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FE SIN LIMITES - JOEL PERDOMO

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FE
sin
LÍMITES
________________________________
Copyright © 2016 por Joel Perdomo
¡IMPORTANTE!
ESTE LIBRO ES UNA OFRENDA A DIOS Y LOS
DERECHOS DE AUTOR HAN SIDO CEDIDOS
A LA IGLESIA DE CRISTO EN LA TIERRA.
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ES UN REGALO DEL HNO. JOEL PERDOMO A
LA AMADA IGLESIA DE CRISTO EN LA
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GRACIA HA RECIBIDO.
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ESTOS LIBROS TOMARON CASI 20 AÑOS
ESCRIBIRLOS. COMPARTALOS CON OTROS
CRISTIANOS, SERIA TODO LO QUE PIDO A
CAMBIO.
¡DIOS TE BENDIGA! JOEL PERDOMO
2
ÍNDICE
Capítulo - 1 - LA REVELACIÓN DE LA FE
I. ¿QUÉ ES LA FE?....................................................................................13
a. La fe bíblica
b. La fe en Dios
c. La fe en el soberano Dios de la Biblia
d. La fe es un don de Dios para toda la humanidad
II. LA FE ACTIVA…………………………………………………..23
a. La fe sin obras es muerta
b. Sin fe es imposible agradar a Dios
c. Tres pilares para activar la fe
Capítulo - 2 - LA FE ES UNA LEY DIVINA
I. LA JUSTICIA POR MEDIO DE LA FE………………………………...29
a. La fe como una ley de justicia divina
b. La fe salvífica y la fe práctica
c. La fe conduce al arrepentimiento y la conversión
II. DESARROLLANDO UNA FE BÍBLICA………………………………..35
a. El desarrollo de la fe cristiana
b. El uso de la fe activa
III. LOS OBSTÁCULOS DE LA FE……………………………………...38
a. La incredulidad
b. La desobediencia A Dios
c. Pedir fuera de la voluntad de Dios
d. La desobediencia a la Palabra de Dios
e. La infidelidad al Pacto divino
Capítulo - 3 - LA FE EN ACCIÓN
I. SIN FE, ES IMPOSIBLE AGRADAR A DIOS…………………………...49
a. Se requiere fe para que el poder de Dios se manifieste
b. La prueba de la fe
II. LA FE DE LOS HOMBRES DE DIOS DEL A. T. BASADO EN HEBREOS 11…54
3
1. Una fe inquebrantable
2. Abel, un adorador en espíritu y verdad
3. Enoc, aprendiendo a caminar con Dios
4. La fe en Dios es obediente
5. La fe desafía las leyes naturales
6. La prueba es el crisol de la fe
7. La alabanza como instrumento de guerra
Capítulo - 4 - LA FE EN EL MINISTERIO DE JESÚS
I. LOS MILAGROS EN EL NOMBRE DE JESÚS…………………………..61
a. Dos ciegos reciben la vista
b. La resurrección de Lázaro
C. Un padre pide por la liberación de su hijo
d. La sanidad de los diez leprosos
Capítulo - 5 - FE SIN LÍMITES
I. TESTIMONIOS BÍBLICOS DE FE……………………………………67
a. La fe osada de una mujer cananea
b. Un hombre desesperado le cree a Jesús
c. La fe determina el milagro
II. EL PODER DE LA PALABRA DE DIOS……………………………….72
a. El poder del nombre de Jesús
b. Jesús; nombre sobre todo nombre
c. Jesús resucita al hijo de la viuda de Naín
d. “Talita Cumi”: El poder de la resurrección
III. EN EL NOMBRE DE JESÚS………………………………………..82
a. Los apóstoles usaron la autoridad del nombre de Jesús
b. Usando el nombre de Jesús correctamente
c. Milagros en el nombre de Jesús
4
Capítulo - 6 - FE EN LA PALABRA DE DIOS
I. EL SECRETO DE LA FE DEL CENTURIÓN……………………………..87
a. Una fe con motivaciones correctas
b. El amor es la base de una fe productiva
c. La obediencia y el conocimiento de la autoridad producen fe en el cristiano
d. El centurión aprendió a ejercer autoridad, producto de su obediencia
e. Lecciones objetivas para aprender de la fe del centurión
II. LA CONFESIÓN DE LA PALABRA DE DIOS…………………………..95
a. La parte divina y la parte humana en la fe
b. Llamando las cosas que no son, como si fuesen
c. Dios demanda creer; antes de ver
Capítulo - 7 - SIETE PRINCIPIOS BÍBLICOS DE FE
I. SIN FE ES IMPOSIBLE AGRADAR A DIOS…………………………..101
1. La fe cristiana está fundada en el Dios de la Biblia
2. La Palabra de Dios en acción
3. Fe es más que una repetición monótona
4. Confesar es un compromiso para toda la vida
5. La fe es probada
6. Como usar correctamente la fe
7. La fe se debe activar
Capítulo - 8 – LA FE Y EL AMOR
I. EL AMOR ES MAYOR QUE LA FE…………………………………..117
a. El amor es el mayor de todos los dones
b. La preeminencia del amor, sobre todo don espiritual
c. La fe sin amor es estéril
d. La fe confirma el amor divino
ANEXO ….……………………………………………………...129
5
6
PREFACIO
La fe en Dios, y consecuentemente en Jesús como salvador
del mundo, es el tesoro más preciado y la bendición más
grande que un ser humano pueda adquirir en la tierra.
Quizá ahora, en nuestra condición humana limitada no lo
entendamos ni valoremos tanto, si no hasta en la
eternidad.
La fe es el único medio para acercarse a Dios, y para
adquirir la salvación eterna del alma. Por medio de la fe
aceptamos la existencia de Dios, revelada por medio de su
bendita creación, y su santa palabra, (la Biblia).
Es por medio de la fe que Dios le permite al ser
humano lograr toda realización, espiritual, física, y material.
La fe emana del corazón, así como el agua brota de su
manantial. La Biblia compara a la persona que, a través de
la fe encuentra la salvación, con un hombre que haya el
tesoro mas anhelado. Jesús dijo:
“Además, el reino de los cielos es semejante a un tesoro
escondido en un campo, el cual un hombre halla, y lo
esconde de nuevo; y gozoso por ello va y vende todo lo
que tiene, y compra aquel campo” (Mt. 13: 44).
La alegría de la salvación permite que el ser humano se
despoje de todo lo que posee, y ama, para seguir a Jesús:
“También el reino de los cielos es semejante a un
mercader que busca buenas perlas, que habiendo
7
hallado una perla preciosa, fue y vendió todo lo que
tenía, y la compró” (Mt. 13: 45-46).
La fe no tiene anclas en que apoyarse, solamente en Dios.
Como el viento guía a una embarcación en el ancho mar,
así la fe le permite al cristiano depender totalmente de
Dios. La fe aún puede permitir deshacerse o abandonar los
barcos para seguir al Señor como hizo Pedro. La fe no tiene
límites.
8
INTRODUCCIÓN
 ¡Todas mis oraciones son contestadas!
¿Le sorprendería si le digo que todas mis oraciones son
contestadas? No se preocupe, usted no es el primer
sorprendido. Cuando en público he expresado que Dios ha
contestado todas mis oraciones, el auditorio parece entrar
en un minuto de silencio, la atmósfera se satura de dudas y
muchas preguntas. En ese momento, respiro profundo y
reitero con voz firme, pues sí, queridos hermanos, Dios ha
contestado todas mis oraciones, eso es como echarle leña al
fuego. Luego les explico que Dios siempre contesta las
oraciones de sus hijos. El punto es que Dios tiene
diferentes respuestas para cada petición: Unas veces dirá
sí, otras dirá no, o debes esperar.
Los cristianos creemos que cuando Dios no responde
las oraciones de inmediato, como esperábamos o con un sí,
es porque esa oración no fue contestada. De hecho, la única
oración que Dios no escucha, es aquella que no se hace de
acuerdo a su voluntad o contraria a la Biblia.
Es importante conocer a Dios; a fin de aprender a orar
de acuerdo a su voluntad revelada en la Biblia, que es la
base de toda oración. Y luego orar de acuerdo a su
propósito específico para nuestra vida, a fin de que nuestra
fe produzca resultados positivos.
9
Muchas oraciones, bien intencionadas, no son contestadas
porque no se hacen de acuerdo a la voluntad divina
revelada en la Biblia o porque se desconocen las
prioridades eternas y nos enfocamos en las temporales.
 Use su fe correctamente para ver buenos resultados
Una persona estaba muy enferma y viajó a la ciudad
donde yo vivía para ser operada, esta había sido cristiana,
pero no perseveraba en su fe. Su hermana me llamó para
orar e insistía en que pusiera mis manos sobre ella para
sanidad. Al observar mi negativa, ella tomaba mi mano y
la dirigía hacia su hermana, pero yo la retiraba. Cuando
hubo oportunidad le expresé que estábamos orando mal,
que ella necesitaba salvación, antes que sanidad. Ella había
aceptado
a
Jesús
como
salvador,
pero
lo
había
abandonado. La prioridad en ese momento era la salvación
de su alma; no la de su sanidad de su cuerpo.
Invité a la persona a reconciliarse con Jesús y accedió.
Luego hicimos la oración por sanidad divina. Al siguiente
día fue al hospital y la operación fue suspendida porque
no encontraron nada en su cuerpo. La enfermedad había
desaparecido por el poder de Dios. En el orden divino, el
alma es más importante que el cuerpo físico. El cuerpo es
importante, pero es temporal. El alma es eterna, Jesús dijo:
“Y no temáis a los que matan el cuerpo, más el alma no
pueden matar” (Mt. 10: 28a).
10
Muchas oraciones bien intencionadas de los cristianos no
son contestadas, porque no se hacen de acuerdo a la
voluntad divina revelada en la Biblia o porque se
desconocen las prioridades eternas.
Lo que en cierto momento de la vida puede ser lo más
importante
o
necesario
para
nosotros,
no
es
necesariamente la prioridad para Dios.
Aunque Dios es todo amor, sus prioridades para
nuestra vida son las eternas (alma); no las temporales o
físicas. En cambio, al ser humano le preocupan más las
cosas físicas y materiales de este mundo.
Al vivir en un mundo limitado por el tiempo y el
espacio, podemos cometer el error de creer que Dios está
preocupado por las mismas cosas que nos preocupan a
nosotros. Eso nos puede conducir a pensar y a pedir
erradamente a Dios. No es que a Dios no le interesen
nuestros problemas, es solo que nuestra mente es limitada,
en comparación con su gran sabiduría. Él dice: “Porque
mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni
vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová. Como son
más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más
altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que
vuestros pensamientos” (Is. 55: 8-9).
Si no alineamos nuestra mente con el carácter de Dios a
fin de que se ajuste a su voluntad revelada en la Biblia,
cometeremos grandes errores a la hora de utilizar nuestra
11
fe para comunicarnos efectivamente con Él, a fin de pedir
correctamente. Nuestra primera prioridad en el camino a
desarrollar nuestra fe cristiana, es alinearnos con la
voluntad divina.
Si nos preocupamos por conocer y hacer la voluntad de
Dios, mas que de nuestros asuntos, por importantes que
sean, Él se encargará de resolver nuestros problemas y
necesidades. Nuestro enfoque debe ser la obediencia,
aunque en el proceso seamos probados hasta la saciedad.
Nuestro primer paso hacia el desarrollo de la fe, es
ejercitar la fe. Y no hay mejor manera de hacerlo, si no
confiando en que, si nos ocupamos en obedecer a Dios, Él
se encargará de todo lo que nos preocupe en este mundo,
aun de lo que es imposible para nosotros.
La fe bíblica que produce grandes milagros es sencilla,
y consiste en dejar todas nuestras causas en las manos de
Dios. Eso es lo que a veces nos da más trabajo, pues Dios
no tiene prisa, ni piensa como nosotros pensamos. Pero él
no pondrá una carga más pesada de la que podamos
llevar. Al final nos dará la salida, que Él considere
correcta. La Biblia afirma:
“No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea
humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser
tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará
también juntamente con la tentación la salida, para que
podáis soportar” (1 Co. 10:13).
12
Capítulo – 1 –
LA REVELACIÓN DE LA FE
____________________________________________________
I. ¿QUÉ ES LA FE?
a. La fe bíblica
Le fe en Dios es uno de los temas más asombrosos de la
Biblia. La fe es tan profunda en su alcance, que no tiene
límites, ni conoce imposibles; pero es tan sencilla de
entender y fácil de adquirir, que el más común de los
humanos puede apropiarse de ella, ya que emana de una
decisión personal. Creer o no creer en Dios, es voluntario.
Dios ha desplegado su gloria a través de su
maravillosa creación. La Biblia señala que la tierra está
llena de la gloria de Dios:
“Y el uno al otro daba voces, diciendo: Santo, santo,
santo, Jehová de los ejércitos; toda la tierra está llena de
su gloria” (Is. 6: 3).
La creación es un perfecto testimonio del creador. El ser
humano puede adquirir fe en Dios a través de la creación,
creyendo en el Creador. No obstante, la fe salvífica viene
por oír y obedecer el evangelio de Jesucristo, revelado en
la Biblia:
13
“Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de
Dios” (Ro. 10: 17).
No significa que la fe se adquiera de forma automática, al
escuchar el evangelio. Oír el mensaje es solo el medio para
adquirir la fe, pero la decisión de creer o no creer, la
determina cada oyente en su corazón. Es allí donde obra la
libre voluntad que Dios le dio a cada persona.
Dios le dio libre albedrío al ser humano para elegir de
forma individual. Así que, la fe es una decisión. No
obstante, la fe es indispensable para comunicarse con Dios.
La Biblia señala que: “Sin fe es imposible agradar a Dios”:
“Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es
necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y
que es galardonador de los que le buscan” (Hb. 11: 6).
La fe es el primer paso para que el pecador se acerque a
Dios en busca de restauración, después de la caída de la
primera pareja en el huerto del Edén.
Por la fe entendemos que Dios creó todas las cosas
existentes, con el poder de su palabra:
“Por la fe entendemos haber sido constituido el
universo por la palabra de Dios, de modo que lo que se
ve fue hecho de lo que no se veía” (Hb. 11: 3).
La fe es la manera en que nos acercamos a Dios e
interpretamos su conocimiento. Dios es espíritu y la
14
naturaleza caída de la mente humana es carnal1 y no puede
entender las cosas espirituales:
“Por cuanto los designios de la carne son enemistad
contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios, ni
tampoco pueden; y los que viven según la carne no
pueden agradar a Dios” (Ro. 8: 7-9).
La fe nos acerca a Dios, del cual nos alejamos al principio,
a causa del pecado adámico2; por el cual toda la humanidad,
quedó separada de Dios y destituida de su presencia. Ver,
Ro. 3: 23:
“Por tanto, Como el pecado entró en el mundo por un
hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a
todos los hombres, por cuanto todos pecaron” (Ro. 5: 12).
Para que el ser humano pueda entender y restaurar su
comunión con Dios, primero necesita nacer del espíritu (Jn.
3:7); luego debe aprender el conocimiento de Dios
1 Carnal, se refiere a la naturaleza de la humanidad,
sobre todo, después de la caída. En contraste con la
nueva naturaleza del cristiano, que es espiritual, por medio
del nuevo nacimiento en Cristo (el nuevo Adán, 1 Co. 15:
21- 49).
2 Pecado adámico o pecado original – Se refiere al
pecado de la primera pareja. Estos gozaban de comunión
perfecta con Dios, antes de la caída. Pero esa relación fue
rota, a causa de la desobediencia humana. La primera
pareja es responsable de introducir el pecado en el
mundo, pero no son responsables de nuestras acciones o
pecado personal, del cual cada ser humano dará cuenta
ante Dios. Cristo vino al mundo para restaurar la comunión
perdida entre Dios y el ser humano (Ef. 2: 11-18).
15
revelado en la Biblia. De otra manera, lo espiritual le
parecerá locura; como bien señala la Biblia:
“Pero el hombre natural no percibe las cosas que son
del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las
puede
entender,
porque
se
han
de
discernir
espiritualmente” (1 Co. 2: 14).
La fe se puede desarrollar por cualquier obra maravillosa
desplegada en la creación, pero esa fe debe conducir a
Jesús de Nazaret, el único medio de salvación eterna.
A los que nunca oyeron del evangelio, Dios les juzgará
por medio de su consciencia, (la cual redarguye acerca del
bien y el mal), y por su razonamiento, el cual exige un
Creador inteligente de todo lo visible en:
“Porque cuando los gentiles que no tienen ley, hacen
por naturaleza lo que es de la ley, éstos, aunque no
tengan ley, son ley para sí mismos, mostrando la obra
de la ley escrita en sus corazones, dando testimonio su
conciencia,
y acusándoles
o
defendiéndoles
sus
razonamientos, en el día en que Dios juzgará por
Jesucristo los secretos de los hombres, conforme a mi
evangelio” (Ro. 2: 14-16).
b. La fe en Dios
En la raíz etimológica de los idiomas bíblicos, la palabra fe
(pistis, gr.) tiene muchas variantes; pero de manera general,
su significado se refiere a los siguientes conceptos:
16
Confianza, certeza, garantía, seguridad, fidedigno, confiable,
obediencia3. Todo esto, es en relación a la acción de fe que
debe evidenciar todo el que se acerca a Dios.
Cuando alguien decide creer en Dios y creerle a Dios;
que son dos cosas diferentes4, debe hacerlo sin titubeos. El
significado de estas palabras evoca una confianza absoluta
en Dios, con la seguridad de que Él no fallará. Es como la
inocente criatura que se abandona confiada en los tiernos
brazos de su madre, sin dudar de su amor y cuidado,
convencido de que en ningún lugar estará más seguro.
La fe también, está implícitamente ligada a la
obediencia. De allí que, la fe se debe mostrar a través de
obediencia a Dios y a su palabra (Biblia). La fe es por
naturaleza obediente. Nadie puede confesar que tiene fe, si
no es obediente a la palabra de Dios. Se puede tener
mucha fe en Dios con la mente y el corazón; pero a la vez
se puede estar igualmente perdido como un incrédulo.
La fe solo producirá frutos, si se actúa de acuerdo a
ella. La fe sin obras es muerta (Stg. 2:17). La mejor manera
3
Kittel, Gerhard. Gerhard Friedrich. Geoffrey W.
Bromiley. “Diccionario Teológico Del Nuevo Testamento.
(Grand Rapids, Libros Desafió, 2002. Pg. 827).
4 Creer en Dios, es creer que el existe. Creerle a Dios, es
hacer su voluntad. Puede ser que alguien crea en Dios,
pero no le crea a Dios, al no obedecerle. Para el caso, la
Biblia señala que los demonios creen en Dios y le tiemblan;
pero no le obedecen (Stg. 2:19).
17
de mostrar la fe, no es a través de las palabras; si no de
nuestra obediencia al Dios de la Biblia.
No basta con decir que creemos en Dios; hay que creer
y obedecer lo que dice la Biblia. Hay personas que creen en
Dios, pero no le obedecen. Su fe es vana, pues solo son
recompensados los que actúan por medio de su fe:
“Porque es necesario que el que se acerca a Dios crea
que le hay, y que es galardonador de los que le buscan”
(Hb. 11: 6b).
Puede ser que muchas personas profesen tener fe en Dios;
pero talvez no le obedecen, ni le conocen. Es como si no
tuvieran fe, pues su fe es vana. La verdadera fe se muestra
en la obediencia a la palabra de Dios.
La Biblia dice que aun los demonios creen en Dios y
tiemblan a su presencia, pero no le obedecen:
Tú crees que Dios es uno; bien haces. También los
demonios creen, y tiemblan (Stg. 2:19).
c. La fe en el soberano Dios de la Biblia
La fe es uno de los misterios más excelsos y maravillosos
revelados por Dios en la Biblia, pero la fe no es solo un
concepto teológico, alude directamente a Dios quien es el
dador de la fe. Quien no tiene fe, niega a Dios.
Aunque Dios hablaba a la primera pareja en el huerto
del Edén, la fe era necesaria desde el principio para creer
en el creador. Después de la caída y con la introducción del
18
pecado en el mundo, la fe se tornó más indispensable en la
relación entre Dios y la humanidad a causa de la santidad
de Dios, en contraste con el pecado imperante en el
mundo. Dios no puede habitar donde hay pecado. Por
tanto, la fe se tornó en el medio por el cual Dios, en su
soberanía, quiso que la humanidad se relacionara con Él.
Desde el principio de la creación se nota que Dios no tenía
una relación de capataz con la primera pareja. Él les cedió
espacio de locomoción (El paraíso) y libertad para
desenvolverse como individuos (libre albedrío). Esto se nota
cuando la primera pareja peca y Dios aparece en la escena:
”Y oyeron la voz de Jehová Dios que se paseaba en el
huerto, al aire del día; y el hombre y su mujer se
escondieron de la presencia de Jehová Dios entre los
árboles del huerto” (Gn. 3: 8).
Este verso muestra que Dios no estaba en el paraíso, lo que
conectaba a Dios con la primera pareja, era su palabra:
”Tomó, pues, Jehová Dios al hombre, y lo puso en el
huerto de Edén, para que lo labrara y lo guardase. Y
mandó Jehová Dios al hombre, diciendo: De todo árbol
del huerto podrás comer; mas del árbol de la ciencia del
bien y del mal no comerás; porque el día que de él
comieres, ciertamente morirás” (Gn. 2: 15-17).
La palabra dada por Dios era lo que conectaba a la primera
pareja con el Creador, y esa comunión se rompió a causa
19
de la desobediencia humana. De algún lugar (su trono)
Dios apareció en la escena hablando a Adán y a Eva.
Hoy también, Dios no obliga al ser humano a buscarle. Es
su palabra revelada (la Biblia) la que nos muestra cómo
debemos comunicarnos con Dios; y esta señala, que es por
medio de la fe.
La fe es un misterio revelado. Pero, aun así, nuestra
mente es limitada para entender todo lo concerniente a la
fe, y el por qué Dios lo estableció como medio de
comunicación con la humanidad. Lo cierto es que Dios, es
soberano. No obstante, para Dios es de gran estima que
sus criaturas le reconozcan, aun sin haberle visto. La Biblia
señala que el ser humano no puede ver el rostro de Dios:
“Nadie ha visto jamás a Dios” (1 Jn. 4: 12).
A Dios le agrada la fe de sus hijos. Dios tiene ángeles que
le adoran y le aman; pero estos ven su rostro (Mt. 18:10).
La fe rompe todos los parámetros racionales, pues es
reconocer voluntariamente a Dios; sin haberle visto. Solo
por medio de sus hechos manifestados, primero por medio
de su creación, y luego por los revelados en la Biblia.
Dios no ha dejado a la humanidad sin testimonio, la
creación habla de su grandeza y su palabra dada a los
profetas (la Biblia) lo confirma. Pero, después de la caída
del ser humano, la manifestación más sublime del amor
divino, ha sido revelada al enviar a su Hijo (Jesús) al
mundo para salvar a la humanidad.
20
d. La fe es un don de Dios para toda la humanidad
En Hebreos, se encuentra una de las descripciones bíblicas
más profundas y reveladoras acerca de la fe en Dios:
”Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera,
la convicción de lo que no se ve” (Hb. 11: 1).
Según esta descripción, la fe es la seguridad anticipada de
lo que se cree, y el convencimiento propio de lo que se
espera; aunque no se vea nada, ni haya indicios de que tal
petición se pueda realizar. Esta fe, está sustentada en Dios
mismo. Él es el dador de la fe, a los que le creen.
La fe emana de Dios y está revelada a la humanidad a
través del gran poder con que Dios creó todas las cosas,
que es testificado a través de la creación. Hebreos señala
que lo que se ve (visible) fue hecho por la Palabra de Dios,
de lo que no se veía (invisible):
”Por la fe entendemos haber sido constituido el
universo por la palabra de Dios, de modo que lo que
se ve fue hecho de lo que no se veía” (Hb. 11: 3).
Lo que se ve fue hecho de lo que no se veía. Por tanto, lo
invisible es primero. La fe se encarga de conectarnos con lo
invisible, con Dios mismo.
21
La fe es el medio bíblico que Dios, en su soberanía5, ha
establecido para que los seres humanos se relacionen con
Él. Esta fe no solo deriva de sus hechos palpables (creación);
también es testificado por medio de su palabra revelada (la
biblia).
____________________________________________________

