o causas anteriores a la muerte del autor de la herencia (1787 y
3043-IV), cuya disposición bien podría extenderse por analogía a otros
casos similares.
Las restricciones de carácter legal, establecidas por el Derecho civil,
en lo tocante a la persona del comprador, tienen su origen frecuentemente
en una falta de legitimación para celebrar el contrato de compraventa de
que se trata, según ya se hizo notar antes.
Tales casos de falta de legitimación por disposición de la ley son
considerados por la doctrina argentina como "incapacidades especiales",
"incapacidades puramente legales" o "incapacidades de derecho", que se distinguen de la incapacidad general para contratar, que es una "incapacidad
natural y legal" (450) y por ello se le llama también "incapacidad de hecho", para contrastar su denominación con aquélla.
Estos casos de incapacidades especiales o incapacidades de derecho
o de falta de legitimación, pueden parangonarse con la incapacidad general para contratar, en los términos siguientes:
168
RAMÓN SÁNCHEZ
MEDAL
a) La incapacidad especial es sólo para un determinado contrato, a diferencia de la incapacidad para contratar que es una incapacidad general.
b) La incapacidad especial es una incapacidad puramente legal y,
por ello, los argentinos la llaman "incapacidad de derecho", en tanto que
la incapacidad general es una incapacidad natural y legal (450), razón
por la cual en Argentina se llama a ésta una "incapacidad de hecho"
(Rezzónico y Salvat).
e) El contrato celebrado con infracción de la norma que ha creado una
incapacidad especial, afecta ordinariamente a dicho contrato de una nulidad absoluta, en tanto que el contrato que se lleva a cabo con una
incapacidad general, está expuesto sólo a la nulidad relativa susceptible
de confirmación (2233) y de ratificación (2234).
d) Cuando se trata de una incapacidad especial no puede hacerse
desaparecer a través de la celebración del contrato por medio de un
representante legal, en tanto que cuando se está en presencia de una
incapacidad general se supera ésta haciendo intervenir al representante
legal provisto de la autorización judicial respectiva.
Estos casos de incapacidad especial, incapacidad solamente legal o
"incapacidad de derecho", han sido tratados por algunos autores expresamente como una falta de legitimación para contratar (Messineo y Leopoldo Aguilar).
Los casos de 'Jaita de legitimación" o de "incapacidades especiales" en
materia de compraventa establecidas por nuestro Derecho Civil son las
siguientes:
1° La incapacidad especial de los extranjeros para comprar bienes
inmuebles dentro de la zona prohibida, que es un caso evidente de nulidad absoluta (2274 y 2282).
2° La de los extranjeros para comprar inmuebles fuera de la zona
prohibida, que requieren como ''formalidad habilitante" el permiso administrativo de la Secretaría de Relaciones Exteriores, previa la renuncia
convencional a pedir la protección de su gobierno y que es materia de
la llamada "cláusula Calvo". La falta de este permiso y debido a la falta
de dicha renuncia, entraña también nulidad absoluta (2274 y 2282), si
bien en la práctica y para evitar la repetición del pago de impuestos,
acostumbran los Notarios convalidar la compra mediante la obtención
posterior del citado permiso.
3° Las incapacidades especiales de magistrados, abogados, jueces,
peritos, defensores, agentes del ministrerio público, etc. (2276), que están impedidos para comprar los bienes que son objeto de los juicios en
que por razón de su respectiva función dichas personas intervengan, a
menos que se trate de adquirir la porción hereditaria de un coheredero
o derechos que afecten a bienes de la propiedad de aquéllos (2277).
Por lo que se refiere a los abogados, hay que limitar la prohibición
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DE LOS CONTRATOS CIVILES
169
sólo a los bienes referentes a juicios todavía pendientes al momento de
la compra y que aún no se hayan terminado, así como a los juicios
propiamente dichos y que no sean simples jurisdicciones voluntarias o
procedimientos no contenciosos (p. ej.: sucesiones), y, además, no hay
que confundir las compras que hagan los abogados, con otras adquisiciones válidas que hagan los mismos a virtud del contrato de cuota litis
celebrado antes de inciarse el litigio, según criterio acertado de la Suprema Corte (S. J. F., 5a época, tomo CXVIII, p. 281).
4° Los mandatarios, tutores, curadores, administradores, albaceas,
interventores, peritos, corredores y los empleados públicos (2280 y
2281 ), que no pueden comprar los bienes de cuya venta estén encargados. Empero, esta prohibición ha de matizarse conforme a las observaciones hechas a propósito del contrato consigo mismo (num. 12-1 ).
Al fundamentar la disposición correlativa en el Código civil de
1870 (art. 2975), los autores de dicho ordenamiento razonaban así: "Se
enumeran seis clases de personas a las que está prohibida la compra
de los bienes que administran, por el temor fundado de que, abusanclo
de su posición y del conocimiento que tienen de los bienes, los adquieran a bajo precio, valiéndose de artificios para separar a los demás
postores o fingiéndose comprar, para eludir la rendición de cuentas."
Un certero comentario a las disposiciones correlativas del Código
civil italiano referentes a todas estas restricciones legales a la libertad
de comprar bien podría aplicarse a nuestro Derecho:
"Debemos estudiar aquellas hipótesis en las cuales, para usar una
expresión de escritores modernos, faltaría la legitimación para contratar,
o para hablar más claramente, aquellos casos en los cuales a ciertas persorw.s son prohibidos ciertos contratos de compraventa ...
"El concepto general es éste: el legislador ha considerado inoportuno que las personas a las que corresponde la tutela de otras personas o
de entes puedan comprar los bienes de sus protegidos, porque quizás
fueran inducidas a perjudicar los intereses que, en cambio, deben proteger, y ordinariamente podrían dar lugar a sospechas; además, se considera peligroso que los funcionarios, por cuyo ministerio se venden
ciertos bienes, puedan ser sus adquirentes, porque por ello podrían dejarse inducir a un mal uso de sus funciones, que exigen imparcialidad y
rectitud.
"No obstante una cierta semejanza de estos casos con los ele incapacidad de obrar, las diferencias son profundas: 1) Las normas sobre
incapacidad están fundadas, en general, en una inaptitud natural del sujeto; en cambio, aquellas de que ahora hablamos están fundadas en razones de conveniencia social. 2) Las normas sobre la incapacidad abrazan
toda la actividad del sujeto o alguna esfera de ésta, mientras aquí están
RAMÓN SÁNCHEZ MEDAL
170
prohibidos los contratos en casos particulares. 3) Puede observarse, sobre
todo, que de la incapacidad nace la imposibilidad de que el sujeto manifieste eficazmente la propia voluntad, o bien la necesidad de que su
manifestación de voluntad sea completada por órganos de protección
(representación del padre, del tutor, asistencia del curador, etc), pero el
contrato se puede constituir en nombre y en interés del incapaz; en
cambio, en los casos ahora descritos, se tiene otra especie de incapacidad, una incapacidad en sentido más profundo, esto es, en el sentido
de la incapacidad jurídica, porque las normas antes recordadas excluyen
que ciertos contratos de compraventa puedan celebrarse por ciertos sujetos, los cuales por eso no los podrán concluir ni directamente, ni de
cualquier otro modo" (La Compraventa, R. Luzzato, Madrid, 1953, No.
14, págs. 39 y 40).
5° En los casos de derecho al tanto a favor de los demás copropietarios (2279, 973 a 975), a favor de los demás coherederos (1292), a favor del usufructuario ( 1005 ), a favor del inquilino de una localidad en
condominio (19 y 20 Ley sobre Régimen de Pro p. en Condominio), y
a favor de los demás socios en una sociedad civil (2706), si la venta se
hace a un tercero sin respetar aquel derecho, porque en todos estos casos la sanción no es la indemniwción por daños y perjuicios por violación a una obligación de no hacer (21 04, in fine), como acontece
cuando se viola un simple derecho de preferencia (2303 a 2308 y 244 7),
sino que la sanción es una falta de efectos en contra del preterido, y
además se concede al mismo preterido un derecho de retracto, es decir,
una acción no solo para que quede sin efecto la venta hecha al tercero,
sino para que también se subrogue dicho preterido en lugar del tercero en las mismas condiciones en que se hizo la venta indebida.
72. ELEMENTOS
REALES.
Son dos estos elementos: el precio y la cosa.
l. La cosa vendida requiere: 1) que la cosa exista, sea corpórea o incor-
pórea, como marcas, conocimientos tecnológicos, programas de cómputo, derechos de crédito o energías (electricidad, energía atómica, etc.).
Si la cosa pereció antes del contrato, éste es nulo por falta de objeto y el comprador puede exigir la devolución del precio que hubiere
pagado. Si la pérdida de la cosa es parcial, el Cód. civil de 1884 (Art.
2836) expresamente permitía al comprador o desistir del contrato o
mantener éste respecto de la parte de la cosa aún subsistente, con reducción del precio en forma proporcional. Aunque en el Código vigente no existe una disposición semejante, la solución a este caso debe ser
la misma que en el Código anterior por ser la que ofrece mayor protección a la parte más perjudicada que es el comprador, otorgándole
un derecho de opción del cual puede usar para elegir el desenlace que
le resulte menos perjudicial (20 y 1857-1°). Los argumentos que se es-
DE LOS
gnmen (Rojina Villegas y L(
por un supuesto error deten
mente cuál hubiera sido la '
comprador que la cosa no e:
trato, y además, se trata de f
es posible una "rescisión" en t<
posterior a la celebración d'
puede replicarse que no es
contrato, ya que el vigente (
"rescisión" para designar el de:
arrendamiento (2408), en el 1
a precio alzado (2635). Sin t
derse cuando la pérdida o [;
lo contrario entrañaría un al
Tratado de Der. Civ. Argentir
También las cosas futuras
ción de los derechos en la st
1665, 1666 y 2950-III). Cua1
una de las partes se obliga a
con materiales propios y bajo
de una venta de cosa futura,
do (2616 ), según ya se indicé
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MEDAL
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e y en interés del incapaz; en
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rmas antes recordadas excluyen
uedan celebrarse por ciertos suconcluir ni directamente, ni de
R. Luzzato, Madrid, 1953, No.
favor de los demás copropietademás coherederos ( 1292), a fa¡ inquilino de una localidad en
n de Prop. en Condominio), y
iedad civil (2706), si la venta se
echo, porque en todos estos caor daños y perjuicios por viola2104, in fine), como acontece
eferencia (2303 a 2308 y 244 7),
ectos en contra del preterido, y
un derecho de retracto, es decir,
efecto la venta hecha al tercero,
o preterido en lugar del tercehizo la venta indebida.
s elementos: el precio y la cosa.
cosa exista, sea corpórea o incorológicos, programas ele córnpuicidad, energía atómica, etc.).
, éste es nulo por falta de objeolución del precio que hubiere
rcial, el Cód. civil de 1884 (Art.
rador o desistir del contrato o
la cosa aún subsistente, con real. Aunque en el Código vigenla solución a este caso debe ser
or ser la que ofrece mayor proe es el comprador, otorgándole
sar para elegir el desenlace que
-1°). Los argumentos que se es-
DE LOS CONTRATOS CIVILES
171
gnmen (Rojina Villegas y Leopoldo AguiJar) para sostener la nulidad
por un supuesto error determinante sobre la cosa, prejuzga arbitrariamente cuál hubiera sido la voluntad de las partes de haber sabido el
comprador que la cosa no existía en su totalidad al celebrarse el contrato, y además, se trata de fundar esa nulidad en el hecho de que no
es posible una "rescisión" en tal caso, dado que la causa es anterior y no
posterior a la celebración del contrato. A este argumento gramatical
puede replicarse que no es una rescisión, sino un desistimiento del
contrato, ya que el vigente Código civil usa impropiamente la palabra
"rescisión" para designar el desistimiento del contrato, corno ocurre en el
arrendamiento (2408), en el transporte (2663) y en el contrato de obra
a precio alzado (2635). Sin embargo, el desistimiento sólo debe concederse cuando la pérdida o falta parcial no sea insignificante, porque de
lo contrario entrañaría un abuso de derecho (840 y 1912) (C. Borda,
Tratado de Der. Civ. Argentino, 1974, Contratos, tomo I, pág. 57).
También las cosas futuras pueden ser vendidas (1826), con excepción de los derechos en la sucesión de una persona viva ( 1826, in fine,
1665, 1666 y 2950-III). Cuando a cambio de un determinado precio,
una de las partes se obliga a construir o a hacer una determinada cosa,
con materiales propios y bajo la propia dirección, no se está en el caso
de una venta de cosa futura, sino de un contrato de obra a precio alzado (2616), según ya se indicó. Sobre este mismo particular cabe distinguir la compra de cosa esperada "ernptio rei speratae" (en que el riesgo de
la no existencia de la cosa futura corre a cargo del vendedor), ele la compra de esperanw "emptio spei" que es un contrato aleatorio (2309, 2392 y
2393), por ejemplo la compra de toda la cosecha de maíz que pueda
existir o no existir ele un determinado predio durante cierto tiempo, o
la compra de todo el camarón que una embarcación llegue o no a capturar durante un cierto tiempo en la que el comprador toma el riesgo
de que la cosa no llegue a existir.
2) Que la cosa sea susceptible de ser vendida, o sea que esté en el
comercio (74 7 a 749 y 1825-3°), debiendo entenderse que están fuera del
comercio aquellas cosas a que por su naturaleza no pueden ser poseídas
por algún individuo exclusivamente o que por disposición de la ley sean
irreductibles a propiedad particular (749).
Al respecto, cabe mencionar los monumentos arquelógicos muebles, o
sea los anteriores a la conquista española, cuya propiedad inalienable
se reserva para sí el Estado (ídolos, vasijas, etc.), ya que a los particulares sólo puede concedérseles el uso nominativo e intrasferible de ellos
por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (Ley y Reglamento sobre Monumentos y Zonas Arqueológicas, Artísticos e Históricos),
así como "la propiedad ilícita de bienes culturales," cuadros u obras artísti-
172
RAMÓN SÁNCHEZ MEDAL
cas robados, cuya exportación y transferencia están prohibidas (Conferencia Internacional aprobada por México, D.O. 18-1-1 972).
La venta de clientela está permitida cuando se vende un establecimiento comercial, así como la cesión de clientela por parte de un médico, según lo ha sostenido la última jurisprudencia francesa, y cuyo
criterio bien podría acogerse por nuestros tribunales a manera de aceptable criterio doctrinal.
Asimismo, como ya se explicó a propósito del objeto-cosa de los
contratos en general, pueden en principio ser objeto de compraventa, sólo
algunos de los llamados "derechos de la personalidad", como por ejemplo
los derechos patrimoniales de autor, pero otros no pueden serlo, como los
órganos y tejidos humanos (Art. 332 y 462-11 Ley General de Salud).
El concepto general de "comercio" aplicado a los bienes que se deriva de los arts. 747, 748, 749 y 1825-3o. del Código Civil debe entenderse que son cosas que están dentro del comercio aquellas cosas que
pueden ser objeto de enajenación a título oneroso o de apropiación
particular, y por cosas que están fuera del comercio aquellas cosas que
no pueden ser objeto de enajenación a título oneroso o de apropiación particular. De acuerdo con este criterio debe concluirse que no
solo la sangre (art. 332 Ley Gral. de Salud), ni tampoco todos los demás tejidos, y los órganos del ser humano pueden ser objeto de enajenación a título oneroso, ya que está prohibida y sancionada penalmente
con prisión y multa la "comercialización" con órganos, tejidos, cadáveres, fetos, o restos de seres humanos (art. 462-11 LGS), y solo pueden
ser objeto de donación algunos de ellos y en determinados casos (arts.
321 a 333). A este respecto, como el "embrión", o producto de la concepción hasta las trece semanas de la gestación (art. 314-111 LGS), se
distingue del "feto" o producto de la concepción a partir de la décimatercera semana de la gestación (art. 314-IV LGS), y en virtud de ser de
estricta aplicación las leyes penales y no admisible su aplicación por
analogía, podría sugir la duda acerca de si está prohibida la "comercialización" de un "embrión", porque la ley solo contempla la "comercialización" de "fetos" y no la de "embriones", y la sanciona con pena
corporal y pecuniaria (art. 462-11); sin embargo, en materia penal está
permitida la interpretación extensiva "minus dixit quam voluit" para la
sanción de los delitos tipificados en el Código Penal, y por esta razón
procede aplicar la mencionada pena de prisión y multa a quien "comercie" o enajene embriones a título oneroso.
Los derechos patrimoniales ligados a la persona del titular y que
no pueden ser cedidos a otras personas, como los derechos ya constituidos de uso o de habitación, no pueden ser objeto de venta ( 1051 ), ni
tampoco las servidumbres ya constituidas pueden venderse separadamente del predio sirviente o dominante a que pertenezcan (1064), aunque
DE LOS
puede constituirse o crearse ur
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MEDAL
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ncepción a partir de la décima-IV LGS), y en virtud de ser de
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Código Penal, y por esta razón
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, como los derechos ya constituíser objeto de venta ( 1051 ), ni
pueden venderse separadameniue pertenezcan (1 064), aunque
DE LOS CONTRATOS CIVILES
173
puede constituirse o crearse una nueva servidumbre en el caso del propietario de dos predios, por la venta que haga de uno de ellos haciendo que quede como predio dominante y que el otro predio que el
mismo propietario conserve quede como predio sirviente, pues éste era
el modo romano de la "traslatio" de constituir una servidumbre. Igualmente puede crearse o constituirse un derecho real de uso o habitación
a través de la venta que con desmembramiento de su propiedad haga
el dueño del predio.
Pueden venderse las cosas o derechos litigiosos (2042, 2272 y 3045),
pero el vendedor debe advertir al comprador la existencia del litigio, ya
que de no hacerlo queda obligado a pagar daños y perjuicios como
enajenante de mala fe, en caso de producirse la evicción (2127 y 2272),
y, asimismo, puede ser sancionado como responsable del delito de fraude (Art. 387-11 del Cód. Penal).
Además, esta misma venta podría ser impugnada de nula por el
dolo o mala fe del vendedor que no dio a conocer al comprador la existencia del litigio y lo indujo a un error provocado. En esta forma se
evitaría el comprador tener que esperar a que se decidiera con sentencia firme el litigio pendiente y pudiera producirse hasta entonces la
evicción (2119).
Con todo, en caso de venta de un inmueble litigioso inscrito en el
Registro Público de la Propiedad a favor del vendedor, para que la
sentencia que se dicte en el juicio respectivo pare perjuicio al comprador, es menester que la demanda relativa se haya inscrito preventivamente en dicho Registro (2898-VI. 3009 y 3043-1), lo cual está
permitido expresamente en la Ley (art. 262 Cód. Proc. Civ. y arts 11 y
42 Rcgto. del Reg. Púb. de la Prop.).
Finalmente, no puede venderse el derecho a alimentos futuros
(2950-V), ni el patrimonio de familia (727).
3) Que la cosa sea determinada o determinable en cuanto a su especie y a su cuota o cantidad, debiendo tenerse de nuevo en cuenta las
observaciones hechas a este propósito al estudiar este requisito general
del objeto cosa de los contratos (num. 14).
La determinación de la cosa no ofrece ningún problema cuando se
trata de venta de un cuerpo cierto, de una cosa cierta; pero cuando recae
sobre géneros hay que llevar a cabo la "individualiwción" de la cosa con
conocimiento del comprador, para transmitir a éste la propiedad de la
cosa y los riesgos de la misma (20 15 y 20 17-V in fine). Esta "individualiwción" se lleva a cabo a través de una operación material de pesar, p. ej.:
las toneladas de frijol o de maíz; contar, p. ej.: los litros de leche; o medir, p. ej.: los metros de una tela; siempre también con conocimiento
del comprador (20 15 ), cuando se venden cosas que se acostumbra pesar, contar o medir (2257).
La determinación de la cosa puede hacerse a base de muestras que
174
RAMÓN SÁNCHEZ MEDAL
comprador y vendedor tengan a la vista al celebrar el contrato o bien a
base de referencia expresa que los mismos contratantes, aún sin tener
las muestras a la vista, hagan a calidades de artículos perfectamente
conocidas en el comercio (por ejemplo, un millar de duelas de encino de
tales dimensiones, un ciento de kilos de azúcar refinada de primera clase,
etc.) (2258), en la inteligencia de que si en aquél o en estos últimos casos surgen desavenencias posteriores a la celebración del contrato entre
las partes, la diferencia se dirime a través de un perito nombrado por
cada contratante y en caso de discrepancias entre ellos, con un perito
tercero en discordia nombrado por aquellos peritos (2258).
También puede hacerse la determinación de la cosa a base de remitir su cuota o cantidad a un hecho posterior al contrato (los vinos
que se consuman en un determinado festejo, las toneladas de cemento que
utilicen en una determinada construcción) o a la determinación por un
tercero (2251) (R. Luzzato, obra citada, N° 19, págs. 60 a 62).
4) Que la cosa no sea ajena (2260 y 2270), esto es, que el vendedor
sea o llegue despúes a ser el titular del derecho que vaya a transmitir
por medio de la venta, derecho que no siempre es precisamente la
propiedad sobre una cosa (aunque es el caso más frecuente), ya que
puede ser otro derecho real (servidumbre, copropiedad, usufructo) o inclusive un derecho personal o de crédito. Sin embargo, este requisito,
se exige para la eficacia real o traslativa de la compraventa, y no es requisito para la validez de ella, de acuerdo con la exposición que adelante se dedica a la venta de cosa ajena (num. 74).
