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LA PROFECIA COMO MINISTERIOSDE LA IGLESIA - JOEL PERDOMO

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LA
PROFECIA
COMO
MINISTERIO
DE LA
IGLESIA
________________________________________________
LA PROFECÍA COMO MINISTERIO DE LA IGLESIA
Copyright © 2011 por Joel Perdomo
1
¡IMPORTANTE!
ESTE LIBRO ES UNA OFRENDA A DIOS Y LOS
DERECHOS DE AUTOR HAN SIDO CEDIDOS
A LA IGLESIA DE CRISTO EN LA TIERRA.
POR TANTO:
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ES UN REGALO DEL HNO. JOEL PERDOMO A
LA AMADA IGLESIA DE CRISTO EN LA
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GRACIA HA RECIBIDO.
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ESTOS LIBROS TOMARON CASI 20 AÑOS
ESCRIBIRLOS. COMPARTALOS CON OTROS
CRISTIANOS, SERIA TODO LO QUE PIDO A
CAMBIO.
¡DIOS TE BENDIGA! JOEL PERDOMO
2
DEDICATORIA
Dedico este libro a todos los hermanos que han sido
llamados a ejercer el ministerio profético dentro de la
Iglesia de Jesucristo, a los que están atentos a escuchar la
voz de Dios y dispuestos guiarse por la Biblia.
En especial, a Ricardo Castillo Stephen, quien dio
siempre la gloria a Dios en su ministerio, demostrando con
su ejemplo de humildad y sencillez que el ministerio y los
dones espirituales, no hacen al profeta superior a nadie.
A Milagros Guzmán, profeta del Señor, quien
desarrolló la mayor parte de su ministerio en el anonimato,
pues los verdaderos profetas no buscan ser reconocidos:
antes, prefieren pasar desapercibidos e ignorar los
reconocimientos a fin de que Dios reciba toda la gloria.
A todos los verdaderos profetas del Señor Jesús, en
cualquier parte que se encuentren ejerciendo su ministerio.
¡Bendiciones del Señor Jesús! Amén.
Joel Perdomo
3
CONTENIDO
Introducción…………………………………………………………………………………….9
Capítulo 1 - La Profecía
I – LA PROFECÍA BÍBLICA………………………………………………………………….13
a. Etimología y significado de la profecía bíblica
b. Origen del profetismo israelita
c. La misión del profeta
II – LA PROFECIA COMO MEDIO DE COMUNICACIÓN DIVINA……………………...17
a. Dios prometió hablar por medio de los profetas
b. Dios habló por sueños y visiones a sus profetas
c. La profecía como vía de comunicación divina
d. Dios desea comunicar sus planes a la humanidad
III. EL PROFETA COMO MENSAJERO DE DIOS………………………………………..21
a. El profeta como atalaya de Dios
b. En parte conocemos… Y en parte profetizamos…
Capítulo 2 - Breve reseña del profeta del Antiguo Testamento
I. USOS BÍBLICOS DEL TITULO DE PROFETA………………………………………….23
a. Abraham como profeta de Dios
b. La faceta profética de Moisés
c. Moisés reconoció su papel profético
d. Destellos de profetismo en los hombres de Dios
II. EL PROFETA Y SU REVELACIÓN DE DIOS…………………………………...……..29
a. El profeta y el conocimiento de Dios y su palabra
b. El profeta debe reconocer la autoridad delegada de Dios
c. El profeta debe conocer y hacer la voluntad de Dios
d. El reto de todo profeta es obedecer a Dios
III. LOS VERDADEROS Y FALSOS PROFETAS………………………………………....43
a. La señal bíblica del verdaderos y falso profeta
b. Espíritus de mentira en la boca de los profetas
c. Características del profeta bíblico
Capítulo 3 - El profetismo durante la monarquía israelita
I. DEL GOBIERNO TEOCRÁTICO A LA MONARQUÍA………………………………….49
a. En Samuel se fusionan el Sacerdote, el profeta y el juez
b. Israel pide rey
II. LA RELACIÓN ENTRE PROFETAS Y REYES………………………………………...52
a. Los profetas durante la monarquía israelita
b. La relación de David y Saúl con el profetismo
III. EL AUGE DEL PROFETISMO EN ISRAEL……………………………………...........55
a. El profeta resaltó ante la decadencia del sacerdote
b. Elías y Eliseo en la cumbre del profetismo israelita
c. Elías mostró que el verdadero profeta de Dios es un siervo obediente
d. El profeta sufre los efectos de sus propias profecías
IV LA MINISTRACIÓN DE LA PROFECÍA…………………………………………………61
a. La ministración de la profecía en la alabanza
b. La ministración de la profecía por medio de símbolos
Capítulo 4 – Los profetas escritores
4
I. EL ANUNCIO DEL MESÍAS……………………………………………………………….65
a. La esperanza de un Mesías
b. El cumplimiento de las profecías mesiánicas
c. La profecía canónica
Capítulo 5 - La profecía en el Nuevo Testamento
I. JESÚS COMO PROFETA………………………………………………………………….69
a. Jesús, el profeta anunciado
b. Jesús es más que un profeta
II. EL REINO DE DIOS BAJO EL NUEVO PACTO……………………………………….71
a. Israel y la Iglesia en el reino de Dios
b. El marco de acción del profeta en el reino de Dios
Capítulo 6 - El ministerio de la profecía en la Iglesia
I. LA PROFECIA COMO MINISTERIO DE LA IGLESIA…………………………………75
a. La profecía predictiva y futurista
b. La profecía como un don y ministerio de la Iglesia
c. Tiene vigencia la profecía predictiva y futurista como ministerio de la Iglesia
II. EL PROPOSITO DEL MINISTERIO PROFÉTICO EN LA IGLESIA…………………78
a. El propósito de la profecía como don de la Iglesia
b. Edificación
c. Exhortación
d. Consolación
e. El propósito evangelístico del don profético
III. EL ORDEN DE LA PROFECÍA EN LA IGLESIA………………………………………81
a. Ningún profeta puede contradecir la Biblia
b. El Espíritu Santo y la Biblia nunca se contradicen
c. La profecía puede y debe ser juzgada por la Iglesia
d. La blasfemia contra el Espíritu Santo
Capítulo 7 - Mandamientos acerca de la profecía
I. MINISTRACIÓN DE LA PROFECÍA EN LA IGLESIA………………………...……..…89
a. “No pude resistir al Espíritu”
b. Advertencia contra la soberbia
c. La presunción de ser profeta
d. Lo revelado es nuestro, lo secreto le pertenece a Dios
Capítulo 8 – Los profetas del Nuevo Testamento
I. LA DIFERENCIA ENTRE LA PREDICACION DEL EVANGELIO COMO PROFECIA,
Y LA PROFECÍA PREDICTIVA Y FUTURISTA…………………………………………...95
a. La predicación como profecía
b. La profecía predictiva y futurista
II. EL MINISTERIO Y DON PROFÉTICO EN LA ERA DE LA IGLESIA…….………….99
a. Evidencia del profetismo de la Iglesia primitiva
b. El profeta Agabo
c. El profeta advierte; no obliga a creer
Conclusión…………………………………………………………………………………...105
ANEXO………………………………………………………………………………………..107
ABREVIATURAS:
AT….Antiguo Testamento - NT….Nuevo Testamento
Cp. Comparar
5
6
PREFACIO
El ministerio profético es uno de los más complicados de
ejercer en la Biblia y dentro de la Iglesia de Jesucristo no es
la excepción, debido a sus implicaciones y extremos en los
que se suele reincidir, lo que produce aversión al tema.
Silente, este ministerio nunca ha dejado de estar activo,
pero ha sido menospreciado y atacado a todo nivel. Algo
típico del profetismo bíblico. A veces basta reconocer a una
persona como profeta para que se le vea con desprecio.
El ministerio profético, aunque evidenciado en la
Biblia, es uno de los más conflictivos y difíciles de ejercer.
Por una parte, debido a la incredulidad o formación
teológica de cada comunidad cristiana. Por otro lado,
debido al abuso constante que cometen los que dicen ser
profetas de Dios y no lo son.
Lo más fácil sería cerrar los oídos, haciendo caso omiso
al profetismo a fin de desembarazarse del tema; pero, es
evidente que eso no ha funcionado. Al contrario, ha
agravado la condición de la Iglesia y muchos han sido
arrastrados por el error. ¿Sería correcto ignorar un tema
que goza de tanto auge en la actualidad?
Lo correcto sería ahondar en las páginas de la misma
Biblia, para poner el tema en perspectiva. Precisamente,
este es el objetivo que se pretende con este libro y con la
guía del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, queremos
colaborar en esta divina misión.
Joel Perdomo
Enero, 2014
7
8
INTRODUCCIÓN
 La profecía es víctima de los extremos
El estudio de la profecía, como ministerio activo de la
Iglesia, es un tema escabroso y su interpretación
dependerá de la formación teológica de cada individuo o
comunidad de fe.
Por una parte, es difícil que el cristiano niegue la
vigencia de los dones espirituales hoy día; si forman parte
de su vivencia de fe cristiana, y al igual que los cristianos
de la Iglesia primitiva pueden afirmar con certeza:
“Porque no podemos dejar de decir lo que hemos visto
y oído” (Hch. 4:19-20).
La manifestación de los dones espirituales, ha sido
evidente a través de toda la historia cristiana, como
resultado de la fe de los que creen en el poder de Dios,
según lo prometido por Jesús a sus discípulos (Hch. 1:8).
Uno de los sanos temores de quienes rechazan la
profecía, como un ministerio vigente de la Iglesia, es que
ven en este don una amenaza a las enseñanzas y doctrinas
bíblicas. Obviando que la profecía como ministerio de la
Iglesia es solo un don para edificación de los creyentes y
que en su contenido debe apegarse a las sagradas
Escrituras, sin añadirle o quitarle.
El repelillo a la profecía como don o ministerio activo de
la Iglesia no es del todo infundado. El abuso de los dones
espirituales en algunas comunidades de fe ha redundado a
veces, en herejías. No obstante, la enseñanza bíblica del
tema debe ser el antídoto para evitar estos errores, en vez
de rechazar el don, como suele suceder.
Estos temores crean gran aversión hacia la profecía
como un ministerio activo de la Iglesia; aunque eso
tampoco niega su vigencia. Lo rescatable sería respetar las
9
diferentes perspectivas, entendiendo que creer o no en la
profecía como ministerio y don activo de la Iglesia no
interfiere con la salvación cristiana. Nadie se salva o se
pierde por creer o no en la profecía como un don o
ministerio vigente de la iglesia; sino por creer o no en Jesús,
como su Salvador.
 La vigencia de los dones espirituales en la Iglesia
Las manifestaciones del Espíritu Santo fueron evidentes en
la iglesia primitiva y en toda la historia del cristianismo;
cuando la Iglesia primitiva recibió el bautismo de fuego del
Espíritu Santo, hablaron nuevas lenguas por el Espíritu y
profetizaron (Hch. 2:16-18, 19:6).
Los judíos no entendieron dicha manifestación divina y
acusaron a los hermanos de borrachos. Pedro salió en
defensa y explicó que esas señales eran el fiel
cumplimiento de las promesas divinas dadas por medio
del profeta Joel, acerca del derramamiento del Espíritu
Santo en los postreros días:
“Mas esto es lo dicho por el profeta Joel: Y en los
postreros días, dice Dios, derramaré de mi Espíritu
sobre toda carne vuestros hijos y vuestras hijas
profetizarán; vuestros jóvenes verán visiones, y
vuestros ancianos soñarán sueños; y de cierto sobre mis
siervos y sobre mis siervas en aquellos días derramaré
de mi Espíritu, y profetizarán.” (Hch. 2:16-18).
Con los postreros días los judíos se referían a los eventos
acaecidos después del Mesías, en contraste a los primeros
días, antes del Mesías. Cp. Lacueva, 2001. 228. Esta
manifestación fue confirmada por Jesús a sus discípulos
(Hch. 1:4-5). Pedro confirma que esta manifestación del
Espíritu Santo es para los cristianos de todas las épocas:
10
“Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de
vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de
pecados; y recibiréis el Don del Espíritu Santo. Porque
para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y
para todos los que están lejos; para cuantos el Señor
nuestro Dios llamare” (Hch. 2:38-39).
Los dones del Espíritu Santo manifestados en los primeros
creyentes son “para cuantos el Señor nuestro Dios
llamare”, para los cristianos de todas las épocas.
La evidencia bíblica e histórica confirma que los dones
del Espíritu Santo han estado vigentes en toda la era de la
Iglesia, desde Pentecostés hasta nuestros días. La historia
cristiana muestra grandes avivamientos y manifestaciones
del poder del Espíritu Santo en la vida de personas
entregadas al servicio divino en todo el mundo. Sería
paradójico creer que el poder de Dios tomó unos días de
descanso, la Biblia señala que: “Dios Él es el mismo de
ayer, de hoy y de siempre” (Hb. 13:8).
El debate acerca de la vigencia de la manifestación de
los dones espirituales en la Iglesia de hoy, tal como
sucedió en la iglesia primitiva, es algo histórico; pues la
evidencia habla más que las palabras.
No cabe duda que Dios quiere que sus hijos gocen de
todos los dones que le ha provisto a su amada Iglesia. El
Señor exhorta a sus seguidores a creer en su poder, Mt.
21:22; Mr. 9:23; Lc. 11:13). No obstante, no se debiera
señalar al cristiano por no creer en algunos dones
espirituales en la era de la Iglesia, simplemente él se
perderá esa bendición. Dios no obliga a nadie a creer en su
poder. Eso no interfiere con la salvación. Nadie es salvo o
condenado por creer o no en los milagros; sino por creer o
no en Jesús como su salvador personal.
11
 La enseñanza es el antídoto del error en la profecía
Este estudio pretende brindar luz bíblica acerca de un
tema que generalmente se ha salido del control en ciertas
comunidades de fe. La falta de conocimiento bíblico puede
conducir a cometer errores muy graves para la fe cristiana.
Hay cristianos que aman a Dios sinceramente, pero se ven
enredados en doctrinas confusas porque carecen de
formación teológica.
La Biblia señala que su pueblo perece por falta de
conocimiento (Os. 4:6). Lo más fácil sería atrincherarse y
ensañarse contra ellos, en vez de darles luz para que
perseveren en la verdad del Evangelio. La Iglesia es
llamada a edificar y a dar respuestas.
Si los dones espirituales se manifiestan en la Iglesia del
Señor, quien los podrá detener como señala la Biblia:
“Si el león ruge, ¿quién no temerá? Si habla Jehová el
Señor, ¿quién no profetizará?” (Am. 3:8).
Este libro procura ubicar la profecía en su justa
perspectiva, de acuerdo a lo que la Biblia revela con
relación al tema con el fin de edificar la Iglesia.
El amor es el mayor que todos los dones e
independientemente de la formación teológica de cada
cristiano, el propósito de todo don y ministerio cristiano es
edificar a la Iglesia de Cristo en el fundamento único que es
la Biblia. Ese es el cometido de este libro.
Joel Perdomo
12
Capítulo – 1 –
LA PROFECÍA
____________________________________________________
I – LA PROFECÍA BÍBLICA
a. Etimología y significado de la profecía bíblica
En la Biblia la palabra profecía procede del hebreo “nabí”,
que deriva del verbo acádico “nabu”, y en español se
traduce como llamar o anunciar1 con el significado de: El que
es llamado, el que anuncia o pregona algo, el que es llamado o
destinado para un puesto o propósito.
Otros títulos para el profeta en el AT son: Hombre de
Dios, en hebreo “ish Elohim”, uno más antiguo utilizado en
la Biblia es vidente, en hebreo “ro`eh” y “hozeh”2.
En el griego, el verbo está formado por la raíz “phe”,
decir y el prefijo “pro”, previamente, de antemano que en
español significa: el que predice, el que anuncia de antemano3.
En el significado bíblico de profeta se sobreentiende que
la inspiración del mensaje que portan proviene de Dios. El
verdadero profeta habla en nombre de Dios.
b. Origen del profetismo israelita
No se puede determinar exactamente cómo y cuando
surge el profetismo como un oficio ministerial
especializado en Israel, pero se fundamenta sobre la base
Coenen, Beyreuther, Bietenhard. Diccionario Teológico del Nuevo
Testamento Vol. II. Ediciones Sígueme. Salamanca, 1998. p. 414.
2
Sicre, José L. Profetismo en Israel. Ed. Verbo Divino. España, 1992.
p. 76.
3
Ibid.
1
13
del ejemplo de los grandes líderes israelitas, quienes
debido a su profunda comunión con Dios desarrollaron una
faceta profética, por eso fueron llamados profetas.
Se sabe que la figura del profeta bíblico, tal como se
conoce hoy día por medio de sus escritos, se desarrolló
paulatinamente desde los principios de la fundación de la
nación de Israel. Estos siguieron el legado de los primeros
hombres de Dios (Enoc, Noé, Abraham, Moisés, etc.), que
fueron reconocidos como profetas por el pueblo de Israel.
La alianza de Dios con Abraham es un punto de
partida para ubicar el inicio del establecimiento de un
nuevo puente de comunicación entre Dios y la humanidad.
Esta alianza está representada en Abraham como profeta, a
quien Dios le prometió bendecir no solo a Israel, sino a
todas las naciones de la tierra (Gn. 12:3, 26:4, 28:14).
Con la alianza entre Abraham y Dios da inicio un nuevo
período profético en la nación de Israel4. Pero el profetismo
como un ministerio divino, se inicia en el corazón de Dios.
Él prometió a Israel que hablaría por medio de profetas:
“Y les dijo: Oíd ahora mis palabras. Cuando haya entre
vosotros profeta de Jehová...” (Nm. 12: 6a). “Y después
de esto derramaré mi Espíritu sobre toda carne, y
profetizaran vuestros hijos y vuestras hijas…” (Jl. 2:28).
Dios avaló el oficio profético en Israel y luego el pueblo
reconoció el ministerio profético a la par del sacerdocio,
respetando a los verdaderos profetas de Dios y teniendo
sus profecías en gran estima y sus nombres en alto honor.
El profetismo (en el contexto del AT) se desarrolló dentro de
un proceso que tomó algún tiempo hasta consumarse la
4
Antes de Abraham (quien da inicio a las promesas de la fundación
de la nación de Israel), ya se menciona a Enoc y Noé como profetas de
Dios en la Biblia (Jd. 1:14; Hb. 11:7).
14
figura del oficio del profeta per sé, tal como se conocen hoy
día por medio de los escritos bíblicos.
c. La misión del profeta
La influencia de los profetas en Israel, durante todo el
período del auge del profetismo, fue determinante para
conocer la voluntad de Dios en momentos de crisis políticoreligiosa. Los profetas fueron los voceros e intérpretes de
los oráculos divinos, que con celo exhortaban y alentaban
al pueblo judío a obedecer a Dios.
El profetismo bíblico se desarrolla como una necesidad
intrínseca de comunicación en la relación Dios-hombre. Dios
desde el principio está interesado en comunicarse con
Adán en el huerto (Gn. 3-9). Esta comunión íntima de Dios
con el ser humano (aunque se rompió en su estado original a
causa del pecado) ha estado latente en el corazón de Dios
durante toda la existencia humana. Tal es el caso de Enoc
(Gn. 5:22-24); Noé (Gn. 6:8-9); Abraham (Gn. 12); Moisés (Éx.
3), a quienes Dios se les reveló de forma personal, después
de la caída.
La misión del profetismo en Israel, se origina en el
deseo divino de comunicar su mensaje de amor a la
humanidad. El profetismo judío no es una copia de la
profecía pagana alrededor de las tierras bíblicas. Israel
pudo haber influenciado a otras naciones con su propio
concepto de profetismo5. Existe una marcada diferencia
entre los profetas de Israel y los de otras culturas aledañas
al tiempo en que se manifiesta la profecía bíblica. El
profeta bíblico reprende el pecado y le atribuye el fracaso
del pueblo al abandono de la Ley de Dios.
5
Cp. The Anchor Bible Dictiorary, vol. 5. Ed. Doubleday, USA, 1992.
p. 479.
15
En los demás contextos culturales los profetas son
mediadores e intérpretes de oráculos destinados a agradar
o responder las inquietudes de los reyes; o los caprichos de
dioses airados que, sin razón, se ensañan contra la gente6.
El profeta judío es exclusivo para trasmitir el consejo y
la buena voluntad de Dios para su pueblo, con carácter
justo, profundo respeto por la vida humana y en estricto
apego al cumplimiento de la Ley de Dios.
El culto pagano toma auge cuando el ser humano
abandona la verdadera adoración a Dios, e irónicamente le
tributa culto a las criaturas y no al Creador (Ro. 1:19-25). El
profetismo judío en cambio está ínsitamente afincado al
cumplimiento de la Ley. Esta revelación divina exclusiva le
difiere de cualquier otro culto.
Schokel, de forma atinada y elegante comienza la
introducción de su comentario a los profetas con las
palabras de Agustín:
“Por medio de hombres y al modo humano Dios nos
habla, porque hablando así nos busca” (Schokel, 1980. 2).
El profetismo bíblico (como un ministerio divino) se
origina en el corazón amoroso de Dios, en su deseo de
comunicar su Palabra y voluntad al pueblo de Israel y que
ellos a la vez lo trasmitieran al mundo entero.
____________________________________________________
 La misión del profetismo en Israel, se origina en el
deseo divino de comunicar su mensaje de amor a la
humanidad.
____________________________________________________
6
Ibíd., 479.