La fe es el medio bíblico que Dios, en su soberanía,
ha establecido para que los seres humanos se
relacionen con Él. Esta fe no solo deriva de sus
hechos palpables (creación); también es testificado
por medio de su palabra revelada (la Biblia).
____________________________________________________
5 Soberanía. Es el derecho que Dios tiene de establecer
sus leyes de relación con sus criaturas. Esto se debe a que:
Dios, como creador absoluto de todas las cosas, por
medio de su gran poder que le es inherente, posee la
atribución de establecer el medio y las leyes por las cuales
se relacionará con sus criaturas. Para dar un ejemplo: De
acuerdo a la Biblia, Dios es amor, es santo, y es Justo. Por
tanto: El ser humano se debe ajustar a estas características
divinas a fin de relacionarse correctamente con Dios. El
cristiano debe amar, vivir en santidad y procurar la justicia.
Si no lo hace, estará caminando fuera de la voluntad de
Dios y no podrá gozar de comuna relación con Dios.
22
II. LA FE ACTIVA
a. La fe sin obras es muerta
La Biblia señala que la fe salvífica, se obtiene por medio de
oír y obedecer la palabra de Dios:
”Así que la fe es por el oír,
y el oír, por la palabra de Dios” (Ro. 10: 17).
La palabra oír, aquí no solo se refiere a escuchar; sino a
obedecer la palabra de Dios para ponerla por obra. Es una
fe activa como explica Santiago:
“Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente
oidores, engañándoos a vosotros mismos. Porque si
alguno es oidor de la palabra, pero no hacedor de ella,
éste es semejante al hombre que considera en un espejo
su rostro natural. Porque él se considera a sí mismo, y
se va, y luego olvida cómo era. Mas el que mira
atentamente en la perfecta ley, la de la libertad, y
persevera en ella, no siendo oidor olvidadizo, sino
hacedor de la obra, éste será bienaventurado en lo que
hace” (Stg. 1: 22-25).
A Israel no le aprovechó escuchar la palabra de Dios,
porque no la recibieron con fe en sus corazones:
“Porque también a nosotros se nos ha anunciado la
buena nueva como a ellos; pero no les aprovechó el oír
la palabra, por no ir acompañada de fe en los que la
oyeron” (Hb. 4: 2).
23
Para que la fe produzca resultados, no basta con tener fe en
Dios, se debe actuar de acuerdo a esa fe recibida. Una
persona puede adquirir fe al admirar la creación de Dios o
al escuchar el santo evangelio, pero de nada le serviría si
no invoca a Dios para salvación.
La fe verdadera requiere acción. La fe activa es la
respuesta del ser humano al llamado de Dios. Dios da
testimonio de sí mismo y quiere que el ser humano le
busque, le invoque y le conozca.
Cuando Moisés se encontró con Jehová, le dijo que
usara la vara de pastor que tenía en su mano para hacer
señales. El primer milagro sucedió cuando tiró su vara al
suelo y se convirtió en una culebra (Ex. 4: 3). Cada vez que
Moisés obedecía y estiraba su vara, de acuerdo a la orden
que recibía de Dios, sucedían grandes maravillas, como las
diez plagas de Egipto. La insignificante vara resaltaba el
gran poder de Dios. Moisés debía creer que al estirar la
inerte vara que había cargado por tanto tiempo, el poder
de Dios se desataría a la orden de su palabra.
En una ocasión, Moisés dudó que Dios podía sacar agua
de una roca al tocarla con la vara en su mano y esto le fue
contado como incredulidad, pues lo hizo de mala gana, sin
fe. Desde ese día, Dios prometió que Moisés no entraría a
la tierra prometida. Moisés lo hizo a regañadientes y Dios
lo honró haciendo brotar agua de la peña, pero le castigó
por su incredulidad. Para que Dios obre milagros, la fe
24
debe ir acompañada de nuestra acción de fe, como
respuesta a Dios:
“Y habló Jehová a Moisés, diciendo: Toma la vara, y
reúne la congregación, tú y Aarón tu hermano, y
hablad a la peña a vista de ellos; y ella dará su agua, y
les sacarás aguas de la peña, y darás de beber a la
congregación y a sus bestias. Entonces Moisés tomó la
vara de delante de Jehová, como él le mandó. Y
reunieron Moisés y Aarón a la congregación delante
de la peña, y les dijo: !Oíd ahora, ¡rebeldes! ¿Os hemos
de hacer salir aguas de esta peña? Entonces alzó
Moisés su mano y golpeó la peña con su vara dos
veces;
y
salieron
muchas
aguas,
y
bebió
la
congregación, y sus bestias. Y Jehová dijo a Moisés y a
Aarón: Por cuanto no creísteis en mí, para santificarme
delante de los hijos de Israel, por tanto, no meteréis
esta congregación en la tierra que les he dado (Nm. 20:
7-12).
b. Sin fe es imposible agradar a Dios
La fe es una revelación imprescindible para comunicarse
con Dios. La Biblia señala que: “Sin fe, es imposible agradar a
Dios”:
”Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es
necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y
que es galardonador de los que le buscan” (Hb. 11: 6).
25
Abraham es el hombre que abre la puerta de la fe, para la
salvación de la humanidad, todo por obedecer a Dios, aún
sin saber lo que le esperaba:
”Por la fe Abraham, siendo llamado, obedeció para
salir al lugar que había de recibir como herencia; y
salió sin saber a dónde iba” (Hb. 11: 8).
Abraham llegó a ser conocido como el padre de la fe:
“Así Abraham creyó a Dios, y le fue contado por
justicia” (Gá. 3: 6).
La fe es una ley divina. La Biblia señala que todo lo que no
se hace con fe, se convierte en pecado:
“Y todo lo que no proviene de fe, es pecado” (Ro. 14:
23b).
Cualquier acción, aunque sea bien intencionada, que se
haga sin fe en el servicio a Dios, se convierte mas bien en
un pecado. Dios no se agrada de una adoración monótona
y carente de fe; aunque parezcan muy bonita.
Esa fue la razón por la que la ofrenda de Caín
desagradó a Dios. El la dio por que se sentía presionado
por las acciones justas de su hermano, Abel. Por envidia.
A veces damos ofrendas por el que dirán los demás, no
lo hacemos de corazón. Esa ofrenda ofende a Dios y nos
hace pecar, porque no la ofrecemos con una fe sincera, sino
por presión o vergüenza. Cualquier persona se sentiría
ofendida si le regalan algo, porque sobra o por otro interés
o razón que no sea el genuino aprecio y el amor puro.
26
c. Tres pilares para activar la fe
1. La fe en Dios es una decisión individual
Una de las preguntas más intrigantes que nos podemos
hacer acerca de la fe, es: Si la fe proviene de Dios o del
corazón humano. Ciertamente, la fe es dada por Dios a los
que le creen; pero es una decisión personal, creer o no
creer. Así que, como todas las cosas que conciernen a la
restauración de la relación del ser humano con Dios y a la
salvación eterna del alma, después de la caída, es una
decisión del libre albedrío humano aceptarlas o no.
Una vez que el ser humano decide creerle a Dios, Él en
su misericordia se encarga de retroalimentar la fe para que
se desarrolle y crezca.
2. La fe parte de la nada
Dios no necesita nada para realizar su obra. El parte de la
nada para hacerlo:
”Por la fe entendemos haber sido constituido el
universo por la palabra de Dios, de modo que lo que se
ve fue hecho de lo que no se veía” (Hb. 11: 3).
A Dios le basta nuestra fe:
“Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la
convicción de lo que no se ve” (Hb. 11: 1).
Eso
implica
que
no
podemos
depender
de
las
circunstancias que nos rodean o de lo que tenemos para
27
creer en Dios y en sus promesas. Él es, todopoderoso para
hacer lo que dice, si solo somos capaces de creerle.
Obviamente, creer significa esperar hasta que él cumpla
sus promesas.
3. Dios llama las cosas que no son como si fuesen
Dios no se sujeta a los parámetros humanos para
relacionarse con sus criaturas. A Dios hay que creerle,
antes de ver su obra realizada. Él llama las cosas por su
nombre, antes que sean hechas:
“Él cual da vida a los muertos, y llama las cosas que no
son, como si fuesen” (Ro. 4: 17 b).
Es tan profundo el conocimiento de Dios que él goza de
omnisciencia, lo sabe todo. Además, su presciencia le permite
conocer todas las cosas antes que sucedan. Implica que
sabe de antemano el camino que cada ser humano elegirá
durante su vida, y aunque Él no coacciona la voluntad
humana, eso le permite preparar un plan de antemano. Eso
le dijo al profeta Jeremías:
“Vino, pues, palabra de Jehová a mí, diciendo: Antes
que te formase en el vientre te conocí, y antes que
nacieses te santifiqué, te di por profeta a las naciones
(Jr. 1: 4-5).
28
Capítulo – 2 –
LA FE ES UNA LEY DIVINA
____________________________________________________
I. LA JUSTICIA POR MEDIO DE LA FE
a. La fe como una Ley de justicia divina
Cerca del año 600 a. C., el profeta Habacuc había
profetizado acerca de la fe como medio de justicia y que
luego fue revelada por medio de Jesús:
”Mas el justo por su fe vivirá” (Hb. 2: 4b).
La revelación de la justicia por medio de la fe en Jesús, es
dada a conocer a la humanidad por medio de la
predicación del Evangelio de nuestro Señor Jesucristo:
”Porque en el Evangelio la justicia de Dios se revela
por fe y para fe, como está escrito: Mas el justo por la fe
vivirá” (Ro. 1: 17).
La fe es una ley divina:
“¿Dónde, pues, está la jactancia? Queda excluida. ¿Por
cuál ley? ¿Por la de las obras? No, sino por la ley de la
fe. Concluimos, pues, que el hombre es justificado por
fe sin las obras de la ley” (Ro. 3: 27-28).
Antes de la fe, la humanidad estaba confinada a la Ley:
29
”Pero antes que viniese la fe, estábamos confinados
bajo la Ley, encerrados para aquella fe que iba a ser
revelada” (Gá. 3: 23).
La Ley fue revelada por medio de Moisés. Más la fe ha
sido dada a conocer por nuestro Señor Jesús y testificada
por sus apóstoles por medio del Evangelio de la Gracia:
”Pues la ley por medio de Moisés fue dada, pero la
gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo”
(Jn. 1: 17).
La salvación por medio de la fe en Jesús, fue anunciada
por los profetas, revelada por Jesús, y testificada por sus
santos apóstoles en los evangelios:
”Pero ahora, aparte de la ley, se ha manifestado la
justicia de Dios, testificada por la ley y por los profetas;
la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, para
todos los que creen en Él. Porque no hay diferencia, por
cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria
de Dios, siendo justificados gratuitamente por su
gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús”
(Ro. 3: 21-24).
La única fe que produce salvación, es la fe obediente en el
evangelio de Jesús de Nazaret. Él es el camino, la verdad y
la vida. Nadie va al Padre, si no es por medio de Jesús:
“Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida;
nadie viene al Padre, sino por mí” (Jn. 14:6).
30
b. La fe salvífica y la fe práctica
La fe como un concepto teológico se puede explicar en dos
grandes vías: La fe salvífica y la fe práctica. La primera, es la
fe salvífica. Esta definición teológica de la fe bíblica se
refiere a la fe fundada en Jesús, como el único medio de
salvación eterna. La fe se puede depositar en cualquier
objeto o persona, pero la fe que produce salvación y vida
eterna, de acuerdo a la Biblia, es la fe en Jesús:
“Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro
nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que
podamos ser salvos” (Hch. 4:12).
De allí que, para ser salvo, se debe confesar a Jesús como el
único Salvador. Él es el único camino al cielo:
”Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida;
nadie viene al Padre, sino por mí” (Jn. 14: 6).
La fe para salvación se adquiere por medio de oír la
predicación del Evangelio, creer en el corazón y confesar a
Jesús como Salvador con la boca:
“Mas ¿qué dice? Cerca de ti está la palabra, en tu boca y
en tu corazón. Esta es la palabra de fe que predicamos:
que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y
creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los
muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para
justicia, pero con la boca se confiesa para salvación”
(Ro. 10: 8-10).
31
Al recibir a Jesús como salvador adquirimos la fe salvífica.
No obstante, después de ser salvos por medio de la fe en
Jesús, existe una fe práctica. Esta fe práctica son los frutos
que evidencian la fe salvífica. La fe por medio de la cual un
día adquirimos nuestra salvación al creer en Jesús como
salvador, ahora la demostramos por medio de una fe
práctica, con frutos dignos de arrepentimiento y obras
justas que demuestran la fe salvadora que adquirimos al
confesar a Jesús como salvador.
La fe para salvación (salvífica) la adquirimos el día que
recibimos a Jesús como salvador; pero, la fe práctica la
mostramos todos los días a través de acciones justas. Estas
obras no nos salvan por sí mismas; pero son la prueba de
la fe que adquirimos para salvación.
c. La fe conduce al arrepentimiento y a la conversión
En la Biblia se repite constantemente el llamado de Dios a
la
humanidad
para
arrepentirse;
pero
también
a
convertirse, como señala el apóstol Pedro:
“Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean
borrados vuestros pecados; para que vengan de la
presencia del Señor tiempos de refrigerio” (Hch. 3: 19).
El arrepentimiento trae atrición y reconocimiento del
pecado, que conduce al arrepentimiento del pecador y a la
aplicación del perdón divino. No obstante, debe haber una
32
conversión para abandonar el pecado y comenzar una vida
santa, separada del pecado.
El arrepentimiento genuino produce salvación; pero la
conversión o abandono de la práctica del pecado conduce
al cristiano a vivir en santidad durante su peregrinaje en la
tierra, a fin de mantener la salvación adquirida.
La salvación del alma es adquirida por la sola fe en
Jesucristo. Eso es incuestionable. Al referirnos a la
conversión, no estamos hablando de un segundo paso para
ser salvos. Mas bien, nos referimos a los frutos del espíritu
en la vida del cristiano, quien ha nacido de nuevo (Jn. 3: 3;
2 Co. 5: 17), pero debe abandonar los pecados del viejo
hombre (Gá 5: 16-26).
Escuchar la palabra de Dios produce arrepentimiento
en el pecador y esto a su vez le conduce a pedir perdón por
sus pecados. Jesús perdona el pecado y se obtiene la
salvación. Pero la salvación es como si nos regalaran un
carro nuevo, hay que darle mantenimiento. La conversión
son los frutos que dan testimonio de la salvación
adquirida.
El nuevo nacimiento en Cristo se refleja por medio de
frutos dignos de arrepentimiento. Cuando Juan predicaba
el bautismo para arrepentimiento de los pecados, los
judíos hacían fila para ser bautizados, pero Juan les
exhortó duramente a no solo arrepentirse; sino a dar frutos
dignos de arrepentimiento:
33
“Y decía a las multitudes que salían para ser bautizadas
por él: !Oh generación de víboras! ¿Quién os enseñó a
huir de la ira venidera? Haced, pues, frutos dignos de
arrepentimiento” (Lc. 3: 7-8a).
La Biblia señala que quien está en Cristo, es una nueva
criatura y debe mostrar un cambio notorio en su estilo de
vida:
“De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura
es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas
nuevas” (2 Co. 5: 17).
Dios nos salva por medio de la fe, pero los cristianos
debemos evidenciar nuestra fe por medio de un buen
testimonio, que refleje frutos dignos de arrepentimiento.
La salvación del alma es un regalo divino, pero hay que
mantenerla a través de una vida separada del pecado.
34
II. DESARROLLANDO UNA FE BÍBLICA
a. El desarrollo de la fe cristiana
Dios es quién canaliza nuestra fe, a fin de que podamos ver
su poder manifestado a nuestro favor. Pero, la fe es como
un músculo que se desarrolla con el ejercicio. Nuestra fe es
aumentada, en la medida en que somos capaces de creerle
a Dios y se desarrolla en al campo de batalla, en medio de
la prueba y la dificultad. Eso no sucederá sin nuestra
obediencia a lo que Dios nos mande. Los discípulos de
Jesús, quienes escucharon sus enseñanzas y vieron sus
milagros, sintieron la necesidad de que su fe fuese
aumentada y le hicieron la petición al Señor:
”Dijeron los apóstoles al Señor: Auméntanos la fe.
Entonces el Señor dijo: Si tuvierais fe como un grano de
mostaza, podríais decir a este sicómoro: Desarráigate, y
plántate en el mar; y os obedecería” (Lc. 17: 5-6).
Jesús no puso las manos encima de la cabeza de sus
discípulos, a fin de que recibieran el don de la fe. Su
respuesta fue clara: Él les retó a creer; antes de ver,
señalándoles que hasta las montañas se podían mover, si
eran capaces de creerle a Dios.
La fe que produce milagros se desarrolla de acuerdo a
nuestra capacidad de creer y obedecer a Dios. Cuando
Jesús les señaló a sus discípulos que si tenían fe como un
granito de mostaza harían grandes cosas, no estaba
35
motivando a tener poca fe. Todo lo contrario. Más bien, les
quiso señalar que hasta ese momento no tenían ninguna fe,
pues al llegar a tener un poquito, tan solo como una
semilla pequeña de mostaza, harían grandes cosas.
La enseñanza es la siguiente: “Ustedes no tienen nada de
fe ahora, pues si tuviesen un poquito, como una semillita de
mostaza, harían grandes cosas. Ahora, imagínense si ustedes
tuvieran más fe que una semilla de mostaza ¿Qué no harían?”.
b. El uso de la fe activa
La fe activa o la que produce milagros, no está fundada
solamente en lo que somos capaces de creer; sino en creer
lo que Dios nos pida que creamos.
Alguien puede llegar al nivel de fe de creer que Dios
puede mover las montañas. Lo que Jesús dijo es literal. No
obstante, Él lo puso como ejemplo de que para Dios nada
es imposible, si somos capaces de creerle. Pero, lo siguiente
que debiéramos preguntarnos es: ¿Qué lograríamos con
mover una montaña de su lugar? Quizá crearíamos un
caos, un desastre o muchos problemas a los dueños de la
propiedad. ¿Cuál sería el propósito de ese milagro? Es allí
donde tener fe en que Dios puede hacer cualquier cosa es
solo lo primero, pero no es todo.
La fe que verdaderamente produce milagros es aquella
que camina en obediencia a la voluntad de Dios. Nuestra
fe tiene que estar bien alineada con la voluntad de Dios.
36
Alguien puede tener fe para creer que Dios mueve las
montañas, pero quizá Dios no está interesado en moverla,
porque no tiene ningún propósito en ese momento. Así
que, aunque se ore con toda la fe, Dios no lo hará, porque
Él no está de acuerdo con ese milagro improductivo.
Quizá a esta persona que tiene fe de mover montañas,
lo único que Dios le pida en ese momento, es que visite a
alguien en el hospital y le lleve algo de comer. De nada le
serviría toda su fe de mover montañas, si no cumple lo
sencillo que Dios le demanda. Es bueno tener fe suficiente
para creer que Dios puede mover montañas, pero esa fe no
nos serviría si no se usa en obediencia a Dios. Fe, no es
creer todo lo que se nos ocurra o seamos capaces de creer.
La fe solamente es productiva cuando somos capaces de
creer y obedecer lo que Dios nos diga que hagamos.
La fe es la llave que abre la puerta al poder de Dios;
pero, solo la obediencia activa la mano divina en favor de
sus hijos. No hay diferencia en que Dios nos pida que le
creamos en algo imposible o algo sencillo. Lo más
importante es la obediencia, no lo grande del milagro.
____________________________________________________