Il. El otro elemento real, es el precio con estas características:
a) El precio ha de ser cierto, sea que su monto lo fijen las partes, o
un tercero designado por ellas, o que lo refieran a otra cosa cierta (el
precio corriente en determinada fecha, o bien el precio en el que se
vendió por otra persona) (2251 ).
Cuando las partes se remitan a un tercero para la fijación del precio, dicho tercero no actúa como simple perito, porque no se reqmere
que sea un experto y, además, su decisión no es una simple opmwn,
sino que el precio que fija obliga a ambas partes; tampoco obra como
un árbitro, porque no existe propiamente una controversia jurídica sobre derechos opuestos, dado que la decisión de él se emite sólo por no
haber acuerdo de las partes sobre el monto del precio en una compraventa que van a celebrar; sino que la intervención del tercero en cuestión se identifica con la de un mandatario irrevocable de ambas partes, y
cuya actuación, por la confianza que inspira a las dos partes, sirve no
para sacrificar a un contratante en beneficio del otro, sino, por el contrario, para nivelar con equidad las pretensiones opuestas de uno y
otro contratante.
El momento en que se perfecciona el contrato es hasta el instante
DE LOS
en que el tercero fua el preci
jar el precio el contrato es n
fue (2253), a menos que amb;
b) El precio debe ser en d
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de 1975 del S. J. de la F.).
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XIII, Ley de la Profeco), o
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MEDAL
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N° 19, págs. 60 a 62).
y 2270), esto es, que el vendedor
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el caso más frecuente), ya que
bre, copropiedad, usufructo) o ínclito. Sin embargo, este requisito,
a de la compraventa, y no es redo con la exposición que adelannum. 74).
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monto del precio en una compraintervención del tercero en cuesrio irrevocable de ambas partes, y
inspira a las dos partes, sirve no
neficio del otro, sino, por el conpretensiones opuestas de uno y
a el contrato es hasta el instante
DE LOS CONTRATOS CIVILES
175
en que el tercero fija el precio. Por tanto, si el tercero se rehusa a fijar el precio el contrato es nulo y no cabe acudir al juez para que lo
fue (2253), a menos que ambas partes así lo acuerden.
b) El precio debe ser en dinero, sea en moneda nacional o en moneda extranjera (tesis 224, pág. 715, jurisprudencia de 3a Sala, Apéndice
de 1975 del S. J. de la F.). Si la mayor parte es una cosa y la otra
parte menor es el dinero se tiene la permuta y no compraventa. Puede
pagarse el precio en una o varias exhibiciones, pero cuando es una
cantidad periódica o pensión referida a la duración de la vida de una
persona, se trata de un contrato diferente, esto es, de una renta vitalicia (2774).
e) En cuanto al monto del precio existen restricciones de carácter
legal que son impuestas, o por el Derecho Administrativo, por ejemplo
la fijación de precios-tope para la venta de artículos de primera necesidad, (art. 7 de Ley Fed. de Competencia Económica y arts. 8 y 24XIII, Ley de la Profeco), o por el Derecho civil, por ejemplo en la
venta a plazo de semillas o cereales para el consumo del comprador
que no sea comerciante, la prohibición de que el precio convenido no
puede exceder del precio corriente desde la entrega de esos bienes hasta el fin de la cosecha siguiente (2256).
d) Acerca del precio justo, es de advertir que sólo en casos excepcionales puede configurarse la lesión en perjuicio del vendedor, esto es,
cuando el comprador paga un precio evidentemente desproporcionado
al valor de la cosa, aprovechándose de la suma ignorancia, de la notoria inexperiencia o de la extrema miseria del vendedor ( 17).
e) Suele mencionarse también que el precio ha de ser real, serio,
sincero, verdadero (verum). El precio, según Pothier, es verdadero cuando se
conviene con la intención de que el vendedor podrá exigirlo. Si de inmediato se hace remisión por el vendedor, no habría venta, sino donación.
Hay precio irrisorio si no existe proporción ninguna entre él y el
valor real de la cosa vendida. En este supuesto, se debate en doctrina
si el contrato es una venta o una donación. Laurent sostiene que es
nulo como una y otra, pero otros autores consideran acertadamente
que vale como donación, a virtud del ya mencionado principio de la conservación del contrato. Sobre este mismo requisito, cabe advertir, sin
embargo, que no es indispensable· precisamente que el precio sea el
equivalente exacto de valor real de la cosa, sino que basta que exista
una cierta proporción razonable entre uno y otro. Acerca del precio
"irrisorio" es oportuno recordar que la "mancipatio" romana era en el
fondo una "imaginaria venditio", porque en ella había también un precio
irrisorio o simbólico, "nummo uno", al igual de lo que acontece en el derecho anglosajón con las enajenaciones de bienes cuantiosos a instituciones benéficas a cambio de un dólar 'for one dallar consideration".
Cuando en la venta hay un precio vil, no puede generalizarse en el
176
RAMÓN SÁNCHEZ MEDAL
sentido de que dicha venta sea nula, si bien tal circunstancia puede
constituir presunción de simulación de la venta (Ferrara).
Suele agregarse que también el precio ha de ser serio, y que no lo
es cuando es simulado o ficticio o cuando es irrisorio; pero tal requisito no
coincide con la exigencia de que el precio no sea vil o no sea injusto.
73. ELEMENTOS FORMALES. La venta sobre muebles es consensual,
pues nunca requiere formalidad legal alguna (2316); pero, en cambio,
cuando recae sobre bienes inmuebles es formal: requiere de escritura
privada firmada por comprador y vendedor ante dos testigos, cuyas firmas se ratifiquen ante Notario, Juez competente o Registro Público de
la Propiedad, sí el valor del inmueble en cuestión, según avalúo, no excede del equivalente a trescientos sesenta y cinco veces el salario mínimo general diario en el D. F. en el momento de la operación (2317); y
se exige la escritura pública si sobrepasa a dicha cantidad (2320), debiendo en uno y otro caso inscribirse en el Registro Público de la Propiedad para que la venta surta efectos contra terceros (3043-1). Además,
en el primer caso, la escritura privada debe hacerse por duplicado
(2319), para que un tanto quede en poder del comprador y otro para
el Registro Público de la Propiedad, debiendo también en este caso ratificarse las firmas ante el registrador, ante Juez competente (de lo Civil
o de Paz, según el importe del avalúo del inmueble), o ante Notario o
Corredor Público (3005-III) para la inscripción en el Registro Público
de la Propiedad.
Inspirado en el sistema registra! australiano, el Código civil de
1928 introdujo para las ventas al contado de inmuebles de valor no
mayor de cinco mil pesos, la venta por endoso que se estampe en el
certificado de propiedad que expida el Registro Pí1blico de la Propiedad
a favor de la persona que aparezca inscrita como dueña y cuyo endoso,
prevía la identificación de las partes (2321 ), se ratifique ante el mismo
Registro. Además de que no se trataría de un verdadero endoso (Borja
Soriano), dicho procedimiento no ha tenido aplicación práctica; si bien
los certificados de participación inmobiliaria no amortizables podrían aprovechar este medio de circulación cambiaría de la propiedad sobre los inmuebles (Arts. 228a y 228K de la Ley Gral. de Tít. y Op. de Crédito).
74. VENTA DE COSA AJENA. El Código napoléonico, en contradicción
con el Derecho Romano, se pronunció declaradamente por la nulidad
de la venta de la cosa ajena y para explicar y fundamentar esta posición del Derecho civil francés se han elaborado diversas teorías.
Así, algunos autores consideran que cuando la cosa es ajena, existe
en el comprador un vicio del consentimiento sobre la calidad del vendedor, dado que por error cree aquél que este último es el propietario
de la cosa (Josserand), o bien que se trata de un vicio mixto, tanto
DE
LOS
acerca de la calidad del dueño
vendedor, como sobre la cosa
que es propia del vendedor (N
Sin embargo, la sentencia
es nula" (2270), que a mane
Código civil, tomado del Art.
mación inexacta. El requisito
a transmitir al comprador el
no es precisamente un requi1
compraventa en el momento 1
En efecto, no sólo es válid
facultades de disposición, respc
también lo son algunas otras:
rio respecto de la cosa pígnor
venta extrajudicial de la mism
tos válidos sobre el patrirrwnio a
también la venta que realiza
cea, los cuales no son represe
ce a un comprador de buen;
bien inmueble inscrito a noml
lo posteriormente (3009); y
aparente de un bien que le
cual posteriormente se le decl
aplicación a nuestro Derechc
cit jus".
Es más, si la venta se ha
es ajena, no resulta nula tal '
o "real", si se transmite de in
bien "obligatoria", si se difiere
dad. Como ejemplos de esta
futura, la venta con reserva
venta bajo condición y la ven1
Este aplazamiento de la
precisamente para dar lugar
contrato dicha propiedad, mis
mente al comprador, ya sin
de otro contrato (2271 y 201
no se reputa nula la venta q1
sabedor de que la cosa no pe
brarse el contrato (Josserand)
Finalmente, aun en el ca
dor que ignoraba que la cos:
MEOAL
si bien tal circunstancia puede
a venta (Ferrara).
cio ha de ser serio, y que no lo
1 es irrisorio; pero tal requisito no
·ecio no sea vil o no sea injusto.
tta sobre muebles es consensual,
alguna (2316); pero, en cambio,
es formal: requiere de escritura
ledor ante dos testigos, cuyas firompetente o Registro Público de
en cuestión, según avalúo, no exnta y cinco veces el salario míniomento de la operación (2317); y
1asa a dicha cantidad (2320), deen el Registro Público de la Procontra terceros (3043-I). Además,
tda debe hacerse por duplicado
loder del comprador y otro para
ebiendo también en este caso raante Juez competente (de lo Civil
del inmueble), o ante Notario o
~scripción en el Registro Público
australiano, el Código civil de
ntado de inmuebles de valor no
7or endoso que se estampe en el
Registro Público de la Propiedad
;crita como dueüa y cuyo endoso,
2321), se ratifique ante el mismo
a de un verdadero endoso (Borja
:enido aplicación práctica; si bien
ia no amortizables podrían aproveria de la propiedad sobre los inGral. de Tít. y Op. de Crédito).
igo napoléonico, en contradicción
ó declaradamente por la nulidad
~xplicar y fundamentar esta posi:laborado diversas teorías.
te cuando la cosa es ajena, existe
imiento sobre la calidad del venque este último es el propietario
e trata de un vicio mixto, tanto
DE LOS CONTRATOS CIVILES
177
acerca de la calidad del dueño atribuida erróneamente a la persona del
vendedor, como sobre la cosa misma, la cual se cree equivocadamente
que es propia del vendedor (Mazeaud).
Sin embargo, la sentencia general de que "la venta de cosa ajena
es nula" (2270), que a manera de postulado absoluto repite nuestro
Código civil, tomado del Art. 1599 del Código civil francés, es una afirmación inexacta. El requisito de que la cosa o el derecho que se obliga
a transmitir al comprador el vendedor, sea propio de éste y no ajeno,
no es precisamente un requisito que deba tener el objeto-cosa de la
compraventa en el momento mismo de la celebración de ésta.
En efecto, no sólo es válida la venta que hace el representante, con
facultades de disposición, respecto de un bien de su representado; sino
también lo son algunas otras: la venta que efectúa el acreedor prendario respecto de la cosa pignorada, cuando se pactó la posibilidad de la
venta extrajudicial de la misma (2884). Es éste uno de los casos de actos válidos sobre el patrirrwnio ajeno, dentro de los cuales pueden citarse
también la venta que realiza el síndico y la venta que efectúa el albacea, los cuales no son representantes sino sustitutos; la venta que se hace a un comprador de buena fe por parte de una persona sobre un
bien inmueble inscrito a nombre de ésta y cuyo título es declarado nulo posteriormente (3009); y la venta que lleva a efecto el heredero
aparente de un bien que le ha sido adjudicado en una sucesión y al
cual posteriormente se le declara incapaz de heredar ( 1343), como una
aplicación a nuestro Derecho civil del principio: "error communis fa-
cit jus".
Es más, si la venta se hace a un comprador que sabe que la cosa
es ajena, no resulta nula tal venta, dado que la compraventa puede ser
o "real", si se transmite de inmediato la propiedad de la cosa (2014), o
bien "obligatoria", si se difiere para más tarde la transmisión de propiedad. Como ejemplos de esta última cabe mencionar la venta de cosa
futura, la venta con reserva de la propiedad, la venta de géneros, la
venta bajo condición y la venta de cosa alternativa.
Este aplazamiento de la transmisión de propiedad puede pactarse
precisamente para dar lugar a que el vendedor adquiera después del
contrato dicha propiedad, misma que a continuación pasará automáticamente al comprador, ya sin necesidad de un nuevo acto traslativo o
de otro contrato (2271 y 2014). Por ello, aun en la doctrina francesa,
no se reputa nula la venta que se hace a un comprador que se declara
sabedor de que la cosa no pertenece al vendedor al momento de celebrarse el contrato (Josserand).
Finalmente, aun en el caso de que la venta se haga a un comprador que ignoraba que la cosa era ajena, no es nula la venta. Si fuera
178
RAMÓN SÁNCHEZ MEDAL
nula, el efecto de tal supuesta nulidad sería que el contrato no generara ninguna de las obligaciones propias de la compraventa (2283-III).
La consecuencia de tal nulidad, si efectivamente existiera, sería sólo
que el comprador y el vendedor se devolvieran recíprocamente nada más
las prestaciones recibidas (2239). Sin embargo, no ocurre así, dado que
la venta de cosa ajena engendra, por una parte, la obligación de saneamiento por evicción, que es una de las obligaciones a cargo del vendedor que dimana de toda compraventa (2283-III) y cuya obligación no
se reduce a una mera devolución del precio, sino que entraña mayores
responsabilidades (2126 y 2127); y, por otra parte, el comprador de cosa ajena adquiere un título apto para usucapir (Arts. 1135 y 1151 del
Cód. civil de 1928 y Arts. 1079-1 y 1080 del Cód. civil de 1884), pudiendo el comprador completar el término de la prescripción con el
tiempo en que el vendedor estuvo poseyendo (1149).
Además, si la cosa vendida ha sido ya entregada al comprador y dicha cosa no ha sido declarada ajena por sentencia firme, no puede tal
comprador decidir, por sí y ante sí, que la cosa sea ajena, frente a la
pretensión de un tercero que se la reclama como propia, sino que su
deber es esperar a que éste le demande, para llamar entonces a juicio
al vendedor (2124), a fin de que lo saque a paz y salvo o, en su caso,
cumpla con la obligación de saneamiento cuando se dicte sentencia ejecutoria adversa (211 9). Antes de que ello ocurra, no tiene el comprador otro derecho, a menos que todavía no haya entregado él el precio
y tenga temores fundados de ser perturbado en su posesión por un
tercero que se dice propietario de la cosa, en cuyo supuesto la ley lo
faculta para suspender el pago de este precio hasta que el vendedor le
asegure la posesión o le dé fianza (2299), pero aun en este supuesto el
comprador no tiene derecho tampoco a decidir, por sí y ante sí, que la
cosa es ajena y a dejar sin efecto la compraventa. Debe esperar el
comprador a que efectivamente se produzca la evicción, mediante sentencia firme que lo prive de todo o de parte de la cosa (2119), y es
hasta entonces cuando se hace exigible la obligación de saneamiento,
obligación que deriva de un contrato al que se tiene como válido y no
como nulo, dado que no consiste esa obligación en una mera devolución del precio, sino que impone responsabilidades mayores (2126 y
2127).
Una última y muy elocuente confirmación de que la venta de cosa
ajena no es nula, la ofrece el caso de aquel comprador que en la misma compraventa adquiere con conocimiento de los riesgos de una posible evicción y se somete a sus consecuencias (2123, in fine, y 2140-1),
en cuyo supuesto desaparece en su totalidad la obligación aun de restituir el precio, lo cual sería inconcebible si realmente hubiera una ver-
DE LC
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MEDAL
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lidad la obligación aun de restie si realmente hubiera una ver-
DE LOS CONTRATOS CIVILES
179
dadera nulidad (2239). Una situación similar se presenta en la venta de
cosas o derechos litigiosos (2272) y en la cesión a título oneroso de un
crédito dudoso (2042). Si la venta de cosa ajena fuera nula, debería resultar la nulidad de la venta de cosa litigiosa, al fallarse el litigio en
forma adversa al comprador de ella y reconocer la propiedad en favor
del tercero que la litigaba.
Hay un caso en el que con mayor agudeza podría plantearse el
problema de la nulidad o de la validez de la venta de cosa ajena, hipótesis que se presentaría cuando el vendedor no ha entregado al comprador la cosa vendida y se halla ésta en poder de un tercero que
alega ser dueño de ella. Aun en ese supuesto la venta no es nula, ni
puede el comprador decidir, por sí y ante sí, que dicha cosa es ajena,
sino que su deber es ejercitar de acuerdo con el vendedor la correspondiente acción reivindicatoria o la acción personal que sea conducente (de arrendamiento, de comodato, etc.), para obtener la entrega de la
cosa y sólo hasta que se dicte sentencia ejecutoria que declare dueño al
tercero de la cosa vendida, podrá decirse que hubo venta de cosa ajena, pero ya entonces la obligación de saneamiento a cargo del vendedor deberá cumplirse (2119) en favor del comprador (2126 y 2127),
como una obligación dimanada de la compraventa (2283-111), y, por
tanto, de un contrato válido, ya que si fuera nula tal venta, la única
consecuencia que traería la sentencia de evicción sería sólo la devolución del precio y si acaso también de sus intereses (2239).
Con toda razón, no declaran nula la venta de cosa ajena, ni el Código civil alemán, a pesar de que en la misma definición de compraventa que formula dicho ordenamiento (Art. 443), impone al vendedor,
como nuestro Código civil (2248), la obligación de transmitir la propiedad de la cosa; ni el Código civil italiano de 1942, que define la compraventa simplemente como contrato que tiene por objeto la transmisión de
la propiedad de la cosa, y que, además, concretamente en su Art. 1478 expresa: "Venta de cosa ajena: Si en el momento del contrato la cosa vendida no era de la propiedad del vendedor, queda obligado éste a
procurar la adquisición al comprador"; ni asimismo el Código español,
donde autores tan prestigiados como Castán Tobeñas demuestran la validez de esa venta.
"La venta de cosa ajena es válida y vinculante, aunque no sea inmediatamente eficaz respecto a la transmisión de la propiedad del
bien; como es obvio, no produce una adquisición directa en favor de la
otra parte; entra, por tanto, en la amplia categoría de las ventas obligatorias. El contrato es válido y el vendedor debe procurar adquirir la
cosa para el comprador, al que se transmitirá la propiedad cuando el
180
RAMÓN SÁNCHEZ MEDAL
vendedor deviniera titular del derecho objeto de la enajenación" (Trabucchi).
No puede, por tanto, incluirse como un requisito de la cosa en la
compraventa que la cosa no sea ajena, según lo afirman sin razón los
autores argentinos.
No puede hablarse de nulidad de venta de cosa ajena ni siquiera
cuando al ser llamado al juicio de evicción, manifiesta el vendedor que
no tiene medios de defensa y debido a ello devuelve el precio al comprador o se lo consigna a éste si se rehúsa a recibirlo (2132), ya que
en ese supuesto no sólo hay la escueta restitución recíproca de prestaciones (2239), propia de una verdadera nulidad, sino también la obligación de reembolsar al comprador los gastos del contrato y el importe
de las mejoras útiles y necesarias (2126-11 y IV). Fuera de este supuesto
excepcional, la regla general es que no es nula la venta de cosa ajena,
sino que ésta en algunos casos es sólo temporal o parcialmente ineficaz,
pero en otros casos es plenamente eficaz.
Al analizar la venta de cosa ajena, suelen involucrarse cuestiones
muy diferentes y crearse verdaderas confusiones. Así se explica que sin
distingos se considere nula la venta de cosa ajena, simplemente porque,
salvo excepciones [la venta extrajudicial de la prenda autorizada por
pacto expreso (2884 y 2889), la venta por el heredero aparente (1343),
la venta de un inmueble por un no propietario que tiene inscrito a su
nombre dicho bien (3009) y la venta por un mandatario con facultades
de disposición], la venta de cosa ajena ciertamente no es traslativa de
propiedad y, por tanto, carece de inmediata eficacia real.
Un examen cuidadoso de la venta de cosa ajena, conduce a las SIguientes conclusiones:
l" Con respecto al verdadero propietario "verus dominus", la venta
de cosa ~ena es sencillamente "res inter alios acta" y, por tanto, sin tener que invocar la nulidad del contrato, puede dicho propietario reivindicar la cosa del poseedor que la detente, sea del vendedor antes de
entregarla, o del comprador después de recibirla.
A esta regla general fundada también en el principio "nemo plus juris
ad alium tranforre nequit, quam ipse habet", hay estas cuatro excepciones:
a) El comprador que se convierte en propietario, merced a la usucapión, si el "verus dominus" no la reivindica en el término de la prescripción positiva.
b) El comprador de buena fe de un inmueble que aparecía inscrito
a favor del vendedor, por virtud de la fe pública registra!, adquiere la
propiedad de dicho bien una vez que se inscribe a favor del mismo
comprador, aunque posteriormente se anule o resuelva el derecho del
vendedor en virtud de título anterior no inscrito o de causas que no
resulten claramente del mismo registro (3009).
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MEDAL
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1
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DE LOS CONTRATOS CIVILES
181
e) El comprador adquiere también la propiedad de la cosa, cuando
se trata de venta por el heredero aparente "error communis Jacit jus",
que es el caso previsto en el Art. 1343 del Cód. civil, aplicable también
a casos análogos, como por ejemplo a la venta efectuada por un heredero legítimo, cuando después de su declaración como tal en el intestado respectivo, aparece un testamento que se desconocía (Art. 789, Cód.