16
II. LA PROFECÍA COMO MEDIO DE
COMUNICACIÓN DIVINA
a. Dios prometió hablar por medio de los profetas
Dios ha usado lenguajes humanos para comunicar su
mensaje al mundo. En el principio, la voz de Dios se
escuchaba audiblemente en el huerto del Edén (Gn.3:8),
eso significa que Dios habló en lenguajes comprensibles
con los primeros humanos.
Dios conversó con Caín, a causa de su hermano (Gn.
4:6-15). Dios habló a Noé y le dio órdenes específicas de lo
que debía hacer antes del diluvio universal (Gn. 7).
También habló a Abraham que abandonara la tierra de sus
padres; a fin de heredar una tierra que luego le mostraría
(Gn.12: 1-3).
La Biblia señala que Dios hablaba a Moisés cara a cara:
“No así a mi siervo Moisés, que es fiel en toda mi casa.
Cara a cara hablaré con él, claramente, y no por figuras;
y verá la apariencia de Jehová…” (Nm. 12: 7-8a). (Ver,
Éx. 3:1:22, 33:11, 34:10).
Dios habló audiblemente a Moisés, desde una zarza que
ardía en fuego y sostuvo una conversación muy extensa
con él. Dios le habló a Moisés en el lenguaje que él
entendía (Ex. 3:4). Dios también llamó audiblemente a
Samuel por su nombre, mientras dormía en el templo de
Jerusalén y le dio un mensaje acerca de Elí (1 S. 3).
Al hacer referencia a lenguajes humanos, está implícita
la escritura, cuando es conocida. Tal es el caso de Moisés,
quien escribió las palabras de Dios (Ex. 24:3-4). También
están los escritos de los profetas de Israel (Jr. 36:1-2).
En cierta ocasión Dios le dijo a Jeremías que él sería
como su boca. Un instrumento para dar su mensaje:
17
“Por tanto, así dijo Jehová: Si te convirtieres, yo te
restauraré, y delante de mí estarás; y si entresacares lo
precioso de lo vil, serás como mi boca’’ (Jr. 15:19).
Dios ha usado la boca de sus profetas para comunicar su
Palabra al mundo. Dios usó a Moisés como su mensajero
para que hablara su palabra al pueblo de Israel (Ex. 7:1-2).
b. Dios habló por sueños y visiones a sus profetas
Dios habló por los profetas a través de sueños y visiones:
“Y les dijo: Oíd ahora mis palabras. Cuando haya entre
vosotros profeta de Jehová, le apareceré en visión, en
sueños hablaré con él” (Nm. 12:6).
Dios se manifestó a José a través de sueños y visiones (Gn.
37:5-11, 40, 41). Dios le reveló grandes enigmas y eventos
futuros al profeta Daniel por medio de sueños y visiones
(Dn. 2:16-49, 4:5). Dios prometió que en los postreros días
hablaría por medio de sueños y visiones:
“Y después de esto derramaré mi Espíritu sobre toda
carne, y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas;
vuestros ancianos soñarán sueños, y vuestros jóvenes
verán visiones” (Jl. 2:28). Otras citas: Gn. 20:3-6, 28:16,
31:11, 37:5-9, 40:9, 41:25-32; Nm. 12:6; Jue. 7:13-15; 1 R. 3:5;
Dn. 1:17, 2:28; Job 33:14-16; Mt. 1:20, 2:22, 27:19; Hch. 2:17.
Estas manifestaciones del poder de Dios, se hicieron más
patentes a partir de Pentecostés (Hch. 2) y continúan
vigentes en toda la era de la Iglesia en los que creen (Hch.
2:39).
No obstante, hay que recordar que Dios se ha dado a
conocer su voluntad a la humanidad a través de Jesús,
revelado en los Evangelios escritos por sus testigos
oculares (apóstoles). Eso implica que ningún sueño, visión o
manifestación espiritual puede contradecir o ir por encima
de la autoridad de las Escrituras. La Biblia tiene toda
18
autoridad, sobre cualquier experiencia espiritual. Los
dones y manifestaciones espirituales deben remitirse a
confirmar las Escrituras y después a edificar la vida del
cristiano.
Si una supuesta manifestación espiritual contradice la
Biblia, se debe desechar. Pablo incluso advierte que, quien
contradice el Evangelio queda bajo el anatema divino,
puesto bajo condenación; si no se arrepiente a tiempo (Gá.
1:9). No importa si reclama ser ministro o un supuesto
ángel de Dios, si contradice la Biblia, el tal es mentiroso.
c. La profecía como vía de comunicación divina
Dios se comunicó por medio de profetas con Israel:
“Y les dijo: Oíd ahora mis palabras. Cuando haya entre
vosotros profeta de Jehová” (Nm. 12: 6a).
Dios también habló que en los postreros días (Iglesia),
hablaría por medio de profetas:
“Y después de esto derramaré mi Espíritu sobre toda
carne, y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas” (Jl.
2: 28a).
La manifestación del don de profecía se da tanto en el AT,
como en el NT, cuando Dios quería comunicar un mensaje
específico a una comunidad o individuo. Pero se debe
hacer la justa diferencia entre la profecía canónica (la
profecía bíblica), que tiene su cumplimiento en Cristo y la
profecía como don de la Iglesia, dirigida a edificar la vida
del creyente. La profecía bíblica apunta a Cristo y se puede
resumir en la profecía de Moisés con relación a Jesús:
“Profeta les levantaré de en medio de sus hermanos,
como tú; y pondré mis palabras en su boca, y Él les
hablará todo lo que yo le mandare. Mas a cualquiera
que no oyere mis palabras que Él hablare en mi
nombre, yo le pediré cuenta” (Ex. 18:18-19).
19
Moisés profetizó esto acerca de Jesús (el profeta por
excelencia), a quien la Iglesia debe escuchar y obedecer por
medio del testimonio de sus testigos revelado en los santos
evangelios.
d. Dios desea comunicar sus planes a la humanidad
Dios hizo al ser humano a su imagen y semejanza (Gn. 1:2627). Una de las características que comparte el ser humano
con su Creador, es su eternidad y Dios está interesado en
dar a conocer su plan eterno a sus criaturas:
“Así dice Jehová, el Santo de Israel, y su Formador:
Preguntadme de las cosas por venir; mandadme acerca
de mis hijos, y acerca de la obra de mis manos. Yo hice
la tierra, y creé sobre ella al hombre. Yo, mis manos,
extendieron los cielos, y a todo su ejército mandé” (Is.
45:11-12).
Este plan divino está trazado en la Biblia y señala que hay
dos destinos eternos para el ser humano, a saber: La vida
eterna (cielo) y la condenación eterna (infierno), Dn. 12:2;
Mt. 25:46. Dios, siendo omnisciente, ha revelado en la
Biblia cosas pasadas, presentes y futuras por medio de sus
profetas. Dios le reveló a Moisés el libro de la creación del
universo (Génesis); también la Ley (el pacto de Dios con
Israel) en su interés de comunicarse con la humanidad.
Daniel recibió revelaciones pasadas, presentes y futuras a
su época (Dn. 12:4, 9). Lo mismo Juan (Ap. 1:19). Estas
revelaciones fueron dadas por Dios a sus profetas porque
Él está interesado en comunicarse con sus criaturas.
20
III. EL PROFETA COMO MENSAJERO DE DIOS
a. El profeta como atalaya de Dios
El profeta de Dios, tiene la misión de comunicar el mensaje
divino, en apego a su voluntad revelada en las Escrituras.
En Israel, el profetismo estaba ligado al cumplimiento de la
Ley. La Biblia señala que el profeta hace la función de un
atalaya. Este vigilante estaba apostado sobre el muro de las
ciudades fortificadas para avizorar y advertir el peligro del
enemigo, antes que llegase a atacar:
“Hijo de hombre, yo te he puesto por atalaya a la casa
de Israel; oirás, pues, tú la palabra de mi boca, y los
amonestarás de mi parte” (Ez. 3:17).
Nadie puede hacer un buen trabajo, si no conoce bien su
oficio. El profeta oye la palabra de Dios y la comunica, sin
alterar su contenido. Aunque reprende el pecado, no hace
riña con el pecador, porque su misión es solo advertir el
peligro del pecado. Tampoco hace enemistad intencionada
con el justo, porque su misión es exhortarle con amor.
La profecía que no se apegue a esta regla bíblica, estará
fuera de la realidad profética y pasará a ser un asunto
personal del profeta. Si el profeta desconoce que su
función es comunicar el mensaje divino, que no es un juez,
estará destinado a pasar más dolores de los que ya son
comunes a este oficio. El profeta debe odiar el pecado, pero
no al pecador. Se debe hacer la justa diferencia entre ambas
cosas. Dios detesta el pecado, pero ama al pecador.
____________________________________________________
 El profeta debe odiar el pecado, pero no al pecador.
Se debe hacer la justa diferencia entre ambas cosas.
Dios detesta el pecado, pero ama al pecador.
____________________________________________________
21
a. En parte conocemos… Y en parte profetizamos
Con esta aseveración, Pablo trata de demostrar que el ser
humano no puede conocerlo todo y tal pretensión es necia,
porque solo Dios es omnisciente. Por tanto, la profecía
divina revela aquellas cosas que son importantes en el plan
eterno de Dios para la humanidad y los individuos. El ser
humano nunca conocerá todas las cosas que le depara el
futuro y que Dios ha puesto en su sola potestad (Dt. 29:29).
Pablo, al señalar que: “En parte conocemos…Y en parte
profetizamos” (1 Co. 13:9), se incluye el mismo, como lo
confirman todos sus escritos, que la profecía es un don
activo de la Iglesia. Pero, un día lo que conocemos en parte
se acabará y vendrá lo perfecto:
“Pero las profecías se acabarán, y cesarán las lenguas, y
la ciencia acabará” (1 Co. 13:8).
Se debe tener cuidado de no mal interpretar este verso.
Porque lo perfecto aun no ha llegado y por eso
profetizamos y conocemos solo en parte hasta hoy (lo que
Dios nos permite conocer en su voluntad).
No obstante, cuando venga lo perfecto, lo que es en
parte se acabará (1 Co. 13:10). Un día las profecías cesarán,
nadie más hablará y la ciencia acabará. Pero, ese día aún
no ha llegado, sino hasta que se manifieste Jesús por
segunda vez y establezca su reino en la tierra (Jn. 16:23).
Hoy más que nuca la ciencia está en su apogeo, no se
ha acabado, ni las lenguas dejan de hablar, ni los profetas
dejan de proclamar la palabra de Dios al mundo. La
profecía es un don y un ministerio activo de la Iglesia.
____________________________________________________
 La profecía es un don y un ministerio activo de la
Iglesia.
____________________________________________________
22
Capítulo – 2 –
BREVE RESEÑA DEL PROFETA DEL
ANTIGUO TESTAMENTO
___________________________________________________
I. USOS BÍBLICOS DEL TÍTULO DE PROFETA
Para entender el ministerio profético neotestamentario, es
preciso hacer una reseña del profetismo del AT. La idea es
contrastar el profeta del Antiguo y Nuevo Testamento
para conocer paralelamente sus similitudes y diferencias.
Se prevé de esta manera evitar errores anacrónicos que
afecten la interpretación bíblica y que conduzcan a creer
que no existe diferencia entre los profetas del AT y NT en
su función jerárquica en el reino de Dios. Estas dos ópticas
se deben exponer con claridad para una mejor
comprensión del profetismo bíblico en general.
a. Abraham como profeta de Dios
En el Antiguo Testamento, se menciona como profetas a
personajes bíblicos importantes del pueblo de Israel;
aunque la connotación del título dado a algunos de ellos
no sea necesariamente aplicada en la manera que el
cristianismo actual reconoce el título de profeta, por medio
de sus escritos. Algunos señalan que este título fue
asignado a personajes relevantes de la historia de Israel.
Para el caso, Abraham fue llamado profeta:
“Ahora, pues, devuelve la mujer a su marido; porque es
profeta, y orará por ti, y vivirás” (Gn. 20:7).
El título de profeta asignado a Abraham, en este contexto
bíblico, tiene que ver con alguien que goza de comunión
23
íntima con Dios y no estrictamente a un profeta de oficio
como se les conoce hoy día, a través de sus escritos.
Dios le dijo al rey Abimelec que: Abraham oraría por él y
viviría; y si no le devolvía su mujer, moriría. Implica que la
alusión de profeta a Abraham, se refiere a uno que por su
comunión con Dios (Stg. 2:23), posee autoridad espiritual
derivada de su fiel compromiso con Dios (pacto).
Por todo lo que encierra el relato de la vida de
Abraham en la Biblia, es evidente que su misión en la
tierra fue más que ser un profeta. Fue un líder destinado a
fundar una nación santa, bajo un gobierno teocrático7.
Los grandes héroes de la fe en la Biblia, desarrollaron
(generalmente) una faceta profética a causa de la unción en
sus ministerios; pero el título de profeta que se les asigna a
Abraham y otros líderes renombrados de Israel, debe
entenderse como uno más representativo del grado de
comunión que ellos mantenían con Dios. No obstante, esa
relación íntima de los hombres de Dios con su Creador,
posteriormente viene a ser característica y base del
profetismo bíblico.
b. La faceta profética de Moisés
Dios nombró a Moisés con el título de profeta:
“Jehová dijo a Moisés: Mira, yo te he constituido dios
para Faraón, y tu hermano Aarón será tu profeta” (Éx. 7:1).
En este verso se aprecia la función del profeta con relación
a Dios. Dios da el mensaje y el profeta se remite a
comunicarlo. De forma simbólica, Dios le dijo a Moisés que
él sería como dios para Faraón y que Aarón sería como su
profeta. Según este modelo de profetismo (metafóricamente
representado en Moisés como dios y Aarón como su profeta),
7
Ver, Génesis 12:1-2
24
Aarón sería la voz de Moisés, hablaría lo que Moisés le
dijera; así como en la misma realidad profética, Dios
hablaría a través de Moisés lo que Él quisiera comunicar a
su pueblo.
Moisés hablaría de parte de Dios y no intervendría en
el contenido del mensaje, ni coaccionaría el cumplimiento
de la palabra de Dios, porque sin duda, cuando Dios habla,
se cumple. En este marco veterotestamentario se muestra
claramente al profeta como uno que comunica el mensaje
divino, sin polemizar, ni tratar de convencer a los demás
para que le crean. Los resultados mismos de sus palabras
testificarán la veracidad de su mansaje.
Faraón supo que Moisés hablaba de parte de Dios
cuando vio cumplidas todas las profecías advertidas (Ex.
7). En otra ocasión, cuando Moisés confrontó a un grupo
de Israelitas que se rebelaron contra su autoridad, expresó:
“Y dijo Moisés: En esto conoceréis que Jehová me ha
enviado para que hiciese todas estas cosas, y que no las
hice de mi propia voluntad” (Nm. 16:28).
Moisés demostró que sus acciones estaban plenamente
dirigidas por el Señor y no se dejaba guiar por
sentimientos de odio personal al enfrentar a sus enemigos,
demostrando que el verdadero profeta no obra
independientemente y está sometido a la voluntad de
Dios, remitiéndose a obedecer las órdenes divinas.
c. Moisés reconoció su papel profético
Moisés reconoció su faceta profética, pero era consciente
que su misión era más que ser un profeta de oficio:
“Entonces Jehová descendió en la nube, y le habló; y
tomó del espíritu que estaba en él, y lo puso sobre los
setenta varones ancianos; y cuando posó sobre ellos el
espíritu, profetizaron y no cesaron. Y Moisés le
25
respondió: ¿Tienes tú celos por mí? Ojalá todo el
pueblo de Jehová fuese profeta, y que Jehová pusiera
su espíritu sobre ellos” (Nm. 11: 25, 29).
Aquí Moisés hace alusión indirecta a sí mismo como
profeta. En este marco del AT, se muestra la profecía como
un don espiritual del que pueden participar las personas
que Dios escoja dentro de una comunidad de fe. Pero, ante
el pueblo, Moisés no era considerado un profeta de oficio;
sino un líder con autoridad delegada en Israel.
Esto se nota en la actitud de celo de parte de sus más
cercanos colaboradores, cuando otras personas fueron
llenas del Espíritu Santo y profetizaron. Ellos creían que la
profecía era un atributo exclusivo de Moisés y que si otros
profetizaban le restaría autoridad o liderazgo.
Al manifestar su deseo de que todos fueran profetas,
Moisés demostró que esa no era su misión específica.
Moisés no confundió el derramamiento del Espíritu Santo,
sobre otras personas en Israel como un acto de rebelión
contra Dios o su autoridad. El anhelaba que todos fueran
llenos del Espíritu y profetizaran para tener un pueblo más
sensible a la voz de Dios. Él sabía que su autoridad le
había sido dada por elección divina y no tenía que
demostrarla en una competencia de milagros.
La Biblia mencionan a Moisés con el título de profeta,
haciendo alusión a un líder que posee comunión íntima con
Dios y constituye solo una faceta de su ministerio,
íntimamente relacionada a su llamado de ser líder y juez
en Israel, bajo un gobierno teocrático donde la comunión
con Dios es determinante para ejercer autoridad.
La profecía fue solo un don en la vida de Moisés, pero
liderar una nación era su llamado pleno, caracterizado por
una comunión íntima con Dios como muestra la Biblia:
26
“Y nunca más se levantó profeta en Israel como Moisés,
a quién haya conocido Jehová cara a cara” (Dt. 34:10).
El escritor resalta que Jehová conocía a Moisés cara a cara,
enfatizando su grado de comunión con Dios, como
característica principal y no sus profecías, que es más
primordial en la vida de los profetas de oficio.
Desde el punto de vista etimológico y práctico, Moisés
fue un gran profeta: a) Le advirtió a faraón todo lo que le
sucedería en un futuro inmediato y se cumplió (Éx. 7, 10). b)
profetizó que sucedería algo nuevo contra un grupo de rebeldes
(Coré y sus seguidores, Nm. 16). c) profetizó acerca de Cristo,
una de las grandes profecías que Israel esperaba su cumplimiento
(Dt. 18:15 y 18). d) advirtió que Israel se apartaría de Dios (Dt.
31: 27-2) y todas se cumplieron a su debido tiempo.
El título de profeta se les da a Moisés y otros patriarcas
para resaltar su comunión con Dios8. El profetismo fue una
faceta en líderes de Israel, no su llamado específico como
los profetas de oficio que posteriormente surgen en Israel.
Un aspecto importante del profetismo israelita es como
se asocia con la realeza9, como el caso de Moisés, quien fue
gobernador y profeta a la vez. También a su sucesor Josué,
a quién Dios le prometió que así como estuvo con Moisés,
estaría con él (Js. 1: 5), siguiendo con esa figura de líder y
profeta que después pasaría a otro plano con la institución
8
El escritor relata esta parte después de la muerte de Moisés, ya
que el mismo Moisés no pudo haber escrito acerca de su propia
muerte (Moisés ya había muerto, Dt. 34: 1-12).
9
Moisés fue juez y profeta a la vez. Los líderes de Israel ejercían
autoridad bajo un gobierno Teocrático que les demandaba ser llenos
del Espíritu y del conocimiento de Dios para poder gobernar conforme
a la voluntad de Dios. Al no hacerlo así, Dios levantó profetas para que
les recordaran que debían cumplir su voluntad.
27
de la monarquía oficial en Israel, donde el profeta
desarrolla su ministerio a la par del rey.
d. Destellos de profetismo en los hombres de Dios
Al igual que en el ministerio de Jesús, la faceta de la
profecía es una característica de los hombres de Dios de la
Biblia. Para corroborar este hecho basta mencionar algunos
casos: a) Enoc profetizó la segunda venida de Cristo: “he aquí,
vino el Señor con sus santas decenas de millares” (Jd.
1:14b); b) Noé profetizó a su generación acerca de un diluvio
universal (Gn. 6:13-22); c) Abraham fue profeta (Gn. 20:7); d)
Isaac profetizó a su hijo Jacob (Gn. 27:27-29); e) Jacob profetizó
el destino de cada uno de sus hijos (Gn. 49); f) Moisés advirtió a
faraón lo que le sucedería en un futuro inmediato (Ex. 7 al 10),
profetizó que sucedería algo nuevo contra los que se rebelaron
contra él (Coré y sus seguidores, Nm. 16), profetizó acerca de
Cristo, una de las profecías mesiánicas más esperadas por Israel
(Dt. 18:15 y 18), advirtió que Israel se apartaría de Dios (Dt. 31:
27-29); g) Josué profetizó al pueblo de Israel (Gn. 3, 6, 7); g)
Samuel fue fiel profeta de Jehová (1 S. 3:20); h) Jesús dio
testimonio de que David era profeta (Lc. 24:44).
La profecía fue una faceta característica de los hombres
de Dios en la Biblia, porque ejercían sus ministerios bajo
un gobierno teocrático que les exigía una vida santa y de
comunión íntima con Dios.
28
II. EL PROFETA Y SU REVELACIÓN DE DIOS
a. El profeta y el conocimiento de Dios y su Palabra
El triunfo de un verdadero profeta de Dios estriba, en gran
medida, en el nivel de conocimiento que posea de Dios
(Os. 4:6). Este conocimiento no se refiere solo a la
experiencia de conocer la voz de Dios por medio del
Espíritu Santo; sino al fundamento sólido del conocimiento
divino revelado en la Biblia, que tiene como objetivo
supremo (en su aplicación práctica) revelar el carácter y la
voluntad de Dios a la humanidad en general. Sobre la base
de la Biblia debe girar toda experiencia cristiana (Ro. 15:4).