La fe solamente es productiva cuando somos capaces
de creer y obedecer lo que Dios nos diga que
hagamos.
____________________________________________________
37
III. LOS OBSTÁCULOS DE LA FE
a. La incredulidad
La Biblia señala que: “Sin fe es imposible agradar a Dios”.
Después de la caída, la fe es la base de la relación entre
Dios y la humanidad. Dios se revela a los que con fe se
acercan a Él:
“Porque es necesario que el que se acerca a Dios crea
que le hay, y que es galardonador de los que le buscan”
(Hb. 11: 6).
La fe es el reconocimiento individual de Dios como
creador absoluto y rey soberano de todas las cosas (visibles
e invisibles, Col. 1:16). La fe es tan determinante para
comunicarse con Dios, que no existe otra manera de
hacerlo.
Lo contrario a la fe; es la incredulidad. Ese es el primer
obstáculo para buscar a Dios. La creación habla de un
creador inteligente (Sal. 19: 7). Dios juzgará al mundo aun
por la consciencia, que da testimonio de Dios, y por el
conocimiento de las cosas creadas a los que no han oído el
Evangelio:
“Porque cuando los gentiles que no tienen ley, hacen
por naturaleza lo que es de la ley, éstos, aunque no
tengan ley, son ley para sí mismos, mostrando la obra
de la ley escrita en sus corazones, dando testimonio su
conciencia,
y acusándoles
38
o
defendiéndoles
sus
razonamientos, en el día en que Dios juzgará por
Jesucristo los secretos de los hombres, conforme a mi
evangelio” (Ro. 2: 14-16).
La fe en Dios también viene por oír la palabra de Dios (Ro.
10: 17). Existe la posibilidad de que creamos en Dios o en
los milagros por algún tiempo, pero después mengüemos
en la fe. Jesús reprendió la incredulidad de sus discípulos:
“Finalmente se apareció a los once mismos, estando
ellos sentados a la mesa, y les reprochó su incredulidad
y dureza de corazón, porque no habían creído a los que
le habían visto resucitado” (Mr. 16: 14).
Jesús reprendió duramente a Tomás, uno de sus apóstoles,
pues éste no había estado cuando Jesús apareció al resto de
sus discípulos y no había creído:
“Pero Tomás, uno de los doce, llamado Dídimo, no
estaba con ellos cuando Jesús vino. Le dijeron, pues,
los otros discípulos: Al Señor hemos visto. Él les dijo:
Si no viere en sus manos la señal de los clavos, y
metiere mi dedo en el lugar de los clavos, y metiere mi
mano en su costado, no creeré. Ocho días después,
estaban otra vez sus discípulos dentro, y con ellos
Tomás. Llegó Jesús, estando las puertas cerradas, y se
puso en medio y les dijo: Paz a vosotros. Luego dijo a
Tomás: Pon aquí tu dedo, y mira mis manos; y acerca tu
mano, y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino
creyente. Entonces Tomás respondió y le dijo: !Señor
39
mío, y Dios mío! Jesús le dijo: Porque me has visto,
Tomás, creíste; bienaventurados los que no vieron, y
creyeron” (Jn. 20: 24-29).
Jesús le dijo que fuera creyente, no incrédulo. Además, les
dio
una
bienaventuranza
a
los
demás
apóstoles:
“Bienaventurados los que no vieron, y creyeron”. De
Tomás no se sabe nada más, aparte de la exhortación que
Jesús le hizo, a causa de su incredulidad.
Pedro, que era creyente, en una ocasión le pidió a Jesús
caminar sobre las aguas y lo hizo por un momento, pero
luego se hundió por su incredulidad:
“Entonces le respondió Pedro, y dijo: Señor, si eres tú,
manda que yo vaya a ti sobre las aguas. Y él dijo: Ven.
Y descendiendo Pedro de la barca, andaba sobre las
aguas para ir a Jesús. Pero al ver el fuerte viento, tuvo
miedo; y comenzando a hundirse, dio voces, diciendo:
!Señor, sálvame! Al momento Jesús, extendiendo la
mano, asió de él, y le dijo: !Hombre de poca fe! ¿Por
qué dudaste?” (Mt. 14: 28-31).
El profeta Eliseo, durante un sitio en Samaria, profetizó
que al siguiente día habría abundante de comida y barata.
Debía ser un milagro, pues cuando sitiaban una ciudad, los
ejércitos rodeaban a la ciudad y nadie podía entrar ni salir,
hasta que morían por inanición o se rendían por el hambre.
Aunque esta palabra había sido dada por Eliseo, un
reconocido profeta de Dios en Israel, un príncipe no creyó
40
y se burló señalando que eso solo sería posible, si se habría
una ventana del cielo:
“Y un príncipe sobre cuyo brazo el rey se apoyaba,
respondió al varón de Dios, y dijo: Si Jehová hiciese
ahora ventanas en el cielo, ¿sería esto así? Y él dijo: He
aquí tú lo verás con tus ojos, mas no comerás de ello” (2
R. 7: 2).
Al siguiente día ocurrió el milagro, pues los sirios habían
abandonado una ciudad por un temor enviado por Jehová
y el rey puso al príncipe incrédulo a la entrada de la
ciudad, pero cuando el pueblo entraba, lo atropellaron y
murió.
En
ocasiones
la
incredulidad
produce
consecuencias inmediatas, porque confronta directamente
a Dios, pues desacredita su nombre y niega su veracidad.
Es tan determinante el contraste entre creer o no creer,
que la fe en Jesús salva y la incredulidad en él condena:
“El que en él cree, no es condenado; pero el que no
cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el
nombre del unigénito Hijo de Dios” (Jn. 3: 18).
b. La desobediencia a Dios
La fe tiene una hermana gemela, es la obediencia. Ambas
caminan de la mano en el ejercicio de creerle a Dios. Para
Dios es tan importante nuestra fe, como la obediencia.
El punto es que sin obediencia la fe es estéril. De nada
serviría tener una gran fe en Dios, si no se le obedece.
41
Todos los seres humanos gozamos de libre albedrío y aun
los cristianos podemos elegir lo que queremos hacer. Dios
no nos obliga a obedecerle. Para Dios, la obediencia es más
importante, que todos los sacrificios:
“Y Samuel dijo: ¿Se complace Jehová tanto en los
holocaustos y víctimas, como en que se obedezca a las
palabras de Jehová? Ciertamente el obedecer es mejor
que los sacrificios, y el prestar atención que la grosura
de los carneros” (1 S. 15: 22).
Dios le había dado orden a Saúl de que no tomara nada de
los amalecitas. No obstante, él tomó ganado para
sacrificarlo a Jehová (esta idea no parecía mala), pero
desagradó a Dios, quién le había dado orden que no tocara
nada del anatema. Todo lo que había en las ciudades
paganas que Dios le entregó a Israel, había sido puesto
bajo el anatema divino. Eso significa que estaban
destinadas a la destrucción, porque eran producto del
latrocinio y esos animales estaban contaminados a causa
de la maldad de sus moradores. La orden para Saúl, fue
que no tacara nada de aquellas ciudades; y menos para
sacrificarlo a Dios. A Dios no le bastan las buenas
intenciones, solo le satisface la obediencia.
A veces pensamos que estamos agradando a Dios o
ayudando su obra con acciones bien intencionadas que
Dios no aprueba, porque no las hacemos en obediencia.
42
Aprender a usar la fe en obediencia a la voluntad de Dios,
es una de las pruebas más importantes con relación a la fe.
Lo que más agradó a Dios de Jesús fue su obediencia:
“Y diciendo luego: He aquí que vengo, oh Dios, para
hacer tu voluntad; quita lo primero, para establecer esto
último. En esa voluntad somos santificados mediante la
ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para
siempre” (Hb. 10: 9-10).
Jesús no fue a la cruz por qué quería. Al contrario, usó su
fe para para pedirle al Padre que, de ser posible, la evitara:
“Y decía: Abba, Padre, todas las cosas son posibles para
ti; aparta de mí esta copa” (Mr. 14: 36a).
Jesús sabía que para el Padre todas las cosas eran posibles
y por eso le pidió que evitara la copa amarga de la cruz,
pero sabiendo que la obediencia era más importante que
toda su fe, con todo su dolor concluyó diciendo: “Mas no
lo que yo quiero, sino lo que tú” (Mr. 14: 36b).
La vida de Jesús es un claro ejemplo de que la fe sin
obediencia es estéril. La fe se muestra por medio de
nuestra obediencia a Dios.
c. Pedir fuera de la voluntad de Dios
La fe no tiene límites, pero nuestra falta de conocimiento
puede truncar nuestra fe. Cuando Jesús señala que: “Todo
lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis, y os
vendrá” (Mr. 11: 24), no implica que todo lo que se nos
43
ocurra, Dios nos lo dará; sino todo lo que pidamos
conforme a su voluntad, como advierte la Biblia:
“Y esta es la confianza que tenemos en él, que si
pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos
oye” (1 Jn. 5: 4).
Debemos asegurarnos de pedir conforme a la voluntad de
Dios y apegados a su palabra escrita (la Biblia) para que
nuestras peticiones tengan respuesta. Existe el peligro de
pedir mal: “Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para
gastar en vuestros deleites” (Stg. 4: 3).
Pedir mal, en desacuerdo a la voluntad de Dios, es una
de las mayores razones por las que nuestra fe no produce
resultados. Para pedir en la voluntad de Dios, necesitamos
tener un conocimiento completo de su voluntad revelada
en la Biblia, y luego, debemos aprender a pedir que se
haga su voluntad específica, en nuestra vida personal.
Una forma de asegurarnos de pedir correctamente a
Dios podría ser poniendo señales. Esto funciona en los que
son capaces de creer y tienen cierta madurez espiritual, ya
que no piden señal por que duden; sino porque quieren
asegurarse de hacer la voluntad de Dios.
Abraham y su criado pusieron señales a Dios acerca de
la futura esposa de Isaac y se cumplieron (Gn. 24). Gedeón,
también pidió señal a Dios para asegurarse que Dios le
daría victoria antes de enfrentar sus enemigos (Jc. 6: 37-40).
44
d. La desobediencia a la Palabra de Dios
El primer obstáculo que el cristiano puede encontrar en el
camino de la fe, es creer que solo por tener fe, Dios le
responderá sus peticiones, olvidando que Dios es una
persona, y como tal, está más interesado en que nos
relacionemos bien con él, más que en los milagros,
peticiones o necesidades, por muy urgentes que sean.
Dios es grande en misericordia, pero está más
interesado en tenernos con él por una eternidad, a
simplemente responder una petición. Así de seria es
nuestra relación con Dios. Dios quiere que nuestra relación
con él nos lleve hasta la eternidad y por esa razón debemos
aprender a relacionarnos bien con él.
Nuestra limitación humana nos hace creer que nuestras
peticiones, aunque sean necesarias y hasta urgentes, son
más importantes que las demandas de Dios. Por eso
sufrimos tanta frustración cuando no vemos resultados o
respuestas, por muy grande que sea nuestra fe.
El problema a veces no es la falta de fe; si no nuestra
falta de obediencia a la Palabra de Dios (la Biblia) y luego a
la guía que Dios nos da en asuntos personales por medio
de su Espíritu Santo. Si no hay obediencia a la Biblia, el
Espíritu de Dios no puede guiarnos en los asuntos
personales, como está prometido en la Biblia (Jn. 16: 13).
La desobediencia a la Biblia, es el primer obstáculo de
la fe. Si bien, la fe es la base de nuestra relación con Dios,
45
ésta debe ir acompañada de obediencia. En una ocasión
Jesús les respondió a sus discípulos que la causa por la
cual no habían podido echar fuera un demonio fue por su
falta de fe, pero a la vez señaló que no saldrían si no era
por medio de ayuno y oración:
“Jesús les dijo: Por vuestra poca fe; porque de cierto os
digo, que si tuviereis fe como un grano de mostaza,
diréis a este monte: Pásate de aquí allá, y se pasará; y
nada os será imposible. Pero este género no sale sino
con oración y ayuno (Mt. 17: 20-21).
No hay ninguna contradicción entre las dos aseveraciones.
Jesús sabía que no tenían fe. Pero su falta de fe tampoco les
permitía buscar a Dios correctamente, en obediencia.
La fe es lo primero que se necesita para desatar el
poder de Dios, pero la fe requiere acción. Si alguien cree
que Dios tiene poder para sanar y libertar, entonces debe
clamar para que le conceda esos milagros. El ayuno y la
oración es la manera de aumentar nuestra intercesión por
milagros. La fe nos guía a Dios, como la fuente de poder.
e. La infidelidad al Pacto divino
Otro de los obstáculos de la fe es la infidelidad. Una de las
necesidades más grandes que tienes el ser humano por su
naturaleza física es la material. Dios no puede bendecir a
un infiel. La Biblia señala que el camino a la bendición
económica es la fidelidad en los diezmos y ofrendas:
46
“Malditos sois con maldición, porque vosotros, la
nación toda, me habéis robado. Traed todos los
diezmos al alfolí y haya alimento en mi casa; y
probadme ahora en esto, dice Jehová de los ejércitos, si
no os abriré las ventanas de los cielos, y derramaré
sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde.
Reprenderé también por vosotros al devorador, y no os
destruirá el fruto de la tierra, ni vuestra vid en el campo
será estéril, dice Jehová de los ejércitos” (Mal. 3: 9-11).
Hay cristianos que creen que solo por su fe, e intensa vida
de ayuno y oración lograrán grandes cosas en Dios. Pero se
encuentran con la realidad de vivir limitados en sus
necesidades básicas. Incluso, llegan a creer que es la
voluntad de Dios que vivan sin sus necesidades básicas
suplidas. Ciertamente, Dios puede probar a sus hijos por
cierto tiempo y hasta años, pero la voluntad de Dios es que
sus amados hijos tengan suplidas sus necesidades básicas:
“Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a
sus riquezas en gloria en Cristo Jesús” (Fil. 4: 19).
La bendición de Dios en el área económica está
directamente relacionada con nuestra fidelidad en los
diezmos y ofrendas; no solo en nuestra fe. Incluso, hay
cristianos que ayunan y oran para reprender el espíritu de
pobreza y es un error por falta de conocimiento (Os. 4: 6).
47
En el caso de las bendiciones económicas, la Biblia señala
que si los hijos de Dios son fieles, Dios mismo reprenderá
al devorador por ellos:
“Reprenderé también por vosotros al devorador, y no os
destruirá el fruto de la tierra, ni vuestra vid en el campo
será estéril, dice Jehová de los ejércitos” (Mal. 3: 11).
La bendición económica está basada en la obediencia al
pacto de las promesas divinas. No se logra con una fe
desprovista de obediencia. Es a través de la fidelidad al
pacto divino de bendición prometido en la Biblia.
Dios no solo ha prometido cumplir su promesa, si
nosotros cumplimos nuestra parte; si no que hace un reto
diciendo: “Probadme ahora en esto”:
“Traed todos los diezmos al alfolí y haya alimento en
mi casa; y probadme ahora en esto, dice Jehová de los
ejércitos, si no os abriré las ventanas de los cielos, y
derramaré
sobre
vosotros
bendición
hasta
que
sobreabunde” (Mal. 3:10).
De nada le serviría al cristiano tener toda la fe del mundo,
para creer que Dios le puede suplir todas sus necesidades
materiales; si no tiene fe para creer en la promesa de
bendición divina, escrita en la Biblia. La fe tiene que ir
acompañada de obediencia al pacto divino. La Biblia
señala que no se debe tentar a Dios (Mt. 4:7); pero en este
caso es Dios mismo quien hace el reto, diciendo:
“Probadme ahora en esto”.
48
Capítulo – 3 –
LA FE EN ACCIÓN
____________________________________________________
I. SIN FE ES IMPOSIBLE AGRADAR A DIOS
a. Se requiere fe para que el poder de Dios se manifieste
Fe, es creer con certeza que Dios puede obrar milagros,
antes que las cosas sucedan. La Biblia señala que Dios obra
a través de la fe. Es un requisito creer, antes de ver
realizadas sus promesas. La Biblia señala:
”El cual da vida a los muertos, y llama las cosas que no
son, como si fuesen” (Ro. 4: 17b).
Dios da vida a los muertos. Eso implica que para ver un
milagro literal de resurrección es necesario creer que Dios
le puede dar vida a ese cuerpo muerto. Pero, el medio por
el cual Dios obra (la fe), requiere creer primero, antes de
ver el milagro. Al señalar que Dios llama las cosas que no
son como si fuesen, implica que Dios nos pedirá creer algo
que físicamente no se ve, ni existe, antes de obrar el
milagro. La fe parte de la nada, eso es fe.
En múltiples ocasiones, cuando la gente se acercaba a
Jesús pidiendo por un milagro, el único requisito que les
demandaba fue creer.
49
La Biblia revela que a causa de la incredulidad de la gente,
sobre todo de los judíos, Jesús no hizo milagros en ciertas
ciudades de Israel:
“Y no hizo allí muchos milagros, a causa de la
incredulidad de ellos” (Mt. 13: 58).
La falta de fe, es uno de los mayores obstáculos para que
Dios manifieste su poder a favor de sus hijos. Es
importante creer que nada es imposible para Dios. Jesús
exhortó de continuo a sus discípulos a tener fe en Dios:
“Respondiendo Jesús, les dijo: Tened fe en Dios.
Porque de cierto os digo que cualquiera que dijere a
este monte: Quítate y échate en el mar, y no dudare en
su corazón, sino creyere que será hecho lo que dice, lo
que diga le será hecho. Por tanto, os digo que todo lo
que pidiereis orando, creed que lo recibiréis, y os
vendrá” (Mr. 11: 22-24).
Creer en Dios y en sus promesas, es una desición
individual. Dios es el dador de la fe, pero esta comienza y
se desarrolla en la medida en que somos capaces de
creerle.
b. La prueba de la fe
Dios prueba la fe de sus hijos. Es por medio de la prueba,
que la fe se perfecciona. La fe tiene que ser evidenciada,
antes de ocurrir cualquier milagro. Una de las pruebas más
grandes de fe registradas en la Biblia, es la de Abraham.