Proc. Civiles).
d) El caso de la venta extrajudicial de la prenda por parte del
acreedor prendario (2284 y 2289).
2" Con respecto a las partes contratantes, "inter partes", la venta de
cosa ajena presenta tres casos diferentes:
a) Si el comprador y el vendedor sabían que la cosa era ajena, el
contrato no es nulo, porque en virtud de él se obligó al vendedor a
adquirir posteriormente la cosa para transmitirla después al comprador.
Aun la doctrina francesa considera esta validez, si bien estima que tal
contrato ya no es venta, sino un contrato innominado, para evadirse
así del precepto positivo en el sentido de que la venta de cosa ajena es
nula.
b) Si sólo el vendedor sabía que la cosa era ajena, habrá entonces
dolo o mala fe de parte de él, por lo que debe pagar daños y perjuicios (2270). Pero aun en este caso se plantea la cuestión de la nulidad
o de la validez de la compraventa. Algunos autores franceses Oosserand
y Mazeaud) consideran que se trata de una nulidad relativa que se purga o convalida por la adquisición posterior de la propiedad por parte
del vendedor (2271 ). Rojina Villegas estima que la adquisición posterior
de la propiedad por el vendedor no es confirmación ni ratificación,
sino algo diferente, a lo que la ley llama "revalidación", y que tal venta
está afectada de una nulidad absoluta. Otros autores, en cambio, como
Castán Taheñas, sostienen que ni siquiera en ese supuesto es nula compraventa, porque aun impugnada dicha compraventa por el comprador
(que es el único contratante que puede intentar la acción y no el vendedor, porque "nemo audiatur propriam turpitudinem allegans"), no se produce la nulidad del contrato, pues si hubiera nulidad no deberian
subsistir las obligaciones y otros efectos de la compraventa, tales como
la obligación de saneamiento por evicción y el proporcionar al comprador un justo título para adquirir por prescripción la cosa ~ena comprada por él. Se trata, pues, de una compraventa válida aunque no
transmita la propiedad al comprador y debido a ello quede obligado el
vendedor a prestar el saneamiento.
e) Si el vendedor ignoraba que la cosa vendida por él era ajena, su
error o su buena fe lo salvará de tener que pagar daños y perjuicios,
pero tal venta será válida también, por cuanto de ella dimanará la
182
RAMÓN SÁNCHEZ MEDAL
obligación a su cargo de prestar el saneamiento en caso de producirse
la evicción; debido también a ella se producirá la transmisión automática de la propiedad al comprador, sin necesidad de nuev~ venta, en caso de que el vendedor adquiera posteriormente la proptedad (2271 ); Y
finalmente esa misma venta dota al comprador de un justo título para
adquirir la cosa por prescripción positiva y le permite completar el
tiempo de ésta con el tiempo en que el vendedor estuvo poseyendo la
cosa (1149).
75. ÜBLIGACIONES DEL VENDEDOR. Son seis las obligaciones a cargo
del vendedor: 1 a conservar la cosa hasta el momento de entregarla materialmente; 2a hacer entrega de la cosa; 3a transmitir la propiedad de
la cosa; 4a garantizar por el hecho personal; 5a garantizar por los vicios ocultos de la cosa; y 6a garantizar por la evicción. Estas tres últimas obligaciones suelen resumirse anotando que la entrega que debe
hacer el vendedor al comprador es una "entrega continuada", dando a
entender con ello que no sólo debe procurar al comprador la posesión
material y momentánea de la cosa, sino una posesión pacífica y útil,
esto es, exenta de perturbaciones y libre de vicios.
De todo este haz de obligaciones puede afirmarse que la obligación
fundamental y esencial derivada de la compraventa a cargo del vendedor, es el deber de transmitir al comprador la propiedad de la cosa o
la titularidad del derecho, en su caso, dado que todas las demás obligaciones son corolarios de aquélla y pueden, además, modificarse con
pactos especiales y en ocasiones hasta suprimirse.
la obligación: Conservar la cosa hasta el momento de entregarla
materialmente al comprador. Esta obligación de cuidar o custodiar la
cosa se encuentra reconocida en dos disposiciones del Cód. civil: una,
la que establece que "desde el momento en que el comprador acepte
que la cosa vendida quede a su disposición, se tendrá por virtualment:
recibido de ella, y el vendedor que la conserve en su poder solo tendra
los derechos y obligaciones de un depositario" (2284, in fine); y 1~ _otra,
que estatuye que "si el comprador se constituyó en mora de reobtr, el
vendedor quedará descargado del cuidado ordinario de conservar la cosa, y solamente será responsable del dolo o de la culpa ~rav_e" (2292) ..
Por tratarse de un deber análogo a los de un deposttano (2284, tn
fine), el vendedor tiene la obligación de realizar los actos necesarios no
sólo para la conservación material de la cosa vendida, sino también los
conducentes a la conservación jurídica de la misma o del derecho vendido, como, por ejemplo, intentar los interdictos para retener o recuperar la posesión, y como cobrar los intereses de un crédito (2518), y,
además, en el cumplimiento de esta obligación de custodia o de conser-
DE LOS
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DE LOS CONTRATOS CIVILES
183
vanon material y jurídica de la cosa o derecho vendido, responde el
vendedor "de los menoscabos, daños y perjuicios que sufrieren por su
malicia o negligencia" (2522, in fine), presumiéndose que la pérdida o
deterioro que sufra la cosa fueron por culpa del mismo vendedor, salvo
prueba en contrario (20 18).
2a obligación: Hacer entrega de la cosa al comprador (2283-1). Hay
tres formas de hacer la entrega: la entrega real que "consiste en la entrega material de la cosa vendida o en la entrega del título si se trata
de un derecho" (2284); la entrega jurídica "cuando aún sin estar entregada materialmente la cosa, la ley la considera recibida por el comprador" (2284), como ocurre cuando las dos partes convienen en que
quede la cosa en poder de un tercero o en que quede en poder del
mismo vendedor (2859), pero ya no como dueño, sino por otro título
(arrendatario, comodatario, depositario, precarista, etc.); y la entrega
virlual que tiene lugar cuando el comprador "acepte que la cosa vendida quede a su disposición" (2284), pudiendo considerarse también como
entrega virtual de un derecho incorpóreo, el hecho de que el comprador haga uso de tal derecho con la conformidad del vendedor "patientia
et usu" (Art. 1607 del Cód. civil francés). Como entrega virtual estaban
previstas dos formas en los Códigos de 1870 (Art. 2983) y de 1884
(Art. 2852), que hoy día también pudieran admitirse como entrega presunta, salvo prueba en contrario, y que consistían en que "si la cosa
vendida es raíz, se dice entregada luego que está otorgada la escritura
pública, o si no hay escritura, luego que están entregados los títulos de
la finca".
También se acostumbra distinguir la entrega "úmga manu", haciendo,
por ejemplo, entrega de las llaves de la bodega o almacén donde se
encuentran las cosas; la entrega "brevi manu", que tiene lugar cuando
el comprador tenía ya en su poder la cosa como arrendatario o por
cualquier otro título no traslativo de propiedad; y la entrega en el llamado "constituto posesorio", que es el caso inverso al anterior, esto es,
cuando el vendedor continúa reteniendo la cosa que vendió, pero ya
no como dueño de ella, sino a título de arrendatario o bajo cualquier
otro título semejante que hubiere convenido con el comprador.
En cuanto a la forma o estado en que debe entregarse la cosa vendida, el vendedor está obligado a entregarla si se trata de la venta de
un cuerpo cierto, en el estado en que se hallaba al perfeccionarse el
contrato (2288), incluyendo, además, todos los frutos, rendimientos, accesiones y títulos de la misma cosa o derecho a partir también del perfeccionamiento del contrato (2289). Es válido, sin embargo, el pacto en
contrario para que la cosa se entregue, según el caso, en mejores o
menos buenas condiciones. Así en la venta de una casa puede el vende-
184
RAMÓN SÁNCHEZ MEDAL
dor obligarse a efectuar mejoras o reparaciones, o bien pennitírsele el
retiro de ciertas accesiones valiosas.
Cuando se trata de la venta de un inmueble, puede ser una venta
"ad mensuram ", o sea precisando y asegurando las medidas y superficie,
en cuyo supuesto la entrega debe hacerse conforme a tales medidas o
superficie, pues de no ser exactas éstas podria haber lugar a una rectificación correlativa en el precio para corregir el error de cálculo o de
multiplicación en que se hubiera incurrido (1814); o bien, puede ser
una venta "ad corpus", que tiene lugar cuando se determinan únicamente los linderos sin asegurar la superficie comprendida dentro de
ellos (2261), en cuya hipótesis la entrega debe hacerse por el vendedor
de toda la superficie que esté comprendida dentro de los linderos señalados "aunque haya exceso o disminución en las medidas expresadas en
el contrato" (2290), no pudiendo por tanto exigirse ninguna rectificación
en el precio.
En cuanto al lugar en que debe hacerse la entrega de la cosa, el
vendedor está obligado a hacerlo en el lugar convenido y a falta de
pacto expreso, si se trata de un cuerpo cierto, en el lugar en que se encontraba la cosa en la época en que se vendió (2291), siendo los gastos de entrega de la cosa, o sea los de su traslado hasta el lugar en
que debe entregarse la cosa, por cuenta del vendedor, no así los demás
gastos para trasladar o transportar dicha cosa de tal lugar a otro diferente, ya que estos últimos gastos corren ya por cuenta del comprador,
salvo pacto en contrario (2285). Sin embargo; si se trata de venta de
géneros y no de un cuerpo cierto, la entrega debe hacerse en el domicilio
del vendedor (Raymundo Salvat) por aplicación de la regla general
(2082), que establece que a falta de pacto en contrario el pago debe
hacerse en el domicilio del deudor.
En cuanto al momento en que debe entregarse la cosa, el vendedor
está obligado a hacerlo, si no hay plazo convenido para ello, simultáneamente al momento en que reciba el pago del precio, pues tiene el mismo vendedor un fkrecho fk retención sobre la cosa mientras no se le
haya pagado el precio, sin que pueda sostenerse que primero debe el
comprador pagar el precio y después el vendedor debe entregarle la
cosa, a pesar de una equívoca disposición (2286). Este precepto sólo establece directamente que "el vendedor no está obligado a entregar la
cosa vendida, si el comprador no ha pagado el precio", pero sin disponer expresamente que el comprador deba pagar el precio antes de recibir la cosa, ya que esta pretensión seria contraria a la igualdad de
derechos que debe mantenerse siempre entre las partes y, además, hay
otro precepto también equívoco en sentido contrario, del que aparentemente se podria colegir que el pago del precio deberá hacerse hasta
que se entregue la cosa (2294), razón por la cual la solución justa con-
DE LOS
siste en que una y otra pres
dando "donant do!Ulnt"). En "
vendedor se resisten a antJCif
ción a su cargo, el cumplimie1
diante el depósito del precio y
Sin embargo, aunque a •
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puede el vendedor, también
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para asegurarle el pago opor
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de no poder cobrar el precio
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N o puede pensarse que ha ,
con el hecho escueto de habe
bién la posesión jurídica en ·
sión de propiedad. se conv
poseedor "wrpou alieno" de 1:
338 y ~igs).
3" obligación: Transmitir 1
cuestión al comprador (2248)
simultáneamente a la celebra<
te sin necesidad de entrega
"cunpo cierto" o "cm a cierta .
"real"; pero puede dicha tran
rior, en la compraventa "oblig1
ta de cosa futura, venta de c<
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En estos últimos casos, si se ,
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sión sobre bienes inmuebles F
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Propiedad (3042-I y 3007 Có
S. de P.).
DE
o bien permitírsele el
inmueble, puede ser una venta
ando las medidas y superficie,
rse conforme a tales medidas o
podría haber lugar a una rectiorregir el error de cálculo o de
'do (1814); o bien, puede ser
cuando se determinan únicaperficie comprendida dentro de
debe hacerse por el vendedor
'da dentro de los linderos señan en las medidas expresadas en
~to exigirse ninguna rectificación
lacerse la entrega de la cosa, el
.el lugar convenido y a falta de
cinto, en el lugar en que se enle vendió (229 1 ), siendo los gasde su traslado hasta el lugar en
a del vendedor, no así los demás
ha cosa de tal lugar a otro difeen ya por cuenta del comprador,
:mbargo; si se trata de venta de
:ega debe hacerse en el domicilio
· aplicación de la regla general
pacto en contrario el pago debe
~
LOS
CONTRATOS
CIVILFS
185
MEOAL
entregarse la cosa, el vendedor
o convenido para ello, simultánea-
¡go del precio, pues tiene el missobre la cosa mientras no se le
1 sostenerse que primero debe el
¡ el vendedor debe entregarle la
ión (2286). Este precepto sólo esr no está obligado a entregar la
1agado el precio", pero sin dispoeba pagar el precio antes de resería contraria a la igualdad de
e entre las partes y, además, hay
ttido contrario, del que aparentedel precio deberá hacerse hasta
por la cual la solución justa con-
siste en que una y otra prestación ~e hag-an smndtáneamente (dando y
dando "donant doiUlnt"). En virtud de lo anterior, cuando comprador y
vendedor se resisten a anucipar el cumplimiento de la respectiva prestación a su cargo, el cumplimiento de ambas prestaciones debe hacerse mediante el depósito del precio y de la cosa en manos ele un tercero (2295 ).
Sin embargo, aunque a virtud de un pacto expreso debiera entregarse primero la cosa y después de un plazo debiera pag-ar:.e el precio,
puede el vendedor, también en virtud de un dnPclw d" rP/ni(IÓn, rehusarse a entregar la cosa, a menos que el comprado, lf' otorg-ue fianza
para asegurarle el pago oportuno del precio, en caso de que se descubra después ele la venta que el comprador se encueillra en estado de
insolvencia y que ello constituya para el vendedor un inminente riesg-o
ele no poder cobrar el precio (2287).
El vendedor debe no sólo transmitir la propiedad v la posesión JUrídica de la cosa, sino la misma tenellcta material de ella al comprador.
No put>de pensarse que ha cumplido el vt>ndedor con esta obligación
con el hecho escueto de haber transmitido la propiedad y con ella también la posesión jurídica en virtud de que a partir de aquella trammisión de propiedad. se convierte jurídicamente d comprador en 1111
poseedor "wrpore alieno" de la cosa (Mazeaud, Vol. fll. parte III. pág~.
338 y ~igs).
3" obligación: Transmitir la propiedad de la cosa o del derecho l'n
cuestión al comprador (2248). Por lo general, esta transmisión se opera
simultáneamente a la celebración del contrato y por mero efecto dt· éste sin necesidad de entrega de la cosa cuando tiene por objeto tlll
"cunpo ci.erto" o "cosa cierta y determinarlo" (2014), en la compraventa
"real"; pero puede dicha transmisión diferir~e para un momento posterior, en la compraventa "obligatorw" (venta con reserva de dominio, venta ele cosa futura, venta ele cosa alternativa y en la \ cnta condinonada ).
o en la venta de "genems" o "espeae uulPten11inarir/' en la que trasmisiún
de la propiedad se lleva a caho hasta que ~e entrega la cosa o se individualiza ésta por el vendedor co11 conociulÍento del comprado! (20 15 ).
En estos últimos casos, si se conviene expresamenle en ditenr la transmisión de propiedad y en definitiva no llegara a transmitirse ésta, tendrá lugar el incumplimiento del vendedor, con derecho para el
comprador ele optar, según el caso, por la rescisi{m del contrato, o IHen
por el cumplimiento forzoso del mismo contrato ( 1910), cuando esto último fuere posible.
Aunque la transmisión de propwclad st· hava procluudo por efecto
mismo del contrato entre las partes, sin embargo. para que tal transnHsión sobre bienes inmuebles produzca efectos contra terceros es menester, además, la inscripción de la venta en el Registro Público de la
Propiedad (3042-1 y 3007 Cócl. Civil y AH. 149-III Ley de Quiebras y
S. de P.).
-RAMÓN SÁNCHEZ MEDAL
186
Esta transmisión de la propiedad de la cosa vendida, puede hacerse
en favor de un tercero que intervenga en el mismo contrato, cuando así 1~
havan convenido las partes, o bien en favor de un tercero que deszgnara
de;puis el comprador, cuando se inserta en la venta la cláusula ''pro
.
amico eligendo" o ''por persona. a nombrar".
4" obligación: Garantía del hecho personal, que constste en la obligación del vendedor de abstenerse de toda clase de perturbaciones de
hecho o de derecho que en alguna forma menoscaben o alteren la pose-
sión del comprador sobre la cosa, ya que todos estos actos serían notoriamente contrarios a la buena fe que debe presidir la celebración y
ejecución de todo contrato (1796).
En esta obligación se funda la imposibilidad ele que el vendedor
trate de reinvindicar en contra del comprador la cosa que le vendió,
cuando dicha cosa no era de la propiedad del vendedor al momento ele
la venta, pero que la adquirió posteriormente (2271 ). También esta
obligación fundamenta en ocasiones la prohibición ele la competencia desleal, que puede existir por "realizar actos contrarios a los buenos usos y
costumbres en la industria, comercio y servicios" (art. 213-1 Ley Prop.
Industrial y an. 191 O Cód. Civil), como cuando el vendedor de un comercio establece de inmediato, junto a éste, otro negocio similar para
hacer una competencia a su comprador y llevarse parte de la clientela.
Asimismo se cita el caso de la jurisprudencia francesa en que el vendedor de un predio rústico situado en una parte baja, al cual llega el
agua de riego que atraviesa unos predios ubicados más arriba, trata ele
obtener una concesión administrativa para aprovecharse del agua en
uno de esos predios superiores. privando así de riego al terreno que
vendió y que se encuentra en un nivel más bajo.
5" obligación: Responder por los viC7os ocultos de la cosa (2283-11),
siendo estos vicios aquellos defectos no manifiestos de la cosa vendida
y anteriores al contrato que hagan impropia a dicha cosa para los usos
a que está destinada o que disminuyan de tal manera esos usos, que de
haberlos conocido el comprador no hubiera hecho la adquisición o hubiera pagado menos precio por la cosa (2142), en la inteligencia de
que el vendedor no responde ni de los defectos manifiestos o que están
a la vista, ni tampoco aún de aquellos ocultos, pero de los que el comprador estuvo en aptitud de tener conocimiento por ser él un perito
que por razón de su oficio o profesión pudo fácilmente descubrirlos
(2143).
Esta obligación de garantía por los vicios de la cosa, tiene como
fundamento el deber del vendedor de procurar al comprador no sólo
la propiedad de la cosa, sino una posesión útil de la misma. Se funda
también en el deber que impone la buena fe a todo contratante de informar al otro de aquellos hechos o circunstancias importantes que pudieran determinarlo a desistir del contrato (Diez-Picaza).
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Cuatro requisitos deben 1
drar responsabilidad a cargo
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utilidad propia de la cosa; y
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El antecedente de esta ga;
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1967, págs. 367 y sigs.).
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DE LOS CONTRATOS CIVILES
MEDAL
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187
Cuatro requisitos deben tener estos vicios o defectos para engendrar responsabilidad a cargo del vendedor: que sean ocultos o no manifiestos; que sean ignorados del comprador; que peljudiquen a la
utilidad propia de la cosa; y que sean anteriores a la venta (2157); pero no es necesario que el vendedor haya conocido de tales vicios, ni
tampoco que éstos sean perpetuos o irremediables. La existencia de las
mencionadas características de los vicios ocultos serán objeto de dictamen por peritos (2156 y 2157).
La responsabilidad del vendedor se traduce en estos casos en el derecho alternativo para el comprador, bien sea para solicitar la rescisión
del contrato, y si hubo mala fe del enajenante también el pago de daños y peljuicios, (2144 y 2145 ), o bien para obtener la reducción proporcional en el precio, fijada a juicio de peritos (2144), derechos que
constituyen las llamadas acción redhibiWria y la acción "quanti minoris" o
estimatoria.
Estas dos acciones son de elunera duración, pues se extinguen por
caducidad seis meses después de la entrega de la cosa, si no se intenta
en ese plazo cualquiera de esas dos acciones, o sea a partir del momento en que el comprador pudo empezar a darse cuenta de los defectos o vicios que tenía dicha cosa (2149). Una vez intentada cualquiera
de ambas acciones dentro del mencionado plazo se evita para siempre
la caducidad, por lo que aunque después de ello se deje de continuar el
ejercicio de la acción no vuelve a correr de nuevo ese plazo y a producirse la mencionada caducidad, pero sin perjuicio de la caducidad de la
instancia (art. 137 bis Cod. Proc. Civ.) o de la prescripción extintiva
(1159), que en su caso puedan producirse después.
El antecedente de esta garantía se encuentra en el Derecho Romano, en el Edicto de los Ediles, quienes tenían jurisdicción sobre los
mercados y reglamentaron las ventas de esclavos y de bestias de carga
y cuyas reglas fueron después extendidas por la jurisprudencia a todas
las demás ventas, razón por la cual a estas dos acciones, la de resolución del contrato o de reducción del precio a causa de los vicios ocultos, se les llama "acciones edilicias" (F. Degni; La Compraventa, Madrid,
1967, págs. 367 y sigs.).
6a obligación: Garantizar la evicción (2283-III), que consiste en la
obligación de saneamiento para el caso de que el comprador sufra evicción total o parcial de la cosa vendida.