Tampoco implica que por conocer la palabra de Dios y
su voluntad está garantizada la victoria de un profeta. La
victoria depende de la aplicación correcta de ese
conocimiento bíblico en la vida diaria. El descuido en la
aplicación correcta de la palabra de Dios le causó gran
pérdida y aun la muerte a más de un profeta en la Biblia.
Existe una tendencia marcada en los profetas a manejar
las circunstancias de la vida diaria solamente por medio
del Espíritu, dejando de lado la aplicación de la Biblia. Si la
misión primordial del profeta bíblico es revelar la voluntad
de Dios, es imperativo que primero conozca a profundidad
la voluntad de Dios revelada en la Biblia y que sin
ambages haga su aplicación correcta, para después
moverse en el ámbito espiritual.
Otro de los escollos difíciles de sortear para el profeta
de todos los tiempos, es el conocimiento de la autoridad
divina, a veces representada en débiles humanos como
autoridades delegadas de Dios (2 Co. 4:7). Del
conocimiento de Dios basado en su Palabra emana
consecuentemente la revelación de su autoridad, que está
íntimamente ligada al carácter divino.
29
Si el profeta no obedece humildemente la revelación de
Dios en su Palabra, desconocerá su carácter y voluntad,
consecuentemente estará destinado a confrontar o
desconocer a la autoridad delegada de Dios, a veces
representada en personas humildes y eso le conducirá al
fracaso. No basta que un profeta conozca la manifestación
de los dones espirituales, debe reconocer al dador de todas
las cosas (no se deben confundir ambas cosas). Hay profetas
que conocen más el poder de Dios, que al Dios de poder.
Profetas bíblicos disfrutaron la manifestación del poder
de Dios en sus vidas; pero, a la vez ignoraron el carácter y
la voluntad divina y su final no fue el mejor. Balaam
profetizó en nombre de Jehová por un tiempo, sus
profecías se cumplieron, pero sus acciones demostraron
que desconocía el carácter y la voluntad de Dios que
finalmente le condujeron a un desenlace fatal (Nm. 23, 24;
31:8). Existe una tendencia en los profetas a excusarse en
que conocen la voz de Dios, para no sujetarse a las
autoridades delegadas e irrespetar la Biblia.
b. El profeta debe reconocer la autoridad delegada de
Dios
No basta que el profeta conozca el poder y la voz de Dios,
también debe aprender a reconocer y respetar su autoridad
delegada. María (hermana de Moisés) era profetisa, pero
desconocía la autoridad de Dios delegada en Moisés:
“Y María profetisa, hermana de Aarón, tomó un
pandero en su mano, y todas las mujeres salieron en
pos de ella con panderos y danzas” (Éx. 15: 20).
En éste relato a María se le llama profetisa. Implica que el
profetismo existía desde los inicios de la nación de Israel
como un ministerio divino paralelo al sacerdocio y al juez.
30
María se inspiraba como profeta a través de la alabanza
para declarar las grandezas de Dios. Desde aquí se
comienza a notar en la Biblia a los profetas relacionados
con la alabanza y el regocijo en grupo, que es más evidente
posteriormente en las narraciones proféticas.
El caso de María es aleccionador para quienes deseen
entender cómo se debe ejercer la profecía dentro del
contexto bíblico. Así como a Moisés, también a su hermana
María se le denominó profetisa, pero no significa que ambos
poseían igual autoridad en el reino de Israel.
Si la alusión de profeta a Moisés, en este contexto
bíblico, se refiriera solamente a un profeta de oficio,
entonces su nivel de autoridad habría sido igual al de
María; ya que ésta gozaba del mismo título de profeta.
María también fue profetisa, pero la autoridad de Moisés
era mayor. Eso quedó demostrado cuando María trató de
resistir la autoridad de Moisés por causas que ella
consideraba justificables:
“María y Aarón hablaron contra Moisés a causa de la
mujer cusita que había tomado; porque él había
tomado mujer cusita. Y dijeron: ¿Solamente por Moisés
ha hablado Jehová? ¿No ha hablado también por
nosotros? Y lo oyó Jehová. Entonces la ira de Jehová se
encendió contra ellos; y se fue. Y la nube se apartó del
tabernáculo y he aquí que María estaba leprosa como la
nieve; y miró Aarón a María, y he aquí que estaba
leprosa” (Nm. 12:1-2, 9:10).
María creyó que por ser profetisa y ministrar con los
mismos dones espirituales que Moisés, poseía tanta
autoridad como él. Ese error le hizo merecedora de la
corrección divina y enfermó de lepra, una enfermedad
31
considerada inmunda en Israel10. María creyó que por ser
santa y gozar del título de profetisa le daba suficiente
autoridad para desafiar la autoridad de Moisés. Pero esa
pretensión le duró muy poco tiempo, siendo avergonzada
ante todo el pueblo, retirada de la comunión de los santos,
sacada fuera del campamento por siete días, conforme
establecía la Ley con relación a los leprosos (Lv. 13: 3).
María gozaba de los mismos dones espirituales que
Moisés, pero no había sido elegida para ejercer autoridad
sobre el pueblo, no porque no tuviera la capacidad, fue
simplemente porque Dios no la había autorizado.
Este relato ilustra un ejemplo del orden de jerarquía de
los ministerios en el reino de Dios. La autoridad en el reino
de Dios no se relaciona con el tipo de milagros o dones que
puedan manifestarse en los ministros. La autoridad en el
reino de Dios se adquiere por una elección divina.
No significa que una persona que es elegida por Dios
para ejercer autoridad necesariamente no deba tener
manifestación de milagros, ni señales de esa autoridad en
su ministerio; pero su autoridad no depende de las señales,
sino de la elección que Dios le haya hecho para ejercer su
ministerio. Muchos profetas fracasan al no comprender la
dimensión de esta verdad escritural y se tornan soberbios
contra las autoridades delegadas en los ministros de Dios.
Aunque el Espíritu Santo se manifieste con poder en
un profeta, eso no lo autoriza para desconocer las
autoridades establecidas por Dios. Ese fue el error de
María y esa lección le fue dada a ella como ejemplo para
que no se cometan los mismos errores (Ro. 15: 4).
Dios deposita su autoridad en la persona que Él quiere
para la función que desee realizar en su reino, no
10
Ver, Levíticos 13: 3.
32
importando las limitaciones o virtudes de quien es
llamado. Los profetas deben tener claro el concepto de
autoridad en el reino de Dios, pues la actitud arrogante
ante las autoridades delegadas por Dios es uno de los
errores más comunes que conduce al fracaso de los
profetas.11 El profeta debe ser valiente para dar su mensaje
tal como lo recibe de Dios, pero siempre con amor.
María creyó que por ser profeta poseía igual autoridad
que Moisés y Dios debió intervenir para demostrarle su
error, confirmando la autoridad con que estaba investido
Moisés, quien debió interceder por su hermana para que
Dios la sanara. La autoridad en el reino se debe respetar,
aunque parezca débil o sencilla a nuestro propio juicio.
Estas manifestaciones de autoridad en la vida de
Moisés, muestran que la alusión de profeta hacia él se
queda corta en comparación a su misión (ministerio), si se
compara con el ministerio de los profetas bíblicos, como el
caso de su hermana. La diferencia entre la autoridad de
Moisés y la de María, a pesar de que a los dos se les asigna
el título de profetas en el mismo contexto, confirma que el
título de profeta se les dio a los primeros líderes de Israel
para resaltar su comunión con Dios y no porque fuesen
profetas de oficio.
c. El profeta debe conocer y hacer de la voluntad de Dios
El caso del profeta Balaam es aleccionador a quienes
desean extraer de la Biblia una aplicación práctica del
11
Existe una tendencia marcada en los profetas a creer que la sola
manifestación de los dones del Espíritu (no del hombre) les confiere
una autoridad que no puede ser juzgada (contrario a lo que enseña la
Biblia, 1 Co. 14:29). Por eso tienden a revelarse contra las autoridades
delegadas de Dios, siendo este el principio de sus fracasos o la
confusión que les conduce a su propia perdición.
33
profetismo bíblico a fin de aprender, aun de las situaciones
adversas de algunos de sus personajes. Balaam, aparte de
todos los conflictos aparentemente contradictorios que
presenta el relato de su vida en el marco bíblico, envuelve
un manojo de enseñanzas acerca de la fragilidad del
carácter humano, versus la infalibilidad de Dios.
Si se tiene un poco de perspicacia para adentrar en el
carácter de Balaam (reflejado en sus acciones) se podrá
entender porque actuaba de manera tan controversial y
errática. Irónicamente, Balaam a veces parece ser un
verdadero profeta de Dios y luego un perverso adivino
que corrompe a Israel. Indudablemente, la Biblia narra que
Balaam gozó de comunión con Jehová por algún tiempo12:
“Él les dijo: Reposad aquí esta noche, y yo os daré
respuesta según Jehová me hablare. Y vino Dios a
Balaam y le dijo: ¿Qué varones son estos que están
contigo? Y Balaam respondió a Dios Balac hijo de
Zipor, rey de Moab, ha enviado a decirme: He aquí,
este pueblo que ha salido de Egipto cubre la faz de la
tierra; ven pues, ahora, y maldícemelo; quizá podré
pelear contra él y echarlo. Entonces dijo Dios a Balaam:
No vayas con ellos, ni maldigas al pueblo, porque
bendito es” (Nm. 22:8-12).
Balaam fue un profeta que sirvió a Jehová durante un
tiempo y tenía fama de que Dios, oía sus peticiones. Por
eso Balac, un rey pagano, le buscó para que maldijera a
Israel. Balaam, les respondió a los enviados del rey Balac,
que volvieran a su tierra, ya que Dios no le permitía
maldecir al pueblo de Israel. Pero Balaam no demuestra
por sí mismo el deseo de no ir para agradar a Dios. La
razón que él expone es: “Porque Jehová no me quiere dejar
12
La Biblia no narra como Balaam conoció a Jehová.
34
ir con vosotros”. Al parecer no era que él estuviera de
acuerdo con Dios, sino que Dios se lo impedía. Eso da
indicios para entender que en su corazón, Balaam no fue
fiel a Dios. El rey Balac, envió nuevamente gente más
honorable y con ofertas más tentadoras que le prometían
grandes honorarios a Balaam, si maldecía a Israel:
“Volvió Balac a enviar otra vez más príncipes, y más
honorables que los otros; los cuales vinieron a Balaam,
y le dijeron: Así dice Balac, hijo de Zipor: Te ruego que
no dejes de venir a mí; porque sin duda te honraré
mucho, y haré lo que me digas…” (Nm. 22:15-17a).
Esta segunda vez los enviados del rey Balac, le prometían
dones más codiciables a Balaam si maldecía a Israel. Con
eso pretendían que Balaam no les negara su petición.
Balaam respondió que sí el rey Balac le diese aun su casa
llena de oro y plata, no traspasaría la palabra de Jehová.
Pero esta expresión parece contradictoria a su respuesta
final:
“Os ruego, por tanto, ahora, que reposéis aquí ésta noche,
para que yo sepa qué me vuelve a decir Jehová” (v. 19).
Estas palabras de Balaam muestran la ambición de su
corazón, ambivalencia y falta de conocimiento de Dios, al
creer que podía manipular la voluntad divina para lograr
sus ambiciones personales. El corazón de Balaam se estaba
inclinando hacia las enormes dádivas que le prometía el
rey Balac. En una actitud perversa con el fin de no dejar ir
aquella oportunidad de agenciarse tal riqueza trató de
chantajear a Dios, preguntándole de nuevo, lo que Dios ya
le había respondido (que no fuera). Tal necedad revela su
avaricia y desconocimiento del carácter divino (Dios no
cambia, Mal. 3:6).
Dios, viendo su necedad, le dijo a Balaam que fuera
con ellos. Pero es evidente por el relato que Dios no
35
cambió su respuesta inicial, sino que quería darle una gran
lección en el camino al perverso profeta. La Biblia señala:
“y la ira de Dios se encendió porque él iba; y el ángel de
Jehová se puso en el camino por adversario suyo” (22a).
Este verso muestra que Dios no aprobó la intención
malvada de Balaam para maldecir a Israel (sin razón); sino
que ante la insistencia del profeta, Dios le permitió ir para
avergonzarle y hacerle recapacitar acerca de la maldad de
su corazón, a fin de que se arrepintiera.
La ambición de Balaam se vio frustrada, ya que Dios
nuevamente no le permitió maldecir a Israel, perdiendo la
oportunidad de que Balac lo recompensara. Mientras, Dios
bendecía por sus mismos labios a quienes el profeta
deseaba maldecir para obtener ganancias.
He aquí el relato de la locura del profeta:
“Iba, pues, él montado sobre su asna, y con él dos
criados suyos. Y el asna vio al ángel de Jehová, que
estaba en el camino con su espada desnuda en su mano;
y se apartó el asna del camino, e iba por el campo.
Entonces azotó Balaam al asna para hacerla volver al
camino. Pero el ángel de Jehová se puso en una senda de
viñas que tenía pared a un lado y pared al otro. Y viendo
el asna al ángel de Jehová, se pegó a la pared, y apretó
contra la pared el pie de Balaam y él volvió a azotarla.
Entonces Jehová abrió la boca al asna, la cual dijo a
Balaam: ¿Que te he hecho, que me has azotado estas tres
veces? Entonces Jehová abrió los ojos de Balaam, y vio
al ángel de Jehová que estaba en el camino, y tenía su
espada desnuda en su mano. Y Balaam hizo reverencia,
y se inclinó sobre su rostro. Y el ángel de Jehová le dijo:
¿Por qué has azotado tu asna estas tres veces? He aquí
yo he salido para resistirte, porque tu camino es
perverso delante de mí” (v. 22b-25, 28, 31,32).
36
Dios, en su misericordia y conociendo las intenciones de
avaricia del corazón de Balaam, le dio la oportunidad de
verse reflejado en el espejo de su propia maldad a fin de
que se arrepintiera. El corazón de Balaam estaba
emocionado, creyendo que Dios le concedería por fin la
oportunidad de maldecir a Israel para obtener ganancias
materiales. Es posible que la avaricia fuese una de las
debilidades del profeta y su corazón fue seducido por lo
material hasta sucumbir a la tentación.
Hay ministerios que comienzan bien, pero en el camino
las tentaciones les doblegan al punto de pervertir los
caminos de Dios. Ese fue el caso de Balaam. Dios le dio la
oportunidad de restaurarse y él reconoció su pecado, por
eso Dios le permitió bendecir y profetizar acerca de Israel;
pero finalmente, Balaam sucumbió a la tentación y su
pecado le arrastró a la muerte. Posteriormente, Balaam se
vendió por avaricia a los madianitas, abandonó su
ministerio profético y terminó siendo un perverso adivino
que pervertía al pueblo de Israel:
“Y les dijo Moisés: ¿Por qué habéis dejado con vida
todas las mujeres? He aquí, por consejo de Balaam ellas
fueron causa de que los hijos de Israel prevaricasen
contra Jehová en lo tocante a Baal-peor, por lo que
hubo mortandad en la congregación de Jehová” (Nm.
31:15-16).
Balaam fue muerto por la espada de Jehová, cuando los
israelitas atacaron Madián:
“También a Balaam hijo de Beor mataron a espada”
(Nm. 31:8b).
En el relato de Josué, ya no se menciona a Balaam
como un profeta de Dios, sino como un adivino:
37
“También mataron a espada los hijos de Israel a
Balaam el adivino, hijo de Beor, entre los demás que
mataron” (Js. 13:22).
Dios le dio la oportunidad a Balaam de ser su profeta, pero
este no supo retener su ministerio y finalmente sucumbió a
la tentación de los cultos paganos por su ambición al poder
y el amor al dinero (Judas 11).
La Biblia no explica si Balaam había sido adivino antes
de servir a Dios, para luego regresar de nuevo a sus
prácticas. Lo cierto es que su final fue en extremo
pecaminoso y su ejemplo es aleccionador para entender
que Dios es grande en misericordia, pero hay que
permanecer fiel al llamado.
Balaam no afirmó sus convicciones en Jehová, y el
tiempo en que sirvió a Dios lo hizo sin una entrega total.
Al no encontrar lo que buscaba y después de ser usado por
Jehová, la ambición por los bienes materiales le llevó a
abandonar a Dios y a envolverse en la adivinación pagada
y en todo tipo de perversión, muriendo en esa condición.
Todo profeta debe aprender de Balaam, que se puede
conocer la voz de Dios e incluso su poder, pero a la vez se
puede desconocer quien verdaderamente es Dios. No basta
conocer el poder y la voluntad de Dios, hay que hacerla.
El pecado de Balaam, fue tan grande que marcó un
precedente de advertencia para los profetas de Dios de
todos los tiempos. En Apocalipsis (2:14) se menciona el
pecado de Balaam como la Doctrina de Balaam, un espíritu
de confusión que mezcla lo sacro con lo profano y pervierte
por avaricia los caminos rectos de Dios.
En un caso diferente, cuando Nahamán (general sirio)
trajo gran riqueza para recompensar al profeta Eliseo, este
no quiso aceptar nada de su mano, ni le recibió
personalmente, quizá por orden divina para no ser tentado
38
por aquellas riquezas. Su criado (Giezi) cayó en la tentación
material, su corazón se fue detrás de las dadivas y como
castigo recibió la lepra de Nahamán (2 R. 5). La Biblia
señala que las dadivas corrompen al justo (Ec. 7:7). El profeta
de Dios debe cuidarse de no comprometer su mensaje por
las dadivas.
d. El reto del profeta es obedecer a Dios
El profeta debe confrontar grandes retos que pondrán a
prueba su carácter y obediencia total a la voluntad de Dios.
Jeroboam (uno de los reyes más perversos que gobernó a Israel)
en su desobediencia a Dios edificó dos becerros de oro
para que el pueblo los adorara y enseñaba que estos eran
los dioses que habían sacado a Israel de Egipto,
blasfemando contra el verdadero Dios de Israel.
Cierto día, Jeroboam disponía hacer un sacrificio a
estos ídolos y descendió de Judá a Betel un profeta, que
por orden de Jehová confrontó a Jeroboam por su pecado:
“Aquel clamó contra el altar por palabra de Jehová y
dijo: Altar, altar, así ha dicho Jehová: He aquí que a la
casa de David nacerá un hijo llamado Josías, el cual
sacrificará sobre ti a los sacerdotes de los lugares altos
que queman sobre ti incienso, y sobre ti quemarán
huesos de hombres” (1 R. 13:2).
Esta profecía se cumplió cerca de 300 años después,
durante el reinado de Josías en Judá (2 R. 23:15-16). El
profeta de Judá (la Biblia no menciona su nombre) solo había
obedecido a Dios al dar esta palabra profética, por eso no
39
tuvo temor de dar una señal para confirmar que era un
verdadero profeta de Dios13:
“Y aquel mismo día dio una señal, diciendo: Esta es la
señal de que Jehová ha hablado: He aquí que el altar se
quebrará, y la ceniza que sobre el está se derramará” (1
R. 13:3).
El rey Jeroboam, al oír las palabras del juicio divino contra
su culto pagano, extendió su mano sobre el profeta en
señal de orden para que fuese capturado y muerto:
“Extendiendo su mano desde el altar dijo: ¡Prendedle!
Mas la mano que había extendido contra él, se le secó y
no la pudo enderezar. Y el altar se rompió, y se derramó
la ceniza del altar, conforme a la señal que el varón de
Dios había dado por palabra de Jehová” (1 R. 13:4b, 5).
Dos señales inmediatas habían sido dadas por éste profeta,
como evidencia de la veracidad de su ministerio. La mano
del rey se había secado y el altar se había deshecho
inmediatamente, como advirtió. Además, el profeta oró y
la mano del rey fue restaurada y sanada (1 R. 13:6)
La Biblia señala que este profeta hizo todo bajo
obediencia a Dios: “Vino de Judá por palabra de Jehová”.
También, dio señal “por palabra de Jehová”. Todo lo había
hecho en obediencia a Dios. Este profeta tenía orden divina
de no comer, ni beber en Betel, ni regresar por el mismo
camino que había transitado (1 R. 13:9). Quizá era una
orden específica para este viaje, como rechazo a la idolatría
y en protesta al pecado de Betel. Pero un viejo profeta
radicado en Betel, habló al joven profeta de Judá diciendo:
13
Una de las evidencias del falso profeta es que no se cumpla lo que
profetiza. Este profeta de Judá, dio evidente señal de que era
verdadero profeta de Dios, pues su profecía se cumplió (Dt. 18:21-22).
40
“Ven conmigo a casa, y come pan. Mas él respondió:
No podré volver contigo, ni iré contigo, ni tampoco
comeré pan ni beberé agua contigo en este lugar.
Porque por palabra de Dios me ha sido dicho: No
comas pan ni bebas agua allí, ni regreses por el camino
por donde fueres” (1 R. 13:15b-17).
La palabra de Dios para el profeta de Judá le impedía
recibir atenciones de los moradores de Betel, pero
finalmente cedió a la invitación insistente del viejo profeta
de Betel; quien puso a prueba su obediencia:
“Y el otro le dijo, mintiéndole: Yo también soy profeta
como tú, y un ángel me ha hablado por palabra de
Jehová, diciendo: Tráele contigo a tu casa, para que
coma pan y beba agua” (v. 13:18).