50
Abraham es el hombre que por su gran fe, alcanzó
bendiciones para todas las naciones de la tierra, por eso se
le llama el padre de la fe. A él se le dio la promesa de un
Salvador para toda la humanidad (la simiente, la cual es
Cristo, Gn. 22: 18; Gá 3: 16). A su descendencia se le dio la
promesa del nacimiento del Mesías.
Su fe fue probada en gran manera como muestra la Biblia:
“Por la fe Abraham, siendo llamado, obedeció para
salir al lugar que había de recibir como herencia; y
salió sin saber a dónde iba. Por la fe habitó como
extranjero en la tierra prometida como en tierra ajena,
morando en tiendas con Isaac y Jacob, coherederos de
la misma promesa; porque esperaba la ciudad que tiene
fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios”
(Hb. 11: 8-10).
 ABRAHAM MOSTRÓ EVIDENCIAS DE SU FE,
ANTES DE VER LOS MILAGROS:
a) Abraham salió de su familia en obediencia a Dios, sin
saber a dónde iba, solo creyendo que Dios le daría en
posesión una tierra desconocida.
b) Abraham vivió como extranjero en la tierra, morando
en tiendas, pues buscaba una ciudad fundada por Dios.
c) Abraham creyó que su descendencia sería una gran
nación, como Dios se lo prometió; pero llegó a la vejez
51
sin tener un hijo que le heredara para que se cumpliera
la promesa. Abraham oró y Dios prometió darle un
hijo, aunque su esposa (Sara) ya no podía concebir. Él
creyó y Dios se lo concedió.
d) Dios le pidió a Abraham que sacrificara a ese hijo
único, el cual era su esperanza de tener descendencia
para que se cumpliera la promesa divina y no se lo
negó.
Para cualquier ser humano hubiese sido contradictoria la
petición que Dios le hizo a Abraham de sacrificar a su hijo,
y se hubiese justificado no creer que Dios pidiera tal cosa.
¿Cómo Dios podía pedir que sacrificara al hijo, del cual le
había prometido que le haría una gran nación?6.
Sadrac, Mesac y Abed-nego rehusaron obedecer la orden del
rey Nabucodonosor, de postrarse ante sus ídolos, aun
sabiendo que morirían (Dn. 13). Ellos dijeron que Dios los
podía librar del fuego; pero, afirmaron que si aún no les
librara, tampoco los adorarían. Dios honró su fe y vivieron
para glorificar a Dios, pues no temieron morir por su Dios.
Cuando Naamán, el sirio, vino a Israel en busca de
sanidad, el profeta ni siquiera lo vio, mandó a su criado a
En ese contexto del Antiguo Testamento, Dios le pidió
a Abraham sacrificar a su hijo. Los sacrificios, no de
personas; pero, si de animales, eran demandados por Dios
en el AT. En la Gracia, Jesús es el Cordero sacrificado por
todos nuestros pecados, Dios no demanda más sacrificios
es de esta naturaleza para redimir del pecado (Hb. 10:12).
6
52
decirle que se zambullera siete veces en el rio Jordán.
Naamán se enojó, pues esperaba muchas atenciones que el
pagaría materialmente a cambio de su sanidad, pero sus
criados le hicieron recapacitar. Naamán no sabía que la fe
obra por medio de la obediencia a la palabra de Dios.
Finalmente accedió a zambullirse siete veces en el río y
obtuvo su milagro. La lepra desapareció (2 R. 5).
Por obediencia a una palabra de Dios, el rey Josafat
enfrentó sus enemigos cantando y alabando a Dios (era un
riesgo terrible, una locura), pero Dios se manifestó por medio
de la alabanza de su pueblo y los enemigos de Israel
fueron confundidos y derrotados (2 Cr. 20: 15-30).
Josué, también recibió orden de Dios, de rodear la
ciudad de Jericó durante siete días. El último día, los
sacerdotes tocaron bocinas y al grito del pueblo, el poder
de Dios se manifestó y los enormes muros de Jericó fueron
derribados (Js. 6). La fe es probada y la obediencia es el
motor que la impulsa para manifestarse.
Cuando Gedeón enfrentó los madianitas, Dios le dijo
que despidiera más de treinta mil soldados, solo le dejó
trescientos. Dios probó su fe, pero con esos pocos le dio la
victoria (Jc. 7). Saúl, también recibió orden de esperar al
profeta Samuel por siete días, antes de una batalla; pero al
ver que no llegaba y que los soldados desertaban, le falló
su fe y se adelantó a hacer el sacrificio, que no le era
permitido hacer, y le fue contado como pecado (1 S. 13).
53
II - LA FE DE LOS HOMBRES DE DIOS DEL A. T.,
BASADO EN HEBREOS 11.
Esta parte está dedicada a rescatar los testimonios de fe del
Antiguo Testamento, descritos en Hebreos 11, que hace un
resumen de las victorias obtenidas por medio de la fe.
1. Una fe inquebrantable
“Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera,
la convicción de lo que no se ve. Porque por ella
alcanzaron buen testimonio los antiguos”.
La fe que mostraron estos hombres y mujeres de fe en la
tierra, fue sin titubeos y sirve de ejemplo a toda la
humanidad. Ellos fueron personas comunes y frágiles (Stg.
5: 7), pero a diferencia del resto, ellos decidieron creerle
que Dios puede hacer lo imposible. La fe hace la diferencia.
Este tipo de fe, les permitió hacer grandes cosas a favor del
reino de Dios en la tierra; y sus testimonios quedaron
escritos para servirnos de ejemplo e inspiración (Ro. 15: 4).
No nos referimos a logros materiales estrictamente,
mas bien a la convicción que mostraron en medio de la
prueba y las circunstancias difíciles que vivieron en la
tierra, para amar a Dios hasta la muerte.
54
2. Abel, un adorador en espíritu y verdad
“Por la fe Abel ofreció a Dios más excelente sacrificio
que Caín, por lo cual alcanzó testimonio de que era
justo, dando Dios testimonio de sus ofrendas;
y muerto, aún habla por ella”.
Abel fue un adorador en espíritu y en verdad. La diferencia
entre las ofrendas de estos dos hermanos, la hizo la fe de
Abel. Abel adoraba a Dios con fe, pero su hermano carecía
de convicción, por eso Dios rechazó su ofrenda. Caín dio
su ofrenda por competencia o envidia al acto genuino de
su hermano, pero carente de fe en su corazón, por eso Dios
no aceptó su ofrenda. Las personas de fe se acercan a Dios
con sinceridad y con un temor reverente.
3. Enoc, aprendiendo a caminar con Dios
“Por la fe Enoc fue traspuesto para no ver muerte, y no
fue hallado, porque lo traspuso Dios; y antes que fuese
traspuesto, tuvo testimonio de haber agradado a Dios”.
Por medio de su fe, Enoc desarrolló una vida de comunión
íntima con Dios cuando estuvo en la tierra.
En un lenguaje primigenio, la Biblia señala que Enoc
caminó con Dios (Gn. 5: 24) para tratar de describir su
apego y amistad con Dios.
55
Fue tan profunda su relación con Dios, que Enoc fue
trasportado al cielo. Dios se lo llevó, pues él anhela que sus
amados hijos estén con él por la eternidad (Sal. 116: 15),
alejados del pecado de este mundo.
El caso de Enoc nos ilustra que creerle a Dios, es un
asunto individual. Enoc decidió hacer la diferencia en su
generación y nosotros podemos decidir hacer lo mismo.
Nuestra fe en Dios será capaz de llevarnos lejos, hasta
donde seamos capaces de creerle a Dios.
4. Noé, la fe en Dios es obediente
“Por la fe Noé, cuando fue advertido por Dios acerca de
cosas que aún no se veían, con temor preparó el arca en
que su casa se salvase; y por esa fe condenó al mundo, y
fue hecho heredero de la justicia que viene por la fe”.
Este pasaje deja entrever que en los tiempos de Noé, no
había llovido en la magnitud que Dios había advertido a la
humanidad, pero él, le creyó a Dios.
Una de las mayores evidencias del diluvio es la
inmensa cantidad de seres marinos petrificados en las
rocas más altas de la tierra. La única forma en que un pez
puede quedar impreso en una roca, en las montañas más
altas, en los desiertos lejos del mar, es que hayan llegado
allí vivos y la única explicación a ese hecho es el diluvio
universal, que cubrió toda la tierra.
56
La fe de Noé le salvó la vida del gran diluvio universal,
pero su fe también condenó su generación, de la cual, el
será el juez. La fe agrada a Dios, y una sola persona con su
fe bien fundada, puede hacer la diferencia en la tierra.
5. La fe desafía las leyes naturales
“Por la fe también la misma Sara, siendo estéril, recibió
fuerza para concebir; y dio a luz aun fuera del tiempo
de la edad, porque creyó que era fiel quien lo había
prometido. Por lo cual también, de uno, y ése ya casi
muerto, salieron como las estrellas del cielo en
multitud, y como la arena innumerable que está a la
orilla del mar”.
Una fe genuina y bien fundada en Dios, puede hacer que
las leyes naturales se trastoquen para dar paso a un
milagro. Para Dios eso es sencillo, pues Él es el creador y
su poder le es inherente.
Dios prometió darle un hijo a Abraham en su vejez.
Esto debía ser un gran milagro, porque Sara (su mujer), ya
estaba en su menopausia y su vejez no le permitía concebir
de manera natural. A pesar de que la Biblia señala que
Sara se rio al oír que ella concebiría un hijo, Dios hizo el
milagro y le dio su hijo a Abraham.
57
6. La prueba es el crisol de la fe
“Conforme a la fe murieron todos éstos sin haber
recibido lo prometido, sino mirándolo de lejos, y
creyéndolo, y saludándolo, y confesando que eran
extranjeros y peregrinos sobre la tierra. Porque los que
esto dicen, claramente dan a entender que buscan una
patria; pues si hubiesen estado pensando en aquella de
donde salieron, ciertamente tenían tiempo de volver.
Pero anhelaban una mejor, esto es, celestial; por lo cual
Dios no se avergüenza de llamarse Dios de ellos;
porque les ha preparado una ciudad”.
La fe no depende de lo que se ve; sino de lo que no se ve.
Dios le prometió una tierra a Israel y muchos hombres
justos, profetas y patriarcas, vivieron en tiendas esperando
la promesa. Esto les hizo ganarse el rechazo de la gente,
sufrimientos, torturas y hasta la muerte por amor a su
Dios, al cual no negaron.
El mundo no es el hogar de los hijos de Dios. Aunque
se logren muchas cosas en esta tierra, solo somos peregrinos
y extranjeros, porque nuestra ciudadanía está en los cielos.
Existe el peligro de afanarnos tanto por las cosas de
este mundo, las que se puedan convertir en un tropiezo
para alcanzar las eternas. Estos hombres de fe de la Biblia,
se negaron a acomodarse en este mundo, prefiriendo vivir
como extranjeros en la tierra, porque anhelaban una
58
ciudad celestial, la cual palpaban por medio de su fe,
confesándolo delante de la gente.
Una fe agigantada como esa, podía ser considerada
una locura y motivo de burla por los demás, pero los
verdaderos creyentes no se avergüenzan de su Dios, ni se
acomplejan ante el menosprecio de los incrédulos.
7. La alabanza como instrumento de guerra
“Por la fe cayeron los muros de Jericó
después de rodearlos siete días”.
Dios le había entregado muchas ciudades a Josué, para que
las tomara por medio del ejército de Israel. Pero en
ocasiones Dios obra milagrosamente para que sus hijos no
se gloríen en sus propias capacidades.
Jericó, era una ciudad amurallada e impenetrable Sus
moradores de seguro se sentían muy seguros de que nadie
los podía vencer. Es importante recordar que estas
ciudades se habían entregado al pecado y por eso Dios se
las había entregado a Israel.
En el caso de Jericó, Dios le pidió a Josué que la
enfrentara con instrumentos musicales. La alabanza a Dios
es una poderosa arma espiritual para pelear batallas. Josué
debió utilizar la fe en obediencia a la palabra de Dios, pues
no es fácil enfrentar enemigos armados con música. Ese es
59
un reto de fe muy difícil, pues humanamente, es
entregarse a la muerte.
El milagro debía ser mayor de lo usual, los muros no
sólo tenían que derribarse, debían hundirse para que el
pueblo pudiese pasar a tomar la ciudad. Los ángeles de
Dios debieron hacer este trabajo. El pueblo solo tenía que
obedecer a Dios, tocar las trompetas, dar siete vueltas y
gritar. “Sin fe es imposible agradar a Dios.
60
Capítulo – 4 –
LA FE EN EL MINISTERIO DE JESÚS
____________________________________________________
I. LOS MILAGROS EN EL MINISTERIO DE JESÚS
En la Biblia hay casos sorprendentes del uso de la fe que
fueron escritos para inspirarnos a creer en Dios:
“Porque las cosas que se escribieron antes, para nuestra
enseñanza se escribieron, a fin de que por la paciencia
y la consolación de las Escrituras, tengamos esperanza”
(Ro. 15: 4).
a. Dos ciegos reciben la vista
En el caso de los dos ciegos que se acercaron a Jesús para
que les sanara, Él les dijo: “¿Creéis que puedo hacer esto?”
Ellos respondieron que sí. Y Jesús les respondió:
“Conforme a vuestra fe os sea hecho”.
Es importante analizar la respuesta de Jesús. Él,
primero hace una declaración: “Conforme a vuestra fe os
sea hecho” y luego les tocó los ojos. Jesús quiso decir: Si en
verdad ustedes creen recibirán la vista; si no, nada ocurriría.
Otra versión señala: “Hágase en ustedes según su fe”
(NBLH). La sanidad reveló que estos ciegos creían, pues
recibieron la vista. Ellos debieron creer; antes de ver.
61
”Pasando Jesús de allí, le siguieron dos ciegos, dando
voces y diciendo: !Ten misericordia de nosotros, Hijo
de David! Y llegado a la casa, vinieron a él los ciegos; y
Jesús les dijo: ¿Creéis que puedo hacer esto? Ellos
dijeron: Sí, Señor. Entonces les tocó los ojos, diciendo:
Conforme a vuestra fe os sea hecho. Y los ojos de ellos
fueron abiertos. Y Jesús les encargó rigurosamente,
diciendo: Mirad que nadie lo sepa” (Mt. 9: 27-30).
Si ellos no hubiesen creído, aunque Jesús les hubiese
tocado, no habrían recibido la vista. Dios hace los milagros
por amor a la humanidad. Pero, nuestra falta de fe puede
limitar la manifestación del poder de Dios a nuestro favor.
b. La resurrección de Lázaro
En el caso de Lázaro, Jesús había sido avisado de la
enfermedad; pero no fue inmediatamente, sino hasta que
Lázaro murió. Jesús supo por el espíritu que Lázaro había
muerto, y les dijo a sus discípulos que se sentía alegre de
que ellos no estuviesen en casa de Marta y Lázaro para que
confirmaran lo que él les había dicho y al ver la
resurrección de Lázaro, su fe fuese aumentada.
Cuando Jesús se encontró con Marta y María, ambas le
dijeron las mismas palabras: “Si hubieses estado aquí, mi
hermano no habría muerto”. Quizá por eso Jesús tenía tan
buena amistad con ellos, porque creían en Él. No obstante,
ellos habían visto milagros de sanidad, no de resurrección.
62
Cuando Jesús ve a Marta, le dice que Lázaro resucitará,
pero ella cree que sería en la resurrección de los muertos
en Cristo. Y cuando está en la tumba le pide a María que
quite la piedra del sepulcro. Ella se resiste, señalando que
tiene cuatro días de muerto. Mas el responde: “No te he
dicho que si crees verás la gloria de Dios”. En su respuesta,
Jesús confirma que para ver la gloria de Dios, hay que
creer primero:
”Dijo Jesús: Quitad la piedra. Marta, la hermana del
que había muerto, le dijo: Señor, hiede ya, porque es de
cuatro días. Jesús le dijo: ¿No te he dicho que si crees,
verás la gloria de Dios?” (Jn. 11: 39-40).
c. Un padre pide por la liberación de su hijo
Un padre se acercó desesperado a Jesús, pidiendo que
liberara a su hijo de una posesión demoníaca:
”Jesús le dijo: Si puedes creer, al que cree todo le es
posible. E inmediatamente el padre del muchacho
clamó y dijo: Creo; ayuda mi incredulidad” (Mr. 9: 2324).
Jesús le hacía ver a la gente que los milagros procedían de
su poder, pero estaban condicionados a la fe de ellos. Este
hombre está desesperado por su hijo y a pesar de su poca
fe, es sincero. Es obvio que el hombre tenía fe, por eso vino
a Jesús; pero su fe claudicaba, no era tan fuerte, por eso le
dice a Jesús: “Ayuda mi incredulidad”.
63
La fe es la llave que abre las puertas de los milagros. Por el
contrario, la incredulidad estorba la obra de Dios. Jesús
exhortó a sus discípulos porque no creyeron a los que le
habían visto resucitado, sino hasta que ellos le vieron:
”Finalmente se apareció a los once mismos, estando
ellos sentados a la mesa, y les reprochó su incredulidad
y dureza de corazón, porque no habían creído a los que
le habían visto resucitado” (Mr. 16: 14).
Jesús no hizo milagros en ciertas ciudades a causa de la
incredulidad de la gente:
“Y no hizo allí muchos milagros, a causa de la
incredulidad de ellos” (Mt. 13: 58).
d. La sanidad de los diez leprosos
Este caso de los diez leprosos es sorprendente y
aleccionador en cuanto a la fe. Ellos claman a Jesús que les
limpie de la lepra. Él, ni siquiera ora o les pone las manos
encima, pues todo lo que necesita es la fe de ellos, por eso
les responde que solamente se presenten al sacerdote.
Este era un gran reto de fe, pues ni siquiera les sanó y
ahora les manda presentarse primero al sacerdote. Los
leprosos no podían ni siquiera entrar al templo a causa de
su enfermedad; pero ellos fueron en obediencia, por la fe.
Talvez algunos discutirían en el camino si aquello era
correcto. Pero la obediencia les devino en sanidad, pues
64
cuando iban por el camino todos fueron sanados de la
lepra:
“Y al entrar en una aldea, le salieron al encuentro diez
hombres leprosos, los cuales se pararon de lejos y
alzaron
la
voz,
diciendo:
!Jesús,
Maestro,
ten
misericordia de nosotros! Cuando él los vio, les dijo: Id,
mostraos a los sacerdotes. Y aconteció que mientras
iban, fueron limpiados. Entonces uno de ellos, viendo
que había sido sanado, volvió, glorificando a Dios a
gran voz” (Lc. 17: 12-15).