El concepto estricto de evicción se reduce a los casos en los que el
comprador fuere privado de todo o parte de la cosa a virtud de una
sentencia que haya causado ejecutoria y en razón de un derecho anterior a la compra (211 9); pero generalmente en la doctrina se equiparan a la evicción otros casos: el del comprador que pierde el juicio
reivindicatorio que ha intentado en contra del tercero que tiene en su
poder la cosa; el del comprador que conserva la cosa no por la compra
7
• • tft
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e
188
RAMÓN SÁNC:HEZ MEDAL
que hizo, sino a virtud de otro título, como cuando hereda la cosa del
verdadero propietario; el del vendedor que se allana a la demanda reivindicatoria para evitar un proceso inútil, si el derecho del propietario
qu~ le recl~ma la cosa es tan evidente (2132); y el del acreedor hipotecano ante1~10: a la venta que demanda el pago al comprador, quien le
paga el crechto para conservar la cosa (Planiol).
Como se ve en alguno ele estos últimos supuestos analizados el
compra~lor. no es el dema?daclo, sino el actor, y en otro caso ni siquiera hay JUICIO ele por medio, lo que confirma las observaciones anteriores. ace:ca ele la validez ele la venta ele cosa ajena, por cuanto que esta
obhgauón ele garantizar la evicción sólo puede dimanar de una compraventa válida (2283-111).
La evicción es total si la sentencia firme declara propietario al tercero sobre la cosa vendida; pero la evicción parcial existe no sólo
cuando la pérdida por sentencia firme recaiga únicamente sobre una
parte de la cosa vendida, sino también cuando la cosa vendida estaba
y_a ~ravada antes del contrato con una prenda o hipoteca o tenía constitUido un derecho real ele usufructo o de uso o ele habitación o tenía
una servidumbre voluntaria no aparente (2138 y 2139). Import~ bastante esta distinción, porque en los casos de evicción parcial, los derechos
d_el comprador perjudicado son sem~jantes a los que engendran los viuos ocultos, a saber: o la acción redhibitoria, para rescindir el contrato,
o la acción "quanti minoris" o estimatoria, para reducir el precio (2134 y
2138), quedando, además, en los dos últimos casos sujeta la acción a
una caduwlad de elimera duración de sólo un año, contado a partir de
la fecha en que se perfeccionó el contrato si se trata de una carga (hipoteca, prenda, usufructo, uso o habitación) y a partir del descubrimiento de la servidumbre convencional no aparente en el otro
supuesto (2 ~ 38 y 2139), si en ese plazo no se ejercita cualquiera de
esas dos acoones.
Acerca de esta_ evicción parcial cabe advertir que lo que se exige
para la procedenua de esta resposabilidad a cargo del vendedor es
Simplemente el hecho de que "no se haya hecho mención en la escritura': (2138) de la existencia de la carga o de la servidumbre, y no
preusamente que el comprador no haya tenido conocimiento efectivo
de tales limitaciones al dominio, puesto que por la necesaria inscripción de estas últimas en el Registro Público de la Propiedad (3007),
debería haber tenido conocimiento de ella~ el comprador (Pianiol).
Finalmente, la_ exi~t~ncia de un arrendamiento anterior, aún de aquellos que deban mscnb1rse en el Registro Público de la Propiedad
(3042-III), no constituye una evicción parcial (Planiol), a pesar de que
el comprador deba continuar en calidad de arrendador con dicho
arrendamiento (2409). Sólo cabría el saneamiento cuando la evicción se
debiera a la venta de una localidad arrendada de un inmueble bajo ré-
DE LC
gimen de condominio (Arts.
dominio para el D. F.), sir
inquilino. Sin embargo, nac
se hubiera hecho la mencic
dado en arrendamiento, tw
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La evicción generalmen
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lo puede dimanar ele una comfirme declara propietario al terevicción parcial existe no sólo
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cuando la cosa vendida estaba
prenda o hipoteca o tenía consde uso o ele habitaciún, o tenía
e (2138 v 2139). Importa bastande evicción parcial, los derechos
ntes a los que engendran los viitoria, para rescindir el contrato,
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últimos casos sujeta la acción a
sólo un año, contado a partir de
rato si se trata de una carga (hiitación) y a partir del clescubriional no aparente en el otro
azo no se ejercita cualquiera de
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hava hecho ~1ención en la escriarga o de la servidumbre, y no
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sto que por la necesana mscnpPúblico ele la Propiedad (3007),
ellas el comprador (Pianiol).
endumimto anterior, aún ele aqueegistro Público de la Propiedad
parcial (Planiol), a pesar de .que
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aneamiento cuando la evicción se
endada de un inmueble b~jo ré-
DE LOS CONTRATOS CIVILES
189
gimen ele condominio (Arts. 20 y 21 de la Ley sobre Régimen en Condominio para el D. F.), sin haberse respetado el derecho al tanto del
inquilino. Sin embargo, nada impediría que en la compraventa en que
se hubiera hecho la mención expresa de que el bien no se encuentra
dado en arrendamiento, tuviera el comprador engañado, cuando dicha
mención fuera falsa, la correspondiente acción de nulidad del contrato
con pago de daños y perjuicios a consecuencia del dolo con que actuó
el vendedor que ocultó tal arrendamiento (1816).
.
La evicción generalmente sólo se produce por una causa antenor a
la venta, (2140-IV), pero, por excepción, también puede tener lugar por
una causa posterior al contrato, cuando aquélla se debe a un "heclw ckl
príncipe" (expropiación inminente al celebrarse el contrato); o a una prescripción adquisitiva a favor de tercero que se consumó inmediatamente
después de la venta (Planiol); o cuando la evicción se deba a un hecho
posterior del mismo vendedor, como acontece cuando ha efectuado él
una doble venta (2265 y 2266).
La responsabilidad del vendedor, al producirse la evicción total se
traduce en la obligación de indemnizar al comprador, indemnización
que varía en gravedad según se haya actuado de buena o de mala fe
por parte del vendedor (2126, 2127 y 2128), pero que no se reduce
por ley en ninguno de estos dos casos a la mera devolución del precio
como ocurriría si realmente fuera nula (2239) la venta de una cosa
ajena. Al efecto, cuando ha habido buena fe no sólo debe el vendedor
devolver el precio, sino que está obligado a reembolsar los gastos del
contrato, los del juicio de evicción y el importe de las mejoras útiles
(2126), en tanto que si ha actuado de mala fe el vendedor tendrá no
sólo las obligaciones anteriores, sino que deberá reparar también los
daños y perjuicios causados al comprador y devolverle hasta el importe
de las mejoras voluntarias o de mero placer (2127).
Dentro de esta obligación de garantizar la evicción, queda comprendida la obligación del vendedor de salir al pleito ck evicción para sacar al comprador a paz y salvo de dicho litigio. Con este fin, el propio
comprador, so pena de perder el derecho a ser indemnizado por la
evicción si no lo hace (2140-V), queda obligado a denunciar el pleito al
vendedor "luego que sea emplazado" (2124), esto es, antes de contestar
la demanda (Art. 657 del Cód. de Proc. Civiles), para que el vendedor
salga al pleito, es decir, para que pueda intervenir en el mismo oponiendo excepciones, aportando pruebas y alegando lo que estime pertinente (2128), a menos que al ser llamado al juicio, el mismo vendedor
manifieste inmediatamente después del emplazamiento, que carece de
medios de defensa y devuelva o consigne el precio para evitar la responsabilidad de ser considerado como vendedor de mala fe (2132).
Si el vendedor, después de ser llamado el pleito, se abstiene sin justa
causa de comparecer en tiempo oportuno a dicho juicio, o si no rinde
190
RAMÓN SÁNCHEZ MEDAL
pruebas en el mismo o no alega, sufre las responsabilidades mencionadas de un vendedor de mala fe (2128).
Las dos últimas obligaciones del vendedor para garantizar por los
vicios ocultos y por la evicción al comprador, son efectos naiurales, pero
no esenciales de la compraventa, dado que pueden modificarse y aún suprimirse mediante pactos expresos entre las partes (2121, 2123, 2140
fracción 11, y 2158), lo que demuestra que la venta de cosa ajena no es
nula, ya que si lo fuera no podría admitirse la renuncia válida al saneamiento por causa de evicción. Estas dos últimas obligaciones del
vendedor relativas a la garantía por evicción y por vicios ocultos, que
nacieron como propias de la compraventa, se extendieron después por
generalización a todas la enajenaciones a título oneroso (2120, 2351 y
2142).
76. OBLIGACIONES DEL COMPRADOR. Son dos propiamente las obligaciones del comprador, a saber, la obligación de pagar el precio y la obligación de recibir la cosa.
Por lo que se refiere a la obligación de pagar la mitad de los gastos de escritura y de registro, a falta de convenio en contrario, no es
propiamente una obligación exclusiva a cargo del comprador, sino que
se trata de una obligación común a cargo del comprador y del vendedor por partes iguales (2263 ).
Asimismo, en cuanto a la obligación de pagar ciertos impuestos (el
impuesto del IVA, el impuesto sobre adquisición de inmuebles y otros
tributos de continua y variable invención del Fisco) no son obligaciones
direCtamente derivadas del contrato, esto es, del acuerdo de voluntades
y de la ley civil ( 1796), sino obligaciones que imponen exclusivamente
las respectivas leyes fiscales. Además, estas cargas tributarias tienen
como acreedor al Fisco y no al otro cocontratante; por tal razón, el incumplimiento de ellas no da derecho a esta parte a pedir la rescisión
del contrato de compraventa, a menos que así se haya convenido expresamente, sino que el impago de tales obligaciones fiscales faculta al
Estado al ejercicio de la vía económico-coactiva para el cobro de los
impuestos respectivos. Empero, si el contratante no obligado a pagar
dichas cargas fiscales, las paga efectivamente, tiene derecho a repetir
u obtener su reembolso del otro contratante obligado a pagarlas.
la obligación: Pagar el precio convenido (2293). La necesidad de que
el precio sea cierto y en dinero, así como las demás características y
pormenores acerca de estos dos requisitos fueron ya analizados al estudiar el precio como uno de los elementos reales de la compraventa.
El precio debe pagarse en moneda nacional del curso corriente al
momento de hacer el pago. Por regla general no deben pagarse intereses sobre el precio, no sólo en las compraventas al contado, ni tampoco
en las ventas a plazos (2297), aunque entre tanto perciba el comprador
DE LC
los frutos de la cosa, pues s
cho plazo para aumentar el
Por excepción, el comp1
sos siguientes: a) si así se e
la venta no se hizo a plazc
cosa y el pago del precio, )
comprador se hubiere constit
en el plazo pactado; y d) si
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cuyo supuesto debe pagar
2298). En todos estos caso!
legal del 9% anual (2395), :
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vencional pueda consistir
comprador (2117, in fine), e
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El precio debe pagarse '
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gure la posesión o le dé fia1
El precio debe pagarse .
a un tercero para que le sea
A pesar del texto equívc
precio y entregarse después
cumplirse simultáneamente '
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entre las partes, toda vez qu
tratantes debe cumplir prim
vendedor, ambas partes del
en poder de un tercero (22~
Aunque la cosa perezca
la propiedad, pero antes de
comprador de pagar el pm
gos (2017-V), salvo convenio
Para garantizar al vende'
dor, tiene el vendedor las si
ción de la cosa ( 1949, 2286.
concurso de acreedores del
cia a dichos acreedores sobr
MEDAL
as responsabilidades mencionadedor para garantizar por los
dar, son efectos naturales, pero
pueden modificarse y aún sulas partes (2121, 2123, 2140
e la venta de cosa ajena no es
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a título oneroso (2120, 2351 y
;on dos propiamente las obligación de pagar el precio y la obli-
de pagar la mitad de los gasle convenio en contrario, no es
cargo del comprador, sino que
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l
1 de pagar ciertos impuestos (el
iquisición de inmuebles y otros
1 del Fisco) no son obligaciones
) es, del acuerdo de voluntades
es que imponen exclusivamente
estas cargas tributarias tienen
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que así se haya convenido exs obligaciones fiscales faculta al
1-coactiva para el cobro de los
mtratante no obligado a pagar
1mente, tiene derecho a repetir
mte obligado a pagarlas.
:lo (2293). La necesidad de que
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os fueron ya analizados al estu)S reales de la compraventa.
nacional del curso corriente al
~eneral no deben pagarse intereraventas al contado, ni tampoco
r1tre tanto perciba el comprador
1
DE LOS CONTRATOS CIVILES
191
los frutos de la cosa, pues se presume que se tomó en consideración dicho plazo para aumentar el precio de la venta (2297).
Por excepción, el comprador debe pagar intereses en los cuatro casos siguientes: a) si así se convino expresamente entre las partes; b) si
la venta no se hizo a plazo y medió un tiempo entre la entrega de la
cosa y el pago del precio, y dicha cosa produce frutos o rentas; e) si el
comprador se hubiere constituido en mora por no haber pagado el precio
en el plazo pactado; y d) si con posterioridad a la celebración del contrato se le concedió al comprador un plazo para el pago del precio, en
cuyo supuesto debe pagar intereses, salvo pacto en contrario (2296 y
2298). En todos estos casos, el interés que debe pagarse es el interés
legal del 9% anual (2395 ), salvo que se hubiere pactado entre las partes otro interés mayor o inferior a dicho rédito, sin que la pena convencional pueda consistir en otra prestación más onerosa para el
comprador (2117, in fine), como por ejemplo, pagar un interés moratorío del 2% mensual y, además, una determinada suma adicional, o pagar una cierta cantidad diaria como pena convencional.
El precio debe pagarse en el lugar y en la focha en que se haga entrega de la cosa, salvo convenio en contrario (2294), sin tener aquí aplicación la regla general de que a falta de convenio expreso, el pago ha
de hacerse en el domicilio del deudor (2082), y en el caso de que el
comprador fuere perturbado en su posesión o derecho, o tuviere justo
temor de serlo, puede suspender el pago hasta que el vendedor le asegure la posesión o le dé fianza (2299).
El precio debe pagarse al vendedor mismo, pero puede él designar
a un tercero para que le sea entregado el precio por el comprador.
A pesar del texto equívoco del Art 2286, no debe pagarse antes el
precio y entregarse después la cosa, sino que ambas prestaciones deben
cumplirse simultáneamente "dando y dando", pues ello se desprende tanto de los artículos 2295 y 2294, como de la igualdad que debe reinar
entre las partes, toda vez que si ocurre duda acerca de cuál de los contratantes debe cumplir primero con su obligación, si el comprador o el
vendedor, ambas partes deberán depositar sus respectivas prestaciones
en poder de un tercero (2295 ).
Aunque la cosa perezca después de celebrada la venta y transmitida
la propiedad, pero antes de la entrega de la cosa, hay obligación en el
comprador de pagar el precio, por aplicación de la teoría de los riesgos (2017-V), salvo convenio expreso en contrario.
Para garantizar al vendedor el pago del precio a cargo del comprador, tiene el vendedor las siguientes protecciones: a) un derecho de retención de la cosa (1949, 2286, 2287 y 2295); b) un privilegio en caso de
concurso de acreedores del comprador, para ser pagado con preferencia a dichos acreedores sobre el valor de la cosa (2993-VIII); e) La ac-
192
RAMÓN SÁNCHEZ MEDAL
cwn reivindicatoria que excepcionalmente puede intentar en caso de
venta con reserva de propiedad (Art. 2310 del Cód. civil, y Arts. 466 y
467 del Cód. de Proc. Civiles), y en caso de quiebra, a través de las acciones separatorias o reivindicatorias útiles (Arts. 159-11, 111 y IV, de la Ley
de Quiebras); y d) La resolución de la compraventa (1949), pero con estas restricciones en las ventas a plazos: es necesaria la cláusula resolutoria expresa y que se incriba ella en el Registro Público de la Propiedad,
para que produzca efectos contra tercero (1950 y 2310); los efectos de
la resolución del contrato están previstos en forma imperativa por el legislador para cuantificar las respectivas prestaciones que han de devolverse (2311 ); y la excepcional facultad concedida al comprador en mora,
pero que ha pagado más de la tercera parte del precio o del número
total de abonos convenidos, para optar o por la rescisión "o por el pago
del adeudo vencido mas las prestaciones que legalmente procedan" (art.
71 de Ley Fed. Prot al Consumidor), en el caso de que el vendedor sea
un proveedor habitual o comerciante (arts. 2 11 y 6 de la LFPC), o de que
se trata de una venta de un inmueble por parte de un fraccionador o
constructor.
2a obligación: Recibir la cosa. Se encuentra establecida esta obligación en el artículo 2292, que tiene su origen en el Código civil chileno
(Art. 1827) y en el Código civil alemán (Art. 443) que directa y expresamente mencionan tal obligación a cargo del comprador.
Rojina Villegas sostiene que no es propiamente una obligación a
cargo del comprador, por estas dos razones: porque se suprimió la disposición del Código civil en 1884 (Art. 2900) que rescindía de pleno derecho, si así lo deseaba el vendedor, la venta de bienes muebles, en caso
de que el comprador faltara al cumplimiento de la obligación de recibir la cosa; y porque el incumplimiento de esta obligación de recibir la
cosa no es actualmente una causa para la rescisión del contrato de
compraventa.
Estas dos razones carecen de fundamento, ya que si bien es cierto
que en nuestro derecho actual no se establece expresamente la resolución de pleno derecho de la venta de bienes muebles por falta de cumplimiento del comprador a su obligación de recibir la cosa, ello sólo
significa que la resolución de este contrato deberá hacerse necesariamente por la vía judicial ( 1949), a menos que las partes hubieren convenido expresamente en la resolución automática del contrato a través
del pacto comisario expreso, por lo que se hace aconsejable en la práctica que en las ventas de bienes muebles se establezca el pacto comisorío expreso para que si al vendedor no se le recoge la cosa
oportunamente por parte del comprador, pueda el vendedor resolver la
compraventa en forma automática, sin necesidad de acudir a la autoridad judicial y exponerse a la tardanza del juicio. En cuanto a la otra
DE LOS
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193
razón, hay que advertir, desde luego, que no todos los incumplimientos
de obligaciones en los contratos bilaterales son causa de rescisión de
estos contratos, pues, por ejemplo, el incumplimiento del arrendatario
a la obligación de hacer las reparaciones locativas (2444), no es causa
suficiente para la rescisión del arrendamiento, toda vez que como lo
sostiene la doctrina y el derecho comparado, sólo los incumplimientos
graves o de cierta trascendencia son causa suficiente para la rescisión
de un contrato bilateral. Es de recordarse al respecto una vez más la
certera disposición del Código civil italiano: "Art. 1455. Importancia tkl
incumplimiento. No se podrá resolver el contrato si el incumplimiento de
una de las partes tuviera escasa importancia, habida cuenta del interés
de la otra."
Así, pues, es una afirmación gratuita sostener que la falta de recepción oportuna de la cosa por parte del comprador no faculte al vendedor a demandar la rescisión de la compraventa, ya que puede ocurrir
que no convenga al vendedor atenerse exclusivamente a cobrar al comprador el reembolso del alquiler de bodegas o de vasijas utilizadas durante el tiempo en que perdure la mora de recibir del comprador
(2292), y debido a ello prefiera optar por la rescisión de la venta. Por
ejemplo, si a un vendedor de cierto número de cabezas de ganado, no
le recibe el comprador oportunamente dichos animales, no sería justo
obligar a dicho vendedor a esperar los años que dure un litigio y tener
que sostener los animales y alquilar los potreros adecuados durante todo ese tiempo, aunque a la postre tuviere derecho a reclamar el reembolso de tales erogaciones. Otro ejemplo más: A un vendedor de
deteminado número de kilos de carne fresca, no se le puede obligar a
que lleve a una cámara de refrigeración dichas carnes, para esperar la
duración del litigio por virtud del cual se le pague por el comprador el
importe de los alquileres de dicha cámara de refrigeración. Si el dueño
de un predio vende los materiales de demolición de la casa que estuvo
edificada en tal predio y tiene necesidad de éste para levantar una
nueva construcción y está interesado en liberarse de la custodia de dichos materiales, no puede obligársele a que continúe con la guarda de
ellos y tenga como única salida posible enzarzarse en un litigio para
cobrar el alquiler del terreno al comprador por el tiempo en que éste
permaneció sin retirarlos. En los tres ejemplos se advierte la necesidad
o conveniencia de reconocer la facultad al vendedor para optar por la
rescisión de la venta respectiva ( 1949).
77. Mooos DE TERMINACIÓN. La compraventa puede terminar de
dos maneras:
1) En virtud de hechos o circunstancias contemporáneos a la celebra-
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a a
n •
•a
194
RAMÓN SÁNCHEZ MEDAL
cwn del contrato, que propiamente frustran la compraventa e impiden
que ésta produzca sus efectos o continúe produciéndolos.
En este primer grupo, hay que mencionar la nulidad de la compraventa por muy diversas causas: por incapacidad general para contratar
de uno o de ambos contratantes, esto es, por incapacidad natural y legal (450, 635, 2228, 2230 y 2236); por una incapacidad especial o una
incapacidad de derecho o una falta de legitimación para celebrar la
compraventa de que se trate (276, 2280 a 2282, etc.); por causa de lesión en el comprador o en el vendedor ( 17) o por algún vicio del consentimiento en alguna de las partes (2228, 2230, 2236 y 2237); por la
ilicitud en el objeto o en el fin de la compraventa (1795-III y 2225);
por no estar en el comercio el objeto vendido (1825-3°); etc.