No se sabe qué clase de profeta fue este que probó la
obediencia del joven profeta, porque un verdadero profeta
no miente, ni engaña a su hermano (Lv. 19:11). Pero lo
relevante es la lección acerca de la obediencia que el relato
pretende trasmitir. El punto importante es que el joven
profeta accedió a la invitación prohibida, en contra de la
advertencia divina. El profeta murió por su desobediencia
a la palabra que Dios le había ordenado, de mantenerse en
completa austeridad y alejado de Betel. Mientras comían,
el viejo profeta habló al joven profeta de Judá diciendo:
“Así dijo Jehová: Por cuanto has sido rebelde al
mandato de Jehová, y no guardaste el mandamiento
que Jehová tu Dios te había prescrito, sino que volviste
y comiste pan y bebiste agua en el lugar donde Jehová
te había dicho que no comieses pan ni bebieses agua,
no entrará tu cuerpo en el sepulcro de tus padres. Y
yéndose, le topó un león en el camino, y le mató; y su
cuerpo estaba echado en el camino, y el asno junto a él,
el león también junto a su cuerpo” (1 R. 13:21b, 22, 24).
41
Este fue un final triste para el profeta que recién había
hecho grandes prodigios en nombre de Jehová. No se sabe
de qué manera el viejo profeta usó sus palabras para poner
a prueba al joven profeta. El escritor dice que mintió, pero
la mentira es condenada por Dios (Lv. 19:11) y quien quite
o añada a la palabra de Dios recibirá condenación14. Lo
cierto es que el viejo profeta probó al profeta de Judá y el
joven murió por su desobediencia a la advertencia divina.
Lo importante de este relato es la lección acerca de la
obediencia y no enfrascarse en lo que el pasaje no explica,
ofuscándose en detalles periféricos estériles. El propósito
de estos relatos es aleccionar a quienes desean agradar a
Dios a fin de vivir una vida de obediencia (Ro. 15:4).
Un atributo incuestionable del carácter divino es que es
inmutable. Dios no cambia y éste profeta obvió esta
característica divina. El profeta de Dios no puede ser un
ser imbuido en una burbuja espiritual, carente del
conocimiento del carácter divino.
Existe la tendencia en los profetas, a enseñar doctrinas
fundadas en sus propios criterios con la excusa de que
Dios se los revela; sin tener fundamento bíblico. Eso crea
grandes conflictos a la Iglesia, al punto de dar origen a
falsas doctrinas. Es peligroso cuando los profetas dan más
importancia a sus revelaciones que a la palabra de Dios.
Este es otro de los tropiezos difíciles de superar para el
profetismo y es causa de gran aversión y rechazo al tema
de la profecía como ministerio y don activo de la Iglesia.
14
Los hechos fueron narrados posteriormente al suceso y esa podría
ser la visión del escritor. Aun así, la palabra de Dios no cambia y quien
le agregue o le quite recibirá el juicio divino (Ap. 22:18-19). Aunque el
pasaje no lo explique, sin duda, Dios también juzgará al viejo profeta.
42
III. LOS VERDADEROS Y FALSOS PROFETAS
a. La señal bíblica del verdadero y falso profeta
Dios dijo en su Palabra, que hablaría por medio de
profetas (Am. 3:7). Pero Satanás puede imitar y engañar el
corazón humano para profetizar erradamente en nombre
de Dios. La Biblia señala:
“El profeta que tuviere la presunción de hablar palabra
en mi nombre, a quien yo no le haya mandado hablar, o
que hablare en nombre de dioses ajenos, el tal profeta
morirá. Y si dijeres en tu corazón: ¿Cómo conoceremos
la palabra que Jehová no ha hablado?; si el profeta
hablare en nombre de Jehová, y no se cumpliere lo que
dijo, ni aconteciere, es palabra que Jehová no ha
hablado; con presunción la habló el tal profeta; no
tengas temor de él” (Dt. 18:20-22).
En la Ley el profeta que hablaba en nombre de los dioses
paganos o que presumía que Dios le hablaba (sir ser
verdad), debía morir irremisiblemente. Esta sentencia
pretendía que nadie engañara en nombre de Dios.
En la Biblia, Dios dejó señal para distinguir a los
profetas. El falso profeta, se reconoce porque lo que dice
no se cumple; así de simple. Eso implica que nadie está
obligado a creer, antes de confirmar la profecía.
Si no se cumple, el profeta habló con engaño o
presumió que Dios le hablaba. La Biblia señala que estas
“profecías” se deben ignorar y no se debe temer a dichos
profetas. Implica también, que el verdadero profeta se
reconoce porque lo que profetiza se cumple.
b. Espíritus de mentira en la boca de los “profetas”
Hay profetas que reclamarán hablar en nombre de Dios,
siendo engañados por sus propios corazones o siendo
43
víctimas del engaño se Satanás. Estos creerán ciegamente
lo que pregonan. Algunos serán engañados por doctrinas de
demonios (1 Ti. 4:1), que son espíritus demoníacos
destinados al engaño que utilizarán a personas que
parecerán ser muy santos o inocentes.
La Biblia relata que Josafat (rey de Judá), antes de entrar
en una batalla unificada con Acab (rey de Israel) en contra
del rey de Siria, pidió consultar a Jehová (1 R. 22). Cerca de
400 profetas falsos decían por supuesta “palabra de Dios”
que subieran a pelear contra la ciudad siria, porque sería
entregada en sus manos. Incluso, un seudo-profeta
llamado Sedequías usó unos cuernos de hierro
simbolizando la manera en que cornearían a sus enemigos.
Acab, fue un reconocido adorador de ídolos (Baal y
Asera, 1 R. 16:29-33). Es posible que los falsos profetas de
Acab estuviesen aliados a ese culto falso.
Josafat, siendo temeroso de Dios, quiso asegurarse y
pidió consultar a un profeta reconocido de Jehová. El rey
de Israel le mencionó que había un profeta de Jehová
llamado Micaías, pero lo aborrecía porque nunca le
profetizaba bien.
El profeta Micaías, siendo amonestado por los
enviados del rey para que hablara cosas buenas, como
habían hecho los demás profetas, exclamo diciendo:
“Vive Jehová, que lo que Jehová me hablare, eso diré”.
Habrá personas que desearán oír lo que les agrada, no lo
que Dios quiera decir. Micaías sabiendo que el rey no
quería oír palabra de Dios, le respondió en forma irónica:
“Sube, y serás prosperado, Jehová entregará en tu mano la
ciudad”. El rey sabía que Micaías, solo estaba
complaciendo su capricho, pero no le estaba hablando la
palabra de Jehová y le pidió que se la dijera. Micaías le
respondió que en una visión él vio a todo Israel esparcido
44
por los montes (derrotados), señalándole que no subieran a
pelear. Además, Micaías le explicó al rey Acab que en su
visión vio espíritus malignos a quienes Dios les permitió
engañar al rey Acab para que fuera a la guerra a fin de
castigarlo por su idólatra, pues la Escritura señala que
Acab servía a los baales. Micaías no estaba
voluntariamente en contra de Acab, fue Dios quien movió
su corazón para confrontar el pecado.
Sedequías, el falso profeta, golpeó en la cara a Micaías
y le dijo: “¿Por dónde se fue de mí el Espíritu de Jehová
para hablarte a ti?”. Cuando la soberbia gobierna el
corazón de una persona los demonios le harán creer que
ellos están en la verdad, y serán capaces hasta de dar la
vida por sus falsas profecías y engaños.
La Biblia confirma que Dios puede permitir que
espíritus malignos azoten a la gente como prueba o castigo
por su pecado (Job 1: 12; 1 Ts. 2:11). Cuando las personas
persisten en pecar y resisten la autoridad de Dios y Su
voluntad revelada en la Biblia pueden ser presas fáciles
para que espíritus engañadores los confundan y perviertan
los caminos de Dios (1 S. 15:22-23).
En una ocasión Dios había determinado un juicio
contra el pueblo de Israel a causa de su pecado y le
permitió a un espíritu inmundo de falsa profecíá que
confundiera al pueblo:
“Y salió un espíritu y se puso delante de Jehová, y dijo:
Yo le induciré. Y Jehová le dijo: ¿De qué manera? El
dijo: Yo saldré, y seré espíritu de mentira en boca de
todos sus profetas. Y él dijo: Le inducirás, y aun lo
conseguirás; ve, pues, y hazlo así. Y ahora, he aquí
Jehová ha puesto espíritu de mentira en la boca de
todos tus profetas, y Jehová ha decretado el mal acerca
de ti” (1 R. 22: 21-23).
45
c. Características del profeta bíblico
 Características del verdadero profeta
 El profeta del AT es comisionado por Dios con un
mensaje y señales de su poder que confirman su misión.
 Es celoso de la Ley. Su corazón está ligado a Dios e
inclinado a hacer su voluntad, por encima de los
sentimientos personales.
 No tiene compromisos sociales, ni ataduras personales
que le impidan transmitir su mensaje.
 Causan controversia en el pueblo. No porque les agrade.
Su compromiso con la verdad les convierte en
confrontadores del pecado, y ganan enemigos gratuitos.
 Su pasión por la justicia divina y el amor por el prójimo
es evidente en todas sus acciones.
 En profeta no sigue el pensamiento de las masas. No se
acomoda a las corrientes de pensamiento popular. Esto
les hace ganarse el rechazo del pueblo y de sus líderes.
 La mayoría mueren en Israel a manos del pueblo por
confrontar el pecado y señalar la indiferencia espiritual.
 Los profetas aparecen en los momentos de crisis, se
agigantan ante la decadencia del sacerdocio y el
descuido de la Ley en Israel.
 Los profetas ministraron sacrificios a manera de
sacerdotes. Dios levantó profetas por la necesidad que
existía de advertir al pueblo su consejo, ante el descuido
del oficio sacerdotal y la desobediencia del pueblo.
 Los profetas proceden de todas las clases sociales y
oficios; aparecen del anonimato en momentos de crisis y
decadencia espiritual.
46
 Los profetas representan el reclamo del corazón de
quienes no quiere apartarse de Dios y reconocen que su
fracaso radica en la desobediencia a Dios.
 Lo que predicen se cumple.
 Características del profeta falso:
 Profetizan lo que la gente quiere escuchar.
 Agradan a sus oyentes, no a Dios.
 Sus motivaciones son ajenas a la voluntad de Dios,
siendo engañados por sus propios corazones, que no son
rectos ante de Dios.
 Juzgan por lo que ven u oyen; no por revelación de Dios.
 Coaccionan voluntades y tratan de imponer sus propias
palabras en nombre de Dios
 No permiten que sus profecías sean juzgadas por temor a
ser descubiertos.
 Resisten las autoridades y quieren ir por encima de ellas.
 Son absolutos en sus criterios; no les agrada que los
confronten.
 Consideran que sus palabras deben ser obligatoriamente
obedecidas; para eso infunden temor en nombre de Dios.
 Detrás de sus mensajes hay una agenda escondida.
 Sus mensajes provocan confusión.
 Su estilo de vida no concuerda con lo que predican.
 Se venden fácilmente ante las ofertas económicas o
posiciones de los poderosos.
 Abusan de sus seguidores.
 Les gusta el protagonismo.
 Lo que profetizan no se cumple.
 Son víctimas de sus propios temores y prejuicios.
 Su fin es vergonzoso y el tiempo delata su falsedad.
47
48
Capítulo – 3 –
EL PROFETISMO DURANTE LA
MONARQUÍA ISRAELITA
____________________________________________________
I. DEL GOBIERNO TEOCRÁTICO A LA MONARQUÍA
a. En Samuel se fusionan el sacerdote, el profeta y el juez
Después que Israel tomó posesión de la tierra prometida
constantemente se apartaron de Dios, por esa causa sus
enemigos les oprimían. Pero Dios escuchaba sus oraciones
cuando clamaban y les daba jueces llenos de poder para
defenderles de sus enemigos. Estos caudillos ungidos,
gobernaban al pueblo, bajo el poder de Dios (Jue. 4 y 5).
Los jueces de Israel tenían una relación estrecha con el
profetismo, fusionándose a veces en ellos ambos oficios
(profeta y juez) como el caso de Moisés, Samuel y Débora15.
La decadencia del sacerdocio israelita, en los días de
Samuel, fue evidente. La condición moral de Elí (sumo
sacerdote), y sus hijos, era deplorable. Los hijos de Elí
habían corrompido el sacerdocio ante el pueblo (1 S. 2: 2736) y Elí no tuvo firmeza de carácter para tomar acciones
correctivas o expulsar a sus hijos del sacerdocio.
De acuerdo a la Ley, los sacerdotes debían mantenerse
en santidad durante el ejercicio de su oficio16 y eran los
encargados de enseñar la Ley al pueblo17. Elí y sus hijos no
Moisés (Gn. 20:7; Dt. 34:10-12); Débora (Jueces 4); Samuel (1 S.
3:19-20; 7:15).
16
La Biblia advierte la vida de separación y el alto grado de
consagración que debían mantener los sacerdotes ante Dios, durante
el ejercicio de su oficio sacerdotal (Éx. 28, 29; Lv. 21, 22).
17
Ver, Lv. 10:8-11; Dt. 33:8-11; Mal. 2:7.
15
49
predicaron con el ejemplo18. Ante la decadencia del
sacerdocio, Dios levantó a Samuel como juez en Israel. Del
oficio profético de Samuel la Biblia señala, que Dios no dejó
caer ni una de sus palabras a tierra19. Samuel fue fiel profeta
de Dios (1 S. 3-19 y 1 S. 3-20) y juez de Israel (1 S. 7-15).
Con el ejemplo de estos jueces y profetas el profetismo
se consolida en Israel para luego convertirse en un
ministerio divino especializado. Después, Israel pidió rey y
cambió el orden teocrático a uno monárquico.
Esta breve reseña de los líderes y jueces de Israel
permite analizar el desarrollo del profetismo del AT y su
influencia en el gobierno teocrático de Israel.20
b. Israel pide rey
Israel demandó un gobierno monárquico ante Dios21 que
produjo cambios drásticos en la nación. Los jueces, que
antes gobernaban Israel, fueron reemplazados por reyes a
18
Dios no es partícipe del pecado y no puede negarse a sí mismo;
respaldando a ministros pecadores, si no se arrepienten a tiempo.
19
“No dejó caer sus palabras a tierra”, es un lenguaje figurado del
escritor para demostrar que las profecías de Samuel eran veraces y se
cumplían. Esta es una evidencia que deben reflejar los verdaderos
profetas de Dios, según Deuteronomio 18:21-22.
20
Dios puede ubicar a un cristiano en puestos gubernamentales de
liderazgo; pero no se puede usar el caso de Israel (cuyas leyes estaban
fundadas en un estado teocrático) como ejemplo para justificar
ambiciones políticas en gobiernos corruptos. Dios también levantó
líderes judíos en gobiernos seculares, como a José en Egipto o Daniel
en Babilonia; pero estaba involucrado un Pacto divino con el propósito
de preservar la vida del pueblo judío y cumplir la promesa de
regresarlos a su tierra (Gn. 46:14; Jr. 29:10). Un líder cristiano en un
puesto gubernamental puede ser muy útil a la causa del Evangelio,
pero no se puede prometer un paraíso en la tierra en medio de
sistemas gubernamentales injustos con leyes corruptas.
21
Ver, 1 Samuel 8.
50
petición del pueblo. Rechazaron a los jueces ungidos con
poder que Dios les levantó para juzgarles y defenderles.
Samuel fue el último juez para este tiempo de transición:
“Y le dijeron (a Samuel). He aquí tú has envejecido, y
tus hijos no andan en tus caminos. Por tanto,
constitúyenos ahora un rey que nos juzgue, como
tienen todas las naciones” (1 S. 8:5).
El cambio exigido por Israel no le agradó a Dios:
“Y dijo Jehová a Samuel: Oye la voz del pueblo en todo
lo que te digan; porque no te han desechado a ti, sino a
mí me han desechado, para que no reine sobre ellos” (1
S. 8:7). “Y dijo Samuel: ¿No es ahora la siega de trigo?
Yo clamaré a Jehová, y él dará truenos y lluvias, para
que conozcáis y veáis que es grande vuestra maldad
que habéis hecho ante los ojos de Jehová, pidiendo
para vosotros rey. Y Samuel clamó a Jehová, y Jehová
dio truenos y lluvias en aquel día; y todo el pueblo
tuvo temor de Jehová y Samuel” (1 S. 12:17-18).
Israel había dejado de confiar en Dios, quien los había
defendido con poder de sus enemigos desde su salida de
Egipto. Su falta de fe les hacía creer que un anciano como
Samuel no les defendería de sus enemigos y pidieron un
rey joven y fuerte, con un ejército bien armado y
numeroso. Este sería un error más de los muchos que
Israel cometió y que le hizo fracasar como nación. Ellos
despreciaron el gobierno divino, sus profetas y líderes
ungidos con poder de Dios, para confiar en sus propias
fuerzas para defenderse.
51
II. LA RELACIÓN ENTRE PROFETAS Y REYES
a. Los profetas durante la monarquía israelita
A petición del pueblo de Israel, Dios quitó los jueces y
levantó a Saúl como el primer rey de Israel. Aún Saúl fue
ungido por el Espíritu de Dios y profetizó, haciendo
notaria la relación estrecha del profetismo con los reyes:
“Y el Espíritu de Dios vino sobre él (Saúl) con poder, y
profetizó entre ellos” (1 S. 10:10b).
Era de esperar que los reyes israelitas fuesen llenos del
Espíritu, pues Dios siempre quiso un gobierno teocrático
para Israel. David (el segundo rey), también fue profeta de
Dios y lleno del Espíritu Santo22.
A partir del establecimiento de la monarquía Israelita,
el oficio de profeta y el del rey se bifurcan. La función del
profeta, estaba encaminada al cumplimiento de la Ley e
impartir el consejo divino a los monarcas y al pueblo.
El rey (a diferencia de los jueces) era más político y su
relación con Dios dependía de la actitud de respeto de
cada rey por las leyes de Dios. Eso determinaría que
gozaran del respaldo divino en sus gobiernos (Dt. 17:1420). Por eso en la historia bíblica resalta que unos reyes
hicieron lo bueno; y otros lo malo en sus gobiernos.
A pesar de existir una función separada del ministerio
de los profetas y los reyes, no significa que no hubiese
relación entre ellos o que haya sido ese el deseo de Dios.
Con frecuencia se lee en la Biblia que los profetas del AT
reprendían a los reyes, pero fue a causa de la
22
Lucas 24:44, en este pasaje Jesús mencionó las profecías de los
Salmos que en su mayoría se le atribuyen a David. En Hechos 2:29-30,
Lucas hace notar que Pedro llamó profeta a David.
52
desobediencia de los monarcas de Israel, no debe
entenderse como una aversión del profeta hacia los reyes.
Desde el inicio de la monarquía israelita se nota una
estrecha relación entre el rey Saúl (primer rey de Israel) y el
profeta Samuel. Lo mismo sucede con el rey David y otros
profetas, como Samuel y Natán23. Los profetas tenían como
misión que los reyes y el pueblo obedecieran las leyes de
Dios a fin de ser bendecidos y protegidos de sus enemigos.
No se debe estereotipar al profeta bíblico como un
rebelde sin causa. El profeta del AT aparece en tiempos de
decadencia espiritual y por eso resalta la exhortación en
sus profecías; pero no significa que ínsitamente, el profeta
debía ser enemigo del rey o del pueblo. Al contrario,
cuando los profetas estaban delante de reyes obedientes y
temerosos de Dios, su actitud fue de respeto hacia ellos.
Los profetas como conocedores de la Ley, sabían que
debían respetar a los monarcas, pues eran acogidos y
ungidos por Dios para gobernar. Pablo conociendo la Ley
de Moisés, reconoció que no debía ofender a una autoridad
del pueblo (Hch. 23:5), haciendo referencia a Éxodo 22: 28,
donde Dios ordenó el respeto a los reyes.
El verdadero profeta de Dios estaba sujeto a la
autoridad divina y la misma Ley le demandaba respeto
hacia sus líderes.24 Era el desprecio al pecado, no al
pecador, lo que motivaba al profeta a exhortar.
No significa que el profeta debe andar con un martillo
en la mano para destruir al prójimo. La faceta de la
exhortación es solo parte del ministerio del profeta y la
23
Ver, 1 Samuel 9, 16 y 2 Samuel 12.
Salvo en el caso de los reyes que se oponían a la voluntad de Dios,
los profetas exhortaban y confrontaban su pecado, pero lo hacían por
orden divina y no por odio personal.
24
53
razón por la que resalta en el profetismo bíblico del AT es
a causa de la desobediencia de Israel, no porque el profeta
este remitido solo a pronunciar juicios.
El celo de los profetas bíblicos es fruto de su amor a
Dios y su deseo de obedecer su Palabra. No es un
sentimiento personal de odio al prójimo o misantropía.
b. La relación de David y Saúl con el profetismo
Los reyes David y Saúl mostraron profunda relación con el
profetismo. David fue ungido por Dios para su reinado y
manifestó una faceta profética en su vida. Jesús mismo dio
testimonio de David como profeta (Lc. 20:42; 24:44).
Saúl y David fueron llenos del Espíritu Santo, después
de ser ungidos con el aceite santo para ejercer sus reinados
(1 S. 10:5-13; 16:13). Saúl, después de ser ungido como rey,
se encontró con una compañía de profetas, y él también
profetizó en medio de ellos. Esto demuestra la relación
estrecha entre los reyes y el profetismo en Israel.
La relación personal de David con el profetismo
israelita fue más íntima y estable que la de Saúl, debido a
que decidió seguir a Dios y se arrepintió de sus pecados.