No obstante, solo uno de los diez leprosos regresó a dar
gracias a Jesús; pero este recibió también, su salvación. Los
cristianos no deben enfocarse más en la sanidad divina,
que en la salvación del alma. Es preferible que alguien
muera en Cristo y no que su alma se pierda eternamente.
65
66
Capítulo – 5 –
FE SIN LÍMITES
____________________________________________________
I. TESTIMONIOS BÍBLICOS DE FE
a. La fe osada de una mujer cananea
A veces la necesidad se convierte en ingenio y espíritu de
lucha. Por eso, Dios mueve su mano entre los más
necesitados, pues no tienen otro recurso más que clamar a
Él, por un milagro. En la Biblia encontramos el caso de una
mujer cananea, quien no se rindió ante la adversidad:
”Saliendo Jesús de allí, se fue a la región de Tiro y de
Sidón. Y he aquí una mujer cananea que había salido
de aquella región clamaba, diciéndole: !Señor, Hijo de
David, ten misericordia de mí! Mi hija es gravemente
atormentada por un demonio. Pero Jesús no le
respondió
palabra.
Entonces
acercándose
sus
discípulos, le rogaron, diciendo: Despídela, pues da
voces tras nosotros. El respondiendo, dijo: No soy
enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel.
Entonces ella vino y se postró ante él, diciendo: !Señor,
socórreme! Respondiendo él, dijo: No está bien tomar
el pan de los hijos, y echarlo a los perrillos. Y ella dijo:
Sí, Señor; pero aun los perrillos comen de las migajas
67
que caen de la mesa de sus amos. Entonces
respondiendo Jesús, dijo: Oh mujer, grande es tu fe;
hágase contigo como quieres. Y su hija fue sanada
desde aquella hora” (Mt. 15: 21-28).
En un principio, pareciera que Jesús ignoraba el clamor de
la mujer cananea. Pero, en otros casos bíblicos se nota que
esa actitud de Jesús, era para probar la fe de los que le
buscaban. Tal es el caso de la tempestad en la barca, donde
Jesús dormía plácidamente, mientras sus discípulos se
sentían al borde de la muerte. A veces, Dios se queda en
silencio ante nuestras peticiones, pero no es que no las
escuche, solo está probando nuestra fe, que es requerida
para que Él obre a nuestro favor (Hb. 11:6).
Los discípulos le pidieron a Jesús que despidieran la
mujer. Esta era una actitud de reprensión, ya que se
consideraba irrespetuoso que una mujer le estuviera
gritando a un Rabí y menos en público. Pero, a ella no le
importó el rechazo, solo quería un milagro.
Jesús le dio la razón por la cual no escuchaba su
petición. Él vino primero a Israel para cumplir la promesa
hecha a la descendencia de Abraham. Y esta mujer era
extranjera. Pero ella no se rindió. Le dijo a Jesús que aún
los perros comían de las migajas que caen de la mesa de
sus dueños.
Jesús se conmovió con la fe la mujer, exclamando: “Oh
mujer, grande es tu fe”. En aquella misma hora le concedió
68
la liberación de su hija que estaba endemoniada. Una fe
inquebrantable mueve la mano de Dios, aunque las
circunstancias sean adversas. Nada es imposible para Dios.
b. Un hombre desesperado le cree a Jesús
Un oficial del rey tenía su hijo a punto de morir. Este vino
a Jesús pidiéndole que fuese a su casa para que sanara su
hijo:
”Vino, pues, Jesús otra vez a Caná de Galilea, donde
había convertido el agua en vino. Y había en
Capernaum un oficial del rey, cuyo hijo estaba
enfermo. Este, cuando oyó que Jesús había llegado de
Judea a Galilea, vino a él y le rogó que descendiese y
sanase a su hijo, que estaba a punto de morir. Entonces
Jesús le dijo: Si no viereis señales y prodigios, no
creeréis. El oficial del rey le dijo: Señor, desciende
antes que mi hijo muera. Jesús le dijo: Ve, tu hijo vive.
Y el hombre creyó la palabra que Jesús le dijo, y se fue.
Cuando ya él descendía, sus siervos salieron a recibirle,
y le dieron nuevas, diciendo: Tu hijo vive. Entonces él
les preguntó a qué hora había comenzado a estar mejor.
Y le dijeron: Ayer a las siete le dejó la fiebre. El padre
entonces entendió que aquella era la hora en que Jesús
le había dicho: Tu hijo vive; y creyó él con toda su casa.
Esta segunda señal hizo Jesús, cuando fue de Judea a
Galilea” (Jn. 4: 43-54).
69
Jesús no descendió con el hombre, solo le dijo que volviera
a su casa que su hijo vivía. De regreso a su casa sus criados
le vinieron a encontrar y le dieron la buena noticia de que
su hijo vivía. El padre preguntó a sus criados, a qué hora
se había sentido mejor su hijo. Ellos respondieron que a las
siete. El hombre comprobó que a esa hora Jesús había dado
la orden de sanidad. En muchas ocasiones todo lo que
Jesús le dio a la gente fue una palabra, ellos solo debían
creerla.
c. La fe determina el milagro
Durante una hambruna que azotó a Israel, a causa de su
pecado, el profeta Eliseo profetizó que al siguiente día
habría comida y que estaría bien barata:
”Dijo entonces Eliseo: Oíd palabra de Jehová: Así dijo
Jehová: Mañana a estas horas valdrá el seah de flor de
harina un siclo, y dos seahs de cebada un siclo, a la
puerta de Samaria” (2 R. 7: 1).
Pero un príncipe fue incrédulo y señaló que: Eso solo sería
posible si Dios hacia una ventana en los cielos:
”Y un príncipe sobre cuyo brazo el rey se apoyaba,
respondió al varón de Dios, y dijo: Si Jehová hiciese
ahora ventanas en el cielo, ¿sería esto así?” (2 R. 7: 2a).
Eliseo le respondió que el vería el milagro, pero que no lo
disfrutaría, a causa de su incredulidad:
70
“Y él dijo: He aquí tú lo verás con tus ojos, mas no
comerás de ello” (2 R. 7: 2b).
Al siguiente día, el príncipe incrédulo fue atropellado en la
entrada de la ciudad siria, que había sido abandonada por
un temor enviado de parte de Dios:
”Y el rey puso a la puerta a aquel príncipe sobre cuyo
brazo él se apoyaba; y lo atropelló el pueblo a la
entrada, y murió, conforme a lo que había dicho el
varón de Dios, cuando el rey descendió a él” (2 R. 7: 17).
En un caso similar, pero con un desenlace diferente,
cuando el profeta Elías llegó a casa de una viuda que
estaba recogiendo leña para hacer su última comida con la
harina que le quedaba a causa de la hambruna, el profeta
le pidió que le hiciera a él primero con la promesa de que
la harina no escasearía. Era un reto creer en esas
condiciones.
La viuda pudo pensar que el profeta se quería
aprovechar de ella, pero tuvo fe para creer que Dios
cumpliría la palabra del profeta. Obviamente, Elías era un
profeta que se había ganado el respeto del pueblo.
Lo importante es que ella creyó y primero le sirvió de
comer a Elías. La Biblia señala que la harina y el aceite se
multiplicaron (1 R. 17: 8: 16). Dios honró la fe de aquella
humilde mujer.
71
II. EL PODER DE LA PALABRA DE DIOS
a. El poder del nombre de Jesús
Desde el principio, Dios con el poder de las palabras de su
boca creó, de sí mismo, el universo:
”Por la fe entendemos haber sido constituido el
universo por la palabra de Dios, de modo que lo que se
ve fue hecho de lo que no se veía” (Hb. 11: 3).
La palabra de Dios es viva y tiene poder en sí misma para
obrar lo que Dios ordene, en su voluntad:
”Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más
cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta
partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los
tuétanos,
y
discierne
los
pensamientos
y
las
intenciones del corazón” (Hb. 4: 12).
El poder de la palabra de Dios, ha sido revelado a la Iglesia
por medio del nombre de Jesús, quien tiene toda potestad
en el cielo y en la tierra:
”Y Jesús se acercó y les habló diciendo: Toda potestad
me es dada en el cielo y en la tierra” (Mt. 28: 18).
A Jesús se sujeta toda la creación, porque a Dios le plugo
vaciar su plenitud en Él:
”Él es la imagen del Dios invisible, el primogénito de
toda creación. Porque en él fueron creadas todas las
cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la
tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios,
72
sean principados, sean potestades; todo fue creado por
medio de él y para él. Y él es antes de todas las cosas, y
todas las cosas en él subsisten; y él es la cabeza del
cuerpo que es la iglesia, él que es el principio, el
primogénito de entre los muertos, para que en todo
tenga la preeminencia; por cuanto agradó al Padre que
en él habitase toda plenitud” (Col. 1: 15-19).
Es importante conocer lo poderosa que es la revelación del
nombre de Jesús. Esta autoridad la ganó Jesús a causa de
su obediencia al Padre durante estuvo en la tierra, siendo
fiel hasta su muerte en la cruz. Por esa razón, el Padre le
dio un nombre a Jesús, que es sobre todo nombre:
”Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le
dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en
el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que
están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y
toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para
gloria de Dios Padre” (Fil. 2: 9-11).
Los poderes de las tinieblas, y la creación entera, solo
obedecen al nombre de Jesús. Es en el nombre de Jesús que
debemos pedir todas las cosas, para que Dios obre:
”De cierto, de cierto os digo: El que en mí cree, las
obras que yo hago, él las hará también; y aún mayores
hará, porque yo voy al Padre. Y todo lo que pidiereis al
Padre en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea
73
glorificado en el Hijo. Si algo pidiereis en mi nombre,
yo lo haré” (Jn. 14: 12-14).
b. Jesús; nombre sobre todo nombre
Jesús usó el poder de su palabra durante su ministerio
terrenal para sanar, hacer milagros, y resucitar a los
muertos. Siendo Dios encarnado, Jesús afirmó su poder de
dar vida a los muertos en su nombre:
”Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que
cree en mí, aunque esté muerto, vivirá” (Jn. 11: 25).
Es en el nombre de Jesús, que la iglesia debe actuar en la
tierra. Ningún cristiano puede hacer alguna obra en el
reino de Dios, si no es en el nombre de Jesús.
Jesús enseñó que en su nombre debíamos pedir al
Padre y haríamos las mismas obras que Él hizo en la tierra.
Y aún mayores, porque el pediría al Padre por nosotros:
”De cierto, de cierto os digo: El que en mí cree, las
obras que yo hago, él las hará también; y aún mayores
hará, porque yo voy al Padre. Y todo lo que pidiereis al
Padre en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea
glorificado en el Hijo. Si algo pidiereis en mi nombre,
yo lo haré” (Jn. 14: 13).
Jesús demostró tener autoridad sobre la creación. En una
ocasión mandó a los vientos y al mar a que se calmaran, y
estos obedecieron a su voz:
74
”Aconteció un día, que entró en una barca con sus
discípulos, y les dijo: Pasemos al otro lado del lago. Y
partieron. Pero mientras navegaban, él se durmió. Y se
desencadenó una tempestad de viento en el lago; y se
anegaban y peligraban. Y vinieron a él y le despertaron,
diciendo:
!Maestro,
Maestro,
que
perecemos!
Despertando él, reprendió al viento y a las olas; y
cesaron, y se hizo bonanza. Y les dijo: ¿Dónde está
vuestra fe? Y atemorizados, se maravillaban, y se
decían unos a otros: ¿Quién es éste, que aun a los
vientos y a las aguas manda, y le obedecen?” (Lc. 8: 2225).
Jesús, nuevamente exhortó a sus discípulos por su
incredulidad, pues al ver la tempestad tambalearon en su
fe; aun sabiendo que Jesús estaba con ellos en la barca.
Seguramente, los discípulos habían visto milagros; pero,
no sabían que Jesús tiene poder sobre toda la creación.
Ellos quedaron asombrados, al ver que los vientos le
obedecieron.
En otra ocasión Jesús tenía hambre y se acercó a una
higuera para comer de sus frutos, pero era estéril. Entonces
la maldijo y la higuera se secó7:
Maldecir. En este contexto se refiere a una palabra
de juicio proferida por Jesús: “Nunca jamás nazca de ti
fruto”. Este pasaje podría dar ocasión para creer que
algunos cristianos pueden maldecir a las personas; pero,
de acuerdo a la Biblia, el cristiano tiene prohibido maldecir
7
75
”Por la mañana, volviendo a la ciudad, tuvo hambre. Y
viendo una higuera cerca del camino, vino a ella, y no
halló nada en ella, sino hojas solamente; y le dijo:
Nunca jamás nazca de ti fruto. Y luego se secó la
higuera.
Viendo
esto
los
discípulos,
decían
maravillados: ¿Cómo es que se secó en seguida la
higuera?” (Mt. 21: 18-20).
Lo discípulos al confirmar después que la higuera se secó,
asombrados se preguntaban cómo había sucedido tal
milagro. Jesús respondió:
”Respondiendo Jesús, les dijo: De cierto os digo, que si
tuviereis fe, y no dudareis, no sólo haréis esto de la
higuera, sino que si a este monte dijereis: Quítate y
échate en el mar, será hecho. Y todo lo que pidiereis en
oración, creyendo, lo recibiréis” (Mt. 21: 18-22).
Jesús les explicó que todo había sido hecho a través de la fe
y les exhortó a creer, sin dudar; para que todo lo que
pidieran en oración, creyendo lo recibieran. No basta orar,
la oración debe ir acompañada de la fe.
La fe es la seguridad de que Dios responderá nuestras
peticiones, antes de que suceda. Eso es verdadera fe.
al prójimo: “Bendecid a los que os persiguen; bendecid, y
no maldigáis” (Ro. 12:14). Jesús maldijo un árbol; no a las
personas. El mismo prohibió maldecir: “Bendecid a los que
os maldicen, y orad por los que os calumnian” (Lc. 6:28).
76
c. Jesús resucita al hijo de la viuda de Naín
Justamente, cuando Jesús entraba a la ciudad de Naín, una
procesión de gente se dirigía al cementerio a enterrar al
hijo de una viuda. En Israel, las viudas eran muy sufridas,
pues eran totalmente dependientes de sus maridos para
subsistir. La esperanza de esta mujer era que su único hijo
le ayudara a sustentarse, pero este había muerto:
”Cuando llegó cerca de la puerta de la ciudad, he aquí
que llevaban a enterrar a un difunto, hijo único de su
madre, la cual era viuda; y había con ella mucha gente
de la ciudad” (Lc. 17: 12).
Jesús se conmovió al ver en llanto de la mujer, pues
interpreta su profundo dolor de haber perdido a su marido
y ahora enfrentaba la muerte de su único hijo. Jesús le da
palabras de aliento, señalando: “No llores”, con la
convicción de que su alegría le sería devuelta:
”Y cuando el Señor la vio, se compadeció de ella, y le
dijo: No llores” (Lc. 17: 13).
En seguida, Jesús extendió su mano para tocar el féretro e
inmediatamente usó el poder de sus palabras, ordenando
al cuerpo muerto que recobrara la vida:
”Y acercándose, tocó el féretro; y los que lo llevaban se
detuvieron. Y dijo: Joven, a ti te digo, levántate” (Lc. 17:
14).
77
Instantáneamente, el alma escuchó la poderosa voz de
Jesús y volvió a su cuerpo. El joven resucitó, habló, y Jesús
se lo entregó vivo a su madre:
”Entonces se incorporó el que había muerto, y comenzó
a hablar. Y lo dio a su madre” (Lc. 17: 14-15).
d. “Talita cumi”: El poder de la resurrección
Un hombre principal de la sinagoga (templos donde los
judíos aprendían la ley) llamado Jairo, vino a Jesús y
postrado, en señal de humillación, le rogaba que fuese a su
casa y pusiera sus manos sobre hija agonizante, para que
viviera, Marcos 5: 22- 43:
”Y vino uno de los principales de la sinagoga, llamado
Jairo; y luego que le vio, se postró a sus pies, y le
rogaba mucho, diciendo: Mi hija está agonizando; ven
y pon las manos sobre ella para que sea salva, y vivirá”.
Jesús accedió ir; pero justamente, mientras iba a casa de
Jairo, una mujer le interrumpió en el camino. Esta padecía
de flujo de sangre desde hacía doce años y había gastado
todo su dinero en los médicos, pero no la habían sanado.
Esta mujer era considerada impura según la Ley, a causa
de su condición de flujo de sangre (Lv. 15: 19-31). Ella
sabía que no se podía acercar a Jesús y menos tocar sus
vestiduras; pero era más grande su fe y necesidad de
sanidad que los obstáculos. Ella creía que si solo tocaba el
78
manto de Jesús se sanaría; pero, debía hacerlo sin que lo
notara la gente:
”Fue, pues, con él; y le seguía una gran multitud, y le
apretaban. Pero una mujer que desde hacía doce años
padecía de flujo de sangre, y había sufrido mucho de
muchos médicos, y gastado todo lo que tenía, y nada
había aprovechado, antes le iba peor, cuando oyó
hablar de Jesús, vino por detrás entre la multitud, y
tocó su manto. Porque decía: Si tocare tan solamente su
manto, seré salva”.
El plan funcionó a la perfección. Ella tocó el manto de
Jesús, sin que nadie lo notara, pero Jesús sintió que virtud
había salido de Él, cuando alguien le tocó. Él no quería
delatar a la mujer, solo quería hacer notoria su fe y
confirmarle su sanidad. La mujer, aunque ya tenía su
milagro de sanidad, que ocurrió instantáneamente al tocar
el manto de Jesús, ahora temía por su vida al ser
descubierta:
”Y en seguida la fuente de su sangre se secó; y sintió en
el cuerpo que estaba sana de aquel azote. Luego Jesús,
conociendo en sí mismo el poder que había salido de
él, volviéndose a la multitud, dijo: ¿Quién ha tocado
mis vestidos? Sus discípulos le dijeron: Ves que la
multitud te aprieta, y dices: ¿Quién me ha tocado? Pero
él miraba alrededor para ver quién había hecho esto.
Entonces la mujer, temiendo y temblando, sabiendo lo
79
que en ella había sido hecho, vino y se postró delante
de él, y le dijo toda la verdad. Y él le dijo: Hija, tu fe te
ha hecho salva; ve en paz, y queda sana de tu azote”.
En ocasiones Dios prueba nuestra fe. Retornado al caso de