Por el contrario, no es nula la venta que se haga a una persona
determinada, con infracción de la cláusula por la que el vendedor se
hubiere obligado previamente a no vender a dicha persona (2301); ya
que tal obligación de no hacer sólo genera la responsabilidad de pagar
daños y perjuicios en caso de incumplimiento (2028). Asimismo, tampoco es nula la venta que se haga a una persona, con violación de la
cláusula por la que el vendedor se hubiere obligado previamente a
conceder "preferencia por el tanto" a favor de otra persona (2303,
2304, 2305, in fine y 2028). Este último "dereclw de preferencia", cuyo origen es un convenio entre las partes (2303), no debe confundirse con el ''dereclw del tanw", instituido por la misma ley a favor del copropietario (973),
del coheredero (1292), del usufructuario (1005)~ del socio (2706) y del
arrendatario de una localidad de un inmueble bajo régimen de condominio (arts. 19 y 20, Ley sobre Régimen de Propiedad en Condominio
para el D. F.)
Aquel "dereclw de preferencia" es esencialmente un derecho personal o
de crédito y por esa razón su infracción sólo origina el pago de daños y
perjuicios, dejando válida la venta efectuada en contravención del mismo (2305 y 2028). En cambio, el "derecho del tanw" es considerado en
doctrina como un derecho real (Enneccerus), consistente en un gravamen sobre la cosa que, por una parte, no da al titular un derecho actual a intervenir en la cosa, ni un derecho a satisfacerse sobre la
misma cosa, sino un derecho a adquirirla (Enneccerus), derecho que
puede ejercitarse sólo en el caso de venta o de dación en pago, incluyendo la venta judicial o remate, y no en todo otro negocio oneroso
de enajenación, por ejemplo, permuta, aportación a sociedad, como lo
sostiene un autor extranjero (Enneccerus), y que, por otra parte, en casode infracción a tal derecho del tanto, la venta es nula o ineficaz (1292 y
973). Para circunscribir su aplicación al caso de venta se han invocado
antecedentes y razones muy estimables (José Arce y Cervantes, Revista de
DE LOS
Derecho Notarial, N° 33, oct.
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MEDAL
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[José Arce y Cervantes, RPvisto de
DE LOS CONTRATOS CIVILES
195
Derecho Notarial, N° 33, oct. de 1968, págs. 19 y sigs. ), sin que, por
tanto, sea aplicable al caso la interpretación extensiva "minus dixit quam
voluit" a pretexto de evitar se burle el espíritu del precepto, p. ej.: a
través de una aportación de la copropiedad a una sociedad, haciendo
así que continúe la copropiedad y con ella la fuente de conflictos que
genera.
Los fundamentos para considerarlo un derecho real son los siguientes:
a) Es un derecho que se hace valer frente a todo el mundo "erga
omnes", y no sólo frente al condómino que trata de vender. Por ello, la
venta que con violación de tal derecho se haga a cualquier terrero no
produce efecto legal alguno (973 in fine).
b) Da derecho a su titular a la persecución de la cosa, aunque ésta
haya pasado a manos de un tercero, de tal suerte que si ron violación
del derecho del tanto se vende a un tercero, y éste a su vez a otro tercero, puede aquel titular perseguir la cosa en contra de este último
tercero, mediante el ejercicio de la acción de retracto cuando ha sido
violado el derecho al tanto por haber hecho la venta a un tercero sin respetar este último derecho.
Al efecto, este derecho no es una teórica preferencia que se traduzca sólo en una simpatía abstracta o buena voluntad hacia los condóminos y una aversión hacia los terceros, sino que tal derecho tiene una
trascendencia práctica y concreta, puesto que consiste en que el rondómino preterido se sustituya al tercero y adquiera la copropiedad en lugar de éste, en igualdad de condiciones, desplazando a dicho tercero.
De lo contrario, no se explicaría que el legislador, en caso de pluralidad de condóminos titulares de tal derecho, conceda prioridad a uno
de ellos (974), pues si se tratara de una simple preferencia bastaría la
notificación a todos ellos de las condiciones en que se iba a hacer la
operación para satisfacer así plenamente ese teórico derecho. En suma,
también en nuestro Derecho civil, como en la legislación comparada, al
derecho del tanto se agrega el derecho de retracto, que faculta a su titular a perseguir la cosa en manos de los terceros adquirentes inmediatos o mediatos para recuperar la cosa a cambio del precio que hubiera
pagado el tercer adquirente al condómino infractor.
El fundamento de este derecho real es el interés público de conjurar los frecuentes litigios o controversias a que da origen la copropiedad, razón por la cual a nadie puede obligársele a permanecer en
indivisión (939 y 1768), salvo casos excepcionales en el del régimen de
condominio (951 ), por cuyo motivo el legislador hace prevalecer dicha
consideración a otras razones ordinariamente válidas, y en el caso de
un convenio entre herederos para suspender temporalmente la parti-
196
RAMÓN SÁNCHEZ MEDAL
Clon (1769). A estos derechos reales se les llama por una parte de la
doctrina española como "derechos reales de adquisición" que pueden tener
un origen negocia[, como en la opción, o un origen legal, como el derecho al tanto (Miguel García-Amigo, en Revista de Derecho Privado, Madrid, febrero de 1976, páginas 99 a 131 ), y que se llaman en doctrina
(Planiol) derechos reales de segundo grado, en virtud de que no recaen sobre la cosa, sino sobre la propiedad de la misma, para facultar al titular de esa clase especial de derechos a adquirir o a enajenar dicha
propiedad.
La Suprema Corte de justicia sostiene jurisprudencia que a la vez
que distingue el derecho del tanto y el derecho del retracto, concede
uno y otro derecho a los condueños: ''Acción de retracto y derecho del tanto. Tratándose de la enajenación que uno de los copropietarios hace en
favor de un tercero extraño a la comunidad, se pueden presentar dos
situaciones: cuando la venta está simplemente propalada y cuando está
consumada. En el primer caso los copropietarios pueden ejercitar el
derecho del tanto, que implica una venta directa del copropietario enajenante en favor del que ejercita el tanto, en los términos del contrato
propalado con el tercero; mientras que en el segundo caso, los copropietarios preteridos pueden ejercitar el derecho del retracto, por medio
del cual el copartícipe actor se subroga en todos los derechos y obligaciones del comprador" (Tesis núm. 2, pág. 20, Jurisprudencia de la
Tercera Sala hasta 1965).
Entre estas causas de nulidad contemporáneas a la celebración del
contrato de compraventa son de mencionarse también la violación a la
prohibición legal del pacto rk retroventa y a la prohibición legal de la
promesa de venta de un bien raíz que haya sido objeto de compraventa entre los mismos contratantes (2302), prohibiciones legales ambas
que afectan de nulidad absoluta (8) a la compraventa misma a la que
se haya agregado dicho pacto o dicha promesa. La razón de esta norma prohibitiva del Código Civil de 1928, fue dada por el Presidente de
la República Venustiano Carranza en su informe de 15 de abril de
1917 ante el Congreso: "Los constantes abusos de los prestamistas por
el medio legal del contrato de venta con pacto de retroventa, reclamaban con urgencia que se tomasen medidas decisivas para evitarlos y de
ahí la expedición del decreto de 2 de abril de 191 7, que abolió en toda la República el contrato de venta con pacto de retroventa, prohibió
el de promesa de venta sobre el bien raíz que hubiese sido objeto del
de compraventa entre los mismos contratantes y estableció el derecho de
hacer constar en escritura privada el de hipoteca de menor cuantía. La
reglamentación de este decreto se llevó a cabo por el del día siguiente,
DE
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DE LOS CONTRATOS CIVILES
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197
por medio del cual se hicieron las reformas y modificaciones siguientes
en el Código civil del Distrito y Territorios Federales."
2) La compraventa puede terminar también en virtud de hechos o
circunstancias posteriores a la celebración del contrato, que extinguen los
efectos derivados de la compraventa válidamente celebrada.
Entre estos medios de terminación de la compraventa, es de mencionarse, ante todo, el agotamiento natural del contrato, a virtud del
cumplimiento o ejecución de las respectivas obligaciones a cargo de las
dos partes.
Dentro de este segundo grupo de modos de terminación de la
compraventa, merece un comentario especial la resolución o rescisión
de la compraventa por incumplimiento de una de las partes.
El incumplimiento del vendedor en lo que se refiere a alguna de
las diversas obligaciones a su cargo, no ofrece dificultad especial, ya
que rige el principio general de que el incumplimiento del vendedor
da derecho al comprador a pedir la rescisión del contrato y el pago de
daños y perjuicios, en ejercicio de la facultad implícita que existe a este
respecto en los contratos bilaterales (1949).
Pero, en cambio, cuando el incumplimiento es de parte del comprador, existen reglas especiales.
En el Código civil de 1870 (Art. 3032) el vendedor de una cosa
mueble o inmueble no podía rescindir el contrato después de la entrega de dicha cosa, por falta de pago del precio, ya que en ese supuesto
el propósito del legislador era mantener el contrato, después de haber
producido sus efectos jurídicos relativos a la transmisión de la propiedad, para evitar que el peligro de rescisión se convirtiera en una amenaza para otros adquirentes, que los desistiera de comprar, colocando
así prácticamente a la cosa fuera del comercio (Mateas Alarcón).
Asimismo, aunque el Código de 1884 no reiteró la disposición anterior, tanto ese ordenamiento (art. 2858) como el de 1870 (art. 2928)
negaron al vendedor la acción rescisoria en contra del comprador incumplido, si la venta se había celebrado a plazo o en abonos, concediendo en ese caso al vendedor perjudicado sólo el derecho a exigir el
pago del precio con los respectivos intereses moratorias, pues se consideraba que, por una parte, el vendedor debería sufrir las consecuencias
de su imprudente confianza en el comprador y que, por otra parte, debía protegerse la firmeza de los contratos para no amenazar la estabilidad o seguridad de las transacciones por el temor de que por una
circunstancia posterior fueran a invalidarse.
El Código civil vigente encontró la fórmula que concilia, por una
parte, la justa protección al vendedor perjudicado ante el incumplimiento del comprador en las ventas en abonos, y, por otra parte, la
198
RAMÓN SÁNCHEZ MEDAL
necesidad de asegurar la estabilidad y firmeza de esta clase de operaciones con relación a los terceros.
Con este objeto, la cláusula resolutoria implícita en todos los contratos bilaterales (1949), permite entre las partes, la rescisión de las compraventas en abonos cuando el comprador incumple sus obligaciones
en lo tocante al pago del precio (2300); pero para que tal rescisión
produzca efectos contra terceros se requieren dos cosas, a saber: que en
esas compraventas se haya convenido el pacto comisario expreso y que este pacto se haya inscrito en el Registro Público de la propiedad (231 O,
1950, 1951 y 3007) (amparo 1092/76, Cía. Industrial Mantequera Porcina, 9 de agosto de 1976).
El pacto comisario expreso y su inscripción en el Registro Público
de la Propiedad es, sólo en este caso especial de la compraventa en
abonos con cláusula resolutoria, una repetición necesaria que impone la
ley (231 O) de la mal llamada condición resolutoria implícita ( 1949), para que la resolución de dicho contrato por impago de los abonos produzca efectos contra terceros, porque para que los produzca entre las
partes basta el pacto comisario implícito (1949) y sin necesidad tampoco de su incripción en el Registro Público de la Propiedad; pero es de
advertir que aún en ese caso especial de pacto comisario expreso exigido por la ley y debidamente inscrito en el Registro Público de la Propiedad, es necesario al vendedor acudir a la autoridad judicial para
que decrete la resolución de la compraventa por incumplimiento del
comprador, a menos que en dicho pacto comisario expreso, además de
repetir explícitamente la facultad resolutoria del artículo 1949, expresamente también se haya convenido entre las partes que la resolución de
la compraventa operara automáticamente, si así lo prefiere el vendedor y
lo hace saber al comprador, en el caso de que éste haya incurrido en
la falta de pago de los abonos Uosé Ramón Sánchez Meda! Urquiza, La
Resolución de los contratos por Inclumplimiento, México, Porrúa, 1978).
Además, la cláusula resolutoria expresa puede pactarse para asegurar el cumplimiento de otra clase de obligaciones en la compraventa,
aunque no se refiera precisamente a la de pagar el precio, y el efecto
de ese pacto comisario expreso es, cuando así se ha convenido expresamente, permitir que la resolución de la compraventa opere mediante
simple declaración que comunique a la otra parte el contratante perjudicado con el incumplimiento de aquélla, sin necesidad de que dicho
perjudicado acuda ante la autoridad judicial para el ejercicio de la respectiva acción resolutoria (amparo 5061/1952 del Banco Nacional de
Crédito Ejidal, 27 de enero de 1955, y S. J. de la F., 5a época, 4a parte,
Vol. 1, pág. 110, amparo de México Tractor and Machinery Co., S. A.).
Otra peculiaridad más de la resolución o rescisión de las compra-
DE L01
ventas a plazo o en abonos,
en que se reglamenta de IDél
devolución de las respectiva
pagar, por el uso de la cosé
de ambas partes y una indt
cosa que fijarán también dicl
derecho a obtener la devoluc
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nos que se haya pactado UJ
legal, siendo nulos los pacto
más onerosas (2311 ). Estas n
para el caso de rescisión de
2314). A este respecto, deb<
las que de antemano, al ce!
mente el monto de la renta
aquellas otras cláusulas en l
están ya designando a los pt
trañan verdaderos actos de 1
letra de ella, quebrantan el '
sión del comprador. Por igllí
la cláusula penal ( 1840) par
los daños y perjuicios causa'
de parte del comprador (231
Las disposiciones anterio1
no se pague en su totalidad
de arrendamiento y sólo se
de pagarse la totalidad del
mientras no pague el comp
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MEDAL
rmeza de esta clase de opera·a implícita en todos los contraartes, la rescisión de las comdor incumple sus obligaciones
); pero para que tal rescisión
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a. Industrial ~antequera Porci-
:ripción en el Registro Público
~special de la compraventa en
:tición necesaria que impone la
:esolutoria implícita ( 1949), palor impago de los abonos proIra que los produzca entre las
(1949) y sin necesidad tampo:o de la Propiedad; pero es de
pacto comisorio expreso exigid Registro Público de la Pror a la autoridad judicial para
venta por incumplimiento del
comisario expreso, además de
1ria del artículo 1949, expresalas partes que la resolución de
;i así lo prefiere el vendedor y
de que éste haya incurrido en
tón Sánchez Medal Urquiza, La
to, México, Porrúa, 1978).
~a puede pactarse para asegubligaciones en la compraventa,
de pagar el precio, y el efecto
1 así se ha convenido exprcsat compraventa opere mediante
>tra parte el contratante petjua, sin necesidad de que dicho
cial para el ejercicio de la res/1952 del Banco Nacional de
J. de la F., 5a época, 4a parte,
tor and Machinery Co., S. A.).
ión o rescisión de las compra-
DE
LOS CONTRATOS CIVILES
199
ventas a plazo o en abonos, sea de muebles o de inmuebles, consiste
en que se reglamenta de manera imperativa la forma de determinar la
devolución de las respectivas prestaciones, ya que el comprador debe
pagar, por el uso de la cosa, un alquiler o renta que fijen los peritos
de ambas partes y una indemnización por el deterioro sufrido por la
cosa que fijarán también dichos peritos y, a su vez, el comprador tiene
derecho a obtener la devolución de las cantidades pagadas y de los intereses legales del nueve por ciento anual sobre esas cantidades, a menos que se haya pactado un tipo superior, pero no inferior a la tasa
legal, siendo nulos los pactos que impongan al comprador obligaciones
más onerosas (2311 ). Estas mismas normas de carácter imperativo rigen
para el caso de rescisión de las ventas con reserva de dominio (2312 a
2314 ). A este respecto, deben considerarse nulas aquellas cláusulas en
las que de antemano, al celebrarse el contrato, se determina pericialmente el monto de la renta o el monto del demérito, y nulas también
aquellas otras cláusulas en las que al celebrarse el contrato las partes
están ya designando a los peritos, ya que uno y otro procedimiento entrañan verdaderos actos de fraude a la ley, porque aunque observen la
letra de ella, quebrantan el espíritu de la misma, permitiendo la extorsión del comprador. Por iguales razones, no está permitida en este caso
la cláusula penal ( 1840) para la evaluación convencional anticipada de
los daños y petjuicios causados al vendedor por el impago del precio
de parte del comprador (2311, in fine).
Las disposiciones anteriores no implican, sin embargo, que mientras
no se pague en su totalidad el precio por el comprador, el contrato sea
de arrendamiento y sólo se convierta después en compraventa en caso
de pagarse la totalidad del precio, ya que lo único que ocurre es que
mientras no pague el comprador la totalidad del precio, sin dejar de
ser comprador, tendrá también algunas de las obligaciones equivalentes
a las de un arrendatario (2315 ), a semejanza de lo que ocurre también
en la compraventa, cuando el comprador acepte que la cosa quede a su
disposición mediante la entrega virn1al de la misma, en cuyo supuesto
el vendedor que conserve la cosa "tendrá los derechos y obligaciones
de un depositario" (2284, in fine), sin que esto signifique que el contrato deje de ser de compraventa y se convierta en un contrato de depósito hasta que el comprador reciba materialmente la cosa, pues
también en este caso el referido vendedor, sin dejar de ser vendedor,
tendrá las obligaciones y derechos de un depositario, como también en
el otro caso el comprador, sin dejar de ser comprador, tendrá algunas
de las obligaciones de un arrendatario, pero no todas ellas, ya que deberá conservar la cosa y usar de ella en la forma convenida o en la
200
RAMÓN SÁNCHEZ
MEDAL
DE LOS
forma que esté de acuerdo con la naturaleza de la cosa, así como cuidar de la misma cosa, avisar al vendedor respecto de las usurpaciones
o novedades dañosas de la cosa y abstenerse de variar la forma de la
misma cosa; pero no tendrá la obligación de pagar una renta periódica
por el uso de la cosa. Una situación similar se presenta también en la
prenda sobre frutos pendientes de recolectar, que hace se considere al
deudor prendario como "depositario" de tales frutos, pero sin que ello
signifique que la prenda deje de serlo y se convierta en un depósito
(2857, in fine).
Cuando por razones de técnica legislativa, equipara el legislador sólo para ciertos efectos a un contratante en un determinado contrato
con otro contratante en un distinto contrato, p. ej.: equipara al comprador con un arrendatario (2315), al vendedor con un depositario
(2284, in fine), al deudor prendario con un depositario (2857, in fine);
lo que hace el legislador en esos casos es crear sólo para ciertos efectos limitadns una verdadera ficción kgal, pero de ninguna manera se produce el
fenómeno jurídico de la conversión del contrato, o sea que un
contrato se convierta en otro contrato, esto es, que en los ejemplos ya
señalados, la venta se transforme en arrendamiento o en déposito y la
prenda se convierta en un depósito.
Estas mismas disposiciones relativas a la forma de cuantificar las
prestaciones a cargo del comprador y del vendedor, en caso de resolución de las compraventas a plazos, deben aplicarse por analogia a las
restituciones recíprocas que deben hacerse las partes en caso de nuliclacl
de la venta (2239).
A propósito de las consecueucias jurídicas que derivan del iucurnplimiento del comprador, cabe mencionar que la Ley Federal de Protección al Consumidor sólo en los dos casos a que enseguida se hace
referencia otorga al comprador en abonos que ha pagado más de la tercera parte del precio o del número total de abonos convenidos, cuando ha
sido demandado por el vendedor, el derecho de optar él, a pesar de ser
el comprador el deudor en mora, o por el "pago del adeudo vencido más
las prestaciones que legalmente procedan" o por la rescisión del contrato (art. 71 Ley Fed. Prot. al Consumidor). La Tercera Sala de la. Corte,
en el informe de 1990 (fojas 893), estableció una jurisprudencia en el
sentido de que este derecho del comprador puede hacerse valer "al
contestar la demanda o en cualquier etapa del juicio, hasta antes que se dicte
sentencia, siempre que el enjuiciado, al ser demandado, haya pagado
más de la tercera parte del adeudo vencido". Esta facultad excepcional
a favor del comprador incumplido solo existe en dos casos: a) si el vendedor o proveedor lleva a cabo de manera habitual o periódica la ven-
ta de bienes de la misma da
cuestión (arts. 2-II y 6 LFPC)
ble y el vendedor o proveed
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Este derecho es similar é
en el caso de contratos bilate
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por el pago de los abonos
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art. 2311 del Cod. civil.
Finalmente, no pueden <
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En cambio, cabe mencio1
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MEDAL
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existe en dos casos: a) si el ventera habitual o periódica la ven-
DE LOS CONTRATOS CIVILES
201
ta de bienes de la misma clase del bien objeto de la compra venta en
cuestión (arts. 2-11 y 6 LFPC); o b) si se trata ele la venta de un inmueble y el vendedor o proveedor es un fraccionador o constructor de viviendas destinadas a habitación para venta al público (art. 73 LFPC).
Este derecho es similar al que existe también dentro de la quiebra
en el caso de contratos bilaterales pendientes de ejecución (art 139 de
la Ley de Quiebras y Suspensión de Pagos). Sobre este excepcional derecho concedido al comprador en mora, cabe advertir que si éste opta
por el pago de los abonos vencidos, debe efectuar de inmediato tal
pago y no simplemente prometer que va a hacerlo, y, además, que
aunque en el contrato se hubiera estipulado que la mora del comprador hacía perder el beneficio del término y daba por vencido anticipadamente el plazo pactado, esto no opera en el presente caso, sino que
por el sentido proteccionista del precepto en favor del comprador, debe
entenderse que bastará el pago de los abonos vencidos y no de la totalidad del saldo insoluto. También, a la rescisión de estas compraventas
mercantiles se aplican en forma imperativa las reglas proteccionistas del
art. 2311 del Cod. civil.