Mientras, Saúl, insistió en rebelarse contra Dios.
David estuvo rodeado de profetas durante su reinado.
David fue lleno del Espíritu Santo al ser ungido por el
profeta Samuel como rey de Israel (1 S. 16:13). El profeta
Natán le confirmó que su descendencia retendría el reino
de Israel (2 S. 7:16-17); también le exhortó por su pecado (2
S. 12:1-15). La vida y el reino de David estuvieron
marcados por el espíritu profético.
54
III. EL AUGE DEL PROFÉTISMO EN ISRAEL
a. El profeta resaltó ante la decadencia del sacerdote
El profeta y el sacerdote desempeñaron ministerios
paralelos en Israel. Desde el inicio de la nación israelita se
nota a María (profetiza) ejerciendo su ministerio a la par de
Aarón (sacerdote), aunque sus funciones fueron diferentes.
El sacerdote habla e intercede ante Dios por los hombres,
mientras el profeta habla a los hombres de parte de Dios.
Durante la monarquía de Israel la decadencia
sacerdotal contrastaba con el respeto que ganaban los
profetas. Incluso, no eran los sacerdotes quienes ungían a
los reyes; sino los profetas (1 S. 9:16; 6:12-13).
El profeta desempeñó un ministerio que le ubicó en
posición de liderazgo, en parte por la decadencia del
sacerdocio. Los verdaderos profetas de Dios no estaban
ligados a nada, solo al corazón de Dios. Por antonomasia,
se entendía que el oficio profético en Israel estaba remitido
a dar a conocer la voluntad de Dios al pueblo.
____________________________________________________
 El sacerdote habla e intercede ante Dios por los
hombres, mientras el profeta habla a los hombres de
parte de Dios.
____________________________________________________
b. Elías y Eliseo en la cumbre del profetismo israelita
Elías y Eliseo están entre los profetas más renombrados de
Israel. Con ellos el profetismo toma el curso de un oficio
más especializado, incluyendo compañías alcanzando un
alto nivel de prestigio y respeto dentro del pueblo judío.
Son bien conocidos los relatos bíblicos acerca de los
grandes prodigios que Elías y Eliseo realizaron y el respeto
a Dios que imponían derrotando a sus enemigos con
55
grandes señales del poder de Dios (1 R. 17; 2 R. 1 y 2). Bajo
la influencia de estos grandes profetas, es que aparece en el
relato bíblico compañías de profetas dedicados a un
profetismo comunitario en Israel (1 S. 10:10; 2 R. 2:3).
Cuando Israel pidió rey, le quitaron a Dios el derecho
de ser dirigirlos y es cuando aparecen los profetas como
líderes espirituales investidos de poder, para exhortar al
pueblo a que se mantuviese fiel a Dios.
Los profetas bíblicos fueron personas comunes, de
todas las clases sociales, que representaban el carácter justo
de Dios y anidaban celo por Dios en su corazón y amor por
su pueblo. Estos profetas entendían que las consecuencias
que el pueblo sufría, era fruto de la desobediencia y su
labor era volver el corazón de ellos a Dios.
Ante el despreció del gobierno divino, al desechar a
Samuel como juez, Dios debió proclamar su voz a través
de hombres comunes de entre el pueblo. Estos profetas
estaban revestidos de poder divino para cumplir con su
misión, porque debían enfrentarse al poder político y
militar de los reyes perversos de Israel.
Este poder espiritual de los profetas era el que debían
utilizar los mismos líderes ungidos para gobernar Israel,
como lo hicieron los jueces desde los tiempos de Moisés
hasta Samuel. Pero en Israel cada rey hacía como le placía
(no todos estuvieron dispuestos a obedecer a Dios). Por esa
razón la unción y el poder divino se manifestó a través de
los profetas (hay que hacer la salvedad, que también hubo reyes
temerosos de Dios que movieron la mano divina a su favor).
La valentía del profeta para confrontar reyes y
levantarse en medio del pueblo como la voz de Dios para
exhortarles a abandonar el pecado hizo que el profeta
alcanzara renombre en Israel. Pero la mayoría se tornaron
enemigos acérrimos de los reyes rebeldes arriesgando sus
56
vidas, siendo despreciados, odiados y finalmente muertos
a manos del mismo pueblo.
c. Elías mostró que el verdadero profeta de Dios es un
siervo obediente
Cuando Elías oró a Dios y preparó el holocausto para que
Dios mostrara quien era el verdadero Dios de Israel,
explicó que todo lo había hecho en obediencia a Dios:
“Cuando llegó la hora de ofrecerse el holocausto, se
acercó el profeta Elías y dijo: Jehová Dios de Abraham,
Isaac y de Israel, sea hoy manifiesto que tú eres Dios en
Israel, y que yo soy tu siervo, y que por mandato tuyo
he hecho todas estas cosas. Respóndeme, Jehová,
respóndeme, para que conozca este pueblo que tú, Oh
Jehová, eres el Dios, y que tú vuelves a ti el corazón de
ellos” (1 R. 18: 36-37).
Este pasaje resume el papel del profeta en Israel. Ante la
ambivalencia del pueblo, Elías reunió a 450 profetas del
dios pagano Baal, para demostrar quién era el verdadero
Dios de Israel. Después que los baales no pudieron hacer
descender fuego del cielo clamando a su dios, Elías oró a
Jehová, autodenominándose siervo, dando a entender que
su posición como profeta delante de Dios era obedecer las
órdenes de su Señor.
Elías declaró que todo lo que hizo fue por mandato
divino y reclamó respuesta; porque estaba seguro de que
no había hecho las cosas por voluntad propia.
La misión de Elías era que el pueblo reconociera que
Jehová es el verdadero Dios de Israel. Para hacer volver el
corazón del pueblo hacia Dios. Dios no hace milagros para
que sirvan de espectáculo. El propósito es que a través de
la manifestación de su poder, el pueblo se vuelva a Él.
57
El profeta debe saber que Dios responde oraciones
dirigidas por el Espíritu Santo, no complace simples
caprichos humanos. La motivación para que se manifieste
el poder divino, debe proceder del corazón de Dios.
Elías estaba ubicado en la perspectiva correcta al hacer
su petición; ya que antes de actuar había recibido órdenes
específicas de Dios, acerca de lo que debía hacer. Por eso
actuaba con serenidad y osadía. El hecho de haber orado y
escuchado la voz de Dios antes de actuar, le daba la
seguridad de que Dios respondería su oración.
Si Elías no hubiese hecho estas cosas por dirección
divina, le esperaba una muerte inminente y una vergüenza
pública. Se pueden tener sanas intenciones de hacer
grandes cosas para Dios y a la vez tener motivaciones
erradas que simplemente Dios no las ha demandado.
El verdadero profeta de Dios no inventa profecías, no
se mueve por motivaciones personales, ni sentimentales, es
solamente un siervo que obedece la voz de Dios. Esa es la
gran lección que enseña uno de los más grandes profetas
de la Biblia (Elías), quien es un digno ejemplo a emular del
modelo del profeta bíblico.
Al estudiar los profetas del AT se puede suponer que
estos tenían poder para hacer todo lo que se les ocurriera.
Si esto fuese así, entonces Elías no hubiese huido cuando
Jezabel (profetisa de Baal) lo perseguía (Jezabel no perseguía a
Elías literalmente, sino un ejército bajo sus órdenes, 1 R. 19).
¿Por qué Elías no hizo descender fuego sobre Jezabel
como lo había hecho en muchas ocasiones? (2 R. 1:10-13).
Porque el poder no era de Elías, sino de Dios y Él no se lo
había autorizado. El poder que se manifestó en los profetas
bíblicos estaba siempre sujeto a la autoridad divina, no era
una varita mágica que ellos podían manipular a su antojo.
Moisés hizo todas las maravillas en Egipto, porque Dios le
58
mando hacerlo, no por voluntad propia. El profeta de Dios
está sujeto a las órdenes divinas, no actúa independiente.
d. El profeta sufre los efectos de sus propias profecías
Como ser humano el profeta es vulnerable a su entorno,
mientras Dios es soberano. El profeta es un instrumento en
las manos de Dios y está sujeto a sufrir las consecuencias
que puedan producir sus mismas profecías.
No se debe transmitir la falsa imagen del profeta como
un semidiós, que hace lo que quiera con solo extender una
mano o decir una palabra, atribuyendo poder al hombre25.
El ser humano es solo un instrumento débil en las manos
de Dios (2 Co. 4:7) y no puede actuar en una dimensión de
poder independiente, separado de Dios.
Moisés como profeta debió sufrir juntamente con el
pueblo de Israel el castigo de dar vuelta por el desierto
durante cuarenta años, aunque él fue el instrumento que
Dios utilizó para liberar al pueblo (Nm. 14: 26-38).
Elías dio palabra de Dios para que se detuviera la
lluvia y el mismo sufrió las consecuencias de la sequía en
Israel. Aunque Dios lo sustentó con pan y agua debió vivir
aislado de la sociedad a la orilla de un arroyo (1 R. 17: 1-7).
25
Vanagloria. Grandes sectas religiosas se han fundado cuando
llamados profetas llegan a usurpar el lugar de Dios o se llenan de
soberbia y vanagloria. En Latinoamérica existe el culto a Mita
(“profetiza” puertorriqueña) cuyo culto es practicado hasta hoy día,
después que esta declarara que ella misma era el Espíritu Santo y
quien ahora supuestamente ha reencarnado en su sucesor Aarón.
Ramos, Marcos A. Nuevo Diccionario de Religiones, Denominaciones y
Sectas. Ed. Caribe, USA, 1998. p. 206. Pablo escribió: “Porque ¿Quién
te distingue de los demás? ¿o qué tienes que no hayas recibido? Y si
lo recibiste, ¿Por qué te glorias como si no lo hubieras recibido?” (1
Co. 4:7).
59
Elías no pudo hacer nada durante el período de sequía
para que la lluvia regresara de nuevo, hasta que Dios le
ordenó que orara nuevamente para que lloviera.
Jeremías sufrió con Israel todo el proceso del asedio
babilónico (Jr. 39: 1-14). Aunque en estos casos Dios
sustentó la vida de estos profetas, durante el proceso, no
estuvieron ajenos a sufrir las consecuencias de la palabra
de Dios dada por ellos. El profeta no está divorciado de
Dios al hacer o decir algo en Su nombre. Al contrario, la
sumisión a la voluntad y el poder divino es una
característica que resalta en el oficio profético.
Jesús mismo señaló que la mayoría de los profetas
israelitas, en su afán de cumplir con el mensaje divino
fueron muertos en su misión (Lc. 11:50-51).
Los profetas están sujetos a debilidades humanas (Stg.
5:17). No tienen poder de sí mismos y tal pretensión es
necia. Existe el peligro de que alguien en nombre de Dios,
manipule la conciencia y la fe de otros, reclamando ser un
profeta de Dios. En el AT la presunción de ser un profeta
de Dios, sin serlo, era condenado con la muerte (Dt. 18:20).
Jesús mismo, siendo Dios, se despojó de su gloria para
permitirse la perfección por medio de los sufrimientos
típicos de los humanos (Hb. 5: 7-10; Fil. 2:5-8). Esa actitud
de humildad debe caracterizar a los hijos de Dios, quienes
a diferencia de Cristo, son solo vasos de barro en las
manos del alfarero (2 Co. 4:7). Los dones o ministerios son
dádivas que los hijos de Dios reciben para ser partícipes de
las riquezas de la Gracia divina. Ningún don o ministerio
pertenece al hombre, sino a Dios quien los da:
“Porque ¿quién te distingue? ¿O qué tienes que no
hayas recibido? Y si lo recibiste, ¿por qué te glorías
como si no lo hubieras recibido?” (1 Co. 4:7).
60
IV. LA MINISTRACIÓN DE LA PROFECÍA
a. La ministración de la profecía en la alabanza
La relación del profetismo con la música y el regocijo en
grupo se encuentra registrada desde los comienzos de la
nación de Israel. María (hermana de Moisés) era una
profetisa que utilizaba los instrumentos musicales como
medio de alabanza (Éx. 15: 20). Eliseo también se inspiraba
por medio de la música para profetizar (2 R. 3:15). Saúl
profetizó en medio de una compañía de profetas que
alaban a Dios con todo tipo de instrumentos, como el
salterio, el pandero, la flauta y el arpa (1 S. 10:5).
El Espíritu de Dios, también se manifestaba en la vida
de David a través de la alabanza. La Biblia señala que
cuando un espíritu malo atormentaba a Saúl, David tocaba
el arpa y el espíritu malo se alejaba de Saúl (1 S. 16:23).
David fue músico e inventor de instrumentos (Am. 6:5)
y acostumbraba alabar a Dios por medio de la música en
grupo. Durante su reinado se organizó formalmente la
música en Israel. Además, estableció a levitas cantores que
también profetizaban por medio de la alabanza:
“Asimismo David y los jefes del ejército apartaron para
el ministerio a los hijos de Asaf, de Heman y de
Jedutún, para que profetizasen con arpas, salterios y
címbalos” (1 Cr. 25: 1a).
Esto demuestra la cercanía del profetismo con los reyes
que agradaban a Dios en Israel y sirve para desmitificar al
profeta del estigma de ser un ogro. El verdadero profeta de
Dios es profundamente amoroso y justo.
b. La ministración de la profecía por medio de símbolos
El profeta bíblico, inspirado por Dios, ha usado símbolos
para transmitir su mensaje. Dios usó en particular al
61
profeta Ezequiel con señales dramatizadas para advertir a
Israel acerca del cautiverio.

Ezequiel predice el sitio de Jerusalén por medios de
símbolos
En una ocasión Dios mando a Ezequiel que hiciera una
maqueta de la ciudad de Jerusalén, con ejércitos
rodeándola, como si estuviera sitiada por sus enemigos.
También le ordenó que durmiera sobre su lado izquierdo
durante 390 días y 40 días sobre su lado derecho a fin de
simbolizar la carga de la maldad de Israel. Además, debía
comer y beber por medidas. Su comida debía ser cocinada
con excremento de animales. Toda esta simbología estaba
relacionada con el futuro asedio a Jerusalén26 (Ez. 4).

Ezequiel predice del cautiverio de Jerusalén por
medio de símbolos
Dios mandó al profeta Ezequiel que sacara todos los
utensilios de su casa y los cargara a la luz del día delante
del pueblo, como quien se muda de prisa a otro lugar.
También le ordenó que rompiera la pared de su casa y
saliera por ella de noche (Ez. 12).
Esa señal estaba relacionada con la forma rápida y
obligada con la que el pueblo de Israel sería llevado
cautivo por sus enemigos. Dios le había hablado de
muchas formas a Israel, pero no escuchaban. Esta vez el
profeta dio su mensaje de forma dramatizada a fin de que
el pueblo le preguntara que significado tenía su mensaje.
26
Cuando estas ciudades amuralladas eran asediadas sus habitantes
no podían salir, los recursos se agotaban, hasta que se rendían o
morían de hambre (2 R. 6:24-33).
62

Ezequiel predice el juicio sobre Jerusalén por medio
de símbolos
Dios ordenó a Ezequiel cortar sus cabellos y barba.
Después le ordenó pesarlos y dividirlos en tres grupos.
Una tercera parte le ordenó quemarla, la otra picarlos con
un cuchillo y la otra esparcirla por el viento.
Esta simbología estaba relacionada con el juicio sobre
los moradores de Jerusalén, a causa de su pecado. Una
tercera parte de sus moradores morirían quemados por sus
sitiadores, la otra sería muerta a espada y una tercera parte
sería esparcida por todas las naciones (Ez. 12).
 Dios usó al profeta Isaías con símbolos
En un caso excepcional, Dios mandó a Isaías andar
descalzo y desnudo por tres años, como símbolo de
advertencia acerca de la forma en que serían llevados
cautivos los moradores de Egipto y Etiopía por mano de los
asirios (Is. 20). Es posible que Isaías haya tenido alguna
protección en sus partes íntimas, pues el mensaje divino no
pretendía escandalizar al pueblo, ni ridiculizar al profeta,
sino advertir lo grave del cautiverio para los pecadores27.
Al parecer la exhortación estaba dirigida a algunos
judíos que habían puesto su esperanza en estas potencias
de su época como refugio y protección, creyendo que
escaparían de los juicios divinos causa de su pecado.
27
Es posible que Isaías tapara sus partes genitales, ya que el verso
señala que enseñaría sus nalgas. Además, el propósito no era el
exhibicionismo, sino servir de señal. No se debe usar este caso como
una excusa para profetizar desnudo, pues como norma, Dios mismo
vistió a la primera pareja a fin de que cubrieran sus cuerpos (Gn. 3:21).
63
64
Capítulo – 4 –
LOS PROFETAS ESCRITORES
____________________________________________________
I. EL ANUNCIO DEL MESÍAS
a. La esperanza de un Mesías
El gran aporte histórico de los profetas escritores28 fue dar a
conocer a través de sus escritos, las vivencias del
profetismo israelita. Estas Escrituras servirían de mapa
para guiar al pueblo de Israel hacia el Mesías (2 P. 1: 19).
El pueblo de Israel abandonó a Dios en tiempos de los
monarcas israelitas. Esto causó que el reino de Israel se
dividiera (Israel y Judá). Ambos pueblos fueron entregados
a la esclavitud por su desobediencia a Dios.
Aun en medio de la crisis de Israel, a causa de su
desobediencia, abrigaban esperanzas de liberación por
medio de las palabras de salvación que Dios en su
misericordia les dio a través de las profecías escritas.
Daniel clamó a Dios por liberación durante el cautiverio
babilónico, basado en las profecías escritas por Jeremías
(Jr. 29:10; Dn. 9:2).
El profeta es la boca de Dios en medio de la crisis de un
pueblo en decadencia (Jr. 15:19) y tiene la función de
cumplir lo mismo que la etimología de la palabra sugiere,
a saber: Anunciar de antemano lo que vendrá, con el
propósito de que el ser humano se aperciba del peligro y
de la condenación del pecado y se vuelva a Dios.
28
Se les llama profetas escritores por que escribieron sus profecías,
hecho que se le atribuye al desarrollo de los medios de escritura y no a
que hayan sido más importantes que los demás profetas.
65
La Biblia señala que: “Dios no hará nada, sin que antes lo
revele a siervos los profetas” (Am. 3:7). Jeremías exhortó al
pueblo de Israel por depreciar a los profetas que les
amonestaron día y noche para que se volvieran a Dios (Jr.
7: 13, 25). Irónicamente, las palabras de los profetas fue la
gran esperanza de liberación del pueblo en su esclavitud.
Los escritos proféticos harían que los judíos en el exilio
añoraran más la esperanza del Mesías escatológico, que les
libraría de sus enemigos. Además de urgirles un Salvador
y a falta de un lugar donde adorar, los escritos de los
profetas fueron un bastión del pueblo judío en el exilio.
b. El cumplimiento de las profecías mesiánicas
Es bajo la esperanza de salvación prometida por Dios, a
través de los profetas escritores, que aparece en escena el
Salvador del mundo y con lo que se suponía culminara un
ciclo de espera para Israel. Con la llegada del Mesías
Salvador, anunciado por Juan el bautista, el último profeta
del AT en anunciar al Mesías de Israel (Mt.11:13, Lc. 7:28),
se cierra el ciclo de la profecía canónica del AT.
Juan el Bautista fue considerado un gran profeta en
Israel. La Biblia señala: “Y Herodes quería matarle, pero
temía al pueblo; porque tenían a Juan por profeta” (Mt. 14:
5). El pueblo de Israel consideraba el título de profeta
como uno muy importante cuando se le reconocía a un
verdadero profeta de Jehová.
Ni Herodes, con toda su sanguinaria crueldad con la
que había dado muerte a sus propios familiares, se atrevía
a poner sus manos sobre Juan el bautista, pues el pueblo
de Israel lo consideraba un verdadero profeta.
Juan fue considerado el más grande profeta por Jesús:
“¿Pero qué salisteis a ver? ¿A un profeta? Si, os digo, y
más que un profeta. De cierto os digo: Entre los que
66
nacen de mujer no se ha levantado otro mayor que Juan
el Bautista” (Mt. 11: 9 y 11a).
Con la aparición de Juan el Bautista en la escena de Israel,
se puede dar por concluido el breve análisis del profeta del
AT, dando paso al estudio de la profecía en el marco del
Nuevo Testamento, que permitirá analizar la diferencia
que pueda existir con el profeta del Antiguo Testamento.
c. La profecía canónica
La profecía canónica (profecía de la Biblia), es inalterable.
Juan el bautista, fue el último profeta del AT que anunció a
Jesús como el Mesías de Israel. Así como Juan (escritor del
Apocalipsis) fue el último que escribió en el canon bíblico
del NT. Nadie, no importa como se llame (profeta, ángel,
espíritu, etc.), puede agregar o quitar al contenido de la
Biblia bajo juicio de condenación eterna (Gá. 1:8; Dt. 4: 2;
Dt. 27: 26a; Jn. 12:48; Ap. 22:18-19).
Uno de los peligros en el mal uso del don de profecía
en la Iglesia, es cuando supuestos “profetas” reclaman
tener la interpretación verdadera de la Biblia, sin permitir
ser juzgadas a la luz de la Biblia (1 Co. 14:29). Ese error ha
dado origen a muchas herejías y sectas destructivas.
Nadie puede seguir ciegamente el consejo de un ser
humano o espíritu que proclame ser un “mensajero de
Dios”, si el contenido de sus palabras no se ajusta
inequívocamente a las enseñanzas de la Biblia.