Jairo, Jesús probó su fe. Este hombre vino desesperado
ante Jesús porque a su hija le quedaban minutos de vida.
Lo peor que le pudo pasar fue que aquella mujer
interrumpió a Jesús en su camino y la peor noticia le llegó
a Jairo: Tu hija ha muerto. No molestes más al maestro:
”Mientras él aún hablaba, vinieron de casa del
principal de la sinagoga, diciendo: Tu hija ha muerto;
¿para qué molestas más al Maestro?”.
Jesús sabia lo urgente de la petición de Jairo y no fue
indiferencia o desconocimiento lo que lo detuvo. Él sabía
bien que la joven moriría; pero, también sabía que le
resucitaría, por eso dejó correr el tiempo. Adelantando el
milagro de resurrección, Jesús le dice a Jairo que no tema,
que crea solamente:
”Pero Jesús, luego que oyó lo que se decía, dijo al
principal de la sinagoga: No temas, cree solamente”.
Jesús no obra donde hay incredulidad, por esa razón, solo
permitió que algunos de sus discípulos y los padres de la
niña entraran en la casa.
”Y no permitió que le siguiese nadie sino Pedro,
Jacobo, y Juan hermano de Jacobo”.
80
La niña había muerto y Jesús les dice que no está muerta,
que solamente duerme. Esto causó la burla en los
presentes:
”Y vino a casa del principal de la sinagoga, y vio el
alboroto y a los que lloraban y lamentaban mucho. Y
entrando, les dijo: ¿Por qué alborotáis y lloráis? La niña
no está muerta, sino duerme. Y se burlaban de él”.
Jesús entró donde estaba la niña muerta y tomándola de la
mano dijo: “Talita cumi”. Es decir: “Niña levántate; y la niña
volvió a la vida en obediencia a la voz Jesús”:
“Mas él, echando fuera a todos, tomó al padre y a la
madre de la niña, y a los que estaban con él, y entró
donde estaba la niña. Y tomando la mano de la niña, le
dijo: Talita cumi; que traducido es: Niña, a ti te digo,
levántate. Y luego la niña se levantó y andaba, pues
tenía doce años. Y se espantaron grandemente”.
Ahora los incrédulos estaban espantados. Es triste señalar,
pero el incrédulo se torna más incrédulo, pues al no creer
primero, se limita de ver el poder de Dios manifestado a su
favor. Es una ley del reino de Dios: Hay que creer primero,
antes de ver su poder.
81
III. EN EL NOMBRE DE JESÚS
a. Los apóstoles usaron la autoridad del nombre de Jesús
Los discípulos de Jesús se asombraban de la autoridad de
su nombre. Cuando Jesús les envió a predicar, les dio
autoridad para usar su nombre y los demonios obedecían:
”Volvieron los setenta con gozo, diciendo: Señor, aun
los demonios se nos sujetan en tu nombre. Y les dijo:
Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo. He aquí
os doy potestad de hollar serpientes y escorpiones, y
sobre toda fuerza del enemigo, y nada os dañará” (Lc.
10: 17-19).
Jesús les reveló el poder de su nombre a sus discípulos:
”Y estas señales seguirán a los que creen: En mi
nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas
lenguas; tomarán en las manos serpientes, y si bebieren
cosa mortífera, no les hará daño; sobre los enfermos
pondrán sus manos, y sanarán” (Mr. 16: 17-18).
El Padre le dio a Jesús, un nombre que es sobre todo
nombre que hay en el cielo, la tierra, y debajo de la tierra:
“
Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le
dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en
el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que
están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y
toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para
gloria de Dios Padre” (Fil. 2: 9-11).
82
Al nombre de Jesús están sujetas todas las cosas creadas,
sean visibles (físicas) o invisibles (espirituales):
”Él es la imagen del Dios invisible, el primogénito de
toda creación. Porque en él fueron creadas todas las
cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la
tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios,
sean principados, sean potestades; todo fue creado por
medio de él y para él. Y Él es antes de todas las cosas, y
todas las cosas en Él subsisten; y Él es la cabeza del
cuerpo que es la iglesia, él que es el principio, el
primogénito de entre los muertos, para que en todo
tenga la preeminencia; por cuanto agradó al Padre que
en él habitase toda plenitud” (Col. 1: 15-19).
b. Usando el nombre de Jesús correctamente
El nombre de Jesús se tornó tan popular en sus días, que
algunos discípulos que no eran del equipo del ministerio
de Jesús, también liberaban a la gente en su nombre:
”Juan le respondió diciendo: Maestro, hemos visto a
uno que en tu nombre echaba fuera demonios, pero él
no nos sigue; y se lo prohibimos, porque no nos seguía.
Pero Jesús dijo: No se lo prohibáis; porque ninguno
hay que haga milagro en mi nombre, que luego pueda
decir mal de mí” (Mr. 9: 38-39).
Los apóstoles, celosos de su maestro, prohibieron a otros
usar el nombre de Jesús; solamente porque no andaba con
83
ellos. Este discípulo que echaba fuera demonios en el
nombre de Jesús, no era parte del equipo ministerial de
Jesús. No porque no quisiera, quizá Jesús lo había enviado
a alcanzar a otra gente para el reino. Pero le amaba y le
obedecía, por eso los demonios se sujetaban cuando
pronunciaba el nombre de Jesús; Jesús exhortó a sus
apóstoles que no le impidieran usar su nombre, porque le
amaba y era digno de usarlo.
Lo importante de este pasaje es hacer notar como el
nombre de Jesús es la única y suficiente arma que posee la
iglesia, para sanar y liberar a la humanidad.
En otro caso bíblico, hombres atrevidos y pecadores,
trataron de usar el nombre de Jesús, pero quedaron
avergonzados porque no vivían una vida en santidad:
”Pero algunos de los judíos, exorcistas ambulantes,
intentaron invocar el nombre del Señor Jesús sobre los
que tenían espíritus malos, diciendo: Os conjuro por
Jesús, el que predica Pablo. Había siete hijos de un tal
Esceva, judío, jefe de los sacerdotes, que hacían esto.
Pero respondiendo el espíritu malo, dijo: A Jesús
conozco, y sé quién es Pablo; pero vosotros, ¿quiénes
sois? Y el hombre en quien estaba el espíritu malo,
saltando sobre ellos y dominándolos, pudo más que
ellos, de tal manera que huyeron de aquella casa
desnudos y heridos” (Hch. 19: 13-16).
84
El nombre de Jesús no es una palabra mágica que se pueda
usar al antojo. Jesús es una persona con la que hay que
gozar de comunión para que se pueda manifestar su poder
y gozar el derecho de usar su santo nombre.
Al ver el poder de Dios manifestado, Simón el mago se
convirtió al Evangelio; pero cuando vio que los apóstoles
de Jesús imponían sus manos sobre los discípulos y
recibían el Espíritu Santo, les ofreció dinero para tener ese
poder. Pedro le reprendió duramente y le exhortó que
pidiera perdón por ese pensamiento:
“Cuando vio Simón que por la imposición de las
manos de los apóstoles se daba el Espíritu Santo, les
ofreció dinero, diciendo: Dadme también a mí este
poder, para que cualquiera a quien yo impusiere las
manos reciba el Espíritu Santo. Entonces Pedro le dijo:
Tu dinero perezca contigo, porque has pensado que el
don de Dios se obtiene con dinero. No tienes tú parte
ni suerte en este asunto, porque tu corazón no es recto
delante de Dios. Arrepiéntete, pues, de esta tu maldad,
y ruega a Dios, si quizá te sea perdonado el
pensamiento de tu corazón; porque en hiel de amargura
y en prisión de maldad veo que estás. Respondiendo
entonces Simón, dijo: Rogad vosotros por mí al Señor,
para que nada de esto que habéis dicho venga sobre mí.
Y ellos, habiendo testificado y hablado la palabra de
Dios,
se
volvieron
a
Jerusalén,
85
y
en
muchas
poblaciones
de
los
samaritanos
anunciaron
el
Evangelio” (Hch. 8: 18-25).
c. Milagros en el nombre de Jesús
Después de la partida de Jesús al cielo, sus discípulos
comenzaron a tener una mayor revelación del poder de su
nombre y repitieron las maravillas que Jesús hizo durante
su ministerio. Pedro usó su fe en Jesús para resurrección
de muertos, como el caso de Tabita, a quien ya la velaban:
”Había entonces en Jope una discípula llamada Tabita,
que traducido quiere decir, Dorcas. Esta abundaba en
buenas obras y en limosnas que hacía. Y aconteció que
en aquellos días enfermó y murió. Después de lavada,
la pusieron en una sala” (Hch. 9: 36-37).
Si bien, Pedro usa su fe, hay que señalar que él fue dirigido
por el Espíritu Santo para hacer esta oración de
resurrección. Como dijimos anteriormente, no basta la fe,
hay que actuar en obediencia a Dios y eso se aprende con
el tiempo, mediante el ejercicio de la fe.
Pedro usó su fe, y es evidente, porque primero habló al
cuerpo muerto, diciendo: ¡Levántate! Y ella se incorporó:
”Entonces, sacando a todos, Pedro se puso de rodillas y
oró; y volviéndose al cuerpo, dijo: Tabita, levántate. Y
ella abrió los ojos, y al ver a Pedro, se incorporó. Y él,
dándole la mano, la levantó; entonces, llamando a los
santos y a las viudas, la presentó viva” (Hch. 9: 40-41).
86
Capítulo – 6 –
FE EN LA PALABRA DE DIOS
____________________________________________________
I. EL SECRETO DE LA FE DEL CENTURIÓN
a. Una fe con motivaciones correctas
La palabra centurión, se refiere a un jefe militar a cargo de
cien y hasta mil personas; en tiempo de los romanos este
número de soldados podía variar, pero el título se refería a
un capitán del ejército.
El relato del centurión es fascinante, porque él posee
unas características como individuo en la formación de su
vida, que lo hicieron merecedor de halagos por parte de
nuestro Señor Jesús, quién refiriéndose al centurión, dijo:
“Os digo que ni aún en Israel he hallado tanta fe”.
¿Cuál fue el secreto de la fe del Centurión? Existen
elementos de formación en su vida que llevaron al
centurión a desarrollar una fe inquebrantable. En primer
lugar, el centurión tenía una motivación correcta cuando
pidió a Jesús que sanara a su siervo:
“Y el siervo de un centurión, a quién este quería
mucho, estaba enfermo y a punto de morir” (Lc. 7: 2).
Este centurión quién era un hombre gentil, y capitán del
ejército romano, fue movido a misericordia por un amor
87
desinteresado para rogar a Jesús por la sanidad de su
criado. Es muy importante la razón que nos motiva a
pedirle a Dios, no solamente la fe.
El centurión le pidió directamente a Jesús cuando
estaba en la tierra. Eso equivale a la oración que los
cristianos deben hacer al Padre en el nombre de Jesús en la
actualidad, porque ahora Jesús está a la diestra del Padre
(Mr. 16: 19).
Este centurión se despojó de su posición de autoridad
para humillarse delante de Jesús, esto no era fácil, ya que
por su rango de autoridad en el gobierno romano pudo ser
acusado de traición por reconocer a Jesús como el Mesías
de Israel.
Pero el centurión arriesgó todo por amor a su prójimo,
sin pensar en su posición militar ni en las consecuencias de
su decisión, basada en sus convicciones de fe. Todo acto
de fe, debe tener motivos justos, basados en el amor a Dios
y al prójimo.
b. El amor es la base de una fe productiva
El siervo del centurión era un esclavo y en ese momento de
la historia lo más fácil para el centurión era comprarse otro
esclavo y el problema se solucionaba.
Para este esclavo no existía posibilidad alguna de
salvación. Lo único que poseía, era el derecho de servir a
su amo; y ahora ni eso podía hacer, porque estaba
88
paralítico, y además (según el relato), estaba atormentado
por fuertes dolores en su cuerpo que lo angustiaban:
“Señor mi criado está postrado en casa, paralítico,
gravemente atormentado” (Mt. 8: 6).
Este centurión se preocupó por su siervo. El amor fue
su motivación, no solo su fe. Por amor le pidió a Jesús que
le sanara a su siervo:
“Cuando el centurión oyó hablar de Jesús, le envió
unos ancianos de los judíos, rogándole que viniese y
sanase a su siervo. Y ellos vinieron a Jesús y le rogaron
con solicitud, diciéndole: Es digno de que le concedas
esto; porque ama nuestra nación y nos edificó una
sinagoga” (Lc. 7: 3-6).
Quizás este centurión no conocía a Jesús; si no por
referencia; pero eso no detuvo su fe. Mientras los judíos le
pedían señales a Jesús para creer en Él, este gentil
reconoció a Jesús como el Mesías, aun sin conocerle.
El centurión como conocedor del judaísmo sabía que
un Rabí no se podía contaminar entrando en la casa de un
gentil (considerados inmundos para los israelitas), y por esa
razón envió unos ancianos judíos para que intercedieran
ante Jesús por su criado. Estos ancianos eran autoridades
judías, los cuales daban testimonio de las obras y del amor
que el centurión había mostrado hacia los judíos.
Jesús partió a la casa del centurión:
89
“Y Jesús fue con ellos. Pero cuando ya no estaban lejos
de la casa, el centurión envió a él unos amigos,
diciéndole: Señor, no te molestes, pues no soy digno
que entres bajo mi techo; por lo que ni aun me tuve por
digno de venir a ti; pero di la palabra, y mi siervo será
sano” (Lc. 7: 6-7).
Este centurión reconoció su condición de pecador y la
grandeza de Cristo, a quién no se consideraba digno de
recibir en su casa. El respeto por Jesús y el deseo de que no
se contaminara motivaron a este hombre a no recibir a
Jesús. La fe de este hombre era tan grande, que le pidió a
Jesús que no entrara en su casa, que solo ordenara la
sanidad con el poder de su palabra y su criado sanaría.
c. La obediencia y el conocimiento de la autoridad
producen fe en el cristiano
Entramos en una parte interesante del relato de la vida del
centurión, porque revela el secreto de su fe. Para alcanzar
la posición que tenía como centurión, es indudable que
este hombre comenzó como recluta o novato del ejército
romano y a través de disciplina y obediencia escaló
posiciones en su vida militar, como es típico en todo
ejército.
Pero la clave que da el centurión para entender su fe,
que le llevó a creer que Jesús podía sanar a su criado con
solo dar una orden, es sencilla y profunda a la vez.
90
El centurión conocía el camino de la obediencia y sabía que
la autoridad no se obtiene por saber mandar; si no por
saber obedecer.
La primera razón que dio el centurión para creer que Jesús
podía sanar su criado con solo dar la orden, no fue: “Yo
soy un hombre que sabe mandar. Sino o contrario, él dijo:
“Yo soy uno que sabe obedecer”. El concepto de autoridad
estaba claro en la mente del centurión, por eso no dudó de
la autoridad que Cristo poseía sobre todas las cosas.
El centurión primero señala: “Soy hombre puesto bajo
autoridad”, como él sabía obedecer, le era fácil entender la
autoridad de Cristo. Cuando se entiende esta verdad y se
practica, el cristiano comienza a moverse en una
dimensión de mayor fe. Quien sabe obedecer, entiende
mejor el concepto de autoridad y puede moverse con
facilidad en un mayor grado de fe.
Este centurión fue un soldado que primero aprendió a
reconocer la autoridad de sus superiores y a obedecer sus
órdenes. Él sabía que una orden solo se obedecía. Al
reconocer a Jesús como el Hijo de Dios, no le quedó duda
que Jesús podía ejercer autoridad sobre todas las cosas con
el poder de su palabra, pues él también era un hombre
puesto en autoridad y sus órdenes eran obedecidas.
Hay quienes llaman al reino de Dios, el reino al revés.
Porque en el reino del mundo escala el más bravo, pues el
fin justifica los medios. No importando a quién se tenga
91
que atropellar o llevar de encuentro, con tal de lograr sus
objetivos. Pero en el reino de Dios, el que quiera ser mayor,
debe ser el servidor de los demás (Lc. 22: 25-26) y para eso
se requiere humildad y sumisión a la autoridad.
Fe es sinónimo de obediencia. De nada serviría tener
toda la fe del mundo, sin saber obedecer. La fe se
demuestra por medio de la obediencia.
d. El centurión aprendió a ejercer autoridad como
producto de su obediencia
La obediencia conduce al reconocimiento de la autoridad.
En el reino de Dios nunca se da al revés. Saber mandar no
es sinónimo de conocer autoridad. El centurión continuó
diciendo:
“Y tengo soldados bajo mis órdenes; y digo a este: Ve, y
va; y al otro: Ven, y viene; y a mi siervo: Haz esto y lo
hace” (Lc. 7: 8b).
Como resultado de haber aprendido la obediencia, el
centurión reconoce que ahora puede ejercer autoridad.
Primero dice: “Soy hombre bajo autoridad”; y después:
“Soy hombre puesto en autoridad”. Ese es el orden
correcto. No se puede ejercer autoridad, si primero no se
aprende a obedecer. El centurión aprendió a obedecer y
por esa razón podía ejercer autoridad y pedir con fe.
92
Este conocimiento de la obediencia es lo que le permite
ejercer autoridad al cristiano. La clave de la fe del
centurión consistió en su conocimiento de la autoridad.
Para él centurión fue natural decir: “Di la palabra y será
hecho”, porque sabía que a la orden de Jesús la
enfermedad no se resistiría. Él supo reconocer la autoridad
que hay en Jesús; por eso, él dijo: “Os digo que ni aun en
Israel he hallado tanta fe” (Lc. 7: 9b).
Para que la fe produzca respuestas, el cristiano debe
ubicarse en la perspectiva correcta. Este hombre obtuvo lo
que pidió porque supo pedir. La Biblia señala:
“Y al regresar a la casa los que habían sido enviados,
hallaron sano al siervo que había estado enfermo” (Lc.
7: 10).
e. Lecciones objetivas para aprender de la fe del
centurión