Finalmente, no pueden considerarse como modos de terminación
de la compraventa, ni el hecho de que los objetos no sean del gusto
del comprador, en las ventas a vistas o "ad gustum"; ni tampoco el hecho de que los objetos no den un resultado satisfactorio, en las ventas
a ensayo o a prueba; ya que en estos dos supuestos la compraventa se
perfecciona respectivamente, o hasta que el comprador manifiesta que
la cosa es de su agrado y celebra la compraventa, o hasta que se obtiene un resultado positivo del ensayo o de la prueba de la cosa.
En cambio, cabe mencionar como modo especial y anormal por
completo, la revocación del consentimiento que durante cinco días después de celebrado el contrato se concede al comprador en las ventas a
domicilio de acuerdo con el artículo 56 de la mencionada Ley Federal
de Protección al Consumidor.
78. PECULIARIDADES DE ESTE CONTRATO. Además de la observación
ya señalada de que el contrato de compraventa puede considerarse como un verdadero contrato-tipo, en atención a que su estructuración jurídica ha servido para extender su reglamentación a muchos otros
contratos, particularmente a los contratos bilaterales onerosos, cabe destacar estas peculiaridades:
a) La parcial modificación del principio referente a la cláusula resolutoria implícita en los contratos bilaterales ( 1949), que en las compraventas en abonos sólo rige para la rescisión entre las partes (2300), ya
202
RAMÓN SÁNCHEZ MEDAL
que para que dicha resclSlon produzca efectos en perjuicw de terceros es
necesario el pacto comisario expreso y su inscripción forzosa en el Registro Público de la Propiedad (231 O, 1950, 1951 y 3007).
b) La reglamentación imperativa, con la consiguiente derogación del
principio de la autonomía de la voluntad o de la autorreglamentación
del contrato, para impartir protección al comprador que se supone la
parte débil, en lo que se refiere a los efectos de la resolución del contrato y a las prestaciones que en ese supuesto deben devolverse las partes, en las compraventas a plazos (2311), aunque sean de las prevÍstas
en los arts. 2-11, 6 y 71 de la Ley Fed. de Prot. al Consumidor.
e) La necesidad de reconocer a la autoridad judicial el uso de un
prudente arbitrio, tanto para apreciar si un determinado incumplimiento es lo suficientemente grave para facultar al perjudicado al ejercicio
de la acción resolutoria, como para juzgar si un determinado vicio
oculto es de tal manera importante que su conocimiento hubiera hecho
al comprador desistir de la celebración del contrato o pagar al menos
un precio inferior al que estipuló.
79. NOCIÓN. Contrato p<
obliga a dar una cosa por otJ
En esta definición es opo
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80. CLASIFICACIÓN. Es un
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81. HISTORIA. Históricar
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MEDAL
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de Prot. al Consumidor.
autoridad judicial el uso de un
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llzgar si un determinado vicio
su conocimiento hubiera hecho
del contrato o pagar al menos
CAPÍTULO XI
PERMUTA
79. NOCIÓN. Contrato por el que cada uno de los contratantes se
obliga a dar una cosa por otra (2327).
En esta definición es oportuno destacar:
a) Que el objeto del contrato es un "dare", esto es, la transmisión
recíproca de la propiedad de las dos cosas que se permutan entre sí.
b) Que, sin embargo, dicha transmisión de propiedad, no necesariamente debe ser contemporánea a la celebración del contrato (20 14), sino que las partes pueden diferir para un momento posterior ese efecto
real.
Debido a esta última característica, tomada del Código civil argentino (Art. 1485 ), la actual definición legal de permuta (2327), conceptuada como un contrato obligacional, se distingue tanto del concepto
romano de la "permuta" que era considerada como un contrato real:
"do ut des", como de la definición de permuta adoptada en los Códigos
civiles de 1870 y de 1884 (art. 2930), y en otros ordenamientos extranjeros, como el francés.
80. CLASIFICACIÓN. Es un contrato sinalagmático propiamente dicho;
oneroso, conmutativo o aleatorio, según que en este último caso uno
de los permutantes transmita la propiedad de la cosa y tome a su riesgo que la otra cosa que se le va a enajenar llegue a existir o no; consensual, si recae sobre bienes muebles, y formal, si versa sobre bienes
inmuebles.
81. HISTORIA. Históricamente apareció la permuta antes que la
venta, cuando no existía aun la moneda como medio común de cambio. Hoy día se· practica todavía la permuta, no sólo para intercambio
entre particulares, sino principalmente también en el comercio internacional donde el trueque de artículos o de mercancías es fomentado por
los gobiernos para evitar la fuga de divisas al extranjero.
203
204
RAMÓN SÁNCHEZ MEDAL
La anterior legislación agraria reglamentaba las permutas ejidales y
que tenían lugar cuando la mayoría de los ejidatarios en un determinado ejido, con aprobación del entonces Departamento Agrario y previo
el dictamen favorable del Banco oficial con el que operara tal ejido,
permutaba tierras pertenecientes a dicho ejido con un particular (que
ordinariamente adquiría para hacer un fraccionamiento urbano), a
cambio de otras tierras y de otras prestaciones complementarias, como
casas, dinero, animales, etcétera. Este tipo de permutas han determinado en ocasiones la concesión del amparo federal a favor de los dueños
de los terrenos que resultaron afectados con las dotaciones ejidales correspondientes, en virtud de que al no destinarse tales terrenos a la finalidad pública para la que fueron expropiados, procede la "reversión"
de sus terrenos en favor de dichos propietarios, lo que se traduce en la
nulidad de la adquisición por parte del particular que adquirió por
permuta esos terrenos (amparo 1076/48 de los Hermanos Fernández y
Compañía, fallado por la Segunda Sala de la Suprema Corte de 5 de
marzo de 1958).
82. ELEMENTOS PERSONALES. Las partes, llamadas ''permutantes", que
intervienen en la celebración de este contrato, requieren sólo de la capacidad general para contratar (1798), siendo aplicables a las mismas
partes las observaciones y, sobre todo, las restricciones legales o convencionales que se señalan a propósito de la libertad de vender y de comprar, ya que a la permuta se aplican las normas de la compra venta
(2331 ).
83. ELEMENTOS REALES. Son las dos cosas que se permutan, mismas
que deben satisfacer los requisitos de "la cosa" en la compraventa:
existir en la naturaleza, estar en el comercio y no estar prohibida su
enajenación, y ser determinada o determinable en cuanto a su especie
y cantidad. La cosa debe ser un bien corporeo, sea un cuerpo cierto o
un género, o un bien incorporeo, como un derecho; pero no un servicio,
porque en este último caso se trataría de un contrato de prestación de
servicios profesionales o de otro contrato similar. Igualmente si lo que
se concede a cambio de la propiedad de una cosa es el uso o goce de
otra, se está en presencia de un arrendamiento.
En algunas ocasiones, además de las dos cosas, puede haber de por
medio una cantidad de dinero para nivelar el valor de ambas cosas, debiendo ser tal precio en numerario por una cantidad inferior a la mitad del valor de la cosa que se entrega a cambio, porque si dicho
precio es por lo menos igual a la mitad o excede de esta mitad, el
contrato será de compraventa (2250). A este respecto la moneda ex-
DE LOS
tranjera debe considerarse ce
Apéndice 1975 S.J. de la F.).
Cuando en la permuta e>
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84. ELEMENTOS FORMALES
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Registro Público de la Propie
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85. CONTENIDO OBLIGACIC
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Además de las seis obliga
MEOAL
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de la Suprema Corte de 5 de
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dos cosas, puede haber de por
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ad o excede de esta mitad, el
\. este respecto la moneda ex-
DE LOS CONTRATOS CIVILES
205
tranjera debe considerarse como dinero (tesis 224, pág. 715, 3° Sala,
Apéndice 197 5 S.J. de la F.).
Cuando en la permuta existe este precio complementario, se aplican a dicho precio las observaciones y reglas relativas al ''precio" de la
compraventa, principalmente por lo que se refiere al pago de mtereses
y al lugar y época de pago.
84. ELEMENTOS FORMALES. Es un contrato consensual si versa sobre
bienes muebles; pero es un contrato formal, si recae sobre bienes inmuebles, aunque se trate de una permuta de un bien raíz por otro
bien mueble. Esta formalidad legal para los bienes inmuebles consiste
en la escritura privada que deben firmar los contratantes ante dos testigos cuyas firmas se ratifiquen ante Notario, Juez competente o Registro Público de la Propiedad, si el valor del inmueble que se permuta
no excede según avalúo, del valor de 365 veces el salario mínimo general en el D.F. en el momento de la operación (2317), y en escritura
pública ante Notario, si el valor de tal inmueble sobrepasa dicha cantidad
(2320), debiendo inscribirse en uno y en otro caso la permuta en el
Registro Público de la Propiedad para que surta efectos contra tercero
(3042-I).
85. CONTENIDO OBL!GACIONAL. Tiene cada permutante las seis obligaciones de un vendedor, pero con estas dos diferencias que agravan
tales obligaciones en la permuta:
a) En la compraventa, aunque el comprador tuviere justo temor de
ser perturbado en su posesión o derecho, deberá efectuar el pago del
precio que no hubiere hecho todavía, si el vendedor le ha asegurado la
posesión o le ha dado fianza, salvo convenio en contr~rio (2299); en
tanto que en la permuta cuando el pcrmutante que Ea recibido del otro
la cosa, teme fundadamente que va a ser perturbado en su posesión o derecho, si acredita que tal cosa no era del permutante que se la dio (prueba que puede producir aun fuera de juicio), no puede ser compelido a
entregar la cosa que ofreció a cambio, sino que puede deshacer la operación mediante dicha prueba y la devolución de la cosa que recibió (2328).
·
b) En la compraventa, cuando el comprador sufre la evicción de la
cosa, el vendedor debe pagarle daños y perjuicios sólo que hubiere
procedido de mala fe (2126 y 2127); en tanto que el permutante que
ha sufrido la evicción de la cosa que recibió en cambio, podrá reivindicar la que él dio si se halla aún en poder del otro permutante, o exigir su valor o el valor de la cosa que se le hubiere dado en cambio,
con el pago de daños y perjuicios (2329), lo cual constituye una agravación de responsabilidad en la permuta con relación a la compraventa.
Además de las seis obligaciones semejantes a las del vendedor, tie-
206
RAMÓN SÁNCHEZ MEDAL
ne cada permutante la obligación de recibir la otra cosa que se le da a
cambio de la que él entrega.
Finalmente, si hay un precio complementario, debe éste ser pagado
en los términos y condiciones señalados antes para el pago del precio
en la compraventa.
Cuando se hace la dación de una cosa en pago del precio de una
compraventa anterior, no se convierte ésta en una permuta, "datio in solutu.m est vendere", y por ello no se aplican a ese caso las agravaciones
de las obligaciones antes indicadas.
86. MODOS DE TERMINACIÓN. Los modos de la terminación de la permuta son los mismos ya indicados para la compraventa, pero con la
circunstancia de que como en la permuta no hay comprador, no se
aplican a la misma las normas protectoras del mismo relativas a la valorización pericial del demérito de la cosa y del uso de la misma para el
caso ele la resolución de la permuta (2311 ), y además, en este contrato
una y otra parte tuvieron en su posesión la respectiva cosa que deben
devolver a la otra parte.
Como causa especial ele nulidad podría volverse a invocar la "reverszón" ele uno de los bienes permutados en la hipótesis antes analizada.
87. PECULIARIDADES DEL CONTRATO. Pueden señalarse como peculiaridades de este contrato las ya señaladas que la distinguen de la compraventa y que entrañan agravaciones a la obligación de saneamiento
por evicción y que otorgan una mayor protección al pennutante en los
casos de permuta ele cosa aJena.
e
D
88. DEFINICIÓN. Contrato
te, transmite gratuitamente pa
na, llamada donatario, debier
para su subsistencia y para el
2347, 2163 y 2165).
89. FIGURAS AFINES. No to~
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y el préstamo gratuito de uso
naciones.
Para que haya donación ce
re la existencia de un contra!
transmisión gratuita de un d~
habitación, copropiedad, servic
mo la cesión gratuita de un
quiere el enriquecimiento de un
de otro, razón por la cual en
por parte de un heredero, ha)
cibir la porción hereditaria no
brecimiento de éste y, por ello
Se considera en doctrina
(2209) es una donación llama'
Derecho es sólo una liberalid
traslativo que implica la defin
romano había donación no so
sino también por "liberatio", y 1
90. CLASIFICACIÓN. Es un '
pero por excepción bilateral t
rosa (2336 y 2368); generalme1
\1EDAL
cibir la otra cosa que se le da a
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rnlllta no hav comprador. no se
)ras del mismo rdat ivas a la valo>Sa v del uso de la misma para el
2311). v adem{l,, en este contrato
sión la respectiva cosa que deben
CAPÍTULO
XII
DONACIÓN
88. DEFINICIÓN. Contrato por el que una persona, llamada donante, transmite gratuitamente parte de sus bienes presentes a otra persona, llamada donatario, debiendo reservarse para sí bienes suficientes
para su subsistencia y para el cumplimiento de sus obligaciones (2332,
2347, 2163 y 2165).
~oclría
IS
1·oln-rse a invocar la "re<H'Ien la lnpótesis antes analizada.
>. Pueden seflalarse como pectdiadas r¡ue la distinguen de la com> a la obligación de saneamiento
r protccCI(m al permutantc en los
89. FIGURAS AFINES. No toda liberalidad constituye donación, pues la
prestación gratuita de un servicio (p. ej.: un mandato no remunerado)
y el préstamo gratuito de uso (el comodato), son liberalidades y no donaciOnes.
Para que haya donación conforme a nuestro Código civil se requiere la existencia de un contrato y que mediante él se lleve a cabo la
transmisión gratuita de un derecho real (propiedad, usufructo, uso y
habitación, copropiedad, servidumbre) o de un derecho de crédito, como la cesión gratuita de un crédito (2050). En toda donación se requiere el enriquecimiento de un sujeto con el correlativo empobrecimiento
de otro, razón por la cual en el caso de no aceptación de la herencia
por parte de un heredero, hay solo enriquecimiento de quien va a recibir la porción hereditaria no aceptada por aquel, pero no hay empobrecimiento de éste y, por ello, no hay donación.
Se considera en doctrina (Puig Peña) que la remisión de deuda
(2209) es una donación llamada "donación liberatoria", pero en nuestro
Derecho es sólo una liberalidad, porque no hay en ella un contrato
traslativo que implica la definición de donación (2332). En el derecho
romano había donación no solo por "datio", por trasmisión de bienes,
sino también por "liberatio", y por "promissio".
90. CLASIFICACIÓN. Es un contrato gratuito; generalmente unilateral,
pero por excepción bilateral en un sentido amplio en la donación onerosa (2336 y 2368); generalmente un contrato formal. pues sólo es con207
208
RAMÓN SÁNCHEZ MEDAL
sensual cuando recae sobre bienes muebles con valor inferior a doscientos pesos (2343); principal; "intuitu personae"; generalmente instantáneo, aunque puede ser de ejecución periódica o de tracto sucesivo
(2356 y 2775), como sería el caso de una renta vitalicia de carácter
gratuito, misma que puede ser constituida por donación entre vivos y
por legado o donación "rrwrtis causa". A la donación de renta vitalicia la
considera algún autor como "promesa de donación" (Enneccerus), y equivale a la donación por ''jnomissio" del Derecho romano.
91. ESPECIES. Hay, desde luego, una primera clasificación: la donación entre vivos o "inter vivos" (2338), y la donación por muerte o "rrwrtis causa" que es el legado (1392 y 2339), al que definía Ulpiano como
cierta donación dejada por un difunto "donatio quaedam a defuncto relicta ". Se distinguen las primeras en que, por pnncipio, son irrevocables
(2338, m fine), en tanto que las segundas son esencialmente revocables
como el testamento en que deben constar; que es revocable hasta antes
de la muerte "usque ad vitae supremum exitum", (1295 y 1394).
Sin embargo, cabe a este respecto la observación de que el legado
en un testamento, y la oferta del donante en el contrato de donación
producen sus efectos hasta que el beneficiario acepta la liberalidad.
siempre que en el primer caso haya muerto el testador sin revocar el
testamento y que en el segundo caso esté vigente todavía la policitación de donación y viva todavía el donante.
Además, la donación puede ser pura ·"cuando se otorga en términos
absolutos" (2334 y 2335); condicional cuando "depende de algún acontecimiento incierto" (2334 y 2335); onerosa, "sub-rrwdo" o con carga, cuando
el donatario se obliga a pagar un gravamen o alguna deuda o deudas
a favor de tercero o a realizar una determinada prestación (2334,
2336, 2354 y 2368); remuneratoria, que se hace en atención a servicios
prestados por el donatario al donante, y que éste no tenga obligación
de pagar, como haberle salvado la vida en un naufragio o en un incendio, etc. (2336 y 2361-IV); así como antenupcial, que equivale a los
llamados "regalos de boda" (2361-11 y 219), y entre consortes (2361111 y 232).
Según la Ley Federal del Trabajo (arts. 346, 347 y 350-11), en las
relaciones del cliente al trabajador y no del patrón para con éste, la
propina puede ser considerada como una donación remuneratoria, por
no ser obligatorio todavía su pago, y porque quien la entrega es un
tercero a la relación de trabajo. En cambio, en Francia ha llegado a
rehusársele el carácter de donación por estimar que se trata de un suplemento del salario, que está regulado por las costumbres del lugar
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DE LOS CONTRATOS CIVILES
209
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a primera clasificación: la donala donación por muerte o "rrwr9), al que definía Ulpiano como
"donatio quaedam a defuncto relic, por pnncipio, son irrevocables
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1 y 219), y entre consortes (2361(arts. 346, 347 y 350-II), en las
no del patrón para con éste, la
una donación remuneratoria, por
y porque quien la entrega es un
cambio, en Francia ha llegado a
r estimar que se trata de un suado por las costumbres del lugar
(Planiol). Sin embargo, la naturaleza jurídica de la propina continúa
siendo un tema muy debatido en la doctrina.
Finalmente, considerada la donación en un sentido amplio, existen
también las llamadas "donaciones indirectas", que se hacen incluyéndolas
o involucrándolas en otro acto jurídico que le sirve de soporte, sea éste
a título gratuito o a título oneroso, como en una compraventa en la
que el que realiza la adquisición y paga el precio, hace constar como
compradora a otra persona a la que aquél quiere favorecer. En este
expediente o artificio no hay propiamente una simulación, sino una clonación indirecta (Planiol, Tratado, T. 5, Núm. 41 O y 415 ). También se
reputa como donación indirecta la remisión de la deuda y el hecho de
tomar un seguro en favor de un tercero (Mazeaud), así como el pago
de una deuda ajena, y la renta vitalicia a favor de un tercero.
92. ELEMENTOS PERSONALES. El donantP necesita la capacidad de
ejercicio (1798) para donar, y por ello ni los menores, ni los mayores
discapaces (450), ni tampoco los respectivos representantes de ellos pueden hacer esas donaciones (576 y 436).
Sin embargo, cuando se trate de bienes adquiridos por un menor
con el fruto de su trabajo, dicho menor puede enajenarlos aun por donación y sin intervención de su representante legal (428.1 y 429), como
una reminiscencia del viejo peculio cuasi-castrense del derecho romano,
pero si se trata de bienes inmuebles su enajenación requiere también
en este caso de la autorización judicial (435 y 643-1).
Los menores emancipados pueden donar bienes inmuebles con la
autorización judicial (643-1), por lo que en este caso no_ hay propiamente una taita de capaodad, sino que tales menores aunque tienen
capacidad de ejercicio requieren de dicha formalidad habilitante para enajenar por sí solos los bienes raíces ele su propiedad.
El representante voluntario necesita cláusula especial y expresa para donar a nombre del mandante, y en la que se precisen el bien a
donarse y la persona donataria o se den al menos bases para su determinación por tratarse de un contrato "intuitu penonap" por antomasia
(Pacifici y Ruggiero), ya que ni siquiera el mandatario general para actos de dominio puede hacer donaciones (2554-3"), sin esa cláusula especial, porque ese tipo de poderes generales se confieren para
conservar o defender y no para disminuir el patrimonio del mandante.
Este criterio restrictivo se sustenta por la Suprema Corte ele Justicia de
la Nación (Primera Sala, contradicción de tesis 8/97).
En virtud de que para ser perfecta e irrevocable la clonación requiere siempre de parte del donatario su aceptación expresa y con la
misma formalidad legal exigida para el donante (2340 y 2346), no basta en el donatario la capacidad de goce, sino que es necesaria también
210
RAMÓN SÁNCHEZ MEDAL
la capacidad de ejercicio, por lo que cuando falte ésta, en el caso de
los menores o de los discapaces, es preciso que dicha aceptación la haga de manera expresa y con la citada formalidad legal el respectivo representante legal (los titulares de la patria potestad o en su caso el
tutor).
Por ello, aún cuando los concebidos y no nacidos "nascituri" tienen
capacidad de goce (22), "infans conceptus pro nato habetur, quoties de commodis ejus agitur", que les permite adquirir por donación (2357), la
aceptación expresa y con la requerida formalidad, debe hacerla la persona a quien corresponderá esa representación legal en caso de que el
"nasciturus" viva veinticuatro horas después de haberse desprendido enteramente del seno materno, o en caso de que se presente vivo al Registro Civil (337), aunque en el momento de aquella aceptación no
haya ocurrido todavía ninguno de estos dos hechos.