Las enseñanzas deben ser expuestas abiertamente en la
Iglesia, no de forma privada (2 P. 1:20). Toda herejía
contiene algo de verdad, como gancho para atrapar a los
incautos. El verdadero profeta de la Iglesia debe confirmar
las Escrituras y el Evangelio de Jesús (Ef. 3:5-6), sino
quedan expuestos al juicio divino (2 P. 2:1-3).
67
68
Capítulo – 5 –
LA PROFECÍA EN EL NUEVO TESTAMENTO
____________________________________________________
I - JESÚS COMO PROFETA
a. Jesús, el Profeta anunciado
Jesús manifestó los títulos mesiánicos de Rey (Zc. 9:9),
Sacerdote (Hb. 5:6) y Profeta (Dt. 18:18; Hch. 3:22, 7:37) que
revelaría el Mesías escatológico que las profecías
anunciaron, confirmando la veracidad de su divinidad.
Jesús fue reconocido como el profeta anunciado por Moisés:
“Profeta de en medio de ti, de tus hermanos como yo, te
levantará Jehová tu Dios; a él oiréis” (Dt. 18:15).
Jesús como profeta reveló la voluntad del Padre a la
humanidad. Para los judíos del tiempo de Jesús ésta
profecía era una de las más esperadas acerca del Mesías.
Esa fue la razón por la que preguntaron a Juan el Bautista y
a Jesús si ellos eran el profeta anunciado (Jn. 1:21, 6:14). La
pregunta está escrita en singular, ¿Eres tú el profeta?
Aludiendo a un profeta en particular (al anunciado por
Moisés), el que ellos esperaban como Mesías de Israel.
Así lo entendió Pedro en su discurso del libro de los
Hechos (Hch. 3:22). También Esteban reconoció que Jesús,
es el profeta anunciado por Moisés (Hch. 7:37).
De Jesús como el profeta escatológico esperado por los
judíos se escribió en el AT y se cumplió cabalmente. Jesús
dijo: “Porque la ley y los profetas profetizaron hasta
Juan” (Mt. 11: 13a), haciendo alusión a las profecías
cumplidas en Él en su primera manifestación al mundo.
69
b. Jesús es más que un profeta
Jesús cumplió su faceta profética durante su ministerio
terrenal. Jesús (siendo Dios) conocía todas las cosas que
había en el corazón de los hombres:
“Pero Jesús mismo no se fiaba de ellos, porque conocía
a todos y no tenía necesidad de que nadie le diese
testimonio del hombre, pues Él sabía lo que había en el
hombre” (Jn. 2 24 –25).
El reveló la vida íntima de la mujer samaritana:
“Jesús le dijo: Bien has dicho: No tengo marido; porque
cinco maridos has tenido, y el que ahora tienes no es tu
marido; esto has dicho con verdad. Le dijo la mujer;
Señor, me parece que tú eres profeta” (Jn. 4:17-19).
Jesús supo la vida de Natanael antes de verle:
“Cuando Jesús vio a Natanael que se le acercaba, dijo
de él: He aquí un verdadero israelita en el cual no hay
engaño” (Jn. 1: 47).
Jesús advirtió los eventos que sucederían después de su
partida, dio señales de su segunda venida y del fin del
mundo (Mt. 24). Jesús habló cosas futuras que se
cumplieron y aun se siguen cumpliendo. Pero la profecía
solo fue una faceta de su ministerio terrenal y un título
mesiánico al que debía dar cumplimiento.
Los apóstoles también manifestaron dotes proféticos en
sus ministerios. Pedro descubrió las mentiras de Ananías y
Safira por el Espíritu (Hch. 9). Pablo profetizó que Elimas,
el mago, quedaría ciego, antes de suceder (Hch. 13: 4-12).
Es evidente que el ministerio profético siguió vigente en la
era del NT con los cambios característicos que la Gracia
produjo en el reino de Dios.
70
II. EL REINO DE DIOS BAJO EL NUEVO PACTO
a. Israel y la Iglesia en el reino de Dios
Existe evidencia bíblica acerca de la profecía como don y
ministerio de la Iglesia. No obstante, los cambios que
produjo la Gracia en la ministración de estos dones
ministeriales difieren con relación al AT.
La gran diferencia es que en el marco del AT el profeta
de Israel ejercía su ministerio bajo la Ley, la cual permitía
la venganza y la muerte inmediata del pecador (Dt. 19:21).
La Gracia no permite la venganza, ni la muerte inmediata
del pecador, como hacían los profetas antiguos (1 R. 18:40).
La Gracia le da oportunidad al pecador de arrepentirse de
sus pecados hasta el último día de su vida (Hb. 9:27). La
Gracia de Cristo produce un nuevo orden en el ejercicio de
la autoridad de los ministerios.
De una nación escogida (Israel) bajo el marco de la Ley;
pasa a una Iglesia establecida en la tierra bajo el Pacto de la
Gracia. Israel estaba bajo un gobierno teocrático y la Iglesia
es un ente apolítico que posee autoridad espiritual en el
reino de Dios, a través de cada uno de los ministerios
establecidos para su edificación.
Cuando Cristo se manifestó a Israel, el pueblo estaba
oprimido a consecuencia del abandono de la Ley de Dios.
Jesús dio respuesta a este caos social a través de la
instauración de la Iglesia, que ejecuta su autoridad
delegada a través de los diferentes ministerios. La Iglesia
procura establecer el orden perdido en la tierra (primero por
Adán y Eva, luego por la desobediencia de Israel).
Con relación al AT, en el nuevo Pacto el culto y los
ministerios dan un giro en su administración de poder y
autoridad que no debe desconocer quien pretenda ejercer
cualquier ministerio en la Iglesia.
71
b. El marco de acción del profeta en el reino de Dios
Cuando se lee acerca de los profetas del AT, como a Elías
haciendo descender fuego del cielo sobre los baales,
inmediatamente se podría pensar que el profeta de la
Iglesia puede hacer lo mismo, sin hacer la justa diferencia
entre los dos estadios de acción del profetismo (Ley y
Gracia). Aunque es el mismo poder de Dios que actúa en
ambos contextos la ministración no es igual por los
cambios obvios que produjo el Nuevo Pacto (Jr. 31:34).
Un ejemplo claro es cuando Elías hizo descender fuego
del cielo sobre los profetas de Baal en Samaria (1R. 18, AT).
En el NT Jacobo y Juan pretendieron repetir ese milagro en
el mismo lugar, queriendo hacer descender fuego del cielo
sobre una ciudad samaritana que rechazó a Jesús. Pero,
Jesús reprendió la falta de misericordia de sus discípulos:
“Viendo esto sus discípulos Jacobo y Juan dijeron:
Señor, ¿Quieres que mandemos fuego del cielo, como
hizo Elías, y los consuma? Entonces volviéndose él los
reprendió, diciendo: Vosotros no sabéis de que espíritu
sois. Porque el Hijo del Hombre no ha venido para
perder las almas de los pecadores, sino para salvarlas”
(Lc. 9: 54 -56).
Mientras en la Ley el pecador moría irremisiblemente y de
forma inmediata por su pecado; en la Gracia se le brinda
oportunidad de arrepentimiento mientras vive físicamente.
Los discípulos le pidieron poder a Jesús para hacer
descender fuego sobre esta ciudad samaritana para repetir
el milagro que Elías hizo sobre los baales (1 R. 18:20). Pero,
Jesús les reprimió su acción, enseñándoles que la Gracia no
condena inmediatamente al pecador. Jesús les señaló que
El vino al mundo a salvar las almas, no a perderlas.
Jesús explicó que los discípulos estaban turbados y el
espíritu que les motivó a pedir fuego sobre los samaritanos
72
no era el de la Gracia de Cristo, sino el espíritu punitivo
permitido en la Ley (Lv. 24:19-20).
Lo mismo sucedió cuando los religiosos judíos trajeron
ante Jesús a una mujer que había sido sorprendida en
pleno acto de adulterio (Jn. 8:1-11). Ellos reclamaban que
según la Ley debía morir, pero Jesús les mostró que todos
eran pecadores y nadie podía condenar la mujer. El Padre
le dio todo el juicio a Jesús para juzgar, y Él le concedió el
perdón a esta mujer por medio de su Gracia infinita.
En la época del AT, el pecador debía morir por su
pecado, es por eso que se refleja con frecuencia tanta
muerte en el AT. Dios mismo ordenaba exterminar a los
pecadores, en ocasiones con juicios tajantes, como el caso
de las ciudades de Sodoma y Gomorra a quienes destruyó
con fuego y azufre (Gn. 19), o con la espada, como hizo
Israel con los cananitas (Dt. 9:5).
En la Ley, el castigo por el pecado era la muerte
inmediata. En la Gracia, Jesús carga con la maldición del
pecado y de la Ley por medio de su sacrificio en la cruz. En
la Gracia el pecador tiene oportunidad de arrepentirse de
su pecado y librarse de la muerte mientras vive (Hb. 9:27).
Si se ignora este cambio se cometerán errores crasos de
interpretación bíblica.
____________________________________________________
 La gran diferencia es que en el marco del AT el
profeta de Israel ejercía su ministerio bajo la Ley, la
cual permitía la venganza y la muerte inmediata del
pecador (Dt. 19:21). La Gracia le da oportunidad al
pecador de arrepentirse de sus pecados hasta el
último día de su vida (Hb. 9:27.)
____________________________________________________
73
74
Capítulo – 6 –
EL MINISTERIO DE LA PROFECÍA
EN LA IGLESIA
____________________________________________________
I. LA PROFECÍA COMO MINISTERIO DE LA IGLESIA
a. La profecía predictiva y futurística
La profecía como don y ministerio de la Iglesia se refiere a la
profecía predictiva y futurista para edificación de la Iglesia y
no estrictamente a la predicación del Evangelio. La
predicación del Evangelio está enmarcada dentro de la
profecía, ya que advierte a la humanidad lo que ha de
venir y el futuro eterno que le espera a la humanidad. No
obstante, la profecía predictiva y futurista tiene la función de
edificar a los cristianos y no está por encima de la
autoridad de la Biblia. Cualquier profeta que contradiga el
Evangelio está puesto bajo el anatema divino (Gá. 1:8-9).
La profecía, es un don que edifica sobre el fundamento
de la doctrina bíblica, enseñada por los apóstoles de Jesús.
No se debe confundir el don o ministerio profético de la
Iglesia, con un “nuevo canon” que contradiga o altere la
Biblia. Sectas y herejías cristianas han surgido de las
mismas
comunidades
de
fe
cristianas,
por
autodenominados “profetas” que pretenden darle la
misma autoridad de la Biblia a sus “revelaciones”.
El don o ministerio profético de la iglesia no es para
crear o agregar nuevas doctrinas a la Biblia, el canon está
cerrado. El ministerio profético de la iglesia es para
consolación, edificación y exhortación (1 Co. 14:3), siempre
sobre la base de la Biblia y nunca en contradicción.
75
b. La profecía como don y ministerio de la Iglesia
La profecía es un don (1 Co. 12:10-11), y también un
ministerio de la Iglesia que Dios le da a ciertos cristianos
para edificación (1 Co. 12:28; Ef. 4:11). Como don, Dios
puede usar al creyente que desee para dar una palabra
profética; pero se manifiesta con más frecuencia en los
cristianos a los que Dios les ha dado este ministerio. Pablo
expone los dones y ministerios de la iglesia por separado:
“Ahora bien, hay diversidad de dones, pero el Espíritu
es el mismo. Y hay diversidad de ministerios, pero el
Señor es el mismo” (1 Co. 12: 4-5).
Aunque el cristiano no tenga un ministerio profético, el don
de profecía puede manifestarse en su vida, si cree:
“A otro, el hacer milagros; a otro, profecía; a otro,
discernimiento de espíritus... Pero todas estas cosas las
hace uno y el mismo Espíritu, repartiendo a cada uno
en particular como él quiere” (1 Co. 12: 10a- 11).
No significa que todo el que profetiza posee un ministerio
profético. Tampoco se necesita un ministerio profético para
ejercer la profecía como un don del Espíritu en la Iglesia,
pues el Espíritu puede impulsar al cristiano a profetizar
según su voluntad. La profecía también es mencionada
como ministerio de la Iglesia:
“Y a unos puso Dios en la Iglesia, primeramente
apóstoles, luego profetas, lo tercero maestros, luego los
que hacen milagros, después los que sanan, los que
ayudan, los que administran, los que tienen don de
lenguas” (1 Co. 12 –28).
La profecía es un ministerio y un don activo de la Iglesia.
Como ministerio suele manifestarse constantemente en la
vida del profeta, si permanece en obediencia a Dios y su
Palabra. Como don espiritual se puede manifestar
ocasionalmente en la vida de cualquier cristiano.
76
c. ¿Tiene vigencia la profecía predictiva y futurista como
ministerio de la Iglesia?
Pablo establece un equilibrio en cuanto al don de profecía:
“No apaguéis al Espíritu. No menospreciéis las profecías.
Examinadlo todo; retened lo bueno” (1 Ts. 5: 19-21).
Pablo, en una serie de amonestaciones, señala que no se
deben apagar los dones del Espíritu Santo en la Iglesia.
Pero se debe examinar el contenido de la profecía, con el
derecho de retener lo bueno y desechar lo que no conviene.
Nadie puede imponer profecías, esta queda sujeta al juicio
consciente de quien la recibe y la Iglesia.
La Biblia aprueba el uso del don de profecía en la Iglesia:
“Seguid el amor; y procurad los dones espirituales,
pero sobre todo que profeticéis. Porque el que habla en
lenguas no habla a los hombres, sino a Dios; pues
nadie le entiende, aunque por el Espíritu habla
misterios. Pero el que profetiza habla a los hombres
para edificación, exhortación y consolación. El que
habla en lengua extraña, a sí mismo se edifica; pero el
que profetiza, edifica a la iglesia. Así que, quisiera que
todos vosotros hablaseis lenguas, pero más que
profetizaseis; porque mayor es el que profetiza que el
que habla en lenguas, a no ser que las interprete para
que la iglesia reciba edificación” (1 Co. 14: 1-5).
La Biblias muestra que la profecía es un don y ministerio
vigente de la Iglesia, y se le da relevancia a la hora de
procurarla entre otros dones del Espíritu. La Biblia señala
que no se debe menospreciar la profecía (1 Ts. 5: 19-21). Y
no se refiere a la profecía bíblica, pues dice que se tome lo
bueno y se deseche lo malo; eso no se refiere a la profecía
de la Biblia porque toda, es palabra de Dios.
77
II. EL PROPÓSITO DEL MINISTERIO PROFÉTICO
EN LA IGLESIA
a. El propósito de la profecía como don de la Iglesia
Edificación, exhortación y consolación son tres elementos
propios a la naturaleza de la profecía en la Iglesia:
“Pero el que profetiza habla a los hombres para
edificación, exhortación y consolación. El que habla en
lengua extraña, a sí mismo se edifica; pero el que
profetiza, edifica a la iglesia” (1 Co. 14: 3-4).
Estas tres palabras ayudan a entender el propósito de la
profecía como don y ministerio en la Iglesia. Por medio del
don profético el Espíritu Santo, revela lo íntimo y confirma
que Dios está en medio de su pueblo (1 Co. 14: 24-25).
b. Edificación
Edificación (gr. Oikodomeo), significa construir, edificar,
reedificar, etc. Construir es un concepto mesiánico de la
construcción del reino de Cristo comenzado por Él y que
será completado con su segunda venida29. El Espíritu Santo
edifica la Iglesia por medio de los dones y ministerios.
Edificar, es uno de los propósitos de la profecía y
significa sumar a la obra comenzada por Jesús. Toda
edificación posterior se debe hacer sobre la Roca que es
Cristo (Mt. 16:18), consecuentemente sobre las enseñanzas
de los apóstoles primitivos quienes dan testimonio de su
vida, muerte y resurrección en la Biblia (1 Co. 3:10-12).
La profecía debe edificar encima del fundamento (la
Biblia), en amor al prójimo. No es para confusión. La
29
Diccionario Teológico del Nuevo Testamento. Gerhard Kittel y
Gerhard Friedrich, Geoffrey W. Bromiley. Libros Desafió, Grand Rapids,
Michigan, 2002. Pág. 661
78
profecía que no edifica sobre la Biblia debe desecharse,
pues es señal de que no cumple el objetivo de la profecía.
c. Exhortación
Exhortación (gr. Parakaléo), se traduce como estímulo,
consuelo o ruego. Esta faceta de la profecía no se debe
confundir con la ofensa, pues en su significado original
tiene el sentido de animar e infundir aliento30.
Exhortar es otro propósito de la profecía, advertir con
amor lo que no está bien y señalarlo con valor para el
crecimiento y arrepentimiento de los que desobedecen.
Esto no convierte al profeta de la Iglesia en juez o
acusador. La exhortación es muy importante para
mantener una fe sana dentro de la Iglesia.
En la Biblia muchos fracasaron por ser alcahuetes con
el pecado, sin embargo, la persona que no refleja frutos de
amor, tampoco debe exhortar, porque lo hará con ira
contra los demás, convirtiéndose su exhortación en una
acción condenatoria, sin amor.
La exhortación entre cristianos se debe hacer en un
espíritu de amor que es la conclusión de Pablo a toda la
temática de los dones espirituales (1 Co. 13).
d. Consolación
Consolación (gr. paramutía) significa animar, refrescar, cuidar,
mitigar, aliviar, amortiguar, resolver, aplacar o satisfacer.31 Esta
es una de las obras más resaltadas por Jesús acerca del
Espíritu Santo (Jn. 14:16, 14; 26, 15:26, 16; 7).
Si alguien reclama estar lleno del Espíritu Santo y ser
un verdadero profeta, debe también mostrar misericordia.
30
31
Ibíd.
Ibíd.
79
Sanar el alma herida es otra función de la profecía. Llevar
paz a los que están atribulados y brindar palabras de
aliento a los que sufren por diversas causas.
Lo importante en todo el contenido de la profecía es
que no se menciona que la profecía confunda. Todo lo que
causa confusión no procede de Dios. El propósito de la
profecía no es el escándalo, sino la edificación, exhortación y
consolación de los creyentes.
e. El propósito evangelístico del don profético
En el día de Pentecostés, cuando los discípulos de Jesús
fueron llenos del Espíritu Santo, hablaron por inspiración
divina en los diferentes idiomas de las comunidades judías
dispersas y presentes ese día en Jerusalén. Las lenguas
eran inteligibles a los que escuchaban y Dios les habló a
través de ellas. La manifestación del Espíritu Santo en
otras lenguas ese día instó a los presentes a convertirse a
Dios. Pablo también perseguía un orden en la profecía (no
sólo para edificar la iglesia); con un propósito evangelístico,
para que los incrédulos aceptaran a Jesús como salvador,
al revelador el Espíritu lo que ocultaban en sus corazones:
“Pero si todos profetizan, y entra algún incrédulo o
indocto, por todos es convencido, por todos es juzgado;
lo oculto de su corazón se hace manifiesto; y así
postrándose sobre el rostro, adora a Dios declarando
verdaderamente que Dios está entre vosotros” (1 Co.
14:24-25).
La profecía como un don o ministerio de la Iglesia puede
traer conversos a Cristo a través de una palabra profética.
80
III. EL ORDEN DE LA PROFECÍA EN LA IGLESIA
a. Ningún profeta puede contradecir la Biblia
En el Nuevo Testamento hay evidencia del ministerio y don
profético de la Iglesia. Pero es preciso aclarar que este es un
don y ministerio para edificar la Iglesia sobre el fundamento
de la Biblia. Hay juicio advertido a quien quite o añada a la
Biblia (Dt. 4:2; Ap. 22:18-19). El Espíritu Santo inspiró la
Biblia (no puede contradecirla), y menos por medio de
alguien que se autoproclame profeta:
“Entendiendo primero esto, que ninguna profecía de la
Escritura es de interpretación privada, porque nunca la
profecía fue traída por voluntad humana, sino que los
santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados
por el Espíritu Santo” (2 P. 1:20-21).
La palabra privada (gr. “Jidios”) significa, propio, particular o
privada. “El apóstol Pedro explica que los escritores de la
profecía bíblica no impusieron su propia construcción
sobre las palabras divinamente inspiradas que registraron”
(Vine, 1999. 462, 701). Fue Dios mismo quien les inspiró a
relatar su contenido
Si el Espíritu Santo inspiró la Biblia, no puede luego
contradecirla. Dios no cambia (Stg. 1:7; 1 S. 15:29). Nadie
que profetiza por el Espíritu puede contradecir la Biblia,
no importa el título que posea. La Biblia advierte:
“Mas si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare
otro evangelio diferente del que os hemos anunciado,
sea anatema” (Gá. 1:8).
Pablo reconoce que ni el mismo (quien recibió de Dios la
revelación del Evangelio) podía contradecirlo, bajo pena de
maldición. Esta verdad es tan seria que Pablo pone en esta
lista a cualquier supuesto “ángel” o espíritu que contradiga
la Biblia, bajo el juicio del anatema divino.
81
El profeta de la Iglesia está remitido a sujetarse al
contenido doctrinal de la Biblia, pues no puede añadir, ni
quitar a la profecía canónica, ya que su misión es
sobreedificar a los cristianos y evangelizar al mundo sobre
el fundamento de la Biblia.
En torno al verdadero profeta y su relación con la
autoridad de la Biblia, se puede resaltar lo siguiente:
 La Biblia es el fundamento del cristiano, no la profecía.