No necesitó conocer a Jesús para creerle.

La motivación de su petición no fue la fama personal,
del ministerio o el reconocimiento; sino el amor por su
siervo enfermo.

Reconoció la autoridad que poseía Jesús; porque había
aprendido a reconocer la autoridad a través de su
ejercicio de la obediencia.

Demostró humildad, a pesar de ser un funcionario
muy importante del ejército romano.
93

Se sintió indigno de recibir a Jesús en su casa a pesar
de ser un fiel servidor de Dios. Tenía de que gloriarse,
pero no hizo alusión a sus obras para obtener el
beneficio de Cristo; sino que tomó como certeza de que
su petición sería contestada por su fe y amor en el
poder de Jesús.

Su petición no fue motivada para ver el poder de Dios
manifestado, sino el deseo de ver sano a su siervo.

Mostró amor por el prójimo y no pidió nada para sí
mismo.
94
II. LA CONFESIÓN DE LA PALABRA DE DIOS
a. La parte divina y la humana en la fe
Para que la fe produzca frutos se debe pedir sobre la base
de las promesas divinas escritas en la Biblia. Dios ha
dejado grandes promesas en su Palabra y son como una
chequera en blanco, lista para ser utilizada por los fieles
hijos de Dios, en el momento que se necesite.
En la dinámica de la fe, existe la parte divina y la
humana. Dios ya hizo su parte al darnos sus promesas de
bendición por medio de Cristo; pero estas promesas no se
obtendrán si el cristiano no activa su fe en el nombre de
Jesús. Jesús obtuvo todo poder al derrotar a Satanás en la
cruz y en su nombre, les dio autoridad a sus hijos para
derrotar toda fuerza del mal (Lc. 10: 19).
Al principio de la creación, Dios le asignó el reino de
esta tierra al ser humano, para que la gobernara.
Lastimosamente, Satanás se lo arrebató con engaño y
mentira. Pero Cristo, por medio de su muerte y
resurrección, ha restituido esta autoridad que ha sido
delegada a la Iglesia. Pero es necesario tomar acción para
que las promesas escritas en la Biblia sean efectivas.
Desde el principio Dios creó todas las cosas por el
poder de su Palabra. La palabra de Dios dio la orden, antes
que existiera todo lo creado. Este principio no ha
cambiado. El cristiano tiene las promesas divinas escritas
95
en la Biblia, pero debe confesarla correctamente para que
se activen a su favor. Hay que reclamar la herencia.
Dios sabía que, al dar su orden, la palabra de su boca
haría lo que le mandaba, cuando creó el universo. Dios ha
dejado escrita la palabra de su boca en la Biblia, pero el
cristiano debe confesarla y usarla de una manera correcta.
b. Llamando las cosas que no son como si fuesen
La confesión de la Palabra de Dios, se debe hacer en plena
certidumbre de fe (Hb. 10: 19-22), creyendo que será hecho.
Pablo enseñó este principio de fe, en el que Dios primero
da la palabra y llama las cosas que no son como si fuesen;
antes que existan:
“(Como está escrito: Te he puesto por padre de muchas
gentes delante de Dios, a quien creyó, el cual da vida a
los muertos, y llama las cosas que no son, como si
fuesen” (Ro. 4: 17).
Este principio está basado en lo que Dios dice. Sin Él nada
se puede hacer; por eso, es compulsorio que la fe cristiana
esté fundada sobre la base de lo que Dios ha dicho en su
Palabra. Dios ha delegado esta autoridad de su reino a la
Iglesia y cada cristiano debe declarar lo que Dios ha dicho
en su palabra para obtener las promesas y derrotar toda
obra de Satanás.
Este principio de fe fue enseñado por Cristo:
96
”Respondiendo Jesús, les dijo: Tened fe en Dios.
Porque de cierto os digo que cualquiera que dijere a
este monte: Quítate y échate en el mar, y no dudare en
su corazón, sino creyere que será hecho lo que dice, lo
que diga le será hecho. Por tanto, os digo que todo lo
que pidiereis orando, creed que lo recibiréis, y os
vendrá” (Mr. 11: 22-24).
El principio básico para reclamar las promesas divinas es
tener fe y luego pedir correctamente. Dios no necesita la fe.
Él solo declara su Palabra y es hecho. El ser humano en
cambio, debe tener fe. Pero la fe debe ir acompañada de
una declaración certera de la Palabra de Dios. Confesando
lo que se cree, antes de que se realice. Jesús dijo: “Si crees
que será hecho lo que dices, lo que digas te será hecho”.
La fe debe ir acompañada de la declaración de lo que
se quiere. La fe cobra vida por medio de la palabra. Es bien
importante notar que Jesús da por hecho que la persona
que cree a su Palabra, debe declarar con su boca que está
hecho, antes que suceda. Por eso señala que: “Si crees lo
que dices, será hecho”. Primero se debe declarar hecho lo
que se cree, para después ver resultados.
Este principio de creer antes de ver, es uno de los
misterios más importantes de la fe y la razón de que
muchas peticiones reciban o no la respuesta deseada, pues
nadie puede esperar resultados en lo que pide, si
verdaderamente no cree antes que será hecho.
97
c. Dios demanda creer; antes de ver
La fe es la certeza de lo que se pide, antes de verlo
realizado. Ese principio divino de fe no cambia y fue
utilizado por Dios mismo desde el principio de la creación.
Dios demanda fe en su Palabra de parte del ser humano
para que pueda ver su poder manifestado.
No se puede esperar que se recibirá respuesta de Dios,
sin hacer una declaración certera de fe de lo que sucederá,
antes de verlo realizado. Santiago señala:
”Pero pida con fe, no dudando nada; porque el que
duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada
por el viento y echada de una parte a otra. No piense,
pues, quien tal haga, que recibirá cosa alguna del
Señor” (Stg. 1: 6-7).
Una vez que se declara hecho lo que se pide se debe
mantener la fe en el proceso, pues las peticiones tienen un
tiempo de espera para ser respondidas y la duda puede
acechar en el camino hacia la victoria.
Pero esta declaración de fe que la persona hace, antes
de ver cualquier milagro, no se trata de un simple
pensamiento positivo; sino que está fundada en los
derechos que tienen los hijos de Dios que son obedientes.
Jesús usó este mismo principio de fe en su ministerio
terrenal. Él demandaba creer a quienes le pedían, antes de
ver los resultados. Cuando el centurión rogó a Jesús por su
criado, Él le respondió:
98
“Entonces Jesús dijo al centurión: ve, y como creíste, te
sea hecho. Y su criado fue sanado en aquella misma
hora” (Mt. 8: 13).
Las palabras de Jesús: “Como creíste te sea hecho”, implica
que el Centurión primero creyó y vería exactamente lo que
había creído y esperado antes de verlo. Eso implica
también que no vería más de lo que había creído.
Una vez que se tiene la fe, lo único que el cristiano debe
procurar es orar conforme a la voluntad de Dios revelada
en la Biblia y la guía del Espíritu Santo, pues se puede
tener mucha fe, pero si la petición no está de acuerdo a la
voluntad de Dios, no será respondida. El Espíritu Santo
nos ayuda a pedir correctamente:
”Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra
debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no
lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por
nosotros con gemidos indecibles. Mas el que escudriña
los corazones sabe cuál es la intención del Espíritu,
porque conforme a la voluntad de Dios intercede por
los santos” (Ro. 8: 26-27).
99
100
Capítulo – 7 –
SIETE PRINCIPIOS BÍBLICOS DE FE
____________________________________________________
I. SIN FE ES IMPOSIBLE AGRADAR A DIOS
1. La fe cristiana está fundada en el Dios de la Biblia
Fe, es una palabra que procede del griego “pistis” y que en
sus diferentes variantes significa: convicción, confianza,
certeza, creencia, dependencia, fidelidad, persuasión, en Dios y
su Palabra.
Dentro del contexto judío veterotestamentario, la
palabra fe procede del hebreo “emunah”, y está, de la raíz
“aman”, la cual significa sólido, firme, establecido, seguro,
verificado; pero su traducción más común es “amén”, que
significa: genuino, verdaderamente, que así sea.
La fe bíblica difiere de cualquier interpretación secular
de fe, porque está fundada precisamente, en el Dios de la
Biblia. La fe secular es la creencia en algo, sin necesidad de
justificación alguna y que no puede ser garantizada por
procesos racionales. Solo a través de la intuición o
testimonios fidedignos o una confianza total en cosas o
personas. En la fe secular se puede creer en cualquier cosa,
sin fundamento alguno que lo sustente.
101
La fe bíblica en cambio, está fundamentada en Dios mismo
como el dador de esa fe, siendo está una de sus
características:
“Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la
convicción de lo que no se ve. Por la fe entendemos
haber sido constituido el universo por la palabra de
Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no
se veía. Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque
es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay,
y que es galardonador de los que le buscan” (Hb. 11: 1,
3, 6).
Nadie puede agradar a Dios sino es por medio de la fe. La
falta de fe es el obstáculo más grande que el ser humano
puede tener para comunicarse con Dios o que conteste sus
peticiones. Sin embargo, Dios está interesado en impartirle
fe a los que le buscan. El apóstol Santiago exhorta a los
cristianos a orar con fe:
“Pero pida con fe, no dudando nada; porque el que
duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada
por el viento y echada de una parte a otra. No piense,
pues, quien tal haga, que recibirá cosa alguna del
Señor” (Stg. 1: 6-7).
2. La Palabra de Dios en acción
El determinante entender el poder de la palabra de Dios
para usar la fe durante la oración. La Biblia señala que, en
102
el principio, Dios creó todas las cosas con el poder de su
Palabra:
“Por la fe entendemos haber sido constituido el
universo por la palabra de Dios, de modo que lo que se
ve fue hecho de lo que no se veía” (Hb. 11: 3).
En los escritos targúmicos la palabra “Dios” se traspone
por “memra”, que significa palabra. En Génesis diría: En el
principio la “memra” o la palabra hizo los cielos y la tierra.
Atinadamente, Juan señala que el principio, esta Palabra
(gr. logos, esp. verbo) creó todas las cosas y que ese Verbo es
Dios mismo:
“En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y
el Verbo era Dios. Este era en el principio con Dios.
Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo
que ha sido hecho, fue hecho” (Jn. 1: 1-3).
Logos y Rhema son dos palabras del griego muy
importantes que si bien, son sinónimos y significan
Palabra, ayudan a ilustrar la acción de la palabra de Dios.
Logos significa Palabra o Verbo y se refiere al Logos hecho
carne (Jesús) la palabra encarnada, según Juan, 1: 1-3. Logos
también se refiere a la palabra escrita (la Biblia); y el Logos
vivificante, que es el Espíritu Santo, quién recuerda la
palabra escrita y la vivifica (Jn. 14: 26).
Cuando el cristiano activa su fe y utiliza las promesas
de la Biblia, para una situación o necesidad específica, ese
Logos escrito cobra vida y se convierte en un rhema.
103
Aunque la palabra tiene vida en si misma se activa por
medio de la fe del cristiano. El Espíritu Santo vivifica la
palabra para obrar a favor del cristiano, de acuerdo a su
necesidad.
La palabra de Dios es la que ministra fe en el corazón
del cristiano y le lleva a la confesión de las promesas para
que cobren vida. Pero esa fe no se remite solo a creer lo
que se lee y quedarse con el testimonio, sino que
trasciende al plano personal para orar por cualquier
necesidad.
Las promesas divinas escritas en la Biblia tienen
vigencia todo el tiempo, pero los milagros relatados en la
Biblia fueron escritos con el propósito de inspirar fe, no
para imitarlos. Se debe imitar la fe de los hombres de Dios
de la Biblia y no exactamente lo que ellos hicieron, salvo
que Dios guíe al cristiano a hacer lo mismo. Nótese el
siguiente ejemplo:
“Entonces le respondió Pedro, y dijo: Señor, si eres tú,
manda que yo vaya a tí sobre las aguas. Y él dijo ven.
Y descendiendo Pedro de la barca, andaba sobre las
aguas para ir a Jesús” (Mt. 14: 28-29).
En este pasaje el Señor le dio una palabra a Pedro, que le
autorizó caminar sobre las aguas. Es un rhema o palabra
directa para Pedro. Si alguien hoy día quisiera utilizar esa
palabra para caminar sobre las aguas; sería incorrecto que
104
se lanzara al agua, si el Señor no se lo ha ordenado a él
directamente, como lo hizo con Pedro.
Para Pedro fue un rhema, para todo el que lee, es logos.
Al menos que Dios le ordenara a alguien que haga lo
mismo, entonces se convertiría en un rhema. Por el simple
hecho de leer y creer algo que está escrito en la Biblia, no
significa que se obtendrá lo mismo. Ese evento se puede
repetir cuando Dios quiera obrar de la misma manera.
La intención de la Palabra de Dios es crear fe, no imitar
los milagros escritos. A Dios no le moverá a obrar por lo
que tú seas capaz de creer por ti mismo, si no por el hecho
de que le creas lo que Él te diga.
Durante su ministerio Jesús impelía a sus seguidores a
tener fe en Él, debido a la incredulidad de la gente con
relación a sus atributos mesiánicos divinos escritos en Su
Palabra, como Él lo citó al comienzo de su ministerio (Lc.
4:16-21; Is. 61:1-2). La fe cristiana tiene su fundamento en
las promesas de la Palabra de Dios.
____________________________________________________