93. ELEMENTOS REALES. El elemento real de este contrato es la cosa
donada, la cual puede ser un derecho real o un derecho de crédito
(2050). Por excepción a las reglas generales de los contratos (1826), el
objeto de este contrato debe ser siempre un bien presente, no pudiendo
recaer sobre bienes futuros (1826 y 2333). La razón de esta prohibición estriba en que quedaría al arbitrio del donante no adquirir el bien
futuro y de esa manera revocar o dejar sin efecto la donación, así como también para no limitar con tales donaciones la iniciativa o capacidad de trabajo y de progreso en el donante.
Hay bienes que solo pueden ser objeto de donación, y que no pueden ser objeto de enajenación a título oneroso, tal es el caso de la sangre humana (art. 322 Ley Gral. de Salud), y de los demás tejidos o de
órganos de una persona (art. 462-11 de la misma Ley); y hay bienes
que no pueden ser objeto ni de donación, ni de enajenación a título
oneroso, como son los que estan fuera del comercio, entre los cuales se
incluyen los órganos únicos esenciales para la conservación de la vida y
no regenerables de una persona viva a otra persona viva (art. 332 de
la misma Ley).
Como lo exige la misma definición de la donación, solo hay donación válida si versa sobre parte de los bienes del donante y, en cambio,
"es nula la donación que comprenda la totalidad de los bienes del donante" que no tenga reserva o restricción alguna (234 7, la. parte).
Por consiguiente, para que sea válida la donación de una "totalidad
restringida" de los bienes del donante, es menester que éste se reserve expresamente "en propiedad o en usufructo lo necesario para vivir según
sus circunstancias (234 7, 2a. parte y 221 ), es decir, detallando o identi-
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1), es decir, detallando o identi-
DE LOS CONTRATOS CIVILES
211
ficando cuáles son los bienes que se reserva, o bien, que el donante
haga la declaración general de que se reserva algunos de sus bienes
para testar, entendiéndose con tal declaración· que se reserva "la mitad
de los bienes donados" (2349), o mejor dicho, de los bienes que tiene.
Únicamente en cualquiera de estos dos casos de donación de la "totalidad restringida" de los bienes del donante, puede el donatario hacerse "responsable de todas las deudas del donante anteriormente
contraídas, pero solo hasta la cantidad concurrente de los bienes donados y siempre que las deudas tengan fecha auténtica" (2353, 2355 y
2034).
Sin embargo, aún en estos dos casos de donación de la "totalidad
restringida" de los bienes del donante, no puede hacerse la donación "en
bloque" o "en paquete", sino que hay que detallar cuáles son los bienes
que se donan y satisfacer la formalidad de la escritura pública que comprenda a cada uno de ellos, si estos son inmuebles, o si siendo muebles tienen un valor superior a cinco mil pesos (2344, in fine, 2345 y
2317).
Además de las dos mencionadas limitaciones aplicables a la donación de la "totalidad restringida" de los bienes del donante, existen otras
dos restricciones aplicables a toda donación, a saber: a) que el donante
se reserve bienes suficientes para cumplir las obligaciones alimenticias
a su cargo, ya que si no lo hace, la donación puede ser declarada inoficiosa y reducirse o revocarse en la medida en que impida el cumplimiento de tales obligaciones (2348, 2375 y 2383, 222 y 223), y b) que
el donante se reserve bienes suficientes para el cumplimiento de sus
demás obligaciones, ya que si no lo hace y ya se encuentra él o cae
entonces en insolvencia, la donación puede anularse parcial o totalmente, en el medida que se requiera para satisfacer el crédito del acreedor
que haya intentado la acción pauliana obsequiosa ante la insolvencia de
su deudor que hizo dicha donación (2163 y 2165).
94. ELEMENTOS FORMALES. Salvo la donación de bienes muebles con
valor menor de doscientos pesos, que es consensual o verbal (2342 y
2343), todas las donaciones son formales.
Puede decirse que es el contrato con mayores exigencias de formalidad, pues ningún otro contrato traslativo requiere de la forma escrita
y aun de la escritura pública cuando versa sobre muebles, en tanto que
la donación sobre muebles con valor de doscientos a cinco mil pesos
exige la forma escrita y cuando excede de esta última cifra debe revestir la formalidad de la escritura pública (2344). Sin embargo, es de advertir que para la cesión gratuita de un crédito (2050), es decir, para la
donación de un crédito, cualquiera que sea su monto, se requiere sólo
212
RAMÓN SÁNCHEZ MEDAL
que se haga por escrito privado que firmen cedente, cesionario y dos
testigos (2033) y que la cesión se notifique al deudor en forma judicial
o ante dos testigos o ante notario (2036).
La razón de la mayor formalidad al igual que de la irrevocabilidad
de las donaciones (2238, in fine), es proteger los bienes de la familia
del donante, dando ocasión a una mayor reflexión al mismo donante al
exigirle que acuda ante Notario Público y se dé cuenta así que el paso
que va a dar es irreversible.
Cuando la donación es sobre inmuebles, se necesita de escritura
privada con la firma de ambas partes y de dos testigos (2345 y 2317),
cuyas firmas se ratifiquen ante Notario, Juez competente o Registro Público de la Propiedad, si el bien, según avalúo, es de un valor que no
exceda al equivalente a trescientos sesenta y cinco veces el salario mínimo general diario vigente en el D.F. en el momento de la operación;
pero se requiere la escritura pública cuando exceda de esa cantidad en
adelante (2345 y 2320), y su inscripción en uno y otro caso en el Registro Público de la Propiedad para producir efectos contra terceros
(3007, 3011 y 3042-1).
Además de esta peculiaridad de la donación en lo que se refiere a
la forma, hay que destacar que es indispensable la aceptación por el
donatario de manera expresa y bajo la misma forma que la policitación
(2346), por lo que si antes de tal aceptación fallece el donante, ya no
se puede perfeccionar el contrato y caduca la oferta (2346), derogándose aquí el principio de que el consentimiento en los contratos puede
ser tácito (1803).
Esta exigencia formal no existe a propósito de las donaciones antenupciales y de las donaciones entre consortes, cuya aceptación puede
ser tácita (225), al menos por lo tocante a los bienes muebles, pues en
este caso no se ponen en peligro, sino que, por el contrario, se protegen los bienes de la familia que van a fundar los futuros contrayentes o
que ya han fundado los consortes.
Otra derogación a los principios generales a propósito de la forma
en la donación, se observa en la manera de perfeccionarse la donación
entre ausentes, ya que no se perfecciona la donación al recibir el donante
la aceptación de su policitación, como acontece en los demás contratos
civiles ( 1807), sino hasta que el donante tiene conocimiento o información de tal aceptación (2340) (Lozano Noriega), por lo que si antes de
tal conocimiento o información fallece el donante, no llega a perfeccionarse el contrato (2346). Puede decirse, en suma, que cuando se trata
de donación entre ausentes, la oferta del donante puede caducar por
muerte del mismo, si el donatario no ha llenado antes la misma formalidad de la oferta o si el donante no ha tenido antes conocimiento de
la aceptación.
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DE
LOS CONTRATOS CIVILES
213
La donación entre consortes y las donaciones ante-nupciales no deben stüetarse, al menos en cuanto a los bienes muebles, a las exigencias
formales de las donaciones comunes. Sin embargo, el reenvío expreso
que se hace a las reglas de las donaciones comunes a propósito de las
donaciones ante-nupciales (231), plantea una duda al respecto, vacilación que no existe a propósito de las donaciones entre consortes a causa de la revocabilidad eventual de estas últimas (233).
Sobre las donaciones entre consortes hay que tener presente, además, que frecuentemente tienen lugar como "donaciones indirectas", cuyo
concepto general ya se expuso antes, y que generalmente se hacen por
un cónyuge en favor del otro, al comprar aquél con dinero propio y a
nombre de éste un determinado bien raíz, donación que podría descubrirse por aplicación de la presunción muciana como presunción humana. En estas frecuentes donaciones entre cónyuges debe reconocerse
también la posibilidad de la revocación de las mismas por resolución
judicial durante el matrimonio si existe causa justificada (233).
En relación con estas donaciones entre consortes existe con razón
una presunción ''juris tantum" de que cualquier pacto o contrato por el
que un consorte transmita bienes al otro cónyuge, aunque sea bajo la
apariencia de un título oneroso, será considerado como donación y sujeto a la revocación eventual de las donaciones entre consortes (233).
La disposición que establece esta presunción legal ( 192) debe aplicarse
no sólo dentro de la sociedad conyugal, sino también dentro del régimen de separación de bienes, tanto por el fundamento lógico en que
se apoya, pues ordinariamente las enajenaciones de cónyuge a cónyuge
no son en el fondo transacciones onerosas, sino liberalidades "praesumptio ab eo quod plerum-que fit", ''praesumptio ex ordinaribus contingentibus",
como por los antecedentes que al respecto existen en el Código civil de
1870 (Arts. 2125 y 2206) y en el Código civil de 1884 (Arts. 1991 y
2073), que establecieron esta misma presunción legal para uno y otro
régimen matrimonial de bienes. Esta misma presunción ya no legal, sino
humana existe también con mayor razón en las enajenaciones entre concubinarios.
95. CONTENIDO OBUGACIONAL. Generalmente, sólo tiene obligaciones el
donante y que consisten en estas tres:
1) Conservar la cosa antes de la entrega;
2) Hacer entrega de la cosa, y
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Por lo que hace a la 1')rimera obligación, hay que advertir que el
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214
RAMÓN SÁNCHEZ MEDAL
cosa, hasta que llegue el día en que debe entregarla, pero no incurre
en responsabilidad por su sola negligencia o culpa leve, dado que no es
aplicable a la donación por una supuesta analogía el Art. 2284, in fine,
del Código civil. En este punto, desde el Derecho Romano no eran
aplicables a los contratos gratuitos todas las normas de los contratos
onerosos, ya que en los contratos onerosos el deudor respondía de su
culpa leve, en tanto que en los contratos gratuitos sólo respondía por
su culpa grave o dolo.
El mismo principio de la no aplicabilidad de las normas de los
contratos onerosos a los contratos gratuitos, es observado también en
general en nuestro Derecho vigente, y por ello en la donación no existe por regla general el saneamiento por evicción (2351 ), y asimismo ni
en el comodato (2514), ni en la donación (2514, por analogía), hay la
obligación de responder por los vicios ocultos, a menos que hayan sido
conocidos del comodante o del donante, y no los haya advertido a la
otra parte, en cuyo caso existiría ya mala fe y, por tanto, dolo porque
la mala fe se equipara al dolo.
La segunda obligación consiste en la entrega de la cosa, y se cumple por el donante en la misma forma prescrita para las obligaciones
en general en lo tocante al lugar del pago (2082 y 2083). A este particular el Código civil argentino expresamente regula la responsabilidad
del donante a causa de su mora en entregar al donatario la cosa donada (arts. 1833 y 1836).
La tercera obligación a cargo del donante es responder o garantizar por cualquier hecho personal que constituya por parte de él una
perturbación de hecho o de derecho al donatario en la propiedad o en la
posesión de la cosa o del derecho objeto de la donación. Así por ejemplo, si al donar un inmueble el donante no era dueño de éste y luego
adquiere por herencia del verdadero dueño dicho bien, no puede reivindicar del donatario tal bien. Asimismo, si la cosa que ha sido ya
donada a una persona, es donada después por segunda vez por el
mismo donante a otra persona, son de aplicarse por analogía y como
una excepción al principio general antes enunciado, las reglas de la doble venta para determinar cuál de las dos donaciones debe prevalecer
(2264 a 2266). En consecuencia, si por aplicación de tales reglas hubiera de prevalecer la segunda donación sobre la primera, el referido donante tiene que responder por su hecho personal (el hecho indebido o
doloso de haber efectuado esa segunda donación) e indemnizar por daños y perjuicios al primer donatario, pues es indudable que su actuación en tal supuesto ha sido ilícita ( 191 O) y contraria a la prohibición
general de revocación de las donaciones (2338, in fine).
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DE LOS CONTRATOS CIVILES
215
En princtpw, no está obligado el donante al saneamiento por causa
de evicción, ya que, por una parte, la acción de saneamiento por evicción se reduce esencialmente a una acción rk restitución por equivalente
que en el caso no existe por el carácter gratuito del contrato y, por
otra parte, es lógico suponer que el donante quiso donar sólo lo que
en realidad pudiera pertenecerle, sin asumir mayores responsabilidades,
y debido a ello únicamente responde él por la evicción en tres casos
excepcionales: a) cuando el donante, mediante pacto expreso, asumió
esta obligación (2351 y 2050); b) en caso de donación onerosa; y e)
cuando la donación se hizo de mala fe por el donante a sabiendas de
que la cosa era ajena, ya que tal hipótesis se puede reducir a una responsabilidad por el hecho personal o dar lugar a un verdadero hecho
ilícito y contrario a las buenas costumbres ( 191 0).
Sin embargo, aunque no exista obligación de saneamiento por evicción a cargo del donante, el donatario como causahabiente o sucesor a
título particular de éste, se subroga en los derechos que el mismo donante tenga contra terceros si se realiza la evicción (2352). Así, una vez
producida la evicción en contra del donatario, puede éste ejercitar la
acción de saneamiento contra el que le hubiere vendido al donante el
bien de que se le privó.
También por principio, no tiene el donante la obligación de responder por los vicios ocultos de la cosa donada, ya que sólo incurre en
esta responsabilidad el propio donante si hay dolo o mala fe de su parte cuando conoce tales vicios y no los advierte al donatario (2514, por
mayoría de razón), en cuyo caso se estaría en presencia igualmente de
una responsabilidad por el hecho personal y de un hecho ilícito ( 191 0).
Así, si alguien dona un semental enfermo a sabiendas de que contagiará al ganado del donatario, indudablemente responde de tal hecho, con
mayor razón que si simplemente lo prestara o diera en comodato para
la inseminación (2514 ).
Por lo que hace a las posibles obligaciones a cargo del donatario,
cabe advertir:
a) Que por ser la donación un contrato unilateral, generalmente
sólo engendra obligaciones a cargo del donante y no a cargo del donatario. De tales obligaciones se hizo ya el comentario respectivo.
b) Que este contrato sólo por excepción es bilateral en un sentido
amplio, cuando se trata de una donación onerosa, en la cual el donatario
queda obligado a cumplir con las cargas que aceptó, mismas que pueden consistir en redimir de un gravamen la cosa donada (2354), en pagar obligaciones del donante (2368), o en beneficiar a un tercero con
una prestación (2775).
216
RAMÓN SÁNCHEZ MEDAL
e) Que el donatario, una vez aceptada la donación, debe recibir la
cosa, y si no lo hace se expone a incurrir en responsabilidad (2292,
por analogía) "mora accipiendi" por ese hecho eventual y posterior a la
celebración del contrato, y
d) Que como en la adopción simple, hoy abrogada en el Código
Civil para el D. F. (405-11 y 406), no hay una obligación jurídica de
gratitud a cargo del donatario, sino que más bien tiene éste un simple
deber moral, aunque determinados incumplimientos de tal deber traigan
aparejada una determinada sanción civil y no la ejecución forzada de ese
deber moral, sanción consistente en la posibilidad excepcional de que el
donante revoque por ingratitud la donación hecha por él (2370 a
2374), de acuerdo con lo que se expresa más adelante al estudiar la
irrevocabilidad de las donaciones comunes.
A este último respecto cabe hacer hincapié en que la gratitud no es
una obligación civil o jurídica, sino sólo un mero deber moral, ya que su
cumplimiento no está concretado en acciones determinadas o sobre objetos precisos, que el donatario deba realizar o pagar en favor del donante. Así, por ejemplo, el donante no podría exigir judicialmente en
contra del donatario el cumplimiento efectivo de una supuesta obligación de darle alimentos o de prestarle socorro. Se considera que en el
fondo existe una pena privada, propia del Derecho civil, tanto en contra de quien niega socorro al donante que ha venido a pobreza, según
el valor de la donación, como en contra de quien comete ciertos delitos con el donante o sus familiares más allegados (2370), de acuerdo
con una tesis doctrinal (Mazeaud).
También se hace notar que la gratitud en el presente caso no es
una obligación civil o jurídica, sino un simple deber moral, y que se reduce a una obligación negativa de no hacerse responsable de una negra ingratitud, por lo que existe en el caso una sanción sin obligación,
que es un concepto paradójico más raro que el de una obligación sin
sanción (Josserand).
Sin embargo, si el deudor de gratitud promete cumplir tal deber moral, éste se convierte en un deber jurídico cuyo cumplimiento puede exigirse judicialmente, y por ello, las donaciones remuneratorias no son
revocables (2361-IV). También en este caso se está en presencia, como
en el caso de la promesa de pagar una renta vitalicia gratuita (2356),
de una donación por "promissio" que era una de las formas de donar
en el Derecho romano.
La conversión de un deber moral en un deber jurídico es un fenómeno que también ocurre en el derecho internacional público y en ello
se funda el deber jurídico que tienen todos los Estados integrantes de la
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DE LO
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DE LOS CONTRATOS CIVILES
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humanos enunciados en la Declaración Universal de Derechos Humanos,
porque aun considerada ésta como un catalogo de deberes morales, dichos Estados prometieron acatar u observar el contenido de ella.
96. MODOS ESPECIALES DE TERMINACIÓN. Además de los modos generales, como agotamiento natural del contrato y demás causas estudiadas en la teoría general del contrato, ameritan comentarios especiales:
la revocación de las donaciones, la resolución de las mismas, y la reducción de las donaciones, así como, en ciertas donaciones, la muerte
del donante.
1) La revocación. Por regla general, las donaciones son irrevocables
(2338, in fine).
El fundamento de este principio general no es simplemente que la
validez y el cumplimiento del contrato no pueden quedar al arbitrio
unilateral del donante ( 1797), sino que se invocan al respecto dos razones, mismas que se aducen también para rodear de considerables formalidades a las donaciones: por una parte, impedir las donaciones
impremeditadas, induciendo a quien pretenda hacer una donación a
que reflexione que el acto que va a realizar es irreversible; y por otra
parte, defender y proteger de esa manera indirecta los bienes de la familia del propio donante.
Sin embargo, a esta regla general hay algunas excepciones.
En primer término, por excepción, son revocables las donaciones
entre consortes, mediante sentencia judicial, bajo estos dos requisitos: a)
que subsista el matrimonio y, por tanto, que no se haya disuelto ni por
divorcio ni por muerte, y b) que a juicio del juez exista causa justificada (233). Se ha considerado que estas donaciones suelen hacerse en
momento de pasión y de ceguera y que podrían utilizarse como medio
de presión o de extorsión entre los cónyuges, pues ya en el Derecho Romano se juzgaba que tales donaciones servían a veces para que un
cónyuge amenazara al otro con un divorcio si no le hacía determinada
donación. Acerca de esta cuestión, es de mencionarse un sonado litigio: en
un matrimonio con separación de bienes, compra el esposo con dinero
propio y bajo la forma aparente de promesa de venta, varios lotes en
un fraccionamiento, construye después en éstos también con dinero propio una residencia, obtiene en seguida que la fraccionadora escriture directamente tales lotes a su esposa, y al fin revoca a ésta la donación de
los lotes y de la residencia, revocación que fue reconocida y sancionada
por la Suprema- Corte de Justicia de la Nación (amparo directo
5199/70, María Marcelina González de Urrutia, fallado por unanimidad
en la Tercera Sala de la Suprema Corte).
218
DE LO
RAMÓN SÁNCHEZ MEDAL
En segundo lugar, también por excepción, son revocables las donaciones comunes en dos casos: por superveniencia de hijos al donante
que no los tenía, o bien por ingratitud del donatario. En uno y en
otro supuesto, se trata de un derecho potestativo del donante que puede
o no revocar a su arbitrio la donación, pero en un plazo breve, de cinco años en el primer caso (2359), y de un año en el segundo caso
(2372, in fine).
El derecho a revocar la donación por ingratitud del donatario no
puede renunciarse anticipadamente (2372), como tampoco puede renunciarse de antemano el derecho a revocar la donación por superveniencia de hijos (2366), si bien en este último caso es permitida la
renuncia después de que han nacido hijos al donante.
Para proteger a los hijos, cuando éstos sobrevienen o nacen después de que sus padres han hecho una liberalidad (por donación o por
institución de heredero) en favor de terceros, existen varias disposiciones en el Código Civil.
En el caso de una donación hecha a favor de tercero, tal donación
queda revocada automáticamente en su totalidad si ocurre el nacimiento de un hijo póstumo del padre-donante (2359, in fine).
Asímismo, en el caso de una institución de heredero hecha en su testamento por alguno de los padres a favor de tercero, tal testamento se
convierte totalmen!J! en nwficioso, si con posterioridad al otorgamiento del
mismo, nacieron o sobrevinieron hijos al testador, y hace que dichos hijos
sean llamados póstumos y hereden por sucesión legítima como si no hubiera existido el testamento (1377). Esta denominación de póstumos y la protección a los mismos, viene desde el Código Civil de 1884 (art. 3334) y
tiene su origen en la Ley XX del Título I de la Sexta Partida.