 Debe mostrar total sumisión a la Biblia.
 No contradice la Biblia, porque el Espíritu Santo no
puede contradecir lo que él inspiró (La Biblia, 2 T. 3:16).
 Todo profeta debe remitirse a confirmar la Biblia.
 La Biblia tiene autoridad por encima de lo que pueda
decir cualquier profeta, no importa el título que posea.
 No causa confusión en la iglesia.
 No divide la obra de Dios. La edifica.
 No manipula con palabras o amenazas para lograr
objetivos personales o que se obedezca sus profecías.
 No coacciona al prójimo para manipular su voluntad.
 No obliga a hacer nada que otra persona no desee hacer.
 Respeta la voluntad ajena, aun de aquellos que rechazan
sus palabras.
 El profeta debe respetar el libre albedrío de todo ser
humano, porque también Dios lo respeta.
b. El Espíritu y la Biblia nunca se contradicen
Algunos ejemplos de los profetas de la Iglesia primitiva,
demuestran que sus profecías estaban dirigidas a guiar a
los santos en sus ministerios y a confirmar la Biblia, no a
crear nuevas doctrinas.
Cuando Pedro fue guiado por el Espíritu Santo a casa
de Cornelio, le predicó el Evangelio, no se creó una nueva
doctrina (Hch. 10:9-20). Cuando el Espíritu Santo, por
82
medio de los profetas de la Iglesia les confirmó el llamado
a Pablo y a Bernabé, no se agregó doctrinas nuevas (Hch.
13: 1-3).
Esos ejemplos muestran que las herejías en que caen
algunas personas, al añadir a la doctrina bíblica, es por
falta de conocimiento bíblico. Igualmente, los que rechazan
la profecía como ministerio de la Iglesia, lo hacen también
por falta de conocimiento, pues se llenan de temores al
pensar que, si algunos casos se salen del orden bíblico,
deben rechazar de manera general la profecía como
ministerio y don de la Iglesia.
Para el caso, la Biblia o ciertos pasajes bíblicos se han
usado como una excusa para crear herejías, pero eso no
nos conduce a dejar de leerla. Al contrario, lo que se debe
hacer es estudiarla correctamente para no caer en error. Lo
mismo sucede con la profecía u otros temas bíblicos, hay
que estudiarla a fin de enseñarla correctamente y no caer
en error de rechazarla, como advierte la Biblia:
“No apaguéis al Espíritu. No menospreciéis las
profecías. Examinadlo todo; retened lo bueno” (1 Ts.
5:19-21).
El Espíritu y la Biblia caminan en perfecta armonía. Son
como las dos alas en el vuelo de un ave. Si le quitas una, no
podrá volar. Las dos forman parte de un solo cuerpo.
El Espíritu y la Biblias nunca se contradicen, quien se
contradice es el que la interpreta mal. Cuando alguien cae
en ese error, ya sea por arrogancia o falta de conocimiento,
abre la puerta al error y la herejía.
Los saduceos, eran maestros de la Ley; pero, su
interpretación errada de las Escrituras y falta de fe en el
poder de Dios, abrió una puerta a la confusión acerca del
conocimiento divino. Jesús les exhortó diciendo:
83
“Entonces
respondiendo Jesús, les dijo: Erráis,
ignorando las Escrituras y el poder de Dios” (Mt. 22:29).
Jesús exhortó a los saduceos diciéndoles que su ignorancia
de las Escrituras y el desconocimiento del poder de Dios,
les hacían errar. El Espíritu y la Biblia son dos puertas que
se pueden utilizar para confusión, cuando los interpretes la
usan mal.
El apóstol Pablo advirtió que falsos profetas
pretenderán hablar por el espíritu, y falsos maestros
crearán confusión usando erradamente la Biblia. Él dijo:
“Que no os dejéis mover fácilmente de vuestro modo
de pensar, ni os conturbéis, ni por espíritu, ni por
palabra, ni por carta como si fuera nuestra, en el
sentido de que el día del Señor está cerca” (2 Ts. 2:2).
Pablo adivirtió que, no se debe caer en confusión, ni por
espíritu, ni por palabra. Algunos pretenderán hablar por el
espíritu, y otros añadirán nuevas y falsas doctrinas por su
error en la interpretación bíblica. De acuerdo al contexto
del verso anterior, algunos cristianos primitivos habían
escrito cartas en nombre de Pablo o las habían
tergiversado. La Biblia advierte que los errores en la
interpretación bíblica, y la ministración de los dones
divinos, se da por falta de conocimiento y la arrogancia de
los que pretenden saber. Pablo escribió:
“De las cuales cosas desviándose algunos, se apartaron
a vana palabrería, queriendo ser doctores de la ley, sin
entender ni lo que hablan ni lo que afirman” (1 Ti. 1:67).
Se debe tener cuidado de las personas que pretendan
hablar por el espíritu o que reclamen ser maestros de la
Biblia, sin serlo. Estas dos vías, el espíritu y la palabra,
serán aprovechadas por los espíritus de error cuando los
incautos y soberbios pretendan hablar en nombre de Dios.
84
Por eso la Biblia advierte que debemos probar los espíritus,
para distinguir entre lo falso y o verdadero:
“Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los
espíritus si son de Dios; porque muchos falsos profetas
han salido por el mundo” (1 Jn. 4:1).
Lo mismo dice de la profecía, que debe ser juzgada:
“Asimismo, los profetas hablen dos o tres, y los demás
juzguen” (1 Co. 14:29).
c. La profecía puede y debe ser juzgada por la Iglesia
La relación del Espíritu Santo y la Biblia es como las dos
alas de un ave; si se le quita un ala no puede volar.
Asimismo, el Espíritu y la Biblia son inseparables y nunca
se contradicen el uno al otro.
Es peligroso creer que quien posee dones espirituales,
ha alcanzado el cielo y que sus palabras sean más
importantes que la Biblia. Por ese error han surgido
grandes herejías y falsas doctrinas en la Iglesia que han
llevado a la destrucción de muchos cristianos.
Esa fue una de las causas por las que Pablo escribe
mandamientos a los Corintios acerca de la profecía, por su
pretensión de espiritualidad y sabiduría, que les condujo a
la resistencia de la autoridad del apóstol.
Los corintios creían que al poseer sabiduría y dones
espirituales no necesitaban más instrucciones del apóstol
Pablo, quien inicialmente les había predicado el Evangelio
(1 Co. 1:5-7). Aunque un profeta haga descender fuego del
cielo y haga llover de abajo hacia arriba, su profecía debe
ser juzgada a la luz de la palabra de Dios. La Biblia señala:
85
“Asimismo, los profetas hablen dos o tres, y los demás
juzguen”32 (1 Co. 14:29).
Pablo advierte que la profecía debe ser juzgada por la
Iglesia. Quien profetiza no puede imponer sus criterios,
usando el argumento de que Dios le ha hablado y por
tanto se debe aceptar obligadamente sus palabras.
El profeta debe permitir que la Iglesia vierta su juicio
con relación a su profecía para determinar si a la luz de la
Biblia procede de Dios o no, porque la Biblia así lo ordena.
Quien profetiza debe remitirse a dar el mensaje y la Iglesia
tiene la autoridad delegada de Dios para juzgarla33.
Conocer la manifestación de los dones del Espíritu no
le da autoridad a nadie para imponer sus criterios
personales dentro de la Iglesia. Los dones del Espíritu no
tienen relación con la autoridad delegada por Cristo a su
Iglesia. Hay líderes humildes que no tienen las
manifestaciones espirituales de algunos miembros de sus
iglesias, pero la autoridad del pastor no puede ser
usurpada, por alguien que posea dones espirituales.
La autoridad de un ministro no está relacionada con
los milagros, sino con la separación que Dios le ha hecho al
ministerio, por humilde que sea. Las manifestaciones del
Espíritu Santo no determinan el nivel de autoridad que
32
Juzgar, palabra que en griego se usa también para discernimiento
de espíritus (determinar si el espíritu que habla o impulsa la acción es
de Dios o no). Este juicio lo harán aquellos que han alcanzado madurez
en el conocimiento de Dios y su Palabra.
33
Entiéndase la palabra juzgar, en este contexto, como determinar
si la palabra del profeta procede de Dios o no, y no como una crítica o
condena sin misericordia al profeta. Al menos que la persona profetice
con la intención de destruir conscientemente, se debe ejercer la
autoridad para corregir cualquier desorden.
86
alguien ocupa en el reino de Dios, son solo dones para
edificación de cuerpo de Cristo.
En el reino de Dios la autoridad es delegada por medio
del llamado divino, no por milagros. Eso lo debe aprender
todo el que anhele dones espirituales. El profeta debe ser
humilde y someterse a las autoridades establecidas por
Jesús en el reino. Profetizar o hacer milagros no da derecho
a gobernar.
d. La blasfemia contra el Espíritu Santo
Uno de los argumentos que más utilizan los profetas falsos
para manipular personas por medio de la profecía es la
“blasfemia contra el Espíritu”. El profeta asegura que si no
hacen lo que él dice les va caer fuego del cielo o se van a
morir mañana. Pero, ¿Qué es en verdad la blasfemia contra
el Espíritu? La blasfemia contra el Espíritu no es juzgar
una profecía. La Biblia le da ese derecho a la Iglesia:
“Asimismo, los profetas hablen dos o tres, y los demás
juzguen” (1 Co. 14-29). Ningún profeta debe resistirse a
que sus palabras sean juzgadas por la Iglesia. Es un
mandamiento divino (1 Co. 14:37). Si el profeta no quiere
que se juzgue su profecía en la Iglesia, que calle y no hable.
Nadie puede estar por encima de la autoridad de la Iglesia.
La blasfemia contra el Espíritu de la cual Jesús habló,
consiste en atribuirle a Satanás de forma deliberada y
consciente, la obra divina.
Con relación a la blasfemia contra el Espíritu Jesús enseñó:
“Por tanto os digo: Todo pecado y blasfemia será
perdonado a los hombres. Mas la blasfemia contra el
Espíritu no les será perdonada. A cualquiera que dijere
alguna palabra contra el Hijo del Hombre, le será
perdonado; pero el que hable contra el Espíritu Santo,
87
no le será perdonado, en este siglo ni en el venidero”
(Mt. 12: 31-32).
Jesús habló aquí a los fariseos, quienes lo acusaban de
echar fuera demonios por el poder del Satanás, para no
aceptar su divinidad y denigrarlo ante del pueblo. Pero la
blasfemia consiste en que los fariseos rechazaron las obras
de Jesús siendo conscientes de que el Espíritu Santo de
Dios era quien obraba los milagros, pero se lo atribuían a
Satanás para no reconocer a Jesús como el Mesías.
Cuando un cristiano no está seguro si algo procede de
Dios y un profeta quiera obligarle a creer, el cristiano no
debe sentirse intimidado. Ningún cristiano está obligado a
creer u obedecer las palabras de un profeta, pues, aunque
procedan de Dios, Él respeta la decisión de cada ser
humano.
Juzgar una profecía no es blasfemar contra el Espíritu
Santo, porque es un derecho que Dios le dio a la Iglesia.
88
Capítulo – 7 –
MANDAMIENTOS ACERCA DE LA PROFECÍA
____________________________________________________
I. MINISTRACIÓN DE LA PROFECIA EN LA IGLESIA
a. “No pude resistir al Espíritu”
En la iglesia de Corinto, algunos cristianos se consideraban
muy espirituales (1 Co. 14:37) e interrumpían las reuniones
de la congregación arguyendo que no podían resistir al
Espíritu Santo. Esto causó desorden entre los hermanos.
Pablo les escribió mandamientos a fin de mantener el
orden en las reuniones cristianas. Estas tienen vigencia
para la Iglesia de todos los tiempos. La Biblia ordena:
“Y los espíritus de los profetas están sujetos a los
profetas. Pues Dios no es Dios de confusión, sino de paz.
Como en todas las iglesias de los santos” (1 Co. 14: 32-33).
Dios les demanda control de sí mismo a los profetas. Hay
un tiempo para todo y en ese orden es que la Iglesia debe
ejercer los dones del Espíritu. Ese orden se debe aprender
(1 Co. 14:31).
El cristiano, aunque sea un ser nacido del Espíritu, ha
sido dotado de dominio propio como un fruto del Espíritu
(2 Ti. 1:7). Esto le permite un autocontrol. Con relación a la
ministración de los dones espirituales en la Iglesia, Pablo
señala: “Pero hágase todo decentemente y con orden” (1
Co. 14: 40).
En 1 Corintios 14, Pablo hace un resumen del problema
de los Corintios. Pablo no ataca el ejercicio de la profecía
en la Iglesia de Corinto, sino el desorden en que habían
incurrido. Pablo apela a un orden consciente en la
administración de los dones espirituales:
89
“¿Si pues toda la iglesia se reúne en un solo lugar y
todos hablan en lenguas, y entran indoctos o
incrédulos, no dirán que estáis locos?” (1 Co. 14:23).
Pablo advierte que si no hay un orden en el ejercicio de los
dones espirituales dentro de la Iglesia ésta parecerá un
manicomio. A los profetas les manda:
“Asimismo los profetas hablen dos o tres y los demás
juzguen y si algo fuere revelado a otro que estuviere
sentado, calle el primero” (Vs. 29-30).
Al decir que el primero debe callar, Pablo está
hablando de orden y dominio propio de los profetas en la
Iglesia. Los demás (la Iglesia) deben juzgar la profecía.
Pablo señala que todos pueden aprender, no solo a
profetizar, sino el orden en que debe darse la profecía:
“Porque podéis profetizar todos uno por uno, para que
todos aprendan, y todos sean exhortados” (vs. 31).
Cuando se habla de hacerlo uno por uno, Pablo está
interesado en el orden de la profecía en las reuniones y no
tanto en el modelo. Según Pablo, la profecía en las
reuniones, se debe dar en un tiempo y ante la
congregación, para que toda la Iglesia aprenda, sean
testigos y puedan juzgar lo que se profetiza. La profecía no
se debe dar en un rincón, se debe traer a la luz para que
edifique la Iglesia.
Pablo quiere proveer una salida al problema de los
corintios y apela a que usen el dominio propio y que no
pretendan atribuirle al Espíritu el desorden que habían
provocado. El mandato de Pablo es imperativo:
“Y los espíritus de los profetas están sujetos a los
profetas” (1 Co. 14:32).
Los profetas de Corinto habían entrado en un estado
de frenesí y es posible que bajo esa experiencia no
90
quisieran parar de profetizar, con la excusa de que el
Espíritu no se los permitía, creando un caos en la Iglesia.
Hace más de dos mil años que Pablo escribió estos
mandamientos para evitar el desorden en las reuniones
cristianas y todavía se cae en los mismos errores.
b. Advertencia contra la soberbia
En Corinto había profetas que se creían muy espirituales.
Este problema parece ser típico en comunidades de fe
donde el Espíritu se manifiesta con dones espirituales,
creyendo que no necesitan más instrucciones que las del
Espíritu. Pablo advierte que todo lo que les escribió con
relación a la profecía, son mandamientos del Señor:
“Si alguno se cree profeta, o espiritual, reconozca que
lo que os escribo son mandamientos del Señor” (1 Co.
14: 37).
Pablo sabía que bajo el manto de la espiritualidad
muchos se cobijarían para no aceptar su exhortación acerca
del abuso de los dones espirituales. Pablo advierte a los
que creían saberlo todo en Corinto (sofistas)34 que les
escribe mandamientos del Señor relacionados a la profecía y
lo hace con la autoridad que Dios le delegó como apóstol.
Pablo escribió estos mandamientos por orden del Señor
(Gá. 1:11-12) y esa palabra tiene vigencia hoy día.
La profecía se puede ejercer en la iglesia bajo los
mandamientos y enseñanzas de la Biblia. Los que niegan el
uso de la profecía, como los que creen que se debe ejercer
sin un orden en la Iglesia están en extremos no bíblicos.
34
Sofistas - Conocidos con este nombre entre los griegos por su
afición a la filosofía y a la discusión por medio de sofismas o
argumentos falsos. Muchos conversos de esta línea fueron a los que
Pablo debió enfrentarse.
91
c. La presunción de ser profeta
Habrá personas que pretendan ser profetas, sin serlo. La
Biblia señala que el corazón humano es engañoso (Jr. 17:9)
y Satanás puede aprovechar, aun las sanas intenciones,
para crear confusión y destrucción. Por eso, Pablo ordena a
la Iglesia juzgar la profecía; para evitar el engaño y la
herejía. La Iglesia debe usar su discernimiento para juzgar
con libertad la profecía. Es un mandato bíblico.
La Biblia explica cómo reconocer un verdadero profeta:
“Y si dijeres en tu corazón: ¿Cómo conoceremos la
palabra que Jehová no ha hablado?; si el profeta
hablare en nombre de Jehová, y no se cumpliere lo que
dijo, ni aconteciere, es palabra que Jehová no ha
hablado; con presunción la habló el tal profeta; no
tengas temor de él” (Dt. 18:21-22).
Se puede dar el caso que un supuesto “profeta”
presuma que Dios le ha hablado, sin ser verdad. Si la
profecía anunciada no se cumple, es evidencia que no
procede de Dios. Tal profecía debe ser desechada.
Si un profeta habla con presunción se le debe instruir
para que no cree confusión. La amonestación se debe hacer
con sabiduría a fin de que no se le destruya. Si alguien
profetiza intencionadamente, sin ser verdad y persiste, se
le debe disciplinar a fin de que desista de profetizar y no
caiga en confusión.
d. Lo revelado es nuestro; lo secreto le pertenece a Dios
El cristiano debe dejar que el tiempo aclare el plan de Dios
para su vida, el cual es bueno, según la Biblia (Ro. 12:2). Se
debe esperar en Dios y no tratar de conocer lo que Dios ha
puesto en su sola potestad (el futuro). La Biblia advierte:
92
“Las cosas secretas pertenecen a Jehová nuestro Dios;
mas las reveladas son para nosotros y para nuestros
hijos para siempre, para que cumplamos todas las
palabras de esta ley” (Dt. 29:29).
Dios ha diseñado un plan perfecto para cada ser humano,
pero nadie está autorizado a saber todo lo que le depara el
futuro, eso está puesto bajo la soberanía divina, pues en
parte conocemos y en parte profetizamos (1 Co. 13:8-10).
El don profético de la Iglesia se manifiesta para
conocer algunas cosas antes que sucedan para que el ser
humano entienda que Dios conoce todas las cosas, pero no
tiene el fin de revelarlo todo.
Dios revela lo que es para provecho y las cosas que no
son reveladas (como el futuro) le pertenecen a Él. Si Dios
hubiese querido que el ser humano supiera lo todo que le
depara el futuro, le hubiese dotado de tal capacidad.
El futuro le pertenece a Dios y este es bueno para sus
hijos porque el fin es la vida eterna. Hay buenas noticias
para todos los que han recibido a Cristo como su salvador,
tienen un futuro glorioso, no importa lo que se puedan
sufrir aquí en la tierra. Él ha prometido estar todos los días
con sus hijos y suplir todas sus necesidades (espirituales,
emocionales, económicas, etc., Mt. 28:20; Fil. 4:19). Su Palabra
debe dar consuelo a través de sus promesas, las cuales son
innumerables para cada necesidad específica.
Cualquier palabra profética, debe confirmar lo que ya
Dios ha dicho de sus hijos en la Biblia. En gran manera, el
futuro de cada persona depende de su grado de obediencia
a la Palabra de Dios, más que de otra causa.
93
94
Capítulo – 8 –
LOS PROFETAS DEL NUEVO TESTAMENTO
____________________________________________________
I. LA DIFERENCIA ENTRE LA PREDICACIÓN DEL
EVANGELIO COMO PROFECÍA Y LA PROFECÍA
PREDICTIVA Y FUTURISTA
a. La predicación como profecía
El canon bíblico (libros de la Biblia aceptados como inspirados),
es la única fuente de autoridad que rige la fe y la conducta
cristiana. La profecía canónica está sellada. El apóstol
Pedro señala:
“Tenemos también la Palabra profética más segura, a la
cual hacéis bien en estar atentos como a una antorcha
que alumbra en un lugar oscuro, hasta que el día
esclarezca y el lucero de la mañana salga en vuestros
corazones; entendiendo primero esto, que ninguna
profecía de la Escritura es de interpretación privada,
porque nunca la profecía fue traída por voluntad
humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron
siendo inspirados por el Espíritu Santo” (2 P. 1: 19-21).
En este contexto, el apóstol Pedro se refiere a la palabra
profética canónica del AT35, las Sagradas Escrituras en las
que los profetas y apóstoles dieron su testimonio acerca de
la veracidad de la misión de Jesús como el Hijo de Dios.
35
En los versos 16 al 21 (contexto inmediato de 1 Pedro 19:1) se
nota que Pedro trata de explicar que Jesús es el Mesías y para eso
expone dos evidencias: su testimonio ocular y las profecías mesiánicas
relacionadas a Jesús escritas en el Antiguo Testamento.
95
Esta palabra profética a la que Pedro se refiere, son las
profecías del AT (Tanak)36 que indiscutiblemente, todas
apuntan al Mesías y no debe confundirse con el don
profético dado a la Iglesia para edificación de los cristianos.
Pedro quiere asegurar que la profecía bíblica es fiel y
verdadera; pero no está negando la vigencia de la profecía
predictiva y futurista como un don o ministerio de la Iglesia.