“A Dios no le moverá a obrar tanto por lo que tú seas
capaz de creer por ti mismo, como el hecho de que
creas lo que Él te diga”.
____________________________________________________
105
3. Fe es más que una repetición monótona
La fe bíblica no es creer todo lo que se nos ocurra en la
mente. La fe cristiana tiene su fundamento en la palabra
de Dios (Biblia). Creer a las promesas de Dios produce
frutos, si se usan correctamente. Fe no es creer que Dios
puede hacer todo lo que se nos ocurra.
La clave de la fe bíblica consiste en creer y hacer lo que
Dios nos diga; exactamente eso; aunque no sea posible
humanamente. Por repetir monótonamente algo que se nos
ocurra en la mente, no significa que se realizará, ese no es
el concepto de fe bíblica, se necesita que esa petición este
de acuerdo con lo que Dios desea para cada persona. Hay
algunos versos claves para entender este principio de fe:
“Y todo lo que pidieres en oración, creyendo, lo
recibiréis” (Mt. 21: 22).
Cuando se interpreta un verso de la Biblia, se debe
considerar todo lo que el contexto bíblico dice acerca de
ese tema. En este caso, Jesús no menciona que todo lo que
se pida debe de estar de acuerdo a la voluntad de Dios.
Pero, el hecho de que no se mencione en este verso, no
significa que este principio de fe no esté plasmado en la
Biblia. En el siguiente verso, Jesús pide que se haga la
voluntad del Padre en su vida:
“Padre mío si es posible, pase de mí esta copa; pero no
sea como yo quiero sino como tú” (Mt. 26:39).
106
La Biblia enseña que todo lo que pidamos con fe, lo
recibiremos. Pero, también advierte que esa fe debe estar
alineada conforme a la voluntad de Dios, como vemos el
ejemplo mismo de Cristo, quien sabiendo que vino al
mundo para morir en la cruz, aun así, le pidió al Padre
que, si fuera posible, lo librara del trago amargo de la cruz;
pero al final declara: “Hágase tu voluntad y no la mía”. El
mismo concepto se encuentra en la primera carta de Juan:
“Y esta es la confianza que tenemos en Él, que si
pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, Él nos
oye” (1 Jn. 5:14).
La seguridad de que las oraciones de los hijos de Dios
serán contestadas estriba en hacerlo conforme a la
voluntad de Dios. Esa es la garantía de que Dios
responderá la oración, de allí la importancia de orar
conforme al propósito de Dios.
Fe no es repetir mecánicamente lo que queremos; si no,
la confesión de lo que Dios quiere para nosotros,
acompañada de la acción.
Hay quienes usan versos como: “Todo lugar que pisare
la planta de vuestro pie será vuestro” (Dt. 11: 24) y creen
que el verso por sí mismo les da autoridad de hacer lo
mismo, sin haber recibido personalmente la orden de
hacerlo. Esta promesa fue dada a Israel y eso no significa
que cualquiera puede pararse en cualquier lugar y declarar
que es suyo algo. Al menos que Dios se lo haya mandado,
107
eso es un robo. Pero, si alguien está orando por alguna
tierra y el Señor le dice que se pare en ella y la declare
suya, entonces la declaración de fe será efectiva.
La Biblia quiere transmitirle fe al cristiano por medio
de sus relatos a fin de que la use de acuerdo a su necesidad
y circunstancias; pero de acuerdo al plan de Dios para su
vida, no para imitar los milagros realizados por otros.
La fe tampoco obra separada de Dios. La fe no es algo
independiente, no es una varita que podemos mover a
nuestro antojo.
Hay cristianos que creen que solo por declarar o
decretar algo con sus bocas, sucederá. De hecho, solo Dios
puede decretar. La fe solo funciona si se obra de acuerdo a
la voluntad de Dios. Hay cristianos que, supuestamente,
hasta les dan orden a los ángeles de Dios. Pero, los ángeles
solo obedecen a Dios. A nadie más. Lo que si podemos
hacer es usar nuestra fe para pedirle a Dios que envíe sus
ángeles. Ni aun Jesús, siendo perfecto, enseñó que se les
pudiera dar orden a los ángeles. Él dijo que debía primero
pedirle a su Padre en oración. Es una petición, no una
orden:
“¿Acaso piensas que no puedo ahora orar a mi Padre,
y que él no me daría más de doce legiones de
ángeles?” (Mt. 26: 53).
108
4. Confesar es un compromiso para toda la vida
La palabra confesar tiene importancia dentro del tema de
la fe. Esta palabra se traduce del griego,” homologeo” y es
muy amplia en su significado. Pero tiene la connotación de
un pacto (Hb. Kittel) entre dos personas que asumen cada
uno
el
compromiso
legal
de
cumplir
con
sus
responsabilidades para gozar de sus derechos.
El ser humano, por su parte, contrata la salvación por
medio de la fe, confesando a Jesús como su salvador
personal:
”Que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y
creyeres en tu corazón que Dios lo levantó de los
muertos serás salvo” (Ro. 10: 9).
Esta confesión inicial no se refiere a la simple mención del
nombre de Jesús y después ir por la vida sin un
compromiso con Dios. Esta confesión que involucra el
corazón y la fe es solo el compromiso de ese pacto
asumido, pero la persona se compromete a confesar a Jesús
con sus palabras y demostrarlo con sus hechos todos los
días de su vida.
El nuevo creyente queda comprometido por el
contrato, a confesar de por vida ante los hombres que,
Jesús es su salvador. De manera que, si le niega, se rompe
el contrato y pierde su salvación:
”Os digo que todo aquel que me confesare delante de
los hombres, también el Hijo del Hombre le confesará
109
delante de los ángeles de Dios; mas el que me negare
delante de los hombres, será negado delante de los
ángeles de Dios” (Lc. 12:8-9).
Si alguien compra un carro o una casa, usualmente da una
cantidad inicial de dinero, pero queda comprometido a
pagar el resto y corre el riesgo de perder su propiedad, si
no cumple el compromiso en su totalidad. Así mismo, la
salvación es gratuita, pero se asume el compromiso de
mantenerla hasta el día de la muerte o partida a la
presencia del Señor.
La salvación se obtiene creyendo y confesando a Jesús
como salvador; pero la fe es práctica, y para gozar de los
derechos y las promesas dadas a los hijos de Dios, se debe
confesar a Cristo como salvador todos los días de la vida y
vivir una fe práctica. El que cree en Cristo, debe
demostrarlo con sus acciones todos los días de su vida. De
esa manera es que se podrá apropiar legalmente de las
promesas de la palabra de Dios, para que sus oraciones
sean contestadas. De lo contrario, las oraciones no tendrán
respuestas.
La fe hay que mantenerla y ejercitarla. En ninguna
manera significa simplemente pedir y que Dios haga el
resto, sin creer verdaderamente que Él lo hará y sin
practicar la fe que se profesa revelada en la Biblia. La fe
hay que mantenerla y practicarla para que Dios obre.
110
Existe el relato de una persona que leyó en la Biblia que, si
le decía a una montaña que se moviera, Dios lo haría.
Entonces abrió su ventana y le habló a una montaña para
que se moviera. Al siguiente día despertó y la montaña
estaba allí mismo. Entonces dijo: Yo sabía que no se
movería. No basta con una simple declaración de las
promesas divinas para obtener resultados con la fe. La
confesión implica, mantener firme esa fe, hasta que Dios
obre en la necesidad y conteste la oración conforme a su
voluntad.
Los obstáculos que pueden impedir que nuestra fe obre
es la incredulidad (Hb. 11:6; Stg. 1:6-7); pedir mal (Stg. 4:3);
o por infidelidad, por no practicar la fe que profesa con sus
labios. Se puede creer en Dios y a la vez no creerle a Dios.
Alguien puede creer que Dios es real, pero puede ser que
no le crea a Dios y niegue su fe, al no obedecer lo que la
Biblia le demanda. La Biblia dice que aun los demonios
creen, pero no obedecen (Stg. 2: 20).
5. La fe es probada
En este pacto de fe que se establece con Dios el cristiano
tiene todo el derecho de confiar enteramente en Dios y Su
palabra escrita. Dios, por su parte, tiene el derecho de
probar esa fe. La fe no es un puente que se levanta sobre el
rio caudaloso de las dificultades de la vida. La fe es un
camino que se abre en medio de esas aguas turbulentas.
111
Dios no promete que el cristiano no tendrá dificultades en
su vida, pero si promete una salida para ellas:
“No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea
humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser
tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará
también juntamente con la tentación la salida, para que
podáis soportar” (1 Co. 10: 13).
El cristiano debe saber que Dios tiene un tiempo para
contestar las peticiones y eso implica aprender a esperar
con paciencia. Dios puede permitir que muera toda
esperanza de que las oraciones sean contestadas, para
luego hacer lo que es imposible. A veces cuando más
seguros estamos que Dios responderá, no contesta. Talvez
porque no es el tiempo o en su voluntad sabe que no
conviene. Así que, las respuestas de Dios en ciertas
circunstancias, no dependen ni de nuestra fe; sino de su
voluntad. Eso implica que es más importante pedir de
acuerdo a la voluntad de Dios, que nuestra misma fe.
6. Como usar correctamente la fe
En el griego hay varias palabras que traducen “poder” entre
ellas están “kratos”, y “dunamis”. Pero existe la palabra
“exousia” que se refiere la autoridad delegada a la Iglesia
para actuar en el nombre de Jesús.
Esta autoridad delegada le da al cristiano el derecho de
actuar en nombre de Cristo, para obrar en la esfera
112
espiritual y que sucedan milagros en el mundo natural.
Todo cristiano posee autoridad delegada de Dios para
actuar en Su nombre. Las promesas de la Biblia son como
una chequera en blanco que solo necesita una fe bien
fundamentada para ser utilizada y obtener sus beneficios
de acuerdo a la necesidad individual.
La Biblia contiene promesas divinas para cada
necesidad, pero si el cristiano no se apropia de esas
verdades y le cree a Dios, es posible que el poder de la
palabra no se active. El conocimiento de las promesas y la
fe en el poder de la palabra de Dios, pueden hacer la
diferencia en la vida del cristiano. La Biblia señala que la fe
viene por oír, la palabra de Dios: “Así que la fe es por el
oír, y el oír, por la palabra de Dios” (Ro. 10: 17).
7. La fe se debe activar
El escritor de la carta a los Hebreos señala:
“Sin fe es imposible agradar a Dios” (Hb. 11: 6)
Se debe actuar de acuerdo a la fe revelada en la Biblia, sino
se activa la fe no sucederá nada. No se trata de ayudarle a
Dios o forzar los milagros, sino de creerle a Dios a pesar de
las circunstancias. Santiago señala:
“Así también la fe, sino tiene obras, es muerta en sí
misma” (Stg. 2: 17).
Santiago habla de una fe activa e invita a pedir sin dudar:
113
”Pero pida con fe, no dudando nada; porque el que duda
es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el
viento y echada de una parte a otra. No piense, pues,
quien tal haga, que recibirá cosa alguna del Señor” (Stg.
1: 6-7).
Se puede tener toda la fe del mundo, pero si no se actúa en
fe, bajo la guía del Espíritu Santo, los milagros no
ocurrirán.
La autoridad ya ha sido delegada al cristiano y si no se
utiliza ese poder que hay en la Palabra de Dios hablada en
el nombre de Jesús, por el cual existen todas las cosas, Dios
no se moverá a nuestro favor. Creer debe estar
acompañado del conocimiento y la confesión certera de lo
que está escrito en la Palabra de Dios. Hay que activar la
fe para que Dios actúe a nuestro favor. La Biblia señala:
”Todo aquel que en Él creyere no será avergonzado”
(Ro. 10: 11).
Pero es necesario creer, antes de ver, pues Dios llama las
cosas que no son, como si fuesen y crea donde no hay,
todo por medio de nuestra fe:
“El cual da vida a los muertos, y llama las cosas que no
son, como si fuesen” (Ro. 4: 17b).
Este principio de fe, de creer antes de ver está plasmado en
la Biblia. Dios creó todas las cosas en la nada, por medio de
su Palabra:
114
“
Por la fe entendemos haber sido constituido el
universo por la palabra de Dios, de modo que lo que se
ve fue hecho de lo que no se veía” (Hb. 11: 3).
El proceso de la fe sería: Creer; luego pedir conforme a su
voluntad y después esperar la respuesta con la seguridad
de que él nos oye, como dijo Juan:
“Y esta es la confianza que tenemos en él, que si
pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos
oye. Y si sabemos que él nos oye en cualquiera cosa
que pidamos, sabemos que tenemos las peticiones que
le hayamos hecho” (1 Jn. 5: 14-15).
115
116
Capítulo – 8 –
LA FE Y EL AMOR
____________________________________________________
I. EL AMOR ES MAYOR QUE LA FE
a. El amor es el mayor de todos los dones
La fe es uno de los misterios más preciosos revelados por
Dios en la Biblia. Pedro señala que en la tierra la fe es más
valiosa que el oro:
“Para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más
preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se
prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y
honra cuando sea manifestado Jesucristo” (1 P. 1: 7).
Pero, sin amor, la fe es como un jardín sin flores. El trono
divino está fundado sobre la base del amor puro y perfecto
de Dios. Dios es amor y el que no ama, aunque tenga fe, no
conoce a Dios. Así señala la Biblia:
”El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es
amor” (1 Jn. 4: 8).
Toda acción cristiana debe llevar el sello del amor divino.
Este amor debe ser maduro. Eso implica que es un amor
justo, que sabe que Dios es amor; pero también sabe que es
fuego consumidor. Es conocer a Dios en su carácter
117
amoroso; pero a la vez justo. Es conocerle como “El Cordero
de Dios”; pero, también como el “León de la Tribu de Judá”.
La Biblia señala que de nada nos serviría tener fe, si no
tenemos amor. Eso no significa que la fe no sea importante.
Una cosa no niega la otra. La fe es tan importante como el
amor; pero, en el orden que Dios ha establecido los dones,
el amor está primero que los demás.
En una ocasión, Jesús condenó la actitud de los fariseos
porque eran buenos diezmadores y ayunaban, pero no
tenían amor en sus corazones:
“!Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque
diezmáis la menta y el eneldo y el comino, y dejáis lo
más importante de la ley: la justicia, la misericordia y la
fe” (Mt. 23: 23a).
Al reprender la falta de amor que los fariseos tenían en sus
corazones, Jesús no estaba diciendo que diezmar no estaba
bien. Eso era importante. El solo reprendió la falta de
amor, por eso señaló que debían tener misericordia, pero
sin dejar de diezmar:
“Esto era necesario hacer, sin dejar de hacer aquello”
(Mt. 23: 23 b).
b. La preeminencia del amor sobre todo don espiritual
Aun la fe más grande, si amor no es nada. La Biblia señala
que la fe sin amor es como un ruido molestoso:
118
”Si yo hablase lenguas humanas y angélicas, y no tengo
amor, vengo a ser como metal que resuena, o címbalo
que retiñe” (1 Co. 13: 1).
El amor tiene preminencia por encima de cualquier don
espiritual. No es que la fe u otro don sean innecesarios, es
solo que deben ir de la mano del amor divino. La fe sin
amor, es nada:
“Y si tuviese profecía, y entendiese todos los misterios
y toda ciencia, y si tuviese toda la fe, de tal manera que
trasladase los montes, y no tengo amor, nada soy” (1
Co. 13: 2).
Los sacrificios u obras bien intencionadas que hagamos
por la causa de Dios y por el prójimo, deben ser motivados
por el puro amor divino. Así se edifica en el reino de Dios.
Otras causas ajenas al amor, como: El orgullo, la fama, el
interés personal, la competencia u otras intenciones ajenas al
amor, no cualifican como obras agradables ante Dios. Estas
obras solo serán hojarasca que serán quemadas y quedarán
sin recompensa cuando enfrenten el juicio divino (1 Co. 3:
12-13). Es necesario vestirnos más del amor divino, que de
ningún otro don:
“Y si repartiese todos mis bienes para dar de comer a
los pobres, y si entregase mi cuerpo para ser quemado,
y no tengo amor, de nada me sirve” (1 Co. 13: 3).
La Biblia señala que ahora permanecen tres baluartes que
sostienen a la Iglesia en la tierra: La fe, la esperanza y el amor.
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La fe, es necesaria para alcanzar todas las promesas divinas
y al final la vida eterna. La esperanza, porque esperamos el
retorno del rey y su reino. El amor porque es el que cubre
multitud de pecados y nos da la victoria sobre el odio y el
mal que hay en el mundo. No obstante, el amor es el
mayor:
“Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos
tres; pero el mayor de ellos es el amor” (1 Co. 13: 13).
El cristiano debe cuidarse de actuar con amor, no solo
pretender ver el poder de Dios manifestado a través de la
fe. Podemos disfrutar de nuestra fe y ver la mano de
nuestro Salvador obrando en la vida de las personas si
nuestros corazones están rebozando del amor divino.
c. La fe sin amor es estéril
La fe sin amor es arrogante, humilla al prójimo y
desagrada a Dios. Todos los milagros que Jesús hace, son
motivados por su amor, no son para mostrar su poder.
El cristiano debe enamorarse de Dios, no de su poder.
Sería como el niño que se interesa más en los regalos que le
da su padre, que en su mismo padre. Cuando se actúa
dándole más importancia al poder de Dios que a su amor,
se pierde el enfoque del propósito divino. Esto puede
conducir al error de emprender grandes proyectos en
nombre de la fe que simplemente, Dios no aprueba.
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Dios obra por el amor con que actuamos al pedir, no solo
por nuestra fe. Dios sanó al siervo del centurión, porque
pidió por amor a su prójimo (Mt. 8).
Cuando un padre de familia trajo su hijo endemoniado
para ser liberado, Jesús le dijo: “Si puedes creer, al que cree
todo le es posible”. El hombre respondió: “Creo; ayuda mi
incredulidad” (Mr. 9:24). El pasaje revela que el hombre
tenía poca fe, pero apeló más a la misericordia de Jesús que
a su propia fe, y Jesús no se resistió, concediéndole su
petición.
Caín se presentó ante Dios con una ofrenda de
adoración, pero desprovisto de amor. Él sabía que Dios era
real, pues cuando Dios lo confrontó con su pecado, él
respondió con mala actitud y sin deseo aparente de
arrepentimiento por el asesinato de su hermano.
El cristiano se puede convertir en un fanático del poder
de Dios y a la vez estar enemistado con el prójimo y con
Dios, al no actuar con amor.
En una ocasión Jacobo y Juan, enfadados porque en
una aldea samaritana rechazaron a Jesús, le pidieron poder
para consumirlos con fuego del cielo, como había hecho
Elías en el período de la ley; pero Jesús les reprendió
diciéndoles: “Vosotros no sabéis de que espíritu sois” (Lc.
9:55).
El Espíritu de Dios es vida, amor, perdón, consuelo, pero
los discípulos de Jesús querían venganza y muerte en
121
nombre de Dios. Creer en Dios no basta para agradarle.
Eso es solo el principio. Hay que tener un corazón lleno de
amor y perdón para agradar a Dios. Amar al prójimo y a
Dios es el cumplimiento de toda la Ley. El que ama a Dios
y a su prójimo, ha cumplido con toda la ley:
“No debáis a nadie nada, sino el amaros unos a otros;
porque el que ama al prójimo, ha cumplido la ley.
Porque: No adulterarás, no matarás, no hurtarás, no
dirás falso testimonio, no codiciarás, y cualquier otro
mandamiento, en esta sentencia se resume: Amarás a tu
prójimo como a ti mismo. El amor no hace mal al
prójimo; así que el cumplimiento de la ley es el amor”
(Ro. 13: 8-10).
d. La fe confirma el amor divino
La fe testifica del amor divino. No se debe pensar que
alguien tiene fe solamente porque es capaz de creer que
Dios puede sanar a los enfermos y resucitar los muertos.
Está bien creer que Dios lo puede hacer; pero la fe bíblica
que agrada a Dios, es la que es capaz de creer lo que Dios
dice en su palabra (Biblia); aunque no vea los milagros.
La gente no se salva por ver milagros, se salva por
creer en Jesús y obedecer a la palabra de Dios.
Los testimonios más grandes de fe en la Biblia, no están
relacionados con lo que Dios es capaz de hacer; sino con la
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fe de los que le creyeron a pesar de no ver nada, como se
explica Hebreros, capítulo once:
”Que por fe conquistaron reinos, hicieron justicia,
alcanzaron
promesas,
taparon
bocas
de
leones,
apagaron fuegos impetuosos, evitaron filo de espada,
sacaron fuerzas de debilidad, se hicieron fuertes en
batallas, pusieron en fuga ejércitos extranjeros. Las
mujeres recibieron sus muertos mediante resurrección;
mas otros fueron atormentados, no aceptando el
rescate, a fin de obtener mejor resurrección. Otros
experimentaron vituperios y azotes, y a más de esto
prisiones y cárceles. Fueron apedreados, aserrados,
puestos a prueba, muertos a filo de espada; anduvieron
de acá para allá cubiertos de pieles de ovejas y de
cabras, pobres, angustiados, maltratados; de los cuales
el mundo no era digno; errando por los desiertos, por
los montes, por las cuevas y por las cavernas de la
tierra” (Hb. 11: 33-38).
Muchos de estos héroes de la fe no vieron lo que
esperaban, no recibieron respuestas inmediatas, y aun
debieron morir martirizados por la causa de Dios, sin ser
librados. Pero su fe siguió con ellos. La Biblia señala que la
fe vence al mundo:
”Porque todo lo que es nacido de Dios vence al mundo;
y esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra
fe” (1 Jn. 5:4).
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Esta fe no está fundada en los milagros de Dios; sino en el
Dios de los milagros. Esta fe es capaz de creer que Dios
puede librar del peligro y de la muerte; pero también es
capaz de sufrir por su causa, aunque no le libre.
Jesús creyó en su padre celestial y por esa fe fue hasta la
muerte, pero solo vio su victoria hasta después de su
muerte en la cruz. Sadrac, Mesac y Abed-nego resistieron
obedecer la orden de Nabucodonosor de adorar una
estatua, señalando que Dios era capaz de librarlos del
horno de fuego; pero su fe no estaba sustentada en que
Dios los libraría, pues ellos expresaron que aunque Dios
no les librara, no obedecerían la orden del rey. Eso es fe:
”Sadrac, Mesac y Abed-nego respondieron al rey
Nabucodonosor, diciendo: No es necesario que te
respondamos sobre este asunto. He aquí nuestro Dios a
quien servimos puede librarnos del horno de fuego
ardiendo; y de tu mano, oh rey, nos librará. Y si no,
sepas, oh rey, que no serviremos a tus dioses, ni
tampoco adoraremos la estatua que has levantado” (Dn.
3: 16-18).
La fe de Elías no solo le sirvió para hacer caer fuego del
cielo sobre sus enemigos y ver a los cuervos alimentarle;
esa misma fe también le ayudó a soportar cuarenta días sin
comer; la persecución de Jezabel sin que Dios lo librara; la
soledad en el desierto y el marginamiento de la sociedad.
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La fe bíblica no está sustentada en ver milagros, estos solo
son el resultado de una fe certera en Dios. Tener fe en Dios,
no es tan solo ser capaz de creer para ver milagros, la fe
madura es aquella que es capaz de creerle a Dios, aunque
no haya milagros. La fe parte de la nada para creerle a
Dios. Esa es una fe verdadera.
____________________________________________________

La fe parte de la nada para creerle a Dios. Esa es una
fe verdadera.
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CONCLUSIÓN
 FE ES CREER Y OBEDECER A DIOS
Dios produce el querer y el hacer en sus hijos, por su
buena voluntad, para luego realizar sus maravillosas obras
y los planes que les ha revelado a sus hijos:
“Porque Dios es el que en vosotros produce así el querer
como el hacer, por su buena voluntad” (Fil. 2: 13).
En el proyecto de llevar a cabo su obra, Dios nos manda
realizar algo que Él, antes ya realizó, pues su omnisciencia
le permite ver el futuro. De hecho, Dios vive en un eterno
presente, para él no existe el pasado o el futuro como lo
entendemos en la tierra.
Dios nos entrega la maqueta de los planes que Él, ya
vio realizado. Su sabiduría y poder le permiten empezar
desde el futuro, hacia atrás.
Nuestra parte en el proceso es simple, solo consiste en
creer y obedecer lo que Dios nos mande hacer. Aunque
nuestra fe sea probada durante el tiempo requerido para
ver su obra completada.
Significa, que se debe mantener firme la fe durante el
proceso de espera, convencidos de que Él es fiel a su
Palabra y que cumplirá sus promesas.
Dios es quién hace todas las cosas posibles, Él solo nos
pide que le creamos. Su propósito es hacernos partícipes
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en su obra e involucrarnos en sus proyectos, a fin de ser
recompensados por la eternidad.
La fe es todo lo que se necesita, para ver el poder de
Dios manifestado. La Biblia señala que:
“Al que cree todo le es posible” (Mr. 9: 23b).
Eso debe ser motivo de gran gozo para todos los hijos de
Dios, pues Dios no necesita nada para comenzar su obra,
solamente que le creamos. Y a veces es mejor no tener nada
de que depender, para depender absolutamente de Dios.
En ocasiones, Dios mismo permite que no tangamos nada
o nos quita todo lo que tenemos para que aprendamos a
depender solamente de él.
Moisés solo tenía una vara en su mano, cuando Dios lo
llamó. Dios le dijo: ¿Qué es eso que tienes en la mano?
Dando a entender que él puede utilizar cualquier cosa que
tengas y si no tienes nada, no importa, su poder hará que
todas las cosas sean hechas. El hizo la creación de la nada:
“Por la fe entendemos haber sido constituido el
universo por la palabra de Dios, de modo que lo que se
ve fue hecho de lo que no se veía (Hb. 11: 3).
La fe es la que nos da la victoria sobre todas las cosas
de este mundo:
“Porque todo lo que es nacido de Dios vence al mundo;
y esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra
fe” (1 Jn. 5: 4).
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ANEXO
 PROMESAS BÍBLICAS DE FE

“Porque nada hay imposible para Dios” (Lc. 1: 37).

“¿Hay para Dios alguna cosa difícil?” (Gn. 18: 14a).
 “Jesús le dijo: Si puedes creer,
al que cree todo le es posible” (Mr. 9: 23).
 “Y mirándolos Jesús, les dijo: Para los hombres esto es
imposible; mas para Dios todo es posible” (Mt. 19: 26).

“Respondiendo Jesús, les dijo: Tened fe en Dios.
Porque de cierto os digo que cualquiera que dijere a
este monte: Quítate y échate en el mar, y no dudare
en su corazón, sino creyere que será hecho lo que
dice, lo que diga le será hecho. Por tanto, os digo que
todo lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis,
y os vendrá” (Mr. 11: 22-24).
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LIBROS ESCRITOS POR JOEL PERDOMO
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20.
21.
22.
23.
24.
25.
26.
NO HAY MALDICIÓN PARA LOS CRISTIANOS
EL DIEZMO DESDE ABRAHAM A CRISTO
LA PROFECIA COMO MINISTERIO DE LA IGLESIA
LA ORACIÓN EFICAZ
LA LEY Y LA GRACIA
EL LLAMADO AL MINISTERIO
LOS MINISTERIOS DE LA IGLESIA
ADORADODES EN ESPÍRITU Y EN VERDAD
FE SIN LÍMITES
SIN SANTIDAD, NADIE VERÁ AL SEÑOR
VIDA Y MINISTERIO (autobiografía).
LA IGLESIA E ISRAEL COMO SEÑALES DEL FIN
LA AUTORIDAD – El Desafío Cristiano
HUMILLACIÓN Y EXALTACIÓN DEL CRISTIANO
RESPUESTAS A PREGUNTAS DIFÍCILES DE LA
BIBLIA
TEMAS INTERESANTES DE LA BIBLIA
JESÚS, NOMBRE SOBRE TODO NOMBRE
EL ESPÍRITU SANTO EN LA IGLESIA
UNA SOLA CARNE – Matrimonio, Divorcio y
Recasamiento a la luz de la Biblia.
SOLTERO – ¿Cómo esperar en Dios?
ADOLESCENCIA. ¿Cómo enfrentar los cambios?
LA SABIDURIA DIVINA
LOS PRIMEROS PASOS
VIDA CRISTIANA – Reflexiones
TESOROS DE LA BIBLIA
DISCIPULADO DE DOCTRINAS BASICAS
(búsquelos escritos y en audio en internet).
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