Salvo el caso del nacimiento de un hijo póstumo del donante, donde
la revocación de la donación opera de pleno derecho (2359, in fine), la
supervivencia de hijos al donante no revoca de pleno derecho la donación, a diferencia de lo que ocurre en el Derecho francés, sino que requiere una decisión expresa del donante que resuelva revocar la
donación. Para que la revocación pueda producirse en este caso, deben
ser hijos por sangre (legítinws o naturales), pero no adoptivos; y basta
la superviniencia de un solo hijo, pero sin que se confiera derecho a la
revocación la superveniencia al donante de un descendiente de ulterior
grado, o sea de un nieto o bisnieto. Algunos consideran que deben haber nacido dos o mas hijos para que pueda revocarse la donación (Leopoldo Aguilar), otros estiman, en cambio, que basta un solo hijo
(Rojina Villegas). Sobre el particular, debe tomarse la expresión de
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DE LOS CONTRATOS CIVILES
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superveniencia de hijos", no en un sentido literal, exigiendo "hijos" en
plural, sino más bien como una manera muy común de hablar en la
práctica, ya que a una persona que tiene un solo hijo, no puede decírsele que sea una persona sin hijos, por el hecho de que sólo tiene un
hijo y no varios. Esta interpretación se confirma si se toma en cuenta
que es suficiente la superveniencia de un solo hijo póstumo (2359, in
fine).
Empero, la superveniencia de hijos no es causa de revocación de
algunas donaciones: las menores de doscientos pesos (2361-I) y las puramente remuneratorias (2336, in fine y 2361-IV). Igualmente, por regla
general y salvo excepciones que después se mencionan, no son revocables
por superveniencia de hijos las donaciones ante-nupciales (2361 y 226),
puesto que tales donaciones se hacen precisamente a causa de la familia que va a fundarse y como un estímulo o beneficio para la misma;
ni son revocables asimismo por superveniencia de hijos las donaciones
entre consortes (2361-III y 234), por lo que el nacimiento de un hijo
póstumo del marido no produce la revocación de las donaciones que
éste hubiere hecho a la esposa.
Según se indicó antes, la gratitud del donatario hacia el donante
no es una obligación jurídica, sino un mero deber moral. Sin embargo,
el incumplimiento de este deber moral puede traer consecuencias jurídicas, por lo que se considera que en esta materia hav una sanción sin
obligación uosserand).
No toda falta de gratitud del donatario autoriza al donante a revocar la donación, sino sólo ciertos actos concretos de ingratitud, a saber:
a) la comisión por el donatario de algún delito contra la persona, la
honra o Jos bienes del donante, de sus parientes consanguíneos en línea directa o del cónyuge del mismo (2370-I); y b) si el donatario rehúsa socorrer, según el valor de la donación. al donante que ha venido a
pobreza, lo que implica que el donante haya solicitado esa ayuda y le
haya sido negada (2370-II); pero no es necesario que el donante no
tenga personas en capacidad de ministrar alimentos y que e~tén obligados para con el mismo donante a proporcionarle alimentos, ya que
aunque tenga derecho a exigir tales alimentos, no desaparece el supuesto de la pobreza en que se coloca el legislador. ~o es, pues, aplicable a este respecto el sistema del Código civil argentino que impone,
por una parte, el deber legal de suministrar alimentos al donante a
cargo del donatario, y que carac.teriza tal deber en forma subsidiaria, es
decir, sólo existe tal obligación si los panentes del donante obligados a
suministrar alimentos no pueden darlos (art. 1862).
Finalmente, acerca de las donaciones antenupciales, comúnmente
"regalos de boda", cabe advertir que por razones obvias, cuando recaen
220
RAMÓN SÁNCHEZ MEDAL
sobre muebles no requieren de ninguna formalidad (2344 y 225), y
por su índole tan especial, no pueden revocarse por superveniencia de
hijos (226 y 2361-11), ni tampoco por causa de ingratitud, a menos que
en este último caso el donante sea un extraño, haya sido hecha a favor
de ambos cónyuges y estos dos hayan sido ingratos (227); pero en cambio, tales donaciones son revocables por una causa especial, o sea por
el adulterio o el abandono injustificado del domicilio conyugal por parte del donatario, cuando el donante fuera el otro cónyuge (228), y en
el Código civil para el D. F. las causas se amplían al adulterio, violencia familiar, abandono de las obligaciones alimentarias u otras que sean
graves a juicio del Juez de lo Familiar, cometidos en perjuicio del donante o sus hijos (228 CCDF). Además, esta misma clase de donaciones
quedan sin efecto si el matrimonio no se efectúa (229), pudiendo, por
tanto, recogerse los regalos de boda en caso de frustración del matrimonio. Las donaciones a las instituciones de asistencia privada que se
hayan hecho conforme a la ley, no pueden revocarse en ningún caso
(art. 43 de Ley Inst. de Asistencia Privada).
Siempre que por cualquiera de los diferentes motivos de revocación
ya analizados se produzca la revocación en alguna de las distintas clases de donación, deben devolverse al donante los bienes que hubiere
recibido el donatario, pero éste hace suyos los frutos hasta el día en
que se le notifique la revocación, o hasta el día en que nazca el hijo
póstumo, en su caso (2365); pero si dichos bienes fueron ya enajenados
o gravados a favor de tercero de buena fe por el donatario, deberá pagar éste el valor de los mismos al donante o redimir el gravamen, en
su caso (2362 a 2364).
La revocación de las donaciones por superveniencia de hijos al donante o por ingratitud del donatario es una revocación total, por cuanto que se traduce en la devolución de la totalidad del bien donado, a
diferencia de lo que acontece en caso de la "acción revocatoria" como
sinónimo de la acción pauliana que se intenta para hacer ineficaz una
donación realizada en fraude de acreedores (2163 y 2165 ), pues en tal
supuesto la revocación es sólo en la proporción y medida en que perjudica dicha donación al acreedor que dedujo aquella acción (217 5 ).
La revocación de la donación en estos casos que se han analizado
constituye una "contraenajenación", esto es, una recuperación del dominio por un cambio de voluntad del primitivo titular. Sin embargo, tal
revocación no produce efectos "reales", pues la propiedad no se readquiere automáticamente por efecto inmediato y directo de la revocación, sino que dicha revocación es sólo "obligatoria", ya que únicamente
obliga al donatario a restituir la cosa al donante que revocó (La Revocación de la Propiedad, Fuenmayor Champin, Madrid, 1941 ).
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DE
LOS
CONTRATOS
CIVILES
221
El fundamento doctrinal de la revocación de la donación no ha sido uniforme. Según algunos autores, se funda en una presunción de
voluntad, en el sentido de que es natural se invalide la donación por
aquellos hechos que, de haberlos conocido el donante, se hubiera abstenido de hacer la donación (De Diego). Según otros tratadistas, hay en
todas las donaciones una cláusula subyacente "rebus sic stantibus" reconocida por el legislador, en cuanto que ciertos hechos admitidos por él
como causas de revocación, dan lugar a un estado de cosas distinto del
que existía al tiempo de hacer la donación (Brugi).
Sólo en los cuatro casos expresamente admitidos por 1a ley (2338)
pueden revocarse las donaciones, a saber: las donaciones entre consortes, cuando a juicio del juez exista causa justificada y todavía subsista el
matrimonio (233 ); las donaciones ante-nupciales por ingratitud de ambos conyuges, por adulterio o abandono injustificado del hogar conyugal del cónyuge donatario si el donante es el otro cónyuge (227 y 228),
por violencia familiar o abandono de las obligaciones alimentarias (228
CCDF); y por voluntad del donante en las demás donaciones, pero sólo
con base en la superveniencia ele hijos al donante (2359) o en la mgratitud del donatario (2370).
En consecuencia, un pacto expreso que confiera al donante la facultad de revocar la donación fuera ele los cuatro casos antes inclicaclos,
sería nulo, pero no afectaría la validez ele la donación a la que se hubiera insertado tal pacto. En la venta con pacto ele retroventa se protege al enajenante-vendedor, para evitar sea extorsionado por el comprador
que en estos casos es de ordinario un verdadero prestamista, y se declara nula la venta misma que tiene dicho pacto y no únicamente éste
(2302), porque lo que prohíbe el legislador es la venta con pacto de
retroventa y no el pacto de retroventa; en cambio, aunque en el "pacto ele retroclonación" o de revocación ele la clonación se protege también al enajenante-donador, o mejor dicho a la familia ele éste, sin
embargo, lo que prohíbe la ley no es la donación con ese pacto, sino
el pacto mismo, para ele esa manera inducir al donante a una mayor
reflexión al hacer la donación, puesto que el acto que va a realizar es
irreversible. Sin embargo, es válido el pacto de revemón, por ser una
donación condicional, cuando la clonación expresamente se sujeta a la
condición resoluto:-ia ele que la donación quedara sin efecto en caso de
premoriencia del donatario o ele éste y sus descendientes que vivan al
momento ele la clonación.
2) La resolución de las donaciones. Por regla general las donaciones
no son susceptibles ele rescindirse o resolverse, dado que el contrato es
unilateral. Sin embargo, por excepción, cabe la resolución ele la dona-
222
RAMÓN
SÁNCHEZ MEDAL
non, cuando ésta es onerosa (2336, 2337, 2353, 2354, 2355 y 2368), y,
por tanto, un contrato bilateral en un sentido amplio.
La donación onerosa, ''sub modo" o con carga, tiene lugar cuando el
donante impone al donatario la obligación de pagar a terceros, determinadas prestaciones sea en favor del donante o de un tercero, o de
emplear en determinada obra parte del importe de los bienes donados.
A continuación se proponen algunos ejemplos. Se dona un determinado bien hipotecado y el donatario se obliga a pagar el crédito hipotecario solo con el valor y hasta el valor de dicho bien, ya que de lo
contrario el tercer acreedor podría preferir intentar la acción personal
contra el donante, en vez de la acción real hipotecaria contra el donatario (2336 y 2354). Se donan en general todos los bienes del donante,
sin especificar éstos, pero sólo con la expresa salvedad de que se reservan determinados bienes o derechos suficientes para la congrua manutención del donante, en cuyos supuestos se entiende que el donatario
se obliga a pagar todas las deudas anteriores del donante, hasta la concurrencia de los bienes donados y siempre que las deudas tengan fecha auténtica (2352 y 2034). Se donan determinados bienes al donatario y éste se obliga a pagar una pensión determinada a un tercero
(277 5 y 2777). Se donan determinados bienes y el donatario se obliga a construir con parte de esos bienes un hospital para determinadas
enfermedades.
En todos los casos de donaciones onerosas, existen dos reglas:
a) En la donación onerosa sólo se considera donado el exceso que hubiere en el precio de la cosa, deducidas de él las cargas (2337), es decir,
la diferencia entre valor del bien donado y el valor de la carga impuesta,
de tal manera que nunca pueden éstas ser superiores a aquél, ya que el
donatario puede sustraerse a tales cargas mediante el abandono de la cosa
donada, y si ésta perece por caso fortuito, queda libre de toda obligación
por tratarse de una típica obligación "propter rem" (2368).
b) En la donación onerosa, si el donatario no cumple con las cargas
que se le impusieron, puede el donante demandarle la resolución de la
donación ( 1949).
Así, si el donatario de un bien hipotecado (2354), deja de pagar el
crédito gratantizado y éste es reclamado judicialmente al donante, puede éste mismo exigir la rescisión de la donación ( 1949) y, por consiguiente, la devolución del bien donado, incluyendo los frutos que se
hubieren producido hasta entonces desde la celebración del contrato,
con la sola deducción de los gastos o pagos efectuados por el donatario
en relación con la cosa donada. Sin embargo, no existe en este caso un
verdadero contrato bilateral en sentido propio o estricto, dado que el
titular de los derechos derivados de la carga no es normalmente el do-
DE LC
nante, sino un tercero y,
contrato a la donación onen
trato no hay prestaciones n
senta bajo el punto de vista
a la contraprestación (Messir
La ley emplea a veces i
mo sinónimo de "revocación
el lenguaje jurídico del Ieg
también a propósito de otro:
3) La reducción de las dor
parcial o total, según el caso,
y proporción en que las
cumplir con sus deberes alir
puede hacer liberalidades, si
bido a ello la reducción de
similares a los de la acción f
Cuando la donación es
sin reserva alguna de biene~
del donante, la donación nc
su integridad (234 7).
4) La muerte del donante e
vo pacto en contrario, cuan,
renta vitalicia gratuita (2356
MEDAL
7, 2353, 2354, 2355 y 2368), y,
ntido amplio.
on carga, tiene lugar cuando el
ción de pagar a terceros, deterdonante o de un tercero, o de
importe de los bienes donados.
s ejemplos. Se dona un determiobliga a pagar el crédito hipoor de dicho bien, ya que de lo
ferir intentar la acción personal
real hipotecaria contra el donara! todos los bienes del donante,
xpresa salvedad de que se reserficientes para la congrua manuos se entiende que el donatario
riores del donante, hasta la conpre que las deudas tengan fen determinados bienes al donansión determinada a un tercero
s bienes y el donatario se oblis un hospital para determinadas
nerosas, existen dos reglas:
nsidera donado el exceso que hude él las cargas (2337), es decir,
o y el valor de la carga impuesta,
ser superiores a aquél, ya que el
mediante el abandono de la cosa
to, queda libre de toda obligación
opter rem" (2368).
natario no cumple con las cargas
e demandarle la resolución de la
otecado (2354), deja de pagar el
o judicialmente al donante, puela donación ( 1949) y, por consido, incluyendo los frutos que se
esde la celebración del contrato,
pagos efectuados por el donatario
bargo, no existe en este caso un
o propio o estricto, dado que el
carga no es normalmente el do-
DE
LOS
CONTRATOS
CIVILES
223
nante, sino un tercero y, además, la aplicación de la resolución del
contrato a la donación onerosa "sub modo", a pesar de que en este contrato no hay prestaciones recíprocas, obedece a que el "modus" representa bajo el punto de vista económico, pero no jurídico, algo análogo
a la contraprestación (Messineo).
La ley emplea a veces impropiamente el término ele "rescisión" como sinónimo ele "revocación" ele las donaciones (2362), impropiedad en
el lenguaje jurídico del legislador que desgraciadamente se encuentra
también a propósito ele otros contratos (2408, 2362, 2610 y 2663).
3) La reducción de las donaciones constituye una causa ele terminación
parcial o total, según el caso, de las clonaciones inoficwsas, en la medida
y proporción en que las donaciones efectuadas impiden al donante
cumplir con sus deberes alimenticios, "nemo liberalis, nzsi liberatus", nadie
puede hacer liberalidades, si no está liberado de sus deudas (2318). Debido a ello la reducción ele la clonación en estos casos produce efectos
similares a los de la acción pauliana (21 7 5 y 23 76 a 2 3 7 8).
Cuando la donación es de la totalidad ele los bienes del donante
sm reserva alguna de bienes o derechos para la congrua manutenció~
del donante, la donación no es susceptible de reducción, sino nula en
su integridad (234 7).
4) La muerte del donante es causa ele terminación de la donación, salvo pacto en contrario, cuando la clonación consista en una pensión o
renta vitalicia gratuita (2356 y 277 5).
CAPÍTULO
XIII
MUTUO
97. N OCIÓ N. En los Códigos anteriores de 1870 y de 1884 se agrupaban el mutuo y el comodato como dos especies del préstamo en generaL Así se llamaba "préstarrw de uso" al comodato y ''fnéstarrw de
consurrw" al mutuo.
Nuestro Código vigente se apartó con razón de esta clasificación,
encuadrando al mutuo dentro de los contratos traslativos de propiedad,
después de la compraventa, de la permuta y de la donación, y ubicando al comodato dentro de los contratos traslativos de uso, en seguida del
arrendamiento. Las profundas diferencias entre el mutuo y el comodato que se señalan más adelante, justifican esta primera innovación.
1 la y otra novedad del Código actual al definir el mutuo como un
contrato consensual y privarlo de la tradicional naturaleza de contrato
real que había tenido, innovación que a veces ha sido censurada porque
se piensa que se involucran en un solo contrato, el contrato de promesa de mutuo y el contrato de mutuo.
Al efecto, el vigente Código civil define al mutuo como contrato
por el que el mutuante se obliga a transferir la propiedad de una suma de dinero o de otras cosas fungibles al mutuatario o mutuario,
quien se obliga a devolver otro tanto de la misma especie y calidad
(2384).
Este cambio del actual Código civil de 1928 frente a los dos ordenamientos anteriores de 1870 y de 1881 no es, por lo demás, una idea
original de nuestro actual legislador, sino que reproduce el concepto
del proyecto de Código civil español de 1851. El Art. 630 de este proyecto de García Goyena definía al préstamo como "un contrato por el
cual una de las partes se obliga a entregar a la otra alguna cosa ... ", y
daba esta plausible explicación: "ahora todos los contratos son consensuales, en cuanto todos ellos obligan por el solo consentimiento, lo que
no sucedía entre los romanos respecto de los reales, pues sin la entrega
de la cosa quedaban en la esfera de simples pactos o promesas", agre225
226
RAMÓN SÁNCHEZ MEDAL
gando dicho autor que, no obstante, podía llamarse contrato real al
préstamo "en cuanto la obligación principal que nace de él, supone necesariamente la entrega de la cosa".
También esta segunda innovación del Código de 1928 es un acierto, ya que es indudable que la escueta entrega de una suma de dinero
o de una cantidad de bienes fungibles no es suficiente por sí sola para
perfeccionar el contrato de mutuo, pues dicha entrega puede hacerse
para transmitir la propiedad, como ocurre en el mutuo, en la donación
y en la venta, o puede hacerse para conceder sólo el uso gratuito o remunerado de las cosas, como acontece en el comodato y en el arrendamiento, respectivamente, o simplemente para la guarda de las cosas,
como en el depósito. Es indispensable, pues, que a la entrega de tales
cosas preceda siempre un acuerdo de voluntades que precise el alcance
y dé significado unívoco a tal entrega, como ya lo reconocía el mismo
Digesto: "nunquam nuda traditio transfert dominium sed ita si venditio aut
aliqua justa causa praecesserit propter quam traditio sequeretur" (nunca la escueta entrega transmite el dominio, a menos que una venta o alguna
otra causa justa la preceda y por virtud de la cual se siga la entrega
de la cosa).
A ello se debe que, aún dentro de la concepción del mutuo como
contrato real, respetables autores incurran en vacilaciones o incoherencias como éstas: el préstamo "casi siempre va precedido de una promesa de préstamo que constituye un contrato consensual obligatorio"; ese
mismo contrato "comienza por ser sinalagmático en la promesa de
préstamo; sólo pasa a ser unilateral porque una de las partes ha cumplido ya sus obligaciones"; "el contrato de préstamo no es normalmente más que la transformación sufrida por otro anterior sinalagmático:
la promesa de préstamo"; y "esta transformación consiste simplemente
en que una de las obligaciones de ese contrato sinalagmático, o sea la
del prestamista, queda ejecutada en el momento en que el contrato de
préstamo queda formado por la entrega de la cosa" (Planiol).
Ciertamente, para que el mutuario pueda devolver una suma de dinero o una determinada cantidad de bienes fungibles es indispensable
que previamente se le haya entregado otro tanto de esa clase de bienes,
pero tal observación sólo significa que hay contratos en que la obligación
de una de las partes debe por fuerza ejecutars~ antes que la obligación de la
otra parte; pero no quiere decir que sea la entrega misma de la cosa lo
que perfecciona el contrato, ya que es el consentimiento o el acuerdo
de voluntades lo que perfecciona también este contrato.
Hay contratos en que, salvo pacto en contrario, las obligaciones de
uno y otro contratante deben cumplirse simultáneamente, o sea "dando y
DE LOS
dando", como ocurre en la
que, salvo pacto en contrarie
ejecutarse antes que las obli
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que el mutuo es un contrato
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En suma, pues, en el der
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que se exprese sin formalidac
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Por tan plausibles razone
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damentalmente en este prece
gal del mutuo en nuestro Cé
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mutuo (Art. 2353) y el depó1
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Ruiz a dicho proyecto (El F
1928, págs. 205 a 207).
98. CLASIFICACIÓN. Es un
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MEO AL
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simultáneamente, o sea "dando y
DE LOS CONTRATOS CIVILES
227
dando", como ocurre en la compraventa (2295); y hay contratos en
que, salvo pacto en contrario, la obligación de una de las partes debe
ejecutarse antes que las obligaciones de la otra parte, como acontece
en el arrendamiento con la obligación del arrendador de entregar la
cosa, obligación que debe ejecutarse antes de la obligación del arrendatario de pagar la renta inicial (2426); pero así como no valdría afirmar
que la venta y el arrendamiento son contratos reales, esto es, que se
perfeccionan con la entrega de la cosa, cuando a virtud de pacto expreso tal entrega ha de ejecutarse antes del cumplimiento de la obligación de pagar el precio o la renta, tampoco podemos seguir sosteniendo
que el mutuo es un contrato real, o sea, que se perfecciona con la entrega de la cosa, sólo porque dicha entrega debe ejecutarse por el mutuante antes que las obligaciones del mutuario.
En suma, pues, en el derecho moderno todos los contratos, salvo el
contrato de prenda, se perfeccionan por el acuerdo de voluntades, sea
que se exprese sin formalidades o revestido de determinadas formalidades, según el caso, pero ya no es el sistema del viejo Derecho Romano
que admitía el perfeccionamiento de los contratos, bien sea por pronunciar ciertas palabras o frases o por la escritura de las mismas, en
los contratos "verbis" o "litteris", respectivamente, o por realizar el hecho de la entrega de la cosa en los llamados contratos reales, puesto
que hoy día todos los contratos, con la única excepción de la prenda,
sólo se perfeccionan por el acuerdo de voluntades y son, por tanto,
consensuales.
Por tan plausi