Al asegurar lo confiable que es la palabra de Dios,
Pedro no está negando la vigencia del ministerio profético
en el Nuevo Testamento. La palabra de Dios evidencia la
vigencia del don y ministerio profético de la Iglesia para
edificación de los cristianos.
Todo predicador que anuncia el Evangelio se convierte
en un profeta al ser el portavoz que anuncia el reino
venidero de Cristo, la vida y la condenación eterna, el fin
del mundo, etc. Este mensaje escatológico se convierte en
sí mismo en una profecía. La predicación del Evangelio es
un mensaje profético de la Biblia, pero no niega la vigencia
de la profecía predictiva y futurista que es un don y ministerio
para edificación de la vida personal de los cristianos y la
Iglesia, que está evidenciado en la Biblia.
b. La profecía predictiva y futurista
A diferencia de la predicación del Evangelio como
profecía, la profecía predictiva y futurista se refiere al don de
la Iglesia que tiene el fin de edificar, exhortar y consolar a los
cristianos por el Espíritu. No se refiere estrictamente a la
predicación del Evangelio, aunque tiene implícito ese
propósito.
36
Tanak (hb.) – Torah, el pentateuco o primeros cinco libros de la
Biblia. Nebiim, los profetas y ketubin los libros sapiensales.
96
La Biblia señala que el día de Pentecostés los discípulos
fueron bautizados con el Espíritu Santo y recibieron
diversos géneros de lenguas (idiomas) inspirados de forma
sobrenatural por el poder de Dios. Ellos hablaron mensajes
comprensibles a quienes los escuchaban, sin conocer sus
idiomas:
“Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y
comenzaron a hablar en otras leguas, según el Espíritu
les daba que hablasen. Moraban en Jerusalén judíos,
varones piadosos, de todas las naciones bajo el cielo. Y
hecho este estruendo, se juntó la multitud; y estaban
confusos, porque cada uno les oía hablar en su propia
lengua. Y estaban atónitos y maravillados, diciendo:
¿Mirad no son galileos todos estos que hablan? ¿Cómo
pues, les oímos nosotros hablar cada uno en nuestra
lengua en la que hemos nacido?” (Hch. 2:4-8).
Los diversos géneros de lenguas que recibieron los
discípulos de Cristo el día de Pentecostés fueron usados
por el Espíritu Santo para trasmitir mensajes a los reunidos
de todas las naciones en Jerusalén para la pascua judía,
hablándoles en sus lenguas de origen. Juntamente con las
lenguas se manifestó la palabra profética. Esta misma
manifestación recibió los hermanos en Éfeso:
“Y habiéndoles impuesto Pablo las manos, vino sobre
ellos el Espíritu Santo; y hablaban en lenguas, y
profetizaban” (Hch. 19:6).
Cuando Pablo oró por los hermanos de la iglesia de Éfeso,
recibieron lenguas del cielo y profetizaron37.
37
Eventos similares se dieron en el AT, donde las personas sobre las
cuales descendió el Espíritu Santo, profetizaron (Nm. 11:25; 1 S.
10:10).
97
La misma manifestación espiritual se dio entre los
corintios. Pablo explica:
“Pero si todos profetizan, y entra algún incrédulo o
indocto, por todos es convencido, por todos es juzgado;
lo oculto de su corazón se hace manifiesto; y así
postrándose sobre el rostro, adora a Dios declarando
verdaderamente que Dios está entre vosotros” (1 Co.
14:24-25).
Pablo trata el tema de la profecía como un don de la Iglesia
(14:1). Esta profecía predictiva y futurista, revela un mensaje
de carácter personal. El profeta habla por medio del
Espíritu Santo a una persona o comunidad en particular y
Dios revela lo que hay en su corazón.
Eso fue lo que le sucedió a la mujer samaritana, cuando
Jesús sacó lo que estaba oculto en su corazón, al declararle
que había tenido cinco maridos y el que ahora tenía no era
de ella (Jn. 4:18). A través del Don de profecía o la profecía
predictiva y futurista, Dios puede revelar lo que está oculto
en el corazón de una persona a fin de darle testimonio de
que Dios es veraz y esto le puede conducir a Cristo.
Esta profecía predictiva, también lleva implícito un fin
evangelizador, pero está dirigida a la edificación personal,
no puede trastocar el contenido de la Biblia (bajo el juicio de
condenación), se remite a confirmarla.
98
II. EL MINISTERIO Y DON PROFÉTICO
EN LA ERA DE LA IGLESIA
a. Evidencia del profetismo de la Iglesia primitiva
En el libro de los Hechos, aparecen relatos de profetas
dentro del contexto de la iglesia primitiva (NT). Esto
demuestra que el ministerio de la profecía tiene vigencia
hoy día para la iglesia:
“Y Judas y Silas, como ellos también eran profetas,
consolaron y confirmaron a los hermanos con
abundancia de palabras” (Hch. 15: 32).
En este pasaje se hace referencia a estos dos cristianos
enviados a Antioquia, a quienes se les confiere el título de
profetas. Estos fueron enviados a los gentiles con la carta
de resolución del concilio de Jerusalén a los gentiles.
Estos profetas de la Iglesia primitiva, eran llenos del
conocimiento del Evangelio, pero no solo anunciaban el
Evangelio; tenían dones espirituales por medio de los que
ministraban consolación a los hermanos y les confirmaban en
la fe (edificación), dos objetivos claros de la profecía.
El verso explica que ellos también eran profetas, dando
a entender que no estaban allí solo para entregarles una
carta, como profetas de Dios consolaron y confirmaron a los
hermanos en la fe.
Pablo exhortó a Timoteo a mantenerse firme como un
soldado en la milicia de la fe, confortado por medio de
algunas profecías que anteriormente se habían hecho con
relación a su llamado ministerial:
“Este mandamiento, hijo Timoteo, te encargo, para que
conforme a las profecías que se hicieron antes en cuanto
a ti, milites por ellas la buena milicia” (1 Ti. 1:18).
Es obvio que Pablo no se refiere a ninguna profecía del AT;
sino a una palabra profética que Timoteo había recibido de
99
parte de Dios con relación a su ministerio, como ha sido
usual en la era neotestamentaria.
El Espíritu Santo por medio de los profetas de la Iglesia
da testimonio del cristiano y de su llamado ministerial. El
Espíritu Santo confirma la obra de Cristo en el creyente.
Pablo recibió confirmación del Espíritu Santo acerca de su
llamado por medio de los profetas en Antioquía:
“Había entonces en la iglesia que estaba en Antioquía,
profetas y maestros… Ministrando éstos al Señor, y
ayunando, dijo el Espíritu Santo: Apartadme a Bernabé y
a Saulo para la obra que los he llamado” (Hch. 13: 1a, 2).
Ya Jesús había escogido a Saulo como apóstol para llevar
su Evangelio entre los gentiles (Hch. 9:15). En esta ocasión
el Espíritu Santo le confirmó su llamado por medio de los
profetas de Antioquia. Es evidente en la Biblia que la
iglesia disfruta del ministerio profético para edificación de
los creyentes en la era neotestamentaria.
b. El profeta Agabo
Agabo, es un profeta de la Iglesia muy renombrado en el
libro de los Hechos de los apóstoles, un breve vistazo a su
vida y ministerio ayuda a entender con más claridad el
ministerio profético de la iglesia:
“En aquellos días unos profetas descendieron de
Jerusalén a Antioquía. Y levantándose uno de ellos,
llamado Agabo, daba a entender por el Espíritu, que
vendría una gran hambre en toda la tierra habitada; la
cual se cumplió en tiempo de Claudio. Entonces los
discípulos, cada uno conforme a lo que tenía,
determinaron enviar socorro a los hermanos que
habitaban en Judea; lo cual en efecto hicieron,
enviándolo a los ancianos por mano de Bernabé y
Saulo” (Hch. 11: 27-30).
100
En este pasaje se mencionan unos profetas de la Iglesia,
haciendo alusión a varios que descendieron de Jerusalén.
Pero el relato se centra en uno de los profetas, Agabo.
En este caso la profecía de Agabo no se refiere al
anuncio del “Kerigma” (predicación del Evangelio), sino a una
profecía predictiva futurista que advertía una hambruna que
vendría en todo aquel territorio. El propósito de la profecía
del profeta Agabo era para que la Iglesia se preparara con
alimentos ante la inminente crisis advertida.
El escritor señala, que esto se cumplió en tiempos del
emperador romano Claudio (41-54 d. C.). Esto se puede
corroborar a través de la historia cristiana. El historiador
Josefo confirma una hombruna ocurrida en Judea en el año
46 d. C.38.
El profeta Agabo profetizó un evento ajeno al anuncio
del Evangelio y se cumplió. Es evidente que el oficio
profético continúa vigente en la era de la Iglesia. La Iglesia
siempre ha gozado de este don para edificación de los
cristianos. Este ejemplo desmiente que el profeta de la
Iglesia solo anuncia el Evangelio, también tiene dones
espirituales para edificación de la Iglesia.
La profecía predictiva es una realidad que se debe
encarar, su vigencia en el contexto del NT es evidente.
Pero existe la necesidad de apropiarse del orden bíblico
que conduzca a canalizar los dones espirituales para
beneficio de la Iglesia. Este orden fue uno de los grandes
deseos del apóstol Pablo al escribir el capítulo 14 de su
primera Carta a los Corintios. Pablo exhortó a los corintios
a procurar los dones espirituales con la salvedad de que
38
Maier, L. Paul. Josefo. Las obras esenciales. Ed. Portavoz. USA,
1994. Pág. 239.
101
esto se hiciera en completo orden y armonía dentro de la
comunidad cristiana.
c. El profeta advierte; no obliga a creer
En Hechos 21, el profeta Agabo dio un mensaje profético
por medio del Espíritu Santo acerca del futuro inmediato
de Pablo usando símbolos. La Biblia señala que Pablo posó
en casa del evangelista Felipe, quien tenía cuatro hijas que
eran profetisas (Hch. 21:8) y estando allí, descendió de
profeta de Judea, el profeta Agabo:
“Y permaneciendo nosotros allí algunos días,
descendió de Judea un profeta llamado Agabo, quién
viniendo a vernos, tomó el cinto de Pablo, y atándose
los pies y las manos, dijo: Esto dice el Espíritu Santo:
Así atarán los judíos en Jerusalén al varón de quién es
este cinto, y le entregarán en manos de los gentiles”
(Hch. 21:10-11).
Al puro estilo de los profetas antiguos, y por medio de
símbolos, aparece nuevamente en escena este profeta de la
Iglesia, quien atándose de pies y manos con un cinto dio a
entender por el Espíritu que de la misma manera atarían al
dueño del cinto, el cual resultó ser de Pablo.
El pasaje sugiere que el profeta no sabía a quién
pertenecía el cinto, pero por medio de Espíritu Santo pudo
advertir lo que le pasaría a su dueño. Es importante hacer
notar que Pablo trato de ser persuadido por los hermanos
de no ir a Jerusalén a causa de la palabra del profeta
Agabo, pero el continuó su viaje (vs.12-24).
Dios le advirtió a Pablo por medio del profeta Agabo
acerca del peligro que le esperaba en Jerusalén, pero él
partió hacia allá, sin que se impusiera la palabra del
profeta, cuya misión fue dar la advertencia, no obligar a
102
Pablo a no ir a Jerusalén. Agabo confirma que el profeta
advierte, no obliga a creer.
Cuando Dios da un mensaje a través de un profeta,
este debe preocuparse por la decisión que finalmente tome
el aludido, pues cada persona tiene libre albedrío para
aceptar o rechazar un mensaje. Dios no obliga a obedecer.
Pablo fue a Jerusalén y le sucedió lo que el profeta le
advirtió, pero él estaba dispuesto a morir por la causa de
Cristo y no le importó las consecuencias (Dios le advirtió a
Pablo lo que le sucedería, pero no le dijo que no fuera).
El Espíritu Santo quería preparar emocional y
mentalmente a Pablo para lo que le esperaba y este no se
detuvo en su intento de ir a Jerusalén a pesar de la
advertencia del profeta. La intención del profeta Agabo no
fue impedir que Pablo fuera a Jerusalén; sino dar el
mensaje que recibió por medio del Espíritu Santo.
Si alguien no cree en la profecía, ni en los milagros,
simplemente nunca los verá, pero no se le puede obligar a
creer en la profecía, ni en los demás dones espirituales.
Algunos profetas se enojan cuando no les aceptan sus
palabras de profecía, ese es un error, porque el tiempo es el
que demuestra lo que es o no es de Dios.
La labor del verdadero profeta no es la de imponer sus
palabras, ni obligar a que los demás le crean u obedezcan,
es sólo un comunicador de lo que Dios le manda decir.
La iglesia tiene el derecho a dar su veredicto con
relación a cualquier profecía y eso no es una blasfemia
contra el Espíritu, ni es pecado.
La Biblia no autoriza a nadie a ir por encima de la
autoridad de la iglesia. Todo profeta debe estar dispuesto a
someter su profecía para ser juzgada por la congregación.
Es un mandato divino, le agrade o no (1 Co. 29:30).
103
104
CONCLUSIÓN
 ¿Creer o no creer en la profecía?
El ministerio de la profecía ha sido víctima de los
extremos. Por un lado, están los que han ubicado sus
propias palabras de supuestas profecías por encima de las
enseñanzas de la Biblia, de manera que no son parte de
una Iglesia (acéfalos) como establece la Biblia (Hb. 13:17).
Tampoco tienen una liturgia formal, sino que sus cultos
están supuestamente, dirigidos por el “espíritu” y carecen
de un orden en sus reuniones, invalidando el mandato
bíblico que advierte que el desorden no lo aprueba el
Señor:
“Así que, hermanos, procurad profetizar, y no impidáis
el hablar en lenguas; pero hágase todo decentemente y
con orden” (Co. 14: 39-40).
Pablo no está en contra del uso de los dones
espirituales en la Iglesia, si no en contra del desorden. En
esa línea están los que creen todo lo que escuchan, sin
tener control de sus propias vidas. Cuantos falsos profetas
han dicho que el mundo se acabar en una fecha específica
y han quedado en vergüenza. ¿Es labor de la profecía
provocar escándalo? La Biblia señala que la profecía es
para edificar el cuerpo de Cristo. En otro extremo, están los
que, por su formación teológica u otras razones personales,
niegan que la profecía sea un don vigente de la Iglesia.
 Sólo Dios es infalible
En el tema profético siempre habrá errores, eso es
inevitable, porque el ser humano falla. La Iglesia debe
educar al pueblo en el conocimiento bíblico de la profecía.
La fe cristiana tiene su fundamento en la Biblia y esta tiene
autoridad por encima de toda opinión personal o profecía.
105
Ningún profeta puede manipular a otras personas
haciéndoles creer obligadamente que sus palabras vienen
de la boca de Dios, sin respetar la decisión final que tome
cada persona. Ningún profeta puede imponer su profecía,
aunque venga de Dios, porque Dios respeta al ser humano
y no obliga a nadie a hacer su voluntad.
El ser humano tiene libre albedrío para escoger lo que
desea hacer con su vida. No se puede usar a Dios como
excusa para que los demás acepten caprichos personales.
 Todo don espiritual debe glorificar a Dios
Todo don espiritual procede de Dios: “Toda buena dádiva y
todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las
luces” (Stg. 1: 17a). Los dones divinos son del Espíritu, el ser
humano es solo un administrador: “Téngannos los
hombres por servidores de Cristo, y administradores de
los misterios de Dios” (1 Co. 4:1).
Los dones espirituales deben ser ministrados para la
gloria de Dios, no para exaltar al ser humano: “Porque
¿quién te distingue? ¿O qué tienes que no hayas
recibido? Y si lo recibiste, ¿por qué te glorías como si no
lo hubieras recibido?” (1 Co. 4:7).
El amor es el mayor de todos los dones, sin amor
ningún don espiritual es útil en el reino de Dios: “Si yo
hablo lenguas humanas y angélicas, y no tengo amor,
vengo a ser como metal que resuena, o címbalo que
retiñe. Y si tuviese profecía, y entendiese todos los
misterios y toda ciencia, y si tuviese toda la fe, de tal
manera que trasladase los montes, y no tengo amor nada
soy” (1 Co. 13:1-2).
106
ANEXO
EL ORDEN DE LA PROFECÍA COMO DON Y
MINISTERIO DE LA IGLESIA
Pablo escribió mandamientos en la Biblia para ordenar el
don y ministerio de profecía en la Iglesia. A continuación,
presentamos un orden sugerido.
 No se puede menospreciar:
 Pablo enseñó que el don de profecía no se puede
menospreciar en la Iglesia. Pero, advierte que se debe
juzgar para tomar lo bueno y desechar lo malo39.
“No menospreciéis las profecías. Examinadlo todo;
retened lo bueno” (1 Ts. 5:20-21).
 Se debe procurar:
 Pablo menciona la primacía de la profecía ante los
demás dones espirituales y exhorta a que se procure
más que cualquier otro don:
“Seguid el amor; y procurad los dones espirituales,
pero sobre todo que profeticéis” (1 Co. 14:1).
 Tiene un propósito:
 El propósito que persiguen los ministerios es la
edificación de la Iglesia como cuerpo de Cristo y la
profecía cumple esta función. Además, exhorta sobre la
base del amor y consuela, que es la labor más resaltada
39
La profecía en este pasaje se puede referir también a la escrita,
pero la profecía escrita no se puede desechar como lo sugiere el verso,
en cambio la predictiva y futurista si se puede juzgar.
107
por Cristo acerca del Espíritu Santo (Jn. 14:16, 26; 15:26;
16:7):
“Pero el que profetiza habla a los hombres para
edificación, exhortación y consolación” (1 Co. 14:3).
 Es un don del Espíritu:
 La Biblia muestra que la profecía es un Don espiritual
del que goza la Iglesia y que se manifiesta en los
cristianos que el Espíritu Santo desee hacerlo:
“Procurad los dones espirituales, pero sobre todo que
profeticéis. A otro el hacer milagros, a otro profecía”
(1 Co. 14:1b, 12: 10a, 11).
 Es un ministerio de la Iglesia:
 La profecía se menciona como uno de los ministerios
vigentes de la Iglesia. En el NT se menciona como un
don espiritual y a la vez como ministerio de la Iglesia:
“Y a unos puso Dios en la Iglesia, primeramente
apóstoles, luego profetas, lo tercero maestros, luego
los que hacen milagros, después los que sanan” (1 Co.
12:28).
 Se debe juzgar:
 La palabra juzgar es usada en 1 Co. 12:10, con el
significado de discernir espíritus. Eso implica que
juzgar una profecía no es solamente para saber si
procede de Dios o no, sino para discernir el espíritu
que impulsa la profecía. La Iglesia tiene todo el
derecho de juzgar la profecía y determinar si se ajusta o
no al contenido de las enseñanzas de la Biblia:
“Asimismo los profetas, hablen dos o tres, y los
demás juzguen” (1 Co. 14:29).
108
 El profeta debe tener dominio propio:
 El hecho de que un profeta este inspirado bajo la
unción del Espíritu Santo no debe ser una excusa para
causar desorden en las reuniones. Pablo demanda
control de sí mismos a los profetas, bajo el principio de
que Dios es ordenado y le ha provisto de dominio
propio al cristiano (2 Ti. 1:7):
“Y los espíritus de los profetas están sujetos a los
profetas, pues Dios no es Dios de confusión sino de
paz…” (1 Co. 14:32-33a).
 Pablo escribe mandamientos de Cristo:
 Algunos profetas de Corinto se creían muy espirituales
(gr. pneumatikos) y se tornaron soberbios escudándose
en su espiritualidad para rechazar la autoridad del
apóstol Pablo. Pablo les advierte que no es su opinión,
sino que les ha escrito mandamientos del Señor con
relación a la profecía:
“Si alguno se cree profeta o espiritual, reconozca que
lo que os escribo son mandamientos del Señor” (1 Co.
14:37).
109
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JOEL PERDOMO
1.
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5.
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7.
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26.
NO HAY MALDICIÓN PARA LOS CRISTIANOS
EL DIEZMO DESDE ABRAHAM A CRISTO
LA PROFECIA COMO MINISTERIO DE LA IGLESIA
LA ORACIÓN EFICAZ
LA LEY Y LA GRACIA
EL LLAMADO AL MINISTERIO
LOS MINISTERIOS DE LA IGLESIA
ADORADODES EN ESPÍRITU Y EN VERDAD
FE SIN LÍMITES
SIN SANTIDAD, NADIE VERÁ AL SEÑOR
VIDA Y MINISTERIO (autobiografía).
LA IGLESIA E ISRAEL COMO SEÑALES DEL FIN
LA AUTORIDAD – El Desafío Cristiano
HUMILLACIÓN Y EXALTACIÓN DEL CRISTIANO
RESPUESTAS A PREGUNTAS DIFÍCILES DE LA
BIBLIA
TEMAS INTERESANTES DE LA BIBLIA
JESÚS, NOMBRE SOBRE TODO NOMBRE
EL ESPÍRITU SANTO EN LA IGLESIA
UNA SOLA CARNE – Matrimonio, Divorcio y
Recasamiento a la luz de la Biblia.
SOLTERO – ¿Cómo esperar en Dios?
ADOLESCENCIA. ¿Cómo enfrentar los cambios?
LA SABIDURIA DIVINA
LOS PRIMEROS PASOS
VIDA CRISTIANA – Reflexiones
TESOROS DE LA BIBLIA
DISCIPULADO DE DOCTRINAS BASICAS
(búsquelos escritos y en audio en internet).
113
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